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-The Project Gutenberg EBook of España Contemporánea, by Rubén Darío
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
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-
-
-
-Title: España Contemporánea
- Obras Completas Vol. XIX
-
-Author: Rubén Darío
-
-Release Date: June 19, 2017 [EBook #54934]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAÑA CONTEMPORÁNEA ***
-
-
-
-
-Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals,
-Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading Team
-at http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/Canadian
-Libraries)
-
-
-
-
-
- Notas del Transcriptor
-
-Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
-Los errores obvios de puntuación y de imprenta han sido corregidos.
-
-El texto en cursiva se indica con _guión bajo_.
-
-El texto en letra versalita (versalilla) ha sido sustituido por
-mayúsculas.
-
-Las páginas en blanco presentes en el original han sido eliminadas en
-la versión electrónica.
-
- * * * * *
-
-
-
-
- ESPAÑA CONTEMPORÁNEA
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- [Ilustración]
-
- RUBÉN DARÍO
-
- ESPAÑA
- CONTEMPORÁNEA
-
- [Ilustración]
-
- VOLUMEN XIX
- DE LAS OBRAS COMPLETAS
- ADMINISTRACIÓN
- EDITORIAL «MUNDO LATINO»
- MADRID
-
-
-
-
- ES PROPIEDAD
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- ESPAÑA
- CONTEMPORÁNEA
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- [Ilustración:
-
- A EMILIO
- MITRE Y VEDIA
-
- DIRECTOR DE
- «LA NACIÓN»
- DE
- BUENOS AIRES
-
- AMISTAD Y GRATITUD
-
- R. D.]
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
-
- _Páginas._
-
- En el mar 1
-
- En Barcelona 8
-
- Madrid 19
-
- La Legación argentina.--En casa de Castelar 29
-
- Notas teatrales 38
-
- Cyrano en casa de Lope 45
-
- La Coronación de Campoamor 54
-
- Carnaval 62
-
- Una casa museo 68
-
- La Joven literatura 74
-
- La España negra 85
-
- Semana santa 94
-
- Toros 103
-
- La Pardo-Bazán en París.--Un artículo de Unamuno 112
-
- El Rey 119
-
- Una Exposición 130
-
- La Fiesta de Velázquez 139
-
- La cuestión de la revista.--La Caricatura 148
-
- Alrededor del teatro 158
-
- Libreros y editores 169
-
- Novelas y novelistas 180
-
- Los Inmortales 194
-
- Los Poetas 204
-
- Un _meeting_ político 213
-
- Un paseo con Núñez de Arce 220
-
- Tenorio y Hamlet 226
-
- Una Embajada 231
-
- Una novela de Galdós 233
-
- La Enseñanza 241
-
- Fiesta campesina 248
-
- Homenaje a Menéndez Pelayo 255
-
- El modernismo 269
-
- Una reina de Bohemia 275
-
- El Cartel en España 281
-
- La Novela americana en España 287
-
- La Crítica 295
-
- La joven aristocracia 302
-
- Congreso social y económico ibero-americano 311
-
- La mujer española 321
-
- Certámenes y Exposiciones 329
-
-
-
-
- EN EL MAR
-
- [Ilustración]
-
-
- 3 de diciembre de 1898.
-
-EL agua glauca del río se va quedando atrás y el barco entra al
-agua azul. Me encuentro trayendo a mi memoria reminiscencias de
-Childe Harold. Siento que estoy en casa propia; voy a España en una
-nave latina; a mi lado el _sí_ suena. Sopla un aire grato que trae
-todavía el aliento de la Pampa, algo que sobre las olas conduce aún
-efluvios de esa grande y amada tierra argentina. Y mientras esta vida
-de a bordo que ha de prolongarse por largos días comienza, siento
-que vuelan sobre la arboladura del piróscafo enjambres de buenos
-augurios. De nuevo en marcha, y hacia el país maternal que el alma
-americana--americanoespañola--ha de saludar siempre con respeto, ha de
-querer con cariño hondo. Porque si ya no es la antigua poderosa, la
-dominadora imperial, amarla el doble; y si está herida, tender a ella
-mucho más. Los hombres cambian; hay estaciones para los pueblos, el
-espíritu vital de la raza puede enfriarse en nivoso; pero ¿floreal y
-fructidor no anuncian que la vida primaveral y copiosa ha de llegar,
-aun cuando en el campo se miren hoy las ramas sin hojas y la tierra
-cubierta del sudario? Así pienso en tanto se inicia a bordo una
-existencia de monotonía que conocéis bien los que habéis cruzado el
-Océano. No os haré la clasificación de Sterne; pero, para un hombre
-de arte, en todo viaje hay algo de «sentimental». Las instantáneas
-se toman también al paso de los minutos, ya que hay un pequeño mundo
-humano en movimiento, en todo lugar en donde se reunen dos personas.
-La máquina social en miniatura; un lindo laboratorio de psicología;
-ejemplares balzacianos si gustáis, al mover vuestros ojos de un
-punto a otro del círculo en que hacéis el obligatorio comercio de
-la conversación. Una reducción de la gran capital del Plata podría
-observarse, un Buenos Aires para escaparate: banqueros, comerciantes,
-artistas, periodistas, médicos, abogados, cómicos y bailarinas; y en
-todos la misma representación que en la vida ciudadana; los círculos,
-las «afinidades electivas», las simpatías; y una poliglocia que os
-obliga a entraros por todas las lenguas vivas, así corráis el riesgo
-de matarlas. Impera, naturalmente, la música del italiano. Después del
-crepúsculo, he ahí que estamos alrededor de una mesa, un argentino,
-un italiano, un suizo, un venezolano, un belga, un francés, un
-centroamericano, un oriental, un español...; no hay duda de que venimos
-de Buenos Aires. Y se habla del centro inmenso que ya queda allá
-lejos y no puedo dejar de recordar el apóstrofe admirable: «¡Nave del
-porvenir, cara nave argentina!...» Y como vamos sobre el mar, que nos
-ase el espíritu, surge en creación súbita ante mis ojos mentales la
-visión del soberbio navío continental, encendidos sus mil fuegos, al
-cielo su bosque de árboles, en cuyo más alto mástil flamea el pabellón
-del Sol; pujante la máquina ciclópea; en lo hondo la carga de riquezas,
-con rumbo hacia un imperio de paz y de bienandanza, a la hora de la
-aurora, para la gloria de la Humanidad.
-
-
- 14 de diciembre.
-
-Mientras el banquero belga conversa de finanzas con el explorador
-italiano, que es también un escritor, el médico suizo ha entablado
-una partida de _piquet_ con el comerciante venezolano, y la
-profesora alemana ataca a Chopín. Le ataca correctamente, demasiado
-correctamente, pero Chopín acaba por triunfar de esa ejecución tudesca
-de institutriz. Chopín sobre las olas y en una suave hora nocturna;
-hace falta la luna; pero no importa, el canto mágico crea el _clair de
-lune_ en la misma sustancia musical y el hombre propicio al ensueño
-puede fácilmente ejercer la amable función. Y no sé como, vengo a
-pensar en _ese individuo_. ¿Cuál? Voy a deciros. Hay allá entre los
-pasajeros de tercera clase, en ese montón de hombres que se aglomera
-como en un horrible panal, en la proa del barco, un prisionero. Es un
-criminal italiano que camina, por obra de la extradición, a cumplir con
-la condena de veintiún años de presidio que ha caído sobre él a causa
-de un asesinato. Logró escapar a las Autoridades de Italia y vivió
-en Buenos Aires cinco años de honrada vida, a lo que parece. Alguien
-le descubrió en su incógnito, y la legación italiana pidió le fuera
-entregado el reo; el tratado tuvo cumplimiento y el asesino va hoy a
-que le pongan la cadena en su patria. Le he visto hosco, zahareño; su
-cara, una ilustración de un libro de Lombroso. Esquiva el trato, rehuye
-la mirada, y en la muchedumbre de sus compañeros de viaje, va libre
-y suelto. Estamos en alta mar; un incendio, un choque, un naufragio,
-podrían ocurrir, y ese presidiario tiene igual derecho que cualquiera
-de nosotros para salvar su existencia. Es la lógica del marino, y es
-hermosa. Hoy penetré en el ambiente infecto de ese rebaño humano que
-exigiría la fumigación. Era la hora de la siesta. Quienes dormían en
-los pasadizos o a pleno sol, quienes en círculos y grupos jugaban a
-las cartas, o a la lotería. Aislado por su voluntad, el condenado,
-cerca de la borda, miraba al mar. Procurando una especial diplomacia
-logré entrar en conversación con él; y a los pocos momentos ese rostro
-rudo se aviva, se excita. No, él no es culpable; ha matado en defensa
-propia; él no procurará evadirse; va a Italia contento, porque ya
-se volverá a abrir la causa y entonces se verá cómo va a brillar su
-inocencia. Los ojos convencidos, la palabra sale fácil, el gesto
-atornilla la palabra. Italiano y asesino, pienso yo: el amor de seguro
-anda por medio. Pero no; se trata de un vil asunto de intereses, de
-una miserable cuestión de _quattrini_. Y entonces siento en verdad
-que ese hombre es culpable, tristemente culpable. No ha sido la bella
-_vendetta_ del que mata porque le roban la querida o le burlan con la
-esposa, o le manchan la hija o la hermana; es el asco del crimen que
-triplica su infamia. Pero ese desventurado, sin embargo, ha estado
-llevando, en un país lejano, una vida de labor y de honradez. En parte
-ha lavado su delito. Ha creído estar ya libre, y de pronto he aquí que
-la justicia le ase y le arrastra al presidio por el término de una
-existencia de hombre. Aquí va en libertad, pero la evasión sería la
-muerte. ¿Qué pasa por ese cerebro tosco? ¿Habrá llegado lo autosugestivo
-hasta hacer que esté convencido ese infeliz de que es inocente? Y luego
-vendrá el grillete, el número, el vivir de muerte de los penados; y si
-el tiempo le permite acabar su condena, saldrá el viejo de cabellos
-blancos, si no a la _morte civile_ de su paisano Giacometti, a caminar
-dos duros pasos más en la libertad y caer en la tumba... La profesora
-alemana ha dejado a Chopín dormir sobre el atril.
-
-
- 19 de diciembre.
-
-Grado 0. Paso de la línea ecuatorial. Un mar estañado, cuya superficie
-invitaría a patinar en un giro infinito. El cielo pesa en la atmósfera
-caliente sobre el ondulado desierto. En soledad oceánica semejante,
-recuerdo el raro encuentro de un digno ejemplar yanqui. Era en 1892
-y a bordo de un vapor de la Transatlántica Española, en viaje de la
-Habana a Santander. Casi al paso de la Línea, una mañana muy temprano,
-despertó a los pasajeros la noticia de que había náufragos a la vista.
-Nos vestimos apresuradamente y en un instante la cubierta estaba
-llena de ojos curiosos. Se sentía cierta emoción. ¿Quién no ha leído
-a Julio Verne? Yo, por mi parte, pensaba ya en una viva reproducción
-de Gericault: un _Radeau de la Méduse_ animado y aterrorizador.
-Probablemente escenas de canibalismo; aspectos de espanto y de muerte:
-Tartarin-Pim, ¡Dios mío! El vapor aminoraba la marcha y ponía su proa
-al objeto de nuestras miradas: un barquichuelo que a alguna distancia
-se advertía, y en el cual, con ayuda del anteojo, podía notarse
-un hombre en pie. Pronto llegamos a acercarnos, y al detenerse el
-_steamer_, se oyó una voz que venía del barquichuelo y que decía en
-un inglés ladrante del Norte: «¿A qué grados estamos?» El capitán,
-conciso, contestó a la pregunta. Preguntó luego: «¿Náufragos?» El
-hombre desconocido escribió en un papel, colocó el escrito en una caja
-de sardinas y lanzó su proyectil: «Soy el capitán Andrews y voy solo,
-en este bote, por la misma ruta de Colón, al puerto de Palos, enviado
-por la casa del jabón Sapolio, de Nueva York. Ruego avisar por cable al
-llegar al continente, el punto en que se me ha encontrado». «¿Necesita
-usted algo?» Por toda respuesta el hijo del tío Samuel nos bombardeó
-con dos tarros de _penmican_ y otros dos de arvejas, y, poniendo
-su vela al viento, nos dejó, no sin el indispensable _all right_.
-Efectivamente, aquel curioso _commis voyageur_ de la jabonería yanqui,
-era el Colón de los Estados Unidos que iba a descubrir España...
-
-
- 20 de diciembre.
-
-El hormiguero de la proa se aglomera; ha advertido que tiene delante
-el ojo fotográfico. Un distinguido caballero, miembro de la Sociedad
-fotográfica de Aficionados, de Buenos Aires, y el excelente comandante
-Buccelli, se ofrecen galantemente como operadores. Desde el momento
-en que se ha visto la máquina en el puente, cada cual «posa» a su
-manera; quien se encarama a los lugares dominantes, quien se acomoda la
-gorra, quien toma aires arrogantes, o falsos, o esquivos, o graciosos.
-Esa gente comprende que es objeto de curiosidad, y procura ser mejor
-en ese instante. La vieja piamontesa sienta y arregla en la falda al
-bambino; una muchacha pálida, de un bello tipo napolitano, se alisa con
-dos pases de peineta el cabello oscuro y copioso; un abyecto bausán
-hace un gesto obsceno, otro una mueca; éstos abajo, aquéllos en el
-centro, aquéllos arriba, forman su torre de carne humana iluminada
-de ojos de Italia. El fondo es el cielo lleno de luz difusa, sobre
-el cual se recortan las figuras agrupadas. Entre esas gentes van
-marineros, obreros, trabajadores que han estado en el Plata por algún
-tiempo, unos con su pequeña hucha llena, otros en situación idéntica
-a la que trajeron de inmigrantes; no han podido resistir al deseo de
-volver a mirar su musical y dulce tierra. Hay que observar cómo en
-ese _cafarnaum_ en que van confundidos como las cabezas en un barco
-conductor de ganado en pie, no les abandona su alegre numen latino. De
-noche, oís que a la claridad estelar brota de pronto un coro jubiloso,
-una barcarola, armoniosamente acordadas las voces; o una voz sola,
-impregnada de las ardientes gracias de Nápoles, de la amorosa melodía
-de Venecia, o que da al aire marino una de esas canciones de Sicilia
-que tienen tan buen perfume de antiguo vino griego. En el día, las
-mujeres que lavan sus trapos, los viejos aporreados por la vida, los
-mocetones de potentes puños, las testas diversas cubiertas de boinas,
-gorros o chambergos, los niños de grandes ojos y magníficas cabelleras,
-tienen siempre en la faz un rayo de sol que denuncia la floración
-inextinguible de la raza, la multiplicada marca del goce de la
-existencia que lleva todo el que nace en los países solares de otoños
-de oro e incomparables primaveras en triunfo.
-
-Se procede a retratar al criminal. Desde que nos mira llegar, no cabe
-en sí de humor gris, y por los ojos se le sale el disgusto. Quiere ir
-a ocultarse, pero el comandante le prohibe que se retire, y con modos
-amables le indica que no se pretende nada que sea en su contra; que,
-al contrario, se le va a hacer el regalo de su fotografía. El sujeto
-hace un mal signo, las miradas nos echan brasas, y los labios torcidos
-no dejan pasar de seguro, sordamente, bendiciones para los que vamos
-a perturbarle. Se sienta de pésima gana en una silla, ve a un lado y
-otro, saetando con las pupilas, ya a derecha, ya a izquierda; parece
-que luchase porque no se le coja el pensamiento con la mirada; y
-dirigiéndose al comandante: «¿Para qué me están retratando ahora? Allá
-en Buenos Aires hicieron lo mismo. ¡De seguro para vender el retrato y
-sacar dinero!» Un momento se ha quedado en tranquilidad, fijo en una
-pasajera elegante que curiosea, y entonces la placa hace la figura, el
-gesto suspenso bajo el gorro de lana. Él se va a un punto aislado, saca
-su pipa, la llena, la enciende y echa una bocanada de humo sobre las
-olas.
-
-
- 21 de diciembre.
-
-Estamos a la vista de Las Palmas. Tierra española.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- EN BARCELONA
-
- [Ilustración]
-
-
- 1.º de enero de 1899.
-
-AL amanecer de un día huraño y frío, luchando el alba y la bruma,
-el vapor anclaba en Barcelona. A la izquierda se alzaba recortada
-la altura de Montjuich; en frente, en un fondo de oro matinal, el
-Tibidabo; y cerca, sobre su columna, Colón, la diestra hacia el mar.
-Como todavía no llegase el visitador y médico oficiales, se iban
-aglomerando alrededor del _steamer_ las embarcaciones de fruteros y
-agentes de hotel, y entre nuestros pasajeros de tercera y la gente
-hormigueante de los botes, se iniciaron diálogos vivos. De ellos así
-uno que gran cosa significa. Lástima es que no pueda darlo en catalán
-como lo oí, pues ganaría en hierro. De todos modos, la cosa es dura.
-
---¿Cómo te va, _noy_?
-
---Bien, como que vengo de América. ¿Qué de nuevo?
-
---¿Qué de nuevo? Lo mismo de siempre: miseria. Ayer llegaron
-repatriados. Los soldados parecen muertos. Castelar se está muriendo.
-
---¡Mira qué hermosa la estatua de Colón, al amanecer!
-
---¡... en Deu! Más valiera le hubiesen sacado los ojos a ese tal.
-
-La palabra fué peor.
-
-Ya en la claridad del día, las conversaciones se animan. Se mira una
-roja barretina; se pescan compras desde a bordo; al extremo de una
-vara van las naranjas y las manzanas; y en el día completo, con el pie
-derecho, piso el continente y la tierra de España.
-
-Una hora después estoy en el hervor de la Rambla. Es esta ancha calle,
-como sabréis, de un pintoresco curioso y digno de nota, baraja social,
-revelador termómetro de una especial existencia ciudadana. En la larga
-vía van y vienen, rozándose, el sombrero de copa y la gorra obrera,
-el _smoking_ y la blusa, la señorita y la menegilda. Entre el cauce
-de árboles donde chilla y charla un millón de gorriones, va el río
-humano, en un incontenido movimiento. A los lados están los puestos de
-flores variadas, de uvas, de naranjas, de dátiles frescos de África, de
-pájaros. Y florecida de caras frescas y lindas, la muchedumbre olea. Si
-vuestro espíritu se aguza, he ahí que se transparenta el alma urbana.
-Allí, al pasar, notáis algo nuevo, extraño, que se impone. Es un
-fermento que se denuncia inmediato y dominante. Fuera de la energía del
-alma catalana, fuera de ese tradicional orgullo duro de este país de
-conquistadores y menestrales, fuera de lo permanente, de lo histórico,
-triunfa un viento moderno que trae algo del porvenir; es la Social que
-está en el ambiente; es la imposición del fenómeno futuro que se deja
-ver; es el secreto a voces de la blusa y de la gorra, que todos saben,
-que todos sienten, que todos comprenden, y que en ninguna parte como
-aquí resalta de manera tan palpable en magnífico alto relieve. Que
-la ciudad condal, que estos hombres fuertes de antiguo, que tuvieron
-poetas en el Roussillón y duques de Atenas, que anduvieron en cosas de
-conquistas y guerras por las sendas del globo, y extendieron siempre su
-soberbia como una bandera; que esta tierra de trabajadores, de honradez
-artesana y de vanidad heroica, esté siempre de pie manifestando su
-musculatura y su empuje, no es extraño; y que el desnivel causante de
-la sorda amenaza que hoy va por el corazón de la tierra formando el
-terremoto de mañana, haya aquí provocado más que en parte alguna la
-actitud de las clases laboriosas que comprenden la aproximación de un
-universal cambio, no es sino hecho que se impone por su ley lógica;
-pero la ilustración del asunto vale por un libro de comentarios, y esa
-ilustración os la haré contándoos algo que vi al llegar en el café
-Colón. Es éste un lujoso y extenso establecimiento, a la manera de
-nuestra confitería del Águila, pero triplicado en extensión; la sala
-inmensa está cuajada de mesitas en donde se sirven diluvios de café;
-es un punto de reunión diaria y constante; pues en España, aun estando
-en Cataluña, la vida de café es notoria y llamativa; y en cada café
-andáis como entre un ópalo, pues estas gentes fuman como usinas, y
-el extranjero siente al entrar en los recintos la irritación de los
-ojos entre tanta humana fábrica de nicotina. ¿Quién sabe la influencia
-que los alcaloides del café y del tabaco han tenido en estas razas
-nerviosas, que por otra parte calientan luminosas y enérgicas llamas y
-brasas de sol y de vino?
-
-Pues bien, estaba en el café Colón, y cerca de mí, en una de las
-mesitas, dos caballeros, probablemente hombres de negocios o
-industriales, elegantemente vestidos, conversaban con gran interés y
-atención, cuando llegó un trabajador con su traje típico y ese aire
-de grandeza que marca en los obreros de aquí un sello inconfundible;
-miró a un lado y otro, y como no hubiese mesas desocupadas cerca de
-allí, tomó una silla, se sentó a la misma mesa en que conversaban los
-caballeros y pidió como lo hubiera hecho el mismo Wifredo _el Velloso_,
-su taza. Le fué servida, tomóla; pagó y fuése como había entrado, sin
-que los dos señores suspendiesen su conversación, ni se asombrasen de
-lo que en cualquiera otra parte sería acción osada e impertinente.
-Por la Rambla va ese mismo obrero, y su paso y su gesto implican una
-posesión inaudita del más estupendo de los orgullos; el orgullo de una
-democracia llevada hasta el olvido de toda superioridad, a punto de que
-se diría que todos estos hombres de las fábricas tienen una corona de
-conde en el cerebro.
-
-Como voy de paso apenas tengo tiempo de ir tomando mis apuntes. Observo
-que en todos aquí da la nota imperante, además de esa señaladísima
-demostración de independencia social, la de un regionalismo que no
-discute, una elevación y engrandecimiento del espíritu catalán sobre
-la nación entera, un deseo de que se consideren esas fuerzas y esas
-luces, aisladas del acervo común, solas en el grupo del reino, única y
-exclusivamente en Cataluña, de Cataluña y para Cataluña. No se queda
-tan solamente el ímpetu en la propaganda regional, se va más allá de
-un deseo contemporizador de autonomía, se llega hasta el más claro y
-convencido separatismo. Allí sospechamos algo de esto; pero aquí ello
-se toca, y nos hiere los ojos con su evidencia. Dan gran copia de
-razones y argumentos, desde que uno toca el tema, y no andan del todo
-alejados de la razón y de la justicia. He comparado, durante el corto
-tiempo que me ha tocado permanecer en Barcelona, juicios distintos
-y diversas maneras de pensar que van todos a un mismo fin en sus
-diferentes modos de exposición. He recibido la visita de un catedrático
-de la Universidad, persona eminente y de sabiduría y consejo; he
-hablado con ricos industriales, con artistas y con obreros. Pues os
-digo que en todos está el mismo convencimiento, que tratan de sí mismos
-como en casa y hogar aparte, que en el cuerpo de España constituyen una
-individualidad que pugna por desasirse del organismo a que pertenecen,
-por creerse sangre y elemento distinto en ese organismo, y quien con
-palabras doctas, quien con el idioma convincente de los números, quien
-violento y con una argumentación de dinamita, se encuentran en el punto
-en que se va a la proclamación de la unidad, independencia y soberanía
-de Cataluña, no ya en España sino fuera de España. Y como yo quisiese
-oponer uno que otro pensamiento al alud, en la conversación con uno
-de ellos, habló sencillo, en parábola y en verdad, con una elocuencia
-práctica irresistible: «Vea usted, somos como una familia. España es
-la gran familia compuesta de muchos miembros; éstos consumen, éstos
-son bocas que comen y estómagos que digieren. Y esta gran familia está
-sostenida por dos hermanos que trabajan. Estos dos hermanos son el
-catalán y el vasco. Por esto es que protestamos solamente nosotros;
-porque estamos cansados de ser los mantenedores de la vasta familia.
-Dos ciudades hay que tienen los brazos en movimiento para que coman los
-otros hermanos: Barcelona y Bilbao. Por eso en Barcelona y en Bilbao
-es donde usted notará mayor excitación por el ideal separatista; y
-catalanistas y bizkaitarras tienen razón. Debería comprender esto,
-debería haber comprendido hace mucho tiempo la agitación justa de
-nuestras blusas, la capa holgazana de Madrid».
-
-Y riente, alegre, bulliciosa, moderna, quizá un tanto afrancesada y
-por lo tanto graciosa, llena de elegancia, Barcelona sostiene lo que
-dice, y dice que habría hecho mucho más de lo que hoy nos asombra y
-nos encanta, si se lo hubiese permitido la tutela gubernativa, pues no
-puede abrir una plaza si no va la licencia de la Corte, y de la Corte
-van los ingenieros y los arquitectos y los empleados a agriar más
-la levadura; y así, a pasos, a pasos cortos, han adelantado, se han
-puesto los catalanes a la cabeza. ¿Qué habría hecho Cataluña autónoma,
-esta gran Cataluña a cuya faz maravillosa he creído contemplar bajo
-el azul, ya a la orilla de su bravo mar, ya en momentos crepusculares
-y apacibles, sobre los juegos de agua de su paseo favorito, en donde
-un simulacro divino rige armoniosamente una cuadriga de oro? Sano
-y robusto es este pueblo desde los siglos antiguos. Sus hijos son
-naturales y simples, llenos de la vivaz sangre que les da su tierra
-fecunda; sus mujeres, de firmes pechos opulentos, de ojos magníficos,
-de ricas cabelleras, de flancos potentes; el paisaje campestre, la
-costa, la luz, todo es de una excelencia homérica. Hay niños, hay
-hembras, hay campesinos, que se dirían destinados a uno de esos
-cuadros de Puvis de Chavannes en que florecen la vida y la gracia
-primitiva del mundo. Los talleres se pueblan, bullen; abejean en
-ellos las generaciones. Por las calles van la salud y la gallardía;
-y la fama de grandes pies que tienen las catalanas, no tengo tiempo
-de certificarla, pues la euritmia del edificio me aleja del examen de
-su base. La ciudad se agita. Por todos lugares la palpitación de un
-pulso, el signo de una animación. Las fábricas a las horas del reposo,
-vacían sus obreros y obreras. El obrero sabe leer, discute; habla de
-la R. S., o sea, si gustáis, Revolución Social; otro mira más rojo, y
-parte derecho a la anarquía. No muestran temor ni empacho en cantar
-canciones anárquicas en sus reuniones, y sus oradores no tienen que
-envidiar nada a sus congéneres de París o de Italia. Ya recordaréis
-que se ha llegado aquí a la acción, y memorias sonoras y sangrientas
-hay de terribles atentados. Y eso que, en la fortaleza de Montjuich,
-parece que la inquisición renovó en los interrogatorios, no hace mucho
-tiempo, los procedimientos torquemadescos de los viejos procesos
-religiosos. Así al menos lo demostró en la _Revue Blanche_ y luego
-en un libro que tuvo un momento de resonancia, el escritor Tarrida
-del Mármol. La propaganda continúa, subterránea o a la luz del día,
-con todo y tener ojos avizores la justicia. Hace poco, en una fiesta
-industrial, en momentos en que llegaban amargas noticias de la guerra,
-ciertos trabajadores arrancaron de su asta una bandera de España y
-la sustituyeron por una bandera roja. Mientras esto pasa en la capa
-inferior, arriba y en la zona media, cada cual por su lado, se mueven
-los autonomistas, los francesistas y los separatistas. Los unos quieren
-que Cataluña recobre sus antiguos derechos y fueros, que no le fueron
-quitados sino al comenzar este siglo; los otros pretenden la anexión a
-Francia, yo no sé por qué, pues la centralización absoluta de allá les
-pondría, a lo mejor, en el mismo caso que el Poitou o la Provenza, y
-las reales relaciones y simpatías con el vecino francés no pasan de
-vagas y platónicas manifestaciones de felibres; una cigarra canta de
-este lado, otra contesta del otro: no creo que entre Mistral y Mossen
-Jacinto Verdaguer vayan a lograr mejor cosa. Los otros sueñan con
-una separación completa, con la constitución del Estado de Cataluña
-libre y solo. Claro es que, además de estas divisiones, existen los
-catalanes nacionales, o partidarios del régimen actual, de Cataluña en
-España; pero éstos son, naturalmente, los pocos, los favorecidos por
-el Gobierno, o los que con la organización de hoy logran ventajas o
-ganancias que de otra manera no existirían.
-
-Entretanto, trabajan. Ellos han erizado su tierra de chimeneas, han
-puesto por todas partes los corazones de las fábricas. Tienen buena
-mente y lengua, poetas y artistas de primer orden; pero están ricamente
-provistos de ingenieros e industriales.
-
-No bien acabaron de pelear, al principio de la centuria, se pusieron
-a la obra productiva. En la labor estaban, y el clarín de don Carlos
-les perturbó de nuevo. Desde el año 1842 volvieron a la tarea, no sin
-bregar con la prohibición de Inglaterra que a la sazón impedía se
-exportasen sus máquinas; se logró que se revocase dicha prohibición y
-el dinero catalán cuajó sus fábricas de máquinas inglesas. He de volver
-a Cataluña, donde no he estado sino rápidamente, y he de estudiar esa
-existencia fabril que se desarrolla prodigiosa en focos como Reus,
-Mataró, Villanueva, y entre otros tantos, Sitges, donde tiene su morada
-el singular y grande artista que se llama Santiago Rusiñol.
-
-El nombre de Rusiñol me conduce de modo necesario a hablaros del
-movimiento intelectual que ha seguido, paralelamente, al movimiento
-político y social. Esa evolución que se ha manifestado en el mundo
-en estos últimos años y que constituye lo que se dice propiamente
-el pensamiento «moderno» o nuevo, ha tenido aquí su aparición y su
-triunfo, más que en ningún otro punto de la Península, más que en
-Madrid mismo; y aunque se tache a los promotores de ese movimiento
-de industrialistas, catalanistas, o egoístas, es el caso que ellos,
-permaneciendo catalanes, son universales. La influencia de ese grupo se
-nota en Barcelona no solamente en los espíritus escogidos, sino también
-en las aplicaciones industriales, que van al pueblo, que enseñan
-objetivamente a la muchedumbre; las calles se ven en una primavera
-de carteles o _affiches_ que alegran los ojos en su fiesta de líneas
-y colores; las revistas ilustradas pululan, hechas a maravilla: las
-impresiones igualan a las mejores de Alemania, Francia, Inglaterra o
-Estados Unidos, tanto en el libro común y barato como en la tipografía
-de arte y costo.
-
-Cuando vuelva a Barcelona he de ver a Rusiñol en su retiro de Sitges,
-una especie de santuario de arte en donde vive ese gentilhombre
-intelectual digno de ser notado en el mundo. Entretanto, sabed que
-Rusiñol es un altísimo espíritu, pintor, escritor, escultor, cuya
-vida ideológica es de lo más interesante y hermoso, y cuya existencia
-personal es en extremo simpática y digna de estudio. Su leonardismo
-rodea de una aureola gratamente visible, su nombre y su obra. Es rico,
-fervoroso de arte, humano, profundamente humano. Es un traductor
-admirable de la naturaleza, cuyos mudos discursos interpreta y comenta
-en una prosa exquisita o potente, en cuentos o poemas de gracia y
-fuerza en que florece un singular diamante de individualidad. En
-este movimiento, como sucede en todas partes, los que se han quedado
-atrás, o callan, o apenas son oídos. Balaguer es ya del pasado, con
-su pesado fárrago: el padre Verdaguer apenas logra llamar la atención
-con su último libro de Jesús: vive al reflejo de la _Atlántida_, al
-rumor de _Canigó_. Guimerá, que trabaja al sol de hoy, va a Madrid a
-hacer diplomacia literaria, y los madrileños, que son «malignos», le
-dicen que conocen su juego, y que hay en el autor de _Tierra Baja_ un
-regionalista de más de la marca. Bellamente, noblemente, a la cabeza
-de la juventud, Rusiñol, que no escribe sino en catalán, pone en
-Cataluña una corriente de arte puro, de generosos ideales, de virtud
-y excelencia trascendentes. Por él se acaba de levantar al Greco una
-estatua en Sitges; por él los nuevos aprenden en ejemplo vivo, que el
-ser artista no está en mimar una Bohemia de cabellos largos y ropas
-descuidadas y consumir _bocks_ de cerveza y litros de ajenjo en los
-cafés y _cabarets_, sino en practicar la religión de la Belleza y de la
-Verdad, creer, cristalizar la aspiración en la obra, dominar al mundo
-profano, demostrar con la producción propia la fe en un ideal; huir
-de los apoyos de la crítica oficial, tanto como de las camaraderías
-inconscientes, y juntar, en fin, la chispa divina a la nobleza humana
-del carácter.
-
-Me dijeron que podía encontrar a Rusiñol en el café de los Quatre Gats.
-Allá fuí. En una estrecha calle se advierte la curiosa arquitectura de
-la entrada de ese rincón artístico. Pasé una verja de bien trabajado
-hierro y me encontré en el famoso recinto con el no menos famoso Per
-Romeu. Es éste el dueño o empresario principal del _cabaret_; alto,
-delgado, de larga melena, tipo del Barrio Latino parisiense, y cuya
-negra indumentaria se enflora con una prepotente corbata que trompetea
-sus agudos colores, no sé hasta qué punto _pour épater le bourgeois_.
-Pregunté por Rusiñol y se me dijo que estaba en su mansión de Sitges;
-por Pompeyo Gener, que acababa de llegar de París, y se me dijo que
-a ése no le buscase, pues solamente la casualidad podría hacer que
-le encontrara. Y como era día de marionetas, se me invitó a ver el
-espectáculo. Los Cuatro Gatos son algo así como un remedo del Chat Noir
-de París, con Per Romeu por Salis, un Salis silencioso, un gentilhombre
-_cabaretier_ que creo que es pintor de cierto fuste, pero que no se
-señala por su sonoridad. Amable, él fué quien me condujo a la salita
-de representación. En ella no cabrán más de cien personas; decóranla
-carteles, dibujos a la pluma, sepias, impresiones, apuntes y cuadros
-también completos, de los jóvenes y nuevos pintores barceloneses,
-sobresaliendo entre ellos los que llevan la firma del maestro Rusiñol.
-Los títeres son algo así como los que en un tiempo atrajeron la
-curiosidad de París con misterios de Bouchor, piececitas de Richepin
-y de otros. Para semejantes actores de madera compuso Maeterlinck sus
-más hermosos dramas de profundidad y de ensueño. Allí en los Cuatro
-Gatos no están mal manejados. Llegué cuando la representación estaba
-comenzada. En el local, casi lleno, resaltaba la nota graciosa de
-varias señoritas, intelectuales según se me dijo, pero que no eran ni
-Botticelli ni Aubrey Beardsley, ni el peinado ni el traje enarbolaban
-lo _snob_.
-
-Abundaban los tipos de artistas del Boul'Miche; jóvenes melenudos,
-corbatas mil ochocientos treinta, y otras corbatas. Los _bocks_
-circulaban, al chillar la vocecilla de los títeres. Naturalmente, los
-títeres de los Quatre Gats hablan en catalán, y apenas me pude dar
-cuenta de lo que se trataba en la escena. Era una pieza de argumento
-local, que debe de haber sido muy graciosa, cuando la gente reía
-tanto. Yo no pude entender sino que a uno de los personajes le llovían
-palos, como en Molière; y que la milicia no estaba muy bien tratada.
-Las decoraciones son verdaderos cuadritos; y se ve que quienes han
-organizado el teatro diminuto lo han hecho con amor y cuidado. En
-el local suele haber además exposiciones, audiciones musicales y
-literarias y sombras chinescas. Ya veis que el alma de Rodolphe Salis
-se regocijaría en este reflejo. Al salir volví a ver a Per Romeu,
-quien puso en mis manos un cartelito en que se anuncia su _coin_ de
-artista, en gótica tipografía de antifonario o de misal antiguo, y en
-la cual se dice que «Aital estada es hostal pels desganats, es escople
-de calin pels que sentin l'anyorança de la llar, es museu pels que
-busquin lleminadures per l'ánima; es taverna y emparrat, pels que aimen
-l'ombra deis pampols, y de l'essencia espremuda del rahim; es gótica
-cerveceria, pels enamorats del Nort, y pati d'Andalucía, pels aimadors
-del Mig-die; es casa de curació, pels malalts del nostre segle, y cau
-d'amistat y harmonia pels que entrin a roplugar-se sota ls portics
-de la casa. No tindrán penediment d'haver vingut y si recança si no
-venen». Ese _cabaret_ es una de las muestras del estado intelectual
-de la capital catalana, y el observador tiene mucho en donde echar la
-sonda. Desde luego sé ya que en Madrid me encontraré en otra atmósfera,
-que si aquí existe un afrancesamiento que detona, ello ha entrado por
-una ventana abierta a la luz universal, lo cual, sin duda alguna, vale
-más que encerrarse entre cuatro muros y vivir del olor de cosas viejas.
-Un Rusiñol es floración que significa el triunfo de la vida moderna y
-la promesa del futuro en un país en donde sociológica y mentalmente se
-ejerce y cultiva ese don que da siempre la victoria: la fuerza.
-
-Ocasión habrá de hablaros de la obra de Rusiñol y los artistas que le
-siguen, cuando torne a Barcelona a sentir mejor y más largamente las
-palpitaciones de ese pueblo robusto.
-
-He llegado a Madrid y próximamente tendréis mis impresiones de la Corte.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- MADRID
-
- [Ilustración]
-
-
- 4 de enero.
-
-CON el año entré en Madrid; después de algunos de ausencia vuelvo a ver
-el «castillo famoso». Poco es el cambio, al primer vistazo; y lo único
-que no ha dejado de sorprenderme al pasar por la típica Puerta del Sol,
-es ver cortar el río de capas, el oleaje de características figuras,
-en el ombligo de la villa y corte, un tranvía eléctrico. Al llegar
-advertí el mismo ambiente ciudadano de siempre; Madrid es invariable
-en su espíritu, hoy como ayer, y aquellas caricaturas verbales con que
-don Francisco de Quevedo significaba a las gentes madrileñas, serían,
-con corta diferencia, aplicables en esta sazón. Desde luego el buen
-humor tradicional de nuestros abuelos se denuncia inamovible por todas
-partes. El país da la bienvenida. Estamos en lo pleno del invierno y el
-sol halaga benévolo en un azul de lujo. En la Corte anda esparcida una
-de los milagros; los mendigos, desde que salto del tren me asaltan bajo
-cien aspectos; resuena de nuevo en mis oídos la palabra «señorito»;
-don César de Bazán me mide de una ojeada desde la esquina cercana; el
-cochero me dice: «¡pues, hombre!...» dos pesetas, y mi baúl pasa sin
-registro: con el pañuelo que le cubre la cabeza, atadas las puntas
-bajo la barba, ceñido el mantón de lana, a garboso paso, va la mujer
-popular, la sucesora de Paca _la Salada_, de Geroma _la Castañera_,
-de María _la Ribeteadora_, de Pepa _la Naranjera_, de todas aquellas
-desaparecidas manolas que alcanzaron a ser dibujadas a través de los
-finos espejuelos del _Curioso Parlante_; una carreta tirada por bueyes
-como en tiempo de Wamba, va entre los carruajes elegantes por una calle
-céntrica; los carteles anuncian, con letras vistosas _La Chavala_ y _El
-Baile de Luis Alonso_; los cafés llenos de humo rebosan de desocupados,
-entre hermosos tipos de hombres y mujeres, las getas de Cilla, los
-monigotes de Xaudaró se presentan a cada instante; Sagasta Olímpico
-está enfermo, Castelar está enfermo; España ya sabéis en qué estado de
-salud se encuentra; y todo el mundo, con el mundo al hombro o en el
-bolsillo, se divierte: ¡Viva mi España!
-
-Acaba de suceder el más espantoso de los desastres; pocos días han
-pasado desde que en París se firmó el tratado humillante en que la
-mandíbula del yanqui quedó por el momento satisfecha después del bocado
-estupendo: pues aquí podría decirse que la caída no tuviera resonancia.
-Usada como una vieja «perra chica» está la frase de Shakespeare sobre
-el olor de Dinamarca, si no, que sería el momento de gastarla. Hay en
-la atmósfera una exhalación de organismo descompuesto. He buscado en el
-horizonte español las cimas que dejara no hace mucho tiempo, en todas
-las manifestaciones del alma nacional: Cánovas muerto; Ruiz Zorrilla
-muerto; Castelar desilusionado y enfermo; Valera ciego; Campoamor
-mudo; Menéndez Pelayo... No está por cierto España para literaturas,
-amputada, doliente, vencida; pero los políticos del día parece que para
-nada se diesen cuenta del menoscabo sufrido, y agotan sus energías
-en chicanas interiores, en batallas de grupos aislados, en asuntos
-parciales de partidos, sin preocuparse de la suerte común, sin buscar
-el remedio al daño general, a las heridas en carne de la nación. No
-se sabe lo que puede venir. La hermana Ana no divisa nada desde la
-torre. Mas en medio de estos nublados se oye un rumor extraño y vago
-que algo anuncia. Ni se cree que florezcan las boinas de don Carlos, y
-los republicanos que fueran esperanza de muchos, en escisiones dentro
-de su organización misma, casi no alientan. Entretanto van llegando a
-los puertos de la Patria los infelices soldados de Cuba y Filipinas.
-Quienes a morir como uno que--parece caso escrito en la Biblia--fué
-a su pueblo natal ya moribundo, y como era de noche sus padres no le
-abrieron su casa por no reconocerle la voz, y al día siguiente le
-encontraron junto al quicio, muerto; otros no alcanzan la tierra y
-son echados al mar, y los que llegan, andan a semejanza de sombras;
-parecen, por cara y cuerpo, cadáveres. Y el madroño está florido y a su
-sombra se ríe y se bebe y se canta, y el oso danza sus pasos cerca de
-la casa de Trimalción. A Petronio no le veo. He pensado a veces en un
-senado macabro de las antiguas testas coronadas, como en el poema de
-Núñez de Arce, bajo la techumbre del monasterio
-
- Que alzó Felipe Segundo
- Para admiración del mundo
- Y ostentación de su imperio.
-
-¿Cómo hablarían ante el espectáculo de las amarguras actuales los
-grandes reyes de antaño, cómo el soberbio Emperador, cómo los Felipes,
-cómo los Carlos y los Alfonsos? Así cual ellos el imperio hecho polvo,
-las fuerzas agotadas, el esplendor opaco; la corona que sostuvieron
-tantas macizas cabezas, así fuesen las sacudidas por terribles
-neurosis, quizá próxima a caer de la frente de un niño débil, de
-infancia entristecida y apocada; y la buena austriaca, la pobre madre
-real en su hermoso oficio de sustentar al reyecito contra los amagos de
-la suerte, contra la enfermedad, contra las oscuridades de lo porvenir;
-y que está pálida, delgada, y en su majestad gentilicia el orgullo
-porfirogénito tiene como una vaga y melancólica aureola de resignación.
-
-El mal vino de arriba. No dejaron semillas los árboles robustos del
-gran cardenal, del fuerte duque, de los viejos caballeros férreos
-que hicieron mantenerse firme en las sienes de España la diadema de
-ciudades. Los estadistas de hoy, los directores de la vida del reino,
-pierden las conquistas pasadas, dejan arrebatarse los territorios por
-miles de kilómetros y los súbditos por millones. Ellos son los que han
-encanijado al León simbólico de antes; ellos los que han influído en
-el estado de indigencia moral en que el espíritu público se encuentra;
-los que han preparado, por desidia o malicia, el terreno falso de los
-negocios coloniales, por lo cual no podía venir en el momento de la
-rapiña anglo-sajona, sino la más inequívoca y formidable _débâcle_.
-Unos a otros se echan la culpa, mas ella es de todos. Ahora es el
-tiempo de buscar soluciones, de ver cómo se pone al país siquiera
-en una progresiva convalecencia; pero todo hasta hoy no pasa de la
-palabrería sonora propia de la raza, y cada cual profetiza, discurre
-y arregla el país a su manera. En palacio, ya que no Cisneros o
-Richelieu, falta siquiera el Dubois que prepare para Alfonso XIII lo
-que el francés para Luis XV, niño y débil: la política interior en
-caso de vida, la política exterior en caso de muerte. Cánovas no fué
-purpurado, en la Monarquía de S. M. Católica, pero quizás era el único,
-a pesar de sus defectos, que tuviese buena vista en sus ojos miopes,
-buena palabra de salvación o de guía en su lengua andaluza; mas de los
-horrores inquisitoriales de Montjuich salió el rayo rojo para él.
-
-Entre las cabezas dirigentes hay quienes reconocen y proclaman en
-alta voz que la causa principal de tanta decadencia y de tanta ruina
-estriba en el atraso general del pueblo español; reconocen que no se
-ha hecho nada por salir de la secular muralla que ha deformado el
-cuerpo nacional como el cántaro chino el de un enano; y si se ha dejado
-enmohecer la literatura, si ha habido estancamiento y retroceso en
-el profesorado, a punto de que de las célebres Universidades lo que
-brilla como una joya antigua es el nombre; fuera de pocas excepciones
-para el juicio público, el oráculo de la ciencia se encierra en urnas
-como el comodín periodístico del señor Echegaray, el teatro que llaman
-chico atrae a las gentes con la representación de la vida chulesca
-y desastrada de los barrios bajos, mientras en el clásico Español,
-en las noches en que he asistido, María Guerrero representaba ante
-concurrencia escasísima, y eso que el paseo por Europa y sobre todo
-el beso de París, le han puesto un brillo nuevo en sus laureles de
-oro; la nobleza... La otra noche, en un café-concert que se ha abierto
-recientemente y con un éxito que no se sospechaba, me han señalado en
-un palco a gastados y encanecidos grandes de España que se entretenían
-con la Rosario Guerrero, esa bailarina linda que ha regocijado a
-París después de la bella Otero; soy frecuentador de nuestro Casino
-de Buenos Aires y no me precio de pacato; pero el espectáculo de
-esos alegres marqueses de Windsor, aficionados tan vistosamente a
-suripantas y señoritas locas de su cuerpo, me pareció propio para
-evocar un parlamento de Ruy Gómez de Silva, delante de los retratos,
-en bravos alejandrinos de Hugo, o una incisión gráfica de Forain con
-sus incomparables pimientas de filosofía. En lo intelectual, he dicho
-ya que las figuras que antes se imponían están decaídas, o a punto
-de desaparecer; y en la generación que se levanta, fuera de un soplo
-que se siente venir de fuera y que entra por la ventana que se han
-atrevido a abrir en el castillo feudal unos pocos valerosos, no hay
-sino la literatura de mesa de café, la mordida al compañero, el anhelo
-de la peseta del teatro por horas, o de la colaboración en tales
-o cuales hojas que pagan regularmente; una producción enclenque y
-falsa, desconocimiento del progreso mental del mundo, iconoclasticismo
-infundado o ingenuidad increíble, subsistente fe en viejos y deshechos
-fetiches. Gracias a que escritores señaladísimos hacen lo que pueden
-para transfundir una sangre nueva, exponiéndose al fracaso, gracias
-a eso puede tenerse alguna esperanza en un próximo cambio favorable.
-Mal o bien, por obra de nuestro cosmopolitismo, y, digámoslo, por la
-audacia de los que hemos perseverado, se ha logrado en el pensamiento
-de América una transformación que ha producido, entre mucha broza,
-verdaderos oros finos, y la senda está abierta; aquí hasta ahora se
-empieza, y se empieza bien: no faltan almas sinceras, bocas osadas
-que digan la verdad, que demuestren lo pálida que está en las venas
-patrióticas la sangre en que se juntaran, como diría Barbey, la azul
-del godo con la negra del moro; quienes llevan al teatro de las
-gastadas declamaciones el cuadro real demostrativo de la decadencia;
-quienes quieren abrir los ojos al pueblo para enseñarle que la Tizona
-de Rodrigo de Vivar no corta ya más que el vacío y que dentro de las
-viejas armaduras no cabe hoy más que el aire.
-
-Ahora uno que otro habla de regenerar el país por la agricultura, de
-mejorar las industrias, de buscar mercados a los vinos con motivo
-del tratado último franco-italiano, y hay quienes se acuerdan de que
-existimos unos cuantos millones de hombres de lengua castellana y de
-raza española en ese continente. Por cierto, la industria pecuaria,
-dicen, debe ser protegida. ¿Y la agricultura? Ya en la Instrucción
-de 30 de noviembre de 1883 se señalaban causas locales del atraso
-agrícola de España, como la intervención de la Autoridad municipal
-en señalar la época de las vendimias, o la de la recolección de los
-frutos o esquilmos: la libertad de que en los rastrojos de uno pazcan
-los ganados de todos: los privilegios que no admiten al consumo de una
-ciudad más que los vinos que produce su término; los que no permiten
-entrar una carga de comestibles en un pueblo sin que se extraiga otra
-de los productos de su agricultura o de su industria, y otras mil
-anomalías; poco se ha adelantado desde entonces, y lo que os dará una
-idea del estado de estas campañas en lo relativo a agronomía, es que
-sepáis que las máquinas modernas son casi por completo desconocidas;
-que la siega se hace primitivamente con hoces, y la trilla por las
-patas del ganado; ¿qué pensarán de eso en la Argentina, donde nos damos
-el lujo de tener a lo yanqui un Rey del trigo? Se trata ahora de la
-creación de un ministerio de Agricultura; de instruir al campesino, que
-como sabéis, ha permanecido hasta ahora impermeable a toda noción; pero
-ya se ha hablado, a propósito de la enseñanza agrícola, de aumentar,
-Dios mío, el número de los doctores: ¡hacer doctores en agricultura!
-
-Hay felizmente quien en oportunidad ha combatido el plan de los
-_dómines agrícolas_ y señalado un proyecto en que quedarían bien
-organizadas las escuelas para capataces, peritos agrícolas e ingenieros
-agrónomos, estudios prácticos, de utilidad y aplicación inmediata,
-sin borla ni capelo salamanquino. Las campañas están despobladas, y
-podrían, si hubiese hombres de empresa y de buen cálculo, repoblarlas;
-para hacerlo la misma República Argentina estaría llamada a ser la
-proveedora de cabezas; las praderas andaluzas son excelentes para
-el engorde, y nuevas fuentes de negocios estarían abiertas para las
-actividades que a ello se dedicasen en la Península. Así habría que
-entrar en arreglos especiales por las restricciones que existen en las
-leyes. Mucho podría ser el comercio hispanoargentino, y al objeto,
-según tengo entendido, no ha cesado de trabajar el señor ministro
-Quesada. Aquí podrían venir las carnes argentinas, ya que no en la
-común forma del tasajo, conservadas por los muchos procedimientos hoy
-en uso; y la mayoría de este pueblo que tiene casi como base principal
-de alimentación el bacalao, que importa de Suecia y Noruega, comería
-carne sana y nutritiva. Luego sería cuestión de ver si se adaptaba
-para el consumo del ejército y marina. Por lo pronto, la Sociedad
-Rural de Buenos Aires podría hacer el ensayo, enviando en limitadas
-cantidades la carne conservada, y por los resultados que se obtuvieran,
-se procedería en lo de adelante. España enviaría sus lienzos, sus
-sederías, sus demás productos que allí tendrían colocación; no habría
-en ningún viaje el inconveniente del falso flete. Estas apuntaciones
-pueden ser estudiadas detalladamente por aquellos a quienes corresponde
-la tarea. Tales formas de relación entre España y América serán
-seguramente más provechosas, duraderas y fundamentales que las mutuas
-zalemas pasadas de un ibero-americanismo de miembros correspondientes
-de la Academia, de ministros que _taquinan_ la musa, de poetas que
-«piden» la lira.
-
-Nótase ahora una tendencia a conocer, siquiera lo americano
-nuestro--¡lo del Norte!, ¡ay!, ¡lo tienen ya bien conocido!--, y no
-hace muchos días, con motivo de un banquete a escritores y artistas
-ofrecido por el representante de Bolivia señor Ascarrunz, hubo
-declaraciones de parte de ciertos intelectuales, que son de tenerse
-muy en cuenta. «En cualquier otro momento--decía un escritor de
-los más diamantinos y pensadores, he nombrado a Julio Burell--, en
-cualquier otro momento la galantería del señor Ascarrunz habría sido
-digna de hidalga gratitud, pero en fin, numerosas han sido las fiestas
-hispanoamericanas a cuyo término apenas si ha quedado otra cosa que
-un poco de dulzor en la boca y otro poco de retórica en el aire;
-después, americanos y españoles han permanecido en sus desconfiadas
-soledades, colocados en actitud y con mirada recelosa, cada cual a
-un lado del gran abismo de la historia...» Y más adelante: «No, la
-guerra no levantará ya entre España y América española sus fieras voces
-de muerte; lo que estaba escrito, escrito queda. Rebuscadores de la
-Historia, curiosos y eruditos, podrán volver la mirada hacia los negros
-días de lucha; pero las almas que tienen alas, las almas que tienen
-luz, los hombres confesados a un ideal de paz y de amor, no descenderán
-al antro sombrío; volarán más alto y bañarán su espíritu en la
-claridad de una nueva aurora...» Todo esto se pudo decir hace mucho
-tiempo; se pudo hace mucho tiempo combatir el alejamiento de la madre
-patria del coro de las dieciséis repúblicas hermanas; pero no se hizo,
-ni se paró mientes en ello.
-
-Antes al contrario, apartando a un grupo escasísimo de hombres como
-Valera y Castelar, se nos procuró ignorar lo más posible, y como
-lo he demostrado en _La Nación_, de Buenos Aires, y en la _Revue
-Blanche_, de París, la culpa no fué del tiempo esta vez, sino de
-España. Gloríanse los ingleses de los triunfos conseguidos por la
-República norteamericana, hechura y flor colosal de su raza: España
-no se ha tomado hasta hoy el trabajo de tomar en cuenta nuestros
-adelantos, nuestras conquistas, que a otras naciones extranjeras han
-atraído atención cuidadosa y de ellas han sacado provecho. En las
-mismas relaciones intelectuales ha habido siempre un desconocimiento
-desastroso. Los escritores que entre nosotros valen se han cuidado poco
-del juicio de España, y con raras excepciones no han enviado jamás sus
-libros a los críticos y hombres de letras peninsulares; en cambio,
-nuestras docenas de mediocres, nuestros vates de amojamados pegasos,
-nuestros prosistas imposibles, han sido pródigos de sus partos; de
-aquí que, en parte, se justifiquen los _Clarines_ y Valbuenas de
-tiempos recién pasados. Más; en las mismas redacciones de los diarios
-en que se dedica una columna a la tentativa inocente de cualquier
-imberbe Garcilaso, no se escribe una noticia por criterio competente
-de obras americanas que en París o en Londres o Roma son juzgadas por
-autoridades universales. Concretando un caso, diré que la Legación
-Argentina se ha cansado de enviar las mejores y más serias producciones
-de nuestra vida mental, de las cuales no se ha hecho jamás el menor
-juicio. Cierto es que, fuera de lo que se produce en España--con las
-excepciones, es natural, de siempre, pues existen un Altamira, un
-Menéndez y Pelayo, un _Clarín_, este amable cosmopolita de Benavente--,
-fuera de lo que se produce en España, todo es desconocido.
-
-Antes de concluir estas líneas debo declarar que no creo sea yo
-sospechoso de falto de afectos a España. He probado mis simpatías,
-de manera que no admite el caso discusión. Pero por lo mismo no he
-de engañar a los españoles de América y a todos los que me lean. _La
-Nación_ me ha enviado a Madrid a que diga la verdad, y no he de decir
-sino lo que en realidad observe y sienta. Por eso me informo por todas
-partes; por eso voy a todos lugares y paso una noche del «saloncillo»
-del Español a las reuniones semibarriolatinescas de Fornos; en un mismo
-día he visto a un académico, a un militar llegado de Filipinas, a un
-actor, a Luis Taboada y a un torero. Y anoche, a última hora, he ido
-del Real al Music-hall, y mis interlocutores han sido: el joven conde
-de O'Reily, Icaza, el diplomático escritor, Pepe Sabater, Pinedo y un
-joven _reporter_... Ya veis que estoy en mi Madrid.
-
-¡Buenos Aires! Hay que mirarlo de lejos para apreciarlo mejor. Aquí
-está la obra de los siglos y el encanto de un país de sol, amor y
-vino; París es París; las grandes capitales europeas nos atraen y nos
-encantan: pero
-
- _¡J'aime mieux ma mie, ô gué!_
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA LEGACIÓN ARGENTINA
- EN CASA DE CASTELAR
-
- [Ilustración]
-
-
- 10 de enero.
-
-LA legación argentina está situada en un elegante hotel de la
-calle Alcalá Galiano, núm. 6. Es en el barrio aristocrático de la
-Corte, el faubourg Saint-Germain de Madrid. Allí concurrí anoche,
-por amable invitación del ministro Quesada, que había quedado de
-presentarme a algunos «representativos» de la vida social e intelectual
-madrileña: en el arte, Moreno Carbonero; en el periodismo, el
-marqués de Valdeiglesias; estos dos me interesaban en gran manera.
-Fueron puntuales. Es el primero un tipo nervioso, delgado, de
-mirada inteligente, no revela al artista desde luego, pero cuando
-habéis hablado con él las iniciales palabras, la chispa ha saltado,
-iluminando, bajo un bigote fino y negro, una sonrisa _bon enfant_. El
-segundo, de pequeña estatura, rubio, calvo, comunicativo, meridional;
-de seguida se manifiesta el clubman, el mundano, el infaltable a las
-fiestas y reuniones de la aristocracia, el título _reporter_, que hace
-en su diario, _La Época_, lo que el príncipe de Sagán hacía en un
-tiempo en _Le Figaro_. _La Nación_ estaba representada dos veces, pues
-a mi derecha, en la mesa de la casa argentina, tenía yo al estimado
-compañero Ladevese. Pocos momentos después, y ya la conversación
-versaba sobre nuestra Prensa y la española. Reconocía el marqués la
-inferioridad informativa, por ejemplo, de los diarios peninsulares,
-y explicaba cómo en España interesaba poco a la generalidad lo que
-sucede fuera de los términos de la tierra propia. No se sigue, como
-entre nosotros, el movimiento de los sucesos del mundo; del asunto
-Dreyfus, de lo que hay ahora de más sonoro en el periodismo universal,
-se publican unas pocas líneas telegráficas. Naturalmente, el interés
-público, en tiempo de la guerra, hizo aumentar la vida de los diarios,
-y la información tuvo su preferencia; telegrama recibió _El Imparcial_,
-o _El Liberal_ que costó diez mil francos. Mi bonaerensismo se
-manifiesta; hago un rápido croquis del desarrollo y fuerza de _La
-Nación_; comento al _Diario_, etc. Y a propósito de corresponsales, se
-protesta por una carta que publica _La Época_ del suyo de Buenos Aires,
-en que se dice, entre otras cosas, que todos andamos con el revólver
-en el bolsillo, y que no vayan más españoles a la República Argentina,
-pues son repetidos con frecuencia los casos en que hay que levantar
-suscripciones en la colonia para poder repatriar a los numerosos
-compatriotas que allá se mueren de hambre. De esos náufragos hay en
-todas partes; y, no hay duda de que aquel periodista exagera.
-
-El actual marqués de Valdeiglesias ha recibido _La Época_ de manos
-de su padre, cuyo tacto y largas vistas en asuntos periodísticos
-demuéstranse no solamente en la propia hoja sustentada por él, sino
-en la antigua _Correspondencia_ de Santa Ana. _La Correspondencia_ de
-hoy ha perdido su antiguo carácter; _gorro de dormir_, pertenece al
-pasado. _La Época_ es en Madrid una especie de _Temps_, el periódico
-serio, asentado, autorizado; con su poco de _Fígaro_ por el mundanismo
-y el cuidado de la forma, con la particularidad, digna de elogio, de
-que demuestra cierta preferencia por lo intelectual. Es un diario
-gran-señor; no se vende por las calles, y si los demás cuestan cinco
-céntimos, número suelto, y una peseta la suscripción por mes, _La
-Época_ vale cuatro pesetas suscripción mensual y quince céntimos
-número suelto. Claro es que el tiraje es relativamente reducido. No
-hay que buscar, por otros puntos, comparación con nuestros grandes
-matinales.
-
-Valdeiglesias es un hombre encantador; su distinción no excluye la
-abierta gentileza; habla de todo, y sobre todo de arte y vida social,
-con una volubilidad y amenidad que hacen de él un conversador deseable.
-Desde luego, se me ofrece como cicerone en mis «viajes alrededor y
-al centro de Madrid». En un momento me interesa en las colecciones
-artísticas y de alto mérito histórico que posee el conde de Valencia
-de Don Juan; me habla de los autores de la nobleza, bibliófilos,
-conocedores de arte y _sportmen_, casi por completo desconocidos en el
-público, escritores de libros que circulan en ediciones cortísimas y
-para especialistas; y a propósito de la obra reciente de _Monte-Cristo_
-sobre los salones de Madrid, diserta de entusiástica manera sobre el
-movimiento social de esta corte, que es indiscutiblemente una de las
-que tienen para sus mantenedores del gran mundo y para sus huéspedes,
-singulares atractivos y goces de lo que se puede llamar la estética de
-la existencia, en un país en donde, aun en el duelo, parece que siempre
-se escuchara como un canto a lo grato del mundo. El Marqués cuando
-habla parece que dictase uno de sus artículos amenos y discretos,
-de una verba correcta; y ya pasemos a hablar de lo mucho que él ha
-trabajado y piensa trabajar para favorecer, después de un ensayo de
-aplicación que él costearía, la introducción de las carnes argentinas
-en España o trate de una reciente publicación sobre esgrima antigua
-hecha por un título de Castilla o detalle las reuniones femeninas,
-famosas, por vida mía, en Madrid, de nuestra legación, en donde,
-hermosa y ricamente, el doctor Quesada sabe recibir a la flor de la
-Corte, con bríos y humor que mantiene su vejez fresca y firme, una
-vejez a lo Juan Valera--y a lo doctor Quintana--; Valdeiglesias siempre
-encarna el periodista, es el polílogo vario y chispeante.
-
-Luego Moreno Carbonero. Estaban conversando con el novelista y
-diplomático Ocantos, secretario de la legación como sabéis; y
-a propósito de un decir del ministro sobre una cabeza que un
-inglés encontrara en España y se atribuye hoy a Miguel Ángel o a
-Donatello...--desde luego dos maneras tan distintas, dos espíritus
-de arte tan diversos--oigo, pues, a Moreno Carbonero que dice: «Yo
-por mi parte, prefiero, entre Miguel Ángel y Donatello, a Donatello».
-Parecióme muy simpáticamente desenvainada aquella opinión por un
-maestro que, a pesar de su gran talento, es lo que se llama un
-«normal»; pero luego caí de mi ascensión, pues a propósito de la
-pintura «moderna» y por traer nosotros el recuerdo del insigne catalán
-Rusiñol, manifestó que ese arte--y decía esto después de inclinarse
-delante del talento del catalán--, que ese arte--el del mejor Rusiñol,
-el Rusiñol libre y poeta--era solamente bueno para el industrialismo
-del cartel; algo así como la brocha gorda de los telones teatrales,
-para ser visto de lejos... Y yo pensaba, aun deteniéndome únicamente en
-el _affiche_, que en uno de Chéret, de Mucha, del admirable Grasset,
-del mismo Rusiñol, hay más arte de artista que en muchas telas de
-canónicos medallados. Es, por cierto, uno de los mayores pintores de la
-España de hoy Moreno Carbonero, y me explico perfectísimamente la razón
-de su manera de mirar el contemporáneo arte «intelectual». Él respira
-su ambiente; ha vivido en París y ha pasado los años indispensables
-de Italia; pero queda en él el meridional absoluto, o mejor, el
-español inconmovible. Y esto por otra parte puede ser o será una gran
-virtud. Ya sabéis, con todo, que es un idealista al ser nacional; su
-amor por el Quijote es conocido, y el último cuadro suyo que he visto
-representa la aventura del caballero de la Mancha con los carneros.
-Picarescamente, esa noche, un respetable amigo suyo calificó ese
-cuadro como un símbolo... De lo cual resultaría, por esta vez Moreno
-Carbonero simbolista _malgré lui_. Ahora prepara otro cuadro cuyo tema
-está extraído de la enorme usina quijotesca; y nos decía que andaba en
-busca de un tipo campesino que tuviese la figura del Sancho que él se
-imagina; y que creía haberla encontrado en un bauzán manchego que había
-visto, como para ser reconocido por Teresa, Sanchica y el rucio.
-
-Recorremos la casa. Desde luego llama el ojo la buena cantidad y
-calidad de viejos tapices en los salones principales, y de los salones,
-el amarillo, para el que se ha escogido con sabio gusto esa antigua y
-rica tela española que impone su aristocracia arcaica a las imitaciones
-chillonas y estofas advenedizas. Por cierto punto la Legación es un
-pequeño y valioso museo, pues fuera de tapicería y chirimbolos está lo
-preferido y mejor entre todo las tallas, esas obras admirables de la
-famosa talla española que hoy se podría llamar un arte olvidado; pues
-la que ahora se hace no admite ni un lejano término de comparación
-con la labor perfecta, aun en la misma tosquedad de lo primitivo,
-que antaño se acostumbraba. Aquellos maestros perdidos en el tiempo
-no han vuelto a encarnarse, y los escultores de hoy--con rarísimas
-excepciones, como ese incomparable Bistolfi, de Italia, y algunos pocos
-franceses--desdeñan en todas partes, no sé por qué, la madera, que para
-ciertas cosas supera infinitamente a la piedra o el bronce. Y ante
-un trabajo de algún desconocido Berruguete... «Vea usted, ¿se puede
-realizar esto en mármol?...» Moreno Carbonero se ocupa actualmente en
-hacer el catálogo de las colecciones artísticas del ministro argentino,
-y una vez concluída la obra, debe resultar por muchos motivos
-interesante.
-
-¿Y el arte? Y el arte, ¿cómo va en España?
-
-Pues si algo ha quedado sosteniendo la tradición diamantina del arte
-español es la pintura. Allí Artal ha dado a conocer reflejos de la
-hoguera subsistente. Hay pintores, hay grandes pintores. En el Museo
-de Arte Moderno, del que ya os hablaré, he tenido nobles impresiones,
-como las que tuve en la iglesia de San Francisco el Grande. La escuela
-española contemporánea, de la cual Buenos Aires posee algunas valiosas
-muestras--y ya que hablamos de Moreno Carbonero, un cuadro de este
-pintor que, según me dijo él mismo, es de los que más quieren entre
-los suyos y fué adquirido por el doctor del Valle--, la escuela
-española contemporánea tiene justa fama, representada por sus firmas
-principales, en toda Europa; y algunos pintores españoles hay, de
-fuerza y valía, que cabalmente en _Europa_ son más conocidos que en
-España, como me lo decía un artista. Por ejemplo, Baldomero Galofre
-que, fuera de su ya larga labor, logrará un bello triunfo si realiza
-conforme con el plan que conozco su vasto poema pictórico _España_.
-Roma detiene a varios maestros de luz españoles, de los cuales conocéis
-más de un cuadro cuajado de sol; París lo propio, desde en tiempos de
-los Fortuny y los Madrazos. No he averiguado aún los detalles de la
-salida de la producción, de los encargos, de la parte comercial del
-asunto. Pero desde luego, os aseguro que en este inmenso imperio del
-color, no se agotará jamás la llama artística; y desde Plasencia o
-Moreno Carbonero hasta el último pintaplatos que os fastidiará en el
-café sirviéndoos la marina o el bodegón como un par de salchichas,
-todos tienen en la pupila un don solar que se proclama a cada instante.
-
---«¿Y el arte en Buenos Aires?» Digo lo que puedo, alabo los esfuerzos
-del director del Museo, cito tres o cuatro nombres y me salvo.
-
-Luego he estado en casa de Castelar. Ya convalece de su enfermedad
-última, en la que llegó momento en que se creyera lo llevase a la
-muerte. Fuimos tres los que en el momento de la entrevista estuvimos
-presentes. Uno, su amigo el banquero Calzado, que hace tanto tiempo
-reside en París, y cuya intimidad con el orador data de larga fecha.
-Otro el ministro de Bolivia. Desde mi llegada cumplí con informarme
-en nombre de la _La Nación_ y propio del estado del antiguo e ilustre
-colaborador. Sus primeras palabras, al verme, fueron: «¡Oh, qué
-diferencia, del 92, cuando usted me vió por última vez!» En efecto.
-Recordarán mis lectores en este diario aquella carta color de rosa
-que escribí hace siete años con motivo de un almuerzo que Castelar
-me ofreciera en su misma casa de hoy, en la calle de Serrano. Aquel
-Castelar brillaba aún en la madurez lozana de una vida que apenas
-demostraba cansancio, aun cuando en la cúpula había nevado ya bastante.
-El orador todavía se afirmaba sobre los estribos de su pegaso. Los
-ojos chispeaban vivos en la cara sonrosada; el gesto adornaba la
-frase elocuente; la potencia tribunicia se denunciaba a relámpagos.
-El apetito se revelaba en aquellas perdices regalo de la duquesa de
-Medinaceli, aquellas perdices episcopales regadas con exquisitos vinos
-de abad. Y Abarzuza, que todavía no había sido ministro, estaba a
-su lado. Y sobre la gran calva popular se encendía en su apogeo un
-círculo de gloria. Hoy... Me dió ciertamente tristeza el cuerpo delgado
-por la dolencia, los ojos un tanto apagados, la voz algo cansada,
-el rostro de fatiga, todo el célebre hombre en decadencia. Todo no;
-porque en cuanto empezó a hablar, como le tocara el punto delicado de
-la política primero y de los asuntos internacionales después, irguió
-la antigua cresta, cantó. De lo primero, como quien mira las cosas
-desde su voluntario aislamiento; pero expresando su disgusto por las
-añagazas y trampas al uso; y su desconsuelo airado por el estado a que
-han reducido al país los malos dirigentes. De los segundos, lapidando
-a frases violentas a los Estados Unidos. Hay que recordar como ha sido
-el entusiasmo de Castelar por la república norteamericana antes de la
-iniquidad. Y lo mucho que a Castelar han admirado los yanquis--sin duda
-alguna por lo que ha tenido de _greatest in the world_, a título de
-Niágara oratorio--. Y el Crisóstomo peninsular hablaba con el despecho
-razonado de quien ha sido víctima de un engaño, de un engaño digno
-del país colosal de los dentistas. «¡Cosas de este fin de siglo!» nos
-decía. «Mientras la autocrática Rusia pide a los pueblos el desarme y
-aboga por la paz, los Estados Unidos, tierra de la democracia, son los
-que proclaman la fuerza por ley y se tornan guerreros. ¡Oh, es esto
-para mí como si los castores se hubieran de pronto vuelto tigres! Tengo
-en mi casa un retrato de Wáshington, regalo de un ilustre amigo mío
-norteamericano; y otro amigo y compatriota me hacía cargos porque tenía
-yo al gran anglo-sajón en lugar preferido de mi alcoba». Le contesté
-que el pobre no tenía la culpa de lo que hacían sus descendientes, y
-que el primero en la paz, el primero en la guerra y el primero en el
-corazón de sus conciudadanos, sería el primero en avergonzarse de ellos
-en esta sazón en que se han convertido en heraldos y ministros de la
-violencia y de la injusticia.
-
-Calzado nos decía que durante la enfermedad no ha cesado un momento
-Castelar en su labor de siempre. Que su humor no se ha entibiado, ni
-sus ejercicios mentales de costumbre han sufrido el menor cambio ni
-menoscabo. Es el trabajador de antaño. Entonces él nos dijo de qué
-manera había perdido personalmente en su presupuesto constante una
-renta que no bajaba de dos mil quinientos a tres mil francos mensuales,
-pues por voluntad invencible ha resuelto, desde la última guerra, no
-escribir una sola línea para el público de Norte-América. Y en verdad,
-Castelar ha sido pagado por los yanquis como muy pocos escritores.
-Diarios y _magazines_ ha habido que desembolsasen por un solo artículo
-quinientos dollars, mil dollars. Era un Klondike en la imperial Nueva
-York, o en la estudiosa Boston, o en la regia Porcópolis. Ese Klondike
-se lo ha cerrado la lírica sangre gaditana que corre en sus venas.
-Un yanqui en su caso escribiría el doble y pediría el triple por un
-artículo. Pero ¿qué dirían el Cid y Don Pelayo?
-
-Me despedí de él no sin antes contestar a sus preguntas sobre América,
-sobre la salud del general Mitre, sobre nuestros progresos. Me cita
-para una larga entrevista próxima, y me encarga envíe sus mejores
-recuerdos a sus antiguos compañeros de _La Nación_. Yo cumplo con ese
-grato deber, y ruego a mis colegas de la casa que no se imaginen al
-Castelar enfermo y débil de ahora al recibir ese saludo, sino al que
-tenemos allí retratado en la sala de redacción: la cabeza fuerte y
-noble como para contener un vasto mundo de ideas, los ojos que anuncian
-la victoria de la palabra, y bajo el gran bigote, la boca expresiva de
-donde ha brotado tanta sonora tempestad verbal, tanta música, tanta
-encantadora mentira y tanta voluntad de Dios. Pues nadie puede decir en
-este siglo lo que escuché de él, ciertamente conmovido, momentos antes
-de estrechar su mano al despedirme: «Yo he libertado a doscientos mil
-negros con un discurso».
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- NOTAS TEATRALES
-
- [Ilustración]
-
-
- 20 de enero.
-
-VARIOS estrenos: _La Walkiria_ en el Real; _Los Reyes en el destierro_,
-en la Comedia; _Los caballos_, en Lara. La impresión dominadora que me
-ha producido la estupenda obra de Wagner, es de aquellas fascinaciones
-de arte que eternamente nos duran. El día está un tanto escandinavo:
-a través de los vidrios del balcón veo caer tenaz y triste la nieve.
-Es, pues, a propósito el momento para hablaros del estreno de la
-ópera del Wottan de la música. Mirad primero del palco escénico al
-público: es noche de gran pompa; el deslumbramiento es semejante al
-de la sala de nuestra Ópera una noche de 9 de julio o de 25 de mayo.
-Los hermosos tipos españoles son de beldad famosa, y tan vario caudal
-de gracia y de maravilla plástica se aumenta y se ilumina con las
-constelaciones de la pedrería y la elegancia de los trajes. La española
-tiene _su_ estilo de vestir, como la vienesa, como la bonaerense,
-como la neoyorkina; pero lo que en la una hace que porte un Paquin
-o un Worth con cierta suntuosidad un tanto abullonada, como inflada
-de valses, y en la argentina produce la confusión prodigiosa de la
-manera con la parisiense y en la otra pone una especie de matematecidad
-gimnástica, en estas damas hace que la elegancia francesa se mezcle
-en limitada parte con el aire nativo, y para mejor daros una idea de
-ciertos ejemplares soberanos, pongo por caso la andaluza marquesa
-de Alquibla--os digo que os imaginéis a una maja de Goya vestida por
-Chaplin.
-
-Desde luego, las observaciones de Graindorge no han caducado, y
-probablemente mientras en el mundo haya _le monde_, tendrán su
-inmediata confrontación en toda sociedad de la tierra. Mas aquí,
-donde la cultura no es de aluvión, sino que está filtrada a través de
-rocas multiseculares, fuera de aquello frívolo y pasajero que la moda
-traiga con su imposición, el sentido social está bien cimentado; y
-pongo esto a cuento porque lo primero que noté en la sala regia, con
-pocas excepciones, es que la alta sociedad madrileña va al Español
-para ver y para oir, y al Real para oir y para ver. Hay en el público
-de palcos y plateas conocedores insignes en cuestión musical, y en
-cuanto al paraíso, como en Buenos Aires, es allí donde se encuentran
-los que, según se dice, imponen o rechazan una obra. Mas no oiréis la
-conversación molesta del advenedizo enriquecido que llega a su palco a
-hacerse notar por su desdén a lo que en la escena pasa; y los fanáticos
-de Wagner no han tenido que protestar a causa de ninguna incoherencia
-en la ocasión presente. Conforme con los preceptos wagnerianos, nadie
-llegó retrasado a la función.
-
-Pues, os digo que aun impera en mí el prodigio de la armonía y de la
-melodía, «elementos de la música más espiritual que el simple ritmo»,
-de Hanslick, y jamás he visto alzarse sobre un trono más glorioso el
-alma suprema del gran Germano. Toda alma de artista, en esa noche,
-sintió allí clavada la espada divina del genio cual la que está en el
-fresno hundida hasta la empuñadura. Yo recordaba que uno de mis mayores
-disgustos había sido con un amigo cordial, de más corcheas que yo,
-pero a quien no podía demostrar mi sinceridad por Wagner delante de su
-obstinada sospecha de ver en mi amor profundo por ese orbe de poesía
-absoluta un mal pertrechado entusiasmo de _snob_... ¡Oh, no! Allí
-habéis sentido y pensado a Wagner los que sabéis y podéis sentirle y
-pensarle; y muchos de vosotros habéis ido a oir la _Misa del Arte_ a
-la iglesia de Bayreuth. Pues aquí es mayor, incomparablemente mayor
-el número de los adoradores, de los verdaderos adoradores del santo
-culto que renueva a Pitágoras... y mi modesta afición, sin pretensión
-alguna, sin herir ninguna cuerda, ni soplar madera ni cobre, ha sido
-bien acogida. Se me ha dejado rezar, y eso basta. Madrid es capital que
-por su gusto musical se distingue, el Real es de los teatros señalados
-artísticamente, y entre otras cosas, existe una Sociedad de conciertos
-que puede enorgullecer a cualquier gran centro lírico. No es sino de
-entusiasmo la impresión que han llevado últimamente Saint-Saëns y
-Lamoureux. Pero ¿y _La Walkiria_?
-
-La sala se dejó subyugar por la potencia sublime, desde los compases
-directores de la introducción, corta y llena de magnificencia, y las
-primeras frases de Siegmund--desgraciada y necesariamente traducido en
-Segismundo--hasta el momento final en que al golpe de la lanza brota
-el misterioso fuego, todo fué como el paso de un vasto huracán de
-mágicos números, de cadencias únicas, de revelaciones armoniosas; ya
-Siglinda surja, encarnación de portento, o Hunding truene o Siegmund
-en un solo ideal se lamente; o el dúo del amoroso y deleitoso y único
-amor de los dos hermanos se cristalice soberbiamente en la expresión
-del divino incesto: «Esposa y hermana eres para mí. ¡Surja, pues, de
-nosotros la sangre de los Welsas!» o Brunilda arrebate a Siglinda o
-pase la prestigiosa y sonora cabalgata, o por fin, Wottan, dando el
-sueño con un beso a la Walkiria, ordene el incendio al dios del fuego
-maravilloso. El conjunto se destaca como una selva mágica en la que
-casi sensible físicamente, el influjo del _deus_ precipita nuestras
-emociones también en cabalgata magnífica e incontenible. Cada mente
-se siente abrasada, cada espíritu contiene a Gerilda, Waltranta,
-Schwerleita, Ortlinda, Helmwigia, Sigruna, Rosweisa, Grimguerda...
-Y el público de Madrid, en general, supo apreciar el don olímpico.
-Aunque hay quien afirme que del ciclópeo drama musical lo único que ha
-admirado son las bellezas de la cabalgata y del fuego encantado...
-
- * * * * *
-
-En la Comedia, el estreno de _Los reyes en el destierro_, como
-comprenderéis, extraída de la novela de Daudet. Autor de la pieza y
-gozador del triunfo y del provecho, Alejandro Sawa. De Sawa también
-os he hablado desde París--pues en verdad he sido yo el judío errante
-de _La Nación_--hace algunos años. Él fué quien me presentó a Jean
-Carrère, cuando la _émeute_ de los estudiantes y los escándalos del
-café D'Arcourt, en el 93. Allá en París hacía Sawa esa vida hoy
-ya imposible, que se disfrazó en un tiempo con el bonito nombre
-de Bohemia. Es más parisiense que español y sus aficiones, sus
-preferencias y sus gustos tienen el sello del Quartier Latin. Lo cual
-no obsta para que sea casado, hombre de labor de cuando en cuando--y
-querido de todos en Madrid--. A su vuelta, después de muchos años, de
-Francia, ha sido recibido fraternalmente, y la suerte buena no le ha
-sido esquiva, pues con el arreglo que ha hecho ahora para el teatro, ha
-obtenido una victoria intelectual y positiva. Para Buenos Aires sé que
-no tengo que entrar a detallar o recordar los tipos especiales que se
-barajan en la producción del pobre _Petit-Chose_. Sólo diré que Sawa ha
-logrado hilvanar bien su _scenario_ y tejer su juego con habilidad y
-con el talento que todo el mundo le reconoce.
-
-Sawa--debo decirlo--continúa, a pesar de su triunfo, de su encantadora
-hijita y de su barba que anuncia ya la vejez entrante, tan formal como
-hace siete años. Me había prometido una escena de su obra para este
-correo, primicia muy agradable. En efecto, no le he vuelto a ver.
-
-A Sellés sí le he visto, un día después del estreno de _Los caballos_.
-Es personal y literariamente muy simpático, y pongo el vulgar adjetivo
-porque así se comprenderá mayormente. Este académico de la Española es,
-sin duda alguna, el más juvenil de los inmortales; no el más joven,
-porque el conde la Viñaza y el poeta Ferrari son los benjamines. El
-más anciano ya se sabe que es Menéndez y Pelayo. Y he aquí que en un
-teatro de _arte chico_, de chulerías y cosas de esa guisa, se presenta
-Sellés con esta obra, parte de una trilogía que, según él deja decir,
-es simbolista. Altamente estimo al autor del _Nudo gordiano_, y sobre
-todo, su tendencia a hacer un teatro de ideas, aquí en la tierra del
-parlar y del inflar.
-
-Pero crea el señor Sellés que es infantil, que es de una ingenuidad
-conmovedora el nombrar a Ibsen, o a Hauptmann, o a Sudermann, como
-alguien lo hiciera delante de mí, a propósito de sus obras. Llamar
-teatro simbolista al del señor Sellés, es como poner bajo las
-tentativas del dibujante Chiorino: «dibujo prerrafaelita». En el
-teatro de Antoine, en el de l'Œuvre, su obra difícilmente habría sido
-admitida; porque el reconocer su castiza y propia lengua no significa
-en este caso nada; cuando se quiere hacer obra de ideas no se hace
-obra de palabras. Esta pieza, como dejo apuntado, pertenece a una
-trilogía, cuya primera parte ha sido puesta en escena por Novelli.
-Hay una tendencia social que se ruboriza de su mismo impulso a la
-libertad futura. Parece que no ha estudiado el señor Sellés como debía
-el más arduo de los problemas contemporáneos, y el anarquismo «para
-familias» que ha procurado presentar en su pieza, no provocará en los
-intelectuales sino una sonrisa. El río es más vasto y más profundo;
-y, para citar un tipo, venir a encarnar en el maestro de escuela,
-en España, la tendencia salvadora de la obra social--¡aquí donde el
-pobre maestro de escuela es sinónimo de _atorrante_!--, es simplemente
-inefable. La tela paradojal está bien bordada de oro fino castellano;
-la forma regocija el amor patrio gramatical, y el poeta es el poeta de
-siempre. Aquí se da del _cher maître_; y yo le digo por eso: Querido
-maestro, sus _caballos_ se han desbocado, pero... _à rebours_.
-
-Y el miércoles próximo en el Español, estreno de _Cyrano de Bergerac_.
-Nada diré hasta después de la representación; pero os mando los versos
-que me encargara la revista _Vida Literaria_ con tal motivo.
-
-
- CYRANO EN ESPAÑA
-
- He aquí que Cyrano de Bergerac traspasa
- De un salto el Pirineo. Cyrano está en su casa.
- ¿No es en España, acaso, la sangre vino y fuego?
- Al gran gascón saluda y abraza el gran manchego.
- ¿No se hacen en España los más bellos castillos?
- Roxanas encarnaron con rosas los Murillos,
- Y la hoja toledana que aquí Quevedo empuña
- Conócenla los bravos cadetes de Gascuña.
- Cyrano hizo su viaje a la luna: más antes
- Ya el divino lunático de don Miguel Cervantes
- Pasaba entre las dulces estrellas de su sueño
- Jinete en el sublime pegaso Clavileño.
- Y Cyrano ha leído la maravilla escrita
- Y al pronunciar el nombre del Quijote, se quita
- Bergerac el sombrero: Cyrano Balazote
- Siente que es lengua suya la lengua del Quijote.
- Y la nariz heroica del gascón se diría
- Que husmea los dorados vinos de Andalucía.
- Y la espada francesa, por él desenvainada,
- Brilla bien en la tierra de la capa y la espada.
- ¡Bienvenido Cyrano de Bergerac! Castilla
- Te da su idioma, y tu alma como tu espada brilla
- Al sol que allá en tus tiempos no se ocultó en España.
- Tu nariz y penacho no están en tierra extraña,
- Pues vienes a la tierra de la Caballería.
- Eres el noble huésped de Calderón. María
- Roxana te demuestra que lucha la fragancia
- De las rosas de España con las rosas de Francia.
- Y sus supremas gracias, y sus sonrisas únicas
- Y sus miradas, astros que visten negras túnicas
- Y la lira que vibra en su lengua sonora
- Te dan una Roxana de España encantadora.
- ¡Oh poeta! ¡Oh celeste poeta de la facha
- Grotesca! Bravo y noble y sin miedo y sin tacha
- Príncipe de locuras, de sueños y de rimas:
- Tu penacho es hermano de las más altas cimas,
- Del nido de tu pecho una alondra se lanza,
- Un hada es tu madrina, y es la Desesperanza;
- Y en medio de la selva del duelo y del olvido
- Las nueve musas vendan tu corazón herido.
- ¿Allá en la luna hallaste algún mágico prado
- Donde vaga el espíritu de Pierrot desolado?
- ¿Viste el palacio blanco de los locos del Arte?
- ¿Fué acaso la gran sombra de Píndaro a encontrarte?
- ¿Contemplaste la mancha roja que entre las rocas
- Albas forma el castillo de las Vírgenes locas?
- ¿Y en un jardín fantástico de misteriosas flores
- No oíste al melodioso Rey de los ruiseñores?
- No juzgues mi curiosa demanda inoportuna,
- Pues todas estas cosas existen en la luna.
- ¡Bienvenido Cyrano de Bergerac! Cyrano
- De Bergerac, cadete y amante, y castellano
- Que trae los recuerdos que Durandal abona
- Al país en que aun brillan las luces de Tizona.
- El Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte
- El que vence el espacio y el tiempo; su estandarte.
- Pueblos, es del espíritu el azul oriflama.
- ¿Qué elegido no corre si su trompeta llama?
- Y a través de los siglos se contestan, oid:
- La Canción de Rolando y la Gesta del Cid.
- Cyrano va marchando, poeta y caballero
- Al redoblar sonoro del grave Romancero.
- Su penacho soberbio tiene nuestra aureola.
- Son sus espuelas finas de fábrica española.
- Y cuando en su balada Rostand teje el envío,
- Creeríase a Quevedo rimando un desafío.
- ¡Bienvenido, Cyrano de Bergerac! No seca
- El tiempo el lauro; el viejo Corral de la Pacheca
- Recibe al generoso embajador del fuerte
- Molière. En copa gala Tirso su vino vierte.
- Nosotros exprimimos las uvas de Champaña
- Para beber por Francia y en un cristal de España.
-
-
-
-
- CYRANO EN CASA DE LOPE
-
- [Ilustración]
-
-
- 2 de febrero de 1899.
-
-EN efecto, como os lo había anunciado, «Cyrano está en su casa». Ha
-llegado a España con muy buen pie y mediante los ocho o diez mil
-francos que, según tengo entendido, recibió de antemano el excelente
-poeta Rostand. El triunfo ha sido sonoro: y nariz por nariz, la de
-Díaz de Mendoza, en Madrid, ha valido lo que la de Coquelin en París.
-En la de Bergerac, ha dicho con su oportuno chiste de siempre Mariano
-de Cávia, que quedarían muy bien plantados los _quevedos_ en España.
-Me place haber coincidido en lo del noble caballero de la torre de San
-Juan Abad, en unos de mis versos anteriores, con el vibrante y agudo
-periodista. El Cyrano español no es otro que Quevedo; en ambos puso la
-Luna «madre nutriz, con su leche, quilo del mundo», que dice la sabia
-doña Oliva de Sabuco, el rayo que hace los locos de poesía; y ambos
-fueron hombres de amor y de generosas empresas de espada.
-
-La comedia heroica de Rostand, por otra parte, no es otra cosa que
-una obra de capa y espada de la más buena cepa española, como me
-lo hiciese notar al llegar el libro del _Cyrano_ a Buenos Aires,
-un culto y sagaz compañero. Es una comedia de capa y espada que ha
-podido escucharse en el modernizado Corral de la Pacheca, como si
-fuese obra legítima de cualquier resucitado, porque los actuales, con
-las excepciones que sabéis, no encuentran mejor ni más provechosa
-fuente que las hazañas, hechos y gestos del chulo, ese «compadrito»
-madrileño. El éxito, pues, ha sido absoluto. La noche del estreno
-estaba en el Español el todo Madrid de las letras, y la belleza
-social tenía soberbia representación. No os supongáis que se trate
-de algo semejante a una «primera» de la Comédie Française; aquí no
-existe aristocracia literaria; todo va revuelto y el veterano de la
-gloria castellana se codea con el tipo _interlope_ que han bautizado
-con el extraño nombre de _Currinche_. Un diario como _El Nacional_,
-con motivo de haber invitado Fernando Mendoza a los ensayos, y
-sobre todo al ensayo general, a personas extrañas al teatro, decía
-con loable franqueza: «Allá en París se invita en tales casos a la
-Prensa, a los autores dramáticos, novelistas, críticos, académicos,
-actrices vacantes, personalidades del gran mundo... En una ciudad de
-dos millones de habitantes, donde nadie tiene por qué combatir una
-obra, se puede invitar a mil espectadores que van sin prevenciones,
-ni envidias, ni espíritu de concurrencia, a presenciar un ensayo
-general; y a la crítica para que pueda con tiempo estudiar la obra y
-dar cuenta de ella _dos días después_, cuando ya el público de pago
-la haya visto; y un ensayo general es una especie de consagración del
-drama o comedia que el público irá a ver confiado en la nota, siempre
-benévola para el autor reputado, que la Prensa seguramente dará. ¿Pero
-aquí? Aquí, en esta cabeza de partido de Europa que se llama Madrid,
-y en la que todos nos conocemos, nos abrazamos y nos odiamos... aquí,
-donde hay un estado constante de celos y de envidias y de pequeñeces
-inevitable en el estrecho medio ambiente en que vivimos; aquí, donde
-toda la vida literaria está circunscrita a la Carrera de San Jerónimo
-y la calle del Príncipe... aquí, en fin, donde las Empresas viven de
-diez docenas de familias ricas y de doscientos espectadores pobres,
-de los cuales la mitad son autores rencorosos o Empresas rivales...
-permitir que asistan a un ensayo general los amigos y los enemigos,
-los autores españoles que han de ver gastos enormes y cultos rendidos a
-autores franceses, los empresarios del frente y los de al lado... ¡Qué
-equivocación tan lamentable y qué desconocimiento del país en que se
-vive!» Quien esas líneas escribió parece que tuviese bien conocido su
-ambiente; pues, en realidad, nada menos que por intermedio de Eusebio
-Blasco se ha manifestado en público lo que antes escuchara yo en
-privado: la miserable cuestión de las «perras» chicas y grandes... Ved
-como, al día siguiente del estreno, ese escritor cuyo arte singular es
-harto y de antiguo famoso, se expresa, agrediendo de paso a la América
-que ignora: «Podremos creer que en la casa de Lope de Vega no deben
-hacerse traducciones; podremos creer también que, de estrenar una
-obra extranjera cuyo éxito ha sido esencialmente literario en París,
-debieron haberla adaptado en verso castellano poetas de nombre. Aquí
-donde tenemos desde Núñez de Arce hasta Manuel Paso, desde Dicenta a
-José Juan Cadenas; desde Manuel del Palacio hasta Rodolfo Gil, desde
-Sellés hasta Gil (Ricardo), tantos y tantos poetas notabilísimos, los
-catalanes, regionalistas furibundos teniendo en Barcelona unos teatros
-tan hermosos, en cuanto hacen un drama o una traducción se vienen a
-Madrid y se imponen en el primer teatro de la nación, y se pone a
-su disposición todo el dinero de las Empresas. Todo esto vemos y de
-ello protestamos, sin ánimo de ofender a nadie y en defensa de los
-autores de Madrid, que son, hoy por hoy, en los tres teatros de verso
-que hoy funcionan, pospuestos a los autores _franceses_. El _Cyrano
-de Bergerac_ le gustó mucho al público anoche. Es obra de _dinero_,
-como se dice en la jerga teatral. _Melodrama para la exportación a
-Buenos Aires_, _Chile_, _Bolivia_, y allí alborotará. _¿Cómo no?_ Lo
-encontrarán _lindo_ y el estilo parecerá de perlas».
-
-El que habla es Eusebio Blasco, instruído sobre el estado de las
-aduanas literarias sudamericanas por los poetas de Sucre o de
-Cochabamba, a quienes ha prologado, o quizá, casi estamos seguros,
-por persona a quien él conoce bastante, poeta de peso--el hombre de
-Huanchaca, el boliviano expresidente Arce, que compró la cama de la
-emperatriz Josefina. Y fijáos primero en la generosidad del artista de
-_Los curas en camisa_ e introductor de _Pañuelos blancos_ y de toda
-clase de lencería francesa: la casa de Lope cerrada a toda idea que
-no huela al aceite de las propias olivas, cuando la casa de Molière y
-la casa de Shakespeare no se cierran; proteccionismo de las vejeces
-más o menos gloriosas, a cuyo regimiento pertenece, o de amistades
-y simpatías personales, con daño de tres jóvenes modestos que han
-hecho un plausible esfuerzo; repudio de lo catalán, sin duda por las
-lecciones de arte y trabajo que Barcelona da; expulsión de lo bello
-_francés_ a causa seguramente de que lo propio anda escaso; y, punto de
-mira principal, el dinero, el ansiado dinero--, cuya _lindeza_ no nos
-atrevemos a contradecirle. _¿Cómo no?_ ¡Oh, no, buen señor!
-
-
-Primero ha sido el talento de Rostand y después han llegado los miles
-de francos; y en cuanto a Cyrano de Bergerac, si como en el diálogo de
-Cávia se encontrase en la villa y corte a estas horas buscaría en vano
-la hidalguía de Quevedo y se volvería a su París, con Dreyfus y todo.
-
-Pero, hablemos del estreno.
-
- * * * * *
-
-Un escritor de la nueva generación y de un talento del más hermoso
-brillo--he nombrado a Manuel Bueno--ha escrito que «el nombre de Cyrano
-de Bergerac parece un reto». «Hay--dice--en las seis sílabas que lo
-componen, un no sé qué de ostentoso atrevimiento que desafía». Ello
-es un hecho, que al oído se comprueba sin necesidad de haber leído el
-_Cratilo_ de Platón. Entre las letras que componen ese nombre suenan
-la espada y las espuelas, y se ve el sombrero del gran penacho. ¿Y
-admitirás que el nombre es una representación de la cosa?--pregunta
-Sócrates en el diálogo del divino filósofo--Cratilo asiente. Cyrano
-tiene un nombre _suyo_ como Rodrigo Díaz de Vivar, como Napoleón, como
-Catulle Mendés. Los nombres dicen ya lo que representan. Pues ese poeta
-farfantón y nobilísimo, de sonoro apelativo, debía ser bien recibido
-en un país en donde por mucho que se decaiga, siempre habrá en cada
-pecho un algo del espíritu de Don Quijote, algo de «romanticismo».
-¡Romanticismo! «Sí--clama Julio Burell--romanticismo. Pero hoy el
-romanticismo que muere en Europa revive en América y en Oceanía. Cyrano
-de Bergerac--una fe, un ideal, una bandera, un deprecio de la vida--se
-llama Menelik en Abysinia, Samory en el Senegal, Maceo en Cuba y en
-Filipinas Aguinaldo...»
-
-Verter el prestigioso alejandrino de Rostand al castellano era ya
-empresa dificultosa. Ni pensar siquiera en conservar el mismo verso,
-pues hay aquí crítica que aseguraría estar escrita en «aleluyas» la
-_Leyenda de los siglos_. Todo lo que no sea en metros usuales, silva,
-seguidilla, romance, sería mal visto, y renovadores de métrica como
-Banville, Eugenio de Castro o D'Annunzio, correrían la suerte del
-buen Salvador Rueda... Los tres catalanes--Martí, Vía y Tintorer--que
-tradujeron la obra, se fueron directamente a la silva y al romance; y
-ni siquiera intentaron poner en versos de nueve sílabas la balada o la
-canción llena de gracia heroica y alegre:
-
- Ce sont les cadets de Gascogne
- De Carbon de Castel-Jaloux
- Bretteurs et menteurs sans vergogue
- Ce sont les cadets de Gascogne...
-
-y tan desairadamente se convirtió en:
-
- Son los cadetes de la Gascuña
- Que a Carbón tienen por capitán...
-
-Luego hicieron cortes lamentables, como en el parlamento de Cyrano,
-sobre la nariz, y cambios más lamentables aún, como trocar la frase
-final, la frase básica de _¡Mon panache!_ por: _La insignia de mi
-grandeza_... ¡Qué queréis! por una palabra castiza se dan aquí diez
-ideas; y es muy posible que si Cyrano dice claramente: _Mi penacho_,
-nadie hubiera comprendido, o ese galicismo arruina la obra. De todos
-modos, los catalanes han llenado bien su tarea, hasta donde es posible
-en el medio en que tenían que presentarse.
-
-La evocación teatral, el _scenario_, fué de una deliciosa impresión
-desde el primer momento, desde que apareció el local del Palacio de
-Borgoña, lugar de las representaciones dramáticas en el París de 1640.
-Creo demás, para el público de Buenos Aires, hablar del argumento
-del _Cyrano_ de Rostand; todo se ha publicado cuando el estreno en
-París, y los que se interesan en estos asuntos han leído la comedia
-en el original. La nota principal del comienzo de la obra la señaló
-la aparición de María Guerrero, una Roxana que, eso sí, no han tenido
-los parisienses, encantadoramente caracterizada, una «preciosa»,
-preciosísima. Los detalles perfectamente estudiados, artistas bellas
-y cómicos discretos; cuando el gordinflón Montfleuri aparece y Cyrano
-surge y Roxana sonríe, ya la concurrencia está dominada. Fernando
-Mendoza, que ha progresado mucho con sus viajes, se conquista los
-aplausos desde luego; las simpatías, que tanto hacen con el público,
-están ganadas de antemano.
-
-Las gasconadas se suceden, y al llegar la escena del desafío con
-Valvert, el triunfo se deja divisar: y al final, cuando Cyrano se va
-a acompañar a su amigo Lignière para defenderlo contra cien--¡Con
-quince luché en Zamora!--la ovación primera estalla, al sonar en silva
-castellana los últimos alejandrinos:
-
- Ne demandiez-vous pas pourquoi, mademoiselle,
- Contre ce seul rimeur, cent hommes furent mis?
- C'est parce qu'on savait qu'il est de mes amis.
-
-En el acto segundo, en su hostería aparece el poeta y pastelero
-Ragueneau, encarnado por aquel tan buen cómico que conocéis, Díaz,
-un gracioso que en la Renaissance supo hacer admirar la tradición de
-su clásico carácter. La llegada de Cyrano, los poetas, famélicos; la
-carta escrita a Roxana, la entrevista con ésta, la confidencia de ella
-y el desengaño de él; la llegada de los cadetes; la provocación de
-Christian--hecha con gran propiedad por el joven artista que también
-conocéis, Allens Perkins--la conversación entre Cyrano y Christian;
-el final del acto en versos en que los traductores se han llenado
-indudablemente del espíritu del original--_¡Non, merci!_--; todo esto
-hace que el telón caiga en una tempestad triunfante de entusiasmo.
-
-El acto tercero entra en plena victoria. La escena del balcón agrada,
-por la justeza con que la silva ha podido interpretar el verso de
-Francia. Matrimonio de Christian y Roxana, y venganza de De Guiches,
-que manda a los cadetes de Gascuña a levantar el sitio de Arras, contra
-los españoles. El entusiasmo se duplica.
-
-El cuarto es el del campamento, admirablemente puesto; los cadetes
-hambrientos; Castel Jaloux--muy bien esculpido por Cirera--y Cyrano,
-figuras sobresalientes; y la escena hermosa del pífano conmueve al
-auditorio... Ah, los alejandrinos de Rostand; pero la silva sigue
-haciendo lo que puede, y el _espíritu_ triunfa. Y he ahí a Roxana;
-aparece en la carroza que sabéis, con el buen Ragueneau, de cochero,
-que enarbola su látigo de salchicha; el _lunch_ inesperado; la llegada
-de De Guiches, el diálogo de Roxana y Christian, la nobleza de ese
-cordial sin talento; triunfo del alma de Cyrano; la lucha; la muerte de
-Christian; y, con el pañuelo de Roxana por bandera, el combate con los
-españoles; el triunfo de éstos; y la pregunta; «¿Quiénes son esos locos
-que así saben morir?», con la respuesta de Cyrano.
-
- Ce sont les cadets de Gascogne,
- de Carbon de Castel-Jaloux...
-
-Ciertamente os digo, que todo eso fué merecedor de la tormenta de
-aplausos y exclamaciones que coronó el acto. Para llegar al último,
-suave, otoñal, crepuscular, vespertino, a la caída de las hojas. De
-esos adjetivos tomad el que gustéis para la figura de María Guerrero,
-de religiosa, con su toca como una gran mariposa negra sobre la
-frente--Cyrano llega a morir, después de tantos años de silenciosa
-pasión, delante de la que ama; y en una escena de delirio glorioso y
-melancólico, al amor de la luna triste. _La lune s'attristait_... Y
-yo no he visto a Coquelin, ni a Richard Mansfield, los dos mejores
-_Cyranos_, como que el uno es el acreedor y ha encarnado su «alma»
-según dice Rostand en la dedicatoria; pero Díaz de Mendoza ha creado
-bravamente, muy bravamente su papel; y, como le dice en una carta
-cierto linajudo marqués, al artista grande de España: «Si hasta ahora
-fuiste el cómico de los señores, desde ayer eres el señor de los
-cómicos». He ido a saludarle al «saloncillo» en un entreacto, a ese
-saloncillo de descanso en donde los infaltables Echegaray, Llana,
-Ladevese y otros más, hacen su tertulia todas las noches, rodeados de
-retratos de autores y presididos por la gracia de María Guerrero. Y he
-encontrado al hidalgo entusiasta del arte, y que, signo de su tiempo,
-lo es altivamente y gallardamente, sobre preocupaciones de linaje,
-siguiendo una vocación imperiosa y pudiendo agregar a sus armas de
-conde de Bazalote las dos máscaras.
-
-El aparecimiento de _Cyrano de Bergerac_, en estos momentos podría
-ser y debía ser saludable y reconfortante. A propósito de estos
-actores, recuerdo que Paul Costard hizo una muy atinada observación.
-La de que Cervantes se hubiese arrepentido de su victoria contra la
-bella locura de la caballería. Don Quijote, después de todo, no es
-más que la caricatura del ideal: y sin ideales, pueblos e individuos
-no valen gran cosa. Ni Cyrano habría cedido a las añagazas de los
-políticos de la _débâcle «¡Non merci!»_ ni quien se quedó manco en
-Lepanto habría quedado sin perecer glorioso en Cavite o en Santiago de
-Cuba. El espíritu sanchesco sirve de lastre a las almas nacionales
-o individuales, impide toda ascensión; el romántico espíritu de la
-caballería es capaz de convertir a un seco y aritmético yanqui en un
-héroe, a un cow-boy en un Bayardo. Y por el contrario, todo pueblo,
-como todo hombre que desdeña el ideal, esto es el honor, el sacrificio,
-la gloria, la poesía de la historia y la poesía de la vida, es
-castigado por su propio olvido. A través de las lanzas prusianas se
-ve pasar el cisne de Lohengrin, y mientras España fué caballeresca y
-romántica, siempre tuvo la visión del celeste caballero Santiago. Esta
-triste flacidez, esta postración y esta indiferencia por la suerte
-de la patria, marcan una época en que el españolismo tradicional
-se ha desconocido o se ha arrinconado como una armadura vieja. Los
-_politiciens_ y los fariseos de todo pelaje e hígado prostituyeron
-la grande alma española. Y aun la religión, que ha perdido hasta su
-vieja fiereza inquisitorial en la tierra fogosa de los autos de fe,
-se convirtió en una de las ventosas cartaginesas que han ido poco a
-poco trayendo la anemia al corazón de la Patria; y si por el sable
-sin ideales se perdieron las Antillas, por el hisopo sin ideales y
-sin fe se perdieron las Filipinas. Y el honor, ¿por qué se perdió?
-Creo que el fuerte vasco Unamuno, a raíz de la catástrofe, gritó en un
-periódico de Madrid de modo que fué bien escuchado su grito: _¡Muera
-don Quijote!_ Es un concepto a mi entender injusto. Don Quijote no debe
-ni puede morir; en sus avatares cambia de aspecto, pero es el que trae
-la sal de la gloria, el oro del ideal, el alma del mundo. Un tiempo se
-llamó el Cid, y aun muerto ganó batallas. Otro, Cristóbal Colón, y su
-Dulcinea fué la América. Cuando esto se purifique--¿será por el hierro
-y el fuego?--quizá reaparezca, en un futuro renacimiento, con nuevas
-armas, con ideales nuevos, y entonces los hombres volverán a oir, Dios
-lo quiera, entre las columnas de Hércules, rugir al mar, con sangre
-renovada y pura, el viejo y simbólico león de los iberos.
-
-
-
-
- LA CORONACIÓN DE CAMPOAMOR
-
- [Ilustración]
-
-
- 19 de febrero.
-
-SALGO de casa de Campoamor con una impresión de tristeza. Se trata de
-su coronación... Romero Robledo, al cerrarse la exposición de las obras
-de Casimiro Sáinz--ese pobre artista que como André Gill fué a parar
-a un manicomio--, el célebre político ha iniciado ahora la pintoresca
-apoteosis que han obtenido en este siglo en España, Quintana, Zorrilla
-y Núñez de Arce. No es la primera vez que de ello se trata. Parece
-que anteriormente por dos ocasiones se ha intentado esa espléndida
-_humorada_ en acción, pero el poeta ha protestado por tan vistosos
-honores y se ha encerrado en su casa a pasar sus últimos años en la
-burguesa existencia de un rentista que padece de reumatismos. ¡Así
-fué el gran gesto de nuestro Guido, negándose a la apoteosis con que
-se le hubiera querido obsequiar! Pero ¡qué gran diferencia de poeta
-a poeta! La bella cabeza del lírico argentino, la máscara del viejo
-Pan, las barbas fluviales, la conversación juvenil, el alma fresca,
-la confianza en la vida de su patria vigorosa y nueva; ir a visitar a
-Guido es un placer intelectual, alegre y reconfortante; y a veces toca,
-como sabéis, helénica y admirablemente, la flauta, mientras le hacen de
-bajos sus vecinos, los leones de Palermo. Y Campoamor, caduco, amargado
-de tiempo a su pesar, reducido a la inacción después de haber sido un
-hombre activo y jovial, casi imposibilitado de pies y manos, la facies
-penosa, el ojo sin elocuencia, la palabra poca y difícil... y cuando le
-dais la mano y os reconoce, se echa a llorar, y os habla escasamente
-de su tierra dolorida, de la vida que se va, de su impotencia, de su
-espera en la antesala de la muerte... os digo que es para salir de su
-presencia con el espíritu apretado de melancolía.
-
-La figura de Campoamor resalta en la poesía española de este siglo con
-singular magnitud. Si aquí hubiese un Luxemburgo en que habitasen,
-reconocidos por los pájaros, las rosas y los niños, los poetas de
-mármol y de bronce, los simulacros de los artistas cristalizados para
-el tiempo en la obra del arte, las tres estatuas que se destacarían
-representando esta centuria lírica, serían la de Zorrilla en primer
-término, la de Núñez de Arce y la de Campoamor. No lejos, por fondo un
-macizo de flores apacibles, tendría su busto Becquer, que por tener
-algo de septentrional ha sido excomulgado alguna vez por ciertos
-inquisidores de la Academia de la Lengua y de la tradición formalista.
-
-Zorrilla encarna toda la vasta leyenda nacional, y es su espíritu el
-espíritu más español, más autóctono de todos, desde el mundo múltiple
-en que se desbordó su fantasía, una de las más pletóricas y musicales
-que haya habido en todas las literaturas, hasta la impecabilidad
-clásica y castiza de su forma, en medio de las gallardías de expresión
-y de los caprichos de ritmo que le venían en antojo. Núñez de Arce,
-con vistas a Francia, y muy particularmente hacia el castillo
-secular y formidable de Leconte de Lisle, representa un momento del
-pensamiento universal en el pensamiento de su generación en España,
-una tentativa de independencia de la tradición, la duda filosófica de
-mediados de siglo; su fray Martín habla como el abad Hieronimus de los
-_Poemas Bárbaros_, y los alejandrinos del impasible francés hallan
-resonancia paralela en los endecasílabos del nervioso y vibrante
-castellano. Campoamor ha realizado en cierto modo una dualidad que se
-creería imposible, al ser al mismo tiempo aristocrático y popular:
-aristocrático por su elegante y amable filosofía, por su especialísima
-gracia verbal y métrica; popular, porque siempre va por llanos caminos,
-y su expresión es semejante a un arroyo donde cualquier caminante
-puede beber el agua a su gusto con sólo darse el trabajo de inclinarse
-a cogerla. De los tres, el poeta más poeta fué, sin duda alguna,
-Zorrilla, «el que mató a don Pedro y el que salvó a don Juan», poeta
-en su vida, poeta hasta su muerte en todo y por todo, a término de
-hacer oir un discurso en verso a los académicos de la Española; poeta
-delante del cadáver de Larra, poeta triunfante con su _Tenorio_, poeta
-cortesano del emperador de la barba de oro en Méjico; poeta ya viejo
-y necesitado, cuando Castelar sostuvo en las Cortes la urgencia de
-proteger con una pensión a esa viva reliquia gloriosa, a ese millonario
-de sueños y de rimas, propietario del cielo azul «en donde no hay nada
-que comer». Núñez de Arce ha sido ministro, hombre político, y hoy
-mismo gobernador del Banco Hipotecario; la juventud intelectual, por lo
-que he observado, tiene pocas simpatías por él. Campoamor es un buen
-burgués de provincia que ha sido también senador y consejero de Estado,
-y que continúa gozando de la renta que le dan sus tierras. Los jóvenes
-le tienen gran estima y afecto. A Zorrilla se le coronó, allá en
-Granada, en fiesta en que él puso a danzar todos sus gnomos y silfos; a
-Núñez de Arce se le coronó hace poco tiempo; ahora, como os he dicho,
-se piensa en coronar a Campoamor.
-
-Yo no sé cómo aquí realizarán esta fiesta, indudablemente plausible en
-cuanto se trata de honrar la divina virtud, la suma gracia del arte,
-pero fácil a la sonrisa, inevitable en el humor de nuestro tiempo en
-que francmasonería, filatelia, volapuk, librepensamiento y versos, en
-el sentido melenudo de la palabra, pasan bajo la mirada irresistible
-de la diosa Eironeia. Mirad que resucitar a estas horas ceremonias
-contemporáneas de Corina, colocarle a nuestro eminente vecino don
-Fulano de Tal el gajo verde que circunda la cabeza de Tasso o de Dante,
-ante un concurso, por obra de su época, iconoclasta, que ha oído desde
-hace largos años decir a don Gaspar: «Ya venciste, Voltaire, ¡maldito
-seas!», que apenas compra los libros de rimas y que acaba de introducir
-de París el café-concert, el modernismo en el arte y los automóviles,
-es asunto que en Buenos Aires se prestaría maravillosamente para glosas
-de un picor en que son especiales los jengibres criollo-cosmopolitas.
-
-He dicho que al ilustre anciano se le había antes querido coronar dos
-veces, y que en ambas había declinado la manifestación.
-
-Para saber su temperamento en el caso actual, le hice una visita en
-unión de uno de los más notables talentos del Madrid de ahora, el
-médico y escritor José Verdes Montenegro, que, entre paréntesis, acaba
-de publicar una interesante introducción a la versión que de una
-novela reciente del hijo de Tolstoi--_El preludio de Chopín_--ha hecho
-un autor de esta Corte. Ciertamente no fué de agrado el gesto que vi
-cincelarse en la enferma faz de Campoamor cuando le pregunté el estado
-de su ánimo sobre la coronación, y de sus labios, que apenas permiten
-pasar las palabras, entre una tentativa de protesta dejó escapar una
-interjección absolutamente española, pero quizá de origen griego, pues
-el hermano de Safo tuvo el mal gusto de tenerla por nombre. Mientras
-un criado le llevaba el alimento a la boca--«¡santo Dios, y éste es
-aquél!»--aquella ruina venerable movía la cabeza, y con la mirada decía
-muchas doloras crepusculares llenas de cosas tristísimas. ¡Coronación
-a estas alturas de vejez en que la nieve se ha amontonado tanto sobre
-la vida que ya uno apenas puede darse cuenta de que existe! Podría él
-preguntarse: «¿es que vivo aún?» Se le decía que todo se haría bien
-hecho, que dada la persona que encabeza la iniciativa, no podía la
-fiesta ser sino un regio triunfo social e intelectual. ¿Oía? ¿entendía?
-
-El seguía haciendo sus dolorosos movimientos de cabeza; hasta que,
-cuando nombramos a Romero Robledo, dejó caer estas palabras: «¡A ese no
-le hacen justicia!»
-
-De todos modos, la fiesta, según tengo entendido, va a realizarse, y
-esta misma noche he de asistir en casa de doña Emilia Pardo-Bazán a una
-reunión de hombres de letras y de política, reunión convocada por la
-célebre escritora para tratar de ese tópico.
-
-Ya era hora de despedirnos. Campoamor, en el estado en que está, en
-cuanto se levanta de la mesa tiene que ir al lecho. Todavía nos mira
-fija, fijamente: nos da la mano, que apenas puede apretar la nuestra;
-y de pronto se le enrojecen los ojos, va a llorar... Mi compañero me
-dice: «Vámonos». Salimos con rapidez.
-
-
- 11 de febrero.
-
-Reunión, anoche, en casa de doña Emilia Pardo-Bazán. Sorpresa mía, al
-oir anunciar a doña Emilia, a sus invitados, que la fiesta es dedicada
-mitad al asunto Campoamor y mitad a quien estas líneas escribe. Fijáos:
-ese anciano hidalgo que llega ceremonioso a saludar a la condesa
-_douairière_ de Pardo-Bazán, es el duque de Tetuán; y el hidalgo joven
-que cojea un poco apoyado en un bastón, al lado de don José Echegaray,
-es el conde de las Navas. Cerca de Eugenio Sellés, académico, está el
-próximo «inmortal» Emilio Ferrari. Carlos M. Ocantos conversa con el
-periodista francés René Halphen. El doctor Tolosa Latour está entre
-los dos celebérrimos cronistas de salón, _Kasabal_ y _Monte-Cristo_.
-Más allá, dos o tres marqueses, cuyos títulos no se me quedan en la
-memoria; y las señoritas de Quiroga, hijas de doña Emilia. Le doy la
-mano a un tuerto, de la dinastía bretoniana; es Luis Taboada. Un ciego
-se adelanta--siempre ducal, siempre suscitando rumores afectuosos a su
-paso, siempre con una elegancia que es proverbial desde su juventud, a
-punto de que en los salones de Wáshington se le apellidaba _Bouquet_;
-se diría que su ceguera realza ahora su distinción: es el autor de
-_Pepita Jiménez_--es don Juan Valera. En un grupo oigo decir entre
-otras palabras: «Buenos Aires... _La Nación_... Mitre... Centenario de
-Colón...» A un caballero, a quien reconozco en seguida, recuerdo que
-le he sido presentado por Cánovas en otro tiempo: es el señor Romero
-Robledo. Se forman corrillos. Heme aquí de pronto colocado por doña
-Emilia entre dos altas damas que representan lo más intelectual de la
-nobleza femenina de España: la marquesa de la Laguna y la condesa de
-Pinohermoso. Desde luego es ya mucho que estas dos linajudas señoras se
-interesen por cosas de la literatura. De antiguo la nobleza, con las
-excepciones sabidas, fué ignorante y poco amiga de asuntos que hicieran
-pensar. Hoy, con excepciones más sabidas aún, las cortes europeas son
-como las aristocracias plutocráticas de países sin armoriales; hay
-la cultura precisa para no hacer resaltar una ignorancia que sería
-desdorosa, pero lo principal se va al _sport_ y demás conocimientos
-mundanos.
-
-La poca conversación con estas damas me da a entender que hay justicia
-en tenerlas en la estima mental que se las tiene, quedando resaltantes,
-a mi juicio, la duquesa de la Laguna por el _esprit_, la condesa de
-Pinohermoso por las opiniones discretas.
-
-¿Y el asunto Campoamor a todo esto? Nadie habla de ello por el momento.
-Apenas un señor que ha visto al viejo poeta esta misma tarde, cuenta
-que le ha preguntado: «¿Y usted se dejará por fin coronar?», y que él
-le ha contestado: «Yo no me dejo, pero me van a coronar». Observo que
-todo el mundo mira a Romero Robledo como a un sér más o menos olímpico.
-Él habla de que la coronación se realice en el Retiro. Se levantaría
-una tribuna especial; se decoraría todo con el arte y el fausto de
-que se puede disponer; y luego, el recinto guarda memorias ilustres
-de los tiempos en que Felipe IV sabía ser un monarca intelectual. Y
-doña Emilia habla de lo que ha dicho Castelar en el banquete de hace
-dos días: que a él no le parece bien la coronación de un poeta lírico,
-porque éste expresa opiniones y sentimientos individuales; a un poeta
-épico, se explica, porque representa el alma de una colectividad, de
-un pueblo... Y doña Emilia, a defender a Campoamor, y a decir que
-cabalmente los poetas llamados épicos--¿han todos expresado epopeyas
-en el alto sentido?--son momentáneos y manifiestan pensamientos y
-sentimientos que pasan; en tanto que los poetas líricos o individuales
-han puesto en la expresión de su yo la expresión del alma eterna de
-los hombres; y así, lo que han cantado y rimado hace muchos siglos,
-subsiste hoy como emergido de almas y corazones contemporáneos
-nuestros. Homero nos interesa en la despedida de Andrómaca, porque eso
-es humano y particular a cada sér que tenga sensibilidad cordial; pero
-cuando es absolutamente épico, no interesa hoy, sino a la erudición o a
-la pedantería. Cuando doña Emilia demostraba esto a Valera, yo decía en
-mi interior lo que Víctor Hugo en otra ocasión dijese a la misma doña
-Emilia: _¡Voilà bien l´Espagnole!_
-
-Como entre los humos del té pidiese yo al señor Romero Robledo detalles
-sobre la próxima coronación, me dice que todavía no hay nada definido;
-que se ha iniciado nada más el asunto, pero que marcha con tan buen
-aire, que todo augura un éxito colosal. Y aquí dos cosas curiosas, una
-del señor Romero Robledo y otra de la señora Pardo-Bazán. El uno dice:
-«¡Vamos a hacer algo que dejará eclipsado lo que París hizo por Víctor
-Hugo!...» Y la otra cuenta esta anécdota que el periodista francés
-la dejaría pasar, pero yo no: «Cuando se publicaron las _Doloras_ de
-Campoamor, Víctor Hugo, celoso de esa gloria, dijo: «Voy a hacer un
-volumen de _Doloras_, como las de Campoamor», y escribió _¡Chansons des
-rues et des bois!_»
-
-¡Oh, doña Emilia! Es el caso que en esta ocasión no podría decir la
-frase huguesca de su autobiografía de los _Pasos de Ulloa_: «_¡Voilà
-bien l´Espagnole!_»... Y si ella arguyera, casi me pondría yo de parte
-de la señora de Lockroy...
-
-Nos quedamos en _petit comité_; se despide la mayor parte de los
-invitados, y nos instalamos cerca de una roja y buena chimenea. Valera
-encanta y divierte, castellano y florentino, con su conversación
-especial; doña Emilia hace recitar a Ferrari, y dice ella versos
-alemanes e italianos. Y está más brillante que nunca, más brava que
-nunca, después de una de esas gallardas anécdotas de Valera, cuando a
-alguien se le antoja hablar de las inmediatas desventuras de España,
-y a este propósito un conde ignorante expele dos o tres inepcias
-estadísticas, y con un desconocimiento completamente ibero-americano,
-lanza esta frase: «La Habana era, al perderla España, la ciudad más
-grande, culta y rica de la América española».
-
-El secretario argentino se pone nervioso, me hace señas y me voy a mi
-casa pensando en la «azul y blanca» de Obligado, a escribir, contento
-de mi continente, y de la capital de mi continente, para mi diario.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- CARNAVAL
-
- [Ilustración]
-
-
- 17 de febrero.
-
-_LE carnaval s'amuse_... y Madrid se disfraza y danza y toca las
-castañuelas. Se ha divertido el pueblo con igual humor al que hubiese
-tenido sin Cavite y sin Santiago de Cuba. Hay filósofos de periódico
-que protestan de tan jovial e inconmovible ánimo; hay humoristas
-que defienden la risa y la alegría nacionales y que creen que «bien
-merecen la fiesta los pueblos que saben divertirse». ¡En hora buena!
-Yo me siento inclinado a estar de parte de los últimos y reconozco
-la herencia latina. Tácito y Suetonio (Anal. III, 6, Cal. 6) nos han
-dejado constancia de que los duelos públicos se suspendían en Roma los
-días de juegos públicos, o mientras se celebraban ciertos sagrados
-ritos. El luto español no se advierte al paso del cortejo de la Locura,
-y aquí, más que en ninguna parte, los duelos con pan--y ¡toros!--son
-menos.
-
-Se ha enterrado la Sardina en su día, en el día de la simbólica ceniza;
-y en medio de la pompa carnavalesca, un periódico ha hecho desfilar
-una carroza macabra con el entierro de _Meco_, ese típico personaje
-que representa a la España de hoy. La mascarada en cuestión era de un
-pintoresco bufo-trágico indiscutible: la caricatura de los políticos
-del desastre, las ollas del presupuesto por incensarios; _Meco_ camino
-del cementerio y tras la fúnebre mojiganga, una murga trompeteando a
-todo pulmón la marcha de Cádiz. Decid si no es un modo de divertirse
-con lívidos reflejos a lo Poe, y si en este carnaval no ha habido, si
-no la mascarada de la muerte roja, la mascarada de la muerte negra.
-Y como un diario hablase de una broma política dada a Sagasta en su
-casa, la grave _Época_ ha publicado con terrible intención, que «no
-informado del todo el apreciable colega, ha omitido dar cuenta de otra
-broma, o, mejor, bromazo que después dió al jefe del Gobierno una
-numerosa comparsa vestida con más propiedad que la ya célebre compañía
-de _los cadetes de la Gascuña_. Fué el caso que al filo de la media
-noche, cuando más plácidamente reclinado estaba en cómoda butaca el
-señor Sagasta contemplando cómo se reducían a cenizas los troncos de
-su chimenea, ni más ni menos que nuestras posiciones ultramarinas,
-y evocando mentalmente los hechos todos de su larga y aprovechada
-vida, sonó en la antesala ruido de extraña música, así como el rascar
-de huesos con que suelen acompañar sus tangos los negros de Cuba.
-Se abrió la puerta y entró la mascarada. Precedíale un estandarte
-enlodado que en otro tiempo fué rojo y amarillo, adornado ahora de
-oro y azul. A pesar de los desgarrones y manchas del carnavalesco
-estandarte, podían leerse estos nombres: Cavite, Santiago, San Juan
-de Puerto Rico. Seguían luego con carátulas que representaban rostros
-demacrados y cadavéricos, unos cuantos jóvenes que parecían viejos,
-cojos unos, mancos otros, con el traje de rayadillo hecho jirones por
-las malezas de la manigua... Éstos ofrecieron al señor Sagasta una caja
-de guyaba fina. Tan grotesca era la catadura de las susodichas máscaras
-y tan oportuno le pareció el susodicho regalo al presidente, que el
-buen señor prorrumpió en ruidosas carcajadas. También le hicieron
-desternillar de risa los prisioneros de Filipinas. Iban disfrazados,
-con propiedad casi deshonesta, de _desnudos_ y traían en azafate de
-abacá, ramos de sampaguitas. Mezclado con los anteriores entraron en
-el gabinete del señor Sagasta marinos de Cavite y de Santiago con
-cabezas tan artísticas y muecas tan significativas, que no parecía sino
-que sus _poseedores_ habían estado meses enteros debajo del agua...»
-Ese acero fino es del marqués de Valdeiglesias. Y esa pintura que hace
-resaltar que estamos en un país en que aun flota el espíritu de Goya,
-es un comentario mejor que cualquier otro, del estado moral que aquí se
-impone en estos momentos. Ese _capricho_ dice la verdad de una manera
-risueñamente sombría. Pues bien, me temo que pocos ojos se hayan fijado
-en la corrosión del agua fuerte, mientras se apagaba en los aires el
-son de las dulzainas de Valencia.
-
-Las dulzainas las trajeron los estudiantes valencianos que han venido
-a la Corte, con naranjas y claveles, con muchachas hermosísimas, a
-cantar y a bailar y a pedir para un sanatorio que pronto ha de llenarse
-de repatriados. Ha sido esa estudiantina una nota vibradora y sana,
-por más que puedan visarla los cronistas a ultranza, en el cuadro de
-la fiesta general. Aun queda en esta juventud escolar un resto de
-las clásicas costumbres de sus semejantes medioevales, un rayo de la
-alegría que sorbían con el vino los estudiantes de antaño, un buen
-ánimo goliardo, la frescura de una juventud que no empaña el aliento
-de las grandes capitales modernas. Y entre lo bueno que han hecho al
-llegar a ésta, ha sido la visita al palacio, pues han ido a llevarle
-ciertamente un poco de sol a ese pobre reyecito enjaulado que ha tenido
-una ocasión de sonreir.
-
-Lucen los estandartes de las distintas facultades; con extrañas
-vestimentas, los dulzaineros que han tenido por principal
-_kapellmeister_ a un ruiseñor, como el pifanista de Daudet; la comparsa
-de la boda, florida de pañuelos y de ramos frescos y de mejillas
-finas como de seda de flor, y en los ojos de esas mujeres la salvaje
-y agresiva luz levantina; y los cuerpos eurítmicos y ricos de gracia
-sensual, cuellos de magnífica pureza, senos y piernas armoniosas;
-son el vivo encanto entre las notas detonantes y decorativas de las
-mantas y de los cestos de frutas. Y en la sala del palacio en que se
-les recibe, los que fingen labradores se ponen a departir echados en
-el suelo, los de las bandurrias y guitarras se ordenan, y al aparecer
-la reina y su familia, un trueno de cuerdas inicia la marcha real. Los
-que representan la boda animan su risueño grupo de trajes vistosos.
-Luego es la danza regional del _U_ y el _Dos_; y las canciones y las
-coplas que dos estudiantes improvisan, a dos versos cada uno, y los
-_donsainers_ que tocan en sus instrumentos de legado arábigo sones
-originales que danzan las parejas, músicas perfumadas de rosas de
-la Huerta, cadencias y ritmos de una melodía que en vano procuraría
-esquivar su origen muslímico; y el canto y la danza bordan, cincelan
-paisajes que en una lejanía histórica puede evocar el soñador. La
-austriaca triste se ve como iluminada de música, el reyecito anémico
-debe sentir correr por sus venas un rojo estremecimiento; las princesas
-y los cortesanos sienten en medio de los muros antiguos y de los
-solitarios y maravillosos habitáculos, una invasión de aire libre, una
-irrupción de la vigorosa naturaleza, una momentánea aparición del alma
-sonora de la España popular; es un sorbo de licor latino apurado en
-horas de decaimiento en una copa labrada por el moro. La reina admira
-un rico pañuelo de randas que una valenciana luce en la cabeza, y la
-valenciana se quita de la cabeza el pañuelo y se lo da a la reina. Un
-estudiante ofrece a una princesita un cesto de limones con el mismo
-gesto que si fuesen de oro. El señor rector anda por allí con su frac
-y su discurso, negro entre la fiesta de colores. En los ojos del rey
-niño juega una inusitada llama, y la buena Borbón de la infanta Isabel
-está en su elemento. Ya el rector leyó su pliego, ya vuelven a sonar
-las dulzainas morunas y las valencianas a tejer estrofas con caderas,
-piernas y brazos. Ya se va la comparsa, ya quedan los príncipes solos
-con su grandeza; ya va a su retiro el pequeño monarca, acompañado de
-una aya invisible... pero que el ojo del poeta alcanza a distinguir y a
-reconocer, pálida, muy pálida.
-
-Entretanto Madrid ha bailado como nunca. No hay recuerdo de una
-época en que las gentes se hayan entregado a tal ejercicio con mayor
-entusiasmo. En el Real, en todos los teatros, bailes de sociedades y
-gremios; en los salones mundanos bailes de cabezas y de trajes; en
-las calles mismas, mascaradas con una guitarra y unas castañuelas por
-toda música, se han descaderado a jotas. Los disfraces han abundado;
-y mientras uno materialmente no puede dar un paseo por las calles
-sin que le impidan el paso los mendigos, mientras la prostitución,
-comprendida la de la infancia y causada por el hambre en este buen
-pueblo, se instala a nuestros ojos a cada instante; mientras los
-atracos o robos en plena calle hacen protestar a la Prensa todos los
-días, se han gastado en los tres de carnaval trescientas mil pesetas
-en confetti y serpentinas. Parece que pasase con los pueblos lo que
-con los individuos, que estas embriagueces fuesen semejantes a la de
-aquellos que buscan alivio u olvido de sus dolores refugiándose en los
-peligrosos paraísos artificiales. O que la cigarra española después de
-haber pasado cantando tanto tiempo, a la hora de los cierzos y en el
-frío del invierno siguiese el consejo de la hormiga: «¡Bailad ahora!»
-De todas maneras os aseguro que esta alegría es un buen síntoma:
-enfermo que baila no muere. Y la belleza de estas mujeres españolas,
-la abundancia de belleza sobre todo, y de frescura y de vida sana, dan
-idea de la más fecunda mina de almas y de cuerpos robustos, de donde
-pueden salir los elementos del mañana. Y yo no sé si me equivoque, pero
-noto que a pesar del teatro bajo y de la influencia torera--en su mala
-significación, es decir, chulería y vagancia--, un nuevo espíritu,
-así sea homeopáticamente, está infiltrándose en las generaciones
-flamantes. Mientras más voy conociendo el mundo que aquí piensa y
-escribe, veo que entre el montón trashumante hay almas de excepción
-que miran las cosas con exactitud y buscan un nuevo rumbo en la noche
-general.
-
-He de ocuparme especialmente en estas manifestaciones de una reacción
-saludable y que auguraría, con tal de que esos luchadores se uniesen
-todos en un núcleo que trabajase por la salud de España, un movimiento
-digno de la patria antigua. Por lo demás, las fiestas no hacen daño,
-y con fiestas y toros hubo un Gran Capitán y un duque de Alba. El
-Aranjuez de la princesa de Éboli corresponde en cierto modo al Retiro
-de Felipe IV. Las máscaras suelen ser del agrado de los héroes, y
-cuando el Cid se casa y va el rey sacando los granos de trigo de entre
-los senos de Jimena, divierte a las gentes un hombre de buen humor que
-va vestido de diablo.
-
-Lo que hay es que los que quieran proclamar la reconstrucción con
-toda verdad y claridad han de armarse de todas armas en esta tierra
-de las murallas que sabéis. Hay que luchar con la oleada colosal de
-las preocupaciones; hay que hacer verdaderas _razzias_ sociológicas,
-hay que quitar de sus hornacinas ciertos viejos ídolos perjudiciales,
-hay que abrir todas las ventanas para que los vientos del mundo barran
-polvos y telarañas y queden limpias las gloriosas armaduras y los oros
-de los estandartes; hay que ir por el trabajo y la iniciación en las
-artes y empresas de la vida moderna, «hacia otra España», como dice en
-un reciente libro un vasco bravísimo y fuerte--el señor Maeztu--; y
-donde se encuentran diamantes intelectuales como los de Ganivet--¡el
-pobre suicida!--, Unamuno, Rusiñol y otros pocos, es señal de que
-ahondando más, el yacimiento dará de sí.
-
-
-
-
- UNA CASA MUSEO
-
- [Ilustración]
-
-
- 24 de febrero.
-
-NI del borrascoso conde de las Almenas que al abrirse las cortes ha
-vuelto a ser la voz que clama después del desastre, el hombre que dice
-a los generales verdades corrosivas y heridoras; ni del banquete que
-se le ha dado a Luis París, empresario de la Ópera, por su triunfo
-de la reciente temporada del Real bajo cuyas techumbres aun resuena
-el paso de la cabalgata de las Walkirias; ni de la próxima venida,
-en la primavera, de la compañía de Bayreuth, con sus directores y
-orquesta, lo cual implica una excepcional victoria de Wagner en este
-país del Sol; ni del maestro Zumpe, que ha traído con su batuta alemana
-un aliento de vida nueva al movimiento musical de esta Corte que es
-por cierto digno de larga atención; ni de las reuniones de Zaragoza
-en donde se ha tratado de la regeneración de España en sonoras y
-pintorescas arengas; ni de otros tópicos de ocasión os hablaré, por
-transmitiros las sensaciones de arte que acabo de experimentar en
-una casa que es al mismo tiempo un museo, y que, indiscutiblemente
-es la mejor puesta a este respecto, de todo Madrid, con ser famosa
-y admirable la del conde de Valencia de Don Juan; me refiero a la
-_garçonnière_ que en la cuesta de Santo Domingo habita el director de
-_La España Moderna_, José Lázaro y Galdeano.
-
-Es José Lázaro acreedor al elogio por su amor a las letras y artes;
-ha sostenido y sostiene la revista de más fuerza que hoy tiene España
-entre los grandes periódicos: ha publicado más de quinientos libros
-de autores extranjeros, haciéndolos traducir para su propagación en
-ediciones baratas y elegantes; su correspondencia, en ese punto, ha
-sido con escritores que se llaman Tolstoi, Gladstone, Ibsen, Richepin;
-ha llenado su casa de preciosidades antiguas, de armas, libros, joyas,
-encajes, cuadros, bronces, autógrafos; ha viajado por toda Europa y
-se prepara este año para ir a Spitzberg; es el amigo de todo sabio,
-de todo escritor, de todo artista que visita este país; es joven,
-soltero, muy rico; sus aficiones intelectuales no le impiden hacer
-una vida mundana; y cuando vuelve, por ejemplo, de una excursión del
-interior de España, ocupa la tribuna del Ateneo y obtiene el aplauso
-y la aprobación de todos; creo que su camisa está muy cerca de ser
-la camisa del hombre feliz. Yo le fuí presentado hace siete años,
-al mismo tiempo que dos escritores extranjeros, el novelista griego
-Bikelas--de quien os he hablado ya ha tiempo en _La Nación_--Maurice
-Barrès. A este propósito recuerdo una curiosa anécdota referente al
-célebre jardinero de su «yo». Sucedió que Barrès tenía gran interés
-en presenciar una corrida de toros; era el momento en que se movía en
-su cerebro más de un capítulo «de la sangre, de la voluptuosidad y de
-la muerte». Quería ya que no documentarse, impresionarse, y manifestó
-a Lázaro el deseo que tenía de ir a la plaza, en compañía de una moza
-que se trajera de París, graciosa de su persona, fina y pimpante, flor
-de bulevar. Lázaro le consiguió un palco; pero el amigo y prologuista
-del general Mansilla díjole que prefería impregnarse de color local,
-de ambiente, y que para ello deseaba ver la función desde el tendido,
-mezclado a la gente popular. Se le hicieron algunas observaciones,
-mas no se pudo vencer el capricho de los parisienses, y se enviaron
-a Barrès dos asientos de tendido, a la sombra. Cuéntase por acá que
-el viejo Dumas se presentó en la plaza de toros de Sevilla, en una
-tarde de oro y alegría, con chaqueta de torero, pantalón ajustado,
-faja y... sombrero de copa. Os podéis imaginar la «ovación» de que
-sería objeto entre los habitantes del barrio de Triana el hombre del
-Monte-Cristo. Algo semejante ocurrió cuando en el tendido de Madrid se
-vió aparecer una pareja originalísima: él trajeado como para el Grand
-Prix, y ella con una de esas _toilettes_ primaverales que encantan
-la Cascada o Armenonville. Pero la cosa fué en aumento cuando al
-comenzar los banderilleros sus suertes, el francés y su compañera
-aplaudían desusadamente; y cuando, al llegar los picadores, comenzó
-el desventrar de los caballos por los toros, Barrès se puso de pie, y
-sus protestas a gritos desolados llamaron la atención, y las aceitunas
-de sus vecinos, que comían rebanadas de salchichón y bebían vino en
-bota. Las interjecciones llovieron y hubo que ir a sacar de su puesto
-a la dama desmayada y al cultivador del «yo». He recordado esta
-historia divertida, tiempos después, al leer esas páginas supremas de
-pensamiento y de hondura psicológica, con ese estilo personalísimo del
-renaniano y stendhaliano--¡poderosa suma!--que ha dado tan bello libro
-sobre _la sangre_, _la voluptuosidad_ y _la muerte_.
-
-La casa de Lázaro está cerca de la de don Juan Valera y el general
-Martínez Campos; y enfrente de la del duque de Frías, el gran señor de
-romántica vida que arrebatara en época hoy legendaria la mejor joya de
-la embajada inglesa... De los balcones se ve la casa de la novela--que
-costó la inmensa fortuna del duque--y, al dulce oro de una tarde que
-hubiera podido ser de primavera, hablábamos de esos sueños vividos.
-
-Luego fuí a visitar las telas viejas, los cuadros auténticos y
-admirables--¡oh, mi buen amigo Schiaffino, y cómo le he recordado!--Lo
-de Tiépolo, cabezas dibujadas con la conocida magistral manera. Un
-hermosísimo cuadro de la época rafaelita, de tonalidad única, a modo
-de creerse imposible que se haya podido lograr la conservación de tanta
-riqueza de color. Un Ribera que desearían muchos Museos; riquísimos
-trípticos bizantinos; retratos de valor histórico y de un abolengo
-artístico que desde luego se impone; y más y más preciadas cosas en que
-resalta con aristocracia absoluta, como soberano, santa «panagia» de
-esa casa del Arte, un Leonardo de Vinci.
-
-Esta presea de la pintura es un cuadrito pequeño, un retrato, el de un
-tipo seguramente contemporáneo de la Gioconda; maravilloso andrógino,
-de una fisonomía sensual y dolorosa a un tiempo, en la cual todo el
-poema de la visión del artista incomparable está cristalizada, como en
-un suave y prodigioso diamante. Es una «ficción que significa cosas
-grandes», como decía el maestro en palabras que han florecido en el
-alma d'annunziana. Me gusta más todavía este retrato enigmático que
-el mismo sublime retrato de Monna Lissa. La mirada está impregnada
-de luz interior; el cabello es de un efecto que sobrepasa los
-efectos esencialmente pictóricos; el ropaje--que es hermano de la
-Gioconda--muestra la mano original; y el fino y delicado plasticismo de
-las armoniosas facciones, denuncia, clama la potencia del porfirogénito
-poeta-sapiente de la _Anatomía_, del príncipe de los maestros de la
-pintura de todos los siglos. Del Museo de Berlín vinieron a intentar
-llevarse tan magnífica obra, pero el dueño no quiso la buena suma del
-oro alemán. Al Louvre fué en persona a mostrar su tesoro, y también
-recibió propuestas. El cuadrito sigue imperante en tierra española.
-
-Entre tanta rica colección de cosas de arte, me llaman la atención
-dos mantillas que pertenecieron a una altísima dama de la nobleza
-madrileña, que pasó sus últimos años en apuros y pobrezas y tuvo un
-entierro modesto, humilde, después de haber recibido, en tiempos de
-pompa, a los monarcas en sus salones. De ella era también un anillo
-de solitaria belleza, una perla cuyo oriente se destaca singular
-entre finas chispas, todo de un gusto de exquisitez hoy no usada, y
-que seguramente adornó en no muy lejanos tiempos dedos principales
-que muestran su gracia nobiliaria en los retratos de Pantoja. De ella
-asimismo una peineta que ostenta en su semicírculo tantas amatistas
-como para las manos de diez arzobispos.
-
-De las joyas en mi rápida visita paso a los libros: primero los
-incunables alemanes e italianos; eucologios de Amsterdam; hermosas
-ediciones de España, las espléndidas de Montfort, de Sancha, de la
-Imprenta Real; varios infolios pertenecientes a la biblioteca del
-infante Don Sebastián; una crónica de Pero Niño, de severa elegancia
-tipográfica; rollos hebreos, pergaminos gemados de mayúsculas que
-revelan la fina y paciente labor de la mano monacal; sellos de Don
-Alfonso _el Sabio_; prodigiosas caligrafías arábigas, autógrafos de un
-valor inestimable. Buena parte de todo lo que adorna esta mansión fué
-expuesta en la Exposición Histórica europea y americana que se celebró
-en esta capital, con motivo del Centenario de Colón, y en el actual
-palacio de la Biblioteca y Museo de Arte Moderno.
-
-Al ir revistando tan estupenda colección de riqueza bella, pensaba yo
-en cómo muchas de las cosas que atraían mis miradas eran parte del
-desmoronamiento de esas antiquísimas Casas nobles que, como la de
-los Osunas, han tenido que vender al mejor postor objetos en que la
-historia de un gran reino ha puesto su pátina, oros y marfiles rozados
-por treinta manos ducales en la sucesión de los siglos, hierros de los
-caballeros de antaño; muebles, trajes y preseas que algo conservan
-en sí de las pasadas razas fundadoras de poderíos y grandezas... Y
-recordaba la amarga comedia de Jacinto Benavente: _La comida de las
-fieras_...
-
-Y antes de partir fuí otra vez a dar mi saludo de despedida a la
-creación del divino Leonardo. Y parecíame que la majestad del arte
-diese razón a la caída de todo edificio que no tenga por base la
-potencia mental. Esa faz reproducida o imaginada por el maestro
-luminoso vive y comunica su inmortal misterio, su hechizo supremo, a
-toda alma que se acerque a su mágica influencia, cual si desprendiese
-de la obra del pincel la maravilla avasalladora de una virtud secreta.
-Y a través de la fugaz onda temporal, esa dominación arcana se
-perpetúa, y la imperecedera diadema se hace más radiosa al tocar sus
-perlas invisibles el vuelo de las horas.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA JOVEN LITERATURA
-
- [Ilustración]
-
-
- 3 marzo de 1899.
-
-ACABA de representarse en Granada un drama póstumo de Ángel Ganivet:
-coyuntura inapreciable para hablar del pensamiento nuevo de España.
-Pues Ganivet, especial personaje, era quizás la más adamantina
-concreción de ese pensamiento.
-
-El propio se ha encarnado en su Pío Cid, simbólico tipo, en el cual
-el antiguo caballero de la Mancha realiza, a mi entender, un avatar.
-Ganivet era uno de esos espíritus de excepción que significan una
-época, y su alma, podría decirse, el alma de la España finisecular.
-No conozco la obra que se ha dado recientemente a la escena, _El
-escultor de su alma_; pero desde luego, creo poder afirmar que se trata
-meramente de una autoexposición psíquica; es el mismo Pío Cid, de la
-_Conquista del Reino de Maya_, el último conquistador español Pío Cid.
-Antójaseme que en Ganivet subsistía también mucho de la imaginativa
-morisca, y que la triste flor de su vida no en vano se abrió en el
-búcaro africano de Granada. Su vida: una leyenda ya, de hondo interés.
-
-Desde luego, un joven, que sube a la torre nacional a divisar el mundo,
-luego se encamina a la ideación de una nueva patria en la patria
-antigua: en Pío Cid hay simiente para una España futura. Después,
-cosa que sorprenderá a quien tenga conocimiento de las costumbres
-literarias de todas partes y sobre todo de este país: Ganivet no
-tenía enemigos, y por lo general, si conversáis con cualquiera de
-los intelectuales españoles, os dirá: «Era el más brillante y el más
-sólido de todos los de su generación». En la Corte tuvo sus bregas,
-sus comienzos de gloria. Hubo una pasión, toda borrasca, que según
-se dice fué la causa de su muerte. Entró a la carrera consular, tan
-propicia a la literatura, aunque no lo parezca por los roces de lo
-mercantil; y continuó en su labor ideológica y artística. Sabía ruso,
-danés, casi todos los idiomas y dialectos de los países boreales, sabía
-lenguas antiguas, escribió un libro curiosísimo sobre las literaturas
-del Norte; publicó otro de sol y de música, al par que una obra de
-cerebral, sobre su _Granada la bella_, en el país de Hamlet; produjo
-más libros, y un emponzoñado día, un mal demonio le habló por dentro,
-en lo loco del cerebro, y él se tiró al Volga. Así acabó Pío Cid su
-vida humana. Su vida gloriosa y pensante ha de ir creciendo a medida
-que su obra sea mejor y más comprendida. Entonces se verá que en ese
-sér extraño había un fondo de serena y pura nobleza bajo la tempestad
-de su temperamento; que vivió de amor, de abrasamiento genial y murió
-también por amor, en la forma de un cuento. En la _Conquista del reino
-de Maya_ exprime todos sus zumos de amargas meditaciones, y su forma
-busca la escritura artística, que en _Los Trabajos_ no se advierte.
-Aun vemos desarrollarse el período cervantesco; pero las encadenadas y
-ondulantes oraciones, van por lo general repletas de médula. La obra
-queda sin concluir; o mejor dicho, tuvo la conclusión más lógica al
-propio tiempo que más extraña, en la unión de una fábula escrita y una
-vida. Pío Cid debía concluir con quitarse la existencia. No es él quien
-habla en el diálogo, pero Olivares, un personaje de _Los Trabajos_,
-dice en cierta página del libro: «Se exagera mucho, y además, alguna
-vez tiene uno que morirse, porque no somos eternos. Entre morirse de
-viejo apestando al prójimo o suprimirse de un pistoletazo, después de
-sacarle a la vida todo el jugo posible, ¿qué le parece a usted?... Yo,
-por mí, les aseguro que no llegaré a oler a rancio.--Cada cual entiende
-la vida a su modo--dijo Pío Cid--y nadie la entiende bien.--Ahora
-ha dicho usted una verdad como un templo--dijo Olivares--. Lo mejor
-es dejar que cada uno viva como quiera y que se mate, si ese es su
-gusto, cuando le venga la contraria». ¡El pobre Ganivet! Llegó el
-trágico minuto, abrió la puerta misteriosa y pasó. De las _Cartas
-finlandesas_ escribe Vincent en el _Mercure_, que «no es una obra
-dogmática, antes bien familiar; en el punto de vista no es español, es
-humano: el autor, en efecto, que conoce perfectamente toda la Europa,
-gusta de hacer recorrer a sus conceptos distintas latitudes; agregad
-a eso un sentido muy real de nuestra época, una información que va
-de Ibsen a Maeterlinck, de Tolstoi a Galdós: ninguna pedantería; una
-dulce sensibilidad que afecta disimularse tras un velo de ironía. En
-fin, un libro de actualidad perfecta en que la Finlandia es vista por
-un espíritu desembarazado de prejuicios y por un latino». El crítico
-francés, demasiado benévolo por lo general en sus revistas de letras
-españolas, no ha pasado por esta ocasión de lo justo. Ganivet, escritor
-de ideas, más que de bizarrías verbales, merece el estudio serio, el
-ensayo macizo de la crítica de autoridad. Nicolás María López, otro
-granadino, amigo y compañero suyo, habla, además, del drama que acaba
-de representarse, de otras obras póstumas que están en su poder:
-_Pedro Mártir_, en tres actos, y _Fe, Amor y Muerte_, drama, dice
-«profundamente psicológico, con ideas alucinadoras y extrahumanas, con
-una fuerza trágica tan extraña y sutil, que parece romper los moldes de
-la vida y entrar en los senos de la muerte». Rara y bella figura, en
-este triste período de la vida española, y que parece haber absorbido
-en sí todos los generosos y altos ímpetus de la raza. Y recuerdo el
-sintético acróstico latino de Pío Cid, en _Los Trabajos_, Arimi:
-
- Artis initium dolor
- Ratio initium erroris.
- Initium sapientisæ vanitas.
- Mortis initium amor.
- Initium vitae libertas.
-
-Jacinto Benavente es aquel que sonríe. Dicen que es mefistofélico, y
-bien pudieran ocultarse entre sus finas botas de mundano, dos patas
-de chivo. Es el que sonríe: ¡temible! Se teme su crítica florentina
-más que los pesados mandobles de los magulladores diplomados; fino
-y cruel, ha llegado a ser en poco tiempo príncipe de su península
-artística, indudablemente exótica en la literatura del garbanzo. Se ha
-dedicado especialmente al teatro, y ha impuesto su lección objetiva de
-belleza a la generalidad desconcertada. Algunas de sus obras, al ser
-representadas han dejado suponer la existencia de una clave; y tales
-o cuales personajes se han creído reconocer en tales o cuales tipos
-de la Corte. Como ello no es un misterio para nadie, diré que en _El
-marido de la Téllez_, por ejemplo, el público quiso descubrir la vida
-interior y artística de cierta eminente actriz casada con un grande de
-España y actor muy notable; y en _La comida de las fieras_, entre otras
-figuras se destacó la de una centroamericana, millonaria, casada con
-un noble sin fortuna y hoy marquesa por obra de Cánovas del Castillo.
-Benavente niega que haya tomado sus tipos del natural; pero el parecido
-es tan perfecto que toda protesta se deshace en una sonrisa. _La
-comida de las fieras_ fué basada, seguramente, en el caso penoso de la
-venta en subasta de las riquezas seculares que contenía la Casa de los
-Osunas. Los personajes son de una humanidad palpitante; y he de citar
-estas frases de Hipólito, al finalizar la comedia: «Porque en lucha
-he vivido siempre; porque viví desde muy joven en otras tierras donde
-la lucha es ruda y franca. ¿Por qué vinimos a Europa? En América el
-hombre significa algo; es una fuerza, una garantía... se lucha, sí,
-pero con primitiva fiereza, cae uno y puede volver a levantarse; pero
-en esta sociedad vieja, la posición es todo y el hombre nada... vencido
-una vez, es inútil volver a luchar. Aquí la riqueza es un fin, no un
-medio para realizar grandes empresas. La riqueza es el ocio; allí es
-la actividad. Por eso allí el dinero da triunfos y aquí desastres...
-Pueblos de historia, de tradición; tierras viejas, donde sólo cabe,
-como en las ciudades sepultadas de la antigüedad, la excavación, no las
-plantaciones de nueva vegetación y savia vigorosa».
-
-En _Figulinas_ y _Cartas de mujeres_ no puede dejarse de entrever la
-influencia de ciertos franceses: un poco aquí Gyp, otro poco allí
-Lavedan y Prevost; la _parisina_ aplicada al alto mundo madrileño que
-Benavente ha bien estudiado. Benavente es caballero de fortuna, y
-mientras leo un sutil arranque suyo en _Vida literaria_ y se ensaya
-en la Comedia un arreglo suyo del _Twelfth night_, tropiezo con lo
-siguiente en la cuarta plana de un diario:
-
-«Se venden los pastos de rastrojera y barbechera, del término de
-Jetafe, divididos en lotes o cuarteles, cuya venta tendrá lugar en
-pública subasta, ante la Comisión del gremio de labradores, en la
-Casa Consistorial, donde está de manifiesto el pliego de condiciones,
-el día 19 del actual, a las diez de su mañana.--Jetafe 9 de marzo de
-1899.--Por la Comisión, _Jacinto Benavente_.»
-
-De mí diré que con toda voluntad juntaría a mis sueños de arte una
-estancia entre las montañas de González, junto a las riberas del Paraná
-de Obligado, o en la _Australia Argentina_ de Payró. Día llegará en que
-la literatura tenga por precisa compañera la tranquilidad del espíritu
-en la lucha por la vida y el trabajo industrial o rural como contrapeso
-al ya terrible _surmenage_. Los ingleses y los norteamericanos han
-comenzado a aleccionarnos, y un _gentleman-farmer_ artista no es un
-ave rara. Dejo como última nota el _Teatro fantástico_ de Benavente,
-una joya de libro que revela fuerza de ese talento en que tan solamente
-se ha reconocido la gracia. Fuerza por cierto; la fuerza del acero del
-florete, del resorte; finura sólida de ágata, superficie de diamante.
-Es un pequeño «teatro en libertad», pero lejos de lo telescópico de
-lo Hugo y de lo suntuoso que conocéis de Castro. Son delicadas y
-espirituales fabulaciones unidas por un hilo de seda en que encontráis
-a veces, sin mengua en la comparación, como la filigrana mental del
-diálogo shakespeareano, del Shakespeare del _Sueño de una noche de
-verano_ o de _La tempestad_. El alma perspicaz y cristalinamente
-femenina del poeta crea deliciosas fiestas galantes, perfumadas
-escenas, figurillas de abanico y tabaquera que en un ambiente Watteau
-salen de las pinturas y sirven de receptáculo a complicaciones
-psicológicas y problemas de la vida.
-
-Este modernista es castizo en su escribir y es lo castizo en su
-discurso como la antigüedad en el mérito de ciertas joyas o encajes,
-en puños de Velázquez o preseas de Pantoja. Y al conocerle, en el
-café Lion d'Or, que es su café preferido, he visto en su figura la
-de un hidalgo perteneciente a esa familia de retratos del Greco,
-nobles decadentes, caballeros que pudieran ser monjes, tan fáciles
-para abades consagrados a Dios como para hacer pacto con el diablo.
-En las pálidas ceras de los rostros se transparentan las tristezas
-y locuras del siglo. Así Jacinto Benavente. En toda esta _débâcle_
-con que el décimonoveno siglo se despide de España, su cabeza, en un
-marco invisible, sonríe. Es aquel que sonríe. Mefistofélico, filósofo,
-filoso, se defiende en su aislamiento como un arma; y así converse o
-escriba, tiene siempre a su lado, buen príncipe, un bufón y un puñal.
-Tiene lo que vale para todo hombre más que un reino: la independencia.
-Con esto se es el dueño de la verdad y el patrón de la mentira. Su
-cultura cosmopolita, su cerebración extraña en lo nacional, es
-curiosa en la tierra de la tradición indominable; pero no sorprende a
-quien puede advertir cómo este suelo de prodigiosa vida guarda, para
-primaveras futuras, las semillas de un Raimundo Lulio. Ahora trabaja
-Benavente por realizar en Madrid la labor de Antoine en París o la que
-defiende George Moore en Londres: la fundación de un teatro libre. Dudo
-mucho del éxito, aunque él me halagaría habiéndoseme hecho la honra
-de encargarme una pieza para ese teatro. Pero el público madrileño,
-Madrid, cuenta con muy reducido número de gentes que miren el arte
-como un fin, o que comprendan la obra artística fuera de las usuales
-convenciones. Cuando no existe ni el libro de arte, el teatro de arte
-es un sueño, o un probable fracaso. No hay una _élite_. No se puede
-contar ni con el elemento elegantemente carneril de los _snobs_ que ha
-creado Gómez Carrillo con sus graciosas y sinuosas ocurrencias. Conque,
-¿para quiénes el teatro?
-
-Junto a Benavente me presentan a Antonio Palomero, o sea _Gil Parrado_.
-Este pseudónimo, nombre de un gracioso tipo clásico, no está mal en
-quien, con sales autóctonas nos revela un Raul Ponchón madrileño, un
-rimador seguro, un cancionero bravísimo, en cuanto puede permitirlo el
-género político: Aristófanes en _couplets_ o yambos con castañuelas.
-El libro de flechas de humor maligno y risueño que forman los «Versos
-políticos» de Palomero, _Gacetas rimadas_, tiene un prólogo, en verso,
-de Luis Taboada. Creo que fué Gutiérrez Nájera quien escribió un día
-que en medio de la noche del arte español contemporáneo, Luis Taboada
-era tal vez el único «artista». Era una broma del «duque Job» mejicano,
-excusable por su falta de conocimiento del grupo español, digamos así,
-secreto, que hace una vida ciertamente intelectual.
-
-Y además, en su tiempo--hace de esto ocho o diez años--las cosas
-andaban de Barrantes a Valbuena. Pues _Gil Parrado_ no pudo tener
-mejor protagonista que el desopilante Homero fragmentario de la vida
-cursi de Madrid, puesto que él quiso ser el Píndaro de las cursilerías
-épicas de la política. Conociendo la labor y la propaganda estética de
-quien escribe estas líneas, ellas no pueden sino ser vistas como la
-mayor prueba de sinceridad. Mas Palomero no es solamente _Gil Parrado_.
-Además de los alfileres de su conversación, de las más interesantes
-que un extranjero hombre de letras puede encontrar en la Corte, su
-crítica teatral se estima justamente, y en el cuento y el artículo
-de periódico, sobresale y comunica la intensidad de su vibración,
-el contagio de su energía indiscutible. Mariano de Cávia dice de él
-hablando de sus _Trabajos forzados_, que es «un literato culto, agudo
-y sincero»; gratifícale además con «popular y brillante». Cávia sabe
-lo que se dice, él, maestro de única escritura en su país que ha
-logrado unir, en la faena asperísima del periodismo, la flexible gracia
-autóctona a las elegancias extranjeras. ¡Quevedo en el bulevar, Dios
-mío! Y cuando Cávia alaba a Palomero es justo, y yo que conozco la
-transparencia de este talento, me complazco en deciros que aquí, entre
-lo poco bueno y nuevo, esto es de lo que en la piedra de toque deja una
-suave y firme estela de oro fino.
-
-Así Manuel Bueno, el redactor que en _El Globo_ escribe todos los días
-esa paginita que lleva la firma de _Lorena_, con el título general
-de «Volanderas». Verdes Montenegro ha hecho para el libro primigenio
-de Bueno un prólogo de sustancia y espíritu al propio tiempo que de
-justicia y cariño. De Verdes Montenegro os hablaré en otra ocasión
-más detenidamente. De su ahijado literario os diré que ha recibido
-en su alma mucho sol de nuestra pampa y a su oído ha cantado la onda
-caprichosa de nuestro gran río. Es un vasco. Vasco, así como ese
-especialísimo y robusto Grandmontagne, que ha injertado una rama de
-ombú en el árbol sagrado de Guernica, para que más tarde nazcan--¡Dios
-lo quiera, y ya se ven los brotes!--flores de un perfume singular,
-rosas fraternales del color del tiempo, iluminadas de porvenir, en
-tierra de Mitre y Sarmiento, en la capital del continente latino, al
-amparo del satisfecho sol. El joven Bueno anduvo por Buenos Aires,
-padeció tormento de inmigración y penurias de mozo de intelecto que va
-a hacer fortuna por el Azul y Bahía Blanca... Y vuelto a su tierra, no
-es de los que vienen con arranques despechados de fracasadas bohemias,
-de existencias adoloridas de nuestra necesaria ley de trabajo, de ese
-Buenos Aires cuya fuente social es para los labios del mundo, y que en
-el progreso corresponde, con su pirámide de mayo, índice indicador, a
-los obeliscos de París y Nueva York.
-
-Bueno es aquí, en su labor diaria, nota extemporánea, y tan parisiense
-que hay quienes le denuncien de afectación. Pero no es poco servicio
-intelectual el servir a un pueblo ese plato escogido, todos los días,
-esa ala de faisán, después de la sopa de política española y antes
-del asado político también. Bueno, como _Lorena_, da un eco que aquí,
-aunque tiene semejantes en la Prensa, permanece en su individualidad.
-No seré yo quien oculte su ligereza de juicio habitual, su insinceridad
-quizás, también habitual; ¡pero es tan bello el gesto!
-
-Ricardo Fuente es el director de _El País_. Quizá envíe a _La Nación_
-una información interesantísima sobre este diario de oposición, que ha
-tenido sobre sí la atención de Madrid y de España, y que, periódico que
-ha respondido al eco popular, ha sido quizás el que ha tenido mayor
-número de intelectuales en su redacción. En París, un _Intransigeant_
-se explica: en Buenos Aires, el antiguo _Nacional_, también; en Madrid,
-_El País_ de hoy es un caso de extremada curiosidad. Los redactores,
-desde hace mucho tiempo--el diario es republicano absoluto--van a la
-cárcel periódicamente. Allí se dice la verdad a son de truenos de
-tambores y trompetas. La censura ha tenido en esa hoja la mejor lonja
-en que cortar, y las estereotipias, a las cuatro de la mañana, han
-sido en tiempo de la guerra brutalmente descuartizadas.
-
-El capítulo de la censura, publicado cuando ésta se ha levantado, ha
-sido de sensación. Un detalle curioso es, que mi artículo «El triunfo
-de Calibán», publicado en Buenos Aires, fué mutilado en _El País_ y
-dado intacto en _La Época_... En ese diario, _El País_, han escrito
-Dicenta, Maeztu, etc., y Romero Robledo puso allí su gran sombra...
-Ricardo Fuente es el director. Cuando uno piensa en ese abominable
-Villemesant que nos pinta Daudet o que nos acaba de retocar Claretie;
-cuando recuerdo a ciertos directores europeos y americanos, en quienes
-el elegante _shylokismo_ se junta a un irrespeto voluntario de todo lo
-intelectual, pienso en este buen Fuente, que como el pobre parisiense
-Fernand Xau, sabe juntar--en su tan limitada esfera--la autoridad al
-tino y la comprensión a la afabilidad. Ser director de un diario ¡qué
-difícil tarea! Son como las perlas rosadas y negras aquellos a quienes
-se puede aplicar la frase inglesa: _That is a man_. Ser un director
-querido de sus redactores es de lo más difícil del mundo, así se llame
-uno Magnard o Valdeiglesias, Bennet o Láinez. Fuente lo es. Pero es
-que él propio es un trabajador de la Prensa que ha subido con mérito a
-ese puesto; y quizá, y sin quizá, tanta bondad personal hace daño a su
-posición. Porque no ha de ser quien dirige una tan complicada máquina
-un compañero de sus redactores en toda la extensión de la palabra, sino
-en lo que ella tiene de aprecio necesario y benevolencia justa; y ¡ay
-de aquel director que no se calce sus botas imperiales, y no ponga a
-su gallo, empezando en casa, a cantar claro y bien, como ese Arthur
-Meyer del _Gaulois_, tan combatido sin embargo! Fuente es el tipo ideal
-del director para sus redactores; pero su gallo no se ha alzado hasta
-ahora...
-
-Se alza, personal y simpático, en el articulista, en el literato, de
-quien dice Joaquín Dicenta: «El camino literario de Fuente se halla
-trazado con líneas vigorosas. Puede seguirle sin retroceder y sin
-temblar. No hay cuidado de que le tiren al suelo de un empujón; tiene
-los músculos muy duros». En el volumen _De un periodista_--del cual en
-Buenos Aires se ha reproducido bastante--, hay la manifestación de la
-contextura de un artista; la fuga contenida de un amante del estilo que
-atan las usanzas de la limitación del diario; las explosiones ideales o
-sentimentales sujetas por la línea señalada, o la hora de la Prensa, la
-preferencia al telegrama, la tiranía de la información. ¿Qué periodista
-no sabe de esto? Y así nos habla de Augusto de Armas, nos pinta rápidas
-acuarelas húmedas del más rico sentimiento, o apuntes de una fiereza de
-lápiz cuyo blanco y negro nos seduce por su juego de luz y de sombra.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA «ESPAÑA NEGRA»
-
- [Ilustración]
-
-
- 18 de marzo.
-
-NO hace muchos días hice una corta visita a Aranjuez. Si Versalles
-recuerda a una coja encantadora en la historia, Aranjuez guarda aún
-el perfume de una tuerta hechicera: bien vale un viaje a ese bello
-_buen retiro_ de los príncipes castellanos, el ir a rememorar a la
-princesa de Éboli. Entre los olorosos y evocadores boscajes resucitan
-las lejanas escenas, y hay en el ambiente de los jardines y alamedas
-como dormidos ecos galantes que no aguardan sino el enamorado o el
-poeta que sepa despertarlos. En el Palacio Real y la Casa de Labrador
-es un espíritu de tristeza el que impera, desde que penetráis en
-las suntuosas y solitarias mansiones. Al recorrer los innumerables
-habitáculos, adornados de siglos de oro, de plata, de mármol, de ónix,
-de ágata, de seda, de marfil, al respirar bajo esas techumbres que han
-cubierto tanta hora trágica, feliz o misteriosa, en la vida de muchos
-monarcas de España, sobrecoge el sombrío momento, la sala ha tiempo sin
-vida, la luna que retrató en su fondo las imágenes pasadas, la hora
-detenida en un reloj de Manuel de Rivas; el cojín en que se reclinó
-la cabeza de Felipe II, el fresco, el cuadro, el dije, o la estofa
-vieja con su atractivo peculiar y triste... Y el conserje que dice su
-aprendida relación, y se descubre ante un cuadro que representa una
-capilla de El Escorial en que se está diciendo la misa... Viene a la
-mente la España negra.
-
-Acababa de leer ese libro reciente de Émile Verhaeren y Darío de
-Regoyos, _La España negra_; y la novela española de Barrès _Un amateur
-d'âmes_; y el volumen positivo sobre la evolución política y social
-de España, de Yves Guyot: en todos la observación, la sugestión, la
-imposición, de la nota oscura, que en este país contrasta con el
-lujo del sol, con la perpetua fiesta de la luz. Por singular efecto
-espectral, tanto color, tanto brillo polícromo, dan por suma en el giro
-de la rueda de la vida, lo negro.
-
-Es la tierra de la alegría, de la más roja de las alegrías: los toros,
-las zambras, las mujeres sensuales, Don Juan, la voluptuosidad morisca;
-pero por lo propio es más aguda la crueldad, más desencadenada la
-lujuria, madre de la melancolía; y Torquemada vive, inmortal. Granada
-existe, abierta al sol, como el fruto de su nombre, perfumada, dulce,
-ácidamente grata; pero hay una Toledo, concreción de tiempo, inmóvil
-y seca como una piedra, y entre cuyos muros sería insólita y fuera de
-lugar una carcajada. Allí no caben, al calor que abrasa la aridez de
-Castilla, otros amores que los tristes o fatalmente trágicos, y Maurice
-Barrès, la pasión que hace amargamente florecer en recinto semejante,
-es la nefasta y ardorosamente paladeada de un incesto. Verhaeren anota
-sus impresiones dolorosas, copia, al agua fuerte, paisajes cálidos
-y calcinados, colecciona sus almas violentas y bárbaras como los
-productos de una flora tropical, excesiva y rara. Domina atávicamente
-su sangre belga la fiereza de la España que apretara a sus antepasados
-entre los hierros del duque de Alba; los espectáculos de la torería le
-dejan ver la cristalización sangrienta que yace bajo el subsuelo de
-esta raza, cuya energía natural se complica de la ruda necesidad de
-las torturas; y el concepto de la muerte y de la gracia, enlutados y
-caldeados por un catolicismo exacerbante, por una tradición feroz que
-ha podido encender las más horriblemente hermosas hogueras y aplicar
-los martirios más purpúreos y exquisitos. El arte revela ese fondo
-incomparable. La imaginaria religiosa hace de las naves de los templos,
-lúgubres _morgues_ que me explico hayan conmovido a Verhaeren como
-a cualquier visitante de pensamiento que traiga sus pasos por estas
-iglesias sangrientas en que Ribera o Montañés, entre tantos, exponen al
-espanto humano sus lamentables Cristos.
-
-Un español de gran talento me decía: «En cada uno de nosotros hay
-un alma de inquisidor». Cierto. Fijáos, y decid si José Nakens
-no se junta, paralelamente, en lo infinito--así las dos líneas
-matemáticas--con Tomás de Torquemada. Es la misma fe terrible, la
-intransigencia que llega hasta la ceguedad, la aplicación del potro,
-la certeza en la salvación por el sufrimiento, tan magníficamente
-iluminada en el drama de Hugo. Los conquistadores y los frailes en
-América no hicieron sino obrar instintivamente, con el impulso de la
-onda nativa; los indios despedazados por los perros, los engaños y
-las violencias, las muertes de Guatimozin y Atahualpa, la esclavitud,
-el quemadero y la obra de la espada y el arcabuz, eran lógicos, y
-tan solamente un corazón excepcional, un espíritu extranjero entre
-los suyos, como Las Casas, pudo asombrarse dolorosamente de esa
-manifestación de la España Negra. «Mi morena», dice Mariano de Cávia.
-
-Las sombrías políticas de antaño se reproducen hoy, claro que sin la
-perdida magnificencia; pues de Polavieja a Antonio Pérez hay cien
-atlánticos de distancia y las ducales espuelas de don Fernando Álvarez
-de Toledo retrocederían sobre sus agudas estrellas ante las botas de
-don Valeriano Weyler... Pero aun la sombra de Roma cae sobre el palacio
-de Madrid; los confesores áulicos tienen su papel, las intrigas son las
-mismas con diferencia de personajes y de alturas mentales. ¡España va
-a cambiar!, se grita en el instante en que la injusta y fuerte obra del
-yanqui se consuma. Y lo que cambia es el Ministerio.
-
-La verbosidad nacional se desborda por cien bocas y plumas de
-regeneradores improvisados. Es un _sport_ nuevo. Y la zambra no se
-interrumpe. «España--dice un escritor de Francia--ha querido, sin duda,
-evocar esos grandes Estados del Oriente antiguo que se derrumbaban en
-la embriaguez pública». No, no ha querido evocar nada. Obra por sí
-misma: esa alegría es un producto autóctono, entre tanta tragedia; es
-el clavel: es la flor roja de la España Negra. Así, cuando de nuevo los
-conservadores han vuelto al Poder, se ha creído en el exterior que la
-reacción provocaría la revolución. ¡Las inquisitoriales historias de
-Montjuich están cercanas; los sucesores de la guerra han sido tan rudos
-en su lección y las agitaciones provinciales del regionalismo se han
-repetido tanto! Nada. Quietud. Estancamiento. Apenas ruido de regaderas
-alrededor del tronco fósil del carlismo. Tan sólo, en lo futuro del
-tiempo, el hervor del fermento social.
-
-Se combate el vaticanismo; Castelar habló; otras cabezas surgieron
-protestantes, a la salida de Silvela. Y se pronuncia el nombre del
-padre Montaña; el inevitable confesor, cuyo hábito, en el curso de
-la Historia, está siempre tras el trono de S. M. Católica. Se dice
-que la religiosidad española no es sino formal; que el papa no es
-la potencia hacedora en la vida política y social, sino hasta muy
-limitado punto. He encontrado sirviendo de señal en un libro viejo,
-un documento curiosísimo, que os pondrá a la vista el sentir y pensar
-de muy buena parte del pueblo español. Es una serie de proposiciones
-que se enviarían en cierta época a las congregaciones de Roma, para
-ser resueltas. Fírmalas don Ángel García Goñi, a 14 de abril de 1877.
-Este caballero fué, según me informan, abogado distinguido del foro
-matritense, y muy mezclado en asuntos de política eclesiástica.
-
-
-PROPOSICIONES QUE SE CONSULTAN CON LAS CONGREGACIONES DE ROMA
-
-«Si se puede ser partidario de la _persona_[1] del rey Don Alfonso XII
-de España, por creerle monarca _legítimo_, sin ser por esto _católico
-liberal_.
-
- [1] Lo subrayado está en el manuscrito.
-
-»Si aun en la hipótesis inadmisible de que fuera un _usurpador_ y
-siguiese las corrientes racionalistas o se abrazase a la política
-_doctrinaria_, sería lícito al pueblo español _por sí, alzarse en
-armas_ contra él, para destronarlo, dada la situación política de aquel
-país, y caso negativo, si a pesar de esto podría intentarlo, siguiendo
-al llamamiento que le hiciera otra persona que invocase, con más o
-menos fundamento, sus derechos al trono, o si en la duda de quien sea
-el _verdadero rey_, debe respetarse el hecho de la posesión de la
-autoridad y obedecer lo existente.
-
-»Si de ser _lícito_ el alzamiento a que se refiere la proposición
-anterior es hoy conveniente o de probable _éxito_ o de tenerse por
-_temerario_.
-
-»Si considerando el estado de las conciencias y la escasa resistencia
-que los tronos oponen en nuestros días a la revolución, puede decirse
-que _deja_ de ser _católico_ el monarca que sanciona la _tolerancia
-de cultos disidentes_. Entiéndase esta proposición no para preguntar
-si realiza un acto _nulo en sí_, porque éste parece evidente, sino en
-el sentido de si por tal hecho revela el monarca odio al catolicismo,
-o pueden aquellas circunstancias y el deseo de consolidar el orden
-público, cuando los revoltosos enarbolan la bandera de la _tolerancia_,
-o con ella hacen la _oposición_ al rey, mitigar algo la gravedad de
-este acto.
-
-»Si dado el hecho de haberse sancionado por el _monarca_ la libertad
-y tolerancia de cultos, o cometídose cualquier atropello a los
-sagrados derechos de la Iglesia católica, es _lícito_ trabajar dentro
-de las vías legales para destronar al rey acusándole por su conducta,
-o si únicamente pueden censurarse sus actos sin el fin ulterior de
-quitarle la posesión de la autoridad: si para juzgar este hecho hay
-que distinguir entre el _usurpador_ y el príncipe legítimo, y cuál
-de estas calificaciones ha de aplicarse al posesor de la autoridad,
-cuando el pueblo en que impera no tiene opinión unánime sobre este
-punto. Si la proposición 63 del Sillabus, de 8 de diciembre de 1864,
-condena la insurrección en este caso y si es aplicable al monarca cuya
-_legitimidad_ es reconocida por unos y negada por otros súbditos.
-
-»Si los verdaderos _católicos_ pueden estar al servicio doméstico de
-los monarcas _católico-liberales_ y asistir a sus recepciones oficiales
-y fiestas, y si pueden defender su derecho dinástico y su autoridad,
-_sirviendo voluntariamente_ en sus ejércitos.
-
-»Si se puede ser partidario del régimen representativo y
-_constitucional_, sin ser por ello _católico liberal_.
-
-»Qué entiende la Santa Iglesia Romana por sistema _parlamentario_ y si
-se puede sostener su conveniencia en nuestros días, sin dejar de ser
-_católico ultramontano_.
-
-»Si, supuestas unas o ambas afirmaciones, es _lícito_ desear el
-planteamiento en España de la Constitución de 23 de mayo de 1845,
-por considerarla apropiada a las necesidades presentes del pueblo
-español, o si la doctrina de este Código es _católico-liberal_, y, por
-lo tanto, inconciliable con los derechos e intereses del catolicismo,
-determinando en semejante supuesto, cuáles son los artículos que
-deberían suprimirse o modificarse para que fuese francamente _católica_.
-
-»Si aun siendo mala esta Constitución pueden ser tenidas por
-católico-liberales aquellas personas que sostienen la conveniencia de
-haberla restablecido en España en el año 1875, como base del orden
-político, _sin perjuicio de reformarla en sentido más restrictivo_.
-
-»Si es _lícito a un católico verdadero_ prestar juramento a la vigente
-Constitución española, publicada en 30 de junio de 1876 y con qué
-salvedades.
-
-»Si es _lícito_ y _conveniente_ trabajar en las _elecciones_ como
-elector y como elegible, con el fin de defender el catolicismo; y en
-todo caso, si es enteramente _libre_ opinar en pro o en contra de esta
-conveniencia.
-
-»Si el _sufragio universal_ considerado, no como _fuente de la
-soberanía_ del _Derecho_ o del _Poder_, sino únicamente como _forma de
-elección_, es incompatible con el catolicismo y está condenado por la
-proposición 60 del Sillabus.
-
-»Si puede un verdadero católico servirse de la _Prensa periódica_
-para propagar y defender la doctrina de Jesucristo y los derechos de
-la Santa Iglesia Romana; si puede también concurrir a los _Ateneos_,
-_Academias_ y demás Centros donde impera el _racionalismo_ y el
-_liberalismo_, para combatir estas absurdas teorías, oponiendo a ellas
-las conclusiones católicas. Si esto es conveniente y si es _enteramente
-libre_ opinar en pro o en contra de su oportunidad.
-
-»Si la llamada _libertad de la Prensa_, entendida, no como un derecho
-individual, sino como una _concesión temporal_ del poder supremo, y,
-por lo tanto, _revocable_, y aun así limitada _por las leyes_ que
-castigan las transgresiones de la doctrina _católica_ y del orden
-político y social constituyen un principio _católico-liberal_; y si la
-previa censura forma parte integrante del uso de esta libertad para que
-sea compatible con el catolicismo.
-
-»Qué entiende la Santa Iglesia Romana por _liberalismo_; si es lo mismo
-que sistema _parlamentario_ y _constitucional_...
-
-»Si los católicos, al defender el catolicismo y los derechos de la
-Santa Iglesia Romana, deben ajustar sus acciones a la legalidad
-establecida en los diferentes países, utilizando los medios que ella
-les proporcione, o si es más conveniente que contentándose con la
-_obediencia pasiva_ a los Poderes constituídos, se separen de aquélla
-y unidos trabajen para conseguir sus fines. Cuál es, en resumen, la
-conducta que deben seguir en las actuales circunstancias, y si es
-_completamente libre_ opinar y obrar en uno u otro sentido.--_Ángel
-García Goñi._--Madrid, abril 14 de 1877.»
-
-Es este un trabajo de casuística política española, que os abre un
-mirador hacia el panorama moral de la Nación. La Iglesia, unida al
-Estado cada día más, a pesar de las expropiaciones territoriales, de
-las reacciones progresistas y de los trabajos del radicalismo. «La
-libertad y la individualidad--dice Georges Lainé--son sentimientos
-accidentales que España ha siempre desconocido. La antigüedad y el
-Oriente no han imaginado otra forma de gobierno que el despotismo
-fanático y sospechoso, de tiranos, que se inmiscuyen en la intimidad de
-las conciencias. España no ha podido desprenderse de esa concepción,
-ni bajo el régimen del librepensador Carlos III, ni bajo la del
-intolerante Felipe II; el libre pensamiento castellano no fué entonces
-sino una variedad nueva de la intolerancia y del despotismo; si hubiese
-osado suprimir la religión del Estado, hubiera sido para reemplazarla
-por una filosofía del Estado; pero bruscamente, sin preparación, el
-siglo XIX rompió ese molde social».
-
-Mal podría yo, católico, atacar lo que venero; mas no puedo desconocer
-que el catolicismo español de hoy dista en su pequeñez largamente aun
-del terrible y dominante catolicismo de los autos de fe. Esa corrompida
-dominación religiosa de Filipinas ha sido, como bien lo conoce ya
-el mundo, la causa principal de la pérdida cuya fatalidad no hubo
-un juicio certero que la presintiese. Habiendo perdido su poderío
-antiguo, la clerecía no tomó siquiera el rumbo que podría levantarla a
-su justo puesto en España católica, en donde, ya que no como cuerpo,
-particularmente se protegiesen las artes y las ciencias. No es un
-sueño de poeta el pensar como el escritor que antes he citado, en el
-papel reservado a la Iglesia en lo porvenir, con tal de que la barca
-simbólica fuese con buen timonel: la Iglesia, dice, es una admirable
-institución, porque reposa sobre el amor y es el eterno asilo de todos
-los Franciscos de Asís, de todas las santas Teresas, de todos los
-Vicentes de Paúl del futuro. Todos los que aman, todos aquellos para
-quienes el amor es el único fin de la existencia, se lanzarán un día
-hacia la Iglesia, sea que--por privilegio de Dios--entren directamente,
-sea que, paganos, les haya sido preciso, de desilusión en desilusión,
-seguir el camino indicado por Platón: del amor de los bellos cuerpos
-ascender al amor de las ideas, de la Venus terrestre a la Venus celeste.
-
-Y en España, en donde el catolicismo forma parte, o está unido tan
-íntimamente al alma general, a tal extremo que España ha de ser siempre
-católica o no será; quizá en el tiempo venidero, en el resurgimiento
-que ha de cumplirse, reverdezca el árbol nuevo, ya que no con las
-pompas escarlatas de la hoguera y del auto de fe, en la luz de la vida
-nueva, en la gloria de la intelectualidad, libre de las manchas grises,
-de las taras vergonzosas que ahora contribuyen al descrédito de la alta
-doctrina; la «locura de la cruz» no es la insensatez de la cruz.
-
-¡Oh sí! el Máximos de Ibsen podría venir, más no sería sino el mismo
-soberano Jesucristo, un emperador galileo cuyo fin sería siempre la paz
-y el triunfo de la verdadera vida. El Anticristo nació en este siglo
-en Alemania; conquistó muchas almas; se apasionó primero por el Graal
-santo y renegó luego de su mayor sacerdote; creó el tipo de soberbia
-humana, o superhumana, aplastando la caridad de Jesús; predicó el odio
-al doctor de la Dulzura; desató o quiso desatar los instintos, los
-sexos y las voluntades; consiguió un ejército de inteligencias, y se
-cumplió por él más de una profecía. Pero el Anticristo alemán está en
-el manicomio, y el Galileo ha vencido otra vez.
-
-
-
-
- SEMANA SANTA
-
- [Ilustración]
-
-
- 31 de marzo.
-
-SEVILLA rebosa de forasteros; Toledo lo propio; a Murcia van los trenes
-llenos de viajantes. No faltan en las estaciones los indispensables
-ingleses provistos de sus minúsculas «detective». Es en las provincias
-en donde la santa semana atrae a los turistas. Madrid es religiosamente
-incoloro, y lo que hace notar que se pasa por estos días de fiestas
-cristianas, es que desde ayer, por decreto del alcalde--un descendiente
-del ilustre Jacques de Liniers--, no circulan durante el día vehículos
-por la capital. Las campanas no suenan, reemplazadas litúrgicamente por
-las matracas, y jueves y viernes estas mujeres amorosas en la devoción,
-recorren las calles cubiertas con sus famosas mantillas. En medio de la
-multitud, algo he advertido de una vaga y dolorosa tristeza. Se escucha
-que viene a lo lejos una suave música llena de melancolía; despacio,
-despacio. Luego se va acercando y se oye una canción, seis voces,
-dos femeninas, dos de hombre, dos infantiles. El coro pasa, se diría
-que se desliza ante vuestros ojos y a vuestros oídos. Son ciegos que
-van cantando canciones, pidiendo limosna. Se acompañan con violines,
-guitarras y bandolinas. Con sus ojos sin día miran hacia el cielo, en
-busca de lo que preguntaba Baudelaire. Lo que cantan es uno de esos
-motivos brotados del corazón popular, que dicen, en su corta y sencilla
-notación, cosas que nos pasan sobre el alma como misteriosas brisas
-que hemos sentido no sabemos en qué momento de una vida anterior. Se
-diría que esos ciegos han aprendido su música en monasterios, pues
-traen sus voces algo como piadosa resonancia claustral. La concurrencia
-que va al paseo no para mientes. Por los balcones asoman unas cuantas
-caras curiosas. De lo más alto de una casa, de una pobre buhardilla,
-cae para los ciegos una moneda de cobre.
-
-En las iglesias se ostentan las pompas sagradas. Los caballeros de las
-diversas Ordenes asisten a las ceremonias. La indumentaria resucita
-por instantes épocas enterradas. Mas ayer se cumplió con una antigua
-usanza en la mansión real que, con toda verdad, más que ninguna otra
-manifestación, ha podido llevar los espíritus hacia atrás, en lo
-dilatado del tiempo. Me refiero al acto de lavar los pies a los pobres
-y reunirles a la mesa, la reina de España. Esta costumbre arranca de
-siglos; instituyóla Fernando III de Castilla en 1242.
-
-Desde muy temprano el patio de palacio se fué llenando de gente. Visto
-desde lo alto era una aglomeración oleante de mantillas, sombreros
-de copa, oros y colores de uniformes. Suena un son de pífanos. Es
-el desfile pintoresco de las alabardas. Medio día. Compases de un
-himno por una banda de palacio, y la familia real se presenta en
-marcha hacia la capilla. Por un momento desaparece el rumor de la
-vida actual. Esa aparición nos hace pensar en un mundo distinto, en
-apariencias encantadoras que a las alturas de esta época ruda para la
-poesía de la existencia, tan solamente surgen a nuestra contemplación
-en el teatro o en el libro. He aquí que esta buena archiduquesa que
-sostiene hoy la diadema de Su Majestad Católica, brota de un cuadro,
-sale de una página de vieja historia, se desprende de un cuento;
-toda blanca, real, tristemente majestuosa, pues no alcanza a ocultar
-que su alma no es un lago tranquilo. De sus espaldas se extiende el
-gran manto; la larga cola pórtala un hidalgo, el mayordomo marqués
-de Villamayor. El continente impone, el gesto habla por la raza. Por
-corona lleva María Cristina una constelación de brillantes, y sutil
-como una onda de espuma, la mantilla blanca le cubre el casco de la
-cabellera. La princesita de Asturias, que ya viste de largo, va toda
-ella hecha una rosa, rociada de perlas. Hay en esa joven una distinción
-graciosa que seduce en medio de la corte, y que no advertís en los
-retratos expuestos en los escaparates de los fotógrafos y que dan la
-figura un tanto picante de una modistilla. La infanta Isabel--muy
-simpática para todos los madrileños, y absolutamente Borbón--va de un
-amarillo triunfante, y sobre la magnificencia de su manto heliotropo
-resplandecen las joyas. El altar arde en luces y oros. Los príncipes
-y los cortesanos parecen orar, con unción y fe. Calvas ebúrneas,
-barbas blancas sobre estrellas de oro y de piedras preciosas, galones
-y entorchados, se inclinan al movimiento de los oficios. Serenamente
-armoniosa, la música de la capilla despierta a Mozart. Como un incienso
-se esparce por los ámbitos, envuelve todos los espíritus, así entre
-tantos se erijan los incrédulos, la _Primera Sinfonía_.
-
-En el Salón de las Columnas el gran crucifijo central está envuelto
-en un lienzo violeta, en el altar, que se destaca sobre un tapiz de
-asunto religioso. En las tribunas, con los ministros, entre el Cuerpo
-diplomático y los Grandes de España, están la infanta Isabel y la
-duquesa de Calabria y la princesa de Asturias.
-
-En los lados del salón, sentados en bancos negros, hay doce mujeres
-pobres y trece hombres pobres. No sé que vaga luz brota de esas
-humildes almas en las miradas.
-
-Suenan las dos palmadas de costumbre; es que se acerca la reina con su
-séquito. La reina viene a paso augusto, entre el obispo y el nuncio.
-Precédela un grupo de religiosos y cantores, y una cruz alta. _Ante
-diem festum Paschæ_... resuena la voz del subdiácono; la música,
-el canto vuela sobre el recinto. De pronto, María Cristina está ya
-ciñéndose una toalla, mientras las duquesas, llenas de diamantes, las
-condesas fastuosas, descalzan a los convidados miserables. La reina con
-una esponja y con la toalla enjuga los lamentables pies de esas gentes,
-que en un halo de inexplicable asombro deben sufrir extraña angustia.
-El representante del papa vierte el agua de un ánfora. Os aseguro que
-por todo pecho presente pasa una conmoción. Y en ese mismo instante,
-dos voces hablaban al oído del observador meditabundo. La una era la
-del demonio de la calle, el demonio de la murmuración que se cuela
-por los misterios de las casas y se propaga en la frase afilada por
-la inevitable malignidad humana. Esa voz hablaba a la oreja izquierda
-y decía: «Es hermoso, es de un simbolismo grandioso y conmovedor ese
-acto de humildad que recuerda a las Isabeles de Hungría, que nos aleja
-del ambiente contemporáneo asfixiante de egoísmo, quemante de odio
-y de mentira; pero... ¿y la miseria? ¿Y los innumerables mendigos
-que andan por la Corte y por toda España crujiendo de hambre? ¿Y los
-martirios de Montjuich? ¿Y el anarquismo, flor de los parias? ¿Y la
-prostitución infantil instalada a los ojos de la capital de S. M.
-Católica?» Y continuaba: «Por ahí se dice que la «austriaca» es avara;
-que manda arreglar el calzado y los vestidos usados de las infantitas;
-que hace pagar su «pupilaje» en palacio a la infanta Isabel; que su
-caridad no se demuestra espléndida en demasía; que en Londres está
-acaparando millones; que la duquesa de Cánovas, a quien ella antes
-llamara «la reina de la Guindalera», la gratifica justamente con el
-apodo de «la institutriz»...» Mas la voz que hablaba a la oreja derecha
-decía: «No, no hay que proclamar la injusticia o la mala visión como
-una ley de verdad. Esa noble señora está en una altura que hay que
-apreciar de lejos; y poco harán en su contra las murmuraciones áulicas,
-los despechos palaciegos. Su misión maternal es admirable, y las
-tempestades que han pasado por la corona de torres de la Patria la han
-visto siempre digna y ejemplar, sosteniendo la infancia endeble de su
-hijo, dolorida por las penas nacionales, triste en su viudez hasta
-hoy libre de calumnia. Ciertamente, no es una Isabel II, por ninguna
-clase de generosidad. No derrocha, pero sostiene asilos, da justas y
-silenciosas limosnas. Es una reina buena».
-
-Y hela allí, en el salón de armas, sirviendo a los mismos pobres a la
-mesa. Le ayudan varios señores en su tarea. Esos _garçons_ de semejante
-comedor se llaman el marqués de Ayerbe, el duque de Sotomayor, el
-duque de Granada de Ega, el conde de Revillagigedo, el marqués de
-Comillas, el conde de Atarés, el marqués de Santa Cristina, el marqués
-de Velados. Todos pudieran entrar en un parlamento huguesco; todos se
-cubren ante el rey, todos tienen a la cintura la llave de oro. Así las
-damas que descalzaron a los miserables eran una condesa de Sástago, una
-duquesa de Medina Sidonia, una marquesa de Molíns, una de Sanfelices.
-Desde lo alto, en el soberbio techo--_Giaquinto pinxit_--todo un
-revuelto Olimpo, de un paganismo rococo, se debatía, en vibrantes fugas
-de colores sobre las magnificencias católicas.
-
-Esta ha sido para mí más que la procesión mediocre, o las celebraciones
-eclesiásticas en los templos, la verdadera nota principal de la semana
-santa en la corte española. Pues si hoy la reina, en el ceremonial del
-viernes santo en la capilla real, ha hecho cambiar por cintas blancas
-las cintas negras de los procesos, al indultar a los reos de muerte,
-después de besar el _lignum crucis_, ayer, ha estado, en un acto
-antiguo, más cerca de Jesucristo.
-
-¿España es verdaderamente religiosa? Creo que, en el fondo, no.
-Cuenta Georges Lainé que preguntó a un sacerdote gaditano: «¿Hay una
-corriente de opinión republicana muy marcada en el bajo pueblo de
-Cádiz?» El sacerdote le contestó: «Todos los obreros de Cádiz son
-republicanos, anticatólicos, y, un gran número, anarquistas». Puede
-también asegurarse que la mayoría de los obreros de toda España es
-poco religiosa, influída por corrientes liberales primero y luego por
-la cuestión social. En Barcelona, principalmente, el viento nuevo
-ha desarraigado mucho árbol viejo. En Andalucía, en Castilla buena
-parte del clero ha contribuído, con su poco cuidado de los asuntos
-espirituales, a debilitar las creencias. El alto clero español cuenta
-con cabezas eminentes, con sabios y con varones virtuosos; pero en
-las regiones inferiores no es un mirlo blanco el sacerdote de sotana
-alegre, amigo de juergas, de guitarras y mostos. La navaja no es
-tampoco, en ciertos ejemplares, desconocida.--El sacerdote sanguinario
-y cruel no ha sido escaso en las guerras carlistas. En cuanto a
-moralidad, es éste el país en donde el «ama del cura» y las «sobrinas
-del cura» son tipos de comedia y cantar. Ello no quiere decir que, como
-en toda viña humana y en la del Señor, no haya casos de corrección y de
-virtud evangélicas. El cura de aldea de aquel honesto Pérez Escrich no
-abunda, pero se puede encontrar en la campaña española. La enseñanza
-religiosa en la España interior se queda en lo primitivo, en la plática
-pastoral que precede a la idolatría católica de figuras también
-primitivas; en las procesiones originalísimas.--En la España negra
-de Verhaeren y Regoyos podéis observar curiosos croquis. En San Juan
-de Tolosa, por ejemplo, en Guipúzcoa, donde existen esas esculturas
-bárbaras que hacen decir al escritor: «El rezar cara a cara con estos
-Nazarenos y Santos debe hacer reir o alucinar». En efecto, son figuras,
-_bonshommes_ como labrados a hacha, con asimetrías deformes y aires
-de idiotismo o de malignidad; Cristos de rostros funestos, o como
-dibujados por James Ensor, Cristos _que dan miedo_, bajo sus cabelleras
-de difuntos, entre los nichos oscuros de los altares. La semana santa
-en Guipúzcoa; los pasos de Azpeitia con sus siniestras estatuas,
-son otra cosa que la semana santa de Sevilla, con sus esculturas
-artísticas, sus palios lujosos, sus pasos con imágenes de arte, sus
-vírgenes vestidas como emperatrices bizantinas: todo oro, terciopelo,
-hierro, y más oro; y las saetas, esos cantos que brotan en su aguda
-tristeza, quejidos del pueblo, dolorosas y sonoras alondras de una
-raza. O la semana santa de Toledo, entre la antigüedad gris y seca de
-esa petrificación de tiempo. En las fiestas de San Juan Degollado,
-en la isla de Gaztelugache, cerca del cabo Machichaco, puede verse
-aún la Edad Media, con la devoción idólatra y temerosa, los romeros y
-penitentes que suben una cuesta de rodillas, despedazándose sobre la
-piedra. Los niños van vestidos de negro y violeta. Y los disciplinantes
-de Rioja, en San Vicente de la Sonsierra: hombres que se destruyen las
-espaldas con azotes, a la vista del público, y luego, cuando el lomo
-está todo amoratado de golpes o hinchado de disciplinazos, se les raya
-con bolas de cera llenas de vidrios filosos. Regoyos nos cuenta de
-otros martirios, como el ir tocando una gran campana por las calles, o
-pasar con los pies descalzos sobre pedruscos y chinas. Allí la sangre
-humana se vierte en realidad cada jueves santo.
-
-Pero junto a todas esas manifestaciones de religiosidad nefasta y
-milenaria encontraréis siempre la guitarra, el vino, la hembra. El
-torero tiene una imagen a la que reza antes de ir a la corrida, a
-la fiesta de la sangre. Los antiguos peregrinos que iban a Santiago
-de Compostela con el bordón y la calabaza eran excelentes pillos y
-bandoleros que hubo que perseguir. En ciertas procesiones andaluzas
-hay pleitos por si una santa virgen vale más que otra, y al elogiar a
-la propia imagen se injuria con epítetos de la hampa a la santa imagen
-contraria. Se forman partidos por este o aquel Cristo, por este o
-aquel santo milagroso. En Galicia pasa lo propio. Un escritor gallego
-me cuenta que un tío suyo muy devoto, después de sufrir un gran dolor
-moral, se encerró en su gabinete, y con una filosa faca se puso a dar
-de puñaladas a un Crucifijo familiar. No es raro que al ir a dejar a
-la iglesia en los pueblos, a una imagen, los conductores se detengan
-un rato en la taberna. En 1820 los madrileños saquearon el palacio de
-la Inquisición; degüello de frailes ha habido que quedará por siempre
-famoso. España es el país católico por excelencia; pero Rothschild ha
-sido el amo por intermedio del judío Bauer; y se ha transigido por
-razones muy humanas, con la fundación de templos protestantes.
-
-El fanatismo español, según Buckle, se explicaría por las luchas con
-las invasiones arábigas; pero Ives Guyot hace notar, con justicia, que
-antes había habido los grandes choques con los visigodos arrianos.
-La conversión de Recaredo señala un buen punto de partida. De lo
-más remoto parte la veta religiosa, desde la venida de los primeros
-cristianos. No hay lugar importante de España que no guarde el recuerdo
-tradicional o histórico de un santo o de un apóstol cristiano. San
-Pablo desembarcó en las costas levantinas, y Tarragona pretende que fué
-el fundador de su iglesia. En Bética fué la conversión del prefecto
-Filoteo, del magnate Probo y su hija Xantipa. El mismo apóstol estuvo
-en Andalucía, en Écija y en otros puntos de la Península. Écija tuvo a
-San Rufo, obispo nombrado por San Pablo Narbonense; Santiago estuvo en
-Braga, en donde fué primer obispo. El viaje de la cabeza de Santiago,
-con los Siete Discípulos, en la _parva navis_, es una hermosa perla de
-tradición narrada en el latín del Cerratense. La cabeza de Santiago
-destruyó el último templo de Baco: _Liverum novum_: ¡pero ya quedaba
-el vino! San Pedro envió a otros discípulos. Geroncio quedó en Italia.
-Pamplona recuerda a Saturnino y Honesto; Marmolejo a Máximo; Guadix
-a Torcuato; Granada a San Cecilio; Ávila a San Segundo; Tarifa a San
-Esicio; Andújar a San Eufrasio; Cabra a San Texifonte; Almería a San
-Indalecio. Zaragoza pretende tener la primera iglesia fundada en
-España: allí triunfan los mártires y la Pilarica. Toledo tuvo a San
-Eugenio, en tiempo del papa Clemente. Gerona cuenta con San Narciso.
-Por todas partes retoña, si regáis un poco, la raíz cristiana, por
-tantos motivos; pero la savia pagana de la tierra no está destruída.
-La latina se explica. Se gusta en las procesiones de la pompa, de los
-oros lujosos, de la decoración de las imágenes, y con el pretexto de
-la devoción se da suelta a los nervios y a la sangre, floreciendo de
-rojo la España Negra. No se abandonan los asuntos de este mundo por
-los del otro; y la Inquisición misma, en sus orígenes, tuvo más causas
-políticas que religiosas. El quemadero después agregó ese halago
-terrible al divertimiento popular; auto de fe o corrida de toros viene
-a dar lo mismo. En ciertos templos andaluces el catolicismo deja ver
-a través de sus adornos y símbolos las líneas y arabescos moriscos:
-en las almas pasa algo semejante. Cierto es que Mahoma sonríe más que
-Jesucristo en los ojos sevillanos de bautizadas odaliscas.
-
-País de Carlos V, de Felipe II, de Carlos II _el Hechizado_; país
-de la expulsión de los judíos y de los moros: su fe no llega muy a
-lo profundo. Creedme: la brava España llevó la cruz al mundo nuevo
-nuestro, a lejanas tierras, la impuso por la fuerza, de manera
-koránica; pórtala sobre el oro de la corona, sobre la cúpula del
-palacio real; pero España es como la espada: tiene la cruz unida a la
-filosa lámina de acero.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- ¡TOROS!
-
- [Ilustración]
-
-
- 6 de abril de 1899.
-
-LOS durazneros alegres se animan de rosa; el Retiro está todo verde, y
-con la primavera llegaron los toros. Se han vuelto a ver en profusión
-los sombreros cordobeses, los pantalones ajustados en absurda
-ostentación calipigia, las faces glabras de las gentes de redondel y
-chuleo. El día de la inauguración de las corridas fué un gran día de
-fiesta. Pude saludar varias veces por la calle de Alcalá al espíritu
-de Gautier. Era el mismo ambiente de los tiempos de Juan Pastor y
-Antonio Rodríguez; las calesas estacionadas a lo largo de la vía, las
-mulas empomponadas, los carruajes que pasan llenos de aficionados y las
-mantillas que decoran tantas encantadoras cabezas. Parece que en el
-aire fuese la oleada de entusiasmo; todo el mundo no piensa sino en el
-próximo espectáculo, no se habla de otra cosa; las corbatas de colores
-detonan sobre las pecheras; las chaquetas parece que se multiplicasen,
-los cascabeles suenan al paso de los vehículos; en los carteles
-chillones se destaca la figura petulante del Guerra. ¡El Guerra!...
-
-Su nombre es como un toque de clarín, o como una bandera. Su cabeza
-se eleva sobre las de Castelar, Núñez de Arce o Silvela; es hoy el
-que triunfa, el amo del fascinado pueblo. ¡El Guerra! Andalusamente,
-Salvador Rueda, no hallando otra cosa mejor que decirme de su torero,
-me clava: «¡Es Mallarmé!» Vamos, pues, a los toros.
-
-«Se ha dicho y repetido por todas partes que el gusto por las corridas
-de toros se iba perdiendo en España, y que la civilización las haría
-pronto desaparecer; si la civilización hace eso, tanto peor para ella,
-pues una corrida de toros es uno de los más bellos espectáculos que
-el hombre puede imaginar». ¿Quién ha escrito eso? El gran Theo, el
-magnífico Gautier, que vino «tras los montes» a ver las fiestas del sol
-y de la sangre; Barrès, después, hallaría la sangre, la voluptuosidad
-y la muerte. Es explicable la impresión que en el hombre que «sabía
-ver» harían las crueles pompas circenses. No es posible negar que el
-espectáculo es suntuoso; que tanto color, oros y púrpuras, bajo los
-oros y púrpuras del cielo, es de un singular atractivo, y que del
-vasto circo en que operan esos juglares de la muerte, resplandecientes
-de sedas y metales, se desprenden un aliento romano y una gracia
-bizantina. Artísticamente, pues, los que habéis leído descripciones de
-una corrida o habéis presenciado ésta, no podéis negar que se trata de
-algo cuya belleza se impone. La congregación de un pueblo solar a esas
-celebraciones en que se halaga su instinto y su visión, se justifica, y
-de ahí el endiosamiento del torero.
-
-_Nodier raconte qu'en Espagne..._ Fácil es imaginarse el entusiasmo de
-Gautier por esta España que aparecía en el período romántico como una
-península de cuento; la España de los _châteaux_, la España de Hernani
-y otra España más fantástica si gustáis, y la cual, aun cuando no
-existiese, era preciso inventar. Esa venía en la fantasía de Gautier,
-y los toros vistos por él correspondieron a la mágica inventiva. En
-la calle de Alcalá le arrastró, le envolvió el torbellino pintoresco;
-los calesines, las mulas adornadas, los bizarros jinetes, las tintas
-violentas calentadas de sol de la tarde, los característicos tipos
-nacionales. El arte le ase a cada momento y si un tronco de mulas le
-trae a la memoria un cuadro de Van der Meulen, un episodio torero le
-recordará más tarde un grabado de Goya. Aquí encuentra la famosa
-manola, que ha de hacerle escribir una no menos famosa canción
-cuyos _¡alza! ¡hola!_ se repetirán en lo porvenir a la luz de los
-_café-concerts_. El detalle le atrae; documenta y hace sonreir la
-sinceridad con que corrige a sus compatriotas buscadores de «color
-local»: se debe decir _torero_, no _toreador_; se debe decir _espada_,
-no _matador_. Ya enmendará luego la plana a Delavigne diciéndole que
-la espada del Cid se llama tizona y no _tizonade_, para resultar con
-que hay una estocada en la corrida que se llama _a vuela pies_. ¡Oh!
-el español de los franceses daría asunto para curiosas citas, desde
-Rabelais hasta Maurice Barrès, pasando por Víctor Hugo y Verlaine.
-Los toros atrajeron la atención del poeta de los Esmaltes y Camafeos.
-Cuando iba a sentarse en su sitio, en la plaza, «experimenté--dice--un
-deslumbramiento vertiginoso. Torrentes de luz inundaban el circo, pues
-el sol es una araña superior que tiene la ventaja de no regar aceite,
-y el gas mismo no lo vencerá largo tiempo. Un inmenso rumor flotaba
-como una bruma de ruido sobre la arena. Del lado del sol palpitaban
-y centelleaban miles de abanicos y sombrillas». «Os aseguro que es
-ya un admirable _espectáculo_, doce mil espectadores en un teatro
-tan vasto cuyo plafón sólo Dios puede pintar con el azul espléndido
-que extrae de la urna de la eternidad». Después serán las peripecias
-de los juegos, la magnificencia de los trajes y capas; los mismos
-sangrientos incidentes, caballos desventrados, toros heridos, y el
-público tempestuoso, un público de excepción cuyo igual no sería
-posible encontrar sino retrocediendo a los circos de Roma; todo con
-sol y música y clamor de clarines y banderillas de fuego. Él hace su
-resumen: «La corrida había sido buena: ocho toros, catorce caballos
-muertos, un chulo herido ligeramente; no podía desearse nada mejor».
-Que por razones de imaginación y sensibilidad artística hombres como
-Gautier se contagien del gusto por los toros que hay en España,
-pase; pero es el caso que ese contagio invade a los extranjeros de
-todo cariz intelectual, y no es raro ver en el tendido a un rubio
-_commis-voyageur_ dando muestras flagrantes del más desbordado
-contentamiento.
-
-Lo que es en España será imposible que llegue un tiempo en que se
-desarraigue del pueblo esta violenta afición. Antes y después de
-Jovellanos ha habido protestantes de la lidia que han roto sus mejores
-flechas contra el bronce secular de la más inconmovible de las
-costumbres. En las provincias pasa lo propio que en la capital. Sevilla
-parece que regase sus matas de claveles con la sangre de esas feroces
-_soavetaurilias_; allí las fiestas de toros son inseparables del fuego
-solar, de las mujeres cálidamente amorosas, de la manzanilla, de la
-alegría furiosa de la tierra; la corrida es una voluptuosidad más, y
-la opinión de Bloy sobre la parte sensual del espectáculo encontraría
-su mejor pilar en el goce verdaderamente sádico de ciertas mujeres
-que presencian la sangrienta función. La Sevilla de las estocadas
-de Mañara, de la molicie morisca, de las hembras por que se desleía
-Gutierre de Cetina, de las sangres de Zurbarán, de las carnes femeninas
-de Murillo, de las gitanillas, de los bandidos generosos, tiene que
-ser la Sevilla del clásico toreo. Bajo Fernando III ya los mozos de
-la nobleza tenían su plaza especial para el ejercicio del _sport_
-preferido. Partos reales o la toma de Zamora, se celebraban con toros.
-El cardenal arzobispo don Rodrigo de Castro prohibió durante un jubileo
-las corridas. La ciudad luchó con su ilustrísima y venció apoyada por
-Felipe II. La corrida se da, y en ella
-
- Veinte lacayos robustos
- con ellos delante salen:
- morado y verde el vestido
- espadas doradas traen,
- de ser don Nuño y Medina
- dan muestra y claras señales,
- que aunque vienen embozados
- no pueden disimularse.
-
-En tiempos de Felipe IV «toreó a caballo don Juan de Cárdenas, un
-truán del duque, de excelente humor, con tanta destreza y bizarría,
-que al toro más furioso dió una muy buena lanzada: Mató S. M. tres
-toros con arcabuz»--dice un revistero de la época. Felipe V quiso
-sustituir la corrida por «juegos de cabezas», pero lo francés fué
-derrotado por lo español. ¡Ayer como hoy los toros _for ever_! No
-ha habido aquí poeta ni millonario que haya sido tan afortunado en
-favores femenidos como Pepe Hillo. Cierto es que en París y en nuestro
-tiempo, Mazzantini y Ángel Pastor no han podido quejarse de las damas.
-En Zaragoza la afición se pretende que viene desde los romanos. Don
-Juan de Austria fué obsequiado allí con toros. A Felipe V le hicieron
-ver los aragoneses una corrida, de noche, en Cariñena. Los navarros,
-entre un son de violín de Sarasate y un do pectoral de Gayarre, toros,
-y ello viene de antaño. Soria, con sus fiestas de las Calderas, pues
-toros. Valencia, florida y armoniosa de colores y cantos, tenía ya
-toreros en tiempo de Don Alfonso _el Sabio_. Y entre sus célebres
-aficionados cuenta a un conde de Peralada y Albatera, don Guillén de
-Rocafull. Y hasta en la España del Norte, en la España gris, aun cuando
-la Naturaleza proteste, la afición procura su triunfo, y bajo el cielo
-empañado, en la tierra donostiarra, toros. Salamanca, toros. Toledo,
-Valladolid, toros. Solamente entre los catalanes no han vencido sino a
-medias los cuernos.
-
-No obstante, hay apasionados de la lidia que lamentan la decadencia
-torera; dicen que hoy no existe «el amor al arte», que los espadas son
-simples negociantes, y los ganaderos, así sean descendientes de Colón,
-dan--como dice Pascual Millán, notable taurógrafo--«toros raquíticos,
-sin sangre, ni bravura, ni trapío». Los días pasados, en Aranjuez,
-conocí a un hombre atento y afable que, a través de su conversación con
-coleta, deja ver cierta cultura y buen afecto a América. Me habló del
-Río de la Plata, y de Chile, y de su amigo don Agustín Edwards. Es el
-célebre Ángel Pastor. Sufre grandemente. En lo mejor de su carrera,
-todavía fuerte y joven, ha tenido la desgracia de romperse un brazo.
-Ya no podrá _trabajar_; la mala suerte le ha salido al paso peor que
-un toro bravo, y le ha cogido. Y habla también Pastor de lo malo que
-hoy anda el toreo, de la decadencia del arte, de lo _clásico_ y de
-lo _moderno_, como hablaría un profesor de Literatura o de Pintura.
-Pero no le falta el brillante gordo en el dedo y la consideración de
-todo el mundo. El hotel mejor de Aranjuez es el suyo. Y la tradicional
-gentileza y obsequiosidad, suyas son también.
-
-Decadentes o no decadentes, los toros seguirán en España. No hay rey
-ni Gobierno que se atreva a suprimirlos. Carlos III tuvo esa mala
-ocurrencia y luego se vieron sus defectos. Jovellanos, en su carta
-a Vargas Ponce, no tuvo empacho en sostener que la diversión no es
-propiamente nacional, porque Galicia, León y Asturias han sido muy poco
-toreras. ¿Qué gloria nos resulta de ella? exclamaba. ¿Cuál es, pues, la
-opinión de Europa en este punto? Con razón o sin ella ¿no nos llaman
-bárbaros porque conservamos y sostenemos las fiestas de toros? Negó
-el valor a los toreros, y proclamó su general estupidez fuera de las
-cosas de la lidia. Sostuvo el daño que ésta producía a la agricultura,
-pues cuesta más la crianza de un buen toro para la plaza que cincuenta
-reses útiles para el arado; y a la industria, pues los pueblos que ven
-toros no son por cierto los más laboriosos. En cuanto a las costumbres,
-el párrafo que dedica a la influencia de los toros en ellas quedaría
-perfecto al injertarse en un capítulo del _Cristophe Colomb devant les
-taureaux_, de León Bloy. Hay una muy bien meditada página del cubano
-Enrique José Varona sobre la psicología del toreo, en que encuentra la
-base humana del gusto por esas crueles diversiones, en el sedimento
-de animalidad persistente a través de la evolución de la cultura
-social. La teoría no es flamante y antes que sostenida por argumentos
-científicos, estaba ya incrustada en la sabiduría de las naciones.
-
-Pero si no hay duda de que colectivamente el español es la más clara
-muestra de regresión a la fiereza primitiva, no hay tampoco duda de
-que en cada hombre hay algo de español en ese sentido, junto con el
-de la perversidad, de que nos habla Poe. Y la prueba es el contagio,
-individual o colectivo; el contagio de un viajero que va a la corrida
-llevado por la curiosidad en España, o el contagio de un público
-entero, o de gran parte de ese público, como el de París o Buenos
-Aires, en donde la diversión se ha importado, corriéndose el riesgo de
-que, si la curiosidad es atraída primero por el exotismo, venga después
-la afición con todas sus consecuencias.
-
-En América, no creo que en Buenos Aires, a pesar de lo numeroso de la
-colonia española y de la sangre española que aun prevalece en parte del
-elemento nacional, el espectáculo pudiese sustentarse por largo tiempo;
-pero pasada la cordillera, y en países menos sajonizados que Chile, el
-caso es distinto. Desde Lima a Guatemala y Méjico queda aún bastante
-savia peninsular para dar vida a la afición circense.
-
-En cualquier pueblo, dice Varona, sería funesto para la cultura pública
-espectáculo semejante; entre los españoles y sus descendientes,
-infinitamente más. Las propensiones todas de su carácter, producto
-de su raza y de su historia, los inclinan del lado de las pasiones
-violentas y homicidas. Por lo que a mí toca, diré que el espectáculo
-me domina y me repugna al propio tiempo--no he podido aún degollar mi
-cochinillo sentimental.
-
-Puesto que las muchedumbres tienen que divertirse, que manifestar sus
-alegrías; serían más de mi agrado pueblos congregados en sus días de
-fiesta, en un doble y noble placer mental y físico, escuchando, a la
-griega, una declamación, bajo el palio del cielo, desde las gradas de
-un teatro al aire libre; o la procesión de gentes, hombres y mujeres
-y niños, que fuesen, en armoniosa libertad, a cantar canciones a
-las montañas o a las orillas del mar. Pero puesto que no hay eso, y
-nuestras costumbres tienden cada día a alejarse de la eterna poesía de
-las cosas y de las almas, que haya siquiera toros, que haya siquiera
-esas plazas enormes como los circos antiguos, y llenas de mujeres
-hermosas, de chispas, de reflejos, de voces, de gestos.
-
-Créame el nunca bien ponderado doctor Albarracín, que mis simpatías
-están de parte de los animales, y que entre el torero y el caballo, mi
-sensibilidad está de parte del caballo, y entre el toro y el torero mis
-aplausos son para el toro.
-
-El valor tiene poca parte en ese juego que se estudia y que lo que
-más requiere es vista y agilidad. No sería yo quien celebrase el
-establecimiento de una plaza de toros entre nosotros; pero tampoco
-batiría palmas el día que España abandonase esos hermosos ejercicios
-que son una manifestación de su carácter nacional.
-
-No olvidaré la impresión que ha hecho en mí una salida de toros; fué en
-la corrida última.
-
-El oleaje de la muchedumbre se desbordaba por la calle de Alcalá; cerca
-de la Cibeles pasaba el incesante desfile de los carruajes; la tarde
-concluía y el globo de oro del Banco de España reflejaba la gloria del
-Poniente, en donde el sol, como la cola de un pavo real incandescente,
-o mejor, como el varillaje de un gigantesco abanico español, rojo
-y amarillo, tendía la simétrica multiplicidad de sus rayos, unidos
-en un diamante focal. Los ojos radiosos de las mujeres chispeaban
-tempestuosamente bajo la gracia de las mantillas; vendedoras jóvenes
-y primaverales pregonaban nardos y rosas; flotaba en el ambiente un
-polvo dorado, y en cada cuerpo cantaban la sangre y el deseo, el himno
-de la nueva estación. Los toreros pasaban en sus carruajes, brillando
-al fugaz fuego vespertino; una música lejana se oía y en el Prado
-estallaban las risas de los niños.
-
-Y comprendí el alma de la España que no perece, la España reina de
-vida, emperatriz del amor, de la alegría y de la crueldad; la España
-que ha de tener siempre conquistadores y poetas, pintores y toreros.
-
-¡Castillos en España! dicen los franceses. Cierto: castillos en la
-tierra y en el aire, llenos de leyenda, de historia, de música, de
-perfume, de bizarría, de color, de oro, de sangre, de hierro, para
-que Hugo venga y encuentre en ellos todo lo que le haga falta para
-labrar una montaña de poesía; castillos en que vive Carmen y se hospeda
-Esmeralda, y en donde los Gautier, los Musset y los artistas todos de
-la tierra pueden abrevarse de los más embriagadores vinos de arte. Y
-en cuanto a vos, don Alonso Quijano _el Bueno_, ya sabéis que siempre
-estaré de vuestro lado.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA PARDO-BAZÁN EN PARÍS
- UN ARTÍCULO DE UNAMUNO
-
- [Ilustración]
-
-
- 10 de abril.
-
-DOÑA Emilia está ahora por París; ha hablado a los franceses de la
-España de ayer, de la España de hoy y de la España de mañana... Como
-casi siempre, dos versiones llegan, una del éxito de la conferenciante,
-otra del fracaso. Creo desde luego en la primera. Los franceses (fuera
-de la tradicional cortesía y de la no menos tradicional novelería)
-han oído en su idioma, a una mujer muy inteligente, muy culta, que
-les ha hablado desembarazadamente de un tópico que todavía no ha
-perdido su actualidad; el problema español, después de la _débâcle_.
-La señora Pardo-Bazán cuenta desde hace tiempo con largas simpatías y
-amistades del otro lado de los Pirineos, desde sus visitas al _desván_
-de los Goncourt, desde _La cuestión palpitante_. Es colaboradora de
-más de una revista parisiense, y luego, para su buena recepción,
-tenía la excelente «guardia de honor» de _La Fronde_. No deja de
-haber murmuradores que encuentran raro lo de que España vaya a ser
-representada intelectualmente, en la Sociedad de Conferencias, por
-una mujer. «Después de todo--me decía un espiritual colega--es lo que
-tenemos más presentable fuera de casa».
-
-Y ciertamente, como no fueran Menéndez y Pelayo o Galdós a París,
-en esta ocasión no sé quién mejor que doña Emilia hubiera podido
-hablar en nombre de la cultura española. La de doña Emilia es variada
-y por decir así europea, a pesar de su siempre probado retorno al
-terruño después de sus excursiones a tales o cuales islas mentales de
-pensadores extranjeros. En ella lo nacional no alcanza a ser ocultado
-completamente por propósitos de arte o pasiones intelectuales. Su
-catolicismo, por ejemplo, ha hendido como una vieja y fuerte proa,
-las oleadas naturalistas y las filosofías de última hora. Su forma
-literaria no ha podido asimilarse nunca nada extraño a la tradición
-castellana; y encuentro de una justicia que no ha menester muchas
-demostraciones para vencer, sus pasadas tentativas para conseguir,
-lo que por derecho propio se le debe, un sillón de la Real Academia
-Española.
-
-Y es un personaje simpático y gallardo, esta brava amazona que en medio
-del estancamiento, del helado ambiente en que las ideas se han apenas
-movido en su país en el tiempo en que le ha tocado luchar, ha hecho
-ruido, ha hecho color, ha hecho música y músicas, poniendo un rayo
-rojo en la palidez, una voz de vida en el aire, a riesgo de asustar a
-los pacatos, colocándose masculinamente entre los mejores cerebros de
-hombre que haya habido en España en todos los tiempos.
-
-Es la señora Pardo-Bazán de cierta edad, todavía guapa y exuberante de
-vida. Su trato es amenísimo y desde el primer momento, si lo merecéis,
-tenéis su aprecio intelectual y se abre su amable confianza.
-
-Pocas veces puede encontrarse unida tan llana franqueza con tan
-inconfundible distinción. Vive en su casa de la calle Ancha de San
-Bernardo, en compañía de su madre la condesa viuda de Pardo-Bazán, de
-sus hijas las señoritas de Quiroga y su hijo don Jaime, que, entre
-paréntesis, le ha resultado un gran partidario de don Carlos. En la
-casa se celebran con bastante frecuencia reuniones a que concurren
-personajes políticos y de la nobleza, y principalmente, hombres de
-letras y artistas. Puede asegurarse que no hay escritor o artista
-extranjero que no sea invitado a estas recepciones, y como doña Emilia
-habla la mayor parte de las lenguas europeas, se entiende con cada cual
-en su idioma. Sus libros han tenido una fama creciente en toda Europa y
-ha sido traducida la mayor parte de ellos en las principales naciones.
-
-Desde hacía algunos días circulaba la noticia de que la señora
-Pardo-Bazán iría a París a dar una conferencia sobre España. En el
-_Journal des Débats_ apareció un artículo de Boris de Tannemberg
-anunciando a los parisienses la llegada de la escritora, y poco
-después, ella partía, en efecto, a llenar su compromiso.
-
-Ecos varios, como he dicho al comenzar, llegan de la conferencia, y
-en los extractos de ella aparecen, como puntos principales, las dos
-leyendas de España, la «leyenda áurea» y la «leyenda negra».
-
-La leyenda _áurea_, es decir, una España heroica, noble, generosa,
-potente, cuna del valor y la hidalguía. La leyenda negra, una España
-codiciosa, sangrienta, avara, inquisitorial, terriblemente peligrosa
-al progreso humano. La primera, dice la señora Pardo-Bazán, ha sida la
-causa de los desastres actuales. Ella se arraigó tanto en el espíritu
-de la Nación, que formó un pueblo optimista, quijotesco, vanidoso, que
-con castillos en el aire compensaría su decadencia y su pobreza. Los
-hombres dirigentes, los guías de la política del reino en los últimos
-años, se dejaban cegar por los mirajes y perdían el concepto de la
-realidad.
-
-La leyenda negra tendría por origen la envidia de otras naciones, y
-sobre todo, las rivalidades religiosas y políticas empezadas desde el
-siglo XVI con el soplo del protestantismo que veía como su principal
-enemigo a la poderosa España católica de entonces. Así lo comprende
-un erudito escritor, el señor Maldonado Macanaz, en un artículo que
-ha dado a la publicidad en esta ocasión. Pero de los tres puntos
-en que se basa la leyenda negra, que son la conquista española, la
-Inquisición, la decadencia que se iniciaba en el siglo XVII y las
-figuras de Carlos I y de Felipe II, se desprende que no ha habido
-demasiada injusticia en Europa cuando se ha formado esa leyenda «de
-color oscuro» con bases tan innegablemente sombrías. No habría manera
-de paliar las atrocidades de la conquista, pues aun suprimiendo la
-_relación_ del padre Las Casas, que es obra de varón verecundo y
-cristiano, no se pueden negar las imposiciones a sangre y fuego de los
-conquistadores, la deslealtad que más de una vez salta a la vista, así
-en Méjico como en el Perú, y tantas páginas rojas y negras que aportan
-su color a la leyenda. La inquisición está en el mismo caso, pues aun
-concediendo, desde el punto de vista de una crítica especial, defensas
-de aquella institución como lo hace Menéndez y Pelayo, y aun observando
-que no solamente España encendió las hogueras religiosas, resulta
-siempre que es en España en donde el espíritu inquisitorial halló su
-verdadera encarnación; por ello el inquisidor de los inquisidores será
-siempre el inquisidor español; ya a través de la Historia, ya en el
-cuento de Poe, en el drama de Hugo o en el dibujo de Ensor. La leyenda
-áurea constituye el lado nervioso del alma española, y solamente los
-desaciertos de los políticos de última hora han podido hacer que se
-empañase. Es la de una España romántica, una España generosa y grande
-que alza sus vastos castillos de gloria sobre la selva poética del
-Romancero; una España de valor y de caballería que ha clavado en
-el bronce del tiempo, con nombres épicos, toda una serie de nobles
-victorias, de orgullosas conquistas. Sobre su pintoresco escenario
-lleno de sol y de música el alma española aun sustenta la grandeza y el
-brillo del pasado, digan lo que quieran los pesimistas y los que han
-perdido toda esperanza de regeneración. No hace daño a España, como
-doña Emilia cree, no le ha hecho daño el recuerdo y mantenimiento de
-la leyenda de oro de su historia; sino que malaventurados políticos
-y ministros modernistas a su manera, hayan descuidado el cimentar el
-presente apoyados en la gloria tradicional. Para la reconstrucción
-de la España grande que ha de venir, aquella misma áurea leyenda
-contribuirá con su reflejo alentador, con su brillo imperecedero.
-España será idealista o no será. Una España práctica, con olvido
-absoluto del papel que hasta hoy ha representado en el mundo, es una
-España que no se concibe. Bueno es una Bilbao cuajada de chimeneas y
-una Cataluña sembrada de fábricas. Trabajo por todas partes; progreso
-cuanto se quiera y se pueda; pero quede campo libre en donde Rocinante
-encuentre pasto y el Caballero crea divisar ejércitos de gigantes.
-
- * * * * *
-
-Varias publicaciones de Madrid, desde hace poco, han empezado a
-ocuparse con alguna atención de literatura hispanoamericana. Comenzó el
-diario _El País_, siguió la _Revista Nueva_, interesante y de carácter
-moderno, y luego el conocido y afamado periódico _Vida Nueva_, ha
-comenzado a publicar una hoja mensual con el título _América_ y que se
-dedicará, como su título lo indica, al pensamiento americano. Como la
-dirección me pidiese un artículo de introducción a dicha hoja, hícelo
-refiriéndome a uno del señor Unamuno, publicado en _La Época_, y en el
-cual, con motivo de la _Maldonada_ de Grandmontagne, hablaba de las
-letras americanas en general y de las argentinas en particular, con un
-desconocimiento que tenía por consecuencia una injusticia. El señor
-Unamuno es un eminente humanista, profesor de la antigua Universidad
-de Salamanca, en donde tiene la cátedra de literatura griega. Se ha
-ocupado de nuestra literatura gauchesca con singular talento; pero no
-conoce nuestro pensamiento militante, nuestro actual movimiento y
-producción intelectual. Comencé con tomar de un número de _La Nación_
-datos del yanqui Carpenter y hacer un largo párrafo de estadística.
-Luego dije lo que otras veces he dicho sobre nuestra escasa producción,
-y sobre las esperanzas en un futuro proficuo. Y como él se refiriese al
-demasiado parisienismo que creía ver en la literatura de Buenos Aires,
-manifesté lo que en este párrafo se verá:
-
-«Hay que esperar. América no es toda argentina; pero Buenos Aires bien
-puede considerarse como flor colosal de una raza que ha de cimentar la
-común cultura americana; y desde luego, puede hoy verse como el solo
-contrapeso, en la balanza continental, de la peligrosa prepotencia
-anglo-sajona. Nuestras letras y artes tienen que ser de reflexión.
-No puede haber literatura en un país que ha empezado por cimentar el
-edificio positivo de mañana; después de la base sociológica, de la
-muralla de labor material y práctica, la cúpula vendrá labrada de
-arte. Por lo pronto, nos nutrimos con el alimento que llega de todos
-los puntos del globo. Hemos tenido necesidad de ser políglotas y
-cosmopolitas, y mucho tiempo antes de que la Real Academia Española
-permitiese usar la palabra _trole_, nos habíamos hecho del aparato.
-Decadentismos literarios no pueden ser plaga entre nosotros; pero con
-París, que tanto preocupa al señor Unamuno, tenemos las más frecuentes
-y mejores relaciones.
-
-»Buena parte de nuestros diarios es escrita por franceses. Las últimas
-obras de Daudet y de Zola han sido publicadas por _La Nación_ al
-mismo tiempo que aparecían en París; la mejor clientela de Worth es
-la de Buenos Aires; en la escalera de nuestro Jockey Club, donde Pini
-es el profesor de esgrima, la _Diana_, de Falguière, perpetúa la
-blanca desnudez de una parisiense. Como somos fáciles para el viaje
-y podemos viajar, París recibe nuestras frecuentes visitas y nos
-quita el dinero encantadoramente. Y así, siendo como somos un pueblo
-industrioso, bien puede haber quien en minúsculo grupo procure en el
-centro de tal pueblo adorar la belleza a través de los cristales de
-su capricho. _¡Whim!_--diría Emerson. Crea el señor Unamuno que mis
-_Prosas profanas_, pongo por caso, no hacen ningún daño a la literatura
-científica de Ramos Mexía, de Coni o a la producción regional de J.
-V. González; ni las maravillosas _Montañas de Oro_ de nuestro gran
-Leopoldo Lugones perturban la interesante labor criolla de Leguicamón y
-otros aficionados a ese ramo que ya ha entrado en verdad en dependencia
-folklórica. Que habrá luego una literatura de cimiento criollo, no lo
-dudo; buena muestra dan el hermoso y vigoroso libro de Roberto Payró,
-_La Australia Argentina_ y las obras del popularísimo e interesante
-_Fray Mocho_».
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- EL REY
-
- [Ilustración]
-
-
- 25 de abril.
-
-HACE algunas tardes, por un punto de la Casa de Campo en que suele
-turbar el silencio del bosque reverdecido de tropel de jacas, un
-jinete, el rodar de un _cupé_, he visto pasar al rey Don Alfonso con su
-madre y sus hermanitas. Iba el carruaje despacio, y así pude observar
-bien el aspecto de Su Majestad infantil. No está tan crecido como los
-retratos nos lo hacen ver; pero muestra lo que se dice _une bonne
-mine_. Tiene la cara, ya señaladamente fijos los rasgos salientes, de
-un Austria; es la de Felipe IV niño. Es vivaz y sus movimientos son
-los de quien se fortifica por la gimnasia. Los ojos son hermosos y
-elocuentes, la frente maciza sería un buen cofre para ideas grandes;
-el cuerpo no es robusto, pero tampoco es canijo. La leyenda de un
-reyecito enclenque y cabezudo, de un niño raquítico, se ha concluído.
-El muchacho real ha pasado los peligrosos años de su niñez y entra en
-la pubertad con buen pie. No es esto decir que las leyes de herencia
-no puedan, cuando menos se piense, aparecer con sus imposiciones. La
-misteriosa aya pálida, su dama blanca, puede presentarse cerca de él,
-en un instante inesperado; pero por hoy, Don Alfonso es príncipe que
-sonríe, que monta a caballo, que hace sus estudios militares, y si de
-esta manera continúa, hay Borbón para largo tiempo.
-
-Es cierto que sus años primeros han sido penosos y enfermizos, y que
-razón hubo en llegar a creer que podría hacerse trizas el frágil
-vaso al menor choque. Pero los cuidados de doña Cristina han sido
-excepcionales; a madre como esta reina, es difícil superarla. No se
-ha dado punto de reposo previéndolo todo, dedicándose antes que a
-cualquier otro grave asunto a la salud de su hijo, preparando, mullendo
-el nido para su aguilucho, no teniendo su mayor confianza sino en
-sí misma, y después de velar por la vida física, trazar un plan de
-educación, un método de cultura moral. Este ya es otro capítulo y habrá
-que ver si el acierto ha guiado la obra.
-
-Desde luego, el rey Don Alfonso XIII ha tenido y tiene ayos honorables,
-de la más pura nobleza, hombres de excelencia incomparable para guiar
-por buena senda los despiertos instintos de su príncipe; pero en
-nuestra época se exige algo más que eso; formar el alma, el carácter
-del rey, enseñarle a dominar sus pasiones, darle lecciones de moralidad
-y de religión, es ya mucho; pero habría que ayudar a formarse al mismo
-tiempo al rey y al hombre; hacerle comprender el espíritu de su tiempo,
-alargar sus vistas en el horizonte moderno; hacerle salvar los muros de
-la tradición, prepararle para las exigencias de su época. Él aparece
-en un tiempo en que si los Maquiavelos son imposibles, los Lorenzos de
-Médices son inencontrables.
-
-El profesor de Oviedo don Adolfo Posada se ha planteado en _La España
-moderna_ el problema de la educación del rey; la dificultad de la
-educación de un rey constitucional. Indudable: los monarcas absolutos
-no tienen delante de sí más que la demostración de su poderío; el
-príncipe, desde que tiene uso de razón, sabe su superioridad, su
-grandeza; la actitud de sus súbditos respecto a él, la costumbre del
-mando, la obediencia de los que le rodean, definen desde un principio
-el sistema educativo que hay que seguir. De Burrho a Bossuet no hay
-gran diferencia. Más la educación de un monarca constitucional implica
-varias anomalías. Los reyes de hoy, los reyes con Cámaras y ministerios
-responsables, los reyes que reinan y no gobiernan, puede decirse que
-son simples personajes decorativos. Los antiguos esplendores, la misma
-parte estética de la representación real, adquiere hoy, en medio de su
-brillo cierto por el valor histórico, por sus viejos símbolos, un vago
-prestigio de ópera cómica; y apena el confesar que las funciones más
-respetables por la vieja resurrección de soberbias costumbres palatinas
-y las pompas de los magníficos ceremoniales, evocan, a nuestro pesar,
-la necesidad de una partitura. La imaginación del príncipe niño se
-impresiona desde el comienzo de su despertamiento a la existencia que
-le rodea, con las manifestaciones de una vida falsa o equívoca. No
-será sino con harta dificultad que de la noción de soberanía que ha
-penetrado primero en su cerebro, pase a la noción de una existencia
-democrática. «Los niños, esos pequeños salvajes--dice el señor
-Posada--, no conciben sino reyes completos». En palacio, la manera de
-ser para con él de las personas que le rodean, afianza por una parte en
-el príncipe la posesión de su papel de _rey completo_; no será sino con
-mucha dificultad que se le inculcará luego el legítimo valor de esas
-demostraciones, la significación de su rango de simple porta-corona.
-Don Alfonso, por ejemplo, sabe ya que es el jefe absoluto, pues los
-viejos generales inclinan ante él sus barbas blancas: sabe que tiene
-el toisón de oro sobre su uniforme de cadete--pasajero uniforme que
-será mañana sustituído por el de generalísimo--; sabe que es el rey.
-Conozco una bonita anécdota. Un día, por alguna pequeña falta no sé si
-en sus lecciones o en otra cosa, fué castigado con encierro. El niño
-se debatía entre los ayos que le llevaban a su prisión, pero la orden
-se cumplió. Entonces, ya encerrado, Don Alfonso daba grandes voces,
-deliciosamente furioso. Se le decía que no gritase, y él contestaba:
-«¡He de gritar más fuerte! ¡Que me oigan los españoles! ¡Que sepan que
-tienen preso a su rey! ¡Que vengan a sacarme los españoles!»
-
-Sabe, pues, que es el jefe de los españoles; y la idea de su soberanía
-no puede estar mejor arraigada. Pero sé otra anécdota. Otro día, de
-paseo, se detuvo Don Alfonso delante de un naranjero. Hay que advertir
-que adora las naranjas, y que a esta edad, entre el globo de Carlos V
-y una naranja, se queda con ésta. Pues he aquí que se detiene delante
-del naranjero y le dice: «Dame unas naranjas; pero yo no tengo con qué
-pagártelas. ¡Imagínate, yo, el rey de España, no tengo en el bolsillo
-ni una perrilla!» Confesaba el pobre su pobreza con la más encantadora
-desolación. Ignoro si el naranjero le dió las frutas y si los ayos
-le permitieron comérselas; pero ello revela que Don Alfonso sabe ya
-que los reyes de hoy no se comen todas las naranjas que quieren y que
-suelen andar sin un cuarto.
-
-Se dice que los primeros años del rey han sido de cuidadoso
-aislamiento, que no se le ha puesto en contacto con otros niños de su
-edad, contacto tan necesario; que se le ha recluído, sin otra compañía
-para sus juegos que la de sus hermanas. Podría creerse por ello en una
-infancia entristecida, bajo la mirada de una madre que ha sido abadesa
-de un convento. Eso no es cierto. El rey ha tenido sus compañeros,
-naturalmente, escogidos entre la alta nobleza. El más íntimo ha sido
-el jovencito hijo del conde la Corzana, por un lado Morny y por otro
-Sexto... Es claro que la reina vigila sus amistades y compañías. Otro
-niño íntimo del rey es el hijo del conde de Casa-Valencia. El cual hace
-algunos años tuvo el siguiente diálogo con su amiguito coronado: «Aquí
-no hay buenas carreras de caballos. Yo las voy a ver ahora muy buenas;
-y ustedes no». «¿Cómo es eso?» «Me voy a Londres. Tío Antonio (Cánovas
-del Castillo) ha nombrado a papá embajador.» «¿Y cómo no lo he sabido
-yo, el rey?» dijo la minúscula majestad en toda la posesión de su papel.
-
-En general los reyes son educados militarmente. En España no se lleva
-tan a la alemana el método, pero Don Alfonso conoce bien el manejo
-de las armas, será buen jinete como su padre; y aunque no haga el
-caporal a la continua como uno de esos ferrados Hohenzollern, tiene
-amor a la carrera y se decía en estos días que pronto haría vida de
-guarnición en la Academia de Toledo. Esto es de dudarse mucho, por
-la madre. Sé que en lo íntimo de la familia, la educación del rey es
-lo más burguesamente posible. La reina es en el hogar como cualquier
-respetable señora que se preocupa de los menores detalles de su _home_;
-sencilla y poco ostentosa hasta llegar a murmurar los descontentadizos
-cortesanos, de su avaricia. «¿Qué quiere usted que hagamos--me decía un
-caballero--con una señora que le cobra su pupilaje a las infantas en
-Palacio y que manda poner medias suelas a los zapatos de sus hijas?»
-Descartando las exageraciones, no creo que el pueblo prefiriese una
-reina derrochadora delante de la miseria que abruma a las clases
-bajas, a una reina económica que hace lo que puede por socorrer los
-infortunios de los menesterosos; que es aclamada a la puerta de los
-asilos que visita y sostiene. Don Alfonso XIII no podrá quejarse de no
-haber tenido en la entrada de la vida una ejemplar madre, una buena
-_mamá_, que ha sido para él una encarnación de la Providencia.
-
-Hubo un tiempo en que el rey estuvo casi invisible. Su salud era
-apagadiza, su aspecto no ayudaba a alentar a los partidarios de su
-dinastía. Se decía que era lo más probable su muerte. Mas apareció
-por fin, en una recepción. Se hallaba sentado en el Trono, junto a su
-madre y sus hermanas. El cuerpo diplomático estaba delante de él. Se
-notaba que el niño real había pasado por una crisis; pero sus grandes
-y brillantes ojos se iluminaban de vida. De pronto se vió una cosa
-inaudita que pasó, como un relámpago, sobre todos los protocolos.
-Un deseo vivo se había despertado en aquella cabecita, y no hubo
-vacilación para llenarlo. Don Alfonso, a la mirada de todos, dió un
-salto, y antes que nadie pudiese detenerlo, se había montado en uno
-de los dos leones de bronce que están a los dos lados del Trono. El
-hecho podría tener su significado si el porvenir fuese propicio tras
-la disipación de las tempestades. Asegúrase que Zola, que vió en una
-temporada de verano en San Sebastián al pequeño rey, quiso pintarle
-más tarde en uno de los capítulos de su _Docteur Pascal_. Yo he vuelto
-a leer esta obra para confrontar el retrato, y si en Clotilde podría
-entrever los pensamientos de la reina que ansía penetrar en el futuro
-de su hijo, no puede reconocerse en el animado y ágil monarca de España
-ninguno de esos «delfinitos exangües que no han podido soportar la
-execrable herencia de su estirpe, y se duermen, consumidos de vejez y
-de imbecilidad, a los quince años». Moralmente, la formación del rey
-fuera de la influencia maternal, dependerá de los preceptores. El ideal
-sería hacer primero _a man_, para en seguida dejar obrar el desarrollo
-del propio carácter, lograr el _self made king_. ¿Qué preceptor a
-propósito? ¿Un Saavedra Fajardo, un Bossuet o un Ernesto Curtius? Para
-un monarca esencialmente católico, parecería de ley junto al príncipe,
-un religioso. Más hoy los inconvenientes de tal sistema no necesitan
-demostración. Las alharacas que levanta la presencia del padre Montaña,
-confesor de la reina, dejan sospechar lo que haría un preceptor con
-hábito de cualquier Orden. La educación esencialmente religiosa está,
-pues, fuera de la pedagogía. La idea de Posada de la fundación de una
-escuela especial en que el rey se instruyese, en relación y contacto
-con otros niños, parece difícil, dadas las tradiciones de la monarquía
-en España, a pesar de haber habido un seminario de nobles, en donde
-cuéntase que el niño Fernando VII recibió un pelotazo, jugando con el
-niño Simón Bolívar. Más bien estaría la adopción de un sistema como
-el de la familia imperial germánica. El emperador Federico, después
-de recibir su educación palatina, se matriculó en Bonn y el emperador
-Guillermo en el _Lyceum Fridericianum_ de Cassel. Ambos se han puesto
-en contacto con los alemanes de su edad, han hecho vida común con sus
-súbditos, y en el medio de los estudiantes, se han compenetrado con el
-alma del país. Por lo demás, no puede ser mejor la síntesis de Posada:
-«Un rey que en su infancia recibiera el influjo bienhechor del roce con
-los niños, que tratase a todo el mundo de igual a igual; un rey que
-pasara luego su juventud en medio de los jóvenes de su edad y de todas
-las condiciones sociales en un Instituto adecuado, que asistiera luego
-en una Universidad o en varias a sus cátedras, viendo en ellas cómo las
-desigualdades humanas no son siempre cosa del nacimiento, sino obra
-del mérito personal y resultado del trabajo; un rey que estudiase su
-oficio, que viajara mucho, hasta por los países donde sin reyes viven
-las gentes honrada y pacíficamente; un rey así podría ser, ante todo,
-un buen ciudadano que llevara en el alma la íntima convicción de que
-sus elevadas funciones, aun cuando llegaron a él por obra y milagro
-de la herencia, son funciones que deben desempeñarse en bien de la
-sociedad o del Estado, a quien, en definitiva, corresponde disponer
-de ellas». Mucho de bueno produjo en Don Alfonso XII su infancia de
-rey _en exil_, y mucho contribuyeron a la formación del carácter
-del _Pacificador_ esos primeros pasos por la vida como un simple
-particular--_Alfonso García y Pérez_--, como él se solía llamar en los
-hoteles, en días del destierro.
-
-Hasta hoy ha habido que vencer toda suerte de obstáculos y aquel
-admirable Cánovas no ha sido la menor fuerza para encaminar hacia
-el porvenir deseado al hijo de su hechura. Hay que recordar cómo ha
-sido la vida de este pequeño rey, puede decirse desde el vientre
-materno. El matrimonio de su padre con la austriaca--de nacionalidad
-fatalmente desgraciada, tanto en España como en Francia--después de
-la pasajera luna de miel con Doña María de las Mercedes, que dura el
-espacio de una aurora, en el Aranjuez tan líricamente florecido en
-los versos de _Don Carlos_; los años de un matrimonio no del todo
-amoroso y semiturbado por ésta y aquella expansión de Don Alfonso XII,
-cuyo excelente humor estaba casi siempre sobre la razón de Estado; la
-muerte, el agostamiento de la existencia de aquella majestad demasiado
-apasionada de Anacreonte; el embarazo de Doña María Cristina, previsto
-por el ojo perspicaz del gran ministro conservador; el parto, casi a
-las miradas de los políticos recelosos; el advenimiento del rey nuevo
-que aseguraba en el Trono la continuación de la dinastía. Se creyó que
-Alfonso XIII no alcanzaría a llegar a la edad de coronarse, ya fuera
-por causa de su organismo maleado en su origen, ya porque un inesperado
-movimiento pudiera impedir el logro de los deseos de sus partidarios;
-pero de ambas cosas se triunfó, de las amenazas de la enfermedad y
-de las amenazas de la política. No creáis exageraciones como las del
-yanqui Bonsal, que juzgaba no hace mucho tiempo, con la imaginación
-recalentada por la guerra, que «la posición del rey es patética,
-personal y políticamente considerada; que las revelaciones que para
-otros sólo llegan con la edad, él ha tenido que sufrirlas en su niñez;
-que él sabe que nacer rey no da más garantías de felicidad que el nacer
-campesino; que sabe ya con sobra de razones, que no hay en la Península
-persona alguna en cuya lealtad y devoción pueda confiar, a excepción de
-su madre, desamparada mujer y reina impopular en tierra extraña»; y que
-«los muchachos americanos se afligirían si pensaran en este pequeñuelo
-nacido para la púrpura y vestido de ceremonia desde la cuna, que no
-tiene compañeros de infancia para sus juegos, porque nadie es igual al
-rey». Esto es no darse cuenta exacta de lo que aquí pasa en ese mundo
-no tan velado a los ojos de los simples mortales, y juzgar a estas
-horas con criterio pesimista a través de las historias de Saint-Simon
-o de las memorias de madame Aulnoy. Por momentos terribles ha pasado
-España en que el Trono hubiera podido ser cercado de tormentas, y
-la regente y sus hijos habrían tenido que ir a aumentar la lista de
-los reyes de Daudet; pero prevaleció el concepto de la Patria en
-los partidos contrarios y ni carlistas ni republicanos intentaron
-seriamente nada. Desde las soñaciones que hacen evocar la frente de Don
-Carlos ceñida por la corona hasta los deseos un tanto románticos de
-una regencia en que la infanta Isabel _la Chata_ estaría a la cabeza,
-no son sino perfumes de vino español, aroma de claveles que perturba
-uno que otro cerebro. Por hoy Don Alfonso, según lo que se alcanza a
-divisar, puede esperar tranquilo la hora de su reinado. Lo que no han
-podido los errores e ineptitudes de Gobiernos absurdos o culpables, no
-lo realizará el hombre del palacio de Loredano, ni menos los divididos
-partidarios de la república. Por ahora Don Alfonso XIII no se calienta
-el cerebro con tantas historias y filosofías, y prefiere su esgrima y
-su jaquita. Hace muy bien. Tiempo tendrá mañana de saber de monólogos
-huguescos y de sentir lo que pesa ese instrumento tan extraño en este
-fin de siglo, llamado cetro. Su mismo nombre le exige mucho. En el
-desfile de la Historia irá a ocupar su puesto. Me lo imagino delante
-de sus antepasados homónimos, como en una escena semejante a la de
-los retratos en _Hernani_. Es el comparecimiento de los Alfonsos: el
-I, férrea flor de Covadonga, todavía con la pura savia goda, fuerte
-como un roble de sus bosques, lancero formidable de Cristo, terror
-de la morería, y en el corazón primitivo, un diamante de nobleza; el
-II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones extranaturales,
-hombre de lecturas y de meditaciones, Alfonso _el Casto_; el III, _el
-Magno_, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, terror
-del mogrevita, varón de tanta fe como valor; el IV, quien como más
-tarde el césar Carlos V, buscaría en un monasterio la tranquilidad
-espiritual, fanático y solitario; el V, _el de los buenos fueros_,
-legislador y espíritu de consejo, también luchador feliz con los
-infieles y sostenedor de la fe; el VI, que aparece soberanamente,--a
-su lado la figura del Mío Cid--el rey de la conquista de Toledo, y que
-tuvo la previsión de ver hacia abajo y favorecer al pueblo con leyes
-bondadosas y fueros justos; el VII, Alfonso _el Emperador_; el VIII,
-que perpetuó el nombre suyo en las Navas de Tolosa; siendo después al
-propio tiempo que caballero de combate, amante de la sabiduría, el
-IX; el X, formidable figura, cerebro y brazo, el rey de las Partidas,
-alquimista y poeta, astrónomo y filósofo, cuya palabra aun hoy se
-escucha y se escuchará en los siglos, ya comience: _Ficieron los
-omes_... o inicie los balbuceos encantadores en sus toscas estrofas; el
-XI que juntó la habilidad política al vigor militar, monarca de largas
-vistas y uno de los más amantes de sus súbditos; todos esos pasarán por
-la mente de Don Alfonso XIII como las figuras extrañas y fantásticas
-de una linterna mágica, iluminadas por las palabras de los cronistas,
-realzadas por las explicaciones de sus preceptores; están demasiado
-alejados por las centurias, por bastas cordilleras de tiempo. Son los
-abuelos de los retablos y de las armaduras, los que duermen por siempre
-en los sarcófagos y cuyas vidas interesan como los cuentos. A quien
-verá muy de cerca, animado por la palabra maternal, por el inmediato
-eco de su vida, será a su padre. Será para él el rey modelo; y honrará
-la memoria del _Pacificador_. No dejarán de ir a llamar su atención
-los _venticellos_ de la famosa juventud de Don Alfonso XII, el _rey
-buen muchacho_. Sobrarán cortesanos que le refieran las aventuras
-picantes de papá, las influencias conocidas de cierto sonoro duque
-cuyo título pecador no llegará con buen viento nunca a los oídos de la
-reina regente. Y ya vendrá entonces la hora de saber España cuál senda
-tomará su nuevo príncipe. Sea ella de felicidad. Y Dios ponga, en los
-años de las futuras luchas políticas y palaciegas, sobre el espíritu
-de Don Alfonso XIII, algo de la áurea miel que hacía grata su infancia,
-cuando todas sus ambiciones se reducían a salir a la calle «con capa»,
-y llamaba a sus hermanitas, a la una _Pitusa_ y a la otra _Gorriona_.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- UNA EXPOSICIÓN
-
- [Ilustración]
-
-
- 12 de mayo de 1899.
-
-SE recorre todo el paseo de Recoletos; se deja atrás la columna de
-Cristóbal Colón, se llega hasta el monumento de Isabel _la Católica_,
-osadamente llamada por los burlones «la huída a Egipto»; sobre una
-eminencia del terreno se destaca el palacio de la Exposición, la
-cúpula gris en el azul fondo del cielo. Al palacio fué la reina a
-inaugurar la fiesta artística, y su vestido primaveral, tenue, pintado
-de flores delicadas, lucía como emergido de una luz de acuarela. Hubo
-pompa social y música e himno alusivo, mucho alto mundo y rica suma de
-belleza. El _vernissage_ se había verificado hacía pocos días, y fué
-poco menos que un desastre. Cuatro gatos y los pintores. Se diría un
-_vernissage_ en nuestro Salón del Ateneo. No podemos negar que somos
-de una misma familia. ¡Cuán lejos de la cita que se dan en París, en
-igual caso, la elegancia florecida de la estación, la moda inteligente,
-la distinción mundana! Estos señores duques y estos señores condes,
-si por acaso se hallan en la gran ciudad, no faltan al _rendez-vous_.
-Aquí, no. Entre una exposición y una corrida, la corrida. Los pintores
-no hallan qué hacer, y desde luego, con singulares casos en contrario,
-arte no hacen. Los ricos no protegen como antaño a los artistas;
-y el Gobierno hace poquísima cosa. ¡Y decir que lo único que les
-queda a los españoles es esta mina de luz, el decoro orgulloso de
-su pintura, la noble tradición de su escuela, su tesoro de color! A
-un paso está París. Se imitan los usos elegantes, las comedias, las
-novelas, hasta el café-concert, pero no las nobles costumbres que
-enaltecen y honran al talento y al arte. Escasos, muy escasos, son aquí
-los artistas que tengan de qué vivir; los ricos son señalados. Por
-lo tanto, la lucha por la peseta está ante todo. Es inútil pretender
-encontrar el enamorado de un ideal de belleza, el consagrado a su
-pasión intelectual. Se pinta como se escribe, como se esculpe, con la
-puntería puesta al cocido patrio, buscando la manera de _réussir_, de
-caer en gracia al público que paga. Se asombran de que en la actual
-exposición abunden los cuadros tristes, enfermedades, hambres, harapos,
-mendigos. Los pintores de antaño, aun pintores de príncipes, señalan
-ya la marcada afición por los lisiados, zarrapastrosos, piojosos, feos
-pobres; únase a esto el modelo constante, el hormigueo de limosneros
-que anda por las calles, el tipo del eterno cesante siempre en ayunas,
-que aparece en el teatro, en la caricatura y en los corrillos de vagos
-de la Puerta del Sol, y el resultado son estas exhibiciones de miseria,
-esta representación de escenas de la vida baja y famélica. Fuera de
-contadas telas de este Salón, en que profesores favorecidos instalan el
-estiramiento y el énfasis del retrato nobiliario, el aire y el uniforme
-de algunos excelentísimos señores, el interior elegante, lo que abunda
-es la anécdota de la existencia penosa de la gente inferior, el hogar
-apurado de la clase media, o la chulapería andante, o el medio obrero.
-Los pintores, aquí, en su mayor parte, como los escritores, no pueden
-emprender sin error asuntos de la vida aristocrática, porque no la
-frecuentan; y los ricos, los nobles, no querrán adornar sus palacios
-con cuadros sin nobleza ni distinción; repetirán siempre el _ôtez-moi
-ces magots!_ del rey francés. El gusto de la generalidad, por otra
-parte, no se demuestra, y un escritor nacional llega a afirmar que este
-público es «el más indocto en Europa en materia de Bellas Artes», no
-sin falta de fundamento.
-
-Difícil sería contemplar algo del espíritu de España a través de
-las obras de este certamen. ¿En dónde está la España católica? Tal
-o cual rincón de iglesia, una que otra imagen de encargo, manera
-jesuíta; el único que evoca el espíritu de los antiguos místicos es
-Rusiñol, con uno de sus cuadros. ¿Y la España patriótica? En Grecia,
-después de los triunfos, surgen aladas o ápteras de la piedra, las
-maravillosas victorias, y tras el desastre se alza la Nike funeraria,
-que simboliza el sentimiento popular. De igual manera se fundía el
-bronce romano. Tras las guerras de Flandes se desborda la alegría en
-las telas risueñas de los geniales pintores de kermeses; y cuando
-acaba de pasar la _débâcle_ francesa, los cuadros se encienden en odio
-al prusiano: se reconstruyen escenas heroicas, se rememoran actos
-sublimes, se pinta el sueño de la victoria, o el soldado que quema «el
-último cartucho». Entre todos los cuadros de esta exposición, fuera de
-una escena de hospital militar y ciertas sentimentales consecuencias
-de la campaña no parece que se supiese la historia reciente de la
-humillación y del descuartizamiento de la Patria. Esto tiene más clara
-explicación. La guerra fué obra del Gobierno. El pueblo no quería la
-guerra, pues no consideraba las colonias sino como tierras de engorde
-para los protegidos del presupuesto. La pérdida de ellas no tuvo honda
-repercusión en el sentimiento nacional. Y en el campo, en el pueblo,
-entre las familias de labradores y obreros, aun podía considerarse
-tal pérdida como una dicha: ¡así se acabarían las quintas para Cuba,
-así se suprimiría el tributo de carne peninsular que había que pagar
-forzosamente al vómito negro! El cuadro de historia casi no está
-representado; el retrato no abunda; en cambio, el paisaje y la marina
-se multiplican por todos lados. No es esto malo, pues se advierte que
-al ir hacia la naturaleza, hacia la luz, se mantiene la tradición. En
-conjunto, la exposición es mala. El viajero que al llegar a Madrid y
-sin haber visitado el Museo de Arte Moderno, quisiese darse cuenta de
-la pintura española contemporánea por lo que ahora se exhibe, saldría
-con una triste idea de la actual España artística. Recorríamos, con
-Carlos Zuberbühler, las salas llenas de cuadros, y no podíamos dejar de
-notar cómo en la más que modesta tentativa del Salón de Buenos Aires no
-se admitirían los estupendos asesinatos de dibujo, las obscenidades de
-color, los ostentosos mamarrachos que aquí un Jurado complaciente deja
-pasar y aun coloca en la _cimaise_. La cantidad es larga, lo poco de
-buena calidad se pierde entre el profuso amontonamiento de lo mediocre
-y de lo pésimo. Las firmas principales no han concurrido todas, y las
-que han venido al concurso lo han hecho con producciones ya expuestas y
-juzgadas, o con medianos esfuerzos. De seguro la razón de la esquivez
-está en el 1900 de París. Después de todo, quizá tengan razón; porque
-el estímulo de la tierra propia, como veis, es nulo; y el halago de
-París, atrayente, mágica flor de gloria segura.
-
-No, no es éste el arte pictórico de la España de hoy. Con sus
-deficiencias y todo, el Museo de Arte Moderno puede considerarse como
-el Luxemburgo madrileño. Sé las quejas: que Raimundo Madrazo no tiene
-un solo cuadro en el Museo, ni Barbudo, ni Jiménez Aranda, y que lo
-que hay de Fortuny y de Domingo no es de lo mejor de estos artistas
-y que de Villegas no hay más que dos acuarelas; mientras que las
-medianías eminentes firman docenas de cuadros. Pero hay lo suficiente
-de Pradilla, de Casado, de Rosales, de Gisbert, de Moreno Carbonero, de
-Plasencia, de Muñoz Degrain, del admirable Haes, de Sorolla, para que
-el visitante se sienta bañado del maravilloso esplendor que brota de
-tanta riqueza solar, y reconozca que este don divino de la comprensión
-del día, fué dado a los pintores de España con singular generosidad.
-Casi no hay exposición europea en donde los medallados extranjeros no
-sean españoles. Los aficionados yanquis, las pinacotecas de Munich, de
-Londres, de Berlín, de Viena, adquieren a altos precios las pinturas
-españolas. Buena parte de los maestros emigran, abren sus estudios en
-centros donde cosechan más. Preguntaba yo a uno de los jurados de esta
-exposición, un colorista de gran mérito, Manuel Ruiz Guerrero, por
-qué no había concurrido a la fiesta de la cultura nacional con uno de
-esos cuadros suyos tan animados de cálidos tonos, tan prestigiosos,
-tan llenos de vida luminosa; y él, con aire de desencanto,--y con los
-baules listos para ir a dar un paseo por Buenos Aires--, me decía: «Y
-para qué?» _À quoi bon?_ dicen los franceses. Y como Ruiz Guerrero,
-otros maestros, ante la indiferencia de sus compatriotas, buscan en
-extranjeros países lo que no hallan en la casa propia, o se retraen y
-dejan invadir las salas de las exposiciones por los kilómetros de tela
-que manchan las señoritas aficionadas y los facinerosos del caballete.
-
-Después de recorrer estos salones, diríase que para los pintores
-españoles no existe el mundo interior. El mismo paisaje no es sino la
-reproducción inanimada de tierra, de árboles, de aguas, solitarios o
-con acompañamiento de figuras anecdóticas; sin que la secreta vida
-de la Naturaleza se presente una sola vez, y mucho menos el alma del
-artista, que contagiara con su íntima sensación al espectador atraído.
-«La realidad», se dice; y se nombra a Velázquez. Cierto, Velázquez
-pintaba la realidad; pero sus colores animaban no solamente rostros,
-sino caracteres; y con un bufón y un perro deja entrever todo un
-espectáculo histórico. Goya es realista; pero ese potente dominador
-de la luz y de la sombra ponía en sus creaciones, o en sus copias
-de lo natural, quíntuple cantidad de espíritu. Sus incursiones al
-bosque misterioso de las almas humanas le daban su singular dominio.
-Los escultores actuales son alabados por sus tangibles condiciones
-de realismo: «¡Cuánta anatomía saben!» Hacen huesos, nervios,
-gestos, contracciones que dejen campo a estudios de esqueleto o de
-musculatura; pero no hacen carne, no hacen vida, no hacen pensar, como
-las figuras de Trentacoste o Bistolfi, para no citar franceses, en la
-circulación de una sangre maravillosa bajo la epidermis de mármol o de
-bronce.
-
-Entre lo expuesto hay regular cantidad de _grandes machines_, y en
-casi todas un lujo de tubos se desborda, una agrupación de todas las
-charangas de los ocres y de los rojos, un desborde de azules, el
-estrépito de las chirimías y gaitas de la paleta, con sacrificios
-de dibujo, incomprensión de valores y relaciones, y tristeza de
-composición. Mas aquí y allá, busca buscando, se encuentra lo de
-mérito, y algo diré de ello, en cuanto me ayuden mis notas asidas al
-paso en mis visitas.
-
-Uno de los _clous_ de la exposición es un cuadro de Raurich, que desde
-luego atrae por su originalidad y su vigor. Es un gran mazizo de tierra
-asoleada en primer término, una pequeña altura en cuya falda medran
-unos cuantos chaparros cuya sombra mancha de violeta oscura el terreno
-reseco. En el fondo se divisa un azulado monte; y a la derecha, en
-choque violento, con el amarilloso tono de la tierra, el mar al sol, de
-un azul ofensivo, se deja ver, espumante en las olas que llegan a la
-costa. La gran masa está plantada con hermosa osadía, y se calca en el
-cielo soberbiamente; los detalles se avaloran con el atrevimiento de la
-pincelada, que en veces diría espatulazo, toques espesos de un relieve
-insolente, pero Raurich, a quienes le censuren por esto puede decir lo
-que Rembrandt a los que notaban el espesor de su pincelada al marcar
-los puntos luminosos: «Yo soy pintor y no tintorero». Y agregaba, a los
-que hacían tales observaciones de cerca, a los que no sabían mirar,
-apreciar esos toques de lejos: «Un cuadro no se hace para ser olido;
-el olor del aceite es dañoso». Y encuentro esta tela admirable, y tan
-solamente observaría que el mar no tiene perspectiva y aparece como
-falto de nivel.
-
-Sorolla presenta una tela meritoria, _Componiendo la vela_, en
-la cual habría que señalar al par que las condiciones de color, que
-acreditan a este pintor, y su estudio del movimiento, la nimiedad en
-la rebusca de un efecto como el atigrado de luz y sombra que produce
-el sol al pasar entre las hojas. Por otra parte, sus figuras, muy bien
-hechas, tienen ojos que no miran, gestos que no dicen nada, es un mundo
-de verdad epidérmica, de realidad por encima. Esto mismo digo de los
-personajes de su escena de mar, _El Almuerzo a bordo_: en el ancho
-bote, bajo las velas, unos cuantos marineros toman su alimento en la
-fuente común. Maneja Sorolla con habilidad el claroscuro; los tipos
-están bien agrupados, la inevitable «realidad» está conseguida.
-
-Moreno Carbonero ofrece una nueva escena del _Quijote_, la aventura
-con el vizcaíno. Cervantes ha tenido un sinnúmero de intérpretes,
-desde antiguos tiempos. Cuando en el castillo de Fontainebleau,
-Dubois pintaba las aventuras de Teágenes y Cariclea y Le Primatice
-interpretaba a Homero, en el de Cheverni Jean Mosnier se dedicaba a la
-historia de Astrea y a las aventuras del ingenioso Hidalgo manchego.
-Más tarde, Charles Coypel se apasiona por este mismo asunto, al cual
-Pater y Natoire se aplicarán también y consagrarán dibujos Tremolières
-y Boucher. Esto solamente en Francia. Otros artistas de Europa,
-especialmente los ingleses, se han complacido desde antaño en tales
-asuntos, hasta el fuerte y noble Frank Brangwyn con sus recientes
-ilustraciones del _Quijote_ de Gubbin. Pocos, sin embargo, han logrado
-ser visitados por el verdadero espíritu de Cervantes. En España un
-maestro como Moreno Carbonero ha intentado la evocación, pero creo
-que sus propósitos de excesiva verdad le han alejado de la intención
-cervantesca. No hay que olvidar que Don Quijote es la caricatura del
-ideal; pero siempre en un ambiente de ideal. Desde luego, y con todo y
-haber dejado un dibujo verbal perfecto de su héroe Cervantes, no puede
-uno reconocer a Don Alonso Quijano _el Bueno_, al Caballero de la
-Triste Figura, en la mayor parte de las encarnaciones de los pintores
-y escultores. A propósito, hay en esta misma exposición una serie de
-ilustraciones de Jiménez Aranda, muy notables como dibujo, pero que no
-tienen nada de personajes cervantescos; esos Quijotes y esos Sanchos
-son un Juan y un Pedro de cualquier parte, vestidos para representar un
-papel. Moreno Carbonero me manifestaba una vez que para Sancho había
-encontrado un modelo en la campaña manchega. El de Don Quijote sería
-un precioso hallazgo. Pero luego habría que agregar al modelo el alma
-del andante caballero, animarle con una chispa que no se encuentra a
-voluntad cuando no es el genio el que impera.
-
-La intelectualidad de Moreno Carbonero no es para discutirla; y en este
-cuadro impone su sabiduría de colorido, su impecabilidad de factura;
-pero Don Quijote tampoco es Don Quijote, aunque Sancho sea Sancho. Los
-otros personajes quedan tan alejados en su término, que casi no dicen
-nada, y el episodio pierde con esto su mayor interés. Cuando Pierre
-de Hondt alababa los Quijotes de Coypel no dejaba de hacer notar el
-valor del acompañamiento, de los personajes secundarios que siempre
-ayudan a la animación del suceso. No he de olvidar dejar anotado que
-la sensación de la árida Mancha está dada por el artista de modo
-magistral. Es éste el terreno reseco que recorrieron Rocinante y el
-rucio con sus dos inmortales jinetes. La conciencia de la indumentaria
-y la resurrección de la época son completas; pero repito mi pensar:
-tanta realidad hace daño a la idealidad del tipo, a lo, por decir así,
-grotesco angélico que hay en el héroe que Cervantes creara con tanto
-amor y amargura.
-
-_Salus infirmorum_ de Menéndez Pidal sale de la pura realidad, para
-ofrecernos una dulce impresión de fe, una escena de suave religiosidad.
-Un pobre padre lleva ante el altar de la Virgen un niño enfermo. A su
-lado ora la madre enlutada. El sacerdote, de sobrepelliz y estola,
-acompañado del pequeño monago reza también por el enfermito. Esto es
-verdad, es realidad, pero hay asimismo una entrevisión de más allá,
-sopla un aire suave de misterio, y se siente que esas almas humildes
-recibirán su bien de Dios. ¡Cuán otra _La Herencia del Héroe_ del Sr.
-Suárez Inclán, de un sentimentalismo ocasional, de forzada factura;
-escena de comedia para la Tubau, dolor sin verdad! Verdad e intención,
-sí, se advierten en la tela de Santamaría, _El Precio de una madre_:
-la familia rica que va a llevarse a la joven nodriza, de la campaña a
-la ciudad; y el marido que se queda con el chico propio y la primera
-paga no muy satisfecho, mientras su mujer, buena moza de ricas ubres
-rurales, se le va con el muchacho ajeno. Este cuadro y un alto relieve
-de Mateo Inurria, _La Mina de carbón_, son de las muy raras notas que
-hagan pensar en un arte socialista en la exposición presente.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA FIESTA DE VELÁZQUEZ
-
- [Ilustración]
-
-
- 15 de junio de 1899.
-
-FLOJA, muy flojamente se han celebrado las fiestas del «pintor de los
-reyes y rey de los pintores». Cuando el centenario de Calderón, hubo
-inusitadas pompas y agitaciones académicas que hicieron murmurar a
-Verlaine en un soneto. Es verdad que la España de entonces no estaba
-en la situación actual; pero, con todo, a España no le ha faltado
-nunca ganas y dinero para divertirse; y don Diego de Silva Velázquez
-bien valía una verbena. Por Rembrandt acaba de hacer relucir todas
-sus alegrías Holanda, presididas las fiestas por la «naranjita» real
-_à croquer_, Guillermina. Aquí el Gobierno ha hecho poca cosa, y el
-entusiasmo de los artistas no ha podido suplir todo. Inauguración
-de la Sala Velázquez en el Museo del Prado; recepción en Palacio,
-inauguración de la estatua obra de Marinas; y se acabó. Tiempo hubo
-de sobra para realizar algo digno de la ilustre memoria, y con un
-poco de buena voluntad se hubiese rendido el tributo justo a quien
-con Cervantes lleva el nombre de España a lo más alto de la gloria
-universal. Inglaterra envió a sir Edward J. Poynter, Francia a Carolus
-Durán y a Jean Paul Laurens--todos caballeros cubiertos delante de
-Velázquez--. Todos tres, el día en que se descubrió la estatua,
-saludaron al maestro antiguo y al arte que une los espíritus de todos
-los climas y razas en la misma luz y adoración imperiosa. En la Sala
-de Velázquez se ha reunido todo lo suyo existente en el Museo; y al
-cuadro de «Las Meninas», se le ha colocado de manera que triplica la
-ilusión.
-
-¡Famoso empeño, descubrir a estas horas al gran pintor! No es mi
-intención haceros un largo capítulo en que no hallaríais nada nuevo;
-antes bien y a mucho andar, algún extracto de lo que con mayor
-prolijidad y competencia podéis aprovechar en Justi o en Stirling,
-en Madrazo o en Lefort, en Curtis o en Michel o en la reciente obra
-monumental que ha dado al público Beruete con prólogo de Bonnat. Pero
-mi buena suerte ha hecho llegar a mis manos un libro casi desconocido,
-que se ha puesto a la venta, a pesar de estar impreso desde 1885; me
-refiero a los _Anales de la vida y obras de Diego de Silva Velázquez,
-escrito con ayuda de nuevos documentos por G. Cruzada Villaamil.
-Madrid, librería de Miguel Guijarro._ Y de este libro, sí, os diré
-algo, aprovechando la ocasión. El año de 1869, el autor, por cargo
-oficial que a la sazón desempeñaba, tuvo oportunidad de registrar el
-archivo del Palacio Real de Madrid, y entre papeles e inventarios del
-tiempo de Felipe IV y su hijo, encontró gran número de documentos de
-alto interés, referentes a Velázquez. No dejó de observar que otra mano
-había andado por ahí antes que la suya, la cual mano extrajo buena
-cantidad de papeles valiosísimos. En posesión de esos documentos, y los
-que luego consiguió en Simancas y en el archivo histórico nacional,
-nutrido de buena, aunque escasa bibliografía velazquina, y armado de
-su experiencia de crítico de arte, el señor Cruzada Villaamil dió
-comienzo y fin a su obra, que dedicó al rey Don Alfonso XII, por
-haber este monarca apoyado su empresa. Muertos ya Don Alfonso y el
-autor, se dió fin a la impresión del libro, y, creo que por causas de
-testamentaría, u otro motivo judicial, es el caso que los pliegos,
-todavía sin encuadernar, yacen en su depósito. De esos pliegos sueltos
-es el ejemplar que está en mi poder, el cual debo a la amabilidad de un
-distinguido caballero de la Corte.
-
-En estos _Anales_ se nos presenta a Velázquez en su vida y en sus
-obras, sencilla y claramente, al paso de los días. Es un arsenal
-precioso para el Taine o el Ruskin de más tarde. El señor Cruzada
-Villaamil escribía sin dificultad y sin estilo, o más bien, su prosa
-es de esa prosa académica que por tan largo tiempo ha subsistido entre
-estos escritores, a largas circunvoluciones de períodos, cansadora,
-monótona, pesada. Pero la carta, la anécdota, el documento, interesan y
-atraen. Comienza la obra con una exposición del estado de la pintura en
-el reinado de los Felipe II y III, y resaltan las figuras del «divino»
-Morales, el mudo Navarrete, Sánchez Coello el portugués, Carvajal
-Barroso y Pantoja, mientras en Italia se alza la soberana persona del
-viejo Ticiano, quien no dejó de ser aprovechado por el Segundo Felipe
-y pintó para el Escorial «El Martirio de San Lorenzo» y la «Santa
-Cena». Felipe III no impulsa tanto el arte, aunque artistas italianos
-que residían en España prosiguiesen en su labor continua. Este período
-tiene, no obstante, de notable la llegada de Rubens, enviado por
-el duque de Mantua a Valladolid. Curiosa es la nomenclatura de los
-regalos que traía el flamenco: «para Su Majestad una hermosa carroza
-tallada--que el señor Villaamil cree sea la que hoy se conoce en las
-reales caballerizas como el _coche de doña Juana la loca_,--con sus
-caballos; doce arcabuces, de ellos seis de ballena y seis rayados; y un
-vaso de cristal de roca lleno de perfumes. Para la condesa de Lemus,
-una cruz y dos candelabros de cristal de roca. Para el secretario Pedro
-Franqueza, dos vasos de cristal de roca y un juego entero de colgaduras
-de damasco con frontales de tisú de oro. Veinticuatro retratos de
-emperatrices para don Rodrigo Calderón, y para el duque de Lerma un
-vaso de plata de grandes dimensiones, con colores, dos vasos de oro y
-gran número de pinturas, que consistían en copias, mandadas sacar en
-Roma al pintor Pedro Facchetti, de los cuadros más preciados de aquel
-tiempo». La opinión que Rubens tuviera de los pintores españoles en
-tal momento es digna de notarse. Él escribía al secretario del duque
-de Mantua, Iberti, que el duque de Lerma «quiere que en un momento
-pintemos muchos cuadros, con ayuda de pintores españoles. Secundaré
-sus deseos, pero no los apruebo, considerando el poco tiempo de que
-podemos disponer, unido a la miserable insuficiencia y negligencia de
-estos pintores, y de su manera--a la que Dios me libre de parecerme en
-nada--absolutamente distinta de la mía». Y en otra parte: «El duque
-de Lerma no es del todo ignorante de las cosas buenas; por cuya razón
-se deleita en la costumbre que tiene de ver todos los días cuadros
-admirables en Palacio y en El Escorial, ya de Ticiano, ya de Rafael,
-ya de otros. Estoy sorprendido de la calidad y de la cantidad de estos
-cuadros, pero modernos no hay ninguno que valga». Rubens partió,
-y acaeció el incendio de El Pardo, en donde se perdieron tesoros
-pictóricos. Así el reino de Felipe III concluye para la vida artística.
-
-Felipe IV fué el rey artista: escritor, pintor, actor, algo tenía entre
-las paredes del cerebro de lo que hoy anima las aficiones y bizarría
-de Guillermo de Alemania. Los pintores, tanto como los poetas, fueron
-protegidos, y entre todos, el fuerte Velázquez no cesa en su labor.
-Los retratos se multiplican, y son sus modelos desde las princesas
-hasta los bufones y los perros. No dejó la malquerencia de visarle, la
-envidia de morderle. El monarca, no obstante, le sostuvo en su favor.
-Lo cual regocijaba al buen Francisco Pacheco que viera los comienzos
-de su amado don Diego, allá en su obrador de Sevilla. Es de interés
-la descripción de la casa de Pacheco en donde se reunían escritores,
-poetas, artistas de toda especie, a charlar y discurrir; no faltó a
-tales reuniones cierto manco que creara cierta novela inmortal.
-
-Tanto quiso Pacheco a don Diego, que le dió su hija por mujer. «Después
-de cinco años de educación y enseñanza, le casé con mi hija, movido de
-su virtud, limpieza y buenos portes, y de las esperanzas de su natural
-y grande ingenio». «Y porque es mayor la honra de maestro que la de
-suegro, ha sido justo estorbar el atrevimiento de alguno que se quería
-atribuir esta gloria quitándome la corona de mis postreros años».
-Página misteriosa es la de los amores de Velázquez. Quizá su matrimonio
-fué hechura exclusiva de su maestro, sin que la pasión tuviera la menor
-parte. Influído por Tristán y por lo tanto por _el Greco_, afianzóse
-el artista en su vigor de colorido, al brillo de la gloriosa luz
-veneciana. Es en 1622. Velázquez va a visitar El Escorial, y para ello
-parte para la Corte con buenas recomendaciones y con el encargo de
-hacer el retrato de Góngora. Con buen viento llega, y le reciben sus
-paisanos los andaluces, entre los cuales estaba la alta influencia del
-conde-duque de Olivares. De allí a poco, hace el retrato del rey. En
-este orden siguen los años que duró la vida del pintor, con gran copia
-de documentos, con cartas curiosas; con papeles en los cuales se ve que
-no era muy envidiable el puesto de Velázquez en Palacio, a pesar de
-todo lo que entonces era considerado como una honra. Al artista se le
-concedió la comida palaciega en esta forma: «Diego Velázquez, mi pintor
-de Cámara, he hecho merced de que se le dé por la despensa de mi casa
-una ración cada día en especie como la que tienen los barberos de mi
-cámara, en consideración de que se le debe hasta hoy de las obras de
-su oficio que ha hecho para mi servicio; y de todas las que adelante
-mandare que haga, haréis que se note así en los libros de la casa. (Hay
-una rúbrica del rey). En Madrid, a 18 de septiembre de 1628.--_Al conde
-los Arcos, en Bureo_».
-
-Como ésa hay otras tantas llamativas notas en el grueso volumen del
-señor Villaamil; y en cuanto a la parte de la obra artística, análisis
-de los cuadros, legitimidad de algunos dudosos, y otros puntos de
-esta especie, dicho libro es de aquellos que no deben faltar en la
-biblioteca de un Museo, o de un artista estudioso; y es una lástima
-que no se ponga a la venta, por las razones que dejo expuestas
-anteriormente.
-
-Quise hablar con sir Edward J. Poynter pero no me fué posible
-encontrarle. En cambio, puedo transmitir mis impresiones de una
-entrevista con Jean Paul Laurens y Carolus Durán. Son dos tipos
-completamente opuestos. Laurens es el hombre de labor, el artista
-austero y consagrado a su ideal de una manera tiránica. Durán es
-el elegante pintor de los salones, el retratista de las princesas
-de la aristocracia y de las princesas plutocráticas de los Estados
-Unidos... No hay que negar su habilidad suma, sus dotes de ejecución,
-su colorido, su dibujo, las condiciones todas que le han llevado a la
-presidencia de la Sociedad de Artistas Franceses, y a la fama universal
-y a la fortuna. Han pasado escuelas modernísimas y tentativas varias
-delante de su inconmovible invariabilidad. Carolus Durán ha sonreído de
-todo, y, comprendiendo su tiempo, sigue la corriente.
-
-Su cabeza es la hermosísima cabeza de un Lohengrin adonjuanado; el
-cuerpo, elegante, a pesar de la imposición del vientre en lucha con la
-gimnasia y con la esgrima. La melena y la soberbia barba, nevadas de
-días y noches de buena vida; el ojo perspicaz y voluptuoso, como la
-boca; el gesto principesco. Carolus Durán, munido de su indispensable
-y parisiensísima _pose_, es un hombre encantador. Me habló de
-Velázquez, de la pintura española, todo esto en español, pues lo habla
-correctamente, aunque de cuando en cuando le falta el vocablo. Le hablé
-de Buenos Aires. «Buenos Aires...» Conoce poco. Lo que él conoce es
-Nueva York. ¡Ya lo creo!... No obstante, sabía que en Buenos Aires
-está la «Diana» de Falguière y que la ciudad tiene cerca de un millón
-de habitantes. Nuestros ricos sudamericanos, decididamente, debían
-acordarse algo más de que es preciso tener un retrato de Carolus Durán.
-
-Jean Paul Laurens parece al pronto un hombre seco y hasta adusto.
-Y debe tener muy temerosa idea de los periodistas, pues antes de
-serle presentado por Ruiz Guerrero, apenas me contestaba una que otra
-palabra. Luego--fué en el Círculo de Bellas Artes--, se abrió, en la
-más grata franqueza, sonriendo amablemente su dura cabeza de apóstol.
-Me habló también del arte español y de Velázquez, y me hizo un curioso
-croquis verbal de su compañero y amigo Carolus Durán, con quien había
-estado en oposición, «pero siempre en la nobleza y altitud del arte».
-«Buenos Aires. Sí. ¿Conoce usted a Sívori? He ahí uno que tiene algo
-dentro de la cabeza. Pero, _pauvre garçon!_ ¿qué hace por allá?
-_Là-bas_ es imposible todavía hacer arte. ¿Es usted amigo suyo? Dígale
-que no haga pintura para cocineras. Hay que hacer arte _por dentro_,
-para uno mismo, en la independencia del provecho y de la moda. En
-América no se entiende de ese modo, ¿no es así? Mucho industrialismo
-artístico; y así se pierden los talentos y las disposiciones que da la
-Naturaleza. Dígale usted a Sívori que dice su maestro Laurens que haga
-arte _por dentro_, y que no se cuide de cuadros para la cocina».
-
-Traduzco al pie de la letra, hasta donde puede permitirlo el vuelo de
-la conversación.
-
-Volví a verle.
-
-El Círculo de Bellas Artes dió una fiesta íntima, por decir así, a los
-artistas extranjeros.
-
-Almorzamos bajo un toldo, al amor de altos árboles, en el jardín del
-Círculo, casi desecho hacía pocos días por el más formidable de los
-pedriscos de que hay memoria en Madrid. Los vinos españoles animaron la
-fiesta, y se comió al aire libre, al son de una orquesta de guitarras.
-Jean Paul Laurens sonreía en su gravedad bajo sus espejuelos;
-Carolus Durán llevaba el compás de los tangos y de las seguidillas y
-sevillanas. Cuando el poeta Manuel del Palacio ofreció la fiesta, ya
-se oía por allí el ruido de las castañuelas de las bailaoras. Habló
-Durán, en español; brindó Laurens, que estrechó la mano al joven
-Marinas, el de la estatua. «¡Yo me complazco en descubrirle!» dijo.
-En un instante, tras el champaña, ya estaba la tarima puesta para la
-pareja del baile. Eran dos muchachas; la vestida de hombre, con el
-ceñido incitante calipigio, morena; la otra blanca, con admirables
-ojos y cabellos obscuros. Bailaron, pero antes de que comenzasen
-ellas al grito de las guitarras, Carolus Durán se puso a esbozar unas
-sevillanas, con levantamiento de pierna y meneo de caderas que no
-había más que pedir. Primero todos nos quedamos _abasurdidos_, como
-diría Roberto Payró; pero después, no pudimos menos de decir: _¡ole!_
-Jean Paul Laurens sonreía. Sir Poynter no estaba en la fiesta. Si
-llega a estar, nadie le quita de sus británicos labios un irremediable
-_shocking!_
-
-Bailó, pues, la pareja de danzantes de oficio; mas había una nota de
-color que ya había llamado la atención de los extranjeros: una familia
-de gitanos. El viejo, bien preparado, con disfraz de guardarropía,
-modelo de Doré, para no dejar perder la influencia del «color local»,
-obstentaba desde el calañés hasta la faja imposible y la chaquetilla
-fabulosa, y el bastón de enorme contera. La vieja gitana, de ojos de
-cuencas negras; y las gitanillas, tan cervantinas como antaño, una de
-doce, una de quince, otra de veinte años. Cuando la pareja de baile
-cesó, llegaron los gitanos. Bailaron todas las hembras, pero las dos
-menores se llevaron la palma. Sobre todo la más chica, que bailaba,
-según el decir de Carolus Durán, «como una princesita rusa». Bailaba
-en efecto maravillosamente. Era el son uno de esos fandangos en que se
-va deslizando el cuerpo con garbo natural y fiereza de ademán que nada
-igualan, en una sucesión de cortos saltos y repique de pies, en tanto
-que la cara dice por la luz de los ojos salvajes, mil cosas extrañas,
-y las manos hacen misteriosas señas, como de amenaza, como de conjuro,
-como de llamamiento, como en una labor aérea y mágica. Todo en un
-torbellino de sensualidad cálida y vibrante que contagia y entusiasma,
-hasta concluir en un punto final que deja al cuerpo en posición
-estatuaria y fija, mientras las cuerdas cortan su último clamor en un
-espasmo violento. Después fué otra danza en que la zingarita triunfó
-de nuevo. Ágil, viva, una paloma que fuera una ardilla, moviendo busto
-y caderas, entornando los párpados no sin dejar pasar la salvaje luz
-negra de sus ojos en que brillaba una primitiva chispa atávica, se
-dejaba mecer y sacudir por el ritmo de la música, y dibujaba, esculpía
-en el aire armonioso un poema ardiente y cantaridado al par que traía a
-la imaginación un reino de pasada y luminosa poesía. Entonces se daba
-uno cuenta del valor de sus trajes abigarrados, sus rojos, sus ocres,
-sus garfios de cabello por las sienes, sus caras de bronce, sus pupilas
-de negros brillantes. Sonreían como si embrujasen; sus dedos sonaban
-como castañuelas.
-
-Carolus Durán puso dentro del corpiño de la gitanilla un luis de oro.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA CUESTIÓN DE LA REVISTA
-
- LA CARICATURA
-
- [Ilustración]
-
-
-EN España, como entre nosotros--¡es un triste consuelo!--, no se ha
-llegado todavía a resolver el problema de la revista. Es singular el
-caso que aquí, en donde se ha contado con elementos a propósito desde
-hace largo tiempo, acaezca a este respecto lo propio que en nuestros
-países de progreso reciente. España no cuenta en la actualidad con una
-sola revista que pueda ponerse en el grupo de los «grandes periódicos»
-del mundo; no existe lo que llamaremos la revista institución--_Revue
-des Deux Mondes_, _Nuova Antologia_, _Blackwood's_ o _North American
-Revue_. La _España Moderna_, que podría ocupar el puesto principal, se
-sostiene gracias al cuidado y entusiasmo de su propietario el señor
-Lázaro. No faltan los escritores de revistas, y la prueba es que las
-revistas extranjeras tienen colaboradores españoles de primer orden--;
-he encontrado principalmente a Ramón y Cajal, el eminente sabio que
-acaba de partir a los Estados Unidos a dar conferencias, llamado por
-una de las mejores universidades; a Salillas, el antropólogo; y a
-un escritor cuyo nombre en Europa, en el mundo del estudio, es bien
-conocido: Rafael Altamira, profesor de la Universidad de Oviedo.
-
-¿Cuál es la causa de que en España no prospere la revista?
-Primeramente, la general falta de cultura. En Inglaterra, o en Francia,
-no hay casa decente en donde no se encuentre una de esas publicaciones
-condensadoras del pensamiento nacional y reflectoras de las ideas
-universales. Para el parisiense de cierta posición, de atmósfera,
-llamémosla así, «senatorial», burgués de cualquier profesión elevada,
-propietario que se receta sus lecturas, o buen varón de la nobleza, la
-_Revue des Deux Mondes_ es una costumbre, o una necesidad. No hablaré,
-además, de tales o cuales revistas pertenecientes a estas o aquellas
-agrupaciones, políticas o religiosas; son legión. Albareda, que realizó
-aquí los esfuerzos que en Buenos Aires los señores Quesada, tuvo que
-ver la lamentable desaparición de su obra, y, si no ha acontecido lo
-mismo al señor Lázaro, es porque lucha bravamente contra todo peligro.
-Las tentativas han sido muchas desde hace largos años, en este siglo,
-que entre tantas peregrinas cosas, es el siglo de la revista. El
-_Teatro Crítico_ del padre Feijóo, puede muy bien considerarse en el
-siglo XVIII como una gran revista española, en cierto sentido; en
-la centuria actual la crítica de revista se cristaliza en _Fígaro_,
-aunque sean muy anteriores a los escritos de Larra algunas otras
-publicaciones que se asemejan al tipo de la revista. Si no tan antiguo
-como el francés, hubo en la corte española un viejo _Mercurio_.
-Asimismo, otras publicaciones periódicas y en forma de folleto que,
-a la manera del _Teatro Crítico_ del padre Feijóo, eran redactadas
-por un solo escritor. Entre las muchas revistas o semirevistas de
-aquel tiempo, he de citar, aunque sin orden cronológico, además del
-_Mercurio_, _El Censor_, _El Pensador matritense_, _El Correo de los
-Ciegos_, _El Pobrecito Hablador_, de Larra, el _Semanario Pintoresco_,
-el _Museo pintoresco_, la _Revista Española_, la _Revista Mensajero_,
-_El Laberinto_, de Antonio Flores y Ferrer del Río, _La lectura
-para todos_, el _Periódico para todos_, _El Museo Universal_, _La
-Ilustración de Madrid_, la _Revista Española de Ambos Mundos_, la
-_Revista Ibérica_, la _Revista Hispanoamericana_, _La Abeja_, de
-Barcelona, _La Revista de Ciencias, Literatura y Arte_, de Sevilla, la
-_Minerva, o el Revisor General_, _El Criticón_, de Bartolomé Gallardo,
-la _Crónica Científica y Literaria_, el _Almacén de Frutos literarios_,
-la _Miscelánea_, las _Cartas Españolas_, la _Lectura para todos_, la
-_Revista de Madrid_ y _El Europeo_ de Aribau. Entre las que he citado,
-muchas han sido ilustraciones, _magazines_, del tipo de revista para
-familias, variadas e ilustradas a la manera del antiguo _Magasin
-pittoresque_, de París. Las hubo que tenían un carácter puramente
-literario y científico; algunas, como _La Abeja_, se limitaron a
-ofrecer traducciones de varios autores extranjeros, especialmente
-alemanes, y no pocas intentaron producir un movimiento intelectual
-elevando el nivel de cultura, sin conseguirlo por desgracia.
-
-Las últimas revistas, puramente tales, en forma de cuadernos, tipo
-_Revue des Deux Mondes_, que lucharon con todo heroísmo, fueron
-la _Revista de España_, fundada por don José Luis Albareda, y la
-_Revista Contemporánea_. La de Albareda contaba con colaboradores
-de primera línea, con las autoridades de la época, como don Manuel
-de la Revilla y don Juan Valera en lo referente a la crítica; pero
-poco a poco fué perdiendo su interés, disminuyó la colaboración, y
-el público, que no necesita mucho para proteger su pereza cerebral,
-abandonó las suscripciones. La _Revista Contemporánea_ fué creada por
-don José del Perojo. Era una publicación más científica y filosófica
-que de literatura y arte. Al lado de importantes trabajos españoles,
-se insertaban traducciones de autores en boga. Allí se publicó la
-primera novela rusa que haya aparecido en España, una de las mejores de
-Turgenev: _Humo_. También la _Revista Contemporánea_ fué paso a paso
-enflaqueciendo, por falta del apoyo público. Dirigióla por algún tiempo
-don José de Cárdenas. Es seguro que el motivo del decaimiento estribó
-en lo que por lo general causa la muerte de las revistas. Los que las
-dirigen, por pobres tacaños, quieren henchir el cuaderno con trabajos
-que no les cuestan dinero, y recurren a la falange de los grafómanos
-que hacen fluir gratis los productos de sus inagotables sacos; reunen
-suscriptores entre sus amigos y conocidos, que por fin se cansan de
-la continua bazofia, y rompen, a veces con la amistad, el recibo de
-la suscripción. Nada más grotesco que el director de una publicación
-que cuenta para ella «con sus amigos». La _Revista Contemporánea_ está
-dirigida hoy por don Rafael Álvarez Sereix, y está bastante mejor que
-en tiempo de Cárdenas; pero según tengo entendido, se produce también
-por colaboración _espontánea_, sin redactores ni colaboradores fijos,
-interesados en su mantenimiento y progreso.
-
-La _Revista Hispanoamericana_ se fundó con muy buenos propósitos,
-pagaba con esplendidez los trabajos; pero no supo el director
-conducirla, faltó buena administración en el sentido de la propaganda;
-no encontró eco, por lo tanto, y murió no sin costarle a su editor
-varios miles de duros. La _Revista Mensual_ tuvo corta vida y estaba
-hecha _à l'instar de_ la _Revue générale_ de Bruselas. _El Ateneo_,
-con excelentes elementos, se fundó para publicar las conferencias,
-discursos, etc., dados en el Ateneo de Madrid. No interesó, a pesar de
-su material de importancia. _La América_, de Eduardo Asquerino, con
-colaboración americana, en un inaudito _cafarnaum_, pletórica, concluyó
-igualmente. La _España Moderna_ comenzó con bríos y colaboración
-española escogidísima. Luego se aumentó con la _Revista Internacional_
-que dió a conocer a muchos autores extranjeros; pero la _Revista
-Internacional_ concluyó muy pronto, y la _España Moderna_, como lo he
-manifestado ya, con una suscripción relativamente escasa, se sigue
-publicando gracias al loable desinterés de su director y dueño don
-José Lázaro. La _Revista crítica de Historia y Literatura españolas,
-portuguesas e hispanoamericanas_, tuvo un brillante aparecimiento, con
-colaboración de primer orden, nacional y extranjera, en que resaltaban
-especialistas tan eminentes como Menéndez y Pelayo y Farinelli. Esta
-revista continúa, dirigida por don Rafael Altamira; pero paréceme que
-lleva una vida lánguida y que no aparece con la regularidad que sería
-de desear.
-
-Ha habido algunas revistas interesantes, de ramos especiales, y entre
-las de derecho y administración se distinguió una publicada por don
-Emilio Reus, la _Revista de Legislación y Jurisprudencia_. Todas las
-corporaciones científicas, de ingenieros, arquitectos, militares,
-etcétera, publican órganos especiales que, por lo general, dan pobre
-idea de la cultura del elemento oficial. Casi siempre, no se encuentran
-sino indigentes reflejos del saber fundamental de otras naciones.
-Exclusivamente de arte, ya sea a la manera de la _Gazette des Beaux
-Arts_, o a la manera del _Studio_, o sus similares alemanes, no existe
-ninguna.
-
-Las revistas independientes, producidas por el movimiento moderno,
-por las últimas ideas de arte y filosofía, y de las que no hay país
-civilizado que no cuente hoy con una, o con varias, tuvo aquí su
-iniciación con _Germinal_, de filiación socialista, apoyada por lo
-mejor del pensamiento joven. Murió de extremada vitalidad quizás...
-Demás decir que en Cataluña, sí, hay revistas plausibles, que, más o
-menos, dan muestra de la fuerza regional, como _L'Avenç_, _Catalunya_,
-_Revista Literaria_ y _La Renaixensa_. _Vida Nueva_, con formato de
-diario, es una especie de revista semanal, y es de lo mejor que se
-publica en Madrid. Revistas puramente intelectuales e independientes,
-al modo de _Mercure de France_, _Revue Blanche_ o _La Vogue_, de
-París, del _Yelow Book_; o el _Savoy_, de Londres, la _Rasegna_,
-de Milán, _Chap Book_ o _Bibelot_, de los Estados Unidos, _Revista
-Moderna_, de México, o _Mercurio de América_ y _El Sol_, de Buenos
-Aires, no hay más que una, a la manera de _La Vogue_ o de la antigua
-_Revue Indépendante_, de París, la _Revista Nueva_. Es ciertamente
-extraño que, existiendo un grupo de escritores y artistas que sienten
-y conocen, así sea incipiente y escasamente el arte moderno, no
-hayan tenido un órgano propio. Creo que la causa de esto se basa en
-el carácter de la juventud literaria, en lo general poco amiga del
-estudio y sin entusiasmo. La _Revista Nueva_ se propone reunir todos
-esos elementos dispersos, y desde luego cuenta con varias firmas de las
-más cotizables en literatura castellana actual. Ha tenido la dirección
-el buen talento de no hacerla sectaria ni aislada en un credo o bajo
-un solo criterio. Pueden caber en ella y caben los versos de los que
-intentan una renovación en la poesía castellana y los versos demasiado
-sólidos del vigoroso pensador señor Unamuno; los sutiles bordados
-psicológicos de Benavente y las paradojas estallantes de Maeztu; los
-castizos chispazos de Cávia y las prosas macizas de Unamuno, que valen
-más que sus versos, aunque él no lo crea. Además, la _Revista Nueva_
-está en relación con Europa y América, y su colaboración aumenta cada
-día. Quiera Dios que no vaya, también, una buena mañana, a amanecer
-atacada de la enfermedad mortal de las revistas.
-
-Las ilustraciones no son pocas en España, y entre ellas van a la cabeza
-la antigua _Ilustración Española y Americana_, fundada por don Abelardo
-de Carlos, y la _Ilustración Artística_, de Barcelona. _La Ilustración
-Española y Americana_ está asentada sobre inconmovibles bases, entre
-las primeras del mundo. Sus redactores son de por vida, como el
-invariable Fernández Bremón, o el que fué don Peregrín García Cadena.
-Su forma, sus grabados, la colocan en el grupo de _L'Illustration_, de
-París, _Illustrated London News_, _Graphic_ y sus semejantes de Berlín,
-Roma, Munich o Nueva York. Con los progresos del fotograbado, ha
-disminuído un tanto la aristocracia de sus viejos grabados en madera,
-que alternan hoy con el inevitable clisé de actualidad. Aunque su plana
-mayor se compone de escritores veteranos, tiene campo abierto para
-las manifestaciones del pensamiento nuevo, como se sepan guardar «las
-conveniencias», pues hay que recordar que si _La Ilustración Española
-y Americana_ es popularísima, no deja por eso de ser el periódico
-preferido de las clases altas, y eso tanto en España como en la América
-española.
-
-La _Ilustración Artística_, de Barcelona, viene en seguida, y se
-distingue por su preferencia de los asuntos artísticos, fiel a su
-nombre. Uno de sus colaboradores fijos es doña Emilia Pardo-Bazán.
-
-Los Estados Unidos han enseñado al mundo la manera como se hace un
-_magazin_ conforme con el paso violento del finisecular progreso. Los
-adelantos de la fotografía y el ansia de información que ha estimulado
-la Prensa diaria, han hecho precisos esos curiosos cuadernos que
-periódicamente ponen a los ojos del público junto al texto que les
-instruye, la visión de lo sucedido. El _Blanco y Negro_ va aquí a la
-cabeza; luego vienen la _Revista Moderna_, _El Nuevo Mundo_ y algunas
-otras como el _Álbum de Madrid_, que publica retratos de escritores
-y artistas, artículos literarios y poesías. El _Blanco y Negro_ es
-muy parecido a nuestro _Buenos Aires_ o a _Caras y Caretas_, con la
-insignificante diferencia de que posee un palacio precioso, tira muchos
-miles de ejemplares y da una envidiable renta a su propietario el señor
-Luca de Tena. En Barcelona hay varias revistas como _Barcelona Cómica_
-más o menos literarias y artísticas; y _La Saeta_, periódico picante
-por sus fotograbados, por lo común desnudos, _poses_ de malla o camisa,
-género Caramán Chimay y aun más pimentados.
-
-La caricatura tiene por campo una o dos páginas de cada «almacén» o
-revista ilustrada. Casi siempre, la política y la actualidad es lo que
-forma el argumento. Pero no existe hoy un caricaturista como el famoso
-Ortego, por ejemplo. Como todo, la caricatura ha degenerado también.
-Ortego, me decía muy justamente el señor Ruiz Contreras, director de la
-_Revista Nueva_, ha sido el rey de la caricatura en España; ninguno de
-los otros puede compararse con él; él _creó_ la _semblanza_ de todos
-los políticos y monarcas, de todos los personajes de la revolución;
-él hizo a Montpensier imposible, con una caricatura. Si analizáramos
-la influencia que ha tenido Ortego en el porvenir de la Nación, nos
-horrorizaríamos. En este pueblo impresionable, una nota se agiganta y
-se hace un libro, un chisme se transforma en historia y una calumnia
-en _débâcle_ inmensa. Más daño que todos sus enemigos le hicieron a
-Montpensier las caricaturas de Ortego, ¿fundadas en qué? Pues en que
-Montpensier tenía una huerta de naranjas. «El rey naranjero». Esto
-bastó para desacreditarle. Como bastó, para hundir a don Carlos,
-pintarle un día rodeado de bailarinas y sacripantas. Ortego, además de
-su intención profunda, tuvo una ventaja sobre todos, y es que dibujaba
-maravillosamente. Solía también encontrar en el personaje un rasgo
-fisonómico para su caricatura, y acertaba tanto en la elección, que
-no era posible ninguna variante. Su Narváez, su Prim, su Sagasta, su
-Isabel II, son inolvidables. Asimismo se dedicó mucho a la caricatura
-de costumbres, en la que hizo prodigios. En esto era un inmediato
-descendiente de Gavarni. El pueblo de Madrid, con sus toreros, con sus
-curas, con sus manolas, sus majos, sus cursis, sus hambrientos, sus
-oficinas, sus teatros y sus verbenas, aparece y resucita en los dibujos
-de Ortego, que son para el historiador un documento de grandísima
-importancia. Hace algunos años se reunieron los dibujos de Ortego en
-álbumes especiales, pero la publicación, con ser de tanto interés para
-todos, no se hizo popular. El público estaba distraído con otra cosa.
-
-Luque, Padró, Perea y Alaminos han hecho casi solamente, la caricatura
-política. Menos hábiles en el dibujo, buscaban la intención en las
-ideas; sus caricaturas tienen más _bilis_ que _lápiz_; demuestran
-sus odios políticos más que su arte. Iban sólo a hacer daño; más que
-revolucionarios de su tiempo, eran anarquistas. Destruían con el
-ridículo, aumentándolo, inventándolo a veces. Perea se dedicó luego a
-la especialidad de toros y sus dibujos de _La Lidia_ han circulado
-por todo el mundo. Sojo ha sido también un político de lápiz; _dibuja_
-poco: todo el interés de su obra se basa en el pensamiento. Cilla y
-_Mecachis_ explotan por algún tiempo la crítica de costumbres. Cilla
-_inventa_ los personajes, mucho más que los toma de la realidad; ha
-creado varios tipos que repite constantemente. Así ha hecho Mars en
-París. Cilla es en el dibujo en España algo como López Silva en sus
-versos. Nada más alejado de la verdad, nada más falso que los chulos
-de López Silva, a quien llaman el heredero de don Ramón de la Cruz;
-y sin embargo, se ha convenido en que los chulos de López Silva
-son los verdaderos, y por tales se les mira y admira; y queriendo
-hablar en chulo, la gente joven habla en López Silva. Lo mismo sucede
-con los dibujos de Cilla. Nadie es exactamente como lo que Cilla
-dibuja, pero, a fuerza de verla, parece más real su mentira que la
-realidad. Más humano es _Mecachis_: y como más humano es también
-menos monótono; como observa y copia, varía más. Después de Ortego,
-_Mecachis_. Todos los demás, excelentes _periodistas_. Ángel Pons,
-que hoy está en México, empezó bien; pero también tiene más ideas que
-dibujo; tampoco es un observador. Y muy observador de la caricatura
-extranjera, como Rojas su discípulo. Puede decirse que casi todos los
-actuales dibujantes se proveen de inventiva y de rasgos felices en las
-revistas de otras naciones. Apeles Mestres y Pellicer saben dibujar
-y dibujan de firme. Mestres ha hecho caricaturas admirables en los
-periódicos satíricos catalanes. Es un _moralista_, como casi todos los
-verdaderos caricaturistas. Es de recordar una caricatura publicada
-en _La Esquella_, de Barcelona. Un coche fúnebre, con ocho caballos
-empenachados y otro con un jaco de mala muerte; y la leyenda: _Com
-mes richs mes besties_: Como más ricos, más animales. Pellicer conoce
-su arte y estudia las costumbres. Sus dibujos son documentos y sus
-ilustraciones de obras admirables estudios. Para las obras completas de
-Larra ha dibujado tipos como _Fígaro_ pudo concebirlos; a Larra le ha
-hecho como era.
-
-Ese retrato ha quedado definitivo para el futuro, con un valor de
-época, inimitable. Pellicer ha superado en esto al mismo Madrazo. Moya
-y _Sileno_, Rojas y Sancha trabajan profusamente y tienen bastante
-demanda; _Sileno_ ilustra principalmente el _Gedeón_, y sobresale en
-la sátira política. Sancha se ha hecho un puesto especial, apoyado
-en el _Fligene Blatter_, y deformando, hace cosas que se imponen.
-Sus deformaciones recuerdan las imágenes de los espejos cóncavos y
-convexos; es un dibujo de abotagamientos o elefantiasis; monicacos
-macrocéfalos e hidrópicas marionetas. Marín estudia mucho, y apoyado
-en Forain, hace excursiones al bello país de Inglaterra. Es un erudito
-de lo moderno, un simpático artista, cuyo modelo principal debe de ser
-una elegantísima y singular mujer, apasionada de D'Annunzio y fascinada
-por París. Leal da Cámara, portugués, joven, de indiscutible talento,
-dibuja en Madrid, un tanto desganado, con el pensamiento puesto en
-Jossot, a quien conoce, y animado por el espíritu de Cruikshank, a
-quien seguramente ignora.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- AL REDEDOR DEL TEATRO
-
- [Ilustración]
-
-
- 4 de julio de 1899.
-
-ÁSPERO empieza el verano en Madrid. Desde que los calores se inician,
-el desbande a la _villégiature_ comienza. Se abren los nocturnos
-refugios, entre ellos el Buen Retiro, con su teatro y sus conciertos en
-los jardines; se instalan las horchaterías con sus incomparables aguas
-dulces que entusiasmaron a Gautier, servidas por frescas y sabrosas
-muchachas, la mayor parte denunciadoras de su gracia levantina;
-los sombreros de paja hacen su entrada y uno que otro panamá de
-«repatriado» da su blanca nota tropical. ¿A dónde ir después de comer?
-Se ha inaugurado en el Madrid Moderno, allá lejos, un teatrito al aire
-libre, en el Parque de Rusia. En compañía de un autor dramático, buen
-observador y excelente _copain_, allá me voy, animado por las estrellas
-que pican de oro el fino azul de la noche. Al pasar por el Prado, me
-siento detener por un grupo de niños que, a la claridad del cielo,
-asidos de las manos, cantan acompasadamente. ¿Qué cantan? Son unas de
-esas antiguas canciones que han venido de siglo en siglo y de labio en
-labio, repetidas en las rondas infantiles, al crepúsculo de las tardes
-de mayo y en las abrasantes noches de estío. Apuro la oreja, y me llega:
-
- Un pajarito va, carabí,
- Cantando el pío, pío, carabí,
- El pío, pío, pá, carabí, hurí, hurá.
-
-Luego, en otro tono:
-
- Papá, si me deja usted...
- Un ratito a la alameda (_bis_)
- Con los hijos de Medina
- Que llevan rica merienda (_bis_).
- Al tiempo de merendar
- Se perdió la más pequeña (_bis_).
-
-Y luego, en otro ritmo:
-
- Quien fuera tan alta
- Como la luna,
- Ay, ay,
- Como la luna,
- Para ver los soldados
- De Cataluña.
- Ay, ay,
- De Cataluña,
- De Cataluña vengo
- De servir al rey.
- Ay, ay,
- De servir al rey.
- Con licencia absoluta
- De mi coronel.
- Ay, ay,
- De mi coronel.
- Al pasar el arroyo
- De Santa Clara,
- Ay, ay,
- De Santa Clara,
- Me se cayó el anillo
- Dentro del agua,
- Ay, ay,
- Dentro del agua,
- Por sacar el anillo
- Saqué un tesoro,
- Ay, ay,
- Saqué un tesoro.
- Con la Virgen de plata
- Y el Niño de oro,
- Ay, ay,
- Y el niño de oro.
-
-La música tiene el perfume de un vino viejo y sano. Su sencillez y su
-gracia _vieillotte_ hablan de otros tiempos, y el espíritu observador
-y meditativo coge al paso en esa flor armoniosa una gota de poesía.
-Pasa una _manuela_, es decir, una victoria, y en ella nos encaminamos
-al Parque de Rusia. Dejando atrás la Puerta de Alcalá, después de
-recorrer muchas calles llenas de polvo, llegamos. Un gran jardín, con
-laguneta, columpios, glorietas y kioscos rústicos, mal cuidado y mal
-presentado. Un _restaurant_ y un teatro. Cuando se alzó el telón habría
-unas ochenta personas en todo el recinto, y ellas no se aumentaron
-mucho hasta el momento de partir. El espectáculo... El _Casino_ de la
-Boca, a la par, es suntuoso, el _Cosmopolita_ de la calle Veinticinco
-de Mayo, cualquiera de nuestros _café-concert_ de segundo orden es una
-_Alhambra_ londinense o un _Jardín de París_, en comparación con estas
-abominables iniciaciones en el finisecular divertimiento. En el extinto
-_Variétés_, a fuerza de pesetas, se logró presentar algo escasamente
-semejante a nuestro teatrito de la calle Maipú; había siquiera
-dos o tres números que pudiesen despertar el gusto por el exótico
-espectáculo. Henry Lyonnet, en su libro sobre el teatro en España,
-observa lo poco preparado que está el terreno para la importación
-parisiense; pero es el caso que a estas horas, en la calle de Alcalá
-hay dos teatritos en que alternan tarde y noche cantaoras y bailaoras
-flamencas con _divettes_ traídas de Barcelona, de Marsella, o de París,
-y en uno de ellos he visto a una famosa pensionista de Nollet, la Nella
-Martini, cantando siempre sus desairados y pornográficos _couplets de
-la Pulga_.
-
-En el Parque de Rusia se dió principio a la función con una cuadrilla
-de osados vejestorios, una parodia del Moulin Rouge. Las bailarinas,
-seguramente improvisadas para el caso, aun cuando pretendían encender
-a la escasa concurrencia, resultaban de un efecto moralizador
-indiscutible: ¡ni que hubiesen sido del Ejército de Salvación! Luego
-salió a decir su canción en _argot_ una flaca veterana, retirada
-seguramente del oficio, a quien nadie entendió una sola palabra; y
-otra le siguió, _grivoise_, igualmente detestable. Si no aparece en
-seguida Pilar Monterde, una española de cuerpo encantador, que baila
-las danzas nacionales con mucha gracia aunque un poco _para París_,
-la parte primera del espectáculo hubiera petrificado de fastidio a la
-asistencia. La segunda la desempeñó un discípulo de Frégoli, llamado
-Minuto--italiano, de Rosario de Santa Fe, ¡qué pensáis!--y la gente le
-aplaudió largamente, y con mucha justicia. Entre él y la Monterde se
-salvaron la noche. Ahora, a la ciudad. Y he ahí que no se encuentra a
-la salida ni coche ni tranvía. Los que salen primero logran atrapar uno
-que otro, y los demás... a seguir el camino por las calles empolvadas,
-con calor y fatiga. No me quejo sino vagamente, del percance, con mi
-amigo el autor; pero aprovecho la caminata para hablar sobre teatro.
-María Guerrero debe de estar a la sazón, al partir de Buenos Aires, con
-rumbo a su buena villa de Madrid; Antonio Vico, en sus postreros años
-de arte, va a América a hacer lo que debió hace mucho tiempo, corriendo
-el riesgo de una desilusión.
-
-Durante el invierno funcionan regularmente en Madrid dos compañías
-dramáticas, la del Español, dirigida por la Guerrero y su marido, y
-la de la Comedia, cuyo director fué por más de veinte años Emilio
-Mario y ahora es Emilio Thuillier. Mario es otra venerable ruina.
-Los bizarros papeles de antaño, los «galanes» muy a la francesa, que
-tanto brillaron, han quedado en la memoria de los que presenciaron sus
-pasados triunfos; hoy Mario hace maravillosamente el característico,
-y creo no pretenderá emular los esfuerzos fatigados de Vico. En
-la primavera también suele trabajar la compañía de la Tubau--otra
-abuela--y en otros teatros aparecen y desaparecen como por obra de
-encantamiento, varias compañías que no hallan donde plantar sus
-escuetas raíces. Entretanto que el apodado «género chico» prolonga en
-los teatros de la Zarzuela y Apolo indefinidamente sus temporadas, el
-«género grande» limita las suyas al invierno y desaparece de la Corte
-con la llegada de las primeras rosas. La compañía del teatro Lara, que
-no pertenece al género chico ni al grande, cultiva la declamación sin
-música, en obritas de uno o dos actos (algunas representa de tres),
-pero no estrena ninguna, limitándose en días de gala, beneficios
-o noches excepcionales, a _reprises_ de las piezas ya juzgadas y
-aplaudidas por el público y que juzga pertinentes; su temporada se
-mantiene durante toda la primavera.
-
-En invierno recorren los escenarios de provincia algunas compañías,
-encabezadas por Vico, Miguel Cepillo, Sánchez de León, Luisa Calderón,
-Julia Cirera, Antonio Perrín, García Ortega, dando a conocer aquellas
-piezas que Madrid ha aprobado; pues la centralización en este caso es
-absoluta, no teniendo cabida en la Corte la única excepción, el teatro
-regional catalán. Cuando las compañías del Español, la Comedia y La
-Princesa terminan su labor de Madrid, pasan a provincias y recorren los
-teatros de Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Bilbao, Valencia, y otros más
-de menor calidad. Varias de las compañías dramáticas de provincia, en
-verano descansan. Ya por Pascua, suele venir a la Corte alguna compañía
-extranjera que da sus representaciones en la Comedia, en el Moderno, o
-en la Princesa. Generalmente las compañías son italianas, aunque Sarah
-Bernhardt me parece ha estado unas dos veces y se anuncia la llegada de
-Réjane, en una _tournée_ por Europa.
-
-Novelli ha conquistado desde hace tiempo a los madrileños, y
-últimamente la Mariani, desde luego superior a todas estas actrices,
-con excepción de la Guerrero, ha sido excelentemente acogida. El
-género chico, en verano como en invierno, continúa con varios teatros
-abiertos, ofreciendo estrenos todos los días, y sosteniendo las obras
-de sus favoritos hasta quinientas noches. Es la chulapería triunfante,
-el dúo del mantón y el pantalón obsceno, el barrio bajo que se impone,
-con defensores que cuando alguien protesta de tanta vulgar exploración,
-sacan a cuento a Goya y al bastante asendereado don Ramón de la Cruz.
-Este, como sabéis, se llama hoy López Silva.
-
-No obstante, en estos últimos años ha habido loables tentativas de
-renovar el ambiente teatral, de sacar la atención del mundo de las
-chulapas y de los chulos. Se ha traducido algo moderno. Se ha hecho
-algo de Ibsen, _El Enemigo del Pueblo_; de Sudermann, _Magda_; de
-Lavedan, _El Príncipe d´Aureac_, con el título de _El Gran Mundo_,
-entre las conocidas obras de Dumas, Sardou, Pailleron; y han osado en
-una plausible campaña, los autores de algunos trabajos originales,
-Guimerá con su _María Rosa_, Dicenta con su _Juan José_, Benavente con
-_Gente conocida_, Ruiz Contreras con _El Pedestal_. _La Dolores_ de
-Codina y _Juan José_, con fuerza y bríos hoy no usados aquí; _María
-Rosa_ iniciando una tentativa de teatro socialista, con el mismo _Juan
-José_, _Gente conocida_ trayendo las escenas libremente extraídas,
-sinceras, de la vida, con un análisis hondo, e ironía que parece a flor
-de piel, pero que penetra, señalan un buen trecho conquistado para un
-arte escénico futuro. Murió Feliú y Codina, que había pretendido la
-realización de un teatro regional, de todas las regiones españolas,
-una especie de geografía escénica de la Península. Así después de _La
-Dolores_, aragonesa, vino _María del Carmen_, murciana, y luego _La
-Real Moza_, andaluza. Feliú era un firme trabajador, de gran talento,
-y un delicioso músico del verso, de este verso español sonoro y sin
-matices. Joaquín Dicenta, que acertó tan bravamente con _Juan José_,
-no avanzó con _El Señor feudal_, y, desanimado, o mejor, poseído ya
-del deseo de la fija ganancia, se fué hacia la zarzuela. Así escribió
-en unión de su amigo Paso el libreto de _Curro Vargas_, extraído de
-una novela de Pedro Antonio de Alarcón. Guimerá persistió, con su
-tesón catalán. Consiguió en _Tierra baja_ dos actos notabilísimos--el
-tercero desmerece tanto que puede suprimirse--. De todos modos, esa
-obra, en Madrid, como en París, como en Buenos Aires, ha revelado un
-gran manejador de ideas y un potente poeta. _El Padre Juanico_ buscó el
-éxito a la manera de Feliú y Codina. Parecería que hubiese acaparado
-la herencia del autor de _La Dolores_; pero Guimerá es una fuerza, y
-después de tantear sus conveniencias, ha de volver sin vacilar a su
-rumbo verdadero: el drama socialista, el drama actual e intenso, del
-hombre y de la tierra. Difícil es el público para resistir ciertos
-intentos. Un Curel o un Mirbeau no tendrían, por lo pronto, oyentes; la
-autoridad tendería su mano al instante. De _Los Tejedores_ de Hauptmann
-se arregló _El Pan del Pobre_ con cien atenuaciones. Praga y Rovetta,
-al ser servidos, van ya aguados.
-
-Benavente, después de _Gente conocida_, ofreció con copa de excelente
-vino español preparado a la francesa: _El Marido de la Téllez_. Luego
-dió _La Farándula_, una equivocación... de los cómicos, que no la
-comprendieron, y la hicieron de una manera dolorosa; después alcanza
-su más resonante victoria con _La Comida de las Fieras_. Es difícil
-que, en lo sucesivo, sobrepase las exquisiteces de intención, la
-variedad escénica, el equilibrio, la gracia, el vuelo psicológico, la
-ironía trascendental y el interés de su última obra. Y aquí empieza
-el desencanto, porque, si el público se deja conducir y agradece el
-regalo de la forma nueva, el actor, hasta viéndola muy aplaudida, se
-resiste a aceptarla. Ello no es raro. En todas partes, todo _cabot_,
-grande o chico, y son pocos los casos de excepción, es impenetrable a
-la concepción artística y yerra, por lo común, al estimar la opinión
-del público. Un sir Irving, es caso raro. Si no hubiera habido un
-Antoine y un Hugue Poe en París, aun andarían de teatro en teatro,
-durmiendo en las gavetas directoriales, verdaderas obras maestras, y
-sería desconocido más de un triunfador de hoy. Aquí, mucho costó a
-Benavente conseguir que su _Gente conocida_ fuese representada con
-esmero. Habíanla dejado para _último día de temporada_, convencidos
-los cómicos de que la obra no pasaría del segundo acto. Por fortuna,
-semejante atentado no llegó a cristalizarse en crimen, y _Gente
-conocida_, al quedarse en cartera, fué al año siguiente el mayor
-_succès_ de la temporada. No bastó tal enseñanza para reducir a la
-gente de bastidores, y al ensayar _La Comida de las Fieras_, hacíanlo
-llenos de desconfianza, sin comprender una sola línea de lo que tenían
-entre manos, aunque, según parece, poniendo una regular suma de buena
-voluntad.
-
-Mas, pasado el triunfo, ¿suponéis que se dieron por vencidos y
-convencidos? Según ellos, la comedia fué aplaudida, no por lo que
-tiene de arte moderno, sino por lo que tiene de salsa «cómica»; no
-por lo exacto de la delicada pintura social, ni por el procedimiento,
-sino por lo que sazona el _chiste_, por lo que hay para sus paladares
-únicamente saboreable. No es esto de causar extrañeza si se tiene en
-cuenta que _La Dolores_, obra puramente nacional, popular, clara, sin
-medias tintas, del tipo más corriente en la escena española, pasó por
-todos los teatros madrileños sin ser recibida en ninguno, dándose el
-caso duro de que su autor, para no resignarse a la condena y dando
-en esto señal de buen tino, fuese a estrenarla en Barcelona, donde
-se dió treinta y tantas veces. A fin de temporada, Mario se resolvió
-a estrenarla en Madrid, y María Guerrero se negó a hacerse cargo del
-papel que más tarde había de ser uno de los más brillantes de su
-repertorio, y causa de mucha gloria y provecho. Es conocido el pleito
-que sostuvo el autor con la actriz por esa negativa. El camino que
-ofrecieron a Guimerá los teatros de la Corte no fué tampoco exento
-de tropiezos. Enrique Gaspar, conocido autor cómico, tradujo, para
-que Calvo lo estrenara en Barcelona, _Mar y Cielo_. Guimerá era visto
-como un «genio regional», pero no podía penetrar las murallas chinas
-de Madrid. Por fin, Ricardo Calvo se decidió a poner en escena en el
-Español _Mar y Cielo_, versión de Gaspar, y el éxito ruidoso hizo que
-después apareciese una _María Rosa_, echegarayizada por don José. No
-es, pues, Echegaray, como lo ha asegurado la señora Pardo-Bazán en
-su conferencia de París, quien presentó a Guimerá en Madrid, sino el
-cónsul autor don Enrique Gaspar.
-
-Galdós, con toda y su colosal _réclame_ de novelista, no inspiró
-tampoco mucha confianza. Su _Realidad_ no encontró simpatías en la
-Princesa, donde reinan la Tubau y su marido Ceferino Palencia. Fué
-recibida la pieza en la Comedia, por obra de la cortesía que siempre
-tuvo Mario con los grandes, y que hay que agradecerle. Y _Realidad_
-venció. Nadie podía esperar que aquella dolorosa y extraña fantasía
-pudiese tener un buen resultado en las tablas. Y lo tuvo. El drama
-de Galdós debió haber convencido a los _practicones_ que, si eso no
-era romper moldes, como se dice, era cortar ligaduras y trabas. No
-sucedió así. Aun se _anuncian_ los éxitos de dramas cosidos a los
-viejos cánones, a ridículas usanzas persistentes. Después de _Realidad_
-obtuvo gloria legítima Galdós llevando a la escena _La Loca de la
-casa_ y _La de San Quintín_, y si en sus obras posteriores no ha
-sido tan afortunado, no hay que echar la culpa al público, sino a la
-precipitación industrial que se ha impuesto en su labor el dichoso
-escritor de los _Episodios Nacionales_. _Los Condenados_, _Voluntad_ y
-_La Fiera_ hasta cierto punto superan a sus obras anteriores, pero hay
-en su construcción y arquitectura descuidos que las perjudican. Esta sí
-que fué y será siempre una condición de la obra escénica. En la novela
-puede impunemente ir lastreando el riblo un capítulo pesado, con tal
-que lo demás, alado y vigoroso, o sutil y aéreo, mantenga en su vuelo
-al espíritu. Mas en la pieza teatral no puede aflojarse ni decaer una
-sola escena, porque la atención a la inmediata marca el descenso.
-
-No es suficiente que se afiance una justa intención y que la idea
-total y básica se asiente con solidez; hay que sostener la intensidad;
-la obra del teatro tiene muy señalada extensión, cuenta con una
-cantidad determinada de tiempo, y por lo tanto, se ha de ser sintético,
-no cabe analizar.
-
-Ya _hecho_ autor, Dicenta encontró resistencia para su _Juan José_. He
-visto el original de la obra y leído en el reparto el nombre de «María»
-tachado, y, en su lugar puesto: «señorita Martínez». Lo cual quiere
-decir que la primera actriz, que en esta ocasión era la señora Tubau,
-no quiso encargarse del papel. Tampoco lo tuvo en la obra Emilio Mario,
-y _Juan José_, desechado por el primer actor y la primera actriz, hizo
-con actores jóvenes una carrera triunfal, excepcional, pocas veces
-vista.
-
-Ahora se preparan las formaciones para el próximo octubre. ¿Vendrá
-María Guerrero a su Español? Le será muy difícil encontrar otro _Cyrano
-de Bergerac_. Como ya apenas cuenta con Echegaray, cuyos repetidos
-fracasos prueban, no su falta de talento sino su falta de tino en no
-retirarse a tiempo, para hacer buena compañía a Guimerá necesita del
-elemento nuevo. Dos jóvenes tiene ya en casa: López Ballesteros, y
-Ansorena. No es bastante. La _troupe_ que se empieza a formar para la
-Comedia consta de muchos nombres, pero de pocos elementos para obras
-de cierto fuste. Lara seguirá como siempre. En general, los autores
-encontrarán las mismas dificultades y sus trabajos los mismos jueces de
-criterio imposible. No habiendo comités de lectura, como en todo teatro
-culto de la tierra, no buscando los señores actores obras sino papeles,
-y sin una crítica ilustrada que sirva de guía, todo el teatro en España
-está sometido a la voluntad o al capricho de los actores dirigentes. En
-Madrid hay que encomendarse, para lo alto, a María Guerrero y a Emilio
-Thuillier.
-
-La Real Academia Española, que no hace sino el Diccionario, pudo en
-este caso hacer algo. Dispone de premios de alguna importancia--de
-5.000 y 2.500 pesetas--legados por buenos señores, amantes del teatro,
-para que se concediesen, periódicamente, a la mejor obra dramática.
-Pudo perfectamente la Real Academia admitir obras no representadas;
-aun fué objeto de discusión si debía hacerlo así, y, por mi parte,
-creo que debía hacerlo de esa manera; pero para mayor comodidad y
-menor compromiso y _far niente_, resolvió limitarse a «las que mayor
-éxito logren», con lo cual sometió de modo implícito su fallo al fallo
-previo de los directores de empresa. La Academia da, pues, las pesetas
-a quienes amparan María Guerrero y Emilio Thuillier. En esta situación
-se encuentra el teatro en el momento en que escribo, y así se abrirá
-la temporada de 1900. Muerto Feliú y Codina, Echegaray gastado, Galdós
-desanimado, Guimerá buscando el éxito productivo, Benavente piensa
-en una obra ligera, _puramente cómica_ destinada a una actriz como
-la Pino, buena y azucaradita solamente para esas fiestas; Dicenta va
-a Andalucía a escribir libretos de zarzuelas grandes; Sellés--de la
-Real Academia Española--, se prepara a seguir la misma labor; Leopoldo
-Cano, sin producir nada desde hace tiempo; Gaspar de cónsul, Blasco
-de socialista cristiano, y la crítica ilustrada, con perdón del señor
-Canals y del crítico de _La Ilustración_, sin nacer aún. Los jóvenes
-encuentran mejor traducir, y se pertrechan. Y así están las máscaras
-del teatro que fué en un tiempo el primero del mundo.
-
---¿Si tomáramos un vaso de horchata? digo a mi amigo el autor.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LIBREROS Y EDITORES
-
- [Ilustración]
-
-
- 14 de julio.
-
-HASTA hace poco tiempo--y aun hoy mismo, en la mayor parte de
-las repúblicas, hacia el Norte--el sueño rosado de un escritor
-hispanoamericano era tener un editor en España. Por esos países los
-Gobiernos suelen costear las ediciones de los poetas y escritores, con
-la condición de que los agraciados les sean gratos en política. No
-hay otro recurso de hacerse leer como no surja un inesperado Mecenas.
-En Buenos Aires poco tiene que ver el Gobierno con las musas, y los
-editores, ya sabemos que, en realidad, no existen... He querido
-explorar ese punto en España, y en verdad os digo que he salido del
-antro vestido de desilusión. Editores y libreros desconsuelan.
-
-Un hombre de letras que quiera vivir aquí de su trabajo, querrá lo
-imposible. La revista apenas alienta, el libro escasamente se sostiene;
-todo producto mental está en _krach_ continuo. Lo único que produce
-dinero es el teatro, cierto teatro. El que logra hacer una _Verbena de
-la paloma_, o una _Gran Vía_, y puede continuar en sucesivos partos
-de ese género, ya tiene la gruesa renta asegurada. El señor Jackson
-Veyán, a quien achacan mediocridad literaria e incurable ripiorrea,
-puede reirse de sus enemigos al embolsar sus miles de duros anualmente.
-Los editores de teatro, o más bien, los que compran la propiedad de
-las obras teatrales, tienen mejor fama que los de libros. Son más
-abiertos, más generosos, y hasta autores principiantes hallan en ellos
-su providencia.
-
-En esta nuestra curiosa madre patria, en épocas pasadas, y aun en la
-actualidad, los centros intelectuales de la Península fueron y son
-las farmacias y las librerías. Decíame un amigo madrileño: «En las
-farmacias hácense más versos que ungüentos, y en las librerías se
-derrochan más palabras que pesetas». En la Corte, como en provincias,
-las librerías son punto de reunión donde acude un número dado de
-clientes y aficionados, a conversar, a hojear las nuevas publicaciones
-y a perder el tiempo. En Madrid todavía existe lo que se podría
-llamar tertulia de librería, aunque no como en tiempos pasados. En
-casa de Fe, al caer la tarde, podéis encontrar a Manuel del Palacio,
-a Núñez de Arce, con su inseparable amigo Vicente Colorado, al señor
-Estelrich, italianista de nota, a otras figuras, grandes, medianas y
-chicas del pensamiento español. En casa de Murillo no dejaréis de ver
-cotidianamente las barbas rojas del académico Mariano Catalina. Hace
-bastantes años era Durán quien reunía en su establecimiento famosos
-contertulios. Era este Durán hombre de cultura y metido en letras;
-bibliógrafo de mérito, muchos varones ilustres salieron de su casa muy
-satisfechos después de una consulta. Conocía todos los libros, todas
-las ediciones, todas las noticias. Era una especie de Bibliophile
-Jacob de Madrid, buen parlante y provechoso amigo intelectual. Hoy no
-existe un solo librero como aquél; y la erudición la suplen los que
-hay con el aguzado instinto de un comercio genuinamente israelita.
-Paul Groussac, en sus viajes por el continente americano, hallaba a
-cada paso comprobada la superioridad de nuestras incipientes librerías
-bonaerenses, en comparación con las del resto de la América española.
-Pues bien, las librerías de Madrid son de una indigencia tal, sobre
-todo en lo referente al movimiento extranjero, que a este respecto
-Fe, que es el principal, o Murillo, o cualquier otro, están bajo el
-más modesto de nuestros libreros. En Madrid no existe ninguna casa
-comparable a las de Peuser o Jacobsen, o Lajouane. París está a un
-paso y me ha sucedido leer en _La Nación_ el juicio de un libro
-francés antes de que ese libro hubiese llegado a Madrid. El que no
-encarga especialmente sus libros a Francia, Inglaterra, etc., no
-puede estar al tanto de la vida mental europea. Es un mirlo blanco
-un libro portugués. De libros americanos, no hablemos. La casa de Fe
-es estrechísima, y Fe no se atreve a mudar de local, quizá poseído
-del temor de que otra más elegante y espaciosa no se advirtiese tan
-concurrida. Además de dos pequeños mostradores en que se exponen obras
-castellanas, uno que otro libro de América, a la izquierda, libros
-extranjeros, a la derecha, hay, junto al escritorio del jefe de la
-casa--, rincón estrechísimo--una mesita en que se presentan las últimas
-novedades españolas. A esa mesita se acercan y tocan los asiduos del
-establecimiento; unos cortan las páginas y leen las obras de corta
-extensión, de pie; concluyen, y dejan el ejemplar. En toda España hay
-poca afición a comprar libros; quizá sea por esto que las librerías son
-de una pobreza desoladora. Hay que dar vuelta al problema de _Fígaro_:
-«¿No se lee porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee?»
-decía él. Digamos: «¿No se compran libros porque no se saben vender, o
-no se saben vender porque no se compran?» Lo cierto es que los libros
-se venden poco y mal, y, como en Buenos Aires, los culpables son los
-libreros. Todo comerciante hace lo posible por despachar su mercancía,
-y procura colocar y recomendar; el librero limita su negocio a dar lo
-que le piden y no hace ofertas ni recomendaciones. Desde algún tiempo
-a esta parte se han establecido las ventas a plazos, pero eso es para
-facilitar la adquisición de las grandes publicaciones ilustradas. El
-anuncio sólo se emplea en casos muy especiales, y los catálogos que
-publican algunos libreros no tienen resonancia ninguna.
-
-Hubo un tiempo--y ya va lejos--en que las librerías de lance--libros
-usados y antiguos--tenían mucho movimiento e importancia y publicaban
-periódicamente catálogos numerosos. De aquellas librerías apenas queda
-rastro; unas han desaparecido, y otras redujeron su negocio hasta un
-simple «cambalache» de _bouquiniste_. Rico sigue publicando catálogos,
-y un joven de muchos alientos, Vindel, tiene un negocio de esta clase,
-de bastante importancia. Vindel es hoy algo como lo que fué Durán,
-guardada la diferencia de educación, clase y tiempo. Este joven sabe
-mucho de libros viejos y hace su comercio de «novedades» en frecuente
-relación con los anticuarios de París y Londres; publica libros raros
-y curiosos, como los Bibliófilos Sevillanos, y en su oficio es una
-especialidad. Me han contado la historia de Vindel: interesante y
-extraña novela, que él debía hacer escribir e imprimir a un ejemplar
-único. Sería el más _raro_ de sus libros. Los jóvenes le han conocido
-en el Rastro de Madrid, con la cuerda al hombro, haciendo recados y
-comprando y vendiendo pobres mercancías. Nadie se explica cuándo, cómo
-ni dónde aprendió lo que sabe. Su fortuna se la debe a la buena suerte.
-Le cayó una lotería de quince mil duros, y así comenzó a realizar
-compras importantes. Ha ido a París y a Londres, en ocasiones en que se
-han anunciado ventas de libros y subastas de bibliotecas particulares
-y se ha dado vida de gran señor. Vindel se mueve en su negocio como si
-operase en un gran país; tiene sus desencantos y sus apuros, pero es
-obstinado y fuerte. Y es el que más entiende su oficio, el que tiene
-más elementos bibliográficos y el más abierto.
-
-De los libreros de actualidades, el que más negocio hace es Fernando
-Fe; a su casa acude en busca de libros la mayoría de las gentes que los
-compran, y es acaso el que más comercio tiene con las provincias. Las
-librerías de José Ruiz--_Guttemberg_--, San Martín, Manuel Hernández y
-algunas otras, son, en mayor o menor escala, establecimientos análogos
-al de Fe. Victoriano Suárez se dedica principalmente a los libros de
-texto y envíos a América. Hay librerías que tienen especialmente obras
-profesionales, unas de medicina, otras de jurisprudencia, como la de
-Leopoldo Martínez, otras como la de Hernando, de primera enseñanza y
-otros libros de propaganda católica. No sé que haya en la actualidad
-ninguna librería protestante o que lleve francamente el nombre de tal.
-Trabaja mucho en España la Sociedad Bíblica, pero no consigue que se
-lean mucho sus volúmenes y folletos. Aquí cualquiera se permite ser un
-mal católico, pero pocos renuncian a llamarse católicos. Se precisa la
-independencia y el buen humor de José Zahonero para llegar a ser obispo
-protestante.
-
-He hablado de los libreros antes que de los editores; con tener
-aquéllos tan poca importancia, éstos la tienen menos. Debo advertir que
-me refiero solamente a los editores de obras literarias; los de obras
-científicas no abundan, y por lo que noto, se limitan a la explotación
-de la enseñanza. Un Alcán, ni para muestra.
-
-En los buenos tiempos románticos florecieron en Madrid muy famosos
-editores como Roig y Mellado. No enriquecerían a los poetas llenos
-de apetito de entonces, pero por lo menos les quitaban el hambre.
-En medio siglo ha perdido Madrid mucho de su ambiente literario.
-Zorrilla, como poeta lírico, no sacaría hoy a su editor un puñado
-de onzas para sus caprichos, como el año 1840. Apenas un puñado de
-garbanzos, y gracias. Hay de aquellos tiempos volúmenes de poesías
-de autores desconocidos, hechos en casas editoriales que, por lo
-menos, pagaron la edición. Hoy quien no esté abonado por el nombre, no
-encontrará sino el desdén de no importa cuál editor. De entonces acá
-es cierto que se ha apagado el entusiasmo. Los periódicos publicaban
-folletines de versos que la gente leía sin duda; la novela estaba un
-tanto canija; pero, a pesar de su flacura y anemia, había editores
-para ella. Es verdad que la prensa ayudaba mucho a los libros; los
-periódicos, en general, cuidaban de su parte literaria, y aunque no
-hubiese grandes críticos, porque la crítica nunca tuvo en España
-muchos ni muy competentes devotos, teníanse en cuenta la bibliografía
-y se hablaba y se discutía alrededor de una obra nueva. Hoy la Prensa
-no se ocupa de un libro nuevo a conciencia. No hay críticos fijos en
-las redacciones. El libro se anuncia, a lo más en una gacetilla--la
-misma para todos los periódicos--que por lo general manda hecha el
-editor interesado; y los artículos firmados por nombres de autoridad
-obedecen a móviles amistosos o de camaradería, antes que a cualquier
-preocupación artística, o literaria. Hasta hace algún tiempo, el envío
-de dos ejemplares de un libro a una redacción hacía que se hablase
-de la obra con más o menos laconismo; hoy ni las obras de los más
-sonantes autores--Galdós, Pereda, Palacio Valdés, Pardo-Bazán, Valera,
-etc.--encuentran eco en la Prensa. Galdós, con empresa especial para
-sus libros y con el sentido comercial que le distingue, anuncia sus
-nuevos _Episodios Nacionales_ en la cuarta plana de los diarios, junto
-al aviso en que el novelista santanderino Pereda recomienda su fábrica
-de jabón; Valera se da por satisfecho con las atenciones de su público
-y las traducciones que le hacen en el extranjero, y Palacio Valdés, que
-tiene un desdén profundo por la crítica de su país, ni siquiera envía
-sus libros a las redacciones, escribe para ser vertido al inglés y
-leído en Nueva York y en Londres.
-
-Hasta los libreros y editores van dejando la costumbre de enviar los
-dos ejemplares de prensa, al ver la inutilidad del procedimiento.
-
-Las ediciones de los románticos--algunas muy bien hechas y muy
-parecidas a las de los franceses--debieron ser numerosas. Demuestran
-más que el valor de los poetas, el entusiasmo del público. Desde
-Salas de Quiroga hasta Romero Larrañaga--ayer, hoy y mañana ilustres
-desconocidos--un ejército de cabelludos desbocados exuberó en prosas y
-versos que tuvieron la vida de una col. Sus ediciones--de las que se
-suelen encontrar ejemplares muy hermosos en los puestos de librería de
-viejo--no se cotizan, como en otros países, por motivos esencialmente
-tipográficos y de curiosidad literaria. La primera edición de los
-_Romances_ del duque de Rivas no vale más que dos pesetas, y he visto
-vender en quince una primera edición de los trece primeros volúmenes
-de _Poesías_ de Zorrilla. Del _Trovador_ de García Gutiérrez y
-_Los Amantes de Teruel_ de Hartzenbusch, si aparecen las ediciones
-primitivas, se confunden en los montones de comedias que se venden por
-lotes, con las más recientes, y se cotizan a veces a menor precio que
-las que acaban de aparecer, porque «son viejas». Las primeras obras
-de Campoamor corren igual suerte. En la época romántica se fundaron
-las «Galerías dramáticas», y creo que el editor Delgado fué el primero
-que intentó el negocio. Hasta entonces, y sobre todo en los siglos
-XVII y XVIII había habido impresores que coleccionaban preferentemente
-comedias y las imprimían a dos columnas. Aun aparecieron impresas así
-las de Moratín y las tragedias de Jovellanos y Quintana. Luego se
-adoptó para comedia el 16º; así aparecieron las primeras de Bretón de
-los Herreros, y al fin se agrandó la forma, estableciendo la primera
-galería el tamaño corriente y el formato que hoy se usa para las obras
-teatrales. Así como ahora lo que sobra en las galerías son títulos,
-al principio faltaban, y para presentar un catálogo copioso de obras
-nuevas y nombres nuevos, Delgado ofrecía buenas pesetas por todas las
-obras que le llevaban los principiantes. Imprimía los originales sin
-leerlos siquiera. Sólo así se concibe que hayan llegado a publicarse
-muchas obras entre las cuales me ha llamado la atención, y no por sus
-bellezas, una de Campoamor, que debió escribir el poeta cuando tenía
-quince años. Se vivía en aquel mundo literario en una inocencia
-arcádica. La Prensa aplaudía las fogosas redondillas y los ingenuos
-sonetos. El bisoño Orfeo, recién llegado de provincia, encontraba un
-colega cortesano que le presentase a un editor; las tentativas se
-estimulaban; de una tertulia salía con frecuencia un nombre nuevo:
-el público se dejaba seducir por aquellas fascinaciones. Un epigrama
-daba la vuelta a la ciudad, y una poesía solía conquistar la buena
-voluntad de un ministro. Renduel no existía, ni Lemerre tampoco; pero
-algo semejante animaba en España a los excelentes hijos de Apolo. Es
-de lamentar que un Valera no deje escrita la historia íntima de la
-literatura española de este siglo. Sería muy interesante ver cómo se
-producen y se agitan las corrientes por un momento dominadoras de todo
-y que desaparecen en este país nervioso, impresionable y de mil faces.
-
-Don Wenceslao Ayguals de Izco quizá fué el primer editor literario de
-empresa. Don Wenceslao acometía la novela, se lanzaba por la poesía,
-autor fecundo y atrevido; dirigió un periódico, _la Risa_, en que
-escribieron todos los famosos de la época, y supo fundar un negocio de
-publicidad en grande escala; falsificó en castellano _Los Misterios
-de París_ y el espíritu de Sué, con su _Hija de un jornalero_ y su
-_Marquesa de Bella Flor_.
-
-Gaspar y Roig y Ángel Fernández de los Ríos hicieron bibliotecas
-ilustradas del tamaño y forma de los _magazines_, y a ellos se debe
-en gran parte el sostenimiento de la cultura literaria, pues hicieron
-traducir y publicaron muchas obras francesas e inglesas con buenas
-ilustraciones intercaladas en el texto y a precios hasta entonces
-desusados. Asimismo alternaban con los extranjeros Espronceda y
-el duque de Rivas, Carolina Coronado y Fernández y González. En
-competencia con los _cuadernos_ cultos de la Biblioteca Universal
-y de la Biblioteca Gaspar, aparecieron las entregas de novelas de
-un género especial. Era el desborde de la fantasía endiablada de
-Fernández y González, el torrente sentimental de Pérez Escrich, la
-honesta narración «a la papá» que humedeció los pañuelos de varias
-generaciones en España y América, y a cuyo recuerdo aun suspiran las
-porteras agradecidas. Ambos novelistas ganaban muchas onzas de oro y
-enriquecieron a sus editores. Pero la novela por entregas también pasó,
-al vuelo del tiempo, y el honrado Escrich murió en la pobreza después
-de cazar mucho y escribir otro tanto, pues su vida en la Corte se
-deslizó como canta una quintilla suya:
-
- Escrich es un cazador
- Que pasa días felices
- Persiguiendo con ardor
- En el campo a las perdices
- Y en Madrid al editor.
-
-Como en Valencia durante muchos años la Biblioteca de Cabreziro hacía
-buena obra publicando libros de mérito, más tarde en Barcelona La
-Maravilla dió al público novelas e historia a precios reducidos, y
-alcanzó popularidad. Por allí salieron a mezclarse con el pueblo
-español Walter Scott y Dumas el viejo. No hay duda de que del año de
-1840 al 1860 se publicaba y leía más en la Península que lo que ahora
-se publica y se lee. Los editores de Barcelona que hoy trabajan mucho,
-lo hacen de modo principal para la exportación y con escaso cuidado.
-En Madrid apenas hay editores literarios. Las bibliotecas económicas
-de vulgarización a dos reales aumentan y producen continuamente. La
-primera fué la de Pi, la Biblioteca Universal, hecha por el patrón
-de la francesa del mismo título, aunque a precio duplicado (la
-Bibliothèque Universelle sólo cuesta veinticinco céntimos); siguióla en
-Valencia la Biblioteca Selecta y en Barcelona la Biblioteca Diamante.
-Antonio Zozaya intentó cuerdamente su Biblioteca Filosófica--también
-a dos reales--y dió a conocer al gran público, cierto que como en un
-botiquín, a los filósofos antiguos y modernos, desde Aristóteles hasta
-Schopenhauer.
-
-No dejaré de recordar el impulso que dió a las obras ilustradas,
-con sus libros bien presentados y económicos, el editor Cortezo,
-barcelonés, en su Biblioteca de Artes y Letras, con encuadernaciones a
-la inglesa, y sus buenos grabados; a tres pesetas volumen, dió mucho
-bueno. La Biblioteca franco-española y el Cosmo editorial inundaron
-el país de traducciones, por lo común mediocres y malas; una importó
-al divino Montepín, a la otra se le debe agradecer la presentación de
-Zola. Lázaro y Galdeano, director de la _España Moderna_, y de quien ya
-os he hablado, hombre de buen gusto y de fino tacto, ha invertido una
-fortuna en traducciones. Al comenzar en París la _Collection Artistique
-Guillaume_, Sanz de Jubera quiso aquí imitarla. Error. El fracaso vino
-luego. Editores de novela como Charpentier, o de poesía como Lemerre no
-hay en España ninguno. El editor Cortezo intentó fundar en Barcelona
-una biblioteca de novelas contemporáneas, pero tuvo que abandonar
-la empresa. El problema es sencillo. Los editores quieren firmas
-reputadas, nombres hechos, quieren la seguridad de la venta, la salida
-del producto. Los jóvenes, y entre ellos muchos que acudirían a formar
-esa biblioteca, no son recibidos, y, cuando publican uno que otro
-trabajo, lo hacen por cuenta propia. Ello no es nuevo. Pérez Galdós,
-Pardo-Bazán, Palacio Valdés, que antes de ser conocidos tuvieron que
-publicar ellos sus obras, se han acostumbrado a eso, y ahora, ya
-célebres, no se resignan a sufrir la tutela de Shylock de un editor.
-¿Qué ventaja le reportaría al señor Pereda, por ejemplo, un editor que
-le diera de sus obras menos de lo que ahora le paga Suárez, que se
-las administra por un 35 por 100? Si cuando empezaban esos escritores
-hubiese habido un editor de comprensión y talento que les acogiese y
-ayudase, como Charpentier a Zola, a Daudet, a Goncourt, estarían todos
-unidos ahora a la sombra de un buen árbol editorial, que a su vez se
-habría nutrido de rica savia y sería amparo siempre de los nuevos. Aquí
-el editor no quiere hacer obras, sino ser contratista de obras hechas.
-
-La guerra, el desastre, han traído ahora un movimiento que algo hace
-esperar para mañana, o para pasado mañana. No hay que olvidar que los
-ingleses llaman a esto _the land of «mañana»_. Se ha producido algo
-más en estos tiempos que antes de la _Débâcle_, en novela, estudios
-sociales, crítica, anuarios, etc. Han aparecido nombres nuevos, y los
-mismos nombres viejos han aparecido como con un barniz nuevo. No hablo
-de la producción catalana, que cuenta con el libro de arte en fondo y
-forma; _L'Avenç_, por ejemplo, no tiene nada que envidiar a Empresas
-como el _Mercure de France_, o la de Deman, de Bruselas. Tal es la
-actual España editorial.
-
-Allí entre nosotros solemos quejarnos. Yo ya no me quejo. Aguardemos
-nuestro otoño. ¡Oh! argentinos, creed y esperad en ese gran Buenos
-Aires.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- NOVELAS Y NOVELISTAS
-
- [Ilustración]
-
-
- 24 de julio.
-
-ACABA de publicar don Juan Valera una novela nueva, _Morsamor_. Hace ya
-días que el libro ha aparecido, y la crítica «oficial»[2] no ha dicho
-una sola palabra, si se exceptúa el saludo de Cávia al aristocrático
-y veterano autor de _Pepita Jiménez_. Don Juan Valera se encuentra, a
-pesar de su ceguera y de los ataques del tiempo, en una ancianidad que
-se puede llamar florida.
-
- [2] La crítica «oficial» ha hablado por boca de don Leopoldo
- Alas: «Valera no es como los pedantes Flaubert y France...»
-
-Hablando de un argentino, en cuyos largos años ha nevado ya mucho, pero
-que se conserva maravillosamente, decía José Martí: «Es un lirio de
-vejez». El aspecto de don Juan Valera dice la salud y la paz mental.
-Hace algunos meses presidió, con sus ojos sin luz, una sesión pública
-de la Real Academia; Menéndez Pelayo le leía el discurso, y parecía
-que, con suave sonrisa y leves movimientos de cabeza, Valera se
-aprobase a sí mismo, al correr los períodos cristianamente fluviales de
-su prosa académica. Tiene muy feliz memoria, y su conversación es de
-aquellas que encantan. Sus sábados han sido famosos entre las gentes
-de letras. La muerte ha raleado algo el grupo de sus contertulios. En
-siete años, encuentro de menos al duque de Almenara, a don Miguel de
-los Santos Álvarez, a varios más que tuve la honra de conocer en la
-casa de la Cuesta de Santo Domingo.
-
-El joven don Luis, hijo de don Juan, se ha casado con una hija del
-duque de Rivas, nieta del autor del _Don Álvaro_ y de los _Romances_,
-la cual solía asistir a las reuniones literarias de los Sábados. La
-casa de Valera es la de un hidalgo noble de estirpe y de pensamiento.
-Que los bríos del escritor se sostienen, lo dicen la constancia en la
-labor y el mantenimiento de la bella virtud del entusiasmo. El nombre
-de Valera es conocido en toda Europa; se le ha traducido mucho. Antes
-que las heroínas de las novelas de Armando Palacio Valdés fuesen
-luciendo su garbo español por el extranjero, ya la «señorita» Pepita
-Jiménez «andaba en lenguas» por el mundo. Tiene conquistadas el ilustre
-maestro generales simpatías y el respeto de todos. Si algo ha podido
-hacerle daño, ha sido su extremada benevolencia en ciertos casos,
-aunque se defiende casi siempre con una delicada ironía. Ha hecho mucho
-por hacer conocer aquí las letras americanas. Sus célebres _Cartas_ son
-de ello buena prueba.
-
-A pesar del cansancio natural que produce este estilo común a todos
-los escritores peninsulares--hoy en vías de adquirir, por los nuevos,
-flexibilidad y variedad--, la prosa de Valera se lee con el agrado que
-se deriva de su inconfundible distinción. Su lengua trasparente deja
-ver a cada paso la arena de oro del castizo fondo, y en su manera, de
-una elegancia arcaica, de una gracia antigua, se observa siempre el
-gesto ducal, el aire nobiliario. Como Buffón, él también posee sus
-_manchettes_, con la diferencia de que no se las tiene que poner para
-escribir, porque no se las ha quitado nunca. Se le ha observado su
-apego por asuntos de cierto picor erótico; y ha habido quienes se hayan
-escandalizado de sus llamadas libertades. En realidad no es el hecho
-para tanto.
-
-No son las suyas sino figuras de pecado que pueden circular sin temor
-entre el concurso de las «honestas damas» de nuestro tiempo, de las
-cuales habría él sido, si le hubiese venido en deseo, el incomparable
-cronista, el Brantome enguantado de piel de Suecia. Buena cantidad de
-pimienta y demás aromas y picantes especias hay en el tesoro clásico
-de novelas ejemplares y picarescas, para que no puedan aparecer hoy,
-mostrando sus naturales gracias, mujeres españolas de cepa autóctona y
-de indiscutibles atractivos, como Pepita Jiménez, Juanita _la Larga_,
-Rafaela _la Generosa_. Don Juan es autor de formas y de fórmulas.
-
-No varían mucho de las de fray Luis de Granada. Esto es una curiosidad
-y hasta cierto punto un mérito. Se cree aquí que los americanos
-estamos imbuídos exclusivamente en la literatura francesa, sin
-saber que nos hacen su visita provechosa todas las literaturas
-extranjeras. Se entiende que hablo de Buenos Aires. Sin salir de
-nuestro periodismo--guardando las distancias--no se sospecha que hay un
-Ebelot, francés, un Ceppi, italiano, y en sus puestos consiguientes,
-un Loweinstain, inglés, un Clímaco Dos Reis, portugués, que escriben
-castellano en nuestros periódicos _sin que se les note el acento_.
-
-Y, consagrando el purismo, se habla con respecto al castellano de
-América y en especial del de la República Argentina, con espanto
-castizo, con horror académico, para venirnos, por opinión de su más
-conspicuo crítico, con que don Juan Valera, a quien estimamos y
-admiramos en su legítimo valer, es superior en algún punto a Flaubert o
-a Anatole France.
-
-Esto no es una excepción. Ya os he dicho que un espíritu tan informado
-y sutil como doña Emilia Pardo-Bazán no ha vacilado en hacer de
-Víctor Hugo un émulo de Campoamor. Por lo general, aquí se compara lo
-propio con lo extranjero, cuando no con aire de superioridad, con un
-convencido gesto de igualdad. No se dan cuenta de su estado actual.
-
-No se dan cuenta de que quitando a Cajal y a algunos dos o tres más en
-ciencias, y a Castelar en su rareza oratoria, no les conoce el mundo
-más que por sus toreros y sus bailaoras. Pongo naturalmente a un lado
-a los pintores. Y esto no es sino lo que oigo decir y reconocer por
-hombres de pensamiento imparcial y sin preocupaciones, que desean para
-su hermoso país una renovación, un cambio, una vuelta a la pasada
-grandeza. Decía, pues, que uno de los incondicionales méritos del
-eminente Valera estriba en su anticuada gracia estilística, en su
-impecabilidad clásica, en ese purismo que hoy combaten humanistas como
-Unamuno. Ciertamente, leído a pocos, saboreado a sorbos, ese estilo
-agrada, pero después de varias páginas, el cansancio es seguro. Esto
-llega hasta lo insoportable en el santanderino Pereda, el hombre
-del «sabor de la tierruca» que para decir los restos de la comida
-dice «los relieves del yantar». Le censura a Valera cierta crítica
-quisquillosa, su tendencia a la rica mina amatoria, su hasta cierto
-punto complacencia erótica. El amor le subyuga, es claro, como a todo
-artista. Las gafas del censor en este caso deberían hacer leer bajo el
-simulacro del Dios los conocidos versos del señor de Voltaire:
-
- _Qui que tu sois, voici ton maître;
- Il l'est, le fut, ou le doit être._
-
-Valera se deleita, es verdad, en asuntos de esta clase, pero lo
-hace con tanta discreción y, sobre todo, con tanto talento, que sus
-historias desnudas o semiveladas se escuchan como la relación perfumada
-y sugestiva brotada del anecdotario de un abate galante. Más atrevida
-es doña Emilia Pardo-Bazán, y sus novelas adquieren en sus pasajes
-escabrosos doble sabor por venir de fuente femenina.
-
-Doña Emilia, mujer de vasta cultura, muy conocedora de literaturas
-extranjeras y escritora fecunda, es también bastante famosa fuera
-de España. Naturalista, desde los buenos tiempos del naturalismo,
-ha permanecido en su terreno realizando el curioso maridaje de un
-catolicismo ferviente y una briosa libertad mental. Ha escrito la
-novela gallega y la novela de la corte, ambas con el conocimiento
-directo del asunto a que su vida de alta dama de Madrid y terrateniente
-de La Coruña le ha ofrecido campo. Sus últimas novelas han tenido menos
-resonancia que las primeras, sin motivo especial, pues sus cualidades
-de vigor y brillantez son las mismas. Cuenta con gran habilidad, y es
-uno de los primeros cuentistas españoles actuales.
-
-Armando Palacio Valdés puede asegurarse que escribe para el extranjero,
-para ser traducido. Su clientela está en Londres, en Nueva York, en
-Boston, no en Madrid. Se me asegura que cuando publica un libro no
-manda ejemplares a la Prensa madrileña, sino con raras excepciones.
-No se señala ciertamente por calidades de estilo, y se conoce que no
-tiene grandes preocupaciones de arte; pero narra con verdad y color y
-sobre todo es un gran técnico, un constructor de primer orden. Por otra
-parte, el autor de _El Origen del Pensamiento_ no está por descubrir
-como un fuerte talento, como una de las más hermosas figuras de la
-España intelectual.
-
-El famoso don Benito Pérez Galdós ha vuelto a cavar en la antigua mina
-de _Episodios Nacionales_; convertido en el Charpentier de sí mismo, se
-ha industrializado y fabrica de un modo prodigioso. Casi no hay mes sin
-episodio, y el público observa que la ley de antaño era otra. A pura
-novela se ha construído un elegante hotel en Santander y es hombre de
-fortuna.
-
-Era tiempo de dedicarse a la labor _para sí mismo_, como me decía Jean
-Paul Laurens de la pintura, a la obra de arte y de idea en que el alma
-ponga toda su esencia, en la libertad del soñado y perseguido ideal.
-
-Don José María de Pereda, propietario de una fábrica de jabón,
-descansa en sus conquistas. Regionalista rabioso, su mundo se concentra
-en el Sardinero o en Polanco; su estética huele a viejo, su cuello se
-mantiene apretado en la anticuada almidonada golilla. Es un espíritu
-fósil, pero poco simpático a quien no tenga por ideal lo rancio y lo
-limitado. Hay que leer esa _Sotileza_ que han traducido al francés,
-hay que leerla en el idioma extranjero para ver lo que queda en el
-esqueleto, despojada de sus afectaciones de dicción: un colosal y
-revuelto inventario.
-
- * * * * *
-
-El valenciano Blasco Ibáñez es fuerte, enérgico, sencillo como un buen
-árbol; lleva como la esencia de su tierra y en su rostro el reflejo
-de un atávico rayo morisco. _La Barraca_ le ha colocado recientemente
-entre los primeros novelistas españoles. Es joven, y los vientos de la
-política le han envuelto. Como diputado a Cortes ha hecho bien sonoras
-campañas, con mayor felicidad que el francés Barrès y el italiano
-D'Annunzio. Cierto es que lo que menos hay en él es un esteta, en
-el buen sentido de la palabra, porque aquí tiene uno muy malo. Sí,
-Blasco Ibáñez es el hombre natural, de su país de flores y fierezas,
-de cantos y bizarrías, y su alma sincera y sana va por la vida con
-una libertad aquilina. Y tiene ese potente varón de lucha el pecho de
-un sensitivo. Como a todos los pensadores contemporáneos, preocúpale
-el áspero problema del hombre y de la tierra y está naturalmente con
-los de abajo, con los oprimidos. En sus palabras del Parlamento como
-en sus escritos, se manifiesta su continua ansia de combate. En _La
-Barraca_ se exterioriza en las musculaturas del estilo uno de esos
-espíritus de gladiador, o de robusto constructor, a la Zola. La onda
-mental corre sin tropiezos con un ímpetu de fecundación que denuncia la
-original riqueza. Libros como ese no se hacen por puro culto de arte,
-sino que llevan consigo hondos anhelos humanos; son páginas bellas,
-pero son también generosas acciones y empresas apostólicas. Pinta con
-colores de vida escenas de su tierra que para el lector extranjero son
-de un pintoresco interesantísimo. Es la «huerta», trozo paradisíaco,
-rincón de amor y de vigor, saturado de energías primitivas, y en donde
-la Naturaleza pone por igual en el hombre dulzuras y rudezas. En esa
-tierra es en donde cantan las dulzainas sus sones de reminiscencias
-africanas y las muchachas danzan llenas de sol. Alrededor de la barraca
-surgen, en la obra de mi eminente amigo, tipos bañados de sombra y
-luz, en aguas fuertes de una hermosa intensidad. Es el desgraciado
-tío Barret, el asesino de don Salvador el terrateniente; es esa alma
-salvaje de Pimentó, y su mujer, la Pepeta, que en la narración, en
-medio de su revuelo de pájaro zahareño, se enternece de maternidad; es
-la figura graciosa y buena de Roseta; y sobre todo, la vigorosa persona
-de Batiste, fiero y alto ante el peligro, pero vencido al fin por una
-funesta fatalidad; todo en una sucesión de cuadros, que encantan o se
-imponen en su valor de verdad a punto de contagiar de angustia o de
-sufrimiento; tal la muerte del hijo de Batiste, la de Pimentó, y el
-incendio de la Barraca, en el cual, sin pecado, creo sentir un potente
-aliento homérico.
-
-Blasco Ibáñez es de contextura maciza, cabelludo y de bravas barbas,
-ojo fino que va a lo hondo, amable o terrible: su conversación es, sin
-penachos meridionales, franca y vivaz; es un _bon garçon_ ese soldado
-de tormentas. Por lo de Montjuich ha luchado con entusiasmo, en unión
-de otros dos escritores, Dionisio Pérez, redactor de _Vida Nueva_,
-novelista cuyo _Jesús_ ha tenido cierta resonancia tanto en España como
-en América, también hombre de combate y de talento tesonero, y Rodrigo
-Soriano, cuyo nombre _La Nación_ ha hecho conocer en Buenos Aires;
-carácter de irresistible simpatía, autor de libros varios sobre asuntos
-distintos, pues si hace cuentos encantadores, sus críticas artísticas
-son de interés y amenidad notorios, como sus artículos de periodista;
-y en todo una fácil manera, un estilo de escritor mundano, al tanto
-de todo lo que pasa en el extranjero, cosa rara aquí; un diletantismo
-discreto y un innegable tono personal. Su amistad con Emilio Zola es
-sabida; y el ilustre maestro le ofreció asistir al _meeting_ proyectado
-en San Sebastián, en favor de la revisión del proceso de Montjuich.
-Otros novelistas buscan también vías nuevas.
-
-Un distinguido amigo escritor me manifiesta que la novela española
-no existe hoy, como la francesa, la inglesa, la rusa. ¿Por qué?
-«Porque las costumbres españolas comenzaron a perderse a fines del
-siglo XVII, y la novela fundada en las costumbres no tiene carácter
-nacional si aquéllas no son propias, nacionales. Habría que remontarse
-a los clásicos para encontrar «costumbres», y, por consiguiente forma
-especial del género novelesco. Acaso el triunfo de Alarcón, y, sobre
-todo, el de Pereda, estriban sólo en esa cualidad: sus obras tienen
-mucho de la tierra en que se formaron. Lo mismo podría decirse de
-Fernán Caballero». No creo lo propio. En la literatura universal los
-españoles tienen ese aislado tesoro que se llama la novela picaresca,
-hoy ciertamente olvidado. Pero si es verdad que los novelistas de
-España, del siglo XVIII a esta parte, han sido influídos por corrientes
-exteriores, academicismo, romanticismo, _bon sens_, socialismo,
-realismo, naturalismo, psicologismo, etc., a través de la imitación ha
-permanecido visible el carácter nacional. Larra mismo fué tentado por
-Walter Scott, y ¿quién más español que él, a pesar de su conocimiento
-de literaturas extranjeras? Justamente ha escrito don Juan Valera a
-quien estas líneas traza:
-
-«Todos tenemos un fondo de españolismo que nadie nos arranca ni a
-veinticinco tirones. En el famoso abate Marchena, con haber residido
-tanto tiempo en Francia, se ve el español: en Cienfuegos es postizo
-el sentimentalismo empalagoso a lo Rousseau, y el español está por
-bajo. Burgos y Reinoso son afrancesados y no franceses. La cultura de
-Francia, buena y mala, no pasa nunca de la superficie. No es nada más
-que un barniz transparente, detrás del cual se descubre la condición
-española». Fernán Caballero realizó la novela andaluza, junto a los
-admirables cuadros de Estébanez y Mesonero Romanos. Hoy mismo, las
-novelas de Salvador Rueda y Reyes son puramente andaluzas. La novela
-gallega nos la ha dado, aun vestida con modas extranjeras, la egregia
-doña Emilia; la novela vasca tendría su sola representación con esa
-admirable y fuerte _Paz en la Guerra_, de Miguel de Unamuno. Existe,
-pues, no solamente la novela española, de Galdós, Palacio Valdés,
-Valera o Alas, sino la novela regional.
-
-Hubo un tiempo en que reinó el folletín. Eugenio Sué tuvo su _doble_,
-en Madrid, en don Wenceslao Aicuals de Izco. _Los Misterios de París_
-se multiplicaron en _María o la Hija de un Jornalero_ y en la _Marquesa
-de Bella Flor_. El socialismo romántico de entonces encontró excelente
-campo de este lado de los Pirineos. Luego vino la época de aquel buen
-Pérez Escrich, que causó muchos llantos a nuestras madres y abuelas,
-pues la inundación de entregas sentimentales no fué tan sólo en la
-Península, sino que recorrió la América entera. Lo propio daba el _Cura
-de la Aldea_, que el _Mártir del Gólgota_, o la _Mujer Adúltera_. Tras
-él vino Antonio de Padua, caro a las modistas y señoritas ansiosas de
-ensueños burgueses. Y otros de la misma harina que encontraron fácil
-la explotación de esos antiliterarios filones. Puesto muy distinto es
-el de don Manuel Fernández y González, una especie de Dumas el viejo,
-fecundo y brillante de imaginación, productor incansable, tonel de
-cuartillas, al que la pobreza soltaba la espita, intrigador colosal y
-cuyo espíritu galopante no deja de encenderse de tanto en tanto con
-bellas chispas de arte.
-
-El diluvio de entregas pasó. Algunos libros aparecieron de corta
-extensión, como los de las bibliotecas francesas. Eran _El Escándalo_,
-de Alarcón, y la _Pepita Jiménez_, de Valera. La literatura recobraba
-su puesto, así fuese en aislados esfuerzos. Alarcón, escritor de hábil
-inventiva, sutil y emotivo, causó gran impresión con su novela de
-espíritu hondamente conservador, o _neo_, como aquí se dice, a la cual
-novela habría de oponerse, en un combate de doctrina moral más que de
-ideología, la _Doña Perfecta_, de Galdós. Valera asimismo se impuso
-desde luego por la delicada elegancia de su manera, por la resurrección
-de antiguos prestigios nacionales, por el abolengo impoluto de su
-estilo. Valera tenía la gracia, Galdós conquistó con la fuerza. Pereda,
-que publicara sus _Escenas montañesas_ desde 1894, no tuvo verdadera
-resonancia sino muchos años después. _Pedro Sánchez_ y _El Sabor de
-la Tierruca_ señalan el principio de su renombre. Después llegaron
-la Pardo-Bazán, Leopoldo Alas, Armando Palacio Valdés. Se creaba ya
-la novela de ideas. Al surgir victoriosos esos nombres, un grupo en
-que bien podía haber un talento igual, mas no certera orientación, se
-presentaba, en el deseo de hacer algo nuevo, de encauzar en España
-la onda que venía de Francia. Era la época del naturalismo. Nadie
-se atrevería a negar el valer mental de López Bago, de Zahonero, de
-Alejandro Sawa; pero la importación era demasiado clara, el calco
-subsistía. López Bago, en cuya buena intención quiero creer, tuvo un
-pasajero éxito de escándalo y de curiosidad. Sus obras eran abominadas
-por los pulcros tradicionalistas y por los mediocres que le envidiaban
-su buen suceso. Se trataba de verbosos análisis, de pinturas de vicio,
-escenas burdelescas, figuras al desnudo y frases sin hoja de parra.
-Zahonero siguió un naturalismo menos osado. Sawa, muy enamorado de
-París, y más artista, se apegó a los patrones parisienses, y produjo
-dos o tres novelas, que aun se recuerdan. Alejandro Sawa es un escritor
-de arte, insisto, y el naturalismo no fué propicio a los artistas: era
-una literatura áptera.
-
-He de hablar de Silverio Lanza, un cuentista muy original, cuyo nombre
-es escasamente conocido. Sin perder el sabor castizo que suele aparecer
-con frecuencia en sus narraciones, este escritor tiene todo el aire
-de un extranjero en su propio país. Es un humorista al propio tiempo
-que un sembrador de ideas. Pero en su humor no encontraréis mucho el
-chiste nacional, sino el _humor_ de otras literaturas. Su ideología
-se agria de cierta aspereza al rozar problemas que se relacionan con
-defectos y tachas de su misma patria. «Y si habla mal de España, es
-español», dice Bartrina en uno de sus versos. Pero no es este el caso.
-Es que se trata de un hombre de pensamiento que se subleva ante las
-desventajas de su patria en comparación con otras naciones, a las
-cuales desearía sobrepasase en el camino del progreso humano, ante los
-vicios característicos que habría que combatir, y los inconvenientes
-de educación que habría que subsanar. Silverio Lanza es un hombre de
-guerra. Se ha repetido el caso de Stechetti y Olindo Guerrini. Olindo
-Guerrini en esta vez se llama en España Juan Bautista Amorós. Entre sus
-libros, sobresalen _Cuentecillos sin importancia_, _Ni en la vida ni
-en la muerte_ y los _Cuentos políticos_. Recientemente Ruiz Contreras
-ha tenido la acertada idea de llamarle a la _Revista Nueva_, en donde
-sus cuentos ofrecen como antes,--extrañamente vertebrados, llenos de
-oscuridad que seduce, enseñadores de atormentadas gimnasias de estilo,
-al decir mucho en cortas oraciones, incoherentes con premeditación,
-y teniendo siempre a su servicio la mitad del Genio,--compañera del
-Ensueño, la Ironía. El director de esa revista me decía que a su sentir
-era Lanza «acaso el más fuerte y el más arrojado. Silverio Lanza no
-ha sufrido la menor decepción. Desde que publicó la primera obra, _El
-Año triste_, no ha cambiado una sola vez de senda. Es un carácter,
-un hombre, una inteligencia superior, y triunfará, logrando ser en
-la literatura española un personaje aislado sin antecesores y acaso
-también sin descendientes». Lo creo. La libertad por él proclamada
-con el ejemplo, que ha hecho resaltar en esta literatura de estilo
-uniforme--hablo en general--o uniformado, para decirlo mejor, su
-inconfundible individualidad, dará aquí buenos frutos, cuando el
-aire circule, cuando el aliento universal pase bajo estos cielos; el
-individualismo traerá consigo--y ya empieza a iniciarse, después del
-desastre--una floración flamante y saturada de perfumes nuevos.
-
-Al paso observo un pequeño huerto bien cultivado, lejos del parque
-inglés de Palacio Valdés, de las granjas montañesas de Pereda y Galdós
-y de la rica quinta gallega de doña Emilia. El huerto es de José M.
-Matheu, cuyas excelentes cualidades de novelador son reales. Este es
-un modesto; se ruboriza de la audacia. Suave y metódicamente ha creado
-unos cuantos caracteres que ha alojado en sus libros, en donde si esas
-buenas notas resaltan, falta en cambio la divina virtud de la ironía,
-el culto del arte de la frase, las cambiantes estaciones del estilo.
-
-Ortega Munilla, creo que, demasiado entregado a la política, ha
-permanecido sin producir un solo libro desde hace algún tiempo. De
-cuando en cuando florece su ingenio en algún cuento, que recuerda
-al vibrante narrador de otros días, el novelista de conciencia y el
-prosista aquilatado. ¿Taboada? A Taboada también hay que contarle ya
-entre los novelistas. El paso de la narración corta a la novela lo
-ha hecho, como sus semejantes, Mark Twain y Alphonse Allais. Este
-gracioso de España como el clownesco yankee y el incoherente francés,
-ha obtenido un enorme éxito con su obra después del continuado éxito
-periodístico de cuentos y crónicas desopilantes. Su mérito no puede
-ponerse en duda. Es una originalidad. Es el cronista incomparable de la
-vida cursi. Su _Viuda de Chaparro_ se ha casi agotado en pocos días.
-Hace reir, con un si es no es de amargor, que, en verdad, merece su
-latín. Aquel de Ovidio, si gustáis:
-
- _...medio de fonte leporum
- Surgit amari aliquid..._
-
-La novela de Unamuno, _Paz en la Guerra_, es de esas obras que hay que
-penetrar despacio; no en vano el autor es un maestro de meditación, un
-pensativo minero del silencio. Es la novela un panorama de costumbres
-vascas, de vistas vascas, pero es de una concentrada humanidad que se
-cristaliza en bellos diamantes de universal filosofía. El profesor de
-Salamanca es al mismo tiempo el euskalduna familiar con la tierra y el
-aire, con el cielo y el campo. Su pupila mental ve transparentemente
-el espectáculo de la vida interior en luchas de caracteres y pasiones,
-en el olear de la existencia ciudadana o campesina. Sus figuras las
-extrae como de bloques de carne viva; y es un poderoso manejador de
-intenciones, de hechos y de consecuencias. Y en su manera no hay
-ímpetus, no hay relámpagos.
-
-Tranquila lleva la pluma, como quien ara. Para leerle, al principio
-se siente cierta dificultad: pero eso pasa presto para dar lugar a un
-placer de comprensión que nada iguala. Este es uno de los cerebros
-de España, y una de las voluntades. Lo que su paisano de Loyola,
-San Ignacio, enseñó con sus _Ejercicios_ a Maurice Barrès, él lo ha
-aprendido en los ejercicios de su alma, en la contemplación de la vida,
-en su tierra honorable y ruda con la rudeza de lo natural y de lo
-primitivo incontaminado y sano. Antes he amado, por innata simpatía, a
-esos hombres fuertes de Vasconia, que adoran su cielo y su tierra feraz
-y su libertad, en la conservación de una vida de grandeza antigua, que
-cantan tan sonoras canciones de meditación y amor y danzan tan bizarras
-danzas; marineros, herreros, campesinos, nobles todos, veneran un árbol
-y han tenido un bardo como Iparraguirre; pero jamás he comprendido el
-alma vasca como cuando me he impregnado de las páginas de Unamuno. El
-amor allí tiene el hervor de la prístina savia; los elementos conspiran
-para la fraternidad con el hombre, la tierra besa a la carne, la savia
-se une a la sangre; el abrazo, la cópula, debía ser como un sacramento,
-o como ley sagrada. Son razas poseedoras de la serena energía, de la
-fuerza donada por los viejos dioses, esa ilustre fuerza que saluda
-Gladstone junto al árbol de Guernica, que pinta Puvis de Chavannes, y a
-la cual invoca el canto cuando, en su Provenza, Mistral empuña ante el
-concurso conmovido la simbólica copa.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LOS INMORTALES
-
- [Ilustración]
-
-
- 22 de septiembre de 1899.
-
-PRONTO aparecerá la nueva edición del Diccionario de la Real Academia
-Española. La casa editorial de Hernando da la última mano al grande
-y lujoso mamotreto. El señor Echegaray ha explicado ya en la Prensa
-muchos de los nuevos términos científicos que la Corporación ha
-decidido adoptar. Dentro de poco el _volt_ se llamará voltio y
-el _culomb_ culombio. En cuanto a la palabra _trolley_, queda
-sencillamente convertida en trole, como hace muchos días tuvo la
-amabilidad de comunicármelo mi eminente amigo Eugenio Sellés. Ignoro si
-el _presupuestar_ de Ricardo Palma tendrá cabida esta vez en el léxico.
-Mas lo cierto es que hay novedades, y es posible que el chistoso
-pedante de Valbuena prepare otra «fe de erratas». Veremos lo que se
-limpia, lo que se fija y lo que se da de esplendor, para recordar
-nuestro Horacio y su _jus et norma loquendi_.
-
-Estos inmortales cumplen con su deber conservador sobre todo; de las
-tres partes del lema prefieren el fijar. Sus sesiones parecen de una
-amenidad muy discutible. Ha pasado ya de moda el murmurar de sus hechos
-y gestos. En Francia todavía las palmas verdes y el espadín provocan
-una que otra ocurrencia. Aquí es poco decorativa la representación,
-y un libro no se vende más porque el autor pueda poner debajo de su
-nombre: _De la Real Academia Española_. La labor de los excelentísimos
-e ilustrísimos, fuera de las papeletas del Diccionario, es poco activa:
-la publicación de algunas obras, como las que dirige Menéndez Pelayo, y
-la adjudicación de varios premios.
-
-La Real Academia se fundó en 1713, y trece años después apareció el
-primer tomo del Diccionario; otros trece años pasaron para que pudiesen
-publicarse los otros cinco de aquella primera edición. El rey ordenó
-que se diesen a la Academia mil doblones al año. Aprobada por Felipe V,
-logró especiales concesiones. Los académicos quedaban en cierto modo
-y para ciertas ventajas iguales a la servidumbre de la Real Casa. En
-1793 se les favoreció con la renta anual de 60.000 reales. Desde 1793
-tuvo su local, en la célebre casa de la calle Valverde, hasta que hace
-poco tiempo se ha instalado en edificio especial que hizo construir con
-propios fondos.
-
-Los inmortales de Francia son cuarenta; los de España sólo llegan a
-treinta y seis, sin que yo sepa el motivo. Lo que no cabe duda es que
-el sillón 41.º de Houssaye, que aquí corresponde al 37.º, existe en la
-academia del marqués de Villena como en la academia de Richelieu... No
-deja de haber aquí también su partido «de los duques». La política no
-anda asimismo muy alejada de las influencias que privan en el reino
-de la gramática. Ved un simple desfile de figuras. El director actual
-es el conde de Cheste. Muy viejo, antiguo militar, muy querido en la
-Corte; hace algún tiempo que no asiste a las sesiones académicas. El
-conde de Cheste dejará una obra extensa principalmente de traducciones.
-Hasta hace poco, obsequiaba a sus colegas con buenas comidas y
-candorosos versos. Secretario perpetuo es hoy don Miguel Mir, desde
-la muerte de Tamayo y Baus; censor, Núñez de Arce; bibliotecario,
-Catalina; tesorero, el marqués de Valmar; vocal administrativo, Sellés,
-e inspector de publicaciones Menéndez Pelayo.
-
-El marqués de Valmar es un verdadero aristócrata. Este viejo hidalgo,
-muy erudito, en sus primeros años literarios escribió para el teatro.
-Su obra más considerable es un estudio acerca de la poesía castellana
-en el siglo XVIII. Se le debe la publicación de las _Cantigas del Rey
-Sabio_. Su vejez se desliza entre libros y comodidades; es un caballero
-que ha sabido proteger, cuando ha podido, a los jóvenes de verdadero
-valer que le pedían su apoyo literario y social. Mucho le debe a este
-respecto el señor Menéndez Pelayo. Demás decir que el marqués de
-Valmar, noble y literato, ha pertenecido al cuerpo diplomático.
-
-Campoamor llevó su humor a la Academia. No sé que haya contribuído
-mucho a la cocina del Diccionario; pero si encontráis en la nueva
-edición algunas humoradas, creed que son suyas, a menos que no sean de
-don Juan Valera. Es de pensarse que en el secreto del ministerio, en
-lo más intrincado de la tarea filológica, sabrá poner una gota de su
-espíritu ático este marqués del estilo que habría sido amigo de Barbey.
-Más que los ratones de los estantes empolvados, le conocen las alegres
-liebres que, según Hugo, _telegrafían_ al buen Dios en las mañanas
-de primavera: _¡content!_ Por lo demás, Pepita Jiménez conversa muy
-amigablemente con fray Luis de Granada.
-
-Don Enrique de Saavedra, duque de Rivas, emparentado con don Juan
-Valera, es, sobre todo, el hijo de su padre. Su mayor título académico
-es ser obra de don Ángel, hermano por lo tanto de _Don Álvaro o la
-fuerza del sino_. La herencia espiritual no fué en este caso completa,
-y don Enrique es a don Ángel lo que Francisco o Carlos Hugo al César de
-los poetas franceses.
-
-Don Cayetano Fernández es un señor presbítero adobado de humanidades.
-Su candidatura a la Academia salió de Palacio. Ha sido el áulico
-profesor de las infantas viejas. Creo que ha escrito un volumen de
-_Fábulas morales_. Moral: _Timeo hominem unius libri_.
-
-Don Gaspar Núñez de Arce ilustra con su poesía el árido senado. Es el
-Sully-Prudhon de los españoles, o el José María de Heredia.
-
-Don Eduardo de Saavedra es ingeniero de caminos. Se le abrieron las
-puertas de la Academia por su ciencia, como a Lesseps. Dicen que tiene
-gran talento. Alcalá Galiano es otro hijo de su padre. Ha traducido a
-Byron, en verso. Ignoro si el sacrificio fué antes o después de entrar
-en la Academia.
-
-Don Mariano Catalina se distingue entre otras cosas por sus barbas
-rojas, y por sus ideas, que son completamente opuestas al color de sus
-barbas. Sus dramas valen mucho más de lo que se ha dicho de ellos. En
-ese reaccionario hay un varón de fibra. Le silbaron, injustamente,
-y se dedicó a otras cosas. Su manera es parecida y anterior a la de
-Echegaray, menos descoyuntada y más española; sus versos aceptables,
-es decir, malos. Es editor de la colección de escritores castellanos,
-que publica, entre otros libros importantes, la _Historia de las Ideas
-Estéticas_ y demás obras de Menéndez Pelayo.
-
-Don Marcelino entró muy joven en la Academia, como se recordará.
-Hiciéronle triunfar por una parte su saber enciclopédico y vasto,
-por otra su conocida filiación conservadora. No hay duda de que sus
-conocimientos son asombrosos: don Marcelino sabe más que todos los
-académicos juntos, y sus trabajos han sido y son los de un gran
-crítico, los de un verdadero sabio. La edición monumental de Lope y la
-_Antología_ lo demuestran.
-
-Pidal y Mon escribe correctamente.
-
-El señor Mir escribe con muchas intenciones académicas, y, como la
-mayor parte de los escritores de su país, se toma muy escaso trabajo
-para pensar. Siempre esa onda lisa del período tradicional cuya
-superficie no arruga la menor sensación de arte, el menor impulso
-psíquico personal. Ha publicado un libro en que se descubre sinceridad
-e independencia, libro antijesuítico y de largo nombre: _Los Jesuítas
-de puertas adentro y un Barrido hacia afuera de la Compañía de Jesús_.
-Escribe la historia de Cristo y memorias o monografías académicas; en
-lo académico suspiraréis por un poco de literatura o de sentimiento
-artístico, y en lo religioso es en vano buscar el espíritu de los
-antiguos místicos--única cosa que el académico español podía perseguir.
-
-Balaguer acaba de publicar uno de los innumerables volúmenes de que
-constan sus obras. No parece que le preocupen gran cosa los asuntos de
-instituto. Maestro en gay saber, vive mucho para las musas.
-
-Commelerán entró en la Academia en ocasión famosa. Se sabe que luchó
-con Galdós y que la candidatura del novelista fué pospuesta. Se
-escribió mucho con este motivo, y hubo enérgicas protestas. No veo
-tanto la razón. El señor Commelerán sabe más latín y más lingüística
-que el señor Galdós; es más útil en las tareas de la Academia. Además,
-el novelista debía entrar tarde o temprano. No estaba en el mismo caso
-de Zola... Commelerán es un incansable trabajador en sus estudios
-oficiales. Tuvo en un tiempo aficiones literarias y, apasionado de
-Calderón, hizo algo para el teatro, que no llevó a la escena. Publica
-ahora un gran Diccionario latino y libros de texto que son bien
-juzgados.
-
-Fabié es de una eminencia especial; para unos es un sabio; para otros,
-lo contrario de un sabio. No es digno, a mi entender, de lo uno ni de
-lo otro. En sus escritos se ve, además de la irremediable corrección,
-mucha cultura clásica y legítima solidez.
-
-Ha preferido en sus disciplinas, a lecturas insustanciales y nuevas,
-generalmente obras de segunda mano, el desempolvar pergaminos viejos en
-los rincones de archivos y bibliotecas; de ahí que la crítica histórica
-tenga en el señor Fabié uno de sus más serios representantes en España.
-
-Del señor Silvela diré que, hijo de un padre ilustre y hermano de
-otra notable inteligencia española, vale muchísimo más que lo que
-él se figura. Tiene atracción y un inmenso número de amigos que le
-siguen. Con todo, su política es mejor que su literatura, literatura de
-aficionado. Lo cual no quita que encontréis en sus discursos páginas
-admirables.
-
-Colmeiro es un sabio. Nada más que un sabio.
-
-El señor Fernández y González es un arabista insigne, según aseguran
-los que dicen que entienden el árabe. Se me ha hablado mucho de su
-talento de crítico, y conozco estudios suyos nutridos de doctrina; pero
-no he podido encontrar su libro _La Crítica en España_, del cual se
-cuentan maravillas.
-
-El conde de Buenos Aires, don Santiago Alejandro de Liniers, hoy
-alcalde de Madrid, tiene ante todo su alta posición social y
-pecuniaria. Ha publicado un libro, _Líneas y Manchas_, y ha sido
-periodista. Exprimiendo toda la producción de esta excelente medianía,
-no se sacaría la cantidad de pensamiento y de arte que hay en una sola
-página de su sobrino Ángel Estrada.
-
-De don Luis Pidal y sus obras confieso mi absoluta ignorancia.
-
-Manuel del Palacio, tan conocido en el Río de la Plata, es otro poeta
-de la Academia. Vive ahora un tanto retirado, después de que el duque
-de Almodóvar tuvo la peregrina ocurrencia de quitarle su empleo en
-la Administración; por lo cual la indignación de su verso envió unas
-cuantas abejas de su jardín a picar al caballero, como él dice «un
-poquito duque y un poquito tuerto». Arquíloco es mal enemigo.
-
-La ciencia por un lado y el teatro por otro, apadrinaron a don José
-Echegaray para entrar a ocupar su sillón. Castelar le hizo el dudoso
-favor de compararle con Goethe al contestarle su discurso de recepción.
-El señor Echegaray es un hombre eminente, «de lo mejorcito que aquí
-tenemos», me dice don Leopoldo Alas; pero su enciclopedismo de nociones
-en este tiempo de las especialidades le coloca en una situación que
-fuera de su país sería poco grata para su orgullo.
-
-Sellés, conquistador del teatro, desde su sonoro _Nudo Gordiano_,
-continúa escribiendo piezas en un acto, y aun se dice que abordará
-el libreto de zarzuela, sin que se perturbe el _decorum_ de su noble
-compañía.
-
-Al conde de Viñaza le he conocido en casa del secretario de la legación
-argentina. Es uno de los académicos más jóvenes. Estudioso y erudito,
-tiene entre otras obras suyas un libro muy interesante sobre Goya; y
-prepara un estudio, que será de indudable valor, acerca de la historia
-del grabado en Europa, y especialmente en España, para lo cual cuenta
-con copiosos datos inéditos y planchas antiguas de colecciones hasta
-hoy desconocidas.
-
-El señor Moret está en la Academia oficialmente. Hubo una ocasión que
-para celebrar un acontecimiento resolvieron los académicos ofrecer un
-sillón al ministro del ramo. Le tocó al señor Moret, que casualmente
-ocupaba entonces el Ministerio. El señor Moret, por otra parte, es
-orador agradabilísimo y su palabra debe animar y flexibilizar las secas
-discusiones.
-
-Pérez Galdós, para el reglamento, vive en el paseo de Areneros, núm.
-46; pero en realidad reside en Santander, en la villa que se ha
-levantado a fuerza de novela. Ya he dicho que presentó su candidatura
-la primera vez y fué vencido por el latinista Commelerán. En poco
-tiempo se cumplió su voluntad. Pereda, el montañés, según la guía, vive
-también en la Corte, en la calle de Lista, núm. 3; pero en realidad
-vive en Santander, en Polanco, y como las novelas no se le pactolizan
-como a Galdós, a pesar de que es rico, sigue fabricando jabón. El
-señor Pereda debería no separarse de la Real Academia, no faltar a sus
-sesiones. Es él quien escribe _los relieves del yantar_; por limpiar,
-fijar y dar esplendor a _las sobras de la comida_.
-
-El señor Balard, académico electo, es el poeta meloso y falso que ya
-conocéis, y crítico de una limitación asombrosa, que beneficia no
-obstante en España la más injusta de las autoridades.
-
-Don Daniel de Cortázar es ingeniero de minas, hijo del autor de un muy
-conocido tratado de matemáticas elementales. Su ciencia le ha ganado la
-honra. Los académicos aquí, como en Francia, quieren tener de todo en
-su casa.
-
-El último académico electo es el poeta Ferrari. Su candidatura ha
-brotado de los salones influyentes que frecuenta y en donde sus
-recitaciones son proverbiales... Conste que una vez yo le he visto
-defenderse con bravura--y al fin sucumbir--en casa de doña Emilia
-Pardo-Bazán.
-
-La Academia cuenta con innumerables miembros correspondientes, en
-Europa y América española, y con dos miembros honorarios, ambos de
-la América Central: uno de Honduras, otro del Salvador. Esto os
-causará alguna sorpresa, pero he aquí la explicación. El presidente
-de Honduras, Marco Aurelio Soto, hace mucho tiempo ordenó por decreto
-gubernativo que en la República se usase, al menos en todos los
-documentos y publicaciones oficiales, la ortografía de la Real Academia
-Española. Supongo que acompañaría el decreto con alguna demostración
-de afecto académico más práctica. El presidente del Salvador, Rafael
-Zaldívar, hombre muy inteligente, viajó un día por España, con gran
-séquito y con la pompa de un príncipe exótico. Tengo entendido que dió
-a la Academia asimismo valiosas pruebas de amistad. Se le correspondió
-con una sesión especial en su honor. Todas las personas de su comitiva
-tuvieron nombramiento de miembro correspondiente. De aquí que los dos
-únicos miembros honorarios sean esos expresidentes centroamericanos.
-
-La labor de la Real Academia, dígase bien claro, es en nuestro tiempo
-inocua, como la de los inmortales franceses. Hacen el diccionario,
-reparten premios más o menos Montyon y coronan obras mediocres y
-correctas.
-
-Aquí se defiende el purismo, la virginidad de esta vieja lengua que ha
-dado y dará tantas vueltas. Y esos defensores tienen eco en ciertas
-naciones de América; pues como reza un decir magistral--cito de
-memoria--«cuando el purismo desaparezca de Salamanca se encontrará
-en algún cholo de Lima o en el morro de un negro mejicano». En ese
-continente, en las aldeas más primitivas no falta el barrigudo
-licenciado abarrotado o abarretado que persiga el _le_ y el _lo_, y el
-caso y la concordancia, y entre tortilla de maíz y tortilla de mais no
-haga su discursito en caribe en defensa de los fueros del idioma.
-
-No puedo menos que concluir citando las palabras de un ilustre profesor
-de la más célebre de las Universidades españolas: «Hay que levantar voz
-y bandera contra el purismo casticista, que apareciendo en el simple
-empeño de conservar la castidad de la lengua castellana, es en realidad
-solapado instrumento de todo género de estancamiento espiritual, y
-lo que es aún peor, de reacción entera y verdadera. Eso del purismo
-envuelve una lucha de ideas. Se tira a ahogar las de cierto rumbo,
-haciendo que se las desfigure para vestirlas a la antigua castellana.
-Se encierra en odres viejos el vino nuevo para que se agrie». Y luego:
-«Hay que hacer el español internacional con el castellano, y si éste
-ofreciese resistencia, sobre él, sin él, o contra él. El pueblo
-español, cuyo núcleo de concentración y unidad dió al castellano, se
-ha extendido por dilatados países, y no tendrá personalidad propia
-mientras no posea un lenguaje en que sin abdicar en lo más mínimo de
-su modo peculiar de ser, cada una de las actuales regiones y naciones
-que lo hablan hallen perfecta y adecuada expresión a sus sentimientos e
-ideas. Hacen muy bien los hispanoamericanos que reivindican los fueros
-de sus hablas y sostienen sus neologismos, y hacen bien los que en la
-Argentina hablan de lengua nacional. Mientras no internacionalicemos
-el viejo castellano, haciéndolo español, no podemos vituperarles los
-hispanoespañoles, y menos aún podrían hacerlo los hispanocastellanos,
-y hacen muy bien en ir a educarse a París, porque de allí sacarán, por
-poco que saquen, mucho más que de este erial, ya que lo que aquí mejor
-puede dárseles, la materia prima de esa lengua, consigo la llevan y con
-libros pueden perfeccionarla».
-
-El autor de esas líneas se llama Miguel de Unamuno. Aquí y entre
-nosotros protestarán especialmente de ellas los que no se llaman ni son
-nada, _pas même académiciens_.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LOS POETAS
-
- [Ilustración]
-
-
- Madrid, 24 de agosto de 1899.
-
-EL modesto Manzanares no es muy propicio a los cisnes. Antes lo eran el
-Darro, que como se sabe tiene arenas de oro, y el Genil que las tiene
-de plata. Los cisnes viejos de la madre patria callan hoy, esperando el
-momento de cantar por última vez. Ya os he hablado de Campoamor, cuando
-se pensó en su coronación, ceremonia de que no se ha vuelto a ocupar
-nadie, a pesar de las buenas intenciones del Círculo de Bellas Artes,
-cuyo presidente, el señor Romero Robledo, manifestara tanta excelente
-voluntad. El anciano poeta sigue cada día más enfermo. Últimamente
-no ha podido contestar a una _enquête_ iniciada por una revista de
-París, _La Vogue_, sobre el asunto Dreyfus. Casi imposibilitado de
-moverse, sufre en su retiro horas dolorosas, y visitarle es ir a pasar
-momentos de pena. Sus últimos versos son una que otra dolora dolorida
-que ha publicado la _España Moderna_, una que otra humorada en que se
-depositan las últimas gotas que quedan del humor antiguo en el vaso de
-ese espíritu que fuera tan bellamente lozano, tan frescamente juvenil.
-Ahora es cuando hay que volver los ojos al viejo tesoro prodigado,
-aquella poesía tan elegante en sus sutiles arquitecturas y tan
-impregnada del amargor que el labio del artista siente al primer sorbo
-de vida.
-
-Recordad aquellas perlas brillantes de ironía, de las doloras; y
-aquellos pequeños poemas que conducen por una corriente de sonoras
-transparencias verbales a la finalidad de una inevitable melancolía,
-la melancolía que por ley fatal florece en los jardines de la humana
-existencia. ¡Amable filósofo! Daba la lección de verdad adornada de la
-gracia de su música, su música personal, inconfundible en toda la vasta
-orquesta poética de las musas castellanas.
-
-Núñez de Arce, también silencioso. Dirige las oficinas del Banco
-Hipotecario, y _Luzbel_, anunciado hace largos años, no se concluye.
-Dicen que padece el poeta de enfermedad gástrica, y así debe ser por
-el continuo gesto de displicencia que presenta su faz. No es ya el
-tiempo de los _Gritos del Combate_ y de la _Visión de fray Martín_.
-El vate de antes se encuentra ya transpuesto en época que desconoce
-sus pasados versos, el alma de sus pasados versos, alojada hoy en una
-casilla de retórica. No es esto desconocer el inmenso mérito de ese
-noble cultivador del ritmo, que ha dominado a más de una generación con
-su métrica de bronce. Hoy España no cuenta con poeta mejor. Más aún, no
-existe reemplazante. Cuando deje de aparecer en el nacional Parnaso esa
-dura figura de combatiente que ha magnificado con su severa armonía la
-lengua castellana, no habrá quien pueda mover su armadura y sus armas.
-Porque Núñez de Arce, dígase lo que venga en antojo a los que no es
-simpático intelectual o personalmente, ha sido un admirable profesor
-de energía. En verso, pero de energía. Ha mezclado más de una vez la
-prosaica política en sus imprecaciones, y ha sido ministro de Ultramar
-cuando había ministros de Ultramar. Ha sido con su manera sonante y
-oratoria un parlador de multitudes, un dirigente del espíritu público
-de su época. Y si de algo se resiente el conjunto de su obra, es de
-haber sacrificado más de una paloma anacreóntica o cordero de égloga
-a la diosa de pechos de hierro que no tiene corazón, a la Patria, en
-su más triste ídolo: el ideal de un momento. Porque el mayor pecado
-de este poeta es no haber empleado sus alas para subir en el viento
-del universo, sino que se ha circunscrito a su terruño, al aire escaso
-de su terruño aun en los poemas de tema humano en que debiera haber
-prescindido de tales o cuales ideales de grupo. Krausistas y neos han
-tenido en esta tierras liras en sus batallones. La obra de Núñez de
-Arce aun persiste. Su puesto, como he dicho, se mantiene el primero.
-Que su _Visión de fray Martín_ tenga por origen el abad Hieronimus de
-Leconte de l'Isle, que _La Pesca_ tenga la fisonomía familiar de la
-copiosa producción coppeista, eso no obsta a la marca individual de
-este forjador de endecasílabos; endecasílabos de Toledo que vibran y
-riegan su resonante son: _spargens sonus_. Mas eso no basta al deseo
-de la juventud que observa la deslumbradora transfiguración del arte
-moderno. No dice nada a las almas nuevas el conocido alternar del
-endecasílabo en la estrofa núñezdearcina, que por otra parte, es
-estrofa dantesca, del Dante de las poesías amatorias. Y Núñez de Arce
-queda solo ante su ara, o ante su Banco Hipotecario, como el finalizado
-Campoamor entre el recuerdo y la tumba.
-
-Manuel del Palacio, tan conocido en el Río de la Plata, vive también
-flotante en las brumas de su Olimpo muerto. Bueno, triste, aun guarda
-una chispa de entusiasmo que brilla en el fino azul de sus ojos
-penetrantes. Esa tristeza suya me recuerda cierto pequeño poema de
-Baudelaire, el de los viejos juglares. Pasó para del Palacio el buen
-tiempo en que un soneto espiritual daba la vuelta a la Corte entre
-preciosos comentarios, pasó el tiempo de la diplomacia lírica que ponía
-en humor jovial a los bonaerenses, gracias a este excelente don Manuel,
-entonces ministro en el Río de la Plata, y al nunca bien ponderado
-colombiano señor Samper. Hoy está aún más amargado el ingenioso poeta,
-porque ha quedado cesante de su empleo de secretario de la orden de
-Isabel la Católica, por obra del duque de Almodóvar. El cual no ha
-contado con que la indignación del verso debía venir. Y ha venido. No
-hace muchas noches nos leía don Manuel a varios amigos las vengadoras
-ocurrencias de su musa:
-
- Alegre por fuera
- y triste por dentro,
- con la carga encima
- de muchos inviernos,
- muchos desengaños
- y muchos recuerdos,
- voy ya por el mundo
- a paso de espectro,
- como va entre brumas
- la nave hacia el puerto.
- A mi espalda quedan
- cada vez más lejos,
- placeres y glorias,
- quimeras y sueños;
- y al fin del camino,
- que cercano veo,
- dos sombras me aguardan
- olvido y silencio.
- Centinelas mudos
- del reposo eterno,
- ¿pensáis que ya tardo?
- Pues no estéis inquietos:
- ni os odio, ni os amo,
- ni os busco, ni os temo.
- Cansado de luchas
- del alma y el cuerpo
- para toda empresa
- inútil me siento.
- De hacer beneficios
- que era mi embeleso,
- un ministro imbécil
- me quitó los medios,
- y nunca a los pobres
- negando consuelo
- al darles mis lágrimas
- les doy cuanto tengo,
- de lo cual resulta
- que, de puro bueno,
- la vida me paso
- haciendo pucheros,
- ¿y vale la pena
- de vivir para esto?
- Sirva usted a su patria,
- defienda el derecho;
- por él y por ella
- sufra usté destierros,
- prisiones, calumnias
- y otros vilipendios,
- y cuando juicioso
- la edad le haya vuelto,
- logre entre los sabios
- pasar por discreto
- y entre los tunantes
- fama de no serlo,
- mientras llega el día
- en que un majadero,
- _un poquito duque
- y un poquito tuerto_
- por chiripa jefe
- de elevado centro,
- venga y diga: «¡Basta!
- ¡Vaya usté a hacer versos!»
- Y usté que en la lengua
- nunca tuvo pelos,
- le responda: «¡Sánchez,
- Vaya usté a paseo!»
-
-Manuel del Palacio, a quien poéticamente el satírico señor Alas tasaba
-en cincuenta céntimos, es decir, cincuenta céntimos de poeta, da
-señales de perseverancia de cuando en cuando en las revistas de la
-Corte, aunque no ya con la frecuencia de antaño. Cuando la guerra,
-se puso él también en campaña contra el yanqui; sus «chispas» no
-produjeron desde luego ningún incendio. El señor don Sinesio Delgado,
-Casimiro Prieto y Manuel del Palacio fueron los tres patriotas del
-consonante.
-
-Manuel Reina ha logrado recientemente un triunfo con su _Jardín de
-los Poetas_. Lírico de penacho, en color un Fortuny. Ha llamado la
-atención desde ha largo tiempo, por su apartamiento del universal
-encasillado académico hasta hace poco reinante en estas regiones. Su
-adjetivación variada, su bizarría de rimador, su imaginativa de hábiles
-decoraciones, su pompa extraña entre los uniformes tradicionales, le
-dieron un puesto a parte, alto puesto merecido. Le llaman discípulo
-e imitador del señor Núñez de Arce. No veo la filiación, como no sea
-en la manera de blandir el verso. Núñez de Arce es más severo, lleva
-armadura.--Reina va de jubón y gorguera de encajes, lleno de su bien
-amada pedrería. No hay versos suyos sin su inevitable gema. En el
-_Jardín de los Poetas_ se ven sus preferencias mentales, un tanto
-en choque, por la variedad de las figuras. Su jardín es trabajo de
-virtuoso. Cada poeta le da su reflejo, y él aprovecha la sugestión
-felizmente.
-
-¿Grilo? Es una situación literaria especialísima la de Grilo. Es el
-poeta laureado de España, aunque España no tenga oficialmente poeta
-laureado. Su barril de malvasís, o pongamos de Jerez, debe tenerlo por
-obra y gracia de la infanta doña Isabel, y demás gentes de palacio.
-Grilo ocupa un lugar especialísimo, semejante al de ese pobre míster
-Austin en Inglaterra. Los intelectuales, y aun la mayoría, sonríen
-ante la parada de esa áulica musa de ocasión que dice sus rimas con
-acompañamiento de piano. Grilo es el poeta de la reina Isabel, de la
-reina regente, del rey, y de las innumerables marquesas y duquesas
-que gustan de leer el día de su santo un cumplimiento en renglones
-musicales. ¡Aun hay melenas! La poesía suya es de esa azucarada y
-húmeda propicia a las señoras sentimentales y devotas. Según se me
-informa, la protección práctica de sus altas favorecedoras es eficaz, y
-ese ruiseñor no puede quejarse de los cañamones del mecenato.
-
-Don José Echegaray, a quien Castelar hizo el peregrino obsequio de
-compararle con Goethe, no ha vuelto a _taquiner_ la musa. Es sabido que
-de todo entiende, y gratifica periódicamente a sus compatriotas con la
-información de una ciencia de colegiales. El ingeniero poeta goza de
-una enorme popularidad, y cada vez que yo manifiesto mi asombro por la
-ocurrencia castelarina, no falta quien se asombre de mi asombro. Su
-musa concluyó en los empujes de sus dramas elásticos, en las tiradas
-de la Guerrero. Ferrari es también un poeta de salón, y he tenido la
-honra de compartir con él una noche el curioso éxito de una recitación
-para _ladies and gentlemen_. No puede negarse su mérito, bajo el árbol
-frondoso de don Gaspar. Don Juan Valera ha hecho versos correctísimos;
-hoy ya no los hace. Menéndez Pelayo asimismo ha frecuentado el Helicón.
-Este erudito humanista, cuando se le presenta una niña con su álbum,
-sale del paso con escribir unas estrofas de su antigua composición:
-
- Puso Dios en mis cántabras montañas...
-
-Salvador Rueda, que inició su vida artística tan bellamente, padece
-hoy inexplicable decaimiento. No es que no trabaje; pues ahora mismo
-acabo de ver el manuscrito de un drama de gitanos--otro modo de ver
-que el de Richepin--que piensa someter a los cómicos en la temporada
-próxima; pero los ardores de libertad ecléctica que antes proclamaba un
-libro tan interesante como _El Ritmo_, parecen ahora apagados. Cierto
-es que su obra no ha sido justamente apreciada, y que, fuera de las
-inquinas de los retardatarios, ha tenido que padecer las mordeduras de
-muchos de sus colegas jóvenes; dándose el caso de que se cumpliese en
-él la palabra del celeste y natural Francis Jammes: «Los que más te
-hayan nutrido con las migajas de tu mesa, los que te atacarán serán
-aquellos que más te hayan imitado y aun plagiado». Los últimos poemas
-de Rueda no han correspondido a las esperanzas de los que veían en él
-un elemento de renovación en la seca poesía castellana contemporánea.
-Volvió a la manera que antes abominara: quiso tal vez ser más accesible
-al público y por ello se despeñó en un lamentable campoamorismo de
-forma y en un indigente alegorismo de fondo. Yo, que soy su amigo y que
-le he criado poeta, tengo el derecho de hacer esta exposición de mi
-pensar.
-
-Dicenta ha encontrado su filón en las tablas, y no hace otra cosa que
-obras para el teatro, como su compañero Paso. Se nombra mucho a Ricardo
-Gil. He buscado sus obras, las he leído; no tengo que daros ninguna
-noticia nueva. Es la poesía que conocéis, con un copioso número de
-aedas, entre los cuales, estos nombres más resaltantes: Catarineu,
-Ansorena, Morera, Galicia, Melchor de Palau. El espíritu regional
-cuenta con buenos representantes. Hay ahora un poeta de Murcia que
-ha conquistado Madrid, Vicente Medina. Se le ha elevado a alturas
-insospechables, se le ha declarado vencedor. Es verdad que trae con su
-emoción, con su sencilla facultad de ritmo, su gracia dialectal y su
-fondo de sensitivo, una nota desconocida hasta hoy; es un hallazgo.
-Pero lo monocorde de su manera llega a fatigar, con la repetición de
-la queja, una queja continua, picada de diminutivos que por su copia
-llegan a causar otra impresión que la buscada por el poeta. De todas
-maneras Vicente Medina es un excelente poeta campesino.
-
-El señor Vaamonde ha intentado algunos cambios de ritmo, algunas
-flexibilizaciones de verso, y ha conseguido interesar. Después de la
-guerra, publicó un libro de inspiración patriótica. Los catalanes
-tienen buenos poetas, desde su padre Verdaguer, el de la _Atlántida_,
-hasta los modernos Maragall, Pajes de Puig, y Maten. Son infinitos
-los rimadores y _mestres en gay saber_. Los andaluces forman también
-su grupo, con Díaz Escobar, especialista en _cantares_, Arturo Reyes,
-de la familia de Rueda, como el joven Villaespesa, bello talento
-en vísperas de un dichoso otoño, y otros escanciadores de sol y
-manzanilla. Los vascos no sé que tengan un poeta representativo; debe
-haber varios, que escriban en su idioma y no quieran confundirse con el
-Parnaso de la Maquetania. Pero con Unamuno basta para tener aún en la
-lírica representación digna en la Corte.
-
-Los jocosos son legión. Los diarios y revistas publican una cantidad
-increíble de chistes rimados, y periódicos como el _Liberal_ tienen
-un redactor especial que trata asuntos de actualidad, en verso. Pues
-aquí Felipe Pérez y González, como antes Antonio Palomero o José María
-Granés, tiene por tarea dar diariamente cierta cantidad de estrofas a
-los lectores, sobre sucesos del momento. Y la gente paga, y pues lo
-paga, es justo.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- UN «MEETING» POLÍTICO
-
- [Ilustración]
-
-
- 4 de octubre de 1899.
-
-HE asistido hace pocas noches a un _meeting_ republicano. Sabía que la
-concurrencia sería numerosa, y procuré llegar a tiempo, para no perder
-en ese acto ninguno de los hechos y gestos del «pueblo soberano».
-Nuestro compañero Ladevese, uno de los organizadores, me había
-conseguido un puesto de prensa. Allí me senté, cerca de un francés
-y un ruso. Era enorme aquel hervor humano. Todo el circo de Colón
-lleno, y por las entradas, la aglomerada muchedumbre hacía imposible
-que penetrase la gente que todavía quedaba en las calles cercanas.
-No gusto mucho del contacto popular. La muchedumbre me es poco grata
-con su rudeza y con su higiene.--Me agrada tan solamente de lejos,
-como un mar; o mejor, en las comparsas teatrales, florecida de trajes
-pintorescos, así sea coronada del frigio pimiento morrón. Esta gente
-republicana, debo declarar que estaba con compostura, a la espera de
-los discursos, y cuando la campanilla presidencial se hizo oir, el
-silencio fué profundo.
-
-El presidente, hombre de años, y sin duda de respetabilidad, inicia
-su alocución de apertura, con cierta gravedad, y luego, a _la bonne
-franquette_, como habla con cierta dificultad, se explica: «Estos
-dientes no son los míos, y por eso...» El buen pueblo está contento.
-Se encarga a un pésimo lector las cartas recibidas de personajes
-extranjeros. El pobre hombre mutila a Goblet y le convierte en
-_mumsiú René_, y no hay medio de que oiga al soplón que al lado le
-corrige; _Clemansó, Clemansó_; él sigue impertérrito: _Cle-men-ceau,
-Cle-men-ceau_. El público protesta, no por el descuartizamiento de
-los apellidos franceses, portugueses e italianos, sino porque no se
-oye nada, y un varón de buena voluntad salta a la tribuna y se ofrece
-para leer. Al fin acaban las cartas, que Ladevese oye descuartizar con
-impaciencia visible--pues gracias a sus buenas relaciones han venido--,
-y él va a pronunciar un discurso.
-
-Se sabe que el conocido corresponsal de _La Nación_ y ex secretario de
-Ruiz Zorrilla es español, por consiguiente, demás está decir que es
-orador. Desde sus primeras palabras fué acogido con los más nutridos
-aplausos. Dijo a los partidarios de la república que es el momento de
-que el pueblo vuelva a ser lo que fué hace treinta y un años. Ahora
-que la Patria está más abatida después de las recientes catástrofes,
-es hora de levantarse. «Yo estoy seguro de que este pueblo volverá
-a ser grande, fuerte y libre. Algunos al verte por la desdicha y el
-dolor postrado, se figuran que estás de rodillas... ¡No, no estás de
-rodillas! Levántate y cubrirás con tu sombra a los que hoy aparecen más
-altos». En este punto nuestro amigo recibe una sonora y larga ovación.
-«Pero si estas reuniones han de ser útiles a la idea que las inspiran,
-es preciso que salga de ellas algo práctico, y nada más práctico que
-señalar las causas de nuestra impotencia, para remediarlas. Una de
-las principales causas del estado en que nos vemos es el funesto y
-antidemocrático sistema de las jefaturas personales»; Ruiz Zorrilla, a
-quien por cierto se le acusaba de querer ejercer una jefatura personal,
-quejábase amargamente de ese sistema funestísimo en una democracia, y
-muchas veces, allá en la emigración, nos decía:
-
-«Si me duele la cabeza, le duele la cabeza a todo el partido; si me
-duele el brazo, a todo el partido le duele el brazo». «Con motivo de
-este _meeting_ hemos tocado otra de las lamentables consecuencias de
-jefaturas personales. Hay republicanos que para venir a tomar parte en
-este fraternal abrazo, han ido a pedir permiso a un jefe... y luego no
-han venido. El republicano que para abrazar a sus hermanos necesita el
-permiso de un jefe, ¡valiente republicano estará...» Se oyó primero
-una voz de las filas laterales, luego cien voces, luego gritos de
-todos lados, dicterios, protestas, insultos. Unos contra otros; era
-una tormenta de interjecciones, de amenazas. Y nuestro buen Ladevese
-se paseaba al ruido de aquella tempestad, esperando el silencio. Que
-al fin se hizo. Reconquistó su público el orador y prosiguió: «A las
-jefaturas personales deben reemplazar las direcciones democráticas.
-Verdad es que ya se ha hecho algo en ese sentido. Pero al hacerlo se
-ha incurrido siempre en el error de excluir sistemáticamente de esas
-direcciones a todos los elementos revolucionarios. Por eso no existe la
-estrecha armonía que debiera haber entre directores y dirigidos.--Nadie
-ignora que mientras el pueblo quiere la lucha, hay hombres que quieren
-la república sin esfuerzo y sin peligro. Sin duda esperan que va
-a caer llovida de las nubes... y ya ven lo que cae de las nubes:
-¡contribuciones, jesuítas y epidemias!» Aquí, mientras el pueblo
-aplaude rabiosamente, yo no puedo dejar de observar una guapísima
-muchacha, elegantemente vestida, que en uno de los palcos da muestras
-del más vivo entusiasmo. La republicana ostenta el par de ojos más
-librepensadores que os podáis imaginar, y, decididamente, manifiesta el
-propósito de romper sus guantes.
-
-El orador hace ver la conveniencia de la unión. La república, una vez
-constituída, velará por la suerte de los que trabajan.--Concluye con
-estas palabras:
-
-«En todo estamos conformes los republicanos. Y como lo estamos además
-en que nuestra fraternidad, que hoy vamos a sellar aquí, sea la
-fraternidad de la lucha, podemos darnos ese abrazo.
-
-»La organización de la república la decidirá la soberanía nacional,
-representada en Cortes constituyentes cuyo fallo todos acataremos. Y
-como la república que queremos no ha de ser sólo para los republicanos,
-sino que ha de ser, como el sol, para todos los españoles, yo tengo la
-esperanza de que este abrazo ha de extenderse a todos los patriotas de
-buena voluntad, que aunque no militan en nuestro campo, desean para
-España mejores días. También a ellos les abro mis brazos y a aquellos
-que hace treinta y un años estuvieron con nosotros, les digo: ¡Ya ha
-llegado la hora de pasar el puente! A pasarlo y estaremos en seguida
-unidos todos los españoles. Y no olvidéis que el río no se pasa sólo
-por el puente sino también por el vado. Si para pasar el río queréis
-nuestra mano, la mano del pueblo es fuerte; ¡nosotros os la daremos!
-¡Arriba y adelante! Sólo viven los que luchan y sólo de los que luchan
-es la victoria. ¡Si el que ayer hizo treinta y un años pasó el puente
-a la cabeza del ejército, el que hoy lo pase lo pasará al frente de
-un pueblo!» Ladevese es rodeado y aclamado. Luego sube a la tribuna
-un joven zaragozano, que se descubre como un copiosísimo orador. Y
-luego varios más. Se habló con libertad completa. El representante de
-la autoridad parece a veces querer protestar, cuando son ya demasiado
-violentos los golpes a la monarquía. Bien puede ser la tolerancia
-convencimiento de que no se trata más que de palabras, palabras y
-palabras... De pronto un hombre del campo solicita hablar. Él también
-quiere decir su discurso, y, a vuelta de varias observaciones del
-presidente, «Evaristo Jiménez habla en nombre del pueblo de Colmenar
-de Oreja». Y habla bien. Untado de periódicos, aborrecedor de los
-curas, probable suscriptor de _El Motín_, sus palabras brotan con
-una facilidad de fuente. Su retórica pasa de pronto a un color
-poco diplomático y de indudable irreverencia para con el congreso
-católico de Burgos. «Allí nos han arrojado el guante; nosotros debemos
-recogerlo y darles con él por los hocicos...» El pueblo aplaude al
-temerario paleto. El presidente le llama al orden; mi muchacha de los
-ojos soberbios continúa en su entusiasmo. El «orador» se retira, no
-sin protestar. Al pasar por mi lado le oigo decir: «¡Qué van a ser
-republicanos éstos!» La gente vocifera y la tempestad vuelve a estallar
-en el circo. Por fin se logra la tranquilidad, y el _meeting_ sigue: se
-aprueban las conclusiones formuladas por la Comisión iniciadora y se
-nombra una Comisión ejecutiva encargada de realizar los acuerdos.
-
-Persona informada me da los datos siguientes: El local en que solían
-celebrarse las grandes reuniones políticas de los partidos era el circo
-del Príncipe Alfonso, que estaba situado en el paseo de Recoletos,
-frente al Palacio de la Biblioteca y Museos. Aquel circo, al que
-se le llamaba Circo de Rivas por el nombre de su propietario, fué
-demolido hace algunos meses. Allí se celebró una reunión memorable en
-los últimos meses de 1868, en la cual se fundó el Partido Republicano
-español. Acababa el Gobierno revolucionario de Serrano y de Prim de
-lanzar al país un manifiesto en favor de las instituciones monárquicas
-(redactado por Núñez de Arce, a quien el Gobierno encargó de aquel
-trabajo) y entonces los republicanos contestaron a aquel manifiesto
-convocando al Circo de Rivas a todos sus correligionarios de Madrid.
-Presidió la reunión el decano de la democracia española don José
-María Orense, y hablaron en ella Castelar, Pi y Margall, Figueroa,
-Salmerón y otros grandes oradores. Acordóse lanzar al país un
-manifiesto declarando que quedaba fundado desde aquel día el Partido
-Republicano. Todos los arriba citados--menos Salmerón--y una multitud
-de republicanos no tan conocidos, firmaron aquel manifiesto, que fué el
-principio de la propaganda republicana en España. A la reunión, donde
-el entusiasmo fué numeroso, acudieron 4.000 personas. Todas las que
-allí cabían. Desde entonces hubo en dicho circo numerosas reuniones
-políticas. Una de las últimas que se celebraron, pocos años antes de
-la demolición, fué cuando los republicanos de Madrid emplazaron a los
-diputados y a los concejales del partido para que diesen al pueblo
-explicaciones acerca de la conducta que seguían en el Congreso y en el
-Ayuntamiento, calificada de apática y tibia. Aquella reunión fué un
-continuo tumulto; el público insultó y maltrató despiadadamente a los
-diputados y a los concejales, y hasta volaron algunas sillas lanzadas
-contra los oradores. Estos abandonaron el local, y se suspendió la
-reunión entre silbidos. El 11 de febrero de 1897, habiéndose hecho la
-unión entre las fracciones que acaudillaban Salmerón, Muro, Ezquerdo, y
-los disidentes del partido de Pi y Margall,--Menéndez Pallarés y Vallés
-y Ribot--convocaron, todos estos reunidos, a un _meeting_ en el Circo
-de Colón, local mucho más espacioso que el Circo de Rivas. Tratábase
-de hacer una gran ostentación de fuerzas populares republicanas con
-motivo del aniversario de la proclamación de la República del 1873, y
-como todas las parcialidades republicanas--menos la federal pactista
-de Pi--estaban unidas, esperábase que el Circo de Colón, en cuya
-sala caben 6.000 personas, se llenase. La concurrencia de público
-fué muy grande, pero el Circo de Colón no se llenó. Asistirían unos
-5.000 republicanos. Nunca hasta entonces se había visto a tantos
-republicanos juntos en el local cerrado. La reunión fué en extremo
-tumultuosa. El público silbó terriblemente a Salmerón y a Ezquerdo. Los
-discursos fueron sin cesar interrumpidos por las protestas y los gritos
-hostiles del auditorio. Salmerón se encaró con el público y empezó a
-insultarle; la lucha entre el público y Salmerón se prolongó más de
-media hora, y, después de aquella reunión agitadísima, no habían vuelto
-los republicanos de Madrid a celebrar ninguna reunión pública. Los
-prohombres republicanos, a pesar de las circunstancias por que España
-ha pasado desde entonces, esquivaban presentarse ante el pueblo. Al
-_meeting_ de «fraternidad republicana» del 29 de septiembre último,
-celebrado en el Circo de Colón, han acudido 8.000 personas. Como ya he
-dicho, el circo estaba completamente lleno, comprendida la pista, y en
-la calle se quedaron cerca de 3.000 personas que no consiguieron entrar
-en el local.
-
-De modo que ésta ha sido la reunión republicana más numerosa que ha
-habido en Madrid.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- UN PASEO CON NÚÑEZ DE ARCE
-
- [Ilustración]
-
-
- 13 de octubre.
-
-COMIENZA en la Carrera de San Jerónimo el ir y venir de las gentes a
-la hora del paseo de la tarde. La Carrera de San Jerónimo es la calle
-de Florida de Madrid. Mucha vitrina elegante, mucho carruaje que va y
-viene; y por la noche mucha luz y alegría de ciudad moderna.
-
-En la librería de Fe, poco antes del crepúsculo, encontré hace algunos
-días al poeta Núñez de Arce con su amigo Vicente Colorado, también
-poeta. Hacía algún tiempo que no veía al maestro, y le hallé, aunque
-quejoso de su salud, bastante mejor que como le viera la reciente vez.
-Tras hablar unas cuantas cosas del obligado asunto América, se le
-ocurrió: «¿Si diéramos un paseo?» Acepté con gusto, y salimos los tres
-hacia el Prado.
-
-Despacio, pues don Gaspar no puede fatigarse. El tiempo estaba fresco,
-el aire era grato; el cielo lucía afable; pero el poeta desde que
-comenzó a conversar con nosotros, parecía verlo todo gris. Como yo le
-preguntase si tenía algún trabajo en obra, si escribía algo.
-
---No, nada, me contestó, fuera de las cartas que escribo a un diario de
-Buenos Aires.
-
-Y con un aire de vago desencanto:
-
---Ah, amigo Darío, mi tiempo ha pasado. Soy ya viejo, y las musas, como
-hermosas hembras que son, no gustan de los viejos. El campo es ahora
-de quien se llama...
-
---Maestro--le interrumpí--, eso quien menos lo puede decir es usted. El
-amor y el gozo de la vida tienen a Anacreonte y Hugo...
-
---Lo que de Hugo vale verdaderamente fué escrito en su juventud.
-
-No quise contradecirle.
-
-Pero el hábil Colorado, cuyo ingenio es mucho, apoyado en su antiguo
-cariño y en su amistad íntima, le increpó con amable irrespeto. «Es que
-usted se está poniendo insoportable de pesimismo». Y le manifestó que
-era cosa de los años, que en la juventud todo lo vemos lleno de una
-luz de rosa. (Lo cual no es cierto en nuestro tiempo; decía yo en mi
-interior.)
-
-Núñez de Arce prosiguió entonces en un largo parlar todo ornado de
-bellas frases de decepción. No creo ni en la misma vida. ¿Acaso sabemos
-algo de lo que hay tras el impenetrable velo de la eterna Isis? ¡La
-Ciencia! Pues la Ciencia no ha conquistado sino un pequeñísimo reino,
-el reino de lo experimental. La _débâcle_ a que se ha hecho tanto ruido
-no hace mucho tiempo, no puede ser más cierta. ¿El arte? Campo para
-las ilusiones; total, nada, puesto que las ilusiones no son más que
-humo vago que deshace el menor viento de la vida. El fracaso impera en
-todo. La sociedad, después de tantos siglos, no ha logrado aún resolver
-el problema de su misma organización. Véanse las rojas flores que
-brotan en tal terreno: se llaman socialismo, anarquismo, nihilismo.
-¡La nacionalidad española! un sueño. Al primer cañonazo que se oiga en
-la Península, ya verán cómo se deshace la nacionalidad española. Yo
-volví a tocar el tema del arte y de la literatura. «Ah, el arte, la
-literatura: todo está en plena decadencia. Francia es el más patente
-ejemplo. Los ideales se levantan, se ven como bellos mirajes y luego
-no se logran nunca. Es el inmenso camino cuyo fin no se encuentra
-ni se encontrará jamás, a pesar del vuelo continuo de las humanas
-aspiraciones». Y así seguía, con su voz pectoral, un tanto apagada,
-y en sus ojos vivaces había una chispa fugitiva y en sus labios se
-marcaba una sonrisa que podía decir resignación y convencimiento.
-
-Entretanto yo me decía--siempre para mí sobre todo--: Gaspar Núñez de
-Arce,
-
- ...DON _of course
- A true Hidalgo, free from every stain
- Of Moor or Hebrew blood, he traced his source
- Through the most Gothic gentleman of Spain_...
-
-Don Gaspar Núñez de Arce, sin duda alguna el primer poeta de la España
-de hoy, parecería por sus negros mirares y sus desconsoladores decires,
-un espirite extranjero, un alma septentrional, rara bajo su cielo de
-alegría, si no se supiese que en el fondo del alma española crece
-siempre una oscura rosa. Puede tener un rocío de creencia o no tenerlo.
-Este fuerte poeta es un Carlos V sin fe que se encierra en su Escorial
-interior y celebra los funerales de su propia poesía, de sus propios
-ensueños, de su propia gloria. Y no es nuevo en él este modo de pensar
-y de ver los cuatro puntos cardinales de la existencia. Allá, ya lejos
-en el siglo, se oyen aún sus _Gritos del combate_, y ya había resonado
-en sus oídos el fracaso producido por la risa de Voltaire, a quien
-en nombre de sus sueños agonizantes o muertos maldecía en el último
-endecasílabo de un soneto célebre; decía a los poetas que colgaran, en
-un desconsuelo bíblico, sus harpas, de los llorosos sauces. Gracias
-a que la férrea contextura de su estro daba animación para la lucha,
-no se caía en el anonadamiento voluntario. Por esos tiempos, o poco
-después, miraba con cruel desdén al pobre Becquer, que vivía de pan
-de amor y vino de sueño. Sonreía el caballero vestido de su pesada
-armadura, de los que él llamaba «suspirillos germánicos»: le disgustaba
-el poco de azul que fué a traer en su ramillete de _vergissmeinnichts_
-de Alemania, para suavizar el escarlata de sus claveles, el artista
-triste de las _Rimas_, que después de todo, era esta cosa formidable:
-un corazón.
-
-En el Prado reían los niños: la tarde desfallecía risueña; en el
-poniente se fundía una montaña de oro de sol. Don Gaspar proseguía en
-sus doctrinas. La muerte es lo único que nos interesa verdaderamente,
-pues da la clave del enigma, Isis aparece entonces sin velo. El
-hombre no mata nada: todo _se muere_. El hombre cree inventar algo:
-todo está ya inventado; todo ha sido. De pronto, en un yacimiento de
-tiempo, descúbrese alguna cosa; eso es todo. Pero nada de lo que se
-cree nuevo es nuevo. La palabra de la Escritura dice una inconmovible
-verdad cuando dice: _Nihil novi sub sole_. El hombre vive en la lucha
-perpetua con la vida y consigo mismo porque, pasada la divina estación
-de la juventud, quiere ver, quiere saber, quiere conseguir la posesión
-de un fantasma, descubrir lo imposible, y la realidad le hiere y le
-desconsuela. El hombre sólo es feliz en el instante de su primavera.
-
-Miré en los ojos a don Gaspar, y canté en mi memoria el recuerdo:
-
- ¡Oh recuerdos, encantos y alegrías
- De los pasados días!
- ¡Oh gratos sueños de color de rosa!
- ¡Oh dorada ilusión de alas abiertas
- Que a la vida despiertas
- En nuestra breve primavera hermosa!
-
---Yo, ya estoy viejo, repito, y creo ver en lo que dije la verdad; o
-lo que me parece la verdad, porque, ciertamente, ella no ha mostrado
-su faz nunca; su desnudez no ha sido profanada por nadie. Crea usted,
-me dijo, que la juventud es lo único que vale la pena, y esto por su
-jardín de ilusiones; esto es, _por lo que existe_.
-
-Yo volví a clamar dentro de mi: «¡Oh poeta, oh querido amigo y
-maestro! no haces obra de bien predicando el desencanto, tú que sabes
-la perenne renovación de las cosas, el placer del vivir, con todo y
-la persecución del dolor; no debes, porque hayas pasado ya mucho más
-del medio del camino de la vida, quedarte en tu primera etapa, y no
-mostrar a la juventud sedienta de ideal nada más que el infierno; tú
-bien debes saber que en la tercera está situada la gloria incomparable
-del Paraíso, así haya que pasar para penetrar en sus dominios bajo
-el arco de la Ilusión. La misión del poeta es cultivar la esperanza,
-ascender a la verdad por el ensueño y defender la nobleza y frescura
-de la pasajera existencia terrenal, así sea amparándose en el palacio
-de la divina mentira. Te ha tocado un difícil momento en la historia
-de tu patria; momento de vacilaciones y de derrumbes, de dudas y de
-miserias; pero tú no colgaste el harpa del «lloroso sauce». Antes bien,
-elevaste por tu sonora y acerada poesía las almas, reavivaste el amor
-a lo bello; de la duda hiciste hermosas esculturas de palabras en que
-vió la joven generación cómo se esculpía el castellano en potentes
-estrofas; con el _Idilio_ tomaste a la inagotable viña de amor, cuyo
-jugo dará sangre a la poesía y al arte por los siglos de los siglos.
-No, no intentes destruir una sola ilusión. En verdad te digo que
-retoñará en mil partes. La obligación de la vejez sabia, es decir a los
-que vienen coronados de flores, en su estación de encantos, en palabras
-de luz, lo que dice la Boca de Sombra. Hay un caballero cantado en tus
-poemas, que podía servirte de admirable ejemplo. Es aquel maravilloso
-Raimundo, amoroso de amor, padre de enigmas, profesor de ilusiones,
-capitán de ensueños, aquel Raimundo que encontró oculto el símbolo
-del dolor eterno entre los pechos de la mujer amada e imposible. Pues
-bien, Raimundo Lulio no se fué por el camino de la desesperanza, sino
-que, como entró en el templo, montado en su caballo, ascendió a las
-estrellas, cabalgante en su pegaso, en seguimiento siempre del ideal.
-Aquel inmenso poeta, aquel príncipe del símbolo, aquel sabio, te señala
-una buena pauta que seguir. No pasa el tiempo para los poetas que
-tienen el alma firme y libre; para los que no reconocen fronteras,
-preocupaciones, limitaciones: las musas son como dices, muchachas
-fragantes y frescas, pero no tienen inconveniente en ir a dormir con
-Booz, o acostarse en el lecho del viejo David.»
-
-Y no sé en qué libro antiguo he leído que Abisag, después de sus
-nupcias con el anciano rey del harpa, quedó en cinta y dió a luz una
-estrella.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- TENORIO Y HAMLET
-
- [Ilustración]
-
-
- 10 de noviembre 1899.
-
-CADA comienzo de noviembre, al empezar a asarse las castañas y a
-inflarse los buñuelos, es sabido que Don Juan Tenorio hace su visita a
-Madrid. Este año ha estado también el taciturno príncipe de Dinamarca.
-Hamlet, encarnado en Sarah, la prodigiosa comedianta que ha logrado
-cristalizar la más inconmovible juventud. Don Juan se ha visto en casi
-todos los teatros y han sido largo asunto de discusión las innovaciones
-de un cómico que ha querido presentar un Tenorio como cortado por molde
-de comedia francesa a la moderna, un Tenorio a quien se ha amputado el
-apéndice que Cyrano llevara hasta delante del Eterno Padre, y Don Juan
-también, un apéndice que constituye en esos caballeros parte vital y
-precisa: ¡el _penacho_!
-
-Pues el actor de la Comedia, Thuiller, ha creído oportuna la
-variación, y dió un Don Juan despenachado. Dijo a la sordina la décima
-zorrillesca; quiso imponer lo natural en punto en que la naturalidad
-huelga; el hombre que convida a comer a los difuntos ha hablado como
-un tipo de Dumas hijo o de Lavedan; Doña Inés del alma mía ha tenido
-que corresponder en igual tono a las declaraciones de su caballero;
-esto ha sido un _flirt_ en vez de la tradicional tempestuosa pasión
-manifestada; la famosa cavatina ha sido una _causerie_; el público se
-ha mostrado sorprendido, le han cambiado a su Don Juan; la crítica
-censuró al actor, pero los empresarios demostraron que los críticos
-aplaudieron en la temporada pasada lo que hoy han señalado como
-defectuoso. Lo cierto es que el señor Thuiller ha errado. El Tenorio
-tipo de leyenda no cabe en la pauta de conservatorio reformista
-que ha querido imponerle. Don Juan, el idealizado por los poetas y
-cuyo contacto según Musset engrandece, no tiene nada que ver con el
-personaje histórico de quien Sevilla posee un retrato--el señor de
-Mañara--por otra parte, muy feo, y al cual seguramente el actor no
-querría copiar. El nuestro, el de todo el mundo, es un antiguo amigo,
-_our ancient friend Don Juan_, que dice el sublime y donjuanesco
-lord. Para darle vida, no es preciso que el actor se desgañite y
-gesticule como un loco, cual lo hemos visto en los infinitos Tenorios
-que nos ha dado la declamación española, pues desgraciadamente no hay
-cómico de la legua que no quiera entenderse con su correspondiente
-convidado de piedra. Mas algunos grandes actores ha habido que en
-España han penetrado en el carácter de Don Juan, sin menoscabarle ni
-hipertrofiarle. Calvo fué uno bueno, para no citar anteriores, y Vico,
-y aun otro actor de poco renombre pero de reconocido talento, Pedro
-Delgado, que este año ha hecho el Tenorio en... en el pueblo de Écija.
-
-No se puede hablar de _Don Juan_ sin recordar al pobre Zorrilla, que
-decía con justa amargura, poco antes de morir: «mi _Don Juan_ produce
-un puñado de miles de duros anuales a sus editores, y mantengo con él
-en la primera quincena de noviembre, a todas las compañías de verso
-de España». Él ha contado de admirable manera el génesis de su drama,
-que por cierto no fué recibido por el público con el triunfo que más
-tarde consiguiera. Fué en el año de 1844, en febrero. El actor Latorre
-necesitaba una obra flamante para su _rentrée_ en la villa y corte.
-Zorrilla era quien debía entregar la obra. Había él refundido en ese
-tiempo _Las Travesuras de Pantoja_; y registrando las comedias de
-Moreto, tuvo la idea de la pieza; y con el _Burlador_ y la refundición
-de Solís, manifestó a Latorre que se comprometía a entregarle un _Don
-Juan_ en el término de veinte días.
-
-No conocía Zorrilla, según propia confesión, ni _Le Festin de Pierre_,
-de Molière, ni el libreto de Da Ponte, ni lo que había ya hecho en
-Europa con más o menos igual argumento. «Sin darme, dice, cuenta del
-arrojo a que me iba a lanzar, ni de la empresa que iba a acometer;
-sin conocimiento alguno del mundo ni del corazón humano; sin estudios
-sociales ni literarios para tratar tan vasto como peregrino argumento;
-fiado sólo en mi intuición de poeta y en mi facultad de versificar,
-empecé mi _Don Juan_, en una noche de insomnio, por la escena de los
-ovillejos del segundo acto, entre Don Juan y la criada de Doña Inés
-de Pantoja». Los ovillejos los compuso a oscuras, y sin escribirlos;
-a pura memoria los retuvo. Del plan de la obra apenas si tenía hilos
-tendidos. Su plan era «conservar la mujer burlada de Moreto y hacer
-novicia a la hija del comendador, a quien mi Don Juan debía sacar del
-convento, para que hubiese escalamiento, profanación, sacrilegio y
-todas las demás puntadas de semejante zurcido». Comenzó a escribir,
-pues, sin saber por donde iba. La musa le supo guiar. Puso a Don
-Juan en su piel; y Ciutti, es el nombre de un criado italiano que
-había tenido Zorrilla, en el café del Turco de Sevilla; el hostelero
-Butarelli, uno que vivía en la calle del Carmen el año 1342, y de quien
-fué huésped el poeta. De Ciutti, el de carne y hueso, ved el retrato
-que traza en cuatro rasgos: «Ciutti era un pillete muy listo, que
-todo se lo encontraba hecho, a quien nunca se encontraba en su sitio,
-al primer llamamiento, y a quien otro camarero iba inmediatamente a
-buscar fuera del café, a una de dos casas de la vecindad, en las cuales
-se vendía vino más o menos adulterado, y en otra, carne más o menos
-fresca. Ciutti, a quien hizo célebre mi drama, logró fortuna, según me
-han dicho, y se volvió a Italia».
-
-He hablado alguna vez de los postreros años de Zorrilla, cuando, en
-una existencia de enfermedad y pobreza, llevaba en su vejez todavía un
-rayo de sus antiguos fuegos; y veía ganar dinero, mucho dinero, con
-sus viejas obras, a editores a quienes en otro tiempo las vendiera en
-lamentables condiciones. Entonces fué cuando Castelar sostuvo en las
-Cortes la necesidad de pensionar al lírico, y la pensión fué negada a
-quien era propietario del cielo azul, «en donde no hay nada que comer».
-
- * * * * *
-
-Hemos visto en Madrid el discutido Hamlet de París. Sarah-Hamlet.
-Discusión hubo sobre si Hamlet fué rechoncho o delgado, alto o bajo;
-en lo que no puede haber es sobre lo bello de la soberana creación que
-realiza la gran francesa. Como lo ha acostumbrado Sarah, la compañía
-que ha traído ha sido mediocre; de modo que toda la atención se ha
-concentrado en la «princesa del gesto y reina de la actitud». Sorprende
-desde luego el poder de la trágica al cambiar casi por completo su
-conocida voz de oro, por una voz de hierro, o mejor, de acero. En la
-masculinización de su papel el prodigio se impone. Desde que aparece el
-príncipe _au pourpoint noir_, el hechizo está realizado. Apenas si uno
-tiene tiempo de protestar por los cortes y aun descuartizamientos que
-se han perpetrado en la obra, como el suprimir, entre otras cosas, la
-escena de Hamlet ante el rey que ora, o el diálogo de los sepultureros.
-Pero en las partes básicas de la tragedia, el encanto aportado por
-Sarah vale por una de las más inmensas sensaciones de arte que puedan
-experimentarse.
-
-Hay, entre muchas, una escena en el primer acto en que el dominio es
-absoluto, y en la frase final el auditorio siente un gran sacudimiento:
-
- _But break, my heart; for I must hold my tongue_,
-
-que Sarah hace vibrar en su francés: «_Mais éclate, mon cœur, car il
-faut rester bouche close!_»
-
-La interpretación de Sarah es de esas acciones artísticas que pueden
-apasionar hasta la violencia. Me explico la estocada de Vanor a Mendés.
-
-Aquí Sarah se ha impuesto, a pesar de que no es muy común el dominio
-de la lengua francesa en el público. Cierto es que el público de Sarah
-Bernhardt ha sido de lo más aristocrático de que se compone el «todo
-Madrid».
-
-Quienes han admirado a sir Irving, quienes conocen el «juego» de
-Monet-Sully, quienes recuerdan a los potentes trágicos italianos
-de este siglo, hasta Novelli, con su _Hamlet_ gesticulador, están
-de acuerdo en que no ha habido palacio de carne humana en que se
-hospede como en propio habitáculo el espíritu del soñador pensativo
-de Elseneur, como la carne nerviosa y eléctrica de Sarah Bernhardt;
-ella es el príncipe delicado, pero fuerte de nervios, que le hacen ser
-buen esgrimista; lejos de la fuerza musculosa, pues él mismo exclama
-en una escena, hablando de su tío incestuoso: «_But no more than my
-father,--Than I to Hercules..._»
-
- [Ilustración]
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-
-
- UNA EMBAJADA
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- [Ilustración]
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-
-LA embajada extraordinaria alemana presidida por el príncipe Albrecht
-ha sido en estos días nota de actualidad. Él es un buen gigante teutón,
-digno representante de su tierra militar y férrea. Le ha traído el
-Águila Negra al adolescente rey Don Alfonso XIII, que en la ceremonia
-palatina ha dicho un muy bonito discurso en francés. No ha habido
-revistas militares, por disposición de gran cordura. Pero los príncipes
-extranjeros han visto mucho de la España grande e indestructible:
-han visto la sala de Velázquez en el Prado, han tenido otras varias
-impresiones que les han podido dar a entender que por más que la obra
-de los malos gobiernos traiga ruina y desastre a la patria española,
-queda un rico fondo de fecundidad y de vida de donde brote una España
-dueña de su porvenir.
-
-Han podido admirar también la otra noche, en el Teatro Real, la
-soberbia mina de hermosura que se encierra en este pueblo lleno de
-bizarrías y hechizos. La aristocracia mostraba joyas de juventud y de
-belleza de que pocos países pueden enorgullecerse.
-
-Ya es el tipo de grandes ojos negros y cabelleras de una riqueza
-incomparable que pesan sobre los cuellos armoniosos como la carga
-capilar que agobia a una _d'annunziana_ virgen de las rocas; ya el
-tipo semiarábigo, que denuncia la andaluza procedencia; o la mujer
-maciza del Norte que en su opulencia guarda el orgullo gentilicio de
-una raza generosa. Y mientras la Darclée hacía su Manón bravamente, yo
-veía al coloso alemán recorrer con sus gemelos el jardín de los palcos.
-Allí tenía la fragante flora humana del país solar que ha vivido en un
-ambiente de heroísmo caballeresco bajo un cielo de poesía; allí las
-descendientes de los más preclaros nombres de la nobleza española,
-mantenedoras de la gracia que pintaron tantos pinceles ilustres y que
-cantaron tantos luminosos poetas.
-
-Y algo de don Alonso Quijano _el Bueno_ decía a mi alma: «Deja que la
-bala _dum-dum_ se ensaye en el boer, y que el fin del siglo XIX sea de
-sangre y matanzas razonadas o sin razón. Alguien ha dicho que Krupp
-es Hegel y que Chamberlain es Darwin. No hay que desesperar. Estos
-descorazonamientos científicos pueden ser sucedidos por razonables y
-necesarios vínculos líricos. Nunca es malo Don Quijote. Y Guillermo II
-hace versos y pinta cuadros y escribe óperas e himnos. España no debe
-pensar ahora en guerras y cosas que le han enseñado lo vario de la
-suerte y lo frágil de la grandeza. Y cuando el César germánico envía un
-águila negra, se le debería corresponder con una paloma blanca.»
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- UNA NOVELA DE GALDÓS
-
- [Ilustración]
-
-
- 26 de octubre de 1899.
-
-OTRO nuevo «episodio nacional» estalla en los escaparates de librería,
-con sus colores amarillo y rojo en la cubierta, formando bandera
-española. Y bajo el título, y el 7.000 que se refiere a los ejemplares,
-la esfinge sentada sobre el globo nos anuncia que aparece un libro más
-en que se tiene por divisa Arte, Naturaleza y Verdad. Ya os he dicho
-del ordenado fabricar del maestro novelador. No censuro--sino todo lo
-contrario--el método y la exactitud en el término de la producción. Eso
-indica que la voluntad priva sobre el talento, lo cual es razón que
-honra al carácter humano. Lo que lamento es que se transparente, hasta
-casi llegar al público, un plan industrial con mengua de propósitos
-mentales. Quién encuentra una familia como la Rougon Macquart, quién
-la Historia de España. El Sr. Galdós pudo comenzar en los tiempos de
-Vamba y concluir en los de Sagasta. Habríase llenado una biblioteca
-y desbordado el capital de la casa editora. Pero el potente autor de
-_Gloria_, de _León Roch_, de la primera serie de los _Episodios_, no
-tiene el derecho de descender en calidad por ascender en cantidad.
-Yo respeto y saludo ese admirable y sereno talento que ha producido
-innegables obras maestras; pero ese mismo respeto es el que me
-hace contristarme ante una fecundidad inquietante, porque la obra
-precipitada de ahora no resiste comparación con la madura de antaño.
-Claro está que un libro de Pérez Galdós no podrá nunca ocultar el
-lustre original; no será un libro malo jamás, ni un libro mediocre,
-que es peor. Pero se advierte que falta la gestación indispensable
-en partos de esta índole--gestación casi siempre elefantina--. Sale
-el libro flojamente vertebrado, un si es no es anémico, con marcada
-tendencia al raquitismo; aunque se observan--como en los ojos del
-niño--reflejos y chispazos del alma paternal. Son libros faltos de
-tiempo. _La Estafeta romántica_ está escrita de julio a agosto de
-este año, en que van publicándose ya cuatro episodios. Cabalmente
-acabo de salir de la inmensa floresta de _Fécondité_, y al dejarla he
-visto el tiempo que Zola ha empleado en ella. Cerca de un año. Es el
-lapso más corto para realizar una labor de conciencia, sin llegar a
-la religiosidad flaubertiana. Zola, con todo y su simétrica tarea de
-gran obrero, sabe que tiene que elevarse a sus Cuatro Evangelios con
-la mayor energía y el aliento de su idea, y que no es sino con ímpetu
-aquilino y ansias de grandeza moral como podrá escudriñar a su manera
-las que llama San Agustín «montañas del Señor», para bien de su patria
-la Francia. Bien podría el señor Galdós dar a España un libro cada
-año, en el cual libro pusiese la esencia saludable de su pensamiento
-y ayudase a la obra social y al resurgimiento de la nación española.
-De estos volúmenes se ocupa escasamente y mal la crítica de casa; y
-la extranjera, por respeto al nombre del autor, suele hacer una que
-otra _compte rendu_, aunque sea como la de M. Vicent, del _Mercure de
-France_, que ha hojeado seguramente el libro, y ha sacado en claro,
-traducida una novedad del título de _La campaña del maestrazgo_. Su
-precario español le haga confundir campaña con campana, y traduce: _La
-cloche du Maestrazgo_.
-
-Es el caso de decir que ha oído campanas y no sabe dónde.
-
-No veo que en la Prensa de Madrid se le haya hecho la menor
-observación al ilustre novelista, respecto a ese producir absolutamente
-mecánico. No hay duda que causa el silencio, la consideración a
-sus altos méritos y a su celebridad. Él propio debía notar que si
-antes el aparecimiento de un libro suyo era lo que llama el clisé un
-acontecimiento literario, hoy apenas conmueve la atención y suscita uno
-o dos artículos de complacencia y las rituales gacetillas. Es natural
-que nunca su producción será colocada entre la copia innumerable y
-repetida de los multíparos conejos de las letras.
-
-Veamos la _Estafeta romántica_.
-
- * * * * *
-
-En estos libros, donde dice _Benito Pérez Galdós_, no se pone el
-aditamento: _De la Real Academia Española_. Debía hacerse, pues pocos
-escritores contemporáneos contribuyen más a sostener dignamente la
-amojamada castidad del idioma.
-
-Con ser heterodoxa la médula, lo exterior va siempre en una lengua
-conservadora y depurada y cuya espontaneidad non infiere el menor
-agravio a su legítimo y castizo abolengo. Esta novela de que trato
-está compuesta de una serie de cartas, y de ahí que sea _Estafeta_.
-Romántica es por la época en que el argumento se desarrolla. Y el ser
-la novela en cartas, quizás, no sea ajeno al título, pues el género en
-dicha época tuvo su boga. Consta la obra de cuarenta cartas en que se
-desarrolla una intriga amorosa, se trata de la política del tiempo y de
-literatura. El autor no ha descuidado la documentación; se ve que se ha
-tomado el trabajo de informarse en las mejores fuentes; y pone ante el
-lector, viviente y palpitante, esa curiosa vida de comienzos de siglo.
-
-Algo de lo más interesante es el episodio de la muerte de Larra,
-narrada y comentada en el curso de estas epístolas.
-
-Figura en la estafeta una carta simulada de don Miguel de los Santos
-Álvarez, el amigo íntimo de Espronceda y de _Fígaro_. No hay duda
-de que el señor Galdós trató a Álvarez y de sus labios obtuvo muy
-interesantes informes. Yo tuve oportunidad de conocer a dicho personaje
-en casa de don Juan Valera, y no dejé pasar la ocasión de despertar
-en más de un punto sus recuerdos, especialmente en lo referente a la
-amistad estrecha que le unía con el poeta del _Diablo Mundo_. Álvarez,
-ya muy viejo y bastante sordo, no había perdido sus facultades de
-delicioso parlante.
-
-El general Mansilla ha publicado en sus interesantes _causeries_ algo
-sobre la vida de aquel original ingenio en Buenos Aires. Es sabido que,
-creo que en tiempo de Rozas, fué al Río de la Plata, enviado por el
-Gobierno español. Él se complacía en rememorar aquella época de su vida
-y guardaba muy buenas impresiones de sus noches y días americanos. Digo
-noches, porque don Miguel de los Santos fué incorregible noctámbulo
-durante toda su larga existencia. A los setenta y tantos inviernos, y
-hasta muy poco antes de su muerte, era de los últimos en abandonar a la
-madrugada el tresillo del Casino. «Vea usted, me decía, dicen que el
-trasnochar es malo. Tengo de hacerlo tantos años y me va perfectamente.»
-
-La carta fingida de Álvarez al tipo principal de la novela, Fernando
-Calpena, está escrita de manera que bien podía considerarse como no
-apócrifa. Es alabar demasiado la inteligencia del Pilar creerla capaz
-de una imitación palpablemente difícil. Y Galdós, en esta carta, como
-en muchas de las del libro, demuestra que posee una flexibilidad de
-pensamiento que no siempre es un don de los fuertes. Todavía no se ha
-escrito la vida íntima de la época en que pasan estos sucesos de la
-Estafeta, y no se conocen detalladamente, pongo por caso, las causas
-que condujeron a Larra a suicidarse. El romanticismo tuvo, sin duda
-alguna, gran parte en el arrebato de aquel brillante espíritu. Era
-el tiempo en que el romanticismo estaba más en el ambiente que en la
-literatura, y en que, en París, como cuenta el doctor Verón en sus
-memorias, un serio y conservador hombre de letras, después de atacar
-y negar la revolución romántica con la pluma, se fué a echar al Sena,
-por causa de un amor imposible. Larra, según dicen, se mató también
-por amor. Su querida, una dama casada, cortó la intimidad obligada por
-la severidad de su confesor. El poeta no pudo lograr que se reanudasen
-las relaciones y, enamorado de veras como estaba, se precipitó en
-la muerte. No puedo dejar de haceros conocer el párrafo de la carta
-de Álvarez a Calpena, en que trata del desgraciado acontecimiento,
-y que, como digo, debe estar basado en algunas conversaciones entre
-Galdós y don Miguel: «Supe yo la muerte de Larra al día siguiente del
-suceso, o sea el 14 de febrero. Fuí a verle con otros amigos a la
-bóveda de Santiago, donde habían puesto el cadáver, allí me encontré
-a Ventura y a Roca de Togores, tan afligidos como yo y Hartzenbusch,
-que me acompañaba. ¿Y por qué?... decíamos todos, que es lo que se
-dice en estos casos.--¿Cuál ha sido el móvil?... Quién hablaba de un
-arrebato de locura; quién atribuía tal muerte al estallido final de
-un carácter, verdadera bomba cargada de amargura explosiva. Tenía que
-suceder, tenía que venir a parar en aquella siniestra caída al abismo.
-¿Y ella? Si alguien la culpaba en momentos de duelo y emoción, no había
-razón para ello. No era ya culpable. Por querer huir del pecado, había
-surgido la espantosa tragedia. En fin, querido Fernando, suspiramos
-fuerte y salimos después de bien mirado y remirado el rostro frío del
-gran _Fígaro_, de color y pasta de cera, no de la más blanca; la boca
-ligeramente entreabierta, el cabello en desorden; junto a la derecha,
-el agujero de entrada de la bala mortífera. Era una lástima ver aquel
-ingenio prodigioso caído para siempre, reposando ya en la actitud de
-las cosas inertes. ¡Veintiocho años, una gloria inmensa alcanzada
-en corto tiempo con admirables, no igualados escritos, rebosando
-hermosa ironía, de picante gracejo, divina burla de las humanas
-ridiculeces!... No podía vivir, no. Demasiado había vivido; moría de
-viejo, a los veintiocho años, caduco ya de la voluntad, decrépito,
-agotado. Eso pensaba yo, y salí, como te digo, suspirando y me fuí a
-ver a Pepe Espronceda, que estaba en cama con reuma articular que le
-tenía en un grito. ¡Pobre Pepe! Entré en su alcoba y le hallé casi
-desvanecido en la butaca, acompañado de Villalta y Enrique Gil, que
-acababan de darle la noticia. El estado de ánimo del gran poeta no
-era el más a propósito para emociones muy vivas, pues a más de la
-dolencia que le postraba, había sufrido el cruel desengaño que acibaró
-lo restante de su vida. Ignoro si sabes que Teresa le abandonó hace
-dos meses. Sí, hombre, y... En fin, que esto no hace al caso. Gran
-fortuna ha sido para las letras patrias que Pepe no haya incurrido
-en la desesperación y demencia del pobre Larra. Gracias a Dios,
-Espronceda sanará de su reuma y de su pasión y veremos concluído el
-_Diablo Mundo_, que es el primer poema del _ídem_... Sentéme a su
-lado y hablamos del pobre muerto. En un arranque de suprema tristeza,
-vi llorar a Espronceda; luego se rehizo trayando a su memoria, y a
-la de los tres allí presentes, los donaires amargos del _Pobrecito
-hablador_, el romanticismo caballeresco del _Doncel_, y el conceptismo
-lúgubre de _El Día de Difuntos_. También hablaron de ella, y tal y
-qué sé yo, diciendo cosas que no reproduzco por creerlas impropias de
-la gravedad de la historia. Villalta y Enrique Gil se fueron, porque
-tenían que dar infinitos pasos para organizar el entierro de _Fígaro_
-con el «mayor lucimiento posible», y me quedé solo con el poeta,
-el cual, de improviso, dió un fuerte golpe en el brazo del sillón
-diciendo: «¡Qué demonio! Ha hecho bien». Yo rebatí esta insana idea
-como pude, y para distraerle, recité versos, de los cuales ningún caso
-hacía. A media tarde entró de nuevo Villalta con Ferrer del Río y
-Pepe Díaz. Espronceda sintió frío y se metió en la cama. Yo, caviloso
-y cejijunto, hacía mis cálculos para ver de dónde sacaría la ropa de
-luto que necesitaba para el entierro...» Luego narra lo acontecido
-en el entierro, con la nota saliente del aparecimiento de Zorrilla,
-«de la estatura de Hartzenbusch, y con menos carnes; todo espíritu y
-melenas; un chico que se trae un universo de poesía en la cabeza»; el
-triunfo del poeta en un tiempo en que los banqueros y los ministros
-se entusiasmaban con los versos, y los festejos de que fué objeto.
-Zorrilla no duerme esa noche; al día siguiente va a ver a Álvarez, le
-toma su chocolate y le da la estupenda noticia de que le han colocado
-en el _Porvenir_, Pacheco y Pastor Díaz, ¡con treinta duros de sueldo!
-Toda la carta está escrita ingeniosa y vibrantemente, es un documento
-de verdad; y crea el mismo Pérez Galdós que ella no es obra de Pilar
-ni suya, don Miguel de los Santos Álvarez se la ha dictado desde el
-otro mundo como otros espíritus lo han hecho con Hugo o Claretie... ¡El
-señor Galdós ha sido espiritista sin saberlo!
-
-La intriga principal de la novela no interesa tanto como esos episodios
-en que se resucita la vida privada de la España de aquellos días. Lo
-anecdótico histórico triunfa sobre la inventiva del escritor. Hay
-cartas que sobresalen, como las firmadas por la joven Gracia, la cual
-pone en su escritura mucho de su nombre, aunque escasísima ortografía.
-En este caso podría ella decir, con gran justicia, que la ortografía
-no es lo primero, y que epitológrafa de tanto vuelo como madame de
-Sevigné, no era muy católica en tales disciplinas.
-
-Entre otras figuras que aparecen en el desfile de personajes, está
-la del célebre banquero Salamanca, pero apenas esbozada y falta de
-detalles, que habrían sido muy del agrado del lector contemporáneo.
-Apenas si se entrevé algo de la juventud de Zorrilla; no se nos
-informa de la vida intelectual del semiargentino Ventura de la Vega.
-De Espronceda habrían sido muy bien recibidos datos sobre sus amores
-con la famosa Teresa del no menos famoso canto. Pudo el señor Galdós
-aumentar la parte íntima de sus tipos, para lo cual no le faltarían
-seguramente buenos informantes. Muchas gentes hay en España que han
-vivido parte de esa época, no tan remota, y que, testigos de varios
-hechos, ayudarían eficazmente a la documentación del novelista.
-
- * * * * *
-
-A propósito del suicidio de Larra. La primera vez que fuí a visitar
-a Mariano de Cávia, este excelente camarada y escritor de tan rico
-ingenio, me llevó a uno de los balcones de su casa, y señalándome uno
-de la casa de enfrente, que forma esquina en la calle de Amnistía, me
-dijo: «Cada vez que me asomo veo allí una página de gran filosofía».
-Y me explicó de qué manera en aquella casa se había dado muerte uno
-de los más firmes y finos talentos de la España de este siglo, el
-pobre Mariano José de Larra. En lo primaveral de la juventud, en un
-tiempo en que todo favorecía al encumbramiento de su personalidad,
-al definitivo triunfo, a la gloria segura, aquel hombre, que había
-recibido de la implacable _Eironeia_ las más temibles armas del estilo,
-los más sutiles venenos del pensamiento, fué una víctima de ella misma.
-La aventura pasional se cristalizó en un diamante de sangre, y aquel
-amargo dueño de la sátira murió por desdenes de amor, muerte de buen
-romántico.
-
-No querráis nunca ver el reverso de la sonrisa.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA ENSEÑANZA
-
- [Ilustración]
-
-
- 8 de septiembre.
-
-REFIÉRENME que cuando hace poco tiempo estuvo vacante la plaza de
-verdugo, hubo entre los que la solicitaron abogados y médicos. Un amigo
-mío terrateniente, me asegura haber empleado como guarda forestal a
-un abogado. Esto no es una rareza. En los países menos civilizados,
-como en los más florecientes, ya se conoce lo que es el proletariado
-intelectual. En el país de mi nacimiento hay quien puede decir más de
-una vez: «¡licenciado, lústrame las botas!», y en Buenos Aires, cuando
-fuí secretario del director general de Correos y Telégrafos, recuerdo
-solicitudes para puestos de escribiente u otros más modestos, en que
-los recomendados podían responder al vistoso apelativo «doctor». En
-toda la América latina el titulismo es endémico; pero el origen está
-aquí, en la tierra clásica en que se asienta Salamanca. El mal está en
-la raíz.
-
-La ignorancia española es inmensa. El número de analfabetos es colosal,
-comparado con cualquier estadística. En ninguna parte de Europa está
-más descuidada la enseñanza.
-
-La vocación pedagógica no existe. Los maestros, o mejor dicho, los que
-profesan la primera enseñanza, son desgraciados que suelen carecer de
-medios intelectuales o materiales para seguir otra carrera mejor. El
-maestro de escuela español es tipo de caricatura o de sainete. Es el
-eterno mamarracho hambriento y escuálido, víctima del Gobierno; pero
-persona de valía y al tanto de las cosas de su tierra, me demuestra que
-realmente no son por lo general dignos de mejor suerte esos maniquíes
-de cartilla y palmeta. «Los niños, me dice, no aprenden siquiera a
-leer en la enseñanza primaria. De gramática no hablemos, raro es el
-que sabe lo más elemental y escribe con ortografía. Y no habiendo
-aprendido a leer, no es posible aprender a estudiar. El maestro de
-primaria, por lo general ignorante, carece de todos los conocimientos
-y de la mansedumbre necesaria para cumplir su misión, pero tiene la
-bastante soberbia para suponerse dueño y señor de sus párvulos en
-la escuela. Como todo buen español con su poco de autoridad, quiere
-que ésta resplandezca constantemente a los ojos de todos, y ¡ay del
-que no la acate! Lo primero que exige es la humildad, él que no es
-humilde, y la obediencia, él que con su proceder descubre la alegría
-del mando. Los niños, hartos de ser traídos y llevados sin más ni más,
-sueñan en que llegue su hora de mandar. Un hombre por conveniencia se
-aviene bien a todo; pero el niño entiende antes la justicia que la
-conveniencia, y el maestro no cuida generalmente de razonar sus actos:
-es un rey absoluto. En la mala enseñanza primaria está el origen de
-todos los males. El maestro, cuando pica muy alto--pican hasta los más
-ruines--, no quiere que le llamen maestro sino _profesor_. Este título
-incoloro lo prefieren al de maestro, porque generalmente se llaman
-profesores los que dan cursos en Institutos y Universidades; bien es
-verdad que también se llaman profesores los barberos y sacamuelas. El
-profesor de primeras letras da sus explicaciones (aquí son oradores
-todos los que hablan), que los niños no entienden, porque en vez de
-facilitar la comprensión, hace discursos, esperando que sus infelices
-discípulos le crean un hombre superior. También hace sus libros, y el
-más imbécil tiene una gramática, una geografía, una historia o unas
-matemáticas; generalmente les da por los estudios gramaticales. Todos
-velan por la integridad del purismo. Gramática hay por esas escuelas
-en que al niño le es absolutamente imposible aprender; el afán de
-definir de un modo nuevo condúceles a los mayores disparates; y los
-pobres muchachos aprenden de memoria lo que debiera ser base de su
-estudio y es origen de su abotagamiento intelectual. Tampoco se cultiva
-mucho la escritura; unos adoptan la española, otros la inglesa, casi
-nadie enseña a escribir; total, que a los diez años de edad y cinco de
-materias, pasan los párvulos de la enseñanza elemental a la segunda
-enseñanza, sin haber aprendido siquiera a leer y escribir. De cada 100
-niños aprobados de ingreso en el Instituto, 90 saben apenas firmar y
-no hay uno que escriba al dictado correctamente; la lectura también
-pertenece para ellos _a las ciencias ocultas_; y sin saber escribir ni
-leer, les meten en latines. El catedrático de Instituto, y más aún el
-de colegios particulares, no está preparado para la enseñanza; cuando
-más, conoce vagamente la asignatura que explica, pero no penetra en la
-mente de los niños. El profesor, como el maestro, tiene la monomanía
-del discurso. Todos los días hace su explicación en forma oratoria
-altisonante; si no tiene un libro de texto propio, no se ajusta en todo
-a ningún autor y obliga a los alumnos a tomar apuntes; así acaban los
-cursos, y la mayoría de los estudiantes no se ha enterado aún de lo
-que sean las asignaturas que cursaron; algunas definiciones, alguna
-clasificación, algún razonamiento aislado: cuatro lecciones prendidas
-con alfileres, que se olvidan luego, y el que tiene la suerte de salir
-aprobado no vuelve a pensar en aquellas cosas. Así el niño que salió
-de la primera enseñanza, virgen de conocimientos elementales, sale
-de la segunda sin comprender las ciencias y las letras que debieron
-determinar su vocación, y no emprende la carrera que le aconseja su
-instinto, sino la que sus padres le imponen por considerarla más
-lucrativa. Las Universidades aparecen con mejor organización; hay
-en ellas algunos profesores sabios y cultos--un Posada o Unamuno
-figurarían en su especialidad en cualquier Universidad del mundo--;
-aunque por lo general, vicios de constitución y lo que viene desde
-el origen, la falta de conocimientos elementales, no permitan a los
-alumnos aprovecharse de la enseñanza superior; con todo y no ser
-ésta deplorable como las otras, deja mucho que desear». Unamuno,
-precisamente, ha dicho en una serie de luminosos artículos mucho y muy
-interesante acerca de la enseñanza superior en España.
-
-Pero mucho más que las Universidades dejan que desear las Escuelas
-de ingenieros y las Academias militares. Nombrándose de Real orden
-los profesores, y siendo aptos para el cargo de profesor todos los
-individuos del escalafón después de un cierto número de años de
-servicio, resulta que en ciertas épocas y en ciertos cuerpos que tienen
-su centro de enseñanza en buena población, todo el mundo quiere ir a
-desempeñar cátedras, no por sus aficiones a la asignatura, sino por la
-residencia. Y, en cambio, a otros hay que enviar a la fuerza a quien
-explique, y claro es que no van los más aptos, sino los más desvalidos.
-Conceder aptitud para desempeñar una asignatura por el mero hecho de
-haberlo cursado, es una estupidez colosal; y cuando la asignatura
-es cálculo diferencial, mecánica, geología, construcción, botánica,
-química, sube de punto el disparate. Así en las escuelas y academias
-especiales se repiten todos los errores de que viene siendo víctima el
-joven desde que tuvo la mala idea de ponerse a estudiar, y esta vez
-aumentados prodigiosamente. Me dicen cosas monstruosas de tales centros
-de enseñanza, y si no las refiriese persona muy culta y muy conocedora,
-serían increíbles. En una clase de topografía, después de trabajar
-todo el año entre los alumnos y el profesor, al hacer las prácticas de
-fin de curso no consiguieron cerrar un perímetro. Las clasificaciones
-botánicas y mineralógicas, los experimentos químicos, no van más allá.
-Muchos libros, muchas horas de clase, muchas horas de estudio; mucho
-atiborrarse de teorías, leyes y teoremas; pero la ciencia, la verdadera
-ciencia no aparece.
-
-De algo semejante se quejan en algunos países europeos, pero la falta
-de conocimientos elementales no sea tal vez tan grande como en España
-en nación alguna. Precisamente la cuestión del _sumernage_ preocupa en
-Francia a muchos espíritus cultos que desean dar al estudio una marcha
-menos violenta y no tan apartada de la vida práctica.
-
-Es verdaderamente lastimoso ver a los jóvenes sufriendo por ocho
-años la ingestión de voluminosos tratados, rozando las más graves
-teorías científicas, para venir al fin, terminada la prueba oficial, a
-trabajar, los que trabajan, con el auxilio de los anuarios de bolsillo
-extranjeros. Tanta ecuación, tanta integración, para sujetarse a las
-fórmulas calculadas ya de resistencia, pendientes, velocidades, etc.;
-tanta bambolla de experimentación para someterse a las apreciaciones,
-no siempre exactas, de una cartilla de análisis. La verdad es que si
-esto no fuera terrible sería bufo.
-
-Luego la influencia clerical en la enseñanza. La alta clase española
-está convencida de que no se puede recibir una buena instrucción sino
-en establecimientos religiosos. Hay multitud de colegios regentados
-por Ordenes religiosas; ahí están las Universidades libres de Deusto,
-manejadas por los jesuítas; el Escorial, por los padres agustinos, y
-así otros centros docentes. La experiencia ha demostrado aquí y en
-otras muchas partes que los internados son funestísimos.
-
-La institución libre de enseñanza que empezó hace tiempo con muchos
-bríos, fracasó por completo. Para esa forma nueva se unieron a don
-Francisco Giner muy buenas inteligencias, y no consiguieron nada;
-lo cual prueba que o ellos no supieron enseñar, o el sistema no es
-aplicable a esta raza; yo creo ambas cosas.
-
-Para ese género de enseñanza se necesita en el profesor un instinto
-paternal y humano que no permiten la frivolidad y ligereza españolas:
-y en el alumno una atención y voluntad que las mismas causas hacen
-imposibles.
-
-Lo que habría que hacer en España sería formalizar la enseñanza
-elemental, leer y escribir correctamente, gramática y aritmética.
-Esta antigualla sería más que suficiente base para que luego cada
-cual siguiese su rumbo. Probablemente ahora es cuando hay menos
-cultura general en la Península, a pesar de la revolución y de los
-esfuerzos de algunos cosmopolitistas. El siglo XVIII fué más culto
-que este fin de siglo; y si las Universidades llegaron entonces a una
-situación calamitosa, fué por falta de administración y gobierno, por
-la preponderancia clerical, que ahora nuevamente amenaza con mayores
-ímpetus, por falta de base, por incultura elemental, por cubrir con el
-relumbrón académico la miseria de una ignorancia vasta.
-
-No hacen falta reformas, ni planes nuevos ni estudios novísimos. Lo
-que necesita con urgencia la juventud española es que le enseñen a
-_leer_, ¡que no sabe!, que se mueran de una vez todos los maestros
-agonizantes, en cuyas manos se deshilacha como una vieja estofa el
-espíritu nacional, y que se pongan las fabulosas «Cartillas» en manos
-de hombres de conciencia, hombres que den al abecedario la importancia
-de un cimiento sobre el cual ha de apoyarse el edificio de la común
-cultura.
-
-Santiago Alba, ¡buena cabeza!, a propósito del soñado libro de
-Desmolins se pregunta: ¿El régimen escolar español forma hombres? ¡Y
-con la universal voz se contesta: no! Hay mucha disposición, mucho
-reglamento--; ¡estamos en el reino del expediente del cual hemos sido
-herederos directos!--, y en el fondo, nada. Todo en los papeles. Alba
-ha hecho una comparación estadística.--El 1 ½ por 100 (0,73 por
-habitante) del total del Estado consagra éste en España a la pública
-instrucción, mientras Francia el 6 ½ (5,82 francos por habitante),
-Italia el 2 ½ (1,75); y hasta Portugal el 2 ¼ (1,11). No hablemos
-de Inglaterra, donde el espíritu anglo-sajón y la riqueza del país por
-el mismo espíritu creado permiten dedicar a la enseñanza el 8 ½ por
-100 del presupuesto total, esto es, más de siete francos por individuo.
-Entrando en lo hondo del asunto, la palabra del señor Alba no puede ser
-más franca ni más justamente dura. «¿Es que nuestros bachilleres, dice,
-nuestros abogados, nuestros médicos, nuestros ingenieros, nuestros
-peritos mercantiles y hasta nuestros militares y nuestros marinos,
-no son víctimas también del inevitable _chauffage_, de que Demolins
-abomina escandalizado y dolorido? Bachilleres incapaces de escribir una
-carta con ortografía, abogados ignorantes al salir de la Universidad de
-lo más rudimentario de la profesión; médicos que no saben ni tomar el
-pulso; ingenieros a quienes se hunde la primera obra en que ponen mano;
-peritos mercantiles que no podrían llevar regularmente ni un libro
-_diario_;--en fin, militares a quienes «no caben en la cabeza» cien
-hombres y marinos de cuyos viajes da precisa y exacta cuenta el número
-de las averías del barco que dirigen, entonan a coro himno grandioso al
-admirable sistema que empieza por hacer inútiles a cientos de hombres
-de uno de los pueblos más reconocidamente despiertos del planeta.»
-
-Lo dice el vulgo con toda claridad: «Aquí el bachiller, el abogado, el
-médico, el ingeniero, el perito mercantil, el militar, y el marino que
-llegan de veras a serlo «se hacen» por sí solos cada uno en su casa, en
-su hospital, en su taller, en su cuartel o en su barco; lo que estudian
-en el Instituto, en la Universidad, en la escuela, o en la Academia, es
-sólo por coger el título o la estrella».
-
-En lo relativo especialmente a la enseñanza superior, ha iniciado
-ahora, como he dicho, el catedrático de griego de la Universidad de
-Salamanca, señor Unamuno, una campaña nobilísima y valiente.
-
-
-
-
- FIESTA CAMPESINA
-
- [Ilustración]
-
-
- 18 de noviembre.
-
-UN hombre del campo me invitó hace pocos días a ver la fiesta de su
-aldea, en tierra de Ávila. Se trata de un lugar llamado Navalsauz,
-a algunas leguas de la vieja ciudad de santa Teresa. Mis deseos de
-conocer las costumbres campesinas de España encontraban excelente
-oportunidad. Acepté. Una buena mañana tomé el tren para Ávila, en
-cuya estación me esperaba mi invitante, en compañía de dos hijos
-suyos, robustos mocetones que tenían preparadas las caballerías
-consiguientes. No permanecí en la ciudad ni un solo momento. Fué
-cosa de llegar, montar y partir. Pero, debo deciros algo de la buena
-bestia en que hube de pasar por esos campos. Era el inseparable de
-Sileno, el compañero de Sancho, el interlocutor de Kant, el amigo de
-Pascarella. Manso, filosófico, doctoral, aunque en tal o cual punto
-del camino se manifestase más de una vez mal humorado o asustadizo. La
-carretera se extendía entre campos cultivados. A un lado y otro había
-labriegos arando con sus arados primitivos. Se cultiva el centeno,
-trigo, algarrobas, garbanzos, cebada y patatas. El paisaje no deja de
-ser pintoresco, limitado por alturas lejanas, cerros oscuros, manchados
-de altos álamos y chatos _piornos_, bajo cuyas espesuras es fama que
-se agita el más poblado mundo de liebres y conejos. En el tiempo del
-viaje, se encuentran a un lado de la carretera mesones o ventas harto
-pobres, que nada tienen que ver con los caserones que en la árida
-Castilla se le antojaban castillos a Don Quijote.
-
-En una hubimos de pernoctar.
-
-Mi amigo grita con una gran voz: «¿Hay posada?»
-
-«Sí, señor; pasen ustedes.» Y de la casa maltrecha sale la figura
-gordinflona del ventero. Mientras los mocetones llevan los burros al
-pienso, heme allí conducido a la cocina, donde una gran lumbre calienta
-olorosas sartenes, y conversan en corro otros viajeros, todos de las
-aldeas próximas, de higiene bastante limitada, pero gentes de buen
-humor que se charlan y se pasan de cuando en cuando una bota. Entré
-yo también al corro y de la bota gusté--un vinillo de las villas del
-Barranco--, así como compartiera más de una vez con los gauchos de las
-pampas, también al amor de un buen fuego y en la cocina de la estancia,
-al mate amargo y la ginebra. La cena estuvo suculenta, y luego fué el
-pensar en dormir. ¿Camas? Ni soñarlo. Cada cual duerme en los aparejos
-y recados; quién en la cocina, para no perder lo sabroso del calor;
-quién en la cuadra. Yo prefiero la vecindad de la lumbre y entro en esa
-escena de campamento. Por otra parte, no me es posible dormir. Esos
-benditos de Dios roncan con una potencia abrumadora; y así, fabricando
-castillos «en España», o viajando por el país de mis recuerdos, paso
-toda la noche, hasta que los gallos anuncian el alba y el ventero me
-lleva una taza de leche recién ordeñada. A poco estoy otra vez sobre mi
-asno, que lleva un pasito ligero y no poco molesto, mientras hace no sé
-qué señas con sus orejas al paso de la fría brisa matutina.
-
-¡Bello día en el fragante y bondadoso campo! Sale un claro sol;
-comienzan a verse las ovejas, y me gratifican con un concierto; los
-pastores abrigados con sus zamarras, poco limpios y con aspecto de
-perfectos brutos, quitan a mi mente toda idea de pastor quijotiz;
-mis compañeros de viaje se detienen con conocidos que vienen de los
-villorrios cercanos, lo cual es un pretexto para repetidos saludos a
-la bota. Y mi burrito sigue impertérrito, en tanto que me llegan de
-repente soplos de los bosques, olientes a la hoja del pino. Es una cosa
-asombrosa, dice Bacon, que en los viajes por mar, donde no se ve sino
-el cielo y el agua, los hombres tienen, sin embargo, la costumbre de
-hacer diarios; y en los viajes por tierra, donde hay tantas distintas
-cosas que notar, casi nunca los hacen, como si los casos fortuitos o
-los hechos inesperados merecieran menos ser notados y apuntados que las
-observaciones que se hacen por una deliberación premeditada. Ni por
-mar ni por tierra he acostumbrado tales apuntaciones; pero si hubiese
-tenido un libro de notas a la mano, en esa mañana deliciosa habría
-escrito, sin apearme de mi simpático animal: «Hoy he visto, bajo el
-más puro azul del cielo, pasar algo de la dicha que Dios ha encerrado
-en el misterio de la Naturaleza». Este mismo sol y la sonrisa de este
-mismo campo vieron los ojos de la divina Doctora, que se encendiera en
-la incandescencia de su misticismo, hasta la maravilla del éxtasis y la
-comunicación con lo extraterrestre y lo supernatural.
-
-El almuerzo fué en el camino, gracias a mi provisión de _pâté de
-foie-gras_, queso manchego y pollo frío. Seguimos la caminata todo
-el día hasta llegar a la posada de Santa Teresa, en donde está el
-cuartel de la guardia civil; y al declinar la tarde, estamos ya en las
-cercanías de Navazuelas. El terreno cambia, se suceden las cuestas
-y honduras; y de pronto me indican lo que debo hacer. «Señorito, ¡a
-pata!» Obedezco, y continúo el camino llevando el burro del ronzal,
-hasta llegar a la Navazuelas, en donde vuelvo a _enfourcher_ al
-benemérito rucio. Y diviso el pueblo: un montoncito de casucas entre
-peñascos.
-
-Al entrar a la aldea se me señala la iglesia; muy chica, medio
-caída, con una alameda al lado de la puerta; y situada _en medio del
-camposanto_... Mi asombro es grande cuando no veo una sola cruz, así
-fuese la más tosca y miserable.
-
-Me instalo en casa de «mi amigo». Calcularéis ya que el _confort_ no es
-propiamente suntuoso.
-
-Estamos en el imperio de lo primitivo. Buen fuego, sí, se me ofrece,
-y ricos chorizos y patatas, y sabroso vino. Duermo a maravilla. A la
-mañana siguiente, vivo en plena pastoral. Se me conduce aquí y allá,
-entre cabras y vacas y ovejas. Estoy en la _pastoría_. Después, a la
-iglesia, en donde las mozas están adornando a la Virgen. Las mozas,
-en verdad, no eran muy guapas, pero las había bastante agraciadas. El
-traje de la paleta es curioso y llamativo. Más de una vez lo habréis
-visto en las comedias y zarzuelas. Falda corta y ancha, de gran vuelo
-que deja ver casi siempre macizas y bien redondas pantorrillas; la
-media o calceta es blanca y el zapato negro. En corpiños y faldas
-gritan los más furiosos colores. Al cuello llevan un pañuelo, también
-de vivas tintas y flores, y otro en la cabeza, atado por las puntas
-debajo de la barba. Les cuelgan de las orejas hasta los hombros enormes
-pendientes, y usan gargantillas y collares en gran profusión. El pelo
-va recogido en un moño de ancha trama y resalta sobre el moño la gran
-peineta que a veces es de proporciones colosales, como la primera
-que, según dicen, se usó en Buenos Aires a principios de siglo.
-Generalmente no llevan sortijas en sus pobres manos oscuras, hechas a
-sacar patatas y cuidar ganados. No estamos propiamente en Arcadia, y
-Virgilio no repetiría, por ningún concepto en este caso, las frases que
-en su décima égloga prorrumpe Galo, hijo de Polión. Al entrar yo en
-la iglesia, las muchachas cantaban, adornando con gran muchedumbre de
-flores la imagen de la patrona, la Virgen del Rosario. Después fuéronse
-a casa de las mayordomas, al obligado convite: castañas, higos y vino.
-Por la noche, en medio de la cena, en la casa en que se me hospedaba,
-las mozas tiraron las cucharas de pronto y echaron a correr fuera.
-Era el tambor que sonaba a la entrada del lugar; venía de un pueblo
-vecino, y su son con el de la gaita haría danzar esa misma noche, en
-la plaza, a las alegres gentes. Luego pude observar algo de un fondo
-ciertamente pagano. Las mozas formaron un ramo de laurel, cubierto de
-frutas varias y dulces, para ser llevado a la iglesia al día siguiente.
-Mientras tanto, vi venir del campo a varios mozos con grandes ramas
-verdes que iban poniendo sobre los techos de ciertas casas. Se me
-explicó que en donde había una muchacha soltera colocaba ramos su novio
-o su solicitante. Era extraño en verdad para mí ver al día siguiente
-coronadas de follaje casi todas las casitas del villorrio. Del pueblo
-vecino también llegó el señor cura, un cura joven, alegre y de buena
-pasta, bastante distinto del tipo de Pérez Escrich. Ya tuve con quien
-conversar: política, más política y un poco de literatura. Al curita le
-fueron a buscar los varones, con el tambor a la cabeza del concurso,
-mientras el campanario llamaba a la misa. Las mozas, vestidas de
-fiesta, esperaban en el camposanto. El alcalde está allí también, con
-su vara y sus calzones cortos y su ancho sombrero y su capa larga. Las
-mozas abren la puerta para que pasen el señor cura y la «justicia», y
-detrás todos los hombres. La puerta vuelve a cerrarse, y ellas quedan
-fuera. Entonces, en coro, empezaron a cantar:
-
- Tres puertas tiene la iglesia,
- Entremos por la mayor
- Y haremos la reverencia
- A ese divino Señor...
-
-La puerta sigue cerrada. Y ellas:
-
- Tres puertas tiene la iglesia,
- Entremos por la del medio
- Y haremos la reverencia
- A la reina de los cielos...
-
-Y otra vez:
-
- Tres puertas tiene la iglesia,
- Entremos por la más chica
- Y haremos la reverencia
- A la señora justicia...
- Abre las puertas, portero,
- Las puertas de la alegría
- Que venimos las doncellas
- Con el ramo p'a María...
-
-Al llegar aquí contesta una voz dentro:
-
- Las puertas ya están abiertas
- Entren si quieren entrar.
- Confitura no tenemos
- Para poder convidar.
-
-Entran las buenas mozas, a pesar de que no hay confitura y, cerca de la
-pila de agua bendita vuelven a cantar a pleno pulmón:
-
- Tomemos agua bendita,
- mis amiguitas y yo,
- Tomemos agua bendita
- Vamos al altar mayor.
- Tomemos agua bendita,
- Amigas y compañeras,
- Tomemos agua bendita
- Vamos a llevar la vela.
-
-Al llegar aquí van todas con aquel famoso ramo de laurel ornado de
-peras, manzanas y guindas, y con la vela, que ha llegado de alguna
-cerería de Madrid o Ávila, al altar mayor, a hacer la ofrenda a la
-Virgen. Las estrofas de esa inocente métrica de aldea se suceden
-entretanto. En todo se admira que, al menos en las mujeres, hay
-cierta suma de religiosidad y de fe sencilla, junto con el amor al
-divertimiento, lo cual es mucho en una aldea que no pone cruces a sus
-muertos. La procesión viene en seguida. Se conduce a la Virgen por la
-calle, cantando el rosario, y se vuelve a depositar la imagen. Allí hay
-un interesante remate de la mayordomía del año entrante y otras tantas
-pequeñas preeminencias.
-
-Por la tarde se reanuda el baile con la gaita y el tambor, en la
-pradera, donde se merienda gozosamente. Por la noche, baile y más
-baile. Por largo tiempo resonarán en mis oídos la aguda chirimía y el
-tan tan del tambor, ese tambor infatigable. Todavía hasta el chocolate
-cural, se pasa por la rifa del célebre ramo. Aun queda, el día que
-viene, tiempo para que sigan danzando mozos y mozas, en tanto que los
-viejos aldeanos vuelven al campo a su tarea de sacar patatas.
-
-Yo volví a tomar mi burrito, camino de Ávila, en donde probé las más
-ricas aceitunas que os podáis imaginar, con mi amigo el campesino. No
-dejé de recordar al cuerdo Horacio:
-
- _Non afra ovis descendat in ventrem meum
- Non attagen Jonicus
- Incundior quam lecta de pinguissimis
- Oliva ramis arborum..._
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- HOMENAJE A MENÉNDEZ PELAYO
-
- [Ilustración]
-
-
- 27 de diciembre de 1899.
-
-HA reanudado Menéndez Pelayo la serie de conferencias que desde hace
-algún tiempo da en el Ateneo, sobre un tema que no puede ser más
-apropiado para sus admirables facultades: los grandes polígrafos
-españoles. No posee el célebre humanista facultades oratorias; pero
-en la lección su voz resonante y enérgica vence toda dificultad.
-El auditorio le escucha siempre con interés y provecho, aunque la
-concurrencia no sea en ocasiones tan numerosa como se debía esperar
-supuestas la autoridad y la gloria del maestro.
-
-Menéndez Pelayo está reconocido fundadamente como el cerebro más
-sólido de la España de este siglo; y en la historia de las letras
-humanas pertenece a esa ilustre familia de sacerdotes del libro de
-que han sido ornamento los Erasmos y los Lipsios. Aun físicamente, al
-ver el retrato grabado por Lemus, he creído reconocer la figura del
-gran rotterdamense profanada por la indumentaria de nuestro tiempo.
-Y cuando en la conversación amistosa escucho sus conceptos, pienso
-en un caso de prodigiosa metempsícosis, y juzgo que habla por esos
-labios contemporáneos el espíritu de uno de aquellos antiguos ascetas
-del estudio que olvidara por un momento textos griegos y comentarios
-latinos. Es difícil encontrar persona tan sencilla dueña de tanto
-valer positivo; viva antítesis del pedante, archivo de amabilidades;
-pronto para resolver una consulta, para dar un aliento, para ofrecer
-un estímulo. Posee una biblioteca valiosísima, allá en Santander,
-lugar de su nacimiento y donde pasa los veranos. Ha poco ha muerto su
-padre, que llevaba el mismo nombre suyo, y que era un notable profesor
-de matemáticas. Tiene un hermano, don Enrique, doctor en medicina y
-aficionado a los versos. En Madrid, como en Santander, es don Marcelino
-un formidable trabajador. Aquí dirige la Biblioteca Nacional y publica
-muy eruditos estudios en la _Revista de Bibliotecas y Museos_; dirige
-la edición académica monumental de las obras de Lope de Vega; mantiene
-activa correspondencia con sabios extranjeros; da sus lecciones en
-la Universidad y sus conferencias en el Ateneo, que luego formarán
-una de sus obras más importantes; en resumen, es un raro ejemplo de
-laboriosidad y de potencia mental, y como en los años de su juventud,
-tiene una memoria incomparable y un entusiasmo que constituye la parte
-más simpática y hermosa de su talento.
-
-Acaban de ofrecerle un justo homenaje unos cuantos sabios y eruditos
-humanistas, con motivo de cumplir veinte años de profesorado. El
-homenaje lo forman dos gruesos volúmenes llenos de muy curiosas
-investigaciones y estudios; inmejorable regalo para el obsequiado.
-Los nombres de los que ofrecen tal muestra de admiración al ilustre
-español, son autoridades entre los estudiosos. De sentir es que entre
-ellos no aparezca ningún representante de la América española. En
-cambio, uno de los mejores trabajos ha sido escrito por un profesor
-de Pensilvania. Haré una ligera reseña de lo que contienen estos
-respetables tomos.
-
-El prólogo ha sido escrito por D. Juan Valera. Nadie mejor que él
-podría llenar la tarea. Amigo de Menéndez Pelayo desde los primeros
-pasos intelectuales de éste, ha sido uno de los que más han contribuído
-a las victorias logradas por quien ocupó un sillón de la Real Academia
-a los veintidós años. Traza, pues, un retrato exacto y animado del
-querido discípulo y compañero, al mismo tiempo que nos presenta un
-cuadro del decaimiento de la cultura española y lo mucho que ha hecho
-y hace el autor de las _Ideas estéticas_ y de _Los heterodoxos_ por
-colocar en su verdadero punto muchos elementos de gloria nacional
-olvidados por los propios y negados por los extraños. «Fuerza es
-confesar, por desgracia, dice Valera, que España está en el día
-profundamente decaída y postrada. Su regeneración requiere, sin duda,
-un gran poder político, sabio y enérgico, ejercido con voluntad de
-hierro y con inteligencia poderosa y serena; pero tal vez antes de
-esto, y para orientarse, y para descubrir amplio horizonte, y para
-abrir ancho y recto camino, se requiere que formemos de nosotros mismos
-menos bajo concepto, y no nos vilipendiemos, sino que nos estimemos en
-algo, siendo la estimación, no infundada y vaga, sino conforme con la
-verdadera exactitud, y sin recurrir a gastados y pomposos ditirambos y
-a los recuerdos, que hoy desesperan más que consuelan, de Lepanto, San
-Quintín, Otumba y Pavía. Aunque me repugna emplear frases pomposas,
-que hacen el estilo declamatorio y solemne, no atino a explicar mi
-pensamiento sino diciendo que don Marcelino Menéndez y Pelayo ha
-venido a tiempo a la vida y ricamente apercibido y dotado de las
-prendas conducentes para cumplir, hasta donde pueda cumplirla un solo
-hombre, la misión anteriormente indicada, para invocar sin vaguedad y
-sin exageraciones nuestra importancia en la historia del pensamiento
-humano, y para señalar el puesto que nos toca ocupar en el concierto de
-los pueblos civilizadores, concierto del que formamos parte desde muy
-antiguo y del que no merecemos que se nos excluya. La misión, pues, de
-don Marcelino, ya que nos atrevemos a llamarla misión, no es puramente
-literaria, sino que tiene mayor amplitud y trascendencia».
-
-El tomo primero del homenaje, lo inicia el conocido hispanista francés
-Alfred Morel-Fatio, publicando unas cuantas cartas, correspondencia
-interesante entre el famoso bibliotecario de Colbert e historiador
-Etienne Baluze y el marqués de Mondéjar. El marqués escribe en
-castellano y Baluze en latín. Baluze se excusa de no corresponder en
-lengua española: «_Hoc ideo dico, Excellentissime Domine, ut accipias
-excusationem meam, quod ad humanissimas et elegantissimas litteras
-tuas non respondeo eadem lingua qua scriptae sunt_». Y el marqués le
-contesta: «Me sucede lo mismo a mí con el latino que a usted con el
-español, entorpeciéndonos igualmente a entrambos la falta del uso».
-Los conceptos de esta correspondencia se refieren a envíos de datos y
-libros, a cambio de noticias entre eruditos estudiosos, y si el marqués
-es dignamente admirativo y afectuoso con su amigo parisiense, Baluze
-no le escatima las más elegantes frases latinas de cumplimiento y
-reverencia.
-
-Un inglés, muy conocedor de letras castellanas, James
-Fitzmaurice-Kelly, trata sobre _Un hispanófilo inglés del siglo XVII_.
-Este fué Leonardo Digges, probable amigo de Shakespeare y Ben Jonson y
-traductor del _Poema trágico del español Gerardo y desengaño del amor
-lascivo_. Y M. Leo de Rouanet, que ha traducido al francés algo del
-teatro español, se ocupa de un auto inédito de Valdivieso, existente
-en la Biblioteca Nacional de Madrid. El señor Luanco logra demostrar
-que el libro de la _Clavis Sapientiae_, tenido por obra de Don Alfonso
-_el Sabio_, no es de dicho rey, con todo y estar probada su afición a
-estudios herméticos. El señor Cotarelo, cuyos trabajos de erudición
-son tan meritorios--especialmente entre otros, sus páginas sobre don
-Enrique de Villena--, habla de los traductores castellanos de Molière.
-Siento que a una labor tan completa hayan faltado en absoluto noticias
-referentes a traducciones hispanoamericanas, que de algunas piezas las
-hay buenas, como la del _Misántropo_ por el centroamericano Gavidia.
-
-Ernesto Mérimée, sobrino del autor de _Colomba_, y profesor
-creo que en Tolosa de Francia, ha contribuído con un _Ramillete
-de flores poéticas de Alejandro de Luna_, que se encuentra en la
-biblioteca municipal de Montauban. Este de Luna es un autor hasta hoy
-completamente desconocido, y el descubrimiento de M. Mérimée parece de
-muy relativa importancia.
-
-El músico Pedrell hace un paralelo entre Palestrina y Victoria,
-maestro de capilla eminente, contemporáneo del célebre italiano. El
-P. Blanco García, conocido por su obra sobre literatura española e
-hispanoamericana, rectifica algunos datos biográficos de fray Luis
-de León. Un erudito italiano, Benedetto Croce, aporta un valioso
-contingente a la literatura cervantina, con sus _Due Illustrazioni
-al Viaje del Parnaso, del Cervantes_. Y el señor Estelrich, autor
-de un notable libro sobre la poesía italiana en España, escribe un
-estudio acerca de los traductores castellanos de las poesías líricas
-de Schiller. Arturo Farinelli inserta en castellano una notable
-disquisición respecto al origen del Convidado de Piedra. Es de admirar
-el caudal de conocimientos de este extranjero en lo referente a letras
-castellanas. Además, es un verdadero políglota, y escribe con igual
-corrección en español, italiano y alemán. El señor Apraiz, cervantista
-afanoso, enriquece con varias curiosidades el estudio y culto del autor
-nacional. El señor Franquesa y Gómez, se ocupa de una comedia inédita,
-sobre el tema de _Don Juan Tenorio_, de don Alonso de Córdoba Maldonado.
-
-Mario Schiff contribuye, en francés, con algo que es de verdadera
-«sensación» para los eruditos y en especial para los dantistas. El
-general Mitre de seguro tendrá en el asunto gran interés. Se trata
-nada menos que del hallazgo en la Biblioteca Nacional de Madrid, de
-la primera traducción de la _Divina Comedia_ al castellano, la de
-don Enrique de Villena, cuyo manuscrito habían considerado perdido
-investigadores como Amador de los Ríos, el mismo Menéndez Pelayo,
-Cotarelo, y antes de ellos, Pellicer. El señor Schiff, entre los
-papeles de la colección Osuna, en la Biblioteca encontró dicho
-manuscrito. Este consta de CCVIII hojas de papel; contiene la _Divina
-Comedia_ en italiano, escrita en Italia y probablemente en Florencia;
-el _explicit_ del Paraíso tiene la fecha de 10 de noviembre de 1354.
-
-El _Inferno_ tiene al margen muchos comentarios latinos, pocos el
-_Purgatorio_, ninguno el _Paradiso_. También al margen está la versión
-española en prosa; según Schiff, la misma mano que escribió los
-comentarios escribió la traducción. Por lo demás, la letra del marqués
-de Santillán se reconoce en notas marginales y apostillas. El traductor
-es de una fidelidad que llega al calco; con los elementos de entonces,
-el marqués de Santillán tenía la misma «teoría del traductor» del
-general Mitre. Es una versión la suya al pie de la letra; y a veces la
-prosa sigue el ritmo del verso y aun el consonante. Como curiosidad,
-copiaré algo del canto primero.
-
-«Principia el actor Dante:
-
-»1. En el medio del camino de nuestra vida, me fallé por una espesura o
-silva de árboles oscura en do el derecho camino estaba amatado.
-
-»2. E quanto a dezir qual era es cosa dura, esta selva salvaje áspera e
-fuerte, que pensando en ella renueva mi miedo.
-
-»3. Tanto era amargo que poco más es la muerte; mas por contar del
-bien que yo en ella fallé diré de las otras cosas que a mi ende fueron
-descubiertas».
-
-Y más adelante:
-
-«27. Pues eres tú aquel Virgilyo y aquella fuente que espandyo de
-fablar tan largo río, respondí yo a él con vergonosa fruente.
-
-»28. O de los otros poetas honor e lumbre. Válame agora el luengo
-estudio e gran amor que me fiz buscer los tus libros.
-
-»29. Tú eres el mi maestro y el mi actor, tú eres sólo aquel del qual
-yo tomé el fermoso estilo que ma fecho honor».
-
-Y en el pasaje de Ugolino:
-
-«1. La boca se levantó de la fiera viendo aquel pecador... etc».
-
-Algunas veces, la mala copia del escribiente italiano hace cometer a
-don Enrique de Villena equivocaciones y traduce una cosa por otra. Pero
-en todo caso, su traducción es de un inmenso precio, no solamente para
-los eruditos, sino también para los críticos y poetas. Allí se ve el
-verdadero valor de ciertas palabras correspondientes a la expresión
-dantesca, y la necesidad de emplear hoy ciertos arcaísmos eficaces para
-transparentar la fuerza o la gracia del divino poema.
-
-Pero dejaré para otra carta algunos de los principales trabajos de que
-consta el Homenaje a Menéndez Pelayo, pues hablar de todos es poco
-menos que imposible en el espacio de que dispongo y dada la índole de
-estas informaciones.
-
-Sobresalen en el copioso homenaje a Menéndez Pelayo otros trabajos
-de importancia. Con una corta introducción en latín, publica el
-sabio Boehmer cuarenta cartas de Alonso de Valdés, todas inéditas:
-_Alfonsi Valdesii litteras XL ineditas--Marcellino, Immo Marcello--De
-vicennalibus cathedrae gratulabundus--Trans partium fines offert--E
-clara valle Getmanie Eduardus Boehmer_. Es un verdadero regalo de
-erudito. Algo inédito, aunque de un valor relativo, ofrece el señor
-Serrano y Sanz; dos canciones de Cervantes, que no tienen otro mérito
-que la procedencia, y el haber sido escritas en ocasión famosa, cuando
-la pérdida de la Armada. Comienza la primera:
-
- Vate fama veloz las prestas alas,
- rompe del Norte las cerradas nieblas,
- aligera los pies, llega y destruye
- el confuso rumor de nuevas malas,
- y con tu luz desparce las tinieblas
- del crédito español que de ti huye, etc.
-
-Y la segunda:
-
- Madre de los valientes de la guerra,
- archivo de católicos soldados,
- crisol donde el amor de Dios se apura,
- tierra donde se ve que el cielo entierra
- los que han de ser al cielo trasladados
- por defensores de la fe más pura, etc.
-
-Persona de mucha erudición es el señor don Ramón Menéndez Pidal, uno de
-los organizadores del homenaje. Contribuye con nutridas notas para el
-Romancero del conde Fernán González, y da la agradable noticia de que
-en breve tratará tan importante materia el insigne don Marcelino.
-
-Un arabista de nota, don Francisco Pons, trata de dos obras
-importantísimas del polígrafo árabe Aben Hazan. La una lleva por
-título: _Collar de la paloma acerca del amor y los enamorados_, y es,
-nos dice el expositor, una guía completa de estrategia erótica para
-cuantos aspiran a los lauros del triunfo en las contiendas amorosas.
-El único ejemplar que hoy se conoce de dicha obra, se halla en la
-biblioteca de la Universidad de Leyden. La otra es el _Libro de las
-Religiones y de las Sectas_.
-
-Es muy alabado entre autoridades competentes el trabajo que aporta don
-Eduardo Hinojosa: _El Derecho en el poema del Cid_. Es curiosa labor,
-y se necesita ciertamente gran paciencia de estudioso y amor a estas
-disciplinas para realizarla. En ella están expuestos los episodios del
-_Poema_ que se relacionan con el Derecho, y se estudia la obra toda en
-lo que tiene que ver con lo jurídico.
-
-Don Cristóbal Pérez Pastor comunica datos desconocidos para la Vida de
-Lope de Vega. Ellos vienen a aumentar los que el mismo Menéndez Pelayo
-descubriera no ha mucho, y que, según dicen, le pusieron en conflicto
-con la Real Academia. Parece que Lope resulta varón demasiado alegre en
-su vida privada, y el director de la edición monumental de sus obras
-cree que todo debe publicarse, así el ilustre fraile aparezca un poco
-galeoto y otro poco libidinoso. El conde de la Viñaza nos habla de
-dos libros inéditos del maestro Gonzalo Correas, autor de que trata
-escasamente Nicolás Antonio en su _Bibliotheca Hispana Nova_. Se trata
-de un eminente estudioso, tocado de reforma ortográfica, y antecesor,
-por lo tanto, del distinguido señor Kabezón, de Valparaíso, como se
-verá por esta cita: «De la arte mía Griega ia se tiene esperienzia
-en esta universidad; aora va mexorada i en romanze i kon la perfeta
-ortografía kastellana...»
-
-De otra obra inédita escribe la señora Michaelis de Vasconcellos,
-escritora portuguesa. Es un manuscrito perteneciente a la biblioteca
-del señor Fernando Palha: _Tragedia de la insigne reyna doña Isabel_,
-por el condestable don Pedro de Portugal. La eminente lusitana
-prueba su largo saber y su fineza de criterio en sus observaciones y
-comentarios al valioso códice cuatrocentista. Un buen estudio es el de
-Toribio del Campillo acerca del _Cancionero de Pedro Marcuello_; es un
-homenaje al mismo tiempo al sapiente y laborioso aragonés Latassa, que
-enalteciera tanto las letras en su región. Cierra el primer volumen don
-Juan García, tratando de antigüedades montañesas, aborígenes, cuevas,
-dólmenes y etimologías de la provincia en que se asienta Santander.
-
-La duquesa de Alba es muy amiga de Menéndez Pelayo. Supo ella que
-se trataba de este homenaje y alentó al señor Paz y Melia, para que
-ampliase un estudio comenzado sobre la Biblia llamada de la Casa de
-Alba, o sea la traducción hecha por Rabi Mosé Arragel de Guadalfajara.
-La versión fué hecha por pedido del maestre de Calatrava don Luis de
-Guzmán. El señor Paz y Melia narra, apoyado en curiosa documentación,
-la génesis de la obra, y los afanes del judío traductor, que no se
-resolvió a llevar a término su empresa sino casi obligado por el señor
-cuyo vasallo era. Es de inestimable mérito este estudio bibliográfico,
-y habría sido de gran valor para el bibliógrafo que en una sabia
-revista francesa acaba de publicar una monografía acerca de _Las
-Biblias españolas_.
-
-Llaman «el Menéndez Pelayo de Cataluña» a don Antonio Rubio y Lluch,
-eminente amigo mío de quien hace algunos años hablé en _La Nación_,
-con motivo de sus traducciones de novelas griegas contemporáneas.
-Hay, en efecto, entre ambos muchos puntos de semejanza. Los dos,
-compañeros en los primeros estudios, han tenido igual tesón en sus
-preferidas tareas; los dos han seguido idénticos rumbos; los dos son
-ortodoxos y conservadores; los dos profesores de Universidad, y los dos
-poseen dotes cordiales y de carácter que les hacen ser queridos por
-compañeros, discípulos y amigos. Rubio ha querido esta vez ofrendar a
-su ilustre colega un estudio sobre la lengua y cultura catalanas en
-Grecia en el siglo XIV. La preparación de Rubio en tal asunto puede
-asegurarse que es única. Conoce entre otras cien cosas, admirablemente,
-el griego antiguo y el griego moderno: ha dedicado largos años de
-su vida a profundizar sus investigaciones en archivos y bibliotecas
-nacionales y extranjeros, y su reciente viaje a Grecia es una
-conmovedora odisea en la historia de su vida tranquila y laboriosa. He
-oído la narración de sus propios labios, cuando al pasar por Barcelona
-tuve el gusto de recibir su amable visita. Cuando le vi entrar, no le
-reconocí. Está casi ciego, y esta es la parte trágica del episodio.
-Contóme como había realizado un viaje a su amada Hélade, enviado por
-la Diputación provincial barcelonesa. Iba lleno de ideas y de bellos
-sueños artísticos, y con la ardiente voluntad de dedicarse a sus duras
-labores de investigación en los archivos atenienses, cuando, al llegar,
-repentinamente, sin causa reconocida, siente que todo se le hace
-sombra, ¡que está ciego! Volvió a su patria y pudo ver escasamente, con
-un ojo; y, así, cuando más necesitaba de luz, volvió a Grecia, trabajó
-allá con inaudito valor, a riesgo de quedar definitivamente ciego,
-recogió los datos que pudo, y retornó a Barcelona, en donde poco a
-poco lleva a cabo la obra monumental que ha de ser entre las suyas la
-que más contenga de su inteligencia y de sus probados esfuerzos. Un
-corto fragmento de esa obra, según tengo entendido, es lo que en el
-homenaje aparece ofrecido a su fraternal amigo Marcelino.
-
-Si no existen en España sociedades como las dantescas en Italia y
-las shakespearianas en Inglaterra, individualmente, el cervantismo
-tiene muchos cultivadores. Hubo un tiempo en que los comentarios y
-exégesis del _Quijote_ y los temas referentes a Cervantes, llegaron a
-convertirse en inocente manía.
-
-No pertenece a ese género la contribución del señor Eguilaz y Yanguas,
-notas etimológicas que aclaran y explican algunas palabras usadas por
-el autor del Ingenioso Hidalgo. Muchos conocimientos lingüísticos
-revela el señor Eguilaz; pero no he podido menos que recordar a mi
-querido amigo el doctor Holmberg, en su célebre arenga sobre la
-filología del profesor Calandrelli, cuando el erudito español afirma
-muy seriamente que la palabra _ajedrez_ se deriva de la voz sánscrita
-_chaturanga_.
-
-El ilustre Federico Wolff envía desde Suecia un capítulo sobre las
-Rimas de Juan de la Cueva, primera parte; y ofrece a su «querido
-colega» una canción inédita del desventurado poeta. J. de Hann,
-desde el colegio de Bryn Mawr, en Pensilvania, escribe con erudición
-insuperable y en un castellano castizo sobre un tema que en la misma
-Península apenas cuenta en lo moderno con las páginas documentadas de
-Cotarelo y los escritos antropológicos de Salillas. Míster Hann diserta
-sobre _Pícaros y Ganapanes_.
-
-Se ocupa en un notable estudio de la filosofía de Raimundo Lulio,
-don Julián Ribera, relacionando los orígenes de las doctrinas del
-célebre mallorquín, con los trabajos análogos de un filósofo árabe,
-Mohidin, sobre el cual discurre dilatadamente, también en este mismo
-volumen, don Miguel Asin. Extensa es asimismo la monografía del señor
-Lomba sobre el rey Don Pedro en el teatro, y de un mérito aquilatado
-entre eruditos lo que ha remitido el insigne Hübner acerca de los
-más antiguos poetas de la Península. Es de llamar la atención cómo
-demuestra este sabio que el nacimiento no significa nada para la
-nacionalización de un hombre ilustre. Séneca, Quintiliano, Pomponio
-Mela, Columela y Marcial, naturales de España, no son españoles
-sino romanos. Un autor inglés, dice, nacido casualmente en Bombay o
-en Calcuta no forma parte de la literatura india. Así en nuestros
-días José María de Heredia es un poeta francés y no cubano, o
-hispanoamericano. Hübner se refiere en su trabajo, pues, a los poetas
-que en lo antiguo escribieron en tierra española y cita dísticos o
-composiciones más largas latinas, que ha copiado de epitafios y otras
-inscripciones.
-
-El doctor don Roque Chabas, canónigo de la catedral de Valencia,
-demuestra, con documentos irrefragables, que la condenación de las
-obras de Arnoldo de Vilanova fué hecha con injusticia, apasionadamente
-y con violación de las prescripciones canónicas. No es la primera
-vez que el doctor Chabas se ocupa en el famoso teólogo, de quien
-dice Menéndez Pelayo que es «varón de los más señalados en nuestra
-historia científica y aun en la general de la Edad Media». Ya antes
-había publicado, en el _Boletín de la Real Academia de la Historia_,
-el testamento de Arnoldo, de lo que habló el _Journal des Savants_. El
-doctor Chabas es espejo de constancia y laboriosidad en tan difíciles
-empresas, pero su talento y su buena suerte le hacen lograr verdaderos
-triunfos, como el hallazgo que acaba de tener. Es algo de tal
-importancia, que ha de hacer mucho ruido en el mundo de las academias y
-de los eruditos y trabajadores de la historia. _La Nación_ es el primer
-periódico que da la noticia, pues en la Península no se ha publicado
-aún nada a este respecto. El doctor Chabas ha encontrado en un archivo
-valenciano--creo que en el de la Metropolitana--hasta unas cuarenta
-cartas de la familia Borgia, o Borja, en tiempo del pontificado de
-Alejandro VI. El texto de ellas vendría a afirmar de nuevo la exactitud
-de la singular vida de sensualidad y de escándalo que imperaba en la
-corte vaticana y en la familia que produjo al duque de Gandía y al raro
-César, tan maravillosamente retratado en versos de Verlaine. Quedará,
-pues, por tierra toda la labor de Gregorovius, lo que no es poco. Hay
-una carta, de un picor especial, en que Lucrecia, donna Lucrecia,
-comunica que «papá» está enojado, porque el joven César no se preocupa
-mucho de cumplir con sus obligaciones nupciales... Y otras de un
-inestimable precio.
-
-Me han dicho que el obispo de Valencia quiso prohibir al doctor Chabas
-la publicación de tan reveladores documentos. Este se dirigió al
-cardenal Sancha exponiéndole el caso, e igual cosa hizo con el Padre
-Santo. Tanto su eminencia como León XIII, le han autorizado, según
-tengo entendido, para que haga la publicación, estimando que ello no
-trae consigo ningún menoscabo a la religión y a la verdadera fe y
-moral cristianas. Ambos han demostrado con esto que estamos ya muy
-lejos de cuando un fundador de Universidad, el gran cardenal Ximénez
-de Cisneros, mandaba quemar códices árabes, como Zumárraga códices
-mejicanos.
-
-Pío Rajna contribuye con algunas observaciones topográficas sobre
-la _Chanson de Roland_, escritas en italiano; largamente se ocupa
-de la jurisdicción apostólica en España y el proceso de don Antonio
-Covarrubias D. P. de Hinojosa; y Antonio Restori envía desde Italia un
-curioso y ameno escrito acerca de un cuaderno de poesías españolas,
-que perteneció a donna Ginevra Bentivoglio. Casi un verdadero libro
-dedica el señor Rodríguez Villa a don Francisco de Mendoza, almirante
-de Aragón. El marqués de Jerez envía a su amigo Menéndez Pelayo unas
-cuantas papeletas bibliográficas. Don Juan Catalina García escribe
-sobre el segundo matrimonio del primer marqués del Cenete, cuya
-narración es de tal manera interesante, que parece la fabulación
-intrincada y sentimental de una novela; con el aditamento de detalles
-ultranaturalistas que claman por el latín. Otro escritor italiano,
-Alfonso Miola, diserta sobre _Un Cancionero manoscritto brancacciano_.
-Muy importante para arqueólogos y estudiosos de historia es el
-tratado de Iliberis, o examen de los documentos históricos genuinos
-iliberitanos, por el señor Berlanca. El señor Rodríguez Marín se
-refiere a _Cervantes y la Universidad de Osuna_ en un copioso escrito.
-Don Pedro Roca ha ofrecido una muy erudita monografía sobre el
-origen de la Academia de Ciencias; y don José María de Pereda cierra
-pintorescamente esta fuerte labor de sabios con una narración: _De cómo
-se celebran todavía las bodas en cierta comarca montañosa enclavada en
-un repliegue de lo más enriscado de la cordillera_.
-
-Tal ha sido el regalo que se ha hecho, a los veinte años de cátedra, al
-moderno Erasmo español, a quien bien sienta el caluroso elogio de Justo
-Lipsio: _O magnus decum hispanorum!_
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- EL MODERNISMO
-
- [Ilustración]
-
-
- 28 de noviembre.
-
-PUEDE verse constantemente en la Prensa de Madrid que se alude al
-modernismo, que se ataca a los modernistas, que se habla de decadentes,
-de estetas, de prerrafaelistas con s, y todo. Es cosa que me ha llamado
-la atención no encontrar desde luego el menor motivo para invectivas
-o elogios, o alusiones que a tales asuntos se refieran. No existe en
-Madrid, ni en el resto de España, con excepción de Cataluña, ninguna
-agrupación, _brotherhood_, en que el arte puro--o impuro, señores
-preceptistas--se cultive siguiendo el movimiento que en estos últimos
-tiempos ha sido tratado con tanta dureza por unos, con tanto entusiasmo
-por otros. El formalismo tradicional por una parte, la concepción
-de una moral y de una estética especiales por otra, han arraigado
-el españolismo que, según don Juan Valera, no puede arrancarse «ni
-a veinticinco tirones». Esto impide la influencia de todo soplo
-cosmopolita, como asimismo la expansión individual, la libertad,
-digámoslo con la palabra consagrada, el anarquismo en el arte, base de
-lo que constituye la evolución moderna o modernista.
-
-Ahora, en la juventud misma que tiende a todo lo nuevo, falta la
-virtud del deseo, o mejor, del entusiasmo, una pasión en arte, y
-sobre todo, el don de la voluntad. Además, la poca difusión de los
-idiomas extranjeros, la ninguna atención que por lo general dedica la
-Prensa a las manifestaciones de vida mental de otras naciones, como
-no sean aquellas que atañen al gran público; y después de todo, el
-imperio de la pereza y de la burla, hacen que apenas existan señaladas
-individualidades que tomen el arte en todo su integral valor. En una
-visita que he hecho recientemente al nuevo académico Jacinto Octavio
-Picón, me decía este meritísimo escritor: «Créame usted, en España nos
-sobran talentos; lo que nos falta son voluntades y caracteres».
-
-El señor Llanas Aguilaniedo, y uno de los escasos espíritus que en
-la nueva generación española toman el estudio y la meditación con la
-seriedad debida, decía no hace mucho tiempo: «Existen, además, en este
-país cretinizado por el abandono y la pereza, muy pocos espíritus
-activos; acostumbrados--la generalidad--a las comodidades de una vida
-fácil que no exige grandes esfuerzos intelectuales ni físicos, ni
-comprenden, en su mayoría, cómo puede haber individuos que encuentren
-en el trabajo de cualquier orden un reposo, y al propio tiempo un
-medio de tonificarse y de dar expansión al espíritu; los trabajadores,
-con ideas y con verdadera afición a la labor, están, puede decirse,
-confinados en la zona Norte de la Península; el resto de la nación,
-aunque en estas cuestiones no puede generalizarse absolutamente,
-trabaja cuando se ve obligado a ello, pero sin ilusión ni entusiasmo».
-En lo que no estoy de acuerdo con el señor Llanas, es en que aquí se
-conozca todo, se analice y se estudie la producción extranjera y luego
-no se la siga. «Sin duda, dice, no nos consideramos elevados a una
-altura superior, y desde ella nos damos por satisfechos con observar lo
-que en el mundo ocurre, sin que nos pase por la imaginación secundar el
-movimiento».
-
-Yo anoto. Difícil es encontrar en ninguna librería obras de cierto
-género, como no las encargue uno mismo. El Ateneo recibe unas cuantas
-revistas del carácter independiente, y poquísimos escritores y
-aficionados a las letras están al tanto de la producción extranjera. He
-observado, por ejemplo, en la redacción de la _Revista Nueva_, donde
-se reciben muchas buenas revistas italianas, francesas, inglesas, y
-libros de cierta aristocracia intelectual aquí desconocida, que aun
-compañeros míos de mucho talento, miran con indiferencia, con desdén,
-y, sin siquiera curiosidad. Demás decir que en todo círculo de jóvenes
-que escriben, todo se disuelve en chiste, ocurrencia de más o menos
-pimienta, o frase caricatural que evita todo pensamiento grave. Los
-reflexivos o religiosos de arte, no hay duda, que padecen en tal
-promiscuidad.
-
-Los que son tachados de simbolistas no tienen una sola obra simbolista.
-A Valle Inclán le llaman decadente porque escribe en una prosa
-trabajada y pulida, de admirable mérito formal. Y a Jacinto Benavente,
-modernista y esteta, porque si piensa, lo hace bajo el sol de
-Shakespeare, y si sonríe y satiriza lo hace como ciertos parisienses
-que nada tienen de estetas ni de modernistas. Luego, todo se toma a
-guasa. Se habló por primera vez de estetismo en Madrid y, dice el
-citado señor Llanas Aguilaniedo: «funcionó en calidad de oráculo la
-_Cacharrería_ del Ateneo, donde se recordó a Oscar Wilde... Salieron
-los periódicos y revistas de la Corte jugando del vocablo y midiendo
-a todos los idólatras de la belleza, por el patrón del fundador de la
-escuela, abusándose del tema, en tales términos, que ya, hasta los
-barberos de López Silva consideraban ofensiva la denominación, y se
-resentían del epíteto. Por este camino no se va a ninguna parte».
-
-En pintura el modernismo tampoco tiene representantes, fuera de algunos
-catalanes, como no sean los dibujantes que creen haberlo hecho todo
-con emplomar sus siluetas como en los _vitraux_, imitar los cabellos
-avirutados de las mujeres de Mucha, o calcar las decoraciones de
-revistas alemanas, inglesas o francesas. Los catalanes, sí, han hecho
-lo posible, con exceso quizá, por dar su nota en el progreso artístico
-moderno. Desde su literatura que cuenta entre otros con Rusiñol,
-Maragall, Utrillo, hasta su pintura y artes decorativas, que cuentan
-con el mismo Rusiñol, Casas, de un ingenio digno de todo encomio y
-atención, Pichot y otros que como Nouell-Monturiol se hacen notar no
-solamente en Barcelona sino en París y otras ciudades de arte y de
-ideas.
-
-En América hemos tenido ese movimiento antes que en la España
-castellana, por razones clarísimas: desde luego, por nuestro inmediato
-comercio material y espiritual con las distintas naciones del mundo,
-y principalmente porque existe en la nueva generación americana
-un inmenso deseo de progreso y un vivo entusiasmo, que constituye
-su potencialidad mayor, con lo cual poco a poco va triunfando de
-obstáculos tradicionales, murallas de indiferencia y océanos de
-mediocracia. Gran orgullo tengo aquí de poder mostrar libros como
-los de Lugones o Jaimes Freire, entre los poetas, entre los prositas
-poemas, como esa vasta, rara y complicada trilogía de Sicardi. Y digo:
-esto no será modernismo, pero es _verdad_, es realidad de una vida
-nueva, certificación de la viva fuerza de un continente. Y, otras
-demostraciones de nuestra actividad mental--no la profusa y rapsódica,
-la de cantidad, sino la de calidad, limitada, muy limitada, pero que
-bien se presenta y triunfa ante el criterio de Europa: estudios de
-ciencias políticas, sociales. Siento igual orgullo. Y recuerdo palabras
-de don Juan Valera, a propósito de Olegario Andrade, en las cuales
-palabras hay una buena y probable visión de porvenir. Decía don Juan,
-refiriéndose a la literatura brasileña, sudamericana, española y
-norteamericana, que «las literaturas de estos pueblos seguirán siendo
-también inglesa, portuguesa y española, lo cual no impide que con el
-tiempo o tal vez mañana, o ya, salgan autores yanquis que valgan más
-que cuanto ha habido hasta ahora en Inglaterra, ni impide tampoco que
-nazcan en Río de Janeiro, en Pernambuco o en Bahía escritores que
-valgan más que cuanto Portugal ha producido; o que en Buenos Aires,
-en Lima, en Méjico, en Bogotá o en Valparaíso lleguen a florecer las
-ciencias, las letras y las artes con más lozanía y hermosura que en
-Madrid, en Sevilla y en Barcelona».
-
-Nuestro modernismo, si es que así puede llamarse, nos va dando un
-puesto aparte, independiente de la literatura castellana, como lo
-dice muy bien Remy de Gourmont en carta al director del _Mercurio de
-América_. ¿Qué importa que haya gran número de ingenios, de grotescos
-si gustáis, de diletanti, de nadameimportistas? Los verdaderos
-consagrados saben que no se trata ya de asuntos de escuelas, de
-fórmulas, de clave.
-
-Los que en Francia, en Inglaterra, en Italia, en Rusia, en Bélgica han
-triunfado, han sido escritores, y poetas, y artistas de energía, de
-carácter artístico, y de una cultura enorme. Los flojos se han hundido,
-se han esfumado. Si hay y ha habido en los cenáculos y capillas de
-París algunos ridículos, han sido por cierto «preciosos». A muchos les
-perdonaría si les conociese nuestro caro profesor Calandrelli, _pour
-l'amour du grec_. Hoy no se hace modernismo--ni se ha hecho nunca--con
-simples juegos de palabras y de ritmos. Hoy los ritmos nuevos implican
-nuevas melodías que cantan en lo íntimo de cada poeta la palabra del
-mágico Leonardo: _Cosa bella mortal passa, e non d'arte_. Por más que
-digan los juguetones ligeros o los niños envejecidos y amargados,
-fracasa solamente el que no entra con pie firme en la jaula de ese
-divino león, el Arte--que como aquel que al gran rey Francisco
-fabricara el mismo Vinci, tiene el pecho lleno de lirios.
-
-No hay aquí, pues, tal modernismo, sino en lo que de reflexión puede
-traer la vecindad de una moda que no se comprende. Ni el carácter, ni
-la manera de vivir, ni el ambiente, ayudan a la consagración de un
-ideal artístico. Se ha hablado de un teatro, que yo creí factible
-recién llegado, y hoy juzgo en absoluto imposible.
-
-La única _brotherhood_ que advierto es la de los caricaturistas;
-y si de músicas poéticas se trata, los únicos innovadores
-son--ciertamente--los risueños rimadores de los periódicos de
-caricaturas.
-
-Caso muy distinto sucede en la capital del principado catalán. Desde
-_L'Avenç_ hasta el _Pèl & Ploma_ que hoy sostienen Utrillo y Casas,
-se ha visto que existen elementos para publicaciones exclusivamente
-«modernas», de una _élite_ artística y literaria. _Pèl & Ploma_ es una
-hoja semejante al _Gil Blas illustré_, de carácter popular, mas sin
-perder lo aristo; y siempre en su primera plana hay un dibujo de Casas,
-que aplauden lápices de Munich, Londres o París. El mismo Per Romeu, de
-quien os he hablado a propósito de su famoso _cabaret_ de los _Quatre
-Gats_, ha estado publicando una hoja semejante, con ayuda de Casas, y
-de un valor artístico notable.
-
-En esta capital no hay sino las tentativas graciosas y elegantes del
-dibujante Marín--que logró elogios del gran Puvis--, y las de algún
-otro. En literatura, repito, nada que justifique ataque, ni siquiera
-alusiones. La procesión fastuosa del combatido arte moderno ha tenido
-apenas algunas vagas parodias... ¿Recordáis en Apuleyo la pintura de la
-que precedía la entrada de la primavera, en las fiestas de Isis? (Mét.
-XI, 8) Pues confrontad.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- UNA REINA DE BOHEMIA
-
- [Ilustración]
-
-
- 23 de diciembre 1889.
-
-EN estos días ha venido a despedirse de Madrid la célebre Mme.
-Rattazzi, que con el nombre de _Barón Slock_, dirige en París la
-_Nouvelle Revue Internationale_, antiguas _Matinées espagnoles_. Sin
-ser archimillonaria, esta señora, verdadera reina del país de Bohemia,
-ha mantenido casa puesta durante mucho tiempo, en tres o cuatro
-puntos de Europa. Conocida es en gran parte su curiosa vida. Poetisa,
-novelista, periodista, mujer de mundo sobre todo, caprichosa y rara
-cuando se le sube el Bonaparte a la cabeza, se ha casado tres veces
-y ha consagrado un perpetuo culto al amor y al arte. Fué su primer
-marido el conde de Solms; el segundo, el famoso hombre público italiano
-Rattazzi; el tercero, el español señor de Rute.
-
-Ya la princesa está muy vieja; con mucho trabajo habrá debido
-resignarse a la tiranía del tiempo. Hoy viene a cerrar su casa
-madrileña y a decir adiós a España, a la que tanto quiere. Anteanoche
-ha dicho conmovida ese adiós, en verso, ante un concurso de amigos.
-Todavía tiene energías para trabajar y vuelve a París a proseguir en su
-labor; pero ya no verá más el cielo de España, ni volverá a escuchar
-las líricas salutaciones que antaño le dirigiera Castelar. Su memoria
-está poblada de recuerdos singularísimos; su existencia toda ha pasado
-entre grandezas dichosas y terribles tragedias.
-
-Nieta de Luciano, y por lo tanto, sobrina del emperador, ha recorrido
-en triunfo todas las cortes europeas, en tiempos en que su belleza era
-cantada por los más gloriosos poetas. Si esta señora publicase sus
-memorias, que es probable tenga escritas, serían de lo más interesante.
-Posee autógrafos, artículos, versos, cartas amorosas de las primeras
-personalidades de este siglo; y no sé hasta qué punto esté de acuerdo
-con George Sand, que en una ocasión, a propósito de la publicación de
-las cartas de Lamennais, la decía: «Yo pienso como Eugenio Sué, que
-los muertos continúan amándonos, pero nosotros les debemos aún más de
-lo que nos deben, sobre todo, a señalados muertos, tan ultrajados y
-calumniados en vida, por haber amado y procurado el bien. El excelente
-Sué se inquietaba por las negligencias de estilo de sus propias cartas
-y nos pedía las revisáramos. Si Lamennais hubiese visto de nuevo las
-suyas, habría corregido también. En fin, yo contradigo aún a nuestro
-pobre Sué, en esto: que debemos atenernos todos a no escribir una
-línea que no pueda ser mostrada y publicada. No quiero pensar en lo
-que llegarán a ser mis cartas. Quiero persuadirme de que cuando son
-íntimas no saldrán de la intimidad benevolente». ¡La pobre Sand, que ha
-sido tan traída y llevada cuando la publicación de su correspondencia,
-y no hace mucho, cuando la resurrección del famoso Pagello! Eugenio
-Sué había escrito antes a María Letizia: «Creedme, mi querida María,
-un hombre honrado no se ruboriza jamás de ver expuestas sus opiniones,
-sus acciones, o sus pensamientos... Cuando escribe un hombre de nuestra
-posición, un escritor, sabe bien que sus cartas son desgraciadamente
-autógrafos y que, dentro de veinte o cuarenta años, serán entregadas
-necesariamente a la curiosidad o a la simpatía, por la persona a quien
-han sido dirigidas, o por sus herederos. Ya lo habéis visto por
-Balzac. A cada carta íntima que escribía a vuestra madre, le ponía a
-la cabeza: _Brûler_, y vos obedecíais como ella a esta indicación,
-mientras que las demás no tenían nada indicado, como si él adivinara el
-papel posible que debían representar en tiempo más o menos lejano. Hay,
-sin embargo, un caso, en que el silencio más escrupuloso se exige, por
-las simples leyes del pudor, y es cuando las cartas han sido dirigidas
-a la mujer y no al escritor. La mujer de letras es excusable siempre,
-loable a menudo, cuando busca hacer conocer por su correspondencia
-a un amigo literario o político que haya pertenecido a su salón; es
-censurable y poco delicado cuando turba el silencio del cementerio por
-revelaciones amorosas».
-
-La señora Rattazzi haría muy mal en no formar el más interesante de
-los libros con tanto valioso documento como posee. Siendo muy joven,
-tuvo el placer de que Alfredo de Musset la hiciera versos. Sainte-Beuve
-fué uno de sus galanteadores y el viejo Dumas llegó, en días de mayor
-gloria, a ser su amanuense, copiándole, ¡todo un drama! Con Ponsard, el
-_flirt_ es innegable como lo demuestra este soneto:
-
- Hier dans votre sein, ma montre est descendue;
- Le pays lui parut sons doute bien orné,
- Car pour voir chaque site elle a tant cheminé
- Que la pauvre imprudente à la fin s'est perdue.
-
- Elle battait bien fort, vous l'avez entendue,
- Mais vous ne saviez pas que j'eusse imaginé
- D'y renfermer au fond mon cœur emprisonné;
- C'était lui qui battait sur votre gorge nue.
-
- Depuis ce temps, il bat d'un mouvement si vif,
- Dans le cachot doré qui le retient captif,
- Que ma montre en une heure achève la semaine.
-
- C'est ainsi qu'à l'en croire il s'est passé des mois
- Depuis que je vous vis pour la dernière fois;
- Il s'est passé pourtant une journée à peine.
-
-En otros versos, Ponsard ronsardiza:
-
- Lorsque vous atteindrez le bout de la carrière,
- Vieillie et regardant longuement en arrière,
- Quand vous n'entendrez plus le langage d'amour,
-
- Vous puissiez retrouver dans ces feuilles fanées
- Un peu du doux parfum de vos jeunes années,
- Et dire: Je fus belle et bien aimée un jour.
-
-Que fué muy bella lo dicen los retratos de sus mejores épocas, los de
-su primera juventud y los de su plena lozanía. No ha sido su hermosura
-majestuosa belleza de matrona clásica, sino belleza delicada y fina,
-lo que expresa el delicioso vocablo francés _mignonne_. Víctor Hugo
-estuvo enamorado de ella, y no hay duda de que los suyos son los más
-valiosos autógrafos que conserva la anciana princesa. El poeta admiraba
-toda su beldad, pero sentía singular predilección por el pie, que debe
-indudablemente haber conocido al natural. Creo que me agradeceréis que
-os dé a conocer aquí algunas de esas curiosas cartas que dejan ver un
-lado poco conocido del gran lírico. Él llamaba a la princesa Rodope, y
-a sí mismo se bautizaba, con modesta naturalidad, Esquilo.
-
-«Hauteville-House, 13 de noviembre. ¿Seríais, señora, bastante buena
-para decirme si _La leyenda de los siglos_, que habéis recibido, es la
-que os he enviado, pues el honrado correo imperial juzga a propósito
-interceptar la mayor parte de mis envíos? Algunos diarios que por ello
-se han quejado, en el extranjero, tal vez han llegado a vos. En todo
-caso, quizá os lleve el libro yo mismo, si Italia de aquí a entonces
-está ya libre, como lo espero. Permitidme que, esperando el gran
-artículo prometido por vos al público, os agradezca las veinte líneas
-encantadoras que habéis escrito sobre _La leyenda de los siglos_. Y
-concededme, señora, la gracia de besar vuestra mano, toda radiante de
-poesía. Pongo a vuestros pies todos los homenajes de mi alma y de mi
-espíritu.»
-
-«Querida y sublime Rodope, un pensamiento al despertarme, un
-pensamiento de recogimiento y de adoración, al leer esas páginas
-tan tristes, tan melancólicas y tan dulces; dejadme en este ensueño
-depositar un beso sobre vuestro pie desnudo, pues, como dice Hesíodo,
-_el pie desnudo es celeste_. Si mi audacia os enoja, castigad mi carta
-quemándola.»
-
-«17 de julio. No me pidáis ni verso ni prosa; pedidme, señora,
-que me conmueva hasta el fondo del alma por una carta como la que
-recibo; pedidme que os admire, que os aplauda, que os contemple--de
-muy lejos, ¡ay!--. Pedidme que comprenda que una mujer como vos es
-una obra maestra de Dios. Los poetas no hacen sino Ilíadas; sólo
-Dios hace mujeres como vos; es así cómo se demuestra. Todo lo que me
-decís me conmueve. No puedo pensar sin un pesar melancólico, y casi
-amargo, en el lugar casi radiante en que me habéis colocado en vuestra
-imaginación. Es la gloria, señora, semejante lugar; ¡y ello hubiera
-podido ser mejor que la gloria!... Dejadme que me incline ante vuestra
-soberanía de gracia, de belleza y de espíritu, y permitid que a la
-distancia, y sin intentar franquear toda esta mar y toda esa tierra que
-nos separan, y quedando en mi sombra, y replegándome en ella aún más
-profundamente y más resueltamente, me ponga, en pensamiento al menos, a
-vuestros pies, señora.»
-
-«Hauteville-House, 1.º de julio. Vuestro encantador envío me llega,
-señora en medio de una nube de cartas políticas (algunas muy sombrías),
-como una estrella en un torbellino. No sabría deciros con qué emoción
-he visto ese deslumbrador retrato, que se parece a vuestro espíritu al
-mismo tiempo que a vuestro rostro, y la graciosa firma que lo subraya;
-buscad otra palabra que dé las gracias: _je vous remercie_ no es
-suficiente.»
-
-«2 de enero de 1883. El sombrío Esquilo da las gracias a la
-deslumbradora y divina Rodope. Las tinieblas están _más que nunca_
-enamoradas de la estrella. Vuestros pensamientos y vuestras cartas
-son perlas, de esas perlas ardientes de que habla el Korán. Sería
-preciso tener todo lo que vos tenéis, la dignidad mezclada a la
-pasión, la gracia exquisita y el deslumbrante espíritu; sería preciso
-ser vos misma, para que un hombre en el mundo pudiera creerse digno
-de vos. Me parece que si estuviese cerca de vos, en vez de estar tan
-lejos, os tomaría algo de vuestra alma, os robaría como Prometeo a los
-dioses, esa llamada celeste que está en vos. Pero estás en Roma ¡ay!
-Dejadme en este ensueño hablaros y evocaros... ¡Oh, señora! Quien dice
-grandeza dice franqueza, y vos sois franca porque sois grande. Desde
-hace doce días espero el _coup d'Etat_; espiaba y aguardaba... Hay que
-partir, ahora. Heme aquí de nuevo en el torbellino, en el vaivén, en
-el movimiento continuo. Escribidme, escribidme. Esquilo envía a Rodope
-toda su alma, todos sus ensueños.--VÍCTOR HUGO.»
-
-Ahora, en sus postreros años, todas esas cosas viven en la memoria de
-la antigua beldad, como pétalos de una seca flor entre las hojas de
-un viejo libro. La princesa, como he dicho, todavía va a Portugal, a
-Turquía, a Austria, en jiras artísticas o periodísticas. Es la sombra
-errante de su pasado. Además, ha sufrido durísimos golpes. Uno de ellos
-la muerte de una hija, a quien amaba mucho. Estando en Aix-les-Bains,
-un ómnibus decapitó a la niña que jugaba, cerca de la villa de la
-madre. Su hija Isabel, hija de Rattazzi, se casó en España, y su marido
-está en un manicomio. Y como éste muchos sufrimientos, muchas penas.
-Con esto paga a la suerte el ser de sangre napoleónica y tener talento.
-Y admiro a esta gran bohemia, de familia imperial, que ha sido bella y
-ha sabido defenderse de la vida, al amor de los versos y de los besos.
-
-
-
-
- EL CARTEL EN ESPAÑA
-
- [Ilustración]
-
-
-AL escribir mis primeras impresiones de España, a mi llegada a
-Barcelona, hice notar que una de las particularidades de la ciudad
-condal era la luminosa alegría de sus calles, enfloradas en una
-primavera de _affiches_. Así como en Buenos Aires se está aún con el
-biberón a este respecto, en España no se ha salido de la infancia. León
-Deschamps afirma que ello es en el arte en general y más especialmente
-en el arte decorativo. El francés exagera. Le bastaría haber puesto los
-ojos en un estudio recientemente publicado en la _Revue Encyclopédique_
-por Mélida, para convencerse de lo contrario. Si algo hay que en este
-general marasmo sostenga el espíritu antiguo de la gloriosa nación, es
-el arte. Las exposiciones--aunque la última haya dejado que desear--se
-suceden copiosas, sustentadas por el Círculo de Bellas Artes en
-Madrid y por el Concejo municipal en Barcelona. Las pequeñas revistas
-ilustradas hacen lo que pueden por desarrollar el gusto público. La
-arquitectura busca, en modelos nuevos, amplitud y gracia. El arte
-decorativo alcanza notable vuelo en Cataluña. La decoración teatral,
-cuyos Rubé y Chaperón han sido Busato y Amalio Fernández, progresa a
-ojos vistas. El arte antiguo español tiene un núcleo de apasionados
-en la Sociedad de Excursionistas; y en el Ateneo las cátedras de
-arqueología y de historia del arte están muy bien mantenidas. Lo que
-hay es, como ya lo he manifestado en vez anterior, que la protección de
-las clases ricas es nula, y que el Gobierno tampoco se ocupa, como en
-tiempos de ilustres memorias, de favorecer la expansión de los talentos
-españoles. En la última exposición fué de gran resonancia la compra
-de un cuadro de Sorolla hecha por una dama de la aristocracia. No se
-dijo después de esto, que ninguna alta personalidad de la Real Casa,
-o título rico, hubiese hecho adquisiciones entre lo poco de mérito
-que había en el certamen que inició la primavera y cerró la granizada
-colosal del pasado mayo, antes de término.
-
-Pero, hablemos del cartel o _affiche_...
-
-Desde hace largos años, los carteles vistosos se han usado en España
-para anunciar las famosas ferias de Sevilla, de Valencia, la fiesta de
-la Virgen del Pilar de Zaragoza, y corridas de toros en días de gala.
-
-Tales carteles no son desde luego del género de los carteles
-comerciales de hoy. En ellos se procura ante todo llamar la atención
-del transeunte con la reproducción _criarde_ de los pintorescos tipos
-de las provincias, o majas de ojos grandes y rojas sonrisas, toros y
-toreros.
-
-Como fondo puede verse ya la iglesia de la ciudad, o el coso.
-Últimamente se han visto carteles anunciadores de las exposiciones de
-pinturas, de las fiestas del carnaval y para algunas representaciones
-teatrales. Estos aún en número muy reducido, pero se va estableciendo
-la costumbre.
-
-En los carteles de torería ha predominado, como en los de las fiestas
-provinciales, y, puede decirse, como en la mayor parte de las nuevas
-tentativas, el grito hiriente de los colores, el llamamiento feroz del
-color, con su tiranía engañosa; esta terrible potencia del color, que,
-como dice Barbey D'Aurevilly, hace creer en la verdad de la mentira.
-
-Con razón sorprende a Deschamps esta acentuación del crudo colorido,
-y de los oros verdaderamente pronunciados. La falta de originalidad
-es notoria, pero en esto no sólo en España, sino también en el resto
-de Europa se nota actualmente. Son cuatro, son seis, pongamos diez,
-_affichistas_ originales; los demás combinan varios procedimientos, o
-imitan francamente tales o cuales maneras. En el arte «moderno», en
-literatura como en todo, un aire de familia, una marca de parentesco
-se advierte en la producción de distintas naciones, bajo climas
-diferentes. El primitivismo, el prerrafaelismo inglés, ha contagiado al
-mundo entero. El arte decorativo de William Morris y demás compañeros
-se refleja en el arte decorativo universal desde hace algunos años. Y
-en lo que al cartel se refiere, Aubrey Beardsley perdura en una falange
-de artistas ingleses, norteamericanos y de otras partes. El mismo
-yanqui Bradley, que tiene personalidad propia, no negaría la influencia
-del malogrado y misterioso maestro. Dudley Hardy también ha extendido
-su sugestión a muchos de sus contemporáneos. Y en Francia, basta con
-nombrar a Chéret para reconocer a cada paso, en obras de otras firmas,
-la imitación o el calco de sus figuras, la atracción de sus llameantes
-locuras de color. ¿En nuestros ensayos de Buenos Aires no se ve la
-persecución de Mucha? Por lo tanto, no es de extrañar que aquí sea el
-arte del cartel un arte de reflexión.
-
-Hace algún tiempo una casa industrial muy conocida, la que fabrica
-el más conocido aún anís del Mono, abrió un concurso para anunciar
-su licor. Entonces se notó por primera vez que había en España una
-cantidad de cartelistas bastante notables que antes no se sospechaba.
-Aparecieron «trescientos monos haciendo trescientas mil monerías», como
-en los clásicos versos. Pero el mono mejor, el que se llevó el primer
-premio, fué el del catalán Casas, quien presentó dos carteles, con
-sus monos correspondientes acompañados de dos españolas _monísimas_.
-En el uno el animalito sobre un trípode, vierte a la chula, envuelta
-en un mantón lujoso de alegres tonos, una copa de anís; en el otro
-la chula--¡precioso modelo, por vida mía!--tiene en la diestra la
-copa y con la izquierda lleva asido a su mono. Casas es uno de los
-mejores artistas actuales en España; con Rusiñol sostiene sabia y
-cuerdamente un modernismo bien entendido, en la capital de su Cataluña.
-Se le señalan maneras imitadas de autores extranjeros, y Deschamps
-escribe a propósito de una de sus últimas producciones, _Pèl & Ploma_,
-los nombres de Ibels y de Lautrec. Lo que hay es que tanto Casas
-como Rusiñol y los «nuevos» de la joven escuela catalana, como los
-escritores, están al tanto de lo que en el mundo entero se produce
-de las evoluciones del arte universal contemporáneo, y siguen lo que
-se debe seguir del pensamiento extranjero; _los métodos_, como tan
-sabiamente lo ha dicho en ocasión reciente y a propósito de otras
-disciplinas en Buenos Aires el doctor Juan Agustín García hijo. Después
-se desarrolla la concepción individual en el ambiente propio, en el
-medio propio. No otra cosa encuentro yo en las obras artísticas y
-literarias del admirable artista de Sitges.
-
-Rusiñol ha hecho carteles dignos de nota, y que el escritor francés
-de que he hablado juzga sin observación, con criterio más que ligero,
-precipitado. Que Rusiñol sea un _chercheur_, perfectamente de acuerdo.
-«Todos sus _affiches_ son de aspecto diferente». _Nego. Le teatro
-artístico interior_ (sic) _est un effet de nuit très remarquable_.
-¿M. Deschamps no ha podido siquiera darse cuenta de lo que se trata?
-_Teatro artístico_ es el nombre del teatro libre que quería Benavente
-fundar en Madrid; _Interior_, es el título de un drama, cuyo autor es
-harto conocido en _La Plume_, de que es director M. Deschamps, y cuyo
-nombre, en letras bien grandes, está al pie del cartel: M. MAETERLINCK.
-El «efecto de noche» es una delicada y profunda _rêverie_ en negro y
-violeta, si mal no recuerdo, interpretación de la obra vaga y dolorosa
-del poeta belga. En todos los carteles de Rusiñol su espíritu se
-transparenta, como en todas sus pinturas, como en todo lo suyo, y aun
-siendo de manera distinta, por ejemplo, el cartel de _L'allegría que
-passa_, puesto que cada tema debe tener una interpretación diversa,
-se advierte que también «pasa» por allí el mismo aliento de enfermiza
-poesía que en la visión del ensueño del _affiche_ de _Oracions_ hecho
-en colaboración con Utrillo, o en esa otra página de melancolía que
-anuncia el bello libro de _Fulls de la vida_.
-
-Riquer es un entusiasta. Ha fundado revistas artísticas _à l'instar_ de
-similares extranjeras y de la que entre nosotros realizaría el sueño
-de Schiaffino, si existiera; _Luz_ ha sido una de ellas, y tuvo poca
-vida. Riquer conoce a maravilla el arte moderno. Sus ilustraciones,
-sus dibujos le han dado aquí justa originalidad. En sus carteles hay
-el mismo talento buscador y feliz. Es un hábil sinfonista del color,
-así le haga detonar demasiado en sus graciosas combinaciones. Sus
-_Crisantemas_ son deliciosas en su claro origen sajón; Bradley mismo no
-tiene muchos carteles superiores a éste; su figurita para las galletas
-y bizcochos de Grau y Compañía es de un encanto innegable sobre su
-armoniosa decoración. A Utrillo se le compara con Steinlen. No hay duda
-de que el hombre de _Ferros d'Art_ y la figura del _Anuario Riera_,
-pongo por caso, parecen de la mano del artista parisiense; pero ¿la
-exquisita _noya_ del cartel de las aguas de _Cardo_? Utrillo es fuerte,
-es vigoroso; mas cuando un soplo suave le llega, la gracia está con él.
-
-Marcelino Unceta es especialista, como Pérez, en corridas de toros. Sus
-picadores, sus potentes y cornudas bestias, sus _espadas_, todas las
-gentes del circo nacional que hace vivir su talento pictórico, son de
-primer orden. Pero sus carteles no corresponden bien visto a lo que se
-entiende por pintura de _affiche_. Son figuras que pueden entrar en un
-cuadro de género, tipos de estudio para verdaderas telas de composición.
-
-A Xaudaró, el caricaturista, no le considero en la misma línea de los
-cartelistas catalanes, aun de los nuevos como Gual, que revela un brío
-y un talento que no se discuten. Xaudaró lleva al cartel sus mismas
-caricaturas; el eterno enano macrocéfalo, la exageración del gesto,
-la deformación, no por cierto a causa de un exceso de comprensión del
-dibujo. Sus _bonshommes_ fatigan ya en su incesante repetición. En
-la expectación del cartel resultan fuera de su centro; se ve que se
-han salido de los álbumes de su autor o de las páginas humorísticas
-de las revistas semanales. Navarrete sí merece mención, por su
-franqueza de dibujo y su colorido--siempre con la nacional exageración
-naturalmente--. Tanto él como casi todos los dibujantes de España
-han usado y abusado de la línea gruesa que recorta la figura como el
-emplomado de los _vitraux_. Desde la aparición de carteles que han dado
-a Alfonso Mucha su celebridad, esa afición ha aumentado, como la de
-imitar al _affichista_ de Sarah Bernhardt la manera de desenvolver las
-cabelleras de sus figuras, como en cintas y volutas.
-
-Yo no he tenido la suerte de encontrar esos carteles de que habla M.
-Deschamps--que desde luego no ha estado en España según creo--en que
-pintores españoles han ensayado crear aquí un arte de cartel nacional.
-Lo que he visto, sí, son muchos reflejos, muchas imitaciones, muchos
-calcos. Buena voluntad no falta y talento sobra. No será una rareza que
-esa creación buscada se realice. Desde luego se ve que en el cartel
-español se salen de la rebusca del atractivo por la desnudez. No sé
-que motivo haya, como no sea el eterno de la atracción del desnudo,
-para anunciar una máquina de coser, unas píldoras o unas lámparas,
-con señoritas en cueros, como hace la mayor parte de los cartelistas
-franceses. Pero aquí hay muchas bellezas que reproducir halagando
-la mirada del público, en este país de hermosos rostros femeninos y
-verdadero imperio de flores; Sattler tenía a su disposición el ensueño
-en su país del Norte, para hacer florecer de una flor rara su _affiche_
-del periódico _Pan_. ¿Qué cosas, al claro día, no puede decir la paleta
-española, con la ayuda de la verdad de su sol?
-
-
-
-
- LA NOVELA AMERICANA
- EN ESPAÑA
-
- [Ilustración]
-
-
-HA escrito el novelista don José María de Pereda una carta a un editor
-madrileño que se propone publicar una serie de novelas de autores
-americanos, en la cual carta, después de aplaudir la empresa, hace
-declaraciones que conviene notar. Desde luego, el desconocimiento
-que existe en la Península de todo el movimiento literario de las
-repúblicas hispanoamericanas. Después la afirmación de que la novela
-americana existe; o más bien, de que hay novelistas americanos a
-quienes él pone sobre su cabeza. El desconocimiento de que habla
-el célebre escritor montañés es centuplicadamente mayor que lo que
-él supone, no sólo en lo que tiene que ver con la literatura, sino
-con la vida política y social y aun con la más elemental geografía.
-Y no me refiero al vulgo, o gentes de cultura rudimentaria, sino a
-personas de valía mundana y hombres de ciencia, artes y letras. Toda
-América es _tierra caliente_; lo que si para París es excusable, no lo
-puede ser por motivo alguno para el país que nos ha enviado con sus
-conquistadores, su habla, su religión, sus buenas cualidades y sus
-defectos. He conocido parisiense de París, literato y orientalista,
-para quien no tenía secretos el más modesto personaje del Ramayana,
-pero que de San Martín y de Bolívar no sabía sino que el uno era un
-santo y el otro un sombrerero. La ignorancia española a este respecto
-es más o menos como la de un parisiense. Nuestros nombres más ilustres
-son completamente extraños. Por lo general, en política, la erudición
-llega a Rosas. Diario importante ha habido que al publicar una noticia
-de la reciente guerra boliviana la ha encabezado con toda tranquilidad:
-_La guerra de Chile_. En la conversación, podéis oir que se confunden
-el Brasil, el Uruguay, o el Paraguay con Buenos Aires. Y en literatura,
-todo lo nuestro es irremediablemente tropical o cubano. Nuestros poetas
-les evocan un pájaro y una fruta: el sinsonte y la guayaba. Y todos
-hacemos guajiras y tenemos algo de Maceo. Tal es el conocimiento. No
-exagero.
-
-«Introdúzcanse, popularícense aquí las obras literarias de nuestros
-consaguíneos de allá, dice amablemente el señor Pereda, y las
-corrientes intelectuales de simpatía y de afecto serán dobles y
-recíprocas, y, por tanto, más poderosas. Yo me honro con la amistad de
-muchos escritores hispanoamericanos, vivo con ellos en frecuente trato
-epistolar, y por eso sé lo que en España pensamos de sus respectivas
-naciones cuantos aquí las conocemos por sus libros, espejos fieles
-de su cultura y de sus tendencias. Hablando sólo de novelistas,
-porque solamente de ellos se trata ahora, afirmo sin vacilaciones,
-_que cuentan las mencionadas Repúblicas con algunos tan buenos como
-los mejores de Europa_, etc». La buena voluntad es manifiesta en el
-hidalgo. Él ha querido quizás decir «como los mejores de España»; pero
-aun así, la lisonja no pierde su aumento. Desde los tiempos de la
-conquista a esta parte, son raros los americanos que han podido ocupar
-en España un alto puesto intelectual. Además, los que han figurado
-han sido más españoles que americanos, puesto que no han debido su
-americanismo más que al azar del nacimiento. Colocar a don Ventura de
-la Vega entre los poetas argentinos, vale tanto como incluir entre
-los poetas cubanos a José María de Heredia, de la Academia Francesa.
-Baralt residió casi toda su vida en España, si mal no recuerdo. El
-cardenal Moreno nació en Guatemala; pero el primado no era por cierto
-guatemalteco. El general Riva Palacio se mezcló con los españoles;
-pero por más que lo intentara, prevalecía el perfume del pulque nativo
-ante el olor del jerez adquirido. Su españolismo era de diplomacia.
-Los glóbulos de sangre que llevamos, la lengua, los vínculos que nos
-unen a los españoles no pueden realizar la fusión. Somos otros. Aun en
-lo intelectual, aun en la especialidad de la literatura, el sablazo
-de San Martín desencuadernó un poco el diccionario, rompió un poco la
-gramática. Esto no quita que tendamos a la unidad en el espíritu de la
-raza.
-
-Pero, volviendo a la afirmación del señor de Pereda, y haciendo todos
-los esfuerzos posibles para mostrarme optimista, no diviso yo, desde
-Méjico hasta el Río de la Plata, no digo nuestro Balzac, nuestro Zola,
-nuestro Flaubert, nuestro Maupassant, (¡oh, perdonad!) sino que no
-encuentro nuestro Galdós, nuestra Pardo-Bazán, nuestro Pereda, nuestro
-Valera. A menos que saludemos a Pereda en el señor Picón Febres, de
-Venezuela, y a doña Emilia en la señora Carbonero, del Perú. En todo
-el continente se ha publicado, de novela, en lo que va de siglo, y
-ya va casi todo, una considerable cantidad de buenas intenciones.
-Del copioso montón desearía yo poder entresacar cuatro o cinco obras
-presentables a los ojos del criterio europeo. La novela americana no
-ha pasado de una que otra feliz tentativa. La _María_ del colombiano
-Jorge Isaacs es una rara excepción. Es una flor del Cauca cultivada
-según los procedimientos de la jardinería sentimental del inefable
-Bernardino. Es el _Pablo_ y _Virginia_ de nuestro mundo. No sé si
-Büchner o Molleschott, envió a Isaacs una felicitación entusiasta: y
-el sabio Dozy se manifestó conmovido. Dos generaciones americanas se
-han sentido llenas de Efraimes y de Marías. Lo cierto es que en esa
-ingenua y generosa fabulación hay un indecible encanto humano, de
-frescura juvenil y de verdad, que si al llegar al medio del camino de
-la vida nos hace sonreir, cuando no nos hace suspirar, en los años
-primaverales es un delicioso breviario de amor. Pero fuera de la
-_María_ de Isaacs, que el señor Pereda califica con mucha intención
-de novela del «género eterno», fuera de ese idilio solitario ¿qué nos
-queda? En la República Argentina se ha cultivado la novela. Se ha
-cultivado, sí. ¿Y el producto? Saludo con respeto la novela del doctor
-López; pero, con muchísimo respeto la coloco a un lado. No me parece
-que pueda pretender la representación de la novela americana. Mi pobre
-y brillante amigo Julián Martel realizó el plausible esfuerzo de _La
-Bolsa_, obra llena de talento, de promesas, de vida, pero _pastiche_.
-El autor de los _Silbidos de un vago_ forma con sus novelas un grupo
-aparte. Es de lo más valioso en las letras argentinas esa producción
-a la diabla, vibrante, valiente, chispeante; pero a la cual falta la
-gloria del arte, virtud de inmortalidad. Apoyado por Zola, Antonio
-Argerich escribe una novela; otra tentativa. Carlos María Ocantos
-escribe novelas absolutamente españolas cuyo argumento se desarrolla
-en Buenos Aires. Nos queda una obra de resonancia: _Amalia_ de Mármol.
-Quitadle su valor histórico, su alcance político, su base de «episodio
-nacional». Encontraréis que el furioso y admirable yámbico resulta
-un mediocre novelador. Las novelas de Groussac son novelas europeas
-por todo sentido, y la primera razón es que el autor es un europeo.
-Grandmontagne con su trilogía realiza, o anuncia, lo que puede ser
-mañana la novela argentina. Para mí el primer novelista americano o
-el único hasta hoy ha sido el primer novelista argentino: Eduardo
-Gutiérrez. Ese bárbaro folletín espeluznante, esa confusión de la
-leyenda y de la historia nacional en escritura desenfadada y a la
-criolla, forman, en lo copioso de la obra, la señal de una época en
-nuestras letras. Esa literatura gaucha es lo único que hasta hoy
-puede atraer la curiosidad de Europa: ella es un producto natural,
-autóctono, en su salvaje fiereza y poeta va el alma de la tierra. El
-poeta de ese momento embrionario es Martín Fierro, y en esto estoy
-absolutamente de acuerdo con el señor de Unamuno.
-
-Chile ha tenido también cultivadores, pero ninguno de los que han
-pretendido hacer novela chilena ha vencido al viejo Blest Gana.
-Sin embargo, Blest Gana, escritor sin estilo, fabulador de poco
-interesantes intrigas, está ya casi olvidado. Su novela no es la
-novela americana. Surge ahora en Chile un talento joven que es firme
-esperanza; ha demostrado la contextura de un novelista de base
-nacional, sostenido por la precisa cultura, la necesaria cultura, sin
-la cual nada será posible; me refiero al hijo de Vicuña Mackenna, a
-Benjamín Vicuña Mackenna Subercasseaux, de nombre un poco largo para
-nombre de autor. Del Perú no conozco novelista nombrable, aunque hay
-buenos cuentistas entre los jóvenes literatos, lo que no es poco.
-Ricardo Palma ha podido realizar una obra que habría completado su
-fama de tradicionista: la novela de la colonia. Lo propio el boliviano
-Julio L. Jaimes, cuyas reconstrucciones del buen tiempo viejo de Potosí
-demuestran su maestría en esos asuntos. Venezuela ha tenido novelistas
-locales, cuya obra total se esfuma ante un solo cuento de Díaz
-Rodríguez. Este escritor podría darnos la novela venezolana, americana;
-pero se queda en su jardín de cuentos, de innegable filiación europea.
-En Colombia los que han escrito novelas forman legión. Colombia es el
-país de la fecundidad, en talento, en mediocridad, en todo. Por algún
-lado allá todo el mundo es Tequendama. Pues entre toda la balumba de
-novelas colombianas tan solamente florece para el mundo, orquídea única
-de esos tupidos bosques, la caucana _María_. Últimamente un escritor de
-combate, artista leonino, _malgré lui_, ha escrito una novela-poema,
-con la inevitable mira política. Hablo de Vargas Vila. En Centro
-América sólo hay dignos de cita José Milla, autor de varias curiosas
-novelas de argumento colonial, escritor de ingenio muy castizo,
-_persona grata_ seguramente al señor de Pereda; Salazar y Enrique
-Gómez Carrillo, todos guatemaltecos de nacionalidad, pero el primero,
-fruto legítimo de España, el segundo saturado de Alemania, el tercero
-parisiense de adopción y vecino del Boul' Mich. En Méjico, como en
-Colombia muchos novelistas han surgido, desde Altamirano hasta Gamboa;
-pero la novela mejicana se espera aún.
-
-Ya ve el señor de Pereda que su bondad es un tanto abultadora. Nuestro
-organismo mental no está constituído todavía, y si en lírica podemos
-presentar dos o tres nombres al mundo, toda la novela americana
-producida desde la independencia de España hasta nuestros días no vale
-este solo nombre, por otra parte poco simpático para mí: Benito Pérez
-Galdós.
-
- * * * * *
-
-Una novela americana acaba de publicarse en Madrid, de la cual quiero
-hablar a los lectores de _La Nación_. _Todo un pueblo._ Su autor es
-Miguel Eduardo Pardo, venezolano, residente en París, y que ha vivido
-por algún tiempo en esta Corte. El libro es una obra de bien y de
-valor. Alguien ha dicho que en vez de llamarse _Todo un pueblo_,
-debería ser _todo un continente_. En efecto, con la excepción de los
-dos pueblos cuerdos que van a la cabeza de la América española, el
-resto puede reclamar como retrato propio el libro de Pardo. Se trata
-del famoso _South America_, un _South America_ que se extiende hasta
-la frontera de los Estados Unidos. Yo no sé si su autor ha querido
-ponernos a la vista su Venezuela; pero por más de un retrato hecho
-a lo vivo, se sacaría por consecuencia que sí. Mas lo que pasa en
-las doscientas y tantas páginas del libro puede tener por escenario
-más de un país americano que conozco. Es la lucha del espíritu
-de civilización con un estado moral casi primitivo que permite el
-entronizamiento del caudillaje en política, del fanatismo en religión,
-y en lo social de una vida, o retardada en la que confina con la
-choza de antes, o advenediza hasta producir ese fruto de exportación
-único y de legítima procedencia hispanoamericana: _el rastaquouere_.
-En este libro de literato hay el pensamiento de un sociólogo. La
-tragedia que anima la narración tiene por escenario un pedazo de esas
-Américas cálidas, con sus ciudades semicivilizadas y sus campañas
-pletóricas de vida, sembradas de bosques en que impera la más bravía
-naturaleza y en donde se refugia el alma del indio, el alma libre
-del indio de antaño, afligida de la opresión y decaimiento de los
-restos de tribus del indio de ahora. Y es la preponderancia de los
-descendientes de los conquistadores, de los mestizos enriquecidos; el
-producto de la raza de los aventureros y hombres de presa que llegaron
-de España y la raza indígena, que dió por resultado «una sociedad sin
-génesis bien esclarecido», que tuvo como las sociedades europeas su
-aristocracia, su clase media y su plebe. La primera, más anémica y
-por ende menos copiosa que la abundante clase media, engendró seres
-degenerados y enclenques los cuales seres, creyendo a pie juntillas
-en su alcurniada descendencia, se proclamaron de la noche a la
-mañana raíces, ramas, flores y capullos de aquellos árboles egregios
-que fueron orgullo genealógico del pueblo que por casualidad hizo
-nido en las montañas de la egregia Villabrava. Villabrava, como he
-dicho, puede estar en la república americana que el lector guste. En
-política es esa interminable serie de revueltas, motines, asesinatos,
-pandillajes, asonadas, pronunciamientos; los feroces coronelotes zambos
-y los crueles generalotes indios; el aventurero que logra en países
-semejantes altos puestos públicos, a fuerza de habilidad y audacia;
-los oradores de oratoria rural, los diputados fantoches y guapetones,
-¡y _La Patria! ¡La Libertad! ¡El 93! ¡Los derechos del hombre!_ la
-Prensa grotesca, adulona o de presa; los distinguidos personajes que
-rodean a su excelencia; la policía de verdugos; los vicios desbragados
-al son de las bandas palaciegas... ¡oh!, es eso de un pintoresco de
-opereta que mezcla lo terrible con lo bufo. Pues bien, de eso hay
-mucho en el decorado de la obra de Pardo; y en el fondo el problema
-de la regeneración, o mejor, de la verdadera civilización de esas
-comarcas. Claro es que en la fábula debía haber su llama de amor, y
-la hay; es la lámpara que arde en su pureza entre las agitaciones del
-cómico y sangriento carnaval. Pardo es escritor de prosa violenta, algo
-desenfadada, pero se ve que ama el arte por los lujos verbales que
-ostenta el caballo en que un duque puede entrar en la iglesia, lleva
-herraduras de plata. Sobre las rocas de su tierra deja un reguero de
-bellas chispas.
-
- [Ilustración]
-
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-
- LA CRÍTICA
-
- [Ilustración]
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- Madrid, 1899.
-
-HACE algún tiempo decía Leopoldo Alas: «En literatura estamos muy
-mal. Muchos no lo notan siquiera, o porque su grosera naturaleza no
-da importancia a lo espiritual, no siendo de interés egoísta, o por
-falta de gusto y de inteligencia; otros sí lo notan... pero quieren
-_ganar amigos_, no perderlos, y hacen como si creyeran que todo va
-perfectamente. Censuras generales, anodinas, que no ponen el dedo en
-la llaga ni comprometen, eso sí; todo lo que se quiera. Pero censura
-directa, concreta, _personal_, con motivo de este autor, de esta obra
-¡oh! nadie se atreve. Hablo de la censura bien intencionada, imparcial,
-desapasionada, por amor al arte. No llamo censura a los gritos del
-rencor, de la enemistad, de la burla baladí, que todo lo mancha y
-pisotea por dar que reir a los malvados, a los imbéciles y a los
-envidiosos. Ruindades y cascabeles de bufón inmoral, casi inconsciente
-en sus injusticias de Momo, no faltan. Alardes de procaz insulto, de
-falta de respeto a ideas y legítimas autoridades, abundan; pero eso
-¿qué tiene que ver con la crítica honrada, concienzuda, edificante?»
-
-El señor Alas se refiere, como veis, a la crítica que censura; yo
-encuentro iguales o más lamentables tachas en la crítica que quisiera
-tender a sociológica; en la crítica que admira. Pero ante todo,
-¿existe la crítica española? Un amigo escritor me contestaba:
-
-«Crítica, no hay; hay críticos.» Desde mi llegada he buscado en libros
-y periódicos alguna manifestación nueva. Los pocos reconocidos como
-maestros callan, o porque los órganos principales no solicitan sus
-opiniones o porque el desencanto les ha poseído. Valera prefiere volver
-a la novela; Balart hacer versos de cuando en cuando; _Clarín_, el más
-militante de todos, escribe paliques en vez de ensayos, porque los
-paliques se los entienden. En las publicaciones de cierta autoridad,
-revistas e ilustraciones, ejercen unos cuantos veteranos anónimos,
-cuyas palabras no encuentran el más débil eco; extraen sus pensares de
-antiguas alacenas, los exponen a propósito de cualquier tópico y los
-vuelven a guardar. Los hay que tienen cierto nombre como eruditos en
-materias especiales; pero a uno de éstos he visto juzgar en la revista
-más seria de España, y en cuatro líneas, como obra mediana y de autor
-_que promete_, el magistral _Del Plata al Niágara_--de Groussac--, y
-deleitarse en el espacio de dos o tres páginas con cualquier producto
-nacional, que entre nosotros apenas lograría ser mencionado en la
-sección bibliográfica de un diario.
-
-Ciertamente, de Larra a estos tiempos, la crítica en España ha tendido
-a salir de la estrechez formalista y utilitaria. Quedan rezagos de
-la época hermosillesca y dómines tendenciosos, a quienes mataría
-una ráfaga de aire libre. Las pocas figuras sobresalientes en la
-mediocridad común han conseguido hacer entrar alguna luz tras muchos
-esfuerzos; pero esos rayos quedan aislados. La crítica tiene que
-encogerse, tiene que rebajarse para ser aceptada. No se demuestra la
-voluntad de pensar, en ninguna clase de muntales especulaciones. Y Luis
-Taboada dice una corrosiva verdad--que me permito creer de terrible
-intención--cuando afirma que en España entre «el señor de Ibsen» y
-él, él. Así os explicaréis que _Clarín_ siga en una incontenible
-exuberancia de paliques, y que ese grotesco y distinguido gramático de
-Valbuena tenga lectores.
-
-Hay que advertiros que en revistas y diarios, apartando los nombres
-célebres que conocéis, todo escritor, malo o bueno, es crítico. La
-tendencia que entre nosotros se acentúa, y que en todo país culto es
-hoy ley del especialismo, es aquí nula. Todo el mundo puede tratar
-de cualquier cosa con un valor afligente. ¿Hay que dar cuenta de una
-exposición artística, que juzgar a un poeta o a un músico, o a un
-novelista?--El director de la publicación confiará la tarea al primero
-de los _reporters_ que encuentre. Aquí no hay más especialistas que
-los revisteros de toros; los cuales revisteros también hacen crítica
-teatral, o lo que gustéis, con la mayor tranquilidad propia del público.
-
-Pero hay autoridades notorias. Ante todo Menéndez Pelayo, cuyas
-preocupaciones de ortodoxia no han impedido que sea el más amplio al
-mismo tiempo que el más sólido criterio de la literatura española en
-este siglo. Es una vasta conciencia, unida a un tesón incomparable.
-Hace algunos años he tenido ocasión de tratarle íntimamente, cuando
-vivía en su departamento del hotel de Las Cuatro Naciones. Hacía vida
-mundana, no faltaba a las reuniones de sociedad; tenía su cátedra;
-y sin embargo, le sobraba tiempo para escribir en varias revistas,
-informarse de los libros en cuatro o cinco idiomas, que llegaban
-del extranjero, y proseguir en su labor propia, en la producción de
-tanta obra saturada de doctrina, maciza de documentación, imponente
-de saber y de fuerza. Es el enorme trabajador de los _Heterodoxos_ y
-de las _Ideas estéticas_. Creo que abandonó su antiguo proyecto de
-escribir una Historia de la literatura española. Su labor realizada
-vale verdaderos tesoros, que son desde luego más estimados en su justo
-valer en el extranjero que en España; fuera se pesan su ciencia y su
-conciencia; aquí se admira su fetiche, y se le coloca entre varias
-beneméritas momias.
-
-Entregado a estudios universales, a labores de dificilísima erudición,
-la crítica de Menéndez Pelayo no se aplica a la producción actual, como
-no sea a trabajos que tengan relación con sus señaladas disciplinas.
-Encerrado en la Biblioteca Nacional, cuyo director es, continúa en sus
-tareas benedictinas, lejos de las agitaciones cuotidianas y en relación
-tan sólo con los eruditos y sabios de otros países.
-
-Don Juan Valera, en sus últimos años, ha vuelto a la novela. No se lee
-más aquella sabrosa crítica suya en que las ideas expresadas no tenían
-tanto valor como la manera de expresarlas. No es esto decir que el
-famoso trabajo sobre el Romanticismo en España, o sobre el _Quijote_,
-carezca de vigor ideológico; pero su manera, que desenvuelve tan
-gratamente las más sutilísimas complicaciones, ha sido el principal
-distintivo de su excepcional talento. Su cultura es mucha, y posee esa
-cosa hoy muy poco española en el terreno de la crítica: distinción.
-Lo cual no obsta a que a través de la trama de sus discursos aparezca
-cierta fina malignidad, un buen humor picaresco, que suele dar a los
-más calurosos elogios una faz de burla. Y esto es de tal modo, que los
-enconados o los envidiosos suelen ver aún en los más sinceros aplausos
-de don Juan, un sentido oculto y desventajoso para los que él cree
-dignos de su alabanza.
-
-Lo cierto es que tiene singular habilidad para manejar contradicciones
-y recrearse recreando con paradojas. Teje alrededor de una idea
-complicadas redes, traza ingeniosos laberintos en donde él camina con
-toda holgura y sin peligro, mientras sus lectores poco avisados caen en
-la trampa o juzgan salir del enredo cuando más en él se internan. Y no
-obstante, yo creo en la lealtad de sus opiniones. A este respecto le
-encuentro mucho de semejante con Anatole France.
-
-Leopoldo Alas, o sea _Clarín_, ha sufrido la imposición de un público
-poco afecto a producciones que exijan la menor elevación intelectual.
-_Clarín_ ha demostrado ser un literato de alto valer, un pensador
-y un escritor culto, en libros y ensayos que fuera de su país han
-encontrado aprecio y justicia; mientras los lectores españoles no han
-podido sino gustar sus cualidades de satírico, obligándole así a una
-inacabable serie de charlas más o menos graciosas, en que, para no caer
-en ridículo, tiene que desperdiciar su talento ocupándose generalmente
-de autores cursis, de prosistas hueros y poetas «hebenes». Taboada en
-el Parnaso. Y ese es el autor de páginas magistrales como sus antiguas
-_Lecturas_, o su ensayo sobre _Baudelaire_, o el de _Daudet_ y tantos
-otros. En América se tiene por esto una idea falsa de Leopoldo Alas.
-Este es un hombre serio: desde hace mucho tiempo doctor en derecho
-y profesor de Oviedo, y entregado siempre a lecturas graves y poco
-risueñas. Mas tiene que reir y hacer reir a tontos y a malignos, so
-pena de no colocar sus estudios de médula y enseñanza: pues como lo
-acaba de decir un diario--_El Liberal_--, el «_Madrid Cómico_ va en
-camino de ser el primer periódico literario de España». Claro está que
-el señor Alas escribe esos artículos con una precipitación febril que
-se ve claramente en cada uno de ellos, y así se explica que algunas dos
-veces haya confundido en el _Madrid Cómico_ a Richepin con... Montepín,
-y haya hecho la célebre comparación entre Flaubert, Eberts y Anatole
-France, con el Valera de _Morsamor_. _Clarín_, pues, actualmente, no
-escribe crítica, como no sea para el extranjero. ¡Aquí, lo que pagan
-bien son paliques: pues paliques!
-
-El señor Balart también hace mucho tiempo que no critica. Este
-escritor, cuya fama de poeta ha oscurecido su renombre de crítico, ha
-sido comparado con Lemaître y France a título de impresionismo. En mi
-entender, no ha habido en el señor Balart más que una nueva faz del
-eterno pedagogo autoritario, que se conmueve reglamentariamente y falla
-en última instancia sobre todas las estéticas; y así como su censura
-es estrecha, su elogio es desmesurado. Se le ve en ocasiones pasar
-impasible ante una manifestación artística, ante una idea llena de
-novedad y de belleza, y cantar los más sonoros himnos a la mediocridad
-apadrinada, o a lo que por algún lado halaga sus tendencias personales,
-sus propios modos de ver. Se celebran sus críticas de arte, y jamás
-ha demostrado en tales asuntos sino la más completa chatura, la
-«flatitud» de un criterio áptero, impermeable a toda onda de arte puro.
-Viene de los antípodas de un Ruskin. Yo no me explico la conquista
-de su autoridad a este respecto sino por la falta de competencias y
-por la inconmovilidad con que la mayoría se deja imponer toda suerte
-de pontificados. La misma minoría intelectual no protesta sino en
-voz baja, y, sin fuerzas tampoco para poder imponerse, deja que la
-corriente siga.
-
-Como crítico de arte sobresale Jacinto Octavio Picón, el novelista cuyo
-último libro sobre Velázquez ha tenido muy buena acogida en España
-y fuera de España. Su crítica teatral ha tenido también una época
-de boga. A este respecto se distingue entre todos sus colegas, el
-crítico de _El Español_, señor Canals. Al menos es quien trata con más
-certidumbre y más entusiasmo las obras de que le toca dar cuenta en su
-tarea periodística.
-
-Podría señalar algunos otros nombres como el del señor González
-Serrano--después de recordar la pérdida que sufrió el pensamiento
-español con la muerte del catalán Ixart--, pero sería la revista harto
-larga. En la juventud surge hoy una que otra esperanza, y no es poco
-lo que ha de dar en un cercano porvenir cerebro tan bien nutrido y
-generoso como el del autor de _Alma Contemporánea_, Llanas Aguilaniedo,
-cuyos comienzos han entusiasmado al mismo descontentadizo _Clarín_.
-Llanas es un estudioso y un reflexivo. Comprendo lo grave que encierra
-el trabajo de pensar y de juzgar. Hay una luz individual que él ha
-descubierto dentro de su propio espíritu, y siguiendo el consejo de
-Emerson, la persigue. En lo moral, en lo intelectual, cultiva la buena
-virtud de la higiene. Llega a una época en que, si sabe dirigir su
-propia voluntad, hará mucho bien a la nueva generación de su país. No
-es su libro primigenio, sino la apertura de una larga vía. En esas
-páginas hay mucho justo y original y no poco reflejo e injusto. Pero
-el esfuerzo supera a todo lo que sus compañeros han producido. Antes
-que él está Martínez Ruiz, curioso y aislado en el grupo de la juventud
-española que piensa. De él he de tratar en otra ocasión, como del vasco
-nietzschista Ramiro de Maeztu, que está llamando la atención de los que
-observan, por su fuerza y su singularidad.
-
- [Ilustración]
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-
- LA JOVEN ARISTOCRACIA
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- [Ilustración]
-
-
-CUANDO el rey de España recibe a los nuevos grandes que deben cubrirse
-delante de él, es costumbre que cada cual diga unas cuantas frases en
-que, después de recordar la gloria de sus antepasados y el timbre de
-sus blasones, ofrezca al monarca sus servicios y protestas de lealtad.
-Sorprendió hace algún tiempo el discurso de cierto joven grande de
-España, que más o menos, dijo a la reina estos conceptos: «Señora, mis
-abuelos fueron mis abuelos y su gloria es de ellos; yo soy ingeniero
-y mi título y mi trabajo es lo único que puedo poner a los pies de
-vuestra majestad». Lo llamativo y simpático de la nota, despertaba
-en la generalidad este pensar: «¡Hay, pues, nobles que trabajan!» La
-sorpresa era justa. Es un hecho reconocido que en nuestras sociedades
-modernas, según la frase reciente de M. de Montmorand, _ce qui
-caractérise le noble, c'est son oisiveté, son inaptitude au travail_.
-
-En todas partes, y por su propia culpa, la nobleza ha perdido terreno.
-
-Las necesidades de la vida actual, el desarrollo del comercio,
-las ambiciones de la gran burguesía, han trastornado un tanto los
-armoriales: y el día en que un Rothschild ha sido ennoblecido a causa
-de su dinero, el espíritu de Dozier flotó sobre las salazones de
-Chicago. Desacreditada y todo, la nobleza impone sus pergaminos. Las
-señoritas adineradas de los Estados Unidos, y por no quedarnos atrás,
-algunas de la América del Sur, pagan a buen precio el derecho de
-poder ostentar una corona marcada en su ropa blanca, o pintada en la
-portezuela del carruaje. En nuestras democracias, la presencia de un
-noble siempre es decorativa en la vida social. Huelen esos caballeros,
-mal educados, ignorantes, obtusos, pero casi siempre ¡visten tan bien!
-A América suelen llegar _gentlemen_ y _escrocs_; nobles verdaderos y
-nobles falsos. Algunos han ido a parar a la penitenciaría de Buenos
-Aires.
-
-La nobleza francesa, que en estos últimos tiempos ha dado tan poco
-edificantes espectáculos, diríase que constituye el más claro tipo de
-decadencia. Su incapacidad es tan solamente igualada por su ligereza;
-y si en algo puede confiar la estabilidad de la república, es en la
-ineptitud intelectual y flaqueza moral que se revela en ese plantío
-de gardenias y claveles. Con gran justicia un escritor de criterio
-certero, Paul Duplan, dice, en un estudio reciente: «Cuando se estudia
-la historia de nuestro país de cien años acá, queda uno estupefacto de
-la increíble incoherencia sociológica y política de los nobles. Hacen
-constantemente lo contrario de lo que se podría prever; están siempre a
-caballo cuando se debería estar a pie; parlanchines y ruidosos cuando
-deberían estar silenciosos y prudentes; pierden en la vida pública el
-tacto que conservan en sus salones; empujan la república a la izquierda
-con la intención de atraerla a la derecha; demasiado católicos al
-fin del siglo XIX después de haber sido volterianos al fin del siglo
-XVIII, pierden el contacto con la democracia y se obstinan en confiar
-sus hijos a los religiosos, cuando debían hacerlos educar en nuestros
-colegios; caen en el snobismo inglés, cuando debían hacer prevalecer la
-elegancia francesa; chismosos y maldicientes; descontentos y vejados
-bajo la Restauración, bajo Luis Felipe, bajo Napoleón III, bajo la
-tercera república; vuelven la espalda a la ciencia contemporánea que
-no es clerical y quieren que lo sea; se hacen ridículamente zurrar
-el 16 de mayo; se meten en «la Baulange»; exageran el antisemitismo
-después de haber adoptado a los grandes judíos, aceptado sus regalos
-y frecuentado sus castillos, sus yates y sus cacerías. En fin, gentes
-en su mayor parte _surannés_ y _vieux jeu_, aun en el dominio de
-sus placeres. Han quedado como cazadores diligentes, y ¿qué ardor
-les devora? Por ejemplo, la caza a la carrera como en las épocas
-prehistóricas: cansar, en nuestras pequeñas florestas, a un desgraciado
-animal, casi amansado, que a menudo no quiere correr; entregarle a la
-ferocidad de los perros y gozar con ese terror y con esa muerte. ¿Y
-el estúpido tiro de pichón? ¡Qué singular _élite_, la de esta nobleza
-ociosa e ingenua, que no tiene otra carrera que el matrimonio de
-dinero!»
-
-La nobleza española no ha llegado a este último estado, hay que
-confesarlo. (¿Es por falta de cotización?) Pero nada señala que la
-patria española pueda esperar algo de sus grandes o de su aristocracia.
-A pesar de que buena parte de las principales familias educan a
-los hijos en pensiones inglesas, es difícil encontrar aquí el
-_gentleman-farmer_ blasonado. Los propietarios de tierras de labranza,
-o los ganaderos, o arriendan o dejan los trabajos al cuidado de
-administradores, que poco interés han de tomarse, como no sea el propio
-provecho. El propietario cobra sus rentas, sin que se le ocurra pensar
-en introducir mejoras, o aplicar la experiencia de otros países, en
-procedimientos o maquinaria.
-
-Algunos se dedican a la política; raros, rarísimos, como Valdeiglesias,
-al periodismo. Señalados son los que en las letras tienen nombre, o
-se consagran a estudios especiales. En cuanto a los grandes nombres
-científicos, ni Cajal, ni Federico Rubio, ni Builla, ni Posada, ni
-Pedro Dorado, ni Augusto Linares, pertenecen a la nobleza... En
-el teatro, durante el tiempo que llevo en Madrid, dos títulos han
-presentado al público sendos arreglos del francés. En cambio, hay un
-actor grande de España, y varios emparentados con linajudas casas.
-Ahora bien, con la última estadística a la vista, he contado 41 duques,
-358 marqueses, 203 condes, 30 vizcondes y 49 barones.
-
-De antiguo he sabido la poca afición al trabajo de la nobleza española,
-a causa sobre todo de las preeminencias de la hidalguía y de los
-mayorazgos.
-
-Familias llenas de oro y acostumbradas al regalo, mal podían pensar en
-otra cosa que en los privilegios de su grandeza. En tiempos de Felipe
-II, el duque del infantado tenía 90.000 ducados de renta; el de Medina
-de Río Seco, 130.000; el de Osuna, 130.000; dependían de ellos más de
-30.000 familias feudatarias. Los duques de Alba, de Nájera, y de Zúñiga
-poseían tierras que daban 80.000, 60.000 y 70.000 ducados de renta, en
-Castilla la Vieja; el de Medinaceli, en Toledo, 150.000; en Granada,
-Extremadura y Jaén, los duques de Medina Sidonia, de Arcos y de Feria,
-150.000, 70.000 y 60.000. En Cataluña y Valencia los duques de Gandía y
-Córdoba, 80.000 ducados de renta cada uno. (_Ms. de Denys Geoffroy. V.
-Weiss_).
-
-Algunas de estas familias todavía conservan mucho de sus pasadas
-riquezas. Otras, como la de los Osuna, han tenido que caer bajo el
-martillo del rematador.
-
-La juventud aristocrática, como he dicho, se educa generalmente en el
-extranjero: Inglaterra y Bélgica son los países preferidos.
-
-La educación es esencialmente religiosa. Siempre, en las altas familias
-está la influencia del sacerdote.
-
-Si el joven sigue una carrera, una vez obtenido el título se dedica
-a vivir de sus rentas; se case o no se case, en Madrid y en el
-extranjero, la vida social y el _sport_ le absorberán todo su tiempo.
-La moda inglesa, el britanismo, se apodera de algunos; otros tienden a
-la vida chulesca. Son amigos de los toreros, y, los días de corrida,
-van a la plaza con indumentaria que pregona sus aficiones, en lujosas
-calesas tiradas por mulas llenas de cascabeles, o en sus espléndidos
-carruajes. Hoy que medra el café-concert, hay quienes se aficionan
-a las _divettes_. Por lo que toca a la vida íntima, a la familia,
-naturalmente, diré que no la conozco. Se me dice, no obstante, que el
-padre Coloma exagera un poco sus _Pequeñeces_.
-
-Las antiguas virtudes esencialmente españolas, parece que también han
-desaparecido. Dejo la palabra a don Santiago Alba.
-
-«Por de pronto, ya hemos revelado y hemos aprendido que sin una
-educación positiva no conservan los pueblos algo de que nosotros
-hubimos de creernos depositarios, a través de los siglos de los siglos,
-simplemente por el mágico efluvio de nuestras glorias legendarias: el
-valor y el patriotismo. Mientras que aquí la aristocracia de la sangre
-y la del dinero--con ligeras y honrosísimas excepciones--seguíase
-divirtiendo en plena guerra «a fin de evitar perjuicios al comercio
-y a la industria», allá, en el pueblo de los «mercachifles», todo un
-batallón de millonarios pedía puesto en la guerra y recibía en la
-vanguardia el saludo de los fusiles españoles».
-
-El _faineantismo_ da esos peligrosos frutos.
-
-La joven nobleza también ha sabido divertirse de bastante sonoras y
-extraordinarias maneras. No generalizo: pero un buen ramillete de
-hechos os hará ver que la «indiada» de Buenos Aires no tendría mucho
-de que ufanarse ante ciertos ejemplos de por acá. En todos lugares
-la _jeunesse dorée_ es censurada por causa de su poco juicio y de
-su _humor_, y nuestra América no está fuera de la regla. Durante mi
-permanencia en Chile pude observar la campaña que la Prensa entablara
-contra la famosa «juventud dorada» de Santiago; y en Buenos Aires
-he visto cómo se protesta ante las hazañas de los «indios», hoy ya
-casi desaparecidos, o destituídos por precarios aunque estrepitosos
-compadritos. Hay que consolarse con que el caso ha sido de todos
-los tiempos; y Alcibíades al cortar la cola a su perro, y Erostrato
-incendiando el templo de Diana, eran ya precursores. En la grave
-Inglaterra podéis recordar las proezas realizadas por los distintos
-Clubs de que nos habla Hugo en una de sus más bellas novelas. Los
-hechos sucedían entre jóvenes de la _nobility_ y de la _gentry_. La
-broma se convertía a veces en crimen. Se divertían «decentemente»,
-dice Hugo. Había el _She romps club_, cuyos miembros ponían con los
-pies para arriba a la primera mujer que pasaba por la calle; si se
-oponía, se la azotaba. Los del _Merry-dances_ «hacían bailar por negros
-y blancas las danzas de los picantes y de los tintirimbas del Perú,
-especialmente la mozamala. Los del _Hellfire_ tenían por especialidad
-cometer sacrilegios. Los de _Las cabezadas_ las daban a las gentes.
-Los del _Fun_ rompían espejos y retratos, mataban perros, hacían
-circular falsas noticias, incendiaban, hacían daño en las casas. Los
-del _Mohock_, reían hiriendo y martirizando a pobres transeúntes».
-Y concluye Hugo: «Esos eran, al principio del siglo XVIII, los
-pasatiempos de los opulentos ociosos de Londres. Los ociosos de París
-tenían otros. Monsieur de Charolais soltaba un tiro a un burgués a la
-puerta de su casa. _De tout temps la jeunesse s'est amusée_». Ya veis
-una vez más que nada hay nuevo bajo el sol.
-
-Ahora, veamos algunos hechos graciosos de nuestros parientes los
-hidalgos.
-
-En un pueblo de la provincia de Segovia, el duque de S. F. tuvo la
-humorada de dar una cacería, a la que invitó especialmente al cura. De
-pronto, en lo más intrincado del bosque, aparece un grupo numeroso de
-«damas alegres» con la indumentaria de Diana y sus ninfas.
-
-El joven conde de F. S. y el primogénito de los marqueses de R., una
-mañana de invierno, al salir de una _juerga_, tuvieron a bien bañarse
-en el estanque helado del Retiro, de donde fueron sacados medio muertos.
-
-El hijo del conde de P. R. y el del conde de F. S., en una noche de
-verano encuentran en el paseo de Recoletos a una joven aguadora, y
-con unas tijeras ejercen de peluqueros profanando una de las bellas
-poesías de Gauthier... Estos mismos jóvenes risueños encerraron en una
-leñera de una casa en la calle de Isabel la Católica a la portera, e
-hicieron apalear por el portero a un quidam.
-
-Un sobrino del duque de V. se divierte tanto, que la familia resuelve
-enviarlo a Filipinas. Allá es sumamente atendido por el Arzobispo, que
-le ofrece desde luego su coche. El joven acepta y lo aprovecha para ir
-a ciertas casas. Las gentes que pasaban y veían allí situados el coche
-y los cocheros de su ilustrísima, se hacían cruces: «¡Qué casas visita
-el señor Arzobispo!»
-
-Un personaje ya citado penetra en una casa de juego, y revólver en
-mano se adueña del dinero. Nadie le dice una palabra. Al día siguiente
-vuelve; pero hay listos dos sujetos «de buena voluntad» que le meten en
-un coche, le llevan al camino de Chamartín de la Rosa y le pegan tal
-paliza que queda casi sin vida.
-
-El marquesito de R., temible por lo que llama el sabio Cajal el
-_matonismo_, arruinó a un tabernero de la plaza de Santa Cruz, con la
-célebre frase «apunte usted». El infeliz se dejó arruinar sin proferir
-una queja.
-
-A veces la farsa es trágica. En una provincia, dos caballeros joviales
-encuentran a una desgraciada y «porque está melancólica» determinan
-echarla al río. Lo hacen, y la mujer se ahoga.
-
-En un balcón de cierta casa de la calle de la Palma tuvo toda una noche
-vestidas de Eva a tres jóvenes del batallón de Citeres, el duquesito de
-S. F.
-
-Un burgués rico, andaluz y muy chistoso, va con una dama en un
-carruaje; ordena al cochero que vuelque, y resulta la dama con las
-piernas rotas. Otra vez se complace en meter a un bufón popular en el
-vientre de un caballo muerto.
-
-El hijo de un gran general entra en un café sable en mano cierta noche
-con una compañera de escasa indumentaria. Hace desalojar la sala y la
-convierte en alcoba de placer. Este mismo va a una funeraria y encarga
-un servicio para cierto difunto que estaba muy vivo en su casa.
-
-El nieto de un célebre escritor, hijo del conde de C. A., y emparentado
-con la más alta nobleza, estando en el teatro de cierta ciudad,
-contestó el saludo de un amigo que estaba en la platea, tirando de su
-palco silla tras silla. El mismo rompió en Gijón todo el servicio de un
-café, sin la menor protesta del dueño. Después, en un teatro de otra
-ciudad, suspendió la función a garrotazos.
-
-A veces las cosas resultan mal. Al hijo natural de un insigne hombre
-político le asesinaron en la calle de la Flor unos cuantos chulos.
-
-En Almería un joven distinguido va a una casa de diversión. La dueña se
-opone a que entre, y él la deja muerta de un tiro.
-
-Tres de los ya señalados ataron una noche a un sereno ante la estatua
-del teniente Ruiz--cara a Julio Ruiz.
-
-Un buen día el marquesito R... necesita dinero, y saca y lleva a una
-casa de préstamos las más ricas ropas de la señora marquesa.
-
-El conde de P... apuesta con un amigo que irá a París a ganarse la vida
-pidiendo limosna y tocando la guitarra por las calles. Y lo hace.
-
-Hay otras tantas cosas delicadas de citar, por la altura de los
-personajes que tomaron parte; pero que, aunque la Prensa no se haya
-ocupado de ellas, están en la memoria de todo Madrid.
-
-Así, nuestros indios con su _fun_ ya veis que se han quedado un
-poco atrás. Sus ocurrencias no son causadas por el soplo que viene
-de la Pampa y que aun trae el eco del malón. La «indiada» de las
-noches alegres bonaerenses tendría que aprender de los descendientes
-de ilustres casas, de jóvenes cuyos cuarteles de familia tienen la
-consagración de muchos reyes. La filosofía del asunto sería que el
-deseo del mal por el mal es innato, y que el sentido de la perversidad
-de que habla Poe duerme en su célula, esperando la oportunidad de
-aparecer. El estudio y el trabajo son los únicos antídotos contra ese
-veneno natural e íntimo. Con ellos se doma la fierecilla que va con
-nosotros. Mas en las clases ricas y extrañas a todo lo que no sea
-capricho y goce de la existencia, entre la ociosidad y el fastidio, el
-trabajo y el estudio no pueden obrar. Agregar a esto los privilegios
-sociales, la pobreza fisiológica y la degeneración demostrada de las
-familias nobiliarias, y decidme si se puede «hacer patria» con tales
-elementos.
-
-No, no puede aguardar nada España de su aristocracia. La salvación si
-viene, vendrá del pueblo guiado por su instinto propio, de la parte
-laboriosa que representa las energías que quedan del espíritu español,
-libre de políticos logreros y de pastores lobos.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- CONGRESO SOCIAL Y ECONÓMICO
- IBERO-AMERICANO
-
- [Ilustración]
-
-
- 21 de febrero de 1900.
-
-LA Sociedad Unión Ibero-Americana trabaja en estos momentos porque
-se celebre un Congreso, que denomina social y económico, y al cual
-concurrirían las Repúblicas americanas y España con objeto de estrechar
-y aumentar las relaciones sociales comerciales. Con Congreso, o sin
-Congreso, ya era tiempo de ocuparse en este asunto. La situación
-en que se encuentra la antigua Metrópoli con las que fueron en un
-tiempo sus colonias no puede ser más precaria. La caída fué colosal.
-Las causas están en la conciencia de todos. La expansión colonial de
-otras naciones contrasta, al fin de la centuria, con las absolutas
-pérdidas de la que fué señora de muchas colonias. Después del desastre,
-recogida en su propio hogar, piensa con cordura en la manera de volver
-a recuperar algo de lo perdido, ya que no en imposibles reconquistas
-territoriales, lo que pueda en el terreno de las simpatías nacionales
-y de los mercados para su producción. Reconocido está ya, que la culpa
-de la decadencia española en América no ha sido, como en el verso,
-obra «del tiempo». Ha sido culpa de España. En cuanto a los males
-interiores, cierto es que no pocos se los causó el descubrimiento del
-nuevo mundo. Esos 50 millones de habitantes; 24 millones de kilómetros
-cuadrados; 48 Españas en extensión, «donde se derramó nuestra sangre,
-se malgastó nuestra vida, y sólo suenan como un recuerdo los acentos de
-nuestra lengua», que dice el escritor andaluz señor Ledesma, les fueron
-perjudiciales al reino conquistador. No porque sin la obra de Colón
-hubiese completado el gran Cardenal su empresa africana, sino porque
-aquel Klondike continental sería el cebo de aventureros ambiciosos, y
-envenenaría de oro fácil las fuentes industriales de la Península. El
-hidalgo, _conquerant de l'or_ no tendrá sino que procurarse «peluca
-y espada, desdeñando oficios y comercio», como escribe en uno de sus
-libros Juan Agustín García, al citar a Gervasoni y una Cédula real:
-«De las Indias he sido avisado que muchas personas que de acá pasan,
-puesto que en ésta solían trabajar e vivían e se mantenían con su
-trabajo, después que allá tienen algo, no quieren trabajar, sino
-folgar el tiempo que tienen, de manera que hay muchos: de cuya causa
-yo envío a mandar que el Gobernador apremie a los de esta calidad para
-que trabajen en sus faciendas». Eso hacía España una vez realizada la
-conquista del oro, folgar el tiempo que tenía. Primero fué el tiempo
-del aumento del poderío, la sujeción del sol en sus dominios; más ya
-con Felipe II empieza la carcoma y el decaimiento. Esto a pesar de
-la riqueza natural, tan copiosamente señalada por entusiastas como
-Mariana o Miñano. Wiss se embelesa en repetir la enumeración de tantos
-elementos de riqueza, en varios climas y en tierras fecundísimas. Al
-par que los distintos productos ofrecen un copioso acervo para la
-exportación, ésta está favorecida por la extensión de las costas y la
-buena condición de los puertos mediterráneos y atlánticos. Todo esto
-era aprovechado en el siglo XVI. El movimiento fabril y el desarrollo
-comercial acrecían la riqueza. Los tejidos se fabricaban en numerosos
-establecimientos.
-
-Solamente en Segovia, cuyos paños se tenían por los más bellos de
-Europa, trabajaban 34.000 obreros. Según de Jonnes, en 1519 se contaban
-en Sevilla 6.000 telares de seda, y habría 130.000 obreros en la
-fabricación de sedería y tejidos de lana. Hay que leer a este respecto
-el estudio que sobre las industrias antiguas sevillanas ha publicado
-el erudito señor Gestoso y Pérez--que tiene inédito un «Ensayo de un
-Diccionario de artistas industriales que florecieron en Sevilla desde
-el siglo XIII hasta el siglo XVIII, inclusive»--, para darse cuenta
-del progreso alcanzado en aquella época y en aquella provincia, en
-lo referente a la producción industrial. Las marinas mercantes de
-Inglaterra y Francia eran inferiores a la española. El inflado Moncada
-puede escribir del puerto sevillano: «es la capital de todos los
-comerciantes del mundo. Poco ha que la Andalucía estaba situada en las
-extremidades de la tierra, pero con el descubrimiento de las Indias
-ha llegado a estar en el centro». La riqueza estaba en fruto; diríase
-que España era la nación de las naciones; solamente el ojo visionario
-de Campanella advertía peligros en lo oscuro del porvenir; y notaba
-que como hoy a Inglaterra, tenían ojeriza todos los pueblos del mundo
-al pueblo fuerte y rico que dominaba. Ciertamente habían de cumplirse
-los temores del autor de la _Monarquía Hispánica_ y con los sucesores
-de Felipe II vendría el descenso a nación de segundo orden, la pérdida
-en los distintos dominios, la decadencia militar y la mengua en el
-comercio. La escasez de barcos se acentuó tanto, que ya bajo Carlos
-_el Hechizado_ se hacían servicios oficiales a Cuba y a las Canarias,
-por medio de buques genoveses. Los productos escaseaban, pues los
-cultivos fueron dejados, y los campos, un tiempo florecientes, estaban
-despoblados de trabajadores, a punto de que no solamente en ambas
-Castillas, sino también en la productiva región andaluza, el abandono
-era absoluto. Disminuyó a una cantidad mínima la exportación de la
-lana, en lugares como Cuenca. Los telares y sederías quedaban reducidos
-a señalado número. El movimiento comercial, con la renta de los
-productos del país, vino muy a menos; la exportación a las colonias de
-América fué nula, y España tuvo que empezar a proveerse en otros países
-manufactureros. De más está decir que otras naciones aprovecharon el
-caso para colocar sus mercaderías en las tierras americanas.
-
-Con la funesta expulsión de los moros padecieron grandemente la
-agricultura y la industria. Aquellas gentes laboriosas por religión y
-por necesidad habían aumentado inmensamente la riqueza de la península
-no solamente con sus labores fabriles, sino con el cultivo de los
-campos, como esa maravillosa huerta de Valencia que les fué pingüe y
-que tanto hermosearon y aprovecharon. Una vez realizada la expulsión,
-claro es que el movimiento comercial e industrial, sostenido por
-ellos, mermó y luego concluyó. Ya en el reinado de Felipe III, a la
-decadencia en los trabajos del campo se juntó una baja de población
-notabilísima. En Cataluña misma estaban deshabitadas «las tres cuartas
-partes de los pueblos». En plenas Cortes, y bajo Felipe IV, se clamó
-contra la amenaza de una ruina segura. «Pues era llana y evidente, dice
-Céspedes y Meneses, que si este estado se aumentase, al paso mismo
-que hasta allí, habría de faltar a los lugares habitantes y vecinos,
-los labradores a los campos y los pilotos a la mar... y desdeñando
-el casamiento, duraría el mundo un siglo sólo». Weiss demuestra la
-decadencia de la agricultura, entre otros motivos, por la disminución
-progresiva de la población española desde el reinado de Felipe II hasta
-el advenimiento de los Borbones--Miguel calcula, apoyado en Ustariz,
-en cinco millones setecientas mil almas la población de España bajo
-Carlos I--; la amortización eclesiástica--«los capitales quitados a
-la agricultura y a la industria para sepultarse para siempre en los
-conventos»--; los mayorazgos en las familias nobles y las devastaciones
-anuales de las campiñas por los ganados trashumantes. Muchos daños se
-debieron al «honrado Concejo de la mesta».
-
-El oro americano, como antes he apuntado, fué ponzoñoso para el
-movimiento industrial peninsular. La baja de los metales fué de cuatro
-quintas partes en un siglo; y el aumento de la mano de obra causó el
-alza de valor en la producción fabril.
-
-Se desdeñaron los productos naturales de las tierras americanas,
-dejando que se aprovecharan de ellos mercaderes de Inglaterra y
-Holanda, y fijos tan sólo en el codiciado producto de las minas. «A
-poco, dice Weiss, dejaron las fábricas de la Metrópoli de abastecer las
-necesidades de las colonias, porque eran pocos los obreros y escaseaban
-las primeras materias». «Las colonias, agrega, suministraban bastante
-oro para permitir a los fabricantes continuar sus trabajos, aunque lo
-caro de los jornales les impidiese introducir sus productos en Francia,
-Italia y otros puntos de Europa. Para esto hubiera sido necesario que
-procurase España satisfacer las demandas de las colonias e hiciese
-imposible el comercio de contrabando, pero ¡quién había de creerlo! los
-españoles tuvieron por una calamidad el trueque de los productos de
-la industria nacional por el oro del nuevo mundo, y le atribuyeron la
-repentina alza de todos los artículos de primera necesidad. Hubieran
-querido que América les remitiese sus metales preciosos sin llevarles
-en cambio los objetos fabricados en su país». El comercio con América
-desde aquellos tiempos fué tratado con singular error; en los comienzos
-hubo libertad de tráfico entre España y sus dependencias. Carlos V
-puso algunas trabas y Felipe II ordenó un porcentaje de salida, el 5,
-otro de llegada, el 10, a las mercancías para las Indias. El aumento
-del llamado almojarifazgo fué un golpe más. En América aumentaba el
-contrabando de otras naciones, y se dió el caso que cita Humboldt, de
-que los mineros de América comprasen de tres a cuatro mil quintales de
-pólvora anualmente, en los almacenes del reino, en tanto que la sola
-mina Valenciana consumía de diez y nueve mil quinientos a diez y nueve
-mil seiscientos. En tiempo de Felipe III, hasta 1612, bajaron tanto las
-rentas, que el quinto de las minas de Potosí, Perú y Nueva España, con
-otras entradas de América--dos millones doscientos setenta y dos mil
-ducados, fuera de gastos--, estuvieron empeñadas a los genoveses. Bajo
-el reinado de Isabel se hizo algo por la agricultura y la industria
-en las colonias americanas; pero luego los españoles que iban a
-establecerse no se cuidaban sino de engordar la hucha. Por lo que toca
-al Río de la Plata, basta leer las obras de J. A. García, hijo, para
-darse cuenta de la obra de los virreyes, y de los hidalgos inmigrantes.
-Anualmente iban dos escuadras, a Méjico y al Perú, con objetos de
-comercio. Esos eran los galeones que volvían cargados de oro. Ulloa
-narra pintorescamente la manera de comerciar entre los mercaderes
-americanos y españoles. Los pobres indios eran inicuamente engañados
-y explotados por la misma codicia de los corregidores. El comercio
-disminuyó; y a mediados del siglo XVII ya España no podía abastecer sus
-colonias. Los extranjeros, en cambio, aumentaban su venta; de Portugal
-salían «doscientos buques de trescientas a cuatrocientas toneladas
-con ricos cargamentos de telas, sedas, paños, tejidos de lana, de oro
-y de plata, artículos que compraban los portugueses a los flamencos
-franceses, ingleses y alemanes. Los embarcaban en Lisboa, Oporto,
-Mondigo, Viana, y en los puertecillos de Lagos, Villanova, Faro y
-Tavira, situados en el reino de los Algarbes. Llegados al Brasil, sus
-navíos subían al Río de la Plata, cuando cesaba de ser navegable, se
-desembarcaban las mercancías y se las conducía por tierra, atravesando
-el Paraguay y el reino de Tucumán, a Potosí y a Lima, de donde era
-fácil enviarlas a las principales ciudades del Perú. Los comerciantes
-españoles establecidos en aquellos puntos tenían sus corresponsales
-en el Brasil, lo mismo que en Sevilla y Cádiz, y como los derechos
-cobrados en Portugal de los géneros destinados al Brasil eran más bajos
-que los que se percibían en aquellas dos ciudades, los portugueses
-podían darlos más baratos que los españoles». Puede verse a este
-respecto la _Relación_ dirigida a Felipe III por Alonso de Cianca. Los
-empleados de la Corona ya se sabe qué clase de obra realizaban, y qué
-clase de gente eran en su mayor parte.
-
-El consejo de Indias enviaba no varones de mérito, sino hábiles
-sacadores de dinero. Fuera de los virreyes de Méjico y el Perú,
-grandes de España favorecidos, los demás eran duchos expoliadores. Los
-capitanes generales y demás enviados a Cuba, al engorde proverbial,
-tenían sus antecesores entre los paniaguados de Indias. Comercio
-descuidado con la Metrópoli, aumento por lo tanto del contrabando
-extranjero. Los holandeses, ingleses y franceses introducían largamente
-sus mercaderías. Hamburgo no se quedaba atrás; y la China misma
-vendía manufacturas en puertos como Guayaquil y Acapulco. El mal
-estado comercial entre la Península y sus colonias continuó hasta el
-advenimiento de los Borbones. Algo hizo por mejorar las relaciones
-Felipe V. Carlos III transformó en 1764 el sistema comercial que se
-había empleado desde la conquista. De La Coruña salían fijamente una
-vez al mes para las Antillas y dos veces al mes para el Río de la
-Plata barcos que establecieron de modo regular el intercambio. La
-independencia vino. Y desde la paz hasta la época actual el comercio
-español en América ha pasado por diversas fluctuaciones, llegando por
-fin al más lamentable descenso. Las Cámaras de Comercio poco han hecho,
-y la diplomacia ha sido nula en sus gestiones. También es cierto que
-la antigua Metrópoli no se ha acordado de que existíamos unos cuantos
-millones de hombres de lengua castellana en ese continente, hasta
-que las necesidades traídas por la pérdida de sus últimas posesiones
-americanas se lo han hecho percatar. El Congreso proyectado hará algo,
-como no se vaya todo en discursos. En lo social, se podrán crear
-nuevos y más estrechos vínculos, sobre toda ahora que la producción
-intelectual americana empieza, primeriza y todo, a imponerse. Pero
-hacen falta españoles de buena voluntad que digan a su patria la
-verdad, y que no la vayan a desacreditar en nuestras repúblicas.
-Una docena de españoles como Carlos Malagarriga, en cada una de las
-repúblicas americanas, harían más que los guitarristas de la prensa
-y bailaores de la tribuna que van a América a hacer daño a su propia
-tierra. Sobran en España talentos y entre nosotros buenas voluntades
-que pueden realizar una unión proficua y mutuamente ventajosa. La
-influencia española, perdida ya en lo literario, en lo social, en lo
-artístico, puede hacer algo en lo comercial, y esto será a mi ver el
-alma del futuro congreso.
-
-«Es un hecho patente--dice un documento oficial--, traducido además en
-cifras, que, a la infausta hora en que hubimos de abandonar nuestra
-soberanía en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, representaba nuestro
-comercio de exportación a esas posesiones, en los últimos tiempos en
-que pudo verificarse, de un modo regular, la considerable suma de 241
-millones de pesetas, o lo que es igual, el 25 por 100, aproximadamente,
-de la total exportación de la Península». Y otro: «En el primer
-quinquenio de 1880 a 1884, exportábamos un total de 62 millones a todos
-los mercados americanos; en cambio, en 1896 nuestra exportación quedaba
-reducida a 46 millones... Por ejemplo: En la República Argentina,
-donde en aquel período nuestra cifra de exportación ascendía a 17
-millones, ha bajado a 10. En la República del Uruguay, de 11 millones
-ha descendido a 6». Es decir, de 62.564.000 pesetas, del año de 1890
-al 1898, se ha reducido a unos cuarenta millones y pico. En la Junta
-del Comercio de Exportación, del ministerio de Estado, demostró
-la gravedad de tal situación el señor Rodríguez Sampedro, «España,
-decía, señora al principio del presente siglo de todos aquellos
-territorios poblados por su raza, con comunidad de idioma, de hábitos
-y de costumbres, ha perdido casi por entero sus mercados, de tal
-modo, que hoy se anteponen comúnmente a ella Inglaterra, Alemania,
-Francia, Austria, Italia y Bélgica, figurando nuestro comercio, al
-principio del postrer quinquenio, tanto en la importación como en la
-exportación, el último de todos, y cifrando para la República Argentina
-el 2,20 por 100 de su comercio, al de exportación; para Méjico el 8
-por 100 en la primera y el 11,60 en la segunda; para el Perú, 2,50 por
-100 y 0,60, respectivamente; y todavía, con parecer esta situación
-imposible de empeorar, sigue decreciendo manifiestamente, pues al
-concluir el quinquenio de 1897, los resultados son 1,40 por 100 para la
-importación, y 3 por 100 para la exportación respecto a la Argentina, 2
-por 100 para la primera y 10,30 para la segunda en Méjico; 0,08 y 0,90,
-respectivamente, en cuanto al Brasil; y 0,10 y 0,50 en el comercio con
-el Perú, pudiendo decirse que en muchas partes de los citados países
-su comercio con España ha desaparecido, mientras el de Inglaterra,
-promediando los datos de su importación y de su exportación, es más
-del 33 por 100 del total; de un 20 por 100 el de Alemania; de un 23
-el de Francia y así sucesivamente». El Congreso, pues, vendrá si se
-realiza, a tratar de ver cómo se mejoran las transacciones comerciales
-entre España y las repúblicas americanas; pero no tendrán poco que
-modificar en las leyes actuales los legisladores, que quieren que
-el arreglo se lleve a buen término. ¿Ha sido acaso poco lo que ha
-trabajado el ministro argentino señor Quesada para la simple cuestión
-del tasajo y carnes conservadas? El Gobierno español parece que
-apoyará la labor del Congreso y se harán invitaciones oficiales a los
-Gobiernos hispanoamericanos. Si los Gobiernos aceptan, es posible que
-una vez más se cometa el error de elección cuando se trate de los
-representantes. Al saberse la noticia del Congreso, en cada una de las
-pequeñas repúblicas de América-Villabravas, que dice Eduardo Pardo,
-habrá un grupo de compadres intrigantes que quieran venir a ver bailar
-el fandango, y a conocer a la Reina; y en cuyos labios pugna por salir
-la gran palabra «Señores»...
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- LA MUJER ESPAÑOLA
-
- [Ilustración]
-
-
- Marzo de 1900.
-
-HACE pocos días, el último de Carnaval, hubo en el palacio de una
-distinguida señora, casada con un millonario y diplomático mejicano,
-una improvisada y elegantísima reunión de máscaras, que largamente
-han cantado los habituales cronistas de salón, y entre todos, y sobre
-todos, mi incansable y ameno amigo el marqués de Valdeiglesias. La
-particularidad de la fiesta fué que a ella concurrieron aristocráticas
-y bellas damas de esta corte, con el pintoresco mantón de Manila y
-otros adornos no menos nacionales. Y el entusiasmo fué inmenso; y hasta
-hubo quien dijese: _¡ole!_ con la disculpa de los días de locura. Ese
-entusiasmo fué natural. ¡Es tan difícil en la aristocracia de España
-encontrar una belleza puramente española! Como en todas las altas
-clases de la tierra, el britanismo por un lado y el parisienismo por
-otro han hecho su invasión. No deja de ser lamentable. Una maja de
-Goya vestida por Chaplin es algo encantador y desconcertante; pero
-me habrán de confesar que una maja de Goya vestida por Goya es mucho
-mejor. No es que yo pretenda que estas duquesas de ahora vuelvan al
-osado peinetón, a mantilla perpetua y a los paseos por las arboledas
-de San Antonio de la Florida, sino que está a la vista de los amantes
-de la viva estatuaria humana la desaparición de uno de los más bellos
-tipos que hayan halagado al arte: el tipo español, cuya línea propia
-se ha bastardeado y confundido entre curvas francesas y restas
-anglo-sajonas. La moda, ¡he ahí el enemigo! En esto estoy apoyado
-por un talento que sobre ser certeramente estético, es una mujer: la
-señora Pardo-Bazán. Doña Emilia considera como enemigos de la clásica
-gracia española los vestidos pesados y de corte masculino del país de
-las misses; los impermeables y abrigos largos, ciertos calzados, y
-sobre todo, los formidables sombreros de París. La naturaleza procede
-y enseña lógicamente; ha ordenado los seres y las cosas de la tierra
-según las latitudes; y sabe por qué los escandinavos son rubios y los
-abisinios negros; por qué las inglesas tienen cuellos de cisne y las
-mujeres flamencas preponderantes asideros. A las españolas las dió
-diversos modelos, según las distintas regiones peninsulares, pero el
-tipo verdadero, el tipo generalizado por la poesía y por el arte,
-es el de la morena de maravillosos y grandes ojos oscuros, un tanto
-_potelée_, ondulada, y casqueada de ricos cabellos negros; ni alta
-ni baja; todo esto animado por un producto marino y venusino, que en
-este sentido no tiene nombre correspondiente en ninguna otra lengua:
-_sal_. Ya en sus tiempos, Gautier afirmaba que para ver la verdadera
-danza española había que ir a París; hoy en pintura, los que hacen
-admirar al mundo la gracia femenina de España, son extranjeros, como
-Sargent y Engelhart, ¿nos conformaremos dentro de poco con buscar en
-viejas telas y grabados la que fué tan original y graciosa belleza
-hispánica? La moda ha comenzado a hacer su daño en la educación. Para
-toda joven de buena familia que se vaya a educar al extranjero, se
-importa la indispensable institutriz, casi siempre inglesa o tudesca,
-a veces francesa. La _gouvernante_ empieza su obra de moldeo y la
-flexibilidad nativa entra en la jaula angular de una disciplina por
-lo general _very english_. Los trajes, de corte igualmente angular,
-contribuyen a la reformación del original encanto curvilíneo. Una vez
-la niña crecida, sus gustos y sus costumbres tenderán a lo extranjero.
-Hubo una elegancia española: apenas si se recuerda en algún baile de
-trajes. Porque la moda lo requiere, los opulentos cabellos negros se
-tiñen de rubio o de rojo; el airosísimo andar de antaño se transforma,
-los gestos y maneras se aprenden. Se fué primero _chic_, después
-_vlan_, después _pschut_, después _smarl_, después _swell_. No se
-leen buenos libros castellanos; ¿pero qué señora no se ruborizaría de
-no conocer a Ohnet en el original? Se viaja, se veranea, se adora a
-Worth, a Laferrière, a Doucet. Visten con gran lujo; pero rara vez se
-llegan a confundir con una parisiense; desdeñando la riqueza propia,
-no consiguen el tesoro ajeno. Y son encantadoras. Hace algunos años un
-embajador oriental, al presenciar un desfile de altas damas en Palacio,
-expresó una frase descontentadiza y poco galante para la nobleza
-femenina que acompañaba a la Reina. Hoy, en igual caso, proclamaría la
-hermosura y la gentileza de beldades como doña Sol Stuard, hija de la
-duquesa de Alba y otras cuyos nombres constelan la crónica social. Hay
-diversos tipos que se imponen; pues en la Corte se hallan representadas
-las distintas provincias. Desde luego, la mujer suavemente morena,
-de un moreno pálido, cara ovalada, cuello columbino, boca sensual y
-mirada concentradamente ardiente, cuerpo en que se ritman felinas
-ondulaciones; y la rosada y firme de plasticidades, de cabellos
-dorados, un tanto gruesa; y la belleza decadente y tradicional, de
-los retratos en cuyas manos puso Pantoja tan preciadas gemas; rostros
-con algo de las figuras de los primitivos; de un óvalo marcado, como
-se ve en la pequeña infanta María Teresa, de Velázquez; y dotadas de
-un aire que si indica la floración de razas crepusculares, impone
-su orgullo gentilicio y su antigüedad heráldica. En el pueblo se
-encuentra conservado mucho del antiguo donaire. La chula ostenta su
-ritmo natural, sus impagables gestos; y va a los toros y a las fiestas
-con legítimas prendas que alegran los ojos y marcan el color local
-tan deseado por los viajeros que buscan arte y novedad. En la Ópera,
-la sala es igual a todas las salas de capitales modernas; el patrón
-cosmopolita impuesto por la elegancia francesa vence e iguala. Apenas
-los rostros, la llama de los ojos, un movimiento atávico, denuncian la
-sangre maternal, la originalidad patria.
-
-El alemán Hans Parlow recientemente y todos los turistas y observadores
-que visitan a España, notan que en estos últimos tiempos la sociedad
-española, el alto mundo madrileño, se divierte poco. No se vaya a
-creer que las damas vivan en una existencia lúgubre--algo como en las
-páginas de madame Anloroy--dadas a la soledad y al aislamiento, en
-contacto tan solamente con frailes y monjas, y en plegarias y rezos,
-bajo una atmósfera de tiempos de Felipe II. Ciertamente, las grandes
-familias actuales dan pocas recepciones, raras fiestas; no hay en la
-Corte un ambiente como el de comienzos de siglo o bajo Isabel II; y
-la mayor parte de los bailes, banquetes y reuniones, son ofrecidos
-por el Cuerpo diplomático. Por cierto que se distingue el ministro
-argentino doctor Quesada en reunir de cuando en cuando en la Legación
-los más bellos palmitos titulados. Mas la mujer española gusta de
-divertirse; va a París, va a Londres, o a Italia, y en la temporada del
-veraneo, convierte en ciudades de alegría y de hechizo San Sebastián
-y Biarritz. La Corte es un tanto triste porque sobre ella se extiende
-la sombra de la Reina. Ese viejo palacio, enorme, sombrío y fastuoso
-que asustó al fino pájaro de Francia que se llama Réjane, es en verdad
-una vasta basílica de tristeza, que necesita, para no contagiar con
-su embrujamiento, reinas risueñas como doña Isabel, y reyes barbianes
-como Alfonso. La Regente, que guarda aún la gravedad conventual de
-sus funciones religiosas de soltera, cuya vida de casada no fué muy
-agradable en lo íntimo del hogar, y cuya vida ha sido cercada de tantos
-cuidados, penalidades y desventuras, no tiene ciertamente motivos para
-estar vestida de color de rosa. La única que pone una nota jubilosa en
-la mansión real es la infanta Isabel, la infanta popular, amiga de los
-artistas, un poco _virago_, aficionada a cazar, a cabalgar, valiente
-_sportman_, generosa, caritativa, melómana, muy madrileña, y cuyo _sans
-gene_ le atrae por todas partes, y sobre todo en el pueblo, innegables
-simpatías. La infanta en sus departamentos de Palacio tiene un teatro
-en que hace trabajar a los actores que son de su preferencia y amistad:
-y allí mismo representan comedias, aficionados pertenecientes a la
-aristocracia. A esas representaciones no asisten más que la Familia
-Real y la servidumbre de Palacio. En algunas casas suelen señoritas y
-caballeros hacer piececitas francesas, con toda corrección y propiedad.
-Algo lejanos están los tiempos en que damas de lo más encumbrado
-representaban en el palacio de la de Montijo _La bella Helena_ de
-Blasco.
-
-No existen salones literarios, en el sentido francés del vocablo. Doña
-Emilia Pardo-Bazán suele invitar a algunas tertulias en que priva el
-elemento intelectual; y don Juan Valera ha tenido sus sábados en que,
-fuera de las señoras de su familia y las hijas del duque de Rivas, no
-han asistido más que hombres. La duquesa de Denia de cuando en cuando
-invita a su mesa a señalado número de artistas y hombres de letras;
-lo propio hace el barón del Castillo de Chirel. Pero el barómetro
-de intelectualidad está marcando sus grados reveladores; el poeta
-preferido de la aristocracia es Grilo. Hay damas inteligentes y cultas
-que, como he dicho, viajan y se instruyen; pero son perlas negras
-o rosas azules las que sobresalen. La duquesa de Alba se interesa
-en trabajos de erudición e historia y pone a la disposición de los
-estudiosos el inagotable archivo de su casa; la duquesa de mandas es
-muy entendida en ciencias; las duquesas de Medinaceli y de Benavente
-son aficionadas a las letras; la condesa de Pino Hermoso y la marquesa
-de la Laguna imponen su espiritualidad en los salones. La hija de esta
-última, Gloria, tiene fama de agregar a la herencia de la gracia
-materna nuevas pimientas y sales.
-
-La clase media, acomodada o no, sigue los rumbos de la clase alta.
-Basta la más ligera observación para comprender que se ha adelantado
-mucho en instrucción primaria, desde la época no muy distante en que
-una señorita apenas sabía leer y escribir. Me refiero, es claro, a
-lo común, pues antes y después de don Oliva Sabuco de Nantes y de
-Santa Teresa, ha habido notadas españolas que hayan competido con los
-varones en disciplinas mentales. Las preciosas no dejaron a su tiempo
-de aparecer en las cultilatiniparlas. Quevedo aquí hizo su caricatura
-como en Francia Molière su _charge_. En este siglo las literatas y
-poetisas han sido un ejército, a punto de que cierto autor ha publicado
-un tomo con el catálogo de ellas--¡y no las nombra a todas!--Entre
-todo el inútil y espeso follaje, los grandes árboles se levantan:
-la Coronado, la Pardo-Bazán, Concepción Arenal. Estas dos últimas,
-particularmente, cerebros viriles, honran a su patria. En cuanto a la
-mayoría innumerable de Corinas cursis y Safos de hojaldre, entran a
-formar parte de la abominable _sisterhood_ internacional a que tanto
-ha contribuído la Gran Bretaña con sus miles de _authoresses_. Para ir
-hacia el palacio de la mantenida Eva futura, las falta a éstas cambiar
-el pegaso por la bicicleta.
-
-El señor Sanz y Escartín, catalán, en una notable obra que ha agregado
-Alcán en París a su biblioteca filosófica, dice que antes que las leyes
-son los sentimientos y las ideas, los que están llamados a reformar
-las costumbres actuales españolas, que tantos males han causado; y
-que lo primero es educar a la mujer. Esto me hace pensar en idéntica
-idea que la de madame Necker de Saussure, y su comparación de la voz
-femenina en los coros cantantes. No admite discusión la eficacia
-del procedimiento, y venimos a parar que en este punto hay algo de
-aquello «en que consiste la superioridad de los anglo-sajones». No
-se trata de implantar en España el cultivo del «tercer sexo»; ni el
-espíritu nativo, ni la tradición lo permitirían; pero sí de abrir a
-la mujer fuentes de trabajo, que la libertasen de la miseria y de
-los padecimientos actuales. Puede asegurarse que en raros países del
-mundo se presenta el espantoso dato estadístico siguiente: en España,
-6.700.000 mujeres carecen de toda ocupación, y 51.000 se dedican a
-la mendicidad. Fuera de las fábricas de tabacos, costuras y modas y
-el servicio doméstico, en que tan míseros sueldos se ganan, la mujer
-española no halla otro refugio. El señor Alba, en un notabilísimo
-estudio que muchas veces he citado, asegura que conoce algunos casos
-en que grandes industriales y almacenistas de tejidos o de novedades,
-no han vacilado en dar a sus hijas un puesto en el negociado de
-correspondencia, en el de contabilidad y en la alta dirección de la
-sección de confecciones para señoras y niños. Estas _empleadas_, dice,
-tienen un sueldo asignado en la casa, con arreglo al cual visten,
-gastan en diversiones y caprichos y hasta abonan al fondo de familia
-una cantidad por su manutención. Acostumbradas así a vivir por cuenta
-propia, no se parecen en nada al resto de nuestras pobres mujeres,
-siempre dependientes de la tacañería o la prodigalidad ajenas. Sobre
-todo, en la vida íntima de las familias a que aludo, no existen las
-preocupaciones que crea el temor al porvenir y, por ello, el afán de un
-necesario casamiento de las hembras. Es este un buen ejemplo que ojalá
-se propagase en la burguesía de este país, aunque ello choque un poco
-con las costumbres arraigadas y sea bastante yanqui. Eso quitaría la
-obsesión del novio rico en unas y en otras la de «un príncipe italiano
-por lo menos», de que habla Campoamor. La ociosidad y la miseria, en
-la clase media y en la baja, son un admirable combustible para la
-prostitución. En París ya en 1847 había tres mil profesores de música,
-mujeres, profesoras de idiomas y aun de historia. La Soborna había
-establecido un curso femenino, con grados y diplomas. Hoy, ¿hasta dónde
-no se ha llegado? En cuanto a los Estados Unidos, desde 1870 a la
-fecha, las arquitectas han subido de 1 a 53; las pintoras y escultoras
-de 412 a 15.340; las escritoras, de 159 a 3.174; las dentistas, de 24
-a 417; las ingenieras, de 0 a 201; las periodistas, de 35 a 1.536;
-las músicas, de 5.753 a 47.300; las empleadas públicas, de 414 a
-6.712; las médicas y cirujanas, de 527 a 6.882; las _contables_, de 0
-a 43.071; las copistas--a mano y máquina--y secretarias, de 8.016 a
-92.834; las taquígrafas y tipógrafas, de 7 a 58.633. Y esto sin contar
-las actrices, que de 692 han llegado a 2.862; las _clergy-ladies_, de
-67 a 1.522, y las directoras de teatro, de 100 a 943. Aquí, con la
-escasez de trabajo y con las preocupaciones existentes, ¿qué hace una
-joven que no tiene fortuna? Además de los trabajos que he señalado, no
-la queda otro recurso que los coros del teatro, que ya se sabe para
-dónde van; los puestos de horchateras y camareras de café, limitados y
-peligrosos para la galería, pues para ejercerlos hay que ser guapa; y
-el baile nacional, para el país, o para la exportación. Y las Oteros
-son escasísimas. De aquí que un francés, en viendo a una española,
-sólo piense en el _petit air de guitare, ollé_. ¡Las que quieren ser
-honradas y trabajar, encuentran costura, por ejemplo, se destrozan
-los pulmones, y por todo el día de labor sacan una pobre peseta! Hay
-quienes lo soportan todo y, o se echan un novio también pobre, y se van
-a vivir una vida de privaciones, o mueren sacrificando vida y belleza.
-En la galantería tampoco pueden encontrar un paraíso... La vida
-galante es aquí poco productiva, para las tristes máquinas del amor.
-La _cocotte_ no se encuentra aquí como en París o Londres. La mayoría
-de infelices caídas va a parar a horribles establecimientos. Como la
-gracia y la belleza abundan en el pueblo, es esta una de las capitales
-en que el amor fácil tiene mayor número de lamentables víctimas.
-Aun cruzan por las callejas tortuosas las viejas dueñas. Y la mujer
-española, entre las mil y tres, es la preferida de don Juan.
-
-
-
-
- CERTÁMENES Y EXPOSICIONES
-
- [Ilustración]
-
-
- 7 de abril de 1900.
-
-EN estos días cuatro exposiciones: la del Salón Amaré, la de carteles
-de _El Liberal_, la del concurso del _Blanco y Negro_ y la de
-fotografías de _La Ilustración Española y Americana_. Antes de que la
-Casa Amaré inaugurase su salón, la capital de España no contaba con un
-local en que se expusiesen, con fines comerciales, las obras de los
-buenos artistas. En uno que otro punto solía verse, en promiscuidad
-inaudita, la obra de firmas notables y la amontonada bazofia oleosa
-que riega en incontenido flujo un ejército de cocineros del caballete.
-Barcelona tenía su Salón Parés, en donde suele encontrarse bastante
-bueno. Madrid ofrece ya al comprador un centro aceptable; los señores
-Amaré han querido hacer algo como Le Barc Bouteville o Durand-Ruel,
-y por ello deben estarles agradecidos los artistas peninsulares. He
-visitado la casa.--Antes del salón en que se exhiben los cuadros, he
-visto la sección de muebles. No he encontrado nada de particular.
-Inglaterra, Alemania, Francia han tenido en estos últimos años un gran
-desarrollo en sus artes aplicadas a la industria. Holgaría aquí toda
-comparación con esos países.--Pero, aún Italia, cuenta con artistas que
-en la fabricación del mueble sostienen un carácter propio, exteriorizan
-una inventiva individual dentro de la tradición nacional: quiero
-nombrar, por ejemplo, a Bugatti y a Eugenio Quarti. En la Casa Amaré
-no hay una sola nota nueva a este respecto.--Todo es _bonito_; y es
-decir esto, que el público queda encantado. Todo bien elaborado; más
-inútil buscar nada de creación. Vi en los diarios que cierto inglés
-había comprado en una regular cantidad un juego de dormitorio, para
-llevarlo a Londres. Me mostraron el célebre juego--más o menos _modern
-style!_--Y pensé: el caso es muy inglés: ¡Este sí que importa naranjas
-al Paraguay!
-
-La sala es pequeña, suficiente para el mercado; tiene muy buena luz y
-está elegantemente puesta. Háse inaugurado con excelentes firmas. Al
-entrar, halaga la vista un cuadrito de Cecilio Plá, _La araña_: una
-mujer, por cierto encantadora de coquetería, sentada, y en actitud de
-atraer la mosca masculina; la figura es preciosa y de mucha gracia de
-factura; podría achacársele el ser muy «efecto de salón», muy «cubierta
-de _Figaro illustré_»; ¿pero qué le puede importar eso al señor Plá,
-cuya principal admiradora es en la Corte la infanta doña Isabel?...
-
-El señor Alcalá Galiano, creo que pariente de don Juan Valera, e
-ilustrador de una reciente edición de _Juanita la larga_, expone una
-pequeña tela, castigo de las pupilas, de una violencia de tintes que no
-superarían todos los cromos del poeta andaluz Salvador Rueda. Son unos
-gitanos en viaje, bajo el más fuerte de los soles; quizá sea el cuadro
-espejo de la realidad; mas suponiendo que los gitanos se vistiesen con
-el alma de las cochinillas, el jugo de las esmeraldas y el espíritu
-esencial de los ocres, no llegarían jamás, me parece, a la realización
-de esta escena bañada de una luz indecorosa y embijada de colores
-insultantes.
-
-Cuatro Benlliures exponen: don Blas, don José, don Juan Antonio y don
-Mariano. Me parecen todos de condiciones plausibles, pero me detengo
-en un cuadro de don Blas. Reproduce un interior de iglesia, el de la
-Basílica de San Francisco de Asís. El pintor ha logrado, ante todo,
-imponer la serenidad mística del recinto; ha tratado los planos de
-admirable manera, y ha obtenido la sensación del ambiente. Se revela al
-propio tiempo que entendido detallista, hábil imaginador de sus tubos,
-en su justo y discreto colorido, y esto es ya bastante en un medio
-artístico en que el virtuosismo impera en toda su potencia. Digno de
-nota es también el trabajo de don José, _Pobres de San Francisco_. Este
-mismo artista se distinguió en la última exposición de Bellas Artes de
-Venecia, con su cuadro _San Francesco al convento di S. Chiara_.
-
-Se ve que los Benlliure hallan en el autor de las _Fioretti_ temas e
-inspiraciones.
-
-¡Que él les favorezca con la constancia y la revelación continua del
-maravilloso _frate Sole_!
-
-Don Aureliano de Beruetes el autor del notable libro sobre Velázquez,
-que se publicó en francés con prólogo de Bonnat, y cuya edición
-española es probable que no se vea nunca, tiene en esta exposición
-una tela interesante, una impresión sentida y bien trasladada, en las
-orillas del Tajo. El señor Berruete es un paisajista de mérito y no es
-la menor de sus cualidades una sobriedad muy rara entre sus colegas.
-
-Mariano Fortuny... ¿no os despierta este nombre el recuerdo de una
-fiesta de color, de una página de Gautier? El artista que hoy lleva ese
-nombre es el hijo del glorioso, del de _la Vicaría_. La gloria asimismo
-será para él. Y de mí diré que le consagro toda mi simpatía, pues sé
-que en él alienta un noble espíritu de arte, a quien Angelo Conti, en
-armoniosa amistad, dedicara uno de los más puros libros de belleza que
-se hayan publicado en este siglo, _per la ricchezza del tuo ingegno
-e per la bontá del tuo volere_. La educación artística de este autor
-es casi toda italiana, a punto de que respecto a él diga un crítico
-del valer de Vittorio Pica: _Mariano Fortuny figlio, che io non mi so
-rassegnare a non considerare como un pitore italiano..._ En el Salón
-Amaré hay un estudio suyo, dedicado por cierto a su tío Raimundo de
-Madrazo. Es una figura de mujer, de factura delicada, cuyas cualidades
-de dibujo están realzadas por la vida interior, por el alma que se
-transparenta a través de las líneas y toques de color.
-
-Es la distinción el mejor de los dones de este artista; la distinción,
-rara virtud, que hizo brillar en un bello retrato expuesto en el
-certamen veneciano, el cual retrato alababa el crítico que he citado
-por su técnica sabia, «por su elegancia exquisita y fascinadora, que
-hace pensar en las estampas inglesas coloreadas, del siglo pasado».
-
-Un saludo respetuoso y admiración a la obra del maestro Carlos de Haes.
-En la última Exposición de Bellas Artes, o _Salón_ de Madrid, hubo
-una sala dedicada al pobre y gran pintor belga español, que en sus
-últimos años fué preso de la locura. Haes, el maestro de una generación
-de pintores, quien enseñó la ciencia del paisaje y dió la clave del
-sentimiento de la naturaleza, intérprete de admirables marinas y de
-vivientes campañas, lejos de las rudas manifestaciones de las paletas
-apopléticas, de las atronadoras murgas coloristas; Haes, el buen Haes,
-que debía tener un busto a la entrada del Museo de Arte Moderno. Hay
-de él aquí una marina, noble y serena, que se destaca en su marco,
-soberanamente, entre toda la habilidad circunstante.
-
-Noto una buena cabeza de estudio de Bannas y me detengo ante una escena
-del Quijote, de Jiménez Aranda. He de repetir lo que otra vez he
-expresado de este autor: sus traslaciones de las escenas cervantinas
-dan a entender que el dibujante es excelente, pero el comprensivo, el
-revelador pictórico del gran novelista no se muestra.
-
-Otra cosa es Moreno Carbonero, con todo y no ser un triunfo de alta
-visión artística su cuadro enviado a la Exposición de París. En esa
-tela, ¡cuanto _métier_!
-
-Mas en un cuadrito que aquí encuentro, _La primera salida de Don
-Quijote_, el espíritu de Cervantes le ha ayudado. Ese es el amanecer,
-la blanca aurora en las rosadas puertas del Oriente; y ese es Don
-Quijote, que parte a sus aventuras. La poesía del cuadro es de
-comunicación inmediata, y la técnica, con ser mucha, no impide el paso
-suave de la gracia invisible.
-
-Don Raimundo de Madrazo--¿cuántos son los ilustres?
-_¡Saluez!_--muestra una vendedora de flores, fresca, floral. Quisiera
-hablaros de otros cuadros, detenerme ante algo de Marinas, de Martínez
-Cubells, de Masriera; pero Muñoz Degrain me llama con dos telas
-concienzudas: _Laguna de Venecia_ y _Bahía y puerto de Pasajes_. En
-ambas el pincel libre hace admirar su maestría de juego, quizá de un
-_vero_ demasiado atrevido en la sinfonía veneciana, peligrosa ésta por
-la suma de obras maestras que han brotado al amor de la divina ciudad;
-en la otra tela, cálida y sentida en su conjunto, como detallada en
-bizarrías de colorido francamente magistrales, trae por algo a la
-memoria la bravura incomparable de Favretto, y el favor del numen en
-premio de la pasión de la luz.
-
-No he de dejar de citar un _Monaguillo_ de Pinazo, hecho con la mayor
-franqueza de pincel, y una _Cocina_ de Emilio Sala, de valor técnico,
-de color sabio, pero en donde la única figura no se sabe a punto fijo
-qué hace. El señor Saint-Aubin, de quien en otra ocasión he hablado, ha
-enviado dos trabajos en que, como otras veces, se distingue su talento
-de compositor; es también un enamorado del sol. Del célebre Sorolla hay
-también dos telas en que, como siempre, prueba su vasto dominio de la
-pintura y su indigente comprensión del arte.
-
-Amador del arte es Raurich, que no tiene gran fama, y cuyo cuadro
-principal en la Exposición del año pasado, si tuvo pocos estimadores
-fué blanco, en cambio, de muchas saetas. El poema-paisaje de Raurich,
-en esta sala, se llama _Otoño_ y produce el contemplarlo un deleite
-misterioso de poesía. ¡Es un estado de alma, un estado de corazón!
-Es una unión íntima del espíritu de la naturaleza, que tiende a
-manifestarse, con el espíritu del artista; y en esa soledad de agua
-y de árboles esa unión se traduce; y en la melancolía de las hojas
-secas y del ambiente, del paisaje todo, hay un encanto secreto, que en
-estrofas de suaves colores penetra en nosotros por la senda visual, a
-despertar en nuestro interior reminiscencias de lejanos ensueños.
-
-Algo, muy poco, se expone de escultura, sin que nada de lo expuesto
-pueda llamar seriamente la contemplación. Todo, por lo común--como
-en la mayoría de los pintores--, es de asunto temal. Tiende a su
-colocación en la vidriera de _bric-a-brac_; la anécdota _cocó_ o
-mediocremente sentimental; el busto de misia Todo-el-Mundo, o los
-inevitables animales. Aquí se hacen ver una madona de Trilles, que sale
-de lo usual, y un alto relieve de Susillo, del malogrado Susillo, que
-se encuentra al paso, aunque no está en el catálogo: _La Oración en el
-Huerto_. El pobre Susillo, que se suicidó no hace mucho tiempo, produjo
-algunas obras que dicen lo que pudo llegar a ser, a pesar de la sonora
-victoria de más de un picapedrero condecorado. Queda suyo poco, pero
-que conserva su recuerdo entre los artistas: _La Primera contienda_, en
-el Museo de Sevilla, el _Aquelarre_ y algo más de indiscutible fuerza.
-
-Al salir del Salón Amaré no he podido menos de consagrar un recuerdo
-al señor Artal, que tanto hace por el arte español en Buenos Aires;
-y al propio tiempo, a Carlos Malagarriga, que ha tenido el valiente
-patriotismo de decir la verdad a los artistas de su patria respecto
-al arte peninsular en la Argentina. No es superior, ni con mucho, la
-exposición Amaré, por ahora, a las exposiciones que el señor Artal
-ha llevado a cabo, a costa de sacrificios, es decir, perdiendo en
-casa de Witcomb. Es el caso, pues, que no se produce nada nuevo ni
-sobresaliente, porque el público que compra--que es escaso--no quiere
-otra cosa que lo que está acostumbrado a pagar. Lo que no se vende
-aquí va a Buenos Aires, en donde, más o menos, se empieza a gustar el
-buen arte, y hacen competencia los pintores franceses e italianos.
-Los pintores españoles que ciertamente valen--con las excepciones
-consiguientes--venden en Europa mismo, o en los Estados Unidos. Esos
-son los que buscan sendas no usadas de bello arte, y que, por lo
-general, no gustan en su país.
-
-
-
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- The Project Gutenberg eBook of ESPAA CONTEMPORNEA (OBRAS COMPLETAS VOL. XIX), by RUBN DARO.
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-
-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Espaa Contempornea, by Rubn Daro
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-
-
-Title: Espaa Contempornea
- Obras Completas Vol. XIX
-
-Author: Rubn Daro
-
-Release Date: June 19, 2017 [EBook #54934]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAA CONTEMPORNEA ***
-
-
-
-
-Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals,
-Carlos Coln and the Online Distributed Proofreading Team
-at http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/Canadian
-Libraries)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
-
-
-<hr class="chap" />
-<div class='transnote'>
-<p class="no-indent center"><b>Notas del Transcriptor</b></p>
-<p>Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.</p>
-<p>Los errores obvios de puntuacin y de imprenta han sido corregidos.</p>
-<p>Las pginas en blanco presentes en el original han sido eliminadas en la versin electrnica.</p>
-</div>
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_i" id="Page_i">[i]</a></span></p>
-
-<p class="no-indent center xlarge p2">ESPAA CONTEMPORNEA</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus000.jpg" width="75" height="65" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap2" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_iii" id="Page_iii">[iii]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter titlepage" style="width: 175px;">
-<img src="images/illus002.jpg" width="175" height="276" alt="" />
-</div>
-
-<p class="no-indent center xlarge p2">RUBN DARO</p>
-
-<h1>ESPAA
-CONTEMPORNEA</h1>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus001.jpg" width="75" height="54" alt="" />
-</div>
-
-<p class="no-indent center p2">
-VOLUMEN XIX<br />
-DE LAS OBRAS COMPLETAS<br />
-ADMINISTRACIN<br />
-EDITORIAL MUNDO LATINO<br />
-MADRID<br />
-</p>
-
-<hr class="chap2" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_iv" id="Page_iv">[iv]</a></span></p>
-
-
-<p class="no-indent center small p2">ES PROPIEDAD</p>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 25px;">
-<img src="images/img001.jpg" width="25" height="25" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap2" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 175px;">
-<img src="images/illus003.jpg" width="175" height="271" alt="" />
-</div>
-
-<p class="no-indent center xlarge p1">ESPAA
-CONTEMPORNEA</p>
-
-<hr class="chap2" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 175px;">
-<img src="images/illus004.jpg" width="175" height="277" alt="" />
-</div>
-
-<p class="no-indent center p1">
-A EMILIO
-MITRE Y VEDIA
-</p>
-<p class="no-indent center">
-DIRECTOR DE
-LA NACIN
-DE
-BUENOS AIRES
-</p>
-<p class="no-indent center">
-AMISTAD Y GRATITUD
-</p>
-<p class="no-indent center">
-R. D.
-</p>
-
-<hr class="chap2" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_ix" id="Page_ix">[ix]</a></span></p>
-
-<h2>NDICE</h2>
-
-<table summary="Contents">
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">&nbsp;</td>
- <td class="tdr tdb"><small><i>Pginas.</i></small></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">En el mar</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_1">1</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">En Barcelona </td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_8">8</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Madrid</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_19">19</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Legacin argentina.&mdash;En casa de Castelar</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_29">29</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Notas teatrales</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_38">38</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Cyrano en casa de Lope</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_45">45</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Coronacin de Campoamor</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_54">54</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Carnaval</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_62">62</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Una casa museo</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_68">68</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Joven literatura</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_74">74</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Espaa negra</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_85">85</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Semana santa</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_94">94</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Toros</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_103">103</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Pardo-Bazn en Pars.&mdash;Un artculo de Unamuno</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_112">112</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">El Rey</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_119">119</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Una Exposicin</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_130">130</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Fiesta de Velzquez</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_139">139</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La cuestin de la revista.&mdash;La Caricatura</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_148">148</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Alrededor del teatro</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_158">158</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Libreros y editores</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_169">169</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Novelas y novelistas</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_180">180</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Los Inmortales</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_194">194</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Los Poetas</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_204">204</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Un <i>meeting</i> poltico</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_213">213</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Un paseo con Nez de Arce</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_220">220</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Tenorio y Hamlet</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_226">226</a><span class="pagenum"><a name="Page_x" id="Page_x">[x]</a></span></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Una Embajada</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_231">231</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Una novela de Galds</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_233">233</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Enseanza</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_241">241</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Fiesta campesina</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_248">248</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Homenaje a Menndez Pelayo</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_255">255</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">El modernismo</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_269">269</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Una reina de Bohemia</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_275">275</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">El Cartel en Espaa</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_281">281</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Novela americana en Espaa</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_287">287</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La Crtica</td>
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- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La joven aristocracia</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_302">302</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Congreso social y econmico ibero-americano</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_311">311</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">La mujer espaola</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_321">321</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl tdt tdpr">Certmenes y Exposiciones</td>
- <td class="tdr tdb"><a href="#Page_329">329</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap2" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_1" id="Page_1">[1]</a></span></p>
-
-<h2>EN EL MAR</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
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-</div>
-
-
-<p class="date">3 de diciembre de 1898.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">El</span> agua glauca del ro se va quedando
-atrs y el barco entra al agua azul. Me
-encuentro trayendo a mi memoria reminiscencias
-de Childe Harold. Siento
-que estoy en casa propia; voy a Espaa
-en una nave latina; a mi lado el <i>s</i> suena. Sopla un aire
-grato que trae todava el aliento de la Pampa, algo que
-sobre las olas conduce an efluvios de esa grande y
-amada tierra argentina. Y mientras esta vida de a bordo
-que ha de prolongarse por largos das comienza, siento
-que vuelan sobre la arboladura del pirscafo enjambres
-de buenos augurios. De nuevo en marcha, y hacia el
-pas maternal que el alma americana&mdash;americanoespaola&mdash;ha
-de saludar siempre con respeto, ha de querer
-con cario hondo. Porque si ya no es la antigua poderosa,
-la dominadora imperial, amarla el doble; y si est
-herida, tender a ella mucho ms. Los hombres cambian;
-hay estaciones para los pueblos, el espritu vital de la
-raza puede enfriarse en nivoso; pero floreal y fructidor
-no anuncian que la vida primaveral y copiosa ha de
-llegar, aun cuando en el campo se miren hoy las ramas
-sin hojas y la tierra cubierta del sudario? As
-pienso en tanto se inicia a bordo una existencia de
-monotona que conocis bien los que habis cruzado el
-Ocano. No os har la clasificacin de Sterne; pero, para
-un hombre de arte, en todo viaje hay algo de sentimental.<span class="pagenum"><a name="Page_2" id="Page_2">[2]</a></span>
-Las instantneas se toman tambin al paso de
-los minutos, ya que hay un pequeo mundo humano
-en movimiento, en todo lugar en donde se reunen dos
-personas. La mquina social en miniatura; un lindo
-laboratorio de psicologa; ejemplares balzacianos si
-gustis, al mover vuestros ojos de un punto a otro del
-crculo en que hacis el obligatorio comercio de la conversacin.
-Una reduccin de la gran capital del Plata
-podra observarse, un Buenos Aires para escaparate:
-banqueros, comerciantes, artistas, periodistas, mdicos,
-abogados, cmicos y bailarinas; y en todos la misma representacin
-que en la vida ciudadana; los crculos, las
-afinidades electivas, las simpatas; y una poliglocia
-que os obliga a entraros por todas las lenguas vivas, as
-corris el riesgo de matarlas. Impera, naturalmente, la
-msica del italiano. Despus del crepsculo, he ah
-que estamos alrededor de una mesa, un argentino, un
-italiano, un suizo, un venezolano, un belga, un francs,
-un centroamericano, un oriental, un espaol...; no
-hay duda de que venimos de Buenos Aires. Y se habla
-del centro inmenso que ya queda all lejos y no puedo
-dejar de recordar el apstrofe admirable: Nave del
-porvenir, cara nave argentina!... Y como vamos sobre
-el mar, que nos ase el espritu, surge en creacin sbita
-ante mis ojos mentales la visin del soberbio navo
-continental, encendidos sus mil fuegos, al cielo su bosque
-de rboles, en cuyo ms alto mstil flamea el pabelln
-del Sol; pujante la mquina ciclpea; en lo
-hondo la carga de riquezas, con rumbo hacia un imperio
-de paz y de bienandanza, a la hora de la aurora,
-para la gloria de la Humanidad.</p>
-
-
-<p class="date">14 de diciembre.</p>
-
-<p>Mientras el banquero belga conversa de finanzas con
-el explorador italiano, que es tambin un escritor, el
-mdico suizo ha entablado una partida de <i>piquet</i> con el<span class="pagenum"><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span>
-comerciante venezolano, y la profesora alemana ataca
-a Chopn. Le ataca correctamente, demasiado correctamente,
-pero Chopn acaba por triunfar de esa ejecucin
-tudesca de institutriz. Chopn sobre las olas y en una
-suave hora nocturna; hace falta la luna; pero no importa,
-el canto mgico crea el <i>clair de lune</i> en la misma
-sustancia musical y el hombre propicio al ensueo
-puede fcilmente ejercer la amable funcin. Y no s
-como, vengo a pensar en <i>ese individuo</i>. Cul? Voy a
-deciros. Hay all entre los pasajeros de tercera clase,
-en ese montn de hombres que se aglomera como en
-un horrible panal, en la proa del barco, un prisionero.
-Es un criminal italiano que camina, por obra de la
-extradicin, a cumplir con la condena de veintin aos
-de presidio que ha cado sobre l a causa de un asesinato.
-Logr escapar a las Autoridades de Italia y vivi
-en Buenos Aires cinco aos de honrada vida, a lo que
-parece. Alguien le descubri en su incgnito, y la
-legacin italiana pidi le fuera entregado el reo; el
-tratado tuvo cumplimiento y el asesino va hoy a que le
-pongan la cadena en su patria. Le he visto hosco, zahareo;
-su cara, una ilustracin de un libro de Lombroso.
-Esquiva el trato, rehuye la mirada, y en la muchedumbre
-de sus compaeros de viaje, va libre y suelto.
-Estamos en alta mar; un incendio, un choque, un naufragio,
-podran ocurrir, y ese presidiario tiene igual
-derecho que cualquiera de nosotros para salvar su existencia.
-Es la lgica del marino, y es hermosa. Hoy penetr
-en el ambiente infecto de ese rebao humano que
-exigira la fumigacin. Era la hora de la siesta. Quienes
-dorman en los pasadizos o a pleno sol, quienes en crculos
-y grupos jugaban a las cartas, o a la lotera. Aislado
-por su voluntad, el condenado, cerca de la borda,
-miraba al mar. Procurando una especial diplomacia
-logr entrar en conversacin con l; y a los pocos momentos
-ese rostro rudo se aviva, se excita. No, l no
-es culpable; ha matado en defensa propia; l no procurar<span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span>
-evadirse; va a Italia contento, porque ya se volver
-a abrir la causa y entonces se ver cmo va a brillar
-su inocencia. Los ojos convencidos, la palabra sale
-fcil, el gesto atornilla la palabra. Italiano y asesino,
-pienso yo: el amor de seguro anda por medio. Pero no;
-se trata de un vil asunto de intereses, de una miserable
-cuestin de <i>quattrini</i>. Y entonces siento en verdad que
-ese hombre es culpable, tristemente culpable. No ha
-sido la bella <i>vendetta</i> del que mata porque le roban la
-querida o le burlan con la esposa, o le manchan la hija
-o la hermana; es el asco del crimen que triplica su infamia.
-Pero ese desventurado, sin embargo, ha estado
-llevando, en un pas lejano, una vida de labor y de honradez.
-En parte ha lavado su delito. Ha credo estar ya
-libre, y de pronto he aqu que la justicia le ase y le
-arrastra al presidio por el trmino de una existencia
-de hombre. Aqu va en libertad, pero la evasin sera
-la muerte. Qu pasa por ese cerebro tosco? Habr llegado
-lo autosugestivo hasta hacer que est convencido
-ese infeliz de que es inocente? Y luego vendr el grillete,
-el nmero, el vivir de muerte de los penados;
-y si el tiempo le permite acabar su condena, saldr el
-viejo de cabellos blancos, si no a la <i>morte civile</i> de su
-paisano Giacometti, a caminar dos duros pasos ms en
-la libertad y caer en la tumba... La profesora alemana
-ha dejado a Chopn dormir sobre el atril.</p>
-
-
-<p class="date">19 de diciembre.</p>
-
-<p>Grado 0. Paso de la lnea ecuatorial. Un mar estaado,
-cuya superficie invitara a patinar en un giro infinito.
-El cielo pesa en la atmsfera caliente sobre el ondulado
-desierto. En soledad ocenica semejante, recuerdo
-el raro encuentro de un digno ejemplar yanqui. Era
-en 1892 y a bordo de un vapor de la Transatlntica Espaola,
-en viaje de la Habana a Santander. Casi al paso
-de la Lnea, una maana muy temprano, despert a los<span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span>
-pasajeros la noticia de que haba nufragos a la vista.
-Nos vestimos apresuradamente y en un instante la cubierta
-estaba llena de ojos curiosos. Se senta cierta
-emocin. Quin no ha ledo a Julio Verne? Yo, por mi
-parte, pensaba ya en una viva reproduccin de Gericault:
-un <i>Radeau de la Mduse</i> animado y aterrorizador.
-Probablemente escenas de canibalismo; aspectos de espanto
-y de muerte: Tartarin-Pim, Dios mo! El vapor
-aminoraba la marcha y pona su proa al objeto de nuestras
-miradas: un barquichuelo que a alguna distancia
-se adverta, y en el cual, con ayuda del anteojo, poda
-notarse un hombre en pie. Pronto llegamos a acercarnos,
-y al detenerse el <i>steamer</i>, se oy una voz que vena
-del barquichuelo y que deca en un ingls ladrante del
-Norte: A qu grados estamos? El capitn, conciso,
-contest a la pregunta. Pregunt luego: Nufragos?
-El hombre desconocido escribi en un papel, coloc el
-escrito en una caja de sardinas y lanz su proyectil:
-Soy el capitn Andrews y voy solo, en este bote, por la
-misma ruta de Coln, al puerto de Palos, enviado por
-la casa del jabn Sapolio, de Nueva York. Ruego avisar
-por cable al llegar al continente, el punto en que se me
-ha encontrado. Necesita usted algo? Por toda respuesta
-el hijo del to Samuel nos bombarde con dos tarros
-de <i>penmican</i> y otros dos de arvejas, y, poniendo su vela
-al viento, nos dej, no sin el indispensable <i>all right</i>.
-Efectivamente, aquel curioso <i>commis voyageur</i> de la jabonera
-yanqui, era el Coln de los Estados Unidos que
-iba a descubrir Espaa...</p>
-
-
-<p class="date">20 de diciembre.</p>
-
-<p>El hormiguero de la proa se aglomera; ha advertido
-que tiene delante el ojo fotogrfico. Un distinguido caballero,
-miembro de la Sociedad fotogrfica de Aficionados,
-de Buenos Aires, y el excelente comandante
-Buccelli, se ofrecen galantemente como operadores.<span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span>
-Desde el momento en que se ha visto la mquina en el
-puente, cada cual posa a su manera; quien se encarama
-a los lugares dominantes, quien se acomoda la gorra,
-quien toma aires arrogantes, o falsos, o esquivos, o
-graciosos. Esa gente comprende que es objeto de curiosidad,
-y procura ser mejor en ese instante. La vieja piamontesa
-sienta y arregla en la falda al bambino; una
-muchacha plida, de un bello tipo napolitano, se alisa
-con dos pases de peineta el cabello oscuro y copioso;
-un abyecto bausn hace un gesto obsceno, otro una
-mueca; stos abajo, aqullos en el centro, aqullos arriba,
-forman su torre de carne humana iluminada de ojos
-de Italia. El fondo es el cielo lleno de luz difusa, sobre
-el cual se recortan las figuras agrupadas. Entre esas
-gentes van marineros, obreros, trabajadores que han
-estado en el Plata por algn tiempo, unos con su pequea
-hucha llena, otros en situacin idntica a la que
-trajeron de inmigrantes; no han podido resistir al deseo
-de volver a mirar su musical y dulce tierra. Hay que
-observar cmo en ese <i>cafarnaum</i> en que van confundidos
-como las cabezas en un barco conductor de ganado
-en pie, no les abandona su alegre numen latino. De noche,
-os que a la claridad estelar brota de pronto un
-coro jubiloso, una barcarola, armoniosamente acordadas
-las voces; o una voz sola, impregnada de las ardientes
-gracias de Npoles, de la amorosa meloda de Venecia,
-o que da al aire marino una de esas canciones de
-Sicilia que tienen tan buen perfume de antiguo vino
-griego. En el da, las mujeres que lavan sus trapos, los
-viejos aporreados por la vida, los mocetones de potentes
-puos, las testas diversas cubiertas de boinas, gorros
-o chambergos, los nios de grandes ojos y magnficas
-cabelleras, tienen siempre en la faz un rayo de sol que
-denuncia la floracin inextinguible de la raza, la multiplicada
-marca del goce de la existencia que lleva todo
-el que nace en los pases solares de otoos de oro e incomparables
-primaveras en triunfo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span></p>
-
-<p>Se procede a retratar al criminal. Desde que nos mira
-llegar, no cabe en s de humor gris, y por los ojos se le
-sale el disgusto. Quiere ir a ocultarse, pero el comandante
-le prohibe que se retire, y con modos amables le
-indica que no se pretende nada que sea en su contra;
-que, al contrario, se le va a hacer el regalo de su fotografa.
-El sujeto hace un mal signo, las miradas nos
-echan brasas, y los labios torcidos no dejan pasar de
-seguro, sordamente, bendiciones para los que vamos a
-perturbarle. Se sienta de psima gana en una silla, ve a
-un lado y otro, saetando con las pupilas, ya a derecha,
-ya a izquierda; parece que luchase porque no se le coja
-el pensamiento con la mirada; y dirigindose al comandante:
-Para qu me estn retratando ahora? All en
-Buenos Aires hicieron lo mismo. De seguro para vender
-el retrato y sacar dinero! Un momento se ha quedado
-en tranquilidad, fijo en una pasajera elegante que curiosea,
-y entonces la placa hace la figura, el gesto suspenso
-bajo el gorro de lana. l se va a un punto aislado, saca
-su pipa, la llena, la enciende y echa una bocanada de
-humo sobre las olas.</p>
-
-
-<p class="date">21 de diciembre.</p>
-
-<p>Estamos a la vista de Las Palmas. Tierra espaola.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span></p>
-
-<h2>EN BARCELONA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 81px;">
-<img src="images/img003.jpg" width="81" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">1. de enero de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Al</span> amanecer de un da hurao y fro, luchando
-el alba y la bruma, el vapor anclaba
-en Barcelona. A la izquierda se
-alzaba recortada la altura de Montjuich;
-en frente, en un fondo de oro matinal, el
-Tibidabo; y cerca, sobre su columna, Coln, la diestra
-hacia el mar. Como todava no llegase el visitador y
-mdico oficiales, se iban aglomerando alrededor del
-<i>steamer</i> las embarcaciones de fruteros y agentes de
-hotel, y entre nuestros pasajeros de tercera y la gente
-hormigueante de los botes, se iniciaron dilogos vivos.
-De ellos as uno que gran cosa significa. Lstima es que
-no pueda darlo en cataln como lo o, pues ganara en
-hierro. De todos modos, la cosa es dura.</p>
-
-<p>&mdash;Cmo te va, <i>noy</i>?</p>
-
-<p>&mdash;Bien, como que vengo de Amrica. Qu de nuevo?</p>
-
-<p>&mdash;Qu de nuevo? Lo mismo de siempre: miseria.
-Ayer llegaron repatriados. Los soldados parecen muertos.
-Castelar se est muriendo.</p>
-
-<p>&mdash;Mira qu hermosa la estatua de Coln, al amanecer!</p>
-
-<p>&mdash;... en Deu! Ms valiera le hubiesen sacado los ojos
-a ese tal.</p>
-
-<p>La palabra fu peor.</p>
-
-<p>Ya en la claridad del da, las conversaciones se animan.
-Se mira una roja barretina; se pescan compras<span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span>
-desde a bordo; al extremo de una vara van las naranjas
-y las manzanas; y en el da completo, con el pie derecho,
-piso el continente y la tierra de Espaa.</p>
-
-<p>Una hora despus estoy en el hervor de la Rambla.
-Es esta ancha calle, como sabris, de un pintoresco curioso
-y digno de nota, baraja social, revelador termmetro
-de una especial existencia ciudadana. En la larga
-va van y vienen, rozndose, el sombrero de copa y la
-gorra obrera, el <i>smoking</i> y la blusa, la seorita y la menegilda.
-Entre el cauce de rboles donde chilla y charla
-un milln de gorriones, va el ro humano, en un incontenido
-movimiento. A los lados estn los puestos
-de flores variadas, de uvas, de naranjas, de dtiles frescos
-de frica, de pjaros. Y florecida de caras frescas
-y lindas, la muchedumbre olea. Si vuestro espritu se
-aguza, he ah que se transparenta el alma urbana. All,
-al pasar, notis algo nuevo, extrao, que se impone.
-Es un fermento que se denuncia inmediato y dominante.
-Fuera de la energa del alma catalana, fuera de ese
-tradicional orgullo duro de este pas de conquistadores
-y menestrales, fuera de lo permanente, de lo histrico,
-triunfa un viento moderno que trae algo del porvenir;
-es la Social que est en el ambiente; es la imposicin
-del fenmeno futuro que se deja ver; es el secreto a voces
-de la blusa y de la gorra, que todos saben, que todos
-sienten, que todos comprenden, y que en ninguna parte
-como aqu resalta de manera tan palpable en magnfico
-alto relieve. Que la ciudad condal, que estos hombres
-fuertes de antiguo, que tuvieron poetas en el Roussilln
-y duques de Atenas, que anduvieron en cosas de conquistas
-y guerras por las sendas del globo, y extendieron
-siempre su soberbia como una bandera; que esta
-tierra de trabajadores, de honradez artesana y de vanidad
-heroica, est siempre de pie manifestando su musculatura
-y su empuje, no es extrao; y que el desnivel
-causante de la sorda amenaza que hoy va por el corazn
-de la tierra formando el terremoto de maana, haya<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span>
-aqu provocado ms que en parte alguna la actitud de
-las clases laboriosas que comprenden la aproximacin
-de un universal cambio, no es sino hecho que se impone
-por su ley lgica; pero la ilustracin del asunto vale por
-un libro de comentarios, y esa ilustracin os la har contndoos
-algo que vi al llegar en el caf Coln. Es ste
-un lujoso y extenso establecimiento, a la manera de
-nuestra confitera del guila, pero triplicado en extensin;
-la sala inmensa est cuajada de mesitas en donde
-se sirven diluvios de caf; es un punto de reunin diaria
-y constante; pues en Espaa, aun estando en Catalua,
-la vida de caf es notoria y llamativa; y en cada caf
-andis como entre un palo, pues estas gentes fuman
-como usinas, y el extranjero siente al entrar en los recintos
-la irritacin de los ojos entre tanta humana fbrica
-de nicotina. Quin sabe la influencia que los alcaloides
-del caf y del tabaco han tenido en estas razas
-nerviosas, que por otra parte calientan luminosas y
-enrgicas llamas y brasas de sol y de vino?</p>
-
-<p>Pues bien, estaba en el caf Coln, y cerca de m, en
-una de las mesitas, dos caballeros, probablemente hombres
-de negocios o industriales, elegantemente vestidos,
-conversaban con gran inters y atencin, cuando lleg
-un trabajador con su traje tpico y ese aire de grandeza
-que marca en los obreros de aqu un sello inconfundible;
-mir a un lado y otro, y como no hubiese mesas desocupadas
-cerca de all, tom una silla, se sent a la misma
-mesa en que conversaban los caballeros y pidi
-como lo hubiera hecho el mismo Wifredo <i>el Velloso</i>,
-su taza. Le fu servida, tomla; pag y fuse como haba
-entrado, sin que los dos seores suspendiesen su conversacin,
-ni se asombrasen de lo que en cualquiera
-otra parte sera accin osada e impertinente. Por la
-Rambla va ese mismo obrero, y su paso y su gesto implican
-una posesin inaudita del ms estupendo de los
-orgullos; el orgullo de una democracia llevada hasta el
-olvido de toda superioridad, a punto de que se dira<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>
-que todos estos hombres de las fbricas tienen una corona
-de conde en el cerebro.</p>
-
-<p>Como voy de paso apenas tengo tiempo de ir tomando
-mis apuntes. Observo que en todos aqu da la nota imperante,
-adems de esa sealadsima demostracin de
-independencia social, la de un regionalismo que no discute,
-una elevacin y engrandecimiento del espritu
-cataln sobre la nacin entera, un deseo de que se consideren
-esas fuerzas y esas luces, aisladas del acervo
-comn, solas en el grupo del reino, nica y exclusivamente
-en Catalua, de Catalua y para Catalua. No se
-queda tan solamente el mpetu en la propaganda regional,
-se va ms all de un deseo contemporizador de autonoma,
-se llega hasta el ms claro y convencido separatismo.
-All sospechamos algo de esto; pero aqu ello
-se toca, y nos hiere los ojos con su evidencia. Dan gran
-copia de razones y argumentos, desde que uno toca el
-tema, y no andan del todo alejados de la razn y de la
-justicia. He comparado, durante el corto tiempo que me
-ha tocado permanecer en Barcelona, juicios distintos y
-diversas maneras de pensar que van todos a un mismo
-fin en sus diferentes modos de exposicin. He recibido
-la visita de un catedrtico de la Universidad, persona
-eminente y de sabidura y consejo; he hablado con ricos
-industriales, con artistas y con obreros. Pues os digo
-que en todos est el mismo convencimiento, que tratan
-de s mismos como en casa y hogar aparte, que en el
-cuerpo de Espaa constituyen una individualidad que
-pugna por desasirse del organismo a que pertenecen,
-por creerse sangre y elemento distinto en ese organismo,
-y quien con palabras doctas, quien con el idioma
-convincente de los nmeros, quien violento y con una
-argumentacin de dinamita, se encuentran en el punto
-en que se va a la proclamacin de la unidad, independencia
-y soberana de Catalua, no ya en Espaa sino
-fuera de Espaa. Y como yo quisiese oponer uno que
-otro pensamiento al alud, en la conversacin con uno<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>
-de ellos, habl sencillo, en parbola y en verdad, con
-una elocuencia prctica irresistible: Vea usted, somos
-como una familia. Espaa es la gran familia compuesta
-de muchos miembros; stos consumen, stos son bocas
-que comen y estmagos que digieren. Y esta gran familia
-est sostenida por dos hermanos que trabajan. Estos
-dos hermanos son el cataln y el vasco. Por esto es que
-protestamos solamente nosotros; porque estamos cansados
-de ser los mantenedores de la vasta familia. Dos
-ciudades hay que tienen los brazos en movimiento para
-que coman los otros hermanos: Barcelona y Bilbao. Por
-eso en Barcelona y en Bilbao es donde usted notar mayor
-excitacin por el ideal separatista; y catalanistas y
-bizkaitarras tienen razn. Debera comprender esto, debera
-haber comprendido hace mucho tiempo la agitacin
-justa de nuestras blusas, la capa holgazana de Madrid.</p>
-
-<p>Y riente, alegre, bulliciosa, moderna, quiz un tanto
-afrancesada y por lo tanto graciosa, llena de elegancia,
-Barcelona sostiene lo que dice, y dice que habra hecho
-mucho ms de lo que hoy nos asombra y nos encanta,
-si se lo hubiese permitido la tutela gubernativa, pues
-no puede abrir una plaza si no va la licencia de la Corte,
-y de la Corte van los ingenieros y los arquitectos y los
-empleados a agriar ms la levadura; y as, a pasos, a
-pasos cortos, han adelantado, se han puesto los catalanes
-a la cabeza. Qu habra hecho Catalua autnoma,
-esta gran Catalua a cuya faz maravillosa he credo contemplar
-bajo el azul, ya a la orilla de su bravo mar, ya
-en momentos crepusculares y apacibles, sobre los juegos
-de agua de su paseo favorito, en donde un simulacro
-divino rige armoniosamente una cuadriga de oro?
-Sano y robusto es este pueblo desde los siglos antiguos.
-Sus hijos son naturales y simples, llenos de la vivaz
-sangre que les da su tierra fecunda; sus mujeres, de firmes
-pechos opulentos, de ojos magnficos, de ricas cabelleras,
-de flancos potentes; el paisaje campestre, la
-costa, la luz, todo es de una excelencia homrica. Hay<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>
-nios, hay hembras, hay campesinos, que se diran
-destinados a uno de esos cuadros de Puvis de Chavannes
-en que florecen la vida y la gracia primitiva del
-mundo. Los talleres se pueblan, bullen; abejean en
-ellos las generaciones. Por las calles van la salud y la
-gallarda; y la fama de grandes pies que tienen las catalanas,
-no tengo tiempo de certificarla, pues la euritmia
-del edificio me aleja del examen de su base. La ciudad
-se agita. Por todos lugares la palpitacin de un
-pulso, el signo de una animacin. Las fbricas a las
-horas del reposo, vacan sus obreros y obreras. El obrero
-sabe leer, discute; habla de la R. S., o sea, si gustis,
-Revolucin Social; otro mira ms rojo, y parte derecho
-a la anarqua. No muestran temor ni empacho en cantar
-canciones anrquicas en sus reuniones, y sus oradores
-no tienen que envidiar nada a sus congneres de
-Pars o de Italia. Ya recordaris que se ha llegado aqu
-a la accin, y memorias sonoras y sangrientas hay de
-terribles atentados. Y eso que, en la fortaleza de Montjuich,
-parece que la inquisicin renov en los interrogatorios,
-no hace mucho tiempo, los procedimientos torquemadescos
-de los viejos procesos religiosos. As al
-menos lo demostr en la <i>Revue Blanche</i> y luego en un
-libro que tuvo un momento de resonancia, el escritor
-Tarrida del Mrmol. La propaganda contina, subterrnea
-o a la luz del da, con todo y tener ojos avizores
-la justicia. Hace poco, en una fiesta industrial, en momentos
-en que llegaban amargas noticias de la guerra,
-ciertos trabajadores arrancaron de su asta una bandera
-de Espaa y la sustituyeron por una bandera roja. Mientras
-esto pasa en la capa inferior, arriba y en la zona
-media, cada cual por su lado, se mueven los autonomistas,
-los francesistas y los separatistas. Los unos quieren
-que Catalua recobre sus antiguos derechos y fueros,
-que no le fueron quitados sino al comenzar este siglo;
-los otros pretenden la anexin a Francia, yo no s por
-qu, pues la centralizacin absoluta de all les pondra,<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>
-a lo mejor, en el mismo caso que el Poitou o la Provenza,
-y las reales relaciones y simpatas con el vecino
-francs no pasan de vagas y platnicas manifestaciones
-de felibres; una cigarra canta de este lado, otra contesta
-del otro: no creo que entre Mistral y Mossen Jacinto
-Verdaguer vayan a lograr mejor cosa. Los otros
-suean con una separacin completa, con la constitucin
-del Estado de Catalua libre y solo. Claro es que,
-adems de estas divisiones, existen los catalanes nacionales,
-o partidarios del rgimen actual, de Catalua en
-Espaa; pero stos son, naturalmente, los pocos, los favorecidos
-por el Gobierno, o los que con la organizacin
-de hoy logran ventajas o ganancias que de otra manera
-no existiran.</p>
-
-<p>Entretanto, trabajan. Ellos han erizado su tierra de
-chimeneas, han puesto por todas partes los corazones de
-las fbricas. Tienen buena mente y lengua, poetas y artistas
-de primer orden; pero estn ricamente provistos
-de ingenieros e industriales.</p>
-
-<p>No bien acabaron de pelear, al principio de la centuria,
-se pusieron a la obra productiva. En la labor estaban,
-y el clarn de don Carlos les perturb de nuevo.
-Desde el ao 1842 volvieron a la tarea, no sin bregar
-con la prohibicin de Inglaterra que a la sazn impeda
-se exportasen sus mquinas; se logr que se revocase
-dicha prohibicin y el dinero cataln cuaj sus fbricas
-de mquinas inglesas. He de volver a Catalua, donde
-no he estado sino rpidamente, y he de estudiar esa
-existencia fabril que se desarrolla prodigiosa en focos
-como Reus, Matar, Villanueva, y entre otros tantos,
-Sitges, donde tiene su morada el singular y grande artista
-que se llama Santiago Rusiol.</p>
-
-<p>El nombre de Rusiol me conduce de modo necesario
-a hablaros del movimiento intelectual que ha seguido,
-paralelamente, al movimiento poltico y social. Esa
-evolucin que se ha manifestado en el mundo en estos
-ltimos aos y que constituye lo que se dice propiamente<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span>
-el pensamiento moderno o nuevo, ha tenido
-aqu su aparicin y su triunfo, ms que en ningn otro
-punto de la Pennsula, ms que en Madrid mismo; y
-aunque se tache a los promotores de ese movimiento
-de industrialistas, catalanistas, o egostas, es el caso que
-ellos, permaneciendo catalanes, son universales. La influencia
-de ese grupo se nota en Barcelona no solamente
-en los espritus escogidos, sino tambin en las aplicaciones
-industriales, que van al pueblo, que ensean objetivamente
-a la muchedumbre; las calles se ven en una
-primavera de carteles o <i>affiches</i> que alegran los ojos en
-su fiesta de lneas y colores; las revistas ilustradas pululan,
-hechas a maravilla: las impresiones igualan a las
-mejores de Alemania, Francia, Inglaterra o Estados
-Unidos, tanto en el libro comn y barato como en la tipografa
-de arte y costo.</p>
-
-<p>Cuando vuelva a Barcelona he de ver a Rusiol en su
-retiro de Sitges, una especie de santuario de arte en
-donde vive ese gentilhombre intelectual digno de ser
-notado en el mundo. Entretanto, sabed que Rusiol es
-un altsimo espritu, pintor, escritor, escultor, cuya vida
-ideolgica es de lo ms interesante y hermoso, y cuya
-existencia personal es en extremo simptica y digna de
-estudio. Su leonardismo rodea de una aureola gratamente
-visible, su nombre y su obra. Es rico, fervoroso
-de arte, humano, profundamente humano. Es un traductor
-admirable de la naturaleza, cuyos mudos discursos
-interpreta y comenta en una prosa exquisita o
-potente, en cuentos o poemas de gracia y fuerza en que
-florece un singular diamante de individualidad. En este
-movimiento, como sucede en todas partes, los que se han
-quedado atrs, o callan, o apenas son odos. Balaguer
-es ya del pasado, con su pesado frrago: el padre Verdaguer
-apenas logra llamar la atencin con su ltimo libro
-de Jess: vive al reflejo de la <i>Atlntida</i>, al rumor de
-<i>Canig</i>. Guimer, que trabaja al sol de hoy, va a Madrid
-a hacer diplomacia literaria, y los madrileos, que son<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>
-malignos, le dicen que conocen su juego, y que hay
-en el autor de <i>Tierra Baja</i> un regionalista de ms de la
-marca. Bellamente, noblemente, a la cabeza de la juventud,
-Rusiol, que no escribe sino en cataln, pone en
-Catalua una corriente de arte puro, de generosos ideales,
-de virtud y excelencia trascendentes. Por l se acaba
-de levantar al Greco una estatua en Sitges; por l los
-nuevos aprenden en ejemplo vivo, que el ser artista no
-est en mimar una Bohemia de cabellos largos y ropas
-descuidadas y consumir <i>bocks</i> de cerveza y litros de
-ajenjo en los cafs y <i>cabarets</i>, sino en practicar la religin
-de la Belleza y de la Verdad, creer, cristalizar la
-aspiracin en la obra, dominar al mundo profano, demostrar
-con la produccin propia la fe en un ideal; huir
-de los apoyos de la crtica oficial, tanto como de las
-camaraderas inconscientes, y juntar, en fin, la chispa
-divina a la nobleza humana del carcter.</p>
-
-<p>Me dijeron que poda encontrar a Rusiol en el caf
-de los Quatre Gats. All fu. En una estrecha calle se
-advierte la curiosa arquitectura de la entrada de ese rincn
-artstico. Pas una verja de bien trabajado hierro y
-me encontr en el famoso recinto con el no menos famoso
-Per Romeu. Es ste el dueo o empresario principal
-del <i>cabaret</i>; alto, delgado, de larga melena, tipo del Barrio
-Latino parisiense, y cuya negra indumentaria se
-enflora con una prepotente corbata que trompetea sus
-agudos colores, no s hasta qu punto <i>pour pater le
-bourgeois</i>. Pregunt por Rusiol y se me dijo que estaba
-en su mansin de Sitges; por Pompeyo Gener, que acababa
-de llegar de Pars, y se me dijo que a se no le
-buscase, pues solamente la casualidad podra hacer que
-le encontrara. Y como era da de marionetas, se me invit
-a ver el espectculo. Los Cuatro Gatos son algo
-as como un remedo del Chat Noir de Pars, con Per
-Romeu por Salis, un Salis silencioso, un gentilhombre
-<i>cabaretier</i> que creo que es pintor de cierto fuste, pero
-que no se seala por su sonoridad. Amable, l fu<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span>
-quien me condujo a la salita de representacin. En
-ella no cabrn ms de cien personas; decranla carteles,
-dibujos a la pluma, sepias, impresiones, apuntes y
-cuadros tambin completos, de los jvenes y nuevos
-pintores barceloneses, sobresaliendo entre ellos los que
-llevan la firma del maestro Rusiol. Los tteres son
-algo as como los que en un tiempo atrajeron la curiosidad
-de Pars con misterios de Bouchor, piececitas de
-Richepin y de otros. Para semejantes actores de madera
-compuso Maeterlinck sus ms hermosos dramas
-de profundidad y de ensueo. All en los Cuatro Gatos
-no estn mal manejados. Llegu cuando la representacin
-estaba comenzada. En el local, casi lleno, resaltaba
-la nota graciosa de varias seoritas, intelectuales
-segn se me dijo, pero que no eran ni Botticelli ni
-Aubrey Beardsley, ni el peinado ni el traje enarbolaban
-lo <i>snob</i>.</p>
-
-<p>Abundaban los tipos de artistas del Boul'Miche; jvenes
-melenudos, corbatas mil ochocientos treinta, y otras
-corbatas. Los <i>bocks</i> circulaban, al chillar la vocecilla de
-los tteres. Naturalmente, los tteres de los Quatre Gats
-hablan en cataln, y apenas me pude dar cuenta de lo
-que se trataba en la escena. Era una pieza de argumento
-local, que debe de haber sido muy graciosa, cuando
-la gente rea tanto. Yo no pude entender sino que a uno
-de los personajes le llovan palos, como en Molire; y
-que la milicia no estaba muy bien tratada. Las decoraciones
-son verdaderos cuadritos; y se ve que quienes
-han organizado el teatro diminuto lo han hecho con
-amor y cuidado. En el local suele haber adems exposiciones,
-audiciones musicales y literarias y sombras chinescas.
-Ya veis que el alma de Rodolphe Salis se regocijara
-en este reflejo. Al salir volv a ver a Per Romeu,
-quien puso en mis manos un cartelito en que se anuncia
-su <i>coin</i> de artista, en gtica tipografa de antifonario
-o de misal antiguo, y en la cual se dice que Aital estada
-es hostal pels desganats, es escople de calin pels<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>
-que sentin l'anyorana de la llar, es museu pels que
-busquin lleminadures per l'nima; es taverna y emparrat,
-pels que aimen l'ombra deis pampols, y de l'essencia
-espremuda del rahim; es gtica cerveceria, pels enamorats
-del Nort, y pati d'Andaluca, pels aimadors del
-Mig-die; es casa de curaci, pels malalts del nostre segle,
-y cau d'amistat y harmonia pels que entrin a roplugar-se
-sota ls portics de la casa. No tindrn penediment
-d'haver vingut y si recana si no venen. Ese <i>cabaret</i>
-es una de las muestras del estado intelectual de la
-capital catalana, y el observador tiene mucho en donde
-echar la sonda. Desde luego s ya que en Madrid me encontrar
-en otra atmsfera, que si aqu existe un afrancesamiento
-que detona, ello ha entrado por una ventana
-abierta a la luz universal, lo cual, sin duda alguna, vale
-ms que encerrarse entre cuatro muros y vivir del olor
-de cosas viejas. Un Rusiol es floracin que significa
-el triunfo de la vida moderna y la promesa del futuro
-en un pas en donde sociolgica y mentalmente se
-ejerce y cultiva ese don que da siempre la victoria: la
-fuerza.</p>
-
-<p>Ocasin habr de hablaros de la obra de Rusiol y
-los artistas que le siguen, cuando torne a Barcelona a
-sentir mejor y ms largamente las palpitaciones de ese
-pueblo robusto.</p>
-
-<p>He llegado a Madrid y prximamente tendris mis
-impresiones de la Corte.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p>
-
-<h2>MADRID</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img004.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">4 de enero.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Con</span> el ao entr en Madrid; despus de
-algunos de ausencia vuelvo a ver el castillo
-famoso. Poco es el cambio, al primer
-vistazo; y lo nico que no ha dejado
-de sorprenderme al pasar por la tpica
-Puerta del Sol, es ver cortar el ro de capas, el oleaje
-de caractersticas figuras, en el ombligo de la villa y
-corte, un tranva elctrico. Al llegar advert el mismo
-ambiente ciudadano de siempre; Madrid es invariable
-en su espritu, hoy como ayer, y aquellas caricaturas
-verbales con que don Francisco de Quevedo significaba
-a las gentes madrileas, seran, con corta diferencia,
-aplicables en esta sazn. Desde luego el buen humor
-tradicional de nuestros abuelos se denuncia inamovible
-por todas partes. El pas da la bienvenida. Estamos en
-lo pleno del invierno y el sol halaga benvolo en un
-azul de lujo. En la Corte anda esparcida una de los milagros;
-los mendigos, desde que salto del tren me asaltan
-bajo cien aspectos; resuena de nuevo en mis odos
-la palabra seorito; don Csar de Bazn me mide de
-una ojeada desde la esquina cercana; el cochero me
-dice: pues, hombre!... dos pesetas, y mi bal pasa sin
-registro: con el pauelo que le cubre la cabeza, atadas
-las puntas bajo la barba, ceido el mantn de lana, a
-garboso paso, va la mujer popular, la sucesora de Paca
-<i>la Salada</i>, de Geroma <i>la Castaera</i>, de Mara <i>la Ribeteadora</i>,<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span>
-de Pepa <i>la Naranjera</i>, de todas aquellas desaparecidas
-manolas que alcanzaron a ser dibujadas a travs
-de los finos espejuelos del <i>Curioso Parlante</i>; una carreta
-tirada por bueyes como en tiempo de Wamba, va entre
-los carruajes elegantes por una calle cntrica; los carteles
-anuncian, con letras vistosas <i>La Chavala</i> y <i>El Baile
-de Luis Alonso</i>; los cafs llenos de humo rebosan de
-desocupados, entre hermosos tipos de hombres y mujeres,
-las getas de Cilla, los monigotes de Xaudar se
-presentan a cada instante; Sagasta Olmpico est enfermo,
-Castelar est enfermo; Espaa ya sabis en qu estado
-de salud se encuentra; y todo el mundo, con el
-mundo al hombro o en el bolsillo, se divierte: Viva
-mi Espaa!</p>
-
-<p>Acaba de suceder el ms espantoso de los desastres;
-pocos das han pasado desde que en Pars se firm el
-tratado humillante en que la mandbula del yanqui
-qued por el momento satisfecha despus del bocado
-estupendo: pues aqu podra decirse que la cada no tuviera
-resonancia. Usada como una vieja perra chica
-est la frase de Shakespeare sobre el olor de Dinamarca,
-si no, que sera el momento de gastarla. Hay en la
-atmsfera una exhalacin de organismo descompuesto.
-He buscado en el horizonte espaol las cimas que dejara
-no hace mucho tiempo, en todas las manifestaciones
-del alma nacional: Cnovas muerto; Ruiz Zorrilla
-muerto; Castelar desilusionado y enfermo; Valera ciego;
-Campoamor mudo; Menndez Pelayo... No est por
-cierto Espaa para literaturas, amputada, doliente, vencida;
-pero los polticos del da parece que para nada se
-diesen cuenta del menoscabo sufrido, y agotan sus energas
-en chicanas interiores, en batallas de grupos aislados,
-en asuntos parciales de partidos, sin preocuparse
-de la suerte comn, sin buscar el remedio al dao general,
-a las heridas en carne de la nacin. No se sabe lo
-que puede venir. La hermana Ana no divisa nada desde
-la torre. Mas en medio de estos nublados se oye un rumor<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>
-extrao y vago que algo anuncia. Ni se cree que
-florezcan las boinas de don Carlos, y los republicanos
-que fueran esperanza de muchos, en escisiones dentro
-de su organizacin misma, casi no alientan. Entretanto
-van llegando a los puertos de la Patria los infelices soldados
-de Cuba y Filipinas. Quienes a morir como uno
-que&mdash;parece caso escrito en la Biblia&mdash;fu a su pueblo
-natal ya moribundo, y como era de noche sus padres
-no le abrieron su casa por no reconocerle la voz, y al
-da siguiente le encontraron junto al quicio, muerto;
-otros no alcanzan la tierra y son echados al mar, y los
-que llegan, andan a semejanza de sombras; parecen, por
-cara y cuerpo, cadveres. Y el madroo est florido y
-a su sombra se re y se bebe y se canta, y el oso danza
-sus pasos cerca de la casa de Trimalcin. A Petronio no
-le veo. He pensado a veces en un senado macabro de
-las antiguas testas coronadas, como en el poema de
-Nez de Arce, bajo la techumbre del monasterio</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Que alz Felipe Segundo</div>
-<div class="verse i0">Para admiracin del mundo</div>
-<div class="verse i0">Y ostentacin de su imperio.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Cmo hablaran ante el espectculo de las amarguras
-actuales los grandes reyes de antao, cmo el soberbio
-Emperador, cmo los Felipes, cmo los Carlos y los
-Alfonsos? As cual ellos el imperio hecho polvo, las
-fuerzas agotadas, el esplendor opaco; la corona que sostuvieron
-tantas macizas cabezas, as fuesen las sacudidas
-por terribles neurosis, quiz prxima a caer de la frente
-de un nio dbil, de infancia entristecida y apocada; y
-la buena austriaca, la pobre madre real en su hermoso
-oficio de sustentar al reyecito contra los amagos de la
-suerte, contra la enfermedad, contra las oscuridades de
-lo porvenir; y que est plida, delgada, y en su majestad
-gentilicia el orgullo porfirognito tiene como una
-vaga y melanclica aureola de resignacin.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span></p>
-
-<p>El mal vino de arriba. No dejaron semillas los rboles
-robustos del gran cardenal, del fuerte duque, de los
-viejos caballeros frreos que hicieron mantenerse firme
-en las sienes de Espaa la diadema de ciudades. Los
-estadistas de hoy, los directores de la vida del reino,
-pierden las conquistas pasadas, dejan arrebatarse los
-territorios por miles de kilmetros y los sbditos por
-millones. Ellos son los que han encanijado al Len simblico
-de antes; ellos los que han infludo en el estado
-de indigencia moral en que el espritu pblico se encuentra;
-los que han preparado, por desidia o malicia,
-el terreno falso de los negocios coloniales, por lo cual
-no poda venir en el momento de la rapia anglo-sajona,
-sino la ms inequvoca y formidable <i>dbcle</i>. Unos a
-otros se echan la culpa, mas ella es de todos. Ahora es
-el tiempo de buscar soluciones, de ver cmo se pone al
-pas siquiera en una progresiva convalecencia; pero
-todo hasta hoy no pasa de la palabrera sonora propia
-de la raza, y cada cual profetiza, discurre y arregla el
-pas a su manera. En palacio, ya que no Cisneros o Richelieu,
-falta siquiera el Dubois que prepare para Alfonso
-XIII lo que el francs para Luis XV, nio y dbil: la
-poltica interior en caso de vida, la poltica exterior en
-caso de muerte. Cnovas no fu purpurado, en la Monarqua
-de S. M. Catlica, pero quizs era el nico, a
-pesar de sus defectos, que tuviese buena vista en sus
-ojos miopes, buena palabra de salvacin o de gua en su
-lengua andaluza; mas de los horrores inquisitoriales de
-Montjuich sali el rayo rojo para l.</p>
-
-<p>Entre las cabezas dirigentes hay quienes reconocen y
-proclaman en alta voz que la causa principal de tanta
-decadencia y de tanta ruina estriba en el atraso general
-del pueblo espaol; reconocen que no se ha hecho nada
-por salir de la secular muralla que ha deformado el
-cuerpo nacional como el cntaro chino el de un enano;
-y si se ha dejado enmohecer la literatura, si ha habido
-estancamiento y retroceso en el profesorado, a punto de<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span>
-que de las clebres Universidades lo que brilla como una
-joya antigua es el nombre; fuera de pocas excepciones
-para el juicio pblico, el orculo de la ciencia se encierra
-en urnas como el comodn periodstico del seor
-Echegaray, el teatro que llaman chico atrae a las gentes
-con la representacin de la vida chulesca y desastrada
-de los barrios bajos, mientras en el clsico Espaol, en
-las noches en que he asistido, Mara Guerrero representaba
-ante concurrencia escassima, y eso que el paseo
-por Europa y sobre todo el beso de Pars, le han puesto
-un brillo nuevo en sus laureles de oro; la nobleza... La
-otra noche, en un caf-concert que se ha abierto recientemente
-y con un xito que no se sospechaba, me han
-sealado en un palco a gastados y encanecidos grandes
-de Espaa que se entretenan con la Rosario Guerrero,
-esa bailarina linda que ha regocijado a Pars despus
-de la bella Otero; soy frecuentador de nuestro Casino
-de Buenos Aires y no me precio de pacato; pero el espectculo
-de esos alegres marqueses de Windsor, aficionados
-tan vistosamente a suripantas y seoritas locas
-de su cuerpo, me pareci propio para evocar un parlamento
-de Ruy Gmez de Silva, delante de los retratos,
-en bravos alejandrinos de Hugo, o una incisin grfica
-de Forain con sus incomparables pimientas de filosofa.
-En lo intelectual, he dicho ya que las figuras que
-antes se imponan estn decadas, o a punto de desaparecer;
-y en la generacin que se levanta, fuera de un
-soplo que se siente venir de fuera y que entra por la
-ventana que se han atrevido a abrir en el castillo feudal
-unos pocos valerosos, no hay sino la literatura de mesa
-de caf, la mordida al compaero, el anhelo de la peseta
-del teatro por horas, o de la colaboracin en tales o
-cuales hojas que pagan regularmente; una produccin
-enclenque y falsa, desconocimiento del progreso mental
-del mundo, iconoclasticismo infundado o ingenuidad
-increble, subsistente fe en viejos y deshechos fetiches.
-Gracias a que escritores sealadsimos hacen lo que<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span>
-pueden para transfundir una sangre nueva, exponindose
-al fracaso, gracias a eso puede tenerse alguna esperanza
-en un prximo cambio favorable. Mal o bien,
-por obra de nuestro cosmopolitismo, y, digmoslo, por
-la audacia de los que hemos perseverado, se ha logrado
-en el pensamiento de Amrica una transformacin que
-ha producido, entre mucha broza, verdaderos oros finos,
-y la senda est abierta; aqu hasta ahora se empieza, y
-se empieza bien: no faltan almas sinceras, bocas osadas
-que digan la verdad, que demuestren lo plida que est
-en las venas patriticas la sangre en que se juntaran,
-como dira Barbey, la azul del godo con la negra del
-moro; quienes llevan al teatro de las gastadas declamaciones
-el cuadro real demostrativo de la decadencia;
-quienes quieren abrir los ojos al pueblo para ensearle
-que la Tizona de Rodrigo de Vivar no corta ya ms que
-el vaco y que dentro de las viejas armaduras no cabe
-hoy ms que el aire.</p>
-
-<p>Ahora uno que otro habla de regenerar el pas por la
-agricultura, de mejorar las industrias, de buscar mercados
-a los vinos con motivo del tratado ltimo franco-italiano,
-y hay quienes se acuerdan de que existimos
-unos cuantos millones de hombres de lengua castellana
-y de raza espaola en ese continente. Por cierto, la industria
-pecuaria, dicen, debe ser protegida. Y la agricultura?
-Ya en la Instruccin de 30 de noviembre de
-1883 se sealaban causas locales del atraso agrcola de
-Espaa, como la intervencin de la Autoridad municipal
-en sealar la poca de las vendimias, o la de la recoleccin
-de los frutos o esquilmos: la libertad de que
-en los rastrojos de uno pazcan los ganados de todos: los
-privilegios que no admiten al consumo de una ciudad
-ms que los vinos que produce su trmino; los que no
-permiten entrar una carga de comestibles en un pueblo
-sin que se extraiga otra de los productos de su agricultura
-o de su industria, y otras mil anomalas; poco se ha
-adelantado desde entonces, y lo que os dar una idea<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span>
-del estado de estas campaas en lo relativo a agronoma,
-es que sepis que las mquinas modernas son casi
-por completo desconocidas; que la siega se hace primitivamente
-con hoces, y la trilla por las patas del ganado;
-qu pensarn de eso en la Argentina, donde nos
-damos el lujo de tener a lo yanqui un Rey del trigo? Se
-trata ahora de la creacin de un ministerio de Agricultura;
-de instruir al campesino, que como sabis, ha permanecido
-hasta ahora impermeable a toda nocin; pero
-ya se ha hablado, a propsito de la enseanza agrcola,
-de aumentar, Dios mo, el nmero de los doctores: hacer
-doctores en agricultura!</p>
-
-<p>Hay felizmente quien en oportunidad ha combatido
-el plan de los <i>dmines agrcolas</i> y sealado un proyecto
-en que quedaran bien organizadas las escuelas para
-capataces, peritos agrcolas e ingenieros agrnomos,
-estudios prcticos, de utilidad y aplicacin inmediata,
-sin borla ni capelo salamanquino. Las campaas estn
-despobladas, y podran, si hubiese hombres de empresa
-y de buen clculo, repoblarlas; para hacerlo la misma
-Repblica Argentina estara llamada a ser la proveedora
-de cabezas; las praderas andaluzas son excelentes
-para el engorde, y nuevas fuentes de negocios estaran
-abiertas para las actividades que a ello se dedicasen en
-la Pennsula. As habra que entrar en arreglos especiales
-por las restricciones que existen en las leyes. Mucho
-podra ser el comercio hispanoargentino, y al objeto,
-segn tengo entendido, no ha cesado de trabajar el seor
-ministro Quesada. Aqu podran venir las carnes
-argentinas, ya que no en la comn forma del tasajo,
-conservadas por los muchos procedimientos hoy en
-uso; y la mayora de este pueblo que tiene casi como
-base principal de alimentacin el bacalao, que importa
-de Suecia y Noruega, comera carne sana y nutritiva.
-Luego sera cuestin de ver si se adaptaba para el consumo
-del ejrcito y marina. Por lo pronto, la Sociedad
-Rural de Buenos Aires podra hacer el ensayo, enviando<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span>
-en limitadas cantidades la carne conservada, y por los
-resultados que se obtuvieran, se procedera en lo de
-adelante. Espaa enviara sus lienzos, sus sederas, sus
-dems productos que all tendran colocacin; no habra
-en ningn viaje el inconveniente del falso flete. Estas
-apuntaciones pueden ser estudiadas detalladamente
-por aquellos a quienes corresponde la tarea. Tales formas
-de relacin entre Espaa y Amrica sern seguramente
-ms provechosas, duraderas y fundamentales que
-las mutuas zalemas pasadas de un ibero-americanismo
-de miembros correspondientes de la Academia, de ministros
-que <i>taquinan</i> la musa, de poetas que piden la
-lira.</p>
-
-<p>Ntase ahora una tendencia a conocer, siquiera lo
-americano nuestro&mdash;lo del Norte!, ay!, lo tienen ya
-bien conocido!&mdash;, y no hace muchos das, con motivo
-de un banquete a escritores y artistas ofrecido por el
-representante de Bolivia seor Ascarrunz, hubo declaraciones
-de parte de ciertos intelectuales, que son de
-tenerse muy en cuenta. En cualquier otro momento&mdash;deca
-un escritor de los ms diamantinos y pensadores,
-he nombrado a Julio Burell&mdash;, en cualquier otro momento
-la galantera del seor Ascarrunz habra sido digna
-de hidalga gratitud, pero en fin, numerosas han sido las
-fiestas hispanoamericanas a cuyo trmino apenas si ha
-quedado otra cosa que un poco de dulzor en la boca y
-otro poco de retrica en el aire; despus, americanos y
-espaoles han permanecido en sus desconfiadas soledades,
-colocados en actitud y con mirada recelosa, cada
-cual a un lado del gran abismo de la historia... Y ms
-adelante: No, la guerra no levantar ya entre Espaa y
-Amrica espaola sus fieras voces de muerte; lo que
-estaba escrito, escrito queda. Rebuscadores de la Historia,
-curiosos y eruditos, podrn volver la mirada hacia
-los negros das de lucha; pero las almas que tienen alas,
-las almas que tienen luz, los hombres confesados a un
-ideal de paz y de amor, no descendern al antro sombro;<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>
-volarn ms alto y baarn su espritu en la claridad
-de una nueva aurora... Todo esto se pudo decir
-hace mucho tiempo; se pudo hace mucho tiempo combatir
-el alejamiento de la madre patria del coro de las
-diecisis repblicas hermanas; pero no se hizo, ni se
-par mientes en ello.</p>
-
-<p>Antes al contrario, apartando a un grupo escassimo
-de hombres como Valera y Castelar, se nos procur
-ignorar lo ms posible, y como lo he demostrado en <i>La
-Nacin</i>, de Buenos Aires, y en la <i>Revue Blanche</i>, de Pars,
-la culpa no fu del tiempo esta vez, sino de Espaa.
-Gloranse los ingleses de los triunfos conseguidos por
-la Repblica norteamericana, hechura y flor colosal de
-su raza: Espaa no se ha tomado hasta hoy el trabajo
-de tomar en cuenta nuestros adelantos, nuestras conquistas,
-que a otras naciones extranjeras han atrado
-atencin cuidadosa y de ellas han sacado provecho. En
-las mismas relaciones intelectuales ha habido siempre
-un desconocimiento desastroso. Los escritores que entre
-nosotros valen se han cuidado poco del juicio de Espaa,
-y con raras excepciones no han enviado jams sus
-libros a los crticos y hombres de letras peninsulares;
-en cambio, nuestras docenas de mediocres, nuestros
-vates de amojamados pegasos, nuestros prosistas imposibles,
-han sido prdigos de sus partos; de aqu que, en
-parte, se justifiquen los <i>Clarines</i> y Valbuenas de tiempos
-recin pasados. Ms; en las mismas redacciones de
-los diarios en que se dedica una columna a la tentativa
-inocente de cualquier imberbe Garcilaso, no se escribe
-una noticia por criterio competente de obras americanas
-que en Pars o en Londres o Roma son juzgadas por
-autoridades universales. Concretando un caso, dir que
-la Legacin Argentina se ha cansado de enviar las mejores
-y ms serias producciones de nuestra vida mental,
-de las cuales no se ha hecho jams el menor juicio.
-Cierto es que, fuera de lo que se produce en Espaa&mdash;con
-las excepciones, es natural, de siempre, pues existen un<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>
-Altamira, un Menndez y Pelayo, un <i>Clarn</i>, este amable
-cosmopolita de Benavente&mdash;, fuera de lo que se produce
-en Espaa, todo es desconocido.</p>
-
-<p>Antes de concluir estas lneas debo declarar que no
-creo sea yo sospechoso de falto de afectos a Espaa. He
-probado mis simpatas, de manera que no admite el caso
-discusin. Pero por lo mismo no he de engaar a los
-espaoles de Amrica y a todos los que me lean. <i>La
-Nacin</i> me ha enviado a Madrid a que diga la verdad, y
-no he de decir sino lo que en realidad observe y sienta.
-Por eso me informo por todas partes; por eso voy a
-todos lugares y paso una noche del saloncillo del Espaol
-a las reuniones semibarriolatinescas de Fornos;
-en un mismo da he visto a un acadmico, a un militar
-llegado de Filipinas, a un actor, a Luis Taboada y a un
-torero. Y anoche, a ltima hora, he ido del Real al Music-hall,
-y mis interlocutores han sido: el joven conde de
-O'Reily, Icaza, el diplomtico escritor, Pepe Sabater, Pinedo
-y un joven <i>reporter</i>... Ya veis que estoy en mi
-Madrid.</p>
-
-<p>Buenos Aires! Hay que mirarlo de lejos para apreciarlo
-mejor. Aqu est la obra de los siglos y el encanto de
-un pas de sol, amor y vino; Pars es Pars; las grandes
-capitales europeas nos atraen y nos encantan: pero</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0"><i>J'aime mieux ma mie, gu!</i></div>
-</div></div></div>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p>
-
-<h2>LA LEGACIN ARGENTINA
-EN CASA DE CASTELAR</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img005.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">10 de enero.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">La</span> legacin argentina est situada en un
-elegante hotel de la calle Alcal Galiano,
-nm. 6. Es en el barrio aristocrtico
-de la Corte, el faubourg Saint-Germain
-de Madrid. All concurr anoche, por
-amable invitacin del ministro Quesada, que haba
-quedado de presentarme a algunos representativos de
-la vida social e intelectual madrilea: en el arte, Moreno
-Carbonero; en el periodismo, el marqus de Valdeiglesias;
-estos dos me interesaban en gran manera.
-Fueron puntuales. Es el primero un tipo nervioso, delgado,
-de mirada inteligente, no revela al artista desde
-luego, pero cuando habis hablado con l las iniciales
-palabras, la chispa ha saltado, iluminando, bajo un
-bigote fino y negro, una sonrisa <i>bon enfant</i>. El segundo,
-de pequea estatura, rubio, calvo, comunicativo, meridional;
-de seguida se manifiesta el clubman, el mundano,
-el infaltable a las fiestas y reuniones de la aristocracia,
-el ttulo <i>reporter</i>, que hace en su diario, <i>La
-poca</i>, lo que el prncipe de Sagn haca en un tiempo
-en <i>Le Figaro</i>. <i>La Nacin</i> estaba representada dos veces,
-pues a mi derecha, en la mesa de la casa argentina,
-tena yo al estimado compaero Ladevese. Pocos momentos
-despus, y ya la conversacin versaba sobre
-nuestra Prensa y la espaola. Reconoca el marqus la<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>
-inferioridad informativa, por ejemplo, de los diarios
-peninsulares, y explicaba cmo en Espaa interesaba
-poco a la generalidad lo que sucede fuera de los trminos
-de la tierra propia. No se sigue, como entre
-nosotros, el movimiento de los sucesos del mundo; del
-asunto Dreyfus, de lo que hay ahora de ms sonoro en
-el periodismo universal, se publican unas pocas lneas
-telegrficas. Naturalmente, el inters pblico, en tiempo
-de la guerra, hizo aumentar la vida de los diarios, y la
-informacin tuvo su preferencia; telegrama recibi <i>El
-Imparcial</i>, o <i>El Liberal</i> que cost diez mil francos. Mi
-bonaerensismo se manifiesta; hago un rpido croquis
-del desarrollo y fuerza de <i>La Nacin</i>; comento al <i>Diario</i>,
-etc. Y a propsito de corresponsales, se protesta por
-una carta que publica <i>La poca</i> del suyo de Buenos
-Aires, en que se dice, entre otras cosas, que todos andamos
-con el revlver en el bolsillo, y que no vayan
-ms espaoles a la Repblica Argentina, pues son repetidos
-con frecuencia los casos en que hay que levantar
-suscripciones en la colonia para poder repatriar a
-los numerosos compatriotas que all se mueren de
-hambre. De esos nufragos hay en todas partes; y, no
-hay duda de que aquel periodista exagera.</p>
-
-<p>El actual marqus de Valdeiglesias ha recibido <i>La
-poca</i> de manos de su padre, cuyo tacto y largas vistas
-en asuntos periodsticos demustranse no solamente en
-la propia hoja sustentada por l, sino en la antigua <i>Correspondencia</i>
-de Santa Ana. <i>La Correspondencia</i> de hoy
-ha perdido su antiguo carcter; <i>gorro de dormir</i>, pertenece
-al pasado. <i>La poca</i> es en Madrid una especie de
-<i>Temps</i>, el peridico serio, asentado, autorizado; con su
-poco de <i>Fgaro</i> por el mundanismo y el cuidado de la
-forma, con la particularidad, digna de elogio, de que
-demuestra cierta preferencia por lo intelectual. Es un
-diario gran-seor; no se vende por las calles, y si los
-dems cuestan cinco cntimos, nmero suelto, y una
-peseta la suscripcin por mes, <i>La poca</i> vale cuatro pesetas<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span>
-suscripcin mensual y quince cntimos nmero
-suelto. Claro es que el tiraje es relativamente reducido.
-No hay que buscar, por otros puntos, comparacin con
-nuestros grandes matinales.</p>
-
-<p>Valdeiglesias es un hombre encantador; su distincin
-no excluye la abierta gentileza; habla de todo, y sobre
-todo de arte y vida social, con una volubilidad y amenidad
-que hacen de l un conversador deseable. Desde
-luego, se me ofrece como cicerone en mis viajes alrededor
-y al centro de Madrid. En un momento me interesa
-en las colecciones artsticas y de alto mrito histrico
-que posee el conde de Valencia de Don Juan; me
-habla de los autores de la nobleza, biblifilos, conocedores
-de arte y <i>sportmen</i>, casi por completo desconocidos
-en el pblico, escritores de libros que circulan en
-ediciones cortsimas y para especialistas; y a propsito
-de la obra reciente de <i>Monte-Cristo</i> sobre los salones de
-Madrid, diserta de entusistica manera sobre el movimiento
-social de esta corte, que es indiscutiblemente
-una de las que tienen para sus mantenedores del gran
-mundo y para sus huspedes, singulares atractivos y
-goces de lo que se puede llamar la esttica de la existencia,
-en un pas en donde, aun en el duelo, parece que
-siempre se escuchara como un canto a lo grato del
-mundo. El Marqus cuando habla parece que dictase
-uno de sus artculos amenos y discretos, de una verba
-correcta; y ya pasemos a hablar de lo mucho que l ha
-trabajado y piensa trabajar para favorecer, despus de
-un ensayo de aplicacin que l costeara, la introduccin
-de las carnes argentinas en Espaa o trate de una
-reciente publicacin sobre esgrima antigua hecha por
-un ttulo de Castilla o detalle las reuniones femeninas,
-famosas, por vida ma, en Madrid, de nuestra legacin,
-en donde, hermosa y ricamente, el doctor Quesada sabe
-recibir a la flor de la Corte, con bros y humor que mantiene
-su vejez fresca y firme, una vejez a lo Juan Valera&mdash;y
-a lo doctor Quintana&mdash;; Valdeiglesias siempre encarna<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span>
-el periodista, es el pollogo vario y chispeante.</p>
-
-<p>Luego Moreno Carbonero. Estaban conversando con
-el novelista y diplomtico Ocantos, secretario de la legacin
-como sabis; y a propsito de un decir del ministro
-sobre una cabeza que un ingls encontrara en
-Espaa y se atribuye hoy a Miguel ngel o a Donatello...&mdash;desde
-luego dos maneras tan distintas, dos espritus
-de arte tan diversos&mdash;oigo, pues, a Moreno Carbonero
-que dice: Yo por mi parte, prefiero, entre Miguel
-ngel y Donatello, a Donatello. Parecime muy simpticamente
-desenvainada aquella opinin por un maestro
-que, a pesar de su gran talento, es lo que se llama
-un normal; pero luego ca de mi ascensin, pues a
-propsito de la pintura moderna y por traer nosotros
-el recuerdo del insigne cataln Rusiol, manifest que
-ese arte&mdash;y deca esto despus de inclinarse delante del
-talento del cataln&mdash;, que ese arte&mdash;el del mejor Rusiol,
-el Rusiol libre y poeta&mdash;era solamente bueno para el
-industrialismo del cartel; algo as como la brocha gorda
-de los telones teatrales, para ser visto de lejos... Y yo
-pensaba, aun detenindome nicamente en el <i>affiche</i>,
-que en uno de Chret, de Mucha, del admirable Grasset,
-del mismo Rusiol, hay ms arte de artista que en muchas
-telas de cannicos medallados. Es, por cierto, uno
-de los mayores pintores de la Espaa de hoy Moreno
-Carbonero, y me explico perfectsimamente la razn de
-su manera de mirar el contemporneo arte intelectual.
-l respira su ambiente; ha vivido en Pars y ha pasado
-los aos indispensables de Italia; pero queda en l el meridional
-absoluto, o mejor, el espaol inconmovible. Y
-esto por otra parte puede ser o ser una gran virtud. Ya
-sabis, con todo, que es un idealista al ser nacional; su
-amor por el Quijote es conocido, y el ltimo cuadro
-suyo que he visto representa la aventura del caballero
-de la Mancha con los carneros. Picarescamente, esa
-noche, un respetable amigo suyo calific ese cuadro
-como un smbolo... De lo cual resultara, por esta vez<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>
-Moreno Carbonero simbolista <i>malgr lui</i>. Ahora prepara
-otro cuadro cuyo tema est extrado de la enorme usina
-quijotesca; y nos deca que andaba en busca de un tipo
-campesino que tuviese la figura del Sancho que l se
-imagina; y que crea haberla encontrado en un bauzn
-manchego que haba visto, como para ser reconocido
-por Teresa, Sanchica y el rucio.</p>
-
-<p>Recorremos la casa. Desde luego llama el ojo la buena
-cantidad y calidad de viejos tapices en los salones
-principales, y de los salones, el amarillo, para el que se
-ha escogido con sabio gusto esa antigua y rica tela espaola
-que impone su aristocracia arcaica a las imitaciones
-chillonas y estofas advenedizas. Por cierto punto la
-Legacin es un pequeo y valioso museo, pues fuera de
-tapicera y chirimbolos est lo preferido y mejor entre
-todo las tallas, esas obras admirables de la famosa talla
-espaola que hoy se podra llamar un arte olvidado;
-pues la que ahora se hace no admite ni un lejano trmino
-de comparacin con la labor perfecta, aun en la misma
-tosquedad de lo primitivo, que antao se acostumbraba.
-Aquellos maestros perdidos en el tiempo no han
-vuelto a encarnarse, y los escultores de hoy&mdash;con rarsimas
-excepciones, como ese incomparable Bistolfi, de
-Italia, y algunos pocos franceses&mdash;desdean en todas
-partes, no s por qu, la madera, que para ciertas cosas
-supera infinitamente a la piedra o el bronce. Y ante un
-trabajo de algn desconocido Berruguete... Vea usted,
-se puede realizar esto en mrmol?... Moreno Carbonero
-se ocupa actualmente en hacer el catlogo de las colecciones
-artsticas del ministro argentino, y una vez
-concluda la obra, debe resultar por muchos motivos
-interesante.</p>
-
-<p>Y el arte? Y el arte, cmo va en Espaa?</p>
-
-<p>Pues si algo ha quedado sosteniendo la tradicin diamantina
-del arte espaol es la pintura. All Artal ha
-dado a conocer reflejos de la hoguera subsistente. Hay
-pintores, hay grandes pintores. En el Museo de Arte<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span>
-Moderno, del que ya os hablar, he tenido nobles impresiones,
-como las que tuve en la iglesia de San Francisco
-el Grande. La escuela espaola contempornea, de
-la cual Buenos Aires posee algunas valiosas muestras&mdash;y
-ya que hablamos de Moreno Carbonero, un cuadro de
-este pintor que, segn me dijo l mismo, es de los que
-ms quieren entre los suyos y fu adquirido por el doctor
-del Valle&mdash;, la escuela espaola contempornea tiene
-justa fama, representada por sus firmas principales, en
-toda Europa; y algunos pintores espaoles hay, de fuerza
-y vala, que cabalmente en <i>Europa</i> son ms conocidos
-que en Espaa, como me lo deca un artista. Por ejemplo,
-Baldomero Galofre que, fuera de su ya larga labor,
-lograr un bello triunfo si realiza conforme con el plan
-que conozco su vasto poema pictrico <i>Espaa</i>. Roma
-detiene a varios maestros de luz espaoles, de los cuales
-conocis ms de un cuadro cuajado de sol; Pars lo
-propio, desde en tiempos de los Fortuny y los Madrazos.
-No he averiguado an los detalles de la salida de la
-produccin, de los encargos, de la parte comercial del
-asunto. Pero desde luego, os aseguro que en este inmenso
-imperio del color, no se agotar jams la llama
-artstica; y desde Plasencia o Moreno Carbonero hasta el
-ltimo pintaplatos que os fastidiar en el caf sirvindoos
-la marina o el bodegn como un par de salchichas,
-todos tienen en la pupila un don solar que se proclama
-a cada instante.</p>
-
-<p>&mdash;Y el arte en Buenos Aires? Digo lo que puedo,
-alabo los esfuerzos del director del Museo, cito tres o
-cuatro nombres y me salvo.</p>
-
-<p>Luego he estado en casa de Castelar. Ya convalece de
-su enfermedad ltima, en la que lleg momento en que
-se creyera lo llevase a la muerte. Fuimos tres los que
-en el momento de la entrevista estuvimos presentes.
-Uno, su amigo el banquero Calzado, que hace tanto
-tiempo reside en Pars, y cuya intimidad con el orador
-data de larga fecha. Otro el ministro de Bolivia. Desde<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>
-mi llegada cumpl con informarme en nombre de la <i>La
-Nacin</i> y propio del estado del antiguo e ilustre colaborador.
-Sus primeras palabras, al verme, fueron: Oh,
-qu diferencia, del 92, cuando usted me vi por ltima
-vez! En efecto. Recordarn mis lectores en este diario
-aquella carta color de rosa que escrib hace siete aos
-con motivo de un almuerzo que Castelar me ofreciera
-en su misma casa de hoy, en la calle de Serrano. Aquel
-Castelar brillaba an en la madurez lozana de una vida
-que apenas demostraba cansancio, aun cuando en la cpula
-haba nevado ya bastante. El orador todava se
-afirmaba sobre los estribos de su pegaso. Los ojos chispeaban
-vivos en la cara sonrosada; el gesto adornaba la
-frase elocuente; la potencia tribunicia se denunciaba a
-relmpagos. El apetito se revelaba en aquellas perdices
-regalo de la duquesa de Medinaceli, aquellas perdices
-episcopales regadas con exquisitos vinos de abad. Y
-Abarzuza, que todava no haba sido ministro, estaba a
-su lado. Y sobre la gran calva popular se encenda en
-su apogeo un crculo de gloria. Hoy... Me di ciertamente
-tristeza el cuerpo delgado por la dolencia, los
-ojos un tanto apagados, la voz algo cansada, el rostro
-de fatiga, todo el clebre hombre en decadencia. Todo
-no; porque en cuanto empez a hablar, como le tocara
-el punto delicado de la poltica primero y de los asuntos
-internacionales despus, irgui la antigua cresta,
-cant. De lo primero, como quien mira las cosas desde
-su voluntario aislamiento; pero expresando su disgusto
-por las aagazas y trampas al uso; y su desconsuelo
-airado por el estado a que han reducido al pas los
-malos dirigentes. De los segundos, lapidando a frases
-violentas a los Estados Unidos. Hay que recordar
-como ha sido el entusiasmo de Castelar por la repblica
-norteamericana antes de la iniquidad. Y lo mucho que
-a Castelar han admirado los yanquis&mdash;sin duda alguna
-por lo que ha tenido de <i>greatest in the world</i>, a ttulo de
-Nigara oratorio&mdash;. Y el Crisstomo peninsular hablaba<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span>
-con el despecho razonado de quien ha sido vctima de
-un engao, de un engao digno del pas colosal de los
-dentistas. Cosas de este fin de siglo! nos deca. Mientras
-la autocrtica Rusia pide a los pueblos el desarme
-y aboga por la paz, los Estados Unidos, tierra de la democracia,
-son los que proclaman la fuerza por ley y se
-tornan guerreros. Oh, es esto para m como si los castores
-se hubieran de pronto vuelto tigres! Tengo en mi
-casa un retrato de Wshington, regalo de un ilustre
-amigo mo norteamericano; y otro amigo y compatriota
-me haca cargos porque tena yo al gran anglo-sajn en
-lugar preferido de mi alcoba. Le contest que el pobre
-no tena la culpa de lo que hacan sus descendientes, y
-que el primero en la paz, el primero en la guerra y el
-primero en el corazn de sus conciudadanos, sera el
-primero en avergonzarse de ellos en esta sazn en que
-se han convertido en heraldos y ministros de la violencia
-y de la injusticia.</p>
-
-<p>Calzado nos deca que durante la enfermedad no ha
-cesado un momento Castelar en su labor de siempre.
-Que su humor no se ha entibiado, ni sus ejercicios
-mentales de costumbre han sufrido el menor cambio ni
-menoscabo. Es el trabajador de antao. Entonces l nos
-dijo de qu manera haba perdido personalmente en su
-presupuesto constante una renta que no bajaba de dos
-mil quinientos a tres mil francos mensuales, pues por
-voluntad invencible ha resuelto, desde la ltima guerra,
-no escribir una sola lnea para el pblico de Norte-Amrica.
-Y en verdad, Castelar ha sido pagado por los yanquis
-como muy pocos escritores. Diarios y <i>magazines</i>
-ha habido que desembolsasen por un solo artculo quinientos
-dollars, mil dollars. Era un Klondike en la imperial
-Nueva York, o en la estudiosa Boston, o en la
-regia Porcpolis. Ese Klondike se lo ha cerrado la lrica
-sangre gaditana que corre en sus venas. Un yanqui
-en su caso escribira el doble y pedira el triple por un
-artculo. Pero qu diran el Cid y Don Pelayo?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p>
-
-<p>Me desped de l no sin antes contestar a sus preguntas
-sobre Amrica, sobre la salud del general Mitre,
-sobre nuestros progresos. Me cita para una larga entrevista
-prxima, y me encarga enve sus mejores recuerdos
-a sus antiguos compaeros de <i>La Nacin</i>. Yo cumplo
-con ese grato deber, y ruego a mis colegas de la casa
-que no se imaginen al Castelar enfermo y dbil de ahora
-al recibir ese saludo, sino al que tenemos all retratado
-en la sala de redaccin: la cabeza fuerte y noble como
-para contener un vasto mundo de ideas, los ojos que
-anuncian la victoria de la palabra, y bajo el gran bigote,
-la boca expresiva de donde ha brotado tanta sonora
-tempestad verbal, tanta msica, tanta encantadora mentira
-y tanta voluntad de Dios. Pues nadie puede decir
-en este siglo lo que escuch de l, ciertamente conmovido,
-momentos antes de estrechar su mano al despedirme:
-Yo he libertado a doscientos mil negros con un
-discurso.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p>
-
-
-<h2>NOTAS TEATRALES</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">20 de enero.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-v.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Varios</span> estrenos: <i>La Walkiria</i> en el Real;
-<i>Los Reyes en el destierro</i>, en la Comedia;
-<i>Los caballos</i>, en Lara. La impresin dominadora
-que me ha producido la estupenda
-obra de Wagner, es de aquellas
-fascinaciones de arte que eternamente nos duran. El da
-est un tanto escandinavo: a travs de los vidrios del
-balcn veo caer tenaz y triste la nieve. Es, pues, a propsito
-el momento para hablaros del estreno de la pera
-del Wottan de la msica. Mirad primero del palco escnico
-al pblico: es noche de gran pompa; el deslumbramiento
-es semejante al de la sala de nuestra pera una
-noche de 9 de julio o de 25 de mayo. Los hermosos tipos
-espaoles son de beldad famosa, y tan vario caudal de
-gracia y de maravilla plstica se aumenta y se ilumina
-con las constelaciones de la pedrera y la elegancia de
-los trajes. La espaola tiene <i>su</i> estilo de vestir, como la
-vienesa, como la bonaerense, como la neoyorkina; pero
-lo que en la una hace que porte un Paquin o un Worth
-con cierta suntuosidad un tanto abullonada, como inflada
-de valses, y en la argentina produce la confusin
-prodigiosa de la manera con la parisiense y en la otra
-pone una especie de matematecidad gimnstica, en estas
-damas hace que la elegancia francesa se mezcle en limitada
-parte con el aire nativo, y para mejor daros una
-idea de ciertos ejemplares soberanos, pongo por caso<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span>
-la andaluza marquesa de Alquibla&mdash;os digo que os imaginis
-a una maja de Goya vestida por Chaplin.</p>
-
-<p>Desde luego, las observaciones de Graindorge no han
-caducado, y probablemente mientras en el mundo haya
-<i>le monde</i>, tendrn su inmediata confrontacin en toda
-sociedad de la tierra. Mas aqu, donde la cultura no es
-de aluvin, sino que est filtrada a travs de rocas multiseculares,
-fuera de aquello frvolo y pasajero que la
-moda traiga con su imposicin, el sentido social est
-bien cimentado; y pongo esto a cuento porque lo primero
-que not en la sala regia, con pocas excepciones, es
-que la alta sociedad madrilea va al Espaol para ver y
-para oir, y al Real para oir y para ver. Hay en el pblico
-de palcos y plateas conocedores insignes en cuestin
-musical, y en cuanto al paraso, como en Buenos Aires,
-es all donde se encuentran los que, segn se dice, imponen
-o rechazan una obra. Mas no oiris la conversacin
-molesta del advenedizo enriquecido que llega a su
-palco a hacerse notar por su desdn a lo que en la escena
-pasa; y los fanticos de Wagner no han tenido que
-protestar a causa de ninguna incoherencia en la ocasin
-presente. Conforme con los preceptos wagnerianos, nadie
-lleg retrasado a la funcin.</p>
-
-<p>Pues, os digo que aun impera en m el prodigio de la
-armona y de la meloda, elementos de la msica ms
-espiritual que el simple ritmo, de Hanslick, y jams
-he visto alzarse sobre un trono ms glorioso el alma suprema
-del gran Germano. Toda alma de artista, en esa
-noche, sinti all clavada la espada divina del genio
-cual la que est en el fresno hundida hasta la empuadura.
-Yo recordaba que uno de mis mayores disgustos haba
-sido con un amigo cordial, de ms corcheas que yo,
-pero a quien no poda demostrar mi sinceridad por
-Wagner delante de su obstinada sospecha de ver en mi
-amor profundo por ese orbe de poesa absoluta un mal
-pertrechado entusiasmo de <i>snob</i>... Oh, no! All habis
-sentido y pensado a Wagner los que sabis y podis<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>
-sentirle y pensarle; y muchos de vosotros habis ido a
-oir la <i>Misa del Arte</i> a la iglesia de Bayreuth. Pues aqu
-es mayor, incomparablemente mayor el nmero de los
-adoradores, de los verdaderos adoradores del santo culto
-que renueva a Pitgoras... y mi modesta aficin, sin
-pretensin alguna, sin herir ninguna cuerda, ni soplar
-madera ni cobre, ha sido bien acogida. Se me ha dejado
-rezar, y eso basta. Madrid es capital que por su gusto
-musical se distingue, el Real es de los teatros sealados
-artsticamente, y entre otras cosas, existe una Sociedad
-de conciertos que puede enorgullecer a cualquier gran
-centro lrico. No es sino de entusiasmo la impresin
-que han llevado ltimamente Saint-Sans y Lamoureux.
-Pero y <i>La Walkiria</i>?</p>
-
-<p>La sala se dej subyugar por la potencia sublime,
-desde los compases directores de la introduccin, corta
-y llena de magnificencia, y las primeras frases de Siegmund&mdash;desgraciada
-y necesariamente traducido en Segismundo&mdash;hasta
-el momento final en que al golpe de
-la lanza brota el misterioso fuego, todo fu como el paso
-de un vasto huracn de mgicos nmeros, de cadencias
-nicas, de revelaciones armoniosas; ya Siglinda surja,
-encarnacin de portento, o Hunding truene o Siegmund
-en un solo ideal se lamente; o el do del amoroso y deleitoso
-y nico amor de los dos hermanos se cristalice
-soberbiamente en la expresin del divino incesto: Esposa
-y hermana eres para m. Surja, pues, de nosotros
-la sangre de los Welsas! o Brunilda arrebate a Siglinda
-o pase la prestigiosa y sonora cabalgata, o por fin,
-Wottan, dando el sueo con un beso a la Walkiria, ordene
-el incendio al dios del fuego maravilloso. El conjunto
-se destaca como una selva mgica en la que casi
-sensible fsicamente, el influjo del <i>deus</i> precipita nuestras
-emociones tambin en cabalgata magnfica e incontenible.
-Cada mente se siente abrasada, cada espritu
-contiene a Gerilda, Waltranta, Schwerleita, Ortlinda,
-Helmwigia, Sigruna, Rosweisa, Grimguerda... Y el pblico<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>
-de Madrid, en general, supo apreciar el don olmpico.
-Aunque hay quien afirme que del ciclpeo drama
-musical lo nico que ha admirado son las bellezas de
-la cabalgata y del fuego encantado...</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>En la Comedia, el estreno de <i>Los reyes en el destierro</i>,
-como comprenderis, extrada de la novela de Daudet.
-Autor de la pieza y gozador del triunfo y del provecho,
-Alejandro Sawa. De Sawa tambin os he hablado desde
-Pars&mdash;pues en verdad he sido yo el judo errante de
-<i>La Nacin</i>&mdash;hace algunos aos. l fu quien me present
-a Jean Carrre, cuando la <i>meute</i> de los estudiantes y
-los escndalos del caf D'Arcourt, en el 93. All en Pars
-haca Sawa esa vida hoy ya imposible, que se disfraz
-en un tiempo con el bonito nombre de Bohemia. Es
-ms parisiense que espaol y sus aficiones, sus preferencias
-y sus gustos tienen el sello del Quartier Latin.
-Lo cual no obsta para que sea casado, hombre de labor
-de cuando en cuando&mdash;y querido de todos en Madrid&mdash;.
-A su vuelta, despus de muchos aos, de Francia, ha
-sido recibido fraternalmente, y la suerte buena no le ha
-sido esquiva, pues con el arreglo que ha hecho ahora
-para el teatro, ha obtenido una victoria intelectual y positiva.
-Para Buenos Aires s que no tengo que entrar a
-detallar o recordar los tipos especiales que se barajan
-en la produccin del pobre <i>Petit-Chose</i>. Slo dir que
-Sawa ha logrado hilvanar bien su <i>scenario</i> y tejer su
-juego con habilidad y con el talento que todo el mundo
-le reconoce.</p>
-
-<p>Sawa&mdash;debo decirlo&mdash;contina, a pesar de su triunfo,
-de su encantadora hijita y de su barba que anuncia ya
-la vejez entrante, tan formal como hace siete aos. Me
-haba prometido una escena de su obra para este correo,
-primicia muy agradable. En efecto, no le he vuelto
-a ver.</p>
-
-<p>A Sells s le he visto, un da despus del estreno de<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>
-<i>Los caballos</i>. Es personal y literariamente muy simptico,
-y pongo el vulgar adjetivo porque as se comprender
-mayormente. Este acadmico de la Espaola es,
-sin duda alguna, el ms juvenil de los inmortales; no
-el ms joven, porque el conde la Viaza y el poeta Ferrari
-son los benjamines. El ms anciano ya se sabe que
-es Menndez y Pelayo. Y he aqu que en un teatro de <i>arte
-chico</i>, de chuleras y cosas de esa guisa, se presenta Sells
-con esta obra, parte de una triloga que, segn l
-deja decir, es simbolista. Altamente estimo al autor del
-<i>Nudo gordiano</i>, y sobre todo, su tendencia a hacer un
-teatro de ideas, aqu en la tierra del parlar y del inflar.</p>
-
-<p>Pero crea el seor Sells que es infantil, que es de una
-ingenuidad conmovedora el nombrar a Ibsen, o a
-Hauptmann, o a Sudermann, como alguien lo hiciera
-delante de m, a propsito de sus obras. Llamar teatro
-simbolista al del seor Sells, es como poner bajo las
-tentativas del dibujante Chiorino: dibujo prerrafaelita.
-En el teatro de Antoine, en el de l'&OElig;uvre, su obra
-difcilmente habra sido admitida; porque el reconocer
-su castiza y propia lengua no significa en este caso
-nada; cuando se quiere hacer obra de ideas no se hace
-obra de palabras. Esta pieza, como dejo apuntado, pertenece
-a una triloga, cuya primera parte ha sido puesta
-en escena por Novelli. Hay una tendencia social que se
-ruboriza de su mismo impulso a la libertad futura. Parece
-que no ha estudiado el seor Sells como deba el
-ms arduo de los problemas contemporneos, y el anarquismo
-para familias que ha procurado presentar en
-su pieza, no provocar en los intelectuales sino una sonrisa.
-El ro es ms vasto y ms profundo; y, para citar
-un tipo, venir a encarnar en el maestro de escuela, en
-Espaa, la tendencia salvadora de la obra social&mdash;aqu
-donde el pobre maestro de escuela es sinnimo de <i>atorrante</i>!&mdash;,
-es simplemente inefable. La tela paradojal est
-bien bordada de oro fino castellano; la forma regocija
-el amor patrio gramatical, y el poeta es el poeta de siempre.<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>
-Aqu se da del <i>cher matre</i>; y yo le digo por eso:
-Querido maestro, sus <i>caballos</i> se han desbocado, pero...
-<i> rebours</i>.</p>
-
-<p>Y el mircoles prximo en el Espaol, estreno de <i>Cyrano
-de Bergerac</i>. Nada dir hasta despus de la representacin;
-pero os mando los versos que me encargara
-la revista <i>Vida Literaria</i> con tal motivo.</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<p class="no-indent center p1">CYRANO EN ESPAA</p>
-
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">He aqu que Cyrano de Bergerac traspasa</div>
-<div class="verse i0">De un salto el Pirineo. Cyrano est en su casa.</div>
-<div class="verse i0">No es en Espaa, acaso, la sangre vino y fuego?</div>
-<div class="verse i0">Al gran gascn saluda y abraza el gran manchego.</div>
-<div class="verse i0">No se hacen en Espaa los ms bellos castillos?</div>
-<div class="verse i0">Roxanas encarnaron con rosas los Murillos,</div>
-<div class="verse i0">Y la hoja toledana que aqu Quevedo empua</div>
-<div class="verse i0">Concenla los bravos cadetes de Gascua.</div>
-<div class="verse i0">Cyrano hizo su viaje a la luna: ms antes</div>
-<div class="verse i0">Ya el divino luntico de don Miguel Cervantes</div>
-<div class="verse i0">Pasaba entre las dulces estrellas de su sueo</div>
-<div class="verse i0">Jinete en el sublime pegaso Clavileo.</div>
-<div class="verse i0">Y Cyrano ha ledo la maravilla escrita</div>
-<div class="verse i0">Y al pronunciar el nombre del Quijote, se quita</div>
-<div class="verse i0">Bergerac el sombrero: Cyrano Balazote</div>
-<div class="verse i0">Siente que es lengua suya la lengua del Quijote.</div>
-<div class="verse i0">Y la nariz heroica del gascn se dira</div>
-<div class="verse i0">Que husmea los dorados vinos de Andaluca.</div>
-<div class="verse i0">Y la espada francesa, por l desenvainada,</div>
-<div class="verse i0">Brilla bien en la tierra de la capa y la espada.</div>
-<div class="verse i0">Bienvenido Cyrano de Bergerac! Castilla</div>
-<div class="verse i0">Te da su idioma, y tu alma como tu espada brilla</div>
-<div class="verse i0">Al sol que all en tus tiempos no se ocult en Espaa.</div>
-<div class="verse i0">Tu nariz y penacho no estn en tierra extraa,</div>
-<div class="verse i0">Pues vienes a la tierra de la Caballera.</div>
-<div class="verse i0">Eres el noble husped de Caldern. Mara</div>
-<div class="verse i0">Roxana te demuestra que lucha la fragancia</div>
-<div class="verse i0">De las rosas de Espaa con las rosas de Francia.</div>
-<div class="verse i0">Y sus supremas gracias, y sus sonrisas nicas</div>
-<div class="verse i0">Y sus miradas, astros que visten negras tnicas</div>
-<div class="verse i0">Y la lira que vibra en su lengua sonora</div><span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>
-<div class="verse i0">Te dan una Roxana de Espaa encantadora.</div>
-<div class="verse i0">Oh poeta! Oh celeste poeta de la facha</div>
-<div class="verse i0">Grotesca! Bravo y noble y sin miedo y sin tacha</div>
-<div class="verse i0">Prncipe de locuras, de sueos y de rimas:</div>
-<div class="verse i0">Tu penacho es hermano de las ms altas cimas,</div>
-<div class="verse i0">Del nido de tu pecho una alondra se lanza,</div>
-<div class="verse i0">Un hada es tu madrina, y es la Desesperanza;</div>
-<div class="verse i0">Y en medio de la selva del duelo y del olvido</div>
-<div class="verse i0">Las nueve musas vendan tu corazn herido.</div>
-<div class="verse i0">All en la luna hallaste algn mgico prado</div>
-<div class="verse i0">Donde vaga el espritu de Pierrot desolado?</div>
-<div class="verse i0">Viste el palacio blanco de los locos del Arte?</div>
-<div class="verse i0">Fu acaso la gran sombra de Pndaro a encontrarte?</div>
-<div class="verse i0">Contemplaste la mancha roja que entre las rocas</div>
-<div class="verse i0">Albas forma el castillo de las Vrgenes locas?</div>
-<div class="verse i0">Y en un jardn fantstico de misteriosas flores</div>
-<div class="verse i0">No oste al melodioso Rey de los ruiseores?</div>
-<div class="verse i0">No juzgues mi curiosa demanda inoportuna,</div>
-<div class="verse i0">Pues todas estas cosas existen en la luna.</div>
-<div class="verse i0">Bienvenido Cyrano de Bergerac! Cyrano</div>
-<div class="verse i0">De Bergerac, cadete y amante, y castellano</div>
-<div class="verse i0">Que trae los recuerdos que Durandal abona</div>
-<div class="verse i0">Al pas en que aun brillan las luces de Tizona.</div>
-<div class="verse i0">El Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte</div>
-<div class="verse i0">El que vence el espacio y el tiempo; su estandarte.</div>
-<div class="verse i0">Pueblos, es del espritu el azul oriflama.</div>
-<div class="verse i0">Qu elegido no corre si su trompeta llama?</div>
-<div class="verse i0">Y a travs de los siglos se contestan, oid:</div>
-<div class="verse i0">La Cancin de Rolando y la Gesta del Cid.</div>
-<div class="verse i0">Cyrano va marchando, poeta y caballero</div>
-<div class="verse i0">Al redoblar sonoro del grave Romancero.</div>
-<div class="verse i0">Su penacho soberbio tiene nuestra aureola.</div>
-<div class="verse i0">Son sus espuelas finas de fbrica espaola.</div>
-<div class="verse i0">Y cuando en su balada Rostand teje el envo,</div>
-<div class="verse i0">Creerase a Quevedo rimando un desafo.</div>
-<div class="verse i0">Bienvenido, Cyrano de Bergerac! No seca</div>
-<div class="verse i0">El tiempo el lauro; el viejo Corral de la Pacheca</div>
-<div class="verse i0">Recibe al generoso embajador del fuerte</div>
-<div class="verse i0">Molire. En copa gala Tirso su vino vierte.</div>
-<div class="verse i0">Nosotros exprimimos las uvas de Champaa</div>
-<div class="verse i0">Para beber por Francia y en un cristal de Espaa.</div>
-</div></div>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span></p>
-
-
-<h2>CYRANO EN CASA DE LOPE</h2>
-
-<div class="imgcenter">
-<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">2 de febrero de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> efecto, como os lo haba anunciado,
-Cyrano est en su casa. Ha llegado a
-Espaa con muy buen pie y mediante
-los ocho o diez mil francos que, segn
-tengo entendido, recibi de antemano el
-excelente poeta Rostand. El triunfo ha sido sonoro: y
-nariz por nariz, la de Daz de Mendoza, en Madrid, ha
-valido lo que la de Coquelin en Pars. En la de Bergerac,
-ha dicho con su oportuno chiste de siempre Mariano
-de Cvia, que quedaran muy bien plantados los
-<i>quevedos</i> en Espaa. Me place haber coincidido en lo del
-noble caballero de la torre de San Juan Abad, en unos
-de mis versos anteriores, con el vibrante y agudo periodista.
-El Cyrano espaol no es otro que Quevedo; en
-ambos puso la Luna madre nutriz, con su leche, quilo
-del mundo, que dice la sabia doa Oliva de Sabuco,
-el rayo que hace los locos de poesa; y ambos fueron
-hombres de amor y de generosas empresas de espada.</p>
-
-<p>La comedia heroica de Rostand, por otra parte, no es
-otra cosa que una obra de capa y espada de la ms buena
-cepa espaola, como me lo hiciese notar al llegar el
-libro del <i>Cyrano</i> a Buenos Aires, un culto y sagaz compaero.
-Es una comedia de capa y espada que ha podido
-escucharse en el modernizado Corral de la Pacheca,
-como si fuese obra legtima de cualquier resucitado,
-porque los actuales, con las excepciones que sabis, no<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>
-encuentran mejor ni ms provechosa fuente que las hazaas,
-hechos y gestos del chulo, ese compadrito
-madrileo. El xito, pues, ha sido absoluto. La noche
-del estreno estaba en el Espaol el todo Madrid de las
-letras, y la belleza social tena soberbia representacin.
-No os supongis que se trate de algo semejante a una
-primera de la Comdie Franaise; aqu no existe aristocracia
-literaria; todo va revuelto y el veterano de la
-gloria castellana se codea con el tipo <i>interlope</i> que han
-bautizado con el extrao nombre de <i>Currinche</i>. Un diario
-como <i>El Nacional</i>, con motivo de haber invitado
-Fernando Mendoza a los ensayos, y sobre todo al ensayo
-general, a personas extraas al teatro, deca con loable
-franqueza: All en Pars se invita en tales casos a la
-Prensa, a los autores dramticos, novelistas, crticos,
-acadmicos, actrices vacantes, personalidades del gran
-mundo... En una ciudad de dos millones de habitantes,
-donde nadie tiene por qu combatir una obra, se puede
-invitar a mil espectadores que van sin prevenciones, ni
-envidias, ni espritu de concurrencia, a presenciar un
-ensayo general; y a la crtica para que pueda con tiempo
-estudiar la obra y dar cuenta de ella <i>dos das despus</i>,
-cuando ya el pblico de pago la haya visto; y un ensayo
-general es una especie de consagracin del drama o comedia
-que el pblico ir a ver confiado en la nota,
-siempre benvola para el autor reputado, que la Prensa
-seguramente dar. Pero aqu? Aqu, en esta cabeza de
-partido de Europa que se llama Madrid, y en la que
-todos nos conocemos, nos abrazamos y nos odiamos...
-aqu, donde hay un estado constante de celos y de envidias
-y de pequeeces inevitable en el estrecho medio
-ambiente en que vivimos; aqu, donde toda la vida literaria
-est circunscrita a la Carrera de San Jernimo y
-la calle del Prncipe... aqu, en fin, donde las Empresas
-viven de diez docenas de familias ricas y de doscientos
-espectadores pobres, de los cuales la mitad son autores
-rencorosos o Empresas rivales... permitir que asistan a<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>
-un ensayo general los amigos y los enemigos, los autores
-espaoles que han de ver gastos enormes y cultos
-rendidos a autores franceses, los empresarios del frente
-y los de al lado... Qu equivocacin tan lamentable y
-qu desconocimiento del pas en que se vive! Quien
-esas lneas escribi parece que tuviese bien conocido su
-ambiente; pues, en realidad, nada menos que por intermedio
-de Eusebio Blasco se ha manifestado en pblico
-lo que antes escuchara yo en privado: la miserable cuestin
-de las perras chicas y grandes... Ved como, al da
-siguiente del estreno, ese escritor cuyo arte singular es
-harto y de antiguo famoso, se expresa, agrediendo de
-paso a la Amrica que ignora: Podremos creer que en
-la casa de Lope de Vega no deben hacerse traducciones;
-podremos creer tambin que, de estrenar una obra extranjera
-cuyo xito ha sido esencialmente literario en
-Pars, debieron haberla adaptado en verso castellano
-poetas de nombre. Aqu donde tenemos desde Nez de
-Arce hasta Manuel Paso, desde Dicenta a Jos Juan Cadenas;
-desde Manuel del Palacio hasta Rodolfo Gil,
-desde Sells hasta Gil (Ricardo), tantos y tantos poetas
-notabilsimos, los catalanes, regionalistas furibundos
-teniendo en Barcelona unos teatros tan hermosos, en
-cuanto hacen un drama o una traduccin se vienen a
-Madrid y se imponen en el primer teatro de la nacin,
-y se pone a su disposicin todo el dinero de las Empresas.
-Todo esto vemos y de ello protestamos, sin nimo
-de ofender a nadie y en defensa de los autores de Madrid,
-que son, hoy por hoy, en los tres teatros de verso
-que hoy funcionan, pospuestos a los autores <i>franceses</i>.
-El <i>Cyrano de Bergerac</i> le gust mucho al pblico anoche.
-Es obra de <i>dinero</i>, como se dice en la jerga teatral.
-<i>Melodrama para la exportacin a Buenos Aires</i>, <i>Chile</i>,
-<i>Bolivia</i>, y all alborotar. <i>Cmo no?</i> Lo encontrarn
-<i>lindo</i> y el estilo parecer de perlas.</p>
-
-<p>El que habla es Eusebio Blasco, instrudo sobre el estado
-de las aduanas literarias sudamericanas por los<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span>
-poetas de Sucre o de Cochabamba, a quienes ha prologado,
-o quiz, casi estamos seguros, por persona a quien
-l conoce bastante, poeta de peso&mdash;el hombre de Huanchaca,
-el boliviano expresidente Arce, que compr la
-cama de la emperatriz Josefina. Y fijos primero en la
-generosidad del artista de <i>Los curas en camisa</i> e introductor
-de <i>Pauelos blancos</i> y de toda clase de lencera
-francesa: la casa de Lope cerrada a toda idea que no
-huela al aceite de las propias olivas, cuando la casa de
-Molire y la casa de Shakespeare no se cierran; proteccionismo
-de las vejeces ms o menos gloriosas, a cuyo
-regimiento pertenece, o de amistades y simpatas personales,
-con dao de tres jvenes modestos que han hecho
-un plausible esfuerzo; repudio de lo cataln, sin
-duda por las lecciones de arte y trabajo que Barcelona
-da; expulsin de lo bello <i>francs</i> a causa seguramente
-de que lo propio anda escaso; y, punto de mira principal,
-el dinero, el ansiado dinero&mdash;, cuya <i>lindeza</i> no nos
-atrevemos a contradecirle. <i>Cmo no?</i> Oh, no, buen seor!</p>
-
-
-<p>Primero ha sido el talento de Rostand y despus han
-llegado los miles de francos; y en cuanto a Cyrano de
-Bergerac, si como en el dilogo de Cvia se encontrase
-en la villa y corte a estas horas buscara en vano la hidalgua
-de Quevedo y se volvera a su Pars, con Dreyfus
-y todo.</p>
-
-<p>Pero, hablemos del estreno.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Un escritor de la nueva generacin y de un talento del
-ms hermoso brillo&mdash;he nombrado a Manuel Bueno&mdash;ha
-escrito que el nombre de Cyrano de Bergerac parece
-un reto. Hay&mdash;dice&mdash;en las seis slabas que lo componen,
-un no s qu de ostentoso atrevimiento que desafa.
-Ello es un hecho, que al odo se comprueba sin
-necesidad de haber ledo el <i>Cratilo</i> de Platn. Entre las
-letras que componen ese nombre suenan la espada y las<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>
-espuelas, y se ve el sombrero del gran penacho. Y admitirs
-que el nombre es una representacin de la cosa?&mdash;pregunta
-Scrates en el dilogo del divino filsofo&mdash;Cratilo
-asiente. Cyrano tiene un nombre <i>suyo</i> como Rodrigo
-Daz de Vivar, como Napolen, como Catulle Mends.
-Los nombres dicen ya lo que representan. Pues ese
-poeta farfantn y nobilsimo, de sonoro apelativo, deba
-ser bien recibido en un pas en donde por mucho que
-se decaiga, siempre habr en cada pecho un algo del
-espritu de Don Quijote, algo de romanticismo. Romanticismo!
-S&mdash;clama Julio Burell&mdash;romanticismo.
-Pero hoy el romanticismo que muere en Europa revive
-en Amrica y en Oceana. Cyrano de Bergerac&mdash;una fe,
-un ideal, una bandera, un deprecio de la vida&mdash;se llama
-Menelik en Abysinia, Samory en el Senegal, Maceo en
-Cuba y en Filipinas Aguinaldo...</p>
-
-<p>Verter el prestigioso alejandrino de Rostand al castellano
-era ya empresa dificultosa. Ni pensar siquiera en
-conservar el mismo verso, pues hay aqu crtica que
-asegurara estar escrita en aleluyas la <i>Leyenda de los
-siglos</i>. Todo lo que no sea en metros usuales, silva, seguidilla,
-romance, sera mal visto, y renovadores de
-mtrica como Banville, Eugenio de Castro o D'Annunzio,
-correran la suerte del buen Salvador Rueda... Los
-tres catalanes&mdash;Mart, Va y Tintorer&mdash;que tradujeron
-la obra, se fueron directamente a la silva y al romance; y
-ni siquiera intentaron poner en versos de nueve slabas
-la balada o la cancin llena de gracia heroica y alegre:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse verse i0">Ce sont les cadets de Gascogne</div>
-<div class="verse verse i0">De Carbon de Castel-Jaloux</div>
-<div class="verse verse i0">Bretteurs et menteurs sans vergogue</div>
-<div class="verse verse i0">Ce sont les cadets de Gascogne...</div>
-</div></div></div>
-
-<p class="no-indent">y tan desairadamente se convirti en:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse verse i0">Son los cadetes de la Gascua</div>
-<div class="verse verse i0">Que a Carbn tienen por capitn...</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Luego hicieron cortes lamentables, como en el parlamento
-de Cyrano, sobre la nariz, y cambios ms lamentables<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span>
-an, como trocar la frase final, la frase bsica
-de <i>Mon panache!</i> por: <i>La insignia de mi grandeza</i>...
-Qu queris! por una palabra castiza se dan aqu diez
-ideas; y es muy posible que si Cyrano dice claramente:
-<i>Mi penacho</i>, nadie hubiera comprendido, o ese galicismo
-arruina la obra. De todos modos, los catalanes han
-llenado bien su tarea, hasta donde es posible en el medio
-en que tenan que presentarse.</p>
-
-<p>La evocacin teatral, el <i>scenario</i>, fu de una deliciosa
-impresin desde el primer momento, desde que apareci
-el local del Palacio de Borgoa, lugar de las representaciones
-dramticas en el Pars de 1640. Creo dems,
-para el pblico de Buenos Aires, hablar del argumento
-del <i>Cyrano</i> de Rostand; todo se ha publicado cuando el
-estreno en Pars, y los que se interesan en estos asuntos
-han ledo la comedia en el original. La nota principal
-del comienzo de la obra la seal la aparicin de Mara
-Guerrero, una Roxana que, eso s, no han tenido los
-parisienses, encantadoramente caracterizada, una preciosa,
-preciossima. Los detalles perfectamente estudiados,
-artistas bellas y cmicos discretos; cuando el
-gordinfln Montfleuri aparece y Cyrano surge y Roxana
-sonre, ya la concurrencia est dominada. Fernando
-Mendoza, que ha progresado mucho con sus viajes, se
-conquista los aplausos desde luego; las simpatas, que
-tanto hacen con el pblico, estn ganadas de antemano.</p>
-
-<p>Las gasconadas se suceden, y al llegar la escena del
-desafo con Valvert, el triunfo se deja divisar: y al final,
-cuando Cyrano se va a acompaar a su amigo Lignire
-para defenderlo contra cien&mdash;Con quince luch en Zamora!&mdash;la
-ovacin primera estalla, al sonar en silva castellana
-los ltimos alejandrinos:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse verse i0">Ne demandiez-vous pas pourquoi, mademoiselle,</div>
-<div class="verse verse i0">Contre ce seul rimeur, cent hommes furent mis?</div>
-<div class="verse verse i0">C'est parce qu'on savait qu'il est de mes amis.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>En el acto segundo, en su hostera aparece el poeta
-y pastelero Ragueneau, encarnado por aquel tan buen<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>
-cmico que conocis, Daz, un gracioso que en la Renaissance
-supo hacer admirar la tradicin de su clsico
-carcter. La llegada de Cyrano, los poetas, famlicos; la
-carta escrita a Roxana, la entrevista con sta, la confidencia
-de ella y el desengao de l; la llegada de los cadetes;
-la provocacin de Christian&mdash;hecha con gran propiedad
-por el joven artista que tambin conocis, Allens Perkins&mdash;la
-conversacin entre Cyrano y Christian; el
-final del acto en versos en que los traductores se han
-llenado indudablemente del espritu del original&mdash;<i>Non,
-merci!</i>&mdash;; todo esto hace que el teln caiga en una
-tempestad triunfante de entusiasmo.</p>
-
-<p>El acto tercero entra en plena victoria. La escena del
-balcn agrada, por la justeza con que la silva ha podido
-interpretar el verso de Francia. Matrimonio de Christian
-y Roxana, y venganza de De Guiches, que manda a los
-cadetes de Gascua a levantar el sitio de Arras, contra
-los espaoles. El entusiasmo se duplica.</p>
-
-<p>El cuarto es el del campamento, admirablemente
-puesto; los cadetes hambrientos; Castel Jaloux&mdash;muy
-bien esculpido por Cirera&mdash;y Cyrano, figuras sobresalientes;
-y la escena hermosa del pfano conmueve al
-auditorio... Ah, los alejandrinos de Rostand; pero la
-silva sigue haciendo lo que puede, y el <i>espritu</i> triunfa.
-Y he ah a Roxana; aparece en la carroza que sabis,
-con el buen Ragueneau, de cochero, que enarbola su
-ltigo de salchicha; el <i>lunch</i> inesperado; la llegada de
-De Guiches, el dilogo de Roxana y Christian, la nobleza
-de ese cordial sin talento; triunfo del alma de Cyrano;
-la lucha; la muerte de Christian; y, con el pauelo de
-Roxana por bandera, el combate con los espaoles; el
-triunfo de stos; y la pregunta; Quines son esos locos
-que as saben morir?, con la respuesta de Cyrano.</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse verse i0">Ce sont les cadets de Gascogne,</div>
-<div class="verse verse i0">de Carbon de Castel-Jaloux...</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Ciertamente os digo, que todo eso fu merecedor de
-la tormenta de aplausos y exclamaciones que coron el<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>
-acto. Para llegar al ltimo, suave, otoal, crepuscular,
-vespertino, a la cada de las hojas. De esos adjetivos tomad
-el que gustis para la figura de Mara Guerrero, de
-religiosa, con su toca como una gran mariposa negra
-sobre la frente&mdash;Cyrano llega a morir, despus de tantos
-aos de silenciosa pasin, delante de la que ama; y en
-una escena de delirio glorioso y melanclico, al amor
-de la luna triste. <i>La lune s'attristait</i>... Y yo no he visto
-a Coquelin, ni a Richard Mansfield, los dos mejores
-<i>Cyranos</i>, como que el uno es el acreedor y ha encarnado
-su alma segn dice Rostand en la dedicatoria; pero
-Daz de Mendoza ha creado bravamente, muy bravamente
-su papel; y, como le dice en una carta cierto linajudo
-marqus, al artista grande de Espaa: Si hasta
-ahora fuiste el cmico de los seores, desde ayer eres
-el seor de los cmicos. He ido a saludarle al saloncillo
-en un entreacto, a ese saloncillo de descanso en
-donde los infaltables Echegaray, Llana, Ladevese y
-otros ms, hacen su tertulia todas las noches, rodeados
-de retratos de autores y presididos por la gracia de Mara
-Guerrero. Y he encontrado al hidalgo entusiasta del
-arte, y que, signo de su tiempo, lo es altivamente y gallardamente,
-sobre preocupaciones de linaje, siguiendo
-una vocacin imperiosa y pudiendo agregar a sus armas
-de conde de Bazalote las dos mscaras.</p>
-
-<p>El aparecimiento de <i>Cyrano de Bergerac</i>, en estos momentos
-podra ser y deba ser saludable y reconfortante.
-A propsito de estos actores, recuerdo que Paul Costard
-hizo una muy atinada observacin. La de que Cervantes
-se hubiese arrepentido de su victoria contra la
-bella locura de la caballera. Don Quijote, despus de
-todo, no es ms que la caricatura del ideal: y sin ideales,
-pueblos e individuos no valen gran cosa. Ni Cyrano
-habra cedido a las aagazas de los polticos de la <i>dbcle
-Non merci!</i> ni quien se qued manco en Lepanto
-habra quedado sin perecer glorioso en Cavite o en
-Santiago de Cuba. El espritu sanchesco sirve de lastre<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>
-a las almas nacionales o individuales, impide toda ascensin;
-el romntico espritu de la caballera es capaz
-de convertir a un seco y aritmtico yanqui en un hroe,
-a un cow-boy en un Bayardo. Y por el contrario, todo
-pueblo, como todo hombre que desdea el ideal, esto es
-el honor, el sacrificio, la gloria, la poesa de la historia
-y la poesa de la vida, es castigado por su propio olvido.
-A travs de las lanzas prusianas se ve pasar el cisne
-de Lohengrin, y mientras Espaa fu caballeresca y romntica,
-siempre tuvo la visin del celeste caballero
-Santiago. Esta triste flacidez, esta postracin y esta indiferencia
-por la suerte de la patria, marcan una poca
-en que el espaolismo tradicional se ha desconocido o
-se ha arrinconado como una armadura vieja. Los <i>politiciens</i>
-y los fariseos de todo pelaje e hgado prostituyeron
-la grande alma espaola. Y aun la religin, que ha
-perdido hasta su vieja fiereza inquisitorial en la tierra
-fogosa de los autos de fe, se convirti en una de las ventosas
-cartaginesas que han ido poco a poco trayendo la
-anemia al corazn de la Patria; y si por el sable sin
-ideales se perdieron las Antillas, por el hisopo sin ideales
-y sin fe se perdieron las Filipinas. Y el honor, por
-qu se perdi? Creo que el fuerte vasco Unamuno, a
-raz de la catstrofe, grit en un peridico de Madrid
-de modo que fu bien escuchado su grito: <i>Muera don
-Quijote!</i> Es un concepto a mi entender injusto. Don Quijote
-no debe ni puede morir; en sus avatares cambia de
-aspecto, pero es el que trae la sal de la gloria, el oro del
-ideal, el alma del mundo. Un tiempo se llam el Cid, y
-aun muerto gan batallas. Otro, Cristbal Coln, y su
-Dulcinea fu la Amrica. Cuando esto se purifique&mdash;ser
-por el hierro y el fuego?&mdash;quiz reaparezca, en
-un futuro renacimiento, con nuevas armas, con ideales
-nuevos, y entonces los hombres volvern a oir, Dios lo
-quiera, entre las columnas de Hrcules, rugir al mar,
-con sangre renovada y pura, el viejo y simblico len
-de los iberos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p>
-
-
-<h2>LA CORONACIN DE CAMPOAMOR</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 100px;">
-<img src="images/img007.jpg" width="100" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">19 de febrero.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-s.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Salgo</span> de casa de Campoamor con una impresin
-de tristeza. Se trata de su coronacin...
-Romero Robledo, al cerrarse
-la exposicin de las obras de Casimiro
-Sinz&mdash;ese pobre artista que como Andr
-Gill fu a parar a un manicomio&mdash;, el clebre poltico
-ha iniciado ahora la pintoresca apoteosis que han
-obtenido en este siglo en Espaa, Quintana, Zorrilla y
-Nez de Arce. No es la primera vez que de ello se trata.
-Parece que anteriormente por dos ocasiones se ha intentado
-esa esplndida <i>humorada</i> en accin, pero el
-poeta ha protestado por tan vistosos honores y se ha
-encerrado en su casa a pasar sus ltimos aos en la
-burguesa existencia de un rentista que padece de reumatismos.
-As fu el gran gesto de nuestro Guido, negndose
-a la apoteosis con que se le hubiera querido
-obsequiar! Pero qu gran diferencia de poeta a poeta!
-La bella cabeza del lrico argentino, la mscara del
-viejo Pan, las barbas fluviales, la conversacin juvenil,
-el alma fresca, la confianza en la vida de su patria vigorosa
-y nueva; ir a visitar a Guido es un placer intelectual,
-alegre y reconfortante; y a veces toca, como
-sabis, helnica y admirablemente, la flauta, mientras
-le hacen de bajos sus vecinos, los leones de Palermo. Y
-Campoamor, caduco, amargado de tiempo a su pesar,
-reducido a la inaccin despus de haber sido un hombre<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>
-activo y jovial, casi imposibilitado de pies y manos, la
-facies penosa, el ojo sin elocuencia, la palabra poca y
-difcil... y cuando le dais la mano y os reconoce, se
-echa a llorar, y os habla escasamente de su tierra dolorida,
-de la vida que se va, de su impotencia, de su
-espera en la antesala de la muerte... os digo que es para
-salir de su presencia con el espritu apretado de melancola.</p>
-
-<p>La figura de Campoamor resalta en la poesa espaola
-de este siglo con singular magnitud. Si aqu hubiese
-un Luxemburgo en que habitasen, reconocidos por los
-pjaros, las rosas y los nios, los poetas de mrmol y
-de bronce, los simulacros de los artistas cristalizados
-para el tiempo en la obra del arte, las tres estatuas que
-se destacaran representando esta centuria lrica, seran
-la de Zorrilla en primer trmino, la de Nez de Arce y
-la de Campoamor. No lejos, por fondo un macizo de
-flores apacibles, tendra su busto Becquer, que por tener
-algo de septentrional ha sido excomulgado alguna vez
-por ciertos inquisidores de la Academia de la Lengua y
-de la tradicin formalista.</p>
-
-<p>Zorrilla encarna toda la vasta leyenda nacional, y es
-su espritu el espritu ms espaol, ms autctono de
-todos, desde el mundo mltiple en que se desbord su
-fantasa, una de las ms pletricas y musicales que haya
-habido en todas las literaturas, hasta la impecabilidad
-clsica y castiza de su forma, en medio de las gallardas
-de expresin y de los caprichos de ritmo que le venan
-en antojo. Nez de Arce, con vistas a Francia, y muy
-particularmente hacia el castillo secular y formidable
-de Leconte de Lisle, representa un momento del pensamiento
-universal en el pensamiento de su generacin
-en Espaa, una tentativa de independencia de la tradicin,
-la duda filosfica de mediados de siglo; su fray
-Martn habla como el abad Hieronimus de los <i>Poemas
-Brbaros</i>, y los alejandrinos del impasible francs hallan
-resonancia paralela en los endecaslabos del nervioso<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span>
-y vibrante castellano. Campoamor ha realizado en
-cierto modo una dualidad que se creera imposible, al
-ser al mismo tiempo aristocrtico y popular: aristocrtico
-por su elegante y amable filosofa, por su especialsima
-gracia verbal y mtrica; popular, porque siempre
-va por llanos caminos, y su expresin es semejante
-a un arroyo donde cualquier caminante puede beber el
-agua a su gusto con slo darse el trabajo de inclinarse
-a cogerla. De los tres, el poeta ms poeta fu, sin duda
-alguna, Zorrilla, el que mat a don Pedro y el que
-salv a don Juan, poeta en su vida, poeta hasta su
-muerte en todo y por todo, a trmino de hacer oir un
-discurso en verso a los acadmicos de la Espaola; poeta
-delante del cadver de Larra, poeta triunfante con su
-<i>Tenorio</i>, poeta cortesano del emperador de la barba de
-oro en Mjico; poeta ya viejo y necesitado, cuando Castelar
-sostuvo en las Cortes la urgencia de proteger con
-una pensin a esa viva reliquia gloriosa, a ese millonario
-de sueos y de rimas, propietario del cielo azul
-en donde no hay nada que comer. Nez de Arce ha
-sido ministro, hombre poltico, y hoy mismo gobernador
-del Banco Hipotecario; la juventud intelectual, por
-lo que he observado, tiene pocas simpatas por l. Campoamor
-es un buen burgus de provincia que ha sido
-tambin senador y consejero de Estado, y que contina
-gozando de la renta que le dan sus tierras. Los jvenes
-le tienen gran estima y afecto. A Zorrilla se le coron,
-all en Granada, en fiesta en que l puso a danzar todos
-sus gnomos y silfos; a Nez de Arce se le coron hace
-poco tiempo; ahora, como os he dicho, se piensa en coronar
-a Campoamor.</p>
-
-<p>Yo no s cmo aqu realizarn esta fiesta, indudablemente
-plausible en cuanto se trata de honrar la divina
-virtud, la suma gracia del arte, pero fcil a la sonrisa,
-inevitable en el humor de nuestro tiempo en que francmasonera,
-filatelia, volapuk, librepensamiento y versos,
-en el sentido melenudo de la palabra, pasan bajo la<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span>
-mirada irresistible de la diosa Eironeia. Mirad que resucitar
-a estas horas ceremonias contemporneas de
-Corina, colocarle a nuestro eminente vecino don Fulano
-de Tal el gajo verde que circunda la cabeza de Tasso o
-de Dante, ante un concurso, por obra de su poca, iconoclasta,
-que ha odo desde hace largos aos decir a
-don Gaspar: Ya venciste, Voltaire, maldito seas!, que
-apenas compra los libros de rimas y que acaba de introducir
-de Pars el caf-concert, el modernismo en el
-arte y los automviles, es asunto que en Buenos Aires
-se prestara maravillosamente para glosas de un picor
-en que son especiales los jengibres criollo-cosmopolitas.</p>
-
-<p>He dicho que al ilustre anciano se le haba antes querido
-coronar dos veces, y que en ambas haba declinado
-la manifestacin.</p>
-
-<p>Para saber su temperamento en el caso actual, le hice
-una visita en unin de uno de los ms notables talentos
-del Madrid de ahora, el mdico y escritor Jos Verdes
-Montenegro, que, entre parntesis, acaba de publicar
-una interesante introduccin a la versin que de una
-novela reciente del hijo de Tolstoi&mdash;<i>El preludio de Chopn</i>&mdash;ha
-hecho un autor de esta Corte. Ciertamente no
-fu de agrado el gesto que vi cincelarse en la enferma
-faz de Campoamor cuando le pregunt el estado de su
-nimo sobre la coronacin, y de sus labios, que apenas
-permiten pasar las palabras, entre una tentativa de protesta
-dej escapar una interjeccin absolutamente espaola,
-pero quiz de origen griego, pues el hermano de
-Safo tuvo el mal gusto de tenerla por nombre. Mientras
-un criado le llevaba el alimento a la boca&mdash;santo Dios,
-y ste es aqul!&mdash;aquella ruina venerable mova la cabeza,
-y con la mirada deca muchas doloras crepusculares
-llenas de cosas tristsimas. Coronacin a estas alturas
-de vejez en que la nieve se ha amontonado tanto sobre
-la vida que ya uno apenas puede darse cuenta de
-que existe! Podra l preguntarse: es que vivo an?<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>
-Se le deca que todo se hara bien hecho, que dada la
-persona que encabeza la iniciativa, no poda la fiesta ser
-sino un regio triunfo social e intelectual. Oa? entenda?</p>
-
-<p>El segua haciendo sus dolorosos movimientos de cabeza;
-hasta que, cuando nombramos a Romero Robledo,
-dej caer estas palabras: A ese no le hacen justicia!</p>
-
-<p>De todos modos, la fiesta, segn tengo entendido, va
-a realizarse, y esta misma noche he de asistir en casa de
-doa Emilia Pardo-Bazn a una reunin de hombres de
-letras y de poltica, reunin convocada por la clebre
-escritora para tratar de ese tpico.</p>
-
-<p>Ya era hora de despedirnos. Campoamor, en el estado
-en que est, en cuanto se levanta de la mesa tiene que
-ir al lecho. Todava nos mira fija, fijamente: nos da la
-mano, que apenas puede apretar la nuestra; y de pronto
-se le enrojecen los ojos, va a llorar... Mi compaero me
-dice: Vmonos. Salimos con rapidez.</p>
-
-
-<p class="date">11 de febrero.</p>
-
-<p>Reunin, anoche, en casa de doa Emilia Pardo-Bazn.
-Sorpresa ma, al oir anunciar a doa Emilia, a sus
-invitados, que la fiesta es dedicada mitad al asunto Campoamor
-y mitad a quien estas lneas escribe. Fijos: ese
-anciano hidalgo que llega ceremonioso a saludar a la
-condesa <i>douairire</i> de Pardo-Bazn, es el duque de Tetun;
-y el hidalgo joven que cojea un poco apoyado en
-un bastn, al lado de don Jos Echegaray, es el conde
-de las Navas. Cerca de Eugenio Sells, acadmico, est
-el prximo inmortal Emilio Ferrari. Carlos M. Ocantos
-conversa con el periodista francs Ren Halphen.
-El doctor Tolosa Latour est entre los dos celebrrimos
-cronistas de saln, <i>Kasabal</i> y <i>Monte-Cristo</i>. Ms all, dos
-o tres marqueses, cuyos ttulos no se me quedan en la
-memoria; y las seoritas de Quiroga, hijas de doa Emilia.<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>
-Le doy la mano a un tuerto, de la dinasta bretoniana;
-es Luis Taboada. Un ciego se adelanta&mdash;siempre ducal,
-siempre suscitando rumores afectuosos a su paso,
-siempre con una elegancia que es proverbial desde su
-juventud, a punto de que en los salones de Wshington
-se le apellidaba <i>Bouquet</i>; se dira que su ceguera realza
-ahora su distincin: es el autor de <i>Pepita Jimnez</i>&mdash;es
-don Juan Valera. En un grupo oigo decir entre otras
-palabras: Buenos Aires... <i>La Nacin</i>... Mitre... Centenario
-de Coln... A un caballero, a quien reconozco en
-seguida, recuerdo que le he sido presentado por Cnovas
-en otro tiempo: es el seor Romero Robledo. Se forman
-corrillos. Heme aqu de pronto colocado por doa
-Emilia entre dos altas damas que representan lo ms
-intelectual de la nobleza femenina de Espaa: la marquesa
-de la Laguna y la condesa de Pinohermoso. Desde
-luego es ya mucho que estas dos linajudas seoras se
-interesen por cosas de la literatura. De antiguo la nobleza,
-con las excepciones sabidas, fu ignorante y poco amiga
-de asuntos que hicieran pensar. Hoy, con excepciones
-ms sabidas an, las cortes europeas son como las aristocracias
-plutocrticas de pases sin armoriales; hay la
-cultura precisa para no hacer resaltar una ignorancia
-que sera desdorosa, pero lo principal se va al <i>sport</i> y
-dems conocimientos mundanos.</p>
-
-<p>La poca conversacin con estas damas me da a entender
-que hay justicia en tenerlas en la estima mental que
-se las tiene, quedando resaltantes, a mi juicio, la duquesa
-de la Laguna por el <i>esprit</i>, la condesa de Pinohermoso
-por las opiniones discretas.</p>
-
-<p>Y el asunto Campoamor a todo esto? Nadie habla de
-ello por el momento. Apenas un seor que ha visto al
-viejo poeta esta misma tarde, cuenta que le ha preguntado:
-Y usted se dejar por fin coronar?, y que l le
-ha contestado: Yo no me dejo, pero me van a coronar.
-Observo que todo el mundo mira a Romero Robledo
-como a un sr ms o menos olmpico. l habla de<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>
-que la coronacin se realice en el Retiro. Se levantara
-una tribuna especial; se decorara todo con el arte y el
-fausto de que se puede disponer; y luego, el recinto
-guarda memorias ilustres de los tiempos en que Felipe IV
-saba ser un monarca intelectual. Y doa Emilia habla
-de lo que ha dicho Castelar en el banquete de hace dos
-das: que a l no le parece bien la coronacin de un
-poeta lrico, porque ste expresa opiniones y sentimientos
-individuales; a un poeta pico, se explica, porque
-representa el alma de una colectividad, de un pueblo... Y
-doa Emilia, a defender a Campoamor, y a decir que
-cabalmente los poetas llamados picos&mdash;han todos expresado
-epopeyas en el alto sentido?&mdash;son momentneos
-y manifiestan pensamientos y sentimientos que pasan;
-en tanto que los poetas lricos o individuales han puesto
-en la expresin de su yo la expresin del alma eterna de
-los hombres; y as, lo que han cantado y rimado hace
-muchos siglos, subsiste hoy como emergido de almas y
-corazones contemporneos nuestros. Homero nos interesa
-en la despedida de Andrmaca, porque eso es humano
-y particular a cada sr que tenga sensibilidad
-cordial; pero cuando es absolutamente pico, no interesa
-hoy, sino a la erudicin o a la pedantera. Cuando
-doa Emilia demostraba esto a Valera, yo deca en mi
-interior lo que Vctor Hugo en otra ocasin dijese a la
-misma doa Emilia: <i>Voil bien lEspagnole!</i></p>
-
-<p>Como entre los humos del t pidiese yo al seor Romero
-Robledo detalles sobre la prxima coronacin,
-me dice que todava no hay nada definido; que se ha
-iniciado nada ms el asunto, pero que marcha con tan
-buen aire, que todo augura un xito colosal. Y aqu dos
-cosas curiosas, una del seor Romero Robledo y otra de
-la seora Pardo-Bazn. El uno dice: Vamos a hacer
-algo que dejar eclipsado lo que Pars hizo por Vctor
-Hugo!... Y la otra cuenta esta ancdota que el periodista
-francs la dejara pasar, pero yo no: Cuando se publicaron
-las <i>Doloras</i> de Campoamor, Vctor Hugo, celoso<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>
-de esa gloria, dijo: Voy a hacer un volumen de <i>Doloras</i>,
-como las de Campoamor, y escribi <i>Chansons des
-rues et des bois!</i></p>
-
-<p>Oh, doa Emilia! Es el caso que en esta ocasin no
-podra decir la frase huguesca de su autobiografa de
-los <i>Pasos de Ulloa</i>: <i>Voil bien lEspagnole!</i>... Y si ella
-arguyera, casi me pondra yo de parte de la seora de
-Lockroy...</p>
-
-<p>Nos quedamos en <i>petit comit</i>; se despide la mayor
-parte de los invitados, y nos instalamos cerca de una
-roja y buena chimenea. Valera encanta y divierte, castellano
-y florentino, con su conversacin especial; doa
-Emilia hace recitar a Ferrari, y dice ella versos alemanes
-e italianos. Y est ms brillante que nunca, ms
-brava que nunca, despus de una de esas gallardas ancdotas
-de Valera, cuando a alguien se le antoja hablar de
-las inmediatas desventuras de Espaa, y a este propsito
-un conde ignorante expele dos o tres inepcias estadsticas,
-y con un desconocimiento completamente ibero-americano,
-lanza esta frase: La Habana era, al perderla
-Espaa, la ciudad ms grande, culta y rica de la Amrica
-espaola.</p>
-
-<p>El secretario argentino se pone nervioso, me hace seas
-y me voy a mi casa pensando en la azul y blanca
-de Obligado, a escribir, contento de mi continente, y de
-la capital de mi continente, para mi diario.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span></p>
-
-
-<h2>CARNAVAL</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img002b.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">17 de febrero.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap"><i>Le</i></span><i> carnaval s'amuse</i>... y Madrid se disfraza
-y danza y toca las castauelas. Se ha divertido
-el pueblo con igual humor al
-que hubiese tenido sin Cavite y sin Santiago
-de Cuba. Hay filsofos de peridico
-que protestan de tan jovial e inconmovible nimo;
-hay humoristas que defienden la risa y la alegra nacionales
-y que creen que bien merecen la fiesta los
-pueblos que saben divertirse. En hora buena! Yo me
-siento inclinado a estar de parte de los ltimos y reconozco
-la herencia latina. Tcito y Suetonio (Anal. III, 6,
-Cal. 6) nos han dejado constancia de que los duelos
-pblicos se suspendan en Roma los das de juegos
-pblicos, o mientras se celebraban ciertos sagrados
-ritos. El luto espaol no se advierte al paso del cortejo
-de la Locura, y aqu, ms que en ninguna parte, los
-duelos con pan&mdash;y toros!&mdash;son menos.</p>
-
-<p>Se ha enterrado la Sardina en su da, en el da de la
-simblica ceniza; y en medio de la pompa carnavalesca,
-un peridico ha hecho desfilar una carroza macabra
-con el entierro de <i>Meco</i>, ese tpico personaje que representa
-a la Espaa de hoy. La mascarada en cuestin era
-de un pintoresco bufo-trgico indiscutible: la caricatura
-de los polticos del desastre, las ollas del presupuesto
-por incensarios; <i>Meco</i> camino del cementerio y tras la
-fnebre mojiganga, una murga trompeteando a todo<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>
-pulmn la marcha de Cdiz. Decid si no es un modo de
-divertirse con lvidos reflejos a lo Poe, y si en este carnaval
-no ha habido, si no la mascarada de la muerte
-roja, la mascarada de la muerte negra. Y como un diario
-hablase de una broma poltica dada a Sagasta en su
-casa, la grave <i>poca</i> ha publicado con terrible intencin,
-que no informado del todo el apreciable colega,
-ha omitido dar cuenta de otra broma, o, mejor, bromazo
-que despus di al jefe del Gobierno una numerosa
-comparsa vestida con ms propiedad que la ya clebre
-compaa de <i>los cadetes de la Gascua</i>. Fu el caso que
-al filo de la media noche, cuando ms plcidamente reclinado
-estaba en cmoda butaca el seor Sagasta contemplando
-cmo se reducan a cenizas los troncos de
-su chimenea, ni ms ni menos que nuestras posiciones
-ultramarinas, y evocando mentalmente los hechos todos
-de su larga y aprovechada vida, son en la antesala
-ruido de extraa msica, as como el rascar de huesos
-con que suelen acompaar sus tangos los negros de
-Cuba. Se abri la puerta y entr la mascarada. Precedale
-un estandarte enlodado que en otro tiempo fu
-rojo y amarillo, adornado ahora de oro y azul. A pesar
-de los desgarrones y manchas del carnavalesco estandarte,
-podan leerse estos nombres: Cavite, Santiago,
-San Juan de Puerto Rico. Seguan luego con cartulas
-que representaban rostros demacrados y cadavricos,
-unos cuantos jvenes que parecan viejos, cojos unos,
-mancos otros, con el traje de rayadillo hecho jirones
-por las malezas de la manigua... stos ofrecieron al seor
-Sagasta una caja de guyaba fina. Tan grotesca era
-la catadura de las susodichas mscaras y tan oportuno
-le pareci el susodicho regalo al presidente, que el buen
-seor prorrumpi en ruidosas carcajadas. Tambin le
-hicieron desternillar de risa los prisioneros de Filipinas.
-Iban disfrazados, con propiedad casi deshonesta,
-de <i>desnudos</i> y traan en azafate de abac, ramos de sampaguitas.
-Mezclado con los anteriores entraron en el gabinete<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>
-del seor Sagasta marinos de Cavite y de Santiago
-con cabezas tan artsticas y muecas tan significativas,
-que no pareca sino que sus <i>poseedores</i> haban estado
-meses enteros debajo del agua... Ese acero fino es
-del marqus de Valdeiglesias. Y esa pintura que hace
-resaltar que estamos en un pas en que aun flota el espritu
-de Goya, es un comentario mejor que cualquier
-otro, del estado moral que aqu se impone en estos momentos.
-Ese <i>capricho</i> dice la verdad de una manera risueamente
-sombra. Pues bien, me temo que pocos
-ojos se hayan fijado en la corrosin del agua fuerte,
-mientras se apagaba en los aires el son de las dulzainas
-de Valencia.</p>
-
-<p>Las dulzainas las trajeron los estudiantes valencianos
-que han venido a la Corte, con naranjas y claveles, con
-muchachas hermossimas, a cantar y a bailar y a pedir
-para un sanatorio que pronto ha de llenarse de repatriados.
-Ha sido esa estudiantina una nota vibradora y
-sana, por ms que puedan visarla los cronistas a ultranza,
-en el cuadro de la fiesta general. Aun queda en esta
-juventud escolar un resto de las clsicas costumbres de
-sus semejantes medioevales, un rayo de la alegra que
-sorban con el vino los estudiantes de antao, un buen
-nimo goliardo, la frescura de una juventud que no empaa
-el aliento de las grandes capitales modernas. Y
-entre lo bueno que han hecho al llegar a sta, ha sido
-la visita al palacio, pues han ido a llevarle ciertamente
-un poco de sol a ese pobre reyecito enjaulado que ha
-tenido una ocasin de sonreir.</p>
-
-<p>Lucen los estandartes de las distintas facultades; con
-extraas vestimentas, los dulzaineros que han tenido
-por principal <i>kapellmeister</i> a un ruiseor, como el pifanista
-de Daudet; la comparsa de la boda, florida de
-pauelos y de ramos frescos y de mejillas finas como
-de seda de flor, y en los ojos de esas mujeres la salvaje
-y agresiva luz levantina; y los cuerpos eurtmicos y
-ricos de gracia sensual, cuellos de magnfica pureza,<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span>
-senos y piernas armoniosas; son el vivo encanto entre
-las notas detonantes y decorativas de las mantas y de
-los cestos de frutas. Y en la sala del palacio en que se
-les recibe, los que fingen labradores se ponen a departir
-echados en el suelo, los de las bandurrias y guitarras
-se ordenan, y al aparecer la reina y su familia, un
-trueno de cuerdas inicia la marcha real. Los que representan
-la boda animan su risueo grupo de trajes vistosos.
-Luego es la danza regional del <i>U</i> y el <i>Dos</i>; y las
-canciones y las coplas que dos estudiantes improvisan,
-a dos versos cada uno, y los <i>donsainers</i> que tocan en
-sus instrumentos de legado arbigo sones originales
-que danzan las parejas, msicas perfumadas de rosas
-de la Huerta, cadencias y ritmos de una meloda que
-en vano procurara esquivar su origen muslmico; y el
-canto y la danza bordan, cincelan paisajes que en una
-lejana histrica puede evocar el soador. La austriaca
-triste se ve como iluminada de msica, el reyecito anmico
-debe sentir correr por sus venas un rojo estremecimiento;
-las princesas y los cortesanos sienten en medio
-de los muros antiguos y de los solitarios y maravillosos
-habitculos, una invasin de aire libre, una
-irrupcin de la vigorosa naturaleza, una momentnea
-aparicin del alma sonora de la Espaa popular; es un
-sorbo de licor latino apurado en horas de decaimiento
-en una copa labrada por el moro. La reina admira un
-rico pauelo de randas que una valenciana luce en la
-cabeza, y la valenciana se quita de la cabeza el pauelo
-y se lo da a la reina. Un estudiante ofrece a una princesita
-un cesto de limones con el mismo gesto que si fuesen
-de oro. El seor rector anda por all con su frac y
-su discurso, negro entre la fiesta de colores. En los ojos
-del rey nio juega una inusitada llama, y la buena Borbn
-de la infanta Isabel est en su elemento. Ya el rector
-ley su pliego, ya vuelven a sonar las dulzainas morunas
-y las valencianas a tejer estrofas con caderas,
-piernas y brazos. Ya se va la comparsa, ya quedan los<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span>
-prncipes solos con su grandeza; ya va a su retiro el pequeo
-monarca, acompaado de una aya invisible...
-pero que el ojo del poeta alcanza a distinguir y a reconocer,
-plida, muy plida.</p>
-
-<p>Entretanto Madrid ha bailado como nunca. No hay recuerdo
-de una poca en que las gentes se hayan entregado
-a tal ejercicio con mayor entusiasmo. En el
-Real, en todos los teatros, bailes de sociedades y gremios;
-en los salones mundanos bailes de cabezas y de
-trajes; en las calles mismas, mascaradas con una guitarra
-y unas castauelas por toda msica, se han descaderado
-a jotas. Los disfraces han abundado; y mientras uno
-materialmente no puede dar un paseo por las calles
-sin que le impidan el paso los mendigos, mientras
-la prostitucin, comprendida la de la infancia y causada
-por el hambre en este buen pueblo, se instala a nuestros
-ojos a cada instante; mientras los atracos o robos
-en plena calle hacen protestar a la Prensa todos los das,
-se han gastado en los tres de carnaval trescientas mil
-pesetas en confetti y serpentinas. Parece que pasase con
-los pueblos lo que con los individuos, que estas embriagueces
-fuesen semejantes a la de aquellos que buscan
-alivio u olvido de sus dolores refugindose en los
-peligrosos parasos artificiales. O que la cigarra espaola
-despus de haber pasado cantando tanto tiempo, a
-la hora de los cierzos y en el fro del invierno siguiese
-el consejo de la hormiga: Bailad ahora! De todas maneras
-os aseguro que esta alegra es un buen sntoma:
-enfermo que baila no muere. Y la belleza de estas mujeres
-espaolas, la abundancia de belleza sobre todo, y de
-frescura y de vida sana, dan idea de la ms fecunda
-mina de almas y de cuerpos robustos, de donde pueden
-salir los elementos del maana. Y yo no s si me equivoque,
-pero noto que a pesar del teatro bajo y de la influencia
-torera&mdash;en su mala significacin, es decir, chulera
-y vagancia&mdash;, un nuevo espritu, as sea homeopticamente,
-est infiltrndose en las generaciones flamantes.<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>
-Mientras ms voy conociendo el mundo que aqu
-piensa y escribe, veo que entre el montn trashumante
-hay almas de excepcin que miran las cosas con exactitud
-y buscan un nuevo rumbo en la noche general.</p>
-
-<p>He de ocuparme especialmente en estas manifestaciones
-de una reaccin saludable y que augurara, con tal
-de que esos luchadores se uniesen todos en un ncleo
-que trabajase por la salud de Espaa, un movimiento
-digno de la patria antigua. Por lo dems, las fiestas no
-hacen dao, y con fiestas y toros hubo un Gran Capitn
-y un duque de Alba. El Aranjuez de la princesa de
-boli corresponde en cierto modo al Retiro de Felipe
-IV. Las mscaras suelen ser del agrado de los hroes,
-y cuando el Cid se casa y va el rey sacando los granos
-de trigo de entre los senos de Jimena, divierte a las
-gentes un hombre de buen humor que va vestido de
-diablo.</p>
-
-<p>Lo que hay es que los que quieran proclamar la
-reconstruccin con toda verdad y claridad han de armarse
-de todas armas en esta tierra de las murallas que
-sabis. Hay que luchar con la oleada colosal de las
-preocupaciones; hay que hacer verdaderas <i>razzias</i> sociolgicas,
-hay que quitar de sus hornacinas ciertos viejos
-dolos perjudiciales, hay que abrir todas las ventanas
-para que los vientos del mundo barran polvos y telaraas
-y queden limpias las gloriosas armaduras y los oros
-de los estandartes; hay que ir por el trabajo y la iniciacin
-en las artes y empresas de la vida moderna, hacia
-otra Espaa, como dice en un reciente libro un vasco
-bravsimo y fuerte&mdash;el seor Maeztu&mdash;; y donde se encuentran
-diamantes intelectuales como los de Ganivet&mdash;el
-pobre suicida!&mdash;, Unamuno, Rusiol y otros
-pocos, es seal de que ahondando ms, el yacimiento
-dar de s.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p>
-
-
-<h2>UNA CASA MUSEO</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 100px;">
-<img src="images/img007.jpg" width="100" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">24 de febrero.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-n.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Ni</span> del borrascoso conde de las Almenas
-que al abrirse las cortes ha vuelto a ser
-la voz que clama despus del desastre,
-el hombre que dice a los generales verdades
-corrosivas y heridoras; ni del banquete
-que se le ha dado a Luis Pars, empresario de la
-pera, por su triunfo de la reciente temporada del Real
-bajo cuyas techumbres aun resuena el paso de la cabalgata
-de las Walkirias; ni de la prxima venida, en la
-primavera, de la compaa de Bayreuth, con sus directores
-y orquesta, lo cual implica una excepcional victoria
-de Wagner en este pas del Sol; ni del maestro Zumpe,
-que ha trado con su batuta alemana un aliento de
-vida nueva al movimiento musical de esta Corte que es
-por cierto digno de larga atencin; ni de las reuniones
-de Zaragoza en donde se ha tratado de la regeneracin
-de Espaa en sonoras y pintorescas arengas; ni de otros
-tpicos de ocasin os hablar, por transmitiros las sensaciones
-de arte que acabo de experimentar en una casa
-que es al mismo tiempo un museo, y que, indiscutiblemente
-es la mejor puesta a este respecto, de todo
-Madrid, con ser famosa y admirable la del conde de
-Valencia de Don Juan; me refiero a la <i>garonnire</i> que
-en la cuesta de Santo Domingo habita el director de <i>La
-Espaa Moderna</i>, Jos Lzaro y Galdeano.</p>
-
-<p>Es Jos Lzaro acreedor al elogio por su amor a las<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span>
-letras y artes; ha sostenido y sostiene la revista de ms
-fuerza que hoy tiene Espaa entre los grandes peridicos:
-ha publicado ms de quinientos libros de autores
-extranjeros, hacindolos traducir para su propagacin
-en ediciones baratas y elegantes; su correspondencia,
-en ese punto, ha sido con escritores que se llaman
-Tolstoi, Gladstone, Ibsen, Richepin; ha llenado su casa
-de preciosidades antiguas, de armas, libros, joyas, encajes,
-cuadros, bronces, autgrafos; ha viajado por toda
-Europa y se prepara este ao para ir a Spitzberg; es el
-amigo de todo sabio, de todo escritor, de todo artista
-que visita este pas; es joven, soltero, muy rico; sus aficiones
-intelectuales no le impiden hacer una vida mundana;
-y cuando vuelve, por ejemplo, de una excursin
-del interior de Espaa, ocupa la tribuna del Ateneo y
-obtiene el aplauso y la aprobacin de todos; creo que
-su camisa est muy cerca de ser la camisa del hombre
-feliz. Yo le fu presentado hace siete aos, al mismo
-tiempo que dos escritores extranjeros, el novelista griego
-Bikelas&mdash;de quien os he hablado ya ha tiempo en
-<i>La Nacin</i>&mdash;Maurice Barrs. A este propsito recuerdo
-una curiosa ancdota referente al clebre jardinero de
-su yo. Sucedi que Barrs tena gran inters en presenciar
-una corrida de toros; era el momento en que se
-mova en su cerebro ms de un captulo de la sangre,
-de la voluptuosidad y de la muerte. Quera ya que no
-documentarse, impresionarse, y manifest a Lzaro el
-deseo que tena de ir a la plaza, en compaa de una
-moza que se trajera de Pars, graciosa de su persona,
-fina y pimpante, flor de bulevar. Lzaro le consigui un
-palco; pero el amigo y prologuista del general Mansilla
-djole que prefera impregnarse de color local, de ambiente,
-y que para ello deseaba ver la funcin desde el
-tendido, mezclado a la gente popular. Se le hicieron algunas
-observaciones, mas no se pudo vencer el capricho
-de los parisienses, y se enviaron a Barrs dos asientos
-de tendido, a la sombra. Cuntase por ac que el<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>
-viejo Dumas se present en la plaza de toros de Sevilla,
-en una tarde de oro y alegra, con chaqueta de torero,
-pantaln ajustado, faja y... sombrero de copa. Os podis
-imaginar la ovacin de que sera objeto entre los habitantes
-del barrio de Triana el hombre del Monte-Cristo.
-Algo semejante ocurri cuando en el tendido de Madrid
-se vi aparecer una pareja originalsima: l trajeado
-como para el Grand Prix, y ella con una de esas
-<i>toilettes</i> primaverales que encantan la Cascada o Armenonville.
-Pero la cosa fu en aumento cuando al comenzar
-los banderilleros sus suertes, el francs y su compaera
-aplaudan desusadamente; y cuando, al llegar los
-picadores, comenz el desventrar de los caballos por los
-toros, Barrs se puso de pie, y sus protestas a gritos desolados
-llamaron la atencin, y las aceitunas de sus vecinos,
-que coman rebanadas de salchichn y beban
-vino en bota. Las interjecciones llovieron y hubo que
-ir a sacar de su puesto a la dama desmayada y al cultivador
-del yo. He recordado esta historia divertida, tiempos
-despus, al leer esas pginas supremas de pensamiento
-y de hondura psicolgica, con ese estilo personalsimo
-del renaniano y stendhaliano&mdash;poderosa
-suma!&mdash;que ha dado tan bello libro sobre <i>la sangre</i>, <i>la
-voluptuosidad</i> y <i>la muerte</i>.</p>
-
-<p>La casa de Lzaro est cerca de la de don Juan Valera
-y el general Martnez Campos; y enfrente de la del duque
-de Fras, el gran seor de romntica vida que arrebatara
-en poca hoy legendaria la mejor joya de la embajada
-inglesa... De los balcones se ve la casa de la novela&mdash;que
-cost la inmensa fortuna del duque&mdash;y, al
-dulce oro de una tarde que hubiera podido ser de primavera,
-hablbamos de esos sueos vividos.</p>
-
-<p>Luego fu a visitar las telas viejas, los cuadros autnticos
-y admirables&mdash;oh, mi buen amigo Schiaffino, y
-cmo le he recordado!&mdash;Lo de Tipolo, cabezas dibujadas
-con la conocida magistral manera. Un hermossimo
-cuadro de la poca rafaelita, de tonalidad nica, a modo<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>
-de creerse imposible que se haya podido lograr la conservacin
-de tanta riqueza de color. Un Ribera que desearan
-muchos Museos; riqusimos trpticos bizantinos;
-retratos de valor histrico y de un abolengo artstico
-que desde luego se impone; y ms y ms preciadas
-cosas en que resalta con aristocracia absoluta, como soberano,
-santa panagia de esa casa del Arte, un Leonardo
-de Vinci.</p>
-
-<p>Esta presea de la pintura es un cuadrito pequeo, un
-retrato, el de un tipo seguramente contemporneo de la
-Gioconda; maravilloso andrgino, de una fisonoma
-sensual y dolorosa a un tiempo, en la cual todo el poema
-de la visin del artista incomparable est cristalizada,
-como en un suave y prodigioso diamante. Es una
-ficcin que significa cosas grandes, como deca el
-maestro en palabras que han florecido en el alma d'annunziana.
-Me gusta ms todava este retrato enigmtico
-que el mismo sublime retrato de Monna Lissa. La mirada
-est impregnada de luz interior; el cabello es de
-un efecto que sobrepasa los efectos esencialmente pictricos;
-el ropaje&mdash;que es hermano de la Gioconda&mdash;muestra
-la mano original; y el fino y delicado plasticismo
-de las armoniosas facciones, denuncia, clama la potencia
-del porfirognito poeta-sapiente de la <i>Anatoma</i>,
-del prncipe de los maestros de la pintura de todos los
-siglos. Del Museo de Berln vinieron a intentar llevarse
-tan magnfica obra, pero el dueo no quiso la buena
-suma del oro alemn. Al Louvre fu en persona a mostrar
-su tesoro, y tambin recibi propuestas. El cuadrito
-sigue imperante en tierra espaola.</p>
-
-<p>Entre tanta rica coleccin de cosas de arte, me llaman
-la atencin dos mantillas que pertenecieron a una altsima
-dama de la nobleza madrilea, que pas sus ltimos
-aos en apuros y pobrezas y tuvo un entierro modesto,
-humilde, despus de haber recibido, en tiempos de
-pompa, a los monarcas en sus salones. De ella era tambin
-un anillo de solitaria belleza, una perla cuyo oriente<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>
-se destaca singular entre finas chispas, todo de un
-gusto de exquisitez hoy no usada, y que seguramente
-adorn en no muy lejanos tiempos dedos principales
-que muestran su gracia nobiliaria en los retratos de
-Pantoja. De ella asimismo una peineta que ostenta en
-su semicrculo tantas amatistas como para las manos de
-diez arzobispos.</p>
-
-<p>De las joyas en mi rpida visita paso a los libros: primero
-los incunables alemanes e italianos; eucologios de
-Amsterdam; hermosas ediciones de Espaa, las esplndidas
-de Montfort, de Sancha, de la Imprenta Real;
-varios infolios pertenecientes a la biblioteca del infante
-Don Sebastin; una crnica de Pero Nio, de severa elegancia
-tipogrfica; rollos hebreos, pergaminos gemados
-de maysculas que revelan la fina y paciente labor de
-la mano monacal; sellos de Don Alfonso <i>el Sabio</i>; prodigiosas
-caligrafas arbigas, autgrafos de un valor inestimable.
-Buena parte de todo lo que adorna esta mansin
-fu expuesta en la Exposicin Histrica europea y
-americana que se celebr en esta capital, con motivo del
-Centenario de Coln, y en el actual palacio de la Biblioteca
-y Museo de Arte Moderno.</p>
-
-<p>Al ir revistando tan estupenda coleccin de riqueza
-bella, pensaba yo en cmo muchas de las cosas que
-atraan mis miradas eran parte del desmoronamiento
-de esas antiqusimas Casas nobles que, como la de los
-Osunas, han tenido que vender al mejor postor objetos
-en que la historia de un gran reino ha puesto su ptina,
-oros y marfiles rozados por treinta manos ducales en la
-sucesin de los siglos, hierros de los caballeros de antao;
-muebles, trajes y preseas que algo conservan en
-s de las pasadas razas fundadoras de poderos y grandezas...
-Y recordaba la amarga comedia de Jacinto Benavente:
-<i>La comida de las fieras</i>...</p>
-
-<p>Y antes de partir fu otra vez a dar mi saludo de despedida
-a la creacin del divino Leonardo. Y parecame
-que la majestad del arte diese razn a la cada de todo<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>
-edificio que no tenga por base la potencia mental. Esa
-faz reproducida o imaginada por el maestro luminoso
-vive y comunica su inmortal misterio, su hechizo supremo,
-a toda alma que se acerque a su mgica influencia,
-cual si desprendiese de la obra del pincel la maravilla
-avasalladora de una virtud secreta. Y a travs de la
-fugaz onda temporal, esa dominacin arcana se perpeta,
-y la imperecedera diadema se hace ms radiosa al
-tocar sus perlas invisibles el vuelo de las horas.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span></p>
-
-
-<h2>LA JOVEN LITERATURA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 68px;">
-<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">3 marzo de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Acaba</span> de representarse en Granada un drama
-pstumo de ngel Ganivet: coyuntura
-inapreciable para hablar del pensamiento
-nuevo de Espaa. Pues Ganivet,
-especial personaje, era quizs la
-ms adamantina concrecin de ese pensamiento.</p>
-
-<p>El propio se ha encarnado en su Po Cid, simblico
-tipo, en el cual el antiguo caballero de la Mancha realiza,
-a mi entender, un avatar. Ganivet era uno de esos
-espritus de excepcin que significan una poca, y su
-alma, podra decirse, el alma de la Espaa finisecular.
-No conozco la obra que se ha dado recientemente a la
-escena, <i>El escultor de su alma</i>; pero desde luego, creo
-poder afirmar que se trata meramente de una autoexposicin
-psquica; es el mismo Po Cid, de la <i>Conquista
-del Reino de Maya</i>, el ltimo conquistador espaol
-Po Cid. Antjaseme que en Ganivet subsista tambin
-mucho de la imaginativa morisca, y que la triste flor
-de su vida no en vano se abri en el bcaro africano de
-Granada. Su vida: una leyenda ya, de hondo inters.</p>
-
-<p>Desde luego, un joven, que sube a la torre nacional
-a divisar el mundo, luego se encamina a la ideacin de
-una nueva patria en la patria antigua: en Po Cid hay
-simiente para una Espaa futura. Despus, cosa que<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span>
-sorprender a quien tenga conocimiento de las costumbres
-literarias de todas partes y sobre todo de este pas:
-Ganivet no tena enemigos, y por lo general, si conversis
-con cualquiera de los intelectuales espaoles, os
-dir: Era el ms brillante y el ms slido de todos los
-de su generacin. En la Corte tuvo sus bregas, sus comienzos
-de gloria. Hubo una pasin, toda borrasca,
-que segn se dice fu la causa de su muerte. Entr a la
-carrera consular, tan propicia a la literatura, aunque
-no lo parezca por los roces de lo mercantil; y continu
-en su labor ideolgica y artstica. Saba ruso, dans,
-casi todos los idiomas y dialectos de los pases boreales,
-saba lenguas antiguas, escribi un libro curiossimo
-sobre las literaturas del Norte; public otro de sol y de
-msica, al par que una obra de cerebral, sobre su <i>Granada
-la bella</i>, en el pas de Hamlet; produjo ms libros,
-y un emponzoado da, un mal demonio le habl por
-dentro, en lo loco del cerebro, y l se tir al Volga. As
-acab Po Cid su vida humana. Su vida gloriosa y pensante
-ha de ir creciendo a medida que su obra sea mejor
-y ms comprendida. Entonces se ver que en ese sr
-extrao haba un fondo de serena y pura nobleza bajo
-la tempestad de su temperamento; que vivi de amor,
-de abrasamiento genial y muri tambin por amor, en
-la forma de un cuento. En la <i>Conquista del reino de
-Maya</i> exprime todos sus zumos de amargas meditaciones,
-y su forma busca la escritura artstica, que en <i>Los
-Trabajos</i> no se advierte. Aun vemos desarrollarse el perodo
-cervantesco; pero las encadenadas y ondulantes
-oraciones, van por lo general repletas de mdula. La
-obra queda sin concluir; o mejor dicho, tuvo la conclusin
-ms lgica al propio tiempo que ms extraa, en
-la unin de una fbula escrita y una vida. Po Cid deba
-concluir con quitarse la existencia. No es l quien
-habla en el dilogo, pero Olivares, un personaje de <i>Los
-Trabajos</i>, dice en cierta pgina del libro: Se exagera
-mucho, y adems, alguna vez tiene uno que morirse,<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>
-porque no somos eternos. Entre morirse de viejo apestando
-al prjimo o suprimirse de un pistoletazo, despus
-de sacarle a la vida todo el jugo posible, qu le
-parece a usted?... Yo, por m, les aseguro que no llegar
-a oler a rancio.&mdash;Cada cual entiende la vida a su
-modo&mdash;dijo Po Cid&mdash;y nadie la entiende bien.&mdash;Ahora
-ha dicho usted una verdad como un templo&mdash;dijo Olivares&mdash;.
-Lo mejor es dejar que cada uno viva como
-quiera y que se mate, si ese es su gusto, cuando le venga
-la contraria. El pobre Ganivet! Lleg el trgico
-minuto, abri la puerta misteriosa y pas. De las <i>Cartas
-finlandesas</i> escribe Vincent en el <i>Mercure</i>, que no es
-una obra dogmtica, antes bien familiar; en el punto de
-vista no es espaol, es humano: el autor, en efecto, que
-conoce perfectamente toda la Europa, gusta de hacer
-recorrer a sus conceptos distintas latitudes; agregad a
-eso un sentido muy real de nuestra poca, una informacin
-que va de Ibsen a Maeterlinck, de Tolstoi a Galds:
-ninguna pedantera; una dulce sensibilidad que afecta
-disimularse tras un velo de irona. En fin, un libro de
-actualidad perfecta en que la Finlandia es vista por un
-espritu desembarazado de prejuicios y por un latino.
-El crtico francs, demasiado benvolo por lo general
-en sus revistas de letras espaolas, no ha pasado por
-esta ocasin de lo justo. Ganivet, escritor de ideas, ms
-que de bizarras verbales, merece el estudio serio, el
-ensayo macizo de la crtica de autoridad. Nicols Mara
-Lpez, otro granadino, amigo y compaero suyo, habla,
-adems, del drama que acaba de representarse, de otras
-obras pstumas que estn en su poder: <i>Pedro Mrtir</i>,
-en tres actos, y <i>Fe, Amor y Muerte</i>, drama, dice profundamente
-psicolgico, con ideas alucinadoras y extrahumanas,
-con una fuerza trgica tan extraa y sutil, que
-parece romper los moldes de la vida y entrar en los
-senos de la muerte. Rara y bella figura, en este triste
-perodo de la vida espaola, y que parece haber absorbido
-en s todos los generosos y altos mpetus de la<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>
-raza. Y recuerdo el sinttico acrstico latino de Po Cid,
-en <i>Los Trabajos</i>, Arimi:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Artis initium dolor</div>
-<div class="verse i0">Ratio initium erroris.</div>
-<div class="verse i0">Initium sapientis vanitas.</div>
-<div class="verse i0">Mortis initium amor.</div>
-<div class="verse i0">Initium vitae libertas.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Jacinto Benavente es aquel que sonre. Dicen que es
-mefistoflico, y bien pudieran ocultarse entre sus finas
-botas de mundano, dos patas de chivo. Es el que sonre:
-temible! Se teme su crtica florentina ms que los pesados
-mandobles de los magulladores diplomados; fino
-y cruel, ha llegado a ser en poco tiempo prncipe de su
-pennsula artstica, indudablemente extica en la literatura
-del garbanzo. Se ha dedicado especialmente al
-teatro, y ha impuesto su leccin objetiva de belleza a la
-generalidad desconcertada. Algunas de sus obras, al ser
-representadas han dejado suponer la existencia de una
-clave; y tales o cuales personajes se han credo reconocer
-en tales o cuales tipos de la Corte. Como ello no es
-un misterio para nadie, dir que en <i>El marido de la
-Tllez</i>, por ejemplo, el pblico quiso descubrir la vida
-interior y artstica de cierta eminente actriz casada con
-un grande de Espaa y actor muy notable; y en <i>La comida
-de las fieras</i>, entre otras figuras se destac la de una
-centroamericana, millonaria, casada con un noble sin
-fortuna y hoy marquesa por obra de Cnovas del Castillo.
-Benavente niega que haya tomado sus tipos del
-natural; pero el parecido es tan perfecto que toda protesta
-se deshace en una sonrisa. <i>La comida de las fieras</i>
-fu basada, seguramente, en el caso penoso de la venta
-en subasta de las riquezas seculares que contena la Casa
-de los Osunas. Los personajes son de una humanidad
-palpitante; y he de citar estas frases de Hiplito, al finalizar
-la comedia: Porque en lucha he vivido siempre;
-porque viv desde muy joven en otras tierras donde la<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span>
-lucha es ruda y franca. Por qu vinimos a Europa? En
-Amrica el hombre significa algo; es una fuerza, una
-garanta... se lucha, s, pero con primitiva fiereza, cae
-uno y puede volver a levantarse; pero en esta sociedad
-vieja, la posicin es todo y el hombre nada... vencido
-una vez, es intil volver a luchar. Aqu la riqueza es un
-fin, no un medio para realizar grandes empresas. La riqueza
-es el ocio; all es la actividad. Por eso all el dinero
-da triunfos y aqu desastres... Pueblos de historia,
-de tradicin; tierras viejas, donde slo cabe, como
-en las ciudades sepultadas de la antigedad, la excavacin,
-no las plantaciones de nueva vegetacin y savia
-vigorosa.</p>
-
-<p>En <i>Figulinas</i> y <i>Cartas de mujeres</i> no puede dejarse de
-entrever la influencia de ciertos franceses: un poco aqu
-Gyp, otro poco all Lavedan y Prevost; la <i>parisina</i> aplicada
-al alto mundo madrileo que Benavente ha bien
-estudiado. Benavente es caballero de fortuna, y mientras
-leo un sutil arranque suyo en <i>Vida literaria</i> y se
-ensaya en la Comedia un arreglo suyo del <i>Twelfth
-night</i>, tropiezo con lo siguiente en la cuarta plana de
-un diario:</p>
-
-<p>Se venden los pastos de rastrojera y barbechera, del
-trmino de Jetafe, divididos en lotes o cuarteles, cuya
-venta tendr lugar en pblica subasta, ante la Comisin
-del gremio de labradores, en la Casa Consistorial, donde
-est de manifiesto el pliego de condiciones, el da 19 del
-actual, a las diez de su maana.&mdash;Jetafe 9 de marzo de
-1899.&mdash;Por la Comisin, <i>Jacinto Benavente</i>.</p>
-
-<p>De m dir que con toda voluntad juntara a mis sueos
-de arte una estancia entre las montaas de Gonzlez,
-junto a las riberas del Paran de Obligado, o en la
-<i>Australia Argentina</i> de Payr. Da llegar en que la literatura
-tenga por precisa compaera la tranquilidad
-del espritu en la lucha por la vida y el trabajo industrial
-o rural como contrapeso al ya terrible <i>surmenage</i>.
-Los ingleses y los norteamericanos han comenzado a<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>
-aleccionarnos, y un <i>gentleman-farmer</i> artista no es un
-ave rara. Dejo como ltima nota el <i>Teatro fantstico</i> de
-Benavente, una joya de libro que revela fuerza de ese
-talento en que tan solamente se ha reconocido la gracia.
-Fuerza por cierto; la fuerza del acero del florete, del resorte;
-finura slida de gata, superficie de diamante. Es
-un pequeo teatro en libertad, pero lejos de lo telescpico
-de lo Hugo y de lo suntuoso que conocis de
-Castro. Son delicadas y espirituales fabulaciones unidas
-por un hilo de seda en que encontris a veces, sin mengua
-en la comparacin, como la filigrana mental del
-dilogo shakespeareano, del Shakespeare del <i>Sueo de
-una noche de verano</i> o de <i>La tempestad</i>. El alma perspicaz
-y cristalinamente femenina del poeta crea deliciosas
-fiestas galantes, perfumadas escenas, figurillas de
-abanico y tabaquera que en un ambiente Watteau salen
-de las pinturas y sirven de receptculo a complicaciones
-psicolgicas y problemas de la vida.</p>
-
-<p>Este modernista es castizo en su escribir y es lo castizo
-en su discurso como la antigedad en el mrito de
-ciertas joyas o encajes, en puos de Velzquez o preseas
-de Pantoja. Y al conocerle, en el caf Lion d'Or, que es
-su caf preferido, he visto en su figura la de un hidalgo
-perteneciente a esa familia de retratos del Greco, nobles
-decadentes, caballeros que pudieran ser monjes,
-tan fciles para abades consagrados a Dios como para
-hacer pacto con el diablo. En las plidas ceras de los
-rostros se transparentan las tristezas y locuras del siglo.
-As Jacinto Benavente. En toda esta <i>dbcle</i> con que
-el dcimonoveno siglo se despide de Espaa, su cabeza,
-en un marco invisible, sonre. Es aquel que sonre.
-Mefistoflico, filsofo, filoso, se defiende en su aislamiento
-como un arma; y as converse o escriba, tiene
-siempre a su lado, buen prncipe, un bufn y un
-pual. Tiene lo que vale para todo hombre ms que
-un reino: la independencia. Con esto se es el dueo
-de la verdad y el patrn de la mentira. Su cultura cosmopolita,<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span>
-su cerebracin extraa en lo nacional, es
-curiosa en la tierra de la tradicin indominable; pero
-no sorprende a quien puede advertir cmo este suelo
-de prodigiosa vida guarda, para primaveras futuras,
-las semillas de un Raimundo Lulio. Ahora trabaja Benavente
-por realizar en Madrid la labor de Antoine
-en Pars o la que defiende George Moore en Londres:
-la fundacin de un teatro libre. Dudo mucho
-del xito, aunque l me halagara habindoseme hecho
-la honra de encargarme una pieza para ese teatro. Pero
-el pblico madrileo, Madrid, cuenta con muy reducido
-nmero de gentes que miren el arte como un fin, o
-que comprendan la obra artstica fuera de las usuales
-convenciones. Cuando no existe ni el libro de arte, el
-teatro de arte es un sueo, o un probable fracaso. No
-hay una <i>lite</i>. No se puede contar ni con el elemento elegantemente
-carneril de los <i>snobs</i> que ha creado Gmez
-Carrillo con sus graciosas y sinuosas ocurrencias. Conque,
-para quines el teatro?</p>
-
-<p>Junto a Benavente me presentan a Antonio Palomero,
-o sea <i>Gil Parrado</i>. Este pseudnimo, nombre de
-un gracioso tipo clsico, no est mal en quien, con sales
-autctonas nos revela un Raul Ponchn madrileo,
-un rimador seguro, un cancionero bravsimo, en cuanto
-puede permitirlo el gnero poltico: Aristfanes en <i>couplets</i>
-o yambos con castauelas. El libro de flechas de
-humor maligno y risueo que forman los Versos polticos
-de Palomero, <i>Gacetas rimadas</i>, tiene un prlogo,
-en verso, de Luis Taboada. Creo que fu Gutirrez
-Njera quien escribi un da que en medio de la noche
-del arte espaol contemporneo, Luis Taboada era tal
-vez el nico artista. Era una broma del duque Job
-mejicano, excusable por su falta de conocimiento del
-grupo espaol, digamos as, secreto, que hace una vida
-ciertamente intelectual.</p>
-
-<p>Y adems, en su tiempo&mdash;hace de esto ocho o diez
-aos&mdash;las cosas andaban de Barrantes a Valbuena. Pues<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span>
-<i>Gil Parrado</i> no pudo tener mejor protagonista que el
-desopilante Homero fragmentario de la vida cursi de
-Madrid, puesto que l quiso ser el Pndaro de las cursileras
-picas de la poltica. Conociendo la labor y la
-propaganda esttica de quien escribe estas lneas, ellas
-no pueden sino ser vistas como la mayor prueba de sinceridad.
-Mas Palomero no es solamente <i>Gil Parrado</i>.
-Adems de los alfileres de su conversacin, de las ms
-interesantes que un extranjero hombre de letras puede
-encontrar en la Corte, su crtica teatral se estima justamente,
-y en el cuento y el artculo de peridico, sobresale
-y comunica la intensidad de su vibracin, el
-contagio de su energa indiscutible. Mariano de Cvia
-dice de l hablando de sus <i>Trabajos forzados</i>, que
-es un literato culto, agudo y sincero; gratifcale adems
-con popular y brillante. Cvia sabe lo que se
-dice, l, maestro de nica escritura en su pas que
-ha logrado unir, en la faena aspersima del periodismo,
-la flexible gracia autctona a las elegancias extranjeras.
-Quevedo en el bulevar, Dios mo! Y cuando Cvia alaba
-a Palomero es justo, y yo que conozco la transparencia
-de este talento, me complazco en deciros que aqu, entre
-lo poco bueno y nuevo, esto es de lo que en la piedra de
-toque deja una suave y firme estela de oro fino.</p>
-
-<p>As Manuel Bueno, el redactor que en <i>El Globo</i> escribe
-todos los das esa paginita que lleva la firma de
-<i>Lorena</i>, con el ttulo general de Volanderas. Verdes
-Montenegro ha hecho para el libro primigenio de Bueno
-un prlogo de sustancia y espritu al propio tiempo
-que de justicia y cario. De Verdes Montenegro os hablar
-en otra ocasin ms detenidamente. De su ahijado
-literario os dir que ha recibido en su alma mucho sol
-de nuestra pampa y a su odo ha cantado la onda caprichosa
-de nuestro gran ro. Es un vasco. Vasco, as como
-ese especialsimo y robusto Grandmontagne, que ha
-injertado una rama de omb en el rbol sagrado de
-Guernica, para que ms tarde nazcan&mdash;Dios lo quiera,<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span>
-y ya se ven los brotes!&mdash;flores de un perfume singular,
-rosas fraternales del color del tiempo, iluminadas de
-porvenir, en tierra de Mitre y Sarmiento, en la capital
-del continente latino, al amparo del satisfecho sol. El
-joven Bueno anduvo por Buenos Aires, padeci tormento
-de inmigracin y penurias de mozo de intelecto que
-va a hacer fortuna por el Azul y Baha Blanca... Y vuelto
-a su tierra, no es de los que vienen con arranques despechados
-de fracasadas bohemias, de existencias adoloridas
-de nuestra necesaria ley de trabajo, de ese Buenos
-Aires cuya fuente social es para los labios del mundo, y
-que en el progreso corresponde, con su pirmide de
-mayo, ndice indicador, a los obeliscos de Pars y Nueva
-York.</p>
-
-<p>Bueno es aqu, en su labor diaria, nota extempornea,
-y tan parisiense que hay quienes le denuncien de afectacin.
-Pero no es poco servicio intelectual el servir a
-un pueblo ese plato escogido, todos los das, esa ala de
-faisn, despus de la sopa de poltica espaola y antes
-del asado poltico tambin. Bueno, como <i>Lorena</i>, da un
-eco que aqu, aunque tiene semejantes en la Prensa,
-permanece en su individualidad. No ser yo quien oculte
-su ligereza de juicio habitual, su insinceridad quizs,
-tambin habitual; pero es tan bello el gesto!</p>
-
-<p>Ricardo Fuente es el director de <i>El Pas</i>. Quiz enve
-a <i>La Nacin</i> una informacin interesantsima sobre este
-diario de oposicin, que ha tenido sobre s la atencin
-de Madrid y de Espaa, y que, peridico que ha respondido
-al eco popular, ha sido quizs el que ha tenido
-mayor nmero de intelectuales en su redaccin. En Pars,
-un <i>Intransigeant</i> se explica: en Buenos Aires, el antiguo
-<i>Nacional</i>, tambin; en Madrid, <i>El Pas</i> de hoy es
-un caso de extremada curiosidad. Los redactores, desde
-hace mucho tiempo&mdash;el diario es republicano absoluto&mdash;van
-a la crcel peridicamente. All se dice la verdad
-a son de truenos de tambores y trompetas. La censura
-ha tenido en esa hoja la mejor lonja en que cortar,<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>
-y las estereotipias, a las cuatro de la maana, han sido
-en tiempo de la guerra brutalmente descuartizadas.</p>
-
-<p>El captulo de la censura, publicado cuando sta se
-ha levantado, ha sido de sensacin. Un detalle curioso
-es, que mi artculo El triunfo de Calibn, publicado
-en Buenos Aires, fu mutilado en <i>El Pas</i> y dado intacto
-en <i>La poca</i>... En ese diario, <i>El Pas</i>, han escrito Dicenta,
-Maeztu, etc., y Romero Robledo puso all su gran
-sombra... Ricardo Fuente es el director. Cuando uno
-piensa en ese abominable Villemesant que nos pinta
-Daudet o que nos acaba de retocar Claretie; cuando
-recuerdo a ciertos directores europeos y americanos, en
-quienes el elegante <i>shylokismo</i> se junta a un irrespeto
-voluntario de todo lo intelectual, pienso en este buen
-Fuente, que como el pobre parisiense Fernand Xau,
-sabe juntar&mdash;en su tan limitada esfera&mdash;la autoridad al
-tino y la comprensin a la afabilidad. Ser director de
-un diario qu difcil tarea! Son como las perlas rosadas
-y negras aquellos a quienes se puede aplicar la frase inglesa:
-<i>That is a man</i>. Ser un director querido de sus redactores
-es de lo ms difcil del mundo, as se llame
-uno Magnard o Valdeiglesias, Bennet o Linez. Fuente
-lo es. Pero es que l propio es un trabajador de la Prensa
-que ha subido con mrito a ese puesto; y quiz, y sin
-quiz, tanta bondad personal hace dao a su posicin.
-Porque no ha de ser quien dirige una tan complicada
-mquina un compaero de sus redactores en toda la
-extensin de la palabra, sino en lo que ella tiene de
-aprecio necesario y benevolencia justa; y ay de aquel
-director que no se calce sus botas imperiales, y no ponga
-a su gallo, empezando en casa, a cantar claro y bien,
-como ese Arthur Meyer del <i>Gaulois</i>, tan combatido sin
-embargo! Fuente es el tipo ideal del director para sus
-redactores; pero su gallo no se ha alzado hasta ahora...</p>
-
-<p>Se alza, personal y simptico, en el articulista, en el
-literato, de quien dice Joaqun Dicenta: El camino literario
-de Fuente se halla trazado con lneas vigorosas.<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>
-Puede seguirle sin retroceder y sin temblar. No hay cuidado
-de que le tiren al suelo de un empujn; tiene los
-msculos muy duros. En el volumen <i>De un periodista</i>&mdash;del
-cual en Buenos Aires se ha reproducido bastante&mdash;, hay
-la manifestacin de la contextura de un artista; la fuga
-contenida de un amante del estilo que atan las usanzas
-de la limitacin del diario; las explosiones ideales o sentimentales
-sujetas por la lnea sealada, o la hora de la
-Prensa, la preferencia al telegrama, la tirana de la informacin.
-Qu periodista no sabe de esto? Y as nos
-habla de Augusto de Armas, nos pinta rpidas acuarelas
-hmedas del ms rico sentimiento, o apuntes de una
-fiereza de lpiz cuyo blanco y negro nos seduce por su
-juego de luz y de sombra.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span></p>
-
-
-<h2>LA ESPAA NEGRA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img008.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">18 de marzo.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-n.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">No</span> hace muchos das hice una corta visita
-a Aranjuez. Si Versalles recuerda a una
-coja encantadora en la historia, Aranjuez
-guarda an el perfume de una
-tuerta hechicera: bien vale un viaje a
-ese bello <i>buen retiro</i> de los prncipes castellanos, el ir a
-rememorar a la princesa de boli. Entre los olorosos y
-evocadores boscajes resucitan las lejanas escenas, y hay
-en el ambiente de los jardines y alamedas como dormidos
-ecos galantes que no aguardan sino el enamorado
-o el poeta que sepa despertarlos. En el Palacio
-Real y la Casa de Labrador es un espritu de tristeza el
-que impera, desde que penetris en las suntuosas y
-solitarias mansiones. Al recorrer los innumerables
-habitculos, adornados de siglos de oro, de plata, de
-mrmol, de nix, de gata, de seda, de marfil, al respirar
-bajo esas techumbres que han cubierto tanta hora
-trgica, feliz o misteriosa, en la vida de muchos monarcas
-de Espaa, sobrecoge el sombro momento, la sala
-ha tiempo sin vida, la luna que retrat en su fondo las
-imgenes pasadas, la hora detenida en un reloj de Manuel
-de Rivas; el cojn en que se reclin la cabeza de
-Felipe II, el fresco, el cuadro, el dije, o la estofa vieja
-con su atractivo peculiar y triste... Y el conserje que
-dice su aprendida relacin, y se descubre ante un cuadro
-que representa una capilla de El Escorial en que se<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span>
-est diciendo la misa... Viene a la mente la Espaa
-negra.</p>
-
-<p>Acababa de leer ese libro reciente de mile Verhaeren
-y Daro de Regoyos, <i>La Espaa negra</i>; y la novela
-espaola de Barrs <i>Un amateur d'mes</i>; y el volumen
-positivo sobre la evolucin poltica y social de Espaa,
-de Yves Guyot: en todos la observacin, la sugestin, la
-imposicin, de la nota oscura, que en este pas contrasta
-con el lujo del sol, con la perpetua fiesta de la luz.
-Por singular efecto espectral, tanto color, tanto brillo
-polcromo, dan por suma en el giro de la rueda de la
-vida, lo negro.</p>
-
-<p>Es la tierra de la alegra, de la ms roja de las alegras:
-los toros, las zambras, las mujeres sensuales, Don
-Juan, la voluptuosidad morisca; pero por lo propio es
-ms aguda la crueldad, ms desencadenada la lujuria,
-madre de la melancola; y Torquemada vive, inmortal.
-Granada existe, abierta al sol, como el fruto de su nombre,
-perfumada, dulce, cidamente grata; pero hay una
-Toledo, concrecin de tiempo, inmvil y seca como una
-piedra, y entre cuyos muros sera inslita y fuera de
-lugar una carcajada. All no caben, al calor que abrasa
-la aridez de Castilla, otros amores que los tristes o fatalmente
-trgicos, y Maurice Barrs, la pasin que hace
-amargamente florecer en recinto semejante, es la nefasta
-y ardorosamente paladeada de un incesto. Verhaeren
-anota sus impresiones dolorosas, copia, al agua fuerte,
-paisajes clidos y calcinados, colecciona sus almas violentas
-y brbaras como los productos de una flora tropical,
-excesiva y rara. Domina atvicamente su sangre
-belga la fiereza de la Espaa que apretara a sus antepasados
-entre los hierros del duque de Alba; los espectculos
-de la torera le dejan ver la cristalizacin sangrienta
-que yace bajo el subsuelo de esta raza, cuya
-energa natural se complica de la ruda necesidad de las
-torturas; y el concepto de la muerte y de la gracia, enlutados
-y caldeados por un catolicismo exacerbante,<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span>
-por una tradicin feroz que ha podido encender las ms
-horriblemente hermosas hogueras y aplicar los martirios
-ms purpreos y exquisitos. El arte revela ese fondo
-incomparable. La imaginaria religiosa hace de las
-naves de los templos, lgubres <i>morgues</i> que me explico
-hayan conmovido a Verhaeren como a cualquier visitante
-de pensamiento que traiga sus pasos por estas
-iglesias sangrientas en que Ribera o Montas, entre
-tantos, exponen al espanto humano sus lamentables
-Cristos.</p>
-
-<p>Un espaol de gran talento me deca: En cada uno
-de nosotros hay un alma de inquisidor. Cierto. Fijos,
-y decid si Jos Nakens no se junta, paralelamente, en
-lo infinito&mdash;as las dos lneas matemticas&mdash;con Toms
-de Torquemada. Es la misma fe terrible, la intransigencia
-que llega hasta la ceguedad, la aplicacin del potro,
-la certeza en la salvacin por el sufrimiento, tan magnficamente
-iluminada en el drama de Hugo. Los conquistadores
-y los frailes en Amrica no hicieron sino
-obrar instintivamente, con el impulso de la onda nativa;
-los indios despedazados por los perros, los engaos
-y las violencias, las muertes de Guatimozin y Atahualpa,
-la esclavitud, el quemadero y la obra de la espada y
-el arcabuz, eran lgicos, y tan solamente un corazn
-excepcional, un espritu extranjero entre los suyos,
-como Las Casas, pudo asombrarse dolorosamente de
-esa manifestacin de la Espaa Negra. Mi morena,
-dice Mariano de Cvia.</p>
-
-<p>Las sombras polticas de antao se reproducen hoy,
-claro que sin la perdida magnificencia; pues de Polavieja
-a Antonio Prez hay cien atlnticos de distancia
-y las ducales espuelas de don Fernando lvarez de Toledo
-retrocederan sobre sus agudas estrellas ante las
-botas de don Valeriano Weyler... Pero aun la sombra
-de Roma cae sobre el palacio de Madrid; los confesores
-ulicos tienen su papel, las intrigas son las mismas con
-diferencia de personajes y de alturas mentales. Espaa<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span>
-va a cambiar!, se grita en el instante en que la injusta
-y fuerte obra del yanqui se consuma. Y lo que cambia
-es el Ministerio.</p>
-
-<p>La verbosidad nacional se desborda por cien bocas y
-plumas de regeneradores improvisados. Es un <i>sport</i>
-nuevo. Y la zambra no se interrumpe. Espaa&mdash;dice
-un escritor de Francia&mdash;ha querido, sin duda, evocar
-esos grandes Estados del Oriente antiguo que se derrumbaban
-en la embriaguez pblica. No, no ha querido
-evocar nada. Obra por s misma: esa alegra es un
-producto autctono, entre tanta tragedia; es el clavel: es
-la flor roja de la Espaa Negra. As, cuando de nuevo
-los conservadores han vuelto al Poder, se ha credo en
-el exterior que la reaccin provocara la revolucin.
-Las inquisitoriales historias de Montjuich estn cercanas;
-los sucesores de la guerra han sido tan rudos en su
-leccin y las agitaciones provinciales del regionalismo
-se han repetido tanto! Nada. Quietud. Estancamiento.
-Apenas ruido de regaderas alrededor del tronco fsil
-del carlismo. Tan slo, en lo futuro del tiempo, el hervor
-del fermento social.</p>
-
-<p>Se combate el vaticanismo; Castelar habl; otras cabezas
-surgieron protestantes, a la salida de Silvela. Y
-se pronuncia el nombre del padre Montaa; el inevitable
-confesor, cuyo hbito, en el curso de la Historia, est
-siempre tras el trono de S. M. Catlica. Se dice que la
-religiosidad espaola no es sino formal; que el papa no
-es la potencia hacedora en la vida poltica y social, sino
-hasta muy limitado punto. He encontrado sirviendo de
-seal en un libro viejo, un documento curiossimo, que
-os pondr a la vista el sentir y pensar de muy buena
-parte del pueblo espaol. Es una serie de proposiciones
-que se enviaran en cierta poca a las congregaciones
-de Roma, para ser resueltas. Frmalas don ngel
-Garca Goi, a 14 de abril de 1877. Este caballero fu, segn
-me informan, abogado distinguido del foro matritense,
-y muy mezclado en asuntos de poltica eclesistica.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span></p>
-
-
-<p class="no-indent center p1">PROPOSICIONES QUE SE CONSULTAN CON LAS CONGREGACIONES
-DE ROMA</p>
-
-<p>Si se puede ser partidario de la <i>persona</i><a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a> del rey
-Don Alfonso XII de Espaa, por creerle monarca <i>legtimo</i>,
-sin ser por esto <i>catlico liberal</i>.</p>
-
-<p>Si aun en la hiptesis inadmisible de que fuera un
-<i>usurpador</i> y siguiese las corrientes racionalistas o se
-abrazase a la poltica <i>doctrinaria</i>, sera lcito al pueblo
-espaol <i>por s, alzarse en armas</i> contra l, para destronarlo,
-dada la situacin poltica de aquel pas, y caso
-negativo, si a pesar de esto podra intentarlo, siguiendo
-al llamamiento que le hiciera otra persona que invocase,
-con ms o menos fundamento, sus derechos al trono,
-o si en la duda de quien sea el <i>verdadero rey</i>, debe
-respetarse el hecho de la posesin de la autoridad y obedecer
-lo existente.</p>
-
-<p>Si de ser <i>lcito</i> el alzamiento a que se refiere la proposicin
-anterior es hoy conveniente o de probable <i>xito</i>
-o de tenerse por <i>temerario</i>.</p>
-
-<p>Si considerando el estado de las conciencias y la escasa
-resistencia que los tronos oponen en nuestros das
-a la revolucin, puede decirse que <i>deja</i> de ser <i>catlico</i>
-el monarca que sanciona la <i>tolerancia de cultos disidentes</i>.
-Entindase esta proposicin no para preguntar si
-realiza un acto <i>nulo en s</i>, porque ste parece evidente,
-sino en el sentido de si por tal hecho revela el monarca
-odio al catolicismo, o pueden aquellas circunstancias y
-el deseo de consolidar el orden pblico, cuando los revoltosos
-enarbolan la bandera de la <i>tolerancia</i>, o con
-ella hacen la <i>oposicin</i> al rey, mitigar algo la gravedad
-de este acto.</p>
-
-<p>Si dado el hecho de haberse sancionado por el <i>monarca</i>
-la libertad y tolerancia de cultos, o cometdose
-<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>cualquier atropello a los sagrados derechos de la Iglesia
-catlica, es <i>lcito</i> trabajar dentro de las vas legales
-para destronar al rey acusndole por su conducta, o si
-nicamente pueden censurarse sus actos sin el fin ulterior
-de quitarle la posesin de la autoridad: si para juzgar
-este hecho hay que distinguir entre el <i>usurpador</i> y
-el prncipe legtimo, y cul de estas calificaciones ha de
-aplicarse al posesor de la autoridad, cuando el pueblo
-en que impera no tiene opinin unnime sobre este
-punto. Si la proposicin 63 del Sillabus, de 8 de diciembre
-de 1864, condena la insurreccin en este caso y si es
-aplicable al monarca cuya <i>legitimidad</i> es reconocida por
-unos y negada por otros sbditos.</p>
-
-<p>Si los verdaderos <i>catlicos</i> pueden estar al servicio
-domstico de los monarcas <i>catlico-liberales</i> y asistir a
-sus recepciones oficiales y fiestas, y si pueden defender
-su derecho dinstico y su autoridad, <i>sirviendo voluntariamente</i>
-en sus ejrcitos.</p>
-
-<p>Si se puede ser partidario del rgimen representativo
-y <i>constitucional</i>, sin ser por ello <i>catlico liberal</i>.</p>
-
-<p>Qu entiende la Santa Iglesia Romana por sistema
-<i>parlamentario</i> y si se puede sostener su conveniencia
-en nuestros das, sin dejar de ser <i>catlico ultramontano</i>.</p>
-
-<p>Si, supuestas unas o ambas afirmaciones, es <i>lcito</i> desear
-el planteamiento en Espaa de la Constitucin de
-23 de mayo de 1845, por considerarla apropiada a las
-necesidades presentes del pueblo espaol, o si la doctrina
-de este Cdigo es <i>catlico-liberal</i>, y, por lo tanto,
-inconciliable con los derechos e intereses del catolicismo,
-determinando en semejante supuesto, cules son
-los artculos que deberan suprimirse o modificarse
-para que fuese francamente <i>catlica</i>.</p>
-
-<p>Si aun siendo mala esta Constitucin pueden ser tenidas
-por catlico-liberales aquellas personas que sostienen
-la conveniencia de haberla restablecido en Espaa
-en el ao 1875, como base del orden poltico, <i>sin perjuicio
-de reformarla en sentido ms restrictivo</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span></p>
-
-<p>Si es <i>lcito a un catlico verdadero</i> prestar juramento
-a la vigente Constitucin espaola, publicada en 30 de
-junio de 1876 y con qu salvedades.</p>
-
-<p>Si es <i>lcito</i> y <i>conveniente</i> trabajar en las <i>elecciones</i> como
-elector y como elegible, con el fin de defender el catolicismo;
-y en todo caso, si es enteramente <i>libre</i> opinar en
-pro o en contra de esta conveniencia.</p>
-
-<p>Si el <i>sufragio universal</i> considerado, no como <i>fuente
-de la soberana</i> del <i>Derecho</i> o del <i>Poder</i>, sino nicamente
-como <i>forma de eleccin</i>, es incompatible con el catolicismo
-y est condenado por la proposicin 60 del Sillabus.</p>
-
-<p>Si puede un verdadero catlico servirse de la <i>Prensa
-peridica</i> para propagar y defender la doctrina de Jesucristo
-y los derechos de la Santa Iglesia Romana; si
-puede tambin concurrir a los <i>Ateneos</i>, <i>Academias</i> y dems
-Centros donde impera el <i>racionalismo</i> y el <i>liberalismo</i>,
-para combatir estas absurdas teoras, oponiendo a
-ellas las conclusiones catlicas. Si esto es conveniente
-y si es <i>enteramente libre</i> opinar en pro o en contra de su
-oportunidad.</p>
-
-<p>Si la llamada <i>libertad de la Prensa</i>, entendida, no
-como un derecho individual, sino como una <i>concesin
-temporal</i> del poder supremo, y, por lo tanto, <i>revocable</i>, y
-aun as limitada <i>por las leyes</i> que castigan las transgresiones
-de la doctrina <i>catlica</i> y del orden poltico y social
-constituyen un principio <i>catlico-liberal</i>; y si la previa
-censura forma parte integrante del uso de esta libertad
-para que sea compatible con el catolicismo.</p>
-
-<p>Qu entiende la Santa Iglesia Romana por <i>liberalismo</i>;
-si es lo mismo que sistema <i>parlamentario</i> y <i>constitucional</i>...</p>
-
-<p>Si los catlicos, al defender el catolicismo y los derechos
-de la Santa Iglesia Romana, deben ajustar sus acciones
-a la legalidad establecida en los diferentes pases,
-utilizando los medios que ella les proporcione, o si es
-ms conveniente que contentndose con la <i>obediencia
-pasiva</i> a los Poderes constitudos, se separen de aqulla<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span>
-y unidos trabajen para conseguir sus fines. Cul es, en
-resumen, la conducta que deben seguir en las actuales
-circunstancias, y si es <i>completamente libre</i> opinar y obrar
-en uno u otro sentido.&mdash;<i>ngel Garca Goi.</i>&mdash;Madrid,
-abril 14 de 1877.</p>
-
-<p>Es este un trabajo de casustica poltica espaola, que
-os abre un mirador hacia el panorama moral de la Nacin.
-La Iglesia, unida al Estado cada da ms, a pesar
-de las expropiaciones territoriales, de las reacciones
-progresistas y de los trabajos del radicalismo. La libertad
-y la individualidad&mdash;dice Georges Lain&mdash;son sentimientos
-accidentales que Espaa ha siempre desconocido.
-La antigedad y el Oriente no han imaginado otra
-forma de gobierno que el despotismo fantico y sospechoso,
-de tiranos, que se inmiscuyen en la intimidad de
-las conciencias. Espaa no ha podido desprenderse de
-esa concepcin, ni bajo el rgimen del librepensador
-Carlos III, ni bajo la del intolerante Felipe II; el libre
-pensamiento castellano no fu entonces sino una variedad
-nueva de la intolerancia y del despotismo; si hubiese
-osado suprimir la religin del Estado, hubiera
-sido para reemplazarla por una filosofa del Estado;
-pero bruscamente, sin preparacin, el siglo XIX rompi
-ese molde social.</p>
-
-<p>Mal podra yo, catlico, atacar lo que venero; mas no
-puedo desconocer que el catolicismo espaol de hoy
-dista en su pequeez largamente aun del terrible y dominante
-catolicismo de los autos de fe. Esa corrompida
-dominacin religiosa de Filipinas ha sido, como bien
-lo conoce ya el mundo, la causa principal de la prdida
-cuya fatalidad no hubo un juicio certero que la presintiese.
-Habiendo perdido su podero antiguo, la clereca
-no tom siquiera el rumbo que podra levantarla a su
-justo puesto en Espaa catlica, en donde, ya que no
-como cuerpo, particularmente se protegiesen las artes
-y las ciencias. No es un sueo de poeta el pensar como
-el escritor que antes he citado, en el papel reservado a<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>
-la Iglesia en lo porvenir, con tal de que la barca simblica
-fuese con buen timonel: la Iglesia, dice, es una admirable
-institucin, porque reposa sobre el amor y es
-el eterno asilo de todos los Franciscos de Ass, de todas
-las santas Teresas, de todos los Vicentes de Pal del futuro.
-Todos los que aman, todos aquellos para quienes
-el amor es el nico fin de la existencia, se lanzarn un da
-hacia la Iglesia, sea que&mdash;por privilegio de Dios&mdash;entren
-directamente, sea que, paganos, les haya sido preciso,
-de desilusin en desilusin, seguir el camino indicado
-por Platn: del amor de los bellos cuerpos ascender
-al amor de las ideas, de la Venus terrestre a la Venus
-celeste.</p>
-
-<p>Y en Espaa, en donde el catolicismo forma parte, o
-est unido tan ntimamente al alma general, a tal extremo
-que Espaa ha de ser siempre catlica o no ser;
-quiz en el tiempo venidero, en el resurgimiento que ha
-de cumplirse, reverdezca el rbol nuevo, ya que no con
-las pompas escarlatas de la hoguera y del auto de fe, en
-la luz de la vida nueva, en la gloria de la intelectualidad,
-libre de las manchas grises, de las taras vergonzosas
-que ahora contribuyen al descrdito de la alta doctrina;
-la locura de la cruz no es la insensatez de la
-cruz.</p>
-
-<p>Oh s! el Mximos de Ibsen podra venir, ms no sera
-sino el mismo soberano Jesucristo, un emperador galileo
-cuyo fin sera siempre la paz y el triunfo de la verdadera
-vida. El Anticristo naci en este siglo en Alemania;
-conquist muchas almas; se apasion primero por
-el Graal santo y reneg luego de su mayor sacerdote;
-cre el tipo de soberbia humana, o superhumana, aplastando
-la caridad de Jess; predic el odio al doctor de
-la Dulzura; desat o quiso desatar los instintos, los sexos
-y las voluntades; consigui un ejrcito de inteligencias,
-y se cumpli por l ms de una profeca. Pero el
-Anticristo alemn est en el manicomio, y el Galileo ha
-vencido otra vez.</p>
-
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a class="label" href="#FNanchor_1_1"><span>[1]</span></a> Lo subrayado est en el manuscrito.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p>
-
-
-<h2>SEMANA SANTA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 86px;">
-<img src="images/img009.jpg" width="86" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">31 de marzo.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-s.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Sevilla</span> rebosa de forasteros; Toledo lo
-propio; a Murcia van los trenes llenos
-de viajantes. No faltan en las estaciones
-los indispensables ingleses provistos de
-sus minsculas detective. Es en las
-provincias en donde la santa semana atrae a los turistas.
-Madrid es religiosamente incoloro, y lo que hace
-notar que se pasa por estos das de fiestas cristianas, es
-que desde ayer, por decreto del alcalde&mdash;un descendiente
-del ilustre Jacques de Liniers&mdash;, no circulan durante
-el da vehculos por la capital. Las campanas no
-suenan, reemplazadas litrgicamente por las matracas,
-y jueves y viernes estas mujeres amorosas en la devocin,
-recorren las calles cubiertas con sus famosas
-mantillas. En medio de la multitud, algo he advertido
-de una vaga y dolorosa tristeza. Se escucha que viene a
-lo lejos una suave msica llena de melancola; despacio,
-despacio. Luego se va acercando y se oye una cancin,
-seis voces, dos femeninas, dos de hombre, dos infantiles.
-El coro pasa, se dira que se desliza ante vuestros ojos
-y a vuestros odos. Son ciegos que van cantando canciones,
-pidiendo limosna. Se acompaan con violines, guitarras
-y bandolinas. Con sus ojos sin da miran hacia el
-cielo, en busca de lo que preguntaba Baudelaire. Lo
-que cantan es uno de esos motivos brotados del corazn
-popular, que dicen, en su corta y sencilla notacin, cosas<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>
-que nos pasan sobre el alma como misteriosas brisas
-que hemos sentido no sabemos en qu momento de
-una vida anterior. Se dira que esos ciegos han aprendido
-su msica en monasterios, pues traen sus voces
-algo como piadosa resonancia claustral. La concurrencia
-que va al paseo no para mientes. Por los balcones
-asoman unas cuantas caras curiosas. De lo ms alto de
-una casa, de una pobre buhardilla, cae para los ciegos
-una moneda de cobre.</p>
-
-<p>En las iglesias se ostentan las pompas sagradas. Los
-caballeros de las diversas Ordenes asisten a las ceremonias.
-La indumentaria resucita por instantes pocas enterradas.
-Mas ayer se cumpli con una antigua usanza
-en la mansin real que, con toda verdad, ms que ninguna
-otra manifestacin, ha podido llevar los espritus
-hacia atrs, en lo dilatado del tiempo. Me refiero al acto
-de lavar los pies a los pobres y reunirles a la mesa, la
-reina de Espaa. Esta costumbre arranca de siglos; instituyla
-Fernando III de Castilla en 1242.</p>
-
-<p>Desde muy temprano el patio de palacio se fu llenando
-de gente. Visto desde lo alto era una aglomeracin
-oleante de mantillas, sombreros de copa, oros y colores
-de uniformes. Suena un son de pfanos. Es el desfile
-pintoresco de las alabardas. Medio da. Compases
-de un himno por una banda de palacio, y la familia
-real se presenta en marcha hacia la capilla. Por un momento
-desaparece el rumor de la vida actual. Esa aparicin
-nos hace pensar en un mundo distinto, en apariencias
-encantadoras que a las alturas de esta poca
-ruda para la poesa de la existencia, tan solamente surgen
-a nuestra contemplacin en el teatro o en el libro.
-He aqu que esta buena archiduquesa que sostiene hoy
-la diadema de Su Majestad Catlica, brota de un cuadro,
-sale de una pgina de vieja historia, se desprende de un
-cuento; toda blanca, real, tristemente majestuosa, pues
-no alcanza a ocultar que su alma no es un lago tranquilo.
-De sus espaldas se extiende el gran manto; la larga cola<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span>
-prtala un hidalgo, el mayordomo marqus de Villamayor.
-El continente impone, el gesto habla por la raza.
-Por corona lleva Mara Cristina una constelacin de
-brillantes, y sutil como una onda de espuma, la mantilla
-blanca le cubre el casco de la cabellera. La princesita
-de Asturias, que ya viste de largo, va toda ella hecha
-una rosa, rociada de perlas. Hay en esa joven una distincin
-graciosa que seduce en medio de la corte, y que
-no adverts en los retratos expuestos en los escaparates
-de los fotgrafos y que dan la figura un tanto picante de
-una modistilla. La infanta Isabel&mdash;muy simptica para
-todos los madrileos, y absolutamente Borbn&mdash;va de
-un amarillo triunfante, y sobre la magnificencia de su
-manto heliotropo resplandecen las joyas. El altar arde
-en luces y oros. Los prncipes y los cortesanos parecen
-orar, con uncin y fe. Calvas ebrneas, barbas blancas
-sobre estrellas de oro y de piedras preciosas, galones
-y entorchados, se inclinan al movimiento de los
-oficios. Serenamente armoniosa, la msica de la capilla
-despierta a Mozart. Como un incienso se esparce por los
-mbitos, envuelve todos los espritus, as entre tantos se
-erijan los incrdulos, la <i>Primera Sinfona</i>.</p>
-
-<p>En el Saln de las Columnas el gran crucifijo central
-est envuelto en un lienzo violeta, en el altar, que se
-destaca sobre un tapiz de asunto religioso. En las tribunas,
-con los ministros, entre el Cuerpo diplomtico y
-los Grandes de Espaa, estn la infanta Isabel y la duquesa
-de Calabria y la princesa de Asturias.</p>
-
-<p>En los lados del saln, sentados en bancos negros,
-hay doce mujeres pobres y trece hombres pobres. No
-s que vaga luz brota de esas humildes almas en las
-miradas.</p>
-
-<p>Suenan las dos palmadas de costumbre; es que se
-acerca la reina con su squito. La reina viene a paso
-augusto, entre el obispo y el nuncio. Precdela un grupo
-de religiosos y cantores, y una cruz alta. <i>Ante diem
-festum Pasch</i>... resuena la voz del subdicono; la msica,<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span>
-el canto vuela sobre el recinto. De pronto, Mara
-Cristina est ya cindose una toalla, mientras las duquesas,
-llenas de diamantes, las condesas fastuosas, descalzan
-a los convidados miserables. La reina con una
-esponja y con la toalla enjuga los lamentables pies de
-esas gentes, que en un halo de inexplicable asombro
-deben sufrir extraa angustia. El representante del papa
-vierte el agua de un nfora. Os aseguro que por todo
-pecho presente pasa una conmocin. Y en ese mismo
-instante, dos voces hablaban al odo del observador meditabundo.
-La una era la del demonio de la calle, el demonio
-de la murmuracin que se cuela por los misterios
-de las casas y se propaga en la frase afilada por la
-inevitable malignidad humana. Esa voz hablaba a la
-oreja izquierda y deca: Es hermoso, es de un simbolismo
-grandioso y conmovedor ese acto de humildad que
-recuerda a las Isabeles de Hungra, que nos aleja del
-ambiente contemporneo asfixiante de egosmo, quemante
-de odio y de mentira; pero... y la miseria? Y
-los innumerables mendigos que andan por la Corte y
-por toda Espaa crujiendo de hambre? Y los martirios
-de Montjuich? Y el anarquismo, flor de los parias? Y
-la prostitucin infantil instalada a los ojos de la capital
-de S. M. Catlica? Y continuaba: Por ah se dice
-que la austriaca es avara; que manda arreglar el calzado
-y los vestidos usados de las infantitas; que hace
-pagar su pupilaje en palacio a la infanta Isabel; que
-su caridad no se demuestra esplndida en demasa; que
-en Londres est acaparando millones; que la duquesa de
-Cnovas, a quien ella antes llamara la reina de la Guindalera,
-la gratifica justamente con el apodo de la institutriz...
-Mas la voz que hablaba a la oreja derecha deca:
-No, no hay que proclamar la injusticia o la mala
-visin como una ley de verdad. Esa noble seora est
-en una altura que hay que apreciar de lejos; y poco
-harn en su contra las murmuraciones ulicas, los despechos
-palaciegos. Su misin maternal es admirable, y<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>
-las tempestades que han pasado por la corona de torres
-de la Patria la han visto siempre digna y ejemplar, sosteniendo
-la infancia endeble de su hijo, dolorida por
-las penas nacionales, triste en su viudez hasta hoy libre
-de calumnia. Ciertamente, no es una Isabel II, por ninguna
-clase de generosidad. No derrocha, pero sostiene
-asilos, da justas y silenciosas limosnas. Es una reina
-buena.</p>
-
-<p>Y hela all, en el saln de armas, sirviendo a los mismos
-pobres a la mesa. Le ayudan varios seores en su
-tarea. Esos <i>garons</i> de semejante comedor se llaman el
-marqus de Ayerbe, el duque de Sotomayor, el duque
-de Granada de Ega, el conde de Revillagigedo, el marqus
-de Comillas, el conde de Atars, el marqus de
-Santa Cristina, el marqus de Velados. Todos pudieran
-entrar en un parlamento huguesco; todos se cubren
-ante el rey, todos tienen a la cintura la llave de oro.
-As las damas que descalzaron a los miserables eran una
-condesa de Sstago, una duquesa de Medina Sidonia,
-una marquesa de Molns, una de Sanfelices. Desde lo
-alto, en el soberbio techo&mdash;<i>Giaquinto pinxit</i>&mdash;todo un
-revuelto Olimpo, de un paganismo rococo, se debata,
-en vibrantes fugas de colores sobre las magnificencias
-catlicas.</p>
-
-<p>Esta ha sido para m ms que la procesin mediocre,
-o las celebraciones eclesisticas en los templos, la verdadera
-nota principal de la semana santa en la corte
-espaola. Pues si hoy la reina, en el ceremonial del
-viernes santo en la capilla real, ha hecho cambiar por
-cintas blancas las cintas negras de los procesos, al indultar
-a los reos de muerte, despus de besar el <i>lignum
-crucis</i>, ayer, ha estado, en un acto antiguo, ms cerca de
-Jesucristo.</p>
-
-<p>Espaa es verdaderamente religiosa? Creo que, en
-el fondo, no. Cuenta Georges Lain que pregunt a un
-sacerdote gaditano: Hay una corriente de opinin republicana
-muy marcada en el bajo pueblo de Cdiz?<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>
-El sacerdote le contest: Todos los obreros de Cdiz
-son republicanos, anticatlicos, y, un gran nmero,
-anarquistas. Puede tambin asegurarse que la mayora
-de los obreros de toda Espaa es poco religiosa, influda
-por corrientes liberales primero y luego por la cuestin
-social. En Barcelona, principalmente, el viento
-nuevo ha desarraigado mucho rbol viejo. En Andaluca,
-en Castilla buena parte del clero ha contribudo,
-con su poco cuidado de los asuntos espirituales, a debilitar
-las creencias. El alto clero espaol cuenta con
-cabezas eminentes, con sabios y con varones virtuosos;
-pero en las regiones inferiores no es un mirlo blanco el
-sacerdote de sotana alegre, amigo de juergas, de guitarras
-y mostos. La navaja no es tampoco, en ciertos
-ejemplares, desconocida.&mdash;El sacerdote sanguinario y
-cruel no ha sido escaso en las guerras carlistas. En
-cuanto a moralidad, es ste el pas en donde el ama
-del cura y las sobrinas del cura son tipos de comedia
-y cantar. Ello no quiere decir que, como en toda via
-humana y en la del Seor, no haya casos de correccin
-y de virtud evanglicas. El cura de aldea de aquel honesto
-Prez Escrich no abunda, pero se puede encontrar
-en la campaa espaola. La enseanza religiosa en la
-Espaa interior se queda en lo primitivo, en la pltica
-pastoral que precede a la idolatra catlica de figuras
-tambin primitivas; en las procesiones originalsimas.&mdash;En
-la Espaa negra de Verhaeren y Regoyos podis
-observar curiosos croquis. En San Juan de Tolosa, por
-ejemplo, en Guipzcoa, donde existen esas esculturas
-brbaras que hacen decir al escritor: El rezar cara a
-cara con estos Nazarenos y Santos debe hacer reir o
-alucinar. En efecto, son figuras, <i>bonshommes</i> como labrados
-a hacha, con asimetras deformes y aires de idiotismo
-o de malignidad; Cristos de rostros funestos, o
-como dibujados por James Ensor, Cristos <i>que dan miedo</i>,
-bajo sus cabelleras de difuntos, entre los nichos oscuros
-de los altares. La semana santa en Guipzcoa; los pasos<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span>
-de Azpeitia con sus siniestras estatuas, son otra cosa que
-la semana santa de Sevilla, con sus esculturas artsticas,
-sus palios lujosos, sus pasos con imgenes de arte, sus
-vrgenes vestidas como emperatrices bizantinas: todo
-oro, terciopelo, hierro, y ms oro; y las saetas, esos
-cantos que brotan en su aguda tristeza, quejidos del
-pueblo, dolorosas y sonoras alondras de una raza. O la
-semana santa de Toledo, entre la antigedad gris y seca
-de esa petrificacin de tiempo. En las fiestas de San
-Juan Degollado, en la isla de Gaztelugache, cerca del
-cabo Machichaco, puede verse an la Edad Media, con
-la devocin idlatra y temerosa, los romeros y penitentes
-que suben una cuesta de rodillas, despedazndose
-sobre la piedra. Los nios van vestidos de negro y violeta.
-Y los disciplinantes de Rioja, en San Vicente de la
-Sonsierra: hombres que se destruyen las espaldas con
-azotes, a la vista del pblico, y luego, cuando el lomo
-est todo amoratado de golpes o hinchado de disciplinazos,
-se les raya con bolas de cera llenas de vidrios
-filosos. Regoyos nos cuenta de otros martirios, como el
-ir tocando una gran campana por las calles, o pasar con
-los pies descalzos sobre pedruscos y chinas. All la sangre
-humana se vierte en realidad cada jueves santo.</p>
-
-<p>Pero junto a todas esas manifestaciones de religiosidad
-nefasta y milenaria encontraris siempre la guitarra,
-el vino, la hembra. El torero tiene una imagen a la
-que reza antes de ir a la corrida, a la fiesta de la sangre.
-Los antiguos peregrinos que iban a Santiago de Compostela
-con el bordn y la calabaza eran excelentes pillos
-y bandoleros que hubo que perseguir. En ciertas
-procesiones andaluzas hay pleitos por si una santa virgen
-vale ms que otra, y al elogiar a la propia imagen
-se injuria con eptetos de la hampa a la santa imagen
-contraria. Se forman partidos por este o aquel Cristo,
-por este o aquel santo milagroso. En Galicia pasa lo
-propio. Un escritor gallego me cuenta que un to suyo
-muy devoto, despus de sufrir un gran dolor moral, se<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>
-encerr en su gabinete, y con una filosa faca se puso a
-dar de pualadas a un Crucifijo familiar. No es raro
-que al ir a dejar a la iglesia en los pueblos, a una imagen,
-los conductores se detengan un rato en la taberna.
-En 1820 los madrileos saquearon el palacio de la Inquisicin;
-degello de frailes ha habido que quedar
-por siempre famoso. Espaa es el pas catlico por excelencia;
-pero Rothschild ha sido el amo por intermedio
-del judo Bauer; y se ha transigido por razones muy
-humanas, con la fundacin de templos protestantes.</p>
-
-<p>El fanatismo espaol, segn Buckle, se explicara por
-las luchas con las invasiones arbigas; pero Ives Guyot
-hace notar, con justicia, que antes haba habido los grandes
-choques con los visigodos arrianos. La conversin
-de Recaredo seala un buen punto de partida. De lo
-ms remoto parte la veta religiosa, desde la venida de
-los primeros cristianos. No hay lugar importante de
-Espaa que no guarde el recuerdo tradicional o histrico
-de un santo o de un apstol cristiano. San Pablo desembarc
-en las costas levantinas, y Tarragona pretende
-que fu el fundador de su iglesia. En Btica fu la conversin
-del prefecto Filoteo, del magnate Probo y su
-hija Xantipa. El mismo apstol estuvo en Andaluca, en
-cija y en otros puntos de la Pennsula. cija tuvo a
-San Rufo, obispo nombrado por San Pablo Narbonense;
-Santiago estuvo en Braga, en donde fu primer obispo.
-El viaje de la cabeza de Santiago, con los Siete Discpulos,
-en la <i>parva navis</i>, es una hermosa perla de tradicin
-narrada en el latn del Cerratense. La cabeza de Santiago
-destruy el ltimo templo de Baco: <i>Liverum novum</i>:
-pero ya quedaba el vino! San Pedro envi a otros discpulos.
-Geroncio qued en Italia. Pamplona recuerda a
-Saturnino y Honesto; Marmolejo a Mximo; Guadix a
-Torcuato; Granada a San Cecilio; vila a San Segundo;
-Tarifa a San Esicio; Andjar a San Eufrasio; Cabra a
-San Texifonte; Almera a San Indalecio. Zaragoza pretende
-tener la primera iglesia fundada en Espaa: all<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>
-triunfan los mrtires y la Pilarica. Toledo tuvo a San
-Eugenio, en tiempo del papa Clemente. Gerona cuenta
-con San Narciso. Por todas partes retoa, si regis un
-poco, la raz cristiana, por tantos motivos; pero la savia
-pagana de la tierra no est destruda. La latina se explica.
-Se gusta en las procesiones de la pompa, de los oros
-lujosos, de la decoracin de las imgenes, y con el pretexto
-de la devocin se da suelta a los nervios y a la
-sangre, floreciendo de rojo la Espaa Negra. No se abandonan
-los asuntos de este mundo por los del otro; y la
-Inquisicin misma, en sus orgenes, tuvo ms causas
-polticas que religiosas. El quemadero despus agreg
-ese halago terrible al divertimiento popular; auto de fe
-o corrida de toros viene a dar lo mismo. En ciertos
-templos andaluces el catolicismo deja ver a travs de
-sus adornos y smbolos las lneas y arabescos moriscos:
-en las almas pasa algo semejante. Cierto es que Mahoma
-sonre ms que Jesucristo en los ojos sevillanos de bautizadas
-odaliscas.</p>
-
-<p>Pas de Carlos V, de Felipe II, de Carlos II <i>el Hechizado</i>;
-pas de la expulsin de los judos y de los moros:
-su fe no llega muy a lo profundo. Creedme: la brava
-Espaa llev la cruz al mundo nuevo nuestro, a lejanas
-tierras, la impuso por la fuerza, de manera kornica;
-prtala sobre el oro de la corona, sobre la cpula del
-palacio real; pero Espaa es como la espada: tiene la
-cruz unida a la filosa lmina de acero.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p>
-
-
-<h2>TOROS!</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img008.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">6 de abril de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Los</span> durazneros alegres se animan de rosa;
-el Retiro est todo verde, y con la primavera
-llegaron los toros. Se han vuelto
-a ver en profusin los sombreros cordobeses,
-los pantalones ajustados en absurda
-ostentacin calipigia, las faces glabras de las gentes
-de redondel y chuleo. El da de la inauguracin de las
-corridas fu un gran da de fiesta. Pude saludar varias
-veces por la calle de Alcal al espritu de Gautier. Era
-el mismo ambiente de los tiempos de Juan Pastor y
-Antonio Rodrguez; las calesas estacionadas a lo largo
-de la va, las mulas empomponadas, los carruajes que
-pasan llenos de aficionados y las mantillas que decoran
-tantas encantadoras cabezas. Parece que en el aire fuese
-la oleada de entusiasmo; todo el mundo no piensa sino
-en el prximo espectculo, no se habla de otra cosa; las
-corbatas de colores detonan sobre las pecheras; las chaquetas
-parece que se multiplicasen, los cascabeles suenan
-al paso de los vehculos; en los carteles chillones
-se destaca la figura petulante del Guerra. El Guerra!...</p>
-
-<p>Su nombre es como un toque de clarn, o como una
-bandera. Su cabeza se eleva sobre las de Castelar, Nez
-de Arce o Silvela; es hoy el que triunfa, el amo del
-fascinado pueblo. El Guerra! Andalusamente, Salvador
-Rueda, no hallando otra cosa mejor que decirme de su
-torero, me clava: Es Mallarm! Vamos, pues, a los toros.</p>
-
-<p>Se ha dicho y repetido por todas partes que el gusto<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>
-por las corridas de toros se iba perdiendo en Espaa, y
-que la civilizacin las hara pronto desaparecer; si la
-civilizacin hace eso, tanto peor para ella, pues una corrida
-de toros es uno de los ms bellos espectculos que
-el hombre puede imaginar. Quin ha escrito eso? El
-gran Theo, el magnfico Gautier, que vino tras los
-montes a ver las fiestas del sol y de la sangre; Barrs,
-despus, hallara la sangre, la voluptuosidad y la muerte.
-Es explicable la impresin que en el hombre que
-saba ver haran las crueles pompas circenses. No es
-posible negar que el espectculo es suntuoso; que tanto
-color, oros y prpuras, bajo los oros y prpuras del cielo,
-es de un singular atractivo, y que del vasto circo
-en que operan esos juglares de la muerte, resplandecientes
-de sedas y metales, se desprenden un aliento
-romano y una gracia bizantina. Artsticamente, pues,
-los que habis ledo descripciones de una corrida o
-habis presenciado sta, no podis negar que se trata
-de algo cuya belleza se impone. La congregacin de
-un pueblo solar a esas celebraciones en que se halaga
-su instinto y su visin, se justifica, y de ah el endiosamiento
-del torero.</p>
-
-<p><i>Nodier raconte qu'en Espagne...</i> Fcil es imaginarse el
-entusiasmo de Gautier por esta Espaa que apareca en
-el perodo romntico como una pennsula de cuento;
-la Espaa de los <i>chteaux</i>, la Espaa de Hernani y otra
-Espaa ms fantstica si gustis, y la cual, aun cuando
-no existiese, era preciso inventar. Esa vena en la fantasa
-de Gautier, y los toros vistos por l correspondieron
-a la mgica inventiva. En la calle de Alcal le
-arrastr, le envolvi el torbellino pintoresco; los calesines,
-las mulas adornadas, los bizarros jinetes, las tintas
-violentas calentadas de sol de la tarde, los caractersticos
-tipos nacionales. El arte le ase a cada momento y
-si un tronco de mulas le trae a la memoria un cuadro
-de Van der Meulen, un episodio torero le recordar ms
-tarde un grabado de Goya. Aqu encuentra la famosa<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>
-manola, que ha de hacerle escribir una no menos famosa
-cancin cuyos <i>alza! hola!</i> se repetirn en lo porvenir
-a la luz de los <i>caf-concerts</i>. El detalle le atrae;
-documenta y hace sonreir la sinceridad con que corrige
-a sus compatriotas buscadores de color local: se debe
-decir <i>torero</i>, no <i>toreador</i>; se debe decir <i>espada</i>, no <i>matador</i>.
-Ya enmendar luego la plana a Delavigne dicindole
-que la espada del Cid se llama tizona y no <i>tizonade</i>,
-para resultar con que hay una estocada en la corrida
-que se llama <i>a vuela pies</i>. Oh! el espaol de los franceses
-dara asunto para curiosas citas, desde Rabelais hasta
-Maurice Barrs, pasando por Vctor Hugo y Verlaine.
-Los toros atrajeron la atencin del poeta de los Esmaltes
-y Camafeos. Cuando iba a sentarse en su sitio, en la
-plaza, experiment&mdash;dice&mdash;un deslumbramiento vertiginoso.
-Torrentes de luz inundaban el circo, pues el sol
-es una araa superior que tiene la ventaja de no regar
-aceite, y el gas mismo no lo vencer largo tiempo. Un
-inmenso rumor flotaba como una bruma de ruido sobre
-la arena. Del lado del sol palpitaban y centelleaban
-miles de abanicos y sombrillas. Os aseguro que es ya
-un admirable <i>espectculo</i>, doce mil espectadores en un
-teatro tan vasto cuyo plafn slo Dios puede pintar con
-el azul esplndido que extrae de la urna de la eternidad.
-Despus sern las peripecias de los juegos, la magnificencia
-de los trajes y capas; los mismos sangrientos
-incidentes, caballos desventrados, toros heridos, y el
-pblico tempestuoso, un pblico de excepcin cuyo
-igual no sera posible encontrar sino retrocediendo a
-los circos de Roma; todo con sol y msica y clamor de
-clarines y banderillas de fuego. l hace su resumen:
-La corrida haba sido buena: ocho toros, catorce caballos
-muertos, un chulo herido ligeramente; no poda
-desearse nada mejor. Que por razones de imaginacin
-y sensibilidad artstica hombres como Gautier se contagien
-del gusto por los toros que hay en Espaa, pase;
-pero es el caso que ese contagio invade a los extranjeros<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span>
-de todo cariz intelectual, y no es raro ver en el tendido
-a un rubio <i>commis-voyageur</i> dando muestras flagrantes
-del ms desbordado contentamiento.</p>
-
-<p>Lo que es en Espaa ser imposible que llegue un
-tiempo en que se desarraigue del pueblo esta violenta
-aficin. Antes y despus de Jovellanos ha habido protestantes
-de la lidia que han roto sus mejores flechas
-contra el bronce secular de la ms inconmovible de las
-costumbres. En las provincias pasa lo propio que en la
-capital. Sevilla parece que regase sus matas de claveles
-con la sangre de esas feroces <i>soavetaurilias</i>; all las fiestas
-de toros son inseparables del fuego solar, de las mujeres
-clidamente amorosas, de la manzanilla, de la alegra
-furiosa de la tierra; la corrida es una voluptuosidad
-ms, y la opinin de Bloy sobre la parte sensual del
-espectculo encontrara su mejor pilar en el goce verdaderamente
-sdico de ciertas mujeres que presencian
-la sangrienta funcin. La Sevilla de las estocadas de
-Maara, de la molicie morisca, de las hembras por que
-se deslea Gutierre de Cetina, de las sangres de Zurbarn,
-de las carnes femeninas de Murillo, de las gitanillas,
-de los bandidos generosos, tiene que ser la Sevilla
-del clsico toreo. Bajo Fernando III ya los mozos de la
-nobleza tenan su plaza especial para el ejercicio del
-<i>sport</i> preferido. Partos reales o la toma de Zamora, se
-celebraban con toros. El cardenal arzobispo don Rodrigo
-de Castro prohibi durante un jubileo las corridas.
-La ciudad luch con su ilustrsima y venci apoyada
-por Felipe II. La corrida se da, y en ella</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i2">Veinte lacayos robustos</div>
-<div class="verse i0">con ellos delante salen:</div>
-<div class="verse i0">morado y verde el vestido</div>
-<div class="verse i0">espadas doradas traen,</div>
-<div class="verse i0">de ser don Nuo y Medina</div>
-<div class="verse i0">dan muestra y claras seales,</div>
-<div class="verse i0">que aunque vienen embozados</div>
-<div class="verse i0">no pueden disimularse.</div>
-</div></div></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span></p>
-
-<p>En tiempos de Felipe IV tore a caballo don Juan de
-Crdenas, un trun del duque, de excelente humor, con
-tanta destreza y bizarra, que al toro ms furioso di una
-muy buena lanzada: Mat S. M. tres toros con arcabuz&mdash;dice
-un revistero de la poca. Felipe V quiso sustituir
-la corrida por juegos de cabezas, pero lo francs fu
-derrotado por lo espaol. Ayer como hoy los toros <i>for
-ever</i>! No ha habido aqu poeta ni millonario que haya
-sido tan afortunado en favores femenidos como Pepe
-Hillo. Cierto es que en Pars y en nuestro tiempo, Mazzantini
-y ngel Pastor no han podido quejarse de las
-damas. En Zaragoza la aficin se pretende que viene
-desde los romanos. Don Juan de Austria fu obsequiado
-all con toros. A Felipe V le hicieron ver los aragoneses
-una corrida, de noche, en Cariena. Los navarros,
-entre un son de violn de Sarasate y un do pectoral de
-Gayarre, toros, y ello viene de antao. Soria, con sus
-fiestas de las Calderas, pues toros. Valencia, florida y
-armoniosa de colores y cantos, tena ya toreros en tiempo
-de Don Alfonso <i>el Sabio</i>. Y entre sus clebres aficionados
-cuenta a un conde de Peralada y Albatera, don
-Guilln de Rocafull. Y hasta en la Espaa del Norte, en
-la Espaa gris, aun cuando la Naturaleza proteste, la
-aficin procura su triunfo, y bajo el cielo empaado, en
-la tierra donostiarra, toros. Salamanca, toros. Toledo,
-Valladolid, toros. Solamente entre los catalanes no han
-vencido sino a medias los cuernos.</p>
-
-<p>No obstante, hay apasionados de la lidia que lamentan
-la decadencia torera; dicen que hoy no existe el
-amor al arte, que los espadas son simples negociantes,
-y los ganaderos, as sean descendientes de Coln, dan&mdash;como
-dice Pascual Milln, notable taurgrafo&mdash;toros
-raquticos, sin sangre, ni bravura, ni trapo. Los das
-pasados, en Aranjuez, conoc a un hombre atento y afable
-que, a travs de su conversacin con coleta, deja ver
-cierta cultura y buen afecto a Amrica. Me habl del
-Ro de la Plata, y de Chile, y de su amigo don Agustn<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span>
-Edwards. Es el clebre ngel Pastor. Sufre grandemente.
-En lo mejor de su carrera, todava fuerte y
-joven, ha tenido la desgracia de romperse un brazo.
-Ya no podr <i>trabajar</i>; la mala suerte le ha salido al
-paso peor que un toro bravo, y le ha cogido. Y habla
-tambin Pastor de lo malo que hoy anda el toreo, de la
-decadencia del arte, de lo <i>clsico</i> y de lo <i>moderno</i>, como
-hablara un profesor de Literatura o de Pintura. Pero
-no le falta el brillante gordo en el dedo y la consideracin
-de todo el mundo. El hotel mejor de Aranjuez es
-el suyo. Y la tradicional gentileza y obsequiosidad,
-suyas son tambin.</p>
-
-<p>Decadentes o no decadentes, los toros seguirn en
-Espaa. No hay rey ni Gobierno que se atreva a suprimirlos.
-Carlos III tuvo esa mala ocurrencia y luego se
-vieron sus defectos. Jovellanos, en su carta a Vargas
-Ponce, no tuvo empacho en sostener que la diversin
-no es propiamente nacional, porque Galicia, Len y
-Asturias han sido muy poco toreras. Qu gloria nos resulta
-de ella? exclamaba. Cul es, pues, la opinin de
-Europa en este punto? Con razn o sin ella no nos llaman
-brbaros porque conservamos y sostenemos las
-fiestas de toros? Neg el valor a los toreros, y proclam
-su general estupidez fuera de las cosas de la lidia. Sostuvo
-el dao que sta produca a la agricultura, pues
-cuesta ms la crianza de un buen toro para la plaza que
-cincuenta reses tiles para el arado; y a la industria,
-pues los pueblos que ven toros no son por cierto los
-ms laboriosos. En cuanto a las costumbres, el prrafo
-que dedica a la influencia de los toros en ellas quedara
-perfecto al injertarse en un captulo del <i>Cristophe Colomb
-devant les taureaux</i>, de Len Bloy. Hay una muy bien meditada
-pgina del cubano Enrique Jos Varona sobre la
-psicologa del toreo, en que encuentra la base humana
-del gusto por esas crueles diversiones, en el sedimento
-de animalidad persistente a travs de la evolucin de la
-cultura social. La teora no es flamante y antes que sostenida<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>
-por argumentos cientficos, estaba ya incrustada
-en la sabidura de las naciones.</p>
-
-<p>Pero si no hay duda de que colectivamente el espaol
-es la ms clara muestra de regresin a la fiereza primitiva,
-no hay tampoco duda de que en cada hombre hay
-algo de espaol en ese sentido, junto con el de la perversidad,
-de que nos habla Poe. Y la prueba es el contagio,
-individual o colectivo; el contagio de un viajero
-que va a la corrida llevado por la curiosidad en Espaa,
-o el contagio de un pblico entero, o de gran parte
-de ese pblico, como el de Pars o Buenos Aires, en
-donde la diversin se ha importado, corrindose el riesgo
-de que, si la curiosidad es atrada primero por el
-exotismo, venga despus la aficin con todas sus consecuencias.</p>
-
-<p>En Amrica, no creo que en Buenos Aires, a pesar de
-lo numeroso de la colonia espaola y de la sangre espaola
-que aun prevalece en parte del elemento nacional,
-el espectculo pudiese sustentarse por largo tiempo;
-pero pasada la cordillera, y en pases menos sajonizados
-que Chile, el caso es distinto. Desde Lima a Guatemala
-y Mjico queda an bastante savia peninsular para dar
-vida a la aficin circense.</p>
-
-<p>En cualquier pueblo, dice Varona, sera funesto para
-la cultura pblica espectculo semejante; entre los espaoles
-y sus descendientes, infinitamente ms. Las
-propensiones todas de su carcter, producto de su raza
-y de su historia, los inclinan del lado de las pasiones
-violentas y homicidas. Por lo que a m toca, dir que el
-espectculo me domina y me repugna al propio tiempo&mdash;no
-he podido an degollar mi cochinillo sentimental.</p>
-
-<p>Puesto que las muchedumbres tienen que divertirse,
-que manifestar sus alegras; seran ms de mi agrado
-pueblos congregados en sus das de fiesta, en un doble
-y noble placer mental y fsico, escuchando, a la griega,
-una declamacin, bajo el palio del cielo, desde las gradas<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>
-de un teatro al aire libre; o la procesin de gentes,
-hombres y mujeres y nios, que fuesen, en armoniosa
-libertad, a cantar canciones a las montaas o a las orillas
-del mar. Pero puesto que no hay eso, y nuestras
-costumbres tienden cada da a alejarse de la eterna poesa
-de las cosas y de las almas, que haya siquiera toros,
-que haya siquiera esas plazas enormes como los circos
-antiguos, y llenas de mujeres hermosas, de chispas, de
-reflejos, de voces, de gestos.</p>
-
-<p>Crame el nunca bien ponderado doctor Albarracn,
-que mis simpatas estn de parte de los animales, y que
-entre el torero y el caballo, mi sensibilidad est de parte
-del caballo, y entre el toro y el torero mis aplausos son
-para el toro.</p>
-
-<p>El valor tiene poca parte en ese juego que se estudia
-y que lo que ms requiere es vista y agilidad. No sera
-yo quien celebrase el establecimiento de una plaza de
-toros entre nosotros; pero tampoco batira palmas el da
-que Espaa abandonase esos hermosos ejercicios que
-son una manifestacin de su carcter nacional.</p>
-
-<p>No olvidar la impresin que ha hecho en m una salida
-de toros; fu en la corrida ltima.</p>
-
-<p>El oleaje de la muchedumbre se desbordaba por la
-calle de Alcal; cerca de la Cibeles pasaba el incesante
-desfile de los carruajes; la tarde conclua y el globo de
-oro del Banco de Espaa reflejaba la gloria del Poniente,
-en donde el sol, como la cola de un pavo real incandescente,
-o mejor, como el varillaje de un gigantesco
-abanico espaol, rojo y amarillo, tenda la simtrica
-multiplicidad de sus rayos, unidos en un diamante focal.
-Los ojos radiosos de las mujeres chispeaban tempestuosamente
-bajo la gracia de las mantillas; vendedoras
-jvenes y primaverales pregonaban nardos y rosas;
-flotaba en el ambiente un polvo dorado, y en cada
-cuerpo cantaban la sangre y el deseo, el himno de la
-nueva estacin. Los toreros pasaban en sus carruajes,
-brillando al fugaz fuego vespertino; una msica lejana<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>
-se oa y en el Prado estallaban las risas de los nios.</p>
-
-<p>Y comprend el alma de la Espaa que no perece, la
-Espaa reina de vida, emperatriz del amor, de la alegra
-y de la crueldad; la Espaa que ha de tener siempre
-conquistadores y poetas, pintores y toreros.</p>
-
-<p>Castillos en Espaa! dicen los franceses. Cierto: castillos
-en la tierra y en el aire, llenos de leyenda, de historia,
-de msica, de perfume, de bizarra, de color, de
-oro, de sangre, de hierro, para que Hugo venga y encuentre
-en ellos todo lo que le haga falta para labrar
-una montaa de poesa; castillos en que vive Carmen y
-se hospeda Esmeralda, y en donde los Gautier, los
-Musset y los artistas todos de la tierra pueden abrevarse
-de los ms embriagadores vinos de arte. Y en cuanto
-a vos, don Alonso Quijano <i>el Bueno</i>, ya sabis que siempre
-estar de vuestro lado.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></p>
-
-
-<h2>LA PARDO-BAZN EN PARS
-<br />
-UN ARTCULO DE UNAMUNO</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img010.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date p2">10 de abril.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-d.jpg" width="75" height="75" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Doa</span> Emilia est ahora por Pars; ha hablado
-a los franceses de la Espaa de ayer,
-de la Espaa de hoy y de la Espaa de
-maana... Como casi siempre, dos versiones
-llegan, una del xito de la conferenciante,
-otra del fracaso. Creo desde luego en la primera.
-Los franceses (fuera de la tradicional cortesa y
-de la no menos tradicional novelera) han odo en su
-idioma, a una mujer muy inteligente, muy culta, que les
-ha hablado desembarazadamente de un tpico que todava
-no ha perdido su actualidad; el problema espaol,
-despus de la <i>dbcle</i>. La seora Pardo-Bazn cuenta
-desde hace tiempo con largas simpatas y amistades del
-otro lado de los Pirineos, desde sus visitas al <i>desvn</i> de
-los Goncourt, desde <i>La cuestin palpitante</i>. Es colaboradora
-de ms de una revista parisiense, y luego, para su
-buena recepcin, tena la excelente guardia de honor
-de <i>La Fronde</i>. No deja de haber murmuradores que
-encuentran raro lo de que Espaa vaya a ser representada
-intelectualmente, en la Sociedad de Conferencias,
-por una mujer. Despus de todo&mdash;me deca un espiritual
-colega&mdash;es lo que tenemos ms presentable fuera
-de casa.</p>
-
-<p>Y ciertamente, como no fueran Menndez y Pelayo o<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span>
-Galds a Pars, en esta ocasin no s quin mejor que
-doa Emilia hubiera podido hablar en nombre de la
-cultura espaola. La de doa Emilia es variada y por
-decir as europea, a pesar de su siempre probado retorno
-al terruo despus de sus excursiones a tales o cuales
-islas mentales de pensadores extranjeros. En ella lo
-nacional no alcanza a ser ocultado completamente por
-propsitos de arte o pasiones intelectuales. Su catolicismo,
-por ejemplo, ha hendido como una vieja y fuerte
-proa, las oleadas naturalistas y las filosofas de ltima
-hora. Su forma literaria no ha podido asimilarse nunca
-nada extrao a la tradicin castellana; y encuentro de
-una justicia que no ha menester muchas demostraciones
-para vencer, sus pasadas tentativas para conseguir,
-lo que por derecho propio se le debe, un silln de la
-Real Academia Espaola.</p>
-
-<p>Y es un personaje simptico y gallardo, esta brava
-amazona que en medio del estancamiento, del helado
-ambiente en que las ideas se han apenas movido en su
-pas en el tiempo en que le ha tocado luchar, ha hecho
-ruido, ha hecho color, ha hecho msica y msicas, poniendo
-un rayo rojo en la palidez, una voz de vida en el
-aire, a riesgo de asustar a los pacatos, colocndose masculinamente
-entre los mejores cerebros de hombre que
-haya habido en Espaa en todos los tiempos.</p>
-
-<p>Es la seora Pardo-Bazn de cierta edad, todava guapa
-y exuberante de vida. Su trato es amensimo y desde
-el primer momento, si lo merecis, tenis su aprecio
-intelectual y se abre su amable confianza.</p>
-
-<p>Pocas veces puede encontrarse unida tan llana franqueza
-con tan inconfundible distincin. Vive en su casa de
-la calle Ancha de San Bernardo, en compaa de su madre
-la condesa viuda de Pardo-Bazn, de sus hijas las
-seoritas de Quiroga y su hijo don Jaime, que, entre
-parntesis, le ha resultado un gran partidario de don
-Carlos. En la casa se celebran con bastante frecuencia
-reuniones a que concurren personajes polticos y de la<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span>
-nobleza, y principalmente, hombres de letras y artistas.
-Puede asegurarse que no hay escritor o artista extranjero
-que no sea invitado a estas recepciones, y como
-doa Emilia habla la mayor parte de las lenguas europeas,
-se entiende con cada cual en su idioma. Sus libros
-han tenido una fama creciente en toda Europa y ha sido
-traducida la mayor parte de ellos en las principales naciones.</p>
-
-<p>Desde haca algunos das circulaba la noticia de que
-la seora Pardo-Bazn ira a Pars a dar una conferencia
-sobre Espaa. En el <i>Journal des Dbats</i> apareci un
-artculo de Boris de Tannemberg anunciando a los parisienses
-la llegada de la escritora, y poco despus, ella
-parta, en efecto, a llenar su compromiso.</p>
-
-<p>Ecos varios, como he dicho al comenzar, llegan de la
-conferencia, y en los extractos de ella aparecen, como
-puntos principales, las dos leyendas de Espaa, la leyenda
-urea y la leyenda negra.</p>
-
-<p>La leyenda <i>urea</i>, es decir, una Espaa heroica, noble,
-generosa, potente, cuna del valor y la hidalgua. La
-leyenda negra, una Espaa codiciosa, sangrienta, avara,
-inquisitorial, terriblemente peligrosa al progreso humano.
-La primera, dice la seora Pardo-Bazn, ha sida
-la causa de los desastres actuales. Ella se arraig tanto
-en el espritu de la Nacin, que form un pueblo optimista,
-quijotesco, vanidoso, que con castillos en el aire
-compensara su decadencia y su pobreza. Los hombres
-dirigentes, los guas de la poltica del reino en los ltimos
-aos, se dejaban cegar por los mirajes y perdan el
-concepto de la realidad.</p>
-
-<p>La leyenda negra tendra por origen la envidia de
-otras naciones, y sobre todo, las rivalidades religiosas
-y polticas empezadas desde el siglo XVI con el soplo
-del protestantismo que vea como su principal enemigo
-a la poderosa Espaa catlica de entonces. As lo comprende
-un erudito escritor, el seor Maldonado Macanaz,
-en un artculo que ha dado a la publicidad en esta<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span>
-ocasin. Pero de los tres puntos en que se basa la leyenda
-negra, que son la conquista espaola, la Inquisicin,
-la decadencia que se iniciaba en el siglo XVII y
-las figuras de Carlos I y de Felipe II, se desprende que
-no ha habido demasiada injusticia en Europa cuando
-se ha formado esa leyenda de color oscuro con bases
-tan innegablemente sombras. No habra manera de paliar
-las atrocidades de la conquista, pues aun suprimiendo
-la <i>relacin</i> del padre Las Casas, que es obra de
-varn verecundo y cristiano, no se pueden negar las imposiciones
-a sangre y fuego de los conquistadores, la
-deslealtad que ms de una vez salta a la vista, as en
-Mjico como en el Per, y tantas pginas rojas y negras
-que aportan su color a la leyenda. La inquisicin est
-en el mismo caso, pues aun concediendo, desde el punto
-de vista de una crtica especial, defensas de aquella
-institucin como lo hace Menndez y Pelayo, y aun observando
-que no solamente Espaa encendi las hogueras
-religiosas, resulta siempre que es en Espaa en donde
-el espritu inquisitorial hall su verdadera encarnacin;
-por ello el inquisidor de los inquisidores ser
-siempre el inquisidor espaol; ya a travs de la Historia,
-ya en el cuento de Poe, en el drama de Hugo o en
-el dibujo de Ensor. La leyenda urea constituye el lado
-nervioso del alma espaola, y solamente los desaciertos
-de los polticos de ltima hora han podido hacer que
-se empaase. Es la de una Espaa romntica, una Espaa
-generosa y grande que alza sus vastos castillos de
-gloria sobre la selva potica del Romancero; una Espaa
-de valor y de caballera que ha clavado en el
-bronce del tiempo, con nombres picos, toda una serie
-de nobles victorias, de orgullosas conquistas. Sobre su
-pintoresco escenario lleno de sol y de msica el alma
-espaola aun sustenta la grandeza y el brillo del pasado,
-digan lo que quieran los pesimistas y los que han
-perdido toda esperanza de regeneracin. No hace dao
-a Espaa, como doa Emilia cree, no le ha hecho dao<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>
-el recuerdo y mantenimiento de la leyenda de oro de
-su historia; sino que malaventurados polticos y ministros
-modernistas a su manera, hayan descuidado el
-cimentar el presente apoyados en la gloria tradicional.
-Para la reconstruccin de la Espaa grande que ha de
-venir, aquella misma urea leyenda contribuir con su
-reflejo alentador, con su brillo imperecedero. Espaa
-ser idealista o no ser. Una Espaa prctica, con olvido
-absoluto del papel que hasta hoy ha representado en
-el mundo, es una Espaa que no se concibe. Bueno es
-una Bilbao cuajada de chimeneas y una Catalua sembrada
-de fbricas. Trabajo por todas partes; progreso
-cuanto se quiera y se pueda; pero quede campo libre en
-donde Rocinante encuentre pasto y el Caballero crea
-divisar ejrcitos de gigantes.</p>
-
-<div class="asterism">
-<img src="images/tb.jpg" width="20" height="20" alt="" />
-</div>
-
-<p>Varias publicaciones de Madrid, desde hace poco,
-han empezado a ocuparse con alguna atencin de literatura
-hispanoamericana. Comenz el diario <i>El Pas</i>,
-sigui la <i>Revista Nueva</i>, interesante y de carcter moderno,
-y luego el conocido y afamado peridico <i>Vida
-Nueva</i>, ha comenzado a publicar una hoja mensual con
-el ttulo <i>Amrica</i> y que se dedicar, como su ttulo lo
-indica, al pensamiento americano. Como la direccin
-me pidiese un artculo de introduccin a dicha hoja,
-hcelo refirindome a uno del seor Unamuno, publicado
-en <i>La poca</i>, y en el cual, con motivo de la <i>Maldonada</i>
-de Grandmontagne, hablaba de las letras americanas
-en general y de las argentinas en particular, con un desconocimiento
-que tena por consecuencia una injusticia.
-El seor Unamuno es un eminente humanista, profesor
-de la antigua Universidad de Salamanca, en donde
-tiene la ctedra de literatura griega. Se ha ocupado de
-nuestra literatura gauchesca con singular talento; pero
-no conoce nuestro pensamiento militante, nuestro actual<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>
-movimiento y produccin intelectual. Comenc con
-tomar de un nmero de <i>La Nacin</i> datos del yanqui
-Carpenter y hacer un largo prrafo de estadstica. Luego
-dije lo que otras veces he dicho sobre nuestra escasa
-produccin, y sobre las esperanzas en un futuro proficuo.
-Y como l se refiriese al demasiado parisienismo
-que crea ver en la literatura de Buenos Aires, manifest
-lo que en este prrafo se ver:</p>
-
-<p>Hay que esperar. Amrica no es toda argentina; pero
-Buenos Aires bien puede considerarse como flor colosal
-de una raza que ha de cimentar la comn cultura americana;
-y desde luego, puede hoy verse como el solo contrapeso,
-en la balanza continental, de la peligrosa prepotencia
-anglo-sajona. Nuestras letras y artes tienen que
-ser de reflexin. No puede haber literatura en un pas
-que ha empezado por cimentar el edificio positivo de
-maana; despus de la base sociolgica, de la muralla
-de labor material y prctica, la cpula vendr labrada
-de arte. Por lo pronto, nos nutrimos con el alimento
-que llega de todos los puntos del globo. Hemos tenido
-necesidad de ser polglotas y cosmopolitas, y mucho
-tiempo antes de que la Real Academia Espaola permitiese
-usar la palabra <i>trole</i>, nos habamos hecho del aparato.
-Decadentismos literarios no pueden ser plaga entre
-nosotros; pero con Pars, que tanto preocupa al seor
-Unamuno, tenemos las ms frecuentes y mejores
-relaciones.</p>
-
-<p>Buena parte de nuestros diarios es escrita por franceses.
-Las ltimas obras de Daudet y de Zola han sido
-publicadas por <i>La Nacin</i> al mismo tiempo que aparecan
-en Pars; la mejor clientela de Worth es la de Buenos
-Aires; en la escalera de nuestro Jockey Club, donde
-Pini es el profesor de esgrima, la <i>Diana</i>, de Falguire,
-perpeta la blanca desnudez de una parisiense. Como
-somos fciles para el viaje y podemos viajar, Pars recibe
-nuestras frecuentes visitas y nos quita el dinero encantadoramente.
-Y as, siendo como somos un pueblo<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span>
-industrioso, bien puede haber quien en minsculo
-grupo procure en el centro de tal pueblo adorar la belleza
-a travs de los cristales de su capricho. <i>Whim!</i>&mdash;dira
-Emerson. Crea el seor Unamuno que mis <i>Prosas
-profanas</i>, pongo por caso, no hacen ningn dao a
-la literatura cientfica de Ramos Mexa, de Coni o a la
-produccin regional de J. V. Gonzlez; ni las maravillosas
-<i>Montaas de Oro</i> de nuestro gran Leopoldo Lugones
-perturban la interesante labor criolla de Leguicamn y
-otros aficionados a ese ramo que ya ha entrado en verdad
-en dependencia folklrica. Que habr luego una
-literatura de cimiento criollo, no lo dudo; buena muestra
-dan el hermoso y vigoroso libro de Roberto Payr,
-<i>La Australia Argentina</i> y las obras del popularsimo e
-interesante <i>Fray Mocho</i>.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p>
-
-
-<h2>EL REY</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 38px;">
-<img src="images/img011.jpg" width="38" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date p2">25 de abril.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Hace</span> algunas tardes, por un punto de la
-Casa de Campo en que suele turbar el
-silencio del bosque reverdecido de tropel
-de jacas, un jinete, el rodar de un
-<i>cup</i>, he visto pasar al rey Don Alfonso
-con su madre y sus hermanitas. Iba el carruaje despacio,
-y as pude observar bien el aspecto de Su Majestad
-infantil. No est tan crecido como los retratos nos lo
-hacen ver; pero muestra lo que se dice <i>une bonne mine</i>.
-Tiene la cara, ya sealadamente fijos los rasgos salientes,
-de un Austria; es la de Felipe IV nio. Es vivaz y
-sus movimientos son los de quien se fortifica por la
-gimnasia. Los ojos son hermosos y elocuentes, la frente
-maciza sera un buen cofre para ideas grandes; el cuerpo
-no es robusto, pero tampoco es canijo. La leyenda
-de un reyecito enclenque y cabezudo, de un nio raqutico,
-se ha concludo. El muchacho real ha pasado
-los peligrosos aos de su niez y entra en la pubertad
-con buen pie. No es esto decir que las leyes de herencia
-no puedan, cuando menos se piense, aparecer con
-sus imposiciones. La misteriosa aya plida, su dama
-blanca, puede presentarse cerca de l, en un instante
-inesperado; pero por hoy, Don Alfonso es prncipe que
-sonre, que monta a caballo, que hace sus estudios militares,<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>
-y si de esta manera contina, hay Borbn para
-largo tiempo.</p>
-
-<p>Es cierto que sus aos primeros han sido penosos y
-enfermizos, y que razn hubo en llegar a creer que podra
-hacerse trizas el frgil vaso al menor choque. Pero
-los cuidados de doa Cristina han sido excepcionales;
-a madre como esta reina, es difcil superarla. No se ha
-dado punto de reposo previndolo todo, dedicndose
-antes que a cualquier otro grave asunto a la salud de
-su hijo, preparando, mullendo el nido para su aguilucho,
-no teniendo su mayor confianza sino en s misma,
-y despus de velar por la vida fsica, trazar un plan de
-educacin, un mtodo de cultura moral. Este ya es otro
-captulo y habr que ver si el acierto ha guiado la obra.</p>
-
-<p>Desde luego, el rey Don Alfonso XIII ha tenido y tiene
-ayos honorables, de la ms pura nobleza, hombres
-de excelencia incomparable para guiar por buena senda
-los despiertos instintos de su prncipe; pero en nuestra
-poca se exige algo ms que eso; formar el alma, el
-carcter del rey, ensearle a dominar sus pasiones,
-darle lecciones de moralidad y de religin, es ya mucho;
-pero habra que ayudar a formarse al mismo tiempo
-al rey y al hombre; hacerle comprender el espritu
-de su tiempo, alargar sus vistas en el horizonte moderno;
-hacerle salvar los muros de la tradicin, prepararle
-para las exigencias de su poca. l aparece en un tiempo
-en que si los Maquiavelos son imposibles, los Lorenzos
-de Mdices son inencontrables.</p>
-
-<p>El profesor de Oviedo don Adolfo Posada se ha planteado
-en <i>La Espaa moderna</i> el problema de la educacin
-del rey; la dificultad de la educacin de un rey
-constitucional. Indudable: los monarcas absolutos no
-tienen delante de s ms que la demostracin de su podero;
-el prncipe, desde que tiene uso de razn, sabe su
-superioridad, su grandeza; la actitud de sus sbditos
-respecto a l, la costumbre del mando, la obediencia de
-los que le rodean, definen desde un principio el sistema<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>
-educativo que hay que seguir. De Burrho a Bossuet no
-hay gran diferencia. Ms la educacin de un monarca
-constitucional implica varias anomalas. Los reyes de
-hoy, los reyes con Cmaras y ministerios responsables,
-los reyes que reinan y no gobiernan, puede decirse que
-son simples personajes decorativos. Los antiguos esplendores,
-la misma parte esttica de la representacin
-real, adquiere hoy, en medio de su brillo cierto por el
-valor histrico, por sus viejos smbolos, un vago prestigio
-de pera cmica; y apena el confesar que las funciones
-ms respetables por la vieja resurreccin de soberbias
-costumbres palatinas y las pompas de los magnficos
-ceremoniales, evocan, a nuestro pesar, la necesidad
-de una partitura. La imaginacin del prncipe
-nio se impresiona desde el comienzo de su despertamiento
-a la existencia que le rodea, con las manifestaciones
-de una vida falsa o equvoca. No ser sino con
-harta dificultad que de la nocin de soberana que ha
-penetrado primero en su cerebro, pase a la nocin de
-una existencia democrtica. Los nios, esos pequeos
-salvajes&mdash;dice el seor Posada&mdash;, no conciben sino reyes
-completos. En palacio, la manera de ser para con l
-de las personas que le rodean, afianza por una parte en
-el prncipe la posesin de su papel de <i>rey completo</i>; no
-ser sino con mucha dificultad que se le inculcar luego
-el legtimo valor de esas demostraciones, la significacin
-de su rango de simple porta-corona. Don Alfonso,
-por ejemplo, sabe ya que es el jefe absoluto, pues
-los viejos generales inclinan ante l sus barbas blancas:
-sabe que tiene el toisn de oro sobre su uniforme
-de cadete&mdash;pasajero uniforme que ser maana sustitudo
-por el de generalsimo&mdash;; sabe que es el rey. Conozco
-una bonita ancdota. Un da, por alguna pequea
-falta no s si en sus lecciones o en otra cosa, fu
-castigado con encierro. El nio se debata entre los ayos
-que le llevaban a su prisin, pero la orden se cumpli.
-Entonces, ya encerrado, Don Alfonso daba grandes voces,<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>
-deliciosamente furioso. Se le deca que no gritase,
-y l contestaba: He de gritar ms fuerte! Que me oigan
-los espaoles! Que sepan que tienen preso a su rey!
-Que vengan a sacarme los espaoles!</p>
-
-<p>Sabe, pues, que es el jefe de los espaoles; y la idea
-de su soberana no puede estar mejor arraigada. Pero
-s otra ancdota. Otro da, de paseo, se detuvo Don Alfonso
-delante de un naranjero. Hay que advertir que
-adora las naranjas, y que a esta edad, entre el globo de
-Carlos V y una naranja, se queda con sta. Pues he aqu
-que se detiene delante del naranjero y le dice: Dame
-unas naranjas; pero yo no tengo con qu pagrtelas.
-Imagnate, yo, el rey de Espaa, no tengo en el bolsillo
-ni una perrilla! Confesaba el pobre su pobreza con la
-ms encantadora desolacin. Ignoro si el naranjero le
-di las frutas y si los ayos le permitieron comrselas;
-pero ello revela que Don Alfonso sabe ya que los reyes
-de hoy no se comen todas las naranjas que quieren y
-que suelen andar sin un cuarto.</p>
-
-<p>Se dice que los primeros aos del rey han sido de
-cuidadoso aislamiento, que no se le ha puesto en contacto
-con otros nios de su edad, contacto tan necesario;
-que se le ha recludo, sin otra compaa para sus
-juegos que la de sus hermanas. Podra creerse por ello
-en una infancia entristecida, bajo la mirada de una madre
-que ha sido abadesa de un convento. Eso no es cierto.
-El rey ha tenido sus compaeros, naturalmente, escogidos
-entre la alta nobleza. El ms ntimo ha sido el
-jovencito hijo del conde la Corzana, por un lado Morny
-y por otro Sexto... Es claro que la reina vigila sus amistades
-y compaas. Otro nio ntimo del rey es el hijo
-del conde de Casa-Valencia. El cual hace algunos aos
-tuvo el siguiente dilogo con su amiguito coronado:
-Aqu no hay buenas carreras de caballos. Yo las voy
-a ver ahora muy buenas; y ustedes no. Cmo es eso?
-Me voy a Londres. To Antonio (Cnovas del Castillo)
-ha nombrado a pap embajador. Y cmo no lo he<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>
-sabido yo, el rey? dijo la minscula majestad en toda
-la posesin de su papel.</p>
-
-<p>En general los reyes son educados militarmente. En
-Espaa no se lleva tan a la alemana el mtodo, pero
-Don Alfonso conoce bien el manejo de las armas, ser
-buen jinete como su padre; y aunque no haga el caporal
-a la continua como uno de esos ferrados Hohenzollern,
-tiene amor a la carrera y se deca en estos das
-que pronto hara vida de guarnicin en la Academia de
-Toledo. Esto es de dudarse mucho, por la madre. S
-que en lo ntimo de la familia, la educacin del rey es
-lo ms burguesamente posible. La reina es en el hogar
-como cualquier respetable seora que se preocupa de
-los menores detalles de su <i>home</i>; sencilla y poco ostentosa
-hasta llegar a murmurar los descontentadizos cortesanos,
-de su avaricia. Qu quiere usted que hagamos&mdash;me
-deca un caballero&mdash;con una seora que le cobra
-su pupilaje a las infantas en Palacio y que manda
-poner medias suelas a los zapatos de sus hijas? Descartando
-las exageraciones, no creo que el pueblo prefiriese
-una reina derrochadora delante de la miseria
-que abruma a las clases bajas, a una reina econmica
-que hace lo que puede por socorrer los infortunios de
-los menesterosos; que es aclamada a la puerta de los
-asilos que visita y sostiene. Don Alfonso XIII no podr
-quejarse de no haber tenido en la entrada de la vida
-una ejemplar madre, una buena <i>mam</i>, que ha sido para
-l una encarnacin de la Providencia.</p>
-
-<p>Hubo un tiempo en que el rey estuvo casi invisible.
-Su salud era apagadiza, su aspecto no ayudaba a alentar
-a los partidarios de su dinasta. Se deca que era lo
-ms probable su muerte. Mas apareci por fin, en una
-recepcin. Se hallaba sentado en el Trono, junto a su
-madre y sus hermanas. El cuerpo diplomtico estaba
-delante de l. Se notaba que el nio real haba pasado
-por una crisis; pero sus grandes y brillantes ojos se iluminaban
-de vida. De pronto se vi una cosa inaudita<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>
-que pas, como un relmpago, sobre todos los protocolos.
-Un deseo vivo se haba despertado en aquella cabecita,
-y no hubo vacilacin para llenarlo. Don Alfonso,
-a la mirada de todos, di un salto, y antes que nadie pudiese
-detenerlo, se haba montado en uno de los dos
-leones de bronce que estn a los dos lados del Trono. El
-hecho podra tener su significado si el porvenir fuese
-propicio tras la disipacin de las tempestades. Asegrase
-que Zola, que vi en una temporada de verano en
-San Sebastin al pequeo rey, quiso pintarle ms tarde
-en uno de los captulos de su <i>Docteur Pascal</i>. Yo he
-vuelto a leer esta obra para confrontar el retrato, y si
-en Clotilde podra entrever los pensamientos de la reina
-que ansa penetrar en el futuro de su hijo, no puede reconocerse
-en el animado y gil monarca de Espaa ninguno
-de esos delfinitos exanges que no han podido
-soportar la execrable herencia de su estirpe, y se duermen,
-consumidos de vejez y de imbecilidad, a los quince
-aos. Moralmente, la formacin del rey fuera de la influencia
-maternal, depender de los preceptores. El
-ideal sera hacer primero <i>a man</i>, para en seguida dejar
-obrar el desarrollo del propio carcter, lograr el <i>self
-made king</i>. Qu preceptor a propsito? Un Saavedra
-Fajardo, un Bossuet o un Ernesto Curtius? Para un monarca
-esencialmente catlico, parecera de ley junto al
-prncipe, un religioso. Ms hoy los inconvenientes de
-tal sistema no necesitan demostracin. Las alharacas que
-levanta la presencia del padre Montaa, confesor de la
-reina, dejan sospechar lo que hara un preceptor con
-hbito de cualquier Orden. La educacin esencialmente
-religiosa est, pues, fuera de la pedagoga. La idea de
-Posada de la fundacin de una escuela especial en que
-el rey se instruyese, en relacin y contacto con otros nios,
-parece difcil, dadas las tradiciones de la monarqua
-en Espaa, a pesar de haber habido un seminario
-de nobles, en donde cuntase que el nio Fernando VII
-recibi un pelotazo, jugando con el nio Simn Bolvar.<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>
-Ms bien estara la adopcin de un sistema como el de
-la familia imperial germnica. El emperador Federico,
-despus de recibir su educacin palatina, se matricul
-en Bonn y el emperador Guillermo en el <i>Lyceum Fridericianum</i>
-de Cassel. Ambos se han puesto en contacto
-con los alemanes de su edad, han hecho vida comn
-con sus sbditos, y en el medio de los estudiantes, se
-han compenetrado con el alma del pas. Por lo dems,
-no puede ser mejor la sntesis de Posada: Un rey que
-en su infancia recibiera el influjo bienhechor del roce
-con los nios, que tratase a todo el mundo de igual a
-igual; un rey que pasara luego su juventud en medio de
-los jvenes de su edad y de todas las condiciones sociales
-en un Instituto adecuado, que asistiera luego en una
-Universidad o en varias a sus ctedras, viendo en ellas
-cmo las desigualdades humanas no son siempre cosa
-del nacimiento, sino obra del mrito personal y resultado
-del trabajo; un rey que estudiase su oficio, que viajara
-mucho, hasta por los pases donde sin reyes viven
-las gentes honrada y pacficamente; un rey as podra
-ser, ante todo, un buen ciudadano que llevara en el alma
-la ntima conviccin de que sus elevadas funciones, aun
-cuando llegaron a l por obra y milagro de la herencia,
-son funciones que deben desempearse en bien de la
-sociedad o del Estado, a quien, en definitiva, corresponde
-disponer de ellas. Mucho de bueno produjo en Don
-Alfonso XII su infancia de rey <i>en exil</i>, y mucho contribuyeron
-a la formacin del carcter del <i>Pacificador</i>
-esos primeros pasos por la vida como un simple particular&mdash;<i>Alfonso
-Garca y Prez</i>&mdash;, como l se sola llamar
-en los hoteles, en das del destierro.</p>
-
-<p>Hasta hoy ha habido que vencer toda suerte de obstculos
-y aquel admirable Cnovas no ha sido la menor
-fuerza para encaminar hacia el porvenir deseado al hijo
-de su hechura. Hay que recordar cmo ha sido la vida
-de este pequeo rey, puede decirse desde el vientre materno.
-El matrimonio de su padre con la austriaca&mdash;de<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>
-nacionalidad fatalmente desgraciada, tanto en Espaa
-como en Francia&mdash;despus de la pasajera luna de miel
-con Doa Mara de las Mercedes, que dura el espacio de
-una aurora, en el Aranjuez tan lricamente florecido en
-los versos de <i>Don Carlos</i>; los aos de un matrimonio no
-del todo amoroso y semiturbado por sta y aquella expansin
-de Don Alfonso XII, cuyo excelente humor estaba
-casi siempre sobre la razn de Estado; la muerte, el
-agostamiento de la existencia de aquella majestad demasiado
-apasionada de Anacreonte; el embarazo de Doa
-Mara Cristina, previsto por el ojo perspicaz del gran
-ministro conservador; el parto, casi a las miradas de los
-polticos recelosos; el advenimiento del rey nuevo que
-aseguraba en el Trono la continuacin de la dinasta. Se
-crey que Alfonso XIII no alcanzara a llegar a la edad
-de coronarse, ya fuera por causa de su organismo maleado
-en su origen, ya porque un inesperado movimiento
-pudiera impedir el logro de los deseos de sus partidarios;
-pero de ambas cosas se triunf, de las amenazas
-de la enfermedad y de las amenazas de la poltica. No
-creis exageraciones como las del yanqui Bonsal, que
-juzgaba no hace mucho tiempo, con la imaginacin recalentada
-por la guerra, que la posicin del rey es pattica,
-personal y polticamente considerada; que las revelaciones
-que para otros slo llegan con la edad, l ha
-tenido que sufrirlas en su niez; que l sabe que nacer
-rey no da ms garantas de felicidad que el nacer campesino;
-que sabe ya con sobra de razones, que no hay en
-la Pennsula persona alguna en cuya lealtad y devocin
-pueda confiar, a excepcin de su madre, desamparada
-mujer y reina impopular en tierra extraa; y que los
-muchachos americanos se afligiran si pensaran en este
-pequeuelo nacido para la prpura y vestido de ceremonia
-desde la cuna, que no tiene compaeros de infancia
-para sus juegos, porque nadie es igual al rey. Esto
-es no darse cuenta exacta de lo que aqu pasa en ese
-mundo no tan velado a los ojos de los simples mortales,<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span>
-y juzgar a estas horas con criterio pesimista a travs de
-las historias de Saint-Simon o de las memorias de madame
-Aulnoy. Por momentos terribles ha pasado Espaa
-en que el Trono hubiera podido ser cercado de tormentas,
-y la regente y sus hijos habran tenido que ir a
-aumentar la lista de los reyes de Daudet; pero prevaleci
-el concepto de la Patria en los partidos contrarios y
-ni carlistas ni republicanos intentaron seriamente nada.
-Desde las soaciones que hacen evocar la frente de Don
-Carlos ceida por la corona hasta los deseos un tanto
-romnticos de una regencia en que la infanta Isabel <i>la
-Chata</i> estara a la cabeza, no son sino perfumes de vino
-espaol, aroma de claveles que perturba uno que otro
-cerebro. Por hoy Don Alfonso, segn lo que se alcanza
-a divisar, puede esperar tranquilo la hora de su reinado.
-Lo que no han podido los errores e ineptitudes de
-Gobiernos absurdos o culpables, no lo realizar el hombre
-del palacio de Loredano, ni menos los divididos
-partidarios de la repblica. Por ahora Don Alfonso XIII
-no se calienta el cerebro con tantas historias y filosofas,
-y prefiere su esgrima y su jaquita. Hace muy bien. Tiempo
-tendr maana de saber de monlogos huguescos y
-de sentir lo que pesa ese instrumento tan extrao en este
-fin de siglo, llamado cetro. Su mismo nombre le exige
-mucho. En el desfile de la Historia ir a ocupar su puesto.
-Me lo imagino delante de sus antepasados homnimos,
-como en una escena semejante a la de los retratos
-en <i>Hernani</i>. Es el comparecimiento de los Alfonsos: el
-I, frrea flor de Covadonga, todava con la pura savia
-goda, fuerte como un roble de sus bosques, lancero formidable
-de Cristo, terror de la morera, y en el corazn
-primitivo, un diamante de nobleza; el II, casi iluminado,
-favorecido con manifestaciones extranaturales, hombre
-de lecturas y de meditaciones, Alfonso <i>el Casto</i>; el III,
-<i>el Magno</i>, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la
-juventud, terror del mogrevita, varn de tanta fe como
-valor; el IV, quien como ms tarde el csar Carlos V,<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>
-buscara en un monasterio la tranquilidad espiritual, fantico
-y solitario; el V, <i>el de los buenos fueros</i>, legislador
-y espritu de consejo, tambin luchador feliz con los infieles
-y sostenedor de la fe; el VI, que aparece soberanamente,&mdash;a
-su lado la figura del Mo Cid&mdash;el rey de la
-conquista de Toledo, y que tuvo la previsin de ver hacia
-abajo y favorecer al pueblo con leyes bondadosas y
-fueros justos; el VII, Alfonso <i>el Emperador</i>; el VIII, que
-perpetu el nombre suyo en las Navas de Tolosa; siendo
-despus al propio tiempo que caballero de combate,
-amante de la sabidura, el IX; el X, formidable figura,
-cerebro y brazo, el rey de las Partidas, alquimista y
-poeta, astrnomo y filsofo, cuya palabra aun hoy se escucha
-y se escuchar en los siglos, ya comience: <i>Ficieron
-los omes</i>... o inicie los balbuceos encantadores en sus
-toscas estrofas; el XI que junt la habilidad poltica al
-vigor militar, monarca de largas vistas y uno de los ms
-amantes de sus sbditos; todos esos pasarn por la
-mente de Don Alfonso XIII como las figuras extraas y
-fantsticas de una linterna mgica, iluminadas por las
-palabras de los cronistas, realzadas por las explicaciones
-de sus preceptores; estn demasiado alejados por las centurias,
-por bastas cordilleras de tiempo. Son los abuelos
-de los retablos y de las armaduras, los que duermen por
-siempre en los sarcfagos y cuyas vidas interesan como
-los cuentos. A quien ver muy de cerca, animado por la
-palabra maternal, por el inmediato eco de su vida, ser
-a su padre. Ser para l el rey modelo; y honrar la memoria
-del <i>Pacificador</i>. No dejarn de ir a llamar su atencin
-los <i>venticellos</i> de la famosa juventud de Don Alfonso
-XII, el <i>rey buen muchacho</i>. Sobrarn cortesanos que le
-refieran las aventuras picantes de pap, las influencias
-conocidas de cierto sonoro duque cuyo ttulo pecador
-no llegar con buen viento nunca a los odos de la reina
-regente. Y ya vendr entonces la hora de saber Espaa
-cul senda tomar su nuevo prncipe. Sea ella de felicidad.
-Y Dios ponga, en los aos de las futuras luchas polticas<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span>
-y palaciegas, sobre el espritu de Don Alfonso
-XIII, algo de la urea miel que haca grata su infancia,
-cuando todas sus ambiciones se reducan a salir a la
-calle con capa, y llamaba a sus hermanitas, a la una
-<i>Pitusa</i> y a la otra <i>Gorriona</i>.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p>
-
-<h2>UNA EXPOSICIN</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">12 de mayo de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-s.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Se</span> recorre todo el paseo de Recoletos; se
-deja atrs la columna de Cristbal Coln,
-se llega hasta el monumento de Isabel <i>la
-Catlica</i>, osadamente llamada por los
-burlones la huda a Egipto; sobre una
-eminencia del terreno se destaca el palacio de la Exposicin,
-la cpula gris en el azul fondo del cielo. Al palacio
-fu la reina a inaugurar la fiesta artstica, y su
-vestido primaveral, tenue, pintado de flores delicadas,
-luca como emergido de una luz de acuarela. Hubo
-pompa social y msica e himno alusivo, mucho alto
-mundo y rica suma de belleza. El <i>vernissage</i> se haba
-verificado haca pocos das, y fu poco menos que un
-desastre. Cuatro gatos y los pintores. Se dira un <i>vernissage</i>
-en nuestro Saln del Ateneo. No podemos negar
-que somos de una misma familia. Cun lejos de la cita
-que se dan en Pars, en igual caso, la elegancia florecida
-de la estacin, la moda inteligente, la distincin mundana!
-Estos seores duques y estos seores condes, si
-por acaso se hallan en la gran ciudad, no faltan al
-<i>rendez-vous</i>. Aqu, no. Entre una exposicin y una corrida,
-la corrida. Los pintores no hallan qu hacer, y desde
-luego, con singulares casos en contrario, arte no hacen.
-Los ricos no protegen como antao a los artistas; y el
-Gobierno hace poqusima cosa. Y decir que lo nico
-que les queda a los espaoles es esta mina de luz, el<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span>
-decoro orgulloso de su pintura, la noble tradicin de
-su escuela, su tesoro de color! A un paso est Pars. Se
-imitan los usos elegantes, las comedias, las novelas,
-hasta el caf-concert, pero no las nobles costumbres
-que enaltecen y honran al talento y al arte. Escasos,
-muy escasos, son aqu los artistas que tengan de qu
-vivir; los ricos son sealados. Por lo tanto, la lucha por
-la peseta est ante todo. Es intil pretender encontrar
-el enamorado de un ideal de belleza, el consagrado a su
-pasin intelectual. Se pinta como se escribe, como se
-esculpe, con la puntera puesta al cocido patrio, buscando
-la manera de <i>russir</i>, de caer en gracia al pblico
-que paga. Se asombran de que en la actual exposicin
-abunden los cuadros tristes, enfermedades, hambres,
-harapos, mendigos. Los pintores de antao, aun pintores
-de prncipes, sealan ya la marcada aficin por los
-lisiados, zarrapastrosos, piojosos, feos pobres; nase a
-esto el modelo constante, el hormigueo de limosneros
-que anda por las calles, el tipo del eterno cesante siempre
-en ayunas, que aparece en el teatro, en la caricatura
-y en los corrillos de vagos de la Puerta del Sol, y el
-resultado son estas exhibiciones de miseria, esta representacin
-de escenas de la vida baja y famlica. Fuera
-de contadas telas de este Saln, en que profesores favorecidos
-instalan el estiramiento y el nfasis del retrato
-nobiliario, el aire y el uniforme de algunos excelentsimos
-seores, el interior elegante, lo que abunda es
-la ancdota de la existencia penosa de la gente inferior,
-el hogar apurado de la clase media, o la chulapera
-andante, o el medio obrero. Los pintores, aqu, en su
-mayor parte, como los escritores, no pueden emprender
-sin error asuntos de la vida aristocrtica, porque no
-la frecuentan; y los ricos, los nobles, no querrn adornar
-sus palacios con cuadros sin nobleza ni distincin;
-repetirn siempre el <i>tez-moi ces magots!</i> del rey francs.
-El gusto de la generalidad, por otra parte, no se demuestra,
-y un escritor nacional llega a afirmar que este pblico<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span>
-es el ms indocto en Europa en materia de Bellas
-Artes, no sin falta de fundamento.</p>
-
-<p>Difcil sera contemplar algo del espritu de Espaa a
-travs de las obras de este certamen. En dnde est la
-Espaa catlica? Tal o cual rincn de iglesia, una que
-otra imagen de encargo, manera jesuta; el nico que
-evoca el espritu de los antiguos msticos es Rusiol,
-con uno de sus cuadros. Y la Espaa patritica? En
-Grecia, despus de los triunfos, surgen aladas o pteras
-de la piedra, las maravillosas victorias, y tras el desastre
-se alza la Nike funeraria, que simboliza el sentimiento
-popular. De igual manera se funda el bronce romano.
-Tras las guerras de Flandes se desborda la alegra en
-las telas risueas de los geniales pintores de kermeses;
-y cuando acaba de pasar la <i>dbcle</i> francesa, los cuadros
-se encienden en odio al prusiano: se reconstruyen escenas
-heroicas, se rememoran actos sublimes, se pinta el
-sueo de la victoria, o el soldado que quema el ltimo
-cartucho. Entre todos los cuadros de esta exposicin,
-fuera de una escena de hospital militar y ciertas
-sentimentales consecuencias de la campaa no parece
-que se supiese la historia reciente de la humillacin
-y del descuartizamiento de la Patria. Esto tiene ms clara
-explicacin. La guerra fu obra del Gobierno. El pueblo
-no quera la guerra, pues no consideraba las colonias
-sino como tierras de engorde para los protegidos
-del presupuesto. La prdida de ellas no tuvo honda repercusin
-en el sentimiento nacional. Y en el campo, en
-el pueblo, entre las familias de labradores y obreros,
-aun poda considerarse tal prdida como una dicha: as
-se acabaran las quintas para Cuba, as se suprimira el
-tributo de carne peninsular que haba que pagar forzosamente
-al vmito negro! El cuadro de historia casi no
-est representado; el retrato no abunda; en cambio, el
-paisaje y la marina se multiplican por todos lados. No
-es esto malo, pues se advierte que al ir hacia la naturaleza,
-hacia la luz, se mantiene la tradicin. En conjunto,<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>
-la exposicin es mala. El viajero que al llegar a Madrid
-y sin haber visitado el Museo de Arte Moderno, quisiese
-darse cuenta de la pintura espaola contempornea
-por lo que ahora se exhibe, saldra con una triste idea
-de la actual Espaa artstica. Recorramos, con Carlos
-Zuberbhler, las salas llenas de cuadros, y no podamos
-dejar de notar cmo en la ms que modesta tentativa del
-Saln de Buenos Aires no se admitiran los estupendos
-asesinatos de dibujo, las obscenidades de color, los ostentosos
-mamarrachos que aqu un Jurado complaciente
-deja pasar y aun coloca en la <i>cimaise</i>. La cantidad es
-larga, lo poco de buena calidad se pierde entre el profuso
-amontonamiento de lo mediocre y de lo psimo. Las
-firmas principales no han concurrido todas, y las que
-han venido al concurso lo han hecho con producciones
-ya expuestas y juzgadas, o con medianos esfuerzos. De
-seguro la razn de la esquivez est en el 1900 de Pars.
-Despus de todo, quiz tengan razn; porque el estmulo
-de la tierra propia, como veis, es nulo; y el halago de
-Pars, atrayente, mgica flor de gloria segura.</p>
-
-<p>No, no es ste el arte pictrico de la Espaa de hoy.
-Con sus deficiencias y todo, el Museo de Arte Moderno
-puede considerarse como el Luxemburgo madrileo. S
-las quejas: que Raimundo Madrazo no tiene un solo cuadro
-en el Museo, ni Barbudo, ni Jimnez Aranda, y que
-lo que hay de Fortuny y de Domingo no es de lo mejor
-de estos artistas y que de Villegas no hay ms que dos
-acuarelas; mientras que las medianas eminentes firman
-docenas de cuadros. Pero hay lo suficiente de Pradilla,
-de Casado, de Rosales, de Gisbert, de Moreno Carbonero,
-de Plasencia, de Muoz Degrain, del admirable
-Haes, de Sorolla, para que el visitante se sienta baado
-del maravilloso esplendor que brota de tanta riqueza
-solar, y reconozca que este don divino de la comprensin
-del da, fu dado a los pintores de Espaa con singular
-generosidad. Casi no hay exposicin europea en
-donde los medallados extranjeros no sean espaoles. Los<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>
-aficionados yanquis, las pinacotecas de Munich, de Londres,
-de Berln, de Viena, adquieren a altos precios las
-pinturas espaolas. Buena parte de los maestros emigran,
-abren sus estudios en centros donde cosechan ms.
-Preguntaba yo a uno de los jurados de esta exposicin,
-un colorista de gran mrito, Manuel Ruiz Guerrero, por
-qu no haba concurrido a la fiesta de la cultura nacional
-con uno de esos cuadros suyos tan animados de clidos
-tonos, tan prestigiosos, tan llenos de vida luminosa;
-y l, con aire de desencanto,&mdash;y con los baules listos
-para ir a dar un paseo por Buenos Aires&mdash;, me deca: Y
-para qu? <i> quoi bon?</i> dicen los franceses. Y como Ruiz
-Guerrero, otros maestros, ante la indiferencia de sus
-compatriotas, buscan en extranjeros pases lo que no hallan
-en la casa propia, o se retraen y dejan invadir las
-salas de las exposiciones por los kilmetros de tela que
-manchan las seoritas aficionadas y los facinerosos del
-caballete.</p>
-
-<p>Despus de recorrer estos salones, dirase que para los
-pintores espaoles no existe el mundo interior. El mismo
-paisaje no es sino la reproduccin inanimada de tierra,
-de rboles, de aguas, solitarios o con acompaamiento
-de figuras anecdticas; sin que la secreta vida de
-la Naturaleza se presente una sola vez, y mucho menos
-el alma del artista, que contagiara con su ntima sensacin
-al espectador atrado. La realidad, se dice; y se
-nombra a Velzquez. Cierto, Velzquez pintaba la realidad;
-pero sus colores animaban no solamente rostros,
-sino caracteres; y con un bufn y un perro deja entrever
-todo un espectculo histrico. Goya es realista; pero
-ese potente dominador de la luz y de la sombra pona
-en sus creaciones, o en sus copias de lo natural, quntuple
-cantidad de espritu. Sus incursiones al bosque misterioso
-de las almas humanas le daban su singular dominio.
-Los escultores actuales son alabados por sus tangibles
-condiciones de realismo: Cunta anatoma saben!
-Hacen huesos, nervios, gestos, contracciones que<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span>
-dejen campo a estudios de esqueleto o de musculatura;
-pero no hacen carne, no hacen vida, no hacen pensar,
-como las figuras de Trentacoste o Bistolfi, para no citar
-franceses, en la circulacin de una sangre maravillosa
-bajo la epidermis de mrmol o de bronce.</p>
-
-<p>Entre lo expuesto hay regular cantidad de <i>grandes machines</i>,
-y en casi todas un lujo de tubos se desborda, una
-agrupacin de todas las charangas de los ocres y de los
-rojos, un desborde de azules, el estrpito de las chirimas
-y gaitas de la paleta, con sacrificios de dibujo, incomprensin
-de valores y relaciones, y tristeza de composicin.
-Mas aqu y all, busca buscando, se encuentra
-lo de mrito, y algo dir de ello, en cuanto me ayuden
-mis notas asidas al paso en mis visitas.</p>
-
-<p>Uno de los <i>clous</i> de la exposicin es un cuadro de Raurich,
-que desde luego atrae por su originalidad y su vigor.
-Es un gran mazizo de tierra asoleada en primer trmino,
-una pequea altura en cuya falda medran unos
-cuantos chaparros cuya sombra mancha de violeta oscura
-el terreno reseco. En el fondo se divisa un azulado
-monte; y a la derecha, en choque violento, con el amarilloso
-tono de la tierra, el mar al sol, de un azul ofensivo,
-se deja ver, espumante en las olas que llegan a la costa.
-La gran masa est plantada con hermosa osada, y se
-calca en el cielo soberbiamente; los detalles se avaloran
-con el atrevimiento de la pincelada, que en veces dira
-espatulazo, toques espesos de un relieve insolente, pero
-Raurich, a quienes le censuren por esto puede decir lo
-que Rembrandt a los que notaban el espesor de su pincelada
-al marcar los puntos luminosos: Yo soy pintor y
-no tintorero. Y agregaba, a los que hacan tales observaciones
-de cerca, a los que no saban mirar, apreciar
-esos toques de lejos: Un cuadro no se hace para ser
-olido; el olor del aceite es daoso. Y encuentro esta tela
-admirable, y tan solamente observara que el mar no
-tiene perspectiva y aparece como falto de nivel.</p>
-
-<p>Sorolla presenta una tela meritoria, <i>Componiendo la<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span>
-vela</i>, en la cual habra que sealar al par que las condiciones
-de color, que acreditan a este pintor, y su estudio
-del movimiento, la nimiedad en la rebusca de un efecto
-como el atigrado de luz y sombra que produce el sol al
-pasar entre las hojas. Por otra parte, sus figuras, muy
-bien hechas, tienen ojos que no miran, gestos que no dicen
-nada, es un mundo de verdad epidrmica, de realidad
-por encima. Esto mismo digo de los personajes de
-su escena de mar, <i>El Almuerzo a bordo</i>: en el ancho bote,
-bajo las velas, unos cuantos marineros toman su alimento
-en la fuente comn. Maneja Sorolla con habilidad el
-claroscuro; los tipos estn bien agrupados, la inevitable
-realidad est conseguida.</p>
-
-<p>Moreno Carbonero ofrece una nueva escena del <i>Quijote</i>,
-la aventura con el vizcano. Cervantes ha tenido un
-sinnmero de intrpretes, desde antiguos tiempos. Cuando
-en el castillo de Fontainebleau, Dubois pintaba las
-aventuras de Tegenes y Cariclea y Le Primatice interpretaba
-a Homero, en el de Cheverni Jean Mosnier se
-dedicaba a la historia de Astrea y a las aventuras del ingenioso
-Hidalgo manchego. Ms tarde, Charles Coypel
-se apasiona por este mismo asunto, al cual Pater y Natoire
-se aplicarn tambin y consagrarn dibujos Tremolires
-y Boucher. Esto solamente en Francia. Otros
-artistas de Europa, especialmente los ingleses, se han
-complacido desde antao en tales asuntos, hasta el fuerte
-y noble Frank Brangwyn con sus recientes ilustraciones
-del <i>Quijote</i> de Gubbin. Pocos, sin embargo, han logrado
-ser visitados por el verdadero espritu de Cervantes.
-En Espaa un maestro como Moreno Carbonero ha
-intentado la evocacin, pero creo que sus propsitos de
-excesiva verdad le han alejado de la intencin cervantesca.
-No hay que olvidar que Don Quijote es la caricatura
-del ideal; pero siempre en un ambiente de ideal.
-Desde luego, y con todo y haber dejado un dibujo verbal
-perfecto de su hroe Cervantes, no puede uno reconocer
-a Don Alonso Quijano <i>el Bueno</i>, al Caballero de<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span>
-la Triste Figura, en la mayor parte de las encarnaciones
-de los pintores y escultores. A propsito, hay en esta
-misma exposicin una serie de ilustraciones de Jimnez
-Aranda, muy notables como dibujo, pero que no tienen
-nada de personajes cervantescos; esos Quijotes y esos
-Sanchos son un Juan y un Pedro de cualquier parte,
-vestidos para representar un papel. Moreno Carbonero
-me manifestaba una vez que para Sancho haba encontrado
-un modelo en la campaa manchega. El de Don
-Quijote sera un precioso hallazgo. Pero luego habra
-que agregar al modelo el alma del andante caballero,
-animarle con una chispa que no se encuentra a voluntad
-cuando no es el genio el que impera.</p>
-
-<p>La intelectualidad de Moreno Carbonero no es para
-discutirla; y en este cuadro impone su sabidura de colorido,
-su impecabilidad de factura; pero Don Quijote tampoco
-es Don Quijote, aunque Sancho sea Sancho. Los
-otros personajes quedan tan alejados en su trmino, que
-casi no dicen nada, y el episodio pierde con esto su mayor
-inters. Cuando Pierre de Hondt alababa los Quijotes
-de Coypel no dejaba de hacer notar el valor del acompaamiento,
-de los personajes secundarios que siempre
-ayudan a la animacin del suceso. No he de olvidar dejar
-anotado que la sensacin de la rida Mancha est
-dada por el artista de modo magistral. Es ste el terreno
-reseco que recorrieron Rocinante y el rucio con sus
-dos inmortales jinetes. La conciencia de la indumentaria
-y la resurreccin de la poca son completas; pero repito
-mi pensar: tanta realidad hace dao a la idealidad
-del tipo, a lo, por decir as, grotesco anglico que hay
-en el hroe que Cervantes creara con tanto amor y amargura.</p>
-
-<p><i>Salus infirmorum</i> de Menndez Pidal sale de la pura
-realidad, para ofrecernos una dulce impresin de fe,
-una escena de suave religiosidad. Un pobre padre lleva
-ante el altar de la Virgen un nio enfermo. A su lado
-ora la madre enlutada. El sacerdote, de sobrepelliz y estola,<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>
-acompaado del pequeo monago reza tambin por
-el enfermito. Esto es verdad, es realidad, pero hay asimismo
-una entrevisin de ms all, sopla un aire suave
-de misterio, y se siente que esas almas humildes recibirn
-su bien de Dios. Cun otra <i>La Herencia del Hroe</i>
-del Sr. Surez Incln, de un sentimentalismo ocasional,
-de forzada factura; escena de comedia para la Tubau,
-dolor sin verdad! Verdad e intencin, s, se advierten en
-la tela de Santamara, <i>El Precio de una madre</i>: la familia
-rica que va a llevarse a la joven nodriza, de la campaa
-a la ciudad; y el marido que se queda con el chico propio
-y la primera paga no muy satisfecho, mientras su
-mujer, buena moza de ricas ubres rurales, se le va con
-el muchacho ajeno. Este cuadro y un alto relieve de
-Mateo Inurria, <i>La Mina de carbn</i>, son de las muy raras
-notas que hagan pensar en un arte socialista en la exposicin
-presente.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p>
-
-<h2>LA FIESTA DE VELZQUEZ</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 68px;">
-<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">15 de junio de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-f.jpg" width="75" height="74" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Floja,</span> muy flojamente se han celebrado
-las fiestas del pintor de los reyes y rey
-de los pintores. Cuando el centenario
-de Caldern, hubo inusitadas pompas
-y agitaciones acadmicas que hicieron
-murmurar a Verlaine en un soneto. Es verdad que la
-Espaa de entonces no estaba en la situacin actual;
-pero, con todo, a Espaa no le ha faltado nunca ganas
-y dinero para divertirse; y don Diego de Silva Velzquez
-bien vala una verbena. Por Rembrandt acaba de
-hacer relucir todas sus alegras Holanda, presididas las
-fiestas por la naranjita real <i> croquer</i>, Guillermina.
-Aqu el Gobierno ha hecho poca cosa, y el entusiasmo
-de los artistas no ha podido suplir todo. Inauguracin
-de la Sala Velzquez en el Museo del Prado; recepcin
-en Palacio, inauguracin de la estatua obra de Marinas;
-y se acab. Tiempo hubo de sobra para realizar algo
-digno de la ilustre memoria, y con un poco de buena
-voluntad se hubiese rendido el tributo justo a quien
-con Cervantes lleva el nombre de Espaa a lo ms alto
-de la gloria universal. Inglaterra envi a sir Edward
-J. Poynter, Francia a Carolus Durn y a Jean Paul Laurens&mdash;todos
-caballeros cubiertos delante de Velzquez&mdash;.
-Todos tres, el da en que se descubri la estatua, saludaron
-al maestro antiguo y al arte que une los espritus
-de todos los climas y razas en la misma luz y adoracin<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>
-imperiosa. En la Sala de Velzquez se ha reunido todo
-lo suyo existente en el Museo; y al cuadro de Las Meninas,
-se le ha colocado de manera que triplica la ilusin.</p>
-
-<p>Famoso empeo, descubrir a estas horas al gran pintor!
-No es mi intencin haceros un largo captulo en que
-no hallarais nada nuevo; antes bien y a mucho andar,
-algn extracto de lo que con mayor prolijidad y competencia
-podis aprovechar en Justi o en Stirling, en Madrazo
-o en Lefort, en Curtis o en Michel o en la reciente
-obra monumental que ha dado al pblico Beruete con
-prlogo de Bonnat. Pero mi buena suerte ha hecho llegar
-a mis manos un libro casi desconocido, que se ha
-puesto a la venta, a pesar de estar impreso desde 1885;
-me refiero a los <i>Anales de la vida y obras de Diego de Silva
-Velzquez, escrito con ayuda de nuevos documentos por G.
-Cruzada Villaamil. Madrid, librera de Miguel Guijarro.</i> Y
-de este libro, s, os dir algo, aprovechando la ocasin.
-El ao de 1869, el autor, por cargo oficial que a la sazn
-desempeaba, tuvo oportunidad de registrar el archivo
-del Palacio Real de Madrid, y entre papeles e inventarios
-del tiempo de Felipe IV y su hijo, encontr gran nmero
-de documentos de alto inters, referentes a Velzquez.
-No dej de observar que otra mano haba andado
-por ah antes que la suya, la cual mano extrajo buena
-cantidad de papeles valiossimos. En posesin de esos
-documentos, y los que luego consigui en Simancas y
-en el archivo histrico nacional, nutrido de buena, aunque
-escasa bibliografa velazquina, y armado de su experiencia
-de crtico de arte, el seor Cruzada Villaamil di
-comienzo y fin a su obra, que dedic al rey Don Alfonso
-XII, por haber este monarca apoyado su empresa. Muertos
-ya Don Alfonso y el autor, se di fin a la impresin
-del libro, y, creo que por causas de testamentara, u otro
-motivo judicial, es el caso que los pliegos, todava sin
-encuadernar, yacen en su depsito. De esos pliegos sueltos
-es el ejemplar que est en mi poder, el cual debo a
-la amabilidad de un distinguido caballero de la Corte.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span></p>
-
-<p>En estos <i>Anales</i> se nos presenta a Velzquez en su vida
-y en sus obras, sencilla y claramente, al paso de los das.
-Es un arsenal precioso para el Taine o el Ruskin de ms
-tarde. El seor Cruzada Villaamil escriba sin dificultad
-y sin estilo, o ms bien, su prosa es de esa prosa acadmica
-que por tan largo tiempo ha subsistido entre estos
-escritores, a largas circunvoluciones de perodos, cansadora,
-montona, pesada. Pero la carta, la ancdota, el
-documento, interesan y atraen. Comienza la obra con
-una exposicin del estado de la pintura en el reinado de
-los Felipe II y III, y resaltan las figuras del divino
-Morales, el mudo Navarrete, Snchez Coello el portugus,
-Carvajal Barroso y Pantoja, mientras en Italia
-se alza la soberana persona del viejo Ticiano, quien no
-dej de ser aprovechado por el Segundo Felipe y pint
-para el Escorial El Martirio de San Lorenzo y la Santa
-Cena. Felipe III no impulsa tanto el arte, aunque artistas
-italianos que residan en Espaa prosiguiesen en su
-labor continua. Este perodo tiene, no obstante, de notable
-la llegada de Rubens, enviado por el duque de Mantua
-a Valladolid. Curiosa es la nomenclatura de los regalos
-que traa el flamenco: para Su Majestad una hermosa
-carroza tallada&mdash;que el seor Villaamil cree sea la
-que hoy se conoce en las reales caballerizas como el <i>coche
-de doa Juana la loca</i>,&mdash;con sus caballos; doce arcabuces,
-de ellos seis de ballena y seis rayados; y un vaso de cristal
-de roca lleno de perfumes. Para la condesa de Lemus,
-una cruz y dos candelabros de cristal de roca. Para
-el secretario Pedro Franqueza, dos vasos de cristal de
-roca y un juego entero de colgaduras de damasco con
-frontales de tis de oro. Veinticuatro retratos de emperatrices
-para don Rodrigo Caldern, y para el duque de
-Lerma un vaso de plata de grandes dimensiones, con
-colores, dos vasos de oro y gran nmero de pinturas,
-que consistan en copias, mandadas sacar en Roma al
-pintor Pedro Facchetti, de los cuadros ms preciados de
-aquel tiempo. La opinin que Rubens tuviera de los<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span>
-pintores espaoles en tal momento es digna de notarse.
-l escriba al secretario del duque de Mantua, Iberti,
-que el duque de Lerma quiere que en un momento pintemos
-muchos cuadros, con ayuda de pintores espaoles.
-Secundar sus deseos, pero no los apruebo, considerando
-el poco tiempo de que podemos disponer, unido
-a la miserable insuficiencia y negligencia de estos pintores,
-y de su manera&mdash;a la que Dios me libre de parecerme
-en nada&mdash;absolutamente distinta de la ma. Y en
-otra parte: El duque de Lerma no es del todo ignorante
-de las cosas buenas; por cuya razn se deleita en la
-costumbre que tiene de ver todos los das cuadros admirables
-en Palacio y en El Escorial, ya de Ticiano, ya de
-Rafael, ya de otros. Estoy sorprendido de la calidad y de
-la cantidad de estos cuadros, pero modernos no hay ninguno
-que valga. Rubens parti, y acaeci el incendio
-de El Pardo, en donde se perdieron tesoros pictricos.
-As el reino de Felipe III concluye para la vida artstica.</p>
-
-<p>Felipe IV fu el rey artista: escritor, pintor, actor, algo
-tena entre las paredes del cerebro de lo que hoy anima
-las aficiones y bizarra de Guillermo de Alemania. Los
-pintores, tanto como los poetas, fueron protegidos, y
-entre todos, el fuerte Velzquez no cesa en su labor. Los
-retratos se multiplican, y son sus modelos desde las
-princesas hasta los bufones y los perros. No dej la malquerencia
-de visarle, la envidia de morderle. El monarca,
-no obstante, le sostuvo en su favor. Lo cual regocijaba
-al buen Francisco Pacheco que viera los comienzos
-de su amado don Diego, all en su obrador de Sevilla.
-Es de inters la descripcin de la casa de Pacheco en
-donde se reunan escritores, poetas, artistas de toda especie,
-a charlar y discurrir; no falt a tales reuniones
-cierto manco que creara cierta novela inmortal.</p>
-
-<p>Tanto quiso Pacheco a don Diego, que le di su hija
-por mujer. Despus de cinco aos de educacin y enseanza,
-le cas con mi hija, movido de su virtud, limpieza<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>
-y buenos portes, y de las esperanzas de su natural
-y grande ingenio. Y porque es mayor la honra de
-maestro que la de suegro, ha sido justo estorbar el atrevimiento
-de alguno que se quera atribuir esta gloria
-quitndome la corona de mis postreros aos. Pgina
-misteriosa es la de los amores de Velzquez. Quiz su
-matrimonio fu hechura exclusiva de su maestro, sin
-que la pasin tuviera la menor parte. Infludo por Tristn
-y por lo tanto por <i>el Greco</i>, afianzse el artista en su
-vigor de colorido, al brillo de la gloriosa luz veneciana.
-Es en 1622. Velzquez va a visitar El Escorial, y para
-ello parte para la Corte con buenas recomendaciones y
-con el encargo de hacer el retrato de Gngora. Con buen
-viento llega, y le reciben sus paisanos los andaluces,
-entre los cuales estaba la alta influencia del conde-duque
-de Olivares. De all a poco, hace el retrato del rey. En
-este orden siguen los aos que dur la vida del pintor,
-con gran copia de documentos, con cartas curiosas; con
-papeles en los cuales se ve que no era muy envidiable
-el puesto de Velzquez en Palacio, a pesar de todo lo que
-entonces era considerado como una honra. Al artista se
-le concedi la comida palaciega en esta forma: Diego
-Velzquez, mi pintor de Cmara, he hecho merced de
-que se le d por la despensa de mi casa una racin cada
-da en especie como la que tienen los barberos de mi cmara,
-en consideracin de que se le debe hasta hoy de
-las obras de su oficio que ha hecho para mi servicio; y
-de todas las que adelante mandare que haga, haris que
-se note as en los libros de la casa. (Hay una rbrica del
-rey). En Madrid, a 18 de septiembre de 1628.&mdash;<i>Al conde
-los Arcos, en Bureo</i>.</p>
-
-<p>Como sa hay otras tantas llamativas notas en el grueso
-volumen del seor Villaamil; y en cuanto a la parte de
-la obra artstica, anlisis de los cuadros, legitimidad de
-algunos dudosos, y otros puntos de esta especie, dicho
-libro es de aquellos que no deben faltar en la biblioteca
-de un Museo, o de un artista estudioso; y es una lstima<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span>
-que no se ponga a la venta, por las razones que dejo expuestas
-anteriormente.</p>
-
-<p>Quise hablar con sir Edward J. Poynter pero no me
-fu posible encontrarle. En cambio, puedo transmitir
-mis impresiones de una entrevista con Jean Paul Laurens
-y Carolus Durn. Son dos tipos completamente
-opuestos. Laurens es el hombre de labor, el artista austero
-y consagrado a su ideal de una manera tirnica. Durn
-es el elegante pintor de los salones, el retratista de
-las princesas de la aristocracia y de las princesas plutocrticas
-de los Estados Unidos... No hay que negar su habilidad
-suma, sus dotes de ejecucin, su colorido, su dibujo,
-las condiciones todas que le han llevado a la presidencia
-de la Sociedad de Artistas Franceses, y a la fama
-universal y a la fortuna. Han pasado escuelas modernsimas
-y tentativas varias delante de su inconmovible invariabilidad.
-Carolus Durn ha sonredo de todo, y,
-comprendiendo su tiempo, sigue la corriente.</p>
-
-<p>Su cabeza es la hermossima cabeza de un Lohengrin
-adonjuanado; el cuerpo, elegante, a pesar de la imposicin
-del vientre en lucha con la gimnasia y con la esgrima.
-La melena y la soberbia barba, nevadas de das y
-noches de buena vida; el ojo perspicaz y voluptuoso,
-como la boca; el gesto principesco. Carolus Durn, munido
-de su indispensable y parisienssima <i>pose</i>, es un
-hombre encantador. Me habl de Velzquez, de la pintura
-espaola, todo esto en espaol, pues lo habla correctamente,
-aunque de cuando en cuando le falta el
-vocablo. Le habl de Buenos Aires. Buenos Aires...
-Conoce poco. Lo que l conoce es Nueva York. Ya lo
-creo!... No obstante, saba que en Buenos Aires est la
-Diana de Falguire y que la ciudad tiene cerca de un
-milln de habitantes. Nuestros ricos sudamericanos,
-decididamente, deban acordarse algo ms de que es
-preciso tener un retrato de Carolus Durn.</p>
-
-<p>Jean Paul Laurens parece al pronto un hombre seco
-y hasta adusto. Y debe tener muy temerosa idea de los<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span>
-periodistas, pues antes de serle presentado por Ruiz
-Guerrero, apenas me contestaba una que otra palabra.
-Luego&mdash;fu en el Crculo de Bellas Artes&mdash;, se abri, en
-la ms grata franqueza, sonriendo amablemente su dura
-cabeza de apstol. Me habl tambin del arte espaol y
-de Velzquez, y me hizo un curioso croquis verbal de
-su compaero y amigo Carolus Durn, con quien haba
-estado en oposicin, pero siempre en la nobleza y altitud
-del arte. Buenos Aires. S. Conoce usted a Svori?
-He ah uno que tiene algo dentro de la cabeza. Pero,
-<i>pauvre garon!</i> qu hace por all? <i>L-bas</i> es imposible
-todava hacer arte. Es usted amigo suyo? Dgale que no
-haga pintura para cocineras. Hay que hacer arte <i>por dentro</i>,
-para uno mismo, en la independencia del provecho
-y de la moda. En Amrica no se entiende de ese modo,
-no es as? Mucho industrialismo artstico; y as se pierden
-los talentos y las disposiciones que da la Naturaleza.
-Dgale usted a Svori que dice su maestro Laurens
-que haga arte <i>por dentro</i>, y que no se cuide de cuadros
-para la cocina.</p>
-
-<p>Traduzco al pie de la letra, hasta donde puede permitirlo
-el vuelo de la conversacin.</p>
-
-<p>Volv a verle.</p>
-
-<p>El Crculo de Bellas Artes di una fiesta ntima, por
-decir as, a los artistas extranjeros.</p>
-
-<p>Almorzamos bajo un toldo, al amor de altos rboles,
-en el jardn del Crculo, casi desecho haca pocos das
-por el ms formidable de los pedriscos de que hay memoria
-en Madrid. Los vinos espaoles animaron la fiesta,
-y se comi al aire libre, al son de una orquesta de
-guitarras. Jean Paul Laurens sonrea en su gravedad
-bajo sus espejuelos; Carolus Durn llevaba el comps de
-los tangos y de las seguidillas y sevillanas. Cuando el
-poeta Manuel del Palacio ofreci la fiesta, ya se oa por
-all el ruido de las castauelas de las bailaoras. Habl
-Durn, en espaol; brind Laurens, que estrech la
-mano al joven Marinas, el de la estatua. Yo me complazco<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span>
-en descubrirle! dijo. En un instante, tras el champaa,
-ya estaba la tarima puesta para la pareja del baile.
-Eran dos muchachas; la vestida de hombre, con el ceido
-incitante calipigio, morena; la otra blanca, con admirables
-ojos y cabellos obscuros. Bailaron, pero antes
-de que comenzasen ellas al grito de las guitarras, Carolus
-Durn se puso a esbozar unas sevillanas, con levantamiento
-de pierna y meneo de caderas que no haba
-ms que pedir. Primero todos nos quedamos <i>abasurdidos</i>,
-como dira Roberto Payr; pero despus, no pudimos
-menos de decir: <i>ole!</i> Jean Paul Laurens sonrea.
-Sir Poynter no estaba en la fiesta. Si llega a estar, nadie
-le quita de sus britnicos labios un irremediable <i>shocking!</i></p>
-
-<p>Bail, pues, la pareja de danzantes de oficio; mas
-haba una nota de color que ya haba llamado la atencin
-de los extranjeros: una familia de gitanos. El viejo,
-bien preparado, con disfraz de guardarropa, modelo
-de Dor, para no dejar perder la influencia del color
-local, obstentaba desde el calas hasta la faja imposible
-y la chaquetilla fabulosa, y el bastn de enorme
-contera. La vieja gitana, de ojos de cuencas negras; y
-las gitanillas, tan cervantinas como antao, una de doce,
-una de quince, otra de veinte aos. Cuando la pareja de
-baile ces, llegaron los gitanos. Bailaron todas las hembras,
-pero las dos menores se llevaron la palma. Sobre
-todo la ms chica, que bailaba, segn el decir de Carolus
-Durn, como una princesita rusa. Bailaba en efecto
-maravillosamente. Era el son uno de esos fandangos
-en que se va deslizando el cuerpo con garbo natural y
-fiereza de ademn que nada igualan, en una sucesin
-de cortos saltos y repique de pies, en tanto que la cara
-dice por la luz de los ojos salvajes, mil cosas extraas,
-y las manos hacen misteriosas seas, como de amenaza,
-como de conjuro, como de llamamiento, como en una
-labor area y mgica. Todo en un torbellino de sensualidad
-clida y vibrante que contagia y entusiasma,<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span>
-hasta concluir en un punto final que deja al cuerpo en
-posicin estatuaria y fija, mientras las cuerdas cortan
-su ltimo clamor en un espasmo violento. Despus fu
-otra danza en que la zingarita triunf de nuevo. gil,
-viva, una paloma que fuera una ardilla, moviendo busto
-y caderas, entornando los prpados no sin dejar pasar
-la salvaje luz negra de sus ojos en que brillaba una
-primitiva chispa atvica, se dejaba mecer y sacudir por
-el ritmo de la msica, y dibujaba, esculpa en el aire
-armonioso un poema ardiente y cantaridado al par que
-traa a la imaginacin un reino de pasada y luminosa
-poesa. Entonces se daba uno cuenta del valor de sus
-trajes abigarrados, sus rojos, sus ocres, sus garfios de
-cabello por las sienes, sus caras de bronce, sus pupilas
-de negros brillantes. Sonrean como si embrujasen; sus
-dedos sonaban como castauelas.</p>
-
-<p>Carolus Durn puso dentro del corpio de la gitanilla
-un luis de oro.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p>
-
-
-<h2>LA CUESTIN DE LA REVISTA
-<br />
-LA CARICATURA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 86px;">
-<img src="images/img009.jpg" width="86" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> Espaa, como entre nosotros&mdash;es un
-triste consuelo!&mdash;, no se ha llegado todava
-a resolver el problema de la revista.
-Es singular el caso que aqu, en donde
-se ha contado con elementos a propsito
-desde hace largo tiempo, acaezca a este respecto lo
-propio que en nuestros pases de progreso reciente. Espaa
-no cuenta en la actualidad con una sola revista
-que pueda ponerse en el grupo de los grandes peridicos
-del mundo; no existe lo que llamaremos la revista
-institucin&mdash;<i>Revue des Deux Mondes</i>, <i>Nuova Antologia</i>,
-<i>Blackwood's</i> o <i>North American Revue</i>. La <i>Espaa
-Moderna</i>, que podra ocupar el puesto principal, se
-sostiene gracias al cuidado y entusiasmo de su propietario
-el seor Lzaro. No faltan los escritores de revistas,
-y la prueba es que las revistas extranjeras tienen
-colaboradores espaoles de primer orden&mdash;; he encontrado
-principalmente a Ramn y Cajal, el eminente
-sabio que acaba de partir a los Estados Unidos a dar
-conferencias, llamado por una de las mejores universidades;
-a Salillas, el antroplogo; y a un escritor cuyo
-nombre en Europa, en el mundo del estudio, es bien
-conocido: Rafael Altamira, profesor de la Universidad
-de Oviedo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span></p>
-
-<p>Cul es la causa de que en Espaa no prospere la revista?
-Primeramente, la general falta de cultura. En Inglaterra,
-o en Francia, no hay casa decente en donde no
-se encuentre una de esas publicaciones condensadoras
-del pensamiento nacional y reflectoras de las ideas universales.
-Para el parisiense de cierta posicin, de atmsfera,
-llammosla as, senatorial, burgus de cualquier
-profesin elevada, propietario que se receta sus lecturas,
-o buen varn de la nobleza, la <i>Revue des Deux Mondes</i>
-es una costumbre, o una necesidad. No hablar, adems,
-de tales o cuales revistas pertenecientes a estas o
-aquellas agrupaciones, polticas o religiosas; son legin.
-Albareda, que realiz aqu los esfuerzos que en Buenos
-Aires los seores Quesada, tuvo que ver la lamentable desaparicin
-de su obra, y, si no ha acontecido lo mismo al
-seor Lzaro, es porque lucha bravamente contra todo peligro.
-Las tentativas han sido muchas desde hace largos
-aos, en este siglo, que entre tantas peregrinas cosas, es
-el siglo de la revista. El <i>Teatro Crtico</i> del padre Feijo,
-puede muy bien considerarse en el siglo XVIII como
-una gran revista espaola, en cierto sentido; en la centuria
-actual la crtica de revista se cristaliza en <i>Fgaro</i>,
-aunque sean muy anteriores a los escritos de Larra algunas
-otras publicaciones que se asemejan al tipo de la revista.
-Si no tan antiguo como el francs, hubo en la corte
-espaola un viejo <i>Mercurio</i>. Asimismo, otras publicaciones
-peridicas y en forma de folleto que, a la manera
-del <i>Teatro Crtico</i> del padre Feijo, eran redactadas por
-un solo escritor. Entre las muchas revistas o semirevistas
-de aquel tiempo, he de citar, aunque sin orden cronolgico,
-adems del <i>Mercurio</i>, <i>El Censor</i>, <i>El Pensador
-matritense</i>, <i>El Correo de los Ciegos</i>, <i>El Pobrecito Hablador</i>,
-de Larra, el <i>Semanario Pintoresco</i>, el <i>Museo pintoresco</i>, la
-<i>Revista Espaola</i>, la <i>Revista Mensajero</i>, <i>El Laberinto</i>, de
-Antonio Flores y Ferrer del Ro, <i>La lectura para todos</i>,
-el <i>Peridico para todos</i>, <i>El Museo Universal</i>, <i>La Ilustracin
-de Madrid</i>, la <i>Revista Espaola de Ambos Mundos</i>, la <i>Revista<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span>
-Ibrica</i>, la <i>Revista Hispanoamericana</i>, <i>La Abeja</i>, de
-Barcelona, <i>La Revista de Ciencias, Literatura y Arte</i>, de
-Sevilla, la <i>Minerva, o el Revisor General</i>, <i>El Criticn</i>, de
-Bartolom Gallardo, la <i>Crnica Cientfica y Literaria</i>, el
-<i>Almacn de Frutos literarios</i>, la <i>Miscelnea</i>, las <i>Cartas Espaolas</i>,
-la <i>Lectura para todos</i>, la <i>Revista de Madrid</i> y <i>El
-Europeo</i> de Aribau. Entre las que he citado, muchas han
-sido ilustraciones, <i>magazines</i>, del tipo de revista para familias,
-variadas e ilustradas a la manera del antiguo
-<i>Magasin pittoresque</i>, de Pars. Las hubo que tenan un
-carcter puramente literario y cientfico; algunas, como
-<i>La Abeja</i>, se limitaron a ofrecer traducciones de varios
-autores extranjeros, especialmente alemanes, y no pocas
-intentaron producir un movimiento intelectual elevando
-el nivel de cultura, sin conseguirlo por desgracia.</p>
-
-<p>Las ltimas revistas, puramente tales, en forma de
-cuadernos, tipo <i>Revue des Deux Mondes</i>, que lucharon
-con todo herosmo, fueron la <i>Revista de Espaa</i>, fundada
-por don Jos Luis Albareda, y la <i>Revista Contempornea</i>.
-La de Albareda contaba con colaboradores de primera
-lnea, con las autoridades de la poca, como don Manuel
-de la Revilla y don Juan Valera en lo referente a la crtica;
-pero poco a poco fu perdiendo su inters, disminuy
-la colaboracin, y el pblico, que no necesita mucho
-para proteger su pereza cerebral, abandon las suscripciones.
-La <i>Revista Contempornea</i> fu creada por don
-Jos del Perojo. Era una publicacin ms cientfica y
-filosfica que de literatura y arte. Al lado de importantes
-trabajos espaoles, se insertaban traducciones de
-autores en boga. All se public la primera novela rusa
-que haya aparecido en Espaa, una de las mejores de
-Turgenev: <i>Humo</i>. Tambin la <i>Revista Contempornea</i>
-fu paso a paso enflaqueciendo, por falta del apoyo pblico.
-Dirigila por algn tiempo don Jos de Crdenas.
-Es seguro que el motivo del decaimiento estrib
-en lo que por lo general causa la muerte de las revistas.
-Los que las dirigen, por pobres tacaos, quieren henchir<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>
-el cuaderno con trabajos que no les cuestan dinero,
-y recurren a la falange de los grafmanos que hacen
-fluir gratis los productos de sus inagotables sacos; reunen
-suscriptores entre sus amigos y conocidos, que
-por fin se cansan de la continua bazofia, y rompen, a
-veces con la amistad, el recibo de la suscripcin. Nada
-ms grotesco que el director de una publicacin que
-cuenta para ella con sus amigos. La <i>Revista Contempornea</i>
-est dirigida hoy por don Rafael lvarez Sereix,
-y est bastante mejor que en tiempo de Crdenas; pero
-segn tengo entendido, se produce tambin por colaboracin
-<i>espontnea</i>, sin redactores ni colaboradores fijos,
-interesados en su mantenimiento y progreso.</p>
-
-<p>La <i>Revista Hispanoamericana</i> se fund con muy buenos
-propsitos, pagaba con esplendidez los trabajos;
-pero no supo el director conducirla, falt buena administracin
-en el sentido de la propaganda; no encontr eco,
-por lo tanto, y muri no sin costarle a su editor varios
-miles de duros. La <i>Revista Mensual</i> tuvo corta vida y
-estaba hecha <i> l'instar de</i> la <i>Revue gnrale</i> de Bruselas.
-<i>El Ateneo</i>, con excelentes elementos, se fund para publicar
-las conferencias, discursos, etc., dados en el Ateneo
-de Madrid. No interes, a pesar de su material de
-importancia. <i>La Amrica</i>, de Eduardo Asquerino, con
-colaboracin americana, en un inaudito <i>cafarnaum</i>,
-pletrica, concluy igualmente. La <i>Espaa Moderna</i> comenz
-con bros y colaboracin espaola escogidsima.
-Luego se aument con la <i>Revista Internacional</i> que di
-a conocer a muchos autores extranjeros; pero la <i>Revista
-Internacional</i> concluy muy pronto, y la <i>Espaa Moderna</i>,
-como lo he manifestado ya, con una suscripcin relativamente
-escasa, se sigue publicando gracias al loable
-desinters de su director y dueo don Jos Lzaro.
-La <i>Revista crtica de Historia y Literatura espaolas, portuguesas
-e hispanoamericanas</i>, tuvo un brillante aparecimiento,
-con colaboracin de primer orden, nacional y
-extranjera, en que resaltaban especialistas tan eminentes<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span>
-como Menndez y Pelayo y Farinelli. Esta revista
-contina, dirigida por don Rafael Altamira; pero parceme
-que lleva una vida lnguida y que no aparece con
-la regularidad que sera de desear.</p>
-
-<p>Ha habido algunas revistas interesantes, de ramos
-especiales, y entre las de derecho y administracin se
-distingui una publicada por don Emilio Reus, la <i>Revista
-de Legislacin y Jurisprudencia</i>. Todas las corporaciones
-cientficas, de ingenieros, arquitectos, militares,
-etctera, publican rganos especiales que, por lo general,
-dan pobre idea de la cultura del elemento oficial.
-Casi siempre, no se encuentran sino indigentes reflejos
-del saber fundamental de otras naciones. Exclusivamente
-de arte, ya sea a la manera de la <i>Gazette des
-Beaux Arts</i>, o a la manera del <i>Studio</i>, o sus similares
-alemanes, no existe ninguna.</p>
-
-<p>Las revistas independientes, producidas por el movimiento
-moderno, por las ltimas ideas de arte y filosofa,
-y de las que no hay pas civilizado que no cuente
-hoy con una, o con varias, tuvo aqu su iniciacin con
-<i>Germinal</i>, de filiacin socialista, apoyada por lo mejor
-del pensamiento joven. Muri de extremada vitalidad
-quizs... Dems decir que en Catalua, s, hay revistas
-plausibles, que, ms o menos, dan muestra de la fuerza
-regional, como <i>L'Aven</i>, <i>Catalunya</i>, <i>Revista Literaria</i> y
-<i>La Renaixensa</i>. <i>Vida Nueva</i>, con formato de diario, es una
-especie de revista semanal, y es de lo mejor que se publica
-en Madrid. Revistas puramente intelectuales e independientes,
-al modo de <i>Mercure de France</i>, <i>Revue Blanche</i>
-o <i>La Vogue</i>, de Pars, del <i>Yelow Book</i>; o el <i>Savoy</i>, de
-Londres, la <i>Rasegna</i>, de Miln, <i>Chap Book</i> o <i>Bibelot</i>, de los
-Estados Unidos, <i>Revista Moderna</i>, de Mxico, o <i>Mercurio
-de Amrica</i> y <i>El Sol</i>, de Buenos Aires, no hay ms que
-una, a la manera de <i>La Vogue</i> o de la antigua <i>Revue Indpendante</i>,
-de Pars, la <i>Revista Nueva</i>. Es ciertamente extrao
-que, existiendo un grupo de escritores y artistas
-que sienten y conocen, as sea incipiente y escasamente<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>
-el arte moderno, no hayan tenido un rgano propio.
-Creo que la causa de esto se basa en el carcter de la juventud
-literaria, en lo general poco amiga del estudio y
-sin entusiasmo. La <i>Revista Nueva</i> se propone reunir todos
-esos elementos dispersos, y desde luego cuenta con
-varias firmas de las ms cotizables en literatura castellana
-actual. Ha tenido la direccin el buen talento de no
-hacerla sectaria ni aislada en un credo o bajo un solo
-criterio. Pueden caber en ella y caben los versos de los
-que intentan una renovacin en la poesa castellana y
-los versos demasiado slidos del vigoroso pensador seor
-Unamuno; los sutiles bordados psicolgicos de Benavente
-y las paradojas estallantes de Maeztu; los castizos
-chispazos de Cvia y las prosas macizas de Unamuno,
-que valen ms que sus versos, aunque l no lo crea.
-Adems, la <i>Revista Nueva</i> est en relacin con Europa y
-Amrica, y su colaboracin aumenta cada da. Quiera
-Dios que no vaya, tambin, una buena maana, a amanecer
-atacada de la enfermedad mortal de las revistas.</p>
-
-<p>Las ilustraciones no son pocas en Espaa, y entre ellas
-van a la cabeza la antigua <i>Ilustracin Espaola y Americana</i>,
-fundada por don Abelardo de Carlos, y la <i>Ilustracin
-Artstica</i>, de Barcelona. <i>La Ilustracin Espaola y
-Americana</i> est asentada sobre inconmovibles bases, entre
-las primeras del mundo. Sus redactores son de por
-vida, como el invariable Fernndez Bremn, o el que
-fu don Peregrn Garca Cadena. Su forma, sus grabados,
-la colocan en el grupo de <i>L'Illustration</i>, de Pars,
-<i>Illustrated London News</i>, <i>Graphic</i> y sus semejantes de
-Berln, Roma, Munich o Nueva York. Con los progresos
-del fotograbado, ha disminudo un tanto la aristocracia
-de sus viejos grabados en madera, que alternan hoy con
-el inevitable clis de actualidad. Aunque su plana mayor
-se compone de escritores veteranos, tiene campo
-abierto para las manifestaciones del pensamiento nuevo,
-como se sepan guardar las conveniencias, pues
-hay que recordar que si <i>La Ilustracin Espaola y Americana</i><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span>
-es popularsima, no deja por eso de ser el peridico
-preferido de las clases altas, y eso tanto en Espaa
-como en la Amrica espaola.</p>
-
-<p>La <i>Ilustracin Artstica</i>, de Barcelona, viene en seguida,
-y se distingue por su preferencia de los asuntos artsticos,
-fiel a su nombre. Uno de sus colaboradores fijos es
-doa Emilia Pardo-Bazn.</p>
-
-<p>Los Estados Unidos han enseado al mundo la manera
-como se hace un <i>magazin</i> conforme con el paso violento
-del finisecular progreso. Los adelantos de la fotografa
-y el ansia de informacin que ha estimulado la
-Prensa diaria, han hecho precisos esos curiosos cuadernos
-que peridicamente ponen a los ojos del pblico
-junto al texto que les instruye, la visin de lo sucedido.
-El <i>Blanco y Negro</i> va aqu a la cabeza; luego vienen la
-<i>Revista Moderna</i>, <i>El Nuevo Mundo</i> y algunas otras como
-el <i>lbum de Madrid</i>, que publica retratos de escritores y
-artistas, artculos literarios y poesas. El <i>Blanco y Negro</i>
-es muy parecido a nuestro <i>Buenos Aires</i> o a <i>Caras y Caretas</i>,
-con la insignificante diferencia de que posee un
-palacio precioso, tira muchos miles de ejemplares y da
-una envidiable renta a su propietario el seor Luca de
-Tena. En Barcelona hay varias revistas como <i>Barcelona
-Cmica</i> ms o menos literarias y artsticas; y <i>La Saeta</i>,
-peridico picante por sus fotograbados, por lo comn
-desnudos, <i>poses</i> de malla o camisa, gnero Caramn
-Chimay y aun ms pimentados.</p>
-
-<p>La caricatura tiene por campo una o dos pginas de
-cada almacn o revista ilustrada. Casi siempre, la poltica
-y la actualidad es lo que forma el argumento. Pero
-no existe hoy un caricaturista como el famoso Ortego,
-por ejemplo. Como todo, la caricatura ha degenerado
-tambin. Ortego, me deca muy justamente el seor
-Ruiz Contreras, director de la <i>Revista Nueva</i>, ha sido el
-rey de la caricatura en Espaa; ninguno de los otros
-puede compararse con l; l <i>cre</i> la <i>semblanza</i> de todos
-los polticos y monarcas, de todos los personajes de la<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>
-revolucin; l hizo a Montpensier imposible, con una
-caricatura. Si analizramos la influencia que ha tenido
-Ortego en el porvenir de la Nacin, nos horrorizaramos.
-En este pueblo impresionable, una nota se agiganta y
-se hace un libro, un chisme se transforma en historia y
-una calumnia en <i>dbcle</i> inmensa. Ms dao que todos
-sus enemigos le hicieron a Montpensier las caricaturas
-de Ortego, fundadas en qu? Pues en que Montpensier
-tena una huerta de naranjas. El rey naranjero. Esto
-bast para desacreditarle. Como bast, para hundir a
-don Carlos, pintarle un da rodeado de bailarinas y sacripantas.
-Ortego, adems de su intencin profunda,
-tuvo una ventaja sobre todos, y es que dibujaba maravillosamente.
-Sola tambin encontrar en el personaje
-un rasgo fisonmico para su caricatura, y acertaba tanto
-en la eleccin, que no era posible ninguna variante. Su
-Narvez, su Prim, su Sagasta, su Isabel II, son inolvidables.
-Asimismo se dedic mucho a la caricatura de costumbres,
-en la que hizo prodigios. En esto era un inmediato
-descendiente de Gavarni. El pueblo de Madrid,
-con sus toreros, con sus curas, con sus manolas, sus
-majos, sus cursis, sus hambrientos, sus oficinas, sus
-teatros y sus verbenas, aparece y resucita en los dibujos
-de Ortego, que son para el historiador un documento
-de grandsima importancia. Hace algunos aos se reunieron
-los dibujos de Ortego en lbumes especiales,
-pero la publicacin, con ser de tanto inters para todos,
-no se hizo popular. El pblico estaba distrado con otra
-cosa.</p>
-
-<p>Luque, Padr, Perea y Alaminos han hecho casi solamente,
-la caricatura poltica. Menos hbiles en el dibujo,
-buscaban la intencin en las ideas; sus caricaturas
-tienen ms <i>bilis</i> que <i>lpiz</i>; demuestran sus odios polticos
-ms que su arte. Iban slo a hacer dao; ms que
-revolucionarios de su tiempo, eran anarquistas. Destruan
-con el ridculo, aumentndolo, inventndolo a
-veces. Perea se dedic luego a la especialidad de toros y<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>
-sus dibujos de <i>La Lidia</i> han circulado por todo el mundo.
-Sojo ha sido tambin un poltico de lpiz; <i>dibuja</i>
-poco: todo el inters de su obra se basa en el pensamiento.
-Cilla y <i>Mecachis</i> explotan por algn tiempo la
-crtica de costumbres. Cilla <i>inventa</i> los personajes, mucho
-ms que los toma de la realidad; ha creado varios
-tipos que repite constantemente. As ha hecho Mars en
-Pars. Cilla es en el dibujo en Espaa algo como Lpez
-Silva en sus versos. Nada ms alejado de la verdad, nada
-ms falso que los chulos de Lpez Silva, a quien llaman
-el heredero de don Ramn de la Cruz; y sin embargo, se
-ha convenido en que los chulos de Lpez Silva son los
-verdaderos, y por tales se les mira y admira; y queriendo
-hablar en chulo, la gente joven habla en Lpez Silva.
-Lo mismo sucede con los dibujos de Cilla. Nadie es
-exactamente como lo que Cilla dibuja, pero, a fuerza de
-verla, parece ms real su mentira que la realidad. Ms
-humano es <i>Mecachis</i>: y como ms humano es tambin
-menos montono; como observa y copia, vara ms.
-Despus de Ortego, <i>Mecachis</i>. Todos los dems, excelentes
-<i>periodistas</i>. ngel Pons, que hoy est en Mxico, empez
-bien; pero tambin tiene ms ideas que dibujo;
-tampoco es un observador. Y muy observador de la caricatura
-extranjera, como Rojas su discpulo. Puede decirse
-que casi todos los actuales dibujantes se proveen
-de inventiva y de rasgos felices en las revistas de otras
-naciones. Apeles Mestres y Pellicer saben dibujar y dibujan
-de firme. Mestres ha hecho caricaturas admirables
-en los peridicos satricos catalanes. Es un <i>moralista</i>,
-como casi todos los verdaderos caricaturistas. Es de
-recordar una caricatura publicada en <i>La Esquella</i>, de
-Barcelona. Un coche fnebre, con ocho caballos empenachados
-y otro con un jaco de mala muerte; y la leyenda:
-<i>Com mes richs mes besties</i>: Como ms ricos, ms animales.
-Pellicer conoce su arte y estudia las costumbres.
-Sus dibujos son documentos y sus ilustraciones de obras
-admirables estudios. Para las obras completas de Larra<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>
-ha dibujado tipos como <i>Fgaro</i> pudo concebirlos; a Larra
-le ha hecho como era.</p>
-
-<p>Ese retrato ha quedado definitivo para el futuro, con
-un valor de poca, inimitable. Pellicer ha superado en
-esto al mismo Madrazo. Moya y <i>Sileno</i>, Rojas y Sancha
-trabajan profusamente y tienen bastante demanda; <i>Sileno</i>
-ilustra principalmente el <i>Geden</i>, y sobresale en la stira
-poltica. Sancha se ha hecho un puesto especial,
-apoyado en el <i>Fligene Blatter</i>, y deformando, hace cosas
-que se imponen. Sus deformaciones recuerdan las imgenes
-de los espejos cncavos y convexos; es un dibujo
-de abotagamientos o elefantiasis; monicacos macrocfalos
-e hidrpicas marionetas. Marn estudia mucho, y
-apoyado en Forain, hace excursiones al bello pas de Inglaterra.
-Es un erudito de lo moderno, un simptico artista,
-cuyo modelo principal debe de ser una elegantsima
-y singular mujer, apasionada de D'Annunzio y fascinada
-por Pars. Leal da Cmara, portugus, joven, de
-indiscutible talento, dibuja en Madrid, un tanto desganado,
-con el pensamiento puesto en Jossot, a quien conoce,
-y animado por el espritu de Cruikshank, a quien
-seguramente ignora.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span></p>
-
-
-<h2>AL REDEDOR DEL TEATRO</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 68px;">
-<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">4 de julio de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">spero</span> empieza el verano en Madrid. Desde
-que los calores se inician, el desbande a
-la <i>villgiature</i> comienza. Se abren los
-nocturnos refugios, entre ellos el Buen
-Retiro, con su teatro y sus conciertos en
-los jardines; se instalan las horchateras con sus incomparables
-aguas dulces que entusiasmaron a Gautier,
-servidas por frescas y sabrosas muchachas, la mayor
-parte denunciadoras de su gracia levantina; los sombreros
-de paja hacen su entrada y uno que otro panam de
-repatriado da su blanca nota tropical. A dnde ir
-despus de comer? Se ha inaugurado en el Madrid Moderno,
-all lejos, un teatrito al aire libre, en el Parque
-de Rusia. En compaa de un autor dramtico, buen
-observador y excelente <i>copain</i>, all me voy, animado
-por las estrellas que pican de oro el fino azul de la noche.
-Al pasar por el Prado, me siento detener por un
-grupo de nios que, a la claridad del cielo, asidos de
-las manos, cantan acompasadamente. Qu cantan? Son
-unas de esas antiguas canciones que han venido de siglo
-en siglo y de labio en labio, repetidas en las rondas infantiles,
-al crepsculo de las tardes de mayo y en las
-abrasantes noches de esto. Apuro la oreja, y me llega:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Un pajarito va, carab,</div>
-<div class="verse i0">Cantando el po, po, carab,</div>
-<div class="verse i0">El po, po, p, carab, hur, hur.</div>
-</div></div></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p>
-
-<p>Luego, en otro tono:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Pap, si me deja usted...</div>
-<div class="verse i0">Un ratito a la alameda (<i>bis</i>)</div>
-<div class="verse i0">Con los hijos de Medina</div>
-<div class="verse i0">Que llevan rica merienda (<i>bis</i>).</div>
-<div class="verse i0">Al tiempo de merendar</div>
-<div class="verse i0">Se perdi la ms pequea (<i>bis</i>).</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Y luego, en otro ritmo:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Quien fuera tan alta</div>
-<div class="verse i0">Como la luna,</div>
-<div class="verse i2">Ay, ay,</div>
-<div class="verse i0">Como la luna,</div>
-<div class="verse i0">Para ver los soldados</div>
-<div class="verse i0">De Catalua.</div>
-<div class="verse i2">Ay, ay,</div>
-<div class="verse i0">De Catalua,</div>
-<div class="verse i0">De Catalua vengo</div>
-<div class="verse i0">De servir al rey.</div>
-<div class="verse i2">Ay, ay,</div>
-<div class="verse i0">De servir al rey.</div>
-<div class="verse i0">Con licencia absoluta</div>
-<div class="verse i0">De mi coronel.</div>
-<div class="verse i2">Ay, ay,</div>
-<div class="verse i0">De mi coronel.</div>
-<div class="verse i0">Al pasar el arroyo</div>
-<div class="verse i0">De Santa Clara,</div>
-<div class="verse i2">Ay, ay,</div>
-<div class="verse i0">De Santa Clara,</div>
-<div class="verse i0">Me se cay el anillo</div>
-<div class="verse i0">Dentro del agua,</div>
-<div class="verse i2">Ay, ay,</div>
-<div class="verse i0">Dentro del agua,</div>
-<div class="verse i0">Por sacar el anillo</div>
-<div class="verse i0">Saqu un tesoro,</div>
-<div class="verse i2">Ay, ay,</div>
-<div class="verse i0">Saqu un tesoro.</div>
-<div class="verse i0">Con la Virgen de plata</div>
-<div class="verse i0">Y el Nio de oro,</div>
-<div class="verse i2">Ay, ay,</div>
-<div class="verse i0">Y el nio de oro.</div>
-</div></div></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span></p>
-
-<p>La msica tiene el perfume de un vino viejo y sano.
-Su sencillez y su gracia <i>vieillotte</i> hablan de otros tiempos,
-y el espritu observador y meditativo coge al paso
-en esa flor armoniosa una gota de poesa. Pasa una <i>manuela</i>,
-es decir, una victoria, y en ella nos encaminamos
-al Parque de Rusia. Dejando atrs la Puerta de Alcal,
-despus de recorrer muchas calles llenas de polvo, llegamos.
-Un gran jardn, con laguneta, columpios, glorietas
-y kioscos rsticos, mal cuidado y mal presentado.
-Un <i>restaurant</i> y un teatro. Cuando se alz el teln habra
-unas ochenta personas en todo el recinto, y ellas no se
-aumentaron mucho hasta el momento de partir. El espectculo...
-El <i>Casino</i> de la Boca, a la par, es suntuoso, el
-<i>Cosmopolita</i> de la calle Veinticinco de Mayo, cualquiera
-de nuestros <i>caf-concert</i> de segundo orden es una <i>Alhambra</i>
-londinense o un <i>Jardn de Pars</i>, en comparacin con
-estas abominables iniciaciones en el finisecular divertimiento.
-En el extinto <i>Varits</i>, a fuerza de pesetas, se
-logr presentar algo escasamente semejante a nuestro
-teatrito de la calle Maip; haba siquiera dos o tres nmeros
-que pudiesen despertar el gusto por el extico espectculo.
-Henry Lyonnet, en su libro sobre el teatro en
-Espaa, observa lo poco preparado que est el terreno
-para la importacin parisiense; pero es el caso que a
-estas horas, en la calle de Alcal hay dos teatritos en que
-alternan tarde y noche cantaoras y bailaoras flamencas
-con <i>divettes</i> tradas de Barcelona, de Marsella, o de Pars,
-y en uno de ellos he visto a una famosa pensionista
-de Nollet, la Nella Martini, cantando siempre sus desairados
-y pornogrficos <i>couplets de la Pulga</i>.</p>
-
-<p>En el Parque de Rusia se di principio a la funcin
-con una cuadrilla de osados vejestorios, una parodia del
-Moulin Rouge. Las bailarinas, seguramente improvisadas
-para el caso, aun cuando pretendan encender a la
-escasa concurrencia, resultaban de un efecto moralizador
-indiscutible: ni que hubiesen sido del Ejrcito de
-Salvacin! Luego sali a decir su cancin en <i>argot</i> una<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>
-flaca veterana, retirada seguramente del oficio, a quien
-nadie entendi una sola palabra; y otra le sigui, <i>grivoise</i>,
-igualmente detestable. Si no aparece en seguida
-Pilar Monterde, una espaola de cuerpo encantador,
-que baila las danzas nacionales con mucha gracia
-aunque un poco <i>para Pars</i>, la parte primera del espectculo
-hubiera petrificado de fastidio a la asistencia.
-La segunda la desempe un discpulo de Frgoli, llamado
-Minuto&mdash;italiano, de Rosario de Santa Fe, qu
-pensis!&mdash;y la gente le aplaudi largamente, y con mucha
-justicia. Entre l y la Monterde se salvaron la noche.
-Ahora, a la ciudad. Y he ah que no se encuentra a la
-salida ni coche ni tranva. Los que salen primero logran
-atrapar uno que otro, y los dems... a seguir el camino
-por las calles empolvadas, con calor y fatiga. No me
-quejo sino vagamente, del percance, con mi amigo el
-autor; pero aprovecho la caminata para hablar sobre
-teatro. Mara Guerrero debe de estar a la sazn, al partir
-de Buenos Aires, con rumbo a su buena villa de Madrid;
-Antonio Vico, en sus postreros aos de arte, va a
-Amrica a hacer lo que debi hace mucho tiempo, corriendo
-el riesgo de una desilusin.</p>
-
-<p>Durante el invierno funcionan regularmente en Madrid
-dos compaas dramticas, la del Espaol, dirigida
-por la Guerrero y su marido, y la de la Comedia, cuyo
-director fu por ms de veinte aos Emilio Mario y
-ahora es Emilio Thuillier. Mario es otra venerable ruina.
-Los bizarros papeles de antao, los galanes muy
-a la francesa, que tanto brillaron, han quedado en la
-memoria de los que presenciaron sus pasados triunfos;
-hoy Mario hace maravillosamente el caracterstico, y
-creo no pretender emular los esfuerzos fatigados de
-Vico. En la primavera tambin suele trabajar la compaa
-de la Tubau&mdash;otra abuela&mdash;y en otros teatros aparecen
-y desaparecen como por obra de encantamiento, varias
-compaas que no hallan donde plantar sus escuetas
-races. Entretanto que el apodado gnero chico<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span>
-prolonga en los teatros de la Zarzuela y Apolo indefinidamente
-sus temporadas, el gnero grande limita las
-suyas al invierno y desaparece de la Corte con la llegada
-de las primeras rosas. La compaa del teatro Lara,
-que no pertenece al gnero chico ni al grande, cultiva
-la declamacin sin msica, en obritas de uno o dos
-actos (algunas representa de tres), pero no estrena ninguna,
-limitndose en das de gala, beneficios o noches
-excepcionales, a <i>reprises</i> de las piezas ya juzgadas y
-aplaudidas por el pblico y que juzga pertinentes; su
-temporada se mantiene durante toda la primavera.</p>
-
-<p>En invierno recorren los escenarios de provincia algunas
-compaas, encabezadas por Vico, Miguel Cepillo,
-Snchez de Len, Luisa Caldern, Julia Cirera, Antonio
-Perrn, Garca Ortega, dando a conocer aquellas piezas
-que Madrid ha aprobado; pues la centralizacin en este
-caso es absoluta, no teniendo cabida en la Corte la nica
-excepcin, el teatro regional cataln. Cuando las compaas
-del Espaol, la Comedia y La Princesa terminan
-su labor de Madrid, pasan a provincias y recorren los
-teatros de Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Bilbao, Valencia,
-y otros ms de menor calidad. Varias de las compaas
-dramticas de provincia, en verano descansan.
-Ya por Pascua, suele venir a la Corte alguna compaa
-extranjera que da sus representaciones en la Comedia,
-en el Moderno, o en la Princesa. Generalmente las compaas
-son italianas, aunque Sarah Bernhardt me parece
-ha estado unas dos veces y se anuncia la llegada de
-Rjane, en una <i>tourne</i> por Europa.</p>
-
-<p>Novelli ha conquistado desde hace tiempo a los madrileos,
-y ltimamente la Mariani, desde luego superior
-a todas estas actrices, con excepcin de la Guerrero,
-ha sido excelentemente acogida. El gnero chico, en
-verano como en invierno, contina con varios teatros
-abiertos, ofreciendo estrenos todos los das, y sosteniendo
-las obras de sus favoritos hasta quinientas noches.
-Es la chulapera triunfante, el do del mantn y el pantaln<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>
-obsceno, el barrio bajo que se impone, con defensores
-que cuando alguien protesta de tanta vulgar exploracin,
-sacan a cuento a Goya y al bastante asendereado
-don Ramn de la Cruz. Este, como sabis, se llama
-hoy Lpez Silva.</p>
-
-<p>No obstante, en estos ltimos aos ha habido loables
-tentativas de renovar el ambiente teatral, de sacar la
-atencin del mundo de las chulapas y de los chulos.
-Se ha traducido algo moderno. Se ha hecho algo de
-Ibsen, <i>El Enemigo del Pueblo</i>; de Sudermann, <i>Magda</i>; de
-Lavedan, <i>El Prncipe dAureac</i>, con el ttulo de <i>El Gran
-Mundo</i>, entre las conocidas obras de Dumas, Sardou,
-Pailleron; y han osado en una plausible campaa, los
-autores de algunos trabajos originales, Guimer con su
-<i>Mara Rosa</i>, Dicenta con su <i>Juan Jos</i>, Benavente con
-<i>Gente conocida</i>, Ruiz Contreras con <i>El Pedestal</i>. <i>La Dolores</i>
-de Codina y <i>Juan Jos</i>, con fuerza y bros hoy no
-usados aqu; <i>Mara Rosa</i> iniciando una tentativa de
-teatro socialista, con el mismo <i>Juan Jos</i>, <i>Gente conocida</i>
-trayendo las escenas libremente extradas, sinceras, de
-la vida, con un anlisis hondo, e irona que parece a
-flor de piel, pero que penetra, sealan un buen trecho
-conquistado para un arte escnico futuro. Muri Feli
-y Codina, que haba pretendido la realizacin de un
-teatro regional, de todas las regiones espaolas, una
-especie de geografa escnica de la Pennsula. As despus
-de <i>La Dolores</i>, aragonesa, vino <i>Mara del Carmen</i>,
-murciana, y luego <i>La Real Moza</i>, andaluza. Feli era un
-firme trabajador, de gran talento, y un delicioso msico
-del verso, de este verso espaol sonoro y sin matices.
-Joaqun Dicenta, que acert tan bravamente con <i>Juan
-Jos</i>, no avanz con <i>El Seor feudal</i>, y, desanimado, o
-mejor, posedo ya del deseo de la fija ganancia, se fu
-hacia la zarzuela. As escribi en unin de su amigo
-Paso el libreto de <i>Curro Vargas</i>, extrado de una novela
-de Pedro Antonio de Alarcn. Guimer persisti, con
-su tesn cataln. Consigui en <i>Tierra baja</i> dos actos notabilsimos&mdash;el<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span>
-tercero desmerece tanto que puede suprimirse&mdash;.
-De todos modos, esa obra, en Madrid, como
-en Pars, como en Buenos Aires, ha revelado un gran
-manejador de ideas y un potente poeta. <i>El Padre Juanico</i>
-busc el xito a la manera de Feli y Codina. Parecera
-que hubiese acaparado la herencia del autor de
-<i>La Dolores</i>; pero Guimer es una fuerza, y despus de
-tantear sus conveniencias, ha de volver sin vacilar a su
-rumbo verdadero: el drama socialista, el drama actual
-e intenso, del hombre y de la tierra. Difcil es el pblico
-para resistir ciertos intentos. Un Curel o un Mirbeau no
-tendran, por lo pronto, oyentes; la autoridad tendera
-su mano al instante. De <i>Los Tejedores</i> de Hauptmann
-se arregl <i>El Pan del Pobre</i> con cien atenuaciones. Praga
-y Rovetta, al ser servidos, van ya aguados.</p>
-
-<p>Benavente, despus de <i>Gente conocida</i>, ofreci con
-copa de excelente vino espaol preparado a la francesa:
-<i>El Marido de la Tllez</i>. Luego di <i>La Farndula</i>, una equivocacin...
-de los cmicos, que no la comprendieron, y
-la hicieron de una manera dolorosa; despus alcanza su
-ms resonante victoria con <i>La Comida de las Fieras</i>. Es
-difcil que, en lo sucesivo, sobrepase las exquisiteces de
-intencin, la variedad escnica, el equilibrio, la gracia,
-el vuelo psicolgico, la irona trascendental y el inters
-de su ltima obra. Y aqu empieza el desencanto,
-porque, si el pblico se deja conducir y agradece el regalo
-de la forma nueva, el actor, hasta vindola muy
-aplaudida, se resiste a aceptarla. Ello no es raro. En
-todas partes, todo <i>cabot</i>, grande o chico, y son pocos los
-casos de excepcin, es impenetrable a la concepcin
-artstica y yerra, por lo comn, al estimar la opinin del
-pblico. Un sir Irving, es caso raro. Si no hubiera habido
-un Antoine y un Hugue Poe en Pars, aun andaran
-de teatro en teatro, durmiendo en las gavetas directoriales,
-verdaderas obras maestras, y sera desconocido
-ms de un triunfador de hoy. Aqu, mucho cost a
-Benavente conseguir que su <i>Gente conocida</i> fuese representada<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span>
-con esmero. Habanla dejado para <i>ltimo da de
-temporada</i>, convencidos los cmicos de que la obra no
-pasara del segundo acto. Por fortuna, semejante atentado
-no lleg a cristalizarse en crimen, y <i>Gente conocida</i>,
-al quedarse en cartera, fu al ao siguiente el mayor
-<i>succs</i> de la temporada. No bast tal enseanza para reducir
-a la gente de bastidores, y al ensayar <i>La Comida
-de las Fieras</i>, hacanlo llenos de desconfianza, sin comprender
-una sola lnea de lo que tenan entre manos,
-aunque, segn parece, poniendo una regular suma de
-buena voluntad.</p>
-
-<p>Mas, pasado el triunfo, suponis que se dieron por
-vencidos y convencidos? Segn ellos, la comedia fu
-aplaudida, no por lo que tiene de arte moderno, sino
-por lo que tiene de salsa cmica; no por lo exacto de
-la delicada pintura social, ni por el procedimiento, sino
-por lo que sazona el <i>chiste</i>, por lo que hay para sus paladares
-nicamente saboreable. No es esto de causar extraeza
-si se tiene en cuenta que <i>La Dolores</i>, obra puramente
-nacional, popular, clara, sin medias tintas, del
-tipo ms corriente en la escena espaola, pas por todos
-los teatros madrileos sin ser recibida en ninguno,
-dndose el caso duro de que su autor, para no resignarse
-a la condena y dando en esto seal de buen tino, fuese
-a estrenarla en Barcelona, donde se di treinta y
-tantas veces. A fin de temporada, Mario se resolvi a
-estrenarla en Madrid, y Mara Guerrero se neg a hacerse
-cargo del papel que ms tarde haba de ser uno de
-los ms brillantes de su repertorio, y causa de mucha
-gloria y provecho. Es conocido el pleito que sostuvo el
-autor con la actriz por esa negativa. El camino que
-ofrecieron a Guimer los teatros de la Corte no fu tampoco
-exento de tropiezos. Enrique Gaspar, conocido
-autor cmico, tradujo, para que Calvo lo estrenara en
-Barcelona, <i>Mar y Cielo</i>. Guimer era visto como un genio
-regional, pero no poda penetrar las murallas chinas
-de Madrid. Por fin, Ricardo Calvo se decidi a<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>
-poner en escena en el Espaol <i>Mar y Cielo</i>, versin de
-Gaspar, y el xito ruidoso hizo que despus apareciese
-una <i>Mara Rosa</i>, echegarayizada por don Jos. No es,
-pues, Echegaray, como lo ha asegurado la seora Pardo-Bazn
-en su conferencia de Pars, quien present
-a Guimer en Madrid, sino el cnsul autor don Enrique
-Gaspar.</p>
-
-<p>Galds, con toda y su colosal <i>rclame</i> de novelista, no
-inspir tampoco mucha confianza. Su <i>Realidad</i> no encontr
-simpatas en la Princesa, donde reinan la Tubau
-y su marido Ceferino Palencia. Fu recibida la pieza en
-la Comedia, por obra de la cortesa que siempre tuvo
-Mario con los grandes, y que hay que agradecerle. Y
-<i>Realidad</i> venci. Nadie poda esperar que aquella dolorosa
-y extraa fantasa pudiese tener un buen resultado
-en las tablas. Y lo tuvo. El drama de Galds debi haber
-convencido a los <i>practicones</i> que, si eso no era romper
-moldes, como se dice, era cortar ligaduras y trabas.
-No sucedi as. Aun se <i>anuncian</i> los xitos de dramas
-cosidos a los viejos cnones, a ridculas usanzas persistentes.
-Despus de <i>Realidad</i> obtuvo gloria legtima Galds
-llevando a la escena <i>La Loca de la casa</i> y <i>La de San
-Quintn</i>, y si en sus obras posteriores no ha sido tan
-afortunado, no hay que echar la culpa al pblico, sino
-a la precipitacin industrial que se ha impuesto en su
-labor el dichoso escritor de los <i>Episodios Nacionales</i>.
-<i>Los Condenados</i>, <i>Voluntad</i> y <i>La Fiera</i> hasta cierto punto
-superan a sus obras anteriores, pero hay en su construccin
-y arquitectura descuidos que las perjudican. Esta
-s que fu y ser siempre una condicin de la obra escnica.
-En la novela puede impunemente ir lastreando
-el riblo un captulo pesado, con tal que lo dems, alado
-y vigoroso, o sutil y areo, mantenga en su vuelo al espritu.
-Mas en la pieza teatral no puede aflojarse ni decaer
-una sola escena, porque la atencin a la inmediata
-marca el descenso.</p>
-
-<p>No es suficiente que se afiance una justa intencin y<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span>
-que la idea total y bsica se asiente con solidez; hay que
-sostener la intensidad; la obra del teatro tiene muy sealada
-extensin, cuenta con una cantidad determinada
-de tiempo, y por lo tanto, se ha de ser sinttico, no cabe
-analizar.</p>
-
-<p>Ya <i>hecho</i> autor, Dicenta encontr resistencia para su
-<i>Juan Jos</i>. He visto el original de la obra y ledo en el
-reparto el nombre de Mara tachado, y, en su lugar
-puesto: seorita Martnez. Lo cual quiere decir que la
-primera actriz, que en esta ocasin era la seora Tubau,
-no quiso encargarse del papel. Tampoco lo tuvo en la
-obra Emilio Mario, y <i>Juan Jos</i>, desechado por el primer
-actor y la primera actriz, hizo con actores jvenes
-una carrera triunfal, excepcional, pocas veces vista.</p>
-
-<p>Ahora se preparan las formaciones para el prximo
-octubre. Vendr Mara Guerrero a su Espaol? Le ser
-muy difcil encontrar otro <i>Cyrano de Bergerac</i>. Como ya
-apenas cuenta con Echegaray, cuyos repetidos fracasos
-prueban, no su falta de talento sino su falta de tino en
-no retirarse a tiempo, para hacer buena compaa a
-Guimer necesita del elemento nuevo. Dos jvenes tiene
-ya en casa: Lpez Ballesteros, y Ansorena. No es bastante.
-La <i>troupe</i> que se empieza a formar para la Comedia
-consta de muchos nombres, pero de pocos elementos
-para obras de cierto fuste. Lara seguir como siempre.
-En general, los autores encontrarn las mismas dificultades
-y sus trabajos los mismos jueces de criterio imposible.
-No habiendo comits de lectura, como en todo
-teatro culto de la tierra, no buscando los seores actores
-obras sino papeles, y sin una crtica ilustrada que sirva
-de gua, todo el teatro en Espaa est sometido a la voluntad
-o al capricho de los actores dirigentes. En Madrid
-hay que encomendarse, para lo alto, a Mara Guerrero
-y a Emilio Thuillier.</p>
-
-<p>La Real Academia Espaola, que no hace sino el Diccionario,
-pudo en este caso hacer algo. Dispone de premios
-de alguna importancia&mdash;de 5.000 y 2.500 pesetas&mdash;legados<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span>
-por buenos seores, amantes del teatro, para
-que se concediesen, peridicamente, a la mejor obra
-dramtica. Pudo perfectamente la Real Academia admitir
-obras no representadas; aun fu objeto de discusin
-si deba hacerlo as, y, por mi parte, creo que deba hacerlo
-de esa manera; pero para mayor comodidad y menor
-compromiso y <i>far niente</i>, resolvi limitarse a las
-que mayor xito logren, con lo cual someti de modo
-implcito su fallo al fallo previo de los directores de
-empresa. La Academia da, pues, las pesetas a quienes
-amparan Mara Guerrero y Emilio Thuillier. En esta
-situacin se encuentra el teatro en el momento en que
-escribo, y as se abrir la temporada de 1900. Muerto
-Feli y Codina, Echegaray gastado, Galds desanimado,
-Guimer buscando el xito productivo, Benavente piensa
-en una obra ligera, <i>puramente cmica</i> destinada a una
-actriz como la Pino, buena y azucaradita solamente para
-esas fiestas; Dicenta va a Andaluca a escribir libretos
-de zarzuelas grandes; Sells&mdash;de la Real Academia Espaola&mdash;,
-se prepara a seguir la misma labor; Leopoldo
-Cano, sin producir nada desde hace tiempo; Gaspar de
-cnsul, Blasco de socialista cristiano, y la crtica ilustrada,
-con perdn del seor Canals y del crtico de <i>La
-Ilustracin</i>, sin nacer an. Los jvenes encuentran mejor
-traducir, y se pertrechan. Y as estn las mscaras
-del teatro que fu en un tiempo el primero del mundo.</p>
-
-<p>&mdash;Si tomramos un vaso de horchata? digo a mi
-amigo el autor.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p>
-
-
-<h2>LIBREROS Y EDITORES</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img008.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">14 de julio.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Hasta</span> hace poco tiempo&mdash;y aun hoy mismo,
-en la mayor parte de las repblicas,
-hacia el Norte&mdash;el sueo rosado de un
-escritor hispanoamericano era tener un
-editor en Espaa. Por esos pases los Gobiernos
-suelen costear las ediciones de los poetas y
-escritores, con la condicin de que los agraciados les
-sean gratos en poltica. No hay otro recurso de hacerse
-leer como no surja un inesperado Mecenas. En Buenos
-Aires poco tiene que ver el Gobierno con las musas, y
-los editores, ya sabemos que, en realidad, no existen...
-He querido explorar ese punto en Espaa, y en verdad
-os digo que he salido del antro vestido de desilusin.
-Editores y libreros desconsuelan.</p>
-
-<p>Un hombre de letras que quiera vivir aqu de su trabajo,
-querr lo imposible. La revista apenas alienta, el
-libro escasamente se sostiene; todo producto mental
-est en <i>krach</i> continuo. Lo nico que produce dinero es
-el teatro, cierto teatro. El que logra hacer una <i>Verbena
-de la paloma</i>, o una <i>Gran Va</i>, y puede continuar en sucesivos
-partos de ese gnero, ya tiene la gruesa renta
-asegurada. El seor Jackson Veyn, a quien achacan
-mediocridad literaria e incurable ripiorrea, puede
-reirse de sus enemigos al embolsar sus miles de duros
-anualmente. Los editores de teatro, o ms bien, los que<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span>
-compran la propiedad de las obras teatrales, tienen mejor
-fama que los de libros. Son ms abiertos, ms generosos,
-y hasta autores principiantes hallan en ellos su
-providencia.</p>
-
-<p>En esta nuestra curiosa madre patria, en pocas pasadas,
-y aun en la actualidad, los centros intelectuales de
-la Pennsula fueron y son las farmacias y las libreras.
-Decame un amigo madrileo: En las farmacias hcense
-ms versos que ungentos, y en las libreras se derrochan
-ms palabras que pesetas. En la Corte, como
-en provincias, las libreras son punto de reunin donde
-acude un nmero dado de clientes y aficionados, a conversar,
-a hojear las nuevas publicaciones y a perder el
-tiempo. En Madrid todava existe lo que se podra llamar
-tertulia de librera, aunque no como en tiempos
-pasados. En casa de Fe, al caer la tarde, podis encontrar
-a Manuel del Palacio, a Nez de Arce, con su inseparable
-amigo Vicente Colorado, al seor Estelrich,
-italianista de nota, a otras figuras, grandes, medianas y
-chicas del pensamiento espaol. En casa de Murillo no
-dejaris de ver cotidianamente las barbas rojas del acadmico
-Mariano Catalina. Hace bastantes aos era Durn
-quien reuna en su establecimiento famosos contertulios.
-Era este Durn hombre de cultura y metido en
-letras; bibligrafo de mrito, muchos varones ilustres
-salieron de su casa muy satisfechos despus de una consulta.
-Conoca todos los libros, todas las ediciones,
-todas las noticias. Era una especie de Bibliophile Jacob
-de Madrid, buen parlante y provechoso amigo intelectual.
-Hoy no existe un solo librero como aqul; y la
-erudicin la suplen los que hay con el aguzado instinto
-de un comercio genuinamente israelita. Paul Groussac,
-en sus viajes por el continente americano, hallaba a
-cada paso comprobada la superioridad de nuestras incipientes
-libreras bonaerenses, en comparacin con las
-del resto de la Amrica espaola. Pues bien, las libreras
-de Madrid son de una indigencia tal, sobre todo en<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>
-lo referente al movimiento extranjero, que a este respecto
-Fe, que es el principal, o Murillo, o cualquier
-otro, estn bajo el ms modesto de nuestros libreros.
-En Madrid no existe ninguna casa comparable a las de
-Peuser o Jacobsen, o Lajouane. Pars est a un paso y
-me ha sucedido leer en <i>La Nacin</i> el juicio de un libro
-francs antes de que ese libro hubiese llegado a Madrid.
-El que no encarga especialmente sus libros a Francia,
-Inglaterra, etc., no puede estar al tanto de la vida mental
-europea. Es un mirlo blanco un libro portugus. De
-libros americanos, no hablemos. La casa de Fe es estrechsima,
-y Fe no se atreve a mudar de local, quiz posedo
-del temor de que otra ms elegante y espaciosa
-no se advirtiese tan concurrida. Adems de dos pequeos
-mostradores en que se exponen obras castellanas,
-uno que otro libro de Amrica, a la izquierda, libros
-extranjeros, a la derecha, hay, junto al escritorio del
-jefe de la casa&mdash;, rincn estrechsimo&mdash;una mesita en
-que se presentan las ltimas novedades espaolas. A
-esa mesita se acercan y tocan los asiduos del establecimiento;
-unos cortan las pginas y leen las obras de corta
-extensin, de pie; concluyen, y dejan el ejemplar. En
-toda Espaa hay poca aficin a comprar libros; quiz
-sea por esto que las libreras son de una pobreza desoladora.
-Hay que dar vuelta al problema de <i>Fgaro</i>: No
-se lee porque no se escribe, o no se escribe porque no
-se lee? deca l. Digamos: No se compran libros porque
-no se saben vender, o no se saben vender porque
-no se compran? Lo cierto es que los libros se venden
-poco y mal, y, como en Buenos Aires, los culpables son
-los libreros. Todo comerciante hace lo posible por despachar
-su mercanca, y procura colocar y recomendar;
-el librero limita su negocio a dar lo que le piden y no
-hace ofertas ni recomendaciones. Desde algn tiempo a
-esta parte se han establecido las ventas a plazos, pero
-eso es para facilitar la adquisicin de las grandes publicaciones
-ilustradas. El anuncio slo se emplea en casos<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span>
-muy especiales, y los catlogos que publican algunos
-libreros no tienen resonancia ninguna.</p>
-
-<p>Hubo un tiempo&mdash;y ya va lejos&mdash;en que las libreras
-de lance&mdash;libros usados y antiguos&mdash;tenan mucho movimiento
-e importancia y publicaban peridicamente
-catlogos numerosos. De aquellas libreras apenas queda
-rastro; unas han desaparecido, y otras redujeron su
-negocio hasta un simple cambalache de <i>bouquiniste</i>.
-Rico sigue publicando catlogos, y un joven de muchos
-alientos, Vindel, tiene un negocio de esta clase, de bastante
-importancia. Vindel es hoy algo como lo que fu
-Durn, guardada la diferencia de educacin, clase y
-tiempo. Este joven sabe mucho de libros viejos y hace
-su comercio de novedades en frecuente relacin con
-los anticuarios de Pars y Londres; publica libros raros
-y curiosos, como los Biblifilos Sevillanos, y en su oficio
-es una especialidad. Me han contado la historia de
-Vindel: interesante y extraa novela, que l deba hacer
-escribir e imprimir a un ejemplar nico. Sera el ms
-<i>raro</i> de sus libros. Los jvenes le han conocido en el
-Rastro de Madrid, con la cuerda al hombro, haciendo
-recados y comprando y vendiendo pobres mercancas.
-Nadie se explica cundo, cmo ni dnde aprendi lo
-que sabe. Su fortuna se la debe a la buena suerte. Le
-cay una lotera de quince mil duros, y as comenz a
-realizar compras importantes. Ha ido a Pars y a Londres,
-en ocasiones en que se han anunciado ventas de
-libros y subastas de bibliotecas particulares y se ha dado
-vida de gran seor. Vindel se mueve en su negocio
-como si operase en un gran pas; tiene sus desencantos
-y sus apuros, pero es obstinado y fuerte. Y es el que ms
-entiende su oficio, el que tiene ms elementos bibliogrficos
-y el ms abierto.</p>
-
-<p>De los libreros de actualidades, el que ms negocio
-hace es Fernando Fe; a su casa acude en busca de libros
-la mayora de las gentes que los compran, y es acaso el
-que ms comercio tiene con las provincias. Las libreras<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span>
-de Jos Ruiz&mdash;<i>Guttemberg</i>&mdash;, San Martn, Manuel
-Hernndez y algunas otras, son, en mayor o menor escala,
-establecimientos anlogos al de Fe. Victoriano
-Surez se dedica principalmente a los libros de texto y
-envos a Amrica. Hay libreras que tienen especialmente
-obras profesionales, unas de medicina, otras de jurisprudencia,
-como la de Leopoldo Martnez, otras como
-la de Hernando, de primera enseanza y otros libros de
-propaganda catlica. No s que haya en la actualidad
-ninguna librera protestante o que lleve francamente el
-nombre de tal. Trabaja mucho en Espaa la Sociedad
-Bblica, pero no consigue que se lean mucho sus volmenes
-y folletos. Aqu cualquiera se permite ser un mal
-catlico, pero pocos renuncian a llamarse catlicos. Se
-precisa la independencia y el buen humor de Jos Zahonero
-para llegar a ser obispo protestante.</p>
-
-<p>He hablado de los libreros antes que de los editores;
-con tener aqullos tan poca importancia, stos la tienen
-menos. Debo advertir que me refiero solamente a los
-editores de obras literarias; los de obras cientficas no
-abundan, y por lo que noto, se limitan a la explotacin
-de la enseanza. Un Alcn, ni para muestra.</p>
-
-<p>En los buenos tiempos romnticos florecieron en Madrid
-muy famosos editores como Roig y Mellado. No
-enriqueceran a los poetas llenos de apetito de entonces,
-pero por lo menos les quitaban el hambre. En medio
-siglo ha perdido Madrid mucho de su ambiente literario.
-Zorrilla, como poeta lrico, no sacara hoy a su
-editor un puado de onzas para sus caprichos, como el
-ao 1840. Apenas un puado de garbanzos, y gracias.
-Hay de aquellos tiempos volmenes de poesas de autores
-desconocidos, hechos en casas editoriales que, por
-lo menos, pagaron la edicin. Hoy quien no est abonado
-por el nombre, no encontrar sino el desdn de no
-importa cul editor. De entonces ac es cierto que se ha
-apagado el entusiasmo. Los peridicos publicaban folletines
-de versos que la gente lea sin duda; la novela<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span>
-estaba un tanto canija; pero, a pesar de su flacura y
-anemia, haba editores para ella. Es verdad que la prensa
-ayudaba mucho a los libros; los peridicos, en general,
-cuidaban de su parte literaria, y aunque no hubiese
-grandes crticos, porque la crtica nunca tuvo en Espaa
-muchos ni muy competentes devotos, tenanse en
-cuenta la bibliografa y se hablaba y se discuta alrededor
-de una obra nueva. Hoy la Prensa no se ocupa de
-un libro nuevo a conciencia. No hay crticos fijos en
-las redacciones. El libro se anuncia, a lo ms en una
-gacetilla&mdash;la misma para todos los peridicos&mdash;que por
-lo general manda hecha el editor interesado; y los artculos
-firmados por nombres de autoridad obedecen a
-mviles amistosos o de camaradera, antes que a cualquier
-preocupacin artstica, o literaria. Hasta hace
-algn tiempo, el envo de dos ejemplares de un libro a
-una redaccin haca que se hablase de la obra con ms
-o menos laconismo; hoy ni las obras de los ms sonantes
-autores&mdash;Galds, Pereda, Palacio Valds, Pardo-Bazn,
-Valera, etc.&mdash;encuentran eco en la Prensa. Galds,
-con empresa especial para sus libros y con el sentido
-comercial que le distingue, anuncia sus nuevos <i>Episodios
-Nacionales</i> en la cuarta plana de los diarios, junto
-al aviso en que el novelista santanderino Pereda recomienda
-su fbrica de jabn; Valera se da por satisfecho
-con las atenciones de su pblico y las traducciones que
-le hacen en el extranjero, y Palacio Valds, que tiene un
-desdn profundo por la crtica de su pas, ni siquiera
-enva sus libros a las redacciones, escribe para ser vertido
-al ingls y ledo en Nueva York y en Londres.</p>
-
-<p>Hasta los libreros y editores van dejando la costumbre
-de enviar los dos ejemplares de prensa, al ver la
-inutilidad del procedimiento.</p>
-
-<p>Las ediciones de los romnticos&mdash;algunas muy bien
-hechas y muy parecidas a las de los franceses&mdash;debieron
-ser numerosas. Demuestran ms que el valor de los
-poetas, el entusiasmo del pblico. Desde Salas de Quiroga<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span>
-hasta Romero Larraaga&mdash;ayer, hoy y maana ilustres
-desconocidos&mdash;un ejrcito de cabelludos desbocados
-exuber en prosas y versos que tuvieron la vida de
-una col. Sus ediciones&mdash;de las que se suelen encontrar
-ejemplares muy hermosos en los puestos de librera de
-viejo&mdash;no se cotizan, como en otros pases, por motivos
-esencialmente tipogrficos y de curiosidad literaria. La
-primera edicin de los <i>Romances</i> del duque de Rivas
-no vale ms que dos pesetas, y he visto vender en quince
-una primera edicin de los trece primeros volmenes
-de <i>Poesas</i> de Zorrilla. Del <i>Trovador</i> de Garca Gutirrez
-y <i>Los Amantes de Teruel</i> de Hartzenbusch, si
-aparecen las ediciones primitivas, se confunden en los
-montones de comedias que se venden por lotes, con las
-ms recientes, y se cotizan a veces a menor precio que
-las que acaban de aparecer, porque son viejas. Las
-primeras obras de Campoamor corren igual suerte. En
-la poca romntica se fundaron las Galeras dramticas,
-y creo que el editor Delgado fu el primero que
-intent el negocio. Hasta entonces, y sobre todo en los
-siglos XVII y XVIII haba habido impresores que coleccionaban
-preferentemente comedias y las impriman
-a dos columnas. Aun aparecieron impresas as las de
-Moratn y las tragedias de Jovellanos y Quintana. Luego
-se adopt para comedia el 16; as aparecieron las
-primeras de Bretn de los Herreros, y al fin se agrand
-la forma, estableciendo la primera galera el tamao
-corriente y el formato que hoy se usa para las obras
-teatrales. As como ahora lo que sobra en las galeras
-son ttulos, al principio faltaban, y para presentar un
-catlogo copioso de obras nuevas y nombres nuevos,
-Delgado ofreca buenas pesetas por todas las obras que
-le llevaban los principiantes. Imprima los originales
-sin leerlos siquiera. Slo as se concibe que hayan llegado
-a publicarse muchas obras entre las cuales me ha
-llamado la atencin, y no por sus bellezas, una de Campoamor,
-que debi escribir el poeta cuando tena quince<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>
-aos. Se viva en aquel mundo literario en una inocencia
-arcdica. La Prensa aplauda las fogosas redondillas
-y los ingenuos sonetos. El bisoo Orfeo, recin
-llegado de provincia, encontraba un colega cortesano
-que le presentase a un editor; las tentativas se estimulaban;
-de una tertulia sala con frecuencia un nombre
-nuevo: el pblico se dejaba seducir por aquellas fascinaciones.
-Un epigrama daba la vuelta a la ciudad, y una
-poesa sola conquistar la buena voluntad de un ministro.
-Renduel no exista, ni Lemerre tampoco; pero algo
-semejante animaba en Espaa a los excelentes hijos de
-Apolo. Es de lamentar que un Valera no deje escrita la
-historia ntima de la literatura espaola de este siglo.
-Sera muy interesante ver cmo se producen y se agitan
-las corrientes por un momento dominadoras de todo y
-que desaparecen en este pas nervioso, impresionable y
-de mil faces.</p>
-
-<p>Don Wenceslao Ayguals de Izco quiz fu el primer
-editor literario de empresa. Don Wenceslao acometa
-la novela, se lanzaba por la poesa, autor fecundo y
-atrevido; dirigi un peridico, <i>la Risa</i>, en que escribieron
-todos los famosos de la poca, y supo fundar un
-negocio de publicidad en grande escala; falsific en castellano
-<i>Los Misterios de Pars</i> y el espritu de Su, con
-su <i>Hija de un jornalero</i> y su <i>Marquesa de Bella Flor</i>.</p>
-
-<p>Gaspar y Roig y ngel Fernndez de los Ros hicieron
-bibliotecas ilustradas del tamao y forma de los <i>magazines</i>,
-y a ellos se debe en gran parte el sostenimiento
-de la cultura literaria, pues hicieron traducir y publicaron
-muchas obras francesas e inglesas con buenas
-ilustraciones intercaladas en el texto y a precios hasta
-entonces desusados. Asimismo alternaban con los extranjeros
-Espronceda y el duque de Rivas, Carolina Coronado
-y Fernndez y Gonzlez. En competencia con los
-<i>cuadernos</i> cultos de la Biblioteca Universal y de la Biblioteca
-Gaspar, aparecieron las entregas de novelas de
-un gnero especial. Era el desborde de la fantasa endiablada<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>
-de Fernndez y Gonzlez, el torrente sentimental
-de Prez Escrich, la honesta narracin a la pap
-que humedeci los pauelos de varias generaciones en
-Espaa y Amrica, y a cuyo recuerdo aun suspiran las
-porteras agradecidas. Ambos novelistas ganaban muchas
-onzas de oro y enriquecieron a sus editores. Pero
-la novela por entregas tambin pas, al vuelo del tiempo,
-y el honrado Escrich muri en la pobreza despus
-de cazar mucho y escribir otro tanto, pues su vida en
-la Corte se desliz como canta una quintilla suya:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i2">Escrich es un cazador</div>
-<div class="verse i0">Que pasa das felices</div>
-<div class="verse i0">Persiguiendo con ardor</div>
-<div class="verse i0">En el campo a las perdices</div>
-<div class="verse i0">Y en Madrid al editor.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Como en Valencia durante muchos aos la Biblioteca
-de Cabreziro haca buena obra publicando libros de
-mrito, ms tarde en Barcelona La Maravilla di al pblico
-novelas e historia a precios reducidos, y alcanz
-popularidad. Por all salieron a mezclarse con el pueblo
-espaol Walter Scott y Dumas el viejo. No hay duda
-de que del ao de 1840 al 1860 se publicaba y lea ms
-en la Pennsula que lo que ahora se publica y se lee.
-Los editores de Barcelona que hoy trabajan mucho, lo
-hacen de modo principal para la exportacin y con escaso
-cuidado. En Madrid apenas hay editores literarios.
-Las bibliotecas econmicas de vulgarizacin a dos reales
-aumentan y producen continuamente. La primera
-fu la de Pi, la Biblioteca Universal, hecha por el patrn
-de la francesa del mismo ttulo, aunque a precio duplicado
-(la Bibliothque Universelle slo cuesta veinticinco
-cntimos); siguila en Valencia la Biblioteca Selecta y
-en Barcelona la Biblioteca Diamante. Antonio Zozaya
-intent cuerdamente su Biblioteca Filosfica&mdash;tambin
-a dos reales&mdash;y di a conocer al gran pblico, cierto<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span>
-que como en un botiqun, a los filsofos antiguos y modernos,
-desde Aristteles hasta Schopenhauer.</p>
-
-<p>No dejar de recordar el impulso que di a las obras
-ilustradas, con sus libros bien presentados y econmicos,
-el editor Cortezo, barcelons, en su Biblioteca de
-Artes y Letras, con encuadernaciones a la inglesa, y sus
-buenos grabados; a tres pesetas volumen, di mucho
-bueno. La Biblioteca franco-espaola y el Cosmo editorial
-inundaron el pas de traducciones, por lo comn
-mediocres y malas; una import al divino Montepn, a
-la otra se le debe agradecer la presentacin de Zola.
-Lzaro y Galdeano, director de la <i>Espaa Moderna</i>, y de
-quien ya os he hablado, hombre de buen gusto y de
-fino tacto, ha invertido una fortuna en traducciones. Al
-comenzar en Pars la <i>Collection Artistique Guillaume</i>,
-Sanz de Jubera quiso aqu imitarla. Error. El fracaso
-vino luego. Editores de novela como Charpentier, o de
-poesa como Lemerre no hay en Espaa ninguno. El
-editor Cortezo intent fundar en Barcelona una biblioteca
-de novelas contemporneas, pero tuvo que abandonar
-la empresa. El problema es sencillo. Los editores
-quieren firmas reputadas, nombres hechos, quieren la
-seguridad de la venta, la salida del producto. Los jvenes,
-y entre ellos muchos que acudiran a formar esa
-biblioteca, no son recibidos, y, cuando publican uno
-que otro trabajo, lo hacen por cuenta propia. Ello no
-es nuevo. Prez Galds, Pardo-Bazn, Palacio Valds,
-que antes de ser conocidos tuvieron que publicar ellos
-sus obras, se han acostumbrado a eso, y ahora, ya clebres,
-no se resignan a sufrir la tutela de Shylock de un
-editor. Qu ventaja le reportara al seor Pereda, por
-ejemplo, un editor que le diera de sus obras menos de
-lo que ahora le paga Surez, que se las administra por
-un 35 por 100? Si cuando empezaban esos escritores hubiese
-habido un editor de comprensin y talento que
-les acogiese y ayudase, como Charpentier a Zola, a
-Daudet, a Goncourt, estaran todos unidos ahora a la<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span>
-sombra de un buen rbol editorial, que a su vez se habra
-nutrido de rica savia y sera amparo siempre de
-los nuevos. Aqu el editor no quiere hacer obras, sino
-ser contratista de obras hechas.</p>
-
-<p>La guerra, el desastre, han trado ahora un movimiento
-que algo hace esperar para maana, o para pasado
-maana. No hay que olvidar que los ingleses llaman a
-esto <i>the land of maana</i>. Se ha producido algo ms en
-estos tiempos que antes de la <i>Dbcle</i>, en novela, estudios
-sociales, crtica, anuarios, etc. Han aparecido nombres
-nuevos, y los mismos nombres viejos han aparecido
-como con un barniz nuevo. No hablo de la produccin
-catalana, que cuenta con el libro de arte en fondo
-y forma; <i>L'Aven</i>, por ejemplo, no tiene nada que envidiar
-a Empresas como el <i>Mercure de France</i>, o la de
-Deman, de Bruselas. Tal es la actual Espaa editorial.</p>
-
-<p>All entre nosotros solemos quejarnos. Yo ya no me
-quejo. Aguardemos nuestro otoo. Oh! argentinos,
-creed y esperad en ese gran Buenos Aires.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p>
-
-
-<h2>NOVELAS Y NOVELISTAS</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 64px;">
-<img src="images/img013.jpg" width="64" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">24 de julio.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Acaba</span> de publicar don Juan Valera una
-novela nueva, <i>Morsamor</i>. Hace ya das
-que el libro ha aparecido, y la crtica
-oficial<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a> no ha dicho una sola palabra,
-si se excepta el saludo de Cvia
-al aristocrtico y veterano autor de <i>Pepita Jimnez</i>. Don
-Juan Valera se encuentra, a pesar de su ceguera y de
-los ataques del tiempo, en una ancianidad que se puede
-llamar florida.</p>
-
-<p>Hablando de un argentino, en cuyos largos aos ha
-nevado ya mucho, pero que se conserva maravillosamente,
-deca Jos Mart: Es un lirio de vejez. El aspecto
-de don Juan Valera dice la salud y la paz mental.
-Hace algunos meses presidi, con sus ojos sin luz, una
-sesin pblica de la Real Academia; Menndez Pelayo
-le lea el discurso, y pareca que, con suave sonrisa y
-leves movimientos de cabeza, Valera se aprobase a s
-mismo, al correr los perodos cristianamente fluviales
-de su prosa acadmica. Tiene muy feliz memoria, y su
-conversacin es de aquellas que encantan. Sus sbados
-han sido famosos entre las gentes de letras. La muerte
-ha raleado algo el grupo de sus contertulios. En siete
-aos, encuentro de menos al duque de Almenara, a don<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span>
-Miguel de los Santos lvarez, a varios ms que tuve la
-honra de conocer en la casa de la Cuesta de Santo Domingo.</p>
-
-<p>El joven don Luis, hijo de don Juan, se ha casado
-con una hija del duque de Rivas, nieta del autor del
-<i>Don lvaro</i> y de los <i>Romances</i>, la cual sola asistir a las
-reuniones literarias de los Sbados. La casa de Valera
-es la de un hidalgo noble de estirpe y de pensamiento.
-Que los bros del escritor se sostienen, lo dicen la constancia
-en la labor y el mantenimiento de la bella virtud
-del entusiasmo. El nombre de Valera es conocido en
-toda Europa; se le ha traducido mucho. Antes que las
-heronas de las novelas de Armando Palacio Valds
-fuesen luciendo su garbo espaol por el extranjero, ya
-la seorita Pepita Jimnez andaba en lenguas por
-el mundo. Tiene conquistadas el ilustre maestro generales
-simpatas y el respeto de todos. Si algo ha podido
-hacerle dao, ha sido su extremada benevolencia en
-ciertos casos, aunque se defiende casi siempre con una
-delicada irona. Ha hecho mucho por hacer conocer
-aqu las letras americanas. Sus clebres <i>Cartas</i> son de
-ello buena prueba.</p>
-
-<p>A pesar del cansancio natural que produce este estilo
-comn a todos los escritores peninsulares&mdash;hoy en vas
-de adquirir, por los nuevos, flexibilidad y variedad&mdash;, la
-prosa de Valera se lee con el agrado que se deriva de su
-inconfundible distincin. Su lengua trasparente deja
-ver a cada paso la arena de oro del castizo fondo, y en
-su manera, de una elegancia arcaica, de una gracia antigua,
-se observa siempre el gesto ducal, el aire nobiliario.
-Como Buffn, l tambin posee sus <i>manchettes</i>, con
-la diferencia de que no se las tiene que poner para escribir,
-porque no se las ha quitado nunca. Se le ha observado
-su apego por asuntos de cierto picor ertico; y
-ha habido quienes se hayan escandalizado de sus llamadas
-libertades. En realidad no es el hecho para tanto.</p>
-
-<p>No son las suyas sino figuras de pecado que pueden<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>
-circular sin temor entre el concurso de las honestas
-damas de nuestro tiempo, de las cuales habra l sido,
-si le hubiese venido en deseo, el incomparable cronista,
-el Brantome enguantado de piel de Suecia. Buena
-cantidad de pimienta y dems aromas y picantes especias
-hay en el tesoro clsico de novelas ejemplares y
-picarescas, para que no puedan aparecer hoy, mostrando
-sus naturales gracias, mujeres espaolas de cepa
-autctona y de indiscutibles atractivos, como Pepita Jimnez,
-Juanita <i>la Larga</i>, Rafaela <i>la Generosa</i>. Don Juan
-es autor de formas y de frmulas.</p>
-
-<p>No varan mucho de las de fray Luis de Granada.
-Esto es una curiosidad y hasta cierto punto un mrito.
-Se cree aqu que los americanos estamos imbudos exclusivamente
-en la literatura francesa, sin saber que
-nos hacen su visita provechosa todas las literaturas extranjeras.
-Se entiende que hablo de Buenos Aires. Sin
-salir de nuestro periodismo&mdash;guardando las distancias&mdash;no
-se sospecha que hay un Ebelot, francs, un
-Ceppi, italiano, y en sus puestos consiguientes, un Loweinstain,
-ingls, un Clmaco Dos Reis, portugus, que
-escriben castellano en nuestros peridicos <i>sin que se les
-note el acento</i>.</p>
-
-<p>Y, consagrando el purismo, se habla con respecto al
-castellano de Amrica y en especial del de la Repblica
-Argentina, con espanto castizo, con horror acadmico,
-para venirnos, por opinin de su ms conspicuo crtico,
-con que don Juan Valera, a quien estimamos y admiramos
-en su legtimo valer, es superior en algn punto a
-Flaubert o a Anatole France.</p>
-
-<p>Esto no es una excepcin. Ya os he dicho que un espritu
-tan informado y sutil como doa Emilia Pardo-Bazn
-no ha vacilado en hacer de Vctor Hugo un mulo
-de Campoamor. Por lo general, aqu se compara lo
-propio con lo extranjero, cuando no con aire de superioridad,
-con un convencido gesto de igualdad. No se
-dan cuenta de su estado actual.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span></p>
-
-<p>No se dan cuenta de que quitando a Cajal y a algunos
-dos o tres ms en ciencias, y a Castelar en su rareza
-oratoria, no les conoce el mundo ms que por sus toreros
-y sus bailaoras. Pongo naturalmente a un lado a
-los pintores. Y esto no es sino lo que oigo decir y reconocer
-por hombres de pensamiento imparcial y sin preocupaciones,
-que desean para su hermoso pas una renovacin,
-un cambio, una vuelta a la pasada grandeza.
-Deca, pues, que uno de los incondicionales mritos del
-eminente Valera estriba en su anticuada gracia estilstica,
-en su impecabilidad clsica, en ese purismo que
-hoy combaten humanistas como Unamuno. Ciertamente,
-ledo a pocos, saboreado a sorbos, ese estilo agrada,
-pero despus de varias pginas, el cansancio es seguro.
-Esto llega hasta lo insoportable en el santanderino Pereda,
-el hombre del sabor de la tierruca que para decir
-los restos de la comida dice los relieves del yantar.
-Le censura a Valera cierta crtica quisquillosa, su tendencia
-a la rica mina amatoria, su hasta cierto punto
-complacencia ertica. El amor le subyuga, es claro,
-como a todo artista. Las gafas del censor en este caso
-deberan hacer leer bajo el simulacro del Dios los conocidos
-versos del seor de Voltaire:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0"><i>Qui que tu sois, voici ton matre;</i></div>
-<div class="verse i0"><i>Il l'est, le fut, ou le doit tre.</i></div>
-</div></div></div>
-
-<p>Valera se deleita, es verdad, en asuntos de esta clase,
-pero lo hace con tanta discrecin y, sobre todo, con
-tanto talento, que sus historias desnudas o semiveladas
-se escuchan como la relacin perfumada y sugestiva
-brotada del anecdotario de un abate galante. Ms atrevida
-es doa Emilia Pardo-Bazn, y sus novelas adquieren
-en sus pasajes escabrosos doble sabor por venir de
-fuente femenina.</p>
-
-<p>Doa Emilia, mujer de vasta cultura, muy conocedora<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span>
-de literaturas extranjeras y escritora fecunda, es tambin
-bastante famosa fuera de Espaa. Naturalista, desde
-los buenos tiempos del naturalismo, ha permanecido
-en su terreno realizando el curioso maridaje de un catolicismo
-ferviente y una briosa libertad mental. Ha
-escrito la novela gallega y la novela de la corte, ambas
-con el conocimiento directo del asunto a que su vida de
-alta dama de Madrid y terrateniente de La Corua le ha
-ofrecido campo. Sus ltimas novelas han tenido menos
-resonancia que las primeras, sin motivo especial, pues
-sus cualidades de vigor y brillantez son las mismas.
-Cuenta con gran habilidad, y es uno de los primeros
-cuentistas espaoles actuales.</p>
-
-<p>Armando Palacio Valds puede asegurarse que escribe
-para el extranjero, para ser traducido. Su clientela
-est en Londres, en Nueva York, en Boston, no en Madrid.
-Se me asegura que cuando publica un libro no
-manda ejemplares a la Prensa madrilea, sino con raras
-excepciones. No se seala ciertamente por calidades de
-estilo, y se conoce que no tiene grandes preocupaciones
-de arte; pero narra con verdad y color y sobre todo es
-un gran tcnico, un constructor de primer orden. Por
-otra parte, el autor de <i>El Origen del Pensamiento</i> no est
-por descubrir como un fuerte talento, como una de las
-ms hermosas figuras de la Espaa intelectual.</p>
-
-<p>El famoso don Benito Prez Galds ha vuelto a cavar
-en la antigua mina de <i>Episodios Nacionales</i>; convertido
-en el Charpentier de s mismo, se ha industrializado y
-fabrica de un modo prodigioso. Casi no hay mes sin
-episodio, y el pblico observa que la ley de antao era
-otra. A pura novela se ha construdo un elegante hotel
-en Santander y es hombre de fortuna.</p>
-
-<p>Era tiempo de dedicarse a la labor <i>para s mismo</i>,
-como me deca Jean Paul Laurens de la pintura, a la
-obra de arte y de idea en que el alma ponga toda su
-esencia, en la libertad del soado y perseguido ideal.</p>
-
-<p>Don Jos Mara de Pereda, propietario de una fbrica<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span>
-de jabn, descansa en sus conquistas. Regionalista rabioso,
-su mundo se concentra en el Sardinero o en Polanco;
-su esttica huele a viejo, su cuello se mantiene
-apretado en la anticuada almidonada golilla. Es un espritu
-fsil, pero poco simptico a quien no tenga por
-ideal lo rancio y lo limitado. Hay que leer esa <i>Sotileza</i>
-que han traducido al francs, hay que leerla en el idioma
-extranjero para ver lo que queda en el esqueleto,
-despojada de sus afectaciones de diccin: un colosal y
-revuelto inventario.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>El valenciano Blasco Ibez es fuerte, enrgico, sencillo
-como un buen rbol; lleva como la esencia de su
-tierra y en su rostro el reflejo de un atvico rayo morisco.
-<i>La Barraca</i> le ha colocado recientemente entre los
-primeros novelistas espaoles. Es joven, y los vientos
-de la poltica le han envuelto. Como diputado a Cortes
-ha hecho bien sonoras campaas, con mayor felicidad
-que el francs Barrs y el italiano D'Annunzio. Cierto
-es que lo que menos hay en l es un esteta, en el buen
-sentido de la palabra, porque aqu tiene uno muy malo.
-S, Blasco Ibez es el hombre natural, de su pas de
-flores y fierezas, de cantos y bizarras, y su alma sincera
-y sana va por la vida con una libertad aquilina. Y
-tiene ese potente varn de lucha el pecho de un sensitivo.
-Como a todos los pensadores contemporneos, preocpale
-el spero problema del hombre y de la tierra y
-est naturalmente con los de abajo, con los oprimidos.
-En sus palabras del Parlamento como en sus escritos,
-se manifiesta su continua ansia de combate. En <i>La Barraca</i>
-se exterioriza en las musculaturas del estilo uno
-de esos espritus de gladiador, o de robusto constructor,
-a la Zola. La onda mental corre sin tropiezos con un mpetu
-de fecundacin que denuncia la original riqueza.
-Libros como ese no se hacen por puro culto de arte,
-sino que llevan consigo hondos anhelos humanos; son<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span>
-pginas bellas, pero son tambin generosas acciones y
-empresas apostlicas. Pinta con colores de vida escenas
-de su tierra que para el lector extranjero son de un pintoresco
-interesantsimo. Es la huerta, trozo paradisaco,
-rincn de amor y de vigor, saturado de energas
-primitivas, y en donde la Naturaleza pone por igual en
-el hombre dulzuras y rudezas. En esa tierra es en donde
-cantan las dulzainas sus sones de reminiscencias africanas
-y las muchachas danzan llenas de sol. Alrededor
-de la barraca surgen, en la obra de mi eminente amigo,
-tipos baados de sombra y luz, en aguas fuertes de una
-hermosa intensidad. Es el desgraciado to Barret, el
-asesino de don Salvador el terrateniente; es esa alma
-salvaje de Piment, y su mujer, la Pepeta, que en la narracin,
-en medio de su revuelo de pjaro zahareo, se
-enternece de maternidad; es la figura graciosa y buena
-de Roseta; y sobre todo, la vigorosa persona de Batiste,
-fiero y alto ante el peligro, pero vencido al fin por una
-funesta fatalidad; todo en una sucesin de cuadros, que
-encantan o se imponen en su valor de verdad a punto
-de contagiar de angustia o de sufrimiento; tal la muerte
-del hijo de Batiste, la de Piment, y el incendio de la
-Barraca, en el cual, sin pecado, creo sentir un potente
-aliento homrico.</p>
-
-<p>Blasco Ibez es de contextura maciza, cabelludo y
-de bravas barbas, ojo fino que va a lo hondo, amable o
-terrible: su conversacin es, sin penachos meridionales,
-franca y vivaz; es un <i>bon garon</i> ese soldado de tormentas.
-Por lo de Montjuich ha luchado con entusiasmo, en
-unin de otros dos escritores, Dionisio Prez, redactor
-de <i>Vida Nueva</i>, novelista cuyo <i>Jess</i> ha tenido cierta
-resonancia tanto en Espaa como en Amrica, tambin
-hombre de combate y de talento tesonero, y Rodrigo
-Soriano, cuyo nombre <i>La Nacin</i> ha hecho conocer en
-Buenos Aires; carcter de irresistible simpata, autor
-de libros varios sobre asuntos distintos, pues si hace
-cuentos encantadores, sus crticas artsticas son de inters<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span>
-y amenidad notorios, como sus artculos de periodista;
-y en todo una fcil manera, un estilo de escritor
-mundano, al tanto de todo lo que pasa en el extranjero,
-cosa rara aqu; un diletantismo discreto y un innegable
-tono personal. Su amistad con Emilio Zola es sabida;
-y el ilustre maestro le ofreci asistir al <i>meeting</i> proyectado
-en San Sebastin, en favor de la revisin del proceso
-de Montjuich. Otros novelistas buscan tambin
-vas nuevas.</p>
-
-<p>Un distinguido amigo escritor me manifiesta que la
-novela espaola no existe hoy, como la francesa, la inglesa,
-la rusa. Por qu? Porque las costumbres espaolas
-comenzaron a perderse a fines del siglo XVII, y la
-novela fundada en las costumbres no tiene carcter nacional
-si aqullas no son propias, nacionales. Habra
-que remontarse a los clsicos para encontrar costumbres,
-y, por consiguiente forma especial del gnero novelesco.
-Acaso el triunfo de Alarcn, y, sobre todo, el
-de Pereda, estriban slo en esa cualidad: sus obras tienen
-mucho de la tierra en que se formaron. Lo mismo
-podra decirse de Fernn Caballero. No creo lo propio.
-En la literatura universal los espaoles tienen ese aislado
-tesoro que se llama la novela picaresca, hoy ciertamente
-olvidado. Pero si es verdad que los novelistas de
-Espaa, del siglo XVIII a esta parte, han sido infludos
-por corrientes exteriores, academicismo, romanticismo,
-<i>bon sens</i>, socialismo, realismo, naturalismo, psicologismo,
-etc., a travs de la imitacin ha permanecido visible
-el carcter nacional. Larra mismo fu tentado
-por Walter Scott, y quin ms espaol que l, a pesar
-de su conocimiento de literaturas extranjeras? Justamente
-ha escrito don Juan Valera a quien estas lneas
-traza:</p>
-
-<p>Todos tenemos un fondo de espaolismo que nadie
-nos arranca ni a veinticinco tirones. En el famoso abate
-Marchena, con haber residido tanto tiempo en Francia,
-se ve el espaol: en Cienfuegos es postizo el sentimentalismo<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>
-empalagoso a lo Rousseau, y el espaol est
-por bajo. Burgos y Reinoso son afrancesados y no franceses.
-La cultura de Francia, buena y mala, no pasa
-nunca de la superficie. No es nada ms que un barniz
-transparente, detrs del cual se descubre la condicin
-espaola. Fernn Caballero realiz la novela andaluza,
-junto a los admirables cuadros de Estbanez y Mesonero
-Romanos. Hoy mismo, las novelas de Salvador Rueda
-y Reyes son puramente andaluzas. La novela gallega
-nos la ha dado, aun vestida con modas extranjeras, la
-egregia doa Emilia; la novela vasca tendra su sola representacin
-con esa admirable y fuerte <i>Paz en la Guerra</i>,
-de Miguel de Unamuno. Existe, pues, no solamente
-la novela espaola, de Galds, Palacio Valds, Valera o
-Alas, sino la novela regional.</p>
-
-<p>Hubo un tiempo en que rein el folletn. Eugenio
-Su tuvo su <i>doble</i>, en Madrid, en don Wenceslao Aicuals
-de Izco. <i>Los Misterios de Pars</i> se multiplicaron en <i>Mara
-o la Hija de un Jornalero</i> y en la <i>Marquesa de Bella Flor</i>.
-El socialismo romntico de entonces encontr excelente
-campo de este lado de los Pirineos. Luego vino la
-poca de aquel buen Prez Escrich, que caus muchos
-llantos a nuestras madres y abuelas, pues la inundacin
-de entregas sentimentales no fu tan slo en la Pennsula,
-sino que recorri la Amrica entera. Lo propio
-daba el <i>Cura de la Aldea</i>, que el <i>Mrtir del Glgota</i>, o la
-<i>Mujer Adltera</i>. Tras l vino Antonio de Padua, caro a
-las modistas y seoritas ansiosas de ensueos burgueses.
-Y otros de la misma harina que encontraron fcil
-la explotacin de esos antiliterarios filones. Puesto muy
-distinto es el de don Manuel Fernndez y Gonzlez, una
-especie de Dumas el viejo, fecundo y brillante de imaginacin,
-productor incansable, tonel de cuartillas, al
-que la pobreza soltaba la espita, intrigador colosal y
-cuyo espritu galopante no deja de encenderse de tanto
-en tanto con bellas chispas de arte.</p>
-
-<p>El diluvio de entregas pas. Algunos libros aparecieron<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>
-de corta extensin, como los de las bibliotecas francesas.
-Eran <i>El Escndalo</i>, de Alarcn, y la <i>Pepita Jimnez</i>,
-de Valera. La literatura recobraba su puesto, as fuese
-en aislados esfuerzos. Alarcn, escritor de hbil inventiva,
-sutil y emotivo, caus gran impresin con su novela
-de espritu hondamente conservador, o <i>neo</i>, como
-aqu se dice, a la cual novela habra de oponerse, en un
-combate de doctrina moral ms que de ideologa, la
-<i>Doa Perfecta</i>, de Galds. Valera asimismo se impuso
-desde luego por la delicada elegancia de su manera, por
-la resurreccin de antiguos prestigios nacionales, por
-el abolengo impoluto de su estilo. Valera tena la gracia,
-Galds conquist con la fuerza. Pereda, que publicara
-sus <i>Escenas montaesas</i> desde 1894, no tuvo verdadera
-resonancia sino muchos aos despus. <i>Pedro Snchez</i>
-y <i>El Sabor de la Tierruca</i> sealan el principio de su
-renombre. Despus llegaron la Pardo-Bazn, Leopoldo
-Alas, Armando Palacio Valds. Se creaba ya
-la novela de ideas. Al surgir victoriosos esos nombres,
-un grupo en que bien poda haber un talento
-igual, mas no certera orientacin, se presentaba, en
-el deseo de hacer algo nuevo, de encauzar en Espaa
-la onda que vena de Francia. Era la poca del naturalismo.
-Nadie se atrevera a negar el valer mental
-de Lpez Bago, de Zahonero, de Alejandro Sawa; pero
-la importacin era demasiado clara, el calco subsista.
-Lpez Bago, en cuya buena intencin quiero creer,
-tuvo un pasajero xito de escndalo y de curiosidad.
-Sus obras eran abominadas por los pulcros tradicionalistas
-y por los mediocres que le envidiaban su
-buen suceso. Se trataba de verbosos anlisis, de pinturas
-de vicio, escenas burdelescas, figuras al desnudo
-y frases sin hoja de parra. Zahonero sigui un
-naturalismo menos osado. Sawa, muy enamorado de
-Pars, y ms artista, se apeg a los patrones parisienses,
-y produjo dos o tres novelas, que aun se recuerdan.
-Alejandro Sawa es un escritor de arte, insisto, y el naturalismo<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span>
-no fu propicio a los artistas: era una literatura
-ptera.</p>
-
-<p>He de hablar de Silverio Lanza, un cuentista muy
-original, cuyo nombre es escasamente conocido. Sin
-perder el sabor castizo que suele aparecer con frecuencia
-en sus narraciones, este escritor tiene todo el aire de
-un extranjero en su propio pas. Es un humorista al
-propio tiempo que un sembrador de ideas. Pero en su
-humor no encontraris mucho el chiste nacional, sino
-el <i>humor</i> de otras literaturas. Su ideologa se agria de
-cierta aspereza al rozar problemas que se relacionan con
-defectos y tachas de su misma patria. Y si habla mal de
-Espaa, es espaol, dice Bartrina en uno de sus versos.
-Pero no es este el caso. Es que se trata de un hombre de
-pensamiento que se subleva ante las desventajas de su
-patria en comparacin con otras naciones, a las cuales
-deseara sobrepasase en el camino del progreso humano,
-ante los vicios caractersticos que habra que combatir,
-y los inconvenientes de educacin que habra que
-subsanar. Silverio Lanza es un hombre de guerra. Se ha
-repetido el caso de Stechetti y Olindo Guerrini. Olindo
-Guerrini en esta vez se llama en Espaa Juan Bautista
-Amors. Entre sus libros, sobresalen <i>Cuentecillos sin
-importancia</i>, <i>Ni en la vida ni en la muerte</i> y los <i>Cuentos
-polticos</i>. Recientemente Ruiz Contreras ha tenido la
-acertada idea de llamarle a la <i>Revista Nueva</i>, en donde
-sus cuentos ofrecen como antes,&mdash;extraamente vertebrados,
-llenos de oscuridad que seduce, enseadores de
-atormentadas gimnasias de estilo, al decir mucho en
-cortas oraciones, incoherentes con premeditacin, y teniendo
-siempre a su servicio la mitad del Genio,&mdash;compaera
-del Ensueo, la Irona. El director de esa revista
-me deca que a su sentir era Lanza acaso el ms
-fuerte y el ms arrojado. Silverio Lanza no ha sufrido
-la menor decepcin. Desde que public la primera
-obra, <i>El Ao triste</i>, no ha cambiado una sola vez de senda.
-Es un carcter, un hombre, una inteligencia superior,<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span>
-y triunfar, logrando ser en la literatura espaola
-un personaje aislado sin antecesores y acaso tambin
-sin descendientes. Lo creo. La libertad por l proclamada
-con el ejemplo, que ha hecho resaltar en esta literatura
-de estilo uniforme&mdash;hablo en general&mdash;o uniformado,
-para decirlo mejor, su inconfundible individualidad,
-dar aqu buenos frutos, cuando el aire circule,
-cuando el aliento universal pase bajo estos cielos; el
-individualismo traer consigo&mdash;y ya empieza a iniciarse,
-despus del desastre&mdash;una floracin flamante y saturada
-de perfumes nuevos.</p>
-
-<p>Al paso observo un pequeo huerto bien cultivado,
-lejos del parque ingls de Palacio Valds, de las granjas
-montaesas de Pereda y Galds y de la rica quinta
-gallega de doa Emilia. El huerto es de Jos M. Matheu,
-cuyas excelentes cualidades de novelador son reales.
-Este es un modesto; se ruboriza de la audacia. Suave y
-metdicamente ha creado unos cuantos caracteres que
-ha alojado en sus libros, en donde si esas buenas notas
-resaltan, falta en cambio la divina virtud de la irona,
-el culto del arte de la frase, las cambiantes estaciones
-del estilo.</p>
-
-<p>Ortega Munilla, creo que, demasiado entregado a la
-poltica, ha permanecido sin producir un solo libro
-desde hace algn tiempo. De cuando en cuando florece
-su ingenio en algn cuento, que recuerda al vibrante
-narrador de otros das, el novelista de conciencia y el
-prosista aquilatado. Taboada? A Taboada tambin hay
-que contarle ya entre los novelistas. El paso de la narracin
-corta a la novela lo ha hecho, como sus semejantes,
-Mark Twain y Alphonse Allais. Este gracioso de
-Espaa como el clownesco yankee y el incoherente
-francs, ha obtenido un enorme xito con su obra despus
-del continuado xito periodstico de cuentos y crnicas
-desopilantes. Su mrito no puede ponerse en duda.
-Es una originalidad. Es el cronista incomparable de la
-vida cursi. Su <i>Viuda de Chaparro</i> se ha casi agotado en<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span>
-pocos das. Hace reir, con un si es no es de amargor,
-que, en verdad, merece su latn. Aquel de Ovidio, si
-gustis:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0"><i>...medio de fonte leporum</i></div>
-<div class="verse i0"><i>Surgit amari aliquid...</i></div>
-</div></div></div>
-
-<p>La novela de Unamuno, <i>Paz en la Guerra</i>, es de esas
-obras que hay que penetrar despacio; no en vano el
-autor es un maestro de meditacin, un pensativo minero
-del silencio. Es la novela un panorama de costumbres
-vascas, de vistas vascas, pero es de una concentrada
-humanidad que se cristaliza en bellos diamantes de
-universal filosofa. El profesor de Salamanca es al mismo
-tiempo el euskalduna familiar con la tierra y el aire,
-con el cielo y el campo. Su pupila mental ve transparentemente
-el espectculo de la vida interior en luchas
-de caracteres y pasiones, en el olear de la existencia
-ciudadana o campesina. Sus figuras las extrae como de
-bloques de carne viva; y es un poderoso manejador de
-intenciones, de hechos y de consecuencias. Y en su manera
-no hay mpetus, no hay relmpagos.</p>
-
-<p>Tranquila lleva la pluma, como quien ara. Para leerle,
-al principio se siente cierta dificultad: pero eso pasa
-presto para dar lugar a un placer de comprensin que
-nada iguala. Este es uno de los cerebros de Espaa, y
-una de las voluntades. Lo que su paisano de Loyola, San
-Ignacio, ense con sus <i>Ejercicios</i> a Maurice Barrs, l
-lo ha aprendido en los ejercicios de su alma, en la contemplacin
-de la vida, en su tierra honorable y ruda
-con la rudeza de lo natural y de lo primitivo incontaminado
-y sano. Antes he amado, por innata simpata, a
-esos hombres fuertes de Vasconia, que adoran su cielo
-y su tierra feraz y su libertad, en la conservacin de una
-vida de grandeza antigua, que cantan tan sonoras canciones
-de meditacin y amor y danzan tan bizarras danzas;
-marineros, herreros, campesinos, nobles todos, veneran
-un rbol y han tenido un bardo como Iparraguirre;<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span>
-pero jams he comprendido el alma vasca como
-cuando me he impregnado de las pginas de Unamuno.
-El amor all tiene el hervor de la prstina savia; los
-elementos conspiran para la fraternidad con el hombre,
-la tierra besa a la carne, la savia se une a la sangre; el
-abrazo, la cpula, deba ser como un sacramento, o
-como ley sagrada. Son razas poseedoras de la serena
-energa, de la fuerza donada por los viejos dioses, esa
-ilustre fuerza que saluda Gladstone junto al rbol de
-Guernica, que pinta Puvis de Chavannes, y a la cual
-invoca el canto cuando, en su Provenza, Mistral empua
-ante el concurso conmovido la simblica copa.</p>
-
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a class="label" href="#FNanchor_2_2"><span>[2]</span></a> La crtica oficial ha hablado por boca de don Leopoldo Alas:
-Valera no es como los pedantes Flaubert y France...</p>
-</div>
-
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p>
-
-<h2>LOS INMORTALES</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">22 de septiembre de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-p.jpg" width="75" height="75" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Pronto</span> aparecer la nueva edicin del
-Diccionario de la Real Academia Espaola.
-La casa editorial de Hernando da
-la ltima mano al grande y lujoso mamotreto.
-El seor Echegaray ha explicado
-ya en la Prensa muchos de los nuevos trminos
-cientficos que la Corporacin ha decidido adoptar.
-Dentro de poco el <i>volt</i> se llamar voltio y el <i>culomb</i>
-culombio. En cuanto a la palabra <i>trolley</i>, queda sencillamente
-convertida en trole, como hace muchos das
-tuvo la amabilidad de comunicrmelo mi eminente
-amigo Eugenio Sells. Ignoro si el <i>presupuestar</i> de Ricardo
-Palma tendr cabida esta vez en el lxico. Mas
-lo cierto es que hay novedades, y es posible que el
-chistoso pedante de Valbuena prepare otra fe de
-erratas. Veremos lo que se limpia, lo que se fija y lo
-que se da de esplendor, para recordar nuestro Horacio
-y su <i>jus et norma loquendi</i>.</p>
-
-<p>Estos inmortales cumplen con su deber conservador
-sobre todo; de las tres partes del lema prefieren el fijar.
-Sus sesiones parecen de una amenidad muy discutible.
-Ha pasado ya de moda el murmurar de sus hechos y
-gestos. En Francia todava las palmas verdes y el espadn
-provocan una que otra ocurrencia. Aqu es poco
-decorativa la representacin, y un libro no se vende
-ms porque el autor pueda poner debajo de su nombre:<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>
-<i>De la Real Academia Espaola</i>. La labor de los excelentsimos
-e ilustrsimos, fuera de las papeletas del Diccionario,
-es poco activa: la publicacin de algunas obras,
-como las que dirige Menndez Pelayo, y la adjudicacin
-de varios premios.</p>
-
-<p>La Real Academia se fund en 1713, y trece aos despus
-apareci el primer tomo del Diccionario; otros
-trece aos pasaron para que pudiesen publicarse los
-otros cinco de aquella primera edicin. El rey orden
-que se diesen a la Academia mil doblones al ao. Aprobada
-por Felipe V, logr especiales concesiones. Los
-acadmicos quedaban en cierto modo y para ciertas
-ventajas iguales a la servidumbre de la Real Casa. En
-1793 se les favoreci con la renta anual de 60.000 reales.
-Desde 1793 tuvo su local, en la clebre casa de la calle
-Valverde, hasta que hace poco tiempo se ha instalado
-en edificio especial que hizo construir con propios
-fondos.</p>
-
-<p>Los inmortales de Francia son cuarenta; los de Espaa
-slo llegan a treinta y seis, sin que yo sepa el motivo.
-Lo que no cabe duda es que el silln 41. de Houssaye,
-que aqu corresponde al 37., existe en la academia del
-marqus de Villena como en la academia de Richelieu...
-No deja de haber aqu tambin su partido de los duques.
-La poltica no anda asimismo muy alejada de las
-influencias que privan en el reino de la gramtica. Ved
-un simple desfile de figuras. El director actual es el
-conde de Cheste. Muy viejo, antiguo militar, muy querido
-en la Corte; hace algn tiempo que no asiste a las
-sesiones acadmicas. El conde de Cheste dejar una
-obra extensa principalmente de traducciones. Hasta
-hace poco, obsequiaba a sus colegas con buenas comidas
-y candorosos versos. Secretario perpetuo es hoy don
-Miguel Mir, desde la muerte de Tamayo y Baus; censor,
-Nez de Arce; bibliotecario, Catalina; tesorero, el marqus
-de Valmar; vocal administrativo, Sells, e inspector
-de publicaciones Menndez Pelayo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span></p>
-
-<p>El marqus de Valmar es un verdadero aristcrata.
-Este viejo hidalgo, muy erudito, en sus primeros aos
-literarios escribi para el teatro. Su obra ms considerable
-es un estudio acerca de la poesa castellana en el
-siglo XVIII. Se le debe la publicacin de las <i>Cantigas del
-Rey Sabio</i>. Su vejez se desliza entre libros y comodidades;
-es un caballero que ha sabido proteger, cuando ha
-podido, a los jvenes de verdadero valer que le pedan
-su apoyo literario y social. Mucho le debe a este respecto
-el seor Menndez Pelayo. Dems decir que el marqus
-de Valmar, noble y literato, ha pertenecido al cuerpo
-diplomtico.</p>
-
-<p>Campoamor llev su humor a la Academia. No s que
-haya contribudo mucho a la cocina del Diccionario;
-pero si encontris en la nueva edicin algunas humoradas,
-creed que son suyas, a menos que no sean de don
-Juan Valera. Es de pensarse que en el secreto del ministerio,
-en lo ms intrincado de la tarea filolgica, sabr
-poner una gota de su espritu tico este marqus
-del estilo que habra sido amigo de Barbey. Ms que los
-ratones de los estantes empolvados, le conocen las alegres
-liebres que, segn Hugo, <i>telegrafan</i> al buen Dios
-en las maanas de primavera: <i>content!</i> Por lo dems,
-Pepita Jimnez conversa muy amigablemente con fray
-Luis de Granada.</p>
-
-<p>Don Enrique de Saavedra, duque de Rivas, emparentado
-con don Juan Valera, es, sobre todo, el hijo de su
-padre. Su mayor ttulo acadmico es ser obra de don
-ngel, hermano por lo tanto de <i>Don lvaro o la fuerza
-del sino</i>. La herencia espiritual no fu en este caso completa,
-y don Enrique es a don ngel lo que Francisco o
-Carlos Hugo al Csar de los poetas franceses.</p>
-
-<p>Don Cayetano Fernndez es un seor presbtero adobado
-de humanidades. Su candidatura a la Academia
-sali de Palacio. Ha sido el ulico profesor de las infantas
-viejas. Creo que ha escrito un volumen de <i>Fbulas
-morales</i>. Moral: <i>Timeo hominem unius libri</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span></p>
-
-<p>Don Gaspar Nez de Arce ilustra con su poesa el
-rido senado. Es el Sully-Prudhon de los espaoles, o el
-Jos Mara de Heredia.</p>
-
-<p>Don Eduardo de Saavedra es ingeniero de caminos. Se
-le abrieron las puertas de la Academia por su ciencia,
-como a Lesseps. Dicen que tiene gran talento. Alcal
-Galiano es otro hijo de su padre. Ha traducido a Byron,
-en verso. Ignoro si el sacrificio fu antes o despus de
-entrar en la Academia.</p>
-
-<p>Don Mariano Catalina se distingue entre otras cosas
-por sus barbas rojas, y por sus ideas, que son completamente
-opuestas al color de sus barbas. Sus dramas valen
-mucho ms de lo que se ha dicho de ellos. En ese
-reaccionario hay un varn de fibra. Le silbaron, injustamente,
-y se dedic a otras cosas. Su manera es parecida
-y anterior a la de Echegaray, menos descoyuntada
-y ms espaola; sus versos aceptables, es decir, malos.
-Es editor de la coleccin de escritores castellanos, que
-publica, entre otros libros importantes, la <i>Historia de las
-Ideas Estticas</i> y dems obras de Menndez Pelayo.</p>
-
-<p>Don Marcelino entr muy joven en la Academia, como
-se recordar. Hicironle triunfar por una parte su saber
-enciclopdico y vasto, por otra su conocida filiacin
-conservadora. No hay duda de que sus conocimientos
-son asombrosos: don Marcelino sabe ms que todos los
-acadmicos juntos, y sus trabajos han sido y son los de
-un gran crtico, los de un verdadero sabio. La edicin
-monumental de Lope y la <i>Antologa</i> lo demuestran.</p>
-
-<p>Pidal y Mon escribe correctamente.</p>
-
-<p>El seor Mir escribe con muchas intenciones acadmicas,
-y, como la mayor parte de los escritores de su
-pas, se toma muy escaso trabajo para pensar. Siempre
-esa onda lisa del perodo tradicional cuya superficie no
-arruga la menor sensacin de arte, el menor impulso
-psquico personal. Ha publicado un libro en que se descubre
-sinceridad e independencia, libro antijesutico y
-de largo nombre: <i>Los Jesutas de puertas adentro y un<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>
-Barrido hacia afuera de la Compaa de Jess</i>. Escribe
-la historia de Cristo y memorias o monografas acadmicas;
-en lo acadmico suspiraris por un poco de literatura
-o de sentimiento artstico, y en lo religioso es en
-vano buscar el espritu de los antiguos msticos&mdash;nica
-cosa que el acadmico espaol poda perseguir.</p>
-
-<p>Balaguer acaba de publicar uno de los innumerables
-volmenes de que constan sus obras. No parece que le
-preocupen gran cosa los asuntos de instituto. Maestro
-en gay saber, vive mucho para las musas.</p>
-
-<p>Commelern entr en la Academia en ocasin famosa.
-Se sabe que luch con Galds y que la candidatura del
-novelista fu pospuesta. Se escribi mucho con este motivo,
-y hubo enrgicas protestas. No veo tanto la razn.
-El seor Commelern sabe ms latn y ms lingstica
-que el seor Galds; es ms til en las tareas de la Academia.
-Adems, el novelista deba entrar tarde o temprano.
-No estaba en el mismo caso de Zola... Commelern
-es un incansable trabajador en sus estudios oficiales.
-Tuvo en un tiempo aficiones literarias y, apasionado
-de Caldern, hizo algo para el teatro, que no llev a
-la escena. Publica ahora un gran Diccionario latino y
-libros de texto que son bien juzgados.</p>
-
-<p>Fabi es de una eminencia especial; para unos es un
-sabio; para otros, lo contrario de un sabio. No es digno,
-a mi entender, de lo uno ni de lo otro. En sus escritos
-se ve, adems de la irremediable correccin, mucha cultura
-clsica y legtima solidez.</p>
-
-<p>Ha preferido en sus disciplinas, a lecturas insustanciales
-y nuevas, generalmente obras de segunda mano,
-el desempolvar pergaminos viejos en los rincones de
-archivos y bibliotecas; de ah que la crtica histrica
-tenga en el seor Fabi uno de sus ms serios representantes
-en Espaa.</p>
-
-<p>Del seor Silvela dir que, hijo de un padre ilustre y
-hermano de otra notable inteligencia espaola, vale
-muchsimo ms que lo que l se figura. Tiene atraccin<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>
-y un inmenso nmero de amigos que le siguen. Con
-todo, su poltica es mejor que su literatura, literatura de
-aficionado. Lo cual no quita que encontris en sus discursos
-pginas admirables.</p>
-
-<p>Colmeiro es un sabio. Nada ms que un sabio.</p>
-
-<p>El seor Fernndez y Gonzlez es un arabista insigne,
-segn aseguran los que dicen que entienden el rabe. Se
-me ha hablado mucho de su talento de crtico, y conozco
-estudios suyos nutridos de doctrina; pero no he podido
-encontrar su libro <i>La Crtica en Espaa</i>, del cual se cuentan
-maravillas.</p>
-
-<p>El conde de Buenos Aires, don Santiago Alejandro de
-Liniers, hoy alcalde de Madrid, tiene ante todo su alta
-posicin social y pecuniaria. Ha publicado un libro, <i>Lneas
-y Manchas</i>, y ha sido periodista. Exprimiendo toda
-la produccin de esta excelente mediana, no se sacara
-la cantidad de pensamiento y de arte que hay en una
-sola pgina de su sobrino ngel Estrada.</p>
-
-<p>De don Luis Pidal y sus obras confieso mi absoluta
-ignorancia.</p>
-
-<p>Manuel del Palacio, tan conocido en el Ro de la Plata,
-es otro poeta de la Academia. Vive ahora un tanto retirado,
-despus de que el duque de Almodvar tuvo la
-peregrina ocurrencia de quitarle su empleo en la Administracin;
-por lo cual la indignacin de su verso envi
-unas cuantas abejas de su jardn a picar al caballero,
-como l dice un poquito duque y un poquito tuerto.
-Arquloco es mal enemigo.</p>
-
-<p>La ciencia por un lado y el teatro por otro, apadrinaron
-a don Jos Echegaray para entrar a ocupar su silln.
-Castelar le hizo el dudoso favor de compararle con
-Goethe al contestarle su discurso de recepcin. El seor
-Echegaray es un hombre eminente, de lo mejorcito que
-aqu tenemos, me dice don Leopoldo Alas; pero su enciclopedismo
-de nociones en este tiempo de las especialidades
-le coloca en una situacin que fuera de su pas
-sera poco grata para su orgullo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span></p>
-
-<p>Sells, conquistador del teatro, desde su sonoro <i>Nudo
-Gordiano</i>, contina escribiendo piezas en un acto, y aun
-se dice que abordar el libreto de zarzuela, sin que se
-perturbe el <i>decorum</i> de su noble compaa.</p>
-
-<p>Al conde de Viaza le he conocido en casa del secretario
-de la legacin argentina. Es uno de los acadmicos
-ms jvenes. Estudioso y erudito, tiene entre otras obras
-suyas un libro muy interesante sobre Goya; y prepara un
-estudio, que ser de indudable valor, acerca de la historia
-del grabado en Europa, y especialmente en Espaa,
-para lo cual cuenta con copiosos datos inditos y planchas
-antiguas de colecciones hasta hoy desconocidas.</p>
-
-<p>El seor Moret est en la Academia oficialmente.
-Hubo una ocasin que para celebrar un acontecimiento
-resolvieron los acadmicos ofrecer un silln al ministro
-del ramo. Le toc al seor Moret, que casualmente ocupaba
-entonces el Ministerio. El seor Moret, por otra
-parte, es orador agradabilsimo y su palabra debe animar
-y flexibilizar las secas discusiones.</p>
-
-<p>Prez Galds, para el reglamento, vive en el paseo de
-Areneros, nm. 46; pero en realidad reside en Santander,
-en la villa que se ha levantado a fuerza de novela. Ya he
-dicho que present su candidatura la primera vez y fu
-vencido por el latinista Commelern. En poco tiempo se
-cumpli su voluntad. Pereda, el montas, segn la gua,
-vive tambin en la Corte, en la calle de Lista, nm. 3; pero
-en realidad vive en Santander, en Polanco, y como las
-novelas no se le pactolizan como a Galds, a pesar de
-que es rico, sigue fabricando jabn. El seor Pereda debera
-no separarse de la Real Academia, no faltar a sus
-sesiones. Es l quien escribe <i>los relieves del yantar</i>; por
-limpiar, fijar y dar esplendor a <i>las sobras de la comida</i>.</p>
-
-<p>El seor Balard, acadmico electo, es el poeta meloso
-y falso que ya conocis, y crtico de una limitacin asombrosa,
-que beneficia no obstante en Espaa la ms injusta
-de las autoridades.</p>
-
-<p>Don Daniel de Cortzar es ingeniero de minas, hijo del<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>
-autor de un muy conocido tratado de matemticas elementales.
-Su ciencia le ha ganado la honra. Los acadmicos
-aqu, como en Francia, quieren tener de todo en
-su casa.</p>
-
-<p>El ltimo acadmico electo es el poeta Ferrari. Su candidatura
-ha brotado de los salones influyentes que frecuenta
-y en donde sus recitaciones son proverbiales...
-Conste que una vez yo le he visto defenderse con bravura&mdash;y
-al fin sucumbir&mdash;en casa de doa Emilia Pardo-Bazn.</p>
-
-<p>La Academia cuenta con innumerables miembros correspondientes,
-en Europa y Amrica espaola, y con
-dos miembros honorarios, ambos de la Amrica Central:
-uno de Honduras, otro del Salvador. Esto os causar alguna
-sorpresa, pero he aqu la explicacin. El presidente
-de Honduras, Marco Aurelio Soto, hace mucho tiempo
-orden por decreto gubernativo que en la Repblica
-se usase, al menos en todos los documentos y publicaciones
-oficiales, la ortografa de la Real Academia Espaola.
-Supongo que acompaara el decreto con alguna demostracin
-de afecto acadmico ms prctica. El presidente
-del Salvador, Rafael Zaldvar, hombre muy inteligente,
-viaj un da por Espaa, con gran squito y con la
-pompa de un prncipe extico. Tengo entendido que di
-a la Academia asimismo valiosas pruebas de amistad. Se
-le correspondi con una sesin especial en su honor.
-Todas las personas de su comitiva tuvieron nombramiento
-de miembro correspondiente. De aqu que los
-dos nicos miembros honorarios sean esos expresidentes
-centroamericanos.</p>
-
-<p>La labor de la Real Academia, dgase bien claro, es en
-nuestro tiempo inocua, como la de los inmortales franceses.
-Hacen el diccionario, reparten premios ms o
-menos Montyon y coronan obras mediocres y correctas.</p>
-
-<p>Aqu se defiende el purismo, la virginidad de esta vieja
-lengua que ha dado y dar tantas vueltas. Y esos defensores
-tienen eco en ciertas naciones de Amrica; pues<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span>
-como reza un decir magistral&mdash;cito de memoria&mdash;cuando
-el purismo desaparezca de Salamanca se encontrar
-en algn cholo de Lima o en el morro de un negro mejicano.
-En ese continente, en las aldeas ms primitivas
-no falta el barrigudo licenciado abarrotado o abarretado
-que persiga el <i>le</i> y el <i>lo</i>, y el caso y la concordancia, y
-entre tortilla de maz y tortilla de mais no haga su discursito
-en caribe en defensa de los fueros del idioma.</p>
-
-<p>No puedo menos que concluir citando las palabras de
-un ilustre profesor de la ms clebre de las Universidades
-espaolas: Hay que levantar voz y bandera contra
-el purismo casticista, que apareciendo en el simple empeo
-de conservar la castidad de la lengua castellana,
-es en realidad solapado instrumento de todo gnero de
-estancamiento espiritual, y lo que es an peor, de
-reaccin entera y verdadera. Eso del purismo envuelve
-una lucha de ideas. Se tira a ahogar las de cierto rumbo,
-haciendo que se las desfigure para vestirlas a la
-antigua castellana. Se encierra en odres viejos el vino
-nuevo para que se agrie. Y luego: Hay que hacer el
-espaol internacional con el castellano, y si ste ofreciese
-resistencia, sobre l, sin l, o contra l. El pueblo
-espaol, cuyo ncleo de concentracin y unidad di al
-castellano, se ha extendido por dilatados pases, y no
-tendr personalidad propia mientras no posea un lenguaje
-en que sin abdicar en lo ms mnimo de su modo
-peculiar de ser, cada una de las actuales regiones y naciones
-que lo hablan hallen perfecta y adecuada expresin
-a sus sentimientos e ideas. Hacen muy bien los
-hispanoamericanos que reivindican los fueros de sus
-hablas y sostienen sus neologismos, y hacen bien los
-que en la Argentina hablan de lengua nacional. Mientras
-no internacionalicemos el viejo castellano, hacindolo
-espaol, no podemos vituperarles los hispanoespaoles,
-y menos an podran hacerlo los hispanocastellanos,
-y hacen muy bien en ir a educarse a Pars, porque
-de all sacarn, por poco que saquen, mucho ms<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>
-que de este erial, ya que lo que aqu mejor puede drseles,
-la materia prima de esa lengua, consigo la llevan
-y con libros pueden perfeccionarla.</p>
-
-<p>El autor de esas lneas se llama Miguel de Unamuno.
-Aqu y entre nosotros protestarn especialmente de
-ellas los que no se llaman ni son nada, <i>pas mme acadmiciens</i>.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span></p>
-
-
-<h2>LOS POETAS</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img005.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">Madrid, 24 de agosto de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">El</span> modesto Manzanares no es muy propicio
-a los cisnes. Antes lo eran el Darro,
-que como se sabe tiene arenas de oro, y
-el Genil que las tiene de plata. Los cisnes
-viejos de la madre patria callan hoy,
-esperando el momento de cantar por ltima vez. Ya os
-he hablado de Campoamor, cuando se pens en su coronacin,
-ceremonia de que no se ha vuelto a ocupar
-nadie, a pesar de las buenas intenciones del Crculo de
-Bellas Artes, cuyo presidente, el seor Romero Robledo,
-manifestara tanta excelente voluntad. El anciano poeta
-sigue cada da ms enfermo. ltimamente no ha podido
-contestar a una <i>enqute</i> iniciada por una revista de Pars,
-<i>La Vogue</i>, sobre el asunto Dreyfus. Casi imposibilitado
-de moverse, sufre en su retiro horas dolorosas, y
-visitarle es ir a pasar momentos de pena. Sus ltimos
-versos son una que otra dolora dolorida que ha publicado
-la <i>Espaa Moderna</i>, una que otra humorada en que
-se depositan las ltimas gotas que quedan del humor
-antiguo en el vaso de ese espritu que fuera tan bellamente
-lozano, tan frescamente juvenil. Ahora es cuando
-hay que volver los ojos al viejo tesoro prodigado,
-aquella poesa tan elegante en sus sutiles arquitecturas
-y tan impregnada del amargor que el labio del artista
-siente al primer sorbo de vida.</p>
-
-<p>Recordad aquellas perlas brillantes de irona, de las<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span>
-doloras; y aquellos pequeos poemas que conducen por
-una corriente de sonoras transparencias verbales a la
-finalidad de una inevitable melancola, la melancola
-que por ley fatal florece en los jardines de la humana
-existencia. Amable filsofo! Daba la leccin de verdad
-adornada de la gracia de su msica, su msica personal,
-inconfundible en toda la vasta orquesta potica de las
-musas castellanas.</p>
-
-<p>Nez de Arce, tambin silencioso. Dirige las oficinas
-del Banco Hipotecario, y <i>Luzbel</i>, anunciado hace largos
-aos, no se concluye. Dicen que padece el poeta de enfermedad
-gstrica, y as debe ser por el continuo gesto de
-displicencia que presenta su faz. No es ya el tiempo de
-los <i>Gritos del Combate</i> y de la <i>Visin de fray Martn</i>. El
-vate de antes se encuentra ya transpuesto en poca que
-desconoce sus pasados versos, el alma de sus pasados
-versos, alojada hoy en una casilla de retrica. No es esto
-desconocer el inmenso mrito de ese noble cultivador
-del ritmo, que ha dominado a ms de una generacin
-con su mtrica de bronce. Hoy Espaa no cuenta con
-poeta mejor. Ms an, no existe reemplazante. Cuando
-deje de aparecer en el nacional Parnaso esa dura figura
-de combatiente que ha magnificado con su severa armona
-la lengua castellana, no habr quien pueda mover su
-armadura y sus armas. Porque Nez de Arce, dgase lo
-que venga en antojo a los que no es simptico intelectual
-o personalmente, ha sido un admirable profesor de
-energa. En verso, pero de energa. Ha mezclado ms de
-una vez la prosaica poltica en sus imprecaciones, y ha
-sido ministro de Ultramar cuando haba ministros de
-Ultramar. Ha sido con su manera sonante y oratoria
-un parlador de multitudes, un dirigente del espritu
-pblico de su poca. Y si de algo se resiente el conjunto
-de su obra, es de haber sacrificado ms de una
-paloma anacrentica o cordero de gloga a la diosa de
-pechos de hierro que no tiene corazn, a la Patria, en
-su ms triste dolo: el ideal de un momento. Porque el<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>
-mayor pecado de este poeta es no haber empleado sus
-alas para subir en el viento del universo, sino que se ha
-circunscrito a su terruo, al aire escaso de su terruo
-aun en los poemas de tema humano en que debiera
-haber prescindido de tales o cuales ideales de grupo.
-Krausistas y neos han tenido en esta tierras liras en sus
-batallones. La obra de Nez de Arce aun persiste. Su
-puesto, como he dicho, se mantiene el primero. Que su
-<i>Visin de fray Martn</i> tenga por origen el abad Hieronimus
-de Leconte de l'Isle, que <i>La Pesca</i> tenga la fisonoma
-familiar de la copiosa produccin coppeista, eso no
-obsta a la marca individual de este forjador de endecaslabos;
-endecaslabos de Toledo que vibran y riegan su
-resonante son: <i>spargens sonus</i>. Mas eso no basta al deseo
-de la juventud que observa la deslumbradora transfiguracin
-del arte moderno. No dice nada a las almas nuevas
-el conocido alternar del endecaslabo en la estrofa
-nezdearcina, que por otra parte, es estrofa dantesca,
-del Dante de las poesas amatorias. Y Nez de Arce
-queda solo ante su ara, o ante su Banco Hipotecario,
-como el finalizado Campoamor entre el recuerdo y la
-tumba.</p>
-
-<p>Manuel del Palacio, tan conocido en el Ro de la Plata,
-vive tambin flotante en las brumas de su Olimpo muerto.
-Bueno, triste, aun guarda una chispa de entusiasmo
-que brilla en el fino azul de sus ojos penetrantes. Esa
-tristeza suya me recuerda cierto pequeo poema de Baudelaire,
-el de los viejos juglares. Pas para del Palacio
-el buen tiempo en que un soneto espiritual daba la vuelta
-a la Corte entre preciosos comentarios, pas el tiempo
-de la diplomacia lrica que pona en humor jovial a los
-bonaerenses, gracias a este excelente don Manuel, entonces
-ministro en el Ro de la Plata, y al nunca bien ponderado
-colombiano seor Samper. Hoy est an ms
-amargado el ingenioso poeta, porque ha quedado cesante
-de su empleo de secretario de la orden de Isabel la
-Catlica, por obra del duque de Almodvar. El cual no<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span>
-ha contado con que la indignacin del verso deba venir.
-Y ha venido. No hace muchas noches nos lea don Manuel
-a varios amigos las vengadoras ocurrencias de
-su musa:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Alegre por fuera</div>
-<div class="verse i0">y triste por dentro,</div>
-<div class="verse i0">con la carga encima</div>
-<div class="verse i0">de muchos inviernos,</div>
-<div class="verse i0">muchos desengaos</div>
-<div class="verse i0">y muchos recuerdos,</div>
-<div class="verse i0">voy ya por el mundo</div>
-<div class="verse i0">a paso de espectro,</div>
-<div class="verse i0">como va entre brumas</div>
-<div class="verse i0">la nave hacia el puerto.</div>
-<div class="verse i0">A mi espalda quedan</div>
-<div class="verse i0">cada vez ms lejos,</div>
-<div class="verse i0">placeres y glorias,</div>
-<div class="verse i0">quimeras y sueos;</div>
-<div class="verse i0">y al fin del camino,</div>
-<div class="verse i0">que cercano veo,</div>
-<div class="verse i0">dos sombras me aguardan</div>
-<div class="verse i0">olvido y silencio.</div>
-<div class="verse i0">Centinelas mudos</div>
-<div class="verse i0">del reposo eterno,</div>
-<div class="verse i0">pensis que ya tardo?</div>
-<div class="verse i0">Pues no estis inquietos:</div>
-<div class="verse i0">ni os odio, ni os amo,</div>
-<div class="verse i0">ni os busco, ni os temo.</div>
-<div class="verse i0">Cansado de luchas</div>
-<div class="verse i0">del alma y el cuerpo</div>
-<div class="verse i0">para toda empresa</div>
-<div class="verse i0">intil me siento.</div>
-<div class="verse i0">De hacer beneficios</div>
-<div class="verse i0">que era mi embeleso,</div>
-<div class="verse i0">un ministro imbcil</div>
-<div class="verse i0">me quit los medios,</div>
-<div class="verse i0">y nunca a los pobres</div>
-<div class="verse i0">negando consuelo</div>
-<div class="verse i0">al darles mis lgrimas</div>
-<div class="verse i0">les doy cuanto tengo,</div><span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span>
-<div class="verse i0">de lo cual resulta</div>
-<div class="verse i0">que, de puro bueno,</div>
-<div class="verse i0">la vida me paso</div>
-<div class="verse i0">haciendo pucheros,</div>
-<div class="verse i0">y vale la pena</div>
-<div class="verse i0">de vivir para esto?</div>
-<div class="verse i0">Sirva usted a su patria,</div>
-<div class="verse i0">defienda el derecho;</div>
-<div class="verse i0">por l y por ella</div>
-<div class="verse i0">sufra ust destierros,</div>
-<div class="verse i0">prisiones, calumnias</div>
-<div class="verse i0">y otros vilipendios,</div>
-<div class="verse i0">y cuando juicioso</div>
-<div class="verse i0">la edad le haya vuelto,</div>
-<div class="verse i0">logre entre los sabios</div>
-<div class="verse i0">pasar por discreto</div>
-<div class="verse i0">y entre los tunantes</div>
-<div class="verse i0">fama de no serlo,</div>
-<div class="verse i0">mientras llega el da</div>
-<div class="verse i0">en que un majadero,</div>
-<div class="verse i0"><i>un poquito duque</i></div>
-<div class="verse i0"><i>y un poquito tuerto</i></div>
-<div class="verse i0">por chiripa jefe</div>
-<div class="verse i0">de elevado centro,</div>
-<div class="verse i0">venga y diga: Basta!</div>
-<div class="verse i0">Vaya ust a hacer versos!</div>
-<div class="verse i0">Y ust que en la lengua</div>
-<div class="verse i0">nunca tuvo pelos,</div>
-<div class="verse i0">le responda: Snchez,</div>
-<div class="verse i0">Vaya ust a paseo!</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Manuel del Palacio, a quien poticamente el satrico
-seor Alas tasaba en cincuenta cntimos, es decir, cincuenta
-cntimos de poeta, da seales de perseverancia
-de cuando en cuando en las revistas de la Corte, aunque
-no ya con la frecuencia de antao. Cuando la guerra, se
-puso l tambin en campaa contra el yanqui; sus chispas
-no produjeron desde luego ningn incendio. El
-seor don Sinesio Delgado, Casimiro Prieto y Manuel
-del Palacio fueron los tres patriotas del consonante.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p>
-
-<p>Manuel Reina ha logrado recientemente un triunfo
-con su <i>Jardn de los Poetas</i>. Lrico de penacho, en color
-un Fortuny. Ha llamado la atencin desde ha largo
-tiempo, por su apartamiento del universal encasillado
-acadmico hasta hace poco reinante en estas regiones.
-Su adjetivacin variada, su bizarra de rimador, su imaginativa
-de hbiles decoraciones, su pompa extraa entre
-los uniformes tradicionales, le dieron un puesto a
-parte, alto puesto merecido. Le llaman discpulo e imitador
-del seor Nez de Arce. No veo la filiacin, como
-no sea en la manera de blandir el verso. Nez de Arce
-es ms severo, lleva armadura.&mdash;Reina va de jubn y
-gorguera de encajes, lleno de su bien amada pedrera.
-No hay versos suyos sin su inevitable gema. En el <i>Jardn
-de los Poetas</i> se ven sus preferencias mentales, un
-tanto en choque, por la variedad de las figuras. Su jardn
-es trabajo de virtuoso. Cada poeta le da su reflejo, y l
-aprovecha la sugestin felizmente.</p>
-
-<p>Grilo? Es una situacin literaria especialsima la de
-Grilo. Es el poeta laureado de Espaa, aunque Espaa
-no tenga oficialmente poeta laureado. Su barril de malvass,
-o pongamos de Jerez, debe tenerlo por obra y
-gracia de la infanta doa Isabel, y dems gentes de palacio.
-Grilo ocupa un lugar especialsimo, semejante al
-de ese pobre mster Austin en Inglaterra. Los intelectuales,
-y aun la mayora, sonren ante la parada de esa
-ulica musa de ocasin que dice sus rimas con acompaamiento
-de piano. Grilo es el poeta de la reina Isabel,
-de la reina regente, del rey, y de las innumerables marquesas
-y duquesas que gustan de leer el da de su santo
-un cumplimiento en renglones musicales. Aun hay
-melenas! La poesa suya es de esa azucarada y hmeda
-propicia a las seoras sentimentales y devotas. Segn
-se me informa, la proteccin prctica de sus altas favorecedoras
-es eficaz, y ese ruiseor no puede quejarse de
-los caamones del mecenato.</p>
-
-<p>Don Jos Echegaray, a quien Castelar hizo el peregrino<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span>
-obsequio de compararle con Goethe, no ha vuelto a
-<i>taquiner</i> la musa. Es sabido que de todo entiende, y gratifica
-peridicamente a sus compatriotas con la informacin
-de una ciencia de colegiales. El ingeniero poeta
-goza de una enorme popularidad, y cada vez que yo
-manifiesto mi asombro por la ocurrencia castelarina,
-no falta quien se asombre de mi asombro. Su musa concluy
-en los empujes de sus dramas elsticos, en las
-tiradas de la Guerrero. Ferrari es tambin un poeta de
-saln, y he tenido la honra de compartir con l una noche
-el curioso xito de una recitacin para <i>ladies and
-gentlemen</i>. No puede negarse su mrito, bajo el rbol
-frondoso de don Gaspar. Don Juan Valera ha hecho
-versos correctsimos; hoy ya no los hace. Menndez Pelayo
-asimismo ha frecuentado el Helicn. Este erudito
-humanista, cuando se le presenta una nia con su lbum,
-sale del paso con escribir unas estrofas de su antigua
-composicin:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="i0">Puso Dios en mis cntabras montaas...</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Salvador Rueda, que inici su vida artstica tan bellamente,
-padece hoy inexplicable decaimiento. No es que
-no trabaje; pues ahora mismo acabo de ver el manuscrito
-de un drama de gitanos&mdash;otro modo de ver que el de
-Richepin&mdash;que piensa someter a los cmicos en la temporada
-prxima; pero los ardores de libertad eclctica
-que antes proclamaba un libro tan interesante como <i>El
-Ritmo</i>, parecen ahora apagados. Cierto es que su obra no
-ha sido justamente apreciada, y que, fuera de las inquinas
-de los retardatarios, ha tenido que padecer las mordeduras
-de muchos de sus colegas jvenes; dndose el
-caso de que se cumpliese en l la palabra del celeste y
-natural Francis Jammes: Los que ms te hayan nutrido
-con las migajas de tu mesa, los que te atacarn sern
-aquellos que ms te hayan imitado y aun plagiado. Los
-ltimos poemas de Rueda no han correspondido a las<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>
-esperanzas de los que vean en l un elemento de renovacin
-en la seca poesa castellana contempornea. Volvi
-a la manera que antes abominara: quiso tal vez ser
-ms accesible al pblico y por ello se despe en un lamentable
-campoamorismo de forma y en un indigente
-alegorismo de fondo. Yo, que soy su amigo y que le he
-criado poeta, tengo el derecho de hacer esta exposicin
-de mi pensar.</p>
-
-<p>Dicenta ha encontrado su filn en las tablas, y no hace
-otra cosa que obras para el teatro, como su compaero
-Paso. Se nombra mucho a Ricardo Gil. He buscado sus
-obras, las he ledo; no tengo que daros ninguna noticia
-nueva. Es la poesa que conocis, con un copioso nmero
-de aedas, entre los cuales, estos nombres ms resaltantes:
-Catarineu, Ansorena, Morera, Galicia, Melchor
-de Palau. El espritu regional cuenta con buenos representantes.
-Hay ahora un poeta de Murcia que ha conquistado
-Madrid, Vicente Medina. Se le ha elevado a alturas
-insospechables, se le ha declarado vencedor. Es
-verdad que trae con su emocin, con su sencilla facultad
-de ritmo, su gracia dialectal y su fondo de sensitivo,
-una nota desconocida hasta hoy; es un hallazgo. Pero lo
-monocorde de su manera llega a fatigar, con la repeticin
-de la queja, una queja continua, picada de diminutivos
-que por su copia llegan a causar otra impresin
-que la buscada por el poeta. De todas maneras Vicente
-Medina es un excelente poeta campesino.</p>
-
-<p>El seor Vaamonde ha intentado algunos cambios de
-ritmo, algunas flexibilizaciones de verso, y ha conseguido
-interesar. Despus de la guerra, public un libro de
-inspiracin patritica. Los catalanes tienen buenos poetas,
-desde su padre Verdaguer, el de la <i>Atlntida</i>, hasta
-los modernos Maragall, Pajes de Puig, y Maten. Son infinitos
-los rimadores y <i>mestres en gay saber</i>. Los andaluces
-forman tambin su grupo, con Daz Escobar, especialista
-en <i>cantares</i>, Arturo Reyes, de la familia de Rueda,
-como el joven Villaespesa, bello talento en vsperas<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span>
-de un dichoso otoo, y otros escanciadores de sol y manzanilla.
-Los vascos no s que tengan un poeta representativo;
-debe haber varios, que escriban en su idioma y
-no quieran confundirse con el Parnaso de la Maquetania.
-Pero con Unamuno basta para tener an en la lrica
-representacin digna en la Corte.</p>
-
-<p>Los jocosos son legin. Los diarios y revistas publican
-una cantidad increble de chistes rimados, y peridicos
-como el <i>Liberal</i> tienen un redactor especial que trata
-asuntos de actualidad, en verso. Pues aqu Felipe Prez
-y Gonzlez, como antes Antonio Palomero o Jos Mara
-Grans, tiene por tarea dar diariamente cierta cantidad
-de estrofas a los lectores, sobre sucesos del momento. Y
-la gente paga, y pues lo paga, es justo.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p>
-
-
-<h2>UN MEETING POLTICO</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">4 de octubre de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">He</span> asistido hace pocas noches a un <i>meeting</i>
-republicano. Saba que la concurrencia
-sera numerosa, y procur llegar a tiempo,
-para no perder en ese acto ninguno
-de los hechos y gestos del pueblo soberano.
-Nuestro compaero Ladevese, uno de los organizadores,
-me haba conseguido un puesto de prensa.
-All me sent, cerca de un francs y un ruso. Era enorme
-aquel hervor humano. Todo el circo de Coln lleno, y
-por las entradas, la aglomerada muchedumbre haca
-imposible que penetrase la gente que todava quedaba
-en las calles cercanas. No gusto mucho del contacto
-popular. La muchedumbre me es poco grata con su
-rudeza y con su higiene.&mdash;Me agrada tan solamente de
-lejos, como un mar; o mejor, en las comparsas teatrales,
-florecida de trajes pintorescos, as sea coronada del
-frigio pimiento morrn. Esta gente republicana, debo
-declarar que estaba con compostura, a la espera de los
-discursos, y cuando la campanilla presidencial se hizo
-oir, el silencio fu profundo.</p>
-
-<p>El presidente, hombre de aos, y sin duda de respetabilidad,
-inicia su alocucin de apertura, con cierta
-gravedad, y luego, a <i>la bonne franquette</i>, como habla
-con cierta dificultad, se explica: Estos dientes no son
-los mos, y por eso... El buen pueblo est contento. Se
-encarga a un psimo lector las cartas recibidas de personajes<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span>
-extranjeros. El pobre hombre mutila a Goblet
-y le convierte en <i>mumsi Ren</i>, y no hay medio de que
-oiga al sopln que al lado le corrige; <i>Clemans, Clemans</i>;
-l sigue impertrrito: <i>Cle-men-ceau, Cle-men-ceau</i>. El
-pblico protesta, no por el descuartizamiento de los
-apellidos franceses, portugueses e italianos, sino porque
-no se oye nada, y un varn de buena voluntad salta a
-la tribuna y se ofrece para leer. Al fin acaban las cartas,
-que Ladevese oye descuartizar con impaciencia visible&mdash;pues
-gracias a sus buenas relaciones han venido&mdash;,
-y l va a pronunciar un discurso.</p>
-
-<p>Se sabe que el conocido corresponsal de <i>La Nacin</i> y
-ex secretario de Ruiz Zorrilla es espaol, por consiguiente,
-dems est decir que es orador. Desde sus primeras
-palabras fu acogido con los ms nutridos aplausos.
-Dijo a los partidarios de la repblica que es el momento
-de que el pueblo vuelva a ser lo que fu hace
-treinta y un aos. Ahora que la Patria est ms abatida
-despus de las recientes catstrofes, es hora de levantarse.
-Yo estoy seguro de que este pueblo volver a ser
-grande, fuerte y libre. Algunos al verte por la desdicha
-y el dolor postrado, se figuran que ests de rodillas...
-No, no ests de rodillas! Levntate y cubrirs con tu
-sombra a los que hoy aparecen ms altos. En este punto
-nuestro amigo recibe una sonora y larga ovacin.
-Pero si estas reuniones han de ser tiles a la idea que
-las inspiran, es preciso que salga de ellas algo prctico,
-y nada ms prctico que sealar las causas de nuestra
-impotencia, para remediarlas. Una de las principales
-causas del estado en que nos vemos es el funesto y antidemocrtico
-sistema de las jefaturas personales; Ruiz
-Zorrilla, a quien por cierto se le acusaba de querer ejercer
-una jefatura personal, quejbase amargamente de
-ese sistema funestsimo en una democracia, y muchas
-veces, all en la emigracin, nos deca:</p>
-
-<p>Si me duele la cabeza, le duele la cabeza a todo el
-partido; si me duele el brazo, a todo el partido le duele<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span>
-el brazo. Con motivo de este <i>meeting</i> hemos tocado
-otra de las lamentables consecuencias de jefaturas personales.
-Hay republicanos que para venir a tomar parte
-en este fraternal abrazo, han ido a pedir permiso a un
-jefe... y luego no han venido. El republicano que para
-abrazar a sus hermanos necesita el permiso de un jefe,
-valiente republicano estar... Se oy primero una voz
-de las filas laterales, luego cien voces, luego gritos de
-todos lados, dicterios, protestas, insultos. Unos contra
-otros; era una tormenta de interjecciones, de amenazas.
-Y nuestro buen Ladevese se paseaba al ruido de aquella
-tempestad, esperando el silencio. Que al fin se hizo. Reconquist
-su pblico el orador y prosigui: A las jefaturas
-personales deben reemplazar las direcciones democrticas.
-Verdad es que ya se ha hecho algo en ese
-sentido. Pero al hacerlo se ha incurrido siempre en el
-error de excluir sistemticamente de esas direcciones
-a todos los elementos revolucionarios. Por eso no existe
-la estrecha armona que debiera haber entre directores
-y dirigidos.&mdash;Nadie ignora que mientras el pueblo quiere
-la lucha, hay hombres que quieren la repblica sin esfuerzo
-y sin peligro. Sin duda esperan que va a caer llovida
-de las nubes... y ya ven lo que cae de las nubes:
-contribuciones, jesutas y epidemias! Aqu, mientras
-el pueblo aplaude rabiosamente, yo no puedo dejar de
-observar una guapsima muchacha, elegantemente vestida,
-que en uno de los palcos da muestras del ms vivo
-entusiasmo. La republicana ostenta el par de ojos ms
-librepensadores que os podis imaginar, y, decididamente,
-manifiesta el propsito de romper sus guantes.</p>
-
-<p>El orador hace ver la conveniencia de la unin. La
-repblica, una vez constituda, velar por la suerte de
-los que trabajan.&mdash;Concluye con estas palabras:</p>
-
-<p>En todo estamos conformes los republicanos. Y como
-lo estamos adems en que nuestra fraternidad, que hoy
-vamos a sellar aqu, sea la fraternidad de la lucha, podemos
-darnos ese abrazo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span></p>
-
-<p>La organizacin de la repblica la decidir la soberana
-nacional, representada en Cortes constituyentes
-cuyo fallo todos acataremos. Y como la repblica que
-queremos no ha de ser slo para los republicanos, sino
-que ha de ser, como el sol, para todos los espaoles,
-yo tengo la esperanza de que este abrazo ha de extenderse
-a todos los patriotas de buena voluntad, que
-aunque no militan en nuestro campo, desean para Espaa
-mejores das. Tambin a ellos les abro mis brazos
-y a aquellos que hace treinta y un aos estuvieron con
-nosotros, les digo: Ya ha llegado la hora de pasar el
-puente! A pasarlo y estaremos en seguida unidos todos
-los espaoles. Y no olvidis que el ro no se pasa slo
-por el puente sino tambin por el vado. Si para pasar el
-ro queris nuestra mano, la mano del pueblo es fuerte;
-nosotros os la daremos! Arriba y adelante! Slo viven
-los que luchan y slo de los que luchan es la victoria.
-Si el que ayer hizo treinta y un aos pas el puente a la
-cabeza del ejrcito, el que hoy lo pase lo pasar al frente
-de un pueblo! Ladevese es rodeado y aclamado.
-Luego sube a la tribuna un joven zaragozano, que se
-descubre como un copiossimo orador. Y luego varios
-ms. Se habl con libertad completa. El representante
-de la autoridad parece a veces querer protestar, cuando
-son ya demasiado violentos los golpes a la monarqua.
-Bien puede ser la tolerancia convencimiento de que no
-se trata ms que de palabras, palabras y palabras... De
-pronto un hombre del campo solicita hablar. l tambin
-quiere decir su discurso, y, a vuelta de varias observaciones
-del presidente, Evaristo Jimnez habla en nombre
-del pueblo de Colmenar de Oreja. Y habla bien.
-Untado de peridicos, aborrecedor de los curas, probable
-suscriptor de <i>El Motn</i>, sus palabras brotan con una
-facilidad de fuente. Su retrica pasa de pronto a un color
-poco diplomtico y de indudable irreverencia para con
-el congreso catlico de Burgos. All nos han arrojado
-el guante; nosotros debemos recogerlo y darles con l<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span>
-por los hocicos... El pueblo aplaude al temerario paleto.
-El presidente le llama al orden; mi muchacha de los
-ojos soberbios contina en su entusiasmo. El orador
-se retira, no sin protestar. Al pasar por mi lado le oigo
-decir: Qu van a ser republicanos stos! La gente vocifera
-y la tempestad vuelve a estallar en el circo. Por
-fin se logra la tranquilidad, y el <i>meeting</i> sigue: se aprueban
-las conclusiones formuladas por la Comisin iniciadora
-y se nombra una Comisin ejecutiva encargada
-de realizar los acuerdos.</p>
-
-<p>Persona informada me da los datos siguientes: El local
-en que solan celebrarse las grandes reuniones polticas
-de los partidos era el circo del Prncipe Alfonso, que
-estaba situado en el paseo de Recoletos, frente al Palacio
-de la Biblioteca y Museos. Aquel circo, al que se le llamaba
-Circo de Rivas por el nombre de su propietario,
-fu demolido hace algunos meses. All se celebr una
-reunin memorable en los ltimos meses de 1868, en la
-cual se fund el Partido Republicano espaol. Acababa
-el Gobierno revolucionario de Serrano y de Prim de
-lanzar al pas un manifiesto en favor de las instituciones
-monrquicas (redactado por Nez de Arce, a quien el
-Gobierno encarg de aquel trabajo) y entonces los republicanos
-contestaron a aquel manifiesto convocando al
-Circo de Rivas a todos sus correligionarios de Madrid.
-Presidi la reunin el decano de la democracia espaola
-don Jos Mara Orense, y hablaron en ella Castelar, Pi
-y Margall, Figueroa, Salmern y otros grandes oradores.
-Acordse lanzar al pas un manifiesto declarando
-que quedaba fundado desde aquel da el Partido Republicano.
-Todos los arriba citados&mdash;menos Salmern&mdash;y
-una multitud de republicanos no tan conocidos, firmaron
-aquel manifiesto, que fu el principio de la propaganda
-republicana en Espaa. A la reunin, donde el
-entusiasmo fu numeroso, acudieron 4.000 personas.
-Todas las que all caban. Desde entonces hubo en dicho
-circo numerosas reuniones polticas. Una de las ltimas<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span>
-que se celebraron, pocos aos antes de la demolicin,
-fu cuando los republicanos de Madrid emplazaron
-a los diputados y a los concejales del partido para que
-diesen al pueblo explicaciones acerca de la conducta que
-seguan en el Congreso y en el Ayuntamiento, calificada
-de aptica y tibia. Aquella reunin fu un continuo tumulto;
-el pblico insult y maltrat despiadadamente a
-los diputados y a los concejales, y hasta volaron algunas
-sillas lanzadas contra los oradores. Estos abandonaron
-el local, y se suspendi la reunin entre silbidos. El 11
-de febrero de 1897, habindose hecho la unin entre
-las fracciones que acaudillaban Salmern, Muro, Ezquerdo,
-y los disidentes del partido de Pi y Margall,&mdash;Menndez
-Pallars y Valls y Ribot&mdash;convocaron,
-todos estos reunidos, a un <i>meeting</i> en el Circo de Coln,
-local mucho ms espacioso que el Circo de Rivas. Tratbase
-de hacer una gran ostentacin de fuerzas populares
-republicanas con motivo del aniversario de la proclamacin
-de la Repblica del 1873, y como todas las
-parcialidades republicanas&mdash;menos la federal pactista
-de Pi&mdash;estaban unidas, esperbase que el Circo de Coln,
-en cuya sala caben 6.000 personas, se llenase. La concurrencia
-de pblico fu muy grande, pero el Circo de
-Coln no se llen. Asistiran unos 5.000 republicanos.
-Nunca hasta entonces se haba visto a tantos republicanos
-juntos en el local cerrado. La reunin fu en
-extremo tumultuosa. El pblico silb terriblemente a
-Salmern y a Ezquerdo. Los discursos fueron sin cesar
-interrumpidos por las protestas y los gritos hostiles del
-auditorio. Salmern se encar con el pblico y empez
-a insultarle; la lucha entre el pblico y Salmern se
-prolong ms de media hora, y, despus de aquella reunin
-agitadsima, no haban vuelto los republicanos
-de Madrid a celebrar ninguna reunin pblica. Los prohombres
-republicanos, a pesar de las circunstancias por
-que Espaa ha pasado desde entonces, esquivaban presentarse
-ante el pueblo. Al <i>meeting</i> de fraternidad republicana<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span>
-del 29 de septiembre ltimo, celebrado en
-el Circo de Coln, han acudido 8.000 personas. Como
-ya he dicho, el circo estaba completamente lleno, comprendida
-la pista, y en la calle se quedaron cerca de
-3.000 personas que no consiguieron entrar en el local.</p>
-
-<p>De modo que sta ha sido la reunin republicana ms
-numerosa que ha habido en Madrid.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></p>
-
-<h2>UN PASEO CON NEZ DE ARCE</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 68px;">
-<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">13 de octubre.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Comienza</span> en la Carrera de San Jernimo
-el ir y venir de las gentes a la hora del
-paseo de la tarde. La Carrera de San Jernimo
-es la calle de Florida de Madrid.
-Mucha vitrina elegante, mucho
-carruaje que va y viene; y por la noche mucha luz y
-alegra de ciudad moderna.</p>
-
-<p>En la librera de Fe, poco antes del crepsculo, encontr
-hace algunos das al poeta Nez de Arce con
-su amigo Vicente Colorado, tambin poeta. Haca algn
-tiempo que no vea al maestro, y le hall, aunque quejoso
-de su salud, bastante mejor que como le viera la
-reciente vez. Tras hablar unas cuantas cosas del obligado
-asunto Amrica, se le ocurri: Si diramos un
-paseo? Acept con gusto, y salimos los tres hacia el
-Prado.</p>
-
-<p>Despacio, pues don Gaspar no puede fatigarse. El
-tiempo estaba fresco, el aire era grato; el cielo luca
-afable; pero el poeta desde que comenz a conversar
-con nosotros, pareca verlo todo gris. Como yo le preguntase
-si tena algn trabajo en obra, si escriba algo.</p>
-
-<p>&mdash;No, nada, me contest, fuera de las cartas que escribo
-a un diario de Buenos Aires.</p>
-
-<p>Y con un aire de vago desencanto:</p>
-
-<p>&mdash;Ah, amigo Daro, mi tiempo ha pasado. Soy ya viejo,
-y las musas, como hermosas hembras que son, no<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span>
-gustan de los viejos. El campo es ahora de quien se
-llama...</p>
-
-<p>&mdash;Maestro&mdash;le interrump&mdash;, eso quien menos lo puede
-decir es usted. El amor y el gozo de la vida tienen a
-Anacreonte y Hugo...</p>
-
-<p>&mdash;Lo que de Hugo vale verdaderamente fu escrito en
-su juventud.</p>
-
-<p>No quise contradecirle.</p>
-
-<p>Pero el hbil Colorado, cuyo ingenio es mucho, apoyado
-en su antiguo cario y en su amistad ntima, le increp
-con amable irrespeto. Es que usted se est poniendo
-insoportable de pesimismo. Y le manifest que
-era cosa de los aos, que en la juventud todo lo vemos
-lleno de una luz de rosa. (Lo cual no es cierto en nuestro
-tiempo; deca yo en mi interior.)</p>
-
-<p>Nez de Arce prosigui entonces en un largo parlar
-todo ornado de bellas frases de decepcin. No creo ni en
-la misma vida. Acaso sabemos algo de lo que hay tras
-el impenetrable velo de la eterna Isis? La Ciencia! Pues
-la Ciencia no ha conquistado sino un pequesimo reino,
-el reino de lo experimental. La <i>dbcle</i> a que se ha hecho
-tanto ruido no hace mucho tiempo, no puede ser ms
-cierta. El arte? Campo para las ilusiones; total, nada,
-puesto que las ilusiones no son ms que humo vago que
-deshace el menor viento de la vida. El fracaso impera en
-todo. La sociedad, despus de tantos siglos, no ha logrado
-an resolver el problema de su misma organizacin.
-Vanse las rojas flores que brotan en tal terreno: se llaman
-socialismo, anarquismo, nihilismo. La nacionalidad
-espaola! un sueo. Al primer caonazo que se oiga
-en la Pennsula, ya vern cmo se deshace la nacionalidad
-espaola. Yo volv a tocar el tema del arte y de la
-literatura. Ah, el arte, la literatura: todo est en plena
-decadencia. Francia es el ms patente ejemplo. Los ideales
-se levantan, se ven como bellos mirajes y luego no
-se logran nunca. Es el inmenso camino cuyo fin no se
-encuentra ni se encontrar jams, a pesar del vuelo continuo<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span>
-de las humanas aspiraciones. Y as segua, con su
-voz pectoral, un tanto apagada, y en sus ojos vivaces haba
-una chispa fugitiva y en sus labios se marcaba una
-sonrisa que poda decir resignacin y convencimiento.</p>
-
-<p>Entretanto yo me deca&mdash;siempre para m sobre
-todo&mdash;: Gaspar Nez de Arce,</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i10">...<span class="smcap">Don</span> <i>of course</i></div>
-<div class="verse i0"><i>A true Hidalgo, free from every stain</i></div>
-<div class="verse i0"><i>Of Moor or Hebrew blood, he traced his source</i></div>
-<div class="verse i0"><i>Through the most Gothic gentleman of Spain</i>...</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Don Gaspar Nez de Arce, sin duda alguna el primer
-poeta de la Espaa de hoy, parecera por sus negros
-mirares y sus desconsoladores decires, un espirite extranjero,
-un alma septentrional, rara bajo su cielo de
-alegra, si no se supiese que en el fondo del alma espaola
-crece siempre una oscura rosa. Puede tener un
-roco de creencia o no tenerlo. Este fuerte poeta es un
-Carlos V sin fe que se encierra en su Escorial interior y
-celebra los funerales de su propia poesa, de sus propios
-ensueos, de su propia gloria. Y no es nuevo en l este
-modo de pensar y de ver los cuatro puntos cardinales de
-la existencia. All, ya lejos en el siglo, se oyen an sus
-<i>Gritos del combate</i>, y ya haba resonado en sus odos el
-fracaso producido por la risa de Voltaire, a quien en
-nombre de sus sueos agonizantes o muertos maldeca
-en el ltimo endecaslabo de un soneto clebre; deca a
-los poetas que colgaran, en un desconsuelo bblico, sus
-harpas, de los llorosos sauces. Gracias a que la frrea
-contextura de su estro daba animacin para la lucha, no
-se caa en el anonadamiento voluntario. Por esos tiempos,
-o poco despus, miraba con cruel desdn al pobre
-Becquer, que viva de pan de amor y vino de sueo. Sonrea
-el caballero vestido de su pesada armadura, de los
-que l llamaba suspirillos germnicos: le disgustaba
-el poco de azul que fu a traer en su ramillete de <i>vergissmeinnichts</i>
-de Alemania, para suavizar el escarlata<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span>
-de sus claveles, el artista triste de las <i>Rimas</i>, que despus
-de todo, era esta cosa formidable: un corazn.</p>
-
-<p>En el Prado rean los nios: la tarde desfalleca risuea;
-en el poniente se funda una montaa de oro de sol.
-Don Gaspar prosegua en sus doctrinas. La muerte es lo
-nico que nos interesa verdaderamente, pues da la clave
-del enigma, Isis aparece entonces sin velo. El hombre
-no mata nada: todo <i>se muere</i>. El hombre cree inventar
-algo: todo est ya inventado; todo ha sido. De
-pronto, en un yacimiento de tiempo, descbrese alguna
-cosa; eso es todo. Pero nada de lo que se cree nuevo es
-nuevo. La palabra de la Escritura dice una inconmovible
-verdad cuando dice: <i>Nihil novi sub sole</i>. El hombre
-vive en la lucha perpetua con la vida y consigo mismo
-porque, pasada la divina estacin de la juventud, quiere
-ver, quiere saber, quiere conseguir la posesin de un
-fantasma, descubrir lo imposible, y la realidad le hiere
-y le desconsuela. El hombre slo es feliz en el instante
-de su primavera.</p>
-
-<p>Mir en los ojos a don Gaspar, y cant en mi memoria
-el recuerdo:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Oh recuerdos, encantos y alegras</div>
-<div class="verse i5">De los pasados das!</div>
-<div class="verse i0">Oh gratos sueos de color de rosa!</div>
-<div class="verse i0">Oh dorada ilusin de alas abiertas</div>
-<div class="verse i5">Que a la vida despiertas</div>
-<div class="verse i0">En nuestra breve primavera hermosa!</div>
-</div></div></div>
-
-<p>&mdash;Yo, ya estoy viejo, repito, y creo ver en lo que dije
-la verdad; o lo que me parece la verdad, porque, ciertamente,
-ella no ha mostrado su faz nunca; su desnudez
-no ha sido profanada por nadie. Crea usted, me dijo,
-que la juventud es lo nico que vale la pena, y esto por
-su jardn de ilusiones; esto es, <i>por lo que existe</i>.</p>
-
-<p>Yo volv a clamar dentro de mi: Oh poeta, oh querido
-amigo y maestro! no haces obra de bien predicando
-el desencanto, t que sabes la perenne renovacin<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span>
-de las cosas, el placer del vivir, con todo y la persecucin
-del dolor; no debes, porque hayas pasado ya mucho
-ms del medio del camino de la vida, quedarte en
-tu primera etapa, y no mostrar a la juventud sedienta
-de ideal nada ms que el infierno; t bien debes saber
-que en la tercera est situada la gloria incomparable
-del Paraso, as haya que pasar para penetrar en sus dominios
-bajo el arco de la Ilusin. La misin del poeta
-es cultivar la esperanza, ascender a la verdad por el
-ensueo y defender la nobleza y frescura de la pasajera
-existencia terrenal, as sea amparndose en el palacio
-de la divina mentira. Te ha tocado un difcil momento
-en la historia de tu patria; momento de vacilaciones y
-de derrumbes, de dudas y de miserias; pero t no colgaste
-el harpa del lloroso sauce. Antes bien, elevaste
-por tu sonora y acerada poesa las almas, reavivaste el
-amor a lo bello; de la duda hiciste hermosas esculturas
-de palabras en que vi la joven generacin cmo se
-esculpa el castellano en potentes estrofas; con el <i>Idilio</i>
-tomaste a la inagotable via de amor, cuyo jugo dar
-sangre a la poesa y al arte por los siglos de los siglos.
-No, no intentes destruir una sola ilusin. En verdad te
-digo que retoar en mil partes. La obligacin de la
-vejez sabia, es decir a los que vienen coronados de flores,
-en su estacin de encantos, en palabras de luz, lo
-que dice la Boca de Sombra. Hay un caballero cantado
-en tus poemas, que poda servirte de admirable ejemplo.
-Es aquel maravilloso Raimundo, amoroso de amor,
-padre de enigmas, profesor de ilusiones, capitn de ensueos,
-aquel Raimundo que encontr oculto el smbolo
-del dolor eterno entre los pechos de la mujer amada
-e imposible. Pues bien, Raimundo Lulio no se fu por
-el camino de la desesperanza, sino que, como entr en
-el templo, montado en su caballo, ascendi a las estrellas,
-cabalgante en su pegaso, en seguimiento siempre
-del ideal. Aquel inmenso poeta, aquel prncipe del smbolo,
-aquel sabio, te seala una buena pauta que seguir.<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span>
-No pasa el tiempo para los poetas que tienen el alma
-firme y libre; para los que no reconocen fronteras, preocupaciones,
-limitaciones: las musas son como dices,
-muchachas fragantes y frescas, pero no tienen inconveniente
-en ir a dormir con Booz, o acostarse en el lecho
-del viejo David.</p>
-
-<p>Y no s en qu libro antiguo he ledo que Abisag, despus
-de sus nupcias con el anciano rey del harpa, qued
-en cinta y di a luz una estrella.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p>
-
-<h2>TENORIO Y HAMLET</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 100px;">
-<img src="images/img007.jpg" width="100" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">10 de noviembre 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Cada</span> comienzo de noviembre, al empezar
-a asarse las castaas y a inflarse los buuelos,
-es sabido que Don Juan Tenorio
-hace su visita a Madrid. Este ao ha estado
-tambin el taciturno prncipe de
-Dinamarca. Hamlet, encarnado en Sarah, la prodigiosa
-comedianta que ha logrado cristalizar la ms inconmovible
-juventud. Don Juan se ha visto en casi todos
-los teatros y han sido largo asunto de discusin las
-innovaciones de un cmico que ha querido presentar
-un Tenorio como cortado por molde de comedia francesa
-a la moderna, un Tenorio a quien se ha amputado
-el apndice que Cyrano llevara hasta delante del Eterno
-Padre, y Don Juan tambin, un apndice que constituye
-en esos caballeros parte vital y precisa: el <i>penacho</i>!</p>
-
-<p>Pues el actor de la Comedia, Thuiller, ha credo oportuna
-la variacin, y di un Don Juan despenachado.
-Dijo a la sordina la dcima zorrillesca; quiso imponer
-lo natural en punto en que la naturalidad huelga; el
-hombre que convida a comer a los difuntos ha hablado
-como un tipo de Dumas hijo o de Lavedan; Doa Ins
-del alma ma ha tenido que corresponder en igual tono
-a las declaraciones de su caballero; esto ha sido un
-<i>flirt</i> en vez de la tradicional tempestuosa pasin manifestada;
-la famosa cavatina ha sido una <i>causerie</i>; el
-pblico se ha mostrado sorprendido, le han cambiado<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>
-a su Don Juan; la crtica censur al actor, pero los empresarios
-demostraron que los crticos aplaudieron en
-la temporada pasada lo que hoy han sealado como defectuoso.
-Lo cierto es que el seor Thuiller ha errado.
-El Tenorio tipo de leyenda no cabe en la pauta de conservatorio
-reformista que ha querido imponerle. Don
-Juan, el idealizado por los poetas y cuyo contacto segn
-Musset engrandece, no tiene nada que ver con el personaje
-histrico de quien Sevilla posee un retrato&mdash;el seor
-de Maara&mdash;por otra parte, muy feo, y al cual seguramente
-el actor no querra copiar. El nuestro, el de todo
-el mundo, es un antiguo amigo, <i>our ancient friend Don
-Juan</i>, que dice el sublime y donjuanesco lord. Para darle
-vida, no es preciso que el actor se desgaite y gesticule
-como un loco, cual lo hemos visto en los infinitos
-Tenorios que nos ha dado la declamacin espaola, pues
-desgraciadamente no hay cmico de la legua que no
-quiera entenderse con su correspondiente convidado de
-piedra. Mas algunos grandes actores ha habido que en
-Espaa han penetrado en el carcter de Don Juan, sin
-menoscabarle ni hipertrofiarle. Calvo fu uno bueno,
-para no citar anteriores, y Vico, y aun otro actor de
-poco renombre pero de reconocido talento, Pedro Delgado,
-que este ao ha hecho el Tenorio en... en el pueblo
-de cija.</p>
-
-<p>No se puede hablar de <i>Don Juan</i> sin recordar al pobre
-Zorrilla, que deca con justa amargura, poco antes de
-morir: mi <i>Don Juan</i> produce un puado de miles de
-duros anuales a sus editores, y mantengo con l en la
-primera quincena de noviembre, a todas las compaas
-de verso de Espaa. l ha contado de admirable manera
-el gnesis de su drama, que por cierto no fu recibido
-por el pblico con el triunfo que ms tarde consiguiera.
-Fu en el ao de 1844, en febrero. El actor Latorre necesitaba
-una obra flamante para su <i>rentre</i> en la villa y
-corte. Zorrilla era quien deba entregar la obra. Haba
-l refundido en ese tiempo <i>Las Travesuras de Pantoja</i>; y<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span>
-registrando las comedias de Moreto, tuvo la idea de la
-pieza; y con el <i>Burlador</i> y la refundicin de Sols, manifest
-a Latorre que se comprometa a entregarle un <i>Don
-Juan</i> en el trmino de veinte das.</p>
-
-<p>No conoca Zorrilla, segn propia confesin, ni <i>Le
-Festin de Pierre</i>, de Molire, ni el libreto de Da Ponte, ni
-lo que haba ya hecho en Europa con ms o menos igual
-argumento. Sin darme, dice, cuenta del arrojo a que me
-iba a lanzar, ni de la empresa que iba a acometer; sin
-conocimiento alguno del mundo ni del corazn humano;
-sin estudios sociales ni literarios para tratar tan vasto
-como peregrino argumento; fiado slo en mi intuicin
-de poeta y en mi facultad de versificar, empec mi
-<i>Don Juan</i>, en una noche de insomnio, por la escena de los
-ovillejos del segundo acto, entre Don Juan y la criada
-de Doa Ins de Pantoja. Los ovillejos los compuso a
-oscuras, y sin escribirlos; a pura memoria los retuvo.
-Del plan de la obra apenas si tena hilos tendidos. Su
-plan era conservar la mujer burlada de Moreto y hacer
-novicia a la hija del comendador, a quien mi Don Juan
-deba sacar del convento, para que hubiese escalamiento,
-profanacin, sacrilegio y todas las dems puntadas
-de semejante zurcido. Comenz a escribir, pues, sin
-saber por donde iba. La musa le supo guiar. Puso a Don
-Juan en su piel; y Ciutti, es el nombre de un criado italiano
-que haba tenido Zorrilla, en el caf del Turco de
-Sevilla; el hostelero Butarelli, uno que viva en la calle
-del Carmen el ao 1342, y de quien fu husped el poeta.
-De Ciutti, el de carne y hueso, ved el retrato que traza
-en cuatro rasgos: Ciutti era un pillete muy listo, que
-todo se lo encontraba hecho, a quien nunca se encontraba
-en su sitio, al primer llamamiento, y a quien otro
-camarero iba inmediatamente a buscar fuera del caf, a
-una de dos casas de la vecindad, en las cuales se venda
-vino ms o menos adulterado, y en otra, carne ms o
-menos fresca. Ciutti, a quien hizo clebre mi drama, logr
-fortuna, segn me han dicho, y se volvi a Italia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span></p>
-
-<p>He hablado alguna vez de los postreros aos de Zorrilla,
-cuando, en una existencia de enfermedad y pobreza,
-llevaba en su vejez todava un rayo de sus antiguos fuegos;
-y vea ganar dinero, mucho dinero, con sus viejas
-obras, a editores a quienes en otro tiempo las vendiera
-en lamentables condiciones. Entonces fu cuando Castelar
-sostuvo en las Cortes la necesidad de pensionar al
-lrico, y la pensin fu negada a quien era propietario
-del cielo azul, en donde no hay nada que comer.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Hemos visto en Madrid el discutido Hamlet de Pars.
-Sarah-Hamlet. Discusin hubo sobre si Hamlet fu rechoncho
-o delgado, alto o bajo; en lo que no puede
-haber es sobre lo bello de la soberana creacin que
-realiza la gran francesa. Como lo ha acostumbrado Sarah,
-la compaa que ha trado ha sido mediocre; de
-modo que toda la atencin se ha concentrado en la
-princesa del gesto y reina de la actitud. Sorprende
-desde luego el poder de la trgica al cambiar casi por
-completo su conocida voz de oro, por una voz de hierro,
-o mejor, de acero. En la masculinizacin de su papel el
-prodigio se impone. Desde que aparece el prncipe <i>au
-pourpoint noir</i>, el hechizo est realizado. Apenas si uno
-tiene tiempo de protestar por los cortes y aun descuartizamientos
-que se han perpetrado en la obra, como el
-suprimir, entre otras cosas, la escena de Hamlet ante el
-rey que ora, o el dilogo de los sepultureros. Pero en
-las partes bsicas de la tragedia, el encanto aportado por
-Sarah vale por una de las ms inmensas sensaciones de
-arte que puedan experimentarse.</p>
-
-<p>Hay, entre muchas, una escena en el primer acto en
-que el dominio es absoluto, y en la frase final el auditorio
-siente un gran sacudimiento:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0"><i>But break, my heart; for I must hold my tongue</i>,</div>
-</div></div></div>
-
-<p class="no-indent">que Sarah hace vibrar en su francs: <i>Mais clate, mon
-c&oelig;ur, car il faut rester bouche close!</i></p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p>
-
-<p>La interpretacin de Sarah es de esas acciones artsticas
-que pueden apasionar hasta la violencia. Me explico
-la estocada de Vanor a Mends.</p>
-
-<p>Aqu Sarah se ha impuesto, a pesar de que no es muy
-comn el dominio de la lengua francesa en el pblico.
-Cierto es que el pblico de Sarah Bernhardt ha sido de
-lo ms aristocrtico de que se compone el todo Madrid.</p>
-
-<p>Quienes han admirado a sir Irving, quienes conocen
-el juego de Monet-Sully, quienes recuerdan a los potentes
-trgicos italianos de este siglo, hasta Novelli, con
-su <i>Hamlet</i> gesticulador, estn de acuerdo en que no ha
-habido palacio de carne humana en que se hospede
-como en propio habitculo el espritu del soador pensativo
-de Elseneur, como la carne nerviosa y elctrica
-de Sarah Bernhardt; ella es el prncipe delicado, pero
-fuerte de nervios, que le hacen ser buen esgrimista;
-lejos de la fuerza musculosa, pues l mismo exclama en
-una escena, hablando de su to incestuoso: <i>But no more
-than my father,&mdash;Than I to Hercules...</i></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span></p>
-
-
-<h2>UNA EMBAJADA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img008.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">La</span> embajada extraordinaria alemana presidida
-por el prncipe Albrecht ha sido
-en estos das nota de actualidad. l es
-un buen gigante teutn, digno representante
-de su tierra militar y frrea. Le ha
-trado el guila Negra al adolescente rey Don Alfonso
-XIII, que en la ceremonia palatina ha dicho un muy
-bonito discurso en francs. No ha habido revistas militares,
-por disposicin de gran cordura. Pero los prncipes
-extranjeros han visto mucho de la Espaa grande
-e indestructible: han visto la sala de Velzquez en el
-Prado, han tenido otras varias impresiones que les han
-podido dar a entender que por ms que la obra de los
-malos gobiernos traiga ruina y desastre a la patria espaola,
-queda un rico fondo de fecundidad y de vida de
-donde brote una Espaa duea de su porvenir.</p>
-
-<p>Han podido admirar tambin la otra noche, en el Teatro
-Real, la soberbia mina de hermosura que se encierra
-en este pueblo lleno de bizarras y hechizos. La aristocracia
-mostraba joyas de juventud y de belleza de que
-pocos pases pueden enorgullecerse.</p>
-
-<p>Ya es el tipo de grandes ojos negros y cabelleras de
-una riqueza incomparable que pesan sobre los cuellos
-armoniosos como la carga capilar que agobia a una
-<i>d'annunziana</i> virgen de las rocas; ya el tipo semiarbigo,
-que denuncia la andaluza procedencia; o la mujer
-maciza del Norte que en su opulencia guarda el orgullo<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span>
-gentilicio de una raza generosa. Y mientras la Darcle
-haca su Mann bravamente, yo vea al coloso alemn
-recorrer con sus gemelos el jardn de los palcos. All
-tena la fragante flora humana del pas solar que ha
-vivido en un ambiente de herosmo caballeresco bajo
-un cielo de poesa; all las descendientes de los ms preclaros
-nombres de la nobleza espaola, mantenedoras
-de la gracia que pintaron tantos pinceles ilustres y que
-cantaron tantos luminosos poetas.</p>
-
-<p>Y algo de don Alonso Quijano <i>el Bueno</i> deca a mi
-alma: Deja que la bala <i>dum-dum</i> se ensaye en el boer,
-y que el fin del siglo XIX sea de sangre y matanzas razonadas
-o sin razn. Alguien ha dicho que Krupp es
-Hegel y que Chamberlain es Darwin. No hay que desesperar.
-Estos descorazonamientos cientficos pueden
-ser sucedidos por razonables y necesarios vnculos lricos.
-Nunca es malo Don Quijote. Y Guillermo II hace
-versos y pinta cuadros y escribe peras e himnos. Espaa
-no debe pensar ahora en guerras y cosas que le
-han enseado lo vario de la suerte y lo frgil de la grandeza.
-Y cuando el Csar germnico enva un guila negra,
-se le debera corresponder con una paloma blanca.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span></p>
-
-<h2>UNA NOVELA DE GALDS</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img010.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">26 de octubre de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-o.jpg" width="75" height="81" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Otro</span> nuevo episodio nacional estalla en
-los escaparates de librera, con sus colores
-amarillo y rojo en la cubierta,
-formando bandera espaola. Y bajo el
-ttulo, y el 7.000 que se refiere a los
-ejemplares, la esfinge sentada sobre el globo nos anuncia
-que aparece un libro ms en que se tiene por divisa
-Arte, Naturaleza y Verdad. Ya os he dicho del ordenado
-fabricar del maestro novelador. No censuro&mdash;sino todo
-lo contrario&mdash;el mtodo y la exactitud en el trmino de
-la produccin. Eso indica que la voluntad priva sobre
-el talento, lo cual es razn que honra al carcter humano.
-Lo que lamento es que se transparente, hasta casi
-llegar al pblico, un plan industrial con mengua de
-propsitos mentales. Quin encuentra una familia como
-la Rougon Macquart, quin la Historia de Espaa. El
-Sr. Galds pudo comenzar en los tiempos de Vamba y
-concluir en los de Sagasta. Habrase llenado una biblioteca
-y desbordado el capital de la casa editora. Pero el
-potente autor de <i>Gloria</i>, de <i>Len Roch</i>, de la primera
-serie de los <i>Episodios</i>, no tiene el derecho de descender
-en calidad por ascender en cantidad. Yo respeto y saludo
-ese admirable y sereno talento que ha producido
-innegables obras maestras; pero ese mismo respeto es
-el que me hace contristarme ante una fecundidad inquietante,
-porque la obra precipitada de ahora no resiste<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span>
-comparacin con la madura de antao. Claro
-est que un libro de Prez Galds no podr nunca
-ocultar el lustre original; no ser un libro malo jams,
-ni un libro mediocre, que es peor. Pero se advierte que
-falta la gestacin indispensable en partos de esta ndole&mdash;gestacin
-casi siempre elefantina&mdash;. Sale el libro flojamente
-vertebrado, un si es no es anmico, con marcada
-tendencia al raquitismo; aunque se observan&mdash;como en
-los ojos del nio&mdash;reflejos y chispazos del alma paternal.
-Son libros faltos de tiempo. <i>La Estafeta romntica</i>
-est escrita de julio a agosto de este ao, en que van publicndose
-ya cuatro episodios. Cabalmente acabo de
-salir de la inmensa floresta de <i>Fcondit</i>, y al dejarla he
-visto el tiempo que Zola ha empleado en ella. Cerca de
-un ao. Es el lapso ms corto para realizar una labor de
-conciencia, sin llegar a la religiosidad flaubertiana. Zola,
-con todo y su simtrica tarea de gran obrero, sabe que
-tiene que elevarse a sus Cuatro Evangelios con la mayor
-energa y el aliento de su idea, y que no es sino con mpetu
-aquilino y ansias de grandeza moral como podr
-escudriar a su manera las que llama San Agustn montaas
-del Seor, para bien de su patria la Francia. Bien
-podra el seor Galds dar a Espaa un libro cada ao,
-en el cual libro pusiese la esencia saludable de su pensamiento
-y ayudase a la obra social y al resurgimiento
-de la nacin espaola. De estos volmenes se ocupa escasamente
-y mal la crtica de casa; y la extranjera, por
-respeto al nombre del autor, suele hacer una que otra
-<i>compte rendu</i>, aunque sea como la de M. Vicent, del <i>Mercure
-de France</i>, que ha hojeado seguramente el libro, y
-ha sacado en claro, traducida una novedad del ttulo de
-<i>La campaa del maestrazgo</i>. Su precario espaol le haga
-confundir campaa con campana, y traduce: <i>La cloche du
-Maestrazgo</i>.</p>
-
-<p>Es el caso de decir que ha odo campanas y no sabe
-dnde.</p>
-
-<p>No veo que en la Prensa de Madrid se le haya hecho<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span>
-la menor observacin al ilustre novelista, respecto a
-ese producir absolutamente mecnico. No hay duda que
-causa el silencio, la consideracin a sus altos mritos y
-a su celebridad. l propio deba notar que si antes el
-aparecimiento de un libro suyo era lo que llama el clis
-un acontecimiento literario, hoy apenas conmueve la
-atencin y suscita uno o dos artculos de complacencia
-y las rituales gacetillas. Es natural que nunca su produccin
-ser colocada entre la copia innumerable y repetida
-de los multparos conejos de las letras.</p>
-
-<p>Veamos la <i>Estafeta romntica</i>.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>En estos libros, donde dice <i>Benito Prez Galds</i>, no se
-pone el aditamento: <i>De la Real Academia Espaola</i>. Deba
-hacerse, pues pocos escritores contemporneos contribuyen
-ms a sostener dignamente la amojamada castidad
-del idioma.</p>
-
-<p>Con ser heterodoxa la mdula, lo exterior va siempre
-en una lengua conservadora y depurada y cuya espontaneidad
-non infiere el menor agravio a su legtimo y
-castizo abolengo. Esta novela de que trato est compuesta
-de una serie de cartas, y de ah que sea <i>Estafeta</i>. Romntica
-es por la poca en que el argumento se desarrolla.
-Y el ser la novela en cartas, quizs, no sea ajeno
-al ttulo, pues el gnero en dicha poca tuvo su boga.
-Consta la obra de cuarenta cartas en que se desarrolla
-una intriga amorosa, se trata de la poltica del tiempo y
-de literatura. El autor no ha descuidado la documentacin;
-se ve que se ha tomado el trabajo de informarse en
-las mejores fuentes; y pone ante el lector, viviente y
-palpitante, esa curiosa vida de comienzos de siglo.</p>
-
-<p>Algo de lo ms interesante es el episodio de la muerte
-de Larra, narrada y comentada en el curso de estas
-epstolas.</p>
-
-<p>Figura en la estafeta una carta simulada de don Miguel
-de los Santos lvarez, el amigo ntimo de Espronceda<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span>
-y de <i>Fgaro</i>. No hay duda de que el seor Galds
-trat a lvarez y de sus labios obtuvo muy interesantes
-informes. Yo tuve oportunidad de conocer a dicho personaje
-en casa de don Juan Valera, y no dej pasar la
-ocasin de despertar en ms de un punto sus recuerdos,
-especialmente en lo referente a la amistad estrecha que
-le una con el poeta del <i>Diablo Mundo</i>. lvarez, ya muy
-viejo y bastante sordo, no haba perdido sus facultades
-de delicioso parlante.</p>
-
-<p>El general Mansilla ha publicado en sus interesantes
-<i>causeries</i> algo sobre la vida de aquel original ingenio
-en Buenos Aires. Es sabido que, creo que en tiempo de
-Rozas, fu al Ro de la Plata, enviado por el Gobierno
-espaol. l se complaca en rememorar aquella poca
-de su vida y guardaba muy buenas impresiones de sus
-noches y das americanos. Digo noches, porque don
-Miguel de los Santos fu incorregible noctmbulo durante
-toda su larga existencia. A los setenta y tantos inviernos,
-y hasta muy poco antes de su muerte, era de
-los ltimos en abandonar a la madrugada el tresillo del
-Casino. Vea usted, me deca, dicen que el trasnochar
-es malo. Tengo de hacerlo tantos aos y me va perfectamente.</p>
-
-<p>La carta fingida de lvarez al tipo principal de la
-novela, Fernando Calpena, est escrita de manera que
-bien poda considerarse como no apcrifa. Es alabar
-demasiado la inteligencia del Pilar creerla capaz de una
-imitacin palpablemente difcil. Y Galds, en esta carta,
-como en muchas de las del libro, demuestra que posee
-una flexibilidad de pensamiento que no siempre es un
-don de los fuertes. Todava no se ha escrito la vida ntima
-de la poca en que pasan estos sucesos de la Estafeta, y
-no se conocen detalladamente, pongo por caso, las causas
-que condujeron a Larra a suicidarse. El romanticismo
-tuvo, sin duda alguna, gran parte en el arrebato de
-aquel brillante espritu. Era el tiempo en que el romanticismo
-estaba ms en el ambiente que en la literatura,<span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span>
-y en que, en Pars, como cuenta el doctor Vern en sus
-memorias, un serio y conservador hombre de letras,
-despus de atacar y negar la revolucin romntica con
-la pluma, se fu a echar al Sena, por causa de un amor
-imposible. Larra, segn dicen, se mat tambin por
-amor. Su querida, una dama casada, cort la intimidad
-obligada por la severidad de su confesor. El poeta no
-pudo lograr que se reanudasen las relaciones y, enamorado
-de veras como estaba, se precipit en la muerte. No
-puedo dejar de haceros conocer el prrafo de la carta de
-lvarez a Calpena, en que trata del desgraciado acontecimiento,
-y que, como digo, debe estar basado en algunas
-conversaciones entre Galds y don Miguel: Supe yo
-la muerte de Larra al da siguiente del suceso, o sea el 14
-de febrero. Fu a verle con otros amigos a la bveda de
-Santiago, donde haban puesto el cadver, all me encontr
-a Ventura y a Roca de Togores, tan afligidos como yo y
-Hartzenbusch, que me acompaaba. Y por qu?... decamos
-todos, que es lo que se dice en estos casos.&mdash;Cul
-ha sido el mvil?... Quin hablaba de un arrebato de
-locura; quin atribua tal muerte al estallido final de un
-carcter, verdadera bomba cargada de amargura explosiva.
-Tena que suceder, tena que venir a parar en aquella
-siniestra cada al abismo. Y ella? Si alguien la culpaba
-en momentos de duelo y emocin, no haba razn
-para ello. No era ya culpable. Por querer huir del pecado,
-haba surgido la espantosa tragedia. En fin, querido
-Fernando, suspiramos fuerte y salimos despus de bien
-mirado y remirado el rostro fro del gran <i>Fgaro</i>, de
-color y pasta de cera, no de la ms blanca; la boca ligeramente
-entreabierta, el cabello en desorden; junto a la
-derecha, el agujero de entrada de la bala mortfera. Era
-una lstima ver aquel ingenio prodigioso cado para
-siempre, reposando ya en la actitud de las cosas inertes.
-Veintiocho aos, una gloria inmensa alcanzada en corto
-tiempo con admirables, no igualados escritos, rebosando
-hermosa irona, de picante gracejo, divina burla de<span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span>
-las humanas ridiculeces!... No poda vivir, no. Demasiado
-haba vivido; mora de viejo, a los veintiocho aos,
-caduco ya de la voluntad, decrpito, agotado. Eso pensaba
-yo, y sal, como te digo, suspirando y me fu a ver
-a Pepe Espronceda, que estaba en cama con reuma articular
-que le tena en un grito. Pobre Pepe! Entr en su
-alcoba y le hall casi desvanecido en la butaca, acompaado
-de Villalta y Enrique Gil, que acababan de darle la
-noticia. El estado de nimo del gran poeta no era el ms
-a propsito para emociones muy vivas, pues a ms de la
-dolencia que le postraba, haba sufrido el cruel desengao
-que acibar lo restante de su vida. Ignoro si sabes
-que Teresa le abandon hace dos meses. S, hombre, y...
-En fin, que esto no hace al caso. Gran fortuna ha sido
-para las letras patrias que Pepe no haya incurrido en la
-desesperacin y demencia del pobre Larra. Gracias a
-Dios, Espronceda sanar de su reuma y de su pasin y
-veremos concludo el <i>Diablo Mundo</i>, que es el primer
-poema del <i>dem</i>... Sentme a su lado y hablamos del pobre
-muerto. En un arranque de suprema tristeza, vi llorar
-a Espronceda; luego se rehizo trayando a su memoria,
-y a la de los tres all presentes, los donaires amargos
-del <i>Pobrecito hablador</i>, el romanticismo caballeresco del
-<i>Doncel</i>, y el conceptismo lgubre de <i>El Da de Difuntos</i>.
-Tambin hablaron de ella, y tal y qu s yo, diciendo
-cosas que no reproduzco por creerlas impropias de la
-gravedad de la historia. Villalta y Enrique Gil se fueron,
-porque tenan que dar infinitos pasos para organizar el
-entierro de <i>Fgaro</i> con el mayor lucimiento posible, y
-me qued solo con el poeta, el cual, de improviso, di
-un fuerte golpe en el brazo del silln diciendo: Qu
-demonio! Ha hecho bien. Yo rebat esta insana idea
-como pude, y para distraerle, recit versos, de los cuales
-ningn caso haca. A media tarde entr de nuevo Villalta
-con Ferrer del Ro y Pepe Daz. Espronceda sinti fro
-y se meti en la cama. Yo, caviloso y cejijunto, haca
-mis clculos para ver de dnde sacara la ropa de luto<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span>
-que necesitaba para el entierro... Luego narra lo acontecido
-en el entierro, con la nota saliente del aparecimiento
-de Zorrilla, de la estatura de Hartzenbusch, y con
-menos carnes; todo espritu y melenas; un chico que se
-trae un universo de poesa en la cabeza; el triunfo del
-poeta en un tiempo en que los banqueros y los ministros
-se entusiasmaban con los versos, y los festejos de
-que fu objeto. Zorrilla no duerme esa noche; al da siguiente
-va a ver a lvarez, le toma su chocolate y le da
-la estupenda noticia de que le han colocado en el <i>Porvenir</i>,
-Pacheco y Pastor Daz, con treinta duros de sueldo!
-Toda la carta est escrita ingeniosa y vibrantemente, es
-un documento de verdad; y crea el mismo Prez Galds
-que ella no es obra de Pilar ni suya, don Miguel de los
-Santos lvarez se la ha dictado desde el otro mundo
-como otros espritus lo han hecho con Hugo o Claretie...
-El seor Galds ha sido espiritista sin saberlo!</p>
-
-<p>La intriga principal de la novela no interesa tanto
-como esos episodios en que se resucita la vida privada
-de la Espaa de aquellos das. Lo anecdtico histrico
-triunfa sobre la inventiva del escritor. Hay cartas que
-sobresalen, como las firmadas por la joven Gracia, la
-cual pone en su escritura mucho de su nombre, aunque
-escassima ortografa. En este caso podra ella decir, con
-gran justicia, que la ortografa no es lo primero, y que
-epitolgrafa de tanto vuelo como madame de Sevign,
-no era muy catlica en tales disciplinas.</p>
-
-<p>Entre otras figuras que aparecen en el desfile de personajes,
-est la del clebre banquero Salamanca, pero
-apenas esbozada y falta de detalles, que habran sido muy
-del agrado del lector contemporneo. Apenas si se entrev
-algo de la juventud de Zorrilla; no se nos informa de
-la vida intelectual del semiargentino Ventura de la Vega.
-De Espronceda habran sido muy bien recibidos datos
-sobre sus amores con la famosa Teresa del no menos
-famoso canto. Pudo el seor Galds aumentar la parte
-ntima de sus tipos, para lo cual no le faltaran seguramente<span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span>
-buenos informantes. Muchas gentes hay en Espaa
-que han vivido parte de esa poca, no tan remota, y
-que, testigos de varios hechos, ayudaran eficazmente a
-la documentacin del novelista.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>A propsito del suicidio de Larra. La primera vez que
-fu a visitar a Mariano de Cvia, este excelente camarada
-y escritor de tan rico ingenio, me llev a uno de los
-balcones de su casa, y sealndome uno de la casa de
-enfrente, que forma esquina en la calle de Amnista, me
-dijo: Cada vez que me asomo veo all una pgina de
-gran filosofa. Y me explic de qu manera en aquella
-casa se haba dado muerte uno de los ms firmes y finos
-talentos de la Espaa de este siglo, el pobre Mariano
-Jos de Larra. En lo primaveral de la juventud, en un
-tiempo en que todo favoreca al encumbramiento de su
-personalidad, al definitivo triunfo, a la gloria segura,
-aquel hombre, que haba recibido de la implacable <i>Eironeia</i>
-las ms temibles armas del estilo, los ms sutiles
-venenos del pensamiento, fu una vctima de ella misma.
-La aventura pasional se cristaliz en un diamante de
-sangre, y aquel amargo dueo de la stira muri por
-desdenes de amor, muerte de buen romntico.</p>
-
-<p>No querris nunca ver el reverso de la sonrisa.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span></p>
-
-<h2>LA ENSEANZA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 38px;">
-<img src="images/img011.jpg" width="38" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">8 de septiembre.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-r.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Refirenme</span> que cuando hace poco tiempo
-estuvo vacante la plaza de verdugo, hubo
-entre los que la solicitaron abogados y
-mdicos. Un amigo mo terrateniente,
-me asegura haber empleado como guarda
-forestal a un abogado. Esto no es una rareza. En los
-pases menos civilizados, como en los ms florecientes,
-ya se conoce lo que es el proletariado intelectual. En el
-pas de mi nacimiento hay quien puede decir ms de
-una vez: licenciado, lstrame las botas!, y en Buenos
-Aires, cuando fu secretario del director general de
-Correos y Telgrafos, recuerdo solicitudes para puestos
-de escribiente u otros ms modestos, en que los recomendados
-podan responder al vistoso apelativo doctor.
-En toda la Amrica latina el titulismo es endmico;
-pero el origen est aqu, en la tierra clsica en que se
-asienta Salamanca. El mal est en la raz.</p>
-
-<p>La ignorancia espaola es inmensa. El nmero de
-analfabetos es colosal, comparado con cualquier estadstica.
-En ninguna parte de Europa est ms descuidada
-la enseanza.</p>
-
-<p>La vocacin pedaggica no existe. Los maestros, o
-mejor dicho, los que profesan la primera enseanza,
-son desgraciados que suelen carecer de medios intelectuales
-o materiales para seguir otra carrera mejor. El<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span>
-maestro de escuela espaol es tipo de caricatura o de
-sainete. Es el eterno mamarracho hambriento y esculido,
-vctima del Gobierno; pero persona de vala y al tanto
-de las cosas de su tierra, me demuestra que realmente
-no son por lo general dignos de mejor suerte esos maniques
-de cartilla y palmeta. Los nios, me dice, no
-aprenden siquiera a leer en la enseanza primaria. De
-gramtica no hablemos, raro es el que sabe lo ms elemental
-y escribe con ortografa. Y no habiendo aprendido
-a leer, no es posible aprender a estudiar. El maestro
-de primaria, por lo general ignorante, carece de todos
-los conocimientos y de la mansedumbre necesaria para
-cumplir su misin, pero tiene la bastante soberbia para
-suponerse dueo y seor de sus prvulos en la escuela.
-Como todo buen espaol con su poco de autoridad,
-quiere que sta resplandezca constantemente a los ojos
-de todos, y ay del que no la acate! Lo primero que exige
-es la humildad, l que no es humilde, y la obediencia,
-l que con su proceder descubre la alegra del mando.
-Los nios, hartos de ser trados y llevados sin ms
-ni ms, suean en que llegue su hora de mandar. Un
-hombre por conveniencia se aviene bien a todo; pero el
-nio entiende antes la justicia que la conveniencia, y el
-maestro no cuida generalmente de razonar sus actos: es
-un rey absoluto. En la mala enseanza primaria est el
-origen de todos los males. El maestro, cuando pica muy
-alto&mdash;pican hasta los ms ruines&mdash;, no quiere que le llamen
-maestro sino <i>profesor</i>. Este ttulo incoloro lo prefieren
-al de maestro, porque generalmente se llaman
-profesores los que dan cursos en Institutos y Universidades;
-bien es verdad que tambin se llaman profesores
-los barberos y sacamuelas. El profesor de primeras letras
-da sus explicaciones (aqu son oradores todos los
-que hablan), que los nios no entienden, porque en vez
-de facilitar la comprensin, hace discursos, esperando
-que sus infelices discpulos le crean un hombre superior.
-Tambin hace sus libros, y el ms imbcil tiene<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>
-una gramtica, una geografa, una historia o unas matemticas;
-generalmente les da por los estudios gramaticales.
-Todos velan por la integridad del purismo. Gramtica
-hay por esas escuelas en que al nio le es absolutamente
-imposible aprender; el afn de definir de un
-modo nuevo condceles a los mayores disparates; y los
-pobres muchachos aprenden de memoria lo que debiera
-ser base de su estudio y es origen de su abotagamiento
-intelectual. Tampoco se cultiva mucho la escritura;
-unos adoptan la espaola, otros la inglesa, casi nadie
-ensea a escribir; total, que a los diez aos de edad y
-cinco de materias, pasan los prvulos de la enseanza
-elemental a la segunda enseanza, sin haber aprendido
-siquiera a leer y escribir. De cada 100 nios aprobados
-de ingreso en el Instituto, 90 saben apenas firmar y
-no hay uno que escriba al dictado correctamente; la
-lectura tambin pertenece para ellos <i>a las ciencias ocultas</i>;
-y sin saber escribir ni leer, les meten en latines. El
-catedrtico de Instituto, y ms an el de colegios particulares,
-no est preparado para la enseanza; cuando
-ms, conoce vagamente la asignatura que explica, pero
-no penetra en la mente de los nios. El profesor, como
-el maestro, tiene la monomana del discurso. Todos los
-das hace su explicacin en forma oratoria altisonante;
-si no tiene un libro de texto propio, no se ajusta en todo
-a ningn autor y obliga a los alumnos a tomar apuntes;
-as acaban los cursos, y la mayora de los estudiantes
-no se ha enterado an de lo que sean las asignaturas
-que cursaron; algunas definiciones, alguna clasificacin,
-algn razonamiento aislado: cuatro lecciones
-prendidas con alfileres, que se olvidan luego, y el que
-tiene la suerte de salir aprobado no vuelve a pensar en
-aquellas cosas. As el nio que sali de la primera enseanza,
-virgen de conocimientos elementales, sale de la
-segunda sin comprender las ciencias y las letras que
-debieron determinar su vocacin, y no emprende la
-carrera que le aconseja su instinto, sino la que sus padres<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span>
-le imponen por considerarla ms lucrativa. Las
-Universidades aparecen con mejor organizacin; hay en
-ellas algunos profesores sabios y cultos&mdash;un Posada o
-Unamuno figuraran en su especialidad en cualquier
-Universidad del mundo&mdash;; aunque por lo general, vicios
-de constitucin y lo que viene desde el origen, la falta
-de conocimientos elementales, no permitan a los alumnos
-aprovecharse de la enseanza superior; con todo y
-no ser sta deplorable como las otras, deja mucho que
-desear. Unamuno, precisamente, ha dicho en una serie
-de luminosos artculos mucho y muy interesante acerca
-de la enseanza superior en Espaa.</p>
-
-<p>Pero mucho ms que las Universidades dejan que desear
-las Escuelas de ingenieros y las Academias militares.
-Nombrndose de Real orden los profesores, y siendo
-aptos para el cargo de profesor todos los individuos del
-escalafn despus de un cierto nmero de aos de servicio,
-resulta que en ciertas pocas y en ciertos cuerpos
-que tienen su centro de enseanza en buena poblacin,
-todo el mundo quiere ir a desempear ctedras, no por
-sus aficiones a la asignatura, sino por la residencia. Y,
-en cambio, a otros hay que enviar a la fuerza a quien
-explique, y claro es que no van los ms aptos, sino los
-ms desvalidos. Conceder aptitud para desempear una
-asignatura por el mero hecho de haberlo cursado, es
-una estupidez colosal; y cuando la asignatura es clculo
-diferencial, mecnica, geologa, construccin, botnica,
-qumica, sube de punto el disparate. As en las escuelas
-y academias especiales se repiten todos los errores de
-que viene siendo vctima el joven desde que tuvo la
-mala idea de ponerse a estudiar, y esta vez aumentados
-prodigiosamente. Me dicen cosas monstruosas de tales
-centros de enseanza, y si no las refiriese persona muy
-culta y muy conocedora, seran increbles. En una clase
-de topografa, despus de trabajar todo el ao entre los
-alumnos y el profesor, al hacer las prcticas de fin de
-curso no consiguieron cerrar un permetro. Las clasificaciones<span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span>
-botnicas y mineralgicas, los experimentos
-qumicos, no van ms all. Muchos libros, muchas horas
-de clase, muchas horas de estudio; mucho atiborrarse de
-teoras, leyes y teoremas; pero la ciencia, la verdadera
-ciencia no aparece.</p>
-
-<p>De algo semejante se quejan en algunos pases europeos,
-pero la falta de conocimientos elementales no sea
-tal vez tan grande como en Espaa en nacin alguna.
-Precisamente la cuestin del <i>sumernage</i> preocupa en
-Francia a muchos espritus cultos que desean dar al estudio
-una marcha menos violenta y no tan apartada de
-la vida prctica.</p>
-
-<p>Es verdaderamente lastimoso ver a los jvenes sufriendo
-por ocho aos la ingestin de voluminosos tratados,
-rozando las ms graves teoras cientficas, para
-venir al fin, terminada la prueba oficial, a trabajar, los
-que trabajan, con el auxilio de los anuarios de bolsillo
-extranjeros. Tanta ecuacin, tanta integracin, para sujetarse
-a las frmulas calculadas ya de resistencia, pendientes,
-velocidades, etc.; tanta bambolla de experimentacin
-para someterse a las apreciaciones, no siempre
-exactas, de una cartilla de anlisis. La verdad es que si
-esto no fuera terrible sera bufo.</p>
-
-<p>Luego la influencia clerical en la enseanza. La alta
-clase espaola est convencida de que no se puede recibir
-una buena instruccin sino en establecimientos religiosos.
-Hay multitud de colegios regentados por Ordenes
-religiosas; ah estn las Universidades libres de Deusto,
-manejadas por los jesutas; el Escorial, por los padres
-agustinos, y as otros centros docentes. La experiencia
-ha demostrado aqu y en otras muchas partes que los
-internados son funestsimos.</p>
-
-<p>La institucin libre de enseanza que empez hace
-tiempo con muchos bros, fracas por completo. Para
-esa forma nueva se unieron a don Francisco Giner
-muy buenas inteligencias, y no consiguieron nada; lo
-cual prueba que o ellos no supieron ensear, o el sistema<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span>
-no es aplicable a esta raza; yo creo ambas cosas.</p>
-
-<p>Para ese gnero de enseanza se necesita en el profesor
-un instinto paternal y humano que no permiten la
-frivolidad y ligereza espaolas: y en el alumno una
-atencin y voluntad que las mismas causas hacen imposibles.</p>
-
-<p>Lo que habra que hacer en Espaa sera formalizar
-la enseanza elemental, leer y escribir correctamente,
-gramtica y aritmtica. Esta antigualla sera ms que
-suficiente base para que luego cada cual siguiese su
-rumbo. Probablemente ahora es cuando hay menos cultura
-general en la Pennsula, a pesar de la revolucin y
-de los esfuerzos de algunos cosmopolitistas. El siglo
-XVIII fu ms culto que este fin de siglo; y si las Universidades
-llegaron entonces a una situacin calamitosa,
-fu por falta de administracin y gobierno, por la preponderancia
-clerical, que ahora nuevamente amenaza
-con mayores mpetus, por falta de base, por incultura
-elemental, por cubrir con el relumbrn acadmico la
-miseria de una ignorancia vasta.</p>
-
-<p>No hacen falta reformas, ni planes nuevos ni estudios
-novsimos. Lo que necesita con urgencia la juventud
-espaola es que le enseen a <i>leer</i>, que no sabe!, que se
-mueran de una vez todos los maestros agonizantes, en
-cuyas manos se deshilacha como una vieja estofa el espritu
-nacional, y que se pongan las fabulosas Cartillas
-en manos de hombres de conciencia, hombres que den
-al abecedario la importancia de un cimiento sobre el
-cual ha de apoyarse el edificio de la comn cultura.</p>
-
-<p>Santiago Alba, buena cabeza!, a propsito del soado
-libro de Desmolins se pregunta: El rgimen escolar
-espaol forma hombres? Y con la universal voz se contesta: no!
-Hay mucha disposicin, mucho reglamento&mdash;;
-estamos en el reino del expediente del cual hemos
-sido herederos directos!&mdash;, y en el fondo, nada. Todo en
-los papeles. Alba ha hecho una comparacin estadstica.&mdash;El
-1 por 100 (0,73 por habitante) del total del Estado<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span>
-consagra ste en Espaa a la pblica instruccin,
-mientras Francia el 6 (5,82 francos por habitante),
-Italia el 2 (1,75); y hasta Portugal el 2 (1,11). No hablemos
-de Inglaterra, donde el espritu anglo-sajn y la
-riqueza del pas por el mismo espritu creado permiten
-dedicar a la enseanza el 8 por 100 del presupuesto
-total, esto es, ms de siete francos por individuo. Entrando
-en lo hondo del asunto, la palabra del seor Alba
-no puede ser ms franca ni ms justamente dura. Es
-que nuestros bachilleres, dice, nuestros abogados, nuestros
-mdicos, nuestros ingenieros, nuestros peritos mercantiles
-y hasta nuestros militares y nuestros marinos,
-no son vctimas tambin del inevitable <i>chauffage</i>, de que
-Demolins abomina escandalizado y dolorido? Bachilleres
-incapaces de escribir una carta con ortografa, abogados
-ignorantes al salir de la Universidad de lo ms rudimentario
-de la profesin; mdicos que no saben ni
-tomar el pulso; ingenieros a quienes se hunde la primera
-obra en que ponen mano; peritos mercantiles que no
-podran llevar regularmente ni un libro <i>diario</i>;&mdash;en fin,
-militares a quienes no caben en la cabeza cien hombres
-y marinos de cuyos viajes da precisa y exacta cuenta
-el nmero de las averas del barco que dirigen, entonan
-a coro himno grandioso al admirable sistema que empieza
-por hacer intiles a cientos de hombres de uno de los
-pueblos ms reconocidamente despiertos del planeta.</p>
-
-<p>Lo dice el vulgo con toda claridad: Aqu el bachiller,
-el abogado, el mdico, el ingeniero, el perito mercantil,
-el militar, y el marino que llegan de veras a serlo se
-hacen por s solos cada uno en su casa, en su hospital,
-en su taller, en su cuartel o en su barco; lo que estudian
-en el Instituto, en la Universidad, en la escuela, o en la
-Academia, es slo por coger el ttulo o la estrella.</p>
-
-<p>En lo relativo especialmente a la enseanza superior,
-ha iniciado ahora, como he dicho, el catedrtico de
-griego de la Universidad de Salamanca, seor Unamuno,
-una campaa nobilsima y valiente.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span></p>
-
-<h2>FIESTA CAMPESINA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 86px;">
-<img src="images/img009.jpg" width="86" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">18 de noviembre.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-u.jpg" width="75" height="81" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Un</span> hombre del campo me invit hace pocos
-das a ver la fiesta de su aldea, en
-tierra de vila. Se trata de un lugar llamado
-Navalsauz, a algunas leguas de la
-vieja ciudad de santa Teresa. Mis deseos
-de conocer las costumbres campesinas de Espaa encontraban
-excelente oportunidad. Acept. Una buena
-maana tom el tren para vila, en cuya estacin me esperaba
-mi invitante, en compaa de dos hijos suyos,
-robustos mocetones que tenan preparadas las caballeras
-consiguientes. No permanec en la ciudad ni un solo
-momento. Fu cosa de llegar, montar y partir. Pero, debo
-deciros algo de la buena bestia en que hube de pasar por
-esos campos. Era el inseparable de Sileno, el compaero
-de Sancho, el interlocutor de Kant, el amigo de Pascarella.
-Manso, filosfico, doctoral, aunque en tal o cual punto
-del camino se manifestase ms de una vez mal humorado
-o asustadizo. La carretera se extenda entre campos
-cultivados. A un lado y otro haba labriegos arando con
-sus arados primitivos. Se cultiva el centeno, trigo, algarrobas,
-garbanzos, cebada y patatas. El paisaje no
-deja de ser pintoresco, limitado por alturas lejanas, cerros
-oscuros, manchados de altos lamos y chatos <i>piornos</i>,
-bajo cuyas espesuras es fama que se agita el ms
-poblado mundo de liebres y conejos. En el tiempo del
-viaje, se encuentran a un lado de la carretera mesones o<span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span>
-ventas harto pobres, que nada tienen que ver con los
-caserones que en la rida Castilla se le antojaban castillos
-a Don Quijote.</p>
-
-<p>En una hubimos de pernoctar.</p>
-
-<p>Mi amigo grita con una gran voz: Hay posada?</p>
-
-<p>S, seor; pasen ustedes. Y de la casa maltrecha sale
-la figura gordinflona del ventero. Mientras los mocetones
-llevan los burros al pienso, heme all conducido a
-la cocina, donde una gran lumbre calienta olorosas sartenes,
-y conversan en corro otros viajeros, todos de las
-aldeas prximas, de higiene bastante limitada, pero gentes
-de buen humor que se charlan y se pasan de cuando
-en cuando una bota. Entr yo tambin al corro y de la
-bota gust&mdash;un vinillo de las villas del Barranco&mdash;, as
-como compartiera ms de una vez con los gauchos de las
-pampas, tambin al amor de un buen fuego y en la cocina
-de la estancia, al mate amargo y la ginebra. La cena
-estuvo suculenta, y luego fu el pensar en dormir. Camas?
-Ni soarlo. Cada cual duerme en los aparejos y
-recados; quin en la cocina, para no perder lo sabroso
-del calor; quin en la cuadra. Yo prefiero la vecindad de
-la lumbre y entro en esa escena de campamento. Por
-otra parte, no me es posible dormir. Esos benditos de
-Dios roncan con una potencia abrumadora; y as, fabricando
-castillos en Espaa, o viajando por el pas de
-mis recuerdos, paso toda la noche, hasta que los gallos
-anuncian el alba y el ventero me lleva una taza de leche
-recin ordeada. A poco estoy otra vez sobre mi asno,
-que lleva un pasito ligero y no poco molesto, mientras
-hace no s qu seas con sus orejas al paso de la fra
-brisa matutina.</p>
-
-<p>Bello da en el fragante y bondadoso campo! Sale un
-claro sol; comienzan a verse las ovejas, y me gratifican
-con un concierto; los pastores abrigados con sus zamarras,
-poco limpios y con aspecto de perfectos brutos,
-quitan a mi mente toda idea de pastor quijotiz; mis compaeros
-de viaje se detienen con conocidos que vienen<span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span>
-de los villorrios cercanos, lo cual es un pretexto para
-repetidos saludos a la bota. Y mi burrito sigue impertrrito,
-en tanto que me llegan de repente soplos de los
-bosques, olientes a la hoja del pino. Es una cosa asombrosa,
-dice Bacon, que en los viajes por mar, donde no
-se ve sino el cielo y el agua, los hombres tienen, sin embargo,
-la costumbre de hacer diarios; y en los viajes por
-tierra, donde hay tantas distintas cosas que notar, casi
-nunca los hacen, como si los casos fortuitos o los hechos
-inesperados merecieran menos ser notados y apuntados
-que las observaciones que se hacen por una deliberacin
-premeditada. Ni por mar ni por tierra he acostumbrado
-tales apuntaciones; pero si hubiese tenido un
-libro de notas a la mano, en esa maana deliciosa habra
-escrito, sin apearme de mi simptico animal: Hoy he
-visto, bajo el ms puro azul del cielo, pasar algo de la
-dicha que Dios ha encerrado en el misterio de la Naturaleza.
-Este mismo sol y la sonrisa de este mismo campo
-vieron los ojos de la divina Doctora, que se encendiera
-en la incandescencia de su misticismo, hasta la
-maravilla del xtasis y la comunicacin con lo extraterrestre
-y lo supernatural.</p>
-
-<p>El almuerzo fu en el camino, gracias a mi provisin
-de <i>pt de foie-gras</i>, queso manchego y pollo fro. Seguimos
-la caminata todo el da hasta llegar a la posada de
-Santa Teresa, en donde est el cuartel de la guardia civil;
-y al declinar la tarde, estamos ya en las cercanas de Navazuelas.
-El terreno cambia, se suceden las cuestas y
-honduras; y de pronto me indican lo que debo hacer.
-Seorito, a pata! Obedezco, y contino el camino llevando
-el burro del ronzal, hasta llegar a la Navazuelas,
-en donde vuelvo a <i>enfourcher</i> al benemrito rucio. Y
-diviso el pueblo: un montoncito de casucas entre peascos.</p>
-
-<p>Al entrar a la aldea se me seala la iglesia; muy chica,
-medio cada, con una alameda al lado de la puerta; y
-situada <i>en medio del camposanto</i>... Mi asombro es grande<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span>
-cuando no veo una sola cruz, as fuese la ms tosca y
-miserable.</p>
-
-<p>Me instalo en casa de mi amigo. Calcularis ya que
-el <i>confort</i> no es propiamente suntuoso.</p>
-
-<p>Estamos en el imperio de lo primitivo. Buen fuego,
-s, se me ofrece, y ricos chorizos y patatas, y sabroso
-vino. Duermo a maravilla. A la maana siguiente, vivo
-en plena pastoral. Se me conduce aqu y all, entre cabras
-y vacas y ovejas. Estoy en la <i>pastora</i>. Despus, a la
-iglesia, en donde las mozas estn adornando a la Virgen.
-Las mozas, en verdad, no eran muy guapas, pero
-las haba bastante agraciadas. El traje de la paleta es
-curioso y llamativo. Ms de una vez lo habris visto en
-las comedias y zarzuelas. Falda corta y ancha, de gran
-vuelo que deja ver casi siempre macizas y bien redondas
-pantorrillas; la media o calceta es blanca y el zapato
-negro. En corpios y faldas gritan los ms furiosos
-colores. Al cuello llevan un pauelo, tambin de vivas
-tintas y flores, y otro en la cabeza, atado por las puntas
-debajo de la barba. Les cuelgan de las orejas hasta los
-hombros enormes pendientes, y usan gargantillas y collares
-en gran profusin. El pelo va recogido en un
-moo de ancha trama y resalta sobre el moo la gran
-peineta que a veces es de proporciones colosales, como
-la primera que, segn dicen, se us en Buenos Aires a
-principios de siglo. Generalmente no llevan sortijas en
-sus pobres manos oscuras, hechas a sacar patatas y
-cuidar ganados. No estamos propiamente en Arcadia, y
-Virgilio no repetira, por ningn concepto en este caso,
-las frases que en su dcima gloga prorrumpe Galo,
-hijo de Polin. Al entrar yo en la iglesia, las muchachas
-cantaban, adornando con gran muchedumbre de flores
-la imagen de la patrona, la Virgen del Rosario. Despus
-furonse a casa de las mayordomas, al obligado
-convite: castaas, higos y vino. Por la noche, en medio
-de la cena, en la casa en que se me hospedaba, las mozas
-tiraron las cucharas de pronto y echaron a correr<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span>
-fuera. Era el tambor que sonaba a la entrada del lugar;
-vena de un pueblo vecino, y su son con el de la gaita
-hara danzar esa misma noche, en la plaza, a las alegres
-gentes. Luego pude observar algo de un fondo ciertamente
-pagano. Las mozas formaron un ramo de laurel,
-cubierto de frutas varias y dulces, para ser llevado a la
-iglesia al da siguiente. Mientras tanto, vi venir del campo
-a varios mozos con grandes ramas verdes que iban
-poniendo sobre los techos de ciertas casas. Se me explic
-que en donde haba una muchacha soltera colocaba
-ramos su novio o su solicitante. Era extrao en verdad
-para m ver al da siguiente coronadas de follaje casi
-todas las casitas del villorrio. Del pueblo vecino tambin
-lleg el seor cura, un cura joven, alegre y de buena
-pasta, bastante distinto del tipo de Prez Escrich. Ya
-tuve con quien conversar: poltica, ms poltica y un
-poco de literatura. Al curita le fueron a buscar los varones,
-con el tambor a la cabeza del concurso, mientras el
-campanario llamaba a la misa. Las mozas, vestidas de
-fiesta, esperaban en el camposanto. El alcalde est all
-tambin, con su vara y sus calzones cortos y su ancho
-sombrero y su capa larga. Las mozas abren la puerta
-para que pasen el seor cura y la justicia, y detrs
-todos los hombres. La puerta vuelve a cerrarse, y ellas
-quedan fuera. Entonces, en coro, empezaron a cantar:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i2">Tres puertas tiene la iglesia,</div>
-<div class="verse i0">Entremos por la mayor</div>
-<div class="verse i0">Y haremos la reverencia</div>
-<div class="verse i0">A ese divino Seor...</div>
-</div></div></div>
-
-<p>La puerta sigue cerrada. Y ellas:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i2">Tres puertas tiene la iglesia,</div>
-<div class="verse i0">Entremos por la del medio</div>
-<div class="verse i0">Y haremos la reverencia</div>
-<div class="verse i0">A la reina de los cielos...</div>
-</div></div></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span></p>
-
-<p>Y otra vez:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i2">Tres puertas tiene la iglesia,</div>
-<div class="verse i0">Entremos por la ms chica</div>
-<div class="verse i0">Y haremos la reverencia</div>
-<div class="verse i0">A la seora justicia...</div>
-<div class="verse i2">Abre las puertas, portero,</div>
-<div class="verse i0">Las puertas de la alegra</div>
-<div class="verse i0">Que venimos las doncellas</div>
-<div class="verse i0">Con el ramo p'a Mara...</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Al llegar aqu contesta una voz dentro:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i2">Las puertas ya estn abiertas</div>
-<div class="verse i0">Entren si quieren entrar.</div>
-<div class="verse i0">Confitura no tenemos</div>
-<div class="verse i0">Para poder convidar.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Entran las buenas mozas, a pesar de que no hay confitura
-y, cerca de la pila de agua bendita vuelven a cantar
-a pleno pulmn:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i2">Tomemos agua bendita,</div>
-<div class="verse i0">mis amiguitas y yo,</div>
-<div class="verse i0">Tomemos agua bendita</div>
-<div class="verse i0">Vamos al altar mayor.</div>
-<div class="verse i2">Tomemos agua bendita,</div>
-<div class="verse i0">Amigas y compaeras,</div>
-<div class="verse i0">Tomemos agua bendita</div>
-<div class="verse i0">Vamos a llevar la vela.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Al llegar aqu van todas con aquel famoso ramo de
-laurel ornado de peras, manzanas y guindas, y con la
-vela, que ha llegado de alguna cerera de Madrid o vila,
-al altar mayor, a hacer la ofrenda a la Virgen. Las
-estrofas de esa inocente mtrica de aldea se suceden entretanto.
-En todo se admira que, al menos en las mujeres,
-hay cierta suma de religiosidad y de fe sencilla,
-junto con el amor al divertimiento, lo cual es mucho en
-una aldea que no pone cruces a sus muertos. La procesin<span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span>
-viene en seguida. Se conduce a la Virgen por la
-calle, cantando el rosario, y se vuelve a depositar la imagen.
-All hay un interesante remate de la mayordoma
-del ao entrante y otras tantas pequeas preeminencias.</p>
-
-<p>Por la tarde se reanuda el baile con la gaita y el tambor,
-en la pradera, donde se merienda gozosamente.
-Por la noche, baile y ms baile. Por largo tiempo resonarn
-en mis odos la aguda chirima y el tan tan del
-tambor, ese tambor infatigable. Todava hasta el chocolate
-cural, se pasa por la rifa del clebre ramo. Aun queda,
-el da que viene, tiempo para que sigan danzando
-mozos y mozas, en tanto que los viejos aldeanos vuelven
-al campo a su tarea de sacar patatas.</p>
-
-<p>Yo volv a tomar mi burrito, camino de vila, en
-donde prob las ms ricas aceitunas que os podis imaginar,
-con mi amigo el campesino. No dej de recordar
-al cuerdo Horacio:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0"><i>Non afra ovis descendat in ventrem meum</i></div>
-<div class="verse i10"><i>Non attagen Jonicus</i></div>
-<div class="verse i0"><i>Incundior quam lecta de pinguissimis</i></div>
-<div class="verse i10"><i>Oliva ramis arborum...</i></div>
-</div></div></div>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span></p>
-
-<h2>HOMENAJE A MENNDEZ PELAYO</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 83px;">
-<img src="images/img014.jpg" width="83" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">27 de diciembre de 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Ha</span> reanudado Menndez Pelayo la serie de
-conferencias que desde hace algn tiempo
-da en el Ateneo, sobre un tema que
-no puede ser ms apropiado para sus admirables
-facultades: los grandes polgrafos
-espaoles. No posee el clebre humanista facultades
-oratorias; pero en la leccin su voz resonante y enrgica
-vence toda dificultad. El auditorio le escucha siempre
-con inters y provecho, aunque la concurrencia no
-sea en ocasiones tan numerosa como se deba esperar
-supuestas la autoridad y la gloria del maestro.</p>
-
-<p>Menndez Pelayo est reconocido fundadamente como
-el cerebro ms slido de la Espaa de este siglo; y en
-la historia de las letras humanas pertenece a esa ilustre
-familia de sacerdotes del libro de que han sido ornamento
-los Erasmos y los Lipsios. Aun fsicamente, al
-ver el retrato grabado por Lemus, he credo reconocer
-la figura del gran rotterdamense profanada por la indumentaria
-de nuestro tiempo. Y cuando en la conversacin
-amistosa escucho sus conceptos, pienso en un caso
-de prodigiosa metempscosis, y juzgo que habla por
-esos labios contemporneos el espritu de uno de aquellos
-antiguos ascetas del estudio que olvidara por un
-momento textos griegos y comentarios latinos. Es difcil
-encontrar persona tan sencilla duea de tanto
-valer positivo; viva anttesis del pedante, archivo de<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span>
-amabilidades; pronto para resolver una consulta, para
-dar un aliento, para ofrecer un estmulo. Posee una biblioteca
-valiossima, all en Santander, lugar de su
-nacimiento y donde pasa los veranos. Ha poco ha muerto
-su padre, que llevaba el mismo nombre suyo, y que
-era un notable profesor de matemticas. Tiene un hermano,
-don Enrique, doctor en medicina y aficionado a
-los versos. En Madrid, como en Santander, es don Marcelino
-un formidable trabajador. Aqu dirige la Biblioteca
-Nacional y publica muy eruditos estudios en la
-<i>Revista de Bibliotecas y Museos</i>; dirige la edicin acadmica
-monumental de las obras de Lope de Vega; mantiene
-activa correspondencia con sabios extranjeros; da
-sus lecciones en la Universidad y sus conferencias en el
-Ateneo, que luego formarn una de sus obras ms importantes;
-en resumen, es un raro ejemplo de laboriosidad
-y de potencia mental, y como en los aos de su
-juventud, tiene una memoria incomparable y un entusiasmo
-que constituye la parte ms simptica y hermosa
-de su talento.</p>
-
-<p>Acaban de ofrecerle un justo homenaje unos cuantos
-sabios y eruditos humanistas, con motivo de cumplir
-veinte aos de profesorado. El homenaje lo forman dos
-gruesos volmenes llenos de muy curiosas investigaciones
-y estudios; inmejorable regalo para el obsequiado.
-Los nombres de los que ofrecen tal muestra de admiracin
-al ilustre espaol, son autoridades entre los estudiosos.
-De sentir es que entre ellos no aparezca ningn
-representante de la Amrica espaola. En cambio, uno
-de los mejores trabajos ha sido escrito por un profesor
-de Pensilvania. Har una ligera resea de lo que contienen
-estos respetables tomos.</p>
-
-<p>El prlogo ha sido escrito por D. Juan Valera. Nadie
-mejor que l podra llenar la tarea. Amigo de Menndez
-Pelayo desde los primeros pasos intelectuales de ste,
-ha sido uno de los que ms han contribudo a las victorias
-logradas por quien ocup un silln de la Real Academia<span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span>
-a los veintids aos. Traza, pues, un retrato exacto
-y animado del querido discpulo y compaero, al
-mismo tiempo que nos presenta un cuadro del decaimiento
-de la cultura espaola y lo mucho que ha hecho
-y hace el autor de las <i>Ideas estticas</i> y de <i>Los heterodoxos</i>
-por colocar en su verdadero punto muchos elementos de
-gloria nacional olvidados por los propios y negados por
-los extraos. Fuerza es confesar, por desgracia, dice
-Valera, que Espaa est en el da profundamente decada
-y postrada. Su regeneracin requiere, sin duda, un
-gran poder poltico, sabio y enrgico, ejercido con voluntad
-de hierro y con inteligencia poderosa y serena;
-pero tal vez antes de esto, y para orientarse, y para descubrir
-amplio horizonte, y para abrir ancho y recto
-camino, se requiere que formemos de nosotros mismos
-menos bajo concepto, y no nos vilipendiemos, sino que
-nos estimemos en algo, siendo la estimacin, no infundada
-y vaga, sino conforme con la verdadera exactitud,
-y sin recurrir a gastados y pomposos ditirambos y a los
-recuerdos, que hoy desesperan ms que consuelan, de
-Lepanto, San Quintn, Otumba y Pava. Aunque me repugna
-emplear frases pomposas, que hacen el estilo
-declamatorio y solemne, no atino a explicar mi pensamiento
-sino diciendo que don Marcelino Menndez y Pelayo
-ha venido a tiempo a la vida y ricamente apercibido
-y dotado de las prendas conducentes para cumplir,
-hasta donde pueda cumplirla un solo hombre, la misin
-anteriormente indicada, para invocar sin vaguedad y
-sin exageraciones nuestra importancia en la historia
-del pensamiento humano, y para sealar el puesto que
-nos toca ocupar en el concierto de los pueblos civilizadores,
-concierto del que formamos parte desde muy antiguo
-y del que no merecemos que se nos excluya. La
-misin, pues, de don Marcelino, ya que nos atrevemos
-a llamarla misin, no es puramente literaria, sino que
-tiene mayor amplitud y trascendencia.</p>
-
-<p>El tomo primero del homenaje, lo inicia el conocido<span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span>
-hispanista francs Alfred Morel-Fatio, publicando unas
-cuantas cartas, correspondencia interesante entre el famoso
-bibliotecario de Colbert e historiador Etienne Baluze
-y el marqus de Mondjar. El marqus escribe en
-castellano y Baluze en latn. Baluze se excusa de no corresponder
-en lengua espaola: <i>Hoc ideo dico, Excellentissime
-Domine, ut accipias excusationem meam, quod
-ad humanissimas et elegantissimas litteras tuas non respondeo
-eadem lingua qua scriptae sunt</i>. Y el marqus le
-contesta: Me sucede lo mismo a m con el latino que a
-usted con el espaol, entorpecindonos igualmente a
-entrambos la falta del uso. Los conceptos de esta correspondencia
-se refieren a envos de datos y libros, a
-cambio de noticias entre eruditos estudiosos, y si el
-marqus es dignamente admirativo y afectuoso con su
-amigo parisiense, Baluze no le escatima las ms elegantes
-frases latinas de cumplimiento y reverencia.</p>
-
-<p>Un ingls, muy conocedor de letras castellanas, James
-Fitzmaurice-Kelly, trata sobre <i>Un hispanfilo ingls
-del siglo XVII</i>. Este fu Leonardo Digges, probable amigo
-de Shakespeare y Ben Jonson y traductor del <i>Poema
-trgico del espaol Gerardo y desengao del amor lascivo</i>.
-Y M. Leo de Rouanet, que ha traducido al francs algo
-del teatro espaol, se ocupa de un auto indito de Valdivieso,
-existente en la Biblioteca Nacional de Madrid.
-El seor Luanco logra demostrar que el libro de la <i>Clavis
-Sapientiae</i>, tenido por obra de Don Alfonso <i>el Sabio</i>,
-no es de dicho rey, con todo y estar probada su aficin
-a estudios hermticos. El seor Cotarelo, cuyos trabajos
-de erudicin son tan meritorios&mdash;especialmente entre
-otros, sus pginas sobre don Enrique de Villena&mdash;, habla
-de los traductores castellanos de Molire. Siento que a
-una labor tan completa hayan faltado en absoluto noticias
-referentes a traducciones hispanoamericanas, que
-de algunas piezas las hay buenas, como la del <i>Misntropo</i>
-por el centroamericano Gavidia.</p>
-
-<p>Ernesto Mrime, sobrino del autor de <i>Colomba</i>, y<span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span>
-profesor creo que en Tolosa de Francia, ha contribudo
-con un <i>Ramillete de flores poticas de Alejandro de Luna</i>,
-que se encuentra en la biblioteca municipal de Montauban.
-Este de Luna es un autor hasta hoy completamente
-desconocido, y el descubrimiento de M. Mrime
-parece de muy relativa importancia.</p>
-
-<p>El msico Pedrell hace un paralelo entre Palestrina
-y Victoria, maestro de capilla eminente, contemporneo
-del clebre italiano. El P. Blanco Garca, conocido por
-su obra sobre literatura espaola e hispanoamericana,
-rectifica algunos datos biogrficos de fray Luis de Len.
-Un erudito italiano, Benedetto Croce, aporta un valioso
-contingente a la literatura cervantina, con sus <i>Due Illustrazioni
-al Viaje del Parnaso, del Cervantes</i>. Y el seor
-Estelrich, autor de un notable libro sobre la poesa italiana
-en Espaa, escribe un estudio acerca de los traductores
-castellanos de las poesas lricas de Schiller.
-Arturo Farinelli inserta en castellano una notable disquisicin
-respecto al origen del Convidado de Piedra.
-Es de admirar el caudal de conocimientos de este extranjero
-en lo referente a letras castellanas. Adems, es
-un verdadero polglota, y escribe con igual correccin
-en espaol, italiano y alemn. El seor Apraiz, cervantista
-afanoso, enriquece con varias curiosidades el estudio
-y culto del autor nacional. El seor Franquesa y Gmez,
-se ocupa de una comedia indita, sobre el tema de
-<i>Don Juan Tenorio</i>, de don Alonso de Crdoba Maldonado.</p>
-
-<p>Mario Schiff contribuye, en francs, con algo que es
-de verdadera sensacin para los eruditos y en especial
-para los dantistas. El general Mitre de seguro tendr en
-el asunto gran inters. Se trata nada menos que del hallazgo
-en la Biblioteca Nacional de Madrid, de la primera
-traduccin de la <i>Divina Comedia</i> al castellano, la de
-don Enrique de Villena, cuyo manuscrito haban considerado
-perdido investigadores como Amador de los
-Ros, el mismo Menndez Pelayo, Cotarelo, y antes de
-ellos, Pellicer. El seor Schiff, entre los papeles de la<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span>
-coleccin Osuna, en la Biblioteca encontr dicho manuscrito.
-Este consta de CCVIII hojas de papel; contiene la
-<i>Divina Comedia</i> en italiano, escrita en Italia y probablemente
-en Florencia; el <i>explicit</i> del Paraso tiene la fecha
-de 10 de noviembre de 1354.</p>
-
-<p>El <i>Inferno</i> tiene al margen muchos comentarios latinos,
-pocos el <i>Purgatorio</i>, ninguno el <i>Paradiso</i>. Tambin
-al margen est la versin espaola en prosa; segn
-Schiff, la misma mano que escribi los comentarios escribi
-la traduccin. Por lo dems, la letra del marqus
-de Santilln se reconoce en notas marginales y apostillas.
-El traductor es de una fidelidad que llega al calco;
-con los elementos de entonces, el marqus de Santilln
-tena la misma teora del traductor del general Mitre.
-Es una versin la suya al pie de la letra; y a veces la prosa
-sigue el ritmo del verso y aun el consonante. Como
-curiosidad, copiar algo del canto primero.</p>
-
-<p>Principia el actor Dante:</p>
-
-<p>1. En el medio del camino de nuestra vida, me fall
-por una espesura o silva de rboles oscura en do el derecho
-camino estaba amatado.</p>
-
-<p>2. E quanto a dezir qual era es cosa dura, esta selva
-salvaje spera e fuerte, que pensando en ella renueva mi
-miedo.</p>
-
-<p>3. Tanto era amargo que poco ms es la muerte; mas
-por contar del bien que yo en ella fall dir de las otras
-cosas que a mi ende fueron descubiertas.</p>
-
-<p>Y ms adelante:</p>
-
-<p>27. Pues eres t aquel Virgilyo y aquella fuente que
-espandyo de fablar tan largo ro, respond yo a l con
-vergonosa fruente.</p>
-
-<p>28. O de los otros poetas honor e lumbre. Vlame
-agora el luengo estudio e gran amor que me fiz buscer
-los tus libros.</p>
-
-<p>29. T eres el mi maestro y el mi actor, t eres slo
-aquel del qual yo tom el fermoso estilo que ma fecho
-honor.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span></p>
-
-<p>Y en el pasaje de Ugolino:</p>
-
-<p>1. La boca se levant de la fiera viendo aquel pecador...
-etc.</p>
-
-<p>Algunas veces, la mala copia del escribiente italiano
-hace cometer a don Enrique de Villena equivocaciones
-y traduce una cosa por otra. Pero en todo caso, su traduccin
-es de un inmenso precio, no solamente para los
-eruditos, sino tambin para los crticos y poetas. All se
-ve el verdadero valor de ciertas palabras correspondientes
-a la expresin dantesca, y la necesidad de emplear
-hoy ciertos arcasmos eficaces para transparentar la
-fuerza o la gracia del divino poema.</p>
-
-<p>Pero dejar para otra carta algunos de los principales
-trabajos de que consta el Homenaje a Menndez Pelayo,
-pues hablar de todos es poco menos que imposible en
-el espacio de que dispongo y dada la ndole de estas informaciones.</p>
-
-<p>Sobresalen en el copioso homenaje a Menndez Pelayo
-otros trabajos de importancia. Con una corta introduccin
-en latn, publica el sabio Boehmer cuarenta
-cartas de Alonso de Valds, todas inditas: <i>Alfonsi Valdesii
-litteras XL ineditas&mdash;Marcellino, Immo Marcello&mdash;De
-vicennalibus cathedrae gratulabundus&mdash;Trans partium fines
-offert&mdash;E clara valle Getmanie Eduardus Boehmer</i>. Es un
-verdadero regalo de erudito. Algo indito, aunque de un
-valor relativo, ofrece el seor Serrano y Sanz; dos canciones
-de Cervantes, que no tienen otro mrito que
-la procedencia, y el haber sido escritas en ocasin famosa,
-cuando la prdida de la Armada. Comienza la
-primera:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Vate fama veloz las prestas alas,</div>
-<div class="verse i0">rompe del Norte las cerradas nieblas,</div>
-<div class="verse i0">aligera los pies, llega y destruye</div>
-<div class="verse i0">el confuso rumor de nuevas malas,</div>
-<div class="verse i0">y con tu luz desparce las tinieblas</div>
-<div class="verse i0">del crdito espaol que de ti huye, etc.</div>
-</div></div></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span></p>
-
-<p>Y la segunda:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza">
-<div class="verse i0">Madre de los valientes de la guerra,</div>
-<div class="verse i0">archivo de catlicos soldados,</div>
-<div class="verse i0">crisol donde el amor de Dios se apura,</div>
-<div class="verse i0">tierra donde se ve que el cielo entierra</div>
-<div class="verse i0">los que han de ser al cielo trasladados</div>
-<div class="verse i0">por defensores de la fe ms pura, etc.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Persona de mucha erudicin es el seor don Ramn
-Menndez Pidal, uno de los organizadores del homenaje.
-Contribuye con nutridas notas para el Romancero del
-conde Fernn Gonzlez, y da la agradable noticia de que
-en breve tratar tan importante materia el insigne don
-Marcelino.</p>
-
-<p>Un arabista de nota, don Francisco Pons, trata de dos
-obras importantsimas del polgrafo rabe Aben Hazan.
-La una lleva por ttulo: <i>Collar de la paloma acerca del
-amor y los enamorados</i>, y es, nos dice el expositor, una
-gua completa de estrategia ertica para cuantos aspiran
-a los lauros del triunfo en las contiendas amorosas. El
-nico ejemplar que hoy se conoce de dicha obra, se
-halla en la biblioteca de la Universidad de Leyden. La
-otra es el <i>Libro de las Religiones y de las Sectas</i>.</p>
-
-<p>Es muy alabado entre autoridades competentes el trabajo
-que aporta don Eduardo Hinojosa: <i>El Derecho en el
-poema del Cid</i>. Es curiosa labor, y se necesita ciertamente
-gran paciencia de estudioso y amor a estas disciplinas
-para realizarla. En ella estn expuestos los episodios
-del <i>Poema</i> que se relacionan con el Derecho, y se estudia
-la obra toda en lo que tiene que ver con lo jurdico.</p>
-
-<p>Don Cristbal Prez Pastor comunica datos desconocidos
-para la Vida de Lope de Vega. Ellos vienen a aumentar
-los que el mismo Menndez Pelayo descubriera
-no ha mucho, y que, segn dicen, le pusieron en conflicto
-con la Real Academia. Parece que Lope resulta
-varn demasiado alegre en su vida privada, y el director
-de la edicin monumental de sus obras cree que todo<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span>
-debe publicarse, as el ilustre fraile aparezca un poco
-galeoto y otro poco libidinoso. El conde de la Viaza
-nos habla de dos libros inditos del maestro Gonzalo
-Correas, autor de que trata escasamente Nicols Antonio
-en su <i>Bibliotheca Hispana Nova</i>. Se trata de un eminente
-estudioso, tocado de reforma ortogrfica, y antecesor,
-por lo tanto, del distinguido seor Kabezn, de Valparaso,
-como se ver por esta cita: De la arte ma Griega
-ia se tiene esperienzia en esta universidad; aora va mexorada
-i en romanze i kon la perfeta ortografa kastellana...</p>
-
-<p>De otra obra indita escribe la seora Michaelis de
-Vasconcellos, escritora portuguesa. Es un manuscrito
-perteneciente a la biblioteca del seor Fernando Palha:
-<i>Tragedia de la insigne reyna doa Isabel</i>, por el condestable
-don Pedro de Portugal. La eminente lusitana prueba
-su largo saber y su fineza de criterio en sus observaciones
-y comentarios al valioso cdice cuatrocentista. Un
-buen estudio es el de Toribio del Campillo acerca del
-<i>Cancionero de Pedro Marcuello</i>; es un homenaje al mismo
-tiempo al sapiente y laborioso aragons Latassa, que
-enalteciera tanto las letras en su regin. Cierra el primer
-volumen don Juan Garca, tratando de antigedades
-montaesas, aborgenes, cuevas, dlmenes y etimologas
-de la provincia en que se asienta Santander.</p>
-
-<p>La duquesa de Alba es muy amiga de Menndez Pelayo.
-Supo ella que se trataba de este homenaje y alent al
-seor Paz y Melia, para que ampliase un estudio comenzado
-sobre la Biblia llamada de la Casa de Alba, o sea la
-traduccin hecha por Rabi Mos Arragel de Guadalfajara.
-La versin fu hecha por pedido del maestre de Calatrava
-don Luis de Guzmn. El seor Paz y Melia narra,
-apoyado en curiosa documentacin, la gnesis de la
-obra, y los afanes del judo traductor, que no se resolvi
-a llevar a trmino su empresa sino casi obligado por el
-seor cuyo vasallo era. Es de inestimable mrito este estudio
-bibliogrfico, y habra sido de gran valor para el<span class="pagenum"><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span>
-bibligrafo que en una sabia revista francesa acaba de
-publicar una monografa acerca de <i>Las Biblias espaolas</i>.</p>
-
-<p>Llaman el Menndez Pelayo de Catalua a don Antonio
-Rubio y Lluch, eminente amigo mo de quien hace
-algunos aos habl en <i>La Nacin</i>, con motivo de sus traducciones
-de novelas griegas contemporneas. Hay, en
-efecto, entre ambos muchos puntos de semejanza. Los
-dos, compaeros en los primeros estudios, han tenido
-igual tesn en sus preferidas tareas; los dos han seguido
-idnticos rumbos; los dos son ortodoxos y conservadores;
-los dos profesores de Universidad, y los dos poseen
-dotes cordiales y de carcter que les hacen ser queridos
-por compaeros, discpulos y amigos. Rubio ha querido
-esta vez ofrendar a su ilustre colega un estudio sobre la
-lengua y cultura catalanas en Grecia en el siglo XIV. La
-preparacin de Rubio en tal asunto puede asegurarse
-que es nica. Conoce entre otras cien cosas, admirablemente,
-el griego antiguo y el griego moderno: ha dedicado
-largos aos de su vida a profundizar sus investigaciones
-en archivos y bibliotecas nacionales y extranjeros,
-y su reciente viaje a Grecia es una conmovedora
-odisea en la historia de su vida tranquila y laboriosa.
-He odo la narracin de sus propios labios, cuando al
-pasar por Barcelona tuve el gusto de recibir su amable
-visita. Cuando le vi entrar, no le reconoc. Est casi ciego,
-y esta es la parte trgica del episodio. Contme como
-haba realizado un viaje a su amada Hlade, enviado por
-la Diputacin provincial barcelonesa. Iba lleno de ideas y
-de bellos sueos artsticos, y con la ardiente voluntad
-de dedicarse a sus duras labores de investigacin en los
-archivos atenienses, cuando, al llegar, repentinamente,
-sin causa reconocida, siente que todo se le hace sombra,
-que est ciego! Volvi a su patria y pudo ver escasamente,
-con un ojo; y, as, cuando ms necesitaba de luz, volvi
-a Grecia, trabaj all con inaudito valor, a riesgo de
-quedar definitivamente ciego, recogi los datos que<span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span>
-pudo, y retorn a Barcelona, en donde poco a poco lleva
-a cabo la obra monumental que ha de ser entre las suyas
-la que ms contenga de su inteligencia y de sus probados
-esfuerzos. Un corto fragmento de esa obra, segn
-tengo entendido, es lo que en el homenaje aparece ofrecido
-a su fraternal amigo Marcelino.</p>
-
-<p>Si no existen en Espaa sociedades como las dantescas
-en Italia y las shakespearianas en Inglaterra, individualmente,
-el cervantismo tiene muchos cultivadores. Hubo
-un tiempo en que los comentarios y exgesis del <i>Quijote</i>
-y los temas referentes a Cervantes, llegaron a convertirse
-en inocente mana.</p>
-
-<p>No pertenece a ese gnero la contribucin del seor
-Eguilaz y Yanguas, notas etimolgicas que aclaran y
-explican algunas palabras usadas por el autor del Ingenioso
-Hidalgo. Muchos conocimientos lingsticos revela
-el seor Eguilaz; pero no he podido menos que recordar
-a mi querido amigo el doctor Holmberg, en su
-clebre arenga sobre la filologa del profesor Calandrelli,
-cuando el erudito espaol afirma muy seriamente
-que la palabra <i>ajedrez</i> se deriva de la voz snscrita <i>chaturanga</i>.</p>
-
-<p>El ilustre Federico Wolff enva desde Suecia un captulo
-sobre las Rimas de Juan de la Cueva, primera
-parte; y ofrece a su querido colega una cancin indita
-del desventurado poeta. J. de Hann, desde el colegio
-de Bryn Mawr, en Pensilvania, escribe con erudicin
-insuperable y en un castellano castizo sobre un tema
-que en la misma Pennsula apenas cuenta en lo moderno
-con las pginas documentadas de Cotarelo y los escritos
-antropolgicos de Salillas. Mster Hann diserta
-sobre <i>Pcaros y Ganapanes</i>.</p>
-
-<p>Se ocupa en un notable estudio de la filosofa de
-Raimundo Lulio, don Julin Ribera, relacionando los
-orgenes de las doctrinas del clebre mallorqun, con
-los trabajos anlogos de un filsofo rabe, Mohidin,
-sobre el cual discurre dilatadamente, tambin en este<span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span>
-mismo volumen, don Miguel Asin. Extensa es asimismo
-la monografa del seor Lomba sobre el rey Don Pedro
-en el teatro, y de un mrito aquilatado entre eruditos lo
-que ha remitido el insigne Hbner acerca de los ms
-antiguos poetas de la Pennsula. Es de llamar la atencin
-cmo demuestra este sabio que el nacimiento no
-significa nada para la nacionalizacin de un hombre
-ilustre. Sneca, Quintiliano, Pomponio Mela, Columela
-y Marcial, naturales de Espaa, no son espaoles sino
-romanos. Un autor ingls, dice, nacido casualmente en
-Bombay o en Calcuta no forma parte de la literatura
-india. As en nuestros das Jos Mara de Heredia es un
-poeta francs y no cubano, o hispanoamericano. Hbner
-se refiere en su trabajo, pues, a los poetas que en lo antiguo
-escribieron en tierra espaola y cita dsticos o
-composiciones ms largas latinas, que ha copiado de
-epitafios y otras inscripciones.</p>
-
-<p>El doctor don Roque Chabas, cannigo de la catedral
-de Valencia, demuestra, con documentos irrefragables,
-que la condenacin de las obras de Arnoldo de Vilanova
-fu hecha con injusticia, apasionadamente y con
-violacin de las prescripciones cannicas. No es la primera
-vez que el doctor Chabas se ocupa en el famoso
-telogo, de quien dice Menndez Pelayo que es varn
-de los ms sealados en nuestra historia cientfica y
-aun en la general de la Edad Media. Ya antes haba
-publicado, en el <i>Boletn de la Real Academia de la Historia</i>,
-el testamento de Arnoldo, de lo que habl el <i>Journal
-des Savants</i>. El doctor Chabas es espejo de constancia
-y laboriosidad en tan difciles empresas, pero su talento
-y su buena suerte le hacen lograr verdaderos
-triunfos, como el hallazgo que acaba de tener. Es algo
-de tal importancia, que ha de hacer mucho ruido en el
-mundo de las academias y de los eruditos y trabajadores
-de la historia. <i>La Nacin</i> es el primer peridico que
-da la noticia, pues en la Pennsula no se ha publicado
-an nada a este respecto. El doctor Chabas ha encontrado<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span>
-en un archivo valenciano&mdash;creo que en el de la Metropolitana&mdash;hasta
-unas cuarenta cartas de la familia
-Borgia, o Borja, en tiempo del pontificado de Alejandro
-VI. El texto de ellas vendra a afirmar de nuevo
-la exactitud de la singular vida de sensualidad y de escndalo
-que imperaba en la corte vaticana y en la familia
-que produjo al duque de Ganda y al raro Csar, tan
-maravillosamente retratado en versos de Verlaine. Quedar,
-pues, por tierra toda la labor de Gregorovius, lo
-que no es poco. Hay una carta, de un picor especial, en
-que Lucrecia, donna Lucrecia, comunica que pap
-est enojado, porque el joven Csar no se preocupa mucho
-de cumplir con sus obligaciones nupciales... Y otras
-de un inestimable precio.</p>
-
-<p>Me han dicho que el obispo de Valencia quiso prohibir
-al doctor Chabas la publicacin de tan reveladores
-documentos. Este se dirigi al cardenal Sancha exponindole
-el caso, e igual cosa hizo con el Padre Santo.
-Tanto su eminencia como Len XIII, le han autorizado,
-segn tengo entendido, para que haga la publicacin,
-estimando que ello no trae consigo ningn menoscabo
-a la religin y a la verdadera fe y moral cristianas. Ambos
-han demostrado con esto que estamos ya muy lejos
-de cuando un fundador de Universidad, el gran cardenal
-Ximnez de Cisneros, mandaba quemar cdices rabes,
-como Zumrraga cdices mejicanos.</p>
-
-<p>Po Rajna contribuye con algunas observaciones topogrficas
-sobre la <i>Chanson de Roland</i>, escritas en italiano;
-largamente se ocupa de la jurisdiccin apostlica en Espaa
-y el proceso de don Antonio Covarrubias D. P. de
-Hinojosa; y Antonio Restori enva desde Italia un curioso
-y ameno escrito acerca de un cuaderno de poesas
-espaolas, que perteneci a donna Ginevra Bentivoglio.
-Casi un verdadero libro dedica el seor Rodrguez Villa
-a don Francisco de Mendoza, almirante de Aragn. El
-marqus de Jerez enva a su amigo Menndez Pelayo
-unas cuantas papeletas bibliogrficas. Don Juan Catalina<span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span>
-Garca escribe sobre el segundo matrimonio del primer
-marqus del Cenete, cuya narracin es de tal manera
-interesante, que parece la fabulacin intrincada y sentimental
-de una novela; con el aditamento de detalles ultranaturalistas
-que claman por el latn. Otro escritor
-italiano, Alfonso Miola, diserta sobre <i>Un Cancionero manoscritto
-brancacciano</i>. Muy importante para arquelogos
-y estudiosos de historia es el tratado de Iliberis, o examen
-de los documentos histricos genuinos iliberitanos,
-por el seor Berlanca. El seor Rodrguez Marn se
-refiere a <i>Cervantes y la Universidad de Osuna</i> en un copioso
-escrito. Don Pedro Roca ha ofrecido una muy erudita
-monografa sobre el origen de la Academia de Ciencias;
-y don Jos Mara de Pereda cierra pintorescamente esta
-fuerte labor de sabios con una narracin: <i>De cmo se celebran
-todava las bodas en cierta comarca montaosa enclavada
-en un repliegue de lo ms enriscado de la cordillera</i>.</p>
-
-<p>Tal ha sido el regalo que se ha hecho, a los veinte
-aos de ctedra, al moderno Erasmo espaol, a quien
-bien sienta el caluroso elogio de Justo Lipsio: <i>O magnus
-decum hispanorum!</i></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span></p>
-
-<h2>EL MODERNISMO</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img002b.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">28 de noviembre.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-p.jpg" width="75" height="75" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Puede</span> verse constantemente en la Prensa
-de Madrid que se alude al modernismo,
-que se ataca a los modernistas, que se
-habla de decadentes, de estetas, de prerrafaelistas
-con s, y todo. Es cosa que me
-ha llamado la atencin no encontrar desde luego el
-menor motivo para invectivas o elogios, o alusiones
-que a tales asuntos se refieran. No existe en Madrid,
-ni en el resto de Espaa, con excepcin de Catalua,
-ninguna agrupacin, <i>brotherhood</i>, en que el arte puro&mdash;o
-impuro, seores preceptistas&mdash;se cultive siguiendo el
-movimiento que en estos ltimos tiempos ha sido tratado
-con tanta dureza por unos, con tanto entusiasmo
-por otros. El formalismo tradicional por una parte, la
-concepcin de una moral y de una esttica especiales
-por otra, han arraigado el espaolismo que, segn don
-Juan Valera, no puede arrancarse ni a veinticinco
-tirones. Esto impide la influencia de todo soplo cosmopolita,
-como asimismo la expansin individual, la
-libertad, digmoslo con la palabra consagrada, el anarquismo
-en el arte, base de lo que constituye la evolucin
-moderna o modernista.</p>
-
-<p>Ahora, en la juventud misma que tiende a todo lo
-nuevo, falta la virtud del deseo, o mejor, del entusiasmo,
-una pasin en arte, y sobre todo, el don de la voluntad.
-Adems, la poca difusin de los idiomas extranjeros,<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span>
-la ninguna atencin que por lo general dedica la
-Prensa a las manifestaciones de vida mental de otras
-naciones, como no sean aquellas que ataen al gran pblico;
-y despus de todo, el imperio de la pereza y de la
-burla, hacen que apenas existan sealadas individualidades
-que tomen el arte en todo su integral valor. En
-una visita que he hecho recientemente al nuevo acadmico
-Jacinto Octavio Picn, me deca este meritsimo
-escritor: Crame usted, en Espaa nos sobran talentos;
-lo que nos falta son voluntades y caracteres.</p>
-
-<p>El seor Llanas Aguilaniedo, y uno de los escasos
-espritus que en la nueva generacin espaola toman el
-estudio y la meditacin con la seriedad debida, deca no
-hace mucho tiempo: Existen, adems, en este pas cretinizado
-por el abandono y la pereza, muy pocos espritus
-activos; acostumbrados&mdash;la generalidad&mdash;a las comodidades
-de una vida fcil que no exige grandes esfuerzos
-intelectuales ni fsicos, ni comprenden, en su
-mayora, cmo puede haber individuos que encuentren
-en el trabajo de cualquier orden un reposo, y al propio
-tiempo un medio de tonificarse y de dar expansin al
-espritu; los trabajadores, con ideas y con verdadera
-aficin a la labor, estn, puede decirse, confinados en
-la zona Norte de la Pennsula; el resto de la nacin,
-aunque en estas cuestiones no puede generalizarse
-absolutamente, trabaja cuando se ve obligado a ello,
-pero sin ilusin ni entusiasmo. En lo que no estoy de
-acuerdo con el seor Llanas, es en que aqu se conozca
-todo, se analice y se estudie la produccin extranjera
-y luego no se la siga. Sin duda, dice, no nos consideramos
-elevados a una altura superior, y desde ella nos
-damos por satisfechos con observar lo que en el mundo
-ocurre, sin que nos pase por la imaginacin secundar
-el movimiento.</p>
-
-<p>Yo anoto. Difcil es encontrar en ninguna librera
-obras de cierto gnero, como no las encargue uno mismo.
-El Ateneo recibe unas cuantas revistas del carcter<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span>
-independiente, y poqusimos escritores y aficionados a
-las letras estn al tanto de la produccin extranjera. He
-observado, por ejemplo, en la redaccin de la <i>Revista
-Nueva</i>, donde se reciben muchas buenas revistas italianas,
-francesas, inglesas, y libros de cierta aristocracia
-intelectual aqu desconocida, que aun compaeros mos
-de mucho talento, miran con indiferencia, con desdn,
-y, sin siquiera curiosidad. Dems decir que en todo
-crculo de jvenes que escriben, todo se disuelve en
-chiste, ocurrencia de ms o menos pimienta, o frase caricatural
-que evita todo pensamiento grave. Los reflexivos
-o religiosos de arte, no hay duda, que padecen en
-tal promiscuidad.</p>
-
-<p>Los que son tachados de simbolistas no tienen una
-sola obra simbolista. A Valle Incln le llaman decadente
-porque escribe en una prosa trabajada y pulida, de admirable
-mrito formal. Y a Jacinto Benavente, modernista
-y esteta, porque si piensa, lo hace bajo el sol de
-Shakespeare, y si sonre y satiriza lo hace como ciertos
-parisienses que nada tienen de estetas ni de modernistas.
-Luego, todo se toma a guasa. Se habl por primera
-vez de estetismo en Madrid y, dice el citado seor Llanas
-Aguilaniedo: funcion en calidad de orculo la <i>Cacharrera</i>
-del Ateneo, donde se record a Oscar Wilde... Salieron
-los peridicos y revistas de la Corte jugando del
-vocablo y midiendo a todos los idlatras de la belleza,
-por el patrn del fundador de la escuela, abusndose del
-tema, en tales trminos, que ya, hasta los barberos de
-Lpez Silva consideraban ofensiva la denominacin, y
-se resentan del epteto. Por este camino no se va a ninguna
-parte.</p>
-
-<p>En pintura el modernismo tampoco tiene representantes,
-fuera de algunos catalanes, como no sean los dibujantes
-que creen haberlo hecho todo con emplomar sus
-siluetas como en los <i>vitraux</i>, imitar los cabellos avirutados
-de las mujeres de Mucha, o calcar las decoraciones
-de revistas alemanas, inglesas o francesas. Los catalanes,<span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span>
-s, han hecho lo posible, con exceso quiz, por dar su
-nota en el progreso artstico moderno. Desde su literatura
-que cuenta entre otros con Rusiol, Maragall, Utrillo,
-hasta su pintura y artes decorativas, que cuentan con
-el mismo Rusiol, Casas, de un ingenio digno de todo
-encomio y atencin, Pichot y otros que como Nouell-Monturiol
-se hacen notar no solamente en Barcelona
-sino en Pars y otras ciudades de arte y de ideas.</p>
-
-<p>En Amrica hemos tenido ese movimiento antes que
-en la Espaa castellana, por razones clarsimas: desde
-luego, por nuestro inmediato comercio material y espiritual
-con las distintas naciones del mundo, y principalmente
-porque existe en la nueva generacin americana
-un inmenso deseo de progreso y un vivo entusiasmo,
-que constituye su potencialidad mayor, con lo cual poco
-a poco va triunfando de obstculos tradicionales, murallas
-de indiferencia y ocanos de mediocracia. Gran orgullo
-tengo aqu de poder mostrar libros como los de
-Lugones o Jaimes Freire, entre los poetas, entre los prositas
-poemas, como esa vasta, rara y complicada triloga
-de Sicardi. Y digo: esto no ser modernismo, pero es
-<i>verdad</i>, es realidad de una vida nueva, certificacin de
-la viva fuerza de un continente. Y, otras demostraciones
-de nuestra actividad mental&mdash;no la profusa y rapsdica,
-la de cantidad, sino la de calidad, limitada, muy limitada,
-pero que bien se presenta y triunfa ante el criterio
-de Europa: estudios de ciencias polticas, sociales.
-Siento igual orgullo. Y recuerdo palabras de don Juan
-Valera, a propsito de Olegario Andrade, en las cuales
-palabras hay una buena y probable visin de porvenir.
-Deca don Juan, refirindose a la literatura brasilea,
-sudamericana, espaola y norteamericana, que las literaturas
-de estos pueblos seguirn siendo tambin inglesa,
-portuguesa y espaola, lo cual no impide que con
-el tiempo o tal vez maana, o ya, salgan autores yanquis
-que valgan ms que cuanto ha habido hasta ahora en
-Inglaterra, ni impide tampoco que nazcan en Ro de<span class="pagenum"><a name="Page_273" id="Page_273">[273]</a></span>
-Janeiro, en Pernambuco o en Baha escritores que valgan
-ms que cuanto Portugal ha producido; o que en
-Buenos Aires, en Lima, en Mjico, en Bogot o en Valparaso
-lleguen a florecer las ciencias, las letras y las
-artes con ms lozana y hermosura que en Madrid, en
-Sevilla y en Barcelona.</p>
-
-<p>Nuestro modernismo, si es que as puede llamarse,
-nos va dando un puesto aparte, independiente de la literatura
-castellana, como lo dice muy bien Remy de
-Gourmont en carta al director del <i>Mercurio de Amrica</i>.
-Qu importa que haya gran nmero de ingenios, de
-grotescos si gustis, de diletanti, de nadameimportistas?
-Los verdaderos consagrados saben que no se trata
-ya de asuntos de escuelas, de frmulas, de clave.</p>
-
-<p>Los que en Francia, en Inglaterra, en Italia, en Rusia,
-en Blgica han triunfado, han sido escritores, y poetas,
-y artistas de energa, de carcter artstico, y de una cultura
-enorme. Los flojos se han hundido, se han esfumado.
-Si hay y ha habido en los cenculos y capillas de
-Pars algunos ridculos, han sido por cierto preciosos.
-A muchos les perdonara si les conociese nuestro caro
-profesor Calandrelli, <i>pour l'amour du grec</i>. Hoy no se
-hace modernismo&mdash;ni se ha hecho nunca&mdash;con simples
-juegos de palabras y de ritmos. Hoy los ritmos nuevos
-implican nuevas melodas que cantan en lo ntimo de
-cada poeta la palabra del mgico Leonardo: <i>Cosa bella
-mortal passa, e non d'arte</i>. Por ms que digan los juguetones
-ligeros o los nios envejecidos y amargados, fracasa
-solamente el que no entra con pie firme en la jaula
-de ese divino len, el Arte&mdash;que como aquel que al gran
-rey Francisco fabricara el mismo Vinci, tiene el pecho
-lleno de lirios.</p>
-
-<p>No hay aqu, pues, tal modernismo, sino en lo que de
-reflexin puede traer la vecindad de una moda que no
-se comprende. Ni el carcter, ni la manera de vivir, ni
-el ambiente, ayudan a la consagracin de un ideal artstico.
-Se ha hablado de un teatro, que yo cre factible<span class="pagenum"><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span>
-recin llegado, y hoy juzgo en absoluto imposible.</p>
-
-<p>La nica <i>brotherhood</i> que advierto es la de los caricaturistas;
-y si de msicas poticas se trata, los nicos innovadores
-son&mdash;ciertamente&mdash;los risueos rimadores de
-los peridicos de caricaturas.</p>
-
-<p>Caso muy distinto sucede en la capital del principado
-cataln. Desde <i>L'Aven</i> hasta el <i>Pl &amp; Ploma</i> que hoy sostienen
-Utrillo y Casas, se ha visto que existen elementos
-para publicaciones exclusivamente modernas, de una
-<i>lite</i> artstica y literaria. <i>Pl &amp; Ploma</i> es una hoja semejante
-al <i>Gil Blas illustr</i>, de carcter popular, mas sin
-perder lo aristo; y siempre en su primera plana hay
-un dibujo de Casas, que aplauden lpices de Munich,
-Londres o Pars. El mismo Per Romeu, de quien os he
-hablado a propsito de su famoso <i>cabaret</i> de los <i>Quatre
-Gats</i>, ha estado publicando una hoja semejante, con
-ayuda de Casas, y de un valor artstico notable.</p>
-
-<p>En esta capital no hay sino las tentativas graciosas y
-elegantes del dibujante Marn&mdash;que logr elogios del
-gran Puvis&mdash;, y las de algn otro. En literatura, repito,
-nada que justifique ataque, ni siquiera alusiones. La
-procesin fastuosa del combatido arte moderno ha tenido
-apenas algunas vagas parodias... Recordis en
-Apuleyo la pintura de la que preceda la entrada de la
-primavera, en las fiestas de Isis? (Mt. XI, 8) Pues confrontad.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span></p>
-
-<h2>UNA REINA DE BOHEMIA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 100px;">
-<img src="images/img007.jpg" width="100" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">23 de diciembre 1889.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> estos das ha venido a despedirse de
-Madrid la clebre Mme. Rattazzi, que
-con el nombre de <i>Barn Slock</i>, dirige en
-Pars la <i>Nouvelle Revue Internationale</i>,
-antiguas <i>Matines espagnoles</i>. Sin ser archimillonaria,
-esta seora, verdadera reina del pas de
-Bohemia, ha mantenido casa puesta durante mucho
-tiempo, en tres o cuatro puntos de Europa. Conocida
-es en gran parte su curiosa vida. Poetisa, novelista,
-periodista, mujer de mundo sobre todo, caprichosa
-y rara cuando se le sube el Bonaparte a la cabeza, se
-ha casado tres veces y ha consagrado un perpetuo culto
-al amor y al arte. Fu su primer marido el conde de
-Solms; el segundo, el famoso hombre pblico italiano
-Rattazzi; el tercero, el espaol seor de Rute.</p>
-
-<p>Ya la princesa est muy vieja; con mucho trabajo habr
-debido resignarse a la tirana del tiempo. Hoy viene
-a cerrar su casa madrilea y a decir adis a Espaa, a
-la que tanto quiere. Anteanoche ha dicho conmovida
-ese adis, en verso, ante un concurso de amigos. Todava
-tiene energas para trabajar y vuelve a Pars a proseguir
-en su labor; pero ya no ver ms el cielo de Espaa,
-ni volver a escuchar las lricas salutaciones que
-antao le dirigiera Castelar. Su memoria est poblada<span class="pagenum"><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span>
-de recuerdos singularsimos; su existencia toda ha pasado
-entre grandezas dichosas y terribles tragedias.</p>
-
-<p>Nieta de Luciano, y por lo tanto, sobrina del emperador,
-ha recorrido en triunfo todas las cortes europeas,
-en tiempos en que su belleza era cantada por los ms
-gloriosos poetas. Si esta seora publicase sus memorias,
-que es probable tenga escritas, seran de lo ms interesante.
-Posee autgrafos, artculos, versos, cartas amorosas
-de las primeras personalidades de este siglo; y no
-s hasta qu punto est de acuerdo con George Sand,
-que en una ocasin, a propsito de la publicacin de las
-cartas de Lamennais, la deca: Yo pienso como Eugenio
-Su, que los muertos continan amndonos, pero
-nosotros les debemos an ms de lo que nos deben,
-sobre todo, a sealados muertos, tan ultrajados y calumniados
-en vida, por haber amado y procurado el
-bien. El excelente Su se inquietaba por las negligencias
-de estilo de sus propias cartas y nos peda las revisramos.
-Si Lamennais hubiese visto de nuevo las suyas,
-habra corregido tambin. En fin, yo contradigo an a
-nuestro pobre Su, en esto: que debemos atenernos todos
-a no escribir una lnea que no pueda ser mostrada
-y publicada. No quiero pensar en lo que llegarn a ser
-mis cartas. Quiero persuadirme de que cuando son ntimas
-no saldrn de la intimidad benevolente. La pobre
-Sand, que ha sido tan trada y llevada cuando la
-publicacin de su correspondencia, y no hace mucho,
-cuando la resurreccin del famoso Pagello! Eugenio
-Su haba escrito antes a Mara Letizia: Creedme, mi
-querida Mara, un hombre honrado no se ruboriza jams
-de ver expuestas sus opiniones, sus acciones, o sus
-pensamientos... Cuando escribe un hombre de nuestra
-posicin, un escritor, sabe bien que sus cartas son desgraciadamente
-autgrafos y que, dentro de veinte o
-cuarenta aos, sern entregadas necesariamente a la
-curiosidad o a la simpata, por la persona a quien han
-sido dirigidas, o por sus herederos. Ya lo habis visto<span class="pagenum"><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span>
-por Balzac. A cada carta ntima que escriba a vuestra
-madre, le pona a la cabeza: <i>Brler</i>, y vos obedecais
-como ella a esta indicacin, mientras que las dems no
-tenan nada indicado, como si l adivinara el papel posible
-que deban representar en tiempo ms o menos
-lejano. Hay, sin embargo, un caso, en que el silencio
-ms escrupuloso se exige, por las simples leyes del pudor,
-y es cuando las cartas han sido dirigidas a la mujer
-y no al escritor. La mujer de letras es excusable siempre,
-loable a menudo, cuando busca hacer conocer por
-su correspondencia a un amigo literario o poltico que
-haya pertenecido a su saln; es censurable y poco delicado
-cuando turba el silencio del cementerio por revelaciones
-amorosas.</p>
-
-<p>La seora Rattazzi hara muy mal en no formar el ms
-interesante de los libros con tanto valioso documento
-como posee. Siendo muy joven, tuvo el placer de que
-Alfredo de Musset la hiciera versos. Sainte-Beuve fu
-uno de sus galanteadores y el viejo Dumas lleg, en
-das de mayor gloria, a ser su amanuense, copindole,
-todo un drama! Con Ponsard, el <i>flirt</i> es innegable como
-lo demuestra este soneto:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem">
-<div class="stanza">
-<div class="verse i0">Hier dans votre sein, ma montre est descendue;</div>
-<div class="verse i0">Le pays lui parut sons doute bien orn,</div>
-<div class="verse i0">Car pour voir chaque site elle a tant chemin</div>
-<div class="verse i0">Que la pauvre imprudente la fin s'est perdue.</div>
-</div>
-<div class="stanza">
-<div class="verse i0">Elle battait bien fort, vous l'avez entendue,</div>
-<div class="verse i0">Mais vous ne saviez pas que j'eusse imagin</div>
-<div class="verse i0">D'y renfermer au fond mon c&oelig;ur emprisonn;</div>
-<div class="verse i0">C'tait lui qui battait sur votre gorge nue.</div>
-</div>
-<div class="stanza">
-<div class="verse i0">Depuis ce temps, il bat d'un mouvement si vif,</div>
-<div class="verse i0">Dans le cachot dor qui le retient captif,</div>
-<div class="verse i0">Que ma montre en une heure achve la semaine.</div>
-</div>
-<div class="stanza">
-<div class="verse i0">C'est ainsi qu' l'en croire il s'est pass des mois</div>
-<div class="verse i0">Depuis que je vous vis pour la dernire fois;</div>
-<div class="verse i0">Il s'est pass pourtant une journe peine.</div>
-</div>
-</div></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_278" id="Page_278">[278]</a></span></p>
-
-<p>En otros versos, Ponsard ronsardiza:</p>
-
-<div class="poetry-container"><div class="poem">
-<div class="stanza">
-<div class="verse i0">Lorsque vous atteindrez le bout de la carrire,</div>
-<div class="verse i0">Vieillie et regardant longuement en arrire,</div>
-<div class="verse i0">Quand vous n'entendrez plus le langage d'amour,</div>
-</div>
-<div class="stanza">
-<div class="verse i0">Vous puissiez retrouver dans ces feuilles fanes</div>
-<div class="verse i0">Un peu du doux parfum de vos jeunes annes,</div>
-<div class="verse i0">Et dire: Je fus belle et bien aime un jour.</div>
-</div>
-</div></div>
-
-<p>Que fu muy bella lo dicen los retratos de sus mejores
-pocas, los de su primera juventud y los de su plena
-lozana. No ha sido su hermosura majestuosa belleza de
-matrona clsica, sino belleza delicada y fina, lo que expresa
-el delicioso vocablo francs <i>mignonne</i>. Vctor Hugo
-estuvo enamorado de ella, y no hay duda de que los
-suyos son los ms valiosos autgrafos que conserva la
-anciana princesa. El poeta admiraba toda su beldad,
-pero senta singular predileccin por el pie, que debe
-indudablemente haber conocido al natural. Creo que me
-agradeceris que os d a conocer aqu algunas de esas
-curiosas cartas que dejan ver un lado poco conocido del
-gran lrico. l llamaba a la princesa Rodope, y a s
-mismo se bautizaba, con modesta naturalidad, Esquilo.</p>
-
-<p>Hauteville-House, 13 de noviembre. Serais, seora,
-bastante buena para decirme si <i>La leyenda de los siglos</i>,
-que habis recibido, es la que os he enviado, pues el
-honrado correo imperial juzga a propsito interceptar
-la mayor parte de mis envos? Algunos diarios que por
-ello se han quejado, en el extranjero, tal vez han llegado
-a vos. En todo caso, quiz os lleve el libro yo mismo, si
-Italia de aqu a entonces est ya libre, como lo espero.
-Permitidme que, esperando el gran artculo prometido
-por vos al pblico, os agradezca las veinte lneas encantadoras
-que habis escrito sobre <i>La leyenda de los siglos</i>.
-Y concededme, seora, la gracia de besar vuestra mano,
-toda radiante de poesa. Pongo a vuestros pies todos los
-homenajes de mi alma y de mi espritu.</p>
-
-<p>Querida y sublime Rodope, un pensamiento al despertarme,<span class="pagenum"><a name="Page_279" id="Page_279">[279]</a></span>
-un pensamiento de recogimiento y de adoracin,
-al leer esas pginas tan tristes, tan melanclicas y
-tan dulces; dejadme en este ensueo depositar un beso
-sobre vuestro pie desnudo, pues, como dice Hesodo, <i>el
-pie desnudo es celeste</i>. Si mi audacia os enoja, castigad mi
-carta quemndola.</p>
-
-<p>17 de julio. No me pidis ni verso ni prosa; pedidme,
-seora, que me conmueva hasta el fondo del alma por
-una carta como la que recibo; pedidme que os admire,
-que os aplauda, que os contemple&mdash;de muy lejos, ay!&mdash;.
-Pedidme que comprenda que una mujer como vos es
-una obra maestra de Dios. Los poetas no hacen sino
-Iladas; slo Dios hace mujeres como vos; es as cmo
-se demuestra. Todo lo que me decs me conmueve. No
-puedo pensar sin un pesar melanclico, y casi amargo,
-en el lugar casi radiante en que me habis colocado en
-vuestra imaginacin. Es la gloria, seora, semejante
-lugar; y ello hubiera podido ser mejor que la gloria!...
-Dejadme que me incline ante vuestra soberana de gracia,
-de belleza y de espritu, y permitid que a la distancia,
-y sin intentar franquear toda esta mar y toda esa
-tierra que nos separan, y quedando en mi sombra, y replegndome
-en ella an ms profundamente y ms resueltamente,
-me ponga, en pensamiento al menos, a
-vuestros pies, seora.</p>
-
-<p>Hauteville-House, 1. de julio. Vuestro encantador
-envo me llega, seora en medio de una nube de cartas
-polticas (algunas muy sombras), como una estrella en
-un torbellino. No sabra deciros con qu emocin he
-visto ese deslumbrador retrato, que se parece a vuestro
-espritu al mismo tiempo que a vuestro rostro, y la graciosa
-firma que lo subraya; buscad otra palabra que d
-las gracias: <i>je vous remercie</i> no es suficiente.</p>
-
-<p>2 de enero de 1883. El sombro Esquilo da las gracias
-a la deslumbradora y divina Rodope. Las tinieblas estn
-<i>ms que nunca</i> enamoradas de la estrella. Vuestros pensamientos
-y vuestras cartas son perlas, de esas perlas<span class="pagenum"><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span>
-ardientes de que habla el Korn. Sera preciso tener
-todo lo que vos tenis, la dignidad mezclada a la pasin,
-la gracia exquisita y el deslumbrante espritu; sera preciso
-ser vos misma, para que un hombre en el mundo
-pudiera creerse digno de vos. Me parece que si estuviese
-cerca de vos, en vez de estar tan lejos, os tomara
-algo de vuestra alma, os robara como Prometeo a los
-dioses, esa llamada celeste que est en vos. Pero ests
-en Roma ay! Dejadme en este ensueo hablaros y evocaros...
-Oh, seora! Quien dice grandeza dice franqueza,
-y vos sois franca porque sois grande. Desde hace
-doce das espero el <i>coup d'Etat</i>; espiaba y aguardaba...
-Hay que partir, ahora. Heme aqu de nuevo en el torbellino,
-en el vaivn, en el movimiento continuo. Escribidme,
-escribidme. Esquilo enva a Rodope toda su
-alma, todos sus ensueos.&mdash;<span class="smcap">Vctor Hugo.</span></p>
-
-<p>Ahora, en sus postreros aos, todas esas cosas viven
-en la memoria de la antigua beldad, como ptalos de
-una seca flor entre las hojas de un viejo libro. La princesa,
-como he dicho, todava va a Portugal, a Turqua,
-a Austria, en jiras artsticas o periodsticas. Es la sombra
-errante de su pasado. Adems, ha sufrido dursimos
-golpes. Uno de ellos la muerte de una hija, a quien
-amaba mucho. Estando en Aix-les-Bains, un mnibus
-decapit a la nia que jugaba, cerca de la villa de la
-madre. Su hija Isabel, hija de Rattazzi, se cas en Espaa,
-y su marido est en un manicomio. Y como ste muchos
-sufrimientos, muchas penas. Con esto paga a la
-suerte el ser de sangre napolenica y tener talento. Y
-admiro a esta gran bohemia, de familia imperial, que ha
-sido bella y ha sabido defenderse de la vida, al amor de
-los versos y de los besos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span></p>
-
-<h2>EL CARTEL EN ESPAA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img010.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Al</span> escribir mis primeras impresiones de
-Espaa, a mi llegada a Barcelona, hice
-notar que una de las particularidades de
-la ciudad condal era la luminosa alegra
-de sus calles, enfloradas en una
-primavera de <i>affiches</i>. As como en Buenos Aires se
-est an con el bibern a este respecto, en Espaa no
-se ha salido de la infancia. Len Deschamps afirma que
-ello es en el arte en general y ms especialmente en el
-arte decorativo. El francs exagera. Le bastara haber
-puesto los ojos en un estudio recientemente publicado en
-la <i>Revue Encyclopdique</i> por Mlida, para convencerse
-de lo contrario. Si algo hay que en este general marasmo
-sostenga el espritu antiguo de la gloriosa nacin,
-es el arte. Las exposiciones&mdash;aunque la ltima
-haya dejado que desear&mdash;se suceden copiosas, sustentadas
-por el Crculo de Bellas Artes en Madrid y por el
-Concejo municipal en Barcelona. Las pequeas revistas
-ilustradas hacen lo que pueden por desarrollar el gusto
-pblico. La arquitectura busca, en modelos nuevos,
-amplitud y gracia. El arte decorativo alcanza notable
-vuelo en Catalua. La decoracin teatral, cuyos Rub
-y Chapern han sido Busato y Amalio Fernndez, progresa
-a ojos vistas. El arte antiguo espaol tiene un
-ncleo de apasionados en la Sociedad de Excursionistas;
-y en el Ateneo las ctedras de arqueologa y de
-historia del arte estn muy bien mantenidas. Lo que
-hay es, como ya lo he manifestado en vez anterior, que
-la proteccin de las clases ricas es nula, y que el Gobierno<span class="pagenum"><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span>
-tampoco se ocupa, como en tiempos de ilustres memorias,
-de favorecer la expansin de los talentos espaoles.
-En la ltima exposicin fu de gran resonancia
-la compra de un cuadro de Sorolla hecha por una dama
-de la aristocracia. No se dijo despus de esto, que ninguna
-alta personalidad de la Real Casa, o ttulo rico,
-hubiese hecho adquisiciones entre lo poco de mrito
-que haba en el certamen que inici la primavera y
-cerr la granizada colosal del pasado mayo, antes de
-trmino.</p>
-
-<p>Pero, hablemos del cartel o <i>affiche</i>...</p>
-
-<p>Desde hace largos aos, los carteles vistosos se han
-usado en Espaa para anunciar las famosas ferias de
-Sevilla, de Valencia, la fiesta de la Virgen del Pilar de
-Zaragoza, y corridas de toros en das de gala.</p>
-
-<p>Tales carteles no son desde luego del gnero de los
-carteles comerciales de hoy. En ellos se procura ante
-todo llamar la atencin del transeunte con la reproduccin
-<i>criarde</i> de los pintorescos tipos de las provincias, o
-majas de ojos grandes y rojas sonrisas, toros y toreros.</p>
-
-<p>Como fondo puede verse ya la iglesia de la ciudad, o
-el coso. Ultimamente se han visto carteles anunciadores
-de las exposiciones de pinturas, de las fiestas del carnaval
-y para algunas representaciones teatrales. Estos an
-en nmero muy reducido, pero se va estableciendo la
-costumbre.</p>
-
-<p>En los carteles de torera ha predominado, como en
-los de las fiestas provinciales, y, puede decirse, como
-en la mayor parte de las nuevas tentativas, el grito
-hiriente de los colores, el llamamiento feroz del color,
-con su tirana engaosa; esta terrible potencia del color,
-que, como dice Barbey D'Aurevilly, hace creer en la
-verdad de la mentira.</p>
-
-<p>Con razn sorprende a Deschamps esta acentuacin
-del crudo colorido, y de los oros verdaderamente pronunciados.
-La falta de originalidad es notoria, pero en
-esto no slo en Espaa, sino tambin en el resto de Europa<span class="pagenum"><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span>
-se nota actualmente. Son cuatro, son seis, pongamos
-diez, <i>affichistas</i> originales; los dems combinan
-varios procedimientos, o imitan francamente tales o
-cuales maneras. En el arte moderno, en literatura
-como en todo, un aire de familia, una marca de parentesco
-se advierte en la produccin de distintas naciones,
-bajo climas diferentes. El primitivismo, el prerrafaelismo
-ingls, ha contagiado al mundo entero. El arte decorativo
-de William Morris y dems compaeros se refleja
-en el arte decorativo universal desde hace algunos aos.
-Y en lo que al cartel se refiere, Aubrey Beardsley perdura
-en una falange de artistas ingleses, norteamericanos
-y de otras partes. El mismo yanqui Bradley, que tiene
-personalidad propia, no negara la influencia del malogrado
-y misterioso maestro. Dudley Hardy tambin ha
-extendido su sugestin a muchos de sus contemporneos.
-Y en Francia, basta con nombrar a Chret para
-reconocer a cada paso, en obras de otras firmas, la imitacin
-o el calco de sus figuras, la atraccin de sus llameantes
-locuras de color. En nuestros ensayos de Buenos
-Aires no se ve la persecucin de Mucha? Por lo
-tanto, no es de extraar que aqu sea el arte del cartel un
-arte de reflexin.</p>
-
-<p>Hace algn tiempo una casa industrial muy conocida,
-la que fabrica el ms conocido an ans del Mono, abri
-un concurso para anunciar su licor. Entonces se not
-por primera vez que haba en Espaa una cantidad de
-cartelistas bastante notables que antes no se sospechaba.
-Aparecieron trescientos monos haciendo trescientas
-mil moneras, como en los clsicos versos. Pero el
-mono mejor, el que se llev el primer premio, fu el del
-cataln Casas, quien present dos carteles, con sus monos
-correspondientes acompaados de dos espaolas
-<i>monsimas</i>. En el uno el animalito sobre un trpode,
-vierte a la chula, envuelta en un mantn lujoso de alegres
-tonos, una copa de ans; en el otro la chula&mdash;precioso
-modelo, por vida ma!&mdash;tiene en la diestra la copa<span class="pagenum"><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span>
-y con la izquierda lleva asido a su mono. Casas es uno
-de los mejores artistas actuales en Espaa; con Rusiol
-sostiene sabia y cuerdamente un modernismo bien entendido,
-en la capital de su Catalua. Se le sealan maneras
-imitadas de autores extranjeros, y Deschamps
-escribe a propsito de una de sus ltimas producciones,
-<i>Pl &amp; Ploma</i>, los nombres de Ibels y de Lautrec. Lo que
-hay es que tanto Casas como Rusiol y los nuevos de
-la joven escuela catalana, como los escritores, estn al
-tanto de lo que en el mundo entero se produce de las
-evoluciones del arte universal contemporneo, y siguen
-lo que se debe seguir del pensamiento extranjero; <i>los
-mtodos</i>, como tan sabiamente lo ha dicho en ocasin
-reciente y a propsito de otras disciplinas en Buenos
-Aires el doctor Juan Agustn Garca hijo. Despus se
-desarrolla la concepcin individual en el ambiente propio,
-en el medio propio. No otra cosa encuentro yo en
-las obras artsticas y literarias del admirable artista de
-Sitges.</p>
-
-<p>Rusiol ha hecho carteles dignos de nota, y que el
-escritor francs de que he hablado juzga sin observacin,
-con criterio ms que ligero, precipitado. Que Rusiol
-sea un <i>chercheur</i>, perfectamente de acuerdo. Todos
-sus <i>affiches</i> son de aspecto diferente. <i>Nego. Le teatro
-artstico interior</i> (sic) <i>est un effet de nuit trs remarquable</i>.
-M. Deschamps no ha podido siquiera darse cuenta de
-lo que se trata? <i>Teatro artstico</i> es el nombre del teatro
-libre que quera Benavente fundar en Madrid; <i>Interior</i>,
-es el ttulo de un drama, cuyo autor es harto conocido
-en <i>La Plume</i>, de que es director M. Deschamps, y cuyo
-nombre, en letras bien grandes, est al pie del cartel:
-<span class="smcap">M. Maeterlinck</span>. El efecto de noche es una delicada y
-profunda <i>rverie</i> en negro y violeta, si mal no recuerdo,
-interpretacin de la obra vaga y dolorosa del poeta belga.
-En todos los carteles de Rusiol su espritu se transparenta,
-como en todas sus pinturas, como en todo lo
-suyo, y aun siendo de manera distinta, por ejemplo, el<span class="pagenum"><a name="Page_285" id="Page_285">[285]</a></span>
-cartel de <i>L'allegra que passa</i>, puesto que cada tema debe
-tener una interpretacin diversa, se advierte que tambin
-pasa por all el mismo aliento de enfermiza poesa
-que en la visin del ensueo del <i>affiche</i> de <i>Oracions</i>
-hecho en colaboracin con Utrillo, o en esa otra pgina
-de melancola que anuncia el bello libro de <i>Fulls de la
-vida</i>.</p>
-
-<p>Riquer es un entusiasta. Ha fundado revistas artsticas
-<i> l'instar</i> de similares extranjeras y de la que entre nosotros
-realizara el sueo de Schiaffino, si existiera; <i>Luz</i>
-ha sido una de ellas, y tuvo poca vida. Riquer conoce a
-maravilla el arte moderno. Sus ilustraciones, sus dibujos
-le han dado aqu justa originalidad. En sus carteles
-hay el mismo talento buscador y feliz. Es un hbil sinfonista
-del color, as le haga detonar demasiado en sus
-graciosas combinaciones. Sus <i>Crisantemas</i> son deliciosas
-en su claro origen sajn; Bradley mismo no tiene muchos
-carteles superiores a ste; su figurita para las galletas
-y bizcochos de Grau y Compaa es de un encanto
-innegable sobre su armoniosa decoracin. A Utrillo se
-le compara con Steinlen. No hay duda de que el hombre
-de <i>Ferros d'Art</i> y la figura del <i>Anuario Riera</i>, pongo por
-caso, parecen de la mano del artista parisiense; pero la
-exquisita <i>noya</i> del cartel de las aguas de <i>Cardo</i>? Utrillo
-es fuerte, es vigoroso; mas cuando un soplo suave le
-llega, la gracia est con l.</p>
-
-<p>Marcelino Unceta es especialista, como Prez, en corridas
-de toros. Sus picadores, sus potentes y cornudas
-bestias, sus <i>espadas</i>, todas las gentes del circo nacional
-que hace vivir su talento pictrico, son de primer orden.
-Pero sus carteles no corresponden bien visto a lo que se
-entiende por pintura de <i>affiche</i>. Son figuras que pueden
-entrar en un cuadro de gnero, tipos de estudio para
-verdaderas telas de composicin.</p>
-
-<p>A Xaudar, el caricaturista, no le considero en la misma
-lnea de los cartelistas catalanes, aun de los nuevos
-como Gual, que revela un bro y un talento que no se<span class="pagenum"><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span>
-discuten. Xaudar lleva al cartel sus mismas caricaturas;
-el eterno enano macrocfalo, la exageracin del
-gesto, la deformacin, no por cierto a causa de un exceso
-de comprensin del dibujo. Sus <i>bonshommes</i> fatigan
-ya en su incesante repeticin. En la expectacin del cartel
-resultan fuera de su centro; se ve que se han salido
-de los lbumes de su autor o de las pginas humorsticas
-de las revistas semanales. Navarrete s merece mencin,
-por su franqueza de dibujo y su colorido&mdash;siempre
-con la nacional exageracin naturalmente&mdash;. Tanto
-l como casi todos los dibujantes de Espaa han usado
-y abusado de la lnea gruesa que recorta la figura como
-el emplomado de los <i>vitraux</i>. Desde la aparicin de carteles
-que han dado a Alfonso Mucha su celebridad, esa
-aficin ha aumentado, como la de imitar al <i>affichista</i> de
-Sarah Bernhardt la manera de desenvolver las cabelleras
-de sus figuras, como en cintas y volutas.</p>
-
-<p>Yo no he tenido la suerte de encontrar esos carteles
-de que habla M. Deschamps&mdash;que desde luego no ha estado
-en Espaa segn creo&mdash;en que pintores espaoles
-han ensayado crear aqu un arte de cartel nacional. Lo
-que he visto, s, son muchos reflejos, muchas imitaciones,
-muchos calcos. Buena voluntad no falta y talento
-sobra. No ser una rareza que esa creacin buscada se
-realice. Desde luego se ve que en el cartel espaol se
-salen de la rebusca del atractivo por la desnudez. No s
-que motivo haya, como no sea el eterno de la atraccin
-del desnudo, para anunciar una mquina de coser, unas
-pldoras o unas lmparas, con seoritas en cueros, como
-hace la mayor parte de los cartelistas franceses. Pero
-aqu hay muchas bellezas que reproducir halagando la
-mirada del pblico, en este pas de hermosos rostros
-femeninos y verdadero imperio de flores; Sattler tena a
-su disposicin el ensueo en su pas del Norte, para
-hacer florecer de una flor rara su <i>affiche</i> del peridico
-<i>Pan</i>. Qu cosas, al claro da, no puede decir la paleta
-espaola, con la ayuda de la verdad de su sol?</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span></p>
-
-<h2>LA NOVELA AMERICANA
-EN ESPAA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img002b.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Ha</span> escrito el novelista don Jos Mara de
-Pereda una carta a un editor madrileo
-que se propone publicar una serie de
-novelas de autores americanos, en la
-cual carta, despus de aplaudir la empresa,
-hace declaraciones que conviene notar. Desde
-luego, el desconocimiento que existe en la Pennsula
-de todo el movimiento literario de las repblicas hispanoamericanas.
-Despus la afirmacin de que la novela
-americana existe; o ms bien, de que hay novelistas
-americanos a quienes l pone sobre su cabeza. El
-desconocimiento de que habla el clebre escritor montas
-es centuplicadamente mayor que lo que l supone,
-no slo en lo que tiene que ver con la literatura,
-sino con la vida poltica y social y aun con la ms
-elemental geografa. Y no me refiero al vulgo, o gentes
-de cultura rudimentaria, sino a personas de vala
-mundana y hombres de ciencia, artes y letras. Toda
-Amrica es <i>tierra caliente</i>; lo que si para Pars es
-excusable, no lo puede ser por motivo alguno para el
-pas que nos ha enviado con sus conquistadores, su
-habla, su religin, sus buenas cualidades y sus defectos.
-He conocido parisiense de Pars, literato y orientalista,
-para quien no tena secretos el ms modesto personaje
-del Ramayana, pero que de San Martn y de Bolvar no<span class="pagenum"><a name="Page_288" id="Page_288">[288]</a></span>
-saba sino que el uno era un santo y el otro un sombrerero.
-La ignorancia espaola a este respecto es ms o
-menos como la de un parisiense. Nuestros nombres ms
-ilustres son completamente extraos. Por lo general, en
-poltica, la erudicin llega a Rosas. Diario importante
-ha habido que al publicar una noticia de la reciente
-guerra boliviana la ha encabezado con toda tranquilidad:
-<i>La guerra de Chile</i>. En la conversacin, podis oir
-que se confunden el Brasil, el Uruguay, o el Paraguay
-con Buenos Aires. Y en literatura, todo lo nuestro es
-irremediablemente tropical o cubano. Nuestros poetas
-les evocan un pjaro y una fruta: el sinsonte y la guayaba.
-Y todos hacemos guajiras y tenemos algo de Maceo.
-Tal es el conocimiento. No exagero.</p>
-
-<p>Introdzcanse, popularcense aqu las obras literarias
-de nuestros consaguneos de all, dice amablemente el
-seor Pereda, y las corrientes intelectuales de simpata y
-de afecto sern dobles y recprocas, y, por tanto, ms
-poderosas. Yo me honro con la amistad de muchos escritores
-hispanoamericanos, vivo con ellos en frecuente
-trato epistolar, y por eso s lo que en Espaa pensamos
-de sus respectivas naciones cuantos aqu las conocemos
-por sus libros, espejos fieles de su cultura y de sus tendencias.
-Hablando slo de novelistas, porque solamente
-de ellos se trata ahora, afirmo sin vacilaciones, <i>que cuentan
-las mencionadas Repblicas con algunos tan buenos
-como los mejores de Europa</i>, etc. La buena voluntad es
-manifiesta en el hidalgo. l ha querido quizs decir
-como los mejores de Espaa; pero aun as, la lisonja
-no pierde su aumento. Desde los tiempos de la conquista
-a esta parte, son raros los americanos que han podido
-ocupar en Espaa un alto puesto intelectual. Adems,
-los que han figurado han sido ms espaoles que americanos,
-puesto que no han debido su americanismo
-ms que al azar del nacimiento. Colocar a don Ventura
-de la Vega entre los poetas argentinos, vale tanto como
-incluir entre los poetas cubanos a Jos Mara de Heredia,<span class="pagenum"><a name="Page_289" id="Page_289">[289]</a></span>
-de la Academia Francesa. Baralt residi casi toda
-su vida en Espaa, si mal no recuerdo. El cardenal Moreno
-naci en Guatemala; pero el primado no era por
-cierto guatemalteco. El general Riva Palacio se mezcl
-con los espaoles; pero por ms que lo intentara, prevaleca
-el perfume del pulque nativo ante el olor del jerez
-adquirido. Su espaolismo era de diplomacia. Los glbulos
-de sangre que llevamos, la lengua, los vnculos
-que nos unen a los espaoles no pueden realizar la fusin.
-Somos otros. Aun en lo intelectual, aun en la especialidad
-de la literatura, el sablazo de San Martn desencuadern
-un poco el diccionario, rompi un poco la
-gramtica. Esto no quita que tendamos a la unidad en
-el espritu de la raza.</p>
-
-<p>Pero, volviendo a la afirmacin del seor de Pereda,
-y haciendo todos los esfuerzos posibles para mostrarme
-optimista, no diviso yo, desde Mjico hasta el Ro de la
-Plata, no digo nuestro Balzac, nuestro Zola, nuestro
-Flaubert, nuestro Maupassant, (oh, perdonad!) sino que
-no encuentro nuestro Galds, nuestra Pardo-Bazn,
-nuestro Pereda, nuestro Valera. A menos que saludemos
-a Pereda en el seor Picn Febres, de Venezuela,
-y a doa Emilia en la seora Carbonero, del Per. En
-todo el continente se ha publicado, de novela, en lo que
-va de siglo, y ya va casi todo, una considerable cantidad
-de buenas intenciones. Del copioso montn deseara yo
-poder entresacar cuatro o cinco obras presentables a los
-ojos del criterio europeo. La novela americana no ha
-pasado de una que otra feliz tentativa. La <i>Mara</i> del colombiano
-Jorge Isaacs es una rara excepcin. Es una
-flor del Cauca cultivada segn los procedimientos de la
-jardinera sentimental del inefable Bernardino. Es el
-<i>Pablo</i> y <i>Virginia</i> de nuestro mundo. No s si Bchner o
-Molleschott, envi a Isaacs una felicitacin entusiasta: y
-el sabio Dozy se manifest conmovido. Dos generaciones
-americanas se han sentido llenas de Efraimes y de
-Maras. Lo cierto es que en esa ingenua y generosa fabulacin<span class="pagenum"><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span>
-hay un indecible encanto humano, de frescura
-juvenil y de verdad, que si al llegar al medio del camino
-de la vida nos hace sonreir, cuando no nos hace suspirar,
-en los aos primaverales es un delicioso breviario
-de amor. Pero fuera de la <i>Mara</i> de Isaacs, que el seor
-Pereda califica con mucha intencin de novela del gnero
-eterno, fuera de ese idilio solitario qu nos queda?
-En la Repblica Argentina se ha cultivado la novela.
-Se ha cultivado, s. Y el producto? Saludo con
-respeto la novela del doctor Lpez; pero, con muchsimo
-respeto la coloco a un lado. No me parece que pueda
-pretender la representacin de la novela americana. Mi
-pobre y brillante amigo Julin Martel realiz el plausible
-esfuerzo de <i>La Bolsa</i>, obra llena de talento, de promesas,
-de vida, pero <i>pastiche</i>. El autor de los <i>Silbidos de
-un vago</i> forma con sus novelas un grupo aparte. Es de lo
-ms valioso en las letras argentinas esa produccin a la
-diabla, vibrante, valiente, chispeante; pero a la cual falta
-la gloria del arte, virtud de inmortalidad. Apoyado por
-Zola, Antonio Argerich escribe una novela; otra tentativa.
-Carlos Mara Ocantos escribe novelas absolutamente
-espaolas cuyo argumento se desarrolla en Buenos
-Aires. Nos queda una obra de resonancia: <i>Amalia</i> de
-Mrmol. Quitadle su valor histrico, su alcance poltico,
-su base de episodio nacional. Encontraris que el furioso
-y admirable ymbico resulta un mediocre novelador.
-Las novelas de Groussac son novelas europeas por
-todo sentido, y la primera razn es que el autor es un
-europeo. Grandmontagne con su triloga realiza, o anuncia,
-lo que puede ser maana la novela argentina. Para
-m el primer novelista americano o el nico hasta hoy
-ha sido el primer novelista argentino: Eduardo Gutirrez.
-Ese brbaro folletn espeluznante, esa confusin de
-la leyenda y de la historia nacional en escritura desenfadada
-y a la criolla, forman, en lo copioso de la obra, la
-seal de una poca en nuestras letras. Esa literatura gaucha
-es lo nico que hasta hoy puede atraer la curiosidad<span class="pagenum"><a name="Page_291" id="Page_291">[291]</a></span>
-de Europa: ella es un producto natural, autctono,
-en su salvaje fiereza y poeta va el alma de la tierra. El
-poeta de ese momento embrionario es Martn Fierro, y
-en esto estoy absolutamente de acuerdo con el seor de
-Unamuno.</p>
-
-<p>Chile ha tenido tambin cultivadores, pero ninguno
-de los que han pretendido hacer novela chilena ha
-vencido al viejo Blest Gana. Sin embargo, Blest Gana,
-escritor sin estilo, fabulador de poco interesantes intrigas,
-est ya casi olvidado. Su novela no es la novela
-americana. Surge ahora en Chile un talento joven que
-es firme esperanza; ha demostrado la contextura de un
-novelista de base nacional, sostenido por la precisa
-cultura, la necesaria cultura, sin la cual nada ser posible;
-me refiero al hijo de Vicua Mackenna, a Benjamn
-Vicua Mackenna Subercasseaux, de nombre
-un poco largo para nombre de autor. Del Per no conozco
-novelista nombrable, aunque hay buenos cuentistas
-entre los jvenes literatos, lo que no es poco. Ricardo
-Palma ha podido realizar una obra que habra
-completado su fama de tradicionista: la novela de la colonia.
-Lo propio el boliviano Julio L. Jaimes, cuyas
-reconstrucciones del buen tiempo viejo de Potos demuestran
-su maestra en esos asuntos. Venezuela ha tenido
-novelistas locales, cuya obra total se esfuma ante
-un solo cuento de Daz Rodrguez. Este escritor podra
-darnos la novela venezolana, americana; pero se queda
-en su jardn de cuentos, de innegable filiacin europea.
-En Colombia los que han escrito novelas forman legin.
-Colombia es el pas de la fecundidad, en talento, en mediocridad,
-en todo. Por algn lado all todo el mundo
-es Tequendama. Pues entre toda la balumba de novelas
-colombianas tan solamente florece para el mundo, orqudea
-nica de esos tupidos bosques, la caucana <i>Mara</i>.
-Ultimamente un escritor de combate, artista leonino,
-<i>malgr lui</i>, ha escrito una novela-poema, con la inevitable
-mira poltica. Hablo de Vargas Vila. En Centro<span class="pagenum"><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span>
-Amrica slo hay dignos de cita Jos Milla, autor de
-varias curiosas novelas de argumento colonial, escritor
-de ingenio muy castizo, <i>persona grata</i> seguramente al
-seor de Pereda; Salazar y Enrique Gmez Carrillo, todos
-guatemaltecos de nacionalidad, pero el primero,
-fruto legtimo de Espaa, el segundo saturado de Alemania,
-el tercero parisiense de adopcin y vecino del
-Boul' Mich. En Mjico, como en Colombia muchos novelistas
-han surgido, desde Altamirano hasta Gamboa;
-pero la novela mejicana se espera an.</p>
-
-<p>Ya ve el seor de Pereda que su bondad es un tanto
-abultadora. Nuestro organismo mental no est constitudo
-todava, y si en lrica podemos presentar dos o
-tres nombres al mundo, toda la novela americana producida
-desde la independencia de Espaa hasta nuestros
-das no vale este solo nombre, por otra parte poco
-simptico para m: Benito Prez Galds.</p>
-
-<div class="asterism">
-<img src="images/tb.jpg" width="20" height="20" alt="Asterismo" />
-</div>
-
-<p>Una novela americana acaba de publicarse en Madrid,
-de la cual quiero hablar a los lectores de <i>La Nacin</i>.
-<i>Todo un pueblo.</i> Su autor es Miguel Eduardo Pardo, venezolano,
-residente en Pars, y que ha vivido por algn
-tiempo en esta Corte. El libro es una obra de bien y de
-valor. Alguien ha dicho que en vez de llamarse <i>Todo un
-pueblo</i>, debera ser <i>todo un continente</i>. En efecto, con la
-excepcin de los dos pueblos cuerdos que van a la cabeza
-de la Amrica espaola, el resto puede reclamar
-como retrato propio el libro de Pardo. Se trata del famoso
-<i>South America</i>, un <i>South America</i> que se extiende
-hasta la frontera de los Estados Unidos. Yo no s si su
-autor ha querido ponernos a la vista su Venezuela; pero
-por ms de un retrato hecho a lo vivo, se sacara por
-consecuencia que s. Mas lo que pasa en las doscientas
-y tantas pginas del libro puede tener por escenario ms
-de un pas americano que conozco. Es la lucha del espritu<span class="pagenum"><a name="Page_293" id="Page_293">[293]</a></span>
-de civilizacin con un estado moral casi primitivo
-que permite el entronizamiento del caudillaje en poltica,
-del fanatismo en religin, y en lo social de una vida,
-o retardada en la que confina con la choza de antes, o
-advenediza hasta producir ese fruto de exportacin
-nico y de legtima procedencia hispanoamericana: <i>el
-rastaquouere</i>. En este libro de literato hay el pensamiento
-de un socilogo. La tragedia que anima la narracin
-tiene por escenario un pedazo de esas Amricas clidas,
-con sus ciudades semicivilizadas y sus campaas pletricas
-de vida, sembradas de bosques en que impera la
-ms brava naturaleza y en donde se refugia el alma del
-indio, el alma libre del indio de antao, afligida de la
-opresin y decaimiento de los restos de tribus del indio
-de ahora. Y es la preponderancia de los descendientes
-de los conquistadores, de los mestizos enriquecidos; el
-producto de la raza de los aventureros y hombres de
-presa que llegaron de Espaa y la raza indgena, que
-di por resultado una sociedad sin gnesis bien esclarecido,
-que tuvo como las sociedades europeas su aristocracia,
-su clase media y su plebe. La primera, ms
-anmica y por ende menos copiosa que la abundante
-clase media, engendr seres degenerados y enclenques
-los cuales seres, creyendo a pie juntillas en su alcurniada
-descendencia, se proclamaron de la noche a la
-maana races, ramas, flores y capullos de aquellos rboles
-egregios que fueron orgullo genealgico del pueblo
-que por casualidad hizo nido en las montaas de la
-egregia Villabrava. Villabrava, como he dicho, puede
-estar en la repblica americana que el lector guste. En
-poltica es esa interminable serie de revueltas, motines,
-asesinatos, pandillajes, asonadas, pronunciamientos;
-los feroces coronelotes zambos y los crueles generalotes
-indios; el aventurero que logra en pases semejantes
-altos puestos pblicos, a fuerza de habilidad y audacia;
-los oradores de oratoria rural, los diputados fantoches
-y guapetones, y <i>La Patria! La Libertad! El 93! Los derechos<span class="pagenum"><a name="Page_294" id="Page_294">[294]</a></span>
-del hombre!</i> la Prensa grotesca, adulona o de presa;
-los distinguidos personajes que rodean a su excelencia;
-la polica de verdugos; los vicios desbragados al
-son de las bandas palaciegas... oh!, es eso de un pintoresco
-de opereta que mezcla lo terrible con lo bufo.
-Pues bien, de eso hay mucho en el decorado de la obra
-de Pardo; y en el fondo el problema de la regeneracin,
-o mejor, de la verdadera civilizacin de esas comarcas.
-Claro es que en la fbula deba haber su llama de amor,
-y la hay; es la lmpara que arde en su pureza entre las
-agitaciones del cmico y sangriento carnaval. Pardo es
-escritor de prosa violenta, algo desenfadada, pero se ve
-que ama el arte por los lujos verbales que ostenta el
-caballo en que un duque puede entrar en la iglesia,
-lleva herraduras de plata. Sobre las rocas de su tierra
-deja un reguero de bellas chispas.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_295" id="Page_295">[295]</a></span></p>
-
-<h2>LA CRTICA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 58px;">
-<img src="images/img004.jpg" width="58" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">Madrid, 1899.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Hace</span> algn tiempo deca Leopoldo Alas:
-En literatura estamos muy mal. Muchos
-no lo notan siquiera, o porque su
-grosera naturaleza no da importancia a
-lo espiritual, no siendo de inters egosta,
-o por falta de gusto y de inteligencia; otros s lo
-notan... pero quieren <i>ganar amigos</i>, no perderlos, y
-hacen como si creyeran que todo va perfectamente.
-Censuras generales, anodinas, que no ponen el dedo en
-la llaga ni comprometen, eso s; todo lo que se quiera.
-Pero censura directa, concreta, <i>personal</i>, con motivo de
-este autor, de esta obra oh! nadie se atreve. Hablo de la
-censura bien intencionada, imparcial, desapasionada,
-por amor al arte. No llamo censura a los gritos del rencor,
-de la enemistad, de la burla balad, que todo lo
-mancha y pisotea por dar que reir a los malvados, a los
-imbciles y a los envidiosos. Ruindades y cascabeles de
-bufn inmoral, casi inconsciente en sus injusticias de
-Momo, no faltan. Alardes de procaz insulto, de falta de
-respeto a ideas y legtimas autoridades, abundan; pero
-eso qu tiene que ver con la crtica honrada, concienzuda,
-edificante?</p>
-
-<p>El seor Alas se refiere, como veis, a la crtica que
-censura; yo encuentro iguales o ms lamentables tachas
-en la crtica que quisiera tender a sociolgica; en la crtica<span class="pagenum"><a name="Page_296" id="Page_296">[296]</a></span>
-que admira. Pero ante todo, existe la crtica espaola?
-Un amigo escritor me contestaba:</p>
-
-<p>Crtica, no hay; hay crticos. Desde mi llegada he
-buscado en libros y peridicos alguna manifestacin
-nueva. Los pocos reconocidos como maestros callan, o
-porque los rganos principales no solicitan sus opiniones
-o porque el desencanto les ha posedo. Valera prefiere
-volver a la novela; Balart hacer versos de cuando
-en cuando; <i>Clarn</i>, el ms militante de todos, escribe
-paliques en vez de ensayos, porque los paliques se los
-entienden. En las publicaciones de cierta autoridad, revistas
-e ilustraciones, ejercen unos cuantos veteranos
-annimos, cuyas palabras no encuentran el ms dbil
-eco; extraen sus pensares de antiguas alacenas, los exponen
-a propsito de cualquier tpico y los vuelven a
-guardar. Los hay que tienen cierto nombre como eruditos
-en materias especiales; pero a uno de stos he visto
-juzgar en la revista ms seria de Espaa, y en cuatro
-lneas, como obra mediana y de autor <i>que promete</i>, el
-magistral <i>Del Plata al Nigara</i>&mdash;de Groussac&mdash;, y deleitarse
-en el espacio de dos o tres pginas con cualquier
-producto nacional, que entre nosotros apenas lograra
-ser mencionado en la seccin bibliogrfica de un diario.</p>
-
-<p>Ciertamente, de Larra a estos tiempos, la crtica en
-Espaa ha tendido a salir de la estrechez formalista y
-utilitaria. Quedan rezagos de la poca hermosillesca y
-dmines tendenciosos, a quienes matara una rfaga de
-aire libre. Las pocas figuras sobresalientes en la mediocridad
-comn han conseguido hacer entrar alguna luz
-tras muchos esfuerzos; pero esos rayos quedan aislados.
-La crtica tiene que encogerse, tiene que rebajarse para
-ser aceptada. No se demuestra la voluntad de pensar, en
-ninguna clase de muntales especulaciones. Y Luis Taboada
-dice una corrosiva verdad&mdash;que me permito creer
-de terrible intencin&mdash;cuando afirma que en Espaa
-entre el seor de Ibsen y l, l. As os explicaris que
-<i>Clarn</i> siga en una incontenible exuberancia de paliques,<span class="pagenum"><a name="Page_297" id="Page_297">[297]</a></span>
-y que ese grotesco y distinguido gramtico de
-Valbuena tenga lectores.</p>
-
-<p>Hay que advertiros que en revistas y diarios, apartando
-los nombres clebres que conocis, todo escritor,
-malo o bueno, es crtico. La tendencia que entre nosotros
-se acenta, y que en todo pas culto es hoy ley del
-especialismo, es aqu nula. Todo el mundo puede tratar
-de cualquier cosa con un valor afligente. Hay que dar
-cuenta de una exposicin artstica, que juzgar a un poeta
-o a un msico, o a un novelista?&mdash;El director de la publicacin
-confiar la tarea al primero de los <i>reporters</i>
-que encuentre. Aqu no hay ms especialistas que los
-revisteros de toros; los cuales revisteros tambin hacen
-crtica teatral, o lo que gustis, con la mayor tranquilidad
-propia del pblico.</p>
-
-<p>Pero hay autoridades notorias. Ante todo Menndez
-Pelayo, cuyas preocupaciones de ortodoxia no han impedido
-que sea el ms amplio al mismo tiempo que el
-ms slido criterio de la literatura espaola en este
-siglo. Es una vasta conciencia, unida a un tesn incomparable.
-Hace algunos aos he tenido ocasin de tratarle
-ntimamente, cuando viva en su departamento del hotel
-de Las Cuatro Naciones. Haca vida mundana, no faltaba
-a las reuniones de sociedad; tena su ctedra; y sin embargo,
-le sobraba tiempo para escribir en varias revistas,
-informarse de los libros en cuatro o cinco idiomas,
-que llegaban del extranjero, y proseguir en su labor
-propia, en la produccin de tanta obra saturada de doctrina,
-maciza de documentacin, imponente de saber y
-de fuerza. Es el enorme trabajador de los <i>Heterodoxos</i> y
-de las <i>Ideas estticas</i>. Creo que abandon su antiguo proyecto
-de escribir una Historia de la literatura espaola.
-Su labor realizada vale verdaderos tesoros, que son desde
-luego ms estimados en su justo valer en el extranjero
-que en Espaa; fuera se pesan su ciencia y su conciencia;
-aqu se admira su fetiche, y se le coloca entre
-varias benemritas momias.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_298" id="Page_298">[298]</a></span></p>
-
-<p>Entregado a estudios universales, a labores de dificilsima
-erudicin, la crtica de Menndez Pelayo no se
-aplica a la produccin actual, como no sea a trabajos que
-tengan relacin con sus sealadas disciplinas. Encerrado
-en la Biblioteca Nacional, cuyo director es, contina
-en sus tareas benedictinas, lejos de las agitaciones cuotidianas
-y en relacin tan slo con los eruditos y sabios
-de otros pases.</p>
-
-<p>Don Juan Valera, en sus ltimos aos, ha vuelto a la
-novela. No se lee ms aquella sabrosa crtica suya en
-que las ideas expresadas no tenan tanto valor como la
-manera de expresarlas. No es esto decir que el famoso
-trabajo sobre el Romanticismo en Espaa, o sobre el
-<i>Quijote</i>, carezca de vigor ideolgico; pero su manera,
-que desenvuelve tan gratamente las ms sutilsimas
-complicaciones, ha sido el principal distintivo de su excepcional
-talento. Su cultura es mucha, y posee esa cosa
-hoy muy poco espaola en el terreno de la crtica: distincin.
-Lo cual no obsta a que a travs de la trama de
-sus discursos aparezca cierta fina malignidad, un buen
-humor picaresco, que suele dar a los ms calurosos
-elogios una faz de burla. Y esto es de tal modo, que los
-enconados o los envidiosos suelen ver an en los ms
-sinceros aplausos de don Juan, un sentido oculto y
-desventajoso para los que l cree dignos de su alabanza.</p>
-
-<p>Lo cierto es que tiene singular habilidad para manejar
-contradicciones y recrearse recreando con paradojas.
-Teje alrededor de una idea complicadas redes, traza
-ingeniosos laberintos en donde l camina con toda holgura
-y sin peligro, mientras sus lectores poco avisados
-caen en la trampa o juzgan salir del enredo cuando ms
-en l se internan. Y no obstante, yo creo en la lealtad de
-sus opiniones. A este respecto le encuentro mucho de
-semejante con Anatole France.</p>
-
-<p>Leopoldo Alas, o sea <i>Clarn</i>, ha sufrido la imposicin
-de un pblico poco afecto a producciones que exijan la<span class="pagenum"><a name="Page_299" id="Page_299">[299]</a></span>
-menor elevacin intelectual. <i>Clarn</i> ha demostrado ser
-un literato de alto valer, un pensador y un escritor culto,
-en libros y ensayos que fuera de su pas han encontrado
-aprecio y justicia; mientras los lectores espaoles no
-han podido sino gustar sus cualidades de satrico, obligndole
-as a una inacabable serie de charlas ms o
-menos graciosas, en que, para no caer en ridculo, tiene
-que desperdiciar su talento ocupndose generalmente
-de autores cursis, de prosistas hueros y poetas hebenes.
-Taboada en el Parnaso. Y ese es el autor de pginas
-magistrales como sus antiguas <i>Lecturas</i>, o su ensayo
-sobre <i>Baudelaire</i>, o el de <i>Daudet</i> y tantos otros. En Amrica
-se tiene por esto una idea falsa de Leopoldo Alas.
-Este es un hombre serio: desde hace mucho tiempo doctor
-en derecho y profesor de Oviedo, y entregado siempre
-a lecturas graves y poco risueas. Mas tiene que
-reir y hacer reir a tontos y a malignos, so pena de no
-colocar sus estudios de mdula y enseanza: pues como
-lo acaba de decir un diario&mdash;<i>El Liberal</i>&mdash;, el <i>Madrid
-Cmico</i> va en camino de ser el primer peridico literario
-de Espaa. Claro est que el seor Alas escribe esos
-artculos con una precipitacin febril que se ve claramente
-en cada uno de ellos, y as se explica que algunas
-dos veces haya confundido en el <i>Madrid Cmico</i> a Richepin
-con... Montepn, y haya hecho la clebre comparacin
-entre Flaubert, Eberts y Anatole France, con el
-Valera de <i>Morsamor</i>. <i>Clarn</i>, pues, actualmente, no escribe
-crtica, como no sea para el extranjero. Aqu, lo que
-pagan bien son paliques: pues paliques!</p>
-
-<p>El seor Balart tambin hace mucho tiempo que no
-critica. Este escritor, cuya fama de poeta ha oscurecido
-su renombre de crtico, ha sido comparado con Lematre
-y France a ttulo de impresionismo. En mi entender,
-no ha habido en el seor Balart ms que una nueva faz
-del eterno pedagogo autoritario, que se conmueve reglamentariamente
-y falla en ltima instancia sobre todas
-las estticas; y as como su censura es estrecha, su elogio<span class="pagenum"><a name="Page_300" id="Page_300">[300]</a></span>
-es desmesurado. Se le ve en ocasiones pasar impasible
-ante una manifestacin artstica, ante una idea llena de
-novedad y de belleza, y cantar los ms sonoros himnos
-a la mediocridad apadrinada, o a lo que por algn lado
-halaga sus tendencias personales, sus propios modos de
-ver. Se celebran sus crticas de arte, y jams ha demostrado
-en tales asuntos sino la ms completa chatura, la
-flatitud de un criterio ptero, impermeable a toda
-onda de arte puro. Viene de los antpodas de un Ruskin.
-Yo no me explico la conquista de su autoridad a este
-respecto sino por la falta de competencias y por la inconmovilidad
-con que la mayora se deja imponer toda
-suerte de pontificados. La misma minora intelectual no
-protesta sino en voz baja, y, sin fuerzas tampoco para
-poder imponerse, deja que la corriente siga.</p>
-
-<p>Como crtico de arte sobresale Jacinto Octavio Picn,
-el novelista cuyo ltimo libro sobre Velzquez ha tenido
-muy buena acogida en Espaa y fuera de Espaa. Su
-crtica teatral ha tenido tambin una poca de boga. A
-este respecto se distingue entre todos sus colegas, el crtico
-de <i>El Espaol</i>, seor Canals. Al menos es quien trata
-con ms certidumbre y ms entusiasmo las obras de que
-le toca dar cuenta en su tarea periodstica.</p>
-
-<p>Podra sealar algunos otros nombres como el del
-seor Gonzlez Serrano&mdash;despus de recordar la prdida
-que sufri el pensamiento espaol con la muerte del cataln
-Ixart&mdash;, pero sera la revista harto larga. En la juventud
-surge hoy una que otra esperanza, y no es poco
-lo que ha de dar en un cercano porvenir cerebro tan
-bien nutrido y generoso como el del autor de <i>Alma
-Contempornea</i>, Llanas Aguilaniedo, cuyos comienzos
-han entusiasmado al mismo descontentadizo <i>Clarn</i>. Llanas
-es un estudioso y un reflexivo. Comprendo lo grave
-que encierra el trabajo de pensar y de juzgar. Hay una
-luz individual que l ha descubierto dentro de su propio
-espritu, y siguiendo el consejo de Emerson, la persigue.
-En lo moral, en lo intelectual, cultiva la buena virtud<span class="pagenum"><a name="Page_301" id="Page_301">[301]</a></span>
-de la higiene. Llega a una poca en que, si sabe dirigir
-su propia voluntad, har mucho bien a la nueva generacin
-de su pas. No es su libro primigenio, sino la
-apertura de una larga va. En esas pginas hay mucho
-justo y original y no poco reflejo e injusto. Pero el esfuerzo
-supera a todo lo que sus compaeros han producido.
-Antes que l est Martnez Ruiz, curioso y aislado
-en el grupo de la juventud espaola que piensa. De l
-he de tratar en otra ocasin, como del vasco nietzschista
-Ramiro de Maeztu, que est llamando la atencin de los
-que observan, por su fuerza y su singularidad.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_302" id="Page_302">[302]</a></span></p>
-
-<h2>LA JOVEN ARISTOCRACIA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 64px;">
-<img src="images/img013.jpg" width="64" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Cuando</span> el rey de Espaa recibe a los nuevos
-grandes que deben cubrirse delante
-de l, es costumbre que cada cual diga
-unas cuantas frases en que, despus de
-recordar la gloria de sus antepasados y
-el timbre de sus blasones, ofrezca al monarca sus servicios
-y protestas de lealtad. Sorprendi hace algn
-tiempo el discurso de cierto joven grande de Espaa,
-que ms o menos, dijo a la reina estos conceptos: Seora,
-mis abuelos fueron mis abuelos y su gloria es de
-ellos; yo soy ingeniero y mi ttulo y mi trabajo es lo
-nico que puedo poner a los pies de vuestra majestad.
-Lo llamativo y simptico de la nota, despertaba en la
-generalidad este pensar: Hay, pues, nobles que trabajan!
-La sorpresa era justa. Es un hecho reconocido que
-en nuestras sociedades modernas, segn la frase reciente
-de M. de Montmorand, <i>ce qui caractrise le noble, c'est
-son oisivet, son inaptitude au travail</i>.</p>
-
-<p>En todas partes, y por su propia culpa, la nobleza ha
-perdido terreno.</p>
-
-<p>Las necesidades de la vida actual, el desarrollo del
-comercio, las ambiciones de la gran burguesa, han
-trastornado un tanto los armoriales: y el da en que un
-Rothschild ha sido ennoblecido a causa de su dinero, el
-espritu de Dozier flot sobre las salazones de Chicago.
-Desacreditada y todo, la nobleza impone sus pergaminos.<span class="pagenum"><a name="Page_303" id="Page_303">[303]</a></span>
-Las seoritas adineradas de los Estados Unidos, y
-por no quedarnos atrs, algunas de la Amrica del Sur,
-pagan a buen precio el derecho de poder ostentar una
-corona marcada en su ropa blanca, o pintada en la portezuela
-del carruaje. En nuestras democracias, la presencia
-de un noble siempre es decorativa en la vida social.
-Huelen esos caballeros, mal educados, ignorantes,
-obtusos, pero casi siempre visten tan bien! A Amrica
-suelen llegar <i>gentlemen</i> y <i>escrocs</i>; nobles verdaderos y
-nobles falsos. Algunos han ido a parar a la penitenciara
-de Buenos Aires.</p>
-
-<p>La nobleza francesa, que en estos ltimos tiempos ha
-dado tan poco edificantes espectculos, dirase que constituye
-el ms claro tipo de decadencia. Su incapacidad
-es tan solamente igualada por su ligereza; y si en algo
-puede confiar la estabilidad de la repblica, es en la
-ineptitud intelectual y flaqueza moral que se revela en
-ese planto de gardenias y claveles. Con gran justicia
-un escritor de criterio certero, Paul Duplan, dice, en un
-estudio reciente: Cuando se estudia la historia de nuestro
-pas de cien aos ac, queda uno estupefacto de la
-increble incoherencia sociolgica y poltica de los nobles.
-Hacen constantemente lo contrario de lo que se
-podra prever; estn siempre a caballo cuando se debera
-estar a pie; parlanchines y ruidosos cuando deberan
-estar silenciosos y prudentes; pierden en la vida
-pblica el tacto que conservan en sus salones; empujan
-la repblica a la izquierda con la intencin de atraerla
-a la derecha; demasiado catlicos al fin del siglo XIX
-despus de haber sido volterianos al fin del siglo XVIII,
-pierden el contacto con la democracia y se obstinan en
-confiar sus hijos a los religiosos, cuando deban hacerlos
-educar en nuestros colegios; caen en el snobismo
-ingls, cuando deban hacer prevalecer la elegancia
-francesa; chismosos y maldicientes; descontentos y vejados
-bajo la Restauracin, bajo Luis Felipe, bajo Napolen
-III, bajo la tercera repblica; vuelven la espalda<span class="pagenum"><a name="Page_304" id="Page_304">[304]</a></span>
-a la ciencia contempornea que no es clerical y quieren
-que lo sea; se hacen ridculamente zurrar el 16 de
-mayo; se meten en la Baulange; exageran el antisemitismo
-despus de haber adoptado a los grandes judos,
-aceptado sus regalos y frecuentado sus castillos, sus
-yates y sus caceras. En fin, gentes en su mayor parte
-<i>suranns</i> y <i>vieux jeu</i>, aun en el dominio de sus placeres.
-Han quedado como cazadores diligentes, y qu ardor
-les devora? Por ejemplo, la caza a la carrera como en
-las pocas prehistricas: cansar, en nuestras pequeas
-florestas, a un desgraciado animal, casi amansado, que
-a menudo no quiere correr; entregarle a la ferocidad de
-los perros y gozar con ese terror y con esa muerte. Y
-el estpido tiro de pichn? Qu singular <i>lite</i>, la de
-esta nobleza ociosa e ingenua, que no tiene otra carrera
-que el matrimonio de dinero!</p>
-
-<p>La nobleza espaola no ha llegado a este ltimo estado,
-hay que confesarlo. (Es por falta de cotizacin?)
-Pero nada seala que la patria espaola pueda esperar
-algo de sus grandes o de su aristocracia. A pesar de que
-buena parte de las principales familias educan a los
-hijos en pensiones inglesas, es difcil encontrar aqu el
-<i>gentleman-farmer</i> blasonado. Los propietarios de tierras
-de labranza, o los ganaderos, o arriendan o dejan los
-trabajos al cuidado de administradores, que poco inters
-han de tomarse, como no sea el propio provecho.
-El propietario cobra sus rentas, sin que se le ocurra
-pensar en introducir mejoras, o aplicar la experiencia
-de otros pases, en procedimientos o maquinaria.</p>
-
-<p>Algunos se dedican a la poltica; raros, rarsimos,
-como Valdeiglesias, al periodismo. Sealados son los
-que en las letras tienen nombre, o se consagran a estudios
-especiales. En cuanto a los grandes nombres cientficos,
-ni Cajal, ni Federico Rubio, ni Builla, ni Posada,
-ni Pedro Dorado, ni Augusto Linares, pertenecen a la
-nobleza... En el teatro, durante el tiempo que llevo en
-Madrid, dos ttulos han presentado al pblico sendos<span class="pagenum"><a name="Page_305" id="Page_305">[305]</a></span>
-arreglos del francs. En cambio, hay un actor grande de
-Espaa, y varios emparentados con linajudas casas.
-Ahora bien, con la ltima estadstica a la vista, he contado
-41 duques, 358 marqueses, 203 condes, 30 vizcondes
-y 49 barones.</p>
-
-<p>De antiguo he sabido la poca aficin al trabajo de la
-nobleza espaola, a causa sobre todo de las preeminencias
-de la hidalgua y de los mayorazgos.</p>
-
-<p>Familias llenas de oro y acostumbradas al regalo, mal
-podan pensar en otra cosa que en los privilegios de su
-grandeza. En tiempos de Felipe II, el duque del infantado
-tena 90.000 ducados de renta; el de Medina de Ro
-Seco, 130.000; el de Osuna, 130.000; dependan de ellos ms
-de 30.000 familias feudatarias. Los duques de Alba, de
-Njera, y de Ziga posean tierras que daban 80.000,
-60.000 y 70.000 ducados de renta, en Castilla la Vieja; el
-de Medinaceli, en Toledo, 150.000; en Granada, Extremadura
-y Jan, los duques de Medina Sidonia, de Arcos
-y de Feria, 150.000, 70.000 y 60.000. En Catalua y Valencia
-los duques de Ganda y Crdoba, 80.000 ducados de
-renta cada uno. (<i>Ms. de Denys Geoffroy. V. Weiss</i>).</p>
-
-<p>Algunas de estas familias todava conservan mucho
-de sus pasadas riquezas. Otras, como la de los Osuna,
-han tenido que caer bajo el martillo del rematador.</p>
-
-<p>La juventud aristocrtica, como he dicho, se educa
-generalmente en el extranjero: Inglaterra y Blgica
-son los pases preferidos.</p>
-
-<p>La educacin es esencialmente religiosa. Siempre, en
-las altas familias est la influencia del sacerdote.</p>
-
-<p>Si el joven sigue una carrera, una vez obtenido el ttulo
-se dedica a vivir de sus rentas; se case o no se case,
-en Madrid y en el extranjero, la vida social y el <i>sport</i> le
-absorbern todo su tiempo. La moda inglesa, el britanismo,
-se apodera de algunos; otros tienden a la vida chulesca.
-Son amigos de los toreros, y, los das de corrida,
-van a la plaza con indumentaria que pregona sus aficiones,
-en lujosas calesas tiradas por mulas llenas de cascabeles,<span class="pagenum"><a name="Page_306" id="Page_306">[306]</a></span>
-o en sus esplndidos carruajes. Hoy que medra
-el caf-concert, hay quienes se aficionan a las <i>divettes</i>.
-Por lo que toca a la vida ntima, a la familia, naturalmente,
-dir que no la conozco. Se me dice, no obstante,
-que el padre Coloma exagera un poco sus <i>Pequeeces</i>.</p>
-
-<p>Las antiguas virtudes esencialmente espaolas, parece
-que tambin han desaparecido. Dejo la palabra a don
-Santiago Alba.</p>
-
-<p>Por de pronto, ya hemos revelado y hemos aprendido
-que sin una educacin positiva no conservan los pueblos
-algo de que nosotros hubimos de creernos depositarios,
-a travs de los siglos de los siglos, simplemente
-por el mgico efluvio de nuestras glorias legendarias: el
-valor y el patriotismo. Mientras que aqu la aristocracia
-de la sangre y la del dinero&mdash;con ligeras y honrossimas
-excepciones&mdash;seguase divirtiendo en plena guerra a
-fin de evitar perjuicios al comercio y a la industria,
-all, en el pueblo de los mercachifles, todo un batalln
-de millonarios peda puesto en la guerra y reciba en la
-vanguardia el saludo de los fusiles espaoles.</p>
-
-<p>El <i>faineantismo</i> da esos peligrosos frutos.</p>
-
-<p>La joven nobleza tambin ha sabido divertirse de
-bastante sonoras y extraordinarias maneras. No generalizo:
-pero un buen ramillete de hechos os har ver que
-la indiada de Buenos Aires no tendra mucho de que
-ufanarse ante ciertos ejemplos de por ac. En todos lugares
-la <i>jeunesse dore</i> es censurada por causa de su poco
-juicio y de su <i>humor</i>, y nuestra Amrica no est fuera de
-la regla. Durante mi permanencia en Chile pude observar
-la campaa que la Prensa entablara contra la famosa
-juventud dorada de Santiago; y en Buenos Aires
-he visto cmo se protesta ante las hazaas de los indios,
-hoy ya casi desaparecidos, o destitudos por precarios
-aunque estrepitosos compadritos. Hay que consolarse
-con que el caso ha sido de todos los tiempos; y
-Alcibades al cortar la cola a su perro, y Erostrato incendiando
-el templo de Diana, eran ya precursores. En<span class="pagenum"><a name="Page_307" id="Page_307">[307]</a></span>
-la grave Inglaterra podis recordar las proezas realizadas
-por los distintos Clubs de que nos habla Hugo en
-una de sus ms bellas novelas. Los hechos sucedan
-entre jvenes de la <i>nobility</i> y de la <i>gentry</i>. La broma se
-converta a veces en crimen. Se divertan decentemente,
-dice Hugo. Haba el <i>She romps club</i>, cuyos miembros
-ponan con los pies para arriba a la primera mujer que
-pasaba por la calle; si se opona, se la azotaba. Los del
-<i>Merry-dances</i> hacan bailar por negros y blancas las
-danzas de los picantes y de los tintirimbas del Per, especialmente
-la mozamala. Los del <i>Hellfire</i> tenan por
-especialidad cometer sacrilegios. Los de <i>Las cabezadas</i>
-las daban a las gentes. Los del <i>Fun</i> rompan espejos y
-retratos, mataban perros, hacan circular falsas noticias,
-incendiaban, hacan dao en las casas. Los del <i>Mohock</i>,
-rean hiriendo y martirizando a pobres transentes. Y
-concluye Hugo: Esos eran, al principio del siglo XVIII,
-los pasatiempos de los opulentos ociosos de Londres.
-Los ociosos de Pars tenan otros. Monsieur de Charolais
-soltaba un tiro a un burgus a la puerta de su
-casa. <i>De tout temps la jeunesse s'est amuse</i>. Ya veis una
-vez ms que nada hay nuevo bajo el sol.</p>
-
-<p>Ahora, veamos algunos hechos graciosos de nuestros
-parientes los hidalgos.</p>
-
-<p>En un pueblo de la provincia de Segovia, el duque
-de S. F. tuvo la humorada de dar una cacera, a la que
-invit especialmente al cura. De pronto, en lo ms intrincado
-del bosque, aparece un grupo numeroso de
-damas alegres con la indumentaria de Diana y sus
-ninfas.</p>
-
-<p>El joven conde de F. S. y el primognito de los marqueses
-de R., una maana de invierno, al salir de una
-<i>juerga</i>, tuvieron a bien baarse en el estanque helado
-del Retiro, de donde fueron sacados medio muertos.</p>
-
-<p>El hijo del conde de P. R. y el del conde de F. S., en
-una noche de verano encuentran en el paseo de Recoletos
-a una joven aguadora, y con unas tijeras ejercen de<span class="pagenum"><a name="Page_308" id="Page_308">[308]</a></span>
-peluqueros profanando una de las bellas poesas de
-Gauthier... Estos mismos jvenes risueos encerraron
-en una leera de una casa en la calle de Isabel la Catlica
-a la portera, e hicieron apalear por el portero a un
-quidam.</p>
-
-<p>Un sobrino del duque de V. se divierte tanto, que la
-familia resuelve enviarlo a Filipinas. All es sumamente
-atendido por el Arzobispo, que le ofrece desde luego
-su coche. El joven acepta y lo aprovecha para ir a ciertas
-casas. Las gentes que pasaban y vean all situados
-el coche y los cocheros de su ilustrsima, se hacan cruces:
-Qu casas visita el seor Arzobispo!</p>
-
-<p>Un personaje ya citado penetra en una casa de juego,
-y revlver en mano se aduea del dinero. Nadie le dice
-una palabra. Al da siguiente vuelve; pero hay listos dos
-sujetos de buena voluntad que le meten en un coche,
-le llevan al camino de Chamartn de la Rosa y le pegan
-tal paliza que queda casi sin vida.</p>
-
-<p>El marquesito de R., temible por lo que llama el sabio
-Cajal el <i>matonismo</i>, arruin a un tabernero de la plaza
-de Santa Cruz, con la clebre frase apunte usted. El
-infeliz se dej arruinar sin proferir una queja.</p>
-
-<p>A veces la farsa es trgica. En una provincia, dos caballeros
-joviales encuentran a una desgraciada y porque
-est melanclica determinan echarla al ro. Lo hacen,
-y la mujer se ahoga.</p>
-
-<p>En un balcn de cierta casa de la calle de la Palma
-tuvo toda una noche vestidas de Eva a tres jvenes del
-batalln de Citeres, el duquesito de S. F.</p>
-
-<p>Un burgus rico, andaluz y muy chistoso, va con una
-dama en un carruaje; ordena al cochero que vuelque, y
-resulta la dama con las piernas rotas. Otra vez se complace
-en meter a un bufn popular en el vientre de un
-caballo muerto.</p>
-
-<p>El hijo de un gran general entra en un caf sable en
-mano cierta noche con una compaera de escasa indumentaria.
-Hace desalojar la sala y la convierte en alcoba<span class="pagenum"><a name="Page_309" id="Page_309">[309]</a></span>
-de placer. Este mismo va a una funeraria y encarga
-un servicio para cierto difunto que estaba muy vivo en
-su casa.</p>
-
-<p>El nieto de un clebre escritor, hijo del conde de
-C. A., y emparentado con la ms alta nobleza, estando
-en el teatro de cierta ciudad, contest el saludo de un
-amigo que estaba en la platea, tirando de su palco silla
-tras silla. El mismo rompi en Gijn todo el servicio
-de un caf, sin la menor protesta del dueo. Despus,
-en un teatro de otra ciudad, suspendi la funcin a garrotazos.</p>
-
-<p>A veces las cosas resultan mal. Al hijo natural de un
-insigne hombre poltico le asesinaron en la calle de la
-Flor unos cuantos chulos.</p>
-
-<p>En Almera un joven distinguido va a una casa de diversin.
-La duea se opone a que entre, y l la deja
-muerta de un tiro.</p>
-
-<p>Tres de los ya sealados ataron una noche a un sereno
-ante la estatua del teniente Ruiz&mdash;cara a Julio Ruiz.</p>
-
-<p>Un buen da el marquesito R... necesita dinero, y saca y
-lleva a una casa de prstamos las ms ricas ropas de la
-seora marquesa.</p>
-
-<p>El conde de P... apuesta con un amigo que ir a Pars
-a ganarse la vida pidiendo limosna y tocando la guitarra
-por las calles. Y lo hace.</p>
-
-<p>Hay otras tantas cosas delicadas de citar, por la altura
-de los personajes que tomaron parte; pero que, aunque
-la Prensa no se haya ocupado de ellas, estn en la memoria
-de todo Madrid.</p>
-
-<p>As, nuestros indios con su <i>fun</i> ya veis que se han quedado
-un poco atrs. Sus ocurrencias no son causadas por
-el soplo que viene de la Pampa y que aun trae el eco del
-maln. La indiada de las noches alegres bonaerenses
-tendra que aprender de los descendientes de ilustres
-casas, de jvenes cuyos cuarteles de familia tienen la
-consagracin de muchos reyes. La filosofa del asunto
-sera que el deseo del mal por el mal es innato, y que el<span class="pagenum"><a name="Page_310" id="Page_310">[310]</a></span>
-sentido de la perversidad de que habla Poe duerme en
-su clula, esperando la oportunidad de aparecer. El estudio
-y el trabajo son los nicos antdotos contra ese veneno
-natural e ntimo. Con ellos se doma la fierecilla que
-va con nosotros. Mas en las clases ricas y extraas a todo
-lo que no sea capricho y goce de la existencia, entre la
-ociosidad y el fastidio, el trabajo y el estudio no pueden
-obrar. Agregar a esto los privilegios sociales, la pobreza
-fisiolgica y la degeneracin demostrada de las familias
-nobiliarias, y decidme si se puede hacer patria con
-tales elementos.</p>
-
-<p>No, no puede aguardar nada Espaa de su aristocracia.
-La salvacin si viene, vendr del pueblo guiado por
-su instinto propio, de la parte laboriosa que representa
-las energas que quedan del espritu espaol, libre de
-polticos logreros y de pastores lobos.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 75px;">
-<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_311" id="Page_311">[311]</a></span></p>
-
-<h2>CONGRESO SOCIAL Y ECONMICO
-IBERO-AMERICANO</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 76px;">
-<img src="images/img015.jpg" width="76" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">21 de febrero de 1900.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">La</span> Sociedad Unin Ibero-Americana trabaja
-en estos momentos porque se celebre
-un Congreso, que denomina social
-y econmico, y al cual concurriran las
-Repblicas americanas y Espaa con objeto
-de estrechar y aumentar las relaciones sociales comerciales.
-Con Congreso, o sin Congreso, ya era tiempo
-de ocuparse en este asunto. La situacin en que se
-encuentra la antigua Metrpoli con las que fueron en
-un tiempo sus colonias no puede ser ms precaria. La
-cada fu colosal. Las causas estn en la conciencia de
-todos. La expansin colonial de otras naciones contrasta,
-al fin de la centuria, con las absolutas prdidas de la
-que fu seora de muchas colonias. Despus del desastre,
-recogida en su propio hogar, piensa con cordura
-en la manera de volver a recuperar algo de lo perdido,
-ya que no en imposibles reconquistas territoriales, lo
-que pueda en el terreno de las simpatas nacionales y
-de los mercados para su produccin. Reconocido est ya,
-que la culpa de la decadencia espaola en Amrica no
-ha sido, como en el verso, obra del tiempo. Ha sido<span class="pagenum"><a name="Page_312" id="Page_312">[312]</a></span>
-culpa de Espaa. En cuanto a los males interiores, cierto
-es que no pocos se los caus el descubrimiento del
-nuevo mundo. Esos 50 millones de habitantes; 24 millones
-de kilmetros cuadrados; 48 Espaas en extensin,
-donde se derram nuestra sangre, se malgast nuestra
-vida, y slo suenan como un recuerdo los acentos de
-nuestra lengua, que dice el escritor andaluz seor
-Ledesma, les fueron perjudiciales al reino conquistador.
-No porque sin la obra de Coln hubiese completado
-el gran Cardenal su empresa africana, sino porque
-aquel Klondike continental sera el cebo de aventureros
-ambiciosos, y envenenara de oro fcil las fuentes industriales
-de la Pennsula. El hidalgo, <i>conquerant de l'or</i>
-no tendr sino que procurarse peluca y espada, desdeando
-oficios y comercio, como escribe en uno de sus
-libros Juan Agustn Garca, al citar a Gervasoni y una
-Cdula real: De las Indias he sido avisado que muchas
-personas que de ac pasan, puesto que en sta solan
-trabajar e vivan e se mantenan con su trabajo, despus
-que all tienen algo, no quieren trabajar, sino
-folgar el tiempo que tienen, de manera que hay muchos:
-de cuya causa yo envo a mandar que el Gobernador
-apremie a los de esta calidad para que trabajen
-en sus faciendas. Eso haca Espaa una vez realizada
-la conquista del oro, folgar el tiempo que tena. Primero
-fu el tiempo del aumento del podero, la sujecin
-del sol en sus dominios; ms ya con Felipe II empieza
-la carcoma y el decaimiento. Esto a pesar de la riqueza
-natural, tan copiosamente sealada por entusiastas como
-Mariana o Miano. Wiss se embelesa en repetir la enumeracin
-de tantos elementos de riqueza, en varios
-climas y en tierras fecundsimas. Al par que los distintos
-productos ofrecen un copioso acervo para la
-exportacin, sta est favorecida por la extensin de
-las costas y la buena condicin de los puertos mediterrneos
-y atlnticos. Todo esto era aprovechado en el
-siglo XVI. El movimiento fabril y el desarrollo comercial<span class="pagenum"><a name="Page_313" id="Page_313">[313]</a></span>
-acrecan la riqueza. Los tejidos se fabricaban en
-numerosos establecimientos.</p>
-
-<p>Solamente en Segovia, cuyos paos se tenan por los
-ms bellos de Europa, trabajaban 34.000 obreros. Segn
-de Jonnes, en 1519 se contaban en Sevilla 6.000 telares
-de seda, y habra 130.000 obreros en la fabricacin
-de sedera y tejidos de lana. Hay que leer a este respecto
-el estudio que sobre las industrias antiguas sevillanas
-ha publicado el erudito seor Gestoso y Prez&mdash;que
-tiene indito un Ensayo de un Diccionario de
-artistas industriales que florecieron en Sevilla desde el
-siglo XIII hasta el siglo XVIII, inclusive&mdash;, para darse
-cuenta del progreso alcanzado en aquella poca y en
-aquella provincia, en lo referente a la produccin industrial.
-Las marinas mercantes de Inglaterra y Francia
-eran inferiores a la espaola. El inflado Moncada puede
-escribir del puerto sevillano: es la capital de todos los
-comerciantes del mundo. Poco ha que la Andaluca estaba
-situada en las extremidades de la tierra, pero con
-el descubrimiento de las Indias ha llegado a estar en el
-centro. La riqueza estaba en fruto; dirase que Espaa
-era la nacin de las naciones; solamente el ojo visionario
-de Campanella adverta peligros en lo oscuro del
-porvenir; y notaba que como hoy a Inglaterra, tenan
-ojeriza todos los pueblos del mundo al pueblo fuerte y
-rico que dominaba. Ciertamente haban de cumplirse
-los temores del autor de la <i>Monarqua Hispnica</i> y con
-los sucesores de Felipe II vendra el descenso a nacin
-de segundo orden, la prdida en los distintos dominios,
-la decadencia militar y la mengua en el comercio. La
-escasez de barcos se acentu tanto, que ya bajo Carlos
-<i>el Hechizado</i> se hacan servicios oficiales a Cuba y a las
-Canarias, por medio de buques genoveses. Los productos
-escaseaban, pues los cultivos fueron dejados, y los
-campos, un tiempo florecientes, estaban despoblados
-de trabajadores, a punto de que no solamente en ambas
-Castillas, sino tambin en la productiva regin andaluza,<span class="pagenum"><a name="Page_314" id="Page_314">[314]</a></span>
-el abandono era absoluto. Disminuy a una cantidad
-mnima la exportacin de la lana, en lugares como
-Cuenca. Los telares y sederas quedaban reducidos a sealado
-nmero. El movimiento comercial, con la renta
-de los productos del pas, vino muy a menos; la exportacin
-a las colonias de Amrica fu nula, y Espaa
-tuvo que empezar a proveerse en otros pases manufactureros.
-De ms est decir que otras naciones aprovecharon
-el caso para colocar sus mercaderas en las tierras
-americanas.</p>
-
-<p>Con la funesta expulsin de los moros padecieron
-grandemente la agricultura y la industria. Aquellas gentes
-laboriosas por religin y por necesidad haban
-aumentado inmensamente la riqueza de la pennsula no
-solamente con sus labores fabriles, sino con el cultivo
-de los campos, como esa maravillosa huerta de Valencia
-que les fu pinge y que tanto hermosearon y aprovecharon.
-Una vez realizada la expulsin, claro es que el
-movimiento comercial e industrial, sostenido por ellos,
-merm y luego concluy. Ya en el reinado de Felipe III,
-a la decadencia en los trabajos del campo se junt una
-baja de poblacin notabilsima. En Catalua misma estaban
-deshabitadas las tres cuartas partes de los pueblos.
-En plenas Cortes, y bajo Felipe IV, se clam contra
-la amenaza de una ruina segura. Pues era llana y
-evidente, dice Cspedes y Meneses, que si este estado se
-aumentase, al paso mismo que hasta all, habra de faltar
-a los lugares habitantes y vecinos, los labradores a los
-campos y los pilotos a la mar... y desdeando el casamiento,
-durara el mundo un siglo slo. Weiss demuestra
-la decadencia de la agricultura, entre otros motivos,
-por la disminucin progresiva de la poblacin
-espaola desde el reinado de Felipe II hasta el advenimiento
-de los Borbones&mdash;Miguel calcula, apoyado en
-Ustariz, en cinco millones setecientas mil almas la poblacin
-de Espaa bajo Carlos I&mdash;; la amortizacin eclesistica&mdash;los
-capitales quitados a la agricultura y a la<span class="pagenum"><a name="Page_315" id="Page_315">[315]</a></span>
-industria para sepultarse para siempre en los conventos&mdash;;
-los mayorazgos en las familias nobles y las devastaciones
-anuales de las campias por los ganados trashumantes.
-Muchos daos se debieron al honrado Concejo
-de la mesta.</p>
-
-<p>El oro americano, como antes he apuntado, fu ponzooso
-para el movimiento industrial peninsular. La baja
-de los metales fu de cuatro quintas partes en un siglo;
-y el aumento de la mano de obra caus el alza de valor
-en la produccin fabril.</p>
-
-<p>Se desdearon los productos naturales de las tierras
-americanas, dejando que se aprovecharan de ellos mercaderes
-de Inglaterra y Holanda, y fijos tan slo en el
-codiciado producto de las minas. A poco, dice Weiss,
-dejaron las fbricas de la Metrpoli de abastecer las necesidades
-de las colonias, porque eran pocos los obreros
-y escaseaban las primeras materias. Las colonias, agrega,
-suministraban bastante oro para permitir a los fabricantes
-continuar sus trabajos, aunque lo caro de los jornales
-les impidiese introducir sus productos en Francia,
-Italia y otros puntos de Europa. Para esto hubiera sido
-necesario que procurase Espaa satisfacer las demandas
-de las colonias e hiciese imposible el comercio de contrabando,
-pero quin haba de creerlo! los espaoles
-tuvieron por una calamidad el trueque de los productos
-de la industria nacional por el oro del nuevo mundo, y
-le atribuyeron la repentina alza de todos los artculos de
-primera necesidad. Hubieran querido que Amrica les
-remitiese sus metales preciosos sin llevarles en cambio
-los objetos fabricados en su pas. El comercio con
-Amrica desde aquellos tiempos fu tratado con singular
-error; en los comienzos hubo libertad de trfico entre
-Espaa y sus dependencias. Carlos V puso algunas trabas
-y Felipe II orden un porcentaje de salida, el 5,
-otro de llegada, el 10, a las mercancas para las Indias.
-El aumento del llamado almojarifazgo fu un golpe
-ms. En Amrica aumentaba el contrabando de otras<span class="pagenum"><a name="Page_316" id="Page_316">[316]</a></span>
-naciones, y se di el caso que cita Humboldt, de que los
-mineros de Amrica comprasen de tres a cuatro mil
-quintales de plvora anualmente, en los almacenes del
-reino, en tanto que la sola mina Valenciana consuma
-de diez y nueve mil quinientos a diez y nueve mil seiscientos.
-En tiempo de Felipe III, hasta 1612, bajaron tanto
-las rentas, que el quinto de las minas de Potos, Per
-y Nueva Espaa, con otras entradas de Amrica&mdash;dos
-millones doscientos setenta y dos mil ducados, fuera
-de gastos&mdash;, estuvieron empeadas a los genoveses. Bajo
-el reinado de Isabel se hizo algo por la agricultura y la
-industria en las colonias americanas; pero luego los espaoles
-que iban a establecerse no se cuidaban sino de
-engordar la hucha. Por lo que toca al Ro de la Plata,
-basta leer las obras de J. A. Garca, hijo, para darse
-cuenta de la obra de los virreyes, y de los hidalgos inmigrantes.
-Anualmente iban dos escuadras, a Mjico y
-al Per, con objetos de comercio. Esos eran los galeones
-que volvan cargados de oro. Ulloa narra pintorescamente
-la manera de comerciar entre los mercaderes
-americanos y espaoles. Los pobres indios eran inicuamente
-engaados y explotados por la misma codicia de
-los corregidores. El comercio disminuy; y a mediados
-del siglo XVII ya Espaa no poda abastecer sus colonias.
-Los extranjeros, en cambio, aumentaban su venta;
-de Portugal salan doscientos buques de trescientas a
-cuatrocientas toneladas con ricos cargamentos de telas,
-sedas, paos, tejidos de lana, de oro y de plata, artculos
-que compraban los portugueses a los flamencos franceses,
-ingleses y alemanes. Los embarcaban en Lisboa,
-Oporto, Mondigo, Viana, y en los puertecillos de Lagos,
-Villanova, Faro y Tavira, situados en el reino de los Algarbes.
-Llegados al Brasil, sus navos suban al Ro de
-la Plata, cuando cesaba de ser navegable, se desembarcaban
-las mercancas y se las conduca por tierra, atravesando
-el Paraguay y el reino de Tucumn, a Potos y
-a Lima, de donde era fcil enviarlas a las principales<span class="pagenum"><a name="Page_317" id="Page_317">[317]</a></span>
-ciudades del Per. Los comerciantes espaoles establecidos
-en aquellos puntos tenan sus corresponsales en
-el Brasil, lo mismo que en Sevilla y Cdiz, y como los
-derechos cobrados en Portugal de los gneros destinados
-al Brasil eran ms bajos que los que se perciban
-en aquellas dos ciudades, los portugueses podan darlos
-ms baratos que los espaoles. Puede verse a este respecto
-la <i>Relacin</i> dirigida a Felipe III por Alonso de
-Cianca. Los empleados de la Corona ya se sabe qu
-clase de obra realizaban, y qu clase de gente eran en su
-mayor parte.</p>
-
-<p>El consejo de Indias enviaba no varones de mrito,
-sino hbiles sacadores de dinero. Fuera de los virreyes
-de Mjico y el Per, grandes de Espaa favorecidos, los
-dems eran duchos expoliadores. Los capitanes generales
-y dems enviados a Cuba, al engorde proverbial, tenan
-sus antecesores entre los paniaguados de Indias.
-Comercio descuidado con la Metrpoli, aumento por lo
-tanto del contrabando extranjero. Los holandeses, ingleses
-y franceses introducan largamente sus mercaderas.
-Hamburgo no se quedaba atrs; y la China misma
-venda manufacturas en puertos como Guayaquil y
-Acapulco. El mal estado comercial entre la Pennsula y
-sus colonias continu hasta el advenimiento de los Borbones.
-Algo hizo por mejorar las relaciones Felipe V.
-Carlos III transform en 1764 el sistema comercial que
-se haba empleado desde la conquista. De La Corua salan
-fijamente una vez al mes para las Antillas y dos
-veces al mes para el Ro de la Plata barcos que establecieron
-de modo regular el intercambio. La independencia
-vino. Y desde la paz hasta la poca actual el comercio
-espaol en Amrica ha pasado por diversas fluctuaciones,
-llegando por fin al ms lamentable descenso. Las
-Cmaras de Comercio poco han hecho, y la diplomacia
-ha sido nula en sus gestiones. Tambin es cierto que la
-antigua Metrpoli no se ha acordado de que existamos
-unos cuantos millones de hombres de lengua castellana<span class="pagenum"><a name="Page_318" id="Page_318">[318]</a></span>
-en ese continente, hasta que las necesidades tradas por
-la prdida de sus ltimas posesiones americanas se lo
-han hecho percatar. El Congreso proyectado har algo,
-como no se vaya todo en discursos. En lo social, se podrn
-crear nuevos y ms estrechos vnculos, sobre toda
-ahora que la produccin intelectual americana empieza,
-primeriza y todo, a imponerse. Pero hacen falta espaoles
-de buena voluntad que digan a su patria la verdad,
-y que no la vayan a desacreditar en nuestras repblicas.
-Una docena de espaoles como Carlos Malagarriga, en
-cada una de las repblicas americanas, haran ms que
-los guitarristas de la prensa y bailaores de la tribuna
-que van a Amrica a hacer dao a su propia tierra. Sobran
-en Espaa talentos y entre nosotros buenas voluntades
-que pueden realizar una unin proficua y mutuamente
-ventajosa. La influencia espaola, perdida ya en
-lo literario, en lo social, en lo artstico, puede hacer algo
-en lo comercial, y esto ser a mi ver el alma del futuro
-congreso.</p>
-
-<p>Es un hecho patente&mdash;dice un documento oficial&mdash;,
-traducido adems en cifras, que, a la infausta hora en
-que hubimos de abandonar nuestra soberana en Cuba,
-Puerto Rico y Filipinas, representaba nuestro comercio
-de exportacin a esas posesiones, en los ltimos tiempos
-en que pudo verificarse, de un modo regular, la considerable
-suma de 241 millones de pesetas, o lo que es igual,
-el 25 por 100, aproximadamente, de la total exportacin
-de la Pennsula. Y otro: En el primer quinquenio de
-1880 a 1884, exportbamos un total de 62 millones a todos
-los mercados americanos; en cambio, en 1896 nuestra exportacin
-quedaba reducida a 46 millones... Por ejemplo:
-En la Repblica Argentina, donde en aquel perodo
-nuestra cifra de exportacin ascenda a 17 millones, ha
-bajado a 10. En la Repblica del Uruguay, de 11 millones
-ha descendido a 6. Es decir, de 62.564.000 pesetas,
-del ao de 1890 al 1898, se ha reducido a unos cuarenta
-millones y pico. En la Junta del Comercio de Exportacin,<span class="pagenum"><a name="Page_319" id="Page_319">[319]</a></span>
-del ministerio de Estado, demostr la gravedad de
-tal situacin el seor Rodrguez Sampedro, Espaa, deca,
-seora al principio del presente siglo de todos aquellos
-territorios poblados por su raza, con comunidad de
-idioma, de hbitos y de costumbres, ha perdido casi por
-entero sus mercados, de tal modo, que hoy se anteponen
-comnmente a ella Inglaterra, Alemania, Francia, Austria,
-Italia y Blgica, figurando nuestro comercio, al principio
-del postrer quinquenio, tanto en la importacin
-como en la exportacin, el ltimo de todos, y cifrando
-para la Repblica Argentina el 2,20 por 100 de su comercio,
-al de exportacin; para Mjico el 8 por 100 en la primera
-y el 11,60 en la segunda; para el Per, 2,50 por 100 y
-0,60, respectivamente; y todava, con parecer esta situacin
-imposible de empeorar, sigue decreciendo manifiestamente,
-pues al concluir el quinquenio de 1897, los resultados
-son 1,40 por 100 para la importacin, y 3 por 100
-para la exportacin respecto a la Argentina, 2 por 100 para
-la primera y 10,30 para la segunda en Mjico; 0,08 y 0,90,
-respectivamente, en cuanto al Brasil; y 0,10 y 0,50 en el
-comercio con el Per, pudiendo decirse que en muchas
-partes de los citados pases su comercio con Espaa ha
-desaparecido, mientras el de Inglaterra, promediando
-los datos de su importacin y de su exportacin, es ms
-del 33 por 100 del total; de un 20 por 100 el de Alemania;
-de un 23 el de Francia y as sucesivamente. El Congreso,
-pues, vendr si se realiza, a tratar de ver cmo se
-mejoran las transacciones comerciales entre Espaa y
-las repblicas americanas; pero no tendrn poco que
-modificar en las leyes actuales los legisladores, que
-quieren que el arreglo se lleve a buen trmino. Ha sido
-acaso poco lo que ha trabajado el ministro argentino
-seor Quesada para la simple cuestin del tasajo y carnes
-conservadas? El Gobierno espaol parece que apoyar
-la labor del Congreso y se harn invitaciones oficiales
-a los Gobiernos hispanoamericanos. Si los Gobiernos
-aceptan, es posible que una vez ms se cometa<span class="pagenum"><a name="Page_320" id="Page_320">[320]</a></span>
-el error de eleccin cuando se trate de los representantes.
-Al saberse la noticia del Congreso, en cada una de
-las pequeas repblicas de Amrica-Villabravas, que
-dice Eduardo Pardo, habr un grupo de compadres intrigantes
-que quieran venir a ver bailar el fandango, y
-a conocer a la Reina; y en cuyos labios pugna por salir
-la gran palabra Seores...</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 50px;">
-<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" />
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_321" id="Page_321">[321]</a></span></p>
-
-<h2>LA MUJER ESPAOLA</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 78px;">
-<img src="images/img010.jpg" width="78" height="25" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">Marzo de 1900.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">Hace</span> pocos das, el ltimo de Carnaval,
-hubo en el palacio de una distinguida
-seora, casada con un millonario y diplomtico
-mejicano, una improvisada y
-elegantsima reunin de mscaras, que
-largamente han cantado los habituales cronistas de
-saln, y entre todos, y sobre todos, mi incansable y
-ameno amigo el marqus de Valdeiglesias. La particularidad
-de la fiesta fu que a ella concurrieron aristocrticas
-y bellas damas de esta corte, con el pintoresco
-mantn de Manila y otros adornos no menos nacionales.
-Y el entusiasmo fu inmenso; y hasta hubo quien
-dijese: <i>ole!</i> con la disculpa de los das de locura. Ese
-entusiasmo fu natural. Es tan difcil en la aristocracia
-de Espaa encontrar una belleza puramente espaola!
-Como en todas las altas clases de la tierra, el britanismo
-por un lado y el parisienismo por otro han hecho
-su invasin. No deja de ser lamentable. Una maja de
-Goya vestida por Chaplin es algo encantador y desconcertante;
-pero me habrn de confesar que una maja de
-Goya vestida por Goya es mucho mejor. No es que yo
-pretenda que estas duquesas de ahora vuelvan al osado
-peinetn, a mantilla perpetua y a los paseos por las arboledas
-de San Antonio de la Florida, sino que est a la
-vista de los amantes de la viva estatuaria humana la
-desaparicin de uno de los ms bellos tipos que hayan<span class="pagenum"><a name="Page_322" id="Page_322">[322]</a></span>
-halagado al arte: el tipo espaol, cuya lnea propia se
-ha bastardeado y confundido entre curvas francesas y
-restas anglo-sajonas. La moda, he ah el enemigo! En
-esto estoy apoyado por un talento que sobre ser certeramente
-esttico, es una mujer: la seora Pardo-Bazn.
-Doa Emilia considera como enemigos de la clsica
-gracia espaola los vestidos pesados y de corte masculino
-del pas de las misses; los impermeables y abrigos
-largos, ciertos calzados, y sobre todo, los formidables
-sombreros de Pars. La naturaleza procede y ensea
-lgicamente; ha ordenado los seres y las cosas de la
-tierra segn las latitudes; y sabe por qu los escandinavos
-son rubios y los abisinios negros; por qu las
-inglesas tienen cuellos de cisne y las mujeres flamencas
-preponderantes asideros. A las espaolas las di diversos
-modelos, segn las distintas regiones peninsulares,
-pero el tipo verdadero, el tipo generalizado por la
-poesa y por el arte, es el de la morena de maravillosos
-y grandes ojos oscuros, un tanto <i>potele</i>, ondulada, y
-casqueada de ricos cabellos negros; ni alta ni baja; todo
-esto animado por un producto marino y venusino, que
-en este sentido no tiene nombre correspondiente en
-ninguna otra lengua: <i>sal</i>. Ya en sus tiempos, Gautier
-afirmaba que para ver la verdadera danza espaola
-haba que ir a Pars; hoy en pintura, los que hacen admirar
-al mundo la gracia femenina de Espaa, son
-extranjeros, como Sargent y Engelhart, nos conformaremos
-dentro de poco con buscar en viejas telas
-y grabados la que fu tan original y graciosa belleza
-hispnica? La moda ha comenzado a hacer su dao
-en la educacin. Para toda joven de buena familia que
-se vaya a educar al extranjero, se importa la indispensable
-institutriz, casi siempre inglesa o tudesca, a veces
-francesa. La <i>gouvernante</i> empieza su obra de moldeo y la
-flexibilidad nativa entra en la jaula angular de una disciplina
-por lo general <i>very english</i>. Los trajes, de corte
-igualmente angular, contribuyen a la reformacin del<span class="pagenum"><a name="Page_323" id="Page_323">[323]</a></span>
-original encanto curvilneo. Una vez la nia crecida, sus
-gustos y sus costumbres tendern a lo extranjero. Hubo
-una elegancia espaola: apenas si se recuerda en algn
-baile de trajes. Porque la moda lo requiere, los opulentos
-cabellos negros se tien de rubio o de rojo; el airossimo
-andar de antao se transforma, los gestos y maneras
-se aprenden. Se fu primero <i>chic</i>, despus <i>vlan</i>,
-despus <i>pschut</i>, despus <i>smarl</i>, despus <i>swell</i>. No se leen
-buenos libros castellanos; pero qu seora no se ruborizara
-de no conocer a Ohnet en el original? Se viaja,
-se veranea, se adora a Worth, a Laferrire, a Doucet.
-Visten con gran lujo; pero rara vez se llegan a confundir
-con una parisiense; desdeando la riqueza propia,
-no consiguen el tesoro ajeno. Y son encantadoras. Hace
-algunos aos un embajador oriental, al presenciar un
-desfile de altas damas en Palacio, expres una frase descontentadiza
-y poco galante para la nobleza femenina
-que acompaaba a la Reina. Hoy, en igual caso, proclamara
-la hermosura y la gentileza de beldades como
-doa Sol Stuard, hija de la duquesa de Alba y otras cuyos
-nombres constelan la crnica social. Hay diversos
-tipos que se imponen; pues en la Corte se hallan representadas
-las distintas provincias. Desde luego, la mujer
-suavemente morena, de un moreno plido, cara ovalada,
-cuello columbino, boca sensual y mirada concentradamente
-ardiente, cuerpo en que se ritman felinas ondulaciones;
-y la rosada y firme de plasticidades, de cabellos
-dorados, un tanto gruesa; y la belleza decadente y tradicional,
-de los retratos en cuyas manos puso Pantoja tan
-preciadas gemas; rostros con algo de las figuras de los
-primitivos; de un valo marcado, como se ve en la pequea
-infanta Mara Teresa, de Velzquez; y dotadas de
-un aire que si indica la floracin de razas crepusculares,
-impone su orgullo gentilicio y su antigedad herldica.
-En el pueblo se encuentra conservado mucho del antiguo
-donaire. La chula ostenta su ritmo natural, sus impagables
-gestos; y va a los toros y a las fiestas con legtimas<span class="pagenum"><a name="Page_324" id="Page_324">[324]</a></span>
-prendas que alegran los ojos y marcan el color local tan
-deseado por los viajeros que buscan arte y novedad. En
-la pera, la sala es igual a todas las salas de capitales
-modernas; el patrn cosmopolita impuesto por la elegancia
-francesa vence e iguala. Apenas los rostros, la
-llama de los ojos, un movimiento atvico, denuncian la
-sangre maternal, la originalidad patria.</p>
-
-<p>El alemn Hans Parlow recientemente y todos los turistas
-y observadores que visitan a Espaa, notan que en
-estos ltimos tiempos la sociedad espaola, el alto mundo
-madrileo, se divierte poco. No se vaya a creer que
-las damas vivan en una existencia lgubre&mdash;algo como
-en las pginas de madame Anloroy&mdash;dadas a la soledad
-y al aislamiento, en contacto tan solamente con frailes
-y monjas, y en plegarias y rezos, bajo una atmsfera de
-tiempos de Felipe II. Ciertamente, las grandes familias
-actuales dan pocas recepciones, raras fiestas; no hay en
-la Corte un ambiente como el de comienzos de siglo o
-bajo Isabel II; y la mayor parte de los bailes, banquetes
-y reuniones, son ofrecidos por el Cuerpo diplomtico.
-Por cierto que se distingue el ministro argentino doctor
-Quesada en reunir de cuando en cuando en la Legacin
-los ms bellos palmitos titulados. Mas la mujer espaola
-gusta de divertirse; va a Pars, va a Londres, o a Italia,
-y en la temporada del veraneo, convierte en ciudades
-de alegra y de hechizo San Sebastin y Biarritz. La
-Corte es un tanto triste porque sobre ella se extiende la
-sombra de la Reina. Ese viejo palacio, enorme, sombro
-y fastuoso que asust al fino pjaro de Francia que se
-llama Rjane, es en verdad una vasta baslica de tristeza,
-que necesita, para no contagiar con su embrujamiento,
-reinas risueas como doa Isabel, y reyes barbianes
-como Alfonso. La Regente, que guarda an la gravedad
-conventual de sus funciones religiosas de soltera, cuya
-vida de casada no fu muy agradable en lo ntimo del
-hogar, y cuya vida ha sido cercada de tantos cuidados,
-penalidades y desventuras, no tiene ciertamente motivos<span class="pagenum"><a name="Page_325" id="Page_325">[325]</a></span>
-para estar vestida de color de rosa. La nica que pone
-una nota jubilosa en la mansin real es la infanta Isabel,
-la infanta popular, amiga de los artistas, un poco
-<i>virago</i>, aficionada a cazar, a cabalgar, valiente <i>sportman</i>,
-generosa, caritativa, melmana, muy madrilea, y cuyo
-<i>sans gene</i> le atrae por todas partes, y sobre todo en el
-pueblo, innegables simpatas. La infanta en sus departamentos
-de Palacio tiene un teatro en que hace trabajar
-a los actores que son de su preferencia y amistad: y
-all mismo representan comedias, aficionados pertenecientes
-a la aristocracia. A esas representaciones no asisten
-ms que la Familia Real y la servidumbre de Palacio.
-En algunas casas suelen seoritas y caballeros hacer
-piececitas francesas, con toda correccin y propiedad.
-Algo lejanos estn los tiempos en que damas de lo ms
-encumbrado representaban en el palacio de la de Montijo
-<i>La bella Helena</i> de Blasco.</p>
-
-<p>No existen salones literarios, en el sentido francs del
-vocablo. Doa Emilia Pardo-Bazn suele invitar a algunas
-tertulias en que priva el elemento intelectual; y don
-Juan Valera ha tenido sus sbados en que, fuera de las
-seoras de su familia y las hijas del duque de Rivas, no
-han asistido ms que hombres. La duquesa de Denia de
-cuando en cuando invita a su mesa a sealado nmero
-de artistas y hombres de letras; lo propio hace el barn
-del Castillo de Chirel. Pero el barmetro de intelectualidad
-est marcando sus grados reveladores; el poeta
-preferido de la aristocracia es Grilo. Hay damas inteligentes
-y cultas que, como he dicho, viajan y se instruyen;
-pero son perlas negras o rosas azules las que sobresalen.
-La duquesa de Alba se interesa en trabajos de erudicin
-e historia y pone a la disposicin de los estudiosos el
-inagotable archivo de su casa; la duquesa de mandas es
-muy entendida en ciencias; las duquesas de Medinaceli
-y de Benavente son aficionadas a las letras; la condesa
-de Pino Hermoso y la marquesa de la Laguna imponen
-su espiritualidad en los salones. La hija de esta ltima,<span class="pagenum"><a name="Page_326" id="Page_326">[326]</a></span>
-Gloria, tiene fama de agregar a la herencia de la gracia
-materna nuevas pimientas y sales.</p>
-
-<p>La clase media, acomodada o no, sigue los rumbos de
-la clase alta. Basta la ms ligera observacin para comprender
-que se ha adelantado mucho en instruccin
-primaria, desde la poca no muy distante en que una
-seorita apenas saba leer y escribir. Me refiero, es claro,
-a lo comn, pues antes y despus de don Oliva Sabuco
-de Nantes y de Santa Teresa, ha habido notadas
-espaolas que hayan competido con los varones en disciplinas
-mentales. Las preciosas no dejaron a su tiempo
-de aparecer en las cultilatiniparlas. Quevedo aqu hizo
-su caricatura como en Francia Molire su <i>charge</i>. En
-este siglo las literatas y poetisas han sido un ejrcito, a
-punto de que cierto autor ha publicado un tomo con el
-catlogo de ellas&mdash;y no las nombra a todas!&mdash;Entre todo
-el intil y espeso follaje, los grandes rboles se levantan:
-la Coronado, la Pardo-Bazn, Concepcin Arenal.
-Estas dos ltimas, particularmente, cerebros viriles,
-honran a su patria. En cuanto a la mayora innumerable
-de Corinas cursis y Safos de hojaldre, entran a formar
-parte de la abominable <i>sisterhood</i> internacional a
-que tanto ha contribudo la Gran Bretaa con sus miles
-de <i>authoresses</i>. Para ir hacia el palacio de la mantenida Eva
-futura, las falta a stas cambiar el pegaso por la bicicleta.</p>
-
-<p>El seor Sanz y Escartn, cataln, en una notable obra
-que ha agregado Alcn en Pars a su biblioteca filosfica,
-dice que antes que las leyes son los sentimientos y
-las ideas, los que estn llamados a reformar las costumbres
-actuales espaolas, que tantos males han causado;
-y que lo primero es educar a la mujer. Esto me hace
-pensar en idntica idea que la de madame Necker de
-Saussure, y su comparacin de la voz femenina en los
-coros cantantes. No admite discusin la eficacia del procedimiento,
-y venimos a parar que en este punto hay
-algo de aquello en que consiste la superioridad de los
-anglo-sajones. No se trata de implantar en Espaa el<span class="pagenum"><a name="Page_327" id="Page_327">[327]</a></span>
-cultivo del tercer sexo; ni el espritu nativo, ni la tradicin
-lo permitiran; pero s de abrir a la mujer fuentes
-de trabajo, que la libertasen de la miseria y de los
-padecimientos actuales. Puede asegurarse que en raros
-pases del mundo se presenta el espantoso dato estadstico
-siguiente: en Espaa, 6.700.000 mujeres carecen de
-toda ocupacin, y 51.000 se dedican a la mendicidad.
-Fuera de las fbricas de tabacos, costuras y modas y el
-servicio domstico, en que tan mseros sueldos se ganan,
-la mujer espaola no halla otro refugio. El seor Alba,
-en un notabilsimo estudio que muchas veces he citado,
-asegura que conoce algunos casos en que grandes industriales
-y almacenistas de tejidos o de novedades, no
-han vacilado en dar a sus hijas un puesto en el negociado
-de correspondencia, en el de contabilidad y en la
-alta direccin de la seccin de confecciones para seoras
-y nios. Estas <i>empleadas</i>, dice, tienen un sueldo
-asignado en la casa, con arreglo al cual visten, gastan
-en diversiones y caprichos y hasta abonan al fondo de
-familia una cantidad por su manutencin. Acostumbradas
-as a vivir por cuenta propia, no se parecen en nada
-al resto de nuestras pobres mujeres, siempre dependientes
-de la tacaera o la prodigalidad ajenas. Sobre todo,
-en la vida ntima de las familias a que aludo, no existen
-las preocupaciones que crea el temor al porvenir y, por
-ello, el afn de un necesario casamiento de las hembras.
-Es este un buen ejemplo que ojal se propagase en la
-burguesa de este pas, aunque ello choque un poco con
-las costumbres arraigadas y sea bastante yanqui. Eso quitara
-la obsesin del novio rico en unas y en otras la de
-un prncipe italiano por lo menos, de que habla Campoamor.
-La ociosidad y la miseria, en la clase media y
-en la baja, son un admirable combustible para la prostitucin.
-En Pars ya en 1847 haba tres mil profesores
-de msica, mujeres, profesoras de idiomas y aun de historia.
-La Soborna haba establecido un curso femenino,
-con grados y diplomas. Hoy, hasta dnde no se ha llegado?<span class="pagenum"><a name="Page_328" id="Page_328">[328]</a></span>
-En cuanto a los Estados Unidos, desde 1870 a la
-fecha, las arquitectas han subido de 1 a 53; las pintoras
-y escultoras de 412 a 15.340; las escritoras, de 159 a 3.174;
-las dentistas, de 24 a 417; las ingenieras, de 0 a 201; las
-periodistas, de 35 a 1.536; las msicas, de 5.753 a 47.300;
-las empleadas pblicas, de 414 a 6.712; las mdicas y cirujanas,
-de 527 a 6.882; las <i>contables</i>, de 0 a 43.071; las
-copistas&mdash;a mano y mquina&mdash;y secretarias, de 8.016 a
-92.834; las taqugrafas y tipgrafas, de 7 a 58.633. Y esto
-sin contar las actrices, que de 692 han llegado a 2.862; las
-<i>clergy-ladies</i>, de 67 a 1.522, y las directoras de teatro, de
-100 a 943. Aqu, con la escasez de trabajo y con las preocupaciones
-existentes, qu hace una joven que no tiene
-fortuna? Adems de los trabajos que he sealado, no la
-queda otro recurso que los coros del teatro, que ya se
-sabe para dnde van; los puestos de horchateras y camareras
-de caf, limitados y peligrosos para la galera, pues
-para ejercerlos hay que ser guapa; y el baile nacional,
-para el pas, o para la exportacin. Y las Oteros son escassimas.
-De aqu que un francs, en viendo a una
-espaola, slo piense en el <i>petit air de guitare, oll</i>. Las
-que quieren ser honradas y trabajar, encuentran costura,
-por ejemplo, se destrozan los pulmones, y por todo
-el da de labor sacan una pobre peseta! Hay quienes lo
-soportan todo y, o se echan un novio tambin pobre, y
-se van a vivir una vida de privaciones, o mueren sacrificando
-vida y belleza. En la galantera tampoco pueden
-encontrar un paraso... La vida galante es aqu poco productiva,
-para las tristes mquinas del amor. La <i>cocotte</i>
-no se encuentra aqu como en Pars o Londres. La mayora
-de infelices cadas va a parar a horribles establecimientos.
-Como la gracia y la belleza abundan en el
-pueblo, es esta una de las capitales en que el amor fcil
-tiene mayor nmero de lamentables vctimas. Aun cruzan
-por las callejas tortuosas las viejas dueas. Y la
-mujer espaola, entre las mil y tres, es la preferida de
-don Juan.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_329" id="Page_329">[329]</a></span></p>
-
-<h2>CERTMENES Y EXPOSICIONES</h2>
-
-<div class="imgcenter" style="width: 68px;">
-<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" />
-</div>
-
-
-<p class="date">7 de abril de 1900.</p>
-
-<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div>
-<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> estos das cuatro exposiciones: la del
-Saln Amar, la de carteles de <i>El Liberal</i>,
-la del concurso del <i>Blanco y Negro</i> y la
-de fotografas de <i>La Ilustracin Espaola
-y Americana</i>. Antes de que la Casa Amar
-inaugurase su saln, la capital de Espaa no contaba
-con un local en que se expusiesen, con fines comerciales,
-las obras de los buenos artistas. En uno que otro
-punto sola verse, en promiscuidad inaudita, la obra
-de firmas notables y la amontonada bazofia oleosa que
-riega en incontenido flujo un ejrcito de cocineros del
-caballete. Barcelona tena su Saln Pars, en donde
-suele encontrarse bastante bueno. Madrid ofrece ya al
-comprador un centro aceptable; los seores Amar han
-querido hacer algo como Le Barc Bouteville o Durand-Ruel,
-y por ello deben estarles agradecidos los artistas
-peninsulares. He visitado la casa.&mdash;Antes del saln en
-que se exhiben los cuadros, he visto la seccin de muebles.
-No he encontrado nada de particular. Inglaterra,
-Alemania, Francia han tenido en estos ltimos aos un
-gran desarrollo en sus artes aplicadas a la industria. Holgara
-aqu toda comparacin con esos pases.&mdash;Pero, an
-Italia, cuenta con artistas que en la fabricacin del mueble
-sostienen un carcter propio, exteriorizan una inventiva
-individual dentro de la tradicin nacional: quiero
-nombrar, por ejemplo, a Bugatti y a Eugenio Quarti. En
-la Casa Amar no hay una sola nota nueva a este respecto.&mdash;Todo
-es <i>bonito</i>; y es decir esto, que el pblico queda<span class="pagenum"><a name="Page_330" id="Page_330">[330]</a></span>
-encantado. Todo bien elaborado; ms intil buscar nada
-de creacin. Vi en los diarios que cierto ingls haba
-comprado en una regular cantidad un juego de dormitorio,
-para llevarlo a Londres. Me mostraron el clebre
-juego&mdash;ms o menos <i>modern style!</i>&mdash;Y pens: el caso es
-muy ingls: Este s que importa naranjas al Paraguay!</p>
-
-<p>La sala es pequea, suficiente para el mercado; tiene
-muy buena luz y est elegantemente puesta. Hse inaugurado
-con excelentes firmas. Al entrar, halaga la vista
-un cuadrito de Cecilio Pl, <i>La araa</i>: una mujer, por
-cierto encantadora de coquetera, sentada, y en actitud
-de atraer la mosca masculina; la figura es preciosa y de
-mucha gracia de factura; podra achacrsele el ser muy
-efecto de saln, muy cubierta de <i>Figaro illustr</i>;
-pero qu le puede importar eso al seor Pl, cuya principal
-admiradora es en la Corte la infanta doa Isabel?...</p>
-
-<p>El seor Alcal Galiano, creo que pariente de don
-Juan Valera, e ilustrador de una reciente edicin de
-<i>Juanita la larga</i>, expone una pequea tela, castigo de
-las pupilas, de una violencia de tintes que no superaran
-todos los cromos del poeta andaluz Salvador Rueda.
-Son unos gitanos en viaje, bajo el ms fuerte de los soles;
-quiz sea el cuadro espejo de la realidad; mas suponiendo
-que los gitanos se vistiesen con el alma de las
-cochinillas, el jugo de las esmeraldas y el espritu esencial
-de los ocres, no llegaran jams, me parece, a la
-realizacin de esta escena baada de una luz indecorosa
-y embijada de colores insultantes.</p>
-
-<p>Cuatro Benlliures exponen: don Blas, don Jos, don
-Juan Antonio y don Mariano. Me parecen todos de condiciones
-plausibles, pero me detengo en un cuadro de
-don Blas. Reproduce un interior de iglesia, el de la Baslica
-de San Francisco de Ass. El pintor ha logrado,
-ante todo, imponer la serenidad mstica del recinto; ha
-tratado los planos de admirable manera, y ha obtenido
-la sensacin del ambiente. Se revela al propio tiempo
-que entendido detallista, hbil imaginador de sus tubos,<span class="pagenum"><a name="Page_331" id="Page_331">[331]</a></span>
-en su justo y discreto colorido, y esto es ya bastante en
-un medio artstico en que el virtuosismo impera en toda
-su potencia. Digno de nota es tambin el trabajo de don
-Jos, <i>Pobres de San Francisco</i>. Este mismo artista se distingui
-en la ltima exposicin de Bellas Artes de Venecia,
-con su cuadro <i>San Francesco al convento di S. Chiara</i>.</p>
-
-<p>Se ve que los Benlliure hallan en el autor de las <i>Fioretti</i>
-temas e inspiraciones.</p>
-
-<p>Que l les favorezca con la constancia y la revelacin
-continua del maravilloso <i>frate Sole</i>!</p>
-
-<p>Don Aureliano de Beruetes el autor del notable libro
-sobre Velzquez, que se public en francs con prlogo
-de Bonnat, y cuya edicin espaola es probable que no
-se vea nunca, tiene en esta exposicin una tela interesante,
-una impresin sentida y bien trasladada, en las
-orillas del Tajo. El seor Berruete es un paisajista de
-mrito y no es la menor de sus cualidades una sobriedad
-muy rara entre sus colegas.</p>
-
-<p>Mariano Fortuny... no os despierta este nombre el
-recuerdo de una fiesta de color, de una pgina de Gautier?
-El artista que hoy lleva ese nombre es el hijo del
-glorioso, del de <i>la Vicara</i>. La gloria asimismo ser para
-l. Y de m dir que le consagro toda mi simpata, pues
-s que en l alienta un noble espritu de arte, a quien
-Angelo Conti, en armoniosa amistad, dedicara uno de
-los ms puros libros de belleza que se hayan publicado
-en este siglo, <i>per la ricchezza del tuo ingegno e per la bont
-del tuo volere</i>. La educacin artstica de este autor es casi
-toda italiana, a punto de que respecto a l diga un crtico
-del valer de Vittorio Pica: <i>Mariano Fortuny figlio, che io
-non mi so rassegnare a non considerare como un pitore italiano...</i>
-En el Saln Amar hay un estudio suyo, dedicado
-por cierto a su to Raimundo de Madrazo. Es una figura
-de mujer, de factura delicada, cuyas cualidades de dibujo
-estn realzadas por la vida interior, por el alma que
-se transparenta a travs de las lneas y toques de color.</p>
-
-<p>Es la distincin el mejor de los dones de este artista;<span class="pagenum"><a name="Page_332" id="Page_332">[332]</a></span>
-la distincin, rara virtud, que hizo brillar en un bello
-retrato expuesto en el certamen veneciano, el cual retrato
-alababa el crtico que he citado por su tcnica
-sabia, por su elegancia exquisita y fascinadora, que
-hace pensar en las estampas inglesas coloreadas, del
-siglo pasado.</p>
-
-<p>Un saludo respetuoso y admiracin a la obra del
-maestro Carlos de Haes. En la ltima Exposicin de
-Bellas Artes, o <i>Saln</i> de Madrid, hubo una sala dedicada
-al pobre y gran pintor belga espaol, que en sus
-ltimos aos fu preso de la locura. Haes, el maestro de
-una generacin de pintores, quien ense la ciencia del
-paisaje y di la clave del sentimiento de la naturaleza,
-intrprete de admirables marinas y de vivientes campaas,
-lejos de las rudas manifestaciones de las paletas
-apoplticas, de las atronadoras murgas coloristas; Haes,
-el buen Haes, que deba tener un busto a la entrada del
-Museo de Arte Moderno. Hay de l aqu una marina,
-noble y serena, que se destaca en su marco, soberanamente,
-entre toda la habilidad circunstante.</p>
-
-<p>Noto una buena cabeza de estudio de Bannas y me detengo
-ante una escena del Quijote, de Jimnez Aranda.
-He de repetir lo que otra vez he expresado de este autor:
-sus traslaciones de las escenas cervantinas dan a entender
-que el dibujante es excelente, pero el comprensivo,
-el revelador pictrico del gran novelista no se muestra.</p>
-
-<p>Otra cosa es Moreno Carbonero, con todo y no ser un
-triunfo de alta visin artstica su cuadro enviado a la
-Exposicin de Pars. En esa tela, cuanto <i>mtier</i>!</p>
-
-<p>Mas en un cuadrito que aqu encuentro, <i>La primera
-salida de Don Quijote</i>, el espritu de Cervantes le ha ayudado.
-Ese es el amanecer, la blanca aurora en las rosadas
-puertas del Oriente; y ese es Don Quijote, que parte
-a sus aventuras. La poesa del cuadro es de comunicacin
-inmediata, y la tcnica, con ser mucha, no impide
-el paso suave de la gracia invisible.</p>
-
-<p>Don Raimundo de Madrazo&mdash;cuntos son los ilustres?<span class="pagenum"><a name="Page_333" id="Page_333">[333]</a></span>
-<i>Saluez!</i>&mdash;muestra una vendedora de flores, fresca,
-floral. Quisiera hablaros de otros cuadros, detenerme
-ante algo de Marinas, de Martnez Cubells, de Masriera;
-pero Muoz Degrain me llama con dos telas concienzudas:
-<i>Laguna de Venecia</i> y <i>Baha y puerto de Pasajes</i>. En
-ambas el pincel libre hace admirar su maestra de juego,
-quiz de un <i>vero</i> demasiado atrevido en la sinfona veneciana,
-peligrosa sta por la suma de obras maestras que
-han brotado al amor de la divina ciudad; en la otra tela,
-clida y sentida en su conjunto, como detallada en bizarras
-de colorido francamente magistrales, trae por algo
-a la memoria la bravura incomparable de Favretto, y el
-favor del numen en premio de la pasin de la luz.</p>
-
-<p>No he de dejar de citar un <i>Monaguillo</i> de Pinazo, hecho
-con la mayor franqueza de pincel, y una <i>Cocina</i> de
-Emilio Sala, de valor tcnico, de color sabio, pero en
-donde la nica figura no se sabe a punto fijo qu hace.
-El seor Saint-Aubin, de quien en otra ocasin he hablado,
-ha enviado dos trabajos en que, como otras veces,
-se distingue su talento de compositor; es tambin un
-enamorado del sol. Del clebre Sorolla hay tambin dos
-telas en que, como siempre, prueba su vasto dominio de
-la pintura y su indigente comprensin del arte.</p>
-
-<p>Amador del arte es Raurich, que no tiene gran fama,
-y cuyo cuadro principal en la Exposicin del ao pasado,
-si tuvo pocos estimadores fu blanco, en cambio, de
-muchas saetas. El poema-paisaje de Raurich, en esta
-sala, se llama <i>Otoo</i> y produce el contemplarlo un
-deleite misterioso de poesa. Es un estado de alma, un
-estado de corazn! Es una unin ntima del espritu de
-la naturaleza, que tiende a manifestarse, con el espritu
-del artista; y en esa soledad de agua y de rboles esa
-unin se traduce; y en la melancola de las hojas secas y
-del ambiente, del paisaje todo, hay un encanto secreto,
-que en estrofas de suaves colores penetra en nosotros
-por la senda visual, a despertar en nuestro interior reminiscencias
-de lejanos ensueos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_334" id="Page_334">[334]</a></span></p>
-
-<p>Algo, muy poco, se expone de escultura, sin que nada
-de lo expuesto pueda llamar seriamente la contemplacin.
-Todo, por lo comn&mdash;como en la mayora de los
-pintores&mdash;, es de asunto temal. Tiende a su colocacin en
-la vidriera de <i>bric-a-brac</i>; la ancdota <i>coc</i> o mediocremente
-sentimental; el busto de misia Todo-el-Mundo, o
-los inevitables animales. Aqu se hacen ver una madona
-de Trilles, que sale de lo usual, y un alto relieve de Susillo,
-del malogrado Susillo, que se encuentra al paso,
-aunque no est en el catlogo: <i>La Oracin en el Huerto</i>.
-El pobre Susillo, que se suicid no hace mucho tiempo,
-produjo algunas obras que dicen lo que pudo llegar a
-ser, a pesar de la sonora victoria de ms de un picapedrero
-condecorado. Queda suyo poco, pero que conserva
-su recuerdo entre los artistas: <i>La Primera contienda</i>, en
-el Museo de Sevilla, el <i>Aquelarre</i> y algo ms de indiscutible
-fuerza.</p>
-
-<p>Al salir del Saln Amar no he podido menos de consagrar
-un recuerdo al seor Artal, que tanto hace por el
-arte espaol en Buenos Aires; y al propio tiempo, a
-Carlos Malagarriga, que ha tenido el valiente patriotismo
-de decir la verdad a los artistas de su patria respecto
-al arte peninsular en la Argentina. No es superior, ni
-con mucho, la exposicin Amar, por ahora, a las exposiciones
-que el seor Artal ha llevado a cabo, a costa de
-sacrificios, es decir, perdiendo en casa de Witcomb. Es
-el caso, pues, que no se produce nada nuevo ni sobresaliente,
-porque el pblico que compra&mdash;que es escaso&mdash;no
-quiere otra cosa que lo que est acostumbrado a
-pagar. Lo que no se vende aqu va a Buenos Aires, en
-donde, ms o menos, se empieza a gustar el buen arte,
-y hacen competencia los pintores franceses e italianos.
-Los pintores espaoles que ciertamente valen&mdash;con las
-excepciones consiguientes&mdash;venden en Europa mismo, o
-en los Estados Unidos. Esos son los que buscan sendas
-no usadas de bello arte, y que, por lo general, no gustan
-en su pas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Espaa Contempornea, by Rubn Daro
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAA CONTEMPORNEA ***
-
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