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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..64345ef --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #54934 (https://www.gutenberg.org/ebooks/54934) diff --git a/old/54934-0.txt b/old/54934-0.txt deleted file mode 100644 index 2a34b1c..0000000 --- a/old/54934-0.txt +++ /dev/null @@ -1,10662 +0,0 @@ -The Project Gutenberg EBook of España Contemporánea, by Rubén Darío - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: España Contemporánea - Obras Completas Vol. XIX - -Author: Rubén Darío - -Release Date: June 19, 2017 [EBook #54934] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAÑA CONTEMPORÁNEA *** - - - - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals, -Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - - - - - Notas del Transcriptor - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - -Los errores obvios de puntuación y de imprenta han sido corregidos. - -El texto en cursiva se indica con _guión bajo_. - -El texto en letra versalita (versalilla) ha sido sustituido por -mayúsculas. - -Las páginas en blanco presentes en el original han sido eliminadas en -la versión electrónica. - - * * * * * - - - - - ESPAÑA CONTEMPORÁNEA - - [Ilustración] - - - - - [Ilustración] - - RUBÉN DARÍO - - ESPAÑA - CONTEMPORÁNEA - - [Ilustración] - - VOLUMEN XIX - DE LAS OBRAS COMPLETAS - ADMINISTRACIÓN - EDITORIAL «MUNDO LATINO» - MADRID - - - - - ES PROPIEDAD - - [Ilustración] - - - - - ESPAÑA - CONTEMPORÁNEA - - [Ilustración] - - - - - [Ilustración: - - A EMILIO - MITRE Y VEDIA - - DIRECTOR DE - «LA NACIÓN» - DE - BUENOS AIRES - - AMISTAD Y GRATITUD - - R. D.] - - - - - ÍNDICE - - - _Páginas._ - - En el mar 1 - - En Barcelona 8 - - Madrid 19 - - La Legación argentina.--En casa de Castelar 29 - - Notas teatrales 38 - - Cyrano en casa de Lope 45 - - La Coronación de Campoamor 54 - - Carnaval 62 - - Una casa museo 68 - - La Joven literatura 74 - - La España negra 85 - - Semana santa 94 - - Toros 103 - - La Pardo-Bazán en París.--Un artículo de Unamuno 112 - - El Rey 119 - - Una Exposición 130 - - La Fiesta de Velázquez 139 - - La cuestión de la revista.--La Caricatura 148 - - Alrededor del teatro 158 - - Libreros y editores 169 - - Novelas y novelistas 180 - - Los Inmortales 194 - - Los Poetas 204 - - Un _meeting_ político 213 - - Un paseo con Núñez de Arce 220 - - Tenorio y Hamlet 226 - - Una Embajada 231 - - Una novela de Galdós 233 - - La Enseñanza 241 - - Fiesta campesina 248 - - Homenaje a Menéndez Pelayo 255 - - El modernismo 269 - - Una reina de Bohemia 275 - - El Cartel en España 281 - - La Novela americana en España 287 - - La Crítica 295 - - La joven aristocracia 302 - - Congreso social y económico ibero-americano 311 - - La mujer española 321 - - Certámenes y Exposiciones 329 - - - - - EN EL MAR - - [Ilustración] - - - 3 de diciembre de 1898. - -EL agua glauca del río se va quedando atrás y el barco entra al -agua azul. Me encuentro trayendo a mi memoria reminiscencias de -Childe Harold. Siento que estoy en casa propia; voy a España en una -nave latina; a mi lado el _sí_ suena. Sopla un aire grato que trae -todavía el aliento de la Pampa, algo que sobre las olas conduce aún -efluvios de esa grande y amada tierra argentina. Y mientras esta vida -de a bordo que ha de prolongarse por largos días comienza, siento -que vuelan sobre la arboladura del piróscafo enjambres de buenos -augurios. De nuevo en marcha, y hacia el país maternal que el alma -americana--americanoespañola--ha de saludar siempre con respeto, ha de -querer con cariño hondo. Porque si ya no es la antigua poderosa, la -dominadora imperial, amarla el doble; y si está herida, tender a ella -mucho más. Los hombres cambian; hay estaciones para los pueblos, el -espíritu vital de la raza puede enfriarse en nivoso; pero ¿floreal y -fructidor no anuncian que la vida primaveral y copiosa ha de llegar, -aun cuando en el campo se miren hoy las ramas sin hojas y la tierra -cubierta del sudario? Así pienso en tanto se inicia a bordo una -existencia de monotonía que conocéis bien los que habéis cruzado el -Océano. No os haré la clasificación de Sterne; pero, para un hombre -de arte, en todo viaje hay algo de «sentimental». Las instantáneas -se toman también al paso de los minutos, ya que hay un pequeño mundo -humano en movimiento, en todo lugar en donde se reunen dos personas. -La máquina social en miniatura; un lindo laboratorio de psicología; -ejemplares balzacianos si gustáis, al mover vuestros ojos de un -punto a otro del círculo en que hacéis el obligatorio comercio de -la conversación. Una reducción de la gran capital del Plata podría -observarse, un Buenos Aires para escaparate: banqueros, comerciantes, -artistas, periodistas, médicos, abogados, cómicos y bailarinas; y en -todos la misma representación que en la vida ciudadana; los círculos, -las «afinidades electivas», las simpatías; y una poliglocia que os -obliga a entraros por todas las lenguas vivas, así corráis el riesgo -de matarlas. Impera, naturalmente, la música del italiano. Después del -crepúsculo, he ahí que estamos alrededor de una mesa, un argentino, -un italiano, un suizo, un venezolano, un belga, un francés, un -centroamericano, un oriental, un español...; no hay duda de que venimos -de Buenos Aires. Y se habla del centro inmenso que ya queda allá -lejos y no puedo dejar de recordar el apóstrofe admirable: «¡Nave del -porvenir, cara nave argentina!...» Y como vamos sobre el mar, que nos -ase el espíritu, surge en creación súbita ante mis ojos mentales la -visión del soberbio navío continental, encendidos sus mil fuegos, al -cielo su bosque de árboles, en cuyo más alto mástil flamea el pabellón -del Sol; pujante la máquina ciclópea; en lo hondo la carga de riquezas, -con rumbo hacia un imperio de paz y de bienandanza, a la hora de la -aurora, para la gloria de la Humanidad. - - - 14 de diciembre. - -Mientras el banquero belga conversa de finanzas con el explorador -italiano, que es también un escritor, el médico suizo ha entablado -una partida de _piquet_ con el comerciante venezolano, y la -profesora alemana ataca a Chopín. Le ataca correctamente, demasiado -correctamente, pero Chopín acaba por triunfar de esa ejecución tudesca -de institutriz. Chopín sobre las olas y en una suave hora nocturna; -hace falta la luna; pero no importa, el canto mágico crea el _clair de -lune_ en la misma sustancia musical y el hombre propicio al ensueño -puede fácilmente ejercer la amable función. Y no sé como, vengo a -pensar en _ese individuo_. ¿Cuál? Voy a deciros. Hay allá entre los -pasajeros de tercera clase, en ese montón de hombres que se aglomera -como en un horrible panal, en la proa del barco, un prisionero. Es un -criminal italiano que camina, por obra de la extradición, a cumplir con -la condena de veintiún años de presidio que ha caído sobre él a causa -de un asesinato. Logró escapar a las Autoridades de Italia y vivió -en Buenos Aires cinco años de honrada vida, a lo que parece. Alguien -le descubrió en su incógnito, y la legación italiana pidió le fuera -entregado el reo; el tratado tuvo cumplimiento y el asesino va hoy a -que le pongan la cadena en su patria. Le he visto hosco, zahareño; su -cara, una ilustración de un libro de Lombroso. Esquiva el trato, rehuye -la mirada, y en la muchedumbre de sus compañeros de viaje, va libre -y suelto. Estamos en alta mar; un incendio, un choque, un naufragio, -podrían ocurrir, y ese presidiario tiene igual derecho que cualquiera -de nosotros para salvar su existencia. Es la lógica del marino, y es -hermosa. Hoy penetré en el ambiente infecto de ese rebaño humano que -exigiría la fumigación. Era la hora de la siesta. Quienes dormían en -los pasadizos o a pleno sol, quienes en círculos y grupos jugaban a -las cartas, o a la lotería. Aislado por su voluntad, el condenado, -cerca de la borda, miraba al mar. Procurando una especial diplomacia -logré entrar en conversación con él; y a los pocos momentos ese rostro -rudo se aviva, se excita. No, él no es culpable; ha matado en defensa -propia; él no procurará evadirse; va a Italia contento, porque ya -se volverá a abrir la causa y entonces se verá cómo va a brillar su -inocencia. Los ojos convencidos, la palabra sale fácil, el gesto -atornilla la palabra. Italiano y asesino, pienso yo: el amor de seguro -anda por medio. Pero no; se trata de un vil asunto de intereses, de -una miserable cuestión de _quattrini_. Y entonces siento en verdad -que ese hombre es culpable, tristemente culpable. No ha sido la bella -_vendetta_ del que mata porque le roban la querida o le burlan con la -esposa, o le manchan la hija o la hermana; es el asco del crimen que -triplica su infamia. Pero ese desventurado, sin embargo, ha estado -llevando, en un país lejano, una vida de labor y de honradez. En parte -ha lavado su delito. Ha creído estar ya libre, y de pronto he aquí que -la justicia le ase y le arrastra al presidio por el término de una -existencia de hombre. Aquí va en libertad, pero la evasión sería la -muerte. ¿Qué pasa por ese cerebro tosco? ¿Habrá llegado lo autosugestivo -hasta hacer que esté convencido ese infeliz de que es inocente? Y luego -vendrá el grillete, el número, el vivir de muerte de los penados; y si -el tiempo le permite acabar su condena, saldrá el viejo de cabellos -blancos, si no a la _morte civile_ de su paisano Giacometti, a caminar -dos duros pasos más en la libertad y caer en la tumba... La profesora -alemana ha dejado a Chopín dormir sobre el atril. - - - 19 de diciembre. - -Grado 0. Paso de la línea ecuatorial. Un mar estañado, cuya superficie -invitaría a patinar en un giro infinito. El cielo pesa en la atmósfera -caliente sobre el ondulado desierto. En soledad oceánica semejante, -recuerdo el raro encuentro de un digno ejemplar yanqui. Era en 1892 -y a bordo de un vapor de la Transatlántica Española, en viaje de la -Habana a Santander. Casi al paso de la Línea, una mañana muy temprano, -despertó a los pasajeros la noticia de que había náufragos a la vista. -Nos vestimos apresuradamente y en un instante la cubierta estaba -llena de ojos curiosos. Se sentía cierta emoción. ¿Quién no ha leído -a Julio Verne? Yo, por mi parte, pensaba ya en una viva reproducción -de Gericault: un _Radeau de la Méduse_ animado y aterrorizador. -Probablemente escenas de canibalismo; aspectos de espanto y de muerte: -Tartarin-Pim, ¡Dios mío! El vapor aminoraba la marcha y ponía su proa -al objeto de nuestras miradas: un barquichuelo que a alguna distancia -se advertía, y en el cual, con ayuda del anteojo, podía notarse -un hombre en pie. Pronto llegamos a acercarnos, y al detenerse el -_steamer_, se oyó una voz que venía del barquichuelo y que decía en -un inglés ladrante del Norte: «¿A qué grados estamos?» El capitán, -conciso, contestó a la pregunta. Preguntó luego: «¿Náufragos?» El -hombre desconocido escribió en un papel, colocó el escrito en una caja -de sardinas y lanzó su proyectil: «Soy el capitán Andrews y voy solo, -en este bote, por la misma ruta de Colón, al puerto de Palos, enviado -por la casa del jabón Sapolio, de Nueva York. Ruego avisar por cable al -llegar al continente, el punto en que se me ha encontrado». «¿Necesita -usted algo?» Por toda respuesta el hijo del tío Samuel nos bombardeó -con dos tarros de _penmican_ y otros dos de arvejas, y, poniendo -su vela al viento, nos dejó, no sin el indispensable _all right_. -Efectivamente, aquel curioso _commis voyageur_ de la jabonería yanqui, -era el Colón de los Estados Unidos que iba a descubrir España... - - - 20 de diciembre. - -El hormiguero de la proa se aglomera; ha advertido que tiene delante -el ojo fotográfico. Un distinguido caballero, miembro de la Sociedad -fotográfica de Aficionados, de Buenos Aires, y el excelente comandante -Buccelli, se ofrecen galantemente como operadores. Desde el momento -en que se ha visto la máquina en el puente, cada cual «posa» a su -manera; quien se encarama a los lugares dominantes, quien se acomoda la -gorra, quien toma aires arrogantes, o falsos, o esquivos, o graciosos. -Esa gente comprende que es objeto de curiosidad, y procura ser mejor -en ese instante. La vieja piamontesa sienta y arregla en la falda al -bambino; una muchacha pálida, de un bello tipo napolitano, se alisa con -dos pases de peineta el cabello oscuro y copioso; un abyecto bausán -hace un gesto obsceno, otro una mueca; éstos abajo, aquéllos en el -centro, aquéllos arriba, forman su torre de carne humana iluminada -de ojos de Italia. El fondo es el cielo lleno de luz difusa, sobre -el cual se recortan las figuras agrupadas. Entre esas gentes van -marineros, obreros, trabajadores que han estado en el Plata por algún -tiempo, unos con su pequeña hucha llena, otros en situación idéntica -a la que trajeron de inmigrantes; no han podido resistir al deseo de -volver a mirar su musical y dulce tierra. Hay que observar cómo en -ese _cafarnaum_ en que van confundidos como las cabezas en un barco -conductor de ganado en pie, no les abandona su alegre numen latino. De -noche, oís que a la claridad estelar brota de pronto un coro jubiloso, -una barcarola, armoniosamente acordadas las voces; o una voz sola, -impregnada de las ardientes gracias de Nápoles, de la amorosa melodía -de Venecia, o que da al aire marino una de esas canciones de Sicilia -que tienen tan buen perfume de antiguo vino griego. En el día, las -mujeres que lavan sus trapos, los viejos aporreados por la vida, los -mocetones de potentes puños, las testas diversas cubiertas de boinas, -gorros o chambergos, los niños de grandes ojos y magníficas cabelleras, -tienen siempre en la faz un rayo de sol que denuncia la floración -inextinguible de la raza, la multiplicada marca del goce de la -existencia que lleva todo el que nace en los países solares de otoños -de oro e incomparables primaveras en triunfo. - -Se procede a retratar al criminal. Desde que nos mira llegar, no cabe -en sí de humor gris, y por los ojos se le sale el disgusto. Quiere ir -a ocultarse, pero el comandante le prohibe que se retire, y con modos -amables le indica que no se pretende nada que sea en su contra; que, -al contrario, se le va a hacer el regalo de su fotografía. El sujeto -hace un mal signo, las miradas nos echan brasas, y los labios torcidos -no dejan pasar de seguro, sordamente, bendiciones para los que vamos -a perturbarle. Se sienta de pésima gana en una silla, ve a un lado y -otro, saetando con las pupilas, ya a derecha, ya a izquierda; parece -que luchase porque no se le coja el pensamiento con la mirada; y -dirigiéndose al comandante: «¿Para qué me están retratando ahora? Allá -en Buenos Aires hicieron lo mismo. ¡De seguro para vender el retrato y -sacar dinero!» Un momento se ha quedado en tranquilidad, fijo en una -pasajera elegante que curiosea, y entonces la placa hace la figura, el -gesto suspenso bajo el gorro de lana. Él se va a un punto aislado, saca -su pipa, la llena, la enciende y echa una bocanada de humo sobre las -olas. - - - 21 de diciembre. - -Estamos a la vista de Las Palmas. Tierra española. - - [Ilustración] - - - - - EN BARCELONA - - [Ilustración] - - - 1.º de enero de 1899. - -AL amanecer de un día huraño y frío, luchando el alba y la bruma, -el vapor anclaba en Barcelona. A la izquierda se alzaba recortada -la altura de Montjuich; en frente, en un fondo de oro matinal, el -Tibidabo; y cerca, sobre su columna, Colón, la diestra hacia el mar. -Como todavía no llegase el visitador y médico oficiales, se iban -aglomerando alrededor del _steamer_ las embarcaciones de fruteros y -agentes de hotel, y entre nuestros pasajeros de tercera y la gente -hormigueante de los botes, se iniciaron diálogos vivos. De ellos así -uno que gran cosa significa. Lástima es que no pueda darlo en catalán -como lo oí, pues ganaría en hierro. De todos modos, la cosa es dura. - ---¿Cómo te va, _noy_? - ---Bien, como que vengo de América. ¿Qué de nuevo? - ---¿Qué de nuevo? Lo mismo de siempre: miseria. Ayer llegaron -repatriados. Los soldados parecen muertos. Castelar se está muriendo. - ---¡Mira qué hermosa la estatua de Colón, al amanecer! - ---¡... en Deu! Más valiera le hubiesen sacado los ojos a ese tal. - -La palabra fué peor. - -Ya en la claridad del día, las conversaciones se animan. Se mira una -roja barretina; se pescan compras desde a bordo; al extremo de una -vara van las naranjas y las manzanas; y en el día completo, con el pie -derecho, piso el continente y la tierra de España. - -Una hora después estoy en el hervor de la Rambla. Es esta ancha calle, -como sabréis, de un pintoresco curioso y digno de nota, baraja social, -revelador termómetro de una especial existencia ciudadana. En la larga -vía van y vienen, rozándose, el sombrero de copa y la gorra obrera, -el _smoking_ y la blusa, la señorita y la menegilda. Entre el cauce -de árboles donde chilla y charla un millón de gorriones, va el río -humano, en un incontenido movimiento. A los lados están los puestos de -flores variadas, de uvas, de naranjas, de dátiles frescos de África, de -pájaros. Y florecida de caras frescas y lindas, la muchedumbre olea. Si -vuestro espíritu se aguza, he ahí que se transparenta el alma urbana. -Allí, al pasar, notáis algo nuevo, extraño, que se impone. Es un -fermento que se denuncia inmediato y dominante. Fuera de la energía del -alma catalana, fuera de ese tradicional orgullo duro de este país de -conquistadores y menestrales, fuera de lo permanente, de lo histórico, -triunfa un viento moderno que trae algo del porvenir; es la Social que -está en el ambiente; es la imposición del fenómeno futuro que se deja -ver; es el secreto a voces de la blusa y de la gorra, que todos saben, -que todos sienten, que todos comprenden, y que en ninguna parte como -aquí resalta de manera tan palpable en magnífico alto relieve. Que -la ciudad condal, que estos hombres fuertes de antiguo, que tuvieron -poetas en el Roussillón y duques de Atenas, que anduvieron en cosas de -conquistas y guerras por las sendas del globo, y extendieron siempre su -soberbia como una bandera; que esta tierra de trabajadores, de honradez -artesana y de vanidad heroica, esté siempre de pie manifestando su -musculatura y su empuje, no es extraño; y que el desnivel causante de -la sorda amenaza que hoy va por el corazón de la tierra formando el -terremoto de mañana, haya aquí provocado más que en parte alguna la -actitud de las clases laboriosas que comprenden la aproximación de un -universal cambio, no es sino hecho que se impone por su ley lógica; -pero la ilustración del asunto vale por un libro de comentarios, y esa -ilustración os la haré contándoos algo que vi al llegar en el café -Colón. Es éste un lujoso y extenso establecimiento, a la manera de -nuestra confitería del Águila, pero triplicado en extensión; la sala -inmensa está cuajada de mesitas en donde se sirven diluvios de café; -es un punto de reunión diaria y constante; pues en España, aun estando -en Cataluña, la vida de café es notoria y llamativa; y en cada café -andáis como entre un ópalo, pues estas gentes fuman como usinas, y -el extranjero siente al entrar en los recintos la irritación de los -ojos entre tanta humana fábrica de nicotina. ¿Quién sabe la influencia -que los alcaloides del café y del tabaco han tenido en estas razas -nerviosas, que por otra parte calientan luminosas y enérgicas llamas y -brasas de sol y de vino? - -Pues bien, estaba en el café Colón, y cerca de mí, en una de las -mesitas, dos caballeros, probablemente hombres de negocios o -industriales, elegantemente vestidos, conversaban con gran interés y -atención, cuando llegó un trabajador con su traje típico y ese aire -de grandeza que marca en los obreros de aquí un sello inconfundible; -miró a un lado y otro, y como no hubiese mesas desocupadas cerca de -allí, tomó una silla, se sentó a la misma mesa en que conversaban los -caballeros y pidió como lo hubiera hecho el mismo Wifredo _el Velloso_, -su taza. Le fué servida, tomóla; pagó y fuése como había entrado, sin -que los dos señores suspendiesen su conversación, ni se asombrasen de -lo que en cualquiera otra parte sería acción osada e impertinente. -Por la Rambla va ese mismo obrero, y su paso y su gesto implican una -posesión inaudita del más estupendo de los orgullos; el orgullo de una -democracia llevada hasta el olvido de toda superioridad, a punto de que -se diría que todos estos hombres de las fábricas tienen una corona de -conde en el cerebro. - -Como voy de paso apenas tengo tiempo de ir tomando mis apuntes. Observo -que en todos aquí da la nota imperante, además de esa señaladísima -demostración de independencia social, la de un regionalismo que no -discute, una elevación y engrandecimiento del espíritu catalán sobre -la nación entera, un deseo de que se consideren esas fuerzas y esas -luces, aisladas del acervo común, solas en el grupo del reino, única y -exclusivamente en Cataluña, de Cataluña y para Cataluña. No se queda -tan solamente el ímpetu en la propaganda regional, se va más allá de -un deseo contemporizador de autonomía, se llega hasta el más claro y -convencido separatismo. Allí sospechamos algo de esto; pero aquí ello -se toca, y nos hiere los ojos con su evidencia. Dan gran copia de -razones y argumentos, desde que uno toca el tema, y no andan del todo -alejados de la razón y de la justicia. He comparado, durante el corto -tiempo que me ha tocado permanecer en Barcelona, juicios distintos -y diversas maneras de pensar que van todos a un mismo fin en sus -diferentes modos de exposición. He recibido la visita de un catedrático -de la Universidad, persona eminente y de sabiduría y consejo; he -hablado con ricos industriales, con artistas y con obreros. Pues os -digo que en todos está el mismo convencimiento, que tratan de sí mismos -como en casa y hogar aparte, que en el cuerpo de España constituyen una -individualidad que pugna por desasirse del organismo a que pertenecen, -por creerse sangre y elemento distinto en ese organismo, y quien con -palabras doctas, quien con el idioma convincente de los números, quien -violento y con una argumentación de dinamita, se encuentran en el punto -en que se va a la proclamación de la unidad, independencia y soberanía -de Cataluña, no ya en España sino fuera de España. Y como yo quisiese -oponer uno que otro pensamiento al alud, en la conversación con uno -de ellos, habló sencillo, en parábola y en verdad, con una elocuencia -práctica irresistible: «Vea usted, somos como una familia. España es -la gran familia compuesta de muchos miembros; éstos consumen, éstos -son bocas que comen y estómagos que digieren. Y esta gran familia está -sostenida por dos hermanos que trabajan. Estos dos hermanos son el -catalán y el vasco. Por esto es que protestamos solamente nosotros; -porque estamos cansados de ser los mantenedores de la vasta familia. -Dos ciudades hay que tienen los brazos en movimiento para que coman los -otros hermanos: Barcelona y Bilbao. Por eso en Barcelona y en Bilbao -es donde usted notará mayor excitación por el ideal separatista; y -catalanistas y bizkaitarras tienen razón. Debería comprender esto, -debería haber comprendido hace mucho tiempo la agitación justa de -nuestras blusas, la capa holgazana de Madrid». - -Y riente, alegre, bulliciosa, moderna, quizá un tanto afrancesada y -por lo tanto graciosa, llena de elegancia, Barcelona sostiene lo que -dice, y dice que habría hecho mucho más de lo que hoy nos asombra y -nos encanta, si se lo hubiese permitido la tutela gubernativa, pues no -puede abrir una plaza si no va la licencia de la Corte, y de la Corte -van los ingenieros y los arquitectos y los empleados a agriar más -la levadura; y así, a pasos, a pasos cortos, han adelantado, se han -puesto los catalanes a la cabeza. ¿Qué habría hecho Cataluña autónoma, -esta gran Cataluña a cuya faz maravillosa he creído contemplar bajo -el azul, ya a la orilla de su bravo mar, ya en momentos crepusculares -y apacibles, sobre los juegos de agua de su paseo favorito, en donde -un simulacro divino rige armoniosamente una cuadriga de oro? Sano -y robusto es este pueblo desde los siglos antiguos. Sus hijos son -naturales y simples, llenos de la vivaz sangre que les da su tierra -fecunda; sus mujeres, de firmes pechos opulentos, de ojos magníficos, -de ricas cabelleras, de flancos potentes; el paisaje campestre, la -costa, la luz, todo es de una excelencia homérica. Hay niños, hay -hembras, hay campesinos, que se dirían destinados a uno de esos -cuadros de Puvis de Chavannes en que florecen la vida y la gracia -primitiva del mundo. Los talleres se pueblan, bullen; abejean en -ellos las generaciones. Por las calles van la salud y la gallardía; -y la fama de grandes pies que tienen las catalanas, no tengo tiempo -de certificarla, pues la euritmia del edificio me aleja del examen de -su base. La ciudad se agita. Por todos lugares la palpitación de un -pulso, el signo de una animación. Las fábricas a las horas del reposo, -vacían sus obreros y obreras. El obrero sabe leer, discute; habla de -la R. S., o sea, si gustáis, Revolución Social; otro mira más rojo, y -parte derecho a la anarquía. No muestran temor ni empacho en cantar -canciones anárquicas en sus reuniones, y sus oradores no tienen que -envidiar nada a sus congéneres de París o de Italia. Ya recordaréis -que se ha llegado aquí a la acción, y memorias sonoras y sangrientas -hay de terribles atentados. Y eso que, en la fortaleza de Montjuich, -parece que la inquisición renovó en los interrogatorios, no hace mucho -tiempo, los procedimientos torquemadescos de los viejos procesos -religiosos. Así al menos lo demostró en la _Revue Blanche_ y luego -en un libro que tuvo un momento de resonancia, el escritor Tarrida -del Mármol. La propaganda continúa, subterránea o a la luz del día, -con todo y tener ojos avizores la justicia. Hace poco, en una fiesta -industrial, en momentos en que llegaban amargas noticias de la guerra, -ciertos trabajadores arrancaron de su asta una bandera de España y -la sustituyeron por una bandera roja. Mientras esto pasa en la capa -inferior, arriba y en la zona media, cada cual por su lado, se mueven -los autonomistas, los francesistas y los separatistas. Los unos quieren -que Cataluña recobre sus antiguos derechos y fueros, que no le fueron -quitados sino al comenzar este siglo; los otros pretenden la anexión a -Francia, yo no sé por qué, pues la centralización absoluta de allá les -pondría, a lo mejor, en el mismo caso que el Poitou o la Provenza, y -las reales relaciones y simpatías con el vecino francés no pasan de -vagas y platónicas manifestaciones de felibres; una cigarra canta de -este lado, otra contesta del otro: no creo que entre Mistral y Mossen -Jacinto Verdaguer vayan a lograr mejor cosa. Los otros sueñan con -una separación completa, con la constitución del Estado de Cataluña -libre y solo. Claro es que, además de estas divisiones, existen los -catalanes nacionales, o partidarios del régimen actual, de Cataluña en -España; pero éstos son, naturalmente, los pocos, los favorecidos por -el Gobierno, o los que con la organización de hoy logran ventajas o -ganancias que de otra manera no existirían. - -Entretanto, trabajan. Ellos han erizado su tierra de chimeneas, han -puesto por todas partes los corazones de las fábricas. Tienen buena -mente y lengua, poetas y artistas de primer orden; pero están ricamente -provistos de ingenieros e industriales. - -No bien acabaron de pelear, al principio de la centuria, se pusieron -a la obra productiva. En la labor estaban, y el clarín de don Carlos -les perturbó de nuevo. Desde el año 1842 volvieron a la tarea, no sin -bregar con la prohibición de Inglaterra que a la sazón impedía se -exportasen sus máquinas; se logró que se revocase dicha prohibición y -el dinero catalán cuajó sus fábricas de máquinas inglesas. He de volver -a Cataluña, donde no he estado sino rápidamente, y he de estudiar esa -existencia fabril que se desarrolla prodigiosa en focos como Reus, -Mataró, Villanueva, y entre otros tantos, Sitges, donde tiene su morada -el singular y grande artista que se llama Santiago Rusiñol. - -El nombre de Rusiñol me conduce de modo necesario a hablaros del -movimiento intelectual que ha seguido, paralelamente, al movimiento -político y social. Esa evolución que se ha manifestado en el mundo -en estos últimos años y que constituye lo que se dice propiamente -el pensamiento «moderno» o nuevo, ha tenido aquí su aparición y su -triunfo, más que en ningún otro punto de la Península, más que en -Madrid mismo; y aunque se tache a los promotores de ese movimiento -de industrialistas, catalanistas, o egoístas, es el caso que ellos, -permaneciendo catalanes, son universales. La influencia de ese grupo se -nota en Barcelona no solamente en los espíritus escogidos, sino también -en las aplicaciones industriales, que van al pueblo, que enseñan -objetivamente a la muchedumbre; las calles se ven en una primavera -de carteles o _affiches_ que alegran los ojos en su fiesta de líneas -y colores; las revistas ilustradas pululan, hechas a maravilla: las -impresiones igualan a las mejores de Alemania, Francia, Inglaterra o -Estados Unidos, tanto en el libro común y barato como en la tipografía -de arte y costo. - -Cuando vuelva a Barcelona he de ver a Rusiñol en su retiro de Sitges, -una especie de santuario de arte en donde vive ese gentilhombre -intelectual digno de ser notado en el mundo. Entretanto, sabed que -Rusiñol es un altísimo espíritu, pintor, escritor, escultor, cuya -vida ideológica es de lo más interesante y hermoso, y cuya existencia -personal es en extremo simpática y digna de estudio. Su leonardismo -rodea de una aureola gratamente visible, su nombre y su obra. Es rico, -fervoroso de arte, humano, profundamente humano. Es un traductor -admirable de la naturaleza, cuyos mudos discursos interpreta y comenta -en una prosa exquisita o potente, en cuentos o poemas de gracia y -fuerza en que florece un singular diamante de individualidad. En -este movimiento, como sucede en todas partes, los que se han quedado -atrás, o callan, o apenas son oídos. Balaguer es ya del pasado, con -su pesado fárrago: el padre Verdaguer apenas logra llamar la atención -con su último libro de Jesús: vive al reflejo de la _Atlántida_, al -rumor de _Canigó_. Guimerá, que trabaja al sol de hoy, va a Madrid a -hacer diplomacia literaria, y los madrileños, que son «malignos», le -dicen que conocen su juego, y que hay en el autor de _Tierra Baja_ un -regionalista de más de la marca. Bellamente, noblemente, a la cabeza -de la juventud, Rusiñol, que no escribe sino en catalán, pone en -Cataluña una corriente de arte puro, de generosos ideales, de virtud -y excelencia trascendentes. Por él se acaba de levantar al Greco una -estatua en Sitges; por él los nuevos aprenden en ejemplo vivo, que el -ser artista no está en mimar una Bohemia de cabellos largos y ropas -descuidadas y consumir _bocks_ de cerveza y litros de ajenjo en los -cafés y _cabarets_, sino en practicar la religión de la Belleza y de la -Verdad, creer, cristalizar la aspiración en la obra, dominar al mundo -profano, demostrar con la producción propia la fe en un ideal; huir -de los apoyos de la crítica oficial, tanto como de las camaraderías -inconscientes, y juntar, en fin, la chispa divina a la nobleza humana -del carácter. - -Me dijeron que podía encontrar a Rusiñol en el café de los Quatre Gats. -Allá fuí. En una estrecha calle se advierte la curiosa arquitectura de -la entrada de ese rincón artístico. Pasé una verja de bien trabajado -hierro y me encontré en el famoso recinto con el no menos famoso Per -Romeu. Es éste el dueño o empresario principal del _cabaret_; alto, -delgado, de larga melena, tipo del Barrio Latino parisiense, y cuya -negra indumentaria se enflora con una prepotente corbata que trompetea -sus agudos colores, no sé hasta qué punto _pour épater le bourgeois_. -Pregunté por Rusiñol y se me dijo que estaba en su mansión de Sitges; -por Pompeyo Gener, que acababa de llegar de París, y se me dijo que -a ése no le buscase, pues solamente la casualidad podría hacer que -le encontrara. Y como era día de marionetas, se me invitó a ver el -espectáculo. Los Cuatro Gatos son algo así como un remedo del Chat Noir -de París, con Per Romeu por Salis, un Salis silencioso, un gentilhombre -_cabaretier_ que creo que es pintor de cierto fuste, pero que no se -señala por su sonoridad. Amable, él fué quien me condujo a la salita -de representación. En ella no cabrán más de cien personas; decóranla -carteles, dibujos a la pluma, sepias, impresiones, apuntes y cuadros -también completos, de los jóvenes y nuevos pintores barceloneses, -sobresaliendo entre ellos los que llevan la firma del maestro Rusiñol. -Los títeres son algo así como los que en un tiempo atrajeron la -curiosidad de París con misterios de Bouchor, piececitas de Richepin -y de otros. Para semejantes actores de madera compuso Maeterlinck sus -más hermosos dramas de profundidad y de ensueño. Allí en los Cuatro -Gatos no están mal manejados. Llegué cuando la representación estaba -comenzada. En el local, casi lleno, resaltaba la nota graciosa de -varias señoritas, intelectuales según se me dijo, pero que no eran ni -Botticelli ni Aubrey Beardsley, ni el peinado ni el traje enarbolaban -lo _snob_. - -Abundaban los tipos de artistas del Boul'Miche; jóvenes melenudos, -corbatas mil ochocientos treinta, y otras corbatas. Los _bocks_ -circulaban, al chillar la vocecilla de los títeres. Naturalmente, los -títeres de los Quatre Gats hablan en catalán, y apenas me pude dar -cuenta de lo que se trataba en la escena. Era una pieza de argumento -local, que debe de haber sido muy graciosa, cuando la gente reía -tanto. Yo no pude entender sino que a uno de los personajes le llovían -palos, como en Molière; y que la milicia no estaba muy bien tratada. -Las decoraciones son verdaderos cuadritos; y se ve que quienes han -organizado el teatro diminuto lo han hecho con amor y cuidado. En -el local suele haber además exposiciones, audiciones musicales y -literarias y sombras chinescas. Ya veis que el alma de Rodolphe Salis -se regocijaría en este reflejo. Al salir volví a ver a Per Romeu, -quien puso en mis manos un cartelito en que se anuncia su _coin_ de -artista, en gótica tipografía de antifonario o de misal antiguo, y en -la cual se dice que «Aital estada es hostal pels desganats, es escople -de calin pels que sentin l'anyorança de la llar, es museu pels que -busquin lleminadures per l'ánima; es taverna y emparrat, pels que aimen -l'ombra deis pampols, y de l'essencia espremuda del rahim; es gótica -cerveceria, pels enamorats del Nort, y pati d'Andalucía, pels aimadors -del Mig-die; es casa de curació, pels malalts del nostre segle, y cau -d'amistat y harmonia pels que entrin a roplugar-se sota ls portics -de la casa. No tindrán penediment d'haver vingut y si recança si no -venen». Ese _cabaret_ es una de las muestras del estado intelectual -de la capital catalana, y el observador tiene mucho en donde echar la -sonda. Desde luego sé ya que en Madrid me encontraré en otra atmósfera, -que si aquí existe un afrancesamiento que detona, ello ha entrado por -una ventana abierta a la luz universal, lo cual, sin duda alguna, vale -más que encerrarse entre cuatro muros y vivir del olor de cosas viejas. -Un Rusiñol es floración que significa el triunfo de la vida moderna y -la promesa del futuro en un país en donde sociológica y mentalmente se -ejerce y cultiva ese don que da siempre la victoria: la fuerza. - -Ocasión habrá de hablaros de la obra de Rusiñol y los artistas que le -siguen, cuando torne a Barcelona a sentir mejor y más largamente las -palpitaciones de ese pueblo robusto. - -He llegado a Madrid y próximamente tendréis mis impresiones de la Corte. - - [Ilustración] - - - - - MADRID - - [Ilustración] - - - 4 de enero. - -CON el año entré en Madrid; después de algunos de ausencia vuelvo a ver -el «castillo famoso». Poco es el cambio, al primer vistazo; y lo único -que no ha dejado de sorprenderme al pasar por la típica Puerta del Sol, -es ver cortar el río de capas, el oleaje de características figuras, -en el ombligo de la villa y corte, un tranvía eléctrico. Al llegar -advertí el mismo ambiente ciudadano de siempre; Madrid es invariable -en su espíritu, hoy como ayer, y aquellas caricaturas verbales con que -don Francisco de Quevedo significaba a las gentes madrileñas, serían, -con corta diferencia, aplicables en esta sazón. Desde luego el buen -humor tradicional de nuestros abuelos se denuncia inamovible por todas -partes. El país da la bienvenida. Estamos en lo pleno del invierno y el -sol halaga benévolo en un azul de lujo. En la Corte anda esparcida una -de los milagros; los mendigos, desde que salto del tren me asaltan bajo -cien aspectos; resuena de nuevo en mis oídos la palabra «señorito»; -don César de Bazán me mide de una ojeada desde la esquina cercana; el -cochero me dice: «¡pues, hombre!...» dos pesetas, y mi baúl pasa sin -registro: con el pañuelo que le cubre la cabeza, atadas las puntas -bajo la barba, ceñido el mantón de lana, a garboso paso, va la mujer -popular, la sucesora de Paca _la Salada_, de Geroma _la Castañera_, -de María _la Ribeteadora_, de Pepa _la Naranjera_, de todas aquellas -desaparecidas manolas que alcanzaron a ser dibujadas a través de los -finos espejuelos del _Curioso Parlante_; una carreta tirada por bueyes -como en tiempo de Wamba, va entre los carruajes elegantes por una calle -céntrica; los carteles anuncian, con letras vistosas _La Chavala_ y _El -Baile de Luis Alonso_; los cafés llenos de humo rebosan de desocupados, -entre hermosos tipos de hombres y mujeres, las getas de Cilla, los -monigotes de Xaudaró se presentan a cada instante; Sagasta Olímpico -está enfermo, Castelar está enfermo; España ya sabéis en qué estado de -salud se encuentra; y todo el mundo, con el mundo al hombro o en el -bolsillo, se divierte: ¡Viva mi España! - -Acaba de suceder el más espantoso de los desastres; pocos días han -pasado desde que en París se firmó el tratado humillante en que la -mandíbula del yanqui quedó por el momento satisfecha después del bocado -estupendo: pues aquí podría decirse que la caída no tuviera resonancia. -Usada como una vieja «perra chica» está la frase de Shakespeare sobre -el olor de Dinamarca, si no, que sería el momento de gastarla. Hay en -la atmósfera una exhalación de organismo descompuesto. He buscado en el -horizonte español las cimas que dejara no hace mucho tiempo, en todas -las manifestaciones del alma nacional: Cánovas muerto; Ruiz Zorrilla -muerto; Castelar desilusionado y enfermo; Valera ciego; Campoamor -mudo; Menéndez Pelayo... No está por cierto España para literaturas, -amputada, doliente, vencida; pero los políticos del día parece que para -nada se diesen cuenta del menoscabo sufrido, y agotan sus energías -en chicanas interiores, en batallas de grupos aislados, en asuntos -parciales de partidos, sin preocuparse de la suerte común, sin buscar -el remedio al daño general, a las heridas en carne de la nación. No -se sabe lo que puede venir. La hermana Ana no divisa nada desde la -torre. Mas en medio de estos nublados se oye un rumor extraño y vago -que algo anuncia. Ni se cree que florezcan las boinas de don Carlos, y -los republicanos que fueran esperanza de muchos, en escisiones dentro -de su organización misma, casi no alientan. Entretanto van llegando a -los puertos de la Patria los infelices soldados de Cuba y Filipinas. -Quienes a morir como uno que--parece caso escrito en la Biblia--fué -a su pueblo natal ya moribundo, y como era de noche sus padres no le -abrieron su casa por no reconocerle la voz, y al día siguiente le -encontraron junto al quicio, muerto; otros no alcanzan la tierra y -son echados al mar, y los que llegan, andan a semejanza de sombras; -parecen, por cara y cuerpo, cadáveres. Y el madroño está florido y a su -sombra se ríe y se bebe y se canta, y el oso danza sus pasos cerca de -la casa de Trimalción. A Petronio no le veo. He pensado a veces en un -senado macabro de las antiguas testas coronadas, como en el poema de -Núñez de Arce, bajo la techumbre del monasterio - - Que alzó Felipe Segundo - Para admiración del mundo - Y ostentación de su imperio. - -¿Cómo hablarían ante el espectáculo de las amarguras actuales los -grandes reyes de antaño, cómo el soberbio Emperador, cómo los Felipes, -cómo los Carlos y los Alfonsos? Así cual ellos el imperio hecho polvo, -las fuerzas agotadas, el esplendor opaco; la corona que sostuvieron -tantas macizas cabezas, así fuesen las sacudidas por terribles -neurosis, quizá próxima a caer de la frente de un niño débil, de -infancia entristecida y apocada; y la buena austriaca, la pobre madre -real en su hermoso oficio de sustentar al reyecito contra los amagos de -la suerte, contra la enfermedad, contra las oscuridades de lo porvenir; -y que está pálida, delgada, y en su majestad gentilicia el orgullo -porfirogénito tiene como una vaga y melancólica aureola de resignación. - -El mal vino de arriba. No dejaron semillas los árboles robustos del -gran cardenal, del fuerte duque, de los viejos caballeros férreos -que hicieron mantenerse firme en las sienes de España la diadema de -ciudades. Los estadistas de hoy, los directores de la vida del reino, -pierden las conquistas pasadas, dejan arrebatarse los territorios por -miles de kilómetros y los súbditos por millones. Ellos son los que han -encanijado al León simbólico de antes; ellos los que han influído en -el estado de indigencia moral en que el espíritu público se encuentra; -los que han preparado, por desidia o malicia, el terreno falso de los -negocios coloniales, por lo cual no podía venir en el momento de la -rapiña anglo-sajona, sino la más inequívoca y formidable _débâcle_. -Unos a otros se echan la culpa, mas ella es de todos. Ahora es el -tiempo de buscar soluciones, de ver cómo se pone al país siquiera -en una progresiva convalecencia; pero todo hasta hoy no pasa de la -palabrería sonora propia de la raza, y cada cual profetiza, discurre -y arregla el país a su manera. En palacio, ya que no Cisneros o -Richelieu, falta siquiera el Dubois que prepare para Alfonso XIII lo -que el francés para Luis XV, niño y débil: la política interior en -caso de vida, la política exterior en caso de muerte. Cánovas no fué -purpurado, en la Monarquía de S. M. Católica, pero quizás era el único, -a pesar de sus defectos, que tuviese buena vista en sus ojos miopes, -buena palabra de salvación o de guía en su lengua andaluza; mas de los -horrores inquisitoriales de Montjuich salió el rayo rojo para él. - -Entre las cabezas dirigentes hay quienes reconocen y proclaman en -alta voz que la causa principal de tanta decadencia y de tanta ruina -estriba en el atraso general del pueblo español; reconocen que no se -ha hecho nada por salir de la secular muralla que ha deformado el -cuerpo nacional como el cántaro chino el de un enano; y si se ha dejado -enmohecer la literatura, si ha habido estancamiento y retroceso en -el profesorado, a punto de que de las célebres Universidades lo que -brilla como una joya antigua es el nombre; fuera de pocas excepciones -para el juicio público, el oráculo de la ciencia se encierra en urnas -como el comodín periodístico del señor Echegaray, el teatro que llaman -chico atrae a las gentes con la representación de la vida chulesca -y desastrada de los barrios bajos, mientras en el clásico Español, -en las noches en que he asistido, María Guerrero representaba ante -concurrencia escasísima, y eso que el paseo por Europa y sobre todo -el beso de París, le han puesto un brillo nuevo en sus laureles de -oro; la nobleza... La otra noche, en un café-concert que se ha abierto -recientemente y con un éxito que no se sospechaba, me han señalado en -un palco a gastados y encanecidos grandes de España que se entretenían -con la Rosario Guerrero, esa bailarina linda que ha regocijado a -París después de la bella Otero; soy frecuentador de nuestro Casino -de Buenos Aires y no me precio de pacato; pero el espectáculo de -esos alegres marqueses de Windsor, aficionados tan vistosamente a -suripantas y señoritas locas de su cuerpo, me pareció propio para -evocar un parlamento de Ruy Gómez de Silva, delante de los retratos, -en bravos alejandrinos de Hugo, o una incisión gráfica de Forain con -sus incomparables pimientas de filosofía. En lo intelectual, he dicho -ya que las figuras que antes se imponían están decaídas, o a punto -de desaparecer; y en la generación que se levanta, fuera de un soplo -que se siente venir de fuera y que entra por la ventana que se han -atrevido a abrir en el castillo feudal unos pocos valerosos, no hay -sino la literatura de mesa de café, la mordida al compañero, el anhelo -de la peseta del teatro por horas, o de la colaboración en tales -o cuales hojas que pagan regularmente; una producción enclenque y -falsa, desconocimiento del progreso mental del mundo, iconoclasticismo -infundado o ingenuidad increíble, subsistente fe en viejos y deshechos -fetiches. Gracias a que escritores señaladísimos hacen lo que pueden -para transfundir una sangre nueva, exponiéndose al fracaso, gracias -a eso puede tenerse alguna esperanza en un próximo cambio favorable. -Mal o bien, por obra de nuestro cosmopolitismo, y, digámoslo, por la -audacia de los que hemos perseverado, se ha logrado en el pensamiento -de América una transformación que ha producido, entre mucha broza, -verdaderos oros finos, y la senda está abierta; aquí hasta ahora se -empieza, y se empieza bien: no faltan almas sinceras, bocas osadas -que digan la verdad, que demuestren lo pálida que está en las venas -patrióticas la sangre en que se juntaran, como diría Barbey, la azul -del godo con la negra del moro; quienes llevan al teatro de las -gastadas declamaciones el cuadro real demostrativo de la decadencia; -quienes quieren abrir los ojos al pueblo para enseñarle que la Tizona -de Rodrigo de Vivar no corta ya más que el vacío y que dentro de las -viejas armaduras no cabe hoy más que el aire. - -Ahora uno que otro habla de regenerar el país por la agricultura, de -mejorar las industrias, de buscar mercados a los vinos con motivo -del tratado último franco-italiano, y hay quienes se acuerdan de que -existimos unos cuantos millones de hombres de lengua castellana y de -raza española en ese continente. Por cierto, la industria pecuaria, -dicen, debe ser protegida. ¿Y la agricultura? Ya en la Instrucción -de 30 de noviembre de 1883 se señalaban causas locales del atraso -agrícola de España, como la intervención de la Autoridad municipal -en señalar la época de las vendimias, o la de la recolección de los -frutos o esquilmos: la libertad de que en los rastrojos de uno pazcan -los ganados de todos: los privilegios que no admiten al consumo de una -ciudad más que los vinos que produce su término; los que no permiten -entrar una carga de comestibles en un pueblo sin que se extraiga otra -de los productos de su agricultura o de su industria, y otras mil -anomalías; poco se ha adelantado desde entonces, y lo que os dará una -idea del estado de estas campañas en lo relativo a agronomía, es que -sepáis que las máquinas modernas son casi por completo desconocidas; -que la siega se hace primitivamente con hoces, y la trilla por las -patas del ganado; ¿qué pensarán de eso en la Argentina, donde nos damos -el lujo de tener a lo yanqui un Rey del trigo? Se trata ahora de la -creación de un ministerio de Agricultura; de instruir al campesino, que -como sabéis, ha permanecido hasta ahora impermeable a toda noción; pero -ya se ha hablado, a propósito de la enseñanza agrícola, de aumentar, -Dios mío, el número de los doctores: ¡hacer doctores en agricultura! - -Hay felizmente quien en oportunidad ha combatido el plan de los -_dómines agrícolas_ y señalado un proyecto en que quedarían bien -organizadas las escuelas para capataces, peritos agrícolas e ingenieros -agrónomos, estudios prácticos, de utilidad y aplicación inmediata, -sin borla ni capelo salamanquino. Las campañas están despobladas, y -podrían, si hubiese hombres de empresa y de buen cálculo, repoblarlas; -para hacerlo la misma República Argentina estaría llamada a ser la -proveedora de cabezas; las praderas andaluzas son excelentes para -el engorde, y nuevas fuentes de negocios estarían abiertas para las -actividades que a ello se dedicasen en la Península. Así habría que -entrar en arreglos especiales por las restricciones que existen en las -leyes. Mucho podría ser el comercio hispanoargentino, y al objeto, -según tengo entendido, no ha cesado de trabajar el señor ministro -Quesada. Aquí podrían venir las carnes argentinas, ya que no en la -común forma del tasajo, conservadas por los muchos procedimientos hoy -en uso; y la mayoría de este pueblo que tiene casi como base principal -de alimentación el bacalao, que importa de Suecia y Noruega, comería -carne sana y nutritiva. Luego sería cuestión de ver si se adaptaba -para el consumo del ejército y marina. Por lo pronto, la Sociedad -Rural de Buenos Aires podría hacer el ensayo, enviando en limitadas -cantidades la carne conservada, y por los resultados que se obtuvieran, -se procedería en lo de adelante. España enviaría sus lienzos, sus -sederías, sus demás productos que allí tendrían colocación; no habría -en ningún viaje el inconveniente del falso flete. Estas apuntaciones -pueden ser estudiadas detalladamente por aquellos a quienes corresponde -la tarea. Tales formas de relación entre España y América serán -seguramente más provechosas, duraderas y fundamentales que las mutuas -zalemas pasadas de un ibero-americanismo de miembros correspondientes -de la Academia, de ministros que _taquinan_ la musa, de poetas que -«piden» la lira. - -Nótase ahora una tendencia a conocer, siquiera lo americano -nuestro--¡lo del Norte!, ¡ay!, ¡lo tienen ya bien conocido!--, y no -hace muchos días, con motivo de un banquete a escritores y artistas -ofrecido por el representante de Bolivia señor Ascarrunz, hubo -declaraciones de parte de ciertos intelectuales, que son de tenerse -muy en cuenta. «En cualquier otro momento--decía un escritor de -los más diamantinos y pensadores, he nombrado a Julio Burell--, en -cualquier otro momento la galantería del señor Ascarrunz habría sido -digna de hidalga gratitud, pero en fin, numerosas han sido las fiestas -hispanoamericanas a cuyo término apenas si ha quedado otra cosa que -un poco de dulzor en la boca y otro poco de retórica en el aire; -después, americanos y españoles han permanecido en sus desconfiadas -soledades, colocados en actitud y con mirada recelosa, cada cual a -un lado del gran abismo de la historia...» Y más adelante: «No, la -guerra no levantará ya entre España y América española sus fieras voces -de muerte; lo que estaba escrito, escrito queda. Rebuscadores de la -Historia, curiosos y eruditos, podrán volver la mirada hacia los negros -días de lucha; pero las almas que tienen alas, las almas que tienen -luz, los hombres confesados a un ideal de paz y de amor, no descenderán -al antro sombrío; volarán más alto y bañarán su espíritu en la -claridad de una nueva aurora...» Todo esto se pudo decir hace mucho -tiempo; se pudo hace mucho tiempo combatir el alejamiento de la madre -patria del coro de las dieciséis repúblicas hermanas; pero no se hizo, -ni se paró mientes en ello. - -Antes al contrario, apartando a un grupo escasísimo de hombres como -Valera y Castelar, se nos procuró ignorar lo más posible, y como -lo he demostrado en _La Nación_, de Buenos Aires, y en la _Revue -Blanche_, de París, la culpa no fué del tiempo esta vez, sino de -España. Gloríanse los ingleses de los triunfos conseguidos por la -República norteamericana, hechura y flor colosal de su raza: España -no se ha tomado hasta hoy el trabajo de tomar en cuenta nuestros -adelantos, nuestras conquistas, que a otras naciones extranjeras han -atraído atención cuidadosa y de ellas han sacado provecho. En las -mismas relaciones intelectuales ha habido siempre un desconocimiento -desastroso. Los escritores que entre nosotros valen se han cuidado poco -del juicio de España, y con raras excepciones no han enviado jamás sus -libros a los críticos y hombres de letras peninsulares; en cambio, -nuestras docenas de mediocres, nuestros vates de amojamados pegasos, -nuestros prosistas imposibles, han sido pródigos de sus partos; de -aquí que, en parte, se justifiquen los _Clarines_ y Valbuenas de -tiempos recién pasados. Más; en las mismas redacciones de los diarios -en que se dedica una columna a la tentativa inocente de cualquier -imberbe Garcilaso, no se escribe una noticia por criterio competente -de obras americanas que en París o en Londres o Roma son juzgadas por -autoridades universales. Concretando un caso, diré que la Legación -Argentina se ha cansado de enviar las mejores y más serias producciones -de nuestra vida mental, de las cuales no se ha hecho jamás el menor -juicio. Cierto es que, fuera de lo que se produce en España--con las -excepciones, es natural, de siempre, pues existen un Altamira, un -Menéndez y Pelayo, un _Clarín_, este amable cosmopolita de Benavente--, -fuera de lo que se produce en España, todo es desconocido. - -Antes de concluir estas líneas debo declarar que no creo sea yo -sospechoso de falto de afectos a España. He probado mis simpatías, -de manera que no admite el caso discusión. Pero por lo mismo no he -de engañar a los españoles de América y a todos los que me lean. _La -Nación_ me ha enviado a Madrid a que diga la verdad, y no he de decir -sino lo que en realidad observe y sienta. Por eso me informo por todas -partes; por eso voy a todos lugares y paso una noche del «saloncillo» -del Español a las reuniones semibarriolatinescas de Fornos; en un mismo -día he visto a un académico, a un militar llegado de Filipinas, a un -actor, a Luis Taboada y a un torero. Y anoche, a última hora, he ido -del Real al Music-hall, y mis interlocutores han sido: el joven conde -de O'Reily, Icaza, el diplomático escritor, Pepe Sabater, Pinedo y un -joven _reporter_... Ya veis que estoy en mi Madrid. - -¡Buenos Aires! Hay que mirarlo de lejos para apreciarlo mejor. Aquí -está la obra de los siglos y el encanto de un país de sol, amor y -vino; París es París; las grandes capitales europeas nos atraen y nos -encantan: pero - - _¡J'aime mieux ma mie, ô gué!_ - - [Ilustración] - - - - - LA LEGACIÓN ARGENTINA - EN CASA DE CASTELAR - - [Ilustración] - - - 10 de enero. - -LA legación argentina está situada en un elegante hotel de la -calle Alcalá Galiano, núm. 6. Es en el barrio aristocrático de la -Corte, el faubourg Saint-Germain de Madrid. Allí concurrí anoche, -por amable invitación del ministro Quesada, que había quedado de -presentarme a algunos «representativos» de la vida social e intelectual -madrileña: en el arte, Moreno Carbonero; en el periodismo, el -marqués de Valdeiglesias; estos dos me interesaban en gran manera. -Fueron puntuales. Es el primero un tipo nervioso, delgado, de -mirada inteligente, no revela al artista desde luego, pero cuando -habéis hablado con él las iniciales palabras, la chispa ha saltado, -iluminando, bajo un bigote fino y negro, una sonrisa _bon enfant_. El -segundo, de pequeña estatura, rubio, calvo, comunicativo, meridional; -de seguida se manifiesta el clubman, el mundano, el infaltable a las -fiestas y reuniones de la aristocracia, el título _reporter_, que hace -en su diario, _La Época_, lo que el príncipe de Sagán hacía en un -tiempo en _Le Figaro_. _La Nación_ estaba representada dos veces, pues -a mi derecha, en la mesa de la casa argentina, tenía yo al estimado -compañero Ladevese. Pocos momentos después, y ya la conversación -versaba sobre nuestra Prensa y la española. Reconocía el marqués la -inferioridad informativa, por ejemplo, de los diarios peninsulares, -y explicaba cómo en España interesaba poco a la generalidad lo que -sucede fuera de los términos de la tierra propia. No se sigue, como -entre nosotros, el movimiento de los sucesos del mundo; del asunto -Dreyfus, de lo que hay ahora de más sonoro en el periodismo universal, -se publican unas pocas líneas telegráficas. Naturalmente, el interés -público, en tiempo de la guerra, hizo aumentar la vida de los diarios, -y la información tuvo su preferencia; telegrama recibió _El Imparcial_, -o _El Liberal_ que costó diez mil francos. Mi bonaerensismo se -manifiesta; hago un rápido croquis del desarrollo y fuerza de _La -Nación_; comento al _Diario_, etc. Y a propósito de corresponsales, se -protesta por una carta que publica _La Época_ del suyo de Buenos Aires, -en que se dice, entre otras cosas, que todos andamos con el revólver -en el bolsillo, y que no vayan más españoles a la República Argentina, -pues son repetidos con frecuencia los casos en que hay que levantar -suscripciones en la colonia para poder repatriar a los numerosos -compatriotas que allá se mueren de hambre. De esos náufragos hay en -todas partes; y, no hay duda de que aquel periodista exagera. - -El actual marqués de Valdeiglesias ha recibido _La Época_ de manos -de su padre, cuyo tacto y largas vistas en asuntos periodísticos -demuéstranse no solamente en la propia hoja sustentada por él, sino -en la antigua _Correspondencia_ de Santa Ana. _La Correspondencia_ de -hoy ha perdido su antiguo carácter; _gorro de dormir_, pertenece al -pasado. _La Época_ es en Madrid una especie de _Temps_, el periódico -serio, asentado, autorizado; con su poco de _Fígaro_ por el mundanismo -y el cuidado de la forma, con la particularidad, digna de elogio, de -que demuestra cierta preferencia por lo intelectual. Es un diario -gran-señor; no se vende por las calles, y si los demás cuestan cinco -céntimos, número suelto, y una peseta la suscripción por mes, _La -Época_ vale cuatro pesetas suscripción mensual y quince céntimos -número suelto. Claro es que el tiraje es relativamente reducido. No -hay que buscar, por otros puntos, comparación con nuestros grandes -matinales. - -Valdeiglesias es un hombre encantador; su distinción no excluye la -abierta gentileza; habla de todo, y sobre todo de arte y vida social, -con una volubilidad y amenidad que hacen de él un conversador deseable. -Desde luego, se me ofrece como cicerone en mis «viajes alrededor y -al centro de Madrid». En un momento me interesa en las colecciones -artísticas y de alto mérito histórico que posee el conde de Valencia -de Don Juan; me habla de los autores de la nobleza, bibliófilos, -conocedores de arte y _sportmen_, casi por completo desconocidos en el -público, escritores de libros que circulan en ediciones cortísimas y -para especialistas; y a propósito de la obra reciente de _Monte-Cristo_ -sobre los salones de Madrid, diserta de entusiástica manera sobre el -movimiento social de esta corte, que es indiscutiblemente una de las -que tienen para sus mantenedores del gran mundo y para sus huéspedes, -singulares atractivos y goces de lo que se puede llamar la estética de -la existencia, en un país en donde, aun en el duelo, parece que siempre -se escuchara como un canto a lo grato del mundo. El Marqués cuando -habla parece que dictase uno de sus artículos amenos y discretos, -de una verba correcta; y ya pasemos a hablar de lo mucho que él ha -trabajado y piensa trabajar para favorecer, después de un ensayo de -aplicación que él costearía, la introducción de las carnes argentinas -en España o trate de una reciente publicación sobre esgrima antigua -hecha por un título de Castilla o detalle las reuniones femeninas, -famosas, por vida mía, en Madrid, de nuestra legación, en donde, -hermosa y ricamente, el doctor Quesada sabe recibir a la flor de la -Corte, con bríos y humor que mantiene su vejez fresca y firme, una -vejez a lo Juan Valera--y a lo doctor Quintana--; Valdeiglesias siempre -encarna el periodista, es el polílogo vario y chispeante. - -Luego Moreno Carbonero. Estaban conversando con el novelista y -diplomático Ocantos, secretario de la legación como sabéis; y -a propósito de un decir del ministro sobre una cabeza que un -inglés encontrara en España y se atribuye hoy a Miguel Ángel o a -Donatello...--desde luego dos maneras tan distintas, dos espíritus -de arte tan diversos--oigo, pues, a Moreno Carbonero que dice: «Yo -por mi parte, prefiero, entre Miguel Ángel y Donatello, a Donatello». -Parecióme muy simpáticamente desenvainada aquella opinión por un -maestro que, a pesar de su gran talento, es lo que se llama un -«normal»; pero luego caí de mi ascensión, pues a propósito de la -pintura «moderna» y por traer nosotros el recuerdo del insigne catalán -Rusiñol, manifestó que ese arte--y decía esto después de inclinarse -delante del talento del catalán--, que ese arte--el del mejor Rusiñol, -el Rusiñol libre y poeta--era solamente bueno para el industrialismo -del cartel; algo así como la brocha gorda de los telones teatrales, -para ser visto de lejos... Y yo pensaba, aun deteniéndome únicamente en -el _affiche_, que en uno de Chéret, de Mucha, del admirable Grasset, -del mismo Rusiñol, hay más arte de artista que en muchas telas de -canónicos medallados. Es, por cierto, uno de los mayores pintores de la -España de hoy Moreno Carbonero, y me explico perfectísimamente la razón -de su manera de mirar el contemporáneo arte «intelectual». Él respira -su ambiente; ha vivido en París y ha pasado los años indispensables -de Italia; pero queda en él el meridional absoluto, o mejor, el -español inconmovible. Y esto por otra parte puede ser o será una gran -virtud. Ya sabéis, con todo, que es un idealista al ser nacional; su -amor por el Quijote es conocido, y el último cuadro suyo que he visto -representa la aventura del caballero de la Mancha con los carneros. -Picarescamente, esa noche, un respetable amigo suyo calificó ese -cuadro como un símbolo... De lo cual resultaría, por esta vez Moreno -Carbonero simbolista _malgré lui_. Ahora prepara otro cuadro cuyo tema -está extraído de la enorme usina quijotesca; y nos decía que andaba en -busca de un tipo campesino que tuviese la figura del Sancho que él se -imagina; y que creía haberla encontrado en un bauzán manchego que había -visto, como para ser reconocido por Teresa, Sanchica y el rucio. - -Recorremos la casa. Desde luego llama el ojo la buena cantidad y -calidad de viejos tapices en los salones principales, y de los salones, -el amarillo, para el que se ha escogido con sabio gusto esa antigua y -rica tela española que impone su aristocracia arcaica a las imitaciones -chillonas y estofas advenedizas. Por cierto punto la Legación es un -pequeño y valioso museo, pues fuera de tapicería y chirimbolos está lo -preferido y mejor entre todo las tallas, esas obras admirables de la -famosa talla española que hoy se podría llamar un arte olvidado; pues -la que ahora se hace no admite ni un lejano término de comparación -con la labor perfecta, aun en la misma tosquedad de lo primitivo, -que antaño se acostumbraba. Aquellos maestros perdidos en el tiempo -no han vuelto a encarnarse, y los escultores de hoy--con rarísimas -excepciones, como ese incomparable Bistolfi, de Italia, y algunos pocos -franceses--desdeñan en todas partes, no sé por qué, la madera, que para -ciertas cosas supera infinitamente a la piedra o el bronce. Y ante -un trabajo de algún desconocido Berruguete... «Vea usted, ¿se puede -realizar esto en mármol?...» Moreno Carbonero se ocupa actualmente en -hacer el catálogo de las colecciones artísticas del ministro argentino, -y una vez concluída la obra, debe resultar por muchos motivos -interesante. - -¿Y el arte? Y el arte, ¿cómo va en España? - -Pues si algo ha quedado sosteniendo la tradición diamantina del arte -español es la pintura. Allí Artal ha dado a conocer reflejos de la -hoguera subsistente. Hay pintores, hay grandes pintores. En el Museo -de Arte Moderno, del que ya os hablaré, he tenido nobles impresiones, -como las que tuve en la iglesia de San Francisco el Grande. La escuela -española contemporánea, de la cual Buenos Aires posee algunas valiosas -muestras--y ya que hablamos de Moreno Carbonero, un cuadro de este -pintor que, según me dijo él mismo, es de los que más quieren entre -los suyos y fué adquirido por el doctor del Valle--, la escuela -española contemporánea tiene justa fama, representada por sus firmas -principales, en toda Europa; y algunos pintores españoles hay, de -fuerza y valía, que cabalmente en _Europa_ son más conocidos que en -España, como me lo decía un artista. Por ejemplo, Baldomero Galofre -que, fuera de su ya larga labor, logrará un bello triunfo si realiza -conforme con el plan que conozco su vasto poema pictórico _España_. -Roma detiene a varios maestros de luz españoles, de los cuales conocéis -más de un cuadro cuajado de sol; París lo propio, desde en tiempos de -los Fortuny y los Madrazos. No he averiguado aún los detalles de la -salida de la producción, de los encargos, de la parte comercial del -asunto. Pero desde luego, os aseguro que en este inmenso imperio del -color, no se agotará jamás la llama artística; y desde Plasencia o -Moreno Carbonero hasta el último pintaplatos que os fastidiará en el -café sirviéndoos la marina o el bodegón como un par de salchichas, -todos tienen en la pupila un don solar que se proclama a cada instante. - ---«¿Y el arte en Buenos Aires?» Digo lo que puedo, alabo los esfuerzos -del director del Museo, cito tres o cuatro nombres y me salvo. - -Luego he estado en casa de Castelar. Ya convalece de su enfermedad -última, en la que llegó momento en que se creyera lo llevase a la -muerte. Fuimos tres los que en el momento de la entrevista estuvimos -presentes. Uno, su amigo el banquero Calzado, que hace tanto tiempo -reside en París, y cuya intimidad con el orador data de larga fecha. -Otro el ministro de Bolivia. Desde mi llegada cumplí con informarme -en nombre de la _La Nación_ y propio del estado del antiguo e ilustre -colaborador. Sus primeras palabras, al verme, fueron: «¡Oh, qué -diferencia, del 92, cuando usted me vió por última vez!» En efecto. -Recordarán mis lectores en este diario aquella carta color de rosa -que escribí hace siete años con motivo de un almuerzo que Castelar -me ofreciera en su misma casa de hoy, en la calle de Serrano. Aquel -Castelar brillaba aún en la madurez lozana de una vida que apenas -demostraba cansancio, aun cuando en la cúpula había nevado ya bastante. -El orador todavía se afirmaba sobre los estribos de su pegaso. Los -ojos chispeaban vivos en la cara sonrosada; el gesto adornaba la -frase elocuente; la potencia tribunicia se denunciaba a relámpagos. -El apetito se revelaba en aquellas perdices regalo de la duquesa de -Medinaceli, aquellas perdices episcopales regadas con exquisitos vinos -de abad. Y Abarzuza, que todavía no había sido ministro, estaba a -su lado. Y sobre la gran calva popular se encendía en su apogeo un -círculo de gloria. Hoy... Me dió ciertamente tristeza el cuerpo delgado -por la dolencia, los ojos un tanto apagados, la voz algo cansada, -el rostro de fatiga, todo el célebre hombre en decadencia. Todo no; -porque en cuanto empezó a hablar, como le tocara el punto delicado de -la política primero y de los asuntos internacionales después, irguió -la antigua cresta, cantó. De lo primero, como quien mira las cosas -desde su voluntario aislamiento; pero expresando su disgusto por las -añagazas y trampas al uso; y su desconsuelo airado por el estado a que -han reducido al país los malos dirigentes. De los segundos, lapidando -a frases violentas a los Estados Unidos. Hay que recordar como ha sido -el entusiasmo de Castelar por la república norteamericana antes de la -iniquidad. Y lo mucho que a Castelar han admirado los yanquis--sin duda -alguna por lo que ha tenido de _greatest in the world_, a título de -Niágara oratorio--. Y el Crisóstomo peninsular hablaba con el despecho -razonado de quien ha sido víctima de un engaño, de un engaño digno -del país colosal de los dentistas. «¡Cosas de este fin de siglo!» nos -decía. «Mientras la autocrática Rusia pide a los pueblos el desarme y -aboga por la paz, los Estados Unidos, tierra de la democracia, son los -que proclaman la fuerza por ley y se tornan guerreros. ¡Oh, es esto -para mí como si los castores se hubieran de pronto vuelto tigres! Tengo -en mi casa un retrato de Wáshington, regalo de un ilustre amigo mío -norteamericano; y otro amigo y compatriota me hacía cargos porque tenía -yo al gran anglo-sajón en lugar preferido de mi alcoba». Le contesté -que el pobre no tenía la culpa de lo que hacían sus descendientes, y -que el primero en la paz, el primero en la guerra y el primero en el -corazón de sus conciudadanos, sería el primero en avergonzarse de ellos -en esta sazón en que se han convertido en heraldos y ministros de la -violencia y de la injusticia. - -Calzado nos decía que durante la enfermedad no ha cesado un momento -Castelar en su labor de siempre. Que su humor no se ha entibiado, ni -sus ejercicios mentales de costumbre han sufrido el menor cambio ni -menoscabo. Es el trabajador de antaño. Entonces él nos dijo de qué -manera había perdido personalmente en su presupuesto constante una -renta que no bajaba de dos mil quinientos a tres mil francos mensuales, -pues por voluntad invencible ha resuelto, desde la última guerra, no -escribir una sola línea para el público de Norte-América. Y en verdad, -Castelar ha sido pagado por los yanquis como muy pocos escritores. -Diarios y _magazines_ ha habido que desembolsasen por un solo artículo -quinientos dollars, mil dollars. Era un Klondike en la imperial Nueva -York, o en la estudiosa Boston, o en la regia Porcópolis. Ese Klondike -se lo ha cerrado la lírica sangre gaditana que corre en sus venas. -Un yanqui en su caso escribiría el doble y pediría el triple por un -artículo. Pero ¿qué dirían el Cid y Don Pelayo? - -Me despedí de él no sin antes contestar a sus preguntas sobre América, -sobre la salud del general Mitre, sobre nuestros progresos. Me cita -para una larga entrevista próxima, y me encarga envíe sus mejores -recuerdos a sus antiguos compañeros de _La Nación_. Yo cumplo con ese -grato deber, y ruego a mis colegas de la casa que no se imaginen al -Castelar enfermo y débil de ahora al recibir ese saludo, sino al que -tenemos allí retratado en la sala de redacción: la cabeza fuerte y -noble como para contener un vasto mundo de ideas, los ojos que anuncian -la victoria de la palabra, y bajo el gran bigote, la boca expresiva de -donde ha brotado tanta sonora tempestad verbal, tanta música, tanta -encantadora mentira y tanta voluntad de Dios. Pues nadie puede decir en -este siglo lo que escuché de él, ciertamente conmovido, momentos antes -de estrechar su mano al despedirme: «Yo he libertado a doscientos mil -negros con un discurso». - - [Ilustración] - - - - - NOTAS TEATRALES - - [Ilustración] - - - 20 de enero. - -VARIOS estrenos: _La Walkiria_ en el Real; _Los Reyes en el destierro_, -en la Comedia; _Los caballos_, en Lara. La impresión dominadora que me -ha producido la estupenda obra de Wagner, es de aquellas fascinaciones -de arte que eternamente nos duran. El día está un tanto escandinavo: -a través de los vidrios del balcón veo caer tenaz y triste la nieve. -Es, pues, a propósito el momento para hablaros del estreno de la -ópera del Wottan de la música. Mirad primero del palco escénico al -público: es noche de gran pompa; el deslumbramiento es semejante al -de la sala de nuestra Ópera una noche de 9 de julio o de 25 de mayo. -Los hermosos tipos españoles son de beldad famosa, y tan vario caudal -de gracia y de maravilla plástica se aumenta y se ilumina con las -constelaciones de la pedrería y la elegancia de los trajes. La española -tiene _su_ estilo de vestir, como la vienesa, como la bonaerense, -como la neoyorkina; pero lo que en la una hace que porte un Paquin -o un Worth con cierta suntuosidad un tanto abullonada, como inflada -de valses, y en la argentina produce la confusión prodigiosa de la -manera con la parisiense y en la otra pone una especie de matematecidad -gimnástica, en estas damas hace que la elegancia francesa se mezcle -en limitada parte con el aire nativo, y para mejor daros una idea de -ciertos ejemplares soberanos, pongo por caso la andaluza marquesa -de Alquibla--os digo que os imaginéis a una maja de Goya vestida por -Chaplin. - -Desde luego, las observaciones de Graindorge no han caducado, y -probablemente mientras en el mundo haya _le monde_, tendrán su -inmediata confrontación en toda sociedad de la tierra. Mas aquí, -donde la cultura no es de aluvión, sino que está filtrada a través de -rocas multiseculares, fuera de aquello frívolo y pasajero que la moda -traiga con su imposición, el sentido social está bien cimentado; y -pongo esto a cuento porque lo primero que noté en la sala regia, con -pocas excepciones, es que la alta sociedad madrileña va al Español -para ver y para oir, y al Real para oir y para ver. Hay en el público -de palcos y plateas conocedores insignes en cuestión musical, y en -cuanto al paraíso, como en Buenos Aires, es allí donde se encuentran -los que, según se dice, imponen o rechazan una obra. Mas no oiréis la -conversación molesta del advenedizo enriquecido que llega a su palco a -hacerse notar por su desdén a lo que en la escena pasa; y los fanáticos -de Wagner no han tenido que protestar a causa de ninguna incoherencia -en la ocasión presente. Conforme con los preceptos wagnerianos, nadie -llegó retrasado a la función. - -Pues, os digo que aun impera en mí el prodigio de la armonía y de la -melodía, «elementos de la música más espiritual que el simple ritmo», -de Hanslick, y jamás he visto alzarse sobre un trono más glorioso el -alma suprema del gran Germano. Toda alma de artista, en esa noche, -sintió allí clavada la espada divina del genio cual la que está en el -fresno hundida hasta la empuñadura. Yo recordaba que uno de mis mayores -disgustos había sido con un amigo cordial, de más corcheas que yo, -pero a quien no podía demostrar mi sinceridad por Wagner delante de su -obstinada sospecha de ver en mi amor profundo por ese orbe de poesía -absoluta un mal pertrechado entusiasmo de _snob_... ¡Oh, no! Allí -habéis sentido y pensado a Wagner los que sabéis y podéis sentirle y -pensarle; y muchos de vosotros habéis ido a oir la _Misa del Arte_ a -la iglesia de Bayreuth. Pues aquí es mayor, incomparablemente mayor -el número de los adoradores, de los verdaderos adoradores del santo -culto que renueva a Pitágoras... y mi modesta afición, sin pretensión -alguna, sin herir ninguna cuerda, ni soplar madera ni cobre, ha sido -bien acogida. Se me ha dejado rezar, y eso basta. Madrid es capital que -por su gusto musical se distingue, el Real es de los teatros señalados -artísticamente, y entre otras cosas, existe una Sociedad de conciertos -que puede enorgullecer a cualquier gran centro lírico. No es sino de -entusiasmo la impresión que han llevado últimamente Saint-Saëns y -Lamoureux. Pero ¿y _La Walkiria_? - -La sala se dejó subyugar por la potencia sublime, desde los compases -directores de la introducción, corta y llena de magnificencia, y las -primeras frases de Siegmund--desgraciada y necesariamente traducido en -Segismundo--hasta el momento final en que al golpe de la lanza brota -el misterioso fuego, todo fué como el paso de un vasto huracán de -mágicos números, de cadencias únicas, de revelaciones armoniosas; ya -Siglinda surja, encarnación de portento, o Hunding truene o Siegmund -en un solo ideal se lamente; o el dúo del amoroso y deleitoso y único -amor de los dos hermanos se cristalice soberbiamente en la expresión -del divino incesto: «Esposa y hermana eres para mí. ¡Surja, pues, de -nosotros la sangre de los Welsas!» o Brunilda arrebate a Siglinda o -pase la prestigiosa y sonora cabalgata, o por fin, Wottan, dando el -sueño con un beso a la Walkiria, ordene el incendio al dios del fuego -maravilloso. El conjunto se destaca como una selva mágica en la que -casi sensible físicamente, el influjo del _deus_ precipita nuestras -emociones también en cabalgata magnífica e incontenible. Cada mente -se siente abrasada, cada espíritu contiene a Gerilda, Waltranta, -Schwerleita, Ortlinda, Helmwigia, Sigruna, Rosweisa, Grimguerda... -Y el público de Madrid, en general, supo apreciar el don olímpico. -Aunque hay quien afirme que del ciclópeo drama musical lo único que ha -admirado son las bellezas de la cabalgata y del fuego encantado... - - * * * * * - -En la Comedia, el estreno de _Los reyes en el destierro_, como -comprenderéis, extraída de la novela de Daudet. Autor de la pieza y -gozador del triunfo y del provecho, Alejandro Sawa. De Sawa también -os he hablado desde París--pues en verdad he sido yo el judío errante -de _La Nación_--hace algunos años. Él fué quien me presentó a Jean -Carrère, cuando la _émeute_ de los estudiantes y los escándalos del -café D'Arcourt, en el 93. Allá en París hacía Sawa esa vida hoy -ya imposible, que se disfrazó en un tiempo con el bonito nombre -de Bohemia. Es más parisiense que español y sus aficiones, sus -preferencias y sus gustos tienen el sello del Quartier Latin. Lo cual -no obsta para que sea casado, hombre de labor de cuando en cuando--y -querido de todos en Madrid--. A su vuelta, después de muchos años, de -Francia, ha sido recibido fraternalmente, y la suerte buena no le ha -sido esquiva, pues con el arreglo que ha hecho ahora para el teatro, ha -obtenido una victoria intelectual y positiva. Para Buenos Aires sé que -no tengo que entrar a detallar o recordar los tipos especiales que se -barajan en la producción del pobre _Petit-Chose_. Sólo diré que Sawa ha -logrado hilvanar bien su _scenario_ y tejer su juego con habilidad y -con el talento que todo el mundo le reconoce. - -Sawa--debo decirlo--continúa, a pesar de su triunfo, de su encantadora -hijita y de su barba que anuncia ya la vejez entrante, tan formal como -hace siete años. Me había prometido una escena de su obra para este -correo, primicia muy agradable. En efecto, no le he vuelto a ver. - -A Sellés sí le he visto, un día después del estreno de _Los caballos_. -Es personal y literariamente muy simpático, y pongo el vulgar adjetivo -porque así se comprenderá mayormente. Este académico de la Española es, -sin duda alguna, el más juvenil de los inmortales; no el más joven, -porque el conde la Viñaza y el poeta Ferrari son los benjamines. El -más anciano ya se sabe que es Menéndez y Pelayo. Y he aquí que en un -teatro de _arte chico_, de chulerías y cosas de esa guisa, se presenta -Sellés con esta obra, parte de una trilogía que, según él deja decir, -es simbolista. Altamente estimo al autor del _Nudo gordiano_, y sobre -todo, su tendencia a hacer un teatro de ideas, aquí en la tierra del -parlar y del inflar. - -Pero crea el señor Sellés que es infantil, que es de una ingenuidad -conmovedora el nombrar a Ibsen, o a Hauptmann, o a Sudermann, como -alguien lo hiciera delante de mí, a propósito de sus obras. Llamar -teatro simbolista al del señor Sellés, es como poner bajo las -tentativas del dibujante Chiorino: «dibujo prerrafaelita». En el -teatro de Antoine, en el de l'Œuvre, su obra difícilmente habría sido -admitida; porque el reconocer su castiza y propia lengua no significa -en este caso nada; cuando se quiere hacer obra de ideas no se hace -obra de palabras. Esta pieza, como dejo apuntado, pertenece a una -trilogía, cuya primera parte ha sido puesta en escena por Novelli. -Hay una tendencia social que se ruboriza de su mismo impulso a la -libertad futura. Parece que no ha estudiado el señor Sellés como debía -el más arduo de los problemas contemporáneos, y el anarquismo «para -familias» que ha procurado presentar en su pieza, no provocará en los -intelectuales sino una sonrisa. El río es más vasto y más profundo; -y, para citar un tipo, venir a encarnar en el maestro de escuela, -en España, la tendencia salvadora de la obra social--¡aquí donde el -pobre maestro de escuela es sinónimo de _atorrante_!--, es simplemente -inefable. La tela paradojal está bien bordada de oro fino castellano; -la forma regocija el amor patrio gramatical, y el poeta es el poeta de -siempre. Aquí se da del _cher maître_; y yo le digo por eso: Querido -maestro, sus _caballos_ se han desbocado, pero... _à rebours_. - -Y el miércoles próximo en el Español, estreno de _Cyrano de Bergerac_. -Nada diré hasta después de la representación; pero os mando los versos -que me encargara la revista _Vida Literaria_ con tal motivo. - - - CYRANO EN ESPAÑA - - He aquí que Cyrano de Bergerac traspasa - De un salto el Pirineo. Cyrano está en su casa. - ¿No es en España, acaso, la sangre vino y fuego? - Al gran gascón saluda y abraza el gran manchego. - ¿No se hacen en España los más bellos castillos? - Roxanas encarnaron con rosas los Murillos, - Y la hoja toledana que aquí Quevedo empuña - Conócenla los bravos cadetes de Gascuña. - Cyrano hizo su viaje a la luna: más antes - Ya el divino lunático de don Miguel Cervantes - Pasaba entre las dulces estrellas de su sueño - Jinete en el sublime pegaso Clavileño. - Y Cyrano ha leído la maravilla escrita - Y al pronunciar el nombre del Quijote, se quita - Bergerac el sombrero: Cyrano Balazote - Siente que es lengua suya la lengua del Quijote. - Y la nariz heroica del gascón se diría - Que husmea los dorados vinos de Andalucía. - Y la espada francesa, por él desenvainada, - Brilla bien en la tierra de la capa y la espada. - ¡Bienvenido Cyrano de Bergerac! Castilla - Te da su idioma, y tu alma como tu espada brilla - Al sol que allá en tus tiempos no se ocultó en España. - Tu nariz y penacho no están en tierra extraña, - Pues vienes a la tierra de la Caballería. - Eres el noble huésped de Calderón. María - Roxana te demuestra que lucha la fragancia - De las rosas de España con las rosas de Francia. - Y sus supremas gracias, y sus sonrisas únicas - Y sus miradas, astros que visten negras túnicas - Y la lira que vibra en su lengua sonora - Te dan una Roxana de España encantadora. - ¡Oh poeta! ¡Oh celeste poeta de la facha - Grotesca! Bravo y noble y sin miedo y sin tacha - Príncipe de locuras, de sueños y de rimas: - Tu penacho es hermano de las más altas cimas, - Del nido de tu pecho una alondra se lanza, - Un hada es tu madrina, y es la Desesperanza; - Y en medio de la selva del duelo y del olvido - Las nueve musas vendan tu corazón herido. - ¿Allá en la luna hallaste algún mágico prado - Donde vaga el espíritu de Pierrot desolado? - ¿Viste el palacio blanco de los locos del Arte? - ¿Fué acaso la gran sombra de Píndaro a encontrarte? - ¿Contemplaste la mancha roja que entre las rocas - Albas forma el castillo de las Vírgenes locas? - ¿Y en un jardín fantástico de misteriosas flores - No oíste al melodioso Rey de los ruiseñores? - No juzgues mi curiosa demanda inoportuna, - Pues todas estas cosas existen en la luna. - ¡Bienvenido Cyrano de Bergerac! Cyrano - De Bergerac, cadete y amante, y castellano - Que trae los recuerdos que Durandal abona - Al país en que aun brillan las luces de Tizona. - El Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte - El que vence el espacio y el tiempo; su estandarte. - Pueblos, es del espíritu el azul oriflama. - ¿Qué elegido no corre si su trompeta llama? - Y a través de los siglos se contestan, oid: - La Canción de Rolando y la Gesta del Cid. - Cyrano va marchando, poeta y caballero - Al redoblar sonoro del grave Romancero. - Su penacho soberbio tiene nuestra aureola. - Son sus espuelas finas de fábrica española. - Y cuando en su balada Rostand teje el envío, - Creeríase a Quevedo rimando un desafío. - ¡Bienvenido, Cyrano de Bergerac! No seca - El tiempo el lauro; el viejo Corral de la Pacheca - Recibe al generoso embajador del fuerte - Molière. En copa gala Tirso su vino vierte. - Nosotros exprimimos las uvas de Champaña - Para beber por Francia y en un cristal de España. - - - - - CYRANO EN CASA DE LOPE - - [Ilustración] - - - 2 de febrero de 1899. - -EN efecto, como os lo había anunciado, «Cyrano está en su casa». Ha -llegado a España con muy buen pie y mediante los ocho o diez mil -francos que, según tengo entendido, recibió de antemano el excelente -poeta Rostand. El triunfo ha sido sonoro: y nariz por nariz, la de -Díaz de Mendoza, en Madrid, ha valido lo que la de Coquelin en París. -En la de Bergerac, ha dicho con su oportuno chiste de siempre Mariano -de Cávia, que quedarían muy bien plantados los _quevedos_ en España. -Me place haber coincidido en lo del noble caballero de la torre de San -Juan Abad, en unos de mis versos anteriores, con el vibrante y agudo -periodista. El Cyrano español no es otro que Quevedo; en ambos puso la -Luna «madre nutriz, con su leche, quilo del mundo», que dice la sabia -doña Oliva de Sabuco, el rayo que hace los locos de poesía; y ambos -fueron hombres de amor y de generosas empresas de espada. - -La comedia heroica de Rostand, por otra parte, no es otra cosa que -una obra de capa y espada de la más buena cepa española, como me -lo hiciese notar al llegar el libro del _Cyrano_ a Buenos Aires, -un culto y sagaz compañero. Es una comedia de capa y espada que ha -podido escucharse en el modernizado Corral de la Pacheca, como si -fuese obra legítima de cualquier resucitado, porque los actuales, con -las excepciones que sabéis, no encuentran mejor ni más provechosa -fuente que las hazañas, hechos y gestos del chulo, ese «compadrito» -madrileño. El éxito, pues, ha sido absoluto. La noche del estreno -estaba en el Español el todo Madrid de las letras, y la belleza -social tenía soberbia representación. No os supongáis que se trate -de algo semejante a una «primera» de la Comédie Française; aquí no -existe aristocracia literaria; todo va revuelto y el veterano de la -gloria castellana se codea con el tipo _interlope_ que han bautizado -con el extraño nombre de _Currinche_. Un diario como _El Nacional_, -con motivo de haber invitado Fernando Mendoza a los ensayos, y -sobre todo al ensayo general, a personas extrañas al teatro, decía -con loable franqueza: «Allá en París se invita en tales casos a la -Prensa, a los autores dramáticos, novelistas, críticos, académicos, -actrices vacantes, personalidades del gran mundo... En una ciudad de -dos millones de habitantes, donde nadie tiene por qué combatir una -obra, se puede invitar a mil espectadores que van sin prevenciones, -ni envidias, ni espíritu de concurrencia, a presenciar un ensayo -general; y a la crítica para que pueda con tiempo estudiar la obra y -dar cuenta de ella _dos días después_, cuando ya el público de pago -la haya visto; y un ensayo general es una especie de consagración del -drama o comedia que el público irá a ver confiado en la nota, siempre -benévola para el autor reputado, que la Prensa seguramente dará. ¿Pero -aquí? Aquí, en esta cabeza de partido de Europa que se llama Madrid, -y en la que todos nos conocemos, nos abrazamos y nos odiamos... aquí, -donde hay un estado constante de celos y de envidias y de pequeñeces -inevitable en el estrecho medio ambiente en que vivimos; aquí, donde -toda la vida literaria está circunscrita a la Carrera de San Jerónimo -y la calle del Príncipe... aquí, en fin, donde las Empresas viven de -diez docenas de familias ricas y de doscientos espectadores pobres, -de los cuales la mitad son autores rencorosos o Empresas rivales... -permitir que asistan a un ensayo general los amigos y los enemigos, -los autores españoles que han de ver gastos enormes y cultos rendidos a -autores franceses, los empresarios del frente y los de al lado... ¡Qué -equivocación tan lamentable y qué desconocimiento del país en que se -vive!» Quien esas líneas escribió parece que tuviese bien conocido su -ambiente; pues, en realidad, nada menos que por intermedio de Eusebio -Blasco se ha manifestado en público lo que antes escuchara yo en -privado: la miserable cuestión de las «perras» chicas y grandes... Ved -como, al día siguiente del estreno, ese escritor cuyo arte singular es -harto y de antiguo famoso, se expresa, agrediendo de paso a la América -que ignora: «Podremos creer que en la casa de Lope de Vega no deben -hacerse traducciones; podremos creer también que, de estrenar una -obra extranjera cuyo éxito ha sido esencialmente literario en París, -debieron haberla adaptado en verso castellano poetas de nombre. Aquí -donde tenemos desde Núñez de Arce hasta Manuel Paso, desde Dicenta a -José Juan Cadenas; desde Manuel del Palacio hasta Rodolfo Gil, desde -Sellés hasta Gil (Ricardo), tantos y tantos poetas notabilísimos, los -catalanes, regionalistas furibundos teniendo en Barcelona unos teatros -tan hermosos, en cuanto hacen un drama o una traducción se vienen a -Madrid y se imponen en el primer teatro de la nación, y se pone a -su disposición todo el dinero de las Empresas. Todo esto vemos y de -ello protestamos, sin ánimo de ofender a nadie y en defensa de los -autores de Madrid, que son, hoy por hoy, en los tres teatros de verso -que hoy funcionan, pospuestos a los autores _franceses_. El _Cyrano -de Bergerac_ le gustó mucho al público anoche. Es obra de _dinero_, -como se dice en la jerga teatral. _Melodrama para la exportación a -Buenos Aires_, _Chile_, _Bolivia_, y allí alborotará. _¿Cómo no?_ Lo -encontrarán _lindo_ y el estilo parecerá de perlas». - -El que habla es Eusebio Blasco, instruído sobre el estado de las -aduanas literarias sudamericanas por los poetas de Sucre o de -Cochabamba, a quienes ha prologado, o quizá, casi estamos seguros, -por persona a quien él conoce bastante, poeta de peso--el hombre de -Huanchaca, el boliviano expresidente Arce, que compró la cama de la -emperatriz Josefina. Y fijáos primero en la generosidad del artista de -_Los curas en camisa_ e introductor de _Pañuelos blancos_ y de toda -clase de lencería francesa: la casa de Lope cerrada a toda idea que -no huela al aceite de las propias olivas, cuando la casa de Molière y -la casa de Shakespeare no se cierran; proteccionismo de las vejeces -más o menos gloriosas, a cuyo regimiento pertenece, o de amistades -y simpatías personales, con daño de tres jóvenes modestos que han -hecho un plausible esfuerzo; repudio de lo catalán, sin duda por las -lecciones de arte y trabajo que Barcelona da; expulsión de lo bello -_francés_ a causa seguramente de que lo propio anda escaso; y, punto de -mira principal, el dinero, el ansiado dinero--, cuya _lindeza_ no nos -atrevemos a contradecirle. _¿Cómo no?_ ¡Oh, no, buen señor! - - -Primero ha sido el talento de Rostand y después han llegado los miles -de francos; y en cuanto a Cyrano de Bergerac, si como en el diálogo de -Cávia se encontrase en la villa y corte a estas horas buscaría en vano -la hidalguía de Quevedo y se volvería a su París, con Dreyfus y todo. - -Pero, hablemos del estreno. - - * * * * * - -Un escritor de la nueva generación y de un talento del más hermoso -brillo--he nombrado a Manuel Bueno--ha escrito que «el nombre de Cyrano -de Bergerac parece un reto». «Hay--dice--en las seis sílabas que lo -componen, un no sé qué de ostentoso atrevimiento que desafía». Ello -es un hecho, que al oído se comprueba sin necesidad de haber leído el -_Cratilo_ de Platón. Entre las letras que componen ese nombre suenan -la espada y las espuelas, y se ve el sombrero del gran penacho. ¿Y -admitirás que el nombre es una representación de la cosa?--pregunta -Sócrates en el diálogo del divino filósofo--Cratilo asiente. Cyrano -tiene un nombre _suyo_ como Rodrigo Díaz de Vivar, como Napoleón, como -Catulle Mendés. Los nombres dicen ya lo que representan. Pues ese poeta -farfantón y nobilísimo, de sonoro apelativo, debía ser bien recibido -en un país en donde por mucho que se decaiga, siempre habrá en cada -pecho un algo del espíritu de Don Quijote, algo de «romanticismo». -¡Romanticismo! «Sí--clama Julio Burell--romanticismo. Pero hoy el -romanticismo que muere en Europa revive en América y en Oceanía. Cyrano -de Bergerac--una fe, un ideal, una bandera, un deprecio de la vida--se -llama Menelik en Abysinia, Samory en el Senegal, Maceo en Cuba y en -Filipinas Aguinaldo...» - -Verter el prestigioso alejandrino de Rostand al castellano era ya -empresa dificultosa. Ni pensar siquiera en conservar el mismo verso, -pues hay aquí crítica que aseguraría estar escrita en «aleluyas» la -_Leyenda de los siglos_. Todo lo que no sea en metros usuales, silva, -seguidilla, romance, sería mal visto, y renovadores de métrica como -Banville, Eugenio de Castro o D'Annunzio, correrían la suerte del -buen Salvador Rueda... Los tres catalanes--Martí, Vía y Tintorer--que -tradujeron la obra, se fueron directamente a la silva y al romance; y -ni siquiera intentaron poner en versos de nueve sílabas la balada o la -canción llena de gracia heroica y alegre: - - Ce sont les cadets de Gascogne - De Carbon de Castel-Jaloux - Bretteurs et menteurs sans vergogue - Ce sont les cadets de Gascogne... - -y tan desairadamente se convirtió en: - - Son los cadetes de la Gascuña - Que a Carbón tienen por capitán... - -Luego hicieron cortes lamentables, como en el parlamento de Cyrano, -sobre la nariz, y cambios más lamentables aún, como trocar la frase -final, la frase básica de _¡Mon panache!_ por: _La insignia de mi -grandeza_... ¡Qué queréis! por una palabra castiza se dan aquí diez -ideas; y es muy posible que si Cyrano dice claramente: _Mi penacho_, -nadie hubiera comprendido, o ese galicismo arruina la obra. De todos -modos, los catalanes han llenado bien su tarea, hasta donde es posible -en el medio en que tenían que presentarse. - -La evocación teatral, el _scenario_, fué de una deliciosa impresión -desde el primer momento, desde que apareció el local del Palacio de -Borgoña, lugar de las representaciones dramáticas en el París de 1640. -Creo demás, para el público de Buenos Aires, hablar del argumento -del _Cyrano_ de Rostand; todo se ha publicado cuando el estreno en -París, y los que se interesan en estos asuntos han leído la comedia -en el original. La nota principal del comienzo de la obra la señaló -la aparición de María Guerrero, una Roxana que, eso sí, no han tenido -los parisienses, encantadoramente caracterizada, una «preciosa», -preciosísima. Los detalles perfectamente estudiados, artistas bellas -y cómicos discretos; cuando el gordinflón Montfleuri aparece y Cyrano -surge y Roxana sonríe, ya la concurrencia está dominada. Fernando -Mendoza, que ha progresado mucho con sus viajes, se conquista los -aplausos desde luego; las simpatías, que tanto hacen con el público, -están ganadas de antemano. - -Las gasconadas se suceden, y al llegar la escena del desafío con -Valvert, el triunfo se deja divisar: y al final, cuando Cyrano se va -a acompañar a su amigo Lignière para defenderlo contra cien--¡Con -quince luché en Zamora!--la ovación primera estalla, al sonar en silva -castellana los últimos alejandrinos: - - Ne demandiez-vous pas pourquoi, mademoiselle, - Contre ce seul rimeur, cent hommes furent mis? - C'est parce qu'on savait qu'il est de mes amis. - -En el acto segundo, en su hostería aparece el poeta y pastelero -Ragueneau, encarnado por aquel tan buen cómico que conocéis, Díaz, -un gracioso que en la Renaissance supo hacer admirar la tradición de -su clásico carácter. La llegada de Cyrano, los poetas, famélicos; la -carta escrita a Roxana, la entrevista con ésta, la confidencia de ella -y el desengaño de él; la llegada de los cadetes; la provocación de -Christian--hecha con gran propiedad por el joven artista que también -conocéis, Allens Perkins--la conversación entre Cyrano y Christian; -el final del acto en versos en que los traductores se han llenado -indudablemente del espíritu del original--_¡Non, merci!_--; todo esto -hace que el telón caiga en una tempestad triunfante de entusiasmo. - -El acto tercero entra en plena victoria. La escena del balcón agrada, -por la justeza con que la silva ha podido interpretar el verso de -Francia. Matrimonio de Christian y Roxana, y venganza de De Guiches, -que manda a los cadetes de Gascuña a levantar el sitio de Arras, contra -los españoles. El entusiasmo se duplica. - -El cuarto es el del campamento, admirablemente puesto; los cadetes -hambrientos; Castel Jaloux--muy bien esculpido por Cirera--y Cyrano, -figuras sobresalientes; y la escena hermosa del pífano conmueve al -auditorio... Ah, los alejandrinos de Rostand; pero la silva sigue -haciendo lo que puede, y el _espíritu_ triunfa. Y he ahí a Roxana; -aparece en la carroza que sabéis, con el buen Ragueneau, de cochero, -que enarbola su látigo de salchicha; el _lunch_ inesperado; la llegada -de De Guiches, el diálogo de Roxana y Christian, la nobleza de ese -cordial sin talento; triunfo del alma de Cyrano; la lucha; la muerte de -Christian; y, con el pañuelo de Roxana por bandera, el combate con los -españoles; el triunfo de éstos; y la pregunta; «¿Quiénes son esos locos -que así saben morir?», con la respuesta de Cyrano. - - Ce sont les cadets de Gascogne, - de Carbon de Castel-Jaloux... - -Ciertamente os digo, que todo eso fué merecedor de la tormenta de -aplausos y exclamaciones que coronó el acto. Para llegar al último, -suave, otoñal, crepuscular, vespertino, a la caída de las hojas. De -esos adjetivos tomad el que gustéis para la figura de María Guerrero, -de religiosa, con su toca como una gran mariposa negra sobre la -frente--Cyrano llega a morir, después de tantos años de silenciosa -pasión, delante de la que ama; y en una escena de delirio glorioso y -melancólico, al amor de la luna triste. _La lune s'attristait_... Y -yo no he visto a Coquelin, ni a Richard Mansfield, los dos mejores -_Cyranos_, como que el uno es el acreedor y ha encarnado su «alma» -según dice Rostand en la dedicatoria; pero Díaz de Mendoza ha creado -bravamente, muy bravamente su papel; y, como le dice en una carta -cierto linajudo marqués, al artista grande de España: «Si hasta ahora -fuiste el cómico de los señores, desde ayer eres el señor de los -cómicos». He ido a saludarle al «saloncillo» en un entreacto, a ese -saloncillo de descanso en donde los infaltables Echegaray, Llana, -Ladevese y otros más, hacen su tertulia todas las noches, rodeados de -retratos de autores y presididos por la gracia de María Guerrero. Y he -encontrado al hidalgo entusiasta del arte, y que, signo de su tiempo, -lo es altivamente y gallardamente, sobre preocupaciones de linaje, -siguiendo una vocación imperiosa y pudiendo agregar a sus armas de -conde de Bazalote las dos máscaras. - -El aparecimiento de _Cyrano de Bergerac_, en estos momentos podría -ser y debía ser saludable y reconfortante. A propósito de estos -actores, recuerdo que Paul Costard hizo una muy atinada observación. -La de que Cervantes se hubiese arrepentido de su victoria contra la -bella locura de la caballería. Don Quijote, después de todo, no es -más que la caricatura del ideal: y sin ideales, pueblos e individuos -no valen gran cosa. Ni Cyrano habría cedido a las añagazas de los -políticos de la _débâcle «¡Non merci!»_ ni quien se quedó manco en -Lepanto habría quedado sin perecer glorioso en Cavite o en Santiago de -Cuba. El espíritu sanchesco sirve de lastre a las almas nacionales -o individuales, impide toda ascensión; el romántico espíritu de la -caballería es capaz de convertir a un seco y aritmético yanqui en un -héroe, a un cow-boy en un Bayardo. Y por el contrario, todo pueblo, -como todo hombre que desdeña el ideal, esto es el honor, el sacrificio, -la gloria, la poesía de la historia y la poesía de la vida, es -castigado por su propio olvido. A través de las lanzas prusianas se -ve pasar el cisne de Lohengrin, y mientras España fué caballeresca y -romántica, siempre tuvo la visión del celeste caballero Santiago. Esta -triste flacidez, esta postración y esta indiferencia por la suerte -de la patria, marcan una época en que el españolismo tradicional -se ha desconocido o se ha arrinconado como una armadura vieja. Los -_politiciens_ y los fariseos de todo pelaje e hígado prostituyeron -la grande alma española. Y aun la religión, que ha perdido hasta su -vieja fiereza inquisitorial en la tierra fogosa de los autos de fe, -se convirtió en una de las ventosas cartaginesas que han ido poco a -poco trayendo la anemia al corazón de la Patria; y si por el sable -sin ideales se perdieron las Antillas, por el hisopo sin ideales y -sin fe se perdieron las Filipinas. Y el honor, ¿por qué se perdió? -Creo que el fuerte vasco Unamuno, a raíz de la catástrofe, gritó en un -periódico de Madrid de modo que fué bien escuchado su grito: _¡Muera -don Quijote!_ Es un concepto a mi entender injusto. Don Quijote no debe -ni puede morir; en sus avatares cambia de aspecto, pero es el que trae -la sal de la gloria, el oro del ideal, el alma del mundo. Un tiempo se -llamó el Cid, y aun muerto ganó batallas. Otro, Cristóbal Colón, y su -Dulcinea fué la América. Cuando esto se purifique--¿será por el hierro -y el fuego?--quizá reaparezca, en un futuro renacimiento, con nuevas -armas, con ideales nuevos, y entonces los hombres volverán a oir, Dios -lo quiera, entre las columnas de Hércules, rugir al mar, con sangre -renovada y pura, el viejo y simbólico león de los iberos. - - - - - LA CORONACIÓN DE CAMPOAMOR - - [Ilustración] - - - 19 de febrero. - -SALGO de casa de Campoamor con una impresión de tristeza. Se trata de -su coronación... Romero Robledo, al cerrarse la exposición de las obras -de Casimiro Sáinz--ese pobre artista que como André Gill fué a parar -a un manicomio--, el célebre político ha iniciado ahora la pintoresca -apoteosis que han obtenido en este siglo en España, Quintana, Zorrilla -y Núñez de Arce. No es la primera vez que de ello se trata. Parece -que anteriormente por dos ocasiones se ha intentado esa espléndida -_humorada_ en acción, pero el poeta ha protestado por tan vistosos -honores y se ha encerrado en su casa a pasar sus últimos años en la -burguesa existencia de un rentista que padece de reumatismos. ¡Así -fué el gran gesto de nuestro Guido, negándose a la apoteosis con que -se le hubiera querido obsequiar! Pero ¡qué gran diferencia de poeta -a poeta! La bella cabeza del lírico argentino, la máscara del viejo -Pan, las barbas fluviales, la conversación juvenil, el alma fresca, -la confianza en la vida de su patria vigorosa y nueva; ir a visitar a -Guido es un placer intelectual, alegre y reconfortante; y a veces toca, -como sabéis, helénica y admirablemente, la flauta, mientras le hacen de -bajos sus vecinos, los leones de Palermo. Y Campoamor, caduco, amargado -de tiempo a su pesar, reducido a la inacción después de haber sido un -hombre activo y jovial, casi imposibilitado de pies y manos, la facies -penosa, el ojo sin elocuencia, la palabra poca y difícil... y cuando le -dais la mano y os reconoce, se echa a llorar, y os habla escasamente -de su tierra dolorida, de la vida que se va, de su impotencia, de su -espera en la antesala de la muerte... os digo que es para salir de su -presencia con el espíritu apretado de melancolía. - -La figura de Campoamor resalta en la poesía española de este siglo con -singular magnitud. Si aquí hubiese un Luxemburgo en que habitasen, -reconocidos por los pájaros, las rosas y los niños, los poetas de -mármol y de bronce, los simulacros de los artistas cristalizados para -el tiempo en la obra del arte, las tres estatuas que se destacarían -representando esta centuria lírica, serían la de Zorrilla en primer -término, la de Núñez de Arce y la de Campoamor. No lejos, por fondo un -macizo de flores apacibles, tendría su busto Becquer, que por tener -algo de septentrional ha sido excomulgado alguna vez por ciertos -inquisidores de la Academia de la Lengua y de la tradición formalista. - -Zorrilla encarna toda la vasta leyenda nacional, y es su espíritu el -espíritu más español, más autóctono de todos, desde el mundo múltiple -en que se desbordó su fantasía, una de las más pletóricas y musicales -que haya habido en todas las literaturas, hasta la impecabilidad -clásica y castiza de su forma, en medio de las gallardías de expresión -y de los caprichos de ritmo que le venían en antojo. Núñez de Arce, -con vistas a Francia, y muy particularmente hacia el castillo -secular y formidable de Leconte de Lisle, representa un momento del -pensamiento universal en el pensamiento de su generación en España, -una tentativa de independencia de la tradición, la duda filosófica de -mediados de siglo; su fray Martín habla como el abad Hieronimus de los -_Poemas Bárbaros_, y los alejandrinos del impasible francés hallan -resonancia paralela en los endecasílabos del nervioso y vibrante -castellano. Campoamor ha realizado en cierto modo una dualidad que se -creería imposible, al ser al mismo tiempo aristocrático y popular: -aristocrático por su elegante y amable filosofía, por su especialísima -gracia verbal y métrica; popular, porque siempre va por llanos caminos, -y su expresión es semejante a un arroyo donde cualquier caminante -puede beber el agua a su gusto con sólo darse el trabajo de inclinarse -a cogerla. De los tres, el poeta más poeta fué, sin duda alguna, -Zorrilla, «el que mató a don Pedro y el que salvó a don Juan», poeta -en su vida, poeta hasta su muerte en todo y por todo, a término de -hacer oir un discurso en verso a los académicos de la Española; poeta -delante del cadáver de Larra, poeta triunfante con su _Tenorio_, poeta -cortesano del emperador de la barba de oro en Méjico; poeta ya viejo -y necesitado, cuando Castelar sostuvo en las Cortes la urgencia de -proteger con una pensión a esa viva reliquia gloriosa, a ese millonario -de sueños y de rimas, propietario del cielo azul «en donde no hay nada -que comer». Núñez de Arce ha sido ministro, hombre político, y hoy -mismo gobernador del Banco Hipotecario; la juventud intelectual, por lo -que he observado, tiene pocas simpatías por él. Campoamor es un buen -burgués de provincia que ha sido también senador y consejero de Estado, -y que continúa gozando de la renta que le dan sus tierras. Los jóvenes -le tienen gran estima y afecto. A Zorrilla se le coronó, allá en -Granada, en fiesta en que él puso a danzar todos sus gnomos y silfos; a -Núñez de Arce se le coronó hace poco tiempo; ahora, como os he dicho, -se piensa en coronar a Campoamor. - -Yo no sé cómo aquí realizarán esta fiesta, indudablemente plausible en -cuanto se trata de honrar la divina virtud, la suma gracia del arte, -pero fácil a la sonrisa, inevitable en el humor de nuestro tiempo en -que francmasonería, filatelia, volapuk, librepensamiento y versos, en -el sentido melenudo de la palabra, pasan bajo la mirada irresistible -de la diosa Eironeia. Mirad que resucitar a estas horas ceremonias -contemporáneas de Corina, colocarle a nuestro eminente vecino don -Fulano de Tal el gajo verde que circunda la cabeza de Tasso o de Dante, -ante un concurso, por obra de su época, iconoclasta, que ha oído desde -hace largos años decir a don Gaspar: «Ya venciste, Voltaire, ¡maldito -seas!», que apenas compra los libros de rimas y que acaba de introducir -de París el café-concert, el modernismo en el arte y los automóviles, -es asunto que en Buenos Aires se prestaría maravillosamente para glosas -de un picor en que son especiales los jengibres criollo-cosmopolitas. - -He dicho que al ilustre anciano se le había antes querido coronar dos -veces, y que en ambas había declinado la manifestación. - -Para saber su temperamento en el caso actual, le hice una visita en -unión de uno de los más notables talentos del Madrid de ahora, el -médico y escritor José Verdes Montenegro, que, entre paréntesis, acaba -de publicar una interesante introducción a la versión que de una -novela reciente del hijo de Tolstoi--_El preludio de Chopín_--ha hecho -un autor de esta Corte. Ciertamente no fué de agrado el gesto que vi -cincelarse en la enferma faz de Campoamor cuando le pregunté el estado -de su ánimo sobre la coronación, y de sus labios, que apenas permiten -pasar las palabras, entre una tentativa de protesta dejó escapar una -interjección absolutamente española, pero quizá de origen griego, pues -el hermano de Safo tuvo el mal gusto de tenerla por nombre. Mientras -un criado le llevaba el alimento a la boca--«¡santo Dios, y éste es -aquél!»--aquella ruina venerable movía la cabeza, y con la mirada decía -muchas doloras crepusculares llenas de cosas tristísimas. ¡Coronación -a estas alturas de vejez en que la nieve se ha amontonado tanto sobre -la vida que ya uno apenas puede darse cuenta de que existe! Podría él -preguntarse: «¿es que vivo aún?» Se le decía que todo se haría bien -hecho, que dada la persona que encabeza la iniciativa, no podía la -fiesta ser sino un regio triunfo social e intelectual. ¿Oía? ¿entendía? - -El seguía haciendo sus dolorosos movimientos de cabeza; hasta que, -cuando nombramos a Romero Robledo, dejó caer estas palabras: «¡A ese no -le hacen justicia!» - -De todos modos, la fiesta, según tengo entendido, va a realizarse, y -esta misma noche he de asistir en casa de doña Emilia Pardo-Bazán a una -reunión de hombres de letras y de política, reunión convocada por la -célebre escritora para tratar de ese tópico. - -Ya era hora de despedirnos. Campoamor, en el estado en que está, en -cuanto se levanta de la mesa tiene que ir al lecho. Todavía nos mira -fija, fijamente: nos da la mano, que apenas puede apretar la nuestra; -y de pronto se le enrojecen los ojos, va a llorar... Mi compañero me -dice: «Vámonos». Salimos con rapidez. - - - 11 de febrero. - -Reunión, anoche, en casa de doña Emilia Pardo-Bazán. Sorpresa mía, al -oir anunciar a doña Emilia, a sus invitados, que la fiesta es dedicada -mitad al asunto Campoamor y mitad a quien estas líneas escribe. Fijáos: -ese anciano hidalgo que llega ceremonioso a saludar a la condesa -_douairière_ de Pardo-Bazán, es el duque de Tetuán; y el hidalgo joven -que cojea un poco apoyado en un bastón, al lado de don José Echegaray, -es el conde de las Navas. Cerca de Eugenio Sellés, académico, está el -próximo «inmortal» Emilio Ferrari. Carlos M. Ocantos conversa con el -periodista francés René Halphen. El doctor Tolosa Latour está entre -los dos celebérrimos cronistas de salón, _Kasabal_ y _Monte-Cristo_. -Más allá, dos o tres marqueses, cuyos títulos no se me quedan en la -memoria; y las señoritas de Quiroga, hijas de doña Emilia. Le doy la -mano a un tuerto, de la dinastía bretoniana; es Luis Taboada. Un ciego -se adelanta--siempre ducal, siempre suscitando rumores afectuosos a su -paso, siempre con una elegancia que es proverbial desde su juventud, a -punto de que en los salones de Wáshington se le apellidaba _Bouquet_; -se diría que su ceguera realza ahora su distinción: es el autor de -_Pepita Jiménez_--es don Juan Valera. En un grupo oigo decir entre -otras palabras: «Buenos Aires... _La Nación_... Mitre... Centenario de -Colón...» A un caballero, a quien reconozco en seguida, recuerdo que -le he sido presentado por Cánovas en otro tiempo: es el señor Romero -Robledo. Se forman corrillos. Heme aquí de pronto colocado por doña -Emilia entre dos altas damas que representan lo más intelectual de la -nobleza femenina de España: la marquesa de la Laguna y la condesa de -Pinohermoso. Desde luego es ya mucho que estas dos linajudas señoras se -interesen por cosas de la literatura. De antiguo la nobleza, con las -excepciones sabidas, fué ignorante y poco amiga de asuntos que hicieran -pensar. Hoy, con excepciones más sabidas aún, las cortes europeas son -como las aristocracias plutocráticas de países sin armoriales; hay -la cultura precisa para no hacer resaltar una ignorancia que sería -desdorosa, pero lo principal se va al _sport_ y demás conocimientos -mundanos. - -La poca conversación con estas damas me da a entender que hay justicia -en tenerlas en la estima mental que se las tiene, quedando resaltantes, -a mi juicio, la duquesa de la Laguna por el _esprit_, la condesa de -Pinohermoso por las opiniones discretas. - -¿Y el asunto Campoamor a todo esto? Nadie habla de ello por el momento. -Apenas un señor que ha visto al viejo poeta esta misma tarde, cuenta -que le ha preguntado: «¿Y usted se dejará por fin coronar?», y que él -le ha contestado: «Yo no me dejo, pero me van a coronar». Observo que -todo el mundo mira a Romero Robledo como a un sér más o menos olímpico. -Él habla de que la coronación se realice en el Retiro. Se levantaría -una tribuna especial; se decoraría todo con el arte y el fausto de -que se puede disponer; y luego, el recinto guarda memorias ilustres -de los tiempos en que Felipe IV sabía ser un monarca intelectual. Y -doña Emilia habla de lo que ha dicho Castelar en el banquete de hace -dos días: que a él no le parece bien la coronación de un poeta lírico, -porque éste expresa opiniones y sentimientos individuales; a un poeta -épico, se explica, porque representa el alma de una colectividad, de -un pueblo... Y doña Emilia, a defender a Campoamor, y a decir que -cabalmente los poetas llamados épicos--¿han todos expresado epopeyas -en el alto sentido?--son momentáneos y manifiestan pensamientos y -sentimientos que pasan; en tanto que los poetas líricos o individuales -han puesto en la expresión de su yo la expresión del alma eterna de -los hombres; y así, lo que han cantado y rimado hace muchos siglos, -subsiste hoy como emergido de almas y corazones contemporáneos -nuestros. Homero nos interesa en la despedida de Andrómaca, porque eso -es humano y particular a cada sér que tenga sensibilidad cordial; pero -cuando es absolutamente épico, no interesa hoy, sino a la erudición o a -la pedantería. Cuando doña Emilia demostraba esto a Valera, yo decía en -mi interior lo que Víctor Hugo en otra ocasión dijese a la misma doña -Emilia: _¡Voilà bien l´Espagnole!_ - -Como entre los humos del té pidiese yo al señor Romero Robledo detalles -sobre la próxima coronación, me dice que todavía no hay nada definido; -que se ha iniciado nada más el asunto, pero que marcha con tan buen -aire, que todo augura un éxito colosal. Y aquí dos cosas curiosas, una -del señor Romero Robledo y otra de la señora Pardo-Bazán. El uno dice: -«¡Vamos a hacer algo que dejará eclipsado lo que París hizo por Víctor -Hugo!...» Y la otra cuenta esta anécdota que el periodista francés -la dejaría pasar, pero yo no: «Cuando se publicaron las _Doloras_ de -Campoamor, Víctor Hugo, celoso de esa gloria, dijo: «Voy a hacer un -volumen de _Doloras_, como las de Campoamor», y escribió _¡Chansons des -rues et des bois!_» - -¡Oh, doña Emilia! Es el caso que en esta ocasión no podría decir la -frase huguesca de su autobiografía de los _Pasos de Ulloa_: «_¡Voilà -bien l´Espagnole!_»... Y si ella arguyera, casi me pondría yo de parte -de la señora de Lockroy... - -Nos quedamos en _petit comité_; se despide la mayor parte de los -invitados, y nos instalamos cerca de una roja y buena chimenea. Valera -encanta y divierte, castellano y florentino, con su conversación -especial; doña Emilia hace recitar a Ferrari, y dice ella versos -alemanes e italianos. Y está más brillante que nunca, más brava que -nunca, después de una de esas gallardas anécdotas de Valera, cuando a -alguien se le antoja hablar de las inmediatas desventuras de España, -y a este propósito un conde ignorante expele dos o tres inepcias -estadísticas, y con un desconocimiento completamente ibero-americano, -lanza esta frase: «La Habana era, al perderla España, la ciudad más -grande, culta y rica de la América española». - -El secretario argentino se pone nervioso, me hace señas y me voy a mi -casa pensando en la «azul y blanca» de Obligado, a escribir, contento -de mi continente, y de la capital de mi continente, para mi diario. - - [Ilustración] - - - - - CARNAVAL - - [Ilustración] - - - 17 de febrero. - -_LE carnaval s'amuse_... y Madrid se disfraza y danza y toca las -castañuelas. Se ha divertido el pueblo con igual humor al que hubiese -tenido sin Cavite y sin Santiago de Cuba. Hay filósofos de periódico -que protestan de tan jovial e inconmovible ánimo; hay humoristas -que defienden la risa y la alegría nacionales y que creen que «bien -merecen la fiesta los pueblos que saben divertirse». ¡En hora buena! -Yo me siento inclinado a estar de parte de los últimos y reconozco -la herencia latina. Tácito y Suetonio (Anal. III, 6, Cal. 6) nos han -dejado constancia de que los duelos públicos se suspendían en Roma los -días de juegos públicos, o mientras se celebraban ciertos sagrados -ritos. El luto español no se advierte al paso del cortejo de la Locura, -y aquí, más que en ninguna parte, los duelos con pan--y ¡toros!--son -menos. - -Se ha enterrado la Sardina en su día, en el día de la simbólica ceniza; -y en medio de la pompa carnavalesca, un periódico ha hecho desfilar -una carroza macabra con el entierro de _Meco_, ese típico personaje -que representa a la España de hoy. La mascarada en cuestión era de un -pintoresco bufo-trágico indiscutible: la caricatura de los políticos -del desastre, las ollas del presupuesto por incensarios; _Meco_ camino -del cementerio y tras la fúnebre mojiganga, una murga trompeteando a -todo pulmón la marcha de Cádiz. Decid si no es un modo de divertirse -con lívidos reflejos a lo Poe, y si en este carnaval no ha habido, si -no la mascarada de la muerte roja, la mascarada de la muerte negra. -Y como un diario hablase de una broma política dada a Sagasta en su -casa, la grave _Época_ ha publicado con terrible intención, que «no -informado del todo el apreciable colega, ha omitido dar cuenta de otra -broma, o, mejor, bromazo que después dió al jefe del Gobierno una -numerosa comparsa vestida con más propiedad que la ya célebre compañía -de _los cadetes de la Gascuña_. Fué el caso que al filo de la media -noche, cuando más plácidamente reclinado estaba en cómoda butaca el -señor Sagasta contemplando cómo se reducían a cenizas los troncos de -su chimenea, ni más ni menos que nuestras posiciones ultramarinas, -y evocando mentalmente los hechos todos de su larga y aprovechada -vida, sonó en la antesala ruido de extraña música, así como el rascar -de huesos con que suelen acompañar sus tangos los negros de Cuba. -Se abrió la puerta y entró la mascarada. Precedíale un estandarte -enlodado que en otro tiempo fué rojo y amarillo, adornado ahora de -oro y azul. A pesar de los desgarrones y manchas del carnavalesco -estandarte, podían leerse estos nombres: Cavite, Santiago, San Juan -de Puerto Rico. Seguían luego con carátulas que representaban rostros -demacrados y cadavéricos, unos cuantos jóvenes que parecían viejos, -cojos unos, mancos otros, con el traje de rayadillo hecho jirones por -las malezas de la manigua... Éstos ofrecieron al señor Sagasta una caja -de guyaba fina. Tan grotesca era la catadura de las susodichas máscaras -y tan oportuno le pareció el susodicho regalo al presidente, que el -buen señor prorrumpió en ruidosas carcajadas. También le hicieron -desternillar de risa los prisioneros de Filipinas. Iban disfrazados, -con propiedad casi deshonesta, de _desnudos_ y traían en azafate de -abacá, ramos de sampaguitas. Mezclado con los anteriores entraron en -el gabinete del señor Sagasta marinos de Cavite y de Santiago con -cabezas tan artísticas y muecas tan significativas, que no parecía sino -que sus _poseedores_ habían estado meses enteros debajo del agua...» -Ese acero fino es del marqués de Valdeiglesias. Y esa pintura que hace -resaltar que estamos en un país en que aun flota el espíritu de Goya, -es un comentario mejor que cualquier otro, del estado moral que aquí se -impone en estos momentos. Ese _capricho_ dice la verdad de una manera -risueñamente sombría. Pues bien, me temo que pocos ojos se hayan fijado -en la corrosión del agua fuerte, mientras se apagaba en los aires el -son de las dulzainas de Valencia. - -Las dulzainas las trajeron los estudiantes valencianos que han venido -a la Corte, con naranjas y claveles, con muchachas hermosísimas, a -cantar y a bailar y a pedir para un sanatorio que pronto ha de llenarse -de repatriados. Ha sido esa estudiantina una nota vibradora y sana, -por más que puedan visarla los cronistas a ultranza, en el cuadro de -la fiesta general. Aun queda en esta juventud escolar un resto de -las clásicas costumbres de sus semejantes medioevales, un rayo de la -alegría que sorbían con el vino los estudiantes de antaño, un buen -ánimo goliardo, la frescura de una juventud que no empaña el aliento -de las grandes capitales modernas. Y entre lo bueno que han hecho al -llegar a ésta, ha sido la visita al palacio, pues han ido a llevarle -ciertamente un poco de sol a ese pobre reyecito enjaulado que ha tenido -una ocasión de sonreir. - -Lucen los estandartes de las distintas facultades; con extrañas -vestimentas, los dulzaineros que han tenido por principal -_kapellmeister_ a un ruiseñor, como el pifanista de Daudet; la comparsa -de la boda, florida de pañuelos y de ramos frescos y de mejillas -finas como de seda de flor, y en los ojos de esas mujeres la salvaje -y agresiva luz levantina; y los cuerpos eurítmicos y ricos de gracia -sensual, cuellos de magnífica pureza, senos y piernas armoniosas; -son el vivo encanto entre las notas detonantes y decorativas de las -mantas y de los cestos de frutas. Y en la sala del palacio en que se -les recibe, los que fingen labradores se ponen a departir echados en -el suelo, los de las bandurrias y guitarras se ordenan, y al aparecer -la reina y su familia, un trueno de cuerdas inicia la marcha real. Los -que representan la boda animan su risueño grupo de trajes vistosos. -Luego es la danza regional del _U_ y el _Dos_; y las canciones y las -coplas que dos estudiantes improvisan, a dos versos cada uno, y los -_donsainers_ que tocan en sus instrumentos de legado arábigo sones -originales que danzan las parejas, músicas perfumadas de rosas de -la Huerta, cadencias y ritmos de una melodía que en vano procuraría -esquivar su origen muslímico; y el canto y la danza bordan, cincelan -paisajes que en una lejanía histórica puede evocar el soñador. La -austriaca triste se ve como iluminada de música, el reyecito anémico -debe sentir correr por sus venas un rojo estremecimiento; las princesas -y los cortesanos sienten en medio de los muros antiguos y de los -solitarios y maravillosos habitáculos, una invasión de aire libre, una -irrupción de la vigorosa naturaleza, una momentánea aparición del alma -sonora de la España popular; es un sorbo de licor latino apurado en -horas de decaimiento en una copa labrada por el moro. La reina admira -un rico pañuelo de randas que una valenciana luce en la cabeza, y la -valenciana se quita de la cabeza el pañuelo y se lo da a la reina. Un -estudiante ofrece a una princesita un cesto de limones con el mismo -gesto que si fuesen de oro. El señor rector anda por allí con su frac -y su discurso, negro entre la fiesta de colores. En los ojos del rey -niño juega una inusitada llama, y la buena Borbón de la infanta Isabel -está en su elemento. Ya el rector leyó su pliego, ya vuelven a sonar -las dulzainas morunas y las valencianas a tejer estrofas con caderas, -piernas y brazos. Ya se va la comparsa, ya quedan los príncipes solos -con su grandeza; ya va a su retiro el pequeño monarca, acompañado de -una aya invisible... pero que el ojo del poeta alcanza a distinguir y a -reconocer, pálida, muy pálida. - -Entretanto Madrid ha bailado como nunca. No hay recuerdo de una -época en que las gentes se hayan entregado a tal ejercicio con mayor -entusiasmo. En el Real, en todos los teatros, bailes de sociedades y -gremios; en los salones mundanos bailes de cabezas y de trajes; en -las calles mismas, mascaradas con una guitarra y unas castañuelas por -toda música, se han descaderado a jotas. Los disfraces han abundado; -y mientras uno materialmente no puede dar un paseo por las calles -sin que le impidan el paso los mendigos, mientras la prostitución, -comprendida la de la infancia y causada por el hambre en este buen -pueblo, se instala a nuestros ojos a cada instante; mientras los -atracos o robos en plena calle hacen protestar a la Prensa todos los -días, se han gastado en los tres de carnaval trescientas mil pesetas -en confetti y serpentinas. Parece que pasase con los pueblos lo que -con los individuos, que estas embriagueces fuesen semejantes a la de -aquellos que buscan alivio u olvido de sus dolores refugiándose en los -peligrosos paraísos artificiales. O que la cigarra española después de -haber pasado cantando tanto tiempo, a la hora de los cierzos y en el -frío del invierno siguiese el consejo de la hormiga: «¡Bailad ahora!» -De todas maneras os aseguro que esta alegría es un buen síntoma: -enfermo que baila no muere. Y la belleza de estas mujeres españolas, -la abundancia de belleza sobre todo, y de frescura y de vida sana, dan -idea de la más fecunda mina de almas y de cuerpos robustos, de donde -pueden salir los elementos del mañana. Y yo no sé si me equivoque, pero -noto que a pesar del teatro bajo y de la influencia torera--en su mala -significación, es decir, chulería y vagancia--, un nuevo espíritu, -así sea homeopáticamente, está infiltrándose en las generaciones -flamantes. Mientras más voy conociendo el mundo que aquí piensa y -escribe, veo que entre el montón trashumante hay almas de excepción -que miran las cosas con exactitud y buscan un nuevo rumbo en la noche -general. - -He de ocuparme especialmente en estas manifestaciones de una reacción -saludable y que auguraría, con tal de que esos luchadores se uniesen -todos en un núcleo que trabajase por la salud de España, un movimiento -digno de la patria antigua. Por lo demás, las fiestas no hacen daño, -y con fiestas y toros hubo un Gran Capitán y un duque de Alba. El -Aranjuez de la princesa de Éboli corresponde en cierto modo al Retiro -de Felipe IV. Las máscaras suelen ser del agrado de los héroes, y -cuando el Cid se casa y va el rey sacando los granos de trigo de entre -los senos de Jimena, divierte a las gentes un hombre de buen humor que -va vestido de diablo. - -Lo que hay es que los que quieran proclamar la reconstrucción con -toda verdad y claridad han de armarse de todas armas en esta tierra -de las murallas que sabéis. Hay que luchar con la oleada colosal de -las preocupaciones; hay que hacer verdaderas _razzias_ sociológicas, -hay que quitar de sus hornacinas ciertos viejos ídolos perjudiciales, -hay que abrir todas las ventanas para que los vientos del mundo barran -polvos y telarañas y queden limpias las gloriosas armaduras y los oros -de los estandartes; hay que ir por el trabajo y la iniciación en las -artes y empresas de la vida moderna, «hacia otra España», como dice en -un reciente libro un vasco bravísimo y fuerte--el señor Maeztu--; y -donde se encuentran diamantes intelectuales como los de Ganivet--¡el -pobre suicida!--, Unamuno, Rusiñol y otros pocos, es señal de que -ahondando más, el yacimiento dará de sí. - - - - - UNA CASA MUSEO - - [Ilustración] - - - 24 de febrero. - -NI del borrascoso conde de las Almenas que al abrirse las cortes ha -vuelto a ser la voz que clama después del desastre, el hombre que dice -a los generales verdades corrosivas y heridoras; ni del banquete que -se le ha dado a Luis París, empresario de la Ópera, por su triunfo -de la reciente temporada del Real bajo cuyas techumbres aun resuena -el paso de la cabalgata de las Walkirias; ni de la próxima venida, -en la primavera, de la compañía de Bayreuth, con sus directores y -orquesta, lo cual implica una excepcional victoria de Wagner en este -país del Sol; ni del maestro Zumpe, que ha traído con su batuta alemana -un aliento de vida nueva al movimiento musical de esta Corte que es -por cierto digno de larga atención; ni de las reuniones de Zaragoza -en donde se ha tratado de la regeneración de España en sonoras y -pintorescas arengas; ni de otros tópicos de ocasión os hablaré, por -transmitiros las sensaciones de arte que acabo de experimentar en -una casa que es al mismo tiempo un museo, y que, indiscutiblemente -es la mejor puesta a este respecto, de todo Madrid, con ser famosa -y admirable la del conde de Valencia de Don Juan; me refiero a la -_garçonnière_ que en la cuesta de Santo Domingo habita el director de -_La España Moderna_, José Lázaro y Galdeano. - -Es José Lázaro acreedor al elogio por su amor a las letras y artes; -ha sostenido y sostiene la revista de más fuerza que hoy tiene España -entre los grandes periódicos: ha publicado más de quinientos libros -de autores extranjeros, haciéndolos traducir para su propagación en -ediciones baratas y elegantes; su correspondencia, en ese punto, ha -sido con escritores que se llaman Tolstoi, Gladstone, Ibsen, Richepin; -ha llenado su casa de preciosidades antiguas, de armas, libros, joyas, -encajes, cuadros, bronces, autógrafos; ha viajado por toda Europa y -se prepara este año para ir a Spitzberg; es el amigo de todo sabio, -de todo escritor, de todo artista que visita este país; es joven, -soltero, muy rico; sus aficiones intelectuales no le impiden hacer -una vida mundana; y cuando vuelve, por ejemplo, de una excursión del -interior de España, ocupa la tribuna del Ateneo y obtiene el aplauso -y la aprobación de todos; creo que su camisa está muy cerca de ser -la camisa del hombre feliz. Yo le fuí presentado hace siete años, -al mismo tiempo que dos escritores extranjeros, el novelista griego -Bikelas--de quien os he hablado ya ha tiempo en _La Nación_--Maurice -Barrès. A este propósito recuerdo una curiosa anécdota referente al -célebre jardinero de su «yo». Sucedió que Barrès tenía gran interés -en presenciar una corrida de toros; era el momento en que se movía en -su cerebro más de un capítulo «de la sangre, de la voluptuosidad y de -la muerte». Quería ya que no documentarse, impresionarse, y manifestó -a Lázaro el deseo que tenía de ir a la plaza, en compañía de una moza -que se trajera de París, graciosa de su persona, fina y pimpante, flor -de bulevar. Lázaro le consiguió un palco; pero el amigo y prologuista -del general Mansilla díjole que prefería impregnarse de color local, -de ambiente, y que para ello deseaba ver la función desde el tendido, -mezclado a la gente popular. Se le hicieron algunas observaciones, -mas no se pudo vencer el capricho de los parisienses, y se enviaron -a Barrès dos asientos de tendido, a la sombra. Cuéntase por acá que -el viejo Dumas se presentó en la plaza de toros de Sevilla, en una -tarde de oro y alegría, con chaqueta de torero, pantalón ajustado, -faja y... sombrero de copa. Os podéis imaginar la «ovación» de que -sería objeto entre los habitantes del barrio de Triana el hombre del -Monte-Cristo. Algo semejante ocurrió cuando en el tendido de Madrid se -vió aparecer una pareja originalísima: él trajeado como para el Grand -Prix, y ella con una de esas _toilettes_ primaverales que encantan -la Cascada o Armenonville. Pero la cosa fué en aumento cuando al -comenzar los banderilleros sus suertes, el francés y su compañera -aplaudían desusadamente; y cuando, al llegar los picadores, comenzó -el desventrar de los caballos por los toros, Barrès se puso de pie, y -sus protestas a gritos desolados llamaron la atención, y las aceitunas -de sus vecinos, que comían rebanadas de salchichón y bebían vino en -bota. Las interjecciones llovieron y hubo que ir a sacar de su puesto -a la dama desmayada y al cultivador del «yo». He recordado esta -historia divertida, tiempos después, al leer esas páginas supremas de -pensamiento y de hondura psicológica, con ese estilo personalísimo del -renaniano y stendhaliano--¡poderosa suma!--que ha dado tan bello libro -sobre _la sangre_, _la voluptuosidad_ y _la muerte_. - -La casa de Lázaro está cerca de la de don Juan Valera y el general -Martínez Campos; y enfrente de la del duque de Frías, el gran señor de -romántica vida que arrebatara en época hoy legendaria la mejor joya de -la embajada inglesa... De los balcones se ve la casa de la novela--que -costó la inmensa fortuna del duque--y, al dulce oro de una tarde que -hubiera podido ser de primavera, hablábamos de esos sueños vividos. - -Luego fuí a visitar las telas viejas, los cuadros auténticos y -admirables--¡oh, mi buen amigo Schiaffino, y cómo le he recordado!--Lo -de Tiépolo, cabezas dibujadas con la conocida magistral manera. Un -hermosísimo cuadro de la época rafaelita, de tonalidad única, a modo -de creerse imposible que se haya podido lograr la conservación de tanta -riqueza de color. Un Ribera que desearían muchos Museos; riquísimos -trípticos bizantinos; retratos de valor histórico y de un abolengo -artístico que desde luego se impone; y más y más preciadas cosas en que -resalta con aristocracia absoluta, como soberano, santa «panagia» de -esa casa del Arte, un Leonardo de Vinci. - -Esta presea de la pintura es un cuadrito pequeño, un retrato, el de un -tipo seguramente contemporáneo de la Gioconda; maravilloso andrógino, -de una fisonomía sensual y dolorosa a un tiempo, en la cual todo el -poema de la visión del artista incomparable está cristalizada, como en -un suave y prodigioso diamante. Es una «ficción que significa cosas -grandes», como decía el maestro en palabras que han florecido en el -alma d'annunziana. Me gusta más todavía este retrato enigmático que -el mismo sublime retrato de Monna Lissa. La mirada está impregnada -de luz interior; el cabello es de un efecto que sobrepasa los -efectos esencialmente pictóricos; el ropaje--que es hermano de la -Gioconda--muestra la mano original; y el fino y delicado plasticismo de -las armoniosas facciones, denuncia, clama la potencia del porfirogénito -poeta-sapiente de la _Anatomía_, del príncipe de los maestros de la -pintura de todos los siglos. Del Museo de Berlín vinieron a intentar -llevarse tan magnífica obra, pero el dueño no quiso la buena suma del -oro alemán. Al Louvre fué en persona a mostrar su tesoro, y también -recibió propuestas. El cuadrito sigue imperante en tierra española. - -Entre tanta rica colección de cosas de arte, me llaman la atención -dos mantillas que pertenecieron a una altísima dama de la nobleza -madrileña, que pasó sus últimos años en apuros y pobrezas y tuvo un -entierro modesto, humilde, después de haber recibido, en tiempos de -pompa, a los monarcas en sus salones. De ella era también un anillo -de solitaria belleza, una perla cuyo oriente se destaca singular -entre finas chispas, todo de un gusto de exquisitez hoy no usada, y -que seguramente adornó en no muy lejanos tiempos dedos principales -que muestran su gracia nobiliaria en los retratos de Pantoja. De ella -asimismo una peineta que ostenta en su semicírculo tantas amatistas -como para las manos de diez arzobispos. - -De las joyas en mi rápida visita paso a los libros: primero los -incunables alemanes e italianos; eucologios de Amsterdam; hermosas -ediciones de España, las espléndidas de Montfort, de Sancha, de la -Imprenta Real; varios infolios pertenecientes a la biblioteca del -infante Don Sebastián; una crónica de Pero Niño, de severa elegancia -tipográfica; rollos hebreos, pergaminos gemados de mayúsculas que -revelan la fina y paciente labor de la mano monacal; sellos de Don -Alfonso _el Sabio_; prodigiosas caligrafías arábigas, autógrafos de un -valor inestimable. Buena parte de todo lo que adorna esta mansión fué -expuesta en la Exposición Histórica europea y americana que se celebró -en esta capital, con motivo del Centenario de Colón, y en el actual -palacio de la Biblioteca y Museo de Arte Moderno. - -Al ir revistando tan estupenda colección de riqueza bella, pensaba yo -en cómo muchas de las cosas que atraían mis miradas eran parte del -desmoronamiento de esas antiquísimas Casas nobles que, como la de -los Osunas, han tenido que vender al mejor postor objetos en que la -historia de un gran reino ha puesto su pátina, oros y marfiles rozados -por treinta manos ducales en la sucesión de los siglos, hierros de los -caballeros de antaño; muebles, trajes y preseas que algo conservan -en sí de las pasadas razas fundadoras de poderíos y grandezas... Y -recordaba la amarga comedia de Jacinto Benavente: _La comida de las -fieras_... - -Y antes de partir fuí otra vez a dar mi saludo de despedida a la -creación del divino Leonardo. Y parecíame que la majestad del arte -diese razón a la caída de todo edificio que no tenga por base la -potencia mental. Esa faz reproducida o imaginada por el maestro -luminoso vive y comunica su inmortal misterio, su hechizo supremo, a -toda alma que se acerque a su mágica influencia, cual si desprendiese -de la obra del pincel la maravilla avasalladora de una virtud secreta. -Y a través de la fugaz onda temporal, esa dominación arcana se -perpetúa, y la imperecedera diadema se hace más radiosa al tocar sus -perlas invisibles el vuelo de las horas. - - [Ilustración] - - - - - LA JOVEN LITERATURA - - [Ilustración] - - - 3 marzo de 1899. - -ACABA de representarse en Granada un drama póstumo de Ángel Ganivet: -coyuntura inapreciable para hablar del pensamiento nuevo de España. -Pues Ganivet, especial personaje, era quizás la más adamantina -concreción de ese pensamiento. - -El propio se ha encarnado en su Pío Cid, simbólico tipo, en el cual -el antiguo caballero de la Mancha realiza, a mi entender, un avatar. -Ganivet era uno de esos espíritus de excepción que significan una -época, y su alma, podría decirse, el alma de la España finisecular. -No conozco la obra que se ha dado recientemente a la escena, _El -escultor de su alma_; pero desde luego, creo poder afirmar que se trata -meramente de una autoexposición psíquica; es el mismo Pío Cid, de la -_Conquista del Reino de Maya_, el último conquistador español Pío Cid. -Antójaseme que en Ganivet subsistía también mucho de la imaginativa -morisca, y que la triste flor de su vida no en vano se abrió en el -búcaro africano de Granada. Su vida: una leyenda ya, de hondo interés. - -Desde luego, un joven, que sube a la torre nacional a divisar el mundo, -luego se encamina a la ideación de una nueva patria en la patria -antigua: en Pío Cid hay simiente para una España futura. Después, -cosa que sorprenderá a quien tenga conocimiento de las costumbres -literarias de todas partes y sobre todo de este país: Ganivet no -tenía enemigos, y por lo general, si conversáis con cualquiera de -los intelectuales españoles, os dirá: «Era el más brillante y el más -sólido de todos los de su generación». En la Corte tuvo sus bregas, -sus comienzos de gloria. Hubo una pasión, toda borrasca, que según -se dice fué la causa de su muerte. Entró a la carrera consular, tan -propicia a la literatura, aunque no lo parezca por los roces de lo -mercantil; y continuó en su labor ideológica y artística. Sabía ruso, -danés, casi todos los idiomas y dialectos de los países boreales, sabía -lenguas antiguas, escribió un libro curiosísimo sobre las literaturas -del Norte; publicó otro de sol y de música, al par que una obra de -cerebral, sobre su _Granada la bella_, en el país de Hamlet; produjo -más libros, y un emponzoñado día, un mal demonio le habló por dentro, -en lo loco del cerebro, y él se tiró al Volga. Así acabó Pío Cid su -vida humana. Su vida gloriosa y pensante ha de ir creciendo a medida -que su obra sea mejor y más comprendida. Entonces se verá que en ese -sér extraño había un fondo de serena y pura nobleza bajo la tempestad -de su temperamento; que vivió de amor, de abrasamiento genial y murió -también por amor, en la forma de un cuento. En la _Conquista del reino -de Maya_ exprime todos sus zumos de amargas meditaciones, y su forma -busca la escritura artística, que en _Los Trabajos_ no se advierte. -Aun vemos desarrollarse el período cervantesco; pero las encadenadas y -ondulantes oraciones, van por lo general repletas de médula. La obra -queda sin concluir; o mejor dicho, tuvo la conclusión más lógica al -propio tiempo que más extraña, en la unión de una fábula escrita y una -vida. Pío Cid debía concluir con quitarse la existencia. No es él quien -habla en el diálogo, pero Olivares, un personaje de _Los Trabajos_, -dice en cierta página del libro: «Se exagera mucho, y además, alguna -vez tiene uno que morirse, porque no somos eternos. Entre morirse de -viejo apestando al prójimo o suprimirse de un pistoletazo, después de -sacarle a la vida todo el jugo posible, ¿qué le parece a usted?... Yo, -por mí, les aseguro que no llegaré a oler a rancio.--Cada cual entiende -la vida a su modo--dijo Pío Cid--y nadie la entiende bien.--Ahora -ha dicho usted una verdad como un templo--dijo Olivares--. Lo mejor -es dejar que cada uno viva como quiera y que se mate, si ese es su -gusto, cuando le venga la contraria». ¡El pobre Ganivet! Llegó el -trágico minuto, abrió la puerta misteriosa y pasó. De las _Cartas -finlandesas_ escribe Vincent en el _Mercure_, que «no es una obra -dogmática, antes bien familiar; en el punto de vista no es español, es -humano: el autor, en efecto, que conoce perfectamente toda la Europa, -gusta de hacer recorrer a sus conceptos distintas latitudes; agregad -a eso un sentido muy real de nuestra época, una información que va -de Ibsen a Maeterlinck, de Tolstoi a Galdós: ninguna pedantería; una -dulce sensibilidad que afecta disimularse tras un velo de ironía. En -fin, un libro de actualidad perfecta en que la Finlandia es vista por -un espíritu desembarazado de prejuicios y por un latino». El crítico -francés, demasiado benévolo por lo general en sus revistas de letras -españolas, no ha pasado por esta ocasión de lo justo. Ganivet, escritor -de ideas, más que de bizarrías verbales, merece el estudio serio, el -ensayo macizo de la crítica de autoridad. Nicolás María López, otro -granadino, amigo y compañero suyo, habla, además, del drama que acaba -de representarse, de otras obras póstumas que están en su poder: -_Pedro Mártir_, en tres actos, y _Fe, Amor y Muerte_, drama, dice -«profundamente psicológico, con ideas alucinadoras y extrahumanas, con -una fuerza trágica tan extraña y sutil, que parece romper los moldes de -la vida y entrar en los senos de la muerte». Rara y bella figura, en -este triste período de la vida española, y que parece haber absorbido -en sí todos los generosos y altos ímpetus de la raza. Y recuerdo el -sintético acróstico latino de Pío Cid, en _Los Trabajos_, Arimi: - - Artis initium dolor - Ratio initium erroris. - Initium sapientisæ vanitas. - Mortis initium amor. - Initium vitae libertas. - -Jacinto Benavente es aquel que sonríe. Dicen que es mefistofélico, y -bien pudieran ocultarse entre sus finas botas de mundano, dos patas -de chivo. Es el que sonríe: ¡temible! Se teme su crítica florentina -más que los pesados mandobles de los magulladores diplomados; fino -y cruel, ha llegado a ser en poco tiempo príncipe de su península -artística, indudablemente exótica en la literatura del garbanzo. Se ha -dedicado especialmente al teatro, y ha impuesto su lección objetiva de -belleza a la generalidad desconcertada. Algunas de sus obras, al ser -representadas han dejado suponer la existencia de una clave; y tales -o cuales personajes se han creído reconocer en tales o cuales tipos -de la Corte. Como ello no es un misterio para nadie, diré que en _El -marido de la Téllez_, por ejemplo, el público quiso descubrir la vida -interior y artística de cierta eminente actriz casada con un grande de -España y actor muy notable; y en _La comida de las fieras_, entre otras -figuras se destacó la de una centroamericana, millonaria, casada con -un noble sin fortuna y hoy marquesa por obra de Cánovas del Castillo. -Benavente niega que haya tomado sus tipos del natural; pero el parecido -es tan perfecto que toda protesta se deshace en una sonrisa. _La -comida de las fieras_ fué basada, seguramente, en el caso penoso de la -venta en subasta de las riquezas seculares que contenía la Casa de los -Osunas. Los personajes son de una humanidad palpitante; y he de citar -estas frases de Hipólito, al finalizar la comedia: «Porque en lucha -he vivido siempre; porque viví desde muy joven en otras tierras donde -la lucha es ruda y franca. ¿Por qué vinimos a Europa? En América el -hombre significa algo; es una fuerza, una garantía... se lucha, sí, -pero con primitiva fiereza, cae uno y puede volver a levantarse; pero -en esta sociedad vieja, la posición es todo y el hombre nada... vencido -una vez, es inútil volver a luchar. Aquí la riqueza es un fin, no un -medio para realizar grandes empresas. La riqueza es el ocio; allí es -la actividad. Por eso allí el dinero da triunfos y aquí desastres... -Pueblos de historia, de tradición; tierras viejas, donde sólo cabe, -como en las ciudades sepultadas de la antigüedad, la excavación, no las -plantaciones de nueva vegetación y savia vigorosa». - -En _Figulinas_ y _Cartas de mujeres_ no puede dejarse de entrever la -influencia de ciertos franceses: un poco aquí Gyp, otro poco allí -Lavedan y Prevost; la _parisina_ aplicada al alto mundo madrileño que -Benavente ha bien estudiado. Benavente es caballero de fortuna, y -mientras leo un sutil arranque suyo en _Vida literaria_ y se ensaya -en la Comedia un arreglo suyo del _Twelfth night_, tropiezo con lo -siguiente en la cuarta plana de un diario: - -«Se venden los pastos de rastrojera y barbechera, del término de -Jetafe, divididos en lotes o cuarteles, cuya venta tendrá lugar en -pública subasta, ante la Comisión del gremio de labradores, en la -Casa Consistorial, donde está de manifiesto el pliego de condiciones, -el día 19 del actual, a las diez de su mañana.--Jetafe 9 de marzo de -1899.--Por la Comisión, _Jacinto Benavente_.» - -De mí diré que con toda voluntad juntaría a mis sueños de arte una -estancia entre las montañas de González, junto a las riberas del Paraná -de Obligado, o en la _Australia Argentina_ de Payró. Día llegará en que -la literatura tenga por precisa compañera la tranquilidad del espíritu -en la lucha por la vida y el trabajo industrial o rural como contrapeso -al ya terrible _surmenage_. Los ingleses y los norteamericanos han -comenzado a aleccionarnos, y un _gentleman-farmer_ artista no es un -ave rara. Dejo como última nota el _Teatro fantástico_ de Benavente, -una joya de libro que revela fuerza de ese talento en que tan solamente -se ha reconocido la gracia. Fuerza por cierto; la fuerza del acero del -florete, del resorte; finura sólida de ágata, superficie de diamante. -Es un pequeño «teatro en libertad», pero lejos de lo telescópico de -lo Hugo y de lo suntuoso que conocéis de Castro. Son delicadas y -espirituales fabulaciones unidas por un hilo de seda en que encontráis -a veces, sin mengua en la comparación, como la filigrana mental del -diálogo shakespeareano, del Shakespeare del _Sueño de una noche de -verano_ o de _La tempestad_. El alma perspicaz y cristalinamente -femenina del poeta crea deliciosas fiestas galantes, perfumadas -escenas, figurillas de abanico y tabaquera que en un ambiente Watteau -salen de las pinturas y sirven de receptáculo a complicaciones -psicológicas y problemas de la vida. - -Este modernista es castizo en su escribir y es lo castizo en su -discurso como la antigüedad en el mérito de ciertas joyas o encajes, -en puños de Velázquez o preseas de Pantoja. Y al conocerle, en el -café Lion d'Or, que es su café preferido, he visto en su figura la -de un hidalgo perteneciente a esa familia de retratos del Greco, -nobles decadentes, caballeros que pudieran ser monjes, tan fáciles -para abades consagrados a Dios como para hacer pacto con el diablo. -En las pálidas ceras de los rostros se transparentan las tristezas -y locuras del siglo. Así Jacinto Benavente. En toda esta _débâcle_ -con que el décimonoveno siglo se despide de España, su cabeza, en un -marco invisible, sonríe. Es aquel que sonríe. Mefistofélico, filósofo, -filoso, se defiende en su aislamiento como un arma; y así converse o -escriba, tiene siempre a su lado, buen príncipe, un bufón y un puñal. -Tiene lo que vale para todo hombre más que un reino: la independencia. -Con esto se es el dueño de la verdad y el patrón de la mentira. Su -cultura cosmopolita, su cerebración extraña en lo nacional, es -curiosa en la tierra de la tradición indominable; pero no sorprende a -quien puede advertir cómo este suelo de prodigiosa vida guarda, para -primaveras futuras, las semillas de un Raimundo Lulio. Ahora trabaja -Benavente por realizar en Madrid la labor de Antoine en París o la que -defiende George Moore en Londres: la fundación de un teatro libre. Dudo -mucho del éxito, aunque él me halagaría habiéndoseme hecho la honra -de encargarme una pieza para ese teatro. Pero el público madrileño, -Madrid, cuenta con muy reducido número de gentes que miren el arte -como un fin, o que comprendan la obra artística fuera de las usuales -convenciones. Cuando no existe ni el libro de arte, el teatro de arte -es un sueño, o un probable fracaso. No hay una _élite_. No se puede -contar ni con el elemento elegantemente carneril de los _snobs_ que ha -creado Gómez Carrillo con sus graciosas y sinuosas ocurrencias. Conque, -¿para quiénes el teatro? - -Junto a Benavente me presentan a Antonio Palomero, o sea _Gil Parrado_. -Este pseudónimo, nombre de un gracioso tipo clásico, no está mal en -quien, con sales autóctonas nos revela un Raul Ponchón madrileño, un -rimador seguro, un cancionero bravísimo, en cuanto puede permitirlo el -género político: Aristófanes en _couplets_ o yambos con castañuelas. -El libro de flechas de humor maligno y risueño que forman los «Versos -políticos» de Palomero, _Gacetas rimadas_, tiene un prólogo, en verso, -de Luis Taboada. Creo que fué Gutiérrez Nájera quien escribió un día -que en medio de la noche del arte español contemporáneo, Luis Taboada -era tal vez el único «artista». Era una broma del «duque Job» mejicano, -excusable por su falta de conocimiento del grupo español, digamos así, -secreto, que hace una vida ciertamente intelectual. - -Y además, en su tiempo--hace de esto ocho o diez años--las cosas -andaban de Barrantes a Valbuena. Pues _Gil Parrado_ no pudo tener -mejor protagonista que el desopilante Homero fragmentario de la vida -cursi de Madrid, puesto que él quiso ser el Píndaro de las cursilerías -épicas de la política. Conociendo la labor y la propaganda estética de -quien escribe estas líneas, ellas no pueden sino ser vistas como la -mayor prueba de sinceridad. Mas Palomero no es solamente _Gil Parrado_. -Además de los alfileres de su conversación, de las más interesantes -que un extranjero hombre de letras puede encontrar en la Corte, su -crítica teatral se estima justamente, y en el cuento y el artículo -de periódico, sobresale y comunica la intensidad de su vibración, -el contagio de su energía indiscutible. Mariano de Cávia dice de él -hablando de sus _Trabajos forzados_, que es «un literato culto, agudo -y sincero»; gratifícale además con «popular y brillante». Cávia sabe -lo que se dice, él, maestro de única escritura en su país que ha -logrado unir, en la faena asperísima del periodismo, la flexible gracia -autóctona a las elegancias extranjeras. ¡Quevedo en el bulevar, Dios -mío! Y cuando Cávia alaba a Palomero es justo, y yo que conozco la -transparencia de este talento, me complazco en deciros que aquí, entre -lo poco bueno y nuevo, esto es de lo que en la piedra de toque deja una -suave y firme estela de oro fino. - -Así Manuel Bueno, el redactor que en _El Globo_ escribe todos los días -esa paginita que lleva la firma de _Lorena_, con el título general -de «Volanderas». Verdes Montenegro ha hecho para el libro primigenio -de Bueno un prólogo de sustancia y espíritu al propio tiempo que de -justicia y cariño. De Verdes Montenegro os hablaré en otra ocasión -más detenidamente. De su ahijado literario os diré que ha recibido -en su alma mucho sol de nuestra pampa y a su oído ha cantado la onda -caprichosa de nuestro gran río. Es un vasco. Vasco, así como ese -especialísimo y robusto Grandmontagne, que ha injertado una rama de -ombú en el árbol sagrado de Guernica, para que más tarde nazcan--¡Dios -lo quiera, y ya se ven los brotes!--flores de un perfume singular, -rosas fraternales del color del tiempo, iluminadas de porvenir, en -tierra de Mitre y Sarmiento, en la capital del continente latino, al -amparo del satisfecho sol. El joven Bueno anduvo por Buenos Aires, -padeció tormento de inmigración y penurias de mozo de intelecto que va -a hacer fortuna por el Azul y Bahía Blanca... Y vuelto a su tierra, no -es de los que vienen con arranques despechados de fracasadas bohemias, -de existencias adoloridas de nuestra necesaria ley de trabajo, de ese -Buenos Aires cuya fuente social es para los labios del mundo, y que en -el progreso corresponde, con su pirámide de mayo, índice indicador, a -los obeliscos de París y Nueva York. - -Bueno es aquí, en su labor diaria, nota extemporánea, y tan parisiense -que hay quienes le denuncien de afectación. Pero no es poco servicio -intelectual el servir a un pueblo ese plato escogido, todos los días, -esa ala de faisán, después de la sopa de política española y antes -del asado político también. Bueno, como _Lorena_, da un eco que aquí, -aunque tiene semejantes en la Prensa, permanece en su individualidad. -No seré yo quien oculte su ligereza de juicio habitual, su insinceridad -quizás, también habitual; ¡pero es tan bello el gesto! - -Ricardo Fuente es el director de _El País_. Quizá envíe a _La Nación_ -una información interesantísima sobre este diario de oposición, que ha -tenido sobre sí la atención de Madrid y de España, y que, periódico que -ha respondido al eco popular, ha sido quizás el que ha tenido mayor -número de intelectuales en su redacción. En París, un _Intransigeant_ -se explica: en Buenos Aires, el antiguo _Nacional_, también; en Madrid, -_El País_ de hoy es un caso de extremada curiosidad. Los redactores, -desde hace mucho tiempo--el diario es republicano absoluto--van a la -cárcel periódicamente. Allí se dice la verdad a son de truenos de -tambores y trompetas. La censura ha tenido en esa hoja la mejor lonja -en que cortar, y las estereotipias, a las cuatro de la mañana, han -sido en tiempo de la guerra brutalmente descuartizadas. - -El capítulo de la censura, publicado cuando ésta se ha levantado, ha -sido de sensación. Un detalle curioso es, que mi artículo «El triunfo -de Calibán», publicado en Buenos Aires, fué mutilado en _El País_ y -dado intacto en _La Época_... En ese diario, _El País_, han escrito -Dicenta, Maeztu, etc., y Romero Robledo puso allí su gran sombra... -Ricardo Fuente es el director. Cuando uno piensa en ese abominable -Villemesant que nos pinta Daudet o que nos acaba de retocar Claretie; -cuando recuerdo a ciertos directores europeos y americanos, en quienes -el elegante _shylokismo_ se junta a un irrespeto voluntario de todo lo -intelectual, pienso en este buen Fuente, que como el pobre parisiense -Fernand Xau, sabe juntar--en su tan limitada esfera--la autoridad al -tino y la comprensión a la afabilidad. Ser director de un diario ¡qué -difícil tarea! Son como las perlas rosadas y negras aquellos a quienes -se puede aplicar la frase inglesa: _That is a man_. Ser un director -querido de sus redactores es de lo más difícil del mundo, así se llame -uno Magnard o Valdeiglesias, Bennet o Láinez. Fuente lo es. Pero es -que él propio es un trabajador de la Prensa que ha subido con mérito a -ese puesto; y quizá, y sin quizá, tanta bondad personal hace daño a su -posición. Porque no ha de ser quien dirige una tan complicada máquina -un compañero de sus redactores en toda la extensión de la palabra, sino -en lo que ella tiene de aprecio necesario y benevolencia justa; y ¡ay -de aquel director que no se calce sus botas imperiales, y no ponga a -su gallo, empezando en casa, a cantar claro y bien, como ese Arthur -Meyer del _Gaulois_, tan combatido sin embargo! Fuente es el tipo ideal -del director para sus redactores; pero su gallo no se ha alzado hasta -ahora... - -Se alza, personal y simpático, en el articulista, en el literato, de -quien dice Joaquín Dicenta: «El camino literario de Fuente se halla -trazado con líneas vigorosas. Puede seguirle sin retroceder y sin -temblar. No hay cuidado de que le tiren al suelo de un empujón; tiene -los músculos muy duros». En el volumen _De un periodista_--del cual en -Buenos Aires se ha reproducido bastante--, hay la manifestación de la -contextura de un artista; la fuga contenida de un amante del estilo que -atan las usanzas de la limitación del diario; las explosiones ideales o -sentimentales sujetas por la línea señalada, o la hora de la Prensa, la -preferencia al telegrama, la tiranía de la información. ¿Qué periodista -no sabe de esto? Y así nos habla de Augusto de Armas, nos pinta rápidas -acuarelas húmedas del más rico sentimiento, o apuntes de una fiereza de -lápiz cuyo blanco y negro nos seduce por su juego de luz y de sombra. - - [Ilustración] - - - - - LA «ESPAÑA NEGRA» - - [Ilustración] - - - 18 de marzo. - -NO hace muchos días hice una corta visita a Aranjuez. Si Versalles -recuerda a una coja encantadora en la historia, Aranjuez guarda aún -el perfume de una tuerta hechicera: bien vale un viaje a ese bello -_buen retiro_ de los príncipes castellanos, el ir a rememorar a la -princesa de Éboli. Entre los olorosos y evocadores boscajes resucitan -las lejanas escenas, y hay en el ambiente de los jardines y alamedas -como dormidos ecos galantes que no aguardan sino el enamorado o el -poeta que sepa despertarlos. En el Palacio Real y la Casa de Labrador -es un espíritu de tristeza el que impera, desde que penetráis en -las suntuosas y solitarias mansiones. Al recorrer los innumerables -habitáculos, adornados de siglos de oro, de plata, de mármol, de ónix, -de ágata, de seda, de marfil, al respirar bajo esas techumbres que han -cubierto tanta hora trágica, feliz o misteriosa, en la vida de muchos -monarcas de España, sobrecoge el sombrío momento, la sala ha tiempo sin -vida, la luna que retrató en su fondo las imágenes pasadas, la hora -detenida en un reloj de Manuel de Rivas; el cojín en que se reclinó -la cabeza de Felipe II, el fresco, el cuadro, el dije, o la estofa -vieja con su atractivo peculiar y triste... Y el conserje que dice su -aprendida relación, y se descubre ante un cuadro que representa una -capilla de El Escorial en que se está diciendo la misa... Viene a la -mente la España negra. - -Acababa de leer ese libro reciente de Émile Verhaeren y Darío de -Regoyos, _La España negra_; y la novela española de Barrès _Un amateur -d'âmes_; y el volumen positivo sobre la evolución política y social -de España, de Yves Guyot: en todos la observación, la sugestión, la -imposición, de la nota oscura, que en este país contrasta con el -lujo del sol, con la perpetua fiesta de la luz. Por singular efecto -espectral, tanto color, tanto brillo polícromo, dan por suma en el giro -de la rueda de la vida, lo negro. - -Es la tierra de la alegría, de la más roja de las alegrías: los toros, -las zambras, las mujeres sensuales, Don Juan, la voluptuosidad morisca; -pero por lo propio es más aguda la crueldad, más desencadenada la -lujuria, madre de la melancolía; y Torquemada vive, inmortal. Granada -existe, abierta al sol, como el fruto de su nombre, perfumada, dulce, -ácidamente grata; pero hay una Toledo, concreción de tiempo, inmóvil -y seca como una piedra, y entre cuyos muros sería insólita y fuera de -lugar una carcajada. Allí no caben, al calor que abrasa la aridez de -Castilla, otros amores que los tristes o fatalmente trágicos, y Maurice -Barrès, la pasión que hace amargamente florecer en recinto semejante, -es la nefasta y ardorosamente paladeada de un incesto. Verhaeren anota -sus impresiones dolorosas, copia, al agua fuerte, paisajes cálidos -y calcinados, colecciona sus almas violentas y bárbaras como los -productos de una flora tropical, excesiva y rara. Domina atávicamente -su sangre belga la fiereza de la España que apretara a sus antepasados -entre los hierros del duque de Alba; los espectáculos de la torería le -dejan ver la cristalización sangrienta que yace bajo el subsuelo de -esta raza, cuya energía natural se complica de la ruda necesidad de -las torturas; y el concepto de la muerte y de la gracia, enlutados y -caldeados por un catolicismo exacerbante, por una tradición feroz que -ha podido encender las más horriblemente hermosas hogueras y aplicar -los martirios más purpúreos y exquisitos. El arte revela ese fondo -incomparable. La imaginaria religiosa hace de las naves de los templos, -lúgubres _morgues_ que me explico hayan conmovido a Verhaeren como -a cualquier visitante de pensamiento que traiga sus pasos por estas -iglesias sangrientas en que Ribera o Montañés, entre tantos, exponen al -espanto humano sus lamentables Cristos. - -Un español de gran talento me decía: «En cada uno de nosotros hay -un alma de inquisidor». Cierto. Fijáos, y decid si José Nakens -no se junta, paralelamente, en lo infinito--así las dos líneas -matemáticas--con Tomás de Torquemada. Es la misma fe terrible, la -intransigencia que llega hasta la ceguedad, la aplicación del potro, -la certeza en la salvación por el sufrimiento, tan magníficamente -iluminada en el drama de Hugo. Los conquistadores y los frailes en -América no hicieron sino obrar instintivamente, con el impulso de la -onda nativa; los indios despedazados por los perros, los engaños y -las violencias, las muertes de Guatimozin y Atahualpa, la esclavitud, -el quemadero y la obra de la espada y el arcabuz, eran lógicos, y -tan solamente un corazón excepcional, un espíritu extranjero entre -los suyos, como Las Casas, pudo asombrarse dolorosamente de esa -manifestación de la España Negra. «Mi morena», dice Mariano de Cávia. - -Las sombrías políticas de antaño se reproducen hoy, claro que sin la -perdida magnificencia; pues de Polavieja a Antonio Pérez hay cien -atlánticos de distancia y las ducales espuelas de don Fernando Álvarez -de Toledo retrocederían sobre sus agudas estrellas ante las botas de -don Valeriano Weyler... Pero aun la sombra de Roma cae sobre el palacio -de Madrid; los confesores áulicos tienen su papel, las intrigas son las -mismas con diferencia de personajes y de alturas mentales. ¡España va -a cambiar!, se grita en el instante en que la injusta y fuerte obra del -yanqui se consuma. Y lo que cambia es el Ministerio. - -La verbosidad nacional se desborda por cien bocas y plumas de -regeneradores improvisados. Es un _sport_ nuevo. Y la zambra no se -interrumpe. «España--dice un escritor de Francia--ha querido, sin duda, -evocar esos grandes Estados del Oriente antiguo que se derrumbaban en -la embriaguez pública». No, no ha querido evocar nada. Obra por sí -misma: esa alegría es un producto autóctono, entre tanta tragedia; es -el clavel: es la flor roja de la España Negra. Así, cuando de nuevo los -conservadores han vuelto al Poder, se ha creído en el exterior que la -reacción provocaría la revolución. ¡Las inquisitoriales historias de -Montjuich están cercanas; los sucesores de la guerra han sido tan rudos -en su lección y las agitaciones provinciales del regionalismo se han -repetido tanto! Nada. Quietud. Estancamiento. Apenas ruido de regaderas -alrededor del tronco fósil del carlismo. Tan sólo, en lo futuro del -tiempo, el hervor del fermento social. - -Se combate el vaticanismo; Castelar habló; otras cabezas surgieron -protestantes, a la salida de Silvela. Y se pronuncia el nombre del -padre Montaña; el inevitable confesor, cuyo hábito, en el curso de -la Historia, está siempre tras el trono de S. M. Católica. Se dice -que la religiosidad española no es sino formal; que el papa no es -la potencia hacedora en la vida política y social, sino hasta muy -limitado punto. He encontrado sirviendo de señal en un libro viejo, -un documento curiosísimo, que os pondrá a la vista el sentir y pensar -de muy buena parte del pueblo español. Es una serie de proposiciones -que se enviarían en cierta época a las congregaciones de Roma, para -ser resueltas. Fírmalas don Ángel García Goñi, a 14 de abril de 1877. -Este caballero fué, según me informan, abogado distinguido del foro -matritense, y muy mezclado en asuntos de política eclesiástica. - - -PROPOSICIONES QUE SE CONSULTAN CON LAS CONGREGACIONES DE ROMA - -«Si se puede ser partidario de la _persona_[1] del rey Don Alfonso XII -de España, por creerle monarca _legítimo_, sin ser por esto _católico -liberal_. - - [1] Lo subrayado está en el manuscrito. - -»Si aun en la hipótesis inadmisible de que fuera un _usurpador_ y -siguiese las corrientes racionalistas o se abrazase a la política -_doctrinaria_, sería lícito al pueblo español _por sí, alzarse en -armas_ contra él, para destronarlo, dada la situación política de aquel -país, y caso negativo, si a pesar de esto podría intentarlo, siguiendo -al llamamiento que le hiciera otra persona que invocase, con más o -menos fundamento, sus derechos al trono, o si en la duda de quien sea -el _verdadero rey_, debe respetarse el hecho de la posesión de la -autoridad y obedecer lo existente. - -»Si de ser _lícito_ el alzamiento a que se refiere la proposición -anterior es hoy conveniente o de probable _éxito_ o de tenerse por -_temerario_. - -»Si considerando el estado de las conciencias y la escasa resistencia -que los tronos oponen en nuestros días a la revolución, puede decirse -que _deja_ de ser _católico_ el monarca que sanciona la _tolerancia -de cultos disidentes_. Entiéndase esta proposición no para preguntar -si realiza un acto _nulo en sí_, porque éste parece evidente, sino en -el sentido de si por tal hecho revela el monarca odio al catolicismo, -o pueden aquellas circunstancias y el deseo de consolidar el orden -público, cuando los revoltosos enarbolan la bandera de la _tolerancia_, -o con ella hacen la _oposición_ al rey, mitigar algo la gravedad de -este acto. - -»Si dado el hecho de haberse sancionado por el _monarca_ la libertad -y tolerancia de cultos, o cometídose cualquier atropello a los -sagrados derechos de la Iglesia católica, es _lícito_ trabajar dentro -de las vías legales para destronar al rey acusándole por su conducta, -o si únicamente pueden censurarse sus actos sin el fin ulterior de -quitarle la posesión de la autoridad: si para juzgar este hecho hay -que distinguir entre el _usurpador_ y el príncipe legítimo, y cuál -de estas calificaciones ha de aplicarse al posesor de la autoridad, -cuando el pueblo en que impera no tiene opinión unánime sobre este -punto. Si la proposición 63 del Sillabus, de 8 de diciembre de 1864, -condena la insurrección en este caso y si es aplicable al monarca cuya -_legitimidad_ es reconocida por unos y negada por otros súbditos. - -»Si los verdaderos _católicos_ pueden estar al servicio doméstico de -los monarcas _católico-liberales_ y asistir a sus recepciones oficiales -y fiestas, y si pueden defender su derecho dinástico y su autoridad, -_sirviendo voluntariamente_ en sus ejércitos. - -»Si se puede ser partidario del régimen representativo y -_constitucional_, sin ser por ello _católico liberal_. - -»Qué entiende la Santa Iglesia Romana por sistema _parlamentario_ y si -se puede sostener su conveniencia en nuestros días, sin dejar de ser -_católico ultramontano_. - -»Si, supuestas unas o ambas afirmaciones, es _lícito_ desear el -planteamiento en España de la Constitución de 23 de mayo de 1845, -por considerarla apropiada a las necesidades presentes del pueblo -español, o si la doctrina de este Código es _católico-liberal_, y, por -lo tanto, inconciliable con los derechos e intereses del catolicismo, -determinando en semejante supuesto, cuáles son los artículos que -deberían suprimirse o modificarse para que fuese francamente _católica_. - -»Si aun siendo mala esta Constitución pueden ser tenidas por -católico-liberales aquellas personas que sostienen la conveniencia de -haberla restablecido en España en el año 1875, como base del orden -político, _sin perjuicio de reformarla en sentido más restrictivo_. - -»Si es _lícito a un católico verdadero_ prestar juramento a la vigente -Constitución española, publicada en 30 de junio de 1876 y con qué -salvedades. - -»Si es _lícito_ y _conveniente_ trabajar en las _elecciones_ como -elector y como elegible, con el fin de defender el catolicismo; y en -todo caso, si es enteramente _libre_ opinar en pro o en contra de esta -conveniencia. - -»Si el _sufragio universal_ considerado, no como _fuente de la -soberanía_ del _Derecho_ o del _Poder_, sino únicamente como _forma de -elección_, es incompatible con el catolicismo y está condenado por la -proposición 60 del Sillabus. - -»Si puede un verdadero católico servirse de la _Prensa periódica_ -para propagar y defender la doctrina de Jesucristo y los derechos de -la Santa Iglesia Romana; si puede también concurrir a los _Ateneos_, -_Academias_ y demás Centros donde impera el _racionalismo_ y el -_liberalismo_, para combatir estas absurdas teorías, oponiendo a ellas -las conclusiones católicas. Si esto es conveniente y si es _enteramente -libre_ opinar en pro o en contra de su oportunidad. - -»Si la llamada _libertad de la Prensa_, entendida, no como un derecho -individual, sino como una _concesión temporal_ del poder supremo, y, -por lo tanto, _revocable_, y aun así limitada _por las leyes_ que -castigan las transgresiones de la doctrina _católica_ y del orden -político y social constituyen un principio _católico-liberal_; y si la -previa censura forma parte integrante del uso de esta libertad para que -sea compatible con el catolicismo. - -»Qué entiende la Santa Iglesia Romana por _liberalismo_; si es lo mismo -que sistema _parlamentario_ y _constitucional_... - -»Si los católicos, al defender el catolicismo y los derechos de la -Santa Iglesia Romana, deben ajustar sus acciones a la legalidad -establecida en los diferentes países, utilizando los medios que ella -les proporcione, o si es más conveniente que contentándose con la -_obediencia pasiva_ a los Poderes constituídos, se separen de aquélla -y unidos trabajen para conseguir sus fines. Cuál es, en resumen, la -conducta que deben seguir en las actuales circunstancias, y si es -_completamente libre_ opinar y obrar en uno u otro sentido.--_Ángel -García Goñi._--Madrid, abril 14 de 1877.» - -Es este un trabajo de casuística política española, que os abre un -mirador hacia el panorama moral de la Nación. La Iglesia, unida al -Estado cada día más, a pesar de las expropiaciones territoriales, de -las reacciones progresistas y de los trabajos del radicalismo. «La -libertad y la individualidad--dice Georges Lainé--son sentimientos -accidentales que España ha siempre desconocido. La antigüedad y el -Oriente no han imaginado otra forma de gobierno que el despotismo -fanático y sospechoso, de tiranos, que se inmiscuyen en la intimidad de -las conciencias. España no ha podido desprenderse de esa concepción, -ni bajo el régimen del librepensador Carlos III, ni bajo la del -intolerante Felipe II; el libre pensamiento castellano no fué entonces -sino una variedad nueva de la intolerancia y del despotismo; si hubiese -osado suprimir la religión del Estado, hubiera sido para reemplazarla -por una filosofía del Estado; pero bruscamente, sin preparación, el -siglo XIX rompió ese molde social». - -Mal podría yo, católico, atacar lo que venero; mas no puedo desconocer -que el catolicismo español de hoy dista en su pequeñez largamente aun -del terrible y dominante catolicismo de los autos de fe. Esa corrompida -dominación religiosa de Filipinas ha sido, como bien lo conoce ya -el mundo, la causa principal de la pérdida cuya fatalidad no hubo -un juicio certero que la presintiese. Habiendo perdido su poderío -antiguo, la clerecía no tomó siquiera el rumbo que podría levantarla a -su justo puesto en España católica, en donde, ya que no como cuerpo, -particularmente se protegiesen las artes y las ciencias. No es un -sueño de poeta el pensar como el escritor que antes he citado, en el -papel reservado a la Iglesia en lo porvenir, con tal de que la barca -simbólica fuese con buen timonel: la Iglesia, dice, es una admirable -institución, porque reposa sobre el amor y es el eterno asilo de todos -los Franciscos de Asís, de todas las santas Teresas, de todos los -Vicentes de Paúl del futuro. Todos los que aman, todos aquellos para -quienes el amor es el único fin de la existencia, se lanzarán un día -hacia la Iglesia, sea que--por privilegio de Dios--entren directamente, -sea que, paganos, les haya sido preciso, de desilusión en desilusión, -seguir el camino indicado por Platón: del amor de los bellos cuerpos -ascender al amor de las ideas, de la Venus terrestre a la Venus celeste. - -Y en España, en donde el catolicismo forma parte, o está unido tan -íntimamente al alma general, a tal extremo que España ha de ser siempre -católica o no será; quizá en el tiempo venidero, en el resurgimiento -que ha de cumplirse, reverdezca el árbol nuevo, ya que no con las -pompas escarlatas de la hoguera y del auto de fe, en la luz de la vida -nueva, en la gloria de la intelectualidad, libre de las manchas grises, -de las taras vergonzosas que ahora contribuyen al descrédito de la alta -doctrina; la «locura de la cruz» no es la insensatez de la cruz. - -¡Oh sí! el Máximos de Ibsen podría venir, más no sería sino el mismo -soberano Jesucristo, un emperador galileo cuyo fin sería siempre la paz -y el triunfo de la verdadera vida. El Anticristo nació en este siglo -en Alemania; conquistó muchas almas; se apasionó primero por el Graal -santo y renegó luego de su mayor sacerdote; creó el tipo de soberbia -humana, o superhumana, aplastando la caridad de Jesús; predicó el odio -al doctor de la Dulzura; desató o quiso desatar los instintos, los -sexos y las voluntades; consiguió un ejército de inteligencias, y se -cumplió por él más de una profecía. Pero el Anticristo alemán está en -el manicomio, y el Galileo ha vencido otra vez. - - - - - SEMANA SANTA - - [Ilustración] - - - 31 de marzo. - -SEVILLA rebosa de forasteros; Toledo lo propio; a Murcia van los trenes -llenos de viajantes. No faltan en las estaciones los indispensables -ingleses provistos de sus minúsculas «detective». Es en las provincias -en donde la santa semana atrae a los turistas. Madrid es religiosamente -incoloro, y lo que hace notar que se pasa por estos días de fiestas -cristianas, es que desde ayer, por decreto del alcalde--un descendiente -del ilustre Jacques de Liniers--, no circulan durante el día vehículos -por la capital. Las campanas no suenan, reemplazadas litúrgicamente por -las matracas, y jueves y viernes estas mujeres amorosas en la devoción, -recorren las calles cubiertas con sus famosas mantillas. En medio de la -multitud, algo he advertido de una vaga y dolorosa tristeza. Se escucha -que viene a lo lejos una suave música llena de melancolía; despacio, -despacio. Luego se va acercando y se oye una canción, seis voces, -dos femeninas, dos de hombre, dos infantiles. El coro pasa, se diría -que se desliza ante vuestros ojos y a vuestros oídos. Son ciegos que -van cantando canciones, pidiendo limosna. Se acompañan con violines, -guitarras y bandolinas. Con sus ojos sin día miran hacia el cielo, en -busca de lo que preguntaba Baudelaire. Lo que cantan es uno de esos -motivos brotados del corazón popular, que dicen, en su corta y sencilla -notación, cosas que nos pasan sobre el alma como misteriosas brisas -que hemos sentido no sabemos en qué momento de una vida anterior. Se -diría que esos ciegos han aprendido su música en monasterios, pues -traen sus voces algo como piadosa resonancia claustral. La concurrencia -que va al paseo no para mientes. Por los balcones asoman unas cuantas -caras curiosas. De lo más alto de una casa, de una pobre buhardilla, -cae para los ciegos una moneda de cobre. - -En las iglesias se ostentan las pompas sagradas. Los caballeros de las -diversas Ordenes asisten a las ceremonias. La indumentaria resucita -por instantes épocas enterradas. Mas ayer se cumplió con una antigua -usanza en la mansión real que, con toda verdad, más que ninguna otra -manifestación, ha podido llevar los espíritus hacia atrás, en lo -dilatado del tiempo. Me refiero al acto de lavar los pies a los pobres -y reunirles a la mesa, la reina de España. Esta costumbre arranca de -siglos; instituyóla Fernando III de Castilla en 1242. - -Desde muy temprano el patio de palacio se fué llenando de gente. Visto -desde lo alto era una aglomeración oleante de mantillas, sombreros -de copa, oros y colores de uniformes. Suena un son de pífanos. Es -el desfile pintoresco de las alabardas. Medio día. Compases de un -himno por una banda de palacio, y la familia real se presenta en -marcha hacia la capilla. Por un momento desaparece el rumor de la -vida actual. Esa aparición nos hace pensar en un mundo distinto, en -apariencias encantadoras que a las alturas de esta época ruda para la -poesía de la existencia, tan solamente surgen a nuestra contemplación -en el teatro o en el libro. He aquí que esta buena archiduquesa que -sostiene hoy la diadema de Su Majestad Católica, brota de un cuadro, -sale de una página de vieja historia, se desprende de un cuento; -toda blanca, real, tristemente majestuosa, pues no alcanza a ocultar -que su alma no es un lago tranquilo. De sus espaldas se extiende el -gran manto; la larga cola pórtala un hidalgo, el mayordomo marqués -de Villamayor. El continente impone, el gesto habla por la raza. Por -corona lleva María Cristina una constelación de brillantes, y sutil -como una onda de espuma, la mantilla blanca le cubre el casco de la -cabellera. La princesita de Asturias, que ya viste de largo, va toda -ella hecha una rosa, rociada de perlas. Hay en esa joven una distinción -graciosa que seduce en medio de la corte, y que no advertís en los -retratos expuestos en los escaparates de los fotógrafos y que dan la -figura un tanto picante de una modistilla. La infanta Isabel--muy -simpática para todos los madrileños, y absolutamente Borbón--va de un -amarillo triunfante, y sobre la magnificencia de su manto heliotropo -resplandecen las joyas. El altar arde en luces y oros. Los príncipes -y los cortesanos parecen orar, con unción y fe. Calvas ebúrneas, -barbas blancas sobre estrellas de oro y de piedras preciosas, galones -y entorchados, se inclinan al movimiento de los oficios. Serenamente -armoniosa, la música de la capilla despierta a Mozart. Como un incienso -se esparce por los ámbitos, envuelve todos los espíritus, así entre -tantos se erijan los incrédulos, la _Primera Sinfonía_. - -En el Salón de las Columnas el gran crucifijo central está envuelto -en un lienzo violeta, en el altar, que se destaca sobre un tapiz de -asunto religioso. En las tribunas, con los ministros, entre el Cuerpo -diplomático y los Grandes de España, están la infanta Isabel y la -duquesa de Calabria y la princesa de Asturias. - -En los lados del salón, sentados en bancos negros, hay doce mujeres -pobres y trece hombres pobres. No sé que vaga luz brota de esas -humildes almas en las miradas. - -Suenan las dos palmadas de costumbre; es que se acerca la reina con su -séquito. La reina viene a paso augusto, entre el obispo y el nuncio. -Precédela un grupo de religiosos y cantores, y una cruz alta. _Ante -diem festum Paschæ_... resuena la voz del subdiácono; la música, -el canto vuela sobre el recinto. De pronto, María Cristina está ya -ciñéndose una toalla, mientras las duquesas, llenas de diamantes, las -condesas fastuosas, descalzan a los convidados miserables. La reina con -una esponja y con la toalla enjuga los lamentables pies de esas gentes, -que en un halo de inexplicable asombro deben sufrir extraña angustia. -El representante del papa vierte el agua de un ánfora. Os aseguro que -por todo pecho presente pasa una conmoción. Y en ese mismo instante, -dos voces hablaban al oído del observador meditabundo. La una era la -del demonio de la calle, el demonio de la murmuración que se cuela -por los misterios de las casas y se propaga en la frase afilada por -la inevitable malignidad humana. Esa voz hablaba a la oreja izquierda -y decía: «Es hermoso, es de un simbolismo grandioso y conmovedor ese -acto de humildad que recuerda a las Isabeles de Hungría, que nos aleja -del ambiente contemporáneo asfixiante de egoísmo, quemante de odio -y de mentira; pero... ¿y la miseria? ¿Y los innumerables mendigos -que andan por la Corte y por toda España crujiendo de hambre? ¿Y los -martirios de Montjuich? ¿Y el anarquismo, flor de los parias? ¿Y la -prostitución infantil instalada a los ojos de la capital de S. M. -Católica?» Y continuaba: «Por ahí se dice que la «austriaca» es avara; -que manda arreglar el calzado y los vestidos usados de las infantitas; -que hace pagar su «pupilaje» en palacio a la infanta Isabel; que su -caridad no se demuestra espléndida en demasía; que en Londres está -acaparando millones; que la duquesa de Cánovas, a quien ella antes -llamara «la reina de la Guindalera», la gratifica justamente con el -apodo de «la institutriz»...» Mas la voz que hablaba a la oreja derecha -decía: «No, no hay que proclamar la injusticia o la mala visión como -una ley de verdad. Esa noble señora está en una altura que hay que -apreciar de lejos; y poco harán en su contra las murmuraciones áulicas, -los despechos palaciegos. Su misión maternal es admirable, y las -tempestades que han pasado por la corona de torres de la Patria la han -visto siempre digna y ejemplar, sosteniendo la infancia endeble de su -hijo, dolorida por las penas nacionales, triste en su viudez hasta -hoy libre de calumnia. Ciertamente, no es una Isabel II, por ninguna -clase de generosidad. No derrocha, pero sostiene asilos, da justas y -silenciosas limosnas. Es una reina buena». - -Y hela allí, en el salón de armas, sirviendo a los mismos pobres a la -mesa. Le ayudan varios señores en su tarea. Esos _garçons_ de semejante -comedor se llaman el marqués de Ayerbe, el duque de Sotomayor, el -duque de Granada de Ega, el conde de Revillagigedo, el marqués de -Comillas, el conde de Atarés, el marqués de Santa Cristina, el marqués -de Velados. Todos pudieran entrar en un parlamento huguesco; todos se -cubren ante el rey, todos tienen a la cintura la llave de oro. Así las -damas que descalzaron a los miserables eran una condesa de Sástago, una -duquesa de Medina Sidonia, una marquesa de Molíns, una de Sanfelices. -Desde lo alto, en el soberbio techo--_Giaquinto pinxit_--todo un -revuelto Olimpo, de un paganismo rococo, se debatía, en vibrantes fugas -de colores sobre las magnificencias católicas. - -Esta ha sido para mí más que la procesión mediocre, o las celebraciones -eclesiásticas en los templos, la verdadera nota principal de la semana -santa en la corte española. Pues si hoy la reina, en el ceremonial del -viernes santo en la capilla real, ha hecho cambiar por cintas blancas -las cintas negras de los procesos, al indultar a los reos de muerte, -después de besar el _lignum crucis_, ayer, ha estado, en un acto -antiguo, más cerca de Jesucristo. - -¿España es verdaderamente religiosa? Creo que, en el fondo, no. -Cuenta Georges Lainé que preguntó a un sacerdote gaditano: «¿Hay una -corriente de opinión republicana muy marcada en el bajo pueblo de -Cádiz?» El sacerdote le contestó: «Todos los obreros de Cádiz son -republicanos, anticatólicos, y, un gran número, anarquistas». Puede -también asegurarse que la mayoría de los obreros de toda España es -poco religiosa, influída por corrientes liberales primero y luego por -la cuestión social. En Barcelona, principalmente, el viento nuevo -ha desarraigado mucho árbol viejo. En Andalucía, en Castilla buena -parte del clero ha contribuído, con su poco cuidado de los asuntos -espirituales, a debilitar las creencias. El alto clero español cuenta -con cabezas eminentes, con sabios y con varones virtuosos; pero en -las regiones inferiores no es un mirlo blanco el sacerdote de sotana -alegre, amigo de juergas, de guitarras y mostos. La navaja no es -tampoco, en ciertos ejemplares, desconocida.--El sacerdote sanguinario -y cruel no ha sido escaso en las guerras carlistas. En cuanto a -moralidad, es éste el país en donde el «ama del cura» y las «sobrinas -del cura» son tipos de comedia y cantar. Ello no quiere decir que, como -en toda viña humana y en la del Señor, no haya casos de corrección y de -virtud evangélicas. El cura de aldea de aquel honesto Pérez Escrich no -abunda, pero se puede encontrar en la campaña española. La enseñanza -religiosa en la España interior se queda en lo primitivo, en la plática -pastoral que precede a la idolatría católica de figuras también -primitivas; en las procesiones originalísimas.--En la España negra -de Verhaeren y Regoyos podéis observar curiosos croquis. En San Juan -de Tolosa, por ejemplo, en Guipúzcoa, donde existen esas esculturas -bárbaras que hacen decir al escritor: «El rezar cara a cara con estos -Nazarenos y Santos debe hacer reir o alucinar». En efecto, son figuras, -_bonshommes_ como labrados a hacha, con asimetrías deformes y aires -de idiotismo o de malignidad; Cristos de rostros funestos, o como -dibujados por James Ensor, Cristos _que dan miedo_, bajo sus cabelleras -de difuntos, entre los nichos oscuros de los altares. La semana santa -en Guipúzcoa; los pasos de Azpeitia con sus siniestras estatuas, -son otra cosa que la semana santa de Sevilla, con sus esculturas -artísticas, sus palios lujosos, sus pasos con imágenes de arte, sus -vírgenes vestidas como emperatrices bizantinas: todo oro, terciopelo, -hierro, y más oro; y las saetas, esos cantos que brotan en su aguda -tristeza, quejidos del pueblo, dolorosas y sonoras alondras de una -raza. O la semana santa de Toledo, entre la antigüedad gris y seca de -esa petrificación de tiempo. En las fiestas de San Juan Degollado, -en la isla de Gaztelugache, cerca del cabo Machichaco, puede verse -aún la Edad Media, con la devoción idólatra y temerosa, los romeros y -penitentes que suben una cuesta de rodillas, despedazándose sobre la -piedra. Los niños van vestidos de negro y violeta. Y los disciplinantes -de Rioja, en San Vicente de la Sonsierra: hombres que se destruyen las -espaldas con azotes, a la vista del público, y luego, cuando el lomo -está todo amoratado de golpes o hinchado de disciplinazos, se les raya -con bolas de cera llenas de vidrios filosos. Regoyos nos cuenta de -otros martirios, como el ir tocando una gran campana por las calles, o -pasar con los pies descalzos sobre pedruscos y chinas. Allí la sangre -humana se vierte en realidad cada jueves santo. - -Pero junto a todas esas manifestaciones de religiosidad nefasta y -milenaria encontraréis siempre la guitarra, el vino, la hembra. El -torero tiene una imagen a la que reza antes de ir a la corrida, a -la fiesta de la sangre. Los antiguos peregrinos que iban a Santiago -de Compostela con el bordón y la calabaza eran excelentes pillos y -bandoleros que hubo que perseguir. En ciertas procesiones andaluzas -hay pleitos por si una santa virgen vale más que otra, y al elogiar a -la propia imagen se injuria con epítetos de la hampa a la santa imagen -contraria. Se forman partidos por este o aquel Cristo, por este o -aquel santo milagroso. En Galicia pasa lo propio. Un escritor gallego -me cuenta que un tío suyo muy devoto, después de sufrir un gran dolor -moral, se encerró en su gabinete, y con una filosa faca se puso a dar -de puñaladas a un Crucifijo familiar. No es raro que al ir a dejar a -la iglesia en los pueblos, a una imagen, los conductores se detengan -un rato en la taberna. En 1820 los madrileños saquearon el palacio de -la Inquisición; degüello de frailes ha habido que quedará por siempre -famoso. España es el país católico por excelencia; pero Rothschild ha -sido el amo por intermedio del judío Bauer; y se ha transigido por -razones muy humanas, con la fundación de templos protestantes. - -El fanatismo español, según Buckle, se explicaría por las luchas con -las invasiones arábigas; pero Ives Guyot hace notar, con justicia, que -antes había habido los grandes choques con los visigodos arrianos. -La conversión de Recaredo señala un buen punto de partida. De lo -más remoto parte la veta religiosa, desde la venida de los primeros -cristianos. No hay lugar importante de España que no guarde el recuerdo -tradicional o histórico de un santo o de un apóstol cristiano. San -Pablo desembarcó en las costas levantinas, y Tarragona pretende que fué -el fundador de su iglesia. En Bética fué la conversión del prefecto -Filoteo, del magnate Probo y su hija Xantipa. El mismo apóstol estuvo -en Andalucía, en Écija y en otros puntos de la Península. Écija tuvo a -San Rufo, obispo nombrado por San Pablo Narbonense; Santiago estuvo en -Braga, en donde fué primer obispo. El viaje de la cabeza de Santiago, -con los Siete Discípulos, en la _parva navis_, es una hermosa perla de -tradición narrada en el latín del Cerratense. La cabeza de Santiago -destruyó el último templo de Baco: _Liverum novum_: ¡pero ya quedaba -el vino! San Pedro envió a otros discípulos. Geroncio quedó en Italia. -Pamplona recuerda a Saturnino y Honesto; Marmolejo a Máximo; Guadix -a Torcuato; Granada a San Cecilio; Ávila a San Segundo; Tarifa a San -Esicio; Andújar a San Eufrasio; Cabra a San Texifonte; Almería a San -Indalecio. Zaragoza pretende tener la primera iglesia fundada en -España: allí triunfan los mártires y la Pilarica. Toledo tuvo a San -Eugenio, en tiempo del papa Clemente. Gerona cuenta con San Narciso. -Por todas partes retoña, si regáis un poco, la raíz cristiana, por -tantos motivos; pero la savia pagana de la tierra no está destruída. -La latina se explica. Se gusta en las procesiones de la pompa, de los -oros lujosos, de la decoración de las imágenes, y con el pretexto de -la devoción se da suelta a los nervios y a la sangre, floreciendo de -rojo la España Negra. No se abandonan los asuntos de este mundo por -los del otro; y la Inquisición misma, en sus orígenes, tuvo más causas -políticas que religiosas. El quemadero después agregó ese halago -terrible al divertimiento popular; auto de fe o corrida de toros viene -a dar lo mismo. En ciertos templos andaluces el catolicismo deja ver -a través de sus adornos y símbolos las líneas y arabescos moriscos: -en las almas pasa algo semejante. Cierto es que Mahoma sonríe más que -Jesucristo en los ojos sevillanos de bautizadas odaliscas. - -País de Carlos V, de Felipe II, de Carlos II _el Hechizado_; país -de la expulsión de los judíos y de los moros: su fe no llega muy a -lo profundo. Creedme: la brava España llevó la cruz al mundo nuevo -nuestro, a lejanas tierras, la impuso por la fuerza, de manera -koránica; pórtala sobre el oro de la corona, sobre la cúpula del -palacio real; pero España es como la espada: tiene la cruz unida a la -filosa lámina de acero. - - [Ilustración] - - - - - ¡TOROS! - - [Ilustración] - - - 6 de abril de 1899. - -LOS durazneros alegres se animan de rosa; el Retiro está todo verde, y -con la primavera llegaron los toros. Se han vuelto a ver en profusión -los sombreros cordobeses, los pantalones ajustados en absurda -ostentación calipigia, las faces glabras de las gentes de redondel y -chuleo. El día de la inauguración de las corridas fué un gran día de -fiesta. Pude saludar varias veces por la calle de Alcalá al espíritu -de Gautier. Era el mismo ambiente de los tiempos de Juan Pastor y -Antonio Rodríguez; las calesas estacionadas a lo largo de la vía, las -mulas empomponadas, los carruajes que pasan llenos de aficionados y las -mantillas que decoran tantas encantadoras cabezas. Parece que en el -aire fuese la oleada de entusiasmo; todo el mundo no piensa sino en el -próximo espectáculo, no se habla de otra cosa; las corbatas de colores -detonan sobre las pecheras; las chaquetas parece que se multiplicasen, -los cascabeles suenan al paso de los vehículos; en los carteles -chillones se destaca la figura petulante del Guerra. ¡El Guerra!... - -Su nombre es como un toque de clarín, o como una bandera. Su cabeza -se eleva sobre las de Castelar, Núñez de Arce o Silvela; es hoy el -que triunfa, el amo del fascinado pueblo. ¡El Guerra! Andalusamente, -Salvador Rueda, no hallando otra cosa mejor que decirme de su torero, -me clava: «¡Es Mallarmé!» Vamos, pues, a los toros. - -«Se ha dicho y repetido por todas partes que el gusto por las corridas -de toros se iba perdiendo en España, y que la civilización las haría -pronto desaparecer; si la civilización hace eso, tanto peor para ella, -pues una corrida de toros es uno de los más bellos espectáculos que -el hombre puede imaginar». ¿Quién ha escrito eso? El gran Theo, el -magnífico Gautier, que vino «tras los montes» a ver las fiestas del sol -y de la sangre; Barrès, después, hallaría la sangre, la voluptuosidad -y la muerte. Es explicable la impresión que en el hombre que «sabía -ver» harían las crueles pompas circenses. No es posible negar que el -espectáculo es suntuoso; que tanto color, oros y púrpuras, bajo los -oros y púrpuras del cielo, es de un singular atractivo, y que del -vasto circo en que operan esos juglares de la muerte, resplandecientes -de sedas y metales, se desprenden un aliento romano y una gracia -bizantina. Artísticamente, pues, los que habéis leído descripciones de -una corrida o habéis presenciado ésta, no podéis negar que se trata de -algo cuya belleza se impone. La congregación de un pueblo solar a esas -celebraciones en que se halaga su instinto y su visión, se justifica, y -de ahí el endiosamiento del torero. - -_Nodier raconte qu'en Espagne..._ Fácil es imaginarse el entusiasmo de -Gautier por esta España que aparecía en el período romántico como una -península de cuento; la España de los _châteaux_, la España de Hernani -y otra España más fantástica si gustáis, y la cual, aun cuando no -existiese, era preciso inventar. Esa venía en la fantasía de Gautier, -y los toros vistos por él correspondieron a la mágica inventiva. En -la calle de Alcalá le arrastró, le envolvió el torbellino pintoresco; -los calesines, las mulas adornadas, los bizarros jinetes, las tintas -violentas calentadas de sol de la tarde, los característicos tipos -nacionales. El arte le ase a cada momento y si un tronco de mulas le -trae a la memoria un cuadro de Van der Meulen, un episodio torero le -recordará más tarde un grabado de Goya. Aquí encuentra la famosa -manola, que ha de hacerle escribir una no menos famosa canción -cuyos _¡alza! ¡hola!_ se repetirán en lo porvenir a la luz de los -_café-concerts_. El detalle le atrae; documenta y hace sonreir la -sinceridad con que corrige a sus compatriotas buscadores de «color -local»: se debe decir _torero_, no _toreador_; se debe decir _espada_, -no _matador_. Ya enmendará luego la plana a Delavigne diciéndole que -la espada del Cid se llama tizona y no _tizonade_, para resultar con -que hay una estocada en la corrida que se llama _a vuela pies_. ¡Oh! -el español de los franceses daría asunto para curiosas citas, desde -Rabelais hasta Maurice Barrès, pasando por Víctor Hugo y Verlaine. -Los toros atrajeron la atención del poeta de los Esmaltes y Camafeos. -Cuando iba a sentarse en su sitio, en la plaza, «experimenté--dice--un -deslumbramiento vertiginoso. Torrentes de luz inundaban el circo, pues -el sol es una araña superior que tiene la ventaja de no regar aceite, -y el gas mismo no lo vencerá largo tiempo. Un inmenso rumor flotaba -como una bruma de ruido sobre la arena. Del lado del sol palpitaban -y centelleaban miles de abanicos y sombrillas». «Os aseguro que es -ya un admirable _espectáculo_, doce mil espectadores en un teatro -tan vasto cuyo plafón sólo Dios puede pintar con el azul espléndido -que extrae de la urna de la eternidad». Después serán las peripecias -de los juegos, la magnificencia de los trajes y capas; los mismos -sangrientos incidentes, caballos desventrados, toros heridos, y el -público tempestuoso, un público de excepción cuyo igual no sería -posible encontrar sino retrocediendo a los circos de Roma; todo con -sol y música y clamor de clarines y banderillas de fuego. Él hace su -resumen: «La corrida había sido buena: ocho toros, catorce caballos -muertos, un chulo herido ligeramente; no podía desearse nada mejor». -Que por razones de imaginación y sensibilidad artística hombres como -Gautier se contagien del gusto por los toros que hay en España, -pase; pero es el caso que ese contagio invade a los extranjeros de -todo cariz intelectual, y no es raro ver en el tendido a un rubio -_commis-voyageur_ dando muestras flagrantes del más desbordado -contentamiento. - -Lo que es en España será imposible que llegue un tiempo en que se -desarraigue del pueblo esta violenta afición. Antes y después de -Jovellanos ha habido protestantes de la lidia que han roto sus mejores -flechas contra el bronce secular de la más inconmovible de las -costumbres. En las provincias pasa lo propio que en la capital. Sevilla -parece que regase sus matas de claveles con la sangre de esas feroces -_soavetaurilias_; allí las fiestas de toros son inseparables del fuego -solar, de las mujeres cálidamente amorosas, de la manzanilla, de la -alegría furiosa de la tierra; la corrida es una voluptuosidad más, y -la opinión de Bloy sobre la parte sensual del espectáculo encontraría -su mejor pilar en el goce verdaderamente sádico de ciertas mujeres -que presencian la sangrienta función. La Sevilla de las estocadas -de Mañara, de la molicie morisca, de las hembras por que se desleía -Gutierre de Cetina, de las sangres de Zurbarán, de las carnes femeninas -de Murillo, de las gitanillas, de los bandidos generosos, tiene que -ser la Sevilla del clásico toreo. Bajo Fernando III ya los mozos de -la nobleza tenían su plaza especial para el ejercicio del _sport_ -preferido. Partos reales o la toma de Zamora, se celebraban con toros. -El cardenal arzobispo don Rodrigo de Castro prohibió durante un jubileo -las corridas. La ciudad luchó con su ilustrísima y venció apoyada por -Felipe II. La corrida se da, y en ella - - Veinte lacayos robustos - con ellos delante salen: - morado y verde el vestido - espadas doradas traen, - de ser don Nuño y Medina - dan muestra y claras señales, - que aunque vienen embozados - no pueden disimularse. - -En tiempos de Felipe IV «toreó a caballo don Juan de Cárdenas, un -truán del duque, de excelente humor, con tanta destreza y bizarría, -que al toro más furioso dió una muy buena lanzada: Mató S. M. tres -toros con arcabuz»--dice un revistero de la época. Felipe V quiso -sustituir la corrida por «juegos de cabezas», pero lo francés fué -derrotado por lo español. ¡Ayer como hoy los toros _for ever_! No -ha habido aquí poeta ni millonario que haya sido tan afortunado en -favores femenidos como Pepe Hillo. Cierto es que en París y en nuestro -tiempo, Mazzantini y Ángel Pastor no han podido quejarse de las damas. -En Zaragoza la afición se pretende que viene desde los romanos. Don -Juan de Austria fué obsequiado allí con toros. A Felipe V le hicieron -ver los aragoneses una corrida, de noche, en Cariñena. Los navarros, -entre un son de violín de Sarasate y un do pectoral de Gayarre, toros, -y ello viene de antaño. Soria, con sus fiestas de las Calderas, pues -toros. Valencia, florida y armoniosa de colores y cantos, tenía ya -toreros en tiempo de Don Alfonso _el Sabio_. Y entre sus célebres -aficionados cuenta a un conde de Peralada y Albatera, don Guillén de -Rocafull. Y hasta en la España del Norte, en la España gris, aun cuando -la Naturaleza proteste, la afición procura su triunfo, y bajo el cielo -empañado, en la tierra donostiarra, toros. Salamanca, toros. Toledo, -Valladolid, toros. Solamente entre los catalanes no han vencido sino a -medias los cuernos. - -No obstante, hay apasionados de la lidia que lamentan la decadencia -torera; dicen que hoy no existe «el amor al arte», que los espadas son -simples negociantes, y los ganaderos, así sean descendientes de Colón, -dan--como dice Pascual Millán, notable taurógrafo--«toros raquíticos, -sin sangre, ni bravura, ni trapío». Los días pasados, en Aranjuez, -conocí a un hombre atento y afable que, a través de su conversación con -coleta, deja ver cierta cultura y buen afecto a América. Me habló del -Río de la Plata, y de Chile, y de su amigo don Agustín Edwards. Es el -célebre Ángel Pastor. Sufre grandemente. En lo mejor de su carrera, -todavía fuerte y joven, ha tenido la desgracia de romperse un brazo. -Ya no podrá _trabajar_; la mala suerte le ha salido al paso peor que -un toro bravo, y le ha cogido. Y habla también Pastor de lo malo que -hoy anda el toreo, de la decadencia del arte, de lo _clásico_ y de -lo _moderno_, como hablaría un profesor de Literatura o de Pintura. -Pero no le falta el brillante gordo en el dedo y la consideración de -todo el mundo. El hotel mejor de Aranjuez es el suyo. Y la tradicional -gentileza y obsequiosidad, suyas son también. - -Decadentes o no decadentes, los toros seguirán en España. No hay rey -ni Gobierno que se atreva a suprimirlos. Carlos III tuvo esa mala -ocurrencia y luego se vieron sus defectos. Jovellanos, en su carta -a Vargas Ponce, no tuvo empacho en sostener que la diversión no es -propiamente nacional, porque Galicia, León y Asturias han sido muy poco -toreras. ¿Qué gloria nos resulta de ella? exclamaba. ¿Cuál es, pues, la -opinión de Europa en este punto? Con razón o sin ella ¿no nos llaman -bárbaros porque conservamos y sostenemos las fiestas de toros? Negó -el valor a los toreros, y proclamó su general estupidez fuera de las -cosas de la lidia. Sostuvo el daño que ésta producía a la agricultura, -pues cuesta más la crianza de un buen toro para la plaza que cincuenta -reses útiles para el arado; y a la industria, pues los pueblos que ven -toros no son por cierto los más laboriosos. En cuanto a las costumbres, -el párrafo que dedica a la influencia de los toros en ellas quedaría -perfecto al injertarse en un capítulo del _Cristophe Colomb devant les -taureaux_, de León Bloy. Hay una muy bien meditada página del cubano -Enrique José Varona sobre la psicología del toreo, en que encuentra la -base humana del gusto por esas crueles diversiones, en el sedimento -de animalidad persistente a través de la evolución de la cultura -social. La teoría no es flamante y antes que sostenida por argumentos -científicos, estaba ya incrustada en la sabiduría de las naciones. - -Pero si no hay duda de que colectivamente el español es la más clara -muestra de regresión a la fiereza primitiva, no hay tampoco duda de -que en cada hombre hay algo de español en ese sentido, junto con el -de la perversidad, de que nos habla Poe. Y la prueba es el contagio, -individual o colectivo; el contagio de un viajero que va a la corrida -llevado por la curiosidad en España, o el contagio de un público -entero, o de gran parte de ese público, como el de París o Buenos -Aires, en donde la diversión se ha importado, corriéndose el riesgo de -que, si la curiosidad es atraída primero por el exotismo, venga después -la afición con todas sus consecuencias. - -En América, no creo que en Buenos Aires, a pesar de lo numeroso de la -colonia española y de la sangre española que aun prevalece en parte del -elemento nacional, el espectáculo pudiese sustentarse por largo tiempo; -pero pasada la cordillera, y en países menos sajonizados que Chile, el -caso es distinto. Desde Lima a Guatemala y Méjico queda aún bastante -savia peninsular para dar vida a la afición circense. - -En cualquier pueblo, dice Varona, sería funesto para la cultura pública -espectáculo semejante; entre los españoles y sus descendientes, -infinitamente más. Las propensiones todas de su carácter, producto -de su raza y de su historia, los inclinan del lado de las pasiones -violentas y homicidas. Por lo que a mí toca, diré que el espectáculo -me domina y me repugna al propio tiempo--no he podido aún degollar mi -cochinillo sentimental. - -Puesto que las muchedumbres tienen que divertirse, que manifestar sus -alegrías; serían más de mi agrado pueblos congregados en sus días de -fiesta, en un doble y noble placer mental y físico, escuchando, a la -griega, una declamación, bajo el palio del cielo, desde las gradas de -un teatro al aire libre; o la procesión de gentes, hombres y mujeres -y niños, que fuesen, en armoniosa libertad, a cantar canciones a -las montañas o a las orillas del mar. Pero puesto que no hay eso, y -nuestras costumbres tienden cada día a alejarse de la eterna poesía de -las cosas y de las almas, que haya siquiera toros, que haya siquiera -esas plazas enormes como los circos antiguos, y llenas de mujeres -hermosas, de chispas, de reflejos, de voces, de gestos. - -Créame el nunca bien ponderado doctor Albarracín, que mis simpatías -están de parte de los animales, y que entre el torero y el caballo, mi -sensibilidad está de parte del caballo, y entre el toro y el torero mis -aplausos son para el toro. - -El valor tiene poca parte en ese juego que se estudia y que lo que -más requiere es vista y agilidad. No sería yo quien celebrase el -establecimiento de una plaza de toros entre nosotros; pero tampoco -batiría palmas el día que España abandonase esos hermosos ejercicios -que son una manifestación de su carácter nacional. - -No olvidaré la impresión que ha hecho en mí una salida de toros; fué en -la corrida última. - -El oleaje de la muchedumbre se desbordaba por la calle de Alcalá; cerca -de la Cibeles pasaba el incesante desfile de los carruajes; la tarde -concluía y el globo de oro del Banco de España reflejaba la gloria del -Poniente, en donde el sol, como la cola de un pavo real incandescente, -o mejor, como el varillaje de un gigantesco abanico español, rojo -y amarillo, tendía la simétrica multiplicidad de sus rayos, unidos -en un diamante focal. Los ojos radiosos de las mujeres chispeaban -tempestuosamente bajo la gracia de las mantillas; vendedoras jóvenes -y primaverales pregonaban nardos y rosas; flotaba en el ambiente un -polvo dorado, y en cada cuerpo cantaban la sangre y el deseo, el himno -de la nueva estación. Los toreros pasaban en sus carruajes, brillando -al fugaz fuego vespertino; una música lejana se oía y en el Prado -estallaban las risas de los niños. - -Y comprendí el alma de la España que no perece, la España reina de -vida, emperatriz del amor, de la alegría y de la crueldad; la España -que ha de tener siempre conquistadores y poetas, pintores y toreros. - -¡Castillos en España! dicen los franceses. Cierto: castillos en la -tierra y en el aire, llenos de leyenda, de historia, de música, de -perfume, de bizarría, de color, de oro, de sangre, de hierro, para -que Hugo venga y encuentre en ellos todo lo que le haga falta para -labrar una montaña de poesía; castillos en que vive Carmen y se hospeda -Esmeralda, y en donde los Gautier, los Musset y los artistas todos de -la tierra pueden abrevarse de los más embriagadores vinos de arte. Y -en cuanto a vos, don Alonso Quijano _el Bueno_, ya sabéis que siempre -estaré de vuestro lado. - - [Ilustración] - - - - - LA PARDO-BAZÁN EN PARÍS - UN ARTÍCULO DE UNAMUNO - - [Ilustración] - - - 10 de abril. - -DOÑA Emilia está ahora por París; ha hablado a los franceses de la -España de ayer, de la España de hoy y de la España de mañana... Como -casi siempre, dos versiones llegan, una del éxito de la conferenciante, -otra del fracaso. Creo desde luego en la primera. Los franceses (fuera -de la tradicional cortesía y de la no menos tradicional novelería) -han oído en su idioma, a una mujer muy inteligente, muy culta, que -les ha hablado desembarazadamente de un tópico que todavía no ha -perdido su actualidad; el problema español, después de la _débâcle_. -La señora Pardo-Bazán cuenta desde hace tiempo con largas simpatías y -amistades del otro lado de los Pirineos, desde sus visitas al _desván_ -de los Goncourt, desde _La cuestión palpitante_. Es colaboradora de -más de una revista parisiense, y luego, para su buena recepción, -tenía la excelente «guardia de honor» de _La Fronde_. No deja de -haber murmuradores que encuentran raro lo de que España vaya a ser -representada intelectualmente, en la Sociedad de Conferencias, por -una mujer. «Después de todo--me decía un espiritual colega--es lo que -tenemos más presentable fuera de casa». - -Y ciertamente, como no fueran Menéndez y Pelayo o Galdós a París, -en esta ocasión no sé quién mejor que doña Emilia hubiera podido -hablar en nombre de la cultura española. La de doña Emilia es variada -y por decir así europea, a pesar de su siempre probado retorno al -terruño después de sus excursiones a tales o cuales islas mentales de -pensadores extranjeros. En ella lo nacional no alcanza a ser ocultado -completamente por propósitos de arte o pasiones intelectuales. Su -catolicismo, por ejemplo, ha hendido como una vieja y fuerte proa, -las oleadas naturalistas y las filosofías de última hora. Su forma -literaria no ha podido asimilarse nunca nada extraño a la tradición -castellana; y encuentro de una justicia que no ha menester muchas -demostraciones para vencer, sus pasadas tentativas para conseguir, -lo que por derecho propio se le debe, un sillón de la Real Academia -Española. - -Y es un personaje simpático y gallardo, esta brava amazona que en medio -del estancamiento, del helado ambiente en que las ideas se han apenas -movido en su país en el tiempo en que le ha tocado luchar, ha hecho -ruido, ha hecho color, ha hecho música y músicas, poniendo un rayo -rojo en la palidez, una voz de vida en el aire, a riesgo de asustar a -los pacatos, colocándose masculinamente entre los mejores cerebros de -hombre que haya habido en España en todos los tiempos. - -Es la señora Pardo-Bazán de cierta edad, todavía guapa y exuberante de -vida. Su trato es amenísimo y desde el primer momento, si lo merecéis, -tenéis su aprecio intelectual y se abre su amable confianza. - -Pocas veces puede encontrarse unida tan llana franqueza con tan -inconfundible distinción. Vive en su casa de la calle Ancha de San -Bernardo, en compañía de su madre la condesa viuda de Pardo-Bazán, de -sus hijas las señoritas de Quiroga y su hijo don Jaime, que, entre -paréntesis, le ha resultado un gran partidario de don Carlos. En la -casa se celebran con bastante frecuencia reuniones a que concurren -personajes políticos y de la nobleza, y principalmente, hombres de -letras y artistas. Puede asegurarse que no hay escritor o artista -extranjero que no sea invitado a estas recepciones, y como doña Emilia -habla la mayor parte de las lenguas europeas, se entiende con cada cual -en su idioma. Sus libros han tenido una fama creciente en toda Europa y -ha sido traducida la mayor parte de ellos en las principales naciones. - -Desde hacía algunos días circulaba la noticia de que la señora -Pardo-Bazán iría a París a dar una conferencia sobre España. En el -_Journal des Débats_ apareció un artículo de Boris de Tannemberg -anunciando a los parisienses la llegada de la escritora, y poco -después, ella partía, en efecto, a llenar su compromiso. - -Ecos varios, como he dicho al comenzar, llegan de la conferencia, y -en los extractos de ella aparecen, como puntos principales, las dos -leyendas de España, la «leyenda áurea» y la «leyenda negra». - -La leyenda _áurea_, es decir, una España heroica, noble, generosa, -potente, cuna del valor y la hidalguía. La leyenda negra, una España -codiciosa, sangrienta, avara, inquisitorial, terriblemente peligrosa -al progreso humano. La primera, dice la señora Pardo-Bazán, ha sida la -causa de los desastres actuales. Ella se arraigó tanto en el espíritu -de la Nación, que formó un pueblo optimista, quijotesco, vanidoso, que -con castillos en el aire compensaría su decadencia y su pobreza. Los -hombres dirigentes, los guías de la política del reino en los últimos -años, se dejaban cegar por los mirajes y perdían el concepto de la -realidad. - -La leyenda negra tendría por origen la envidia de otras naciones, y -sobre todo, las rivalidades religiosas y políticas empezadas desde el -siglo XVI con el soplo del protestantismo que veía como su principal -enemigo a la poderosa España católica de entonces. Así lo comprende -un erudito escritor, el señor Maldonado Macanaz, en un artículo que -ha dado a la publicidad en esta ocasión. Pero de los tres puntos -en que se basa la leyenda negra, que son la conquista española, la -Inquisición, la decadencia que se iniciaba en el siglo XVII y las -figuras de Carlos I y de Felipe II, se desprende que no ha habido -demasiada injusticia en Europa cuando se ha formado esa leyenda «de -color oscuro» con bases tan innegablemente sombrías. No habría manera -de paliar las atrocidades de la conquista, pues aun suprimiendo la -_relación_ del padre Las Casas, que es obra de varón verecundo y -cristiano, no se pueden negar las imposiciones a sangre y fuego de los -conquistadores, la deslealtad que más de una vez salta a la vista, así -en Méjico como en el Perú, y tantas páginas rojas y negras que aportan -su color a la leyenda. La inquisición está en el mismo caso, pues aun -concediendo, desde el punto de vista de una crítica especial, defensas -de aquella institución como lo hace Menéndez y Pelayo, y aun observando -que no solamente España encendió las hogueras religiosas, resulta -siempre que es en España en donde el espíritu inquisitorial halló su -verdadera encarnación; por ello el inquisidor de los inquisidores será -siempre el inquisidor español; ya a través de la Historia, ya en el -cuento de Poe, en el drama de Hugo o en el dibujo de Ensor. La leyenda -áurea constituye el lado nervioso del alma española, y solamente los -desaciertos de los políticos de última hora han podido hacer que se -empañase. Es la de una España romántica, una España generosa y grande -que alza sus vastos castillos de gloria sobre la selva poética del -Romancero; una España de valor y de caballería que ha clavado en -el bronce del tiempo, con nombres épicos, toda una serie de nobles -victorias, de orgullosas conquistas. Sobre su pintoresco escenario -lleno de sol y de música el alma española aun sustenta la grandeza y el -brillo del pasado, digan lo que quieran los pesimistas y los que han -perdido toda esperanza de regeneración. No hace daño a España, como -doña Emilia cree, no le ha hecho daño el recuerdo y mantenimiento de -la leyenda de oro de su historia; sino que malaventurados políticos -y ministros modernistas a su manera, hayan descuidado el cimentar el -presente apoyados en la gloria tradicional. Para la reconstrucción -de la España grande que ha de venir, aquella misma áurea leyenda -contribuirá con su reflejo alentador, con su brillo imperecedero. -España será idealista o no será. Una España práctica, con olvido -absoluto del papel que hasta hoy ha representado en el mundo, es una -España que no se concibe. Bueno es una Bilbao cuajada de chimeneas y -una Cataluña sembrada de fábricas. Trabajo por todas partes; progreso -cuanto se quiera y se pueda; pero quede campo libre en donde Rocinante -encuentre pasto y el Caballero crea divisar ejércitos de gigantes. - - * * * * * - -Varias publicaciones de Madrid, desde hace poco, han empezado a -ocuparse con alguna atención de literatura hispanoamericana. Comenzó el -diario _El País_, siguió la _Revista Nueva_, interesante y de carácter -moderno, y luego el conocido y afamado periódico _Vida Nueva_, ha -comenzado a publicar una hoja mensual con el título _América_ y que se -dedicará, como su título lo indica, al pensamiento americano. Como la -dirección me pidiese un artículo de introducción a dicha hoja, hícelo -refiriéndome a uno del señor Unamuno, publicado en _La Época_, y en el -cual, con motivo de la _Maldonada_ de Grandmontagne, hablaba de las -letras americanas en general y de las argentinas en particular, con un -desconocimiento que tenía por consecuencia una injusticia. El señor -Unamuno es un eminente humanista, profesor de la antigua Universidad -de Salamanca, en donde tiene la cátedra de literatura griega. Se ha -ocupado de nuestra literatura gauchesca con singular talento; pero no -conoce nuestro pensamiento militante, nuestro actual movimiento y -producción intelectual. Comencé con tomar de un número de _La Nación_ -datos del yanqui Carpenter y hacer un largo párrafo de estadística. -Luego dije lo que otras veces he dicho sobre nuestra escasa producción, -y sobre las esperanzas en un futuro proficuo. Y como él se refiriese al -demasiado parisienismo que creía ver en la literatura de Buenos Aires, -manifesté lo que en este párrafo se verá: - -«Hay que esperar. América no es toda argentina; pero Buenos Aires bien -puede considerarse como flor colosal de una raza que ha de cimentar la -común cultura americana; y desde luego, puede hoy verse como el solo -contrapeso, en la balanza continental, de la peligrosa prepotencia -anglo-sajona. Nuestras letras y artes tienen que ser de reflexión. -No puede haber literatura en un país que ha empezado por cimentar el -edificio positivo de mañana; después de la base sociológica, de la -muralla de labor material y práctica, la cúpula vendrá labrada de -arte. Por lo pronto, nos nutrimos con el alimento que llega de todos -los puntos del globo. Hemos tenido necesidad de ser políglotas y -cosmopolitas, y mucho tiempo antes de que la Real Academia Española -permitiese usar la palabra _trole_, nos habíamos hecho del aparato. -Decadentismos literarios no pueden ser plaga entre nosotros; pero con -París, que tanto preocupa al señor Unamuno, tenemos las más frecuentes -y mejores relaciones. - -»Buena parte de nuestros diarios es escrita por franceses. Las últimas -obras de Daudet y de Zola han sido publicadas por _La Nación_ al -mismo tiempo que aparecían en París; la mejor clientela de Worth es -la de Buenos Aires; en la escalera de nuestro Jockey Club, donde Pini -es el profesor de esgrima, la _Diana_, de Falguière, perpetúa la -blanca desnudez de una parisiense. Como somos fáciles para el viaje -y podemos viajar, París recibe nuestras frecuentes visitas y nos -quita el dinero encantadoramente. Y así, siendo como somos un pueblo -industrioso, bien puede haber quien en minúsculo grupo procure en el -centro de tal pueblo adorar la belleza a través de los cristales de -su capricho. _¡Whim!_--diría Emerson. Crea el señor Unamuno que mis -_Prosas profanas_, pongo por caso, no hacen ningún daño a la literatura -científica de Ramos Mexía, de Coni o a la producción regional de J. -V. González; ni las maravillosas _Montañas de Oro_ de nuestro gran -Leopoldo Lugones perturban la interesante labor criolla de Leguicamón y -otros aficionados a ese ramo que ya ha entrado en verdad en dependencia -folklórica. Que habrá luego una literatura de cimiento criollo, no lo -dudo; buena muestra dan el hermoso y vigoroso libro de Roberto Payró, -_La Australia Argentina_ y las obras del popularísimo e interesante -_Fray Mocho_». - - [Ilustración] - - - - - EL REY - - [Ilustración] - - - 25 de abril. - -HACE algunas tardes, por un punto de la Casa de Campo en que suele -turbar el silencio del bosque reverdecido de tropel de jacas, un -jinete, el rodar de un _cupé_, he visto pasar al rey Don Alfonso con su -madre y sus hermanitas. Iba el carruaje despacio, y así pude observar -bien el aspecto de Su Majestad infantil. No está tan crecido como los -retratos nos lo hacen ver; pero muestra lo que se dice _une bonne -mine_. Tiene la cara, ya señaladamente fijos los rasgos salientes, de -un Austria; es la de Felipe IV niño. Es vivaz y sus movimientos son -los de quien se fortifica por la gimnasia. Los ojos son hermosos y -elocuentes, la frente maciza sería un buen cofre para ideas grandes; -el cuerpo no es robusto, pero tampoco es canijo. La leyenda de un -reyecito enclenque y cabezudo, de un niño raquítico, se ha concluído. -El muchacho real ha pasado los peligrosos años de su niñez y entra en -la pubertad con buen pie. No es esto decir que las leyes de herencia -no puedan, cuando menos se piense, aparecer con sus imposiciones. La -misteriosa aya pálida, su dama blanca, puede presentarse cerca de él, -en un instante inesperado; pero por hoy, Don Alfonso es príncipe que -sonríe, que monta a caballo, que hace sus estudios militares, y si de -esta manera continúa, hay Borbón para largo tiempo. - -Es cierto que sus años primeros han sido penosos y enfermizos, y que -razón hubo en llegar a creer que podría hacerse trizas el frágil -vaso al menor choque. Pero los cuidados de doña Cristina han sido -excepcionales; a madre como esta reina, es difícil superarla. No se -ha dado punto de reposo previéndolo todo, dedicándose antes que a -cualquier otro grave asunto a la salud de su hijo, preparando, mullendo -el nido para su aguilucho, no teniendo su mayor confianza sino en -sí misma, y después de velar por la vida física, trazar un plan de -educación, un método de cultura moral. Este ya es otro capítulo y habrá -que ver si el acierto ha guiado la obra. - -Desde luego, el rey Don Alfonso XIII ha tenido y tiene ayos honorables, -de la más pura nobleza, hombres de excelencia incomparable para guiar -por buena senda los despiertos instintos de su príncipe; pero en -nuestra época se exige algo más que eso; formar el alma, el carácter -del rey, enseñarle a dominar sus pasiones, darle lecciones de moralidad -y de religión, es ya mucho; pero habría que ayudar a formarse al mismo -tiempo al rey y al hombre; hacerle comprender el espíritu de su tiempo, -alargar sus vistas en el horizonte moderno; hacerle salvar los muros de -la tradición, prepararle para las exigencias de su época. Él aparece -en un tiempo en que si los Maquiavelos son imposibles, los Lorenzos de -Médices son inencontrables. - -El profesor de Oviedo don Adolfo Posada se ha planteado en _La España -moderna_ el problema de la educación del rey; la dificultad de la -educación de un rey constitucional. Indudable: los monarcas absolutos -no tienen delante de sí más que la demostración de su poderío; el -príncipe, desde que tiene uso de razón, sabe su superioridad, su -grandeza; la actitud de sus súbditos respecto a él, la costumbre del -mando, la obediencia de los que le rodean, definen desde un principio -el sistema educativo que hay que seguir. De Burrho a Bossuet no hay -gran diferencia. Más la educación de un monarca constitucional implica -varias anomalías. Los reyes de hoy, los reyes con Cámaras y ministerios -responsables, los reyes que reinan y no gobiernan, puede decirse que -son simples personajes decorativos. Los antiguos esplendores, la misma -parte estética de la representación real, adquiere hoy, en medio de su -brillo cierto por el valor histórico, por sus viejos símbolos, un vago -prestigio de ópera cómica; y apena el confesar que las funciones más -respetables por la vieja resurrección de soberbias costumbres palatinas -y las pompas de los magníficos ceremoniales, evocan, a nuestro pesar, -la necesidad de una partitura. La imaginación del príncipe niño se -impresiona desde el comienzo de su despertamiento a la existencia que -le rodea, con las manifestaciones de una vida falsa o equívoca. No -será sino con harta dificultad que de la noción de soberanía que ha -penetrado primero en su cerebro, pase a la noción de una existencia -democrática. «Los niños, esos pequeños salvajes--dice el señor -Posada--, no conciben sino reyes completos». En palacio, la manera de -ser para con él de las personas que le rodean, afianza por una parte en -el príncipe la posesión de su papel de _rey completo_; no será sino con -mucha dificultad que se le inculcará luego el legítimo valor de esas -demostraciones, la significación de su rango de simple porta-corona. -Don Alfonso, por ejemplo, sabe ya que es el jefe absoluto, pues los -viejos generales inclinan ante él sus barbas blancas: sabe que tiene -el toisón de oro sobre su uniforme de cadete--pasajero uniforme que -será mañana sustituído por el de generalísimo--; sabe que es el rey. -Conozco una bonita anécdota. Un día, por alguna pequeña falta no sé si -en sus lecciones o en otra cosa, fué castigado con encierro. El niño -se debatía entre los ayos que le llevaban a su prisión, pero la orden -se cumplió. Entonces, ya encerrado, Don Alfonso daba grandes voces, -deliciosamente furioso. Se le decía que no gritase, y él contestaba: -«¡He de gritar más fuerte! ¡Que me oigan los españoles! ¡Que sepan que -tienen preso a su rey! ¡Que vengan a sacarme los españoles!» - -Sabe, pues, que es el jefe de los españoles; y la idea de su soberanía -no puede estar mejor arraigada. Pero sé otra anécdota. Otro día, de -paseo, se detuvo Don Alfonso delante de un naranjero. Hay que advertir -que adora las naranjas, y que a esta edad, entre el globo de Carlos V -y una naranja, se queda con ésta. Pues he aquí que se detiene delante -del naranjero y le dice: «Dame unas naranjas; pero yo no tengo con qué -pagártelas. ¡Imagínate, yo, el rey de España, no tengo en el bolsillo -ni una perrilla!» Confesaba el pobre su pobreza con la más encantadora -desolación. Ignoro si el naranjero le dió las frutas y si los ayos -le permitieron comérselas; pero ello revela que Don Alfonso sabe ya -que los reyes de hoy no se comen todas las naranjas que quieren y que -suelen andar sin un cuarto. - -Se dice que los primeros años del rey han sido de cuidadoso -aislamiento, que no se le ha puesto en contacto con otros niños de su -edad, contacto tan necesario; que se le ha recluído, sin otra compañía -para sus juegos que la de sus hermanas. Podría creerse por ello en una -infancia entristecida, bajo la mirada de una madre que ha sido abadesa -de un convento. Eso no es cierto. El rey ha tenido sus compañeros, -naturalmente, escogidos entre la alta nobleza. El más íntimo ha sido -el jovencito hijo del conde la Corzana, por un lado Morny y por otro -Sexto... Es claro que la reina vigila sus amistades y compañías. Otro -niño íntimo del rey es el hijo del conde de Casa-Valencia. El cual hace -algunos años tuvo el siguiente diálogo con su amiguito coronado: «Aquí -no hay buenas carreras de caballos. Yo las voy a ver ahora muy buenas; -y ustedes no». «¿Cómo es eso?» «Me voy a Londres. Tío Antonio (Cánovas -del Castillo) ha nombrado a papá embajador.» «¿Y cómo no lo he sabido -yo, el rey?» dijo la minúscula majestad en toda la posesión de su papel. - -En general los reyes son educados militarmente. En España no se lleva -tan a la alemana el método, pero Don Alfonso conoce bien el manejo -de las armas, será buen jinete como su padre; y aunque no haga el -caporal a la continua como uno de esos ferrados Hohenzollern, tiene -amor a la carrera y se decía en estos días que pronto haría vida de -guarnición en la Academia de Toledo. Esto es de dudarse mucho, por -la madre. Sé que en lo íntimo de la familia, la educación del rey es -lo más burguesamente posible. La reina es en el hogar como cualquier -respetable señora que se preocupa de los menores detalles de su _home_; -sencilla y poco ostentosa hasta llegar a murmurar los descontentadizos -cortesanos, de su avaricia. «¿Qué quiere usted que hagamos--me decía un -caballero--con una señora que le cobra su pupilaje a las infantas en -Palacio y que manda poner medias suelas a los zapatos de sus hijas?» -Descartando las exageraciones, no creo que el pueblo prefiriese una -reina derrochadora delante de la miseria que abruma a las clases -bajas, a una reina económica que hace lo que puede por socorrer los -infortunios de los menesterosos; que es aclamada a la puerta de los -asilos que visita y sostiene. Don Alfonso XIII no podrá quejarse de no -haber tenido en la entrada de la vida una ejemplar madre, una buena -_mamá_, que ha sido para él una encarnación de la Providencia. - -Hubo un tiempo en que el rey estuvo casi invisible. Su salud era -apagadiza, su aspecto no ayudaba a alentar a los partidarios de su -dinastía. Se decía que era lo más probable su muerte. Mas apareció -por fin, en una recepción. Se hallaba sentado en el Trono, junto a su -madre y sus hermanas. El cuerpo diplomático estaba delante de él. Se -notaba que el niño real había pasado por una crisis; pero sus grandes -y brillantes ojos se iluminaban de vida. De pronto se vió una cosa -inaudita que pasó, como un relámpago, sobre todos los protocolos. -Un deseo vivo se había despertado en aquella cabecita, y no hubo -vacilación para llenarlo. Don Alfonso, a la mirada de todos, dió un -salto, y antes que nadie pudiese detenerlo, se había montado en uno -de los dos leones de bronce que están a los dos lados del Trono. El -hecho podría tener su significado si el porvenir fuese propicio tras -la disipación de las tempestades. Asegúrase que Zola, que vió en una -temporada de verano en San Sebastián al pequeño rey, quiso pintarle -más tarde en uno de los capítulos de su _Docteur Pascal_. Yo he vuelto -a leer esta obra para confrontar el retrato, y si en Clotilde podría -entrever los pensamientos de la reina que ansía penetrar en el futuro -de su hijo, no puede reconocerse en el animado y ágil monarca de España -ninguno de esos «delfinitos exangües que no han podido soportar la -execrable herencia de su estirpe, y se duermen, consumidos de vejez y -de imbecilidad, a los quince años». Moralmente, la formación del rey -fuera de la influencia maternal, dependerá de los preceptores. El ideal -sería hacer primero _a man_, para en seguida dejar obrar el desarrollo -del propio carácter, lograr el _self made king_. ¿Qué preceptor a -propósito? ¿Un Saavedra Fajardo, un Bossuet o un Ernesto Curtius? Para -un monarca esencialmente católico, parecería de ley junto al príncipe, -un religioso. Más hoy los inconvenientes de tal sistema no necesitan -demostración. Las alharacas que levanta la presencia del padre Montaña, -confesor de la reina, dejan sospechar lo que haría un preceptor con -hábito de cualquier Orden. La educación esencialmente religiosa está, -pues, fuera de la pedagogía. La idea de Posada de la fundación de una -escuela especial en que el rey se instruyese, en relación y contacto -con otros niños, parece difícil, dadas las tradiciones de la monarquía -en España, a pesar de haber habido un seminario de nobles, en donde -cuéntase que el niño Fernando VII recibió un pelotazo, jugando con el -niño Simón Bolívar. Más bien estaría la adopción de un sistema como -el de la familia imperial germánica. El emperador Federico, después -de recibir su educación palatina, se matriculó en Bonn y el emperador -Guillermo en el _Lyceum Fridericianum_ de Cassel. Ambos se han puesto -en contacto con los alemanes de su edad, han hecho vida común con sus -súbditos, y en el medio de los estudiantes, se han compenetrado con el -alma del país. Por lo demás, no puede ser mejor la síntesis de Posada: -«Un rey que en su infancia recibiera el influjo bienhechor del roce con -los niños, que tratase a todo el mundo de igual a igual; un rey que -pasara luego su juventud en medio de los jóvenes de su edad y de todas -las condiciones sociales en un Instituto adecuado, que asistiera luego -en una Universidad o en varias a sus cátedras, viendo en ellas cómo las -desigualdades humanas no son siempre cosa del nacimiento, sino obra -del mérito personal y resultado del trabajo; un rey que estudiase su -oficio, que viajara mucho, hasta por los países donde sin reyes viven -las gentes honrada y pacíficamente; un rey así podría ser, ante todo, -un buen ciudadano que llevara en el alma la íntima convicción de que -sus elevadas funciones, aun cuando llegaron a él por obra y milagro -de la herencia, son funciones que deben desempeñarse en bien de la -sociedad o del Estado, a quien, en definitiva, corresponde disponer -de ellas». Mucho de bueno produjo en Don Alfonso XII su infancia de -rey _en exil_, y mucho contribuyeron a la formación del carácter -del _Pacificador_ esos primeros pasos por la vida como un simple -particular--_Alfonso García y Pérez_--, como él se solía llamar en los -hoteles, en días del destierro. - -Hasta hoy ha habido que vencer toda suerte de obstáculos y aquel -admirable Cánovas no ha sido la menor fuerza para encaminar hacia -el porvenir deseado al hijo de su hechura. Hay que recordar cómo ha -sido la vida de este pequeño rey, puede decirse desde el vientre -materno. El matrimonio de su padre con la austriaca--de nacionalidad -fatalmente desgraciada, tanto en España como en Francia--después de -la pasajera luna de miel con Doña María de las Mercedes, que dura el -espacio de una aurora, en el Aranjuez tan líricamente florecido en -los versos de _Don Carlos_; los años de un matrimonio no del todo -amoroso y semiturbado por ésta y aquella expansión de Don Alfonso XII, -cuyo excelente humor estaba casi siempre sobre la razón de Estado; la -muerte, el agostamiento de la existencia de aquella majestad demasiado -apasionada de Anacreonte; el embarazo de Doña María Cristina, previsto -por el ojo perspicaz del gran ministro conservador; el parto, casi a -las miradas de los políticos recelosos; el advenimiento del rey nuevo -que aseguraba en el Trono la continuación de la dinastía. Se creyó que -Alfonso XIII no alcanzaría a llegar a la edad de coronarse, ya fuera -por causa de su organismo maleado en su origen, ya porque un inesperado -movimiento pudiera impedir el logro de los deseos de sus partidarios; -pero de ambas cosas se triunfó, de las amenazas de la enfermedad y -de las amenazas de la política. No creáis exageraciones como las del -yanqui Bonsal, que juzgaba no hace mucho tiempo, con la imaginación -recalentada por la guerra, que «la posición del rey es patética, -personal y políticamente considerada; que las revelaciones que para -otros sólo llegan con la edad, él ha tenido que sufrirlas en su niñez; -que él sabe que nacer rey no da más garantías de felicidad que el nacer -campesino; que sabe ya con sobra de razones, que no hay en la Península -persona alguna en cuya lealtad y devoción pueda confiar, a excepción de -su madre, desamparada mujer y reina impopular en tierra extraña»; y que -«los muchachos americanos se afligirían si pensaran en este pequeñuelo -nacido para la púrpura y vestido de ceremonia desde la cuna, que no -tiene compañeros de infancia para sus juegos, porque nadie es igual al -rey». Esto es no darse cuenta exacta de lo que aquí pasa en ese mundo -no tan velado a los ojos de los simples mortales, y juzgar a estas -horas con criterio pesimista a través de las historias de Saint-Simon -o de las memorias de madame Aulnoy. Por momentos terribles ha pasado -España en que el Trono hubiera podido ser cercado de tormentas, y -la regente y sus hijos habrían tenido que ir a aumentar la lista de -los reyes de Daudet; pero prevaleció el concepto de la Patria en -los partidos contrarios y ni carlistas ni republicanos intentaron -seriamente nada. Desde las soñaciones que hacen evocar la frente de Don -Carlos ceñida por la corona hasta los deseos un tanto románticos de -una regencia en que la infanta Isabel _la Chata_ estaría a la cabeza, -no son sino perfumes de vino español, aroma de claveles que perturba -uno que otro cerebro. Por hoy Don Alfonso, según lo que se alcanza a -divisar, puede esperar tranquilo la hora de su reinado. Lo que no han -podido los errores e ineptitudes de Gobiernos absurdos o culpables, no -lo realizará el hombre del palacio de Loredano, ni menos los divididos -partidarios de la república. Por ahora Don Alfonso XIII no se calienta -el cerebro con tantas historias y filosofías, y prefiere su esgrima y -su jaquita. Hace muy bien. Tiempo tendrá mañana de saber de monólogos -huguescos y de sentir lo que pesa ese instrumento tan extraño en este -fin de siglo, llamado cetro. Su mismo nombre le exige mucho. En el -desfile de la Historia irá a ocupar su puesto. Me lo imagino delante -de sus antepasados homónimos, como en una escena semejante a la de -los retratos en _Hernani_. Es el comparecimiento de los Alfonsos: el -I, férrea flor de Covadonga, todavía con la pura savia goda, fuerte -como un roble de sus bosques, lancero formidable de Cristo, terror -de la morería, y en el corazón primitivo, un diamante de nobleza; el -II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones extranaturales, -hombre de lecturas y de meditaciones, Alfonso _el Casto_; el III, _el -Magno_, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, terror -del mogrevita, varón de tanta fe como valor; el IV, quien como más -tarde el césar Carlos V, buscaría en un monasterio la tranquilidad -espiritual, fanático y solitario; el V, _el de los buenos fueros_, -legislador y espíritu de consejo, también luchador feliz con los -infieles y sostenedor de la fe; el VI, que aparece soberanamente,--a -su lado la figura del Mío Cid--el rey de la conquista de Toledo, y que -tuvo la previsión de ver hacia abajo y favorecer al pueblo con leyes -bondadosas y fueros justos; el VII, Alfonso _el Emperador_; el VIII, -que perpetuó el nombre suyo en las Navas de Tolosa; siendo después al -propio tiempo que caballero de combate, amante de la sabiduría, el -IX; el X, formidable figura, cerebro y brazo, el rey de las Partidas, -alquimista y poeta, astrónomo y filósofo, cuya palabra aun hoy se -escucha y se escuchará en los siglos, ya comience: _Ficieron los -omes_... o inicie los balbuceos encantadores en sus toscas estrofas; el -XI que juntó la habilidad política al vigor militar, monarca de largas -vistas y uno de los más amantes de sus súbditos; todos esos pasarán por -la mente de Don Alfonso XIII como las figuras extrañas y fantásticas -de una linterna mágica, iluminadas por las palabras de los cronistas, -realzadas por las explicaciones de sus preceptores; están demasiado -alejados por las centurias, por bastas cordilleras de tiempo. Son los -abuelos de los retablos y de las armaduras, los que duermen por siempre -en los sarcófagos y cuyas vidas interesan como los cuentos. A quien -verá muy de cerca, animado por la palabra maternal, por el inmediato -eco de su vida, será a su padre. Será para él el rey modelo; y honrará -la memoria del _Pacificador_. No dejarán de ir a llamar su atención -los _venticellos_ de la famosa juventud de Don Alfonso XII, el _rey -buen muchacho_. Sobrarán cortesanos que le refieran las aventuras -picantes de papá, las influencias conocidas de cierto sonoro duque -cuyo título pecador no llegará con buen viento nunca a los oídos de la -reina regente. Y ya vendrá entonces la hora de saber España cuál senda -tomará su nuevo príncipe. Sea ella de felicidad. Y Dios ponga, en los -años de las futuras luchas políticas y palaciegas, sobre el espíritu -de Don Alfonso XIII, algo de la áurea miel que hacía grata su infancia, -cuando todas sus ambiciones se reducían a salir a la calle «con capa», -y llamaba a sus hermanitas, a la una _Pitusa_ y a la otra _Gorriona_. - - [Ilustración] - - - - - UNA EXPOSICIÓN - - [Ilustración] - - - 12 de mayo de 1899. - -SE recorre todo el paseo de Recoletos; se deja atrás la columna de -Cristóbal Colón, se llega hasta el monumento de Isabel _la Católica_, -osadamente llamada por los burlones «la huída a Egipto»; sobre una -eminencia del terreno se destaca el palacio de la Exposición, la -cúpula gris en el azul fondo del cielo. Al palacio fué la reina a -inaugurar la fiesta artística, y su vestido primaveral, tenue, pintado -de flores delicadas, lucía como emergido de una luz de acuarela. Hubo -pompa social y música e himno alusivo, mucho alto mundo y rica suma de -belleza. El _vernissage_ se había verificado hacía pocos días, y fué -poco menos que un desastre. Cuatro gatos y los pintores. Se diría un -_vernissage_ en nuestro Salón del Ateneo. No podemos negar que somos -de una misma familia. ¡Cuán lejos de la cita que se dan en París, en -igual caso, la elegancia florecida de la estación, la moda inteligente, -la distinción mundana! Estos señores duques y estos señores condes, -si por acaso se hallan en la gran ciudad, no faltan al _rendez-vous_. -Aquí, no. Entre una exposición y una corrida, la corrida. Los pintores -no hallan qué hacer, y desde luego, con singulares casos en contrario, -arte no hacen. Los ricos no protegen como antaño a los artistas; -y el Gobierno hace poquísima cosa. ¡Y decir que lo único que les -queda a los españoles es esta mina de luz, el decoro orgulloso de -su pintura, la noble tradición de su escuela, su tesoro de color! A -un paso está París. Se imitan los usos elegantes, las comedias, las -novelas, hasta el café-concert, pero no las nobles costumbres que -enaltecen y honran al talento y al arte. Escasos, muy escasos, son aquí -los artistas que tengan de qué vivir; los ricos son señalados. Por -lo tanto, la lucha por la peseta está ante todo. Es inútil pretender -encontrar el enamorado de un ideal de belleza, el consagrado a su -pasión intelectual. Se pinta como se escribe, como se esculpe, con la -puntería puesta al cocido patrio, buscando la manera de _réussir_, de -caer en gracia al público que paga. Se asombran de que en la actual -exposición abunden los cuadros tristes, enfermedades, hambres, harapos, -mendigos. Los pintores de antaño, aun pintores de príncipes, señalan -ya la marcada afición por los lisiados, zarrapastrosos, piojosos, feos -pobres; únase a esto el modelo constante, el hormigueo de limosneros -que anda por las calles, el tipo del eterno cesante siempre en ayunas, -que aparece en el teatro, en la caricatura y en los corrillos de vagos -de la Puerta del Sol, y el resultado son estas exhibiciones de miseria, -esta representación de escenas de la vida baja y famélica. Fuera de -contadas telas de este Salón, en que profesores favorecidos instalan el -estiramiento y el énfasis del retrato nobiliario, el aire y el uniforme -de algunos excelentísimos señores, el interior elegante, lo que abunda -es la anécdota de la existencia penosa de la gente inferior, el hogar -apurado de la clase media, o la chulapería andante, o el medio obrero. -Los pintores, aquí, en su mayor parte, como los escritores, no pueden -emprender sin error asuntos de la vida aristocrática, porque no la -frecuentan; y los ricos, los nobles, no querrán adornar sus palacios -con cuadros sin nobleza ni distinción; repetirán siempre el _ôtez-moi -ces magots!_ del rey francés. El gusto de la generalidad, por otra -parte, no se demuestra, y un escritor nacional llega a afirmar que este -público es «el más indocto en Europa en materia de Bellas Artes», no -sin falta de fundamento. - -Difícil sería contemplar algo del espíritu de España a través de -las obras de este certamen. ¿En dónde está la España católica? Tal -o cual rincón de iglesia, una que otra imagen de encargo, manera -jesuíta; el único que evoca el espíritu de los antiguos místicos es -Rusiñol, con uno de sus cuadros. ¿Y la España patriótica? En Grecia, -después de los triunfos, surgen aladas o ápteras de la piedra, las -maravillosas victorias, y tras el desastre se alza la Nike funeraria, -que simboliza el sentimiento popular. De igual manera se fundía el -bronce romano. Tras las guerras de Flandes se desborda la alegría en -las telas risueñas de los geniales pintores de kermeses; y cuando -acaba de pasar la _débâcle_ francesa, los cuadros se encienden en odio -al prusiano: se reconstruyen escenas heroicas, se rememoran actos -sublimes, se pinta el sueño de la victoria, o el soldado que quema «el -último cartucho». Entre todos los cuadros de esta exposición, fuera de -una escena de hospital militar y ciertas sentimentales consecuencias -de la campaña no parece que se supiese la historia reciente de la -humillación y del descuartizamiento de la Patria. Esto tiene más clara -explicación. La guerra fué obra del Gobierno. El pueblo no quería la -guerra, pues no consideraba las colonias sino como tierras de engorde -para los protegidos del presupuesto. La pérdida de ellas no tuvo honda -repercusión en el sentimiento nacional. Y en el campo, en el pueblo, -entre las familias de labradores y obreros, aun podía considerarse -tal pérdida como una dicha: ¡así se acabarían las quintas para Cuba, -así se suprimiría el tributo de carne peninsular que había que pagar -forzosamente al vómito negro! El cuadro de historia casi no está -representado; el retrato no abunda; en cambio, el paisaje y la marina -se multiplican por todos lados. No es esto malo, pues se advierte que -al ir hacia la naturaleza, hacia la luz, se mantiene la tradición. En -conjunto, la exposición es mala. El viajero que al llegar a Madrid y -sin haber visitado el Museo de Arte Moderno, quisiese darse cuenta de -la pintura española contemporánea por lo que ahora se exhibe, saldría -con una triste idea de la actual España artística. Recorríamos, con -Carlos Zuberbühler, las salas llenas de cuadros, y no podíamos dejar de -notar cómo en la más que modesta tentativa del Salón de Buenos Aires no -se admitirían los estupendos asesinatos de dibujo, las obscenidades de -color, los ostentosos mamarrachos que aquí un Jurado complaciente deja -pasar y aun coloca en la _cimaise_. La cantidad es larga, lo poco de -buena calidad se pierde entre el profuso amontonamiento de lo mediocre -y de lo pésimo. Las firmas principales no han concurrido todas, y las -que han venido al concurso lo han hecho con producciones ya expuestas y -juzgadas, o con medianos esfuerzos. De seguro la razón de la esquivez -está en el 1900 de París. Después de todo, quizá tengan razón; porque -el estímulo de la tierra propia, como veis, es nulo; y el halago de -París, atrayente, mágica flor de gloria segura. - -No, no es éste el arte pictórico de la España de hoy. Con sus -deficiencias y todo, el Museo de Arte Moderno puede considerarse como -el Luxemburgo madrileño. Sé las quejas: que Raimundo Madrazo no tiene -un solo cuadro en el Museo, ni Barbudo, ni Jiménez Aranda, y que lo -que hay de Fortuny y de Domingo no es de lo mejor de estos artistas -y que de Villegas no hay más que dos acuarelas; mientras que las -medianías eminentes firman docenas de cuadros. Pero hay lo suficiente -de Pradilla, de Casado, de Rosales, de Gisbert, de Moreno Carbonero, de -Plasencia, de Muñoz Degrain, del admirable Haes, de Sorolla, para que -el visitante se sienta bañado del maravilloso esplendor que brota de -tanta riqueza solar, y reconozca que este don divino de la comprensión -del día, fué dado a los pintores de España con singular generosidad. -Casi no hay exposición europea en donde los medallados extranjeros no -sean españoles. Los aficionados yanquis, las pinacotecas de Munich, de -Londres, de Berlín, de Viena, adquieren a altos precios las pinturas -españolas. Buena parte de los maestros emigran, abren sus estudios en -centros donde cosechan más. Preguntaba yo a uno de los jurados de esta -exposición, un colorista de gran mérito, Manuel Ruiz Guerrero, por -qué no había concurrido a la fiesta de la cultura nacional con uno de -esos cuadros suyos tan animados de cálidos tonos, tan prestigiosos, -tan llenos de vida luminosa; y él, con aire de desencanto,--y con los -baules listos para ir a dar un paseo por Buenos Aires--, me decía: «Y -para qué?» _À quoi bon?_ dicen los franceses. Y como Ruiz Guerrero, -otros maestros, ante la indiferencia de sus compatriotas, buscan en -extranjeros países lo que no hallan en la casa propia, o se retraen y -dejan invadir las salas de las exposiciones por los kilómetros de tela -que manchan las señoritas aficionadas y los facinerosos del caballete. - -Después de recorrer estos salones, diríase que para los pintores -españoles no existe el mundo interior. El mismo paisaje no es sino la -reproducción inanimada de tierra, de árboles, de aguas, solitarios o -con acompañamiento de figuras anecdóticas; sin que la secreta vida -de la Naturaleza se presente una sola vez, y mucho menos el alma del -artista, que contagiara con su íntima sensación al espectador atraído. -«La realidad», se dice; y se nombra a Velázquez. Cierto, Velázquez -pintaba la realidad; pero sus colores animaban no solamente rostros, -sino caracteres; y con un bufón y un perro deja entrever todo un -espectáculo histórico. Goya es realista; pero ese potente dominador -de la luz y de la sombra ponía en sus creaciones, o en sus copias -de lo natural, quíntuple cantidad de espíritu. Sus incursiones al -bosque misterioso de las almas humanas le daban su singular dominio. -Los escultores actuales son alabados por sus tangibles condiciones -de realismo: «¡Cuánta anatomía saben!» Hacen huesos, nervios, -gestos, contracciones que dejen campo a estudios de esqueleto o de -musculatura; pero no hacen carne, no hacen vida, no hacen pensar, como -las figuras de Trentacoste o Bistolfi, para no citar franceses, en la -circulación de una sangre maravillosa bajo la epidermis de mármol o de -bronce. - -Entre lo expuesto hay regular cantidad de _grandes machines_, y en -casi todas un lujo de tubos se desborda, una agrupación de todas las -charangas de los ocres y de los rojos, un desborde de azules, el -estrépito de las chirimías y gaitas de la paleta, con sacrificios -de dibujo, incomprensión de valores y relaciones, y tristeza de -composición. Mas aquí y allá, busca buscando, se encuentra lo de -mérito, y algo diré de ello, en cuanto me ayuden mis notas asidas al -paso en mis visitas. - -Uno de los _clous_ de la exposición es un cuadro de Raurich, que desde -luego atrae por su originalidad y su vigor. Es un gran mazizo de tierra -asoleada en primer término, una pequeña altura en cuya falda medran -unos cuantos chaparros cuya sombra mancha de violeta oscura el terreno -reseco. En el fondo se divisa un azulado monte; y a la derecha, en -choque violento, con el amarilloso tono de la tierra, el mar al sol, de -un azul ofensivo, se deja ver, espumante en las olas que llegan a la -costa. La gran masa está plantada con hermosa osadía, y se calca en el -cielo soberbiamente; los detalles se avaloran con el atrevimiento de la -pincelada, que en veces diría espatulazo, toques espesos de un relieve -insolente, pero Raurich, a quienes le censuren por esto puede decir lo -que Rembrandt a los que notaban el espesor de su pincelada al marcar -los puntos luminosos: «Yo soy pintor y no tintorero». Y agregaba, a los -que hacían tales observaciones de cerca, a los que no sabían mirar, -apreciar esos toques de lejos: «Un cuadro no se hace para ser olido; -el olor del aceite es dañoso». Y encuentro esta tela admirable, y tan -solamente observaría que el mar no tiene perspectiva y aparece como -falto de nivel. - -Sorolla presenta una tela meritoria, _Componiendo la vela_, en -la cual habría que señalar al par que las condiciones de color, que -acreditan a este pintor, y su estudio del movimiento, la nimiedad en -la rebusca de un efecto como el atigrado de luz y sombra que produce -el sol al pasar entre las hojas. Por otra parte, sus figuras, muy bien -hechas, tienen ojos que no miran, gestos que no dicen nada, es un mundo -de verdad epidérmica, de realidad por encima. Esto mismo digo de los -personajes de su escena de mar, _El Almuerzo a bordo_: en el ancho -bote, bajo las velas, unos cuantos marineros toman su alimento en la -fuente común. Maneja Sorolla con habilidad el claroscuro; los tipos -están bien agrupados, la inevitable «realidad» está conseguida. - -Moreno Carbonero ofrece una nueva escena del _Quijote_, la aventura -con el vizcaíno. Cervantes ha tenido un sinnúmero de intérpretes, -desde antiguos tiempos. Cuando en el castillo de Fontainebleau, -Dubois pintaba las aventuras de Teágenes y Cariclea y Le Primatice -interpretaba a Homero, en el de Cheverni Jean Mosnier se dedicaba a la -historia de Astrea y a las aventuras del ingenioso Hidalgo manchego. -Más tarde, Charles Coypel se apasiona por este mismo asunto, al cual -Pater y Natoire se aplicarán también y consagrarán dibujos Tremolières -y Boucher. Esto solamente en Francia. Otros artistas de Europa, -especialmente los ingleses, se han complacido desde antaño en tales -asuntos, hasta el fuerte y noble Frank Brangwyn con sus recientes -ilustraciones del _Quijote_ de Gubbin. Pocos, sin embargo, han logrado -ser visitados por el verdadero espíritu de Cervantes. En España un -maestro como Moreno Carbonero ha intentado la evocación, pero creo -que sus propósitos de excesiva verdad le han alejado de la intención -cervantesca. No hay que olvidar que Don Quijote es la caricatura del -ideal; pero siempre en un ambiente de ideal. Desde luego, y con todo y -haber dejado un dibujo verbal perfecto de su héroe Cervantes, no puede -uno reconocer a Don Alonso Quijano _el Bueno_, al Caballero de la -Triste Figura, en la mayor parte de las encarnaciones de los pintores -y escultores. A propósito, hay en esta misma exposición una serie de -ilustraciones de Jiménez Aranda, muy notables como dibujo, pero que no -tienen nada de personajes cervantescos; esos Quijotes y esos Sanchos -son un Juan y un Pedro de cualquier parte, vestidos para representar un -papel. Moreno Carbonero me manifestaba una vez que para Sancho había -encontrado un modelo en la campaña manchega. El de Don Quijote sería -un precioso hallazgo. Pero luego habría que agregar al modelo el alma -del andante caballero, animarle con una chispa que no se encuentra a -voluntad cuando no es el genio el que impera. - -La intelectualidad de Moreno Carbonero no es para discutirla; y en este -cuadro impone su sabiduría de colorido, su impecabilidad de factura; -pero Don Quijote tampoco es Don Quijote, aunque Sancho sea Sancho. Los -otros personajes quedan tan alejados en su término, que casi no dicen -nada, y el episodio pierde con esto su mayor interés. Cuando Pierre -de Hondt alababa los Quijotes de Coypel no dejaba de hacer notar el -valor del acompañamiento, de los personajes secundarios que siempre -ayudan a la animación del suceso. No he de olvidar dejar anotado que -la sensación de la árida Mancha está dada por el artista de modo -magistral. Es éste el terreno reseco que recorrieron Rocinante y el -rucio con sus dos inmortales jinetes. La conciencia de la indumentaria -y la resurrección de la época son completas; pero repito mi pensar: -tanta realidad hace daño a la idealidad del tipo, a lo, por decir así, -grotesco angélico que hay en el héroe que Cervantes creara con tanto -amor y amargura. - -_Salus infirmorum_ de Menéndez Pidal sale de la pura realidad, para -ofrecernos una dulce impresión de fe, una escena de suave religiosidad. -Un pobre padre lleva ante el altar de la Virgen un niño enfermo. A su -lado ora la madre enlutada. El sacerdote, de sobrepelliz y estola, -acompañado del pequeño monago reza también por el enfermito. Esto es -verdad, es realidad, pero hay asimismo una entrevisión de más allá, -sopla un aire suave de misterio, y se siente que esas almas humildes -recibirán su bien de Dios. ¡Cuán otra _La Herencia del Héroe_ del Sr. -Suárez Inclán, de un sentimentalismo ocasional, de forzada factura; -escena de comedia para la Tubau, dolor sin verdad! Verdad e intención, -sí, se advierten en la tela de Santamaría, _El Precio de una madre_: -la familia rica que va a llevarse a la joven nodriza, de la campaña a -la ciudad; y el marido que se queda con el chico propio y la primera -paga no muy satisfecho, mientras su mujer, buena moza de ricas ubres -rurales, se le va con el muchacho ajeno. Este cuadro y un alto relieve -de Mateo Inurria, _La Mina de carbón_, son de las muy raras notas que -hagan pensar en un arte socialista en la exposición presente. - - [Ilustración] - - - - - LA FIESTA DE VELÁZQUEZ - - [Ilustración] - - - 15 de junio de 1899. - -FLOJA, muy flojamente se han celebrado las fiestas del «pintor de los -reyes y rey de los pintores». Cuando el centenario de Calderón, hubo -inusitadas pompas y agitaciones académicas que hicieron murmurar a -Verlaine en un soneto. Es verdad que la España de entonces no estaba -en la situación actual; pero, con todo, a España no le ha faltado -nunca ganas y dinero para divertirse; y don Diego de Silva Velázquez -bien valía una verbena. Por Rembrandt acaba de hacer relucir todas -sus alegrías Holanda, presididas las fiestas por la «naranjita» real -_à croquer_, Guillermina. Aquí el Gobierno ha hecho poca cosa, y el -entusiasmo de los artistas no ha podido suplir todo. Inauguración -de la Sala Velázquez en el Museo del Prado; recepción en Palacio, -inauguración de la estatua obra de Marinas; y se acabó. Tiempo hubo -de sobra para realizar algo digno de la ilustre memoria, y con un -poco de buena voluntad se hubiese rendido el tributo justo a quien -con Cervantes lleva el nombre de España a lo más alto de la gloria -universal. Inglaterra envió a sir Edward J. Poynter, Francia a Carolus -Durán y a Jean Paul Laurens--todos caballeros cubiertos delante de -Velázquez--. Todos tres, el día en que se descubrió la estatua, -saludaron al maestro antiguo y al arte que une los espíritus de todos -los climas y razas en la misma luz y adoración imperiosa. En la Sala -de Velázquez se ha reunido todo lo suyo existente en el Museo; y al -cuadro de «Las Meninas», se le ha colocado de manera que triplica la -ilusión. - -¡Famoso empeño, descubrir a estas horas al gran pintor! No es mi -intención haceros un largo capítulo en que no hallaríais nada nuevo; -antes bien y a mucho andar, algún extracto de lo que con mayor -prolijidad y competencia podéis aprovechar en Justi o en Stirling, -en Madrazo o en Lefort, en Curtis o en Michel o en la reciente obra -monumental que ha dado al público Beruete con prólogo de Bonnat. Pero -mi buena suerte ha hecho llegar a mis manos un libro casi desconocido, -que se ha puesto a la venta, a pesar de estar impreso desde 1885; me -refiero a los _Anales de la vida y obras de Diego de Silva Velázquez, -escrito con ayuda de nuevos documentos por G. Cruzada Villaamil. -Madrid, librería de Miguel Guijarro._ Y de este libro, sí, os diré -algo, aprovechando la ocasión. El año de 1869, el autor, por cargo -oficial que a la sazón desempeñaba, tuvo oportunidad de registrar el -archivo del Palacio Real de Madrid, y entre papeles e inventarios del -tiempo de Felipe IV y su hijo, encontró gran número de documentos de -alto interés, referentes a Velázquez. No dejó de observar que otra mano -había andado por ahí antes que la suya, la cual mano extrajo buena -cantidad de papeles valiosísimos. En posesión de esos documentos, y los -que luego consiguió en Simancas y en el archivo histórico nacional, -nutrido de buena, aunque escasa bibliografía velazquina, y armado de -su experiencia de crítico de arte, el señor Cruzada Villaamil dió -comienzo y fin a su obra, que dedicó al rey Don Alfonso XII, por -haber este monarca apoyado su empresa. Muertos ya Don Alfonso y el -autor, se dió fin a la impresión del libro, y, creo que por causas de -testamentaría, u otro motivo judicial, es el caso que los pliegos, -todavía sin encuadernar, yacen en su depósito. De esos pliegos sueltos -es el ejemplar que está en mi poder, el cual debo a la amabilidad de un -distinguido caballero de la Corte. - -En estos _Anales_ se nos presenta a Velázquez en su vida y en sus -obras, sencilla y claramente, al paso de los días. Es un arsenal -precioso para el Taine o el Ruskin de más tarde. El señor Cruzada -Villaamil escribía sin dificultad y sin estilo, o más bien, su prosa -es de esa prosa académica que por tan largo tiempo ha subsistido entre -estos escritores, a largas circunvoluciones de períodos, cansadora, -monótona, pesada. Pero la carta, la anécdota, el documento, interesan y -atraen. Comienza la obra con una exposición del estado de la pintura en -el reinado de los Felipe II y III, y resaltan las figuras del «divino» -Morales, el mudo Navarrete, Sánchez Coello el portugués, Carvajal -Barroso y Pantoja, mientras en Italia se alza la soberana persona del -viejo Ticiano, quien no dejó de ser aprovechado por el Segundo Felipe -y pintó para el Escorial «El Martirio de San Lorenzo» y la «Santa -Cena». Felipe III no impulsa tanto el arte, aunque artistas italianos -que residían en España prosiguiesen en su labor continua. Este período -tiene, no obstante, de notable la llegada de Rubens, enviado por -el duque de Mantua a Valladolid. Curiosa es la nomenclatura de los -regalos que traía el flamenco: «para Su Majestad una hermosa carroza -tallada--que el señor Villaamil cree sea la que hoy se conoce en las -reales caballerizas como el _coche de doña Juana la loca_,--con sus -caballos; doce arcabuces, de ellos seis de ballena y seis rayados; y un -vaso de cristal de roca lleno de perfumes. Para la condesa de Lemus, -una cruz y dos candelabros de cristal de roca. Para el secretario Pedro -Franqueza, dos vasos de cristal de roca y un juego entero de colgaduras -de damasco con frontales de tisú de oro. Veinticuatro retratos de -emperatrices para don Rodrigo Calderón, y para el duque de Lerma un -vaso de plata de grandes dimensiones, con colores, dos vasos de oro y -gran número de pinturas, que consistían en copias, mandadas sacar en -Roma al pintor Pedro Facchetti, de los cuadros más preciados de aquel -tiempo». La opinión que Rubens tuviera de los pintores españoles en -tal momento es digna de notarse. Él escribía al secretario del duque -de Mantua, Iberti, que el duque de Lerma «quiere que en un momento -pintemos muchos cuadros, con ayuda de pintores españoles. Secundaré -sus deseos, pero no los apruebo, considerando el poco tiempo de que -podemos disponer, unido a la miserable insuficiencia y negligencia de -estos pintores, y de su manera--a la que Dios me libre de parecerme en -nada--absolutamente distinta de la mía». Y en otra parte: «El duque -de Lerma no es del todo ignorante de las cosas buenas; por cuya razón -se deleita en la costumbre que tiene de ver todos los días cuadros -admirables en Palacio y en El Escorial, ya de Ticiano, ya de Rafael, -ya de otros. Estoy sorprendido de la calidad y de la cantidad de estos -cuadros, pero modernos no hay ninguno que valga». Rubens partió, -y acaeció el incendio de El Pardo, en donde se perdieron tesoros -pictóricos. Así el reino de Felipe III concluye para la vida artística. - -Felipe IV fué el rey artista: escritor, pintor, actor, algo tenía entre -las paredes del cerebro de lo que hoy anima las aficiones y bizarría -de Guillermo de Alemania. Los pintores, tanto como los poetas, fueron -protegidos, y entre todos, el fuerte Velázquez no cesa en su labor. -Los retratos se multiplican, y son sus modelos desde las princesas -hasta los bufones y los perros. No dejó la malquerencia de visarle, la -envidia de morderle. El monarca, no obstante, le sostuvo en su favor. -Lo cual regocijaba al buen Francisco Pacheco que viera los comienzos -de su amado don Diego, allá en su obrador de Sevilla. Es de interés -la descripción de la casa de Pacheco en donde se reunían escritores, -poetas, artistas de toda especie, a charlar y discurrir; no faltó a -tales reuniones cierto manco que creara cierta novela inmortal. - -Tanto quiso Pacheco a don Diego, que le dió su hija por mujer. «Después -de cinco años de educación y enseñanza, le casé con mi hija, movido de -su virtud, limpieza y buenos portes, y de las esperanzas de su natural -y grande ingenio». «Y porque es mayor la honra de maestro que la de -suegro, ha sido justo estorbar el atrevimiento de alguno que se quería -atribuir esta gloria quitándome la corona de mis postreros años». -Página misteriosa es la de los amores de Velázquez. Quizá su matrimonio -fué hechura exclusiva de su maestro, sin que la pasión tuviera la menor -parte. Influído por Tristán y por lo tanto por _el Greco_, afianzóse -el artista en su vigor de colorido, al brillo de la gloriosa luz -veneciana. Es en 1622. Velázquez va a visitar El Escorial, y para ello -parte para la Corte con buenas recomendaciones y con el encargo de -hacer el retrato de Góngora. Con buen viento llega, y le reciben sus -paisanos los andaluces, entre los cuales estaba la alta influencia del -conde-duque de Olivares. De allí a poco, hace el retrato del rey. En -este orden siguen los años que duró la vida del pintor, con gran copia -de documentos, con cartas curiosas; con papeles en los cuales se ve que -no era muy envidiable el puesto de Velázquez en Palacio, a pesar de -todo lo que entonces era considerado como una honra. Al artista se le -concedió la comida palaciega en esta forma: «Diego Velázquez, mi pintor -de Cámara, he hecho merced de que se le dé por la despensa de mi casa -una ración cada día en especie como la que tienen los barberos de mi -cámara, en consideración de que se le debe hasta hoy de las obras de -su oficio que ha hecho para mi servicio; y de todas las que adelante -mandare que haga, haréis que se note así en los libros de la casa. (Hay -una rúbrica del rey). En Madrid, a 18 de septiembre de 1628.--_Al conde -los Arcos, en Bureo_». - -Como ésa hay otras tantas llamativas notas en el grueso volumen del -señor Villaamil; y en cuanto a la parte de la obra artística, análisis -de los cuadros, legitimidad de algunos dudosos, y otros puntos de -esta especie, dicho libro es de aquellos que no deben faltar en la -biblioteca de un Museo, o de un artista estudioso; y es una lástima -que no se ponga a la venta, por las razones que dejo expuestas -anteriormente. - -Quise hablar con sir Edward J. Poynter pero no me fué posible -encontrarle. En cambio, puedo transmitir mis impresiones de una -entrevista con Jean Paul Laurens y Carolus Durán. Son dos tipos -completamente opuestos. Laurens es el hombre de labor, el artista -austero y consagrado a su ideal de una manera tiránica. Durán es -el elegante pintor de los salones, el retratista de las princesas -de la aristocracia y de las princesas plutocráticas de los Estados -Unidos... No hay que negar su habilidad suma, sus dotes de ejecución, -su colorido, su dibujo, las condiciones todas que le han llevado a la -presidencia de la Sociedad de Artistas Franceses, y a la fama universal -y a la fortuna. Han pasado escuelas modernísimas y tentativas varias -delante de su inconmovible invariabilidad. Carolus Durán ha sonreído de -todo, y, comprendiendo su tiempo, sigue la corriente. - -Su cabeza es la hermosísima cabeza de un Lohengrin adonjuanado; el -cuerpo, elegante, a pesar de la imposición del vientre en lucha con la -gimnasia y con la esgrima. La melena y la soberbia barba, nevadas de -días y noches de buena vida; el ojo perspicaz y voluptuoso, como la -boca; el gesto principesco. Carolus Durán, munido de su indispensable -y parisiensísima _pose_, es un hombre encantador. Me habló de -Velázquez, de la pintura española, todo esto en español, pues lo habla -correctamente, aunque de cuando en cuando le falta el vocablo. Le hablé -de Buenos Aires. «Buenos Aires...» Conoce poco. Lo que él conoce es -Nueva York. ¡Ya lo creo!... No obstante, sabía que en Buenos Aires -está la «Diana» de Falguière y que la ciudad tiene cerca de un millón -de habitantes. Nuestros ricos sudamericanos, decididamente, debían -acordarse algo más de que es preciso tener un retrato de Carolus Durán. - -Jean Paul Laurens parece al pronto un hombre seco y hasta adusto. -Y debe tener muy temerosa idea de los periodistas, pues antes de -serle presentado por Ruiz Guerrero, apenas me contestaba una que otra -palabra. Luego--fué en el Círculo de Bellas Artes--, se abrió, en la -más grata franqueza, sonriendo amablemente su dura cabeza de apóstol. -Me habló también del arte español y de Velázquez, y me hizo un curioso -croquis verbal de su compañero y amigo Carolus Durán, con quien había -estado en oposición, «pero siempre en la nobleza y altitud del arte». -«Buenos Aires. Sí. ¿Conoce usted a Sívori? He ahí uno que tiene algo -dentro de la cabeza. Pero, _pauvre garçon!_ ¿qué hace por allá? -_Là-bas_ es imposible todavía hacer arte. ¿Es usted amigo suyo? Dígale -que no haga pintura para cocineras. Hay que hacer arte _por dentro_, -para uno mismo, en la independencia del provecho y de la moda. En -América no se entiende de ese modo, ¿no es así? Mucho industrialismo -artístico; y así se pierden los talentos y las disposiciones que da la -Naturaleza. Dígale usted a Sívori que dice su maestro Laurens que haga -arte _por dentro_, y que no se cuide de cuadros para la cocina». - -Traduzco al pie de la letra, hasta donde puede permitirlo el vuelo de -la conversación. - -Volví a verle. - -El Círculo de Bellas Artes dió una fiesta íntima, por decir así, a los -artistas extranjeros. - -Almorzamos bajo un toldo, al amor de altos árboles, en el jardín del -Círculo, casi desecho hacía pocos días por el más formidable de los -pedriscos de que hay memoria en Madrid. Los vinos españoles animaron la -fiesta, y se comió al aire libre, al son de una orquesta de guitarras. -Jean Paul Laurens sonreía en su gravedad bajo sus espejuelos; -Carolus Durán llevaba el compás de los tangos y de las seguidillas y -sevillanas. Cuando el poeta Manuel del Palacio ofreció la fiesta, ya -se oía por allí el ruido de las castañuelas de las bailaoras. Habló -Durán, en español; brindó Laurens, que estrechó la mano al joven -Marinas, el de la estatua. «¡Yo me complazco en descubrirle!» dijo. -En un instante, tras el champaña, ya estaba la tarima puesta para la -pareja del baile. Eran dos muchachas; la vestida de hombre, con el -ceñido incitante calipigio, morena; la otra blanca, con admirables -ojos y cabellos obscuros. Bailaron, pero antes de que comenzasen -ellas al grito de las guitarras, Carolus Durán se puso a esbozar unas -sevillanas, con levantamiento de pierna y meneo de caderas que no -había más que pedir. Primero todos nos quedamos _abasurdidos_, como -diría Roberto Payró; pero después, no pudimos menos de decir: _¡ole!_ -Jean Paul Laurens sonreía. Sir Poynter no estaba en la fiesta. Si -llega a estar, nadie le quita de sus británicos labios un irremediable -_shocking!_ - -Bailó, pues, la pareja de danzantes de oficio; mas había una nota de -color que ya había llamado la atención de los extranjeros: una familia -de gitanos. El viejo, bien preparado, con disfraz de guardarropía, -modelo de Doré, para no dejar perder la influencia del «color local», -obstentaba desde el calañés hasta la faja imposible y la chaquetilla -fabulosa, y el bastón de enorme contera. La vieja gitana, de ojos de -cuencas negras; y las gitanillas, tan cervantinas como antaño, una de -doce, una de quince, otra de veinte años. Cuando la pareja de baile -cesó, llegaron los gitanos. Bailaron todas las hembras, pero las dos -menores se llevaron la palma. Sobre todo la más chica, que bailaba, -según el decir de Carolus Durán, «como una princesita rusa». Bailaba -en efecto maravillosamente. Era el son uno de esos fandangos en que se -va deslizando el cuerpo con garbo natural y fiereza de ademán que nada -igualan, en una sucesión de cortos saltos y repique de pies, en tanto -que la cara dice por la luz de los ojos salvajes, mil cosas extrañas, -y las manos hacen misteriosas señas, como de amenaza, como de conjuro, -como de llamamiento, como en una labor aérea y mágica. Todo en un -torbellino de sensualidad cálida y vibrante que contagia y entusiasma, -hasta concluir en un punto final que deja al cuerpo en posición -estatuaria y fija, mientras las cuerdas cortan su último clamor en un -espasmo violento. Después fué otra danza en que la zingarita triunfó -de nuevo. Ágil, viva, una paloma que fuera una ardilla, moviendo busto -y caderas, entornando los párpados no sin dejar pasar la salvaje luz -negra de sus ojos en que brillaba una primitiva chispa atávica, se -dejaba mecer y sacudir por el ritmo de la música, y dibujaba, esculpía -en el aire armonioso un poema ardiente y cantaridado al par que traía a -la imaginación un reino de pasada y luminosa poesía. Entonces se daba -uno cuenta del valor de sus trajes abigarrados, sus rojos, sus ocres, -sus garfios de cabello por las sienes, sus caras de bronce, sus pupilas -de negros brillantes. Sonreían como si embrujasen; sus dedos sonaban -como castañuelas. - -Carolus Durán puso dentro del corpiño de la gitanilla un luis de oro. - - [Ilustración] - - - - - LA CUESTIÓN DE LA REVISTA - - LA CARICATURA - - [Ilustración] - - -EN España, como entre nosotros--¡es un triste consuelo!--, no se ha -llegado todavía a resolver el problema de la revista. Es singular el -caso que aquí, en donde se ha contado con elementos a propósito desde -hace largo tiempo, acaezca a este respecto lo propio que en nuestros -países de progreso reciente. España no cuenta en la actualidad con una -sola revista que pueda ponerse en el grupo de los «grandes periódicos» -del mundo; no existe lo que llamaremos la revista institución--_Revue -des Deux Mondes_, _Nuova Antologia_, _Blackwood's_ o _North American -Revue_. La _España Moderna_, que podría ocupar el puesto principal, se -sostiene gracias al cuidado y entusiasmo de su propietario el señor -Lázaro. No faltan los escritores de revistas, y la prueba es que las -revistas extranjeras tienen colaboradores españoles de primer orden--; -he encontrado principalmente a Ramón y Cajal, el eminente sabio que -acaba de partir a los Estados Unidos a dar conferencias, llamado por -una de las mejores universidades; a Salillas, el antropólogo; y a -un escritor cuyo nombre en Europa, en el mundo del estudio, es bien -conocido: Rafael Altamira, profesor de la Universidad de Oviedo. - -¿Cuál es la causa de que en España no prospere la revista? -Primeramente, la general falta de cultura. En Inglaterra, o en Francia, -no hay casa decente en donde no se encuentre una de esas publicaciones -condensadoras del pensamiento nacional y reflectoras de las ideas -universales. Para el parisiense de cierta posición, de atmósfera, -llamémosla así, «senatorial», burgués de cualquier profesión elevada, -propietario que se receta sus lecturas, o buen varón de la nobleza, la -_Revue des Deux Mondes_ es una costumbre, o una necesidad. No hablaré, -además, de tales o cuales revistas pertenecientes a estas o aquellas -agrupaciones, políticas o religiosas; son legión. Albareda, que realizó -aquí los esfuerzos que en Buenos Aires los señores Quesada, tuvo que -ver la lamentable desaparición de su obra, y, si no ha acontecido lo -mismo al señor Lázaro, es porque lucha bravamente contra todo peligro. -Las tentativas han sido muchas desde hace largos años, en este siglo, -que entre tantas peregrinas cosas, es el siglo de la revista. El -_Teatro Crítico_ del padre Feijóo, puede muy bien considerarse en el -siglo XVIII como una gran revista española, en cierto sentido; en -la centuria actual la crítica de revista se cristaliza en _Fígaro_, -aunque sean muy anteriores a los escritos de Larra algunas otras -publicaciones que se asemejan al tipo de la revista. Si no tan antiguo -como el francés, hubo en la corte española un viejo _Mercurio_. -Asimismo, otras publicaciones periódicas y en forma de folleto que, -a la manera del _Teatro Crítico_ del padre Feijóo, eran redactadas -por un solo escritor. Entre las muchas revistas o semirevistas de -aquel tiempo, he de citar, aunque sin orden cronológico, además del -_Mercurio_, _El Censor_, _El Pensador matritense_, _El Correo de los -Ciegos_, _El Pobrecito Hablador_, de Larra, el _Semanario Pintoresco_, -el _Museo pintoresco_, la _Revista Española_, la _Revista Mensajero_, -_El Laberinto_, de Antonio Flores y Ferrer del Río, _La lectura -para todos_, el _Periódico para todos_, _El Museo Universal_, _La -Ilustración de Madrid_, la _Revista Española de Ambos Mundos_, la -_Revista Ibérica_, la _Revista Hispanoamericana_, _La Abeja_, de -Barcelona, _La Revista de Ciencias, Literatura y Arte_, de Sevilla, la -_Minerva, o el Revisor General_, _El Criticón_, de Bartolomé Gallardo, -la _Crónica Científica y Literaria_, el _Almacén de Frutos literarios_, -la _Miscelánea_, las _Cartas Españolas_, la _Lectura para todos_, la -_Revista de Madrid_ y _El Europeo_ de Aribau. Entre las que he citado, -muchas han sido ilustraciones, _magazines_, del tipo de revista para -familias, variadas e ilustradas a la manera del antiguo _Magasin -pittoresque_, de París. Las hubo que tenían un carácter puramente -literario y científico; algunas, como _La Abeja_, se limitaron a -ofrecer traducciones de varios autores extranjeros, especialmente -alemanes, y no pocas intentaron producir un movimiento intelectual -elevando el nivel de cultura, sin conseguirlo por desgracia. - -Las últimas revistas, puramente tales, en forma de cuadernos, tipo -_Revue des Deux Mondes_, que lucharon con todo heroísmo, fueron -la _Revista de España_, fundada por don José Luis Albareda, y la -_Revista Contemporánea_. La de Albareda contaba con colaboradores -de primera línea, con las autoridades de la época, como don Manuel -de la Revilla y don Juan Valera en lo referente a la crítica; pero -poco a poco fué perdiendo su interés, disminuyó la colaboración, y -el público, que no necesita mucho para proteger su pereza cerebral, -abandonó las suscripciones. La _Revista Contemporánea_ fué creada por -don José del Perojo. Era una publicación más científica y filosófica -que de literatura y arte. Al lado de importantes trabajos españoles, -se insertaban traducciones de autores en boga. Allí se publicó la -primera novela rusa que haya aparecido en España, una de las mejores de -Turgenev: _Humo_. También la _Revista Contemporánea_ fué paso a paso -enflaqueciendo, por falta del apoyo público. Dirigióla por algún tiempo -don José de Cárdenas. Es seguro que el motivo del decaimiento estribó -en lo que por lo general causa la muerte de las revistas. Los que las -dirigen, por pobres tacaños, quieren henchir el cuaderno con trabajos -que no les cuestan dinero, y recurren a la falange de los grafómanos -que hacen fluir gratis los productos de sus inagotables sacos; reunen -suscriptores entre sus amigos y conocidos, que por fin se cansan de -la continua bazofia, y rompen, a veces con la amistad, el recibo de -la suscripción. Nada más grotesco que el director de una publicación -que cuenta para ella «con sus amigos». La _Revista Contemporánea_ está -dirigida hoy por don Rafael Álvarez Sereix, y está bastante mejor que -en tiempo de Cárdenas; pero según tengo entendido, se produce también -por colaboración _espontánea_, sin redactores ni colaboradores fijos, -interesados en su mantenimiento y progreso. - -La _Revista Hispanoamericana_ se fundó con muy buenos propósitos, -pagaba con esplendidez los trabajos; pero no supo el director -conducirla, faltó buena administración en el sentido de la propaganda; -no encontró eco, por lo tanto, y murió no sin costarle a su editor -varios miles de duros. La _Revista Mensual_ tuvo corta vida y estaba -hecha _à l'instar de_ la _Revue générale_ de Bruselas. _El Ateneo_, -con excelentes elementos, se fundó para publicar las conferencias, -discursos, etc., dados en el Ateneo de Madrid. No interesó, a pesar de -su material de importancia. _La América_, de Eduardo Asquerino, con -colaboración americana, en un inaudito _cafarnaum_, pletórica, concluyó -igualmente. La _España Moderna_ comenzó con bríos y colaboración -española escogidísima. Luego se aumentó con la _Revista Internacional_ -que dió a conocer a muchos autores extranjeros; pero la _Revista -Internacional_ concluyó muy pronto, y la _España Moderna_, como lo he -manifestado ya, con una suscripción relativamente escasa, se sigue -publicando gracias al loable desinterés de su director y dueño don -José Lázaro. La _Revista crítica de Historia y Literatura españolas, -portuguesas e hispanoamericanas_, tuvo un brillante aparecimiento, con -colaboración de primer orden, nacional y extranjera, en que resaltaban -especialistas tan eminentes como Menéndez y Pelayo y Farinelli. Esta -revista continúa, dirigida por don Rafael Altamira; pero paréceme que -lleva una vida lánguida y que no aparece con la regularidad que sería -de desear. - -Ha habido algunas revistas interesantes, de ramos especiales, y entre -las de derecho y administración se distinguió una publicada por don -Emilio Reus, la _Revista de Legislación y Jurisprudencia_. Todas las -corporaciones científicas, de ingenieros, arquitectos, militares, -etcétera, publican órganos especiales que, por lo general, dan pobre -idea de la cultura del elemento oficial. Casi siempre, no se encuentran -sino indigentes reflejos del saber fundamental de otras naciones. -Exclusivamente de arte, ya sea a la manera de la _Gazette des Beaux -Arts_, o a la manera del _Studio_, o sus similares alemanes, no existe -ninguna. - -Las revistas independientes, producidas por el movimiento moderno, -por las últimas ideas de arte y filosofía, y de las que no hay país -civilizado que no cuente hoy con una, o con varias, tuvo aquí su -iniciación con _Germinal_, de filiación socialista, apoyada por lo -mejor del pensamiento joven. Murió de extremada vitalidad quizás... -Demás decir que en Cataluña, sí, hay revistas plausibles, que, más o -menos, dan muestra de la fuerza regional, como _L'Avenç_, _Catalunya_, -_Revista Literaria_ y _La Renaixensa_. _Vida Nueva_, con formato de -diario, es una especie de revista semanal, y es de lo mejor que se -publica en Madrid. Revistas puramente intelectuales e independientes, -al modo de _Mercure de France_, _Revue Blanche_ o _La Vogue_, de -París, del _Yelow Book_; o el _Savoy_, de Londres, la _Rasegna_, -de Milán, _Chap Book_ o _Bibelot_, de los Estados Unidos, _Revista -Moderna_, de México, o _Mercurio de América_ y _El Sol_, de Buenos -Aires, no hay más que una, a la manera de _La Vogue_ o de la antigua -_Revue Indépendante_, de París, la _Revista Nueva_. Es ciertamente -extraño que, existiendo un grupo de escritores y artistas que sienten -y conocen, así sea incipiente y escasamente el arte moderno, no -hayan tenido un órgano propio. Creo que la causa de esto se basa en -el carácter de la juventud literaria, en lo general poco amiga del -estudio y sin entusiasmo. La _Revista Nueva_ se propone reunir todos -esos elementos dispersos, y desde luego cuenta con varias firmas de las -más cotizables en literatura castellana actual. Ha tenido la dirección -el buen talento de no hacerla sectaria ni aislada en un credo o bajo -un solo criterio. Pueden caber en ella y caben los versos de los que -intentan una renovación en la poesía castellana y los versos demasiado -sólidos del vigoroso pensador señor Unamuno; los sutiles bordados -psicológicos de Benavente y las paradojas estallantes de Maeztu; los -castizos chispazos de Cávia y las prosas macizas de Unamuno, que valen -más que sus versos, aunque él no lo crea. Además, la _Revista Nueva_ -está en relación con Europa y América, y su colaboración aumenta cada -día. Quiera Dios que no vaya, también, una buena mañana, a amanecer -atacada de la enfermedad mortal de las revistas. - -Las ilustraciones no son pocas en España, y entre ellas van a la cabeza -la antigua _Ilustración Española y Americana_, fundada por don Abelardo -de Carlos, y la _Ilustración Artística_, de Barcelona. _La Ilustración -Española y Americana_ está asentada sobre inconmovibles bases, entre -las primeras del mundo. Sus redactores son de por vida, como el -invariable Fernández Bremón, o el que fué don Peregrín García Cadena. -Su forma, sus grabados, la colocan en el grupo de _L'Illustration_, de -París, _Illustrated London News_, _Graphic_ y sus semejantes de Berlín, -Roma, Munich o Nueva York. Con los progresos del fotograbado, ha -disminuído un tanto la aristocracia de sus viejos grabados en madera, -que alternan hoy con el inevitable clisé de actualidad. Aunque su plana -mayor se compone de escritores veteranos, tiene campo abierto para -las manifestaciones del pensamiento nuevo, como se sepan guardar «las -conveniencias», pues hay que recordar que si _La Ilustración Española -y Americana_ es popularísima, no deja por eso de ser el periódico -preferido de las clases altas, y eso tanto en España como en la América -española. - -La _Ilustración Artística_, de Barcelona, viene en seguida, y se -distingue por su preferencia de los asuntos artísticos, fiel a su -nombre. Uno de sus colaboradores fijos es doña Emilia Pardo-Bazán. - -Los Estados Unidos han enseñado al mundo la manera como se hace un -_magazin_ conforme con el paso violento del finisecular progreso. Los -adelantos de la fotografía y el ansia de información que ha estimulado -la Prensa diaria, han hecho precisos esos curiosos cuadernos que -periódicamente ponen a los ojos del público junto al texto que les -instruye, la visión de lo sucedido. El _Blanco y Negro_ va aquí a la -cabeza; luego vienen la _Revista Moderna_, _El Nuevo Mundo_ y algunas -otras como el _Álbum de Madrid_, que publica retratos de escritores -y artistas, artículos literarios y poesías. El _Blanco y Negro_ es -muy parecido a nuestro _Buenos Aires_ o a _Caras y Caretas_, con la -insignificante diferencia de que posee un palacio precioso, tira muchos -miles de ejemplares y da una envidiable renta a su propietario el señor -Luca de Tena. En Barcelona hay varias revistas como _Barcelona Cómica_ -más o menos literarias y artísticas; y _La Saeta_, periódico picante -por sus fotograbados, por lo común desnudos, _poses_ de malla o camisa, -género Caramán Chimay y aun más pimentados. - -La caricatura tiene por campo una o dos páginas de cada «almacén» o -revista ilustrada. Casi siempre, la política y la actualidad es lo que -forma el argumento. Pero no existe hoy un caricaturista como el famoso -Ortego, por ejemplo. Como todo, la caricatura ha degenerado también. -Ortego, me decía muy justamente el señor Ruiz Contreras, director de la -_Revista Nueva_, ha sido el rey de la caricatura en España; ninguno de -los otros puede compararse con él; él _creó_ la _semblanza_ de todos -los políticos y monarcas, de todos los personajes de la revolución; -él hizo a Montpensier imposible, con una caricatura. Si analizáramos -la influencia que ha tenido Ortego en el porvenir de la Nación, nos -horrorizaríamos. En este pueblo impresionable, una nota se agiganta y -se hace un libro, un chisme se transforma en historia y una calumnia -en _débâcle_ inmensa. Más daño que todos sus enemigos le hicieron a -Montpensier las caricaturas de Ortego, ¿fundadas en qué? Pues en que -Montpensier tenía una huerta de naranjas. «El rey naranjero». Esto -bastó para desacreditarle. Como bastó, para hundir a don Carlos, -pintarle un día rodeado de bailarinas y sacripantas. Ortego, además de -su intención profunda, tuvo una ventaja sobre todos, y es que dibujaba -maravillosamente. Solía también encontrar en el personaje un rasgo -fisonómico para su caricatura, y acertaba tanto en la elección, que -no era posible ninguna variante. Su Narváez, su Prim, su Sagasta, su -Isabel II, son inolvidables. Asimismo se dedicó mucho a la caricatura -de costumbres, en la que hizo prodigios. En esto era un inmediato -descendiente de Gavarni. El pueblo de Madrid, con sus toreros, con sus -curas, con sus manolas, sus majos, sus cursis, sus hambrientos, sus -oficinas, sus teatros y sus verbenas, aparece y resucita en los dibujos -de Ortego, que son para el historiador un documento de grandísima -importancia. Hace algunos años se reunieron los dibujos de Ortego en -álbumes especiales, pero la publicación, con ser de tanto interés para -todos, no se hizo popular. El público estaba distraído con otra cosa. - -Luque, Padró, Perea y Alaminos han hecho casi solamente, la caricatura -política. Menos hábiles en el dibujo, buscaban la intención en las -ideas; sus caricaturas tienen más _bilis_ que _lápiz_; demuestran -sus odios políticos más que su arte. Iban sólo a hacer daño; más que -revolucionarios de su tiempo, eran anarquistas. Destruían con el -ridículo, aumentándolo, inventándolo a veces. Perea se dedicó luego a -la especialidad de toros y sus dibujos de _La Lidia_ han circulado -por todo el mundo. Sojo ha sido también un político de lápiz; _dibuja_ -poco: todo el interés de su obra se basa en el pensamiento. Cilla y -_Mecachis_ explotan por algún tiempo la crítica de costumbres. Cilla -_inventa_ los personajes, mucho más que los toma de la realidad; ha -creado varios tipos que repite constantemente. Así ha hecho Mars en -París. Cilla es en el dibujo en España algo como López Silva en sus -versos. Nada más alejado de la verdad, nada más falso que los chulos -de López Silva, a quien llaman el heredero de don Ramón de la Cruz; -y sin embargo, se ha convenido en que los chulos de López Silva -son los verdaderos, y por tales se les mira y admira; y queriendo -hablar en chulo, la gente joven habla en López Silva. Lo mismo sucede -con los dibujos de Cilla. Nadie es exactamente como lo que Cilla -dibuja, pero, a fuerza de verla, parece más real su mentira que la -realidad. Más humano es _Mecachis_: y como más humano es también -menos monótono; como observa y copia, varía más. Después de Ortego, -_Mecachis_. Todos los demás, excelentes _periodistas_. Ángel Pons, -que hoy está en México, empezó bien; pero también tiene más ideas que -dibujo; tampoco es un observador. Y muy observador de la caricatura -extranjera, como Rojas su discípulo. Puede decirse que casi todos los -actuales dibujantes se proveen de inventiva y de rasgos felices en las -revistas de otras naciones. Apeles Mestres y Pellicer saben dibujar -y dibujan de firme. Mestres ha hecho caricaturas admirables en los -periódicos satíricos catalanes. Es un _moralista_, como casi todos los -verdaderos caricaturistas. Es de recordar una caricatura publicada -en _La Esquella_, de Barcelona. Un coche fúnebre, con ocho caballos -empenachados y otro con un jaco de mala muerte; y la leyenda: _Com -mes richs mes besties_: Como más ricos, más animales. Pellicer conoce -su arte y estudia las costumbres. Sus dibujos son documentos y sus -ilustraciones de obras admirables estudios. Para las obras completas de -Larra ha dibujado tipos como _Fígaro_ pudo concebirlos; a Larra le ha -hecho como era. - -Ese retrato ha quedado definitivo para el futuro, con un valor de -época, inimitable. Pellicer ha superado en esto al mismo Madrazo. Moya -y _Sileno_, Rojas y Sancha trabajan profusamente y tienen bastante -demanda; _Sileno_ ilustra principalmente el _Gedeón_, y sobresale en -la sátira política. Sancha se ha hecho un puesto especial, apoyado -en el _Fligene Blatter_, y deformando, hace cosas que se imponen. -Sus deformaciones recuerdan las imágenes de los espejos cóncavos y -convexos; es un dibujo de abotagamientos o elefantiasis; monicacos -macrocéfalos e hidrópicas marionetas. Marín estudia mucho, y apoyado -en Forain, hace excursiones al bello país de Inglaterra. Es un erudito -de lo moderno, un simpático artista, cuyo modelo principal debe de ser -una elegantísima y singular mujer, apasionada de D'Annunzio y fascinada -por París. Leal da Cámara, portugués, joven, de indiscutible talento, -dibuja en Madrid, un tanto desganado, con el pensamiento puesto en -Jossot, a quien conoce, y animado por el espíritu de Cruikshank, a -quien seguramente ignora. - - [Ilustración] - - - - - AL REDEDOR DEL TEATRO - - [Ilustración] - - - 4 de julio de 1899. - -ÁSPERO empieza el verano en Madrid. Desde que los calores se inician, -el desbande a la _villégiature_ comienza. Se abren los nocturnos -refugios, entre ellos el Buen Retiro, con su teatro y sus conciertos en -los jardines; se instalan las horchaterías con sus incomparables aguas -dulces que entusiasmaron a Gautier, servidas por frescas y sabrosas -muchachas, la mayor parte denunciadoras de su gracia levantina; -los sombreros de paja hacen su entrada y uno que otro panamá de -«repatriado» da su blanca nota tropical. ¿A dónde ir después de comer? -Se ha inaugurado en el Madrid Moderno, allá lejos, un teatrito al aire -libre, en el Parque de Rusia. En compañía de un autor dramático, buen -observador y excelente _copain_, allá me voy, animado por las estrellas -que pican de oro el fino azul de la noche. Al pasar por el Prado, me -siento detener por un grupo de niños que, a la claridad del cielo, -asidos de las manos, cantan acompasadamente. ¿Qué cantan? Son unas de -esas antiguas canciones que han venido de siglo en siglo y de labio en -labio, repetidas en las rondas infantiles, al crepúsculo de las tardes -de mayo y en las abrasantes noches de estío. Apuro la oreja, y me llega: - - Un pajarito va, carabí, - Cantando el pío, pío, carabí, - El pío, pío, pá, carabí, hurí, hurá. - -Luego, en otro tono: - - Papá, si me deja usted... - Un ratito a la alameda (_bis_) - Con los hijos de Medina - Que llevan rica merienda (_bis_). - Al tiempo de merendar - Se perdió la más pequeña (_bis_). - -Y luego, en otro ritmo: - - Quien fuera tan alta - Como la luna, - Ay, ay, - Como la luna, - Para ver los soldados - De Cataluña. - Ay, ay, - De Cataluña, - De Cataluña vengo - De servir al rey. - Ay, ay, - De servir al rey. - Con licencia absoluta - De mi coronel. - Ay, ay, - De mi coronel. - Al pasar el arroyo - De Santa Clara, - Ay, ay, - De Santa Clara, - Me se cayó el anillo - Dentro del agua, - Ay, ay, - Dentro del agua, - Por sacar el anillo - Saqué un tesoro, - Ay, ay, - Saqué un tesoro. - Con la Virgen de plata - Y el Niño de oro, - Ay, ay, - Y el niño de oro. - -La música tiene el perfume de un vino viejo y sano. Su sencillez y su -gracia _vieillotte_ hablan de otros tiempos, y el espíritu observador -y meditativo coge al paso en esa flor armoniosa una gota de poesía. -Pasa una _manuela_, es decir, una victoria, y en ella nos encaminamos -al Parque de Rusia. Dejando atrás la Puerta de Alcalá, después de -recorrer muchas calles llenas de polvo, llegamos. Un gran jardín, con -laguneta, columpios, glorietas y kioscos rústicos, mal cuidado y mal -presentado. Un _restaurant_ y un teatro. Cuando se alzó el telón habría -unas ochenta personas en todo el recinto, y ellas no se aumentaron -mucho hasta el momento de partir. El espectáculo... El _Casino_ de la -Boca, a la par, es suntuoso, el _Cosmopolita_ de la calle Veinticinco -de Mayo, cualquiera de nuestros _café-concert_ de segundo orden es una -_Alhambra_ londinense o un _Jardín de París_, en comparación con estas -abominables iniciaciones en el finisecular divertimiento. En el extinto -_Variétés_, a fuerza de pesetas, se logró presentar algo escasamente -semejante a nuestro teatrito de la calle Maipú; había siquiera -dos o tres números que pudiesen despertar el gusto por el exótico -espectáculo. Henry Lyonnet, en su libro sobre el teatro en España, -observa lo poco preparado que está el terreno para la importación -parisiense; pero es el caso que a estas horas, en la calle de Alcalá -hay dos teatritos en que alternan tarde y noche cantaoras y bailaoras -flamencas con _divettes_ traídas de Barcelona, de Marsella, o de París, -y en uno de ellos he visto a una famosa pensionista de Nollet, la Nella -Martini, cantando siempre sus desairados y pornográficos _couplets de -la Pulga_. - -En el Parque de Rusia se dió principio a la función con una cuadrilla -de osados vejestorios, una parodia del Moulin Rouge. Las bailarinas, -seguramente improvisadas para el caso, aun cuando pretendían encender -a la escasa concurrencia, resultaban de un efecto moralizador -indiscutible: ¡ni que hubiesen sido del Ejército de Salvación! Luego -salió a decir su canción en _argot_ una flaca veterana, retirada -seguramente del oficio, a quien nadie entendió una sola palabra; y -otra le siguió, _grivoise_, igualmente detestable. Si no aparece en -seguida Pilar Monterde, una española de cuerpo encantador, que baila -las danzas nacionales con mucha gracia aunque un poco _para París_, -la parte primera del espectáculo hubiera petrificado de fastidio a la -asistencia. La segunda la desempeñó un discípulo de Frégoli, llamado -Minuto--italiano, de Rosario de Santa Fe, ¡qué pensáis!--y la gente le -aplaudió largamente, y con mucha justicia. Entre él y la Monterde se -salvaron la noche. Ahora, a la ciudad. Y he ahí que no se encuentra a -la salida ni coche ni tranvía. Los que salen primero logran atrapar uno -que otro, y los demás... a seguir el camino por las calles empolvadas, -con calor y fatiga. No me quejo sino vagamente, del percance, con mi -amigo el autor; pero aprovecho la caminata para hablar sobre teatro. -María Guerrero debe de estar a la sazón, al partir de Buenos Aires, con -rumbo a su buena villa de Madrid; Antonio Vico, en sus postreros años -de arte, va a América a hacer lo que debió hace mucho tiempo, corriendo -el riesgo de una desilusión. - -Durante el invierno funcionan regularmente en Madrid dos compañías -dramáticas, la del Español, dirigida por la Guerrero y su marido, y -la de la Comedia, cuyo director fué por más de veinte años Emilio -Mario y ahora es Emilio Thuillier. Mario es otra venerable ruina. -Los bizarros papeles de antaño, los «galanes» muy a la francesa, que -tanto brillaron, han quedado en la memoria de los que presenciaron sus -pasados triunfos; hoy Mario hace maravillosamente el característico, -y creo no pretenderá emular los esfuerzos fatigados de Vico. En -la primavera también suele trabajar la compañía de la Tubau--otra -abuela--y en otros teatros aparecen y desaparecen como por obra de -encantamiento, varias compañías que no hallan donde plantar sus -escuetas raíces. Entretanto que el apodado «género chico» prolonga en -los teatros de la Zarzuela y Apolo indefinidamente sus temporadas, el -«género grande» limita las suyas al invierno y desaparece de la Corte -con la llegada de las primeras rosas. La compañía del teatro Lara, que -no pertenece al género chico ni al grande, cultiva la declamación sin -música, en obritas de uno o dos actos (algunas representa de tres), -pero no estrena ninguna, limitándose en días de gala, beneficios -o noches excepcionales, a _reprises_ de las piezas ya juzgadas y -aplaudidas por el público y que juzga pertinentes; su temporada se -mantiene durante toda la primavera. - -En invierno recorren los escenarios de provincia algunas compañías, -encabezadas por Vico, Miguel Cepillo, Sánchez de León, Luisa Calderón, -Julia Cirera, Antonio Perrín, García Ortega, dando a conocer aquellas -piezas que Madrid ha aprobado; pues la centralización en este caso es -absoluta, no teniendo cabida en la Corte la única excepción, el teatro -regional catalán. Cuando las compañías del Español, la Comedia y La -Princesa terminan su labor de Madrid, pasan a provincias y recorren los -teatros de Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Bilbao, Valencia, y otros más -de menor calidad. Varias de las compañías dramáticas de provincia, en -verano descansan. Ya por Pascua, suele venir a la Corte alguna compañía -extranjera que da sus representaciones en la Comedia, en el Moderno, o -en la Princesa. Generalmente las compañías son italianas, aunque Sarah -Bernhardt me parece ha estado unas dos veces y se anuncia la llegada de -Réjane, en una _tournée_ por Europa. - -Novelli ha conquistado desde hace tiempo a los madrileños, y -últimamente la Mariani, desde luego superior a todas estas actrices, -con excepción de la Guerrero, ha sido excelentemente acogida. El -género chico, en verano como en invierno, continúa con varios teatros -abiertos, ofreciendo estrenos todos los días, y sosteniendo las obras -de sus favoritos hasta quinientas noches. Es la chulapería triunfante, -el dúo del mantón y el pantalón obsceno, el barrio bajo que se impone, -con defensores que cuando alguien protesta de tanta vulgar exploración, -sacan a cuento a Goya y al bastante asendereado don Ramón de la Cruz. -Este, como sabéis, se llama hoy López Silva. - -No obstante, en estos últimos años ha habido loables tentativas de -renovar el ambiente teatral, de sacar la atención del mundo de las -chulapas y de los chulos. Se ha traducido algo moderno. Se ha hecho -algo de Ibsen, _El Enemigo del Pueblo_; de Sudermann, _Magda_; de -Lavedan, _El Príncipe d´Aureac_, con el título de _El Gran Mundo_, -entre las conocidas obras de Dumas, Sardou, Pailleron; y han osado en -una plausible campaña, los autores de algunos trabajos originales, -Guimerá con su _María Rosa_, Dicenta con su _Juan José_, Benavente con -_Gente conocida_, Ruiz Contreras con _El Pedestal_. _La Dolores_ de -Codina y _Juan José_, con fuerza y bríos hoy no usados aquí; _María -Rosa_ iniciando una tentativa de teatro socialista, con el mismo _Juan -José_, _Gente conocida_ trayendo las escenas libremente extraídas, -sinceras, de la vida, con un análisis hondo, e ironía que parece a flor -de piel, pero que penetra, señalan un buen trecho conquistado para un -arte escénico futuro. Murió Feliú y Codina, que había pretendido la -realización de un teatro regional, de todas las regiones españolas, -una especie de geografía escénica de la Península. Así después de _La -Dolores_, aragonesa, vino _María del Carmen_, murciana, y luego _La -Real Moza_, andaluza. Feliú era un firme trabajador, de gran talento, -y un delicioso músico del verso, de este verso español sonoro y sin -matices. Joaquín Dicenta, que acertó tan bravamente con _Juan José_, -no avanzó con _El Señor feudal_, y, desanimado, o mejor, poseído ya -del deseo de la fija ganancia, se fué hacia la zarzuela. Así escribió -en unión de su amigo Paso el libreto de _Curro Vargas_, extraído de -una novela de Pedro Antonio de Alarcón. Guimerá persistió, con su -tesón catalán. Consiguió en _Tierra baja_ dos actos notabilísimos--el -tercero desmerece tanto que puede suprimirse--. De todos modos, esa -obra, en Madrid, como en París, como en Buenos Aires, ha revelado un -gran manejador de ideas y un potente poeta. _El Padre Juanico_ buscó el -éxito a la manera de Feliú y Codina. Parecería que hubiese acaparado -la herencia del autor de _La Dolores_; pero Guimerá es una fuerza, y -después de tantear sus conveniencias, ha de volver sin vacilar a su -rumbo verdadero: el drama socialista, el drama actual e intenso, del -hombre y de la tierra. Difícil es el público para resistir ciertos -intentos. Un Curel o un Mirbeau no tendrían, por lo pronto, oyentes; la -autoridad tendería su mano al instante. De _Los Tejedores_ de Hauptmann -se arregló _El Pan del Pobre_ con cien atenuaciones. Praga y Rovetta, -al ser servidos, van ya aguados. - -Benavente, después de _Gente conocida_, ofreció con copa de excelente -vino español preparado a la francesa: _El Marido de la Téllez_. Luego -dió _La Farándula_, una equivocación... de los cómicos, que no la -comprendieron, y la hicieron de una manera dolorosa; después alcanza -su más resonante victoria con _La Comida de las Fieras_. Es difícil -que, en lo sucesivo, sobrepase las exquisiteces de intención, la -variedad escénica, el equilibrio, la gracia, el vuelo psicológico, la -ironía trascendental y el interés de su última obra. Y aquí empieza -el desencanto, porque, si el público se deja conducir y agradece el -regalo de la forma nueva, el actor, hasta viéndola muy aplaudida, se -resiste a aceptarla. Ello no es raro. En todas partes, todo _cabot_, -grande o chico, y son pocos los casos de excepción, es impenetrable a -la concepción artística y yerra, por lo común, al estimar la opinión -del público. Un sir Irving, es caso raro. Si no hubiera habido un -Antoine y un Hugue Poe en París, aun andarían de teatro en teatro, -durmiendo en las gavetas directoriales, verdaderas obras maestras, y -sería desconocido más de un triunfador de hoy. Aquí, mucho costó a -Benavente conseguir que su _Gente conocida_ fuese representada con -esmero. Habíanla dejado para _último día de temporada_, convencidos -los cómicos de que la obra no pasaría del segundo acto. Por fortuna, -semejante atentado no llegó a cristalizarse en crimen, y _Gente -conocida_, al quedarse en cartera, fué al año siguiente el mayor -_succès_ de la temporada. No bastó tal enseñanza para reducir a la -gente de bastidores, y al ensayar _La Comida de las Fieras_, hacíanlo -llenos de desconfianza, sin comprender una sola línea de lo que tenían -entre manos, aunque, según parece, poniendo una regular suma de buena -voluntad. - -Mas, pasado el triunfo, ¿suponéis que se dieron por vencidos y -convencidos? Según ellos, la comedia fué aplaudida, no por lo que -tiene de arte moderno, sino por lo que tiene de salsa «cómica»; no -por lo exacto de la delicada pintura social, ni por el procedimiento, -sino por lo que sazona el _chiste_, por lo que hay para sus paladares -únicamente saboreable. No es esto de causar extrañeza si se tiene en -cuenta que _La Dolores_, obra puramente nacional, popular, clara, sin -medias tintas, del tipo más corriente en la escena española, pasó por -todos los teatros madrileños sin ser recibida en ninguno, dándose el -caso duro de que su autor, para no resignarse a la condena y dando -en esto señal de buen tino, fuese a estrenarla en Barcelona, donde -se dió treinta y tantas veces. A fin de temporada, Mario se resolvió -a estrenarla en Madrid, y María Guerrero se negó a hacerse cargo del -papel que más tarde había de ser uno de los más brillantes de su -repertorio, y causa de mucha gloria y provecho. Es conocido el pleito -que sostuvo el autor con la actriz por esa negativa. El camino que -ofrecieron a Guimerá los teatros de la Corte no fué tampoco exento -de tropiezos. Enrique Gaspar, conocido autor cómico, tradujo, para -que Calvo lo estrenara en Barcelona, _Mar y Cielo_. Guimerá era visto -como un «genio regional», pero no podía penetrar las murallas chinas -de Madrid. Por fin, Ricardo Calvo se decidió a poner en escena en el -Español _Mar y Cielo_, versión de Gaspar, y el éxito ruidoso hizo que -después apareciese una _María Rosa_, echegarayizada por don José. No -es, pues, Echegaray, como lo ha asegurado la señora Pardo-Bazán en -su conferencia de París, quien presentó a Guimerá en Madrid, sino el -cónsul autor don Enrique Gaspar. - -Galdós, con toda y su colosal _réclame_ de novelista, no inspiró -tampoco mucha confianza. Su _Realidad_ no encontró simpatías en la -Princesa, donde reinan la Tubau y su marido Ceferino Palencia. Fué -recibida la pieza en la Comedia, por obra de la cortesía que siempre -tuvo Mario con los grandes, y que hay que agradecerle. Y _Realidad_ -venció. Nadie podía esperar que aquella dolorosa y extraña fantasía -pudiese tener un buen resultado en las tablas. Y lo tuvo. El drama -de Galdós debió haber convencido a los _practicones_ que, si eso no -era romper moldes, como se dice, era cortar ligaduras y trabas. No -sucedió así. Aun se _anuncian_ los éxitos de dramas cosidos a los -viejos cánones, a ridículas usanzas persistentes. Después de _Realidad_ -obtuvo gloria legítima Galdós llevando a la escena _La Loca de la -casa_ y _La de San Quintín_, y si en sus obras posteriores no ha -sido tan afortunado, no hay que echar la culpa al público, sino a la -precipitación industrial que se ha impuesto en su labor el dichoso -escritor de los _Episodios Nacionales_. _Los Condenados_, _Voluntad_ y -_La Fiera_ hasta cierto punto superan a sus obras anteriores, pero hay -en su construcción y arquitectura descuidos que las perjudican. Esta sí -que fué y será siempre una condición de la obra escénica. En la novela -puede impunemente ir lastreando el riblo un capítulo pesado, con tal -que lo demás, alado y vigoroso, o sutil y aéreo, mantenga en su vuelo -al espíritu. Mas en la pieza teatral no puede aflojarse ni decaer una -sola escena, porque la atención a la inmediata marca el descenso. - -No es suficiente que se afiance una justa intención y que la idea -total y básica se asiente con solidez; hay que sostener la intensidad; -la obra del teatro tiene muy señalada extensión, cuenta con una -cantidad determinada de tiempo, y por lo tanto, se ha de ser sintético, -no cabe analizar. - -Ya _hecho_ autor, Dicenta encontró resistencia para su _Juan José_. He -visto el original de la obra y leído en el reparto el nombre de «María» -tachado, y, en su lugar puesto: «señorita Martínez». Lo cual quiere -decir que la primera actriz, que en esta ocasión era la señora Tubau, -no quiso encargarse del papel. Tampoco lo tuvo en la obra Emilio Mario, -y _Juan José_, desechado por el primer actor y la primera actriz, hizo -con actores jóvenes una carrera triunfal, excepcional, pocas veces -vista. - -Ahora se preparan las formaciones para el próximo octubre. ¿Vendrá -María Guerrero a su Español? Le será muy difícil encontrar otro _Cyrano -de Bergerac_. Como ya apenas cuenta con Echegaray, cuyos repetidos -fracasos prueban, no su falta de talento sino su falta de tino en no -retirarse a tiempo, para hacer buena compañía a Guimerá necesita del -elemento nuevo. Dos jóvenes tiene ya en casa: López Ballesteros, y -Ansorena. No es bastante. La _troupe_ que se empieza a formar para la -Comedia consta de muchos nombres, pero de pocos elementos para obras -de cierto fuste. Lara seguirá como siempre. En general, los autores -encontrarán las mismas dificultades y sus trabajos los mismos jueces de -criterio imposible. No habiendo comités de lectura, como en todo teatro -culto de la tierra, no buscando los señores actores obras sino papeles, -y sin una crítica ilustrada que sirva de guía, todo el teatro en España -está sometido a la voluntad o al capricho de los actores dirigentes. En -Madrid hay que encomendarse, para lo alto, a María Guerrero y a Emilio -Thuillier. - -La Real Academia Española, que no hace sino el Diccionario, pudo en -este caso hacer algo. Dispone de premios de alguna importancia--de -5.000 y 2.500 pesetas--legados por buenos señores, amantes del teatro, -para que se concediesen, periódicamente, a la mejor obra dramática. -Pudo perfectamente la Real Academia admitir obras no representadas; -aun fué objeto de discusión si debía hacerlo así, y, por mi parte, -creo que debía hacerlo de esa manera; pero para mayor comodidad y -menor compromiso y _far niente_, resolvió limitarse a «las que mayor -éxito logren», con lo cual sometió de modo implícito su fallo al fallo -previo de los directores de empresa. La Academia da, pues, las pesetas -a quienes amparan María Guerrero y Emilio Thuillier. En esta situación -se encuentra el teatro en el momento en que escribo, y así se abrirá -la temporada de 1900. Muerto Feliú y Codina, Echegaray gastado, Galdós -desanimado, Guimerá buscando el éxito productivo, Benavente piensa -en una obra ligera, _puramente cómica_ destinada a una actriz como -la Pino, buena y azucaradita solamente para esas fiestas; Dicenta va -a Andalucía a escribir libretos de zarzuelas grandes; Sellés--de la -Real Academia Española--, se prepara a seguir la misma labor; Leopoldo -Cano, sin producir nada desde hace tiempo; Gaspar de cónsul, Blasco -de socialista cristiano, y la crítica ilustrada, con perdón del señor -Canals y del crítico de _La Ilustración_, sin nacer aún. Los jóvenes -encuentran mejor traducir, y se pertrechan. Y así están las máscaras -del teatro que fué en un tiempo el primero del mundo. - ---¿Si tomáramos un vaso de horchata? digo a mi amigo el autor. - - [Ilustración] - - - - - LIBREROS Y EDITORES - - [Ilustración] - - - 14 de julio. - -HASTA hace poco tiempo--y aun hoy mismo, en la mayor parte de -las repúblicas, hacia el Norte--el sueño rosado de un escritor -hispanoamericano era tener un editor en España. Por esos países los -Gobiernos suelen costear las ediciones de los poetas y escritores, con -la condición de que los agraciados les sean gratos en política. No -hay otro recurso de hacerse leer como no surja un inesperado Mecenas. -En Buenos Aires poco tiene que ver el Gobierno con las musas, y los -editores, ya sabemos que, en realidad, no existen... He querido -explorar ese punto en España, y en verdad os digo que he salido del -antro vestido de desilusión. Editores y libreros desconsuelan. - -Un hombre de letras que quiera vivir aquí de su trabajo, querrá lo -imposible. La revista apenas alienta, el libro escasamente se sostiene; -todo producto mental está en _krach_ continuo. Lo único que produce -dinero es el teatro, cierto teatro. El que logra hacer una _Verbena de -la paloma_, o una _Gran Vía_, y puede continuar en sucesivos partos -de ese género, ya tiene la gruesa renta asegurada. El señor Jackson -Veyán, a quien achacan mediocridad literaria e incurable ripiorrea, -puede reirse de sus enemigos al embolsar sus miles de duros anualmente. -Los editores de teatro, o más bien, los que compran la propiedad de -las obras teatrales, tienen mejor fama que los de libros. Son más -abiertos, más generosos, y hasta autores principiantes hallan en ellos -su providencia. - -En esta nuestra curiosa madre patria, en épocas pasadas, y aun en la -actualidad, los centros intelectuales de la Península fueron y son -las farmacias y las librerías. Decíame un amigo madrileño: «En las -farmacias hácense más versos que ungüentos, y en las librerías se -derrochan más palabras que pesetas». En la Corte, como en provincias, -las librerías son punto de reunión donde acude un número dado de -clientes y aficionados, a conversar, a hojear las nuevas publicaciones -y a perder el tiempo. En Madrid todavía existe lo que se podría -llamar tertulia de librería, aunque no como en tiempos pasados. En -casa de Fe, al caer la tarde, podéis encontrar a Manuel del Palacio, -a Núñez de Arce, con su inseparable amigo Vicente Colorado, al señor -Estelrich, italianista de nota, a otras figuras, grandes, medianas y -chicas del pensamiento español. En casa de Murillo no dejaréis de ver -cotidianamente las barbas rojas del académico Mariano Catalina. Hace -bastantes años era Durán quien reunía en su establecimiento famosos -contertulios. Era este Durán hombre de cultura y metido en letras; -bibliógrafo de mérito, muchos varones ilustres salieron de su casa muy -satisfechos después de una consulta. Conocía todos los libros, todas -las ediciones, todas las noticias. Era una especie de Bibliophile -Jacob de Madrid, buen parlante y provechoso amigo intelectual. Hoy no -existe un solo librero como aquél; y la erudición la suplen los que -hay con el aguzado instinto de un comercio genuinamente israelita. -Paul Groussac, en sus viajes por el continente americano, hallaba a -cada paso comprobada la superioridad de nuestras incipientes librerías -bonaerenses, en comparación con las del resto de la América española. -Pues bien, las librerías de Madrid son de una indigencia tal, sobre -todo en lo referente al movimiento extranjero, que a este respecto -Fe, que es el principal, o Murillo, o cualquier otro, están bajo el -más modesto de nuestros libreros. En Madrid no existe ninguna casa -comparable a las de Peuser o Jacobsen, o Lajouane. París está a un -paso y me ha sucedido leer en _La Nación_ el juicio de un libro -francés antes de que ese libro hubiese llegado a Madrid. El que no -encarga especialmente sus libros a Francia, Inglaterra, etc., no -puede estar al tanto de la vida mental europea. Es un mirlo blanco -un libro portugués. De libros americanos, no hablemos. La casa de Fe -es estrechísima, y Fe no se atreve a mudar de local, quizá poseído -del temor de que otra más elegante y espaciosa no se advirtiese tan -concurrida. Además de dos pequeños mostradores en que se exponen obras -castellanas, uno que otro libro de América, a la izquierda, libros -extranjeros, a la derecha, hay, junto al escritorio del jefe de la -casa--, rincón estrechísimo--una mesita en que se presentan las últimas -novedades españolas. A esa mesita se acercan y tocan los asiduos del -establecimiento; unos cortan las páginas y leen las obras de corta -extensión, de pie; concluyen, y dejan el ejemplar. En toda España hay -poca afición a comprar libros; quizá sea por esto que las librerías son -de una pobreza desoladora. Hay que dar vuelta al problema de _Fígaro_: -«¿No se lee porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee?» -decía él. Digamos: «¿No se compran libros porque no se saben vender, o -no se saben vender porque no se compran?» Lo cierto es que los libros -se venden poco y mal, y, como en Buenos Aires, los culpables son los -libreros. Todo comerciante hace lo posible por despachar su mercancía, -y procura colocar y recomendar; el librero limita su negocio a dar lo -que le piden y no hace ofertas ni recomendaciones. Desde algún tiempo -a esta parte se han establecido las ventas a plazos, pero eso es para -facilitar la adquisición de las grandes publicaciones ilustradas. El -anuncio sólo se emplea en casos muy especiales, y los catálogos que -publican algunos libreros no tienen resonancia ninguna. - -Hubo un tiempo--y ya va lejos--en que las librerías de lance--libros -usados y antiguos--tenían mucho movimiento e importancia y publicaban -periódicamente catálogos numerosos. De aquellas librerías apenas queda -rastro; unas han desaparecido, y otras redujeron su negocio hasta un -simple «cambalache» de _bouquiniste_. Rico sigue publicando catálogos, -y un joven de muchos alientos, Vindel, tiene un negocio de esta clase, -de bastante importancia. Vindel es hoy algo como lo que fué Durán, -guardada la diferencia de educación, clase y tiempo. Este joven sabe -mucho de libros viejos y hace su comercio de «novedades» en frecuente -relación con los anticuarios de París y Londres; publica libros raros -y curiosos, como los Bibliófilos Sevillanos, y en su oficio es una -especialidad. Me han contado la historia de Vindel: interesante y -extraña novela, que él debía hacer escribir e imprimir a un ejemplar -único. Sería el más _raro_ de sus libros. Los jóvenes le han conocido -en el Rastro de Madrid, con la cuerda al hombro, haciendo recados y -comprando y vendiendo pobres mercancías. Nadie se explica cuándo, cómo -ni dónde aprendió lo que sabe. Su fortuna se la debe a la buena suerte. -Le cayó una lotería de quince mil duros, y así comenzó a realizar -compras importantes. Ha ido a París y a Londres, en ocasiones en que se -han anunciado ventas de libros y subastas de bibliotecas particulares -y se ha dado vida de gran señor. Vindel se mueve en su negocio como si -operase en un gran país; tiene sus desencantos y sus apuros, pero es -obstinado y fuerte. Y es el que más entiende su oficio, el que tiene -más elementos bibliográficos y el más abierto. - -De los libreros de actualidades, el que más negocio hace es Fernando -Fe; a su casa acude en busca de libros la mayoría de las gentes que los -compran, y es acaso el que más comercio tiene con las provincias. Las -librerías de José Ruiz--_Guttemberg_--, San Martín, Manuel Hernández y -algunas otras, son, en mayor o menor escala, establecimientos análogos -al de Fe. Victoriano Suárez se dedica principalmente a los libros de -texto y envíos a América. Hay librerías que tienen especialmente obras -profesionales, unas de medicina, otras de jurisprudencia, como la de -Leopoldo Martínez, otras como la de Hernando, de primera enseñanza y -otros libros de propaganda católica. No sé que haya en la actualidad -ninguna librería protestante o que lleve francamente el nombre de tal. -Trabaja mucho en España la Sociedad Bíblica, pero no consigue que se -lean mucho sus volúmenes y folletos. Aquí cualquiera se permite ser un -mal católico, pero pocos renuncian a llamarse católicos. Se precisa la -independencia y el buen humor de José Zahonero para llegar a ser obispo -protestante. - -He hablado de los libreros antes que de los editores; con tener -aquéllos tan poca importancia, éstos la tienen menos. Debo advertir que -me refiero solamente a los editores de obras literarias; los de obras -científicas no abundan, y por lo que noto, se limitan a la explotación -de la enseñanza. Un Alcán, ni para muestra. - -En los buenos tiempos románticos florecieron en Madrid muy famosos -editores como Roig y Mellado. No enriquecerían a los poetas llenos -de apetito de entonces, pero por lo menos les quitaban el hambre. -En medio siglo ha perdido Madrid mucho de su ambiente literario. -Zorrilla, como poeta lírico, no sacaría hoy a su editor un puñado -de onzas para sus caprichos, como el año 1840. Apenas un puñado de -garbanzos, y gracias. Hay de aquellos tiempos volúmenes de poesías -de autores desconocidos, hechos en casas editoriales que, por lo -menos, pagaron la edición. Hoy quien no esté abonado por el nombre, no -encontrará sino el desdén de no importa cuál editor. De entonces acá -es cierto que se ha apagado el entusiasmo. Los periódicos publicaban -folletines de versos que la gente leía sin duda; la novela estaba un -tanto canija; pero, a pesar de su flacura y anemia, había editores -para ella. Es verdad que la prensa ayudaba mucho a los libros; los -periódicos, en general, cuidaban de su parte literaria, y aunque no -hubiese grandes críticos, porque la crítica nunca tuvo en España -muchos ni muy competentes devotos, teníanse en cuenta la bibliografía -y se hablaba y se discutía alrededor de una obra nueva. Hoy la Prensa -no se ocupa de un libro nuevo a conciencia. No hay críticos fijos en -las redacciones. El libro se anuncia, a lo más en una gacetilla--la -misma para todos los periódicos--que por lo general manda hecha el -editor interesado; y los artículos firmados por nombres de autoridad -obedecen a móviles amistosos o de camaradería, antes que a cualquier -preocupación artística, o literaria. Hasta hace algún tiempo, el envío -de dos ejemplares de un libro a una redacción hacía que se hablase -de la obra con más o menos laconismo; hoy ni las obras de los más -sonantes autores--Galdós, Pereda, Palacio Valdés, Pardo-Bazán, Valera, -etc.--encuentran eco en la Prensa. Galdós, con empresa especial para -sus libros y con el sentido comercial que le distingue, anuncia sus -nuevos _Episodios Nacionales_ en la cuarta plana de los diarios, junto -al aviso en que el novelista santanderino Pereda recomienda su fábrica -de jabón; Valera se da por satisfecho con las atenciones de su público -y las traducciones que le hacen en el extranjero, y Palacio Valdés, que -tiene un desdén profundo por la crítica de su país, ni siquiera envía -sus libros a las redacciones, escribe para ser vertido al inglés y -leído en Nueva York y en Londres. - -Hasta los libreros y editores van dejando la costumbre de enviar los -dos ejemplares de prensa, al ver la inutilidad del procedimiento. - -Las ediciones de los románticos--algunas muy bien hechas y muy -parecidas a las de los franceses--debieron ser numerosas. Demuestran -más que el valor de los poetas, el entusiasmo del público. Desde -Salas de Quiroga hasta Romero Larrañaga--ayer, hoy y mañana ilustres -desconocidos--un ejército de cabelludos desbocados exuberó en prosas y -versos que tuvieron la vida de una col. Sus ediciones--de las que se -suelen encontrar ejemplares muy hermosos en los puestos de librería de -viejo--no se cotizan, como en otros países, por motivos esencialmente -tipográficos y de curiosidad literaria. La primera edición de los -_Romances_ del duque de Rivas no vale más que dos pesetas, y he visto -vender en quince una primera edición de los trece primeros volúmenes -de _Poesías_ de Zorrilla. Del _Trovador_ de García Gutiérrez y -_Los Amantes de Teruel_ de Hartzenbusch, si aparecen las ediciones -primitivas, se confunden en los montones de comedias que se venden por -lotes, con las más recientes, y se cotizan a veces a menor precio que -las que acaban de aparecer, porque «son viejas». Las primeras obras -de Campoamor corren igual suerte. En la época romántica se fundaron -las «Galerías dramáticas», y creo que el editor Delgado fué el primero -que intentó el negocio. Hasta entonces, y sobre todo en los siglos -XVII y XVIII había habido impresores que coleccionaban preferentemente -comedias y las imprimían a dos columnas. Aun aparecieron impresas así -las de Moratín y las tragedias de Jovellanos y Quintana. Luego se -adoptó para comedia el 16º; así aparecieron las primeras de Bretón de -los Herreros, y al fin se agrandó la forma, estableciendo la primera -galería el tamaño corriente y el formato que hoy se usa para las obras -teatrales. Así como ahora lo que sobra en las galerías son títulos, -al principio faltaban, y para presentar un catálogo copioso de obras -nuevas y nombres nuevos, Delgado ofrecía buenas pesetas por todas las -obras que le llevaban los principiantes. Imprimía los originales sin -leerlos siquiera. Sólo así se concibe que hayan llegado a publicarse -muchas obras entre las cuales me ha llamado la atención, y no por sus -bellezas, una de Campoamor, que debió escribir el poeta cuando tenía -quince años. Se vivía en aquel mundo literario en una inocencia -arcádica. La Prensa aplaudía las fogosas redondillas y los ingenuos -sonetos. El bisoño Orfeo, recién llegado de provincia, encontraba un -colega cortesano que le presentase a un editor; las tentativas se -estimulaban; de una tertulia salía con frecuencia un nombre nuevo: -el público se dejaba seducir por aquellas fascinaciones. Un epigrama -daba la vuelta a la ciudad, y una poesía solía conquistar la buena -voluntad de un ministro. Renduel no existía, ni Lemerre tampoco; pero -algo semejante animaba en España a los excelentes hijos de Apolo. Es -de lamentar que un Valera no deje escrita la historia íntima de la -literatura española de este siglo. Sería muy interesante ver cómo se -producen y se agitan las corrientes por un momento dominadoras de todo -y que desaparecen en este país nervioso, impresionable y de mil faces. - -Don Wenceslao Ayguals de Izco quizá fué el primer editor literario de -empresa. Don Wenceslao acometía la novela, se lanzaba por la poesía, -autor fecundo y atrevido; dirigió un periódico, _la Risa_, en que -escribieron todos los famosos de la época, y supo fundar un negocio de -publicidad en grande escala; falsificó en castellano _Los Misterios -de París_ y el espíritu de Sué, con su _Hija de un jornalero_ y su -_Marquesa de Bella Flor_. - -Gaspar y Roig y Ángel Fernández de los Ríos hicieron bibliotecas -ilustradas del tamaño y forma de los _magazines_, y a ellos se debe -en gran parte el sostenimiento de la cultura literaria, pues hicieron -traducir y publicaron muchas obras francesas e inglesas con buenas -ilustraciones intercaladas en el texto y a precios hasta entonces -desusados. Asimismo alternaban con los extranjeros Espronceda y -el duque de Rivas, Carolina Coronado y Fernández y González. En -competencia con los _cuadernos_ cultos de la Biblioteca Universal -y de la Biblioteca Gaspar, aparecieron las entregas de novelas de -un género especial. Era el desborde de la fantasía endiablada de -Fernández y González, el torrente sentimental de Pérez Escrich, la -honesta narración «a la papá» que humedeció los pañuelos de varias -generaciones en España y América, y a cuyo recuerdo aun suspiran las -porteras agradecidas. Ambos novelistas ganaban muchas onzas de oro y -enriquecieron a sus editores. Pero la novela por entregas también pasó, -al vuelo del tiempo, y el honrado Escrich murió en la pobreza después -de cazar mucho y escribir otro tanto, pues su vida en la Corte se -deslizó como canta una quintilla suya: - - Escrich es un cazador - Que pasa días felices - Persiguiendo con ardor - En el campo a las perdices - Y en Madrid al editor. - -Como en Valencia durante muchos años la Biblioteca de Cabreziro hacía -buena obra publicando libros de mérito, más tarde en Barcelona La -Maravilla dió al público novelas e historia a precios reducidos, y -alcanzó popularidad. Por allí salieron a mezclarse con el pueblo -español Walter Scott y Dumas el viejo. No hay duda de que del año de -1840 al 1860 se publicaba y leía más en la Península que lo que ahora -se publica y se lee. Los editores de Barcelona que hoy trabajan mucho, -lo hacen de modo principal para la exportación y con escaso cuidado. -En Madrid apenas hay editores literarios. Las bibliotecas económicas -de vulgarización a dos reales aumentan y producen continuamente. La -primera fué la de Pi, la Biblioteca Universal, hecha por el patrón -de la francesa del mismo título, aunque a precio duplicado (la -Bibliothèque Universelle sólo cuesta veinticinco céntimos); siguióla en -Valencia la Biblioteca Selecta y en Barcelona la Biblioteca Diamante. -Antonio Zozaya intentó cuerdamente su Biblioteca Filosófica--también -a dos reales--y dió a conocer al gran público, cierto que como en un -botiquín, a los filósofos antiguos y modernos, desde Aristóteles hasta -Schopenhauer. - -No dejaré de recordar el impulso que dió a las obras ilustradas, -con sus libros bien presentados y económicos, el editor Cortezo, -barcelonés, en su Biblioteca de Artes y Letras, con encuadernaciones a -la inglesa, y sus buenos grabados; a tres pesetas volumen, dió mucho -bueno. La Biblioteca franco-española y el Cosmo editorial inundaron -el país de traducciones, por lo común mediocres y malas; una importó -al divino Montepín, a la otra se le debe agradecer la presentación de -Zola. Lázaro y Galdeano, director de la _España Moderna_, y de quien ya -os he hablado, hombre de buen gusto y de fino tacto, ha invertido una -fortuna en traducciones. Al comenzar en París la _Collection Artistique -Guillaume_, Sanz de Jubera quiso aquí imitarla. Error. El fracaso vino -luego. Editores de novela como Charpentier, o de poesía como Lemerre no -hay en España ninguno. El editor Cortezo intentó fundar en Barcelona -una biblioteca de novelas contemporáneas, pero tuvo que abandonar -la empresa. El problema es sencillo. Los editores quieren firmas -reputadas, nombres hechos, quieren la seguridad de la venta, la salida -del producto. Los jóvenes, y entre ellos muchos que acudirían a formar -esa biblioteca, no son recibidos, y, cuando publican uno que otro -trabajo, lo hacen por cuenta propia. Ello no es nuevo. Pérez Galdós, -Pardo-Bazán, Palacio Valdés, que antes de ser conocidos tuvieron que -publicar ellos sus obras, se han acostumbrado a eso, y ahora, ya -célebres, no se resignan a sufrir la tutela de Shylock de un editor. -¿Qué ventaja le reportaría al señor Pereda, por ejemplo, un editor que -le diera de sus obras menos de lo que ahora le paga Suárez, que se -las administra por un 35 por 100? Si cuando empezaban esos escritores -hubiese habido un editor de comprensión y talento que les acogiese y -ayudase, como Charpentier a Zola, a Daudet, a Goncourt, estarían todos -unidos ahora a la sombra de un buen árbol editorial, que a su vez se -habría nutrido de rica savia y sería amparo siempre de los nuevos. Aquí -el editor no quiere hacer obras, sino ser contratista de obras hechas. - -La guerra, el desastre, han traído ahora un movimiento que algo hace -esperar para mañana, o para pasado mañana. No hay que olvidar que los -ingleses llaman a esto _the land of «mañana»_. Se ha producido algo -más en estos tiempos que antes de la _Débâcle_, en novela, estudios -sociales, crítica, anuarios, etc. Han aparecido nombres nuevos, y los -mismos nombres viejos han aparecido como con un barniz nuevo. No hablo -de la producción catalana, que cuenta con el libro de arte en fondo y -forma; _L'Avenç_, por ejemplo, no tiene nada que envidiar a Empresas -como el _Mercure de France_, o la de Deman, de Bruselas. Tal es la -actual España editorial. - -Allí entre nosotros solemos quejarnos. Yo ya no me quejo. Aguardemos -nuestro otoño. ¡Oh! argentinos, creed y esperad en ese gran Buenos -Aires. - - [Ilustración] - - - - - NOVELAS Y NOVELISTAS - - [Ilustración] - - - 24 de julio. - -ACABA de publicar don Juan Valera una novela nueva, _Morsamor_. Hace ya -días que el libro ha aparecido, y la crítica «oficial»[2] no ha dicho -una sola palabra, si se exceptúa el saludo de Cávia al aristocrático -y veterano autor de _Pepita Jiménez_. Don Juan Valera se encuentra, a -pesar de su ceguera y de los ataques del tiempo, en una ancianidad que -se puede llamar florida. - - [2] La crítica «oficial» ha hablado por boca de don Leopoldo - Alas: «Valera no es como los pedantes Flaubert y France...» - -Hablando de un argentino, en cuyos largos años ha nevado ya mucho, pero -que se conserva maravillosamente, decía José Martí: «Es un lirio de -vejez». El aspecto de don Juan Valera dice la salud y la paz mental. -Hace algunos meses presidió, con sus ojos sin luz, una sesión pública -de la Real Academia; Menéndez Pelayo le leía el discurso, y parecía -que, con suave sonrisa y leves movimientos de cabeza, Valera se -aprobase a sí mismo, al correr los períodos cristianamente fluviales de -su prosa académica. Tiene muy feliz memoria, y su conversación es de -aquellas que encantan. Sus sábados han sido famosos entre las gentes -de letras. La muerte ha raleado algo el grupo de sus contertulios. En -siete años, encuentro de menos al duque de Almenara, a don Miguel de -los Santos Álvarez, a varios más que tuve la honra de conocer en la -casa de la Cuesta de Santo Domingo. - -El joven don Luis, hijo de don Juan, se ha casado con una hija del -duque de Rivas, nieta del autor del _Don Álvaro_ y de los _Romances_, -la cual solía asistir a las reuniones literarias de los Sábados. La -casa de Valera es la de un hidalgo noble de estirpe y de pensamiento. -Que los bríos del escritor se sostienen, lo dicen la constancia en la -labor y el mantenimiento de la bella virtud del entusiasmo. El nombre -de Valera es conocido en toda Europa; se le ha traducido mucho. Antes -que las heroínas de las novelas de Armando Palacio Valdés fuesen -luciendo su garbo español por el extranjero, ya la «señorita» Pepita -Jiménez «andaba en lenguas» por el mundo. Tiene conquistadas el ilustre -maestro generales simpatías y el respeto de todos. Si algo ha podido -hacerle daño, ha sido su extremada benevolencia en ciertos casos, -aunque se defiende casi siempre con una delicada ironía. Ha hecho mucho -por hacer conocer aquí las letras americanas. Sus célebres _Cartas_ son -de ello buena prueba. - -A pesar del cansancio natural que produce este estilo común a todos -los escritores peninsulares--hoy en vías de adquirir, por los nuevos, -flexibilidad y variedad--, la prosa de Valera se lee con el agrado que -se deriva de su inconfundible distinción. Su lengua trasparente deja -ver a cada paso la arena de oro del castizo fondo, y en su manera, de -una elegancia arcaica, de una gracia antigua, se observa siempre el -gesto ducal, el aire nobiliario. Como Buffón, él también posee sus -_manchettes_, con la diferencia de que no se las tiene que poner para -escribir, porque no se las ha quitado nunca. Se le ha observado su -apego por asuntos de cierto picor erótico; y ha habido quienes se hayan -escandalizado de sus llamadas libertades. En realidad no es el hecho -para tanto. - -No son las suyas sino figuras de pecado que pueden circular sin temor -entre el concurso de las «honestas damas» de nuestro tiempo, de las -cuales habría él sido, si le hubiese venido en deseo, el incomparable -cronista, el Brantome enguantado de piel de Suecia. Buena cantidad de -pimienta y demás aromas y picantes especias hay en el tesoro clásico -de novelas ejemplares y picarescas, para que no puedan aparecer hoy, -mostrando sus naturales gracias, mujeres españolas de cepa autóctona y -de indiscutibles atractivos, como Pepita Jiménez, Juanita _la Larga_, -Rafaela _la Generosa_. Don Juan es autor de formas y de fórmulas. - -No varían mucho de las de fray Luis de Granada. Esto es una curiosidad -y hasta cierto punto un mérito. Se cree aquí que los americanos -estamos imbuídos exclusivamente en la literatura francesa, sin -saber que nos hacen su visita provechosa todas las literaturas -extranjeras. Se entiende que hablo de Buenos Aires. Sin salir de -nuestro periodismo--guardando las distancias--no se sospecha que hay un -Ebelot, francés, un Ceppi, italiano, y en sus puestos consiguientes, -un Loweinstain, inglés, un Clímaco Dos Reis, portugués, que escriben -castellano en nuestros periódicos _sin que se les note el acento_. - -Y, consagrando el purismo, se habla con respecto al castellano de -América y en especial del de la República Argentina, con espanto -castizo, con horror académico, para venirnos, por opinión de su más -conspicuo crítico, con que don Juan Valera, a quien estimamos y -admiramos en su legítimo valer, es superior en algún punto a Flaubert o -a Anatole France. - -Esto no es una excepción. Ya os he dicho que un espíritu tan informado -y sutil como doña Emilia Pardo-Bazán no ha vacilado en hacer de -Víctor Hugo un émulo de Campoamor. Por lo general, aquí se compara lo -propio con lo extranjero, cuando no con aire de superioridad, con un -convencido gesto de igualdad. No se dan cuenta de su estado actual. - -No se dan cuenta de que quitando a Cajal y a algunos dos o tres más en -ciencias, y a Castelar en su rareza oratoria, no les conoce el mundo -más que por sus toreros y sus bailaoras. Pongo naturalmente a un lado -a los pintores. Y esto no es sino lo que oigo decir y reconocer por -hombres de pensamiento imparcial y sin preocupaciones, que desean para -su hermoso país una renovación, un cambio, una vuelta a la pasada -grandeza. Decía, pues, que uno de los incondicionales méritos del -eminente Valera estriba en su anticuada gracia estilística, en su -impecabilidad clásica, en ese purismo que hoy combaten humanistas como -Unamuno. Ciertamente, leído a pocos, saboreado a sorbos, ese estilo -agrada, pero después de varias páginas, el cansancio es seguro. Esto -llega hasta lo insoportable en el santanderino Pereda, el hombre -del «sabor de la tierruca» que para decir los restos de la comida -dice «los relieves del yantar». Le censura a Valera cierta crítica -quisquillosa, su tendencia a la rica mina amatoria, su hasta cierto -punto complacencia erótica. El amor le subyuga, es claro, como a todo -artista. Las gafas del censor en este caso deberían hacer leer bajo el -simulacro del Dios los conocidos versos del señor de Voltaire: - - _Qui que tu sois, voici ton maître; - Il l'est, le fut, ou le doit être._ - -Valera se deleita, es verdad, en asuntos de esta clase, pero lo -hace con tanta discreción y, sobre todo, con tanto talento, que sus -historias desnudas o semiveladas se escuchan como la relación perfumada -y sugestiva brotada del anecdotario de un abate galante. Más atrevida -es doña Emilia Pardo-Bazán, y sus novelas adquieren en sus pasajes -escabrosos doble sabor por venir de fuente femenina. - -Doña Emilia, mujer de vasta cultura, muy conocedora de literaturas -extranjeras y escritora fecunda, es también bastante famosa fuera -de España. Naturalista, desde los buenos tiempos del naturalismo, -ha permanecido en su terreno realizando el curioso maridaje de un -catolicismo ferviente y una briosa libertad mental. Ha escrito la -novela gallega y la novela de la corte, ambas con el conocimiento -directo del asunto a que su vida de alta dama de Madrid y terrateniente -de La Coruña le ha ofrecido campo. Sus últimas novelas han tenido menos -resonancia que las primeras, sin motivo especial, pues sus cualidades -de vigor y brillantez son las mismas. Cuenta con gran habilidad, y es -uno de los primeros cuentistas españoles actuales. - -Armando Palacio Valdés puede asegurarse que escribe para el extranjero, -para ser traducido. Su clientela está en Londres, en Nueva York, en -Boston, no en Madrid. Se me asegura que cuando publica un libro no -manda ejemplares a la Prensa madrileña, sino con raras excepciones. -No se señala ciertamente por calidades de estilo, y se conoce que no -tiene grandes preocupaciones de arte; pero narra con verdad y color y -sobre todo es un gran técnico, un constructor de primer orden. Por otra -parte, el autor de _El Origen del Pensamiento_ no está por descubrir -como un fuerte talento, como una de las más hermosas figuras de la -España intelectual. - -El famoso don Benito Pérez Galdós ha vuelto a cavar en la antigua mina -de _Episodios Nacionales_; convertido en el Charpentier de sí mismo, se -ha industrializado y fabrica de un modo prodigioso. Casi no hay mes sin -episodio, y el público observa que la ley de antaño era otra. A pura -novela se ha construído un elegante hotel en Santander y es hombre de -fortuna. - -Era tiempo de dedicarse a la labor _para sí mismo_, como me decía Jean -Paul Laurens de la pintura, a la obra de arte y de idea en que el alma -ponga toda su esencia, en la libertad del soñado y perseguido ideal. - -Don José María de Pereda, propietario de una fábrica de jabón, -descansa en sus conquistas. Regionalista rabioso, su mundo se concentra -en el Sardinero o en Polanco; su estética huele a viejo, su cuello se -mantiene apretado en la anticuada almidonada golilla. Es un espíritu -fósil, pero poco simpático a quien no tenga por ideal lo rancio y lo -limitado. Hay que leer esa _Sotileza_ que han traducido al francés, -hay que leerla en el idioma extranjero para ver lo que queda en el -esqueleto, despojada de sus afectaciones de dicción: un colosal y -revuelto inventario. - - * * * * * - -El valenciano Blasco Ibáñez es fuerte, enérgico, sencillo como un buen -árbol; lleva como la esencia de su tierra y en su rostro el reflejo -de un atávico rayo morisco. _La Barraca_ le ha colocado recientemente -entre los primeros novelistas españoles. Es joven, y los vientos de la -política le han envuelto. Como diputado a Cortes ha hecho bien sonoras -campañas, con mayor felicidad que el francés Barrès y el italiano -D'Annunzio. Cierto es que lo que menos hay en él es un esteta, en -el buen sentido de la palabra, porque aquí tiene uno muy malo. Sí, -Blasco Ibáñez es el hombre natural, de su país de flores y fierezas, -de cantos y bizarrías, y su alma sincera y sana va por la vida con -una libertad aquilina. Y tiene ese potente varón de lucha el pecho de -un sensitivo. Como a todos los pensadores contemporáneos, preocúpale -el áspero problema del hombre y de la tierra y está naturalmente con -los de abajo, con los oprimidos. En sus palabras del Parlamento como -en sus escritos, se manifiesta su continua ansia de combate. En _La -Barraca_ se exterioriza en las musculaturas del estilo uno de esos -espíritus de gladiador, o de robusto constructor, a la Zola. La onda -mental corre sin tropiezos con un ímpetu de fecundación que denuncia la -original riqueza. Libros como ese no se hacen por puro culto de arte, -sino que llevan consigo hondos anhelos humanos; son páginas bellas, -pero son también generosas acciones y empresas apostólicas. Pinta con -colores de vida escenas de su tierra que para el lector extranjero son -de un pintoresco interesantísimo. Es la «huerta», trozo paradisíaco, -rincón de amor y de vigor, saturado de energías primitivas, y en donde -la Naturaleza pone por igual en el hombre dulzuras y rudezas. En esa -tierra es en donde cantan las dulzainas sus sones de reminiscencias -africanas y las muchachas danzan llenas de sol. Alrededor de la barraca -surgen, en la obra de mi eminente amigo, tipos bañados de sombra y -luz, en aguas fuertes de una hermosa intensidad. Es el desgraciado -tío Barret, el asesino de don Salvador el terrateniente; es esa alma -salvaje de Pimentó, y su mujer, la Pepeta, que en la narración, en -medio de su revuelo de pájaro zahareño, se enternece de maternidad; es -la figura graciosa y buena de Roseta; y sobre todo, la vigorosa persona -de Batiste, fiero y alto ante el peligro, pero vencido al fin por una -funesta fatalidad; todo en una sucesión de cuadros, que encantan o se -imponen en su valor de verdad a punto de contagiar de angustia o de -sufrimiento; tal la muerte del hijo de Batiste, la de Pimentó, y el -incendio de la Barraca, en el cual, sin pecado, creo sentir un potente -aliento homérico. - -Blasco Ibáñez es de contextura maciza, cabelludo y de bravas barbas, -ojo fino que va a lo hondo, amable o terrible: su conversación es, sin -penachos meridionales, franca y vivaz; es un _bon garçon_ ese soldado -de tormentas. Por lo de Montjuich ha luchado con entusiasmo, en unión -de otros dos escritores, Dionisio Pérez, redactor de _Vida Nueva_, -novelista cuyo _Jesús_ ha tenido cierta resonancia tanto en España como -en América, también hombre de combate y de talento tesonero, y Rodrigo -Soriano, cuyo nombre _La Nación_ ha hecho conocer en Buenos Aires; -carácter de irresistible simpatía, autor de libros varios sobre asuntos -distintos, pues si hace cuentos encantadores, sus críticas artísticas -son de interés y amenidad notorios, como sus artículos de periodista; -y en todo una fácil manera, un estilo de escritor mundano, al tanto -de todo lo que pasa en el extranjero, cosa rara aquí; un diletantismo -discreto y un innegable tono personal. Su amistad con Emilio Zola es -sabida; y el ilustre maestro le ofreció asistir al _meeting_ proyectado -en San Sebastián, en favor de la revisión del proceso de Montjuich. -Otros novelistas buscan también vías nuevas. - -Un distinguido amigo escritor me manifiesta que la novela española -no existe hoy, como la francesa, la inglesa, la rusa. ¿Por qué? -«Porque las costumbres españolas comenzaron a perderse a fines del -siglo XVII, y la novela fundada en las costumbres no tiene carácter -nacional si aquéllas no son propias, nacionales. Habría que remontarse -a los clásicos para encontrar «costumbres», y, por consiguiente forma -especial del género novelesco. Acaso el triunfo de Alarcón, y, sobre -todo, el de Pereda, estriban sólo en esa cualidad: sus obras tienen -mucho de la tierra en que se formaron. Lo mismo podría decirse de -Fernán Caballero». No creo lo propio. En la literatura universal los -españoles tienen ese aislado tesoro que se llama la novela picaresca, -hoy ciertamente olvidado. Pero si es verdad que los novelistas de -España, del siglo XVIII a esta parte, han sido influídos por corrientes -exteriores, academicismo, romanticismo, _bon sens_, socialismo, -realismo, naturalismo, psicologismo, etc., a través de la imitación ha -permanecido visible el carácter nacional. Larra mismo fué tentado por -Walter Scott, y ¿quién más español que él, a pesar de su conocimiento -de literaturas extranjeras? Justamente ha escrito don Juan Valera a -quien estas líneas traza: - -«Todos tenemos un fondo de españolismo que nadie nos arranca ni a -veinticinco tirones. En el famoso abate Marchena, con haber residido -tanto tiempo en Francia, se ve el español: en Cienfuegos es postizo -el sentimentalismo empalagoso a lo Rousseau, y el español está por -bajo. Burgos y Reinoso son afrancesados y no franceses. La cultura de -Francia, buena y mala, no pasa nunca de la superficie. No es nada más -que un barniz transparente, detrás del cual se descubre la condición -española». Fernán Caballero realizó la novela andaluza, junto a los -admirables cuadros de Estébanez y Mesonero Romanos. Hoy mismo, las -novelas de Salvador Rueda y Reyes son puramente andaluzas. La novela -gallega nos la ha dado, aun vestida con modas extranjeras, la egregia -doña Emilia; la novela vasca tendría su sola representación con esa -admirable y fuerte _Paz en la Guerra_, de Miguel de Unamuno. Existe, -pues, no solamente la novela española, de Galdós, Palacio Valdés, -Valera o Alas, sino la novela regional. - -Hubo un tiempo en que reinó el folletín. Eugenio Sué tuvo su _doble_, -en Madrid, en don Wenceslao Aicuals de Izco. _Los Misterios de París_ -se multiplicaron en _María o la Hija de un Jornalero_ y en la _Marquesa -de Bella Flor_. El socialismo romántico de entonces encontró excelente -campo de este lado de los Pirineos. Luego vino la época de aquel buen -Pérez Escrich, que causó muchos llantos a nuestras madres y abuelas, -pues la inundación de entregas sentimentales no fué tan sólo en la -Península, sino que recorrió la América entera. Lo propio daba el _Cura -de la Aldea_, que el _Mártir del Gólgota_, o la _Mujer Adúltera_. Tras -él vino Antonio de Padua, caro a las modistas y señoritas ansiosas de -ensueños burgueses. Y otros de la misma harina que encontraron fácil -la explotación de esos antiliterarios filones. Puesto muy distinto es -el de don Manuel Fernández y González, una especie de Dumas el viejo, -fecundo y brillante de imaginación, productor incansable, tonel de -cuartillas, al que la pobreza soltaba la espita, intrigador colosal y -cuyo espíritu galopante no deja de encenderse de tanto en tanto con -bellas chispas de arte. - -El diluvio de entregas pasó. Algunos libros aparecieron de corta -extensión, como los de las bibliotecas francesas. Eran _El Escándalo_, -de Alarcón, y la _Pepita Jiménez_, de Valera. La literatura recobraba -su puesto, así fuese en aislados esfuerzos. Alarcón, escritor de hábil -inventiva, sutil y emotivo, causó gran impresión con su novela de -espíritu hondamente conservador, o _neo_, como aquí se dice, a la cual -novela habría de oponerse, en un combate de doctrina moral más que de -ideología, la _Doña Perfecta_, de Galdós. Valera asimismo se impuso -desde luego por la delicada elegancia de su manera, por la resurrección -de antiguos prestigios nacionales, por el abolengo impoluto de su -estilo. Valera tenía la gracia, Galdós conquistó con la fuerza. Pereda, -que publicara sus _Escenas montañesas_ desde 1894, no tuvo verdadera -resonancia sino muchos años después. _Pedro Sánchez_ y _El Sabor de -la Tierruca_ señalan el principio de su renombre. Después llegaron -la Pardo-Bazán, Leopoldo Alas, Armando Palacio Valdés. Se creaba ya -la novela de ideas. Al surgir victoriosos esos nombres, un grupo en -que bien podía haber un talento igual, mas no certera orientación, se -presentaba, en el deseo de hacer algo nuevo, de encauzar en España -la onda que venía de Francia. Era la época del naturalismo. Nadie -se atrevería a negar el valer mental de López Bago, de Zahonero, de -Alejandro Sawa; pero la importación era demasiado clara, el calco -subsistía. López Bago, en cuya buena intención quiero creer, tuvo un -pasajero éxito de escándalo y de curiosidad. Sus obras eran abominadas -por los pulcros tradicionalistas y por los mediocres que le envidiaban -su buen suceso. Se trataba de verbosos análisis, de pinturas de vicio, -escenas burdelescas, figuras al desnudo y frases sin hoja de parra. -Zahonero siguió un naturalismo menos osado. Sawa, muy enamorado de -París, y más artista, se apegó a los patrones parisienses, y produjo -dos o tres novelas, que aun se recuerdan. Alejandro Sawa es un escritor -de arte, insisto, y el naturalismo no fué propicio a los artistas: era -una literatura áptera. - -He de hablar de Silverio Lanza, un cuentista muy original, cuyo nombre -es escasamente conocido. Sin perder el sabor castizo que suele aparecer -con frecuencia en sus narraciones, este escritor tiene todo el aire -de un extranjero en su propio país. Es un humorista al propio tiempo -que un sembrador de ideas. Pero en su humor no encontraréis mucho el -chiste nacional, sino el _humor_ de otras literaturas. Su ideología -se agria de cierta aspereza al rozar problemas que se relacionan con -defectos y tachas de su misma patria. «Y si habla mal de España, es -español», dice Bartrina en uno de sus versos. Pero no es este el caso. -Es que se trata de un hombre de pensamiento que se subleva ante las -desventajas de su patria en comparación con otras naciones, a las -cuales desearía sobrepasase en el camino del progreso humano, ante los -vicios característicos que habría que combatir, y los inconvenientes -de educación que habría que subsanar. Silverio Lanza es un hombre de -guerra. Se ha repetido el caso de Stechetti y Olindo Guerrini. Olindo -Guerrini en esta vez se llama en España Juan Bautista Amorós. Entre sus -libros, sobresalen _Cuentecillos sin importancia_, _Ni en la vida ni -en la muerte_ y los _Cuentos políticos_. Recientemente Ruiz Contreras -ha tenido la acertada idea de llamarle a la _Revista Nueva_, en donde -sus cuentos ofrecen como antes,--extrañamente vertebrados, llenos de -oscuridad que seduce, enseñadores de atormentadas gimnasias de estilo, -al decir mucho en cortas oraciones, incoherentes con premeditación, -y teniendo siempre a su servicio la mitad del Genio,--compañera del -Ensueño, la Ironía. El director de esa revista me decía que a su sentir -era Lanza «acaso el más fuerte y el más arrojado. Silverio Lanza no -ha sufrido la menor decepción. Desde que publicó la primera obra, _El -Año triste_, no ha cambiado una sola vez de senda. Es un carácter, -un hombre, una inteligencia superior, y triunfará, logrando ser en -la literatura española un personaje aislado sin antecesores y acaso -también sin descendientes». Lo creo. La libertad por él proclamada -con el ejemplo, que ha hecho resaltar en esta literatura de estilo -uniforme--hablo en general--o uniformado, para decirlo mejor, su -inconfundible individualidad, dará aquí buenos frutos, cuando el -aire circule, cuando el aliento universal pase bajo estos cielos; el -individualismo traerá consigo--y ya empieza a iniciarse, después del -desastre--una floración flamante y saturada de perfumes nuevos. - -Al paso observo un pequeño huerto bien cultivado, lejos del parque -inglés de Palacio Valdés, de las granjas montañesas de Pereda y Galdós -y de la rica quinta gallega de doña Emilia. El huerto es de José M. -Matheu, cuyas excelentes cualidades de novelador son reales. Este es -un modesto; se ruboriza de la audacia. Suave y metódicamente ha creado -unos cuantos caracteres que ha alojado en sus libros, en donde si esas -buenas notas resaltan, falta en cambio la divina virtud de la ironía, -el culto del arte de la frase, las cambiantes estaciones del estilo. - -Ortega Munilla, creo que, demasiado entregado a la política, ha -permanecido sin producir un solo libro desde hace algún tiempo. De -cuando en cuando florece su ingenio en algún cuento, que recuerda -al vibrante narrador de otros días, el novelista de conciencia y el -prosista aquilatado. ¿Taboada? A Taboada también hay que contarle ya -entre los novelistas. El paso de la narración corta a la novela lo -ha hecho, como sus semejantes, Mark Twain y Alphonse Allais. Este -gracioso de España como el clownesco yankee y el incoherente francés, -ha obtenido un enorme éxito con su obra después del continuado éxito -periodístico de cuentos y crónicas desopilantes. Su mérito no puede -ponerse en duda. Es una originalidad. Es el cronista incomparable de la -vida cursi. Su _Viuda de Chaparro_ se ha casi agotado en pocos días. -Hace reir, con un si es no es de amargor, que, en verdad, merece su -latín. Aquel de Ovidio, si gustáis: - - _...medio de fonte leporum - Surgit amari aliquid..._ - -La novela de Unamuno, _Paz en la Guerra_, es de esas obras que hay que -penetrar despacio; no en vano el autor es un maestro de meditación, un -pensativo minero del silencio. Es la novela un panorama de costumbres -vascas, de vistas vascas, pero es de una concentrada humanidad que se -cristaliza en bellos diamantes de universal filosofía. El profesor de -Salamanca es al mismo tiempo el euskalduna familiar con la tierra y el -aire, con el cielo y el campo. Su pupila mental ve transparentemente -el espectáculo de la vida interior en luchas de caracteres y pasiones, -en el olear de la existencia ciudadana o campesina. Sus figuras las -extrae como de bloques de carne viva; y es un poderoso manejador de -intenciones, de hechos y de consecuencias. Y en su manera no hay -ímpetus, no hay relámpagos. - -Tranquila lleva la pluma, como quien ara. Para leerle, al principio -se siente cierta dificultad: pero eso pasa presto para dar lugar a un -placer de comprensión que nada iguala. Este es uno de los cerebros -de España, y una de las voluntades. Lo que su paisano de Loyola, -San Ignacio, enseñó con sus _Ejercicios_ a Maurice Barrès, él lo ha -aprendido en los ejercicios de su alma, en la contemplación de la vida, -en su tierra honorable y ruda con la rudeza de lo natural y de lo -primitivo incontaminado y sano. Antes he amado, por innata simpatía, a -esos hombres fuertes de Vasconia, que adoran su cielo y su tierra feraz -y su libertad, en la conservación de una vida de grandeza antigua, que -cantan tan sonoras canciones de meditación y amor y danzan tan bizarras -danzas; marineros, herreros, campesinos, nobles todos, veneran un árbol -y han tenido un bardo como Iparraguirre; pero jamás he comprendido el -alma vasca como cuando me he impregnado de las páginas de Unamuno. El -amor allí tiene el hervor de la prístina savia; los elementos conspiran -para la fraternidad con el hombre, la tierra besa a la carne, la savia -se une a la sangre; el abrazo, la cópula, debía ser como un sacramento, -o como ley sagrada. Son razas poseedoras de la serena energía, de la -fuerza donada por los viejos dioses, esa ilustre fuerza que saluda -Gladstone junto al árbol de Guernica, que pinta Puvis de Chavannes, y a -la cual invoca el canto cuando, en su Provenza, Mistral empuña ante el -concurso conmovido la simbólica copa. - - [Ilustración] - - - - - LOS INMORTALES - - [Ilustración] - - - 22 de septiembre de 1899. - -PRONTO aparecerá la nueva edición del Diccionario de la Real Academia -Española. La casa editorial de Hernando da la última mano al grande -y lujoso mamotreto. El señor Echegaray ha explicado ya en la Prensa -muchos de los nuevos términos científicos que la Corporación ha -decidido adoptar. Dentro de poco el _volt_ se llamará voltio y -el _culomb_ culombio. En cuanto a la palabra _trolley_, queda -sencillamente convertida en trole, como hace muchos días tuvo la -amabilidad de comunicármelo mi eminente amigo Eugenio Sellés. Ignoro si -el _presupuestar_ de Ricardo Palma tendrá cabida esta vez en el léxico. -Mas lo cierto es que hay novedades, y es posible que el chistoso -pedante de Valbuena prepare otra «fe de erratas». Veremos lo que se -limpia, lo que se fija y lo que se da de esplendor, para recordar -nuestro Horacio y su _jus et norma loquendi_. - -Estos inmortales cumplen con su deber conservador sobre todo; de las -tres partes del lema prefieren el fijar. Sus sesiones parecen de una -amenidad muy discutible. Ha pasado ya de moda el murmurar de sus hechos -y gestos. En Francia todavía las palmas verdes y el espadín provocan -una que otra ocurrencia. Aquí es poco decorativa la representación, -y un libro no se vende más porque el autor pueda poner debajo de su -nombre: _De la Real Academia Española_. La labor de los excelentísimos -e ilustrísimos, fuera de las papeletas del Diccionario, es poco activa: -la publicación de algunas obras, como las que dirige Menéndez Pelayo, y -la adjudicación de varios premios. - -La Real Academia se fundó en 1713, y trece años después apareció el -primer tomo del Diccionario; otros trece años pasaron para que pudiesen -publicarse los otros cinco de aquella primera edición. El rey ordenó -que se diesen a la Academia mil doblones al año. Aprobada por Felipe V, -logró especiales concesiones. Los académicos quedaban en cierto modo -y para ciertas ventajas iguales a la servidumbre de la Real Casa. En -1793 se les favoreció con la renta anual de 60.000 reales. Desde 1793 -tuvo su local, en la célebre casa de la calle Valverde, hasta que hace -poco tiempo se ha instalado en edificio especial que hizo construir con -propios fondos. - -Los inmortales de Francia son cuarenta; los de España sólo llegan a -treinta y seis, sin que yo sepa el motivo. Lo que no cabe duda es que -el sillón 41.º de Houssaye, que aquí corresponde al 37.º, existe en la -academia del marqués de Villena como en la academia de Richelieu... No -deja de haber aquí también su partido «de los duques». La política no -anda asimismo muy alejada de las influencias que privan en el reino -de la gramática. Ved un simple desfile de figuras. El director actual -es el conde de Cheste. Muy viejo, antiguo militar, muy querido en la -Corte; hace algún tiempo que no asiste a las sesiones académicas. El -conde de Cheste dejará una obra extensa principalmente de traducciones. -Hasta hace poco, obsequiaba a sus colegas con buenas comidas y -candorosos versos. Secretario perpetuo es hoy don Miguel Mir, desde -la muerte de Tamayo y Baus; censor, Núñez de Arce; bibliotecario, -Catalina; tesorero, el marqués de Valmar; vocal administrativo, Sellés, -e inspector de publicaciones Menéndez Pelayo. - -El marqués de Valmar es un verdadero aristócrata. Este viejo hidalgo, -muy erudito, en sus primeros años literarios escribió para el teatro. -Su obra más considerable es un estudio acerca de la poesía castellana -en el siglo XVIII. Se le debe la publicación de las _Cantigas del Rey -Sabio_. Su vejez se desliza entre libros y comodidades; es un caballero -que ha sabido proteger, cuando ha podido, a los jóvenes de verdadero -valer que le pedían su apoyo literario y social. Mucho le debe a este -respecto el señor Menéndez Pelayo. Demás decir que el marqués de -Valmar, noble y literato, ha pertenecido al cuerpo diplomático. - -Campoamor llevó su humor a la Academia. No sé que haya contribuído -mucho a la cocina del Diccionario; pero si encontráis en la nueva -edición algunas humoradas, creed que son suyas, a menos que no sean de -don Juan Valera. Es de pensarse que en el secreto del ministerio, en -lo más intrincado de la tarea filológica, sabrá poner una gota de su -espíritu ático este marqués del estilo que habría sido amigo de Barbey. -Más que los ratones de los estantes empolvados, le conocen las alegres -liebres que, según Hugo, _telegrafían_ al buen Dios en las mañanas -de primavera: _¡content!_ Por lo demás, Pepita Jiménez conversa muy -amigablemente con fray Luis de Granada. - -Don Enrique de Saavedra, duque de Rivas, emparentado con don Juan -Valera, es, sobre todo, el hijo de su padre. Su mayor título académico -es ser obra de don Ángel, hermano por lo tanto de _Don Álvaro o la -fuerza del sino_. La herencia espiritual no fué en este caso completa, -y don Enrique es a don Ángel lo que Francisco o Carlos Hugo al César de -los poetas franceses. - -Don Cayetano Fernández es un señor presbítero adobado de humanidades. -Su candidatura a la Academia salió de Palacio. Ha sido el áulico -profesor de las infantas viejas. Creo que ha escrito un volumen de -_Fábulas morales_. Moral: _Timeo hominem unius libri_. - -Don Gaspar Núñez de Arce ilustra con su poesía el árido senado. Es el -Sully-Prudhon de los españoles, o el José María de Heredia. - -Don Eduardo de Saavedra es ingeniero de caminos. Se le abrieron las -puertas de la Academia por su ciencia, como a Lesseps. Dicen que tiene -gran talento. Alcalá Galiano es otro hijo de su padre. Ha traducido a -Byron, en verso. Ignoro si el sacrificio fué antes o después de entrar -en la Academia. - -Don Mariano Catalina se distingue entre otras cosas por sus barbas -rojas, y por sus ideas, que son completamente opuestas al color de sus -barbas. Sus dramas valen mucho más de lo que se ha dicho de ellos. En -ese reaccionario hay un varón de fibra. Le silbaron, injustamente, -y se dedicó a otras cosas. Su manera es parecida y anterior a la de -Echegaray, menos descoyuntada y más española; sus versos aceptables, -es decir, malos. Es editor de la colección de escritores castellanos, -que publica, entre otros libros importantes, la _Historia de las Ideas -Estéticas_ y demás obras de Menéndez Pelayo. - -Don Marcelino entró muy joven en la Academia, como se recordará. -Hiciéronle triunfar por una parte su saber enciclopédico y vasto, -por otra su conocida filiación conservadora. No hay duda de que sus -conocimientos son asombrosos: don Marcelino sabe más que todos los -académicos juntos, y sus trabajos han sido y son los de un gran -crítico, los de un verdadero sabio. La edición monumental de Lope y la -_Antología_ lo demuestran. - -Pidal y Mon escribe correctamente. - -El señor Mir escribe con muchas intenciones académicas, y, como la -mayor parte de los escritores de su país, se toma muy escaso trabajo -para pensar. Siempre esa onda lisa del período tradicional cuya -superficie no arruga la menor sensación de arte, el menor impulso -psíquico personal. Ha publicado un libro en que se descubre sinceridad -e independencia, libro antijesuítico y de largo nombre: _Los Jesuítas -de puertas adentro y un Barrido hacia afuera de la Compañía de Jesús_. -Escribe la historia de Cristo y memorias o monografías académicas; en -lo académico suspiraréis por un poco de literatura o de sentimiento -artístico, y en lo religioso es en vano buscar el espíritu de los -antiguos místicos--única cosa que el académico español podía perseguir. - -Balaguer acaba de publicar uno de los innumerables volúmenes de que -constan sus obras. No parece que le preocupen gran cosa los asuntos de -instituto. Maestro en gay saber, vive mucho para las musas. - -Commelerán entró en la Academia en ocasión famosa. Se sabe que luchó -con Galdós y que la candidatura del novelista fué pospuesta. Se -escribió mucho con este motivo, y hubo enérgicas protestas. No veo -tanto la razón. El señor Commelerán sabe más latín y más lingüística -que el señor Galdós; es más útil en las tareas de la Academia. Además, -el novelista debía entrar tarde o temprano. No estaba en el mismo caso -de Zola... Commelerán es un incansable trabajador en sus estudios -oficiales. Tuvo en un tiempo aficiones literarias y, apasionado de -Calderón, hizo algo para el teatro, que no llevó a la escena. Publica -ahora un gran Diccionario latino y libros de texto que son bien -juzgados. - -Fabié es de una eminencia especial; para unos es un sabio; para otros, -lo contrario de un sabio. No es digno, a mi entender, de lo uno ni de -lo otro. En sus escritos se ve, además de la irremediable corrección, -mucha cultura clásica y legítima solidez. - -Ha preferido en sus disciplinas, a lecturas insustanciales y nuevas, -generalmente obras de segunda mano, el desempolvar pergaminos viejos en -los rincones de archivos y bibliotecas; de ahí que la crítica histórica -tenga en el señor Fabié uno de sus más serios representantes en España. - -Del señor Silvela diré que, hijo de un padre ilustre y hermano de -otra notable inteligencia española, vale muchísimo más que lo que -él se figura. Tiene atracción y un inmenso número de amigos que le -siguen. Con todo, su política es mejor que su literatura, literatura de -aficionado. Lo cual no quita que encontréis en sus discursos páginas -admirables. - -Colmeiro es un sabio. Nada más que un sabio. - -El señor Fernández y González es un arabista insigne, según aseguran -los que dicen que entienden el árabe. Se me ha hablado mucho de su -talento de crítico, y conozco estudios suyos nutridos de doctrina; pero -no he podido encontrar su libro _La Crítica en España_, del cual se -cuentan maravillas. - -El conde de Buenos Aires, don Santiago Alejandro de Liniers, hoy -alcalde de Madrid, tiene ante todo su alta posición social y -pecuniaria. Ha publicado un libro, _Líneas y Manchas_, y ha sido -periodista. Exprimiendo toda la producción de esta excelente medianía, -no se sacaría la cantidad de pensamiento y de arte que hay en una sola -página de su sobrino Ángel Estrada. - -De don Luis Pidal y sus obras confieso mi absoluta ignorancia. - -Manuel del Palacio, tan conocido en el Río de la Plata, es otro poeta -de la Academia. Vive ahora un tanto retirado, después de que el duque -de Almodóvar tuvo la peregrina ocurrencia de quitarle su empleo en -la Administración; por lo cual la indignación de su verso envió unas -cuantas abejas de su jardín a picar al caballero, como él dice «un -poquito duque y un poquito tuerto». Arquíloco es mal enemigo. - -La ciencia por un lado y el teatro por otro, apadrinaron a don José -Echegaray para entrar a ocupar su sillón. Castelar le hizo el dudoso -favor de compararle con Goethe al contestarle su discurso de recepción. -El señor Echegaray es un hombre eminente, «de lo mejorcito que aquí -tenemos», me dice don Leopoldo Alas; pero su enciclopedismo de nociones -en este tiempo de las especialidades le coloca en una situación que -fuera de su país sería poco grata para su orgullo. - -Sellés, conquistador del teatro, desde su sonoro _Nudo Gordiano_, -continúa escribiendo piezas en un acto, y aun se dice que abordará -el libreto de zarzuela, sin que se perturbe el _decorum_ de su noble -compañía. - -Al conde de Viñaza le he conocido en casa del secretario de la legación -argentina. Es uno de los académicos más jóvenes. Estudioso y erudito, -tiene entre otras obras suyas un libro muy interesante sobre Goya; y -prepara un estudio, que será de indudable valor, acerca de la historia -del grabado en Europa, y especialmente en España, para lo cual cuenta -con copiosos datos inéditos y planchas antiguas de colecciones hasta -hoy desconocidas. - -El señor Moret está en la Academia oficialmente. Hubo una ocasión que -para celebrar un acontecimiento resolvieron los académicos ofrecer un -sillón al ministro del ramo. Le tocó al señor Moret, que casualmente -ocupaba entonces el Ministerio. El señor Moret, por otra parte, es -orador agradabilísimo y su palabra debe animar y flexibilizar las secas -discusiones. - -Pérez Galdós, para el reglamento, vive en el paseo de Areneros, núm. -46; pero en realidad reside en Santander, en la villa que se ha -levantado a fuerza de novela. Ya he dicho que presentó su candidatura -la primera vez y fué vencido por el latinista Commelerán. En poco -tiempo se cumplió su voluntad. Pereda, el montañés, según la guía, vive -también en la Corte, en la calle de Lista, núm. 3; pero en realidad -vive en Santander, en Polanco, y como las novelas no se le pactolizan -como a Galdós, a pesar de que es rico, sigue fabricando jabón. El -señor Pereda debería no separarse de la Real Academia, no faltar a sus -sesiones. Es él quien escribe _los relieves del yantar_; por limpiar, -fijar y dar esplendor a _las sobras de la comida_. - -El señor Balard, académico electo, es el poeta meloso y falso que ya -conocéis, y crítico de una limitación asombrosa, que beneficia no -obstante en España la más injusta de las autoridades. - -Don Daniel de Cortázar es ingeniero de minas, hijo del autor de un muy -conocido tratado de matemáticas elementales. Su ciencia le ha ganado la -honra. Los académicos aquí, como en Francia, quieren tener de todo en -su casa. - -El último académico electo es el poeta Ferrari. Su candidatura ha -brotado de los salones influyentes que frecuenta y en donde sus -recitaciones son proverbiales... Conste que una vez yo le he visto -defenderse con bravura--y al fin sucumbir--en casa de doña Emilia -Pardo-Bazán. - -La Academia cuenta con innumerables miembros correspondientes, en -Europa y América española, y con dos miembros honorarios, ambos de -la América Central: uno de Honduras, otro del Salvador. Esto os -causará alguna sorpresa, pero he aquí la explicación. El presidente -de Honduras, Marco Aurelio Soto, hace mucho tiempo ordenó por decreto -gubernativo que en la República se usase, al menos en todos los -documentos y publicaciones oficiales, la ortografía de la Real Academia -Española. Supongo que acompañaría el decreto con alguna demostración -de afecto académico más práctica. El presidente del Salvador, Rafael -Zaldívar, hombre muy inteligente, viajó un día por España, con gran -séquito y con la pompa de un príncipe exótico. Tengo entendido que dió -a la Academia asimismo valiosas pruebas de amistad. Se le correspondió -con una sesión especial en su honor. Todas las personas de su comitiva -tuvieron nombramiento de miembro correspondiente. De aquí que los dos -únicos miembros honorarios sean esos expresidentes centroamericanos. - -La labor de la Real Academia, dígase bien claro, es en nuestro tiempo -inocua, como la de los inmortales franceses. Hacen el diccionario, -reparten premios más o menos Montyon y coronan obras mediocres y -correctas. - -Aquí se defiende el purismo, la virginidad de esta vieja lengua que ha -dado y dará tantas vueltas. Y esos defensores tienen eco en ciertas -naciones de América; pues como reza un decir magistral--cito de -memoria--«cuando el purismo desaparezca de Salamanca se encontrará -en algún cholo de Lima o en el morro de un negro mejicano». En ese -continente, en las aldeas más primitivas no falta el barrigudo -licenciado abarrotado o abarretado que persiga el _le_ y el _lo_, y el -caso y la concordancia, y entre tortilla de maíz y tortilla de mais no -haga su discursito en caribe en defensa de los fueros del idioma. - -No puedo menos que concluir citando las palabras de un ilustre profesor -de la más célebre de las Universidades españolas: «Hay que levantar voz -y bandera contra el purismo casticista, que apareciendo en el simple -empeño de conservar la castidad de la lengua castellana, es en realidad -solapado instrumento de todo género de estancamiento espiritual, y -lo que es aún peor, de reacción entera y verdadera. Eso del purismo -envuelve una lucha de ideas. Se tira a ahogar las de cierto rumbo, -haciendo que se las desfigure para vestirlas a la antigua castellana. -Se encierra en odres viejos el vino nuevo para que se agrie». Y luego: -«Hay que hacer el español internacional con el castellano, y si éste -ofreciese resistencia, sobre él, sin él, o contra él. El pueblo -español, cuyo núcleo de concentración y unidad dió al castellano, se -ha extendido por dilatados países, y no tendrá personalidad propia -mientras no posea un lenguaje en que sin abdicar en lo más mínimo de -su modo peculiar de ser, cada una de las actuales regiones y naciones -que lo hablan hallen perfecta y adecuada expresión a sus sentimientos e -ideas. Hacen muy bien los hispanoamericanos que reivindican los fueros -de sus hablas y sostienen sus neologismos, y hacen bien los que en la -Argentina hablan de lengua nacional. Mientras no internacionalicemos -el viejo castellano, haciéndolo español, no podemos vituperarles los -hispanoespañoles, y menos aún podrían hacerlo los hispanocastellanos, -y hacen muy bien en ir a educarse a París, porque de allí sacarán, por -poco que saquen, mucho más que de este erial, ya que lo que aquí mejor -puede dárseles, la materia prima de esa lengua, consigo la llevan y con -libros pueden perfeccionarla». - -El autor de esas líneas se llama Miguel de Unamuno. Aquí y entre -nosotros protestarán especialmente de ellas los que no se llaman ni son -nada, _pas même académiciens_. - - [Ilustración] - - - - - LOS POETAS - - [Ilustración] - - - Madrid, 24 de agosto de 1899. - -EL modesto Manzanares no es muy propicio a los cisnes. Antes lo eran el -Darro, que como se sabe tiene arenas de oro, y el Genil que las tiene -de plata. Los cisnes viejos de la madre patria callan hoy, esperando el -momento de cantar por última vez. Ya os he hablado de Campoamor, cuando -se pensó en su coronación, ceremonia de que no se ha vuelto a ocupar -nadie, a pesar de las buenas intenciones del Círculo de Bellas Artes, -cuyo presidente, el señor Romero Robledo, manifestara tanta excelente -voluntad. El anciano poeta sigue cada día más enfermo. Últimamente -no ha podido contestar a una _enquête_ iniciada por una revista de -París, _La Vogue_, sobre el asunto Dreyfus. Casi imposibilitado de -moverse, sufre en su retiro horas dolorosas, y visitarle es ir a pasar -momentos de pena. Sus últimos versos son una que otra dolora dolorida -que ha publicado la _España Moderna_, una que otra humorada en que se -depositan las últimas gotas que quedan del humor antiguo en el vaso de -ese espíritu que fuera tan bellamente lozano, tan frescamente juvenil. -Ahora es cuando hay que volver los ojos al viejo tesoro prodigado, -aquella poesía tan elegante en sus sutiles arquitecturas y tan -impregnada del amargor que el labio del artista siente al primer sorbo -de vida. - -Recordad aquellas perlas brillantes de ironía, de las doloras; y -aquellos pequeños poemas que conducen por una corriente de sonoras -transparencias verbales a la finalidad de una inevitable melancolía, -la melancolía que por ley fatal florece en los jardines de la humana -existencia. ¡Amable filósofo! Daba la lección de verdad adornada de la -gracia de su música, su música personal, inconfundible en toda la vasta -orquesta poética de las musas castellanas. - -Núñez de Arce, también silencioso. Dirige las oficinas del Banco -Hipotecario, y _Luzbel_, anunciado hace largos años, no se concluye. -Dicen que padece el poeta de enfermedad gástrica, y así debe ser por -el continuo gesto de displicencia que presenta su faz. No es ya el -tiempo de los _Gritos del Combate_ y de la _Visión de fray Martín_. -El vate de antes se encuentra ya transpuesto en época que desconoce -sus pasados versos, el alma de sus pasados versos, alojada hoy en una -casilla de retórica. No es esto desconocer el inmenso mérito de ese -noble cultivador del ritmo, que ha dominado a más de una generación con -su métrica de bronce. Hoy España no cuenta con poeta mejor. Más aún, no -existe reemplazante. Cuando deje de aparecer en el nacional Parnaso esa -dura figura de combatiente que ha magnificado con su severa armonía la -lengua castellana, no habrá quien pueda mover su armadura y sus armas. -Porque Núñez de Arce, dígase lo que venga en antojo a los que no es -simpático intelectual o personalmente, ha sido un admirable profesor -de energía. En verso, pero de energía. Ha mezclado más de una vez la -prosaica política en sus imprecaciones, y ha sido ministro de Ultramar -cuando había ministros de Ultramar. Ha sido con su manera sonante y -oratoria un parlador de multitudes, un dirigente del espíritu público -de su época. Y si de algo se resiente el conjunto de su obra, es de -haber sacrificado más de una paloma anacreóntica o cordero de égloga -a la diosa de pechos de hierro que no tiene corazón, a la Patria, en -su más triste ídolo: el ideal de un momento. Porque el mayor pecado -de este poeta es no haber empleado sus alas para subir en el viento -del universo, sino que se ha circunscrito a su terruño, al aire escaso -de su terruño aun en los poemas de tema humano en que debiera haber -prescindido de tales o cuales ideales de grupo. Krausistas y neos han -tenido en esta tierras liras en sus batallones. La obra de Núñez de -Arce aun persiste. Su puesto, como he dicho, se mantiene el primero. -Que su _Visión de fray Martín_ tenga por origen el abad Hieronimus de -Leconte de l'Isle, que _La Pesca_ tenga la fisonomía familiar de la -copiosa producción coppeista, eso no obsta a la marca individual de -este forjador de endecasílabos; endecasílabos de Toledo que vibran y -riegan su resonante son: _spargens sonus_. Mas eso no basta al deseo -de la juventud que observa la deslumbradora transfiguración del arte -moderno. No dice nada a las almas nuevas el conocido alternar del -endecasílabo en la estrofa núñezdearcina, que por otra parte, es -estrofa dantesca, del Dante de las poesías amatorias. Y Núñez de Arce -queda solo ante su ara, o ante su Banco Hipotecario, como el finalizado -Campoamor entre el recuerdo y la tumba. - -Manuel del Palacio, tan conocido en el Río de la Plata, vive también -flotante en las brumas de su Olimpo muerto. Bueno, triste, aun guarda -una chispa de entusiasmo que brilla en el fino azul de sus ojos -penetrantes. Esa tristeza suya me recuerda cierto pequeño poema de -Baudelaire, el de los viejos juglares. Pasó para del Palacio el buen -tiempo en que un soneto espiritual daba la vuelta a la Corte entre -preciosos comentarios, pasó el tiempo de la diplomacia lírica que ponía -en humor jovial a los bonaerenses, gracias a este excelente don Manuel, -entonces ministro en el Río de la Plata, y al nunca bien ponderado -colombiano señor Samper. Hoy está aún más amargado el ingenioso poeta, -porque ha quedado cesante de su empleo de secretario de la orden de -Isabel la Católica, por obra del duque de Almodóvar. El cual no ha -contado con que la indignación del verso debía venir. Y ha venido. No -hace muchas noches nos leía don Manuel a varios amigos las vengadoras -ocurrencias de su musa: - - Alegre por fuera - y triste por dentro, - con la carga encima - de muchos inviernos, - muchos desengaños - y muchos recuerdos, - voy ya por el mundo - a paso de espectro, - como va entre brumas - la nave hacia el puerto. - A mi espalda quedan - cada vez más lejos, - placeres y glorias, - quimeras y sueños; - y al fin del camino, - que cercano veo, - dos sombras me aguardan - olvido y silencio. - Centinelas mudos - del reposo eterno, - ¿pensáis que ya tardo? - Pues no estéis inquietos: - ni os odio, ni os amo, - ni os busco, ni os temo. - Cansado de luchas - del alma y el cuerpo - para toda empresa - inútil me siento. - De hacer beneficios - que era mi embeleso, - un ministro imbécil - me quitó los medios, - y nunca a los pobres - negando consuelo - al darles mis lágrimas - les doy cuanto tengo, - de lo cual resulta - que, de puro bueno, - la vida me paso - haciendo pucheros, - ¿y vale la pena - de vivir para esto? - Sirva usted a su patria, - defienda el derecho; - por él y por ella - sufra usté destierros, - prisiones, calumnias - y otros vilipendios, - y cuando juicioso - la edad le haya vuelto, - logre entre los sabios - pasar por discreto - y entre los tunantes - fama de no serlo, - mientras llega el día - en que un majadero, - _un poquito duque - y un poquito tuerto_ - por chiripa jefe - de elevado centro, - venga y diga: «¡Basta! - ¡Vaya usté a hacer versos!» - Y usté que en la lengua - nunca tuvo pelos, - le responda: «¡Sánchez, - Vaya usté a paseo!» - -Manuel del Palacio, a quien poéticamente el satírico señor Alas tasaba -en cincuenta céntimos, es decir, cincuenta céntimos de poeta, da -señales de perseverancia de cuando en cuando en las revistas de la -Corte, aunque no ya con la frecuencia de antaño. Cuando la guerra, -se puso él también en campaña contra el yanqui; sus «chispas» no -produjeron desde luego ningún incendio. El señor don Sinesio Delgado, -Casimiro Prieto y Manuel del Palacio fueron los tres patriotas del -consonante. - -Manuel Reina ha logrado recientemente un triunfo con su _Jardín de -los Poetas_. Lírico de penacho, en color un Fortuny. Ha llamado la -atención desde ha largo tiempo, por su apartamiento del universal -encasillado académico hasta hace poco reinante en estas regiones. Su -adjetivación variada, su bizarría de rimador, su imaginativa de hábiles -decoraciones, su pompa extraña entre los uniformes tradicionales, le -dieron un puesto a parte, alto puesto merecido. Le llaman discípulo -e imitador del señor Núñez de Arce. No veo la filiación, como no sea -en la manera de blandir el verso. Núñez de Arce es más severo, lleva -armadura.--Reina va de jubón y gorguera de encajes, lleno de su bien -amada pedrería. No hay versos suyos sin su inevitable gema. En el -_Jardín de los Poetas_ se ven sus preferencias mentales, un tanto -en choque, por la variedad de las figuras. Su jardín es trabajo de -virtuoso. Cada poeta le da su reflejo, y él aprovecha la sugestión -felizmente. - -¿Grilo? Es una situación literaria especialísima la de Grilo. Es el -poeta laureado de España, aunque España no tenga oficialmente poeta -laureado. Su barril de malvasís, o pongamos de Jerez, debe tenerlo por -obra y gracia de la infanta doña Isabel, y demás gentes de palacio. -Grilo ocupa un lugar especialísimo, semejante al de ese pobre míster -Austin en Inglaterra. Los intelectuales, y aun la mayoría, sonríen -ante la parada de esa áulica musa de ocasión que dice sus rimas con -acompañamiento de piano. Grilo es el poeta de la reina Isabel, de la -reina regente, del rey, y de las innumerables marquesas y duquesas -que gustan de leer el día de su santo un cumplimiento en renglones -musicales. ¡Aun hay melenas! La poesía suya es de esa azucarada y -húmeda propicia a las señoras sentimentales y devotas. Según se me -informa, la protección práctica de sus altas favorecedoras es eficaz, y -ese ruiseñor no puede quejarse de los cañamones del mecenato. - -Don José Echegaray, a quien Castelar hizo el peregrino obsequio de -compararle con Goethe, no ha vuelto a _taquiner_ la musa. Es sabido que -de todo entiende, y gratifica periódicamente a sus compatriotas con la -información de una ciencia de colegiales. El ingeniero poeta goza de -una enorme popularidad, y cada vez que yo manifiesto mi asombro por la -ocurrencia castelarina, no falta quien se asombre de mi asombro. Su -musa concluyó en los empujes de sus dramas elásticos, en las tiradas -de la Guerrero. Ferrari es también un poeta de salón, y he tenido la -honra de compartir con él una noche el curioso éxito de una recitación -para _ladies and gentlemen_. No puede negarse su mérito, bajo el árbol -frondoso de don Gaspar. Don Juan Valera ha hecho versos correctísimos; -hoy ya no los hace. Menéndez Pelayo asimismo ha frecuentado el Helicón. -Este erudito humanista, cuando se le presenta una niña con su álbum, -sale del paso con escribir unas estrofas de su antigua composición: - - Puso Dios en mis cántabras montañas... - -Salvador Rueda, que inició su vida artística tan bellamente, padece -hoy inexplicable decaimiento. No es que no trabaje; pues ahora mismo -acabo de ver el manuscrito de un drama de gitanos--otro modo de ver -que el de Richepin--que piensa someter a los cómicos en la temporada -próxima; pero los ardores de libertad ecléctica que antes proclamaba un -libro tan interesante como _El Ritmo_, parecen ahora apagados. Cierto -es que su obra no ha sido justamente apreciada, y que, fuera de las -inquinas de los retardatarios, ha tenido que padecer las mordeduras de -muchos de sus colegas jóvenes; dándose el caso de que se cumpliese en -él la palabra del celeste y natural Francis Jammes: «Los que más te -hayan nutrido con las migajas de tu mesa, los que te atacarán serán -aquellos que más te hayan imitado y aun plagiado». Los últimos poemas -de Rueda no han correspondido a las esperanzas de los que veían en él -un elemento de renovación en la seca poesía castellana contemporánea. -Volvió a la manera que antes abominara: quiso tal vez ser más accesible -al público y por ello se despeñó en un lamentable campoamorismo de -forma y en un indigente alegorismo de fondo. Yo, que soy su amigo y que -le he criado poeta, tengo el derecho de hacer esta exposición de mi -pensar. - -Dicenta ha encontrado su filón en las tablas, y no hace otra cosa que -obras para el teatro, como su compañero Paso. Se nombra mucho a Ricardo -Gil. He buscado sus obras, las he leído; no tengo que daros ninguna -noticia nueva. Es la poesía que conocéis, con un copioso número de -aedas, entre los cuales, estos nombres más resaltantes: Catarineu, -Ansorena, Morera, Galicia, Melchor de Palau. El espíritu regional -cuenta con buenos representantes. Hay ahora un poeta de Murcia que -ha conquistado Madrid, Vicente Medina. Se le ha elevado a alturas -insospechables, se le ha declarado vencedor. Es verdad que trae con su -emoción, con su sencilla facultad de ritmo, su gracia dialectal y su -fondo de sensitivo, una nota desconocida hasta hoy; es un hallazgo. -Pero lo monocorde de su manera llega a fatigar, con la repetición de -la queja, una queja continua, picada de diminutivos que por su copia -llegan a causar otra impresión que la buscada por el poeta. De todas -maneras Vicente Medina es un excelente poeta campesino. - -El señor Vaamonde ha intentado algunos cambios de ritmo, algunas -flexibilizaciones de verso, y ha conseguido interesar. Después de la -guerra, publicó un libro de inspiración patriótica. Los catalanes -tienen buenos poetas, desde su padre Verdaguer, el de la _Atlántida_, -hasta los modernos Maragall, Pajes de Puig, y Maten. Son infinitos -los rimadores y _mestres en gay saber_. Los andaluces forman también -su grupo, con Díaz Escobar, especialista en _cantares_, Arturo Reyes, -de la familia de Rueda, como el joven Villaespesa, bello talento -en vísperas de un dichoso otoño, y otros escanciadores de sol y -manzanilla. Los vascos no sé que tengan un poeta representativo; debe -haber varios, que escriban en su idioma y no quieran confundirse con el -Parnaso de la Maquetania. Pero con Unamuno basta para tener aún en la -lírica representación digna en la Corte. - -Los jocosos son legión. Los diarios y revistas publican una cantidad -increíble de chistes rimados, y periódicos como el _Liberal_ tienen -un redactor especial que trata asuntos de actualidad, en verso. Pues -aquí Felipe Pérez y González, como antes Antonio Palomero o José María -Granés, tiene por tarea dar diariamente cierta cantidad de estrofas a -los lectores, sobre sucesos del momento. Y la gente paga, y pues lo -paga, es justo. - - [Ilustración] - - - - - UN «MEETING» POLÍTICO - - [Ilustración] - - - 4 de octubre de 1899. - -HE asistido hace pocas noches a un _meeting_ republicano. Sabía que la -concurrencia sería numerosa, y procuré llegar a tiempo, para no perder -en ese acto ninguno de los hechos y gestos del «pueblo soberano». -Nuestro compañero Ladevese, uno de los organizadores, me había -conseguido un puesto de prensa. Allí me senté, cerca de un francés -y un ruso. Era enorme aquel hervor humano. Todo el circo de Colón -lleno, y por las entradas, la aglomerada muchedumbre hacía imposible -que penetrase la gente que todavía quedaba en las calles cercanas. -No gusto mucho del contacto popular. La muchedumbre me es poco grata -con su rudeza y con su higiene.--Me agrada tan solamente de lejos, -como un mar; o mejor, en las comparsas teatrales, florecida de trajes -pintorescos, así sea coronada del frigio pimiento morrón. Esta gente -republicana, debo declarar que estaba con compostura, a la espera de -los discursos, y cuando la campanilla presidencial se hizo oir, el -silencio fué profundo. - -El presidente, hombre de años, y sin duda de respetabilidad, inicia -su alocución de apertura, con cierta gravedad, y luego, a _la bonne -franquette_, como habla con cierta dificultad, se explica: «Estos -dientes no son los míos, y por eso...» El buen pueblo está contento. -Se encarga a un pésimo lector las cartas recibidas de personajes -extranjeros. El pobre hombre mutila a Goblet y le convierte en -_mumsiú René_, y no hay medio de que oiga al soplón que al lado le -corrige; _Clemansó, Clemansó_; él sigue impertérrito: _Cle-men-ceau, -Cle-men-ceau_. El público protesta, no por el descuartizamiento de -los apellidos franceses, portugueses e italianos, sino porque no se -oye nada, y un varón de buena voluntad salta a la tribuna y se ofrece -para leer. Al fin acaban las cartas, que Ladevese oye descuartizar con -impaciencia visible--pues gracias a sus buenas relaciones han venido--, -y él va a pronunciar un discurso. - -Se sabe que el conocido corresponsal de _La Nación_ y ex secretario de -Ruiz Zorrilla es español, por consiguiente, demás está decir que es -orador. Desde sus primeras palabras fué acogido con los más nutridos -aplausos. Dijo a los partidarios de la república que es el momento de -que el pueblo vuelva a ser lo que fué hace treinta y un años. Ahora -que la Patria está más abatida después de las recientes catástrofes, -es hora de levantarse. «Yo estoy seguro de que este pueblo volverá -a ser grande, fuerte y libre. Algunos al verte por la desdicha y el -dolor postrado, se figuran que estás de rodillas... ¡No, no estás de -rodillas! Levántate y cubrirás con tu sombra a los que hoy aparecen más -altos». En este punto nuestro amigo recibe una sonora y larga ovación. -«Pero si estas reuniones han de ser útiles a la idea que las inspiran, -es preciso que salga de ellas algo práctico, y nada más práctico que -señalar las causas de nuestra impotencia, para remediarlas. Una de -las principales causas del estado en que nos vemos es el funesto y -antidemocrático sistema de las jefaturas personales»; Ruiz Zorrilla, a -quien por cierto se le acusaba de querer ejercer una jefatura personal, -quejábase amargamente de ese sistema funestísimo en una democracia, y -muchas veces, allá en la emigración, nos decía: - -«Si me duele la cabeza, le duele la cabeza a todo el partido; si me -duele el brazo, a todo el partido le duele el brazo». «Con motivo de -este _meeting_ hemos tocado otra de las lamentables consecuencias de -jefaturas personales. Hay republicanos que para venir a tomar parte en -este fraternal abrazo, han ido a pedir permiso a un jefe... y luego no -han venido. El republicano que para abrazar a sus hermanos necesita el -permiso de un jefe, ¡valiente republicano estará...» Se oyó primero -una voz de las filas laterales, luego cien voces, luego gritos de -todos lados, dicterios, protestas, insultos. Unos contra otros; era -una tormenta de interjecciones, de amenazas. Y nuestro buen Ladevese -se paseaba al ruido de aquella tempestad, esperando el silencio. Que -al fin se hizo. Reconquistó su público el orador y prosiguió: «A las -jefaturas personales deben reemplazar las direcciones democráticas. -Verdad es que ya se ha hecho algo en ese sentido. Pero al hacerlo se -ha incurrido siempre en el error de excluir sistemáticamente de esas -direcciones a todos los elementos revolucionarios. Por eso no existe la -estrecha armonía que debiera haber entre directores y dirigidos.--Nadie -ignora que mientras el pueblo quiere la lucha, hay hombres que quieren -la república sin esfuerzo y sin peligro. Sin duda esperan que va -a caer llovida de las nubes... y ya ven lo que cae de las nubes: -¡contribuciones, jesuítas y epidemias!» Aquí, mientras el pueblo -aplaude rabiosamente, yo no puedo dejar de observar una guapísima -muchacha, elegantemente vestida, que en uno de los palcos da muestras -del más vivo entusiasmo. La republicana ostenta el par de ojos más -librepensadores que os podáis imaginar, y, decididamente, manifiesta el -propósito de romper sus guantes. - -El orador hace ver la conveniencia de la unión. La república, una vez -constituída, velará por la suerte de los que trabajan.--Concluye con -estas palabras: - -«En todo estamos conformes los republicanos. Y como lo estamos además -en que nuestra fraternidad, que hoy vamos a sellar aquí, sea la -fraternidad de la lucha, podemos darnos ese abrazo. - -»La organización de la república la decidirá la soberanía nacional, -representada en Cortes constituyentes cuyo fallo todos acataremos. Y -como la república que queremos no ha de ser sólo para los republicanos, -sino que ha de ser, como el sol, para todos los españoles, yo tengo la -esperanza de que este abrazo ha de extenderse a todos los patriotas de -buena voluntad, que aunque no militan en nuestro campo, desean para -España mejores días. También a ellos les abro mis brazos y a aquellos -que hace treinta y un años estuvieron con nosotros, les digo: ¡Ya ha -llegado la hora de pasar el puente! A pasarlo y estaremos en seguida -unidos todos los españoles. Y no olvidéis que el río no se pasa sólo -por el puente sino también por el vado. Si para pasar el río queréis -nuestra mano, la mano del pueblo es fuerte; ¡nosotros os la daremos! -¡Arriba y adelante! Sólo viven los que luchan y sólo de los que luchan -es la victoria. ¡Si el que ayer hizo treinta y un años pasó el puente -a la cabeza del ejército, el que hoy lo pase lo pasará al frente de -un pueblo!» Ladevese es rodeado y aclamado. Luego sube a la tribuna -un joven zaragozano, que se descubre como un copiosísimo orador. Y -luego varios más. Se habló con libertad completa. El representante de -la autoridad parece a veces querer protestar, cuando son ya demasiado -violentos los golpes a la monarquía. Bien puede ser la tolerancia -convencimiento de que no se trata más que de palabras, palabras y -palabras... De pronto un hombre del campo solicita hablar. Él también -quiere decir su discurso, y, a vuelta de varias observaciones del -presidente, «Evaristo Jiménez habla en nombre del pueblo de Colmenar -de Oreja». Y habla bien. Untado de periódicos, aborrecedor de los -curas, probable suscriptor de _El Motín_, sus palabras brotan con -una facilidad de fuente. Su retórica pasa de pronto a un color -poco diplomático y de indudable irreverencia para con el congreso -católico de Burgos. «Allí nos han arrojado el guante; nosotros debemos -recogerlo y darles con él por los hocicos...» El pueblo aplaude al -temerario paleto. El presidente le llama al orden; mi muchacha de los -ojos soberbios continúa en su entusiasmo. El «orador» se retira, no -sin protestar. Al pasar por mi lado le oigo decir: «¡Qué van a ser -republicanos éstos!» La gente vocifera y la tempestad vuelve a estallar -en el circo. Por fin se logra la tranquilidad, y el _meeting_ sigue: se -aprueban las conclusiones formuladas por la Comisión iniciadora y se -nombra una Comisión ejecutiva encargada de realizar los acuerdos. - -Persona informada me da los datos siguientes: El local en que solían -celebrarse las grandes reuniones políticas de los partidos era el circo -del Príncipe Alfonso, que estaba situado en el paseo de Recoletos, -frente al Palacio de la Biblioteca y Museos. Aquel circo, al que -se le llamaba Circo de Rivas por el nombre de su propietario, fué -demolido hace algunos meses. Allí se celebró una reunión memorable en -los últimos meses de 1868, en la cual se fundó el Partido Republicano -español. Acababa el Gobierno revolucionario de Serrano y de Prim de -lanzar al país un manifiesto en favor de las instituciones monárquicas -(redactado por Núñez de Arce, a quien el Gobierno encargó de aquel -trabajo) y entonces los republicanos contestaron a aquel manifiesto -convocando al Circo de Rivas a todos sus correligionarios de Madrid. -Presidió la reunión el decano de la democracia española don José -María Orense, y hablaron en ella Castelar, Pi y Margall, Figueroa, -Salmerón y otros grandes oradores. Acordóse lanzar al país un -manifiesto declarando que quedaba fundado desde aquel día el Partido -Republicano. Todos los arriba citados--menos Salmerón--y una multitud -de republicanos no tan conocidos, firmaron aquel manifiesto, que fué el -principio de la propaganda republicana en España. A la reunión, donde -el entusiasmo fué numeroso, acudieron 4.000 personas. Todas las que -allí cabían. Desde entonces hubo en dicho circo numerosas reuniones -políticas. Una de las últimas que se celebraron, pocos años antes de -la demolición, fué cuando los republicanos de Madrid emplazaron a los -diputados y a los concejales del partido para que diesen al pueblo -explicaciones acerca de la conducta que seguían en el Congreso y en el -Ayuntamiento, calificada de apática y tibia. Aquella reunión fué un -continuo tumulto; el público insultó y maltrató despiadadamente a los -diputados y a los concejales, y hasta volaron algunas sillas lanzadas -contra los oradores. Estos abandonaron el local, y se suspendió la -reunión entre silbidos. El 11 de febrero de 1897, habiéndose hecho la -unión entre las fracciones que acaudillaban Salmerón, Muro, Ezquerdo, y -los disidentes del partido de Pi y Margall,--Menéndez Pallarés y Vallés -y Ribot--convocaron, todos estos reunidos, a un _meeting_ en el Circo -de Colón, local mucho más espacioso que el Circo de Rivas. Tratábase -de hacer una gran ostentación de fuerzas populares republicanas con -motivo del aniversario de la proclamación de la República del 1873, y -como todas las parcialidades republicanas--menos la federal pactista -de Pi--estaban unidas, esperábase que el Circo de Colón, en cuya -sala caben 6.000 personas, se llenase. La concurrencia de público -fué muy grande, pero el Circo de Colón no se llenó. Asistirían unos -5.000 republicanos. Nunca hasta entonces se había visto a tantos -republicanos juntos en el local cerrado. La reunión fué en extremo -tumultuosa. El público silbó terriblemente a Salmerón y a Ezquerdo. Los -discursos fueron sin cesar interrumpidos por las protestas y los gritos -hostiles del auditorio. Salmerón se encaró con el público y empezó a -insultarle; la lucha entre el público y Salmerón se prolongó más de -media hora, y, después de aquella reunión agitadísima, no habían vuelto -los republicanos de Madrid a celebrar ninguna reunión pública. Los -prohombres republicanos, a pesar de las circunstancias por que España -ha pasado desde entonces, esquivaban presentarse ante el pueblo. Al -_meeting_ de «fraternidad republicana» del 29 de septiembre último, -celebrado en el Circo de Colón, han acudido 8.000 personas. Como ya he -dicho, el circo estaba completamente lleno, comprendida la pista, y en -la calle se quedaron cerca de 3.000 personas que no consiguieron entrar -en el local. - -De modo que ésta ha sido la reunión republicana más numerosa que ha -habido en Madrid. - - [Ilustración] - - - - - UN PASEO CON NÚÑEZ DE ARCE - - [Ilustración] - - - 13 de octubre. - -COMIENZA en la Carrera de San Jerónimo el ir y venir de las gentes a -la hora del paseo de la tarde. La Carrera de San Jerónimo es la calle -de Florida de Madrid. Mucha vitrina elegante, mucho carruaje que va y -viene; y por la noche mucha luz y alegría de ciudad moderna. - -En la librería de Fe, poco antes del crepúsculo, encontré hace algunos -días al poeta Núñez de Arce con su amigo Vicente Colorado, también -poeta. Hacía algún tiempo que no veía al maestro, y le hallé, aunque -quejoso de su salud, bastante mejor que como le viera la reciente vez. -Tras hablar unas cuantas cosas del obligado asunto América, se le -ocurrió: «¿Si diéramos un paseo?» Acepté con gusto, y salimos los tres -hacia el Prado. - -Despacio, pues don Gaspar no puede fatigarse. El tiempo estaba fresco, -el aire era grato; el cielo lucía afable; pero el poeta desde que -comenzó a conversar con nosotros, parecía verlo todo gris. Como yo le -preguntase si tenía algún trabajo en obra, si escribía algo. - ---No, nada, me contestó, fuera de las cartas que escribo a un diario de -Buenos Aires. - -Y con un aire de vago desencanto: - ---Ah, amigo Darío, mi tiempo ha pasado. Soy ya viejo, y las musas, como -hermosas hembras que son, no gustan de los viejos. El campo es ahora -de quien se llama... - ---Maestro--le interrumpí--, eso quien menos lo puede decir es usted. El -amor y el gozo de la vida tienen a Anacreonte y Hugo... - ---Lo que de Hugo vale verdaderamente fué escrito en su juventud. - -No quise contradecirle. - -Pero el hábil Colorado, cuyo ingenio es mucho, apoyado en su antiguo -cariño y en su amistad íntima, le increpó con amable irrespeto. «Es que -usted se está poniendo insoportable de pesimismo». Y le manifestó que -era cosa de los años, que en la juventud todo lo vemos lleno de una -luz de rosa. (Lo cual no es cierto en nuestro tiempo; decía yo en mi -interior.) - -Núñez de Arce prosiguió entonces en un largo parlar todo ornado de -bellas frases de decepción. No creo ni en la misma vida. ¿Acaso sabemos -algo de lo que hay tras el impenetrable velo de la eterna Isis? ¡La -Ciencia! Pues la Ciencia no ha conquistado sino un pequeñísimo reino, -el reino de lo experimental. La _débâcle_ a que se ha hecho tanto ruido -no hace mucho tiempo, no puede ser más cierta. ¿El arte? Campo para -las ilusiones; total, nada, puesto que las ilusiones no son más que -humo vago que deshace el menor viento de la vida. El fracaso impera en -todo. La sociedad, después de tantos siglos, no ha logrado aún resolver -el problema de su misma organización. Véanse las rojas flores que -brotan en tal terreno: se llaman socialismo, anarquismo, nihilismo. -¡La nacionalidad española! un sueño. Al primer cañonazo que se oiga en -la Península, ya verán cómo se deshace la nacionalidad española. Yo -volví a tocar el tema del arte y de la literatura. «Ah, el arte, la -literatura: todo está en plena decadencia. Francia es el más patente -ejemplo. Los ideales se levantan, se ven como bellos mirajes y luego -no se logran nunca. Es el inmenso camino cuyo fin no se encuentra -ni se encontrará jamás, a pesar del vuelo continuo de las humanas -aspiraciones». Y así seguía, con su voz pectoral, un tanto apagada, -y en sus ojos vivaces había una chispa fugitiva y en sus labios se -marcaba una sonrisa que podía decir resignación y convencimiento. - -Entretanto yo me decía--siempre para mí sobre todo--: Gaspar Núñez de -Arce, - - ...DON _of course - A true Hidalgo, free from every stain - Of Moor or Hebrew blood, he traced his source - Through the most Gothic gentleman of Spain_... - -Don Gaspar Núñez de Arce, sin duda alguna el primer poeta de la España -de hoy, parecería por sus negros mirares y sus desconsoladores decires, -un espirite extranjero, un alma septentrional, rara bajo su cielo de -alegría, si no se supiese que en el fondo del alma española crece -siempre una oscura rosa. Puede tener un rocío de creencia o no tenerlo. -Este fuerte poeta es un Carlos V sin fe que se encierra en su Escorial -interior y celebra los funerales de su propia poesía, de sus propios -ensueños, de su propia gloria. Y no es nuevo en él este modo de pensar -y de ver los cuatro puntos cardinales de la existencia. Allá, ya lejos -en el siglo, se oyen aún sus _Gritos del combate_, y ya había resonado -en sus oídos el fracaso producido por la risa de Voltaire, a quien -en nombre de sus sueños agonizantes o muertos maldecía en el último -endecasílabo de un soneto célebre; decía a los poetas que colgaran, en -un desconsuelo bíblico, sus harpas, de los llorosos sauces. Gracias -a que la férrea contextura de su estro daba animación para la lucha, -no se caía en el anonadamiento voluntario. Por esos tiempos, o poco -después, miraba con cruel desdén al pobre Becquer, que vivía de pan -de amor y vino de sueño. Sonreía el caballero vestido de su pesada -armadura, de los que él llamaba «suspirillos germánicos»: le disgustaba -el poco de azul que fué a traer en su ramillete de _vergissmeinnichts_ -de Alemania, para suavizar el escarlata de sus claveles, el artista -triste de las _Rimas_, que después de todo, era esta cosa formidable: -un corazón. - -En el Prado reían los niños: la tarde desfallecía risueña; en el -poniente se fundía una montaña de oro de sol. Don Gaspar proseguía en -sus doctrinas. La muerte es lo único que nos interesa verdaderamente, -pues da la clave del enigma, Isis aparece entonces sin velo. El -hombre no mata nada: todo _se muere_. El hombre cree inventar algo: -todo está ya inventado; todo ha sido. De pronto, en un yacimiento de -tiempo, descúbrese alguna cosa; eso es todo. Pero nada de lo que se -cree nuevo es nuevo. La palabra de la Escritura dice una inconmovible -verdad cuando dice: _Nihil novi sub sole_. El hombre vive en la lucha -perpetua con la vida y consigo mismo porque, pasada la divina estación -de la juventud, quiere ver, quiere saber, quiere conseguir la posesión -de un fantasma, descubrir lo imposible, y la realidad le hiere y le -desconsuela. El hombre sólo es feliz en el instante de su primavera. - -Miré en los ojos a don Gaspar, y canté en mi memoria el recuerdo: - - ¡Oh recuerdos, encantos y alegrías - De los pasados días! - ¡Oh gratos sueños de color de rosa! - ¡Oh dorada ilusión de alas abiertas - Que a la vida despiertas - En nuestra breve primavera hermosa! - ---Yo, ya estoy viejo, repito, y creo ver en lo que dije la verdad; o -lo que me parece la verdad, porque, ciertamente, ella no ha mostrado -su faz nunca; su desnudez no ha sido profanada por nadie. Crea usted, -me dijo, que la juventud es lo único que vale la pena, y esto por su -jardín de ilusiones; esto es, _por lo que existe_. - -Yo volví a clamar dentro de mi: «¡Oh poeta, oh querido amigo y -maestro! no haces obra de bien predicando el desencanto, tú que sabes -la perenne renovación de las cosas, el placer del vivir, con todo y -la persecución del dolor; no debes, porque hayas pasado ya mucho más -del medio del camino de la vida, quedarte en tu primera etapa, y no -mostrar a la juventud sedienta de ideal nada más que el infierno; tú -bien debes saber que en la tercera está situada la gloria incomparable -del Paraíso, así haya que pasar para penetrar en sus dominios bajo -el arco de la Ilusión. La misión del poeta es cultivar la esperanza, -ascender a la verdad por el ensueño y defender la nobleza y frescura -de la pasajera existencia terrenal, así sea amparándose en el palacio -de la divina mentira. Te ha tocado un difícil momento en la historia -de tu patria; momento de vacilaciones y de derrumbes, de dudas y de -miserias; pero tú no colgaste el harpa del «lloroso sauce». Antes bien, -elevaste por tu sonora y acerada poesía las almas, reavivaste el amor -a lo bello; de la duda hiciste hermosas esculturas de palabras en que -vió la joven generación cómo se esculpía el castellano en potentes -estrofas; con el _Idilio_ tomaste a la inagotable viña de amor, cuyo -jugo dará sangre a la poesía y al arte por los siglos de los siglos. -No, no intentes destruir una sola ilusión. En verdad te digo que -retoñará en mil partes. La obligación de la vejez sabia, es decir a los -que vienen coronados de flores, en su estación de encantos, en palabras -de luz, lo que dice la Boca de Sombra. Hay un caballero cantado en tus -poemas, que podía servirte de admirable ejemplo. Es aquel maravilloso -Raimundo, amoroso de amor, padre de enigmas, profesor de ilusiones, -capitán de ensueños, aquel Raimundo que encontró oculto el símbolo -del dolor eterno entre los pechos de la mujer amada e imposible. Pues -bien, Raimundo Lulio no se fué por el camino de la desesperanza, sino -que, como entró en el templo, montado en su caballo, ascendió a las -estrellas, cabalgante en su pegaso, en seguimiento siempre del ideal. -Aquel inmenso poeta, aquel príncipe del símbolo, aquel sabio, te señala -una buena pauta que seguir. No pasa el tiempo para los poetas que -tienen el alma firme y libre; para los que no reconocen fronteras, -preocupaciones, limitaciones: las musas son como dices, muchachas -fragantes y frescas, pero no tienen inconveniente en ir a dormir con -Booz, o acostarse en el lecho del viejo David.» - -Y no sé en qué libro antiguo he leído que Abisag, después de sus -nupcias con el anciano rey del harpa, quedó en cinta y dió a luz una -estrella. - - [Ilustración] - - - - - TENORIO Y HAMLET - - [Ilustración] - - - 10 de noviembre 1899. - -CADA comienzo de noviembre, al empezar a asarse las castañas y a -inflarse los buñuelos, es sabido que Don Juan Tenorio hace su visita a -Madrid. Este año ha estado también el taciturno príncipe de Dinamarca. -Hamlet, encarnado en Sarah, la prodigiosa comedianta que ha logrado -cristalizar la más inconmovible juventud. Don Juan se ha visto en casi -todos los teatros y han sido largo asunto de discusión las innovaciones -de un cómico que ha querido presentar un Tenorio como cortado por molde -de comedia francesa a la moderna, un Tenorio a quien se ha amputado el -apéndice que Cyrano llevara hasta delante del Eterno Padre, y Don Juan -también, un apéndice que constituye en esos caballeros parte vital y -precisa: ¡el _penacho_! - -Pues el actor de la Comedia, Thuiller, ha creído oportuna la -variación, y dió un Don Juan despenachado. Dijo a la sordina la décima -zorrillesca; quiso imponer lo natural en punto en que la naturalidad -huelga; el hombre que convida a comer a los difuntos ha hablado como -un tipo de Dumas hijo o de Lavedan; Doña Inés del alma mía ha tenido -que corresponder en igual tono a las declaraciones de su caballero; -esto ha sido un _flirt_ en vez de la tradicional tempestuosa pasión -manifestada; la famosa cavatina ha sido una _causerie_; el público se -ha mostrado sorprendido, le han cambiado a su Don Juan; la crítica -censuró al actor, pero los empresarios demostraron que los críticos -aplaudieron en la temporada pasada lo que hoy han señalado como -defectuoso. Lo cierto es que el señor Thuiller ha errado. El Tenorio -tipo de leyenda no cabe en la pauta de conservatorio reformista -que ha querido imponerle. Don Juan, el idealizado por los poetas y -cuyo contacto según Musset engrandece, no tiene nada que ver con el -personaje histórico de quien Sevilla posee un retrato--el señor de -Mañara--por otra parte, muy feo, y al cual seguramente el actor no -querría copiar. El nuestro, el de todo el mundo, es un antiguo amigo, -_our ancient friend Don Juan_, que dice el sublime y donjuanesco -lord. Para darle vida, no es preciso que el actor se desgañite y -gesticule como un loco, cual lo hemos visto en los infinitos Tenorios -que nos ha dado la declamación española, pues desgraciadamente no hay -cómico de la legua que no quiera entenderse con su correspondiente -convidado de piedra. Mas algunos grandes actores ha habido que en -España han penetrado en el carácter de Don Juan, sin menoscabarle ni -hipertrofiarle. Calvo fué uno bueno, para no citar anteriores, y Vico, -y aun otro actor de poco renombre pero de reconocido talento, Pedro -Delgado, que este año ha hecho el Tenorio en... en el pueblo de Écija. - -No se puede hablar de _Don Juan_ sin recordar al pobre Zorrilla, que -decía con justa amargura, poco antes de morir: «mi _Don Juan_ produce -un puñado de miles de duros anuales a sus editores, y mantengo con él -en la primera quincena de noviembre, a todas las compañías de verso -de España». Él ha contado de admirable manera el génesis de su drama, -que por cierto no fué recibido por el público con el triunfo que más -tarde consiguiera. Fué en el año de 1844, en febrero. El actor Latorre -necesitaba una obra flamante para su _rentrée_ en la villa y corte. -Zorrilla era quien debía entregar la obra. Había él refundido en ese -tiempo _Las Travesuras de Pantoja_; y registrando las comedias de -Moreto, tuvo la idea de la pieza; y con el _Burlador_ y la refundición -de Solís, manifestó a Latorre que se comprometía a entregarle un _Don -Juan_ en el término de veinte días. - -No conocía Zorrilla, según propia confesión, ni _Le Festin de Pierre_, -de Molière, ni el libreto de Da Ponte, ni lo que había ya hecho en -Europa con más o menos igual argumento. «Sin darme, dice, cuenta del -arrojo a que me iba a lanzar, ni de la empresa que iba a acometer; -sin conocimiento alguno del mundo ni del corazón humano; sin estudios -sociales ni literarios para tratar tan vasto como peregrino argumento; -fiado sólo en mi intuición de poeta y en mi facultad de versificar, -empecé mi _Don Juan_, en una noche de insomnio, por la escena de los -ovillejos del segundo acto, entre Don Juan y la criada de Doña Inés -de Pantoja». Los ovillejos los compuso a oscuras, y sin escribirlos; -a pura memoria los retuvo. Del plan de la obra apenas si tenía hilos -tendidos. Su plan era «conservar la mujer burlada de Moreto y hacer -novicia a la hija del comendador, a quien mi Don Juan debía sacar del -convento, para que hubiese escalamiento, profanación, sacrilegio y -todas las demás puntadas de semejante zurcido». Comenzó a escribir, -pues, sin saber por donde iba. La musa le supo guiar. Puso a Don -Juan en su piel; y Ciutti, es el nombre de un criado italiano que -había tenido Zorrilla, en el café del Turco de Sevilla; el hostelero -Butarelli, uno que vivía en la calle del Carmen el año 1342, y de quien -fué huésped el poeta. De Ciutti, el de carne y hueso, ved el retrato -que traza en cuatro rasgos: «Ciutti era un pillete muy listo, que -todo se lo encontraba hecho, a quien nunca se encontraba en su sitio, -al primer llamamiento, y a quien otro camarero iba inmediatamente a -buscar fuera del café, a una de dos casas de la vecindad, en las cuales -se vendía vino más o menos adulterado, y en otra, carne más o menos -fresca. Ciutti, a quien hizo célebre mi drama, logró fortuna, según me -han dicho, y se volvió a Italia». - -He hablado alguna vez de los postreros años de Zorrilla, cuando, en -una existencia de enfermedad y pobreza, llevaba en su vejez todavía un -rayo de sus antiguos fuegos; y veía ganar dinero, mucho dinero, con -sus viejas obras, a editores a quienes en otro tiempo las vendiera en -lamentables condiciones. Entonces fué cuando Castelar sostuvo en las -Cortes la necesidad de pensionar al lírico, y la pensión fué negada a -quien era propietario del cielo azul, «en donde no hay nada que comer». - - * * * * * - -Hemos visto en Madrid el discutido Hamlet de París. Sarah-Hamlet. -Discusión hubo sobre si Hamlet fué rechoncho o delgado, alto o bajo; -en lo que no puede haber es sobre lo bello de la soberana creación que -realiza la gran francesa. Como lo ha acostumbrado Sarah, la compañía -que ha traído ha sido mediocre; de modo que toda la atención se ha -concentrado en la «princesa del gesto y reina de la actitud». Sorprende -desde luego el poder de la trágica al cambiar casi por completo su -conocida voz de oro, por una voz de hierro, o mejor, de acero. En la -masculinización de su papel el prodigio se impone. Desde que aparece el -príncipe _au pourpoint noir_, el hechizo está realizado. Apenas si uno -tiene tiempo de protestar por los cortes y aun descuartizamientos que -se han perpetrado en la obra, como el suprimir, entre otras cosas, la -escena de Hamlet ante el rey que ora, o el diálogo de los sepultureros. -Pero en las partes básicas de la tragedia, el encanto aportado por -Sarah vale por una de las más inmensas sensaciones de arte que puedan -experimentarse. - -Hay, entre muchas, una escena en el primer acto en que el dominio es -absoluto, y en la frase final el auditorio siente un gran sacudimiento: - - _But break, my heart; for I must hold my tongue_, - -que Sarah hace vibrar en su francés: «_Mais éclate, mon cœur, car il -faut rester bouche close!_» - -La interpretación de Sarah es de esas acciones artísticas que pueden -apasionar hasta la violencia. Me explico la estocada de Vanor a Mendés. - -Aquí Sarah se ha impuesto, a pesar de que no es muy común el dominio -de la lengua francesa en el público. Cierto es que el público de Sarah -Bernhardt ha sido de lo más aristocrático de que se compone el «todo -Madrid». - -Quienes han admirado a sir Irving, quienes conocen el «juego» de -Monet-Sully, quienes recuerdan a los potentes trágicos italianos -de este siglo, hasta Novelli, con su _Hamlet_ gesticulador, están -de acuerdo en que no ha habido palacio de carne humana en que se -hospede como en propio habitáculo el espíritu del soñador pensativo -de Elseneur, como la carne nerviosa y eléctrica de Sarah Bernhardt; -ella es el príncipe delicado, pero fuerte de nervios, que le hacen ser -buen esgrimista; lejos de la fuerza musculosa, pues él mismo exclama -en una escena, hablando de su tío incestuoso: «_But no more than my -father,--Than I to Hercules..._» - - [Ilustración] - - - - - UNA EMBAJADA - - [Ilustración] - - -LA embajada extraordinaria alemana presidida por el príncipe Albrecht -ha sido en estos días nota de actualidad. Él es un buen gigante teutón, -digno representante de su tierra militar y férrea. Le ha traído el -Águila Negra al adolescente rey Don Alfonso XIII, que en la ceremonia -palatina ha dicho un muy bonito discurso en francés. No ha habido -revistas militares, por disposición de gran cordura. Pero los príncipes -extranjeros han visto mucho de la España grande e indestructible: -han visto la sala de Velázquez en el Prado, han tenido otras varias -impresiones que les han podido dar a entender que por más que la obra -de los malos gobiernos traiga ruina y desastre a la patria española, -queda un rico fondo de fecundidad y de vida de donde brote una España -dueña de su porvenir. - -Han podido admirar también la otra noche, en el Teatro Real, la -soberbia mina de hermosura que se encierra en este pueblo lleno de -bizarrías y hechizos. La aristocracia mostraba joyas de juventud y de -belleza de que pocos países pueden enorgullecerse. - -Ya es el tipo de grandes ojos negros y cabelleras de una riqueza -incomparable que pesan sobre los cuellos armoniosos como la carga -capilar que agobia a una _d'annunziana_ virgen de las rocas; ya el -tipo semiarábigo, que denuncia la andaluza procedencia; o la mujer -maciza del Norte que en su opulencia guarda el orgullo gentilicio de -una raza generosa. Y mientras la Darclée hacía su Manón bravamente, yo -veía al coloso alemán recorrer con sus gemelos el jardín de los palcos. -Allí tenía la fragante flora humana del país solar que ha vivido en un -ambiente de heroísmo caballeresco bajo un cielo de poesía; allí las -descendientes de los más preclaros nombres de la nobleza española, -mantenedoras de la gracia que pintaron tantos pinceles ilustres y que -cantaron tantos luminosos poetas. - -Y algo de don Alonso Quijano _el Bueno_ decía a mi alma: «Deja que la -bala _dum-dum_ se ensaye en el boer, y que el fin del siglo XIX sea de -sangre y matanzas razonadas o sin razón. Alguien ha dicho que Krupp -es Hegel y que Chamberlain es Darwin. No hay que desesperar. Estos -descorazonamientos científicos pueden ser sucedidos por razonables y -necesarios vínculos líricos. Nunca es malo Don Quijote. Y Guillermo II -hace versos y pinta cuadros y escribe óperas e himnos. España no debe -pensar ahora en guerras y cosas que le han enseñado lo vario de la -suerte y lo frágil de la grandeza. Y cuando el César germánico envía un -águila negra, se le debería corresponder con una paloma blanca.» - - [Ilustración] - - - - - UNA NOVELA DE GALDÓS - - [Ilustración] - - - 26 de octubre de 1899. - -OTRO nuevo «episodio nacional» estalla en los escaparates de librería, -con sus colores amarillo y rojo en la cubierta, formando bandera -española. Y bajo el título, y el 7.000 que se refiere a los ejemplares, -la esfinge sentada sobre el globo nos anuncia que aparece un libro más -en que se tiene por divisa Arte, Naturaleza y Verdad. Ya os he dicho -del ordenado fabricar del maestro novelador. No censuro--sino todo lo -contrario--el método y la exactitud en el término de la producción. Eso -indica que la voluntad priva sobre el talento, lo cual es razón que -honra al carácter humano. Lo que lamento es que se transparente, hasta -casi llegar al público, un plan industrial con mengua de propósitos -mentales. Quién encuentra una familia como la Rougon Macquart, quién -la Historia de España. El Sr. Galdós pudo comenzar en los tiempos de -Vamba y concluir en los de Sagasta. Habríase llenado una biblioteca -y desbordado el capital de la casa editora. Pero el potente autor de -_Gloria_, de _León Roch_, de la primera serie de los _Episodios_, no -tiene el derecho de descender en calidad por ascender en cantidad. -Yo respeto y saludo ese admirable y sereno talento que ha producido -innegables obras maestras; pero ese mismo respeto es el que me -hace contristarme ante una fecundidad inquietante, porque la obra -precipitada de ahora no resiste comparación con la madura de antaño. -Claro está que un libro de Pérez Galdós no podrá nunca ocultar el -lustre original; no será un libro malo jamás, ni un libro mediocre, -que es peor. Pero se advierte que falta la gestación indispensable -en partos de esta índole--gestación casi siempre elefantina--. Sale -el libro flojamente vertebrado, un si es no es anémico, con marcada -tendencia al raquitismo; aunque se observan--como en los ojos del -niño--reflejos y chispazos del alma paternal. Son libros faltos de -tiempo. _La Estafeta romántica_ está escrita de julio a agosto de -este año, en que van publicándose ya cuatro episodios. Cabalmente -acabo de salir de la inmensa floresta de _Fécondité_, y al dejarla he -visto el tiempo que Zola ha empleado en ella. Cerca de un año. Es el -lapso más corto para realizar una labor de conciencia, sin llegar a -la religiosidad flaubertiana. Zola, con todo y su simétrica tarea de -gran obrero, sabe que tiene que elevarse a sus Cuatro Evangelios con -la mayor energía y el aliento de su idea, y que no es sino con ímpetu -aquilino y ansias de grandeza moral como podrá escudriñar a su manera -las que llama San Agustín «montañas del Señor», para bien de su patria -la Francia. Bien podría el señor Galdós dar a España un libro cada -año, en el cual libro pusiese la esencia saludable de su pensamiento -y ayudase a la obra social y al resurgimiento de la nación española. -De estos volúmenes se ocupa escasamente y mal la crítica de casa; y -la extranjera, por respeto al nombre del autor, suele hacer una que -otra _compte rendu_, aunque sea como la de M. Vicent, del _Mercure de -France_, que ha hojeado seguramente el libro, y ha sacado en claro, -traducida una novedad del título de _La campaña del maestrazgo_. Su -precario español le haga confundir campaña con campana, y traduce: _La -cloche du Maestrazgo_. - -Es el caso de decir que ha oído campanas y no sabe dónde. - -No veo que en la Prensa de Madrid se le haya hecho la menor -observación al ilustre novelista, respecto a ese producir absolutamente -mecánico. No hay duda que causa el silencio, la consideración a -sus altos méritos y a su celebridad. Él propio debía notar que si -antes el aparecimiento de un libro suyo era lo que llama el clisé un -acontecimiento literario, hoy apenas conmueve la atención y suscita uno -o dos artículos de complacencia y las rituales gacetillas. Es natural -que nunca su producción será colocada entre la copia innumerable y -repetida de los multíparos conejos de las letras. - -Veamos la _Estafeta romántica_. - - * * * * * - -En estos libros, donde dice _Benito Pérez Galdós_, no se pone el -aditamento: _De la Real Academia Española_. Debía hacerse, pues pocos -escritores contemporáneos contribuyen más a sostener dignamente la -amojamada castidad del idioma. - -Con ser heterodoxa la médula, lo exterior va siempre en una lengua -conservadora y depurada y cuya espontaneidad non infiere el menor -agravio a su legítimo y castizo abolengo. Esta novela de que trato -está compuesta de una serie de cartas, y de ahí que sea _Estafeta_. -Romántica es por la época en que el argumento se desarrolla. Y el ser -la novela en cartas, quizás, no sea ajeno al título, pues el género en -dicha época tuvo su boga. Consta la obra de cuarenta cartas en que se -desarrolla una intriga amorosa, se trata de la política del tiempo y de -literatura. El autor no ha descuidado la documentación; se ve que se ha -tomado el trabajo de informarse en las mejores fuentes; y pone ante el -lector, viviente y palpitante, esa curiosa vida de comienzos de siglo. - -Algo de lo más interesante es el episodio de la muerte de Larra, -narrada y comentada en el curso de estas epístolas. - -Figura en la estafeta una carta simulada de don Miguel de los Santos -Álvarez, el amigo íntimo de Espronceda y de _Fígaro_. No hay duda -de que el señor Galdós trató a Álvarez y de sus labios obtuvo muy -interesantes informes. Yo tuve oportunidad de conocer a dicho personaje -en casa de don Juan Valera, y no dejé pasar la ocasión de despertar -en más de un punto sus recuerdos, especialmente en lo referente a la -amistad estrecha que le unía con el poeta del _Diablo Mundo_. Álvarez, -ya muy viejo y bastante sordo, no había perdido sus facultades de -delicioso parlante. - -El general Mansilla ha publicado en sus interesantes _causeries_ algo -sobre la vida de aquel original ingenio en Buenos Aires. Es sabido que, -creo que en tiempo de Rozas, fué al Río de la Plata, enviado por el -Gobierno español. Él se complacía en rememorar aquella época de su vida -y guardaba muy buenas impresiones de sus noches y días americanos. Digo -noches, porque don Miguel de los Santos fué incorregible noctámbulo -durante toda su larga existencia. A los setenta y tantos inviernos, y -hasta muy poco antes de su muerte, era de los últimos en abandonar a la -madrugada el tresillo del Casino. «Vea usted, me decía, dicen que el -trasnochar es malo. Tengo de hacerlo tantos años y me va perfectamente.» - -La carta fingida de Álvarez al tipo principal de la novela, Fernando -Calpena, está escrita de manera que bien podía considerarse como no -apócrifa. Es alabar demasiado la inteligencia del Pilar creerla capaz -de una imitación palpablemente difícil. Y Galdós, en esta carta, como -en muchas de las del libro, demuestra que posee una flexibilidad de -pensamiento que no siempre es un don de los fuertes. Todavía no se ha -escrito la vida íntima de la época en que pasan estos sucesos de la -Estafeta, y no se conocen detalladamente, pongo por caso, las causas -que condujeron a Larra a suicidarse. El romanticismo tuvo, sin duda -alguna, gran parte en el arrebato de aquel brillante espíritu. Era -el tiempo en que el romanticismo estaba más en el ambiente que en la -literatura, y en que, en París, como cuenta el doctor Verón en sus -memorias, un serio y conservador hombre de letras, después de atacar -y negar la revolución romántica con la pluma, se fué a echar al Sena, -por causa de un amor imposible. Larra, según dicen, se mató también -por amor. Su querida, una dama casada, cortó la intimidad obligada por -la severidad de su confesor. El poeta no pudo lograr que se reanudasen -las relaciones y, enamorado de veras como estaba, se precipitó en -la muerte. No puedo dejar de haceros conocer el párrafo de la carta -de Álvarez a Calpena, en que trata del desgraciado acontecimiento, -y que, como digo, debe estar basado en algunas conversaciones entre -Galdós y don Miguel: «Supe yo la muerte de Larra al día siguiente del -suceso, o sea el 14 de febrero. Fuí a verle con otros amigos a la -bóveda de Santiago, donde habían puesto el cadáver, allí me encontré -a Ventura y a Roca de Togores, tan afligidos como yo y Hartzenbusch, -que me acompañaba. ¿Y por qué?... decíamos todos, que es lo que se -dice en estos casos.--¿Cuál ha sido el móvil?... Quién hablaba de un -arrebato de locura; quién atribuía tal muerte al estallido final de -un carácter, verdadera bomba cargada de amargura explosiva. Tenía que -suceder, tenía que venir a parar en aquella siniestra caída al abismo. -¿Y ella? Si alguien la culpaba en momentos de duelo y emoción, no había -razón para ello. No era ya culpable. Por querer huir del pecado, había -surgido la espantosa tragedia. En fin, querido Fernando, suspiramos -fuerte y salimos después de bien mirado y remirado el rostro frío del -gran _Fígaro_, de color y pasta de cera, no de la más blanca; la boca -ligeramente entreabierta, el cabello en desorden; junto a la derecha, -el agujero de entrada de la bala mortífera. Era una lástima ver aquel -ingenio prodigioso caído para siempre, reposando ya en la actitud de -las cosas inertes. ¡Veintiocho años, una gloria inmensa alcanzada -en corto tiempo con admirables, no igualados escritos, rebosando -hermosa ironía, de picante gracejo, divina burla de las humanas -ridiculeces!... No podía vivir, no. Demasiado había vivido; moría de -viejo, a los veintiocho años, caduco ya de la voluntad, decrépito, -agotado. Eso pensaba yo, y salí, como te digo, suspirando y me fuí a -ver a Pepe Espronceda, que estaba en cama con reuma articular que le -tenía en un grito. ¡Pobre Pepe! Entré en su alcoba y le hallé casi -desvanecido en la butaca, acompañado de Villalta y Enrique Gil, que -acababan de darle la noticia. El estado de ánimo del gran poeta no -era el más a propósito para emociones muy vivas, pues a más de la -dolencia que le postraba, había sufrido el cruel desengaño que acibaró -lo restante de su vida. Ignoro si sabes que Teresa le abandonó hace -dos meses. Sí, hombre, y... En fin, que esto no hace al caso. Gran -fortuna ha sido para las letras patrias que Pepe no haya incurrido -en la desesperación y demencia del pobre Larra. Gracias a Dios, -Espronceda sanará de su reuma y de su pasión y veremos concluído el -_Diablo Mundo_, que es el primer poema del _ídem_... Sentéme a su -lado y hablamos del pobre muerto. En un arranque de suprema tristeza, -vi llorar a Espronceda; luego se rehizo trayando a su memoria, y a -la de los tres allí presentes, los donaires amargos del _Pobrecito -hablador_, el romanticismo caballeresco del _Doncel_, y el conceptismo -lúgubre de _El Día de Difuntos_. También hablaron de ella, y tal y -qué sé yo, diciendo cosas que no reproduzco por creerlas impropias de -la gravedad de la historia. Villalta y Enrique Gil se fueron, porque -tenían que dar infinitos pasos para organizar el entierro de _Fígaro_ -con el «mayor lucimiento posible», y me quedé solo con el poeta, -el cual, de improviso, dió un fuerte golpe en el brazo del sillón -diciendo: «¡Qué demonio! Ha hecho bien». Yo rebatí esta insana idea -como pude, y para distraerle, recité versos, de los cuales ningún caso -hacía. A media tarde entró de nuevo Villalta con Ferrer del Río y -Pepe Díaz. Espronceda sintió frío y se metió en la cama. Yo, caviloso -y cejijunto, hacía mis cálculos para ver de dónde sacaría la ropa de -luto que necesitaba para el entierro...» Luego narra lo acontecido -en el entierro, con la nota saliente del aparecimiento de Zorrilla, -«de la estatura de Hartzenbusch, y con menos carnes; todo espíritu y -melenas; un chico que se trae un universo de poesía en la cabeza»; el -triunfo del poeta en un tiempo en que los banqueros y los ministros -se entusiasmaban con los versos, y los festejos de que fué objeto. -Zorrilla no duerme esa noche; al día siguiente va a ver a Álvarez, le -toma su chocolate y le da la estupenda noticia de que le han colocado -en el _Porvenir_, Pacheco y Pastor Díaz, ¡con treinta duros de sueldo! -Toda la carta está escrita ingeniosa y vibrantemente, es un documento -de verdad; y crea el mismo Pérez Galdós que ella no es obra de Pilar -ni suya, don Miguel de los Santos Álvarez se la ha dictado desde el -otro mundo como otros espíritus lo han hecho con Hugo o Claretie... ¡El -señor Galdós ha sido espiritista sin saberlo! - -La intriga principal de la novela no interesa tanto como esos episodios -en que se resucita la vida privada de la España de aquellos días. Lo -anecdótico histórico triunfa sobre la inventiva del escritor. Hay -cartas que sobresalen, como las firmadas por la joven Gracia, la cual -pone en su escritura mucho de su nombre, aunque escasísima ortografía. -En este caso podría ella decir, con gran justicia, que la ortografía -no es lo primero, y que epitológrafa de tanto vuelo como madame de -Sevigné, no era muy católica en tales disciplinas. - -Entre otras figuras que aparecen en el desfile de personajes, está -la del célebre banquero Salamanca, pero apenas esbozada y falta de -detalles, que habrían sido muy del agrado del lector contemporáneo. -Apenas si se entrevé algo de la juventud de Zorrilla; no se nos -informa de la vida intelectual del semiargentino Ventura de la Vega. -De Espronceda habrían sido muy bien recibidos datos sobre sus amores -con la famosa Teresa del no menos famoso canto. Pudo el señor Galdós -aumentar la parte íntima de sus tipos, para lo cual no le faltarían -seguramente buenos informantes. Muchas gentes hay en España que han -vivido parte de esa época, no tan remota, y que, testigos de varios -hechos, ayudarían eficazmente a la documentación del novelista. - - * * * * * - -A propósito del suicidio de Larra. La primera vez que fuí a visitar -a Mariano de Cávia, este excelente camarada y escritor de tan rico -ingenio, me llevó a uno de los balcones de su casa, y señalándome uno -de la casa de enfrente, que forma esquina en la calle de Amnistía, me -dijo: «Cada vez que me asomo veo allí una página de gran filosofía». -Y me explicó de qué manera en aquella casa se había dado muerte uno -de los más firmes y finos talentos de la España de este siglo, el -pobre Mariano José de Larra. En lo primaveral de la juventud, en un -tiempo en que todo favorecía al encumbramiento de su personalidad, -al definitivo triunfo, a la gloria segura, aquel hombre, que había -recibido de la implacable _Eironeia_ las más temibles armas del estilo, -los más sutiles venenos del pensamiento, fué una víctima de ella misma. -La aventura pasional se cristalizó en un diamante de sangre, y aquel -amargo dueño de la sátira murió por desdenes de amor, muerte de buen -romántico. - -No querráis nunca ver el reverso de la sonrisa. - - [Ilustración] - - - - - LA ENSEÑANZA - - [Ilustración] - - - 8 de septiembre. - -REFIÉRENME que cuando hace poco tiempo estuvo vacante la plaza de -verdugo, hubo entre los que la solicitaron abogados y médicos. Un amigo -mío terrateniente, me asegura haber empleado como guarda forestal a -un abogado. Esto no es una rareza. En los países menos civilizados, -como en los más florecientes, ya se conoce lo que es el proletariado -intelectual. En el país de mi nacimiento hay quien puede decir más de -una vez: «¡licenciado, lústrame las botas!», y en Buenos Aires, cuando -fuí secretario del director general de Correos y Telégrafos, recuerdo -solicitudes para puestos de escribiente u otros más modestos, en que -los recomendados podían responder al vistoso apelativo «doctor». En -toda la América latina el titulismo es endémico; pero el origen está -aquí, en la tierra clásica en que se asienta Salamanca. El mal está en -la raíz. - -La ignorancia española es inmensa. El número de analfabetos es colosal, -comparado con cualquier estadística. En ninguna parte de Europa está -más descuidada la enseñanza. - -La vocación pedagógica no existe. Los maestros, o mejor dicho, los que -profesan la primera enseñanza, son desgraciados que suelen carecer de -medios intelectuales o materiales para seguir otra carrera mejor. El -maestro de escuela español es tipo de caricatura o de sainete. Es el -eterno mamarracho hambriento y escuálido, víctima del Gobierno; pero -persona de valía y al tanto de las cosas de su tierra, me demuestra que -realmente no son por lo general dignos de mejor suerte esos maniquíes -de cartilla y palmeta. «Los niños, me dice, no aprenden siquiera a -leer en la enseñanza primaria. De gramática no hablemos, raro es el -que sabe lo más elemental y escribe con ortografía. Y no habiendo -aprendido a leer, no es posible aprender a estudiar. El maestro de -primaria, por lo general ignorante, carece de todos los conocimientos -y de la mansedumbre necesaria para cumplir su misión, pero tiene la -bastante soberbia para suponerse dueño y señor de sus párvulos en -la escuela. Como todo buen español con su poco de autoridad, quiere -que ésta resplandezca constantemente a los ojos de todos, y ¡ay del -que no la acate! Lo primero que exige es la humildad, él que no es -humilde, y la obediencia, él que con su proceder descubre la alegría -del mando. Los niños, hartos de ser traídos y llevados sin más ni más, -sueñan en que llegue su hora de mandar. Un hombre por conveniencia se -aviene bien a todo; pero el niño entiende antes la justicia que la -conveniencia, y el maestro no cuida generalmente de razonar sus actos: -es un rey absoluto. En la mala enseñanza primaria está el origen de -todos los males. El maestro, cuando pica muy alto--pican hasta los más -ruines--, no quiere que le llamen maestro sino _profesor_. Este título -incoloro lo prefieren al de maestro, porque generalmente se llaman -profesores los que dan cursos en Institutos y Universidades; bien es -verdad que también se llaman profesores los barberos y sacamuelas. El -profesor de primeras letras da sus explicaciones (aquí son oradores -todos los que hablan), que los niños no entienden, porque en vez de -facilitar la comprensión, hace discursos, esperando que sus infelices -discípulos le crean un hombre superior. También hace sus libros, y el -más imbécil tiene una gramática, una geografía, una historia o unas -matemáticas; generalmente les da por los estudios gramaticales. Todos -velan por la integridad del purismo. Gramática hay por esas escuelas -en que al niño le es absolutamente imposible aprender; el afán de -definir de un modo nuevo condúceles a los mayores disparates; y los -pobres muchachos aprenden de memoria lo que debiera ser base de su -estudio y es origen de su abotagamiento intelectual. Tampoco se cultiva -mucho la escritura; unos adoptan la española, otros la inglesa, casi -nadie enseña a escribir; total, que a los diez años de edad y cinco de -materias, pasan los párvulos de la enseñanza elemental a la segunda -enseñanza, sin haber aprendido siquiera a leer y escribir. De cada 100 -niños aprobados de ingreso en el Instituto, 90 saben apenas firmar y -no hay uno que escriba al dictado correctamente; la lectura también -pertenece para ellos _a las ciencias ocultas_; y sin saber escribir ni -leer, les meten en latines. El catedrático de Instituto, y más aún el -de colegios particulares, no está preparado para la enseñanza; cuando -más, conoce vagamente la asignatura que explica, pero no penetra en la -mente de los niños. El profesor, como el maestro, tiene la monomanía -del discurso. Todos los días hace su explicación en forma oratoria -altisonante; si no tiene un libro de texto propio, no se ajusta en todo -a ningún autor y obliga a los alumnos a tomar apuntes; así acaban los -cursos, y la mayoría de los estudiantes no se ha enterado aún de lo -que sean las asignaturas que cursaron; algunas definiciones, alguna -clasificación, algún razonamiento aislado: cuatro lecciones prendidas -con alfileres, que se olvidan luego, y el que tiene la suerte de salir -aprobado no vuelve a pensar en aquellas cosas. Así el niño que salió -de la primera enseñanza, virgen de conocimientos elementales, sale -de la segunda sin comprender las ciencias y las letras que debieron -determinar su vocación, y no emprende la carrera que le aconseja su -instinto, sino la que sus padres le imponen por considerarla más -lucrativa. Las Universidades aparecen con mejor organización; hay -en ellas algunos profesores sabios y cultos--un Posada o Unamuno -figurarían en su especialidad en cualquier Universidad del mundo--; -aunque por lo general, vicios de constitución y lo que viene desde -el origen, la falta de conocimientos elementales, no permitan a los -alumnos aprovecharse de la enseñanza superior; con todo y no ser -ésta deplorable como las otras, deja mucho que desear». Unamuno, -precisamente, ha dicho en una serie de luminosos artículos mucho y muy -interesante acerca de la enseñanza superior en España. - -Pero mucho más que las Universidades dejan que desear las Escuelas -de ingenieros y las Academias militares. Nombrándose de Real orden -los profesores, y siendo aptos para el cargo de profesor todos los -individuos del escalafón después de un cierto número de años de -servicio, resulta que en ciertas épocas y en ciertos cuerpos que tienen -su centro de enseñanza en buena población, todo el mundo quiere ir a -desempeñar cátedras, no por sus aficiones a la asignatura, sino por la -residencia. Y, en cambio, a otros hay que enviar a la fuerza a quien -explique, y claro es que no van los más aptos, sino los más desvalidos. -Conceder aptitud para desempeñar una asignatura por el mero hecho de -haberlo cursado, es una estupidez colosal; y cuando la asignatura -es cálculo diferencial, mecánica, geología, construcción, botánica, -química, sube de punto el disparate. Así en las escuelas y academias -especiales se repiten todos los errores de que viene siendo víctima el -joven desde que tuvo la mala idea de ponerse a estudiar, y esta vez -aumentados prodigiosamente. Me dicen cosas monstruosas de tales centros -de enseñanza, y si no las refiriese persona muy culta y muy conocedora, -serían increíbles. En una clase de topografía, después de trabajar -todo el año entre los alumnos y el profesor, al hacer las prácticas de -fin de curso no consiguieron cerrar un perímetro. Las clasificaciones -botánicas y mineralógicas, los experimentos químicos, no van más allá. -Muchos libros, muchas horas de clase, muchas horas de estudio; mucho -atiborrarse de teorías, leyes y teoremas; pero la ciencia, la verdadera -ciencia no aparece. - -De algo semejante se quejan en algunos países europeos, pero la falta -de conocimientos elementales no sea tal vez tan grande como en España -en nación alguna. Precisamente la cuestión del _sumernage_ preocupa en -Francia a muchos espíritus cultos que desean dar al estudio una marcha -menos violenta y no tan apartada de la vida práctica. - -Es verdaderamente lastimoso ver a los jóvenes sufriendo por ocho -años la ingestión de voluminosos tratados, rozando las más graves -teorías científicas, para venir al fin, terminada la prueba oficial, a -trabajar, los que trabajan, con el auxilio de los anuarios de bolsillo -extranjeros. Tanta ecuación, tanta integración, para sujetarse a las -fórmulas calculadas ya de resistencia, pendientes, velocidades, etc.; -tanta bambolla de experimentación para someterse a las apreciaciones, -no siempre exactas, de una cartilla de análisis. La verdad es que si -esto no fuera terrible sería bufo. - -Luego la influencia clerical en la enseñanza. La alta clase española -está convencida de que no se puede recibir una buena instrucción sino -en establecimientos religiosos. Hay multitud de colegios regentados -por Ordenes religiosas; ahí están las Universidades libres de Deusto, -manejadas por los jesuítas; el Escorial, por los padres agustinos, y -así otros centros docentes. La experiencia ha demostrado aquí y en -otras muchas partes que los internados son funestísimos. - -La institución libre de enseñanza que empezó hace tiempo con muchos -bríos, fracasó por completo. Para esa forma nueva se unieron a don -Francisco Giner muy buenas inteligencias, y no consiguieron nada; -lo cual prueba que o ellos no supieron enseñar, o el sistema no es -aplicable a esta raza; yo creo ambas cosas. - -Para ese género de enseñanza se necesita en el profesor un instinto -paternal y humano que no permiten la frivolidad y ligereza españolas: -y en el alumno una atención y voluntad que las mismas causas hacen -imposibles. - -Lo que habría que hacer en España sería formalizar la enseñanza -elemental, leer y escribir correctamente, gramática y aritmética. -Esta antigualla sería más que suficiente base para que luego cada -cual siguiese su rumbo. Probablemente ahora es cuando hay menos -cultura general en la Península, a pesar de la revolución y de los -esfuerzos de algunos cosmopolitistas. El siglo XVIII fué más culto -que este fin de siglo; y si las Universidades llegaron entonces a una -situación calamitosa, fué por falta de administración y gobierno, por -la preponderancia clerical, que ahora nuevamente amenaza con mayores -ímpetus, por falta de base, por incultura elemental, por cubrir con el -relumbrón académico la miseria de una ignorancia vasta. - -No hacen falta reformas, ni planes nuevos ni estudios novísimos. Lo -que necesita con urgencia la juventud española es que le enseñen a -_leer_, ¡que no sabe!, que se mueran de una vez todos los maestros -agonizantes, en cuyas manos se deshilacha como una vieja estofa el -espíritu nacional, y que se pongan las fabulosas «Cartillas» en manos -de hombres de conciencia, hombres que den al abecedario la importancia -de un cimiento sobre el cual ha de apoyarse el edificio de la común -cultura. - -Santiago Alba, ¡buena cabeza!, a propósito del soñado libro de -Desmolins se pregunta: ¿El régimen escolar español forma hombres? ¡Y -con la universal voz se contesta: no! Hay mucha disposición, mucho -reglamento--; ¡estamos en el reino del expediente del cual hemos sido -herederos directos!--, y en el fondo, nada. Todo en los papeles. Alba -ha hecho una comparación estadística.--El 1 ½ por 100 (0,73 por -habitante) del total del Estado consagra éste en España a la pública -instrucción, mientras Francia el 6 ½ (5,82 francos por habitante), -Italia el 2 ½ (1,75); y hasta Portugal el 2 ¼ (1,11). No hablemos -de Inglaterra, donde el espíritu anglo-sajón y la riqueza del país por -el mismo espíritu creado permiten dedicar a la enseñanza el 8 ½ por -100 del presupuesto total, esto es, más de siete francos por individuo. -Entrando en lo hondo del asunto, la palabra del señor Alba no puede ser -más franca ni más justamente dura. «¿Es que nuestros bachilleres, dice, -nuestros abogados, nuestros médicos, nuestros ingenieros, nuestros -peritos mercantiles y hasta nuestros militares y nuestros marinos, -no son víctimas también del inevitable _chauffage_, de que Demolins -abomina escandalizado y dolorido? Bachilleres incapaces de escribir una -carta con ortografía, abogados ignorantes al salir de la Universidad de -lo más rudimentario de la profesión; médicos que no saben ni tomar el -pulso; ingenieros a quienes se hunde la primera obra en que ponen mano; -peritos mercantiles que no podrían llevar regularmente ni un libro -_diario_;--en fin, militares a quienes «no caben en la cabeza» cien -hombres y marinos de cuyos viajes da precisa y exacta cuenta el número -de las averías del barco que dirigen, entonan a coro himno grandioso al -admirable sistema que empieza por hacer inútiles a cientos de hombres -de uno de los pueblos más reconocidamente despiertos del planeta.» - -Lo dice el vulgo con toda claridad: «Aquí el bachiller, el abogado, el -médico, el ingeniero, el perito mercantil, el militar, y el marino que -llegan de veras a serlo «se hacen» por sí solos cada uno en su casa, en -su hospital, en su taller, en su cuartel o en su barco; lo que estudian -en el Instituto, en la Universidad, en la escuela, o en la Academia, es -sólo por coger el título o la estrella». - -En lo relativo especialmente a la enseñanza superior, ha iniciado -ahora, como he dicho, el catedrático de griego de la Universidad de -Salamanca, señor Unamuno, una campaña nobilísima y valiente. - - - - - FIESTA CAMPESINA - - [Ilustración] - - - 18 de noviembre. - -UN hombre del campo me invitó hace pocos días a ver la fiesta de su -aldea, en tierra de Ávila. Se trata de un lugar llamado Navalsauz, -a algunas leguas de la vieja ciudad de santa Teresa. Mis deseos de -conocer las costumbres campesinas de España encontraban excelente -oportunidad. Acepté. Una buena mañana tomé el tren para Ávila, en -cuya estación me esperaba mi invitante, en compañía de dos hijos -suyos, robustos mocetones que tenían preparadas las caballerías -consiguientes. No permanecí en la ciudad ni un solo momento. Fué -cosa de llegar, montar y partir. Pero, debo deciros algo de la buena -bestia en que hube de pasar por esos campos. Era el inseparable de -Sileno, el compañero de Sancho, el interlocutor de Kant, el amigo de -Pascarella. Manso, filosófico, doctoral, aunque en tal o cual punto -del camino se manifestase más de una vez mal humorado o asustadizo. La -carretera se extendía entre campos cultivados. A un lado y otro había -labriegos arando con sus arados primitivos. Se cultiva el centeno, -trigo, algarrobas, garbanzos, cebada y patatas. El paisaje no deja de -ser pintoresco, limitado por alturas lejanas, cerros oscuros, manchados -de altos álamos y chatos _piornos_, bajo cuyas espesuras es fama que -se agita el más poblado mundo de liebres y conejos. En el tiempo del -viaje, se encuentran a un lado de la carretera mesones o ventas harto -pobres, que nada tienen que ver con los caserones que en la árida -Castilla se le antojaban castillos a Don Quijote. - -En una hubimos de pernoctar. - -Mi amigo grita con una gran voz: «¿Hay posada?» - -«Sí, señor; pasen ustedes.» Y de la casa maltrecha sale la figura -gordinflona del ventero. Mientras los mocetones llevan los burros al -pienso, heme allí conducido a la cocina, donde una gran lumbre calienta -olorosas sartenes, y conversan en corro otros viajeros, todos de las -aldeas próximas, de higiene bastante limitada, pero gentes de buen -humor que se charlan y se pasan de cuando en cuando una bota. Entré -yo también al corro y de la bota gusté--un vinillo de las villas del -Barranco--, así como compartiera más de una vez con los gauchos de las -pampas, también al amor de un buen fuego y en la cocina de la estancia, -al mate amargo y la ginebra. La cena estuvo suculenta, y luego fué el -pensar en dormir. ¿Camas? Ni soñarlo. Cada cual duerme en los aparejos -y recados; quién en la cocina, para no perder lo sabroso del calor; -quién en la cuadra. Yo prefiero la vecindad de la lumbre y entro en esa -escena de campamento. Por otra parte, no me es posible dormir. Esos -benditos de Dios roncan con una potencia abrumadora; y así, fabricando -castillos «en España», o viajando por el país de mis recuerdos, paso -toda la noche, hasta que los gallos anuncian el alba y el ventero me -lleva una taza de leche recién ordeñada. A poco estoy otra vez sobre mi -asno, que lleva un pasito ligero y no poco molesto, mientras hace no sé -qué señas con sus orejas al paso de la fría brisa matutina. - -¡Bello día en el fragante y bondadoso campo! Sale un claro sol; -comienzan a verse las ovejas, y me gratifican con un concierto; los -pastores abrigados con sus zamarras, poco limpios y con aspecto de -perfectos brutos, quitan a mi mente toda idea de pastor quijotiz; -mis compañeros de viaje se detienen con conocidos que vienen de los -villorrios cercanos, lo cual es un pretexto para repetidos saludos a -la bota. Y mi burrito sigue impertérrito, en tanto que me llegan de -repente soplos de los bosques, olientes a la hoja del pino. Es una cosa -asombrosa, dice Bacon, que en los viajes por mar, donde no se ve sino -el cielo y el agua, los hombres tienen, sin embargo, la costumbre de -hacer diarios; y en los viajes por tierra, donde hay tantas distintas -cosas que notar, casi nunca los hacen, como si los casos fortuitos o -los hechos inesperados merecieran menos ser notados y apuntados que las -observaciones que se hacen por una deliberación premeditada. Ni por -mar ni por tierra he acostumbrado tales apuntaciones; pero si hubiese -tenido un libro de notas a la mano, en esa mañana deliciosa habría -escrito, sin apearme de mi simpático animal: «Hoy he visto, bajo el -más puro azul del cielo, pasar algo de la dicha que Dios ha encerrado -en el misterio de la Naturaleza». Este mismo sol y la sonrisa de este -mismo campo vieron los ojos de la divina Doctora, que se encendiera en -la incandescencia de su misticismo, hasta la maravilla del éxtasis y la -comunicación con lo extraterrestre y lo supernatural. - -El almuerzo fué en el camino, gracias a mi provisión de _pâté de -foie-gras_, queso manchego y pollo frío. Seguimos la caminata todo -el día hasta llegar a la posada de Santa Teresa, en donde está el -cuartel de la guardia civil; y al declinar la tarde, estamos ya en las -cercanías de Navazuelas. El terreno cambia, se suceden las cuestas -y honduras; y de pronto me indican lo que debo hacer. «Señorito, ¡a -pata!» Obedezco, y continúo el camino llevando el burro del ronzal, -hasta llegar a la Navazuelas, en donde vuelvo a _enfourcher_ al -benemérito rucio. Y diviso el pueblo: un montoncito de casucas entre -peñascos. - -Al entrar a la aldea se me señala la iglesia; muy chica, medio -caída, con una alameda al lado de la puerta; y situada _en medio del -camposanto_... Mi asombro es grande cuando no veo una sola cruz, así -fuese la más tosca y miserable. - -Me instalo en casa de «mi amigo». Calcularéis ya que el _confort_ no es -propiamente suntuoso. - -Estamos en el imperio de lo primitivo. Buen fuego, sí, se me ofrece, -y ricos chorizos y patatas, y sabroso vino. Duermo a maravilla. A la -mañana siguiente, vivo en plena pastoral. Se me conduce aquí y allá, -entre cabras y vacas y ovejas. Estoy en la _pastoría_. Después, a la -iglesia, en donde las mozas están adornando a la Virgen. Las mozas, -en verdad, no eran muy guapas, pero las había bastante agraciadas. El -traje de la paleta es curioso y llamativo. Más de una vez lo habréis -visto en las comedias y zarzuelas. Falda corta y ancha, de gran vuelo -que deja ver casi siempre macizas y bien redondas pantorrillas; la -media o calceta es blanca y el zapato negro. En corpiños y faldas -gritan los más furiosos colores. Al cuello llevan un pañuelo, también -de vivas tintas y flores, y otro en la cabeza, atado por las puntas -debajo de la barba. Les cuelgan de las orejas hasta los hombros enormes -pendientes, y usan gargantillas y collares en gran profusión. El pelo -va recogido en un moño de ancha trama y resalta sobre el moño la gran -peineta que a veces es de proporciones colosales, como la primera -que, según dicen, se usó en Buenos Aires a principios de siglo. -Generalmente no llevan sortijas en sus pobres manos oscuras, hechas a -sacar patatas y cuidar ganados. No estamos propiamente en Arcadia, y -Virgilio no repetiría, por ningún concepto en este caso, las frases que -en su décima égloga prorrumpe Galo, hijo de Polión. Al entrar yo en -la iglesia, las muchachas cantaban, adornando con gran muchedumbre de -flores la imagen de la patrona, la Virgen del Rosario. Después fuéronse -a casa de las mayordomas, al obligado convite: castañas, higos y vino. -Por la noche, en medio de la cena, en la casa en que se me hospedaba, -las mozas tiraron las cucharas de pronto y echaron a correr fuera. -Era el tambor que sonaba a la entrada del lugar; venía de un pueblo -vecino, y su son con el de la gaita haría danzar esa misma noche, en -la plaza, a las alegres gentes. Luego pude observar algo de un fondo -ciertamente pagano. Las mozas formaron un ramo de laurel, cubierto de -frutas varias y dulces, para ser llevado a la iglesia al día siguiente. -Mientras tanto, vi venir del campo a varios mozos con grandes ramas -verdes que iban poniendo sobre los techos de ciertas casas. Se me -explicó que en donde había una muchacha soltera colocaba ramos su novio -o su solicitante. Era extraño en verdad para mí ver al día siguiente -coronadas de follaje casi todas las casitas del villorrio. Del pueblo -vecino también llegó el señor cura, un cura joven, alegre y de buena -pasta, bastante distinto del tipo de Pérez Escrich. Ya tuve con quien -conversar: política, más política y un poco de literatura. Al curita le -fueron a buscar los varones, con el tambor a la cabeza del concurso, -mientras el campanario llamaba a la misa. Las mozas, vestidas de -fiesta, esperaban en el camposanto. El alcalde está allí también, con -su vara y sus calzones cortos y su ancho sombrero y su capa larga. Las -mozas abren la puerta para que pasen el señor cura y la «justicia», y -detrás todos los hombres. La puerta vuelve a cerrarse, y ellas quedan -fuera. Entonces, en coro, empezaron a cantar: - - Tres puertas tiene la iglesia, - Entremos por la mayor - Y haremos la reverencia - A ese divino Señor... - -La puerta sigue cerrada. Y ellas: - - Tres puertas tiene la iglesia, - Entremos por la del medio - Y haremos la reverencia - A la reina de los cielos... - -Y otra vez: - - Tres puertas tiene la iglesia, - Entremos por la más chica - Y haremos la reverencia - A la señora justicia... - Abre las puertas, portero, - Las puertas de la alegría - Que venimos las doncellas - Con el ramo p'a María... - -Al llegar aquí contesta una voz dentro: - - Las puertas ya están abiertas - Entren si quieren entrar. - Confitura no tenemos - Para poder convidar. - -Entran las buenas mozas, a pesar de que no hay confitura y, cerca de la -pila de agua bendita vuelven a cantar a pleno pulmón: - - Tomemos agua bendita, - mis amiguitas y yo, - Tomemos agua bendita - Vamos al altar mayor. - Tomemos agua bendita, - Amigas y compañeras, - Tomemos agua bendita - Vamos a llevar la vela. - -Al llegar aquí van todas con aquel famoso ramo de laurel ornado de -peras, manzanas y guindas, y con la vela, que ha llegado de alguna -cerería de Madrid o Ávila, al altar mayor, a hacer la ofrenda a la -Virgen. Las estrofas de esa inocente métrica de aldea se suceden -entretanto. En todo se admira que, al menos en las mujeres, hay -cierta suma de religiosidad y de fe sencilla, junto con el amor al -divertimiento, lo cual es mucho en una aldea que no pone cruces a sus -muertos. La procesión viene en seguida. Se conduce a la Virgen por la -calle, cantando el rosario, y se vuelve a depositar la imagen. Allí hay -un interesante remate de la mayordomía del año entrante y otras tantas -pequeñas preeminencias. - -Por la tarde se reanuda el baile con la gaita y el tambor, en la -pradera, donde se merienda gozosamente. Por la noche, baile y más -baile. Por largo tiempo resonarán en mis oídos la aguda chirimía y el -tan tan del tambor, ese tambor infatigable. Todavía hasta el chocolate -cural, se pasa por la rifa del célebre ramo. Aun queda, el día que -viene, tiempo para que sigan danzando mozos y mozas, en tanto que los -viejos aldeanos vuelven al campo a su tarea de sacar patatas. - -Yo volví a tomar mi burrito, camino de Ávila, en donde probé las más -ricas aceitunas que os podáis imaginar, con mi amigo el campesino. No -dejé de recordar al cuerdo Horacio: - - _Non afra ovis descendat in ventrem meum - Non attagen Jonicus - Incundior quam lecta de pinguissimis - Oliva ramis arborum..._ - - [Ilustración] - - - - - HOMENAJE A MENÉNDEZ PELAYO - - [Ilustración] - - - 27 de diciembre de 1899. - -HA reanudado Menéndez Pelayo la serie de conferencias que desde hace -algún tiempo da en el Ateneo, sobre un tema que no puede ser más -apropiado para sus admirables facultades: los grandes polígrafos -españoles. No posee el célebre humanista facultades oratorias; pero -en la lección su voz resonante y enérgica vence toda dificultad. -El auditorio le escucha siempre con interés y provecho, aunque la -concurrencia no sea en ocasiones tan numerosa como se debía esperar -supuestas la autoridad y la gloria del maestro. - -Menéndez Pelayo está reconocido fundadamente como el cerebro más -sólido de la España de este siglo; y en la historia de las letras -humanas pertenece a esa ilustre familia de sacerdotes del libro de -que han sido ornamento los Erasmos y los Lipsios. Aun físicamente, al -ver el retrato grabado por Lemus, he creído reconocer la figura del -gran rotterdamense profanada por la indumentaria de nuestro tiempo. -Y cuando en la conversación amistosa escucho sus conceptos, pienso -en un caso de prodigiosa metempsícosis, y juzgo que habla por esos -labios contemporáneos el espíritu de uno de aquellos antiguos ascetas -del estudio que olvidara por un momento textos griegos y comentarios -latinos. Es difícil encontrar persona tan sencilla dueña de tanto -valer positivo; viva antítesis del pedante, archivo de amabilidades; -pronto para resolver una consulta, para dar un aliento, para ofrecer -un estímulo. Posee una biblioteca valiosísima, allá en Santander, -lugar de su nacimiento y donde pasa los veranos. Ha poco ha muerto su -padre, que llevaba el mismo nombre suyo, y que era un notable profesor -de matemáticas. Tiene un hermano, don Enrique, doctor en medicina y -aficionado a los versos. En Madrid, como en Santander, es don Marcelino -un formidable trabajador. Aquí dirige la Biblioteca Nacional y publica -muy eruditos estudios en la _Revista de Bibliotecas y Museos_; dirige -la edición académica monumental de las obras de Lope de Vega; mantiene -activa correspondencia con sabios extranjeros; da sus lecciones en -la Universidad y sus conferencias en el Ateneo, que luego formarán -una de sus obras más importantes; en resumen, es un raro ejemplo de -laboriosidad y de potencia mental, y como en los años de su juventud, -tiene una memoria incomparable y un entusiasmo que constituye la parte -más simpática y hermosa de su talento. - -Acaban de ofrecerle un justo homenaje unos cuantos sabios y eruditos -humanistas, con motivo de cumplir veinte años de profesorado. El -homenaje lo forman dos gruesos volúmenes llenos de muy curiosas -investigaciones y estudios; inmejorable regalo para el obsequiado. -Los nombres de los que ofrecen tal muestra de admiración al ilustre -español, son autoridades entre los estudiosos. De sentir es que entre -ellos no aparezca ningún representante de la América española. En -cambio, uno de los mejores trabajos ha sido escrito por un profesor -de Pensilvania. Haré una ligera reseña de lo que contienen estos -respetables tomos. - -El prólogo ha sido escrito por D. Juan Valera. Nadie mejor que él -podría llenar la tarea. Amigo de Menéndez Pelayo desde los primeros -pasos intelectuales de éste, ha sido uno de los que más han contribuído -a las victorias logradas por quien ocupó un sillón de la Real Academia -a los veintidós años. Traza, pues, un retrato exacto y animado del -querido discípulo y compañero, al mismo tiempo que nos presenta un -cuadro del decaimiento de la cultura española y lo mucho que ha hecho -y hace el autor de las _Ideas estéticas_ y de _Los heterodoxos_ por -colocar en su verdadero punto muchos elementos de gloria nacional -olvidados por los propios y negados por los extraños. «Fuerza es -confesar, por desgracia, dice Valera, que España está en el día -profundamente decaída y postrada. Su regeneración requiere, sin duda, -un gran poder político, sabio y enérgico, ejercido con voluntad de -hierro y con inteligencia poderosa y serena; pero tal vez antes de -esto, y para orientarse, y para descubrir amplio horizonte, y para -abrir ancho y recto camino, se requiere que formemos de nosotros mismos -menos bajo concepto, y no nos vilipendiemos, sino que nos estimemos en -algo, siendo la estimación, no infundada y vaga, sino conforme con la -verdadera exactitud, y sin recurrir a gastados y pomposos ditirambos y -a los recuerdos, que hoy desesperan más que consuelan, de Lepanto, San -Quintín, Otumba y Pavía. Aunque me repugna emplear frases pomposas, -que hacen el estilo declamatorio y solemne, no atino a explicar mi -pensamiento sino diciendo que don Marcelino Menéndez y Pelayo ha -venido a tiempo a la vida y ricamente apercibido y dotado de las -prendas conducentes para cumplir, hasta donde pueda cumplirla un solo -hombre, la misión anteriormente indicada, para invocar sin vaguedad y -sin exageraciones nuestra importancia en la historia del pensamiento -humano, y para señalar el puesto que nos toca ocupar en el concierto de -los pueblos civilizadores, concierto del que formamos parte desde muy -antiguo y del que no merecemos que se nos excluya. La misión, pues, de -don Marcelino, ya que nos atrevemos a llamarla misión, no es puramente -literaria, sino que tiene mayor amplitud y trascendencia». - -El tomo primero del homenaje, lo inicia el conocido hispanista francés -Alfred Morel-Fatio, publicando unas cuantas cartas, correspondencia -interesante entre el famoso bibliotecario de Colbert e historiador -Etienne Baluze y el marqués de Mondéjar. El marqués escribe en -castellano y Baluze en latín. Baluze se excusa de no corresponder en -lengua española: «_Hoc ideo dico, Excellentissime Domine, ut accipias -excusationem meam, quod ad humanissimas et elegantissimas litteras -tuas non respondeo eadem lingua qua scriptae sunt_». Y el marqués le -contesta: «Me sucede lo mismo a mí con el latino que a usted con el -español, entorpeciéndonos igualmente a entrambos la falta del uso». -Los conceptos de esta correspondencia se refieren a envíos de datos y -libros, a cambio de noticias entre eruditos estudiosos, y si el marqués -es dignamente admirativo y afectuoso con su amigo parisiense, Baluze -no le escatima las más elegantes frases latinas de cumplimiento y -reverencia. - -Un inglés, muy conocedor de letras castellanas, James -Fitzmaurice-Kelly, trata sobre _Un hispanófilo inglés del siglo XVII_. -Este fué Leonardo Digges, probable amigo de Shakespeare y Ben Jonson y -traductor del _Poema trágico del español Gerardo y desengaño del amor -lascivo_. Y M. Leo de Rouanet, que ha traducido al francés algo del -teatro español, se ocupa de un auto inédito de Valdivieso, existente -en la Biblioteca Nacional de Madrid. El señor Luanco logra demostrar -que el libro de la _Clavis Sapientiae_, tenido por obra de Don Alfonso -_el Sabio_, no es de dicho rey, con todo y estar probada su afición a -estudios herméticos. El señor Cotarelo, cuyos trabajos de erudición -son tan meritorios--especialmente entre otros, sus páginas sobre don -Enrique de Villena--, habla de los traductores castellanos de Molière. -Siento que a una labor tan completa hayan faltado en absoluto noticias -referentes a traducciones hispanoamericanas, que de algunas piezas las -hay buenas, como la del _Misántropo_ por el centroamericano Gavidia. - -Ernesto Mérimée, sobrino del autor de _Colomba_, y profesor -creo que en Tolosa de Francia, ha contribuído con un _Ramillete -de flores poéticas de Alejandro de Luna_, que se encuentra en la -biblioteca municipal de Montauban. Este de Luna es un autor hasta hoy -completamente desconocido, y el descubrimiento de M. Mérimée parece de -muy relativa importancia. - -El músico Pedrell hace un paralelo entre Palestrina y Victoria, -maestro de capilla eminente, contemporáneo del célebre italiano. El -P. Blanco García, conocido por su obra sobre literatura española e -hispanoamericana, rectifica algunos datos biográficos de fray Luis -de León. Un erudito italiano, Benedetto Croce, aporta un valioso -contingente a la literatura cervantina, con sus _Due Illustrazioni -al Viaje del Parnaso, del Cervantes_. Y el señor Estelrich, autor -de un notable libro sobre la poesía italiana en España, escribe un -estudio acerca de los traductores castellanos de las poesías líricas -de Schiller. Arturo Farinelli inserta en castellano una notable -disquisición respecto al origen del Convidado de Piedra. Es de admirar -el caudal de conocimientos de este extranjero en lo referente a letras -castellanas. Además, es un verdadero políglota, y escribe con igual -corrección en español, italiano y alemán. El señor Apraiz, cervantista -afanoso, enriquece con varias curiosidades el estudio y culto del autor -nacional. El señor Franquesa y Gómez, se ocupa de una comedia inédita, -sobre el tema de _Don Juan Tenorio_, de don Alonso de Córdoba Maldonado. - -Mario Schiff contribuye, en francés, con algo que es de verdadera -«sensación» para los eruditos y en especial para los dantistas. El -general Mitre de seguro tendrá en el asunto gran interés. Se trata -nada menos que del hallazgo en la Biblioteca Nacional de Madrid, de -la primera traducción de la _Divina Comedia_ al castellano, la de -don Enrique de Villena, cuyo manuscrito habían considerado perdido -investigadores como Amador de los Ríos, el mismo Menéndez Pelayo, -Cotarelo, y antes de ellos, Pellicer. El señor Schiff, entre los -papeles de la colección Osuna, en la Biblioteca encontró dicho -manuscrito. Este consta de CCVIII hojas de papel; contiene la _Divina -Comedia_ en italiano, escrita en Italia y probablemente en Florencia; -el _explicit_ del Paraíso tiene la fecha de 10 de noviembre de 1354. - -El _Inferno_ tiene al margen muchos comentarios latinos, pocos el -_Purgatorio_, ninguno el _Paradiso_. También al margen está la versión -española en prosa; según Schiff, la misma mano que escribió los -comentarios escribió la traducción. Por lo demás, la letra del marqués -de Santillán se reconoce en notas marginales y apostillas. El traductor -es de una fidelidad que llega al calco; con los elementos de entonces, -el marqués de Santillán tenía la misma «teoría del traductor» del -general Mitre. Es una versión la suya al pie de la letra; y a veces la -prosa sigue el ritmo del verso y aun el consonante. Como curiosidad, -copiaré algo del canto primero. - -«Principia el actor Dante: - -»1. En el medio del camino de nuestra vida, me fallé por una espesura o -silva de árboles oscura en do el derecho camino estaba amatado. - -»2. E quanto a dezir qual era es cosa dura, esta selva salvaje áspera e -fuerte, que pensando en ella renueva mi miedo. - -»3. Tanto era amargo que poco más es la muerte; mas por contar del -bien que yo en ella fallé diré de las otras cosas que a mi ende fueron -descubiertas». - -Y más adelante: - -«27. Pues eres tú aquel Virgilyo y aquella fuente que espandyo de -fablar tan largo río, respondí yo a él con vergonosa fruente. - -»28. O de los otros poetas honor e lumbre. Válame agora el luengo -estudio e gran amor que me fiz buscer los tus libros. - -»29. Tú eres el mi maestro y el mi actor, tú eres sólo aquel del qual -yo tomé el fermoso estilo que ma fecho honor». - -Y en el pasaje de Ugolino: - -«1. La boca se levantó de la fiera viendo aquel pecador... etc». - -Algunas veces, la mala copia del escribiente italiano hace cometer a -don Enrique de Villena equivocaciones y traduce una cosa por otra. Pero -en todo caso, su traducción es de un inmenso precio, no solamente para -los eruditos, sino también para los críticos y poetas. Allí se ve el -verdadero valor de ciertas palabras correspondientes a la expresión -dantesca, y la necesidad de emplear hoy ciertos arcaísmos eficaces para -transparentar la fuerza o la gracia del divino poema. - -Pero dejaré para otra carta algunos de los principales trabajos de que -consta el Homenaje a Menéndez Pelayo, pues hablar de todos es poco -menos que imposible en el espacio de que dispongo y dada la índole de -estas informaciones. - -Sobresalen en el copioso homenaje a Menéndez Pelayo otros trabajos -de importancia. Con una corta introducción en latín, publica el -sabio Boehmer cuarenta cartas de Alonso de Valdés, todas inéditas: -_Alfonsi Valdesii litteras XL ineditas--Marcellino, Immo Marcello--De -vicennalibus cathedrae gratulabundus--Trans partium fines offert--E -clara valle Getmanie Eduardus Boehmer_. Es un verdadero regalo de -erudito. Algo inédito, aunque de un valor relativo, ofrece el señor -Serrano y Sanz; dos canciones de Cervantes, que no tienen otro mérito -que la procedencia, y el haber sido escritas en ocasión famosa, cuando -la pérdida de la Armada. Comienza la primera: - - Vate fama veloz las prestas alas, - rompe del Norte las cerradas nieblas, - aligera los pies, llega y destruye - el confuso rumor de nuevas malas, - y con tu luz desparce las tinieblas - del crédito español que de ti huye, etc. - -Y la segunda: - - Madre de los valientes de la guerra, - archivo de católicos soldados, - crisol donde el amor de Dios se apura, - tierra donde se ve que el cielo entierra - los que han de ser al cielo trasladados - por defensores de la fe más pura, etc. - -Persona de mucha erudición es el señor don Ramón Menéndez Pidal, uno de -los organizadores del homenaje. Contribuye con nutridas notas para el -Romancero del conde Fernán González, y da la agradable noticia de que -en breve tratará tan importante materia el insigne don Marcelino. - -Un arabista de nota, don Francisco Pons, trata de dos obras -importantísimas del polígrafo árabe Aben Hazan. La una lleva por -título: _Collar de la paloma acerca del amor y los enamorados_, y es, -nos dice el expositor, una guía completa de estrategia erótica para -cuantos aspiran a los lauros del triunfo en las contiendas amorosas. -El único ejemplar que hoy se conoce de dicha obra, se halla en la -biblioteca de la Universidad de Leyden. La otra es el _Libro de las -Religiones y de las Sectas_. - -Es muy alabado entre autoridades competentes el trabajo que aporta don -Eduardo Hinojosa: _El Derecho en el poema del Cid_. Es curiosa labor, -y se necesita ciertamente gran paciencia de estudioso y amor a estas -disciplinas para realizarla. En ella están expuestos los episodios del -_Poema_ que se relacionan con el Derecho, y se estudia la obra toda en -lo que tiene que ver con lo jurídico. - -Don Cristóbal Pérez Pastor comunica datos desconocidos para la Vida de -Lope de Vega. Ellos vienen a aumentar los que el mismo Menéndez Pelayo -descubriera no ha mucho, y que, según dicen, le pusieron en conflicto -con la Real Academia. Parece que Lope resulta varón demasiado alegre en -su vida privada, y el director de la edición monumental de sus obras -cree que todo debe publicarse, así el ilustre fraile aparezca un poco -galeoto y otro poco libidinoso. El conde de la Viñaza nos habla de -dos libros inéditos del maestro Gonzalo Correas, autor de que trata -escasamente Nicolás Antonio en su _Bibliotheca Hispana Nova_. Se trata -de un eminente estudioso, tocado de reforma ortográfica, y antecesor, -por lo tanto, del distinguido señor Kabezón, de Valparaíso, como se -verá por esta cita: «De la arte mía Griega ia se tiene esperienzia -en esta universidad; aora va mexorada i en romanze i kon la perfeta -ortografía kastellana...» - -De otra obra inédita escribe la señora Michaelis de Vasconcellos, -escritora portuguesa. Es un manuscrito perteneciente a la biblioteca -del señor Fernando Palha: _Tragedia de la insigne reyna doña Isabel_, -por el condestable don Pedro de Portugal. La eminente lusitana -prueba su largo saber y su fineza de criterio en sus observaciones y -comentarios al valioso códice cuatrocentista. Un buen estudio es el de -Toribio del Campillo acerca del _Cancionero de Pedro Marcuello_; es un -homenaje al mismo tiempo al sapiente y laborioso aragonés Latassa, que -enalteciera tanto las letras en su región. Cierra el primer volumen don -Juan García, tratando de antigüedades montañesas, aborígenes, cuevas, -dólmenes y etimologías de la provincia en que se asienta Santander. - -La duquesa de Alba es muy amiga de Menéndez Pelayo. Supo ella que -se trataba de este homenaje y alentó al señor Paz y Melia, para que -ampliase un estudio comenzado sobre la Biblia llamada de la Casa de -Alba, o sea la traducción hecha por Rabi Mosé Arragel de Guadalfajara. -La versión fué hecha por pedido del maestre de Calatrava don Luis de -Guzmán. El señor Paz y Melia narra, apoyado en curiosa documentación, -la génesis de la obra, y los afanes del judío traductor, que no se -resolvió a llevar a término su empresa sino casi obligado por el señor -cuyo vasallo era. Es de inestimable mérito este estudio bibliográfico, -y habría sido de gran valor para el bibliógrafo que en una sabia -revista francesa acaba de publicar una monografía acerca de _Las -Biblias españolas_. - -Llaman «el Menéndez Pelayo de Cataluña» a don Antonio Rubio y Lluch, -eminente amigo mío de quien hace algunos años hablé en _La Nación_, -con motivo de sus traducciones de novelas griegas contemporáneas. -Hay, en efecto, entre ambos muchos puntos de semejanza. Los dos, -compañeros en los primeros estudios, han tenido igual tesón en sus -preferidas tareas; los dos han seguido idénticos rumbos; los dos son -ortodoxos y conservadores; los dos profesores de Universidad, y los dos -poseen dotes cordiales y de carácter que les hacen ser queridos por -compañeros, discípulos y amigos. Rubio ha querido esta vez ofrendar a -su ilustre colega un estudio sobre la lengua y cultura catalanas en -Grecia en el siglo XIV. La preparación de Rubio en tal asunto puede -asegurarse que es única. Conoce entre otras cien cosas, admirablemente, -el griego antiguo y el griego moderno: ha dedicado largos años de -su vida a profundizar sus investigaciones en archivos y bibliotecas -nacionales y extranjeros, y su reciente viaje a Grecia es una -conmovedora odisea en la historia de su vida tranquila y laboriosa. He -oído la narración de sus propios labios, cuando al pasar por Barcelona -tuve el gusto de recibir su amable visita. Cuando le vi entrar, no le -reconocí. Está casi ciego, y esta es la parte trágica del episodio. -Contóme como había realizado un viaje a su amada Hélade, enviado por -la Diputación provincial barcelonesa. Iba lleno de ideas y de bellos -sueños artísticos, y con la ardiente voluntad de dedicarse a sus duras -labores de investigación en los archivos atenienses, cuando, al llegar, -repentinamente, sin causa reconocida, siente que todo se le hace -sombra, ¡que está ciego! Volvió a su patria y pudo ver escasamente, con -un ojo; y, así, cuando más necesitaba de luz, volvió a Grecia, trabajó -allá con inaudito valor, a riesgo de quedar definitivamente ciego, -recogió los datos que pudo, y retornó a Barcelona, en donde poco a -poco lleva a cabo la obra monumental que ha de ser entre las suyas la -que más contenga de su inteligencia y de sus probados esfuerzos. Un -corto fragmento de esa obra, según tengo entendido, es lo que en el -homenaje aparece ofrecido a su fraternal amigo Marcelino. - -Si no existen en España sociedades como las dantescas en Italia y -las shakespearianas en Inglaterra, individualmente, el cervantismo -tiene muchos cultivadores. Hubo un tiempo en que los comentarios y -exégesis del _Quijote_ y los temas referentes a Cervantes, llegaron a -convertirse en inocente manía. - -No pertenece a ese género la contribución del señor Eguilaz y Yanguas, -notas etimológicas que aclaran y explican algunas palabras usadas por -el autor del Ingenioso Hidalgo. Muchos conocimientos lingüísticos -revela el señor Eguilaz; pero no he podido menos que recordar a mi -querido amigo el doctor Holmberg, en su célebre arenga sobre la -filología del profesor Calandrelli, cuando el erudito español afirma -muy seriamente que la palabra _ajedrez_ se deriva de la voz sánscrita -_chaturanga_. - -El ilustre Federico Wolff envía desde Suecia un capítulo sobre las -Rimas de Juan de la Cueva, primera parte; y ofrece a su «querido -colega» una canción inédita del desventurado poeta. J. de Hann, -desde el colegio de Bryn Mawr, en Pensilvania, escribe con erudición -insuperable y en un castellano castizo sobre un tema que en la misma -Península apenas cuenta en lo moderno con las páginas documentadas de -Cotarelo y los escritos antropológicos de Salillas. Míster Hann diserta -sobre _Pícaros y Ganapanes_. - -Se ocupa en un notable estudio de la filosofía de Raimundo Lulio, -don Julián Ribera, relacionando los orígenes de las doctrinas del -célebre mallorquín, con los trabajos análogos de un filósofo árabe, -Mohidin, sobre el cual discurre dilatadamente, también en este mismo -volumen, don Miguel Asin. Extensa es asimismo la monografía del señor -Lomba sobre el rey Don Pedro en el teatro, y de un mérito aquilatado -entre eruditos lo que ha remitido el insigne Hübner acerca de los -más antiguos poetas de la Península. Es de llamar la atención cómo -demuestra este sabio que el nacimiento no significa nada para la -nacionalización de un hombre ilustre. Séneca, Quintiliano, Pomponio -Mela, Columela y Marcial, naturales de España, no son españoles -sino romanos. Un autor inglés, dice, nacido casualmente en Bombay o -en Calcuta no forma parte de la literatura india. Así en nuestros -días José María de Heredia es un poeta francés y no cubano, o -hispanoamericano. Hübner se refiere en su trabajo, pues, a los poetas -que en lo antiguo escribieron en tierra española y cita dísticos o -composiciones más largas latinas, que ha copiado de epitafios y otras -inscripciones. - -El doctor don Roque Chabas, canónigo de la catedral de Valencia, -demuestra, con documentos irrefragables, que la condenación de las -obras de Arnoldo de Vilanova fué hecha con injusticia, apasionadamente -y con violación de las prescripciones canónicas. No es la primera -vez que el doctor Chabas se ocupa en el famoso teólogo, de quien -dice Menéndez Pelayo que es «varón de los más señalados en nuestra -historia científica y aun en la general de la Edad Media». Ya antes -había publicado, en el _Boletín de la Real Academia de la Historia_, -el testamento de Arnoldo, de lo que habló el _Journal des Savants_. El -doctor Chabas es espejo de constancia y laboriosidad en tan difíciles -empresas, pero su talento y su buena suerte le hacen lograr verdaderos -triunfos, como el hallazgo que acaba de tener. Es algo de tal -importancia, que ha de hacer mucho ruido en el mundo de las academias y -de los eruditos y trabajadores de la historia. _La Nación_ es el primer -periódico que da la noticia, pues en la Península no se ha publicado -aún nada a este respecto. El doctor Chabas ha encontrado en un archivo -valenciano--creo que en el de la Metropolitana--hasta unas cuarenta -cartas de la familia Borgia, o Borja, en tiempo del pontificado de -Alejandro VI. El texto de ellas vendría a afirmar de nuevo la exactitud -de la singular vida de sensualidad y de escándalo que imperaba en la -corte vaticana y en la familia que produjo al duque de Gandía y al raro -César, tan maravillosamente retratado en versos de Verlaine. Quedará, -pues, por tierra toda la labor de Gregorovius, lo que no es poco. Hay -una carta, de un picor especial, en que Lucrecia, donna Lucrecia, -comunica que «papá» está enojado, porque el joven César no se preocupa -mucho de cumplir con sus obligaciones nupciales... Y otras de un -inestimable precio. - -Me han dicho que el obispo de Valencia quiso prohibir al doctor Chabas -la publicación de tan reveladores documentos. Este se dirigió al -cardenal Sancha exponiéndole el caso, e igual cosa hizo con el Padre -Santo. Tanto su eminencia como León XIII, le han autorizado, según -tengo entendido, para que haga la publicación, estimando que ello no -trae consigo ningún menoscabo a la religión y a la verdadera fe y -moral cristianas. Ambos han demostrado con esto que estamos ya muy -lejos de cuando un fundador de Universidad, el gran cardenal Ximénez -de Cisneros, mandaba quemar códices árabes, como Zumárraga códices -mejicanos. - -Pío Rajna contribuye con algunas observaciones topográficas sobre -la _Chanson de Roland_, escritas en italiano; largamente se ocupa -de la jurisdicción apostólica en España y el proceso de don Antonio -Covarrubias D. P. de Hinojosa; y Antonio Restori envía desde Italia un -curioso y ameno escrito acerca de un cuaderno de poesías españolas, -que perteneció a donna Ginevra Bentivoglio. Casi un verdadero libro -dedica el señor Rodríguez Villa a don Francisco de Mendoza, almirante -de Aragón. El marqués de Jerez envía a su amigo Menéndez Pelayo unas -cuantas papeletas bibliográficas. Don Juan Catalina García escribe -sobre el segundo matrimonio del primer marqués del Cenete, cuya -narración es de tal manera interesante, que parece la fabulación -intrincada y sentimental de una novela; con el aditamento de detalles -ultranaturalistas que claman por el latín. Otro escritor italiano, -Alfonso Miola, diserta sobre _Un Cancionero manoscritto brancacciano_. -Muy importante para arqueólogos y estudiosos de historia es el -tratado de Iliberis, o examen de los documentos históricos genuinos -iliberitanos, por el señor Berlanca. El señor Rodríguez Marín se -refiere a _Cervantes y la Universidad de Osuna_ en un copioso escrito. -Don Pedro Roca ha ofrecido una muy erudita monografía sobre el -origen de la Academia de Ciencias; y don José María de Pereda cierra -pintorescamente esta fuerte labor de sabios con una narración: _De cómo -se celebran todavía las bodas en cierta comarca montañosa enclavada en -un repliegue de lo más enriscado de la cordillera_. - -Tal ha sido el regalo que se ha hecho, a los veinte años de cátedra, al -moderno Erasmo español, a quien bien sienta el caluroso elogio de Justo -Lipsio: _O magnus decum hispanorum!_ - - [Ilustración] - - - - - EL MODERNISMO - - [Ilustración] - - - 28 de noviembre. - -PUEDE verse constantemente en la Prensa de Madrid que se alude al -modernismo, que se ataca a los modernistas, que se habla de decadentes, -de estetas, de prerrafaelistas con s, y todo. Es cosa que me ha llamado -la atención no encontrar desde luego el menor motivo para invectivas -o elogios, o alusiones que a tales asuntos se refieran. No existe en -Madrid, ni en el resto de España, con excepción de Cataluña, ninguna -agrupación, _brotherhood_, en que el arte puro--o impuro, señores -preceptistas--se cultive siguiendo el movimiento que en estos últimos -tiempos ha sido tratado con tanta dureza por unos, con tanto entusiasmo -por otros. El formalismo tradicional por una parte, la concepción -de una moral y de una estética especiales por otra, han arraigado -el españolismo que, según don Juan Valera, no puede arrancarse «ni -a veinticinco tirones». Esto impide la influencia de todo soplo -cosmopolita, como asimismo la expansión individual, la libertad, -digámoslo con la palabra consagrada, el anarquismo en el arte, base de -lo que constituye la evolución moderna o modernista. - -Ahora, en la juventud misma que tiende a todo lo nuevo, falta la -virtud del deseo, o mejor, del entusiasmo, una pasión en arte, y -sobre todo, el don de la voluntad. Además, la poca difusión de los -idiomas extranjeros, la ninguna atención que por lo general dedica la -Prensa a las manifestaciones de vida mental de otras naciones, como -no sean aquellas que atañen al gran público; y después de todo, el -imperio de la pereza y de la burla, hacen que apenas existan señaladas -individualidades que tomen el arte en todo su integral valor. En una -visita que he hecho recientemente al nuevo académico Jacinto Octavio -Picón, me decía este meritísimo escritor: «Créame usted, en España nos -sobran talentos; lo que nos falta son voluntades y caracteres». - -El señor Llanas Aguilaniedo, y uno de los escasos espíritus que en -la nueva generación española toman el estudio y la meditación con la -seriedad debida, decía no hace mucho tiempo: «Existen, además, en este -país cretinizado por el abandono y la pereza, muy pocos espíritus -activos; acostumbrados--la generalidad--a las comodidades de una vida -fácil que no exige grandes esfuerzos intelectuales ni físicos, ni -comprenden, en su mayoría, cómo puede haber individuos que encuentren -en el trabajo de cualquier orden un reposo, y al propio tiempo un -medio de tonificarse y de dar expansión al espíritu; los trabajadores, -con ideas y con verdadera afición a la labor, están, puede decirse, -confinados en la zona Norte de la Península; el resto de la nación, -aunque en estas cuestiones no puede generalizarse absolutamente, -trabaja cuando se ve obligado a ello, pero sin ilusión ni entusiasmo». -En lo que no estoy de acuerdo con el señor Llanas, es en que aquí se -conozca todo, se analice y se estudie la producción extranjera y luego -no se la siga. «Sin duda, dice, no nos consideramos elevados a una -altura superior, y desde ella nos damos por satisfechos con observar lo -que en el mundo ocurre, sin que nos pase por la imaginación secundar el -movimiento». - -Yo anoto. Difícil es encontrar en ninguna librería obras de cierto -género, como no las encargue uno mismo. El Ateneo recibe unas cuantas -revistas del carácter independiente, y poquísimos escritores y -aficionados a las letras están al tanto de la producción extranjera. He -observado, por ejemplo, en la redacción de la _Revista Nueva_, donde -se reciben muchas buenas revistas italianas, francesas, inglesas, y -libros de cierta aristocracia intelectual aquí desconocida, que aun -compañeros míos de mucho talento, miran con indiferencia, con desdén, -y, sin siquiera curiosidad. Demás decir que en todo círculo de jóvenes -que escriben, todo se disuelve en chiste, ocurrencia de más o menos -pimienta, o frase caricatural que evita todo pensamiento grave. Los -reflexivos o religiosos de arte, no hay duda, que padecen en tal -promiscuidad. - -Los que son tachados de simbolistas no tienen una sola obra simbolista. -A Valle Inclán le llaman decadente porque escribe en una prosa -trabajada y pulida, de admirable mérito formal. Y a Jacinto Benavente, -modernista y esteta, porque si piensa, lo hace bajo el sol de -Shakespeare, y si sonríe y satiriza lo hace como ciertos parisienses -que nada tienen de estetas ni de modernistas. Luego, todo se toma a -guasa. Se habló por primera vez de estetismo en Madrid y, dice el -citado señor Llanas Aguilaniedo: «funcionó en calidad de oráculo la -_Cacharrería_ del Ateneo, donde se recordó a Oscar Wilde... Salieron -los periódicos y revistas de la Corte jugando del vocablo y midiendo -a todos los idólatras de la belleza, por el patrón del fundador de la -escuela, abusándose del tema, en tales términos, que ya, hasta los -barberos de López Silva consideraban ofensiva la denominación, y se -resentían del epíteto. Por este camino no se va a ninguna parte». - -En pintura el modernismo tampoco tiene representantes, fuera de algunos -catalanes, como no sean los dibujantes que creen haberlo hecho todo -con emplomar sus siluetas como en los _vitraux_, imitar los cabellos -avirutados de las mujeres de Mucha, o calcar las decoraciones de -revistas alemanas, inglesas o francesas. Los catalanes, sí, han hecho -lo posible, con exceso quizá, por dar su nota en el progreso artístico -moderno. Desde su literatura que cuenta entre otros con Rusiñol, -Maragall, Utrillo, hasta su pintura y artes decorativas, que cuentan -con el mismo Rusiñol, Casas, de un ingenio digno de todo encomio y -atención, Pichot y otros que como Nouell-Monturiol se hacen notar no -solamente en Barcelona sino en París y otras ciudades de arte y de -ideas. - -En América hemos tenido ese movimiento antes que en la España -castellana, por razones clarísimas: desde luego, por nuestro inmediato -comercio material y espiritual con las distintas naciones del mundo, -y principalmente porque existe en la nueva generación americana -un inmenso deseo de progreso y un vivo entusiasmo, que constituye -su potencialidad mayor, con lo cual poco a poco va triunfando de -obstáculos tradicionales, murallas de indiferencia y océanos de -mediocracia. Gran orgullo tengo aquí de poder mostrar libros como -los de Lugones o Jaimes Freire, entre los poetas, entre los prositas -poemas, como esa vasta, rara y complicada trilogía de Sicardi. Y digo: -esto no será modernismo, pero es _verdad_, es realidad de una vida -nueva, certificación de la viva fuerza de un continente. Y, otras -demostraciones de nuestra actividad mental--no la profusa y rapsódica, -la de cantidad, sino la de calidad, limitada, muy limitada, pero que -bien se presenta y triunfa ante el criterio de Europa: estudios de -ciencias políticas, sociales. Siento igual orgullo. Y recuerdo palabras -de don Juan Valera, a propósito de Olegario Andrade, en las cuales -palabras hay una buena y probable visión de porvenir. Decía don Juan, -refiriéndose a la literatura brasileña, sudamericana, española y -norteamericana, que «las literaturas de estos pueblos seguirán siendo -también inglesa, portuguesa y española, lo cual no impide que con el -tiempo o tal vez mañana, o ya, salgan autores yanquis que valgan más -que cuanto ha habido hasta ahora en Inglaterra, ni impide tampoco que -nazcan en Río de Janeiro, en Pernambuco o en Bahía escritores que -valgan más que cuanto Portugal ha producido; o que en Buenos Aires, -en Lima, en Méjico, en Bogotá o en Valparaíso lleguen a florecer las -ciencias, las letras y las artes con más lozanía y hermosura que en -Madrid, en Sevilla y en Barcelona». - -Nuestro modernismo, si es que así puede llamarse, nos va dando un -puesto aparte, independiente de la literatura castellana, como lo -dice muy bien Remy de Gourmont en carta al director del _Mercurio de -América_. ¿Qué importa que haya gran número de ingenios, de grotescos -si gustáis, de diletanti, de nadameimportistas? Los verdaderos -consagrados saben que no se trata ya de asuntos de escuelas, de -fórmulas, de clave. - -Los que en Francia, en Inglaterra, en Italia, en Rusia, en Bélgica han -triunfado, han sido escritores, y poetas, y artistas de energía, de -carácter artístico, y de una cultura enorme. Los flojos se han hundido, -se han esfumado. Si hay y ha habido en los cenáculos y capillas de -París algunos ridículos, han sido por cierto «preciosos». A muchos les -perdonaría si les conociese nuestro caro profesor Calandrelli, _pour -l'amour du grec_. Hoy no se hace modernismo--ni se ha hecho nunca--con -simples juegos de palabras y de ritmos. Hoy los ritmos nuevos implican -nuevas melodías que cantan en lo íntimo de cada poeta la palabra del -mágico Leonardo: _Cosa bella mortal passa, e non d'arte_. Por más que -digan los juguetones ligeros o los niños envejecidos y amargados, -fracasa solamente el que no entra con pie firme en la jaula de ese -divino león, el Arte--que como aquel que al gran rey Francisco -fabricara el mismo Vinci, tiene el pecho lleno de lirios. - -No hay aquí, pues, tal modernismo, sino en lo que de reflexión puede -traer la vecindad de una moda que no se comprende. Ni el carácter, ni -la manera de vivir, ni el ambiente, ayudan a la consagración de un -ideal artístico. Se ha hablado de un teatro, que yo creí factible -recién llegado, y hoy juzgo en absoluto imposible. - -La única _brotherhood_ que advierto es la de los caricaturistas; -y si de músicas poéticas se trata, los únicos innovadores -son--ciertamente--los risueños rimadores de los periódicos de -caricaturas. - -Caso muy distinto sucede en la capital del principado catalán. Desde -_L'Avenç_ hasta el _Pèl & Ploma_ que hoy sostienen Utrillo y Casas, -se ha visto que existen elementos para publicaciones exclusivamente -«modernas», de una _élite_ artística y literaria. _Pèl & Ploma_ es una -hoja semejante al _Gil Blas illustré_, de carácter popular, mas sin -perder lo aristo; y siempre en su primera plana hay un dibujo de Casas, -que aplauden lápices de Munich, Londres o París. El mismo Per Romeu, de -quien os he hablado a propósito de su famoso _cabaret_ de los _Quatre -Gats_, ha estado publicando una hoja semejante, con ayuda de Casas, y -de un valor artístico notable. - -En esta capital no hay sino las tentativas graciosas y elegantes del -dibujante Marín--que logró elogios del gran Puvis--, y las de algún -otro. En literatura, repito, nada que justifique ataque, ni siquiera -alusiones. La procesión fastuosa del combatido arte moderno ha tenido -apenas algunas vagas parodias... ¿Recordáis en Apuleyo la pintura de la -que precedía la entrada de la primavera, en las fiestas de Isis? (Mét. -XI, 8) Pues confrontad. - - [Ilustración] - - - - - UNA REINA DE BOHEMIA - - [Ilustración] - - - 23 de diciembre 1889. - -EN estos días ha venido a despedirse de Madrid la célebre Mme. -Rattazzi, que con el nombre de _Barón Slock_, dirige en París la -_Nouvelle Revue Internationale_, antiguas _Matinées espagnoles_. Sin -ser archimillonaria, esta señora, verdadera reina del país de Bohemia, -ha mantenido casa puesta durante mucho tiempo, en tres o cuatro -puntos de Europa. Conocida es en gran parte su curiosa vida. Poetisa, -novelista, periodista, mujer de mundo sobre todo, caprichosa y rara -cuando se le sube el Bonaparte a la cabeza, se ha casado tres veces -y ha consagrado un perpetuo culto al amor y al arte. Fué su primer -marido el conde de Solms; el segundo, el famoso hombre público italiano -Rattazzi; el tercero, el español señor de Rute. - -Ya la princesa está muy vieja; con mucho trabajo habrá debido -resignarse a la tiranía del tiempo. Hoy viene a cerrar su casa -madrileña y a decir adiós a España, a la que tanto quiere. Anteanoche -ha dicho conmovida ese adiós, en verso, ante un concurso de amigos. -Todavía tiene energías para trabajar y vuelve a París a proseguir en su -labor; pero ya no verá más el cielo de España, ni volverá a escuchar -las líricas salutaciones que antaño le dirigiera Castelar. Su memoria -está poblada de recuerdos singularísimos; su existencia toda ha pasado -entre grandezas dichosas y terribles tragedias. - -Nieta de Luciano, y por lo tanto, sobrina del emperador, ha recorrido -en triunfo todas las cortes europeas, en tiempos en que su belleza era -cantada por los más gloriosos poetas. Si esta señora publicase sus -memorias, que es probable tenga escritas, serían de lo más interesante. -Posee autógrafos, artículos, versos, cartas amorosas de las primeras -personalidades de este siglo; y no sé hasta qué punto esté de acuerdo -con George Sand, que en una ocasión, a propósito de la publicación de -las cartas de Lamennais, la decía: «Yo pienso como Eugenio Sué, que -los muertos continúan amándonos, pero nosotros les debemos aún más de -lo que nos deben, sobre todo, a señalados muertos, tan ultrajados y -calumniados en vida, por haber amado y procurado el bien. El excelente -Sué se inquietaba por las negligencias de estilo de sus propias cartas -y nos pedía las revisáramos. Si Lamennais hubiese visto de nuevo las -suyas, habría corregido también. En fin, yo contradigo aún a nuestro -pobre Sué, en esto: que debemos atenernos todos a no escribir una -línea que no pueda ser mostrada y publicada. No quiero pensar en lo -que llegarán a ser mis cartas. Quiero persuadirme de que cuando son -íntimas no saldrán de la intimidad benevolente». ¡La pobre Sand, que ha -sido tan traída y llevada cuando la publicación de su correspondencia, -y no hace mucho, cuando la resurrección del famoso Pagello! Eugenio -Sué había escrito antes a María Letizia: «Creedme, mi querida María, -un hombre honrado no se ruboriza jamás de ver expuestas sus opiniones, -sus acciones, o sus pensamientos... Cuando escribe un hombre de nuestra -posición, un escritor, sabe bien que sus cartas son desgraciadamente -autógrafos y que, dentro de veinte o cuarenta años, serán entregadas -necesariamente a la curiosidad o a la simpatía, por la persona a quien -han sido dirigidas, o por sus herederos. Ya lo habéis visto por -Balzac. A cada carta íntima que escribía a vuestra madre, le ponía a -la cabeza: _Brûler_, y vos obedecíais como ella a esta indicación, -mientras que las demás no tenían nada indicado, como si él adivinara el -papel posible que debían representar en tiempo más o menos lejano. Hay, -sin embargo, un caso, en que el silencio más escrupuloso se exige, por -las simples leyes del pudor, y es cuando las cartas han sido dirigidas -a la mujer y no al escritor. La mujer de letras es excusable siempre, -loable a menudo, cuando busca hacer conocer por su correspondencia -a un amigo literario o político que haya pertenecido a su salón; es -censurable y poco delicado cuando turba el silencio del cementerio por -revelaciones amorosas». - -La señora Rattazzi haría muy mal en no formar el más interesante de -los libros con tanto valioso documento como posee. Siendo muy joven, -tuvo el placer de que Alfredo de Musset la hiciera versos. Sainte-Beuve -fué uno de sus galanteadores y el viejo Dumas llegó, en días de mayor -gloria, a ser su amanuense, copiándole, ¡todo un drama! Con Ponsard, el -_flirt_ es innegable como lo demuestra este soneto: - - Hier dans votre sein, ma montre est descendue; - Le pays lui parut sons doute bien orné, - Car pour voir chaque site elle a tant cheminé - Que la pauvre imprudente à la fin s'est perdue. - - Elle battait bien fort, vous l'avez entendue, - Mais vous ne saviez pas que j'eusse imaginé - D'y renfermer au fond mon cœur emprisonné; - C'était lui qui battait sur votre gorge nue. - - Depuis ce temps, il bat d'un mouvement si vif, - Dans le cachot doré qui le retient captif, - Que ma montre en une heure achève la semaine. - - C'est ainsi qu'à l'en croire il s'est passé des mois - Depuis que je vous vis pour la dernière fois; - Il s'est passé pourtant une journée à peine. - -En otros versos, Ponsard ronsardiza: - - Lorsque vous atteindrez le bout de la carrière, - Vieillie et regardant longuement en arrière, - Quand vous n'entendrez plus le langage d'amour, - - Vous puissiez retrouver dans ces feuilles fanées - Un peu du doux parfum de vos jeunes années, - Et dire: Je fus belle et bien aimée un jour. - -Que fué muy bella lo dicen los retratos de sus mejores épocas, los de -su primera juventud y los de su plena lozanía. No ha sido su hermosura -majestuosa belleza de matrona clásica, sino belleza delicada y fina, -lo que expresa el delicioso vocablo francés _mignonne_. Víctor Hugo -estuvo enamorado de ella, y no hay duda de que los suyos son los más -valiosos autógrafos que conserva la anciana princesa. El poeta admiraba -toda su beldad, pero sentía singular predilección por el pie, que debe -indudablemente haber conocido al natural. Creo que me agradeceréis que -os dé a conocer aquí algunas de esas curiosas cartas que dejan ver un -lado poco conocido del gran lírico. Él llamaba a la princesa Rodope, y -a sí mismo se bautizaba, con modesta naturalidad, Esquilo. - -«Hauteville-House, 13 de noviembre. ¿Seríais, señora, bastante buena -para decirme si _La leyenda de los siglos_, que habéis recibido, es la -que os he enviado, pues el honrado correo imperial juzga a propósito -interceptar la mayor parte de mis envíos? Algunos diarios que por ello -se han quejado, en el extranjero, tal vez han llegado a vos. En todo -caso, quizá os lleve el libro yo mismo, si Italia de aquí a entonces -está ya libre, como lo espero. Permitidme que, esperando el gran -artículo prometido por vos al público, os agradezca las veinte líneas -encantadoras que habéis escrito sobre _La leyenda de los siglos_. Y -concededme, señora, la gracia de besar vuestra mano, toda radiante de -poesía. Pongo a vuestros pies todos los homenajes de mi alma y de mi -espíritu.» - -«Querida y sublime Rodope, un pensamiento al despertarme, un -pensamiento de recogimiento y de adoración, al leer esas páginas -tan tristes, tan melancólicas y tan dulces; dejadme en este ensueño -depositar un beso sobre vuestro pie desnudo, pues, como dice Hesíodo, -_el pie desnudo es celeste_. Si mi audacia os enoja, castigad mi carta -quemándola.» - -«17 de julio. No me pidáis ni verso ni prosa; pedidme, señora, -que me conmueva hasta el fondo del alma por una carta como la que -recibo; pedidme que os admire, que os aplauda, que os contemple--de -muy lejos, ¡ay!--. Pedidme que comprenda que una mujer como vos es -una obra maestra de Dios. Los poetas no hacen sino Ilíadas; sólo -Dios hace mujeres como vos; es así cómo se demuestra. Todo lo que me -decís me conmueve. No puedo pensar sin un pesar melancólico, y casi -amargo, en el lugar casi radiante en que me habéis colocado en vuestra -imaginación. Es la gloria, señora, semejante lugar; ¡y ello hubiera -podido ser mejor que la gloria!... Dejadme que me incline ante vuestra -soberanía de gracia, de belleza y de espíritu, y permitid que a la -distancia, y sin intentar franquear toda esta mar y toda esa tierra que -nos separan, y quedando en mi sombra, y replegándome en ella aún más -profundamente y más resueltamente, me ponga, en pensamiento al menos, a -vuestros pies, señora.» - -«Hauteville-House, 1.º de julio. Vuestro encantador envío me llega, -señora en medio de una nube de cartas políticas (algunas muy sombrías), -como una estrella en un torbellino. No sabría deciros con qué emoción -he visto ese deslumbrador retrato, que se parece a vuestro espíritu al -mismo tiempo que a vuestro rostro, y la graciosa firma que lo subraya; -buscad otra palabra que dé las gracias: _je vous remercie_ no es -suficiente.» - -«2 de enero de 1883. El sombrío Esquilo da las gracias a la -deslumbradora y divina Rodope. Las tinieblas están _más que nunca_ -enamoradas de la estrella. Vuestros pensamientos y vuestras cartas -son perlas, de esas perlas ardientes de que habla el Korán. Sería -preciso tener todo lo que vos tenéis, la dignidad mezclada a la -pasión, la gracia exquisita y el deslumbrante espíritu; sería preciso -ser vos misma, para que un hombre en el mundo pudiera creerse digno -de vos. Me parece que si estuviese cerca de vos, en vez de estar tan -lejos, os tomaría algo de vuestra alma, os robaría como Prometeo a los -dioses, esa llamada celeste que está en vos. Pero estás en Roma ¡ay! -Dejadme en este ensueño hablaros y evocaros... ¡Oh, señora! Quien dice -grandeza dice franqueza, y vos sois franca porque sois grande. Desde -hace doce días espero el _coup d'Etat_; espiaba y aguardaba... Hay que -partir, ahora. Heme aquí de nuevo en el torbellino, en el vaivén, en -el movimiento continuo. Escribidme, escribidme. Esquilo envía a Rodope -toda su alma, todos sus ensueños.--VÍCTOR HUGO.» - -Ahora, en sus postreros años, todas esas cosas viven en la memoria de -la antigua beldad, como pétalos de una seca flor entre las hojas de -un viejo libro. La princesa, como he dicho, todavía va a Portugal, a -Turquía, a Austria, en jiras artísticas o periodísticas. Es la sombra -errante de su pasado. Además, ha sufrido durísimos golpes. Uno de ellos -la muerte de una hija, a quien amaba mucho. Estando en Aix-les-Bains, -un ómnibus decapitó a la niña que jugaba, cerca de la villa de la -madre. Su hija Isabel, hija de Rattazzi, se casó en España, y su marido -está en un manicomio. Y como éste muchos sufrimientos, muchas penas. -Con esto paga a la suerte el ser de sangre napoleónica y tener talento. -Y admiro a esta gran bohemia, de familia imperial, que ha sido bella y -ha sabido defenderse de la vida, al amor de los versos y de los besos. - - - - - EL CARTEL EN ESPAÑA - - [Ilustración] - - -AL escribir mis primeras impresiones de España, a mi llegada a -Barcelona, hice notar que una de las particularidades de la ciudad -condal era la luminosa alegría de sus calles, enfloradas en una -primavera de _affiches_. Así como en Buenos Aires se está aún con el -biberón a este respecto, en España no se ha salido de la infancia. León -Deschamps afirma que ello es en el arte en general y más especialmente -en el arte decorativo. El francés exagera. Le bastaría haber puesto los -ojos en un estudio recientemente publicado en la _Revue Encyclopédique_ -por Mélida, para convencerse de lo contrario. Si algo hay que en este -general marasmo sostenga el espíritu antiguo de la gloriosa nación, es -el arte. Las exposiciones--aunque la última haya dejado que desear--se -suceden copiosas, sustentadas por el Círculo de Bellas Artes en -Madrid y por el Concejo municipal en Barcelona. Las pequeñas revistas -ilustradas hacen lo que pueden por desarrollar el gusto público. La -arquitectura busca, en modelos nuevos, amplitud y gracia. El arte -decorativo alcanza notable vuelo en Cataluña. La decoración teatral, -cuyos Rubé y Chaperón han sido Busato y Amalio Fernández, progresa a -ojos vistas. El arte antiguo español tiene un núcleo de apasionados -en la Sociedad de Excursionistas; y en el Ateneo las cátedras de -arqueología y de historia del arte están muy bien mantenidas. Lo que -hay es, como ya lo he manifestado en vez anterior, que la protección de -las clases ricas es nula, y que el Gobierno tampoco se ocupa, como en -tiempos de ilustres memorias, de favorecer la expansión de los talentos -españoles. En la última exposición fué de gran resonancia la compra -de un cuadro de Sorolla hecha por una dama de la aristocracia. No se -dijo después de esto, que ninguna alta personalidad de la Real Casa, -o título rico, hubiese hecho adquisiciones entre lo poco de mérito -que había en el certamen que inició la primavera y cerró la granizada -colosal del pasado mayo, antes de término. - -Pero, hablemos del cartel o _affiche_... - -Desde hace largos años, los carteles vistosos se han usado en España -para anunciar las famosas ferias de Sevilla, de Valencia, la fiesta de -la Virgen del Pilar de Zaragoza, y corridas de toros en días de gala. - -Tales carteles no son desde luego del género de los carteles -comerciales de hoy. En ellos se procura ante todo llamar la atención -del transeunte con la reproducción _criarde_ de los pintorescos tipos -de las provincias, o majas de ojos grandes y rojas sonrisas, toros y -toreros. - -Como fondo puede verse ya la iglesia de la ciudad, o el coso. -Últimamente se han visto carteles anunciadores de las exposiciones de -pinturas, de las fiestas del carnaval y para algunas representaciones -teatrales. Estos aún en número muy reducido, pero se va estableciendo -la costumbre. - -En los carteles de torería ha predominado, como en los de las fiestas -provinciales, y, puede decirse, como en la mayor parte de las nuevas -tentativas, el grito hiriente de los colores, el llamamiento feroz del -color, con su tiranía engañosa; esta terrible potencia del color, que, -como dice Barbey D'Aurevilly, hace creer en la verdad de la mentira. - -Con razón sorprende a Deschamps esta acentuación del crudo colorido, -y de los oros verdaderamente pronunciados. La falta de originalidad -es notoria, pero en esto no sólo en España, sino también en el resto -de Europa se nota actualmente. Son cuatro, son seis, pongamos diez, -_affichistas_ originales; los demás combinan varios procedimientos, o -imitan francamente tales o cuales maneras. En el arte «moderno», en -literatura como en todo, un aire de familia, una marca de parentesco -se advierte en la producción de distintas naciones, bajo climas -diferentes. El primitivismo, el prerrafaelismo inglés, ha contagiado al -mundo entero. El arte decorativo de William Morris y demás compañeros -se refleja en el arte decorativo universal desde hace algunos años. Y -en lo que al cartel se refiere, Aubrey Beardsley perdura en una falange -de artistas ingleses, norteamericanos y de otras partes. El mismo -yanqui Bradley, que tiene personalidad propia, no negaría la influencia -del malogrado y misterioso maestro. Dudley Hardy también ha extendido -su sugestión a muchos de sus contemporáneos. Y en Francia, basta con -nombrar a Chéret para reconocer a cada paso, en obras de otras firmas, -la imitación o el calco de sus figuras, la atracción de sus llameantes -locuras de color. ¿En nuestros ensayos de Buenos Aires no se ve la -persecución de Mucha? Por lo tanto, no es de extrañar que aquí sea el -arte del cartel un arte de reflexión. - -Hace algún tiempo una casa industrial muy conocida, la que fabrica -el más conocido aún anís del Mono, abrió un concurso para anunciar -su licor. Entonces se notó por primera vez que había en España una -cantidad de cartelistas bastante notables que antes no se sospechaba. -Aparecieron «trescientos monos haciendo trescientas mil monerías», como -en los clásicos versos. Pero el mono mejor, el que se llevó el primer -premio, fué el del catalán Casas, quien presentó dos carteles, con -sus monos correspondientes acompañados de dos españolas _monísimas_. -En el uno el animalito sobre un trípode, vierte a la chula, envuelta -en un mantón lujoso de alegres tonos, una copa de anís; en el otro -la chula--¡precioso modelo, por vida mía!--tiene en la diestra la -copa y con la izquierda lleva asido a su mono. Casas es uno de los -mejores artistas actuales en España; con Rusiñol sostiene sabia y -cuerdamente un modernismo bien entendido, en la capital de su Cataluña. -Se le señalan maneras imitadas de autores extranjeros, y Deschamps -escribe a propósito de una de sus últimas producciones, _Pèl & Ploma_, -los nombres de Ibels y de Lautrec. Lo que hay es que tanto Casas -como Rusiñol y los «nuevos» de la joven escuela catalana, como los -escritores, están al tanto de lo que en el mundo entero se produce -de las evoluciones del arte universal contemporáneo, y siguen lo que -se debe seguir del pensamiento extranjero; _los métodos_, como tan -sabiamente lo ha dicho en ocasión reciente y a propósito de otras -disciplinas en Buenos Aires el doctor Juan Agustín García hijo. Después -se desarrolla la concepción individual en el ambiente propio, en el -medio propio. No otra cosa encuentro yo en las obras artísticas y -literarias del admirable artista de Sitges. - -Rusiñol ha hecho carteles dignos de nota, y que el escritor francés -de que he hablado juzga sin observación, con criterio más que ligero, -precipitado. Que Rusiñol sea un _chercheur_, perfectamente de acuerdo. -«Todos sus _affiches_ son de aspecto diferente». _Nego. Le teatro -artístico interior_ (sic) _est un effet de nuit très remarquable_. -¿M. Deschamps no ha podido siquiera darse cuenta de lo que se trata? -_Teatro artístico_ es el nombre del teatro libre que quería Benavente -fundar en Madrid; _Interior_, es el título de un drama, cuyo autor es -harto conocido en _La Plume_, de que es director M. Deschamps, y cuyo -nombre, en letras bien grandes, está al pie del cartel: M. MAETERLINCK. -El «efecto de noche» es una delicada y profunda _rêverie_ en negro y -violeta, si mal no recuerdo, interpretación de la obra vaga y dolorosa -del poeta belga. En todos los carteles de Rusiñol su espíritu se -transparenta, como en todas sus pinturas, como en todo lo suyo, y aun -siendo de manera distinta, por ejemplo, el cartel de _L'allegría que -passa_, puesto que cada tema debe tener una interpretación diversa, -se advierte que también «pasa» por allí el mismo aliento de enfermiza -poesía que en la visión del ensueño del _affiche_ de _Oracions_ hecho -en colaboración con Utrillo, o en esa otra página de melancolía que -anuncia el bello libro de _Fulls de la vida_. - -Riquer es un entusiasta. Ha fundado revistas artísticas _à l'instar_ de -similares extranjeras y de la que entre nosotros realizaría el sueño -de Schiaffino, si existiera; _Luz_ ha sido una de ellas, y tuvo poca -vida. Riquer conoce a maravilla el arte moderno. Sus ilustraciones, -sus dibujos le han dado aquí justa originalidad. En sus carteles hay -el mismo talento buscador y feliz. Es un hábil sinfonista del color, -así le haga detonar demasiado en sus graciosas combinaciones. Sus -_Crisantemas_ son deliciosas en su claro origen sajón; Bradley mismo no -tiene muchos carteles superiores a éste; su figurita para las galletas -y bizcochos de Grau y Compañía es de un encanto innegable sobre su -armoniosa decoración. A Utrillo se le compara con Steinlen. No hay duda -de que el hombre de _Ferros d'Art_ y la figura del _Anuario Riera_, -pongo por caso, parecen de la mano del artista parisiense; pero ¿la -exquisita _noya_ del cartel de las aguas de _Cardo_? Utrillo es fuerte, -es vigoroso; mas cuando un soplo suave le llega, la gracia está con él. - -Marcelino Unceta es especialista, como Pérez, en corridas de toros. Sus -picadores, sus potentes y cornudas bestias, sus _espadas_, todas las -gentes del circo nacional que hace vivir su talento pictórico, son de -primer orden. Pero sus carteles no corresponden bien visto a lo que se -entiende por pintura de _affiche_. Son figuras que pueden entrar en un -cuadro de género, tipos de estudio para verdaderas telas de composición. - -A Xaudaró, el caricaturista, no le considero en la misma línea de los -cartelistas catalanes, aun de los nuevos como Gual, que revela un brío -y un talento que no se discuten. Xaudaró lleva al cartel sus mismas -caricaturas; el eterno enano macrocéfalo, la exageración del gesto, -la deformación, no por cierto a causa de un exceso de comprensión del -dibujo. Sus _bonshommes_ fatigan ya en su incesante repetición. En -la expectación del cartel resultan fuera de su centro; se ve que se -han salido de los álbumes de su autor o de las páginas humorísticas -de las revistas semanales. Navarrete sí merece mención, por su -franqueza de dibujo y su colorido--siempre con la nacional exageración -naturalmente--. Tanto él como casi todos los dibujantes de España -han usado y abusado de la línea gruesa que recorta la figura como el -emplomado de los _vitraux_. Desde la aparición de carteles que han dado -a Alfonso Mucha su celebridad, esa afición ha aumentado, como la de -imitar al _affichista_ de Sarah Bernhardt la manera de desenvolver las -cabelleras de sus figuras, como en cintas y volutas. - -Yo no he tenido la suerte de encontrar esos carteles de que habla M. -Deschamps--que desde luego no ha estado en España según creo--en que -pintores españoles han ensayado crear aquí un arte de cartel nacional. -Lo que he visto, sí, son muchos reflejos, muchas imitaciones, muchos -calcos. Buena voluntad no falta y talento sobra. No será una rareza que -esa creación buscada se realice. Desde luego se ve que en el cartel -español se salen de la rebusca del atractivo por la desnudez. No sé -que motivo haya, como no sea el eterno de la atracción del desnudo, -para anunciar una máquina de coser, unas píldoras o unas lámparas, -con señoritas en cueros, como hace la mayor parte de los cartelistas -franceses. Pero aquí hay muchas bellezas que reproducir halagando -la mirada del público, en este país de hermosos rostros femeninos y -verdadero imperio de flores; Sattler tenía a su disposición el ensueño -en su país del Norte, para hacer florecer de una flor rara su _affiche_ -del periódico _Pan_. ¿Qué cosas, al claro día, no puede decir la paleta -española, con la ayuda de la verdad de su sol? - - - - - LA NOVELA AMERICANA - EN ESPAÑA - - [Ilustración] - - -HA escrito el novelista don José María de Pereda una carta a un editor -madrileño que se propone publicar una serie de novelas de autores -americanos, en la cual carta, después de aplaudir la empresa, hace -declaraciones que conviene notar. Desde luego, el desconocimiento -que existe en la Península de todo el movimiento literario de las -repúblicas hispanoamericanas. Después la afirmación de que la novela -americana existe; o más bien, de que hay novelistas americanos a -quienes él pone sobre su cabeza. El desconocimiento de que habla -el célebre escritor montañés es centuplicadamente mayor que lo que -él supone, no sólo en lo que tiene que ver con la literatura, sino -con la vida política y social y aun con la más elemental geografía. -Y no me refiero al vulgo, o gentes de cultura rudimentaria, sino a -personas de valía mundana y hombres de ciencia, artes y letras. Toda -América es _tierra caliente_; lo que si para París es excusable, no lo -puede ser por motivo alguno para el país que nos ha enviado con sus -conquistadores, su habla, su religión, sus buenas cualidades y sus -defectos. He conocido parisiense de París, literato y orientalista, -para quien no tenía secretos el más modesto personaje del Ramayana, -pero que de San Martín y de Bolívar no sabía sino que el uno era un -santo y el otro un sombrerero. La ignorancia española a este respecto -es más o menos como la de un parisiense. Nuestros nombres más ilustres -son completamente extraños. Por lo general, en política, la erudición -llega a Rosas. Diario importante ha habido que al publicar una noticia -de la reciente guerra boliviana la ha encabezado con toda tranquilidad: -_La guerra de Chile_. En la conversación, podéis oir que se confunden -el Brasil, el Uruguay, o el Paraguay con Buenos Aires. Y en literatura, -todo lo nuestro es irremediablemente tropical o cubano. Nuestros poetas -les evocan un pájaro y una fruta: el sinsonte y la guayaba. Y todos -hacemos guajiras y tenemos algo de Maceo. Tal es el conocimiento. No -exagero. - -«Introdúzcanse, popularícense aquí las obras literarias de nuestros -consaguíneos de allá, dice amablemente el señor Pereda, y las -corrientes intelectuales de simpatía y de afecto serán dobles y -recíprocas, y, por tanto, más poderosas. Yo me honro con la amistad de -muchos escritores hispanoamericanos, vivo con ellos en frecuente trato -epistolar, y por eso sé lo que en España pensamos de sus respectivas -naciones cuantos aquí las conocemos por sus libros, espejos fieles -de su cultura y de sus tendencias. Hablando sólo de novelistas, -porque solamente de ellos se trata ahora, afirmo sin vacilaciones, -_que cuentan las mencionadas Repúblicas con algunos tan buenos como -los mejores de Europa_, etc». La buena voluntad es manifiesta en el -hidalgo. Él ha querido quizás decir «como los mejores de España»; pero -aun así, la lisonja no pierde su aumento. Desde los tiempos de la -conquista a esta parte, son raros los americanos que han podido ocupar -en España un alto puesto intelectual. Además, los que han figurado -han sido más españoles que americanos, puesto que no han debido su -americanismo más que al azar del nacimiento. Colocar a don Ventura de -la Vega entre los poetas argentinos, vale tanto como incluir entre -los poetas cubanos a José María de Heredia, de la Academia Francesa. -Baralt residió casi toda su vida en España, si mal no recuerdo. El -cardenal Moreno nació en Guatemala; pero el primado no era por cierto -guatemalteco. El general Riva Palacio se mezcló con los españoles; -pero por más que lo intentara, prevalecía el perfume del pulque nativo -ante el olor del jerez adquirido. Su españolismo era de diplomacia. -Los glóbulos de sangre que llevamos, la lengua, los vínculos que nos -unen a los españoles no pueden realizar la fusión. Somos otros. Aun en -lo intelectual, aun en la especialidad de la literatura, el sablazo -de San Martín desencuadernó un poco el diccionario, rompió un poco la -gramática. Esto no quita que tendamos a la unidad en el espíritu de la -raza. - -Pero, volviendo a la afirmación del señor de Pereda, y haciendo todos -los esfuerzos posibles para mostrarme optimista, no diviso yo, desde -Méjico hasta el Río de la Plata, no digo nuestro Balzac, nuestro Zola, -nuestro Flaubert, nuestro Maupassant, (¡oh, perdonad!) sino que no -encuentro nuestro Galdós, nuestra Pardo-Bazán, nuestro Pereda, nuestro -Valera. A menos que saludemos a Pereda en el señor Picón Febres, de -Venezuela, y a doña Emilia en la señora Carbonero, del Perú. En todo -el continente se ha publicado, de novela, en lo que va de siglo, y -ya va casi todo, una considerable cantidad de buenas intenciones. -Del copioso montón desearía yo poder entresacar cuatro o cinco obras -presentables a los ojos del criterio europeo. La novela americana no -ha pasado de una que otra feliz tentativa. La _María_ del colombiano -Jorge Isaacs es una rara excepción. Es una flor del Cauca cultivada -según los procedimientos de la jardinería sentimental del inefable -Bernardino. Es el _Pablo_ y _Virginia_ de nuestro mundo. No sé si -Büchner o Molleschott, envió a Isaacs una felicitación entusiasta: y -el sabio Dozy se manifestó conmovido. Dos generaciones americanas se -han sentido llenas de Efraimes y de Marías. Lo cierto es que en esa -ingenua y generosa fabulación hay un indecible encanto humano, de -frescura juvenil y de verdad, que si al llegar al medio del camino de -la vida nos hace sonreir, cuando no nos hace suspirar, en los años -primaverales es un delicioso breviario de amor. Pero fuera de la -_María_ de Isaacs, que el señor Pereda califica con mucha intención -de novela del «género eterno», fuera de ese idilio solitario ¿qué nos -queda? En la República Argentina se ha cultivado la novela. Se ha -cultivado, sí. ¿Y el producto? Saludo con respeto la novela del doctor -López; pero, con muchísimo respeto la coloco a un lado. No me parece -que pueda pretender la representación de la novela americana. Mi pobre -y brillante amigo Julián Martel realizó el plausible esfuerzo de _La -Bolsa_, obra llena de talento, de promesas, de vida, pero _pastiche_. -El autor de los _Silbidos de un vago_ forma con sus novelas un grupo -aparte. Es de lo más valioso en las letras argentinas esa producción -a la diabla, vibrante, valiente, chispeante; pero a la cual falta la -gloria del arte, virtud de inmortalidad. Apoyado por Zola, Antonio -Argerich escribe una novela; otra tentativa. Carlos María Ocantos -escribe novelas absolutamente españolas cuyo argumento se desarrolla -en Buenos Aires. Nos queda una obra de resonancia: _Amalia_ de Mármol. -Quitadle su valor histórico, su alcance político, su base de «episodio -nacional». Encontraréis que el furioso y admirable yámbico resulta -un mediocre novelador. Las novelas de Groussac son novelas europeas -por todo sentido, y la primera razón es que el autor es un europeo. -Grandmontagne con su trilogía realiza, o anuncia, lo que puede ser -mañana la novela argentina. Para mí el primer novelista americano o -el único hasta hoy ha sido el primer novelista argentino: Eduardo -Gutiérrez. Ese bárbaro folletín espeluznante, esa confusión de la -leyenda y de la historia nacional en escritura desenfadada y a la -criolla, forman, en lo copioso de la obra, la señal de una época en -nuestras letras. Esa literatura gaucha es lo único que hasta hoy -puede atraer la curiosidad de Europa: ella es un producto natural, -autóctono, en su salvaje fiereza y poeta va el alma de la tierra. El -poeta de ese momento embrionario es Martín Fierro, y en esto estoy -absolutamente de acuerdo con el señor de Unamuno. - -Chile ha tenido también cultivadores, pero ninguno de los que han -pretendido hacer novela chilena ha vencido al viejo Blest Gana. -Sin embargo, Blest Gana, escritor sin estilo, fabulador de poco -interesantes intrigas, está ya casi olvidado. Su novela no es la -novela americana. Surge ahora en Chile un talento joven que es firme -esperanza; ha demostrado la contextura de un novelista de base -nacional, sostenido por la precisa cultura, la necesaria cultura, sin -la cual nada será posible; me refiero al hijo de Vicuña Mackenna, a -Benjamín Vicuña Mackenna Subercasseaux, de nombre un poco largo para -nombre de autor. Del Perú no conozco novelista nombrable, aunque hay -buenos cuentistas entre los jóvenes literatos, lo que no es poco. -Ricardo Palma ha podido realizar una obra que habría completado su -fama de tradicionista: la novela de la colonia. Lo propio el boliviano -Julio L. Jaimes, cuyas reconstrucciones del buen tiempo viejo de Potosí -demuestran su maestría en esos asuntos. Venezuela ha tenido novelistas -locales, cuya obra total se esfuma ante un solo cuento de Díaz -Rodríguez. Este escritor podría darnos la novela venezolana, americana; -pero se queda en su jardín de cuentos, de innegable filiación europea. -En Colombia los que han escrito novelas forman legión. Colombia es el -país de la fecundidad, en talento, en mediocridad, en todo. Por algún -lado allá todo el mundo es Tequendama. Pues entre toda la balumba de -novelas colombianas tan solamente florece para el mundo, orquídea única -de esos tupidos bosques, la caucana _María_. Últimamente un escritor de -combate, artista leonino, _malgré lui_, ha escrito una novela-poema, -con la inevitable mira política. Hablo de Vargas Vila. En Centro -América sólo hay dignos de cita José Milla, autor de varias curiosas -novelas de argumento colonial, escritor de ingenio muy castizo, -_persona grata_ seguramente al señor de Pereda; Salazar y Enrique -Gómez Carrillo, todos guatemaltecos de nacionalidad, pero el primero, -fruto legítimo de España, el segundo saturado de Alemania, el tercero -parisiense de adopción y vecino del Boul' Mich. En Méjico, como en -Colombia muchos novelistas han surgido, desde Altamirano hasta Gamboa; -pero la novela mejicana se espera aún. - -Ya ve el señor de Pereda que su bondad es un tanto abultadora. Nuestro -organismo mental no está constituído todavía, y si en lírica podemos -presentar dos o tres nombres al mundo, toda la novela americana -producida desde la independencia de España hasta nuestros días no vale -este solo nombre, por otra parte poco simpático para mí: Benito Pérez -Galdós. - - * * * * * - -Una novela americana acaba de publicarse en Madrid, de la cual quiero -hablar a los lectores de _La Nación_. _Todo un pueblo._ Su autor es -Miguel Eduardo Pardo, venezolano, residente en París, y que ha vivido -por algún tiempo en esta Corte. El libro es una obra de bien y de -valor. Alguien ha dicho que en vez de llamarse _Todo un pueblo_, -debería ser _todo un continente_. En efecto, con la excepción de los -dos pueblos cuerdos que van a la cabeza de la América española, el -resto puede reclamar como retrato propio el libro de Pardo. Se trata -del famoso _South America_, un _South America_ que se extiende hasta -la frontera de los Estados Unidos. Yo no sé si su autor ha querido -ponernos a la vista su Venezuela; pero por más de un retrato hecho -a lo vivo, se sacaría por consecuencia que sí. Mas lo que pasa en -las doscientas y tantas páginas del libro puede tener por escenario -más de un país americano que conozco. Es la lucha del espíritu -de civilización con un estado moral casi primitivo que permite el -entronizamiento del caudillaje en política, del fanatismo en religión, -y en lo social de una vida, o retardada en la que confina con la -choza de antes, o advenediza hasta producir ese fruto de exportación -único y de legítima procedencia hispanoamericana: _el rastaquouere_. -En este libro de literato hay el pensamiento de un sociólogo. La -tragedia que anima la narración tiene por escenario un pedazo de esas -Américas cálidas, con sus ciudades semicivilizadas y sus campañas -pletóricas de vida, sembradas de bosques en que impera la más bravía -naturaleza y en donde se refugia el alma del indio, el alma libre -del indio de antaño, afligida de la opresión y decaimiento de los -restos de tribus del indio de ahora. Y es la preponderancia de los -descendientes de los conquistadores, de los mestizos enriquecidos; el -producto de la raza de los aventureros y hombres de presa que llegaron -de España y la raza indígena, que dió por resultado «una sociedad sin -génesis bien esclarecido», que tuvo como las sociedades europeas su -aristocracia, su clase media y su plebe. La primera, más anémica y -por ende menos copiosa que la abundante clase media, engendró seres -degenerados y enclenques los cuales seres, creyendo a pie juntillas -en su alcurniada descendencia, se proclamaron de la noche a la -mañana raíces, ramas, flores y capullos de aquellos árboles egregios -que fueron orgullo genealógico del pueblo que por casualidad hizo -nido en las montañas de la egregia Villabrava. Villabrava, como he -dicho, puede estar en la república americana que el lector guste. En -política es esa interminable serie de revueltas, motines, asesinatos, -pandillajes, asonadas, pronunciamientos; los feroces coronelotes zambos -y los crueles generalotes indios; el aventurero que logra en países -semejantes altos puestos públicos, a fuerza de habilidad y audacia; -los oradores de oratoria rural, los diputados fantoches y guapetones, -¡y _La Patria! ¡La Libertad! ¡El 93! ¡Los derechos del hombre!_ la -Prensa grotesca, adulona o de presa; los distinguidos personajes que -rodean a su excelencia; la policía de verdugos; los vicios desbragados -al son de las bandas palaciegas... ¡oh!, es eso de un pintoresco de -opereta que mezcla lo terrible con lo bufo. Pues bien, de eso hay -mucho en el decorado de la obra de Pardo; y en el fondo el problema -de la regeneración, o mejor, de la verdadera civilización de esas -comarcas. Claro es que en la fábula debía haber su llama de amor, y -la hay; es la lámpara que arde en su pureza entre las agitaciones del -cómico y sangriento carnaval. Pardo es escritor de prosa violenta, algo -desenfadada, pero se ve que ama el arte por los lujos verbales que -ostenta el caballo en que un duque puede entrar en la iglesia, lleva -herraduras de plata. Sobre las rocas de su tierra deja un reguero de -bellas chispas. - - [Ilustración] - - - - - LA CRÍTICA - - [Ilustración] - - - Madrid, 1899. - -HACE algún tiempo decía Leopoldo Alas: «En literatura estamos muy -mal. Muchos no lo notan siquiera, o porque su grosera naturaleza no -da importancia a lo espiritual, no siendo de interés egoísta, o por -falta de gusto y de inteligencia; otros sí lo notan... pero quieren -_ganar amigos_, no perderlos, y hacen como si creyeran que todo va -perfectamente. Censuras generales, anodinas, que no ponen el dedo en -la llaga ni comprometen, eso sí; todo lo que se quiera. Pero censura -directa, concreta, _personal_, con motivo de este autor, de esta obra -¡oh! nadie se atreve. Hablo de la censura bien intencionada, imparcial, -desapasionada, por amor al arte. No llamo censura a los gritos del -rencor, de la enemistad, de la burla baladí, que todo lo mancha y -pisotea por dar que reir a los malvados, a los imbéciles y a los -envidiosos. Ruindades y cascabeles de bufón inmoral, casi inconsciente -en sus injusticias de Momo, no faltan. Alardes de procaz insulto, de -falta de respeto a ideas y legítimas autoridades, abundan; pero eso -¿qué tiene que ver con la crítica honrada, concienzuda, edificante?» - -El señor Alas se refiere, como veis, a la crítica que censura; yo -encuentro iguales o más lamentables tachas en la crítica que quisiera -tender a sociológica; en la crítica que admira. Pero ante todo, -¿existe la crítica española? Un amigo escritor me contestaba: - -«Crítica, no hay; hay críticos.» Desde mi llegada he buscado en libros -y periódicos alguna manifestación nueva. Los pocos reconocidos como -maestros callan, o porque los órganos principales no solicitan sus -opiniones o porque el desencanto les ha poseído. Valera prefiere volver -a la novela; Balart hacer versos de cuando en cuando; _Clarín_, el más -militante de todos, escribe paliques en vez de ensayos, porque los -paliques se los entienden. En las publicaciones de cierta autoridad, -revistas e ilustraciones, ejercen unos cuantos veteranos anónimos, -cuyas palabras no encuentran el más débil eco; extraen sus pensares de -antiguas alacenas, los exponen a propósito de cualquier tópico y los -vuelven a guardar. Los hay que tienen cierto nombre como eruditos en -materias especiales; pero a uno de éstos he visto juzgar en la revista -más seria de España, y en cuatro líneas, como obra mediana y de autor -_que promete_, el magistral _Del Plata al Niágara_--de Groussac--, y -deleitarse en el espacio de dos o tres páginas con cualquier producto -nacional, que entre nosotros apenas lograría ser mencionado en la -sección bibliográfica de un diario. - -Ciertamente, de Larra a estos tiempos, la crítica en España ha tendido -a salir de la estrechez formalista y utilitaria. Quedan rezagos de -la época hermosillesca y dómines tendenciosos, a quienes mataría -una ráfaga de aire libre. Las pocas figuras sobresalientes en la -mediocridad común han conseguido hacer entrar alguna luz tras muchos -esfuerzos; pero esos rayos quedan aislados. La crítica tiene que -encogerse, tiene que rebajarse para ser aceptada. No se demuestra la -voluntad de pensar, en ninguna clase de muntales especulaciones. Y Luis -Taboada dice una corrosiva verdad--que me permito creer de terrible -intención--cuando afirma que en España entre «el señor de Ibsen» y -él, él. Así os explicaréis que _Clarín_ siga en una incontenible -exuberancia de paliques, y que ese grotesco y distinguido gramático de -Valbuena tenga lectores. - -Hay que advertiros que en revistas y diarios, apartando los nombres -célebres que conocéis, todo escritor, malo o bueno, es crítico. La -tendencia que entre nosotros se acentúa, y que en todo país culto es -hoy ley del especialismo, es aquí nula. Todo el mundo puede tratar -de cualquier cosa con un valor afligente. ¿Hay que dar cuenta de una -exposición artística, que juzgar a un poeta o a un músico, o a un -novelista?--El director de la publicación confiará la tarea al primero -de los _reporters_ que encuentre. Aquí no hay más especialistas que -los revisteros de toros; los cuales revisteros también hacen crítica -teatral, o lo que gustéis, con la mayor tranquilidad propia del público. - -Pero hay autoridades notorias. Ante todo Menéndez Pelayo, cuyas -preocupaciones de ortodoxia no han impedido que sea el más amplio al -mismo tiempo que el más sólido criterio de la literatura española en -este siglo. Es una vasta conciencia, unida a un tesón incomparable. -Hace algunos años he tenido ocasión de tratarle íntimamente, cuando -vivía en su departamento del hotel de Las Cuatro Naciones. Hacía vida -mundana, no faltaba a las reuniones de sociedad; tenía su cátedra; -y sin embargo, le sobraba tiempo para escribir en varias revistas, -informarse de los libros en cuatro o cinco idiomas, que llegaban -del extranjero, y proseguir en su labor propia, en la producción de -tanta obra saturada de doctrina, maciza de documentación, imponente -de saber y de fuerza. Es el enorme trabajador de los _Heterodoxos_ y -de las _Ideas estéticas_. Creo que abandonó su antiguo proyecto de -escribir una Historia de la literatura española. Su labor realizada -vale verdaderos tesoros, que son desde luego más estimados en su justo -valer en el extranjero que en España; fuera se pesan su ciencia y su -conciencia; aquí se admira su fetiche, y se le coloca entre varias -beneméritas momias. - -Entregado a estudios universales, a labores de dificilísima erudición, -la crítica de Menéndez Pelayo no se aplica a la producción actual, como -no sea a trabajos que tengan relación con sus señaladas disciplinas. -Encerrado en la Biblioteca Nacional, cuyo director es, continúa en sus -tareas benedictinas, lejos de las agitaciones cuotidianas y en relación -tan sólo con los eruditos y sabios de otros países. - -Don Juan Valera, en sus últimos años, ha vuelto a la novela. No se lee -más aquella sabrosa crítica suya en que las ideas expresadas no tenían -tanto valor como la manera de expresarlas. No es esto decir que el -famoso trabajo sobre el Romanticismo en España, o sobre el _Quijote_, -carezca de vigor ideológico; pero su manera, que desenvuelve tan -gratamente las más sutilísimas complicaciones, ha sido el principal -distintivo de su excepcional talento. Su cultura es mucha, y posee esa -cosa hoy muy poco española en el terreno de la crítica: distinción. -Lo cual no obsta a que a través de la trama de sus discursos aparezca -cierta fina malignidad, un buen humor picaresco, que suele dar a los -más calurosos elogios una faz de burla. Y esto es de tal modo, que los -enconados o los envidiosos suelen ver aún en los más sinceros aplausos -de don Juan, un sentido oculto y desventajoso para los que él cree -dignos de su alabanza. - -Lo cierto es que tiene singular habilidad para manejar contradicciones -y recrearse recreando con paradojas. Teje alrededor de una idea -complicadas redes, traza ingeniosos laberintos en donde él camina con -toda holgura y sin peligro, mientras sus lectores poco avisados caen en -la trampa o juzgan salir del enredo cuando más en él se internan. Y no -obstante, yo creo en la lealtad de sus opiniones. A este respecto le -encuentro mucho de semejante con Anatole France. - -Leopoldo Alas, o sea _Clarín_, ha sufrido la imposición de un público -poco afecto a producciones que exijan la menor elevación intelectual. -_Clarín_ ha demostrado ser un literato de alto valer, un pensador -y un escritor culto, en libros y ensayos que fuera de su país han -encontrado aprecio y justicia; mientras los lectores españoles no han -podido sino gustar sus cualidades de satírico, obligándole así a una -inacabable serie de charlas más o menos graciosas, en que, para no caer -en ridículo, tiene que desperdiciar su talento ocupándose generalmente -de autores cursis, de prosistas hueros y poetas «hebenes». Taboada en -el Parnaso. Y ese es el autor de páginas magistrales como sus antiguas -_Lecturas_, o su ensayo sobre _Baudelaire_, o el de _Daudet_ y tantos -otros. En América se tiene por esto una idea falsa de Leopoldo Alas. -Este es un hombre serio: desde hace mucho tiempo doctor en derecho -y profesor de Oviedo, y entregado siempre a lecturas graves y poco -risueñas. Mas tiene que reir y hacer reir a tontos y a malignos, so -pena de no colocar sus estudios de médula y enseñanza: pues como lo -acaba de decir un diario--_El Liberal_--, el «_Madrid Cómico_ va en -camino de ser el primer periódico literario de España». Claro está que -el señor Alas escribe esos artículos con una precipitación febril que -se ve claramente en cada uno de ellos, y así se explica que algunas dos -veces haya confundido en el _Madrid Cómico_ a Richepin con... Montepín, -y haya hecho la célebre comparación entre Flaubert, Eberts y Anatole -France, con el Valera de _Morsamor_. _Clarín_, pues, actualmente, no -escribe crítica, como no sea para el extranjero. ¡Aquí, lo que pagan -bien son paliques: pues paliques! - -El señor Balart también hace mucho tiempo que no critica. Este -escritor, cuya fama de poeta ha oscurecido su renombre de crítico, ha -sido comparado con Lemaître y France a título de impresionismo. En mi -entender, no ha habido en el señor Balart más que una nueva faz del -eterno pedagogo autoritario, que se conmueve reglamentariamente y falla -en última instancia sobre todas las estéticas; y así como su censura -es estrecha, su elogio es desmesurado. Se le ve en ocasiones pasar -impasible ante una manifestación artística, ante una idea llena de -novedad y de belleza, y cantar los más sonoros himnos a la mediocridad -apadrinada, o a lo que por algún lado halaga sus tendencias personales, -sus propios modos de ver. Se celebran sus críticas de arte, y jamás -ha demostrado en tales asuntos sino la más completa chatura, la -«flatitud» de un criterio áptero, impermeable a toda onda de arte puro. -Viene de los antípodas de un Ruskin. Yo no me explico la conquista -de su autoridad a este respecto sino por la falta de competencias y -por la inconmovilidad con que la mayoría se deja imponer toda suerte -de pontificados. La misma minoría intelectual no protesta sino en -voz baja, y, sin fuerzas tampoco para poder imponerse, deja que la -corriente siga. - -Como crítico de arte sobresale Jacinto Octavio Picón, el novelista cuyo -último libro sobre Velázquez ha tenido muy buena acogida en España -y fuera de España. Su crítica teatral ha tenido también una época -de boga. A este respecto se distingue entre todos sus colegas, el -crítico de _El Español_, señor Canals. Al menos es quien trata con más -certidumbre y más entusiasmo las obras de que le toca dar cuenta en su -tarea periodística. - -Podría señalar algunos otros nombres como el del señor González -Serrano--después de recordar la pérdida que sufrió el pensamiento -español con la muerte del catalán Ixart--, pero sería la revista harto -larga. En la juventud surge hoy una que otra esperanza, y no es poco -lo que ha de dar en un cercano porvenir cerebro tan bien nutrido y -generoso como el del autor de _Alma Contemporánea_, Llanas Aguilaniedo, -cuyos comienzos han entusiasmado al mismo descontentadizo _Clarín_. -Llanas es un estudioso y un reflexivo. Comprendo lo grave que encierra -el trabajo de pensar y de juzgar. Hay una luz individual que él ha -descubierto dentro de su propio espíritu, y siguiendo el consejo de -Emerson, la persigue. En lo moral, en lo intelectual, cultiva la buena -virtud de la higiene. Llega a una época en que, si sabe dirigir su -propia voluntad, hará mucho bien a la nueva generación de su país. No -es su libro primigenio, sino la apertura de una larga vía. En esas -páginas hay mucho justo y original y no poco reflejo e injusto. Pero -el esfuerzo supera a todo lo que sus compañeros han producido. Antes -que él está Martínez Ruiz, curioso y aislado en el grupo de la juventud -española que piensa. De él he de tratar en otra ocasión, como del vasco -nietzschista Ramiro de Maeztu, que está llamando la atención de los que -observan, por su fuerza y su singularidad. - - [Ilustración] - - - - - LA JOVEN ARISTOCRACIA - - [Ilustración] - - -CUANDO el rey de España recibe a los nuevos grandes que deben cubrirse -delante de él, es costumbre que cada cual diga unas cuantas frases en -que, después de recordar la gloria de sus antepasados y el timbre de -sus blasones, ofrezca al monarca sus servicios y protestas de lealtad. -Sorprendió hace algún tiempo el discurso de cierto joven grande de -España, que más o menos, dijo a la reina estos conceptos: «Señora, mis -abuelos fueron mis abuelos y su gloria es de ellos; yo soy ingeniero -y mi título y mi trabajo es lo único que puedo poner a los pies de -vuestra majestad». Lo llamativo y simpático de la nota, despertaba -en la generalidad este pensar: «¡Hay, pues, nobles que trabajan!» La -sorpresa era justa. Es un hecho reconocido que en nuestras sociedades -modernas, según la frase reciente de M. de Montmorand, _ce qui -caractérise le noble, c'est son oisiveté, son inaptitude au travail_. - -En todas partes, y por su propia culpa, la nobleza ha perdido terreno. - -Las necesidades de la vida actual, el desarrollo del comercio, -las ambiciones de la gran burguesía, han trastornado un tanto los -armoriales: y el día en que un Rothschild ha sido ennoblecido a causa -de su dinero, el espíritu de Dozier flotó sobre las salazones de -Chicago. Desacreditada y todo, la nobleza impone sus pergaminos. Las -señoritas adineradas de los Estados Unidos, y por no quedarnos atrás, -algunas de la América del Sur, pagan a buen precio el derecho de -poder ostentar una corona marcada en su ropa blanca, o pintada en la -portezuela del carruaje. En nuestras democracias, la presencia de un -noble siempre es decorativa en la vida social. Huelen esos caballeros, -mal educados, ignorantes, obtusos, pero casi siempre ¡visten tan bien! -A América suelen llegar _gentlemen_ y _escrocs_; nobles verdaderos y -nobles falsos. Algunos han ido a parar a la penitenciaría de Buenos -Aires. - -La nobleza francesa, que en estos últimos tiempos ha dado tan poco -edificantes espectáculos, diríase que constituye el más claro tipo de -decadencia. Su incapacidad es tan solamente igualada por su ligereza; -y si en algo puede confiar la estabilidad de la república, es en la -ineptitud intelectual y flaqueza moral que se revela en ese plantío -de gardenias y claveles. Con gran justicia un escritor de criterio -certero, Paul Duplan, dice, en un estudio reciente: «Cuando se estudia -la historia de nuestro país de cien años acá, queda uno estupefacto de -la increíble incoherencia sociológica y política de los nobles. Hacen -constantemente lo contrario de lo que se podría prever; están siempre a -caballo cuando se debería estar a pie; parlanchines y ruidosos cuando -deberían estar silenciosos y prudentes; pierden en la vida pública el -tacto que conservan en sus salones; empujan la república a la izquierda -con la intención de atraerla a la derecha; demasiado católicos al -fin del siglo XIX después de haber sido volterianos al fin del siglo -XVIII, pierden el contacto con la democracia y se obstinan en confiar -sus hijos a los religiosos, cuando debían hacerlos educar en nuestros -colegios; caen en el snobismo inglés, cuando debían hacer prevalecer la -elegancia francesa; chismosos y maldicientes; descontentos y vejados -bajo la Restauración, bajo Luis Felipe, bajo Napoleón III, bajo la -tercera república; vuelven la espalda a la ciencia contemporánea que -no es clerical y quieren que lo sea; se hacen ridículamente zurrar -el 16 de mayo; se meten en «la Baulange»; exageran el antisemitismo -después de haber adoptado a los grandes judíos, aceptado sus regalos -y frecuentado sus castillos, sus yates y sus cacerías. En fin, gentes -en su mayor parte _surannés_ y _vieux jeu_, aun en el dominio de -sus placeres. Han quedado como cazadores diligentes, y ¿qué ardor -les devora? Por ejemplo, la caza a la carrera como en las épocas -prehistóricas: cansar, en nuestras pequeñas florestas, a un desgraciado -animal, casi amansado, que a menudo no quiere correr; entregarle a la -ferocidad de los perros y gozar con ese terror y con esa muerte. ¿Y -el estúpido tiro de pichón? ¡Qué singular _élite_, la de esta nobleza -ociosa e ingenua, que no tiene otra carrera que el matrimonio de -dinero!» - -La nobleza española no ha llegado a este último estado, hay que -confesarlo. (¿Es por falta de cotización?) Pero nada señala que la -patria española pueda esperar algo de sus grandes o de su aristocracia. -A pesar de que buena parte de las principales familias educan a -los hijos en pensiones inglesas, es difícil encontrar aquí el -_gentleman-farmer_ blasonado. Los propietarios de tierras de labranza, -o los ganaderos, o arriendan o dejan los trabajos al cuidado de -administradores, que poco interés han de tomarse, como no sea el propio -provecho. El propietario cobra sus rentas, sin que se le ocurra pensar -en introducir mejoras, o aplicar la experiencia de otros países, en -procedimientos o maquinaria. - -Algunos se dedican a la política; raros, rarísimos, como Valdeiglesias, -al periodismo. Señalados son los que en las letras tienen nombre, o -se consagran a estudios especiales. En cuanto a los grandes nombres -científicos, ni Cajal, ni Federico Rubio, ni Builla, ni Posada, ni -Pedro Dorado, ni Augusto Linares, pertenecen a la nobleza... En -el teatro, durante el tiempo que llevo en Madrid, dos títulos han -presentado al público sendos arreglos del francés. En cambio, hay un -actor grande de España, y varios emparentados con linajudas casas. -Ahora bien, con la última estadística a la vista, he contado 41 duques, -358 marqueses, 203 condes, 30 vizcondes y 49 barones. - -De antiguo he sabido la poca afición al trabajo de la nobleza española, -a causa sobre todo de las preeminencias de la hidalguía y de los -mayorazgos. - -Familias llenas de oro y acostumbradas al regalo, mal podían pensar en -otra cosa que en los privilegios de su grandeza. En tiempos de Felipe -II, el duque del infantado tenía 90.000 ducados de renta; el de Medina -de Río Seco, 130.000; el de Osuna, 130.000; dependían de ellos más de -30.000 familias feudatarias. Los duques de Alba, de Nájera, y de Zúñiga -poseían tierras que daban 80.000, 60.000 y 70.000 ducados de renta, en -Castilla la Vieja; el de Medinaceli, en Toledo, 150.000; en Granada, -Extremadura y Jaén, los duques de Medina Sidonia, de Arcos y de Feria, -150.000, 70.000 y 60.000. En Cataluña y Valencia los duques de Gandía y -Córdoba, 80.000 ducados de renta cada uno. (_Ms. de Denys Geoffroy. V. -Weiss_). - -Algunas de estas familias todavía conservan mucho de sus pasadas -riquezas. Otras, como la de los Osuna, han tenido que caer bajo el -martillo del rematador. - -La juventud aristocrática, como he dicho, se educa generalmente en el -extranjero: Inglaterra y Bélgica son los países preferidos. - -La educación es esencialmente religiosa. Siempre, en las altas familias -está la influencia del sacerdote. - -Si el joven sigue una carrera, una vez obtenido el título se dedica -a vivir de sus rentas; se case o no se case, en Madrid y en el -extranjero, la vida social y el _sport_ le absorberán todo su tiempo. -La moda inglesa, el britanismo, se apodera de algunos; otros tienden a -la vida chulesca. Son amigos de los toreros, y, los días de corrida, -van a la plaza con indumentaria que pregona sus aficiones, en lujosas -calesas tiradas por mulas llenas de cascabeles, o en sus espléndidos -carruajes. Hoy que medra el café-concert, hay quienes se aficionan -a las _divettes_. Por lo que toca a la vida íntima, a la familia, -naturalmente, diré que no la conozco. Se me dice, no obstante, que el -padre Coloma exagera un poco sus _Pequeñeces_. - -Las antiguas virtudes esencialmente españolas, parece que también han -desaparecido. Dejo la palabra a don Santiago Alba. - -«Por de pronto, ya hemos revelado y hemos aprendido que sin una -educación positiva no conservan los pueblos algo de que nosotros -hubimos de creernos depositarios, a través de los siglos de los siglos, -simplemente por el mágico efluvio de nuestras glorias legendarias: el -valor y el patriotismo. Mientras que aquí la aristocracia de la sangre -y la del dinero--con ligeras y honrosísimas excepciones--seguíase -divirtiendo en plena guerra «a fin de evitar perjuicios al comercio -y a la industria», allá, en el pueblo de los «mercachifles», todo un -batallón de millonarios pedía puesto en la guerra y recibía en la -vanguardia el saludo de los fusiles españoles». - -El _faineantismo_ da esos peligrosos frutos. - -La joven nobleza también ha sabido divertirse de bastante sonoras y -extraordinarias maneras. No generalizo: pero un buen ramillete de -hechos os hará ver que la «indiada» de Buenos Aires no tendría mucho -de que ufanarse ante ciertos ejemplos de por acá. En todos lugares -la _jeunesse dorée_ es censurada por causa de su poco juicio y de -su _humor_, y nuestra América no está fuera de la regla. Durante mi -permanencia en Chile pude observar la campaña que la Prensa entablara -contra la famosa «juventud dorada» de Santiago; y en Buenos Aires -he visto cómo se protesta ante las hazañas de los «indios», hoy ya -casi desaparecidos, o destituídos por precarios aunque estrepitosos -compadritos. Hay que consolarse con que el caso ha sido de todos -los tiempos; y Alcibíades al cortar la cola a su perro, y Erostrato -incendiando el templo de Diana, eran ya precursores. En la grave -Inglaterra podéis recordar las proezas realizadas por los distintos -Clubs de que nos habla Hugo en una de sus más bellas novelas. Los -hechos sucedían entre jóvenes de la _nobility_ y de la _gentry_. La -broma se convertía a veces en crimen. Se divertían «decentemente», -dice Hugo. Había el _She romps club_, cuyos miembros ponían con los -pies para arriba a la primera mujer que pasaba por la calle; si se -oponía, se la azotaba. Los del _Merry-dances_ «hacían bailar por negros -y blancas las danzas de los picantes y de los tintirimbas del Perú, -especialmente la mozamala. Los del _Hellfire_ tenían por especialidad -cometer sacrilegios. Los de _Las cabezadas_ las daban a las gentes. -Los del _Fun_ rompían espejos y retratos, mataban perros, hacían -circular falsas noticias, incendiaban, hacían daño en las casas. Los -del _Mohock_, reían hiriendo y martirizando a pobres transeúntes». -Y concluye Hugo: «Esos eran, al principio del siglo XVIII, los -pasatiempos de los opulentos ociosos de Londres. Los ociosos de París -tenían otros. Monsieur de Charolais soltaba un tiro a un burgués a la -puerta de su casa. _De tout temps la jeunesse s'est amusée_». Ya veis -una vez más que nada hay nuevo bajo el sol. - -Ahora, veamos algunos hechos graciosos de nuestros parientes los -hidalgos. - -En un pueblo de la provincia de Segovia, el duque de S. F. tuvo la -humorada de dar una cacería, a la que invitó especialmente al cura. De -pronto, en lo más intrincado del bosque, aparece un grupo numeroso de -«damas alegres» con la indumentaria de Diana y sus ninfas. - -El joven conde de F. S. y el primogénito de los marqueses de R., una -mañana de invierno, al salir de una _juerga_, tuvieron a bien bañarse -en el estanque helado del Retiro, de donde fueron sacados medio muertos. - -El hijo del conde de P. R. y el del conde de F. S., en una noche de -verano encuentran en el paseo de Recoletos a una joven aguadora, y -con unas tijeras ejercen de peluqueros profanando una de las bellas -poesías de Gauthier... Estos mismos jóvenes risueños encerraron en una -leñera de una casa en la calle de Isabel la Católica a la portera, e -hicieron apalear por el portero a un quidam. - -Un sobrino del duque de V. se divierte tanto, que la familia resuelve -enviarlo a Filipinas. Allá es sumamente atendido por el Arzobispo, que -le ofrece desde luego su coche. El joven acepta y lo aprovecha para ir -a ciertas casas. Las gentes que pasaban y veían allí situados el coche -y los cocheros de su ilustrísima, se hacían cruces: «¡Qué casas visita -el señor Arzobispo!» - -Un personaje ya citado penetra en una casa de juego, y revólver en -mano se adueña del dinero. Nadie le dice una palabra. Al día siguiente -vuelve; pero hay listos dos sujetos «de buena voluntad» que le meten en -un coche, le llevan al camino de Chamartín de la Rosa y le pegan tal -paliza que queda casi sin vida. - -El marquesito de R., temible por lo que llama el sabio Cajal el -_matonismo_, arruinó a un tabernero de la plaza de Santa Cruz, con la -célebre frase «apunte usted». El infeliz se dejó arruinar sin proferir -una queja. - -A veces la farsa es trágica. En una provincia, dos caballeros joviales -encuentran a una desgraciada y «porque está melancólica» determinan -echarla al río. Lo hacen, y la mujer se ahoga. - -En un balcón de cierta casa de la calle de la Palma tuvo toda una noche -vestidas de Eva a tres jóvenes del batallón de Citeres, el duquesito de -S. F. - -Un burgués rico, andaluz y muy chistoso, va con una dama en un -carruaje; ordena al cochero que vuelque, y resulta la dama con las -piernas rotas. Otra vez se complace en meter a un bufón popular en el -vientre de un caballo muerto. - -El hijo de un gran general entra en un café sable en mano cierta noche -con una compañera de escasa indumentaria. Hace desalojar la sala y la -convierte en alcoba de placer. Este mismo va a una funeraria y encarga -un servicio para cierto difunto que estaba muy vivo en su casa. - -El nieto de un célebre escritor, hijo del conde de C. A., y emparentado -con la más alta nobleza, estando en el teatro de cierta ciudad, -contestó el saludo de un amigo que estaba en la platea, tirando de su -palco silla tras silla. El mismo rompió en Gijón todo el servicio de un -café, sin la menor protesta del dueño. Después, en un teatro de otra -ciudad, suspendió la función a garrotazos. - -A veces las cosas resultan mal. Al hijo natural de un insigne hombre -político le asesinaron en la calle de la Flor unos cuantos chulos. - -En Almería un joven distinguido va a una casa de diversión. La dueña se -opone a que entre, y él la deja muerta de un tiro. - -Tres de los ya señalados ataron una noche a un sereno ante la estatua -del teniente Ruiz--cara a Julio Ruiz. - -Un buen día el marquesito R... necesita dinero, y saca y lleva a una -casa de préstamos las más ricas ropas de la señora marquesa. - -El conde de P... apuesta con un amigo que irá a París a ganarse la vida -pidiendo limosna y tocando la guitarra por las calles. Y lo hace. - -Hay otras tantas cosas delicadas de citar, por la altura de los -personajes que tomaron parte; pero que, aunque la Prensa no se haya -ocupado de ellas, están en la memoria de todo Madrid. - -Así, nuestros indios con su _fun_ ya veis que se han quedado un -poco atrás. Sus ocurrencias no son causadas por el soplo que viene -de la Pampa y que aun trae el eco del malón. La «indiada» de las -noches alegres bonaerenses tendría que aprender de los descendientes -de ilustres casas, de jóvenes cuyos cuarteles de familia tienen la -consagración de muchos reyes. La filosofía del asunto sería que el -deseo del mal por el mal es innato, y que el sentido de la perversidad -de que habla Poe duerme en su célula, esperando la oportunidad de -aparecer. El estudio y el trabajo son los únicos antídotos contra ese -veneno natural e íntimo. Con ellos se doma la fierecilla que va con -nosotros. Mas en las clases ricas y extrañas a todo lo que no sea -capricho y goce de la existencia, entre la ociosidad y el fastidio, el -trabajo y el estudio no pueden obrar. Agregar a esto los privilegios -sociales, la pobreza fisiológica y la degeneración demostrada de las -familias nobiliarias, y decidme si se puede «hacer patria» con tales -elementos. - -No, no puede aguardar nada España de su aristocracia. La salvación si -viene, vendrá del pueblo guiado por su instinto propio, de la parte -laboriosa que representa las energías que quedan del espíritu español, -libre de políticos logreros y de pastores lobos. - - [Ilustración] - - - - - CONGRESO SOCIAL Y ECONÓMICO - IBERO-AMERICANO - - [Ilustración] - - - 21 de febrero de 1900. - -LA Sociedad Unión Ibero-Americana trabaja en estos momentos porque -se celebre un Congreso, que denomina social y económico, y al cual -concurrirían las Repúblicas americanas y España con objeto de estrechar -y aumentar las relaciones sociales comerciales. Con Congreso, o sin -Congreso, ya era tiempo de ocuparse en este asunto. La situación -en que se encuentra la antigua Metrópoli con las que fueron en un -tiempo sus colonias no puede ser más precaria. La caída fué colosal. -Las causas están en la conciencia de todos. La expansión colonial de -otras naciones contrasta, al fin de la centuria, con las absolutas -pérdidas de la que fué señora de muchas colonias. Después del desastre, -recogida en su propio hogar, piensa con cordura en la manera de volver -a recuperar algo de lo perdido, ya que no en imposibles reconquistas -territoriales, lo que pueda en el terreno de las simpatías nacionales -y de los mercados para su producción. Reconocido está ya, que la culpa -de la decadencia española en América no ha sido, como en el verso, -obra «del tiempo». Ha sido culpa de España. En cuanto a los males -interiores, cierto es que no pocos se los causó el descubrimiento del -nuevo mundo. Esos 50 millones de habitantes; 24 millones de kilómetros -cuadrados; 48 Españas en extensión, «donde se derramó nuestra sangre, -se malgastó nuestra vida, y sólo suenan como un recuerdo los acentos de -nuestra lengua», que dice el escritor andaluz señor Ledesma, les fueron -perjudiciales al reino conquistador. No porque sin la obra de Colón -hubiese completado el gran Cardenal su empresa africana, sino porque -aquel Klondike continental sería el cebo de aventureros ambiciosos, y -envenenaría de oro fácil las fuentes industriales de la Península. El -hidalgo, _conquerant de l'or_ no tendrá sino que procurarse «peluca -y espada, desdeñando oficios y comercio», como escribe en uno de sus -libros Juan Agustín García, al citar a Gervasoni y una Cédula real: -«De las Indias he sido avisado que muchas personas que de acá pasan, -puesto que en ésta solían trabajar e vivían e se mantenían con su -trabajo, después que allá tienen algo, no quieren trabajar, sino -folgar el tiempo que tienen, de manera que hay muchos: de cuya causa -yo envío a mandar que el Gobernador apremie a los de esta calidad para -que trabajen en sus faciendas». Eso hacía España una vez realizada la -conquista del oro, folgar el tiempo que tenía. Primero fué el tiempo -del aumento del poderío, la sujeción del sol en sus dominios; más ya -con Felipe II empieza la carcoma y el decaimiento. Esto a pesar de -la riqueza natural, tan copiosamente señalada por entusiastas como -Mariana o Miñano. Wiss se embelesa en repetir la enumeración de tantos -elementos de riqueza, en varios climas y en tierras fecundísimas. Al -par que los distintos productos ofrecen un copioso acervo para la -exportación, ésta está favorecida por la extensión de las costas y la -buena condición de los puertos mediterráneos y atlánticos. Todo esto -era aprovechado en el siglo XVI. El movimiento fabril y el desarrollo -comercial acrecían la riqueza. Los tejidos se fabricaban en numerosos -establecimientos. - -Solamente en Segovia, cuyos paños se tenían por los más bellos de -Europa, trabajaban 34.000 obreros. Según de Jonnes, en 1519 se contaban -en Sevilla 6.000 telares de seda, y habría 130.000 obreros en la -fabricación de sedería y tejidos de lana. Hay que leer a este respecto -el estudio que sobre las industrias antiguas sevillanas ha publicado -el erudito señor Gestoso y Pérez--que tiene inédito un «Ensayo de un -Diccionario de artistas industriales que florecieron en Sevilla desde -el siglo XIII hasta el siglo XVIII, inclusive»--, para darse cuenta -del progreso alcanzado en aquella época y en aquella provincia, en -lo referente a la producción industrial. Las marinas mercantes de -Inglaterra y Francia eran inferiores a la española. El inflado Moncada -puede escribir del puerto sevillano: «es la capital de todos los -comerciantes del mundo. Poco ha que la Andalucía estaba situada en las -extremidades de la tierra, pero con el descubrimiento de las Indias -ha llegado a estar en el centro». La riqueza estaba en fruto; diríase -que España era la nación de las naciones; solamente el ojo visionario -de Campanella advertía peligros en lo oscuro del porvenir; y notaba -que como hoy a Inglaterra, tenían ojeriza todos los pueblos del mundo -al pueblo fuerte y rico que dominaba. Ciertamente habían de cumplirse -los temores del autor de la _Monarquía Hispánica_ y con los sucesores -de Felipe II vendría el descenso a nación de segundo orden, la pérdida -en los distintos dominios, la decadencia militar y la mengua en el -comercio. La escasez de barcos se acentuó tanto, que ya bajo Carlos -_el Hechizado_ se hacían servicios oficiales a Cuba y a las Canarias, -por medio de buques genoveses. Los productos escaseaban, pues los -cultivos fueron dejados, y los campos, un tiempo florecientes, estaban -despoblados de trabajadores, a punto de que no solamente en ambas -Castillas, sino también en la productiva región andaluza, el abandono -era absoluto. Disminuyó a una cantidad mínima la exportación de la -lana, en lugares como Cuenca. Los telares y sederías quedaban reducidos -a señalado número. El movimiento comercial, con la renta de los -productos del país, vino muy a menos; la exportación a las colonias de -América fué nula, y España tuvo que empezar a proveerse en otros países -manufactureros. De más está decir que otras naciones aprovecharon el -caso para colocar sus mercaderías en las tierras americanas. - -Con la funesta expulsión de los moros padecieron grandemente la -agricultura y la industria. Aquellas gentes laboriosas por religión y -por necesidad habían aumentado inmensamente la riqueza de la península -no solamente con sus labores fabriles, sino con el cultivo de los -campos, como esa maravillosa huerta de Valencia que les fué pingüe y -que tanto hermosearon y aprovecharon. Una vez realizada la expulsión, -claro es que el movimiento comercial e industrial, sostenido por -ellos, mermó y luego concluyó. Ya en el reinado de Felipe III, a la -decadencia en los trabajos del campo se juntó una baja de población -notabilísima. En Cataluña misma estaban deshabitadas «las tres cuartas -partes de los pueblos». En plenas Cortes, y bajo Felipe IV, se clamó -contra la amenaza de una ruina segura. «Pues era llana y evidente, dice -Céspedes y Meneses, que si este estado se aumentase, al paso mismo -que hasta allí, habría de faltar a los lugares habitantes y vecinos, -los labradores a los campos y los pilotos a la mar... y desdeñando -el casamiento, duraría el mundo un siglo sólo». Weiss demuestra la -decadencia de la agricultura, entre otros motivos, por la disminución -progresiva de la población española desde el reinado de Felipe II hasta -el advenimiento de los Borbones--Miguel calcula, apoyado en Ustariz, -en cinco millones setecientas mil almas la población de España bajo -Carlos I--; la amortización eclesiástica--«los capitales quitados a -la agricultura y a la industria para sepultarse para siempre en los -conventos»--; los mayorazgos en las familias nobles y las devastaciones -anuales de las campiñas por los ganados trashumantes. Muchos daños se -debieron al «honrado Concejo de la mesta». - -El oro americano, como antes he apuntado, fué ponzoñoso para el -movimiento industrial peninsular. La baja de los metales fué de cuatro -quintas partes en un siglo; y el aumento de la mano de obra causó el -alza de valor en la producción fabril. - -Se desdeñaron los productos naturales de las tierras americanas, -dejando que se aprovecharan de ellos mercaderes de Inglaterra y -Holanda, y fijos tan sólo en el codiciado producto de las minas. «A -poco, dice Weiss, dejaron las fábricas de la Metrópoli de abastecer las -necesidades de las colonias, porque eran pocos los obreros y escaseaban -las primeras materias». «Las colonias, agrega, suministraban bastante -oro para permitir a los fabricantes continuar sus trabajos, aunque lo -caro de los jornales les impidiese introducir sus productos en Francia, -Italia y otros puntos de Europa. Para esto hubiera sido necesario que -procurase España satisfacer las demandas de las colonias e hiciese -imposible el comercio de contrabando, pero ¡quién había de creerlo! los -españoles tuvieron por una calamidad el trueque de los productos de -la industria nacional por el oro del nuevo mundo, y le atribuyeron la -repentina alza de todos los artículos de primera necesidad. Hubieran -querido que América les remitiese sus metales preciosos sin llevarles -en cambio los objetos fabricados en su país». El comercio con América -desde aquellos tiempos fué tratado con singular error; en los comienzos -hubo libertad de tráfico entre España y sus dependencias. Carlos V -puso algunas trabas y Felipe II ordenó un porcentaje de salida, el 5, -otro de llegada, el 10, a las mercancías para las Indias. El aumento -del llamado almojarifazgo fué un golpe más. En América aumentaba el -contrabando de otras naciones, y se dió el caso que cita Humboldt, de -que los mineros de América comprasen de tres a cuatro mil quintales de -pólvora anualmente, en los almacenes del reino, en tanto que la sola -mina Valenciana consumía de diez y nueve mil quinientos a diez y nueve -mil seiscientos. En tiempo de Felipe III, hasta 1612, bajaron tanto las -rentas, que el quinto de las minas de Potosí, Perú y Nueva España, con -otras entradas de América--dos millones doscientos setenta y dos mil -ducados, fuera de gastos--, estuvieron empeñadas a los genoveses. Bajo -el reinado de Isabel se hizo algo por la agricultura y la industria -en las colonias americanas; pero luego los españoles que iban a -establecerse no se cuidaban sino de engordar la hucha. Por lo que toca -al Río de la Plata, basta leer las obras de J. A. García, hijo, para -darse cuenta de la obra de los virreyes, y de los hidalgos inmigrantes. -Anualmente iban dos escuadras, a Méjico y al Perú, con objetos de -comercio. Esos eran los galeones que volvían cargados de oro. Ulloa -narra pintorescamente la manera de comerciar entre los mercaderes -americanos y españoles. Los pobres indios eran inicuamente engañados -y explotados por la misma codicia de los corregidores. El comercio -disminuyó; y a mediados del siglo XVII ya España no podía abastecer sus -colonias. Los extranjeros, en cambio, aumentaban su venta; de Portugal -salían «doscientos buques de trescientas a cuatrocientas toneladas -con ricos cargamentos de telas, sedas, paños, tejidos de lana, de oro -y de plata, artículos que compraban los portugueses a los flamencos -franceses, ingleses y alemanes. Los embarcaban en Lisboa, Oporto, -Mondigo, Viana, y en los puertecillos de Lagos, Villanova, Faro y -Tavira, situados en el reino de los Algarbes. Llegados al Brasil, sus -navíos subían al Río de la Plata, cuando cesaba de ser navegable, se -desembarcaban las mercancías y se las conducía por tierra, atravesando -el Paraguay y el reino de Tucumán, a Potosí y a Lima, de donde era -fácil enviarlas a las principales ciudades del Perú. Los comerciantes -españoles establecidos en aquellos puntos tenían sus corresponsales -en el Brasil, lo mismo que en Sevilla y Cádiz, y como los derechos -cobrados en Portugal de los géneros destinados al Brasil eran más bajos -que los que se percibían en aquellas dos ciudades, los portugueses -podían darlos más baratos que los españoles». Puede verse a este -respecto la _Relación_ dirigida a Felipe III por Alonso de Cianca. Los -empleados de la Corona ya se sabe qué clase de obra realizaban, y qué -clase de gente eran en su mayor parte. - -El consejo de Indias enviaba no varones de mérito, sino hábiles -sacadores de dinero. Fuera de los virreyes de Méjico y el Perú, -grandes de España favorecidos, los demás eran duchos expoliadores. Los -capitanes generales y demás enviados a Cuba, al engorde proverbial, -tenían sus antecesores entre los paniaguados de Indias. Comercio -descuidado con la Metrópoli, aumento por lo tanto del contrabando -extranjero. Los holandeses, ingleses y franceses introducían largamente -sus mercaderías. Hamburgo no se quedaba atrás; y la China misma -vendía manufacturas en puertos como Guayaquil y Acapulco. El mal -estado comercial entre la Península y sus colonias continuó hasta el -advenimiento de los Borbones. Algo hizo por mejorar las relaciones -Felipe V. Carlos III transformó en 1764 el sistema comercial que se -había empleado desde la conquista. De La Coruña salían fijamente una -vez al mes para las Antillas y dos veces al mes para el Río de la -Plata barcos que establecieron de modo regular el intercambio. La -independencia vino. Y desde la paz hasta la época actual el comercio -español en América ha pasado por diversas fluctuaciones, llegando por -fin al más lamentable descenso. Las Cámaras de Comercio poco han hecho, -y la diplomacia ha sido nula en sus gestiones. También es cierto que -la antigua Metrópoli no se ha acordado de que existíamos unos cuantos -millones de hombres de lengua castellana en ese continente, hasta -que las necesidades traídas por la pérdida de sus últimas posesiones -americanas se lo han hecho percatar. El Congreso proyectado hará algo, -como no se vaya todo en discursos. En lo social, se podrán crear -nuevos y más estrechos vínculos, sobre toda ahora que la producción -intelectual americana empieza, primeriza y todo, a imponerse. Pero -hacen falta españoles de buena voluntad que digan a su patria la -verdad, y que no la vayan a desacreditar en nuestras repúblicas. -Una docena de españoles como Carlos Malagarriga, en cada una de las -repúblicas americanas, harían más que los guitarristas de la prensa -y bailaores de la tribuna que van a América a hacer daño a su propia -tierra. Sobran en España talentos y entre nosotros buenas voluntades -que pueden realizar una unión proficua y mutuamente ventajosa. La -influencia española, perdida ya en lo literario, en lo social, en lo -artístico, puede hacer algo en lo comercial, y esto será a mi ver el -alma del futuro congreso. - -«Es un hecho patente--dice un documento oficial--, traducido además en -cifras, que, a la infausta hora en que hubimos de abandonar nuestra -soberanía en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, representaba nuestro -comercio de exportación a esas posesiones, en los últimos tiempos en -que pudo verificarse, de un modo regular, la considerable suma de 241 -millones de pesetas, o lo que es igual, el 25 por 100, aproximadamente, -de la total exportación de la Península». Y otro: «En el primer -quinquenio de 1880 a 1884, exportábamos un total de 62 millones a todos -los mercados americanos; en cambio, en 1896 nuestra exportación quedaba -reducida a 46 millones... Por ejemplo: En la República Argentina, -donde en aquel período nuestra cifra de exportación ascendía a 17 -millones, ha bajado a 10. En la República del Uruguay, de 11 millones -ha descendido a 6». Es decir, de 62.564.000 pesetas, del año de 1890 -al 1898, se ha reducido a unos cuarenta millones y pico. En la Junta -del Comercio de Exportación, del ministerio de Estado, demostró -la gravedad de tal situación el señor Rodríguez Sampedro, «España, -decía, señora al principio del presente siglo de todos aquellos -territorios poblados por su raza, con comunidad de idioma, de hábitos -y de costumbres, ha perdido casi por entero sus mercados, de tal -modo, que hoy se anteponen comúnmente a ella Inglaterra, Alemania, -Francia, Austria, Italia y Bélgica, figurando nuestro comercio, al -principio del postrer quinquenio, tanto en la importación como en la -exportación, el último de todos, y cifrando para la República Argentina -el 2,20 por 100 de su comercio, al de exportación; para Méjico el 8 -por 100 en la primera y el 11,60 en la segunda; para el Perú, 2,50 por -100 y 0,60, respectivamente; y todavía, con parecer esta situación -imposible de empeorar, sigue decreciendo manifiestamente, pues al -concluir el quinquenio de 1897, los resultados son 1,40 por 100 para la -importación, y 3 por 100 para la exportación respecto a la Argentina, 2 -por 100 para la primera y 10,30 para la segunda en Méjico; 0,08 y 0,90, -respectivamente, en cuanto al Brasil; y 0,10 y 0,50 en el comercio con -el Perú, pudiendo decirse que en muchas partes de los citados países -su comercio con España ha desaparecido, mientras el de Inglaterra, -promediando los datos de su importación y de su exportación, es más -del 33 por 100 del total; de un 20 por 100 el de Alemania; de un 23 -el de Francia y así sucesivamente». El Congreso, pues, vendrá si se -realiza, a tratar de ver cómo se mejoran las transacciones comerciales -entre España y las repúblicas americanas; pero no tendrán poco que -modificar en las leyes actuales los legisladores, que quieren que -el arreglo se lleve a buen término. ¿Ha sido acaso poco lo que ha -trabajado el ministro argentino señor Quesada para la simple cuestión -del tasajo y carnes conservadas? El Gobierno español parece que -apoyará la labor del Congreso y se harán invitaciones oficiales a los -Gobiernos hispanoamericanos. Si los Gobiernos aceptan, es posible que -una vez más se cometa el error de elección cuando se trate de los -representantes. Al saberse la noticia del Congreso, en cada una de las -pequeñas repúblicas de América-Villabravas, que dice Eduardo Pardo, -habrá un grupo de compadres intrigantes que quieran venir a ver bailar -el fandango, y a conocer a la Reina; y en cuyos labios pugna por salir -la gran palabra «Señores»... - - [Ilustración] - - - - - LA MUJER ESPAÑOLA - - [Ilustración] - - - Marzo de 1900. - -HACE pocos días, el último de Carnaval, hubo en el palacio de una -distinguida señora, casada con un millonario y diplomático mejicano, -una improvisada y elegantísima reunión de máscaras, que largamente -han cantado los habituales cronistas de salón, y entre todos, y sobre -todos, mi incansable y ameno amigo el marqués de Valdeiglesias. La -particularidad de la fiesta fué que a ella concurrieron aristocráticas -y bellas damas de esta corte, con el pintoresco mantón de Manila y -otros adornos no menos nacionales. Y el entusiasmo fué inmenso; y hasta -hubo quien dijese: _¡ole!_ con la disculpa de los días de locura. Ese -entusiasmo fué natural. ¡Es tan difícil en la aristocracia de España -encontrar una belleza puramente española! Como en todas las altas -clases de la tierra, el britanismo por un lado y el parisienismo por -otro han hecho su invasión. No deja de ser lamentable. Una maja de -Goya vestida por Chaplin es algo encantador y desconcertante; pero -me habrán de confesar que una maja de Goya vestida por Goya es mucho -mejor. No es que yo pretenda que estas duquesas de ahora vuelvan al -osado peinetón, a mantilla perpetua y a los paseos por las arboledas -de San Antonio de la Florida, sino que está a la vista de los amantes -de la viva estatuaria humana la desaparición de uno de los más bellos -tipos que hayan halagado al arte: el tipo español, cuya línea propia -se ha bastardeado y confundido entre curvas francesas y restas -anglo-sajonas. La moda, ¡he ahí el enemigo! En esto estoy apoyado -por un talento que sobre ser certeramente estético, es una mujer: la -señora Pardo-Bazán. Doña Emilia considera como enemigos de la clásica -gracia española los vestidos pesados y de corte masculino del país de -las misses; los impermeables y abrigos largos, ciertos calzados, y -sobre todo, los formidables sombreros de París. La naturaleza procede -y enseña lógicamente; ha ordenado los seres y las cosas de la tierra -según las latitudes; y sabe por qué los escandinavos son rubios y los -abisinios negros; por qué las inglesas tienen cuellos de cisne y las -mujeres flamencas preponderantes asideros. A las españolas las dió -diversos modelos, según las distintas regiones peninsulares, pero el -tipo verdadero, el tipo generalizado por la poesía y por el arte, -es el de la morena de maravillosos y grandes ojos oscuros, un tanto -_potelée_, ondulada, y casqueada de ricos cabellos negros; ni alta -ni baja; todo esto animado por un producto marino y venusino, que en -este sentido no tiene nombre correspondiente en ninguna otra lengua: -_sal_. Ya en sus tiempos, Gautier afirmaba que para ver la verdadera -danza española había que ir a París; hoy en pintura, los que hacen -admirar al mundo la gracia femenina de España, son extranjeros, como -Sargent y Engelhart, ¿nos conformaremos dentro de poco con buscar en -viejas telas y grabados la que fué tan original y graciosa belleza -hispánica? La moda ha comenzado a hacer su daño en la educación. Para -toda joven de buena familia que se vaya a educar al extranjero, se -importa la indispensable institutriz, casi siempre inglesa o tudesca, -a veces francesa. La _gouvernante_ empieza su obra de moldeo y la -flexibilidad nativa entra en la jaula angular de una disciplina por -lo general _very english_. Los trajes, de corte igualmente angular, -contribuyen a la reformación del original encanto curvilíneo. Una vez -la niña crecida, sus gustos y sus costumbres tenderán a lo extranjero. -Hubo una elegancia española: apenas si se recuerda en algún baile de -trajes. Porque la moda lo requiere, los opulentos cabellos negros se -tiñen de rubio o de rojo; el airosísimo andar de antaño se transforma, -los gestos y maneras se aprenden. Se fué primero _chic_, después -_vlan_, después _pschut_, después _smarl_, después _swell_. No se -leen buenos libros castellanos; ¿pero qué señora no se ruborizaría de -no conocer a Ohnet en el original? Se viaja, se veranea, se adora a -Worth, a Laferrière, a Doucet. Visten con gran lujo; pero rara vez se -llegan a confundir con una parisiense; desdeñando la riqueza propia, -no consiguen el tesoro ajeno. Y son encantadoras. Hace algunos años un -embajador oriental, al presenciar un desfile de altas damas en Palacio, -expresó una frase descontentadiza y poco galante para la nobleza -femenina que acompañaba a la Reina. Hoy, en igual caso, proclamaría la -hermosura y la gentileza de beldades como doña Sol Stuard, hija de la -duquesa de Alba y otras cuyos nombres constelan la crónica social. Hay -diversos tipos que se imponen; pues en la Corte se hallan representadas -las distintas provincias. Desde luego, la mujer suavemente morena, -de un moreno pálido, cara ovalada, cuello columbino, boca sensual y -mirada concentradamente ardiente, cuerpo en que se ritman felinas -ondulaciones; y la rosada y firme de plasticidades, de cabellos -dorados, un tanto gruesa; y la belleza decadente y tradicional, de -los retratos en cuyas manos puso Pantoja tan preciadas gemas; rostros -con algo de las figuras de los primitivos; de un óvalo marcado, como -se ve en la pequeña infanta María Teresa, de Velázquez; y dotadas de -un aire que si indica la floración de razas crepusculares, impone -su orgullo gentilicio y su antigüedad heráldica. En el pueblo se -encuentra conservado mucho del antiguo donaire. La chula ostenta su -ritmo natural, sus impagables gestos; y va a los toros y a las fiestas -con legítimas prendas que alegran los ojos y marcan el color local -tan deseado por los viajeros que buscan arte y novedad. En la Ópera, -la sala es igual a todas las salas de capitales modernas; el patrón -cosmopolita impuesto por la elegancia francesa vence e iguala. Apenas -los rostros, la llama de los ojos, un movimiento atávico, denuncian la -sangre maternal, la originalidad patria. - -El alemán Hans Parlow recientemente y todos los turistas y observadores -que visitan a España, notan que en estos últimos tiempos la sociedad -española, el alto mundo madrileño, se divierte poco. No se vaya a -creer que las damas vivan en una existencia lúgubre--algo como en las -páginas de madame Anloroy--dadas a la soledad y al aislamiento, en -contacto tan solamente con frailes y monjas, y en plegarias y rezos, -bajo una atmósfera de tiempos de Felipe II. Ciertamente, las grandes -familias actuales dan pocas recepciones, raras fiestas; no hay en la -Corte un ambiente como el de comienzos de siglo o bajo Isabel II; y -la mayor parte de los bailes, banquetes y reuniones, son ofrecidos -por el Cuerpo diplomático. Por cierto que se distingue el ministro -argentino doctor Quesada en reunir de cuando en cuando en la Legación -los más bellos palmitos titulados. Mas la mujer española gusta de -divertirse; va a París, va a Londres, o a Italia, y en la temporada del -veraneo, convierte en ciudades de alegría y de hechizo San Sebastián -y Biarritz. La Corte es un tanto triste porque sobre ella se extiende -la sombra de la Reina. Ese viejo palacio, enorme, sombrío y fastuoso -que asustó al fino pájaro de Francia que se llama Réjane, es en verdad -una vasta basílica de tristeza, que necesita, para no contagiar con -su embrujamiento, reinas risueñas como doña Isabel, y reyes barbianes -como Alfonso. La Regente, que guarda aún la gravedad conventual de -sus funciones religiosas de soltera, cuya vida de casada no fué muy -agradable en lo íntimo del hogar, y cuya vida ha sido cercada de tantos -cuidados, penalidades y desventuras, no tiene ciertamente motivos para -estar vestida de color de rosa. La única que pone una nota jubilosa en -la mansión real es la infanta Isabel, la infanta popular, amiga de los -artistas, un poco _virago_, aficionada a cazar, a cabalgar, valiente -_sportman_, generosa, caritativa, melómana, muy madrileña, y cuyo _sans -gene_ le atrae por todas partes, y sobre todo en el pueblo, innegables -simpatías. La infanta en sus departamentos de Palacio tiene un teatro -en que hace trabajar a los actores que son de su preferencia y amistad: -y allí mismo representan comedias, aficionados pertenecientes a la -aristocracia. A esas representaciones no asisten más que la Familia -Real y la servidumbre de Palacio. En algunas casas suelen señoritas y -caballeros hacer piececitas francesas, con toda corrección y propiedad. -Algo lejanos están los tiempos en que damas de lo más encumbrado -representaban en el palacio de la de Montijo _La bella Helena_ de -Blasco. - -No existen salones literarios, en el sentido francés del vocablo. Doña -Emilia Pardo-Bazán suele invitar a algunas tertulias en que priva el -elemento intelectual; y don Juan Valera ha tenido sus sábados en que, -fuera de las señoras de su familia y las hijas del duque de Rivas, no -han asistido más que hombres. La duquesa de Denia de cuando en cuando -invita a su mesa a señalado número de artistas y hombres de letras; -lo propio hace el barón del Castillo de Chirel. Pero el barómetro -de intelectualidad está marcando sus grados reveladores; el poeta -preferido de la aristocracia es Grilo. Hay damas inteligentes y cultas -que, como he dicho, viajan y se instruyen; pero son perlas negras -o rosas azules las que sobresalen. La duquesa de Alba se interesa -en trabajos de erudición e historia y pone a la disposición de los -estudiosos el inagotable archivo de su casa; la duquesa de mandas es -muy entendida en ciencias; las duquesas de Medinaceli y de Benavente -son aficionadas a las letras; la condesa de Pino Hermoso y la marquesa -de la Laguna imponen su espiritualidad en los salones. La hija de esta -última, Gloria, tiene fama de agregar a la herencia de la gracia -materna nuevas pimientas y sales. - -La clase media, acomodada o no, sigue los rumbos de la clase alta. -Basta la más ligera observación para comprender que se ha adelantado -mucho en instrucción primaria, desde la época no muy distante en que -una señorita apenas sabía leer y escribir. Me refiero, es claro, a -lo común, pues antes y después de don Oliva Sabuco de Nantes y de -Santa Teresa, ha habido notadas españolas que hayan competido con los -varones en disciplinas mentales. Las preciosas no dejaron a su tiempo -de aparecer en las cultilatiniparlas. Quevedo aquí hizo su caricatura -como en Francia Molière su _charge_. En este siglo las literatas y -poetisas han sido un ejército, a punto de que cierto autor ha publicado -un tomo con el catálogo de ellas--¡y no las nombra a todas!--Entre -todo el inútil y espeso follaje, los grandes árboles se levantan: -la Coronado, la Pardo-Bazán, Concepción Arenal. Estas dos últimas, -particularmente, cerebros viriles, honran a su patria. En cuanto a la -mayoría innumerable de Corinas cursis y Safos de hojaldre, entran a -formar parte de la abominable _sisterhood_ internacional a que tanto -ha contribuído la Gran Bretaña con sus miles de _authoresses_. Para ir -hacia el palacio de la mantenida Eva futura, las falta a éstas cambiar -el pegaso por la bicicleta. - -El señor Sanz y Escartín, catalán, en una notable obra que ha agregado -Alcán en París a su biblioteca filosófica, dice que antes que las leyes -son los sentimientos y las ideas, los que están llamados a reformar -las costumbres actuales españolas, que tantos males han causado; y -que lo primero es educar a la mujer. Esto me hace pensar en idéntica -idea que la de madame Necker de Saussure, y su comparación de la voz -femenina en los coros cantantes. No admite discusión la eficacia -del procedimiento, y venimos a parar que en este punto hay algo de -aquello «en que consiste la superioridad de los anglo-sajones». No -se trata de implantar en España el cultivo del «tercer sexo»; ni el -espíritu nativo, ni la tradición lo permitirían; pero sí de abrir a -la mujer fuentes de trabajo, que la libertasen de la miseria y de -los padecimientos actuales. Puede asegurarse que en raros países del -mundo se presenta el espantoso dato estadístico siguiente: en España, -6.700.000 mujeres carecen de toda ocupación, y 51.000 se dedican a -la mendicidad. Fuera de las fábricas de tabacos, costuras y modas y -el servicio doméstico, en que tan míseros sueldos se ganan, la mujer -española no halla otro refugio. El señor Alba, en un notabilísimo -estudio que muchas veces he citado, asegura que conoce algunos casos -en que grandes industriales y almacenistas de tejidos o de novedades, -no han vacilado en dar a sus hijas un puesto en el negociado de -correspondencia, en el de contabilidad y en la alta dirección de la -sección de confecciones para señoras y niños. Estas _empleadas_, dice, -tienen un sueldo asignado en la casa, con arreglo al cual visten, -gastan en diversiones y caprichos y hasta abonan al fondo de familia -una cantidad por su manutención. Acostumbradas así a vivir por cuenta -propia, no se parecen en nada al resto de nuestras pobres mujeres, -siempre dependientes de la tacañería o la prodigalidad ajenas. Sobre -todo, en la vida íntima de las familias a que aludo, no existen las -preocupaciones que crea el temor al porvenir y, por ello, el afán de un -necesario casamiento de las hembras. Es este un buen ejemplo que ojalá -se propagase en la burguesía de este país, aunque ello choque un poco -con las costumbres arraigadas y sea bastante yanqui. Eso quitaría la -obsesión del novio rico en unas y en otras la de «un príncipe italiano -por lo menos», de que habla Campoamor. La ociosidad y la miseria, en -la clase media y en la baja, son un admirable combustible para la -prostitución. En París ya en 1847 había tres mil profesores de música, -mujeres, profesoras de idiomas y aun de historia. La Soborna había -establecido un curso femenino, con grados y diplomas. Hoy, ¿hasta dónde -no se ha llegado? En cuanto a los Estados Unidos, desde 1870 a la -fecha, las arquitectas han subido de 1 a 53; las pintoras y escultoras -de 412 a 15.340; las escritoras, de 159 a 3.174; las dentistas, de 24 -a 417; las ingenieras, de 0 a 201; las periodistas, de 35 a 1.536; -las músicas, de 5.753 a 47.300; las empleadas públicas, de 414 a -6.712; las médicas y cirujanas, de 527 a 6.882; las _contables_, de 0 -a 43.071; las copistas--a mano y máquina--y secretarias, de 8.016 a -92.834; las taquígrafas y tipógrafas, de 7 a 58.633. Y esto sin contar -las actrices, que de 692 han llegado a 2.862; las _clergy-ladies_, de -67 a 1.522, y las directoras de teatro, de 100 a 943. Aquí, con la -escasez de trabajo y con las preocupaciones existentes, ¿qué hace una -joven que no tiene fortuna? Además de los trabajos que he señalado, no -la queda otro recurso que los coros del teatro, que ya se sabe para -dónde van; los puestos de horchateras y camareras de café, limitados y -peligrosos para la galería, pues para ejercerlos hay que ser guapa; y -el baile nacional, para el país, o para la exportación. Y las Oteros -son escasísimas. De aquí que un francés, en viendo a una española, -sólo piense en el _petit air de guitare, ollé_. ¡Las que quieren ser -honradas y trabajar, encuentran costura, por ejemplo, se destrozan -los pulmones, y por todo el día de labor sacan una pobre peseta! Hay -quienes lo soportan todo y, o se echan un novio también pobre, y se van -a vivir una vida de privaciones, o mueren sacrificando vida y belleza. -En la galantería tampoco pueden encontrar un paraíso... La vida -galante es aquí poco productiva, para las tristes máquinas del amor. -La _cocotte_ no se encuentra aquí como en París o Londres. La mayoría -de infelices caídas va a parar a horribles establecimientos. Como la -gracia y la belleza abundan en el pueblo, es esta una de las capitales -en que el amor fácil tiene mayor número de lamentables víctimas. -Aun cruzan por las callejas tortuosas las viejas dueñas. Y la mujer -española, entre las mil y tres, es la preferida de don Juan. - - - - - CERTÁMENES Y EXPOSICIONES - - [Ilustración] - - - 7 de abril de 1900. - -EN estos días cuatro exposiciones: la del Salón Amaré, la de carteles -de _El Liberal_, la del concurso del _Blanco y Negro_ y la de -fotografías de _La Ilustración Española y Americana_. Antes de que la -Casa Amaré inaugurase su salón, la capital de España no contaba con un -local en que se expusiesen, con fines comerciales, las obras de los -buenos artistas. En uno que otro punto solía verse, en promiscuidad -inaudita, la obra de firmas notables y la amontonada bazofia oleosa -que riega en incontenido flujo un ejército de cocineros del caballete. -Barcelona tenía su Salón Parés, en donde suele encontrarse bastante -bueno. Madrid ofrece ya al comprador un centro aceptable; los señores -Amaré han querido hacer algo como Le Barc Bouteville o Durand-Ruel, -y por ello deben estarles agradecidos los artistas peninsulares. He -visitado la casa.--Antes del salón en que se exhiben los cuadros, he -visto la sección de muebles. No he encontrado nada de particular. -Inglaterra, Alemania, Francia han tenido en estos últimos años un gran -desarrollo en sus artes aplicadas a la industria. Holgaría aquí toda -comparación con esos países.--Pero, aún Italia, cuenta con artistas que -en la fabricación del mueble sostienen un carácter propio, exteriorizan -una inventiva individual dentro de la tradición nacional: quiero -nombrar, por ejemplo, a Bugatti y a Eugenio Quarti. En la Casa Amaré -no hay una sola nota nueva a este respecto.--Todo es _bonito_; y es -decir esto, que el público queda encantado. Todo bien elaborado; más -inútil buscar nada de creación. Vi en los diarios que cierto inglés -había comprado en una regular cantidad un juego de dormitorio, para -llevarlo a Londres. Me mostraron el célebre juego--más o menos _modern -style!_--Y pensé: el caso es muy inglés: ¡Este sí que importa naranjas -al Paraguay! - -La sala es pequeña, suficiente para el mercado; tiene muy buena luz y -está elegantemente puesta. Háse inaugurado con excelentes firmas. Al -entrar, halaga la vista un cuadrito de Cecilio Plá, _La araña_: una -mujer, por cierto encantadora de coquetería, sentada, y en actitud de -atraer la mosca masculina; la figura es preciosa y de mucha gracia de -factura; podría achacársele el ser muy «efecto de salón», muy «cubierta -de _Figaro illustré_»; ¿pero qué le puede importar eso al señor Plá, -cuya principal admiradora es en la Corte la infanta doña Isabel?... - -El señor Alcalá Galiano, creo que pariente de don Juan Valera, e -ilustrador de una reciente edición de _Juanita la larga_, expone una -pequeña tela, castigo de las pupilas, de una violencia de tintes que no -superarían todos los cromos del poeta andaluz Salvador Rueda. Son unos -gitanos en viaje, bajo el más fuerte de los soles; quizá sea el cuadro -espejo de la realidad; mas suponiendo que los gitanos se vistiesen con -el alma de las cochinillas, el jugo de las esmeraldas y el espíritu -esencial de los ocres, no llegarían jamás, me parece, a la realización -de esta escena bañada de una luz indecorosa y embijada de colores -insultantes. - -Cuatro Benlliures exponen: don Blas, don José, don Juan Antonio y don -Mariano. Me parecen todos de condiciones plausibles, pero me detengo -en un cuadro de don Blas. Reproduce un interior de iglesia, el de la -Basílica de San Francisco de Asís. El pintor ha logrado, ante todo, -imponer la serenidad mística del recinto; ha tratado los planos de -admirable manera, y ha obtenido la sensación del ambiente. Se revela al -propio tiempo que entendido detallista, hábil imaginador de sus tubos, -en su justo y discreto colorido, y esto es ya bastante en un medio -artístico en que el virtuosismo impera en toda su potencia. Digno de -nota es también el trabajo de don José, _Pobres de San Francisco_. Este -mismo artista se distinguió en la última exposición de Bellas Artes de -Venecia, con su cuadro _San Francesco al convento di S. Chiara_. - -Se ve que los Benlliure hallan en el autor de las _Fioretti_ temas e -inspiraciones. - -¡Que él les favorezca con la constancia y la revelación continua del -maravilloso _frate Sole_! - -Don Aureliano de Beruetes el autor del notable libro sobre Velázquez, -que se publicó en francés con prólogo de Bonnat, y cuya edición -española es probable que no se vea nunca, tiene en esta exposición -una tela interesante, una impresión sentida y bien trasladada, en las -orillas del Tajo. El señor Berruete es un paisajista de mérito y no es -la menor de sus cualidades una sobriedad muy rara entre sus colegas. - -Mariano Fortuny... ¿no os despierta este nombre el recuerdo de una -fiesta de color, de una página de Gautier? El artista que hoy lleva ese -nombre es el hijo del glorioso, del de _la Vicaría_. La gloria asimismo -será para él. Y de mí diré que le consagro toda mi simpatía, pues sé -que en él alienta un noble espíritu de arte, a quien Angelo Conti, en -armoniosa amistad, dedicara uno de los más puros libros de belleza que -se hayan publicado en este siglo, _per la ricchezza del tuo ingegno -e per la bontá del tuo volere_. La educación artística de este autor -es casi toda italiana, a punto de que respecto a él diga un crítico -del valer de Vittorio Pica: _Mariano Fortuny figlio, che io non mi so -rassegnare a non considerare como un pitore italiano..._ En el Salón -Amaré hay un estudio suyo, dedicado por cierto a su tío Raimundo de -Madrazo. Es una figura de mujer, de factura delicada, cuyas cualidades -de dibujo están realzadas por la vida interior, por el alma que se -transparenta a través de las líneas y toques de color. - -Es la distinción el mejor de los dones de este artista; la distinción, -rara virtud, que hizo brillar en un bello retrato expuesto en el -certamen veneciano, el cual retrato alababa el crítico que he citado -por su técnica sabia, «por su elegancia exquisita y fascinadora, que -hace pensar en las estampas inglesas coloreadas, del siglo pasado». - -Un saludo respetuoso y admiración a la obra del maestro Carlos de Haes. -En la última Exposición de Bellas Artes, o _Salón_ de Madrid, hubo -una sala dedicada al pobre y gran pintor belga español, que en sus -últimos años fué preso de la locura. Haes, el maestro de una generación -de pintores, quien enseñó la ciencia del paisaje y dió la clave del -sentimiento de la naturaleza, intérprete de admirables marinas y de -vivientes campañas, lejos de las rudas manifestaciones de las paletas -apopléticas, de las atronadoras murgas coloristas; Haes, el buen Haes, -que debía tener un busto a la entrada del Museo de Arte Moderno. Hay -de él aquí una marina, noble y serena, que se destaca en su marco, -soberanamente, entre toda la habilidad circunstante. - -Noto una buena cabeza de estudio de Bannas y me detengo ante una escena -del Quijote, de Jiménez Aranda. He de repetir lo que otra vez he -expresado de este autor: sus traslaciones de las escenas cervantinas -dan a entender que el dibujante es excelente, pero el comprensivo, el -revelador pictórico del gran novelista no se muestra. - -Otra cosa es Moreno Carbonero, con todo y no ser un triunfo de alta -visión artística su cuadro enviado a la Exposición de París. En esa -tela, ¡cuanto _métier_! - -Mas en un cuadrito que aquí encuentro, _La primera salida de Don -Quijote_, el espíritu de Cervantes le ha ayudado. Ese es el amanecer, -la blanca aurora en las rosadas puertas del Oriente; y ese es Don -Quijote, que parte a sus aventuras. La poesía del cuadro es de -comunicación inmediata, y la técnica, con ser mucha, no impide el paso -suave de la gracia invisible. - -Don Raimundo de Madrazo--¿cuántos son los ilustres? -_¡Saluez!_--muestra una vendedora de flores, fresca, floral. Quisiera -hablaros de otros cuadros, detenerme ante algo de Marinas, de Martínez -Cubells, de Masriera; pero Muñoz Degrain me llama con dos telas -concienzudas: _Laguna de Venecia_ y _Bahía y puerto de Pasajes_. En -ambas el pincel libre hace admirar su maestría de juego, quizá de un -_vero_ demasiado atrevido en la sinfonía veneciana, peligrosa ésta por -la suma de obras maestras que han brotado al amor de la divina ciudad; -en la otra tela, cálida y sentida en su conjunto, como detallada en -bizarrías de colorido francamente magistrales, trae por algo a la -memoria la bravura incomparable de Favretto, y el favor del numen en -premio de la pasión de la luz. - -No he de dejar de citar un _Monaguillo_ de Pinazo, hecho con la mayor -franqueza de pincel, y una _Cocina_ de Emilio Sala, de valor técnico, -de color sabio, pero en donde la única figura no se sabe a punto fijo -qué hace. El señor Saint-Aubin, de quien en otra ocasión he hablado, ha -enviado dos trabajos en que, como otras veces, se distingue su talento -de compositor; es también un enamorado del sol. Del célebre Sorolla hay -también dos telas en que, como siempre, prueba su vasto dominio de la -pintura y su indigente comprensión del arte. - -Amador del arte es Raurich, que no tiene gran fama, y cuyo cuadro -principal en la Exposición del año pasado, si tuvo pocos estimadores -fué blanco, en cambio, de muchas saetas. El poema-paisaje de Raurich, -en esta sala, se llama _Otoño_ y produce el contemplarlo un deleite -misterioso de poesía. ¡Es un estado de alma, un estado de corazón! -Es una unión íntima del espíritu de la naturaleza, que tiende a -manifestarse, con el espíritu del artista; y en esa soledad de agua -y de árboles esa unión se traduce; y en la melancolía de las hojas -secas y del ambiente, del paisaje todo, hay un encanto secreto, que en -estrofas de suaves colores penetra en nosotros por la senda visual, a -despertar en nuestro interior reminiscencias de lejanos ensueños. - -Algo, muy poco, se expone de escultura, sin que nada de lo expuesto -pueda llamar seriamente la contemplación. Todo, por lo común--como -en la mayoría de los pintores--, es de asunto temal. Tiende a su -colocación en la vidriera de _bric-a-brac_; la anécdota _cocó_ o -mediocremente sentimental; el busto de misia Todo-el-Mundo, o los -inevitables animales. Aquí se hacen ver una madona de Trilles, que sale -de lo usual, y un alto relieve de Susillo, del malogrado Susillo, que -se encuentra al paso, aunque no está en el catálogo: _La Oración en el -Huerto_. El pobre Susillo, que se suicidó no hace mucho tiempo, produjo -algunas obras que dicen lo que pudo llegar a ser, a pesar de la sonora -victoria de más de un picapedrero condecorado. Queda suyo poco, pero -que conserva su recuerdo entre los artistas: _La Primera contienda_, en -el Museo de Sevilla, el _Aquelarre_ y algo más de indiscutible fuerza. - -Al salir del Salón Amaré no he podido menos de consagrar un recuerdo -al señor Artal, que tanto hace por el arte español en Buenos Aires; -y al propio tiempo, a Carlos Malagarriga, que ha tenido el valiente -patriotismo de decir la verdad a los artistas de su patria respecto -al arte peninsular en la Argentina. No es superior, ni con mucho, la -exposición Amaré, por ahora, a las exposiciones que el señor Artal -ha llevado a cabo, a costa de sacrificios, es decir, perdiendo en -casa de Witcomb. Es el caso, pues, que no se produce nada nuevo ni -sobresaliente, porque el público que compra--que es escaso--no quiere -otra cosa que lo que está acostumbrado a pagar. Lo que no se vende -aquí va a Buenos Aires, en donde, más o menos, se empieza a gustar el -buen arte, y hacen competencia los pintores franceses e italianos. -Los pintores españoles que ciertamente valen--con las excepciones -consiguientes--venden en Europa mismo, o en los Estados Unidos. Esos -son los que buscan sendas no usadas de bello arte, y que, por lo -general, no gustan en su país. - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of España Contemporánea, by Rubén Darío - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAÑA CONTEMPORÁNEA *** - -***** This file should be named 54934-0.txt or 54934-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/4/9/3/54934/ - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals, -Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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XIX), by RUBN DARO. - </title> - <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> - <style type="text/css"> - - /* body */ - body {margin-left: 10%; margin-right: 10%;} - - /* headings */ - h1, h2 {text-align: center; clear: both;} - h2 {margin-top: 4em; margin-bottom: 0em;} - - /* font sizes */ - .xlarge {font-size: x-large;} - .small {font-size: small;} - - /* small caps */ - .smcap {font-variant: small-caps;} - - /* paragraphs */ - p {margin-top: .25em; text-align: justify; text-indent: 1.5em; margin-bottom: .25em;} - .no-indent {text-indent: inherit;} - .p1 {margin-top: 1em;} - .p2 {margin-top: 2em;} - .date {text-indent: 3em; margin-top: 2em; margin-bottom: 1em;} - - /* text alignment */ - .center {text-align: center;} - - /* horizontal rule */ - hr.chap, hr.chap2 {width: 65%; margin-left: 17.5%; margin-right: 17.5%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em; clear: both;} - hr.tb {margin-top: 0.75em; margin-bottom: 0.75em; visibility: hidden;} - - /* page numbers */ - .pagenum {position: absolute; left: 92%; font-size: smaller; text-align: right; - font-weight: normal; /* not bold */ font-style: normal; /* not italic */ font-variant: normal; /* not small cap */} - - /* Images and Illustrations */ - .figcenter {margin: auto; text-align: center; margin-top: 2em;} - .imgcenter {margin: auto; text-align: center; margin-top: 0em; margin-bottom: 1em;} - .asterism {margin: auto; text-align: center; margin-top: .5em; margin-bottom: .5em;} - - /* Poetry */ - .poetry-container {text-align: center;} - .poem {display: inline-block; text-align: left;} - .stanza {margin: .5em auto;} - .poem .verse {text-indent: -3em; padding-left: 3em;} - .poem .i0 {display: block; margin-left: 0em;} - .poem .i2 {display: block; margin-left: 1em;} - .poem .i5 {display: block; margin-left: 2.5em;} - .poem .i10 {display: block; margin-left: 5em;} - - /* tables */ - table {margin-left: auto; margin-right: auto; margin-top: 1em; margin-bottom: 1em;} - .tdt {vertical-align: top;} - .tdb {vertical-align: bottom;} - .tdl {text-align: left;} - .tdr {text-align: right;} - .tdpr {padding-right: 0.5em;} - - /* Transcriber's notes */ - .transnote {width: 65%; background-color: #E6E6FA; color: black; font-size:smaller; padding: 1%; - margin-left: 16.5%; margin-right: 18.5%; font-family:sans-serif, serif;} - - /* Footnotes */ - .footnote {margin-left: 10%; margin-right: 10%; margin-top: 1em; font-size: 0.9em;} - .fnanchor {vertical-align: super; font-size: .8em; text-decoration: none;} - .label {position: absolute; right: 84%; text-align: right; font-size: .9em; text-decoration: none;} - - /* Media */ - @media screen, print - { - img.drop-cap {float: left; margin: 0 0.5em 0 0;} - p.drop-cap {text-indent: inherit;} - p.drop-cap:first-letter {color: transparent; visibility: hidden; margin-left: -0.75em; text-indent: inherit;} - } - - @media handheld - { - .chapter {page-break-inside: avoid;} - .titlepage, hr.chap2 {display: none; visibility: hidden;} - body {margin: 0; padding: 0; width: 90%;} - p {margin-top: .25em; text-align: justify; text-indent: .75em; margin-bottom: .25em;} - p.date {text-indent: 1.5em; margin-top: 1em; margin-bottom: 1em;} - p.drop-cap {text-indent: .75em;} - p.drop-cap:first-letter {color: inherit; visibility: visible; margin-left: 0;} - img.drop-cap {display: none;} - table {margin-left: 1%; margin-right: 1%; width: 98%;} - hr.chap {width: 20%; margin-left: 40%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} - .poem {display: block; margin-left: 1.5em;} - .transnote {margin-left: 2.5%; width: 95%;} - } - </style> - </head> -<body> - - -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of Espaa Contempornea, by Rubn Daro - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: Espaa Contempornea - Obras Completas Vol. XIX - -Author: Rubn Daro - -Release Date: June 19, 2017 [EBook #54934] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAA CONTEMPORNEA *** - - - - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals, -Carlos Coln and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - - - - - -</pre> - - -<hr class="chap" /> -<div class='transnote'> -<p class="no-indent center"><b>Notas del Transcriptor</b></p> -<p>Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.</p> -<p>Los errores obvios de puntuacin y de imprenta han sido corregidos.</p> -<p>Las pginas en blanco presentes en el original han sido eliminadas en la versin electrnica.</p> -</div> -<hr class="chap" /> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_i" id="Page_i">[i]</a></span></p> - -<p class="no-indent center xlarge p2">ESPAA CONTEMPORNEA</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus000.jpg" width="75" height="65" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap2" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_iii" id="Page_iii">[iii]</a></span></p> - -<div class="figcenter titlepage" style="width: 175px;"> -<img src="images/illus002.jpg" width="175" height="276" alt="" /> -</div> - -<p class="no-indent center xlarge p2">RUBN DARO</p> - -<h1>ESPAA -CONTEMPORNEA</h1> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus001.jpg" width="75" height="54" alt="" /> -</div> - -<p class="no-indent center p2"> -VOLUMEN XIX<br /> -DE LAS OBRAS COMPLETAS<br /> -ADMINISTRACIN<br /> -EDITORIAL MUNDO LATINO<br /> -MADRID<br /> -</p> - -<hr class="chap2" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_iv" id="Page_iv">[iv]</a></span></p> - - -<p class="no-indent center small p2">ES PROPIEDAD</p> - -<div class="imgcenter" style="width: 25px;"> -<img src="images/img001.jpg" width="25" height="25" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap2" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 175px;"> -<img src="images/illus003.jpg" width="175" height="271" alt="" /> -</div> - -<p class="no-indent center xlarge p1">ESPAA -CONTEMPORNEA</p> - -<hr class="chap2" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 175px;"> -<img src="images/illus004.jpg" width="175" height="277" alt="" /> -</div> - -<p class="no-indent center p1"> -A EMILIO -MITRE Y VEDIA -</p> -<p class="no-indent center"> -DIRECTOR DE -LA NACIN -DE -BUENOS AIRES -</p> -<p class="no-indent center"> -AMISTAD Y GRATITUD -</p> -<p class="no-indent center"> -R. D. -</p> - -<hr class="chap2" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_ix" id="Page_ix">[ix]</a></span></p> - -<h2>NDICE</h2> - -<table summary="Contents"> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr"> </td> - <td class="tdr tdb"><small><i>Pginas.</i></small></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">En el mar</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_1">1</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">En Barcelona </td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_8">8</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Madrid</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_19">19</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Legacin argentina.—En casa de Castelar</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_29">29</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Notas teatrales</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_38">38</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Cyrano en casa de Lope</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_45">45</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Coronacin de Campoamor</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_54">54</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Carnaval</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_62">62</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Una casa museo</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_68">68</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Joven literatura</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_74">74</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Espaa negra</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_85">85</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Semana santa</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_94">94</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Toros</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_103">103</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Pardo-Bazn en Pars.—Un artculo de Unamuno</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_112">112</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">El Rey</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_119">119</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Una Exposicin</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_130">130</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Fiesta de Velzquez</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_139">139</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La cuestin de la revista.—La Caricatura</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_148">148</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Alrededor del teatro</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_158">158</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Libreros y editores</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_169">169</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Novelas y novelistas</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_180">180</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Los Inmortales</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_194">194</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Los Poetas</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_204">204</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Un <i>meeting</i> poltico</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_213">213</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Un paseo con Nez de Arce</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_220">220</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Tenorio y Hamlet</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_226">226</a><span class="pagenum"><a name="Page_x" id="Page_x">[x]</a></span></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Una Embajada</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_231">231</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Una novela de Galds</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_233">233</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Enseanza</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_241">241</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Fiesta campesina</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_248">248</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Homenaje a Menndez Pelayo</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_255">255</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">El modernismo</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_269">269</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Una reina de Bohemia</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_275">275</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">El Cartel en Espaa</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_281">281</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Novela americana en Espaa</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_287">287</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La Crtica</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_295">295</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La joven aristocracia</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_302">302</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Congreso social y econmico ibero-americano</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_311">311</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">La mujer espaola</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_321">321</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl tdt tdpr">Certmenes y Exposiciones</td> - <td class="tdr tdb"><a href="#Page_329">329</a></td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap2" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_1" id="Page_1">[1]</a></span></p> - -<h2>EN EL MAR</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">3 de diciembre de 1898.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">El</span> agua glauca del ro se va quedando -atrs y el barco entra al agua azul. Me -encuentro trayendo a mi memoria reminiscencias -de Childe Harold. Siento -que estoy en casa propia; voy a Espaa -en una nave latina; a mi lado el <i>s</i> suena. Sopla un aire -grato que trae todava el aliento de la Pampa, algo que -sobre las olas conduce an efluvios de esa grande y -amada tierra argentina. Y mientras esta vida de a bordo -que ha de prolongarse por largos das comienza, siento -que vuelan sobre la arboladura del pirscafo enjambres -de buenos augurios. De nuevo en marcha, y hacia el -pas maternal que el alma americana—americanoespaola—ha -de saludar siempre con respeto, ha de querer -con cario hondo. Porque si ya no es la antigua poderosa, -la dominadora imperial, amarla el doble; y si est -herida, tender a ella mucho ms. Los hombres cambian; -hay estaciones para los pueblos, el espritu vital de la -raza puede enfriarse en nivoso; pero floreal y fructidor -no anuncian que la vida primaveral y copiosa ha de -llegar, aun cuando en el campo se miren hoy las ramas -sin hojas y la tierra cubierta del sudario? As -pienso en tanto se inicia a bordo una existencia de -monotona que conocis bien los que habis cruzado el -Ocano. No os har la clasificacin de Sterne; pero, para -un hombre de arte, en todo viaje hay algo de sentimental.<span class="pagenum"><a name="Page_2" id="Page_2">[2]</a></span> -Las instantneas se toman tambin al paso de -los minutos, ya que hay un pequeo mundo humano -en movimiento, en todo lugar en donde se reunen dos -personas. La mquina social en miniatura; un lindo -laboratorio de psicologa; ejemplares balzacianos si -gustis, al mover vuestros ojos de un punto a otro del -crculo en que hacis el obligatorio comercio de la conversacin. -Una reduccin de la gran capital del Plata -podra observarse, un Buenos Aires para escaparate: -banqueros, comerciantes, artistas, periodistas, mdicos, -abogados, cmicos y bailarinas; y en todos la misma representacin -que en la vida ciudadana; los crculos, las -afinidades electivas, las simpatas; y una poliglocia -que os obliga a entraros por todas las lenguas vivas, as -corris el riesgo de matarlas. Impera, naturalmente, la -msica del italiano. Despus del crepsculo, he ah -que estamos alrededor de una mesa, un argentino, un -italiano, un suizo, un venezolano, un belga, un francs, -un centroamericano, un oriental, un espaol...; no -hay duda de que venimos de Buenos Aires. Y se habla -del centro inmenso que ya queda all lejos y no puedo -dejar de recordar el apstrofe admirable: Nave del -porvenir, cara nave argentina!... Y como vamos sobre -el mar, que nos ase el espritu, surge en creacin sbita -ante mis ojos mentales la visin del soberbio navo -continental, encendidos sus mil fuegos, al cielo su bosque -de rboles, en cuyo ms alto mstil flamea el pabelln -del Sol; pujante la mquina ciclpea; en lo -hondo la carga de riquezas, con rumbo hacia un imperio -de paz y de bienandanza, a la hora de la aurora, -para la gloria de la Humanidad.</p> - - -<p class="date">14 de diciembre.</p> - -<p>Mientras el banquero belga conversa de finanzas con -el explorador italiano, que es tambin un escritor, el -mdico suizo ha entablado una partida de <i>piquet</i> con el<span class="pagenum"><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span> -comerciante venezolano, y la profesora alemana ataca -a Chopn. Le ataca correctamente, demasiado correctamente, -pero Chopn acaba por triunfar de esa ejecucin -tudesca de institutriz. Chopn sobre las olas y en una -suave hora nocturna; hace falta la luna; pero no importa, -el canto mgico crea el <i>clair de lune</i> en la misma -sustancia musical y el hombre propicio al ensueo -puede fcilmente ejercer la amable funcin. Y no s -como, vengo a pensar en <i>ese individuo</i>. Cul? Voy a -deciros. Hay all entre los pasajeros de tercera clase, -en ese montn de hombres que se aglomera como en -un horrible panal, en la proa del barco, un prisionero. -Es un criminal italiano que camina, por obra de la -extradicin, a cumplir con la condena de veintin aos -de presidio que ha cado sobre l a causa de un asesinato. -Logr escapar a las Autoridades de Italia y vivi -en Buenos Aires cinco aos de honrada vida, a lo que -parece. Alguien le descubri en su incgnito, y la -legacin italiana pidi le fuera entregado el reo; el -tratado tuvo cumplimiento y el asesino va hoy a que le -pongan la cadena en su patria. Le he visto hosco, zahareo; -su cara, una ilustracin de un libro de Lombroso. -Esquiva el trato, rehuye la mirada, y en la muchedumbre -de sus compaeros de viaje, va libre y suelto. -Estamos en alta mar; un incendio, un choque, un naufragio, -podran ocurrir, y ese presidiario tiene igual -derecho que cualquiera de nosotros para salvar su existencia. -Es la lgica del marino, y es hermosa. Hoy penetr -en el ambiente infecto de ese rebao humano que -exigira la fumigacin. Era la hora de la siesta. Quienes -dorman en los pasadizos o a pleno sol, quienes en crculos -y grupos jugaban a las cartas, o a la lotera. Aislado -por su voluntad, el condenado, cerca de la borda, -miraba al mar. Procurando una especial diplomacia -logr entrar en conversacin con l; y a los pocos momentos -ese rostro rudo se aviva, se excita. No, l no -es culpable; ha matado en defensa propia; l no procurar<span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span> -evadirse; va a Italia contento, porque ya se volver -a abrir la causa y entonces se ver cmo va a brillar -su inocencia. Los ojos convencidos, la palabra sale -fcil, el gesto atornilla la palabra. Italiano y asesino, -pienso yo: el amor de seguro anda por medio. Pero no; -se trata de un vil asunto de intereses, de una miserable -cuestin de <i>quattrini</i>. Y entonces siento en verdad que -ese hombre es culpable, tristemente culpable. No ha -sido la bella <i>vendetta</i> del que mata porque le roban la -querida o le burlan con la esposa, o le manchan la hija -o la hermana; es el asco del crimen que triplica su infamia. -Pero ese desventurado, sin embargo, ha estado -llevando, en un pas lejano, una vida de labor y de honradez. -En parte ha lavado su delito. Ha credo estar ya -libre, y de pronto he aqu que la justicia le ase y le -arrastra al presidio por el trmino de una existencia -de hombre. Aqu va en libertad, pero la evasin sera -la muerte. Qu pasa por ese cerebro tosco? Habr llegado -lo autosugestivo hasta hacer que est convencido -ese infeliz de que es inocente? Y luego vendr el grillete, -el nmero, el vivir de muerte de los penados; -y si el tiempo le permite acabar su condena, saldr el -viejo de cabellos blancos, si no a la <i>morte civile</i> de su -paisano Giacometti, a caminar dos duros pasos ms en -la libertad y caer en la tumba... La profesora alemana -ha dejado a Chopn dormir sobre el atril.</p> - - -<p class="date">19 de diciembre.</p> - -<p>Grado 0. Paso de la lnea ecuatorial. Un mar estaado, -cuya superficie invitara a patinar en un giro infinito. -El cielo pesa en la atmsfera caliente sobre el ondulado -desierto. En soledad ocenica semejante, recuerdo -el raro encuentro de un digno ejemplar yanqui. Era -en 1892 y a bordo de un vapor de la Transatlntica Espaola, -en viaje de la Habana a Santander. Casi al paso -de la Lnea, una maana muy temprano, despert a los<span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span> -pasajeros la noticia de que haba nufragos a la vista. -Nos vestimos apresuradamente y en un instante la cubierta -estaba llena de ojos curiosos. Se senta cierta -emocin. Quin no ha ledo a Julio Verne? Yo, por mi -parte, pensaba ya en una viva reproduccin de Gericault: -un <i>Radeau de la Mduse</i> animado y aterrorizador. -Probablemente escenas de canibalismo; aspectos de espanto -y de muerte: Tartarin-Pim, Dios mo! El vapor -aminoraba la marcha y pona su proa al objeto de nuestras -miradas: un barquichuelo que a alguna distancia -se adverta, y en el cual, con ayuda del anteojo, poda -notarse un hombre en pie. Pronto llegamos a acercarnos, -y al detenerse el <i>steamer</i>, se oy una voz que vena -del barquichuelo y que deca en un ingls ladrante del -Norte: A qu grados estamos? El capitn, conciso, -contest a la pregunta. Pregunt luego: Nufragos? -El hombre desconocido escribi en un papel, coloc el -escrito en una caja de sardinas y lanz su proyectil: -Soy el capitn Andrews y voy solo, en este bote, por la -misma ruta de Coln, al puerto de Palos, enviado por -la casa del jabn Sapolio, de Nueva York. Ruego avisar -por cable al llegar al continente, el punto en que se me -ha encontrado. Necesita usted algo? Por toda respuesta -el hijo del to Samuel nos bombarde con dos tarros -de <i>penmican</i> y otros dos de arvejas, y, poniendo su vela -al viento, nos dej, no sin el indispensable <i>all right</i>. -Efectivamente, aquel curioso <i>commis voyageur</i> de la jabonera -yanqui, era el Coln de los Estados Unidos que -iba a descubrir Espaa...</p> - - -<p class="date">20 de diciembre.</p> - -<p>El hormiguero de la proa se aglomera; ha advertido -que tiene delante el ojo fotogrfico. Un distinguido caballero, -miembro de la Sociedad fotogrfica de Aficionados, -de Buenos Aires, y el excelente comandante -Buccelli, se ofrecen galantemente como operadores.<span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span> -Desde el momento en que se ha visto la mquina en el -puente, cada cual posa a su manera; quien se encarama -a los lugares dominantes, quien se acomoda la gorra, -quien toma aires arrogantes, o falsos, o esquivos, o -graciosos. Esa gente comprende que es objeto de curiosidad, -y procura ser mejor en ese instante. La vieja piamontesa -sienta y arregla en la falda al bambino; una -muchacha plida, de un bello tipo napolitano, se alisa -con dos pases de peineta el cabello oscuro y copioso; -un abyecto bausn hace un gesto obsceno, otro una -mueca; stos abajo, aqullos en el centro, aqullos arriba, -forman su torre de carne humana iluminada de ojos -de Italia. El fondo es el cielo lleno de luz difusa, sobre -el cual se recortan las figuras agrupadas. Entre esas -gentes van marineros, obreros, trabajadores que han -estado en el Plata por algn tiempo, unos con su pequea -hucha llena, otros en situacin idntica a la que -trajeron de inmigrantes; no han podido resistir al deseo -de volver a mirar su musical y dulce tierra. Hay que -observar cmo en ese <i>cafarnaum</i> en que van confundidos -como las cabezas en un barco conductor de ganado -en pie, no les abandona su alegre numen latino. De noche, -os que a la claridad estelar brota de pronto un -coro jubiloso, una barcarola, armoniosamente acordadas -las voces; o una voz sola, impregnada de las ardientes -gracias de Npoles, de la amorosa meloda de Venecia, -o que da al aire marino una de esas canciones de -Sicilia que tienen tan buen perfume de antiguo vino -griego. En el da, las mujeres que lavan sus trapos, los -viejos aporreados por la vida, los mocetones de potentes -puos, las testas diversas cubiertas de boinas, gorros -o chambergos, los nios de grandes ojos y magnficas -cabelleras, tienen siempre en la faz un rayo de sol que -denuncia la floracin inextinguible de la raza, la multiplicada -marca del goce de la existencia que lleva todo -el que nace en los pases solares de otoos de oro e incomparables -primaveras en triunfo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span></p> - -<p>Se procede a retratar al criminal. Desde que nos mira -llegar, no cabe en s de humor gris, y por los ojos se le -sale el disgusto. Quiere ir a ocultarse, pero el comandante -le prohibe que se retire, y con modos amables le -indica que no se pretende nada que sea en su contra; -que, al contrario, se le va a hacer el regalo de su fotografa. -El sujeto hace un mal signo, las miradas nos -echan brasas, y los labios torcidos no dejan pasar de -seguro, sordamente, bendiciones para los que vamos a -perturbarle. Se sienta de psima gana en una silla, ve a -un lado y otro, saetando con las pupilas, ya a derecha, -ya a izquierda; parece que luchase porque no se le coja -el pensamiento con la mirada; y dirigindose al comandante: -Para qu me estn retratando ahora? All en -Buenos Aires hicieron lo mismo. De seguro para vender -el retrato y sacar dinero! Un momento se ha quedado -en tranquilidad, fijo en una pasajera elegante que curiosea, -y entonces la placa hace la figura, el gesto suspenso -bajo el gorro de lana. l se va a un punto aislado, saca -su pipa, la llena, la enciende y echa una bocanada de -humo sobre las olas.</p> - - -<p class="date">21 de diciembre.</p> - -<p>Estamos a la vista de Las Palmas. Tierra espaola.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span></p> - -<h2>EN BARCELONA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 81px;"> -<img src="images/img003.jpg" width="81" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">1. de enero de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Al</span> amanecer de un da hurao y fro, luchando -el alba y la bruma, el vapor anclaba -en Barcelona. A la izquierda se -alzaba recortada la altura de Montjuich; -en frente, en un fondo de oro matinal, el -Tibidabo; y cerca, sobre su columna, Coln, la diestra -hacia el mar. Como todava no llegase el visitador y -mdico oficiales, se iban aglomerando alrededor del -<i>steamer</i> las embarcaciones de fruteros y agentes de -hotel, y entre nuestros pasajeros de tercera y la gente -hormigueante de los botes, se iniciaron dilogos vivos. -De ellos as uno que gran cosa significa. Lstima es que -no pueda darlo en cataln como lo o, pues ganara en -hierro. De todos modos, la cosa es dura.</p> - -<p>—Cmo te va, <i>noy</i>?</p> - -<p>—Bien, como que vengo de Amrica. Qu de nuevo?</p> - -<p>—Qu de nuevo? Lo mismo de siempre: miseria. -Ayer llegaron repatriados. Los soldados parecen muertos. -Castelar se est muriendo.</p> - -<p>—Mira qu hermosa la estatua de Coln, al amanecer!</p> - -<p>—... en Deu! Ms valiera le hubiesen sacado los ojos -a ese tal.</p> - -<p>La palabra fu peor.</p> - -<p>Ya en la claridad del da, las conversaciones se animan. -Se mira una roja barretina; se pescan compras<span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span> -desde a bordo; al extremo de una vara van las naranjas -y las manzanas; y en el da completo, con el pie derecho, -piso el continente y la tierra de Espaa.</p> - -<p>Una hora despus estoy en el hervor de la Rambla. -Es esta ancha calle, como sabris, de un pintoresco curioso -y digno de nota, baraja social, revelador termmetro -de una especial existencia ciudadana. En la larga -va van y vienen, rozndose, el sombrero de copa y la -gorra obrera, el <i>smoking</i> y la blusa, la seorita y la menegilda. -Entre el cauce de rboles donde chilla y charla -un milln de gorriones, va el ro humano, en un incontenido -movimiento. A los lados estn los puestos -de flores variadas, de uvas, de naranjas, de dtiles frescos -de frica, de pjaros. Y florecida de caras frescas -y lindas, la muchedumbre olea. Si vuestro espritu se -aguza, he ah que se transparenta el alma urbana. All, -al pasar, notis algo nuevo, extrao, que se impone. -Es un fermento que se denuncia inmediato y dominante. -Fuera de la energa del alma catalana, fuera de ese -tradicional orgullo duro de este pas de conquistadores -y menestrales, fuera de lo permanente, de lo histrico, -triunfa un viento moderno que trae algo del porvenir; -es la Social que est en el ambiente; es la imposicin -del fenmeno futuro que se deja ver; es el secreto a voces -de la blusa y de la gorra, que todos saben, que todos -sienten, que todos comprenden, y que en ninguna parte -como aqu resalta de manera tan palpable en magnfico -alto relieve. Que la ciudad condal, que estos hombres -fuertes de antiguo, que tuvieron poetas en el Roussilln -y duques de Atenas, que anduvieron en cosas de conquistas -y guerras por las sendas del globo, y extendieron -siempre su soberbia como una bandera; que esta -tierra de trabajadores, de honradez artesana y de vanidad -heroica, est siempre de pie manifestando su musculatura -y su empuje, no es extrao; y que el desnivel -causante de la sorda amenaza que hoy va por el corazn -de la tierra formando el terremoto de maana, haya<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span> -aqu provocado ms que en parte alguna la actitud de -las clases laboriosas que comprenden la aproximacin -de un universal cambio, no es sino hecho que se impone -por su ley lgica; pero la ilustracin del asunto vale por -un libro de comentarios, y esa ilustracin os la har contndoos -algo que vi al llegar en el caf Coln. Es ste -un lujoso y extenso establecimiento, a la manera de -nuestra confitera del guila, pero triplicado en extensin; -la sala inmensa est cuajada de mesitas en donde -se sirven diluvios de caf; es un punto de reunin diaria -y constante; pues en Espaa, aun estando en Catalua, -la vida de caf es notoria y llamativa; y en cada caf -andis como entre un palo, pues estas gentes fuman -como usinas, y el extranjero siente al entrar en los recintos -la irritacin de los ojos entre tanta humana fbrica -de nicotina. Quin sabe la influencia que los alcaloides -del caf y del tabaco han tenido en estas razas -nerviosas, que por otra parte calientan luminosas y -enrgicas llamas y brasas de sol y de vino?</p> - -<p>Pues bien, estaba en el caf Coln, y cerca de m, en -una de las mesitas, dos caballeros, probablemente hombres -de negocios o industriales, elegantemente vestidos, -conversaban con gran inters y atencin, cuando lleg -un trabajador con su traje tpico y ese aire de grandeza -que marca en los obreros de aqu un sello inconfundible; -mir a un lado y otro, y como no hubiese mesas desocupadas -cerca de all, tom una silla, se sent a la misma -mesa en que conversaban los caballeros y pidi -como lo hubiera hecho el mismo Wifredo <i>el Velloso</i>, -su taza. Le fu servida, tomla; pag y fuse como haba -entrado, sin que los dos seores suspendiesen su conversacin, -ni se asombrasen de lo que en cualquiera -otra parte sera accin osada e impertinente. Por la -Rambla va ese mismo obrero, y su paso y su gesto implican -una posesin inaudita del ms estupendo de los -orgullos; el orgullo de una democracia llevada hasta el -olvido de toda superioridad, a punto de que se dira<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> -que todos estos hombres de las fbricas tienen una corona -de conde en el cerebro.</p> - -<p>Como voy de paso apenas tengo tiempo de ir tomando -mis apuntes. Observo que en todos aqu da la nota imperante, -adems de esa sealadsima demostracin de -independencia social, la de un regionalismo que no discute, -una elevacin y engrandecimiento del espritu -cataln sobre la nacin entera, un deseo de que se consideren -esas fuerzas y esas luces, aisladas del acervo -comn, solas en el grupo del reino, nica y exclusivamente -en Catalua, de Catalua y para Catalua. No se -queda tan solamente el mpetu en la propaganda regional, -se va ms all de un deseo contemporizador de autonoma, -se llega hasta el ms claro y convencido separatismo. -All sospechamos algo de esto; pero aqu ello -se toca, y nos hiere los ojos con su evidencia. Dan gran -copia de razones y argumentos, desde que uno toca el -tema, y no andan del todo alejados de la razn y de la -justicia. He comparado, durante el corto tiempo que me -ha tocado permanecer en Barcelona, juicios distintos y -diversas maneras de pensar que van todos a un mismo -fin en sus diferentes modos de exposicin. He recibido -la visita de un catedrtico de la Universidad, persona -eminente y de sabidura y consejo; he hablado con ricos -industriales, con artistas y con obreros. Pues os digo -que en todos est el mismo convencimiento, que tratan -de s mismos como en casa y hogar aparte, que en el -cuerpo de Espaa constituyen una individualidad que -pugna por desasirse del organismo a que pertenecen, -por creerse sangre y elemento distinto en ese organismo, -y quien con palabras doctas, quien con el idioma -convincente de los nmeros, quien violento y con una -argumentacin de dinamita, se encuentran en el punto -en que se va a la proclamacin de la unidad, independencia -y soberana de Catalua, no ya en Espaa sino -fuera de Espaa. Y como yo quisiese oponer uno que -otro pensamiento al alud, en la conversacin con uno<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> -de ellos, habl sencillo, en parbola y en verdad, con -una elocuencia prctica irresistible: Vea usted, somos -como una familia. Espaa es la gran familia compuesta -de muchos miembros; stos consumen, stos son bocas -que comen y estmagos que digieren. Y esta gran familia -est sostenida por dos hermanos que trabajan. Estos -dos hermanos son el cataln y el vasco. Por esto es que -protestamos solamente nosotros; porque estamos cansados -de ser los mantenedores de la vasta familia. Dos -ciudades hay que tienen los brazos en movimiento para -que coman los otros hermanos: Barcelona y Bilbao. Por -eso en Barcelona y en Bilbao es donde usted notar mayor -excitacin por el ideal separatista; y catalanistas y -bizkaitarras tienen razn. Debera comprender esto, debera -haber comprendido hace mucho tiempo la agitacin -justa de nuestras blusas, la capa holgazana de Madrid.</p> - -<p>Y riente, alegre, bulliciosa, moderna, quiz un tanto -afrancesada y por lo tanto graciosa, llena de elegancia, -Barcelona sostiene lo que dice, y dice que habra hecho -mucho ms de lo que hoy nos asombra y nos encanta, -si se lo hubiese permitido la tutela gubernativa, pues -no puede abrir una plaza si no va la licencia de la Corte, -y de la Corte van los ingenieros y los arquitectos y los -empleados a agriar ms la levadura; y as, a pasos, a -pasos cortos, han adelantado, se han puesto los catalanes -a la cabeza. Qu habra hecho Catalua autnoma, -esta gran Catalua a cuya faz maravillosa he credo contemplar -bajo el azul, ya a la orilla de su bravo mar, ya -en momentos crepusculares y apacibles, sobre los juegos -de agua de su paseo favorito, en donde un simulacro -divino rige armoniosamente una cuadriga de oro? -Sano y robusto es este pueblo desde los siglos antiguos. -Sus hijos son naturales y simples, llenos de la vivaz -sangre que les da su tierra fecunda; sus mujeres, de firmes -pechos opulentos, de ojos magnficos, de ricas cabelleras, -de flancos potentes; el paisaje campestre, la -costa, la luz, todo es de una excelencia homrica. Hay<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -nios, hay hembras, hay campesinos, que se diran -destinados a uno de esos cuadros de Puvis de Chavannes -en que florecen la vida y la gracia primitiva del -mundo. Los talleres se pueblan, bullen; abejean en -ellos las generaciones. Por las calles van la salud y la -gallarda; y la fama de grandes pies que tienen las catalanas, -no tengo tiempo de certificarla, pues la euritmia -del edificio me aleja del examen de su base. La ciudad -se agita. Por todos lugares la palpitacin de un -pulso, el signo de una animacin. Las fbricas a las -horas del reposo, vacan sus obreros y obreras. El obrero -sabe leer, discute; habla de la R. S., o sea, si gustis, -Revolucin Social; otro mira ms rojo, y parte derecho -a la anarqua. No muestran temor ni empacho en cantar -canciones anrquicas en sus reuniones, y sus oradores -no tienen que envidiar nada a sus congneres de -Pars o de Italia. Ya recordaris que se ha llegado aqu -a la accin, y memorias sonoras y sangrientas hay de -terribles atentados. Y eso que, en la fortaleza de Montjuich, -parece que la inquisicin renov en los interrogatorios, -no hace mucho tiempo, los procedimientos torquemadescos -de los viejos procesos religiosos. As al -menos lo demostr en la <i>Revue Blanche</i> y luego en un -libro que tuvo un momento de resonancia, el escritor -Tarrida del Mrmol. La propaganda contina, subterrnea -o a la luz del da, con todo y tener ojos avizores -la justicia. Hace poco, en una fiesta industrial, en momentos -en que llegaban amargas noticias de la guerra, -ciertos trabajadores arrancaron de su asta una bandera -de Espaa y la sustituyeron por una bandera roja. Mientras -esto pasa en la capa inferior, arriba y en la zona -media, cada cual por su lado, se mueven los autonomistas, -los francesistas y los separatistas. Los unos quieren -que Catalua recobre sus antiguos derechos y fueros, -que no le fueron quitados sino al comenzar este siglo; -los otros pretenden la anexin a Francia, yo no s por -qu, pues la centralizacin absoluta de all les pondra,<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span> -a lo mejor, en el mismo caso que el Poitou o la Provenza, -y las reales relaciones y simpatas con el vecino -francs no pasan de vagas y platnicas manifestaciones -de felibres; una cigarra canta de este lado, otra contesta -del otro: no creo que entre Mistral y Mossen Jacinto -Verdaguer vayan a lograr mejor cosa. Los otros -suean con una separacin completa, con la constitucin -del Estado de Catalua libre y solo. Claro es que, -adems de estas divisiones, existen los catalanes nacionales, -o partidarios del rgimen actual, de Catalua en -Espaa; pero stos son, naturalmente, los pocos, los favorecidos -por el Gobierno, o los que con la organizacin -de hoy logran ventajas o ganancias que de otra manera -no existiran.</p> - -<p>Entretanto, trabajan. Ellos han erizado su tierra de -chimeneas, han puesto por todas partes los corazones de -las fbricas. Tienen buena mente y lengua, poetas y artistas -de primer orden; pero estn ricamente provistos -de ingenieros e industriales.</p> - -<p>No bien acabaron de pelear, al principio de la centuria, -se pusieron a la obra productiva. En la labor estaban, -y el clarn de don Carlos les perturb de nuevo. -Desde el ao 1842 volvieron a la tarea, no sin bregar -con la prohibicin de Inglaterra que a la sazn impeda -se exportasen sus mquinas; se logr que se revocase -dicha prohibicin y el dinero cataln cuaj sus fbricas -de mquinas inglesas. He de volver a Catalua, donde -no he estado sino rpidamente, y he de estudiar esa -existencia fabril que se desarrolla prodigiosa en focos -como Reus, Matar, Villanueva, y entre otros tantos, -Sitges, donde tiene su morada el singular y grande artista -que se llama Santiago Rusiol.</p> - -<p>El nombre de Rusiol me conduce de modo necesario -a hablaros del movimiento intelectual que ha seguido, -paralelamente, al movimiento poltico y social. Esa -evolucin que se ha manifestado en el mundo en estos -ltimos aos y que constituye lo que se dice propiamente<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span> -el pensamiento moderno o nuevo, ha tenido -aqu su aparicin y su triunfo, ms que en ningn otro -punto de la Pennsula, ms que en Madrid mismo; y -aunque se tache a los promotores de ese movimiento -de industrialistas, catalanistas, o egostas, es el caso que -ellos, permaneciendo catalanes, son universales. La influencia -de ese grupo se nota en Barcelona no solamente -en los espritus escogidos, sino tambin en las aplicaciones -industriales, que van al pueblo, que ensean objetivamente -a la muchedumbre; las calles se ven en una -primavera de carteles o <i>affiches</i> que alegran los ojos en -su fiesta de lneas y colores; las revistas ilustradas pululan, -hechas a maravilla: las impresiones igualan a las -mejores de Alemania, Francia, Inglaterra o Estados -Unidos, tanto en el libro comn y barato como en la tipografa -de arte y costo.</p> - -<p>Cuando vuelva a Barcelona he de ver a Rusiol en su -retiro de Sitges, una especie de santuario de arte en -donde vive ese gentilhombre intelectual digno de ser -notado en el mundo. Entretanto, sabed que Rusiol es -un altsimo espritu, pintor, escritor, escultor, cuya vida -ideolgica es de lo ms interesante y hermoso, y cuya -existencia personal es en extremo simptica y digna de -estudio. Su leonardismo rodea de una aureola gratamente -visible, su nombre y su obra. Es rico, fervoroso -de arte, humano, profundamente humano. Es un traductor -admirable de la naturaleza, cuyos mudos discursos -interpreta y comenta en una prosa exquisita o -potente, en cuentos o poemas de gracia y fuerza en que -florece un singular diamante de individualidad. En este -movimiento, como sucede en todas partes, los que se han -quedado atrs, o callan, o apenas son odos. Balaguer -es ya del pasado, con su pesado frrago: el padre Verdaguer -apenas logra llamar la atencin con su ltimo libro -de Jess: vive al reflejo de la <i>Atlntida</i>, al rumor de -<i>Canig</i>. Guimer, que trabaja al sol de hoy, va a Madrid -a hacer diplomacia literaria, y los madrileos, que son<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> -malignos, le dicen que conocen su juego, y que hay -en el autor de <i>Tierra Baja</i> un regionalista de ms de la -marca. Bellamente, noblemente, a la cabeza de la juventud, -Rusiol, que no escribe sino en cataln, pone en -Catalua una corriente de arte puro, de generosos ideales, -de virtud y excelencia trascendentes. Por l se acaba -de levantar al Greco una estatua en Sitges; por l los -nuevos aprenden en ejemplo vivo, que el ser artista no -est en mimar una Bohemia de cabellos largos y ropas -descuidadas y consumir <i>bocks</i> de cerveza y litros de -ajenjo en los cafs y <i>cabarets</i>, sino en practicar la religin -de la Belleza y de la Verdad, creer, cristalizar la -aspiracin en la obra, dominar al mundo profano, demostrar -con la produccin propia la fe en un ideal; huir -de los apoyos de la crtica oficial, tanto como de las -camaraderas inconscientes, y juntar, en fin, la chispa -divina a la nobleza humana del carcter.</p> - -<p>Me dijeron que poda encontrar a Rusiol en el caf -de los Quatre Gats. All fu. En una estrecha calle se -advierte la curiosa arquitectura de la entrada de ese rincn -artstico. Pas una verja de bien trabajado hierro y -me encontr en el famoso recinto con el no menos famoso -Per Romeu. Es ste el dueo o empresario principal -del <i>cabaret</i>; alto, delgado, de larga melena, tipo del Barrio -Latino parisiense, y cuya negra indumentaria se -enflora con una prepotente corbata que trompetea sus -agudos colores, no s hasta qu punto <i>pour pater le -bourgeois</i>. Pregunt por Rusiol y se me dijo que estaba -en su mansin de Sitges; por Pompeyo Gener, que acababa -de llegar de Pars, y se me dijo que a se no le -buscase, pues solamente la casualidad podra hacer que -le encontrara. Y como era da de marionetas, se me invit -a ver el espectculo. Los Cuatro Gatos son algo -as como un remedo del Chat Noir de Pars, con Per -Romeu por Salis, un Salis silencioso, un gentilhombre -<i>cabaretier</i> que creo que es pintor de cierto fuste, pero -que no se seala por su sonoridad. Amable, l fu<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span> -quien me condujo a la salita de representacin. En -ella no cabrn ms de cien personas; decranla carteles, -dibujos a la pluma, sepias, impresiones, apuntes y -cuadros tambin completos, de los jvenes y nuevos -pintores barceloneses, sobresaliendo entre ellos los que -llevan la firma del maestro Rusiol. Los tteres son -algo as como los que en un tiempo atrajeron la curiosidad -de Pars con misterios de Bouchor, piececitas de -Richepin y de otros. Para semejantes actores de madera -compuso Maeterlinck sus ms hermosos dramas -de profundidad y de ensueo. All en los Cuatro Gatos -no estn mal manejados. Llegu cuando la representacin -estaba comenzada. En el local, casi lleno, resaltaba -la nota graciosa de varias seoritas, intelectuales -segn se me dijo, pero que no eran ni Botticelli ni -Aubrey Beardsley, ni el peinado ni el traje enarbolaban -lo <i>snob</i>.</p> - -<p>Abundaban los tipos de artistas del Boul'Miche; jvenes -melenudos, corbatas mil ochocientos treinta, y otras -corbatas. Los <i>bocks</i> circulaban, al chillar la vocecilla de -los tteres. Naturalmente, los tteres de los Quatre Gats -hablan en cataln, y apenas me pude dar cuenta de lo -que se trataba en la escena. Era una pieza de argumento -local, que debe de haber sido muy graciosa, cuando -la gente rea tanto. Yo no pude entender sino que a uno -de los personajes le llovan palos, como en Molire; y -que la milicia no estaba muy bien tratada. Las decoraciones -son verdaderos cuadritos; y se ve que quienes -han organizado el teatro diminuto lo han hecho con -amor y cuidado. En el local suele haber adems exposiciones, -audiciones musicales y literarias y sombras chinescas. -Ya veis que el alma de Rodolphe Salis se regocijara -en este reflejo. Al salir volv a ver a Per Romeu, -quien puso en mis manos un cartelito en que se anuncia -su <i>coin</i> de artista, en gtica tipografa de antifonario -o de misal antiguo, y en la cual se dice que Aital estada -es hostal pels desganats, es escople de calin pels<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span> -que sentin l'anyorana de la llar, es museu pels que -busquin lleminadures per l'nima; es taverna y emparrat, -pels que aimen l'ombra deis pampols, y de l'essencia -espremuda del rahim; es gtica cerveceria, pels enamorats -del Nort, y pati d'Andaluca, pels aimadors del -Mig-die; es casa de curaci, pels malalts del nostre segle, -y cau d'amistat y harmonia pels que entrin a roplugar-se -sota ls portics de la casa. No tindrn penediment -d'haver vingut y si recana si no venen. Ese <i>cabaret</i> -es una de las muestras del estado intelectual de la -capital catalana, y el observador tiene mucho en donde -echar la sonda. Desde luego s ya que en Madrid me encontrar -en otra atmsfera, que si aqu existe un afrancesamiento -que detona, ello ha entrado por una ventana -abierta a la luz universal, lo cual, sin duda alguna, vale -ms que encerrarse entre cuatro muros y vivir del olor -de cosas viejas. Un Rusiol es floracin que significa -el triunfo de la vida moderna y la promesa del futuro -en un pas en donde sociolgica y mentalmente se -ejerce y cultiva ese don que da siempre la victoria: la -fuerza.</p> - -<p>Ocasin habr de hablaros de la obra de Rusiol y -los artistas que le siguen, cuando torne a Barcelona a -sentir mejor y ms largamente las palpitaciones de ese -pueblo robusto.</p> - -<p>He llegado a Madrid y prximamente tendris mis -impresiones de la Corte.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p> - -<h2>MADRID</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img004.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">4 de enero.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Con</span> el ao entr en Madrid; despus de -algunos de ausencia vuelvo a ver el castillo -famoso. Poco es el cambio, al primer -vistazo; y lo nico que no ha dejado -de sorprenderme al pasar por la tpica -Puerta del Sol, es ver cortar el ro de capas, el oleaje -de caractersticas figuras, en el ombligo de la villa y -corte, un tranva elctrico. Al llegar advert el mismo -ambiente ciudadano de siempre; Madrid es invariable -en su espritu, hoy como ayer, y aquellas caricaturas -verbales con que don Francisco de Quevedo significaba -a las gentes madrileas, seran, con corta diferencia, -aplicables en esta sazn. Desde luego el buen humor -tradicional de nuestros abuelos se denuncia inamovible -por todas partes. El pas da la bienvenida. Estamos en -lo pleno del invierno y el sol halaga benvolo en un -azul de lujo. En la Corte anda esparcida una de los milagros; -los mendigos, desde que salto del tren me asaltan -bajo cien aspectos; resuena de nuevo en mis odos -la palabra seorito; don Csar de Bazn me mide de -una ojeada desde la esquina cercana; el cochero me -dice: pues, hombre!... dos pesetas, y mi bal pasa sin -registro: con el pauelo que le cubre la cabeza, atadas -las puntas bajo la barba, ceido el mantn de lana, a -garboso paso, va la mujer popular, la sucesora de Paca -<i>la Salada</i>, de Geroma <i>la Castaera</i>, de Mara <i>la Ribeteadora</i>,<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span> -de Pepa <i>la Naranjera</i>, de todas aquellas desaparecidas -manolas que alcanzaron a ser dibujadas a travs -de los finos espejuelos del <i>Curioso Parlante</i>; una carreta -tirada por bueyes como en tiempo de Wamba, va entre -los carruajes elegantes por una calle cntrica; los carteles -anuncian, con letras vistosas <i>La Chavala</i> y <i>El Baile -de Luis Alonso</i>; los cafs llenos de humo rebosan de -desocupados, entre hermosos tipos de hombres y mujeres, -las getas de Cilla, los monigotes de Xaudar se -presentan a cada instante; Sagasta Olmpico est enfermo, -Castelar est enfermo; Espaa ya sabis en qu estado -de salud se encuentra; y todo el mundo, con el -mundo al hombro o en el bolsillo, se divierte: Viva -mi Espaa!</p> - -<p>Acaba de suceder el ms espantoso de los desastres; -pocos das han pasado desde que en Pars se firm el -tratado humillante en que la mandbula del yanqui -qued por el momento satisfecha despus del bocado -estupendo: pues aqu podra decirse que la cada no tuviera -resonancia. Usada como una vieja perra chica -est la frase de Shakespeare sobre el olor de Dinamarca, -si no, que sera el momento de gastarla. Hay en la -atmsfera una exhalacin de organismo descompuesto. -He buscado en el horizonte espaol las cimas que dejara -no hace mucho tiempo, en todas las manifestaciones -del alma nacional: Cnovas muerto; Ruiz Zorrilla -muerto; Castelar desilusionado y enfermo; Valera ciego; -Campoamor mudo; Menndez Pelayo... No est por -cierto Espaa para literaturas, amputada, doliente, vencida; -pero los polticos del da parece que para nada se -diesen cuenta del menoscabo sufrido, y agotan sus energas -en chicanas interiores, en batallas de grupos aislados, -en asuntos parciales de partidos, sin preocuparse -de la suerte comn, sin buscar el remedio al dao general, -a las heridas en carne de la nacin. No se sabe lo -que puede venir. La hermana Ana no divisa nada desde -la torre. Mas en medio de estos nublados se oye un rumor<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> -extrao y vago que algo anuncia. Ni se cree que -florezcan las boinas de don Carlos, y los republicanos -que fueran esperanza de muchos, en escisiones dentro -de su organizacin misma, casi no alientan. Entretanto -van llegando a los puertos de la Patria los infelices soldados -de Cuba y Filipinas. Quienes a morir como uno -que—parece caso escrito en la Biblia—fu a su pueblo -natal ya moribundo, y como era de noche sus padres -no le abrieron su casa por no reconocerle la voz, y al -da siguiente le encontraron junto al quicio, muerto; -otros no alcanzan la tierra y son echados al mar, y los -que llegan, andan a semejanza de sombras; parecen, por -cara y cuerpo, cadveres. Y el madroo est florido y -a su sombra se re y se bebe y se canta, y el oso danza -sus pasos cerca de la casa de Trimalcin. A Petronio no -le veo. He pensado a veces en un senado macabro de -las antiguas testas coronadas, como en el poema de -Nez de Arce, bajo la techumbre del monasterio</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Que alz Felipe Segundo</div> -<div class="verse i0">Para admiracin del mundo</div> -<div class="verse i0">Y ostentacin de su imperio.</div> -</div></div></div> - -<p>Cmo hablaran ante el espectculo de las amarguras -actuales los grandes reyes de antao, cmo el soberbio -Emperador, cmo los Felipes, cmo los Carlos y los -Alfonsos? As cual ellos el imperio hecho polvo, las -fuerzas agotadas, el esplendor opaco; la corona que sostuvieron -tantas macizas cabezas, as fuesen las sacudidas -por terribles neurosis, quiz prxima a caer de la frente -de un nio dbil, de infancia entristecida y apocada; y -la buena austriaca, la pobre madre real en su hermoso -oficio de sustentar al reyecito contra los amagos de la -suerte, contra la enfermedad, contra las oscuridades de -lo porvenir; y que est plida, delgada, y en su majestad -gentilicia el orgullo porfirognito tiene como una -vaga y melanclica aureola de resignacin.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span></p> - -<p>El mal vino de arriba. No dejaron semillas los rboles -robustos del gran cardenal, del fuerte duque, de los -viejos caballeros frreos que hicieron mantenerse firme -en las sienes de Espaa la diadema de ciudades. Los -estadistas de hoy, los directores de la vida del reino, -pierden las conquistas pasadas, dejan arrebatarse los -territorios por miles de kilmetros y los sbditos por -millones. Ellos son los que han encanijado al Len simblico -de antes; ellos los que han infludo en el estado -de indigencia moral en que el espritu pblico se encuentra; -los que han preparado, por desidia o malicia, -el terreno falso de los negocios coloniales, por lo cual -no poda venir en el momento de la rapia anglo-sajona, -sino la ms inequvoca y formidable <i>dbcle</i>. Unos a -otros se echan la culpa, mas ella es de todos. Ahora es -el tiempo de buscar soluciones, de ver cmo se pone al -pas siquiera en una progresiva convalecencia; pero -todo hasta hoy no pasa de la palabrera sonora propia -de la raza, y cada cual profetiza, discurre y arregla el -pas a su manera. En palacio, ya que no Cisneros o Richelieu, -falta siquiera el Dubois que prepare para Alfonso -XIII lo que el francs para Luis XV, nio y dbil: la -poltica interior en caso de vida, la poltica exterior en -caso de muerte. Cnovas no fu purpurado, en la Monarqua -de S. M. Catlica, pero quizs era el nico, a -pesar de sus defectos, que tuviese buena vista en sus -ojos miopes, buena palabra de salvacin o de gua en su -lengua andaluza; mas de los horrores inquisitoriales de -Montjuich sali el rayo rojo para l.</p> - -<p>Entre las cabezas dirigentes hay quienes reconocen y -proclaman en alta voz que la causa principal de tanta -decadencia y de tanta ruina estriba en el atraso general -del pueblo espaol; reconocen que no se ha hecho nada -por salir de la secular muralla que ha deformado el -cuerpo nacional como el cntaro chino el de un enano; -y si se ha dejado enmohecer la literatura, si ha habido -estancamiento y retroceso en el profesorado, a punto de<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span> -que de las clebres Universidades lo que brilla como una -joya antigua es el nombre; fuera de pocas excepciones -para el juicio pblico, el orculo de la ciencia se encierra -en urnas como el comodn periodstico del seor -Echegaray, el teatro que llaman chico atrae a las gentes -con la representacin de la vida chulesca y desastrada -de los barrios bajos, mientras en el clsico Espaol, en -las noches en que he asistido, Mara Guerrero representaba -ante concurrencia escassima, y eso que el paseo -por Europa y sobre todo el beso de Pars, le han puesto -un brillo nuevo en sus laureles de oro; la nobleza... La -otra noche, en un caf-concert que se ha abierto recientemente -y con un xito que no se sospechaba, me han -sealado en un palco a gastados y encanecidos grandes -de Espaa que se entretenan con la Rosario Guerrero, -esa bailarina linda que ha regocijado a Pars despus -de la bella Otero; soy frecuentador de nuestro Casino -de Buenos Aires y no me precio de pacato; pero el espectculo -de esos alegres marqueses de Windsor, aficionados -tan vistosamente a suripantas y seoritas locas -de su cuerpo, me pareci propio para evocar un parlamento -de Ruy Gmez de Silva, delante de los retratos, -en bravos alejandrinos de Hugo, o una incisin grfica -de Forain con sus incomparables pimientas de filosofa. -En lo intelectual, he dicho ya que las figuras que -antes se imponan estn decadas, o a punto de desaparecer; -y en la generacin que se levanta, fuera de un -soplo que se siente venir de fuera y que entra por la -ventana que se han atrevido a abrir en el castillo feudal -unos pocos valerosos, no hay sino la literatura de mesa -de caf, la mordida al compaero, el anhelo de la peseta -del teatro por horas, o de la colaboracin en tales o -cuales hojas que pagan regularmente; una produccin -enclenque y falsa, desconocimiento del progreso mental -del mundo, iconoclasticismo infundado o ingenuidad -increble, subsistente fe en viejos y deshechos fetiches. -Gracias a que escritores sealadsimos hacen lo que<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span> -pueden para transfundir una sangre nueva, exponindose -al fracaso, gracias a eso puede tenerse alguna esperanza -en un prximo cambio favorable. Mal o bien, -por obra de nuestro cosmopolitismo, y, digmoslo, por -la audacia de los que hemos perseverado, se ha logrado -en el pensamiento de Amrica una transformacin que -ha producido, entre mucha broza, verdaderos oros finos, -y la senda est abierta; aqu hasta ahora se empieza, y -se empieza bien: no faltan almas sinceras, bocas osadas -que digan la verdad, que demuestren lo plida que est -en las venas patriticas la sangre en que se juntaran, -como dira Barbey, la azul del godo con la negra del -moro; quienes llevan al teatro de las gastadas declamaciones -el cuadro real demostrativo de la decadencia; -quienes quieren abrir los ojos al pueblo para ensearle -que la Tizona de Rodrigo de Vivar no corta ya ms que -el vaco y que dentro de las viejas armaduras no cabe -hoy ms que el aire.</p> - -<p>Ahora uno que otro habla de regenerar el pas por la -agricultura, de mejorar las industrias, de buscar mercados -a los vinos con motivo del tratado ltimo franco-italiano, -y hay quienes se acuerdan de que existimos -unos cuantos millones de hombres de lengua castellana -y de raza espaola en ese continente. Por cierto, la industria -pecuaria, dicen, debe ser protegida. Y la agricultura? -Ya en la Instruccin de 30 de noviembre de -1883 se sealaban causas locales del atraso agrcola de -Espaa, como la intervencin de la Autoridad municipal -en sealar la poca de las vendimias, o la de la recoleccin -de los frutos o esquilmos: la libertad de que -en los rastrojos de uno pazcan los ganados de todos: los -privilegios que no admiten al consumo de una ciudad -ms que los vinos que produce su trmino; los que no -permiten entrar una carga de comestibles en un pueblo -sin que se extraiga otra de los productos de su agricultura -o de su industria, y otras mil anomalas; poco se ha -adelantado desde entonces, y lo que os dar una idea<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> -del estado de estas campaas en lo relativo a agronoma, -es que sepis que las mquinas modernas son casi -por completo desconocidas; que la siega se hace primitivamente -con hoces, y la trilla por las patas del ganado; -qu pensarn de eso en la Argentina, donde nos -damos el lujo de tener a lo yanqui un Rey del trigo? Se -trata ahora de la creacin de un ministerio de Agricultura; -de instruir al campesino, que como sabis, ha permanecido -hasta ahora impermeable a toda nocin; pero -ya se ha hablado, a propsito de la enseanza agrcola, -de aumentar, Dios mo, el nmero de los doctores: hacer -doctores en agricultura!</p> - -<p>Hay felizmente quien en oportunidad ha combatido -el plan de los <i>dmines agrcolas</i> y sealado un proyecto -en que quedaran bien organizadas las escuelas para -capataces, peritos agrcolas e ingenieros agrnomos, -estudios prcticos, de utilidad y aplicacin inmediata, -sin borla ni capelo salamanquino. Las campaas estn -despobladas, y podran, si hubiese hombres de empresa -y de buen clculo, repoblarlas; para hacerlo la misma -Repblica Argentina estara llamada a ser la proveedora -de cabezas; las praderas andaluzas son excelentes -para el engorde, y nuevas fuentes de negocios estaran -abiertas para las actividades que a ello se dedicasen en -la Pennsula. As habra que entrar en arreglos especiales -por las restricciones que existen en las leyes. Mucho -podra ser el comercio hispanoargentino, y al objeto, -segn tengo entendido, no ha cesado de trabajar el seor -ministro Quesada. Aqu podran venir las carnes -argentinas, ya que no en la comn forma del tasajo, -conservadas por los muchos procedimientos hoy en -uso; y la mayora de este pueblo que tiene casi como -base principal de alimentacin el bacalao, que importa -de Suecia y Noruega, comera carne sana y nutritiva. -Luego sera cuestin de ver si se adaptaba para el consumo -del ejrcito y marina. Por lo pronto, la Sociedad -Rural de Buenos Aires podra hacer el ensayo, enviando<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span> -en limitadas cantidades la carne conservada, y por los -resultados que se obtuvieran, se procedera en lo de -adelante. Espaa enviara sus lienzos, sus sederas, sus -dems productos que all tendran colocacin; no habra -en ningn viaje el inconveniente del falso flete. Estas -apuntaciones pueden ser estudiadas detalladamente -por aquellos a quienes corresponde la tarea. Tales formas -de relacin entre Espaa y Amrica sern seguramente -ms provechosas, duraderas y fundamentales que -las mutuas zalemas pasadas de un ibero-americanismo -de miembros correspondientes de la Academia, de ministros -que <i>taquinan</i> la musa, de poetas que piden la -lira.</p> - -<p>Ntase ahora una tendencia a conocer, siquiera lo -americano nuestro—lo del Norte!, ay!, lo tienen ya -bien conocido!—, y no hace muchos das, con motivo -de un banquete a escritores y artistas ofrecido por el -representante de Bolivia seor Ascarrunz, hubo declaraciones -de parte de ciertos intelectuales, que son de -tenerse muy en cuenta. En cualquier otro momento—deca -un escritor de los ms diamantinos y pensadores, -he nombrado a Julio Burell—, en cualquier otro momento -la galantera del seor Ascarrunz habra sido digna -de hidalga gratitud, pero en fin, numerosas han sido las -fiestas hispanoamericanas a cuyo trmino apenas si ha -quedado otra cosa que un poco de dulzor en la boca y -otro poco de retrica en el aire; despus, americanos y -espaoles han permanecido en sus desconfiadas soledades, -colocados en actitud y con mirada recelosa, cada -cual a un lado del gran abismo de la historia... Y ms -adelante: No, la guerra no levantar ya entre Espaa y -Amrica espaola sus fieras voces de muerte; lo que -estaba escrito, escrito queda. Rebuscadores de la Historia, -curiosos y eruditos, podrn volver la mirada hacia -los negros das de lucha; pero las almas que tienen alas, -las almas que tienen luz, los hombres confesados a un -ideal de paz y de amor, no descendern al antro sombro;<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span> -volarn ms alto y baarn su espritu en la claridad -de una nueva aurora... Todo esto se pudo decir -hace mucho tiempo; se pudo hace mucho tiempo combatir -el alejamiento de la madre patria del coro de las -diecisis repblicas hermanas; pero no se hizo, ni se -par mientes en ello.</p> - -<p>Antes al contrario, apartando a un grupo escassimo -de hombres como Valera y Castelar, se nos procur -ignorar lo ms posible, y como lo he demostrado en <i>La -Nacin</i>, de Buenos Aires, y en la <i>Revue Blanche</i>, de Pars, -la culpa no fu del tiempo esta vez, sino de Espaa. -Gloranse los ingleses de los triunfos conseguidos por -la Repblica norteamericana, hechura y flor colosal de -su raza: Espaa no se ha tomado hasta hoy el trabajo -de tomar en cuenta nuestros adelantos, nuestras conquistas, -que a otras naciones extranjeras han atrado -atencin cuidadosa y de ellas han sacado provecho. En -las mismas relaciones intelectuales ha habido siempre -un desconocimiento desastroso. Los escritores que entre -nosotros valen se han cuidado poco del juicio de Espaa, -y con raras excepciones no han enviado jams sus -libros a los crticos y hombres de letras peninsulares; -en cambio, nuestras docenas de mediocres, nuestros -vates de amojamados pegasos, nuestros prosistas imposibles, -han sido prdigos de sus partos; de aqu que, en -parte, se justifiquen los <i>Clarines</i> y Valbuenas de tiempos -recin pasados. Ms; en las mismas redacciones de -los diarios en que se dedica una columna a la tentativa -inocente de cualquier imberbe Garcilaso, no se escribe -una noticia por criterio competente de obras americanas -que en Pars o en Londres o Roma son juzgadas por -autoridades universales. Concretando un caso, dir que -la Legacin Argentina se ha cansado de enviar las mejores -y ms serias producciones de nuestra vida mental, -de las cuales no se ha hecho jams el menor juicio. -Cierto es que, fuera de lo que se produce en Espaa—con -las excepciones, es natural, de siempre, pues existen un<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> -Altamira, un Menndez y Pelayo, un <i>Clarn</i>, este amable -cosmopolita de Benavente—, fuera de lo que se produce -en Espaa, todo es desconocido.</p> - -<p>Antes de concluir estas lneas debo declarar que no -creo sea yo sospechoso de falto de afectos a Espaa. He -probado mis simpatas, de manera que no admite el caso -discusin. Pero por lo mismo no he de engaar a los -espaoles de Amrica y a todos los que me lean. <i>La -Nacin</i> me ha enviado a Madrid a que diga la verdad, y -no he de decir sino lo que en realidad observe y sienta. -Por eso me informo por todas partes; por eso voy a -todos lugares y paso una noche del saloncillo del Espaol -a las reuniones semibarriolatinescas de Fornos; -en un mismo da he visto a un acadmico, a un militar -llegado de Filipinas, a un actor, a Luis Taboada y a un -torero. Y anoche, a ltima hora, he ido del Real al Music-hall, -y mis interlocutores han sido: el joven conde de -O'Reily, Icaza, el diplomtico escritor, Pepe Sabater, Pinedo -y un joven <i>reporter</i>... Ya veis que estoy en mi -Madrid.</p> - -<p>Buenos Aires! Hay que mirarlo de lejos para apreciarlo -mejor. Aqu est la obra de los siglos y el encanto de -un pas de sol, amor y vino; Pars es Pars; las grandes -capitales europeas nos atraen y nos encantan: pero</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0"><i>J'aime mieux ma mie, gu!</i></div> -</div></div></div> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span></p> - -<h2>LA LEGACIN ARGENTINA -EN CASA DE CASTELAR</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img005.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">10 de enero.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">La</span> legacin argentina est situada en un -elegante hotel de la calle Alcal Galiano, -nm. 6. Es en el barrio aristocrtico -de la Corte, el faubourg Saint-Germain -de Madrid. All concurr anoche, por -amable invitacin del ministro Quesada, que haba -quedado de presentarme a algunos representativos de -la vida social e intelectual madrilea: en el arte, Moreno -Carbonero; en el periodismo, el marqus de Valdeiglesias; -estos dos me interesaban en gran manera. -Fueron puntuales. Es el primero un tipo nervioso, delgado, -de mirada inteligente, no revela al artista desde -luego, pero cuando habis hablado con l las iniciales -palabras, la chispa ha saltado, iluminando, bajo un -bigote fino y negro, una sonrisa <i>bon enfant</i>. El segundo, -de pequea estatura, rubio, calvo, comunicativo, meridional; -de seguida se manifiesta el clubman, el mundano, -el infaltable a las fiestas y reuniones de la aristocracia, -el ttulo <i>reporter</i>, que hace en su diario, <i>La -poca</i>, lo que el prncipe de Sagn haca en un tiempo -en <i>Le Figaro</i>. <i>La Nacin</i> estaba representada dos veces, -pues a mi derecha, en la mesa de la casa argentina, -tena yo al estimado compaero Ladevese. Pocos momentos -despus, y ya la conversacin versaba sobre -nuestra Prensa y la espaola. Reconoca el marqus la<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> -inferioridad informativa, por ejemplo, de los diarios -peninsulares, y explicaba cmo en Espaa interesaba -poco a la generalidad lo que sucede fuera de los trminos -de la tierra propia. No se sigue, como entre -nosotros, el movimiento de los sucesos del mundo; del -asunto Dreyfus, de lo que hay ahora de ms sonoro en -el periodismo universal, se publican unas pocas lneas -telegrficas. Naturalmente, el inters pblico, en tiempo -de la guerra, hizo aumentar la vida de los diarios, y la -informacin tuvo su preferencia; telegrama recibi <i>El -Imparcial</i>, o <i>El Liberal</i> que cost diez mil francos. Mi -bonaerensismo se manifiesta; hago un rpido croquis -del desarrollo y fuerza de <i>La Nacin</i>; comento al <i>Diario</i>, -etc. Y a propsito de corresponsales, se protesta por -una carta que publica <i>La poca</i> del suyo de Buenos -Aires, en que se dice, entre otras cosas, que todos andamos -con el revlver en el bolsillo, y que no vayan -ms espaoles a la Repblica Argentina, pues son repetidos -con frecuencia los casos en que hay que levantar -suscripciones en la colonia para poder repatriar a -los numerosos compatriotas que all se mueren de -hambre. De esos nufragos hay en todas partes; y, no -hay duda de que aquel periodista exagera.</p> - -<p>El actual marqus de Valdeiglesias ha recibido <i>La -poca</i> de manos de su padre, cuyo tacto y largas vistas -en asuntos periodsticos demustranse no solamente en -la propia hoja sustentada por l, sino en la antigua <i>Correspondencia</i> -de Santa Ana. <i>La Correspondencia</i> de hoy -ha perdido su antiguo carcter; <i>gorro de dormir</i>, pertenece -al pasado. <i>La poca</i> es en Madrid una especie de -<i>Temps</i>, el peridico serio, asentado, autorizado; con su -poco de <i>Fgaro</i> por el mundanismo y el cuidado de la -forma, con la particularidad, digna de elogio, de que -demuestra cierta preferencia por lo intelectual. Es un -diario gran-seor; no se vende por las calles, y si los -dems cuestan cinco cntimos, nmero suelto, y una -peseta la suscripcin por mes, <i>La poca</i> vale cuatro pesetas<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> -suscripcin mensual y quince cntimos nmero -suelto. Claro es que el tiraje es relativamente reducido. -No hay que buscar, por otros puntos, comparacin con -nuestros grandes matinales.</p> - -<p>Valdeiglesias es un hombre encantador; su distincin -no excluye la abierta gentileza; habla de todo, y sobre -todo de arte y vida social, con una volubilidad y amenidad -que hacen de l un conversador deseable. Desde -luego, se me ofrece como cicerone en mis viajes alrededor -y al centro de Madrid. En un momento me interesa -en las colecciones artsticas y de alto mrito histrico -que posee el conde de Valencia de Don Juan; me -habla de los autores de la nobleza, biblifilos, conocedores -de arte y <i>sportmen</i>, casi por completo desconocidos -en el pblico, escritores de libros que circulan en -ediciones cortsimas y para especialistas; y a propsito -de la obra reciente de <i>Monte-Cristo</i> sobre los salones de -Madrid, diserta de entusistica manera sobre el movimiento -social de esta corte, que es indiscutiblemente -una de las que tienen para sus mantenedores del gran -mundo y para sus huspedes, singulares atractivos y -goces de lo que se puede llamar la esttica de la existencia, -en un pas en donde, aun en el duelo, parece que -siempre se escuchara como un canto a lo grato del -mundo. El Marqus cuando habla parece que dictase -uno de sus artculos amenos y discretos, de una verba -correcta; y ya pasemos a hablar de lo mucho que l ha -trabajado y piensa trabajar para favorecer, despus de -un ensayo de aplicacin que l costeara, la introduccin -de las carnes argentinas en Espaa o trate de una -reciente publicacin sobre esgrima antigua hecha por -un ttulo de Castilla o detalle las reuniones femeninas, -famosas, por vida ma, en Madrid, de nuestra legacin, -en donde, hermosa y ricamente, el doctor Quesada sabe -recibir a la flor de la Corte, con bros y humor que mantiene -su vejez fresca y firme, una vejez a lo Juan Valera—y -a lo doctor Quintana—; Valdeiglesias siempre encarna<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span> -el periodista, es el pollogo vario y chispeante.</p> - -<p>Luego Moreno Carbonero. Estaban conversando con -el novelista y diplomtico Ocantos, secretario de la legacin -como sabis; y a propsito de un decir del ministro -sobre una cabeza que un ingls encontrara en -Espaa y se atribuye hoy a Miguel ngel o a Donatello...—desde -luego dos maneras tan distintas, dos espritus -de arte tan diversos—oigo, pues, a Moreno Carbonero -que dice: Yo por mi parte, prefiero, entre Miguel -ngel y Donatello, a Donatello. Parecime muy simpticamente -desenvainada aquella opinin por un maestro -que, a pesar de su gran talento, es lo que se llama -un normal; pero luego ca de mi ascensin, pues a -propsito de la pintura moderna y por traer nosotros -el recuerdo del insigne cataln Rusiol, manifest que -ese arte—y deca esto despus de inclinarse delante del -talento del cataln—, que ese arte—el del mejor Rusiol, -el Rusiol libre y poeta—era solamente bueno para el -industrialismo del cartel; algo as como la brocha gorda -de los telones teatrales, para ser visto de lejos... Y yo -pensaba, aun detenindome nicamente en el <i>affiche</i>, -que en uno de Chret, de Mucha, del admirable Grasset, -del mismo Rusiol, hay ms arte de artista que en muchas -telas de cannicos medallados. Es, por cierto, uno -de los mayores pintores de la Espaa de hoy Moreno -Carbonero, y me explico perfectsimamente la razn de -su manera de mirar el contemporneo arte intelectual. -l respira su ambiente; ha vivido en Pars y ha pasado -los aos indispensables de Italia; pero queda en l el meridional -absoluto, o mejor, el espaol inconmovible. Y -esto por otra parte puede ser o ser una gran virtud. Ya -sabis, con todo, que es un idealista al ser nacional; su -amor por el Quijote es conocido, y el ltimo cuadro -suyo que he visto representa la aventura del caballero -de la Mancha con los carneros. Picarescamente, esa -noche, un respetable amigo suyo calific ese cuadro -como un smbolo... De lo cual resultara, por esta vez<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span> -Moreno Carbonero simbolista <i>malgr lui</i>. Ahora prepara -otro cuadro cuyo tema est extrado de la enorme usina -quijotesca; y nos deca que andaba en busca de un tipo -campesino que tuviese la figura del Sancho que l se -imagina; y que crea haberla encontrado en un bauzn -manchego que haba visto, como para ser reconocido -por Teresa, Sanchica y el rucio.</p> - -<p>Recorremos la casa. Desde luego llama el ojo la buena -cantidad y calidad de viejos tapices en los salones -principales, y de los salones, el amarillo, para el que se -ha escogido con sabio gusto esa antigua y rica tela espaola -que impone su aristocracia arcaica a las imitaciones -chillonas y estofas advenedizas. Por cierto punto la -Legacin es un pequeo y valioso museo, pues fuera de -tapicera y chirimbolos est lo preferido y mejor entre -todo las tallas, esas obras admirables de la famosa talla -espaola que hoy se podra llamar un arte olvidado; -pues la que ahora se hace no admite ni un lejano trmino -de comparacin con la labor perfecta, aun en la misma -tosquedad de lo primitivo, que antao se acostumbraba. -Aquellos maestros perdidos en el tiempo no han -vuelto a encarnarse, y los escultores de hoy—con rarsimas -excepciones, como ese incomparable Bistolfi, de -Italia, y algunos pocos franceses—desdean en todas -partes, no s por qu, la madera, que para ciertas cosas -supera infinitamente a la piedra o el bronce. Y ante un -trabajo de algn desconocido Berruguete... Vea usted, -se puede realizar esto en mrmol?... Moreno Carbonero -se ocupa actualmente en hacer el catlogo de las colecciones -artsticas del ministro argentino, y una vez -concluda la obra, debe resultar por muchos motivos -interesante.</p> - -<p>Y el arte? Y el arte, cmo va en Espaa?</p> - -<p>Pues si algo ha quedado sosteniendo la tradicin diamantina -del arte espaol es la pintura. All Artal ha -dado a conocer reflejos de la hoguera subsistente. Hay -pintores, hay grandes pintores. En el Museo de Arte<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> -Moderno, del que ya os hablar, he tenido nobles impresiones, -como las que tuve en la iglesia de San Francisco -el Grande. La escuela espaola contempornea, de -la cual Buenos Aires posee algunas valiosas muestras—y -ya que hablamos de Moreno Carbonero, un cuadro de -este pintor que, segn me dijo l mismo, es de los que -ms quieren entre los suyos y fu adquirido por el doctor -del Valle—, la escuela espaola contempornea tiene -justa fama, representada por sus firmas principales, en -toda Europa; y algunos pintores espaoles hay, de fuerza -y vala, que cabalmente en <i>Europa</i> son ms conocidos -que en Espaa, como me lo deca un artista. Por ejemplo, -Baldomero Galofre que, fuera de su ya larga labor, -lograr un bello triunfo si realiza conforme con el plan -que conozco su vasto poema pictrico <i>Espaa</i>. Roma -detiene a varios maestros de luz espaoles, de los cuales -conocis ms de un cuadro cuajado de sol; Pars lo -propio, desde en tiempos de los Fortuny y los Madrazos. -No he averiguado an los detalles de la salida de la -produccin, de los encargos, de la parte comercial del -asunto. Pero desde luego, os aseguro que en este inmenso -imperio del color, no se agotar jams la llama -artstica; y desde Plasencia o Moreno Carbonero hasta el -ltimo pintaplatos que os fastidiar en el caf sirvindoos -la marina o el bodegn como un par de salchichas, -todos tienen en la pupila un don solar que se proclama -a cada instante.</p> - -<p>—Y el arte en Buenos Aires? Digo lo que puedo, -alabo los esfuerzos del director del Museo, cito tres o -cuatro nombres y me salvo.</p> - -<p>Luego he estado en casa de Castelar. Ya convalece de -su enfermedad ltima, en la que lleg momento en que -se creyera lo llevase a la muerte. Fuimos tres los que -en el momento de la entrevista estuvimos presentes. -Uno, su amigo el banquero Calzado, que hace tanto -tiempo reside en Pars, y cuya intimidad con el orador -data de larga fecha. Otro el ministro de Bolivia. Desde<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span> -mi llegada cumpl con informarme en nombre de la <i>La -Nacin</i> y propio del estado del antiguo e ilustre colaborador. -Sus primeras palabras, al verme, fueron: Oh, -qu diferencia, del 92, cuando usted me vi por ltima -vez! En efecto. Recordarn mis lectores en este diario -aquella carta color de rosa que escrib hace siete aos -con motivo de un almuerzo que Castelar me ofreciera -en su misma casa de hoy, en la calle de Serrano. Aquel -Castelar brillaba an en la madurez lozana de una vida -que apenas demostraba cansancio, aun cuando en la cpula -haba nevado ya bastante. El orador todava se -afirmaba sobre los estribos de su pegaso. Los ojos chispeaban -vivos en la cara sonrosada; el gesto adornaba la -frase elocuente; la potencia tribunicia se denunciaba a -relmpagos. El apetito se revelaba en aquellas perdices -regalo de la duquesa de Medinaceli, aquellas perdices -episcopales regadas con exquisitos vinos de abad. Y -Abarzuza, que todava no haba sido ministro, estaba a -su lado. Y sobre la gran calva popular se encenda en -su apogeo un crculo de gloria. Hoy... Me di ciertamente -tristeza el cuerpo delgado por la dolencia, los -ojos un tanto apagados, la voz algo cansada, el rostro -de fatiga, todo el clebre hombre en decadencia. Todo -no; porque en cuanto empez a hablar, como le tocara -el punto delicado de la poltica primero y de los asuntos -internacionales despus, irgui la antigua cresta, -cant. De lo primero, como quien mira las cosas desde -su voluntario aislamiento; pero expresando su disgusto -por las aagazas y trampas al uso; y su desconsuelo -airado por el estado a que han reducido al pas los -malos dirigentes. De los segundos, lapidando a frases -violentas a los Estados Unidos. Hay que recordar -como ha sido el entusiasmo de Castelar por la repblica -norteamericana antes de la iniquidad. Y lo mucho que -a Castelar han admirado los yanquis—sin duda alguna -por lo que ha tenido de <i>greatest in the world</i>, a ttulo de -Nigara oratorio—. Y el Crisstomo peninsular hablaba<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span> -con el despecho razonado de quien ha sido vctima de -un engao, de un engao digno del pas colosal de los -dentistas. Cosas de este fin de siglo! nos deca. Mientras -la autocrtica Rusia pide a los pueblos el desarme -y aboga por la paz, los Estados Unidos, tierra de la democracia, -son los que proclaman la fuerza por ley y se -tornan guerreros. Oh, es esto para m como si los castores -se hubieran de pronto vuelto tigres! Tengo en mi -casa un retrato de Wshington, regalo de un ilustre -amigo mo norteamericano; y otro amigo y compatriota -me haca cargos porque tena yo al gran anglo-sajn en -lugar preferido de mi alcoba. Le contest que el pobre -no tena la culpa de lo que hacan sus descendientes, y -que el primero en la paz, el primero en la guerra y el -primero en el corazn de sus conciudadanos, sera el -primero en avergonzarse de ellos en esta sazn en que -se han convertido en heraldos y ministros de la violencia -y de la injusticia.</p> - -<p>Calzado nos deca que durante la enfermedad no ha -cesado un momento Castelar en su labor de siempre. -Que su humor no se ha entibiado, ni sus ejercicios -mentales de costumbre han sufrido el menor cambio ni -menoscabo. Es el trabajador de antao. Entonces l nos -dijo de qu manera haba perdido personalmente en su -presupuesto constante una renta que no bajaba de dos -mil quinientos a tres mil francos mensuales, pues por -voluntad invencible ha resuelto, desde la ltima guerra, -no escribir una sola lnea para el pblico de Norte-Amrica. -Y en verdad, Castelar ha sido pagado por los yanquis -como muy pocos escritores. Diarios y <i>magazines</i> -ha habido que desembolsasen por un solo artculo quinientos -dollars, mil dollars. Era un Klondike en la imperial -Nueva York, o en la estudiosa Boston, o en la -regia Porcpolis. Ese Klondike se lo ha cerrado la lrica -sangre gaditana que corre en sus venas. Un yanqui -en su caso escribira el doble y pedira el triple por un -artculo. Pero qu diran el Cid y Don Pelayo?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span></p> - -<p>Me desped de l no sin antes contestar a sus preguntas -sobre Amrica, sobre la salud del general Mitre, -sobre nuestros progresos. Me cita para una larga entrevista -prxima, y me encarga enve sus mejores recuerdos -a sus antiguos compaeros de <i>La Nacin</i>. Yo cumplo -con ese grato deber, y ruego a mis colegas de la casa -que no se imaginen al Castelar enfermo y dbil de ahora -al recibir ese saludo, sino al que tenemos all retratado -en la sala de redaccin: la cabeza fuerte y noble como -para contener un vasto mundo de ideas, los ojos que -anuncian la victoria de la palabra, y bajo el gran bigote, -la boca expresiva de donde ha brotado tanta sonora -tempestad verbal, tanta msica, tanta encantadora mentira -y tanta voluntad de Dios. Pues nadie puede decir -en este siglo lo que escuch de l, ciertamente conmovido, -momentos antes de estrechar su mano al despedirme: -Yo he libertado a doscientos mil negros con un -discurso.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p> - - -<h2>NOTAS TEATRALES</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">20 de enero.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-v.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Varios</span> estrenos: <i>La Walkiria</i> en el Real; -<i>Los Reyes en el destierro</i>, en la Comedia; -<i>Los caballos</i>, en Lara. La impresin dominadora -que me ha producido la estupenda -obra de Wagner, es de aquellas -fascinaciones de arte que eternamente nos duran. El da -est un tanto escandinavo: a travs de los vidrios del -balcn veo caer tenaz y triste la nieve. Es, pues, a propsito -el momento para hablaros del estreno de la pera -del Wottan de la msica. Mirad primero del palco escnico -al pblico: es noche de gran pompa; el deslumbramiento -es semejante al de la sala de nuestra pera una -noche de 9 de julio o de 25 de mayo. Los hermosos tipos -espaoles son de beldad famosa, y tan vario caudal de -gracia y de maravilla plstica se aumenta y se ilumina -con las constelaciones de la pedrera y la elegancia de -los trajes. La espaola tiene <i>su</i> estilo de vestir, como la -vienesa, como la bonaerense, como la neoyorkina; pero -lo que en la una hace que porte un Paquin o un Worth -con cierta suntuosidad un tanto abullonada, como inflada -de valses, y en la argentina produce la confusin -prodigiosa de la manera con la parisiense y en la otra -pone una especie de matematecidad gimnstica, en estas -damas hace que la elegancia francesa se mezcle en limitada -parte con el aire nativo, y para mejor daros una -idea de ciertos ejemplares soberanos, pongo por caso<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> -la andaluza marquesa de Alquibla—os digo que os imaginis -a una maja de Goya vestida por Chaplin.</p> - -<p>Desde luego, las observaciones de Graindorge no han -caducado, y probablemente mientras en el mundo haya -<i>le monde</i>, tendrn su inmediata confrontacin en toda -sociedad de la tierra. Mas aqu, donde la cultura no es -de aluvin, sino que est filtrada a travs de rocas multiseculares, -fuera de aquello frvolo y pasajero que la -moda traiga con su imposicin, el sentido social est -bien cimentado; y pongo esto a cuento porque lo primero -que not en la sala regia, con pocas excepciones, es -que la alta sociedad madrilea va al Espaol para ver y -para oir, y al Real para oir y para ver. Hay en el pblico -de palcos y plateas conocedores insignes en cuestin -musical, y en cuanto al paraso, como en Buenos Aires, -es all donde se encuentran los que, segn se dice, imponen -o rechazan una obra. Mas no oiris la conversacin -molesta del advenedizo enriquecido que llega a su -palco a hacerse notar por su desdn a lo que en la escena -pasa; y los fanticos de Wagner no han tenido que -protestar a causa de ninguna incoherencia en la ocasin -presente. Conforme con los preceptos wagnerianos, nadie -lleg retrasado a la funcin.</p> - -<p>Pues, os digo que aun impera en m el prodigio de la -armona y de la meloda, elementos de la msica ms -espiritual que el simple ritmo, de Hanslick, y jams -he visto alzarse sobre un trono ms glorioso el alma suprema -del gran Germano. Toda alma de artista, en esa -noche, sinti all clavada la espada divina del genio -cual la que est en el fresno hundida hasta la empuadura. -Yo recordaba que uno de mis mayores disgustos haba -sido con un amigo cordial, de ms corcheas que yo, -pero a quien no poda demostrar mi sinceridad por -Wagner delante de su obstinada sospecha de ver en mi -amor profundo por ese orbe de poesa absoluta un mal -pertrechado entusiasmo de <i>snob</i>... Oh, no! All habis -sentido y pensado a Wagner los que sabis y podis<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span> -sentirle y pensarle; y muchos de vosotros habis ido a -oir la <i>Misa del Arte</i> a la iglesia de Bayreuth. Pues aqu -es mayor, incomparablemente mayor el nmero de los -adoradores, de los verdaderos adoradores del santo culto -que renueva a Pitgoras... y mi modesta aficin, sin -pretensin alguna, sin herir ninguna cuerda, ni soplar -madera ni cobre, ha sido bien acogida. Se me ha dejado -rezar, y eso basta. Madrid es capital que por su gusto -musical se distingue, el Real es de los teatros sealados -artsticamente, y entre otras cosas, existe una Sociedad -de conciertos que puede enorgullecer a cualquier gran -centro lrico. No es sino de entusiasmo la impresin -que han llevado ltimamente Saint-Sans y Lamoureux. -Pero y <i>La Walkiria</i>?</p> - -<p>La sala se dej subyugar por la potencia sublime, -desde los compases directores de la introduccin, corta -y llena de magnificencia, y las primeras frases de Siegmund—desgraciada -y necesariamente traducido en Segismundo—hasta -el momento final en que al golpe de -la lanza brota el misterioso fuego, todo fu como el paso -de un vasto huracn de mgicos nmeros, de cadencias -nicas, de revelaciones armoniosas; ya Siglinda surja, -encarnacin de portento, o Hunding truene o Siegmund -en un solo ideal se lamente; o el do del amoroso y deleitoso -y nico amor de los dos hermanos se cristalice -soberbiamente en la expresin del divino incesto: Esposa -y hermana eres para m. Surja, pues, de nosotros -la sangre de los Welsas! o Brunilda arrebate a Siglinda -o pase la prestigiosa y sonora cabalgata, o por fin, -Wottan, dando el sueo con un beso a la Walkiria, ordene -el incendio al dios del fuego maravilloso. El conjunto -se destaca como una selva mgica en la que casi -sensible fsicamente, el influjo del <i>deus</i> precipita nuestras -emociones tambin en cabalgata magnfica e incontenible. -Cada mente se siente abrasada, cada espritu -contiene a Gerilda, Waltranta, Schwerleita, Ortlinda, -Helmwigia, Sigruna, Rosweisa, Grimguerda... Y el pblico<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> -de Madrid, en general, supo apreciar el don olmpico. -Aunque hay quien afirme que del ciclpeo drama -musical lo nico que ha admirado son las bellezas de -la cabalgata y del fuego encantado...</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>En la Comedia, el estreno de <i>Los reyes en el destierro</i>, -como comprenderis, extrada de la novela de Daudet. -Autor de la pieza y gozador del triunfo y del provecho, -Alejandro Sawa. De Sawa tambin os he hablado desde -Pars—pues en verdad he sido yo el judo errante de -<i>La Nacin</i>—hace algunos aos. l fu quien me present -a Jean Carrre, cuando la <i>meute</i> de los estudiantes y -los escndalos del caf D'Arcourt, en el 93. All en Pars -haca Sawa esa vida hoy ya imposible, que se disfraz -en un tiempo con el bonito nombre de Bohemia. Es -ms parisiense que espaol y sus aficiones, sus preferencias -y sus gustos tienen el sello del Quartier Latin. -Lo cual no obsta para que sea casado, hombre de labor -de cuando en cuando—y querido de todos en Madrid—. -A su vuelta, despus de muchos aos, de Francia, ha -sido recibido fraternalmente, y la suerte buena no le ha -sido esquiva, pues con el arreglo que ha hecho ahora -para el teatro, ha obtenido una victoria intelectual y positiva. -Para Buenos Aires s que no tengo que entrar a -detallar o recordar los tipos especiales que se barajan -en la produccin del pobre <i>Petit-Chose</i>. Slo dir que -Sawa ha logrado hilvanar bien su <i>scenario</i> y tejer su -juego con habilidad y con el talento que todo el mundo -le reconoce.</p> - -<p>Sawa—debo decirlo—contina, a pesar de su triunfo, -de su encantadora hijita y de su barba que anuncia ya -la vejez entrante, tan formal como hace siete aos. Me -haba prometido una escena de su obra para este correo, -primicia muy agradable. En efecto, no le he vuelto -a ver.</p> - -<p>A Sells s le he visto, un da despus del estreno de<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span> -<i>Los caballos</i>. Es personal y literariamente muy simptico, -y pongo el vulgar adjetivo porque as se comprender -mayormente. Este acadmico de la Espaola es, -sin duda alguna, el ms juvenil de los inmortales; no -el ms joven, porque el conde la Viaza y el poeta Ferrari -son los benjamines. El ms anciano ya se sabe que -es Menndez y Pelayo. Y he aqu que en un teatro de <i>arte -chico</i>, de chuleras y cosas de esa guisa, se presenta Sells -con esta obra, parte de una triloga que, segn l -deja decir, es simbolista. Altamente estimo al autor del -<i>Nudo gordiano</i>, y sobre todo, su tendencia a hacer un -teatro de ideas, aqu en la tierra del parlar y del inflar.</p> - -<p>Pero crea el seor Sells que es infantil, que es de una -ingenuidad conmovedora el nombrar a Ibsen, o a -Hauptmann, o a Sudermann, como alguien lo hiciera -delante de m, a propsito de sus obras. Llamar teatro -simbolista al del seor Sells, es como poner bajo las -tentativas del dibujante Chiorino: dibujo prerrafaelita. -En el teatro de Antoine, en el de l'Œuvre, su obra -difcilmente habra sido admitida; porque el reconocer -su castiza y propia lengua no significa en este caso -nada; cuando se quiere hacer obra de ideas no se hace -obra de palabras. Esta pieza, como dejo apuntado, pertenece -a una triloga, cuya primera parte ha sido puesta -en escena por Novelli. Hay una tendencia social que se -ruboriza de su mismo impulso a la libertad futura. Parece -que no ha estudiado el seor Sells como deba el -ms arduo de los problemas contemporneos, y el anarquismo -para familias que ha procurado presentar en -su pieza, no provocar en los intelectuales sino una sonrisa. -El ro es ms vasto y ms profundo; y, para citar -un tipo, venir a encarnar en el maestro de escuela, en -Espaa, la tendencia salvadora de la obra social—aqu -donde el pobre maestro de escuela es sinnimo de <i>atorrante</i>!—, -es simplemente inefable. La tela paradojal est -bien bordada de oro fino castellano; la forma regocija -el amor patrio gramatical, y el poeta es el poeta de siempre.<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span> -Aqu se da del <i>cher matre</i>; y yo le digo por eso: -Querido maestro, sus <i>caballos</i> se han desbocado, pero... -<i> rebours</i>.</p> - -<p>Y el mircoles prximo en el Espaol, estreno de <i>Cyrano -de Bergerac</i>. Nada dir hasta despus de la representacin; -pero os mando los versos que me encargara -la revista <i>Vida Literaria</i> con tal motivo.</p> - -<div class="poetry-container"> -<p class="no-indent center p1">CYRANO EN ESPAA</p> - -<div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">He aqu que Cyrano de Bergerac traspasa</div> -<div class="verse i0">De un salto el Pirineo. Cyrano est en su casa.</div> -<div class="verse i0">No es en Espaa, acaso, la sangre vino y fuego?</div> -<div class="verse i0">Al gran gascn saluda y abraza el gran manchego.</div> -<div class="verse i0">No se hacen en Espaa los ms bellos castillos?</div> -<div class="verse i0">Roxanas encarnaron con rosas los Murillos,</div> -<div class="verse i0">Y la hoja toledana que aqu Quevedo empua</div> -<div class="verse i0">Concenla los bravos cadetes de Gascua.</div> -<div class="verse i0">Cyrano hizo su viaje a la luna: ms antes</div> -<div class="verse i0">Ya el divino luntico de don Miguel Cervantes</div> -<div class="verse i0">Pasaba entre las dulces estrellas de su sueo</div> -<div class="verse i0">Jinete en el sublime pegaso Clavileo.</div> -<div class="verse i0">Y Cyrano ha ledo la maravilla escrita</div> -<div class="verse i0">Y al pronunciar el nombre del Quijote, se quita</div> -<div class="verse i0">Bergerac el sombrero: Cyrano Balazote</div> -<div class="verse i0">Siente que es lengua suya la lengua del Quijote.</div> -<div class="verse i0">Y la nariz heroica del gascn se dira</div> -<div class="verse i0">Que husmea los dorados vinos de Andaluca.</div> -<div class="verse i0">Y la espada francesa, por l desenvainada,</div> -<div class="verse i0">Brilla bien en la tierra de la capa y la espada.</div> -<div class="verse i0">Bienvenido Cyrano de Bergerac! Castilla</div> -<div class="verse i0">Te da su idioma, y tu alma como tu espada brilla</div> -<div class="verse i0">Al sol que all en tus tiempos no se ocult en Espaa.</div> -<div class="verse i0">Tu nariz y penacho no estn en tierra extraa,</div> -<div class="verse i0">Pues vienes a la tierra de la Caballera.</div> -<div class="verse i0">Eres el noble husped de Caldern. Mara</div> -<div class="verse i0">Roxana te demuestra que lucha la fragancia</div> -<div class="verse i0">De las rosas de Espaa con las rosas de Francia.</div> -<div class="verse i0">Y sus supremas gracias, y sus sonrisas nicas</div> -<div class="verse i0">Y sus miradas, astros que visten negras tnicas</div> -<div class="verse i0">Y la lira que vibra en su lengua sonora</div><span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> -<div class="verse i0">Te dan una Roxana de Espaa encantadora.</div> -<div class="verse i0">Oh poeta! Oh celeste poeta de la facha</div> -<div class="verse i0">Grotesca! Bravo y noble y sin miedo y sin tacha</div> -<div class="verse i0">Prncipe de locuras, de sueos y de rimas:</div> -<div class="verse i0">Tu penacho es hermano de las ms altas cimas,</div> -<div class="verse i0">Del nido de tu pecho una alondra se lanza,</div> -<div class="verse i0">Un hada es tu madrina, y es la Desesperanza;</div> -<div class="verse i0">Y en medio de la selva del duelo y del olvido</div> -<div class="verse i0">Las nueve musas vendan tu corazn herido.</div> -<div class="verse i0">All en la luna hallaste algn mgico prado</div> -<div class="verse i0">Donde vaga el espritu de Pierrot desolado?</div> -<div class="verse i0">Viste el palacio blanco de los locos del Arte?</div> -<div class="verse i0">Fu acaso la gran sombra de Pndaro a encontrarte?</div> -<div class="verse i0">Contemplaste la mancha roja que entre las rocas</div> -<div class="verse i0">Albas forma el castillo de las Vrgenes locas?</div> -<div class="verse i0">Y en un jardn fantstico de misteriosas flores</div> -<div class="verse i0">No oste al melodioso Rey de los ruiseores?</div> -<div class="verse i0">No juzgues mi curiosa demanda inoportuna,</div> -<div class="verse i0">Pues todas estas cosas existen en la luna.</div> -<div class="verse i0">Bienvenido Cyrano de Bergerac! Cyrano</div> -<div class="verse i0">De Bergerac, cadete y amante, y castellano</div> -<div class="verse i0">Que trae los recuerdos que Durandal abona</div> -<div class="verse i0">Al pas en que aun brillan las luces de Tizona.</div> -<div class="verse i0">El Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte</div> -<div class="verse i0">El que vence el espacio y el tiempo; su estandarte.</div> -<div class="verse i0">Pueblos, es del espritu el azul oriflama.</div> -<div class="verse i0">Qu elegido no corre si su trompeta llama?</div> -<div class="verse i0">Y a travs de los siglos se contestan, oid:</div> -<div class="verse i0">La Cancin de Rolando y la Gesta del Cid.</div> -<div class="verse i0">Cyrano va marchando, poeta y caballero</div> -<div class="verse i0">Al redoblar sonoro del grave Romancero.</div> -<div class="verse i0">Su penacho soberbio tiene nuestra aureola.</div> -<div class="verse i0">Son sus espuelas finas de fbrica espaola.</div> -<div class="verse i0">Y cuando en su balada Rostand teje el envo,</div> -<div class="verse i0">Creerase a Quevedo rimando un desafo.</div> -<div class="verse i0">Bienvenido, Cyrano de Bergerac! No seca</div> -<div class="verse i0">El tiempo el lauro; el viejo Corral de la Pacheca</div> -<div class="verse i0">Recibe al generoso embajador del fuerte</div> -<div class="verse i0">Molire. En copa gala Tirso su vino vierte.</div> -<div class="verse i0">Nosotros exprimimos las uvas de Champaa</div> -<div class="verse i0">Para beber por Francia y en un cristal de Espaa.</div> -</div></div> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span></p> - - -<h2>CYRANO EN CASA DE LOPE</h2> - -<div class="imgcenter"> -<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">2 de febrero de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> efecto, como os lo haba anunciado, -Cyrano est en su casa. Ha llegado a -Espaa con muy buen pie y mediante -los ocho o diez mil francos que, segn -tengo entendido, recibi de antemano el -excelente poeta Rostand. El triunfo ha sido sonoro: y -nariz por nariz, la de Daz de Mendoza, en Madrid, ha -valido lo que la de Coquelin en Pars. En la de Bergerac, -ha dicho con su oportuno chiste de siempre Mariano -de Cvia, que quedaran muy bien plantados los -<i>quevedos</i> en Espaa. Me place haber coincidido en lo del -noble caballero de la torre de San Juan Abad, en unos -de mis versos anteriores, con el vibrante y agudo periodista. -El Cyrano espaol no es otro que Quevedo; en -ambos puso la Luna madre nutriz, con su leche, quilo -del mundo, que dice la sabia doa Oliva de Sabuco, -el rayo que hace los locos de poesa; y ambos fueron -hombres de amor y de generosas empresas de espada.</p> - -<p>La comedia heroica de Rostand, por otra parte, no es -otra cosa que una obra de capa y espada de la ms buena -cepa espaola, como me lo hiciese notar al llegar el -libro del <i>Cyrano</i> a Buenos Aires, un culto y sagaz compaero. -Es una comedia de capa y espada que ha podido -escucharse en el modernizado Corral de la Pacheca, -como si fuese obra legtima de cualquier resucitado, -porque los actuales, con las excepciones que sabis, no<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span> -encuentran mejor ni ms provechosa fuente que las hazaas, -hechos y gestos del chulo, ese compadrito -madrileo. El xito, pues, ha sido absoluto. La noche -del estreno estaba en el Espaol el todo Madrid de las -letras, y la belleza social tena soberbia representacin. -No os supongis que se trate de algo semejante a una -primera de la Comdie Franaise; aqu no existe aristocracia -literaria; todo va revuelto y el veterano de la -gloria castellana se codea con el tipo <i>interlope</i> que han -bautizado con el extrao nombre de <i>Currinche</i>. Un diario -como <i>El Nacional</i>, con motivo de haber invitado -Fernando Mendoza a los ensayos, y sobre todo al ensayo -general, a personas extraas al teatro, deca con loable -franqueza: All en Pars se invita en tales casos a la -Prensa, a los autores dramticos, novelistas, crticos, -acadmicos, actrices vacantes, personalidades del gran -mundo... En una ciudad de dos millones de habitantes, -donde nadie tiene por qu combatir una obra, se puede -invitar a mil espectadores que van sin prevenciones, ni -envidias, ni espritu de concurrencia, a presenciar un -ensayo general; y a la crtica para que pueda con tiempo -estudiar la obra y dar cuenta de ella <i>dos das despus</i>, -cuando ya el pblico de pago la haya visto; y un ensayo -general es una especie de consagracin del drama o comedia -que el pblico ir a ver confiado en la nota, -siempre benvola para el autor reputado, que la Prensa -seguramente dar. Pero aqu? Aqu, en esta cabeza de -partido de Europa que se llama Madrid, y en la que -todos nos conocemos, nos abrazamos y nos odiamos... -aqu, donde hay un estado constante de celos y de envidias -y de pequeeces inevitable en el estrecho medio -ambiente en que vivimos; aqu, donde toda la vida literaria -est circunscrita a la Carrera de San Jernimo y -la calle del Prncipe... aqu, en fin, donde las Empresas -viven de diez docenas de familias ricas y de doscientos -espectadores pobres, de los cuales la mitad son autores -rencorosos o Empresas rivales... permitir que asistan a<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> -un ensayo general los amigos y los enemigos, los autores -espaoles que han de ver gastos enormes y cultos -rendidos a autores franceses, los empresarios del frente -y los de al lado... Qu equivocacin tan lamentable y -qu desconocimiento del pas en que se vive! Quien -esas lneas escribi parece que tuviese bien conocido su -ambiente; pues, en realidad, nada menos que por intermedio -de Eusebio Blasco se ha manifestado en pblico -lo que antes escuchara yo en privado: la miserable cuestin -de las perras chicas y grandes... Ved como, al da -siguiente del estreno, ese escritor cuyo arte singular es -harto y de antiguo famoso, se expresa, agrediendo de -paso a la Amrica que ignora: Podremos creer que en -la casa de Lope de Vega no deben hacerse traducciones; -podremos creer tambin que, de estrenar una obra extranjera -cuyo xito ha sido esencialmente literario en -Pars, debieron haberla adaptado en verso castellano -poetas de nombre. Aqu donde tenemos desde Nez de -Arce hasta Manuel Paso, desde Dicenta a Jos Juan Cadenas; -desde Manuel del Palacio hasta Rodolfo Gil, -desde Sells hasta Gil (Ricardo), tantos y tantos poetas -notabilsimos, los catalanes, regionalistas furibundos -teniendo en Barcelona unos teatros tan hermosos, en -cuanto hacen un drama o una traduccin se vienen a -Madrid y se imponen en el primer teatro de la nacin, -y se pone a su disposicin todo el dinero de las Empresas. -Todo esto vemos y de ello protestamos, sin nimo -de ofender a nadie y en defensa de los autores de Madrid, -que son, hoy por hoy, en los tres teatros de verso -que hoy funcionan, pospuestos a los autores <i>franceses</i>. -El <i>Cyrano de Bergerac</i> le gust mucho al pblico anoche. -Es obra de <i>dinero</i>, como se dice en la jerga teatral. -<i>Melodrama para la exportacin a Buenos Aires</i>, <i>Chile</i>, -<i>Bolivia</i>, y all alborotar. <i>Cmo no?</i> Lo encontrarn -<i>lindo</i> y el estilo parecer de perlas.</p> - -<p>El que habla es Eusebio Blasco, instrudo sobre el estado -de las aduanas literarias sudamericanas por los<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> -poetas de Sucre o de Cochabamba, a quienes ha prologado, -o quiz, casi estamos seguros, por persona a quien -l conoce bastante, poeta de peso—el hombre de Huanchaca, -el boliviano expresidente Arce, que compr la -cama de la emperatriz Josefina. Y fijos primero en la -generosidad del artista de <i>Los curas en camisa</i> e introductor -de <i>Pauelos blancos</i> y de toda clase de lencera -francesa: la casa de Lope cerrada a toda idea que no -huela al aceite de las propias olivas, cuando la casa de -Molire y la casa de Shakespeare no se cierran; proteccionismo -de las vejeces ms o menos gloriosas, a cuyo -regimiento pertenece, o de amistades y simpatas personales, -con dao de tres jvenes modestos que han hecho -un plausible esfuerzo; repudio de lo cataln, sin -duda por las lecciones de arte y trabajo que Barcelona -da; expulsin de lo bello <i>francs</i> a causa seguramente -de que lo propio anda escaso; y, punto de mira principal, -el dinero, el ansiado dinero—, cuya <i>lindeza</i> no nos -atrevemos a contradecirle. <i>Cmo no?</i> Oh, no, buen seor!</p> - - -<p>Primero ha sido el talento de Rostand y despus han -llegado los miles de francos; y en cuanto a Cyrano de -Bergerac, si como en el dilogo de Cvia se encontrase -en la villa y corte a estas horas buscara en vano la hidalgua -de Quevedo y se volvera a su Pars, con Dreyfus -y todo.</p> - -<p>Pero, hablemos del estreno.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Un escritor de la nueva generacin y de un talento del -ms hermoso brillo—he nombrado a Manuel Bueno—ha -escrito que el nombre de Cyrano de Bergerac parece -un reto. Hay—dice—en las seis slabas que lo componen, -un no s qu de ostentoso atrevimiento que desafa. -Ello es un hecho, que al odo se comprueba sin -necesidad de haber ledo el <i>Cratilo</i> de Platn. Entre las -letras que componen ese nombre suenan la espada y las<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span> -espuelas, y se ve el sombrero del gran penacho. Y admitirs -que el nombre es una representacin de la cosa?—pregunta -Scrates en el dilogo del divino filsofo—Cratilo -asiente. Cyrano tiene un nombre <i>suyo</i> como Rodrigo -Daz de Vivar, como Napolen, como Catulle Mends. -Los nombres dicen ya lo que representan. Pues ese -poeta farfantn y nobilsimo, de sonoro apelativo, deba -ser bien recibido en un pas en donde por mucho que -se decaiga, siempre habr en cada pecho un algo del -espritu de Don Quijote, algo de romanticismo. Romanticismo! -S—clama Julio Burell—romanticismo. -Pero hoy el romanticismo que muere en Europa revive -en Amrica y en Oceana. Cyrano de Bergerac—una fe, -un ideal, una bandera, un deprecio de la vida—se llama -Menelik en Abysinia, Samory en el Senegal, Maceo en -Cuba y en Filipinas Aguinaldo...</p> - -<p>Verter el prestigioso alejandrino de Rostand al castellano -era ya empresa dificultosa. Ni pensar siquiera en -conservar el mismo verso, pues hay aqu crtica que -asegurara estar escrita en aleluyas la <i>Leyenda de los -siglos</i>. Todo lo que no sea en metros usuales, silva, seguidilla, -romance, sera mal visto, y renovadores de -mtrica como Banville, Eugenio de Castro o D'Annunzio, -correran la suerte del buen Salvador Rueda... Los -tres catalanes—Mart, Va y Tintorer—que tradujeron -la obra, se fueron directamente a la silva y al romance; y -ni siquiera intentaron poner en versos de nueve slabas -la balada o la cancin llena de gracia heroica y alegre:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse verse i0">Ce sont les cadets de Gascogne</div> -<div class="verse verse i0">De Carbon de Castel-Jaloux</div> -<div class="verse verse i0">Bretteurs et menteurs sans vergogue</div> -<div class="verse verse i0">Ce sont les cadets de Gascogne...</div> -</div></div></div> - -<p class="no-indent">y tan desairadamente se convirti en:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse verse i0">Son los cadetes de la Gascua</div> -<div class="verse verse i0">Que a Carbn tienen por capitn...</div> -</div></div></div> - -<p>Luego hicieron cortes lamentables, como en el parlamento -de Cyrano, sobre la nariz, y cambios ms lamentables<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span> -an, como trocar la frase final, la frase bsica -de <i>Mon panache!</i> por: <i>La insignia de mi grandeza</i>... -Qu queris! por una palabra castiza se dan aqu diez -ideas; y es muy posible que si Cyrano dice claramente: -<i>Mi penacho</i>, nadie hubiera comprendido, o ese galicismo -arruina la obra. De todos modos, los catalanes han -llenado bien su tarea, hasta donde es posible en el medio -en que tenan que presentarse.</p> - -<p>La evocacin teatral, el <i>scenario</i>, fu de una deliciosa -impresin desde el primer momento, desde que apareci -el local del Palacio de Borgoa, lugar de las representaciones -dramticas en el Pars de 1640. Creo dems, -para el pblico de Buenos Aires, hablar del argumento -del <i>Cyrano</i> de Rostand; todo se ha publicado cuando el -estreno en Pars, y los que se interesan en estos asuntos -han ledo la comedia en el original. La nota principal -del comienzo de la obra la seal la aparicin de Mara -Guerrero, una Roxana que, eso s, no han tenido los -parisienses, encantadoramente caracterizada, una preciosa, -preciossima. Los detalles perfectamente estudiados, -artistas bellas y cmicos discretos; cuando el -gordinfln Montfleuri aparece y Cyrano surge y Roxana -sonre, ya la concurrencia est dominada. Fernando -Mendoza, que ha progresado mucho con sus viajes, se -conquista los aplausos desde luego; las simpatas, que -tanto hacen con el pblico, estn ganadas de antemano.</p> - -<p>Las gasconadas se suceden, y al llegar la escena del -desafo con Valvert, el triunfo se deja divisar: y al final, -cuando Cyrano se va a acompaar a su amigo Lignire -para defenderlo contra cien—Con quince luch en Zamora!—la -ovacin primera estalla, al sonar en silva castellana -los ltimos alejandrinos:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse verse i0">Ne demandiez-vous pas pourquoi, mademoiselle,</div> -<div class="verse verse i0">Contre ce seul rimeur, cent hommes furent mis?</div> -<div class="verse verse i0">C'est parce qu'on savait qu'il est de mes amis.</div> -</div></div></div> - -<p>En el acto segundo, en su hostera aparece el poeta -y pastelero Ragueneau, encarnado por aquel tan buen<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span> -cmico que conocis, Daz, un gracioso que en la Renaissance -supo hacer admirar la tradicin de su clsico -carcter. La llegada de Cyrano, los poetas, famlicos; la -carta escrita a Roxana, la entrevista con sta, la confidencia -de ella y el desengao de l; la llegada de los cadetes; -la provocacin de Christian—hecha con gran propiedad -por el joven artista que tambin conocis, Allens Perkins—la -conversacin entre Cyrano y Christian; el -final del acto en versos en que los traductores se han -llenado indudablemente del espritu del original—<i>Non, -merci!</i>—; todo esto hace que el teln caiga en una -tempestad triunfante de entusiasmo.</p> - -<p>El acto tercero entra en plena victoria. La escena del -balcn agrada, por la justeza con que la silva ha podido -interpretar el verso de Francia. Matrimonio de Christian -y Roxana, y venganza de De Guiches, que manda a los -cadetes de Gascua a levantar el sitio de Arras, contra -los espaoles. El entusiasmo se duplica.</p> - -<p>El cuarto es el del campamento, admirablemente -puesto; los cadetes hambrientos; Castel Jaloux—muy -bien esculpido por Cirera—y Cyrano, figuras sobresalientes; -y la escena hermosa del pfano conmueve al -auditorio... Ah, los alejandrinos de Rostand; pero la -silva sigue haciendo lo que puede, y el <i>espritu</i> triunfa. -Y he ah a Roxana; aparece en la carroza que sabis, -con el buen Ragueneau, de cochero, que enarbola su -ltigo de salchicha; el <i>lunch</i> inesperado; la llegada de -De Guiches, el dilogo de Roxana y Christian, la nobleza -de ese cordial sin talento; triunfo del alma de Cyrano; -la lucha; la muerte de Christian; y, con el pauelo de -Roxana por bandera, el combate con los espaoles; el -triunfo de stos; y la pregunta; Quines son esos locos -que as saben morir?, con la respuesta de Cyrano.</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse verse i0">Ce sont les cadets de Gascogne,</div> -<div class="verse verse i0">de Carbon de Castel-Jaloux...</div> -</div></div></div> - -<p>Ciertamente os digo, que todo eso fu merecedor de -la tormenta de aplausos y exclamaciones que coron el<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> -acto. Para llegar al ltimo, suave, otoal, crepuscular, -vespertino, a la cada de las hojas. De esos adjetivos tomad -el que gustis para la figura de Mara Guerrero, de -religiosa, con su toca como una gran mariposa negra -sobre la frente—Cyrano llega a morir, despus de tantos -aos de silenciosa pasin, delante de la que ama; y en -una escena de delirio glorioso y melanclico, al amor -de la luna triste. <i>La lune s'attristait</i>... Y yo no he visto -a Coquelin, ni a Richard Mansfield, los dos mejores -<i>Cyranos</i>, como que el uno es el acreedor y ha encarnado -su alma segn dice Rostand en la dedicatoria; pero -Daz de Mendoza ha creado bravamente, muy bravamente -su papel; y, como le dice en una carta cierto linajudo -marqus, al artista grande de Espaa: Si hasta -ahora fuiste el cmico de los seores, desde ayer eres -el seor de los cmicos. He ido a saludarle al saloncillo -en un entreacto, a ese saloncillo de descanso en -donde los infaltables Echegaray, Llana, Ladevese y -otros ms, hacen su tertulia todas las noches, rodeados -de retratos de autores y presididos por la gracia de Mara -Guerrero. Y he encontrado al hidalgo entusiasta del -arte, y que, signo de su tiempo, lo es altivamente y gallardamente, -sobre preocupaciones de linaje, siguiendo -una vocacin imperiosa y pudiendo agregar a sus armas -de conde de Bazalote las dos mscaras.</p> - -<p>El aparecimiento de <i>Cyrano de Bergerac</i>, en estos momentos -podra ser y deba ser saludable y reconfortante. -A propsito de estos actores, recuerdo que Paul Costard -hizo una muy atinada observacin. La de que Cervantes -se hubiese arrepentido de su victoria contra la -bella locura de la caballera. Don Quijote, despus de -todo, no es ms que la caricatura del ideal: y sin ideales, -pueblos e individuos no valen gran cosa. Ni Cyrano -habra cedido a las aagazas de los polticos de la <i>dbcle -Non merci!</i> ni quien se qued manco en Lepanto -habra quedado sin perecer glorioso en Cavite o en -Santiago de Cuba. El espritu sanchesco sirve de lastre<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> -a las almas nacionales o individuales, impide toda ascensin; -el romntico espritu de la caballera es capaz -de convertir a un seco y aritmtico yanqui en un hroe, -a un cow-boy en un Bayardo. Y por el contrario, todo -pueblo, como todo hombre que desdea el ideal, esto es -el honor, el sacrificio, la gloria, la poesa de la historia -y la poesa de la vida, es castigado por su propio olvido. -A travs de las lanzas prusianas se ve pasar el cisne -de Lohengrin, y mientras Espaa fu caballeresca y romntica, -siempre tuvo la visin del celeste caballero -Santiago. Esta triste flacidez, esta postracin y esta indiferencia -por la suerte de la patria, marcan una poca -en que el espaolismo tradicional se ha desconocido o -se ha arrinconado como una armadura vieja. Los <i>politiciens</i> -y los fariseos de todo pelaje e hgado prostituyeron -la grande alma espaola. Y aun la religin, que ha -perdido hasta su vieja fiereza inquisitorial en la tierra -fogosa de los autos de fe, se convirti en una de las ventosas -cartaginesas que han ido poco a poco trayendo la -anemia al corazn de la Patria; y si por el sable sin -ideales se perdieron las Antillas, por el hisopo sin ideales -y sin fe se perdieron las Filipinas. Y el honor, por -qu se perdi? Creo que el fuerte vasco Unamuno, a -raz de la catstrofe, grit en un peridico de Madrid -de modo que fu bien escuchado su grito: <i>Muera don -Quijote!</i> Es un concepto a mi entender injusto. Don Quijote -no debe ni puede morir; en sus avatares cambia de -aspecto, pero es el que trae la sal de la gloria, el oro del -ideal, el alma del mundo. Un tiempo se llam el Cid, y -aun muerto gan batallas. Otro, Cristbal Coln, y su -Dulcinea fu la Amrica. Cuando esto se purifique—ser -por el hierro y el fuego?—quiz reaparezca, en -un futuro renacimiento, con nuevas armas, con ideales -nuevos, y entonces los hombres volvern a oir, Dios lo -quiera, entre las columnas de Hrcules, rugir al mar, -con sangre renovada y pura, el viejo y simblico len -de los iberos.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p> - - -<h2>LA CORONACIN DE CAMPOAMOR</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 100px;"> -<img src="images/img007.jpg" width="100" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">19 de febrero.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-s.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Salgo</span> de casa de Campoamor con una impresin -de tristeza. Se trata de su coronacin... -Romero Robledo, al cerrarse -la exposicin de las obras de Casimiro -Sinz—ese pobre artista que como Andr -Gill fu a parar a un manicomio—, el clebre poltico -ha iniciado ahora la pintoresca apoteosis que han -obtenido en este siglo en Espaa, Quintana, Zorrilla y -Nez de Arce. No es la primera vez que de ello se trata. -Parece que anteriormente por dos ocasiones se ha intentado -esa esplndida <i>humorada</i> en accin, pero el -poeta ha protestado por tan vistosos honores y se ha -encerrado en su casa a pasar sus ltimos aos en la -burguesa existencia de un rentista que padece de reumatismos. -As fu el gran gesto de nuestro Guido, negndose -a la apoteosis con que se le hubiera querido -obsequiar! Pero qu gran diferencia de poeta a poeta! -La bella cabeza del lrico argentino, la mscara del -viejo Pan, las barbas fluviales, la conversacin juvenil, -el alma fresca, la confianza en la vida de su patria vigorosa -y nueva; ir a visitar a Guido es un placer intelectual, -alegre y reconfortante; y a veces toca, como -sabis, helnica y admirablemente, la flauta, mientras -le hacen de bajos sus vecinos, los leones de Palermo. Y -Campoamor, caduco, amargado de tiempo a su pesar, -reducido a la inaccin despus de haber sido un hombre<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> -activo y jovial, casi imposibilitado de pies y manos, la -facies penosa, el ojo sin elocuencia, la palabra poca y -difcil... y cuando le dais la mano y os reconoce, se -echa a llorar, y os habla escasamente de su tierra dolorida, -de la vida que se va, de su impotencia, de su -espera en la antesala de la muerte... os digo que es para -salir de su presencia con el espritu apretado de melancola.</p> - -<p>La figura de Campoamor resalta en la poesa espaola -de este siglo con singular magnitud. Si aqu hubiese -un Luxemburgo en que habitasen, reconocidos por los -pjaros, las rosas y los nios, los poetas de mrmol y -de bronce, los simulacros de los artistas cristalizados -para el tiempo en la obra del arte, las tres estatuas que -se destacaran representando esta centuria lrica, seran -la de Zorrilla en primer trmino, la de Nez de Arce y -la de Campoamor. No lejos, por fondo un macizo de -flores apacibles, tendra su busto Becquer, que por tener -algo de septentrional ha sido excomulgado alguna vez -por ciertos inquisidores de la Academia de la Lengua y -de la tradicin formalista.</p> - -<p>Zorrilla encarna toda la vasta leyenda nacional, y es -su espritu el espritu ms espaol, ms autctono de -todos, desde el mundo mltiple en que se desbord su -fantasa, una de las ms pletricas y musicales que haya -habido en todas las literaturas, hasta la impecabilidad -clsica y castiza de su forma, en medio de las gallardas -de expresin y de los caprichos de ritmo que le venan -en antojo. Nez de Arce, con vistas a Francia, y muy -particularmente hacia el castillo secular y formidable -de Leconte de Lisle, representa un momento del pensamiento -universal en el pensamiento de su generacin -en Espaa, una tentativa de independencia de la tradicin, -la duda filosfica de mediados de siglo; su fray -Martn habla como el abad Hieronimus de los <i>Poemas -Brbaros</i>, y los alejandrinos del impasible francs hallan -resonancia paralela en los endecaslabos del nervioso<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> -y vibrante castellano. Campoamor ha realizado en -cierto modo una dualidad que se creera imposible, al -ser al mismo tiempo aristocrtico y popular: aristocrtico -por su elegante y amable filosofa, por su especialsima -gracia verbal y mtrica; popular, porque siempre -va por llanos caminos, y su expresin es semejante -a un arroyo donde cualquier caminante puede beber el -agua a su gusto con slo darse el trabajo de inclinarse -a cogerla. De los tres, el poeta ms poeta fu, sin duda -alguna, Zorrilla, el que mat a don Pedro y el que -salv a don Juan, poeta en su vida, poeta hasta su -muerte en todo y por todo, a trmino de hacer oir un -discurso en verso a los acadmicos de la Espaola; poeta -delante del cadver de Larra, poeta triunfante con su -<i>Tenorio</i>, poeta cortesano del emperador de la barba de -oro en Mjico; poeta ya viejo y necesitado, cuando Castelar -sostuvo en las Cortes la urgencia de proteger con -una pensin a esa viva reliquia gloriosa, a ese millonario -de sueos y de rimas, propietario del cielo azul -en donde no hay nada que comer. Nez de Arce ha -sido ministro, hombre poltico, y hoy mismo gobernador -del Banco Hipotecario; la juventud intelectual, por -lo que he observado, tiene pocas simpatas por l. Campoamor -es un buen burgus de provincia que ha sido -tambin senador y consejero de Estado, y que contina -gozando de la renta que le dan sus tierras. Los jvenes -le tienen gran estima y afecto. A Zorrilla se le coron, -all en Granada, en fiesta en que l puso a danzar todos -sus gnomos y silfos; a Nez de Arce se le coron hace -poco tiempo; ahora, como os he dicho, se piensa en coronar -a Campoamor.</p> - -<p>Yo no s cmo aqu realizarn esta fiesta, indudablemente -plausible en cuanto se trata de honrar la divina -virtud, la suma gracia del arte, pero fcil a la sonrisa, -inevitable en el humor de nuestro tiempo en que francmasonera, -filatelia, volapuk, librepensamiento y versos, -en el sentido melenudo de la palabra, pasan bajo la<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> -mirada irresistible de la diosa Eironeia. Mirad que resucitar -a estas horas ceremonias contemporneas de -Corina, colocarle a nuestro eminente vecino don Fulano -de Tal el gajo verde que circunda la cabeza de Tasso o -de Dante, ante un concurso, por obra de su poca, iconoclasta, -que ha odo desde hace largos aos decir a -don Gaspar: Ya venciste, Voltaire, maldito seas!, que -apenas compra los libros de rimas y que acaba de introducir -de Pars el caf-concert, el modernismo en el -arte y los automviles, es asunto que en Buenos Aires -se prestara maravillosamente para glosas de un picor -en que son especiales los jengibres criollo-cosmopolitas.</p> - -<p>He dicho que al ilustre anciano se le haba antes querido -coronar dos veces, y que en ambas haba declinado -la manifestacin.</p> - -<p>Para saber su temperamento en el caso actual, le hice -una visita en unin de uno de los ms notables talentos -del Madrid de ahora, el mdico y escritor Jos Verdes -Montenegro, que, entre parntesis, acaba de publicar -una interesante introduccin a la versin que de una -novela reciente del hijo de Tolstoi—<i>El preludio de Chopn</i>—ha -hecho un autor de esta Corte. Ciertamente no -fu de agrado el gesto que vi cincelarse en la enferma -faz de Campoamor cuando le pregunt el estado de su -nimo sobre la coronacin, y de sus labios, que apenas -permiten pasar las palabras, entre una tentativa de protesta -dej escapar una interjeccin absolutamente espaola, -pero quiz de origen griego, pues el hermano de -Safo tuvo el mal gusto de tenerla por nombre. Mientras -un criado le llevaba el alimento a la boca—santo Dios, -y ste es aqul!—aquella ruina venerable mova la cabeza, -y con la mirada deca muchas doloras crepusculares -llenas de cosas tristsimas. Coronacin a estas alturas -de vejez en que la nieve se ha amontonado tanto sobre -la vida que ya uno apenas puede darse cuenta de -que existe! Podra l preguntarse: es que vivo an?<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span> -Se le deca que todo se hara bien hecho, que dada la -persona que encabeza la iniciativa, no poda la fiesta ser -sino un regio triunfo social e intelectual. Oa? entenda?</p> - -<p>El segua haciendo sus dolorosos movimientos de cabeza; -hasta que, cuando nombramos a Romero Robledo, -dej caer estas palabras: A ese no le hacen justicia!</p> - -<p>De todos modos, la fiesta, segn tengo entendido, va -a realizarse, y esta misma noche he de asistir en casa de -doa Emilia Pardo-Bazn a una reunin de hombres de -letras y de poltica, reunin convocada por la clebre -escritora para tratar de ese tpico.</p> - -<p>Ya era hora de despedirnos. Campoamor, en el estado -en que est, en cuanto se levanta de la mesa tiene que -ir al lecho. Todava nos mira fija, fijamente: nos da la -mano, que apenas puede apretar la nuestra; y de pronto -se le enrojecen los ojos, va a llorar... Mi compaero me -dice: Vmonos. Salimos con rapidez.</p> - - -<p class="date">11 de febrero.</p> - -<p>Reunin, anoche, en casa de doa Emilia Pardo-Bazn. -Sorpresa ma, al oir anunciar a doa Emilia, a sus -invitados, que la fiesta es dedicada mitad al asunto Campoamor -y mitad a quien estas lneas escribe. Fijos: ese -anciano hidalgo que llega ceremonioso a saludar a la -condesa <i>douairire</i> de Pardo-Bazn, es el duque de Tetun; -y el hidalgo joven que cojea un poco apoyado en -un bastn, al lado de don Jos Echegaray, es el conde -de las Navas. Cerca de Eugenio Sells, acadmico, est -el prximo inmortal Emilio Ferrari. Carlos M. Ocantos -conversa con el periodista francs Ren Halphen. -El doctor Tolosa Latour est entre los dos celebrrimos -cronistas de saln, <i>Kasabal</i> y <i>Monte-Cristo</i>. Ms all, dos -o tres marqueses, cuyos ttulos no se me quedan en la -memoria; y las seoritas de Quiroga, hijas de doa Emilia.<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span> -Le doy la mano a un tuerto, de la dinasta bretoniana; -es Luis Taboada. Un ciego se adelanta—siempre ducal, -siempre suscitando rumores afectuosos a su paso, -siempre con una elegancia que es proverbial desde su -juventud, a punto de que en los salones de Wshington -se le apellidaba <i>Bouquet</i>; se dira que su ceguera realza -ahora su distincin: es el autor de <i>Pepita Jimnez</i>—es -don Juan Valera. En un grupo oigo decir entre otras -palabras: Buenos Aires... <i>La Nacin</i>... Mitre... Centenario -de Coln... A un caballero, a quien reconozco en -seguida, recuerdo que le he sido presentado por Cnovas -en otro tiempo: es el seor Romero Robledo. Se forman -corrillos. Heme aqu de pronto colocado por doa -Emilia entre dos altas damas que representan lo ms -intelectual de la nobleza femenina de Espaa: la marquesa -de la Laguna y la condesa de Pinohermoso. Desde -luego es ya mucho que estas dos linajudas seoras se -interesen por cosas de la literatura. De antiguo la nobleza, -con las excepciones sabidas, fu ignorante y poco amiga -de asuntos que hicieran pensar. Hoy, con excepciones -ms sabidas an, las cortes europeas son como las aristocracias -plutocrticas de pases sin armoriales; hay la -cultura precisa para no hacer resaltar una ignorancia -que sera desdorosa, pero lo principal se va al <i>sport</i> y -dems conocimientos mundanos.</p> - -<p>La poca conversacin con estas damas me da a entender -que hay justicia en tenerlas en la estima mental que -se las tiene, quedando resaltantes, a mi juicio, la duquesa -de la Laguna por el <i>esprit</i>, la condesa de Pinohermoso -por las opiniones discretas.</p> - -<p>Y el asunto Campoamor a todo esto? Nadie habla de -ello por el momento. Apenas un seor que ha visto al -viejo poeta esta misma tarde, cuenta que le ha preguntado: -Y usted se dejar por fin coronar?, y que l le -ha contestado: Yo no me dejo, pero me van a coronar. -Observo que todo el mundo mira a Romero Robledo -como a un sr ms o menos olmpico. l habla de<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> -que la coronacin se realice en el Retiro. Se levantara -una tribuna especial; se decorara todo con el arte y el -fausto de que se puede disponer; y luego, el recinto -guarda memorias ilustres de los tiempos en que Felipe IV -saba ser un monarca intelectual. Y doa Emilia habla -de lo que ha dicho Castelar en el banquete de hace dos -das: que a l no le parece bien la coronacin de un -poeta lrico, porque ste expresa opiniones y sentimientos -individuales; a un poeta pico, se explica, porque -representa el alma de una colectividad, de un pueblo... Y -doa Emilia, a defender a Campoamor, y a decir que -cabalmente los poetas llamados picos—han todos expresado -epopeyas en el alto sentido?—son momentneos -y manifiestan pensamientos y sentimientos que pasan; -en tanto que los poetas lricos o individuales han puesto -en la expresin de su yo la expresin del alma eterna de -los hombres; y as, lo que han cantado y rimado hace -muchos siglos, subsiste hoy como emergido de almas y -corazones contemporneos nuestros. Homero nos interesa -en la despedida de Andrmaca, porque eso es humano -y particular a cada sr que tenga sensibilidad -cordial; pero cuando es absolutamente pico, no interesa -hoy, sino a la erudicin o a la pedantera. Cuando -doa Emilia demostraba esto a Valera, yo deca en mi -interior lo que Vctor Hugo en otra ocasin dijese a la -misma doa Emilia: <i>Voil bien lEspagnole!</i></p> - -<p>Como entre los humos del t pidiese yo al seor Romero -Robledo detalles sobre la prxima coronacin, -me dice que todava no hay nada definido; que se ha -iniciado nada ms el asunto, pero que marcha con tan -buen aire, que todo augura un xito colosal. Y aqu dos -cosas curiosas, una del seor Romero Robledo y otra de -la seora Pardo-Bazn. El uno dice: Vamos a hacer -algo que dejar eclipsado lo que Pars hizo por Vctor -Hugo!... Y la otra cuenta esta ancdota que el periodista -francs la dejara pasar, pero yo no: Cuando se publicaron -las <i>Doloras</i> de Campoamor, Vctor Hugo, celoso<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> -de esa gloria, dijo: Voy a hacer un volumen de <i>Doloras</i>, -como las de Campoamor, y escribi <i>Chansons des -rues et des bois!</i></p> - -<p>Oh, doa Emilia! Es el caso que en esta ocasin no -podra decir la frase huguesca de su autobiografa de -los <i>Pasos de Ulloa</i>: <i>Voil bien lEspagnole!</i>... Y si ella -arguyera, casi me pondra yo de parte de la seora de -Lockroy...</p> - -<p>Nos quedamos en <i>petit comit</i>; se despide la mayor -parte de los invitados, y nos instalamos cerca de una -roja y buena chimenea. Valera encanta y divierte, castellano -y florentino, con su conversacin especial; doa -Emilia hace recitar a Ferrari, y dice ella versos alemanes -e italianos. Y est ms brillante que nunca, ms -brava que nunca, despus de una de esas gallardas ancdotas -de Valera, cuando a alguien se le antoja hablar de -las inmediatas desventuras de Espaa, y a este propsito -un conde ignorante expele dos o tres inepcias estadsticas, -y con un desconocimiento completamente ibero-americano, -lanza esta frase: La Habana era, al perderla -Espaa, la ciudad ms grande, culta y rica de la Amrica -espaola.</p> - -<p>El secretario argentino se pone nervioso, me hace seas -y me voy a mi casa pensando en la azul y blanca -de Obligado, a escribir, contento de mi continente, y de -la capital de mi continente, para mi diario.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span></p> - - -<h2>CARNAVAL</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img002b.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">17 de febrero.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap"><i>Le</i></span><i> carnaval s'amuse</i>... y Madrid se disfraza -y danza y toca las castauelas. Se ha divertido -el pueblo con igual humor al -que hubiese tenido sin Cavite y sin Santiago -de Cuba. Hay filsofos de peridico -que protestan de tan jovial e inconmovible nimo; -hay humoristas que defienden la risa y la alegra nacionales -y que creen que bien merecen la fiesta los -pueblos que saben divertirse. En hora buena! Yo me -siento inclinado a estar de parte de los ltimos y reconozco -la herencia latina. Tcito y Suetonio (Anal. III, 6, -Cal. 6) nos han dejado constancia de que los duelos -pblicos se suspendan en Roma los das de juegos -pblicos, o mientras se celebraban ciertos sagrados -ritos. El luto espaol no se advierte al paso del cortejo -de la Locura, y aqu, ms que en ninguna parte, los -duelos con pan—y toros!—son menos.</p> - -<p>Se ha enterrado la Sardina en su da, en el da de la -simblica ceniza; y en medio de la pompa carnavalesca, -un peridico ha hecho desfilar una carroza macabra -con el entierro de <i>Meco</i>, ese tpico personaje que representa -a la Espaa de hoy. La mascarada en cuestin era -de un pintoresco bufo-trgico indiscutible: la caricatura -de los polticos del desastre, las ollas del presupuesto -por incensarios; <i>Meco</i> camino del cementerio y tras la -fnebre mojiganga, una murga trompeteando a todo<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span> -pulmn la marcha de Cdiz. Decid si no es un modo de -divertirse con lvidos reflejos a lo Poe, y si en este carnaval -no ha habido, si no la mascarada de la muerte -roja, la mascarada de la muerte negra. Y como un diario -hablase de una broma poltica dada a Sagasta en su -casa, la grave <i>poca</i> ha publicado con terrible intencin, -que no informado del todo el apreciable colega, -ha omitido dar cuenta de otra broma, o, mejor, bromazo -que despus di al jefe del Gobierno una numerosa -comparsa vestida con ms propiedad que la ya clebre -compaa de <i>los cadetes de la Gascua</i>. Fu el caso que -al filo de la media noche, cuando ms plcidamente reclinado -estaba en cmoda butaca el seor Sagasta contemplando -cmo se reducan a cenizas los troncos de -su chimenea, ni ms ni menos que nuestras posiciones -ultramarinas, y evocando mentalmente los hechos todos -de su larga y aprovechada vida, son en la antesala -ruido de extraa msica, as como el rascar de huesos -con que suelen acompaar sus tangos los negros de -Cuba. Se abri la puerta y entr la mascarada. Precedale -un estandarte enlodado que en otro tiempo fu -rojo y amarillo, adornado ahora de oro y azul. A pesar -de los desgarrones y manchas del carnavalesco estandarte, -podan leerse estos nombres: Cavite, Santiago, -San Juan de Puerto Rico. Seguan luego con cartulas -que representaban rostros demacrados y cadavricos, -unos cuantos jvenes que parecan viejos, cojos unos, -mancos otros, con el traje de rayadillo hecho jirones -por las malezas de la manigua... stos ofrecieron al seor -Sagasta una caja de guyaba fina. Tan grotesca era -la catadura de las susodichas mscaras y tan oportuno -le pareci el susodicho regalo al presidente, que el buen -seor prorrumpi en ruidosas carcajadas. Tambin le -hicieron desternillar de risa los prisioneros de Filipinas. -Iban disfrazados, con propiedad casi deshonesta, -de <i>desnudos</i> y traan en azafate de abac, ramos de sampaguitas. -Mezclado con los anteriores entraron en el gabinete<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span> -del seor Sagasta marinos de Cavite y de Santiago -con cabezas tan artsticas y muecas tan significativas, -que no pareca sino que sus <i>poseedores</i> haban estado -meses enteros debajo del agua... Ese acero fino es -del marqus de Valdeiglesias. Y esa pintura que hace -resaltar que estamos en un pas en que aun flota el espritu -de Goya, es un comentario mejor que cualquier -otro, del estado moral que aqu se impone en estos momentos. -Ese <i>capricho</i> dice la verdad de una manera risueamente -sombra. Pues bien, me temo que pocos -ojos se hayan fijado en la corrosin del agua fuerte, -mientras se apagaba en los aires el son de las dulzainas -de Valencia.</p> - -<p>Las dulzainas las trajeron los estudiantes valencianos -que han venido a la Corte, con naranjas y claveles, con -muchachas hermossimas, a cantar y a bailar y a pedir -para un sanatorio que pronto ha de llenarse de repatriados. -Ha sido esa estudiantina una nota vibradora y -sana, por ms que puedan visarla los cronistas a ultranza, -en el cuadro de la fiesta general. Aun queda en esta -juventud escolar un resto de las clsicas costumbres de -sus semejantes medioevales, un rayo de la alegra que -sorban con el vino los estudiantes de antao, un buen -nimo goliardo, la frescura de una juventud que no empaa -el aliento de las grandes capitales modernas. Y -entre lo bueno que han hecho al llegar a sta, ha sido -la visita al palacio, pues han ido a llevarle ciertamente -un poco de sol a ese pobre reyecito enjaulado que ha -tenido una ocasin de sonreir.</p> - -<p>Lucen los estandartes de las distintas facultades; con -extraas vestimentas, los dulzaineros que han tenido -por principal <i>kapellmeister</i> a un ruiseor, como el pifanista -de Daudet; la comparsa de la boda, florida de -pauelos y de ramos frescos y de mejillas finas como -de seda de flor, y en los ojos de esas mujeres la salvaje -y agresiva luz levantina; y los cuerpos eurtmicos y -ricos de gracia sensual, cuellos de magnfica pureza,<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span> -senos y piernas armoniosas; son el vivo encanto entre -las notas detonantes y decorativas de las mantas y de -los cestos de frutas. Y en la sala del palacio en que se -les recibe, los que fingen labradores se ponen a departir -echados en el suelo, los de las bandurrias y guitarras -se ordenan, y al aparecer la reina y su familia, un -trueno de cuerdas inicia la marcha real. Los que representan -la boda animan su risueo grupo de trajes vistosos. -Luego es la danza regional del <i>U</i> y el <i>Dos</i>; y las -canciones y las coplas que dos estudiantes improvisan, -a dos versos cada uno, y los <i>donsainers</i> que tocan en -sus instrumentos de legado arbigo sones originales -que danzan las parejas, msicas perfumadas de rosas -de la Huerta, cadencias y ritmos de una meloda que -en vano procurara esquivar su origen muslmico; y el -canto y la danza bordan, cincelan paisajes que en una -lejana histrica puede evocar el soador. La austriaca -triste se ve como iluminada de msica, el reyecito anmico -debe sentir correr por sus venas un rojo estremecimiento; -las princesas y los cortesanos sienten en medio -de los muros antiguos y de los solitarios y maravillosos -habitculos, una invasin de aire libre, una -irrupcin de la vigorosa naturaleza, una momentnea -aparicin del alma sonora de la Espaa popular; es un -sorbo de licor latino apurado en horas de decaimiento -en una copa labrada por el moro. La reina admira un -rico pauelo de randas que una valenciana luce en la -cabeza, y la valenciana se quita de la cabeza el pauelo -y se lo da a la reina. Un estudiante ofrece a una princesita -un cesto de limones con el mismo gesto que si fuesen -de oro. El seor rector anda por all con su frac y -su discurso, negro entre la fiesta de colores. En los ojos -del rey nio juega una inusitada llama, y la buena Borbn -de la infanta Isabel est en su elemento. Ya el rector -ley su pliego, ya vuelven a sonar las dulzainas morunas -y las valencianas a tejer estrofas con caderas, -piernas y brazos. Ya se va la comparsa, ya quedan los<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> -prncipes solos con su grandeza; ya va a su retiro el pequeo -monarca, acompaado de una aya invisible... -pero que el ojo del poeta alcanza a distinguir y a reconocer, -plida, muy plida.</p> - -<p>Entretanto Madrid ha bailado como nunca. No hay recuerdo -de una poca en que las gentes se hayan entregado -a tal ejercicio con mayor entusiasmo. En el -Real, en todos los teatros, bailes de sociedades y gremios; -en los salones mundanos bailes de cabezas y de -trajes; en las calles mismas, mascaradas con una guitarra -y unas castauelas por toda msica, se han descaderado -a jotas. Los disfraces han abundado; y mientras uno -materialmente no puede dar un paseo por las calles -sin que le impidan el paso los mendigos, mientras -la prostitucin, comprendida la de la infancia y causada -por el hambre en este buen pueblo, se instala a nuestros -ojos a cada instante; mientras los atracos o robos -en plena calle hacen protestar a la Prensa todos los das, -se han gastado en los tres de carnaval trescientas mil -pesetas en confetti y serpentinas. Parece que pasase con -los pueblos lo que con los individuos, que estas embriagueces -fuesen semejantes a la de aquellos que buscan -alivio u olvido de sus dolores refugindose en los -peligrosos parasos artificiales. O que la cigarra espaola -despus de haber pasado cantando tanto tiempo, a -la hora de los cierzos y en el fro del invierno siguiese -el consejo de la hormiga: Bailad ahora! De todas maneras -os aseguro que esta alegra es un buen sntoma: -enfermo que baila no muere. Y la belleza de estas mujeres -espaolas, la abundancia de belleza sobre todo, y de -frescura y de vida sana, dan idea de la ms fecunda -mina de almas y de cuerpos robustos, de donde pueden -salir los elementos del maana. Y yo no s si me equivoque, -pero noto que a pesar del teatro bajo y de la influencia -torera—en su mala significacin, es decir, chulera -y vagancia—, un nuevo espritu, as sea homeopticamente, -est infiltrndose en las generaciones flamantes.<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> -Mientras ms voy conociendo el mundo que aqu -piensa y escribe, veo que entre el montn trashumante -hay almas de excepcin que miran las cosas con exactitud -y buscan un nuevo rumbo en la noche general.</p> - -<p>He de ocuparme especialmente en estas manifestaciones -de una reaccin saludable y que augurara, con tal -de que esos luchadores se uniesen todos en un ncleo -que trabajase por la salud de Espaa, un movimiento -digno de la patria antigua. Por lo dems, las fiestas no -hacen dao, y con fiestas y toros hubo un Gran Capitn -y un duque de Alba. El Aranjuez de la princesa de -boli corresponde en cierto modo al Retiro de Felipe -IV. Las mscaras suelen ser del agrado de los hroes, -y cuando el Cid se casa y va el rey sacando los granos -de trigo de entre los senos de Jimena, divierte a las -gentes un hombre de buen humor que va vestido de -diablo.</p> - -<p>Lo que hay es que los que quieran proclamar la -reconstruccin con toda verdad y claridad han de armarse -de todas armas en esta tierra de las murallas que -sabis. Hay que luchar con la oleada colosal de las -preocupaciones; hay que hacer verdaderas <i>razzias</i> sociolgicas, -hay que quitar de sus hornacinas ciertos viejos -dolos perjudiciales, hay que abrir todas las ventanas -para que los vientos del mundo barran polvos y telaraas -y queden limpias las gloriosas armaduras y los oros -de los estandartes; hay que ir por el trabajo y la iniciacin -en las artes y empresas de la vida moderna, hacia -otra Espaa, como dice en un reciente libro un vasco -bravsimo y fuerte—el seor Maeztu—; y donde se encuentran -diamantes intelectuales como los de Ganivet—el -pobre suicida!—, Unamuno, Rusiol y otros -pocos, es seal de que ahondando ms, el yacimiento -dar de s.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p> - - -<h2>UNA CASA MUSEO</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 100px;"> -<img src="images/img007.jpg" width="100" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">24 de febrero.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-n.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Ni</span> del borrascoso conde de las Almenas -que al abrirse las cortes ha vuelto a ser -la voz que clama despus del desastre, -el hombre que dice a los generales verdades -corrosivas y heridoras; ni del banquete -que se le ha dado a Luis Pars, empresario de la -pera, por su triunfo de la reciente temporada del Real -bajo cuyas techumbres aun resuena el paso de la cabalgata -de las Walkirias; ni de la prxima venida, en la -primavera, de la compaa de Bayreuth, con sus directores -y orquesta, lo cual implica una excepcional victoria -de Wagner en este pas del Sol; ni del maestro Zumpe, -que ha trado con su batuta alemana un aliento de -vida nueva al movimiento musical de esta Corte que es -por cierto digno de larga atencin; ni de las reuniones -de Zaragoza en donde se ha tratado de la regeneracin -de Espaa en sonoras y pintorescas arengas; ni de otros -tpicos de ocasin os hablar, por transmitiros las sensaciones -de arte que acabo de experimentar en una casa -que es al mismo tiempo un museo, y que, indiscutiblemente -es la mejor puesta a este respecto, de todo -Madrid, con ser famosa y admirable la del conde de -Valencia de Don Juan; me refiero a la <i>garonnire</i> que -en la cuesta de Santo Domingo habita el director de <i>La -Espaa Moderna</i>, Jos Lzaro y Galdeano.</p> - -<p>Es Jos Lzaro acreedor al elogio por su amor a las<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> -letras y artes; ha sostenido y sostiene la revista de ms -fuerza que hoy tiene Espaa entre los grandes peridicos: -ha publicado ms de quinientos libros de autores -extranjeros, hacindolos traducir para su propagacin -en ediciones baratas y elegantes; su correspondencia, -en ese punto, ha sido con escritores que se llaman -Tolstoi, Gladstone, Ibsen, Richepin; ha llenado su casa -de preciosidades antiguas, de armas, libros, joyas, encajes, -cuadros, bronces, autgrafos; ha viajado por toda -Europa y se prepara este ao para ir a Spitzberg; es el -amigo de todo sabio, de todo escritor, de todo artista -que visita este pas; es joven, soltero, muy rico; sus aficiones -intelectuales no le impiden hacer una vida mundana; -y cuando vuelve, por ejemplo, de una excursin -del interior de Espaa, ocupa la tribuna del Ateneo y -obtiene el aplauso y la aprobacin de todos; creo que -su camisa est muy cerca de ser la camisa del hombre -feliz. Yo le fu presentado hace siete aos, al mismo -tiempo que dos escritores extranjeros, el novelista griego -Bikelas—de quien os he hablado ya ha tiempo en -<i>La Nacin</i>—Maurice Barrs. A este propsito recuerdo -una curiosa ancdota referente al clebre jardinero de -su yo. Sucedi que Barrs tena gran inters en presenciar -una corrida de toros; era el momento en que se -mova en su cerebro ms de un captulo de la sangre, -de la voluptuosidad y de la muerte. Quera ya que no -documentarse, impresionarse, y manifest a Lzaro el -deseo que tena de ir a la plaza, en compaa de una -moza que se trajera de Pars, graciosa de su persona, -fina y pimpante, flor de bulevar. Lzaro le consigui un -palco; pero el amigo y prologuista del general Mansilla -djole que prefera impregnarse de color local, de ambiente, -y que para ello deseaba ver la funcin desde el -tendido, mezclado a la gente popular. Se le hicieron algunas -observaciones, mas no se pudo vencer el capricho -de los parisienses, y se enviaron a Barrs dos asientos -de tendido, a la sombra. Cuntase por ac que el<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span> -viejo Dumas se present en la plaza de toros de Sevilla, -en una tarde de oro y alegra, con chaqueta de torero, -pantaln ajustado, faja y... sombrero de copa. Os podis -imaginar la ovacin de que sera objeto entre los habitantes -del barrio de Triana el hombre del Monte-Cristo. -Algo semejante ocurri cuando en el tendido de Madrid -se vi aparecer una pareja originalsima: l trajeado -como para el Grand Prix, y ella con una de esas -<i>toilettes</i> primaverales que encantan la Cascada o Armenonville. -Pero la cosa fu en aumento cuando al comenzar -los banderilleros sus suertes, el francs y su compaera -aplaudan desusadamente; y cuando, al llegar los -picadores, comenz el desventrar de los caballos por los -toros, Barrs se puso de pie, y sus protestas a gritos desolados -llamaron la atencin, y las aceitunas de sus vecinos, -que coman rebanadas de salchichn y beban -vino en bota. Las interjecciones llovieron y hubo que -ir a sacar de su puesto a la dama desmayada y al cultivador -del yo. He recordado esta historia divertida, tiempos -despus, al leer esas pginas supremas de pensamiento -y de hondura psicolgica, con ese estilo personalsimo -del renaniano y stendhaliano—poderosa -suma!—que ha dado tan bello libro sobre <i>la sangre</i>, <i>la -voluptuosidad</i> y <i>la muerte</i>.</p> - -<p>La casa de Lzaro est cerca de la de don Juan Valera -y el general Martnez Campos; y enfrente de la del duque -de Fras, el gran seor de romntica vida que arrebatara -en poca hoy legendaria la mejor joya de la embajada -inglesa... De los balcones se ve la casa de la novela—que -cost la inmensa fortuna del duque—y, al -dulce oro de una tarde que hubiera podido ser de primavera, -hablbamos de esos sueos vividos.</p> - -<p>Luego fu a visitar las telas viejas, los cuadros autnticos -y admirables—oh, mi buen amigo Schiaffino, y -cmo le he recordado!—Lo de Tipolo, cabezas dibujadas -con la conocida magistral manera. Un hermossimo -cuadro de la poca rafaelita, de tonalidad nica, a modo<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span> -de creerse imposible que se haya podido lograr la conservacin -de tanta riqueza de color. Un Ribera que desearan -muchos Museos; riqusimos trpticos bizantinos; -retratos de valor histrico y de un abolengo artstico -que desde luego se impone; y ms y ms preciadas -cosas en que resalta con aristocracia absoluta, como soberano, -santa panagia de esa casa del Arte, un Leonardo -de Vinci.</p> - -<p>Esta presea de la pintura es un cuadrito pequeo, un -retrato, el de un tipo seguramente contemporneo de la -Gioconda; maravilloso andrgino, de una fisonoma -sensual y dolorosa a un tiempo, en la cual todo el poema -de la visin del artista incomparable est cristalizada, -como en un suave y prodigioso diamante. Es una -ficcin que significa cosas grandes, como deca el -maestro en palabras que han florecido en el alma d'annunziana. -Me gusta ms todava este retrato enigmtico -que el mismo sublime retrato de Monna Lissa. La mirada -est impregnada de luz interior; el cabello es de -un efecto que sobrepasa los efectos esencialmente pictricos; -el ropaje—que es hermano de la Gioconda—muestra -la mano original; y el fino y delicado plasticismo -de las armoniosas facciones, denuncia, clama la potencia -del porfirognito poeta-sapiente de la <i>Anatoma</i>, -del prncipe de los maestros de la pintura de todos los -siglos. Del Museo de Berln vinieron a intentar llevarse -tan magnfica obra, pero el dueo no quiso la buena -suma del oro alemn. Al Louvre fu en persona a mostrar -su tesoro, y tambin recibi propuestas. El cuadrito -sigue imperante en tierra espaola.</p> - -<p>Entre tanta rica coleccin de cosas de arte, me llaman -la atencin dos mantillas que pertenecieron a una altsima -dama de la nobleza madrilea, que pas sus ltimos -aos en apuros y pobrezas y tuvo un entierro modesto, -humilde, despus de haber recibido, en tiempos de -pompa, a los monarcas en sus salones. De ella era tambin -un anillo de solitaria belleza, una perla cuyo oriente<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span> -se destaca singular entre finas chispas, todo de un -gusto de exquisitez hoy no usada, y que seguramente -adorn en no muy lejanos tiempos dedos principales -que muestran su gracia nobiliaria en los retratos de -Pantoja. De ella asimismo una peineta que ostenta en -su semicrculo tantas amatistas como para las manos de -diez arzobispos.</p> - -<p>De las joyas en mi rpida visita paso a los libros: primero -los incunables alemanes e italianos; eucologios de -Amsterdam; hermosas ediciones de Espaa, las esplndidas -de Montfort, de Sancha, de la Imprenta Real; -varios infolios pertenecientes a la biblioteca del infante -Don Sebastin; una crnica de Pero Nio, de severa elegancia -tipogrfica; rollos hebreos, pergaminos gemados -de maysculas que revelan la fina y paciente labor de -la mano monacal; sellos de Don Alfonso <i>el Sabio</i>; prodigiosas -caligrafas arbigas, autgrafos de un valor inestimable. -Buena parte de todo lo que adorna esta mansin -fu expuesta en la Exposicin Histrica europea y -americana que se celebr en esta capital, con motivo del -Centenario de Coln, y en el actual palacio de la Biblioteca -y Museo de Arte Moderno.</p> - -<p>Al ir revistando tan estupenda coleccin de riqueza -bella, pensaba yo en cmo muchas de las cosas que -atraan mis miradas eran parte del desmoronamiento -de esas antiqusimas Casas nobles que, como la de los -Osunas, han tenido que vender al mejor postor objetos -en que la historia de un gran reino ha puesto su ptina, -oros y marfiles rozados por treinta manos ducales en la -sucesin de los siglos, hierros de los caballeros de antao; -muebles, trajes y preseas que algo conservan en -s de las pasadas razas fundadoras de poderos y grandezas... -Y recordaba la amarga comedia de Jacinto Benavente: -<i>La comida de las fieras</i>...</p> - -<p>Y antes de partir fu otra vez a dar mi saludo de despedida -a la creacin del divino Leonardo. Y parecame -que la majestad del arte diese razn a la cada de todo<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -edificio que no tenga por base la potencia mental. Esa -faz reproducida o imaginada por el maestro luminoso -vive y comunica su inmortal misterio, su hechizo supremo, -a toda alma que se acerque a su mgica influencia, -cual si desprendiese de la obra del pincel la maravilla -avasalladora de una virtud secreta. Y a travs de la -fugaz onda temporal, esa dominacin arcana se perpeta, -y la imperecedera diadema se hace ms radiosa al -tocar sus perlas invisibles el vuelo de las horas.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span></p> - - -<h2>LA JOVEN LITERATURA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 68px;"> -<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">3 marzo de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Acaba</span> de representarse en Granada un drama -pstumo de ngel Ganivet: coyuntura -inapreciable para hablar del pensamiento -nuevo de Espaa. Pues Ganivet, -especial personaje, era quizs la -ms adamantina concrecin de ese pensamiento.</p> - -<p>El propio se ha encarnado en su Po Cid, simblico -tipo, en el cual el antiguo caballero de la Mancha realiza, -a mi entender, un avatar. Ganivet era uno de esos -espritus de excepcin que significan una poca, y su -alma, podra decirse, el alma de la Espaa finisecular. -No conozco la obra que se ha dado recientemente a la -escena, <i>El escultor de su alma</i>; pero desde luego, creo -poder afirmar que se trata meramente de una autoexposicin -psquica; es el mismo Po Cid, de la <i>Conquista -del Reino de Maya</i>, el ltimo conquistador espaol -Po Cid. Antjaseme que en Ganivet subsista tambin -mucho de la imaginativa morisca, y que la triste flor -de su vida no en vano se abri en el bcaro africano de -Granada. Su vida: una leyenda ya, de hondo inters.</p> - -<p>Desde luego, un joven, que sube a la torre nacional -a divisar el mundo, luego se encamina a la ideacin de -una nueva patria en la patria antigua: en Po Cid hay -simiente para una Espaa futura. Despus, cosa que<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span> -sorprender a quien tenga conocimiento de las costumbres -literarias de todas partes y sobre todo de este pas: -Ganivet no tena enemigos, y por lo general, si conversis -con cualquiera de los intelectuales espaoles, os -dir: Era el ms brillante y el ms slido de todos los -de su generacin. En la Corte tuvo sus bregas, sus comienzos -de gloria. Hubo una pasin, toda borrasca, -que segn se dice fu la causa de su muerte. Entr a la -carrera consular, tan propicia a la literatura, aunque -no lo parezca por los roces de lo mercantil; y continu -en su labor ideolgica y artstica. Saba ruso, dans, -casi todos los idiomas y dialectos de los pases boreales, -saba lenguas antiguas, escribi un libro curiossimo -sobre las literaturas del Norte; public otro de sol y de -msica, al par que una obra de cerebral, sobre su <i>Granada -la bella</i>, en el pas de Hamlet; produjo ms libros, -y un emponzoado da, un mal demonio le habl por -dentro, en lo loco del cerebro, y l se tir al Volga. As -acab Po Cid su vida humana. Su vida gloriosa y pensante -ha de ir creciendo a medida que su obra sea mejor -y ms comprendida. Entonces se ver que en ese sr -extrao haba un fondo de serena y pura nobleza bajo -la tempestad de su temperamento; que vivi de amor, -de abrasamiento genial y muri tambin por amor, en -la forma de un cuento. En la <i>Conquista del reino de -Maya</i> exprime todos sus zumos de amargas meditaciones, -y su forma busca la escritura artstica, que en <i>Los -Trabajos</i> no se advierte. Aun vemos desarrollarse el perodo -cervantesco; pero las encadenadas y ondulantes -oraciones, van por lo general repletas de mdula. La -obra queda sin concluir; o mejor dicho, tuvo la conclusin -ms lgica al propio tiempo que ms extraa, en -la unin de una fbula escrita y una vida. Po Cid deba -concluir con quitarse la existencia. No es l quien -habla en el dilogo, pero Olivares, un personaje de <i>Los -Trabajos</i>, dice en cierta pgina del libro: Se exagera -mucho, y adems, alguna vez tiene uno que morirse,<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span> -porque no somos eternos. Entre morirse de viejo apestando -al prjimo o suprimirse de un pistoletazo, despus -de sacarle a la vida todo el jugo posible, qu le -parece a usted?... Yo, por m, les aseguro que no llegar -a oler a rancio.—Cada cual entiende la vida a su -modo—dijo Po Cid—y nadie la entiende bien.—Ahora -ha dicho usted una verdad como un templo—dijo Olivares—. -Lo mejor es dejar que cada uno viva como -quiera y que se mate, si ese es su gusto, cuando le venga -la contraria. El pobre Ganivet! Lleg el trgico -minuto, abri la puerta misteriosa y pas. De las <i>Cartas -finlandesas</i> escribe Vincent en el <i>Mercure</i>, que no es -una obra dogmtica, antes bien familiar; en el punto de -vista no es espaol, es humano: el autor, en efecto, que -conoce perfectamente toda la Europa, gusta de hacer -recorrer a sus conceptos distintas latitudes; agregad a -eso un sentido muy real de nuestra poca, una informacin -que va de Ibsen a Maeterlinck, de Tolstoi a Galds: -ninguna pedantera; una dulce sensibilidad que afecta -disimularse tras un velo de irona. En fin, un libro de -actualidad perfecta en que la Finlandia es vista por un -espritu desembarazado de prejuicios y por un latino. -El crtico francs, demasiado benvolo por lo general -en sus revistas de letras espaolas, no ha pasado por -esta ocasin de lo justo. Ganivet, escritor de ideas, ms -que de bizarras verbales, merece el estudio serio, el -ensayo macizo de la crtica de autoridad. Nicols Mara -Lpez, otro granadino, amigo y compaero suyo, habla, -adems, del drama que acaba de representarse, de otras -obras pstumas que estn en su poder: <i>Pedro Mrtir</i>, -en tres actos, y <i>Fe, Amor y Muerte</i>, drama, dice profundamente -psicolgico, con ideas alucinadoras y extrahumanas, -con una fuerza trgica tan extraa y sutil, que -parece romper los moldes de la vida y entrar en los -senos de la muerte. Rara y bella figura, en este triste -perodo de la vida espaola, y que parece haber absorbido -en s todos los generosos y altos mpetus de la<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> -raza. Y recuerdo el sinttico acrstico latino de Po Cid, -en <i>Los Trabajos</i>, Arimi:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Artis initium dolor</div> -<div class="verse i0">Ratio initium erroris.</div> -<div class="verse i0">Initium sapientis vanitas.</div> -<div class="verse i0">Mortis initium amor.</div> -<div class="verse i0">Initium vitae libertas.</div> -</div></div></div> - -<p>Jacinto Benavente es aquel que sonre. Dicen que es -mefistoflico, y bien pudieran ocultarse entre sus finas -botas de mundano, dos patas de chivo. Es el que sonre: -temible! Se teme su crtica florentina ms que los pesados -mandobles de los magulladores diplomados; fino -y cruel, ha llegado a ser en poco tiempo prncipe de su -pennsula artstica, indudablemente extica en la literatura -del garbanzo. Se ha dedicado especialmente al -teatro, y ha impuesto su leccin objetiva de belleza a la -generalidad desconcertada. Algunas de sus obras, al ser -representadas han dejado suponer la existencia de una -clave; y tales o cuales personajes se han credo reconocer -en tales o cuales tipos de la Corte. Como ello no es -un misterio para nadie, dir que en <i>El marido de la -Tllez</i>, por ejemplo, el pblico quiso descubrir la vida -interior y artstica de cierta eminente actriz casada con -un grande de Espaa y actor muy notable; y en <i>La comida -de las fieras</i>, entre otras figuras se destac la de una -centroamericana, millonaria, casada con un noble sin -fortuna y hoy marquesa por obra de Cnovas del Castillo. -Benavente niega que haya tomado sus tipos del -natural; pero el parecido es tan perfecto que toda protesta -se deshace en una sonrisa. <i>La comida de las fieras</i> -fu basada, seguramente, en el caso penoso de la venta -en subasta de las riquezas seculares que contena la Casa -de los Osunas. Los personajes son de una humanidad -palpitante; y he de citar estas frases de Hiplito, al finalizar -la comedia: Porque en lucha he vivido siempre; -porque viv desde muy joven en otras tierras donde la<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -lucha es ruda y franca. Por qu vinimos a Europa? En -Amrica el hombre significa algo; es una fuerza, una -garanta... se lucha, s, pero con primitiva fiereza, cae -uno y puede volver a levantarse; pero en esta sociedad -vieja, la posicin es todo y el hombre nada... vencido -una vez, es intil volver a luchar. Aqu la riqueza es un -fin, no un medio para realizar grandes empresas. La riqueza -es el ocio; all es la actividad. Por eso all el dinero -da triunfos y aqu desastres... Pueblos de historia, -de tradicin; tierras viejas, donde slo cabe, como -en las ciudades sepultadas de la antigedad, la excavacin, -no las plantaciones de nueva vegetacin y savia -vigorosa.</p> - -<p>En <i>Figulinas</i> y <i>Cartas de mujeres</i> no puede dejarse de -entrever la influencia de ciertos franceses: un poco aqu -Gyp, otro poco all Lavedan y Prevost; la <i>parisina</i> aplicada -al alto mundo madrileo que Benavente ha bien -estudiado. Benavente es caballero de fortuna, y mientras -leo un sutil arranque suyo en <i>Vida literaria</i> y se -ensaya en la Comedia un arreglo suyo del <i>Twelfth -night</i>, tropiezo con lo siguiente en la cuarta plana de -un diario:</p> - -<p>Se venden los pastos de rastrojera y barbechera, del -trmino de Jetafe, divididos en lotes o cuarteles, cuya -venta tendr lugar en pblica subasta, ante la Comisin -del gremio de labradores, en la Casa Consistorial, donde -est de manifiesto el pliego de condiciones, el da 19 del -actual, a las diez de su maana.—Jetafe 9 de marzo de -1899.—Por la Comisin, <i>Jacinto Benavente</i>.</p> - -<p>De m dir que con toda voluntad juntara a mis sueos -de arte una estancia entre las montaas de Gonzlez, -junto a las riberas del Paran de Obligado, o en la -<i>Australia Argentina</i> de Payr. Da llegar en que la literatura -tenga por precisa compaera la tranquilidad -del espritu en la lucha por la vida y el trabajo industrial -o rural como contrapeso al ya terrible <i>surmenage</i>. -Los ingleses y los norteamericanos han comenzado a<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span> -aleccionarnos, y un <i>gentleman-farmer</i> artista no es un -ave rara. Dejo como ltima nota el <i>Teatro fantstico</i> de -Benavente, una joya de libro que revela fuerza de ese -talento en que tan solamente se ha reconocido la gracia. -Fuerza por cierto; la fuerza del acero del florete, del resorte; -finura slida de gata, superficie de diamante. Es -un pequeo teatro en libertad, pero lejos de lo telescpico -de lo Hugo y de lo suntuoso que conocis de -Castro. Son delicadas y espirituales fabulaciones unidas -por un hilo de seda en que encontris a veces, sin mengua -en la comparacin, como la filigrana mental del -dilogo shakespeareano, del Shakespeare del <i>Sueo de -una noche de verano</i> o de <i>La tempestad</i>. El alma perspicaz -y cristalinamente femenina del poeta crea deliciosas -fiestas galantes, perfumadas escenas, figurillas de -abanico y tabaquera que en un ambiente Watteau salen -de las pinturas y sirven de receptculo a complicaciones -psicolgicas y problemas de la vida.</p> - -<p>Este modernista es castizo en su escribir y es lo castizo -en su discurso como la antigedad en el mrito de -ciertas joyas o encajes, en puos de Velzquez o preseas -de Pantoja. Y al conocerle, en el caf Lion d'Or, que es -su caf preferido, he visto en su figura la de un hidalgo -perteneciente a esa familia de retratos del Greco, nobles -decadentes, caballeros que pudieran ser monjes, -tan fciles para abades consagrados a Dios como para -hacer pacto con el diablo. En las plidas ceras de los -rostros se transparentan las tristezas y locuras del siglo. -As Jacinto Benavente. En toda esta <i>dbcle</i> con que -el dcimonoveno siglo se despide de Espaa, su cabeza, -en un marco invisible, sonre. Es aquel que sonre. -Mefistoflico, filsofo, filoso, se defiende en su aislamiento -como un arma; y as converse o escriba, tiene -siempre a su lado, buen prncipe, un bufn y un -pual. Tiene lo que vale para todo hombre ms que -un reino: la independencia. Con esto se es el dueo -de la verdad y el patrn de la mentira. Su cultura cosmopolita,<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span> -su cerebracin extraa en lo nacional, es -curiosa en la tierra de la tradicin indominable; pero -no sorprende a quien puede advertir cmo este suelo -de prodigiosa vida guarda, para primaveras futuras, -las semillas de un Raimundo Lulio. Ahora trabaja Benavente -por realizar en Madrid la labor de Antoine -en Pars o la que defiende George Moore en Londres: -la fundacin de un teatro libre. Dudo mucho -del xito, aunque l me halagara habindoseme hecho -la honra de encargarme una pieza para ese teatro. Pero -el pblico madrileo, Madrid, cuenta con muy reducido -nmero de gentes que miren el arte como un fin, o -que comprendan la obra artstica fuera de las usuales -convenciones. Cuando no existe ni el libro de arte, el -teatro de arte es un sueo, o un probable fracaso. No -hay una <i>lite</i>. No se puede contar ni con el elemento elegantemente -carneril de los <i>snobs</i> que ha creado Gmez -Carrillo con sus graciosas y sinuosas ocurrencias. Conque, -para quines el teatro?</p> - -<p>Junto a Benavente me presentan a Antonio Palomero, -o sea <i>Gil Parrado</i>. Este pseudnimo, nombre de -un gracioso tipo clsico, no est mal en quien, con sales -autctonas nos revela un Raul Ponchn madrileo, -un rimador seguro, un cancionero bravsimo, en cuanto -puede permitirlo el gnero poltico: Aristfanes en <i>couplets</i> -o yambos con castauelas. El libro de flechas de -humor maligno y risueo que forman los Versos polticos -de Palomero, <i>Gacetas rimadas</i>, tiene un prlogo, -en verso, de Luis Taboada. Creo que fu Gutirrez -Njera quien escribi un da que en medio de la noche -del arte espaol contemporneo, Luis Taboada era tal -vez el nico artista. Era una broma del duque Job -mejicano, excusable por su falta de conocimiento del -grupo espaol, digamos as, secreto, que hace una vida -ciertamente intelectual.</p> - -<p>Y adems, en su tiempo—hace de esto ocho o diez -aos—las cosas andaban de Barrantes a Valbuena. Pues<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span> -<i>Gil Parrado</i> no pudo tener mejor protagonista que el -desopilante Homero fragmentario de la vida cursi de -Madrid, puesto que l quiso ser el Pndaro de las cursileras -picas de la poltica. Conociendo la labor y la -propaganda esttica de quien escribe estas lneas, ellas -no pueden sino ser vistas como la mayor prueba de sinceridad. -Mas Palomero no es solamente <i>Gil Parrado</i>. -Adems de los alfileres de su conversacin, de las ms -interesantes que un extranjero hombre de letras puede -encontrar en la Corte, su crtica teatral se estima justamente, -y en el cuento y el artculo de peridico, sobresale -y comunica la intensidad de su vibracin, el -contagio de su energa indiscutible. Mariano de Cvia -dice de l hablando de sus <i>Trabajos forzados</i>, que -es un literato culto, agudo y sincero; gratifcale adems -con popular y brillante. Cvia sabe lo que se -dice, l, maestro de nica escritura en su pas que -ha logrado unir, en la faena aspersima del periodismo, -la flexible gracia autctona a las elegancias extranjeras. -Quevedo en el bulevar, Dios mo! Y cuando Cvia alaba -a Palomero es justo, y yo que conozco la transparencia -de este talento, me complazco en deciros que aqu, entre -lo poco bueno y nuevo, esto es de lo que en la piedra de -toque deja una suave y firme estela de oro fino.</p> - -<p>As Manuel Bueno, el redactor que en <i>El Globo</i> escribe -todos los das esa paginita que lleva la firma de -<i>Lorena</i>, con el ttulo general de Volanderas. Verdes -Montenegro ha hecho para el libro primigenio de Bueno -un prlogo de sustancia y espritu al propio tiempo -que de justicia y cario. De Verdes Montenegro os hablar -en otra ocasin ms detenidamente. De su ahijado -literario os dir que ha recibido en su alma mucho sol -de nuestra pampa y a su odo ha cantado la onda caprichosa -de nuestro gran ro. Es un vasco. Vasco, as como -ese especialsimo y robusto Grandmontagne, que ha -injertado una rama de omb en el rbol sagrado de -Guernica, para que ms tarde nazcan—Dios lo quiera,<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span> -y ya se ven los brotes!—flores de un perfume singular, -rosas fraternales del color del tiempo, iluminadas de -porvenir, en tierra de Mitre y Sarmiento, en la capital -del continente latino, al amparo del satisfecho sol. El -joven Bueno anduvo por Buenos Aires, padeci tormento -de inmigracin y penurias de mozo de intelecto que -va a hacer fortuna por el Azul y Baha Blanca... Y vuelto -a su tierra, no es de los que vienen con arranques despechados -de fracasadas bohemias, de existencias adoloridas -de nuestra necesaria ley de trabajo, de ese Buenos -Aires cuya fuente social es para los labios del mundo, y -que en el progreso corresponde, con su pirmide de -mayo, ndice indicador, a los obeliscos de Pars y Nueva -York.</p> - -<p>Bueno es aqu, en su labor diaria, nota extempornea, -y tan parisiense que hay quienes le denuncien de afectacin. -Pero no es poco servicio intelectual el servir a -un pueblo ese plato escogido, todos los das, esa ala de -faisn, despus de la sopa de poltica espaola y antes -del asado poltico tambin. Bueno, como <i>Lorena</i>, da un -eco que aqu, aunque tiene semejantes en la Prensa, -permanece en su individualidad. No ser yo quien oculte -su ligereza de juicio habitual, su insinceridad quizs, -tambin habitual; pero es tan bello el gesto!</p> - -<p>Ricardo Fuente es el director de <i>El Pas</i>. Quiz enve -a <i>La Nacin</i> una informacin interesantsima sobre este -diario de oposicin, que ha tenido sobre s la atencin -de Madrid y de Espaa, y que, peridico que ha respondido -al eco popular, ha sido quizs el que ha tenido -mayor nmero de intelectuales en su redaccin. En Pars, -un <i>Intransigeant</i> se explica: en Buenos Aires, el antiguo -<i>Nacional</i>, tambin; en Madrid, <i>El Pas</i> de hoy es -un caso de extremada curiosidad. Los redactores, desde -hace mucho tiempo—el diario es republicano absoluto—van -a la crcel peridicamente. All se dice la verdad -a son de truenos de tambores y trompetas. La censura -ha tenido en esa hoja la mejor lonja en que cortar,<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span> -y las estereotipias, a las cuatro de la maana, han sido -en tiempo de la guerra brutalmente descuartizadas.</p> - -<p>El captulo de la censura, publicado cuando sta se -ha levantado, ha sido de sensacin. Un detalle curioso -es, que mi artculo El triunfo de Calibn, publicado -en Buenos Aires, fu mutilado en <i>El Pas</i> y dado intacto -en <i>La poca</i>... En ese diario, <i>El Pas</i>, han escrito Dicenta, -Maeztu, etc., y Romero Robledo puso all su gran -sombra... Ricardo Fuente es el director. Cuando uno -piensa en ese abominable Villemesant que nos pinta -Daudet o que nos acaba de retocar Claretie; cuando -recuerdo a ciertos directores europeos y americanos, en -quienes el elegante <i>shylokismo</i> se junta a un irrespeto -voluntario de todo lo intelectual, pienso en este buen -Fuente, que como el pobre parisiense Fernand Xau, -sabe juntar—en su tan limitada esfera—la autoridad al -tino y la comprensin a la afabilidad. Ser director de -un diario qu difcil tarea! Son como las perlas rosadas -y negras aquellos a quienes se puede aplicar la frase inglesa: -<i>That is a man</i>. Ser un director querido de sus redactores -es de lo ms difcil del mundo, as se llame -uno Magnard o Valdeiglesias, Bennet o Linez. Fuente -lo es. Pero es que l propio es un trabajador de la Prensa -que ha subido con mrito a ese puesto; y quiz, y sin -quiz, tanta bondad personal hace dao a su posicin. -Porque no ha de ser quien dirige una tan complicada -mquina un compaero de sus redactores en toda la -extensin de la palabra, sino en lo que ella tiene de -aprecio necesario y benevolencia justa; y ay de aquel -director que no se calce sus botas imperiales, y no ponga -a su gallo, empezando en casa, a cantar claro y bien, -como ese Arthur Meyer del <i>Gaulois</i>, tan combatido sin -embargo! Fuente es el tipo ideal del director para sus -redactores; pero su gallo no se ha alzado hasta ahora...</p> - -<p>Se alza, personal y simptico, en el articulista, en el -literato, de quien dice Joaqun Dicenta: El camino literario -de Fuente se halla trazado con lneas vigorosas.<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span> -Puede seguirle sin retroceder y sin temblar. No hay cuidado -de que le tiren al suelo de un empujn; tiene los -msculos muy duros. En el volumen <i>De un periodista</i>—del -cual en Buenos Aires se ha reproducido bastante—, hay -la manifestacin de la contextura de un artista; la fuga -contenida de un amante del estilo que atan las usanzas -de la limitacin del diario; las explosiones ideales o sentimentales -sujetas por la lnea sealada, o la hora de la -Prensa, la preferencia al telegrama, la tirana de la informacin. -Qu periodista no sabe de esto? Y as nos -habla de Augusto de Armas, nos pinta rpidas acuarelas -hmedas del ms rico sentimiento, o apuntes de una -fiereza de lpiz cuyo blanco y negro nos seduce por su -juego de luz y de sombra.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span></p> - - -<h2>LA ESPAA NEGRA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img008.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">18 de marzo.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-n.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">No</span> hace muchos das hice una corta visita -a Aranjuez. Si Versalles recuerda a una -coja encantadora en la historia, Aranjuez -guarda an el perfume de una -tuerta hechicera: bien vale un viaje a -ese bello <i>buen retiro</i> de los prncipes castellanos, el ir a -rememorar a la princesa de boli. Entre los olorosos y -evocadores boscajes resucitan las lejanas escenas, y hay -en el ambiente de los jardines y alamedas como dormidos -ecos galantes que no aguardan sino el enamorado -o el poeta que sepa despertarlos. En el Palacio -Real y la Casa de Labrador es un espritu de tristeza el -que impera, desde que penetris en las suntuosas y -solitarias mansiones. Al recorrer los innumerables -habitculos, adornados de siglos de oro, de plata, de -mrmol, de nix, de gata, de seda, de marfil, al respirar -bajo esas techumbres que han cubierto tanta hora -trgica, feliz o misteriosa, en la vida de muchos monarcas -de Espaa, sobrecoge el sombro momento, la sala -ha tiempo sin vida, la luna que retrat en su fondo las -imgenes pasadas, la hora detenida en un reloj de Manuel -de Rivas; el cojn en que se reclin la cabeza de -Felipe II, el fresco, el cuadro, el dije, o la estofa vieja -con su atractivo peculiar y triste... Y el conserje que -dice su aprendida relacin, y se descubre ante un cuadro -que representa una capilla de El Escorial en que se<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span> -est diciendo la misa... Viene a la mente la Espaa -negra.</p> - -<p>Acababa de leer ese libro reciente de mile Verhaeren -y Daro de Regoyos, <i>La Espaa negra</i>; y la novela -espaola de Barrs <i>Un amateur d'mes</i>; y el volumen -positivo sobre la evolucin poltica y social de Espaa, -de Yves Guyot: en todos la observacin, la sugestin, la -imposicin, de la nota oscura, que en este pas contrasta -con el lujo del sol, con la perpetua fiesta de la luz. -Por singular efecto espectral, tanto color, tanto brillo -polcromo, dan por suma en el giro de la rueda de la -vida, lo negro.</p> - -<p>Es la tierra de la alegra, de la ms roja de las alegras: -los toros, las zambras, las mujeres sensuales, Don -Juan, la voluptuosidad morisca; pero por lo propio es -ms aguda la crueldad, ms desencadenada la lujuria, -madre de la melancola; y Torquemada vive, inmortal. -Granada existe, abierta al sol, como el fruto de su nombre, -perfumada, dulce, cidamente grata; pero hay una -Toledo, concrecin de tiempo, inmvil y seca como una -piedra, y entre cuyos muros sera inslita y fuera de -lugar una carcajada. All no caben, al calor que abrasa -la aridez de Castilla, otros amores que los tristes o fatalmente -trgicos, y Maurice Barrs, la pasin que hace -amargamente florecer en recinto semejante, es la nefasta -y ardorosamente paladeada de un incesto. Verhaeren -anota sus impresiones dolorosas, copia, al agua fuerte, -paisajes clidos y calcinados, colecciona sus almas violentas -y brbaras como los productos de una flora tropical, -excesiva y rara. Domina atvicamente su sangre -belga la fiereza de la Espaa que apretara a sus antepasados -entre los hierros del duque de Alba; los espectculos -de la torera le dejan ver la cristalizacin sangrienta -que yace bajo el subsuelo de esta raza, cuya -energa natural se complica de la ruda necesidad de las -torturas; y el concepto de la muerte y de la gracia, enlutados -y caldeados por un catolicismo exacerbante,<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span> -por una tradicin feroz que ha podido encender las ms -horriblemente hermosas hogueras y aplicar los martirios -ms purpreos y exquisitos. El arte revela ese fondo -incomparable. La imaginaria religiosa hace de las -naves de los templos, lgubres <i>morgues</i> que me explico -hayan conmovido a Verhaeren como a cualquier visitante -de pensamiento que traiga sus pasos por estas -iglesias sangrientas en que Ribera o Montas, entre -tantos, exponen al espanto humano sus lamentables -Cristos.</p> - -<p>Un espaol de gran talento me deca: En cada uno -de nosotros hay un alma de inquisidor. Cierto. Fijos, -y decid si Jos Nakens no se junta, paralelamente, en -lo infinito—as las dos lneas matemticas—con Toms -de Torquemada. Es la misma fe terrible, la intransigencia -que llega hasta la ceguedad, la aplicacin del potro, -la certeza en la salvacin por el sufrimiento, tan magnficamente -iluminada en el drama de Hugo. Los conquistadores -y los frailes en Amrica no hicieron sino -obrar instintivamente, con el impulso de la onda nativa; -los indios despedazados por los perros, los engaos -y las violencias, las muertes de Guatimozin y Atahualpa, -la esclavitud, el quemadero y la obra de la espada y -el arcabuz, eran lgicos, y tan solamente un corazn -excepcional, un espritu extranjero entre los suyos, -como Las Casas, pudo asombrarse dolorosamente de -esa manifestacin de la Espaa Negra. Mi morena, -dice Mariano de Cvia.</p> - -<p>Las sombras polticas de antao se reproducen hoy, -claro que sin la perdida magnificencia; pues de Polavieja -a Antonio Prez hay cien atlnticos de distancia -y las ducales espuelas de don Fernando lvarez de Toledo -retrocederan sobre sus agudas estrellas ante las -botas de don Valeriano Weyler... Pero aun la sombra -de Roma cae sobre el palacio de Madrid; los confesores -ulicos tienen su papel, las intrigas son las mismas con -diferencia de personajes y de alturas mentales. Espaa<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> -va a cambiar!, se grita en el instante en que la injusta -y fuerte obra del yanqui se consuma. Y lo que cambia -es el Ministerio.</p> - -<p>La verbosidad nacional se desborda por cien bocas y -plumas de regeneradores improvisados. Es un <i>sport</i> -nuevo. Y la zambra no se interrumpe. Espaa—dice -un escritor de Francia—ha querido, sin duda, evocar -esos grandes Estados del Oriente antiguo que se derrumbaban -en la embriaguez pblica. No, no ha querido -evocar nada. Obra por s misma: esa alegra es un -producto autctono, entre tanta tragedia; es el clavel: es -la flor roja de la Espaa Negra. As, cuando de nuevo -los conservadores han vuelto al Poder, se ha credo en -el exterior que la reaccin provocara la revolucin. -Las inquisitoriales historias de Montjuich estn cercanas; -los sucesores de la guerra han sido tan rudos en su -leccin y las agitaciones provinciales del regionalismo -se han repetido tanto! Nada. Quietud. Estancamiento. -Apenas ruido de regaderas alrededor del tronco fsil -del carlismo. Tan slo, en lo futuro del tiempo, el hervor -del fermento social.</p> - -<p>Se combate el vaticanismo; Castelar habl; otras cabezas -surgieron protestantes, a la salida de Silvela. Y -se pronuncia el nombre del padre Montaa; el inevitable -confesor, cuyo hbito, en el curso de la Historia, est -siempre tras el trono de S. M. Catlica. Se dice que la -religiosidad espaola no es sino formal; que el papa no -es la potencia hacedora en la vida poltica y social, sino -hasta muy limitado punto. He encontrado sirviendo de -seal en un libro viejo, un documento curiossimo, que -os pondr a la vista el sentir y pensar de muy buena -parte del pueblo espaol. Es una serie de proposiciones -que se enviaran en cierta poca a las congregaciones -de Roma, para ser resueltas. Frmalas don ngel -Garca Goi, a 14 de abril de 1877. Este caballero fu, segn -me informan, abogado distinguido del foro matritense, -y muy mezclado en asuntos de poltica eclesistica.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span></p> - - -<p class="no-indent center p1">PROPOSICIONES QUE SE CONSULTAN CON LAS CONGREGACIONES -DE ROMA</p> - -<p>Si se puede ser partidario de la <i>persona</i><a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a> del rey -Don Alfonso XII de Espaa, por creerle monarca <i>legtimo</i>, -sin ser por esto <i>catlico liberal</i>.</p> - -<p>Si aun en la hiptesis inadmisible de que fuera un -<i>usurpador</i> y siguiese las corrientes racionalistas o se -abrazase a la poltica <i>doctrinaria</i>, sera lcito al pueblo -espaol <i>por s, alzarse en armas</i> contra l, para destronarlo, -dada la situacin poltica de aquel pas, y caso -negativo, si a pesar de esto podra intentarlo, siguiendo -al llamamiento que le hiciera otra persona que invocase, -con ms o menos fundamento, sus derechos al trono, -o si en la duda de quien sea el <i>verdadero rey</i>, debe -respetarse el hecho de la posesin de la autoridad y obedecer -lo existente.</p> - -<p>Si de ser <i>lcito</i> el alzamiento a que se refiere la proposicin -anterior es hoy conveniente o de probable <i>xito</i> -o de tenerse por <i>temerario</i>.</p> - -<p>Si considerando el estado de las conciencias y la escasa -resistencia que los tronos oponen en nuestros das -a la revolucin, puede decirse que <i>deja</i> de ser <i>catlico</i> -el monarca que sanciona la <i>tolerancia de cultos disidentes</i>. -Entindase esta proposicin no para preguntar si -realiza un acto <i>nulo en s</i>, porque ste parece evidente, -sino en el sentido de si por tal hecho revela el monarca -odio al catolicismo, o pueden aquellas circunstancias y -el deseo de consolidar el orden pblico, cuando los revoltosos -enarbolan la bandera de la <i>tolerancia</i>, o con -ella hacen la <i>oposicin</i> al rey, mitigar algo la gravedad -de este acto.</p> - -<p>Si dado el hecho de haberse sancionado por el <i>monarca</i> -la libertad y tolerancia de cultos, o cometdose -<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>cualquier atropello a los sagrados derechos de la Iglesia -catlica, es <i>lcito</i> trabajar dentro de las vas legales -para destronar al rey acusndole por su conducta, o si -nicamente pueden censurarse sus actos sin el fin ulterior -de quitarle la posesin de la autoridad: si para juzgar -este hecho hay que distinguir entre el <i>usurpador</i> y -el prncipe legtimo, y cul de estas calificaciones ha de -aplicarse al posesor de la autoridad, cuando el pueblo -en que impera no tiene opinin unnime sobre este -punto. Si la proposicin 63 del Sillabus, de 8 de diciembre -de 1864, condena la insurreccin en este caso y si es -aplicable al monarca cuya <i>legitimidad</i> es reconocida por -unos y negada por otros sbditos.</p> - -<p>Si los verdaderos <i>catlicos</i> pueden estar al servicio -domstico de los monarcas <i>catlico-liberales</i> y asistir a -sus recepciones oficiales y fiestas, y si pueden defender -su derecho dinstico y su autoridad, <i>sirviendo voluntariamente</i> -en sus ejrcitos.</p> - -<p>Si se puede ser partidario del rgimen representativo -y <i>constitucional</i>, sin ser por ello <i>catlico liberal</i>.</p> - -<p>Qu entiende la Santa Iglesia Romana por sistema -<i>parlamentario</i> y si se puede sostener su conveniencia -en nuestros das, sin dejar de ser <i>catlico ultramontano</i>.</p> - -<p>Si, supuestas unas o ambas afirmaciones, es <i>lcito</i> desear -el planteamiento en Espaa de la Constitucin de -23 de mayo de 1845, por considerarla apropiada a las -necesidades presentes del pueblo espaol, o si la doctrina -de este Cdigo es <i>catlico-liberal</i>, y, por lo tanto, -inconciliable con los derechos e intereses del catolicismo, -determinando en semejante supuesto, cules son -los artculos que deberan suprimirse o modificarse -para que fuese francamente <i>catlica</i>.</p> - -<p>Si aun siendo mala esta Constitucin pueden ser tenidas -por catlico-liberales aquellas personas que sostienen -la conveniencia de haberla restablecido en Espaa -en el ao 1875, como base del orden poltico, <i>sin perjuicio -de reformarla en sentido ms restrictivo</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span></p> - -<p>Si es <i>lcito a un catlico verdadero</i> prestar juramento -a la vigente Constitucin espaola, publicada en 30 de -junio de 1876 y con qu salvedades.</p> - -<p>Si es <i>lcito</i> y <i>conveniente</i> trabajar en las <i>elecciones</i> como -elector y como elegible, con el fin de defender el catolicismo; -y en todo caso, si es enteramente <i>libre</i> opinar en -pro o en contra de esta conveniencia.</p> - -<p>Si el <i>sufragio universal</i> considerado, no como <i>fuente -de la soberana</i> del <i>Derecho</i> o del <i>Poder</i>, sino nicamente -como <i>forma de eleccin</i>, es incompatible con el catolicismo -y est condenado por la proposicin 60 del Sillabus.</p> - -<p>Si puede un verdadero catlico servirse de la <i>Prensa -peridica</i> para propagar y defender la doctrina de Jesucristo -y los derechos de la Santa Iglesia Romana; si -puede tambin concurrir a los <i>Ateneos</i>, <i>Academias</i> y dems -Centros donde impera el <i>racionalismo</i> y el <i>liberalismo</i>, -para combatir estas absurdas teoras, oponiendo a -ellas las conclusiones catlicas. Si esto es conveniente -y si es <i>enteramente libre</i> opinar en pro o en contra de su -oportunidad.</p> - -<p>Si la llamada <i>libertad de la Prensa</i>, entendida, no -como un derecho individual, sino como una <i>concesin -temporal</i> del poder supremo, y, por lo tanto, <i>revocable</i>, y -aun as limitada <i>por las leyes</i> que castigan las transgresiones -de la doctrina <i>catlica</i> y del orden poltico y social -constituyen un principio <i>catlico-liberal</i>; y si la previa -censura forma parte integrante del uso de esta libertad -para que sea compatible con el catolicismo.</p> - -<p>Qu entiende la Santa Iglesia Romana por <i>liberalismo</i>; -si es lo mismo que sistema <i>parlamentario</i> y <i>constitucional</i>...</p> - -<p>Si los catlicos, al defender el catolicismo y los derechos -de la Santa Iglesia Romana, deben ajustar sus acciones -a la legalidad establecida en los diferentes pases, -utilizando los medios que ella les proporcione, o si es -ms conveniente que contentndose con la <i>obediencia -pasiva</i> a los Poderes constitudos, se separen de aqulla<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> -y unidos trabajen para conseguir sus fines. Cul es, en -resumen, la conducta que deben seguir en las actuales -circunstancias, y si es <i>completamente libre</i> opinar y obrar -en uno u otro sentido.—<i>ngel Garca Goi.</i>—Madrid, -abril 14 de 1877.</p> - -<p>Es este un trabajo de casustica poltica espaola, que -os abre un mirador hacia el panorama moral de la Nacin. -La Iglesia, unida al Estado cada da ms, a pesar -de las expropiaciones territoriales, de las reacciones -progresistas y de los trabajos del radicalismo. La libertad -y la individualidad—dice Georges Lain—son sentimientos -accidentales que Espaa ha siempre desconocido. -La antigedad y el Oriente no han imaginado otra -forma de gobierno que el despotismo fantico y sospechoso, -de tiranos, que se inmiscuyen en la intimidad de -las conciencias. Espaa no ha podido desprenderse de -esa concepcin, ni bajo el rgimen del librepensador -Carlos III, ni bajo la del intolerante Felipe II; el libre -pensamiento castellano no fu entonces sino una variedad -nueva de la intolerancia y del despotismo; si hubiese -osado suprimir la religin del Estado, hubiera -sido para reemplazarla por una filosofa del Estado; -pero bruscamente, sin preparacin, el siglo XIX rompi -ese molde social.</p> - -<p>Mal podra yo, catlico, atacar lo que venero; mas no -puedo desconocer que el catolicismo espaol de hoy -dista en su pequeez largamente aun del terrible y dominante -catolicismo de los autos de fe. Esa corrompida -dominacin religiosa de Filipinas ha sido, como bien -lo conoce ya el mundo, la causa principal de la prdida -cuya fatalidad no hubo un juicio certero que la presintiese. -Habiendo perdido su podero antiguo, la clereca -no tom siquiera el rumbo que podra levantarla a su -justo puesto en Espaa catlica, en donde, ya que no -como cuerpo, particularmente se protegiesen las artes -y las ciencias. No es un sueo de poeta el pensar como -el escritor que antes he citado, en el papel reservado a<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span> -la Iglesia en lo porvenir, con tal de que la barca simblica -fuese con buen timonel: la Iglesia, dice, es una admirable -institucin, porque reposa sobre el amor y es -el eterno asilo de todos los Franciscos de Ass, de todas -las santas Teresas, de todos los Vicentes de Pal del futuro. -Todos los que aman, todos aquellos para quienes -el amor es el nico fin de la existencia, se lanzarn un da -hacia la Iglesia, sea que—por privilegio de Dios—entren -directamente, sea que, paganos, les haya sido preciso, -de desilusin en desilusin, seguir el camino indicado -por Platn: del amor de los bellos cuerpos ascender -al amor de las ideas, de la Venus terrestre a la Venus -celeste.</p> - -<p>Y en Espaa, en donde el catolicismo forma parte, o -est unido tan ntimamente al alma general, a tal extremo -que Espaa ha de ser siempre catlica o no ser; -quiz en el tiempo venidero, en el resurgimiento que ha -de cumplirse, reverdezca el rbol nuevo, ya que no con -las pompas escarlatas de la hoguera y del auto de fe, en -la luz de la vida nueva, en la gloria de la intelectualidad, -libre de las manchas grises, de las taras vergonzosas -que ahora contribuyen al descrdito de la alta doctrina; -la locura de la cruz no es la insensatez de la -cruz.</p> - -<p>Oh s! el Mximos de Ibsen podra venir, ms no sera -sino el mismo soberano Jesucristo, un emperador galileo -cuyo fin sera siempre la paz y el triunfo de la verdadera -vida. El Anticristo naci en este siglo en Alemania; -conquist muchas almas; se apasion primero por -el Graal santo y reneg luego de su mayor sacerdote; -cre el tipo de soberbia humana, o superhumana, aplastando -la caridad de Jess; predic el odio al doctor de -la Dulzura; desat o quiso desatar los instintos, los sexos -y las voluntades; consigui un ejrcito de inteligencias, -y se cumpli por l ms de una profeca. Pero el -Anticristo alemn est en el manicomio, y el Galileo ha -vencido otra vez.</p> - - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a class="label" href="#FNanchor_1_1"><span>[1]</span></a> Lo subrayado est en el manuscrito.</p> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p> - - -<h2>SEMANA SANTA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 86px;"> -<img src="images/img009.jpg" width="86" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">31 de marzo.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-s.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Sevilla</span> rebosa de forasteros; Toledo lo -propio; a Murcia van los trenes llenos -de viajantes. No faltan en las estaciones -los indispensables ingleses provistos de -sus minsculas detective. Es en las -provincias en donde la santa semana atrae a los turistas. -Madrid es religiosamente incoloro, y lo que hace -notar que se pasa por estos das de fiestas cristianas, es -que desde ayer, por decreto del alcalde—un descendiente -del ilustre Jacques de Liniers—, no circulan durante -el da vehculos por la capital. Las campanas no -suenan, reemplazadas litrgicamente por las matracas, -y jueves y viernes estas mujeres amorosas en la devocin, -recorren las calles cubiertas con sus famosas -mantillas. En medio de la multitud, algo he advertido -de una vaga y dolorosa tristeza. Se escucha que viene a -lo lejos una suave msica llena de melancola; despacio, -despacio. Luego se va acercando y se oye una cancin, -seis voces, dos femeninas, dos de hombre, dos infantiles. -El coro pasa, se dira que se desliza ante vuestros ojos -y a vuestros odos. Son ciegos que van cantando canciones, -pidiendo limosna. Se acompaan con violines, guitarras -y bandolinas. Con sus ojos sin da miran hacia el -cielo, en busca de lo que preguntaba Baudelaire. Lo -que cantan es uno de esos motivos brotados del corazn -popular, que dicen, en su corta y sencilla notacin, cosas<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> -que nos pasan sobre el alma como misteriosas brisas -que hemos sentido no sabemos en qu momento de -una vida anterior. Se dira que esos ciegos han aprendido -su msica en monasterios, pues traen sus voces -algo como piadosa resonancia claustral. La concurrencia -que va al paseo no para mientes. Por los balcones -asoman unas cuantas caras curiosas. De lo ms alto de -una casa, de una pobre buhardilla, cae para los ciegos -una moneda de cobre.</p> - -<p>En las iglesias se ostentan las pompas sagradas. Los -caballeros de las diversas Ordenes asisten a las ceremonias. -La indumentaria resucita por instantes pocas enterradas. -Mas ayer se cumpli con una antigua usanza -en la mansin real que, con toda verdad, ms que ninguna -otra manifestacin, ha podido llevar los espritus -hacia atrs, en lo dilatado del tiempo. Me refiero al acto -de lavar los pies a los pobres y reunirles a la mesa, la -reina de Espaa. Esta costumbre arranca de siglos; instituyla -Fernando III de Castilla en 1242.</p> - -<p>Desde muy temprano el patio de palacio se fu llenando -de gente. Visto desde lo alto era una aglomeracin -oleante de mantillas, sombreros de copa, oros y colores -de uniformes. Suena un son de pfanos. Es el desfile -pintoresco de las alabardas. Medio da. Compases -de un himno por una banda de palacio, y la familia -real se presenta en marcha hacia la capilla. Por un momento -desaparece el rumor de la vida actual. Esa aparicin -nos hace pensar en un mundo distinto, en apariencias -encantadoras que a las alturas de esta poca -ruda para la poesa de la existencia, tan solamente surgen -a nuestra contemplacin en el teatro o en el libro. -He aqu que esta buena archiduquesa que sostiene hoy -la diadema de Su Majestad Catlica, brota de un cuadro, -sale de una pgina de vieja historia, se desprende de un -cuento; toda blanca, real, tristemente majestuosa, pues -no alcanza a ocultar que su alma no es un lago tranquilo. -De sus espaldas se extiende el gran manto; la larga cola<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span> -prtala un hidalgo, el mayordomo marqus de Villamayor. -El continente impone, el gesto habla por la raza. -Por corona lleva Mara Cristina una constelacin de -brillantes, y sutil como una onda de espuma, la mantilla -blanca le cubre el casco de la cabellera. La princesita -de Asturias, que ya viste de largo, va toda ella hecha -una rosa, rociada de perlas. Hay en esa joven una distincin -graciosa que seduce en medio de la corte, y que -no adverts en los retratos expuestos en los escaparates -de los fotgrafos y que dan la figura un tanto picante de -una modistilla. La infanta Isabel—muy simptica para -todos los madrileos, y absolutamente Borbn—va de -un amarillo triunfante, y sobre la magnificencia de su -manto heliotropo resplandecen las joyas. El altar arde -en luces y oros. Los prncipes y los cortesanos parecen -orar, con uncin y fe. Calvas ebrneas, barbas blancas -sobre estrellas de oro y de piedras preciosas, galones -y entorchados, se inclinan al movimiento de los -oficios. Serenamente armoniosa, la msica de la capilla -despierta a Mozart. Como un incienso se esparce por los -mbitos, envuelve todos los espritus, as entre tantos se -erijan los incrdulos, la <i>Primera Sinfona</i>.</p> - -<p>En el Saln de las Columnas el gran crucifijo central -est envuelto en un lienzo violeta, en el altar, que se -destaca sobre un tapiz de asunto religioso. En las tribunas, -con los ministros, entre el Cuerpo diplomtico y -los Grandes de Espaa, estn la infanta Isabel y la duquesa -de Calabria y la princesa de Asturias.</p> - -<p>En los lados del saln, sentados en bancos negros, -hay doce mujeres pobres y trece hombres pobres. No -s que vaga luz brota de esas humildes almas en las -miradas.</p> - -<p>Suenan las dos palmadas de costumbre; es que se -acerca la reina con su squito. La reina viene a paso -augusto, entre el obispo y el nuncio. Precdela un grupo -de religiosos y cantores, y una cruz alta. <i>Ante diem -festum Pasch</i>... resuena la voz del subdicono; la msica,<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> -el canto vuela sobre el recinto. De pronto, Mara -Cristina est ya cindose una toalla, mientras las duquesas, -llenas de diamantes, las condesas fastuosas, descalzan -a los convidados miserables. La reina con una -esponja y con la toalla enjuga los lamentables pies de -esas gentes, que en un halo de inexplicable asombro -deben sufrir extraa angustia. El representante del papa -vierte el agua de un nfora. Os aseguro que por todo -pecho presente pasa una conmocin. Y en ese mismo -instante, dos voces hablaban al odo del observador meditabundo. -La una era la del demonio de la calle, el demonio -de la murmuracin que se cuela por los misterios -de las casas y se propaga en la frase afilada por la -inevitable malignidad humana. Esa voz hablaba a la -oreja izquierda y deca: Es hermoso, es de un simbolismo -grandioso y conmovedor ese acto de humildad que -recuerda a las Isabeles de Hungra, que nos aleja del -ambiente contemporneo asfixiante de egosmo, quemante -de odio y de mentira; pero... y la miseria? Y -los innumerables mendigos que andan por la Corte y -por toda Espaa crujiendo de hambre? Y los martirios -de Montjuich? Y el anarquismo, flor de los parias? Y -la prostitucin infantil instalada a los ojos de la capital -de S. M. Catlica? Y continuaba: Por ah se dice -que la austriaca es avara; que manda arreglar el calzado -y los vestidos usados de las infantitas; que hace -pagar su pupilaje en palacio a la infanta Isabel; que -su caridad no se demuestra esplndida en demasa; que -en Londres est acaparando millones; que la duquesa de -Cnovas, a quien ella antes llamara la reina de la Guindalera, -la gratifica justamente con el apodo de la institutriz... -Mas la voz que hablaba a la oreja derecha deca: -No, no hay que proclamar la injusticia o la mala -visin como una ley de verdad. Esa noble seora est -en una altura que hay que apreciar de lejos; y poco -harn en su contra las murmuraciones ulicas, los despechos -palaciegos. Su misin maternal es admirable, y<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> -las tempestades que han pasado por la corona de torres -de la Patria la han visto siempre digna y ejemplar, sosteniendo -la infancia endeble de su hijo, dolorida por -las penas nacionales, triste en su viudez hasta hoy libre -de calumnia. Ciertamente, no es una Isabel II, por ninguna -clase de generosidad. No derrocha, pero sostiene -asilos, da justas y silenciosas limosnas. Es una reina -buena.</p> - -<p>Y hela all, en el saln de armas, sirviendo a los mismos -pobres a la mesa. Le ayudan varios seores en su -tarea. Esos <i>garons</i> de semejante comedor se llaman el -marqus de Ayerbe, el duque de Sotomayor, el duque -de Granada de Ega, el conde de Revillagigedo, el marqus -de Comillas, el conde de Atars, el marqus de -Santa Cristina, el marqus de Velados. Todos pudieran -entrar en un parlamento huguesco; todos se cubren -ante el rey, todos tienen a la cintura la llave de oro. -As las damas que descalzaron a los miserables eran una -condesa de Sstago, una duquesa de Medina Sidonia, -una marquesa de Molns, una de Sanfelices. Desde lo -alto, en el soberbio techo—<i>Giaquinto pinxit</i>—todo un -revuelto Olimpo, de un paganismo rococo, se debata, -en vibrantes fugas de colores sobre las magnificencias -catlicas.</p> - -<p>Esta ha sido para m ms que la procesin mediocre, -o las celebraciones eclesisticas en los templos, la verdadera -nota principal de la semana santa en la corte -espaola. Pues si hoy la reina, en el ceremonial del -viernes santo en la capilla real, ha hecho cambiar por -cintas blancas las cintas negras de los procesos, al indultar -a los reos de muerte, despus de besar el <i>lignum -crucis</i>, ayer, ha estado, en un acto antiguo, ms cerca de -Jesucristo.</p> - -<p>Espaa es verdaderamente religiosa? Creo que, en -el fondo, no. Cuenta Georges Lain que pregunt a un -sacerdote gaditano: Hay una corriente de opinin republicana -muy marcada en el bajo pueblo de Cdiz?<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -El sacerdote le contest: Todos los obreros de Cdiz -son republicanos, anticatlicos, y, un gran nmero, -anarquistas. Puede tambin asegurarse que la mayora -de los obreros de toda Espaa es poco religiosa, influda -por corrientes liberales primero y luego por la cuestin -social. En Barcelona, principalmente, el viento -nuevo ha desarraigado mucho rbol viejo. En Andaluca, -en Castilla buena parte del clero ha contribudo, -con su poco cuidado de los asuntos espirituales, a debilitar -las creencias. El alto clero espaol cuenta con -cabezas eminentes, con sabios y con varones virtuosos; -pero en las regiones inferiores no es un mirlo blanco el -sacerdote de sotana alegre, amigo de juergas, de guitarras -y mostos. La navaja no es tampoco, en ciertos -ejemplares, desconocida.—El sacerdote sanguinario y -cruel no ha sido escaso en las guerras carlistas. En -cuanto a moralidad, es ste el pas en donde el ama -del cura y las sobrinas del cura son tipos de comedia -y cantar. Ello no quiere decir que, como en toda via -humana y en la del Seor, no haya casos de correccin -y de virtud evanglicas. El cura de aldea de aquel honesto -Prez Escrich no abunda, pero se puede encontrar -en la campaa espaola. La enseanza religiosa en la -Espaa interior se queda en lo primitivo, en la pltica -pastoral que precede a la idolatra catlica de figuras -tambin primitivas; en las procesiones originalsimas.—En -la Espaa negra de Verhaeren y Regoyos podis -observar curiosos croquis. En San Juan de Tolosa, por -ejemplo, en Guipzcoa, donde existen esas esculturas -brbaras que hacen decir al escritor: El rezar cara a -cara con estos Nazarenos y Santos debe hacer reir o -alucinar. En efecto, son figuras, <i>bonshommes</i> como labrados -a hacha, con asimetras deformes y aires de idiotismo -o de malignidad; Cristos de rostros funestos, o -como dibujados por James Ensor, Cristos <i>que dan miedo</i>, -bajo sus cabelleras de difuntos, entre los nichos oscuros -de los altares. La semana santa en Guipzcoa; los pasos<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span> -de Azpeitia con sus siniestras estatuas, son otra cosa que -la semana santa de Sevilla, con sus esculturas artsticas, -sus palios lujosos, sus pasos con imgenes de arte, sus -vrgenes vestidas como emperatrices bizantinas: todo -oro, terciopelo, hierro, y ms oro; y las saetas, esos -cantos que brotan en su aguda tristeza, quejidos del -pueblo, dolorosas y sonoras alondras de una raza. O la -semana santa de Toledo, entre la antigedad gris y seca -de esa petrificacin de tiempo. En las fiestas de San -Juan Degollado, en la isla de Gaztelugache, cerca del -cabo Machichaco, puede verse an la Edad Media, con -la devocin idlatra y temerosa, los romeros y penitentes -que suben una cuesta de rodillas, despedazndose -sobre la piedra. Los nios van vestidos de negro y violeta. -Y los disciplinantes de Rioja, en San Vicente de la -Sonsierra: hombres que se destruyen las espaldas con -azotes, a la vista del pblico, y luego, cuando el lomo -est todo amoratado de golpes o hinchado de disciplinazos, -se les raya con bolas de cera llenas de vidrios -filosos. Regoyos nos cuenta de otros martirios, como el -ir tocando una gran campana por las calles, o pasar con -los pies descalzos sobre pedruscos y chinas. All la sangre -humana se vierte en realidad cada jueves santo.</p> - -<p>Pero junto a todas esas manifestaciones de religiosidad -nefasta y milenaria encontraris siempre la guitarra, -el vino, la hembra. El torero tiene una imagen a la -que reza antes de ir a la corrida, a la fiesta de la sangre. -Los antiguos peregrinos que iban a Santiago de Compostela -con el bordn y la calabaza eran excelentes pillos -y bandoleros que hubo que perseguir. En ciertas -procesiones andaluzas hay pleitos por si una santa virgen -vale ms que otra, y al elogiar a la propia imagen -se injuria con eptetos de la hampa a la santa imagen -contraria. Se forman partidos por este o aquel Cristo, -por este o aquel santo milagroso. En Galicia pasa lo -propio. Un escritor gallego me cuenta que un to suyo -muy devoto, despus de sufrir un gran dolor moral, se<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span> -encerr en su gabinete, y con una filosa faca se puso a -dar de pualadas a un Crucifijo familiar. No es raro -que al ir a dejar a la iglesia en los pueblos, a una imagen, -los conductores se detengan un rato en la taberna. -En 1820 los madrileos saquearon el palacio de la Inquisicin; -degello de frailes ha habido que quedar -por siempre famoso. Espaa es el pas catlico por excelencia; -pero Rothschild ha sido el amo por intermedio -del judo Bauer; y se ha transigido por razones muy -humanas, con la fundacin de templos protestantes.</p> - -<p>El fanatismo espaol, segn Buckle, se explicara por -las luchas con las invasiones arbigas; pero Ives Guyot -hace notar, con justicia, que antes haba habido los grandes -choques con los visigodos arrianos. La conversin -de Recaredo seala un buen punto de partida. De lo -ms remoto parte la veta religiosa, desde la venida de -los primeros cristianos. No hay lugar importante de -Espaa que no guarde el recuerdo tradicional o histrico -de un santo o de un apstol cristiano. San Pablo desembarc -en las costas levantinas, y Tarragona pretende -que fu el fundador de su iglesia. En Btica fu la conversin -del prefecto Filoteo, del magnate Probo y su -hija Xantipa. El mismo apstol estuvo en Andaluca, en -cija y en otros puntos de la Pennsula. cija tuvo a -San Rufo, obispo nombrado por San Pablo Narbonense; -Santiago estuvo en Braga, en donde fu primer obispo. -El viaje de la cabeza de Santiago, con los Siete Discpulos, -en la <i>parva navis</i>, es una hermosa perla de tradicin -narrada en el latn del Cerratense. La cabeza de Santiago -destruy el ltimo templo de Baco: <i>Liverum novum</i>: -pero ya quedaba el vino! San Pedro envi a otros discpulos. -Geroncio qued en Italia. Pamplona recuerda a -Saturnino y Honesto; Marmolejo a Mximo; Guadix a -Torcuato; Granada a San Cecilio; vila a San Segundo; -Tarifa a San Esicio; Andjar a San Eufrasio; Cabra a -San Texifonte; Almera a San Indalecio. Zaragoza pretende -tener la primera iglesia fundada en Espaa: all<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span> -triunfan los mrtires y la Pilarica. Toledo tuvo a San -Eugenio, en tiempo del papa Clemente. Gerona cuenta -con San Narciso. Por todas partes retoa, si regis un -poco, la raz cristiana, por tantos motivos; pero la savia -pagana de la tierra no est destruda. La latina se explica. -Se gusta en las procesiones de la pompa, de los oros -lujosos, de la decoracin de las imgenes, y con el pretexto -de la devocin se da suelta a los nervios y a la -sangre, floreciendo de rojo la Espaa Negra. No se abandonan -los asuntos de este mundo por los del otro; y la -Inquisicin misma, en sus orgenes, tuvo ms causas -polticas que religiosas. El quemadero despus agreg -ese halago terrible al divertimiento popular; auto de fe -o corrida de toros viene a dar lo mismo. En ciertos -templos andaluces el catolicismo deja ver a travs de -sus adornos y smbolos las lneas y arabescos moriscos: -en las almas pasa algo semejante. Cierto es que Mahoma -sonre ms que Jesucristo en los ojos sevillanos de bautizadas -odaliscas.</p> - -<p>Pas de Carlos V, de Felipe II, de Carlos II <i>el Hechizado</i>; -pas de la expulsin de los judos y de los moros: -su fe no llega muy a lo profundo. Creedme: la brava -Espaa llev la cruz al mundo nuevo nuestro, a lejanas -tierras, la impuso por la fuerza, de manera kornica; -prtala sobre el oro de la corona, sobre la cpula del -palacio real; pero Espaa es como la espada: tiene la -cruz unida a la filosa lmina de acero.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p> - - -<h2>TOROS!</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img008.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">6 de abril de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Los</span> durazneros alegres se animan de rosa; -el Retiro est todo verde, y con la primavera -llegaron los toros. Se han vuelto -a ver en profusin los sombreros cordobeses, -los pantalones ajustados en absurda -ostentacin calipigia, las faces glabras de las gentes -de redondel y chuleo. El da de la inauguracin de las -corridas fu un gran da de fiesta. Pude saludar varias -veces por la calle de Alcal al espritu de Gautier. Era -el mismo ambiente de los tiempos de Juan Pastor y -Antonio Rodrguez; las calesas estacionadas a lo largo -de la va, las mulas empomponadas, los carruajes que -pasan llenos de aficionados y las mantillas que decoran -tantas encantadoras cabezas. Parece que en el aire fuese -la oleada de entusiasmo; todo el mundo no piensa sino -en el prximo espectculo, no se habla de otra cosa; las -corbatas de colores detonan sobre las pecheras; las chaquetas -parece que se multiplicasen, los cascabeles suenan -al paso de los vehculos; en los carteles chillones -se destaca la figura petulante del Guerra. El Guerra!...</p> - -<p>Su nombre es como un toque de clarn, o como una -bandera. Su cabeza se eleva sobre las de Castelar, Nez -de Arce o Silvela; es hoy el que triunfa, el amo del -fascinado pueblo. El Guerra! Andalusamente, Salvador -Rueda, no hallando otra cosa mejor que decirme de su -torero, me clava: Es Mallarm! Vamos, pues, a los toros.</p> - -<p>Se ha dicho y repetido por todas partes que el gusto<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> -por las corridas de toros se iba perdiendo en Espaa, y -que la civilizacin las hara pronto desaparecer; si la -civilizacin hace eso, tanto peor para ella, pues una corrida -de toros es uno de los ms bellos espectculos que -el hombre puede imaginar. Quin ha escrito eso? El -gran Theo, el magnfico Gautier, que vino tras los -montes a ver las fiestas del sol y de la sangre; Barrs, -despus, hallara la sangre, la voluptuosidad y la muerte. -Es explicable la impresin que en el hombre que -saba ver haran las crueles pompas circenses. No es -posible negar que el espectculo es suntuoso; que tanto -color, oros y prpuras, bajo los oros y prpuras del cielo, -es de un singular atractivo, y que del vasto circo -en que operan esos juglares de la muerte, resplandecientes -de sedas y metales, se desprenden un aliento -romano y una gracia bizantina. Artsticamente, pues, -los que habis ledo descripciones de una corrida o -habis presenciado sta, no podis negar que se trata -de algo cuya belleza se impone. La congregacin de -un pueblo solar a esas celebraciones en que se halaga -su instinto y su visin, se justifica, y de ah el endiosamiento -del torero.</p> - -<p><i>Nodier raconte qu'en Espagne...</i> Fcil es imaginarse el -entusiasmo de Gautier por esta Espaa que apareca en -el perodo romntico como una pennsula de cuento; -la Espaa de los <i>chteaux</i>, la Espaa de Hernani y otra -Espaa ms fantstica si gustis, y la cual, aun cuando -no existiese, era preciso inventar. Esa vena en la fantasa -de Gautier, y los toros vistos por l correspondieron -a la mgica inventiva. En la calle de Alcal le -arrastr, le envolvi el torbellino pintoresco; los calesines, -las mulas adornadas, los bizarros jinetes, las tintas -violentas calentadas de sol de la tarde, los caractersticos -tipos nacionales. El arte le ase a cada momento y -si un tronco de mulas le trae a la memoria un cuadro -de Van der Meulen, un episodio torero le recordar ms -tarde un grabado de Goya. Aqu encuentra la famosa<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span> -manola, que ha de hacerle escribir una no menos famosa -cancin cuyos <i>alza! hola!</i> se repetirn en lo porvenir -a la luz de los <i>caf-concerts</i>. El detalle le atrae; -documenta y hace sonreir la sinceridad con que corrige -a sus compatriotas buscadores de color local: se debe -decir <i>torero</i>, no <i>toreador</i>; se debe decir <i>espada</i>, no <i>matador</i>. -Ya enmendar luego la plana a Delavigne dicindole -que la espada del Cid se llama tizona y no <i>tizonade</i>, -para resultar con que hay una estocada en la corrida -que se llama <i>a vuela pies</i>. Oh! el espaol de los franceses -dara asunto para curiosas citas, desde Rabelais hasta -Maurice Barrs, pasando por Vctor Hugo y Verlaine. -Los toros atrajeron la atencin del poeta de los Esmaltes -y Camafeos. Cuando iba a sentarse en su sitio, en la -plaza, experiment—dice—un deslumbramiento vertiginoso. -Torrentes de luz inundaban el circo, pues el sol -es una araa superior que tiene la ventaja de no regar -aceite, y el gas mismo no lo vencer largo tiempo. Un -inmenso rumor flotaba como una bruma de ruido sobre -la arena. Del lado del sol palpitaban y centelleaban -miles de abanicos y sombrillas. Os aseguro que es ya -un admirable <i>espectculo</i>, doce mil espectadores en un -teatro tan vasto cuyo plafn slo Dios puede pintar con -el azul esplndido que extrae de la urna de la eternidad. -Despus sern las peripecias de los juegos, la magnificencia -de los trajes y capas; los mismos sangrientos -incidentes, caballos desventrados, toros heridos, y el -pblico tempestuoso, un pblico de excepcin cuyo -igual no sera posible encontrar sino retrocediendo a -los circos de Roma; todo con sol y msica y clamor de -clarines y banderillas de fuego. l hace su resumen: -La corrida haba sido buena: ocho toros, catorce caballos -muertos, un chulo herido ligeramente; no poda -desearse nada mejor. Que por razones de imaginacin -y sensibilidad artstica hombres como Gautier se contagien -del gusto por los toros que hay en Espaa, pase; -pero es el caso que ese contagio invade a los extranjeros<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span> -de todo cariz intelectual, y no es raro ver en el tendido -a un rubio <i>commis-voyageur</i> dando muestras flagrantes -del ms desbordado contentamiento.</p> - -<p>Lo que es en Espaa ser imposible que llegue un -tiempo en que se desarraigue del pueblo esta violenta -aficin. Antes y despus de Jovellanos ha habido protestantes -de la lidia que han roto sus mejores flechas -contra el bronce secular de la ms inconmovible de las -costumbres. En las provincias pasa lo propio que en la -capital. Sevilla parece que regase sus matas de claveles -con la sangre de esas feroces <i>soavetaurilias</i>; all las fiestas -de toros son inseparables del fuego solar, de las mujeres -clidamente amorosas, de la manzanilla, de la alegra -furiosa de la tierra; la corrida es una voluptuosidad -ms, y la opinin de Bloy sobre la parte sensual del -espectculo encontrara su mejor pilar en el goce verdaderamente -sdico de ciertas mujeres que presencian -la sangrienta funcin. La Sevilla de las estocadas de -Maara, de la molicie morisca, de las hembras por que -se deslea Gutierre de Cetina, de las sangres de Zurbarn, -de las carnes femeninas de Murillo, de las gitanillas, -de los bandidos generosos, tiene que ser la Sevilla -del clsico toreo. Bajo Fernando III ya los mozos de la -nobleza tenan su plaza especial para el ejercicio del -<i>sport</i> preferido. Partos reales o la toma de Zamora, se -celebraban con toros. El cardenal arzobispo don Rodrigo -de Castro prohibi durante un jubileo las corridas. -La ciudad luch con su ilustrsima y venci apoyada -por Felipe II. La corrida se da, y en ella</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i2">Veinte lacayos robustos</div> -<div class="verse i0">con ellos delante salen:</div> -<div class="verse i0">morado y verde el vestido</div> -<div class="verse i0">espadas doradas traen,</div> -<div class="verse i0">de ser don Nuo y Medina</div> -<div class="verse i0">dan muestra y claras seales,</div> -<div class="verse i0">que aunque vienen embozados</div> -<div class="verse i0">no pueden disimularse.</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span></p> - -<p>En tiempos de Felipe IV tore a caballo don Juan de -Crdenas, un trun del duque, de excelente humor, con -tanta destreza y bizarra, que al toro ms furioso di una -muy buena lanzada: Mat S. M. tres toros con arcabuz—dice -un revistero de la poca. Felipe V quiso sustituir -la corrida por juegos de cabezas, pero lo francs fu -derrotado por lo espaol. Ayer como hoy los toros <i>for -ever</i>! No ha habido aqu poeta ni millonario que haya -sido tan afortunado en favores femenidos como Pepe -Hillo. Cierto es que en Pars y en nuestro tiempo, Mazzantini -y ngel Pastor no han podido quejarse de las -damas. En Zaragoza la aficin se pretende que viene -desde los romanos. Don Juan de Austria fu obsequiado -all con toros. A Felipe V le hicieron ver los aragoneses -una corrida, de noche, en Cariena. Los navarros, -entre un son de violn de Sarasate y un do pectoral de -Gayarre, toros, y ello viene de antao. Soria, con sus -fiestas de las Calderas, pues toros. Valencia, florida y -armoniosa de colores y cantos, tena ya toreros en tiempo -de Don Alfonso <i>el Sabio</i>. Y entre sus clebres aficionados -cuenta a un conde de Peralada y Albatera, don -Guilln de Rocafull. Y hasta en la Espaa del Norte, en -la Espaa gris, aun cuando la Naturaleza proteste, la -aficin procura su triunfo, y bajo el cielo empaado, en -la tierra donostiarra, toros. Salamanca, toros. Toledo, -Valladolid, toros. Solamente entre los catalanes no han -vencido sino a medias los cuernos.</p> - -<p>No obstante, hay apasionados de la lidia que lamentan -la decadencia torera; dicen que hoy no existe el -amor al arte, que los espadas son simples negociantes, -y los ganaderos, as sean descendientes de Coln, dan—como -dice Pascual Milln, notable taurgrafo—toros -raquticos, sin sangre, ni bravura, ni trapo. Los das -pasados, en Aranjuez, conoc a un hombre atento y afable -que, a travs de su conversacin con coleta, deja ver -cierta cultura y buen afecto a Amrica. Me habl del -Ro de la Plata, y de Chile, y de su amigo don Agustn<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span> -Edwards. Es el clebre ngel Pastor. Sufre grandemente. -En lo mejor de su carrera, todava fuerte y -joven, ha tenido la desgracia de romperse un brazo. -Ya no podr <i>trabajar</i>; la mala suerte le ha salido al -paso peor que un toro bravo, y le ha cogido. Y habla -tambin Pastor de lo malo que hoy anda el toreo, de la -decadencia del arte, de lo <i>clsico</i> y de lo <i>moderno</i>, como -hablara un profesor de Literatura o de Pintura. Pero -no le falta el brillante gordo en el dedo y la consideracin -de todo el mundo. El hotel mejor de Aranjuez es -el suyo. Y la tradicional gentileza y obsequiosidad, -suyas son tambin.</p> - -<p>Decadentes o no decadentes, los toros seguirn en -Espaa. No hay rey ni Gobierno que se atreva a suprimirlos. -Carlos III tuvo esa mala ocurrencia y luego se -vieron sus defectos. Jovellanos, en su carta a Vargas -Ponce, no tuvo empacho en sostener que la diversin -no es propiamente nacional, porque Galicia, Len y -Asturias han sido muy poco toreras. Qu gloria nos resulta -de ella? exclamaba. Cul es, pues, la opinin de -Europa en este punto? Con razn o sin ella no nos llaman -brbaros porque conservamos y sostenemos las -fiestas de toros? Neg el valor a los toreros, y proclam -su general estupidez fuera de las cosas de la lidia. Sostuvo -el dao que sta produca a la agricultura, pues -cuesta ms la crianza de un buen toro para la plaza que -cincuenta reses tiles para el arado; y a la industria, -pues los pueblos que ven toros no son por cierto los -ms laboriosos. En cuanto a las costumbres, el prrafo -que dedica a la influencia de los toros en ellas quedara -perfecto al injertarse en un captulo del <i>Cristophe Colomb -devant les taureaux</i>, de Len Bloy. Hay una muy bien meditada -pgina del cubano Enrique Jos Varona sobre la -psicologa del toreo, en que encuentra la base humana -del gusto por esas crueles diversiones, en el sedimento -de animalidad persistente a travs de la evolucin de la -cultura social. La teora no es flamante y antes que sostenida<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span> -por argumentos cientficos, estaba ya incrustada -en la sabidura de las naciones.</p> - -<p>Pero si no hay duda de que colectivamente el espaol -es la ms clara muestra de regresin a la fiereza primitiva, -no hay tampoco duda de que en cada hombre hay -algo de espaol en ese sentido, junto con el de la perversidad, -de que nos habla Poe. Y la prueba es el contagio, -individual o colectivo; el contagio de un viajero -que va a la corrida llevado por la curiosidad en Espaa, -o el contagio de un pblico entero, o de gran parte -de ese pblico, como el de Pars o Buenos Aires, en -donde la diversin se ha importado, corrindose el riesgo -de que, si la curiosidad es atrada primero por el -exotismo, venga despus la aficin con todas sus consecuencias.</p> - -<p>En Amrica, no creo que en Buenos Aires, a pesar de -lo numeroso de la colonia espaola y de la sangre espaola -que aun prevalece en parte del elemento nacional, -el espectculo pudiese sustentarse por largo tiempo; -pero pasada la cordillera, y en pases menos sajonizados -que Chile, el caso es distinto. Desde Lima a Guatemala -y Mjico queda an bastante savia peninsular para dar -vida a la aficin circense.</p> - -<p>En cualquier pueblo, dice Varona, sera funesto para -la cultura pblica espectculo semejante; entre los espaoles -y sus descendientes, infinitamente ms. Las -propensiones todas de su carcter, producto de su raza -y de su historia, los inclinan del lado de las pasiones -violentas y homicidas. Por lo que a m toca, dir que el -espectculo me domina y me repugna al propio tiempo—no -he podido an degollar mi cochinillo sentimental.</p> - -<p>Puesto que las muchedumbres tienen que divertirse, -que manifestar sus alegras; seran ms de mi agrado -pueblos congregados en sus das de fiesta, en un doble -y noble placer mental y fsico, escuchando, a la griega, -una declamacin, bajo el palio del cielo, desde las gradas<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> -de un teatro al aire libre; o la procesin de gentes, -hombres y mujeres y nios, que fuesen, en armoniosa -libertad, a cantar canciones a las montaas o a las orillas -del mar. Pero puesto que no hay eso, y nuestras -costumbres tienden cada da a alejarse de la eterna poesa -de las cosas y de las almas, que haya siquiera toros, -que haya siquiera esas plazas enormes como los circos -antiguos, y llenas de mujeres hermosas, de chispas, de -reflejos, de voces, de gestos.</p> - -<p>Crame el nunca bien ponderado doctor Albarracn, -que mis simpatas estn de parte de los animales, y que -entre el torero y el caballo, mi sensibilidad est de parte -del caballo, y entre el toro y el torero mis aplausos son -para el toro.</p> - -<p>El valor tiene poca parte en ese juego que se estudia -y que lo que ms requiere es vista y agilidad. No sera -yo quien celebrase el establecimiento de una plaza de -toros entre nosotros; pero tampoco batira palmas el da -que Espaa abandonase esos hermosos ejercicios que -son una manifestacin de su carcter nacional.</p> - -<p>No olvidar la impresin que ha hecho en m una salida -de toros; fu en la corrida ltima.</p> - -<p>El oleaje de la muchedumbre se desbordaba por la -calle de Alcal; cerca de la Cibeles pasaba el incesante -desfile de los carruajes; la tarde conclua y el globo de -oro del Banco de Espaa reflejaba la gloria del Poniente, -en donde el sol, como la cola de un pavo real incandescente, -o mejor, como el varillaje de un gigantesco -abanico espaol, rojo y amarillo, tenda la simtrica -multiplicidad de sus rayos, unidos en un diamante focal. -Los ojos radiosos de las mujeres chispeaban tempestuosamente -bajo la gracia de las mantillas; vendedoras -jvenes y primaverales pregonaban nardos y rosas; -flotaba en el ambiente un polvo dorado, y en cada -cuerpo cantaban la sangre y el deseo, el himno de la -nueva estacin. Los toreros pasaban en sus carruajes, -brillando al fugaz fuego vespertino; una msica lejana<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> -se oa y en el Prado estallaban las risas de los nios.</p> - -<p>Y comprend el alma de la Espaa que no perece, la -Espaa reina de vida, emperatriz del amor, de la alegra -y de la crueldad; la Espaa que ha de tener siempre -conquistadores y poetas, pintores y toreros.</p> - -<p>Castillos en Espaa! dicen los franceses. Cierto: castillos -en la tierra y en el aire, llenos de leyenda, de historia, -de msica, de perfume, de bizarra, de color, de -oro, de sangre, de hierro, para que Hugo venga y encuentre -en ellos todo lo que le haga falta para labrar -una montaa de poesa; castillos en que vive Carmen y -se hospeda Esmeralda, y en donde los Gautier, los -Musset y los artistas todos de la tierra pueden abrevarse -de los ms embriagadores vinos de arte. Y en cuanto -a vos, don Alonso Quijano <i>el Bueno</i>, ya sabis que siempre -estar de vuestro lado.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></p> - - -<h2>LA PARDO-BAZN EN PARS -<br /> -UN ARTCULO DE UNAMUNO</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img010.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date p2">10 de abril.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-d.jpg" width="75" height="75" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Doa</span> Emilia est ahora por Pars; ha hablado -a los franceses de la Espaa de ayer, -de la Espaa de hoy y de la Espaa de -maana... Como casi siempre, dos versiones -llegan, una del xito de la conferenciante, -otra del fracaso. Creo desde luego en la primera. -Los franceses (fuera de la tradicional cortesa y -de la no menos tradicional novelera) han odo en su -idioma, a una mujer muy inteligente, muy culta, que les -ha hablado desembarazadamente de un tpico que todava -no ha perdido su actualidad; el problema espaol, -despus de la <i>dbcle</i>. La seora Pardo-Bazn cuenta -desde hace tiempo con largas simpatas y amistades del -otro lado de los Pirineos, desde sus visitas al <i>desvn</i> de -los Goncourt, desde <i>La cuestin palpitante</i>. Es colaboradora -de ms de una revista parisiense, y luego, para su -buena recepcin, tena la excelente guardia de honor -de <i>La Fronde</i>. No deja de haber murmuradores que -encuentran raro lo de que Espaa vaya a ser representada -intelectualmente, en la Sociedad de Conferencias, -por una mujer. Despus de todo—me deca un espiritual -colega—es lo que tenemos ms presentable fuera -de casa.</p> - -<p>Y ciertamente, como no fueran Menndez y Pelayo o<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span> -Galds a Pars, en esta ocasin no s quin mejor que -doa Emilia hubiera podido hablar en nombre de la -cultura espaola. La de doa Emilia es variada y por -decir as europea, a pesar de su siempre probado retorno -al terruo despus de sus excursiones a tales o cuales -islas mentales de pensadores extranjeros. En ella lo -nacional no alcanza a ser ocultado completamente por -propsitos de arte o pasiones intelectuales. Su catolicismo, -por ejemplo, ha hendido como una vieja y fuerte -proa, las oleadas naturalistas y las filosofas de ltima -hora. Su forma literaria no ha podido asimilarse nunca -nada extrao a la tradicin castellana; y encuentro de -una justicia que no ha menester muchas demostraciones -para vencer, sus pasadas tentativas para conseguir, -lo que por derecho propio se le debe, un silln de la -Real Academia Espaola.</p> - -<p>Y es un personaje simptico y gallardo, esta brava -amazona que en medio del estancamiento, del helado -ambiente en que las ideas se han apenas movido en su -pas en el tiempo en que le ha tocado luchar, ha hecho -ruido, ha hecho color, ha hecho msica y msicas, poniendo -un rayo rojo en la palidez, una voz de vida en el -aire, a riesgo de asustar a los pacatos, colocndose masculinamente -entre los mejores cerebros de hombre que -haya habido en Espaa en todos los tiempos.</p> - -<p>Es la seora Pardo-Bazn de cierta edad, todava guapa -y exuberante de vida. Su trato es amensimo y desde -el primer momento, si lo merecis, tenis su aprecio -intelectual y se abre su amable confianza.</p> - -<p>Pocas veces puede encontrarse unida tan llana franqueza -con tan inconfundible distincin. Vive en su casa de -la calle Ancha de San Bernardo, en compaa de su madre -la condesa viuda de Pardo-Bazn, de sus hijas las -seoritas de Quiroga y su hijo don Jaime, que, entre -parntesis, le ha resultado un gran partidario de don -Carlos. En la casa se celebran con bastante frecuencia -reuniones a que concurren personajes polticos y de la<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span> -nobleza, y principalmente, hombres de letras y artistas. -Puede asegurarse que no hay escritor o artista extranjero -que no sea invitado a estas recepciones, y como -doa Emilia habla la mayor parte de las lenguas europeas, -se entiende con cada cual en su idioma. Sus libros -han tenido una fama creciente en toda Europa y ha sido -traducida la mayor parte de ellos en las principales naciones.</p> - -<p>Desde haca algunos das circulaba la noticia de que -la seora Pardo-Bazn ira a Pars a dar una conferencia -sobre Espaa. En el <i>Journal des Dbats</i> apareci un -artculo de Boris de Tannemberg anunciando a los parisienses -la llegada de la escritora, y poco despus, ella -parta, en efecto, a llenar su compromiso.</p> - -<p>Ecos varios, como he dicho al comenzar, llegan de la -conferencia, y en los extractos de ella aparecen, como -puntos principales, las dos leyendas de Espaa, la leyenda -urea y la leyenda negra.</p> - -<p>La leyenda <i>urea</i>, es decir, una Espaa heroica, noble, -generosa, potente, cuna del valor y la hidalgua. La -leyenda negra, una Espaa codiciosa, sangrienta, avara, -inquisitorial, terriblemente peligrosa al progreso humano. -La primera, dice la seora Pardo-Bazn, ha sida -la causa de los desastres actuales. Ella se arraig tanto -en el espritu de la Nacin, que form un pueblo optimista, -quijotesco, vanidoso, que con castillos en el aire -compensara su decadencia y su pobreza. Los hombres -dirigentes, los guas de la poltica del reino en los ltimos -aos, se dejaban cegar por los mirajes y perdan el -concepto de la realidad.</p> - -<p>La leyenda negra tendra por origen la envidia de -otras naciones, y sobre todo, las rivalidades religiosas -y polticas empezadas desde el siglo XVI con el soplo -del protestantismo que vea como su principal enemigo -a la poderosa Espaa catlica de entonces. As lo comprende -un erudito escritor, el seor Maldonado Macanaz, -en un artculo que ha dado a la publicidad en esta<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> -ocasin. Pero de los tres puntos en que se basa la leyenda -negra, que son la conquista espaola, la Inquisicin, -la decadencia que se iniciaba en el siglo XVII y -las figuras de Carlos I y de Felipe II, se desprende que -no ha habido demasiada injusticia en Europa cuando -se ha formado esa leyenda de color oscuro con bases -tan innegablemente sombras. No habra manera de paliar -las atrocidades de la conquista, pues aun suprimiendo -la <i>relacin</i> del padre Las Casas, que es obra de -varn verecundo y cristiano, no se pueden negar las imposiciones -a sangre y fuego de los conquistadores, la -deslealtad que ms de una vez salta a la vista, as en -Mjico como en el Per, y tantas pginas rojas y negras -que aportan su color a la leyenda. La inquisicin est -en el mismo caso, pues aun concediendo, desde el punto -de vista de una crtica especial, defensas de aquella -institucin como lo hace Menndez y Pelayo, y aun observando -que no solamente Espaa encendi las hogueras -religiosas, resulta siempre que es en Espaa en donde -el espritu inquisitorial hall su verdadera encarnacin; -por ello el inquisidor de los inquisidores ser -siempre el inquisidor espaol; ya a travs de la Historia, -ya en el cuento de Poe, en el drama de Hugo o en -el dibujo de Ensor. La leyenda urea constituye el lado -nervioso del alma espaola, y solamente los desaciertos -de los polticos de ltima hora han podido hacer que -se empaase. Es la de una Espaa romntica, una Espaa -generosa y grande que alza sus vastos castillos de -gloria sobre la selva potica del Romancero; una Espaa -de valor y de caballera que ha clavado en el -bronce del tiempo, con nombres picos, toda una serie -de nobles victorias, de orgullosas conquistas. Sobre su -pintoresco escenario lleno de sol y de msica el alma -espaola aun sustenta la grandeza y el brillo del pasado, -digan lo que quieran los pesimistas y los que han -perdido toda esperanza de regeneracin. No hace dao -a Espaa, como doa Emilia cree, no le ha hecho dao<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -el recuerdo y mantenimiento de la leyenda de oro de -su historia; sino que malaventurados polticos y ministros -modernistas a su manera, hayan descuidado el -cimentar el presente apoyados en la gloria tradicional. -Para la reconstruccin de la Espaa grande que ha de -venir, aquella misma urea leyenda contribuir con su -reflejo alentador, con su brillo imperecedero. Espaa -ser idealista o no ser. Una Espaa prctica, con olvido -absoluto del papel que hasta hoy ha representado en -el mundo, es una Espaa que no se concibe. Bueno es -una Bilbao cuajada de chimeneas y una Catalua sembrada -de fbricas. Trabajo por todas partes; progreso -cuanto se quiera y se pueda; pero quede campo libre en -donde Rocinante encuentre pasto y el Caballero crea -divisar ejrcitos de gigantes.</p> - -<div class="asterism"> -<img src="images/tb.jpg" width="20" height="20" alt="" /> -</div> - -<p>Varias publicaciones de Madrid, desde hace poco, -han empezado a ocuparse con alguna atencin de literatura -hispanoamericana. Comenz el diario <i>El Pas</i>, -sigui la <i>Revista Nueva</i>, interesante y de carcter moderno, -y luego el conocido y afamado peridico <i>Vida -Nueva</i>, ha comenzado a publicar una hoja mensual con -el ttulo <i>Amrica</i> y que se dedicar, como su ttulo lo -indica, al pensamiento americano. Como la direccin -me pidiese un artculo de introduccin a dicha hoja, -hcelo refirindome a uno del seor Unamuno, publicado -en <i>La poca</i>, y en el cual, con motivo de la <i>Maldonada</i> -de Grandmontagne, hablaba de las letras americanas -en general y de las argentinas en particular, con un desconocimiento -que tena por consecuencia una injusticia. -El seor Unamuno es un eminente humanista, profesor -de la antigua Universidad de Salamanca, en donde -tiene la ctedra de literatura griega. Se ha ocupado de -nuestra literatura gauchesca con singular talento; pero -no conoce nuestro pensamiento militante, nuestro actual<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> -movimiento y produccin intelectual. Comenc con -tomar de un nmero de <i>La Nacin</i> datos del yanqui -Carpenter y hacer un largo prrafo de estadstica. Luego -dije lo que otras veces he dicho sobre nuestra escasa -produccin, y sobre las esperanzas en un futuro proficuo. -Y como l se refiriese al demasiado parisienismo -que crea ver en la literatura de Buenos Aires, manifest -lo que en este prrafo se ver:</p> - -<p>Hay que esperar. Amrica no es toda argentina; pero -Buenos Aires bien puede considerarse como flor colosal -de una raza que ha de cimentar la comn cultura americana; -y desde luego, puede hoy verse como el solo contrapeso, -en la balanza continental, de la peligrosa prepotencia -anglo-sajona. Nuestras letras y artes tienen que -ser de reflexin. No puede haber literatura en un pas -que ha empezado por cimentar el edificio positivo de -maana; despus de la base sociolgica, de la muralla -de labor material y prctica, la cpula vendr labrada -de arte. Por lo pronto, nos nutrimos con el alimento -que llega de todos los puntos del globo. Hemos tenido -necesidad de ser polglotas y cosmopolitas, y mucho -tiempo antes de que la Real Academia Espaola permitiese -usar la palabra <i>trole</i>, nos habamos hecho del aparato. -Decadentismos literarios no pueden ser plaga entre -nosotros; pero con Pars, que tanto preocupa al seor -Unamuno, tenemos las ms frecuentes y mejores -relaciones.</p> - -<p>Buena parte de nuestros diarios es escrita por franceses. -Las ltimas obras de Daudet y de Zola han sido -publicadas por <i>La Nacin</i> al mismo tiempo que aparecan -en Pars; la mejor clientela de Worth es la de Buenos -Aires; en la escalera de nuestro Jockey Club, donde -Pini es el profesor de esgrima, la <i>Diana</i>, de Falguire, -perpeta la blanca desnudez de una parisiense. Como -somos fciles para el viaje y podemos viajar, Pars recibe -nuestras frecuentes visitas y nos quita el dinero encantadoramente. -Y as, siendo como somos un pueblo<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -industrioso, bien puede haber quien en minsculo -grupo procure en el centro de tal pueblo adorar la belleza -a travs de los cristales de su capricho. <i>Whim!</i>—dira -Emerson. Crea el seor Unamuno que mis <i>Prosas -profanas</i>, pongo por caso, no hacen ningn dao a -la literatura cientfica de Ramos Mexa, de Coni o a la -produccin regional de J. V. Gonzlez; ni las maravillosas -<i>Montaas de Oro</i> de nuestro gran Leopoldo Lugones -perturban la interesante labor criolla de Leguicamn y -otros aficionados a ese ramo que ya ha entrado en verdad -en dependencia folklrica. Que habr luego una -literatura de cimiento criollo, no lo dudo; buena muestra -dan el hermoso y vigoroso libro de Roberto Payr, -<i>La Australia Argentina</i> y las obras del popularsimo e -interesante <i>Fray Mocho</i>.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p> - - -<h2>EL REY</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 38px;"> -<img src="images/img011.jpg" width="38" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date p2">25 de abril.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Hace</span> algunas tardes, por un punto de la -Casa de Campo en que suele turbar el -silencio del bosque reverdecido de tropel -de jacas, un jinete, el rodar de un -<i>cup</i>, he visto pasar al rey Don Alfonso -con su madre y sus hermanitas. Iba el carruaje despacio, -y as pude observar bien el aspecto de Su Majestad -infantil. No est tan crecido como los retratos nos lo -hacen ver; pero muestra lo que se dice <i>une bonne mine</i>. -Tiene la cara, ya sealadamente fijos los rasgos salientes, -de un Austria; es la de Felipe IV nio. Es vivaz y -sus movimientos son los de quien se fortifica por la -gimnasia. Los ojos son hermosos y elocuentes, la frente -maciza sera un buen cofre para ideas grandes; el cuerpo -no es robusto, pero tampoco es canijo. La leyenda -de un reyecito enclenque y cabezudo, de un nio raqutico, -se ha concludo. El muchacho real ha pasado -los peligrosos aos de su niez y entra en la pubertad -con buen pie. No es esto decir que las leyes de herencia -no puedan, cuando menos se piense, aparecer con -sus imposiciones. La misteriosa aya plida, su dama -blanca, puede presentarse cerca de l, en un instante -inesperado; pero por hoy, Don Alfonso es prncipe que -sonre, que monta a caballo, que hace sus estudios militares,<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span> -y si de esta manera contina, hay Borbn para -largo tiempo.</p> - -<p>Es cierto que sus aos primeros han sido penosos y -enfermizos, y que razn hubo en llegar a creer que podra -hacerse trizas el frgil vaso al menor choque. Pero -los cuidados de doa Cristina han sido excepcionales; -a madre como esta reina, es difcil superarla. No se ha -dado punto de reposo previndolo todo, dedicndose -antes que a cualquier otro grave asunto a la salud de -su hijo, preparando, mullendo el nido para su aguilucho, -no teniendo su mayor confianza sino en s misma, -y despus de velar por la vida fsica, trazar un plan de -educacin, un mtodo de cultura moral. Este ya es otro -captulo y habr que ver si el acierto ha guiado la obra.</p> - -<p>Desde luego, el rey Don Alfonso XIII ha tenido y tiene -ayos honorables, de la ms pura nobleza, hombres -de excelencia incomparable para guiar por buena senda -los despiertos instintos de su prncipe; pero en nuestra -poca se exige algo ms que eso; formar el alma, el -carcter del rey, ensearle a dominar sus pasiones, -darle lecciones de moralidad y de religin, es ya mucho; -pero habra que ayudar a formarse al mismo tiempo -al rey y al hombre; hacerle comprender el espritu -de su tiempo, alargar sus vistas en el horizonte moderno; -hacerle salvar los muros de la tradicin, prepararle -para las exigencias de su poca. l aparece en un tiempo -en que si los Maquiavelos son imposibles, los Lorenzos -de Mdices son inencontrables.</p> - -<p>El profesor de Oviedo don Adolfo Posada se ha planteado -en <i>La Espaa moderna</i> el problema de la educacin -del rey; la dificultad de la educacin de un rey -constitucional. Indudable: los monarcas absolutos no -tienen delante de s ms que la demostracin de su podero; -el prncipe, desde que tiene uso de razn, sabe su -superioridad, su grandeza; la actitud de sus sbditos -respecto a l, la costumbre del mando, la obediencia de -los que le rodean, definen desde un principio el sistema<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span> -educativo que hay que seguir. De Burrho a Bossuet no -hay gran diferencia. Ms la educacin de un monarca -constitucional implica varias anomalas. Los reyes de -hoy, los reyes con Cmaras y ministerios responsables, -los reyes que reinan y no gobiernan, puede decirse que -son simples personajes decorativos. Los antiguos esplendores, -la misma parte esttica de la representacin -real, adquiere hoy, en medio de su brillo cierto por el -valor histrico, por sus viejos smbolos, un vago prestigio -de pera cmica; y apena el confesar que las funciones -ms respetables por la vieja resurreccin de soberbias -costumbres palatinas y las pompas de los magnficos -ceremoniales, evocan, a nuestro pesar, la necesidad -de una partitura. La imaginacin del prncipe -nio se impresiona desde el comienzo de su despertamiento -a la existencia que le rodea, con las manifestaciones -de una vida falsa o equvoca. No ser sino con -harta dificultad que de la nocin de soberana que ha -penetrado primero en su cerebro, pase a la nocin de -una existencia democrtica. Los nios, esos pequeos -salvajes—dice el seor Posada—, no conciben sino reyes -completos. En palacio, la manera de ser para con l -de las personas que le rodean, afianza por una parte en -el prncipe la posesin de su papel de <i>rey completo</i>; no -ser sino con mucha dificultad que se le inculcar luego -el legtimo valor de esas demostraciones, la significacin -de su rango de simple porta-corona. Don Alfonso, -por ejemplo, sabe ya que es el jefe absoluto, pues -los viejos generales inclinan ante l sus barbas blancas: -sabe que tiene el toisn de oro sobre su uniforme -de cadete—pasajero uniforme que ser maana sustitudo -por el de generalsimo—; sabe que es el rey. Conozco -una bonita ancdota. Un da, por alguna pequea -falta no s si en sus lecciones o en otra cosa, fu -castigado con encierro. El nio se debata entre los ayos -que le llevaban a su prisin, pero la orden se cumpli. -Entonces, ya encerrado, Don Alfonso daba grandes voces,<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span> -deliciosamente furioso. Se le deca que no gritase, -y l contestaba: He de gritar ms fuerte! Que me oigan -los espaoles! Que sepan que tienen preso a su rey! -Que vengan a sacarme los espaoles!</p> - -<p>Sabe, pues, que es el jefe de los espaoles; y la idea -de su soberana no puede estar mejor arraigada. Pero -s otra ancdota. Otro da, de paseo, se detuvo Don Alfonso -delante de un naranjero. Hay que advertir que -adora las naranjas, y que a esta edad, entre el globo de -Carlos V y una naranja, se queda con sta. Pues he aqu -que se detiene delante del naranjero y le dice: Dame -unas naranjas; pero yo no tengo con qu pagrtelas. -Imagnate, yo, el rey de Espaa, no tengo en el bolsillo -ni una perrilla! Confesaba el pobre su pobreza con la -ms encantadora desolacin. Ignoro si el naranjero le -di las frutas y si los ayos le permitieron comrselas; -pero ello revela que Don Alfonso sabe ya que los reyes -de hoy no se comen todas las naranjas que quieren y -que suelen andar sin un cuarto.</p> - -<p>Se dice que los primeros aos del rey han sido de -cuidadoso aislamiento, que no se le ha puesto en contacto -con otros nios de su edad, contacto tan necesario; -que se le ha recludo, sin otra compaa para sus -juegos que la de sus hermanas. Podra creerse por ello -en una infancia entristecida, bajo la mirada de una madre -que ha sido abadesa de un convento. Eso no es cierto. -El rey ha tenido sus compaeros, naturalmente, escogidos -entre la alta nobleza. El ms ntimo ha sido el -jovencito hijo del conde la Corzana, por un lado Morny -y por otro Sexto... Es claro que la reina vigila sus amistades -y compaas. Otro nio ntimo del rey es el hijo -del conde de Casa-Valencia. El cual hace algunos aos -tuvo el siguiente dilogo con su amiguito coronado: -Aqu no hay buenas carreras de caballos. Yo las voy -a ver ahora muy buenas; y ustedes no. Cmo es eso? -Me voy a Londres. To Antonio (Cnovas del Castillo) -ha nombrado a pap embajador. Y cmo no lo he<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span> -sabido yo, el rey? dijo la minscula majestad en toda -la posesin de su papel.</p> - -<p>En general los reyes son educados militarmente. En -Espaa no se lleva tan a la alemana el mtodo, pero -Don Alfonso conoce bien el manejo de las armas, ser -buen jinete como su padre; y aunque no haga el caporal -a la continua como uno de esos ferrados Hohenzollern, -tiene amor a la carrera y se deca en estos das -que pronto hara vida de guarnicin en la Academia de -Toledo. Esto es de dudarse mucho, por la madre. S -que en lo ntimo de la familia, la educacin del rey es -lo ms burguesamente posible. La reina es en el hogar -como cualquier respetable seora que se preocupa de -los menores detalles de su <i>home</i>; sencilla y poco ostentosa -hasta llegar a murmurar los descontentadizos cortesanos, -de su avaricia. Qu quiere usted que hagamos—me -deca un caballero—con una seora que le cobra -su pupilaje a las infantas en Palacio y que manda -poner medias suelas a los zapatos de sus hijas? Descartando -las exageraciones, no creo que el pueblo prefiriese -una reina derrochadora delante de la miseria -que abruma a las clases bajas, a una reina econmica -que hace lo que puede por socorrer los infortunios de -los menesterosos; que es aclamada a la puerta de los -asilos que visita y sostiene. Don Alfonso XIII no podr -quejarse de no haber tenido en la entrada de la vida -una ejemplar madre, una buena <i>mam</i>, que ha sido para -l una encarnacin de la Providencia.</p> - -<p>Hubo un tiempo en que el rey estuvo casi invisible. -Su salud era apagadiza, su aspecto no ayudaba a alentar -a los partidarios de su dinasta. Se deca que era lo -ms probable su muerte. Mas apareci por fin, en una -recepcin. Se hallaba sentado en el Trono, junto a su -madre y sus hermanas. El cuerpo diplomtico estaba -delante de l. Se notaba que el nio real haba pasado -por una crisis; pero sus grandes y brillantes ojos se iluminaban -de vida. De pronto se vi una cosa inaudita<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span> -que pas, como un relmpago, sobre todos los protocolos. -Un deseo vivo se haba despertado en aquella cabecita, -y no hubo vacilacin para llenarlo. Don Alfonso, -a la mirada de todos, di un salto, y antes que nadie pudiese -detenerlo, se haba montado en uno de los dos -leones de bronce que estn a los dos lados del Trono. El -hecho podra tener su significado si el porvenir fuese -propicio tras la disipacin de las tempestades. Asegrase -que Zola, que vi en una temporada de verano en -San Sebastin al pequeo rey, quiso pintarle ms tarde -en uno de los captulos de su <i>Docteur Pascal</i>. Yo he -vuelto a leer esta obra para confrontar el retrato, y si -en Clotilde podra entrever los pensamientos de la reina -que ansa penetrar en el futuro de su hijo, no puede reconocerse -en el animado y gil monarca de Espaa ninguno -de esos delfinitos exanges que no han podido -soportar la execrable herencia de su estirpe, y se duermen, -consumidos de vejez y de imbecilidad, a los quince -aos. Moralmente, la formacin del rey fuera de la influencia -maternal, depender de los preceptores. El -ideal sera hacer primero <i>a man</i>, para en seguida dejar -obrar el desarrollo del propio carcter, lograr el <i>self -made king</i>. Qu preceptor a propsito? Un Saavedra -Fajardo, un Bossuet o un Ernesto Curtius? Para un monarca -esencialmente catlico, parecera de ley junto al -prncipe, un religioso. Ms hoy los inconvenientes de -tal sistema no necesitan demostracin. Las alharacas que -levanta la presencia del padre Montaa, confesor de la -reina, dejan sospechar lo que hara un preceptor con -hbito de cualquier Orden. La educacin esencialmente -religiosa est, pues, fuera de la pedagoga. La idea de -Posada de la fundacin de una escuela especial en que -el rey se instruyese, en relacin y contacto con otros nios, -parece difcil, dadas las tradiciones de la monarqua -en Espaa, a pesar de haber habido un seminario -de nobles, en donde cuntase que el nio Fernando VII -recibi un pelotazo, jugando con el nio Simn Bolvar.<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> -Ms bien estara la adopcin de un sistema como el de -la familia imperial germnica. El emperador Federico, -despus de recibir su educacin palatina, se matricul -en Bonn y el emperador Guillermo en el <i>Lyceum Fridericianum</i> -de Cassel. Ambos se han puesto en contacto -con los alemanes de su edad, han hecho vida comn -con sus sbditos, y en el medio de los estudiantes, se -han compenetrado con el alma del pas. Por lo dems, -no puede ser mejor la sntesis de Posada: Un rey que -en su infancia recibiera el influjo bienhechor del roce -con los nios, que tratase a todo el mundo de igual a -igual; un rey que pasara luego su juventud en medio de -los jvenes de su edad y de todas las condiciones sociales -en un Instituto adecuado, que asistiera luego en una -Universidad o en varias a sus ctedras, viendo en ellas -cmo las desigualdades humanas no son siempre cosa -del nacimiento, sino obra del mrito personal y resultado -del trabajo; un rey que estudiase su oficio, que viajara -mucho, hasta por los pases donde sin reyes viven -las gentes honrada y pacficamente; un rey as podra -ser, ante todo, un buen ciudadano que llevara en el alma -la ntima conviccin de que sus elevadas funciones, aun -cuando llegaron a l por obra y milagro de la herencia, -son funciones que deben desempearse en bien de la -sociedad o del Estado, a quien, en definitiva, corresponde -disponer de ellas. Mucho de bueno produjo en Don -Alfonso XII su infancia de rey <i>en exil</i>, y mucho contribuyeron -a la formacin del carcter del <i>Pacificador</i> -esos primeros pasos por la vida como un simple particular—<i>Alfonso -Garca y Prez</i>—, como l se sola llamar -en los hoteles, en das del destierro.</p> - -<p>Hasta hoy ha habido que vencer toda suerte de obstculos -y aquel admirable Cnovas no ha sido la menor -fuerza para encaminar hacia el porvenir deseado al hijo -de su hechura. Hay que recordar cmo ha sido la vida -de este pequeo rey, puede decirse desde el vientre materno. -El matrimonio de su padre con la austriaca—de<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> -nacionalidad fatalmente desgraciada, tanto en Espaa -como en Francia—despus de la pasajera luna de miel -con Doa Mara de las Mercedes, que dura el espacio de -una aurora, en el Aranjuez tan lricamente florecido en -los versos de <i>Don Carlos</i>; los aos de un matrimonio no -del todo amoroso y semiturbado por sta y aquella expansin -de Don Alfonso XII, cuyo excelente humor estaba -casi siempre sobre la razn de Estado; la muerte, el -agostamiento de la existencia de aquella majestad demasiado -apasionada de Anacreonte; el embarazo de Doa -Mara Cristina, previsto por el ojo perspicaz del gran -ministro conservador; el parto, casi a las miradas de los -polticos recelosos; el advenimiento del rey nuevo que -aseguraba en el Trono la continuacin de la dinasta. Se -crey que Alfonso XIII no alcanzara a llegar a la edad -de coronarse, ya fuera por causa de su organismo maleado -en su origen, ya porque un inesperado movimiento -pudiera impedir el logro de los deseos de sus partidarios; -pero de ambas cosas se triunf, de las amenazas -de la enfermedad y de las amenazas de la poltica. No -creis exageraciones como las del yanqui Bonsal, que -juzgaba no hace mucho tiempo, con la imaginacin recalentada -por la guerra, que la posicin del rey es pattica, -personal y polticamente considerada; que las revelaciones -que para otros slo llegan con la edad, l ha -tenido que sufrirlas en su niez; que l sabe que nacer -rey no da ms garantas de felicidad que el nacer campesino; -que sabe ya con sobra de razones, que no hay en -la Pennsula persona alguna en cuya lealtad y devocin -pueda confiar, a excepcin de su madre, desamparada -mujer y reina impopular en tierra extraa; y que los -muchachos americanos se afligiran si pensaran en este -pequeuelo nacido para la prpura y vestido de ceremonia -desde la cuna, que no tiene compaeros de infancia -para sus juegos, porque nadie es igual al rey. Esto -es no darse cuenta exacta de lo que aqu pasa en ese -mundo no tan velado a los ojos de los simples mortales,<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span> -y juzgar a estas horas con criterio pesimista a travs de -las historias de Saint-Simon o de las memorias de madame -Aulnoy. Por momentos terribles ha pasado Espaa -en que el Trono hubiera podido ser cercado de tormentas, -y la regente y sus hijos habran tenido que ir a -aumentar la lista de los reyes de Daudet; pero prevaleci -el concepto de la Patria en los partidos contrarios y -ni carlistas ni republicanos intentaron seriamente nada. -Desde las soaciones que hacen evocar la frente de Don -Carlos ceida por la corona hasta los deseos un tanto -romnticos de una regencia en que la infanta Isabel <i>la -Chata</i> estara a la cabeza, no son sino perfumes de vino -espaol, aroma de claveles que perturba uno que otro -cerebro. Por hoy Don Alfonso, segn lo que se alcanza -a divisar, puede esperar tranquilo la hora de su reinado. -Lo que no han podido los errores e ineptitudes de -Gobiernos absurdos o culpables, no lo realizar el hombre -del palacio de Loredano, ni menos los divididos -partidarios de la repblica. Por ahora Don Alfonso XIII -no se calienta el cerebro con tantas historias y filosofas, -y prefiere su esgrima y su jaquita. Hace muy bien. Tiempo -tendr maana de saber de monlogos huguescos y -de sentir lo que pesa ese instrumento tan extrao en este -fin de siglo, llamado cetro. Su mismo nombre le exige -mucho. En el desfile de la Historia ir a ocupar su puesto. -Me lo imagino delante de sus antepasados homnimos, -como en una escena semejante a la de los retratos -en <i>Hernani</i>. Es el comparecimiento de los Alfonsos: el -I, frrea flor de Covadonga, todava con la pura savia -goda, fuerte como un roble de sus bosques, lancero formidable -de Cristo, terror de la morera, y en el corazn -primitivo, un diamante de nobleza; el II, casi iluminado, -favorecido con manifestaciones extranaturales, hombre -de lecturas y de meditaciones, Alfonso <i>el Casto</i>; el III, -<i>el Magno</i>, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la -juventud, terror del mogrevita, varn de tanta fe como -valor; el IV, quien como ms tarde el csar Carlos V,<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> -buscara en un monasterio la tranquilidad espiritual, fantico -y solitario; el V, <i>el de los buenos fueros</i>, legislador -y espritu de consejo, tambin luchador feliz con los infieles -y sostenedor de la fe; el VI, que aparece soberanamente,—a -su lado la figura del Mo Cid—el rey de la -conquista de Toledo, y que tuvo la previsin de ver hacia -abajo y favorecer al pueblo con leyes bondadosas y -fueros justos; el VII, Alfonso <i>el Emperador</i>; el VIII, que -perpetu el nombre suyo en las Navas de Tolosa; siendo -despus al propio tiempo que caballero de combate, -amante de la sabidura, el IX; el X, formidable figura, -cerebro y brazo, el rey de las Partidas, alquimista y -poeta, astrnomo y filsofo, cuya palabra aun hoy se escucha -y se escuchar en los siglos, ya comience: <i>Ficieron -los omes</i>... o inicie los balbuceos encantadores en sus -toscas estrofas; el XI que junt la habilidad poltica al -vigor militar, monarca de largas vistas y uno de los ms -amantes de sus sbditos; todos esos pasarn por la -mente de Don Alfonso XIII como las figuras extraas y -fantsticas de una linterna mgica, iluminadas por las -palabras de los cronistas, realzadas por las explicaciones -de sus preceptores; estn demasiado alejados por las centurias, -por bastas cordilleras de tiempo. Son los abuelos -de los retablos y de las armaduras, los que duermen por -siempre en los sarcfagos y cuyas vidas interesan como -los cuentos. A quien ver muy de cerca, animado por la -palabra maternal, por el inmediato eco de su vida, ser -a su padre. Ser para l el rey modelo; y honrar la memoria -del <i>Pacificador</i>. No dejarn de ir a llamar su atencin -los <i>venticellos</i> de la famosa juventud de Don Alfonso -XII, el <i>rey buen muchacho</i>. Sobrarn cortesanos que le -refieran las aventuras picantes de pap, las influencias -conocidas de cierto sonoro duque cuyo ttulo pecador -no llegar con buen viento nunca a los odos de la reina -regente. Y ya vendr entonces la hora de saber Espaa -cul senda tomar su nuevo prncipe. Sea ella de felicidad. -Y Dios ponga, en los aos de las futuras luchas polticas<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span> -y palaciegas, sobre el espritu de Don Alfonso -XIII, algo de la urea miel que haca grata su infancia, -cuando todas sus ambiciones se reducan a salir a la -calle con capa, y llamaba a sus hermanitas, a la una -<i>Pitusa</i> y a la otra <i>Gorriona</i>.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p> - -<h2>UNA EXPOSICIN</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">12 de mayo de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-s.jpg" width="75" height="76" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Se</span> recorre todo el paseo de Recoletos; se -deja atrs la columna de Cristbal Coln, -se llega hasta el monumento de Isabel <i>la -Catlica</i>, osadamente llamada por los -burlones la huda a Egipto; sobre una -eminencia del terreno se destaca el palacio de la Exposicin, -la cpula gris en el azul fondo del cielo. Al palacio -fu la reina a inaugurar la fiesta artstica, y su -vestido primaveral, tenue, pintado de flores delicadas, -luca como emergido de una luz de acuarela. Hubo -pompa social y msica e himno alusivo, mucho alto -mundo y rica suma de belleza. El <i>vernissage</i> se haba -verificado haca pocos das, y fu poco menos que un -desastre. Cuatro gatos y los pintores. Se dira un <i>vernissage</i> -en nuestro Saln del Ateneo. No podemos negar -que somos de una misma familia. Cun lejos de la cita -que se dan en Pars, en igual caso, la elegancia florecida -de la estacin, la moda inteligente, la distincin mundana! -Estos seores duques y estos seores condes, si -por acaso se hallan en la gran ciudad, no faltan al -<i>rendez-vous</i>. Aqu, no. Entre una exposicin y una corrida, -la corrida. Los pintores no hallan qu hacer, y desde -luego, con singulares casos en contrario, arte no hacen. -Los ricos no protegen como antao a los artistas; y el -Gobierno hace poqusima cosa. Y decir que lo nico -que les queda a los espaoles es esta mina de luz, el<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span> -decoro orgulloso de su pintura, la noble tradicin de -su escuela, su tesoro de color! A un paso est Pars. Se -imitan los usos elegantes, las comedias, las novelas, -hasta el caf-concert, pero no las nobles costumbres -que enaltecen y honran al talento y al arte. Escasos, -muy escasos, son aqu los artistas que tengan de qu -vivir; los ricos son sealados. Por lo tanto, la lucha por -la peseta est ante todo. Es intil pretender encontrar -el enamorado de un ideal de belleza, el consagrado a su -pasin intelectual. Se pinta como se escribe, como se -esculpe, con la puntera puesta al cocido patrio, buscando -la manera de <i>russir</i>, de caer en gracia al pblico -que paga. Se asombran de que en la actual exposicin -abunden los cuadros tristes, enfermedades, hambres, -harapos, mendigos. Los pintores de antao, aun pintores -de prncipes, sealan ya la marcada aficin por los -lisiados, zarrapastrosos, piojosos, feos pobres; nase a -esto el modelo constante, el hormigueo de limosneros -que anda por las calles, el tipo del eterno cesante siempre -en ayunas, que aparece en el teatro, en la caricatura -y en los corrillos de vagos de la Puerta del Sol, y el -resultado son estas exhibiciones de miseria, esta representacin -de escenas de la vida baja y famlica. Fuera -de contadas telas de este Saln, en que profesores favorecidos -instalan el estiramiento y el nfasis del retrato -nobiliario, el aire y el uniforme de algunos excelentsimos -seores, el interior elegante, lo que abunda es -la ancdota de la existencia penosa de la gente inferior, -el hogar apurado de la clase media, o la chulapera -andante, o el medio obrero. Los pintores, aqu, en su -mayor parte, como los escritores, no pueden emprender -sin error asuntos de la vida aristocrtica, porque no -la frecuentan; y los ricos, los nobles, no querrn adornar -sus palacios con cuadros sin nobleza ni distincin; -repetirn siempre el <i>tez-moi ces magots!</i> del rey francs. -El gusto de la generalidad, por otra parte, no se demuestra, -y un escritor nacional llega a afirmar que este pblico<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> -es el ms indocto en Europa en materia de Bellas -Artes, no sin falta de fundamento.</p> - -<p>Difcil sera contemplar algo del espritu de Espaa a -travs de las obras de este certamen. En dnde est la -Espaa catlica? Tal o cual rincn de iglesia, una que -otra imagen de encargo, manera jesuta; el nico que -evoca el espritu de los antiguos msticos es Rusiol, -con uno de sus cuadros. Y la Espaa patritica? En -Grecia, despus de los triunfos, surgen aladas o pteras -de la piedra, las maravillosas victorias, y tras el desastre -se alza la Nike funeraria, que simboliza el sentimiento -popular. De igual manera se funda el bronce romano. -Tras las guerras de Flandes se desborda la alegra en -las telas risueas de los geniales pintores de kermeses; -y cuando acaba de pasar la <i>dbcle</i> francesa, los cuadros -se encienden en odio al prusiano: se reconstruyen escenas -heroicas, se rememoran actos sublimes, se pinta el -sueo de la victoria, o el soldado que quema el ltimo -cartucho. Entre todos los cuadros de esta exposicin, -fuera de una escena de hospital militar y ciertas -sentimentales consecuencias de la campaa no parece -que se supiese la historia reciente de la humillacin -y del descuartizamiento de la Patria. Esto tiene ms clara -explicacin. La guerra fu obra del Gobierno. El pueblo -no quera la guerra, pues no consideraba las colonias -sino como tierras de engorde para los protegidos -del presupuesto. La prdida de ellas no tuvo honda repercusin -en el sentimiento nacional. Y en el campo, en -el pueblo, entre las familias de labradores y obreros, -aun poda considerarse tal prdida como una dicha: as -se acabaran las quintas para Cuba, as se suprimira el -tributo de carne peninsular que haba que pagar forzosamente -al vmito negro! El cuadro de historia casi no -est representado; el retrato no abunda; en cambio, el -paisaje y la marina se multiplican por todos lados. No -es esto malo, pues se advierte que al ir hacia la naturaleza, -hacia la luz, se mantiene la tradicin. En conjunto,<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> -la exposicin es mala. El viajero que al llegar a Madrid -y sin haber visitado el Museo de Arte Moderno, quisiese -darse cuenta de la pintura espaola contempornea -por lo que ahora se exhibe, saldra con una triste idea -de la actual Espaa artstica. Recorramos, con Carlos -Zuberbhler, las salas llenas de cuadros, y no podamos -dejar de notar cmo en la ms que modesta tentativa del -Saln de Buenos Aires no se admitiran los estupendos -asesinatos de dibujo, las obscenidades de color, los ostentosos -mamarrachos que aqu un Jurado complaciente -deja pasar y aun coloca en la <i>cimaise</i>. La cantidad es -larga, lo poco de buena calidad se pierde entre el profuso -amontonamiento de lo mediocre y de lo psimo. Las -firmas principales no han concurrido todas, y las que -han venido al concurso lo han hecho con producciones -ya expuestas y juzgadas, o con medianos esfuerzos. De -seguro la razn de la esquivez est en el 1900 de Pars. -Despus de todo, quiz tengan razn; porque el estmulo -de la tierra propia, como veis, es nulo; y el halago de -Pars, atrayente, mgica flor de gloria segura.</p> - -<p>No, no es ste el arte pictrico de la Espaa de hoy. -Con sus deficiencias y todo, el Museo de Arte Moderno -puede considerarse como el Luxemburgo madrileo. S -las quejas: que Raimundo Madrazo no tiene un solo cuadro -en el Museo, ni Barbudo, ni Jimnez Aranda, y que -lo que hay de Fortuny y de Domingo no es de lo mejor -de estos artistas y que de Villegas no hay ms que dos -acuarelas; mientras que las medianas eminentes firman -docenas de cuadros. Pero hay lo suficiente de Pradilla, -de Casado, de Rosales, de Gisbert, de Moreno Carbonero, -de Plasencia, de Muoz Degrain, del admirable -Haes, de Sorolla, para que el visitante se sienta baado -del maravilloso esplendor que brota de tanta riqueza -solar, y reconozca que este don divino de la comprensin -del da, fu dado a los pintores de Espaa con singular -generosidad. Casi no hay exposicin europea en -donde los medallados extranjeros no sean espaoles. Los<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> -aficionados yanquis, las pinacotecas de Munich, de Londres, -de Berln, de Viena, adquieren a altos precios las -pinturas espaolas. Buena parte de los maestros emigran, -abren sus estudios en centros donde cosechan ms. -Preguntaba yo a uno de los jurados de esta exposicin, -un colorista de gran mrito, Manuel Ruiz Guerrero, por -qu no haba concurrido a la fiesta de la cultura nacional -con uno de esos cuadros suyos tan animados de clidos -tonos, tan prestigiosos, tan llenos de vida luminosa; -y l, con aire de desencanto,—y con los baules listos -para ir a dar un paseo por Buenos Aires—, me deca: Y -para qu? <i> quoi bon?</i> dicen los franceses. Y como Ruiz -Guerrero, otros maestros, ante la indiferencia de sus -compatriotas, buscan en extranjeros pases lo que no hallan -en la casa propia, o se retraen y dejan invadir las -salas de las exposiciones por los kilmetros de tela que -manchan las seoritas aficionadas y los facinerosos del -caballete.</p> - -<p>Despus de recorrer estos salones, dirase que para los -pintores espaoles no existe el mundo interior. El mismo -paisaje no es sino la reproduccin inanimada de tierra, -de rboles, de aguas, solitarios o con acompaamiento -de figuras anecdticas; sin que la secreta vida de -la Naturaleza se presente una sola vez, y mucho menos -el alma del artista, que contagiara con su ntima sensacin -al espectador atrado. La realidad, se dice; y se -nombra a Velzquez. Cierto, Velzquez pintaba la realidad; -pero sus colores animaban no solamente rostros, -sino caracteres; y con un bufn y un perro deja entrever -todo un espectculo histrico. Goya es realista; pero -ese potente dominador de la luz y de la sombra pona -en sus creaciones, o en sus copias de lo natural, quntuple -cantidad de espritu. Sus incursiones al bosque misterioso -de las almas humanas le daban su singular dominio. -Los escultores actuales son alabados por sus tangibles -condiciones de realismo: Cunta anatoma saben! -Hacen huesos, nervios, gestos, contracciones que<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span> -dejen campo a estudios de esqueleto o de musculatura; -pero no hacen carne, no hacen vida, no hacen pensar, -como las figuras de Trentacoste o Bistolfi, para no citar -franceses, en la circulacin de una sangre maravillosa -bajo la epidermis de mrmol o de bronce.</p> - -<p>Entre lo expuesto hay regular cantidad de <i>grandes machines</i>, -y en casi todas un lujo de tubos se desborda, una -agrupacin de todas las charangas de los ocres y de los -rojos, un desborde de azules, el estrpito de las chirimas -y gaitas de la paleta, con sacrificios de dibujo, incomprensin -de valores y relaciones, y tristeza de composicin. -Mas aqu y all, busca buscando, se encuentra -lo de mrito, y algo dir de ello, en cuanto me ayuden -mis notas asidas al paso en mis visitas.</p> - -<p>Uno de los <i>clous</i> de la exposicin es un cuadro de Raurich, -que desde luego atrae por su originalidad y su vigor. -Es un gran mazizo de tierra asoleada en primer trmino, -una pequea altura en cuya falda medran unos -cuantos chaparros cuya sombra mancha de violeta oscura -el terreno reseco. En el fondo se divisa un azulado -monte; y a la derecha, en choque violento, con el amarilloso -tono de la tierra, el mar al sol, de un azul ofensivo, -se deja ver, espumante en las olas que llegan a la costa. -La gran masa est plantada con hermosa osada, y se -calca en el cielo soberbiamente; los detalles se avaloran -con el atrevimiento de la pincelada, que en veces dira -espatulazo, toques espesos de un relieve insolente, pero -Raurich, a quienes le censuren por esto puede decir lo -que Rembrandt a los que notaban el espesor de su pincelada -al marcar los puntos luminosos: Yo soy pintor y -no tintorero. Y agregaba, a los que hacan tales observaciones -de cerca, a los que no saban mirar, apreciar -esos toques de lejos: Un cuadro no se hace para ser -olido; el olor del aceite es daoso. Y encuentro esta tela -admirable, y tan solamente observara que el mar no -tiene perspectiva y aparece como falto de nivel.</p> - -<p>Sorolla presenta una tela meritoria, <i>Componiendo la<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span> -vela</i>, en la cual habra que sealar al par que las condiciones -de color, que acreditan a este pintor, y su estudio -del movimiento, la nimiedad en la rebusca de un efecto -como el atigrado de luz y sombra que produce el sol al -pasar entre las hojas. Por otra parte, sus figuras, muy -bien hechas, tienen ojos que no miran, gestos que no dicen -nada, es un mundo de verdad epidrmica, de realidad -por encima. Esto mismo digo de los personajes de -su escena de mar, <i>El Almuerzo a bordo</i>: en el ancho bote, -bajo las velas, unos cuantos marineros toman su alimento -en la fuente comn. Maneja Sorolla con habilidad el -claroscuro; los tipos estn bien agrupados, la inevitable -realidad est conseguida.</p> - -<p>Moreno Carbonero ofrece una nueva escena del <i>Quijote</i>, -la aventura con el vizcano. Cervantes ha tenido un -sinnmero de intrpretes, desde antiguos tiempos. Cuando -en el castillo de Fontainebleau, Dubois pintaba las -aventuras de Tegenes y Cariclea y Le Primatice interpretaba -a Homero, en el de Cheverni Jean Mosnier se -dedicaba a la historia de Astrea y a las aventuras del ingenioso -Hidalgo manchego. Ms tarde, Charles Coypel -se apasiona por este mismo asunto, al cual Pater y Natoire -se aplicarn tambin y consagrarn dibujos Tremolires -y Boucher. Esto solamente en Francia. Otros -artistas de Europa, especialmente los ingleses, se han -complacido desde antao en tales asuntos, hasta el fuerte -y noble Frank Brangwyn con sus recientes ilustraciones -del <i>Quijote</i> de Gubbin. Pocos, sin embargo, han logrado -ser visitados por el verdadero espritu de Cervantes. -En Espaa un maestro como Moreno Carbonero ha -intentado la evocacin, pero creo que sus propsitos de -excesiva verdad le han alejado de la intencin cervantesca. -No hay que olvidar que Don Quijote es la caricatura -del ideal; pero siempre en un ambiente de ideal. -Desde luego, y con todo y haber dejado un dibujo verbal -perfecto de su hroe Cervantes, no puede uno reconocer -a Don Alonso Quijano <i>el Bueno</i>, al Caballero de<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span> -la Triste Figura, en la mayor parte de las encarnaciones -de los pintores y escultores. A propsito, hay en esta -misma exposicin una serie de ilustraciones de Jimnez -Aranda, muy notables como dibujo, pero que no tienen -nada de personajes cervantescos; esos Quijotes y esos -Sanchos son un Juan y un Pedro de cualquier parte, -vestidos para representar un papel. Moreno Carbonero -me manifestaba una vez que para Sancho haba encontrado -un modelo en la campaa manchega. El de Don -Quijote sera un precioso hallazgo. Pero luego habra -que agregar al modelo el alma del andante caballero, -animarle con una chispa que no se encuentra a voluntad -cuando no es el genio el que impera.</p> - -<p>La intelectualidad de Moreno Carbonero no es para -discutirla; y en este cuadro impone su sabidura de colorido, -su impecabilidad de factura; pero Don Quijote tampoco -es Don Quijote, aunque Sancho sea Sancho. Los -otros personajes quedan tan alejados en su trmino, que -casi no dicen nada, y el episodio pierde con esto su mayor -inters. Cuando Pierre de Hondt alababa los Quijotes -de Coypel no dejaba de hacer notar el valor del acompaamiento, -de los personajes secundarios que siempre -ayudan a la animacin del suceso. No he de olvidar dejar -anotado que la sensacin de la rida Mancha est -dada por el artista de modo magistral. Es ste el terreno -reseco que recorrieron Rocinante y el rucio con sus -dos inmortales jinetes. La conciencia de la indumentaria -y la resurreccin de la poca son completas; pero repito -mi pensar: tanta realidad hace dao a la idealidad -del tipo, a lo, por decir as, grotesco anglico que hay -en el hroe que Cervantes creara con tanto amor y amargura.</p> - -<p><i>Salus infirmorum</i> de Menndez Pidal sale de la pura -realidad, para ofrecernos una dulce impresin de fe, -una escena de suave religiosidad. Un pobre padre lleva -ante el altar de la Virgen un nio enfermo. A su lado -ora la madre enlutada. El sacerdote, de sobrepelliz y estola,<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> -acompaado del pequeo monago reza tambin por -el enfermito. Esto es verdad, es realidad, pero hay asimismo -una entrevisin de ms all, sopla un aire suave -de misterio, y se siente que esas almas humildes recibirn -su bien de Dios. Cun otra <i>La Herencia del Hroe</i> -del Sr. Surez Incln, de un sentimentalismo ocasional, -de forzada factura; escena de comedia para la Tubau, -dolor sin verdad! Verdad e intencin, s, se advierten en -la tela de Santamara, <i>El Precio de una madre</i>: la familia -rica que va a llevarse a la joven nodriza, de la campaa -a la ciudad; y el marido que se queda con el chico propio -y la primera paga no muy satisfecho, mientras su -mujer, buena moza de ricas ubres rurales, se le va con -el muchacho ajeno. Este cuadro y un alto relieve de -Mateo Inurria, <i>La Mina de carbn</i>, son de las muy raras -notas que hagan pensar en un arte socialista en la exposicin -presente.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p> - -<h2>LA FIESTA DE VELZQUEZ</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 68px;"> -<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">15 de junio de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-f.jpg" width="75" height="74" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Floja,</span> muy flojamente se han celebrado -las fiestas del pintor de los reyes y rey -de los pintores. Cuando el centenario -de Caldern, hubo inusitadas pompas -y agitaciones acadmicas que hicieron -murmurar a Verlaine en un soneto. Es verdad que la -Espaa de entonces no estaba en la situacin actual; -pero, con todo, a Espaa no le ha faltado nunca ganas -y dinero para divertirse; y don Diego de Silva Velzquez -bien vala una verbena. Por Rembrandt acaba de -hacer relucir todas sus alegras Holanda, presididas las -fiestas por la naranjita real <i> croquer</i>, Guillermina. -Aqu el Gobierno ha hecho poca cosa, y el entusiasmo -de los artistas no ha podido suplir todo. Inauguracin -de la Sala Velzquez en el Museo del Prado; recepcin -en Palacio, inauguracin de la estatua obra de Marinas; -y se acab. Tiempo hubo de sobra para realizar algo -digno de la ilustre memoria, y con un poco de buena -voluntad se hubiese rendido el tributo justo a quien -con Cervantes lleva el nombre de Espaa a lo ms alto -de la gloria universal. Inglaterra envi a sir Edward -J. Poynter, Francia a Carolus Durn y a Jean Paul Laurens—todos -caballeros cubiertos delante de Velzquez—. -Todos tres, el da en que se descubri la estatua, saludaron -al maestro antiguo y al arte que une los espritus -de todos los climas y razas en la misma luz y adoracin<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> -imperiosa. En la Sala de Velzquez se ha reunido todo -lo suyo existente en el Museo; y al cuadro de Las Meninas, -se le ha colocado de manera que triplica la ilusin.</p> - -<p>Famoso empeo, descubrir a estas horas al gran pintor! -No es mi intencin haceros un largo captulo en que -no hallarais nada nuevo; antes bien y a mucho andar, -algn extracto de lo que con mayor prolijidad y competencia -podis aprovechar en Justi o en Stirling, en Madrazo -o en Lefort, en Curtis o en Michel o en la reciente -obra monumental que ha dado al pblico Beruete con -prlogo de Bonnat. Pero mi buena suerte ha hecho llegar -a mis manos un libro casi desconocido, que se ha -puesto a la venta, a pesar de estar impreso desde 1885; -me refiero a los <i>Anales de la vida y obras de Diego de Silva -Velzquez, escrito con ayuda de nuevos documentos por G. -Cruzada Villaamil. Madrid, librera de Miguel Guijarro.</i> Y -de este libro, s, os dir algo, aprovechando la ocasin. -El ao de 1869, el autor, por cargo oficial que a la sazn -desempeaba, tuvo oportunidad de registrar el archivo -del Palacio Real de Madrid, y entre papeles e inventarios -del tiempo de Felipe IV y su hijo, encontr gran nmero -de documentos de alto inters, referentes a Velzquez. -No dej de observar que otra mano haba andado -por ah antes que la suya, la cual mano extrajo buena -cantidad de papeles valiossimos. En posesin de esos -documentos, y los que luego consigui en Simancas y -en el archivo histrico nacional, nutrido de buena, aunque -escasa bibliografa velazquina, y armado de su experiencia -de crtico de arte, el seor Cruzada Villaamil di -comienzo y fin a su obra, que dedic al rey Don Alfonso -XII, por haber este monarca apoyado su empresa. Muertos -ya Don Alfonso y el autor, se di fin a la impresin -del libro, y, creo que por causas de testamentara, u otro -motivo judicial, es el caso que los pliegos, todava sin -encuadernar, yacen en su depsito. De esos pliegos sueltos -es el ejemplar que est en mi poder, el cual debo a -la amabilidad de un distinguido caballero de la Corte.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span></p> - -<p>En estos <i>Anales</i> se nos presenta a Velzquez en su vida -y en sus obras, sencilla y claramente, al paso de los das. -Es un arsenal precioso para el Taine o el Ruskin de ms -tarde. El seor Cruzada Villaamil escriba sin dificultad -y sin estilo, o ms bien, su prosa es de esa prosa acadmica -que por tan largo tiempo ha subsistido entre estos -escritores, a largas circunvoluciones de perodos, cansadora, -montona, pesada. Pero la carta, la ancdota, el -documento, interesan y atraen. Comienza la obra con -una exposicin del estado de la pintura en el reinado de -los Felipe II y III, y resaltan las figuras del divino -Morales, el mudo Navarrete, Snchez Coello el portugus, -Carvajal Barroso y Pantoja, mientras en Italia -se alza la soberana persona del viejo Ticiano, quien no -dej de ser aprovechado por el Segundo Felipe y pint -para el Escorial El Martirio de San Lorenzo y la Santa -Cena. Felipe III no impulsa tanto el arte, aunque artistas -italianos que residan en Espaa prosiguiesen en su -labor continua. Este perodo tiene, no obstante, de notable -la llegada de Rubens, enviado por el duque de Mantua -a Valladolid. Curiosa es la nomenclatura de los regalos -que traa el flamenco: para Su Majestad una hermosa -carroza tallada—que el seor Villaamil cree sea la -que hoy se conoce en las reales caballerizas como el <i>coche -de doa Juana la loca</i>,—con sus caballos; doce arcabuces, -de ellos seis de ballena y seis rayados; y un vaso de cristal -de roca lleno de perfumes. Para la condesa de Lemus, -una cruz y dos candelabros de cristal de roca. Para -el secretario Pedro Franqueza, dos vasos de cristal de -roca y un juego entero de colgaduras de damasco con -frontales de tis de oro. Veinticuatro retratos de emperatrices -para don Rodrigo Caldern, y para el duque de -Lerma un vaso de plata de grandes dimensiones, con -colores, dos vasos de oro y gran nmero de pinturas, -que consistan en copias, mandadas sacar en Roma al -pintor Pedro Facchetti, de los cuadros ms preciados de -aquel tiempo. La opinin que Rubens tuviera de los<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span> -pintores espaoles en tal momento es digna de notarse. -l escriba al secretario del duque de Mantua, Iberti, -que el duque de Lerma quiere que en un momento pintemos -muchos cuadros, con ayuda de pintores espaoles. -Secundar sus deseos, pero no los apruebo, considerando -el poco tiempo de que podemos disponer, unido -a la miserable insuficiencia y negligencia de estos pintores, -y de su manera—a la que Dios me libre de parecerme -en nada—absolutamente distinta de la ma. Y en -otra parte: El duque de Lerma no es del todo ignorante -de las cosas buenas; por cuya razn se deleita en la -costumbre que tiene de ver todos los das cuadros admirables -en Palacio y en El Escorial, ya de Ticiano, ya de -Rafael, ya de otros. Estoy sorprendido de la calidad y de -la cantidad de estos cuadros, pero modernos no hay ninguno -que valga. Rubens parti, y acaeci el incendio -de El Pardo, en donde se perdieron tesoros pictricos. -As el reino de Felipe III concluye para la vida artstica.</p> - -<p>Felipe IV fu el rey artista: escritor, pintor, actor, algo -tena entre las paredes del cerebro de lo que hoy anima -las aficiones y bizarra de Guillermo de Alemania. Los -pintores, tanto como los poetas, fueron protegidos, y -entre todos, el fuerte Velzquez no cesa en su labor. Los -retratos se multiplican, y son sus modelos desde las -princesas hasta los bufones y los perros. No dej la malquerencia -de visarle, la envidia de morderle. El monarca, -no obstante, le sostuvo en su favor. Lo cual regocijaba -al buen Francisco Pacheco que viera los comienzos -de su amado don Diego, all en su obrador de Sevilla. -Es de inters la descripcin de la casa de Pacheco en -donde se reunan escritores, poetas, artistas de toda especie, -a charlar y discurrir; no falt a tales reuniones -cierto manco que creara cierta novela inmortal.</p> - -<p>Tanto quiso Pacheco a don Diego, que le di su hija -por mujer. Despus de cinco aos de educacin y enseanza, -le cas con mi hija, movido de su virtud, limpieza<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span> -y buenos portes, y de las esperanzas de su natural -y grande ingenio. Y porque es mayor la honra de -maestro que la de suegro, ha sido justo estorbar el atrevimiento -de alguno que se quera atribuir esta gloria -quitndome la corona de mis postreros aos. Pgina -misteriosa es la de los amores de Velzquez. Quiz su -matrimonio fu hechura exclusiva de su maestro, sin -que la pasin tuviera la menor parte. Infludo por Tristn -y por lo tanto por <i>el Greco</i>, afianzse el artista en su -vigor de colorido, al brillo de la gloriosa luz veneciana. -Es en 1622. Velzquez va a visitar El Escorial, y para -ello parte para la Corte con buenas recomendaciones y -con el encargo de hacer el retrato de Gngora. Con buen -viento llega, y le reciben sus paisanos los andaluces, -entre los cuales estaba la alta influencia del conde-duque -de Olivares. De all a poco, hace el retrato del rey. En -este orden siguen los aos que dur la vida del pintor, -con gran copia de documentos, con cartas curiosas; con -papeles en los cuales se ve que no era muy envidiable -el puesto de Velzquez en Palacio, a pesar de todo lo que -entonces era considerado como una honra. Al artista se -le concedi la comida palaciega en esta forma: Diego -Velzquez, mi pintor de Cmara, he hecho merced de -que se le d por la despensa de mi casa una racin cada -da en especie como la que tienen los barberos de mi cmara, -en consideracin de que se le debe hasta hoy de -las obras de su oficio que ha hecho para mi servicio; y -de todas las que adelante mandare que haga, haris que -se note as en los libros de la casa. (Hay una rbrica del -rey). En Madrid, a 18 de septiembre de 1628.—<i>Al conde -los Arcos, en Bureo</i>.</p> - -<p>Como sa hay otras tantas llamativas notas en el grueso -volumen del seor Villaamil; y en cuanto a la parte de -la obra artstica, anlisis de los cuadros, legitimidad de -algunos dudosos, y otros puntos de esta especie, dicho -libro es de aquellos que no deben faltar en la biblioteca -de un Museo, o de un artista estudioso; y es una lstima<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span> -que no se ponga a la venta, por las razones que dejo expuestas -anteriormente.</p> - -<p>Quise hablar con sir Edward J. Poynter pero no me -fu posible encontrarle. En cambio, puedo transmitir -mis impresiones de una entrevista con Jean Paul Laurens -y Carolus Durn. Son dos tipos completamente -opuestos. Laurens es el hombre de labor, el artista austero -y consagrado a su ideal de una manera tirnica. Durn -es el elegante pintor de los salones, el retratista de -las princesas de la aristocracia y de las princesas plutocrticas -de los Estados Unidos... No hay que negar su habilidad -suma, sus dotes de ejecucin, su colorido, su dibujo, -las condiciones todas que le han llevado a la presidencia -de la Sociedad de Artistas Franceses, y a la fama -universal y a la fortuna. Han pasado escuelas modernsimas -y tentativas varias delante de su inconmovible invariabilidad. -Carolus Durn ha sonredo de todo, y, -comprendiendo su tiempo, sigue la corriente.</p> - -<p>Su cabeza es la hermossima cabeza de un Lohengrin -adonjuanado; el cuerpo, elegante, a pesar de la imposicin -del vientre en lucha con la gimnasia y con la esgrima. -La melena y la soberbia barba, nevadas de das y -noches de buena vida; el ojo perspicaz y voluptuoso, -como la boca; el gesto principesco. Carolus Durn, munido -de su indispensable y parisienssima <i>pose</i>, es un -hombre encantador. Me habl de Velzquez, de la pintura -espaola, todo esto en espaol, pues lo habla correctamente, -aunque de cuando en cuando le falta el -vocablo. Le habl de Buenos Aires. Buenos Aires... -Conoce poco. Lo que l conoce es Nueva York. Ya lo -creo!... No obstante, saba que en Buenos Aires est la -Diana de Falguire y que la ciudad tiene cerca de un -milln de habitantes. Nuestros ricos sudamericanos, -decididamente, deban acordarse algo ms de que es -preciso tener un retrato de Carolus Durn.</p> - -<p>Jean Paul Laurens parece al pronto un hombre seco -y hasta adusto. Y debe tener muy temerosa idea de los<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span> -periodistas, pues antes de serle presentado por Ruiz -Guerrero, apenas me contestaba una que otra palabra. -Luego—fu en el Crculo de Bellas Artes—, se abri, en -la ms grata franqueza, sonriendo amablemente su dura -cabeza de apstol. Me habl tambin del arte espaol y -de Velzquez, y me hizo un curioso croquis verbal de -su compaero y amigo Carolus Durn, con quien haba -estado en oposicin, pero siempre en la nobleza y altitud -del arte. Buenos Aires. S. Conoce usted a Svori? -He ah uno que tiene algo dentro de la cabeza. Pero, -<i>pauvre garon!</i> qu hace por all? <i>L-bas</i> es imposible -todava hacer arte. Es usted amigo suyo? Dgale que no -haga pintura para cocineras. Hay que hacer arte <i>por dentro</i>, -para uno mismo, en la independencia del provecho -y de la moda. En Amrica no se entiende de ese modo, -no es as? Mucho industrialismo artstico; y as se pierden -los talentos y las disposiciones que da la Naturaleza. -Dgale usted a Svori que dice su maestro Laurens -que haga arte <i>por dentro</i>, y que no se cuide de cuadros -para la cocina.</p> - -<p>Traduzco al pie de la letra, hasta donde puede permitirlo -el vuelo de la conversacin.</p> - -<p>Volv a verle.</p> - -<p>El Crculo de Bellas Artes di una fiesta ntima, por -decir as, a los artistas extranjeros.</p> - -<p>Almorzamos bajo un toldo, al amor de altos rboles, -en el jardn del Crculo, casi desecho haca pocos das -por el ms formidable de los pedriscos de que hay memoria -en Madrid. Los vinos espaoles animaron la fiesta, -y se comi al aire libre, al son de una orquesta de -guitarras. Jean Paul Laurens sonrea en su gravedad -bajo sus espejuelos; Carolus Durn llevaba el comps de -los tangos y de las seguidillas y sevillanas. Cuando el -poeta Manuel del Palacio ofreci la fiesta, ya se oa por -all el ruido de las castauelas de las bailaoras. Habl -Durn, en espaol; brind Laurens, que estrech la -mano al joven Marinas, el de la estatua. Yo me complazco<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span> -en descubrirle! dijo. En un instante, tras el champaa, -ya estaba la tarima puesta para la pareja del baile. -Eran dos muchachas; la vestida de hombre, con el ceido -incitante calipigio, morena; la otra blanca, con admirables -ojos y cabellos obscuros. Bailaron, pero antes -de que comenzasen ellas al grito de las guitarras, Carolus -Durn se puso a esbozar unas sevillanas, con levantamiento -de pierna y meneo de caderas que no haba -ms que pedir. Primero todos nos quedamos <i>abasurdidos</i>, -como dira Roberto Payr; pero despus, no pudimos -menos de decir: <i>ole!</i> Jean Paul Laurens sonrea. -Sir Poynter no estaba en la fiesta. Si llega a estar, nadie -le quita de sus britnicos labios un irremediable <i>shocking!</i></p> - -<p>Bail, pues, la pareja de danzantes de oficio; mas -haba una nota de color que ya haba llamado la atencin -de los extranjeros: una familia de gitanos. El viejo, -bien preparado, con disfraz de guardarropa, modelo -de Dor, para no dejar perder la influencia del color -local, obstentaba desde el calas hasta la faja imposible -y la chaquetilla fabulosa, y el bastn de enorme -contera. La vieja gitana, de ojos de cuencas negras; y -las gitanillas, tan cervantinas como antao, una de doce, -una de quince, otra de veinte aos. Cuando la pareja de -baile ces, llegaron los gitanos. Bailaron todas las hembras, -pero las dos menores se llevaron la palma. Sobre -todo la ms chica, que bailaba, segn el decir de Carolus -Durn, como una princesita rusa. Bailaba en efecto -maravillosamente. Era el son uno de esos fandangos -en que se va deslizando el cuerpo con garbo natural y -fiereza de ademn que nada igualan, en una sucesin -de cortos saltos y repique de pies, en tanto que la cara -dice por la luz de los ojos salvajes, mil cosas extraas, -y las manos hacen misteriosas seas, como de amenaza, -como de conjuro, como de llamamiento, como en una -labor area y mgica. Todo en un torbellino de sensualidad -clida y vibrante que contagia y entusiasma,<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span> -hasta concluir en un punto final que deja al cuerpo en -posicin estatuaria y fija, mientras las cuerdas cortan -su ltimo clamor en un espasmo violento. Despus fu -otra danza en que la zingarita triunf de nuevo. gil, -viva, una paloma que fuera una ardilla, moviendo busto -y caderas, entornando los prpados no sin dejar pasar -la salvaje luz negra de sus ojos en que brillaba una -primitiva chispa atvica, se dejaba mecer y sacudir por -el ritmo de la msica, y dibujaba, esculpa en el aire -armonioso un poema ardiente y cantaridado al par que -traa a la imaginacin un reino de pasada y luminosa -poesa. Entonces se daba uno cuenta del valor de sus -trajes abigarrados, sus rojos, sus ocres, sus garfios de -cabello por las sienes, sus caras de bronce, sus pupilas -de negros brillantes. Sonrean como si embrujasen; sus -dedos sonaban como castauelas.</p> - -<p>Carolus Durn puso dentro del corpio de la gitanilla -un luis de oro.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p> - - -<h2>LA CUESTIN DE LA REVISTA -<br /> -LA CARICATURA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 86px;"> -<img src="images/img009.jpg" width="86" height="25" alt="" /> -</div> - - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> Espaa, como entre nosotros—es un -triste consuelo!—, no se ha llegado todava -a resolver el problema de la revista. -Es singular el caso que aqu, en donde -se ha contado con elementos a propsito -desde hace largo tiempo, acaezca a este respecto lo -propio que en nuestros pases de progreso reciente. Espaa -no cuenta en la actualidad con una sola revista -que pueda ponerse en el grupo de los grandes peridicos -del mundo; no existe lo que llamaremos la revista -institucin—<i>Revue des Deux Mondes</i>, <i>Nuova Antologia</i>, -<i>Blackwood's</i> o <i>North American Revue</i>. La <i>Espaa -Moderna</i>, que podra ocupar el puesto principal, se -sostiene gracias al cuidado y entusiasmo de su propietario -el seor Lzaro. No faltan los escritores de revistas, -y la prueba es que las revistas extranjeras tienen -colaboradores espaoles de primer orden—; he encontrado -principalmente a Ramn y Cajal, el eminente -sabio que acaba de partir a los Estados Unidos a dar -conferencias, llamado por una de las mejores universidades; -a Salillas, el antroplogo; y a un escritor cuyo -nombre en Europa, en el mundo del estudio, es bien -conocido: Rafael Altamira, profesor de la Universidad -de Oviedo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span></p> - -<p>Cul es la causa de que en Espaa no prospere la revista? -Primeramente, la general falta de cultura. En Inglaterra, -o en Francia, no hay casa decente en donde no -se encuentre una de esas publicaciones condensadoras -del pensamiento nacional y reflectoras de las ideas universales. -Para el parisiense de cierta posicin, de atmsfera, -llammosla as, senatorial, burgus de cualquier -profesin elevada, propietario que se receta sus lecturas, -o buen varn de la nobleza, la <i>Revue des Deux Mondes</i> -es una costumbre, o una necesidad. No hablar, adems, -de tales o cuales revistas pertenecientes a estas o -aquellas agrupaciones, polticas o religiosas; son legin. -Albareda, que realiz aqu los esfuerzos que en Buenos -Aires los seores Quesada, tuvo que ver la lamentable desaparicin -de su obra, y, si no ha acontecido lo mismo al -seor Lzaro, es porque lucha bravamente contra todo peligro. -Las tentativas han sido muchas desde hace largos -aos, en este siglo, que entre tantas peregrinas cosas, es -el siglo de la revista. El <i>Teatro Crtico</i> del padre Feijo, -puede muy bien considerarse en el siglo XVIII como -una gran revista espaola, en cierto sentido; en la centuria -actual la crtica de revista se cristaliza en <i>Fgaro</i>, -aunque sean muy anteriores a los escritos de Larra algunas -otras publicaciones que se asemejan al tipo de la revista. -Si no tan antiguo como el francs, hubo en la corte -espaola un viejo <i>Mercurio</i>. Asimismo, otras publicaciones -peridicas y en forma de folleto que, a la manera -del <i>Teatro Crtico</i> del padre Feijo, eran redactadas por -un solo escritor. Entre las muchas revistas o semirevistas -de aquel tiempo, he de citar, aunque sin orden cronolgico, -adems del <i>Mercurio</i>, <i>El Censor</i>, <i>El Pensador -matritense</i>, <i>El Correo de los Ciegos</i>, <i>El Pobrecito Hablador</i>, -de Larra, el <i>Semanario Pintoresco</i>, el <i>Museo pintoresco</i>, la -<i>Revista Espaola</i>, la <i>Revista Mensajero</i>, <i>El Laberinto</i>, de -Antonio Flores y Ferrer del Ro, <i>La lectura para todos</i>, -el <i>Peridico para todos</i>, <i>El Museo Universal</i>, <i>La Ilustracin -de Madrid</i>, la <i>Revista Espaola de Ambos Mundos</i>, la <i>Revista<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span> -Ibrica</i>, la <i>Revista Hispanoamericana</i>, <i>La Abeja</i>, de -Barcelona, <i>La Revista de Ciencias, Literatura y Arte</i>, de -Sevilla, la <i>Minerva, o el Revisor General</i>, <i>El Criticn</i>, de -Bartolom Gallardo, la <i>Crnica Cientfica y Literaria</i>, el -<i>Almacn de Frutos literarios</i>, la <i>Miscelnea</i>, las <i>Cartas Espaolas</i>, -la <i>Lectura para todos</i>, la <i>Revista de Madrid</i> y <i>El -Europeo</i> de Aribau. Entre las que he citado, muchas han -sido ilustraciones, <i>magazines</i>, del tipo de revista para familias, -variadas e ilustradas a la manera del antiguo -<i>Magasin pittoresque</i>, de Pars. Las hubo que tenan un -carcter puramente literario y cientfico; algunas, como -<i>La Abeja</i>, se limitaron a ofrecer traducciones de varios -autores extranjeros, especialmente alemanes, y no pocas -intentaron producir un movimiento intelectual elevando -el nivel de cultura, sin conseguirlo por desgracia.</p> - -<p>Las ltimas revistas, puramente tales, en forma de -cuadernos, tipo <i>Revue des Deux Mondes</i>, que lucharon -con todo herosmo, fueron la <i>Revista de Espaa</i>, fundada -por don Jos Luis Albareda, y la <i>Revista Contempornea</i>. -La de Albareda contaba con colaboradores de primera -lnea, con las autoridades de la poca, como don Manuel -de la Revilla y don Juan Valera en lo referente a la crtica; -pero poco a poco fu perdiendo su inters, disminuy -la colaboracin, y el pblico, que no necesita mucho -para proteger su pereza cerebral, abandon las suscripciones. -La <i>Revista Contempornea</i> fu creada por don -Jos del Perojo. Era una publicacin ms cientfica y -filosfica que de literatura y arte. Al lado de importantes -trabajos espaoles, se insertaban traducciones de -autores en boga. All se public la primera novela rusa -que haya aparecido en Espaa, una de las mejores de -Turgenev: <i>Humo</i>. Tambin la <i>Revista Contempornea</i> -fu paso a paso enflaqueciendo, por falta del apoyo pblico. -Dirigila por algn tiempo don Jos de Crdenas. -Es seguro que el motivo del decaimiento estrib -en lo que por lo general causa la muerte de las revistas. -Los que las dirigen, por pobres tacaos, quieren henchir<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> -el cuaderno con trabajos que no les cuestan dinero, -y recurren a la falange de los grafmanos que hacen -fluir gratis los productos de sus inagotables sacos; reunen -suscriptores entre sus amigos y conocidos, que -por fin se cansan de la continua bazofia, y rompen, a -veces con la amistad, el recibo de la suscripcin. Nada -ms grotesco que el director de una publicacin que -cuenta para ella con sus amigos. La <i>Revista Contempornea</i> -est dirigida hoy por don Rafael lvarez Sereix, -y est bastante mejor que en tiempo de Crdenas; pero -segn tengo entendido, se produce tambin por colaboracin -<i>espontnea</i>, sin redactores ni colaboradores fijos, -interesados en su mantenimiento y progreso.</p> - -<p>La <i>Revista Hispanoamericana</i> se fund con muy buenos -propsitos, pagaba con esplendidez los trabajos; -pero no supo el director conducirla, falt buena administracin -en el sentido de la propaganda; no encontr eco, -por lo tanto, y muri no sin costarle a su editor varios -miles de duros. La <i>Revista Mensual</i> tuvo corta vida y -estaba hecha <i> l'instar de</i> la <i>Revue gnrale</i> de Bruselas. -<i>El Ateneo</i>, con excelentes elementos, se fund para publicar -las conferencias, discursos, etc., dados en el Ateneo -de Madrid. No interes, a pesar de su material de -importancia. <i>La Amrica</i>, de Eduardo Asquerino, con -colaboracin americana, en un inaudito <i>cafarnaum</i>, -pletrica, concluy igualmente. La <i>Espaa Moderna</i> comenz -con bros y colaboracin espaola escogidsima. -Luego se aument con la <i>Revista Internacional</i> que di -a conocer a muchos autores extranjeros; pero la <i>Revista -Internacional</i> concluy muy pronto, y la <i>Espaa Moderna</i>, -como lo he manifestado ya, con una suscripcin relativamente -escasa, se sigue publicando gracias al loable -desinters de su director y dueo don Jos Lzaro. -La <i>Revista crtica de Historia y Literatura espaolas, portuguesas -e hispanoamericanas</i>, tuvo un brillante aparecimiento, -con colaboracin de primer orden, nacional y -extranjera, en que resaltaban especialistas tan eminentes<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -como Menndez y Pelayo y Farinelli. Esta revista -contina, dirigida por don Rafael Altamira; pero parceme -que lleva una vida lnguida y que no aparece con -la regularidad que sera de desear.</p> - -<p>Ha habido algunas revistas interesantes, de ramos -especiales, y entre las de derecho y administracin se -distingui una publicada por don Emilio Reus, la <i>Revista -de Legislacin y Jurisprudencia</i>. Todas las corporaciones -cientficas, de ingenieros, arquitectos, militares, -etctera, publican rganos especiales que, por lo general, -dan pobre idea de la cultura del elemento oficial. -Casi siempre, no se encuentran sino indigentes reflejos -del saber fundamental de otras naciones. Exclusivamente -de arte, ya sea a la manera de la <i>Gazette des -Beaux Arts</i>, o a la manera del <i>Studio</i>, o sus similares -alemanes, no existe ninguna.</p> - -<p>Las revistas independientes, producidas por el movimiento -moderno, por las ltimas ideas de arte y filosofa, -y de las que no hay pas civilizado que no cuente -hoy con una, o con varias, tuvo aqu su iniciacin con -<i>Germinal</i>, de filiacin socialista, apoyada por lo mejor -del pensamiento joven. Muri de extremada vitalidad -quizs... Dems decir que en Catalua, s, hay revistas -plausibles, que, ms o menos, dan muestra de la fuerza -regional, como <i>L'Aven</i>, <i>Catalunya</i>, <i>Revista Literaria</i> y -<i>La Renaixensa</i>. <i>Vida Nueva</i>, con formato de diario, es una -especie de revista semanal, y es de lo mejor que se publica -en Madrid. Revistas puramente intelectuales e independientes, -al modo de <i>Mercure de France</i>, <i>Revue Blanche</i> -o <i>La Vogue</i>, de Pars, del <i>Yelow Book</i>; o el <i>Savoy</i>, de -Londres, la <i>Rasegna</i>, de Miln, <i>Chap Book</i> o <i>Bibelot</i>, de los -Estados Unidos, <i>Revista Moderna</i>, de Mxico, o <i>Mercurio -de Amrica</i> y <i>El Sol</i>, de Buenos Aires, no hay ms que -una, a la manera de <i>La Vogue</i> o de la antigua <i>Revue Indpendante</i>, -de Pars, la <i>Revista Nueva</i>. Es ciertamente extrao -que, existiendo un grupo de escritores y artistas -que sienten y conocen, as sea incipiente y escasamente<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span> -el arte moderno, no hayan tenido un rgano propio. -Creo que la causa de esto se basa en el carcter de la juventud -literaria, en lo general poco amiga del estudio y -sin entusiasmo. La <i>Revista Nueva</i> se propone reunir todos -esos elementos dispersos, y desde luego cuenta con -varias firmas de las ms cotizables en literatura castellana -actual. Ha tenido la direccin el buen talento de no -hacerla sectaria ni aislada en un credo o bajo un solo -criterio. Pueden caber en ella y caben los versos de los -que intentan una renovacin en la poesa castellana y -los versos demasiado slidos del vigoroso pensador seor -Unamuno; los sutiles bordados psicolgicos de Benavente -y las paradojas estallantes de Maeztu; los castizos -chispazos de Cvia y las prosas macizas de Unamuno, -que valen ms que sus versos, aunque l no lo crea. -Adems, la <i>Revista Nueva</i> est en relacin con Europa y -Amrica, y su colaboracin aumenta cada da. Quiera -Dios que no vaya, tambin, una buena maana, a amanecer -atacada de la enfermedad mortal de las revistas.</p> - -<p>Las ilustraciones no son pocas en Espaa, y entre ellas -van a la cabeza la antigua <i>Ilustracin Espaola y Americana</i>, -fundada por don Abelardo de Carlos, y la <i>Ilustracin -Artstica</i>, de Barcelona. <i>La Ilustracin Espaola y -Americana</i> est asentada sobre inconmovibles bases, entre -las primeras del mundo. Sus redactores son de por -vida, como el invariable Fernndez Bremn, o el que -fu don Peregrn Garca Cadena. Su forma, sus grabados, -la colocan en el grupo de <i>L'Illustration</i>, de Pars, -<i>Illustrated London News</i>, <i>Graphic</i> y sus semejantes de -Berln, Roma, Munich o Nueva York. Con los progresos -del fotograbado, ha disminudo un tanto la aristocracia -de sus viejos grabados en madera, que alternan hoy con -el inevitable clis de actualidad. Aunque su plana mayor -se compone de escritores veteranos, tiene campo -abierto para las manifestaciones del pensamiento nuevo, -como se sepan guardar las conveniencias, pues -hay que recordar que si <i>La Ilustracin Espaola y Americana</i><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span> -es popularsima, no deja por eso de ser el peridico -preferido de las clases altas, y eso tanto en Espaa -como en la Amrica espaola.</p> - -<p>La <i>Ilustracin Artstica</i>, de Barcelona, viene en seguida, -y se distingue por su preferencia de los asuntos artsticos, -fiel a su nombre. Uno de sus colaboradores fijos es -doa Emilia Pardo-Bazn.</p> - -<p>Los Estados Unidos han enseado al mundo la manera -como se hace un <i>magazin</i> conforme con el paso violento -del finisecular progreso. Los adelantos de la fotografa -y el ansia de informacin que ha estimulado la -Prensa diaria, han hecho precisos esos curiosos cuadernos -que peridicamente ponen a los ojos del pblico -junto al texto que les instruye, la visin de lo sucedido. -El <i>Blanco y Negro</i> va aqu a la cabeza; luego vienen la -<i>Revista Moderna</i>, <i>El Nuevo Mundo</i> y algunas otras como -el <i>lbum de Madrid</i>, que publica retratos de escritores y -artistas, artculos literarios y poesas. El <i>Blanco y Negro</i> -es muy parecido a nuestro <i>Buenos Aires</i> o a <i>Caras y Caretas</i>, -con la insignificante diferencia de que posee un -palacio precioso, tira muchos miles de ejemplares y da -una envidiable renta a su propietario el seor Luca de -Tena. En Barcelona hay varias revistas como <i>Barcelona -Cmica</i> ms o menos literarias y artsticas; y <i>La Saeta</i>, -peridico picante por sus fotograbados, por lo comn -desnudos, <i>poses</i> de malla o camisa, gnero Caramn -Chimay y aun ms pimentados.</p> - -<p>La caricatura tiene por campo una o dos pginas de -cada almacn o revista ilustrada. Casi siempre, la poltica -y la actualidad es lo que forma el argumento. Pero -no existe hoy un caricaturista como el famoso Ortego, -por ejemplo. Como todo, la caricatura ha degenerado -tambin. Ortego, me deca muy justamente el seor -Ruiz Contreras, director de la <i>Revista Nueva</i>, ha sido el -rey de la caricatura en Espaa; ninguno de los otros -puede compararse con l; l <i>cre</i> la <i>semblanza</i> de todos -los polticos y monarcas, de todos los personajes de la<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span> -revolucin; l hizo a Montpensier imposible, con una -caricatura. Si analizramos la influencia que ha tenido -Ortego en el porvenir de la Nacin, nos horrorizaramos. -En este pueblo impresionable, una nota se agiganta y -se hace un libro, un chisme se transforma en historia y -una calumnia en <i>dbcle</i> inmensa. Ms dao que todos -sus enemigos le hicieron a Montpensier las caricaturas -de Ortego, fundadas en qu? Pues en que Montpensier -tena una huerta de naranjas. El rey naranjero. Esto -bast para desacreditarle. Como bast, para hundir a -don Carlos, pintarle un da rodeado de bailarinas y sacripantas. -Ortego, adems de su intencin profunda, -tuvo una ventaja sobre todos, y es que dibujaba maravillosamente. -Sola tambin encontrar en el personaje -un rasgo fisonmico para su caricatura, y acertaba tanto -en la eleccin, que no era posible ninguna variante. Su -Narvez, su Prim, su Sagasta, su Isabel II, son inolvidables. -Asimismo se dedic mucho a la caricatura de costumbres, -en la que hizo prodigios. En esto era un inmediato -descendiente de Gavarni. El pueblo de Madrid, -con sus toreros, con sus curas, con sus manolas, sus -majos, sus cursis, sus hambrientos, sus oficinas, sus -teatros y sus verbenas, aparece y resucita en los dibujos -de Ortego, que son para el historiador un documento -de grandsima importancia. Hace algunos aos se reunieron -los dibujos de Ortego en lbumes especiales, -pero la publicacin, con ser de tanto inters para todos, -no se hizo popular. El pblico estaba distrado con otra -cosa.</p> - -<p>Luque, Padr, Perea y Alaminos han hecho casi solamente, -la caricatura poltica. Menos hbiles en el dibujo, -buscaban la intencin en las ideas; sus caricaturas -tienen ms <i>bilis</i> que <i>lpiz</i>; demuestran sus odios polticos -ms que su arte. Iban slo a hacer dao; ms que -revolucionarios de su tiempo, eran anarquistas. Destruan -con el ridculo, aumentndolo, inventndolo a -veces. Perea se dedic luego a la especialidad de toros y<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span> -sus dibujos de <i>La Lidia</i> han circulado por todo el mundo. -Sojo ha sido tambin un poltico de lpiz; <i>dibuja</i> -poco: todo el inters de su obra se basa en el pensamiento. -Cilla y <i>Mecachis</i> explotan por algn tiempo la -crtica de costumbres. Cilla <i>inventa</i> los personajes, mucho -ms que los toma de la realidad; ha creado varios -tipos que repite constantemente. As ha hecho Mars en -Pars. Cilla es en el dibujo en Espaa algo como Lpez -Silva en sus versos. Nada ms alejado de la verdad, nada -ms falso que los chulos de Lpez Silva, a quien llaman -el heredero de don Ramn de la Cruz; y sin embargo, se -ha convenido en que los chulos de Lpez Silva son los -verdaderos, y por tales se les mira y admira; y queriendo -hablar en chulo, la gente joven habla en Lpez Silva. -Lo mismo sucede con los dibujos de Cilla. Nadie es -exactamente como lo que Cilla dibuja, pero, a fuerza de -verla, parece ms real su mentira que la realidad. Ms -humano es <i>Mecachis</i>: y como ms humano es tambin -menos montono; como observa y copia, vara ms. -Despus de Ortego, <i>Mecachis</i>. Todos los dems, excelentes -<i>periodistas</i>. ngel Pons, que hoy est en Mxico, empez -bien; pero tambin tiene ms ideas que dibujo; -tampoco es un observador. Y muy observador de la caricatura -extranjera, como Rojas su discpulo. Puede decirse -que casi todos los actuales dibujantes se proveen -de inventiva y de rasgos felices en las revistas de otras -naciones. Apeles Mestres y Pellicer saben dibujar y dibujan -de firme. Mestres ha hecho caricaturas admirables -en los peridicos satricos catalanes. Es un <i>moralista</i>, -como casi todos los verdaderos caricaturistas. Es de -recordar una caricatura publicada en <i>La Esquella</i>, de -Barcelona. Un coche fnebre, con ocho caballos empenachados -y otro con un jaco de mala muerte; y la leyenda: -<i>Com mes richs mes besties</i>: Como ms ricos, ms animales. -Pellicer conoce su arte y estudia las costumbres. -Sus dibujos son documentos y sus ilustraciones de obras -admirables estudios. Para las obras completas de Larra<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -ha dibujado tipos como <i>Fgaro</i> pudo concebirlos; a Larra -le ha hecho como era.</p> - -<p>Ese retrato ha quedado definitivo para el futuro, con -un valor de poca, inimitable. Pellicer ha superado en -esto al mismo Madrazo. Moya y <i>Sileno</i>, Rojas y Sancha -trabajan profusamente y tienen bastante demanda; <i>Sileno</i> -ilustra principalmente el <i>Geden</i>, y sobresale en la stira -poltica. Sancha se ha hecho un puesto especial, -apoyado en el <i>Fligene Blatter</i>, y deformando, hace cosas -que se imponen. Sus deformaciones recuerdan las imgenes -de los espejos cncavos y convexos; es un dibujo -de abotagamientos o elefantiasis; monicacos macrocfalos -e hidrpicas marionetas. Marn estudia mucho, y -apoyado en Forain, hace excursiones al bello pas de Inglaterra. -Es un erudito de lo moderno, un simptico artista, -cuyo modelo principal debe de ser una elegantsima -y singular mujer, apasionada de D'Annunzio y fascinada -por Pars. Leal da Cmara, portugus, joven, de -indiscutible talento, dibuja en Madrid, un tanto desganado, -con el pensamiento puesto en Jossot, a quien conoce, -y animado por el espritu de Cruikshank, a quien -seguramente ignora.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span></p> - - -<h2>AL REDEDOR DEL TEATRO</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 68px;"> -<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">4 de julio de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">spero</span> empieza el verano en Madrid. Desde -que los calores se inician, el desbande a -la <i>villgiature</i> comienza. Se abren los -nocturnos refugios, entre ellos el Buen -Retiro, con su teatro y sus conciertos en -los jardines; se instalan las horchateras con sus incomparables -aguas dulces que entusiasmaron a Gautier, -servidas por frescas y sabrosas muchachas, la mayor -parte denunciadoras de su gracia levantina; los sombreros -de paja hacen su entrada y uno que otro panam de -repatriado da su blanca nota tropical. A dnde ir -despus de comer? Se ha inaugurado en el Madrid Moderno, -all lejos, un teatrito al aire libre, en el Parque -de Rusia. En compaa de un autor dramtico, buen -observador y excelente <i>copain</i>, all me voy, animado -por las estrellas que pican de oro el fino azul de la noche. -Al pasar por el Prado, me siento detener por un -grupo de nios que, a la claridad del cielo, asidos de -las manos, cantan acompasadamente. Qu cantan? Son -unas de esas antiguas canciones que han venido de siglo -en siglo y de labio en labio, repetidas en las rondas infantiles, -al crepsculo de las tardes de mayo y en las -abrasantes noches de esto. Apuro la oreja, y me llega:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Un pajarito va, carab,</div> -<div class="verse i0">Cantando el po, po, carab,</div> -<div class="verse i0">El po, po, p, carab, hur, hur.</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p> - -<p>Luego, en otro tono:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Pap, si me deja usted...</div> -<div class="verse i0">Un ratito a la alameda (<i>bis</i>)</div> -<div class="verse i0">Con los hijos de Medina</div> -<div class="verse i0">Que llevan rica merienda (<i>bis</i>).</div> -<div class="verse i0">Al tiempo de merendar</div> -<div class="verse i0">Se perdi la ms pequea (<i>bis</i>).</div> -</div></div></div> - -<p>Y luego, en otro ritmo:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Quien fuera tan alta</div> -<div class="verse i0">Como la luna,</div> -<div class="verse i2">Ay, ay,</div> -<div class="verse i0">Como la luna,</div> -<div class="verse i0">Para ver los soldados</div> -<div class="verse i0">De Catalua.</div> -<div class="verse i2">Ay, ay,</div> -<div class="verse i0">De Catalua,</div> -<div class="verse i0">De Catalua vengo</div> -<div class="verse i0">De servir al rey.</div> -<div class="verse i2">Ay, ay,</div> -<div class="verse i0">De servir al rey.</div> -<div class="verse i0">Con licencia absoluta</div> -<div class="verse i0">De mi coronel.</div> -<div class="verse i2">Ay, ay,</div> -<div class="verse i0">De mi coronel.</div> -<div class="verse i0">Al pasar el arroyo</div> -<div class="verse i0">De Santa Clara,</div> -<div class="verse i2">Ay, ay,</div> -<div class="verse i0">De Santa Clara,</div> -<div class="verse i0">Me se cay el anillo</div> -<div class="verse i0">Dentro del agua,</div> -<div class="verse i2">Ay, ay,</div> -<div class="verse i0">Dentro del agua,</div> -<div class="verse i0">Por sacar el anillo</div> -<div class="verse i0">Saqu un tesoro,</div> -<div class="verse i2">Ay, ay,</div> -<div class="verse i0">Saqu un tesoro.</div> -<div class="verse i0">Con la Virgen de plata</div> -<div class="verse i0">Y el Nio de oro,</div> -<div class="verse i2">Ay, ay,</div> -<div class="verse i0">Y el nio de oro.</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span></p> - -<p>La msica tiene el perfume de un vino viejo y sano. -Su sencillez y su gracia <i>vieillotte</i> hablan de otros tiempos, -y el espritu observador y meditativo coge al paso -en esa flor armoniosa una gota de poesa. Pasa una <i>manuela</i>, -es decir, una victoria, y en ella nos encaminamos -al Parque de Rusia. Dejando atrs la Puerta de Alcal, -despus de recorrer muchas calles llenas de polvo, llegamos. -Un gran jardn, con laguneta, columpios, glorietas -y kioscos rsticos, mal cuidado y mal presentado. -Un <i>restaurant</i> y un teatro. Cuando se alz el teln habra -unas ochenta personas en todo el recinto, y ellas no se -aumentaron mucho hasta el momento de partir. El espectculo... -El <i>Casino</i> de la Boca, a la par, es suntuoso, el -<i>Cosmopolita</i> de la calle Veinticinco de Mayo, cualquiera -de nuestros <i>caf-concert</i> de segundo orden es una <i>Alhambra</i> -londinense o un <i>Jardn de Pars</i>, en comparacin con -estas abominables iniciaciones en el finisecular divertimiento. -En el extinto <i>Varits</i>, a fuerza de pesetas, se -logr presentar algo escasamente semejante a nuestro -teatrito de la calle Maip; haba siquiera dos o tres nmeros -que pudiesen despertar el gusto por el extico espectculo. -Henry Lyonnet, en su libro sobre el teatro en -Espaa, observa lo poco preparado que est el terreno -para la importacin parisiense; pero es el caso que a -estas horas, en la calle de Alcal hay dos teatritos en que -alternan tarde y noche cantaoras y bailaoras flamencas -con <i>divettes</i> tradas de Barcelona, de Marsella, o de Pars, -y en uno de ellos he visto a una famosa pensionista -de Nollet, la Nella Martini, cantando siempre sus desairados -y pornogrficos <i>couplets de la Pulga</i>.</p> - -<p>En el Parque de Rusia se di principio a la funcin -con una cuadrilla de osados vejestorios, una parodia del -Moulin Rouge. Las bailarinas, seguramente improvisadas -para el caso, aun cuando pretendan encender a la -escasa concurrencia, resultaban de un efecto moralizador -indiscutible: ni que hubiesen sido del Ejrcito de -Salvacin! Luego sali a decir su cancin en <i>argot</i> una<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span> -flaca veterana, retirada seguramente del oficio, a quien -nadie entendi una sola palabra; y otra le sigui, <i>grivoise</i>, -igualmente detestable. Si no aparece en seguida -Pilar Monterde, una espaola de cuerpo encantador, -que baila las danzas nacionales con mucha gracia -aunque un poco <i>para Pars</i>, la parte primera del espectculo -hubiera petrificado de fastidio a la asistencia. -La segunda la desempe un discpulo de Frgoli, llamado -Minuto—italiano, de Rosario de Santa Fe, qu -pensis!—y la gente le aplaudi largamente, y con mucha -justicia. Entre l y la Monterde se salvaron la noche. -Ahora, a la ciudad. Y he ah que no se encuentra a la -salida ni coche ni tranva. Los que salen primero logran -atrapar uno que otro, y los dems... a seguir el camino -por las calles empolvadas, con calor y fatiga. No me -quejo sino vagamente, del percance, con mi amigo el -autor; pero aprovecho la caminata para hablar sobre -teatro. Mara Guerrero debe de estar a la sazn, al partir -de Buenos Aires, con rumbo a su buena villa de Madrid; -Antonio Vico, en sus postreros aos de arte, va a -Amrica a hacer lo que debi hace mucho tiempo, corriendo -el riesgo de una desilusin.</p> - -<p>Durante el invierno funcionan regularmente en Madrid -dos compaas dramticas, la del Espaol, dirigida -por la Guerrero y su marido, y la de la Comedia, cuyo -director fu por ms de veinte aos Emilio Mario y -ahora es Emilio Thuillier. Mario es otra venerable ruina. -Los bizarros papeles de antao, los galanes muy -a la francesa, que tanto brillaron, han quedado en la -memoria de los que presenciaron sus pasados triunfos; -hoy Mario hace maravillosamente el caracterstico, y -creo no pretender emular los esfuerzos fatigados de -Vico. En la primavera tambin suele trabajar la compaa -de la Tubau—otra abuela—y en otros teatros aparecen -y desaparecen como por obra de encantamiento, varias -compaas que no hallan donde plantar sus escuetas -races. Entretanto que el apodado gnero chico<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span> -prolonga en los teatros de la Zarzuela y Apolo indefinidamente -sus temporadas, el gnero grande limita las -suyas al invierno y desaparece de la Corte con la llegada -de las primeras rosas. La compaa del teatro Lara, -que no pertenece al gnero chico ni al grande, cultiva -la declamacin sin msica, en obritas de uno o dos -actos (algunas representa de tres), pero no estrena ninguna, -limitndose en das de gala, beneficios o noches -excepcionales, a <i>reprises</i> de las piezas ya juzgadas y -aplaudidas por el pblico y que juzga pertinentes; su -temporada se mantiene durante toda la primavera.</p> - -<p>En invierno recorren los escenarios de provincia algunas -compaas, encabezadas por Vico, Miguel Cepillo, -Snchez de Len, Luisa Caldern, Julia Cirera, Antonio -Perrn, Garca Ortega, dando a conocer aquellas piezas -que Madrid ha aprobado; pues la centralizacin en este -caso es absoluta, no teniendo cabida en la Corte la nica -excepcin, el teatro regional cataln. Cuando las compaas -del Espaol, la Comedia y La Princesa terminan -su labor de Madrid, pasan a provincias y recorren los -teatros de Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Bilbao, Valencia, -y otros ms de menor calidad. Varias de las compaas -dramticas de provincia, en verano descansan. -Ya por Pascua, suele venir a la Corte alguna compaa -extranjera que da sus representaciones en la Comedia, -en el Moderno, o en la Princesa. Generalmente las compaas -son italianas, aunque Sarah Bernhardt me parece -ha estado unas dos veces y se anuncia la llegada de -Rjane, en una <i>tourne</i> por Europa.</p> - -<p>Novelli ha conquistado desde hace tiempo a los madrileos, -y ltimamente la Mariani, desde luego superior -a todas estas actrices, con excepcin de la Guerrero, -ha sido excelentemente acogida. El gnero chico, en -verano como en invierno, contina con varios teatros -abiertos, ofreciendo estrenos todos los das, y sosteniendo -las obras de sus favoritos hasta quinientas noches. -Es la chulapera triunfante, el do del mantn y el pantaln<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span> -obsceno, el barrio bajo que se impone, con defensores -que cuando alguien protesta de tanta vulgar exploracin, -sacan a cuento a Goya y al bastante asendereado -don Ramn de la Cruz. Este, como sabis, se llama -hoy Lpez Silva.</p> - -<p>No obstante, en estos ltimos aos ha habido loables -tentativas de renovar el ambiente teatral, de sacar la -atencin del mundo de las chulapas y de los chulos. -Se ha traducido algo moderno. Se ha hecho algo de -Ibsen, <i>El Enemigo del Pueblo</i>; de Sudermann, <i>Magda</i>; de -Lavedan, <i>El Prncipe dAureac</i>, con el ttulo de <i>El Gran -Mundo</i>, entre las conocidas obras de Dumas, Sardou, -Pailleron; y han osado en una plausible campaa, los -autores de algunos trabajos originales, Guimer con su -<i>Mara Rosa</i>, Dicenta con su <i>Juan Jos</i>, Benavente con -<i>Gente conocida</i>, Ruiz Contreras con <i>El Pedestal</i>. <i>La Dolores</i> -de Codina y <i>Juan Jos</i>, con fuerza y bros hoy no -usados aqu; <i>Mara Rosa</i> iniciando una tentativa de -teatro socialista, con el mismo <i>Juan Jos</i>, <i>Gente conocida</i> -trayendo las escenas libremente extradas, sinceras, de -la vida, con un anlisis hondo, e irona que parece a -flor de piel, pero que penetra, sealan un buen trecho -conquistado para un arte escnico futuro. Muri Feli -y Codina, que haba pretendido la realizacin de un -teatro regional, de todas las regiones espaolas, una -especie de geografa escnica de la Pennsula. As despus -de <i>La Dolores</i>, aragonesa, vino <i>Mara del Carmen</i>, -murciana, y luego <i>La Real Moza</i>, andaluza. Feli era un -firme trabajador, de gran talento, y un delicioso msico -del verso, de este verso espaol sonoro y sin matices. -Joaqun Dicenta, que acert tan bravamente con <i>Juan -Jos</i>, no avanz con <i>El Seor feudal</i>, y, desanimado, o -mejor, posedo ya del deseo de la fija ganancia, se fu -hacia la zarzuela. As escribi en unin de su amigo -Paso el libreto de <i>Curro Vargas</i>, extrado de una novela -de Pedro Antonio de Alarcn. Guimer persisti, con -su tesn cataln. Consigui en <i>Tierra baja</i> dos actos notabilsimos—el<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span> -tercero desmerece tanto que puede suprimirse—. -De todos modos, esa obra, en Madrid, como -en Pars, como en Buenos Aires, ha revelado un gran -manejador de ideas y un potente poeta. <i>El Padre Juanico</i> -busc el xito a la manera de Feli y Codina. Parecera -que hubiese acaparado la herencia del autor de -<i>La Dolores</i>; pero Guimer es una fuerza, y despus de -tantear sus conveniencias, ha de volver sin vacilar a su -rumbo verdadero: el drama socialista, el drama actual -e intenso, del hombre y de la tierra. Difcil es el pblico -para resistir ciertos intentos. Un Curel o un Mirbeau no -tendran, por lo pronto, oyentes; la autoridad tendera -su mano al instante. De <i>Los Tejedores</i> de Hauptmann -se arregl <i>El Pan del Pobre</i> con cien atenuaciones. Praga -y Rovetta, al ser servidos, van ya aguados.</p> - -<p>Benavente, despus de <i>Gente conocida</i>, ofreci con -copa de excelente vino espaol preparado a la francesa: -<i>El Marido de la Tllez</i>. Luego di <i>La Farndula</i>, una equivocacin... -de los cmicos, que no la comprendieron, y -la hicieron de una manera dolorosa; despus alcanza su -ms resonante victoria con <i>La Comida de las Fieras</i>. Es -difcil que, en lo sucesivo, sobrepase las exquisiteces de -intencin, la variedad escnica, el equilibrio, la gracia, -el vuelo psicolgico, la irona trascendental y el inters -de su ltima obra. Y aqu empieza el desencanto, -porque, si el pblico se deja conducir y agradece el regalo -de la forma nueva, el actor, hasta vindola muy -aplaudida, se resiste a aceptarla. Ello no es raro. En -todas partes, todo <i>cabot</i>, grande o chico, y son pocos los -casos de excepcin, es impenetrable a la concepcin -artstica y yerra, por lo comn, al estimar la opinin del -pblico. Un sir Irving, es caso raro. Si no hubiera habido -un Antoine y un Hugue Poe en Pars, aun andaran -de teatro en teatro, durmiendo en las gavetas directoriales, -verdaderas obras maestras, y sera desconocido -ms de un triunfador de hoy. Aqu, mucho cost a -Benavente conseguir que su <i>Gente conocida</i> fuese representada<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span> -con esmero. Habanla dejado para <i>ltimo da de -temporada</i>, convencidos los cmicos de que la obra no -pasara del segundo acto. Por fortuna, semejante atentado -no lleg a cristalizarse en crimen, y <i>Gente conocida</i>, -al quedarse en cartera, fu al ao siguiente el mayor -<i>succs</i> de la temporada. No bast tal enseanza para reducir -a la gente de bastidores, y al ensayar <i>La Comida -de las Fieras</i>, hacanlo llenos de desconfianza, sin comprender -una sola lnea de lo que tenan entre manos, -aunque, segn parece, poniendo una regular suma de -buena voluntad.</p> - -<p>Mas, pasado el triunfo, suponis que se dieron por -vencidos y convencidos? Segn ellos, la comedia fu -aplaudida, no por lo que tiene de arte moderno, sino -por lo que tiene de salsa cmica; no por lo exacto de -la delicada pintura social, ni por el procedimiento, sino -por lo que sazona el <i>chiste</i>, por lo que hay para sus paladares -nicamente saboreable. No es esto de causar extraeza -si se tiene en cuenta que <i>La Dolores</i>, obra puramente -nacional, popular, clara, sin medias tintas, del -tipo ms corriente en la escena espaola, pas por todos -los teatros madrileos sin ser recibida en ninguno, -dndose el caso duro de que su autor, para no resignarse -a la condena y dando en esto seal de buen tino, fuese -a estrenarla en Barcelona, donde se di treinta y -tantas veces. A fin de temporada, Mario se resolvi a -estrenarla en Madrid, y Mara Guerrero se neg a hacerse -cargo del papel que ms tarde haba de ser uno de -los ms brillantes de su repertorio, y causa de mucha -gloria y provecho. Es conocido el pleito que sostuvo el -autor con la actriz por esa negativa. El camino que -ofrecieron a Guimer los teatros de la Corte no fu tampoco -exento de tropiezos. Enrique Gaspar, conocido -autor cmico, tradujo, para que Calvo lo estrenara en -Barcelona, <i>Mar y Cielo</i>. Guimer era visto como un genio -regional, pero no poda penetrar las murallas chinas -de Madrid. Por fin, Ricardo Calvo se decidi a<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span> -poner en escena en el Espaol <i>Mar y Cielo</i>, versin de -Gaspar, y el xito ruidoso hizo que despus apareciese -una <i>Mara Rosa</i>, echegarayizada por don Jos. No es, -pues, Echegaray, como lo ha asegurado la seora Pardo-Bazn -en su conferencia de Pars, quien present -a Guimer en Madrid, sino el cnsul autor don Enrique -Gaspar.</p> - -<p>Galds, con toda y su colosal <i>rclame</i> de novelista, no -inspir tampoco mucha confianza. Su <i>Realidad</i> no encontr -simpatas en la Princesa, donde reinan la Tubau -y su marido Ceferino Palencia. Fu recibida la pieza en -la Comedia, por obra de la cortesa que siempre tuvo -Mario con los grandes, y que hay que agradecerle. Y -<i>Realidad</i> venci. Nadie poda esperar que aquella dolorosa -y extraa fantasa pudiese tener un buen resultado -en las tablas. Y lo tuvo. El drama de Galds debi haber -convencido a los <i>practicones</i> que, si eso no era romper -moldes, como se dice, era cortar ligaduras y trabas. -No sucedi as. Aun se <i>anuncian</i> los xitos de dramas -cosidos a los viejos cnones, a ridculas usanzas persistentes. -Despus de <i>Realidad</i> obtuvo gloria legtima Galds -llevando a la escena <i>La Loca de la casa</i> y <i>La de San -Quintn</i>, y si en sus obras posteriores no ha sido tan -afortunado, no hay que echar la culpa al pblico, sino -a la precipitacin industrial que se ha impuesto en su -labor el dichoso escritor de los <i>Episodios Nacionales</i>. -<i>Los Condenados</i>, <i>Voluntad</i> y <i>La Fiera</i> hasta cierto punto -superan a sus obras anteriores, pero hay en su construccin -y arquitectura descuidos que las perjudican. Esta -s que fu y ser siempre una condicin de la obra escnica. -En la novela puede impunemente ir lastreando -el riblo un captulo pesado, con tal que lo dems, alado -y vigoroso, o sutil y areo, mantenga en su vuelo al espritu. -Mas en la pieza teatral no puede aflojarse ni decaer -una sola escena, porque la atencin a la inmediata -marca el descenso.</p> - -<p>No es suficiente que se afiance una justa intencin y<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span> -que la idea total y bsica se asiente con solidez; hay que -sostener la intensidad; la obra del teatro tiene muy sealada -extensin, cuenta con una cantidad determinada -de tiempo, y por lo tanto, se ha de ser sinttico, no cabe -analizar.</p> - -<p>Ya <i>hecho</i> autor, Dicenta encontr resistencia para su -<i>Juan Jos</i>. He visto el original de la obra y ledo en el -reparto el nombre de Mara tachado, y, en su lugar -puesto: seorita Martnez. Lo cual quiere decir que la -primera actriz, que en esta ocasin era la seora Tubau, -no quiso encargarse del papel. Tampoco lo tuvo en la -obra Emilio Mario, y <i>Juan Jos</i>, desechado por el primer -actor y la primera actriz, hizo con actores jvenes -una carrera triunfal, excepcional, pocas veces vista.</p> - -<p>Ahora se preparan las formaciones para el prximo -octubre. Vendr Mara Guerrero a su Espaol? Le ser -muy difcil encontrar otro <i>Cyrano de Bergerac</i>. Como ya -apenas cuenta con Echegaray, cuyos repetidos fracasos -prueban, no su falta de talento sino su falta de tino en -no retirarse a tiempo, para hacer buena compaa a -Guimer necesita del elemento nuevo. Dos jvenes tiene -ya en casa: Lpez Ballesteros, y Ansorena. No es bastante. -La <i>troupe</i> que se empieza a formar para la Comedia -consta de muchos nombres, pero de pocos elementos -para obras de cierto fuste. Lara seguir como siempre. -En general, los autores encontrarn las mismas dificultades -y sus trabajos los mismos jueces de criterio imposible. -No habiendo comits de lectura, como en todo -teatro culto de la tierra, no buscando los seores actores -obras sino papeles, y sin una crtica ilustrada que sirva -de gua, todo el teatro en Espaa est sometido a la voluntad -o al capricho de los actores dirigentes. En Madrid -hay que encomendarse, para lo alto, a Mara Guerrero -y a Emilio Thuillier.</p> - -<p>La Real Academia Espaola, que no hace sino el Diccionario, -pudo en este caso hacer algo. Dispone de premios -de alguna importancia—de 5.000 y 2.500 pesetas—legados<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> -por buenos seores, amantes del teatro, para -que se concediesen, peridicamente, a la mejor obra -dramtica. Pudo perfectamente la Real Academia admitir -obras no representadas; aun fu objeto de discusin -si deba hacerlo as, y, por mi parte, creo que deba hacerlo -de esa manera; pero para mayor comodidad y menor -compromiso y <i>far niente</i>, resolvi limitarse a las -que mayor xito logren, con lo cual someti de modo -implcito su fallo al fallo previo de los directores de -empresa. La Academia da, pues, las pesetas a quienes -amparan Mara Guerrero y Emilio Thuillier. En esta -situacin se encuentra el teatro en el momento en que -escribo, y as se abrir la temporada de 1900. Muerto -Feli y Codina, Echegaray gastado, Galds desanimado, -Guimer buscando el xito productivo, Benavente piensa -en una obra ligera, <i>puramente cmica</i> destinada a una -actriz como la Pino, buena y azucaradita solamente para -esas fiestas; Dicenta va a Andaluca a escribir libretos -de zarzuelas grandes; Sells—de la Real Academia Espaola—, -se prepara a seguir la misma labor; Leopoldo -Cano, sin producir nada desde hace tiempo; Gaspar de -cnsul, Blasco de socialista cristiano, y la crtica ilustrada, -con perdn del seor Canals y del crtico de <i>La -Ilustracin</i>, sin nacer an. Los jvenes encuentran mejor -traducir, y se pertrechan. Y as estn las mscaras -del teatro que fu en un tiempo el primero del mundo.</p> - -<p>—Si tomramos un vaso de horchata? digo a mi -amigo el autor.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> - - -<h2>LIBREROS Y EDITORES</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img008.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">14 de julio.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Hasta</span> hace poco tiempo—y aun hoy mismo, -en la mayor parte de las repblicas, -hacia el Norte—el sueo rosado de un -escritor hispanoamericano era tener un -editor en Espaa. Por esos pases los Gobiernos -suelen costear las ediciones de los poetas y -escritores, con la condicin de que los agraciados les -sean gratos en poltica. No hay otro recurso de hacerse -leer como no surja un inesperado Mecenas. En Buenos -Aires poco tiene que ver el Gobierno con las musas, y -los editores, ya sabemos que, en realidad, no existen... -He querido explorar ese punto en Espaa, y en verdad -os digo que he salido del antro vestido de desilusin. -Editores y libreros desconsuelan.</p> - -<p>Un hombre de letras que quiera vivir aqu de su trabajo, -querr lo imposible. La revista apenas alienta, el -libro escasamente se sostiene; todo producto mental -est en <i>krach</i> continuo. Lo nico que produce dinero es -el teatro, cierto teatro. El que logra hacer una <i>Verbena -de la paloma</i>, o una <i>Gran Va</i>, y puede continuar en sucesivos -partos de ese gnero, ya tiene la gruesa renta -asegurada. El seor Jackson Veyn, a quien achacan -mediocridad literaria e incurable ripiorrea, puede -reirse de sus enemigos al embolsar sus miles de duros -anualmente. Los editores de teatro, o ms bien, los que<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> -compran la propiedad de las obras teatrales, tienen mejor -fama que los de libros. Son ms abiertos, ms generosos, -y hasta autores principiantes hallan en ellos su -providencia.</p> - -<p>En esta nuestra curiosa madre patria, en pocas pasadas, -y aun en la actualidad, los centros intelectuales de -la Pennsula fueron y son las farmacias y las libreras. -Decame un amigo madrileo: En las farmacias hcense -ms versos que ungentos, y en las libreras se derrochan -ms palabras que pesetas. En la Corte, como -en provincias, las libreras son punto de reunin donde -acude un nmero dado de clientes y aficionados, a conversar, -a hojear las nuevas publicaciones y a perder el -tiempo. En Madrid todava existe lo que se podra llamar -tertulia de librera, aunque no como en tiempos -pasados. En casa de Fe, al caer la tarde, podis encontrar -a Manuel del Palacio, a Nez de Arce, con su inseparable -amigo Vicente Colorado, al seor Estelrich, -italianista de nota, a otras figuras, grandes, medianas y -chicas del pensamiento espaol. En casa de Murillo no -dejaris de ver cotidianamente las barbas rojas del acadmico -Mariano Catalina. Hace bastantes aos era Durn -quien reuna en su establecimiento famosos contertulios. -Era este Durn hombre de cultura y metido en -letras; bibligrafo de mrito, muchos varones ilustres -salieron de su casa muy satisfechos despus de una consulta. -Conoca todos los libros, todas las ediciones, -todas las noticias. Era una especie de Bibliophile Jacob -de Madrid, buen parlante y provechoso amigo intelectual. -Hoy no existe un solo librero como aqul; y la -erudicin la suplen los que hay con el aguzado instinto -de un comercio genuinamente israelita. Paul Groussac, -en sus viajes por el continente americano, hallaba a -cada paso comprobada la superioridad de nuestras incipientes -libreras bonaerenses, en comparacin con las -del resto de la Amrica espaola. Pues bien, las libreras -de Madrid son de una indigencia tal, sobre todo en<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span> -lo referente al movimiento extranjero, que a este respecto -Fe, que es el principal, o Murillo, o cualquier -otro, estn bajo el ms modesto de nuestros libreros. -En Madrid no existe ninguna casa comparable a las de -Peuser o Jacobsen, o Lajouane. Pars est a un paso y -me ha sucedido leer en <i>La Nacin</i> el juicio de un libro -francs antes de que ese libro hubiese llegado a Madrid. -El que no encarga especialmente sus libros a Francia, -Inglaterra, etc., no puede estar al tanto de la vida mental -europea. Es un mirlo blanco un libro portugus. De -libros americanos, no hablemos. La casa de Fe es estrechsima, -y Fe no se atreve a mudar de local, quiz posedo -del temor de que otra ms elegante y espaciosa -no se advirtiese tan concurrida. Adems de dos pequeos -mostradores en que se exponen obras castellanas, -uno que otro libro de Amrica, a la izquierda, libros -extranjeros, a la derecha, hay, junto al escritorio del -jefe de la casa—, rincn estrechsimo—una mesita en -que se presentan las ltimas novedades espaolas. A -esa mesita se acercan y tocan los asiduos del establecimiento; -unos cortan las pginas y leen las obras de corta -extensin, de pie; concluyen, y dejan el ejemplar. En -toda Espaa hay poca aficin a comprar libros; quiz -sea por esto que las libreras son de una pobreza desoladora. -Hay que dar vuelta al problema de <i>Fgaro</i>: No -se lee porque no se escribe, o no se escribe porque no -se lee? deca l. Digamos: No se compran libros porque -no se saben vender, o no se saben vender porque -no se compran? Lo cierto es que los libros se venden -poco y mal, y, como en Buenos Aires, los culpables son -los libreros. Todo comerciante hace lo posible por despachar -su mercanca, y procura colocar y recomendar; -el librero limita su negocio a dar lo que le piden y no -hace ofertas ni recomendaciones. Desde algn tiempo a -esta parte se han establecido las ventas a plazos, pero -eso es para facilitar la adquisicin de las grandes publicaciones -ilustradas. El anuncio slo se emplea en casos<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span> -muy especiales, y los catlogos que publican algunos -libreros no tienen resonancia ninguna.</p> - -<p>Hubo un tiempo—y ya va lejos—en que las libreras -de lance—libros usados y antiguos—tenan mucho movimiento -e importancia y publicaban peridicamente -catlogos numerosos. De aquellas libreras apenas queda -rastro; unas han desaparecido, y otras redujeron su -negocio hasta un simple cambalache de <i>bouquiniste</i>. -Rico sigue publicando catlogos, y un joven de muchos -alientos, Vindel, tiene un negocio de esta clase, de bastante -importancia. Vindel es hoy algo como lo que fu -Durn, guardada la diferencia de educacin, clase y -tiempo. Este joven sabe mucho de libros viejos y hace -su comercio de novedades en frecuente relacin con -los anticuarios de Pars y Londres; publica libros raros -y curiosos, como los Biblifilos Sevillanos, y en su oficio -es una especialidad. Me han contado la historia de -Vindel: interesante y extraa novela, que l deba hacer -escribir e imprimir a un ejemplar nico. Sera el ms -<i>raro</i> de sus libros. Los jvenes le han conocido en el -Rastro de Madrid, con la cuerda al hombro, haciendo -recados y comprando y vendiendo pobres mercancas. -Nadie se explica cundo, cmo ni dnde aprendi lo -que sabe. Su fortuna se la debe a la buena suerte. Le -cay una lotera de quince mil duros, y as comenz a -realizar compras importantes. Ha ido a Pars y a Londres, -en ocasiones en que se han anunciado ventas de -libros y subastas de bibliotecas particulares y se ha dado -vida de gran seor. Vindel se mueve en su negocio -como si operase en un gran pas; tiene sus desencantos -y sus apuros, pero es obstinado y fuerte. Y es el que ms -entiende su oficio, el que tiene ms elementos bibliogrficos -y el ms abierto.</p> - -<p>De los libreros de actualidades, el que ms negocio -hace es Fernando Fe; a su casa acude en busca de libros -la mayora de las gentes que los compran, y es acaso el -que ms comercio tiene con las provincias. Las libreras<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span> -de Jos Ruiz—<i>Guttemberg</i>—, San Martn, Manuel -Hernndez y algunas otras, son, en mayor o menor escala, -establecimientos anlogos al de Fe. Victoriano -Surez se dedica principalmente a los libros de texto y -envos a Amrica. Hay libreras que tienen especialmente -obras profesionales, unas de medicina, otras de jurisprudencia, -como la de Leopoldo Martnez, otras como -la de Hernando, de primera enseanza y otros libros de -propaganda catlica. No s que haya en la actualidad -ninguna librera protestante o que lleve francamente el -nombre de tal. Trabaja mucho en Espaa la Sociedad -Bblica, pero no consigue que se lean mucho sus volmenes -y folletos. Aqu cualquiera se permite ser un mal -catlico, pero pocos renuncian a llamarse catlicos. Se -precisa la independencia y el buen humor de Jos Zahonero -para llegar a ser obispo protestante.</p> - -<p>He hablado de los libreros antes que de los editores; -con tener aqullos tan poca importancia, stos la tienen -menos. Debo advertir que me refiero solamente a los -editores de obras literarias; los de obras cientficas no -abundan, y por lo que noto, se limitan a la explotacin -de la enseanza. Un Alcn, ni para muestra.</p> - -<p>En los buenos tiempos romnticos florecieron en Madrid -muy famosos editores como Roig y Mellado. No -enriqueceran a los poetas llenos de apetito de entonces, -pero por lo menos les quitaban el hambre. En medio -siglo ha perdido Madrid mucho de su ambiente literario. -Zorrilla, como poeta lrico, no sacara hoy a su -editor un puado de onzas para sus caprichos, como el -ao 1840. Apenas un puado de garbanzos, y gracias. -Hay de aquellos tiempos volmenes de poesas de autores -desconocidos, hechos en casas editoriales que, por -lo menos, pagaron la edicin. Hoy quien no est abonado -por el nombre, no encontrar sino el desdn de no -importa cul editor. De entonces ac es cierto que se ha -apagado el entusiasmo. Los peridicos publicaban folletines -de versos que la gente lea sin duda; la novela<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> -estaba un tanto canija; pero, a pesar de su flacura y -anemia, haba editores para ella. Es verdad que la prensa -ayudaba mucho a los libros; los peridicos, en general, -cuidaban de su parte literaria, y aunque no hubiese -grandes crticos, porque la crtica nunca tuvo en Espaa -muchos ni muy competentes devotos, tenanse en -cuenta la bibliografa y se hablaba y se discuta alrededor -de una obra nueva. Hoy la Prensa no se ocupa de -un libro nuevo a conciencia. No hay crticos fijos en -las redacciones. El libro se anuncia, a lo ms en una -gacetilla—la misma para todos los peridicos—que por -lo general manda hecha el editor interesado; y los artculos -firmados por nombres de autoridad obedecen a -mviles amistosos o de camaradera, antes que a cualquier -preocupacin artstica, o literaria. Hasta hace -algn tiempo, el envo de dos ejemplares de un libro a -una redaccin haca que se hablase de la obra con ms -o menos laconismo; hoy ni las obras de los ms sonantes -autores—Galds, Pereda, Palacio Valds, Pardo-Bazn, -Valera, etc.—encuentran eco en la Prensa. Galds, -con empresa especial para sus libros y con el sentido -comercial que le distingue, anuncia sus nuevos <i>Episodios -Nacionales</i> en la cuarta plana de los diarios, junto -al aviso en que el novelista santanderino Pereda recomienda -su fbrica de jabn; Valera se da por satisfecho -con las atenciones de su pblico y las traducciones que -le hacen en el extranjero, y Palacio Valds, que tiene un -desdn profundo por la crtica de su pas, ni siquiera -enva sus libros a las redacciones, escribe para ser vertido -al ingls y ledo en Nueva York y en Londres.</p> - -<p>Hasta los libreros y editores van dejando la costumbre -de enviar los dos ejemplares de prensa, al ver la -inutilidad del procedimiento.</p> - -<p>Las ediciones de los romnticos—algunas muy bien -hechas y muy parecidas a las de los franceses—debieron -ser numerosas. Demuestran ms que el valor de los -poetas, el entusiasmo del pblico. Desde Salas de Quiroga<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span> -hasta Romero Larraaga—ayer, hoy y maana ilustres -desconocidos—un ejrcito de cabelludos desbocados -exuber en prosas y versos que tuvieron la vida de -una col. Sus ediciones—de las que se suelen encontrar -ejemplares muy hermosos en los puestos de librera de -viejo—no se cotizan, como en otros pases, por motivos -esencialmente tipogrficos y de curiosidad literaria. La -primera edicin de los <i>Romances</i> del duque de Rivas -no vale ms que dos pesetas, y he visto vender en quince -una primera edicin de los trece primeros volmenes -de <i>Poesas</i> de Zorrilla. Del <i>Trovador</i> de Garca Gutirrez -y <i>Los Amantes de Teruel</i> de Hartzenbusch, si -aparecen las ediciones primitivas, se confunden en los -montones de comedias que se venden por lotes, con las -ms recientes, y se cotizan a veces a menor precio que -las que acaban de aparecer, porque son viejas. Las -primeras obras de Campoamor corren igual suerte. En -la poca romntica se fundaron las Galeras dramticas, -y creo que el editor Delgado fu el primero que -intent el negocio. Hasta entonces, y sobre todo en los -siglos XVII y XVIII haba habido impresores que coleccionaban -preferentemente comedias y las impriman -a dos columnas. Aun aparecieron impresas as las de -Moratn y las tragedias de Jovellanos y Quintana. Luego -se adopt para comedia el 16; as aparecieron las -primeras de Bretn de los Herreros, y al fin se agrand -la forma, estableciendo la primera galera el tamao -corriente y el formato que hoy se usa para las obras -teatrales. As como ahora lo que sobra en las galeras -son ttulos, al principio faltaban, y para presentar un -catlogo copioso de obras nuevas y nombres nuevos, -Delgado ofreca buenas pesetas por todas las obras que -le llevaban los principiantes. Imprima los originales -sin leerlos siquiera. Slo as se concibe que hayan llegado -a publicarse muchas obras entre las cuales me ha -llamado la atencin, y no por sus bellezas, una de Campoamor, -que debi escribir el poeta cuando tena quince<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> -aos. Se viva en aquel mundo literario en una inocencia -arcdica. La Prensa aplauda las fogosas redondillas -y los ingenuos sonetos. El bisoo Orfeo, recin -llegado de provincia, encontraba un colega cortesano -que le presentase a un editor; las tentativas se estimulaban; -de una tertulia sala con frecuencia un nombre -nuevo: el pblico se dejaba seducir por aquellas fascinaciones. -Un epigrama daba la vuelta a la ciudad, y una -poesa sola conquistar la buena voluntad de un ministro. -Renduel no exista, ni Lemerre tampoco; pero algo -semejante animaba en Espaa a los excelentes hijos de -Apolo. Es de lamentar que un Valera no deje escrita la -historia ntima de la literatura espaola de este siglo. -Sera muy interesante ver cmo se producen y se agitan -las corrientes por un momento dominadoras de todo y -que desaparecen en este pas nervioso, impresionable y -de mil faces.</p> - -<p>Don Wenceslao Ayguals de Izco quiz fu el primer -editor literario de empresa. Don Wenceslao acometa -la novela, se lanzaba por la poesa, autor fecundo y -atrevido; dirigi un peridico, <i>la Risa</i>, en que escribieron -todos los famosos de la poca, y supo fundar un -negocio de publicidad en grande escala; falsific en castellano -<i>Los Misterios de Pars</i> y el espritu de Su, con -su <i>Hija de un jornalero</i> y su <i>Marquesa de Bella Flor</i>.</p> - -<p>Gaspar y Roig y ngel Fernndez de los Ros hicieron -bibliotecas ilustradas del tamao y forma de los <i>magazines</i>, -y a ellos se debe en gran parte el sostenimiento -de la cultura literaria, pues hicieron traducir y publicaron -muchas obras francesas e inglesas con buenas -ilustraciones intercaladas en el texto y a precios hasta -entonces desusados. Asimismo alternaban con los extranjeros -Espronceda y el duque de Rivas, Carolina Coronado -y Fernndez y Gonzlez. En competencia con los -<i>cuadernos</i> cultos de la Biblioteca Universal y de la Biblioteca -Gaspar, aparecieron las entregas de novelas de -un gnero especial. Era el desborde de la fantasa endiablada<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span> -de Fernndez y Gonzlez, el torrente sentimental -de Prez Escrich, la honesta narracin a la pap -que humedeci los pauelos de varias generaciones en -Espaa y Amrica, y a cuyo recuerdo aun suspiran las -porteras agradecidas. Ambos novelistas ganaban muchas -onzas de oro y enriquecieron a sus editores. Pero -la novela por entregas tambin pas, al vuelo del tiempo, -y el honrado Escrich muri en la pobreza despus -de cazar mucho y escribir otro tanto, pues su vida en -la Corte se desliz como canta una quintilla suya:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i2">Escrich es un cazador</div> -<div class="verse i0">Que pasa das felices</div> -<div class="verse i0">Persiguiendo con ardor</div> -<div class="verse i0">En el campo a las perdices</div> -<div class="verse i0">Y en Madrid al editor.</div> -</div></div></div> - -<p>Como en Valencia durante muchos aos la Biblioteca -de Cabreziro haca buena obra publicando libros de -mrito, ms tarde en Barcelona La Maravilla di al pblico -novelas e historia a precios reducidos, y alcanz -popularidad. Por all salieron a mezclarse con el pueblo -espaol Walter Scott y Dumas el viejo. No hay duda -de que del ao de 1840 al 1860 se publicaba y lea ms -en la Pennsula que lo que ahora se publica y se lee. -Los editores de Barcelona que hoy trabajan mucho, lo -hacen de modo principal para la exportacin y con escaso -cuidado. En Madrid apenas hay editores literarios. -Las bibliotecas econmicas de vulgarizacin a dos reales -aumentan y producen continuamente. La primera -fu la de Pi, la Biblioteca Universal, hecha por el patrn -de la francesa del mismo ttulo, aunque a precio duplicado -(la Bibliothque Universelle slo cuesta veinticinco -cntimos); siguila en Valencia la Biblioteca Selecta y -en Barcelona la Biblioteca Diamante. Antonio Zozaya -intent cuerdamente su Biblioteca Filosfica—tambin -a dos reales—y di a conocer al gran pblico, cierto<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> -que como en un botiqun, a los filsofos antiguos y modernos, -desde Aristteles hasta Schopenhauer.</p> - -<p>No dejar de recordar el impulso que di a las obras -ilustradas, con sus libros bien presentados y econmicos, -el editor Cortezo, barcelons, en su Biblioteca de -Artes y Letras, con encuadernaciones a la inglesa, y sus -buenos grabados; a tres pesetas volumen, di mucho -bueno. La Biblioteca franco-espaola y el Cosmo editorial -inundaron el pas de traducciones, por lo comn -mediocres y malas; una import al divino Montepn, a -la otra se le debe agradecer la presentacin de Zola. -Lzaro y Galdeano, director de la <i>Espaa Moderna</i>, y de -quien ya os he hablado, hombre de buen gusto y de -fino tacto, ha invertido una fortuna en traducciones. Al -comenzar en Pars la <i>Collection Artistique Guillaume</i>, -Sanz de Jubera quiso aqu imitarla. Error. El fracaso -vino luego. Editores de novela como Charpentier, o de -poesa como Lemerre no hay en Espaa ninguno. El -editor Cortezo intent fundar en Barcelona una biblioteca -de novelas contemporneas, pero tuvo que abandonar -la empresa. El problema es sencillo. Los editores -quieren firmas reputadas, nombres hechos, quieren la -seguridad de la venta, la salida del producto. Los jvenes, -y entre ellos muchos que acudiran a formar esa -biblioteca, no son recibidos, y, cuando publican uno -que otro trabajo, lo hacen por cuenta propia. Ello no -es nuevo. Prez Galds, Pardo-Bazn, Palacio Valds, -que antes de ser conocidos tuvieron que publicar ellos -sus obras, se han acostumbrado a eso, y ahora, ya clebres, -no se resignan a sufrir la tutela de Shylock de un -editor. Qu ventaja le reportara al seor Pereda, por -ejemplo, un editor que le diera de sus obras menos de -lo que ahora le paga Surez, que se las administra por -un 35 por 100? Si cuando empezaban esos escritores hubiese -habido un editor de comprensin y talento que -les acogiese y ayudase, como Charpentier a Zola, a -Daudet, a Goncourt, estaran todos unidos ahora a la<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span> -sombra de un buen rbol editorial, que a su vez se habra -nutrido de rica savia y sera amparo siempre de -los nuevos. Aqu el editor no quiere hacer obras, sino -ser contratista de obras hechas.</p> - -<p>La guerra, el desastre, han trado ahora un movimiento -que algo hace esperar para maana, o para pasado -maana. No hay que olvidar que los ingleses llaman a -esto <i>the land of maana</i>. Se ha producido algo ms en -estos tiempos que antes de la <i>Dbcle</i>, en novela, estudios -sociales, crtica, anuarios, etc. Han aparecido nombres -nuevos, y los mismos nombres viejos han aparecido -como con un barniz nuevo. No hablo de la produccin -catalana, que cuenta con el libro de arte en fondo -y forma; <i>L'Aven</i>, por ejemplo, no tiene nada que envidiar -a Empresas como el <i>Mercure de France</i>, o la de -Deman, de Bruselas. Tal es la actual Espaa editorial.</p> - -<p>All entre nosotros solemos quejarnos. Yo ya no me -quejo. Aguardemos nuestro otoo. Oh! argentinos, -creed y esperad en ese gran Buenos Aires.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p> - - -<h2>NOVELAS Y NOVELISTAS</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 64px;"> -<img src="images/img013.jpg" width="64" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">24 de julio.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Acaba</span> de publicar don Juan Valera una -novela nueva, <i>Morsamor</i>. Hace ya das -que el libro ha aparecido, y la crtica -oficial<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a> no ha dicho una sola palabra, -si se excepta el saludo de Cvia -al aristocrtico y veterano autor de <i>Pepita Jimnez</i>. Don -Juan Valera se encuentra, a pesar de su ceguera y de -los ataques del tiempo, en una ancianidad que se puede -llamar florida.</p> - -<p>Hablando de un argentino, en cuyos largos aos ha -nevado ya mucho, pero que se conserva maravillosamente, -deca Jos Mart: Es un lirio de vejez. El aspecto -de don Juan Valera dice la salud y la paz mental. -Hace algunos meses presidi, con sus ojos sin luz, una -sesin pblica de la Real Academia; Menndez Pelayo -le lea el discurso, y pareca que, con suave sonrisa y -leves movimientos de cabeza, Valera se aprobase a s -mismo, al correr los perodos cristianamente fluviales -de su prosa acadmica. Tiene muy feliz memoria, y su -conversacin es de aquellas que encantan. Sus sbados -han sido famosos entre las gentes de letras. La muerte -ha raleado algo el grupo de sus contertulios. En siete -aos, encuentro de menos al duque de Almenara, a don<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span> -Miguel de los Santos lvarez, a varios ms que tuve la -honra de conocer en la casa de la Cuesta de Santo Domingo.</p> - -<p>El joven don Luis, hijo de don Juan, se ha casado -con una hija del duque de Rivas, nieta del autor del -<i>Don lvaro</i> y de los <i>Romances</i>, la cual sola asistir a las -reuniones literarias de los Sbados. La casa de Valera -es la de un hidalgo noble de estirpe y de pensamiento. -Que los bros del escritor se sostienen, lo dicen la constancia -en la labor y el mantenimiento de la bella virtud -del entusiasmo. El nombre de Valera es conocido en -toda Europa; se le ha traducido mucho. Antes que las -heronas de las novelas de Armando Palacio Valds -fuesen luciendo su garbo espaol por el extranjero, ya -la seorita Pepita Jimnez andaba en lenguas por -el mundo. Tiene conquistadas el ilustre maestro generales -simpatas y el respeto de todos. Si algo ha podido -hacerle dao, ha sido su extremada benevolencia en -ciertos casos, aunque se defiende casi siempre con una -delicada irona. Ha hecho mucho por hacer conocer -aqu las letras americanas. Sus clebres <i>Cartas</i> son de -ello buena prueba.</p> - -<p>A pesar del cansancio natural que produce este estilo -comn a todos los escritores peninsulares—hoy en vas -de adquirir, por los nuevos, flexibilidad y variedad—, la -prosa de Valera se lee con el agrado que se deriva de su -inconfundible distincin. Su lengua trasparente deja -ver a cada paso la arena de oro del castizo fondo, y en -su manera, de una elegancia arcaica, de una gracia antigua, -se observa siempre el gesto ducal, el aire nobiliario. -Como Buffn, l tambin posee sus <i>manchettes</i>, con -la diferencia de que no se las tiene que poner para escribir, -porque no se las ha quitado nunca. Se le ha observado -su apego por asuntos de cierto picor ertico; y -ha habido quienes se hayan escandalizado de sus llamadas -libertades. En realidad no es el hecho para tanto.</p> - -<p>No son las suyas sino figuras de pecado que pueden<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> -circular sin temor entre el concurso de las honestas -damas de nuestro tiempo, de las cuales habra l sido, -si le hubiese venido en deseo, el incomparable cronista, -el Brantome enguantado de piel de Suecia. Buena -cantidad de pimienta y dems aromas y picantes especias -hay en el tesoro clsico de novelas ejemplares y -picarescas, para que no puedan aparecer hoy, mostrando -sus naturales gracias, mujeres espaolas de cepa -autctona y de indiscutibles atractivos, como Pepita Jimnez, -Juanita <i>la Larga</i>, Rafaela <i>la Generosa</i>. Don Juan -es autor de formas y de frmulas.</p> - -<p>No varan mucho de las de fray Luis de Granada. -Esto es una curiosidad y hasta cierto punto un mrito. -Se cree aqu que los americanos estamos imbudos exclusivamente -en la literatura francesa, sin saber que -nos hacen su visita provechosa todas las literaturas extranjeras. -Se entiende que hablo de Buenos Aires. Sin -salir de nuestro periodismo—guardando las distancias—no -se sospecha que hay un Ebelot, francs, un -Ceppi, italiano, y en sus puestos consiguientes, un Loweinstain, -ingls, un Clmaco Dos Reis, portugus, que -escriben castellano en nuestros peridicos <i>sin que se les -note el acento</i>.</p> - -<p>Y, consagrando el purismo, se habla con respecto al -castellano de Amrica y en especial del de la Repblica -Argentina, con espanto castizo, con horror acadmico, -para venirnos, por opinin de su ms conspicuo crtico, -con que don Juan Valera, a quien estimamos y admiramos -en su legtimo valer, es superior en algn punto a -Flaubert o a Anatole France.</p> - -<p>Esto no es una excepcin. Ya os he dicho que un espritu -tan informado y sutil como doa Emilia Pardo-Bazn -no ha vacilado en hacer de Vctor Hugo un mulo -de Campoamor. Por lo general, aqu se compara lo -propio con lo extranjero, cuando no con aire de superioridad, -con un convencido gesto de igualdad. No se -dan cuenta de su estado actual.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span></p> - -<p>No se dan cuenta de que quitando a Cajal y a algunos -dos o tres ms en ciencias, y a Castelar en su rareza -oratoria, no les conoce el mundo ms que por sus toreros -y sus bailaoras. Pongo naturalmente a un lado a -los pintores. Y esto no es sino lo que oigo decir y reconocer -por hombres de pensamiento imparcial y sin preocupaciones, -que desean para su hermoso pas una renovacin, -un cambio, una vuelta a la pasada grandeza. -Deca, pues, que uno de los incondicionales mritos del -eminente Valera estriba en su anticuada gracia estilstica, -en su impecabilidad clsica, en ese purismo que -hoy combaten humanistas como Unamuno. Ciertamente, -ledo a pocos, saboreado a sorbos, ese estilo agrada, -pero despus de varias pginas, el cansancio es seguro. -Esto llega hasta lo insoportable en el santanderino Pereda, -el hombre del sabor de la tierruca que para decir -los restos de la comida dice los relieves del yantar. -Le censura a Valera cierta crtica quisquillosa, su tendencia -a la rica mina amatoria, su hasta cierto punto -complacencia ertica. El amor le subyuga, es claro, -como a todo artista. Las gafas del censor en este caso -deberan hacer leer bajo el simulacro del Dios los conocidos -versos del seor de Voltaire:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0"><i>Qui que tu sois, voici ton matre;</i></div> -<div class="verse i0"><i>Il l'est, le fut, ou le doit tre.</i></div> -</div></div></div> - -<p>Valera se deleita, es verdad, en asuntos de esta clase, -pero lo hace con tanta discrecin y, sobre todo, con -tanto talento, que sus historias desnudas o semiveladas -se escuchan como la relacin perfumada y sugestiva -brotada del anecdotario de un abate galante. Ms atrevida -es doa Emilia Pardo-Bazn, y sus novelas adquieren -en sus pasajes escabrosos doble sabor por venir de -fuente femenina.</p> - -<p>Doa Emilia, mujer de vasta cultura, muy conocedora<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> -de literaturas extranjeras y escritora fecunda, es tambin -bastante famosa fuera de Espaa. Naturalista, desde -los buenos tiempos del naturalismo, ha permanecido -en su terreno realizando el curioso maridaje de un catolicismo -ferviente y una briosa libertad mental. Ha -escrito la novela gallega y la novela de la corte, ambas -con el conocimiento directo del asunto a que su vida de -alta dama de Madrid y terrateniente de La Corua le ha -ofrecido campo. Sus ltimas novelas han tenido menos -resonancia que las primeras, sin motivo especial, pues -sus cualidades de vigor y brillantez son las mismas. -Cuenta con gran habilidad, y es uno de los primeros -cuentistas espaoles actuales.</p> - -<p>Armando Palacio Valds puede asegurarse que escribe -para el extranjero, para ser traducido. Su clientela -est en Londres, en Nueva York, en Boston, no en Madrid. -Se me asegura que cuando publica un libro no -manda ejemplares a la Prensa madrilea, sino con raras -excepciones. No se seala ciertamente por calidades de -estilo, y se conoce que no tiene grandes preocupaciones -de arte; pero narra con verdad y color y sobre todo es -un gran tcnico, un constructor de primer orden. Por -otra parte, el autor de <i>El Origen del Pensamiento</i> no est -por descubrir como un fuerte talento, como una de las -ms hermosas figuras de la Espaa intelectual.</p> - -<p>El famoso don Benito Prez Galds ha vuelto a cavar -en la antigua mina de <i>Episodios Nacionales</i>; convertido -en el Charpentier de s mismo, se ha industrializado y -fabrica de un modo prodigioso. Casi no hay mes sin -episodio, y el pblico observa que la ley de antao era -otra. A pura novela se ha construdo un elegante hotel -en Santander y es hombre de fortuna.</p> - -<p>Era tiempo de dedicarse a la labor <i>para s mismo</i>, -como me deca Jean Paul Laurens de la pintura, a la -obra de arte y de idea en que el alma ponga toda su -esencia, en la libertad del soado y perseguido ideal.</p> - -<p>Don Jos Mara de Pereda, propietario de una fbrica<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span> -de jabn, descansa en sus conquistas. Regionalista rabioso, -su mundo se concentra en el Sardinero o en Polanco; -su esttica huele a viejo, su cuello se mantiene -apretado en la anticuada almidonada golilla. Es un espritu -fsil, pero poco simptico a quien no tenga por -ideal lo rancio y lo limitado. Hay que leer esa <i>Sotileza</i> -que han traducido al francs, hay que leerla en el idioma -extranjero para ver lo que queda en el esqueleto, -despojada de sus afectaciones de diccin: un colosal y -revuelto inventario.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>El valenciano Blasco Ibez es fuerte, enrgico, sencillo -como un buen rbol; lleva como la esencia de su -tierra y en su rostro el reflejo de un atvico rayo morisco. -<i>La Barraca</i> le ha colocado recientemente entre los -primeros novelistas espaoles. Es joven, y los vientos -de la poltica le han envuelto. Como diputado a Cortes -ha hecho bien sonoras campaas, con mayor felicidad -que el francs Barrs y el italiano D'Annunzio. Cierto -es que lo que menos hay en l es un esteta, en el buen -sentido de la palabra, porque aqu tiene uno muy malo. -S, Blasco Ibez es el hombre natural, de su pas de -flores y fierezas, de cantos y bizarras, y su alma sincera -y sana va por la vida con una libertad aquilina. Y -tiene ese potente varn de lucha el pecho de un sensitivo. -Como a todos los pensadores contemporneos, preocpale -el spero problema del hombre y de la tierra y -est naturalmente con los de abajo, con los oprimidos. -En sus palabras del Parlamento como en sus escritos, -se manifiesta su continua ansia de combate. En <i>La Barraca</i> -se exterioriza en las musculaturas del estilo uno -de esos espritus de gladiador, o de robusto constructor, -a la Zola. La onda mental corre sin tropiezos con un mpetu -de fecundacin que denuncia la original riqueza. -Libros como ese no se hacen por puro culto de arte, -sino que llevan consigo hondos anhelos humanos; son<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> -pginas bellas, pero son tambin generosas acciones y -empresas apostlicas. Pinta con colores de vida escenas -de su tierra que para el lector extranjero son de un pintoresco -interesantsimo. Es la huerta, trozo paradisaco, -rincn de amor y de vigor, saturado de energas -primitivas, y en donde la Naturaleza pone por igual en -el hombre dulzuras y rudezas. En esa tierra es en donde -cantan las dulzainas sus sones de reminiscencias africanas -y las muchachas danzan llenas de sol. Alrededor -de la barraca surgen, en la obra de mi eminente amigo, -tipos baados de sombra y luz, en aguas fuertes de una -hermosa intensidad. Es el desgraciado to Barret, el -asesino de don Salvador el terrateniente; es esa alma -salvaje de Piment, y su mujer, la Pepeta, que en la narracin, -en medio de su revuelo de pjaro zahareo, se -enternece de maternidad; es la figura graciosa y buena -de Roseta; y sobre todo, la vigorosa persona de Batiste, -fiero y alto ante el peligro, pero vencido al fin por una -funesta fatalidad; todo en una sucesin de cuadros, que -encantan o se imponen en su valor de verdad a punto -de contagiar de angustia o de sufrimiento; tal la muerte -del hijo de Batiste, la de Piment, y el incendio de la -Barraca, en el cual, sin pecado, creo sentir un potente -aliento homrico.</p> - -<p>Blasco Ibez es de contextura maciza, cabelludo y -de bravas barbas, ojo fino que va a lo hondo, amable o -terrible: su conversacin es, sin penachos meridionales, -franca y vivaz; es un <i>bon garon</i> ese soldado de tormentas. -Por lo de Montjuich ha luchado con entusiasmo, en -unin de otros dos escritores, Dionisio Prez, redactor -de <i>Vida Nueva</i>, novelista cuyo <i>Jess</i> ha tenido cierta -resonancia tanto en Espaa como en Amrica, tambin -hombre de combate y de talento tesonero, y Rodrigo -Soriano, cuyo nombre <i>La Nacin</i> ha hecho conocer en -Buenos Aires; carcter de irresistible simpata, autor -de libros varios sobre asuntos distintos, pues si hace -cuentos encantadores, sus crticas artsticas son de inters<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span> -y amenidad notorios, como sus artculos de periodista; -y en todo una fcil manera, un estilo de escritor -mundano, al tanto de todo lo que pasa en el extranjero, -cosa rara aqu; un diletantismo discreto y un innegable -tono personal. Su amistad con Emilio Zola es sabida; -y el ilustre maestro le ofreci asistir al <i>meeting</i> proyectado -en San Sebastin, en favor de la revisin del proceso -de Montjuich. Otros novelistas buscan tambin -vas nuevas.</p> - -<p>Un distinguido amigo escritor me manifiesta que la -novela espaola no existe hoy, como la francesa, la inglesa, -la rusa. Por qu? Porque las costumbres espaolas -comenzaron a perderse a fines del siglo XVII, y la -novela fundada en las costumbres no tiene carcter nacional -si aqullas no son propias, nacionales. Habra -que remontarse a los clsicos para encontrar costumbres, -y, por consiguiente forma especial del gnero novelesco. -Acaso el triunfo de Alarcn, y, sobre todo, el -de Pereda, estriban slo en esa cualidad: sus obras tienen -mucho de la tierra en que se formaron. Lo mismo -podra decirse de Fernn Caballero. No creo lo propio. -En la literatura universal los espaoles tienen ese aislado -tesoro que se llama la novela picaresca, hoy ciertamente -olvidado. Pero si es verdad que los novelistas de -Espaa, del siglo XVIII a esta parte, han sido infludos -por corrientes exteriores, academicismo, romanticismo, -<i>bon sens</i>, socialismo, realismo, naturalismo, psicologismo, -etc., a travs de la imitacin ha permanecido visible -el carcter nacional. Larra mismo fu tentado -por Walter Scott, y quin ms espaol que l, a pesar -de su conocimiento de literaturas extranjeras? Justamente -ha escrito don Juan Valera a quien estas lneas -traza:</p> - -<p>Todos tenemos un fondo de espaolismo que nadie -nos arranca ni a veinticinco tirones. En el famoso abate -Marchena, con haber residido tanto tiempo en Francia, -se ve el espaol: en Cienfuegos es postizo el sentimentalismo<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -empalagoso a lo Rousseau, y el espaol est -por bajo. Burgos y Reinoso son afrancesados y no franceses. -La cultura de Francia, buena y mala, no pasa -nunca de la superficie. No es nada ms que un barniz -transparente, detrs del cual se descubre la condicin -espaola. Fernn Caballero realiz la novela andaluza, -junto a los admirables cuadros de Estbanez y Mesonero -Romanos. Hoy mismo, las novelas de Salvador Rueda -y Reyes son puramente andaluzas. La novela gallega -nos la ha dado, aun vestida con modas extranjeras, la -egregia doa Emilia; la novela vasca tendra su sola representacin -con esa admirable y fuerte <i>Paz en la Guerra</i>, -de Miguel de Unamuno. Existe, pues, no solamente -la novela espaola, de Galds, Palacio Valds, Valera o -Alas, sino la novela regional.</p> - -<p>Hubo un tiempo en que rein el folletn. Eugenio -Su tuvo su <i>doble</i>, en Madrid, en don Wenceslao Aicuals -de Izco. <i>Los Misterios de Pars</i> se multiplicaron en <i>Mara -o la Hija de un Jornalero</i> y en la <i>Marquesa de Bella Flor</i>. -El socialismo romntico de entonces encontr excelente -campo de este lado de los Pirineos. Luego vino la -poca de aquel buen Prez Escrich, que caus muchos -llantos a nuestras madres y abuelas, pues la inundacin -de entregas sentimentales no fu tan slo en la Pennsula, -sino que recorri la Amrica entera. Lo propio -daba el <i>Cura de la Aldea</i>, que el <i>Mrtir del Glgota</i>, o la -<i>Mujer Adltera</i>. Tras l vino Antonio de Padua, caro a -las modistas y seoritas ansiosas de ensueos burgueses. -Y otros de la misma harina que encontraron fcil -la explotacin de esos antiliterarios filones. Puesto muy -distinto es el de don Manuel Fernndez y Gonzlez, una -especie de Dumas el viejo, fecundo y brillante de imaginacin, -productor incansable, tonel de cuartillas, al -que la pobreza soltaba la espita, intrigador colosal y -cuyo espritu galopante no deja de encenderse de tanto -en tanto con bellas chispas de arte.</p> - -<p>El diluvio de entregas pas. Algunos libros aparecieron<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span> -de corta extensin, como los de las bibliotecas francesas. -Eran <i>El Escndalo</i>, de Alarcn, y la <i>Pepita Jimnez</i>, -de Valera. La literatura recobraba su puesto, as fuese -en aislados esfuerzos. Alarcn, escritor de hbil inventiva, -sutil y emotivo, caus gran impresin con su novela -de espritu hondamente conservador, o <i>neo</i>, como -aqu se dice, a la cual novela habra de oponerse, en un -combate de doctrina moral ms que de ideologa, la -<i>Doa Perfecta</i>, de Galds. Valera asimismo se impuso -desde luego por la delicada elegancia de su manera, por -la resurreccin de antiguos prestigios nacionales, por -el abolengo impoluto de su estilo. Valera tena la gracia, -Galds conquist con la fuerza. Pereda, que publicara -sus <i>Escenas montaesas</i> desde 1894, no tuvo verdadera -resonancia sino muchos aos despus. <i>Pedro Snchez</i> -y <i>El Sabor de la Tierruca</i> sealan el principio de su -renombre. Despus llegaron la Pardo-Bazn, Leopoldo -Alas, Armando Palacio Valds. Se creaba ya -la novela de ideas. Al surgir victoriosos esos nombres, -un grupo en que bien poda haber un talento -igual, mas no certera orientacin, se presentaba, en -el deseo de hacer algo nuevo, de encauzar en Espaa -la onda que vena de Francia. Era la poca del naturalismo. -Nadie se atrevera a negar el valer mental -de Lpez Bago, de Zahonero, de Alejandro Sawa; pero -la importacin era demasiado clara, el calco subsista. -Lpez Bago, en cuya buena intencin quiero creer, -tuvo un pasajero xito de escndalo y de curiosidad. -Sus obras eran abominadas por los pulcros tradicionalistas -y por los mediocres que le envidiaban su -buen suceso. Se trataba de verbosos anlisis, de pinturas -de vicio, escenas burdelescas, figuras al desnudo -y frases sin hoja de parra. Zahonero sigui un -naturalismo menos osado. Sawa, muy enamorado de -Pars, y ms artista, se apeg a los patrones parisienses, -y produjo dos o tres novelas, que aun se recuerdan. -Alejandro Sawa es un escritor de arte, insisto, y el naturalismo<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span> -no fu propicio a los artistas: era una literatura -ptera.</p> - -<p>He de hablar de Silverio Lanza, un cuentista muy -original, cuyo nombre es escasamente conocido. Sin -perder el sabor castizo que suele aparecer con frecuencia -en sus narraciones, este escritor tiene todo el aire de -un extranjero en su propio pas. Es un humorista al -propio tiempo que un sembrador de ideas. Pero en su -humor no encontraris mucho el chiste nacional, sino -el <i>humor</i> de otras literaturas. Su ideologa se agria de -cierta aspereza al rozar problemas que se relacionan con -defectos y tachas de su misma patria. Y si habla mal de -Espaa, es espaol, dice Bartrina en uno de sus versos. -Pero no es este el caso. Es que se trata de un hombre de -pensamiento que se subleva ante las desventajas de su -patria en comparacin con otras naciones, a las cuales -deseara sobrepasase en el camino del progreso humano, -ante los vicios caractersticos que habra que combatir, -y los inconvenientes de educacin que habra que -subsanar. Silverio Lanza es un hombre de guerra. Se ha -repetido el caso de Stechetti y Olindo Guerrini. Olindo -Guerrini en esta vez se llama en Espaa Juan Bautista -Amors. Entre sus libros, sobresalen <i>Cuentecillos sin -importancia</i>, <i>Ni en la vida ni en la muerte</i> y los <i>Cuentos -polticos</i>. Recientemente Ruiz Contreras ha tenido la -acertada idea de llamarle a la <i>Revista Nueva</i>, en donde -sus cuentos ofrecen como antes,—extraamente vertebrados, -llenos de oscuridad que seduce, enseadores de -atormentadas gimnasias de estilo, al decir mucho en -cortas oraciones, incoherentes con premeditacin, y teniendo -siempre a su servicio la mitad del Genio,—compaera -del Ensueo, la Irona. El director de esa revista -me deca que a su sentir era Lanza acaso el ms -fuerte y el ms arrojado. Silverio Lanza no ha sufrido -la menor decepcin. Desde que public la primera -obra, <i>El Ao triste</i>, no ha cambiado una sola vez de senda. -Es un carcter, un hombre, una inteligencia superior,<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span> -y triunfar, logrando ser en la literatura espaola -un personaje aislado sin antecesores y acaso tambin -sin descendientes. Lo creo. La libertad por l proclamada -con el ejemplo, que ha hecho resaltar en esta literatura -de estilo uniforme—hablo en general—o uniformado, -para decirlo mejor, su inconfundible individualidad, -dar aqu buenos frutos, cuando el aire circule, -cuando el aliento universal pase bajo estos cielos; el -individualismo traer consigo—y ya empieza a iniciarse, -despus del desastre—una floracin flamante y saturada -de perfumes nuevos.</p> - -<p>Al paso observo un pequeo huerto bien cultivado, -lejos del parque ingls de Palacio Valds, de las granjas -montaesas de Pereda y Galds y de la rica quinta -gallega de doa Emilia. El huerto es de Jos M. Matheu, -cuyas excelentes cualidades de novelador son reales. -Este es un modesto; se ruboriza de la audacia. Suave y -metdicamente ha creado unos cuantos caracteres que -ha alojado en sus libros, en donde si esas buenas notas -resaltan, falta en cambio la divina virtud de la irona, -el culto del arte de la frase, las cambiantes estaciones -del estilo.</p> - -<p>Ortega Munilla, creo que, demasiado entregado a la -poltica, ha permanecido sin producir un solo libro -desde hace algn tiempo. De cuando en cuando florece -su ingenio en algn cuento, que recuerda al vibrante -narrador de otros das, el novelista de conciencia y el -prosista aquilatado. Taboada? A Taboada tambin hay -que contarle ya entre los novelistas. El paso de la narracin -corta a la novela lo ha hecho, como sus semejantes, -Mark Twain y Alphonse Allais. Este gracioso de -Espaa como el clownesco yankee y el incoherente -francs, ha obtenido un enorme xito con su obra despus -del continuado xito periodstico de cuentos y crnicas -desopilantes. Su mrito no puede ponerse en duda. -Es una originalidad. Es el cronista incomparable de la -vida cursi. Su <i>Viuda de Chaparro</i> se ha casi agotado en<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span> -pocos das. Hace reir, con un si es no es de amargor, -que, en verdad, merece su latn. Aquel de Ovidio, si -gustis:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0"><i>...medio de fonte leporum</i></div> -<div class="verse i0"><i>Surgit amari aliquid...</i></div> -</div></div></div> - -<p>La novela de Unamuno, <i>Paz en la Guerra</i>, es de esas -obras que hay que penetrar despacio; no en vano el -autor es un maestro de meditacin, un pensativo minero -del silencio. Es la novela un panorama de costumbres -vascas, de vistas vascas, pero es de una concentrada -humanidad que se cristaliza en bellos diamantes de -universal filosofa. El profesor de Salamanca es al mismo -tiempo el euskalduna familiar con la tierra y el aire, -con el cielo y el campo. Su pupila mental ve transparentemente -el espectculo de la vida interior en luchas -de caracteres y pasiones, en el olear de la existencia -ciudadana o campesina. Sus figuras las extrae como de -bloques de carne viva; y es un poderoso manejador de -intenciones, de hechos y de consecuencias. Y en su manera -no hay mpetus, no hay relmpagos.</p> - -<p>Tranquila lleva la pluma, como quien ara. Para leerle, -al principio se siente cierta dificultad: pero eso pasa -presto para dar lugar a un placer de comprensin que -nada iguala. Este es uno de los cerebros de Espaa, y -una de las voluntades. Lo que su paisano de Loyola, San -Ignacio, ense con sus <i>Ejercicios</i> a Maurice Barrs, l -lo ha aprendido en los ejercicios de su alma, en la contemplacin -de la vida, en su tierra honorable y ruda -con la rudeza de lo natural y de lo primitivo incontaminado -y sano. Antes he amado, por innata simpata, a -esos hombres fuertes de Vasconia, que adoran su cielo -y su tierra feraz y su libertad, en la conservacin de una -vida de grandeza antigua, que cantan tan sonoras canciones -de meditacin y amor y danzan tan bizarras danzas; -marineros, herreros, campesinos, nobles todos, veneran -un rbol y han tenido un bardo como Iparraguirre;<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span> -pero jams he comprendido el alma vasca como -cuando me he impregnado de las pginas de Unamuno. -El amor all tiene el hervor de la prstina savia; los -elementos conspiran para la fraternidad con el hombre, -la tierra besa a la carne, la savia se une a la sangre; el -abrazo, la cpula, deba ser como un sacramento, o -como ley sagrada. Son razas poseedoras de la serena -energa, de la fuerza donada por los viejos dioses, esa -ilustre fuerza que saluda Gladstone junto al rbol de -Guernica, que pinta Puvis de Chavannes, y a la cual -invoca el canto cuando, en su Provenza, Mistral empua -ante el concurso conmovido la simblica copa.</p> - - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a class="label" href="#FNanchor_2_2"><span>[2]</span></a> La crtica oficial ha hablado por boca de don Leopoldo Alas: -Valera no es como los pedantes Flaubert y France...</p> -</div> - - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p> - -<h2>LOS INMORTALES</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">22 de septiembre de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-p.jpg" width="75" height="75" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Pronto</span> aparecer la nueva edicin del -Diccionario de la Real Academia Espaola. -La casa editorial de Hernando da -la ltima mano al grande y lujoso mamotreto. -El seor Echegaray ha explicado -ya en la Prensa muchos de los nuevos trminos -cientficos que la Corporacin ha decidido adoptar. -Dentro de poco el <i>volt</i> se llamar voltio y el <i>culomb</i> -culombio. En cuanto a la palabra <i>trolley</i>, queda sencillamente -convertida en trole, como hace muchos das -tuvo la amabilidad de comunicrmelo mi eminente -amigo Eugenio Sells. Ignoro si el <i>presupuestar</i> de Ricardo -Palma tendr cabida esta vez en el lxico. Mas -lo cierto es que hay novedades, y es posible que el -chistoso pedante de Valbuena prepare otra fe de -erratas. Veremos lo que se limpia, lo que se fija y lo -que se da de esplendor, para recordar nuestro Horacio -y su <i>jus et norma loquendi</i>.</p> - -<p>Estos inmortales cumplen con su deber conservador -sobre todo; de las tres partes del lema prefieren el fijar. -Sus sesiones parecen de una amenidad muy discutible. -Ha pasado ya de moda el murmurar de sus hechos y -gestos. En Francia todava las palmas verdes y el espadn -provocan una que otra ocurrencia. Aqu es poco -decorativa la representacin, y un libro no se vende -ms porque el autor pueda poner debajo de su nombre:<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span> -<i>De la Real Academia Espaola</i>. La labor de los excelentsimos -e ilustrsimos, fuera de las papeletas del Diccionario, -es poco activa: la publicacin de algunas obras, -como las que dirige Menndez Pelayo, y la adjudicacin -de varios premios.</p> - -<p>La Real Academia se fund en 1713, y trece aos despus -apareci el primer tomo del Diccionario; otros -trece aos pasaron para que pudiesen publicarse los -otros cinco de aquella primera edicin. El rey orden -que se diesen a la Academia mil doblones al ao. Aprobada -por Felipe V, logr especiales concesiones. Los -acadmicos quedaban en cierto modo y para ciertas -ventajas iguales a la servidumbre de la Real Casa. En -1793 se les favoreci con la renta anual de 60.000 reales. -Desde 1793 tuvo su local, en la clebre casa de la calle -Valverde, hasta que hace poco tiempo se ha instalado -en edificio especial que hizo construir con propios -fondos.</p> - -<p>Los inmortales de Francia son cuarenta; los de Espaa -slo llegan a treinta y seis, sin que yo sepa el motivo. -Lo que no cabe duda es que el silln 41. de Houssaye, -que aqu corresponde al 37., existe en la academia del -marqus de Villena como en la academia de Richelieu... -No deja de haber aqu tambin su partido de los duques. -La poltica no anda asimismo muy alejada de las -influencias que privan en el reino de la gramtica. Ved -un simple desfile de figuras. El director actual es el -conde de Cheste. Muy viejo, antiguo militar, muy querido -en la Corte; hace algn tiempo que no asiste a las -sesiones acadmicas. El conde de Cheste dejar una -obra extensa principalmente de traducciones. Hasta -hace poco, obsequiaba a sus colegas con buenas comidas -y candorosos versos. Secretario perpetuo es hoy don -Miguel Mir, desde la muerte de Tamayo y Baus; censor, -Nez de Arce; bibliotecario, Catalina; tesorero, el marqus -de Valmar; vocal administrativo, Sells, e inspector -de publicaciones Menndez Pelayo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span></p> - -<p>El marqus de Valmar es un verdadero aristcrata. -Este viejo hidalgo, muy erudito, en sus primeros aos -literarios escribi para el teatro. Su obra ms considerable -es un estudio acerca de la poesa castellana en el -siglo XVIII. Se le debe la publicacin de las <i>Cantigas del -Rey Sabio</i>. Su vejez se desliza entre libros y comodidades; -es un caballero que ha sabido proteger, cuando ha -podido, a los jvenes de verdadero valer que le pedan -su apoyo literario y social. Mucho le debe a este respecto -el seor Menndez Pelayo. Dems decir que el marqus -de Valmar, noble y literato, ha pertenecido al cuerpo -diplomtico.</p> - -<p>Campoamor llev su humor a la Academia. No s que -haya contribudo mucho a la cocina del Diccionario; -pero si encontris en la nueva edicin algunas humoradas, -creed que son suyas, a menos que no sean de don -Juan Valera. Es de pensarse que en el secreto del ministerio, -en lo ms intrincado de la tarea filolgica, sabr -poner una gota de su espritu tico este marqus -del estilo que habra sido amigo de Barbey. Ms que los -ratones de los estantes empolvados, le conocen las alegres -liebres que, segn Hugo, <i>telegrafan</i> al buen Dios -en las maanas de primavera: <i>content!</i> Por lo dems, -Pepita Jimnez conversa muy amigablemente con fray -Luis de Granada.</p> - -<p>Don Enrique de Saavedra, duque de Rivas, emparentado -con don Juan Valera, es, sobre todo, el hijo de su -padre. Su mayor ttulo acadmico es ser obra de don -ngel, hermano por lo tanto de <i>Don lvaro o la fuerza -del sino</i>. La herencia espiritual no fu en este caso completa, -y don Enrique es a don ngel lo que Francisco o -Carlos Hugo al Csar de los poetas franceses.</p> - -<p>Don Cayetano Fernndez es un seor presbtero adobado -de humanidades. Su candidatura a la Academia -sali de Palacio. Ha sido el ulico profesor de las infantas -viejas. Creo que ha escrito un volumen de <i>Fbulas -morales</i>. Moral: <i>Timeo hominem unius libri</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span></p> - -<p>Don Gaspar Nez de Arce ilustra con su poesa el -rido senado. Es el Sully-Prudhon de los espaoles, o el -Jos Mara de Heredia.</p> - -<p>Don Eduardo de Saavedra es ingeniero de caminos. Se -le abrieron las puertas de la Academia por su ciencia, -como a Lesseps. Dicen que tiene gran talento. Alcal -Galiano es otro hijo de su padre. Ha traducido a Byron, -en verso. Ignoro si el sacrificio fu antes o despus de -entrar en la Academia.</p> - -<p>Don Mariano Catalina se distingue entre otras cosas -por sus barbas rojas, y por sus ideas, que son completamente -opuestas al color de sus barbas. Sus dramas valen -mucho ms de lo que se ha dicho de ellos. En ese -reaccionario hay un varn de fibra. Le silbaron, injustamente, -y se dedic a otras cosas. Su manera es parecida -y anterior a la de Echegaray, menos descoyuntada -y ms espaola; sus versos aceptables, es decir, malos. -Es editor de la coleccin de escritores castellanos, que -publica, entre otros libros importantes, la <i>Historia de las -Ideas Estticas</i> y dems obras de Menndez Pelayo.</p> - -<p>Don Marcelino entr muy joven en la Academia, como -se recordar. Hicironle triunfar por una parte su saber -enciclopdico y vasto, por otra su conocida filiacin -conservadora. No hay duda de que sus conocimientos -son asombrosos: don Marcelino sabe ms que todos los -acadmicos juntos, y sus trabajos han sido y son los de -un gran crtico, los de un verdadero sabio. La edicin -monumental de Lope y la <i>Antologa</i> lo demuestran.</p> - -<p>Pidal y Mon escribe correctamente.</p> - -<p>El seor Mir escribe con muchas intenciones acadmicas, -y, como la mayor parte de los escritores de su -pas, se toma muy escaso trabajo para pensar. Siempre -esa onda lisa del perodo tradicional cuya superficie no -arruga la menor sensacin de arte, el menor impulso -psquico personal. Ha publicado un libro en que se descubre -sinceridad e independencia, libro antijesutico y -de largo nombre: <i>Los Jesutas de puertas adentro y un<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span> -Barrido hacia afuera de la Compaa de Jess</i>. Escribe -la historia de Cristo y memorias o monografas acadmicas; -en lo acadmico suspiraris por un poco de literatura -o de sentimiento artstico, y en lo religioso es en -vano buscar el espritu de los antiguos msticos—nica -cosa que el acadmico espaol poda perseguir.</p> - -<p>Balaguer acaba de publicar uno de los innumerables -volmenes de que constan sus obras. No parece que le -preocupen gran cosa los asuntos de instituto. Maestro -en gay saber, vive mucho para las musas.</p> - -<p>Commelern entr en la Academia en ocasin famosa. -Se sabe que luch con Galds y que la candidatura del -novelista fu pospuesta. Se escribi mucho con este motivo, -y hubo enrgicas protestas. No veo tanto la razn. -El seor Commelern sabe ms latn y ms lingstica -que el seor Galds; es ms til en las tareas de la Academia. -Adems, el novelista deba entrar tarde o temprano. -No estaba en el mismo caso de Zola... Commelern -es un incansable trabajador en sus estudios oficiales. -Tuvo en un tiempo aficiones literarias y, apasionado -de Caldern, hizo algo para el teatro, que no llev a -la escena. Publica ahora un gran Diccionario latino y -libros de texto que son bien juzgados.</p> - -<p>Fabi es de una eminencia especial; para unos es un -sabio; para otros, lo contrario de un sabio. No es digno, -a mi entender, de lo uno ni de lo otro. En sus escritos -se ve, adems de la irremediable correccin, mucha cultura -clsica y legtima solidez.</p> - -<p>Ha preferido en sus disciplinas, a lecturas insustanciales -y nuevas, generalmente obras de segunda mano, -el desempolvar pergaminos viejos en los rincones de -archivos y bibliotecas; de ah que la crtica histrica -tenga en el seor Fabi uno de sus ms serios representantes -en Espaa.</p> - -<p>Del seor Silvela dir que, hijo de un padre ilustre y -hermano de otra notable inteligencia espaola, vale -muchsimo ms que lo que l se figura. Tiene atraccin<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span> -y un inmenso nmero de amigos que le siguen. Con -todo, su poltica es mejor que su literatura, literatura de -aficionado. Lo cual no quita que encontris en sus discursos -pginas admirables.</p> - -<p>Colmeiro es un sabio. Nada ms que un sabio.</p> - -<p>El seor Fernndez y Gonzlez es un arabista insigne, -segn aseguran los que dicen que entienden el rabe. Se -me ha hablado mucho de su talento de crtico, y conozco -estudios suyos nutridos de doctrina; pero no he podido -encontrar su libro <i>La Crtica en Espaa</i>, del cual se cuentan -maravillas.</p> - -<p>El conde de Buenos Aires, don Santiago Alejandro de -Liniers, hoy alcalde de Madrid, tiene ante todo su alta -posicin social y pecuniaria. Ha publicado un libro, <i>Lneas -y Manchas</i>, y ha sido periodista. Exprimiendo toda -la produccin de esta excelente mediana, no se sacara -la cantidad de pensamiento y de arte que hay en una -sola pgina de su sobrino ngel Estrada.</p> - -<p>De don Luis Pidal y sus obras confieso mi absoluta -ignorancia.</p> - -<p>Manuel del Palacio, tan conocido en el Ro de la Plata, -es otro poeta de la Academia. Vive ahora un tanto retirado, -despus de que el duque de Almodvar tuvo la -peregrina ocurrencia de quitarle su empleo en la Administracin; -por lo cual la indignacin de su verso envi -unas cuantas abejas de su jardn a picar al caballero, -como l dice un poquito duque y un poquito tuerto. -Arquloco es mal enemigo.</p> - -<p>La ciencia por un lado y el teatro por otro, apadrinaron -a don Jos Echegaray para entrar a ocupar su silln. -Castelar le hizo el dudoso favor de compararle con -Goethe al contestarle su discurso de recepcin. El seor -Echegaray es un hombre eminente, de lo mejorcito que -aqu tenemos, me dice don Leopoldo Alas; pero su enciclopedismo -de nociones en este tiempo de las especialidades -le coloca en una situacin que fuera de su pas -sera poco grata para su orgullo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span></p> - -<p>Sells, conquistador del teatro, desde su sonoro <i>Nudo -Gordiano</i>, contina escribiendo piezas en un acto, y aun -se dice que abordar el libreto de zarzuela, sin que se -perturbe el <i>decorum</i> de su noble compaa.</p> - -<p>Al conde de Viaza le he conocido en casa del secretario -de la legacin argentina. Es uno de los acadmicos -ms jvenes. Estudioso y erudito, tiene entre otras obras -suyas un libro muy interesante sobre Goya; y prepara un -estudio, que ser de indudable valor, acerca de la historia -del grabado en Europa, y especialmente en Espaa, -para lo cual cuenta con copiosos datos inditos y planchas -antiguas de colecciones hasta hoy desconocidas.</p> - -<p>El seor Moret est en la Academia oficialmente. -Hubo una ocasin que para celebrar un acontecimiento -resolvieron los acadmicos ofrecer un silln al ministro -del ramo. Le toc al seor Moret, que casualmente ocupaba -entonces el Ministerio. El seor Moret, por otra -parte, es orador agradabilsimo y su palabra debe animar -y flexibilizar las secas discusiones.</p> - -<p>Prez Galds, para el reglamento, vive en el paseo de -Areneros, nm. 46; pero en realidad reside en Santander, -en la villa que se ha levantado a fuerza de novela. Ya he -dicho que present su candidatura la primera vez y fu -vencido por el latinista Commelern. En poco tiempo se -cumpli su voluntad. Pereda, el montas, segn la gua, -vive tambin en la Corte, en la calle de Lista, nm. 3; pero -en realidad vive en Santander, en Polanco, y como las -novelas no se le pactolizan como a Galds, a pesar de -que es rico, sigue fabricando jabn. El seor Pereda debera -no separarse de la Real Academia, no faltar a sus -sesiones. Es l quien escribe <i>los relieves del yantar</i>; por -limpiar, fijar y dar esplendor a <i>las sobras de la comida</i>.</p> - -<p>El seor Balard, acadmico electo, es el poeta meloso -y falso que ya conocis, y crtico de una limitacin asombrosa, -que beneficia no obstante en Espaa la ms injusta -de las autoridades.</p> - -<p>Don Daniel de Cortzar es ingeniero de minas, hijo del<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span> -autor de un muy conocido tratado de matemticas elementales. -Su ciencia le ha ganado la honra. Los acadmicos -aqu, como en Francia, quieren tener de todo en -su casa.</p> - -<p>El ltimo acadmico electo es el poeta Ferrari. Su candidatura -ha brotado de los salones influyentes que frecuenta -y en donde sus recitaciones son proverbiales... -Conste que una vez yo le he visto defenderse con bravura—y -al fin sucumbir—en casa de doa Emilia Pardo-Bazn.</p> - -<p>La Academia cuenta con innumerables miembros correspondientes, -en Europa y Amrica espaola, y con -dos miembros honorarios, ambos de la Amrica Central: -uno de Honduras, otro del Salvador. Esto os causar alguna -sorpresa, pero he aqu la explicacin. El presidente -de Honduras, Marco Aurelio Soto, hace mucho tiempo -orden por decreto gubernativo que en la Repblica -se usase, al menos en todos los documentos y publicaciones -oficiales, la ortografa de la Real Academia Espaola. -Supongo que acompaara el decreto con alguna demostracin -de afecto acadmico ms prctica. El presidente -del Salvador, Rafael Zaldvar, hombre muy inteligente, -viaj un da por Espaa, con gran squito y con la -pompa de un prncipe extico. Tengo entendido que di -a la Academia asimismo valiosas pruebas de amistad. Se -le correspondi con una sesin especial en su honor. -Todas las personas de su comitiva tuvieron nombramiento -de miembro correspondiente. De aqu que los -dos nicos miembros honorarios sean esos expresidentes -centroamericanos.</p> - -<p>La labor de la Real Academia, dgase bien claro, es en -nuestro tiempo inocua, como la de los inmortales franceses. -Hacen el diccionario, reparten premios ms o -menos Montyon y coronan obras mediocres y correctas.</p> - -<p>Aqu se defiende el purismo, la virginidad de esta vieja -lengua que ha dado y dar tantas vueltas. Y esos defensores -tienen eco en ciertas naciones de Amrica; pues<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> -como reza un decir magistral—cito de memoria—cuando -el purismo desaparezca de Salamanca se encontrar -en algn cholo de Lima o en el morro de un negro mejicano. -En ese continente, en las aldeas ms primitivas -no falta el barrigudo licenciado abarrotado o abarretado -que persiga el <i>le</i> y el <i>lo</i>, y el caso y la concordancia, y -entre tortilla de maz y tortilla de mais no haga su discursito -en caribe en defensa de los fueros del idioma.</p> - -<p>No puedo menos que concluir citando las palabras de -un ilustre profesor de la ms clebre de las Universidades -espaolas: Hay que levantar voz y bandera contra -el purismo casticista, que apareciendo en el simple empeo -de conservar la castidad de la lengua castellana, -es en realidad solapado instrumento de todo gnero de -estancamiento espiritual, y lo que es an peor, de -reaccin entera y verdadera. Eso del purismo envuelve -una lucha de ideas. Se tira a ahogar las de cierto rumbo, -haciendo que se las desfigure para vestirlas a la -antigua castellana. Se encierra en odres viejos el vino -nuevo para que se agrie. Y luego: Hay que hacer el -espaol internacional con el castellano, y si ste ofreciese -resistencia, sobre l, sin l, o contra l. El pueblo -espaol, cuyo ncleo de concentracin y unidad di al -castellano, se ha extendido por dilatados pases, y no -tendr personalidad propia mientras no posea un lenguaje -en que sin abdicar en lo ms mnimo de su modo -peculiar de ser, cada una de las actuales regiones y naciones -que lo hablan hallen perfecta y adecuada expresin -a sus sentimientos e ideas. Hacen muy bien los -hispanoamericanos que reivindican los fueros de sus -hablas y sostienen sus neologismos, y hacen bien los -que en la Argentina hablan de lengua nacional. Mientras -no internacionalicemos el viejo castellano, hacindolo -espaol, no podemos vituperarles los hispanoespaoles, -y menos an podran hacerlo los hispanocastellanos, -y hacen muy bien en ir a educarse a Pars, porque -de all sacarn, por poco que saquen, mucho ms<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span> -que de este erial, ya que lo que aqu mejor puede drseles, -la materia prima de esa lengua, consigo la llevan -y con libros pueden perfeccionarla.</p> - -<p>El autor de esas lneas se llama Miguel de Unamuno. -Aqu y entre nosotros protestarn especialmente de -ellas los que no se llaman ni son nada, <i>pas mme acadmiciens</i>.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span></p> - - -<h2>LOS POETAS</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img005.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">Madrid, 24 de agosto de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">El</span> modesto Manzanares no es muy propicio -a los cisnes. Antes lo eran el Darro, -que como se sabe tiene arenas de oro, y -el Genil que las tiene de plata. Los cisnes -viejos de la madre patria callan hoy, -esperando el momento de cantar por ltima vez. Ya os -he hablado de Campoamor, cuando se pens en su coronacin, -ceremonia de que no se ha vuelto a ocupar -nadie, a pesar de las buenas intenciones del Crculo de -Bellas Artes, cuyo presidente, el seor Romero Robledo, -manifestara tanta excelente voluntad. El anciano poeta -sigue cada da ms enfermo. ltimamente no ha podido -contestar a una <i>enqute</i> iniciada por una revista de Pars, -<i>La Vogue</i>, sobre el asunto Dreyfus. Casi imposibilitado -de moverse, sufre en su retiro horas dolorosas, y -visitarle es ir a pasar momentos de pena. Sus ltimos -versos son una que otra dolora dolorida que ha publicado -la <i>Espaa Moderna</i>, una que otra humorada en que -se depositan las ltimas gotas que quedan del humor -antiguo en el vaso de ese espritu que fuera tan bellamente -lozano, tan frescamente juvenil. Ahora es cuando -hay que volver los ojos al viejo tesoro prodigado, -aquella poesa tan elegante en sus sutiles arquitecturas -y tan impregnada del amargor que el labio del artista -siente al primer sorbo de vida.</p> - -<p>Recordad aquellas perlas brillantes de irona, de las<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span> -doloras; y aquellos pequeos poemas que conducen por -una corriente de sonoras transparencias verbales a la -finalidad de una inevitable melancola, la melancola -que por ley fatal florece en los jardines de la humana -existencia. Amable filsofo! Daba la leccin de verdad -adornada de la gracia de su msica, su msica personal, -inconfundible en toda la vasta orquesta potica de las -musas castellanas.</p> - -<p>Nez de Arce, tambin silencioso. Dirige las oficinas -del Banco Hipotecario, y <i>Luzbel</i>, anunciado hace largos -aos, no se concluye. Dicen que padece el poeta de enfermedad -gstrica, y as debe ser por el continuo gesto de -displicencia que presenta su faz. No es ya el tiempo de -los <i>Gritos del Combate</i> y de la <i>Visin de fray Martn</i>. El -vate de antes se encuentra ya transpuesto en poca que -desconoce sus pasados versos, el alma de sus pasados -versos, alojada hoy en una casilla de retrica. No es esto -desconocer el inmenso mrito de ese noble cultivador -del ritmo, que ha dominado a ms de una generacin -con su mtrica de bronce. Hoy Espaa no cuenta con -poeta mejor. Ms an, no existe reemplazante. Cuando -deje de aparecer en el nacional Parnaso esa dura figura -de combatiente que ha magnificado con su severa armona -la lengua castellana, no habr quien pueda mover su -armadura y sus armas. Porque Nez de Arce, dgase lo -que venga en antojo a los que no es simptico intelectual -o personalmente, ha sido un admirable profesor de -energa. En verso, pero de energa. Ha mezclado ms de -una vez la prosaica poltica en sus imprecaciones, y ha -sido ministro de Ultramar cuando haba ministros de -Ultramar. Ha sido con su manera sonante y oratoria -un parlador de multitudes, un dirigente del espritu -pblico de su poca. Y si de algo se resiente el conjunto -de su obra, es de haber sacrificado ms de una -paloma anacrentica o cordero de gloga a la diosa de -pechos de hierro que no tiene corazn, a la Patria, en -su ms triste dolo: el ideal de un momento. Porque el<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -mayor pecado de este poeta es no haber empleado sus -alas para subir en el viento del universo, sino que se ha -circunscrito a su terruo, al aire escaso de su terruo -aun en los poemas de tema humano en que debiera -haber prescindido de tales o cuales ideales de grupo. -Krausistas y neos han tenido en esta tierras liras en sus -batallones. La obra de Nez de Arce aun persiste. Su -puesto, como he dicho, se mantiene el primero. Que su -<i>Visin de fray Martn</i> tenga por origen el abad Hieronimus -de Leconte de l'Isle, que <i>La Pesca</i> tenga la fisonoma -familiar de la copiosa produccin coppeista, eso no -obsta a la marca individual de este forjador de endecaslabos; -endecaslabos de Toledo que vibran y riegan su -resonante son: <i>spargens sonus</i>. Mas eso no basta al deseo -de la juventud que observa la deslumbradora transfiguracin -del arte moderno. No dice nada a las almas nuevas -el conocido alternar del endecaslabo en la estrofa -nezdearcina, que por otra parte, es estrofa dantesca, -del Dante de las poesas amatorias. Y Nez de Arce -queda solo ante su ara, o ante su Banco Hipotecario, -como el finalizado Campoamor entre el recuerdo y la -tumba.</p> - -<p>Manuel del Palacio, tan conocido en el Ro de la Plata, -vive tambin flotante en las brumas de su Olimpo muerto. -Bueno, triste, aun guarda una chispa de entusiasmo -que brilla en el fino azul de sus ojos penetrantes. Esa -tristeza suya me recuerda cierto pequeo poema de Baudelaire, -el de los viejos juglares. Pas para del Palacio -el buen tiempo en que un soneto espiritual daba la vuelta -a la Corte entre preciosos comentarios, pas el tiempo -de la diplomacia lrica que pona en humor jovial a los -bonaerenses, gracias a este excelente don Manuel, entonces -ministro en el Ro de la Plata, y al nunca bien ponderado -colombiano seor Samper. Hoy est an ms -amargado el ingenioso poeta, porque ha quedado cesante -de su empleo de secretario de la orden de Isabel la -Catlica, por obra del duque de Almodvar. El cual no<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span> -ha contado con que la indignacin del verso deba venir. -Y ha venido. No hace muchas noches nos lea don Manuel -a varios amigos las vengadoras ocurrencias de -su musa:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Alegre por fuera</div> -<div class="verse i0">y triste por dentro,</div> -<div class="verse i0">con la carga encima</div> -<div class="verse i0">de muchos inviernos,</div> -<div class="verse i0">muchos desengaos</div> -<div class="verse i0">y muchos recuerdos,</div> -<div class="verse i0">voy ya por el mundo</div> -<div class="verse i0">a paso de espectro,</div> -<div class="verse i0">como va entre brumas</div> -<div class="verse i0">la nave hacia el puerto.</div> -<div class="verse i0">A mi espalda quedan</div> -<div class="verse i0">cada vez ms lejos,</div> -<div class="verse i0">placeres y glorias,</div> -<div class="verse i0">quimeras y sueos;</div> -<div class="verse i0">y al fin del camino,</div> -<div class="verse i0">que cercano veo,</div> -<div class="verse i0">dos sombras me aguardan</div> -<div class="verse i0">olvido y silencio.</div> -<div class="verse i0">Centinelas mudos</div> -<div class="verse i0">del reposo eterno,</div> -<div class="verse i0">pensis que ya tardo?</div> -<div class="verse i0">Pues no estis inquietos:</div> -<div class="verse i0">ni os odio, ni os amo,</div> -<div class="verse i0">ni os busco, ni os temo.</div> -<div class="verse i0">Cansado de luchas</div> -<div class="verse i0">del alma y el cuerpo</div> -<div class="verse i0">para toda empresa</div> -<div class="verse i0">intil me siento.</div> -<div class="verse i0">De hacer beneficios</div> -<div class="verse i0">que era mi embeleso,</div> -<div class="verse i0">un ministro imbcil</div> -<div class="verse i0">me quit los medios,</div> -<div class="verse i0">y nunca a los pobres</div> -<div class="verse i0">negando consuelo</div> -<div class="verse i0">al darles mis lgrimas</div> -<div class="verse i0">les doy cuanto tengo,</div><span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span> -<div class="verse i0">de lo cual resulta</div> -<div class="verse i0">que, de puro bueno,</div> -<div class="verse i0">la vida me paso</div> -<div class="verse i0">haciendo pucheros,</div> -<div class="verse i0">y vale la pena</div> -<div class="verse i0">de vivir para esto?</div> -<div class="verse i0">Sirva usted a su patria,</div> -<div class="verse i0">defienda el derecho;</div> -<div class="verse i0">por l y por ella</div> -<div class="verse i0">sufra ust destierros,</div> -<div class="verse i0">prisiones, calumnias</div> -<div class="verse i0">y otros vilipendios,</div> -<div class="verse i0">y cuando juicioso</div> -<div class="verse i0">la edad le haya vuelto,</div> -<div class="verse i0">logre entre los sabios</div> -<div class="verse i0">pasar por discreto</div> -<div class="verse i0">y entre los tunantes</div> -<div class="verse i0">fama de no serlo,</div> -<div class="verse i0">mientras llega el da</div> -<div class="verse i0">en que un majadero,</div> -<div class="verse i0"><i>un poquito duque</i></div> -<div class="verse i0"><i>y un poquito tuerto</i></div> -<div class="verse i0">por chiripa jefe</div> -<div class="verse i0">de elevado centro,</div> -<div class="verse i0">venga y diga: Basta!</div> -<div class="verse i0">Vaya ust a hacer versos!</div> -<div class="verse i0">Y ust que en la lengua</div> -<div class="verse i0">nunca tuvo pelos,</div> -<div class="verse i0">le responda: Snchez,</div> -<div class="verse i0">Vaya ust a paseo!</div> -</div></div></div> - -<p>Manuel del Palacio, a quien poticamente el satrico -seor Alas tasaba en cincuenta cntimos, es decir, cincuenta -cntimos de poeta, da seales de perseverancia -de cuando en cuando en las revistas de la Corte, aunque -no ya con la frecuencia de antao. Cuando la guerra, se -puso l tambin en campaa contra el yanqui; sus chispas -no produjeron desde luego ningn incendio. El -seor don Sinesio Delgado, Casimiro Prieto y Manuel -del Palacio fueron los tres patriotas del consonante.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p> - -<p>Manuel Reina ha logrado recientemente un triunfo -con su <i>Jardn de los Poetas</i>. Lrico de penacho, en color -un Fortuny. Ha llamado la atencin desde ha largo -tiempo, por su apartamiento del universal encasillado -acadmico hasta hace poco reinante en estas regiones. -Su adjetivacin variada, su bizarra de rimador, su imaginativa -de hbiles decoraciones, su pompa extraa entre -los uniformes tradicionales, le dieron un puesto a -parte, alto puesto merecido. Le llaman discpulo e imitador -del seor Nez de Arce. No veo la filiacin, como -no sea en la manera de blandir el verso. Nez de Arce -es ms severo, lleva armadura.—Reina va de jubn y -gorguera de encajes, lleno de su bien amada pedrera. -No hay versos suyos sin su inevitable gema. En el <i>Jardn -de los Poetas</i> se ven sus preferencias mentales, un -tanto en choque, por la variedad de las figuras. Su jardn -es trabajo de virtuoso. Cada poeta le da su reflejo, y l -aprovecha la sugestin felizmente.</p> - -<p>Grilo? Es una situacin literaria especialsima la de -Grilo. Es el poeta laureado de Espaa, aunque Espaa -no tenga oficialmente poeta laureado. Su barril de malvass, -o pongamos de Jerez, debe tenerlo por obra y -gracia de la infanta doa Isabel, y dems gentes de palacio. -Grilo ocupa un lugar especialsimo, semejante al -de ese pobre mster Austin en Inglaterra. Los intelectuales, -y aun la mayora, sonren ante la parada de esa -ulica musa de ocasin que dice sus rimas con acompaamiento -de piano. Grilo es el poeta de la reina Isabel, -de la reina regente, del rey, y de las innumerables marquesas -y duquesas que gustan de leer el da de su santo -un cumplimiento en renglones musicales. Aun hay -melenas! La poesa suya es de esa azucarada y hmeda -propicia a las seoras sentimentales y devotas. Segn -se me informa, la proteccin prctica de sus altas favorecedoras -es eficaz, y ese ruiseor no puede quejarse de -los caamones del mecenato.</p> - -<p>Don Jos Echegaray, a quien Castelar hizo el peregrino<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> -obsequio de compararle con Goethe, no ha vuelto a -<i>taquiner</i> la musa. Es sabido que de todo entiende, y gratifica -peridicamente a sus compatriotas con la informacin -de una ciencia de colegiales. El ingeniero poeta -goza de una enorme popularidad, y cada vez que yo -manifiesto mi asombro por la ocurrencia castelarina, -no falta quien se asombre de mi asombro. Su musa concluy -en los empujes de sus dramas elsticos, en las -tiradas de la Guerrero. Ferrari es tambin un poeta de -saln, y he tenido la honra de compartir con l una noche -el curioso xito de una recitacin para <i>ladies and -gentlemen</i>. No puede negarse su mrito, bajo el rbol -frondoso de don Gaspar. Don Juan Valera ha hecho -versos correctsimos; hoy ya no los hace. Menndez Pelayo -asimismo ha frecuentado el Helicn. Este erudito -humanista, cuando se le presenta una nia con su lbum, -sale del paso con escribir unas estrofas de su antigua -composicin:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="i0">Puso Dios en mis cntabras montaas...</div> -</div></div></div> - -<p>Salvador Rueda, que inici su vida artstica tan bellamente, -padece hoy inexplicable decaimiento. No es que -no trabaje; pues ahora mismo acabo de ver el manuscrito -de un drama de gitanos—otro modo de ver que el de -Richepin—que piensa someter a los cmicos en la temporada -prxima; pero los ardores de libertad eclctica -que antes proclamaba un libro tan interesante como <i>El -Ritmo</i>, parecen ahora apagados. Cierto es que su obra no -ha sido justamente apreciada, y que, fuera de las inquinas -de los retardatarios, ha tenido que padecer las mordeduras -de muchos de sus colegas jvenes; dndose el -caso de que se cumpliese en l la palabra del celeste y -natural Francis Jammes: Los que ms te hayan nutrido -con las migajas de tu mesa, los que te atacarn sern -aquellos que ms te hayan imitado y aun plagiado. Los -ltimos poemas de Rueda no han correspondido a las<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span> -esperanzas de los que vean en l un elemento de renovacin -en la seca poesa castellana contempornea. Volvi -a la manera que antes abominara: quiso tal vez ser -ms accesible al pblico y por ello se despe en un lamentable -campoamorismo de forma y en un indigente -alegorismo de fondo. Yo, que soy su amigo y que le he -criado poeta, tengo el derecho de hacer esta exposicin -de mi pensar.</p> - -<p>Dicenta ha encontrado su filn en las tablas, y no hace -otra cosa que obras para el teatro, como su compaero -Paso. Se nombra mucho a Ricardo Gil. He buscado sus -obras, las he ledo; no tengo que daros ninguna noticia -nueva. Es la poesa que conocis, con un copioso nmero -de aedas, entre los cuales, estos nombres ms resaltantes: -Catarineu, Ansorena, Morera, Galicia, Melchor -de Palau. El espritu regional cuenta con buenos representantes. -Hay ahora un poeta de Murcia que ha conquistado -Madrid, Vicente Medina. Se le ha elevado a alturas -insospechables, se le ha declarado vencedor. Es -verdad que trae con su emocin, con su sencilla facultad -de ritmo, su gracia dialectal y su fondo de sensitivo, -una nota desconocida hasta hoy; es un hallazgo. Pero lo -monocorde de su manera llega a fatigar, con la repeticin -de la queja, una queja continua, picada de diminutivos -que por su copia llegan a causar otra impresin -que la buscada por el poeta. De todas maneras Vicente -Medina es un excelente poeta campesino.</p> - -<p>El seor Vaamonde ha intentado algunos cambios de -ritmo, algunas flexibilizaciones de verso, y ha conseguido -interesar. Despus de la guerra, public un libro de -inspiracin patritica. Los catalanes tienen buenos poetas, -desde su padre Verdaguer, el de la <i>Atlntida</i>, hasta -los modernos Maragall, Pajes de Puig, y Maten. Son infinitos -los rimadores y <i>mestres en gay saber</i>. Los andaluces -forman tambin su grupo, con Daz Escobar, especialista -en <i>cantares</i>, Arturo Reyes, de la familia de Rueda, -como el joven Villaespesa, bello talento en vsperas<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span> -de un dichoso otoo, y otros escanciadores de sol y manzanilla. -Los vascos no s que tengan un poeta representativo; -debe haber varios, que escriban en su idioma y -no quieran confundirse con el Parnaso de la Maquetania. -Pero con Unamuno basta para tener an en la lrica -representacin digna en la Corte.</p> - -<p>Los jocosos son legin. Los diarios y revistas publican -una cantidad increble de chistes rimados, y peridicos -como el <i>Liberal</i> tienen un redactor especial que trata -asuntos de actualidad, en verso. Pues aqu Felipe Prez -y Gonzlez, como antes Antonio Palomero o Jos Mara -Grans, tiene por tarea dar diariamente cierta cantidad -de estrofas a los lectores, sobre sucesos del momento. Y -la gente paga, y pues lo paga, es justo.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p> - - -<h2>UN MEETING POLTICO</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img002.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">4 de octubre de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">He</span> asistido hace pocas noches a un <i>meeting</i> -republicano. Saba que la concurrencia -sera numerosa, y procur llegar a tiempo, -para no perder en ese acto ninguno -de los hechos y gestos del pueblo soberano. -Nuestro compaero Ladevese, uno de los organizadores, -me haba conseguido un puesto de prensa. -All me sent, cerca de un francs y un ruso. Era enorme -aquel hervor humano. Todo el circo de Coln lleno, y -por las entradas, la aglomerada muchedumbre haca -imposible que penetrase la gente que todava quedaba -en las calles cercanas. No gusto mucho del contacto -popular. La muchedumbre me es poco grata con su -rudeza y con su higiene.—Me agrada tan solamente de -lejos, como un mar; o mejor, en las comparsas teatrales, -florecida de trajes pintorescos, as sea coronada del -frigio pimiento morrn. Esta gente republicana, debo -declarar que estaba con compostura, a la espera de los -discursos, y cuando la campanilla presidencial se hizo -oir, el silencio fu profundo.</p> - -<p>El presidente, hombre de aos, y sin duda de respetabilidad, -inicia su alocucin de apertura, con cierta -gravedad, y luego, a <i>la bonne franquette</i>, como habla -con cierta dificultad, se explica: Estos dientes no son -los mos, y por eso... El buen pueblo est contento. Se -encarga a un psimo lector las cartas recibidas de personajes<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span> -extranjeros. El pobre hombre mutila a Goblet -y le convierte en <i>mumsi Ren</i>, y no hay medio de que -oiga al sopln que al lado le corrige; <i>Clemans, Clemans</i>; -l sigue impertrrito: <i>Cle-men-ceau, Cle-men-ceau</i>. El -pblico protesta, no por el descuartizamiento de los -apellidos franceses, portugueses e italianos, sino porque -no se oye nada, y un varn de buena voluntad salta a -la tribuna y se ofrece para leer. Al fin acaban las cartas, -que Ladevese oye descuartizar con impaciencia visible—pues -gracias a sus buenas relaciones han venido—, -y l va a pronunciar un discurso.</p> - -<p>Se sabe que el conocido corresponsal de <i>La Nacin</i> y -ex secretario de Ruiz Zorrilla es espaol, por consiguiente, -dems est decir que es orador. Desde sus primeras -palabras fu acogido con los ms nutridos aplausos. -Dijo a los partidarios de la repblica que es el momento -de que el pueblo vuelva a ser lo que fu hace -treinta y un aos. Ahora que la Patria est ms abatida -despus de las recientes catstrofes, es hora de levantarse. -Yo estoy seguro de que este pueblo volver a ser -grande, fuerte y libre. Algunos al verte por la desdicha -y el dolor postrado, se figuran que ests de rodillas... -No, no ests de rodillas! Levntate y cubrirs con tu -sombra a los que hoy aparecen ms altos. En este punto -nuestro amigo recibe una sonora y larga ovacin. -Pero si estas reuniones han de ser tiles a la idea que -las inspiran, es preciso que salga de ellas algo prctico, -y nada ms prctico que sealar las causas de nuestra -impotencia, para remediarlas. Una de las principales -causas del estado en que nos vemos es el funesto y antidemocrtico -sistema de las jefaturas personales; Ruiz -Zorrilla, a quien por cierto se le acusaba de querer ejercer -una jefatura personal, quejbase amargamente de -ese sistema funestsimo en una democracia, y muchas -veces, all en la emigracin, nos deca:</p> - -<p>Si me duele la cabeza, le duele la cabeza a todo el -partido; si me duele el brazo, a todo el partido le duele<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span> -el brazo. Con motivo de este <i>meeting</i> hemos tocado -otra de las lamentables consecuencias de jefaturas personales. -Hay republicanos que para venir a tomar parte -en este fraternal abrazo, han ido a pedir permiso a un -jefe... y luego no han venido. El republicano que para -abrazar a sus hermanos necesita el permiso de un jefe, -valiente republicano estar... Se oy primero una voz -de las filas laterales, luego cien voces, luego gritos de -todos lados, dicterios, protestas, insultos. Unos contra -otros; era una tormenta de interjecciones, de amenazas. -Y nuestro buen Ladevese se paseaba al ruido de aquella -tempestad, esperando el silencio. Que al fin se hizo. Reconquist -su pblico el orador y prosigui: A las jefaturas -personales deben reemplazar las direcciones democrticas. -Verdad es que ya se ha hecho algo en ese -sentido. Pero al hacerlo se ha incurrido siempre en el -error de excluir sistemticamente de esas direcciones -a todos los elementos revolucionarios. Por eso no existe -la estrecha armona que debiera haber entre directores -y dirigidos.—Nadie ignora que mientras el pueblo quiere -la lucha, hay hombres que quieren la repblica sin esfuerzo -y sin peligro. Sin duda esperan que va a caer llovida -de las nubes... y ya ven lo que cae de las nubes: -contribuciones, jesutas y epidemias! Aqu, mientras -el pueblo aplaude rabiosamente, yo no puedo dejar de -observar una guapsima muchacha, elegantemente vestida, -que en uno de los palcos da muestras del ms vivo -entusiasmo. La republicana ostenta el par de ojos ms -librepensadores que os podis imaginar, y, decididamente, -manifiesta el propsito de romper sus guantes.</p> - -<p>El orador hace ver la conveniencia de la unin. La -repblica, una vez constituda, velar por la suerte de -los que trabajan.—Concluye con estas palabras:</p> - -<p>En todo estamos conformes los republicanos. Y como -lo estamos adems en que nuestra fraternidad, que hoy -vamos a sellar aqu, sea la fraternidad de la lucha, podemos -darnos ese abrazo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span></p> - -<p>La organizacin de la repblica la decidir la soberana -nacional, representada en Cortes constituyentes -cuyo fallo todos acataremos. Y como la repblica que -queremos no ha de ser slo para los republicanos, sino -que ha de ser, como el sol, para todos los espaoles, -yo tengo la esperanza de que este abrazo ha de extenderse -a todos los patriotas de buena voluntad, que -aunque no militan en nuestro campo, desean para Espaa -mejores das. Tambin a ellos les abro mis brazos -y a aquellos que hace treinta y un aos estuvieron con -nosotros, les digo: Ya ha llegado la hora de pasar el -puente! A pasarlo y estaremos en seguida unidos todos -los espaoles. Y no olvidis que el ro no se pasa slo -por el puente sino tambin por el vado. Si para pasar el -ro queris nuestra mano, la mano del pueblo es fuerte; -nosotros os la daremos! Arriba y adelante! Slo viven -los que luchan y slo de los que luchan es la victoria. -Si el que ayer hizo treinta y un aos pas el puente a la -cabeza del ejrcito, el que hoy lo pase lo pasar al frente -de un pueblo! Ladevese es rodeado y aclamado. -Luego sube a la tribuna un joven zaragozano, que se -descubre como un copiossimo orador. Y luego varios -ms. Se habl con libertad completa. El representante -de la autoridad parece a veces querer protestar, cuando -son ya demasiado violentos los golpes a la monarqua. -Bien puede ser la tolerancia convencimiento de que no -se trata ms que de palabras, palabras y palabras... De -pronto un hombre del campo solicita hablar. l tambin -quiere decir su discurso, y, a vuelta de varias observaciones -del presidente, Evaristo Jimnez habla en nombre -del pueblo de Colmenar de Oreja. Y habla bien. -Untado de peridicos, aborrecedor de los curas, probable -suscriptor de <i>El Motn</i>, sus palabras brotan con una -facilidad de fuente. Su retrica pasa de pronto a un color -poco diplomtico y de indudable irreverencia para con -el congreso catlico de Burgos. All nos han arrojado -el guante; nosotros debemos recogerlo y darles con l<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span> -por los hocicos... El pueblo aplaude al temerario paleto. -El presidente le llama al orden; mi muchacha de los -ojos soberbios contina en su entusiasmo. El orador -se retira, no sin protestar. Al pasar por mi lado le oigo -decir: Qu van a ser republicanos stos! La gente vocifera -y la tempestad vuelve a estallar en el circo. Por -fin se logra la tranquilidad, y el <i>meeting</i> sigue: se aprueban -las conclusiones formuladas por la Comisin iniciadora -y se nombra una Comisin ejecutiva encargada -de realizar los acuerdos.</p> - -<p>Persona informada me da los datos siguientes: El local -en que solan celebrarse las grandes reuniones polticas -de los partidos era el circo del Prncipe Alfonso, que -estaba situado en el paseo de Recoletos, frente al Palacio -de la Biblioteca y Museos. Aquel circo, al que se le llamaba -Circo de Rivas por el nombre de su propietario, -fu demolido hace algunos meses. All se celebr una -reunin memorable en los ltimos meses de 1868, en la -cual se fund el Partido Republicano espaol. Acababa -el Gobierno revolucionario de Serrano y de Prim de -lanzar al pas un manifiesto en favor de las instituciones -monrquicas (redactado por Nez de Arce, a quien el -Gobierno encarg de aquel trabajo) y entonces los republicanos -contestaron a aquel manifiesto convocando al -Circo de Rivas a todos sus correligionarios de Madrid. -Presidi la reunin el decano de la democracia espaola -don Jos Mara Orense, y hablaron en ella Castelar, Pi -y Margall, Figueroa, Salmern y otros grandes oradores. -Acordse lanzar al pas un manifiesto declarando -que quedaba fundado desde aquel da el Partido Republicano. -Todos los arriba citados—menos Salmern—y -una multitud de republicanos no tan conocidos, firmaron -aquel manifiesto, que fu el principio de la propaganda -republicana en Espaa. A la reunin, donde el -entusiasmo fu numeroso, acudieron 4.000 personas. -Todas las que all caban. Desde entonces hubo en dicho -circo numerosas reuniones polticas. Una de las ltimas<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span> -que se celebraron, pocos aos antes de la demolicin, -fu cuando los republicanos de Madrid emplazaron -a los diputados y a los concejales del partido para que -diesen al pueblo explicaciones acerca de la conducta que -seguan en el Congreso y en el Ayuntamiento, calificada -de aptica y tibia. Aquella reunin fu un continuo tumulto; -el pblico insult y maltrat despiadadamente a -los diputados y a los concejales, y hasta volaron algunas -sillas lanzadas contra los oradores. Estos abandonaron -el local, y se suspendi la reunin entre silbidos. El 11 -de febrero de 1897, habindose hecho la unin entre -las fracciones que acaudillaban Salmern, Muro, Ezquerdo, -y los disidentes del partido de Pi y Margall,—Menndez -Pallars y Valls y Ribot—convocaron, -todos estos reunidos, a un <i>meeting</i> en el Circo de Coln, -local mucho ms espacioso que el Circo de Rivas. Tratbase -de hacer una gran ostentacin de fuerzas populares -republicanas con motivo del aniversario de la proclamacin -de la Repblica del 1873, y como todas las -parcialidades republicanas—menos la federal pactista -de Pi—estaban unidas, esperbase que el Circo de Coln, -en cuya sala caben 6.000 personas, se llenase. La concurrencia -de pblico fu muy grande, pero el Circo de -Coln no se llen. Asistiran unos 5.000 republicanos. -Nunca hasta entonces se haba visto a tantos republicanos -juntos en el local cerrado. La reunin fu en -extremo tumultuosa. El pblico silb terriblemente a -Salmern y a Ezquerdo. Los discursos fueron sin cesar -interrumpidos por las protestas y los gritos hostiles del -auditorio. Salmern se encar con el pblico y empez -a insultarle; la lucha entre el pblico y Salmern se -prolong ms de media hora, y, despus de aquella reunin -agitadsima, no haban vuelto los republicanos -de Madrid a celebrar ninguna reunin pblica. Los prohombres -republicanos, a pesar de las circunstancias por -que Espaa ha pasado desde entonces, esquivaban presentarse -ante el pueblo. Al <i>meeting</i> de fraternidad republicana<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> -del 29 de septiembre ltimo, celebrado en -el Circo de Coln, han acudido 8.000 personas. Como -ya he dicho, el circo estaba completamente lleno, comprendida -la pista, y en la calle se quedaron cerca de -3.000 personas que no consiguieron entrar en el local.</p> - -<p>De modo que sta ha sido la reunin republicana ms -numerosa que ha habido en Madrid.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></p> - -<h2>UN PASEO CON NEZ DE ARCE</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 68px;"> -<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">13 de octubre.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Comienza</span> en la Carrera de San Jernimo -el ir y venir de las gentes a la hora del -paseo de la tarde. La Carrera de San Jernimo -es la calle de Florida de Madrid. -Mucha vitrina elegante, mucho -carruaje que va y viene; y por la noche mucha luz y -alegra de ciudad moderna.</p> - -<p>En la librera de Fe, poco antes del crepsculo, encontr -hace algunos das al poeta Nez de Arce con -su amigo Vicente Colorado, tambin poeta. Haca algn -tiempo que no vea al maestro, y le hall, aunque quejoso -de su salud, bastante mejor que como le viera la -reciente vez. Tras hablar unas cuantas cosas del obligado -asunto Amrica, se le ocurri: Si diramos un -paseo? Acept con gusto, y salimos los tres hacia el -Prado.</p> - -<p>Despacio, pues don Gaspar no puede fatigarse. El -tiempo estaba fresco, el aire era grato; el cielo luca -afable; pero el poeta desde que comenz a conversar -con nosotros, pareca verlo todo gris. Como yo le preguntase -si tena algn trabajo en obra, si escriba algo.</p> - -<p>—No, nada, me contest, fuera de las cartas que escribo -a un diario de Buenos Aires.</p> - -<p>Y con un aire de vago desencanto:</p> - -<p>—Ah, amigo Daro, mi tiempo ha pasado. Soy ya viejo, -y las musas, como hermosas hembras que son, no<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span> -gustan de los viejos. El campo es ahora de quien se -llama...</p> - -<p>—Maestro—le interrump—, eso quien menos lo puede -decir es usted. El amor y el gozo de la vida tienen a -Anacreonte y Hugo...</p> - -<p>—Lo que de Hugo vale verdaderamente fu escrito en -su juventud.</p> - -<p>No quise contradecirle.</p> - -<p>Pero el hbil Colorado, cuyo ingenio es mucho, apoyado -en su antiguo cario y en su amistad ntima, le increp -con amable irrespeto. Es que usted se est poniendo -insoportable de pesimismo. Y le manifest que -era cosa de los aos, que en la juventud todo lo vemos -lleno de una luz de rosa. (Lo cual no es cierto en nuestro -tiempo; deca yo en mi interior.)</p> - -<p>Nez de Arce prosigui entonces en un largo parlar -todo ornado de bellas frases de decepcin. No creo ni en -la misma vida. Acaso sabemos algo de lo que hay tras -el impenetrable velo de la eterna Isis? La Ciencia! Pues -la Ciencia no ha conquistado sino un pequesimo reino, -el reino de lo experimental. La <i>dbcle</i> a que se ha hecho -tanto ruido no hace mucho tiempo, no puede ser ms -cierta. El arte? Campo para las ilusiones; total, nada, -puesto que las ilusiones no son ms que humo vago que -deshace el menor viento de la vida. El fracaso impera en -todo. La sociedad, despus de tantos siglos, no ha logrado -an resolver el problema de su misma organizacin. -Vanse las rojas flores que brotan en tal terreno: se llaman -socialismo, anarquismo, nihilismo. La nacionalidad -espaola! un sueo. Al primer caonazo que se oiga -en la Pennsula, ya vern cmo se deshace la nacionalidad -espaola. Yo volv a tocar el tema del arte y de la -literatura. Ah, el arte, la literatura: todo est en plena -decadencia. Francia es el ms patente ejemplo. Los ideales -se levantan, se ven como bellos mirajes y luego no -se logran nunca. Es el inmenso camino cuyo fin no se -encuentra ni se encontrar jams, a pesar del vuelo continuo<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span> -de las humanas aspiraciones. Y as segua, con su -voz pectoral, un tanto apagada, y en sus ojos vivaces haba -una chispa fugitiva y en sus labios se marcaba una -sonrisa que poda decir resignacin y convencimiento.</p> - -<p>Entretanto yo me deca—siempre para m sobre -todo—: Gaspar Nez de Arce,</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i10">...<span class="smcap">Don</span> <i>of course</i></div> -<div class="verse i0"><i>A true Hidalgo, free from every stain</i></div> -<div class="verse i0"><i>Of Moor or Hebrew blood, he traced his source</i></div> -<div class="verse i0"><i>Through the most Gothic gentleman of Spain</i>...</div> -</div></div></div> - -<p>Don Gaspar Nez de Arce, sin duda alguna el primer -poeta de la Espaa de hoy, parecera por sus negros -mirares y sus desconsoladores decires, un espirite extranjero, -un alma septentrional, rara bajo su cielo de -alegra, si no se supiese que en el fondo del alma espaola -crece siempre una oscura rosa. Puede tener un -roco de creencia o no tenerlo. Este fuerte poeta es un -Carlos V sin fe que se encierra en su Escorial interior y -celebra los funerales de su propia poesa, de sus propios -ensueos, de su propia gloria. Y no es nuevo en l este -modo de pensar y de ver los cuatro puntos cardinales de -la existencia. All, ya lejos en el siglo, se oyen an sus -<i>Gritos del combate</i>, y ya haba resonado en sus odos el -fracaso producido por la risa de Voltaire, a quien en -nombre de sus sueos agonizantes o muertos maldeca -en el ltimo endecaslabo de un soneto clebre; deca a -los poetas que colgaran, en un desconsuelo bblico, sus -harpas, de los llorosos sauces. Gracias a que la frrea -contextura de su estro daba animacin para la lucha, no -se caa en el anonadamiento voluntario. Por esos tiempos, -o poco despus, miraba con cruel desdn al pobre -Becquer, que viva de pan de amor y vino de sueo. Sonrea -el caballero vestido de su pesada armadura, de los -que l llamaba suspirillos germnicos: le disgustaba -el poco de azul que fu a traer en su ramillete de <i>vergissmeinnichts</i> -de Alemania, para suavizar el escarlata<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span> -de sus claveles, el artista triste de las <i>Rimas</i>, que despus -de todo, era esta cosa formidable: un corazn.</p> - -<p>En el Prado rean los nios: la tarde desfalleca risuea; -en el poniente se funda una montaa de oro de sol. -Don Gaspar prosegua en sus doctrinas. La muerte es lo -nico que nos interesa verdaderamente, pues da la clave -del enigma, Isis aparece entonces sin velo. El hombre -no mata nada: todo <i>se muere</i>. El hombre cree inventar -algo: todo est ya inventado; todo ha sido. De -pronto, en un yacimiento de tiempo, descbrese alguna -cosa; eso es todo. Pero nada de lo que se cree nuevo es -nuevo. La palabra de la Escritura dice una inconmovible -verdad cuando dice: <i>Nihil novi sub sole</i>. El hombre -vive en la lucha perpetua con la vida y consigo mismo -porque, pasada la divina estacin de la juventud, quiere -ver, quiere saber, quiere conseguir la posesin de un -fantasma, descubrir lo imposible, y la realidad le hiere -y le desconsuela. El hombre slo es feliz en el instante -de su primavera.</p> - -<p>Mir en los ojos a don Gaspar, y cant en mi memoria -el recuerdo:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Oh recuerdos, encantos y alegras</div> -<div class="verse i5">De los pasados das!</div> -<div class="verse i0">Oh gratos sueos de color de rosa!</div> -<div class="verse i0">Oh dorada ilusin de alas abiertas</div> -<div class="verse i5">Que a la vida despiertas</div> -<div class="verse i0">En nuestra breve primavera hermosa!</div> -</div></div></div> - -<p>—Yo, ya estoy viejo, repito, y creo ver en lo que dije -la verdad; o lo que me parece la verdad, porque, ciertamente, -ella no ha mostrado su faz nunca; su desnudez -no ha sido profanada por nadie. Crea usted, me dijo, -que la juventud es lo nico que vale la pena, y esto por -su jardn de ilusiones; esto es, <i>por lo que existe</i>.</p> - -<p>Yo volv a clamar dentro de mi: Oh poeta, oh querido -amigo y maestro! no haces obra de bien predicando -el desencanto, t que sabes la perenne renovacin<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span> -de las cosas, el placer del vivir, con todo y la persecucin -del dolor; no debes, porque hayas pasado ya mucho -ms del medio del camino de la vida, quedarte en -tu primera etapa, y no mostrar a la juventud sedienta -de ideal nada ms que el infierno; t bien debes saber -que en la tercera est situada la gloria incomparable -del Paraso, as haya que pasar para penetrar en sus dominios -bajo el arco de la Ilusin. La misin del poeta -es cultivar la esperanza, ascender a la verdad por el -ensueo y defender la nobleza y frescura de la pasajera -existencia terrenal, as sea amparndose en el palacio -de la divina mentira. Te ha tocado un difcil momento -en la historia de tu patria; momento de vacilaciones y -de derrumbes, de dudas y de miserias; pero t no colgaste -el harpa del lloroso sauce. Antes bien, elevaste -por tu sonora y acerada poesa las almas, reavivaste el -amor a lo bello; de la duda hiciste hermosas esculturas -de palabras en que vi la joven generacin cmo se -esculpa el castellano en potentes estrofas; con el <i>Idilio</i> -tomaste a la inagotable via de amor, cuyo jugo dar -sangre a la poesa y al arte por los siglos de los siglos. -No, no intentes destruir una sola ilusin. En verdad te -digo que retoar en mil partes. La obligacin de la -vejez sabia, es decir a los que vienen coronados de flores, -en su estacin de encantos, en palabras de luz, lo -que dice la Boca de Sombra. Hay un caballero cantado -en tus poemas, que poda servirte de admirable ejemplo. -Es aquel maravilloso Raimundo, amoroso de amor, -padre de enigmas, profesor de ilusiones, capitn de ensueos, -aquel Raimundo que encontr oculto el smbolo -del dolor eterno entre los pechos de la mujer amada -e imposible. Pues bien, Raimundo Lulio no se fu por -el camino de la desesperanza, sino que, como entr en -el templo, montado en su caballo, ascendi a las estrellas, -cabalgante en su pegaso, en seguimiento siempre -del ideal. Aquel inmenso poeta, aquel prncipe del smbolo, -aquel sabio, te seala una buena pauta que seguir.<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span> -No pasa el tiempo para los poetas que tienen el alma -firme y libre; para los que no reconocen fronteras, preocupaciones, -limitaciones: las musas son como dices, -muchachas fragantes y frescas, pero no tienen inconveniente -en ir a dormir con Booz, o acostarse en el lecho -del viejo David.</p> - -<p>Y no s en qu libro antiguo he ledo que Abisag, despus -de sus nupcias con el anciano rey del harpa, qued -en cinta y di a luz una estrella.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p> - -<h2>TENORIO Y HAMLET</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 100px;"> -<img src="images/img007.jpg" width="100" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">10 de noviembre 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Cada</span> comienzo de noviembre, al empezar -a asarse las castaas y a inflarse los buuelos, -es sabido que Don Juan Tenorio -hace su visita a Madrid. Este ao ha estado -tambin el taciturno prncipe de -Dinamarca. Hamlet, encarnado en Sarah, la prodigiosa -comedianta que ha logrado cristalizar la ms inconmovible -juventud. Don Juan se ha visto en casi todos -los teatros y han sido largo asunto de discusin las -innovaciones de un cmico que ha querido presentar -un Tenorio como cortado por molde de comedia francesa -a la moderna, un Tenorio a quien se ha amputado -el apndice que Cyrano llevara hasta delante del Eterno -Padre, y Don Juan tambin, un apndice que constituye -en esos caballeros parte vital y precisa: el <i>penacho</i>!</p> - -<p>Pues el actor de la Comedia, Thuiller, ha credo oportuna -la variacin, y di un Don Juan despenachado. -Dijo a la sordina la dcima zorrillesca; quiso imponer -lo natural en punto en que la naturalidad huelga; el -hombre que convida a comer a los difuntos ha hablado -como un tipo de Dumas hijo o de Lavedan; Doa Ins -del alma ma ha tenido que corresponder en igual tono -a las declaraciones de su caballero; esto ha sido un -<i>flirt</i> en vez de la tradicional tempestuosa pasin manifestada; -la famosa cavatina ha sido una <i>causerie</i>; el -pblico se ha mostrado sorprendido, le han cambiado<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span> -a su Don Juan; la crtica censur al actor, pero los empresarios -demostraron que los crticos aplaudieron en -la temporada pasada lo que hoy han sealado como defectuoso. -Lo cierto es que el seor Thuiller ha errado. -El Tenorio tipo de leyenda no cabe en la pauta de conservatorio -reformista que ha querido imponerle. Don -Juan, el idealizado por los poetas y cuyo contacto segn -Musset engrandece, no tiene nada que ver con el personaje -histrico de quien Sevilla posee un retrato—el seor -de Maara—por otra parte, muy feo, y al cual seguramente -el actor no querra copiar. El nuestro, el de todo -el mundo, es un antiguo amigo, <i>our ancient friend Don -Juan</i>, que dice el sublime y donjuanesco lord. Para darle -vida, no es preciso que el actor se desgaite y gesticule -como un loco, cual lo hemos visto en los infinitos -Tenorios que nos ha dado la declamacin espaola, pues -desgraciadamente no hay cmico de la legua que no -quiera entenderse con su correspondiente convidado de -piedra. Mas algunos grandes actores ha habido que en -Espaa han penetrado en el carcter de Don Juan, sin -menoscabarle ni hipertrofiarle. Calvo fu uno bueno, -para no citar anteriores, y Vico, y aun otro actor de -poco renombre pero de reconocido talento, Pedro Delgado, -que este ao ha hecho el Tenorio en... en el pueblo -de cija.</p> - -<p>No se puede hablar de <i>Don Juan</i> sin recordar al pobre -Zorrilla, que deca con justa amargura, poco antes de -morir: mi <i>Don Juan</i> produce un puado de miles de -duros anuales a sus editores, y mantengo con l en la -primera quincena de noviembre, a todas las compaas -de verso de Espaa. l ha contado de admirable manera -el gnesis de su drama, que por cierto no fu recibido -por el pblico con el triunfo que ms tarde consiguiera. -Fu en el ao de 1844, en febrero. El actor Latorre necesitaba -una obra flamante para su <i>rentre</i> en la villa y -corte. Zorrilla era quien deba entregar la obra. Haba -l refundido en ese tiempo <i>Las Travesuras de Pantoja</i>; y<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span> -registrando las comedias de Moreto, tuvo la idea de la -pieza; y con el <i>Burlador</i> y la refundicin de Sols, manifest -a Latorre que se comprometa a entregarle un <i>Don -Juan</i> en el trmino de veinte das.</p> - -<p>No conoca Zorrilla, segn propia confesin, ni <i>Le -Festin de Pierre</i>, de Molire, ni el libreto de Da Ponte, ni -lo que haba ya hecho en Europa con ms o menos igual -argumento. Sin darme, dice, cuenta del arrojo a que me -iba a lanzar, ni de la empresa que iba a acometer; sin -conocimiento alguno del mundo ni del corazn humano; -sin estudios sociales ni literarios para tratar tan vasto -como peregrino argumento; fiado slo en mi intuicin -de poeta y en mi facultad de versificar, empec mi -<i>Don Juan</i>, en una noche de insomnio, por la escena de los -ovillejos del segundo acto, entre Don Juan y la criada -de Doa Ins de Pantoja. Los ovillejos los compuso a -oscuras, y sin escribirlos; a pura memoria los retuvo. -Del plan de la obra apenas si tena hilos tendidos. Su -plan era conservar la mujer burlada de Moreto y hacer -novicia a la hija del comendador, a quien mi Don Juan -deba sacar del convento, para que hubiese escalamiento, -profanacin, sacrilegio y todas las dems puntadas -de semejante zurcido. Comenz a escribir, pues, sin -saber por donde iba. La musa le supo guiar. Puso a Don -Juan en su piel; y Ciutti, es el nombre de un criado italiano -que haba tenido Zorrilla, en el caf del Turco de -Sevilla; el hostelero Butarelli, uno que viva en la calle -del Carmen el ao 1342, y de quien fu husped el poeta. -De Ciutti, el de carne y hueso, ved el retrato que traza -en cuatro rasgos: Ciutti era un pillete muy listo, que -todo se lo encontraba hecho, a quien nunca se encontraba -en su sitio, al primer llamamiento, y a quien otro -camarero iba inmediatamente a buscar fuera del caf, a -una de dos casas de la vecindad, en las cuales se venda -vino ms o menos adulterado, y en otra, carne ms o -menos fresca. Ciutti, a quien hizo clebre mi drama, logr -fortuna, segn me han dicho, y se volvi a Italia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span></p> - -<p>He hablado alguna vez de los postreros aos de Zorrilla, -cuando, en una existencia de enfermedad y pobreza, -llevaba en su vejez todava un rayo de sus antiguos fuegos; -y vea ganar dinero, mucho dinero, con sus viejas -obras, a editores a quienes en otro tiempo las vendiera -en lamentables condiciones. Entonces fu cuando Castelar -sostuvo en las Cortes la necesidad de pensionar al -lrico, y la pensin fu negada a quien era propietario -del cielo azul, en donde no hay nada que comer.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Hemos visto en Madrid el discutido Hamlet de Pars. -Sarah-Hamlet. Discusin hubo sobre si Hamlet fu rechoncho -o delgado, alto o bajo; en lo que no puede -haber es sobre lo bello de la soberana creacin que -realiza la gran francesa. Como lo ha acostumbrado Sarah, -la compaa que ha trado ha sido mediocre; de -modo que toda la atencin se ha concentrado en la -princesa del gesto y reina de la actitud. Sorprende -desde luego el poder de la trgica al cambiar casi por -completo su conocida voz de oro, por una voz de hierro, -o mejor, de acero. En la masculinizacin de su papel el -prodigio se impone. Desde que aparece el prncipe <i>au -pourpoint noir</i>, el hechizo est realizado. Apenas si uno -tiene tiempo de protestar por los cortes y aun descuartizamientos -que se han perpetrado en la obra, como el -suprimir, entre otras cosas, la escena de Hamlet ante el -rey que ora, o el dilogo de los sepultureros. Pero en -las partes bsicas de la tragedia, el encanto aportado por -Sarah vale por una de las ms inmensas sensaciones de -arte que puedan experimentarse.</p> - -<p>Hay, entre muchas, una escena en el primer acto en -que el dominio es absoluto, y en la frase final el auditorio -siente un gran sacudimiento:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0"><i>But break, my heart; for I must hold my tongue</i>,</div> -</div></div></div> - -<p class="no-indent">que Sarah hace vibrar en su francs: <i>Mais clate, mon -cœur, car il faut rester bouche close!</i></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p> - -<p>La interpretacin de Sarah es de esas acciones artsticas -que pueden apasionar hasta la violencia. Me explico -la estocada de Vanor a Mends.</p> - -<p>Aqu Sarah se ha impuesto, a pesar de que no es muy -comn el dominio de la lengua francesa en el pblico. -Cierto es que el pblico de Sarah Bernhardt ha sido de -lo ms aristocrtico de que se compone el todo Madrid.</p> - -<p>Quienes han admirado a sir Irving, quienes conocen -el juego de Monet-Sully, quienes recuerdan a los potentes -trgicos italianos de este siglo, hasta Novelli, con -su <i>Hamlet</i> gesticulador, estn de acuerdo en que no ha -habido palacio de carne humana en que se hospede -como en propio habitculo el espritu del soador pensativo -de Elseneur, como la carne nerviosa y elctrica -de Sarah Bernhardt; ella es el prncipe delicado, pero -fuerte de nervios, que le hacen ser buen esgrimista; -lejos de la fuerza musculosa, pues l mismo exclama en -una escena, hablando de su to incestuoso: <i>But no more -than my father,—Than I to Hercules...</i></p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span></p> - - -<h2>UNA EMBAJADA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img008.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">La</span> embajada extraordinaria alemana presidida -por el prncipe Albrecht ha sido -en estos das nota de actualidad. l es -un buen gigante teutn, digno representante -de su tierra militar y frrea. Le ha -trado el guila Negra al adolescente rey Don Alfonso -XIII, que en la ceremonia palatina ha dicho un muy -bonito discurso en francs. No ha habido revistas militares, -por disposicin de gran cordura. Pero los prncipes -extranjeros han visto mucho de la Espaa grande -e indestructible: han visto la sala de Velzquez en el -Prado, han tenido otras varias impresiones que les han -podido dar a entender que por ms que la obra de los -malos gobiernos traiga ruina y desastre a la patria espaola, -queda un rico fondo de fecundidad y de vida de -donde brote una Espaa duea de su porvenir.</p> - -<p>Han podido admirar tambin la otra noche, en el Teatro -Real, la soberbia mina de hermosura que se encierra -en este pueblo lleno de bizarras y hechizos. La aristocracia -mostraba joyas de juventud y de belleza de que -pocos pases pueden enorgullecerse.</p> - -<p>Ya es el tipo de grandes ojos negros y cabelleras de -una riqueza incomparable que pesan sobre los cuellos -armoniosos como la carga capilar que agobia a una -<i>d'annunziana</i> virgen de las rocas; ya el tipo semiarbigo, -que denuncia la andaluza procedencia; o la mujer -maciza del Norte que en su opulencia guarda el orgullo<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span> -gentilicio de una raza generosa. Y mientras la Darcle -haca su Mann bravamente, yo vea al coloso alemn -recorrer con sus gemelos el jardn de los palcos. All -tena la fragante flora humana del pas solar que ha -vivido en un ambiente de herosmo caballeresco bajo -un cielo de poesa; all las descendientes de los ms preclaros -nombres de la nobleza espaola, mantenedoras -de la gracia que pintaron tantos pinceles ilustres y que -cantaron tantos luminosos poetas.</p> - -<p>Y algo de don Alonso Quijano <i>el Bueno</i> deca a mi -alma: Deja que la bala <i>dum-dum</i> se ensaye en el boer, -y que el fin del siglo XIX sea de sangre y matanzas razonadas -o sin razn. Alguien ha dicho que Krupp es -Hegel y que Chamberlain es Darwin. No hay que desesperar. -Estos descorazonamientos cientficos pueden -ser sucedidos por razonables y necesarios vnculos lricos. -Nunca es malo Don Quijote. Y Guillermo II hace -versos y pinta cuadros y escribe peras e himnos. Espaa -no debe pensar ahora en guerras y cosas que le -han enseado lo vario de la suerte y lo frgil de la grandeza. -Y cuando el Csar germnico enva un guila negra, -se le debera corresponder con una paloma blanca.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus007.jpg" width="75" height="64" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span></p> - -<h2>UNA NOVELA DE GALDS</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img010.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">26 de octubre de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-o.jpg" width="75" height="81" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Otro</span> nuevo episodio nacional estalla en -los escaparates de librera, con sus colores -amarillo y rojo en la cubierta, -formando bandera espaola. Y bajo el -ttulo, y el 7.000 que se refiere a los -ejemplares, la esfinge sentada sobre el globo nos anuncia -que aparece un libro ms en que se tiene por divisa -Arte, Naturaleza y Verdad. Ya os he dicho del ordenado -fabricar del maestro novelador. No censuro—sino todo -lo contrario—el mtodo y la exactitud en el trmino de -la produccin. Eso indica que la voluntad priva sobre -el talento, lo cual es razn que honra al carcter humano. -Lo que lamento es que se transparente, hasta casi -llegar al pblico, un plan industrial con mengua de -propsitos mentales. Quin encuentra una familia como -la Rougon Macquart, quin la Historia de Espaa. El -Sr. Galds pudo comenzar en los tiempos de Vamba y -concluir en los de Sagasta. Habrase llenado una biblioteca -y desbordado el capital de la casa editora. Pero el -potente autor de <i>Gloria</i>, de <i>Len Roch</i>, de la primera -serie de los <i>Episodios</i>, no tiene el derecho de descender -en calidad por ascender en cantidad. Yo respeto y saludo -ese admirable y sereno talento que ha producido -innegables obras maestras; pero ese mismo respeto es -el que me hace contristarme ante una fecundidad inquietante, -porque la obra precipitada de ahora no resiste<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span> -comparacin con la madura de antao. Claro -est que un libro de Prez Galds no podr nunca -ocultar el lustre original; no ser un libro malo jams, -ni un libro mediocre, que es peor. Pero se advierte que -falta la gestacin indispensable en partos de esta ndole—gestacin -casi siempre elefantina—. Sale el libro flojamente -vertebrado, un si es no es anmico, con marcada -tendencia al raquitismo; aunque se observan—como en -los ojos del nio—reflejos y chispazos del alma paternal. -Son libros faltos de tiempo. <i>La Estafeta romntica</i> -est escrita de julio a agosto de este ao, en que van publicndose -ya cuatro episodios. Cabalmente acabo de -salir de la inmensa floresta de <i>Fcondit</i>, y al dejarla he -visto el tiempo que Zola ha empleado en ella. Cerca de -un ao. Es el lapso ms corto para realizar una labor de -conciencia, sin llegar a la religiosidad flaubertiana. Zola, -con todo y su simtrica tarea de gran obrero, sabe que -tiene que elevarse a sus Cuatro Evangelios con la mayor -energa y el aliento de su idea, y que no es sino con mpetu -aquilino y ansias de grandeza moral como podr -escudriar a su manera las que llama San Agustn montaas -del Seor, para bien de su patria la Francia. Bien -podra el seor Galds dar a Espaa un libro cada ao, -en el cual libro pusiese la esencia saludable de su pensamiento -y ayudase a la obra social y al resurgimiento -de la nacin espaola. De estos volmenes se ocupa escasamente -y mal la crtica de casa; y la extranjera, por -respeto al nombre del autor, suele hacer una que otra -<i>compte rendu</i>, aunque sea como la de M. Vicent, del <i>Mercure -de France</i>, que ha hojeado seguramente el libro, y -ha sacado en claro, traducida una novedad del ttulo de -<i>La campaa del maestrazgo</i>. Su precario espaol le haga -confundir campaa con campana, y traduce: <i>La cloche du -Maestrazgo</i>.</p> - -<p>Es el caso de decir que ha odo campanas y no sabe -dnde.</p> - -<p>No veo que en la Prensa de Madrid se le haya hecho<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span> -la menor observacin al ilustre novelista, respecto a -ese producir absolutamente mecnico. No hay duda que -causa el silencio, la consideracin a sus altos mritos y -a su celebridad. l propio deba notar que si antes el -aparecimiento de un libro suyo era lo que llama el clis -un acontecimiento literario, hoy apenas conmueve la -atencin y suscita uno o dos artculos de complacencia -y las rituales gacetillas. Es natural que nunca su produccin -ser colocada entre la copia innumerable y repetida -de los multparos conejos de las letras.</p> - -<p>Veamos la <i>Estafeta romntica</i>.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>En estos libros, donde dice <i>Benito Prez Galds</i>, no se -pone el aditamento: <i>De la Real Academia Espaola</i>. Deba -hacerse, pues pocos escritores contemporneos contribuyen -ms a sostener dignamente la amojamada castidad -del idioma.</p> - -<p>Con ser heterodoxa la mdula, lo exterior va siempre -en una lengua conservadora y depurada y cuya espontaneidad -non infiere el menor agravio a su legtimo y -castizo abolengo. Esta novela de que trato est compuesta -de una serie de cartas, y de ah que sea <i>Estafeta</i>. Romntica -es por la poca en que el argumento se desarrolla. -Y el ser la novela en cartas, quizs, no sea ajeno -al ttulo, pues el gnero en dicha poca tuvo su boga. -Consta la obra de cuarenta cartas en que se desarrolla -una intriga amorosa, se trata de la poltica del tiempo y -de literatura. El autor no ha descuidado la documentacin; -se ve que se ha tomado el trabajo de informarse en -las mejores fuentes; y pone ante el lector, viviente y -palpitante, esa curiosa vida de comienzos de siglo.</p> - -<p>Algo de lo ms interesante es el episodio de la muerte -de Larra, narrada y comentada en el curso de estas -epstolas.</p> - -<p>Figura en la estafeta una carta simulada de don Miguel -de los Santos lvarez, el amigo ntimo de Espronceda<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span> -y de <i>Fgaro</i>. No hay duda de que el seor Galds -trat a lvarez y de sus labios obtuvo muy interesantes -informes. Yo tuve oportunidad de conocer a dicho personaje -en casa de don Juan Valera, y no dej pasar la -ocasin de despertar en ms de un punto sus recuerdos, -especialmente en lo referente a la amistad estrecha que -le una con el poeta del <i>Diablo Mundo</i>. lvarez, ya muy -viejo y bastante sordo, no haba perdido sus facultades -de delicioso parlante.</p> - -<p>El general Mansilla ha publicado en sus interesantes -<i>causeries</i> algo sobre la vida de aquel original ingenio -en Buenos Aires. Es sabido que, creo que en tiempo de -Rozas, fu al Ro de la Plata, enviado por el Gobierno -espaol. l se complaca en rememorar aquella poca -de su vida y guardaba muy buenas impresiones de sus -noches y das americanos. Digo noches, porque don -Miguel de los Santos fu incorregible noctmbulo durante -toda su larga existencia. A los setenta y tantos inviernos, -y hasta muy poco antes de su muerte, era de -los ltimos en abandonar a la madrugada el tresillo del -Casino. Vea usted, me deca, dicen que el trasnochar -es malo. Tengo de hacerlo tantos aos y me va perfectamente.</p> - -<p>La carta fingida de lvarez al tipo principal de la -novela, Fernando Calpena, est escrita de manera que -bien poda considerarse como no apcrifa. Es alabar -demasiado la inteligencia del Pilar creerla capaz de una -imitacin palpablemente difcil. Y Galds, en esta carta, -como en muchas de las del libro, demuestra que posee -una flexibilidad de pensamiento que no siempre es un -don de los fuertes. Todava no se ha escrito la vida ntima -de la poca en que pasan estos sucesos de la Estafeta, y -no se conocen detalladamente, pongo por caso, las causas -que condujeron a Larra a suicidarse. El romanticismo -tuvo, sin duda alguna, gran parte en el arrebato de -aquel brillante espritu. Era el tiempo en que el romanticismo -estaba ms en el ambiente que en la literatura,<span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span> -y en que, en Pars, como cuenta el doctor Vern en sus -memorias, un serio y conservador hombre de letras, -despus de atacar y negar la revolucin romntica con -la pluma, se fu a echar al Sena, por causa de un amor -imposible. Larra, segn dicen, se mat tambin por -amor. Su querida, una dama casada, cort la intimidad -obligada por la severidad de su confesor. El poeta no -pudo lograr que se reanudasen las relaciones y, enamorado -de veras como estaba, se precipit en la muerte. No -puedo dejar de haceros conocer el prrafo de la carta de -lvarez a Calpena, en que trata del desgraciado acontecimiento, -y que, como digo, debe estar basado en algunas -conversaciones entre Galds y don Miguel: Supe yo -la muerte de Larra al da siguiente del suceso, o sea el 14 -de febrero. Fu a verle con otros amigos a la bveda de -Santiago, donde haban puesto el cadver, all me encontr -a Ventura y a Roca de Togores, tan afligidos como yo y -Hartzenbusch, que me acompaaba. Y por qu?... decamos -todos, que es lo que se dice en estos casos.—Cul -ha sido el mvil?... Quin hablaba de un arrebato de -locura; quin atribua tal muerte al estallido final de un -carcter, verdadera bomba cargada de amargura explosiva. -Tena que suceder, tena que venir a parar en aquella -siniestra cada al abismo. Y ella? Si alguien la culpaba -en momentos de duelo y emocin, no haba razn -para ello. No era ya culpable. Por querer huir del pecado, -haba surgido la espantosa tragedia. En fin, querido -Fernando, suspiramos fuerte y salimos despus de bien -mirado y remirado el rostro fro del gran <i>Fgaro</i>, de -color y pasta de cera, no de la ms blanca; la boca ligeramente -entreabierta, el cabello en desorden; junto a la -derecha, el agujero de entrada de la bala mortfera. Era -una lstima ver aquel ingenio prodigioso cado para -siempre, reposando ya en la actitud de las cosas inertes. -Veintiocho aos, una gloria inmensa alcanzada en corto -tiempo con admirables, no igualados escritos, rebosando -hermosa irona, de picante gracejo, divina burla de<span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span> -las humanas ridiculeces!... No poda vivir, no. Demasiado -haba vivido; mora de viejo, a los veintiocho aos, -caduco ya de la voluntad, decrpito, agotado. Eso pensaba -yo, y sal, como te digo, suspirando y me fu a ver -a Pepe Espronceda, que estaba en cama con reuma articular -que le tena en un grito. Pobre Pepe! Entr en su -alcoba y le hall casi desvanecido en la butaca, acompaado -de Villalta y Enrique Gil, que acababan de darle la -noticia. El estado de nimo del gran poeta no era el ms -a propsito para emociones muy vivas, pues a ms de la -dolencia que le postraba, haba sufrido el cruel desengao -que acibar lo restante de su vida. Ignoro si sabes -que Teresa le abandon hace dos meses. S, hombre, y... -En fin, que esto no hace al caso. Gran fortuna ha sido -para las letras patrias que Pepe no haya incurrido en la -desesperacin y demencia del pobre Larra. Gracias a -Dios, Espronceda sanar de su reuma y de su pasin y -veremos concludo el <i>Diablo Mundo</i>, que es el primer -poema del <i>dem</i>... Sentme a su lado y hablamos del pobre -muerto. En un arranque de suprema tristeza, vi llorar -a Espronceda; luego se rehizo trayando a su memoria, -y a la de los tres all presentes, los donaires amargos -del <i>Pobrecito hablador</i>, el romanticismo caballeresco del -<i>Doncel</i>, y el conceptismo lgubre de <i>El Da de Difuntos</i>. -Tambin hablaron de ella, y tal y qu s yo, diciendo -cosas que no reproduzco por creerlas impropias de la -gravedad de la historia. Villalta y Enrique Gil se fueron, -porque tenan que dar infinitos pasos para organizar el -entierro de <i>Fgaro</i> con el mayor lucimiento posible, y -me qued solo con el poeta, el cual, de improviso, di -un fuerte golpe en el brazo del silln diciendo: Qu -demonio! Ha hecho bien. Yo rebat esta insana idea -como pude, y para distraerle, recit versos, de los cuales -ningn caso haca. A media tarde entr de nuevo Villalta -con Ferrer del Ro y Pepe Daz. Espronceda sinti fro -y se meti en la cama. Yo, caviloso y cejijunto, haca -mis clculos para ver de dnde sacara la ropa de luto<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span> -que necesitaba para el entierro... Luego narra lo acontecido -en el entierro, con la nota saliente del aparecimiento -de Zorrilla, de la estatura de Hartzenbusch, y con -menos carnes; todo espritu y melenas; un chico que se -trae un universo de poesa en la cabeza; el triunfo del -poeta en un tiempo en que los banqueros y los ministros -se entusiasmaban con los versos, y los festejos de -que fu objeto. Zorrilla no duerme esa noche; al da siguiente -va a ver a lvarez, le toma su chocolate y le da -la estupenda noticia de que le han colocado en el <i>Porvenir</i>, -Pacheco y Pastor Daz, con treinta duros de sueldo! -Toda la carta est escrita ingeniosa y vibrantemente, es -un documento de verdad; y crea el mismo Prez Galds -que ella no es obra de Pilar ni suya, don Miguel de los -Santos lvarez se la ha dictado desde el otro mundo -como otros espritus lo han hecho con Hugo o Claretie... -El seor Galds ha sido espiritista sin saberlo!</p> - -<p>La intriga principal de la novela no interesa tanto -como esos episodios en que se resucita la vida privada -de la Espaa de aquellos das. Lo anecdtico histrico -triunfa sobre la inventiva del escritor. Hay cartas que -sobresalen, como las firmadas por la joven Gracia, la -cual pone en su escritura mucho de su nombre, aunque -escassima ortografa. En este caso podra ella decir, con -gran justicia, que la ortografa no es lo primero, y que -epitolgrafa de tanto vuelo como madame de Sevign, -no era muy catlica en tales disciplinas.</p> - -<p>Entre otras figuras que aparecen en el desfile de personajes, -est la del clebre banquero Salamanca, pero -apenas esbozada y falta de detalles, que habran sido muy -del agrado del lector contemporneo. Apenas si se entrev -algo de la juventud de Zorrilla; no se nos informa de -la vida intelectual del semiargentino Ventura de la Vega. -De Espronceda habran sido muy bien recibidos datos -sobre sus amores con la famosa Teresa del no menos -famoso canto. Pudo el seor Galds aumentar la parte -ntima de sus tipos, para lo cual no le faltaran seguramente<span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span> -buenos informantes. Muchas gentes hay en Espaa -que han vivido parte de esa poca, no tan remota, y -que, testigos de varios hechos, ayudaran eficazmente a -la documentacin del novelista.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>A propsito del suicidio de Larra. La primera vez que -fu a visitar a Mariano de Cvia, este excelente camarada -y escritor de tan rico ingenio, me llev a uno de los -balcones de su casa, y sealndome uno de la casa de -enfrente, que forma esquina en la calle de Amnista, me -dijo: Cada vez que me asomo veo all una pgina de -gran filosofa. Y me explic de qu manera en aquella -casa se haba dado muerte uno de los ms firmes y finos -talentos de la Espaa de este siglo, el pobre Mariano -Jos de Larra. En lo primaveral de la juventud, en un -tiempo en que todo favoreca al encumbramiento de su -personalidad, al definitivo triunfo, a la gloria segura, -aquel hombre, que haba recibido de la implacable <i>Eironeia</i> -las ms temibles armas del estilo, los ms sutiles -venenos del pensamiento, fu una vctima de ella misma. -La aventura pasional se cristaliz en un diamante de -sangre, y aquel amargo dueo de la stira muri por -desdenes de amor, muerte de buen romntico.</p> - -<p>No querris nunca ver el reverso de la sonrisa.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span></p> - -<h2>LA ENSEANZA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 38px;"> -<img src="images/img011.jpg" width="38" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">8 de septiembre.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-r.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Refirenme</span> que cuando hace poco tiempo -estuvo vacante la plaza de verdugo, hubo -entre los que la solicitaron abogados y -mdicos. Un amigo mo terrateniente, -me asegura haber empleado como guarda -forestal a un abogado. Esto no es una rareza. En los -pases menos civilizados, como en los ms florecientes, -ya se conoce lo que es el proletariado intelectual. En el -pas de mi nacimiento hay quien puede decir ms de -una vez: licenciado, lstrame las botas!, y en Buenos -Aires, cuando fu secretario del director general de -Correos y Telgrafos, recuerdo solicitudes para puestos -de escribiente u otros ms modestos, en que los recomendados -podan responder al vistoso apelativo doctor. -En toda la Amrica latina el titulismo es endmico; -pero el origen est aqu, en la tierra clsica en que se -asienta Salamanca. El mal est en la raz.</p> - -<p>La ignorancia espaola es inmensa. El nmero de -analfabetos es colosal, comparado con cualquier estadstica. -En ninguna parte de Europa est ms descuidada -la enseanza.</p> - -<p>La vocacin pedaggica no existe. Los maestros, o -mejor dicho, los que profesan la primera enseanza, -son desgraciados que suelen carecer de medios intelectuales -o materiales para seguir otra carrera mejor. El<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span> -maestro de escuela espaol es tipo de caricatura o de -sainete. Es el eterno mamarracho hambriento y esculido, -vctima del Gobierno; pero persona de vala y al tanto -de las cosas de su tierra, me demuestra que realmente -no son por lo general dignos de mejor suerte esos maniques -de cartilla y palmeta. Los nios, me dice, no -aprenden siquiera a leer en la enseanza primaria. De -gramtica no hablemos, raro es el que sabe lo ms elemental -y escribe con ortografa. Y no habiendo aprendido -a leer, no es posible aprender a estudiar. El maestro -de primaria, por lo general ignorante, carece de todos -los conocimientos y de la mansedumbre necesaria para -cumplir su misin, pero tiene la bastante soberbia para -suponerse dueo y seor de sus prvulos en la escuela. -Como todo buen espaol con su poco de autoridad, -quiere que sta resplandezca constantemente a los ojos -de todos, y ay del que no la acate! Lo primero que exige -es la humildad, l que no es humilde, y la obediencia, -l que con su proceder descubre la alegra del mando. -Los nios, hartos de ser trados y llevados sin ms -ni ms, suean en que llegue su hora de mandar. Un -hombre por conveniencia se aviene bien a todo; pero el -nio entiende antes la justicia que la conveniencia, y el -maestro no cuida generalmente de razonar sus actos: es -un rey absoluto. En la mala enseanza primaria est el -origen de todos los males. El maestro, cuando pica muy -alto—pican hasta los ms ruines—, no quiere que le llamen -maestro sino <i>profesor</i>. Este ttulo incoloro lo prefieren -al de maestro, porque generalmente se llaman -profesores los que dan cursos en Institutos y Universidades; -bien es verdad que tambin se llaman profesores -los barberos y sacamuelas. El profesor de primeras letras -da sus explicaciones (aqu son oradores todos los -que hablan), que los nios no entienden, porque en vez -de facilitar la comprensin, hace discursos, esperando -que sus infelices discpulos le crean un hombre superior. -Tambin hace sus libros, y el ms imbcil tiene<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span> -una gramtica, una geografa, una historia o unas matemticas; -generalmente les da por los estudios gramaticales. -Todos velan por la integridad del purismo. Gramtica -hay por esas escuelas en que al nio le es absolutamente -imposible aprender; el afn de definir de un -modo nuevo condceles a los mayores disparates; y los -pobres muchachos aprenden de memoria lo que debiera -ser base de su estudio y es origen de su abotagamiento -intelectual. Tampoco se cultiva mucho la escritura; -unos adoptan la espaola, otros la inglesa, casi nadie -ensea a escribir; total, que a los diez aos de edad y -cinco de materias, pasan los prvulos de la enseanza -elemental a la segunda enseanza, sin haber aprendido -siquiera a leer y escribir. De cada 100 nios aprobados -de ingreso en el Instituto, 90 saben apenas firmar y -no hay uno que escriba al dictado correctamente; la -lectura tambin pertenece para ellos <i>a las ciencias ocultas</i>; -y sin saber escribir ni leer, les meten en latines. El -catedrtico de Instituto, y ms an el de colegios particulares, -no est preparado para la enseanza; cuando -ms, conoce vagamente la asignatura que explica, pero -no penetra en la mente de los nios. El profesor, como -el maestro, tiene la monomana del discurso. Todos los -das hace su explicacin en forma oratoria altisonante; -si no tiene un libro de texto propio, no se ajusta en todo -a ningn autor y obliga a los alumnos a tomar apuntes; -as acaban los cursos, y la mayora de los estudiantes -no se ha enterado an de lo que sean las asignaturas -que cursaron; algunas definiciones, alguna clasificacin, -algn razonamiento aislado: cuatro lecciones -prendidas con alfileres, que se olvidan luego, y el que -tiene la suerte de salir aprobado no vuelve a pensar en -aquellas cosas. As el nio que sali de la primera enseanza, -virgen de conocimientos elementales, sale de la -segunda sin comprender las ciencias y las letras que -debieron determinar su vocacin, y no emprende la -carrera que le aconseja su instinto, sino la que sus padres<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span> -le imponen por considerarla ms lucrativa. Las -Universidades aparecen con mejor organizacin; hay en -ellas algunos profesores sabios y cultos—un Posada o -Unamuno figuraran en su especialidad en cualquier -Universidad del mundo—; aunque por lo general, vicios -de constitucin y lo que viene desde el origen, la falta -de conocimientos elementales, no permitan a los alumnos -aprovecharse de la enseanza superior; con todo y -no ser sta deplorable como las otras, deja mucho que -desear. Unamuno, precisamente, ha dicho en una serie -de luminosos artculos mucho y muy interesante acerca -de la enseanza superior en Espaa.</p> - -<p>Pero mucho ms que las Universidades dejan que desear -las Escuelas de ingenieros y las Academias militares. -Nombrndose de Real orden los profesores, y siendo -aptos para el cargo de profesor todos los individuos del -escalafn despus de un cierto nmero de aos de servicio, -resulta que en ciertas pocas y en ciertos cuerpos -que tienen su centro de enseanza en buena poblacin, -todo el mundo quiere ir a desempear ctedras, no por -sus aficiones a la asignatura, sino por la residencia. Y, -en cambio, a otros hay que enviar a la fuerza a quien -explique, y claro es que no van los ms aptos, sino los -ms desvalidos. Conceder aptitud para desempear una -asignatura por el mero hecho de haberlo cursado, es -una estupidez colosal; y cuando la asignatura es clculo -diferencial, mecnica, geologa, construccin, botnica, -qumica, sube de punto el disparate. As en las escuelas -y academias especiales se repiten todos los errores de -que viene siendo vctima el joven desde que tuvo la -mala idea de ponerse a estudiar, y esta vez aumentados -prodigiosamente. Me dicen cosas monstruosas de tales -centros de enseanza, y si no las refiriese persona muy -culta y muy conocedora, seran increbles. En una clase -de topografa, despus de trabajar todo el ao entre los -alumnos y el profesor, al hacer las prcticas de fin de -curso no consiguieron cerrar un permetro. Las clasificaciones<span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span> -botnicas y mineralgicas, los experimentos -qumicos, no van ms all. Muchos libros, muchas horas -de clase, muchas horas de estudio; mucho atiborrarse de -teoras, leyes y teoremas; pero la ciencia, la verdadera -ciencia no aparece.</p> - -<p>De algo semejante se quejan en algunos pases europeos, -pero la falta de conocimientos elementales no sea -tal vez tan grande como en Espaa en nacin alguna. -Precisamente la cuestin del <i>sumernage</i> preocupa en -Francia a muchos espritus cultos que desean dar al estudio -una marcha menos violenta y no tan apartada de -la vida prctica.</p> - -<p>Es verdaderamente lastimoso ver a los jvenes sufriendo -por ocho aos la ingestin de voluminosos tratados, -rozando las ms graves teoras cientficas, para -venir al fin, terminada la prueba oficial, a trabajar, los -que trabajan, con el auxilio de los anuarios de bolsillo -extranjeros. Tanta ecuacin, tanta integracin, para sujetarse -a las frmulas calculadas ya de resistencia, pendientes, -velocidades, etc.; tanta bambolla de experimentacin -para someterse a las apreciaciones, no siempre -exactas, de una cartilla de anlisis. La verdad es que si -esto no fuera terrible sera bufo.</p> - -<p>Luego la influencia clerical en la enseanza. La alta -clase espaola est convencida de que no se puede recibir -una buena instruccin sino en establecimientos religiosos. -Hay multitud de colegios regentados por Ordenes -religiosas; ah estn las Universidades libres de Deusto, -manejadas por los jesutas; el Escorial, por los padres -agustinos, y as otros centros docentes. La experiencia -ha demostrado aqu y en otras muchas partes que los -internados son funestsimos.</p> - -<p>La institucin libre de enseanza que empez hace -tiempo con muchos bros, fracas por completo. Para -esa forma nueva se unieron a don Francisco Giner -muy buenas inteligencias, y no consiguieron nada; lo -cual prueba que o ellos no supieron ensear, o el sistema<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span> -no es aplicable a esta raza; yo creo ambas cosas.</p> - -<p>Para ese gnero de enseanza se necesita en el profesor -un instinto paternal y humano que no permiten la -frivolidad y ligereza espaolas: y en el alumno una -atencin y voluntad que las mismas causas hacen imposibles.</p> - -<p>Lo que habra que hacer en Espaa sera formalizar -la enseanza elemental, leer y escribir correctamente, -gramtica y aritmtica. Esta antigualla sera ms que -suficiente base para que luego cada cual siguiese su -rumbo. Probablemente ahora es cuando hay menos cultura -general en la Pennsula, a pesar de la revolucin y -de los esfuerzos de algunos cosmopolitistas. El siglo -XVIII fu ms culto que este fin de siglo; y si las Universidades -llegaron entonces a una situacin calamitosa, -fu por falta de administracin y gobierno, por la preponderancia -clerical, que ahora nuevamente amenaza -con mayores mpetus, por falta de base, por incultura -elemental, por cubrir con el relumbrn acadmico la -miseria de una ignorancia vasta.</p> - -<p>No hacen falta reformas, ni planes nuevos ni estudios -novsimos. Lo que necesita con urgencia la juventud -espaola es que le enseen a <i>leer</i>, que no sabe!, que se -mueran de una vez todos los maestros agonizantes, en -cuyas manos se deshilacha como una vieja estofa el espritu -nacional, y que se pongan las fabulosas Cartillas -en manos de hombres de conciencia, hombres que den -al abecedario la importancia de un cimiento sobre el -cual ha de apoyarse el edificio de la comn cultura.</p> - -<p>Santiago Alba, buena cabeza!, a propsito del soado -libro de Desmolins se pregunta: El rgimen escolar -espaol forma hombres? Y con la universal voz se contesta: no! -Hay mucha disposicin, mucho reglamento—; -estamos en el reino del expediente del cual hemos -sido herederos directos!—, y en el fondo, nada. Todo en -los papeles. Alba ha hecho una comparacin estadstica.—El -1 por 100 (0,73 por habitante) del total del Estado<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span> -consagra ste en Espaa a la pblica instruccin, -mientras Francia el 6 (5,82 francos por habitante), -Italia el 2 (1,75); y hasta Portugal el 2 (1,11). No hablemos -de Inglaterra, donde el espritu anglo-sajn y la -riqueza del pas por el mismo espritu creado permiten -dedicar a la enseanza el 8 por 100 del presupuesto -total, esto es, ms de siete francos por individuo. Entrando -en lo hondo del asunto, la palabra del seor Alba -no puede ser ms franca ni ms justamente dura. Es -que nuestros bachilleres, dice, nuestros abogados, nuestros -mdicos, nuestros ingenieros, nuestros peritos mercantiles -y hasta nuestros militares y nuestros marinos, -no son vctimas tambin del inevitable <i>chauffage</i>, de que -Demolins abomina escandalizado y dolorido? Bachilleres -incapaces de escribir una carta con ortografa, abogados -ignorantes al salir de la Universidad de lo ms rudimentario -de la profesin; mdicos que no saben ni -tomar el pulso; ingenieros a quienes se hunde la primera -obra en que ponen mano; peritos mercantiles que no -podran llevar regularmente ni un libro <i>diario</i>;—en fin, -militares a quienes no caben en la cabeza cien hombres -y marinos de cuyos viajes da precisa y exacta cuenta -el nmero de las averas del barco que dirigen, entonan -a coro himno grandioso al admirable sistema que empieza -por hacer intiles a cientos de hombres de uno de los -pueblos ms reconocidamente despiertos del planeta.</p> - -<p>Lo dice el vulgo con toda claridad: Aqu el bachiller, -el abogado, el mdico, el ingeniero, el perito mercantil, -el militar, y el marino que llegan de veras a serlo se -hacen por s solos cada uno en su casa, en su hospital, -en su taller, en su cuartel o en su barco; lo que estudian -en el Instituto, en la Universidad, en la escuela, o en la -Academia, es slo por coger el ttulo o la estrella.</p> - -<p>En lo relativo especialmente a la enseanza superior, -ha iniciado ahora, como he dicho, el catedrtico de -griego de la Universidad de Salamanca, seor Unamuno, -una campaa nobilsima y valiente.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span></p> - -<h2>FIESTA CAMPESINA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 86px;"> -<img src="images/img009.jpg" width="86" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">18 de noviembre.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-u.jpg" width="75" height="81" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Un</span> hombre del campo me invit hace pocos -das a ver la fiesta de su aldea, en -tierra de vila. Se trata de un lugar llamado -Navalsauz, a algunas leguas de la -vieja ciudad de santa Teresa. Mis deseos -de conocer las costumbres campesinas de Espaa encontraban -excelente oportunidad. Acept. Una buena -maana tom el tren para vila, en cuya estacin me esperaba -mi invitante, en compaa de dos hijos suyos, -robustos mocetones que tenan preparadas las caballeras -consiguientes. No permanec en la ciudad ni un solo -momento. Fu cosa de llegar, montar y partir. Pero, debo -deciros algo de la buena bestia en que hube de pasar por -esos campos. Era el inseparable de Sileno, el compaero -de Sancho, el interlocutor de Kant, el amigo de Pascarella. -Manso, filosfico, doctoral, aunque en tal o cual punto -del camino se manifestase ms de una vez mal humorado -o asustadizo. La carretera se extenda entre campos -cultivados. A un lado y otro haba labriegos arando con -sus arados primitivos. Se cultiva el centeno, trigo, algarrobas, -garbanzos, cebada y patatas. El paisaje no -deja de ser pintoresco, limitado por alturas lejanas, cerros -oscuros, manchados de altos lamos y chatos <i>piornos</i>, -bajo cuyas espesuras es fama que se agita el ms -poblado mundo de liebres y conejos. En el tiempo del -viaje, se encuentran a un lado de la carretera mesones o<span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span> -ventas harto pobres, que nada tienen que ver con los -caserones que en la rida Castilla se le antojaban castillos -a Don Quijote.</p> - -<p>En una hubimos de pernoctar.</p> - -<p>Mi amigo grita con una gran voz: Hay posada?</p> - -<p>S, seor; pasen ustedes. Y de la casa maltrecha sale -la figura gordinflona del ventero. Mientras los mocetones -llevan los burros al pienso, heme all conducido a -la cocina, donde una gran lumbre calienta olorosas sartenes, -y conversan en corro otros viajeros, todos de las -aldeas prximas, de higiene bastante limitada, pero gentes -de buen humor que se charlan y se pasan de cuando -en cuando una bota. Entr yo tambin al corro y de la -bota gust—un vinillo de las villas del Barranco—, as -como compartiera ms de una vez con los gauchos de las -pampas, tambin al amor de un buen fuego y en la cocina -de la estancia, al mate amargo y la ginebra. La cena -estuvo suculenta, y luego fu el pensar en dormir. Camas? -Ni soarlo. Cada cual duerme en los aparejos y -recados; quin en la cocina, para no perder lo sabroso -del calor; quin en la cuadra. Yo prefiero la vecindad de -la lumbre y entro en esa escena de campamento. Por -otra parte, no me es posible dormir. Esos benditos de -Dios roncan con una potencia abrumadora; y as, fabricando -castillos en Espaa, o viajando por el pas de -mis recuerdos, paso toda la noche, hasta que los gallos -anuncian el alba y el ventero me lleva una taza de leche -recin ordeada. A poco estoy otra vez sobre mi asno, -que lleva un pasito ligero y no poco molesto, mientras -hace no s qu seas con sus orejas al paso de la fra -brisa matutina.</p> - -<p>Bello da en el fragante y bondadoso campo! Sale un -claro sol; comienzan a verse las ovejas, y me gratifican -con un concierto; los pastores abrigados con sus zamarras, -poco limpios y con aspecto de perfectos brutos, -quitan a mi mente toda idea de pastor quijotiz; mis compaeros -de viaje se detienen con conocidos que vienen<span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span> -de los villorrios cercanos, lo cual es un pretexto para -repetidos saludos a la bota. Y mi burrito sigue impertrrito, -en tanto que me llegan de repente soplos de los -bosques, olientes a la hoja del pino. Es una cosa asombrosa, -dice Bacon, que en los viajes por mar, donde no -se ve sino el cielo y el agua, los hombres tienen, sin embargo, -la costumbre de hacer diarios; y en los viajes por -tierra, donde hay tantas distintas cosas que notar, casi -nunca los hacen, como si los casos fortuitos o los hechos -inesperados merecieran menos ser notados y apuntados -que las observaciones que se hacen por una deliberacin -premeditada. Ni por mar ni por tierra he acostumbrado -tales apuntaciones; pero si hubiese tenido un -libro de notas a la mano, en esa maana deliciosa habra -escrito, sin apearme de mi simptico animal: Hoy he -visto, bajo el ms puro azul del cielo, pasar algo de la -dicha que Dios ha encerrado en el misterio de la Naturaleza. -Este mismo sol y la sonrisa de este mismo campo -vieron los ojos de la divina Doctora, que se encendiera -en la incandescencia de su misticismo, hasta la -maravilla del xtasis y la comunicacin con lo extraterrestre -y lo supernatural.</p> - -<p>El almuerzo fu en el camino, gracias a mi provisin -de <i>pt de foie-gras</i>, queso manchego y pollo fro. Seguimos -la caminata todo el da hasta llegar a la posada de -Santa Teresa, en donde est el cuartel de la guardia civil; -y al declinar la tarde, estamos ya en las cercanas de Navazuelas. -El terreno cambia, se suceden las cuestas y -honduras; y de pronto me indican lo que debo hacer. -Seorito, a pata! Obedezco, y contino el camino llevando -el burro del ronzal, hasta llegar a la Navazuelas, -en donde vuelvo a <i>enfourcher</i> al benemrito rucio. Y -diviso el pueblo: un montoncito de casucas entre peascos.</p> - -<p>Al entrar a la aldea se me seala la iglesia; muy chica, -medio cada, con una alameda al lado de la puerta; y -situada <i>en medio del camposanto</i>... Mi asombro es grande<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span> -cuando no veo una sola cruz, as fuese la ms tosca y -miserable.</p> - -<p>Me instalo en casa de mi amigo. Calcularis ya que -el <i>confort</i> no es propiamente suntuoso.</p> - -<p>Estamos en el imperio de lo primitivo. Buen fuego, -s, se me ofrece, y ricos chorizos y patatas, y sabroso -vino. Duermo a maravilla. A la maana siguiente, vivo -en plena pastoral. Se me conduce aqu y all, entre cabras -y vacas y ovejas. Estoy en la <i>pastora</i>. Despus, a la -iglesia, en donde las mozas estn adornando a la Virgen. -Las mozas, en verdad, no eran muy guapas, pero -las haba bastante agraciadas. El traje de la paleta es -curioso y llamativo. Ms de una vez lo habris visto en -las comedias y zarzuelas. Falda corta y ancha, de gran -vuelo que deja ver casi siempre macizas y bien redondas -pantorrillas; la media o calceta es blanca y el zapato -negro. En corpios y faldas gritan los ms furiosos -colores. Al cuello llevan un pauelo, tambin de vivas -tintas y flores, y otro en la cabeza, atado por las puntas -debajo de la barba. Les cuelgan de las orejas hasta los -hombros enormes pendientes, y usan gargantillas y collares -en gran profusin. El pelo va recogido en un -moo de ancha trama y resalta sobre el moo la gran -peineta que a veces es de proporciones colosales, como -la primera que, segn dicen, se us en Buenos Aires a -principios de siglo. Generalmente no llevan sortijas en -sus pobres manos oscuras, hechas a sacar patatas y -cuidar ganados. No estamos propiamente en Arcadia, y -Virgilio no repetira, por ningn concepto en este caso, -las frases que en su dcima gloga prorrumpe Galo, -hijo de Polin. Al entrar yo en la iglesia, las muchachas -cantaban, adornando con gran muchedumbre de flores -la imagen de la patrona, la Virgen del Rosario. Despus -furonse a casa de las mayordomas, al obligado -convite: castaas, higos y vino. Por la noche, en medio -de la cena, en la casa en que se me hospedaba, las mozas -tiraron las cucharas de pronto y echaron a correr<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span> -fuera. Era el tambor que sonaba a la entrada del lugar; -vena de un pueblo vecino, y su son con el de la gaita -hara danzar esa misma noche, en la plaza, a las alegres -gentes. Luego pude observar algo de un fondo ciertamente -pagano. Las mozas formaron un ramo de laurel, -cubierto de frutas varias y dulces, para ser llevado a la -iglesia al da siguiente. Mientras tanto, vi venir del campo -a varios mozos con grandes ramas verdes que iban -poniendo sobre los techos de ciertas casas. Se me explic -que en donde haba una muchacha soltera colocaba -ramos su novio o su solicitante. Era extrao en verdad -para m ver al da siguiente coronadas de follaje casi -todas las casitas del villorrio. Del pueblo vecino tambin -lleg el seor cura, un cura joven, alegre y de buena -pasta, bastante distinto del tipo de Prez Escrich. Ya -tuve con quien conversar: poltica, ms poltica y un -poco de literatura. Al curita le fueron a buscar los varones, -con el tambor a la cabeza del concurso, mientras el -campanario llamaba a la misa. Las mozas, vestidas de -fiesta, esperaban en el camposanto. El alcalde est all -tambin, con su vara y sus calzones cortos y su ancho -sombrero y su capa larga. Las mozas abren la puerta -para que pasen el seor cura y la justicia, y detrs -todos los hombres. La puerta vuelve a cerrarse, y ellas -quedan fuera. Entonces, en coro, empezaron a cantar:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i2">Tres puertas tiene la iglesia,</div> -<div class="verse i0">Entremos por la mayor</div> -<div class="verse i0">Y haremos la reverencia</div> -<div class="verse i0">A ese divino Seor...</div> -</div></div></div> - -<p>La puerta sigue cerrada. Y ellas:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i2">Tres puertas tiene la iglesia,</div> -<div class="verse i0">Entremos por la del medio</div> -<div class="verse i0">Y haremos la reverencia</div> -<div class="verse i0">A la reina de los cielos...</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span></p> - -<p>Y otra vez:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i2">Tres puertas tiene la iglesia,</div> -<div class="verse i0">Entremos por la ms chica</div> -<div class="verse i0">Y haremos la reverencia</div> -<div class="verse i0">A la seora justicia...</div> -<div class="verse i2">Abre las puertas, portero,</div> -<div class="verse i0">Las puertas de la alegra</div> -<div class="verse i0">Que venimos las doncellas</div> -<div class="verse i0">Con el ramo p'a Mara...</div> -</div></div></div> - -<p>Al llegar aqu contesta una voz dentro:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i2">Las puertas ya estn abiertas</div> -<div class="verse i0">Entren si quieren entrar.</div> -<div class="verse i0">Confitura no tenemos</div> -<div class="verse i0">Para poder convidar.</div> -</div></div></div> - -<p>Entran las buenas mozas, a pesar de que no hay confitura -y, cerca de la pila de agua bendita vuelven a cantar -a pleno pulmn:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i2">Tomemos agua bendita,</div> -<div class="verse i0">mis amiguitas y yo,</div> -<div class="verse i0">Tomemos agua bendita</div> -<div class="verse i0">Vamos al altar mayor.</div> -<div class="verse i2">Tomemos agua bendita,</div> -<div class="verse i0">Amigas y compaeras,</div> -<div class="verse i0">Tomemos agua bendita</div> -<div class="verse i0">Vamos a llevar la vela.</div> -</div></div></div> - -<p>Al llegar aqu van todas con aquel famoso ramo de -laurel ornado de peras, manzanas y guindas, y con la -vela, que ha llegado de alguna cerera de Madrid o vila, -al altar mayor, a hacer la ofrenda a la Virgen. Las -estrofas de esa inocente mtrica de aldea se suceden entretanto. -En todo se admira que, al menos en las mujeres, -hay cierta suma de religiosidad y de fe sencilla, -junto con el amor al divertimiento, lo cual es mucho en -una aldea que no pone cruces a sus muertos. La procesin<span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span> -viene en seguida. Se conduce a la Virgen por la -calle, cantando el rosario, y se vuelve a depositar la imagen. -All hay un interesante remate de la mayordoma -del ao entrante y otras tantas pequeas preeminencias.</p> - -<p>Por la tarde se reanuda el baile con la gaita y el tambor, -en la pradera, donde se merienda gozosamente. -Por la noche, baile y ms baile. Por largo tiempo resonarn -en mis odos la aguda chirima y el tan tan del -tambor, ese tambor infatigable. Todava hasta el chocolate -cural, se pasa por la rifa del clebre ramo. Aun queda, -el da que viene, tiempo para que sigan danzando -mozos y mozas, en tanto que los viejos aldeanos vuelven -al campo a su tarea de sacar patatas.</p> - -<p>Yo volv a tomar mi burrito, camino de vila, en -donde prob las ms ricas aceitunas que os podis imaginar, -con mi amigo el campesino. No dej de recordar -al cuerdo Horacio:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0"><i>Non afra ovis descendat in ventrem meum</i></div> -<div class="verse i10"><i>Non attagen Jonicus</i></div> -<div class="verse i0"><i>Incundior quam lecta de pinguissimis</i></div> -<div class="verse i10"><i>Oliva ramis arborum...</i></div> -</div></div></div> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span></p> - -<h2>HOMENAJE A MENNDEZ PELAYO</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 83px;"> -<img src="images/img014.jpg" width="83" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">27 de diciembre de 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Ha</span> reanudado Menndez Pelayo la serie de -conferencias que desde hace algn tiempo -da en el Ateneo, sobre un tema que -no puede ser ms apropiado para sus admirables -facultades: los grandes polgrafos -espaoles. No posee el clebre humanista facultades -oratorias; pero en la leccin su voz resonante y enrgica -vence toda dificultad. El auditorio le escucha siempre -con inters y provecho, aunque la concurrencia no -sea en ocasiones tan numerosa como se deba esperar -supuestas la autoridad y la gloria del maestro.</p> - -<p>Menndez Pelayo est reconocido fundadamente como -el cerebro ms slido de la Espaa de este siglo; y en -la historia de las letras humanas pertenece a esa ilustre -familia de sacerdotes del libro de que han sido ornamento -los Erasmos y los Lipsios. Aun fsicamente, al -ver el retrato grabado por Lemus, he credo reconocer -la figura del gran rotterdamense profanada por la indumentaria -de nuestro tiempo. Y cuando en la conversacin -amistosa escucho sus conceptos, pienso en un caso -de prodigiosa metempscosis, y juzgo que habla por -esos labios contemporneos el espritu de uno de aquellos -antiguos ascetas del estudio que olvidara por un -momento textos griegos y comentarios latinos. Es difcil -encontrar persona tan sencilla duea de tanto -valer positivo; viva anttesis del pedante, archivo de<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span> -amabilidades; pronto para resolver una consulta, para -dar un aliento, para ofrecer un estmulo. Posee una biblioteca -valiossima, all en Santander, lugar de su -nacimiento y donde pasa los veranos. Ha poco ha muerto -su padre, que llevaba el mismo nombre suyo, y que -era un notable profesor de matemticas. Tiene un hermano, -don Enrique, doctor en medicina y aficionado a -los versos. En Madrid, como en Santander, es don Marcelino -un formidable trabajador. Aqu dirige la Biblioteca -Nacional y publica muy eruditos estudios en la -<i>Revista de Bibliotecas y Museos</i>; dirige la edicin acadmica -monumental de las obras de Lope de Vega; mantiene -activa correspondencia con sabios extranjeros; da -sus lecciones en la Universidad y sus conferencias en el -Ateneo, que luego formarn una de sus obras ms importantes; -en resumen, es un raro ejemplo de laboriosidad -y de potencia mental, y como en los aos de su -juventud, tiene una memoria incomparable y un entusiasmo -que constituye la parte ms simptica y hermosa -de su talento.</p> - -<p>Acaban de ofrecerle un justo homenaje unos cuantos -sabios y eruditos humanistas, con motivo de cumplir -veinte aos de profesorado. El homenaje lo forman dos -gruesos volmenes llenos de muy curiosas investigaciones -y estudios; inmejorable regalo para el obsequiado. -Los nombres de los que ofrecen tal muestra de admiracin -al ilustre espaol, son autoridades entre los estudiosos. -De sentir es que entre ellos no aparezca ningn -representante de la Amrica espaola. En cambio, uno -de los mejores trabajos ha sido escrito por un profesor -de Pensilvania. Har una ligera resea de lo que contienen -estos respetables tomos.</p> - -<p>El prlogo ha sido escrito por D. Juan Valera. Nadie -mejor que l podra llenar la tarea. Amigo de Menndez -Pelayo desde los primeros pasos intelectuales de ste, -ha sido uno de los que ms han contribudo a las victorias -logradas por quien ocup un silln de la Real Academia<span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span> -a los veintids aos. Traza, pues, un retrato exacto -y animado del querido discpulo y compaero, al -mismo tiempo que nos presenta un cuadro del decaimiento -de la cultura espaola y lo mucho que ha hecho -y hace el autor de las <i>Ideas estticas</i> y de <i>Los heterodoxos</i> -por colocar en su verdadero punto muchos elementos de -gloria nacional olvidados por los propios y negados por -los extraos. Fuerza es confesar, por desgracia, dice -Valera, que Espaa est en el da profundamente decada -y postrada. Su regeneracin requiere, sin duda, un -gran poder poltico, sabio y enrgico, ejercido con voluntad -de hierro y con inteligencia poderosa y serena; -pero tal vez antes de esto, y para orientarse, y para descubrir -amplio horizonte, y para abrir ancho y recto -camino, se requiere que formemos de nosotros mismos -menos bajo concepto, y no nos vilipendiemos, sino que -nos estimemos en algo, siendo la estimacin, no infundada -y vaga, sino conforme con la verdadera exactitud, -y sin recurrir a gastados y pomposos ditirambos y a los -recuerdos, que hoy desesperan ms que consuelan, de -Lepanto, San Quintn, Otumba y Pava. Aunque me repugna -emplear frases pomposas, que hacen el estilo -declamatorio y solemne, no atino a explicar mi pensamiento -sino diciendo que don Marcelino Menndez y Pelayo -ha venido a tiempo a la vida y ricamente apercibido -y dotado de las prendas conducentes para cumplir, -hasta donde pueda cumplirla un solo hombre, la misin -anteriormente indicada, para invocar sin vaguedad y -sin exageraciones nuestra importancia en la historia -del pensamiento humano, y para sealar el puesto que -nos toca ocupar en el concierto de los pueblos civilizadores, -concierto del que formamos parte desde muy antiguo -y del que no merecemos que se nos excluya. La -misin, pues, de don Marcelino, ya que nos atrevemos -a llamarla misin, no es puramente literaria, sino que -tiene mayor amplitud y trascendencia.</p> - -<p>El tomo primero del homenaje, lo inicia el conocido<span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span> -hispanista francs Alfred Morel-Fatio, publicando unas -cuantas cartas, correspondencia interesante entre el famoso -bibliotecario de Colbert e historiador Etienne Baluze -y el marqus de Mondjar. El marqus escribe en -castellano y Baluze en latn. Baluze se excusa de no corresponder -en lengua espaola: <i>Hoc ideo dico, Excellentissime -Domine, ut accipias excusationem meam, quod -ad humanissimas et elegantissimas litteras tuas non respondeo -eadem lingua qua scriptae sunt</i>. Y el marqus le -contesta: Me sucede lo mismo a m con el latino que a -usted con el espaol, entorpecindonos igualmente a -entrambos la falta del uso. Los conceptos de esta correspondencia -se refieren a envos de datos y libros, a -cambio de noticias entre eruditos estudiosos, y si el -marqus es dignamente admirativo y afectuoso con su -amigo parisiense, Baluze no le escatima las ms elegantes -frases latinas de cumplimiento y reverencia.</p> - -<p>Un ingls, muy conocedor de letras castellanas, James -Fitzmaurice-Kelly, trata sobre <i>Un hispanfilo ingls -del siglo XVII</i>. Este fu Leonardo Digges, probable amigo -de Shakespeare y Ben Jonson y traductor del <i>Poema -trgico del espaol Gerardo y desengao del amor lascivo</i>. -Y M. Leo de Rouanet, que ha traducido al francs algo -del teatro espaol, se ocupa de un auto indito de Valdivieso, -existente en la Biblioteca Nacional de Madrid. -El seor Luanco logra demostrar que el libro de la <i>Clavis -Sapientiae</i>, tenido por obra de Don Alfonso <i>el Sabio</i>, -no es de dicho rey, con todo y estar probada su aficin -a estudios hermticos. El seor Cotarelo, cuyos trabajos -de erudicin son tan meritorios—especialmente entre -otros, sus pginas sobre don Enrique de Villena—, habla -de los traductores castellanos de Molire. Siento que a -una labor tan completa hayan faltado en absoluto noticias -referentes a traducciones hispanoamericanas, que -de algunas piezas las hay buenas, como la del <i>Misntropo</i> -por el centroamericano Gavidia.</p> - -<p>Ernesto Mrime, sobrino del autor de <i>Colomba</i>, y<span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span> -profesor creo que en Tolosa de Francia, ha contribudo -con un <i>Ramillete de flores poticas de Alejandro de Luna</i>, -que se encuentra en la biblioteca municipal de Montauban. -Este de Luna es un autor hasta hoy completamente -desconocido, y el descubrimiento de M. Mrime -parece de muy relativa importancia.</p> - -<p>El msico Pedrell hace un paralelo entre Palestrina -y Victoria, maestro de capilla eminente, contemporneo -del clebre italiano. El P. Blanco Garca, conocido por -su obra sobre literatura espaola e hispanoamericana, -rectifica algunos datos biogrficos de fray Luis de Len. -Un erudito italiano, Benedetto Croce, aporta un valioso -contingente a la literatura cervantina, con sus <i>Due Illustrazioni -al Viaje del Parnaso, del Cervantes</i>. Y el seor -Estelrich, autor de un notable libro sobre la poesa italiana -en Espaa, escribe un estudio acerca de los traductores -castellanos de las poesas lricas de Schiller. -Arturo Farinelli inserta en castellano una notable disquisicin -respecto al origen del Convidado de Piedra. -Es de admirar el caudal de conocimientos de este extranjero -en lo referente a letras castellanas. Adems, es -un verdadero polglota, y escribe con igual correccin -en espaol, italiano y alemn. El seor Apraiz, cervantista -afanoso, enriquece con varias curiosidades el estudio -y culto del autor nacional. El seor Franquesa y Gmez, -se ocupa de una comedia indita, sobre el tema de -<i>Don Juan Tenorio</i>, de don Alonso de Crdoba Maldonado.</p> - -<p>Mario Schiff contribuye, en francs, con algo que es -de verdadera sensacin para los eruditos y en especial -para los dantistas. El general Mitre de seguro tendr en -el asunto gran inters. Se trata nada menos que del hallazgo -en la Biblioteca Nacional de Madrid, de la primera -traduccin de la <i>Divina Comedia</i> al castellano, la de -don Enrique de Villena, cuyo manuscrito haban considerado -perdido investigadores como Amador de los -Ros, el mismo Menndez Pelayo, Cotarelo, y antes de -ellos, Pellicer. El seor Schiff, entre los papeles de la<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span> -coleccin Osuna, en la Biblioteca encontr dicho manuscrito. -Este consta de CCVIII hojas de papel; contiene la -<i>Divina Comedia</i> en italiano, escrita en Italia y probablemente -en Florencia; el <i>explicit</i> del Paraso tiene la fecha -de 10 de noviembre de 1354.</p> - -<p>El <i>Inferno</i> tiene al margen muchos comentarios latinos, -pocos el <i>Purgatorio</i>, ninguno el <i>Paradiso</i>. Tambin -al margen est la versin espaola en prosa; segn -Schiff, la misma mano que escribi los comentarios escribi -la traduccin. Por lo dems, la letra del marqus -de Santilln se reconoce en notas marginales y apostillas. -El traductor es de una fidelidad que llega al calco; -con los elementos de entonces, el marqus de Santilln -tena la misma teora del traductor del general Mitre. -Es una versin la suya al pie de la letra; y a veces la prosa -sigue el ritmo del verso y aun el consonante. Como -curiosidad, copiar algo del canto primero.</p> - -<p>Principia el actor Dante:</p> - -<p>1. En el medio del camino de nuestra vida, me fall -por una espesura o silva de rboles oscura en do el derecho -camino estaba amatado.</p> - -<p>2. E quanto a dezir qual era es cosa dura, esta selva -salvaje spera e fuerte, que pensando en ella renueva mi -miedo.</p> - -<p>3. Tanto era amargo que poco ms es la muerte; mas -por contar del bien que yo en ella fall dir de las otras -cosas que a mi ende fueron descubiertas.</p> - -<p>Y ms adelante:</p> - -<p>27. Pues eres t aquel Virgilyo y aquella fuente que -espandyo de fablar tan largo ro, respond yo a l con -vergonosa fruente.</p> - -<p>28. O de los otros poetas honor e lumbre. Vlame -agora el luengo estudio e gran amor que me fiz buscer -los tus libros.</p> - -<p>29. T eres el mi maestro y el mi actor, t eres slo -aquel del qual yo tom el fermoso estilo que ma fecho -honor.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span></p> - -<p>Y en el pasaje de Ugolino:</p> - -<p>1. La boca se levant de la fiera viendo aquel pecador... -etc.</p> - -<p>Algunas veces, la mala copia del escribiente italiano -hace cometer a don Enrique de Villena equivocaciones -y traduce una cosa por otra. Pero en todo caso, su traduccin -es de un inmenso precio, no solamente para los -eruditos, sino tambin para los crticos y poetas. All se -ve el verdadero valor de ciertas palabras correspondientes -a la expresin dantesca, y la necesidad de emplear -hoy ciertos arcasmos eficaces para transparentar la -fuerza o la gracia del divino poema.</p> - -<p>Pero dejar para otra carta algunos de los principales -trabajos de que consta el Homenaje a Menndez Pelayo, -pues hablar de todos es poco menos que imposible en -el espacio de que dispongo y dada la ndole de estas informaciones.</p> - -<p>Sobresalen en el copioso homenaje a Menndez Pelayo -otros trabajos de importancia. Con una corta introduccin -en latn, publica el sabio Boehmer cuarenta -cartas de Alonso de Valds, todas inditas: <i>Alfonsi Valdesii -litteras XL ineditas—Marcellino, Immo Marcello—De -vicennalibus cathedrae gratulabundus—Trans partium fines -offert—E clara valle Getmanie Eduardus Boehmer</i>. Es un -verdadero regalo de erudito. Algo indito, aunque de un -valor relativo, ofrece el seor Serrano y Sanz; dos canciones -de Cervantes, que no tienen otro mrito que -la procedencia, y el haber sido escritas en ocasin famosa, -cuando la prdida de la Armada. Comienza la -primera:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Vate fama veloz las prestas alas,</div> -<div class="verse i0">rompe del Norte las cerradas nieblas,</div> -<div class="verse i0">aligera los pies, llega y destruye</div> -<div class="verse i0">el confuso rumor de nuevas malas,</div> -<div class="verse i0">y con tu luz desparce las tinieblas</div> -<div class="verse i0">del crdito espaol que de ti huye, etc.</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span></p> - -<p>Y la segunda:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<div class="verse i0">Madre de los valientes de la guerra,</div> -<div class="verse i0">archivo de catlicos soldados,</div> -<div class="verse i0">crisol donde el amor de Dios se apura,</div> -<div class="verse i0">tierra donde se ve que el cielo entierra</div> -<div class="verse i0">los que han de ser al cielo trasladados</div> -<div class="verse i0">por defensores de la fe ms pura, etc.</div> -</div></div></div> - -<p>Persona de mucha erudicin es el seor don Ramn -Menndez Pidal, uno de los organizadores del homenaje. -Contribuye con nutridas notas para el Romancero del -conde Fernn Gonzlez, y da la agradable noticia de que -en breve tratar tan importante materia el insigne don -Marcelino.</p> - -<p>Un arabista de nota, don Francisco Pons, trata de dos -obras importantsimas del polgrafo rabe Aben Hazan. -La una lleva por ttulo: <i>Collar de la paloma acerca del -amor y los enamorados</i>, y es, nos dice el expositor, una -gua completa de estrategia ertica para cuantos aspiran -a los lauros del triunfo en las contiendas amorosas. El -nico ejemplar que hoy se conoce de dicha obra, se -halla en la biblioteca de la Universidad de Leyden. La -otra es el <i>Libro de las Religiones y de las Sectas</i>.</p> - -<p>Es muy alabado entre autoridades competentes el trabajo -que aporta don Eduardo Hinojosa: <i>El Derecho en el -poema del Cid</i>. Es curiosa labor, y se necesita ciertamente -gran paciencia de estudioso y amor a estas disciplinas -para realizarla. En ella estn expuestos los episodios -del <i>Poema</i> que se relacionan con el Derecho, y se estudia -la obra toda en lo que tiene que ver con lo jurdico.</p> - -<p>Don Cristbal Prez Pastor comunica datos desconocidos -para la Vida de Lope de Vega. Ellos vienen a aumentar -los que el mismo Menndez Pelayo descubriera -no ha mucho, y que, segn dicen, le pusieron en conflicto -con la Real Academia. Parece que Lope resulta -varn demasiado alegre en su vida privada, y el director -de la edicin monumental de sus obras cree que todo<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span> -debe publicarse, as el ilustre fraile aparezca un poco -galeoto y otro poco libidinoso. El conde de la Viaza -nos habla de dos libros inditos del maestro Gonzalo -Correas, autor de que trata escasamente Nicols Antonio -en su <i>Bibliotheca Hispana Nova</i>. Se trata de un eminente -estudioso, tocado de reforma ortogrfica, y antecesor, -por lo tanto, del distinguido seor Kabezn, de Valparaso, -como se ver por esta cita: De la arte ma Griega -ia se tiene esperienzia en esta universidad; aora va mexorada -i en romanze i kon la perfeta ortografa kastellana...</p> - -<p>De otra obra indita escribe la seora Michaelis de -Vasconcellos, escritora portuguesa. Es un manuscrito -perteneciente a la biblioteca del seor Fernando Palha: -<i>Tragedia de la insigne reyna doa Isabel</i>, por el condestable -don Pedro de Portugal. La eminente lusitana prueba -su largo saber y su fineza de criterio en sus observaciones -y comentarios al valioso cdice cuatrocentista. Un -buen estudio es el de Toribio del Campillo acerca del -<i>Cancionero de Pedro Marcuello</i>; es un homenaje al mismo -tiempo al sapiente y laborioso aragons Latassa, que -enalteciera tanto las letras en su regin. Cierra el primer -volumen don Juan Garca, tratando de antigedades -montaesas, aborgenes, cuevas, dlmenes y etimologas -de la provincia en que se asienta Santander.</p> - -<p>La duquesa de Alba es muy amiga de Menndez Pelayo. -Supo ella que se trataba de este homenaje y alent al -seor Paz y Melia, para que ampliase un estudio comenzado -sobre la Biblia llamada de la Casa de Alba, o sea la -traduccin hecha por Rabi Mos Arragel de Guadalfajara. -La versin fu hecha por pedido del maestre de Calatrava -don Luis de Guzmn. El seor Paz y Melia narra, -apoyado en curiosa documentacin, la gnesis de la -obra, y los afanes del judo traductor, que no se resolvi -a llevar a trmino su empresa sino casi obligado por el -seor cuyo vasallo era. Es de inestimable mrito este estudio -bibliogrfico, y habra sido de gran valor para el<span class="pagenum"><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span> -bibligrafo que en una sabia revista francesa acaba de -publicar una monografa acerca de <i>Las Biblias espaolas</i>.</p> - -<p>Llaman el Menndez Pelayo de Catalua a don Antonio -Rubio y Lluch, eminente amigo mo de quien hace -algunos aos habl en <i>La Nacin</i>, con motivo de sus traducciones -de novelas griegas contemporneas. Hay, en -efecto, entre ambos muchos puntos de semejanza. Los -dos, compaeros en los primeros estudios, han tenido -igual tesn en sus preferidas tareas; los dos han seguido -idnticos rumbos; los dos son ortodoxos y conservadores; -los dos profesores de Universidad, y los dos poseen -dotes cordiales y de carcter que les hacen ser queridos -por compaeros, discpulos y amigos. Rubio ha querido -esta vez ofrendar a su ilustre colega un estudio sobre la -lengua y cultura catalanas en Grecia en el siglo XIV. La -preparacin de Rubio en tal asunto puede asegurarse -que es nica. Conoce entre otras cien cosas, admirablemente, -el griego antiguo y el griego moderno: ha dedicado -largos aos de su vida a profundizar sus investigaciones -en archivos y bibliotecas nacionales y extranjeros, -y su reciente viaje a Grecia es una conmovedora -odisea en la historia de su vida tranquila y laboriosa. -He odo la narracin de sus propios labios, cuando al -pasar por Barcelona tuve el gusto de recibir su amable -visita. Cuando le vi entrar, no le reconoc. Est casi ciego, -y esta es la parte trgica del episodio. Contme como -haba realizado un viaje a su amada Hlade, enviado por -la Diputacin provincial barcelonesa. Iba lleno de ideas y -de bellos sueos artsticos, y con la ardiente voluntad -de dedicarse a sus duras labores de investigacin en los -archivos atenienses, cuando, al llegar, repentinamente, -sin causa reconocida, siente que todo se le hace sombra, -que est ciego! Volvi a su patria y pudo ver escasamente, -con un ojo; y, as, cuando ms necesitaba de luz, volvi -a Grecia, trabaj all con inaudito valor, a riesgo de -quedar definitivamente ciego, recogi los datos que<span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span> -pudo, y retorn a Barcelona, en donde poco a poco lleva -a cabo la obra monumental que ha de ser entre las suyas -la que ms contenga de su inteligencia y de sus probados -esfuerzos. Un corto fragmento de esa obra, segn -tengo entendido, es lo que en el homenaje aparece ofrecido -a su fraternal amigo Marcelino.</p> - -<p>Si no existen en Espaa sociedades como las dantescas -en Italia y las shakespearianas en Inglaterra, individualmente, -el cervantismo tiene muchos cultivadores. Hubo -un tiempo en que los comentarios y exgesis del <i>Quijote</i> -y los temas referentes a Cervantes, llegaron a convertirse -en inocente mana.</p> - -<p>No pertenece a ese gnero la contribucin del seor -Eguilaz y Yanguas, notas etimolgicas que aclaran y -explican algunas palabras usadas por el autor del Ingenioso -Hidalgo. Muchos conocimientos lingsticos revela -el seor Eguilaz; pero no he podido menos que recordar -a mi querido amigo el doctor Holmberg, en su -clebre arenga sobre la filologa del profesor Calandrelli, -cuando el erudito espaol afirma muy seriamente -que la palabra <i>ajedrez</i> se deriva de la voz snscrita <i>chaturanga</i>.</p> - -<p>El ilustre Federico Wolff enva desde Suecia un captulo -sobre las Rimas de Juan de la Cueva, primera -parte; y ofrece a su querido colega una cancin indita -del desventurado poeta. J. de Hann, desde el colegio -de Bryn Mawr, en Pensilvania, escribe con erudicin -insuperable y en un castellano castizo sobre un tema -que en la misma Pennsula apenas cuenta en lo moderno -con las pginas documentadas de Cotarelo y los escritos -antropolgicos de Salillas. Mster Hann diserta -sobre <i>Pcaros y Ganapanes</i>.</p> - -<p>Se ocupa en un notable estudio de la filosofa de -Raimundo Lulio, don Julin Ribera, relacionando los -orgenes de las doctrinas del clebre mallorqun, con -los trabajos anlogos de un filsofo rabe, Mohidin, -sobre el cual discurre dilatadamente, tambin en este<span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span> -mismo volumen, don Miguel Asin. Extensa es asimismo -la monografa del seor Lomba sobre el rey Don Pedro -en el teatro, y de un mrito aquilatado entre eruditos lo -que ha remitido el insigne Hbner acerca de los ms -antiguos poetas de la Pennsula. Es de llamar la atencin -cmo demuestra este sabio que el nacimiento no -significa nada para la nacionalizacin de un hombre -ilustre. Sneca, Quintiliano, Pomponio Mela, Columela -y Marcial, naturales de Espaa, no son espaoles sino -romanos. Un autor ingls, dice, nacido casualmente en -Bombay o en Calcuta no forma parte de la literatura -india. As en nuestros das Jos Mara de Heredia es un -poeta francs y no cubano, o hispanoamericano. Hbner -se refiere en su trabajo, pues, a los poetas que en lo antiguo -escribieron en tierra espaola y cita dsticos o -composiciones ms largas latinas, que ha copiado de -epitafios y otras inscripciones.</p> - -<p>El doctor don Roque Chabas, cannigo de la catedral -de Valencia, demuestra, con documentos irrefragables, -que la condenacin de las obras de Arnoldo de Vilanova -fu hecha con injusticia, apasionadamente y con -violacin de las prescripciones cannicas. No es la primera -vez que el doctor Chabas se ocupa en el famoso -telogo, de quien dice Menndez Pelayo que es varn -de los ms sealados en nuestra historia cientfica y -aun en la general de la Edad Media. Ya antes haba -publicado, en el <i>Boletn de la Real Academia de la Historia</i>, -el testamento de Arnoldo, de lo que habl el <i>Journal -des Savants</i>. El doctor Chabas es espejo de constancia -y laboriosidad en tan difciles empresas, pero su talento -y su buena suerte le hacen lograr verdaderos -triunfos, como el hallazgo que acaba de tener. Es algo -de tal importancia, que ha de hacer mucho ruido en el -mundo de las academias y de los eruditos y trabajadores -de la historia. <i>La Nacin</i> es el primer peridico que -da la noticia, pues en la Pennsula no se ha publicado -an nada a este respecto. El doctor Chabas ha encontrado<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span> -en un archivo valenciano—creo que en el de la Metropolitana—hasta -unas cuarenta cartas de la familia -Borgia, o Borja, en tiempo del pontificado de Alejandro -VI. El texto de ellas vendra a afirmar de nuevo -la exactitud de la singular vida de sensualidad y de escndalo -que imperaba en la corte vaticana y en la familia -que produjo al duque de Ganda y al raro Csar, tan -maravillosamente retratado en versos de Verlaine. Quedar, -pues, por tierra toda la labor de Gregorovius, lo -que no es poco. Hay una carta, de un picor especial, en -que Lucrecia, donna Lucrecia, comunica que pap -est enojado, porque el joven Csar no se preocupa mucho -de cumplir con sus obligaciones nupciales... Y otras -de un inestimable precio.</p> - -<p>Me han dicho que el obispo de Valencia quiso prohibir -al doctor Chabas la publicacin de tan reveladores -documentos. Este se dirigi al cardenal Sancha exponindole -el caso, e igual cosa hizo con el Padre Santo. -Tanto su eminencia como Len XIII, le han autorizado, -segn tengo entendido, para que haga la publicacin, -estimando que ello no trae consigo ningn menoscabo -a la religin y a la verdadera fe y moral cristianas. Ambos -han demostrado con esto que estamos ya muy lejos -de cuando un fundador de Universidad, el gran cardenal -Ximnez de Cisneros, mandaba quemar cdices rabes, -como Zumrraga cdices mejicanos.</p> - -<p>Po Rajna contribuye con algunas observaciones topogrficas -sobre la <i>Chanson de Roland</i>, escritas en italiano; -largamente se ocupa de la jurisdiccin apostlica en Espaa -y el proceso de don Antonio Covarrubias D. P. de -Hinojosa; y Antonio Restori enva desde Italia un curioso -y ameno escrito acerca de un cuaderno de poesas -espaolas, que perteneci a donna Ginevra Bentivoglio. -Casi un verdadero libro dedica el seor Rodrguez Villa -a don Francisco de Mendoza, almirante de Aragn. El -marqus de Jerez enva a su amigo Menndez Pelayo -unas cuantas papeletas bibliogrficas. Don Juan Catalina<span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span> -Garca escribe sobre el segundo matrimonio del primer -marqus del Cenete, cuya narracin es de tal manera -interesante, que parece la fabulacin intrincada y sentimental -de una novela; con el aditamento de detalles ultranaturalistas -que claman por el latn. Otro escritor -italiano, Alfonso Miola, diserta sobre <i>Un Cancionero manoscritto -brancacciano</i>. Muy importante para arquelogos -y estudiosos de historia es el tratado de Iliberis, o examen -de los documentos histricos genuinos iliberitanos, -por el seor Berlanca. El seor Rodrguez Marn se -refiere a <i>Cervantes y la Universidad de Osuna</i> en un copioso -escrito. Don Pedro Roca ha ofrecido una muy erudita -monografa sobre el origen de la Academia de Ciencias; -y don Jos Mara de Pereda cierra pintorescamente esta -fuerte labor de sabios con una narracin: <i>De cmo se celebran -todava las bodas en cierta comarca montaosa enclavada -en un repliegue de lo ms enriscado de la cordillera</i>.</p> - -<p>Tal ha sido el regalo que se ha hecho, a los veinte -aos de ctedra, al moderno Erasmo espaol, a quien -bien sienta el caluroso elogio de Justo Lipsio: <i>O magnus -decum hispanorum!</i></p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span></p> - -<h2>EL MODERNISMO</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img002b.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">28 de noviembre.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-p.jpg" width="75" height="75" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Puede</span> verse constantemente en la Prensa -de Madrid que se alude al modernismo, -que se ataca a los modernistas, que se -habla de decadentes, de estetas, de prerrafaelistas -con s, y todo. Es cosa que me -ha llamado la atencin no encontrar desde luego el -menor motivo para invectivas o elogios, o alusiones -que a tales asuntos se refieran. No existe en Madrid, -ni en el resto de Espaa, con excepcin de Catalua, -ninguna agrupacin, <i>brotherhood</i>, en que el arte puro—o -impuro, seores preceptistas—se cultive siguiendo el -movimiento que en estos ltimos tiempos ha sido tratado -con tanta dureza por unos, con tanto entusiasmo -por otros. El formalismo tradicional por una parte, la -concepcin de una moral y de una esttica especiales -por otra, han arraigado el espaolismo que, segn don -Juan Valera, no puede arrancarse ni a veinticinco -tirones. Esto impide la influencia de todo soplo cosmopolita, -como asimismo la expansin individual, la -libertad, digmoslo con la palabra consagrada, el anarquismo -en el arte, base de lo que constituye la evolucin -moderna o modernista.</p> - -<p>Ahora, en la juventud misma que tiende a todo lo -nuevo, falta la virtud del deseo, o mejor, del entusiasmo, -una pasin en arte, y sobre todo, el don de la voluntad. -Adems, la poca difusin de los idiomas extranjeros,<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span> -la ninguna atencin que por lo general dedica la -Prensa a las manifestaciones de vida mental de otras -naciones, como no sean aquellas que ataen al gran pblico; -y despus de todo, el imperio de la pereza y de la -burla, hacen que apenas existan sealadas individualidades -que tomen el arte en todo su integral valor. En -una visita que he hecho recientemente al nuevo acadmico -Jacinto Octavio Picn, me deca este meritsimo -escritor: Crame usted, en Espaa nos sobran talentos; -lo que nos falta son voluntades y caracteres.</p> - -<p>El seor Llanas Aguilaniedo, y uno de los escasos -espritus que en la nueva generacin espaola toman el -estudio y la meditacin con la seriedad debida, deca no -hace mucho tiempo: Existen, adems, en este pas cretinizado -por el abandono y la pereza, muy pocos espritus -activos; acostumbrados—la generalidad—a las comodidades -de una vida fcil que no exige grandes esfuerzos -intelectuales ni fsicos, ni comprenden, en su -mayora, cmo puede haber individuos que encuentren -en el trabajo de cualquier orden un reposo, y al propio -tiempo un medio de tonificarse y de dar expansin al -espritu; los trabajadores, con ideas y con verdadera -aficin a la labor, estn, puede decirse, confinados en -la zona Norte de la Pennsula; el resto de la nacin, -aunque en estas cuestiones no puede generalizarse -absolutamente, trabaja cuando se ve obligado a ello, -pero sin ilusin ni entusiasmo. En lo que no estoy de -acuerdo con el seor Llanas, es en que aqu se conozca -todo, se analice y se estudie la produccin extranjera -y luego no se la siga. Sin duda, dice, no nos consideramos -elevados a una altura superior, y desde ella nos -damos por satisfechos con observar lo que en el mundo -ocurre, sin que nos pase por la imaginacin secundar -el movimiento.</p> - -<p>Yo anoto. Difcil es encontrar en ninguna librera -obras de cierto gnero, como no las encargue uno mismo. -El Ateneo recibe unas cuantas revistas del carcter<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span> -independiente, y poqusimos escritores y aficionados a -las letras estn al tanto de la produccin extranjera. He -observado, por ejemplo, en la redaccin de la <i>Revista -Nueva</i>, donde se reciben muchas buenas revistas italianas, -francesas, inglesas, y libros de cierta aristocracia -intelectual aqu desconocida, que aun compaeros mos -de mucho talento, miran con indiferencia, con desdn, -y, sin siquiera curiosidad. Dems decir que en todo -crculo de jvenes que escriben, todo se disuelve en -chiste, ocurrencia de ms o menos pimienta, o frase caricatural -que evita todo pensamiento grave. Los reflexivos -o religiosos de arte, no hay duda, que padecen en -tal promiscuidad.</p> - -<p>Los que son tachados de simbolistas no tienen una -sola obra simbolista. A Valle Incln le llaman decadente -porque escribe en una prosa trabajada y pulida, de admirable -mrito formal. Y a Jacinto Benavente, modernista -y esteta, porque si piensa, lo hace bajo el sol de -Shakespeare, y si sonre y satiriza lo hace como ciertos -parisienses que nada tienen de estetas ni de modernistas. -Luego, todo se toma a guasa. Se habl por primera -vez de estetismo en Madrid y, dice el citado seor Llanas -Aguilaniedo: funcion en calidad de orculo la <i>Cacharrera</i> -del Ateneo, donde se record a Oscar Wilde... Salieron -los peridicos y revistas de la Corte jugando del -vocablo y midiendo a todos los idlatras de la belleza, -por el patrn del fundador de la escuela, abusndose del -tema, en tales trminos, que ya, hasta los barberos de -Lpez Silva consideraban ofensiva la denominacin, y -se resentan del epteto. Por este camino no se va a ninguna -parte.</p> - -<p>En pintura el modernismo tampoco tiene representantes, -fuera de algunos catalanes, como no sean los dibujantes -que creen haberlo hecho todo con emplomar sus -siluetas como en los <i>vitraux</i>, imitar los cabellos avirutados -de las mujeres de Mucha, o calcar las decoraciones -de revistas alemanas, inglesas o francesas. Los catalanes,<span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span> -s, han hecho lo posible, con exceso quiz, por dar su -nota en el progreso artstico moderno. Desde su literatura -que cuenta entre otros con Rusiol, Maragall, Utrillo, -hasta su pintura y artes decorativas, que cuentan con -el mismo Rusiol, Casas, de un ingenio digno de todo -encomio y atencin, Pichot y otros que como Nouell-Monturiol -se hacen notar no solamente en Barcelona -sino en Pars y otras ciudades de arte y de ideas.</p> - -<p>En Amrica hemos tenido ese movimiento antes que -en la Espaa castellana, por razones clarsimas: desde -luego, por nuestro inmediato comercio material y espiritual -con las distintas naciones del mundo, y principalmente -porque existe en la nueva generacin americana -un inmenso deseo de progreso y un vivo entusiasmo, -que constituye su potencialidad mayor, con lo cual poco -a poco va triunfando de obstculos tradicionales, murallas -de indiferencia y ocanos de mediocracia. Gran orgullo -tengo aqu de poder mostrar libros como los de -Lugones o Jaimes Freire, entre los poetas, entre los prositas -poemas, como esa vasta, rara y complicada triloga -de Sicardi. Y digo: esto no ser modernismo, pero es -<i>verdad</i>, es realidad de una vida nueva, certificacin de -la viva fuerza de un continente. Y, otras demostraciones -de nuestra actividad mental—no la profusa y rapsdica, -la de cantidad, sino la de calidad, limitada, muy limitada, -pero que bien se presenta y triunfa ante el criterio -de Europa: estudios de ciencias polticas, sociales. -Siento igual orgullo. Y recuerdo palabras de don Juan -Valera, a propsito de Olegario Andrade, en las cuales -palabras hay una buena y probable visin de porvenir. -Deca don Juan, refirindose a la literatura brasilea, -sudamericana, espaola y norteamericana, que las literaturas -de estos pueblos seguirn siendo tambin inglesa, -portuguesa y espaola, lo cual no impide que con -el tiempo o tal vez maana, o ya, salgan autores yanquis -que valgan ms que cuanto ha habido hasta ahora en -Inglaterra, ni impide tampoco que nazcan en Ro de<span class="pagenum"><a name="Page_273" id="Page_273">[273]</a></span> -Janeiro, en Pernambuco o en Baha escritores que valgan -ms que cuanto Portugal ha producido; o que en -Buenos Aires, en Lima, en Mjico, en Bogot o en Valparaso -lleguen a florecer las ciencias, las letras y las -artes con ms lozana y hermosura que en Madrid, en -Sevilla y en Barcelona.</p> - -<p>Nuestro modernismo, si es que as puede llamarse, -nos va dando un puesto aparte, independiente de la literatura -castellana, como lo dice muy bien Remy de -Gourmont en carta al director del <i>Mercurio de Amrica</i>. -Qu importa que haya gran nmero de ingenios, de -grotescos si gustis, de diletanti, de nadameimportistas? -Los verdaderos consagrados saben que no se trata -ya de asuntos de escuelas, de frmulas, de clave.</p> - -<p>Los que en Francia, en Inglaterra, en Italia, en Rusia, -en Blgica han triunfado, han sido escritores, y poetas, -y artistas de energa, de carcter artstico, y de una cultura -enorme. Los flojos se han hundido, se han esfumado. -Si hay y ha habido en los cenculos y capillas de -Pars algunos ridculos, han sido por cierto preciosos. -A muchos les perdonara si les conociese nuestro caro -profesor Calandrelli, <i>pour l'amour du grec</i>. Hoy no se -hace modernismo—ni se ha hecho nunca—con simples -juegos de palabras y de ritmos. Hoy los ritmos nuevos -implican nuevas melodas que cantan en lo ntimo de -cada poeta la palabra del mgico Leonardo: <i>Cosa bella -mortal passa, e non d'arte</i>. Por ms que digan los juguetones -ligeros o los nios envejecidos y amargados, fracasa -solamente el que no entra con pie firme en la jaula -de ese divino len, el Arte—que como aquel que al gran -rey Francisco fabricara el mismo Vinci, tiene el pecho -lleno de lirios.</p> - -<p>No hay aqu, pues, tal modernismo, sino en lo que de -reflexin puede traer la vecindad de una moda que no -se comprende. Ni el carcter, ni la manera de vivir, ni -el ambiente, ayudan a la consagracin de un ideal artstico. -Se ha hablado de un teatro, que yo cre factible<span class="pagenum"><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span> -recin llegado, y hoy juzgo en absoluto imposible.</p> - -<p>La nica <i>brotherhood</i> que advierto es la de los caricaturistas; -y si de msicas poticas se trata, los nicos innovadores -son—ciertamente—los risueos rimadores de -los peridicos de caricaturas.</p> - -<p>Caso muy distinto sucede en la capital del principado -cataln. Desde <i>L'Aven</i> hasta el <i>Pl & Ploma</i> que hoy sostienen -Utrillo y Casas, se ha visto que existen elementos -para publicaciones exclusivamente modernas, de una -<i>lite</i> artstica y literaria. <i>Pl & Ploma</i> es una hoja semejante -al <i>Gil Blas illustr</i>, de carcter popular, mas sin -perder lo aristo; y siempre en su primera plana hay -un dibujo de Casas, que aplauden lpices de Munich, -Londres o Pars. El mismo Per Romeu, de quien os he -hablado a propsito de su famoso <i>cabaret</i> de los <i>Quatre -Gats</i>, ha estado publicando una hoja semejante, con -ayuda de Casas, y de un valor artstico notable.</p> - -<p>En esta capital no hay sino las tentativas graciosas y -elegantes del dibujante Marn—que logr elogios del -gran Puvis—, y las de algn otro. En literatura, repito, -nada que justifique ataque, ni siquiera alusiones. La -procesin fastuosa del combatido arte moderno ha tenido -apenas algunas vagas parodias... Recordis en -Apuleyo la pintura de la que preceda la entrada de la -primavera, en las fiestas de Isis? (Mt. XI, 8) Pues confrontad.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span></p> - -<h2>UNA REINA DE BOHEMIA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 100px;"> -<img src="images/img007.jpg" width="100" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">23 de diciembre 1889.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> estos das ha venido a despedirse de -Madrid la clebre Mme. Rattazzi, que -con el nombre de <i>Barn Slock</i>, dirige en -Pars la <i>Nouvelle Revue Internationale</i>, -antiguas <i>Matines espagnoles</i>. Sin ser archimillonaria, -esta seora, verdadera reina del pas de -Bohemia, ha mantenido casa puesta durante mucho -tiempo, en tres o cuatro puntos de Europa. Conocida -es en gran parte su curiosa vida. Poetisa, novelista, -periodista, mujer de mundo sobre todo, caprichosa -y rara cuando se le sube el Bonaparte a la cabeza, se -ha casado tres veces y ha consagrado un perpetuo culto -al amor y al arte. Fu su primer marido el conde de -Solms; el segundo, el famoso hombre pblico italiano -Rattazzi; el tercero, el espaol seor de Rute.</p> - -<p>Ya la princesa est muy vieja; con mucho trabajo habr -debido resignarse a la tirana del tiempo. Hoy viene -a cerrar su casa madrilea y a decir adis a Espaa, a -la que tanto quiere. Anteanoche ha dicho conmovida -ese adis, en verso, ante un concurso de amigos. Todava -tiene energas para trabajar y vuelve a Pars a proseguir -en su labor; pero ya no ver ms el cielo de Espaa, -ni volver a escuchar las lricas salutaciones que -antao le dirigiera Castelar. Su memoria est poblada<span class="pagenum"><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span> -de recuerdos singularsimos; su existencia toda ha pasado -entre grandezas dichosas y terribles tragedias.</p> - -<p>Nieta de Luciano, y por lo tanto, sobrina del emperador, -ha recorrido en triunfo todas las cortes europeas, -en tiempos en que su belleza era cantada por los ms -gloriosos poetas. Si esta seora publicase sus memorias, -que es probable tenga escritas, seran de lo ms interesante. -Posee autgrafos, artculos, versos, cartas amorosas -de las primeras personalidades de este siglo; y no -s hasta qu punto est de acuerdo con George Sand, -que en una ocasin, a propsito de la publicacin de las -cartas de Lamennais, la deca: Yo pienso como Eugenio -Su, que los muertos continan amndonos, pero -nosotros les debemos an ms de lo que nos deben, -sobre todo, a sealados muertos, tan ultrajados y calumniados -en vida, por haber amado y procurado el -bien. El excelente Su se inquietaba por las negligencias -de estilo de sus propias cartas y nos peda las revisramos. -Si Lamennais hubiese visto de nuevo las suyas, -habra corregido tambin. En fin, yo contradigo an a -nuestro pobre Su, en esto: que debemos atenernos todos -a no escribir una lnea que no pueda ser mostrada -y publicada. No quiero pensar en lo que llegarn a ser -mis cartas. Quiero persuadirme de que cuando son ntimas -no saldrn de la intimidad benevolente. La pobre -Sand, que ha sido tan trada y llevada cuando la -publicacin de su correspondencia, y no hace mucho, -cuando la resurreccin del famoso Pagello! Eugenio -Su haba escrito antes a Mara Letizia: Creedme, mi -querida Mara, un hombre honrado no se ruboriza jams -de ver expuestas sus opiniones, sus acciones, o sus -pensamientos... Cuando escribe un hombre de nuestra -posicin, un escritor, sabe bien que sus cartas son desgraciadamente -autgrafos y que, dentro de veinte o -cuarenta aos, sern entregadas necesariamente a la -curiosidad o a la simpata, por la persona a quien han -sido dirigidas, o por sus herederos. Ya lo habis visto<span class="pagenum"><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span> -por Balzac. A cada carta ntima que escriba a vuestra -madre, le pona a la cabeza: <i>Brler</i>, y vos obedecais -como ella a esta indicacin, mientras que las dems no -tenan nada indicado, como si l adivinara el papel posible -que deban representar en tiempo ms o menos -lejano. Hay, sin embargo, un caso, en que el silencio -ms escrupuloso se exige, por las simples leyes del pudor, -y es cuando las cartas han sido dirigidas a la mujer -y no al escritor. La mujer de letras es excusable siempre, -loable a menudo, cuando busca hacer conocer por -su correspondencia a un amigo literario o poltico que -haya pertenecido a su saln; es censurable y poco delicado -cuando turba el silencio del cementerio por revelaciones -amorosas.</p> - -<p>La seora Rattazzi hara muy mal en no formar el ms -interesante de los libros con tanto valioso documento -como posee. Siendo muy joven, tuvo el placer de que -Alfredo de Musset la hiciera versos. Sainte-Beuve fu -uno de sus galanteadores y el viejo Dumas lleg, en -das de mayor gloria, a ser su amanuense, copindole, -todo un drama! Con Ponsard, el <i>flirt</i> es innegable como -lo demuestra este soneto:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"> -<div class="stanza"> -<div class="verse i0">Hier dans votre sein, ma montre est descendue;</div> -<div class="verse i0">Le pays lui parut sons doute bien orn,</div> -<div class="verse i0">Car pour voir chaque site elle a tant chemin</div> -<div class="verse i0">Que la pauvre imprudente la fin s'est perdue.</div> -</div> -<div class="stanza"> -<div class="verse i0">Elle battait bien fort, vous l'avez entendue,</div> -<div class="verse i0">Mais vous ne saviez pas que j'eusse imagin</div> -<div class="verse i0">D'y renfermer au fond mon cœur emprisonn;</div> -<div class="verse i0">C'tait lui qui battait sur votre gorge nue.</div> -</div> -<div class="stanza"> -<div class="verse i0">Depuis ce temps, il bat d'un mouvement si vif,</div> -<div class="verse i0">Dans le cachot dor qui le retient captif,</div> -<div class="verse i0">Que ma montre en une heure achve la semaine.</div> -</div> -<div class="stanza"> -<div class="verse i0">C'est ainsi qu' l'en croire il s'est pass des mois</div> -<div class="verse i0">Depuis que je vous vis pour la dernire fois;</div> -<div class="verse i0">Il s'est pass pourtant une journe peine.</div> -</div> -</div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_278" id="Page_278">[278]</a></span></p> - -<p>En otros versos, Ponsard ronsardiza:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"> -<div class="stanza"> -<div class="verse i0">Lorsque vous atteindrez le bout de la carrire,</div> -<div class="verse i0">Vieillie et regardant longuement en arrire,</div> -<div class="verse i0">Quand vous n'entendrez plus le langage d'amour,</div> -</div> -<div class="stanza"> -<div class="verse i0">Vous puissiez retrouver dans ces feuilles fanes</div> -<div class="verse i0">Un peu du doux parfum de vos jeunes annes,</div> -<div class="verse i0">Et dire: Je fus belle et bien aime un jour.</div> -</div> -</div></div> - -<p>Que fu muy bella lo dicen los retratos de sus mejores -pocas, los de su primera juventud y los de su plena -lozana. No ha sido su hermosura majestuosa belleza de -matrona clsica, sino belleza delicada y fina, lo que expresa -el delicioso vocablo francs <i>mignonne</i>. Vctor Hugo -estuvo enamorado de ella, y no hay duda de que los -suyos son los ms valiosos autgrafos que conserva la -anciana princesa. El poeta admiraba toda su beldad, -pero senta singular predileccin por el pie, que debe -indudablemente haber conocido al natural. Creo que me -agradeceris que os d a conocer aqu algunas de esas -curiosas cartas que dejan ver un lado poco conocido del -gran lrico. l llamaba a la princesa Rodope, y a s -mismo se bautizaba, con modesta naturalidad, Esquilo.</p> - -<p>Hauteville-House, 13 de noviembre. Serais, seora, -bastante buena para decirme si <i>La leyenda de los siglos</i>, -que habis recibido, es la que os he enviado, pues el -honrado correo imperial juzga a propsito interceptar -la mayor parte de mis envos? Algunos diarios que por -ello se han quejado, en el extranjero, tal vez han llegado -a vos. En todo caso, quiz os lleve el libro yo mismo, si -Italia de aqu a entonces est ya libre, como lo espero. -Permitidme que, esperando el gran artculo prometido -por vos al pblico, os agradezca las veinte lneas encantadoras -que habis escrito sobre <i>La leyenda de los siglos</i>. -Y concededme, seora, la gracia de besar vuestra mano, -toda radiante de poesa. Pongo a vuestros pies todos los -homenajes de mi alma y de mi espritu.</p> - -<p>Querida y sublime Rodope, un pensamiento al despertarme,<span class="pagenum"><a name="Page_279" id="Page_279">[279]</a></span> -un pensamiento de recogimiento y de adoracin, -al leer esas pginas tan tristes, tan melanclicas y -tan dulces; dejadme en este ensueo depositar un beso -sobre vuestro pie desnudo, pues, como dice Hesodo, <i>el -pie desnudo es celeste</i>. Si mi audacia os enoja, castigad mi -carta quemndola.</p> - -<p>17 de julio. No me pidis ni verso ni prosa; pedidme, -seora, que me conmueva hasta el fondo del alma por -una carta como la que recibo; pedidme que os admire, -que os aplauda, que os contemple—de muy lejos, ay!—. -Pedidme que comprenda que una mujer como vos es -una obra maestra de Dios. Los poetas no hacen sino -Iladas; slo Dios hace mujeres como vos; es as cmo -se demuestra. Todo lo que me decs me conmueve. No -puedo pensar sin un pesar melanclico, y casi amargo, -en el lugar casi radiante en que me habis colocado en -vuestra imaginacin. Es la gloria, seora, semejante -lugar; y ello hubiera podido ser mejor que la gloria!... -Dejadme que me incline ante vuestra soberana de gracia, -de belleza y de espritu, y permitid que a la distancia, -y sin intentar franquear toda esta mar y toda esa -tierra que nos separan, y quedando en mi sombra, y replegndome -en ella an ms profundamente y ms resueltamente, -me ponga, en pensamiento al menos, a -vuestros pies, seora.</p> - -<p>Hauteville-House, 1. de julio. Vuestro encantador -envo me llega, seora en medio de una nube de cartas -polticas (algunas muy sombras), como una estrella en -un torbellino. No sabra deciros con qu emocin he -visto ese deslumbrador retrato, que se parece a vuestro -espritu al mismo tiempo que a vuestro rostro, y la graciosa -firma que lo subraya; buscad otra palabra que d -las gracias: <i>je vous remercie</i> no es suficiente.</p> - -<p>2 de enero de 1883. El sombro Esquilo da las gracias -a la deslumbradora y divina Rodope. Las tinieblas estn -<i>ms que nunca</i> enamoradas de la estrella. Vuestros pensamientos -y vuestras cartas son perlas, de esas perlas<span class="pagenum"><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span> -ardientes de que habla el Korn. Sera preciso tener -todo lo que vos tenis, la dignidad mezclada a la pasin, -la gracia exquisita y el deslumbrante espritu; sera preciso -ser vos misma, para que un hombre en el mundo -pudiera creerse digno de vos. Me parece que si estuviese -cerca de vos, en vez de estar tan lejos, os tomara -algo de vuestra alma, os robara como Prometeo a los -dioses, esa llamada celeste que est en vos. Pero ests -en Roma ay! Dejadme en este ensueo hablaros y evocaros... -Oh, seora! Quien dice grandeza dice franqueza, -y vos sois franca porque sois grande. Desde hace -doce das espero el <i>coup d'Etat</i>; espiaba y aguardaba... -Hay que partir, ahora. Heme aqu de nuevo en el torbellino, -en el vaivn, en el movimiento continuo. Escribidme, -escribidme. Esquilo enva a Rodope toda su -alma, todos sus ensueos.—<span class="smcap">Vctor Hugo.</span></p> - -<p>Ahora, en sus postreros aos, todas esas cosas viven -en la memoria de la antigua beldad, como ptalos de -una seca flor entre las hojas de un viejo libro. La princesa, -como he dicho, todava va a Portugal, a Turqua, -a Austria, en jiras artsticas o periodsticas. Es la sombra -errante de su pasado. Adems, ha sufrido dursimos -golpes. Uno de ellos la muerte de una hija, a quien -amaba mucho. Estando en Aix-les-Bains, un mnibus -decapit a la nia que jugaba, cerca de la villa de la -madre. Su hija Isabel, hija de Rattazzi, se cas en Espaa, -y su marido est en un manicomio. Y como ste muchos -sufrimientos, muchas penas. Con esto paga a la -suerte el ser de sangre napolenica y tener talento. Y -admiro a esta gran bohemia, de familia imperial, que ha -sido bella y ha sabido defenderse de la vida, al amor de -los versos y de los besos.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span></p> - -<h2>EL CARTEL EN ESPAA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img010.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-a.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Al</span> escribir mis primeras impresiones de -Espaa, a mi llegada a Barcelona, hice -notar que una de las particularidades de -la ciudad condal era la luminosa alegra -de sus calles, enfloradas en una -primavera de <i>affiches</i>. As como en Buenos Aires se -est an con el bibern a este respecto, en Espaa no -se ha salido de la infancia. Len Deschamps afirma que -ello es en el arte en general y ms especialmente en el -arte decorativo. El francs exagera. Le bastara haber -puesto los ojos en un estudio recientemente publicado en -la <i>Revue Encyclopdique</i> por Mlida, para convencerse -de lo contrario. Si algo hay que en este general marasmo -sostenga el espritu antiguo de la gloriosa nacin, -es el arte. Las exposiciones—aunque la ltima -haya dejado que desear—se suceden copiosas, sustentadas -por el Crculo de Bellas Artes en Madrid y por el -Concejo municipal en Barcelona. Las pequeas revistas -ilustradas hacen lo que pueden por desarrollar el gusto -pblico. La arquitectura busca, en modelos nuevos, -amplitud y gracia. El arte decorativo alcanza notable -vuelo en Catalua. La decoracin teatral, cuyos Rub -y Chapern han sido Busato y Amalio Fernndez, progresa -a ojos vistas. El arte antiguo espaol tiene un -ncleo de apasionados en la Sociedad de Excursionistas; -y en el Ateneo las ctedras de arqueologa y de -historia del arte estn muy bien mantenidas. Lo que -hay es, como ya lo he manifestado en vez anterior, que -la proteccin de las clases ricas es nula, y que el Gobierno<span class="pagenum"><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span> -tampoco se ocupa, como en tiempos de ilustres memorias, -de favorecer la expansin de los talentos espaoles. -En la ltima exposicin fu de gran resonancia -la compra de un cuadro de Sorolla hecha por una dama -de la aristocracia. No se dijo despus de esto, que ninguna -alta personalidad de la Real Casa, o ttulo rico, -hubiese hecho adquisiciones entre lo poco de mrito -que haba en el certamen que inici la primavera y -cerr la granizada colosal del pasado mayo, antes de -trmino.</p> - -<p>Pero, hablemos del cartel o <i>affiche</i>...</p> - -<p>Desde hace largos aos, los carteles vistosos se han -usado en Espaa para anunciar las famosas ferias de -Sevilla, de Valencia, la fiesta de la Virgen del Pilar de -Zaragoza, y corridas de toros en das de gala.</p> - -<p>Tales carteles no son desde luego del gnero de los -carteles comerciales de hoy. En ellos se procura ante -todo llamar la atencin del transeunte con la reproduccin -<i>criarde</i> de los pintorescos tipos de las provincias, o -majas de ojos grandes y rojas sonrisas, toros y toreros.</p> - -<p>Como fondo puede verse ya la iglesia de la ciudad, o -el coso. Ultimamente se han visto carteles anunciadores -de las exposiciones de pinturas, de las fiestas del carnaval -y para algunas representaciones teatrales. Estos an -en nmero muy reducido, pero se va estableciendo la -costumbre.</p> - -<p>En los carteles de torera ha predominado, como en -los de las fiestas provinciales, y, puede decirse, como -en la mayor parte de las nuevas tentativas, el grito -hiriente de los colores, el llamamiento feroz del color, -con su tirana engaosa; esta terrible potencia del color, -que, como dice Barbey D'Aurevilly, hace creer en la -verdad de la mentira.</p> - -<p>Con razn sorprende a Deschamps esta acentuacin -del crudo colorido, y de los oros verdaderamente pronunciados. -La falta de originalidad es notoria, pero en -esto no slo en Espaa, sino tambin en el resto de Europa<span class="pagenum"><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span> -se nota actualmente. Son cuatro, son seis, pongamos -diez, <i>affichistas</i> originales; los dems combinan -varios procedimientos, o imitan francamente tales o -cuales maneras. En el arte moderno, en literatura -como en todo, un aire de familia, una marca de parentesco -se advierte en la produccin de distintas naciones, -bajo climas diferentes. El primitivismo, el prerrafaelismo -ingls, ha contagiado al mundo entero. El arte decorativo -de William Morris y dems compaeros se refleja -en el arte decorativo universal desde hace algunos aos. -Y en lo que al cartel se refiere, Aubrey Beardsley perdura -en una falange de artistas ingleses, norteamericanos -y de otras partes. El mismo yanqui Bradley, que tiene -personalidad propia, no negara la influencia del malogrado -y misterioso maestro. Dudley Hardy tambin ha -extendido su sugestin a muchos de sus contemporneos. -Y en Francia, basta con nombrar a Chret para -reconocer a cada paso, en obras de otras firmas, la imitacin -o el calco de sus figuras, la atraccin de sus llameantes -locuras de color. En nuestros ensayos de Buenos -Aires no se ve la persecucin de Mucha? Por lo -tanto, no es de extraar que aqu sea el arte del cartel un -arte de reflexin.</p> - -<p>Hace algn tiempo una casa industrial muy conocida, -la que fabrica el ms conocido an ans del Mono, abri -un concurso para anunciar su licor. Entonces se not -por primera vez que haba en Espaa una cantidad de -cartelistas bastante notables que antes no se sospechaba. -Aparecieron trescientos monos haciendo trescientas -mil moneras, como en los clsicos versos. Pero el -mono mejor, el que se llev el primer premio, fu el del -cataln Casas, quien present dos carteles, con sus monos -correspondientes acompaados de dos espaolas -<i>monsimas</i>. En el uno el animalito sobre un trpode, -vierte a la chula, envuelta en un mantn lujoso de alegres -tonos, una copa de ans; en el otro la chula—precioso -modelo, por vida ma!—tiene en la diestra la copa<span class="pagenum"><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span> -y con la izquierda lleva asido a su mono. Casas es uno -de los mejores artistas actuales en Espaa; con Rusiol -sostiene sabia y cuerdamente un modernismo bien entendido, -en la capital de su Catalua. Se le sealan maneras -imitadas de autores extranjeros, y Deschamps -escribe a propsito de una de sus ltimas producciones, -<i>Pl & Ploma</i>, los nombres de Ibels y de Lautrec. Lo que -hay es que tanto Casas como Rusiol y los nuevos de -la joven escuela catalana, como los escritores, estn al -tanto de lo que en el mundo entero se produce de las -evoluciones del arte universal contemporneo, y siguen -lo que se debe seguir del pensamiento extranjero; <i>los -mtodos</i>, como tan sabiamente lo ha dicho en ocasin -reciente y a propsito de otras disciplinas en Buenos -Aires el doctor Juan Agustn Garca hijo. Despus se -desarrolla la concepcin individual en el ambiente propio, -en el medio propio. No otra cosa encuentro yo en -las obras artsticas y literarias del admirable artista de -Sitges.</p> - -<p>Rusiol ha hecho carteles dignos de nota, y que el -escritor francs de que he hablado juzga sin observacin, -con criterio ms que ligero, precipitado. Que Rusiol -sea un <i>chercheur</i>, perfectamente de acuerdo. Todos -sus <i>affiches</i> son de aspecto diferente. <i>Nego. Le teatro -artstico interior</i> (sic) <i>est un effet de nuit trs remarquable</i>. -M. Deschamps no ha podido siquiera darse cuenta de -lo que se trata? <i>Teatro artstico</i> es el nombre del teatro -libre que quera Benavente fundar en Madrid; <i>Interior</i>, -es el ttulo de un drama, cuyo autor es harto conocido -en <i>La Plume</i>, de que es director M. Deschamps, y cuyo -nombre, en letras bien grandes, est al pie del cartel: -<span class="smcap">M. Maeterlinck</span>. El efecto de noche es una delicada y -profunda <i>rverie</i> en negro y violeta, si mal no recuerdo, -interpretacin de la obra vaga y dolorosa del poeta belga. -En todos los carteles de Rusiol su espritu se transparenta, -como en todas sus pinturas, como en todo lo -suyo, y aun siendo de manera distinta, por ejemplo, el<span class="pagenum"><a name="Page_285" id="Page_285">[285]</a></span> -cartel de <i>L'allegra que passa</i>, puesto que cada tema debe -tener una interpretacin diversa, se advierte que tambin -pasa por all el mismo aliento de enfermiza poesa -que en la visin del ensueo del <i>affiche</i> de <i>Oracions</i> -hecho en colaboracin con Utrillo, o en esa otra pgina -de melancola que anuncia el bello libro de <i>Fulls de la -vida</i>.</p> - -<p>Riquer es un entusiasta. Ha fundado revistas artsticas -<i> l'instar</i> de similares extranjeras y de la que entre nosotros -realizara el sueo de Schiaffino, si existiera; <i>Luz</i> -ha sido una de ellas, y tuvo poca vida. Riquer conoce a -maravilla el arte moderno. Sus ilustraciones, sus dibujos -le han dado aqu justa originalidad. En sus carteles -hay el mismo talento buscador y feliz. Es un hbil sinfonista -del color, as le haga detonar demasiado en sus -graciosas combinaciones. Sus <i>Crisantemas</i> son deliciosas -en su claro origen sajn; Bradley mismo no tiene muchos -carteles superiores a ste; su figurita para las galletas -y bizcochos de Grau y Compaa es de un encanto -innegable sobre su armoniosa decoracin. A Utrillo se -le compara con Steinlen. No hay duda de que el hombre -de <i>Ferros d'Art</i> y la figura del <i>Anuario Riera</i>, pongo por -caso, parecen de la mano del artista parisiense; pero la -exquisita <i>noya</i> del cartel de las aguas de <i>Cardo</i>? Utrillo -es fuerte, es vigoroso; mas cuando un soplo suave le -llega, la gracia est con l.</p> - -<p>Marcelino Unceta es especialista, como Prez, en corridas -de toros. Sus picadores, sus potentes y cornudas -bestias, sus <i>espadas</i>, todas las gentes del circo nacional -que hace vivir su talento pictrico, son de primer orden. -Pero sus carteles no corresponden bien visto a lo que se -entiende por pintura de <i>affiche</i>. Son figuras que pueden -entrar en un cuadro de gnero, tipos de estudio para -verdaderas telas de composicin.</p> - -<p>A Xaudar, el caricaturista, no le considero en la misma -lnea de los cartelistas catalanes, aun de los nuevos -como Gual, que revela un bro y un talento que no se<span class="pagenum"><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span> -discuten. Xaudar lleva al cartel sus mismas caricaturas; -el eterno enano macrocfalo, la exageracin del -gesto, la deformacin, no por cierto a causa de un exceso -de comprensin del dibujo. Sus <i>bonshommes</i> fatigan -ya en su incesante repeticin. En la expectacin del cartel -resultan fuera de su centro; se ve que se han salido -de los lbumes de su autor o de las pginas humorsticas -de las revistas semanales. Navarrete s merece mencin, -por su franqueza de dibujo y su colorido—siempre -con la nacional exageracin naturalmente—. Tanto -l como casi todos los dibujantes de Espaa han usado -y abusado de la lnea gruesa que recorta la figura como -el emplomado de los <i>vitraux</i>. Desde la aparicin de carteles -que han dado a Alfonso Mucha su celebridad, esa -aficin ha aumentado, como la de imitar al <i>affichista</i> de -Sarah Bernhardt la manera de desenvolver las cabelleras -de sus figuras, como en cintas y volutas.</p> - -<p>Yo no he tenido la suerte de encontrar esos carteles -de que habla M. Deschamps—que desde luego no ha estado -en Espaa segn creo—en que pintores espaoles -han ensayado crear aqu un arte de cartel nacional. Lo -que he visto, s, son muchos reflejos, muchas imitaciones, -muchos calcos. Buena voluntad no falta y talento -sobra. No ser una rareza que esa creacin buscada se -realice. Desde luego se ve que en el cartel espaol se -salen de la rebusca del atractivo por la desnudez. No s -que motivo haya, como no sea el eterno de la atraccin -del desnudo, para anunciar una mquina de coser, unas -pldoras o unas lmparas, con seoritas en cueros, como -hace la mayor parte de los cartelistas franceses. Pero -aqu hay muchas bellezas que reproducir halagando la -mirada del pblico, en este pas de hermosos rostros -femeninos y verdadero imperio de flores; Sattler tena a -su disposicin el ensueo en su pas del Norte, para -hacer florecer de una flor rara su <i>affiche</i> del peridico -<i>Pan</i>. Qu cosas, al claro da, no puede decir la paleta -espaola, con la ayuda de la verdad de su sol?</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span></p> - -<h2>LA NOVELA AMERICANA -EN ESPAA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img002b.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Ha</span> escrito el novelista don Jos Mara de -Pereda una carta a un editor madrileo -que se propone publicar una serie de -novelas de autores americanos, en la -cual carta, despus de aplaudir la empresa, -hace declaraciones que conviene notar. Desde -luego, el desconocimiento que existe en la Pennsula -de todo el movimiento literario de las repblicas hispanoamericanas. -Despus la afirmacin de que la novela -americana existe; o ms bien, de que hay novelistas -americanos a quienes l pone sobre su cabeza. El -desconocimiento de que habla el clebre escritor montas -es centuplicadamente mayor que lo que l supone, -no slo en lo que tiene que ver con la literatura, -sino con la vida poltica y social y aun con la ms -elemental geografa. Y no me refiero al vulgo, o gentes -de cultura rudimentaria, sino a personas de vala -mundana y hombres de ciencia, artes y letras. Toda -Amrica es <i>tierra caliente</i>; lo que si para Pars es -excusable, no lo puede ser por motivo alguno para el -pas que nos ha enviado con sus conquistadores, su -habla, su religin, sus buenas cualidades y sus defectos. -He conocido parisiense de Pars, literato y orientalista, -para quien no tena secretos el ms modesto personaje -del Ramayana, pero que de San Martn y de Bolvar no<span class="pagenum"><a name="Page_288" id="Page_288">[288]</a></span> -saba sino que el uno era un santo y el otro un sombrerero. -La ignorancia espaola a este respecto es ms o -menos como la de un parisiense. Nuestros nombres ms -ilustres son completamente extraos. Por lo general, en -poltica, la erudicin llega a Rosas. Diario importante -ha habido que al publicar una noticia de la reciente -guerra boliviana la ha encabezado con toda tranquilidad: -<i>La guerra de Chile</i>. En la conversacin, podis oir -que se confunden el Brasil, el Uruguay, o el Paraguay -con Buenos Aires. Y en literatura, todo lo nuestro es -irremediablemente tropical o cubano. Nuestros poetas -les evocan un pjaro y una fruta: el sinsonte y la guayaba. -Y todos hacemos guajiras y tenemos algo de Maceo. -Tal es el conocimiento. No exagero.</p> - -<p>Introdzcanse, popularcense aqu las obras literarias -de nuestros consaguneos de all, dice amablemente el -seor Pereda, y las corrientes intelectuales de simpata y -de afecto sern dobles y recprocas, y, por tanto, ms -poderosas. Yo me honro con la amistad de muchos escritores -hispanoamericanos, vivo con ellos en frecuente -trato epistolar, y por eso s lo que en Espaa pensamos -de sus respectivas naciones cuantos aqu las conocemos -por sus libros, espejos fieles de su cultura y de sus tendencias. -Hablando slo de novelistas, porque solamente -de ellos se trata ahora, afirmo sin vacilaciones, <i>que cuentan -las mencionadas Repblicas con algunos tan buenos -como los mejores de Europa</i>, etc. La buena voluntad es -manifiesta en el hidalgo. l ha querido quizs decir -como los mejores de Espaa; pero aun as, la lisonja -no pierde su aumento. Desde los tiempos de la conquista -a esta parte, son raros los americanos que han podido -ocupar en Espaa un alto puesto intelectual. Adems, -los que han figurado han sido ms espaoles que americanos, -puesto que no han debido su americanismo -ms que al azar del nacimiento. Colocar a don Ventura -de la Vega entre los poetas argentinos, vale tanto como -incluir entre los poetas cubanos a Jos Mara de Heredia,<span class="pagenum"><a name="Page_289" id="Page_289">[289]</a></span> -de la Academia Francesa. Baralt residi casi toda -su vida en Espaa, si mal no recuerdo. El cardenal Moreno -naci en Guatemala; pero el primado no era por -cierto guatemalteco. El general Riva Palacio se mezcl -con los espaoles; pero por ms que lo intentara, prevaleca -el perfume del pulque nativo ante el olor del jerez -adquirido. Su espaolismo era de diplomacia. Los glbulos -de sangre que llevamos, la lengua, los vnculos -que nos unen a los espaoles no pueden realizar la fusin. -Somos otros. Aun en lo intelectual, aun en la especialidad -de la literatura, el sablazo de San Martn desencuadern -un poco el diccionario, rompi un poco la -gramtica. Esto no quita que tendamos a la unidad en -el espritu de la raza.</p> - -<p>Pero, volviendo a la afirmacin del seor de Pereda, -y haciendo todos los esfuerzos posibles para mostrarme -optimista, no diviso yo, desde Mjico hasta el Ro de la -Plata, no digo nuestro Balzac, nuestro Zola, nuestro -Flaubert, nuestro Maupassant, (oh, perdonad!) sino que -no encuentro nuestro Galds, nuestra Pardo-Bazn, -nuestro Pereda, nuestro Valera. A menos que saludemos -a Pereda en el seor Picn Febres, de Venezuela, -y a doa Emilia en la seora Carbonero, del Per. En -todo el continente se ha publicado, de novela, en lo que -va de siglo, y ya va casi todo, una considerable cantidad -de buenas intenciones. Del copioso montn deseara yo -poder entresacar cuatro o cinco obras presentables a los -ojos del criterio europeo. La novela americana no ha -pasado de una que otra feliz tentativa. La <i>Mara</i> del colombiano -Jorge Isaacs es una rara excepcin. Es una -flor del Cauca cultivada segn los procedimientos de la -jardinera sentimental del inefable Bernardino. Es el -<i>Pablo</i> y <i>Virginia</i> de nuestro mundo. No s si Bchner o -Molleschott, envi a Isaacs una felicitacin entusiasta: y -el sabio Dozy se manifest conmovido. Dos generaciones -americanas se han sentido llenas de Efraimes y de -Maras. Lo cierto es que en esa ingenua y generosa fabulacin<span class="pagenum"><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span> -hay un indecible encanto humano, de frescura -juvenil y de verdad, que si al llegar al medio del camino -de la vida nos hace sonreir, cuando no nos hace suspirar, -en los aos primaverales es un delicioso breviario -de amor. Pero fuera de la <i>Mara</i> de Isaacs, que el seor -Pereda califica con mucha intencin de novela del gnero -eterno, fuera de ese idilio solitario qu nos queda? -En la Repblica Argentina se ha cultivado la novela. -Se ha cultivado, s. Y el producto? Saludo con -respeto la novela del doctor Lpez; pero, con muchsimo -respeto la coloco a un lado. No me parece que pueda -pretender la representacin de la novela americana. Mi -pobre y brillante amigo Julin Martel realiz el plausible -esfuerzo de <i>La Bolsa</i>, obra llena de talento, de promesas, -de vida, pero <i>pastiche</i>. El autor de los <i>Silbidos de -un vago</i> forma con sus novelas un grupo aparte. Es de lo -ms valioso en las letras argentinas esa produccin a la -diabla, vibrante, valiente, chispeante; pero a la cual falta -la gloria del arte, virtud de inmortalidad. Apoyado por -Zola, Antonio Argerich escribe una novela; otra tentativa. -Carlos Mara Ocantos escribe novelas absolutamente -espaolas cuyo argumento se desarrolla en Buenos -Aires. Nos queda una obra de resonancia: <i>Amalia</i> de -Mrmol. Quitadle su valor histrico, su alcance poltico, -su base de episodio nacional. Encontraris que el furioso -y admirable ymbico resulta un mediocre novelador. -Las novelas de Groussac son novelas europeas por -todo sentido, y la primera razn es que el autor es un -europeo. Grandmontagne con su triloga realiza, o anuncia, -lo que puede ser maana la novela argentina. Para -m el primer novelista americano o el nico hasta hoy -ha sido el primer novelista argentino: Eduardo Gutirrez. -Ese brbaro folletn espeluznante, esa confusin de -la leyenda y de la historia nacional en escritura desenfadada -y a la criolla, forman, en lo copioso de la obra, la -seal de una poca en nuestras letras. Esa literatura gaucha -es lo nico que hasta hoy puede atraer la curiosidad<span class="pagenum"><a name="Page_291" id="Page_291">[291]</a></span> -de Europa: ella es un producto natural, autctono, -en su salvaje fiereza y poeta va el alma de la tierra. El -poeta de ese momento embrionario es Martn Fierro, y -en esto estoy absolutamente de acuerdo con el seor de -Unamuno.</p> - -<p>Chile ha tenido tambin cultivadores, pero ninguno -de los que han pretendido hacer novela chilena ha -vencido al viejo Blest Gana. Sin embargo, Blest Gana, -escritor sin estilo, fabulador de poco interesantes intrigas, -est ya casi olvidado. Su novela no es la novela -americana. Surge ahora en Chile un talento joven que -es firme esperanza; ha demostrado la contextura de un -novelista de base nacional, sostenido por la precisa -cultura, la necesaria cultura, sin la cual nada ser posible; -me refiero al hijo de Vicua Mackenna, a Benjamn -Vicua Mackenna Subercasseaux, de nombre -un poco largo para nombre de autor. Del Per no conozco -novelista nombrable, aunque hay buenos cuentistas -entre los jvenes literatos, lo que no es poco. Ricardo -Palma ha podido realizar una obra que habra -completado su fama de tradicionista: la novela de la colonia. -Lo propio el boliviano Julio L. Jaimes, cuyas -reconstrucciones del buen tiempo viejo de Potos demuestran -su maestra en esos asuntos. Venezuela ha tenido -novelistas locales, cuya obra total se esfuma ante -un solo cuento de Daz Rodrguez. Este escritor podra -darnos la novela venezolana, americana; pero se queda -en su jardn de cuentos, de innegable filiacin europea. -En Colombia los que han escrito novelas forman legin. -Colombia es el pas de la fecundidad, en talento, en mediocridad, -en todo. Por algn lado all todo el mundo -es Tequendama. Pues entre toda la balumba de novelas -colombianas tan solamente florece para el mundo, orqudea -nica de esos tupidos bosques, la caucana <i>Mara</i>. -Ultimamente un escritor de combate, artista leonino, -<i>malgr lui</i>, ha escrito una novela-poema, con la inevitable -mira poltica. Hablo de Vargas Vila. En Centro<span class="pagenum"><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span> -Amrica slo hay dignos de cita Jos Milla, autor de -varias curiosas novelas de argumento colonial, escritor -de ingenio muy castizo, <i>persona grata</i> seguramente al -seor de Pereda; Salazar y Enrique Gmez Carrillo, todos -guatemaltecos de nacionalidad, pero el primero, -fruto legtimo de Espaa, el segundo saturado de Alemania, -el tercero parisiense de adopcin y vecino del -Boul' Mich. En Mjico, como en Colombia muchos novelistas -han surgido, desde Altamirano hasta Gamboa; -pero la novela mejicana se espera an.</p> - -<p>Ya ve el seor de Pereda que su bondad es un tanto -abultadora. Nuestro organismo mental no est constitudo -todava, y si en lrica podemos presentar dos o -tres nombres al mundo, toda la novela americana producida -desde la independencia de Espaa hasta nuestros -das no vale este solo nombre, por otra parte poco -simptico para m: Benito Prez Galds.</p> - -<div class="asterism"> -<img src="images/tb.jpg" width="20" height="20" alt="Asterismo" /> -</div> - -<p>Una novela americana acaba de publicarse en Madrid, -de la cual quiero hablar a los lectores de <i>La Nacin</i>. -<i>Todo un pueblo.</i> Su autor es Miguel Eduardo Pardo, venezolano, -residente en Pars, y que ha vivido por algn -tiempo en esta Corte. El libro es una obra de bien y de -valor. Alguien ha dicho que en vez de llamarse <i>Todo un -pueblo</i>, debera ser <i>todo un continente</i>. En efecto, con la -excepcin de los dos pueblos cuerdos que van a la cabeza -de la Amrica espaola, el resto puede reclamar -como retrato propio el libro de Pardo. Se trata del famoso -<i>South America</i>, un <i>South America</i> que se extiende -hasta la frontera de los Estados Unidos. Yo no s si su -autor ha querido ponernos a la vista su Venezuela; pero -por ms de un retrato hecho a lo vivo, se sacara por -consecuencia que s. Mas lo que pasa en las doscientas -y tantas pginas del libro puede tener por escenario ms -de un pas americano que conozco. Es la lucha del espritu<span class="pagenum"><a name="Page_293" id="Page_293">[293]</a></span> -de civilizacin con un estado moral casi primitivo -que permite el entronizamiento del caudillaje en poltica, -del fanatismo en religin, y en lo social de una vida, -o retardada en la que confina con la choza de antes, o -advenediza hasta producir ese fruto de exportacin -nico y de legtima procedencia hispanoamericana: <i>el -rastaquouere</i>. En este libro de literato hay el pensamiento -de un socilogo. La tragedia que anima la narracin -tiene por escenario un pedazo de esas Amricas clidas, -con sus ciudades semicivilizadas y sus campaas pletricas -de vida, sembradas de bosques en que impera la -ms brava naturaleza y en donde se refugia el alma del -indio, el alma libre del indio de antao, afligida de la -opresin y decaimiento de los restos de tribus del indio -de ahora. Y es la preponderancia de los descendientes -de los conquistadores, de los mestizos enriquecidos; el -producto de la raza de los aventureros y hombres de -presa que llegaron de Espaa y la raza indgena, que -di por resultado una sociedad sin gnesis bien esclarecido, -que tuvo como las sociedades europeas su aristocracia, -su clase media y su plebe. La primera, ms -anmica y por ende menos copiosa que la abundante -clase media, engendr seres degenerados y enclenques -los cuales seres, creyendo a pie juntillas en su alcurniada -descendencia, se proclamaron de la noche a la -maana races, ramas, flores y capullos de aquellos rboles -egregios que fueron orgullo genealgico del pueblo -que por casualidad hizo nido en las montaas de la -egregia Villabrava. Villabrava, como he dicho, puede -estar en la repblica americana que el lector guste. En -poltica es esa interminable serie de revueltas, motines, -asesinatos, pandillajes, asonadas, pronunciamientos; -los feroces coronelotes zambos y los crueles generalotes -indios; el aventurero que logra en pases semejantes -altos puestos pblicos, a fuerza de habilidad y audacia; -los oradores de oratoria rural, los diputados fantoches -y guapetones, y <i>La Patria! La Libertad! El 93! Los derechos<span class="pagenum"><a name="Page_294" id="Page_294">[294]</a></span> -del hombre!</i> la Prensa grotesca, adulona o de presa; -los distinguidos personajes que rodean a su excelencia; -la polica de verdugos; los vicios desbragados al -son de las bandas palaciegas... oh!, es eso de un pintoresco -de opereta que mezcla lo terrible con lo bufo. -Pues bien, de eso hay mucho en el decorado de la obra -de Pardo; y en el fondo el problema de la regeneracin, -o mejor, de la verdadera civilizacin de esas comarcas. -Claro es que en la fbula deba haber su llama de amor, -y la hay; es la lmpara que arde en su pureza entre las -agitaciones del cmico y sangriento carnaval. Pardo es -escritor de prosa violenta, algo desenfadada, pero se ve -que ama el arte por los lujos verbales que ostenta el -caballo en que un duque puede entrar en la iglesia, -lleva herraduras de plata. Sobre las rocas de su tierra -deja un reguero de bellas chispas.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus008.jpg" width="50" height="83" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_295" id="Page_295">[295]</a></span></p> - -<h2>LA CRTICA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 58px;"> -<img src="images/img004.jpg" width="58" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">Madrid, 1899.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Hace</span> algn tiempo deca Leopoldo Alas: -En literatura estamos muy mal. Muchos -no lo notan siquiera, o porque su -grosera naturaleza no da importancia a -lo espiritual, no siendo de inters egosta, -o por falta de gusto y de inteligencia; otros s lo -notan... pero quieren <i>ganar amigos</i>, no perderlos, y -hacen como si creyeran que todo va perfectamente. -Censuras generales, anodinas, que no ponen el dedo en -la llaga ni comprometen, eso s; todo lo que se quiera. -Pero censura directa, concreta, <i>personal</i>, con motivo de -este autor, de esta obra oh! nadie se atreve. Hablo de la -censura bien intencionada, imparcial, desapasionada, -por amor al arte. No llamo censura a los gritos del rencor, -de la enemistad, de la burla balad, que todo lo -mancha y pisotea por dar que reir a los malvados, a los -imbciles y a los envidiosos. Ruindades y cascabeles de -bufn inmoral, casi inconsciente en sus injusticias de -Momo, no faltan. Alardes de procaz insulto, de falta de -respeto a ideas y legtimas autoridades, abundan; pero -eso qu tiene que ver con la crtica honrada, concienzuda, -edificante?</p> - -<p>El seor Alas se refiere, como veis, a la crtica que -censura; yo encuentro iguales o ms lamentables tachas -en la crtica que quisiera tender a sociolgica; en la crtica<span class="pagenum"><a name="Page_296" id="Page_296">[296]</a></span> -que admira. Pero ante todo, existe la crtica espaola? -Un amigo escritor me contestaba:</p> - -<p>Crtica, no hay; hay crticos. Desde mi llegada he -buscado en libros y peridicos alguna manifestacin -nueva. Los pocos reconocidos como maestros callan, o -porque los rganos principales no solicitan sus opiniones -o porque el desencanto les ha posedo. Valera prefiere -volver a la novela; Balart hacer versos de cuando -en cuando; <i>Clarn</i>, el ms militante de todos, escribe -paliques en vez de ensayos, porque los paliques se los -entienden. En las publicaciones de cierta autoridad, revistas -e ilustraciones, ejercen unos cuantos veteranos -annimos, cuyas palabras no encuentran el ms dbil -eco; extraen sus pensares de antiguas alacenas, los exponen -a propsito de cualquier tpico y los vuelven a -guardar. Los hay que tienen cierto nombre como eruditos -en materias especiales; pero a uno de stos he visto -juzgar en la revista ms seria de Espaa, y en cuatro -lneas, como obra mediana y de autor <i>que promete</i>, el -magistral <i>Del Plata al Nigara</i>—de Groussac—, y deleitarse -en el espacio de dos o tres pginas con cualquier -producto nacional, que entre nosotros apenas lograra -ser mencionado en la seccin bibliogrfica de un diario.</p> - -<p>Ciertamente, de Larra a estos tiempos, la crtica en -Espaa ha tendido a salir de la estrechez formalista y -utilitaria. Quedan rezagos de la poca hermosillesca y -dmines tendenciosos, a quienes matara una rfaga de -aire libre. Las pocas figuras sobresalientes en la mediocridad -comn han conseguido hacer entrar alguna luz -tras muchos esfuerzos; pero esos rayos quedan aislados. -La crtica tiene que encogerse, tiene que rebajarse para -ser aceptada. No se demuestra la voluntad de pensar, en -ninguna clase de muntales especulaciones. Y Luis Taboada -dice una corrosiva verdad—que me permito creer -de terrible intencin—cuando afirma que en Espaa -entre el seor de Ibsen y l, l. As os explicaris que -<i>Clarn</i> siga en una incontenible exuberancia de paliques,<span class="pagenum"><a name="Page_297" id="Page_297">[297]</a></span> -y que ese grotesco y distinguido gramtico de -Valbuena tenga lectores.</p> - -<p>Hay que advertiros que en revistas y diarios, apartando -los nombres clebres que conocis, todo escritor, -malo o bueno, es crtico. La tendencia que entre nosotros -se acenta, y que en todo pas culto es hoy ley del -especialismo, es aqu nula. Todo el mundo puede tratar -de cualquier cosa con un valor afligente. Hay que dar -cuenta de una exposicin artstica, que juzgar a un poeta -o a un msico, o a un novelista?—El director de la publicacin -confiar la tarea al primero de los <i>reporters</i> -que encuentre. Aqu no hay ms especialistas que los -revisteros de toros; los cuales revisteros tambin hacen -crtica teatral, o lo que gustis, con la mayor tranquilidad -propia del pblico.</p> - -<p>Pero hay autoridades notorias. Ante todo Menndez -Pelayo, cuyas preocupaciones de ortodoxia no han impedido -que sea el ms amplio al mismo tiempo que el -ms slido criterio de la literatura espaola en este -siglo. Es una vasta conciencia, unida a un tesn incomparable. -Hace algunos aos he tenido ocasin de tratarle -ntimamente, cuando viva en su departamento del hotel -de Las Cuatro Naciones. Haca vida mundana, no faltaba -a las reuniones de sociedad; tena su ctedra; y sin embargo, -le sobraba tiempo para escribir en varias revistas, -informarse de los libros en cuatro o cinco idiomas, -que llegaban del extranjero, y proseguir en su labor -propia, en la produccin de tanta obra saturada de doctrina, -maciza de documentacin, imponente de saber y -de fuerza. Es el enorme trabajador de los <i>Heterodoxos</i> y -de las <i>Ideas estticas</i>. Creo que abandon su antiguo proyecto -de escribir una Historia de la literatura espaola. -Su labor realizada vale verdaderos tesoros, que son desde -luego ms estimados en su justo valer en el extranjero -que en Espaa; fuera se pesan su ciencia y su conciencia; -aqu se admira su fetiche, y se le coloca entre -varias benemritas momias.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_298" id="Page_298">[298]</a></span></p> - -<p>Entregado a estudios universales, a labores de dificilsima -erudicin, la crtica de Menndez Pelayo no se -aplica a la produccin actual, como no sea a trabajos que -tengan relacin con sus sealadas disciplinas. Encerrado -en la Biblioteca Nacional, cuyo director es, contina -en sus tareas benedictinas, lejos de las agitaciones cuotidianas -y en relacin tan slo con los eruditos y sabios -de otros pases.</p> - -<p>Don Juan Valera, en sus ltimos aos, ha vuelto a la -novela. No se lee ms aquella sabrosa crtica suya en -que las ideas expresadas no tenan tanto valor como la -manera de expresarlas. No es esto decir que el famoso -trabajo sobre el Romanticismo en Espaa, o sobre el -<i>Quijote</i>, carezca de vigor ideolgico; pero su manera, -que desenvuelve tan gratamente las ms sutilsimas -complicaciones, ha sido el principal distintivo de su excepcional -talento. Su cultura es mucha, y posee esa cosa -hoy muy poco espaola en el terreno de la crtica: distincin. -Lo cual no obsta a que a travs de la trama de -sus discursos aparezca cierta fina malignidad, un buen -humor picaresco, que suele dar a los ms calurosos -elogios una faz de burla. Y esto es de tal modo, que los -enconados o los envidiosos suelen ver an en los ms -sinceros aplausos de don Juan, un sentido oculto y -desventajoso para los que l cree dignos de su alabanza.</p> - -<p>Lo cierto es que tiene singular habilidad para manejar -contradicciones y recrearse recreando con paradojas. -Teje alrededor de una idea complicadas redes, traza -ingeniosos laberintos en donde l camina con toda holgura -y sin peligro, mientras sus lectores poco avisados -caen en la trampa o juzgan salir del enredo cuando ms -en l se internan. Y no obstante, yo creo en la lealtad de -sus opiniones. A este respecto le encuentro mucho de -semejante con Anatole France.</p> - -<p>Leopoldo Alas, o sea <i>Clarn</i>, ha sufrido la imposicin -de un pblico poco afecto a producciones que exijan la<span class="pagenum"><a name="Page_299" id="Page_299">[299]</a></span> -menor elevacin intelectual. <i>Clarn</i> ha demostrado ser -un literato de alto valer, un pensador y un escritor culto, -en libros y ensayos que fuera de su pas han encontrado -aprecio y justicia; mientras los lectores espaoles no -han podido sino gustar sus cualidades de satrico, obligndole -as a una inacabable serie de charlas ms o -menos graciosas, en que, para no caer en ridculo, tiene -que desperdiciar su talento ocupndose generalmente -de autores cursis, de prosistas hueros y poetas hebenes. -Taboada en el Parnaso. Y ese es el autor de pginas -magistrales como sus antiguas <i>Lecturas</i>, o su ensayo -sobre <i>Baudelaire</i>, o el de <i>Daudet</i> y tantos otros. En Amrica -se tiene por esto una idea falsa de Leopoldo Alas. -Este es un hombre serio: desde hace mucho tiempo doctor -en derecho y profesor de Oviedo, y entregado siempre -a lecturas graves y poco risueas. Mas tiene que -reir y hacer reir a tontos y a malignos, so pena de no -colocar sus estudios de mdula y enseanza: pues como -lo acaba de decir un diario—<i>El Liberal</i>—, el <i>Madrid -Cmico</i> va en camino de ser el primer peridico literario -de Espaa. Claro est que el seor Alas escribe esos -artculos con una precipitacin febril que se ve claramente -en cada uno de ellos, y as se explica que algunas -dos veces haya confundido en el <i>Madrid Cmico</i> a Richepin -con... Montepn, y haya hecho la clebre comparacin -entre Flaubert, Eberts y Anatole France, con el -Valera de <i>Morsamor</i>. <i>Clarn</i>, pues, actualmente, no escribe -crtica, como no sea para el extranjero. Aqu, lo que -pagan bien son paliques: pues paliques!</p> - -<p>El seor Balart tambin hace mucho tiempo que no -critica. Este escritor, cuya fama de poeta ha oscurecido -su renombre de crtico, ha sido comparado con Lematre -y France a ttulo de impresionismo. En mi entender, -no ha habido en el seor Balart ms que una nueva faz -del eterno pedagogo autoritario, que se conmueve reglamentariamente -y falla en ltima instancia sobre todas -las estticas; y as como su censura es estrecha, su elogio<span class="pagenum"><a name="Page_300" id="Page_300">[300]</a></span> -es desmesurado. Se le ve en ocasiones pasar impasible -ante una manifestacin artstica, ante una idea llena de -novedad y de belleza, y cantar los ms sonoros himnos -a la mediocridad apadrinada, o a lo que por algn lado -halaga sus tendencias personales, sus propios modos de -ver. Se celebran sus crticas de arte, y jams ha demostrado -en tales asuntos sino la ms completa chatura, la -flatitud de un criterio ptero, impermeable a toda -onda de arte puro. Viene de los antpodas de un Ruskin. -Yo no me explico la conquista de su autoridad a este -respecto sino por la falta de competencias y por la inconmovilidad -con que la mayora se deja imponer toda -suerte de pontificados. La misma minora intelectual no -protesta sino en voz baja, y, sin fuerzas tampoco para -poder imponerse, deja que la corriente siga.</p> - -<p>Como crtico de arte sobresale Jacinto Octavio Picn, -el novelista cuyo ltimo libro sobre Velzquez ha tenido -muy buena acogida en Espaa y fuera de Espaa. Su -crtica teatral ha tenido tambin una poca de boga. A -este respecto se distingue entre todos sus colegas, el crtico -de <i>El Espaol</i>, seor Canals. Al menos es quien trata -con ms certidumbre y ms entusiasmo las obras de que -le toca dar cuenta en su tarea periodstica.</p> - -<p>Podra sealar algunos otros nombres como el del -seor Gonzlez Serrano—despus de recordar la prdida -que sufri el pensamiento espaol con la muerte del cataln -Ixart—, pero sera la revista harto larga. En la juventud -surge hoy una que otra esperanza, y no es poco -lo que ha de dar en un cercano porvenir cerebro tan -bien nutrido y generoso como el del autor de <i>Alma -Contempornea</i>, Llanas Aguilaniedo, cuyos comienzos -han entusiasmado al mismo descontentadizo <i>Clarn</i>. Llanas -es un estudioso y un reflexivo. Comprendo lo grave -que encierra el trabajo de pensar y de juzgar. Hay una -luz individual que l ha descubierto dentro de su propio -espritu, y siguiendo el consejo de Emerson, la persigue. -En lo moral, en lo intelectual, cultiva la buena virtud<span class="pagenum"><a name="Page_301" id="Page_301">[301]</a></span> -de la higiene. Llega a una poca en que, si sabe dirigir -su propia voluntad, har mucho bien a la nueva generacin -de su pas. No es su libro primigenio, sino la -apertura de una larga va. En esas pginas hay mucho -justo y original y no poco reflejo e injusto. Pero el esfuerzo -supera a todo lo que sus compaeros han producido. -Antes que l est Martnez Ruiz, curioso y aislado -en el grupo de la juventud espaola que piensa. De l -he de tratar en otra ocasin, como del vasco nietzschista -Ramiro de Maeztu, que est llamando la atencin de los -que observan, por su fuerza y su singularidad.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus009.jpg" width="75" height="71" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_302" id="Page_302">[302]</a></span></p> - -<h2>LA JOVEN ARISTOCRACIA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 64px;"> -<img src="images/img013.jpg" width="64" height="25" alt="" /> -</div> - - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Cuando</span> el rey de Espaa recibe a los nuevos -grandes que deben cubrirse delante -de l, es costumbre que cada cual diga -unas cuantas frases en que, despus de -recordar la gloria de sus antepasados y -el timbre de sus blasones, ofrezca al monarca sus servicios -y protestas de lealtad. Sorprendi hace algn -tiempo el discurso de cierto joven grande de Espaa, -que ms o menos, dijo a la reina estos conceptos: Seora, -mis abuelos fueron mis abuelos y su gloria es de -ellos; yo soy ingeniero y mi ttulo y mi trabajo es lo -nico que puedo poner a los pies de vuestra majestad. -Lo llamativo y simptico de la nota, despertaba en la -generalidad este pensar: Hay, pues, nobles que trabajan! -La sorpresa era justa. Es un hecho reconocido que -en nuestras sociedades modernas, segn la frase reciente -de M. de Montmorand, <i>ce qui caractrise le noble, c'est -son oisivet, son inaptitude au travail</i>.</p> - -<p>En todas partes, y por su propia culpa, la nobleza ha -perdido terreno.</p> - -<p>Las necesidades de la vida actual, el desarrollo del -comercio, las ambiciones de la gran burguesa, han -trastornado un tanto los armoriales: y el da en que un -Rothschild ha sido ennoblecido a causa de su dinero, el -espritu de Dozier flot sobre las salazones de Chicago. -Desacreditada y todo, la nobleza impone sus pergaminos.<span class="pagenum"><a name="Page_303" id="Page_303">[303]</a></span> -Las seoritas adineradas de los Estados Unidos, y -por no quedarnos atrs, algunas de la Amrica del Sur, -pagan a buen precio el derecho de poder ostentar una -corona marcada en su ropa blanca, o pintada en la portezuela -del carruaje. En nuestras democracias, la presencia -de un noble siempre es decorativa en la vida social. -Huelen esos caballeros, mal educados, ignorantes, -obtusos, pero casi siempre visten tan bien! A Amrica -suelen llegar <i>gentlemen</i> y <i>escrocs</i>; nobles verdaderos y -nobles falsos. Algunos han ido a parar a la penitenciara -de Buenos Aires.</p> - -<p>La nobleza francesa, que en estos ltimos tiempos ha -dado tan poco edificantes espectculos, dirase que constituye -el ms claro tipo de decadencia. Su incapacidad -es tan solamente igualada por su ligereza; y si en algo -puede confiar la estabilidad de la repblica, es en la -ineptitud intelectual y flaqueza moral que se revela en -ese planto de gardenias y claveles. Con gran justicia -un escritor de criterio certero, Paul Duplan, dice, en un -estudio reciente: Cuando se estudia la historia de nuestro -pas de cien aos ac, queda uno estupefacto de la -increble incoherencia sociolgica y poltica de los nobles. -Hacen constantemente lo contrario de lo que se -podra prever; estn siempre a caballo cuando se debera -estar a pie; parlanchines y ruidosos cuando deberan -estar silenciosos y prudentes; pierden en la vida -pblica el tacto que conservan en sus salones; empujan -la repblica a la izquierda con la intencin de atraerla -a la derecha; demasiado catlicos al fin del siglo XIX -despus de haber sido volterianos al fin del siglo XVIII, -pierden el contacto con la democracia y se obstinan en -confiar sus hijos a los religiosos, cuando deban hacerlos -educar en nuestros colegios; caen en el snobismo -ingls, cuando deban hacer prevalecer la elegancia -francesa; chismosos y maldicientes; descontentos y vejados -bajo la Restauracin, bajo Luis Felipe, bajo Napolen -III, bajo la tercera repblica; vuelven la espalda<span class="pagenum"><a name="Page_304" id="Page_304">[304]</a></span> -a la ciencia contempornea que no es clerical y quieren -que lo sea; se hacen ridculamente zurrar el 16 de -mayo; se meten en la Baulange; exageran el antisemitismo -despus de haber adoptado a los grandes judos, -aceptado sus regalos y frecuentado sus castillos, sus -yates y sus caceras. En fin, gentes en su mayor parte -<i>suranns</i> y <i>vieux jeu</i>, aun en el dominio de sus placeres. -Han quedado como cazadores diligentes, y qu ardor -les devora? Por ejemplo, la caza a la carrera como en -las pocas prehistricas: cansar, en nuestras pequeas -florestas, a un desgraciado animal, casi amansado, que -a menudo no quiere correr; entregarle a la ferocidad de -los perros y gozar con ese terror y con esa muerte. Y -el estpido tiro de pichn? Qu singular <i>lite</i>, la de -esta nobleza ociosa e ingenua, que no tiene otra carrera -que el matrimonio de dinero!</p> - -<p>La nobleza espaola no ha llegado a este ltimo estado, -hay que confesarlo. (Es por falta de cotizacin?) -Pero nada seala que la patria espaola pueda esperar -algo de sus grandes o de su aristocracia. A pesar de que -buena parte de las principales familias educan a los -hijos en pensiones inglesas, es difcil encontrar aqu el -<i>gentleman-farmer</i> blasonado. Los propietarios de tierras -de labranza, o los ganaderos, o arriendan o dejan los -trabajos al cuidado de administradores, que poco inters -han de tomarse, como no sea el propio provecho. -El propietario cobra sus rentas, sin que se le ocurra -pensar en introducir mejoras, o aplicar la experiencia -de otros pases, en procedimientos o maquinaria.</p> - -<p>Algunos se dedican a la poltica; raros, rarsimos, -como Valdeiglesias, al periodismo. Sealados son los -que en las letras tienen nombre, o se consagran a estudios -especiales. En cuanto a los grandes nombres cientficos, -ni Cajal, ni Federico Rubio, ni Builla, ni Posada, -ni Pedro Dorado, ni Augusto Linares, pertenecen a la -nobleza... En el teatro, durante el tiempo que llevo en -Madrid, dos ttulos han presentado al pblico sendos<span class="pagenum"><a name="Page_305" id="Page_305">[305]</a></span> -arreglos del francs. En cambio, hay un actor grande de -Espaa, y varios emparentados con linajudas casas. -Ahora bien, con la ltima estadstica a la vista, he contado -41 duques, 358 marqueses, 203 condes, 30 vizcondes -y 49 barones.</p> - -<p>De antiguo he sabido la poca aficin al trabajo de la -nobleza espaola, a causa sobre todo de las preeminencias -de la hidalgua y de los mayorazgos.</p> - -<p>Familias llenas de oro y acostumbradas al regalo, mal -podan pensar en otra cosa que en los privilegios de su -grandeza. En tiempos de Felipe II, el duque del infantado -tena 90.000 ducados de renta; el de Medina de Ro -Seco, 130.000; el de Osuna, 130.000; dependan de ellos ms -de 30.000 familias feudatarias. Los duques de Alba, de -Njera, y de Ziga posean tierras que daban 80.000, -60.000 y 70.000 ducados de renta, en Castilla la Vieja; el -de Medinaceli, en Toledo, 150.000; en Granada, Extremadura -y Jan, los duques de Medina Sidonia, de Arcos -y de Feria, 150.000, 70.000 y 60.000. En Catalua y Valencia -los duques de Ganda y Crdoba, 80.000 ducados de -renta cada uno. (<i>Ms. de Denys Geoffroy. V. Weiss</i>).</p> - -<p>Algunas de estas familias todava conservan mucho -de sus pasadas riquezas. Otras, como la de los Osuna, -han tenido que caer bajo el martillo del rematador.</p> - -<p>La juventud aristocrtica, como he dicho, se educa -generalmente en el extranjero: Inglaterra y Blgica -son los pases preferidos.</p> - -<p>La educacin es esencialmente religiosa. Siempre, en -las altas familias est la influencia del sacerdote.</p> - -<p>Si el joven sigue una carrera, una vez obtenido el ttulo -se dedica a vivir de sus rentas; se case o no se case, -en Madrid y en el extranjero, la vida social y el <i>sport</i> le -absorbern todo su tiempo. La moda inglesa, el britanismo, -se apodera de algunos; otros tienden a la vida chulesca. -Son amigos de los toreros, y, los das de corrida, -van a la plaza con indumentaria que pregona sus aficiones, -en lujosas calesas tiradas por mulas llenas de cascabeles,<span class="pagenum"><a name="Page_306" id="Page_306">[306]</a></span> -o en sus esplndidos carruajes. Hoy que medra -el caf-concert, hay quienes se aficionan a las <i>divettes</i>. -Por lo que toca a la vida ntima, a la familia, naturalmente, -dir que no la conozco. Se me dice, no obstante, -que el padre Coloma exagera un poco sus <i>Pequeeces</i>.</p> - -<p>Las antiguas virtudes esencialmente espaolas, parece -que tambin han desaparecido. Dejo la palabra a don -Santiago Alba.</p> - -<p>Por de pronto, ya hemos revelado y hemos aprendido -que sin una educacin positiva no conservan los pueblos -algo de que nosotros hubimos de creernos depositarios, -a travs de los siglos de los siglos, simplemente -por el mgico efluvio de nuestras glorias legendarias: el -valor y el patriotismo. Mientras que aqu la aristocracia -de la sangre y la del dinero—con ligeras y honrossimas -excepciones—seguase divirtiendo en plena guerra a -fin de evitar perjuicios al comercio y a la industria, -all, en el pueblo de los mercachifles, todo un batalln -de millonarios peda puesto en la guerra y reciba en la -vanguardia el saludo de los fusiles espaoles.</p> - -<p>El <i>faineantismo</i> da esos peligrosos frutos.</p> - -<p>La joven nobleza tambin ha sabido divertirse de -bastante sonoras y extraordinarias maneras. No generalizo: -pero un buen ramillete de hechos os har ver que -la indiada de Buenos Aires no tendra mucho de que -ufanarse ante ciertos ejemplos de por ac. En todos lugares -la <i>jeunesse dore</i> es censurada por causa de su poco -juicio y de su <i>humor</i>, y nuestra Amrica no est fuera de -la regla. Durante mi permanencia en Chile pude observar -la campaa que la Prensa entablara contra la famosa -juventud dorada de Santiago; y en Buenos Aires -he visto cmo se protesta ante las hazaas de los indios, -hoy ya casi desaparecidos, o destitudos por precarios -aunque estrepitosos compadritos. Hay que consolarse -con que el caso ha sido de todos los tiempos; y -Alcibades al cortar la cola a su perro, y Erostrato incendiando -el templo de Diana, eran ya precursores. En<span class="pagenum"><a name="Page_307" id="Page_307">[307]</a></span> -la grave Inglaterra podis recordar las proezas realizadas -por los distintos Clubs de que nos habla Hugo en -una de sus ms bellas novelas. Los hechos sucedan -entre jvenes de la <i>nobility</i> y de la <i>gentry</i>. La broma se -converta a veces en crimen. Se divertan decentemente, -dice Hugo. Haba el <i>She romps club</i>, cuyos miembros -ponan con los pies para arriba a la primera mujer que -pasaba por la calle; si se opona, se la azotaba. Los del -<i>Merry-dances</i> hacan bailar por negros y blancas las -danzas de los picantes y de los tintirimbas del Per, especialmente -la mozamala. Los del <i>Hellfire</i> tenan por -especialidad cometer sacrilegios. Los de <i>Las cabezadas</i> -las daban a las gentes. Los del <i>Fun</i> rompan espejos y -retratos, mataban perros, hacan circular falsas noticias, -incendiaban, hacan dao en las casas. Los del <i>Mohock</i>, -rean hiriendo y martirizando a pobres transentes. Y -concluye Hugo: Esos eran, al principio del siglo XVIII, -los pasatiempos de los opulentos ociosos de Londres. -Los ociosos de Pars tenan otros. Monsieur de Charolais -soltaba un tiro a un burgus a la puerta de su -casa. <i>De tout temps la jeunesse s'est amuse</i>. Ya veis una -vez ms que nada hay nuevo bajo el sol.</p> - -<p>Ahora, veamos algunos hechos graciosos de nuestros -parientes los hidalgos.</p> - -<p>En un pueblo de la provincia de Segovia, el duque -de S. F. tuvo la humorada de dar una cacera, a la que -invit especialmente al cura. De pronto, en lo ms intrincado -del bosque, aparece un grupo numeroso de -damas alegres con la indumentaria de Diana y sus -ninfas.</p> - -<p>El joven conde de F. S. y el primognito de los marqueses -de R., una maana de invierno, al salir de una -<i>juerga</i>, tuvieron a bien baarse en el estanque helado -del Retiro, de donde fueron sacados medio muertos.</p> - -<p>El hijo del conde de P. R. y el del conde de F. S., en -una noche de verano encuentran en el paseo de Recoletos -a una joven aguadora, y con unas tijeras ejercen de<span class="pagenum"><a name="Page_308" id="Page_308">[308]</a></span> -peluqueros profanando una de las bellas poesas de -Gauthier... Estos mismos jvenes risueos encerraron -en una leera de una casa en la calle de Isabel la Catlica -a la portera, e hicieron apalear por el portero a un -quidam.</p> - -<p>Un sobrino del duque de V. se divierte tanto, que la -familia resuelve enviarlo a Filipinas. All es sumamente -atendido por el Arzobispo, que le ofrece desde luego -su coche. El joven acepta y lo aprovecha para ir a ciertas -casas. Las gentes que pasaban y vean all situados -el coche y los cocheros de su ilustrsima, se hacan cruces: -Qu casas visita el seor Arzobispo!</p> - -<p>Un personaje ya citado penetra en una casa de juego, -y revlver en mano se aduea del dinero. Nadie le dice -una palabra. Al da siguiente vuelve; pero hay listos dos -sujetos de buena voluntad que le meten en un coche, -le llevan al camino de Chamartn de la Rosa y le pegan -tal paliza que queda casi sin vida.</p> - -<p>El marquesito de R., temible por lo que llama el sabio -Cajal el <i>matonismo</i>, arruin a un tabernero de la plaza -de Santa Cruz, con la clebre frase apunte usted. El -infeliz se dej arruinar sin proferir una queja.</p> - -<p>A veces la farsa es trgica. En una provincia, dos caballeros -joviales encuentran a una desgraciada y porque -est melanclica determinan echarla al ro. Lo hacen, -y la mujer se ahoga.</p> - -<p>En un balcn de cierta casa de la calle de la Palma -tuvo toda una noche vestidas de Eva a tres jvenes del -batalln de Citeres, el duquesito de S. F.</p> - -<p>Un burgus rico, andaluz y muy chistoso, va con una -dama en un carruaje; ordena al cochero que vuelque, y -resulta la dama con las piernas rotas. Otra vez se complace -en meter a un bufn popular en el vientre de un -caballo muerto.</p> - -<p>El hijo de un gran general entra en un caf sable en -mano cierta noche con una compaera de escasa indumentaria. -Hace desalojar la sala y la convierte en alcoba<span class="pagenum"><a name="Page_309" id="Page_309">[309]</a></span> -de placer. Este mismo va a una funeraria y encarga -un servicio para cierto difunto que estaba muy vivo en -su casa.</p> - -<p>El nieto de un clebre escritor, hijo del conde de -C. A., y emparentado con la ms alta nobleza, estando -en el teatro de cierta ciudad, contest el saludo de un -amigo que estaba en la platea, tirando de su palco silla -tras silla. El mismo rompi en Gijn todo el servicio -de un caf, sin la menor protesta del dueo. Despus, -en un teatro de otra ciudad, suspendi la funcin a garrotazos.</p> - -<p>A veces las cosas resultan mal. Al hijo natural de un -insigne hombre poltico le asesinaron en la calle de la -Flor unos cuantos chulos.</p> - -<p>En Almera un joven distinguido va a una casa de diversin. -La duea se opone a que entre, y l la deja -muerta de un tiro.</p> - -<p>Tres de los ya sealados ataron una noche a un sereno -ante la estatua del teniente Ruiz—cara a Julio Ruiz.</p> - -<p>Un buen da el marquesito R... necesita dinero, y saca y -lleva a una casa de prstamos las ms ricas ropas de la -seora marquesa.</p> - -<p>El conde de P... apuesta con un amigo que ir a Pars -a ganarse la vida pidiendo limosna y tocando la guitarra -por las calles. Y lo hace.</p> - -<p>Hay otras tantas cosas delicadas de citar, por la altura -de los personajes que tomaron parte; pero que, aunque -la Prensa no se haya ocupado de ellas, estn en la memoria -de todo Madrid.</p> - -<p>As, nuestros indios con su <i>fun</i> ya veis que se han quedado -un poco atrs. Sus ocurrencias no son causadas por -el soplo que viene de la Pampa y que aun trae el eco del -maln. La indiada de las noches alegres bonaerenses -tendra que aprender de los descendientes de ilustres -casas, de jvenes cuyos cuarteles de familia tienen la -consagracin de muchos reyes. La filosofa del asunto -sera que el deseo del mal por el mal es innato, y que el<span class="pagenum"><a name="Page_310" id="Page_310">[310]</a></span> -sentido de la perversidad de que habla Poe duerme en -su clula, esperando la oportunidad de aparecer. El estudio -y el trabajo son los nicos antdotos contra ese veneno -natural e ntimo. Con ellos se doma la fierecilla que -va con nosotros. Mas en las clases ricas y extraas a todo -lo que no sea capricho y goce de la existencia, entre la -ociosidad y el fastidio, el trabajo y el estudio no pueden -obrar. Agregar a esto los privilegios sociales, la pobreza -fisiolgica y la degeneracin demostrada de las familias -nobiliarias, y decidme si se puede hacer patria con -tales elementos.</p> - -<p>No, no puede aguardar nada Espaa de su aristocracia. -La salvacin si viene, vendr del pueblo guiado por -su instinto propio, de la parte laboriosa que representa -las energas que quedan del espritu espaol, libre de -polticos logreros y de pastores lobos.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 75px;"> -<img src="images/illus006.jpg" width="75" height="53" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_311" id="Page_311">[311]</a></span></p> - -<h2>CONGRESO SOCIAL Y ECONMICO -IBERO-AMERICANO</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 76px;"> -<img src="images/img015.jpg" width="76" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">21 de febrero de 1900.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="75" height="79" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">La</span> Sociedad Unin Ibero-Americana trabaja -en estos momentos porque se celebre -un Congreso, que denomina social -y econmico, y al cual concurriran las -Repblicas americanas y Espaa con objeto -de estrechar y aumentar las relaciones sociales comerciales. -Con Congreso, o sin Congreso, ya era tiempo -de ocuparse en este asunto. La situacin en que se -encuentra la antigua Metrpoli con las que fueron en -un tiempo sus colonias no puede ser ms precaria. La -cada fu colosal. Las causas estn en la conciencia de -todos. La expansin colonial de otras naciones contrasta, -al fin de la centuria, con las absolutas prdidas de la -que fu seora de muchas colonias. Despus del desastre, -recogida en su propio hogar, piensa con cordura -en la manera de volver a recuperar algo de lo perdido, -ya que no en imposibles reconquistas territoriales, lo -que pueda en el terreno de las simpatas nacionales y -de los mercados para su produccin. Reconocido est ya, -que la culpa de la decadencia espaola en Amrica no -ha sido, como en el verso, obra del tiempo. Ha sido<span class="pagenum"><a name="Page_312" id="Page_312">[312]</a></span> -culpa de Espaa. En cuanto a los males interiores, cierto -es que no pocos se los caus el descubrimiento del -nuevo mundo. Esos 50 millones de habitantes; 24 millones -de kilmetros cuadrados; 48 Espaas en extensin, -donde se derram nuestra sangre, se malgast nuestra -vida, y slo suenan como un recuerdo los acentos de -nuestra lengua, que dice el escritor andaluz seor -Ledesma, les fueron perjudiciales al reino conquistador. -No porque sin la obra de Coln hubiese completado -el gran Cardenal su empresa africana, sino porque -aquel Klondike continental sera el cebo de aventureros -ambiciosos, y envenenara de oro fcil las fuentes industriales -de la Pennsula. El hidalgo, <i>conquerant de l'or</i> -no tendr sino que procurarse peluca y espada, desdeando -oficios y comercio, como escribe en uno de sus -libros Juan Agustn Garca, al citar a Gervasoni y una -Cdula real: De las Indias he sido avisado que muchas -personas que de ac pasan, puesto que en sta solan -trabajar e vivan e se mantenan con su trabajo, despus -que all tienen algo, no quieren trabajar, sino -folgar el tiempo que tienen, de manera que hay muchos: -de cuya causa yo envo a mandar que el Gobernador -apremie a los de esta calidad para que trabajen -en sus faciendas. Eso haca Espaa una vez realizada -la conquista del oro, folgar el tiempo que tena. Primero -fu el tiempo del aumento del podero, la sujecin -del sol en sus dominios; ms ya con Felipe II empieza -la carcoma y el decaimiento. Esto a pesar de la riqueza -natural, tan copiosamente sealada por entusiastas como -Mariana o Miano. Wiss se embelesa en repetir la enumeracin -de tantos elementos de riqueza, en varios -climas y en tierras fecundsimas. Al par que los distintos -productos ofrecen un copioso acervo para la -exportacin, sta est favorecida por la extensin de -las costas y la buena condicin de los puertos mediterrneos -y atlnticos. Todo esto era aprovechado en el -siglo XVI. El movimiento fabril y el desarrollo comercial<span class="pagenum"><a name="Page_313" id="Page_313">[313]</a></span> -acrecan la riqueza. Los tejidos se fabricaban en -numerosos establecimientos.</p> - -<p>Solamente en Segovia, cuyos paos se tenan por los -ms bellos de Europa, trabajaban 34.000 obreros. Segn -de Jonnes, en 1519 se contaban en Sevilla 6.000 telares -de seda, y habra 130.000 obreros en la fabricacin -de sedera y tejidos de lana. Hay que leer a este respecto -el estudio que sobre las industrias antiguas sevillanas -ha publicado el erudito seor Gestoso y Prez—que -tiene indito un Ensayo de un Diccionario de -artistas industriales que florecieron en Sevilla desde el -siglo XIII hasta el siglo XVIII, inclusive—, para darse -cuenta del progreso alcanzado en aquella poca y en -aquella provincia, en lo referente a la produccin industrial. -Las marinas mercantes de Inglaterra y Francia -eran inferiores a la espaola. El inflado Moncada puede -escribir del puerto sevillano: es la capital de todos los -comerciantes del mundo. Poco ha que la Andaluca estaba -situada en las extremidades de la tierra, pero con -el descubrimiento de las Indias ha llegado a estar en el -centro. La riqueza estaba en fruto; dirase que Espaa -era la nacin de las naciones; solamente el ojo visionario -de Campanella adverta peligros en lo oscuro del -porvenir; y notaba que como hoy a Inglaterra, tenan -ojeriza todos los pueblos del mundo al pueblo fuerte y -rico que dominaba. Ciertamente haban de cumplirse -los temores del autor de la <i>Monarqua Hispnica</i> y con -los sucesores de Felipe II vendra el descenso a nacin -de segundo orden, la prdida en los distintos dominios, -la decadencia militar y la mengua en el comercio. La -escasez de barcos se acentu tanto, que ya bajo Carlos -<i>el Hechizado</i> se hacan servicios oficiales a Cuba y a las -Canarias, por medio de buques genoveses. Los productos -escaseaban, pues los cultivos fueron dejados, y los -campos, un tiempo florecientes, estaban despoblados -de trabajadores, a punto de que no solamente en ambas -Castillas, sino tambin en la productiva regin andaluza,<span class="pagenum"><a name="Page_314" id="Page_314">[314]</a></span> -el abandono era absoluto. Disminuy a una cantidad -mnima la exportacin de la lana, en lugares como -Cuenca. Los telares y sederas quedaban reducidos a sealado -nmero. El movimiento comercial, con la renta -de los productos del pas, vino muy a menos; la exportacin -a las colonias de Amrica fu nula, y Espaa -tuvo que empezar a proveerse en otros pases manufactureros. -De ms est decir que otras naciones aprovecharon -el caso para colocar sus mercaderas en las tierras -americanas.</p> - -<p>Con la funesta expulsin de los moros padecieron -grandemente la agricultura y la industria. Aquellas gentes -laboriosas por religin y por necesidad haban -aumentado inmensamente la riqueza de la pennsula no -solamente con sus labores fabriles, sino con el cultivo -de los campos, como esa maravillosa huerta de Valencia -que les fu pinge y que tanto hermosearon y aprovecharon. -Una vez realizada la expulsin, claro es que el -movimiento comercial e industrial, sostenido por ellos, -merm y luego concluy. Ya en el reinado de Felipe III, -a la decadencia en los trabajos del campo se junt una -baja de poblacin notabilsima. En Catalua misma estaban -deshabitadas las tres cuartas partes de los pueblos. -En plenas Cortes, y bajo Felipe IV, se clam contra -la amenaza de una ruina segura. Pues era llana y -evidente, dice Cspedes y Meneses, que si este estado se -aumentase, al paso mismo que hasta all, habra de faltar -a los lugares habitantes y vecinos, los labradores a los -campos y los pilotos a la mar... y desdeando el casamiento, -durara el mundo un siglo slo. Weiss demuestra -la decadencia de la agricultura, entre otros motivos, -por la disminucin progresiva de la poblacin -espaola desde el reinado de Felipe II hasta el advenimiento -de los Borbones—Miguel calcula, apoyado en -Ustariz, en cinco millones setecientas mil almas la poblacin -de Espaa bajo Carlos I—; la amortizacin eclesistica—los -capitales quitados a la agricultura y a la<span class="pagenum"><a name="Page_315" id="Page_315">[315]</a></span> -industria para sepultarse para siempre en los conventos—; -los mayorazgos en las familias nobles y las devastaciones -anuales de las campias por los ganados trashumantes. -Muchos daos se debieron al honrado Concejo -de la mesta.</p> - -<p>El oro americano, como antes he apuntado, fu ponzooso -para el movimiento industrial peninsular. La baja -de los metales fu de cuatro quintas partes en un siglo; -y el aumento de la mano de obra caus el alza de valor -en la produccin fabril.</p> - -<p>Se desdearon los productos naturales de las tierras -americanas, dejando que se aprovecharan de ellos mercaderes -de Inglaterra y Holanda, y fijos tan slo en el -codiciado producto de las minas. A poco, dice Weiss, -dejaron las fbricas de la Metrpoli de abastecer las necesidades -de las colonias, porque eran pocos los obreros -y escaseaban las primeras materias. Las colonias, agrega, -suministraban bastante oro para permitir a los fabricantes -continuar sus trabajos, aunque lo caro de los jornales -les impidiese introducir sus productos en Francia, -Italia y otros puntos de Europa. Para esto hubiera sido -necesario que procurase Espaa satisfacer las demandas -de las colonias e hiciese imposible el comercio de contrabando, -pero quin haba de creerlo! los espaoles -tuvieron por una calamidad el trueque de los productos -de la industria nacional por el oro del nuevo mundo, y -le atribuyeron la repentina alza de todos los artculos de -primera necesidad. Hubieran querido que Amrica les -remitiese sus metales preciosos sin llevarles en cambio -los objetos fabricados en su pas. El comercio con -Amrica desde aquellos tiempos fu tratado con singular -error; en los comienzos hubo libertad de trfico entre -Espaa y sus dependencias. Carlos V puso algunas trabas -y Felipe II orden un porcentaje de salida, el 5, -otro de llegada, el 10, a las mercancas para las Indias. -El aumento del llamado almojarifazgo fu un golpe -ms. En Amrica aumentaba el contrabando de otras<span class="pagenum"><a name="Page_316" id="Page_316">[316]</a></span> -naciones, y se di el caso que cita Humboldt, de que los -mineros de Amrica comprasen de tres a cuatro mil -quintales de plvora anualmente, en los almacenes del -reino, en tanto que la sola mina Valenciana consuma -de diez y nueve mil quinientos a diez y nueve mil seiscientos. -En tiempo de Felipe III, hasta 1612, bajaron tanto -las rentas, que el quinto de las minas de Potos, Per -y Nueva Espaa, con otras entradas de Amrica—dos -millones doscientos setenta y dos mil ducados, fuera -de gastos—, estuvieron empeadas a los genoveses. Bajo -el reinado de Isabel se hizo algo por la agricultura y la -industria en las colonias americanas; pero luego los espaoles -que iban a establecerse no se cuidaban sino de -engordar la hucha. Por lo que toca al Ro de la Plata, -basta leer las obras de J. A. Garca, hijo, para darse -cuenta de la obra de los virreyes, y de los hidalgos inmigrantes. -Anualmente iban dos escuadras, a Mjico y -al Per, con objetos de comercio. Esos eran los galeones -que volvan cargados de oro. Ulloa narra pintorescamente -la manera de comerciar entre los mercaderes -americanos y espaoles. Los pobres indios eran inicuamente -engaados y explotados por la misma codicia de -los corregidores. El comercio disminuy; y a mediados -del siglo XVII ya Espaa no poda abastecer sus colonias. -Los extranjeros, en cambio, aumentaban su venta; -de Portugal salan doscientos buques de trescientas a -cuatrocientas toneladas con ricos cargamentos de telas, -sedas, paos, tejidos de lana, de oro y de plata, artculos -que compraban los portugueses a los flamencos franceses, -ingleses y alemanes. Los embarcaban en Lisboa, -Oporto, Mondigo, Viana, y en los puertecillos de Lagos, -Villanova, Faro y Tavira, situados en el reino de los Algarbes. -Llegados al Brasil, sus navos suban al Ro de -la Plata, cuando cesaba de ser navegable, se desembarcaban -las mercancas y se las conduca por tierra, atravesando -el Paraguay y el reino de Tucumn, a Potos y -a Lima, de donde era fcil enviarlas a las principales<span class="pagenum"><a name="Page_317" id="Page_317">[317]</a></span> -ciudades del Per. Los comerciantes espaoles establecidos -en aquellos puntos tenan sus corresponsales en -el Brasil, lo mismo que en Sevilla y Cdiz, y como los -derechos cobrados en Portugal de los gneros destinados -al Brasil eran ms bajos que los que se perciban -en aquellas dos ciudades, los portugueses podan darlos -ms baratos que los espaoles. Puede verse a este respecto -la <i>Relacin</i> dirigida a Felipe III por Alonso de -Cianca. Los empleados de la Corona ya se sabe qu -clase de obra realizaban, y qu clase de gente eran en su -mayor parte.</p> - -<p>El consejo de Indias enviaba no varones de mrito, -sino hbiles sacadores de dinero. Fuera de los virreyes -de Mjico y el Per, grandes de Espaa favorecidos, los -dems eran duchos expoliadores. Los capitanes generales -y dems enviados a Cuba, al engorde proverbial, tenan -sus antecesores entre los paniaguados de Indias. -Comercio descuidado con la Metrpoli, aumento por lo -tanto del contrabando extranjero. Los holandeses, ingleses -y franceses introducan largamente sus mercaderas. -Hamburgo no se quedaba atrs; y la China misma -venda manufacturas en puertos como Guayaquil y -Acapulco. El mal estado comercial entre la Pennsula y -sus colonias continu hasta el advenimiento de los Borbones. -Algo hizo por mejorar las relaciones Felipe V. -Carlos III transform en 1764 el sistema comercial que -se haba empleado desde la conquista. De La Corua salan -fijamente una vez al mes para las Antillas y dos -veces al mes para el Ro de la Plata barcos que establecieron -de modo regular el intercambio. La independencia -vino. Y desde la paz hasta la poca actual el comercio -espaol en Amrica ha pasado por diversas fluctuaciones, -llegando por fin al ms lamentable descenso. Las -Cmaras de Comercio poco han hecho, y la diplomacia -ha sido nula en sus gestiones. Tambin es cierto que la -antigua Metrpoli no se ha acordado de que existamos -unos cuantos millones de hombres de lengua castellana<span class="pagenum"><a name="Page_318" id="Page_318">[318]</a></span> -en ese continente, hasta que las necesidades tradas por -la prdida de sus ltimas posesiones americanas se lo -han hecho percatar. El Congreso proyectado har algo, -como no se vaya todo en discursos. En lo social, se podrn -crear nuevos y ms estrechos vnculos, sobre toda -ahora que la produccin intelectual americana empieza, -primeriza y todo, a imponerse. Pero hacen falta espaoles -de buena voluntad que digan a su patria la verdad, -y que no la vayan a desacreditar en nuestras repblicas. -Una docena de espaoles como Carlos Malagarriga, en -cada una de las repblicas americanas, haran ms que -los guitarristas de la prensa y bailaores de la tribuna -que van a Amrica a hacer dao a su propia tierra. Sobran -en Espaa talentos y entre nosotros buenas voluntades -que pueden realizar una unin proficua y mutuamente -ventajosa. La influencia espaola, perdida ya en -lo literario, en lo social, en lo artstico, puede hacer algo -en lo comercial, y esto ser a mi ver el alma del futuro -congreso.</p> - -<p>Es un hecho patente—dice un documento oficial—, -traducido adems en cifras, que, a la infausta hora en -que hubimos de abandonar nuestra soberana en Cuba, -Puerto Rico y Filipinas, representaba nuestro comercio -de exportacin a esas posesiones, en los ltimos tiempos -en que pudo verificarse, de un modo regular, la considerable -suma de 241 millones de pesetas, o lo que es igual, -el 25 por 100, aproximadamente, de la total exportacin -de la Pennsula. Y otro: En el primer quinquenio de -1880 a 1884, exportbamos un total de 62 millones a todos -los mercados americanos; en cambio, en 1896 nuestra exportacin -quedaba reducida a 46 millones... Por ejemplo: -En la Repblica Argentina, donde en aquel perodo -nuestra cifra de exportacin ascenda a 17 millones, ha -bajado a 10. En la Repblica del Uruguay, de 11 millones -ha descendido a 6. Es decir, de 62.564.000 pesetas, -del ao de 1890 al 1898, se ha reducido a unos cuarenta -millones y pico. En la Junta del Comercio de Exportacin,<span class="pagenum"><a name="Page_319" id="Page_319">[319]</a></span> -del ministerio de Estado, demostr la gravedad de -tal situacin el seor Rodrguez Sampedro, Espaa, deca, -seora al principio del presente siglo de todos aquellos -territorios poblados por su raza, con comunidad de -idioma, de hbitos y de costumbres, ha perdido casi por -entero sus mercados, de tal modo, que hoy se anteponen -comnmente a ella Inglaterra, Alemania, Francia, Austria, -Italia y Blgica, figurando nuestro comercio, al principio -del postrer quinquenio, tanto en la importacin -como en la exportacin, el ltimo de todos, y cifrando -para la Repblica Argentina el 2,20 por 100 de su comercio, -al de exportacin; para Mjico el 8 por 100 en la primera -y el 11,60 en la segunda; para el Per, 2,50 por 100 y -0,60, respectivamente; y todava, con parecer esta situacin -imposible de empeorar, sigue decreciendo manifiestamente, -pues al concluir el quinquenio de 1897, los resultados -son 1,40 por 100 para la importacin, y 3 por 100 -para la exportacin respecto a la Argentina, 2 por 100 para -la primera y 10,30 para la segunda en Mjico; 0,08 y 0,90, -respectivamente, en cuanto al Brasil; y 0,10 y 0,50 en el -comercio con el Per, pudiendo decirse que en muchas -partes de los citados pases su comercio con Espaa ha -desaparecido, mientras el de Inglaterra, promediando -los datos de su importacin y de su exportacin, es ms -del 33 por 100 del total; de un 20 por 100 el de Alemania; -de un 23 el de Francia y as sucesivamente. El Congreso, -pues, vendr si se realiza, a tratar de ver cmo se -mejoran las transacciones comerciales entre Espaa y -las repblicas americanas; pero no tendrn poco que -modificar en las leyes actuales los legisladores, que -quieren que el arreglo se lleve a buen trmino. Ha sido -acaso poco lo que ha trabajado el ministro argentino -seor Quesada para la simple cuestin del tasajo y carnes -conservadas? El Gobierno espaol parece que apoyar -la labor del Congreso y se harn invitaciones oficiales -a los Gobiernos hispanoamericanos. Si los Gobiernos -aceptan, es posible que una vez ms se cometa<span class="pagenum"><a name="Page_320" id="Page_320">[320]</a></span> -el error de eleccin cuando se trate de los representantes. -Al saberse la noticia del Congreso, en cada una de -las pequeas repblicas de Amrica-Villabravas, que -dice Eduardo Pardo, habr un grupo de compadres intrigantes -que quieran venir a ver bailar el fandango, y -a conocer a la Reina; y en cuyos labios pugna por salir -la gran palabra Seores...</p> - -<div class="figcenter" style="width: 50px;"> -<img src="images/illus005.jpg" width="50" height="57" alt="" /> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_321" id="Page_321">[321]</a></span></p> - -<h2>LA MUJER ESPAOLA</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 78px;"> -<img src="images/img010.jpg" width="78" height="25" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">Marzo de 1900.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="75" height="77" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Hace</span> pocos das, el ltimo de Carnaval, -hubo en el palacio de una distinguida -seora, casada con un millonario y diplomtico -mejicano, una improvisada y -elegantsima reunin de mscaras, que -largamente han cantado los habituales cronistas de -saln, y entre todos, y sobre todos, mi incansable y -ameno amigo el marqus de Valdeiglesias. La particularidad -de la fiesta fu que a ella concurrieron aristocrticas -y bellas damas de esta corte, con el pintoresco -mantn de Manila y otros adornos no menos nacionales. -Y el entusiasmo fu inmenso; y hasta hubo quien -dijese: <i>ole!</i> con la disculpa de los das de locura. Ese -entusiasmo fu natural. Es tan difcil en la aristocracia -de Espaa encontrar una belleza puramente espaola! -Como en todas las altas clases de la tierra, el britanismo -por un lado y el parisienismo por otro han hecho -su invasin. No deja de ser lamentable. Una maja de -Goya vestida por Chaplin es algo encantador y desconcertante; -pero me habrn de confesar que una maja de -Goya vestida por Goya es mucho mejor. No es que yo -pretenda que estas duquesas de ahora vuelvan al osado -peinetn, a mantilla perpetua y a los paseos por las arboledas -de San Antonio de la Florida, sino que est a la -vista de los amantes de la viva estatuaria humana la -desaparicin de uno de los ms bellos tipos que hayan<span class="pagenum"><a name="Page_322" id="Page_322">[322]</a></span> -halagado al arte: el tipo espaol, cuya lnea propia se -ha bastardeado y confundido entre curvas francesas y -restas anglo-sajonas. La moda, he ah el enemigo! En -esto estoy apoyado por un talento que sobre ser certeramente -esttico, es una mujer: la seora Pardo-Bazn. -Doa Emilia considera como enemigos de la clsica -gracia espaola los vestidos pesados y de corte masculino -del pas de las misses; los impermeables y abrigos -largos, ciertos calzados, y sobre todo, los formidables -sombreros de Pars. La naturaleza procede y ensea -lgicamente; ha ordenado los seres y las cosas de la -tierra segn las latitudes; y sabe por qu los escandinavos -son rubios y los abisinios negros; por qu las -inglesas tienen cuellos de cisne y las mujeres flamencas -preponderantes asideros. A las espaolas las di diversos -modelos, segn las distintas regiones peninsulares, -pero el tipo verdadero, el tipo generalizado por la -poesa y por el arte, es el de la morena de maravillosos -y grandes ojos oscuros, un tanto <i>potele</i>, ondulada, y -casqueada de ricos cabellos negros; ni alta ni baja; todo -esto animado por un producto marino y venusino, que -en este sentido no tiene nombre correspondiente en -ninguna otra lengua: <i>sal</i>. Ya en sus tiempos, Gautier -afirmaba que para ver la verdadera danza espaola -haba que ir a Pars; hoy en pintura, los que hacen admirar -al mundo la gracia femenina de Espaa, son -extranjeros, como Sargent y Engelhart, nos conformaremos -dentro de poco con buscar en viejas telas -y grabados la que fu tan original y graciosa belleza -hispnica? La moda ha comenzado a hacer su dao -en la educacin. Para toda joven de buena familia que -se vaya a educar al extranjero, se importa la indispensable -institutriz, casi siempre inglesa o tudesca, a veces -francesa. La <i>gouvernante</i> empieza su obra de moldeo y la -flexibilidad nativa entra en la jaula angular de una disciplina -por lo general <i>very english</i>. Los trajes, de corte -igualmente angular, contribuyen a la reformacin del<span class="pagenum"><a name="Page_323" id="Page_323">[323]</a></span> -original encanto curvilneo. Una vez la nia crecida, sus -gustos y sus costumbres tendern a lo extranjero. Hubo -una elegancia espaola: apenas si se recuerda en algn -baile de trajes. Porque la moda lo requiere, los opulentos -cabellos negros se tien de rubio o de rojo; el airossimo -andar de antao se transforma, los gestos y maneras -se aprenden. Se fu primero <i>chic</i>, despus <i>vlan</i>, -despus <i>pschut</i>, despus <i>smarl</i>, despus <i>swell</i>. No se leen -buenos libros castellanos; pero qu seora no se ruborizara -de no conocer a Ohnet en el original? Se viaja, -se veranea, se adora a Worth, a Laferrire, a Doucet. -Visten con gran lujo; pero rara vez se llegan a confundir -con una parisiense; desdeando la riqueza propia, -no consiguen el tesoro ajeno. Y son encantadoras. Hace -algunos aos un embajador oriental, al presenciar un -desfile de altas damas en Palacio, expres una frase descontentadiza -y poco galante para la nobleza femenina -que acompaaba a la Reina. Hoy, en igual caso, proclamara -la hermosura y la gentileza de beldades como -doa Sol Stuard, hija de la duquesa de Alba y otras cuyos -nombres constelan la crnica social. Hay diversos -tipos que se imponen; pues en la Corte se hallan representadas -las distintas provincias. Desde luego, la mujer -suavemente morena, de un moreno plido, cara ovalada, -cuello columbino, boca sensual y mirada concentradamente -ardiente, cuerpo en que se ritman felinas ondulaciones; -y la rosada y firme de plasticidades, de cabellos -dorados, un tanto gruesa; y la belleza decadente y tradicional, -de los retratos en cuyas manos puso Pantoja tan -preciadas gemas; rostros con algo de las figuras de los -primitivos; de un valo marcado, como se ve en la pequea -infanta Mara Teresa, de Velzquez; y dotadas de -un aire que si indica la floracin de razas crepusculares, -impone su orgullo gentilicio y su antigedad herldica. -En el pueblo se encuentra conservado mucho del antiguo -donaire. La chula ostenta su ritmo natural, sus impagables -gestos; y va a los toros y a las fiestas con legtimas<span class="pagenum"><a name="Page_324" id="Page_324">[324]</a></span> -prendas que alegran los ojos y marcan el color local tan -deseado por los viajeros que buscan arte y novedad. En -la pera, la sala es igual a todas las salas de capitales -modernas; el patrn cosmopolita impuesto por la elegancia -francesa vence e iguala. Apenas los rostros, la -llama de los ojos, un movimiento atvico, denuncian la -sangre maternal, la originalidad patria.</p> - -<p>El alemn Hans Parlow recientemente y todos los turistas -y observadores que visitan a Espaa, notan que en -estos ltimos tiempos la sociedad espaola, el alto mundo -madrileo, se divierte poco. No se vaya a creer que -las damas vivan en una existencia lgubre—algo como -en las pginas de madame Anloroy—dadas a la soledad -y al aislamiento, en contacto tan solamente con frailes -y monjas, y en plegarias y rezos, bajo una atmsfera de -tiempos de Felipe II. Ciertamente, las grandes familias -actuales dan pocas recepciones, raras fiestas; no hay en -la Corte un ambiente como el de comienzos de siglo o -bajo Isabel II; y la mayor parte de los bailes, banquetes -y reuniones, son ofrecidos por el Cuerpo diplomtico. -Por cierto que se distingue el ministro argentino doctor -Quesada en reunir de cuando en cuando en la Legacin -los ms bellos palmitos titulados. Mas la mujer espaola -gusta de divertirse; va a Pars, va a Londres, o a Italia, -y en la temporada del veraneo, convierte en ciudades -de alegra y de hechizo San Sebastin y Biarritz. La -Corte es un tanto triste porque sobre ella se extiende la -sombra de la Reina. Ese viejo palacio, enorme, sombro -y fastuoso que asust al fino pjaro de Francia que se -llama Rjane, es en verdad una vasta baslica de tristeza, -que necesita, para no contagiar con su embrujamiento, -reinas risueas como doa Isabel, y reyes barbianes -como Alfonso. La Regente, que guarda an la gravedad -conventual de sus funciones religiosas de soltera, cuya -vida de casada no fu muy agradable en lo ntimo del -hogar, y cuya vida ha sido cercada de tantos cuidados, -penalidades y desventuras, no tiene ciertamente motivos<span class="pagenum"><a name="Page_325" id="Page_325">[325]</a></span> -para estar vestida de color de rosa. La nica que pone -una nota jubilosa en la mansin real es la infanta Isabel, -la infanta popular, amiga de los artistas, un poco -<i>virago</i>, aficionada a cazar, a cabalgar, valiente <i>sportman</i>, -generosa, caritativa, melmana, muy madrilea, y cuyo -<i>sans gene</i> le atrae por todas partes, y sobre todo en el -pueblo, innegables simpatas. La infanta en sus departamentos -de Palacio tiene un teatro en que hace trabajar -a los actores que son de su preferencia y amistad: y -all mismo representan comedias, aficionados pertenecientes -a la aristocracia. A esas representaciones no asisten -ms que la Familia Real y la servidumbre de Palacio. -En algunas casas suelen seoritas y caballeros hacer -piececitas francesas, con toda correccin y propiedad. -Algo lejanos estn los tiempos en que damas de lo ms -encumbrado representaban en el palacio de la de Montijo -<i>La bella Helena</i> de Blasco.</p> - -<p>No existen salones literarios, en el sentido francs del -vocablo. Doa Emilia Pardo-Bazn suele invitar a algunas -tertulias en que priva el elemento intelectual; y don -Juan Valera ha tenido sus sbados en que, fuera de las -seoras de su familia y las hijas del duque de Rivas, no -han asistido ms que hombres. La duquesa de Denia de -cuando en cuando invita a su mesa a sealado nmero -de artistas y hombres de letras; lo propio hace el barn -del Castillo de Chirel. Pero el barmetro de intelectualidad -est marcando sus grados reveladores; el poeta -preferido de la aristocracia es Grilo. Hay damas inteligentes -y cultas que, como he dicho, viajan y se instruyen; -pero son perlas negras o rosas azules las que sobresalen. -La duquesa de Alba se interesa en trabajos de erudicin -e historia y pone a la disposicin de los estudiosos el -inagotable archivo de su casa; la duquesa de mandas es -muy entendida en ciencias; las duquesas de Medinaceli -y de Benavente son aficionadas a las letras; la condesa -de Pino Hermoso y la marquesa de la Laguna imponen -su espiritualidad en los salones. La hija de esta ltima,<span class="pagenum"><a name="Page_326" id="Page_326">[326]</a></span> -Gloria, tiene fama de agregar a la herencia de la gracia -materna nuevas pimientas y sales.</p> - -<p>La clase media, acomodada o no, sigue los rumbos de -la clase alta. Basta la ms ligera observacin para comprender -que se ha adelantado mucho en instruccin -primaria, desde la poca no muy distante en que una -seorita apenas saba leer y escribir. Me refiero, es claro, -a lo comn, pues antes y despus de don Oliva Sabuco -de Nantes y de Santa Teresa, ha habido notadas -espaolas que hayan competido con los varones en disciplinas -mentales. Las preciosas no dejaron a su tiempo -de aparecer en las cultilatiniparlas. Quevedo aqu hizo -su caricatura como en Francia Molire su <i>charge</i>. En -este siglo las literatas y poetisas han sido un ejrcito, a -punto de que cierto autor ha publicado un tomo con el -catlogo de ellas—y no las nombra a todas!—Entre todo -el intil y espeso follaje, los grandes rboles se levantan: -la Coronado, la Pardo-Bazn, Concepcin Arenal. -Estas dos ltimas, particularmente, cerebros viriles, -honran a su patria. En cuanto a la mayora innumerable -de Corinas cursis y Safos de hojaldre, entran a formar -parte de la abominable <i>sisterhood</i> internacional a -que tanto ha contribudo la Gran Bretaa con sus miles -de <i>authoresses</i>. Para ir hacia el palacio de la mantenida Eva -futura, las falta a stas cambiar el pegaso por la bicicleta.</p> - -<p>El seor Sanz y Escartn, cataln, en una notable obra -que ha agregado Alcn en Pars a su biblioteca filosfica, -dice que antes que las leyes son los sentimientos y -las ideas, los que estn llamados a reformar las costumbres -actuales espaolas, que tantos males han causado; -y que lo primero es educar a la mujer. Esto me hace -pensar en idntica idea que la de madame Necker de -Saussure, y su comparacin de la voz femenina en los -coros cantantes. No admite discusin la eficacia del procedimiento, -y venimos a parar que en este punto hay -algo de aquello en que consiste la superioridad de los -anglo-sajones. No se trata de implantar en Espaa el<span class="pagenum"><a name="Page_327" id="Page_327">[327]</a></span> -cultivo del tercer sexo; ni el espritu nativo, ni la tradicin -lo permitiran; pero s de abrir a la mujer fuentes -de trabajo, que la libertasen de la miseria y de los -padecimientos actuales. Puede asegurarse que en raros -pases del mundo se presenta el espantoso dato estadstico -siguiente: en Espaa, 6.700.000 mujeres carecen de -toda ocupacin, y 51.000 se dedican a la mendicidad. -Fuera de las fbricas de tabacos, costuras y modas y el -servicio domstico, en que tan mseros sueldos se ganan, -la mujer espaola no halla otro refugio. El seor Alba, -en un notabilsimo estudio que muchas veces he citado, -asegura que conoce algunos casos en que grandes industriales -y almacenistas de tejidos o de novedades, no -han vacilado en dar a sus hijas un puesto en el negociado -de correspondencia, en el de contabilidad y en la -alta direccin de la seccin de confecciones para seoras -y nios. Estas <i>empleadas</i>, dice, tienen un sueldo -asignado en la casa, con arreglo al cual visten, gastan -en diversiones y caprichos y hasta abonan al fondo de -familia una cantidad por su manutencin. Acostumbradas -as a vivir por cuenta propia, no se parecen en nada -al resto de nuestras pobres mujeres, siempre dependientes -de la tacaera o la prodigalidad ajenas. Sobre todo, -en la vida ntima de las familias a que aludo, no existen -las preocupaciones que crea el temor al porvenir y, por -ello, el afn de un necesario casamiento de las hembras. -Es este un buen ejemplo que ojal se propagase en la -burguesa de este pas, aunque ello choque un poco con -las costumbres arraigadas y sea bastante yanqui. Eso quitara -la obsesin del novio rico en unas y en otras la de -un prncipe italiano por lo menos, de que habla Campoamor. -La ociosidad y la miseria, en la clase media y -en la baja, son un admirable combustible para la prostitucin. -En Pars ya en 1847 haba tres mil profesores -de msica, mujeres, profesoras de idiomas y aun de historia. -La Soborna haba establecido un curso femenino, -con grados y diplomas. Hoy, hasta dnde no se ha llegado?<span class="pagenum"><a name="Page_328" id="Page_328">[328]</a></span> -En cuanto a los Estados Unidos, desde 1870 a la -fecha, las arquitectas han subido de 1 a 53; las pintoras -y escultoras de 412 a 15.340; las escritoras, de 159 a 3.174; -las dentistas, de 24 a 417; las ingenieras, de 0 a 201; las -periodistas, de 35 a 1.536; las msicas, de 5.753 a 47.300; -las empleadas pblicas, de 414 a 6.712; las mdicas y cirujanas, -de 527 a 6.882; las <i>contables</i>, de 0 a 43.071; las -copistas—a mano y mquina—y secretarias, de 8.016 a -92.834; las taqugrafas y tipgrafas, de 7 a 58.633. Y esto -sin contar las actrices, que de 692 han llegado a 2.862; las -<i>clergy-ladies</i>, de 67 a 1.522, y las directoras de teatro, de -100 a 943. Aqu, con la escasez de trabajo y con las preocupaciones -existentes, qu hace una joven que no tiene -fortuna? Adems de los trabajos que he sealado, no la -queda otro recurso que los coros del teatro, que ya se -sabe para dnde van; los puestos de horchateras y camareras -de caf, limitados y peligrosos para la galera, pues -para ejercerlos hay que ser guapa; y el baile nacional, -para el pas, o para la exportacin. Y las Oteros son escassimas. -De aqu que un francs, en viendo a una -espaola, slo piense en el <i>petit air de guitare, oll</i>. Las -que quieren ser honradas y trabajar, encuentran costura, -por ejemplo, se destrozan los pulmones, y por todo -el da de labor sacan una pobre peseta! Hay quienes lo -soportan todo y, o se echan un novio tambin pobre, y -se van a vivir una vida de privaciones, o mueren sacrificando -vida y belleza. En la galantera tampoco pueden -encontrar un paraso... La vida galante es aqu poco productiva, -para las tristes mquinas del amor. La <i>cocotte</i> -no se encuentra aqu como en Pars o Londres. La mayora -de infelices cadas va a parar a horribles establecimientos. -Como la gracia y la belleza abundan en el -pueblo, es esta una de las capitales en que el amor fcil -tiene mayor nmero de lamentables vctimas. Aun cruzan -por las callejas tortuosas las viejas dueas. Y la -mujer espaola, entre las mil y tres, es la preferida de -don Juan.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_329" id="Page_329">[329]</a></span></p> - -<h2>CERTMENES Y EXPOSICIONES</h2> - -<div class="imgcenter" style="width: 68px;"> -<img src="images/img006.jpg" width="68" height="15" alt="" /> -</div> - - -<p class="date">7 de abril de 1900.</p> - -<div><img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="75" height="72" alt="" /></div> -<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> estos das cuatro exposiciones: la del -Saln Amar, la de carteles de <i>El Liberal</i>, -la del concurso del <i>Blanco y Negro</i> y la -de fotografas de <i>La Ilustracin Espaola -y Americana</i>. Antes de que la Casa Amar -inaugurase su saln, la capital de Espaa no contaba -con un local en que se expusiesen, con fines comerciales, -las obras de los buenos artistas. En uno que otro -punto sola verse, en promiscuidad inaudita, la obra -de firmas notables y la amontonada bazofia oleosa que -riega en incontenido flujo un ejrcito de cocineros del -caballete. Barcelona tena su Saln Pars, en donde -suele encontrarse bastante bueno. Madrid ofrece ya al -comprador un centro aceptable; los seores Amar han -querido hacer algo como Le Barc Bouteville o Durand-Ruel, -y por ello deben estarles agradecidos los artistas -peninsulares. He visitado la casa.—Antes del saln en -que se exhiben los cuadros, he visto la seccin de muebles. -No he encontrado nada de particular. Inglaterra, -Alemania, Francia han tenido en estos ltimos aos un -gran desarrollo en sus artes aplicadas a la industria. Holgara -aqu toda comparacin con esos pases.—Pero, an -Italia, cuenta con artistas que en la fabricacin del mueble -sostienen un carcter propio, exteriorizan una inventiva -individual dentro de la tradicin nacional: quiero -nombrar, por ejemplo, a Bugatti y a Eugenio Quarti. En -la Casa Amar no hay una sola nota nueva a este respecto.—Todo -es <i>bonito</i>; y es decir esto, que el pblico queda<span class="pagenum"><a name="Page_330" id="Page_330">[330]</a></span> -encantado. Todo bien elaborado; ms intil buscar nada -de creacin. Vi en los diarios que cierto ingls haba -comprado en una regular cantidad un juego de dormitorio, -para llevarlo a Londres. Me mostraron el clebre -juego—ms o menos <i>modern style!</i>—Y pens: el caso es -muy ingls: Este s que importa naranjas al Paraguay!</p> - -<p>La sala es pequea, suficiente para el mercado; tiene -muy buena luz y est elegantemente puesta. Hse inaugurado -con excelentes firmas. Al entrar, halaga la vista -un cuadrito de Cecilio Pl, <i>La araa</i>: una mujer, por -cierto encantadora de coquetera, sentada, y en actitud -de atraer la mosca masculina; la figura es preciosa y de -mucha gracia de factura; podra achacrsele el ser muy -efecto de saln, muy cubierta de <i>Figaro illustr</i>; -pero qu le puede importar eso al seor Pl, cuya principal -admiradora es en la Corte la infanta doa Isabel?...</p> - -<p>El seor Alcal Galiano, creo que pariente de don -Juan Valera, e ilustrador de una reciente edicin de -<i>Juanita la larga</i>, expone una pequea tela, castigo de -las pupilas, de una violencia de tintes que no superaran -todos los cromos del poeta andaluz Salvador Rueda. -Son unos gitanos en viaje, bajo el ms fuerte de los soles; -quiz sea el cuadro espejo de la realidad; mas suponiendo -que los gitanos se vistiesen con el alma de las -cochinillas, el jugo de las esmeraldas y el espritu esencial -de los ocres, no llegaran jams, me parece, a la -realizacin de esta escena baada de una luz indecorosa -y embijada de colores insultantes.</p> - -<p>Cuatro Benlliures exponen: don Blas, don Jos, don -Juan Antonio y don Mariano. Me parecen todos de condiciones -plausibles, pero me detengo en un cuadro de -don Blas. Reproduce un interior de iglesia, el de la Baslica -de San Francisco de Ass. El pintor ha logrado, -ante todo, imponer la serenidad mstica del recinto; ha -tratado los planos de admirable manera, y ha obtenido -la sensacin del ambiente. Se revela al propio tiempo -que entendido detallista, hbil imaginador de sus tubos,<span class="pagenum"><a name="Page_331" id="Page_331">[331]</a></span> -en su justo y discreto colorido, y esto es ya bastante en -un medio artstico en que el virtuosismo impera en toda -su potencia. Digno de nota es tambin el trabajo de don -Jos, <i>Pobres de San Francisco</i>. Este mismo artista se distingui -en la ltima exposicin de Bellas Artes de Venecia, -con su cuadro <i>San Francesco al convento di S. Chiara</i>.</p> - -<p>Se ve que los Benlliure hallan en el autor de las <i>Fioretti</i> -temas e inspiraciones.</p> - -<p>Que l les favorezca con la constancia y la revelacin -continua del maravilloso <i>frate Sole</i>!</p> - -<p>Don Aureliano de Beruetes el autor del notable libro -sobre Velzquez, que se public en francs con prlogo -de Bonnat, y cuya edicin espaola es probable que no -se vea nunca, tiene en esta exposicin una tela interesante, -una impresin sentida y bien trasladada, en las -orillas del Tajo. El seor Berruete es un paisajista de -mrito y no es la menor de sus cualidades una sobriedad -muy rara entre sus colegas.</p> - -<p>Mariano Fortuny... no os despierta este nombre el -recuerdo de una fiesta de color, de una pgina de Gautier? -El artista que hoy lleva ese nombre es el hijo del -glorioso, del de <i>la Vicara</i>. La gloria asimismo ser para -l. Y de m dir que le consagro toda mi simpata, pues -s que en l alienta un noble espritu de arte, a quien -Angelo Conti, en armoniosa amistad, dedicara uno de -los ms puros libros de belleza que se hayan publicado -en este siglo, <i>per la ricchezza del tuo ingegno e per la bont -del tuo volere</i>. La educacin artstica de este autor es casi -toda italiana, a punto de que respecto a l diga un crtico -del valer de Vittorio Pica: <i>Mariano Fortuny figlio, che io -non mi so rassegnare a non considerare como un pitore italiano...</i> -En el Saln Amar hay un estudio suyo, dedicado -por cierto a su to Raimundo de Madrazo. Es una figura -de mujer, de factura delicada, cuyas cualidades de dibujo -estn realzadas por la vida interior, por el alma que -se transparenta a travs de las lneas y toques de color.</p> - -<p>Es la distincin el mejor de los dones de este artista;<span class="pagenum"><a name="Page_332" id="Page_332">[332]</a></span> -la distincin, rara virtud, que hizo brillar en un bello -retrato expuesto en el certamen veneciano, el cual retrato -alababa el crtico que he citado por su tcnica -sabia, por su elegancia exquisita y fascinadora, que -hace pensar en las estampas inglesas coloreadas, del -siglo pasado.</p> - -<p>Un saludo respetuoso y admiracin a la obra del -maestro Carlos de Haes. En la ltima Exposicin de -Bellas Artes, o <i>Saln</i> de Madrid, hubo una sala dedicada -al pobre y gran pintor belga espaol, que en sus -ltimos aos fu preso de la locura. Haes, el maestro de -una generacin de pintores, quien ense la ciencia del -paisaje y di la clave del sentimiento de la naturaleza, -intrprete de admirables marinas y de vivientes campaas, -lejos de las rudas manifestaciones de las paletas -apoplticas, de las atronadoras murgas coloristas; Haes, -el buen Haes, que deba tener un busto a la entrada del -Museo de Arte Moderno. Hay de l aqu una marina, -noble y serena, que se destaca en su marco, soberanamente, -entre toda la habilidad circunstante.</p> - -<p>Noto una buena cabeza de estudio de Bannas y me detengo -ante una escena del Quijote, de Jimnez Aranda. -He de repetir lo que otra vez he expresado de este autor: -sus traslaciones de las escenas cervantinas dan a entender -que el dibujante es excelente, pero el comprensivo, -el revelador pictrico del gran novelista no se muestra.</p> - -<p>Otra cosa es Moreno Carbonero, con todo y no ser un -triunfo de alta visin artstica su cuadro enviado a la -Exposicin de Pars. En esa tela, cuanto <i>mtier</i>!</p> - -<p>Mas en un cuadrito que aqu encuentro, <i>La primera -salida de Don Quijote</i>, el espritu de Cervantes le ha ayudado. -Ese es el amanecer, la blanca aurora en las rosadas -puertas del Oriente; y ese es Don Quijote, que parte -a sus aventuras. La poesa del cuadro es de comunicacin -inmediata, y la tcnica, con ser mucha, no impide -el paso suave de la gracia invisible.</p> - -<p>Don Raimundo de Madrazo—cuntos son los ilustres?<span class="pagenum"><a name="Page_333" id="Page_333">[333]</a></span> -<i>Saluez!</i>—muestra una vendedora de flores, fresca, -floral. Quisiera hablaros de otros cuadros, detenerme -ante algo de Marinas, de Martnez Cubells, de Masriera; -pero Muoz Degrain me llama con dos telas concienzudas: -<i>Laguna de Venecia</i> y <i>Baha y puerto de Pasajes</i>. En -ambas el pincel libre hace admirar su maestra de juego, -quiz de un <i>vero</i> demasiado atrevido en la sinfona veneciana, -peligrosa sta por la suma de obras maestras que -han brotado al amor de la divina ciudad; en la otra tela, -clida y sentida en su conjunto, como detallada en bizarras -de colorido francamente magistrales, trae por algo -a la memoria la bravura incomparable de Favretto, y el -favor del numen en premio de la pasin de la luz.</p> - -<p>No he de dejar de citar un <i>Monaguillo</i> de Pinazo, hecho -con la mayor franqueza de pincel, y una <i>Cocina</i> de -Emilio Sala, de valor tcnico, de color sabio, pero en -donde la nica figura no se sabe a punto fijo qu hace. -El seor Saint-Aubin, de quien en otra ocasin he hablado, -ha enviado dos trabajos en que, como otras veces, -se distingue su talento de compositor; es tambin un -enamorado del sol. Del clebre Sorolla hay tambin dos -telas en que, como siempre, prueba su vasto dominio de -la pintura y su indigente comprensin del arte.</p> - -<p>Amador del arte es Raurich, que no tiene gran fama, -y cuyo cuadro principal en la Exposicin del ao pasado, -si tuvo pocos estimadores fu blanco, en cambio, de -muchas saetas. El poema-paisaje de Raurich, en esta -sala, se llama <i>Otoo</i> y produce el contemplarlo un -deleite misterioso de poesa. Es un estado de alma, un -estado de corazn! Es una unin ntima del espritu de -la naturaleza, que tiende a manifestarse, con el espritu -del artista; y en esa soledad de agua y de rboles esa -unin se traduce; y en la melancola de las hojas secas y -del ambiente, del paisaje todo, hay un encanto secreto, -que en estrofas de suaves colores penetra en nosotros -por la senda visual, a despertar en nuestro interior reminiscencias -de lejanos ensueos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_334" id="Page_334">[334]</a></span></p> - -<p>Algo, muy poco, se expone de escultura, sin que nada -de lo expuesto pueda llamar seriamente la contemplacin. -Todo, por lo comn—como en la mayora de los -pintores—, es de asunto temal. Tiende a su colocacin en -la vidriera de <i>bric-a-brac</i>; la ancdota <i>coc</i> o mediocremente -sentimental; el busto de misia Todo-el-Mundo, o -los inevitables animales. Aqu se hacen ver una madona -de Trilles, que sale de lo usual, y un alto relieve de Susillo, -del malogrado Susillo, que se encuentra al paso, -aunque no est en el catlogo: <i>La Oracin en el Huerto</i>. -El pobre Susillo, que se suicid no hace mucho tiempo, -produjo algunas obras que dicen lo que pudo llegar a -ser, a pesar de la sonora victoria de ms de un picapedrero -condecorado. Queda suyo poco, pero que conserva -su recuerdo entre los artistas: <i>La Primera contienda</i>, en -el Museo de Sevilla, el <i>Aquelarre</i> y algo ms de indiscutible -fuerza.</p> - -<p>Al salir del Saln Amar no he podido menos de consagrar -un recuerdo al seor Artal, que tanto hace por el -arte espaol en Buenos Aires; y al propio tiempo, a -Carlos Malagarriga, que ha tenido el valiente patriotismo -de decir la verdad a los artistas de su patria respecto -al arte peninsular en la Argentina. No es superior, ni -con mucho, la exposicin Amar, por ahora, a las exposiciones -que el seor Artal ha llevado a cabo, a costa de -sacrificios, es decir, perdiendo en casa de Witcomb. Es -el caso, pues, que no se produce nada nuevo ni sobresaliente, -porque el pblico que compra—que es escaso—no -quiere otra cosa que lo que est acostumbrado a -pagar. Lo que no se vende aqu va a Buenos Aires, en -donde, ms o menos, se empieza a gustar el buen arte, -y hacen competencia los pintores franceses e italianos. -Los pintores espaoles que ciertamente valen—con las -excepciones consiguientes—venden en Europa mismo, o -en los Estados Unidos. Esos son los que buscan sendas -no usadas de bello arte, y que, por lo general, no gustan -en su pas.</p> - -<hr class="chap" /> -</div> - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Espaa Contempornea, by Rubn Daro - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAA CONTEMPORNEA *** - -***** This file should be named 54934-h.htm or 54934-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/4/9/3/54934/ - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals, -Carlos Coln and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org Section 3. Information about the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - - - -</pre> - -</body> -</html> diff --git a/old/54934-h/images/cover.jpg b/old/54934-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ad7488d..0000000 --- a/old/54934-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/54934-h/images/drop-a.jpg b/old/54934-h/images/drop-a.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 3113fac..0000000 --- a/old/54934-h/images/drop-a.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/54934-h/images/drop-c.jpg b/old/54934-h/images/drop-c.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 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