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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: Todo al Vuelo - Obras Completas Vol. XVIII - -Author: Rubén Darío - -Release Date: February 5, 2017 [EBook #54112] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TODO AL VUELO *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Nahum Maso i Carcases and -the Online Distributed Proofreading Team at -http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - - - - - Notas del Transcriptor: - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Los errores obvios de puntuación y de imprenta se han corregido. - - Las páginas en blanco presentes en la versión original en papel se - han eliminado en la versión electrónica. - - El texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_. - - * * * * * - - - - - TODO AL VUELO - - [Ilustración] - - - - - [Ilustración] - - - - - [Ilustración] - - RUBÉN DARÍO - - TODO AL VUELO - - [Ilustración] - - VOLUMEN XVIII - DE LAS OBRAS COMPLETAS - ADMINISTRACIÓN - EDITORIAL «MUNDO LATINO» - MADRID - - - - - ES PROPIEDAD - - [Ilustración] - - - - - TODO AL VUELO - - [Ilustración] - - - - - FILMS DE PARÍS - - - - - FILMS DE PARÍS - - [Ilustración] - - - Los exóticos del «Quartier». - -En la terraza del Valchette, o desde algún banco del Luxemburgo, me -fijo singularmente en los exóticos que desfilan. Y me llama sobre -todo la atención el negrito del panamá, un negrito negro, negro, con -un panamá blanco, blanco. Es un negrito delgado, ágil, simiesco, -orgulloso, pretencioso, pintiparado, petimetre, suficiente, contento y -como danzante. París contiene varias clases de hijos de Cham, pero este -negrito a ninguna de ellas pertenece. No es, seguramente, el célebre -payaso Chocolat, que ha recibido recientemente una medalla por haber -ido muchos años a divertir con saltos y muecas a los niños pobres -de los hospitales y asilos; no será, por cierto, Koulery Ouníbalo, -príncipe Gleglé, hijo del rey Behanzin Cortacabezas, que puede verse -reproducido en cera en el Museo Grevin, y del cual príncipe, que -ha servido como buen soldado a Francia, no ha vuelto a acordarse -el Estado que depusiera a su padre; no será, de ninguna manera, el -diputado por la Guadalupe, Legitimus, que ha pasado ya los años de -la alegre juventud; no será, sobre todo, el estupendo Johnson, que -desquijarró a Jeffries en Yanquilandia y cuyo retrato y «sonrisa de -oro» han popularizado las gacetas. ¿Quién será, entonces, este negrito -pintiparado que camina _en se dandinant_; y _dodelinant de la tête_? -A veces va solo; a veces con otros compañeros de color, pero que no -tienen sus manifestaciones de holgura ni su cándido jipijapa; a veces, -en compañía de una moza pizpireta del _quartier_, una de esas trabadas -calipigias que andan hoy por la moda en perpetua gymkana. - -Como no estamos en los Estados Unidos, la muchacha jovial que ama -los oros no gradúa ni los relentes ni los inconvenientes de la mayor -o menor cantidad de betún de su acompañante. Hay un hecho innegable -por su apariencia: ese negrito es rico. Debe quizá poseer cañaverales -en alguna Antilla; o bien su bien provista cantina en tal ciudad -del Congo; o bien sencillamente será algún banquero, esto es, un -negro tratante en blancas para Colón, para Jamaica o para Trinidad. -¡Vaya usted a saber! Mas lo que llama la atención es su suficiencia, -su aplomo y un mirar y un sonreir donjuanescos... _Niger sum sed -formosus_... Pasan los amarillos, casi siempre de dos en dos o de -tres en tres, con o sin sus amiguitas respectivas. Un buen conocedor -podría distinguir a los chinos de los japoneses. Parecidas son sus -caras pálidas, sus ojos más o menos circunflejos, saltones o perdidos -en una adiposidad o como insuflamiento de fluxión, serios o risueños, -con rasgos huyentes o definidos como los de las máscaras de su -tierra. Les hace falta el kimono, o la blusa extremoriental, pues -los jaquetes o las americanas les quedan siempre arrugados y flojos, -gritando su origen de la Belle Jardinière o de la Samaritaine. Y en el -coro de las peripatéticas del Barrio se ve que no echan de menos ni -sus chinitas, sus congais o sus musmés y geishas. Pasan los turcos, -griegos, levantinos, con aspectos sudamericanos, y van a comer su -pilaf, su kiebab, su baklava y su leche cuajada a los comedores de un -franco veinticinco que hay en la rue des Écoles. Y las parisienses -estudiantófilas van con todos contentas, a cambiar su fácil amorío por -esos amoríos de distintos colores, olores y sabores, pues el yen y la -dracma se funden en el áureo luis de Francia. - -Pero entre todos los exóticos que pasan, el negrito del panamá se lleva -la palma. - - - Jean Orth. - -Eugenio Garzón, el platense de _Le Fígaro_, debe estar contento, pues -le han vuelto a poner de actualidad a su famoso archiduque. Como -se ha solicitado en la corte austriaca que se declare oficialmente -el fallecimiento del misterioso y romántico desaparecido, tornan a -referirse las viejas historias y leyendas. ¿Se hundió en el mar en la -Sainte Marguerite el príncipe aventurero? ¿Vive aún en alguna parte -de América o del Asia, como se sospecha? Es el caso que muchos no -creen en su muerte, que hay quienes le han visto y hablado con él, -gentes que viven en Francia, en Bélgica y en el Río de la Plata. La -última carta que se recibiera de Jean Orth, o sea del archiduque Juan -Nepomuceno Salvador, fué escrita en la Ensenada, en el estuario del -río de la Plata, y en ella manifestaba el príncipe que se dirigía a -Valparaíso por el cabo de Hornos. No se supo de él más. Se ha creído -que una tempestad hundió en el mar el velero y sus tripulantes, y al -Habsburgo soñador y a su mujer la bailarina vienesa Milley Stubel. -«Algunas consideraciones--dice Raymond--Perraud, apoyan esta hipótesis. -Parece cierto que hubo ciclones que desolaron aquellas regiones allá -por el fin de julio de 1890. El _Temps_ de 5 de noviembre de 1890 -publicó un telegrama según el cual un navío sueco que llegó a Chile -había encontrado en su derrota tres restos de barcos cuya nacionalidad -no había podido conocer. Se sabe, por otra parte, que Jean Orth había -estudiado, de 1887 a 1889, lo preciso para obtener su título de capitán -mercante, lo que implicaría su voluntad decidida de adoptar la carrera -de marino. En fin, es extraño que ningún hombre de la tripulación, -suponiendo a éstos sanos y salvos, no haya dado nunca señal de vida. -Sin embargo, justo es reconocer que la investigación seguida de 1899 -a 1900, en la Argentina misma, por Eugenio Garzón, ha llevado a éste -a una conclusión diametralmente opuesta». Esto lo acabo de leer en el -_Paris Journal_. Hay que advertir que el tono literario y la forma -elegante del libro de Eugenio Garzón han hecho creer a muchos que se -trataba de una exposición novelesca y que aun la documentación y los -nombres pertenecían al imperio de la fantasía. - -Sin embargo, nada más real que las averiguaciones del eminente -periodista. Es una lástima que el jefe de Policía del departamento -de Concordia, señor José Roglich, no haya sido más explícito, o que -su información no haya sido llevada a mayores detalles. El señor -Nino de Villa Rey, por su parte, ha contribuído a que se aumente -el misterio con su silencio o sus reticencias respecto al amigo a -quien acompañase a la colonia Yeruá. Lo último que se averiguó en la -Argentina es que Jean Orth y su mujer se internaron en las soledades -del Chaco paraguayo. Mas luego resulta que se le ha visto después -en la Argentina, en diferentes fechas posteriores, y lo que es más -interesante aún, hay quienes han hablado con él en París nada menos que -en los días del recién pasado febrero. El _Courrier Européen_ publica -una carta del doctor Albert Ferenez, que asegura saber «de origen muy -seguro», que el archiduque vive en la Argentina, «donde posee una real -y hermosa fortuna», que no hace mucho estuvo en París y en Londres. -Los detalles abundan. Jean Orth se hospedó en el Grand Hotel, con el -nombre de barón Otto. Vino a hacer una consulta judicial, para lo cual -habló con los abogados Douhet, francés; Lapuya, español, y Cassoretti, -italiano. Luego partió para Nueva York, en donde tuvo una entrevista -con un conocido jurisconsulto y diplomático, Mr. Everett. «Entre las -personas que han visto al barón Otto, y reconocido en él al archiduque -Juan Nepomuceno Salvador--dice el doctor Ferenez--puedo citar al conde -Marulli, antiguo chambelán y secretario del conde de Caserta, que lo -vió en Londres, y al doctor Nadal, antiguo profesor en la corte de -Viena, que tuvo ocasión de encontrarle en París. Agregó que M. de -Cassoretti estuvo recientemente en Viena. Hecho significativo: ese -paso por Viena del abogado particular del barón Otto ha coincidido -con el despertamiento de la historia de Jean Orth, es decir, con la -satisfacción acordada por el gran mariscalato de la corte de Austria -al archiduque José Fernando, heredero de los derechos de la corona -de Toscana, quien dentro de seis meses obtendrá la declaración de la -muerte legal de su tío. Pero he aquí un detalle extraordinariamente -interesante. Monsieur de Cassoretti no desaprueba de ninguna manera la -decisión tomada por la corte de Viena, por la buena razón de que Jean -Orth, hoy barón Otto, no piensa de ninguna manera en protestar contra -la declaración de su muerte. En fin, debo declarar que mis informes no -se limitan allí y que no se ha perdido la pista del barón Otto, desde -el último abril, fecha de su última permanencia en Nueva York, y de su -entrevista con el jurisconsulto Everett». - -Por su parte, el redactor del _Figaro_ M. André Nodel, habló con el -abogado francés M. Doullet, el cual ha dado a entender, si no lo ha -confesado claramente por el secreto profesional, que en efecto, en -febrero pasado fué consultado, en unión de sus colegas Cassoretti y -Lapuya, por el barón Otto. - -Un redactor del _Journal_ publica las declaraciones de M. Henry Cénac, -antiguo comerciante, oficial francés que habita en la Argentina desde -hace veinte años. Este señor asegura haber encontrado a Jean Orth por -el río Negro, bajo el nombre de don Ramón. El hecho fué conocido, y -afirma que se ocupó de él _Caras y Caretas_. Esto aconteció en 1901. -Asimismo, cree haber tratado a Jean Orth, por parajes argentinos, el -comandante Lecointe, que fué en la expedición de la Bélgica. - -Por último, el cónsul argentino en Viena afirma la existencia del rico -propietario barón Otto en la Argentina; pero dice que, no interesándole -el asunto, nunca se preocupó de averiguar si bajo ese nombre se -ocultaba el novelesco archiduque. - -Después de todo, ¿no existe en Buenos Aires ningún Sherlock Holmes? La -pesquisa es de trascendencia y el folletín de universal interés. - - - El faunida. - -En una estación del Metropolitano, o del metro, como aquí se rebana. -Un hombre, en cuya cara se encuentran rasgos de un famoso retrato de -Carrière, pero que revela una tranquilidad y pasividad esencialmente -burocráticas, ve pasar gentes y gentes, oye el ruido de los -subterráneos trenes, cuenta paquetes de cartones, apunta números en -calepines, acaricia lápices y perforadores. No le perturba ninguna -inquietud. Llega a las horas fijas de su empleo y se retira cuando -han cesado sus funciones. Tiene asegurados los huevos al plato y la -coteleta, gracias a la administración. Fuera de su ropa diaria, tiene -la menos modesta dominical y de los días excepcionales. ¿Es casado? -¿Es soltero? No me ha interesado el averiguarlo. De todas maneras, -debe portarse correctamente y cumplir con sus obligaciones. Creerá en -los beneficios de la república, tendrá su mira puesta en un ascenso -y obtendrá quizás pronto las palmas académicas. Todos los años, en -una fecha fija, sabe que es obligación suya reunirse en un café de -barrio, con unos cuantos hombres y mujeres que dicen discursos y versos -a la memoria de su padre, y que comen por tres o cuatro francos, en -fraternal ágape, con la locuacidad de los hombres de letras. Él llena -su misión sin comprender muy bien lo que se dice. Vagamente sabe que -hay algo que le debe dar cierto orgullo y algo que le debe dar cierta -vergüenza. Lo que es un hecho es que es un buen empleado, que merece -el elogio de sus superiores y que nadie tiene que hacerle el menor -reproche en su conducta. - -Es un hombre relativamente feliz. Ignora las angustias del ajenjo, de -la lujuria y de la gloria. Es el faunida, es el hijo de Paul Verlaine. - - - La princesa Gnika. - -¿Quién la llama la nueva Cenicienta? El que sabe que ella se ha logrado -un príncipe con un sombrerito, así como la otra Cenicienta se lo ganó -con un zapatito. El cable os ha de haber llevado el caso, pero los -detalles son muy sabrosos. - -Mademoiselle Liane de Pougy es una célebre peripatética, cuyas glorias -medio mundanas han cantado conspicuos aedas. Entre ellos el principal -fué su amigo Jean Lorrain, que en paz descanse. Famosa por sus hazañas -amorosas como por sus trajes y sus joyas, hace ya tiempo que su nombre -es pronunciado como se chupa un bombón en el mundo de los que se -divierten. Sus amantes han sido variados y de distintos países, como -los de tal Emiliana eclipsada o los de cual Carolina en su ocaso. Todo -esto quiere decir que no está ya en la primavera de la vida. - -Se ha dedicado en momentos de desencanto, o de ocio--_otium cum -negotio_--a las bellas letras. Como en estos casos, siempre la -murmuración ha asegurado que sus cuentos, sus novelas y sus versos, -no son de ella. Pero parece que, en verdad, tiene un temperamento -literario, que es fina y no dice palabrotas como la Otero. Más aún, al -ser suyos los versos siguientes, que se han publicado con su firma, -quedaríamos en que es una aventajada discípula de Maeterlink; la poesía -se titula «Inutilement»: - - Et si son regard te cherchait, - Et si son regard t'implorait, - Saurais-tu comprendre? - Non! Je dirais: «Il se souvient - D'une heure qui lui parut tendre!» - - Et si son désir te voulait - Et si son désir t'appelait - Voudrais-tu permettre? - Non! Doucement, je sourirais - Comme au destin qui fut mon maître. - - Et si son coeur te regrettait, - Et si son coeur te suppliait, - Resterais-tu forte? - - Je me dirais: «C'est un retour - Près de la tombe d'une morte!» - - Et si tout son être souffrait, - Si son être se torturait, - Sans épouvante, - Je me dirais: «Le voilà prêt, - Pour le bonheur de d'une autre amante!» - -Esto, si no nos acerca un poco a Aspasia, nos da idea de las buenas -relaciones intelectuales que ha podido tener la aplaudida sacerdotisa. - -La cual tiene un castillo espléndido, lleno de mármoles y flores, en -Saint-Germain-en-Laye, cerca del conde de Noailles, y una negrita de -compañía, casi siempre vestida de verde y que se llama Jesús. - -Avino, pues, que una tarde, paseábase no lejos de su mansión, en el -lindo pueblo, la ilustre cortesana, en compañía de otra no menos -ilustre y de un joven amigo, por el cual padecía el amable mal que aquí -llaman _béguin_. El joven, casi un efebo, es nada menos que príncipe. -Príncipe más o menos valaco, servio o rumano, pero príncipe; con una -cara como la de Kubelik, y un significativo tupé. ¡Y el otro tupé! Iba, -pues, Liane de Pougy en su compañía, luciendo entre otras cosas un -sombrero que, por lo diminuto, parecía un sombrero de muñeca. En esto, -aparecen en una bocacalle dos damas burguesas con un excelente señor -burgués. - -Una de las burguesas, verdaderamente asombrada y regocijada, al ver -el sombrerito de la amorosa, se echó a reir con todas ganas, como -corresponde a una burguesa. - -Entonces el joven príncipe, en defensa de su amiga bella, dijo a la -mujer que reía: - ---Cuando se tiene una _gueule_ como esa, no se debe reir: - ---¡_Gueule_ ha dicho!--exclamó indignada la burguesa dirigiéndose a -su marido. Al mismo tiempo que daba a la Thais un nombre de simpático -pájaro que ignoro por qué toman aquí por un insulto: «Grulla». - -Cuando el príncipe menos lo pensó, el hombre republicano le dió un par -de sonoras bofetadas. - ---¡Caballero!--gritó. - -Y el otro le dió entonces otro par. Luego cada cual se fué a su casa. - -El príncipe, naturalmente, no mandó los padrinos al hombre inferior, -sino que le entabló demanda. Y Liane lamentaba a su príncipe -deteriorado a causa de ella. Ello no tuvo grandes consecuencias. Sino -que, al poco tiempo la negra Jesús preparó su más papagayesco vestido -verde, para asistir a la boda de la nueva princesa, que con su título -queda convertida en sobrina de la reina Natalia de Servia. Esta se -ruborizará de la _méssaliance_. ¡Si viviese el rey Milano! Y como -parece que la renta que antes servía a su joven preferido la cortesana, -se ha aumentado con la ceremonia nupcial, dicen, con cierto eufemismo, -malignos como el político Géraut-Richard: «Si nos arrière-grands-oncles -virent des rois épouser les bergères, nous voyous, nous, des princes -épouser le troupeau et des sirenes séduites par de brillants mais -minuscules hôtes de l'onde». Y otros irónicos: «Es en efecto cierto que -celebrando el pacto conyugal, entrando en la categoría de las esposas -legítimas, mademoiselle Liane de Pougy se _déclasse_ definitivamente. -Se aparta de la deliciosa galería de las grandes cortesanas, la que -fué en nuestros tiempos morosos el más espléndido adorno. Aspasia y -Lais, Marióu Delorme, Ninón, Manón Lescaut, Cora Pearl y Anna Deslions, -tenían en Liane una continuadora tan bella como ninguna de ellas lo -fué jamás. Ella mantenía, no diremos el pabellón, pero sí la bandera -de las ilustres hetairas y de las suntuosas vendedoras de olvido. Era -una gran figura, la alta significación de un ideal eterno. Pues, si -son maldecidas por los burgueses y abominadas por los profesores, las -grandes cortesanas tienen de su parte a los poetas, a los artistas, a -los que dan la inmortalidad. Y mademoiselle Liane de Pougy renuncia a -todo eso. Pone su dimisión de diosa. Se pierde entre la muchedumbre. -Llega al matrimonio como un bello bajel que acaba de correr mares -encantados y que, abandonando sus bellas velas, vuelve al puerto -comercial, se resigna al dique polvoroso cerrado de esclusas, limitado -por cadenas, rodeado de funcionarios. ¡Qué caída!» - -Y se insiste en el tupé principesco. Qué tupé. ¿Sábese--dice otro -maldiciente--que la princesa está condecorada con el Águila Negra del -Benin? Una condecoración africana, como veis. Condecoróla el rey negro -Tofa, que fué un admirador fervoroso de sus encantos. - -«El recuerdo de su belleza lo perseguía en las regiones tropicales y le -obsedía a tal punto, que el buen monarca, que sabía algunas palabras de -francés, siempre hablaba de ella cuando charlaba con oficiales amigos. - ---Comment vas-tu? - ---Pas mal, et toi, mon vieux? - ---Moa, Lian' Paougi! Lian' Paougi! - -Y al decir esto, el buen rey de Benin sacudía su bicornio emplumado y -las charreteras de cabo que adornaban sus espaldas desnudas.» - -Maldad, se dirá, murmuraciones, envidias. Pero es el caso que el -príncipe servio debe de saber toda esa colección de anécdotas y -ocurrencias que han aparecido en los periódicos con motivo de su sonado -casamiento. - -Los parisienses, de todas maneras, se han enorgullecido de ella. - ---Es--dice uno--la más célebre de nuestras _demi-mondaines_ y la más -rica. Su lujoso hotel de la rue de la Neva encierra una fortuna. Más -de cien mil francos de _bibelots_ están amontonados en la chimenea, -y una vitrina de vientre dorado contiene por un millón de joyas. La -dueña monta a caballo, toca guitarra, toca piano, recita y conoce la -pantomima. Su gloria se realza con algunas resonantes tentativas de -suicidio. - -Ya veis que toda su persona es lo que se llama completamente -parisiense. Y que en tiempos en que se endiosan a los histriones y -cortesanas, ella está _the right woman in the right place_. - -Cuando en la alcaldía el funcionario le preguntó por su edad, ella -confesó, con cierta vacilación encantadora, treinta y tanto años. En -cuanto a su nombre verdadero, le fué preciso revelar un patronímico -harto vulgar. En su anterior estado de casada se llamaba madame Purgre. - -¿No dicen que se llama D'Annunzio Rapagnetta? ¿Y Anatole France -simplemente Thiébaut? - -Pero ya oigo a Unamuno exclamar en su francofobia: ¿Pero en eso se -ocupan los franceses?--¡En eso, mi buen amigo, y en otras cosas más! - - - De la necesidad de París. - -Cuando uno ha habitado la ciudad de París por algún tiempo, se convence -de que, desde luego, vale más que una misa. Se padece fuera de París -la enfermedad de París. No da uno un paso sin recordar a propósito de -cualquier cosa el ambiente y el encanto parisienses, y la nostalgia se -acentúa de manera que hay que volver lo más pronto posible. Es que hay -una especie de brujería en la villa divina e infernal que posee y no -suelta jamás. ¿Una misa? Todo el ritual romano lo dais por retornar al -imperio de París y de la parisiense. - -El florido anciano de antaño que echaba a volar sus canciones en París -como gorriones, cantaba: - - Ris et chante, chante et ris; - Prends tes gants et cours le monde; - Mais, la bourse vide ou ronde, - Reviens dans ton Paris; - Ah! reviens, ah! reviens, Jean de Paris. - -Sí, Béranger tenía razón. Para el verdadero parisiense de París, -la bolsa más o menos provista es cosa secundaria. El rastacuero no -comprenderá eso. El parisiense de París sabe acomodarse. Sabe que la -gran ciudad, al que llega a conocerla bien y a amarla de veras, le -enseñará el arte de servirse, con igual relativa satisfacción, tanto -del franco como del luis. - - Toujours, dit la chronique ancienne, - Jean sur son grand sabré a santé, - Quand de leur ville avec la sienne - Des sot, comparaient la beauté. - - Proclamant sur son âme, - En prose ainsi qu'en vers, - Les tours de Notre-Dame - Centre de l'Univers. - -El parisiense de París, como Jean de Paris, cuya crónica tradujese -o modernizase Jean Moreas, que padecía gozosamente de parisitis, no -admite comparación alguna. Apenas os reconocerá paridades retrocediendo -en lo pasado, y si nombráis a Roma o Atenas, y esto con una clara -condescendencia, y porque no puede haber celos posibles al tratarse -de ciudades muertas. Mas los Londres, las Vienas, los Berlines y las -Romas, no son admitidos sino como lugares secundarios. El «quien no ha -visto a Sevilla, no ha visto maravilla» y el «ver Nápoles y morir», no -hacen sino sonreir vagamente al verdadero parisiense de París. - - S'il franchit la grande muraille, - S'il cocufie un mandarin, - Du peuple magot s'il se raille, - A Paris s'il revient grand train, - L'espoir qui le domine - C'est, chez son vieux portier, - De parler de la Chine - Aux badauds du quartier. - -Anatole France en Buenos Aires, como Charcot en el polo, como Voltaire -en el infierno, tened por seguro que no están preocupados sino de su -París. Si algo hacen es por esperar un recuerdo o una sonrisa de la -diosa tutelar. La urbe coronada de torres, con su barca que flota y no -se sumerge, es el ideal de sus pensamientos y de sus acciones. Volver -a París y contar lo que se ha hecho y lo que se ha visto, ese es el -objetivo del parisiense de París que se ausenta, personaje, por otra -parte, no común, pues el neto parisiense de París no sale de su ciudad -sino para su _villégiature_. En tiempo del segundo imperio, se decía -que no salía de los bulevares, y que nunca había pasado a la orilla -izquierda del Sena. Y la canción os lo seguirá explicando mejor: - - Je veux de l'or beaucoup et vite, - Dit-il, au Pérou débarquant. - A s'y fixer chacun l'invite: - Me prend-on pour un trafiquant - Loin de mes dix maîtresses, - Fi de ce vil métal! - Je préfère aux richesses - Paris et l'hôpital. - -El parisiense no es colonizador ni emigrante. No se trasplanta, no se -desarraiga. No le importa el resto del mundo. No es el francés, sino -el parisiense de París, el famoso monsieur condecorado, que ignora -la geografía. Ahora empieza a saber algo, y Buenos Aires está en su -lección, por lo cual debéis regocijaros. - - Je préfère aux richesses - Paris et l'hôpital. - -Se dirá que eso está dicho por Verlaine, si no se supiese lo que amaba -_les ors_ el pobre Lélian. El parisiense, no por ser tan apegado a su -terruño y tan amigo de los placeres que en el _couplet_ anterior se -señala con indiferencia diez queridas, deja de ser gentil, entusiasta y -valiente. - - A la guerre gaiement il vole - Pour la croix ou pour Saladin, - Se bat, jure, pille et viole, - Puis à Paris écrit soudain: - - Que ma gloire s'étende - Du Louvre aux boulevards, - Qu'un ramoneur y vende - Mon buste pour six liards. - - En Perse, il prétend qu'une reine - Lui dit un soir: Je te fais roi, - --Soi! répond-il; mais pour ma peine, - Jusqu'au Pont-Neuf viens avec moi; - Pendant huit jours de fête, - Tout Paris me verra - Montrer, couronne en tête, - Mon nez a l'Opéra. - - Jean de Paris, dans ta chronique, - C'est nous qu'on peint, nous francs badauds. - Quittons-nous cette ville unique, - Nous voyageons Paris à dos. - - Quel amour incroyable, - Maintenant et jadis, - Pour ces murs dont le diable - A fait son Paradis! - - Ris et chante, chante et ris; - Prends tes gants et cours le monde: - Mais, la bourse vide ou ronde, - Reviens dans ton Paris; - Ah! reviens, ah! reviens Jean de Paris. - -Y esa canción del buen Béranger me ha venido a la memoria hoy que -tengo otra vez que dejar París, aunque yo no me considere con títulos -suficientes para aspirar a parisiense de París. - -A la verdad, París se infiltra en la sangre, penetra en el espíritu, -se convierte en necesidad. Es su cielo, que no es puro ni cristiano, -como los cielos de Italia y España; son sus calles bulliciosas y -vibrantes, por las cuales va una onda de fluído parisiense perturbador -y acariciador. Son sus museos y sus jardines, sus teatros y sus -_restaurants_, y el bullir cosmopolita y la confusión babélica de los -idiomas, y los rostros satisfechos de los extranjeros de paso y de los -metecos residentes; y, sobre todo, es el pájaro del dulce encanto y -la flor que danza y que sonríe, la figura de amor y de deseo en que -habitan los siete pecados y los mil hechizos que se llama la parisiense. - -Se diría que uno desea ausentarse para tener después el placer del -retorno. Juan de París ríe y canta, canta y ríe, toma sus guantes y va -por el mundo; pero, con dinero o sin dinero, vuelve a su París. - - - «Skating ring» al aire libre. - -En el espacio que queda entre l'Avenue de l'Oservatoire y el jardín -del Luxembourg, todos los domingos se reune una regular cantidad de -gente que forma círculo alrededor de unos cuantos jóvenes y niños -que convierten la calle en un salón de patinar. La circulación queda -interrumpida por esa vía. Los aficionados al americano patín de -ruedas cosechan silenciosas aprobaciones y de cuando en cuando suele -presenciarse uno que otro batacazo. - -Los patinadores son de diversas clases. Predominan los anglosajones del -barrio, artistas, estudiantas o estudiantes, niñas con el lazo de cinta -en el cabello y las piernas desnudas y rosadas, _gibsongirls_ largas -y libremente elegantes, mozos hechos a todos los _sports_, que las -acompañan en sus evoluciones y deslizamientos, y niñas parisienses y -muchachos de las escuelas y tal cual intruso tipo apachado, que habla -fuerte e interpela a los amigos de lejos. Van los patinadores en grupos -y suena el rodar de las pequeñas ruedas con singular ruido. Quienes -van en parejas, como para la danza, o aislados, cual en fuga o en -persecución. El viento mueve y echa hacia atrás esa cabellera de hijo -de Eduardo o esos rizos infantiles; pega las faldas a los muslos a modo -de los paños de las húmedas estatuas de los talleres. Tal Atalandra -rodante inclina el busto, o se ladea, diríase que empujada por una -ráfaga; tal mocetón se acurruca o hace que corre, o gira como en un -vals, o se lanza con gallardía, o da de pronto un sonoro golpe en la -tierra con todos sus huesos, entre las risas y sonrisas del corro. - -Lo cómico está en el hombre barbudo que se entromete haciendo gracias y -casi se destruye su individuo por el porrazo; en la señorita pizpireta -que llega del Boul' Miche a tomar sus primeras lecciones, y en la -primera caída tiene tan mala suerte que muestra al público regocijado -más de lo que hubiese podido sospecharse. - -Entretanto, en lo grato de una tarde que parece primaveral, vense a -través de las rejas, en la avenida del jardín vecino, las niñas que -juegan al _tennis_, las que lanzan el diábolo, las que corren tras la -rueda, las que sentadas en los bancos contemplan los juegos de las -otras. El chorro de agua se alza allá lejos, en la fuente central, -en cuya pila echan sus barquichuelos otros niños, barquichuelos que -navegan como los barcos del mar, bajo el polvo de agua que arranca el -viento de la cristalina pluma erguida. Y otros juegos pueriles hay allí -cerca, junto a las reinas de piedra, no lejos de la fuente Médicis, -amada de los tranquilos y de los soñadores. - -Mas los patinadores son incansables. Cuando uno ha dado la vuelta por -todo el vasto jardín, y oído un poco de cosas del Guiñol y aun hecho -una visita al Museo, aun encuentra el ancho círculo de curiosos que -marcan los giros e idas y venidas de los _sportsmen_ y _sportswomen_ -amigos del patín rodante. Y ya la noche va cayendo y no hay fatiga -para ellos. Se pensaría en una voluptuosidad especial, pues se ve que -gustan de ese ejercicio como de un pecado. Hay varios _skating rings_ -en París, mas éste que tiene por techo el cielo y por vecinos los -pájaros de los árboles, debe de serles singularmente satisfactorio a -los patinadores. - - - Sarah-Nerón. - -El prodigioso espíritu que se encarna en el no menos prodigioso cuerpo -de la más grande de las trágicas francesas, está por realizar un nuevo -avatar. Los años que avanzan y pasan han ido alejando a Theodora y a la -Dama de las Camelias. La voz de oro ha adquirido timbres más graves, y -la masculinización se impuso gracias al flexible talento, al talento -genial. Sarah se transfiguró en el ambiguo Lorenzaccio de Musset; en -el de negro vestido príncipe de Dinamarca; en el _Aiglon_ de Rostand. -Ahora se anuncia un nuevo _travesti_, en una obra clásica. Y Sarah será -Nerón en _Britannicus_; y, vencedora de la vejez, aparecerá otra vez -vencedora y encantadora por la virtud suprema del Arte y de la Poesía. - - - Adiós a Moreas. - -Adiós, Jean Moreas, grande y buen poeta, amigo poeta, que fuiste tan -gentil, tan lírico y tan noble. En mi juventud pasada busco para ti -una corona de recuerdos. Fué en la primavera de 1893. Yo venía loco -de París, a París, por la primera vez, de paso para Buenos Aires. Me -hospedaba en un hotel cercano a la Bolsa y que ya no existe, el hotel -de la Bourse et des Ambassadeurs. ¿Quién me presentó a ti, a quien -tanto deseaba conocer, lleno como estaba de mis ensueños y entusiasmos -poéticos? Probablemente Carrillo, que a la sazón trabajaba en casa de -Garnier, colaborando en el Diccionario de Zerolo y en otras cosas. -Probablemente Alejandro Sawa, que flotaba en el ambiente parisiense -como en su propio elemento, con su bella figura de bohemio. El caso es -que la misma noche de nuestro conocimiento mutuo, amanecimos, con otros -compañeros, en el Mercado Central, comiendo almendras verdes. Yo estaba -orgulloso y contento con ser amigo íntimo del _Peregrino Apasionado_. -No había visto aún a Verlaine. Sí a Charles Morice, con quien, no sé ya -cómo, nos encontramos al amanecer en mi cuarto del hotel. Tú recitabas -versos sonoramente, egregiamente, con gestos pomposos, retorciéndote de -cuando en cuando los bigotes de palikaro. Me encantaba que fueses de -Grecia y que te llamaras Papadiamantopoulos. - -Tengo presente que junto a una mesa, Morice y Sawa examinaban dos -libros que yo saqué de mi baúl, mi _Azul_ y _Lives of Grass_, de Walt -Witman. Yo salí a pedir café y alcoholes. Cuando volví no te encontré -en el cuarto. Fuí en tu busca, cuando vi toda azorada como una ninfa, a -la _petite bonne_ del establecimiento, que huía y a ti persiguiéndola, -con el rostro de un fauno y los brazos extendidos, al modo de Júpiter -tras Dafné, e ibas, como los _satiraux_ de tus versos, _sautant par -bonds_. - -Después partí para Buenos Aires y publiqué allí sobre ti largas páginas -que tú no viste nunca, por la sencilla razón de que no te las envié -jamás. Cuando retorné a París, años después, había ya blancos en tu -cabellera. Volvimos a estar juntos en el amado Barrio, y a pesar del -tiempo transcurrido, de tu aspecto enfermizo y de tu delgadez, tu gesto -era el mismo de antaño, tu segura y generosa palabra brotaba siempre -sonora y juvenil. A tu modesta morada del _boulevard_ Bouman te había -ido a buscar la gloria oficial, y así sangraba en tu solapa la cinta -de la Legión de Honor. Tu _Ifigénie_, de la cual había yo publicado -antes en _La Nación_ una corta primicia, había sido representada -triunfalmente en _arenas_ meridionales y en teatros parisienses y -europeos, en donde la voz de Silvain clamaba heroicamente tus puros -alejandrinos. Habías ya, como alguien ha dicho, «agregado a Sófocles, -un aire de Homero y de Virgilio». Y tú seguías, en el medio de los -estudiantes y de las jóvenes frecuentadoras de Bullier, en tu querida -orilla izquierda del Sena, la misma vida de tu juventud, dando a los -adolescentes envejecidos un ejemplo de constancia en la alegría y -en el ensueño, con tu tabaco, tu _vermouth_, o tu cerveza, gozando -con el placer de la noche, departiendo de arte y de belleza con tu -compatriota Demetrius Asteriotis, o con otros viejos amigos. Allí, en -tu Vachette preferido, nos vimos la última vez. Antes te había visto -frecuentar algunas tardes el Napolitain, en el grupo de Mendés y su -mujer. Courteline, Silvain, Carrillo y otros menos famosos. No pasabas -inadvertido, pero no eras el imperante, dado que el viejo lírico que -tuvo tan mala muerte, monopolizaba las atenciones. Deseaste un sillón -de la Academia, justo e inocente deseo. Y cuando estabas cercano a la -probabilidad de lograrlo, se te abre la tumba como una trampa de la -suerte. - - Tantôt semblable à l'onde et tantôt monstre ou tel - L'infatigable feu, ce vieux pasteur étrange - (Ainsi que nous l'apprend un ouvrage immortel) - Se muait. Comme lui, plus qu'à mon tour, je change. - -Ya no cambiarás más. Queda tu gloria, una gloria serena y de antología. -Tu nombre tendrá que pronunciarse cuando se estudie la historia de las -letras francesas a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Fuiste la -probidad intelectual viviente. Fuiste modelo y espejo de poetas, por tu -confianza en ti mismo, por la dignidad de tu vuelo, por tu superioridad -moral sobre las miserias y pequeñeces del mundo. - -Y si yo llego a la ancianidad, me he de complacer en contar a los -adolescentes de mañana, privilegiados por las musas, las horas de mi -amistad contigo, como un hermoso cuento. ¡Adiós, Jean Moreas, grande y -buen poeta, que fuiste tan gentil, tan lírico y tan noble! - -¡Que el juego te haya sido propicio! - - - El doctor Doyen o la justa malquerencia. - -El doctor Doyen es famoso. Tiene, pues, enemigos. El doctor Doyen es un -cirujano prodigioso. Tiene, es claro, enemigos. Es dueño de una fábrica -de champaña. Tiene muchos enemigos. Tiene unas amiguitas de belleza -renombrada. Tiene muchísimos enemigos. Tiene y gana enormemente dinero. -¡Tiene innumerables enemigos! Ninguna mal querencia más justa. - -Se le acusa, pues, por su fama, por sus operaciones, por su champaña, -por sus amiguitas y, sobre todo, por su dinero. A pesar de todo, él -continúa impertérrito, escribe en los periódicos, tiene un duelo -quijotesco, y ahora da una conferencia en el Odeón sobre _La malade -imaginaire_, de Molière. Ha operado bien. La dirección de la pieza -ha estado perfectamente hecha, y el personaje principal ha resultado -a la moderna un neurasténico. Luego presenta la cuestión de si el -tipo molieresco es una invención escénica o la representación de un -personaje de carne y hueso que Molière conociera. Doyen opina esto -último. «Pero--dice--los médicos de Molière... debería decirse más -bien, los médicos del tiempo de Molière, pues su ciencia dejaba mucho -que desear. Desde luego, los médicos de la época de Molière eran ya los -enemigos de toda innovación». - -En el entreacto que precede a la representación de _Le malade -imaginaire_, pláceme ir por el _foyer_, por los pasillos, donde se -apiña una excelente concurrencia, en la cual hay muchos médicos. Y -crítica por aquí, pinchazo de bisturí por allá, sonrisas sarcásticas -acullá... ¡Envidiosos! - - - En el Louvre. - -Entre las oleadas de gentes que recorren las salas del vasto Museo -acabo de ver pasar a Gabriele D'Annunzio con dos amigos. Se han -detenido en la escuela española delante del nuevo Greco. - -Luego noto la presencia de una figura conocida. El fieltro con el -ala doblada verticalmente, la tez de buen color sonrosado, los ojos -vivos, la larga pera blanca que cae sobre el pecho erguido, todo el -aspecto con algo de militar, de mundano y de artista. A poco estoy -hablando con el personaje. Es el general Mansilla. Y como se acercan -los doctores hispanoamericanos Debayle y Amoedo, todos escuchamos al -admirable conversador, que habla largamente. - -Dos autoridades en la materia, Maurice Barrés y Robert de Montesquiou, -han alabado como se debe el don de la palabra florida, oportuno y -espiritual en este argentino, que es una de las personalidades más -parisienses. Bien colocado está en el todo París que representaron de -bulto recientemente Sem y Rouville. - -Todavía se le siente fuerte, a pesar de los embates del tiempo. Se -impone a las dolencias. Muestra su voluntad de vida. Se ve como un -bello ejemplo para los jóvenes. Lleno de años, conserva su famosa -elegancia masculina. No se refugia en el encierro como un Sagán. Pasea, -goza del aire libre de que siempre gustaron su alma libre y su cuerpo -sano. Y aun parece que en la galantería misma, listo estaría el mismo -Eros para decirle: «¡Presente, mi general!» - -Y su memoria... Me recuerda, en estos instantes de conversación, mi -llegada a Buenos Aires, la comida que me dió en su casa, a la cual -asistían, entre otros amigos, el doctor Celestino Pera, lo que me -dijo, en dilatado y sapiente y ameno decir, una tarde, en la plaza -de Mayo, sobre el espíritu argentino, sobre el pasado, el presente y -el porvenir argentinos. Y el prodigioso general me repite los mismos -conceptos de antaño, y nos asombra su buen humor, su facundia correcta, -su incomparable don de gentes. Su hablar va matizado de anécdotas, -adornado de citas, florido de ocurrencias. - -Los tres que le escuchamos estamos encantados. Los franceses que pasan -lo miran con interés y curiosidad. Nos cuenta de su último libro, y de -sus _Memorias_, que no serán publicadas hasta después que se vaya del -mundo. Deja a su albacea encargo de que si algo encontrase que crea -que no se debe publicar, lo destruya, porque «demasiados malquerientes -tenemos en vida para ir a aumentarlos después de la muerte». - -Y nos separamos de él alabándole y deseando para nosotros una vejez, no -verde, sino como esa, dorada y de color de rosa. - - - Rémy de Gourmont y la gloria. - -Nosotros admiramos a Rémy de Gourmont en la América latina, -conocemos, quien más quien menos, su obra. En el mundo intelectual -norteamericano es igualmente conocido y admirado. Guillaume Apollinaire -cuenta que en Inglaterra, donde pasó algún tiempo en 1904, le -preguntaban:--«¿Conoce usted a Rémy de Gourmont? ¿Cómo es? ¿Qué -dice?»--Y él contestaba:--«Rémy de Gourmont, cuando está en su casa anda -vestido con un hábito color carmelita... Vive entre libros y grabados de -todas las épocas... Apenas habla.» - - - ¡Estas mujeres! - -Siguiendo a las alborotadoras inglesas, he aquí que también en esta -Francia del encanto femenino las mujeres quieren votar, y quieren ir al -Congreso. Tengo a la vista unas cuantas fotografías de esas políticas. -Como lo podréis adivinar, todas son feas; y la mayor parte más que -jamonas. El feminismo les ha encendido el entusiasmo. Hay que hacer -algo más que murmurar, pirografiar, o criar gatos y perros. La primera -en presentarse candidata ha sido Mme. Marguerite Durand, señora de -cierto talento y actividad, fundadora de la desaparecida _Fronde_, con -sus letras, su facilidad de palabra y su frescura. Para reforzar sus -argumentos en favor del voto femenino, presentó en una conferencia a -un idiota, cosa que no todos los espectadores le agradecieron. Como en -París hay entre la mayoría de las mujeres mayor delicadeza y buen gusto -que en Londres, creo que no veremos aquí los escándalos, ya groseros, -ya cómicos, de las sufragistas británicas. Pero todo puede suceder, -aunque el ridículo en la vida parisiense mata toda incongruencia. - -Que las mujeres persisten en querer hacer muchas cosas que hacen -los hombres y que hay algunas que superan la competencia masculina: -perfectamente. Está mejor Mme. Paquin que M. Paquin en la fábrica de -trajes. Y si Mme. Curie sabe tanto como M. Curie, según lo demuestra, -bien está, con el aplauso de todos, en su cátedra. Sarah Bernhardt -merece la Legión de Honor, como artista, más que cualquier afeitado o -barbudo _m'as-tu-vu_ de la Comedie Française. Una que otra _virago_ se -ha distinguido en exploraciones e incursiones por tierras salvajes o -lugares inaccesibles. Nada hay que argüir en contra. Las pintoras de la -legión y las novelistas y poetisas ya no pueden contarse. Se dedican -a esos _sports_ como a cualquier otro, y hay musas muy recomendables. -Pero estos marivarones--suavicemos la palabra--que se hallan propias -para las farsas públicas en que los hombres se distinguen y que, como -la Durand, se adelantan a tomar papel en el sainete electoral, merecen -el escarmiento. - -¡Si viviese el condestable Barbey! - -Gracias a Shakespeare podemos aceptar las abogadas. ¡Pero las -alcaldesas, diputadas y senadoras! Ello pasa de lo aristofanesco. De -un Aristófanes para apaches es la escena que ocurrió días pasados. -Pronunciaba la citada candidata uno de sus discursos de propaganda, -cuando un hombre del pueblo gritóle desde su asiento: - ---¿Quiénes van a remendar ahora los calcetines? - -A lo que respondió la aludida:--Los remendarán los que los usen. Y una -de las partidarias de la Durand, dirigiéndose a ésta: - ---No le haga caso. Ese que habla seguramente no usa calcetines. - -Y el truhán, esforzándose por quitarse sus gruesos zapatos:--Ahora van -a ver si los uso o no los uso. - -¿En eso vamos a parar con el sonado feminismo? - -Un escritor discreto, M. Balby, acaba de decir; «Hemos vivido veinte -siglos con la idea, que parecía decisiva, de que nuestras mujeres, -nuestras asociadas, nuestras _ménagères_, tenían por tarea principal -velar por el hogar, por la casa, por el _home_; trabajar a su manera -por el bien de la comunidad. Ciertamente, la ley, hecha por los -hombres, era mal hecha, injusta, oprimía a la mujer, no le dejaba -ninguna libertad y ni aun el derecho de disponer de su salario. Y la -campaña feminista, que reclama la supresión de esos abusos, tuvo el -apoyo, la aprobación de todos los hombres que no eran ni egoístas -ni tiranos. Pero, cuando esas damas pretenden todos los derechos y -rehusan todos los deberes, cuando quieren encargarnos de remendar los -calcetines, ellas que no sabrían y no podrían dedicarse al trabajo del -hombre, a su esfuerzo físico e intelectual, nos muestran el fondo de -sus sentimientos. ¿Qué son ellos?--Nada.--¿Qué quieren ser?--Todo. A -los hombres toca saber si aceptarán esa resolución». - -Muy discreto esto. Pero podía fijarse M. Balby en que las -propagandistas son solamente unas cuantas, viejas y feas. Las pocas -jóvenes y algunas guapas, si lo hacen, lo hacen por divertirse. Las -demás mujeres, de belleza o de gracia, seguirán ejerciendo el único -ministerio que la ley de la vida ha señalado para ellas: el amor en el -hogar, o el amor en la libertad. - - - La Prensa de París. - -Leer la Prensa de París es un placer... Reposa, tranquiliza el -espíritu, oh manes de Janin, de Scholl, de Villemesant, de Ignotus. -Ved los asuntos de un número de diario: El crimen desbordado. El -Tribunal correccional juzga cincuenta asuntos por día. Hay cerca -de mil cuatrocientos procesos retardados. No se encuentran jueces -de instrucción. Cada uno tiene que estudiar ciento veinte causas -a la vez.--El cabo Deschamps cuenta cómo se hizo traidor, se robó -una ametralladora con secreto especial y fué a venderla a los -alemanes.--Llegan los ecos de los últimos disturbios del Mediodía.--Al -asesino de las panaderías de Bar le Duc, se le prueba cómo también -asesinó a su abuela.--El asunto de Duez, el ladrón de millones, -continúa su curso.--El conde d'Aulby, que ha estafado a una sonsa -yanqui, que quería a su vez estafarle comprándole cuadros de Velázquez, -de Tenniers, y otras firmas así, por cuatro reales, confiesa que no es -conde, ni gran Maestre de la Orden de Melusina, sino hijo de un sastre -y una jardinera de Londres. Sin embargo tenía castillo, y frecuentaba, -como otros rastacueros, el gran mundo del _flirt_ del _bridge_ y de -las bodas fáciles, transatlánticas e intercontinentales.--El doctor -Doyen, que iba a inaugurar un curso «libre» de anatomía, es gritado -e insultado por una turba, y no puede dar su lección. El mismo lo -explica:--«La cábala--dice--que se ha urdido contra mí, para impedirme -hablar, es la obra de algunos galopines, empujados por los preceptores -y jefes de trabajo de la Escuela práctica. Fueron reconocidos entre -los alborotadores muchos preceptores, _agrégé_ y otros interesados -en la cosa. Incapaces de dictar un curso, con su anfiteatro vacío, -tienen por objeto en la vida molestar a los verdaderos trabajadores -que quieren hacer conocer los resultados de largas y laboriosas -investigaciones. Mi intención, a pesar de todo, es continuar mi curso -y mis lecciones en otro local, pues la Facultad está contra mí. Los -apaches de ayer no recomenzarán pues yo tendré mi policía especial». -Hay que agregar que durante el tumulto de ayer, fueron robados relojes -y portamonedas. ¡Precioso cerebro del mundo! A otro caso.--Un sátiro, -nuevo Soleilland, estrangula y viola a una niña.--Se detallan varios -asesinatos y asaltos.--Hay una larga lista de aplastados por camiones -y automóviles. Y dejo sin citar otras cuantas noticias encantadoras -para los neurasténicos. Sin contar con _Zigomar_ y otros folletines de -robos, escenas macabras y las usuales prostituciones. Felizmente que -existen el _Temps_ y algún otro diario, en que se da también cuenta, -aunque sea en cuatro líneas, de lo que hacen los hombres que conquistan -el aire, de lo que hace Mme. Curie, d'Arsonval, los sabios de la orilla -izquierda del Sena--mientras el _bulevar_ hierve y echa su vaho. - - - El burro pintor. - -Fábula que acaba de acontecer. Exasperados unos cuantos hombres de -pluma, de pincel, de buen humor y de pésimas intenciones, de ver -cómo todos los años en el salón de los Indépendants, unos cuantos -sofisticadores cabelludos y unos cuantos ignorantes atrevidos, -entre algunos innovadores de talento que pierden, naturalmente, -con la vecindad, exponen _croûtes_, innominables y mamarrachos -indescriptibles, ante los cuales no faltan zopencos que creen ver lo -invisible y adivinar el ombligo del símbolo; aquellos hombres, digo, -de pluma, de pincel, de buen humor y de pésimas intenciones, fueron a -un café de Montmartre, en cuyo patio hay un burro, ataron a la cola de -éste un pincel, colocaron hábilmente la tela preparada, y colazo va y -colazo viene, mojado el apéndice en colores vivos y distintos, resultó -un cuadro de un ultraimpresionismo capaz de hacer aullar perros de -piedra. Antes habíase lanzado un manifiesto como el de los pintores -amigos del poeta Marinetti. Y al asno, que se llama Lolo, se le hizo -aparecer como jefe de la escuela Excesivista, con el nombre italiano de -Joaquín Kafael Boronali, Boronali, Aliborón anagramado. Todo bajo el -amparo de la vieja alegría gala y el patronato del cura de Meudon. - -El cuadro del burro se expuso en el mentado Salón de los -Independientes. Más independencia no puede seguramente haber. Charles -Morice y otros varones apasionados del arte han protestado por la -ocurrencia de los desenfadados. Pero las gentes han reído, y los -organizadores del Salón de los Independientes han recibido una buena -indicación. - -Y uno de los artistas que exponen juntos con Boronali ha tenido, sin -embargo, la mejor palabra risueña: - ---Es verdad--ha dicho--que este año en nuestro salón hay un cuadro de -un burro. Pero en los salones oficiales hay cuadros, no de uno, sino de -mil burros. - -Y como es quien ha reído el último, es quien ha reído mejor. Y -un humorista ha puesto en boca del cuadrúpedo reflexiones como -éstas:--«Puedo rebuznar; ahora he conocido la gloria... He gustado de -las vanidades humanas y he encontrado que tienen menos sabor que los -cardos...» - -«Cuando París supo por las gacetas que el jefe de la escuela -Excesivista pacía hierba sobre la _butte_ Montmartre, las muchedumbres -subieron en filas apretadas. Las gentes venían por centenares a -admirarme. Los unos acariciaban mi flaco espinazo, los otros me -ofrecían golosinas, muchos, en fin, discutían sobre pintura por la -primera vez, no habiéndose ocupado nunca de pintura, almas simples, -hasta que un pollino se puso a pintar con la cola. Desde luego, gracias -a mi cuadro, el Salón de los Independientes, triste amontonamiento, -ha conocido este año la boga y ganado admirables entradas, que no me -agradece. Lo que me ha complacido sobre todo es que se han escrito -al respecto cosas muy divertidas. No hay una sola gaceta, desde _Le -Figaro_ hasta _L´Avenir du Sénégal_ y _Le Moniteur des Îles Fidji_, que -no hayan filosofado sobre mi caso. Todo el mundo ha reído, me dicen, -menos cierto periodista de un diario, quien, no habiendo comprendido, -expresó palabras severas. Esto no me disgustó, pues es bueno en una -fiesta contar con un hombre furioso, pues su cólera intempestiva -aumenta la hilaridad de los otros. Cierto crítico ha querido compararse -con Homero, cosa que me ha complacido. Otro crítico ha escrito que -prefiere mi pintura a la de Turnes, cosa que me ha sorprendido. Ya -sé ahora en qué consiste la pintura para muchas gentes: consiste -en colocar en un cuadro, de preferencia dorado, una tela untada de -colores variados. Siempre se encuentra un público que admire. Los -embadurnadores que llenan el Salón des Indépendants y ahogan con sus -producciones, que se podrían atribuir a geómetras dementes, las obras -notables con que justamente se enorgullece esta exposición, han hecho -mal en enojarse. No había entre ellos sino un asno más». Y agrega el -humorista, que habiendo empezado a andar el jumento, le preguntó: - ---¿A dónde vas, Boronali? - ---«Voy a juntarme en la historia gloriosa de los hombres, con el -caballo negro de Boulanger». - -Hubiera podido agregar que con la burra de Balaam, con su colega de -Turmeda, con el asno de Kant, con el de Víctor Hugo. Y, para no ir tan -lejos, a la Porte-Saint-Martin, a hacer figura entre los animales de -_Chantecler_. - - - A propósito de Mme. de Segur. - -Acompaño al caballero que lleva a respirar el aire sano de mi -predilecto jardín del Luxemburgo, a sus dos hijos, lindos como flores, -un niño y una niña, ambos de cabellos castaños y oscuros, y ojos tan -grandes, dulces y brillantes, que agregan alegría al día. - -Pasamos cerca del monumento hace poco inaugurado, en memoria y honor -de la señora de Segur, _nacida Rostopchine_, a la que tanto debe la -imaginación y la complacencia de varias generaciones de niños. - ---Ya no se leen esos cuentos, casi--dijo mi amigo. - -Le contesté que si no leen tanto como antaño, la culpa es de los -padres, que han sustituído a los amables personajes de los cuentos -viejos con los héroes de aventuras policiales de Conan Doyle y otros -Lupines de París. Los niños saben ahora de cotillones, de partidas de -_bridge_, de aeroplanos, y se interesan en los puñetazos yanquis del -negro Johnson y del blanco Jeffries. - ---No los míos--me contestó mi amigo--. Sin que yo les deje de dar una -instrucción que les mantenga al tanto de los adelantos de su tiempo, -ellos conocen bien su Perrault, sus Mil y una noches, su madame -Leprince de Beaumont. Y las historias tan sabrosas y honestas de esta -señora, cuyo busto acabamos de ver en ese rincón apacible rodeado de -verdores. Ahora que estudian inglés, quisiera yo encontrar un libro de -cuentos como aquéllos. - ---Los hay--le dije--y preciosos y sabrosos. Cómpreles usted esos -admirables álbumes que ilustraron artistas ingeniosos y aun geniales, -que pusieron sus almas en contacto con las almas infantiles y supieron -interpretar gráficamente las creaciones de los soñadores. Los ingleses -han ofrecido a sus niños las prosas y los versos sencillos y graciosos, -con las imágenes que son el encanto de los ojos. Cómpreles usted _The -Three Jovial Huntsmen_, con las figuras ligeras y humorísticas de -Caldecott y verá cómo se perfeccionan en su inglés sonriendo. Cómpreles -_The baby's opera_ o _The baby's own Aesop_, en los que Wálter Crane ha -fabulizado con el lápiz. Verán las cosas de Esopo armoniosas y claras. -Así, como cuando las ranas piden rey: - - The frogs prayed to Jove for a king, - Not a log, but a livelier thing. - - Jove sent them a Stork - Who did royal work - For he gobbled them up did their king. - -Y allí está la cigüeña coronada tragando ranitas, a orillas del charco. -Pero, si quieren ver a las ranitas alegres y danzantes, entonces, - - «O! there is sweet music on yonder green hill, O! - And you shall be a dancer, a dancer in yellow, - All in yellow, all in yellow!» - Said the crow to the frog, and then, O! - «All in yellow, all in yellow,» - Said the frog to the crow again, O! - -Y Wálter Crane hace bailar a una ranita, y otra ranita toca la bandola -y otra la pandereta. Y en otro cuaderno, el mismo artista les hará ver -«cuando estos chanchitos van al mercado», y cuando «este chanchito -grita: _wee! wee!_» Y otros cuantos cuadernos más en que hay cosas de -bella caballería y cuentos de abuelas. Y si se trata de las donosuras -que pintara el inolvidable Kate Greenaway, allí está la Guirnalda para -el jubileo de la reina Victoria, o _Mother Goose_ o _A day in a child's -life_ donde hay versos de cantar con música de Foster: - - March, march away! - March, march away! - To the play-ground lead the way!... - -Pues ¿y _Sing a Song for six pence_, con los niños y pájaros dibujados -por Caldecott? ¿Y las cosas de hadas de Anuing Bell? - -Y luego le digo a mi amigo que busque para sus niños un librito, que -escribiera en excelente inglés una pluma hispanoamericana _Tales to -Sonny_, por Santiago Pérez Triana. He allí un joyel pueril, unas -cuantas páginas que un escritor de diplomacias y asuntos de estado, que -es también un poeta y un culto espíritu, escribiera en idioma de papá, -dedicadas a un su Santiaguito bautizado Sonny en el hogar, según tengo -entendido, por su madre norteamericana. - -Era en tiempo en que se arrancaban la vida rusos y japoneses allá por -la Manchuria, y en el apacible Retiro madrileño, el padre y el niño -hermoso de largos cabellos, conversaban. El padre le hacía cuentos tal -el dios Hugo a sus nietos. - -Y el niño los oía en el inglés maternal, que su padre conoce y -habla como su propia lengua. Esos cuentos fueron después escritos y -publicados en Londres por Anthony Treberne Co. Ltd., ilustrados con -gracia por Dorothy Furniss, y con cuatro palabras de prefacio del autor. - -Son seis la narraciones: _The little stream of water_ habría hecho -sonreir de complacencia a San Francisco de Asís, puesto que en él -dialogan un niño y la hermana agua en su forma de arroyuelo. Y la -palabra del arroyuelo enseña a Sonny algo de la filosofía del mundo y -mucho de la grandeza de Dios sencillamente. _Minnie and Billie_ trata -de dos niños-pájaros que vuelan y hablan. Billie es el pajarito y -Minnie la pajarita. - -Hablan como saltando de rama en rama. - -«What is your name?» - -«My name is Minnie.» - -«Oh! what a pretty name!» - -«Do you think so?» - -«Indeed I do.» - -Así hablan. Y luego, con la inocencia natural, tratan de fabricar un -nido. Y el nido se hace, no en la casa de la escuela, no en la torre -de la iglesia, sino en un árbol, junto a otros árboles que tienen -otros pájaros. Y luego se sabe que de los huevos salen los pajaritos. -Así, cuando una tarde vuelve Billie a su nido, encuentra, de cuatro -huevos, cuatro pajaritos _that just could call him papa_. Y tuvo mucho -contento en su corazón. - -En _Mrs. Lyon's party_ animales diversos parlan como en las antiguas -fábulas. Tal se expresan las ocurrencias de Mr. Fox, de Mr. y Mrs. -Bull, de Mr. Ox, de Mr. Rhinoceros, de Mr. Tiger, del siempre ilustre -Mr. Ass. Es una variante ingeniosa del famoso cuento de los Músicos de -Bremen. - -El narrador pone también su lección histórica en la amenidad del -divertimiento. De este modo en _The galleon_ trata de la antigua -ciudad de Cartagena de Indias, grata al poeta Heredia. Y cuenta de sus -cuarenta y ocho fortalezas, llenas de cañones y de su hermosa bahía. Y -dice de los buenos españoles del descubrimiento y de los rapaces que -les robaban a los indios sus oros y sus piedras ricas. «Those Indians -had a great deal of gold in different shapes, bracelets, breast-plates -and queer looking little dolls. The Spaniards robbed the Indians of -all their gold. The Indians also had a good deal of silver and quite -a number of emeralds all of which were taken away from them by the -Spaniards». Y así fueron las cosas, como lo sabe muy bien Sonny. Y se -cuenta de los galeones que iban cargados con grandes riquezas que los -gobernadores españoles enviaban para los reyes de España. Y de cuando -en cuando aparecían en el mar unas tropas de piratas, de aquellos -bravos piratas cuya historia ha contado Oexmelin en su rara historia de -la piratería. Y de los combates de las gentes del rey con los piratas. -Y de un gran galeón de tres palos que iba a traer a los monarcas -de Madrid el oro, la plata, las esmeraldas y las perlas que estaban -en Cartagena de Indias. Y cómo ese barco regio debía también cargar -muchos productos de la tierra ardiente, plátanos o bananas, cocos, -ñames, mandioca, piñas, pájaros parlantes y otras cosas más que eran -de maravillar a los hombres europeos. Y cómo el mar se alborotó y hubo -naufragio. Y el mar se tragó el tesoro, que han querido después buscar -los buscadores de tesoros. Y el tesoro está en el mar Caribe, entre -Cartagena de Indias y la isla Trinidad. - -Y la otra narración refiere _How the chimp family went to town_. Y -son sucedidos muy graciosos, pues se trata de una familia de monos -o niños. Y hay que ver a los monitos cómo los pinta la ilustradora -Dorothy Furniss, que tiene de los intencionados animalistas ingleses y -que agradaría a Benjamín Rabier. Y para concluir está una historia como -para escrita en versos; porque tiene tanto de poesía que hasta en el -comienzo de esta narración, que está hecha para un niño, parece dicha -en un inglés de verso: «This is the story of the Prince who covered his -body with golden dust--in a far off land, in a far off day--whom the -Spaniards called «El Dorado». - -«And this is the story of the Great Cataract that even to-day, in -that distant land, rushes and thunders, in memory of what took place -long, long ago». Y es la historia de «El Dorado» con toda su primitiva -belleza. La historia del pueblo Chibcha, de ese pueblo tan fabuloso -como el de los antiguos troyanos, y tan real como ellos, pues en el -Museo de Madrid se pueden admirar sus mitras de oro, sus máscaras de -oro, sus mil cosas de oro, pues «El Dorado», que cubría su cuerpo -desnudo con polvo de oro, era como el dios viviente del oro. Y -parece Bochica, el gran dios de los indios chibchas, que tiene cetro -jupiterino y a quien sus adoradores, si hubiesen sabido latín, hubieran -aplicado el horaciano: - - _Cuelo tonantum credidimus jovem Regnare..._ - -Y es admirable la tradición del Cacique Áureo, del dios primitivo y del -Lago Místico. Sonny debió de quedar encantado. Y con él todos los niños -que sepan inglés y lean el librito _Tales to Sonny_, de Santiago Pérez -Triana. - - - Blanco y negro. - -París--¿quién lo hubiera antaño creído?--ha pasado algunos días -preocupado con el famoso _match_ del blanco y el negro. Por lo menos, -el París novelero y _sportivo_. Aunque es verdad que esa pasajera -ultramericanización no indica una transformación del carácter nacional, -es un hecho que la Prensa se ocupó largamente en el asunto y los -retratos y biografías de los dos fuertes animales norteamericanos se -publicaron en todas las hojas. Jeffries y Johnson lograron popularidad -parisiense. Aquí tiene el box sus aficionados y partidarios, entre -algunos _sportsmen_ y _snobs_. Se han visto y se ven pugilatos -públicos a que ha concurrido un público de clases diferentes. Pero -la cosa no ha pasado a más. La repercusión que tuvo la _performance_ -norteamericana ha sido seguramente causada por lo elevado de las -apuestas, por los _cachets_ que han cobrado los rivales, y por ser un -negro y un blanco, como en las damas, los elementos del juego. Y hubo -quiénes apostaran al blanco y quiénes al negro. La victoria de éste fué -alegremente comentada, y las atrocidades que en Norte América siguieron -a ella lo fueron también. - ---¡Que se venga a París el negro!--decían algunos. - -Y con razón. En París los negros o mulatos con dinero no tienen por qué -quejarse. Hay muchos de ellos que, en los Estados Unidos o en ciertos -círculos de las aristocracias hispanoamericanas serían rechazados, y -que aquí viven tan lindamente, dándose gusto y hasta viendo su nombre -en los periódicos. No hace mucho que se habló de un banquete a dos -poetas negros, creo que haitianos. Y en honor de ellos hablaron dos -poetas blancos, aunque de segundo orden. Monsieur Gregh y Dorchain... Y -los negros _continúan_ y hacen bien. - - - De Val. - -¿Y el Congreso universal de la Poesía? Ya hablaremos luego. Ahora os -hablaré de su organizador, del que ha sido su alma y que tiene en él -muchas nobles ilusiones y muchas grandes esperanzas. De Val es un -hombre admirable. ¡Admirable! El poeta Amado Nervo le dice: «¡Tú, que -todo lo puedes!» En verdad, Mariano Miguel de Val, que también es -poeta, y que quiere el bien de los poetas, está en todo, es múltiple, -es complejo, es universal, y si no fuese que en él prevalece sobre -todo algo del caballeresco ensueño tradicional hispano, merecería ser -yanqui... En las proporciones de esta villa del oso y del madroño, -tiene este varón, de cuerpo fino y faz de hidalgo antiguo, una variedad -de actividades rooseveltianas que desconcierta en la gran urbe de -la famosa Puerta del Sol. Mariano Miguel de Val es terrateniente, -mundano, abogado, ex secretario del Ateneo; de la familia de Castelar, -ex secretario de Moret; amigo del rey, de los infantes; redactor en -varios periódicos, director de un diario de provincia, director de la -respetable revista _Ateneo_, director y editor de la biblioteca Ateneo; -pertenece a la Legación de Nicaragua; fué iniciador del _Romancero de -los sitios_; colabora en _Caras y Caretas_, de Buenos Aires; en _El -Fígaro_, de la Habana; ¡inicia, realiza y colabora en cien cosas más! -No tiene aún automóvil; va a comprar uno pronto; pero no hay que temer, -este poeta no es futurista. Tiene un santo en su familia ancestral. -Tiene un castillo en Zaragoza. Es lírico de paz y de hogar. Tiene una -bella esposa y unos lindos niños. Su padre era republicano. En su casa -se conspiraba. Llegaba allí el tío Emilio y hacía discursos de música. -El niño Mariano oía todo eso, observaba, tras los cortinajes. El niño -creció, y el hombre es hoy monárquico, católico; y, cuando se va a -veranear, para que diga la misa en la capilla de su castillo, tiene un -capellán. De Val es cuerdo. - -Su gabinete de trabajo está adornado de libros, retratos, autógrafos, -medallas. Sus íntimos son sabios catedráticos, políticos, periodistas -y uno que otro autor de los llamados modernistas. No se le creía un -combativo. Sin embargo, un día se halló en pleno ardor polémico. El -enemigo era temible: la condesa de Pardo-Bazán. La polémica fué sobre -los novelistas en el teatro, y el joven _aeda_ se batió ardorosamente -con Pentesilea. Una vez vistos los argumentos de uno y otro, confieso -que me coloqué al lado de doña Emilia. Muchos novelistas ha habido -y hay que son excelentes autores dramáticos, y una facultad no es -privativa de la otra. - -De Val, que parece tan grave, tan serio, y que lo es, ¡indudablemente! -ha pagado el matritense tributo a la literatura jovial, y, aunque -sin su nombre, ha hecho imprimir cierto pecador volumen de castizos -chistes, que habían regocijado a aquellos honestos y nada complicados -rimadores que se llamaban Teodoro Guerrero, Ricardo Sepúlveda y demás -compañeros del tiempo del _Pleito del matrimonio_. Después llevó la -risa a las tablas, escribió para el teatro cosas jocosas. Mas en donde -quiso poner la flor armoniosa de su juventud fué en su volumen _Edad -dorada_. Son cosas de galantería y elegancia, madrigales apasionados, -idealismo y carne, inspiraciones momentáneas y filosóficas amatorias; -versos del alma y versos de salón; declaraciones y baladas. Gentiles -maneras y decires que complacían a las damas antes de la introducción -del _bridge_, del _pastime-puzle_ y del _popintaw_. - -De Val adula rítmicamente a la mujer, y señala sus varios encantos y -modos de hechizar. Celebra la juventud, optimista y amigo del placer y -de la gloria. Celebra la fe, el entusiasmo, el amor, la mujer siempre, -¡y hace bien! Y dice al final de su canto: - - Dejad, pues, que la planta favorecida - de su corto reinado goce abstraída, - y aliente los afanes de su amorío - y realice sus sueños en el estío, - no le habléis del otoño que le intimida, - no le habléis del invierno de nieve y frío, - dejadla que lo olvide, si es que lo olvida, - y cuando en sus entrañas se sienta herida, - cuando la hora le llegue de cruel hastío - y la veáis rendirse desfallecida, - decidle, porque aplaque su desvarío, - que todo invierno es víspera de nueva vida. - -Canta el amor, canta las flores con modos y conceptos ortodoxos: - - Flores, hermosas flores, - que sois nido de amores - y de los verdes prados alegría, - desplegad vuestros mantos de colores - que ya amanece luminoso el día. - -Dedica dos poemas a dos marquesas guapísimas. Zorrilliza en una -«sinfonía». Y refiriéndose a quien sabe qué gallarda y voluptuosa -señora, asonanta unas insinuaciones donjuanescas o fáunicas, de todos -modos no por lo emprendedor menos romántico: - - ...Auras de rosa - forma tu aliento, - que toman brío - sobre las ondas de tu cabello. - Hacia mí vienen - y tú sonríes, - cada vez que oyes - los besos míos que las reciben. - Redondos, frescos, - tendidos, blancos, - sobre las sábanas - descansan, duermen, quietos, tus brazos. - ¿Por qué no se abren - para hacer presa - en otros brazos - que ser tu cárcel también desean? - Anciano el dueño - de tus caricias, - gozar no puede - de tu hermosura la gallardía; - la gentileza - de tus contornos, - rica y sabrosa, - miel de panales de abejas de oro. - -Natural es que el romántico que hay en él, admire a Byron y le salude -en un sonante soneto. Y lo que lleva de su raza en la sangre lo hemos -de ver en tal ímpetu místico, con su reminiscencia de Don Gaspar: - - ...En tanto que en la tierra se despierta - el bronce herido a la oración llamando; - -en tal evocación del poderío morisco para, a propósito de una atalaya, -loar la espiritualidad cristiana; en ternuras familiares y religiosas; -en discretas quejas melancólicas que son como ecos de amoríos -pretéritos, en la obsesión de la cruz; en efusiones cordiales que no -por ser dichas en un metro poeano que han difundido los modernos, -parecen menos venir de tiradas calderonianas y de fogosas arias de los -corifeos del romanticismo. En De Val está el trovador. No han llegado -a él ni el uso ni el abuso, hoy tan comunes, de ciertos procedimientos -de la nueva poesía castellana. Lo que ha escrito está conforme con -el espíritu y los preceptos del glorioso parnaso nacional. Ello es -cuestión de temperamento y de maneras personales de exteriorizar sus -ideas estéticas. Yo ni le censuro ni le alabo. En todo caso, más bien -le alabaría por haberse dado tal como es él. - -Lo bueno es que se conserva siempre joven y lleno de actividad y -entusiasmo para toda empresa generosa y en la cual se haya de rendir -homenaje a Nuestra Señora la Belleza. Ese congreso universal de la -poesía, hoy postergado para que se lleve a cabo bajo mejor plan, y -que se verificará en la próxima primavera, cuando esté Valencia más -rica de flores y de celestes luces, ese congreso ha sido idea de él, -para honrar a la Poesía, y para hacer bien a los portaliras. La suya -la tiene excelentemente cuidada, y ha de dar en tal concurso apolíneo -nuevos y plausibles sones. - - - Rueda a América. - -Salvador Rueda me dice en una carta... «te mando en estas palabras mi -adiós, que quisiera dártelo con los brazos. A Canarias, y después a -Cuba: un viaje íntimo, pacífico, delectación espiritual purísima». - -Salvador Rueda, ya lo sabéis, es un gran poeta. ¡Es el último poeta -lírico, sacerdotal y natural que hoy existe en todo el mundo! Es decir, -el que siente que él es Eso, y que eso es su sagrada misión sobre la -faz de la tierra. Él ha dicho muy líricamente y muy exaltadamente lo -que piensa de su destino órfico, en la revista _Poesía_, que publica -en Milán el fundador del Futurismo, señor Marinetti. Salvador Rueda -deseaba desde hace tiempo ir a América. Ir sencillamente, simplemente, -como poeta lírico. Aun me invitó para que hiciésemos juntos ese viaje -fabuloso. Yo me atreví a decirle que no fuera a Buenos Aires. Le -indiqué, por su bien, que de hacer el viaje se apresurase a hacerlo a -algunas de nuestras repúblicas tropicales, porque, aun por allá mismo - - Nous n'irons plus au bois, - les lauriers sont coupés! - -Ahora Salvador, homérida, pindárida, va en viaje «íntimo, pacífico, de -delectación espiritual purísima», a Canarias y a Cuba. Ambas son islas -de armonía y recibirán como se merece al fecundo poeta español. Las -colonias, además son muy gentiles. Rueda realiza el milagro de querer -ser y ser, en nuestro tiempo, poeta, nada más que poeta, y cuenta para -afirmar su volición con todo lo que le dió, como él dice, la Gran -Madre, la Naturaleza, y con el sol de su Andalucía que lleva adentro. - -Ahora viaja también por la América tropical otro poeta, también -andaluz, el señor Cavestany. El señor Cavestany ha recitado sus poesías -en Méjico y en la Habana y se le ha festejado brillantemente. Tiene -sobre Rueda la ventaja de ser rico y de ser académico. Pero en Rueda -hay mayor cantidad de poesía, y vaya lo uno por lo otro. Rueda es el -consagrado de la Lira, el hombre que tiene confianza en el alma de las -cosas; que es una voz, un órgano de la Naturaleza. Yo no le encuentro -en la Península parangón sino en Zorrilla. Vive en su nube de oro -sonoro--de oro irreal. No es, pues, actual, ni adaptado. - -Homero y Píndaro es posible que anden hoy por el mundo. Sólo que, -por obra del tiempo mismo, cambian en sus manifestaciones y obran -conforme con las exigencias de la época. Sus expresiones e himnos -son adecuados al instante, y se sienten influídos por el deseo o por -los efluvios que brotan del alma de las muchedumbres. A veces pasan, -aislados, otras se mezclan a las agitaciones urbanas. El don de armonía -les hace transfigurarse, y una simple frase de común prosa les brota -vestida de estrellas o de chispas sulfurosas. Homero y Píndaro tienen -muchos nombres, tienen ojos negros o azules, emergen entre una tribu -de judíos, en la estepa o en la pampa, o andan elegantemente por los -bulevares parisienses, por los clubs de Londres o en las calles de -Buenos Aires o de Nueva York o por las tierras de la magnífica Italia. -Píndaro y Homero, que tuvieron en lo antiguo en sus manos la trompa -o la lira sagradas, guardan hoy a veces silencio. Y en los bolsillos -de sus diferentes disfraces suele encontrarse, con o sin el poema, un -libro de cheques--o una bomba. Es preferible, en todo caso, el libro de -cheques--y tu gran corazón, querido Salvador Rueda. - - [Ilustración] - - - - - ALGUNOS JUICIOS - - - - - ALGUNOS JUICIOS - - [Ilustración] - - - - - Algunas notas sobre Valle Inclán. - - - I - -Recuerdo la primera impresión. Este es uno de los que quieren _épater_ -al burgués, me dije. Sombrerón de anchas alas, barbas monjiles, gesto -militar, palabras estupefacientes, maneras de aristo. El cuerpo delgado -bajo un _macferland_ cuya esclavina se convertía por instantes en dos -alas de murciélago satánico; los ojos dulces o relampagueantes, y la -sonrisa entre la cual se escapaban frases a cortos golpes paradójicos, -o buenas, o espantosas. Sobre todo espantosas, _épatantes_. - -Él me pudo decir entonces: Hombre de América que vienes aquí para ver -España: mira en mí algo de lo que queda de lo más nacional, típico y -poético. Yo soy un Conquistador, y además, otras cosas. Mi sombrerón -de anchas alas te dice de mis cariños y andares en las tierras de -Méjico que tanto recorriera aquel mi muy admirado varón de gesta que -tenía por nombre Hernán Cortés. Mis barbas monjiles te manifiestan -la tradicional religión del monje que he sido; mi gesto militar -explica que he llevado uniforme en luchas civiles, en la misma tierra -en que manda el legendario y justamente alabado por Tolstoi, general -don Porfirio Díaz. En cuanto mis palabras que dejan a las gentes -estupefactas o espantadas, son las de aquel que sabe que hay en la -tierra y en el cielo cosas que no comprende nuestra filosofía... - - - II - -Desde entonces Valle Inclán ha crecido como un bello león. Perdió su -brazo, pero parece que por allí le hubiese brotado una nueva garra -invisible. - -Cuando Octave Mirbeau descubrió en el _Fígaro_ parisiense a -Maeterlinck, nombró a Shakespeare. Hugo, si no me engaño, en una breve -frase, rememoró al omnividente Will, a propósito de las extraordinarias -niñerías de Rimbaud. - -Yo no he encontrado la sensación shakespereana más que en algunas cosas -de Lugones--en quien encuentro todo--y en los últimos libros de Valle -Inclán. Poe queda aparte como Jules Laforgue. - - - III - -El éxito internacional--y lo digo con motivo de que en Francia han -comenzado a traducir las obras de Valle Inclán--no tiene nada que -ver con el mérito artístico, con los valores ideales. D'Annunzio, a -pesar de su _réclame_, no se puede regodear de una _Quo vadis?_, y -Sienkiewicz nada vale al lado del Coloso: ¡George Ohnet! - -George Meredith acaba de morir, y aquí en España no he visto en ningún -periódico más artículo respecto a la desaparición del prodigioso -inglés, que el que ha enviado a un diario su corresponsal en Londres, -varios días después de los funerales. - - - IV - -Los personajes que en su ya larga serie de obras ha creado este -espíritu de excepción, son vivientes más allá de la real vida, más allá -de la vida normal; no existen como los héroes balzacianos o zolescos, -sino como Hamlet, Otelo, o el viejo Lear. - -Los tipos retratados o encarnados de lo cotidiano, mueren, desaparecen, -como los que vemos todos los días. Poeta o escritor que quiere dar a -sus seres supervivencia tiene que plasmarlos e infundirles un alma bajo -un concepto de eternidad. No viven hoy diez mil tipos animados por mil -autores que tuvieron en su tiempo ganga y celebridad, y que hacían la -labor de fuera para dentro. Viene Celestina simbólica y que parece tan -real como quien hubiera merecido ser su esposo o compañero, el gordo -Falstaf. Ambos tuvieron forma y alma de dentro para fuera. Así el -ilustre Bradomín, don Juan Manuel de Montenegro, las damas de ensueño y -los bufones de misterio que, en un ambiente desconocido, aparecen en la -obra profunda y encantadora de Valle Inclán. - - - V - -Yo he retratado antaño a este admirado y querido amigo mío en el -siguiente soneto: - - Este gran don Ramón de las barbas de chivo, - cuya sonrisa es la flor de su figura, - parece un viejo dios, altanero y esquivo, - que se animase en la frialdad de su escultura. - El cobre de sus ojos por instantes fulgura - y da una llama roja tras un ramo de olivo. - Tengo la sensación de que siento y que vivo - a su lado, una vida más intensa y más dura. - Este gran don Ramón del Valle Inclán me inquieta, - y a través del zodíaco de mis versos actuales - se me esfuma en radiosas visiones de poeta, - o se me rompe en un fracaso de cristales. - Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta - que le lanzan los siete pecados capitales. - -Tales catorce versos no dicen en verdad la complicada figura de este -gran don Ramón. Tan complicada, que ha llegado a ser casi burgués, -casándose con un «alma hermana» que le comprende y le ama muy de veras. -La antigua cabellera ha desaparecido; una indumentaria inglesa ha -sustituído a la de los días pasados--aunque también el _macferland_ -era británico--y luego, nunca, nadie podrá decir que ha visto a Valle -incorrecto. Siempre, aun en días duros, fué el caballero, el fidalgo. -En su casita, que es un nido de arte, en la calle de Santa Engracia, -una niñita sonrosada es una rosa sobre su gloria, es la princesa. - - - VI - -Este no es un estudio; dicho está que son notas. Largo trabajo se -necesitaría para exponer la obra--y la vida unida ella--de Valle -Inclán. Porque lo que he dicho sobre lo shakespeareano, tiene, en la -introspección, una base de realidad. Atiéndase bien: - -Todo lo que en la poemática labor de Valle Inclán parece más fantástico -y abstruso, tiene una base de realidad. La vida está ante el poeta, y -el poeta la transforma, la sutiliza, la eleva, la multiplica; en una -palabra: la diviniza, con su potencia y música interior. El que no -tiene el _daimon_ no puede hacer eso, y, por tanto, he sostenido la -superioridad de Unamuno sobre otros puramente formales o virtuosos en -la lírica. - - - VII - -_Femeninas_, _Epitalamio_, _Cenizas_, fueron la primera floración en -el jardín de este gran señor de letras. Se dirá de reminiscencias -extranjeras--por lo de la forma--, mas nunca del modo que se le ha -señalado a D'Annunzio. Valle Inclán ha sido d'annunziano en alguna de -las sonatas--cuestión de orden y contrapunto verbal, y hasta dandismo, -porque era el momento, y, cuando cantan los ruiseñores, les llevan y -les modulizan el canto los vientos que vienen de todas partes. Para -esto, ver lo que últimamente ha dicho uno de los superiores, un gran -poeta y de los más conscientes y firmes de saber, el catalán Marquina, -a quien si alguna vez le ha faltado algún don--siendo con todo de -los excelentes--y hablo ahora en cuanto a crítico--, es el don de la -diferenciación. - - - VIII - -Las _Sonatas_, que hoy, por primera vez, van a hacerse conocer en -Europa, son ejecuciones primigenias de Valle Inclán. Bravas ideas y -aventuras sentimentales dichas en exquisitas maneras. La demostración, -en los primeros momentos, de nuestra lucha hispanoamericana -por representarnos ante el mundo como concurrentes a una idea -universal--Idea, no Moda--que comenzaba a llenar de una nueva ilusión -o realización de belleza, todo lo que entonces pensaba altamente en -la tierra. En ello hay el anhelo de la novedad--y de antigüedad--que -caracterizó a los Nuevos. Que mañana seremos Viejos. Pero él va -fecundando. Y las _Sonatas_ de las cuatro estaciones tendrán una -repercusión incomparable en la historia de las letras castellanas. -Poniendo su escenario en tierras distintas, como los capitanes de antes -su bandera y sus proezas, en que hacían tan soberbiamente drama o -novela, él cierra, en un momento, ese zodiacal cielo y va a hacer otra -cosa. - - - IX - -Entonces vienen las Comedias Bárbaras--que tienen únicamente, y todo -relativo, algún parentesco con los poemas del olímpico francés y con -las odas del poderoso italiano--. Bárbaro, en esta extensión de la -palabra, es lo que en expresión, simbolismo o manera de ser, representa -una mentalidad medioeval, ásperamente expresiva, invasora y gótica; -popular en lo del fondo del corazón del pueblo: feudal, caballeresca, -burgrave, mística, llena de conocimientos o suposiciones milenarios, -y al mismo tiempo ingenua, pagana en lo mucho que de paganismo tenía -la Edad Media: con el sentido de la Fatalidad que había en tiempos de -pestes extrañas y fulminantes que supiera comprender un Edgar Poe; y -de peregrinos con sus conchas en las caperuzas; y de leprosos que para -atraer o alejar al viandante, tocaban sus esquilas en los caminos, -mientras todo el orbe, desde el montículo papal, temblaba por el -advenimiento de lo Extraordinario. - -Como Galicia ha sido una de las regiones santuarios del mundo, tiene -una infinidad de infinito flotante y de religiosidad imperante en que -podía bien anclar este fundamental artista. Todo eso legendario de -Compostela, todas las sendas de fe, que han ido abriendo generaciones -de generaciones por siglos de siglos: todo el creer de la labriega -que sabe los decires de las brujas, las apariciones particulares o -numerosas; el hablar de las piedras para quien las entiende, como -el de los árboles en la sombra para quien los oye; todo lo que la -circunstante naturaleza tiene en esa región de España, está en la obra -de Valle Inclán. Pero, y aquí viene mi cita de Shakespeare, adquiere -por la virtud genial, una expansión absoluta. Y el marqués de Bradomín -se irá por todas partes, sin marca de fábrica francesa o sin estampilla -escandinava, y respirando con más placer y dignidad, antes que los -perfumes forasteros, los del gran botafumeiro de su catedral. - - - X - -Ahora empieza la serie de los cruzados de la causa. Novelas carlistas. -No hay nada comparable sino los _chouanorias_ de Barbey. No he visto -más adorable Cervantes, sin esperar nada del palacio veneciano de -Loredán y del apartamento de París. Él cree, él ve la epopeya, que -lo fué, estupenda, en aquel encuentro largo de leones, de una y otra -parte. Él cree, y principalmente, sabe, porque está documentado como en -todo. Es esta una campaña de ideal de que no se han dado cuenta aquí. -El viejo e ilustre Galdós debía haber hablado ya y decir quién viene -después de él. No para dejarse devorar, como en ciertas tribus, sino -para que se le respetase más. - -Y conste que hoy yo amo y respeto a don Benito, casi ya lapidariamente -maestro. - - - XI - -¡Y luego, Valle Inclán es un poeta tan exquisito! ¡Su libro pequeño y -lindo de versos está lleno de tan supremas cosas! A Rodó, a Lugones, -a Díaz Rodríguez y a los otros compañeros más serán un regalo. Pero -fíjense en los acompañamientos de gaita que van al fin de cada poemita. -Es que el celta nos conquista; e irá de allí a todas partes. Solamente -que, ¿qué citar? Citaré las _Prosas de dos ermitaños_: - - En la austera quietud del monte - y en la sombra de un peñascal, - nido de buitres y de cuervos - que el cielo cubren al volar, - razonaban dos ermitaños: - San Serenín y San Gundián. - --San Serenín, padre maestro, - tu grande saber doctoral - que aconseja a papas y a reyes, - ¿puede a mi alma aconsejar - y un cirio de cándida cera - encender en su oscuridad? - --San Gundián, padre maestro, - y definidor teologal, - confesor de papas y reyes - en toda la cristiandad, - el cirio que enciende mi mano - ninguna luz darte podrá. - --San Serenín, padre maestro, - mis ojos quieren penetrar - en el abismo de la muerte, - el abismo del bien o el mal, - donde vuelan nuestras ánimas - cuando el cuerpo al polvo se da. - --San Gundián, padre maestro, - ¿quien el trigo contó al granar, - y del ave que va volando, - dice en donde se posará, - y de la piedra de la honda - o de la flecha, a dónde van? - --San Serenín, padre maestro, - como los ríos a la mar, - todas las cosas en el mundo - hacen camino a su final, - y el ave y la flecha y la piedra - en ceniza se trocarán. - --San Gundián, padre maestro, - todo el saber en eso da: - cuando es misterio, en el misterio - ha de ser por siempre jamás, - hasta que el cirio de la muerte - nos alumbre en la eternidad. - --San Serenín, padre maestro, - esa luz que no apagarán - todas las borrascas del mundo, - mi aliento quisiera apagar. - ¡El dolor de sentir la vida - en otra vida seguirá! - --San Gundián, padre maestro, - mientras seas cuerpo mortal - y al cielo mires, en el día - la luz del sol te cegará, - y en la noche las negras alas - del murciélago Satanás. - Callaron los dos ermitaños - y se pusieron a rezar. - San Serenín, como más viejo - tenía abierto su misal, - y en el misal la calavera - abría su vacío mirar. - -En ello no hay el acompañamiento musical de la región, como os he -dicho, pero oid esto, que se llama «El milagro de la mañana»: - - Tañía una campana - en el azul cristal - de la santa mañana - oración campesina, - que temblaba en la azul - santidad matutina. - Y en el viejo camino - cantaba un ruiseñor, - y era de luz su trino. - La campana de aldea - le dice con su voz - al pájaro que crea. - La campana aldeana - en la gloria del sol - era el alma cristiana. - Al tocar esparcía - aromas de rosal - de la virgen María. - Esta santa conseja - la recuerda un cantar - en una fabla vieja: - «Campana, campaniña - do Pico Sacro - toca porque floreza - a rosa do milagro.» - -Todas las exquisitas suavidades o gestos rítmicos de Valle Inclán -indican en este pequeño libro la existencia de un poeta, que, si lo -quisiese, podría hacer una obra lírica y métrica, como la que va -realizando de modo que no se le puede encontrar igual en Europa, -Meredit, apenas, y en otro rumbo y mundo mental, sin no hacer más que -aumentar la gloria del gran inglés esta opinión. - - - XII - -¡Ah! ¡Si Valle Inclán quisiere hacer un viaje a Buenos Aires! -Posiblemente será antes a Nueva York. - - - - - Los diplomáticos poetas. - - AMADO NERVO - - PRIMER SECRETARIO DE LA LEGACIÓN DE MÉJICO EN MADRID - - -Cuando acaba de ascender en la carrera, y el gobierno de S. M. C. acaba -de condecorarle, un nuevo libro de poesías viene a demostrar que el -peso del uniforme no impide el vuelo. Indico a Amado Nervo. - -Ese hombre dulce, de cabeza cristiana, porta una espada decorativa. En -nada se opone a la normalidad de las cosas que quien ha nacido para -monje concluya sus pacíficos días en el noble y ceremonioso cargo de -introductor de embajadores, y sustituyan a los ágapes conventuales los -áulicos banquetes y al untoso «benedictine» el _toast_ bien recortado. - -Aunque Amado Nervo es mejicano, nada en él encontraréis de azteca. -¿Os he dicho ya que se parece a Jesucristo? Mas ahora caigo en la -cuenta de que os estoy hablando del Amado Nervo que yo he conocido hace -algunos años en París, y cuyo busto, plasmado por el escultor Nava, -su compatriota, figuró en uno de los salones. Sí, aquel Nervo tenía -ciertamente una cara israelita y un aire nazareno. El de hoy, mutilado, -pues estirpó su bella barba característica y apartó su amable aire de -ensueño, es el que corresponde a las atenciones del protocolo y al -diario contacto con su jefe, el notario mundano y distinguido señor de -Beistegui, el mismo que regaló, si no me equivoco, al Museo del Louvre, -de París, una famosa colección numismática. - -En París pasamos juntos días de ilusión y de alegría, pimentados con -el poco de locura y capricho que los bizarros años y el medio nos -exigían. Allí tuvimos ciertas relaciones extraordinarias, ciertos -amigos fantásticos, entre ellos el pintor Henry de Groux, loco o genio; -pero, desde luego, un tipo desconcertante; el cual nos fué presentado -por otro personaje prodigioso, músico y ocultista, que tenía unas hijas -encantadoras y nos leía unos alucinantes comentarios del Apocalipsis... -Nervo ha hablado en alguno de sus libros, aunque someramente, de esos -días incomprensibles. Nuestro contagio se extendió por el Barrio -latino, adonde fuimos a perturbar la calma de unos cuantos pintores y -escultores, compatriotas de Nervo y pensionados por su gobierno. - -¡Oh!, en diez años, ¡cómo ha cambiado el escenario y la corriente de -nuestras vidas! - -Yo he admirado en Nervo siempre su amor de belleza, su culto misterioso -de idealidad. El simbolismo influyó mucho en él. Después, libre su -personalidad lírica, fué por todas partes en vuelo y en armonía. -Tras largas complicaciones estéticas, ha llegado a uno de los puntos -más difíciles y más elevados del alpinismo poético, a la planicie de -la sencillez, que se encuentra entre picos muy altos y abismos muy -profundos. Por todo esto, pues, sabéis ya, que Amado Nervo tiene mi -amistad y mi admiración. - -Desde _Perlas negras_, desde _Místicas_, obras suyas primigenias, -simpaticé con su suave ideología y con su culta sentimentalidad. Oí -sus misas--misas rezadas--con fraternal devoción. Y al llegar a la -República Argentina tuve el placer de ser el primero en dar a conocer a -mis amigos intelectuales a aquel hermano que hacía cosas muy bellas en -la tierra de Moctezuma. - - * * * * * - -Desde la publicación de sus primeros libros hasta el que acaba de -aparecer, _En voz baja_, la evolución de Nervo ha sido variada, pero -siguiendo siempre un solo rumbo. Ha sido un admirable sincero y por -eso mismo es un admirable poeta. Luego, tiene una individualidad. Es -de esos poetas privilegiados que ponen algo inconfundible en lo que -producen. Para quien conozca su obra, una poesía de Nervo no necesita -la firma. Además, es un poeta aristocrático, en el sentido original -de la palabra. Su música es _di camera_. Ha cantado casi siempre -«en voz baja». Condición excepcional esta en la sonante España y en -nuestras Américas españolas, donde hay cada Stentor indígena y capa -hombre-orquesta que ensordecen las ágoras. Así, de la risa diríase -que no se oye en la producción de este lírico. A él se le ve sonreir, -y, como de su tiempo, esa sonrisa es triste. Además él nos dirá en un -dístico: - - El proverbio latino harta razón tenía: - «Non est magnum ingenium sine melancholia.» - -El poeta verdadero vive de su propia meditación y la persecución de lo -absoluto es causa de inenarrables angustias. Hay que hacerse un alma de -notario o de _sportsman_ para librarse de las malas consecuencias que -traen las incursiones y exploraciones dentro del propio espíritu. La -diplomacia también es bastante para el caso. - -Nervo, entre sus primeros libros y el que está recién salido de la -imprenta, ha convidado a los amadores de bellas flores artísticas, a -la visión de muy bellos _Jardines_, decorados con los primores de su -fantasía, y en donde cantan pájaros de encanto, exquisitas estrofas. -También ha dado, en prosa, narraciones enigmáticas, entre ciencia y -sueño: y ha demostrado un filosófico humor en páginas sencillas y -excelentes. - -Nervo está en una edad que en Francia le colocaría entre los muy -jóvenes academizables; pero que en Italia le condenaría a ser -devorado por los futuristas del poeta Marinetti. Es célibe. Hombre -tranquilidad, de orden, con instintos de coleccionista y ciertos -gustos de abad. Ha sido pronto y justamente ascendido en la carrera que -hoy sigue, probando que, como decía alguien, los poetas, además de los -versos, hacen tan bien, o mejor que los otros hombres, lo que éstos -hacen. - -Mas bueno será que os halaguen ya algunos sones del ideal instrumento -que con tanto arte y sutil elegancia toca este músico singular. - -_En voz baja_ se compone de cuatro partes: la primera, que da el título -a la colección: _La sombra del ala_, _Un libro amable_ y _Del éxodo y -las flores del camino_. El poeta dedica el volumen a su madre: - - Madre: los muertos oyen mejor; - ¡sonoridad celeste hay en su caja! - A ti, pues, este libro de intimidad, de amor, - de angustia y de misterio murmurado _en voz baja_. - -A una hermana espiritual expresa su deseo de poner en su obra, - - el alma triste, arcana, - sutil y misteriosa - que tienen los paisajes. - -Hay prosas y versos, diríamos en este caso recordando a Flaubert, -que quisiéramos estrechar contra nuestro corazón. Nervo no es de los -incontenibles; es de los concentradores, de los de calidad. Creo que el -poema de más extensión que ha escrito es _La Hermana Agua_. El resto de -su producción se cristaliza en gemas o se diluye en reducidos elixires. - -Aquí ya da una delicada nota de intimidad amorosa a una «cabecita -rubia, nido de amor, rizado y sedeño»; o de otra dirá: - - ¡Es su faz un trasunto de ideal tan completo! - ¡Son sus ojos azules de tan raro fulgor! - Sella todos sus actos un divino secreto... - ¡No le habléis de amor! - ¡Es tan noble el prestigio de sus manos sutiles! - ¡Es tan pálido el rosa de sus labios en flor! - Hay en ella el misterio de los viejos marfiles... - ¡No le habléis de amor! - Tiene el vago embeleso de las damas de antaño, - en los lienzos antiguos en que muere el color... - ¡No turbéis el silencio de su espíritu huraño! - ¡No le habléis de amor! - -Sus intimismos no tienen relación con los de otros poetas, como -Rodenbach, por ejemplo. Su _Vieja llave_, hecha de manera tan -moderna--¡y tan antigua!--es de una gracia melancólicamente doméstica y -siendo tan personal, encuentra en el lector un eco de canción conocida -y de algo sentido por uno mismo. Son las reminiscencias de las casas de -los primeros años, saudades de tiempos ya lejanos que con su recuerdo -traen al alma una vaga y sutil ternura. Y es algo criollo, algo -americano y mansamente señorial al mismo tiempo. - - Esta llave cincelada - que en un tiempo fué, colgada - (del estrado á la cancela, - de la despensa al granero) - del llavero - de la abuela, - y en continuo repicar - inundaba de rumores - los vetustos corredores; - esta llave cincelada, - si no cierra ni abre nada, - ¿para qué la he de guardar? - Ya no existe el gran ropero, - la gran arca se vendió; - sola en un baúl de cuero, - desprendida del llavero - esta llave se quedó. - Herrumbrosa, orinecida, - como el metal de mi vida, - como el hierro de mi fe, - como mi querer de acero, - esta llave sin llavero - ¡nada es ya de lo que fué! - Me parece un amuleto - sin virtud y sin respeto; - nada abre, no resuena... - ¡Me parece un alma en pena! - Pobre llave sin fortuna - ... y sin dientes, como una - vieja boca, si en mi hogar - ya no cierras ni abres nada, - pobre llave desdentada, - ¿para qué te he de guardar? - Sin embargo, tú sabías - de las glorias de otros días: - del mantón de seda fina - que nos trajo de la China - la gallarda, la ligera - española nao fiera. - Tú sabías de tibores - donde pájaros y flores - confundían sus colores; - tú de lacas, de marfiles - y de perfumes sutiles - de otros tiempos, tu cautela - conservaba la canela, - el cacao, la vainilla, - la suave mantequilla, - los grandes quesos frescales - y la miel de los panales, - tentación del paladar; - mas si hoy, abandonada, - ya no cierras ni abres nada, - pobre llave desdentada, - ¿para que te he de guardar? - Tu torcida arquitectura - es la misma del portal - de mi antigua casa oscura - (¡que en un día de premura - fué preciso vender mal!) - Es la misma de la ufana - y luminosa ventana - donde Ines mi prima y yo - nos dijimos tantas cosas, - en las tardes misteriosas - del buen tiempo que pasó. - Me recuerdas mi morada, - me retratas mi solar, - mas si hoy, abandonada, - ya no cierras ni abres nada, - pobre llave desdentada, - ¿para qué te he de guardar? - -Esto es delicioso, sencillo y fino. No puede haber expresión más -transparente y simple. De más decir que al autor de tales versos se le -señala y clasifica entre los llamados modernistas. - -En _Hojeando estampas viejas_ el lírico tiene la imprecisa sensación de -una vida anterior, heroica y amorosa. En _Ruego_ pide a un _âme soeur_, -como dicen los franceses, piedad y suavidad: en _Til qu'en songe_ -becqueriza a su modo. - -Expresa extraños sentires que le hacen dudar de si aun existe en este -mundo. O recuerdos indefinidos: - - Es un vago recuerdo que me entristece - y que luego en la noche desaparece; - y que surge de un ignoto pasado, - que viene de muy lejos y como muy cansado; - que llega de las sombras de indefinido; - un recuerdo de algo muy bello que se ha ido - hace ya muchos siglos, ¡hace... como mil años! - ¡Y tantas desesperanzas! - -Los alegres compadres protestan y se escandalizan. Es demasiada -tristeza... ¿Qué les pasa a los poetas jóvenes de hoy, a los de la -pasada y de la actual generación? ¿No hay cosas risueñas que contar? - -Y los inenarrables de siempre.--¡Cómo! ¡Un poeta americano que sigue -las huellas de tales o cuales desconsolados europeos! ¿Y vuestros ríos -que parecen mares? ¿Y vuestros bosques, y vuestros lagos, y la fecunda -zona que el sol enamorado circunscribe? ¿Y los libertadores? ¿Y el -oprobioso yugo y el león de España? ¿Y la virtud de vuestras matronas? -¿Y la Patria, por fin? ¿Y la Patria? - -Muchas más interrogaciones hay que dejan estupefactos a los cisnes, -bajo la sombra, no siquiera de Bonhomet, sino del convencido e inmortal -farmacéutico. No, dicen los buenos gustadores, no hagamos caso de esas -preguntas. En este bello breviario, una desolada y encanecida Bella -del bosque durmiente, dice lo irreparable. Hay «languideza» en versos -fatigados. ¿Quién dirá que no es hermosamente valiente y castizo ese -romance que empieza: - - Clavó su castillo el conde - en la roca más hostil - del monte...; - -¿Y que no hay remembranzas de la pasada pasión, y cosas que habrían -complacido a René y a Olimpio? ¡Un romántico! Sí. Nervo es un -romántico. Un romántico del siglo XX. Esto no sienta mal, porque ya -sabéis la opinión de Stendhal sobre el particular. Él se declaró -romántico. Y, además, era cónsul. - -Saludemos, pues, a la señorita a quien en ese libro se le expresa: - - Angélica y Oriana; - Melisandra y Cordelia, - Margarita y Ofelia - te llamarán hermana. - -A lo cual agrega el poeta fatal haciéndose el viejo:--¡No tanto, amigo -mío, no tanto! - - ¡Oh! ¡que no pueda yo, señora mía, - aguardar que el botón se vuelva rosa, - embotando del tiempo que me acosa - la tiranía! - -Toda esa _nonchalance_ impera en la primera parte del volumen. Cánticos -discretos, breves en su mayor parte, a la sordina, «en voz baja». - -«La sombra del ala» debía estar bajo la invocación de Montaigne. Es un -conjunto de variaciones sobre el «Que-sais-je?» eterno. - - ... Pero dí, ¿qué esfuerzo cabe - en un alma sin bandera, - que lleva por donde quiera - su torturador? ¡quién sabe! - - * * * - - ¡Oh padre de los vivos! ¿a dónde van los muertos, - a dónde van los muertos, Señor, a dónde van? - - * * * - - ¡Oh, buena hada! ¿tendrá Dios - piedad de nosotros? - - * * * - -Mas, ya todos sabemos que el poeta puede cambiar con el instante, -siendo su sucesión de impresiones y sensaciones a veces tan variadas -como la naturaleza misma. De este modo, no causa extrañeza el paso de -algunas horas sonrientes y de algunos momentos optimistas. Aprobad, -pues, que por éstas, por aquellas razones diga el cantor en veces ¡está -bien! Y pues llega «papá Enero», estos versos: - - Papá Enero, que tienes tratos - con los hielos y con las nieves - (y que sin embargo remueves - el celo ardiente de los gatos), - Guarda en tu frío protector - el cuerpo y el ánima en flor - de mi niña de ojos azules - (en cuyas ropas y baúles - hay castidades de alcanfor). - Mantén sus ímpetus, esclavos, - mantén heladas sus entrañas, - (como los _fjords_ escandinavos - en su anfiteatro de montañas). - ¡Pon en su frente de azahares - y en su mirar hondo y divino, - remotos brillos estelares, - quietud augusta de glaciares - y claridad de lago alpino! - -Él vive la vida europea. Mas de pronto le asaltan los recuerdos de su -tierra. Madrigaliza a una niña de dieciséis años. A su amigo el ex -embajador Casasús, noble poeta, escríbele clásicamente: - - Libio, yo estoy prendado de tal modo - de la naturaleza peregrina, - que ansiando en mi amor loarlo todo, - le grito ¡bis! al ruiseñor que trina, - ¡olé a la onda que cuajó en espuma, - y ¡hurra! al sol que calienta y que ilumina. - ¡Gracias! digo al clavel que me perfuma - o al lirio que brotó bajo mi planta, - y ¡bravo! a la oropéndola que empluma. - -Y rima otras galanas palabras y casa otras lindas ideas, con una -innegable maestría. - -«El éxodo y las flores del camino» es la parte de verso de un -libro en verso y prosa publicado con ese título. Es un corto -_reisebilder_. Notas de viaje, líricamente expuestas y rimadas, -es su _Parcours du rêve au souvenir_; ¡pero bastante lejos de -Montesquiou-Fézensac!--Irlanda, Londres, Bretaña; y París, y mujeres, y -artistas; y otra vez París, y Flandes; y Lucerna, y Bohemia; e Italia y -París; y mujeres; y arte; ¡y París y París! - - * * * * * - -¿Te acuerdas, mi querido colega, de aquella joven parisiense que en una -comida de amigos, en su casa, te cantó unos versos hechos por ella, tan -triste y tan dulcemente, versos de adiós? ¿Y que poco tiempo después -se murió?... Aquella era una de tantas ilusiones de París. Ahora me he -acordado de ella. - - - - - La literatura en Centro América. - - EL POETA DE COSTA RICA - - -Costa Rica tiene el espíritu más ordenado y pacífico de todas las cinco -repúblicas de la América Central; Costa Rica tiene sangre gallega; -Costa Rica tiene un notable diplomático en Europa que se llama el conde -de Peralta; Costa Rica tiene el mejor teatro de aquellas regiones; -Costa Rica tiene la corte suprema de justicia centroamericana en la -ciudad de Cartago, y un edificio que le regala Carnegie; Costa Rica -tiene un tranquilo pueblo de agricultores, y Costa Rica tiene un poeta. -Tiene, es verdad, otros poetas, pero «su» poeta, el poeta nacional, el -poeta regional, el poeta familiar se llama Aquileo J. Echeverría. Este -poeta ha sido empleado público, militar, diplomático, periodista. Yo -le he conocido hace ya muchos años, cuando era ayudante del presidente -Cárdenas, de Nicaragua. En Wáshington, donde perteneció a la Legación -de su país, fué íntimo amigo de un distinguido argentino, el señor -Attwell. Ha gustado siempre de la vida social y no ha andado muchas -veces lejos de la vida del país de Bohemia. Su indestructible pasión -fueron las amables musas. Después de errar en varias repúblicas -centroamericanas, retornó a su país y se casó, y, como en los -cuentos, tuvo muchos hijos. Su carácter, siempre jovial, siempre -alegre, se opuso a los persistentes golpes de la mala suerte. Sus -dones intelectuales se fueron aquilatando con los años, pero el hada -Carabosse que, como es costumbre había aparecido ante su cuna en los -instantes en que otras hadas buenas le dotaban con muchas cosas buenas, -le hizo el poco grato obsequio de la mala salud. Y he aquí por qué, -cuando escribo estas líneas, se encuentra el poeta de Costa Rica en un -Sanatorio de Barcelona. Ha venido a Europa por una disposición especial -del Congreso de su país, en la cual, como sucede siempre en esos casos, -se hace saber oficialmente y sin eufemismos, que es poeta y que es -pobre. Desde su lecho de enfermo, prepara en la ciudad Condal una nueva -edición de sus versos el sentimental e ingenioso autor de _Concherías_. - - * * * * * - -¿Qué significa la palabra conchería? El distinguido escritor -costarriqueño, señor Brenes Mesén, nos lo explicará: «Aunque la palabra -«conchería» es bien inteligible para los nacionales, no estará demás -indicar que en Costa Rica, de unos ocho años para acá, se llama -«concho» al campesino, al aldeano. Por lo tanto, una conchería es una -acción, o una expresión propia de un campesino». Habla el poeta la -lengua de los hombres rurales de su tierra. Una ráfaga del aire que -acarició las melenas de Martín Fierro o de Santos Vega ha pasado por -allá. El canto brota del terruño como las flores y frutos autóctonos. -Demás decir que Echeverría no ha tenido nada que ver con princesas -propias o ajenas; no ha contribuído a hacer odioso el alejandrino, no -ha tenido jamás ningún rastacuerismo lírico, ni se cree un pistonudo -genio. Tiene--¡ah, tener eso todavía, Dios mío!--tiene un corazón. Un -corazón armonioso, sensible y lleno de alegría y de ternura. Ha sufrido -las terribleces de la escasez y está padeciendo las amarguras de la -enfermedad y, sin embargo, no hay en él un solo instante de pesimismo -y, como buen pájaro natural, dice su decir rítmico celebrando las cosas -lindas de la vida y despertando la sonrisa en los labios de los que -escuchan su música jovial. - -En pocas palabras sintetiza su valor uno de sus amigos, Antonio -Zambrana: «No padeciendo o afectando enfermedades forasteras, no -enclenque y canija, no vistiendo trapos de París manchados de vino, -sino fresca y colorada, la musa de Aquileo nació en Cot, o en Barba; -sobre eso puede haber disputa, y es muchacha alegre, honrada, si ligera -de lengua, de muchas libras de peso. Aquí tienes, amigo lector, algo, -no sólo de la raza, sino de la tierra, algo genuino, espontáneo y sin -careta, hombre que a otros no les empresta la lira, contentándose a -veces, para su música, con una flauta de caña hueca, pero hecha por -él del material de nuestros bosques. Imaginación traviesa, pero que -sabe ponerse seria si conviene; ingenio peregrino, verbo sonoro y -abundante, hay uvas de lo mejor de Andalucía y naranjas de aquí, con -semilla de Valencia, en el plato que te presento; regala tu paladar -y sé agradecido». Sí puro, espontáneo; ciertamente, conténtase a -veces para su música con una flauta de caña hueca hecha por él del -material de nuestros bosques. Pan hacía lo mismo, dirá él. Su verso -es bien modulado, y aunque diga cosas de la patria nativa, demuestra -su descendencia clásica, la fuente original de donde ha fluído el -admirable y bien sonante romancero castellano. - -Echeverría habla bien su lengua patriótica. Para Rafael Obligado sería -el numen de Aquileo simpático como su apellido. Y yo aprovecho la -ocasión para declarar cuánto me encantan los poetas que, como el árbol -de su floresta, dan la flor propia. Mi vida errante explicaría mi -cosmopolitismo de antaño y mi exotismo el ansia de lo deseado. - -Otro escritor, compatriota de Echeverría, dice: «Quien conozca nuestro -pueblo y su lenguaje expresivo y sencillo; quien haya vivido nuestra -vida y fortalecido el cuerpo enfermo con las emanaciones suaves de -esta tierra; quien haya puesto su alma en contacto con esta naturaleza -soberbiamente prolífica, tranquila y bella, no dejará de leer con -amor los versos de este libro, porque de todos se desprende el vaho -fortificante de nuestro suelo». Así ha sucedido, pues ningún otro -poeta en Costa Rica tiene, como él, ni tantos lectores, ni tantos -afectos conquistados. - - * * * * * - -Yo conozco la tierra de Echeverría. Los campos son fecundos y risueños. -Si en las costas quema la furia solar del trópico, en el interior el -clima es fresco y la vida apacible. Los campesinos tienen casi todos -tipos europeos. En montes y campañas podréis hallar incultas bellezas, -de hermosos rostros y voluptuosos cuerpos. Si he visto en San José, -la capital, damas incomparables y mozas de la cofradía del diablo -que en París hubieran sido unas bellas Oteros, pude admirar en mis -excursiones mujeres e hijas de agricultores y carreteros, el rosado pie -descalzo y la cabellera al aire, y para galantear a las cuales habría -yo solicitado de mi amigo Aquileo algunas de sus gratas concherías. ¡Su -musa lo sabe decir con tanta gracia y donaire! Su musa: hela aquí tal -como él la pinta. - - Mi musa es joven y ardiente, - morena, de erguido seno, - boca sensual y más roja - que las bayas del cafeto; - blanca y firme dentadura, - que es albo nido de besos; - ojos grandes y expresivos, - dulces, brillantes, serenos. - Una espalda tentadora, - mórbida como su cuello, - unos brazos que si abrazan - es difícil salir de ellos. - Corre por su cuerpo criollo - la roja sangre del pueblo, - fresas fingiendo en su boca, - rosas en su cutis terso - y en la gloria de sus ojos - cálido fulgor de incendio. - Canta a mi patria adorada, - canta a mi ubérrimo suelo, - a mis floridos rosales, - a mis frondosos cafetos, - al mozo fuerte y honrado, - alegre, bueno y sincero, - a la moza de alma blanda - y de durísimo seno, - a nuestras altas montañas, - a nuestros valles risueños, - a nuestra tierra fecunda, - a nuestro límpido cielo. - Que no brinda en copa de oro, - sino en los cálices bellos - que le ofrecen los claveles, - ya de nieve, ya de fuego, - que embalsaman con su aroma - mi apacible y caro huerto. - -Desde luego, no estamos aún escuchando la parla de los conchos. - -Ese romance revela su origen castizo y suena a España. Lo propio que -cuando dice sentires de hogar y casa paterna, o cuando planta un tipo -netamente popular costarriqueño al modo con que los maestros españoles -nos han dejado la figura de los jaques andaluces o de los chulos -madrileños. ¿Qué deciros si hasta, de pronto, aparece el recuerdo del -sencillo helenismo de aquel honesto don Juan Meléndez Valdés? - - Es Clori, la esposa - del Céfiro amante... - -Ni las anacreónticas ni los romancillos son del poeta que he querido -hoy celebrar, sino las gallardas, las nativas, las sabrosas concherías, -en las que se encuentran, según las palabras del ya citado señor Brenes -Mesén, «aliento fresco de los montes, respiración sana de terneras al -levantarse la aurora, risas del campo cortando la tranquilidad de las -horas...» Los usos y las costumbres del buen pueblo de Costa Rica, sus -preocupaciones y sus supersticiones, algunas heredadas de los tiempos -coloniales, sus maneras de divertirse, de enamorar, de pelear, sus -duelos y sus negocios, todo dicho con sus provincialismos, con sus -giros antigramaticales, pero semejantes a los de algunas regiones -de España, todo ello se encuentra en los versos de Echeverría. El -señor Brenes Mesén considera eso de importancia para los filólogos -extranjeros. «No se le da bien disecado en su diccionario, sino -viviente, tibio, como si se tomase de los labios mismos del pueblo». -La transcripción se ajusta, tanto como es posible, para no chocar -demasiado con los hábitos existentes a la verdadera pronunciación -popular. Allí está justamente su importancia. Las palabras que -los gramáticos han condenado como impropias, son, con frecuencia, -arcaísmos, y en todo caso se nos ofrece la oportunidad de ver que las -leyes fonéticas que presidieron a la formación de la lengua castellana, -siguen ejercitando su influencia a través de la distancia y los siglos. - -Si desde la época anticlásica vemos que la _r_ final de los infinitivos -se asimila a la _l_ delante de los subfijos, y así lo observamos en -_Concherías_, necesario será concluir que la vida de nuestra lengua -posee una pujanza extraordinaria, y que allí donde se encuentra la -libertad de hacerlo, se desarrolla tan fuerte como en los primeros años -de su aparición en la Península ibérica. Entre vocales, la síncopa de -la _d_ fué ley constante, y así subsiste en nuestro lenguaje popular, -que la suprime indefectiblemente en los participios de la primera -conjugación. La elisión de la _o_ y de la _e_ delante de palabras que -principian por vocal, también la observaron los castellanos y es ley -dominante en la lengua «tica» y americana en general. Ticos se llama -en Centro América a los habitantes de Costa Rica. Desde luego, demás -está decir que para comprender algunas de las poesías de Echeverría se -necesita un vocabulario especial, como sucede en casos semejantes, así -sea un soneto de Pascarella, un Poema de Jehan Rictus, una página de -Bill Nay o de Fray Mocho. - -Veamos algunos ejemplos. Transcribiré el romance titulado _Un hermano_: - - Bajo un mango corpulento, - y tendidos en la yerba, - junto a los bueyes que echados - perezosamente cenan, - están varios carreteros - alrededor de una hoguera, - que olla de hierro corona - montada sobre unas piedras, - y dentro la cual retozan - en el caldo que espumea, - ya las papas esponjadas, - ya el dominico de seda, - la blanca yuca de nieve, - la carne de rojas hebras; - el tiquisque delicado - asoma su faz morena, - o se presenta el avote - en forma de barquichuela - y con la cara encendida, - que está muerto de vergüenza - por ser primo del zapallo, - que es la verdura más fea; - el chavote su espinosa - y verde capota ostenta, - entre raíces y ñames, - camotes y berenjenas. - De cuando en cuando se asoman - algunas palabra feas, - es decir, que varios ajos - suelen sacar la cabeza, - y todo ello confundido - en una igualdad perfecta, - en que todo sabe a todo - y huele de igual manera: - especie de democracia - que sus doctrinas condensa - dentro la olla de fierro - que sobre robustas piedras - al beso de alegres llamas - canta, llora y burbujea, - vigilada por los mozos - que de bruces en la yerba - aguardan pacientemente - que se cocine la cena. - Algunas tortillas fiambres - que han adquirido dureza - junto a los tres tinamastes - que hacen escolta a la hoguera, - son retiradas, pues Marcos - dice que le olen a buenas, - y «quel pel» está seguro - que está cocida la cena. - Con dos sacos de gangoche - quitan la olla y se la llevan - a la orilla de un arroyo - que corre por allí cerca. - Después arriman los yugos - y muy alegres se sientan: - dan dos besos cariñosos - a sus chulas, las botellas, - que en el amplio vientre guardan - el contrabando, o el «nétar», - con que el Supremo Gobierno - explota al par que envenena. - --Échate un cuento, Milquiades. - --O una historia verdadera. - --Que les cuente Sinforoso - lo que le pasó en Atenas, - --¡Que lo cuente! - --¡Sí! ¡Contalo! - --Miren qué cosa tan fea. - Hará tres años descasos - que me hablaron en Heredia - pa ver si jalaba un flete - pal puerto de Puntarenas. - Yo puse mis condiciones, - y después de algunas negas - entre si tanto, sin cuanto, - convenimos en lo quiera. - Ya esos güeyes eran míos, - pero no tenía carreta. - Los Arias me consiguieron - lo que fué de Chico Cerdas. - Salimos como a las doce, - sestiamos en Alajuela; - al llegar a Los Horcones - ya estaba la luna puesta, - y resolvimos quedalos - pa que los güeyes comieran. - --Muchachos--dijo Damián-- - mientras se cuece la sena - ¿por qué no v'alguno atrese - un trago de guaro Atenas? - --Yo voy, le dije. - --Está bueno. - --Treme un diacuatro de breba. - --A mí dos riales de puros. - --Pa yo una vara de mecha.-- - Me puse la alforja al hombro - y descolgué una linterna, - y me tercié a la cintura - por si acaso, la cruceta. - Después de dale a los caites - entré por último a Atenas, - merqué todos los encargos; - y viniendo ya de vuelta, - comencé a sentir un tufo - como a la moda de mecha; - un tufo que no cesaba - por más y más que anduviera. - Me entró cierto recelillo; - pero voltié la cabeza - y nada vi, sólo el humo - que dejaba la linterna. - De pronto se oyó un chirrido, - me puse a parar la oreja, - y vide que en el camino - sola andaba una carreta, - sin ninguno que la guiara, - y sin güeyes ni compuertas; - y en el centro, en un atául, - el cuerpo de Chico Cerdas. - Eché mano a la cutacha - y me amparé de la cerca, - ise como cuatro cruces, - por supuesto con l'izquierda. - --«Hermano--me dijo Chico-- - yo debo algunas promesas...» - A mí se me jué el resuello, - me se aflojaron las piernas, - me sucedió una desgracia, - me se adormeció la lengua. - Me encomendó a las tres Dulces - y a la virgen Margalena, - y le dije como pude: - --«¡Decí... lo... que... te... se... ofrezca!» - Se sentó dentro el atául - (caramba que pestilencia, - iedor a recién casada, - o como a letrina vieja, - o como a güevos podridos, - o como a nido de perra). - --«Le debo--dijo el difunto, - después de hacer unas muecas-- - le debo a Concho Paniagua - tres pesos de una rialera, - a «mano» Froilán, seis reales; - a San Roque, una novena; - a Chico Antillón, dos pesos, - de un muerto que alcé en su mesa. - Deciles a las muchachas - que a vos te doy la ternera, - y el armario con el baúl, - y mi cama y mi cruceta.» - Después se despareció - el fantasma y la carreta. - A yo me hallaron trabao - a la orilla de la cerca. - Estuve dundo de viaje - más de una semana entera; - iba a andar y no podía, - iba a explicarme y la mesma, - hasta que mano Froilano - me aconsejó que me juera - a contale al Padre Chico - ce por be la contingencia; - me llevaron, le conté, - y se puso hecho una fiera; - sólo le faltó mentame - la mama dentro la iglesia; - me puso como un petate. - Enainiticas me pega - y me llamó fariseo, - mentiroso y poca pena; - ¡pero, hombre! al rato ya estaba - sano de pieses y lengua. - --¡Ese jué milagro grande! - --¡Un milagro de de veras! - --¿Y los puros? - --¡Pero ni uno! - --¿Y la cusasa? - --¡Ni señas! - --¿Se la atoyaría el dijunto? - --¡Puede ser que asina juera! - --¡Ja! ¡ja! ¡ja! - --¿De que te ríes?... - --Estoy pensando en la mecha. - ¿La mecha sí pareció?... - --¡Sin que le faltara una hebra! - --¿Pa qué te la dejaría? - --Yo me figuro que juera - pa enrollásela en el güecho - ¡a la sonta de tu abuela! - -¿Decidme si en lo que comprendéis de esta relación y de esos diálogos, -al lado de algún baturro, gallego o andaluz, no percibís la taimadez -y la picardía gauchescas, que el argentino Álvarez y otros han hecho -perdurar aun después de la casi desaparición del gaucho? Hay otras -poesías de Aquileo Echeverría en que eso se demuestra más claramente, y -ello podrá comprobarlo quien lea su ameno libro. - -Yo debo declarar que si en sus poesías de sentimiento me conmueve -tanto como el murciano Vicente Medina--a quien tan admirablemente ha -seguido una poetisa, también de Costa Rica, cuyo nombre no recuerdo -en estos momentos--en los cuentos y descripciones criollas, aun en los -que casi se dirían trabajos de _folk-lorista_, me perfuma y melifica -el humor, me brinda el impagable regalo de la risa, de la honradez -literaria, después de soportar tanta imitación desatentada, tanto -pseudo modernismo, tanta farsa intelectual como los que han invadido -la literatura española e hispanoamericana al amparo de la libertad del -Arte y de la sinceridad y noble entusiasmo de los iniciadores. - - - - - O poesía asturiana. - - -Los poetas de Asturias, esto es, los poetas que escriben en asturiano -y los que escriben o escribieron en castellano, son poetas castellanos -o españoles. Los dialectales hablan la lengua del terruño, expresan el -alma popular, tienen un noble abolengo que se arraiga en un recóndito -pasado. Tal pensaba leyendo, en la playa cantábrica, la antología de -Caveda y Canella Secades, y en algunos periódicos locales, poesías de -los poetas que cantan ahora. - -Es el lenguaje armonioso y sonoro como la antigua fabla, con la cual -tiene más que semejanzas. No sin razón la tenía en tanto precio aquel -gran asturiano que se llamó don Gaspar Melchor de Jovellanos, que -escribió una notable instrucción para la formación de un _Diccionario -bable_, que puede leerse en la colección de sus obras, publicadas e -inéditas, de la biblioteca de Rivadeneyra. - -En la antología que he citado hay poesías de autores de pasados tiempos -y cantares anónimos, de esos que en todas partes brotan del corazón -popular y circulan de boca en boca, sin que se sepa quién los compuso. - -Don Antonio González Reguera fué un discreto y muy gracioso rimador -de Asturias, que nació a principios del siglo XVII, y del cual se -conservan algunas producciones. El romance que trata del pleito entre -Oviedo y Mérida sobre la posesión de las cenizas de Santa Eulalia, es -muy gentil y de un sabor de época verdaderamente propio. Es la poesía -más en dialecto asturiano que se conoce: - - Cuando ensamen les abeyes - y posen de flor en flor, - si les escurren s'espanten - vanse y non facen llabor, - dexando el caxello vieyo - pa buscar otro meyor. - Sant'Olalla fó l'abeya - que de Mérida ensamó, - enfadada q'adorasen - les fegures de llatón. - Entoncies el rey don Gil - andaba en guerra feroz - con los moros que quería - encabezase en Lleón. - Permitiólo aquesta santa - que les victories i dió, - matanza faciendo vi ellos - fasta q'en Mérida entró. - Llegó al pueblo d'esta ñeña - que temblaba de pavor, - y esconfiaba de so cutre - solliviada de temor. - Cutieron los santos güesos - viendo que s'arrodiyó; - si estovieren más carnudos - saldrín fei acatación. - Trúxoles el rey piadosu, - de llacería los sacó, - y metiólos per Uviedo - con gaites e procesión. - Mérida diz que i tornen - esta prenda que i faltó; - diga ella que quier ise - y aun con eso... quiera Dios. - Si quieren que la llarguemos - páguennos la devoción - ansí de los que finaron - como de los q'ora son. - Díguenlo al Santo Sudario - ver quiciás si da razón, - pos non tien utro cuidado - el Señor San Salvador. - ¿Quián ora i lo mandará? - bien s'echa de ver que nos: - si nos lleven esta santa - no hay más d'arrimar la foz. - Dirán ellos:--«Morrió acá»; - diremos nos:--«Non morrió, - q'está viva par'Asturies, - si está muerta para vos». - Y aunque la lleven, m'obligo - que se torna per ú fó, - porque dexa conocidos - y gran comunicación. - Si por amor d'esta santa - Extremadura llibró - el Principado heredero - puede ir tomar posesión. - Ella está muy bien acá, - l'otro vaya per ú fó, - porque están de nuestro llado - l'obispo y gobernador. - Nosotros los de Capote, - cual con un ral, cual con dos - seguiremos iste pleito - fasta llevalo ente Dios. - -Es la antigua voz de este pueblo. Supongo que la habréis comprendido -los que podéis leer a Berceo y a Segura; si no, vaya en obsequio a los -asturianos del Río de la Plata que me leen. - -Del mismo autor de ese romance se conservan algunas composiciones de -asuntos clásicos, hechas de manera burlesca, como fué uso entre ciertos -humanistas de buen humor. - -Así _Dido y Eneas_ y _Hero y Leandro_. Solamente que algunos copiantes -desfiguraron los versos originales, según dice el canónigo Posada, -«ora por los que no entienden el bable, o ya por escrupulosos y -timoratos, que los castraron de palabras y expresiones menos decentes -y sustituyeron en su lugar otras y hasta octavas enteras». Temblemos -pensando en cómo hubiera quedado la obra del Arcipreste de Hita si -otros copiantes le aplican semejante castración. No obstante, en lo que -queda de González Reguera, las sales y picantes no faltan. Así en _Hero -y Leandro_ hay octavas como ésta: - - Mató ansí cinco toros y acabóse - la fiesta sin facer seña nenguna. - Baxó la ñeña y el galán posóse, - y acompañóla por probar fortuna; - yo pienso q'ella, p'hácia sí folgóse - de bella cavo si, que no hay delguna - si quier bien, q'a les dures o apretades, - non i ximielguen lluigo les corades. - -Hay un don Francisco Bernaldo de Quirós y Benavides, de quien se tienen -pocos datos biográficos, pero del cual se sabe que «perteneció a la -noble Casa de Quirós después que don Francisco Bernaldo de Quirós, -décimoquinto descendiente del fundador, casó con doña Jerónima Bernaldo -de Quirós y Benavides, llevando los sucesores desde entonces este -último apellido a continuación del de Quirós». Del don Francisco -poeta es un romance que califican los antólogos de «precioso romance -jocoserio, acabado modelo descriptivo, donde compiten a porfía el fácil -poeta y el consumado jinete». Vale decir que nos las habremos con un -antiguo _sportsman_: - - Señor don Pedro Solís, - el que tien e'nes corades - un macón de sacaberes - y un camberu d'allacranes; - el de Mayuelu con zunes, - si non quier que i lo llame - pieza de Baldeburón - que sal bien, pero ye tarde; - alferi mayor d'Ubiedo - q'anque pese a quien pesare, - puede meterse a conceyu - sin quitar les sos polaines. - Sepia so mercé q'agora - que han de fer en todes partes - al mayorazu d'Asturies - xuramentos prencipales, - se m'ofrez el pronponei - un truecu para que saque - un bon rocín ne los díes - que ñarbole l'estandarte. - -Para comprender ciertas alusiones son precisas notas, y además os -haré gracia de más copia, puesto que no estáis como yo en este buen -suelo asturiano, en donde hay tan gallardas muchachas que hablan su -viejo dialecto, y alegres gaitas, y mar soberbio, y sidra que hay que -saber «espalmar», como lo hacen los joviales visitantes que vienen a -merendar al amor del azul y de la marina espuma. No os hablaré, pues, -sino de paso, de los viejos cantores, como cierto impagable don Antonio -Baldivares y Argüelles, festivo--¡todos festivos!--y de quien se -cuenta que fué «de carácter alegre, jovialísimo y propenso a bromas y -ejercicios divertidos, demostrando un buen humor que no abandonó hasta -los últimos momentos». O del latinista don Bruno Fernández Cepeda, -también regocijado, con todo y ser dómine, o por lo mismo, y que dice -en uno de sus romances: - - Entra el potrumedicatu - con sos paxes y corchetes, - y, echándose sobre min - com'unes utres famientes, - desalforxando sos chismes - entre dimes y diretes, - me esfarrapen a sangríes, - me destocinen a friegues, - me chamusquen con ventoses, - con baños me despelleyen, - con xiringanzos m'esfonden, - con supedanios me tueyen, - con agües me desbauticen, - con untures me esfelpeyen, - con emplastos me taracen, - con gataplasmes me afrellen, - con parches me destapinen, - con cantárigues me esfuellen. - -O bien doña Josefa Jovellanos, hermana del famoso don Gaspar, y la -cual, aunque grave y devota, como que se metió monja, no demuestra en -sus versos sino un natural risueño y poco dado a melancolías. Y luego -don José Caveda, varón sabio que sentimentalizó en tales o cuales -versos, sin que abandone la tradición jocosa del país; y los anónimos, -en fin, como el autor del poema _La Judith_, o los de tantos cantares -como éstos: - - En Candas hay bones moces, - en Avilés la flor d'elles, - en Luanco mielgues curades - y en Xixón paraxismeres. - -Y los que dicen la historia de Maruxiña, la historia eterna de todas -partes: - - Ay, Maruxiña, - la barriga duelte; - por so les faldes - coxiste la muerte. - Ay, Maruxiña, - tu fusti a los figos, - fusti muy tardi - y ya estaban coídos. - Ay, Maruxiña, - tu fusti a los prumos, - fusti tempranu, - no estaben maduros. - Ay, Maruxiña, - del pie delicau, - ¿quién te mandó - reblincar en mío'prau? - -Y algunos de muy ingenua y práctica filosofía popular: - - Quixe casame contigo, - y eché lleña en to portal, - dácame acá la mió lleña, - que non me quiero casar. - El que sabe como files - y cómo quiés tú coser, - primero va pa'l'hespicin - que te escuya por muyer. - El cura del mió lugar - ye prontu pa recibir - y muy tardío pa dar. - -Actualmente hay varios tocadores de lira que lo hacen con bastante -bizarría y donaire, tales Bernardo Acevedo, y un cierto Marcos -del Forniello, y, sobre todo, un famoso Pepín Quevedo, orgullo de -estos contornos. Todos ellos sostienen las tradicionales maneras de -humorismo y de gracia, y Pepín Quevedo--apellido obliga--es el aeda -representativo de tan envidiable ecuanimidad. De él hace un su colega -el más halagador retrato en unos versos que, entre otras cosas, dicen: - - Como amigo, y'un amigo - sin trastienda ni trasiego; - com'home, pa la muyer, - dulce como'l carambelo; - como padre, y'un padrazo - que reblinca co los neños; - y como poeta'n bable... - ¡Contra! ¡Me valga San Pedro! - ¡me caso'n Xudas, recongrio! - non y'un home, y'un xilguero! - -Y como habrá que citaros algo de Pepín Quevedo que garantice la fama de -su buen humor y de sus sales poéticas, he aquí algunos de los que él -llama _Cantares estropiaos_. - - «Al pie de un árbol sin fruto - me puse a considerar.» - Que le home que sal borrico - non lo puede remediar. - «A la luna pregunté - si era pura la que amaba»... - La lluna, naturalmente, - non arrespondió palabra. - «Por San Juan hizo un año - que te quería»... - Triste cascabelera, - conque ahora... infla. - «Los pajarillos y yo - nos levantamos a un tiempo»... - Ellos a comeme'l trigo, - yo a trabayar com'un negro. - -Y vayan todas estas cosas, como he dicho antes, para los asturianos del -Río de la Plata, que encontrarán en ellas el eco de su Cantábrico, la -sonrisa de sus hermosas mujeres y el perfume del oro claro e hirviente -de la sidra. - - - - - Prólogo que es página de vida. - - - I - -Estas líneas, que sirven de prólogo a la producción literaria del -doctor Luis H. Debayle, puede decirse que constituyen una página de -mi vida. O más bien dos páginas: una de primavera y otra de otoño, -ambas perfumadas por nuestras esencias de Nicaragua, de flores de -jardines domésticos, rosas, azucenas, «mapolas» u orquídeas del bosque -intrincado. - -Pues mi conocimiento con este querido sabio armonioso viene desde la -infancia, allá en la centroamericana ciudad de León. Allí tenía yo -un primo que reunía en fiestas dominicales a niños amigos, entre los -cuales Debayle y yo. ¡Oh la casa de mi tía Rita, en que la fatalidad se -descargó un día!--¿justa o injustamente? ¡Dios lo sabe!--, y aquellos -bailes de adolescentes, al son del piano, y los cuales solía perturbar, -regocijar o asustar la aparición de dos enanos velazquinos que mi tía -albergaba en su casa... Exactamente como en el Museo del Prado y como -en la Historia. - -Alegremente seriecitos nuestros bailes--trece, catorce, quince años -el que más de nosotros--. Mi primo tenía «haciendas» de ganado y de -caña de azúcar y su padre era cónsul. Otros eran hijos de médicos, de -abogados, de gente excelente del Municipio. Luis Debayle presentaba -muchas ventajas: tenía un bello tipo, era francés, y su padre, cuyos -ojos azules reflejaban empresas de Lally-Tollendal y la Compañía de -Indias, que habrían deleitado a Francis Jammes, hacía cargar en los -puertos que dejaron los viejos españoles bergantines con la bandera de -Francia, que traían a Europa maderas olorosas y de tinte, rojas como -el Brasil y amarillas como la mora. Pero entre todos los adolescentes -que danzábamos mazurcas y polcas con las niñas, era yo el que hacía -versos. Ello me creaba la extraña, pero innegable superioridad que -tienen el arzobispo, el ruiseñor, el torero y el pavo real. Como me -comprenden ellos bien, ni el arzobispo ni el ruiseñor tomarán a mal -lo promiscuo. Ya se entenderá que yo, que veía en Luis Debayle el -hijo de un realizador de ensueños que había sorprendido en tal cual -almanaque, y él, que me confiara desde luego su amor a la música, -hiciésemos en seguida una gentil unión de cariño. En casa de Debayle, -a poco tiempo de nuestra primera intimidad, bajo la complacencia -maternal, fraternizábamos furiosamente en el acordeón. Por lo que a mí -toca, _hoc era in votis_, y he aquí por qué aun estoy y estaré siempre -enredado entre los profusos y dificultosos para la marcha en el mundo -de laureles apolíneos. - - - II - -Fué, pues, Luis Debayle uno de mis primeros compañeros de armonía. Así -en acordeón, cielo azul, u órgano en la iglesia de la Recolección, -de los jesuítas. O en San Ramón, donde tanto él como yo y tantos -otros ostentamos en el pecho la cinta azul y la medalla de oro de los -congregantes: - - Oh María, - madre mía, - dulce encanto - del mortal... - -dirigidos y acariciados por un padre Tortolini, anciano, un padre -Valenzuela, poeta de Colombia, un padre Koning, sabio astrónomo, un -padre Juinguito, hoy obispo de Panamá... Y lo que he perdido en el -recuerdo... - -Hay muchas lagunas en este largo poema de tiempo en donde cantan tantas -elegías... Mas es el caso que Luis Debayle y yo simpatizábamos en el -amor de la lira y que ya él empezó a quererme como un hermano y yo a -corresponderle de igual manera. Hasta donde me era posible, ¡helas!, -pues el primero, que tenía haciendas y bufones le quería también como -un hermano, y a pesar de mi ventaja poética, la competencia no era -posible. Solamente la gran Hoz pone todo en su punto de justicia. - -La verdad es que, poco tiempo después, yo me eclipsé, o más bien no -aparecí literariamente, pues las odas y las cantatas de los padres -hacían otros privilegiados, entre los cuales ese buen talento tan -práctico y tan literario y tan sentimental de Román Mayorga Rivas que, -comprendedor de su tiempo y de su misión, es hoy director del primer -diario a la yanqui de la República del Salvador. ¡Y todavía Francis -Jammes! - -Entre estas memorias, que yo pongo aquí: - -(Este ramo de ciprés para Mercedes, y este otro ramo de ciprés, con una -rosa blanca, para Narcisa.) - - - III - -Aquí no debía faltar que yo hablase de don Juan Pallais, uno de los -tíos Pallais, de Luis de Bayle, hermano de su madre, afianzándose así -el predominio de la sangre francesa. Y mi gratitud debe expresarse en -memoria de quien fuera mi iniciador en la guía gala y la golosina, -siendo como era aquel buen caballero _gourmand gourmet_. Y qué -capítulo por escribir el de la cocina nicaragüense, que viene de -seguro de aquellos platos profusos y maravillosos que se hacía servir -el emperador mejicano Moctezuma y de los que hablan Cortés, Gomara y -Bernal Díaz. - -Mas llega el instante en que, en revistas ínfimas y precarias, en un -medio primitivo, los jovencitos tentados por el demonio literario -que era entonces ángel jesuíta, diéramos al viento sendas silvas a -la clásica, naturalmente dirigidas al Mar, al Sol o la Virgen María. -Y Luis Debayle realizó entonces tales o cuales lanzamientos líricos, -más o menos divino Herrera o humano Alberto de Lista, que hoy mismo -pueden sin desdoro figurar entre sus producciones rimadas. He de -insistir siempre en que los padres de la Compañía de Jesús fueron los -principales promotores de una cultura que, no por ser, si se quiere, -conservadora, deja de hacer falta en los programas de enseñanza -actuales. Por lo menos conocíamos nuestros clásicos y cogíamos al pasar -una que otra espiga de latín y aun de griego. Jóvenes nicaragüenses de -ese tiempo hay hoy, que, según tengo entendido, son hasta obispos y -profesores en lejanas regiones. - -El tiempo pasó. Yo partí, aun en la adolescencia, de mi tierra. Debayle -supe entonces que había ido a París a estudiar medicina. ¡A París! A su -dulce Francia, en que tanto él como yo soñábamos después de desleir en -el fuelle armónico y viajero alegres marianinas, romanzas sentimentales -o sones aprendidos de los marineros de Corinto o del estero Real. - -Cuando partió Debayle escribió una página cordial en que junta a sus -dos patrias: la grande Francia y la pequeña Nicaragua, en su afecto -igual. Pero por más que él diga, prevalece, a pesar del afán de la -tierra, el corazón francés. - -Corazón francés, cerebro francés, nombre francés, eso es Luis Debayle. -Solamente su gloria es centroamericana, pues el laurel no da sus -ramos sino en donde se le riega. Y si, aunque nacido en Nicaragua, es -ciudadano de Francia, su ciencia es en el país tropical y maravilloso -donde vierte su bien. - -Su ciencia. Los que vivís en ese gran Buenos Aires de millón y medio -de habitantes, palenque de todos los progresos del mundo; los que -lucháis en esas capitales ricas y soberbias--dos o tres apenas en -nuestro continente hispano-parlante--no podéis saber lo que de posible -y de imposible ha realizado Luis H. Debayle para el saber médico -en su pequeño país de acción y para que su nombre sea reconocido -con elogio y su persona rodeada de consideraciones en los centros -científicos europeos. Por más que adelantamos, Europa es aún el crisol -del pensamiento del mundo. Y el mejicano Herrera; los brasileños, los -argentinos Pérez, Ramos Mejía, Ingegnieros, Sixto y algunos otros, -han logrado, al dejar su nombre marcado en una roca europea en la -ascensión de la ciencia humana, lo que muchos no comprenden. Y así el -franco-nicaragüense Debayle, descendiente de Montgolfier. - -Saber e investigar mucho, constantemente; enseñar, curar, dar la vida, -contribuir en tantas partes de la tierra: Wáshington, Méjico, La -Habana, Budapest, París, a la recopilación de ciencia y de experiencia; -ser querido y alabado por los Peau, Richelot, Landouzy; ser llamado -un día a presidir, en la metrópoli de la gloria, un congreso de -eminencias; amar de veras y con toda el alma su don científico y -todavía saber recordar que Esculapio es hijo de Apolo. Pues he aquí que -Debayle ha perseverado en el amor de la Lira, lo cual contribuirá a que -en su jardín interior, aun en el invierno vital, haya rosas frescas. - - - IV - -Si él publica este libro, es quizá por consentimiento a indicaciones -amistosas, y sin ninguna ambición de «ma-tu-lu». Y luego, casi todas -son flores de un jardín familiar; flores nicaragüenses: «cundiamor», -«bellísima» y azucenas de todos colores. Hay sones de las antiguas -liras románticas, de las que se «pulsaban». Hay sentimientos de hogar, -antiguos ecos amorosos, perfumes que aun quedan de una tradición -patriarcal. Y el mar nuestro aparece, mar de descubrimiento, de -Robinson y de Antilla. Y aquí que yo recuerde al Debayle que volví -a ver, después de tantos años, en el otoño de mi vida. Fuí a mi -país tras larga ausencia. Toda aquella tierra ardiente fué para mí -como un incensario. Se festejó nacionalmente el retorno del poeta -pródigo. ¡Cuántos amigos de menos! ¡Cuántos que se llevó la muerte, -cuántos cambiados, cuántos esquivos o por indiferencia tímida o por -miserias ciudadanas que hasta a las nueve musas visten con un color -político! ¿Qué tengo yo que desear allá sino que mi país natal adquiera -fuerza, riqueza y cultura? ¿Qué sé yo de los oñacinos de León o de -los gamboinos de Granada? Mas he de decir que el primer abrazo, o -el más fraterno, de la llegada, fué el de Luis H. Debayle. Grises -ya ambas cabezas, florecieron en seguida nuestros recuerdos, para -los cuales contribuyó la literatura y este o aquel rememorar de amor -igualmente perseguido antaño y nuestras mutuas conquistas y su París -y mi Argentina. Y yo desperté en aquella imaginación de buen sabio la -amable locura de los versos. Y fuimos a pasar los días de fuego de -aquel verano tropical, a una isla risueña, desde la cual se divisan -los cocotales del puerto de Corinto. Y allí hicimos rimas y ritmos. Y -allí supe cómo la pasión estética coronaba bellamente una existencia -de bienhechor de la Humanidad, y cómo el antiguo amigo de las odas a -la hispánica había ya escuchado las siringas y liras de los modernos -pastores y corifeos de poesía. - -En el seguro monumento que su patria ha de ofrecer al doctor Debayle, -junto a las simbólicas figuras que indiquen ciencia y caridad, sería -propio esbozar una musa, no por discreta menos de origen divino. Y -el abuelo Montgolfier estará en su eternidad satisfecho, cuando vea -cómo de cuando en cuando su ilustre descendiente se ha fugado de las -prisiones prácticas de la tierra para ir por los espacios de su globo, -caballero en el sublime caballo alado. - - - - - Letras chilenas. - - FRANCISCO CONTRERAS - - UN LIBRO SOBRE ITALIA - - -Hay un poeta de Chile que vive en París desde hace algunos años. Es -joven. Ha publicado ya varios libros y goza de renombre en el mundo -intelectual hispano-parlante. Se llama Francisco Contreras. Su primera -obra aparecida en Europa, _Toisón_ es una colección de sonetos. De -él dijo el incomparable Max Nordau: «Es realmente un toisón de oro -suntuoso, fabuloso, digno objeto de la heroica aventura de Jason, fin -«feérico» de la navegación del Argos». «Casi todas las piezas están -saturadas del éter poético, tienen un aspecto deliciosamente patricio, -son superiormente vistas, sentidas, dichas». A pesar del dañoso elogio -del doctor, que ha escrito lo que ya se sabe sobre todo lo que brilla -y vale en el arte contemporáneo, ese primer libro de Contreras tiene -poesías de mérito, sobre todo porque de los primeros ha procurado -apartarse del nuevo «poncif» castellano que ha echado a perder, entre -otras cosas, el alejandrino y el gusto por lo «compuesto». Aun cuando -se notan los orígenes o las supersticiones en la mayor parte de los -poemitas, el autor logra que se advierta su propio espíritu, sus modos -individuales de pensar y de sentir. He aquí una pequeña labor muy bien -trabajada, aunque con el exceso de preparativos que se acostumbrara -desde la introducción del simbolismo. - - En desmesuradas yemas, - sobre los tallos entecos, - en los parterres ya secos - se esponjan las crisantemas. - Flores raras, son emblemas - del arte de nuevos ecos, - amante de orlas y flecos - y de rarezas supremas. - Exóticas y hieráticas, - como princesas asiáticas, - pues que son raras, son bellas, - Prendidas entre los rasos - o abiertas sobre los vasos - como monstruosas estrellas. - -_Toisón_ fué publicado en 1906. - -Esto nos hace retroceder algunos años, al tiempo de la preocupación -por la escritura «artista» y por lo principalmente formal. Aun quedan -algunos cultivadores de la manera, tanto en América como en España. El -poeta chileno, por su parte, ha procurado, avanzando, renovarse. - -Así publicó, después de _Toisón_, _Romances de hoy_. Hasta puede -decirse que el salto fué demasiado brusco, de la poesía trabajada, -erudita, un tanto complicada, con escenarios fabulosos, con vocabulario -aristocrático, con un si es no es de dandismo, casi todo de influencia, -o de reminiscencia europea, a la poesía sencilla, sin artificio, quizá -a veces algo prosaica, o bastante ingenua en su sinceridad, pero que -mereciera estas palabras de un juez insospechable, el gran Mistral: -«Siento en sus versos, decía a Contreras el padre de «Mireia», la -amplia y libre vida de la América española». ¿Cómo no iban a ser del -gusto de Mistral versos como estos? - - Sobre el suelo, en la hora sin tules, - las sombras se cortaban nítidamente azules. - En torno del ramaje de higueras y cedrones, - rodaba un estridente rumor de moscardones. - Sobre un cerezo un mirlo gorjeaba con desgaire. - A intervalos, llegaban en la quietud del aire - gritos roncos, galopes raudos, ladrar de perros... - Era una trilla próxima, sobre el cordón de cerros. - Se veía la era, yeguas, los arriadores: - _Guasos_, mozos montados, con ponchos de colores. - Paróse. Dió unos cuantos pasos. Desperezóse, - enarcando los brazos con inocente goce. - La cabellera suelta, oscura, perfumada, - cubrió entonces sus hombros en sedosa cascada. - Hundió los ojos húmedos en la azul lejanía. - Luego, inconscientemente, despreocupada, fría, - trasponiendo la reja de madera del huerto, - echó a andar paso a paso hacia el gran campo abierto, - por la vieja alameda que servía de entrada, - sin mirar, sin pensar, sin recordar ya nada. - -El autor didactiza en su prólogo, y habla de un «período narrativo». -No oigamos sus explicaciones; gustemos de sus músicas gratas. Y los -que no hayáis vivido en el país chileno, podéis saber, por las notas -del volumen, muchos detalles locales. Y hallaréis, por ejemplo, esta -noticia inquietante: «Existe en Chile la preocupación de atribuir a los -poetas los calificativos de loco, perdido, vagabundo. De manera que, -lo que en toda sociedad culta es un señalado honor, en la nuestra se -trueca en motivo de escarnio o sello de ridículo. Un distinguido poeta -nacional nos contaba que en cierta ocasión, habiendo sido presentado -a una dama con las palabras de: el poeta señor Tal, se vió obligado a -protestar asegurando que era objeto de una mala broma...» - -¡Pardiez! Buenos Aires será todo lo prosaico, lo comercial, lo -financiero, lo práctico que se quiera; pero no podré olvidar que en mi -último viaje a la gran ciudad argentina, entre las manifestaciones de -gentileza que recibí de personas de diferentes clases sociales, está -la de una alta dama, gala de los salones, que, sin tener yo la honra -de conocerla, envió a mis órdenes su regio automóvil, durante todo el -tiempo de mi permanencia. Y todo a simple título de poeta. - -Y, sin embargo, con su reserva, menos ejecutiva que la disposición -platónica, Chile demuestra cordura. Los poetas son seres que perturban -el común pensar de las gentes, los modos de hablar y hasta las -costumbres. Así, si Chile ha levantado un monumento a don Andrés Bello, -es porque ese poeta venezolano llevaba en una mano un Código y en otra -una Gramática. Verdad es, que en el cerro de Santa Lucía de Santiago -hay otro monumento dedicado a don Benjamín Mackenna, que aunque no -escribió sino en prosa, era un varón de confianza con todas las nueve -musas. Y, con todo, ahí están los versos del romántico y melodioso -Eusebio Lillo, del huguizante Matta, del vario y noble de la Barra, del -sonoro Prendez, del horaciano Tondreau, del humorístico Irarrazábal. -Y ahí está lo hecho por la nueva generación que se enorgullece con la -producción del malogrado González, y de líricos como Borquez Solar, -Magallanes Moure, Valledor Sánchez y Miguel Roucuaut. Entre ellos se -destaca Contreras, sobre quien puedo ahora repetir lo que dijera hace -algunos años: «Creo que en nuestra América hay pocos que tengan un -tan sincero y hondo fervor de arte. Luego, en medio de ese fervor, es -ponderado y reflexivo. No violenta ni la idea ni el lenguaje. Mucho me -complace que no se haya dejado arrastrar por las peligrosas tentaciones -del versolibrismo. Hay en él duplicidad: es un intelectual-sentimental -que conduce bien sus designios entre los naturales desequilibrios del -talento». Cuando apareció _Toisón_, escribióle el ilustre J. Enrique -Rodó: «Muy grata ha sido para mí su lectura. Son versos de juventud -y sinceridad: sinceridad aun en sus artificios. Reflejan bien el -voluble y gracioso vuelo de un espíritu juvenil entre las cosas, o -mejor, entre sus figuraciones de las cosas». Y luego: «Crea usted que -sigo con afectuoso interés su actividad literaria. Su sentimiento del -arte, el amor que usted le profesa, son verdaderos y hondos; bien se -transparenta. No son la frívola vanidad de quien penetra sin real -vocación en los dominios del arte, y no dejará, de sus pasos, más -huella que la que puede quedar, en las baldosas del templo, de los del -visitante profano, que entró por un momento, movido de curiosidad y no -de fervor. Usted perseverará, completará su personalidad artística; y -seguro estoy de que cuantas veces, interesado en saber nuevamente de -usted, lo busque con la mirada, he de encontrarlo más arriba de donde -le haya dejado la última vez». Rodó fué profeta. Las nuevas obras de -Contreras señalan siempre mayor elevación. Su permanencia en París le -ha impregnado de la gracia artística y de la cultura ambiente. Y el -vivir le va enseñando cosas mayores. - -Sólo que, como todos los que no gozamos de rentas producidas por -grandes capitales y tenemos que sacar del cerebro para nuestros lujos, -caprichos, vicios o simples y precisos elementos de existencia, se ha -dedicado al periodismo. Así sus libros de prosa son sus artículos de -periodista. Y si el periodismo constituye una gimnasia de estilo, y el -pensador y el artista lo son siempre, no todo lo que para el diario -se escribe, por razones que no necesitan demostración, es digno de la -antología. Lo que es estrictamente de la actualidad tiene que pasar -como el instante. Sin embargo, siempre pone algo de su corazón o de -su mente el artista que escribe. Y ese algo suele verse a través de -las informaciones de esos libros de prosa urgida. Sin contar con -que, de cuando en cuando, surgen páginas íntegramente puras. En las -líneas preliminares de _Los modernos_, pongo por caso, he encontrado -incrustada una de las poesías de Francisco Contreras que son más de mi -agrado. - - _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente, - el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ - Bajo el puente oscilante del raudo transatlántico, - el mar alza en la sombra como un solemne cántico, - la luna que se eleva tras lívido celaje. - Tiende un cendal de perlas al trémulo oleaje, - y la sirena alada de la brisa marina, - pone en mi oído una canción triste y divina. - _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente, - el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ - A mi espalda el miraje de la nativa tierra. - Con su fértil campiña y su nevada sierra: - la ciudad en un nido de bosques frescos, grandes, - bajo el dosel de plata de los mágicos Andes; - el hogar entre rosas de la heredad florida; - y la madre dejada, y la amada perdida... - _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente, - el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ - Ante mí la amenaza del porvenir arcano: - el mar que entre las sombras canta su canto arcano, - el horizonte negro, mudo como una esfinge; - la luna que en la niebla un llanto eterno finge. - Y el soplo de la brisa golpeada de destellos, - que estremece las jarcias y azota mis cabellos. - _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente, - el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ - ¿Será mi afán fecundo? ¿Realizaré mi sueño? - ¿Me dará la victoria su laurel halagüeño? - ¿Conquistaré, en mi ruta la áurea forma suprema - para engastar la idea que me obsede; me quema? - ¿Conseguiré tras todo, aunque en porción escasa, - donar una luz nueva a mi raza? - _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente, - el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ - ¿O, tras esfuerzo vano, tras ensueño deshecho, - sólo hallaré el vacío del querer satisfecho? - ¿La desilusión trágica, el dolor desmedido, - del amante no amado, del apóstol no oído? - En fin, en una frase, de todo visionario: - ¿El desencanto eterno y el eterno Calvario? - _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente, - el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ - Heme aquí sobre el puente del raudo transatlántico, - el mar me envía el trueno de su solemne cántico, - la luna que muequea en la penumbra ingrata, - me envuelve en la tristeza de su llanto de plata. - Y la sirena alada de la brisa marina - pone en mi oído una canción triste y divina. - _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente, - el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._ - -Y en este nuevo libro sobre Italia, que se titula _Almas y panoramas_, -fuera de cálidas pinceladas, de «manchas» justas, de observaciones -juiciosas, lo mejor son los sonetos que a modo de musical introducción -hace resonar a la entrada de cada capítulo. De las principales ciudades -de arte de la divina tierra itálica, elige un alma y una visión; y -antes, el soneto sintetiza armónicamente e inicia el tema ideológico: -Así habla de «la ciudad de los palacios», o canta a Roma: - - Sólo restos y rastros de la imperial prosapia: - el Foro, el Coliseo y la antigua Vía Apia, - uno que otro sepulcro desmoronado, informe, - y al caer el crepúsculo, tu columna trajana - parece, en el incendio de la atmósfera grana, - la cruz desmesurada de un sarcófago enorme. - -Recomiendo a los buenos gustadores estos sonetos fervorosos de amor y -de admiración por la gloriosa península. El de Nápoles: - - Bacante poseída de embriaguez infinita, - bajo el beso del sol eternamente rubio, - del agua eternamente azul al suave efluvio, - Nápoles danza. Nápoles ríe, Nápoles grita. - En vano al horizonte como un ara maldita, - siniestra espiral de humo rojo lanza el Vesubio, - el mar sereno y límpido, bajo el áureo diluvio - del sol, en una eterna fiesta de luz se agita. - Desde los verdiclaros jardines de la playa - y el pintoresco y loco viejo barrio de Chiaia - con sus rejas floridas que el aire azul engríe, - hasta el monte en que albea su vetusto castillo - y sus cincuenta iglesias llenas de falso brillo, - Nápoles danza, Nápoles grita, Nápoles ríe. - -He citado íntegros esos vívidos versos napolitanos, que tienen tanto -color y tanta alegría, porque son de los mejores del volumen. El de -Bolonia, «ciudad sabia, de estetas y doctores»: el de Venecia, «¡Oh, -ciudad de las islas y los fúnebres barcos!»: el de Milán, - - Erótico y ascético como Manzoni, o como - Luini, Milán es un señor grave y de gala, - la oreja siempre atenta al eco de la Scala, - el ojo siempre atónito ante el mármol del Duomo; - -son excelentes. Y es de sentirse que no encontremos en el libro los que -corresponderían a otras urbes, como Pisa, Florencia y Turín. Quizá el -poeta los realice más tarde para una obra completamente lírica. - -El vaticinio de Rodó se ha de seguir cumpliendo y hemos de ver el -completo triunfo de quien desea que en su patria crezcan y se propaguen -los laureles verdes que, tanto o más que a los guerreros, pertenecen -por derecho propio a los portadores de lira. - - - - - Un poeta argentinófilo. - - CARRASQUILLA MALLARINO - - -En el Bogotá intelectual que os describiera en un libro memorable el -bien recordado Martín García Mérou, se destacaba de singular manera, -hace ya algunos años, la figura de don Francisco de Paula Carrasquilla. -Este era un gentilhombre de ingenio. Lleno de cultura y amargado de -vida desde muy temprano, supo acorazarse de filosofía, y su espíritu -prefería siempre manifestarse en epigramas apotegmáticos, alusivos, -corrosivos o risueños, que iban de boca en boca picando como abejas. De -la más pura tradición española, su castizo epigramario, en la parte que -no tiene de exclusivamente, diríamos así, municipal, debería figurar en -las antologías. En Colombia, desde luego, viven y se prolongan en la -memoria del pueblo. - -Como en la mayor parte de los satíricos, había en Carrasquilla un -sentimental, y sus espinas métricas estaban impregnadas de curare de -íntimas amarguras. Así murió con su filosofía y con su sufrimiento. - -Con su filosofía y con su sufrimiento diríase que renace en el espíritu -de su hijo Carrasquilla Mallarino, cuyo libro _Visiones del Sendero_ -acabo de leer, y cuyo hallazgo me apresuro a comunicar a mis habituales -lectores. - -Sé que hay quienes se extrañan por lo que llaman el exceso de mis -alabanzas y de mi entusiasmo para con los jóvenes. ¿Y a quién alabar y -por quién entusiasmarse sino por la juventud? Cuando el talento empieza -a florecer es cuando necesita riegos de aliento. Maldito sea aquel mal -sacerdote que engaña o descorazona al catecúmeno. Cuando han pasado -los días de los ímpetus primeros y se sienten venir las flechas de los -primeros desengaños vitales, ¿de qué sirve el estímulo? Los que supimos -de dolorosos comienzos y no encontramos en los albores de nuestra -carrera sino críticas acres o desdenes hirientes, comprendemos el valor -de un empuje, de un apretón de manos, de una sonrisa aprobadora, de -una rosa confraternal a tiempo. Quien no anima al joven que se inicia, -anatematizado sea. - -Y todo debe ir basado en la comprensión, porque sin comprensión todo es -comedia o engaño. Así pues, comprendiendo bien el alma de Carrasquilla -Mallarino, alma translúcida como un cristal y alma de amanecer, os -hablaré de ella y de sus condiciones de mentalidad y de armonía. Yo -conocí a este joven poeta en mi natal Nicaragua y allá fué mi compañero -solar junto a los mangales y cocotales y bajo los soles abrasantes de -la isla de Corinto. - -Fuéme simpático por lo comunicativo y cordial de su carácter, por su -rapidez de entendimiento, por saber que siendo de tan pocos años había -corrido mares y tierras extranjeros, hablando lenguas distintas y -ganándose el vivir noble y bravamente, y luego porque me encontré en -él a un gran admirador y amador de la Argentina, y porque supe que era -sobrino de Jorge Isaacs, el autor de _María_. - -Nuestras conversaciones eran sobre asuntos de artes y de letras. Él -era comedido, pulcro, observador, y jamás se propasó en confianza o -se explayó en pedantería. Pedía consejos a mi experiencia y pagaba -con buen cariño mi interés por su intelecto. No estaban en choque en -él sus dotes de hombre de negocio y comercio con sus facultades de -escritor y de lírico, y jamás fueron destruidos los perfumes bogotanos -por relentes de Nueva York. Por pura afición mental acompañóme hasta la -ciudad imperial yanqui, desde la isla nicaragüense cuando mi retorno -del último viaje que hiciera a las tierras de mi infancia. Después nos -vimos varias veces en Europa. Se me aparecía de súbito, sin previa -anunciación. Venía de Rusia o venía de Italia, o venía de Holanda, pues -sus afanes de _globe trotter_ no tienen punto de reposo, y he aquí que -de pronto no recibo su visita personal, sino la de su libro, su libro -de poeta, que he leído en esta otra isla de poetas. - -Inútil decir que se trata de una obra «moderna». Nadie puede hoy, en -cosas de pensar y de escribir, levantar la cabeza sin sentir que le -rozan la frente las ráfagas libres de las ideas nuevas. Y cómo será la -virtud de éstas, que aun, a su influjo, se suelen ver florecer fósiles. - -En este _pancours du rêve au souvenir_ si hay mucho de ideal hay no -poco de sentimental. La primavera se impone; pero no es una primavera -triste, casi otoñal, como suele verse frecuentemente en el corazón de -los poetas de verdad. - -Desde el comienzo del libro se ve que el autor venera piadosamente la -memoria paternal. Él estima y comprende la espiritual herencia. - -Así dirá en uno de los poemas: - - Hiciste de mi cuerpo una copa vibrante - para exprimir las uvas de tu viña sobrante; - y en el pretexto lírico de mi tiorba filial - ha seguido cantando lo que en ti fué inmortal. - -Al comienzo de la existencia ha tenido que saber de las angustias y -penalidades del mundo. Hay que comprender que en los días actuales -René y Olompio, además de sus congojas interiores, tienen que soportar -mayores ásperas luchas con la vida. En los intervalos de reposo este -cantor ha sabido estar, como dice el verso inglés: «de día con su alma -y de noche con su corazón». - - In the day the mind, - in the night the heart. - -Los hombres de la semiciencia hablarán de una precoz neurosis; pero -esto no es culpa de quien, desde los comienzos de su aurora, se siente -vibrar al soplo de ráfagas combativas. Nadie sufre por gusto, y esa -cosa misteriosa que se llama la fatalidad no usa de farsas. Fijémonos -en que cada uno de nosotros lleva envuelta su vida en un formidable -misterio. - -Así, pues, quedamos en que en este libro no hay mucha risa ni sones de -pandero, ni mucho contentamiento por estar sobre la tierra. - -Nótase juntamente que entre asuntos de amor y de ensueño hay tendencia -al himno civil, al vigor heroico, y amor e interés por el porvenir de -nuestra gran patria americana. Junto a una «gema simbólica», dedicada -a un poeta, hay un canto a Cuba, dedicado a la «memoria de Martí»; hay -tendencias a lo exótico, al japonismo; hay obsesión sensual y carnal; -hay el insaciable deseo baudeleriano de marchar siempre, de ir siempre -lejos, aun fuera del mundo, _Anywhere out of the World_. Y de repente -surge la serpiente bíblica, la dulce y terrible víbora femenina que, -escrito está, ha de morder a todo hombre, y ella será, como es lógico e -inevitable, «alma divina», «vaso de marfil», y toda la letanía. - -Como el lírico yerra por tierras distintas, el encantador áspid -habrá de renovarse, y ya acaecerá esto en París, ya en Méjico, ya en -Nicaragua, ya en Bélgica, ya en Cuba. Y ello será de tal manera, que no -es de extrañar que el corazón de un joven lleno de ilusiones y enfermo -de poesía quede hecho una lástima. Se encuentra el consuelo de lo -carnal, pero, ¡ay!, todos sabemos que la carne es triste... - -Para distraerse un tanto en tales emergencias se van dejando madrigales -en el camino. Se dicen decires y se cantan canciones, y luego está el -gran arsenal de los recuerdos. Así nos sorprende Carrasquilla Mallarino -rememorando, después de su querida parisiense, o flamenca o española, -una sabanera de su tierra natal, y de la cual dirá: - - Oh mi blanca sabanera - de pie desnudo y pequeño, - de porte franco y risueño - y vigorosa cadera; - oh, paloma tempranera - que diviniza el ensueño... - Con tu bambuco halagüeño - despertabas la pradera. - ...Amparado en tu cariño - burlo mi dolor de niño - en el imborrable ayer. - Hoy, lejos de tu alquería - tengo la melancolía - de nunca volverte a ver. - - * * * - - Por el boscaje sombrío - la gloria plenilunial - se filtra; murmura el río - su sonata de cristal. - Desde el callado bohío - sube el humo en espiral. - Los corderos tienen frío - bajo su toisón pascual. - Las neblinas fingen velos... - Están de boda los cielos - y en el plateado turquí - hay un lamento que vaga - --una pregunta que indaga - si te olvidaste de mí. - -Variados ritmos y rimas se dedicarán a la gracia y tentación carnales. -Hay una especie de masoquismo lírico para cada una de las personas de -las partes del cuerpo femenino. Son los ojos, las caderas, las cejas, -la boca, las manos, el cabello y--como en D'Annunzio y en Verlaine--una -y otra vez las manos. Como es de rigor, han de surgir de cuando en -cuando los principales conocidos personajes de la farsa italiana. De -cuando en cuando, entre mujer y mujer, se impondrá un buen trozo de -filosofía. En climas diferentes y bajo cielos distintos, la invasora -e inexorable tristeza, y el tábano interior del forzado recuerdo. -Encuentra un hermano en cada artista. Así tal hombre que toca el -violoncello sobre las olas: - - Fluye un pasaje trémulo de Bach... El violoncello - es como un aparato para hablar con el cielo - de las cosas del alma. El músico es todo arco; - diríase que es suyo el corazón del barco... - -Aquí pasa una visión parisiense; allá se ve una luna de Flandes; aquí -se canta el «gran despertar de la tierra». Y las vampiresas vuelven a -imponerse de tanto en tanto, como por irremediable turno, y ante ellas -se deshojará una copiosa cantidad de versos. - -Mas he aquí que se imponen deberes espirituales y superiores y, por -ejemplo, «El grito de la hora», dedicado «a la memoria del gran -Bartolomé Mitre», nos señala otra actitud del poeta: - - Soy el último, es cierto, más sería el primero - en derramar la sangre lírica por el fuero - de la divina raza de América latina, - cuyo sol milagroso parece que declina... - Las águilas y halcones sienten hambre. En el Norte - los inviernos castigan y los fuegos de junio. - Los pájaros rapaces buscan el plenilunio - de los amados cielos, donde brilla la corte - de estrellas que derraman la luz del porvenir. - --¡Hermanos! ¡Es la hora de poderos unir! - -Él admira la luminosa figura del patricio argentino, ansía el glorioso -porvenir de nuestra raza, sueña con la fraternidad de nuestras -naciones, y teme la conquista de los fuertes bárbaros blancos del -Norte. Estas ideas han de exteriorizarse más claramente en su poema -_Estelar_, especie de confesión rimada, que es de lo más intenso e -interesante del volumen. Véase este fragmento: - - ...No más lenguas extrañas - ni extranjeras amantes, veleidosas y frías. - Un hálito de América anima las campanas - y los densos palmares murmuran alegrías. - El océano a la espalda, con hervores de estelas: - la playa que el sol dora, rica y hospitalaria. - ...Plegaban los marinos las fatigadas velas... - cuando, desde la proa, modulé mi plegaria: - --¡Salud! Patria doliente, bella hasta en el ultraje - del bárbaro del Norte: Bríndame tu hospedaje, - dame de tus almíbares y acójanme tus cielos, - abrígame del frío que he sentido en los hielos; - y hoy que sobre tus llanos mi blanca tolda fijo, - déjame que te llame con amores de hijo. - --Tengo tu misma savia, hablo en vivo español, - llevo fiebre de montes y nací bajo el sol. - - * * * - - Y oficio en los altares de mi Patria, contrito - de haber manchado un día la blancura del rito. - ...¿Mi Patria?... ¡Sí! Mi patria es todo un continente - sin fronteras, sin odios y sin rivalidades, - sin funambulerías y sin mediocridades, - sin canalla que erija palacios a Monroe, - sin turbas de alma triste ni «reyes paralíticos», - ni zafios mercaderes, ni rufianes políticos... - Y sin oro de Wáshington, que envilece y corroe. - - * * * - - Bien sé que hemos nacido en los tiempos amargos - de ojiazules mercurios y de frivolidad, - de las «infamias duras y de los vientos largos», - con precio a la vergüenza y a la debilidad. - Que ya no hay Robespierres ni Dantones en Galia, - que Fallières va a Britania y que el Emperador - de los bigotes clásicos sonríe... Y que la Italia - recibe dulcemente a Roosevelt «cazador». - Que España, bisabuela de glorias y blasones, - sobre cuyos dominios brilló el sol de Josué, - ya no tiene castillos de ultramar ni pendones, - ni Felipe II, ni corajes de fe. - - * * * - - Mas fulge en nuestra América una aurora divina - --Helios en campo blanco y entre franjas de azur-- - gloriosamente noble: Es el sol de Argentina. - Es la flor de la raza que ha nacido en el Sur. - Desplegado en el cielo con que se viste el Ande - --azul y blanco y fuerte el gayo pabellón-- - ha de ser en la historia como ninguno grande - porque inicia un abrazo de confederación. - Grande porque de Anahuac y Cuba hacia el Estrecho - de Magallanes cunden los fueros del Derecho. - Oigo palpitaciones como en un solo pecho - ante el águila negra colocada en acecho. - - * * * - -Como se ve, se está ya muy lejos de la idolatría de «_l'enfant malade_ -y doce veces impura», y a pesar de las urgencias amorosas de la -juventud, la voluntad del canto se remonta a conceptos universales y -trascendentes. No tendré sino aplausos para tales ímpetus, y el deseo -de que se sostenga la perseverancia. - -En cuanto a la construcción y técnica del libro, a nadie sorprenderá -que un poeta que no ha llegado a los veinticinco años no sea poseedor -de una segura experiencia. En tales o cuales partes se podría señalar -un exceso de exuberancia--defecto de la primavera y del americano -bosque--un abuso del paréntesis; una, en ocasiones innecesaria, -complicación de ritmos y cierta audacia de adjetivación, tachas todas -que indicarán cualquier cosa menos mediocridad. - -En resumen: se trata de un artista, de un poeta, poseído del ensueño, -del innegable _deus_ que exalta a los verdaderos enamorados de la -belleza; de un sensitivo, de un intelectual, de un cantor de cantos que -vive con su mente de día y con su corazón de noche. Y, pues, ama a la -Argentina, si en su carrera errante algún día llegase a pisar vuestro -suelo, haced que sienta suaves y propicias las brisas del gran Río de -la Plata. - - - - - VARIA - - - - - VARIA - - [Ilustración] - - - - - En el barrio Latino. - - -En este atrayente París siempre tengo de América o de España un amigo -a quien haya que ciceronear, que pilotear, que llevar de aquí a allá, -según sus deseos. El más reciente, después de haber recorrido los -museos, los monumentos principales, los teatros, me dijo: ¡Ahora deseo -conocer un poco la bohemia, esa alegre bohemia del barrio Latino! - ---Señor mío--le dije--, esa no existe. - ---¿Cómo, no existe? ¿Y Rodolfo y Mimí? - ---Difuntos. - ---Pero usted ha hablado, hace algunos años, de bohemia del barrio -Latino en _La Nación_. - ---¡Sí, hace doce años! Las cosas han cambiado. De todas maneras, para -que usted se convenza, iremos a verlo. - -Y fuimos esa misma noche. - -Comenzamos por visitar los clásicos cafés D'Harcourt, Vachette, -Soufflet. Unos cuantos caballeros particulares, solos o en compañía de -más o menos elegantes damas o damiselas. - ---¿Y los estudiantes? - ---Esos son los estudiantes. - ---¿Y esa gravedad? - ---Los estudiantes actuales son graves, gravísimos. Han leído todos los -libros y tienen la carne triste. - ---¿Y los gorros tradicionales? - ---Suelen llevarlos los que no son estudiantes. Fijáos. Esos jóvenes -bien vestidos trascienden a bulevar, y no al de Saint-Michel. Son -vividores y arribistas. Juegan a las carreras y se mezclan en las -pequeñas políticas. El antiguo estudiante, desinteresado, jovial, buen -muchacho, lírico o cancanista, ha desaparecido. Y entre las filas -de los nuevos, no es raro encontrar el candidato a la correccional, -el sospechoso galán que aquí tiene un nombre ictiológico, y hasta -el futuro cliente de los presidios. Mi querido señor Murger es ya -tan viejo como Villon, y las Mimís de hoy conocen Saint-Lazare por -repetidas visitas. - -Fuimos a comer a la _taverne_ del Pantheon. - -Las mesas estaban casi todas ocupadas, bajo el _plafond_ en donde -triunfa la apoteosis de Verlaine. ¡Del pobre Verlaine! Nos sentamos y -pedimos el _menu_, que, como en los grandes _restaurants_, no tiene -los precios marcados. Oímos que se detiene a la puerta un automóvil, y -un joven, con una muy bien prendida cocota, entran y van a sentarse no -lejos de nosotros. Un caballero a mi lado, con la roseta de la Legión -de Honor, solo, se aplica una sustanciosa perdiz trufada, regada con un -burdeos venerable. Es el actor Mounet Sully. El _sommelier_ va de un -punto a otro, apuntando los vinos. ¿El joven y su compañera, que acaban -de entrar, comerán con _cordon rouge_? Hay un ambiente de elegancia y -de alta _noce_ que choca a mi amigo en semejante lugar. ¿Pero no es -este un centro de estudiantes? - ---Es este un centro de estudiantes. No estamos en el café de París; -estamos en la _taverne_ del Pantheon. Pero el estudiante de hoy, rico -o vividor, viene en automóvil, tiene una querida de lujo y come con -_cordon rouge_. ¿No os parece que se pierde en las lejanías de un -tiempo tan fabuloso como el de Homero, la figura de Schaunard, de -Colline, de Marcel, y «la influencia del azul en las artes?...» Sí, -amigo mío; todo eso es un pasado ensueño. Y al estudiante actual que -le preguntáseis si ha leído la novela cara al maestro Puccini, os -respondería sin vacilar: _¡Connais pas!_ - - * * * * * - -Rue Champollion, en el _cabaret_ llamado Les Noctambules. Es un -lugar exactamente igual a sus congéneres de Montmartre, Lune rousse, -Quat'-z'-arts, o des Arts. ¡Cuánto tiempo hace que no asistía yo a una -de estas típicas reuniones! La primera vez, allá, cerca de Butte, fué -un deslumbramiento y un encanto para mi juventud soñadora y ansiosa -de las cosas de París, por tanto tiempo deseadas. Los _cabarets_ me -parecían templos de poesía, las queridas de esteta, diosas o princesas -prerrafaelistas; y los cantores melenudos aedas maravillosos. - -Al entrar a Les Noctambules evoqué mis sensaciones pasadas. Era un -medio igual a los antaño conocidos. Una sala un tanto estrecha en -donde en sendas sillas se aprieta un auditorio heteróclito. En los -muros, retratos de artistas y cuadritos de caricaturistas conocidos y -desconocidos. Un piano cerca de la entrada y una tarima adonde suben -los cancionistas a llenar su número. - -Las sillas están todas ocupadas, y, con dificultad, en un rincón, -logramos que se nos coloquen dos desde donde podemos presenciar la -función, el desfile de personajes. Los mozos circulan, llevando a los -consumidores el indispensable _bock_, o cerezas en aguardiente. Hay en -la concurrencia tipos de todas clases. Unos parecen burgueses con sus -esposas e hijas; otros, estudiantes y pintores, u hombres de letras -y sus correspondientes alegres mujeres. Para hacerme recordar más -las antiguas noches montmartresas, he ahí que se me acerca vendiendo -programas el enano Auguste, el enano velazquezco del _cabaret_ de -Quat'-z'-arts, el tantas veces retratado por el lápiz de Leandre. - -El _cabaret_ Les Noctambules fué fundado hace unos cuantos años por -Marcel Legay, a iniciativa de Martial Royer. Ya antes, sin resultado, -se había intentado hacer algo semejante en el café Procope y en el -Voltaire. Legay publicó un lírico manifiesto dirigido a _messieurs les -étudiants_, y el _cabaret_ se fundó, con buena suerte que le dura hasta -hoy. Los artistas son los mismos que en Montmartre. Todas las noches -tienen que pasar el río para ir a cantar su canción. - -Boyer anuncia que «nuestro querido compañero Maurice Merall va a -ocupar la atención del público», y aparece un señor que dice más -bien que canta, acompañado por el pianista, unos cuantos _couplets_ -escatológicos sobre los malos tratamientos a los negros en las colonias -de África. Cada grosería es aplaudida por los hombres y sonreída por -las mujeres. Tras el último aplauso, se anuncia a M. George Gerad, -llamado Bernardini, «antiguo bandido corso». Este señor, de tipo en -efecto corso, pero no de bandido sino de hortera, canta y canta mal: - - Je suis Bernardini le fameux bandit corse - qui sème la terreur, l'effroi dans le canton; - ma figure est farouche et mon aspect féroce, - le monde m'obéit comme un chien le bâton. - -Y la gente ríe y celebra eso. Luego llega Lemercier, a quien han -retratado como una Marioneta y canta su canción de las legumbres; una -tontería. Luego llega Paul Marinier a quien se le pueden perdonar -muchas cosas por haber escrito lindas canciones, como «Au clair de la -lune» y otras. Este cancionero tiene la figura de un criollo, con su -rostro un tanto moreno y sus grandes bigotes negros. Acaba su tarea, se -le aplaude con un _ban_, y sube a la tarima un M. Charles Fallot, que, -en verdad, merece su apellido. - -«Nacido en Pekín, de padre inglés y madre china. Ha servido a la -Francia cinco años en la Legión extranjera. Casado en Inglaterra -con una holandesa, nacida de padre español y madre noruega». En una -palabra, un _chansonnier bien parisien_. El _chansonnier bien parisien_ -canta: - - L'étoile d'amour - j'oublierai... - j'ai rêvé de l'aimer - la petite Église - aimer! - - * * * * * - -Un conocido, Gabriel Montoya, poeta de verdad, de quien próximamente -dará la Comedie Française _Le baiser de Phédre_. Me fué presentado hace -años por Carrillo. Habla bastante el español. Es doctor en Medicina, y -ha sido médico de uno de los vapores de la Compañía Transatlántica, por -algún tiempo. Su biógrafo funambulesco dice que «courut en morticole -les dos hémisphères, contracta la fièvre jaune à Cuba, vendit du -café à Haïti, perça part en part dans un duel a mort un huissier -nègre à Port-au-Prince et regagna Paris». Montoya es personalmente -muy simpático. Aparece. Tenoriza con cierta gallardía meridional, y -se va. A las damas gustan sus canciones de amor, canciones llenas de -sentimiento y de romanticismo. Vale más. - -He aquí a Marcel Legay, con su gran cabellera. También poeta, de los -pocos poetas perdidos entre esas _boîtes_. Pobre y buen autor, de la -raza solar. Ya está viejo y cansado: mas aún vibra su fuerte y sonora -voz: - - Écoute o mon coeur, écoute la harpe - du vent de chez mon pays d'Artois, - c'est un très vieux air, des bords de la Scarpe - qui chante aujourd'hui tout comme autre fois. - -«J'ai écrit--dice el poema--j'ai écrit cette chanson pour mon pays, en -voyant passer une hirondelle». - -Legay canta y llena la sala con su voz. Los concurrentes sienten un -grato soplo de verdadera poesía, después de las inepcias de actualidad -que han expuesto varios bufones. Y tras Legay viene el príncipe de la -canción por sufragio público. Xavier Privas, gran comedor y bebedor -delante del Eterno... femenino. Canta su _Ronde des heures_. Él mismo -se acompaña, y su cabeza sobresale del piano como una cabeza de pipa. -Sus ojos son vivos; su cabeza devastada, su voz expresiva. - -En algunas ocasiones se representan revistas en que toma parte el -enano. Y ese es el _cabaret_ por excelencia, el _cabaret_ del Barrio -latino, el _cabaret_ de los estudiantes. Allá, siguiendo el boul'Miche, -allá lejos, está Bullier, el baile famoso que también ha degenerado. -Allí se bailó en buenas épocas el cancán alegre de antaño, el cancán -que bailaron las grisetas y las diosas de Offenbach. El cancán pasó. -Luego se bailó la _quadrille_, con el enceguecedor _chaut_. Luego la -danza negra, el _cake-walk_, que pasó también. Ahora se contorsiona la -gente con la _matchicha_. - -Mi amigo está desolado. - - - - - El reino de las tinieblas. - - LOS DRAMAS DE LA CLÍNICA - - -Comienza a morir la tarde de esta jornada dominical y el retorno de los -parisienses que han pasado la mañana en la _banlieue_ anima y alegra -las calles poco antes silenciosas del viejo París. - -El suave oro del crepúsculo estival es propicio a los recuerdos de -gratos días de juventud. Y paseando por lugares de antiguo conocidos -nuestros, mi amigo el doctor Debayle evoca con cariño sus tiempos de -estudiante, los días en que, a veces, a pie o en la imperial de un -ómnibus, llegaba diariamente al hospital Tenon, y a una pregunta mía, -me relata una reciente visita al «Quinze vingts». - ---«¡Au Quinze vingts!»--El canal Saint-Martin, la rue -Grange-aux-belles, la Avenida de la Republique... La estatua de -Floquet, el célebre tribuno y estadista, pasa como una visión -cinematográfica. Y así mis recuerdos--me dice--. El duelo famoso con -Boulanger, cuyo desenlace siguió París palpitante, y la herida en el -cuello inferida por el abogado al general. Era el tiempo en que la -Francia, al endiosar a éste, demostró una vez más la necesidad que -su gran pueblo sentía de un caudillo que reivindicase sus glorias -militares... Más adelante es la otra ancha avenida, el monumento del -sargento Bobillot, muerto en el Tonkín en defensa de su patria. Y a -lo lejos la plaza histórica y la columna coronada por el genio de -la Bastilla. Después de atravesarla se gana la calle de Charenton, -estrecha y populosa, para detenerse ante el ancho y gran portal del -Hospicio. Salvando la verja se está en el espacioso patio, especie de -parque, cubierto de musgo, arbustos verdes y árboles copudos, sembrados -de cómodos bancos. - -Por todas partes vense numerosos enfermos, ancianos casi todos. Unos -descansando la cabeza entre las manos; otros con la frente alzada -como buscando algo que no encuentran y como interrogando al destino. -Algunos, apoyados en sus bastones, titubeantes, explorando con ellos -la senda invisible, o conducidos por lazarillos, se mueven vacilantes, -la cabeza levantada, y como buscando en otro sentido la orientación -que no les pueden dar los ojos sumidos en las tinieblas. Y en aquellas -fisonomías en que el tiempo ha puesto su marca indeleble y en aquellas -frentes que corona la cabeza blanca o calva, vense las órbitas con los -ojos muertos a la luz; alterados unos y con engañoso aspecto de pupilas -claras otros, todos irremediablemente perdidos, atrofiados, lesionados, -ambliopes. ¡Y cuántos de esos desgraciados que la caridad nacional -alberga han gozado como yo de los encantos de la naturaleza, de la -gama admirable de los colores, de la hermosura de la luz! ¡Y cuántos -de esos, víctimas de enfermedades evitables, se han hundido en las -tinieblas por incuria y por ignorancia! - -Según las estadísticas, un 60 por 100 de los ciegos que llenan los -hospicios son el resultado de las lesiones infecciosas exteriores o -internas. ¡Fatal destino el de aquellos que víctimas de la ignorancia -o del vicio de sus progenitores vieron al nacer apagarse ante sus ojos -la amada luz del sol! Y entre aquellos enfermos ¡cuántos llevan impresa -en sus rostros la resignación a lo inevitable; y la sonrisa que ilumina -sus semblantes que parece un gesto de burlesca ironía a la sombra! - -Atravesando el primer ancho patio se llega al segundo. A la -izquierda un corredor bajo en que las arcadas de piedra forman -bóvedas que recuerdan los antiguos conventos y los pabellones de la -Allgemeines-Krankenhaus de Viena. Las mismas bóvedas, las mismas -piedras, las mismas baldosas que tantas veces atravesé ansioso de -llegar a la hora de las operaciones... Y después de cruzar un patiecito -cubierto de finos guijarros, entro por una puerta estrecha a la sala -de operaciones. Blancos, color de blanca leche, los muros, blancas -las sillas, blancas las mesas, blanco y limpio el techo, todo blanco, -refleja la hermosa claridad que penetra por una enorme pared de vidrio. - -En las dos mesas de operaciones los enfermos preparados esperan ya -al diestro cirujano con los ojos cubiertos por asépticos apósitos -escrupulosamente colocados. Y de la pieza vecina, del gabinete -particular de los médicos, sale, alto, delgado, correcto y llevando -su blusa blanca, como si entrara en un salón de sociedad vestido de -riguroso frac, un hombre pálido, de líneas distinguidas y de mirada -reveladora de una inteligencia _d'élite_. Nieto del más grande y -célebre clínico de la escuela francesa, ha honrado en su especialidad -el nombre de su ilustre progenitor, porque es indudablemente uno de los -más insignes oftalmólogos y sin disputa el más hábil operador de su -época. Es Trousseau. - -Sorprendido por la inesperada visita, estrecha con efusivo cariño mi -mano, me ofrece el puesto de honor y procede en seguida a su tarea. Es -el virtuoso del arte. Con sólo un instrumento, con sólo un cuchillo y -nada más, su mano hábil abre el ojo, fija los párpados, secciona la -córnea, perfora la cápsula, hace la incisión y con presteza increíble -extrae la catarata y luego las masas, dejando incontinenti, como lo -hiciera un prestidigitador, la cámara anterior renovada, la pupila -amplia y negra y la vista que faltaba a aquel enfermo. - -Concluídas las operaciones paso al salón de consulta externa. La -consulta empieza. Uno de los jefes de clínica, meridional inteligente, -concienzudo, ferviente en su culto, examina uno a uno toda aquella -larga serie de enfermos que un empleado va conduciendo delante -de nosotros. Agrúpanse los pacientes divididos en categorías por -una selección hecha de antemano. Pasan primero los que presentan -alteraciones profundas de los ojos. - -Aparentemente sanos para un profano, muchos de aquellos grandes ojos -negros o azules, con la pupila dilatada, revelan en el acto, para el -experto, la gravedad de su lesión. - -Aquellas pupilas no reaccionan y aquellos ojos grandemente abiertos, en -los rostros impasibles, no despiertan en los gestos de la cara la vida -de expresión que sólo puede dar la luz, la irreemplazable, la hermosa -luz. He aquí--me dice--una ambliopía; he aquí un glaucoma, y allá un -ciego por lesión cerebral. Luego los veremos en la cámara oscura con el -oftalmoscopio... - -Entre esos desgraciados se acerca uno, conducido por una mujer pálida, -triste, que lleva en sus brazos un niño de dos años. El hombre, como de -cuarenta y cinco, de aspecto enérgico, ha perdido casi la posibilidad -de conducirse y se sienta con dificultad sin ver la silla que se le -ofrece. Obligado a trabajar de noche con luz artificial para suplir -a las necesidades de los suyos, ha perdido progresivamente la vista. -Este es un caso de miopía--observa el jefe clínico--en que el trabajo -excesivo ha conducido al desprendimiento de la retina.--¿Por qué no ha -cesado usted su trabajo, como se le dijo?--¡Oh! no podía, señor. Mi -mujer y mis hijos no tenían pan. - -Los casos de lesiones externas se presentan. Lesiones diferentes, -más o menos acentuadas y profundas, de aspectos diversos. Muchos son -víctimas de accidentes del trabajo, que quedarán inválidos. Otros, -jóvenes, fuertes, revelando salud y energía, han recibido en los ojos -el daño que no esperaban y a que los conduce su intemperancia y -sus desórdenes. Ayer no más, aquellos hombres tenían ojos hermosos, -expresivos, de una agudeza visual admirable, y se proclamaban campeones -en el tiro o seductores por sus miradas, y hoy una vasta úlcera ha -convertido en una placa blanquecina las córneas transparentes y las -hermosas pupilas. ¡Si se reflexionara siempre!... Si se supiera todo lo -que hay de veneno en el fondo de los placeres sensuales. - -Y llega el turno de los niños. ¡Oh, los niños! ¡Qué dulces, qué bellos -y qué interesantes! Y estos pálidos niños son de Francia, los futuros -ciudadanos de la patria de mañana. - -Los que no han tenido la desgracia de ver su hogar vacío, los que saben -del encanto de los labios infantiles y los ojos angelicales, azules -o negros, esos saben la emoción intensa que despiertan en nuestros -corazones las miradas y las sonrisas de los niños. Porque en todos -los climas, en todos los tiempos, en todos los países, los niños son -iguales, son flores de humanidad. - -¡Cuántos pobres mal vestidos, hijos de los obreros que trabajan en -el _faubourg_ y cuyo esfuerzo no basta para alimentarlos! Pálidos, -cubiertos de erupciones o con la degeneración de la córnea, propia -del raquitismo, u otra dolencia terrible, o debida a la deficiencia -de la nutrición o a tales o cuales causas hereditarias. Unos pasan -acompañados de sus madres, otros casi solos, otros más pequeños, -guiados por sus hermanitos mayores. Y da tristeza ver aquellos -desgraciados atender y cuidar a sus menores por ese instinto de -conservación que la miseria ha desarrollado en ellos prematuramente... - -Por último vienen los más tiernos. Una joven de veintidós años, de -provincia, que cayó en el arroyo de París, trae un niño de cuatro -meses. La cara de la madre, joven; su cabello abundante, su aire -revelando salud, contrastan con el desgraciado envuelto en pañales que -presenta todo el aspecto de la atrepsia. Ella no sabe por qué su niño -se ha enfermado. Sus ojos se inflamaron. Los medicamentos han sido -inútiles. Y el infeliz en grito desgarrador noche y día ve convertirse -sus ojos, antes claros y sanos, en una masa informe. - ---He aquí--me dice el doctor--un caso desgraciado. Todo lo que tenemos -de más activo, no ha producido efecto. Asistido tres días después -del principio, nada se logra. La infiltración de la conjuntiva, gana -la córnea. Turbia y opalina, amenaza producir la fusión con pérdida -completa del ojo. ¡Qué desgracia! Y todo proviene del estado general. -Este infeliz no tiene fuerza de reacción; pesa menos que lo normal; su -piel seca y rugosa indica a las claras su estado atrépsico. ¡Oh! este -es uno de tantos casos en que se demuestra que hay que tomar en cuenta -el terreno y no sólo el grano, como lo quieren las modernas tendencias -exclusivas del laboratorio... Mire usted, compañero--continúa--ayúdeme -usted. Vamos a procurar cauterizar con el «galvano» la córnea. - -Y así diciendo, coloca el tierno enfermo sobre la mesa. Armado de -un separador, abro yo con precaución los párpados mientras el doctor -cauteriza. A cada momento su frente se nubla y un gesto de desaliento -se dibuja en aquella fisonomía de hombre honrado y de verdadero médico. -Es que a pesar de tanta práctica y tanta escena análoga repetida, no -puede ser indiferente ante tan terrible desgracia, que por no caer -sobre un sér casi inconsciente es menos dolorosa. - -Aquellos ojos no verán más. - -Las cauterizaciones serán inútiles. La úlcera irá en aumento, y la -ceguera eterna, incurable, es lo que espera a aquel sér raquítico, -fruto del capricho de la sensualidad. - -Aquellos gritos continuos de garganta débil, lejos de causarnos -la habitual molestia que ocasiona la impaciencia de los recién -nacidos, nos deja mudos de pena al vernos impotentes para prevenir lo -irremediable. Y la madre ignorante, desesperada por la perspicacia -innata del corazón, deja triste y silenciosa correr sus lágrimas -amargas. «Y después de tanto sufrimiento ¿podrá ver mi hijo, doctor?» -«¡Oh! tal vez sí, sí. En fin, veremos»--responde aquel noble médico, -embarazado entre la mentira consoladora y la verdad terrible... - -_¡Pauvre petit!_--me dijo--. El terreno, el terreno es lo principal... -¡Cuántos otros se han curado con este procedimiento!... Y al salir de -la sala, en el pasillo, pude ver aún a la madre desesperada que había -espiado a las últimas frases nuestras, llorando inconsolable. - -¡Y ese pobre sér nacido al azar, de un contacto casual o mercantil, -en el vertiginoso remolino de París, condenado a la tiniebla eterna, -cuando pudo tal vez tener más que otros derecho a la luz! - -¿Por qué la desgracia se abate sobre él? ¿Qué misterioso y fatal sino -le condena víctima inocente e inconsciente? Misterio. ¿Por la miseria, -por la ignorancia, por la incuria o por el vicio?... - - * * * * * - -¿Por la miseria, por la ignorancia, por la incuria, por el vicio? - -Sí. Por todos esos caminos llegan al terrible, al espantoso reino de -las tinieblas eternas, de la noche sin fin, estos lamentables seres que -deben escuchar ya siempre la canción de la vida como un eco triste de -desesperanza. Sus vidas corren tristes y sombrías. Pasan insensibles -a los encantos de la Naturaleza, sin gozar de la gama admirable de -los colores, sin recoger la hermosura de la luz... Y el gesto como de -burlesca ironía que contrae el rostro de los infelices privados de la -vista, es la marca que sobre ellos ha puesto el Destino al sumirlos en -la ceguera eterna e incurable. - -Y cuando se reflexiona en que el sesenta por ciento de los casos que -se producen provienen de lesiones infecciosas de diversos caracteres, -apena llegar al convencimiento de lo hondo del mal. Mientras la -ignorancia y la incuria sean como naturales en tanto desgraciado, -víctimas de sí mismos, destruirán inconscientemente el don más -inapreciable que fué otorgado al hombre, esos pacientes lamentables que -la ciencia, agotados todos sus recursos, tiene que abandonar, presa -indisputable, a la terrible enfermedad. - -Mientras la miseria reine omnipotente sobre el hombre; mientras la -necesidad estreche al trabajador; mientras el hambre sea la suprema -razón, la más inflexible ley social, continuarán llegando a las -clínicas hombres jóvenes, hombres pletóricos de energía, luchadores en -pleno vigor, a los que el exceso de trabajo, la tarea hecha en malas -condiciones y la nutrición insuficiente privaron de la vista; y que -tendrán siempre pronto el tremendo comentario: ¡Mis hijos no tenían pan! - -Las grandes ciudades con sus hacinamientos absurdos y sus tugurios -circundantes, verdaderos laboratorios de la miseria; los populosos -centros industriales sin condiciones higiénicas; la ignorancia, pesando -aún por todas partes, y el descuido--consecuencia suya--agravando el -mal... He ahí el origen de gran parte de esos atroces dramas de la -clínica que desolan a una familia y hacen de un sér en plenitud de su -vida, un inválido sin energías, sin vista, sin independencia y sin -esperanzas... - -Pero cuando la ignorancia sea vencida, cuando el imperativo de la -necesidad no obligue al hombre a inutilizarse, cuando la incuria -no ate las inteligencias, ¿enviará aún el vicio sus víctimas a los -hospitales?... - -Nada más triste, más desesperadamente triste que la existencia -martirizada de esos niños señalados al nacer por el azar de la -desgracia para blanco de sus rigores. ¡El triste niño ciego! Fruto -concebido, quizá, en el revuelo de una _rencontre_ de dos seres que -después continúan ignorándose, queda para vivir una lamentable herencia -de dolor y de desgracias... ¡Algo terrible, algo siniestro presidió su -nacimiento; un hada negra ha estado allí esperando su gemir de recién -nacido y al partir le deja para siempre, irremediablemente, privado de -la luz, la irreemplazable, la maravillosa luz!... - - - - - La herencia de don Juan. - - -Después de las mil y tres formas que fueron cien veces más, después -de los vinos capitosos y de los alcoholes quemantes, después de sus -femeninos triunfos en partes diversas, don Juan no murió reumático -en Cartagena, según lo supuso Campoamor: don Juan murió alcohólico y -averiado. Él se fué al cielo conforme con Zorrilla, o al infierno como -era de justicia. ¿Supo la herencia que dejaba? ¿Se dió cuenta de lo que -quedaba de miseria y de dolor en el mundo por culpa suya? Su egoísmo y -su animalidad no le permitieron hacer ninguna reflexión al respecto. Él -vivió y gozó. Ejerció su poder de fortaleza y de conquista. Él no tenía -nada que ver con los sermones y tiradas de mil comendadores. De todas -maneras, quedó la herencia de don Juan. ¿Cuál es esta herencia? - - * * * * * - -Voy por una calle, en día domingo. Veo venir en larga fila, uniformados -de azul, los niños de un hospicio. Van guiados por un inspector. Sus -caritas son pálidas, abotagadas o flacas. Una innata tristeza se ve -en ellos. Esa infancia es poco pródiga de sonrisas. Se advierte la -obra dañina del raquitismo y de la escrófula. Unas faces son como -apagadas, en otras los ojos indican un vago extravío. El paso demuestra -debilidad. En algunos se ha detenido el espíritu al borde de la -imbecilidad o de la idiotez. En otros se diría que está en flor, en -flor malsana y emponzoñada, el delincuente de mañana. Pasan. - -En un jardín. Allí, con sus _nurses_ y _gouvernantes_ están los niños -y niñas de las gentes pudientes, de las gentes de hotel y automóvil, -de los ricos. ¿Encontraré aquí la salud y la alegría de la edad -infantil? ¡Oh, cuán poco! Encuentro el lujo, la ostentación, y aun ya -el _flirt_, en esa humanidad minúscula; pero son excepcionales las -faces sonrosadas y sanas, las miradas límpidas, los aspectos de flor. -La pierna emerge del calcetín o se modela bajo la media, sin robustez, -como sin consistencia; abundan los huesos largos, que terminan con -fealdad en la rótula saliente. Las caras tienen como prematuras -arrugas y gestos dedisivos, caras de hombrecitos y de mujercitas, -con muy poco de puerilidad. No se piensa sino en las tuberculosis y -las anemias, las debilidades y las taras. Y entre los escasos tipos -frescos y desbordantes de vitalidad, pues los hay también, pasan, con -sus raquetas de _tennis_ o sobre sus patines rodantes, esos infantes y -adolescentes raquíticos o minados por un mal interno y prematuro, como -una fruta por su gusano. - -Y eso, ¿qué es? - -Eso, es la herencia de don Juan. - - * * * * * - -Los padres han comido las uvas verdes y los hijos tienen dentera, dice -la Biblia. Y un pedagogo eminente: «Cada uno de nosotros, largo tiempo -antes de ser padre, debe a los niños que podrán nacer de él no tocar -aquellos frutos peligrosos. Era ordinariamente después de haber comido -las uvas, que se pensaba en lo que dice la palabra bíblica. Ella era -la amenaza del castigo inevitable y ya incurrido. Nosotros comenzamos -más antes a decirla a los demás a nosotros mismos; es una advertencia, -un consejo, una orden. Sin pretender que nuestros antepasados valían -menos que nosotros, parece que en muchos casos en que ellos obraban -mal sin vacilación, escrúpulo ni remordimiento, no tenemos ya su plena -seguridad; ya no nos atrevemos a decir que nuestro derecho es abusar -de los placeres y cuando nuestra cobardía se abandona a las pasiones, -sabemos muy bien que no nos hacemos daño solamente a nosotros. A pesar -de todo, la idea de nuestra responsabilidad turba, si no a muchos -de nuestros contemporáneos, al menos a un número no despreciable y -que va aumentando». ¿Es esto cierto? Así parece, según los datos -y manifestaciones de especialistas dedicados a esas cuestiones -interesantes. Pero no es muy grande el triunfo todavía; M. Ferdinand -Gache asegura, sin embargo: «Una cantidad de jóvenes pasa su juventud -alegremente, pero ya no se oye tanto como antes, a padres y madres -proclamar: _Il faut que jeunesse se passe_». El descuido se hace más -raro respecto a las decadencias orgánicas o las taras mentales que -se pueden transmitir a los niños. Los hacedores de pena han perdido -su arrogancia y no osan más gritar: «¡Después de mí, el diluvio!» -Ese grito, lo presiente, levantaría censuras. Se dan cuenta de que -alrededor de ellos no se ven ya con descuido la salud, el bienestar, la -felicidad de las generaciones por venir. En Wáshington se celebró en -el 1908, en el mes de marzo, el primer Congreso internacional en favor -del bienestar infantil. «Se trabaja por libertar al niño de la herencia -de don Juan. Y he aquí que en la ciencia aparece un descubrimiento que -hace pensar en Ibsen: el «signo Sisto». - -En el mundo médico europeo ha llamado vivamente la atención ese -hallazgo del doctor argentino, Jenaro Sisto. El «signo Sisto»--así -bautizado por el eminente profesor Comby--es el grito inconsciente del -recién nacido que denuncia la herencia donjuanesca, la revelación del -veneno paternal. - -Fué en Buenos Aires en donde la observación del médico desde hoy ya -llegado a la celebridad, encontró que ciertos gritos de los niños de -pecho, repetidos «sin cesar y sin razón», como dice el sabio francés, -tenían por causa la enfermedad terrible que hiciera escribir un poema a -Jerónimo Fracastoro y una pieza dramática a M. Brieux, de la Academia -Francesa. Al sospechar el mal heredado, dice el doctor Comby en el -prólogo de la obra en que el doctor Sisto trata del asunto, «habiéndose -traducido esa suposición, como debía ser siempre en clínica infantil, -por el tratamiento mercurial inmediato, nuestro colega tuvo la -satisfacción de ver cesar de gritar a sus enfermitos, al mismo tiempo -que los síntomas específicos, cuando se presentaban, desaparecían más o -menos rápidamente. La demostración estaba hecha». - -Es, pues, el niño, con su grito, el prematuro _revenat_ ibseniano. -Desde la cuna, desde que aparece sobre la faz del mundo, libre ya -de la prisión materna, clama que viene herido, que viene, por culpa -ancestral, con una carga de sufrimiento. Y por la ciencia, el clínico -de hoy reconoce en seguida al delator. - -Siempre el niño ha gritado al venir a la vida. Ya sea que demuestre con -ello, como dice el mismo doctor Sisto, que vive y que tiene la fuerza -suficiente para introducir el aire en sus pulmones, cuyo funcionamiento -comienza precisamente con ese primer grito; ya que éste señale, al -decir de Fernández Figueira, la ruptura de las trabas de la vida -intrauterina; ya, según Longnet, que sea dictado por una ley primitiva -de la naturaleza, «la fuerza desconocida que domina todos los fenómenos -de la vida», o, según d'Espine y Picot--citados todos en la obra de -Sisto--, sea ese primer grito debido probablemente a la impresión -desagradable producida por el aire exterior sobre la superficie del -cuerpo, el caso es éste: al llegar al mundo el hombre, llora, el hombre -grita, como si ya sospechase a dónde llega, como si ya supiese la -significación de la litúrgica frase «valle de lágrimas». Las lágrimas -vendrán después, pero él ha lanzado el grito. - -Notad estas curiosas observaciones. Billard nota que el grito del niño -se compone de dos partes: «una sonora, suficientemente prolongada; es -el grito propiamente dicho. Se hace oir durante la espiración, empieza -y acaba con ella, y es el resultado de la expulsión del aire que sale -de los pulmones a través de la laringe. La otra parte del grito es el -resultado de la inspiración; el aire precipitándose a través de la -glotis, para introducirse en los pulmones, se encuentra comprimido por -la contracción, en cierto modo espasmódica, de los músculos vocales, y -hace oir un ruido muy corto, pero agudo, a veces menos perceptible que -el grito propiamente dicho; es una especie de _reprise_, que está entre -el grito que acaba y el que va a comenzar. A menudo el grito existe -solo y la _reprise_ no se hace oir, o bien sólo se oye la _reprise_, y -el grito queda ahogado». Y Baginski hace esta observación fónica: «a -veces el grito adquiere caracteres patognomónicos, y se puede decir, -de una manera general, que las vocales «a» y «e» dominan en el grito -provocado por la cólera o el descontento, en tanto que la vocal «i» -expresa el dolor». En el erudito libro del doctor Sisto, _Les cris -chez les nourrissons_ hay otras cuantas citas de diversos autores -respecto a esa manifestación primera de dolor o de vida, o de ambas -cosas. Pero la _trouvaille_ del médico argentino no se refiere a esa -clase de grito. Es otro grito que viene después, el grito constante, -persistente, en el tiempo de la primera lactancia, «entre dos semanas y -tres, o cuatro meses», es el grito revelador de la ponzoña hereditaria, -la demostración desde hoy, para el facultativo conocedor, del doloroso -legado de don Juan. - -Hay que leer las observaciones y ver las fotografías de los niños en la -obra de que me ocupo. En uno de los casos el aspecto de la criatura no -dice nada; se creería, al contrario, que la salud florece y brilla en -su aspecto; en otros, sí, se notan el sufrimiento, la degeneración, la -tara. - -Ni es de mi competencia, ni este es el lugar para entrar en mayores -detalles, siquiera fuesen reproducidos de los diferentes casos -observados por distintos pediatras y clínicos. - -Pero he querido manifestar el placer que he sentido al ver apreciado en -su justo valer por sabios de este continente la labor de un estudioso, -cuyo nombre se agrega a las listas de los eminentes argentinos a -quienes se refiere el doctor Comby cuando escribe: «Nuestros hermanos -latinos de la República Argentina, antes nuestros discípulos, y hoy -llegando a maestros a su vez». - - - - - Roosevelt en París. - - -Está ya en París, de vuelta de África, el yanqui extraordinario a quien -algunos quieren llamar el primero en la paz, el primero en la guerra y -el primero en el _bluff_ de sus conciudadanos. - -Se le ha recibido en Europa como a un rey de raza, mejor que a un rey -del petróleo, o príncipe del algodón o de los embutidos. ¿Quién negará -su energía, su fuerza, su excelente humor, su decisión y su franqueza? -Es todo lo contrario de un tímido, y todo lo opuesto a un ceremonioso. -Él es el «hombre representativo» del gran pueblo adolescente que parece -hubiera comido el _food of gods_ wellsiano, y cuyo gigantismo y cuyas -travesuras causan la natural inquietud en el vecindario. - -Ya sabía el parisiense de quién se trataba, y cómo el ex presidente, -y con seguridad casi seguro futuro presidente de la Unión, había sido -recibido por las monarquías italiana y austro-húngara. Los periódicos, -que habían dedicado largas columnas a las proezas del gran cazador -delante del Eterno y de la máquina fotográfica, estaban listos para la -vuelta del vencedor de las fieras de África y del enemigo formidable de -los trusters yanquis. - -¡Maravilloso ejemplar de humanidad libre y bravía! Pueden los -escritores de humor y de malas intenciones presentarle como el -hombre-estuche, genuina encarnación del espíritu y de las tendencias de -su colosal país, así el autor del terrible y sarcástico librito inglés -_Abounding America_, en donde se analiza a un Roosevelt polifacial -y multiactivo, político, cazador, literato, militar, universitario, -ranchero, orador, diplomático, _cowboy_, pacificador, periodista, -_sportsman_, conferencista, y otras tantas cosas para las cuales sería -preciso enumerar el modo del boyante cura de Meudon. - -Lo único que no ha llenado por completo el gusto del buen pueblo de -París es no haber podido gritar _¡Vive le roi!_ o _¡Vive l'empereur!_, -al paso del automóvil del americano, que saludó en la estación al -embajador Bacon, ante la gravedad del protocolo, de esta sabrosa -manera: _¡Hallo, Bob!_ Sin embargo, se sabe vagamente que es un rey, a -su manera, que hay en él carne de emperador y que es un gran admirador -del Bonaparte que duerme «a la orilla del Sena». Es un personaje, sobre -todo, _pas ordinaire_. Y con esto París está encantado. París, digo, -el buen pueblo de París, no sabe gran cosa de los Estados Unidos. Pero -sabe de los dólares y de las casas de cuarenta pisos; ha conocido a -Búffalo Bill y a Bostck, y ha oído en plena plaza de la Opera, en -ocasión memorable, tocar marchas y danzas a la banda de Sousa, «Sousa's -Band». Sabe que los Estados Unidos tienen mucho dinero y que cada año -viene a esta capital del placer un grupo de paseantes que deja un buen -por qué de millones. Y todo eso le parece excelente. - -El jovial Nemrod ha tenido una buena prensa, sin faltar quienes le -hayan hecho notar la inmensa distancia que hay entre el «americanismo» -y el verdadero espíritu francés. Ciertamente, dicen unos, el personaje -es quizá _un peu trop poussé, trop «marqué», comme on dit et l'on a -pu sourire de cet américanisme qui touche par tant de côtés au bluff, -mais que cependant a une parenté qu'il faut retenir avec l'énergie -individuelle_. Levasseur encuentra en él «un hombre en toda la fuerza -del término y un carácter supereminente». Ve al hombre de acción; -pero hace la reserva de que «tal vez Mr. Roosevelt--que ha predicado -la acción y la elocuencia--ha comprendido menos el carácter de otra -clase de hombres de acción, muy numerosos en Francia y mucho más -raros en los Estados Unidos, que obran no menos enérgicamente que -aquellos cuyo prototipo es él, pero en el silencio del gabinete y en -la calma de los estudios abstractos». Y el sabio francés, a propósito -de las censuras de Roosevelt contra la causa de la despoblación, -observa que «la gran república de los Estados Unidos, por lo menos los -estados del Este, y en particular el de Massachusetts, no están menos -contagiados de semejante mal». De todas maneras, Roosevelt no es un -moralista para esta o aquella nación, sino para todas las naciones, -y hay que agradecer «a ese gran ciudadano, el haber consagrado algo -de su tiempo a esa apología de la honradez, de la energía y de la -labor incansable». El presidente Fallières, por su parte, expresa que -Roosevelt es a la vez un gran ciudadano, un grande amigo de Francia -y un grande amigo de la paz. Esto le sentará muy bien al antiguo -_roughrider_ que cobró el premio Nobel por hacerse bajo sus auspicios -el arreglo ruso-japonés. - -Y Pichon, que hoy maneja las relaciones exteriores, manifiesta que -«los caracteres dominantes en esa curiosa fisonomía le parecen ser -la voluntad, la energía, el valor y la sinceridad». ¡Buen bagaje, -vive Dios! Roosevelt se le aparece «como un hombre sin miedo que no -consulta más que a su conciencia y sacrifica voluntariamente a las -inspiraciones que recibe, las consecuencias que pueden producir sus -actos, sea en lo que le concierne, sea en lo que concierne a los demás. -En su concepción de una vida sana, honrada y robusta, tal como a menudo -la ha definido, se ha propuesto mejorar las costumbres y elevar el -sentido moral en su país. Ha querido para los Estados Unidos una gran -fuerza material, porque sabe bien que es el mejor medio de ponerse al -abrigo de complicaciones y de conflictos. A él le debe su país poseer -una admirable y poderosa marina que ha llegado a ser la institución más -popular de la república, siendo tan atacada y negada cuando llegó al -poder». Y agrega: «Así es como este «pacifista» se dedica a servir la -causa de la paz, en la cual ha dado pruebas que nosotros los franceses -debemos recordar más que nadie. Pues Mr. Roosevelt es un amigo seguro -y fiel de la Francia. Nos ha probado su amistad en toda circunstancia -con un perfecto desinterés. Ha obrado como hombre de estado que -comprende que las dos grandes repúblicas se deben apoyar entre ellas, -puesto que obedecen a los mismos principios, prosiguen la misma obra y -tienen el mismo ideal. - -Él ha encontrado muy natural que en caso de dificultades le tendiesen -una mano amiga. Hoy es a un amigo a quien recibimos, un amigo sincero, -justo y tenaz, _justum et tenacem_. Honrémosle. Amén». Así se ha hecho. -Y no ha dado Roosevelt un paso que no haya sido anotado por las -gacetas, aun aquellas que han querido emplear, inútilmente por cierto, -su ironía bulevardera, que no ha pasado de seguro sin ser notada por el -hipopotamicida y rinoceroctono. - - * * * * * - -¿Sobre qué les viene a hablar el gran yanqui en la vieja Sorbona a los -atenienses del siglo XX? Pericles hubiera aprobado, sobre «los deberes -de un ciudadano en una república». He aquí al hombre de la _strenuous -life_ enseñando en Lutecia los deberes, como él los entiende para con -la Patria. Se le aplaude, se le celebra. Y si hay quien recuerde lo del -_big stick_, es para explicar que, como sucede con muchas frases, se ha -cambiado en el público el sentido, y se ha tomado una cosa por otra. Y -se explica: de tanto hablar del _big stick_ se ha llegado a hacer creer -a muchas gentes, y no de las de poco más o menos, que por el más ligero -pecadillo, el primo Jonathan aplicaría a las naciones una paliza. Nada -más contrario a la verdad. La frase que ha causado tanto ruido, sobre -todo, _et pour cause_, entre los países hispano-parlantes, es ésta: -«Un viejo refrán familiar dice: habla con tono conciliador y lleva un -fuerte bastón; así irás lejos». Si la nación americana quiere hablar en -un tono conciliador y al mismo tiempo quiere resolverse a construir -y mantener en un alto grado de entrenamiento una marina poderosa, la -doctrina de Monroe irá lejos. La frase de Roosevelt no es, pues, sino -viejo decir latino arreglado a su manera: _Suavite in modo fortiter in -re_. - -Nada más distinto que el alma francesa del alma americana. Al hablar -ante la parisiense, el norteamericano se quiso poner un diapasón lo más -cercano posible. El demócrata, perogrullando un poco, dijo muchas cosas -doctrinarias y no pocas utópicas. El pacifista afirmó la necesidad de -la guerra en ciertos casos; Francia fué, y no podía ser de otro modo, -cubierta de flores. Míster Barrett Wendell debe sentirse gozoso en -su cátedra de Harvard. Solamente, que hay que tener hijos. «No tener -hijos, si ello es por cálculo o por egoísmo, constituye una falta -capital. La riqueza de una nación no puede compensar la pérdida de sus -virtudes fundamentales y el poder de la raza, de perpetuar en su raza, -es una de las más grandes virtudes fundamentales». El discurso fué -largo, vigoroso, bien gesteado y dicho, en fin, de una manera que no -se ha usado nunca en el vetusto Instituto. El ex presidente no tiene -nada que ver con esa cosa tan francesa que aquí se llama buen gusto. -Ni le hace falta. Él es una fuerza de la Naturaleza. Y luego, aquí -se conocía, al menos por algunos, la frase de John Morley: «He visto -en los Estados Unidos dos prodigiosas fuerzas naturales: la catarata -del Niágara y el presidente Roosevelt. No sé cuál de los dos es más -fuerte.» Como sabéis, John Morley no es nativo de Andalucía. - -¿Qué le van a hacer a esa potencia elemental, a esa fuerza de la -Naturaleza, a ese beluario que se las ha visto con leones, elefantes -y rinocerontes en África y con Rockefellers, Goulds y otras fieras -de oro en su tierra; qué le van a hacer, digo, las finas y bonitas -saetas de estos ironistas profesionales? ¿Qué le importa a él que M. -J. Ernest-Charles le comente en estilo acidulado, le parodie o le -señale contradicciones en su conferencia? Él sabe que aquí cuenta -con admiradores de fuste, aun entre los hombres de letras, como el -incontenible y ciclónico M. Paul Adam, como M. Jean Izouret, como otros -cuantos americanizantes o americanizados. Alguien demuestra en un -diario que en su libro sobre Cromwell, Roosevelt está contra Bossuet. -Se puede apostar, asegura ese alguien, que si alguna vez recibiera -monseñor Merry del Val en el Vaticano a Teodoro Roosevelt, el libro de -éste sobre Oliverio Cromwell no sería el tema principal y aun accesorio -de la conversación. ¡Ya lo creo! Como también puede afirmarse que una -tercera parte del entusiasmo oficial en París ha sido causada por la -negativa del Vaticano a la ya famosa y frustrada visita. - -Los franceses han apreciado en su verdadero valor, algunos de los -principios rooseveltianos, y sobre todo éste: El hombre, el ciudadano, -como la Nación, lo primero a que debe dedicarse es a hacer dinero. Una -vez hecho el dinero, puede hacer lo que le venga en deseo. Y después, -la declaración contra los pocos audaces: «Nada se puede sacar de ese -tipo de ciudadano, del cual lo mejor que se puede decir es que es -inofensivo. No hay casi lugar en la vida activa para el buen hombre -tímido». Como aquí abunda mucho el tipo, como en todos los países -llamados latinos, el arranque ha caído bien. Un periodista explicará -que no se trata de una timidez puramente exterior, sino de esa falta -íntima de confianza que vuelve a las gentes indecisas, débiles y -prepara todas las derrotas. «Esta manera de neurastenia moral se -encuentra mucho en progresión en la sociedad moderna; y sobre todo, -preciso es reconocerlo, en Francia». Habráse sacado así práctico -provecho de la conferencia. Banquetes y banquetes, recepciones y -recepciones, hoy en el Elysée, mañana en el Quai d'Orsay, pasado mañana -en el Palacio de Justicia y honores de soberano. Una delegación en que -hay un ex presidente del Consejo, ministros, diplomáticos, estadistas, -llega a propósito de la cacareada e imposible idea del desarme a pedir -a Roosevelt su intervención, de tal manera, que ese varón listo tiene -que recordar a esos señores importantes que él es un simple particular -y que no puede tomar en tal sentido ninguna iniciativa ante ningún -Gobierno. ¿Qué dirá de todo esto Mr. Taft, cuyos comentados _twosteps_ -y zapatetas no pudieron hacer el menor contrapeso a las formidables -performances de Teddy? - - * * * * * - -Este superhombre que está aplastando en París, por ahora, a D'Annunzio -y a Rostand, se conmovió ante la tumba de Napoleón. Tuvo en sus manos -el _petit chapeau_, la espada. Declaró su admiración fervorosa por el -Héroe, con quien se le compara jovialmente en los Estados Unidos, donde -se habla de la vuelta de la isla de Elba. - -Y apenas ha habido aquí en los periódicos espacio para hablar de otra -gloria yanqui, que acaba de desaparecer: Mark Twain. - - - - - El fin del mundo. - - - I - -En Tolosa de Francia vivía hasta hace poco tiempo, o vive aún, si es -cierto que tenía el don de profecía, un viejo abate de familia noble y -con títulos que él mismo ostentaba con ingenua vanagloria, sobrino de -un mártir, nieto del comandante del Ejército real victorioso del año -VII, descendiente directo de los antiguos condes de Noé. Llamábase, o -llámase, Gabriel María Eugenio de la Tour de Noé, «sacerdote de edad -de ochenta y seis años cumplidos, presbítero auxiliar de la iglesia -de San Jerónimo de Tolosa desde hace cuarenta y cuatro años justos», -agregaba en 1904. Amable y venerable coquetería, en quien durante todo -ese transcurso acompañó al cementerio a todos los muertos tolosanos en -su calidad de _aumônier_. - -Este hombre venerable, tan frecuentador de los difuntos, tuvo desde -hace más de cuarenta años la idea de calcular, pensando en la «Profecía -de los papas», de San Malaquías, la fecha más o menos aproximada del -fin del mundo. Lo hizo en un libro en que la señalaba para el año 1953. -No me negaréis que el cometa de Halley y compañeros dan una resaltante -actualidad a dicho libro. - -¿Quién fué este inquietante profeta San Malaquías? Estoy muy seguro de -que la mayoría de los lectores de _La Nación_ no tienen ninguna noticia -de él ni de sus vaticinios. Fué un irlandés de Armagh, que nació en -1094, y tuvo gran fama por su intimidad con San Bernardo, su vida -ejemplar y los prodigios que realizó. Clemente III le canonizó medio -siglo después de su muerte, acaecida en la abadía de Clairbaux, a los -cincuenta y cuatro años, el 2 de Noviembre de 1148. Advertid lo curioso -y fatal de esa fecha de difuntos. - -Puesto que ya sabéis quién fué el profeta, bien está que conozcáis -la profecía. Ésta consta de 112 lemas latinos, que caracterizan -alegóricamente a los 112 papas, desde Celestino II hasta Pedro II, que -será el último Pontífice de Roma. ¿Cómo calcula el abate de Noé? He -aquí su principal argumento. Siendo el papado inmortal, y concluyendo -éste con Pedro II, es, pues, innegable que con el último papa la -Humanidad acabará. Establecido este punto, dice un crítico suyo: - -«El autor, conociendo el número de los papas que deben reinar hasta el -fin de los tiempos, busca la media de la duración del pontificado de -cada uno de los jefes de la Iglesia, y esta media, multiplicada por -el número de todos los pontífices romanos indicados en la historia -eclesiástica, y la profecía maláquica le da el número 1953, que, según -él, es la fecha aproximativa del fin del mundo.» - -El abate examina e interpreta los lemas, y resultando que coinciden -con los papas del pasado, supone, no sin razón, que las divisas de -los pocos papas venideros justificarán sus cómputos, 1953 y 1910... -confesemos que si el Halley nos barre, la equivocación es ínfima en un -asunto que trata de la eternidad. - -Adviértase que el libro de que nos ocupamos no ha entrado en el Index, -y no solamente esto, ha recibido la aprobación de León XIII, según -tengo entendido, y la del actual pontífice. - -Por su extraño interés voy a transcribir los lemas y extractar las -explicaciones del presbítero de Tolosa. En la explicación de las -divisas dice el abate: «Dos cifras preceden el nombre de cada papa: la -una indica el nombre ordinal de cada pontífice y la otra el año de su -muerte». - -1--1144.--Celestino II.--«Ex castro Tiberis»--De un castillo del Tíber. - -Celestino II nació, en efecto, en Cittá di Castello, sobre el Tíber, en -Toscana. Su apellido particular era Dicastell. - -La primera divisa se encuentra, pues, admirablemente justificada. - -2--1145.--Lucio II.--«Inimicus expulsus»--El enemigo expulsado. - -Era de la familia Caccianemici, que significa lo mismo que el lema. -Además, dice por pasiva el abate: Los romanos, fanatizados por el -famoso Heraldo de Brecia, le trataron como «enemigo» y le expulsaron de -la ciudad y aun del mundo, puesto que le mataron de una pedrada. - -3--1150.--Eugenio III.--«Ex magnetudine Montis»--De la grandeza del -monte. - -Este papa nació en el castillo de Graumont, en italiano monte magno. - -4--1154.--Anastasio IV.--«Allax Suburraux»--Abad de la suburra. - -Este papa se llamaba de apellido Subuni, y además nació en la calle de -la Suburra y fué abad de San Rufo en Avignon. - -5--1159.--Adriano IV.--«De cune albo»--Del campo blanco, o del campo de -alba. - -Este papa, único papa inglés, profesó en Saint-Albani, y llevaba el -hábito «blanco» como canónigo de San Rufo. Eugenio III le creó cardenal -y obispo de Albano o de Alba. - -6--1164.--Víctor IV.--Antipapa.--«Ex tetro carcere»--De negra prisión. - -Elegido por dos cardenales díscolos, arrojó al verdadero papa, -Alejandro III, en una «negra prisión». Este allí volvióse loco furioso, -todavía más negra prisión que la otra. - -7--1168.--Pascual III.--Antipapa.--«Vía transtiberina»--Vía del otro -lado del Tíber. - -Fué cardenal de San Calixto en Transvere, o sea, al otro lado del Tíber. - -8--1178.--Calixto III.--Antipapa.--«De pannonia Tuscia»--De pannonio, o -sobre pannonio toscano. - -Henos aquí--escribe el abad--en presencia de un espléndido giro -elíptico. La Biblia y el Apocalipsis no tienen inspiraciones más -sublimes. He aquí el sacerdocio triunfando del imperio, la Iglesia de -la tiranía, el «toscano» Alejandro III, papa legítimo, del pagnoniano -Calixto III, antipapa, sostenido por el César pagnoniano Barba Roja. -Todo eso es divino, termina... - -9--1181.--Alejandro III.--«Ex ancere custode» De la gansa custodio. - -Alusión poética y grandiosa a los gansos venerados del Capitolio -Alejandro III, «ancer» apostólico y vigilante, salvó a la Iglesia de -tres antipapas imperiales. - -10--1185.--Lucio III.--«Lux in ostlo»--La luz en la puerta. - -Este papa se llamaba Lucius, nació en Lucca, y fué cardenal, obispo de -Ostia. - -11--1187.--Urbano III.--«Sus incribro»--El cerdo en la criba. - -Se llamaba Cribelli. Cribelus es diminutivo de «cribama», criba. Tenía -en su blasón un cerdo. - -12--1187.--Gregorio VIII.--«Ensis Laurientie» La espada de San Lorenzo. - -Este papa fué cardenal de San Lorenzo «in encina», y portaba en su -escudo dos espadas. - -13--1196.--Clemente III.--«Ex schola exiet»--Saldrá de la escuela. - -En efecto, era de la familia Escholari, y nació en una casa de la plaza -de las Escuelas, del Escuole. - -14--1198.--Celestino III.--«De rure bovensi»--Del campo de los bueyes. - -Su nombre era Jacinto. Como el jacinto es el adorno de los «campos», el -buey es la riqueza de ellos. - -15--1216.--Inocencio III.--«Comes signatus»--El conde sellado. - -Este papa se llamaba Conti de Segni. - -16--1227.--Honorio III.--«Canonicus ex latere»--Canónigo del lado. De -simple canónigo que era, Clemente III le llamó a su lado como camarero -íntimo, «ad latere». Le hizo intendente de los dineros de la Iglesia. - -17--1241.--Gregorio IX.--«Avis ostiensis»--El ave de hostia. - -Tenía en sus armas un ave, un águila, y fué cardenal, obispo de Ostia. - -18--1241.--Celestino IV.--«Leo Sabinus»--El león sabino. - -Tenía un león en su escudo. Fué cardenal de la Sabina. - -19--1254.--Inocencio IV.--«Comes Laurentius» El conde Lorenzo. - -Este pontífice era conde y fué cardenal de San Lorenzo «inten sucina». - -20--1261.--Alejandro IV.--«Signus hostiense»--El signo de hostia. - -Era de los condes de «Segni» y cardenal de Ostia. - -21--1264.--Urbano IV.--«Jerusalem campaniae» Jerusalén de Champaña. Era -francés, de Champagne, y patriarca de Jerusalén. - -22--1268.--Clemente IV.--«Dracco de presus». - -Tenía en su escudo un águila dominando a un dragón. - -23--1276.--Gregorio X.--«Anguineas VIX»--El hombre de la serpiente. - -Era de los Visconti, de Milán, que portan una serpiente en su escudo. - -24--1276.--Inocencio V.--«Concionator Gallur»--El predicador francés. - -Fué fraile predicador, y aunque no nacido en Francia, arzobispo de -Lyón, doctor de París, profesor y provincial de la provincia de Francia. - -25--1276.--Adriano V.--«Bonux comes»--Buen conde. - -Se llamaba «Ottrobone», y era de los «condes» de la banne. - -26--1277.--Juan XXI.--«Piscator Tuscus»--El pescador toscano. - -Se llamaba Juan Pedro, como el pescador de Besaida, y fué enterrado en -Toscana. - -27--1280.--Nicolás III.--«Rosa composita»--La Rosa compuesta. - -Tenía una rosa en su escudo y le pusieron por apodo Compositor. - -28--1285.--Martín IV.--«Ex telonio liliacel Martini»--De la banca de -Martín de los lirios. - -Tenía lirios en su escudo y había sido tesorero de San Martín de Tours. - -29--1287.--Honorio IV.--«Ex rosa leonino»--De la rosa del león. - -Tenía en su escudo un león que llevaba una rosa. - -30--1292.--Nicolás IV.--«Picus inter exas»--El pico verde entre -alimentos. - -Era de Ascoli en el Picenun. Ascoli en latín se dice Asisculum o -Esculum. La palabra «escula» es diminutivo de «exa». - -31--1294.--Celestino V.--«Ex eremo celsus»--Sacado de la ermita. - -Se le sacó, en efecto, de su ermita para elevarlo al pontificado. -Además, celsus es casi sinónimo de Facelestis. - -32--1303.--Bonifacio VIII.--«Ex undarum benedictione»--De la bendición -de las ondas. - -Tenían sus armas fasces onduladas. Se llamaba Benedictus. - -33--1304.--San Benito XI.--«Concionator Patareus»--El predicador de -Pátaro.--Era fraile predicador y se llamaba Nicolás como el santo -obispo de Pátaro. - -34--1314.--Clemente V.--«De fascios Aquitanicis»--De las fases de -Aquitania. - -Era de Aquitania. Su escudo tenía tres fases o bandas de gules en campo -de oro. - -Hay respecto a este papa otras explicaciones que omito por no alargar -demasiado este artículo. - -35--1334.--Juan XII.--«De tutore osseo»--Del zapatero de Ossa. - -Se llamaba Deuse o Dosa, y era hijo de un zapatero. - -36--1330.--Nicolás V.--Antipapa.--«Corous Schismatigus»--El cuervo -cismático. - -Fué Pedro de Corberia. - -37--1342.--Benito XII.--«Frigidos abbas».--Fué abad de Fontfroideo. -Fuente fría, en la diócesis de Narbona. - -38--1352.--Clemente VI.--«Ex rosa Atrebatensi»--De la rosa de Arras. - -Tenía rosas en sus armas y fué obispo de Arras. - -39--1362.--Inocente VI.--«De montibus Pammachü»--De las montañas de -Palmaco. - -Tenía montañas en su escudo y fué cardenal obispo de Ostia. - -40--1370.--Urbano V.--«Gallus Vicecomes»--Francés Visconti. - -Fué francés y subió al papado, siendo nuncio cerca de los Visconti -milaneces. - -41--1378.--Gregorio IX.--«Novus de virgene fortis»--Fuerte por una -nueva virgen. - -Fué nuevo por establecer el papado en Roma, impulsado por una virgen -fuerte, Santa Catalina de Sena. - -42--1394.--Clemente VII.--«De cruce apostolica»--De la cruz apostólica. - -La cruz de Saboya en sus armas y cardenal de los doce apóstoles. - -43--1424.--Benito XIII.--Antipapa.--«Luna los medina»--Laluna en -cosmedium. - -Fué Pedro de Luna, cardenal de Santa María en Cosmedin. - -44--1429.--Clemente VIII.--«Schisma Barcinonicum»--El cisma de -Barcelona.--Era canónigo de Barcelona, y elegido durante el cisma de -Barcelona. - -45--1389.--Urbano VI.--«De inserun Prignani» Del infierno de Prignani. - -Se llamaba Prignani, nació en una aldea que se llamaba El Infierno. - -46--1404.--Bonifacio IX.--«Cubus de mistione»--El cubo de mezcla. - -Tenía cubos en su escudo. Luego con cubos de piedra y cemento edificó -el castillo de Sant-Angelo. - -47--1406.--Inocencio VII.--«Demeliore Sedene»--De astro mejor. - -Tenía un astro en su escudo. Se llamaba Meliorate. - -48--1409.--Gregorio XII.--«Nauta de Pontenigro»--El Navegante de Negro -Ponte. - -Fué obispo de Negro Ponte. - -49--1410.--Alejandro V.--«Flagellum solis»--El azote del sol. - -El sol en el escudo y fué arzobispo de Milán, en donde San Ambrosio -está representado con un azote en la mano. - -50--1415.--Juan XXIII.--«Cervus Cyrenis»--El ciervo de la Sirena. - -Nació en Nápoles, cuyas armas tienen una sirena. Cardenal de San -Eustaquio, el del ciervo milagroso. - -51--1431.--Martín V.--«Columna veli aurei»--La columna del velo de oro. - -Su apellido, Colonna. Columna en sus armas, cardenal de San Jorge, del -velo de oro. - -52--1439.--Eugenio IV.--«Lupa coelestina»--La loba celestina. - -Se llamaba Celestino y tenía una loba en su escudo. - -53--1452.--Félix V.--«Amator cruni»--Amador de la cruz. Tenía la cruz -de Saboya en sus armas, y se llamaba Amado. - -54--1455.--Nicolás V.--«De modicitate lunae»--De la bajeza de la luna. - -Era de la diócesis de Luna y de baja extracción. - -55--1458.--Calixto III.--«Bos pacens»--El buey que pace. - -Era de la familia de los Borgia, que portan un buey pastando en su -escudo. - -56--1464.--Pío II.--«De capra et alberga»--De la cabra y de la posada. - -Fué secretario de los cardenales Capránico y Albergati. - -57--1471.--Pablo II.--«De cervo et leone»--Del ciervo y del león. - -Fué obispo de Cervo y cardenal de San Marcos. - -58--1584.--Sixto IV.--«Piscator minorita»--El pescador cordelero. - -Era hijo de un pescador cordelero y nacido en Celles, ciudad poblada de -pescadores. - -59--1492.--Inocente VIII.--«Proecusor Siciloe»--El procursor de la -Sicilia. - -Se llamaba «Juan Bautista». Gozaba de la estimación de los reyes de -Sicilia, Alfonso y Fernando. - -60--1503.--Alejandro VI.--«Bos Albanus, in portu»--El buey de Alba en -la puerta. - -Tenía un buey en sus armas. Fué sucesivamente cardenal de Alba y de -Porto. - -61--1513.--Pío III.--«De parvo homine»--El hombrecito. - -Se llamaba Picolomini, que en italiano quiere decir el hombrecito. Y su -pontificado duró solamente veintiséis días. - -62--1513.--Julio II.--«Fructus jovis jubavit»--El fruto de Júpiter -ayudará. - -Tenía en sus armas una encina, árbol consagrado a Júpiter. - -63--1521.--León X.--«De craticula politiana»--De la parrilla de -Policiano. - -Era hijo de Lorenzo de Médicis, y la parrilla, en latín «craticula» es -el emblema de San Lorenzo. - -64--1523.--Adriano VI.--«Leo Florentius»--El león de Florencio. - -Se llamaba Florencio y tenía un león en su escudo. - -65--1534.--Clemente VII.--«Floes Piloe aut piluloe»--La flor del -mortero, o de la píldora. - -Era de la casa Médicis, en cuyas armas hay seis roles o píldoras, de -las cuales una tiene lises. - -66--1546.--Pablo III.--«Hyacinthus medico»--El jacinto al médico. - -Era de la familia Farnesio, que porta en su escudo seis jacintos. - -67--1555.--Julio III.--«De corona montaña»--De la corona del monte. - -Se llamaba Del Monte y tenía en su escudo dos coronas de laurel. - -68--1555.--Marcelo II.--«Frumentum floccidum»--El trigo pasajero. - -Tenía en su escudo dos espigas de trigo, y su Pontificado duró -solamente veintiún días. - -69--1559.--Pablo IV.--«De fide Petri»--De la fe de Pedro. - -Se llamaba Pedro Carafe, esto es, fe cara. - -70--1565.--Pío IV.--«Aesculapil pharmacum»--El médico de Esculapio. - -Llamábase Medichine y estudió medicina en Bolonia. - -71--1572.--San Pío V.--«Angelus memorosus»--El ángel de los bosques. - -Se llamaba Miguel y nació en Boschi, que significa «bosques» en -italiano. - -72--1585.--Gregorio XIII.--«Medium corpus pilarum»--La mitad del cuerpo -de las píldoras. - -Portaba en su escudo medio cuerpo de dragón. El papa Pío IV, que le -hizo cardenal, llevaba en el suyo seis soles. - -73--1590.--Sixto V.--«Axis inmedietati signi»--El axa en medio del -signo. - -Había en su escudo un león, que es uno de los signos del zodíaco, y -sobre él el axa del mundo. - -74--1590.--Urbano VII.--«De rore coeli»--Del rocío del cielo. - -Fué arzobispo de Rossano, donde se coge el maná. Tuvo trece días de -pontificado. Pasó, pues, como el rocío del cielo. - -75--1591.--Gregorio XIV.--«De antiquitate urbis»--De la antigüedad de -la ciudad. - -Nació en Orrieto, cuyo nombre latino es «Ures vetus», ciudad antigua. - -76--1591.--Inocencio IX.--«Pia civilitas in bello»--La ciudad piadosa -en la guerra. - -Era de Bolonia, ciudad en cuyo escudo se lee «Bononia docta» carácter -de sapiencia que conservó a través de sus guerras. Sobre todo, fué -horror a guerra lo que la hizo entregarse a la Santa Sede. - -77--1605.--Clemente VIII.--«Crux Romulea»--La cruz romana. - -Tenía en su escudo una cruz semejante a la cruz «romulea» o papal. - -78--1606.--León XI.--«Undous vir»--El hombre como las ondas. - -En pleno vigor, a los veintisiete días de su pontificado, un -enfriamiento le causó la muerte. Su reinado pasó como una onda. - -79--1621.--Pablo V.--«Gleus perversa»--La raza perversa. - -Bajo el pontificado, en el Japón, instigado por los protestantes de -Inglaterra y Holanda, estalló la persecución general. - -80--1623.--Gregorio XV.--«Intribulatione pacis»--En la tribulación de -la paz. - -El amor de la paz causó la tribulación de su reino. - -81--1644.--Urbano VIII.--«Lilium et rosa»--El lirio y la rosa. - -Tenía en sus armas abejas que libaban en esas dos flores. - -82--1655.--Inocente X.--«Incundito crucis»--El regocijo de la cruz. - -Fué elegido el día de la Exaltación de la Santa Cruz. - -83--1667.--Alejandro VII.--«Montium custos»--El guardián de las -montañas. - -En sus armas hay una montaña de seis lados, sobre la cual una estrella -brilla y la ampara. - -84--1669.--Clemente IX.--«Sidus olorum»--El astro de los cisnes. - -En el conclave, la suerte le dió el cuarto de los cisnes. Además, era -poeta. - -85--1676.--Clemente X.--«De flumine magno»--Del gran río. - -Nació en momentos en que el Tíber, desbordado, inundó a Roma e hizo -flotar su cuna, pues su casa estaba situada en las orillas del gran -río. - -86--1689.--Clemente XI.--«Bellum insatiabilis»--La bestia insaciable. - -Tenía en sus armas un león aleopardado y un águila. - -87--1691.--Alejandro VIII.--«Poenitentia gloriosa». - -Se llamaba Pedro, nombre de un gran arrepentido. Fué elegido el día -de San Bruno, ángel de la Penitencia, al cual dedicó monedas con esas -palabras: «Penitentia gloriosa». - -88--1700.--Inocente XII.--«Rastrum in porta»--Rastrillo en la puerta. - -Pertenecía a la Casa de Pignatelli, del Rastello, a las puertas de -Nápoles. - -89--1721.--Clemente XI.--«Flores circundati»--Las flores circundadas o -circundantes. - -Urbino, su patria, tenía por armas una corona de flores. - -90--1724.--Inocente XIII.--«De bona religione»--De buena religión. - -Pertenecía a la familia de los Conti, de la cual han salido diez de los -mejores papas. - -91--1730.--Benito XIII.--«Milex in bello»--Soldado en la guerra. - -En su pontificado comienza la primera de las tres grandes guerras que -ensangrentaron Alemania y Europa. - -92--1740.--Clemente XII.--«Columna excelsa»--Columna elevada. - -La capilla que él levantó en San Juan de Letrán, para ser allí -enterrado, contiene dos columnas de pórfido, sacadas del pórtico del -Pantheon. - -93--1758.--Benito XIV.--«Animale rurale»--El animal rural. - -La interpretación del abad se reduce aquí a aplicar a su manera a este -pontífice la célebre frase de Alberto _el Grande_ sobre Santo Tomás de -Aquino. - -94--1769.--Clemente XIII.--«Rosa umbría»--La rosa de la umbría. - -Bajo su pontificado tuvo gran esplendor la Orden franciscana, y se sabe -bien que a San Francisco se le llama la «rosa de la umbría». - -95--1774.--Clemente XIV.--«Visus velox»--La vista penetrante, o bien, -«ursus velox», pronto, veloz. - -Aquí el abad Noé hace una digresión, refiriéndose a la explicación de -los jesuítas, disueltos por este papa, dan al lema de San Malaquías, -prohijando el acuerdo del pontífice tomado a la ligera... - -96--1799.--Pío VI.--«Peregrinus apostolicus»--Peregrino apostólico. - -Hizo a Viena un viaje por ver al emperador apostólico José II. - -97--1823.--Pío VII--«Aguila rapax»--Águila rapaz. - -Bien sabido es cómo el emperador Napoleón, que puso el águila en -sus banderas, arrancó de Roma al papa para llevarle a Sabona y a -Fontainebleau. - -98--1829.--León XII.--«Canis et coluber»--Perro y serpiente. - -Tenía en sus armas estos animales. - -99--1840.--Pío VIII.--«Vir religiosus»--El hombre religioso. - -Pertenecía a la Casa de Gastiglione, famosa por sus virtudes, y es, al -decir del abate de Noé, a quien más conviene el dictado entre los papas. - -100--1840.--Gregorio XVI.--«De balneis Etrurioe»--De los baños de -Etruria. - -Era etrusco o toscano y llevaba el escudo de Etrurión. Fué superior de -los camandulenses, en cuya casa principal se llamaba Bolneaum, a causa -de unos baños cercanos. - -101--1878.--Pío IX.--«Crux de Cruce»--La cruz de la cruz, o el -crucificado de la cruz. - -Refiérese aquí el abate a las pérdidas del poder temporal, bajo Víctor -Manuel, en cuyo escudo está la cruz de Saboya. - -102--León XIII.--«Lumen in celo»--Luz en el cielo. - -En las armas de este pontífice, sobre fondo azul de cielo hay un arco -iris y un cometa. - -103--Pío X.--«Ignis ardens»--Fuego ardiente. - -El abate hace observar que en el blasón de este Papa hay una estrella -de cinco puntas, de plata, y en la fecha en que escribía estos últimos -comentos le auguraba al venerable pontífice veneciano, que no miraría -la cosa con mucha satisfacción, muy corta vida. Estas son sus palabras: -«Ignis ardens». El fuego ardiente, después de haber vivido poco, pero -santamente, morirá de la muerte de los justos, según la profecía del -santo Abad Berdín, muerto en 1279. - -Faltan las emblemas de los nueve papas futuros y del fin del mundo de -la profecía de San Malaquías. Pero de esto me ocuparé en otro artículo, -pues este va ya largo, a pesar de que he únicamente extractado lo -fundamental de las interpretaciones. - - - II - -Para los nueve papas futuros diré que nuestro buen abate colabora con -San Malaquías, puesto que al interpretar los lemas entra en el terreno -de lo profético. - -1.°--«Religion depopulata»--La religión despoblada. - -Juzga el abate Eugenio de la Tour de Noé, que bajo este pontífice -la catolicidad entera, en paz y en riquezas por el comercio y la -industria, se olvidará de Dios, y creerá que todo es obra de ella. -Basado en Santa Hildegarda y en Holzhauser, cree segura otra invasión -de bárbaros lejanos; de otro modo, en el peligro amarillo. Los -asiáticos vendrán y he aquí por qué la religión será despoblada. - -2.°--«Fides intrepidos»--La fe intrépida. - -Algunos intérpretes--dice--creen que será la persecución a ultranza, y -mucha sangre y mártires, como en los primeros tiempos del cristianismo. -Pero el príncipe del Aguilón, gran rey francés, conquistará Turquía, y -más feliz que Bonaparte, imperará en Oriente y en Occidente. - -Se realizaría la unión de las iglesias, y muchísimos paganos se -convertirían. Para todo esto se apoya en la vidente Santa Hildegarda. - -3.°--«Pastor angelicus»--El pastor angélico. - -He aquí el Pontífice, que será por cierto, conforme a Cristo. Será -humilde, practicará a las gentes, andará descalzo, y a quien el ya -nombrado príncipe del Aguilón secundará. - -4.°--«Pastor et naufa»--Pastor y piloto. - -Cuando el papa anterior muere, se ha apaciguado la tierra. Hay un -cristianismo universal. A este príncipe, pastor y piloto, le toca -pilotear la barca de Pedro sobre aguas absolutamente tranquilas. -Será preciso--dice el abate--que el pastor sea un famoso piloto para -gobernar bien el arca Santa de la Iglesia en los días horribles del -combate decisivo que el «hombre de pecado se apresta a presentarle -sobre este gran mar del mundo, cuyo imperio ambiciona». - -5.°--«Flor florum»--La flor de las flores. - -En este tiempo, la humanidad convertida volverá a Dios y la virtud -llenará el mundo como un aroma intenso. Jerusalén, cumpliendo la -profecía de Orval, resurgirá con su templo reedificado, y el pueblo de -Israel se ofrecerá al Señor como en un ramo oloroso de almas. - -6.°--«De mediate lunae»--De la mitad de la luna. - -Este lema terrible hace ya alusión al cercano final del mundo, pues en -el tiempo del pontífice, a que corresponde, la luna comenzará a mostrar -a la tierra la mitad de su disco, el Anticristo aparecerá en el mundo. -Los turcos se convertirán, y tal vez será turco el mismo papa, según -algunos intérpretes, aunque el abate Noé protesta contra tal hipótesis. -Cuando el Anticristo comience a triunfar, este pontífice lanzará una -encíclica señalando las dos sangres impuras de sus venas, que son la -mahometana y la judía. De aquí lo de la media luna. - -7.°--«De laboris solis»--El trabajo del sol. - -Esto anuncia, según el abad, la descomposición planetaria, los -fenómenos raros que producirá el «trabajo del sol», de un astro que se -oscurece. - -8.°--«Gloria olivae»--La gloria de la oliva. - -En esto ve nuestro presbítero como la extremaunción del mundo, que está -para morir. Bajo el reinado del papa, cuyo emblema es la humanidad, -estará humillada después de un gran combate entre los malos y San -Miguel Arcángel. Desde hace algún tiempo, los pontífices reinan, no -ya en Roma, sino en Jerusalén, y este papa fallecerá orando, como -Jesucristo en el jardín de los olivos. - -9.°--«Petrus romanus»--Pedro de Roma o romano. - -Este es el último papa de la profecía de San Malaquías. Pedro Romano -pastoreará su rebaño entre las más terribles tribulaciones. Entre los -argumentos de que se vale el abate para afirmar con San Malaquías que -Pedro Romano será el último pontífice, hay uno modernísimo, y es el de -que en Roma, en la iglesia de San Pablo, fuera de los muros, en donde -se encuentran todos los retratos en mosaico de los papas, desde San -Pedro hasta León XIII, hay diez medallones vacíos. He aquí el final de -la famosa profecía: «_In persecutione extremâ sacrae Romanae Ecclesiae -sodevit Petrus Romanus; qui pascet oves in multis tribulationibus; -quibus transactis, olvitas septicolis disuctur, et judex tremendus -judicabit populum._ - -«_Postea, finis_». - -En la última persecución de la Santa Iglesia Romana habrá un Pedro -Romano elevado al pontificado, que apacentará su rebaño entre grandes -tribulaciones; pasados esos tiempos arduos, la ciudad de las siete -colinas será destruida y el Juez tremendo juzgará al pueblo. - -«Después el fin». - - - III - -La profecía ha tenido algunos adversarios, entre ellos el abate -de Vallmonnt y el padre Ménestrier. Al primero le recusa nuestro -comentarista como protegido de Voltaire, y al segundo, como plagiario. -Se han hecho de la profecía de San Malaquías negaciones que el abad -refuta con argumentos, cuya exposición haría interminables estos -artículos. - -Además de San Malaquías, ha habido numerosos profetas que vaticinaron -el fin del mundo. Por ejemplo, San César de Arlés, obispo, muerto el -año 542, el cual anunció que de los restos de la Iglesia perseguida -un papa hará, con ejemplo de sus virtudes, la reconstrucción de la -cristiandad, ayudado por un rey de Francia, dechado de religiosidad. -Después de él, los crímenes del hombre serán tan grandes que Dios -decidirá el fin del mundo. Este papa, según el abad Noé, será el cuarto -de los futuros, el «Pastor angelicus», y el rey piadoso, colaborador -suyo, el príncipe del «Aguilón», de que hablamos antes. - -Otro profetizador de la terminación del mundo fué Pierre d'Aylly, -nacido el año 1350, doctor de la Sorbona, cardenal y legado del papa. -Este sabio, teólogo y astrólogo, dijo que las conjunciones de Saturno -y Júpiter resultarían grandes perturbaciones astrales, seguidas de -revoluciones políticas por el año 1789. Después de él, afirmaba, el -Anticristo no tardaría en llegar. - -Está la célebre profecía de Orval, atribuída a muchos, entre ellos a -Philippe Dieudonné, monje. Sabido es que ella fué también arreglada a -propósito por mademoiselle Lenormand para adular a Bonaparte. En su -versículo 47 dice: «_Et voila déjà six fois trois lunes et quatre fois -cinq lunes que tout se sépare; et la siècle de fin commencé._» - -Haciendo el cómputo de todas las lunas, según lo ha hecho el abate -Noé, resulta que el siglo del fin es el nuestro, el siglo XX. Hay -que advertir que las tres profecías anteriormente citadas están de -acuerdo respecto a un próximo fin del mundo, y un sabio americano, -autor de _La creación y sus misterios descubiertos_, obra publicada en -París en 1858, M. Snider, apoya aquellas conclusiones con argumentos -científicos. - -Por otra parte, son muchas las tradiciones que señalan la terminación -del mundo para los seis mil años después de la formación de Adán. Entre -los judíos existía ya la idea, y el doctor de la ley, Elías, muerto -trescientos cincuenta años antes de Jesucristo, hizo alusión a ello. - -Sabido es que la leyenda católica está de acuerdo en esto con la -tradición israelita, y muchos padres de la Iglesia se han ocupado del -asunto. El vidente Holzhauser señala el 1911 como la fecha fatal. -Otros, en cambio, no se acercan tanto como él a nuestros días, en -sus predicciones. Así, fray Bucelín, que llega hasta 6004. Sor de la -Natividad, clarisa bretona, dice a la letra: «El siglo 2000 no pasará -sin que el fin no llegue». El abate D'Arzano señala el año 2000. Por -fin, nuestro autor, después de cotejar profecías sucesivas desde -Nostradamus hasta profetas yanquis, lo cual es un colmo, ratifica su -opinión de que será en 1953. - -Además, el _Secreto de la Saleta_ da apoyo al abate Noé. Demás decir -que su erudición bíblica le sirve a cada paso sobre el asunto desde -Esotras hasta el Apocalipsis. Tiene en su libro un capítulo en que -señala el triunfo de la francmasonería como precursor inmediato de -la aparición del Anticristo. Habla en otro capítulo de los signos -anunciadores del fin del mundo, a que se refiere el Evangelio: hambres, -pestes, terremotos y extinción de la fe. No hay duda de que tiene razón -al señalar todas esas cosas como sucedidas en nuestro tiempo, sobre -todo en lo que se refiere al acabamiento de la fe. - -En otro, relaciona con la extinción universal los asuntos de la -política francesa. - -Trata luego de la significación del Anticristo, y recuerda que San -Juan aseguró que habría un gran número de ellos, como en efecto los ha -habido, en Nerón, Mahoma, Juliano, Lutero y otros. - -El vidente Holzhauser anuncia el nacimiento del Anticristo para el año -1855. Nicolás, en 1859. Por su parte el abate Noé afirma rotundamente -que ha nacido en Europa el año 1863, que fué educado militarmente en -una conocida escuela. Ignora su residencia, pero sabe que su opresión -será corta, aunque terrible. La madre, judía conversa y ex monja, -habita Londres, o estaba por lo menos allí en 1904. - -Ahora, los que presten fe al excelente abate, puesto que no -han sucedido muchas cosas que tienen que suceder, pueden estar -perfectamente tranquilos por lo del colazo del Halley. - - - - - La comedia de las urnas. - - -En el momento en que escribo estas líneas Francia se prepara a nombrar -sus diputados, como sabéis, por un período de cuatro años. En todas -las ciudades, en las más humildes aldeas de los campos más lejanos, -los carteles electorales manchan los muros y los discursos de los -candidatos desgranan sus rosarios de lugares comunes. Muy pronto el -«pueblo soberano» designará por sus votos aquellos que deberán ejercer -el mandato y conducir los destinos del país. - - * * * * * - -Podréis, pues, creer que en un momento tan crítico hay en la atmósfera -francesa como un olor a pólvora; que al acercarse el instante de la -lucha los batallones se estremecen de impaciencia: que la nación entera -está sacudida por un estremecimiento de espera y en la angustia de lo -que resultará. Así debería ser, pero no es así. - -La vida nacional, lejos de estar suspensa o turbada, sigue su curso -normal. Los hombres y las cosas guardan su calma y su serenidad -ordinarias. ¿Es esto sangre fría, corrección o dignidad? - -He interrogado sobre este punto a algunos franceses amigos míos, cuyo -buen sentido y sinceridad conozco. Les he preguntado: - ---¿Qué hará usted el próximo domingo 24 de abril? - ---¿Lo que haré?--me contestó uno--Si el tiempo está bueno, iré a pasar -el día por los alrededores de París: será mi fiesta de la primavera. - ---El 24 de abril--me responde otro, con un aire cuidadoso y tocándose -la frente con el índice--es probable que mi mujer dé a luz, a menos que -se equivoque en su cálculos. - ---El 24 de este mes--dice un tercero--alojaré y pasearé por la capital -a toda una familia de parientes del campo que han creído darme un gran -placer viniendo a visitarme. - -Nadie me ha respondido: - ---El 24 de abril próximo, como es el día de las elecciones, cumpliré -con mi deber de elector. Iré a depositar mi papeleta en la urna. El 24 -de abril seré verdaderamente ciudadano y nada más que ciudadano. - -Apostaría que a los millares de electores franceses, semejantes a -esos amigos míos, les importa un comino el asunto de las elecciones. -Por otra parte, las estadísticas lo demuestran. Veo, por ejemplo, que -en 1906 hubo en ciertas circunscripciones hasta una tercera parte de -electores que no votaron, y que el promedio general de las abstenciones -es de un cuarto o de un quinto del número de los inscritos. - -Esos indiferentes son ordinariamente, nótese bien, hombres de -ideas sanas, igualmente alejados de todo exceso reaccionario o -revolucionario, y cuyo voto, sobre todo cuando los candidatos rivales -tienen probabilidades más o menos iguales, podría modificar el -resultado. Pero estiman más la libertad de hablar o de escribir que el -derecho de elegir. Están convencidos de que un voto más o menos en uno -de los platos de la balanza no podría inclinarse a tal o cual lado. Y -creen también que la lucha es inútil y que hay que conformarse con lo -inevitable, o que las cosas no irán ni mejor ni peor con el socialista -Ribouldingue, que con el conservador Duriflard, tartampiones notorios. - -Llevando un poco más adelante mi pequeña encuesta sobre la mentalidad -de los lectores, he llegado a convencerme que no son sólo los -abstencionistas los indiferentes. Podría afirmar que la masa de -los franceses no concede mucha importancia a las elecciones. Las -consideran como una simple formalidad administrativa que se efectúa -periódicamente, como los discursos de apertura, o los concursos en las -Facultades. Votando, hacen un esfuerzo, un ademán; pero no tienen en el -corazón, ni fe ni entusiasmo: no van a una batalla. - -En verdad, este pueblo tiene, en su complicidad, algo de -desconcertante. Está poseído, como ninguno, de ansia de novedad y de -progreso, y ninguno se advierte, desde ciertos puntos de vista, más -carneril. - -Tiene la pasión de la independencia; pero con tal que pueda burlarse -de la autoridad--¡desde el Guignol!--y gozar de libertad de espíritu, -no se cura de la tiranía que le rodea. Se queja sonoramente y muy a -menudo, no del régimen político mismo, sino de los politicastros que -lo deforman, y no intenta echarlos del Palais Bourbon, en donde se -han fijado cómo el Doctor de la Dulzura, una vez enojado, echó a los -mercaderes del templo. Deplora la ruina de la marina y vuelve a colocar -en la cámara a los mismos hombres que han deteriorado la Armada. Se -lamenta de la contaminación del Ejército, infectado por los sin patria, -y no hará nada para reducir a la impotencia a los cultivadores de esos -gérmenes mórbidos. Se encorva bajo el fardo cada vez más aplastante de -los impuestos, y, con todo y que puja, queda como bajo la monarquía, -_taillable et corvéable à merci_. - - * * * * * - -Esta indiferencia de la mayoría de los electores la conocen los -candidatos y la aprovechan. - -La literatura ligera y los caricaturistas explotan el asunto. Diálogo -entre un candidato y su mujer: - ---He encontrado mis circulares electorales de hace cuatro años. - ---Pero ¿pueden servir todavía? - ---¡Ya lo creo! ¡Como prometo siempre las mismas cosas!... - -No querría que se creyese por esto que todos los candidatos son -farsantes. Pero juzgo que a la mayor parte les falta sinceridad. Pues -yo llamo sincero a aquel que, dándose cuenta de lo que significa su -mandato, no disfraza la verdad exagerando el bien, paliando y velando -el mal; a aquel que no promete sino lo que puede cumplir y que no lo -promete sino porque está resuelto a ponerlo en práctica en seguida; -a aquel que lucha por un ideal. Llamo sincero, en fin, al candidato -que habiendo buscado y encontrado en la rectitud de su conciencia la -manera de hacer el bien verdadero al país en general y no sólo a su -circunscripción, pone toda su voluntad, toda su alma, todo su sér, en -transformar su programa en actos, y que si no ha hecho todo lo que ha -querido, ha hecho, de todas maneras, lo que ha podido. - -He seguido día por día, se puede decir, la vida parlamentaria francesa -en el curso de los últimos cuatro años. Y me he preguntado más de -una vez, cómo los diputados de la mayoría, después de las numerosas -y garrafales faltas que habían cometido, se presentarían y se -justificarían ante sus electores al acabarse la legislatura. He leído -en estos días muchos carteles y aun he asistido a algunas reuniones -electorales. Y bien. Esos señores están completamente tranquilos. -Fijáos. Se han votado las leyes complementarias de la separación de -la Iglesia y del Estado. Se ha afirmado la defensa del Estado laico -protegiendo la neutralidad escolar. Se ha proseguido la obra social -poniendo en vigor la plausible ley de asistencia a los ancianos, -protegiendo la infancia, ayudando a la asistencia privada, mejorando -la higiene. Las poblaciones rurales aprovechan una gran parte en la -actividad reformadora de la última legislatura; se ha extendido y -generalizado el sistema de la mutualidad agrícola. Se ha favorecido -igualmente a las poblaciones marítimas, reorganizando el crédito -marítimo y mejorando la suerte de los inscritos. ¿Qué decir de las -leyes en favor de los obreros y empleados? Sobre todo, de la ley de -5 de abril de este año, sobre el retiro de los obreros y labriegos, -que quedará como la obra esencial y duradera de estos últimos años de -república social. ¿Qué no se ha hecho también por el comercio y la -industria? - -Se han perfeccionado correos y telégrafos. Se han rebajado las tarifas -postales, se ha revisado la tarifa aduanera de modo que ha hecho -prosperar un gran número de industrias francesas; se ha rescatado, -en condiciones excepcionalmente favorables, la red ferroviaria del -Oeste. Se han aumentado los sueldos de los funcionarios y se han -dado garantías contra el favoritismo. Se ha democratizado el Jurado -y se ha dilatado la estrechez del viejo código napoleónico. No se ha -descuidado la defensa nacional; se ha reorganizado la artillería; -se han construído barcos de guerra; se ha mejorado la condición del -soldado. La prosperidad financiera ha crecido. La política exterior se -ha hecho el instrumento eficaz de la paz nacional. Y se ha hecho más. Y -más. Y más. Y diré como un candidato, recientemente, a sus electores: -«No concluiría, mis queridos conciudadanos, si quisiera enumerar todo -lo que se ha hecho de bueno, de bello y de grande, por la Francia». -En fin--_tout à été pour le mieux dans le meilleur des mondes_--tal -podría ser «cándidamente» hablando la fórmula sintética y estereotípica -que resume y fija lo que ha hecho la última legislatura. El difunto -Alphonse Allais, de hilarante memoria, cuenta en una de sus «cosas» -que durante un viaje por Egipto encontró una inscripción grabada -sobre un bloque enorme de granito, del tamaño de los que sirvieron -para construir las pirámides. La traducción para él fué la cosa más -sencilla. Pero cuando llegó a la parte baja de la piedra, encontró -escrito: «Tenga la bondad de dar vuelta a la página». - -Los carteles electorales se parecen un poco al famoso granito de -Alphonse Allais: no se les puede dar vuelta para conocer el fin de -la historia. Pero estad seguros, en todo caso, de que no es toda la -verdad lo que contiene la parte que podéis leer. No he encontrado allí -la píldora de los 15.000 francos por diputado, tan difícil de hacer -tragar a los electores. No he leído que se amenacen las libertades y -los derechos más sagrados; que se aumenten cada año, por la superchería -y el derroche, los gastos, la deuda y el déficit; que por el abandono -y por la incuria se desorganice la defensa nacional; que se tenga toda -suerte de complacencias con los directores de huelgas y agitadores -revolucionarios; que haya impotencia para reprimir en la administración -el desorden y la anarquía; que se va, por pretendidas reformas, contra -todos los intereses, como si la prosperidad nacional, el comercio y la -industria pudieran resistir por siempre a tan repetidos golpes. - -En cuanto a los candidatos nuevos, a cualquier partido a que -pertenezcan, sus franquezas me son sospechosas. Los unos, en efecto, -conservadores o nacionalistas, exponen programas que radicales -completos no desaprobarían. Llevados por una manera de respeto humano, -hacen concesiones a aquéllos mismos cuyos principios rechazan, con tal -de lograr los votos. Los otros, los del socialismo, prometen al pueblo, -que en el fondo no pide tanto, una libertad tan completa, una justicia -tan perfecta, una felicidad tan grande, que no se ve del todo, pues no -saben los mismos parlanchines de esas verbales añagazas cómo van a -edificar ese paraíso en donde los franceses de mañana van a danzar, en -un placer sin límites, un delicioso perpetuo _cake-walk_. - - * * * * * - -Esa falta de sinceridad de parte de los candidatos, no va, en último -análisis, sin su falta de respeto para el elector. No os diré una -novedad si os digo que el respeto no consiste en muestras exteriores -de deferencia, o en la expresión de fórmulas de urbanidad. Respetar -a alguien, es, ante todo, suponerle un buen sentido, un juicio por -lo menos cercano al nuestro. Es, en segundo lugar, tratarle como una -personalidad moral a la que no se procura el engaño o el daño. De modo -que no decir la verdad y nada más que la verdad, a los electores, es -ya reconocer su falta de inteligencia. Pero decirles tonterías, es -tomarles por incurables imbéciles. - -Véase esta muestra, entre otras, de esas tonterías a que me refiero: - -1.° Supresión de todos los impuestos y voto del presupuesto facultativo. - -2.° Jubilación a todo ciudadano de cincuenta años, con 60 francos -mensuales. - -3.° Aumento de sueldo de los empleados que no ganan 3.500 francos. - -4.° Respeto a la libertad de trabajo con aplicación radical. - -5.° Estímulo de la repoblación (prima de 500 francos por cada hijo que -nazca). - -6.° Supresión de los empleos inútiles. - -7.° Matrimonio obligatorio a los treinta años, para ambos sexos. - -8.° Derecho de elección para las mujeres que tengan cuatro hijos. - -9.° Supresión de los monopolios del Estado y de los impuestos sobre el -alcohol. - -10.° Libertad del Comercio y del ejercicio de la Medicina. - -Otro candidato, no menos faccioso, reclama en primer lugar la revisión -del tratado de Francfort. (¿Por qué no la confinación de Roosevelt en -el polo Norte?) - -Yo no sé si esas gentes se forman alguna ilusión sobre las -probabilidades de triunfo de su candidatura; por mi parte, yo no tengo -ninguna duda sobre su mentalidad. Es verdad que aquí se está en el país -en que se ríe de todo, en que la exageración misma de los rasgos del -programa nos advierte que hay que considerarlo como una _charge_, como -una caricatura. - -La lucha electoral es únicamente una lucha de ideas. Un candidato tiene -su temperamento, su carácter, su talento, su profesión. Mas el lector -no puede juzgarlo, aparte la honradez, sino por sus ideas. Al comienzo, -parece que es así. Sin embargo, a medida que el período avanza, y que -el día fatídico se acerca, los candidatos llegan, o más bien descienden -a una polémica indigna de ellos, y sobre todo de sus electores. Se -escarba en la vida privada del adversario. De sus debilidades, si las -tiene, se hacen tachas enormes. De su evolución política se hace una -serie de contradicciones y de traiciones. De sus discursos se hacen -extractos, que, hábilmente aislados, presentan un sentido absolutamente -distinto del pensamiento integral del autor. Se lanzan mentises -inicuos, y se tiene cuidado de agregar: «Los electores juzgarán». ¡Ah! -si el lector juzgase convenientemente el ultraje hecho a su dignidad, -enviaría a ambos contendientes con cajas destempladas. - -Hay hombres contra los cuales nada pueden los adversarios. Su -personalidad se impone tan sólidamente que los contrarios se quiebran -en ella pico y uñas. Sin embargo, los atacan a pesar de todo. Ved este -cartel: - - «Comité de concentración republicana - - Dos hombres - - M. Maurice Barrés, M. Paul Cloarec, - Novelista Economista - Agitador Hombre de orden - Sin programa Programa preciso - - ¡Electores, escoged!» - -Los electores han escogido ya y pronto verá el insólito y excelente -hombre de orden, M. Cloarec, cuál es el elegido. Pero, ¿qué me decís de -este pistonudo paralelo? - - * * * * * - -Todo esto, en conclusión, es tan humano como francés, y no he de ir yo -a revelar a mis lectores argentinos lo que son elecciones. La ambición, -como el amor, es mala consejera, aun para las mas firmes cabezas. Ser -diputado es para todos una honra; para algunos una honra y un provecho; -para muchos, una agradable sinecura. ¿Cómo, habiéndolo probado no se -va a querer repetir? Ser candidato, aun derrotado, es haber gozado en -su circunscripción, durante el período electoral, de una celebridad -capaz de inquietar a Rostand mismo. Y hay candidatos que aun de la -derrota sacan provecho. Así este épico, este incomparable M. Valantin -Moyse _candidat malheureux dans le neuvième arrondissement_, como -dice una gaceta. Este sujeto, que es filósofo, da las gracias a los -6.852 electores que no votaron por él, de la siguiente manera: «Vous -m'avez éclairé, vous m'avez clairement fait voir que je n'avait rien à -faire dans la politique. Je continuerai, donc, comme pour le passé, à -m'occuper de la publicité des magasins de nouveautés.» - -¡Ni en Nueva York! - - - - - La hija de Verlaine. - - REALIDAD Y LEYENDA - - -Monsieur Edmond Lepelletier fué amigo íntimo de Paul Verlaine, -desde los años del colegio. Acaba de publicar un libro sobre la -vida y la obra de aquel melodioso mártir. Para la vida es un libro -de rehabilitación, en parte, aclaración de hechos por irrecusables -documentos; para la obra una especie de proceso mental y certificación -del iniciarse o tomarse tales tendencias o deliberaciones. Lepelletier -cumple con cordialidad una como disposición testamentaria de hace -largos años. No se enfría con la nieve de la muerte y la piedra tumbal -el afecto del más «viejo amigo», como se le llamó en un soneto dirigido -de uno de tantos hospitales, el Cochin: - - Mon plus vieil ami survivant - d'un groupe déjà de fantômes - qui dansent comme des atomes - dans un rais de lune devant. - - Nos yeux assombris et rêvant - sous les ramures polychromes - que l'automne assouplit en dômes - funèbres ou gémit le vent. - - Bah! la vie est si courte, en somme! - un sot réveil après un somme! - qu'il ne faut plus songer aux morts - - que pour les plaindre et pour les oindre - de regrets exempts de remords, - car n'allons-nous pas les rejoindre? - -Y en una carta a su madre, dice Verlaine, desde la prisión de Mons... -«Que Lepelletier defienda mi reputación. Podría ser que fuese, antes -de poco, mi memoria. Cuento con él para hacerme conocer mejor, cuando -ya no exista, allí...» Lepelletier, buen escritor, alejado de la -literatura quizá por asco de la vida literaria, aunque no hay mucha -algalia en los muladares de la política, su preferida, vuelve a tomar -su vieja pluma, y hace un volumen sereno, justo, fraternal, sin -retórica, firme, exento de sentimentalismo y claro de verdad. El Pobre -Lélian queda limpio, hasta lo posible, del maligno lodo legendario que -él mismo recogió y aumentó, gamin excesivo, para su propia maculación. -No que el sin ventura resulte ahora un bienaventurado, sino una pobre -víctima de «la lógica de una influencia maligna» como él mismo diría: -teniendo no poca culpa del derrumbamiento de ese espíritu superior, -de ese gran poeta, la sociedad misma. Al hombre lo hace conocer el -biógrafo desde la niñez. «En lo que se refiere a la infancia, las -primeras impresiones de Verlaine, sus aspiraciones, sus lecturas, el -despertamiento de su genio poético, sus comienzos literarios, he de -informar al público que se interesa en la génesis de un cerebro como -el del autor de _Sagesse_. Compañero de juventud, confidente de sus -pensamientos, de sus ensueños, de sus ensayos, desde la adolescencia -hasta la plena edad madura, he asistido, por decirlo así, a la -ascensión de la savia, a la floración y al desarrollo de su intelecto». -Los amigos de asuntos tortuosos se encontrarán desilusionados al ver -que lo referente a la famosa cuestión Rimbaud se precisa con documentos -en que toda perspicacia y malicia quedan en derrota, hallándose, en -último resultado, que tales o cuales afirmaciones o alusiones en prosa -o verso no representan sino aspectos de simulación, tan bien estudiados -clínicamente por Ingegnieros. Los testimonios son fehacientes en una -correspondencia escrita a raíz de los sucesos que provocan señaladas -cartas de toda intimidad y franqueza, en que se ve el alma desnuda y -toda ausencia de _pose_, o de mentirosa urdimbre. Otros libros se han -publicado sobre Paul Verlaine antes de este piadoso y definitivo. - -No hay en ellos, en suma, sino el propósito de revelaciones que -interesan a un público de curiosos de intimidades literarias, y de -aficionados a cuentos de café y cervecería. Están en la misma línea que -esa malhadada fotografía de la serie _nos contemporaines chez soi_, -que se ha reproducido en _magazines_ e ilustraciones extranjeras, -y en la cual aparece «en su casa» el infeliz gran poeta, ante una -mesa tabernaria en que se ve el brebaje fatal a su existencia y a su -reposo espiritual, por tantos años. Tal crueldad iconográfica hace, -con justicia, estallar la cólera fraternal de Lepelletier. Este de -ningún modo acepta la usada comparación entre Verlaine y Villon, como -no sea en ser ambos dos portaliras en extremo amados de las musas y de -los dolores, y en ser cofrades en la devoción y la plegaria, podría -agregarse. - -Sistema opuesto, el del Pílades literario, al de tantos plumíferos -parisienses e internacionales, cuyos recuerdos barriolatinescos y -báquicos no han contribuído sino a la universal transformación del -Fauno místico en una especie de tipo lastimoso y mendicante, saturado -de todos los alcoholes y roído por toda suerte de bajos vicios. - -Mucho pesará a los adoradores de la _soucoupe_ el saber que Verlaine -era un hombre de ideas burguesas, que si vivió la vida de bohemia, -fué forzado por las durezas de la suerte, por las caprichosas -circunstancias que amontona la casualidad, esto es, de todas maneras, -la ley del destino, para hacerles torcer su dirección, y cambiar la -tranquilidad de una existencia que hubiese sido honestamente apacible, -por las tormentas pasionales y las noches borrascosas a que conducen -los desatados instintos y las ponzoñas de la voluntad. - -Una mujer de poca comprensión y escasa paciencia y un puesto -modestísimo que, en la administración municipal de París no pudo volver -a ocupar después de la Comune--pequeñas miserias--, decidieron el -destino, tal el diablo hace esas cosas, del futuro verleniano. Para -la gloria, gloria amargada, y para el arte, propicio encadenamiento -de hechos; más terremoto sentimental y mental en el mal herido de -desesperanza que, antes que el paraíso católico, dignamente ganado a -son de tiorba y salterio, tuvo que pasar largos años en el, más que -purgatorio, infierno del alcohol. - - * * * * * - -Al por siempre niño no fueron sino fatalmente dañosas las malas -frecuentaciones; así la de ese terrible Arthur Rimbaud, que pudo -librarse de su demonio intelectual poderoso y perverso, transmutando -su vida en el hierro de una acción que hizo del poeta desorbitado un -mercader de Oriente, explorador de lejanas Áfricas, un negociante -entre negros, cuya labor colonial no supo a tiempo aprovechar su -patria. Muerto antes que Verlaine, cuya vida acibaró de locuras y -mala influencia, él tiene su monumento en la villa natal, en tanto -que todavía no se ha podido conmemorar en bronce o mármol al autor de -_Sagesse_. - -Hase pretendido en lo referente a familia, que Verlaine descendía de -noble origen, según los manuscritos genealógicos de Le Fort. Vendría de -los señores de Verlaine en el Luxembourg. Lepelletier no juzga exacta -la ascendencia, antes bien, cree muy aceptable la eclógica parentela de -que ha hablado Saint-Pol-Roux en uno de sus magníficos libros. «Un mi -camarada, viejo pastor que apacentaba cotidianamente su ternera y sus -dos vacas delante de mi morada, me dijo, un día, llamarse Verlaine. Me -estremecí. Conversamos. Me contó su raza. Intrigado, intenté rebuscar. -Pronto pude asegurar al pastor belga que un gran poeta de Francia era -su pariente, de él, tan chico; lo que le hizo relinchar de alegría. - -Anudando entonces sus cejas, como si hubiese cruzado los finos brazos -velludos de su memoria, sondó este rincón para, a la larga, extraer un -encuentro, antes, en los alrededores de Paliseul, en casa del coronel -Grandjean, con un colegial de dieciséis años. ¡Y, bien! Ese Pablo -olvidado, de quien me enseñáis la fama, es mi primo hermano segundo, -declaró el pastor de Arville. Resumamos sus decires: El bisabuelo de -Verlaine, después de haber seguido a los ejércitos franceses, como -jefe de convoy militar, se estableció en Arville, viniendo de Braz, -aldea vecina, elegido _franc-fied_ por el abad de San Humberto. -Dispensado del diezmo, su función consistía en asistir de uniforme, -y con el sable desenvainado, a las misas solemnes de la abadía. De su -matrimonio con una Henrion nacieron Miguel y Enrique. Enrique tuvo -dos hijas y un hijo, el capitán de ingenieros, padre de Pablo»... -Esos rústicos entroncamientos demuestran lo justo en Verlaine de -sus inquietudes sílvicas de corzo, su natural arisco, su estirpe -pánica. No pueden más que interesar vivamente sus despertamientos -sentimentales, más sensuales en él que otra cosa, y los primos deseos -en el alma del lírico sátiro que naciera tan mal dotado de físicos -atractivos, pudiendo ser su rostro de adolescente, argumento de la -teoría darwiniana, antes que clasificada de mongoloide su fatigada -testa socrática, por un doctor escandaloso que tuvo, a causa de su -seudo-ciencia periodística, cierta boga hace ya algunos años. Mas -después habrá que considerar cuán buena estofa de _páter familias_ -había en quien ha dejado para su hijo--educado lejos de él y a quien -nunca pudo ver--en prosa y verso, los consejos más cristiana y -tradicionalmente morales, y patrióticos además, a despecho de todas -las demoledoras modas. Verlaine, aparte de su genio y de sus caídas, -dañosas tan sólo para sí mismo, fué en el fondo, y quizá siempre, eso -que «para algunos todavía es de valor»: hombre honrado. Jamás se ha -visto furia dolorosa igual a la de ese desdichado por la pérdida de su -hogar, por la separación de su mujer, quien, en verdad no le merecía -tanta llama inadecuada. Con una mujer paciente, dulce, una familia -constituída, y la vida asegurada en su papel de funcionario, habríase -destruído en él, sin duda, el veneno de las fatales amistades, y, -excelente ciudadano, rodeado de hijos, tuviera un fin apacible en la -honestidad de su retiro. Claro es que el arte humano habría perdido -tanto sollozo incomparable y la católica poesía tanto gemido místico y -tanta oración temblorosa de viva fe, de piedad infinita. - - * * * * * - -Lo único en que Lepelletier deja sospechar la influencia sectaria, en -su manera de exponer el alma de su glorioso y desolado amigo, es en -no ver en Verlaine convertido un poeta más lleno de la gracia suprema -que de propósitos más o menos literarios; y el querer disimular -la ferviente sinceridad de las «Confesiones» en lo relativo al -holocausto de aquella pobre ánima, anímula abatida, en honor de Dios -y arrepentimiento de sus incontenibles yerros. Nada tienen que ver el -Jesucristo y la Virgen verlainianos, que no son otros que los de los -niños de primera comunión y los del creer del carbonero, con los Odin -y Teutates parnasianos, y toda la védica teogonía y toda la soberbia y -logolítica erudición de la poesía de Leconte de Lisle. El catecismo, -sí, era su libro. Y hay en él también algo franciscano. Entre sus ramos -de claveles, rosas, hojas de viña, y tal o cual orquídea, respiráis -perfumes de _fioretti_. - -¡Ah, la leyenda verlainiana y la realidad de las cosas! Yo quisiera que -todos aquellos cerrados criterios, que todas aquellas mal informadas -personas para quienes el nombre del _pauvre Lélian_ es una dicción -sospechosa, leyeran, apartando por un instante las vulgares y repetidas -informaciones caras a los cronistas ligeros y desvergonzados escribas, -leyeran y meditaran con calma los conceptos de este volumen fidedigno. -Hace no mucho tiempo se publicó en Francia--Francia tiene estos -arranques generosos--una rehabilitación también muy documentada de la -vida de Poe, otro tan mordido y enlodado desde los días del odioso -Grissmold. Tales obras honran a los que las emprenden y consuelan a los -que no aspiran a ver en el mundo tan solamente el lado oscuro o rojo de -la Perversidad. Coincide con la publicación del libro de Lepelletier la -de una obra póstuma y antigua, paralela a _Sagesse: Voyage en France -par un Français_. Se ha dicho con sobra de superficialidad que dicho -_bouquin_ no agrega nada a la personalidad intelectual del autor. -Quizás. Mas hay una cosa cierta, y es que, dichosamente, ella ayuda a -conocer el oro cordial del hombre. Del buen hombre por siempre niño. - - - - - A propósito de «Chantecler» - - LOS ANIMALES - - EN EL TEATRO CLÁSICO ESPAÑOL - - -Con motivo del famoso gallo, _Le Temps_, de París, habló recientemente -de una obra estrenada en Madrid hace algún tiempo, y en la cual los -personajes son animales. Se refiere a _El caballero Lobo_, del Sr. -Linares Rivas, notable ingenio de esta Corte que tomó la antera a M. -Rostand, años después, sin embargo, de anunciada la pieza francesa tan -cacareada. - -Los trabajos teatrales en que aparecen animales en la escena, tienen -antecesores en el teatro clásico castellano, si no en el francés, -puesto que el curioso autor de las _36 Situations dramatiques_ -puede escribir hoy: «Allons, il ne me vint pas une mauvaise idée -lorsqu'en 1900 j'ouvris la carrière dramatique aux personnages du -vieux «Roman du Renart». Depuis mille ans, mil n'y songeait. Quelle -cohue aujourd'hui!...» En efecto, M. George Polti hizo aparecer en el -_Mercure du France_ de 15 de agosto de 1905 una obra titulada _Compère -le Renard_, acompañada de una carta al director del _Mercure_ M. -Vallette, en la que decía entre otras cosas: «Los diarios anuncian que -M. Edmond Rostand va a poner en escena «Chantecler» el gallo y otros -animales del _Roman du Renart_. Alaban con emulación su idea original, -que será, según anuncian, el «punto de mira de la curiosidad parisiense -este invierno». Esto me decide a publicar _Compère le Renard_, escrito -por mí «desde 1909», época en que lo leí a algunos amigos, como pueden -atestiguarlo desde luego, M. Louis Wéber, caballero de la Legión de -Honor, redactor de la _Revue Philosophique_, de la _Revue Métaphysique_ -y del mismo _Mercure_, M. Henri Lasvingnes, el traductor de Stirner, -y un hermano Julien Polti, miembro del Jurado de la Société Nationale -des Beaux Arts. Después de la lectura de mi pieza--en la cual figuran, -como pueden verse, junto a Goupil, «Chantecler» el gallo, el perro, -Morhou, Noble el león, Insengrin el lobo, Beaucent el jabalí, Bellyn el -carnero, etc., he enviado copias al Odeón al Gran Guignol, al Théâtre -Antoine, a Cluny, al Chatelet, como pueden demostrarlo, a más de los -registros de esos teatros, las cartas que me han dirigido rehusando en -la forma ordinaria y después de lectura, supongo». - -Monsieur Polti, quería, pues, dejar establecida su prioridad. Él -se había decidido a escribir una comedia de animales, basada en el -viejo _Roman du Renard_, inducido, según cuenta en otra parte, por -el teatro de Gozzi. Y va un antecesor. El autor del _Compère le -Renard_, cuya erudición en asuntos de teatro es conocidísima, pensó -seguramente también en Aristófanes, y en la comedia china _Tao-sse_, -_Las transmigraciones de Yo-Théou_ adaptada del chino al francés, por -M. León Charpentier. En esta pieza figuran y hablan diablos con cabeza -de buey, de mono, de ratón, de pato; un ternero y el mismo Yo-Théou en -forma de burro. Y otro antecesor. - -Mas en el teatro español, que M. Polti ha demostrado conocer en -ocasiones, hubiera podido recordar los ejemplos que señalaré luego. - - * * * * * - -Si no en la escena hablan ya muy donosamente las bestias en el libro -de _Calila e Dimna_, cuyos orígenes orientales con tanta documentación -ha explicado en un sabio estudio el famoso don Pascual de Gayangos. -_Calila e Dimna_ no es otra cosa que las fábulas de Pilpay, el poeta de -la India. Pilpay o Bidpay y Esopo, son los primeros que ponen talento y -discurso a la humana, en los animales. Cierto es que ambas cosas posee -en la narración bíblica la Serpiente del Paraíso, y después la pollina -de Balaam; y que Júpiter, bajo aspectos de irracionales, hizo muchas -de sus mitológicas hazañas. En las fabulaciones y poemas orientales -los animales suelen hablar como personas, como se puede ver en los -mismos cuentos de las _Mil y una noches_, los cuales se asemejan a los -apólogos de _Calila e Dimna_, en la manera de trabar el final de un -sucedido con el comienzo de otro. - -Después del libro de _Calila e Dimna_, del Arcipreste de Hita y de -algunos otros pocos escritores se encuentra algo notable respecto a la -inteligencia de los animales en la _Antoniana Margarita_, del filósofo -Gómez Pereira, de quien se ha desmostrado tomara Descartes algunas -ideas y hasta el famoso _Pienso, luego soy_. Respecto al alma de los -animales, para defender a Descartes de plagio, escribía en su tiempo -Bailler, su biógrafo: «Muchos han creído que Descartes había tomado del -libro de Gómez Pereira la famosa opinión del alma de las bestias. Mas -hay una gran razón para dudar que Descartes haya jamás oído hablar de -este Pereira; que su obra (hoy muy rara), haya ido a parar a manos de -un hombre tan poco curioso de libros y de leer como nuestro filósofo. -Esto quita toda duda en el asunto, pues Descartes no vió el libro de -Pereira hasta un año después de la publicación de sus _Meditaciones -Metafísicas_». Sin embargo, otros autores continuaron sosteniendo ser -Pereira el primero que afirmara la idea cartesiana de que las bestias -no son otra cosa que máquinas vivientes. Raimundo Lulio había dicho a -su manera: _De la sensitiva_: La «sensitiva» es, la potencia con la -cual el animal siente lo sensible; es a saber: lo sensible, oíble, -etc.; y tiene esencial y natural «bondad, grandeza», etc.; y tiene seis -sentidos particulares: la vista, oído, gusto, tacto, olfato y habla, -en los cuales está diversificada. «Es cierto que él abarca asimismo al -hombre o como gráficamente le designa, «animal hombrificante». - -A propósito de la «sensitiva», doña Olivo Sabuco de Nantes, ilustre -virago, que sabía mucho para su tiempo, entre las muchas cosas que dice -de los animales inteligentes, manifiesta en uno de sus diálogos: «... -Pues quiero contar de otros animales, para que veáis cuánto obran los -afectos de la sensitiva para vivir o morir. Plinio dice que un pescado -langosta teme tanto al pulpo, que en viéndose cerca de él muere. Y si -el congrio ve cerca de sí la langosta, hace lo mismo. Y cuenta el mismo -Plinio del delfín que es muy amigo de la conversación del hombre, y que -uno de ellos tomó amistad y conversación con un niño que vivía cerca -de un lugar marítimo, de manera que muchas veces llegaba el niño a la -ribera del mar y lo llamaba por este nombre, Simón, y luego venía, y el -niño le daba pedazos de pan y otras muchas cosas; el delfín se ponía de -manera que el niño subía encima, y lo llevaba y paseaba por la mar, -y lo volvía a tierra. Continuando, pues, esta conversación y amistad, -dióle una enfermedad al niño, de que murió. El delfín, viniendo un día -y otro al puesto donde ejercitaba su amistad, como no acudía el niño, -siempre lo veían en aquel lugar, gimiendo en semejanza de lloro, hasta -tanto que allí mismo lo hallaron muerto. Cuenta también Eliano...» Y -así prosigue la sabia narrando sucedidos de animales, a punto de que -se advierte lo fácil de encontrar argumentos a lo _Chantecler_ sin -necesidad de meditaciones en un corral de Cambo. Todo autorizado por -Eliano, o por ese delicioso gran embustero de Plinio, que habría hecho -el encanto del Ursus de Víctor Hugo. - -Hay que recordar asimismo al célebre doctor Juan Huarte de San Juan -en su _Examen de ingenios_, en el capítulo «Donde se prueba que del -alma vegetativa, sensitiva y racional son sabias, sin ser enseñadas -de nadie, teniendo el temperamento conveniente que piden sus obras». -Allí, con apoyos de Hipócrates, de Platón, de Galeno, se anticipa a los -Maeterlink, Heara, Gourmont y demás contemporáneos que se han ocupado -en bestias y bestezuelas. - -Mas, pasemos a lo concreto de este artículo, que son los animales en el -teatro. - - * * * * * - -Cervantes, por su alto nombre, podría pedir primacía diciendo que sus -perros dialogan como gentes; y que Cipión y Berganza, acortando los -parlamentos, y presentados en coloquio a la manera, como se hacen las -cosas en la Porte-Saint-Martin, serían tan aceptables como el can que -hace Jean Coquelin, si no más discretos e ingeniosos, y en una prosa -que bien vale los alejandrinos rostanescos. Es el caso que hablan los -perros. Y como dice el final: «El acabar el coloquio al licenciado, y -el despertar el alférez, fué todo a un tiempo, y el licenciado dijo: -Aunque este coloquio sea fingido, y nunca haya pasado, paréceme que -está tan bien compuesto que puede el señor alférez pasar adelante -con el segundo. Con este parecer, respondió el alférez, me animaré y -dispondré a escribirle, sin ponerme más en disputas con vuesa merced, -si hablaron los perros, o no. A lo que dijo el licenciado: señor -alférez, no volvamos más a esa disputa; yo alcanzo el artificio del -coloquio y la invención, y basta: vámonos al Espolón a recrear los ojos -del cuerpo, pues ya he recreado los del entendimiento. Vamos en buen -hora, dijo el alférez, y con esto se fueron». - -Mas el gran Calderón aparece con piezas representables que con la -_mise en scène_ actual serían de gran efecto. No solamente pone en las -tablas monstruos mitológicos como sirenas, sátiros, etc., sino que, -cual en el _Chantecler_, animales. Las «memorias de las apariencias», -acotaciones o indicaciones escénicas, tan profusas que ni D'Annunzio -mismo las pone ahora, son verdaderamente notables. Para la loa que abre -la comedia _Fieras afemína amor_, y en la que los _dramatis personae_ -son el águila, el fénix, el pavón, o pavo real, los doce signos, los -doce meses, y músicos, explica el autor, en una acotación cómo se -representó. Calcúlese lo que se hizo con los recursos escénicos de -entonces y lo que se haría ahora. «Fundóse el pórtico del teatro de -orden compuesta, entre cuatro columnas de bien imitada piedra lázuli, -cuyas cañas estaban adornadas a trechos de resaltados bollos de oro, -y en su correspondencia dorados sus capiteles y sus basas, con que -siguiendo el orden, corría la cornisa enriquecida a partes de los -mismos bollos, mascarones y cornucopias. En ellas descansaban unas -volutas, de quien pendían varios festones, que dando vuelta a los -modillones, recibían el cerramiento del frontis, de quien era clave -una medalla de relieve, guarnecida de hojas de laurel, con cuatro -mascarones y otros adornos que la dividían en igual compartimiento. -Dentro della estaba un caballo, cuya velocidad enfrenaba galán joven, -no sin algunas señas de Mercurio, dios del ingenio, así en el caduceo, -como en las plumas del capacete y los talares: geroglífico del que -osadamente vano intenta sofrenar al vulgo. A los lados del pórtico, -entre coluna y coluna, estaban en sus nichos dos estatuas, al parecer -de bronce, que haciendo viso al héroe de la fábula, halagando una -a un león y otra a un tigre, significaban el valor y la osadía. -Todo este frontispicio cerraba una cortina, en cuyo primer término, -robustamente airoso, se veía Hércules, la clava en la mano, la piel -al hombro, y a las plantas monstruosas fieras, como despojos de sus -ya vencidas luchas; pero no tan vencidas que no volase sobre él en -el segundo término Cupido flechando el dardo, que en el asunto de -la fiesta había de ser desdoro de sus triunfos. Bien desde luego lo -explicaba la inscripción, cuando en rotulados rasgos que partían entre -los dos el aire, decía a un lado el castellano mote: _Fieras afemína -amor_, y al otro el latino _Omnia Vincit amor_. Lo demás del campo -que restaba a la cortina ocupaban pendientes festones de trofeos -de guerra, que enlazados los unos de otros orlaban todo el lienzo, -sin perdonar pequeño espacio, que no llenase de hermosa variedad la -arquitectura en sus diseños y la pintura en sus dibujos. En habiendo -logrado la vista por breve rato ambos primores, empezó a lograr los -suyos el oído, primero en sonoras chirimías, y después en templados -instrumentos, a cuyo compás, desde lo más alto del frontis, por detrás -de la medalla empezó a descubrirse, hecha un ascua de oro, un águila -condal con imperial corona, sobre cuyas batidas alas venía una ninfa, -que rompiendo la cortina, sin romperla, dió principio a la loa, como en -voz de _El Águila_ (cantando)». - -Ya veremos en otro artículo cómo cantan y hablan las aves y demás -animales parlantes de Calderón, tres siglos antes que los de Rostand. - - - - - La Francia de hoy. - - -Juan Jacobo Rousseau ha dicho en alguna parte: «Prefiero ser el hombre -de las paradojas que el hombre de los prejuicios». Tiene razón. El -prejuicio, en efecto, es una opinión recibida sin examen y participada -por el mayor número. No tiene efecto sobre los espíritus por su grado -de verdad, sino por la satisfacción que da a la pereza. Atrofia y -paraliza la actividad de la inteligencia, haciéndola incapaz de -distinguir lo verdadero y lo falso. El prejuicio es así una idea muerta -que es necesario arrancar. - -En el hermoso libro que acaba de publicar monsieur Barrett-Wendell, -destruye prejuicios, pero cuida de no expresar ninguna paradoja. Se -puede decir que es un «libro vivido», en el cual las afirmaciones -se apoyan constantemente sobre hechos observados o verificados -directamente, prudentemente e inteligentemente, en el cual la -preocupación de la verdad no ahoga la simpatía y la admiración del -escritor para los hombres y las cosas: en el cual, en una palabra, -se reunen en grado supremo, y en la más bella armonía, los méritos -de la razón que examina y juzga, y del corazón que siente y ama. -Él constituye uno de los más admirables testimonios que jamás haya -habido en honor de Francia; y al leerlo, los franceses se emocionan -orgullosamente. Conozco, por mi parte, quienes exclaman, poco más o -menos, como Sócrates hablando sobre Platón, su discípulo: «¡Cuántas -cualidades este hombre nos encuentra, en las cuales nosotros no -habíamos pensado!» - -Monsieur Barrett-Wendell estudia sucesivamente las universidades, -la estructura de la sociedad, la familia, el carácter francés, las -relaciones entre la Literatura y la vida, la cuestión religiosa, la -revolución y sus efectos, la República y la Democracia. Cualquiera -que sea el orden adoptado por el autor, cada capítulo es un estudio -muy compacto, muy interesante y que contiene para los extranjeros las -enseñanzas del más alto precio. - -De la admirable intelectualidad de los franceses, de sus fuertes -costumbres dinámicas, de espíritu, M. Barrett-Wendell concluye que -la ciencia extranjera sería muy vivificada si un mayor número de -estudiantes viniesen a colocarse bajo la influencia francesa. Ésta -combatiría útilmente lo que las otras influencias tienen de excesivo; -ella daría a los conocimientos más riquezas y a las universidades una -actividad de mejor índole, una vida más fecunda. - -No me place mucho la división que hace M. Barrett-Wendell de la -sociedad francesa en tres clases: la nobleza, la burguesía y los -artistas. Ella es tal vez cómoda para el estudio, pero temo mucho que -no corresponda muy exactamente a la realidad. Que haya, por ejemplo, -una especie de barrera entre la aristocracia y la burguesía, convengo -en ello, aunque esta barrera se aminore más cada día; pero no veo -que los artistas se distingan de los otros franceses por caracteres -fundamentales y permanentes bastante precisos para que constituyan -una clase aparte. ¿Y por qué no entonces la clase del clero? ¿Por -qué no, sobre todo, la clase del pueblo, que es la gran masa de los -franceses? El pueblo, con su robusto buen sentido, su incansable -actividad, su espíritu de orden y de economía, su apego profundo por lo -que es práctico, sólido y durable, el verdadero pueblo en la campaña, -que no hay que confundir con el obrero de la ciudad, el pueblo que -precisamente desconfía de todos los prestigios, de cualquier naturaleza -que sean. - -Pero quizá me equivoco en hacer esas reservas. Monsieur Barrett-Wendell -nada, en efecto, ha olvidado; y, si él no da a cada cosa la importancia -que encierra, es por un plausible escrúpulo de escritor, que no quiere -dar su juicio sino con perfecto conocimiento de las causas. Las malas -lenguas extranjeras se complacen en esparcir la opinión de que la -sociedad francesa está moralmente enferma. - -«Mientras más veis a los franceses _chez eux_--dice M. -Barrett-Wendell--, menos se fija nuestra atención en ese fenómeno -social mórbido. Al contrario, más y más os admira no solamente -la regularidad general de su existencia, sino aun de ese hecho -sorprendente: que esta regularidad general parece tener un punto de -apoyo muy sólido en sus afecciones.» - -Ha logrado excelentemente analizar en los franceses la simplicidad -fácil de maneras, y la extremada franqueza de los hábitos -intelectuales; la manera incomparablemente natural y deliciosamente -amistosa con que acogen y reciben a sus huéspedes; su locuacidad llena -de franqueza, pero también el instintivo pudor de su espíritu; su -seriedad profunda, asombrosa, en la conversación mundana; la ausencia -de pedantería, su capacidad de dominarse cuando se trata del deber; su -culto del honor, su pasión por la sistematización que les conduce a -salir de su carácter de discutir asuntos abstractos; su amor por los -principios, que ellos cuidan con un celo intransigente e intolerable; -y, a pesar del exceso, el refinamiento, las estrecheces de sus virtudes -más poderosas, la fuerza maravillosa con que vanamente se conmueven por -los sentimientos humanos, cuando son grandes y profundos. - -No era bueno igualmente probar y declarar a los extranjeros mal -informados, o mal intencionados, que la tan grande audacia de la -literatura en Francia, muy lejos de indicar que la inmoralidad sea -la regla de la vida francesa, tiende más a demostrar que no es sino -la excepción, demostrar que el ardor que los franceses ponen en sus -discusiones religiosas, proviene no precisamente de su apego íntimo a -tal o cual forma de la religión, sino sobre todo de su excesivo apego -a las fórmulas definidas; que la Francia prospera entre todos los -países, que en ninguna parte se experimenta una impresión más evidente -de bienestar sólido y sustancial, que en ninguna parte se ve menos -pobreza, menos miseria, que en el resto del mundo entero. - -No quiero dejar de transcribir integralmente las últimas líneas del -excelente y hermoso libro del escritor norteamericano: - -«A los franceses mismos aparece la república menos como un régimen -nacional que como un régimen de partido. Yo aspiro así como los -mejores de entre ellos, a ese tiempo en que no siendo el gobierno de -un partido, será el gobierno nacional; y este tiempo creo que vendrá. -Pero aun entonces, seremos más justos con la entera magnificencia -del pasado, si saludamos a la República como a la Francia, y no a la -Francia como a la República. No es demasiada la palabra mayor para -abarcar el alma total de esta nación.» - - * * * * * - -El régimen democrático actual de Francia tan magistralmente analizado -por M. Faguet en su último libro _El culto de la incompetencia_, no es -sino demasiado a propósito para hacer creer que la República, la que -ha hecho en todas sus partes a la Francia actual, que ha arrojado toda -miseria y toda opresión. Este régimen democrático parece querer hacer -tabla rasa de diez siglos de historia nacional, porque esos diez siglos -han visto otros regímenes que el de la soberanía popular. - -Se diría verdaderamente que la República tiene miedo a los muertos. - -Nada más curioso, más sugerente, a este respecto, que las recientes -querellas, que nacidas en las escuelas primarias y en los -establecimientos de enseñanza secundaria, han tenido su fin en la -Cámara de Diputados, querellas relativas a los manuales de historia de -Francia y de moral. Concluídos, desde hoy en adelante para los futuros -alumnos franceses, los excelentes libritos en que sus autores habían -enseñado que Juana de Arco es una santa heroína, que Luis XIV es un -gran rey, que la monarquía ha hecho bellas cosas, que la Iglesia ha -hecho en la Edad Media servicios eminentes, tendrán en cambio otros -manuales en los que el espíritu democrático habrá reducido a su talla -todo lo que fué potente y noble, y no se deberá considerar a los reyes -sino como déspotas corrompidos, y a los sacerdotes como siniestros -sectarios. - -Conocéis la leyenda de aquel tirano griego que extendía a los viajeros -sobre un lecho, cortaba los pies a los que sobrepasaban y estiraba -los de los que no llegaban a la extremidad. El espíritu democrático -no estira: por poco, cortaría los pies como la Revolución cortaba las -cabezas. - -Esta política de nivelación sistemática, ejerciéndose por todas partes, -en el pasado lo mismo que en el presente, inspirando todo, dominándolo -todo, atrofiando los hombres y las cosas, las ideas y las empresas, tal -es, a mi entender, el mal verdadero de que sufre la Francia actual. - -Contado tengo yo también cómo el norteamericano francófilo firmemente -confía en el porvenir de este bello país. Primero, porque el buen -sentido, que siempre ha sido tan francés, concluye también por -triunfar, y luego, los franceses individualmente son sanos, razonables -e inteligentes, y con poco más pueden serlo colectivamente. - - - - - Bostock. - - -Ha vuelto Bostock a París, no ya al enorme _Hippodrome_, sino allá -lejos, por el Jardín de Plantas. Gran beluario, soberbio domador, de -los primeros del mundo. Bostock no gusta verter la sangre de las fieras -como su coterráneo Roosevelt, antes bien, las cuida, las ama y las -domina sin crueldad. Así logra penetrar en el alma extraña y misteriosa -de esos nuestros hermanos inferiores. Este norteamericano, fuerte y -sereno, está tan lejos de Nemrod como cerca de San Francisco de Asís. -Tras su cara de emperador Guillermo se oculta un espíritu dulce para -las bestias. Como el buen hombre de las _Mil y una noches_, que apaleó -cuerdamente a su mujer, sabe tanto del idioma de los animales como -no lo sospecha M. Rostand. Bien ha dicho la neoyorquina Ellen Velvin -al escribir sobre Bostock, a quien frecuentara, que no notó nunca -en él «el menor acto de crueldad». Ni en los empleados de su circo. -«Todos los domadores, todos los guardianes, estaban orgullosos de sus -animales y tuve mil pruebas de su bondad y de sus cuidados para con -sus discípulos. Los animales enfermos eran muy bien tratados. En el -caso, entre otros, en que un leoncillo se enfermó de convulsiones, -noté que muchos guardianes tenían las lágrimas en los ojos cuando la -pobre bestia se crispaba torturada por el dolor». ¿Dudáis de esto? -Es que no habéis visto como yo las aflicciones de mi querido Frank -Brown en Buenos Aires por las palpitaciones de corazón que le daban -a un perrillo al cual había enseñado el _gentleman-clown_ a voltear -para atrás. Más que los poetas que pintan a los brutos con los peores -defectos de los hombres, deberían esos hombres de los circos ser -nombrados socios honorarios de las Sociedades protectoras de los -animales. - -Bostock ha contado su vida. De niño jugó con leones, pues sus -antecesores fueron también maestros de fieras. La frecuencia del -animal aguzó su inteligencia para comprender y hacerse comprender -de esos compañeros. Aprendió, según su decir, que la personalidad -de ellos es tan netamente manifiesta como la nuestra, y que ciertos -rasgos característicos suyos pueden ser fácilmente comparados con los -de la especie humana. «He conocido muchos leones y tigres tan malos -y tan indignos de confianza como ciertos humanos. He encontrado mil -otros que hubiesen desdeñado aprovecharse de una ventaja deslealmente -obtenida. He hallado que la mayor parte de ellos son honrados, amables -y sinceramente afectuosos». De todos modos es muy posible que entre -todos los lobos no se encuentre uno solo que sea el «hombre» de ellos y -que haga escribir un apotegma a algún Hobbes aullante. - -Se precisa tener un fondo puro para, como en el caso de Bostock, llegar -a ser «comprendido» y «apreciado» por las criaturas que no hablan a la -humana. A menos de no ser el niño hindú, de Kipling, se necesita para -comunicar con ellos paciencia y constancia, y aprender a no mortificar -sus espíritus «lentos y rebeldes». Todo esto lo enseña Bostock. A -este hombre, que ama con pánica fraternidad a esos seres que tanto -en ciertos puntos se nos asemejan, preocupó un día la idea de ser un -opresor; pensó si no haría mal en mantener en jaulas a los nacidos para -la libertad de la floresta, del desierto o de la espesura, «si no era -ese un derecho imprescindible, un derecho que la equidad no permite -transgredir». Sufría con la duda. El lo dirá de bella manera: «Saber si -yo tenía o no razón de guardarlos prisioneros me atormentó por largo -tiempo, y estuve profundamente turbado mientras pesaba el pro y el -contra de la cuestión. Vi a esos seres indomados en su soledad natal; -les vi acurrucarse por la noche en sus retiros ocultos, atisbando una -presa; vi las tragedias del matorral; recordé sus frecuentes estragos -contra la vida humana, llevados ya por el hambre, ya por el simple -deseo. Sobre su terreno original, remonté hasta las fuentes antiguas -de los largos anales de esos amigos, encontrados muertos, o moribundos -de hambre, de sed, o por una bala tirada por algún cazador apasionado -de _sport_ o de lucro. En medio de esas reflexiones pensaba en el -elefante, en la cebra, en el caballo, todos libertados del estado -salvaje para su bien y el de la Humanidad. Poco a poco llegué a resumir -así mi problema: ¿debo devolver a mis pupilos a sus florestas natales -y cesar el estímulo de la captura de las fieras? ¿Debo continuar -protegiéndolos y manteniéndolos, y de este modo preservándolos a ellos -y a sus hermanos más débiles de las desgracias ciertas del desierto?» -A la última pregunta el domador se contestó afirmativamente. Él les -daba una felicidad relativa. Los nutría, los cuidaba, les evitaba la -probable muerte violenta. No les hacía sufrir. Luego, eran útiles, -prestaban un servicio a la educación, a la historia natural, y aun, -hubiera podido agregar, al arte. - -Y Bostock entró plenamente en su heredada carrera. - -Ante todo, apartó de sí todo procedimiento cruel. «La bondad es el -único azote empleado para hacerse obedecer de las fieras». Sin ella, -las fieras «no entienden». La fiera más terrible se dulcifica con la -bondad. Hay que inspirar con la bondad confianza. Es probable, dice -Bostock, que otras generaciones llevarán más adelante la doma de las -fieras, pero estoy contento con lo que yo he logrado. Comprender y -hacerse comprender. Esa es su victoria. Tal, más o menos, fué lo que -desarrollara en las páginas del _McClure's Magazine_, hace ya diez -años, en un estudio que consagró al beluario, y que éste aprovechó -después para su libro profesional, el escritor Samuel Hopkins Adams. - - * * * * * - -El libro autobiográfico y técnico del admirable norteamericano contiene -cosas en extremo interesantes. Su padre, hombre religioso, que -profesaba el anglicanismo, quiso dedicar a pastor al niño que jugaba -con cachorros. Lo fué, pero su rebaño ruge, huele a selva y come carne -cruda. No obstante, el futuro domador cultivó su espíritu. Estudió -primero en los Estados Unidos y luego en el Kelvedon College, en el -condado inglés de Essex. En una de las visitas que hacía en vacaciones -a su padre, volvió a ver los trabajos con las fieras en el circo. Y -aconteció que un domador, habiendo tratado mal a un león, no pudo -seguir en su ejercicio. Y el joven Bostock solicitó de la benevolencia -paternal ser el reemplazante. Negativa. Pero al día siguiente, mientras -Mr. Bostock, padre, recorría el circo, encuentra a su hijo metido en -la jaula del fiero león. «Hijo mío, le dijo todo asustado; si sales -vivo de allí te voy a pegar la paliza mayor que puedas recibir en tu -vida». Como el muchacho salió triunfante, la amenaza se volvió cariño -y el cariño pasó a consentimiento y el domador fué reemplazado por el -audaz joven. «Yo tenía quince años y me llamaban «el niño domador». -Comenzó así su peligrosa carrera. El no admite «nada de vulgar en -sus espectáculos»; se da en cuerpo y alma a sus tareas, siente la -fascinación de su trabajo. Comprende lo que hay en él de fabuloso y de -heroico. Sabe que hay que tener juicio fino y presencia de ánimo. - -En Birmingham se le huyó un furioso león africano que, perseguido en -una alcantarilla, le hizo realizar un trabajo hercúleo y habilidoso -para capturarlo. Su historia está llena de cosas impresionables. Varias -veces ha estado a la muerte, por la garra o por el colmillo. Llegó -a maestro. Muchos discípulos suyos son hoy famosos en los modernos -fastos circenses. Habla de su arte, o si gustáis, de su ciencia, con -pasión, pero en él impera siempre la serenidad. Conoce los animales -de la historia y la historia de los animales. Proclama la modernidad -de su arte, pues ninguna fiera fué industriada por los antiguos, -a pesar de anécdotas de eruditos. Tiene a orgullo el descender de -Georges Wombwell, que inició de los primeros el _dressage_ tal como -hoy se comprende. Antes de que la _menagerie_ del abuelo Wombwell se -estableciese en Inglaterra, a comienzos del siglo pasado, se habían -amaestrado monos y perros, pero nunca leones y tigres. Por la dulzura -de un hombre con dos leoncillos enfermos y la amistad continuada -pudo ver el público por primera vez juntos al león y al hombre, sin -hacerse daño. Así se iniciaron las enseñanzas de hoy. «Un hombre y dos -leoncillos», dice Bostock. Eso asombraba hace más de cien años. Hoy -vemos entrar a un hombre en la arena «rodeado de veintisiete leones». -Y se va más adelante: se ha ido poco a poco. Recuerda a Ellen Bright -famosa, que murió por imprudente desgarrada por un tigre; a Herman -Weedon, que ha realizado grandes progresos, y a otros tantos, entre -los cuales el soberbio capitán Bonavita, Daniel, con látigo y botas. -Y la Morelli, circundada de panteras, jaguares y leopardos, todos -menos nobles que el real león; la Aurora, de humilde aire efébico, -haciendo evolucionar sus osos blancos; Miller, con sus enormes -tigres bengaleses; la Pianka, Weedon y el valerosísimo Richard de -Kenso. Y luego los secretos para lograr el éxito en la enseñanza de -los terribles alumnos. A más de la paciencia y la constancia, saber -penetrar en la psicología zoológica. Estudiar los temperamentos y las -idiosincrasias y velar por el aseo, la buena nutrición y el ejercicio, -pues la pereza hace tan malas a las fieras como a los hombres. Sabed -que los leones son enfermizos; que cuando examinan una cosa y no la -comprenden, se agitan y rugen; que son delicados como los niños; que -una leona preñada es tan nerviosa como una mujer en estado interesante, -y que por causa de sus nervios es difícil que sea una buena madre, -llegando hasta devorar sus hijos: sabed que hay a veces entre las -fieras traiciones y perversos sentimientos. Luchan entre ellos, se -muerden, se dan zarpazos. ¡Cuánta atención, pues, habilidad y firmeza -para adiestrarlos, para relacionarse con ellos! Los que creen en que -se les da opio, bromuro u otras pócimas no saben que eso no puede ser. -Pues afirma Bostock, dar drogas a las fieras podría ocasionar pérdidas -serias, sin contar con que el efecto final de las drogas disminuiría -sensiblemente el valor comercial de los animales. Igualmente, el buen -domador no usa jamás de crueldad. No se deteriora una bestia que vale -tanto, primeramente. Y luego, el mal trato hace mala a la fiera. Hay -que escoger los alimentos. «El único medio de mantener las fieras en -buen estado y sin mal olor, es darle carne fresca y de buena calidad. -El carnero o el buey recién estazado y a veces una cabeza de cordero, -que les gusta mucho, es el alimento que conviene más a los leones y -a los tigres». Y hay otros cuantos detalles sobre la comida de esos -bien nutridos y considerados prisioneros, como el darles un hueso con -cada trozo de carne y el hacerles ayunar un día a la semana. Si hay -desgano, pues un aperitivo. Mas no creáis que se les emponzoña con -bíters, gencianas, ajenjos o vermutes, sino que se les da un pedazo -de hígado; o bien un conejo, un pollo o un pichón. Al oso, poca carne -cruda; se le da cocida, y pescado y pan con leche. Y si el oso es -polar, sabed que ese _gourmet_ se chupa labios y patas si le brindáis -un buen plato de aceite de pescado. «Esto es algo que vale la pena de -ser visto», afirma el buen Bostock. - -Las grandes serpientes son difíciles de alimentar y hay que emplear con -ellas a veces la fuerza. Cuando un elefante está resfriado, hay que -regalarle con whisky y cebollas calientes, pues «parece no solamente -aceptarlas, sino querer más». Pero esa pagoda viviente es por lo -general muy sana, como no se cuele una pneumonía. Duermen sobre el -lado izquierdo, replegada la trompa «hacen a intervalos regulares un -ruido singular, semejante al de una caldera que deja escapar vapor. No -tienen el sueño profundo. No prestan mucha atención a su guardián que -les hace ronda toda la noche; pero si algo de insólito se produce, el -silbido de su respiración se para: dos lucecitas rojas aparecen en la -cabeza de cada elefante; y todos se despiertan y se ponen en guardia. A -la primera señal de peligro trompetean sonoramente y lanzan la alarma -cuando ningún otro sér vivo, salvo ellos, sospecha nada de anormal». -Aquí sí que el vigía está en la torre. - - * * * * * - -Bostock enseña las características de cada animal. «Los leones no -tienen afecto; se acostumbran a su domador y lo toleran; pero su -obediencia y su docilidad son debidas en parte, sino enteramente, a -su ignorancia y a su terror por todo lo que no comprenden». Es lo -que a los humanos aconteció con los elementos y con las potencias -desconocidas que causaron la idea de los dioses. - -Mas en el animal hay también misterio, y hay que recordar la opinión -de los que juzgan que la inteligencia de ellos no difiere de la de los -hombres sino por la calidad. Buffon nos ha enseñado su abecedario; -Welss nos ha iniciado en su teología... Bostock nos dice: «No es el -ojo--aunque en él se contengan resolución, prudencia y paciencia--, es -«el espíritu» el que domina a un tiempo mismo una veintena y aun mayor -número de animales». - -Y es que en este norteamericano que contiene a Sansón y a Androcles, se -encierra un buen lastre de la mejor filosofía. - - - - - París y Eduardo VII. - - -París lamenta la desaparición de su rey Eduardo, de su antiguo príncipe -de Gales. La Prensa, que siempre tiene sus desentonos, ha estado -ahora unánime al hacer el elogio del difunto monarca de Inglaterra. -No pasó así con Leopoldo de Bélgica, que también creía haber ganado -su ciudadanía parisiense. Es verdad que había su diferencia entre -el rey gentlemen y el rey bolsista y negociante. Hasta en la misma -vida galante hay una y otra _manière_. Además, el britano procuró -siempre hacerse simpático a Lutecia. Y una de sus frases íntimas, es -la que dijo el alcalde de Biarritz: «Dicen que todo hombre tiene dos -patrias: la suya y la Francia. Es posible. Lo que sí es seguro es que -todo hombre tiene dos placeres: primero vivir en su patria y luego -vivir en Francia». Así, París ha sentido tanto como Londres la muerte -del soberano; el príncipe no podría nunca olvidar y dejar de ver con -cariño al país que le fuera tan grato: a la ciudad de sus expansiones -juveniles y en donde su elegancia y su gentileza tuvieron más influjo -que Su Majestad. Así, de París, él gustaba sobre todo, y como hombre -de fino gusto, de los parisienses. El normando, como decía Paul -Adam, se complacía con la vivacidad y la alegría de las lutecianas. -Como después, y ya un poco tarde, su sobrino de Alemania; apreciaba -la gracia singular de una Jeanne Gravier, y el sutil talento de una -Réjane. Cómicas y cómicos de renombre conservaron regalos suyos. El -broche de Réjane y el bastón de M. Fébre son famosos entre bastidores. -Su persona era familiar a los habitantes de París. «Ahora mismo, -dice un parisiense, nos parece a todos que sobre el andén de una de -nuestras estaciones, o sobre la acera de una de nuestras avenidas, -vamos a ver aparecer esa curiosa fisonomía, la más curiosa tal vez que -hayan producido las líneas soberanas: ese paso que era sonoro, pero -que no hizo nunca temblar el suelo; esa oreja que era pequeña, pero -anchamente abierta a los mil ruidos de los cuatro puntos del globo; -ese ojo azul, muy dulce y sonriente, que bajo la pestaña perspicaz -parecía detenerse siempre sobre los objetos más inmediatamente -cercanos, pero que en el fondo buscaba, sobre todo, mirar lejos, más -allá del horizonte visible; ese cuerpo que parecía tener la robustez -de un gigante y que no había dejado la gracilidad de un niño; esa mano -que parecía tener la fuerza de deshacerlo todo y que se contentaba -con tener la fuerza de estrechar; esa sonrisa, muy bondadosa y muy -indulgente, que los labios dejaban pasar, plegándose con un poco de -amargura...» El retrato es justo, bien hecho y demuestra el cariño. El -pesar parisiense no es ficticio. En los balcones de algunas calles -se ven banderas de duelo, como en Londres. Y la rue de la Paix tiene -crespones y cintas negras por el rey de las elegancias masculinas y -el estimulador de las elegancias femeninas. Es para él, dice alguien, -que nosotros hubiéramos querido inventar la tradicional expresión: Su -graciosa majestad. Se habla de su afabilidad, que no menoscabó nunca su -real distinción. El príncipe anecdótico interesa más a París que el rey -político. Árbitro de la _ténue_, se enumeran sus prendas indumentarias, -sus sastres, sus proveedores. Se le celebra como _gourmet_, como -_sportsman_, como _gentleman_ generoso. Un escritor que recordara -sus antiguas horas alegres, no deja de apoyar que «a los que le han -conocido cuando era príncipe de Gales hacía pensar en el nombre de otro -príncipe de su país, el famoso Enrique IV de Shakespeare, compañero de -Falstaff», y que «la juventud de Eduardo, como la de Enrique, estaba -tan consagrada a los placeres, que, así como con Enrique, se dudaba -mucho que llegase a revestir la majestad real, pero que tanto para -uno como para otro los temores fueron injustificados, y ambos, una -vez soberanos, se pusieron a reinar como si no hubiesen hecho otra -cosa durante toda su vida». Los que recuerden las escenas finales de -la pieza shakespeareana tendrán presente cómo a Falstaff le da una -enérgica lección Enrique IV. Y se cuenta que, con gentileza de forma -y gentileza de potentado, dió otra lección Eduardo VII a una actriz -francesa que, estando en Londres, no supo comprender en cierta ocasión -que el príncipe de Gales había desaparecido ante el rey de la Gran -Bretaña, y emperador de la India. - - * * * * * - -En una casa parisiense admiro la iconografía casi completa del -lamentado soberano. Dibujo que representa al niño recién nacido, cuya -masculinidad alegró al viejo Wellington. - ---«¡Un barón!--exclamó éste,--¡Un príncipe!--respondió escamada la -nodriza míster Broug». El pequeño duque de Cornouailles, con su cofia -fina, bebé, _bebé jumeau_, en compañía de la princesita Victoria. El -niño, más crecido, trajeado de claro, con sus anchos pantalones y su -blusita ceñida con cordón a borlas; de la mano de su madre, que tiene -tan lindos brazos y tan lindo escote, a ambos lados del rostro blanco -y bello, los cabellos lisos y oscuros que caen hasta los hombros. La -litografía en que está con las princesas niñas Alicia y Victoria--y -una muñeca--; y otra en que se ejercita en el _rowing_ en el lago -del castillo de Windsor, ante el príncipe Alberto, de su madre y -hermanitos. Un marinerito de _keepsake_, cabellera rizada, bello como -un amor; luego, jugando con otros niños, en el parque del castillo, -mientras sus padres están en una ventana. Luego otro retrato infantil -en un paisaje de Escocia y otro con toda la familia real, en un salón -palaciego. - -Ha crecido algo más, y hele aquí en unión del duque de Coburgo. Tiene -ya ocho años; viste el traje escocés que le deja las rodillas desnudas. -Después, del brazo con su hermana Victoria, como jugando a marido y -mujer, él con el casaquín desabotonado de cintura abajo, la gorra -de visera acharolada, ella con la falda acampanada y a vuelos, y el -sombrero de alas anchas algo echado atrás. Ya veremos cuando le apunta -el bozo al príncipe de levita, capa y la especial gorra universitaria, -no sin antes admirarle adolescente en un dibujo de Richmond. Así cuando -la boda de la princesa real, en el 58, entre los generales y los lores, -los príncipes y las princesas. Un retrato le representa con el uniforme -de los guardias. Y luego, ya la barba aparecida, está inclinado, de -rodillas, bajo la capa de la ceremonia de caballero de San Patricio. - -Y la dueña de casa me le hace ver en otros cuadros, planchas y grabados -más, que sirviera para documentar gráficamente un libro sobre el -monarca íntimo. Ya está en la India, cuando su célebre viaje, en la -caza del tigre, sobre el lomo de un elefante, en una escena de _tour -de monde_, ya acogiendo afectuoso a los tributarios maradjahs; y -prosiguiendo su jira de _conmisvoyageur_ de lealismo, martillando el -último remache en el puente Victoria sobre el San Lorenzo canadiense. - -Un grupo del año 62. Las damas visten unos trajes que hoy parecen -imposibles. La crinolina forma su embudo; los tocados son sencillos; -la moda poco exigente. Del lado de los hombres el futuro árbitro de -las elegancias no se distingue mayormente; en cambio, en la cabeza del -duque de Edimburgo está pintado un sombrero de copa claro que ha de -renovarse de manera triunfante, más tarde, en la cabeza del príncipe de -Gales. De ese mismo año hay un retrato del príncipe imberbe, sentado -cerca de un jarrón, con un junco en la mano. Ya se nota la preocupación -del vestir bien; son los comienzos del _arbiter_. Un año después se -inician unas vagas patillas; así está, con su uniforme de brandeburgos -y su gorra de pelo con plumero blanco. Es el tiempo del enamoramiento -y del matrimonio. La bella princesa de Dinamarca en la corte viste a -la sazón como una dama de Winterhalter. Hay un grabado del día mismo -del matrimonio, en que la reina Victoria y los recién casados parecen, -junto a un busto del príncipe Alberto, unos buenos burgueses de Francia. - -En un retrato de 1873, en compañía de su hermana Alicia, el príncipe -está ya barbado. Viste de americana, no por cierto famosa, y tiene -en la diestra el cigarrillo, que ha de ser sustituído después por -los célebres habanos a diez francos cada uno. Por el mismo tiempo -está retratado en Balmoral con la real familia; y no tiene, a la -verdad, del inglés convencional más que el traje a grandes cuadros -y la gorrita escocesa. En esa época le pintó Angeli, de uniforme y -con aire marcial. Hay una figura del 76; está hermoso y grave. Y la -serie iconográfica continúa: con su bulldog favorito; llevando de -las riendas a _Pergiminon_ el día de la victoria en el gran Derby de -Epsom, entre las explosiones de entusiasmo de miles de _sportsmen_; en -un concurso de _tennis_ en Homberg; de chaquet, en Marborough-House; -con gabán, saliendo de la capilla; de zapatos ferrados y polainas en -sus cacerías de ciervos de Balmoral; de gran uniforme, junto con su -hermano el duque de Connaught, entre la muchedumbre, en el _pesage_; de -hongo, en un box, en una venta de caballos; con collar y mandil, como -gran dignatario masón, y con el traje de gran maestre de San Juan de -Jerusalén. - -Aquí lleva de la mano a la reina en la ceremonia de la apertura -del Parlamento, pendiente de sus hombros el gran manto real, cuya -cola sostienen pajes arcaicos. O está sentado en el trono, rodeado -de túnicas, espadas, varas y pelucas; o en el instante de firmar -el juramento que afirma la seguridad de la iglesia escocesa; o -presidiendo, entre muchas calvas y pocos toisones, un consejo de -gabinete; o junto a su mesa de labor, con el habano encendido; en -carruaje de gala, en automóvil, a pie, príncipe, monarca, turista, -bulevardero, en apoteosis y en caricatura, así conoce París, tanto como -Londres, la figura indiscutiblemente simpática de quien fué llamado el -rey de los _gentlemen_ y el _gentlemen_ de los reyes. - - * * * * * - -Aun no se han verificado los funerales y ya la municipalidad parisiense -resolvió dar su nombre a una calle, y como la calle elegida no -correspondiese a la magnitud de la intención, los vecinos de la calle -Royal han pedido que sea esa la favorecida con el nombre de Eduardo -VII. Ello estará bien, por ser _royale_ y por ser de elegancias y -lujos. Los risueños agregan que en ella está el establecimiento de -Maxim's. - -Un parisiense de distinción, que fué amigo íntimo del rey Eduardo, -contaba días pasados que muchas de las leyendas que circulan no están -completamente conformes con la verdad. Y hace un buen «croquis» del -egregio difunto. «No era ni familiar ni estirado. Tenía para todos -una palabra precisa, una frase que no se podía olvidar; y, dígase lo -que se diga, del rey de Inglaterra quedó siempre la verdadera; era el -príncipe de Gales: un gran señor sin finchamientos, sin fanfarronería, -pero también sin ninguna condescendencia con los importunos y con -los aduladores. Permitía gustoso que, a pesar del protocolo, se le -dirigiese la palabra sin ser interrogado su interlocutor; pero si se -trataba de una adulación, de una _flagornerie_, cortaba la conversación -con una impertinencia altiva». Y estas palabras significativas: «Tenía -igual medida en sus afectos deportivos que en sus afectos artísticos, -que en su gusto por los placeres, que tanto le fué reprochado; y que no -eran en él más que la expansión generosa, ardiente, comprimida por la -flema británica y la noción exacta de su grandeza». Así habla alguien, -que como he dicho, fué su amigo íntimo y su antiguo compañero de vida -parisiense. Así habría hablado Gallifet, si hubiera vivido hasta ahora. -Sayán su émulo y otros que ya no existen. Le lloran otros amigos, entre -ellos el pintor Detaille, que deja a medio concluir su último retrato. - -Y las anécdotas abundan, todas, sí algunas picantes, cariñosas. Ninguna -más gráfica, aunque seguramente falsa, a pesar de ser _ben trovata_, -que ésta de que he hablado en otra ocasión. En la función de gala que -se dió en la Comedie Française en honor del nuevo Rey de Inglaterra, -se encontraban en el palco presidencial el rey Eduardo y M. Loubet. -La bella Otero, que había logrado un asiento de platea, gracias a -un amigo senador, pues la fiesta era de invitación, fué con buenas -maneras instada por la policía para dejar su _fauteuil_. Como se oyese -un vago rumor--¿qué pasa?--dijo el presidente.--Y al explicársele lo -acontecido, al mismo tiempo que el honesto Loubet preguntaba:--_Qui -est cette demoiselle?_ el antiguo príncipe de Gales exclamaba por lo -bajo:--_Pauvre Caroline!_ Estas son las sonrisas de París. - - - - - Un libro sobre Chile. - - -_Chile en 1908_, por Eduardo Poirier, es un libro recién aparecido, -lleno de datos y de juicios, que llamará la atención sobre ese -país importante. El efecto será naturalmente mayor si a la edición -castellana se uniesen otras inglesa y francesa que, según tengo -entendido, se preparan. En Europa, escribe J. H. Webster, citado por -Poirier, en su obra _The American Republics_, los numerosos libros que -circulan sobre las fantásticas maravillas de las naciones latinas de -América, son libros que desprecia todo el mundo, comenzando por los que -escriben y los reparten. Míster Webster exagera. En Europa nadie puede -despreciar esos libros, porque nadie los lee y nadie los reparte. Hay, -en efecto, una verdadera bibliografía a nuestro respecto en la sección -de viajes de estas librerías. Generalmente se encuentran esos volúmenes -entre los libros de _étrennes_, muy bonitos, con muchos grabados, que -se regalan a los muchachos. Son libros caros. Sus autores son por lo -común exploradores y geógrafos, colaboradores de _Le tour du monde_, o -turistas ocasionales, hombres o mujeres, que han llevado su cuaderno -de apuntes y que no han podido después resistir a la tentación de la -publicidad. Hay también los enviados de los periódicos, entre los -cuales enviados se encuentran de la clase de los terribles. Ejemplo, -Th. Childe, Barzini. Todos esos libros tienen un público limitado. -Así, los conocimientos del gran público respecto a esos países tienen -por base, cuando más, lo que el buen Julio Verne describió o dijo de -ellos en señaladas novelas de su colección. Ningún nombre glorioso, o -siquier famoso, ha escrito jamás un volumen sobre la América latina, -fuera de las páginas científicas a ella consagradas por un Darwin, o -un Humboldt. Loti, que ha recorrido casi todo el mundo, no ha puesto -nunca entre nosotros sus escenarios. Y vale más. Lo único de valor que -un europeo de nombre universal haya alguna vez publicado sobre una -nación hispanoamericana, es la conferencia de Anatole France sobre la -República Argentina. - -Si Ferrero escribe el libro que se ha anunciado, será cosa excelente, -aunque insista en su romanismo comparado. Y si el señor Blasco Ibáñez -se dedica a la obra argentina de que se ha hablado, será también -plausible, porque su nombre es muy conocido y representa hoy a España -en la librería mundial. - -Sobre Chile se hallan en Europa algunas monografías, de publicación -oficial, llenas de datos interesantes y obras como la _Histoire d'un -grand peuple_, del venezolano señor Arestigueta Montero, que es vendida -en París por su mismo autor. Libro corriente, libro que circule, libro -autorizado, no conozco ninguno. Por eso la propagación del señor -Poirier, en buenas condiciones no podrá sino ser utilísima para su -patria. - -Ese nutrido trabajo es en menores proporciones, semejante al del señor -Lix Klet sobre la República Argentina. Demás afirmar que hay en la -tarea realizada la manifestación de un patriotismo ardiente. No es esto -sino plausible, pues si una labor como esa no se lleva a término con -amor, no valdría la pena de emprenderla. Tengo el gusto de conocer al -señor Poirier. Sé de su talento claro y ponderado, de su laboriosidad -infatigable y de su extensa cultura. Ha viajado y ha podido hacer, como -él dice en su proemio, «el consiguiente estudio comparativo y analítico -de otros pueblos, razas y civilizaciones». Como lo exige la índole de -su obra, hase ayudado con una documentación oficial, verídica y exacta. -Además, al final del grueso volumen ha agregado varias monografías -escritas por autoridades del país, y que ponen de manifiesto el -adelanto actual de la cultura chilena. Son esas autoridades los señores -Poenisch, para las matemáticas; Santa María, para la ingeniería; -Ducci, para las ciencias físicas; Díaz Ossa, para la química; Phlippi, -para la Zoología; Reiche, para la botánica; Sundt, para la geología -y mineralogía; Porter, para las ciencias antropológicas; Marín -Vicuña, para los ferrocarriles; Amunátegui Solar, para la medicina y -farmacia; Dávila Boza, para la higiene pública; Guerrero Bascuñán, -para la beneficencia pública; Amunátegui Reyes, para el código civil; -Ballesteros, para el derecho procesal; Galdámez, para la biblioteca -nacional, y Ramírez, para la instrucción primaria. - -El señor Poirier trata en su libro, primero de la parte geográfica, -luego de la histórica, gobierno, intelectualidad y comercio. Es -una exposición maciza de la vida y movimiento del organismo de la -nación chilena. Las ilustraciones, mapas y planos son dignos de toda -recomendación. La parte gráfica es un utilísimo complemento del trabajo. - -He aquí la viña Subercaseaux que produce los excelentes y famosos -vinos, que pueden competir con buenos _crus_ europeos. - -He aquí el monumento a Juan Godoy, descubridor del mineral de -Chañarcillo. La esculpida figura de ese hombre del pueblo nos recuerda -que Chile es un país minero y que muchas de sus fortunas han salido de -las entrañas de la tierra. - -Aquí vemos a un hacendado y sus hijos. Estos _gentlemen farmers_ llevan -el traje usual de los estancieros chilenos, el sombrero de anchas alas, -la bota y el poncho, que tan bien han sentado a huéspedes como el -difunto don Carlos de Borbón. - -He aquí los baños de Canquenes en el valle pintoresco; y el río -Copiapó, crecido, y el Valdivia y la laguna negra, que se diría de un -paisaje suizo. - -Se ven los puertos pintorescos; y Viña del Mar, la ciudad de lujo y -de alegría cercana a Valparaíso. Y las ciudades que están cercanas a -la cordillera, y las lejanas y los pueblos lindos. Vese un grupo de -araucanas con aspectos asiáticos; y una preciosa adolescente, hija de -cacique, que si no tuviese los pies desnudos e intactos, creeríase hija -de un mandarín o príncipe de China. - -Santiago y sus monumentos, su cerro de Santa Lucía, orgullo de los -habitantes de la capital, y Valparaíso, la britanizada, y Concepción -y Talca y tantas otras poblaciones de trabajo y de belleza, como ese -encanto de Lota, feudo económico de los opulentos Cousiños. Y una -profusión de grabados más que explica objetivamente el texto. - -Los monumentos hablan de la historia gloriosa de la Nación. Tal cual -pintura de artista nacional expone escenas de la vida popular, como -la Cueca. Y la fotografía hace admirar la tradicional hermosura de -la mujer de Chile, perpetuada en la inmortalidad del arte por el -célebre busto de Rodin que es joya del Luxembourg y cuyo modelo -Arsene Alexandre asegura ser una dama peruana, habiéndolo sido, según -entiendo, la esposa del ministro chileno en Francia, señor Moria Vicuña. - -Al leer ese tomo no se puede menos que reconocer el entusiasmo y -el afecto que por su patria tiene el autor, entusiasmo y afecto -muy naturales y justos. Queda afirmado que Chile es un país serio, -laborioso, bien constituído y lleno de cualidades bélicas y que -comprenden bien el lema de su escudo «por la razón o la fuerza». - -Durante mucho tiempo ha sido el modelo gubernamental para las -repúblicas hispanoamericanas y su buen sentido ha sido señalado como -un ejemplo y una norma. Ha tenido siempre envidiable renombre en sus -asuntos económicos, y en la formación del tipo propio no en balde ha -querido imitar a los hijos de la Gran Bretaña. Además, el chileno ama -la expansión de la vida y el gozo de vivir, aunque parezca en veces -seco o brusco. Así, bien puede decir con razón un observador como W. H. -Koebel: «The chilean of the educated classes bears a marked resemblance -to the Englishman both in outward appearance and habits. A young naval -cadet at Valparaiso might have stepped straight from out of the doors -at Osborne. A similar Anglicised appearance prevails throughout in the -world of commerce, officialdom, and sport. Amongst others, hospitality -and a marked «joie de vivre» are their attributes». Durante tres años -que pasé en las ciudades de Valparaíso y Santiago, hace ya más de -veinte, pude comprobar tales aserciones. - -Los datos sobre el movimiento intelectual dan idea de una copiosa -producción. Se encuentra larga lista de escritores y poetas, hechos -a la manera de aquel incansable obrero de la publicidad chilena, -tan lleno de buenas intenciones, que fué el finado don Pedro -Pablo Figueroa. Quizá hubiera sido de desear un estudio sobre las -tendencias del pensamiento nacional y un cuadro expositivo de la -evolución literaria en ese centro de pensadores estrictos, de hábiles -constitucionalistas, de eminentes jurisconsultos y filólogos. Y -mostrar cómo allí en donde el ilustre venezolano don Andrés Bello dejó -como herencia imperecedera el Código y la Gramática, hay también una -juventud que ama la Belleza y siente el Arte y que saluda con respeto -la figura de mármol de aquel antecesor, aun siguiendo los rumbos que el -espíritu de su época le ha señalado. - -Mucho más hay que alabar en la obra del señor Poirier. Su prosa es -clara, amena, distinguida. Se ha librado de los excesos líricos que en -trabajos semejantes se encuentran en otros países hispanoamericanos. De -este modo él ha llenado su objeto de escribir para «hombres de estudio -y de ciencia, para quienes ninguna utilidad ni prestigio revestiría -una de esas adocenadas y calidoscópicas exhibiciones de maravillas en -que se pinta a estos países nuevos de la América, no como ellos son, -sino como los quisiera el optimismo interesado, cuando no la quimera -patriótica de sus autores». Libro útil, lectura provechosa para su -tierra, labor de propaganda merecedora de estímulo, eso es lo que ha -realizado el señor Poirier. Ya había él, de otras maneras, hecho lo -mismo en Chile para bien de otros estados hispanoamericanos. - -Dícenme que un miembro del cuerpo diplomático fué separado de su puesto -en París por el Gobierno chileno por publicar un libro que él creía -excelente y que no hacía sino poner a su país en ridículo. En este caso -el Gobierno debía hacer todo lo contrario. - - - - - Las memorias de la señora Daudet. - - -Hay un escritor a quien injustamente los excesivos del intelectualismo -han querido poner _à coté_, en estos últimos años; quiero hablar de -Alfonso Daudet. Este era un artista cordial, un sensitivo, con el -don del humor y de la claridad. Mucho de su obra, hoy poco atendida, -revivirá más tarde. - -Ahora viene a mi mente lo que de él leyera antaño, al acabar de -acompañar a Mme. Daudet en sus _Recuerdos_, recientemente publicados. -Ellos forman un volumen que generalmente interesa y en muchas de sus -partes conmueve. Vemos desfilar unas cuantas figuras de las letras -francesas, cuyos nombres son famosos y cuya obra no es conocida. Y -ellas pertenecen no solamente al grupo literario que frecuenta el -«diván» de los Goncourt y visitara la casa de Daudet, sino a una -generación anterior, pues la autora se complace en rememorar a tales -o cuales personajes de letras que conociera desde sus primeros años, -cuando sintiera su inicial impulso hacia la literatura, teniendo, como -tenía, padre y madre poetas. - -Conoció a Mme. Desbordes-Valmore, al grupo provenzal de los felibres, -amigos de su marido Mistral, Aubanel, Roumanille, Anselme Mathieu, -Félix Gras, Paul Arène. Recién casada en su morada del hotel Lamoignon, -en el Marais, vió desfilar a Sarcey, Ranc, Mittchel, Dusolier--nombres -que fuera del «tío», no dicen nada en la actualidad. Y llegaba -allí también Barbey, el condestable de las letras, como Edmond de -Goncourt fué más tarde el mariscal. De Barbey traza en estas páginas -un pintoresco retrato, y publica una carta suya inédita. Habla con -simpatía de Cladel, _presque génial celui-là_, de Paul Feval, de -Flaubert. De algunos de ellos reproduce cartas interesantes, sobre todo -de Mme. Desbordes-Valmore. - -Luego, los recuerdos se van anotando en forma de diario. No en vano su -intimidad fué tan grande con los hermanos Goncourt. Pero antes, pinta -gráficamente figuras como la de Catulle Mendes, y dedica al dios Hugo, -entre admiración y admiración, algunas acres observaciones. Ya sabemos -que esos son asuntos de familia. Con Zola no hay mucho afecto. En -cambio, éste es vivo y agradecido con M. y Mme. Georges Charpentier. -En todo el libro, naturalmente, por afecto casi familiar y por razones -intelectuales el nombre que se diría siempre adornado por un _bouquet_ -de rosas, es el de los Goncourt. - -No deja de hacer advertir, como su marido al final de sus _Trente ans -de Paris_, la literaria ingratitud de Tourgueneff, a quien Flaubert -llamara el _bon moskove_. Y he aquí a Huysmans, Céard, Edouard Drumont, -Anatole France, Bourget en sus primeras obras. En el fondo de su Nohant -la vieja George Sand escribe una carta de felicitación a Daudet por su -_Jack_. Hay una descripción del salón de la princesa Matilde, con sus -diplomáticos y literatos, y de las reuniones en casa de Mme. Adam, tan -llenas de hombres políticos y de hombres de letras. El verdadero diario -empieza, por fin, con la fecha 21 de mayo de 1880. - -Y la página escrita ese día relata una visita a la casa de Auteuil -en que moraba Edmond de Goncourt, «el único hombre de letras que yo -conozca en un hogar digno de él», dice la autora. - -El hotel es elegante. Un lujo refinado y exótico armoniza las -preferencias del espíritu de un sedentario, con las raras filigranas -del arte japonés. En la biblioteca los libros tapizan los muros, y -en una parte de ella se encuentran las obras de los dos hermanos en -especiales encuadernaciones. _La Manette Salomon_ en un esmalte de -Popelín; yo no sé cuál otra de sus novelas con un dibujo de Gavarni que -será después su ex libris: _les deux doigts de la main_. - -Madame Daudet pide ver la habitación descrita en _La maison d'un -artiste au dix-huitième siècle_. Y al acompañar a la visitante, -Goncourt hace observar: - ---Faltan aún diez mil francos de cortinajes en el lecho y en los -balcones para que esto esté completo. - -La autora llega, en fin, al gabinete japonés en que, guardadas en -vitrinas, están las exóticas maravillas que forman la colección de -Edmond de Goncourt. Este las hace examinar a Mme. Daudet y ella nos -refiere que «si una mano de mujer se tiende hacia el delicado objeto -para apreciar mejor su rareza, su ligereza, es preciso ver el aire -inquieto del gran escritor, atenuado por su extrema cortesía, y el leve -estremecimiento con que vuelve a su sitio el bello plato transparente y -frágil o el estuche de nácar historiado como un encaje». - -Sigo con complacencia el relato de la visita a Edmon de Goncourt. -Flotan sobre el decir de la mujer artista y curiosa todo el afecto -y la cariñosa admiración que la viuda de Alfonso Daudet profesó a -los hermanos Goncourt. «Desde el día en que lo conocí--esto data de -1874--mi admiración ha crecido, se ha afirmado; y con los hombres -célebres la inversa se produce casi siempre». - -A lo largo se suceden recuerdos de reuniones, fiestas, banquetes a que, -acompañando a su esposo, asistió la autora de este libro cordial y -evocador. Casi en el mismo mes anota el diario que recorro, _soirées_ -en el taller del primer Nittis; en el palacio de la princesa Matilde, -«la alteza aún imponente y bella»; en casa de la interesante Mme. -Juliette Adam. Esta última, una escena de artistas. Se sientan a la -mesa el gran duque Constantino de Rusia, el conde de Beust, después -Carolus Durán, Dumas hijo, Dérouléde, Tourgueneff, Munkcaczy y Alfonso -Daudet. Y solas dos mujeres: Mme. Daudet y la dueña de la casa. - -Después de un claro de fiestas bastante grande, en abril de 1882, -encuéntrase una bella descripción de la reunión que se congregó con -objeto de escuchar la lectura del arreglo para el teatro de _Los -reyes en el destierro_. Eran los autores P. Delair y C. Coquelin. Y -el areópago lo formaban Gambetta, Henry Céard, el doctor Charcot; -Banville, Burti, Goncourt, Edouard Drumont y los esposos Charpentier. - -La autora expresa, al pasar, su opinión sobre la conveniencia de la -lectura de las obras en preparación a un pequeño círculo de hombres de -letras. Así conoció ella la pieza de teatro sacada de _Renée Mauperin_, -por Henry Céard, y puesta en escena en el Odeón de París, por el -director Porel, artista al propio tiempo. - -Y la escritora evoca en su recuerdo la lectura de la _Fille Elisa_ a -que ella asistió. Tienen sus palabras el grato perfume desvanecido de -las horas dichosas que pasaron. - -«Nos vemos en la casa de Auteuil una tarde de junio, en el gabinete -de trabajo bien cerrado y discreto, la pieza de al lado abierta sobre -los rododendros en flor, a M. de Goncourt leyendo con su voz corta, -emocionada, cayendo al final de las frases que en sus más bellas -páginas guardan, para mí, en la relectura, la entonación primitiva. - -»La lectura terminada, descendíamos al jardín, volvíamos a ver el -pequeño surtidor, coronado por un delfín de Saxe en piedras, avanzando -su garganta abierta por encima de las idas y venidas de los peces rojos -vigilados por la gata familiar; encontrábamos de nuevo esta plaquita -en tierra cocida, con efigies infantiles, entre los árboles verdes, y -la cigüeña de la entrada, de largo cuello enhiesto, con el plumaje tan -ligeramente grabado en el bronce. Por testamento y delicado recuerdo -del amigo desaparecido, estos dos últimos objetos se encuentran ahora -en mi poder, adornando, _in memoriam_, mi jardín y mis paseos. Y estas -manifestaciones de arte, muy distintas entre el césped y las flores, -engrandeciendo el reducido espacio, hacían aspirar allí ese gusto de -rareza, de vestigios exóticos o antiguos, cuya elocuencia saboreaba -también Edmond de Goncourt. ¡Deliciosa jornada, que siempre ha -corregido para mí el _navrementt_ del libro!» - -Dos meses después de esta agradable reunión, que con deleite anotaba -la autora, el 11 de junio, consagra las páginas de su diario a recordar -la muerte de uno de los dos hermanos bien queridos por Daudet. Julio, -herido en la razón antes, sucumbe al fin después de un lamentable -año cuyas amarguras se adivinan a través de la cariñosa y doliente -discreción del buen Edmundo de Goncourt. - -Y en este punto están reproducidas en el diario de recuerdos dos cartas -interesantísimas de Edmundo a Flaubert y al marido de la escritora. -La primera es de días después de agravarse la enfermedad de Julio. -En ellas hace el hermano enfermero a Flaubert confidencias de su -desesperación ante la desgracia del compañero, del amigo perdido para -la vida intelectual al entrar en la madurez del talento. La segunda -es para encargar a Alfonso Daudet que reserve sin dar a conocer la -anterior hasta la muerte suya. - -Ambas muestran el entrañable compañerismo de los hermanos Goncourt y -Mme. Daudet; al reproducirlas, consagra un pequeño y tierno homenaje a -«esta colaboración fraternal única en las letras». - - * * * * * - -De las más interesantes anotaciones que contiene el libro son los -juicios que a la autora merecen los grandes políticos que encontró en -los salones políticos-literarios del tiempo. Pasan rápidamente por -los rincones de esta agenda de una dama artista los célebres oradores -del imperio, los famosos jefes de partido. En la mezclada sociedad -de artistas y políticos, madame Daudet encuentra a Gambetta en un -salón, rodeado, acorralado por los hombres que, olvidando a las damas -presentes, escuchan, «literalmente de rodillas» ante su sillón, al -gran tribuno. «Plácido, rosado, de cabellos grises pegados en las -sienes, tendiendo a la obesidad pálida de un Napoleón I y de su misma -nacionalidad, pero de ambición menos amplia, parece a punto para la -derrota». - -En las reuniones de la princesa Matilde no faltan ocasiones de codear -a todo el mundo político, que allí, a su vez, codea al mundo literario -en un terreno neutral. Y no faltan a la escritora comentarios, cuando -no acres, teñidos de un vago y tenue desdén para los estadistas más o -menos en auge a la sazón. - -El batallador Georges Clemenceau, que lleva ahora los ardores de su -verbo de viejo luchador por la capital argentina, no le presenta más -rasgo típico que la brutalidad: brutalidad en el acento, brutalidad en -el rostro. «Nada más que brutal--dice--, y del hombre político y del -hombre privado, este rasgo decisivo da la medida, sin razonamientos ni -pruebas complementarias.» - -Más benévola con el veterano Rochefort--que entonces no lo era tanto, -naturalmente--dice de él, al encontrarlo a fines de 1895 de regreso -de Londres: «No ha envejecido ni cambiado, si no es por su raro -mechón de _clown_, más blanco, más prominente y más frondoso que -nunca.» Y expresa toda la admiración que siente por el encanto de la -conversación bulevardera de este gran parlante que con el inapreciable -Aurélien Scholl, tiene el don de hacer _esprit_ de todas las pequeñas -ocurrencias de París y reunir a la más bella ironía una _bonhomie_ -sonriente, camaradería difícil. - -Y también hay en las hojas del diario recuerdos de artistas, pintores -afamados, literatos extranjeros, músicos de reputación universal pasan, -dejando en nuestro ánimo la visión rápida de una cinta cinematográfica -que revolviera el tiempo en que Mme. Daudet escribió sus recuerdos. - -A más del ruso Turgueneff, a quien no perdona la autora su póstuma -crítica de las reuniones de su marido, a las que asistiera aquél como -amigo de la casa, desfilan ante el lector las mil y mil figuras de -relieve en aquella época. Zola, hosco, replegado en sí mismo, con su -cohorte de discípulos mediocres y exclusivos. El gran pintor Munkaczy, -«de figura característica, salvaje y buena, cuya esposa hace los -honores realmente vestida como para un cuadro del maestro». Pasa Lizst, -que viene a París a escuchar de nuevo los aplausos parisinos, que dice -Mme. Daudet, no deben ya parecerle los mismos que antaño cuando su -seducción proverbial hizo tantas víctimas. - -Y pasan aún Leconte de Lisle y Flaubert. «Hay tanta grandeza en uno -como en otro». Y Heredia el gran conquistador de la poesía francesa; -y Maurice Barrés; y Prévost, que llegó no ha mucho a sentarse en -la Academia, y el intenso Huysmans, y Mirbeau y Toudoure y cien -más. Cuanto brillaba entonces en el mundo político, cuanto la -intelectualidad contaba en los años que han corrido sobre el diario -evocador, el sutil espíritu de la esposa del excelente Alfonso Daudet -lo reflejó con la frase precisa en este libro amable que distrae e -interesa con sus llamamientos al pasado. - -Y de entre sus recuerdos de amigos extranjeros, hay aquí citas de -algunos nombres que no nos son ajenos. A continuación de los ingleses -Child y Georges Moore, viene el italiano Vittorio Pica. Algunas -excepciones femeninas: «Mme. Pardo-Bazán», inteligente y exuberante -entre ellas... - -Y así corren los años. Comienza el diario el 21 de mayo de 1880 y -termina en 1898. El libro de recuerdos que comienza evocando uno tierno -y triste, termina con la lamentación de un alma herida. Madame Daudet -no tiene ya a su lado al compañero de su existencia. Sus días de -felicidad no pasan ya. Alfonso Daudet ha muerto. Los recuerdos de la -vida del artista, que era la vida de su esposa, no van ya a dejar en -las páginas de un libro la huella de las impresiones que en el ánimo de -su autora produjeron. - -Y la viuda, veneradora de la memoria del marido, del «asociado», -escribe estas palabras que quizá más que el deseo y la expresión de la -devoción de un alma amante, son una profecía sobre el revivir de la -obra del artista cordial, estos últimos años olvidado: - -«Todo lo que el hombre produce, libro, cuadro, una obra cualquiera -material o genial, vive más que él: efímero, crea lo duradero». - - - - - Lo trágico del progreso. - - LA CATÁSTROFE DEL «PLUVIÔSE» - - -A cada paso se dice: El hombre va conquistando la Naturaleza, dominando -las cosas y los elementos. El hombre realiza el milagro. El hombre es -como los semidioses de los fabulosos tiempos paganos. Pero a cada paso -las fuerzas ocultas se vengan, o el demonio llamado casualidad hace su -obra. - -Al hombre que trabaja en el centro de la tierra, los malos gnomos del -grisú le fulminan, u otros le aplastan cuando menos lo piensa. A Newton -el enemigo le quema los papeles. A cien aeronautas les echa abajo la -ráfaga. A cien penetradores del infinito les lanza a la locura. A Curie -le aplasta un camión. Y a quien ha logrado navegar debajo de las olas -tiene en su contra las sorpresas del abismo, como el que navega sobre -ellas tiene las sorpresas de la tempestad. - -Cuando se construyó el primer submarino, después de la novelesca -invención de Verne, todo el mundo creyó conquistado el seno hondo del -océano, como cuando ha volado el primer aviador todo el mundo ha creído -conquistado el imperio del viento. En efecto, han sido conquistas, -pero conquistas llenas de traiciones. A cada paso surge la catástrofe, -a cada instante se impone la fatalidad. El hombre es el dominador del -elemento, pero no es un rey absoluto. Vuela, pero no es ave; se hunde -y va entre las aguas, pero no es pez. Sus grandes pájaros mecánicos se -vienen a tierra y le dan la muerte; se repite constantemente el mito -de Icaro. Sus enormes peces de metal nadan como ciegos, y de pronto -cualquier obstáculo o cualquier deficiencia les deja en lo hondo del -mar, de donde son sacados cuando hay buena suerte, como enormes ataúdes -llenos de podredumbre. - -Tal ha sido el caso del _Pluviôse_, que, como otros submarinos -anteriores, se ha sumergido con todos los marinos que llevaba en su -seno, los cuales han tenido la más horrible de las muertes. - -Imprudencia primero de quien ordenara ejercicios de submersión en una -rada como la de Calais, de continuo surcada por tantos barcos, entre -los cuales, y principalmente, el correo de Inglaterra; desventura -después, que no viese el comandante del barco causante del desastre, -sino muy tarde, emerger ante su vista el asta señaladora del submarino, -por lo cual, aun cuando diera la orden de «máquina atrás», ya no fué -posible evitar el choque. Insuficiencia, por otra parte, de medios -visuales o preventivos en el peligroso cachalote metálico. No existe, -pues, todavía, tal como Julio Verne lo concibiera, el maravilloso -_Nautilus_. La desgracia acaecida a Francia la ha sufrido ya Inglaterra -y recientemente el Japón. Por cierto que en esta última circunstancia -se vió el sin igual heroísmo de uno de los oficiales que perecieron, -quien sintiendo poco a poco llegar la muerte, escribió excusas, -recomendaciones e impresiones a sus jefes, hasta que la pluma se le -cayó de la mano a causa de la asfixia. - -Y en Francia no es la primera vez que horroriza un caso semejante, -pues antes del _Pluviôse_, el _Lutin_ se convirtió también en un gran -féretro de acero. Y lo más desconsolador es que poseyendo barcos -semejantes, no haya aparatos que con prontitud y seguridad puedan -ponerlos a flote en caso de una paralización o de un irremediable -hundimiento. No han inventado aún algo como una gran mano o pinza de -acero que coja la concha hundida, como se coge un crustáceo, y la ponga -en condiciones de salvamento. - -Ni siquiera medios para, en medio de la angustia, poder salir de su -prisión de acero los tripulantes, y así llegar a la superficie y -librarse de morir sin siquiera en la agonía de su encierro tener una -sola esperanza de liberación. - -Grandísimos trabajos ha costado el poder sacar del fondo, mal -encadenado, al _Pluviôse_, después de más de quince días de permanecer -en el fondo del mar a una profundidad de más de veinte metros. - -Han laborado buzos marineros con verdadera heroicidad y toda Francia ha -estado fija en ellos. Almirantes y altos dignatarios del ministerio de -Marina han estado incansables presenciando la dolorosa y dificultosa -tarea. Varias veces las cadenas se rompieron; pero venció por fin la -constancia. Y pudo verse fuera del agua el desventurado submarino. - -Calais de duelo es en estos momentos una ciudad trágica. Se ha logrado -abrir la caparazón del submarino y se ha comenzado a extraer los -cuerpos ya inconocibles y putrefactos de las víctimas. - -Y lo doloroso es lo que cuentan los periodistas de los coros enlutados -de las familias sollozantes, que van al depósito de cadáveres y -no pueden sino con gran dificultad reconocer a sus deudos en esos -macabros despojos que realizan visiones de pesadilla en un relente de -_morgue_. Cada vez que aparece un cuerpo extraído del casco, «todos -los hombres--dice un testigo--se descubren y una cortina de marineros -alineados disimula, a los privilegiados que tienen acceso al muelle, el -horror del espectáculo. - -»En seguida se deposita el cadáver en la barca sanitaria que está al -lado del submarino, se le cubre con una espesa tela y se le lleva -al depósito mortuorio. Durante los dos o tres minutos que eso ha -durado, el trabajo se ha detenido. Todos, marineros, contramaestres, -oficiales, están inmóviles gorra o birrete en la mano. Monsieur Cherón, -el subsecretario de Marina, presente sobre el submarino, contempla, -descubierto, el fúnebre desfile. Los cinco o seis marineros de guardia -sobre el _Ventôse_, ese hermano gemelo del _Pluviôse_, que está allí y -que ha erigido en su popa, en signo de duelo fraternal, una simple cruz -de madera, se han alineado como en la parada, y, sobre el muelle, los -oficiales saludan, los gendarmes rinden los honores, los concurrentes -se quitan el sombrero. Todos esos gestos son imprevistos y espontáneos. -Es conmovedor y grande, porque es sencillo. - -»Ninguna pompa oficial, ninguna música, ninguna actitud intercepta -la emoción. No hay sino hombres que, saludando a la muerte, afirman -oscuramente su solidaridad». ¡Pero las madres, las esposas, las hijas, -los hijos! ¡Los velos negros por los oficiales, y las cofias enlutadas -por los marineros! - -»Porque el dolor se agranda y se multiplica en tantas pobres gentes -al considerar los crueles instantes de desesperación y de agonía que -han precedido al acabamiento, al soplo final, por más que los médicos -aseguren que no han sufrido «mucho tiempo» los que perecieron en el -vientre de su barco herido. Y todos han pensado lo que han debido -padecer los infelices tripulantes, desde que se tuvo noticia del -suceso, explicado, mejor que en los largos artículos de la Prensa, en -la lacónica declaración profesional del capitán Salomón, comandante del -_Pas de Calais_, barco causante del desastre. Leed: «El jueves 26 de -mayo, partida de Calais, a la una y treinta y seis, con 289 pasajeros, -mala, 269 sacos postales, equipajes, mensajerías, viento del NE., 5, -mar agitada. A la una y cuarenta y ocho veo, al mismo tiempo que uno de -mis hombres de la serviola, Imbert Simón, a 20 metros más o menos de -la entrada, un asta vertical que se alzaba, aproximadamente, un metro -el agua. Imbert me señala: «Un palo de boya de red, ¡recto adelante!», -mientras que habiendo yo reconocido el períscopo de un submarino, -doy completamente a derecha y completamente atrás, más o menos tres -segundos antes de que se produzca un choque. Esta colisión se produjo -después de que habíamos recorrido, en la dirección Norte, 67,0, -verdadera, del extremo de los diques de Calais, una distancia de dos -millas, deducido del número de vueltas de máquina. - -»Suben a la superficie pedazos de madera y me hacen desde luego suponer -que he abordado una _épave_. Habiendo parado, hice examinar por el -segundo mi timón delantero, averiado, y las ruedas; cuando cuatro o -cinco minutos después del choque, emerge, a 500 metros más o menos, -detrás de nosotros, la delantera de un sumergible. Hago atrás, y me -acerco lo más ligero que me permite mi timón averiado; echo un bote -en el momento propicio y maniobro para quedar a proximidad, con la -esperanza de fijar un cable. Hago izar una señal de llamada a los -remolcadores. Entretanto nuestro buque se acerca al sumergible; no -tiene tiempo de amarrar su cable; el sumergible se hunde súbitamente. -Apenas nuestro maestro de equipaje pudo dar algunos golpes que no -tuvieron respuesta. La delantera del navío náufrago había estado fuera -del agua de ocho a diez minutos. - -»Hago en seguida tomar medidas que señalen lo mejor posible la posición -de la _épave_. Los remolcadores llamados por señales llegan con el bote -de salvamento. Siendo ya inútil mi presencia, vuelvo a Calais y me -acerco al puesto número 3 a las dos y treinta y uno. - -»Trasbordé malas y pasajeros al segundo servicio. Entré en cala seca en -la misma tarde y asequé la mañana siguiente, 27 de mayo, a las ocho. - -»Comprobamos de una manera sumaria entonces las averías siguientes: -timón delantero, roto; mecha del timón delantero, torcida; rueda, rota; -palastro de bordeada a babor, torcido». El submarino ha sido encontrado -bien averiado. Se ha comprobado que los desventurados hicieron todos -los esfuerzos posibles para ascender, para ponerse a flote. Algunos -estaban en sus puestos, con las manos crispadas en volantes y aparatos. -Y hiela el alma y el cuerpo el imaginarse la sensación de horror -que han de haber experimentado al convencerse de la imposibilidad -del logro de sus esfuerzos y la convicción de que iban a perecer -irremediablemente. Por salvarse abrieron una compuerta y el agua -penetró entonces, abreviándoles, sin embargo, su áspera agonía. - -Y Francia ¡maldita la guerra! tiene más de cincuenta submarinos -semejantes al _Lutin_ y al _Pluviôse_, cuyos tripulantes posiblemente -deben ser todos neurasténicos. - - - FIN - - - - - ÍNDICE - - - FILMS DE PARÍS - - _Páginas._ - - Los exóticos del _Quartier_ 1 - - Jean Orth 3 - - El faunida 7 - - La princesa Gnika 9 - - De la necesidad de París 14 - - _Skating ring_ al aire libre 19 - - Sarah-Nerón 21 - - Adiós a Moreas 22 - - El doctor Doyen o la justa malquerencia 25 - - En el Louvre 26 - - Rémy de Gourmont y la gloria 28 - - ¡Estas mujeres! 29 - - La Prensa de París 32 - - El burro pintor 34 - - A propósito de Mme. de Segur 37 - - Blanco y negro 43 - - De Val 44 - - Rueda a América 50 - - - ALGUNOS JUICIOS - - Algunas notas sobre Valle Inclán 55 - - Los diplomáticos poetas.--Amado Nervo 66 - - La literatura en Centro América.--El poeta de Costa Rica 78 - - O poesía asturiana 91 - - Prólogo que es página de vida 100 - - Letras chilenas.--Francisco Contreras 107 - - Un poeta argentinófilo.--Carrasquilla Mallarino 116 - - - VARIA - - En el barrio Latino 129 - - El reino de las tinieblas.--Los dramas de la clínica. 136 - - La herencia de don Juan 146 - - Roosevelt en París 153 - - El fin del mundo 161 - - La comedia de las urnas 185 - - La hija de Verlaine.--Realidad y leyenda 196 - - A propósito de _Chantecler_.--Los animales 204 - - La Francia de hoy 212 - - Bostock 219 - - París y Eduardo VII 227 - - Un libro sobre Chile 236 - - Las memorias de la señora Daudet 242 - - Lo trágico del progreso.--La catástrofe del _Pluviôse_ 252 - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Todo al Vuelo, by Rubén Darío - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TODO AL VUELO *** - -***** This file should be named 54112-8.txt or 54112-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/4/1/1/54112/ - -Produced by Josep Cols Canals, Nahum Maso i Carcases and -the Online Distributed Proofreading Team at -http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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