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-The Project Gutenberg EBook of Todo al Vuelo, by Rubén Darío
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
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-
-Title: Todo al Vuelo
- Obras Completas Vol. XVIII
-
-Author: Rubén Darío
-
-Release Date: February 5, 2017 [EBook #54112]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
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-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TODO AL VUELO ***
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-
-Produced by Josep Cols Canals, Nahum Maso i Carcases and
-the Online Distributed Proofreading Team at
-http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/Canadian
-Libraries)
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- Notas del Transcriptor:
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- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Los errores obvios de puntuación y de imprenta se han corregido.
-
- Las páginas en blanco presentes en la versión original en papel se
- han eliminado en la versión electrónica.
-
- El texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_.
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- * * * * *
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- TODO AL VUELO
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- [Ilustración]
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- [Ilustración]
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- [Ilustración]
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- RUBÉN DARÍO
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- TODO AL VUELO
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- [Ilustración]
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- VOLUMEN XVIII
- DE LAS OBRAS COMPLETAS
- ADMINISTRACIÓN
- EDITORIAL «MUNDO LATINO»
- MADRID
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- ES PROPIEDAD
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- [Ilustración]
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- TODO AL VUELO
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- [Ilustración]
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- FILMS DE PARÍS
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- FILMS DE PARÍS
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- [Ilustración]
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- Los exóticos del «Quartier».
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-En la terraza del Valchette, o desde algún banco del Luxemburgo, me
-fijo singularmente en los exóticos que desfilan. Y me llama sobre
-todo la atención el negrito del panamá, un negrito negro, negro, con
-un panamá blanco, blanco. Es un negrito delgado, ágil, simiesco,
-orgulloso, pretencioso, pintiparado, petimetre, suficiente, contento y
-como danzante. París contiene varias clases de hijos de Cham, pero este
-negrito a ninguna de ellas pertenece. No es, seguramente, el célebre
-payaso Chocolat, que ha recibido recientemente una medalla por haber
-ido muchos años a divertir con saltos y muecas a los niños pobres
-de los hospitales y asilos; no será, por cierto, Koulery Ouníbalo,
-príncipe Gleglé, hijo del rey Behanzin Cortacabezas, que puede verse
-reproducido en cera en el Museo Grevin, y del cual príncipe, que
-ha servido como buen soldado a Francia, no ha vuelto a acordarse
-el Estado que depusiera a su padre; no será, de ninguna manera, el
-diputado por la Guadalupe, Legitimus, que ha pasado ya los años de
-la alegre juventud; no será, sobre todo, el estupendo Johnson, que
-desquijarró a Jeffries en Yanquilandia y cuyo retrato y «sonrisa de
-oro» han popularizado las gacetas. ¿Quién será, entonces, este negrito
-pintiparado que camina _en se dandinant_; y _dodelinant de la tête_?
-A veces va solo; a veces con otros compañeros de color, pero que no
-tienen sus manifestaciones de holgura ni su cándido jipijapa; a veces,
-en compañía de una moza pizpireta del _quartier_, una de esas trabadas
-calipigias que andan hoy por la moda en perpetua gymkana.
-
-Como no estamos en los Estados Unidos, la muchacha jovial que ama
-los oros no gradúa ni los relentes ni los inconvenientes de la mayor
-o menor cantidad de betún de su acompañante. Hay un hecho innegable
-por su apariencia: ese negrito es rico. Debe quizá poseer cañaverales
-en alguna Antilla; o bien su bien provista cantina en tal ciudad
-del Congo; o bien sencillamente será algún banquero, esto es, un
-negro tratante en blancas para Colón, para Jamaica o para Trinidad.
-¡Vaya usted a saber! Mas lo que llama la atención es su suficiencia,
-su aplomo y un mirar y un sonreir donjuanescos... _Niger sum sed
-formosus_... Pasan los amarillos, casi siempre de dos en dos o de
-tres en tres, con o sin sus amiguitas respectivas. Un buen conocedor
-podría distinguir a los chinos de los japoneses. Parecidas son sus
-caras pálidas, sus ojos más o menos circunflejos, saltones o perdidos
-en una adiposidad o como insuflamiento de fluxión, serios o risueños,
-con rasgos huyentes o definidos como los de las máscaras de su
-tierra. Les hace falta el kimono, o la blusa extremoriental, pues
-los jaquetes o las americanas les quedan siempre arrugados y flojos,
-gritando su origen de la Belle Jardinière o de la Samaritaine. Y en el
-coro de las peripatéticas del Barrio se ve que no echan de menos ni
-sus chinitas, sus congais o sus musmés y geishas. Pasan los turcos,
-griegos, levantinos, con aspectos sudamericanos, y van a comer su
-pilaf, su kiebab, su baklava y su leche cuajada a los comedores de un
-franco veinticinco que hay en la rue des Écoles. Y las parisienses
-estudiantófilas van con todos contentas, a cambiar su fácil amorío por
-esos amoríos de distintos colores, olores y sabores, pues el yen y la
-dracma se funden en el áureo luis de Francia.
-
-Pero entre todos los exóticos que pasan, el negrito del panamá se lleva
-la palma.
-
-
- Jean Orth.
-
-Eugenio Garzón, el platense de _Le Fígaro_, debe estar contento, pues
-le han vuelto a poner de actualidad a su famoso archiduque. Como
-se ha solicitado en la corte austriaca que se declare oficialmente
-el fallecimiento del misterioso y romántico desaparecido, tornan a
-referirse las viejas historias y leyendas. ¿Se hundió en el mar en la
-Sainte Marguerite el príncipe aventurero? ¿Vive aún en alguna parte
-de América o del Asia, como se sospecha? Es el caso que muchos no
-creen en su muerte, que hay quienes le han visto y hablado con él,
-gentes que viven en Francia, en Bélgica y en el Río de la Plata. La
-última carta que se recibiera de Jean Orth, o sea del archiduque Juan
-Nepomuceno Salvador, fué escrita en la Ensenada, en el estuario del
-río de la Plata, y en ella manifestaba el príncipe que se dirigía a
-Valparaíso por el cabo de Hornos. No se supo de él más. Se ha creído
-que una tempestad hundió en el mar el velero y sus tripulantes, y al
-Habsburgo soñador y a su mujer la bailarina vienesa Milley Stubel.
-«Algunas consideraciones--dice Raymond--Perraud, apoyan esta hipótesis.
-Parece cierto que hubo ciclones que desolaron aquellas regiones allá
-por el fin de julio de 1890. El _Temps_ de 5 de noviembre de 1890
-publicó un telegrama según el cual un navío sueco que llegó a Chile
-había encontrado en su derrota tres restos de barcos cuya nacionalidad
-no había podido conocer. Se sabe, por otra parte, que Jean Orth había
-estudiado, de 1887 a 1889, lo preciso para obtener su título de capitán
-mercante, lo que implicaría su voluntad decidida de adoptar la carrera
-de marino. En fin, es extraño que ningún hombre de la tripulación,
-suponiendo a éstos sanos y salvos, no haya dado nunca señal de vida.
-Sin embargo, justo es reconocer que la investigación seguida de 1899
-a 1900, en la Argentina misma, por Eugenio Garzón, ha llevado a éste
-a una conclusión diametralmente opuesta». Esto lo acabo de leer en el
-_Paris Journal_. Hay que advertir que el tono literario y la forma
-elegante del libro de Eugenio Garzón han hecho creer a muchos que se
-trataba de una exposición novelesca y que aun la documentación y los
-nombres pertenecían al imperio de la fantasía.
-
-Sin embargo, nada más real que las averiguaciones del eminente
-periodista. Es una lástima que el jefe de Policía del departamento
-de Concordia, señor José Roglich, no haya sido más explícito, o que
-su información no haya sido llevada a mayores detalles. El señor
-Nino de Villa Rey, por su parte, ha contribuído a que se aumente
-el misterio con su silencio o sus reticencias respecto al amigo a
-quien acompañase a la colonia Yeruá. Lo último que se averiguó en la
-Argentina es que Jean Orth y su mujer se internaron en las soledades
-del Chaco paraguayo. Mas luego resulta que se le ha visto después
-en la Argentina, en diferentes fechas posteriores, y lo que es más
-interesante aún, hay quienes han hablado con él en París nada menos que
-en los días del recién pasado febrero. El _Courrier Européen_ publica
-una carta del doctor Albert Ferenez, que asegura saber «de origen muy
-seguro», que el archiduque vive en la Argentina, «donde posee una real
-y hermosa fortuna», que no hace mucho estuvo en París y en Londres.
-Los detalles abundan. Jean Orth se hospedó en el Grand Hotel, con el
-nombre de barón Otto. Vino a hacer una consulta judicial, para lo cual
-habló con los abogados Douhet, francés; Lapuya, español, y Cassoretti,
-italiano. Luego partió para Nueva York, en donde tuvo una entrevista
-con un conocido jurisconsulto y diplomático, Mr. Everett. «Entre las
-personas que han visto al barón Otto, y reconocido en él al archiduque
-Juan Nepomuceno Salvador--dice el doctor Ferenez--puedo citar al conde
-Marulli, antiguo chambelán y secretario del conde de Caserta, que lo
-vió en Londres, y al doctor Nadal, antiguo profesor en la corte de
-Viena, que tuvo ocasión de encontrarle en París. Agregó que M. de
-Cassoretti estuvo recientemente en Viena. Hecho significativo: ese
-paso por Viena del abogado particular del barón Otto ha coincidido
-con el despertamiento de la historia de Jean Orth, es decir, con la
-satisfacción acordada por el gran mariscalato de la corte de Austria
-al archiduque José Fernando, heredero de los derechos de la corona
-de Toscana, quien dentro de seis meses obtendrá la declaración de la
-muerte legal de su tío. Pero he aquí un detalle extraordinariamente
-interesante. Monsieur de Cassoretti no desaprueba de ninguna manera la
-decisión tomada por la corte de Viena, por la buena razón de que Jean
-Orth, hoy barón Otto, no piensa de ninguna manera en protestar contra
-la declaración de su muerte. En fin, debo declarar que mis informes no
-se limitan allí y que no se ha perdido la pista del barón Otto, desde
-el último abril, fecha de su última permanencia en Nueva York, y de su
-entrevista con el jurisconsulto Everett».
-
-Por su parte, el redactor del _Figaro_ M. André Nodel, habló con el
-abogado francés M. Doullet, el cual ha dado a entender, si no lo ha
-confesado claramente por el secreto profesional, que en efecto, en
-febrero pasado fué consultado, en unión de sus colegas Cassoretti y
-Lapuya, por el barón Otto.
-
-Un redactor del _Journal_ publica las declaraciones de M. Henry Cénac,
-antiguo comerciante, oficial francés que habita en la Argentina desde
-hace veinte años. Este señor asegura haber encontrado a Jean Orth por
-el río Negro, bajo el nombre de don Ramón. El hecho fué conocido, y
-afirma que se ocupó de él _Caras y Caretas_. Esto aconteció en 1901.
-Asimismo, cree haber tratado a Jean Orth, por parajes argentinos, el
-comandante Lecointe, que fué en la expedición de la Bélgica.
-
-Por último, el cónsul argentino en Viena afirma la existencia del rico
-propietario barón Otto en la Argentina; pero dice que, no interesándole
-el asunto, nunca se preocupó de averiguar si bajo ese nombre se
-ocultaba el novelesco archiduque.
-
-Después de todo, ¿no existe en Buenos Aires ningún Sherlock Holmes? La
-pesquisa es de trascendencia y el folletín de universal interés.
-
-
- El faunida.
-
-En una estación del Metropolitano, o del metro, como aquí se rebana.
-Un hombre, en cuya cara se encuentran rasgos de un famoso retrato de
-Carrière, pero que revela una tranquilidad y pasividad esencialmente
-burocráticas, ve pasar gentes y gentes, oye el ruido de los
-subterráneos trenes, cuenta paquetes de cartones, apunta números en
-calepines, acaricia lápices y perforadores. No le perturba ninguna
-inquietud. Llega a las horas fijas de su empleo y se retira cuando
-han cesado sus funciones. Tiene asegurados los huevos al plato y la
-coteleta, gracias a la administración. Fuera de su ropa diaria, tiene
-la menos modesta dominical y de los días excepcionales. ¿Es casado?
-¿Es soltero? No me ha interesado el averiguarlo. De todas maneras,
-debe portarse correctamente y cumplir con sus obligaciones. Creerá en
-los beneficios de la república, tendrá su mira puesta en un ascenso
-y obtendrá quizás pronto las palmas académicas. Todos los años, en
-una fecha fija, sabe que es obligación suya reunirse en un café de
-barrio, con unos cuantos hombres y mujeres que dicen discursos y versos
-a la memoria de su padre, y que comen por tres o cuatro francos, en
-fraternal ágape, con la locuacidad de los hombres de letras. Él llena
-su misión sin comprender muy bien lo que se dice. Vagamente sabe que
-hay algo que le debe dar cierto orgullo y algo que le debe dar cierta
-vergüenza. Lo que es un hecho es que es un buen empleado, que merece
-el elogio de sus superiores y que nadie tiene que hacerle el menor
-reproche en su conducta.
-
-Es un hombre relativamente feliz. Ignora las angustias del ajenjo, de
-la lujuria y de la gloria. Es el faunida, es el hijo de Paul Verlaine.
-
-
- La princesa Gnika.
-
-¿Quién la llama la nueva Cenicienta? El que sabe que ella se ha logrado
-un príncipe con un sombrerito, así como la otra Cenicienta se lo ganó
-con un zapatito. El cable os ha de haber llevado el caso, pero los
-detalles son muy sabrosos.
-
-Mademoiselle Liane de Pougy es una célebre peripatética, cuyas glorias
-medio mundanas han cantado conspicuos aedas. Entre ellos el principal
-fué su amigo Jean Lorrain, que en paz descanse. Famosa por sus hazañas
-amorosas como por sus trajes y sus joyas, hace ya tiempo que su nombre
-es pronunciado como se chupa un bombón en el mundo de los que se
-divierten. Sus amantes han sido variados y de distintos países, como
-los de tal Emiliana eclipsada o los de cual Carolina en su ocaso. Todo
-esto quiere decir que no está ya en la primavera de la vida.
-
-Se ha dedicado en momentos de desencanto, o de ocio--_otium cum
-negotio_--a las bellas letras. Como en estos casos, siempre la
-murmuración ha asegurado que sus cuentos, sus novelas y sus versos,
-no son de ella. Pero parece que, en verdad, tiene un temperamento
-literario, que es fina y no dice palabrotas como la Otero. Más aún, al
-ser suyos los versos siguientes, que se han publicado con su firma,
-quedaríamos en que es una aventajada discípula de Maeterlink; la poesía
-se titula «Inutilement»:
-
- Et si son regard te cherchait,
- Et si son regard t'implorait,
- Saurais-tu comprendre?
- Non! Je dirais: «Il se souvient
- D'une heure qui lui parut tendre!»
-
- Et si son désir te voulait
- Et si son désir t'appelait
- Voudrais-tu permettre?
- Non! Doucement, je sourirais
- Comme au destin qui fut mon maître.
-
- Et si son coeur te regrettait,
- Et si son coeur te suppliait,
- Resterais-tu forte?
-
- Je me dirais: «C'est un retour
- Près de la tombe d'une morte!»
-
- Et si tout son être souffrait,
- Si son être se torturait,
- Sans épouvante,
- Je me dirais: «Le voilà prêt,
- Pour le bonheur de d'une autre amante!»
-
-Esto, si no nos acerca un poco a Aspasia, nos da idea de las buenas
-relaciones intelectuales que ha podido tener la aplaudida sacerdotisa.
-
-La cual tiene un castillo espléndido, lleno de mármoles y flores, en
-Saint-Germain-en-Laye, cerca del conde de Noailles, y una negrita de
-compañía, casi siempre vestida de verde y que se llama Jesús.
-
-Avino, pues, que una tarde, paseábase no lejos de su mansión, en el
-lindo pueblo, la ilustre cortesana, en compañía de otra no menos
-ilustre y de un joven amigo, por el cual padecía el amable mal que aquí
-llaman _béguin_. El joven, casi un efebo, es nada menos que príncipe.
-Príncipe más o menos valaco, servio o rumano, pero príncipe; con una
-cara como la de Kubelik, y un significativo tupé. ¡Y el otro tupé! Iba,
-pues, Liane de Pougy en su compañía, luciendo entre otras cosas un
-sombrero que, por lo diminuto, parecía un sombrero de muñeca. En esto,
-aparecen en una bocacalle dos damas burguesas con un excelente señor
-burgués.
-
-Una de las burguesas, verdaderamente asombrada y regocijada, al ver
-el sombrerito de la amorosa, se echó a reir con todas ganas, como
-corresponde a una burguesa.
-
-Entonces el joven príncipe, en defensa de su amiga bella, dijo a la
-mujer que reía:
-
---Cuando se tiene una _gueule_ como esa, no se debe reir:
-
---¡_Gueule_ ha dicho!--exclamó indignada la burguesa dirigiéndose a
-su marido. Al mismo tiempo que daba a la Thais un nombre de simpático
-pájaro que ignoro por qué toman aquí por un insulto: «Grulla».
-
-Cuando el príncipe menos lo pensó, el hombre republicano le dió un par
-de sonoras bofetadas.
-
---¡Caballero!--gritó.
-
-Y el otro le dió entonces otro par. Luego cada cual se fué a su casa.
-
-El príncipe, naturalmente, no mandó los padrinos al hombre inferior,
-sino que le entabló demanda. Y Liane lamentaba a su príncipe
-deteriorado a causa de ella. Ello no tuvo grandes consecuencias. Sino
-que, al poco tiempo la negra Jesús preparó su más papagayesco vestido
-verde, para asistir a la boda de la nueva princesa, que con su título
-queda convertida en sobrina de la reina Natalia de Servia. Esta se
-ruborizará de la _méssaliance_. ¡Si viviese el rey Milano! Y como
-parece que la renta que antes servía a su joven preferido la cortesana,
-se ha aumentado con la ceremonia nupcial, dicen, con cierto eufemismo,
-malignos como el político Géraut-Richard: «Si nos arrière-grands-oncles
-virent des rois épouser les bergères, nous voyous, nous, des princes
-épouser le troupeau et des sirenes séduites par de brillants mais
-minuscules hôtes de l'onde». Y otros irónicos: «Es en efecto cierto que
-celebrando el pacto conyugal, entrando en la categoría de las esposas
-legítimas, mademoiselle Liane de Pougy se _déclasse_ definitivamente.
-Se aparta de la deliciosa galería de las grandes cortesanas, la que
-fué en nuestros tiempos morosos el más espléndido adorno. Aspasia y
-Lais, Marióu Delorme, Ninón, Manón Lescaut, Cora Pearl y Anna Deslions,
-tenían en Liane una continuadora tan bella como ninguna de ellas lo
-fué jamás. Ella mantenía, no diremos el pabellón, pero sí la bandera
-de las ilustres hetairas y de las suntuosas vendedoras de olvido. Era
-una gran figura, la alta significación de un ideal eterno. Pues, si
-son maldecidas por los burgueses y abominadas por los profesores, las
-grandes cortesanas tienen de su parte a los poetas, a los artistas, a
-los que dan la inmortalidad. Y mademoiselle Liane de Pougy renuncia a
-todo eso. Pone su dimisión de diosa. Se pierde entre la muchedumbre.
-Llega al matrimonio como un bello bajel que acaba de correr mares
-encantados y que, abandonando sus bellas velas, vuelve al puerto
-comercial, se resigna al dique polvoroso cerrado de esclusas, limitado
-por cadenas, rodeado de funcionarios. ¡Qué caída!»
-
-Y se insiste en el tupé principesco. Qué tupé. ¿Sábese--dice otro
-maldiciente--que la princesa está condecorada con el Águila Negra del
-Benin? Una condecoración africana, como veis. Condecoróla el rey negro
-Tofa, que fué un admirador fervoroso de sus encantos.
-
-«El recuerdo de su belleza lo perseguía en las regiones tropicales y le
-obsedía a tal punto, que el buen monarca, que sabía algunas palabras de
-francés, siempre hablaba de ella cuando charlaba con oficiales amigos.
-
---Comment vas-tu?
-
---Pas mal, et toi, mon vieux?
-
---Moa, Lian' Paougi! Lian' Paougi!
-
-Y al decir esto, el buen rey de Benin sacudía su bicornio emplumado y
-las charreteras de cabo que adornaban sus espaldas desnudas.»
-
-Maldad, se dirá, murmuraciones, envidias. Pero es el caso que el
-príncipe servio debe de saber toda esa colección de anécdotas y
-ocurrencias que han aparecido en los periódicos con motivo de su sonado
-casamiento.
-
-Los parisienses, de todas maneras, se han enorgullecido de ella.
-
---Es--dice uno--la más célebre de nuestras _demi-mondaines_ y la más
-rica. Su lujoso hotel de la rue de la Neva encierra una fortuna. Más
-de cien mil francos de _bibelots_ están amontonados en la chimenea,
-y una vitrina de vientre dorado contiene por un millón de joyas. La
-dueña monta a caballo, toca guitarra, toca piano, recita y conoce la
-pantomima. Su gloria se realza con algunas resonantes tentativas de
-suicidio.
-
-Ya veis que toda su persona es lo que se llama completamente
-parisiense. Y que en tiempos en que se endiosan a los histriones y
-cortesanas, ella está _the right woman in the right place_.
-
-Cuando en la alcaldía el funcionario le preguntó por su edad, ella
-confesó, con cierta vacilación encantadora, treinta y tanto años. En
-cuanto a su nombre verdadero, le fué preciso revelar un patronímico
-harto vulgar. En su anterior estado de casada se llamaba madame Purgre.
-
-¿No dicen que se llama D'Annunzio Rapagnetta? ¿Y Anatole France
-simplemente Thiébaut?
-
-Pero ya oigo a Unamuno exclamar en su francofobia: ¿Pero en eso se
-ocupan los franceses?--¡En eso, mi buen amigo, y en otras cosas más!
-
-
- De la necesidad de París.
-
-Cuando uno ha habitado la ciudad de París por algún tiempo, se convence
-de que, desde luego, vale más que una misa. Se padece fuera de París
-la enfermedad de París. No da uno un paso sin recordar a propósito de
-cualquier cosa el ambiente y el encanto parisienses, y la nostalgia se
-acentúa de manera que hay que volver lo más pronto posible. Es que hay
-una especie de brujería en la villa divina e infernal que posee y no
-suelta jamás. ¿Una misa? Todo el ritual romano lo dais por retornar al
-imperio de París y de la parisiense.
-
-El florido anciano de antaño que echaba a volar sus canciones en París
-como gorriones, cantaba:
-
- Ris et chante, chante et ris;
- Prends tes gants et cours le monde;
- Mais, la bourse vide ou ronde,
- Reviens dans ton Paris;
- Ah! reviens, ah! reviens, Jean de Paris.
-
-Sí, Béranger tenía razón. Para el verdadero parisiense de París,
-la bolsa más o menos provista es cosa secundaria. El rastacuero no
-comprenderá eso. El parisiense de París sabe acomodarse. Sabe que la
-gran ciudad, al que llega a conocerla bien y a amarla de veras, le
-enseñará el arte de servirse, con igual relativa satisfacción, tanto
-del franco como del luis.
-
- Toujours, dit la chronique ancienne,
- Jean sur son grand sabré a santé,
- Quand de leur ville avec la sienne
- Des sot, comparaient la beauté.
-
- Proclamant sur son âme,
- En prose ainsi qu'en vers,
- Les tours de Notre-Dame
- Centre de l'Univers.
-
-El parisiense de París, como Jean de Paris, cuya crónica tradujese
-o modernizase Jean Moreas, que padecía gozosamente de parisitis, no
-admite comparación alguna. Apenas os reconocerá paridades retrocediendo
-en lo pasado, y si nombráis a Roma o Atenas, y esto con una clara
-condescendencia, y porque no puede haber celos posibles al tratarse
-de ciudades muertas. Mas los Londres, las Vienas, los Berlines y las
-Romas, no son admitidos sino como lugares secundarios. El «quien no ha
-visto a Sevilla, no ha visto maravilla» y el «ver Nápoles y morir», no
-hacen sino sonreir vagamente al verdadero parisiense de París.
-
- S'il franchit la grande muraille,
- S'il cocufie un mandarin,
- Du peuple magot s'il se raille,
- A Paris s'il revient grand train,
- L'espoir qui le domine
- C'est, chez son vieux portier,
- De parler de la Chine
- Aux badauds du quartier.
-
-Anatole France en Buenos Aires, como Charcot en el polo, como Voltaire
-en el infierno, tened por seguro que no están preocupados sino de su
-París. Si algo hacen es por esperar un recuerdo o una sonrisa de la
-diosa tutelar. La urbe coronada de torres, con su barca que flota y no
-se sumerge, es el ideal de sus pensamientos y de sus acciones. Volver
-a París y contar lo que se ha hecho y lo que se ha visto, ese es el
-objetivo del parisiense de París que se ausenta, personaje, por otra
-parte, no común, pues el neto parisiense de París no sale de su ciudad
-sino para su _villégiature_. En tiempo del segundo imperio, se decía
-que no salía de los bulevares, y que nunca había pasado a la orilla
-izquierda del Sena. Y la canción os lo seguirá explicando mejor:
-
- Je veux de l'or beaucoup et vite,
- Dit-il, au Pérou débarquant.
- A s'y fixer chacun l'invite:
- Me prend-on pour un trafiquant
- Loin de mes dix maîtresses,
- Fi de ce vil métal!
- Je préfère aux richesses
- Paris et l'hôpital.
-
-El parisiense no es colonizador ni emigrante. No se trasplanta, no se
-desarraiga. No le importa el resto del mundo. No es el francés, sino
-el parisiense de París, el famoso monsieur condecorado, que ignora
-la geografía. Ahora empieza a saber algo, y Buenos Aires está en su
-lección, por lo cual debéis regocijaros.
-
- Je préfère aux richesses
- Paris et l'hôpital.
-
-Se dirá que eso está dicho por Verlaine, si no se supiese lo que amaba
-_les ors_ el pobre Lélian. El parisiense, no por ser tan apegado a su
-terruño y tan amigo de los placeres que en el _couplet_ anterior se
-señala con indiferencia diez queridas, deja de ser gentil, entusiasta y
-valiente.
-
- A la guerre gaiement il vole
- Pour la croix ou pour Saladin,
- Se bat, jure, pille et viole,
- Puis à Paris écrit soudain:
-
- Que ma gloire s'étende
- Du Louvre aux boulevards,
- Qu'un ramoneur y vende
- Mon buste pour six liards.
-
- En Perse, il prétend qu'une reine
- Lui dit un soir: Je te fais roi,
- --Soi! répond-il; mais pour ma peine,
- Jusqu'au Pont-Neuf viens avec moi;
- Pendant huit jours de fête,
- Tout Paris me verra
- Montrer, couronne en tête,
- Mon nez a l'Opéra.
-
- Jean de Paris, dans ta chronique,
- C'est nous qu'on peint, nous francs badauds.
- Quittons-nous cette ville unique,
- Nous voyageons Paris à dos.
-
- Quel amour incroyable,
- Maintenant et jadis,
- Pour ces murs dont le diable
- A fait son Paradis!
-
- Ris et chante, chante et ris;
- Prends tes gants et cours le monde:
- Mais, la bourse vide ou ronde,
- Reviens dans ton Paris;
- Ah! reviens, ah! reviens Jean de Paris.
-
-Y esa canción del buen Béranger me ha venido a la memoria hoy que
-tengo otra vez que dejar París, aunque yo no me considere con títulos
-suficientes para aspirar a parisiense de París.
-
-A la verdad, París se infiltra en la sangre, penetra en el espíritu,
-se convierte en necesidad. Es su cielo, que no es puro ni cristiano,
-como los cielos de Italia y España; son sus calles bulliciosas y
-vibrantes, por las cuales va una onda de fluído parisiense perturbador
-y acariciador. Son sus museos y sus jardines, sus teatros y sus
-_restaurants_, y el bullir cosmopolita y la confusión babélica de los
-idiomas, y los rostros satisfechos de los extranjeros de paso y de los
-metecos residentes; y, sobre todo, es el pájaro del dulce encanto y
-la flor que danza y que sonríe, la figura de amor y de deseo en que
-habitan los siete pecados y los mil hechizos que se llama la parisiense.
-
-Se diría que uno desea ausentarse para tener después el placer del
-retorno. Juan de París ríe y canta, canta y ríe, toma sus guantes y va
-por el mundo; pero, con dinero o sin dinero, vuelve a su París.
-
-
- «Skating ring» al aire libre.
-
-En el espacio que queda entre l'Avenue de l'Oservatoire y el jardín
-del Luxembourg, todos los domingos se reune una regular cantidad de
-gente que forma círculo alrededor de unos cuantos jóvenes y niños
-que convierten la calle en un salón de patinar. La circulación queda
-interrumpida por esa vía. Los aficionados al americano patín de
-ruedas cosechan silenciosas aprobaciones y de cuando en cuando suele
-presenciarse uno que otro batacazo.
-
-Los patinadores son de diversas clases. Predominan los anglosajones del
-barrio, artistas, estudiantas o estudiantes, niñas con el lazo de cinta
-en el cabello y las piernas desnudas y rosadas, _gibsongirls_ largas
-y libremente elegantes, mozos hechos a todos los _sports_, que las
-acompañan en sus evoluciones y deslizamientos, y niñas parisienses y
-muchachos de las escuelas y tal cual intruso tipo apachado, que habla
-fuerte e interpela a los amigos de lejos. Van los patinadores en grupos
-y suena el rodar de las pequeñas ruedas con singular ruido. Quienes
-van en parejas, como para la danza, o aislados, cual en fuga o en
-persecución. El viento mueve y echa hacia atrás esa cabellera de hijo
-de Eduardo o esos rizos infantiles; pega las faldas a los muslos a modo
-de los paños de las húmedas estatuas de los talleres. Tal Atalandra
-rodante inclina el busto, o se ladea, diríase que empujada por una
-ráfaga; tal mocetón se acurruca o hace que corre, o gira como en un
-vals, o se lanza con gallardía, o da de pronto un sonoro golpe en la
-tierra con todos sus huesos, entre las risas y sonrisas del corro.
-
-Lo cómico está en el hombre barbudo que se entromete haciendo gracias y
-casi se destruye su individuo por el porrazo; en la señorita pizpireta
-que llega del Boul' Miche a tomar sus primeras lecciones, y en la
-primera caída tiene tan mala suerte que muestra al público regocijado
-más de lo que hubiese podido sospecharse.
-
-Entretanto, en lo grato de una tarde que parece primaveral, vense a
-través de las rejas, en la avenida del jardín vecino, las niñas que
-juegan al _tennis_, las que lanzan el diábolo, las que corren tras la
-rueda, las que sentadas en los bancos contemplan los juegos de las
-otras. El chorro de agua se alza allá lejos, en la fuente central,
-en cuya pila echan sus barquichuelos otros niños, barquichuelos que
-navegan como los barcos del mar, bajo el polvo de agua que arranca el
-viento de la cristalina pluma erguida. Y otros juegos pueriles hay allí
-cerca, junto a las reinas de piedra, no lejos de la fuente Médicis,
-amada de los tranquilos y de los soñadores.
-
-Mas los patinadores son incansables. Cuando uno ha dado la vuelta por
-todo el vasto jardín, y oído un poco de cosas del Guiñol y aun hecho
-una visita al Museo, aun encuentra el ancho círculo de curiosos que
-marcan los giros e idas y venidas de los _sportsmen_ y _sportswomen_
-amigos del patín rodante. Y ya la noche va cayendo y no hay fatiga
-para ellos. Se pensaría en una voluptuosidad especial, pues se ve que
-gustan de ese ejercicio como de un pecado. Hay varios _skating rings_
-en París, mas éste que tiene por techo el cielo y por vecinos los
-pájaros de los árboles, debe de serles singularmente satisfactorio a
-los patinadores.
-
-
- Sarah-Nerón.
-
-El prodigioso espíritu que se encarna en el no menos prodigioso cuerpo
-de la más grande de las trágicas francesas, está por realizar un nuevo
-avatar. Los años que avanzan y pasan han ido alejando a Theodora y a la
-Dama de las Camelias. La voz de oro ha adquirido timbres más graves, y
-la masculinización se impuso gracias al flexible talento, al talento
-genial. Sarah se transfiguró en el ambiguo Lorenzaccio de Musset; en
-el de negro vestido príncipe de Dinamarca; en el _Aiglon_ de Rostand.
-Ahora se anuncia un nuevo _travesti_, en una obra clásica. Y Sarah será
-Nerón en _Britannicus_; y, vencedora de la vejez, aparecerá otra vez
-vencedora y encantadora por la virtud suprema del Arte y de la Poesía.
-
-
- Adiós a Moreas.
-
-Adiós, Jean Moreas, grande y buen poeta, amigo poeta, que fuiste tan
-gentil, tan lírico y tan noble. En mi juventud pasada busco para ti
-una corona de recuerdos. Fué en la primavera de 1893. Yo venía loco
-de París, a París, por la primera vez, de paso para Buenos Aires. Me
-hospedaba en un hotel cercano a la Bolsa y que ya no existe, el hotel
-de la Bourse et des Ambassadeurs. ¿Quién me presentó a ti, a quien
-tanto deseaba conocer, lleno como estaba de mis ensueños y entusiasmos
-poéticos? Probablemente Carrillo, que a la sazón trabajaba en casa de
-Garnier, colaborando en el Diccionario de Zerolo y en otras cosas.
-Probablemente Alejandro Sawa, que flotaba en el ambiente parisiense
-como en su propio elemento, con su bella figura de bohemio. El caso es
-que la misma noche de nuestro conocimiento mutuo, amanecimos, con otros
-compañeros, en el Mercado Central, comiendo almendras verdes. Yo estaba
-orgulloso y contento con ser amigo íntimo del _Peregrino Apasionado_.
-No había visto aún a Verlaine. Sí a Charles Morice, con quien, no sé ya
-cómo, nos encontramos al amanecer en mi cuarto del hotel. Tú recitabas
-versos sonoramente, egregiamente, con gestos pomposos, retorciéndote de
-cuando en cuando los bigotes de palikaro. Me encantaba que fueses de
-Grecia y que te llamaras Papadiamantopoulos.
-
-Tengo presente que junto a una mesa, Morice y Sawa examinaban dos
-libros que yo saqué de mi baúl, mi _Azul_ y _Lives of Grass_, de Walt
-Witman. Yo salí a pedir café y alcoholes. Cuando volví no te encontré
-en el cuarto. Fuí en tu busca, cuando vi toda azorada como una ninfa, a
-la _petite bonne_ del establecimiento, que huía y a ti persiguiéndola,
-con el rostro de un fauno y los brazos extendidos, al modo de Júpiter
-tras Dafné, e ibas, como los _satiraux_ de tus versos, _sautant par
-bonds_.
-
-Después partí para Buenos Aires y publiqué allí sobre ti largas páginas
-que tú no viste nunca, por la sencilla razón de que no te las envié
-jamás. Cuando retorné a París, años después, había ya blancos en tu
-cabellera. Volvimos a estar juntos en el amado Barrio, y a pesar del
-tiempo transcurrido, de tu aspecto enfermizo y de tu delgadez, tu gesto
-era el mismo de antaño, tu segura y generosa palabra brotaba siempre
-sonora y juvenil. A tu modesta morada del _boulevard_ Bouman te había
-ido a buscar la gloria oficial, y así sangraba en tu solapa la cinta
-de la Legión de Honor. Tu _Ifigénie_, de la cual había yo publicado
-antes en _La Nación_ una corta primicia, había sido representada
-triunfalmente en _arenas_ meridionales y en teatros parisienses y
-europeos, en donde la voz de Silvain clamaba heroicamente tus puros
-alejandrinos. Habías ya, como alguien ha dicho, «agregado a Sófocles,
-un aire de Homero y de Virgilio». Y tú seguías, en el medio de los
-estudiantes y de las jóvenes frecuentadoras de Bullier, en tu querida
-orilla izquierda del Sena, la misma vida de tu juventud, dando a los
-adolescentes envejecidos un ejemplo de constancia en la alegría y
-en el ensueño, con tu tabaco, tu _vermouth_, o tu cerveza, gozando
-con el placer de la noche, departiendo de arte y de belleza con tu
-compatriota Demetrius Asteriotis, o con otros viejos amigos. Allí, en
-tu Vachette preferido, nos vimos la última vez. Antes te había visto
-frecuentar algunas tardes el Napolitain, en el grupo de Mendés y su
-mujer. Courteline, Silvain, Carrillo y otros menos famosos. No pasabas
-inadvertido, pero no eras el imperante, dado que el viejo lírico que
-tuvo tan mala muerte, monopolizaba las atenciones. Deseaste un sillón
-de la Academia, justo e inocente deseo. Y cuando estabas cercano a la
-probabilidad de lograrlo, se te abre la tumba como una trampa de la
-suerte.
-
- Tantôt semblable à l'onde et tantôt monstre ou tel
- L'infatigable feu, ce vieux pasteur étrange
- (Ainsi que nous l'apprend un ouvrage immortel)
- Se muait. Comme lui, plus qu'à mon tour, je change.
-
-Ya no cambiarás más. Queda tu gloria, una gloria serena y de antología.
-Tu nombre tendrá que pronunciarse cuando se estudie la historia de las
-letras francesas a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Fuiste la
-probidad intelectual viviente. Fuiste modelo y espejo de poetas, por tu
-confianza en ti mismo, por la dignidad de tu vuelo, por tu superioridad
-moral sobre las miserias y pequeñeces del mundo.
-
-Y si yo llego a la ancianidad, me he de complacer en contar a los
-adolescentes de mañana, privilegiados por las musas, las horas de mi
-amistad contigo, como un hermoso cuento. ¡Adiós, Jean Moreas, grande y
-buen poeta, que fuiste tan gentil, tan lírico y tan noble!
-
-¡Que el juego te haya sido propicio!
-
-
- El doctor Doyen o la justa malquerencia.
-
-El doctor Doyen es famoso. Tiene, pues, enemigos. El doctor Doyen es un
-cirujano prodigioso. Tiene, es claro, enemigos. Es dueño de una fábrica
-de champaña. Tiene muchos enemigos. Tiene unas amiguitas de belleza
-renombrada. Tiene muchísimos enemigos. Tiene y gana enormemente dinero.
-¡Tiene innumerables enemigos! Ninguna mal querencia más justa.
-
-Se le acusa, pues, por su fama, por sus operaciones, por su champaña,
-por sus amiguitas y, sobre todo, por su dinero. A pesar de todo, él
-continúa impertérrito, escribe en los periódicos, tiene un duelo
-quijotesco, y ahora da una conferencia en el Odeón sobre _La malade
-imaginaire_, de Molière. Ha operado bien. La dirección de la pieza
-ha estado perfectamente hecha, y el personaje principal ha resultado
-a la moderna un neurasténico. Luego presenta la cuestión de si el
-tipo molieresco es una invención escénica o la representación de un
-personaje de carne y hueso que Molière conociera. Doyen opina esto
-último. «Pero--dice--los médicos de Molière... debería decirse más
-bien, los médicos del tiempo de Molière, pues su ciencia dejaba mucho
-que desear. Desde luego, los médicos de la época de Molière eran ya los
-enemigos de toda innovación».
-
-En el entreacto que precede a la representación de _Le malade
-imaginaire_, pláceme ir por el _foyer_, por los pasillos, donde se
-apiña una excelente concurrencia, en la cual hay muchos médicos. Y
-crítica por aquí, pinchazo de bisturí por allá, sonrisas sarcásticas
-acullá... ¡Envidiosos!
-
-
- En el Louvre.
-
-Entre las oleadas de gentes que recorren las salas del vasto Museo
-acabo de ver pasar a Gabriele D'Annunzio con dos amigos. Se han
-detenido en la escuela española delante del nuevo Greco.
-
-Luego noto la presencia de una figura conocida. El fieltro con el
-ala doblada verticalmente, la tez de buen color sonrosado, los ojos
-vivos, la larga pera blanca que cae sobre el pecho erguido, todo el
-aspecto con algo de militar, de mundano y de artista. A poco estoy
-hablando con el personaje. Es el general Mansilla. Y como se acercan
-los doctores hispanoamericanos Debayle y Amoedo, todos escuchamos al
-admirable conversador, que habla largamente.
-
-Dos autoridades en la materia, Maurice Barrés y Robert de Montesquiou,
-han alabado como se debe el don de la palabra florida, oportuno y
-espiritual en este argentino, que es una de las personalidades más
-parisienses. Bien colocado está en el todo París que representaron de
-bulto recientemente Sem y Rouville.
-
-Todavía se le siente fuerte, a pesar de los embates del tiempo. Se
-impone a las dolencias. Muestra su voluntad de vida. Se ve como un
-bello ejemplo para los jóvenes. Lleno de años, conserva su famosa
-elegancia masculina. No se refugia en el encierro como un Sagán. Pasea,
-goza del aire libre de que siempre gustaron su alma libre y su cuerpo
-sano. Y aun parece que en la galantería misma, listo estaría el mismo
-Eros para decirle: «¡Presente, mi general!»
-
-Y su memoria... Me recuerda, en estos instantes de conversación, mi
-llegada a Buenos Aires, la comida que me dió en su casa, a la cual
-asistían, entre otros amigos, el doctor Celestino Pera, lo que me
-dijo, en dilatado y sapiente y ameno decir, una tarde, en la plaza
-de Mayo, sobre el espíritu argentino, sobre el pasado, el presente y
-el porvenir argentinos. Y el prodigioso general me repite los mismos
-conceptos de antaño, y nos asombra su buen humor, su facundia correcta,
-su incomparable don de gentes. Su hablar va matizado de anécdotas,
-adornado de citas, florido de ocurrencias.
-
-Los tres que le escuchamos estamos encantados. Los franceses que pasan
-lo miran con interés y curiosidad. Nos cuenta de su último libro, y de
-sus _Memorias_, que no serán publicadas hasta después que se vaya del
-mundo. Deja a su albacea encargo de que si algo encontrase que crea
-que no se debe publicar, lo destruya, porque «demasiados malquerientes
-tenemos en vida para ir a aumentarlos después de la muerte».
-
-Y nos separamos de él alabándole y deseando para nosotros una vejez, no
-verde, sino como esa, dorada y de color de rosa.
-
-
- Rémy de Gourmont y la gloria.
-
-Nosotros admiramos a Rémy de Gourmont en la América latina,
-conocemos, quien más quien menos, su obra. En el mundo intelectual
-norteamericano es igualmente conocido y admirado. Guillaume Apollinaire
-cuenta que en Inglaterra, donde pasó algún tiempo en 1904, le
-preguntaban:--«¿Conoce usted a Rémy de Gourmont? ¿Cómo es? ¿Qué
-dice?»--Y él contestaba:--«Rémy de Gourmont, cuando está en su casa anda
-vestido con un hábito color carmelita... Vive entre libros y grabados de
-todas las épocas... Apenas habla.»
-
-
- ¡Estas mujeres!
-
-Siguiendo a las alborotadoras inglesas, he aquí que también en esta
-Francia del encanto femenino las mujeres quieren votar, y quieren ir al
-Congreso. Tengo a la vista unas cuantas fotografías de esas políticas.
-Como lo podréis adivinar, todas son feas; y la mayor parte más que
-jamonas. El feminismo les ha encendido el entusiasmo. Hay que hacer
-algo más que murmurar, pirografiar, o criar gatos y perros. La primera
-en presentarse candidata ha sido Mme. Marguerite Durand, señora de
-cierto talento y actividad, fundadora de la desaparecida _Fronde_, con
-sus letras, su facilidad de palabra y su frescura. Para reforzar sus
-argumentos en favor del voto femenino, presentó en una conferencia a
-un idiota, cosa que no todos los espectadores le agradecieron. Como en
-París hay entre la mayoría de las mujeres mayor delicadeza y buen gusto
-que en Londres, creo que no veremos aquí los escándalos, ya groseros,
-ya cómicos, de las sufragistas británicas. Pero todo puede suceder,
-aunque el ridículo en la vida parisiense mata toda incongruencia.
-
-Que las mujeres persisten en querer hacer muchas cosas que hacen
-los hombres y que hay algunas que superan la competencia masculina:
-perfectamente. Está mejor Mme. Paquin que M. Paquin en la fábrica de
-trajes. Y si Mme. Curie sabe tanto como M. Curie, según lo demuestra,
-bien está, con el aplauso de todos, en su cátedra. Sarah Bernhardt
-merece la Legión de Honor, como artista, más que cualquier afeitado o
-barbudo _m'as-tu-vu_ de la Comedie Française. Una que otra _virago_ se
-ha distinguido en exploraciones e incursiones por tierras salvajes o
-lugares inaccesibles. Nada hay que argüir en contra. Las pintoras de la
-legión y las novelistas y poetisas ya no pueden contarse. Se dedican
-a esos _sports_ como a cualquier otro, y hay musas muy recomendables.
-Pero estos marivarones--suavicemos la palabra--que se hallan propias
-para las farsas públicas en que los hombres se distinguen y que, como
-la Durand, se adelantan a tomar papel en el sainete electoral, merecen
-el escarmiento.
-
-¡Si viviese el condestable Barbey!
-
-Gracias a Shakespeare podemos aceptar las abogadas. ¡Pero las
-alcaldesas, diputadas y senadoras! Ello pasa de lo aristofanesco. De
-un Aristófanes para apaches es la escena que ocurrió días pasados.
-Pronunciaba la citada candidata uno de sus discursos de propaganda,
-cuando un hombre del pueblo gritóle desde su asiento:
-
---¿Quiénes van a remendar ahora los calcetines?
-
-A lo que respondió la aludida:--Los remendarán los que los usen. Y una
-de las partidarias de la Durand, dirigiéndose a ésta:
-
---No le haga caso. Ese que habla seguramente no usa calcetines.
-
-Y el truhán, esforzándose por quitarse sus gruesos zapatos:--Ahora van
-a ver si los uso o no los uso.
-
-¿En eso vamos a parar con el sonado feminismo?
-
-Un escritor discreto, M. Balby, acaba de decir; «Hemos vivido veinte
-siglos con la idea, que parecía decisiva, de que nuestras mujeres,
-nuestras asociadas, nuestras _ménagères_, tenían por tarea principal
-velar por el hogar, por la casa, por el _home_; trabajar a su manera
-por el bien de la comunidad. Ciertamente, la ley, hecha por los
-hombres, era mal hecha, injusta, oprimía a la mujer, no le dejaba
-ninguna libertad y ni aun el derecho de disponer de su salario. Y la
-campaña feminista, que reclama la supresión de esos abusos, tuvo el
-apoyo, la aprobación de todos los hombres que no eran ni egoístas
-ni tiranos. Pero, cuando esas damas pretenden todos los derechos y
-rehusan todos los deberes, cuando quieren encargarnos de remendar los
-calcetines, ellas que no sabrían y no podrían dedicarse al trabajo del
-hombre, a su esfuerzo físico e intelectual, nos muestran el fondo de
-sus sentimientos. ¿Qué son ellos?--Nada.--¿Qué quieren ser?--Todo. A
-los hombres toca saber si aceptarán esa resolución».
-
-Muy discreto esto. Pero podía fijarse M. Balby en que las
-propagandistas son solamente unas cuantas, viejas y feas. Las pocas
-jóvenes y algunas guapas, si lo hacen, lo hacen por divertirse. Las
-demás mujeres, de belleza o de gracia, seguirán ejerciendo el único
-ministerio que la ley de la vida ha señalado para ellas: el amor en el
-hogar, o el amor en la libertad.
-
-
- La Prensa de París.
-
-Leer la Prensa de París es un placer... Reposa, tranquiliza el
-espíritu, oh manes de Janin, de Scholl, de Villemesant, de Ignotus.
-Ved los asuntos de un número de diario: El crimen desbordado. El
-Tribunal correccional juzga cincuenta asuntos por día. Hay cerca
-de mil cuatrocientos procesos retardados. No se encuentran jueces
-de instrucción. Cada uno tiene que estudiar ciento veinte causas
-a la vez.--El cabo Deschamps cuenta cómo se hizo traidor, se robó
-una ametralladora con secreto especial y fué a venderla a los
-alemanes.--Llegan los ecos de los últimos disturbios del Mediodía.--Al
-asesino de las panaderías de Bar le Duc, se le prueba cómo también
-asesinó a su abuela.--El asunto de Duez, el ladrón de millones,
-continúa su curso.--El conde d'Aulby, que ha estafado a una sonsa
-yanqui, que quería a su vez estafarle comprándole cuadros de Velázquez,
-de Tenniers, y otras firmas así, por cuatro reales, confiesa que no es
-conde, ni gran Maestre de la Orden de Melusina, sino hijo de un sastre
-y una jardinera de Londres. Sin embargo tenía castillo, y frecuentaba,
-como otros rastacueros, el gran mundo del _flirt_ del _bridge_ y de
-las bodas fáciles, transatlánticas e intercontinentales.--El doctor
-Doyen, que iba a inaugurar un curso «libre» de anatomía, es gritado
-e insultado por una turba, y no puede dar su lección. El mismo lo
-explica:--«La cábala--dice--que se ha urdido contra mí, para impedirme
-hablar, es la obra de algunos galopines, empujados por los preceptores
-y jefes de trabajo de la Escuela práctica. Fueron reconocidos entre
-los alborotadores muchos preceptores, _agrégé_ y otros interesados
-en la cosa. Incapaces de dictar un curso, con su anfiteatro vacío,
-tienen por objeto en la vida molestar a los verdaderos trabajadores
-que quieren hacer conocer los resultados de largas y laboriosas
-investigaciones. Mi intención, a pesar de todo, es continuar mi curso
-y mis lecciones en otro local, pues la Facultad está contra mí. Los
-apaches de ayer no recomenzarán pues yo tendré mi policía especial».
-Hay que agregar que durante el tumulto de ayer, fueron robados relojes
-y portamonedas. ¡Precioso cerebro del mundo! A otro caso.--Un sátiro,
-nuevo Soleilland, estrangula y viola a una niña.--Se detallan varios
-asesinatos y asaltos.--Hay una larga lista de aplastados por camiones
-y automóviles. Y dejo sin citar otras cuantas noticias encantadoras
-para los neurasténicos. Sin contar con _Zigomar_ y otros folletines de
-robos, escenas macabras y las usuales prostituciones. Felizmente que
-existen el _Temps_ y algún otro diario, en que se da también cuenta,
-aunque sea en cuatro líneas, de lo que hacen los hombres que conquistan
-el aire, de lo que hace Mme. Curie, d'Arsonval, los sabios de la orilla
-izquierda del Sena--mientras el _bulevar_ hierve y echa su vaho.
-
-
- El burro pintor.
-
-Fábula que acaba de acontecer. Exasperados unos cuantos hombres de
-pluma, de pincel, de buen humor y de pésimas intenciones, de ver
-cómo todos los años en el salón de los Indépendants, unos cuantos
-sofisticadores cabelludos y unos cuantos ignorantes atrevidos,
-entre algunos innovadores de talento que pierden, naturalmente,
-con la vecindad, exponen _croûtes_, innominables y mamarrachos
-indescriptibles, ante los cuales no faltan zopencos que creen ver lo
-invisible y adivinar el ombligo del símbolo; aquellos hombres, digo,
-de pluma, de pincel, de buen humor y de pésimas intenciones, fueron a
-un café de Montmartre, en cuyo patio hay un burro, ataron a la cola de
-éste un pincel, colocaron hábilmente la tela preparada, y colazo va y
-colazo viene, mojado el apéndice en colores vivos y distintos, resultó
-un cuadro de un ultraimpresionismo capaz de hacer aullar perros de
-piedra. Antes habíase lanzado un manifiesto como el de los pintores
-amigos del poeta Marinetti. Y al asno, que se llama Lolo, se le hizo
-aparecer como jefe de la escuela Excesivista, con el nombre italiano de
-Joaquín Kafael Boronali, Boronali, Aliborón anagramado. Todo bajo el
-amparo de la vieja alegría gala y el patronato del cura de Meudon.
-
-El cuadro del burro se expuso en el mentado Salón de los
-Independientes. Más independencia no puede seguramente haber. Charles
-Morice y otros varones apasionados del arte han protestado por la
-ocurrencia de los desenfadados. Pero las gentes han reído, y los
-organizadores del Salón de los Independientes han recibido una buena
-indicación.
-
-Y uno de los artistas que exponen juntos con Boronali ha tenido, sin
-embargo, la mejor palabra risueña:
-
---Es verdad--ha dicho--que este año en nuestro salón hay un cuadro de
-un burro. Pero en los salones oficiales hay cuadros, no de uno, sino de
-mil burros.
-
-Y como es quien ha reído el último, es quien ha reído mejor. Y
-un humorista ha puesto en boca del cuadrúpedo reflexiones como
-éstas:--«Puedo rebuznar; ahora he conocido la gloria... He gustado de
-las vanidades humanas y he encontrado que tienen menos sabor que los
-cardos...»
-
-«Cuando París supo por las gacetas que el jefe de la escuela
-Excesivista pacía hierba sobre la _butte_ Montmartre, las muchedumbres
-subieron en filas apretadas. Las gentes venían por centenares a
-admirarme. Los unos acariciaban mi flaco espinazo, los otros me
-ofrecían golosinas, muchos, en fin, discutían sobre pintura por la
-primera vez, no habiéndose ocupado nunca de pintura, almas simples,
-hasta que un pollino se puso a pintar con la cola. Desde luego, gracias
-a mi cuadro, el Salón de los Independientes, triste amontonamiento,
-ha conocido este año la boga y ganado admirables entradas, que no me
-agradece. Lo que me ha complacido sobre todo es que se han escrito
-al respecto cosas muy divertidas. No hay una sola gaceta, desde _Le
-Figaro_ hasta _L´Avenir du Sénégal_ y _Le Moniteur des Îles Fidji_, que
-no hayan filosofado sobre mi caso. Todo el mundo ha reído, me dicen,
-menos cierto periodista de un diario, quien, no habiendo comprendido,
-expresó palabras severas. Esto no me disgustó, pues es bueno en una
-fiesta contar con un hombre furioso, pues su cólera intempestiva
-aumenta la hilaridad de los otros. Cierto crítico ha querido compararse
-con Homero, cosa que me ha complacido. Otro crítico ha escrito que
-prefiere mi pintura a la de Turnes, cosa que me ha sorprendido. Ya
-sé ahora en qué consiste la pintura para muchas gentes: consiste
-en colocar en un cuadro, de preferencia dorado, una tela untada de
-colores variados. Siempre se encuentra un público que admire. Los
-embadurnadores que llenan el Salón des Indépendants y ahogan con sus
-producciones, que se podrían atribuir a geómetras dementes, las obras
-notables con que justamente se enorgullece esta exposición, han hecho
-mal en enojarse. No había entre ellos sino un asno más». Y agrega el
-humorista, que habiendo empezado a andar el jumento, le preguntó:
-
---¿A dónde vas, Boronali?
-
---«Voy a juntarme en la historia gloriosa de los hombres, con el
-caballo negro de Boulanger».
-
-Hubiera podido agregar que con la burra de Balaam, con su colega de
-Turmeda, con el asno de Kant, con el de Víctor Hugo. Y, para no ir tan
-lejos, a la Porte-Saint-Martin, a hacer figura entre los animales de
-_Chantecler_.
-
-
- A propósito de Mme. de Segur.
-
-Acompaño al caballero que lleva a respirar el aire sano de mi
-predilecto jardín del Luxemburgo, a sus dos hijos, lindos como flores,
-un niño y una niña, ambos de cabellos castaños y oscuros, y ojos tan
-grandes, dulces y brillantes, que agregan alegría al día.
-
-Pasamos cerca del monumento hace poco inaugurado, en memoria y honor
-de la señora de Segur, _nacida Rostopchine_, a la que tanto debe la
-imaginación y la complacencia de varias generaciones de niños.
-
---Ya no se leen esos cuentos, casi--dijo mi amigo.
-
-Le contesté que si no leen tanto como antaño, la culpa es de los
-padres, que han sustituído a los amables personajes de los cuentos
-viejos con los héroes de aventuras policiales de Conan Doyle y otros
-Lupines de París. Los niños saben ahora de cotillones, de partidas de
-_bridge_, de aeroplanos, y se interesan en los puñetazos yanquis del
-negro Johnson y del blanco Jeffries.
-
---No los míos--me contestó mi amigo--. Sin que yo les deje de dar una
-instrucción que les mantenga al tanto de los adelantos de su tiempo,
-ellos conocen bien su Perrault, sus Mil y una noches, su madame
-Leprince de Beaumont. Y las historias tan sabrosas y honestas de esta
-señora, cuyo busto acabamos de ver en ese rincón apacible rodeado de
-verdores. Ahora que estudian inglés, quisiera yo encontrar un libro de
-cuentos como aquéllos.
-
---Los hay--le dije--y preciosos y sabrosos. Cómpreles usted esos
-admirables álbumes que ilustraron artistas ingeniosos y aun geniales,
-que pusieron sus almas en contacto con las almas infantiles y supieron
-interpretar gráficamente las creaciones de los soñadores. Los ingleses
-han ofrecido a sus niños las prosas y los versos sencillos y graciosos,
-con las imágenes que son el encanto de los ojos. Cómpreles usted _The
-Three Jovial Huntsmen_, con las figuras ligeras y humorísticas de
-Caldecott y verá cómo se perfeccionan en su inglés sonriendo. Cómpreles
-_The baby's opera_ o _The baby's own Aesop_, en los que Wálter Crane ha
-fabulizado con el lápiz. Verán las cosas de Esopo armoniosas y claras.
-Así, como cuando las ranas piden rey:
-
- The frogs prayed to Jove for a king,
- Not a log, but a livelier thing.
-
- Jove sent them a Stork
- Who did royal work
- For he gobbled them up did their king.
-
-Y allí está la cigüeña coronada tragando ranitas, a orillas del charco.
-Pero, si quieren ver a las ranitas alegres y danzantes, entonces,
-
- «O! there is sweet music on yonder green hill, O!
- And you shall be a dancer, a dancer in yellow,
- All in yellow, all in yellow!»
- Said the crow to the frog, and then, O!
- «All in yellow, all in yellow,»
- Said the frog to the crow again, O!
-
-Y Wálter Crane hace bailar a una ranita, y otra ranita toca la bandola
-y otra la pandereta. Y en otro cuaderno, el mismo artista les hará ver
-«cuando estos chanchitos van al mercado», y cuando «este chanchito
-grita: _wee! wee!_» Y otros cuantos cuadernos más en que hay cosas de
-bella caballería y cuentos de abuelas. Y si se trata de las donosuras
-que pintara el inolvidable Kate Greenaway, allí está la Guirnalda para
-el jubileo de la reina Victoria, o _Mother Goose_ o _A day in a child's
-life_ donde hay versos de cantar con música de Foster:
-
- March, march away!
- March, march away!
- To the play-ground lead the way!...
-
-Pues ¿y _Sing a Song for six pence_, con los niños y pájaros dibujados
-por Caldecott? ¿Y las cosas de hadas de Anuing Bell?
-
-Y luego le digo a mi amigo que busque para sus niños un librito, que
-escribiera en excelente inglés una pluma hispanoamericana _Tales to
-Sonny_, por Santiago Pérez Triana. He allí un joyel pueril, unas
-cuantas páginas que un escritor de diplomacias y asuntos de estado, que
-es también un poeta y un culto espíritu, escribiera en idioma de papá,
-dedicadas a un su Santiaguito bautizado Sonny en el hogar, según tengo
-entendido, por su madre norteamericana.
-
-Era en tiempo en que se arrancaban la vida rusos y japoneses allá por
-la Manchuria, y en el apacible Retiro madrileño, el padre y el niño
-hermoso de largos cabellos, conversaban. El padre le hacía cuentos tal
-el dios Hugo a sus nietos.
-
-Y el niño los oía en el inglés maternal, que su padre conoce y
-habla como su propia lengua. Esos cuentos fueron después escritos y
-publicados en Londres por Anthony Treberne Co. Ltd., ilustrados con
-gracia por Dorothy Furniss, y con cuatro palabras de prefacio del autor.
-
-Son seis la narraciones: _The little stream of water_ habría hecho
-sonreir de complacencia a San Francisco de Asís, puesto que en él
-dialogan un niño y la hermana agua en su forma de arroyuelo. Y la
-palabra del arroyuelo enseña a Sonny algo de la filosofía del mundo y
-mucho de la grandeza de Dios sencillamente. _Minnie and Billie_ trata
-de dos niños-pájaros que vuelan y hablan. Billie es el pajarito y
-Minnie la pajarita.
-
-Hablan como saltando de rama en rama.
-
-«What is your name?»
-
-«My name is Minnie.»
-
-«Oh! what a pretty name!»
-
-«Do you think so?»
-
-«Indeed I do.»
-
-Así hablan. Y luego, con la inocencia natural, tratan de fabricar un
-nido. Y el nido se hace, no en la casa de la escuela, no en la torre
-de la iglesia, sino en un árbol, junto a otros árboles que tienen
-otros pájaros. Y luego se sabe que de los huevos salen los pajaritos.
-Así, cuando una tarde vuelve Billie a su nido, encuentra, de cuatro
-huevos, cuatro pajaritos _that just could call him papa_. Y tuvo mucho
-contento en su corazón.
-
-En _Mrs. Lyon's party_ animales diversos parlan como en las antiguas
-fábulas. Tal se expresan las ocurrencias de Mr. Fox, de Mr. y Mrs.
-Bull, de Mr. Ox, de Mr. Rhinoceros, de Mr. Tiger, del siempre ilustre
-Mr. Ass. Es una variante ingeniosa del famoso cuento de los Músicos de
-Bremen.
-
-El narrador pone también su lección histórica en la amenidad del
-divertimiento. De este modo en _The galleon_ trata de la antigua
-ciudad de Cartagena de Indias, grata al poeta Heredia. Y cuenta de sus
-cuarenta y ocho fortalezas, llenas de cañones y de su hermosa bahía. Y
-dice de los buenos españoles del descubrimiento y de los rapaces que
-les robaban a los indios sus oros y sus piedras ricas. «Those Indians
-had a great deal of gold in different shapes, bracelets, breast-plates
-and queer looking little dolls. The Spaniards robbed the Indians of
-all their gold. The Indians also had a good deal of silver and quite
-a number of emeralds all of which were taken away from them by the
-Spaniards». Y así fueron las cosas, como lo sabe muy bien Sonny. Y se
-cuenta de los galeones que iban cargados con grandes riquezas que los
-gobernadores españoles enviaban para los reyes de España. Y de cuando
-en cuando aparecían en el mar unas tropas de piratas, de aquellos
-bravos piratas cuya historia ha contado Oexmelin en su rara historia de
-la piratería. Y de los combates de las gentes del rey con los piratas.
-Y de un gran galeón de tres palos que iba a traer a los monarcas
-de Madrid el oro, la plata, las esmeraldas y las perlas que estaban
-en Cartagena de Indias. Y cómo ese barco regio debía también cargar
-muchos productos de la tierra ardiente, plátanos o bananas, cocos,
-ñames, mandioca, piñas, pájaros parlantes y otras cosas más que eran
-de maravillar a los hombres europeos. Y cómo el mar se alborotó y hubo
-naufragio. Y el mar se tragó el tesoro, que han querido después buscar
-los buscadores de tesoros. Y el tesoro está en el mar Caribe, entre
-Cartagena de Indias y la isla Trinidad.
-
-Y la otra narración refiere _How the chimp family went to town_. Y
-son sucedidos muy graciosos, pues se trata de una familia de monos
-o niños. Y hay que ver a los monitos cómo los pinta la ilustradora
-Dorothy Furniss, que tiene de los intencionados animalistas ingleses y
-que agradaría a Benjamín Rabier. Y para concluir está una historia como
-para escrita en versos; porque tiene tanto de poesía que hasta en el
-comienzo de esta narración, que está hecha para un niño, parece dicha
-en un inglés de verso: «This is the story of the Prince who covered his
-body with golden dust--in a far off land, in a far off day--whom the
-Spaniards called «El Dorado».
-
-«And this is the story of the Great Cataract that even to-day, in
-that distant land, rushes and thunders, in memory of what took place
-long, long ago». Y es la historia de «El Dorado» con toda su primitiva
-belleza. La historia del pueblo Chibcha, de ese pueblo tan fabuloso
-como el de los antiguos troyanos, y tan real como ellos, pues en el
-Museo de Madrid se pueden admirar sus mitras de oro, sus máscaras de
-oro, sus mil cosas de oro, pues «El Dorado», que cubría su cuerpo
-desnudo con polvo de oro, era como el dios viviente del oro. Y
-parece Bochica, el gran dios de los indios chibchas, que tiene cetro
-jupiterino y a quien sus adoradores, si hubiesen sabido latín, hubieran
-aplicado el horaciano:
-
- _Cuelo tonantum credidimus jovem Regnare..._
-
-Y es admirable la tradición del Cacique Áureo, del dios primitivo y del
-Lago Místico. Sonny debió de quedar encantado. Y con él todos los niños
-que sepan inglés y lean el librito _Tales to Sonny_, de Santiago Pérez
-Triana.
-
-
- Blanco y negro.
-
-París--¿quién lo hubiera antaño creído?--ha pasado algunos días
-preocupado con el famoso _match_ del blanco y el negro. Por lo menos,
-el París novelero y _sportivo_. Aunque es verdad que esa pasajera
-ultramericanización no indica una transformación del carácter nacional,
-es un hecho que la Prensa se ocupó largamente en el asunto y los
-retratos y biografías de los dos fuertes animales norteamericanos se
-publicaron en todas las hojas. Jeffries y Johnson lograron popularidad
-parisiense. Aquí tiene el box sus aficionados y partidarios, entre
-algunos _sportsmen_ y _snobs_. Se han visto y se ven pugilatos
-públicos a que ha concurrido un público de clases diferentes. Pero
-la cosa no ha pasado a más. La repercusión que tuvo la _performance_
-norteamericana ha sido seguramente causada por lo elevado de las
-apuestas, por los _cachets_ que han cobrado los rivales, y por ser un
-negro y un blanco, como en las damas, los elementos del juego. Y hubo
-quiénes apostaran al blanco y quiénes al negro. La victoria de éste fué
-alegremente comentada, y las atrocidades que en Norte América siguieron
-a ella lo fueron también.
-
---¡Que se venga a París el negro!--decían algunos.
-
-Y con razón. En París los negros o mulatos con dinero no tienen por qué
-quejarse. Hay muchos de ellos que, en los Estados Unidos o en ciertos
-círculos de las aristocracias hispanoamericanas serían rechazados, y
-que aquí viven tan lindamente, dándose gusto y hasta viendo su nombre
-en los periódicos. No hace mucho que se habló de un banquete a dos
-poetas negros, creo que haitianos. Y en honor de ellos hablaron dos
-poetas blancos, aunque de segundo orden. Monsieur Gregh y Dorchain... Y
-los negros _continúan_ y hacen bien.
-
-
- De Val.
-
-¿Y el Congreso universal de la Poesía? Ya hablaremos luego. Ahora os
-hablaré de su organizador, del que ha sido su alma y que tiene en él
-muchas nobles ilusiones y muchas grandes esperanzas. De Val es un
-hombre admirable. ¡Admirable! El poeta Amado Nervo le dice: «¡Tú, que
-todo lo puedes!» En verdad, Mariano Miguel de Val, que también es
-poeta, y que quiere el bien de los poetas, está en todo, es múltiple,
-es complejo, es universal, y si no fuese que en él prevalece sobre
-todo algo del caballeresco ensueño tradicional hispano, merecería ser
-yanqui... En las proporciones de esta villa del oso y del madroño,
-tiene este varón, de cuerpo fino y faz de hidalgo antiguo, una variedad
-de actividades rooseveltianas que desconcierta en la gran urbe de
-la famosa Puerta del Sol. Mariano Miguel de Val es terrateniente,
-mundano, abogado, ex secretario del Ateneo; de la familia de Castelar,
-ex secretario de Moret; amigo del rey, de los infantes; redactor en
-varios periódicos, director de un diario de provincia, director de la
-respetable revista _Ateneo_, director y editor de la biblioteca Ateneo;
-pertenece a la Legación de Nicaragua; fué iniciador del _Romancero de
-los sitios_; colabora en _Caras y Caretas_, de Buenos Aires; en _El
-Fígaro_, de la Habana; ¡inicia, realiza y colabora en cien cosas más!
-No tiene aún automóvil; va a comprar uno pronto; pero no hay que temer,
-este poeta no es futurista. Tiene un santo en su familia ancestral.
-Tiene un castillo en Zaragoza. Es lírico de paz y de hogar. Tiene una
-bella esposa y unos lindos niños. Su padre era republicano. En su casa
-se conspiraba. Llegaba allí el tío Emilio y hacía discursos de música.
-El niño Mariano oía todo eso, observaba, tras los cortinajes. El niño
-creció, y el hombre es hoy monárquico, católico; y, cuando se va a
-veranear, para que diga la misa en la capilla de su castillo, tiene un
-capellán. De Val es cuerdo.
-
-Su gabinete de trabajo está adornado de libros, retratos, autógrafos,
-medallas. Sus íntimos son sabios catedráticos, políticos, periodistas
-y uno que otro autor de los llamados modernistas. No se le creía un
-combativo. Sin embargo, un día se halló en pleno ardor polémico. El
-enemigo era temible: la condesa de Pardo-Bazán. La polémica fué sobre
-los novelistas en el teatro, y el joven _aeda_ se batió ardorosamente
-con Pentesilea. Una vez vistos los argumentos de uno y otro, confieso
-que me coloqué al lado de doña Emilia. Muchos novelistas ha habido
-y hay que son excelentes autores dramáticos, y una facultad no es
-privativa de la otra.
-
-De Val, que parece tan grave, tan serio, y que lo es, ¡indudablemente!
-ha pagado el matritense tributo a la literatura jovial, y, aunque
-sin su nombre, ha hecho imprimir cierto pecador volumen de castizos
-chistes, que habían regocijado a aquellos honestos y nada complicados
-rimadores que se llamaban Teodoro Guerrero, Ricardo Sepúlveda y demás
-compañeros del tiempo del _Pleito del matrimonio_. Después llevó la
-risa a las tablas, escribió para el teatro cosas jocosas. Mas en donde
-quiso poner la flor armoniosa de su juventud fué en su volumen _Edad
-dorada_. Son cosas de galantería y elegancia, madrigales apasionados,
-idealismo y carne, inspiraciones momentáneas y filosóficas amatorias;
-versos del alma y versos de salón; declaraciones y baladas. Gentiles
-maneras y decires que complacían a las damas antes de la introducción
-del _bridge_, del _pastime-puzle_ y del _popintaw_.
-
-De Val adula rítmicamente a la mujer, y señala sus varios encantos y
-modos de hechizar. Celebra la juventud, optimista y amigo del placer y
-de la gloria. Celebra la fe, el entusiasmo, el amor, la mujer siempre,
-¡y hace bien! Y dice al final de su canto:
-
- Dejad, pues, que la planta favorecida
- de su corto reinado goce abstraída,
- y aliente los afanes de su amorío
- y realice sus sueños en el estío,
- no le habléis del otoño que le intimida,
- no le habléis del invierno de nieve y frío,
- dejadla que lo olvide, si es que lo olvida,
- y cuando en sus entrañas se sienta herida,
- cuando la hora le llegue de cruel hastío
- y la veáis rendirse desfallecida,
- decidle, porque aplaque su desvarío,
- que todo invierno es víspera de nueva vida.
-
-Canta el amor, canta las flores con modos y conceptos ortodoxos:
-
- Flores, hermosas flores,
- que sois nido de amores
- y de los verdes prados alegría,
- desplegad vuestros mantos de colores
- que ya amanece luminoso el día.
-
-Dedica dos poemas a dos marquesas guapísimas. Zorrilliza en una
-«sinfonía». Y refiriéndose a quien sabe qué gallarda y voluptuosa
-señora, asonanta unas insinuaciones donjuanescas o fáunicas, de todos
-modos no por lo emprendedor menos romántico:
-
- ...Auras de rosa
- forma tu aliento,
- que toman brío
- sobre las ondas de tu cabello.
- Hacia mí vienen
- y tú sonríes,
- cada vez que oyes
- los besos míos que las reciben.
- Redondos, frescos,
- tendidos, blancos,
- sobre las sábanas
- descansan, duermen, quietos, tus brazos.
- ¿Por qué no se abren
- para hacer presa
- en otros brazos
- que ser tu cárcel también desean?
- Anciano el dueño
- de tus caricias,
- gozar no puede
- de tu hermosura la gallardía;
- la gentileza
- de tus contornos,
- rica y sabrosa,
- miel de panales de abejas de oro.
-
-Natural es que el romántico que hay en él, admire a Byron y le salude
-en un sonante soneto. Y lo que lleva de su raza en la sangre lo hemos
-de ver en tal ímpetu místico, con su reminiscencia de Don Gaspar:
-
- ...En tanto que en la tierra se despierta
- el bronce herido a la oración llamando;
-
-en tal evocación del poderío morisco para, a propósito de una atalaya,
-loar la espiritualidad cristiana; en ternuras familiares y religiosas;
-en discretas quejas melancólicas que son como ecos de amoríos
-pretéritos, en la obsesión de la cruz; en efusiones cordiales que no
-por ser dichas en un metro poeano que han difundido los modernos,
-parecen menos venir de tiradas calderonianas y de fogosas arias de los
-corifeos del romanticismo. En De Val está el trovador. No han llegado
-a él ni el uso ni el abuso, hoy tan comunes, de ciertos procedimientos
-de la nueva poesía castellana. Lo que ha escrito está conforme con
-el espíritu y los preceptos del glorioso parnaso nacional. Ello es
-cuestión de temperamento y de maneras personales de exteriorizar sus
-ideas estéticas. Yo ni le censuro ni le alabo. En todo caso, más bien
-le alabaría por haberse dado tal como es él.
-
-Lo bueno es que se conserva siempre joven y lleno de actividad y
-entusiasmo para toda empresa generosa y en la cual se haya de rendir
-homenaje a Nuestra Señora la Belleza. Ese congreso universal de la
-poesía, hoy postergado para que se lleve a cabo bajo mejor plan, y
-que se verificará en la próxima primavera, cuando esté Valencia más
-rica de flores y de celestes luces, ese congreso ha sido idea de él,
-para honrar a la Poesía, y para hacer bien a los portaliras. La suya
-la tiene excelentemente cuidada, y ha de dar en tal concurso apolíneo
-nuevos y plausibles sones.
-
-
- Rueda a América.
-
-Salvador Rueda me dice en una carta... «te mando en estas palabras mi
-adiós, que quisiera dártelo con los brazos. A Canarias, y después a
-Cuba: un viaje íntimo, pacífico, delectación espiritual purísima».
-
-Salvador Rueda, ya lo sabéis, es un gran poeta. ¡Es el último poeta
-lírico, sacerdotal y natural que hoy existe en todo el mundo! Es decir,
-el que siente que él es Eso, y que eso es su sagrada misión sobre la
-faz de la tierra. Él ha dicho muy líricamente y muy exaltadamente lo
-que piensa de su destino órfico, en la revista _Poesía_, que publica
-en Milán el fundador del Futurismo, señor Marinetti. Salvador Rueda
-deseaba desde hace tiempo ir a América. Ir sencillamente, simplemente,
-como poeta lírico. Aun me invitó para que hiciésemos juntos ese viaje
-fabuloso. Yo me atreví a decirle que no fuera a Buenos Aires. Le
-indiqué, por su bien, que de hacer el viaje se apresurase a hacerlo a
-algunas de nuestras repúblicas tropicales, porque, aun por allá mismo
-
- Nous n'irons plus au bois,
- les lauriers sont coupés!
-
-Ahora Salvador, homérida, pindárida, va en viaje «íntimo, pacífico, de
-delectación espiritual purísima», a Canarias y a Cuba. Ambas son islas
-de armonía y recibirán como se merece al fecundo poeta español. Las
-colonias, además son muy gentiles. Rueda realiza el milagro de querer
-ser y ser, en nuestro tiempo, poeta, nada más que poeta, y cuenta para
-afirmar su volición con todo lo que le dió, como él dice, la Gran
-Madre, la Naturaleza, y con el sol de su Andalucía que lleva adentro.
-
-Ahora viaja también por la América tropical otro poeta, también
-andaluz, el señor Cavestany. El señor Cavestany ha recitado sus poesías
-en Méjico y en la Habana y se le ha festejado brillantemente. Tiene
-sobre Rueda la ventaja de ser rico y de ser académico. Pero en Rueda
-hay mayor cantidad de poesía, y vaya lo uno por lo otro. Rueda es el
-consagrado de la Lira, el hombre que tiene confianza en el alma de las
-cosas; que es una voz, un órgano de la Naturaleza. Yo no le encuentro
-en la Península parangón sino en Zorrilla. Vive en su nube de oro
-sonoro--de oro irreal. No es, pues, actual, ni adaptado.
-
-Homero y Píndaro es posible que anden hoy por el mundo. Sólo que,
-por obra del tiempo mismo, cambian en sus manifestaciones y obran
-conforme con las exigencias de la época. Sus expresiones e himnos
-son adecuados al instante, y se sienten influídos por el deseo o por
-los efluvios que brotan del alma de las muchedumbres. A veces pasan,
-aislados, otras se mezclan a las agitaciones urbanas. El don de armonía
-les hace transfigurarse, y una simple frase de común prosa les brota
-vestida de estrellas o de chispas sulfurosas. Homero y Píndaro tienen
-muchos nombres, tienen ojos negros o azules, emergen entre una tribu
-de judíos, en la estepa o en la pampa, o andan elegantemente por los
-bulevares parisienses, por los clubs de Londres o en las calles de
-Buenos Aires o de Nueva York o por las tierras de la magnífica Italia.
-Píndaro y Homero, que tuvieron en lo antiguo en sus manos la trompa
-o la lira sagradas, guardan hoy a veces silencio. Y en los bolsillos
-de sus diferentes disfraces suele encontrarse, con o sin el poema, un
-libro de cheques--o una bomba. Es preferible, en todo caso, el libro de
-cheques--y tu gran corazón, querido Salvador Rueda.
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- ALGUNOS JUICIOS
-
-
-
-
- ALGUNOS JUICIOS
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- Algunas notas sobre Valle Inclán.
-
-
- I
-
-Recuerdo la primera impresión. Este es uno de los que quieren _épater_
-al burgués, me dije. Sombrerón de anchas alas, barbas monjiles, gesto
-militar, palabras estupefacientes, maneras de aristo. El cuerpo delgado
-bajo un _macferland_ cuya esclavina se convertía por instantes en dos
-alas de murciélago satánico; los ojos dulces o relampagueantes, y la
-sonrisa entre la cual se escapaban frases a cortos golpes paradójicos,
-o buenas, o espantosas. Sobre todo espantosas, _épatantes_.
-
-Él me pudo decir entonces: Hombre de América que vienes aquí para ver
-España: mira en mí algo de lo que queda de lo más nacional, típico y
-poético. Yo soy un Conquistador, y además, otras cosas. Mi sombrerón
-de anchas alas te dice de mis cariños y andares en las tierras de
-Méjico que tanto recorriera aquel mi muy admirado varón de gesta que
-tenía por nombre Hernán Cortés. Mis barbas monjiles te manifiestan
-la tradicional religión del monje que he sido; mi gesto militar
-explica que he llevado uniforme en luchas civiles, en la misma tierra
-en que manda el legendario y justamente alabado por Tolstoi, general
-don Porfirio Díaz. En cuanto mis palabras que dejan a las gentes
-estupefactas o espantadas, son las de aquel que sabe que hay en la
-tierra y en el cielo cosas que no comprende nuestra filosofía...
-
-
- II
-
-Desde entonces Valle Inclán ha crecido como un bello león. Perdió su
-brazo, pero parece que por allí le hubiese brotado una nueva garra
-invisible.
-
-Cuando Octave Mirbeau descubrió en el _Fígaro_ parisiense a
-Maeterlinck, nombró a Shakespeare. Hugo, si no me engaño, en una breve
-frase, rememoró al omnividente Will, a propósito de las extraordinarias
-niñerías de Rimbaud.
-
-Yo no he encontrado la sensación shakespereana más que en algunas cosas
-de Lugones--en quien encuentro todo--y en los últimos libros de Valle
-Inclán. Poe queda aparte como Jules Laforgue.
-
-
- III
-
-El éxito internacional--y lo digo con motivo de que en Francia han
-comenzado a traducir las obras de Valle Inclán--no tiene nada que
-ver con el mérito artístico, con los valores ideales. D'Annunzio, a
-pesar de su _réclame_, no se puede regodear de una _Quo vadis?_, y
-Sienkiewicz nada vale al lado del Coloso: ¡George Ohnet!
-
-George Meredith acaba de morir, y aquí en España no he visto en ningún
-periódico más artículo respecto a la desaparición del prodigioso
-inglés, que el que ha enviado a un diario su corresponsal en Londres,
-varios días después de los funerales.
-
-
- IV
-
-Los personajes que en su ya larga serie de obras ha creado este
-espíritu de excepción, son vivientes más allá de la real vida, más allá
-de la vida normal; no existen como los héroes balzacianos o zolescos,
-sino como Hamlet, Otelo, o el viejo Lear.
-
-Los tipos retratados o encarnados de lo cotidiano, mueren, desaparecen,
-como los que vemos todos los días. Poeta o escritor que quiere dar a
-sus seres supervivencia tiene que plasmarlos e infundirles un alma bajo
-un concepto de eternidad. No viven hoy diez mil tipos animados por mil
-autores que tuvieron en su tiempo ganga y celebridad, y que hacían la
-labor de fuera para dentro. Viene Celestina simbólica y que parece tan
-real como quien hubiera merecido ser su esposo o compañero, el gordo
-Falstaf. Ambos tuvieron forma y alma de dentro para fuera. Así el
-ilustre Bradomín, don Juan Manuel de Montenegro, las damas de ensueño y
-los bufones de misterio que, en un ambiente desconocido, aparecen en la
-obra profunda y encantadora de Valle Inclán.
-
-
- V
-
-Yo he retratado antaño a este admirado y querido amigo mío en el
-siguiente soneto:
-
- Este gran don Ramón de las barbas de chivo,
- cuya sonrisa es la flor de su figura,
- parece un viejo dios, altanero y esquivo,
- que se animase en la frialdad de su escultura.
- El cobre de sus ojos por instantes fulgura
- y da una llama roja tras un ramo de olivo.
- Tengo la sensación de que siento y que vivo
- a su lado, una vida más intensa y más dura.
- Este gran don Ramón del Valle Inclán me inquieta,
- y a través del zodíaco de mis versos actuales
- se me esfuma en radiosas visiones de poeta,
- o se me rompe en un fracaso de cristales.
- Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta
- que le lanzan los siete pecados capitales.
-
-Tales catorce versos no dicen en verdad la complicada figura de este
-gran don Ramón. Tan complicada, que ha llegado a ser casi burgués,
-casándose con un «alma hermana» que le comprende y le ama muy de veras.
-La antigua cabellera ha desaparecido; una indumentaria inglesa ha
-sustituído a la de los días pasados--aunque también el _macferland_
-era británico--y luego, nunca, nadie podrá decir que ha visto a Valle
-incorrecto. Siempre, aun en días duros, fué el caballero, el fidalgo.
-En su casita, que es un nido de arte, en la calle de Santa Engracia,
-una niñita sonrosada es una rosa sobre su gloria, es la princesa.
-
-
- VI
-
-Este no es un estudio; dicho está que son notas. Largo trabajo se
-necesitaría para exponer la obra--y la vida unida ella--de Valle
-Inclán. Porque lo que he dicho sobre lo shakespeareano, tiene, en la
-introspección, una base de realidad. Atiéndase bien:
-
-Todo lo que en la poemática labor de Valle Inclán parece más fantástico
-y abstruso, tiene una base de realidad. La vida está ante el poeta, y
-el poeta la transforma, la sutiliza, la eleva, la multiplica; en una
-palabra: la diviniza, con su potencia y música interior. El que no
-tiene el _daimon_ no puede hacer eso, y, por tanto, he sostenido la
-superioridad de Unamuno sobre otros puramente formales o virtuosos en
-la lírica.
-
-
- VII
-
-_Femeninas_, _Epitalamio_, _Cenizas_, fueron la primera floración en
-el jardín de este gran señor de letras. Se dirá de reminiscencias
-extranjeras--por lo de la forma--, mas nunca del modo que se le ha
-señalado a D'Annunzio. Valle Inclán ha sido d'annunziano en alguna de
-las sonatas--cuestión de orden y contrapunto verbal, y hasta dandismo,
-porque era el momento, y, cuando cantan los ruiseñores, les llevan y
-les modulizan el canto los vientos que vienen de todas partes. Para
-esto, ver lo que últimamente ha dicho uno de los superiores, un gran
-poeta y de los más conscientes y firmes de saber, el catalán Marquina,
-a quien si alguna vez le ha faltado algún don--siendo con todo de
-los excelentes--y hablo ahora en cuanto a crítico--, es el don de la
-diferenciación.
-
-
- VIII
-
-Las _Sonatas_, que hoy, por primera vez, van a hacerse conocer en
-Europa, son ejecuciones primigenias de Valle Inclán. Bravas ideas y
-aventuras sentimentales dichas en exquisitas maneras. La demostración,
-en los primeros momentos, de nuestra lucha hispanoamericana
-por representarnos ante el mundo como concurrentes a una idea
-universal--Idea, no Moda--que comenzaba a llenar de una nueva ilusión
-o realización de belleza, todo lo que entonces pensaba altamente en
-la tierra. En ello hay el anhelo de la novedad--y de antigüedad--que
-caracterizó a los Nuevos. Que mañana seremos Viejos. Pero él va
-fecundando. Y las _Sonatas_ de las cuatro estaciones tendrán una
-repercusión incomparable en la historia de las letras castellanas.
-Poniendo su escenario en tierras distintas, como los capitanes de antes
-su bandera y sus proezas, en que hacían tan soberbiamente drama o
-novela, él cierra, en un momento, ese zodiacal cielo y va a hacer otra
-cosa.
-
-
- IX
-
-Entonces vienen las Comedias Bárbaras--que tienen únicamente, y todo
-relativo, algún parentesco con los poemas del olímpico francés y con
-las odas del poderoso italiano--. Bárbaro, en esta extensión de la
-palabra, es lo que en expresión, simbolismo o manera de ser, representa
-una mentalidad medioeval, ásperamente expresiva, invasora y gótica;
-popular en lo del fondo del corazón del pueblo: feudal, caballeresca,
-burgrave, mística, llena de conocimientos o suposiciones milenarios,
-y al mismo tiempo ingenua, pagana en lo mucho que de paganismo tenía
-la Edad Media: con el sentido de la Fatalidad que había en tiempos de
-pestes extrañas y fulminantes que supiera comprender un Edgar Poe; y
-de peregrinos con sus conchas en las caperuzas; y de leprosos que para
-atraer o alejar al viandante, tocaban sus esquilas en los caminos,
-mientras todo el orbe, desde el montículo papal, temblaba por el
-advenimiento de lo Extraordinario.
-
-Como Galicia ha sido una de las regiones santuarios del mundo, tiene
-una infinidad de infinito flotante y de religiosidad imperante en que
-podía bien anclar este fundamental artista. Todo eso legendario de
-Compostela, todas las sendas de fe, que han ido abriendo generaciones
-de generaciones por siglos de siglos: todo el creer de la labriega
-que sabe los decires de las brujas, las apariciones particulares o
-numerosas; el hablar de las piedras para quien las entiende, como
-el de los árboles en la sombra para quien los oye; todo lo que la
-circunstante naturaleza tiene en esa región de España, está en la obra
-de Valle Inclán. Pero, y aquí viene mi cita de Shakespeare, adquiere
-por la virtud genial, una expansión absoluta. Y el marqués de Bradomín
-se irá por todas partes, sin marca de fábrica francesa o sin estampilla
-escandinava, y respirando con más placer y dignidad, antes que los
-perfumes forasteros, los del gran botafumeiro de su catedral.
-
-
- X
-
-Ahora empieza la serie de los cruzados de la causa. Novelas carlistas.
-No hay nada comparable sino los _chouanorias_ de Barbey. No he visto
-más adorable Cervantes, sin esperar nada del palacio veneciano de
-Loredán y del apartamento de París. Él cree, él ve la epopeya, que
-lo fué, estupenda, en aquel encuentro largo de leones, de una y otra
-parte. Él cree, y principalmente, sabe, porque está documentado como en
-todo. Es esta una campaña de ideal de que no se han dado cuenta aquí.
-El viejo e ilustre Galdós debía haber hablado ya y decir quién viene
-después de él. No para dejarse devorar, como en ciertas tribus, sino
-para que se le respetase más.
-
-Y conste que hoy yo amo y respeto a don Benito, casi ya lapidariamente
-maestro.
-
-
- XI
-
-¡Y luego, Valle Inclán es un poeta tan exquisito! ¡Su libro pequeño y
-lindo de versos está lleno de tan supremas cosas! A Rodó, a Lugones,
-a Díaz Rodríguez y a los otros compañeros más serán un regalo. Pero
-fíjense en los acompañamientos de gaita que van al fin de cada poemita.
-Es que el celta nos conquista; e irá de allí a todas partes. Solamente
-que, ¿qué citar? Citaré las _Prosas de dos ermitaños_:
-
- En la austera quietud del monte
- y en la sombra de un peñascal,
- nido de buitres y de cuervos
- que el cielo cubren al volar,
- razonaban dos ermitaños:
- San Serenín y San Gundián.
- --San Serenín, padre maestro,
- tu grande saber doctoral
- que aconseja a papas y a reyes,
- ¿puede a mi alma aconsejar
- y un cirio de cándida cera
- encender en su oscuridad?
- --San Gundián, padre maestro,
- y definidor teologal,
- confesor de papas y reyes
- en toda la cristiandad,
- el cirio que enciende mi mano
- ninguna luz darte podrá.
- --San Serenín, padre maestro,
- mis ojos quieren penetrar
- en el abismo de la muerte,
- el abismo del bien o el mal,
- donde vuelan nuestras ánimas
- cuando el cuerpo al polvo se da.
- --San Gundián, padre maestro,
- ¿quien el trigo contó al granar,
- y del ave que va volando,
- dice en donde se posará,
- y de la piedra de la honda
- o de la flecha, a dónde van?
- --San Serenín, padre maestro,
- como los ríos a la mar,
- todas las cosas en el mundo
- hacen camino a su final,
- y el ave y la flecha y la piedra
- en ceniza se trocarán.
- --San Gundián, padre maestro,
- todo el saber en eso da:
- cuando es misterio, en el misterio
- ha de ser por siempre jamás,
- hasta que el cirio de la muerte
- nos alumbre en la eternidad.
- --San Serenín, padre maestro,
- esa luz que no apagarán
- todas las borrascas del mundo,
- mi aliento quisiera apagar.
- ¡El dolor de sentir la vida
- en otra vida seguirá!
- --San Gundián, padre maestro,
- mientras seas cuerpo mortal
- y al cielo mires, en el día
- la luz del sol te cegará,
- y en la noche las negras alas
- del murciélago Satanás.
- Callaron los dos ermitaños
- y se pusieron a rezar.
- San Serenín, como más viejo
- tenía abierto su misal,
- y en el misal la calavera
- abría su vacío mirar.
-
-En ello no hay el acompañamiento musical de la región, como os he
-dicho, pero oid esto, que se llama «El milagro de la mañana»:
-
- Tañía una campana
- en el azul cristal
- de la santa mañana
- oración campesina,
- que temblaba en la azul
- santidad matutina.
- Y en el viejo camino
- cantaba un ruiseñor,
- y era de luz su trino.
- La campana de aldea
- le dice con su voz
- al pájaro que crea.
- La campana aldeana
- en la gloria del sol
- era el alma cristiana.
- Al tocar esparcía
- aromas de rosal
- de la virgen María.
- Esta santa conseja
- la recuerda un cantar
- en una fabla vieja:
- «Campana, campaniña
- do Pico Sacro
- toca porque floreza
- a rosa do milagro.»
-
-Todas las exquisitas suavidades o gestos rítmicos de Valle Inclán
-indican en este pequeño libro la existencia de un poeta, que, si lo
-quisiese, podría hacer una obra lírica y métrica, como la que va
-realizando de modo que no se le puede encontrar igual en Europa,
-Meredit, apenas, y en otro rumbo y mundo mental, sin no hacer más que
-aumentar la gloria del gran inglés esta opinión.
-
-
- XII
-
-¡Ah! ¡Si Valle Inclán quisiere hacer un viaje a Buenos Aires!
-Posiblemente será antes a Nueva York.
-
-
-
-
- Los diplomáticos poetas.
-
- AMADO NERVO
-
- PRIMER SECRETARIO DE LA LEGACIÓN DE MÉJICO EN MADRID
-
-
-Cuando acaba de ascender en la carrera, y el gobierno de S. M. C. acaba
-de condecorarle, un nuevo libro de poesías viene a demostrar que el
-peso del uniforme no impide el vuelo. Indico a Amado Nervo.
-
-Ese hombre dulce, de cabeza cristiana, porta una espada decorativa. En
-nada se opone a la normalidad de las cosas que quien ha nacido para
-monje concluya sus pacíficos días en el noble y ceremonioso cargo de
-introductor de embajadores, y sustituyan a los ágapes conventuales los
-áulicos banquetes y al untoso «benedictine» el _toast_ bien recortado.
-
-Aunque Amado Nervo es mejicano, nada en él encontraréis de azteca.
-¿Os he dicho ya que se parece a Jesucristo? Mas ahora caigo en la
-cuenta de que os estoy hablando del Amado Nervo que yo he conocido hace
-algunos años en París, y cuyo busto, plasmado por el escultor Nava,
-su compatriota, figuró en uno de los salones. Sí, aquel Nervo tenía
-ciertamente una cara israelita y un aire nazareno. El de hoy, mutilado,
-pues estirpó su bella barba característica y apartó su amable aire de
-ensueño, es el que corresponde a las atenciones del protocolo y al
-diario contacto con su jefe, el notario mundano y distinguido señor de
-Beistegui, el mismo que regaló, si no me equivoco, al Museo del Louvre,
-de París, una famosa colección numismática.
-
-En París pasamos juntos días de ilusión y de alegría, pimentados con
-el poco de locura y capricho que los bizarros años y el medio nos
-exigían. Allí tuvimos ciertas relaciones extraordinarias, ciertos
-amigos fantásticos, entre ellos el pintor Henry de Groux, loco o genio;
-pero, desde luego, un tipo desconcertante; el cual nos fué presentado
-por otro personaje prodigioso, músico y ocultista, que tenía unas hijas
-encantadoras y nos leía unos alucinantes comentarios del Apocalipsis...
-Nervo ha hablado en alguno de sus libros, aunque someramente, de esos
-días incomprensibles. Nuestro contagio se extendió por el Barrio
-latino, adonde fuimos a perturbar la calma de unos cuantos pintores y
-escultores, compatriotas de Nervo y pensionados por su gobierno.
-
-¡Oh!, en diez años, ¡cómo ha cambiado el escenario y la corriente de
-nuestras vidas!
-
-Yo he admirado en Nervo siempre su amor de belleza, su culto misterioso
-de idealidad. El simbolismo influyó mucho en él. Después, libre su
-personalidad lírica, fué por todas partes en vuelo y en armonía.
-Tras largas complicaciones estéticas, ha llegado a uno de los puntos
-más difíciles y más elevados del alpinismo poético, a la planicie de
-la sencillez, que se encuentra entre picos muy altos y abismos muy
-profundos. Por todo esto, pues, sabéis ya, que Amado Nervo tiene mi
-amistad y mi admiración.
-
-Desde _Perlas negras_, desde _Místicas_, obras suyas primigenias,
-simpaticé con su suave ideología y con su culta sentimentalidad. Oí
-sus misas--misas rezadas--con fraternal devoción. Y al llegar a la
-República Argentina tuve el placer de ser el primero en dar a conocer a
-mis amigos intelectuales a aquel hermano que hacía cosas muy bellas en
-la tierra de Moctezuma.
-
- * * * * *
-
-Desde la publicación de sus primeros libros hasta el que acaba de
-aparecer, _En voz baja_, la evolución de Nervo ha sido variada, pero
-siguiendo siempre un solo rumbo. Ha sido un admirable sincero y por
-eso mismo es un admirable poeta. Luego, tiene una individualidad. Es
-de esos poetas privilegiados que ponen algo inconfundible en lo que
-producen. Para quien conozca su obra, una poesía de Nervo no necesita
-la firma. Además, es un poeta aristocrático, en el sentido original
-de la palabra. Su música es _di camera_. Ha cantado casi siempre
-«en voz baja». Condición excepcional esta en la sonante España y en
-nuestras Américas españolas, donde hay cada Stentor indígena y capa
-hombre-orquesta que ensordecen las ágoras. Así, de la risa diríase
-que no se oye en la producción de este lírico. A él se le ve sonreir,
-y, como de su tiempo, esa sonrisa es triste. Además él nos dirá en un
-dístico:
-
- El proverbio latino harta razón tenía:
- «Non est magnum ingenium sine melancholia.»
-
-El poeta verdadero vive de su propia meditación y la persecución de lo
-absoluto es causa de inenarrables angustias. Hay que hacerse un alma de
-notario o de _sportsman_ para librarse de las malas consecuencias que
-traen las incursiones y exploraciones dentro del propio espíritu. La
-diplomacia también es bastante para el caso.
-
-Nervo, entre sus primeros libros y el que está recién salido de la
-imprenta, ha convidado a los amadores de bellas flores artísticas, a
-la visión de muy bellos _Jardines_, decorados con los primores de su
-fantasía, y en donde cantan pájaros de encanto, exquisitas estrofas.
-También ha dado, en prosa, narraciones enigmáticas, entre ciencia y
-sueño: y ha demostrado un filosófico humor en páginas sencillas y
-excelentes.
-
-Nervo está en una edad que en Francia le colocaría entre los muy
-jóvenes academizables; pero que en Italia le condenaría a ser
-devorado por los futuristas del poeta Marinetti. Es célibe. Hombre
-tranquilidad, de orden, con instintos de coleccionista y ciertos
-gustos de abad. Ha sido pronto y justamente ascendido en la carrera que
-hoy sigue, probando que, como decía alguien, los poetas, además de los
-versos, hacen tan bien, o mejor que los otros hombres, lo que éstos
-hacen.
-
-Mas bueno será que os halaguen ya algunos sones del ideal instrumento
-que con tanto arte y sutil elegancia toca este músico singular.
-
-_En voz baja_ se compone de cuatro partes: la primera, que da el título
-a la colección: _La sombra del ala_, _Un libro amable_ y _Del éxodo y
-las flores del camino_. El poeta dedica el volumen a su madre:
-
- Madre: los muertos oyen mejor;
- ¡sonoridad celeste hay en su caja!
- A ti, pues, este libro de intimidad, de amor,
- de angustia y de misterio murmurado _en voz baja_.
-
-A una hermana espiritual expresa su deseo de poner en su obra,
-
- el alma triste, arcana,
- sutil y misteriosa
- que tienen los paisajes.
-
-Hay prosas y versos, diríamos en este caso recordando a Flaubert,
-que quisiéramos estrechar contra nuestro corazón. Nervo no es de los
-incontenibles; es de los concentradores, de los de calidad. Creo que el
-poema de más extensión que ha escrito es _La Hermana Agua_. El resto de
-su producción se cristaliza en gemas o se diluye en reducidos elixires.
-
-Aquí ya da una delicada nota de intimidad amorosa a una «cabecita
-rubia, nido de amor, rizado y sedeño»; o de otra dirá:
-
- ¡Es su faz un trasunto de ideal tan completo!
- ¡Son sus ojos azules de tan raro fulgor!
- Sella todos sus actos un divino secreto...
- ¡No le habléis de amor!
- ¡Es tan noble el prestigio de sus manos sutiles!
- ¡Es tan pálido el rosa de sus labios en flor!
- Hay en ella el misterio de los viejos marfiles...
- ¡No le habléis de amor!
- Tiene el vago embeleso de las damas de antaño,
- en los lienzos antiguos en que muere el color...
- ¡No turbéis el silencio de su espíritu huraño!
- ¡No le habléis de amor!
-
-Sus intimismos no tienen relación con los de otros poetas, como
-Rodenbach, por ejemplo. Su _Vieja llave_, hecha de manera tan
-moderna--¡y tan antigua!--es de una gracia melancólicamente doméstica y
-siendo tan personal, encuentra en el lector un eco de canción conocida
-y de algo sentido por uno mismo. Son las reminiscencias de las casas de
-los primeros años, saudades de tiempos ya lejanos que con su recuerdo
-traen al alma una vaga y sutil ternura. Y es algo criollo, algo
-americano y mansamente señorial al mismo tiempo.
-
- Esta llave cincelada
- que en un tiempo fué, colgada
- (del estrado á la cancela,
- de la despensa al granero)
- del llavero
- de la abuela,
- y en continuo repicar
- inundaba de rumores
- los vetustos corredores;
- esta llave cincelada,
- si no cierra ni abre nada,
- ¿para qué la he de guardar?
- Ya no existe el gran ropero,
- la gran arca se vendió;
- sola en un baúl de cuero,
- desprendida del llavero
- esta llave se quedó.
- Herrumbrosa, orinecida,
- como el metal de mi vida,
- como el hierro de mi fe,
- como mi querer de acero,
- esta llave sin llavero
- ¡nada es ya de lo que fué!
- Me parece un amuleto
- sin virtud y sin respeto;
- nada abre, no resuena...
- ¡Me parece un alma en pena!
- Pobre llave sin fortuna
- ... y sin dientes, como una
- vieja boca, si en mi hogar
- ya no cierras ni abres nada,
- pobre llave desdentada,
- ¿para qué te he de guardar?
- Sin embargo, tú sabías
- de las glorias de otros días:
- del mantón de seda fina
- que nos trajo de la China
- la gallarda, la ligera
- española nao fiera.
- Tú sabías de tibores
- donde pájaros y flores
- confundían sus colores;
- tú de lacas, de marfiles
- y de perfumes sutiles
- de otros tiempos, tu cautela
- conservaba la canela,
- el cacao, la vainilla,
- la suave mantequilla,
- los grandes quesos frescales
- y la miel de los panales,
- tentación del paladar;
- mas si hoy, abandonada,
- ya no cierras ni abres nada,
- pobre llave desdentada,
- ¿para que te he de guardar?
- Tu torcida arquitectura
- es la misma del portal
- de mi antigua casa oscura
- (¡que en un día de premura
- fué preciso vender mal!)
- Es la misma de la ufana
- y luminosa ventana
- donde Ines mi prima y yo
- nos dijimos tantas cosas,
- en las tardes misteriosas
- del buen tiempo que pasó.
- Me recuerdas mi morada,
- me retratas mi solar,
- mas si hoy, abandonada,
- ya no cierras ni abres nada,
- pobre llave desdentada,
- ¿para qué te he de guardar?
-
-Esto es delicioso, sencillo y fino. No puede haber expresión más
-transparente y simple. De más decir que al autor de tales versos se le
-señala y clasifica entre los llamados modernistas.
-
-En _Hojeando estampas viejas_ el lírico tiene la imprecisa sensación de
-una vida anterior, heroica y amorosa. En _Ruego_ pide a un _âme soeur_,
-como dicen los franceses, piedad y suavidad: en _Til qu'en songe_
-becqueriza a su modo.
-
-Expresa extraños sentires que le hacen dudar de si aun existe en este
-mundo. O recuerdos indefinidos:
-
- Es un vago recuerdo que me entristece
- y que luego en la noche desaparece;
- y que surge de un ignoto pasado,
- que viene de muy lejos y como muy cansado;
- que llega de las sombras de indefinido;
- un recuerdo de algo muy bello que se ha ido
- hace ya muchos siglos, ¡hace... como mil años!
- ¡Y tantas desesperanzas!
-
-Los alegres compadres protestan y se escandalizan. Es demasiada
-tristeza... ¿Qué les pasa a los poetas jóvenes de hoy, a los de la
-pasada y de la actual generación? ¿No hay cosas risueñas que contar?
-
-Y los inenarrables de siempre.--¡Cómo! ¡Un poeta americano que sigue
-las huellas de tales o cuales desconsolados europeos! ¿Y vuestros ríos
-que parecen mares? ¿Y vuestros bosques, y vuestros lagos, y la fecunda
-zona que el sol enamorado circunscribe? ¿Y los libertadores? ¿Y el
-oprobioso yugo y el león de España? ¿Y la virtud de vuestras matronas?
-¿Y la Patria, por fin? ¿Y la Patria?
-
-Muchas más interrogaciones hay que dejan estupefactos a los cisnes,
-bajo la sombra, no siquiera de Bonhomet, sino del convencido e inmortal
-farmacéutico. No, dicen los buenos gustadores, no hagamos caso de esas
-preguntas. En este bello breviario, una desolada y encanecida Bella
-del bosque durmiente, dice lo irreparable. Hay «languideza» en versos
-fatigados. ¿Quién dirá que no es hermosamente valiente y castizo ese
-romance que empieza:
-
- Clavó su castillo el conde
- en la roca más hostil
- del monte...;
-
-¿Y que no hay remembranzas de la pasada pasión, y cosas que habrían
-complacido a René y a Olimpio? ¡Un romántico! Sí. Nervo es un
-romántico. Un romántico del siglo XX. Esto no sienta mal, porque ya
-sabéis la opinión de Stendhal sobre el particular. Él se declaró
-romántico. Y, además, era cónsul.
-
-Saludemos, pues, a la señorita a quien en ese libro se le expresa:
-
- Angélica y Oriana;
- Melisandra y Cordelia,
- Margarita y Ofelia
- te llamarán hermana.
-
-A lo cual agrega el poeta fatal haciéndose el viejo:--¡No tanto, amigo
-mío, no tanto!
-
- ¡Oh! ¡que no pueda yo, señora mía,
- aguardar que el botón se vuelva rosa,
- embotando del tiempo que me acosa
- la tiranía!
-
-Toda esa _nonchalance_ impera en la primera parte del volumen. Cánticos
-discretos, breves en su mayor parte, a la sordina, «en voz baja».
-
-«La sombra del ala» debía estar bajo la invocación de Montaigne. Es un
-conjunto de variaciones sobre el «Que-sais-je?» eterno.
-
- ... Pero dí, ¿qué esfuerzo cabe
- en un alma sin bandera,
- que lleva por donde quiera
- su torturador? ¡quién sabe!
-
- * * *
-
- ¡Oh padre de los vivos! ¿a dónde van los muertos,
- a dónde van los muertos, Señor, a dónde van?
-
- * * *
-
- ¡Oh, buena hada! ¿tendrá Dios
- piedad de nosotros?
-
- * * *
-
-Mas, ya todos sabemos que el poeta puede cambiar con el instante,
-siendo su sucesión de impresiones y sensaciones a veces tan variadas
-como la naturaleza misma. De este modo, no causa extrañeza el paso de
-algunas horas sonrientes y de algunos momentos optimistas. Aprobad,
-pues, que por éstas, por aquellas razones diga el cantor en veces ¡está
-bien! Y pues llega «papá Enero», estos versos:
-
- Papá Enero, que tienes tratos
- con los hielos y con las nieves
- (y que sin embargo remueves
- el celo ardiente de los gatos),
- Guarda en tu frío protector
- el cuerpo y el ánima en flor
- de mi niña de ojos azules
- (en cuyas ropas y baúles
- hay castidades de alcanfor).
- Mantén sus ímpetus, esclavos,
- mantén heladas sus entrañas,
- (como los _fjords_ escandinavos
- en su anfiteatro de montañas).
- ¡Pon en su frente de azahares
- y en su mirar hondo y divino,
- remotos brillos estelares,
- quietud augusta de glaciares
- y claridad de lago alpino!
-
-Él vive la vida europea. Mas de pronto le asaltan los recuerdos de su
-tierra. Madrigaliza a una niña de dieciséis años. A su amigo el ex
-embajador Casasús, noble poeta, escríbele clásicamente:
-
- Libio, yo estoy prendado de tal modo
- de la naturaleza peregrina,
- que ansiando en mi amor loarlo todo,
- le grito ¡bis! al ruiseñor que trina,
- ¡olé a la onda que cuajó en espuma,
- y ¡hurra! al sol que calienta y que ilumina.
- ¡Gracias! digo al clavel que me perfuma
- o al lirio que brotó bajo mi planta,
- y ¡bravo! a la oropéndola que empluma.
-
-Y rima otras galanas palabras y casa otras lindas ideas, con una
-innegable maestría.
-
-«El éxodo y las flores del camino» es la parte de verso de un
-libro en verso y prosa publicado con ese título. Es un corto
-_reisebilder_. Notas de viaje, líricamente expuestas y rimadas,
-es su _Parcours du rêve au souvenir_; ¡pero bastante lejos de
-Montesquiou-Fézensac!--Irlanda, Londres, Bretaña; y París, y mujeres, y
-artistas; y otra vez París, y Flandes; y Lucerna, y Bohemia; e Italia y
-París; y mujeres; y arte; ¡y París y París!
-
- * * * * *
-
-¿Te acuerdas, mi querido colega, de aquella joven parisiense que en una
-comida de amigos, en su casa, te cantó unos versos hechos por ella, tan
-triste y tan dulcemente, versos de adiós? ¿Y que poco tiempo después
-se murió?... Aquella era una de tantas ilusiones de París. Ahora me he
-acordado de ella.
-
-
-
-
- La literatura en Centro América.
-
- EL POETA DE COSTA RICA
-
-
-Costa Rica tiene el espíritu más ordenado y pacífico de todas las cinco
-repúblicas de la América Central; Costa Rica tiene sangre gallega;
-Costa Rica tiene un notable diplomático en Europa que se llama el conde
-de Peralta; Costa Rica tiene el mejor teatro de aquellas regiones;
-Costa Rica tiene la corte suprema de justicia centroamericana en la
-ciudad de Cartago, y un edificio que le regala Carnegie; Costa Rica
-tiene un tranquilo pueblo de agricultores, y Costa Rica tiene un poeta.
-Tiene, es verdad, otros poetas, pero «su» poeta, el poeta nacional, el
-poeta regional, el poeta familiar se llama Aquileo J. Echeverría. Este
-poeta ha sido empleado público, militar, diplomático, periodista. Yo
-le he conocido hace ya muchos años, cuando era ayudante del presidente
-Cárdenas, de Nicaragua. En Wáshington, donde perteneció a la Legación
-de su país, fué íntimo amigo de un distinguido argentino, el señor
-Attwell. Ha gustado siempre de la vida social y no ha andado muchas
-veces lejos de la vida del país de Bohemia. Su indestructible pasión
-fueron las amables musas. Después de errar en varias repúblicas
-centroamericanas, retornó a su país y se casó, y, como en los
-cuentos, tuvo muchos hijos. Su carácter, siempre jovial, siempre
-alegre, se opuso a los persistentes golpes de la mala suerte. Sus
-dones intelectuales se fueron aquilatando con los años, pero el hada
-Carabosse que, como es costumbre había aparecido ante su cuna en los
-instantes en que otras hadas buenas le dotaban con muchas cosas buenas,
-le hizo el poco grato obsequio de la mala salud. Y he aquí por qué,
-cuando escribo estas líneas, se encuentra el poeta de Costa Rica en un
-Sanatorio de Barcelona. Ha venido a Europa por una disposición especial
-del Congreso de su país, en la cual, como sucede siempre en esos casos,
-se hace saber oficialmente y sin eufemismos, que es poeta y que es
-pobre. Desde su lecho de enfermo, prepara en la ciudad Condal una nueva
-edición de sus versos el sentimental e ingenioso autor de _Concherías_.
-
- * * * * *
-
-¿Qué significa la palabra conchería? El distinguido escritor
-costarriqueño, señor Brenes Mesén, nos lo explicará: «Aunque la palabra
-«conchería» es bien inteligible para los nacionales, no estará demás
-indicar que en Costa Rica, de unos ocho años para acá, se llama
-«concho» al campesino, al aldeano. Por lo tanto, una conchería es una
-acción, o una expresión propia de un campesino». Habla el poeta la
-lengua de los hombres rurales de su tierra. Una ráfaga del aire que
-acarició las melenas de Martín Fierro o de Santos Vega ha pasado por
-allá. El canto brota del terruño como las flores y frutos autóctonos.
-Demás decir que Echeverría no ha tenido nada que ver con princesas
-propias o ajenas; no ha contribuído a hacer odioso el alejandrino, no
-ha tenido jamás ningún rastacuerismo lírico, ni se cree un pistonudo
-genio. Tiene--¡ah, tener eso todavía, Dios mío!--tiene un corazón. Un
-corazón armonioso, sensible y lleno de alegría y de ternura. Ha sufrido
-las terribleces de la escasez y está padeciendo las amarguras de la
-enfermedad y, sin embargo, no hay en él un solo instante de pesimismo
-y, como buen pájaro natural, dice su decir rítmico celebrando las cosas
-lindas de la vida y despertando la sonrisa en los labios de los que
-escuchan su música jovial.
-
-En pocas palabras sintetiza su valor uno de sus amigos, Antonio
-Zambrana: «No padeciendo o afectando enfermedades forasteras, no
-enclenque y canija, no vistiendo trapos de París manchados de vino,
-sino fresca y colorada, la musa de Aquileo nació en Cot, o en Barba;
-sobre eso puede haber disputa, y es muchacha alegre, honrada, si ligera
-de lengua, de muchas libras de peso. Aquí tienes, amigo lector, algo,
-no sólo de la raza, sino de la tierra, algo genuino, espontáneo y sin
-careta, hombre que a otros no les empresta la lira, contentándose a
-veces, para su música, con una flauta de caña hueca, pero hecha por
-él del material de nuestros bosques. Imaginación traviesa, pero que
-sabe ponerse seria si conviene; ingenio peregrino, verbo sonoro y
-abundante, hay uvas de lo mejor de Andalucía y naranjas de aquí, con
-semilla de Valencia, en el plato que te presento; regala tu paladar
-y sé agradecido». Sí puro, espontáneo; ciertamente, conténtase a
-veces para su música con una flauta de caña hueca hecha por él del
-material de nuestros bosques. Pan hacía lo mismo, dirá él. Su verso
-es bien modulado, y aunque diga cosas de la patria nativa, demuestra
-su descendencia clásica, la fuente original de donde ha fluído el
-admirable y bien sonante romancero castellano.
-
-Echeverría habla bien su lengua patriótica. Para Rafael Obligado sería
-el numen de Aquileo simpático como su apellido. Y yo aprovecho la
-ocasión para declarar cuánto me encantan los poetas que, como el árbol
-de su floresta, dan la flor propia. Mi vida errante explicaría mi
-cosmopolitismo de antaño y mi exotismo el ansia de lo deseado.
-
-Otro escritor, compatriota de Echeverría, dice: «Quien conozca nuestro
-pueblo y su lenguaje expresivo y sencillo; quien haya vivido nuestra
-vida y fortalecido el cuerpo enfermo con las emanaciones suaves de
-esta tierra; quien haya puesto su alma en contacto con esta naturaleza
-soberbiamente prolífica, tranquila y bella, no dejará de leer con
-amor los versos de este libro, porque de todos se desprende el vaho
-fortificante de nuestro suelo». Así ha sucedido, pues ningún otro
-poeta en Costa Rica tiene, como él, ni tantos lectores, ni tantos
-afectos conquistados.
-
- * * * * *
-
-Yo conozco la tierra de Echeverría. Los campos son fecundos y risueños.
-Si en las costas quema la furia solar del trópico, en el interior el
-clima es fresco y la vida apacible. Los campesinos tienen casi todos
-tipos europeos. En montes y campañas podréis hallar incultas bellezas,
-de hermosos rostros y voluptuosos cuerpos. Si he visto en San José,
-la capital, damas incomparables y mozas de la cofradía del diablo
-que en París hubieran sido unas bellas Oteros, pude admirar en mis
-excursiones mujeres e hijas de agricultores y carreteros, el rosado pie
-descalzo y la cabellera al aire, y para galantear a las cuales habría
-yo solicitado de mi amigo Aquileo algunas de sus gratas concherías. ¡Su
-musa lo sabe decir con tanta gracia y donaire! Su musa: hela aquí tal
-como él la pinta.
-
- Mi musa es joven y ardiente,
- morena, de erguido seno,
- boca sensual y más roja
- que las bayas del cafeto;
- blanca y firme dentadura,
- que es albo nido de besos;
- ojos grandes y expresivos,
- dulces, brillantes, serenos.
- Una espalda tentadora,
- mórbida como su cuello,
- unos brazos que si abrazan
- es difícil salir de ellos.
- Corre por su cuerpo criollo
- la roja sangre del pueblo,
- fresas fingiendo en su boca,
- rosas en su cutis terso
- y en la gloria de sus ojos
- cálido fulgor de incendio.
- Canta a mi patria adorada,
- canta a mi ubérrimo suelo,
- a mis floridos rosales,
- a mis frondosos cafetos,
- al mozo fuerte y honrado,
- alegre, bueno y sincero,
- a la moza de alma blanda
- y de durísimo seno,
- a nuestras altas montañas,
- a nuestros valles risueños,
- a nuestra tierra fecunda,
- a nuestro límpido cielo.
- Que no brinda en copa de oro,
- sino en los cálices bellos
- que le ofrecen los claveles,
- ya de nieve, ya de fuego,
- que embalsaman con su aroma
- mi apacible y caro huerto.
-
-Desde luego, no estamos aún escuchando la parla de los conchos.
-
-Ese romance revela su origen castizo y suena a España. Lo propio que
-cuando dice sentires de hogar y casa paterna, o cuando planta un tipo
-netamente popular costarriqueño al modo con que los maestros españoles
-nos han dejado la figura de los jaques andaluces o de los chulos
-madrileños. ¿Qué deciros si hasta, de pronto, aparece el recuerdo del
-sencillo helenismo de aquel honesto don Juan Meléndez Valdés?
-
- Es Clori, la esposa
- del Céfiro amante...
-
-Ni las anacreónticas ni los romancillos son del poeta que he querido
-hoy celebrar, sino las gallardas, las nativas, las sabrosas concherías,
-en las que se encuentran, según las palabras del ya citado señor Brenes
-Mesén, «aliento fresco de los montes, respiración sana de terneras al
-levantarse la aurora, risas del campo cortando la tranquilidad de las
-horas...» Los usos y las costumbres del buen pueblo de Costa Rica, sus
-preocupaciones y sus supersticiones, algunas heredadas de los tiempos
-coloniales, sus maneras de divertirse, de enamorar, de pelear, sus
-duelos y sus negocios, todo dicho con sus provincialismos, con sus
-giros antigramaticales, pero semejantes a los de algunas regiones
-de España, todo ello se encuentra en los versos de Echeverría. El
-señor Brenes Mesén considera eso de importancia para los filólogos
-extranjeros. «No se le da bien disecado en su diccionario, sino
-viviente, tibio, como si se tomase de los labios mismos del pueblo».
-La transcripción se ajusta, tanto como es posible, para no chocar
-demasiado con los hábitos existentes a la verdadera pronunciación
-popular. Allí está justamente su importancia. Las palabras que
-los gramáticos han condenado como impropias, son, con frecuencia,
-arcaísmos, y en todo caso se nos ofrece la oportunidad de ver que las
-leyes fonéticas que presidieron a la formación de la lengua castellana,
-siguen ejercitando su influencia a través de la distancia y los siglos.
-
-Si desde la época anticlásica vemos que la _r_ final de los infinitivos
-se asimila a la _l_ delante de los subfijos, y así lo observamos en
-_Concherías_, necesario será concluir que la vida de nuestra lengua
-posee una pujanza extraordinaria, y que allí donde se encuentra la
-libertad de hacerlo, se desarrolla tan fuerte como en los primeros años
-de su aparición en la Península ibérica. Entre vocales, la síncopa de
-la _d_ fué ley constante, y así subsiste en nuestro lenguaje popular,
-que la suprime indefectiblemente en los participios de la primera
-conjugación. La elisión de la _o_ y de la _e_ delante de palabras que
-principian por vocal, también la observaron los castellanos y es ley
-dominante en la lengua «tica» y americana en general. Ticos se llama
-en Centro América a los habitantes de Costa Rica. Desde luego, demás
-está decir que para comprender algunas de las poesías de Echeverría se
-necesita un vocabulario especial, como sucede en casos semejantes, así
-sea un soneto de Pascarella, un Poema de Jehan Rictus, una página de
-Bill Nay o de Fray Mocho.
-
-Veamos algunos ejemplos. Transcribiré el romance titulado _Un hermano_:
-
- Bajo un mango corpulento,
- y tendidos en la yerba,
- junto a los bueyes que echados
- perezosamente cenan,
- están varios carreteros
- alrededor de una hoguera,
- que olla de hierro corona
- montada sobre unas piedras,
- y dentro la cual retozan
- en el caldo que espumea,
- ya las papas esponjadas,
- ya el dominico de seda,
- la blanca yuca de nieve,
- la carne de rojas hebras;
- el tiquisque delicado
- asoma su faz morena,
- o se presenta el avote
- en forma de barquichuela
- y con la cara encendida,
- que está muerto de vergüenza
- por ser primo del zapallo,
- que es la verdura más fea;
- el chavote su espinosa
- y verde capota ostenta,
- entre raíces y ñames,
- camotes y berenjenas.
- De cuando en cuando se asoman
- algunas palabra feas,
- es decir, que varios ajos
- suelen sacar la cabeza,
- y todo ello confundido
- en una igualdad perfecta,
- en que todo sabe a todo
- y huele de igual manera:
- especie de democracia
- que sus doctrinas condensa
- dentro la olla de fierro
- que sobre robustas piedras
- al beso de alegres llamas
- canta, llora y burbujea,
- vigilada por los mozos
- que de bruces en la yerba
- aguardan pacientemente
- que se cocine la cena.
- Algunas tortillas fiambres
- que han adquirido dureza
- junto a los tres tinamastes
- que hacen escolta a la hoguera,
- son retiradas, pues Marcos
- dice que le olen a buenas,
- y «quel pel» está seguro
- que está cocida la cena.
- Con dos sacos de gangoche
- quitan la olla y se la llevan
- a la orilla de un arroyo
- que corre por allí cerca.
- Después arriman los yugos
- y muy alegres se sientan:
- dan dos besos cariñosos
- a sus chulas, las botellas,
- que en el amplio vientre guardan
- el contrabando, o el «nétar»,
- con que el Supremo Gobierno
- explota al par que envenena.
- --Échate un cuento, Milquiades.
- --O una historia verdadera.
- --Que les cuente Sinforoso
- lo que le pasó en Atenas,
- --¡Que lo cuente!
- --¡Sí! ¡Contalo!
- --Miren qué cosa tan fea.
- Hará tres años descasos
- que me hablaron en Heredia
- pa ver si jalaba un flete
- pal puerto de Puntarenas.
- Yo puse mis condiciones,
- y después de algunas negas
- entre si tanto, sin cuanto,
- convenimos en lo quiera.
- Ya esos güeyes eran míos,
- pero no tenía carreta.
- Los Arias me consiguieron
- lo que fué de Chico Cerdas.
- Salimos como a las doce,
- sestiamos en Alajuela;
- al llegar a Los Horcones
- ya estaba la luna puesta,
- y resolvimos quedalos
- pa que los güeyes comieran.
- --Muchachos--dijo Damián--
- mientras se cuece la sena
- ¿por qué no v'alguno atrese
- un trago de guaro Atenas?
- --Yo voy, le dije.
- --Está bueno.
- --Treme un diacuatro de breba.
- --A mí dos riales de puros.
- --Pa yo una vara de mecha.--
- Me puse la alforja al hombro
- y descolgué una linterna,
- y me tercié a la cintura
- por si acaso, la cruceta.
- Después de dale a los caites
- entré por último a Atenas,
- merqué todos los encargos;
- y viniendo ya de vuelta,
- comencé a sentir un tufo
- como a la moda de mecha;
- un tufo que no cesaba
- por más y más que anduviera.
- Me entró cierto recelillo;
- pero voltié la cabeza
- y nada vi, sólo el humo
- que dejaba la linterna.
- De pronto se oyó un chirrido,
- me puse a parar la oreja,
- y vide que en el camino
- sola andaba una carreta,
- sin ninguno que la guiara,
- y sin güeyes ni compuertas;
- y en el centro, en un atául,
- el cuerpo de Chico Cerdas.
- Eché mano a la cutacha
- y me amparé de la cerca,
- ise como cuatro cruces,
- por supuesto con l'izquierda.
- --«Hermano--me dijo Chico--
- yo debo algunas promesas...»
- A mí se me jué el resuello,
- me se aflojaron las piernas,
- me sucedió una desgracia,
- me se adormeció la lengua.
- Me encomendó a las tres Dulces
- y a la virgen Margalena,
- y le dije como pude:
- --«¡Decí... lo... que... te... se... ofrezca!»
- Se sentó dentro el atául
- (caramba que pestilencia,
- iedor a recién casada,
- o como a letrina vieja,
- o como a güevos podridos,
- o como a nido de perra).
- --«Le debo--dijo el difunto,
- después de hacer unas muecas--
- le debo a Concho Paniagua
- tres pesos de una rialera,
- a «mano» Froilán, seis reales;
- a San Roque, una novena;
- a Chico Antillón, dos pesos,
- de un muerto que alcé en su mesa.
- Deciles a las muchachas
- que a vos te doy la ternera,
- y el armario con el baúl,
- y mi cama y mi cruceta.»
- Después se despareció
- el fantasma y la carreta.
- A yo me hallaron trabao
- a la orilla de la cerca.
- Estuve dundo de viaje
- más de una semana entera;
- iba a andar y no podía,
- iba a explicarme y la mesma,
- hasta que mano Froilano
- me aconsejó que me juera
- a contale al Padre Chico
- ce por be la contingencia;
- me llevaron, le conté,
- y se puso hecho una fiera;
- sólo le faltó mentame
- la mama dentro la iglesia;
- me puso como un petate.
- Enainiticas me pega
- y me llamó fariseo,
- mentiroso y poca pena;
- ¡pero, hombre! al rato ya estaba
- sano de pieses y lengua.
- --¡Ese jué milagro grande!
- --¡Un milagro de de veras!
- --¿Y los puros?
- --¡Pero ni uno!
- --¿Y la cusasa?
- --¡Ni señas!
- --¿Se la atoyaría el dijunto?
- --¡Puede ser que asina juera!
- --¡Ja! ¡ja! ¡ja!
- --¿De que te ríes?...
- --Estoy pensando en la mecha.
- ¿La mecha sí pareció?...
- --¡Sin que le faltara una hebra!
- --¿Pa qué te la dejaría?
- --Yo me figuro que juera
- pa enrollásela en el güecho
- ¡a la sonta de tu abuela!
-
-¿Decidme si en lo que comprendéis de esta relación y de esos diálogos,
-al lado de algún baturro, gallego o andaluz, no percibís la taimadez
-y la picardía gauchescas, que el argentino Álvarez y otros han hecho
-perdurar aun después de la casi desaparición del gaucho? Hay otras
-poesías de Aquileo Echeverría en que eso se demuestra más claramente, y
-ello podrá comprobarlo quien lea su ameno libro.
-
-Yo debo declarar que si en sus poesías de sentimiento me conmueve
-tanto como el murciano Vicente Medina--a quien tan admirablemente ha
-seguido una poetisa, también de Costa Rica, cuyo nombre no recuerdo
-en estos momentos--en los cuentos y descripciones criollas, aun en los
-que casi se dirían trabajos de _folk-lorista_, me perfuma y melifica
-el humor, me brinda el impagable regalo de la risa, de la honradez
-literaria, después de soportar tanta imitación desatentada, tanto
-pseudo modernismo, tanta farsa intelectual como los que han invadido
-la literatura española e hispanoamericana al amparo de la libertad del
-Arte y de la sinceridad y noble entusiasmo de los iniciadores.
-
-
-
-
- O poesía asturiana.
-
-
-Los poetas de Asturias, esto es, los poetas que escriben en asturiano
-y los que escriben o escribieron en castellano, son poetas castellanos
-o españoles. Los dialectales hablan la lengua del terruño, expresan el
-alma popular, tienen un noble abolengo que se arraiga en un recóndito
-pasado. Tal pensaba leyendo, en la playa cantábrica, la antología de
-Caveda y Canella Secades, y en algunos periódicos locales, poesías de
-los poetas que cantan ahora.
-
-Es el lenguaje armonioso y sonoro como la antigua fabla, con la cual
-tiene más que semejanzas. No sin razón la tenía en tanto precio aquel
-gran asturiano que se llamó don Gaspar Melchor de Jovellanos, que
-escribió una notable instrucción para la formación de un _Diccionario
-bable_, que puede leerse en la colección de sus obras, publicadas e
-inéditas, de la biblioteca de Rivadeneyra.
-
-En la antología que he citado hay poesías de autores de pasados tiempos
-y cantares anónimos, de esos que en todas partes brotan del corazón
-popular y circulan de boca en boca, sin que se sepa quién los compuso.
-
-Don Antonio González Reguera fué un discreto y muy gracioso rimador
-de Asturias, que nació a principios del siglo XVII, y del cual se
-conservan algunas producciones. El romance que trata del pleito entre
-Oviedo y Mérida sobre la posesión de las cenizas de Santa Eulalia, es
-muy gentil y de un sabor de época verdaderamente propio. Es la poesía
-más en dialecto asturiano que se conoce:
-
- Cuando ensamen les abeyes
- y posen de flor en flor,
- si les escurren s'espanten
- vanse y non facen llabor,
- dexando el caxello vieyo
- pa buscar otro meyor.
- Sant'Olalla fó l'abeya
- que de Mérida ensamó,
- enfadada q'adorasen
- les fegures de llatón.
- Entoncies el rey don Gil
- andaba en guerra feroz
- con los moros que quería
- encabezase en Lleón.
- Permitiólo aquesta santa
- que les victories i dió,
- matanza faciendo vi ellos
- fasta q'en Mérida entró.
- Llegó al pueblo d'esta ñeña
- que temblaba de pavor,
- y esconfiaba de so cutre
- solliviada de temor.
- Cutieron los santos güesos
- viendo que s'arrodiyó;
- si estovieren más carnudos
- saldrín fei acatación.
- Trúxoles el rey piadosu,
- de llacería los sacó,
- y metiólos per Uviedo
- con gaites e procesión.
- Mérida diz que i tornen
- esta prenda que i faltó;
- diga ella que quier ise
- y aun con eso... quiera Dios.
- Si quieren que la llarguemos
- páguennos la devoción
- ansí de los que finaron
- como de los q'ora son.
- Díguenlo al Santo Sudario
- ver quiciás si da razón,
- pos non tien utro cuidado
- el Señor San Salvador.
- ¿Quián ora i lo mandará?
- bien s'echa de ver que nos:
- si nos lleven esta santa
- no hay más d'arrimar la foz.
- Dirán ellos:--«Morrió acá»;
- diremos nos:--«Non morrió,
- q'está viva par'Asturies,
- si está muerta para vos».
- Y aunque la lleven, m'obligo
- que se torna per ú fó,
- porque dexa conocidos
- y gran comunicación.
- Si por amor d'esta santa
- Extremadura llibró
- el Principado heredero
- puede ir tomar posesión.
- Ella está muy bien acá,
- l'otro vaya per ú fó,
- porque están de nuestro llado
- l'obispo y gobernador.
- Nosotros los de Capote,
- cual con un ral, cual con dos
- seguiremos iste pleito
- fasta llevalo ente Dios.
-
-Es la antigua voz de este pueblo. Supongo que la habréis comprendido
-los que podéis leer a Berceo y a Segura; si no, vaya en obsequio a los
-asturianos del Río de la Plata que me leen.
-
-Del mismo autor de ese romance se conservan algunas composiciones de
-asuntos clásicos, hechas de manera burlesca, como fué uso entre ciertos
-humanistas de buen humor.
-
-Así _Dido y Eneas_ y _Hero y Leandro_. Solamente que algunos copiantes
-desfiguraron los versos originales, según dice el canónigo Posada,
-«ora por los que no entienden el bable, o ya por escrupulosos y
-timoratos, que los castraron de palabras y expresiones menos decentes
-y sustituyeron en su lugar otras y hasta octavas enteras». Temblemos
-pensando en cómo hubiera quedado la obra del Arcipreste de Hita si
-otros copiantes le aplican semejante castración. No obstante, en lo que
-queda de González Reguera, las sales y picantes no faltan. Así en _Hero
-y Leandro_ hay octavas como ésta:
-
- Mató ansí cinco toros y acabóse
- la fiesta sin facer seña nenguna.
- Baxó la ñeña y el galán posóse,
- y acompañóla por probar fortuna;
- yo pienso q'ella, p'hácia sí folgóse
- de bella cavo si, que no hay delguna
- si quier bien, q'a les dures o apretades,
- non i ximielguen lluigo les corades.
-
-Hay un don Francisco Bernaldo de Quirós y Benavides, de quien se tienen
-pocos datos biográficos, pero del cual se sabe que «perteneció a la
-noble Casa de Quirós después que don Francisco Bernaldo de Quirós,
-décimoquinto descendiente del fundador, casó con doña Jerónima Bernaldo
-de Quirós y Benavides, llevando los sucesores desde entonces este
-último apellido a continuación del de Quirós». Del don Francisco
-poeta es un romance que califican los antólogos de «precioso romance
-jocoserio, acabado modelo descriptivo, donde compiten a porfía el fácil
-poeta y el consumado jinete». Vale decir que nos las habremos con un
-antiguo _sportsman_:
-
- Señor don Pedro Solís,
- el que tien e'nes corades
- un macón de sacaberes
- y un camberu d'allacranes;
- el de Mayuelu con zunes,
- si non quier que i lo llame
- pieza de Baldeburón
- que sal bien, pero ye tarde;
- alferi mayor d'Ubiedo
- q'anque pese a quien pesare,
- puede meterse a conceyu
- sin quitar les sos polaines.
- Sepia so mercé q'agora
- que han de fer en todes partes
- al mayorazu d'Asturies
- xuramentos prencipales,
- se m'ofrez el pronponei
- un truecu para que saque
- un bon rocín ne los díes
- que ñarbole l'estandarte.
-
-Para comprender ciertas alusiones son precisas notas, y además os
-haré gracia de más copia, puesto que no estáis como yo en este buen
-suelo asturiano, en donde hay tan gallardas muchachas que hablan su
-viejo dialecto, y alegres gaitas, y mar soberbio, y sidra que hay que
-saber «espalmar», como lo hacen los joviales visitantes que vienen a
-merendar al amor del azul y de la marina espuma. No os hablaré, pues,
-sino de paso, de los viejos cantores, como cierto impagable don Antonio
-Baldivares y Argüelles, festivo--¡todos festivos!--y de quien se
-cuenta que fué «de carácter alegre, jovialísimo y propenso a bromas y
-ejercicios divertidos, demostrando un buen humor que no abandonó hasta
-los últimos momentos». O del latinista don Bruno Fernández Cepeda,
-también regocijado, con todo y ser dómine, o por lo mismo, y que dice
-en uno de sus romances:
-
- Entra el potrumedicatu
- con sos paxes y corchetes,
- y, echándose sobre min
- com'unes utres famientes,
- desalforxando sos chismes
- entre dimes y diretes,
- me esfarrapen a sangríes,
- me destocinen a friegues,
- me chamusquen con ventoses,
- con baños me despelleyen,
- con xiringanzos m'esfonden,
- con supedanios me tueyen,
- con agües me desbauticen,
- con untures me esfelpeyen,
- con emplastos me taracen,
- con gataplasmes me afrellen,
- con parches me destapinen,
- con cantárigues me esfuellen.
-
-O bien doña Josefa Jovellanos, hermana del famoso don Gaspar, y la
-cual, aunque grave y devota, como que se metió monja, no demuestra en
-sus versos sino un natural risueño y poco dado a melancolías. Y luego
-don José Caveda, varón sabio que sentimentalizó en tales o cuales
-versos, sin que abandone la tradición jocosa del país; y los anónimos,
-en fin, como el autor del poema _La Judith_, o los de tantos cantares
-como éstos:
-
- En Candas hay bones moces,
- en Avilés la flor d'elles,
- en Luanco mielgues curades
- y en Xixón paraxismeres.
-
-Y los que dicen la historia de Maruxiña, la historia eterna de todas
-partes:
-
- Ay, Maruxiña,
- la barriga duelte;
- por so les faldes
- coxiste la muerte.
- Ay, Maruxiña,
- tu fusti a los figos,
- fusti muy tardi
- y ya estaban coídos.
- Ay, Maruxiña,
- tu fusti a los prumos,
- fusti tempranu,
- no estaben maduros.
- Ay, Maruxiña,
- del pie delicau,
- ¿quién te mandó
- reblincar en mío'prau?
-
-Y algunos de muy ingenua y práctica filosofía popular:
-
- Quixe casame contigo,
- y eché lleña en to portal,
- dácame acá la mió lleña,
- que non me quiero casar.
- El que sabe como files
- y cómo quiés tú coser,
- primero va pa'l'hespicin
- que te escuya por muyer.
- El cura del mió lugar
- ye prontu pa recibir
- y muy tardío pa dar.
-
-Actualmente hay varios tocadores de lira que lo hacen con bastante
-bizarría y donaire, tales Bernardo Acevedo, y un cierto Marcos
-del Forniello, y, sobre todo, un famoso Pepín Quevedo, orgullo de
-estos contornos. Todos ellos sostienen las tradicionales maneras de
-humorismo y de gracia, y Pepín Quevedo--apellido obliga--es el aeda
-representativo de tan envidiable ecuanimidad. De él hace un su colega
-el más halagador retrato en unos versos que, entre otras cosas, dicen:
-
- Como amigo, y'un amigo
- sin trastienda ni trasiego;
- com'home, pa la muyer,
- dulce como'l carambelo;
- como padre, y'un padrazo
- que reblinca co los neños;
- y como poeta'n bable...
- ¡Contra! ¡Me valga San Pedro!
- ¡me caso'n Xudas, recongrio!
- non y'un home, y'un xilguero!
-
-Y como habrá que citaros algo de Pepín Quevedo que garantice la fama de
-su buen humor y de sus sales poéticas, he aquí algunos de los que él
-llama _Cantares estropiaos_.
-
- «Al pie de un árbol sin fruto
- me puse a considerar.»
- Que le home que sal borrico
- non lo puede remediar.
- «A la luna pregunté
- si era pura la que amaba»...
- La lluna, naturalmente,
- non arrespondió palabra.
- «Por San Juan hizo un año
- que te quería»...
- Triste cascabelera,
- conque ahora... infla.
- «Los pajarillos y yo
- nos levantamos a un tiempo»...
- Ellos a comeme'l trigo,
- yo a trabayar com'un negro.
-
-Y vayan todas estas cosas, como he dicho antes, para los asturianos del
-Río de la Plata, que encontrarán en ellas el eco de su Cantábrico, la
-sonrisa de sus hermosas mujeres y el perfume del oro claro e hirviente
-de la sidra.
-
-
-
-
- Prólogo que es página de vida.
-
-
- I
-
-Estas líneas, que sirven de prólogo a la producción literaria del
-doctor Luis H. Debayle, puede decirse que constituyen una página de
-mi vida. O más bien dos páginas: una de primavera y otra de otoño,
-ambas perfumadas por nuestras esencias de Nicaragua, de flores de
-jardines domésticos, rosas, azucenas, «mapolas» u orquídeas del bosque
-intrincado.
-
-Pues mi conocimiento con este querido sabio armonioso viene desde la
-infancia, allá en la centroamericana ciudad de León. Allí tenía yo
-un primo que reunía en fiestas dominicales a niños amigos, entre los
-cuales Debayle y yo. ¡Oh la casa de mi tía Rita, en que la fatalidad se
-descargó un día!--¿justa o injustamente? ¡Dios lo sabe!--, y aquellos
-bailes de adolescentes, al son del piano, y los cuales solía perturbar,
-regocijar o asustar la aparición de dos enanos velazquinos que mi tía
-albergaba en su casa... Exactamente como en el Museo del Prado y como
-en la Historia.
-
-Alegremente seriecitos nuestros bailes--trece, catorce, quince años
-el que más de nosotros--. Mi primo tenía «haciendas» de ganado y de
-caña de azúcar y su padre era cónsul. Otros eran hijos de médicos, de
-abogados, de gente excelente del Municipio. Luis Debayle presentaba
-muchas ventajas: tenía un bello tipo, era francés, y su padre, cuyos
-ojos azules reflejaban empresas de Lally-Tollendal y la Compañía de
-Indias, que habrían deleitado a Francis Jammes, hacía cargar en los
-puertos que dejaron los viejos españoles bergantines con la bandera de
-Francia, que traían a Europa maderas olorosas y de tinte, rojas como
-el Brasil y amarillas como la mora. Pero entre todos los adolescentes
-que danzábamos mazurcas y polcas con las niñas, era yo el que hacía
-versos. Ello me creaba la extraña, pero innegable superioridad que
-tienen el arzobispo, el ruiseñor, el torero y el pavo real. Como me
-comprenden ellos bien, ni el arzobispo ni el ruiseñor tomarán a mal
-lo promiscuo. Ya se entenderá que yo, que veía en Luis Debayle el
-hijo de un realizador de ensueños que había sorprendido en tal cual
-almanaque, y él, que me confiara desde luego su amor a la música,
-hiciésemos en seguida una gentil unión de cariño. En casa de Debayle,
-a poco tiempo de nuestra primera intimidad, bajo la complacencia
-maternal, fraternizábamos furiosamente en el acordeón. Por lo que a mí
-toca, _hoc era in votis_, y he aquí por qué aun estoy y estaré siempre
-enredado entre los profusos y dificultosos para la marcha en el mundo
-de laureles apolíneos.
-
-
- II
-
-Fué, pues, Luis Debayle uno de mis primeros compañeros de armonía. Así
-en acordeón, cielo azul, u órgano en la iglesia de la Recolección,
-de los jesuítas. O en San Ramón, donde tanto él como yo y tantos
-otros ostentamos en el pecho la cinta azul y la medalla de oro de los
-congregantes:
-
- Oh María,
- madre mía,
- dulce encanto
- del mortal...
-
-dirigidos y acariciados por un padre Tortolini, anciano, un padre
-Valenzuela, poeta de Colombia, un padre Koning, sabio astrónomo, un
-padre Juinguito, hoy obispo de Panamá... Y lo que he perdido en el
-recuerdo...
-
-Hay muchas lagunas en este largo poema de tiempo en donde cantan tantas
-elegías... Mas es el caso que Luis Debayle y yo simpatizábamos en el
-amor de la lira y que ya él empezó a quererme como un hermano y yo a
-corresponderle de igual manera. Hasta donde me era posible, ¡helas!,
-pues el primero, que tenía haciendas y bufones le quería también como
-un hermano, y a pesar de mi ventaja poética, la competencia no era
-posible. Solamente la gran Hoz pone todo en su punto de justicia.
-
-La verdad es que, poco tiempo después, yo me eclipsé, o más bien no
-aparecí literariamente, pues las odas y las cantatas de los padres
-hacían otros privilegiados, entre los cuales ese buen talento tan
-práctico y tan literario y tan sentimental de Román Mayorga Rivas que,
-comprendedor de su tiempo y de su misión, es hoy director del primer
-diario a la yanqui de la República del Salvador. ¡Y todavía Francis
-Jammes!
-
-Entre estas memorias, que yo pongo aquí:
-
-(Este ramo de ciprés para Mercedes, y este otro ramo de ciprés, con una
-rosa blanca, para Narcisa.)
-
-
- III
-
-Aquí no debía faltar que yo hablase de don Juan Pallais, uno de los
-tíos Pallais, de Luis de Bayle, hermano de su madre, afianzándose así
-el predominio de la sangre francesa. Y mi gratitud debe expresarse en
-memoria de quien fuera mi iniciador en la guía gala y la golosina,
-siendo como era aquel buen caballero _gourmand gourmet_. Y qué
-capítulo por escribir el de la cocina nicaragüense, que viene de
-seguro de aquellos platos profusos y maravillosos que se hacía servir
-el emperador mejicano Moctezuma y de los que hablan Cortés, Gomara y
-Bernal Díaz.
-
-Mas llega el instante en que, en revistas ínfimas y precarias, en un
-medio primitivo, los jovencitos tentados por el demonio literario
-que era entonces ángel jesuíta, diéramos al viento sendas silvas a
-la clásica, naturalmente dirigidas al Mar, al Sol o la Virgen María.
-Y Luis Debayle realizó entonces tales o cuales lanzamientos líricos,
-más o menos divino Herrera o humano Alberto de Lista, que hoy mismo
-pueden sin desdoro figurar entre sus producciones rimadas. He de
-insistir siempre en que los padres de la Compañía de Jesús fueron los
-principales promotores de una cultura que, no por ser, si se quiere,
-conservadora, deja de hacer falta en los programas de enseñanza
-actuales. Por lo menos conocíamos nuestros clásicos y cogíamos al pasar
-una que otra espiga de latín y aun de griego. Jóvenes nicaragüenses de
-ese tiempo hay hoy, que, según tengo entendido, son hasta obispos y
-profesores en lejanas regiones.
-
-El tiempo pasó. Yo partí, aun en la adolescencia, de mi tierra. Debayle
-supe entonces que había ido a París a estudiar medicina. ¡A París! A su
-dulce Francia, en que tanto él como yo soñábamos después de desleir en
-el fuelle armónico y viajero alegres marianinas, romanzas sentimentales
-o sones aprendidos de los marineros de Corinto o del estero Real.
-
-Cuando partió Debayle escribió una página cordial en que junta a sus
-dos patrias: la grande Francia y la pequeña Nicaragua, en su afecto
-igual. Pero por más que él diga, prevalece, a pesar del afán de la
-tierra, el corazón francés.
-
-Corazón francés, cerebro francés, nombre francés, eso es Luis Debayle.
-Solamente su gloria es centroamericana, pues el laurel no da sus
-ramos sino en donde se le riega. Y si, aunque nacido en Nicaragua, es
-ciudadano de Francia, su ciencia es en el país tropical y maravilloso
-donde vierte su bien.
-
-Su ciencia. Los que vivís en ese gran Buenos Aires de millón y medio
-de habitantes, palenque de todos los progresos del mundo; los que
-lucháis en esas capitales ricas y soberbias--dos o tres apenas en
-nuestro continente hispano-parlante--no podéis saber lo que de posible
-y de imposible ha realizado Luis H. Debayle para el saber médico
-en su pequeño país de acción y para que su nombre sea reconocido
-con elogio y su persona rodeada de consideraciones en los centros
-científicos europeos. Por más que adelantamos, Europa es aún el crisol
-del pensamiento del mundo. Y el mejicano Herrera; los brasileños, los
-argentinos Pérez, Ramos Mejía, Ingegnieros, Sixto y algunos otros,
-han logrado, al dejar su nombre marcado en una roca europea en la
-ascensión de la ciencia humana, lo que muchos no comprenden. Y así el
-franco-nicaragüense Debayle, descendiente de Montgolfier.
-
-Saber e investigar mucho, constantemente; enseñar, curar, dar la vida,
-contribuir en tantas partes de la tierra: Wáshington, Méjico, La
-Habana, Budapest, París, a la recopilación de ciencia y de experiencia;
-ser querido y alabado por los Peau, Richelot, Landouzy; ser llamado
-un día a presidir, en la metrópoli de la gloria, un congreso de
-eminencias; amar de veras y con toda el alma su don científico y
-todavía saber recordar que Esculapio es hijo de Apolo. Pues he aquí que
-Debayle ha perseverado en el amor de la Lira, lo cual contribuirá a que
-en su jardín interior, aun en el invierno vital, haya rosas frescas.
-
-
- IV
-
-Si él publica este libro, es quizá por consentimiento a indicaciones
-amistosas, y sin ninguna ambición de «ma-tu-lu». Y luego, casi todas
-son flores de un jardín familiar; flores nicaragüenses: «cundiamor»,
-«bellísima» y azucenas de todos colores. Hay sones de las antiguas
-liras románticas, de las que se «pulsaban». Hay sentimientos de hogar,
-antiguos ecos amorosos, perfumes que aun quedan de una tradición
-patriarcal. Y el mar nuestro aparece, mar de descubrimiento, de
-Robinson y de Antilla. Y aquí que yo recuerde al Debayle que volví
-a ver, después de tantos años, en el otoño de mi vida. Fuí a mi
-país tras larga ausencia. Toda aquella tierra ardiente fué para mí
-como un incensario. Se festejó nacionalmente el retorno del poeta
-pródigo. ¡Cuántos amigos de menos! ¡Cuántos que se llevó la muerte,
-cuántos cambiados, cuántos esquivos o por indiferencia tímida o por
-miserias ciudadanas que hasta a las nueve musas visten con un color
-político! ¿Qué tengo yo que desear allá sino que mi país natal adquiera
-fuerza, riqueza y cultura? ¿Qué sé yo de los oñacinos de León o de
-los gamboinos de Granada? Mas he de decir que el primer abrazo, o
-el más fraterno, de la llegada, fué el de Luis H. Debayle. Grises
-ya ambas cabezas, florecieron en seguida nuestros recuerdos, para
-los cuales contribuyó la literatura y este o aquel rememorar de amor
-igualmente perseguido antaño y nuestras mutuas conquistas y su París
-y mi Argentina. Y yo desperté en aquella imaginación de buen sabio la
-amable locura de los versos. Y fuimos a pasar los días de fuego de
-aquel verano tropical, a una isla risueña, desde la cual se divisan
-los cocotales del puerto de Corinto. Y allí hicimos rimas y ritmos. Y
-allí supe cómo la pasión estética coronaba bellamente una existencia
-de bienhechor de la Humanidad, y cómo el antiguo amigo de las odas a
-la hispánica había ya escuchado las siringas y liras de los modernos
-pastores y corifeos de poesía.
-
-En el seguro monumento que su patria ha de ofrecer al doctor Debayle,
-junto a las simbólicas figuras que indiquen ciencia y caridad, sería
-propio esbozar una musa, no por discreta menos de origen divino. Y
-el abuelo Montgolfier estará en su eternidad satisfecho, cuando vea
-cómo de cuando en cuando su ilustre descendiente se ha fugado de las
-prisiones prácticas de la tierra para ir por los espacios de su globo,
-caballero en el sublime caballo alado.
-
-
-
-
- Letras chilenas.
-
- FRANCISCO CONTRERAS
-
- UN LIBRO SOBRE ITALIA
-
-
-Hay un poeta de Chile que vive en París desde hace algunos años. Es
-joven. Ha publicado ya varios libros y goza de renombre en el mundo
-intelectual hispano-parlante. Se llama Francisco Contreras. Su primera
-obra aparecida en Europa, _Toisón_ es una colección de sonetos. De
-él dijo el incomparable Max Nordau: «Es realmente un toisón de oro
-suntuoso, fabuloso, digno objeto de la heroica aventura de Jason, fin
-«feérico» de la navegación del Argos». «Casi todas las piezas están
-saturadas del éter poético, tienen un aspecto deliciosamente patricio,
-son superiormente vistas, sentidas, dichas». A pesar del dañoso elogio
-del doctor, que ha escrito lo que ya se sabe sobre todo lo que brilla
-y vale en el arte contemporáneo, ese primer libro de Contreras tiene
-poesías de mérito, sobre todo porque de los primeros ha procurado
-apartarse del nuevo «poncif» castellano que ha echado a perder, entre
-otras cosas, el alejandrino y el gusto por lo «compuesto». Aun cuando
-se notan los orígenes o las supersticiones en la mayor parte de los
-poemitas, el autor logra que se advierta su propio espíritu, sus modos
-individuales de pensar y de sentir. He aquí una pequeña labor muy bien
-trabajada, aunque con el exceso de preparativos que se acostumbrara
-desde la introducción del simbolismo.
-
- En desmesuradas yemas,
- sobre los tallos entecos,
- en los parterres ya secos
- se esponjan las crisantemas.
- Flores raras, son emblemas
- del arte de nuevos ecos,
- amante de orlas y flecos
- y de rarezas supremas.
- Exóticas y hieráticas,
- como princesas asiáticas,
- pues que son raras, son bellas,
- Prendidas entre los rasos
- o abiertas sobre los vasos
- como monstruosas estrellas.
-
-_Toisón_ fué publicado en 1906.
-
-Esto nos hace retroceder algunos años, al tiempo de la preocupación
-por la escritura «artista» y por lo principalmente formal. Aun quedan
-algunos cultivadores de la manera, tanto en América como en España. El
-poeta chileno, por su parte, ha procurado, avanzando, renovarse.
-
-Así publicó, después de _Toisón_, _Romances de hoy_. Hasta puede
-decirse que el salto fué demasiado brusco, de la poesía trabajada,
-erudita, un tanto complicada, con escenarios fabulosos, con vocabulario
-aristocrático, con un si es no es de dandismo, casi todo de influencia,
-o de reminiscencia europea, a la poesía sencilla, sin artificio, quizá
-a veces algo prosaica, o bastante ingenua en su sinceridad, pero que
-mereciera estas palabras de un juez insospechable, el gran Mistral:
-«Siento en sus versos, decía a Contreras el padre de «Mireia», la
-amplia y libre vida de la América española». ¿Cómo no iban a ser del
-gusto de Mistral versos como estos?
-
- Sobre el suelo, en la hora sin tules,
- las sombras se cortaban nítidamente azules.
- En torno del ramaje de higueras y cedrones,
- rodaba un estridente rumor de moscardones.
- Sobre un cerezo un mirlo gorjeaba con desgaire.
- A intervalos, llegaban en la quietud del aire
- gritos roncos, galopes raudos, ladrar de perros...
- Era una trilla próxima, sobre el cordón de cerros.
- Se veía la era, yeguas, los arriadores:
- _Guasos_, mozos montados, con ponchos de colores.
- Paróse. Dió unos cuantos pasos. Desperezóse,
- enarcando los brazos con inocente goce.
- La cabellera suelta, oscura, perfumada,
- cubrió entonces sus hombros en sedosa cascada.
- Hundió los ojos húmedos en la azul lejanía.
- Luego, inconscientemente, despreocupada, fría,
- trasponiendo la reja de madera del huerto,
- echó a andar paso a paso hacia el gran campo abierto,
- por la vieja alameda que servía de entrada,
- sin mirar, sin pensar, sin recordar ya nada.
-
-El autor didactiza en su prólogo, y habla de un «período narrativo».
-No oigamos sus explicaciones; gustemos de sus músicas gratas. Y los
-que no hayáis vivido en el país chileno, podéis saber, por las notas
-del volumen, muchos detalles locales. Y hallaréis, por ejemplo, esta
-noticia inquietante: «Existe en Chile la preocupación de atribuir a los
-poetas los calificativos de loco, perdido, vagabundo. De manera que,
-lo que en toda sociedad culta es un señalado honor, en la nuestra se
-trueca en motivo de escarnio o sello de ridículo. Un distinguido poeta
-nacional nos contaba que en cierta ocasión, habiendo sido presentado
-a una dama con las palabras de: el poeta señor Tal, se vió obligado a
-protestar asegurando que era objeto de una mala broma...»
-
-¡Pardiez! Buenos Aires será todo lo prosaico, lo comercial, lo
-financiero, lo práctico que se quiera; pero no podré olvidar que en mi
-último viaje a la gran ciudad argentina, entre las manifestaciones de
-gentileza que recibí de personas de diferentes clases sociales, está
-la de una alta dama, gala de los salones, que, sin tener yo la honra
-de conocerla, envió a mis órdenes su regio automóvil, durante todo el
-tiempo de mi permanencia. Y todo a simple título de poeta.
-
-Y, sin embargo, con su reserva, menos ejecutiva que la disposición
-platónica, Chile demuestra cordura. Los poetas son seres que perturban
-el común pensar de las gentes, los modos de hablar y hasta las
-costumbres. Así, si Chile ha levantado un monumento a don Andrés Bello,
-es porque ese poeta venezolano llevaba en una mano un Código y en otra
-una Gramática. Verdad es, que en el cerro de Santa Lucía de Santiago
-hay otro monumento dedicado a don Benjamín Mackenna, que aunque no
-escribió sino en prosa, era un varón de confianza con todas las nueve
-musas. Y, con todo, ahí están los versos del romántico y melodioso
-Eusebio Lillo, del huguizante Matta, del vario y noble de la Barra, del
-sonoro Prendez, del horaciano Tondreau, del humorístico Irarrazábal.
-Y ahí está lo hecho por la nueva generación que se enorgullece con la
-producción del malogrado González, y de líricos como Borquez Solar,
-Magallanes Moure, Valledor Sánchez y Miguel Roucuaut. Entre ellos se
-destaca Contreras, sobre quien puedo ahora repetir lo que dijera hace
-algunos años: «Creo que en nuestra América hay pocos que tengan un
-tan sincero y hondo fervor de arte. Luego, en medio de ese fervor, es
-ponderado y reflexivo. No violenta ni la idea ni el lenguaje. Mucho me
-complace que no se haya dejado arrastrar por las peligrosas tentaciones
-del versolibrismo. Hay en él duplicidad: es un intelectual-sentimental
-que conduce bien sus designios entre los naturales desequilibrios del
-talento». Cuando apareció _Toisón_, escribióle el ilustre J. Enrique
-Rodó: «Muy grata ha sido para mí su lectura. Son versos de juventud
-y sinceridad: sinceridad aun en sus artificios. Reflejan bien el
-voluble y gracioso vuelo de un espíritu juvenil entre las cosas, o
-mejor, entre sus figuraciones de las cosas». Y luego: «Crea usted que
-sigo con afectuoso interés su actividad literaria. Su sentimiento del
-arte, el amor que usted le profesa, son verdaderos y hondos; bien se
-transparenta. No son la frívola vanidad de quien penetra sin real
-vocación en los dominios del arte, y no dejará, de sus pasos, más
-huella que la que puede quedar, en las baldosas del templo, de los del
-visitante profano, que entró por un momento, movido de curiosidad y no
-de fervor. Usted perseverará, completará su personalidad artística; y
-seguro estoy de que cuantas veces, interesado en saber nuevamente de
-usted, lo busque con la mirada, he de encontrarlo más arriba de donde
-le haya dejado la última vez». Rodó fué profeta. Las nuevas obras de
-Contreras señalan siempre mayor elevación. Su permanencia en París le
-ha impregnado de la gracia artística y de la cultura ambiente. Y el
-vivir le va enseñando cosas mayores.
-
-Sólo que, como todos los que no gozamos de rentas producidas por
-grandes capitales y tenemos que sacar del cerebro para nuestros lujos,
-caprichos, vicios o simples y precisos elementos de existencia, se ha
-dedicado al periodismo. Así sus libros de prosa son sus artículos de
-periodista. Y si el periodismo constituye una gimnasia de estilo, y el
-pensador y el artista lo son siempre, no todo lo que para el diario
-se escribe, por razones que no necesitan demostración, es digno de la
-antología. Lo que es estrictamente de la actualidad tiene que pasar
-como el instante. Sin embargo, siempre pone algo de su corazón o de
-su mente el artista que escribe. Y ese algo suele verse a través de
-las informaciones de esos libros de prosa urgida. Sin contar con
-que, de cuando en cuando, surgen páginas íntegramente puras. En las
-líneas preliminares de _Los modernos_, pongo por caso, he encontrado
-incrustada una de las poesías de Francisco Contreras que son más de mi
-agrado.
-
- _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente,
- el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._
- Bajo el puente oscilante del raudo transatlántico,
- el mar alza en la sombra como un solemne cántico,
- la luna que se eleva tras lívido celaje.
- Tiende un cendal de perlas al trémulo oleaje,
- y la sirena alada de la brisa marina,
- pone en mi oído una canción triste y divina.
- _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente,
- el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._
- A mi espalda el miraje de la nativa tierra.
- Con su fértil campiña y su nevada sierra:
- la ciudad en un nido de bosques frescos, grandes,
- bajo el dosel de plata de los mágicos Andes;
- el hogar entre rosas de la heredad florida;
- y la madre dejada, y la amada perdida...
- _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente,
- el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._
- Ante mí la amenaza del porvenir arcano:
- el mar que entre las sombras canta su canto arcano,
- el horizonte negro, mudo como una esfinge;
- la luna que en la niebla un llanto eterno finge.
- Y el soplo de la brisa golpeada de destellos,
- que estremece las jarcias y azota mis cabellos.
- _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente,
- el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._
- ¿Será mi afán fecundo? ¿Realizaré mi sueño?
- ¿Me dará la victoria su laurel halagüeño?
- ¿Conquistaré, en mi ruta la áurea forma suprema
- para engastar la idea que me obsede; me quema?
- ¿Conseguiré tras todo, aunque en porción escasa,
- donar una luz nueva a mi raza?
- _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente,
- el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._
- ¿O, tras esfuerzo vano, tras ensueño deshecho,
- sólo hallaré el vacío del querer satisfecho?
- ¿La desilusión trágica, el dolor desmedido,
- del amante no amado, del apóstol no oído?
- En fin, en una frase, de todo visionario:
- ¿El desencanto eterno y el eterno Calvario?
- _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente,
- el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._
- Heme aquí sobre el puente del raudo transatlántico,
- el mar me envía el trueno de su solemne cántico,
- la luna que muequea en la penumbra ingrata,
- me envuelve en la tristeza de su llanto de plata.
- Y la sirena alada de la brisa marina
- pone en mi oído una canción triste y divina.
- _Peregrino del arte, voy al soñado Oriente,
- el acero en la mano, la fe en el pecho ardiente._
-
-Y en este nuevo libro sobre Italia, que se titula _Almas y panoramas_,
-fuera de cálidas pinceladas, de «manchas» justas, de observaciones
-juiciosas, lo mejor son los sonetos que a modo de musical introducción
-hace resonar a la entrada de cada capítulo. De las principales ciudades
-de arte de la divina tierra itálica, elige un alma y una visión; y
-antes, el soneto sintetiza armónicamente e inicia el tema ideológico:
-Así habla de «la ciudad de los palacios», o canta a Roma:
-
- Sólo restos y rastros de la imperial prosapia:
- el Foro, el Coliseo y la antigua Vía Apia,
- uno que otro sepulcro desmoronado, informe,
- y al caer el crepúsculo, tu columna trajana
- parece, en el incendio de la atmósfera grana,
- la cruz desmesurada de un sarcófago enorme.
-
-Recomiendo a los buenos gustadores estos sonetos fervorosos de amor y
-de admiración por la gloriosa península. El de Nápoles:
-
- Bacante poseída de embriaguez infinita,
- bajo el beso del sol eternamente rubio,
- del agua eternamente azul al suave efluvio,
- Nápoles danza. Nápoles ríe, Nápoles grita.
- En vano al horizonte como un ara maldita,
- siniestra espiral de humo rojo lanza el Vesubio,
- el mar sereno y límpido, bajo el áureo diluvio
- del sol, en una eterna fiesta de luz se agita.
- Desde los verdiclaros jardines de la playa
- y el pintoresco y loco viejo barrio de Chiaia
- con sus rejas floridas que el aire azul engríe,
- hasta el monte en que albea su vetusto castillo
- y sus cincuenta iglesias llenas de falso brillo,
- Nápoles danza, Nápoles grita, Nápoles ríe.
-
-He citado íntegros esos vívidos versos napolitanos, que tienen tanto
-color y tanta alegría, porque son de los mejores del volumen. El de
-Bolonia, «ciudad sabia, de estetas y doctores»: el de Venecia, «¡Oh,
-ciudad de las islas y los fúnebres barcos!»: el de Milán,
-
- Erótico y ascético como Manzoni, o como
- Luini, Milán es un señor grave y de gala,
- la oreja siempre atenta al eco de la Scala,
- el ojo siempre atónito ante el mármol del Duomo;
-
-son excelentes. Y es de sentirse que no encontremos en el libro los que
-corresponderían a otras urbes, como Pisa, Florencia y Turín. Quizá el
-poeta los realice más tarde para una obra completamente lírica.
-
-El vaticinio de Rodó se ha de seguir cumpliendo y hemos de ver el
-completo triunfo de quien desea que en su patria crezcan y se propaguen
-los laureles verdes que, tanto o más que a los guerreros, pertenecen
-por derecho propio a los portadores de lira.
-
-
-
-
- Un poeta argentinófilo.
-
- CARRASQUILLA MALLARINO
-
-
-En el Bogotá intelectual que os describiera en un libro memorable el
-bien recordado Martín García Mérou, se destacaba de singular manera,
-hace ya algunos años, la figura de don Francisco de Paula Carrasquilla.
-Este era un gentilhombre de ingenio. Lleno de cultura y amargado de
-vida desde muy temprano, supo acorazarse de filosofía, y su espíritu
-prefería siempre manifestarse en epigramas apotegmáticos, alusivos,
-corrosivos o risueños, que iban de boca en boca picando como abejas. De
-la más pura tradición española, su castizo epigramario, en la parte que
-no tiene de exclusivamente, diríamos así, municipal, debería figurar en
-las antologías. En Colombia, desde luego, viven y se prolongan en la
-memoria del pueblo.
-
-Como en la mayor parte de los satíricos, había en Carrasquilla un
-sentimental, y sus espinas métricas estaban impregnadas de curare de
-íntimas amarguras. Así murió con su filosofía y con su sufrimiento.
-
-Con su filosofía y con su sufrimiento diríase que renace en el espíritu
-de su hijo Carrasquilla Mallarino, cuyo libro _Visiones del Sendero_
-acabo de leer, y cuyo hallazgo me apresuro a comunicar a mis habituales
-lectores.
-
-Sé que hay quienes se extrañan por lo que llaman el exceso de mis
-alabanzas y de mi entusiasmo para con los jóvenes. ¿Y a quién alabar y
-por quién entusiasmarse sino por la juventud? Cuando el talento empieza
-a florecer es cuando necesita riegos de aliento. Maldito sea aquel mal
-sacerdote que engaña o descorazona al catecúmeno. Cuando han pasado
-los días de los ímpetus primeros y se sienten venir las flechas de los
-primeros desengaños vitales, ¿de qué sirve el estímulo? Los que supimos
-de dolorosos comienzos y no encontramos en los albores de nuestra
-carrera sino críticas acres o desdenes hirientes, comprendemos el valor
-de un empuje, de un apretón de manos, de una sonrisa aprobadora, de
-una rosa confraternal a tiempo. Quien no anima al joven que se inicia,
-anatematizado sea.
-
-Y todo debe ir basado en la comprensión, porque sin comprensión todo es
-comedia o engaño. Así pues, comprendiendo bien el alma de Carrasquilla
-Mallarino, alma translúcida como un cristal y alma de amanecer, os
-hablaré de ella y de sus condiciones de mentalidad y de armonía. Yo
-conocí a este joven poeta en mi natal Nicaragua y allá fué mi compañero
-solar junto a los mangales y cocotales y bajo los soles abrasantes de
-la isla de Corinto.
-
-Fuéme simpático por lo comunicativo y cordial de su carácter, por su
-rapidez de entendimiento, por saber que siendo de tan pocos años había
-corrido mares y tierras extranjeros, hablando lenguas distintas y
-ganándose el vivir noble y bravamente, y luego porque me encontré en
-él a un gran admirador y amador de la Argentina, y porque supe que era
-sobrino de Jorge Isaacs, el autor de _María_.
-
-Nuestras conversaciones eran sobre asuntos de artes y de letras. Él
-era comedido, pulcro, observador, y jamás se propasó en confianza o
-se explayó en pedantería. Pedía consejos a mi experiencia y pagaba
-con buen cariño mi interés por su intelecto. No estaban en choque en
-él sus dotes de hombre de negocio y comercio con sus facultades de
-escritor y de lírico, y jamás fueron destruidos los perfumes bogotanos
-por relentes de Nueva York. Por pura afición mental acompañóme hasta la
-ciudad imperial yanqui, desde la isla nicaragüense cuando mi retorno
-del último viaje que hiciera a las tierras de mi infancia. Después nos
-vimos varias veces en Europa. Se me aparecía de súbito, sin previa
-anunciación. Venía de Rusia o venía de Italia, o venía de Holanda, pues
-sus afanes de _globe trotter_ no tienen punto de reposo, y he aquí que
-de pronto no recibo su visita personal, sino la de su libro, su libro
-de poeta, que he leído en esta otra isla de poetas.
-
-Inútil decir que se trata de una obra «moderna». Nadie puede hoy, en
-cosas de pensar y de escribir, levantar la cabeza sin sentir que le
-rozan la frente las ráfagas libres de las ideas nuevas. Y cómo será la
-virtud de éstas, que aun, a su influjo, se suelen ver florecer fósiles.
-
-En este _pancours du rêve au souvenir_ si hay mucho de ideal hay no
-poco de sentimental. La primavera se impone; pero no es una primavera
-triste, casi otoñal, como suele verse frecuentemente en el corazón de
-los poetas de verdad.
-
-Desde el comienzo del libro se ve que el autor venera piadosamente la
-memoria paternal. Él estima y comprende la espiritual herencia.
-
-Así dirá en uno de los poemas:
-
- Hiciste de mi cuerpo una copa vibrante
- para exprimir las uvas de tu viña sobrante;
- y en el pretexto lírico de mi tiorba filial
- ha seguido cantando lo que en ti fué inmortal.
-
-Al comienzo de la existencia ha tenido que saber de las angustias y
-penalidades del mundo. Hay que comprender que en los días actuales
-René y Olompio, además de sus congojas interiores, tienen que soportar
-mayores ásperas luchas con la vida. En los intervalos de reposo este
-cantor ha sabido estar, como dice el verso inglés: «de día con su alma
-y de noche con su corazón».
-
- In the day the mind,
- in the night the heart.
-
-Los hombres de la semiciencia hablarán de una precoz neurosis; pero
-esto no es culpa de quien, desde los comienzos de su aurora, se siente
-vibrar al soplo de ráfagas combativas. Nadie sufre por gusto, y esa
-cosa misteriosa que se llama la fatalidad no usa de farsas. Fijémonos
-en que cada uno de nosotros lleva envuelta su vida en un formidable
-misterio.
-
-Así, pues, quedamos en que en este libro no hay mucha risa ni sones de
-pandero, ni mucho contentamiento por estar sobre la tierra.
-
-Nótase juntamente que entre asuntos de amor y de ensueño hay tendencia
-al himno civil, al vigor heroico, y amor e interés por el porvenir de
-nuestra gran patria americana. Junto a una «gema simbólica», dedicada
-a un poeta, hay un canto a Cuba, dedicado a la «memoria de Martí»; hay
-tendencias a lo exótico, al japonismo; hay obsesión sensual y carnal;
-hay el insaciable deseo baudeleriano de marchar siempre, de ir siempre
-lejos, aun fuera del mundo, _Anywhere out of the World_. Y de repente
-surge la serpiente bíblica, la dulce y terrible víbora femenina que,
-escrito está, ha de morder a todo hombre, y ella será, como es lógico e
-inevitable, «alma divina», «vaso de marfil», y toda la letanía.
-
-Como el lírico yerra por tierras distintas, el encantador áspid
-habrá de renovarse, y ya acaecerá esto en París, ya en Méjico, ya en
-Nicaragua, ya en Bélgica, ya en Cuba. Y ello será de tal manera, que no
-es de extrañar que el corazón de un joven lleno de ilusiones y enfermo
-de poesía quede hecho una lástima. Se encuentra el consuelo de lo
-carnal, pero, ¡ay!, todos sabemos que la carne es triste...
-
-Para distraerse un tanto en tales emergencias se van dejando madrigales
-en el camino. Se dicen decires y se cantan canciones, y luego está el
-gran arsenal de los recuerdos. Así nos sorprende Carrasquilla Mallarino
-rememorando, después de su querida parisiense, o flamenca o española,
-una sabanera de su tierra natal, y de la cual dirá:
-
- Oh mi blanca sabanera
- de pie desnudo y pequeño,
- de porte franco y risueño
- y vigorosa cadera;
- oh, paloma tempranera
- que diviniza el ensueño...
- Con tu bambuco halagüeño
- despertabas la pradera.
- ...Amparado en tu cariño
- burlo mi dolor de niño
- en el imborrable ayer.
- Hoy, lejos de tu alquería
- tengo la melancolía
- de nunca volverte a ver.
-
- * * *
-
- Por el boscaje sombrío
- la gloria plenilunial
- se filtra; murmura el río
- su sonata de cristal.
- Desde el callado bohío
- sube el humo en espiral.
- Los corderos tienen frío
- bajo su toisón pascual.
- Las neblinas fingen velos...
- Están de boda los cielos
- y en el plateado turquí
- hay un lamento que vaga
- --una pregunta que indaga
- si te olvidaste de mí.
-
-Variados ritmos y rimas se dedicarán a la gracia y tentación carnales.
-Hay una especie de masoquismo lírico para cada una de las personas de
-las partes del cuerpo femenino. Son los ojos, las caderas, las cejas,
-la boca, las manos, el cabello y--como en D'Annunzio y en Verlaine--una
-y otra vez las manos. Como es de rigor, han de surgir de cuando en
-cuando los principales conocidos personajes de la farsa italiana. De
-cuando en cuando, entre mujer y mujer, se impondrá un buen trozo de
-filosofía. En climas diferentes y bajo cielos distintos, la invasora
-e inexorable tristeza, y el tábano interior del forzado recuerdo.
-Encuentra un hermano en cada artista. Así tal hombre que toca el
-violoncello sobre las olas:
-
- Fluye un pasaje trémulo de Bach... El violoncello
- es como un aparato para hablar con el cielo
- de las cosas del alma. El músico es todo arco;
- diríase que es suyo el corazón del barco...
-
-Aquí pasa una visión parisiense; allá se ve una luna de Flandes; aquí
-se canta el «gran despertar de la tierra». Y las vampiresas vuelven a
-imponerse de tanto en tanto, como por irremediable turno, y ante ellas
-se deshojará una copiosa cantidad de versos.
-
-Mas he aquí que se imponen deberes espirituales y superiores y, por
-ejemplo, «El grito de la hora», dedicado «a la memoria del gran
-Bartolomé Mitre», nos señala otra actitud del poeta:
-
- Soy el último, es cierto, más sería el primero
- en derramar la sangre lírica por el fuero
- de la divina raza de América latina,
- cuyo sol milagroso parece que declina...
- Las águilas y halcones sienten hambre. En el Norte
- los inviernos castigan y los fuegos de junio.
- Los pájaros rapaces buscan el plenilunio
- de los amados cielos, donde brilla la corte
- de estrellas que derraman la luz del porvenir.
- --¡Hermanos! ¡Es la hora de poderos unir!
-
-Él admira la luminosa figura del patricio argentino, ansía el glorioso
-porvenir de nuestra raza, sueña con la fraternidad de nuestras
-naciones, y teme la conquista de los fuertes bárbaros blancos del
-Norte. Estas ideas han de exteriorizarse más claramente en su poema
-_Estelar_, especie de confesión rimada, que es de lo más intenso e
-interesante del volumen. Véase este fragmento:
-
- ...No más lenguas extrañas
- ni extranjeras amantes, veleidosas y frías.
- Un hálito de América anima las campanas
- y los densos palmares murmuran alegrías.
- El océano a la espalda, con hervores de estelas:
- la playa que el sol dora, rica y hospitalaria.
- ...Plegaban los marinos las fatigadas velas...
- cuando, desde la proa, modulé mi plegaria:
- --¡Salud! Patria doliente, bella hasta en el ultraje
- del bárbaro del Norte: Bríndame tu hospedaje,
- dame de tus almíbares y acójanme tus cielos,
- abrígame del frío que he sentido en los hielos;
- y hoy que sobre tus llanos mi blanca tolda fijo,
- déjame que te llame con amores de hijo.
- --Tengo tu misma savia, hablo en vivo español,
- llevo fiebre de montes y nací bajo el sol.
-
- * * *
-
- Y oficio en los altares de mi Patria, contrito
- de haber manchado un día la blancura del rito.
- ...¿Mi Patria?... ¡Sí! Mi patria es todo un continente
- sin fronteras, sin odios y sin rivalidades,
- sin funambulerías y sin mediocridades,
- sin canalla que erija palacios a Monroe,
- sin turbas de alma triste ni «reyes paralíticos»,
- ni zafios mercaderes, ni rufianes políticos...
- Y sin oro de Wáshington, que envilece y corroe.
-
- * * *
-
- Bien sé que hemos nacido en los tiempos amargos
- de ojiazules mercurios y de frivolidad,
- de las «infamias duras y de los vientos largos»,
- con precio a la vergüenza y a la debilidad.
- Que ya no hay Robespierres ni Dantones en Galia,
- que Fallières va a Britania y que el Emperador
- de los bigotes clásicos sonríe... Y que la Italia
- recibe dulcemente a Roosevelt «cazador».
- Que España, bisabuela de glorias y blasones,
- sobre cuyos dominios brilló el sol de Josué,
- ya no tiene castillos de ultramar ni pendones,
- ni Felipe II, ni corajes de fe.
-
- * * *
-
- Mas fulge en nuestra América una aurora divina
- --Helios en campo blanco y entre franjas de azur--
- gloriosamente noble: Es el sol de Argentina.
- Es la flor de la raza que ha nacido en el Sur.
- Desplegado en el cielo con que se viste el Ande
- --azul y blanco y fuerte el gayo pabellón--
- ha de ser en la historia como ninguno grande
- porque inicia un abrazo de confederación.
- Grande porque de Anahuac y Cuba hacia el Estrecho
- de Magallanes cunden los fueros del Derecho.
- Oigo palpitaciones como en un solo pecho
- ante el águila negra colocada en acecho.
-
- * * *
-
-Como se ve, se está ya muy lejos de la idolatría de «_l'enfant malade_
-y doce veces impura», y a pesar de las urgencias amorosas de la
-juventud, la voluntad del canto se remonta a conceptos universales y
-trascendentes. No tendré sino aplausos para tales ímpetus, y el deseo
-de que se sostenga la perseverancia.
-
-En cuanto a la construcción y técnica del libro, a nadie sorprenderá
-que un poeta que no ha llegado a los veinticinco años no sea poseedor
-de una segura experiencia. En tales o cuales partes se podría señalar
-un exceso de exuberancia--defecto de la primavera y del americano
-bosque--un abuso del paréntesis; una, en ocasiones innecesaria,
-complicación de ritmos y cierta audacia de adjetivación, tachas todas
-que indicarán cualquier cosa menos mediocridad.
-
-En resumen: se trata de un artista, de un poeta, poseído del ensueño,
-del innegable _deus_ que exalta a los verdaderos enamorados de la
-belleza; de un sensitivo, de un intelectual, de un cantor de cantos que
-vive con su mente de día y con su corazón de noche. Y, pues, ama a la
-Argentina, si en su carrera errante algún día llegase a pisar vuestro
-suelo, haced que sienta suaves y propicias las brisas del gran Río de
-la Plata.
-
-
-
-
- VARIA
-
-
-
-
- VARIA
-
- [Ilustración]
-
-
-
-
- En el barrio Latino.
-
-
-En este atrayente París siempre tengo de América o de España un amigo
-a quien haya que ciceronear, que pilotear, que llevar de aquí a allá,
-según sus deseos. El más reciente, después de haber recorrido los
-museos, los monumentos principales, los teatros, me dijo: ¡Ahora deseo
-conocer un poco la bohemia, esa alegre bohemia del barrio Latino!
-
---Señor mío--le dije--, esa no existe.
-
---¿Cómo, no existe? ¿Y Rodolfo y Mimí?
-
---Difuntos.
-
---Pero usted ha hablado, hace algunos años, de bohemia del barrio
-Latino en _La Nación_.
-
---¡Sí, hace doce años! Las cosas han cambiado. De todas maneras, para
-que usted se convenza, iremos a verlo.
-
-Y fuimos esa misma noche.
-
-Comenzamos por visitar los clásicos cafés D'Harcourt, Vachette,
-Soufflet. Unos cuantos caballeros particulares, solos o en compañía de
-más o menos elegantes damas o damiselas.
-
---¿Y los estudiantes?
-
---Esos son los estudiantes.
-
---¿Y esa gravedad?
-
---Los estudiantes actuales son graves, gravísimos. Han leído todos los
-libros y tienen la carne triste.
-
---¿Y los gorros tradicionales?
-
---Suelen llevarlos los que no son estudiantes. Fijáos. Esos jóvenes
-bien vestidos trascienden a bulevar, y no al de Saint-Michel. Son
-vividores y arribistas. Juegan a las carreras y se mezclan en las
-pequeñas políticas. El antiguo estudiante, desinteresado, jovial, buen
-muchacho, lírico o cancanista, ha desaparecido. Y entre las filas
-de los nuevos, no es raro encontrar el candidato a la correccional,
-el sospechoso galán que aquí tiene un nombre ictiológico, y hasta
-el futuro cliente de los presidios. Mi querido señor Murger es ya
-tan viejo como Villon, y las Mimís de hoy conocen Saint-Lazare por
-repetidas visitas.
-
-Fuimos a comer a la _taverne_ del Pantheon.
-
-Las mesas estaban casi todas ocupadas, bajo el _plafond_ en donde
-triunfa la apoteosis de Verlaine. ¡Del pobre Verlaine! Nos sentamos y
-pedimos el _menu_, que, como en los grandes _restaurants_, no tiene
-los precios marcados. Oímos que se detiene a la puerta un automóvil, y
-un joven, con una muy bien prendida cocota, entran y van a sentarse no
-lejos de nosotros. Un caballero a mi lado, con la roseta de la Legión
-de Honor, solo, se aplica una sustanciosa perdiz trufada, regada con un
-burdeos venerable. Es el actor Mounet Sully. El _sommelier_ va de un
-punto a otro, apuntando los vinos. ¿El joven y su compañera, que acaban
-de entrar, comerán con _cordon rouge_? Hay un ambiente de elegancia y
-de alta _noce_ que choca a mi amigo en semejante lugar. ¿Pero no es
-este un centro de estudiantes?
-
---Es este un centro de estudiantes. No estamos en el café de París;
-estamos en la _taverne_ del Pantheon. Pero el estudiante de hoy, rico
-o vividor, viene en automóvil, tiene una querida de lujo y come con
-_cordon rouge_. ¿No os parece que se pierde en las lejanías de un
-tiempo tan fabuloso como el de Homero, la figura de Schaunard, de
-Colline, de Marcel, y «la influencia del azul en las artes?...» Sí,
-amigo mío; todo eso es un pasado ensueño. Y al estudiante actual que
-le preguntáseis si ha leído la novela cara al maestro Puccini, os
-respondería sin vacilar: _¡Connais pas!_
-
- * * * * *
-
-Rue Champollion, en el _cabaret_ llamado Les Noctambules. Es un
-lugar exactamente igual a sus congéneres de Montmartre, Lune rousse,
-Quat'-z'-arts, o des Arts. ¡Cuánto tiempo hace que no asistía yo a una
-de estas típicas reuniones! La primera vez, allá, cerca de Butte, fué
-un deslumbramiento y un encanto para mi juventud soñadora y ansiosa
-de las cosas de París, por tanto tiempo deseadas. Los _cabarets_ me
-parecían templos de poesía, las queridas de esteta, diosas o princesas
-prerrafaelistas; y los cantores melenudos aedas maravillosos.
-
-Al entrar a Les Noctambules evoqué mis sensaciones pasadas. Era un
-medio igual a los antaño conocidos. Una sala un tanto estrecha en
-donde en sendas sillas se aprieta un auditorio heteróclito. En los
-muros, retratos de artistas y cuadritos de caricaturistas conocidos y
-desconocidos. Un piano cerca de la entrada y una tarima adonde suben
-los cancionistas a llenar su número.
-
-Las sillas están todas ocupadas, y, con dificultad, en un rincón,
-logramos que se nos coloquen dos desde donde podemos presenciar la
-función, el desfile de personajes. Los mozos circulan, llevando a los
-consumidores el indispensable _bock_, o cerezas en aguardiente. Hay en
-la concurrencia tipos de todas clases. Unos parecen burgueses con sus
-esposas e hijas; otros, estudiantes y pintores, u hombres de letras
-y sus correspondientes alegres mujeres. Para hacerme recordar más
-las antiguas noches montmartresas, he ahí que se me acerca vendiendo
-programas el enano Auguste, el enano velazquezco del _cabaret_ de
-Quat'-z'-arts, el tantas veces retratado por el lápiz de Leandre.
-
-El _cabaret_ Les Noctambules fué fundado hace unos cuantos años por
-Marcel Legay, a iniciativa de Martial Royer. Ya antes, sin resultado,
-se había intentado hacer algo semejante en el café Procope y en el
-Voltaire. Legay publicó un lírico manifiesto dirigido a _messieurs les
-étudiants_, y el _cabaret_ se fundó, con buena suerte que le dura hasta
-hoy. Los artistas son los mismos que en Montmartre. Todas las noches
-tienen que pasar el río para ir a cantar su canción.
-
-Boyer anuncia que «nuestro querido compañero Maurice Merall va a
-ocupar la atención del público», y aparece un señor que dice más
-bien que canta, acompañado por el pianista, unos cuantos _couplets_
-escatológicos sobre los malos tratamientos a los negros en las colonias
-de África. Cada grosería es aplaudida por los hombres y sonreída por
-las mujeres. Tras el último aplauso, se anuncia a M. George Gerad,
-llamado Bernardini, «antiguo bandido corso». Este señor, de tipo en
-efecto corso, pero no de bandido sino de hortera, canta y canta mal:
-
- Je suis Bernardini le fameux bandit corse
- qui sème la terreur, l'effroi dans le canton;
- ma figure est farouche et mon aspect féroce,
- le monde m'obéit comme un chien le bâton.
-
-Y la gente ríe y celebra eso. Luego llega Lemercier, a quien han
-retratado como una Marioneta y canta su canción de las legumbres; una
-tontería. Luego llega Paul Marinier a quien se le pueden perdonar
-muchas cosas por haber escrito lindas canciones, como «Au clair de la
-lune» y otras. Este cancionero tiene la figura de un criollo, con su
-rostro un tanto moreno y sus grandes bigotes negros. Acaba su tarea, se
-le aplaude con un _ban_, y sube a la tarima un M. Charles Fallot, que,
-en verdad, merece su apellido.
-
-«Nacido en Pekín, de padre inglés y madre china. Ha servido a la
-Francia cinco años en la Legión extranjera. Casado en Inglaterra
-con una holandesa, nacida de padre español y madre noruega». En una
-palabra, un _chansonnier bien parisien_. El _chansonnier bien parisien_
-canta:
-
- L'étoile d'amour
- j'oublierai...
- j'ai rêvé de l'aimer
- la petite Église
- aimer!
-
- * * * * *
-
-Un conocido, Gabriel Montoya, poeta de verdad, de quien próximamente
-dará la Comedie Française _Le baiser de Phédre_. Me fué presentado hace
-años por Carrillo. Habla bastante el español. Es doctor en Medicina, y
-ha sido médico de uno de los vapores de la Compañía Transatlántica, por
-algún tiempo. Su biógrafo funambulesco dice que «courut en morticole
-les dos hémisphères, contracta la fièvre jaune à Cuba, vendit du
-café à Haïti, perça part en part dans un duel a mort un huissier
-nègre à Port-au-Prince et regagna Paris». Montoya es personalmente
-muy simpático. Aparece. Tenoriza con cierta gallardía meridional, y
-se va. A las damas gustan sus canciones de amor, canciones llenas de
-sentimiento y de romanticismo. Vale más.
-
-He aquí a Marcel Legay, con su gran cabellera. También poeta, de los
-pocos poetas perdidos entre esas _boîtes_. Pobre y buen autor, de la
-raza solar. Ya está viejo y cansado: mas aún vibra su fuerte y sonora
-voz:
-
- Écoute o mon coeur, écoute la harpe
- du vent de chez mon pays d'Artois,
- c'est un très vieux air, des bords de la Scarpe
- qui chante aujourd'hui tout comme autre fois.
-
-«J'ai écrit--dice el poema--j'ai écrit cette chanson pour mon pays, en
-voyant passer une hirondelle».
-
-Legay canta y llena la sala con su voz. Los concurrentes sienten un
-grato soplo de verdadera poesía, después de las inepcias de actualidad
-que han expuesto varios bufones. Y tras Legay viene el príncipe de la
-canción por sufragio público. Xavier Privas, gran comedor y bebedor
-delante del Eterno... femenino. Canta su _Ronde des heures_. Él mismo
-se acompaña, y su cabeza sobresale del piano como una cabeza de pipa.
-Sus ojos son vivos; su cabeza devastada, su voz expresiva.
-
-En algunas ocasiones se representan revistas en que toma parte el
-enano. Y ese es el _cabaret_ por excelencia, el _cabaret_ del Barrio
-latino, el _cabaret_ de los estudiantes. Allá, siguiendo el boul'Miche,
-allá lejos, está Bullier, el baile famoso que también ha degenerado.
-Allí se bailó en buenas épocas el cancán alegre de antaño, el cancán
-que bailaron las grisetas y las diosas de Offenbach. El cancán pasó.
-Luego se bailó la _quadrille_, con el enceguecedor _chaut_. Luego la
-danza negra, el _cake-walk_, que pasó también. Ahora se contorsiona la
-gente con la _matchicha_.
-
-Mi amigo está desolado.
-
-
-
-
- El reino de las tinieblas.
-
- LOS DRAMAS DE LA CLÍNICA
-
-
-Comienza a morir la tarde de esta jornada dominical y el retorno de los
-parisienses que han pasado la mañana en la _banlieue_ anima y alegra
-las calles poco antes silenciosas del viejo París.
-
-El suave oro del crepúsculo estival es propicio a los recuerdos de
-gratos días de juventud. Y paseando por lugares de antiguo conocidos
-nuestros, mi amigo el doctor Debayle evoca con cariño sus tiempos de
-estudiante, los días en que, a veces, a pie o en la imperial de un
-ómnibus, llegaba diariamente al hospital Tenon, y a una pregunta mía,
-me relata una reciente visita al «Quinze vingts».
-
---«¡Au Quinze vingts!»--El canal Saint-Martin, la rue
-Grange-aux-belles, la Avenida de la Republique... La estatua de
-Floquet, el célebre tribuno y estadista, pasa como una visión
-cinematográfica. Y así mis recuerdos--me dice--. El duelo famoso con
-Boulanger, cuyo desenlace siguió París palpitante, y la herida en el
-cuello inferida por el abogado al general. Era el tiempo en que la
-Francia, al endiosar a éste, demostró una vez más la necesidad que
-su gran pueblo sentía de un caudillo que reivindicase sus glorias
-militares... Más adelante es la otra ancha avenida, el monumento del
-sargento Bobillot, muerto en el Tonkín en defensa de su patria. Y a
-lo lejos la plaza histórica y la columna coronada por el genio de
-la Bastilla. Después de atravesarla se gana la calle de Charenton,
-estrecha y populosa, para detenerse ante el ancho y gran portal del
-Hospicio. Salvando la verja se está en el espacioso patio, especie de
-parque, cubierto de musgo, arbustos verdes y árboles copudos, sembrados
-de cómodos bancos.
-
-Por todas partes vense numerosos enfermos, ancianos casi todos. Unos
-descansando la cabeza entre las manos; otros con la frente alzada
-como buscando algo que no encuentran y como interrogando al destino.
-Algunos, apoyados en sus bastones, titubeantes, explorando con ellos
-la senda invisible, o conducidos por lazarillos, se mueven vacilantes,
-la cabeza levantada, y como buscando en otro sentido la orientación
-que no les pueden dar los ojos sumidos en las tinieblas. Y en aquellas
-fisonomías en que el tiempo ha puesto su marca indeleble y en aquellas
-frentes que corona la cabeza blanca o calva, vense las órbitas con los
-ojos muertos a la luz; alterados unos y con engañoso aspecto de pupilas
-claras otros, todos irremediablemente perdidos, atrofiados, lesionados,
-ambliopes. ¡Y cuántos de esos desgraciados que la caridad nacional
-alberga han gozado como yo de los encantos de la naturaleza, de la
-gama admirable de los colores, de la hermosura de la luz! ¡Y cuántos
-de esos, víctimas de enfermedades evitables, se han hundido en las
-tinieblas por incuria y por ignorancia!
-
-Según las estadísticas, un 60 por 100 de los ciegos que llenan los
-hospicios son el resultado de las lesiones infecciosas exteriores o
-internas. ¡Fatal destino el de aquellos que víctimas de la ignorancia
-o del vicio de sus progenitores vieron al nacer apagarse ante sus ojos
-la amada luz del sol! Y entre aquellos enfermos ¡cuántos llevan impresa
-en sus rostros la resignación a lo inevitable; y la sonrisa que ilumina
-sus semblantes que parece un gesto de burlesca ironía a la sombra!
-
-Atravesando el primer ancho patio se llega al segundo. A la
-izquierda un corredor bajo en que las arcadas de piedra forman
-bóvedas que recuerdan los antiguos conventos y los pabellones de la
-Allgemeines-Krankenhaus de Viena. Las mismas bóvedas, las mismas
-piedras, las mismas baldosas que tantas veces atravesé ansioso de
-llegar a la hora de las operaciones... Y después de cruzar un patiecito
-cubierto de finos guijarros, entro por una puerta estrecha a la sala
-de operaciones. Blancos, color de blanca leche, los muros, blancas
-las sillas, blancas las mesas, blanco y limpio el techo, todo blanco,
-refleja la hermosa claridad que penetra por una enorme pared de vidrio.
-
-En las dos mesas de operaciones los enfermos preparados esperan ya
-al diestro cirujano con los ojos cubiertos por asépticos apósitos
-escrupulosamente colocados. Y de la pieza vecina, del gabinete
-particular de los médicos, sale, alto, delgado, correcto y llevando
-su blusa blanca, como si entrara en un salón de sociedad vestido de
-riguroso frac, un hombre pálido, de líneas distinguidas y de mirada
-reveladora de una inteligencia _d'élite_. Nieto del más grande y
-célebre clínico de la escuela francesa, ha honrado en su especialidad
-el nombre de su ilustre progenitor, porque es indudablemente uno de los
-más insignes oftalmólogos y sin disputa el más hábil operador de su
-época. Es Trousseau.
-
-Sorprendido por la inesperada visita, estrecha con efusivo cariño mi
-mano, me ofrece el puesto de honor y procede en seguida a su tarea. Es
-el virtuoso del arte. Con sólo un instrumento, con sólo un cuchillo y
-nada más, su mano hábil abre el ojo, fija los párpados, secciona la
-córnea, perfora la cápsula, hace la incisión y con presteza increíble
-extrae la catarata y luego las masas, dejando incontinenti, como lo
-hiciera un prestidigitador, la cámara anterior renovada, la pupila
-amplia y negra y la vista que faltaba a aquel enfermo.
-
-Concluídas las operaciones paso al salón de consulta externa. La
-consulta empieza. Uno de los jefes de clínica, meridional inteligente,
-concienzudo, ferviente en su culto, examina uno a uno toda aquella
-larga serie de enfermos que un empleado va conduciendo delante
-de nosotros. Agrúpanse los pacientes divididos en categorías por
-una selección hecha de antemano. Pasan primero los que presentan
-alteraciones profundas de los ojos.
-
-Aparentemente sanos para un profano, muchos de aquellos grandes ojos
-negros o azules, con la pupila dilatada, revelan en el acto, para el
-experto, la gravedad de su lesión.
-
-Aquellas pupilas no reaccionan y aquellos ojos grandemente abiertos, en
-los rostros impasibles, no despiertan en los gestos de la cara la vida
-de expresión que sólo puede dar la luz, la irreemplazable, la hermosa
-luz. He aquí--me dice--una ambliopía; he aquí un glaucoma, y allá un
-ciego por lesión cerebral. Luego los veremos en la cámara oscura con el
-oftalmoscopio...
-
-Entre esos desgraciados se acerca uno, conducido por una mujer pálida,
-triste, que lleva en sus brazos un niño de dos años. El hombre, como de
-cuarenta y cinco, de aspecto enérgico, ha perdido casi la posibilidad
-de conducirse y se sienta con dificultad sin ver la silla que se le
-ofrece. Obligado a trabajar de noche con luz artificial para suplir
-a las necesidades de los suyos, ha perdido progresivamente la vista.
-Este es un caso de miopía--observa el jefe clínico--en que el trabajo
-excesivo ha conducido al desprendimiento de la retina.--¿Por qué no ha
-cesado usted su trabajo, como se le dijo?--¡Oh! no podía, señor. Mi
-mujer y mis hijos no tenían pan.
-
-Los casos de lesiones externas se presentan. Lesiones diferentes,
-más o menos acentuadas y profundas, de aspectos diversos. Muchos son
-víctimas de accidentes del trabajo, que quedarán inválidos. Otros,
-jóvenes, fuertes, revelando salud y energía, han recibido en los ojos
-el daño que no esperaban y a que los conduce su intemperancia y
-sus desórdenes. Ayer no más, aquellos hombres tenían ojos hermosos,
-expresivos, de una agudeza visual admirable, y se proclamaban campeones
-en el tiro o seductores por sus miradas, y hoy una vasta úlcera ha
-convertido en una placa blanquecina las córneas transparentes y las
-hermosas pupilas. ¡Si se reflexionara siempre!... Si se supiera todo lo
-que hay de veneno en el fondo de los placeres sensuales.
-
-Y llega el turno de los niños. ¡Oh, los niños! ¡Qué dulces, qué bellos
-y qué interesantes! Y estos pálidos niños son de Francia, los futuros
-ciudadanos de la patria de mañana.
-
-Los que no han tenido la desgracia de ver su hogar vacío, los que saben
-del encanto de los labios infantiles y los ojos angelicales, azules
-o negros, esos saben la emoción intensa que despiertan en nuestros
-corazones las miradas y las sonrisas de los niños. Porque en todos
-los climas, en todos los tiempos, en todos los países, los niños son
-iguales, son flores de humanidad.
-
-¡Cuántos pobres mal vestidos, hijos de los obreros que trabajan en
-el _faubourg_ y cuyo esfuerzo no basta para alimentarlos! Pálidos,
-cubiertos de erupciones o con la degeneración de la córnea, propia
-del raquitismo, u otra dolencia terrible, o debida a la deficiencia
-de la nutrición o a tales o cuales causas hereditarias. Unos pasan
-acompañados de sus madres, otros casi solos, otros más pequeños,
-guiados por sus hermanitos mayores. Y da tristeza ver aquellos
-desgraciados atender y cuidar a sus menores por ese instinto de
-conservación que la miseria ha desarrollado en ellos prematuramente...
-
-Por último vienen los más tiernos. Una joven de veintidós años, de
-provincia, que cayó en el arroyo de París, trae un niño de cuatro
-meses. La cara de la madre, joven; su cabello abundante, su aire
-revelando salud, contrastan con el desgraciado envuelto en pañales que
-presenta todo el aspecto de la atrepsia. Ella no sabe por qué su niño
-se ha enfermado. Sus ojos se inflamaron. Los medicamentos han sido
-inútiles. Y el infeliz en grito desgarrador noche y día ve convertirse
-sus ojos, antes claros y sanos, en una masa informe.
-
---He aquí--me dice el doctor--un caso desgraciado. Todo lo que tenemos
-de más activo, no ha producido efecto. Asistido tres días después
-del principio, nada se logra. La infiltración de la conjuntiva, gana
-la córnea. Turbia y opalina, amenaza producir la fusión con pérdida
-completa del ojo. ¡Qué desgracia! Y todo proviene del estado general.
-Este infeliz no tiene fuerza de reacción; pesa menos que lo normal; su
-piel seca y rugosa indica a las claras su estado atrépsico. ¡Oh! este
-es uno de tantos casos en que se demuestra que hay que tomar en cuenta
-el terreno y no sólo el grano, como lo quieren las modernas tendencias
-exclusivas del laboratorio... Mire usted, compañero--continúa--ayúdeme
-usted. Vamos a procurar cauterizar con el «galvano» la córnea.
-
-Y así diciendo, coloca el tierno enfermo sobre la mesa. Armado de
-un separador, abro yo con precaución los párpados mientras el doctor
-cauteriza. A cada momento su frente se nubla y un gesto de desaliento
-se dibuja en aquella fisonomía de hombre honrado y de verdadero médico.
-Es que a pesar de tanta práctica y tanta escena análoga repetida, no
-puede ser indiferente ante tan terrible desgracia, que por no caer
-sobre un sér casi inconsciente es menos dolorosa.
-
-Aquellos ojos no verán más.
-
-Las cauterizaciones serán inútiles. La úlcera irá en aumento, y la
-ceguera eterna, incurable, es lo que espera a aquel sér raquítico,
-fruto del capricho de la sensualidad.
-
-Aquellos gritos continuos de garganta débil, lejos de causarnos
-la habitual molestia que ocasiona la impaciencia de los recién
-nacidos, nos deja mudos de pena al vernos impotentes para prevenir lo
-irremediable. Y la madre ignorante, desesperada por la perspicacia
-innata del corazón, deja triste y silenciosa correr sus lágrimas
-amargas. «Y después de tanto sufrimiento ¿podrá ver mi hijo, doctor?»
-«¡Oh! tal vez sí, sí. En fin, veremos»--responde aquel noble médico,
-embarazado entre la mentira consoladora y la verdad terrible...
-
-_¡Pauvre petit!_--me dijo--. El terreno, el terreno es lo principal...
-¡Cuántos otros se han curado con este procedimiento!... Y al salir de
-la sala, en el pasillo, pude ver aún a la madre desesperada que había
-espiado a las últimas frases nuestras, llorando inconsolable.
-
-¡Y ese pobre sér nacido al azar, de un contacto casual o mercantil,
-en el vertiginoso remolino de París, condenado a la tiniebla eterna,
-cuando pudo tal vez tener más que otros derecho a la luz!
-
-¿Por qué la desgracia se abate sobre él? ¿Qué misterioso y fatal sino
-le condena víctima inocente e inconsciente? Misterio. ¿Por la miseria,
-por la ignorancia, por la incuria o por el vicio?...
-
- * * * * *
-
-¿Por la miseria, por la ignorancia, por la incuria, por el vicio?
-
-Sí. Por todos esos caminos llegan al terrible, al espantoso reino de
-las tinieblas eternas, de la noche sin fin, estos lamentables seres que
-deben escuchar ya siempre la canción de la vida como un eco triste de
-desesperanza. Sus vidas corren tristes y sombrías. Pasan insensibles
-a los encantos de la Naturaleza, sin gozar de la gama admirable de
-los colores, sin recoger la hermosura de la luz... Y el gesto como de
-burlesca ironía que contrae el rostro de los infelices privados de la
-vista, es la marca que sobre ellos ha puesto el Destino al sumirlos en
-la ceguera eterna e incurable.
-
-Y cuando se reflexiona en que el sesenta por ciento de los casos que
-se producen provienen de lesiones infecciosas de diversos caracteres,
-apena llegar al convencimiento de lo hondo del mal. Mientras la
-ignorancia y la incuria sean como naturales en tanto desgraciado,
-víctimas de sí mismos, destruirán inconscientemente el don más
-inapreciable que fué otorgado al hombre, esos pacientes lamentables que
-la ciencia, agotados todos sus recursos, tiene que abandonar, presa
-indisputable, a la terrible enfermedad.
-
-Mientras la miseria reine omnipotente sobre el hombre; mientras la
-necesidad estreche al trabajador; mientras el hambre sea la suprema
-razón, la más inflexible ley social, continuarán llegando a las
-clínicas hombres jóvenes, hombres pletóricos de energía, luchadores en
-pleno vigor, a los que el exceso de trabajo, la tarea hecha en malas
-condiciones y la nutrición insuficiente privaron de la vista; y que
-tendrán siempre pronto el tremendo comentario: ¡Mis hijos no tenían pan!
-
-Las grandes ciudades con sus hacinamientos absurdos y sus tugurios
-circundantes, verdaderos laboratorios de la miseria; los populosos
-centros industriales sin condiciones higiénicas; la ignorancia, pesando
-aún por todas partes, y el descuido--consecuencia suya--agravando el
-mal... He ahí el origen de gran parte de esos atroces dramas de la
-clínica que desolan a una familia y hacen de un sér en plenitud de su
-vida, un inválido sin energías, sin vista, sin independencia y sin
-esperanzas...
-
-Pero cuando la ignorancia sea vencida, cuando el imperativo de la
-necesidad no obligue al hombre a inutilizarse, cuando la incuria
-no ate las inteligencias, ¿enviará aún el vicio sus víctimas a los
-hospitales?...
-
-Nada más triste, más desesperadamente triste que la existencia
-martirizada de esos niños señalados al nacer por el azar de la
-desgracia para blanco de sus rigores. ¡El triste niño ciego! Fruto
-concebido, quizá, en el revuelo de una _rencontre_ de dos seres que
-después continúan ignorándose, queda para vivir una lamentable herencia
-de dolor y de desgracias... ¡Algo terrible, algo siniestro presidió su
-nacimiento; un hada negra ha estado allí esperando su gemir de recién
-nacido y al partir le deja para siempre, irremediablemente, privado de
-la luz, la irreemplazable, la maravillosa luz!...
-
-
-
-
- La herencia de don Juan.
-
-
-Después de las mil y tres formas que fueron cien veces más, después
-de los vinos capitosos y de los alcoholes quemantes, después de sus
-femeninos triunfos en partes diversas, don Juan no murió reumático
-en Cartagena, según lo supuso Campoamor: don Juan murió alcohólico y
-averiado. Él se fué al cielo conforme con Zorrilla, o al infierno como
-era de justicia. ¿Supo la herencia que dejaba? ¿Se dió cuenta de lo que
-quedaba de miseria y de dolor en el mundo por culpa suya? Su egoísmo y
-su animalidad no le permitieron hacer ninguna reflexión al respecto. Él
-vivió y gozó. Ejerció su poder de fortaleza y de conquista. Él no tenía
-nada que ver con los sermones y tiradas de mil comendadores. De todas
-maneras, quedó la herencia de don Juan. ¿Cuál es esta herencia?
-
- * * * * *
-
-Voy por una calle, en día domingo. Veo venir en larga fila, uniformados
-de azul, los niños de un hospicio. Van guiados por un inspector. Sus
-caritas son pálidas, abotagadas o flacas. Una innata tristeza se ve
-en ellos. Esa infancia es poco pródiga de sonrisas. Se advierte la
-obra dañina del raquitismo y de la escrófula. Unas faces son como
-apagadas, en otras los ojos indican un vago extravío. El paso demuestra
-debilidad. En algunos se ha detenido el espíritu al borde de la
-imbecilidad o de la idiotez. En otros se diría que está en flor, en
-flor malsana y emponzoñada, el delincuente de mañana. Pasan.
-
-En un jardín. Allí, con sus _nurses_ y _gouvernantes_ están los niños
-y niñas de las gentes pudientes, de las gentes de hotel y automóvil,
-de los ricos. ¿Encontraré aquí la salud y la alegría de la edad
-infantil? ¡Oh, cuán poco! Encuentro el lujo, la ostentación, y aun ya
-el _flirt_, en esa humanidad minúscula; pero son excepcionales las
-faces sonrosadas y sanas, las miradas límpidas, los aspectos de flor.
-La pierna emerge del calcetín o se modela bajo la media, sin robustez,
-como sin consistencia; abundan los huesos largos, que terminan con
-fealdad en la rótula saliente. Las caras tienen como prematuras
-arrugas y gestos dedisivos, caras de hombrecitos y de mujercitas,
-con muy poco de puerilidad. No se piensa sino en las tuberculosis y
-las anemias, las debilidades y las taras. Y entre los escasos tipos
-frescos y desbordantes de vitalidad, pues los hay también, pasan, con
-sus raquetas de _tennis_ o sobre sus patines rodantes, esos infantes y
-adolescentes raquíticos o minados por un mal interno y prematuro, como
-una fruta por su gusano.
-
-Y eso, ¿qué es?
-
-Eso, es la herencia de don Juan.
-
- * * * * *
-
-Los padres han comido las uvas verdes y los hijos tienen dentera, dice
-la Biblia. Y un pedagogo eminente: «Cada uno de nosotros, largo tiempo
-antes de ser padre, debe a los niños que podrán nacer de él no tocar
-aquellos frutos peligrosos. Era ordinariamente después de haber comido
-las uvas, que se pensaba en lo que dice la palabra bíblica. Ella era
-la amenaza del castigo inevitable y ya incurrido. Nosotros comenzamos
-más antes a decirla a los demás a nosotros mismos; es una advertencia,
-un consejo, una orden. Sin pretender que nuestros antepasados valían
-menos que nosotros, parece que en muchos casos en que ellos obraban
-mal sin vacilación, escrúpulo ni remordimiento, no tenemos ya su plena
-seguridad; ya no nos atrevemos a decir que nuestro derecho es abusar
-de los placeres y cuando nuestra cobardía se abandona a las pasiones,
-sabemos muy bien que no nos hacemos daño solamente a nosotros. A pesar
-de todo, la idea de nuestra responsabilidad turba, si no a muchos
-de nuestros contemporáneos, al menos a un número no despreciable y
-que va aumentando». ¿Es esto cierto? Así parece, según los datos
-y manifestaciones de especialistas dedicados a esas cuestiones
-interesantes. Pero no es muy grande el triunfo todavía; M. Ferdinand
-Gache asegura, sin embargo: «Una cantidad de jóvenes pasa su juventud
-alegremente, pero ya no se oye tanto como antes, a padres y madres
-proclamar: _Il faut que jeunesse se passe_». El descuido se hace más
-raro respecto a las decadencias orgánicas o las taras mentales que
-se pueden transmitir a los niños. Los hacedores de pena han perdido
-su arrogancia y no osan más gritar: «¡Después de mí, el diluvio!»
-Ese grito, lo presiente, levantaría censuras. Se dan cuenta de que
-alrededor de ellos no se ven ya con descuido la salud, el bienestar, la
-felicidad de las generaciones por venir. En Wáshington se celebró en
-el 1908, en el mes de marzo, el primer Congreso internacional en favor
-del bienestar infantil. «Se trabaja por libertar al niño de la herencia
-de don Juan. Y he aquí que en la ciencia aparece un descubrimiento que
-hace pensar en Ibsen: el «signo Sisto».
-
-En el mundo médico europeo ha llamado vivamente la atención ese
-hallazgo del doctor argentino, Jenaro Sisto. El «signo Sisto»--así
-bautizado por el eminente profesor Comby--es el grito inconsciente del
-recién nacido que denuncia la herencia donjuanesca, la revelación del
-veneno paternal.
-
-Fué en Buenos Aires en donde la observación del médico desde hoy ya
-llegado a la celebridad, encontró que ciertos gritos de los niños de
-pecho, repetidos «sin cesar y sin razón», como dice el sabio francés,
-tenían por causa la enfermedad terrible que hiciera escribir un poema a
-Jerónimo Fracastoro y una pieza dramática a M. Brieux, de la Academia
-Francesa. Al sospechar el mal heredado, dice el doctor Comby en el
-prólogo de la obra en que el doctor Sisto trata del asunto, «habiéndose
-traducido esa suposición, como debía ser siempre en clínica infantil,
-por el tratamiento mercurial inmediato, nuestro colega tuvo la
-satisfacción de ver cesar de gritar a sus enfermitos, al mismo tiempo
-que los síntomas específicos, cuando se presentaban, desaparecían más o
-menos rápidamente. La demostración estaba hecha».
-
-Es, pues, el niño, con su grito, el prematuro _revenat_ ibseniano.
-Desde la cuna, desde que aparece sobre la faz del mundo, libre ya
-de la prisión materna, clama que viene herido, que viene, por culpa
-ancestral, con una carga de sufrimiento. Y por la ciencia, el clínico
-de hoy reconoce en seguida al delator.
-
-Siempre el niño ha gritado al venir a la vida. Ya sea que demuestre con
-ello, como dice el mismo doctor Sisto, que vive y que tiene la fuerza
-suficiente para introducir el aire en sus pulmones, cuyo funcionamiento
-comienza precisamente con ese primer grito; ya que éste señale, al
-decir de Fernández Figueira, la ruptura de las trabas de la vida
-intrauterina; ya, según Longnet, que sea dictado por una ley primitiva
-de la naturaleza, «la fuerza desconocida que domina todos los fenómenos
-de la vida», o, según d'Espine y Picot--citados todos en la obra de
-Sisto--, sea ese primer grito debido probablemente a la impresión
-desagradable producida por el aire exterior sobre la superficie del
-cuerpo, el caso es éste: al llegar al mundo el hombre, llora, el hombre
-grita, como si ya sospechase a dónde llega, como si ya supiese la
-significación de la litúrgica frase «valle de lágrimas». Las lágrimas
-vendrán después, pero él ha lanzado el grito.
-
-Notad estas curiosas observaciones. Billard nota que el grito del niño
-se compone de dos partes: «una sonora, suficientemente prolongada; es
-el grito propiamente dicho. Se hace oir durante la espiración, empieza
-y acaba con ella, y es el resultado de la expulsión del aire que sale
-de los pulmones a través de la laringe. La otra parte del grito es el
-resultado de la inspiración; el aire precipitándose a través de la
-glotis, para introducirse en los pulmones, se encuentra comprimido por
-la contracción, en cierto modo espasmódica, de los músculos vocales, y
-hace oir un ruido muy corto, pero agudo, a veces menos perceptible que
-el grito propiamente dicho; es una especie de _reprise_, que está entre
-el grito que acaba y el que va a comenzar. A menudo el grito existe
-solo y la _reprise_ no se hace oir, o bien sólo se oye la _reprise_, y
-el grito queda ahogado». Y Baginski hace esta observación fónica: «a
-veces el grito adquiere caracteres patognomónicos, y se puede decir,
-de una manera general, que las vocales «a» y «e» dominan en el grito
-provocado por la cólera o el descontento, en tanto que la vocal «i»
-expresa el dolor». En el erudito libro del doctor Sisto, _Les cris
-chez les nourrissons_ hay otras cuantas citas de diversos autores
-respecto a esa manifestación primera de dolor o de vida, o de ambas
-cosas. Pero la _trouvaille_ del médico argentino no se refiere a esa
-clase de grito. Es otro grito que viene después, el grito constante,
-persistente, en el tiempo de la primera lactancia, «entre dos semanas y
-tres, o cuatro meses», es el grito revelador de la ponzoña hereditaria,
-la demostración desde hoy, para el facultativo conocedor, del doloroso
-legado de don Juan.
-
-Hay que leer las observaciones y ver las fotografías de los niños en la
-obra de que me ocupo. En uno de los casos el aspecto de la criatura no
-dice nada; se creería, al contrario, que la salud florece y brilla en
-su aspecto; en otros, sí, se notan el sufrimiento, la degeneración, la
-tara.
-
-Ni es de mi competencia, ni este es el lugar para entrar en mayores
-detalles, siquiera fuesen reproducidos de los diferentes casos
-observados por distintos pediatras y clínicos.
-
-Pero he querido manifestar el placer que he sentido al ver apreciado en
-su justo valer por sabios de este continente la labor de un estudioso,
-cuyo nombre se agrega a las listas de los eminentes argentinos a
-quienes se refiere el doctor Comby cuando escribe: «Nuestros hermanos
-latinos de la República Argentina, antes nuestros discípulos, y hoy
-llegando a maestros a su vez».
-
-
-
-
- Roosevelt en París.
-
-
-Está ya en París, de vuelta de África, el yanqui extraordinario a quien
-algunos quieren llamar el primero en la paz, el primero en la guerra y
-el primero en el _bluff_ de sus conciudadanos.
-
-Se le ha recibido en Europa como a un rey de raza, mejor que a un rey
-del petróleo, o príncipe del algodón o de los embutidos. ¿Quién negará
-su energía, su fuerza, su excelente humor, su decisión y su franqueza?
-Es todo lo contrario de un tímido, y todo lo opuesto a un ceremonioso.
-Él es el «hombre representativo» del gran pueblo adolescente que parece
-hubiera comido el _food of gods_ wellsiano, y cuyo gigantismo y cuyas
-travesuras causan la natural inquietud en el vecindario.
-
-Ya sabía el parisiense de quién se trataba, y cómo el ex presidente,
-y con seguridad casi seguro futuro presidente de la Unión, había sido
-recibido por las monarquías italiana y austro-húngara. Los periódicos,
-que habían dedicado largas columnas a las proezas del gran cazador
-delante del Eterno y de la máquina fotográfica, estaban listos para la
-vuelta del vencedor de las fieras de África y del enemigo formidable de
-los trusters yanquis.
-
-¡Maravilloso ejemplar de humanidad libre y bravía! Pueden los
-escritores de humor y de malas intenciones presentarle como el
-hombre-estuche, genuina encarnación del espíritu y de las tendencias de
-su colosal país, así el autor del terrible y sarcástico librito inglés
-_Abounding America_, en donde se analiza a un Roosevelt polifacial
-y multiactivo, político, cazador, literato, militar, universitario,
-ranchero, orador, diplomático, _cowboy_, pacificador, periodista,
-_sportsman_, conferencista, y otras tantas cosas para las cuales sería
-preciso enumerar el modo del boyante cura de Meudon.
-
-Lo único que no ha llenado por completo el gusto del buen pueblo de
-París es no haber podido gritar _¡Vive le roi!_ o _¡Vive l'empereur!_,
-al paso del automóvil del americano, que saludó en la estación al
-embajador Bacon, ante la gravedad del protocolo, de esta sabrosa
-manera: _¡Hallo, Bob!_ Sin embargo, se sabe vagamente que es un rey, a
-su manera, que hay en él carne de emperador y que es un gran admirador
-del Bonaparte que duerme «a la orilla del Sena». Es un personaje, sobre
-todo, _pas ordinaire_. Y con esto París está encantado. París, digo,
-el buen pueblo de París, no sabe gran cosa de los Estados Unidos. Pero
-sabe de los dólares y de las casas de cuarenta pisos; ha conocido a
-Búffalo Bill y a Bostck, y ha oído en plena plaza de la Opera, en
-ocasión memorable, tocar marchas y danzas a la banda de Sousa, «Sousa's
-Band». Sabe que los Estados Unidos tienen mucho dinero y que cada año
-viene a esta capital del placer un grupo de paseantes que deja un buen
-por qué de millones. Y todo eso le parece excelente.
-
-El jovial Nemrod ha tenido una buena prensa, sin faltar quienes le
-hayan hecho notar la inmensa distancia que hay entre el «americanismo»
-y el verdadero espíritu francés. Ciertamente, dicen unos, el personaje
-es quizá _un peu trop poussé, trop «marqué», comme on dit et l'on a
-pu sourire de cet américanisme qui touche par tant de côtés au bluff,
-mais que cependant a une parenté qu'il faut retenir avec l'énergie
-individuelle_. Levasseur encuentra en él «un hombre en toda la fuerza
-del término y un carácter supereminente». Ve al hombre de acción;
-pero hace la reserva de que «tal vez Mr. Roosevelt--que ha predicado
-la acción y la elocuencia--ha comprendido menos el carácter de otra
-clase de hombres de acción, muy numerosos en Francia y mucho más
-raros en los Estados Unidos, que obran no menos enérgicamente que
-aquellos cuyo prototipo es él, pero en el silencio del gabinete y en
-la calma de los estudios abstractos». Y el sabio francés, a propósito
-de las censuras de Roosevelt contra la causa de la despoblación,
-observa que «la gran república de los Estados Unidos, por lo menos los
-estados del Este, y en particular el de Massachusetts, no están menos
-contagiados de semejante mal». De todas maneras, Roosevelt no es un
-moralista para esta o aquella nación, sino para todas las naciones,
-y hay que agradecer «a ese gran ciudadano, el haber consagrado algo
-de su tiempo a esa apología de la honradez, de la energía y de la
-labor incansable». El presidente Fallières, por su parte, expresa que
-Roosevelt es a la vez un gran ciudadano, un grande amigo de Francia
-y un grande amigo de la paz. Esto le sentará muy bien al antiguo
-_roughrider_ que cobró el premio Nobel por hacerse bajo sus auspicios
-el arreglo ruso-japonés.
-
-Y Pichon, que hoy maneja las relaciones exteriores, manifiesta que
-«los caracteres dominantes en esa curiosa fisonomía le parecen ser
-la voluntad, la energía, el valor y la sinceridad». ¡Buen bagaje,
-vive Dios! Roosevelt se le aparece «como un hombre sin miedo que no
-consulta más que a su conciencia y sacrifica voluntariamente a las
-inspiraciones que recibe, las consecuencias que pueden producir sus
-actos, sea en lo que le concierne, sea en lo que concierne a los demás.
-En su concepción de una vida sana, honrada y robusta, tal como a menudo
-la ha definido, se ha propuesto mejorar las costumbres y elevar el
-sentido moral en su país. Ha querido para los Estados Unidos una gran
-fuerza material, porque sabe bien que es el mejor medio de ponerse al
-abrigo de complicaciones y de conflictos. A él le debe su país poseer
-una admirable y poderosa marina que ha llegado a ser la institución más
-popular de la república, siendo tan atacada y negada cuando llegó al
-poder». Y agrega: «Así es como este «pacifista» se dedica a servir la
-causa de la paz, en la cual ha dado pruebas que nosotros los franceses
-debemos recordar más que nadie. Pues Mr. Roosevelt es un amigo seguro
-y fiel de la Francia. Nos ha probado su amistad en toda circunstancia
-con un perfecto desinterés. Ha obrado como hombre de estado que
-comprende que las dos grandes repúblicas se deben apoyar entre ellas,
-puesto que obedecen a los mismos principios, prosiguen la misma obra y
-tienen el mismo ideal.
-
-Él ha encontrado muy natural que en caso de dificultades le tendiesen
-una mano amiga. Hoy es a un amigo a quien recibimos, un amigo sincero,
-justo y tenaz, _justum et tenacem_. Honrémosle. Amén». Así se ha hecho.
-Y no ha dado Roosevelt un paso que no haya sido anotado por las
-gacetas, aun aquellas que han querido emplear, inútilmente por cierto,
-su ironía bulevardera, que no ha pasado de seguro sin ser notada por el
-hipopotamicida y rinoceroctono.
-
- * * * * *
-
-¿Sobre qué les viene a hablar el gran yanqui en la vieja Sorbona a los
-atenienses del siglo XX? Pericles hubiera aprobado, sobre «los deberes
-de un ciudadano en una república». He aquí al hombre de la _strenuous
-life_ enseñando en Lutecia los deberes, como él los entiende para con
-la Patria. Se le aplaude, se le celebra. Y si hay quien recuerde lo del
-_big stick_, es para explicar que, como sucede con muchas frases, se ha
-cambiado en el público el sentido, y se ha tomado una cosa por otra. Y
-se explica: de tanto hablar del _big stick_ se ha llegado a hacer creer
-a muchas gentes, y no de las de poco más o menos, que por el más ligero
-pecadillo, el primo Jonathan aplicaría a las naciones una paliza. Nada
-más contrario a la verdad. La frase que ha causado tanto ruido, sobre
-todo, _et pour cause_, entre los países hispano-parlantes, es ésta:
-«Un viejo refrán familiar dice: habla con tono conciliador y lleva un
-fuerte bastón; así irás lejos». Si la nación americana quiere hablar en
-un tono conciliador y al mismo tiempo quiere resolverse a construir
-y mantener en un alto grado de entrenamiento una marina poderosa, la
-doctrina de Monroe irá lejos. La frase de Roosevelt no es, pues, sino
-viejo decir latino arreglado a su manera: _Suavite in modo fortiter in
-re_.
-
-Nada más distinto que el alma francesa del alma americana. Al hablar
-ante la parisiense, el norteamericano se quiso poner un diapasón lo más
-cercano posible. El demócrata, perogrullando un poco, dijo muchas cosas
-doctrinarias y no pocas utópicas. El pacifista afirmó la necesidad de
-la guerra en ciertos casos; Francia fué, y no podía ser de otro modo,
-cubierta de flores. Míster Barrett Wendell debe sentirse gozoso en
-su cátedra de Harvard. Solamente, que hay que tener hijos. «No tener
-hijos, si ello es por cálculo o por egoísmo, constituye una falta
-capital. La riqueza de una nación no puede compensar la pérdida de sus
-virtudes fundamentales y el poder de la raza, de perpetuar en su raza,
-es una de las más grandes virtudes fundamentales». El discurso fué
-largo, vigoroso, bien gesteado y dicho, en fin, de una manera que no
-se ha usado nunca en el vetusto Instituto. El ex presidente no tiene
-nada que ver con esa cosa tan francesa que aquí se llama buen gusto.
-Ni le hace falta. Él es una fuerza de la Naturaleza. Y luego, aquí
-se conocía, al menos por algunos, la frase de John Morley: «He visto
-en los Estados Unidos dos prodigiosas fuerzas naturales: la catarata
-del Niágara y el presidente Roosevelt. No sé cuál de los dos es más
-fuerte.» Como sabéis, John Morley no es nativo de Andalucía.
-
-¿Qué le van a hacer a esa potencia elemental, a esa fuerza de la
-Naturaleza, a ese beluario que se las ha visto con leones, elefantes
-y rinocerontes en África y con Rockefellers, Goulds y otras fieras
-de oro en su tierra; qué le van a hacer, digo, las finas y bonitas
-saetas de estos ironistas profesionales? ¿Qué le importa a él que M.
-J. Ernest-Charles le comente en estilo acidulado, le parodie o le
-señale contradicciones en su conferencia? Él sabe que aquí cuenta
-con admiradores de fuste, aun entre los hombres de letras, como el
-incontenible y ciclónico M. Paul Adam, como M. Jean Izouret, como otros
-cuantos americanizantes o americanizados. Alguien demuestra en un
-diario que en su libro sobre Cromwell, Roosevelt está contra Bossuet.
-Se puede apostar, asegura ese alguien, que si alguna vez recibiera
-monseñor Merry del Val en el Vaticano a Teodoro Roosevelt, el libro de
-éste sobre Oliverio Cromwell no sería el tema principal y aun accesorio
-de la conversación. ¡Ya lo creo! Como también puede afirmarse que una
-tercera parte del entusiasmo oficial en París ha sido causada por la
-negativa del Vaticano a la ya famosa y frustrada visita.
-
-Los franceses han apreciado en su verdadero valor, algunos de los
-principios rooseveltianos, y sobre todo éste: El hombre, el ciudadano,
-como la Nación, lo primero a que debe dedicarse es a hacer dinero. Una
-vez hecho el dinero, puede hacer lo que le venga en deseo. Y después,
-la declaración contra los pocos audaces: «Nada se puede sacar de ese
-tipo de ciudadano, del cual lo mejor que se puede decir es que es
-inofensivo. No hay casi lugar en la vida activa para el buen hombre
-tímido». Como aquí abunda mucho el tipo, como en todos los países
-llamados latinos, el arranque ha caído bien. Un periodista explicará
-que no se trata de una timidez puramente exterior, sino de esa falta
-íntima de confianza que vuelve a las gentes indecisas, débiles y
-prepara todas las derrotas. «Esta manera de neurastenia moral se
-encuentra mucho en progresión en la sociedad moderna; y sobre todo,
-preciso es reconocerlo, en Francia». Habráse sacado así práctico
-provecho de la conferencia. Banquetes y banquetes, recepciones y
-recepciones, hoy en el Elysée, mañana en el Quai d'Orsay, pasado mañana
-en el Palacio de Justicia y honores de soberano. Una delegación en que
-hay un ex presidente del Consejo, ministros, diplomáticos, estadistas,
-llega a propósito de la cacareada e imposible idea del desarme a pedir
-a Roosevelt su intervención, de tal manera, que ese varón listo tiene
-que recordar a esos señores importantes que él es un simple particular
-y que no puede tomar en tal sentido ninguna iniciativa ante ningún
-Gobierno. ¿Qué dirá de todo esto Mr. Taft, cuyos comentados _twosteps_
-y zapatetas no pudieron hacer el menor contrapeso a las formidables
-performances de Teddy?
-
- * * * * *
-
-Este superhombre que está aplastando en París, por ahora, a D'Annunzio
-y a Rostand, se conmovió ante la tumba de Napoleón. Tuvo en sus manos
-el _petit chapeau_, la espada. Declaró su admiración fervorosa por el
-Héroe, con quien se le compara jovialmente en los Estados Unidos, donde
-se habla de la vuelta de la isla de Elba.
-
-Y apenas ha habido aquí en los periódicos espacio para hablar de otra
-gloria yanqui, que acaba de desaparecer: Mark Twain.
-
-
-
-
- El fin del mundo.
-
-
- I
-
-En Tolosa de Francia vivía hasta hace poco tiempo, o vive aún, si es
-cierto que tenía el don de profecía, un viejo abate de familia noble y
-con títulos que él mismo ostentaba con ingenua vanagloria, sobrino de
-un mártir, nieto del comandante del Ejército real victorioso del año
-VII, descendiente directo de los antiguos condes de Noé. Llamábase, o
-llámase, Gabriel María Eugenio de la Tour de Noé, «sacerdote de edad
-de ochenta y seis años cumplidos, presbítero auxiliar de la iglesia
-de San Jerónimo de Tolosa desde hace cuarenta y cuatro años justos»,
-agregaba en 1904. Amable y venerable coquetería, en quien durante todo
-ese transcurso acompañó al cementerio a todos los muertos tolosanos en
-su calidad de _aumônier_.
-
-Este hombre venerable, tan frecuentador de los difuntos, tuvo desde
-hace más de cuarenta años la idea de calcular, pensando en la «Profecía
-de los papas», de San Malaquías, la fecha más o menos aproximada del
-fin del mundo. Lo hizo en un libro en que la señalaba para el año 1953.
-No me negaréis que el cometa de Halley y compañeros dan una resaltante
-actualidad a dicho libro.
-
-¿Quién fué este inquietante profeta San Malaquías? Estoy muy seguro de
-que la mayoría de los lectores de _La Nación_ no tienen ninguna noticia
-de él ni de sus vaticinios. Fué un irlandés de Armagh, que nació en
-1094, y tuvo gran fama por su intimidad con San Bernardo, su vida
-ejemplar y los prodigios que realizó. Clemente III le canonizó medio
-siglo después de su muerte, acaecida en la abadía de Clairbaux, a los
-cincuenta y cuatro años, el 2 de Noviembre de 1148. Advertid lo curioso
-y fatal de esa fecha de difuntos.
-
-Puesto que ya sabéis quién fué el profeta, bien está que conozcáis
-la profecía. Ésta consta de 112 lemas latinos, que caracterizan
-alegóricamente a los 112 papas, desde Celestino II hasta Pedro II, que
-será el último Pontífice de Roma. ¿Cómo calcula el abate de Noé? He
-aquí su principal argumento. Siendo el papado inmortal, y concluyendo
-éste con Pedro II, es, pues, innegable que con el último papa la
-Humanidad acabará. Establecido este punto, dice un crítico suyo:
-
-«El autor, conociendo el número de los papas que deben reinar hasta el
-fin de los tiempos, busca la media de la duración del pontificado de
-cada uno de los jefes de la Iglesia, y esta media, multiplicada por
-el número de todos los pontífices romanos indicados en la historia
-eclesiástica, y la profecía maláquica le da el número 1953, que, según
-él, es la fecha aproximativa del fin del mundo.»
-
-El abate examina e interpreta los lemas, y resultando que coinciden
-con los papas del pasado, supone, no sin razón, que las divisas de
-los pocos papas venideros justificarán sus cómputos, 1953 y 1910...
-confesemos que si el Halley nos barre, la equivocación es ínfima en un
-asunto que trata de la eternidad.
-
-Adviértase que el libro de que nos ocupamos no ha entrado en el Index,
-y no solamente esto, ha recibido la aprobación de León XIII, según
-tengo entendido, y la del actual pontífice.
-
-Por su extraño interés voy a transcribir los lemas y extractar las
-explicaciones del presbítero de Tolosa. En la explicación de las
-divisas dice el abate: «Dos cifras preceden el nombre de cada papa: la
-una indica el nombre ordinal de cada pontífice y la otra el año de su
-muerte».
-
-1--1144.--Celestino II.--«Ex castro Tiberis»--De un castillo del Tíber.
-
-Celestino II nació, en efecto, en Cittá di Castello, sobre el Tíber, en
-Toscana. Su apellido particular era Dicastell.
-
-La primera divisa se encuentra, pues, admirablemente justificada.
-
-2--1145.--Lucio II.--«Inimicus expulsus»--El enemigo expulsado.
-
-Era de la familia Caccianemici, que significa lo mismo que el lema.
-Además, dice por pasiva el abate: Los romanos, fanatizados por el
-famoso Heraldo de Brecia, le trataron como «enemigo» y le expulsaron de
-la ciudad y aun del mundo, puesto que le mataron de una pedrada.
-
-3--1150.--Eugenio III.--«Ex magnetudine Montis»--De la grandeza del
-monte.
-
-Este papa nació en el castillo de Graumont, en italiano monte magno.
-
-4--1154.--Anastasio IV.--«Allax Suburraux»--Abad de la suburra.
-
-Este papa se llamaba de apellido Subuni, y además nació en la calle de
-la Suburra y fué abad de San Rufo en Avignon.
-
-5--1159.--Adriano IV.--«De cune albo»--Del campo blanco, o del campo de
-alba.
-
-Este papa, único papa inglés, profesó en Saint-Albani, y llevaba el
-hábito «blanco» como canónigo de San Rufo. Eugenio III le creó cardenal
-y obispo de Albano o de Alba.
-
-6--1164.--Víctor IV.--Antipapa.--«Ex tetro carcere»--De negra prisión.
-
-Elegido por dos cardenales díscolos, arrojó al verdadero papa,
-Alejandro III, en una «negra prisión». Este allí volvióse loco furioso,
-todavía más negra prisión que la otra.
-
-7--1168.--Pascual III.--Antipapa.--«Vía transtiberina»--Vía del otro
-lado del Tíber.
-
-Fué cardenal de San Calixto en Transvere, o sea, al otro lado del Tíber.
-
-8--1178.--Calixto III.--Antipapa.--«De pannonia Tuscia»--De pannonio, o
-sobre pannonio toscano.
-
-Henos aquí--escribe el abad--en presencia de un espléndido giro
-elíptico. La Biblia y el Apocalipsis no tienen inspiraciones más
-sublimes. He aquí el sacerdocio triunfando del imperio, la Iglesia de
-la tiranía, el «toscano» Alejandro III, papa legítimo, del pagnoniano
-Calixto III, antipapa, sostenido por el César pagnoniano Barba Roja.
-Todo eso es divino, termina...
-
-9--1181.--Alejandro III.--«Ex ancere custode» De la gansa custodio.
-
-Alusión poética y grandiosa a los gansos venerados del Capitolio
-Alejandro III, «ancer» apostólico y vigilante, salvó a la Iglesia de
-tres antipapas imperiales.
-
-10--1185.--Lucio III.--«Lux in ostlo»--La luz en la puerta.
-
-Este papa se llamaba Lucius, nació en Lucca, y fué cardenal, obispo de
-Ostia.
-
-11--1187.--Urbano III.--«Sus incribro»--El cerdo en la criba.
-
-Se llamaba Cribelli. Cribelus es diminutivo de «cribama», criba. Tenía
-en su blasón un cerdo.
-
-12--1187.--Gregorio VIII.--«Ensis Laurientie» La espada de San Lorenzo.
-
-Este papa fué cardenal de San Lorenzo «in encina», y portaba en su
-escudo dos espadas.
-
-13--1196.--Clemente III.--«Ex schola exiet»--Saldrá de la escuela.
-
-En efecto, era de la familia Escholari, y nació en una casa de la plaza
-de las Escuelas, del Escuole.
-
-14--1198.--Celestino III.--«De rure bovensi»--Del campo de los bueyes.
-
-Su nombre era Jacinto. Como el jacinto es el adorno de los «campos», el
-buey es la riqueza de ellos.
-
-15--1216.--Inocencio III.--«Comes signatus»--El conde sellado.
-
-Este papa se llamaba Conti de Segni.
-
-16--1227.--Honorio III.--«Canonicus ex latere»--Canónigo del lado. De
-simple canónigo que era, Clemente III le llamó a su lado como camarero
-íntimo, «ad latere». Le hizo intendente de los dineros de la Iglesia.
-
-17--1241.--Gregorio IX.--«Avis ostiensis»--El ave de hostia.
-
-Tenía en sus armas un ave, un águila, y fué cardenal, obispo de Ostia.
-
-18--1241.--Celestino IV.--«Leo Sabinus»--El león sabino.
-
-Tenía un león en su escudo. Fué cardenal de la Sabina.
-
-19--1254.--Inocencio IV.--«Comes Laurentius» El conde Lorenzo.
-
-Este pontífice era conde y fué cardenal de San Lorenzo «inten sucina».
-
-20--1261.--Alejandro IV.--«Signus hostiense»--El signo de hostia.
-
-Era de los condes de «Segni» y cardenal de Ostia.
-
-21--1264.--Urbano IV.--«Jerusalem campaniae» Jerusalén de Champaña. Era
-francés, de Champagne, y patriarca de Jerusalén.
-
-22--1268.--Clemente IV.--«Dracco de presus».
-
-Tenía en su escudo un águila dominando a un dragón.
-
-23--1276.--Gregorio X.--«Anguineas VIX»--El hombre de la serpiente.
-
-Era de los Visconti, de Milán, que portan una serpiente en su escudo.
-
-24--1276.--Inocencio V.--«Concionator Gallur»--El predicador francés.
-
-Fué fraile predicador, y aunque no nacido en Francia, arzobispo de
-Lyón, doctor de París, profesor y provincial de la provincia de Francia.
-
-25--1276.--Adriano V.--«Bonux comes»--Buen conde.
-
-Se llamaba «Ottrobone», y era de los «condes» de la banne.
-
-26--1277.--Juan XXI.--«Piscator Tuscus»--El pescador toscano.
-
-Se llamaba Juan Pedro, como el pescador de Besaida, y fué enterrado en
-Toscana.
-
-27--1280.--Nicolás III.--«Rosa composita»--La Rosa compuesta.
-
-Tenía una rosa en su escudo y le pusieron por apodo Compositor.
-
-28--1285.--Martín IV.--«Ex telonio liliacel Martini»--De la banca de
-Martín de los lirios.
-
-Tenía lirios en su escudo y había sido tesorero de San Martín de Tours.
-
-29--1287.--Honorio IV.--«Ex rosa leonino»--De la rosa del león.
-
-Tenía en su escudo un león que llevaba una rosa.
-
-30--1292.--Nicolás IV.--«Picus inter exas»--El pico verde entre
-alimentos.
-
-Era de Ascoli en el Picenun. Ascoli en latín se dice Asisculum o
-Esculum. La palabra «escula» es diminutivo de «exa».
-
-31--1294.--Celestino V.--«Ex eremo celsus»--Sacado de la ermita.
-
-Se le sacó, en efecto, de su ermita para elevarlo al pontificado.
-Además, celsus es casi sinónimo de Facelestis.
-
-32--1303.--Bonifacio VIII.--«Ex undarum benedictione»--De la bendición
-de las ondas.
-
-Tenían sus armas fasces onduladas. Se llamaba Benedictus.
-
-33--1304.--San Benito XI.--«Concionator Patareus»--El predicador de
-Pátaro.--Era fraile predicador y se llamaba Nicolás como el santo
-obispo de Pátaro.
-
-34--1314.--Clemente V.--«De fascios Aquitanicis»--De las fases de
-Aquitania.
-
-Era de Aquitania. Su escudo tenía tres fases o bandas de gules en campo
-de oro.
-
-Hay respecto a este papa otras explicaciones que omito por no alargar
-demasiado este artículo.
-
-35--1334.--Juan XII.--«De tutore osseo»--Del zapatero de Ossa.
-
-Se llamaba Deuse o Dosa, y era hijo de un zapatero.
-
-36--1330.--Nicolás V.--Antipapa.--«Corous Schismatigus»--El cuervo
-cismático.
-
-Fué Pedro de Corberia.
-
-37--1342.--Benito XII.--«Frigidos abbas».--Fué abad de Fontfroideo.
-Fuente fría, en la diócesis de Narbona.
-
-38--1352.--Clemente VI.--«Ex rosa Atrebatensi»--De la rosa de Arras.
-
-Tenía rosas en sus armas y fué obispo de Arras.
-
-39--1362.--Inocente VI.--«De montibus Pammachü»--De las montañas de
-Palmaco.
-
-Tenía montañas en su escudo y fué cardenal obispo de Ostia.
-
-40--1370.--Urbano V.--«Gallus Vicecomes»--Francés Visconti.
-
-Fué francés y subió al papado, siendo nuncio cerca de los Visconti
-milaneces.
-
-41--1378.--Gregorio IX.--«Novus de virgene fortis»--Fuerte por una
-nueva virgen.
-
-Fué nuevo por establecer el papado en Roma, impulsado por una virgen
-fuerte, Santa Catalina de Sena.
-
-42--1394.--Clemente VII.--«De cruce apostolica»--De la cruz apostólica.
-
-La cruz de Saboya en sus armas y cardenal de los doce apóstoles.
-
-43--1424.--Benito XIII.--Antipapa.--«Luna los medina»--Laluna en
-cosmedium.
-
-Fué Pedro de Luna, cardenal de Santa María en Cosmedin.
-
-44--1429.--Clemente VIII.--«Schisma Barcinonicum»--El cisma de
-Barcelona.--Era canónigo de Barcelona, y elegido durante el cisma de
-Barcelona.
-
-45--1389.--Urbano VI.--«De inserun Prignani» Del infierno de Prignani.
-
-Se llamaba Prignani, nació en una aldea que se llamaba El Infierno.
-
-46--1404.--Bonifacio IX.--«Cubus de mistione»--El cubo de mezcla.
-
-Tenía cubos en su escudo. Luego con cubos de piedra y cemento edificó
-el castillo de Sant-Angelo.
-
-47--1406.--Inocencio VII.--«Demeliore Sedene»--De astro mejor.
-
-Tenía un astro en su escudo. Se llamaba Meliorate.
-
-48--1409.--Gregorio XII.--«Nauta de Pontenigro»--El Navegante de Negro
-Ponte.
-
-Fué obispo de Negro Ponte.
-
-49--1410.--Alejandro V.--«Flagellum solis»--El azote del sol.
-
-El sol en el escudo y fué arzobispo de Milán, en donde San Ambrosio
-está representado con un azote en la mano.
-
-50--1415.--Juan XXIII.--«Cervus Cyrenis»--El ciervo de la Sirena.
-
-Nació en Nápoles, cuyas armas tienen una sirena. Cardenal de San
-Eustaquio, el del ciervo milagroso.
-
-51--1431.--Martín V.--«Columna veli aurei»--La columna del velo de oro.
-
-Su apellido, Colonna. Columna en sus armas, cardenal de San Jorge, del
-velo de oro.
-
-52--1439.--Eugenio IV.--«Lupa coelestina»--La loba celestina.
-
-Se llamaba Celestino y tenía una loba en su escudo.
-
-53--1452.--Félix V.--«Amator cruni»--Amador de la cruz. Tenía la cruz
-de Saboya en sus armas, y se llamaba Amado.
-
-54--1455.--Nicolás V.--«De modicitate lunae»--De la bajeza de la luna.
-
-Era de la diócesis de Luna y de baja extracción.
-
-55--1458.--Calixto III.--«Bos pacens»--El buey que pace.
-
-Era de la familia de los Borgia, que portan un buey pastando en su
-escudo.
-
-56--1464.--Pío II.--«De capra et alberga»--De la cabra y de la posada.
-
-Fué secretario de los cardenales Capránico y Albergati.
-
-57--1471.--Pablo II.--«De cervo et leone»--Del ciervo y del león.
-
-Fué obispo de Cervo y cardenal de San Marcos.
-
-58--1584.--Sixto IV.--«Piscator minorita»--El pescador cordelero.
-
-Era hijo de un pescador cordelero y nacido en Celles, ciudad poblada de
-pescadores.
-
-59--1492.--Inocente VIII.--«Proecusor Siciloe»--El procursor de la
-Sicilia.
-
-Se llamaba «Juan Bautista». Gozaba de la estimación de los reyes de
-Sicilia, Alfonso y Fernando.
-
-60--1503.--Alejandro VI.--«Bos Albanus, in portu»--El buey de Alba en
-la puerta.
-
-Tenía un buey en sus armas. Fué sucesivamente cardenal de Alba y de
-Porto.
-
-61--1513.--Pío III.--«De parvo homine»--El hombrecito.
-
-Se llamaba Picolomini, que en italiano quiere decir el hombrecito. Y su
-pontificado duró solamente veintiséis días.
-
-62--1513.--Julio II.--«Fructus jovis jubavit»--El fruto de Júpiter
-ayudará.
-
-Tenía en sus armas una encina, árbol consagrado a Júpiter.
-
-63--1521.--León X.--«De craticula politiana»--De la parrilla de
-Policiano.
-
-Era hijo de Lorenzo de Médicis, y la parrilla, en latín «craticula» es
-el emblema de San Lorenzo.
-
-64--1523.--Adriano VI.--«Leo Florentius»--El león de Florencio.
-
-Se llamaba Florencio y tenía un león en su escudo.
-
-65--1534.--Clemente VII.--«Floes Piloe aut piluloe»--La flor del
-mortero, o de la píldora.
-
-Era de la casa Médicis, en cuyas armas hay seis roles o píldoras, de
-las cuales una tiene lises.
-
-66--1546.--Pablo III.--«Hyacinthus medico»--El jacinto al médico.
-
-Era de la familia Farnesio, que porta en su escudo seis jacintos.
-
-67--1555.--Julio III.--«De corona montaña»--De la corona del monte.
-
-Se llamaba Del Monte y tenía en su escudo dos coronas de laurel.
-
-68--1555.--Marcelo II.--«Frumentum floccidum»--El trigo pasajero.
-
-Tenía en su escudo dos espigas de trigo, y su Pontificado duró
-solamente veintiún días.
-
-69--1559.--Pablo IV.--«De fide Petri»--De la fe de Pedro.
-
-Se llamaba Pedro Carafe, esto es, fe cara.
-
-70--1565.--Pío IV.--«Aesculapil pharmacum»--El médico de Esculapio.
-
-Llamábase Medichine y estudió medicina en Bolonia.
-
-71--1572.--San Pío V.--«Angelus memorosus»--El ángel de los bosques.
-
-Se llamaba Miguel y nació en Boschi, que significa «bosques» en
-italiano.
-
-72--1585.--Gregorio XIII.--«Medium corpus pilarum»--La mitad del cuerpo
-de las píldoras.
-
-Portaba en su escudo medio cuerpo de dragón. El papa Pío IV, que le
-hizo cardenal, llevaba en el suyo seis soles.
-
-73--1590.--Sixto V.--«Axis inmedietati signi»--El axa en medio del
-signo.
-
-Había en su escudo un león, que es uno de los signos del zodíaco, y
-sobre él el axa del mundo.
-
-74--1590.--Urbano VII.--«De rore coeli»--Del rocío del cielo.
-
-Fué arzobispo de Rossano, donde se coge el maná. Tuvo trece días de
-pontificado. Pasó, pues, como el rocío del cielo.
-
-75--1591.--Gregorio XIV.--«De antiquitate urbis»--De la antigüedad de
-la ciudad.
-
-Nació en Orrieto, cuyo nombre latino es «Ures vetus», ciudad antigua.
-
-76--1591.--Inocencio IX.--«Pia civilitas in bello»--La ciudad piadosa
-en la guerra.
-
-Era de Bolonia, ciudad en cuyo escudo se lee «Bononia docta» carácter
-de sapiencia que conservó a través de sus guerras. Sobre todo, fué
-horror a guerra lo que la hizo entregarse a la Santa Sede.
-
-77--1605.--Clemente VIII.--«Crux Romulea»--La cruz romana.
-
-Tenía en su escudo una cruz semejante a la cruz «romulea» o papal.
-
-78--1606.--León XI.--«Undous vir»--El hombre como las ondas.
-
-En pleno vigor, a los veintisiete días de su pontificado, un
-enfriamiento le causó la muerte. Su reinado pasó como una onda.
-
-79--1621.--Pablo V.--«Gleus perversa»--La raza perversa.
-
-Bajo el pontificado, en el Japón, instigado por los protestantes de
-Inglaterra y Holanda, estalló la persecución general.
-
-80--1623.--Gregorio XV.--«Intribulatione pacis»--En la tribulación de
-la paz.
-
-El amor de la paz causó la tribulación de su reino.
-
-81--1644.--Urbano VIII.--«Lilium et rosa»--El lirio y la rosa.
-
-Tenía en sus armas abejas que libaban en esas dos flores.
-
-82--1655.--Inocente X.--«Incundito crucis»--El regocijo de la cruz.
-
-Fué elegido el día de la Exaltación de la Santa Cruz.
-
-83--1667.--Alejandro VII.--«Montium custos»--El guardián de las
-montañas.
-
-En sus armas hay una montaña de seis lados, sobre la cual una estrella
-brilla y la ampara.
-
-84--1669.--Clemente IX.--«Sidus olorum»--El astro de los cisnes.
-
-En el conclave, la suerte le dió el cuarto de los cisnes. Además, era
-poeta.
-
-85--1676.--Clemente X.--«De flumine magno»--Del gran río.
-
-Nació en momentos en que el Tíber, desbordado, inundó a Roma e hizo
-flotar su cuna, pues su casa estaba situada en las orillas del gran
-río.
-
-86--1689.--Clemente XI.--«Bellum insatiabilis»--La bestia insaciable.
-
-Tenía en sus armas un león aleopardado y un águila.
-
-87--1691.--Alejandro VIII.--«Poenitentia gloriosa».
-
-Se llamaba Pedro, nombre de un gran arrepentido. Fué elegido el día
-de San Bruno, ángel de la Penitencia, al cual dedicó monedas con esas
-palabras: «Penitentia gloriosa».
-
-88--1700.--Inocente XII.--«Rastrum in porta»--Rastrillo en la puerta.
-
-Pertenecía a la Casa de Pignatelli, del Rastello, a las puertas de
-Nápoles.
-
-89--1721.--Clemente XI.--«Flores circundati»--Las flores circundadas o
-circundantes.
-
-Urbino, su patria, tenía por armas una corona de flores.
-
-90--1724.--Inocente XIII.--«De bona religione»--De buena religión.
-
-Pertenecía a la familia de los Conti, de la cual han salido diez de los
-mejores papas.
-
-91--1730.--Benito XIII.--«Milex in bello»--Soldado en la guerra.
-
-En su pontificado comienza la primera de las tres grandes guerras que
-ensangrentaron Alemania y Europa.
-
-92--1740.--Clemente XII.--«Columna excelsa»--Columna elevada.
-
-La capilla que él levantó en San Juan de Letrán, para ser allí
-enterrado, contiene dos columnas de pórfido, sacadas del pórtico del
-Pantheon.
-
-93--1758.--Benito XIV.--«Animale rurale»--El animal rural.
-
-La interpretación del abad se reduce aquí a aplicar a su manera a este
-pontífice la célebre frase de Alberto _el Grande_ sobre Santo Tomás de
-Aquino.
-
-94--1769.--Clemente XIII.--«Rosa umbría»--La rosa de la umbría.
-
-Bajo su pontificado tuvo gran esplendor la Orden franciscana, y se sabe
-bien que a San Francisco se le llama la «rosa de la umbría».
-
-95--1774.--Clemente XIV.--«Visus velox»--La vista penetrante, o bien,
-«ursus velox», pronto, veloz.
-
-Aquí el abad Noé hace una digresión, refiriéndose a la explicación de
-los jesuítas, disueltos por este papa, dan al lema de San Malaquías,
-prohijando el acuerdo del pontífice tomado a la ligera...
-
-96--1799.--Pío VI.--«Peregrinus apostolicus»--Peregrino apostólico.
-
-Hizo a Viena un viaje por ver al emperador apostólico José II.
-
-97--1823.--Pío VII--«Aguila rapax»--Águila rapaz.
-
-Bien sabido es cómo el emperador Napoleón, que puso el águila en
-sus banderas, arrancó de Roma al papa para llevarle a Sabona y a
-Fontainebleau.
-
-98--1829.--León XII.--«Canis et coluber»--Perro y serpiente.
-
-Tenía en sus armas estos animales.
-
-99--1840.--Pío VIII.--«Vir religiosus»--El hombre religioso.
-
-Pertenecía a la Casa de Gastiglione, famosa por sus virtudes, y es, al
-decir del abate de Noé, a quien más conviene el dictado entre los papas.
-
-100--1840.--Gregorio XVI.--«De balneis Etrurioe»--De los baños de
-Etruria.
-
-Era etrusco o toscano y llevaba el escudo de Etrurión. Fué superior de
-los camandulenses, en cuya casa principal se llamaba Bolneaum, a causa
-de unos baños cercanos.
-
-101--1878.--Pío IX.--«Crux de Cruce»--La cruz de la cruz, o el
-crucificado de la cruz.
-
-Refiérese aquí el abate a las pérdidas del poder temporal, bajo Víctor
-Manuel, en cuyo escudo está la cruz de Saboya.
-
-102--León XIII.--«Lumen in celo»--Luz en el cielo.
-
-En las armas de este pontífice, sobre fondo azul de cielo hay un arco
-iris y un cometa.
-
-103--Pío X.--«Ignis ardens»--Fuego ardiente.
-
-El abate hace observar que en el blasón de este Papa hay una estrella
-de cinco puntas, de plata, y en la fecha en que escribía estos últimos
-comentos le auguraba al venerable pontífice veneciano, que no miraría
-la cosa con mucha satisfacción, muy corta vida. Estas son sus palabras:
-«Ignis ardens». El fuego ardiente, después de haber vivido poco, pero
-santamente, morirá de la muerte de los justos, según la profecía del
-santo Abad Berdín, muerto en 1279.
-
-Faltan las emblemas de los nueve papas futuros y del fin del mundo de
-la profecía de San Malaquías. Pero de esto me ocuparé en otro artículo,
-pues este va ya largo, a pesar de que he únicamente extractado lo
-fundamental de las interpretaciones.
-
-
- II
-
-Para los nueve papas futuros diré que nuestro buen abate colabora con
-San Malaquías, puesto que al interpretar los lemas entra en el terreno
-de lo profético.
-
-1.°--«Religion depopulata»--La religión despoblada.
-
-Juzga el abate Eugenio de la Tour de Noé, que bajo este pontífice
-la catolicidad entera, en paz y en riquezas por el comercio y la
-industria, se olvidará de Dios, y creerá que todo es obra de ella.
-Basado en Santa Hildegarda y en Holzhauser, cree segura otra invasión
-de bárbaros lejanos; de otro modo, en el peligro amarillo. Los
-asiáticos vendrán y he aquí por qué la religión será despoblada.
-
-2.°--«Fides intrepidos»--La fe intrépida.
-
-Algunos intérpretes--dice--creen que será la persecución a ultranza, y
-mucha sangre y mártires, como en los primeros tiempos del cristianismo.
-Pero el príncipe del Aguilón, gran rey francés, conquistará Turquía, y
-más feliz que Bonaparte, imperará en Oriente y en Occidente.
-
-Se realizaría la unión de las iglesias, y muchísimos paganos se
-convertirían. Para todo esto se apoya en la vidente Santa Hildegarda.
-
-3.°--«Pastor angelicus»--El pastor angélico.
-
-He aquí el Pontífice, que será por cierto, conforme a Cristo. Será
-humilde, practicará a las gentes, andará descalzo, y a quien el ya
-nombrado príncipe del Aguilón secundará.
-
-4.°--«Pastor et naufa»--Pastor y piloto.
-
-Cuando el papa anterior muere, se ha apaciguado la tierra. Hay un
-cristianismo universal. A este príncipe, pastor y piloto, le toca
-pilotear la barca de Pedro sobre aguas absolutamente tranquilas.
-Será preciso--dice el abate--que el pastor sea un famoso piloto para
-gobernar bien el arca Santa de la Iglesia en los días horribles del
-combate decisivo que el «hombre de pecado se apresta a presentarle
-sobre este gran mar del mundo, cuyo imperio ambiciona».
-
-5.°--«Flor florum»--La flor de las flores.
-
-En este tiempo, la humanidad convertida volverá a Dios y la virtud
-llenará el mundo como un aroma intenso. Jerusalén, cumpliendo la
-profecía de Orval, resurgirá con su templo reedificado, y el pueblo de
-Israel se ofrecerá al Señor como en un ramo oloroso de almas.
-
-6.°--«De mediate lunae»--De la mitad de la luna.
-
-Este lema terrible hace ya alusión al cercano final del mundo, pues en
-el tiempo del pontífice, a que corresponde, la luna comenzará a mostrar
-a la tierra la mitad de su disco, el Anticristo aparecerá en el mundo.
-Los turcos se convertirán, y tal vez será turco el mismo papa, según
-algunos intérpretes, aunque el abate Noé protesta contra tal hipótesis.
-Cuando el Anticristo comience a triunfar, este pontífice lanzará una
-encíclica señalando las dos sangres impuras de sus venas, que son la
-mahometana y la judía. De aquí lo de la media luna.
-
-7.°--«De laboris solis»--El trabajo del sol.
-
-Esto anuncia, según el abad, la descomposición planetaria, los
-fenómenos raros que producirá el «trabajo del sol», de un astro que se
-oscurece.
-
-8.°--«Gloria olivae»--La gloria de la oliva.
-
-En esto ve nuestro presbítero como la extremaunción del mundo, que está
-para morir. Bajo el reinado del papa, cuyo emblema es la humanidad,
-estará humillada después de un gran combate entre los malos y San
-Miguel Arcángel. Desde hace algún tiempo, los pontífices reinan, no
-ya en Roma, sino en Jerusalén, y este papa fallecerá orando, como
-Jesucristo en el jardín de los olivos.
-
-9.°--«Petrus romanus»--Pedro de Roma o romano.
-
-Este es el último papa de la profecía de San Malaquías. Pedro Romano
-pastoreará su rebaño entre las más terribles tribulaciones. Entre los
-argumentos de que se vale el abate para afirmar con San Malaquías que
-Pedro Romano será el último pontífice, hay uno modernísimo, y es el de
-que en Roma, en la iglesia de San Pablo, fuera de los muros, en donde
-se encuentran todos los retratos en mosaico de los papas, desde San
-Pedro hasta León XIII, hay diez medallones vacíos. He aquí el final de
-la famosa profecía: «_In persecutione extremâ sacrae Romanae Ecclesiae
-sodevit Petrus Romanus; qui pascet oves in multis tribulationibus;
-quibus transactis, olvitas septicolis disuctur, et judex tremendus
-judicabit populum._
-
-«_Postea, finis_».
-
-En la última persecución de la Santa Iglesia Romana habrá un Pedro
-Romano elevado al pontificado, que apacentará su rebaño entre grandes
-tribulaciones; pasados esos tiempos arduos, la ciudad de las siete
-colinas será destruida y el Juez tremendo juzgará al pueblo.
-
-«Después el fin».
-
-
- III
-
-La profecía ha tenido algunos adversarios, entre ellos el abate
-de Vallmonnt y el padre Ménestrier. Al primero le recusa nuestro
-comentarista como protegido de Voltaire, y al segundo, como plagiario.
-Se han hecho de la profecía de San Malaquías negaciones que el abad
-refuta con argumentos, cuya exposición haría interminables estos
-artículos.
-
-Además de San Malaquías, ha habido numerosos profetas que vaticinaron
-el fin del mundo. Por ejemplo, San César de Arlés, obispo, muerto el
-año 542, el cual anunció que de los restos de la Iglesia perseguida
-un papa hará, con ejemplo de sus virtudes, la reconstrucción de la
-cristiandad, ayudado por un rey de Francia, dechado de religiosidad.
-Después de él, los crímenes del hombre serán tan grandes que Dios
-decidirá el fin del mundo. Este papa, según el abad Noé, será el cuarto
-de los futuros, el «Pastor angelicus», y el rey piadoso, colaborador
-suyo, el príncipe del «Aguilón», de que hablamos antes.
-
-Otro profetizador de la terminación del mundo fué Pierre d'Aylly,
-nacido el año 1350, doctor de la Sorbona, cardenal y legado del papa.
-Este sabio, teólogo y astrólogo, dijo que las conjunciones de Saturno
-y Júpiter resultarían grandes perturbaciones astrales, seguidas de
-revoluciones políticas por el año 1789. Después de él, afirmaba, el
-Anticristo no tardaría en llegar.
-
-Está la célebre profecía de Orval, atribuída a muchos, entre ellos a
-Philippe Dieudonné, monje. Sabido es que ella fué también arreglada a
-propósito por mademoiselle Lenormand para adular a Bonaparte. En su
-versículo 47 dice: «_Et voila déjà six fois trois lunes et quatre fois
-cinq lunes que tout se sépare; et la siècle de fin commencé._»
-
-Haciendo el cómputo de todas las lunas, según lo ha hecho el abate
-Noé, resulta que el siglo del fin es el nuestro, el siglo XX. Hay
-que advertir que las tres profecías anteriormente citadas están de
-acuerdo respecto a un próximo fin del mundo, y un sabio americano,
-autor de _La creación y sus misterios descubiertos_, obra publicada en
-París en 1858, M. Snider, apoya aquellas conclusiones con argumentos
-científicos.
-
-Por otra parte, son muchas las tradiciones que señalan la terminación
-del mundo para los seis mil años después de la formación de Adán. Entre
-los judíos existía ya la idea, y el doctor de la ley, Elías, muerto
-trescientos cincuenta años antes de Jesucristo, hizo alusión a ello.
-
-Sabido es que la leyenda católica está de acuerdo en esto con la
-tradición israelita, y muchos padres de la Iglesia se han ocupado del
-asunto. El vidente Holzhauser señala el 1911 como la fecha fatal.
-Otros, en cambio, no se acercan tanto como él a nuestros días, en
-sus predicciones. Así, fray Bucelín, que llega hasta 6004. Sor de la
-Natividad, clarisa bretona, dice a la letra: «El siglo 2000 no pasará
-sin que el fin no llegue». El abate D'Arzano señala el año 2000. Por
-fin, nuestro autor, después de cotejar profecías sucesivas desde
-Nostradamus hasta profetas yanquis, lo cual es un colmo, ratifica su
-opinión de que será en 1953.
-
-Además, el _Secreto de la Saleta_ da apoyo al abate Noé. Demás decir
-que su erudición bíblica le sirve a cada paso sobre el asunto desde
-Esotras hasta el Apocalipsis. Tiene en su libro un capítulo en que
-señala el triunfo de la francmasonería como precursor inmediato de
-la aparición del Anticristo. Habla en otro capítulo de los signos
-anunciadores del fin del mundo, a que se refiere el Evangelio: hambres,
-pestes, terremotos y extinción de la fe. No hay duda de que tiene razón
-al señalar todas esas cosas como sucedidas en nuestro tiempo, sobre
-todo en lo que se refiere al acabamiento de la fe.
-
-En otro, relaciona con la extinción universal los asuntos de la
-política francesa.
-
-Trata luego de la significación del Anticristo, y recuerda que San
-Juan aseguró que habría un gran número de ellos, como en efecto los ha
-habido, en Nerón, Mahoma, Juliano, Lutero y otros.
-
-El vidente Holzhauser anuncia el nacimiento del Anticristo para el año
-1855. Nicolás, en 1859. Por su parte el abate Noé afirma rotundamente
-que ha nacido en Europa el año 1863, que fué educado militarmente en
-una conocida escuela. Ignora su residencia, pero sabe que su opresión
-será corta, aunque terrible. La madre, judía conversa y ex monja,
-habita Londres, o estaba por lo menos allí en 1904.
-
-Ahora, los que presten fe al excelente abate, puesto que no
-han sucedido muchas cosas que tienen que suceder, pueden estar
-perfectamente tranquilos por lo del colazo del Halley.
-
-
-
-
- La comedia de las urnas.
-
-
-En el momento en que escribo estas líneas Francia se prepara a nombrar
-sus diputados, como sabéis, por un período de cuatro años. En todas
-las ciudades, en las más humildes aldeas de los campos más lejanos,
-los carteles electorales manchan los muros y los discursos de los
-candidatos desgranan sus rosarios de lugares comunes. Muy pronto el
-«pueblo soberano» designará por sus votos aquellos que deberán ejercer
-el mandato y conducir los destinos del país.
-
- * * * * *
-
-Podréis, pues, creer que en un momento tan crítico hay en la atmósfera
-francesa como un olor a pólvora; que al acercarse el instante de la
-lucha los batallones se estremecen de impaciencia: que la nación entera
-está sacudida por un estremecimiento de espera y en la angustia de lo
-que resultará. Así debería ser, pero no es así.
-
-La vida nacional, lejos de estar suspensa o turbada, sigue su curso
-normal. Los hombres y las cosas guardan su calma y su serenidad
-ordinarias. ¿Es esto sangre fría, corrección o dignidad?
-
-He interrogado sobre este punto a algunos franceses amigos míos, cuyo
-buen sentido y sinceridad conozco. Les he preguntado:
-
---¿Qué hará usted el próximo domingo 24 de abril?
-
---¿Lo que haré?--me contestó uno--Si el tiempo está bueno, iré a pasar
-el día por los alrededores de París: será mi fiesta de la primavera.
-
---El 24 de abril--me responde otro, con un aire cuidadoso y tocándose
-la frente con el índice--es probable que mi mujer dé a luz, a menos que
-se equivoque en su cálculos.
-
---El 24 de este mes--dice un tercero--alojaré y pasearé por la capital
-a toda una familia de parientes del campo que han creído darme un gran
-placer viniendo a visitarme.
-
-Nadie me ha respondido:
-
---El 24 de abril próximo, como es el día de las elecciones, cumpliré
-con mi deber de elector. Iré a depositar mi papeleta en la urna. El 24
-de abril seré verdaderamente ciudadano y nada más que ciudadano.
-
-Apostaría que a los millares de electores franceses, semejantes a
-esos amigos míos, les importa un comino el asunto de las elecciones.
-Por otra parte, las estadísticas lo demuestran. Veo, por ejemplo, que
-en 1906 hubo en ciertas circunscripciones hasta una tercera parte de
-electores que no votaron, y que el promedio general de las abstenciones
-es de un cuarto o de un quinto del número de los inscritos.
-
-Esos indiferentes son ordinariamente, nótese bien, hombres de
-ideas sanas, igualmente alejados de todo exceso reaccionario o
-revolucionario, y cuyo voto, sobre todo cuando los candidatos rivales
-tienen probabilidades más o menos iguales, podría modificar el
-resultado. Pero estiman más la libertad de hablar o de escribir que el
-derecho de elegir. Están convencidos de que un voto más o menos en uno
-de los platos de la balanza no podría inclinarse a tal o cual lado. Y
-creen también que la lucha es inútil y que hay que conformarse con lo
-inevitable, o que las cosas no irán ni mejor ni peor con el socialista
-Ribouldingue, que con el conservador Duriflard, tartampiones notorios.
-
-Llevando un poco más adelante mi pequeña encuesta sobre la mentalidad
-de los lectores, he llegado a convencerme que no son sólo los
-abstencionistas los indiferentes. Podría afirmar que la masa de
-los franceses no concede mucha importancia a las elecciones. Las
-consideran como una simple formalidad administrativa que se efectúa
-periódicamente, como los discursos de apertura, o los concursos en las
-Facultades. Votando, hacen un esfuerzo, un ademán; pero no tienen en el
-corazón, ni fe ni entusiasmo: no van a una batalla.
-
-En verdad, este pueblo tiene, en su complicidad, algo de
-desconcertante. Está poseído, como ninguno, de ansia de novedad y de
-progreso, y ninguno se advierte, desde ciertos puntos de vista, más
-carneril.
-
-Tiene la pasión de la independencia; pero con tal que pueda burlarse
-de la autoridad--¡desde el Guignol!--y gozar de libertad de espíritu,
-no se cura de la tiranía que le rodea. Se queja sonoramente y muy a
-menudo, no del régimen político mismo, sino de los politicastros que
-lo deforman, y no intenta echarlos del Palais Bourbon, en donde se
-han fijado cómo el Doctor de la Dulzura, una vez enojado, echó a los
-mercaderes del templo. Deplora la ruina de la marina y vuelve a colocar
-en la cámara a los mismos hombres que han deteriorado la Armada. Se
-lamenta de la contaminación del Ejército, infectado por los sin patria,
-y no hará nada para reducir a la impotencia a los cultivadores de esos
-gérmenes mórbidos. Se encorva bajo el fardo cada vez más aplastante de
-los impuestos, y, con todo y que puja, queda como bajo la monarquía,
-_taillable et corvéable à merci_.
-
- * * * * *
-
-Esta indiferencia de la mayoría de los electores la conocen los
-candidatos y la aprovechan.
-
-La literatura ligera y los caricaturistas explotan el asunto. Diálogo
-entre un candidato y su mujer:
-
---He encontrado mis circulares electorales de hace cuatro años.
-
---Pero ¿pueden servir todavía?
-
---¡Ya lo creo! ¡Como prometo siempre las mismas cosas!...
-
-No querría que se creyese por esto que todos los candidatos son
-farsantes. Pero juzgo que a la mayor parte les falta sinceridad. Pues
-yo llamo sincero a aquel que, dándose cuenta de lo que significa su
-mandato, no disfraza la verdad exagerando el bien, paliando y velando
-el mal; a aquel que no promete sino lo que puede cumplir y que no lo
-promete sino porque está resuelto a ponerlo en práctica en seguida;
-a aquel que lucha por un ideal. Llamo sincero, en fin, al candidato
-que habiendo buscado y encontrado en la rectitud de su conciencia la
-manera de hacer el bien verdadero al país en general y no sólo a su
-circunscripción, pone toda su voluntad, toda su alma, todo su sér, en
-transformar su programa en actos, y que si no ha hecho todo lo que ha
-querido, ha hecho, de todas maneras, lo que ha podido.
-
-He seguido día por día, se puede decir, la vida parlamentaria francesa
-en el curso de los últimos cuatro años. Y me he preguntado más de
-una vez, cómo los diputados de la mayoría, después de las numerosas
-y garrafales faltas que habían cometido, se presentarían y se
-justificarían ante sus electores al acabarse la legislatura. He leído
-en estos días muchos carteles y aun he asistido a algunas reuniones
-electorales. Y bien. Esos señores están completamente tranquilos.
-Fijáos. Se han votado las leyes complementarias de la separación de
-la Iglesia y del Estado. Se ha afirmado la defensa del Estado laico
-protegiendo la neutralidad escolar. Se ha proseguido la obra social
-poniendo en vigor la plausible ley de asistencia a los ancianos,
-protegiendo la infancia, ayudando a la asistencia privada, mejorando
-la higiene. Las poblaciones rurales aprovechan una gran parte en la
-actividad reformadora de la última legislatura; se ha extendido y
-generalizado el sistema de la mutualidad agrícola. Se ha favorecido
-igualmente a las poblaciones marítimas, reorganizando el crédito
-marítimo y mejorando la suerte de los inscritos. ¿Qué decir de las
-leyes en favor de los obreros y empleados? Sobre todo, de la ley de
-5 de abril de este año, sobre el retiro de los obreros y labriegos,
-que quedará como la obra esencial y duradera de estos últimos años de
-república social. ¿Qué no se ha hecho también por el comercio y la
-industria?
-
-Se han perfeccionado correos y telégrafos. Se han rebajado las tarifas
-postales, se ha revisado la tarifa aduanera de modo que ha hecho
-prosperar un gran número de industrias francesas; se ha rescatado,
-en condiciones excepcionalmente favorables, la red ferroviaria del
-Oeste. Se han aumentado los sueldos de los funcionarios y se han
-dado garantías contra el favoritismo. Se ha democratizado el Jurado
-y se ha dilatado la estrechez del viejo código napoleónico. No se ha
-descuidado la defensa nacional; se ha reorganizado la artillería;
-se han construído barcos de guerra; se ha mejorado la condición del
-soldado. La prosperidad financiera ha crecido. La política exterior se
-ha hecho el instrumento eficaz de la paz nacional. Y se ha hecho más. Y
-más. Y más. Y diré como un candidato, recientemente, a sus electores:
-«No concluiría, mis queridos conciudadanos, si quisiera enumerar todo
-lo que se ha hecho de bueno, de bello y de grande, por la Francia».
-En fin--_tout à été pour le mieux dans le meilleur des mondes_--tal
-podría ser «cándidamente» hablando la fórmula sintética y estereotípica
-que resume y fija lo que ha hecho la última legislatura. El difunto
-Alphonse Allais, de hilarante memoria, cuenta en una de sus «cosas»
-que durante un viaje por Egipto encontró una inscripción grabada
-sobre un bloque enorme de granito, del tamaño de los que sirvieron
-para construir las pirámides. La traducción para él fué la cosa más
-sencilla. Pero cuando llegó a la parte baja de la piedra, encontró
-escrito: «Tenga la bondad de dar vuelta a la página».
-
-Los carteles electorales se parecen un poco al famoso granito de
-Alphonse Allais: no se les puede dar vuelta para conocer el fin de
-la historia. Pero estad seguros, en todo caso, de que no es toda la
-verdad lo que contiene la parte que podéis leer. No he encontrado allí
-la píldora de los 15.000 francos por diputado, tan difícil de hacer
-tragar a los electores. No he leído que se amenacen las libertades y
-los derechos más sagrados; que se aumenten cada año, por la superchería
-y el derroche, los gastos, la deuda y el déficit; que por el abandono
-y por la incuria se desorganice la defensa nacional; que se tenga toda
-suerte de complacencias con los directores de huelgas y agitadores
-revolucionarios; que haya impotencia para reprimir en la administración
-el desorden y la anarquía; que se va, por pretendidas reformas, contra
-todos los intereses, como si la prosperidad nacional, el comercio y la
-industria pudieran resistir por siempre a tan repetidos golpes.
-
-En cuanto a los candidatos nuevos, a cualquier partido a que
-pertenezcan, sus franquezas me son sospechosas. Los unos, en efecto,
-conservadores o nacionalistas, exponen programas que radicales
-completos no desaprobarían. Llevados por una manera de respeto humano,
-hacen concesiones a aquéllos mismos cuyos principios rechazan, con tal
-de lograr los votos. Los otros, los del socialismo, prometen al pueblo,
-que en el fondo no pide tanto, una libertad tan completa, una justicia
-tan perfecta, una felicidad tan grande, que no se ve del todo, pues no
-saben los mismos parlanchines de esas verbales añagazas cómo van a
-edificar ese paraíso en donde los franceses de mañana van a danzar, en
-un placer sin límites, un delicioso perpetuo _cake-walk_.
-
- * * * * *
-
-Esa falta de sinceridad de parte de los candidatos, no va, en último
-análisis, sin su falta de respeto para el elector. No os diré una
-novedad si os digo que el respeto no consiste en muestras exteriores
-de deferencia, o en la expresión de fórmulas de urbanidad. Respetar
-a alguien, es, ante todo, suponerle un buen sentido, un juicio por
-lo menos cercano al nuestro. Es, en segundo lugar, tratarle como una
-personalidad moral a la que no se procura el engaño o el daño. De modo
-que no decir la verdad y nada más que la verdad, a los electores, es
-ya reconocer su falta de inteligencia. Pero decirles tonterías, es
-tomarles por incurables imbéciles.
-
-Véase esta muestra, entre otras, de esas tonterías a que me refiero:
-
-1.° Supresión de todos los impuestos y voto del presupuesto facultativo.
-
-2.° Jubilación a todo ciudadano de cincuenta años, con 60 francos
-mensuales.
-
-3.° Aumento de sueldo de los empleados que no ganan 3.500 francos.
-
-4.° Respeto a la libertad de trabajo con aplicación radical.
-
-5.° Estímulo de la repoblación (prima de 500 francos por cada hijo que
-nazca).
-
-6.° Supresión de los empleos inútiles.
-
-7.° Matrimonio obligatorio a los treinta años, para ambos sexos.
-
-8.° Derecho de elección para las mujeres que tengan cuatro hijos.
-
-9.° Supresión de los monopolios del Estado y de los impuestos sobre el
-alcohol.
-
-10.° Libertad del Comercio y del ejercicio de la Medicina.
-
-Otro candidato, no menos faccioso, reclama en primer lugar la revisión
-del tratado de Francfort. (¿Por qué no la confinación de Roosevelt en
-el polo Norte?)
-
-Yo no sé si esas gentes se forman alguna ilusión sobre las
-probabilidades de triunfo de su candidatura; por mi parte, yo no tengo
-ninguna duda sobre su mentalidad. Es verdad que aquí se está en el país
-en que se ríe de todo, en que la exageración misma de los rasgos del
-programa nos advierte que hay que considerarlo como una _charge_, como
-una caricatura.
-
-La lucha electoral es únicamente una lucha de ideas. Un candidato tiene
-su temperamento, su carácter, su talento, su profesión. Mas el lector
-no puede juzgarlo, aparte la honradez, sino por sus ideas. Al comienzo,
-parece que es así. Sin embargo, a medida que el período avanza, y que
-el día fatídico se acerca, los candidatos llegan, o más bien descienden
-a una polémica indigna de ellos, y sobre todo de sus electores. Se
-escarba en la vida privada del adversario. De sus debilidades, si las
-tiene, se hacen tachas enormes. De su evolución política se hace una
-serie de contradicciones y de traiciones. De sus discursos se hacen
-extractos, que, hábilmente aislados, presentan un sentido absolutamente
-distinto del pensamiento integral del autor. Se lanzan mentises
-inicuos, y se tiene cuidado de agregar: «Los electores juzgarán». ¡Ah!
-si el lector juzgase convenientemente el ultraje hecho a su dignidad,
-enviaría a ambos contendientes con cajas destempladas.
-
-Hay hombres contra los cuales nada pueden los adversarios. Su
-personalidad se impone tan sólidamente que los contrarios se quiebran
-en ella pico y uñas. Sin embargo, los atacan a pesar de todo. Ved este
-cartel:
-
- «Comité de concentración republicana
-
- Dos hombres
-
- M. Maurice Barrés, M. Paul Cloarec,
- Novelista Economista
- Agitador Hombre de orden
- Sin programa Programa preciso
-
- ¡Electores, escoged!»
-
-Los electores han escogido ya y pronto verá el insólito y excelente
-hombre de orden, M. Cloarec, cuál es el elegido. Pero, ¿qué me decís de
-este pistonudo paralelo?
-
- * * * * *
-
-Todo esto, en conclusión, es tan humano como francés, y no he de ir yo
-a revelar a mis lectores argentinos lo que son elecciones. La ambición,
-como el amor, es mala consejera, aun para las mas firmes cabezas. Ser
-diputado es para todos una honra; para algunos una honra y un provecho;
-para muchos, una agradable sinecura. ¿Cómo, habiéndolo probado no se
-va a querer repetir? Ser candidato, aun derrotado, es haber gozado en
-su circunscripción, durante el período electoral, de una celebridad
-capaz de inquietar a Rostand mismo. Y hay candidatos que aun de la
-derrota sacan provecho. Así este épico, este incomparable M. Valantin
-Moyse _candidat malheureux dans le neuvième arrondissement_, como
-dice una gaceta. Este sujeto, que es filósofo, da las gracias a los
-6.852 electores que no votaron por él, de la siguiente manera: «Vous
-m'avez éclairé, vous m'avez clairement fait voir que je n'avait rien à
-faire dans la politique. Je continuerai, donc, comme pour le passé, à
-m'occuper de la publicité des magasins de nouveautés.»
-
-¡Ni en Nueva York!
-
-
-
-
- La hija de Verlaine.
-
- REALIDAD Y LEYENDA
-
-
-Monsieur Edmond Lepelletier fué amigo íntimo de Paul Verlaine,
-desde los años del colegio. Acaba de publicar un libro sobre la
-vida y la obra de aquel melodioso mártir. Para la vida es un libro
-de rehabilitación, en parte, aclaración de hechos por irrecusables
-documentos; para la obra una especie de proceso mental y certificación
-del iniciarse o tomarse tales tendencias o deliberaciones. Lepelletier
-cumple con cordialidad una como disposición testamentaria de hace
-largos años. No se enfría con la nieve de la muerte y la piedra tumbal
-el afecto del más «viejo amigo», como se le llamó en un soneto dirigido
-de uno de tantos hospitales, el Cochin:
-
- Mon plus vieil ami survivant
- d'un groupe déjà de fantômes
- qui dansent comme des atomes
- dans un rais de lune devant.
-
- Nos yeux assombris et rêvant
- sous les ramures polychromes
- que l'automne assouplit en dômes
- funèbres ou gémit le vent.
-
- Bah! la vie est si courte, en somme!
- un sot réveil après un somme!
- qu'il ne faut plus songer aux morts
-
- que pour les plaindre et pour les oindre
- de regrets exempts de remords,
- car n'allons-nous pas les rejoindre?
-
-Y en una carta a su madre, dice Verlaine, desde la prisión de Mons...
-«Que Lepelletier defienda mi reputación. Podría ser que fuese, antes
-de poco, mi memoria. Cuento con él para hacerme conocer mejor, cuando
-ya no exista, allí...» Lepelletier, buen escritor, alejado de la
-literatura quizá por asco de la vida literaria, aunque no hay mucha
-algalia en los muladares de la política, su preferida, vuelve a tomar
-su vieja pluma, y hace un volumen sereno, justo, fraternal, sin
-retórica, firme, exento de sentimentalismo y claro de verdad. El Pobre
-Lélian queda limpio, hasta lo posible, del maligno lodo legendario que
-él mismo recogió y aumentó, gamin excesivo, para su propia maculación.
-No que el sin ventura resulte ahora un bienaventurado, sino una pobre
-víctima de «la lógica de una influencia maligna» como él mismo diría:
-teniendo no poca culpa del derrumbamiento de ese espíritu superior,
-de ese gran poeta, la sociedad misma. Al hombre lo hace conocer el
-biógrafo desde la niñez. «En lo que se refiere a la infancia, las
-primeras impresiones de Verlaine, sus aspiraciones, sus lecturas, el
-despertamiento de su genio poético, sus comienzos literarios, he de
-informar al público que se interesa en la génesis de un cerebro como
-el del autor de _Sagesse_. Compañero de juventud, confidente de sus
-pensamientos, de sus ensueños, de sus ensayos, desde la adolescencia
-hasta la plena edad madura, he asistido, por decirlo así, a la
-ascensión de la savia, a la floración y al desarrollo de su intelecto».
-Los amigos de asuntos tortuosos se encontrarán desilusionados al ver
-que lo referente a la famosa cuestión Rimbaud se precisa con documentos
-en que toda perspicacia y malicia quedan en derrota, hallándose, en
-último resultado, que tales o cuales afirmaciones o alusiones en prosa
-o verso no representan sino aspectos de simulación, tan bien estudiados
-clínicamente por Ingegnieros. Los testimonios son fehacientes en una
-correspondencia escrita a raíz de los sucesos que provocan señaladas
-cartas de toda intimidad y franqueza, en que se ve el alma desnuda y
-toda ausencia de _pose_, o de mentirosa urdimbre. Otros libros se han
-publicado sobre Paul Verlaine antes de este piadoso y definitivo.
-
-No hay en ellos, en suma, sino el propósito de revelaciones que
-interesan a un público de curiosos de intimidades literarias, y de
-aficionados a cuentos de café y cervecería. Están en la misma línea que
-esa malhadada fotografía de la serie _nos contemporaines chez soi_,
-que se ha reproducido en _magazines_ e ilustraciones extranjeras,
-y en la cual aparece «en su casa» el infeliz gran poeta, ante una
-mesa tabernaria en que se ve el brebaje fatal a su existencia y a su
-reposo espiritual, por tantos años. Tal crueldad iconográfica hace,
-con justicia, estallar la cólera fraternal de Lepelletier. Este de
-ningún modo acepta la usada comparación entre Verlaine y Villon, como
-no sea en ser ambos dos portaliras en extremo amados de las musas y de
-los dolores, y en ser cofrades en la devoción y la plegaria, podría
-agregarse.
-
-Sistema opuesto, el del Pílades literario, al de tantos plumíferos
-parisienses e internacionales, cuyos recuerdos barriolatinescos y
-báquicos no han contribuído sino a la universal transformación del
-Fauno místico en una especie de tipo lastimoso y mendicante, saturado
-de todos los alcoholes y roído por toda suerte de bajos vicios.
-
-Mucho pesará a los adoradores de la _soucoupe_ el saber que Verlaine
-era un hombre de ideas burguesas, que si vivió la vida de bohemia,
-fué forzado por las durezas de la suerte, por las caprichosas
-circunstancias que amontona la casualidad, esto es, de todas maneras,
-la ley del destino, para hacerles torcer su dirección, y cambiar la
-tranquilidad de una existencia que hubiese sido honestamente apacible,
-por las tormentas pasionales y las noches borrascosas a que conducen
-los desatados instintos y las ponzoñas de la voluntad.
-
-Una mujer de poca comprensión y escasa paciencia y un puesto
-modestísimo que, en la administración municipal de París no pudo volver
-a ocupar después de la Comune--pequeñas miserias--, decidieron el
-destino, tal el diablo hace esas cosas, del futuro verleniano. Para
-la gloria, gloria amargada, y para el arte, propicio encadenamiento
-de hechos; más terremoto sentimental y mental en el mal herido de
-desesperanza que, antes que el paraíso católico, dignamente ganado a
-son de tiorba y salterio, tuvo que pasar largos años en el, más que
-purgatorio, infierno del alcohol.
-
- * * * * *
-
-Al por siempre niño no fueron sino fatalmente dañosas las malas
-frecuentaciones; así la de ese terrible Arthur Rimbaud, que pudo
-librarse de su demonio intelectual poderoso y perverso, transmutando
-su vida en el hierro de una acción que hizo del poeta desorbitado un
-mercader de Oriente, explorador de lejanas Áfricas, un negociante
-entre negros, cuya labor colonial no supo a tiempo aprovechar su
-patria. Muerto antes que Verlaine, cuya vida acibaró de locuras y
-mala influencia, él tiene su monumento en la villa natal, en tanto
-que todavía no se ha podido conmemorar en bronce o mármol al autor de
-_Sagesse_.
-
-Hase pretendido en lo referente a familia, que Verlaine descendía de
-noble origen, según los manuscritos genealógicos de Le Fort. Vendría de
-los señores de Verlaine en el Luxembourg. Lepelletier no juzga exacta
-la ascendencia, antes bien, cree muy aceptable la eclógica parentela de
-que ha hablado Saint-Pol-Roux en uno de sus magníficos libros. «Un mi
-camarada, viejo pastor que apacentaba cotidianamente su ternera y sus
-dos vacas delante de mi morada, me dijo, un día, llamarse Verlaine. Me
-estremecí. Conversamos. Me contó su raza. Intrigado, intenté rebuscar.
-Pronto pude asegurar al pastor belga que un gran poeta de Francia era
-su pariente, de él, tan chico; lo que le hizo relinchar de alegría.
-
-Anudando entonces sus cejas, como si hubiese cruzado los finos brazos
-velludos de su memoria, sondó este rincón para, a la larga, extraer un
-encuentro, antes, en los alrededores de Paliseul, en casa del coronel
-Grandjean, con un colegial de dieciséis años. ¡Y, bien! Ese Pablo
-olvidado, de quien me enseñáis la fama, es mi primo hermano segundo,
-declaró el pastor de Arville. Resumamos sus decires: El bisabuelo de
-Verlaine, después de haber seguido a los ejércitos franceses, como
-jefe de convoy militar, se estableció en Arville, viniendo de Braz,
-aldea vecina, elegido _franc-fied_ por el abad de San Humberto.
-Dispensado del diezmo, su función consistía en asistir de uniforme,
-y con el sable desenvainado, a las misas solemnes de la abadía. De su
-matrimonio con una Henrion nacieron Miguel y Enrique. Enrique tuvo
-dos hijas y un hijo, el capitán de ingenieros, padre de Pablo»...
-Esos rústicos entroncamientos demuestran lo justo en Verlaine de
-sus inquietudes sílvicas de corzo, su natural arisco, su estirpe
-pánica. No pueden más que interesar vivamente sus despertamientos
-sentimentales, más sensuales en él que otra cosa, y los primos deseos
-en el alma del lírico sátiro que naciera tan mal dotado de físicos
-atractivos, pudiendo ser su rostro de adolescente, argumento de la
-teoría darwiniana, antes que clasificada de mongoloide su fatigada
-testa socrática, por un doctor escandaloso que tuvo, a causa de su
-seudo-ciencia periodística, cierta boga hace ya algunos años. Mas
-después habrá que considerar cuán buena estofa de _páter familias_
-había en quien ha dejado para su hijo--educado lejos de él y a quien
-nunca pudo ver--en prosa y verso, los consejos más cristiana y
-tradicionalmente morales, y patrióticos además, a despecho de todas
-las demoledoras modas. Verlaine, aparte de su genio y de sus caídas,
-dañosas tan sólo para sí mismo, fué en el fondo, y quizá siempre, eso
-que «para algunos todavía es de valor»: hombre honrado. Jamás se ha
-visto furia dolorosa igual a la de ese desdichado por la pérdida de su
-hogar, por la separación de su mujer, quien, en verdad no le merecía
-tanta llama inadecuada. Con una mujer paciente, dulce, una familia
-constituída, y la vida asegurada en su papel de funcionario, habríase
-destruído en él, sin duda, el veneno de las fatales amistades, y,
-excelente ciudadano, rodeado de hijos, tuviera un fin apacible en la
-honestidad de su retiro. Claro es que el arte humano habría perdido
-tanto sollozo incomparable y la católica poesía tanto gemido místico y
-tanta oración temblorosa de viva fe, de piedad infinita.
-
- * * * * *
-
-Lo único en que Lepelletier deja sospechar la influencia sectaria, en
-su manera de exponer el alma de su glorioso y desolado amigo, es en
-no ver en Verlaine convertido un poeta más lleno de la gracia suprema
-que de propósitos más o menos literarios; y el querer disimular
-la ferviente sinceridad de las «Confesiones» en lo relativo al
-holocausto de aquella pobre ánima, anímula abatida, en honor de Dios
-y arrepentimiento de sus incontenibles yerros. Nada tienen que ver el
-Jesucristo y la Virgen verlainianos, que no son otros que los de los
-niños de primera comunión y los del creer del carbonero, con los Odin
-y Teutates parnasianos, y toda la védica teogonía y toda la soberbia y
-logolítica erudición de la poesía de Leconte de Lisle. El catecismo,
-sí, era su libro. Y hay en él también algo franciscano. Entre sus ramos
-de claveles, rosas, hojas de viña, y tal o cual orquídea, respiráis
-perfumes de _fioretti_.
-
-¡Ah, la leyenda verlainiana y la realidad de las cosas! Yo quisiera que
-todos aquellos cerrados criterios, que todas aquellas mal informadas
-personas para quienes el nombre del _pauvre Lélian_ es una dicción
-sospechosa, leyeran, apartando por un instante las vulgares y repetidas
-informaciones caras a los cronistas ligeros y desvergonzados escribas,
-leyeran y meditaran con calma los conceptos de este volumen fidedigno.
-Hace no mucho tiempo se publicó en Francia--Francia tiene estos
-arranques generosos--una rehabilitación también muy documentada de la
-vida de Poe, otro tan mordido y enlodado desde los días del odioso
-Grissmold. Tales obras honran a los que las emprenden y consuelan a los
-que no aspiran a ver en el mundo tan solamente el lado oscuro o rojo de
-la Perversidad. Coincide con la publicación del libro de Lepelletier la
-de una obra póstuma y antigua, paralela a _Sagesse: Voyage en France
-par un Français_. Se ha dicho con sobra de superficialidad que dicho
-_bouquin_ no agrega nada a la personalidad intelectual del autor.
-Quizás. Mas hay una cosa cierta, y es que, dichosamente, ella ayuda a
-conocer el oro cordial del hombre. Del buen hombre por siempre niño.
-
-
-
-
- A propósito de «Chantecler»
-
- LOS ANIMALES
-
- EN EL TEATRO CLÁSICO ESPAÑOL
-
-
-Con motivo del famoso gallo, _Le Temps_, de París, habló recientemente
-de una obra estrenada en Madrid hace algún tiempo, y en la cual los
-personajes son animales. Se refiere a _El caballero Lobo_, del Sr.
-Linares Rivas, notable ingenio de esta Corte que tomó la antera a M.
-Rostand, años después, sin embargo, de anunciada la pieza francesa tan
-cacareada.
-
-Los trabajos teatrales en que aparecen animales en la escena, tienen
-antecesores en el teatro clásico castellano, si no en el francés,
-puesto que el curioso autor de las _36 Situations dramatiques_
-puede escribir hoy: «Allons, il ne me vint pas une mauvaise idée
-lorsqu'en 1900 j'ouvris la carrière dramatique aux personnages du
-vieux «Roman du Renart». Depuis mille ans, mil n'y songeait. Quelle
-cohue aujourd'hui!...» En efecto, M. George Polti hizo aparecer en el
-_Mercure du France_ de 15 de agosto de 1905 una obra titulada _Compère
-le Renard_, acompañada de una carta al director del _Mercure_ M.
-Vallette, en la que decía entre otras cosas: «Los diarios anuncian que
-M. Edmond Rostand va a poner en escena «Chantecler» el gallo y otros
-animales del _Roman du Renart_. Alaban con emulación su idea original,
-que será, según anuncian, el «punto de mira de la curiosidad parisiense
-este invierno». Esto me decide a publicar _Compère le Renard_, escrito
-por mí «desde 1909», época en que lo leí a algunos amigos, como pueden
-atestiguarlo desde luego, M. Louis Wéber, caballero de la Legión de
-Honor, redactor de la _Revue Philosophique_, de la _Revue Métaphysique_
-y del mismo _Mercure_, M. Henri Lasvingnes, el traductor de Stirner,
-y un hermano Julien Polti, miembro del Jurado de la Société Nationale
-des Beaux Arts. Después de la lectura de mi pieza--en la cual figuran,
-como pueden verse, junto a Goupil, «Chantecler» el gallo, el perro,
-Morhou, Noble el león, Insengrin el lobo, Beaucent el jabalí, Bellyn el
-carnero, etc., he enviado copias al Odeón al Gran Guignol, al Théâtre
-Antoine, a Cluny, al Chatelet, como pueden demostrarlo, a más de los
-registros de esos teatros, las cartas que me han dirigido rehusando en
-la forma ordinaria y después de lectura, supongo».
-
-Monsieur Polti, quería, pues, dejar establecida su prioridad. Él
-se había decidido a escribir una comedia de animales, basada en el
-viejo _Roman du Renard_, inducido, según cuenta en otra parte, por
-el teatro de Gozzi. Y va un antecesor. El autor del _Compère le
-Renard_, cuya erudición en asuntos de teatro es conocidísima, pensó
-seguramente también en Aristófanes, y en la comedia china _Tao-sse_,
-_Las transmigraciones de Yo-Théou_ adaptada del chino al francés, por
-M. León Charpentier. En esta pieza figuran y hablan diablos con cabeza
-de buey, de mono, de ratón, de pato; un ternero y el mismo Yo-Théou en
-forma de burro. Y otro antecesor.
-
-Mas en el teatro español, que M. Polti ha demostrado conocer en
-ocasiones, hubiera podido recordar los ejemplos que señalaré luego.
-
- * * * * *
-
-Si no en la escena hablan ya muy donosamente las bestias en el libro
-de _Calila e Dimna_, cuyos orígenes orientales con tanta documentación
-ha explicado en un sabio estudio el famoso don Pascual de Gayangos.
-_Calila e Dimna_ no es otra cosa que las fábulas de Pilpay, el poeta de
-la India. Pilpay o Bidpay y Esopo, son los primeros que ponen talento y
-discurso a la humana, en los animales. Cierto es que ambas cosas posee
-en la narración bíblica la Serpiente del Paraíso, y después la pollina
-de Balaam; y que Júpiter, bajo aspectos de irracionales, hizo muchas
-de sus mitológicas hazañas. En las fabulaciones y poemas orientales
-los animales suelen hablar como personas, como se puede ver en los
-mismos cuentos de las _Mil y una noches_, los cuales se asemejan a los
-apólogos de _Calila e Dimna_, en la manera de trabar el final de un
-sucedido con el comienzo de otro.
-
-Después del libro de _Calila e Dimna_, del Arcipreste de Hita y de
-algunos otros pocos escritores se encuentra algo notable respecto a la
-inteligencia de los animales en la _Antoniana Margarita_, del filósofo
-Gómez Pereira, de quien se ha desmostrado tomara Descartes algunas
-ideas y hasta el famoso _Pienso, luego soy_. Respecto al alma de los
-animales, para defender a Descartes de plagio, escribía en su tiempo
-Bailler, su biógrafo: «Muchos han creído que Descartes había tomado del
-libro de Gómez Pereira la famosa opinión del alma de las bestias. Mas
-hay una gran razón para dudar que Descartes haya jamás oído hablar de
-este Pereira; que su obra (hoy muy rara), haya ido a parar a manos de
-un hombre tan poco curioso de libros y de leer como nuestro filósofo.
-Esto quita toda duda en el asunto, pues Descartes no vió el libro de
-Pereira hasta un año después de la publicación de sus _Meditaciones
-Metafísicas_». Sin embargo, otros autores continuaron sosteniendo ser
-Pereira el primero que afirmara la idea cartesiana de que las bestias
-no son otra cosa que máquinas vivientes. Raimundo Lulio había dicho a
-su manera: _De la sensitiva_: La «sensitiva» es, la potencia con la
-cual el animal siente lo sensible; es a saber: lo sensible, oíble,
-etc.; y tiene esencial y natural «bondad, grandeza», etc.; y tiene seis
-sentidos particulares: la vista, oído, gusto, tacto, olfato y habla,
-en los cuales está diversificada. «Es cierto que él abarca asimismo al
-hombre o como gráficamente le designa, «animal hombrificante».
-
-A propósito de la «sensitiva», doña Olivo Sabuco de Nantes, ilustre
-virago, que sabía mucho para su tiempo, entre las muchas cosas que dice
-de los animales inteligentes, manifiesta en uno de sus diálogos: «...
-Pues quiero contar de otros animales, para que veáis cuánto obran los
-afectos de la sensitiva para vivir o morir. Plinio dice que un pescado
-langosta teme tanto al pulpo, que en viéndose cerca de él muere. Y si
-el congrio ve cerca de sí la langosta, hace lo mismo. Y cuenta el mismo
-Plinio del delfín que es muy amigo de la conversación del hombre, y que
-uno de ellos tomó amistad y conversación con un niño que vivía cerca
-de un lugar marítimo, de manera que muchas veces llegaba el niño a la
-ribera del mar y lo llamaba por este nombre, Simón, y luego venía, y el
-niño le daba pedazos de pan y otras muchas cosas; el delfín se ponía de
-manera que el niño subía encima, y lo llevaba y paseaba por la mar,
-y lo volvía a tierra. Continuando, pues, esta conversación y amistad,
-dióle una enfermedad al niño, de que murió. El delfín, viniendo un día
-y otro al puesto donde ejercitaba su amistad, como no acudía el niño,
-siempre lo veían en aquel lugar, gimiendo en semejanza de lloro, hasta
-tanto que allí mismo lo hallaron muerto. Cuenta también Eliano...» Y
-así prosigue la sabia narrando sucedidos de animales, a punto de que
-se advierte lo fácil de encontrar argumentos a lo _Chantecler_ sin
-necesidad de meditaciones en un corral de Cambo. Todo autorizado por
-Eliano, o por ese delicioso gran embustero de Plinio, que habría hecho
-el encanto del Ursus de Víctor Hugo.
-
-Hay que recordar asimismo al célebre doctor Juan Huarte de San Juan
-en su _Examen de ingenios_, en el capítulo «Donde se prueba que del
-alma vegetativa, sensitiva y racional son sabias, sin ser enseñadas
-de nadie, teniendo el temperamento conveniente que piden sus obras».
-Allí, con apoyos de Hipócrates, de Platón, de Galeno, se anticipa a los
-Maeterlink, Heara, Gourmont y demás contemporáneos que se han ocupado
-en bestias y bestezuelas.
-
-Mas, pasemos a lo concreto de este artículo, que son los animales en el
-teatro.
-
- * * * * *
-
-Cervantes, por su alto nombre, podría pedir primacía diciendo que sus
-perros dialogan como gentes; y que Cipión y Berganza, acortando los
-parlamentos, y presentados en coloquio a la manera, como se hacen las
-cosas en la Porte-Saint-Martin, serían tan aceptables como el can que
-hace Jean Coquelin, si no más discretos e ingeniosos, y en una prosa
-que bien vale los alejandrinos rostanescos. Es el caso que hablan los
-perros. Y como dice el final: «El acabar el coloquio al licenciado, y
-el despertar el alférez, fué todo a un tiempo, y el licenciado dijo:
-Aunque este coloquio sea fingido, y nunca haya pasado, paréceme que
-está tan bien compuesto que puede el señor alférez pasar adelante
-con el segundo. Con este parecer, respondió el alférez, me animaré y
-dispondré a escribirle, sin ponerme más en disputas con vuesa merced,
-si hablaron los perros, o no. A lo que dijo el licenciado: señor
-alférez, no volvamos más a esa disputa; yo alcanzo el artificio del
-coloquio y la invención, y basta: vámonos al Espolón a recrear los ojos
-del cuerpo, pues ya he recreado los del entendimiento. Vamos en buen
-hora, dijo el alférez, y con esto se fueron».
-
-Mas el gran Calderón aparece con piezas representables que con la
-_mise en scène_ actual serían de gran efecto. No solamente pone en las
-tablas monstruos mitológicos como sirenas, sátiros, etc., sino que,
-cual en el _Chantecler_, animales. Las «memorias de las apariencias»,
-acotaciones o indicaciones escénicas, tan profusas que ni D'Annunzio
-mismo las pone ahora, son verdaderamente notables. Para la loa que abre
-la comedia _Fieras afemína amor_, y en la que los _dramatis personae_
-son el águila, el fénix, el pavón, o pavo real, los doce signos, los
-doce meses, y músicos, explica el autor, en una acotación cómo se
-representó. Calcúlese lo que se hizo con los recursos escénicos de
-entonces y lo que se haría ahora. «Fundóse el pórtico del teatro de
-orden compuesta, entre cuatro columnas de bien imitada piedra lázuli,
-cuyas cañas estaban adornadas a trechos de resaltados bollos de oro,
-y en su correspondencia dorados sus capiteles y sus basas, con que
-siguiendo el orden, corría la cornisa enriquecida a partes de los
-mismos bollos, mascarones y cornucopias. En ellas descansaban unas
-volutas, de quien pendían varios festones, que dando vuelta a los
-modillones, recibían el cerramiento del frontis, de quien era clave
-una medalla de relieve, guarnecida de hojas de laurel, con cuatro
-mascarones y otros adornos que la dividían en igual compartimiento.
-Dentro della estaba un caballo, cuya velocidad enfrenaba galán joven,
-no sin algunas señas de Mercurio, dios del ingenio, así en el caduceo,
-como en las plumas del capacete y los talares: geroglífico del que
-osadamente vano intenta sofrenar al vulgo. A los lados del pórtico,
-entre coluna y coluna, estaban en sus nichos dos estatuas, al parecer
-de bronce, que haciendo viso al héroe de la fábula, halagando una
-a un león y otra a un tigre, significaban el valor y la osadía.
-Todo este frontispicio cerraba una cortina, en cuyo primer término,
-robustamente airoso, se veía Hércules, la clava en la mano, la piel
-al hombro, y a las plantas monstruosas fieras, como despojos de sus
-ya vencidas luchas; pero no tan vencidas que no volase sobre él en
-el segundo término Cupido flechando el dardo, que en el asunto de
-la fiesta había de ser desdoro de sus triunfos. Bien desde luego lo
-explicaba la inscripción, cuando en rotulados rasgos que partían entre
-los dos el aire, decía a un lado el castellano mote: _Fieras afemína
-amor_, y al otro el latino _Omnia Vincit amor_. Lo demás del campo
-que restaba a la cortina ocupaban pendientes festones de trofeos
-de guerra, que enlazados los unos de otros orlaban todo el lienzo,
-sin perdonar pequeño espacio, que no llenase de hermosa variedad la
-arquitectura en sus diseños y la pintura en sus dibujos. En habiendo
-logrado la vista por breve rato ambos primores, empezó a lograr los
-suyos el oído, primero en sonoras chirimías, y después en templados
-instrumentos, a cuyo compás, desde lo más alto del frontis, por detrás
-de la medalla empezó a descubrirse, hecha un ascua de oro, un águila
-condal con imperial corona, sobre cuyas batidas alas venía una ninfa,
-que rompiendo la cortina, sin romperla, dió principio a la loa, como en
-voz de _El Águila_ (cantando)».
-
-Ya veremos en otro artículo cómo cantan y hablan las aves y demás
-animales parlantes de Calderón, tres siglos antes que los de Rostand.
-
-
-
-
- La Francia de hoy.
-
-
-Juan Jacobo Rousseau ha dicho en alguna parte: «Prefiero ser el hombre
-de las paradojas que el hombre de los prejuicios». Tiene razón. El
-prejuicio, en efecto, es una opinión recibida sin examen y participada
-por el mayor número. No tiene efecto sobre los espíritus por su grado
-de verdad, sino por la satisfacción que da a la pereza. Atrofia y
-paraliza la actividad de la inteligencia, haciéndola incapaz de
-distinguir lo verdadero y lo falso. El prejuicio es así una idea muerta
-que es necesario arrancar.
-
-En el hermoso libro que acaba de publicar monsieur Barrett-Wendell,
-destruye prejuicios, pero cuida de no expresar ninguna paradoja. Se
-puede decir que es un «libro vivido», en el cual las afirmaciones
-se apoyan constantemente sobre hechos observados o verificados
-directamente, prudentemente e inteligentemente, en el cual la
-preocupación de la verdad no ahoga la simpatía y la admiración del
-escritor para los hombres y las cosas: en el cual, en una palabra,
-se reunen en grado supremo, y en la más bella armonía, los méritos
-de la razón que examina y juzga, y del corazón que siente y ama.
-Él constituye uno de los más admirables testimonios que jamás haya
-habido en honor de Francia; y al leerlo, los franceses se emocionan
-orgullosamente. Conozco, por mi parte, quienes exclaman, poco más o
-menos, como Sócrates hablando sobre Platón, su discípulo: «¡Cuántas
-cualidades este hombre nos encuentra, en las cuales nosotros no
-habíamos pensado!»
-
-Monsieur Barrett-Wendell estudia sucesivamente las universidades,
-la estructura de la sociedad, la familia, el carácter francés, las
-relaciones entre la Literatura y la vida, la cuestión religiosa, la
-revolución y sus efectos, la República y la Democracia. Cualquiera
-que sea el orden adoptado por el autor, cada capítulo es un estudio
-muy compacto, muy interesante y que contiene para los extranjeros las
-enseñanzas del más alto precio.
-
-De la admirable intelectualidad de los franceses, de sus fuertes
-costumbres dinámicas, de espíritu, M. Barrett-Wendell concluye que
-la ciencia extranjera sería muy vivificada si un mayor número de
-estudiantes viniesen a colocarse bajo la influencia francesa. Ésta
-combatiría útilmente lo que las otras influencias tienen de excesivo;
-ella daría a los conocimientos más riquezas y a las universidades una
-actividad de mejor índole, una vida más fecunda.
-
-No me place mucho la división que hace M. Barrett-Wendell de la
-sociedad francesa en tres clases: la nobleza, la burguesía y los
-artistas. Ella es tal vez cómoda para el estudio, pero temo mucho que
-no corresponda muy exactamente a la realidad. Que haya, por ejemplo,
-una especie de barrera entre la aristocracia y la burguesía, convengo
-en ello, aunque esta barrera se aminore más cada día; pero no veo
-que los artistas se distingan de los otros franceses por caracteres
-fundamentales y permanentes bastante precisos para que constituyan
-una clase aparte. ¿Y por qué no entonces la clase del clero? ¿Por
-qué no, sobre todo, la clase del pueblo, que es la gran masa de los
-franceses? El pueblo, con su robusto buen sentido, su incansable
-actividad, su espíritu de orden y de economía, su apego profundo por lo
-que es práctico, sólido y durable, el verdadero pueblo en la campaña,
-que no hay que confundir con el obrero de la ciudad, el pueblo que
-precisamente desconfía de todos los prestigios, de cualquier naturaleza
-que sean.
-
-Pero quizá me equivoco en hacer esas reservas. Monsieur Barrett-Wendell
-nada, en efecto, ha olvidado; y, si él no da a cada cosa la importancia
-que encierra, es por un plausible escrúpulo de escritor, que no quiere
-dar su juicio sino con perfecto conocimiento de las causas. Las malas
-lenguas extranjeras se complacen en esparcir la opinión de que la
-sociedad francesa está moralmente enferma.
-
-«Mientras más veis a los franceses _chez eux_--dice M.
-Barrett-Wendell--, menos se fija nuestra atención en ese fenómeno
-social mórbido. Al contrario, más y más os admira no solamente
-la regularidad general de su existencia, sino aun de ese hecho
-sorprendente: que esta regularidad general parece tener un punto de
-apoyo muy sólido en sus afecciones.»
-
-Ha logrado excelentemente analizar en los franceses la simplicidad
-fácil de maneras, y la extremada franqueza de los hábitos
-intelectuales; la manera incomparablemente natural y deliciosamente
-amistosa con que acogen y reciben a sus huéspedes; su locuacidad llena
-de franqueza, pero también el instintivo pudor de su espíritu; su
-seriedad profunda, asombrosa, en la conversación mundana; la ausencia
-de pedantería, su capacidad de dominarse cuando se trata del deber; su
-culto del honor, su pasión por la sistematización que les conduce a
-salir de su carácter de discutir asuntos abstractos; su amor por los
-principios, que ellos cuidan con un celo intransigente e intolerable;
-y, a pesar del exceso, el refinamiento, las estrecheces de sus virtudes
-más poderosas, la fuerza maravillosa con que vanamente se conmueven por
-los sentimientos humanos, cuando son grandes y profundos.
-
-No era bueno igualmente probar y declarar a los extranjeros mal
-informados, o mal intencionados, que la tan grande audacia de la
-literatura en Francia, muy lejos de indicar que la inmoralidad sea
-la regla de la vida francesa, tiende más a demostrar que no es sino
-la excepción, demostrar que el ardor que los franceses ponen en sus
-discusiones religiosas, proviene no precisamente de su apego íntimo a
-tal o cual forma de la religión, sino sobre todo de su excesivo apego
-a las fórmulas definidas; que la Francia prospera entre todos los
-países, que en ninguna parte se experimenta una impresión más evidente
-de bienestar sólido y sustancial, que en ninguna parte se ve menos
-pobreza, menos miseria, que en el resto del mundo entero.
-
-No quiero dejar de transcribir integralmente las últimas líneas del
-excelente y hermoso libro del escritor norteamericano:
-
-«A los franceses mismos aparece la república menos como un régimen
-nacional que como un régimen de partido. Yo aspiro así como los
-mejores de entre ellos, a ese tiempo en que no siendo el gobierno de
-un partido, será el gobierno nacional; y este tiempo creo que vendrá.
-Pero aun entonces, seremos más justos con la entera magnificencia
-del pasado, si saludamos a la República como a la Francia, y no a la
-Francia como a la República. No es demasiada la palabra mayor para
-abarcar el alma total de esta nación.»
-
- * * * * *
-
-El régimen democrático actual de Francia tan magistralmente analizado
-por M. Faguet en su último libro _El culto de la incompetencia_, no es
-sino demasiado a propósito para hacer creer que la República, la que
-ha hecho en todas sus partes a la Francia actual, que ha arrojado toda
-miseria y toda opresión. Este régimen democrático parece querer hacer
-tabla rasa de diez siglos de historia nacional, porque esos diez siglos
-han visto otros regímenes que el de la soberanía popular.
-
-Se diría verdaderamente que la República tiene miedo a los muertos.
-
-Nada más curioso, más sugerente, a este respecto, que las recientes
-querellas, que nacidas en las escuelas primarias y en los
-establecimientos de enseñanza secundaria, han tenido su fin en la
-Cámara de Diputados, querellas relativas a los manuales de historia de
-Francia y de moral. Concluídos, desde hoy en adelante para los futuros
-alumnos franceses, los excelentes libritos en que sus autores habían
-enseñado que Juana de Arco es una santa heroína, que Luis XIV es un
-gran rey, que la monarquía ha hecho bellas cosas, que la Iglesia ha
-hecho en la Edad Media servicios eminentes, tendrán en cambio otros
-manuales en los que el espíritu democrático habrá reducido a su talla
-todo lo que fué potente y noble, y no se deberá considerar a los reyes
-sino como déspotas corrompidos, y a los sacerdotes como siniestros
-sectarios.
-
-Conocéis la leyenda de aquel tirano griego que extendía a los viajeros
-sobre un lecho, cortaba los pies a los que sobrepasaban y estiraba
-los de los que no llegaban a la extremidad. El espíritu democrático
-no estira: por poco, cortaría los pies como la Revolución cortaba las
-cabezas.
-
-Esta política de nivelación sistemática, ejerciéndose por todas partes,
-en el pasado lo mismo que en el presente, inspirando todo, dominándolo
-todo, atrofiando los hombres y las cosas, las ideas y las empresas, tal
-es, a mi entender, el mal verdadero de que sufre la Francia actual.
-
-Contado tengo yo también cómo el norteamericano francófilo firmemente
-confía en el porvenir de este bello país. Primero, porque el buen
-sentido, que siempre ha sido tan francés, concluye también por
-triunfar, y luego, los franceses individualmente son sanos, razonables
-e inteligentes, y con poco más pueden serlo colectivamente.
-
-
-
-
- Bostock.
-
-
-Ha vuelto Bostock a París, no ya al enorme _Hippodrome_, sino allá
-lejos, por el Jardín de Plantas. Gran beluario, soberbio domador, de
-los primeros del mundo. Bostock no gusta verter la sangre de las fieras
-como su coterráneo Roosevelt, antes bien, las cuida, las ama y las
-domina sin crueldad. Así logra penetrar en el alma extraña y misteriosa
-de esos nuestros hermanos inferiores. Este norteamericano, fuerte y
-sereno, está tan lejos de Nemrod como cerca de San Francisco de Asís.
-Tras su cara de emperador Guillermo se oculta un espíritu dulce para
-las bestias. Como el buen hombre de las _Mil y una noches_, que apaleó
-cuerdamente a su mujer, sabe tanto del idioma de los animales como
-no lo sospecha M. Rostand. Bien ha dicho la neoyorquina Ellen Velvin
-al escribir sobre Bostock, a quien frecuentara, que no notó nunca
-en él «el menor acto de crueldad». Ni en los empleados de su circo.
-«Todos los domadores, todos los guardianes, estaban orgullosos de sus
-animales y tuve mil pruebas de su bondad y de sus cuidados para con
-sus discípulos. Los animales enfermos eran muy bien tratados. En el
-caso, entre otros, en que un leoncillo se enfermó de convulsiones,
-noté que muchos guardianes tenían las lágrimas en los ojos cuando la
-pobre bestia se crispaba torturada por el dolor». ¿Dudáis de esto?
-Es que no habéis visto como yo las aflicciones de mi querido Frank
-Brown en Buenos Aires por las palpitaciones de corazón que le daban
-a un perrillo al cual había enseñado el _gentleman-clown_ a voltear
-para atrás. Más que los poetas que pintan a los brutos con los peores
-defectos de los hombres, deberían esos hombres de los circos ser
-nombrados socios honorarios de las Sociedades protectoras de los
-animales.
-
-Bostock ha contado su vida. De niño jugó con leones, pues sus
-antecesores fueron también maestros de fieras. La frecuencia del
-animal aguzó su inteligencia para comprender y hacerse comprender
-de esos compañeros. Aprendió, según su decir, que la personalidad
-de ellos es tan netamente manifiesta como la nuestra, y que ciertos
-rasgos característicos suyos pueden ser fácilmente comparados con los
-de la especie humana. «He conocido muchos leones y tigres tan malos
-y tan indignos de confianza como ciertos humanos. He encontrado mil
-otros que hubiesen desdeñado aprovecharse de una ventaja deslealmente
-obtenida. He hallado que la mayor parte de ellos son honrados, amables
-y sinceramente afectuosos». De todos modos es muy posible que entre
-todos los lobos no se encuentre uno solo que sea el «hombre» de ellos y
-que haga escribir un apotegma a algún Hobbes aullante.
-
-Se precisa tener un fondo puro para, como en el caso de Bostock, llegar
-a ser «comprendido» y «apreciado» por las criaturas que no hablan a la
-humana. A menos de no ser el niño hindú, de Kipling, se necesita para
-comunicar con ellos paciencia y constancia, y aprender a no mortificar
-sus espíritus «lentos y rebeldes». Todo esto lo enseña Bostock. A
-este hombre, que ama con pánica fraternidad a esos seres que tanto
-en ciertos puntos se nos asemejan, preocupó un día la idea de ser un
-opresor; pensó si no haría mal en mantener en jaulas a los nacidos para
-la libertad de la floresta, del desierto o de la espesura, «si no era
-ese un derecho imprescindible, un derecho que la equidad no permite
-transgredir». Sufría con la duda. El lo dirá de bella manera: «Saber si
-yo tenía o no razón de guardarlos prisioneros me atormentó por largo
-tiempo, y estuve profundamente turbado mientras pesaba el pro y el
-contra de la cuestión. Vi a esos seres indomados en su soledad natal;
-les vi acurrucarse por la noche en sus retiros ocultos, atisbando una
-presa; vi las tragedias del matorral; recordé sus frecuentes estragos
-contra la vida humana, llevados ya por el hambre, ya por el simple
-deseo. Sobre su terreno original, remonté hasta las fuentes antiguas
-de los largos anales de esos amigos, encontrados muertos, o moribundos
-de hambre, de sed, o por una bala tirada por algún cazador apasionado
-de _sport_ o de lucro. En medio de esas reflexiones pensaba en el
-elefante, en la cebra, en el caballo, todos libertados del estado
-salvaje para su bien y el de la Humanidad. Poco a poco llegué a resumir
-así mi problema: ¿debo devolver a mis pupilos a sus florestas natales
-y cesar el estímulo de la captura de las fieras? ¿Debo continuar
-protegiéndolos y manteniéndolos, y de este modo preservándolos a ellos
-y a sus hermanos más débiles de las desgracias ciertas del desierto?»
-A la última pregunta el domador se contestó afirmativamente. Él les
-daba una felicidad relativa. Los nutría, los cuidaba, les evitaba la
-probable muerte violenta. No les hacía sufrir. Luego, eran útiles,
-prestaban un servicio a la educación, a la historia natural, y aun,
-hubiera podido agregar, al arte.
-
-Y Bostock entró plenamente en su heredada carrera.
-
-Ante todo, apartó de sí todo procedimiento cruel. «La bondad es el
-único azote empleado para hacerse obedecer de las fieras». Sin ella,
-las fieras «no entienden». La fiera más terrible se dulcifica con la
-bondad. Hay que inspirar con la bondad confianza. Es probable, dice
-Bostock, que otras generaciones llevarán más adelante la doma de las
-fieras, pero estoy contento con lo que yo he logrado. Comprender y
-hacerse comprender. Esa es su victoria. Tal, más o menos, fué lo que
-desarrollara en las páginas del _McClure's Magazine_, hace ya diez
-años, en un estudio que consagró al beluario, y que éste aprovechó
-después para su libro profesional, el escritor Samuel Hopkins Adams.
-
- * * * * *
-
-El libro autobiográfico y técnico del admirable norteamericano contiene
-cosas en extremo interesantes. Su padre, hombre religioso, que
-profesaba el anglicanismo, quiso dedicar a pastor al niño que jugaba
-con cachorros. Lo fué, pero su rebaño ruge, huele a selva y come carne
-cruda. No obstante, el futuro domador cultivó su espíritu. Estudió
-primero en los Estados Unidos y luego en el Kelvedon College, en el
-condado inglés de Essex. En una de las visitas que hacía en vacaciones
-a su padre, volvió a ver los trabajos con las fieras en el circo. Y
-aconteció que un domador, habiendo tratado mal a un león, no pudo
-seguir en su ejercicio. Y el joven Bostock solicitó de la benevolencia
-paternal ser el reemplazante. Negativa. Pero al día siguiente, mientras
-Mr. Bostock, padre, recorría el circo, encuentra a su hijo metido en
-la jaula del fiero león. «Hijo mío, le dijo todo asustado; si sales
-vivo de allí te voy a pegar la paliza mayor que puedas recibir en tu
-vida». Como el muchacho salió triunfante, la amenaza se volvió cariño
-y el cariño pasó a consentimiento y el domador fué reemplazado por el
-audaz joven. «Yo tenía quince años y me llamaban «el niño domador».
-Comenzó así su peligrosa carrera. El no admite «nada de vulgar en
-sus espectáculos»; se da en cuerpo y alma a sus tareas, siente la
-fascinación de su trabajo. Comprende lo que hay en él de fabuloso y de
-heroico. Sabe que hay que tener juicio fino y presencia de ánimo.
-
-En Birmingham se le huyó un furioso león africano que, perseguido en
-una alcantarilla, le hizo realizar un trabajo hercúleo y habilidoso
-para capturarlo. Su historia está llena de cosas impresionables. Varias
-veces ha estado a la muerte, por la garra o por el colmillo. Llegó
-a maestro. Muchos discípulos suyos son hoy famosos en los modernos
-fastos circenses. Habla de su arte, o si gustáis, de su ciencia, con
-pasión, pero en él impera siempre la serenidad. Conoce los animales
-de la historia y la historia de los animales. Proclama la modernidad
-de su arte, pues ninguna fiera fué industriada por los antiguos,
-a pesar de anécdotas de eruditos. Tiene a orgullo el descender de
-Georges Wombwell, que inició de los primeros el _dressage_ tal como
-hoy se comprende. Antes de que la _menagerie_ del abuelo Wombwell se
-estableciese en Inglaterra, a comienzos del siglo pasado, se habían
-amaestrado monos y perros, pero nunca leones y tigres. Por la dulzura
-de un hombre con dos leoncillos enfermos y la amistad continuada
-pudo ver el público por primera vez juntos al león y al hombre, sin
-hacerse daño. Así se iniciaron las enseñanzas de hoy. «Un hombre y dos
-leoncillos», dice Bostock. Eso asombraba hace más de cien años. Hoy
-vemos entrar a un hombre en la arena «rodeado de veintisiete leones».
-Y se va más adelante: se ha ido poco a poco. Recuerda a Ellen Bright
-famosa, que murió por imprudente desgarrada por un tigre; a Herman
-Weedon, que ha realizado grandes progresos, y a otros tantos, entre
-los cuales el soberbio capitán Bonavita, Daniel, con látigo y botas.
-Y la Morelli, circundada de panteras, jaguares y leopardos, todos
-menos nobles que el real león; la Aurora, de humilde aire efébico,
-haciendo evolucionar sus osos blancos; Miller, con sus enormes
-tigres bengaleses; la Pianka, Weedon y el valerosísimo Richard de
-Kenso. Y luego los secretos para lograr el éxito en la enseñanza de
-los terribles alumnos. A más de la paciencia y la constancia, saber
-penetrar en la psicología zoológica. Estudiar los temperamentos y las
-idiosincrasias y velar por el aseo, la buena nutrición y el ejercicio,
-pues la pereza hace tan malas a las fieras como a los hombres. Sabed
-que los leones son enfermizos; que cuando examinan una cosa y no la
-comprenden, se agitan y rugen; que son delicados como los niños; que
-una leona preñada es tan nerviosa como una mujer en estado interesante,
-y que por causa de sus nervios es difícil que sea una buena madre,
-llegando hasta devorar sus hijos: sabed que hay a veces entre las
-fieras traiciones y perversos sentimientos. Luchan entre ellos, se
-muerden, se dan zarpazos. ¡Cuánta atención, pues, habilidad y firmeza
-para adiestrarlos, para relacionarse con ellos! Los que creen en que
-se les da opio, bromuro u otras pócimas no saben que eso no puede ser.
-Pues afirma Bostock, dar drogas a las fieras podría ocasionar pérdidas
-serias, sin contar con que el efecto final de las drogas disminuiría
-sensiblemente el valor comercial de los animales. Igualmente, el buen
-domador no usa jamás de crueldad. No se deteriora una bestia que vale
-tanto, primeramente. Y luego, el mal trato hace mala a la fiera. Hay
-que escoger los alimentos. «El único medio de mantener las fieras en
-buen estado y sin mal olor, es darle carne fresca y de buena calidad.
-El carnero o el buey recién estazado y a veces una cabeza de cordero,
-que les gusta mucho, es el alimento que conviene más a los leones y
-a los tigres». Y hay otros cuantos detalles sobre la comida de esos
-bien nutridos y considerados prisioneros, como el darles un hueso con
-cada trozo de carne y el hacerles ayunar un día a la semana. Si hay
-desgano, pues un aperitivo. Mas no creáis que se les emponzoña con
-bíters, gencianas, ajenjos o vermutes, sino que se les da un pedazo
-de hígado; o bien un conejo, un pollo o un pichón. Al oso, poca carne
-cruda; se le da cocida, y pescado y pan con leche. Y si el oso es
-polar, sabed que ese _gourmet_ se chupa labios y patas si le brindáis
-un buen plato de aceite de pescado. «Esto es algo que vale la pena de
-ser visto», afirma el buen Bostock.
-
-Las grandes serpientes son difíciles de alimentar y hay que emplear con
-ellas a veces la fuerza. Cuando un elefante está resfriado, hay que
-regalarle con whisky y cebollas calientes, pues «parece no solamente
-aceptarlas, sino querer más». Pero esa pagoda viviente es por lo
-general muy sana, como no se cuele una pneumonía. Duermen sobre el
-lado izquierdo, replegada la trompa «hacen a intervalos regulares un
-ruido singular, semejante al de una caldera que deja escapar vapor. No
-tienen el sueño profundo. No prestan mucha atención a su guardián que
-les hace ronda toda la noche; pero si algo de insólito se produce, el
-silbido de su respiración se para: dos lucecitas rojas aparecen en la
-cabeza de cada elefante; y todos se despiertan y se ponen en guardia. A
-la primera señal de peligro trompetean sonoramente y lanzan la alarma
-cuando ningún otro sér vivo, salvo ellos, sospecha nada de anormal».
-Aquí sí que el vigía está en la torre.
-
- * * * * *
-
-Bostock enseña las características de cada animal. «Los leones no
-tienen afecto; se acostumbran a su domador y lo toleran; pero su
-obediencia y su docilidad son debidas en parte, sino enteramente, a
-su ignorancia y a su terror por todo lo que no comprenden». Es lo
-que a los humanos aconteció con los elementos y con las potencias
-desconocidas que causaron la idea de los dioses.
-
-Mas en el animal hay también misterio, y hay que recordar la opinión
-de los que juzgan que la inteligencia de ellos no difiere de la de los
-hombres sino por la calidad. Buffon nos ha enseñado su abecedario;
-Welss nos ha iniciado en su teología... Bostock nos dice: «No es el
-ojo--aunque en él se contengan resolución, prudencia y paciencia--, es
-«el espíritu» el que domina a un tiempo mismo una veintena y aun mayor
-número de animales».
-
-Y es que en este norteamericano que contiene a Sansón y a Androcles, se
-encierra un buen lastre de la mejor filosofía.
-
-
-
-
- París y Eduardo VII.
-
-
-París lamenta la desaparición de su rey Eduardo, de su antiguo príncipe
-de Gales. La Prensa, que siempre tiene sus desentonos, ha estado
-ahora unánime al hacer el elogio del difunto monarca de Inglaterra.
-No pasó así con Leopoldo de Bélgica, que también creía haber ganado
-su ciudadanía parisiense. Es verdad que había su diferencia entre
-el rey gentlemen y el rey bolsista y negociante. Hasta en la misma
-vida galante hay una y otra _manière_. Además, el britano procuró
-siempre hacerse simpático a Lutecia. Y una de sus frases íntimas, es
-la que dijo el alcalde de Biarritz: «Dicen que todo hombre tiene dos
-patrias: la suya y la Francia. Es posible. Lo que sí es seguro es que
-todo hombre tiene dos placeres: primero vivir en su patria y luego
-vivir en Francia». Así, París ha sentido tanto como Londres la muerte
-del soberano; el príncipe no podría nunca olvidar y dejar de ver con
-cariño al país que le fuera tan grato: a la ciudad de sus expansiones
-juveniles y en donde su elegancia y su gentileza tuvieron más influjo
-que Su Majestad. Así, de París, él gustaba sobre todo, y como hombre
-de fino gusto, de los parisienses. El normando, como decía Paul
-Adam, se complacía con la vivacidad y la alegría de las lutecianas.
-Como después, y ya un poco tarde, su sobrino de Alemania; apreciaba
-la gracia singular de una Jeanne Gravier, y el sutil talento de una
-Réjane. Cómicas y cómicos de renombre conservaron regalos suyos. El
-broche de Réjane y el bastón de M. Fébre son famosos entre bastidores.
-Su persona era familiar a los habitantes de París. «Ahora mismo,
-dice un parisiense, nos parece a todos que sobre el andén de una de
-nuestras estaciones, o sobre la acera de una de nuestras avenidas,
-vamos a ver aparecer esa curiosa fisonomía, la más curiosa tal vez que
-hayan producido las líneas soberanas: ese paso que era sonoro, pero
-que no hizo nunca temblar el suelo; esa oreja que era pequeña, pero
-anchamente abierta a los mil ruidos de los cuatro puntos del globo;
-ese ojo azul, muy dulce y sonriente, que bajo la pestaña perspicaz
-parecía detenerse siempre sobre los objetos más inmediatamente
-cercanos, pero que en el fondo buscaba, sobre todo, mirar lejos, más
-allá del horizonte visible; ese cuerpo que parecía tener la robustez
-de un gigante y que no había dejado la gracilidad de un niño; esa mano
-que parecía tener la fuerza de deshacerlo todo y que se contentaba
-con tener la fuerza de estrechar; esa sonrisa, muy bondadosa y muy
-indulgente, que los labios dejaban pasar, plegándose con un poco de
-amargura...» El retrato es justo, bien hecho y demuestra el cariño. El
-pesar parisiense no es ficticio. En los balcones de algunas calles
-se ven banderas de duelo, como en Londres. Y la rue de la Paix tiene
-crespones y cintas negras por el rey de las elegancias masculinas y
-el estimulador de las elegancias femeninas. Es para él, dice alguien,
-que nosotros hubiéramos querido inventar la tradicional expresión: Su
-graciosa majestad. Se habla de su afabilidad, que no menoscabó nunca su
-real distinción. El príncipe anecdótico interesa más a París que el rey
-político. Árbitro de la _ténue_, se enumeran sus prendas indumentarias,
-sus sastres, sus proveedores. Se le celebra como _gourmet_, como
-_sportsman_, como _gentleman_ generoso. Un escritor que recordara
-sus antiguas horas alegres, no deja de apoyar que «a los que le han
-conocido cuando era príncipe de Gales hacía pensar en el nombre de otro
-príncipe de su país, el famoso Enrique IV de Shakespeare, compañero de
-Falstaff», y que «la juventud de Eduardo, como la de Enrique, estaba
-tan consagrada a los placeres, que, así como con Enrique, se dudaba
-mucho que llegase a revestir la majestad real, pero que tanto para
-uno como para otro los temores fueron injustificados, y ambos, una
-vez soberanos, se pusieron a reinar como si no hubiesen hecho otra
-cosa durante toda su vida». Los que recuerden las escenas finales de
-la pieza shakespeareana tendrán presente cómo a Falstaff le da una
-enérgica lección Enrique IV. Y se cuenta que, con gentileza de forma
-y gentileza de potentado, dió otra lección Eduardo VII a una actriz
-francesa que, estando en Londres, no supo comprender en cierta ocasión
-que el príncipe de Gales había desaparecido ante el rey de la Gran
-Bretaña, y emperador de la India.
-
- * * * * *
-
-En una casa parisiense admiro la iconografía casi completa del
-lamentado soberano. Dibujo que representa al niño recién nacido, cuya
-masculinidad alegró al viejo Wellington.
-
---«¡Un barón!--exclamó éste,--¡Un príncipe!--respondió escamada la
-nodriza míster Broug». El pequeño duque de Cornouailles, con su cofia
-fina, bebé, _bebé jumeau_, en compañía de la princesita Victoria. El
-niño, más crecido, trajeado de claro, con sus anchos pantalones y su
-blusita ceñida con cordón a borlas; de la mano de su madre, que tiene
-tan lindos brazos y tan lindo escote, a ambos lados del rostro blanco
-y bello, los cabellos lisos y oscuros que caen hasta los hombros. La
-litografía en que está con las princesas niñas Alicia y Victoria--y
-una muñeca--; y otra en que se ejercita en el _rowing_ en el lago
-del castillo de Windsor, ante el príncipe Alberto, de su madre y
-hermanitos. Un marinerito de _keepsake_, cabellera rizada, bello como
-un amor; luego, jugando con otros niños, en el parque del castillo,
-mientras sus padres están en una ventana. Luego otro retrato infantil
-en un paisaje de Escocia y otro con toda la familia real, en un salón
-palaciego.
-
-Ha crecido algo más, y hele aquí en unión del duque de Coburgo. Tiene
-ya ocho años; viste el traje escocés que le deja las rodillas desnudas.
-Después, del brazo con su hermana Victoria, como jugando a marido y
-mujer, él con el casaquín desabotonado de cintura abajo, la gorra
-de visera acharolada, ella con la falda acampanada y a vuelos, y el
-sombrero de alas anchas algo echado atrás. Ya veremos cuando le apunta
-el bozo al príncipe de levita, capa y la especial gorra universitaria,
-no sin antes admirarle adolescente en un dibujo de Richmond. Así cuando
-la boda de la princesa real, en el 58, entre los generales y los lores,
-los príncipes y las princesas. Un retrato le representa con el uniforme
-de los guardias. Y luego, ya la barba aparecida, está inclinado, de
-rodillas, bajo la capa de la ceremonia de caballero de San Patricio.
-
-Y la dueña de casa me le hace ver en otros cuadros, planchas y grabados
-más, que sirviera para documentar gráficamente un libro sobre el
-monarca íntimo. Ya está en la India, cuando su célebre viaje, en la
-caza del tigre, sobre el lomo de un elefante, en una escena de _tour
-de monde_, ya acogiendo afectuoso a los tributarios maradjahs; y
-prosiguiendo su jira de _conmisvoyageur_ de lealismo, martillando el
-último remache en el puente Victoria sobre el San Lorenzo canadiense.
-
-Un grupo del año 62. Las damas visten unos trajes que hoy parecen
-imposibles. La crinolina forma su embudo; los tocados son sencillos;
-la moda poco exigente. Del lado de los hombres el futuro árbitro de
-las elegancias no se distingue mayormente; en cambio, en la cabeza del
-duque de Edimburgo está pintado un sombrero de copa claro que ha de
-renovarse de manera triunfante, más tarde, en la cabeza del príncipe de
-Gales. De ese mismo año hay un retrato del príncipe imberbe, sentado
-cerca de un jarrón, con un junco en la mano. Ya se nota la preocupación
-del vestir bien; son los comienzos del _arbiter_. Un año después se
-inician unas vagas patillas; así está, con su uniforme de brandeburgos
-y su gorra de pelo con plumero blanco. Es el tiempo del enamoramiento
-y del matrimonio. La bella princesa de Dinamarca en la corte viste a
-la sazón como una dama de Winterhalter. Hay un grabado del día mismo
-del matrimonio, en que la reina Victoria y los recién casados parecen,
-junto a un busto del príncipe Alberto, unos buenos burgueses de Francia.
-
-En un retrato de 1873, en compañía de su hermana Alicia, el príncipe
-está ya barbado. Viste de americana, no por cierto famosa, y tiene
-en la diestra el cigarrillo, que ha de ser sustituído después por
-los célebres habanos a diez francos cada uno. Por el mismo tiempo
-está retratado en Balmoral con la real familia; y no tiene, a la
-verdad, del inglés convencional más que el traje a grandes cuadros
-y la gorrita escocesa. En esa época le pintó Angeli, de uniforme y
-con aire marcial. Hay una figura del 76; está hermoso y grave. Y la
-serie iconográfica continúa: con su bulldog favorito; llevando de
-las riendas a _Pergiminon_ el día de la victoria en el gran Derby de
-Epsom, entre las explosiones de entusiasmo de miles de _sportsmen_; en
-un concurso de _tennis_ en Homberg; de chaquet, en Marborough-House;
-con gabán, saliendo de la capilla; de zapatos ferrados y polainas en
-sus cacerías de ciervos de Balmoral; de gran uniforme, junto con su
-hermano el duque de Connaught, entre la muchedumbre, en el _pesage_; de
-hongo, en un box, en una venta de caballos; con collar y mandil, como
-gran dignatario masón, y con el traje de gran maestre de San Juan de
-Jerusalén.
-
-Aquí lleva de la mano a la reina en la ceremonia de la apertura
-del Parlamento, pendiente de sus hombros el gran manto real, cuya
-cola sostienen pajes arcaicos. O está sentado en el trono, rodeado
-de túnicas, espadas, varas y pelucas; o en el instante de firmar
-el juramento que afirma la seguridad de la iglesia escocesa; o
-presidiendo, entre muchas calvas y pocos toisones, un consejo de
-gabinete; o junto a su mesa de labor, con el habano encendido; en
-carruaje de gala, en automóvil, a pie, príncipe, monarca, turista,
-bulevardero, en apoteosis y en caricatura, así conoce París, tanto como
-Londres, la figura indiscutiblemente simpática de quien fué llamado el
-rey de los _gentlemen_ y el _gentlemen_ de los reyes.
-
- * * * * *
-
-Aun no se han verificado los funerales y ya la municipalidad parisiense
-resolvió dar su nombre a una calle, y como la calle elegida no
-correspondiese a la magnitud de la intención, los vecinos de la calle
-Royal han pedido que sea esa la favorecida con el nombre de Eduardo
-VII. Ello estará bien, por ser _royale_ y por ser de elegancias y
-lujos. Los risueños agregan que en ella está el establecimiento de
-Maxim's.
-
-Un parisiense de distinción, que fué amigo íntimo del rey Eduardo,
-contaba días pasados que muchas de las leyendas que circulan no están
-completamente conformes con la verdad. Y hace un buen «croquis» del
-egregio difunto. «No era ni familiar ni estirado. Tenía para todos
-una palabra precisa, una frase que no se podía olvidar; y, dígase lo
-que se diga, del rey de Inglaterra quedó siempre la verdadera; era el
-príncipe de Gales: un gran señor sin finchamientos, sin fanfarronería,
-pero también sin ninguna condescendencia con los importunos y con
-los aduladores. Permitía gustoso que, a pesar del protocolo, se le
-dirigiese la palabra sin ser interrogado su interlocutor; pero si se
-trataba de una adulación, de una _flagornerie_, cortaba la conversación
-con una impertinencia altiva». Y estas palabras significativas: «Tenía
-igual medida en sus afectos deportivos que en sus afectos artísticos,
-que en su gusto por los placeres, que tanto le fué reprochado; y que no
-eran en él más que la expansión generosa, ardiente, comprimida por la
-flema británica y la noción exacta de su grandeza». Así habla alguien,
-que como he dicho, fué su amigo íntimo y su antiguo compañero de vida
-parisiense. Así habría hablado Gallifet, si hubiera vivido hasta ahora.
-Sayán su émulo y otros que ya no existen. Le lloran otros amigos, entre
-ellos el pintor Detaille, que deja a medio concluir su último retrato.
-
-Y las anécdotas abundan, todas, sí algunas picantes, cariñosas. Ninguna
-más gráfica, aunque seguramente falsa, a pesar de ser _ben trovata_,
-que ésta de que he hablado en otra ocasión. En la función de gala que
-se dió en la Comedie Française en honor del nuevo Rey de Inglaterra,
-se encontraban en el palco presidencial el rey Eduardo y M. Loubet.
-La bella Otero, que había logrado un asiento de platea, gracias a
-un amigo senador, pues la fiesta era de invitación, fué con buenas
-maneras instada por la policía para dejar su _fauteuil_. Como se oyese
-un vago rumor--¿qué pasa?--dijo el presidente.--Y al explicársele lo
-acontecido, al mismo tiempo que el honesto Loubet preguntaba:--_Qui
-est cette demoiselle?_ el antiguo príncipe de Gales exclamaba por lo
-bajo:--_Pauvre Caroline!_ Estas son las sonrisas de París.
-
-
-
-
- Un libro sobre Chile.
-
-
-_Chile en 1908_, por Eduardo Poirier, es un libro recién aparecido,
-lleno de datos y de juicios, que llamará la atención sobre ese
-país importante. El efecto será naturalmente mayor si a la edición
-castellana se uniesen otras inglesa y francesa que, según tengo
-entendido, se preparan. En Europa, escribe J. H. Webster, citado por
-Poirier, en su obra _The American Republics_, los numerosos libros que
-circulan sobre las fantásticas maravillas de las naciones latinas de
-América, son libros que desprecia todo el mundo, comenzando por los que
-escriben y los reparten. Míster Webster exagera. En Europa nadie puede
-despreciar esos libros, porque nadie los lee y nadie los reparte. Hay,
-en efecto, una verdadera bibliografía a nuestro respecto en la sección
-de viajes de estas librerías. Generalmente se encuentran esos volúmenes
-entre los libros de _étrennes_, muy bonitos, con muchos grabados, que
-se regalan a los muchachos. Son libros caros. Sus autores son por lo
-común exploradores y geógrafos, colaboradores de _Le tour du monde_, o
-turistas ocasionales, hombres o mujeres, que han llevado su cuaderno
-de apuntes y que no han podido después resistir a la tentación de la
-publicidad. Hay también los enviados de los periódicos, entre los
-cuales enviados se encuentran de la clase de los terribles. Ejemplo,
-Th. Childe, Barzini. Todos esos libros tienen un público limitado.
-Así, los conocimientos del gran público respecto a esos países tienen
-por base, cuando más, lo que el buen Julio Verne describió o dijo de
-ellos en señaladas novelas de su colección. Ningún nombre glorioso, o
-siquier famoso, ha escrito jamás un volumen sobre la América latina,
-fuera de las páginas científicas a ella consagradas por un Darwin, o
-un Humboldt. Loti, que ha recorrido casi todo el mundo, no ha puesto
-nunca entre nosotros sus escenarios. Y vale más. Lo único de valor que
-un europeo de nombre universal haya alguna vez publicado sobre una
-nación hispanoamericana, es la conferencia de Anatole France sobre la
-República Argentina.
-
-Si Ferrero escribe el libro que se ha anunciado, será cosa excelente,
-aunque insista en su romanismo comparado. Y si el señor Blasco Ibáñez
-se dedica a la obra argentina de que se ha hablado, será también
-plausible, porque su nombre es muy conocido y representa hoy a España
-en la librería mundial.
-
-Sobre Chile se hallan en Europa algunas monografías, de publicación
-oficial, llenas de datos interesantes y obras como la _Histoire d'un
-grand peuple_, del venezolano señor Arestigueta Montero, que es vendida
-en París por su mismo autor. Libro corriente, libro que circule, libro
-autorizado, no conozco ninguno. Por eso la propagación del señor
-Poirier, en buenas condiciones no podrá sino ser utilísima para su
-patria.
-
-Ese nutrido trabajo es en menores proporciones, semejante al del señor
-Lix Klet sobre la República Argentina. Demás afirmar que hay en la
-tarea realizada la manifestación de un patriotismo ardiente. No es esto
-sino plausible, pues si una labor como esa no se lleva a término con
-amor, no valdría la pena de emprenderla. Tengo el gusto de conocer al
-señor Poirier. Sé de su talento claro y ponderado, de su laboriosidad
-infatigable y de su extensa cultura. Ha viajado y ha podido hacer, como
-él dice en su proemio, «el consiguiente estudio comparativo y analítico
-de otros pueblos, razas y civilizaciones». Como lo exige la índole de
-su obra, hase ayudado con una documentación oficial, verídica y exacta.
-Además, al final del grueso volumen ha agregado varias monografías
-escritas por autoridades del país, y que ponen de manifiesto el
-adelanto actual de la cultura chilena. Son esas autoridades los señores
-Poenisch, para las matemáticas; Santa María, para la ingeniería;
-Ducci, para las ciencias físicas; Díaz Ossa, para la química; Phlippi,
-para la Zoología; Reiche, para la botánica; Sundt, para la geología
-y mineralogía; Porter, para las ciencias antropológicas; Marín
-Vicuña, para los ferrocarriles; Amunátegui Solar, para la medicina y
-farmacia; Dávila Boza, para la higiene pública; Guerrero Bascuñán,
-para la beneficencia pública; Amunátegui Reyes, para el código civil;
-Ballesteros, para el derecho procesal; Galdámez, para la biblioteca
-nacional, y Ramírez, para la instrucción primaria.
-
-El señor Poirier trata en su libro, primero de la parte geográfica,
-luego de la histórica, gobierno, intelectualidad y comercio. Es
-una exposición maciza de la vida y movimiento del organismo de la
-nación chilena. Las ilustraciones, mapas y planos son dignos de toda
-recomendación. La parte gráfica es un utilísimo complemento del trabajo.
-
-He aquí la viña Subercaseaux que produce los excelentes y famosos
-vinos, que pueden competir con buenos _crus_ europeos.
-
-He aquí el monumento a Juan Godoy, descubridor del mineral de
-Chañarcillo. La esculpida figura de ese hombre del pueblo nos recuerda
-que Chile es un país minero y que muchas de sus fortunas han salido de
-las entrañas de la tierra.
-
-Aquí vemos a un hacendado y sus hijos. Estos _gentlemen farmers_ llevan
-el traje usual de los estancieros chilenos, el sombrero de anchas alas,
-la bota y el poncho, que tan bien han sentado a huéspedes como el
-difunto don Carlos de Borbón.
-
-He aquí los baños de Canquenes en el valle pintoresco; y el río
-Copiapó, crecido, y el Valdivia y la laguna negra, que se diría de un
-paisaje suizo.
-
-Se ven los puertos pintorescos; y Viña del Mar, la ciudad de lujo y
-de alegría cercana a Valparaíso. Y las ciudades que están cercanas a
-la cordillera, y las lejanas y los pueblos lindos. Vese un grupo de
-araucanas con aspectos asiáticos; y una preciosa adolescente, hija de
-cacique, que si no tuviese los pies desnudos e intactos, creeríase hija
-de un mandarín o príncipe de China.
-
-Santiago y sus monumentos, su cerro de Santa Lucía, orgullo de los
-habitantes de la capital, y Valparaíso, la britanizada, y Concepción
-y Talca y tantas otras poblaciones de trabajo y de belleza, como ese
-encanto de Lota, feudo económico de los opulentos Cousiños. Y una
-profusión de grabados más que explica objetivamente el texto.
-
-Los monumentos hablan de la historia gloriosa de la Nación. Tal cual
-pintura de artista nacional expone escenas de la vida popular, como
-la Cueca. Y la fotografía hace admirar la tradicional hermosura de
-la mujer de Chile, perpetuada en la inmortalidad del arte por el
-célebre busto de Rodin que es joya del Luxembourg y cuyo modelo
-Arsene Alexandre asegura ser una dama peruana, habiéndolo sido, según
-entiendo, la esposa del ministro chileno en Francia, señor Moria Vicuña.
-
-Al leer ese tomo no se puede menos que reconocer el entusiasmo y
-el afecto que por su patria tiene el autor, entusiasmo y afecto
-muy naturales y justos. Queda afirmado que Chile es un país serio,
-laborioso, bien constituído y lleno de cualidades bélicas y que
-comprenden bien el lema de su escudo «por la razón o la fuerza».
-
-Durante mucho tiempo ha sido el modelo gubernamental para las
-repúblicas hispanoamericanas y su buen sentido ha sido señalado como
-un ejemplo y una norma. Ha tenido siempre envidiable renombre en sus
-asuntos económicos, y en la formación del tipo propio no en balde ha
-querido imitar a los hijos de la Gran Bretaña. Además, el chileno ama
-la expansión de la vida y el gozo de vivir, aunque parezca en veces
-seco o brusco. Así, bien puede decir con razón un observador como W. H.
-Koebel: «The chilean of the educated classes bears a marked resemblance
-to the Englishman both in outward appearance and habits. A young naval
-cadet at Valparaiso might have stepped straight from out of the doors
-at Osborne. A similar Anglicised appearance prevails throughout in the
-world of commerce, officialdom, and sport. Amongst others, hospitality
-and a marked «joie de vivre» are their attributes». Durante tres años
-que pasé en las ciudades de Valparaíso y Santiago, hace ya más de
-veinte, pude comprobar tales aserciones.
-
-Los datos sobre el movimiento intelectual dan idea de una copiosa
-producción. Se encuentra larga lista de escritores y poetas, hechos
-a la manera de aquel incansable obrero de la publicidad chilena,
-tan lleno de buenas intenciones, que fué el finado don Pedro
-Pablo Figueroa. Quizá hubiera sido de desear un estudio sobre las
-tendencias del pensamiento nacional y un cuadro expositivo de la
-evolución literaria en ese centro de pensadores estrictos, de hábiles
-constitucionalistas, de eminentes jurisconsultos y filólogos. Y
-mostrar cómo allí en donde el ilustre venezolano don Andrés Bello dejó
-como herencia imperecedera el Código y la Gramática, hay también una
-juventud que ama la Belleza y siente el Arte y que saluda con respeto
-la figura de mármol de aquel antecesor, aun siguiendo los rumbos que el
-espíritu de su época le ha señalado.
-
-Mucho más hay que alabar en la obra del señor Poirier. Su prosa es
-clara, amena, distinguida. Se ha librado de los excesos líricos que en
-trabajos semejantes se encuentran en otros países hispanoamericanos. De
-este modo él ha llenado su objeto de escribir para «hombres de estudio
-y de ciencia, para quienes ninguna utilidad ni prestigio revestiría
-una de esas adocenadas y calidoscópicas exhibiciones de maravillas en
-que se pinta a estos países nuevos de la América, no como ellos son,
-sino como los quisiera el optimismo interesado, cuando no la quimera
-patriótica de sus autores». Libro útil, lectura provechosa para su
-tierra, labor de propaganda merecedora de estímulo, eso es lo que ha
-realizado el señor Poirier. Ya había él, de otras maneras, hecho lo
-mismo en Chile para bien de otros estados hispanoamericanos.
-
-Dícenme que un miembro del cuerpo diplomático fué separado de su puesto
-en París por el Gobierno chileno por publicar un libro que él creía
-excelente y que no hacía sino poner a su país en ridículo. En este caso
-el Gobierno debía hacer todo lo contrario.
-
-
-
-
- Las memorias de la señora Daudet.
-
-
-Hay un escritor a quien injustamente los excesivos del intelectualismo
-han querido poner _à coté_, en estos últimos años; quiero hablar de
-Alfonso Daudet. Este era un artista cordial, un sensitivo, con el
-don del humor y de la claridad. Mucho de su obra, hoy poco atendida,
-revivirá más tarde.
-
-Ahora viene a mi mente lo que de él leyera antaño, al acabar de
-acompañar a Mme. Daudet en sus _Recuerdos_, recientemente publicados.
-Ellos forman un volumen que generalmente interesa y en muchas de sus
-partes conmueve. Vemos desfilar unas cuantas figuras de las letras
-francesas, cuyos nombres son famosos y cuya obra no es conocida. Y
-ellas pertenecen no solamente al grupo literario que frecuenta el
-«diván» de los Goncourt y visitara la casa de Daudet, sino a una
-generación anterior, pues la autora se complace en rememorar a tales
-o cuales personajes de letras que conociera desde sus primeros años,
-cuando sintiera su inicial impulso hacia la literatura, teniendo, como
-tenía, padre y madre poetas.
-
-Conoció a Mme. Desbordes-Valmore, al grupo provenzal de los felibres,
-amigos de su marido Mistral, Aubanel, Roumanille, Anselme Mathieu,
-Félix Gras, Paul Arène. Recién casada en su morada del hotel Lamoignon,
-en el Marais, vió desfilar a Sarcey, Ranc, Mittchel, Dusolier--nombres
-que fuera del «tío», no dicen nada en la actualidad. Y llegaba
-allí también Barbey, el condestable de las letras, como Edmond de
-Goncourt fué más tarde el mariscal. De Barbey traza en estas páginas
-un pintoresco retrato, y publica una carta suya inédita. Habla con
-simpatía de Cladel, _presque génial celui-là_, de Paul Feval, de
-Flaubert. De algunos de ellos reproduce cartas interesantes, sobre todo
-de Mme. Desbordes-Valmore.
-
-Luego, los recuerdos se van anotando en forma de diario. No en vano su
-intimidad fué tan grande con los hermanos Goncourt. Pero antes, pinta
-gráficamente figuras como la de Catulle Mendes, y dedica al dios Hugo,
-entre admiración y admiración, algunas acres observaciones. Ya sabemos
-que esos son asuntos de familia. Con Zola no hay mucho afecto. En
-cambio, éste es vivo y agradecido con M. y Mme. Georges Charpentier.
-En todo el libro, naturalmente, por afecto casi familiar y por razones
-intelectuales el nombre que se diría siempre adornado por un _bouquet_
-de rosas, es el de los Goncourt.
-
-No deja de hacer advertir, como su marido al final de sus _Trente ans
-de Paris_, la literaria ingratitud de Tourgueneff, a quien Flaubert
-llamara el _bon moskove_. Y he aquí a Huysmans, Céard, Edouard Drumont,
-Anatole France, Bourget en sus primeras obras. En el fondo de su Nohant
-la vieja George Sand escribe una carta de felicitación a Daudet por su
-_Jack_. Hay una descripción del salón de la princesa Matilde, con sus
-diplomáticos y literatos, y de las reuniones en casa de Mme. Adam, tan
-llenas de hombres políticos y de hombres de letras. El verdadero diario
-empieza, por fin, con la fecha 21 de mayo de 1880.
-
-Y la página escrita ese día relata una visita a la casa de Auteuil
-en que moraba Edmond de Goncourt, «el único hombre de letras que yo
-conozca en un hogar digno de él», dice la autora.
-
-El hotel es elegante. Un lujo refinado y exótico armoniza las
-preferencias del espíritu de un sedentario, con las raras filigranas
-del arte japonés. En la biblioteca los libros tapizan los muros, y
-en una parte de ella se encuentran las obras de los dos hermanos en
-especiales encuadernaciones. _La Manette Salomon_ en un esmalte de
-Popelín; yo no sé cuál otra de sus novelas con un dibujo de Gavarni que
-será después su ex libris: _les deux doigts de la main_.
-
-Madame Daudet pide ver la habitación descrita en _La maison d'un
-artiste au dix-huitième siècle_. Y al acompañar a la visitante,
-Goncourt hace observar:
-
---Faltan aún diez mil francos de cortinajes en el lecho y en los
-balcones para que esto esté completo.
-
-La autora llega, en fin, al gabinete japonés en que, guardadas en
-vitrinas, están las exóticas maravillas que forman la colección de
-Edmond de Goncourt. Este las hace examinar a Mme. Daudet y ella nos
-refiere que «si una mano de mujer se tiende hacia el delicado objeto
-para apreciar mejor su rareza, su ligereza, es preciso ver el aire
-inquieto del gran escritor, atenuado por su extrema cortesía, y el leve
-estremecimiento con que vuelve a su sitio el bello plato transparente y
-frágil o el estuche de nácar historiado como un encaje».
-
-Sigo con complacencia el relato de la visita a Edmon de Goncourt.
-Flotan sobre el decir de la mujer artista y curiosa todo el afecto
-y la cariñosa admiración que la viuda de Alfonso Daudet profesó a
-los hermanos Goncourt. «Desde el día en que lo conocí--esto data de
-1874--mi admiración ha crecido, se ha afirmado; y con los hombres
-célebres la inversa se produce casi siempre».
-
-A lo largo se suceden recuerdos de reuniones, fiestas, banquetes a que,
-acompañando a su esposo, asistió la autora de este libro cordial y
-evocador. Casi en el mismo mes anota el diario que recorro, _soirées_
-en el taller del primer Nittis; en el palacio de la princesa Matilde,
-«la alteza aún imponente y bella»; en casa de la interesante Mme.
-Juliette Adam. Esta última, una escena de artistas. Se sientan a la
-mesa el gran duque Constantino de Rusia, el conde de Beust, después
-Carolus Durán, Dumas hijo, Dérouléde, Tourgueneff, Munkcaczy y Alfonso
-Daudet. Y solas dos mujeres: Mme. Daudet y la dueña de la casa.
-
-Después de un claro de fiestas bastante grande, en abril de 1882,
-encuéntrase una bella descripción de la reunión que se congregó con
-objeto de escuchar la lectura del arreglo para el teatro de _Los
-reyes en el destierro_. Eran los autores P. Delair y C. Coquelin. Y
-el areópago lo formaban Gambetta, Henry Céard, el doctor Charcot;
-Banville, Burti, Goncourt, Edouard Drumont y los esposos Charpentier.
-
-La autora expresa, al pasar, su opinión sobre la conveniencia de la
-lectura de las obras en preparación a un pequeño círculo de hombres de
-letras. Así conoció ella la pieza de teatro sacada de _Renée Mauperin_,
-por Henry Céard, y puesta en escena en el Odeón de París, por el
-director Porel, artista al propio tiempo.
-
-Y la escritora evoca en su recuerdo la lectura de la _Fille Elisa_ a
-que ella asistió. Tienen sus palabras el grato perfume desvanecido de
-las horas dichosas que pasaron.
-
-«Nos vemos en la casa de Auteuil una tarde de junio, en el gabinete
-de trabajo bien cerrado y discreto, la pieza de al lado abierta sobre
-los rododendros en flor, a M. de Goncourt leyendo con su voz corta,
-emocionada, cayendo al final de las frases que en sus más bellas
-páginas guardan, para mí, en la relectura, la entonación primitiva.
-
-»La lectura terminada, descendíamos al jardín, volvíamos a ver el
-pequeño surtidor, coronado por un delfín de Saxe en piedras, avanzando
-su garganta abierta por encima de las idas y venidas de los peces rojos
-vigilados por la gata familiar; encontrábamos de nuevo esta plaquita
-en tierra cocida, con efigies infantiles, entre los árboles verdes, y
-la cigüeña de la entrada, de largo cuello enhiesto, con el plumaje tan
-ligeramente grabado en el bronce. Por testamento y delicado recuerdo
-del amigo desaparecido, estos dos últimos objetos se encuentran ahora
-en mi poder, adornando, _in memoriam_, mi jardín y mis paseos. Y estas
-manifestaciones de arte, muy distintas entre el césped y las flores,
-engrandeciendo el reducido espacio, hacían aspirar allí ese gusto de
-rareza, de vestigios exóticos o antiguos, cuya elocuencia saboreaba
-también Edmond de Goncourt. ¡Deliciosa jornada, que siempre ha
-corregido para mí el _navrementt_ del libro!»
-
-Dos meses después de esta agradable reunión, que con deleite anotaba
-la autora, el 11 de junio, consagra las páginas de su diario a recordar
-la muerte de uno de los dos hermanos bien queridos por Daudet. Julio,
-herido en la razón antes, sucumbe al fin después de un lamentable
-año cuyas amarguras se adivinan a través de la cariñosa y doliente
-discreción del buen Edmundo de Goncourt.
-
-Y en este punto están reproducidas en el diario de recuerdos dos cartas
-interesantísimas de Edmundo a Flaubert y al marido de la escritora.
-La primera es de días después de agravarse la enfermedad de Julio.
-En ellas hace el hermano enfermero a Flaubert confidencias de su
-desesperación ante la desgracia del compañero, del amigo perdido para
-la vida intelectual al entrar en la madurez del talento. La segunda
-es para encargar a Alfonso Daudet que reserve sin dar a conocer la
-anterior hasta la muerte suya.
-
-Ambas muestran el entrañable compañerismo de los hermanos Goncourt y
-Mme. Daudet; al reproducirlas, consagra un pequeño y tierno homenaje a
-«esta colaboración fraternal única en las letras».
-
- * * * * *
-
-De las más interesantes anotaciones que contiene el libro son los
-juicios que a la autora merecen los grandes políticos que encontró en
-los salones políticos-literarios del tiempo. Pasan rápidamente por
-los rincones de esta agenda de una dama artista los célebres oradores
-del imperio, los famosos jefes de partido. En la mezclada sociedad
-de artistas y políticos, madame Daudet encuentra a Gambetta en un
-salón, rodeado, acorralado por los hombres que, olvidando a las damas
-presentes, escuchan, «literalmente de rodillas» ante su sillón, al
-gran tribuno. «Plácido, rosado, de cabellos grises pegados en las
-sienes, tendiendo a la obesidad pálida de un Napoleón I y de su misma
-nacionalidad, pero de ambición menos amplia, parece a punto para la
-derrota».
-
-En las reuniones de la princesa Matilde no faltan ocasiones de codear
-a todo el mundo político, que allí, a su vez, codea al mundo literario
-en un terreno neutral. Y no faltan a la escritora comentarios, cuando
-no acres, teñidos de un vago y tenue desdén para los estadistas más o
-menos en auge a la sazón.
-
-El batallador Georges Clemenceau, que lleva ahora los ardores de su
-verbo de viejo luchador por la capital argentina, no le presenta más
-rasgo típico que la brutalidad: brutalidad en el acento, brutalidad en
-el rostro. «Nada más que brutal--dice--, y del hombre político y del
-hombre privado, este rasgo decisivo da la medida, sin razonamientos ni
-pruebas complementarias.»
-
-Más benévola con el veterano Rochefort--que entonces no lo era tanto,
-naturalmente--dice de él, al encontrarlo a fines de 1895 de regreso
-de Londres: «No ha envejecido ni cambiado, si no es por su raro
-mechón de _clown_, más blanco, más prominente y más frondoso que
-nunca.» Y expresa toda la admiración que siente por el encanto de la
-conversación bulevardera de este gran parlante que con el inapreciable
-Aurélien Scholl, tiene el don de hacer _esprit_ de todas las pequeñas
-ocurrencias de París y reunir a la más bella ironía una _bonhomie_
-sonriente, camaradería difícil.
-
-Y también hay en las hojas del diario recuerdos de artistas, pintores
-afamados, literatos extranjeros, músicos de reputación universal pasan,
-dejando en nuestro ánimo la visión rápida de una cinta cinematográfica
-que revolviera el tiempo en que Mme. Daudet escribió sus recuerdos.
-
-A más del ruso Turgueneff, a quien no perdona la autora su póstuma
-crítica de las reuniones de su marido, a las que asistiera aquél como
-amigo de la casa, desfilan ante el lector las mil y mil figuras de
-relieve en aquella época. Zola, hosco, replegado en sí mismo, con su
-cohorte de discípulos mediocres y exclusivos. El gran pintor Munkaczy,
-«de figura característica, salvaje y buena, cuya esposa hace los
-honores realmente vestida como para un cuadro del maestro». Pasa Lizst,
-que viene a París a escuchar de nuevo los aplausos parisinos, que dice
-Mme. Daudet, no deben ya parecerle los mismos que antaño cuando su
-seducción proverbial hizo tantas víctimas.
-
-Y pasan aún Leconte de Lisle y Flaubert. «Hay tanta grandeza en uno
-como en otro». Y Heredia el gran conquistador de la poesía francesa;
-y Maurice Barrés; y Prévost, que llegó no ha mucho a sentarse en
-la Academia, y el intenso Huysmans, y Mirbeau y Toudoure y cien
-más. Cuanto brillaba entonces en el mundo político, cuanto la
-intelectualidad contaba en los años que han corrido sobre el diario
-evocador, el sutil espíritu de la esposa del excelente Alfonso Daudet
-lo reflejó con la frase precisa en este libro amable que distrae e
-interesa con sus llamamientos al pasado.
-
-Y de entre sus recuerdos de amigos extranjeros, hay aquí citas de
-algunos nombres que no nos son ajenos. A continuación de los ingleses
-Child y Georges Moore, viene el italiano Vittorio Pica. Algunas
-excepciones femeninas: «Mme. Pardo-Bazán», inteligente y exuberante
-entre ellas...
-
-Y así corren los años. Comienza el diario el 21 de mayo de 1880 y
-termina en 1898. El libro de recuerdos que comienza evocando uno tierno
-y triste, termina con la lamentación de un alma herida. Madame Daudet
-no tiene ya a su lado al compañero de su existencia. Sus días de
-felicidad no pasan ya. Alfonso Daudet ha muerto. Los recuerdos de la
-vida del artista, que era la vida de su esposa, no van ya a dejar en
-las páginas de un libro la huella de las impresiones que en el ánimo de
-su autora produjeron.
-
-Y la viuda, veneradora de la memoria del marido, del «asociado»,
-escribe estas palabras que quizá más que el deseo y la expresión de la
-devoción de un alma amante, son una profecía sobre el revivir de la
-obra del artista cordial, estos últimos años olvidado:
-
-«Todo lo que el hombre produce, libro, cuadro, una obra cualquiera
-material o genial, vive más que él: efímero, crea lo duradero».
-
-
-
-
- Lo trágico del progreso.
-
- LA CATÁSTROFE DEL «PLUVIÔSE»
-
-
-A cada paso se dice: El hombre va conquistando la Naturaleza, dominando
-las cosas y los elementos. El hombre realiza el milagro. El hombre es
-como los semidioses de los fabulosos tiempos paganos. Pero a cada paso
-las fuerzas ocultas se vengan, o el demonio llamado casualidad hace su
-obra.
-
-Al hombre que trabaja en el centro de la tierra, los malos gnomos del
-grisú le fulminan, u otros le aplastan cuando menos lo piensa. A Newton
-el enemigo le quema los papeles. A cien aeronautas les echa abajo la
-ráfaga. A cien penetradores del infinito les lanza a la locura. A Curie
-le aplasta un camión. Y a quien ha logrado navegar debajo de las olas
-tiene en su contra las sorpresas del abismo, como el que navega sobre
-ellas tiene las sorpresas de la tempestad.
-
-Cuando se construyó el primer submarino, después de la novelesca
-invención de Verne, todo el mundo creyó conquistado el seno hondo del
-océano, como cuando ha volado el primer aviador todo el mundo ha creído
-conquistado el imperio del viento. En efecto, han sido conquistas,
-pero conquistas llenas de traiciones. A cada paso surge la catástrofe,
-a cada instante se impone la fatalidad. El hombre es el dominador del
-elemento, pero no es un rey absoluto. Vuela, pero no es ave; se hunde
-y va entre las aguas, pero no es pez. Sus grandes pájaros mecánicos se
-vienen a tierra y le dan la muerte; se repite constantemente el mito
-de Icaro. Sus enormes peces de metal nadan como ciegos, y de pronto
-cualquier obstáculo o cualquier deficiencia les deja en lo hondo del
-mar, de donde son sacados cuando hay buena suerte, como enormes ataúdes
-llenos de podredumbre.
-
-Tal ha sido el caso del _Pluviôse_, que, como otros submarinos
-anteriores, se ha sumergido con todos los marinos que llevaba en su
-seno, los cuales han tenido la más horrible de las muertes.
-
-Imprudencia primero de quien ordenara ejercicios de submersión en una
-rada como la de Calais, de continuo surcada por tantos barcos, entre
-los cuales, y principalmente, el correo de Inglaterra; desventura
-después, que no viese el comandante del barco causante del desastre,
-sino muy tarde, emerger ante su vista el asta señaladora del submarino,
-por lo cual, aun cuando diera la orden de «máquina atrás», ya no fué
-posible evitar el choque. Insuficiencia, por otra parte, de medios
-visuales o preventivos en el peligroso cachalote metálico. No existe,
-pues, todavía, tal como Julio Verne lo concibiera, el maravilloso
-_Nautilus_. La desgracia acaecida a Francia la ha sufrido ya Inglaterra
-y recientemente el Japón. Por cierto que en esta última circunstancia
-se vió el sin igual heroísmo de uno de los oficiales que perecieron,
-quien sintiendo poco a poco llegar la muerte, escribió excusas,
-recomendaciones e impresiones a sus jefes, hasta que la pluma se le
-cayó de la mano a causa de la asfixia.
-
-Y en Francia no es la primera vez que horroriza un caso semejante,
-pues antes del _Pluviôse_, el _Lutin_ se convirtió también en un gran
-féretro de acero. Y lo más desconsolador es que poseyendo barcos
-semejantes, no haya aparatos que con prontitud y seguridad puedan
-ponerlos a flote en caso de una paralización o de un irremediable
-hundimiento. No han inventado aún algo como una gran mano o pinza de
-acero que coja la concha hundida, como se coge un crustáceo, y la ponga
-en condiciones de salvamento.
-
-Ni siquiera medios para, en medio de la angustia, poder salir de su
-prisión de acero los tripulantes, y así llegar a la superficie y
-librarse de morir sin siquiera en la agonía de su encierro tener una
-sola esperanza de liberación.
-
-Grandísimos trabajos ha costado el poder sacar del fondo, mal
-encadenado, al _Pluviôse_, después de más de quince días de permanecer
-en el fondo del mar a una profundidad de más de veinte metros.
-
-Han laborado buzos marineros con verdadera heroicidad y toda Francia ha
-estado fija en ellos. Almirantes y altos dignatarios del ministerio de
-Marina han estado incansables presenciando la dolorosa y dificultosa
-tarea. Varias veces las cadenas se rompieron; pero venció por fin la
-constancia. Y pudo verse fuera del agua el desventurado submarino.
-
-Calais de duelo es en estos momentos una ciudad trágica. Se ha logrado
-abrir la caparazón del submarino y se ha comenzado a extraer los
-cuerpos ya inconocibles y putrefactos de las víctimas.
-
-Y lo doloroso es lo que cuentan los periodistas de los coros enlutados
-de las familias sollozantes, que van al depósito de cadáveres y
-no pueden sino con gran dificultad reconocer a sus deudos en esos
-macabros despojos que realizan visiones de pesadilla en un relente de
-_morgue_. Cada vez que aparece un cuerpo extraído del casco, «todos
-los hombres--dice un testigo--se descubren y una cortina de marineros
-alineados disimula, a los privilegiados que tienen acceso al muelle, el
-horror del espectáculo.
-
-»En seguida se deposita el cadáver en la barca sanitaria que está al
-lado del submarino, se le cubre con una espesa tela y se le lleva
-al depósito mortuorio. Durante los dos o tres minutos que eso ha
-durado, el trabajo se ha detenido. Todos, marineros, contramaestres,
-oficiales, están inmóviles gorra o birrete en la mano. Monsieur Cherón,
-el subsecretario de Marina, presente sobre el submarino, contempla,
-descubierto, el fúnebre desfile. Los cinco o seis marineros de guardia
-sobre el _Ventôse_, ese hermano gemelo del _Pluviôse_, que está allí y
-que ha erigido en su popa, en signo de duelo fraternal, una simple cruz
-de madera, se han alineado como en la parada, y, sobre el muelle, los
-oficiales saludan, los gendarmes rinden los honores, los concurrentes
-se quitan el sombrero. Todos esos gestos son imprevistos y espontáneos.
-Es conmovedor y grande, porque es sencillo.
-
-»Ninguna pompa oficial, ninguna música, ninguna actitud intercepta
-la emoción. No hay sino hombres que, saludando a la muerte, afirman
-oscuramente su solidaridad». ¡Pero las madres, las esposas, las hijas,
-los hijos! ¡Los velos negros por los oficiales, y las cofias enlutadas
-por los marineros!
-
-»Porque el dolor se agranda y se multiplica en tantas pobres gentes
-al considerar los crueles instantes de desesperación y de agonía que
-han precedido al acabamiento, al soplo final, por más que los médicos
-aseguren que no han sufrido «mucho tiempo» los que perecieron en el
-vientre de su barco herido. Y todos han pensado lo que han debido
-padecer los infelices tripulantes, desde que se tuvo noticia del
-suceso, explicado, mejor que en los largos artículos de la Prensa, en
-la lacónica declaración profesional del capitán Salomón, comandante del
-_Pas de Calais_, barco causante del desastre. Leed: «El jueves 26 de
-mayo, partida de Calais, a la una y treinta y seis, con 289 pasajeros,
-mala, 269 sacos postales, equipajes, mensajerías, viento del NE., 5,
-mar agitada. A la una y cuarenta y ocho veo, al mismo tiempo que uno de
-mis hombres de la serviola, Imbert Simón, a 20 metros más o menos de
-la entrada, un asta vertical que se alzaba, aproximadamente, un metro
-el agua. Imbert me señala: «Un palo de boya de red, ¡recto adelante!»,
-mientras que habiendo yo reconocido el períscopo de un submarino,
-doy completamente a derecha y completamente atrás, más o menos tres
-segundos antes de que se produzca un choque. Esta colisión se produjo
-después de que habíamos recorrido, en la dirección Norte, 67,0,
-verdadera, del extremo de los diques de Calais, una distancia de dos
-millas, deducido del número de vueltas de máquina.
-
-»Suben a la superficie pedazos de madera y me hacen desde luego suponer
-que he abordado una _épave_. Habiendo parado, hice examinar por el
-segundo mi timón delantero, averiado, y las ruedas; cuando cuatro o
-cinco minutos después del choque, emerge, a 500 metros más o menos,
-detrás de nosotros, la delantera de un sumergible. Hago atrás, y me
-acerco lo más ligero que me permite mi timón averiado; echo un bote
-en el momento propicio y maniobro para quedar a proximidad, con la
-esperanza de fijar un cable. Hago izar una señal de llamada a los
-remolcadores. Entretanto nuestro buque se acerca al sumergible; no
-tiene tiempo de amarrar su cable; el sumergible se hunde súbitamente.
-Apenas nuestro maestro de equipaje pudo dar algunos golpes que no
-tuvieron respuesta. La delantera del navío náufrago había estado fuera
-del agua de ocho a diez minutos.
-
-»Hago en seguida tomar medidas que señalen lo mejor posible la posición
-de la _épave_. Los remolcadores llamados por señales llegan con el bote
-de salvamento. Siendo ya inútil mi presencia, vuelvo a Calais y me
-acerco al puesto número 3 a las dos y treinta y uno.
-
-»Trasbordé malas y pasajeros al segundo servicio. Entré en cala seca en
-la misma tarde y asequé la mañana siguiente, 27 de mayo, a las ocho.
-
-»Comprobamos de una manera sumaria entonces las averías siguientes:
-timón delantero, roto; mecha del timón delantero, torcida; rueda, rota;
-palastro de bordeada a babor, torcido». El submarino ha sido encontrado
-bien averiado. Se ha comprobado que los desventurados hicieron todos
-los esfuerzos posibles para ascender, para ponerse a flote. Algunos
-estaban en sus puestos, con las manos crispadas en volantes y aparatos.
-Y hiela el alma y el cuerpo el imaginarse la sensación de horror
-que han de haber experimentado al convencerse de la imposibilidad
-del logro de sus esfuerzos y la convicción de que iban a perecer
-irremediablemente. Por salvarse abrieron una compuerta y el agua
-penetró entonces, abreviándoles, sin embargo, su áspera agonía.
-
-Y Francia ¡maldita la guerra! tiene más de cincuenta submarinos
-semejantes al _Lutin_ y al _Pluviôse_, cuyos tripulantes posiblemente
-deben ser todos neurasténicos.
-
-
- FIN
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
-
- FILMS DE PARÍS
-
- _Páginas._
-
- Los exóticos del _Quartier_ 1
-
- Jean Orth 3
-
- El faunida 7
-
- La princesa Gnika 9
-
- De la necesidad de París 14
-
- _Skating ring_ al aire libre 19
-
- Sarah-Nerón 21
-
- Adiós a Moreas 22
-
- El doctor Doyen o la justa malquerencia 25
-
- En el Louvre 26
-
- Rémy de Gourmont y la gloria 28
-
- ¡Estas mujeres! 29
-
- La Prensa de París 32
-
- El burro pintor 34
-
- A propósito de Mme. de Segur 37
-
- Blanco y negro 43
-
- De Val 44
-
- Rueda a América 50
-
-
- ALGUNOS JUICIOS
-
- Algunas notas sobre Valle Inclán 55
-
- Los diplomáticos poetas.--Amado Nervo 66
-
- La literatura en Centro América.--El poeta de Costa Rica 78
-
- O poesía asturiana 91
-
- Prólogo que es página de vida 100
-
- Letras chilenas.--Francisco Contreras 107
-
- Un poeta argentinófilo.--Carrasquilla Mallarino 116
-
-
- VARIA
-
- En el barrio Latino 129
-
- El reino de las tinieblas.--Los dramas de la clínica. 136
-
- La herencia de don Juan 146
-
- Roosevelt en París 153
-
- El fin del mundo 161
-
- La comedia de las urnas 185
-
- La hija de Verlaine.--Realidad y leyenda 196
-
- A propósito de _Chantecler_.--Los animales 204
-
- La Francia de hoy 212
-
- Bostock 219
-
- París y Eduardo VII 227
-
- Un libro sobre Chile 236
-
- Las memorias de la señora Daudet 242
-
- Lo trágico del progreso.--La catástrofe del _Pluviôse_ 252
-
-
-
-
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-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TODO AL VUELO ***
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