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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - - -Title: Parisiana - Obras Completas, Vol. V - - -Author: Rubén Darío - - - -Release Date: January 9, 2017 [eBook #53930] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - - -***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK PARISIANA*** - - -E-text prepared by Josep Cols Canals, Paul Marshall, and the Online -Distributed Proofreading Team (http://www.pgdp.net) from page images -generously made available by Internet Archive (https://archive.org) - - - -Note: Project Gutenberg also has an HTML version of this - file which includes the original illustrations. - See 53930-h.htm or 53930-h.zip: - (http://www.gutenberg.org/files/53930/53930-h/53930-h.htm) - or - (http://www.gutenberg.org/files/53930/53930-h.zip) - - - Images of the original pages are available through - Internet Archive. See - https://archive.org/details/obrascompletaspr05daruoft - - -Notas del Transcriptor: - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - - PARISIANA - - POR - RUBÉN DARÍO - - ILUSTRACIONES - DE - ENRIQUE OCHOA - - Volumen V de las obras completas. - Administración: Editorial - MUNDO LATINO - - MADRID - ES PROPIEDAD - DERECHOS RESERVADOS - - - - - A - J. DOLORES GAMEZ - - ANTIGUA GRATITUD - Y PERDURABLE AMISTAD - - _Rubén Darío._ - - -[Ilustración: LIBRO I] - - - - -[Ilustración] - -FIGURAS REALES - - -HE visto pasar á una anciana vestida de negro, cuya existencia -representa una de las terribles lecciones de Dios. Es la «re renante» -del poema de Robert de Montesquieu ...; es el espectro doloroso de una -soberana; es Eugenia de Guzmán, Fernández, la Cerda, Leira, Teba, Baños -y Mora, condesa de Montijo, un tiempo emperatriz de los franceses. -Clavel de Granada, rosa de Madrid, lis de París, después de una -horrenda tempestad de sangre y duelos, he ahí en lo que ha venido á -parar: en una triste vieja enlutada, llena de amargura y desdeñada de -la muerte. Un día se presenta á visitar en su obscuro incógnito, este -ó aquel palacio, ó museo ó biblioteca, y el canoso guardián comienza -á explicar: «Una vez el emperador ...» Y la dama, levantando su velo: -«Jean, ¿me conoces?...» «¡Ah! ¡Majestad!...» Sí; es la española garbosa -y linda, la rosa-reina pintada por el pincel adulador de Winterhalter, -entre vivas rosas; la orgullosa diadema de las Tullerías, que vivió un -tiempo en cuentos de hadas y en decamerones imperiales, que se creyó -dueña del mundo, que pasó en placer y soberbia como en un sueño, y -despertó á los cañonazos alemanes, en la hora lívida de la derrota, y -que mientras su marido entregaba la espada al primo de Berlín, ella -huía al otro lado de la Mancha, amparada por un dentista yanqui ... ¡La -pobre María Antonieta, más trágica, no pudo salvar su cándido pescuezo -de cisne austriaco! - -La suerte fué dura, áspera y dura, con Eugenia de Montijo. Todos sabéis -que su única esperanza, su consuelo único, era el príncipe imperial. -Y Napoleón IV encontró la muerte entre los zulúes, muerte de escasa -gloria, al servicio de la Inglaterra, que enjauló al Águila en Santa -Elena. «¡Viva el emperador!» gritaron un día unos cuantos bonapartistas -delante del joven príncipe. «No, amigos míos, contestó éste; el -emperador ha muerto.» También la emperatriz ha muerto; pero es una -muerta que está en pie, quizás penando hasta los cien años que ella se -profetizó un día luctuoso delante de su confesor, el abate Goddard. - -Así va, de un punto á otro, en busca de distracción y de tranquilidad; -de su retiro de Inglaterra, á Londres, ó á Balmoral, á visitar á los -monarcas que la acogen; á la Costa de Azur ó á este su París de antaño, -que no la conoce cuando pasa. - - * * * * * - -Si Eugenia es sombría, Isabel es pintoresca. En el palacio de Castilla, -Avenue Kléber, continúa siendo reina de España desde su destierro. Es -decir: goza de su buena parte de lista civil, tutea á los españoles -que se le acercan, da su mano á besar como en los buenos tiempos, y se -divierte. Es una reina cuya historia es demasiado sabida; simpática, -_sans gêne_, soberana de país de Cucaña, abierta, generosa, alegre. Se -le debe, entre otras cosas, una frase deliciosa. No hace muchos años, -la Prensa toda se ocupó de un incidente ruidoso. La infanta Eulalia, -en acto de protesta, se fué del palacio de Castilla á la Embajada. -El nombre de un caballerizo húngaro anduvo por los periódicos. El -embajador se permitió llamar á la cordura á su majestad. Su majestad -septuagenaria exclamó, desolada: «¡Que siempre haya de ser yo -desgraciada en mis amores!» La memorable abuela que habla así no es -una alma vulgar. Merece una corona de mirto, bajo la advocación de -la señora doña Venus, mujer de don Amor, como decía aquel admirable -arcipreste de Hita. - -Doña Isabel se mantiene en su regio retiro, visitada por sus fieles -amistades, y cuando llega la _villegiature_ se va á un castillo no -lejos de París. Cuando vivía su marido, el pobre Don Francisco de -Asís, solía hacerle compañía de vez en cuando en Epinay. Pero ya á Don -Francisco se lo llevó la muerte, vestido de franciscano, como cumplía -á un rey católico. Doña Isabel ha visto á su nieto coronado, y cuando -la reina María Cristina ha estado en París, la entrevista entre las -dos soberanas ha sido muy cordial, al parecer; pero en el fondo no hay -seguramente una gran simpatía. La historia del reinado de Isabel II -está llena de anécdotas dramáticas y curiosas en su parte íntima, y -hace algún tiempo, un cronista bien informado publicó en Inglaterra, en -la _New Review_, muy sugestivos capítulos. - -Doña Isabel, aunque personalidad parisiense desde hace tantos años, es -españolísima. Dicen que su lenguaje es franco y algo libre, y que le -place mucho el gazpacho. - -Yendo una vez de Venecia al Lido, en uno de esos antiestéticos -vaporcitos, útiles como la prosa, que ofenden la presencia de las -góndolas, llegó á sentarse cerca de donde yo estaba, una pareja que -inmediatamente llamó mi atención. Él era un hombre un tanto obeso, -de noble cara; fumaba un habano en boquilla de espuma y oro. Ella, -una dama ya no joven, de cierta gracia, severa y pensativa y de una -absoluta distinción. Un enorme perro se echó á sus pies. En el collar -de la bestia, este nombre: «César.» ¿Dónde he visto yo á este hombre?, -me preguntaba. En Santiago de Chile le había visto hacía unos catorce -ó quince años. Era Don Carlos de Borbón, y su mujer doña María Berta -de Rohan, duquesa de Madrid. Mientras caminaba el vaporcito dejando -la ciudad triste y divina, me puse á contemplar á esos reyes en el -destierro. Don Carlos está aún fuerte y lozano, aunque ya ha nevado -en su cabeza y en su barba. Parece que en sus ojos se leyese la -desesperanza, la convicción de que todo triunfo será ya imposible, -al menos para él. Y, sin embargo, ¡qué rey decorativo, qué rey tan -rey haría Carlos María de los Dolores, Juan Isidoro, José, Francisco, -Quirino, Antonio, Miguel, Gabriel, Rafael! A pesar del vientre, como su -primo el de la Gran Bretaña. Pero España ya sigue otros rumbos, y el -carlismo parece muerto, á pesar de una que otra convulsión que suele -ser desaprobada por la prudencia, desde Venecia. Doña Berta, en todo -caso, jamás habría sido aceptada en España como reina. La aristocracia -española, la monarquía española, no la habrían reconocido, á despecho -de su real consorte. Ella se queda fiel á la divisa de su apellido: -reina no puede; princesa no se digna; Rohan se queda. Don Jaime está -allí, no obstante, y con su sangre joven y belicosa quizás intente dar -más de un susto al joven Alfonso. Tiene la suficiente fiereza y cuenta -con la suficiente simpatía para hacer moverse de repente unas cuantas -boínas. Don Carlos piensa ... Don Carlos medita ... - - * * * * * - -La unidad de Italia descalabró á varios pequeños reyes italianos, los -cuales podrán contentarse con los honores _in partibus_ que se les -hacen en el Vaticano cuando visitan al Papa. El gran duque de Toscana -es un archiduque de Austria, y tiene una numerosísima familia. Vive -quietamente en su espléndida mansión de Schönbrunn. No da que hablar y -acepta la Historia. El rey de las Dos Sicilias, Francisco II, murió en -1894, y el conde de Caserta es hoy el jefe de la casa Borbón-Sicilia. -Vive en Cannes, en un chalet envidiable, y uno de sus hijos es el -actual príncipe de Asturias, cuya boda con la princesa hermana de -Alfonso XIII produjo tanto escándalo. Él hace bien su oficio. Acaba de -estar en las maniobras francesas y ha causado buen efecto. Haya ó no -haya revolución en España, hará carrera. Que le aproveche. Su padre—y -esta fué una de las causas que motivaron la oposición á su matrimonio -entre los españoles—fué íntimo de Don Carlos, y peleó á su lado en la -última guerra carlista. - -El duque de Parma es un soberano que no suena. Excelente sujeto, -aseguran que es un modelo como varón de hogar y de sociedad. Se casó -con una de las más lindas princesas de Europa. Es fama que en la -familia de Braganza la belleza es parte de la fortuna. Parece que al -duque le importasen muy poco los vaivenes de la política, y hace la -vida de un excelente señor burgués, por otra parte, como todos los -monarcas actuales. Tiene su casa en Schloss Schwarzau, pero viaja con -frecuencia. Ha renunciado por completo á la mano de doña Leonor, puesto -que la Casa de Saboya no está dispuesta á desandar lo andado. - -Los realistas de Francia esperan en un posible advenimiento. Tienen -su partido organizado, sus periódicos, sus electores, y á M. Bourget, -que es una especie de consejero del duque de Orleans, y á M. Maurras, -que es una especie de secretario. M. Maurras es un escritor de -mucho talento que, siendo muy joven y poseedor de una larga melena, -escribía en un periódico franco-platense que fundó hace bastantes -años en París el uruguayo Rafael Fragueiro. El duque de Orleans hace -dignamente su papel de rey destronado; y sus profetas proclaman á -cada instante la quiebra de la República, las desventajas del sistema -actual y el paraíso que será Francia si vuelven los días triunfantes -de la Monarquía. Si el duque de Orleans no es un Salomón, la duquesa -María Dorotea de Austria es muy bonita. Tiene un rostro propio para -la diadema y—diría Alberto Ghiraldo—un cuello peligroso para la -guillotina. Como es bien conocido, el duque ha vivido algún tiempo -en Inglaterra y tuvo siempre una excelente acogida en la corte y en -la sociedad inglesa. Pero el duque no es un diplomático. Creyendo -adular al pueblo francés, perdió las amistades inglesas, leales y -seguras. Cuando la guerra anglo-boer, la Prensa risueña de París -publicó un sinnúmero de caricaturas, en que no se trataba á la reina -Victoria con el respeto debido, si no á su corona, á su calidad -de dama anciana y honorable. Había caricaturas en los kioskos de -periódicos que daban verdaderamente asco y enojo. Algunas de ellas, -para desdoro de sus autores, estaban firmadas por caricaturistas de -talento y de celebridad. Tanto peor para la _gaité gauloise_, en ese -caso. Pues bien: el duque de Orleans escribió una carta á uno de ellos -haciéndose solidario de los ataques dirigidos á la majestad británica, -y, naturalmente, desde ese día no sólo su prestigio político, sino su -condición de caballero y su buen gusto decayeron ante los ingleses. El -pueblo francés se ha olvidado ya de los boers; pero los ingleses no -olvidarán jamás la ofensa hecha á su reina y emperatriz. El duque no -cesa en sus trabajos por lograr el trono perdido. El porvenir no es de -fácil visión; pero por ahora todo hace augurar que su alteza real no se -coronará, á pesar de los suscriptores de la _Gazette de France_. - - * * * * * - -El gran duque de Luxemburgo lleva el peso de muchos años, y la -inconformidad ante la pérdida de su trono. Su Casa es de las germánicas -más antiguas, y su pueblo lo recuerda con cariño; pero la política es -la política. Y aquí ya entramos entre los muchos soberanos destronados -ó con trono que pertenecen á esos Estados cuyos nombres se confunden en -su multitud, principados más ó menos hanseáticos ó danubianos. Existe -una geografía romántica que han explotado los Daudet y los Elemir -Bourges. Vagas Ilirias, improbables Croacias, que se nos presentan -apenas como en un mundo de ópera cómica. Entre tales príncipes está -ese orgulloso duque de Cumberland, jefe del ducado de Brunswick, -cuya posición es singular. Su Estado está á su disposición; puede -sentarse en su trono cuando le plazca, pues el reino de Prusia no se ha -anexionado al ducado. Pero el viejo calvo de Cumberland no quiere ir -á rendir homenaje como vasallo del emperador de Alemania. «Yo no soy -duque de Brunswick—dice—sino siendo rey de Hanover.» Y el ducado de -Brunswick sigue sin cabeza. - -Si el rey de España tiene como pretendiente al trono á Don Carlos y á -Don Jaime, el rey de Portugal tiene al duque de Braganza, quien alega -ser el soberano legítimo. Se funda en que desciende del rey Juan I, -y en que su padre tuvo la corona seis años, á comienzos del siglo -pasado. Pero este pretendiente es inofensivo, y el rosado y frondoso -_sportsman_ que tiene por mujer á la hermosa Aurelia de Orleans puede -estar tranquilo en su buena ciudad de Lisboa. - -En Bruselas vive el que puede considerarse como heredero del imperio -francés, entre la embrollada familia de los Bonapartes, el príncipe -Víctor Napoleón, hijo de Clotilde de Saboya. Su hermano da que decir -de cuando en cuando, porque es más militar, más combatido, y, según se -asegura, no es extraño á algún sueño de restauración. Cuando viene á -París de su cuartel de Rusia, en donde tiene el grado de coronel, se -reunen sus amigos en casa de su tía la princesa Matilde, y se brinda -por un futuro vuelo del Águila ... «¡Helas!», las águilas vienen de los -Estados Unidos, ¡y valen veinte pesos oro! - - * * * * * - -Y los reyes negros Behanzin, Ranavalona, son los más felices. No -piensan en que volverán á sus tórridos países á bailar las reales -bámbulas y á beber aguardiente. En sus respectivos destierros gozan, -como pueden, como animales. - -A reyes blancos y negros el tiempo dice: «¡Fuera!» - -Y la muerte: «¡Aquí!» - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -PASCUA - - -ES este el mes pascual, el mes del buen hombre Noel, del gran Santa -Claus de las barbas blancas de nieve. El frío ha comenzado agudo y -violento. Las pieles reaparecen en los cuellos y espaldas, y las -manos finas de las mujeres se anidan en los manguitos. Los grandes y -pequeños almacenes comienzan sus exposiciones de juguetes, y ante los -cristales de los escaparates se abren, cuan grandes son, los ojos de -los niños. Niños rubios, niños morenos, niños ricos y niños pobres ... -Las librerías, por su parte, exhiben _étrennes_; las galerías del -Odeón brillan llenas del oro de las encuadernaciones. He querido ver -los libros y los juguetes del año, haciéndome todo lo niño posible, -según el consejo evangélico, y de mi observación no he quedado muy -satisfecho. ¿Es que ya, en realidad, no hay niños? ¿Acaso el alma -infantil de otras veces ha desaparecido, y se nace hoy suscriptor de -periódico, miembro de club ó pretendiente á un sillón del Congreso ó -del Instituto? - -Paso por las nociones científicas que vayan contenidas en un juguete; -pero, ¿qué tienen que ver la imaginación del niño y su necesidad de -distracción con las miserias de la actualidad, con la anécdota vil -de la vida política ó de la vida social? Digo esto porque entre la -innumerable cantidad de juguetes del nuevo año se encuentran algunos de -muy discutible interés para la infancia, como el _Coffre-fort Humbert -Crawford_ y la _Fuite de Boule-de-laine_, alusiones directísimas á dos -procesos de estafa, de que tanto se ha ocupado la Prensa parisiense. -Una señora muy sensata hacía observar á este propósito: «Esos juguetes -de circunstancias tienen siempre mucho éxito, porque al mismo tiempo -que á los niños, divierten á los grandes; por eso se ve, al acercarse -el Año Nuevo, tanto grupo de parisienses detenerse en los bulevares -alrededor de los _camelots_ que venden el «juguete del año». Habría, -sin embargo, que entenderse. ¿Para quién son hechos los juguetes?; -¿para los niños, ó para sus padres? Es posible creer que para los -primeros. Y entonces lo que más sería de desear es que los bambinos á -quienes regalen esas invenciones no comprendan nada de ellas. Una madre -se creería culpable si dejara en la mesa á un niño tomar parte en un -plato demasiado picante. Hay que pensar que el alma del hijo merece -tantos cuidados como su estómago.» - -No es raro ver chicuelos que se dan de bofetadas por un asunto que nada -tiene que ver con sus pocas primaveras. No fueron escasos los disgustos -que hubo en los colegios y escuelas cuando el período álgido del asunto -Dreyfus. La culpa no es sino de los padres. - - -Á las niñas se les enseña antes que otras cosas los hábitos del salón y -hasta los refinamientos del _flirt_. Á los niños se les arma de sables -y se les presenta como preciso y hermoso el espectáculo de la guerra, -el oficio de matar alemanes, chinos ó negros. Fusiles y muñecas, diría -un famoso poeta doméstico mejicano. Si uno pudiese oir las confesiones -de una muñeca de niña rica, con el oído con que Samaín escuchó á su -figurita tanagreana, he aquí lo que se entendería más ó menos: «Soy una -cocotita de seda, encajes y oro, que se muere de pena bajo el poder de -una niña que sabe tanto como una mujer. Tengo un pequeño automóvil que -es un prodigio de mecánica, un rebaño blanco en un Trianón minúsculo -como para mí, y me parezco á la reina María Antonieta. Mis trajes -cuestan mucho dinero, y mi guardarropa solamente puede competir con el -de mi ama y con el del perro de mi ama. No recibo caricias; pero me -enseñan á bailar el minué, la pavana, y, sobre todo, el _cake-walk_. -Sé hacer reverencias y tengo en mi interior un pequeño fonógrafo con -canciones á la moda. Con lo que yo valgo puede comer un año una familia -de trabajadores. Mis relaciones son escasas, pues no puedo codearme -con simples _bebés-jumeau_ de á 12,50 francos, pequeña burguesía. He -conocido, en cambio, á un viejo boer que fuma en pipa, á Drumont, al -Emperador de la China, y á la Bella Otero acompañada de nuestro animal -municipal, quiero decir, con perdón, el _cochon_. Pero me aburro y -me vuelvo tísica. Necesito caricias verdaderas, palabras cordiales, -una buena mamá afectuosa, que me duerma en sus brazos y me bese con -ternura. «¡Helas!» ¡Quién fuera el pedacito de palo que arregla y mima -una simple Coseta!» Y la muñeca está con la justicia. Ella no ha venido -por el buen camino, no ha venido en la mochila del viejo Noel, no ha -sabido nada del grito jubiloso: _Christus natus est_ ... - -Los hombrecitos de mañana, ó de pasado mañana, cuando dejan sus -fuertes de cartón, sus espadas, sus soldados de plomo, sus _bois de -Boulogne_, con mujercitas y biciclistas, sus pistolas eureka, es para -tomar el «ataque al fuerte chino por el ejército de aliados», «la -artillería nueva», las «grandes maniobras». Todo el mundo conquistador, -todo el mundo militar. Ó bien el pequeño «laboratorio de física», ó -las «matemáticas aplicadas», ó los «cartones de problemas». Todo el -mundo sabio. Luego, á la luz de la lámpara, ¿qué libros le interesan? -¿Sobre qué cuadernos lujosos se deleita su curiosa cabecita? Sobre -doradas nociones científicas, cuando no con aventuras tontas ó cuentos -ridículos, en su mayor parte. Convengamos con René Brochot: los libros -para niños no son en Francia como debían de ser, y no por falta de -inteligencias y voluntades. Es quizás á las asombrosas imágenes -pintadas en la Biblia (dice ese atinado escritor) que deslumbró la -infancia de Pierre Nozier, á las que debemos en parte al delicioso mago -Anatole France, y, sin duda, la diversidad y la gracia de los espíritus -de los hombres son lo que las hicieron las lecturas y las visiones de -los primeros años. Importa, pues, mucho, no ofrecer á los niños libros -ridículos y cromos de una vulgaridad grosera. Los padres se imaginan -fácilmente no merecer ningún reproche cuando dan á los recreos de sus -hijos las estúpidas aventuras de la familia Fenouillard ó del Sapeur -Camembert. Es lo que ha formado en parte en las nuevas generaciones el -gusto por _des expeditions coloniales et des niaises gandrioles_. Sin -embargo, existen en Francia libros excelentes para la infancia, álbums -con buenas ilustraciones que acompañan cantos tradicionales, de esos -cantos que en todas partes saben los niños, y que se cantan á coro en -alegres rondas ... En la América Latina contamos con una colección de -cuadernos de primer orden, ilustrados á propósito, y cuyos versos, si -no estoy mal informado, se deben á un notable poeta colombiano, Rafael -Pombo. Me refiero á esas fábulas ó cuentecitos rimados que todavía -hacen la delicia de muchos niños grandes: - - Simón? el bobito llamó al pastelero: - —A ver tus pasteles, los quiero probar. - —Sí—le dijo el otro—; pero antes yo quiero - Mirar el cuartillo con que has de pagar. - -Son figuritas como de un mundo de «nacimiento»; hay en esas poesías -una gracia abuelesca que encanta á los caballeritos implumes, y -que refresca la mente antes de que lleguen el binomio de Newton y -los afluentes de los grandes ríos chinos. Aquí se suele cantar el -_Savez-vous planter les chous?_, ó el _Malbrough s’en va t’en guerre_, -y eso está muy bien. Brochot ha lamentado, con razón, que la boga de -esas canciones populares desgraciadamente disminuya de día en día. -«Lo que hay de anticuado, de imaginario en ellas, y aun su drolática -absurdidad, despiertan en las almas delicadas de cinco ó de siete años -las primeras impresiones de una poesía en que la risa y el ensueño -se mezclan.» He ahí los dos principales elementos que hay que saber -despertar en el espíritu infantil: la risa y el sueño, el rosal de las -rosas rosadas y el plantío de los lirios azules. El observador agrega: -«So pretexto de que la realidad debe ser la gran institutriz de los -niños, se pone entre las manos de éstos álbums de historia natural y -de historia militar. Se encuentran chicuelos de dos pies de alto que -hablan de Napoleón con énfasis, ó que están muy al corriente de las -costumbres sangrientas de la pantera negra: más valdría aún llenar su -memoria de berquinadas, que endurecer y secar su corazón mal tocado -por tan estériles maldades.» Aquí nos encontramos en el terreno de la -libertad del niño y del pequeño prodigio ... Bebé que asombra á las -visitas con su saber y su precocidad. No olvidaré nunca á un muchachito -demasiado despierto, de una familia hispano-americana, que, delante del -papá y la mamá, me salió con esta embajada: «¿Qué piensa usted de los -versos de Verlaine?» ... Me dieron ganas de tirarle de las orejas ... - - * * * * * - -Bien venidas seáis siempre imágenes de Epinal, estampas coloreadas -que representáis héroes de los que se cantan en las canciones, y -hadas y genios, y lo cómico de la vida y lo deleitoso del soñar. -Bien venidas las figuras de Stahl, los bebecitos de Gugu, ó sea la -exquisita italiana contesina Ruspoli; bien venido Froelich con sus -interpretaciones del alma pueril, y Boutet de Monrel, y Henriot, y -hasta la sabiduría, si viene representada por Robida y por Tom Tit. -Y sobre todo, sea glorificado el recuerdo de Kate Greenaway, la hada -moderna del color y del dibujo en sus álbums encantadores. Hace como un -año moría en Inglaterra la exquisita Institutriz de la Belleza. Ella -brilló como nadie en su arte especial en el país del _keepsake_, al -lado de Walter Crane y otros merlines de la ilustración infantil. Sus -tipos y sus escenas, de una gracia antigua, son de excepcional valor; y -se diría que toda la frescura, el rosado color y el oro primaveral de -los niños ingleses, se transparentan en sus páginas inolvidables, en -sus preciosas imaginaciones ... - -El autor que he citado se pregunta: ¿Es útil que haya álbums para los -niños? ¿La representación de su propia vida por el libro y la imagen -interesa al niño y lo instruye? ¿No se podría decir, invocando aquí -el instinto de imitación que le anima, ese deseo constante que tiene -de hacer como hacen los grandes, que el niño se complace más con -las escenas de humanidad que con su frágil comedia propia, y que, -en fin, cuando creamos ó compramos álbums historiados para nuestros -descendientes soñamos mucho más en volver á ver nuestro pasado ingenuo -y vago que en encantar á nuestros amiguitos de cuarenta y ochenta -meses? Esta opinión, completamente subversiva, y que la librería Hetzel -no juzgará sin serenidad, no es quizás solamente especiosa: podría -ser verdadera. Como á Brochot le ha sucedido, y les sucede, casi á -todos: más que los cuentos en que se trata exclusivamente de niños -interesan las aventuras de los grandes. Todos los pequeños Robinsones -se desvanecen ante el gran Caballero de la Mancha, cuya filosofía no se -entenderá, pero cuyas andanzas se siguen más interesantemente si van -acompañadas de las ilustraciones de Doré. Doré fué un gran dibujante -para niños, y nada comprende mejor la imaginación de pocos años que -esos grabados expresivos y enfáticos de los cuentos de Perrault, por -ejemplo, libro este de los más prodigiosos que haya creado el talento -humano para los niños de todas las edades ... Hay que preparar para -más tarde las energías que comienzan á despertarse, lo que llama un -autor las metamorfosis del hombre en la educación. La Naturaleza, -escribe Virey, entrega, de ordinario, en estado bien equilibrado el -organismo nativo del niño en perfecta salud. Sin negar las influencias -hereditarias, el objeto de los primeros ejercicios educadores consiste -en hacer predominar tal facultad sobre tal otra. Las precocidades no -son sino la revelación anticipada de las vocaciones. Al lado de Pascal, -su hermana Jacquiline es admirable. En la biografía escrita por Mme. -Perrier se lee que desde su infancia la hermana de Blas asombraba por -su cultura. Á los seis años ella era _souhaitée partout_. A los ocho, -antes de saber leer, hacía versos. A los once, por la influencia de -los libros que cayeron en sus manos, componía con dos amiguitas una -pieza en cinco actos, «en que todo estaba observado». Es casi un _bel -esprit_ de su tiempo. Tan despierta era que compuso un epigrama _sur le -mouvement que la reyne a senti de son enfant_. Por todas partes se la -disputaban en la Corte, admirada, acariciada, «sin dejar de ser niña», -y agrega Gilbert: «no dejaba nunca sus muñecas». Los primeros libros -son los primeros directores. - -Otro niño, en Córcega, comienza á aprender á leer bajo la dirección del -abate Fesch, su tío, y de un viejo cura llamado Antonio Duracci. Un -domingo, cuenta uno de sus biógrafos, en el jardín de M. De Marboeuf la -madre del niño había dado permiso á sus hijos para ir á distraerse. Él -hace que sigue á sus hermanos, pero luego se va bajo un árbol, toma uno -de los volúmenes dejados en una silla por el dueño de casa y se pone á -leer. Sin embargo, el tiempo pasa y la señora se dispone á partir. Se -llama á los niños. Todos llegan menos el pequeño lector. - -—¿Qué habéis hecho de vuestro hermano?—pregunta al llamado Luciano, la -madre, ya inquieta. - -—No vino á jugar con nosotros. Pero no debe haber salido del jardín. - -Se le busca. Se le encuentra bajo el árbol, leyendo con una atención -que no le permite oir el ruido de los que llegan. - -—¡Hijo!—exclama la señora, con tono severo.—Nos has inquietado. -Hace una hora que te buscamos. ¿Por qué no has ido á jugar con tus -hermanitos? - -—Mamá, perdóname—respondió.—He hallado un libro que me interesa ... - -M. De Marboeuf tomó el libro. El niño leía un tomo de las obras de -Corneille. Se encantaba con «Nicomède». Estaba en la escena en que -Prusias, indeciso entre su hijo y su mujer, dice: - - Te veux metre d’accord l’amour et la nature, - Etre père et mari dans cette conjoncture. - _Nicomède_. - Seigneur, vouley-vous bien vous en fier á moi? - Ne soyez l’un ni l’autre. - _Prusias._ - Eh! que dois-je être? - _Nicomède_. - Roi! - Refrenez hautement ce noble caractère; - Un veritable roi n’est ni mari ni père; - Il regarde son trône et rien de plus. Régnez! - -La señora de Bonaparte quiso regañar á su hijo. M. De Marboeuf -intervino. No le digáis nada, señora. Un niño que se distrae leyendo á -Corneille no puede ser un niño común. - -En efecto: el niño, ya hombre, fué el que tuvo á Corneille por libro de -cabecera, así como Alejandro la _Iliada_ y César la _Historia general_ -de Polibio. Los primeros libros son los primeros directores. - - * * * * * - -Brochot aconseja á los padres de París y de la provincia francesa no -tanto el amontonar propiamente álbums para niños, sino poner en la -paternal biblioteca obras como Perrault, la Biblia, Dante, ilustradas -por Doré, ó las provincias francesas decoradas por Robida, ó ya otros -libros, cuyos grabados decentes y magníficos puedan ser contemplados -por ojos pueriles. Niños y niñas tendrían así un tesoro de visiones -cautivadoras ó majestuosas, diferente al pequeño bagaje que se les -fabrica hoy. Esas visiones se proporcionarían por sí mismas á la fuerza -de los ojos y de los espíritus infantiles é irían desarrollándose -y realizando toda una belleza progresivamente con la marcha de la -vida. Yo desearía que un escritor artista argentino, ó un escritor -y un artista, realizasen allá algo semejante á la obra de Robida -sobre las provincias francesas. La leyenda y la historia ayudarían, y -las ilustraciones apropiadas encantarían é instruirían en las cosas -nacionales á los pequeños hijos de la patria. So pretexto de hacer -pequeños prodigios, no quitarles nunca, jamás, los tesoros de la risa -y del ensueño. Hay que hacerles admirar los héroes de la historia -nacional, á la par que apartarlos del moreirismo y de los espectáculos -de inútil sangre derramada. Desarrollarles la imaginación, destruyendo -la superstición. Sembrar en el buen terreno virgen ideas útiles para la -vida que viene, granos prácticos, pero regarlos con una lluvia clara y -fresca de poesía, de la necesaria poesía, hermana del sol y complemento -del pan. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -PARIS Y EL REY EDUARDO - - -YA ha vuelto Eduardo VII á su país. Ya han pasado los momentáneos -entusiasmos; y, concluidas las fiestas, los reflexivos se preguntan: -¿Cuál es el alcance de esta real visita? ¿Por qué París ha saludado -tan afectuosamente al soberano de la «eterna enemiga», de la «pérfida -Albión»? A la primera cuestión yo contestaría que el alcance es el -afianzamiento de una paz útil para los negocios de ambos Estados. -Provecho, ese es el ideal de nuestro tiempo. A la segunda contestaría -cantando esa inevitable canción de fiesta que todo britano ha entonado -alguna vez: _For he is a jolly good fellow_. Porque es un alegre -camarada. Ó en versión más libre: porque es un excelente buen muchacho. - -El pueblo de París ha saludado á su antiguo príncipe de Gales, que, -aunque ha tomado á lo serio, como conviene, su oficio de monarca, no ha -adoptado la agresiva gravedad del Enrique IV de Shakespeare. Cuando ha -vuelto, á más de un Falstaff compañero de sus pasadas canas al aire, -le ha tendido la mano en el Jockey ó en la Embajada. Y en la Ópera -y en la Comedia Francesa, en donde el buen tacto protocolar había -sabido poner á la vista de su majestad una buena selección de ilustres -veteranos de Citeres, el rey sonrió á Granier y á Réjane. Y detalle -conmovedor: el presidente Loubet, cuando supo que un funcionario de -poco tacto había hecho salir del teatro á la Otero, preguntó al oir -el nombre:—_Qui est-ce, cette demoiselle?_ En tanto que Eduardo VII, -entre sonriente y apenado, exclamó:—_Cette pauvre Caroline!_ ¡Digna -frase suya! De él decía ha tiempo el sagaz Max Beerbohm: _By no means -has he shocked the Puritans. Though it is no secret that he prefers -the society of ladies, no one breath of scandal has ever touched his -name._ Y la divisa famosa clama: _Honny soit qui mal y pense_. Y como -todo acaba en canciones por aquí, el pueblo de París ponía en ellas á -papá Loubet y al rey Eduardo en familiares modos: «Mi pobre Emilio, -desde que has partido, no andamos bien. Por todas partes en Francia se -decía: ¿Vas á volver, Loubet? Combes murmura plegarias á Jesús, á Buda. -Tú, montado en un dromedario, suspiras: ¡Alah! El camello es muy bello, -pero me gusta más el Metropolitano». Eso en el verso tiene su sabor, -como el coro: - - Viens, Mimille, viens, Mimille, viens! - Viens preser dans te bras— - Edouard sept gros et gras - Ah! - Viens, Mimille, viens, Mimille, viens - Viens r’cevoir les Anglais - Sur notre sol français! - -Y otro _couplet_: Desde que quemaron á Jeanne D’Arc todos los ingleses -de rango adoran á nuestro maravilloso país, y más á sus muchachas. -Cuando él era príncipe de Gales en nuestra capital - - Edouard se payait des bèguins - A coup de livr’s sterling’s. - Il revient - Cré Coquin - Pour fair la nece un brin! - -¿Por qué esa confianza afectuosa en la canción francesa? Ya lo dice la -usada canción inglesa: _For he is a jolly good fellow_. - -Cierto, el más optimista no puede dejar de reconocer que el inglés no -ama al francés, ni el francés al inglés. Fuera de las muchas batallas -de que aún guarda memoria el suelo de Francia, dos grandes figuras -encarnan en la memoria popular la antipatía: la Buena Lorena, la -Pucela, cuya hoguera se convirtió en fuego de rencor histórico, y -Napoleón, Rouen, Waterloo, Santa Elena, impedirán siempre un definitivo -acercamiento. - -Mas Eduardo pasa en París, haciendo olvidar por momentos, á pesar de -la antipatía secular, las épicas ofensas. Él sonríe á la muchedumbre -que lo aclama, que lo aclama como aclama al zar, al cha, al rey de -cualquier parte, porque es rey, porque el pueblo de París gusta de los -reyes, porque eso es decorativo, y porque es además el actual rey de -la Gran Bretaña y emperador de la India, un célebre _homme á femmes_, -amigo del champaña y de la alegría de Lutecia. A su llegada, los -manes del Leonide Leblanc y de Cora Pearl han estado contentos. Los -antiguos camaradas que aún viven se han sentido rejuvenecer. Y Granier -ha sonreído en su puerta, mientras en la Ópera, las ágiles piernas de -Zambelli dirigían cumplimientos, ¡Ay!, toda la elocuencia de Terpsicore -es inútil. La vejez está entronizada junio con la cordura. El rey -saluda á su viejo París con un placer no exento de melancolía. Lejano -está ya el tiempo de la primavera. Son historias pasadas, casi ya -legendarias, las historias del príncipe que dejaba, al pasar, un -reguero de libras esterlinas. Ahora ha dejado para los pobres de París -doscientas. Mas hay que advertir que ahora no tiene mamá rica, como -diría el difunto viejo Rothschild. Lo aclaman, lo saludan las mujeres -con el pañuelo—á él, que arrojó tantos—, le gritan: ¡Viva el rey! -_tout de même_. - -Los mismos caricaturistas que lo atacaron tanto cuando hechos políticos -de ayer le hacían poco grato á la opinión francesa, han amainado. -Cuando más, las flechas han ido despuntadas y con suavidad. Los -patrioteros, que aprovechan toda ocasión de escándalo, no dejaron de -gritar incitando á los parisienses á recibir mal al rey; pero esos -pocos farsantones no tuvieron seguidores. Ante todo, ha prevalecido la -economía política. «El mejor cliente de la Francia es la Inglaterra.» -Los negocios son los negocios. «Así marchará bien el comercio», decía -una de las canciones que los acordeonistas y guitarreros repetían por -las calles en los días de las fiestas. Y la personalidad del obeso y -amable monarca se destacaba en un fondo de cielo tranquilo, sin amagos -de tempestad. Calma, Buena Lorena; calma, Petit Caporal: _For he is a -jolly good fellow_. - - * * * * * - -Hace algún tiempo os escribía desde Londres: «Interesante monarca, -el rey Eduardo». Se creía, antes de morir la reina Victoria, que al -pueblo británico no sería simpático el reinado del célebre príncipe de -Gales. Una vez éste en el trono—_When thou doest appear I am as I have -been_ ...—se ha visto que todo ha continuado de la misma manera. -El rey, aclamado y querido, ha enterrado al ruidoso calavera de -antaño. Él ha entrado en su papel, y puede decirse que es un digno -soberano de su nación. Cada rey tiene el reino que merece. Guillermo -II es estudiante y vive casi siempre en ópera wagneriana; Alfonsito -XIII acaba de presentarse por primera vez en el coso madrileño, y -ha sido aclamado por la tauromaquia nacional; Inglaterra, «país -tradicionalista y práctico, en que la decoración de la vida social -yuxtapone armoniosamente vestigios de arte gótico á construcciones de -usina», está muy satisfecha con un rey que viste de púrpura, armiño y -oro, se coloca en la cabeza la corona de los viejos monarcas, ante su -Parlamento animado de fórmulas y ceremoniales, y luego, con un habano -en la boca, se va en su automóvil, en menos de una hora, de Londres -á Windsor; visita el yate que ha de disputar la copa á los yanquis, -ó se interesa por sus caballos Diamond Jubilee, Ambusch ó Persimon. -Ese rey _sportsman_ es grato á su país de _sportsmen_, es amable para -los ciudadanos que gustan del tiro al blanco en Bisley, del remo en -Henley, de las carreras en Ascot ó en Epsom. El _corpore sano_ de los -universitarios es una de las causas de la robustez, de la salud de la -nación. Como alguno de nuestros repúblicos americanos, como algunos -de nuestros directores de pueblos, el rey se interesa por las razas -caballares, gusta de los ejercicios físicos; pero sabe su Shakespeare -admirablemente, entiende de Arte á maravilla y puede consultar su -Homero en griego y su Horacio en latín, como lo certificarán sus -compañeros de Oxford y de Cambridge. No es Eduardo un príncipe -guerrero. Llega ya tarde al trono y mal sentarían aires marciales al -_arbiter elegantiarum_ de los reyes y al rey de los _gentlemen_. - -El gran país de presa es odiado en la tierra toda; y ese odio se ha -agriado más por los recientes sucesos africanos; mas es casi cierto -que si el rey de la Gran Bretaña se presenta en esta misma Francia -recelosa, será, como en Italia, acogido con la misma simpatía que la -poderosa anciana imperial que pasaba con sus hindús y su burrito. - -Y así pasó. Derouléde dió una cortés nota desde su destierro. Los -diarios anglófobos no tuvieron atmósfera propicia, y Eduardo fué -llevado y traído por la gentil Mariana, dándole una ilusión de amor al -que es un _jolly good fellow_. - - * * * * * - -Un libro reciente de M. Jean Finot, de muy noble altura y de -muy generosas tendencias, tiende á demostrar la necesidad de un -acercamiento, de una unión en favor de mutuos intereses entre Francia -é Inglaterra. Es verdad que en la Historia mantienen la tradicional -enemiga nombres como Crecy, Poitiers, Calais, Azincourt, Isla Mauricio, -Aboukir, Canadá, Waterloo; pero también es cierto que intelectualmente -ha habido simpatías, cambios y relaciones desde siglos. Los embajadores -espirituales han compensado en parte los males de las sangrientas -campañas. Desde Montaigne hasta Verlaine y Mallarmé, la literatura -francesa ha tenido entre los ingleses buenos apreciadores y seguidores. -Jean Carrére tiene razón cuando dice que la _élite_ de ambas naciones -se busca. «He aquí lo que es indudable: en Inglaterra los hombres -de letras gustan del espíritu francés; en Francia, los hombres de -letras aprecian la cultura inglesa. Nuestras literaturas, nuestras -artes, nuestras costumbres mundanas, se hacen cada día más y más -perpetuos cambios. No hay país en donde los libros franceses sean mejor -comprendidos que en Inglaterra. Por otra parte, basta haber viajado -algo en país británico para haber observado con qué interés sincero los -verdaderos _gentlemen_ buscan y gustan de las relaciones con franceses. -Ellos también saben con qué cordialidad son recibidos en la alta -sociedad francesa.» Verdad. Y en las manifestaciones del pensamiento -ha habido sorprendentes regalos de una á otra parte. ¡Qué donadores, -por ejemplo: Carlyle, Taine! ¡Y entre los Orfeos: Hugo, Swinburne! -La aristocracia intelectual londinense llamaba al pobre Lelian, para -oir sus conferencias, pagándole con largueza. El autor de la _Siesta -del Fauno_ era «profesor inglés» ... Dorian Gray gustaba del ambiente -parisiense como Des Esseints de las brumas de Londres. Y el rey ha -sido amigo de ambos, el príncipe _bon enfant_, el ordenador de las -masculinas elegancias, el autócrata de la _fashion_. El _populo_ -parisiense manifiesta, cantando con la música de los _Plouplous -d’Auvergne_: - - Si nous v’aimons guère - Tes mufles d’sujets, - Edouard, mon vieux frère, - Toy, tu nous allais ... - Combien il nous tarde - De t’voir revenir, - Car Paris te garde - Un bon souvenir. - -Es poco respetuoso el tono; pero en la confianza va algo de efecto. El -rey lo comprendía al saludar sonriente al singular pueblo de París. -Su imagen andaba por todas partes, haciendo «marchar el comercio» -en alfileres de corbata, en banderitas, en hojas, en muñecos, en -abanicos, en cocardas, en insignias, en medallas, en dijes, en toda -suerte de fotografías y grabados, en carteles y en las caricaturas de -los periódicos, fuera de las cartas postales, en donde se le puede -ver desde la pompa del trono hasta bailando el _cake-walk_ con el -presidente Loubet. La gloria instantánea en todas sus manifestaciones, -el _beguin_ de París. - -Ese _beguin_, ¿no fué ayer no más que lo tuvo con el tío Pablo?... ¿Que -quién es el tío Pablo? Un viejo presidente de una república africana -llamada el Transvaal ... - -Eduardo VII busca la paz, y la comunicación y la amistad en el mundo. -No es un rey de aislamiento ni de odio, y tanto mejor para él. Siga -en ese buen camino. Afiance hasta donde le sea posible esa paz con -que sueña, y que con él desean tantos hombres de buena voluntad. Siga -amando el arte, el _sport_, y, aunque hoy plácida y románticamente, las -bellas damas. Eso le hará bien en la Historia, en donde aparecerá, no -manchado de sangre, ni revestido de crueldad y de egoísmo, sino amable, -gentil, caballeroso, un coronado _gentleman_, un _Plantagenent jolly -good fellow_. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -PARÍS Y EL REY VÍCTOR MANUEL - - -PORQUE viene con un hermoso penacho á la tierra de Francisco -I; porque viene con una bella reina á la tierra de las elegancias, -porque sabe saludar con largo y magnífico ademán, como en los buenos -tiempos viejos sabían hacerlo los grandes caballeros; porque, en fin, -viene en nombre de la augusta Hermana que fué madre de la cultura del -mundo, París saluda con su vibrante y vivo entusiasmo al hijo del -regalantuomo, á Vittorio Emanuele III, soberano de Italia. - -A través de las edades sonríen los abuelos al ver que las dos gloriosas -naciones latinas desarrugan por fin las frentes. Una vasta ilusión -de paz pasa sobre los hombres de esta Europa que tanto tiempo hace -parecía presta á revolverse en sangre. Gozosos estarán en la eternidad -aquel Conde Verde, Amadeo VI, que con Juan el Bueno concluyó el primer -tratado que uniera en amistosos lazos á la dulce Francia y la dinastía -de Saboya, Fert, y aquel Conde Rojo, su hijo, que llevó la gracia -francesa de Bonne de Bory á su cama nupcial. - -Y todos los grandes, que después fueron fraternos en los campos de -batalla con sus compañeros franceses en una igualdad de caballerosidad -y de valor que revelaba los orígenes de una misma sangre espiritual, -derivada de la antigua fuente de la nobleza y de la civilización -humana; hasta los últimos, hasta los de Magenta y Solferino, hasta los -Mazzini, hasta el prodigioso Mosquetero de la Libertad y aventurero -de la gloria que se llamó Giusseppe Garibaldi. Y el enorme Poeta de -Francia se siente feliz en su inmortalidad en este momento, en que sus -anhelos de unión y de concordia parece que quieren cumplirse, en que -una de sus generosas profecías semeja una realidad ... - -El Capitolio saluda al Pantheon, el Pincio á Montmartre; el Tíber dice -cosas al Sena y Dante hace una seña á Hugo; los parisienses están de -fiesta; las parisienses han preparado cestos y ramos de sus más lindas -flores, pero sobre todo violetas y miosotis; filas de carretones -cargados de redomas de chianti vestidas de mimbre se estacionan frente -á los restaurants en que se saborean platos de allende el Alpe; los -bulevares lucen collares de bombas eléctricas y erigen astas rojas; -profusas banderas están libres al aire ó formando escudos y trofeos; -en el Luxemburgo la fuente de Médicis parece que no se manifestase tan -soñadora y clásicamente melancólica como de costumbre; su coloso parece -sonreir á la ninfa y la ninfa marmórea al coloso. - -Todo eso es porque llega Vittorio Emanuele, y principalmente porque -viene trayendo á su lado á la que fué princesa de Montenegro, y hoy -es reina de los italianos. Pues si el monarca es grato y por ello -le recibe bien Lutecia grandiosa, la reina es de soberbia beldad, y -Lutecia gusta de las reinas y de las hermosas y se vuelve loca por las -hermosas reinas. Y ésta tiene, además de su belleza, su bondad, un -nombre armonioso y homérico, una romántica tierra de origen y una -leyenda de amor. Una leyenda de amor muy rara en las cortes, muy -escasa en la vida de esos esclavos de su propia púrpura que son los -porfirogénitos. - -Todo eso place aquí mucho, y debe agradar en todas partes. Gracias á -la visita de esa pareja de reyes que se aman, y gracias á la gracia -buena de esta coronada señora, casi nadie se acuerda de la obra funesta -de Bismarck y Crispi; casi nadie piensa en las antiguas inquinas y -en las miradas recelosas que más de una vez estuvieron á punto de -ser odios, odios fraternos. Se diría que una tregua existe en las -antipatías y rencores que han movido las malas artes de la política en -ciertos puntos de la tierra. No se ven sino signos de simpatía. Ayer -no más se saludaba en la patria de Juana de Arco y de Napoleón al rey -Eduardo de Inglaterra; hoy, con mayores manifestaciones de afecto, -al aliado de Guillermo y de Francisco José. Todo eso es consolador y -es amable. El momento es propicio; que se aproveche el momento. Si -padecen las sombras del viejo canciller y del memorable Abastecedor -de la Muerte que fué Herr Krupp, tanto mejor. Se aleja un mañana de -choque y de duelo; ¿los soldados sirven sólo para las revistas lujosas -y paradas pintorescas? ¡Excelente! ¿La Guerra descansa ó se aburre? -¡Bravísimo! Y en este caso ello es muy justo y discreto ante las -futilidades peligrosas de las Cancillerías. ¿Por qué las dos grandes -Hermanas latinas habrían de ser las hermanas enemigas? Así, si en -Viena ó Berlín la militarizada gente no ve con buen mirar este paso de -efusión armoniosa, esta buena tendencia á no destrozarse por antipatías -irrazonadas, París y Roma, el Gallo y la Loba, están contentos ... - -Los usos monárquicos se saben guardar bien en esta Francia, que tanto -de su esplendor y de su arte debe á los reyes ... El Protocolo es -una institución que aún se perpetúa y renueva los días de fausto de -épocas imperiales y reales ... La alta sociedad guarda sus títulos y -pergaminos, con rarísimas excepciones, y los nobles militantes en la -política republicana conservan sus denominaciones heráldicas. Hay aún -nobles socialistas que reciben á sus invitados y correligionarios con -pompa ultraconservadora y lacayos de libreas blasonadas. - -El picador del Elíseo es un personaje, llámese Monjarret ó Troude; las -viejas maneras cortesanas se conservan en el palacio republicano que -habita el sonriente y honesto abogado de Montelimar; la señora Loubet -ha hecho por primera vez en los fastos presidenciales casi de reina -en la recepción de los reyes italianos, y esto con gran complacencia -del pueblo de París, que por más que se diga gusta de todos esos -fastuosos modos que recuerdan los gobiernos «bellos» del pasado. Los -ceremoniales, las ordenadas filas de carrozas de gala, los pintiparados -picadores, las pelucas, los lacayos de casacones y piernas enmalladas, -las escoltas vistosas, los coraceros radiantes de acero con el casco -empenachado de crin, las espadas desnudas de los oficiales gallardos, -los tambores, las trompas, los clarines que anuncian, y sobre todo los -reyes, las reinas, los emperadores, no importa qué reyes, no importa -qué reinas, no importa qué emperadores, son para los parisienses, antes -que todo, «espectáculo»; y lo que en un poeta hace despertar ideas de -antiguos esplendores y cabalgatas, y en un señor de cierta instrucción -evocaría desfiles de ópera cómica—cada cual habla desde su punto de -vista, Olimpo á bulevar—, al público da la sensación de fiesta, y -despierta en él la necesidad de las aclamaciones y de los vivas, la -alegría general. En las visitas que las testas coronadas hacen hay -mayor ó menor entusiasmo; pero siempre lo hay. En el azar, por -ejemplo, se veía al aliado en una futura probable guerra, al poderoso -amo de los rusos que ayudaría con sus inmensos ejércitos á su amiga -la Francia, y por eso el delirio de las ovaciones fué más que en -ocasión alguna extraordinario; en el rey Eduardo, á pesar de los -recientes resentimientos de Fashoda y de la antigua enemiga entre -las dos naciones, se saludó con afecto, más que á todo, al antiguo -príncipe de Gales, al conocido parisiense de París, loco de su cuerpo y -trasnochador insigne, bien amado de la ciudad de la galantería. En el -cha de Persia se saludaron su exotismo y sus fabulosos diamantes; y si -á Leopoldo no se le hacen sonoras manifestaciones, es porque es un rey -de casa, demasiado burgués y demasiado comerciante, y porque sin ton -ni son llega todos los días. Para el rey Vittorio Emanuele, repito, ha -habido el saludo que preludia la deseada unión de las naciones latinas, -y al mismo tiempo la simpatía cordial debida al jefe de un país con -quien se ha tenido en pasadas épocas la hermandad de las armas, el -nieto del fuerte y mostachudo Vittorio Emanuele II; y no hay duda, ha -habido también en el pueblo el deseo de mortificar á los reconocidos -contrarios, á los que siempre se han creído enemigos de mañana, que lo -fueron de ayer, á los dos emperadores de la Triple Alianza, el de la -Austria odiada de Italia y el de Alemania aborrecida de Francia. - -Luego Vittorio Emanuele III es rey que se hace querer y estimar. En él -se ve al regenerador de su patria, hace poco abatida, y hoy triunfante -en el mundo, tanto en el progreso cívico como en el industrial y -comercial, pues la Italia trabajadora es hoy ciertamente una fuerza -innegable; en él se admira á quien tiende á resucitar el antiguo poder -de la influyente Roma en los asuntos de la tierra, al príncipe exacto, -rígido, hábil, que sabe manejar los hilos de su política interna y -exterior, y que, á pesar de sus ligas con el césar germánico, ha -tenido siempre en mira la grandeza da su raza sobre el orbe, la -vieja hegemonía mundial por tanto tiempo en poder de los bárbaros, -y que quién sabe si, á pesar de todo, no volverá á los hijos de la -civilización grecorromana antes del fin del siglo XX. - -Pequeño de cuerpo, como tantos grandes guerreros y monarcas, es vivaz -y marcial, amacizado de método y de educación, forjado á duros hábitos -aún en medio de las sedas palatinas, bajo la severidad del noble -Humberto y la bondad graciosa y sabia de la reina Margarita, verdadera -perla entre las perlas de las actuales monarquías. Su carácter es -firme y reflexivo; su voz afable. Como todos los Saboyas, domina con -los ojos. Estudioso y atento al progreso, se ha nutrido de libros -y ha observado los hechos. Se cuentan de sus años primeros, entre -preceptores y militares, interesantes anécdotas. Sus dos principales -profesores, Luigi Morandi y el coronel Osio son para él, por un lado, -el carácter de la cultura, y, por otro, la cultura del carácter. Por -eso pecan de poco informados los biógrafos y escritores que le juzgan -tan solamente dado á secos cálculos y á especulaciones prácticas tan -solamente. - -No importa que la socialista Paula Lombroso lo pinte como un varón -para quien la poesía es «como los bombones para los niños»; París sabe -que si no es un rey de ensueño—poco precisos á estas horas los reyes -de ensueño—ni un rey de fantasías y estéticas nada avenibles con el -asunto de manejar en el siglo XX la suerte de un gran pueblo, -es monarca de «humanidades», como sienta á quien nació en la cuna -del humanismo; que sabe sus clásicos, que conoce á fondo de Nepote á -Horacio, y que tuvo una «profesora de poesía» en su madre encantadora, -que más de una vez desde los años de su infancia le leyó la honda y -armoniosa lección del vasto Poeta, del sumo Dante. Y luego dejadle -sus automóviles de cuando en cuando, pues para versos su suegro los -compone, como su esposa, que es poesía morena y viviente. Dejadle sus -automóviles, y sobre todo dejadle con sus monedas y medallas, que ser -profundo numismata como él es ser ya mitad sabio y mitad artista. Su -gentileza en su visita á este país ha sido completa, y jamás jefe -de Estado ha sabido cumplir mejor la delicada empresa. Cuando en lo -alto de las decorativas columnas alzadas en la Avenida de la Ópera el -león de oro de San Marcos y la loba de oro de Roma se perfilan sobre -el triste cielo parisiense, representan más que una cortesía: son un -símbolo. El rey de Italia es el bienvenido, porque sabe encarnar el -alma y las aspiraciones de su estirpe, y Francia le reconoce digno. - -Desde su entrada á la ciudad que le hospeda, entre los gritos de -entusiasmo, en las avenidas adornadas, la compañía del excelente -presidente burgués, que hace muy bien lo que puede, y al lado de su -esposa, toda gracia y sencillez noble, junto al Arco del Triunfo, junto -á la tumba de Napoleón, en todas partes adonde la cortesía oficial -le ha llevado, ha tenido, discreto y correcto, un buen gesto ó una -buena palabra. Cuéntase—_y se non è vero è bene trovato_—que en los -Inválidos, cuando el séquito oficial llegó al lugar en que, según su -deseo, reposa el dueño del Águila, se quedó un buen rato en silencio, -y luego: «Yo también soy sucesor de Napoleón Bonaparte ...» «¿Cómo?», -insinuó M. Loubet. «¿No fué el emperador también rey de Italia?...» -Y así siempre es aplaudida su cordura. Esa cordura que se demostró -recientemente, cuando en momentos en que el Papa agonizaba, suspendió -su viaje, respetuoso, pensando quizás en que uno de sus antepasados -ciñó á su frente la pontificia tiara, y en que el ser cortés no quita -la valentía de los que llevan por lema: «¡Siempre adelante, Saboya!» - - * * * * * - -No he visto de cerca más que á dos reinas—por culpa ó gracia de -ocasional misión:—la de España y la de Portugal. A otras he visto de -lejos, y á las demás en fotografías, pinturas ó grabados. Pues bien: -confieso que nunca he admirado belleza coronada más seductora que la de -la princesa greco-oriental que de la corte cuasi primitiva y legendaria -del principado de Montenegro salió á ser reina de la maravillosa -Italia. Aquí parece exótica; á mi me ha parecido antigua conocida. «De -esos ojos no tenemos aquí», me decía una espiritual francesa. «Pues -allá, del otro lado del mar, los tenemos como esos—le contesté—, en -rostros de ese fino y trigueño de bronce, dulce y sonrosado. ¡Esos son -ojos criollos!» - -En efecto: la reina Elena es semejante á una de esas soberbias, -estupendas criollas, que coronadas de opulentas cabelleras negras, son -reinas de hermosura en Montevideo y Buenos Aires, Lima ó la Habana. Es -una de esas mujeres llenas del sol y sangre que llevan la primavera -ardiendo por donde van. Y en su gallarda beldad guarda una cultura y un -talento que son celebrados por todas partes. Su país es país de balada. -Su madre hila en el huso la lana como una reina de Homero. Su padre es -poeta. Ella es artista de corazón, pinta, canta, toca el violín y el -piano. Y un alma dulce y caritativa, sentimientos de alta virtud. Dicen -que las aristócratas farnienteras de su corte sonríen de sus hábitos -de «mujer de su casa», de sus conocimientos de cocina ... La _Pastora_ -de Cettigne debe á su vez sonreir benévolamente. Morena del país de la -nieve, ella vive su leyenda de amor verdadero, y en su rey mira á su -marido. Y no se ha extrañado de ir de un vuelo amoroso, de su tierra -escondida, de sus montes de águilas y lobos, á ser la soberana de un -reino que también fué de Lobos y de Aguilas ... - -La pequeña Zita escribe, al dictado de su abuela, una institutriz que -fué de la casa de Montenegro: «...en la capilla del Instituto vi por la -primera vez, de cerca, á la princesa Elena, bella, esbelta, inmóvil, -como es lo usual durante los oficios griegos, en que sólo el sacerdote -va y viene continuamente con sus diáconos, por las tres puertas que se -encuentran delante del misterio del altar». _La princesse avait vraiment -l’air d’une belle image._ La volví á ver á menudo así, y la admiró -siempre; era mi sola compensación para el suplicio de permanecer de -pie. Por otra parte, intenté hacer la intención de no ir á la iglesia -sino cuando esperaba la presencia de las princesas; á primera vista -me he sentido atraído por la actitud de firme voluntad de la princesa -Elena. Un día de verano vino con una falda de simple _crêpe_ oriental; -el corpiño ligeramente escotado. Con su lindo talle, redondo y firme, -su aire recto y elegante, tenía el aspecto de una joven diosa, cuyas -espaldas esperaban que se les prendiese un manto ... de emperatriz. Mi -impresión había sido tan fuerte, que un diplomático bien informado, -al cual se la manifesté, me dijo sonriendo: «¡Cuidado, señora!, ¡está -usted haciendo política!» - -«En ese entonces el zarevitch no se había casado todavía con una -alemana. Otra vez la encontré encantadora también en traje nacional, -camiseta de muselina sedosa y bordada, _veste_ de terciopelo rojo -galoneada de oro, y capitea en la cabeza; pero la hallaba mejor con -el traje europeo, y nunca olvidaré la visión que tuve el día en que -la idea de un «manto de corte», se había impuesto á mi imaginación á -consecuencia de cierto aire de reina que había advertido en esa joven -fisonomía en que el destino ponía un signo que yo leí, deseando se -realizase por sentimiento romanesco de estética, pues yo amaba ya -espontáneamente á la princesa. Pero, ¿es, en verdad, la suerte de una -reina lo que el corazón debe desear?» - -Esas sencillas impresiones de una profesora completan un retrospectivo -retrato de la magnífica y joven soberana. En cuanto á la pregunta -final ... ¡quién sabe! Antaño el mundo era distinto, y la posición real -no tenía los peligros de ahora. Antaño ... pero, ¿y María Antonieta, y -María Estuardo, y más allá?... Mas el instante es de cantar á la reina -bella y artística, no de consideraciones filosóficas. El pueblo de -París la canta por boca y guitarra de sus _camelots_: - - Viens, Hélène (bis), - Viens! - À la table de France, - On nous offre bombance - Ah! - Viens Hélène (bis), - Viens! - Et le soir, en cadence - Nos pincerons un’danse. - -Eso se canta con el aire de _Viens, Poupoule_, y valga la intención. La -Prensa forma sus más floridos ramilletes de frases; los poetas escriben -sus ritmas de ocasión. Pero entre éstos ninguno ha escrito más lindo -saludo que un gracioso, un conocido versificador incoherente, que deja -por un momento sus ya fatigantes monorrimos y dice un precioso decir. -Entre sutilezas dice cosas como éstas. Dicen los enamorados: - - Que vers nos paroles - Ta Grâce s’incline - Reine des gondoles - Et des mandolines; - Reine de Venise, - Soyez-nous propice; - Aux amants soi bonnte - - Reine de Verone; - Vois le doux cortege - Qui viens t’implorer; - Acueille et protege, - Reçois á tes pieds, - Le voile des vierges - Et le blanc bouquet, - Reine du Correge - Et du Tintoret! - - Nous sommes les fiancés, - O reine jolie, - Qui venons vous saluer - Avec courtoisie; - - Nous, les artistes pas riches, - Qui ne devions de sitôt - Voir les rives de l’Adige - Ni le Lungarno; - Voici qu’avec toi s’avance, - Près de moi pauvre homme - La grave Beauté de Rome, - Trout l’art exquis de Florence. - - Reçois en échange - Notre foi ardente, - O reine du Dante, - Et de Michel-Ange! - - À chaque fenêtre, - Et dans tous les yeux, - Reine des poètes - Et des amoureux, - Paris radieux - Paris tout en fête, - Paris tout fleuri, - Paris te sourit. - - Et le voile tombe - Enfin du secret - Que gardait Joconde: - Elle t’attendait. - -Un ramo de rosas de Francia tenía en la mano el día primero en que la -aclamó la muchedumbre de París, hirviente y contenta. Un ramo de rosas -de Francia, que significa la juventud, la vida, el hechizo de amor, y -al propio tiempo la salutación de esta tierra dulce y gloriosa. El gran -penacho de plumas blancas se agitaba á los antiguos vientos de Galia -... Y yo miraba á su lado la figura de la princesa montenegrina, de la -reina que habita el Quirinal ... la mano fina con el ramo de rosas, -la cabellera negra, el talle soberbio, los ojos, los grandes ojazos -criollos. Y me uní á la voz de la multitud: «¡Viva Italia!» - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -LA “BRIMADE” - - -EL origen de estos usos bárbaros arranca de muy hondo principio humano, -fuera de la opinión hobbesiana. En todo hombre hay un lobo: entendido; -pero en muchos hombres juntos, pugna por revelarse la manada feroz que -devora al compañero. Ese es el peor peligro de la inquisición y del -jurado, del convento como del taller, del colegio como de la guarnición. - -¿Quién no ha sentido en la niñez la hostilidad de los primeros días -de la escuela y del internado? ¿Y ya en el estudio de algún arte -ó industria, ó disciplina cualquiera, la burla, el odio casi, la -enemiga infaltable del compañero? Parece que el recién llegado fuese -á quitarles algo, á hacerles algún daño, y el encarnizamiento no cesa -sino con la revelación de una fuerza superior; casi siempre unas buenas -bofetadas al más insolente y burlón de la clase. Entonces el nuevo -entra á formar parte de la comunidad. Y quizás será el martirizador más -terrible del próximo novato. - -Si esto pasa en las aglomeraciones humanas, en que el espíritu tiene -otras miras y ejercicios que los de la fuerza, ¿qué no será en los -colegios de la muerte, en los lugares donde se aprende á matar, en -donde lo que se estudia es el manejo de las armas, la ciencia de la -destrucción, el arte sangriento «de ser más fuerte que otro en un -punto dado»? ¿Quién me dirá que los martirios que sufren los recién -llegados equivalen al espaldarazo de los caballeros, que son la amarga -sal del bautismo, la dolorosa cuchillada de la circuncisión? Palabras. -Hay que combatir á todo trance la fiera que llevamos en nosotros. Si -no, proclamemos como superior la filosofía de Sade, ese precursor de -Nietzsche, y establézcase en cada capital culta del orbe un Jardín de -los Suplicios. - -Las _brimades_ eran—felizmente, repito, ya no son—bromas pesadas, -groseros tratamientos que se hacían padecer á los recién entrados, -fuese cual fuese su condición; pero, naturalmente, más duros, y hasta -sangrientos, con los de débil carácter ó de escasa fuerza. Ponerlos -desnudos en un cuarto y embetunarlos, ó pincharlos con agujas; echarles -cubos de agua fría en medio del invierno; deshacerles los pies á -pisotones; darles patadas y puñetazos; azotes, etc. Por la menor -falta, castigos, vara. Todo esto bajo la mirada complaciente de los -superiores. La cosa había entrado en el uso desde antaño. A veces la -_brimade_ tenía fatales consecuencias; una reprimenda, algunos días -de arresto al culpable, y todo quedaba lo mismo. De cuando en cuando -alguna protesta aparecía en la Prensa, pero no tenía el menor eco. Así, -hasta la plausible circular del general André. - -En Alemania, país en que el militarismo ha entrado en la sangre, -en la vida nacional, no se han suprimido, ni creo que se supriman, -esas asperezas del cuartel. Cierto es que allí, en el mismo cuerpo -estudiantil, existen hábitos y costumbres de la más exquisita barbarie -medioeval. Las caras rajadas y el gambrinismo universitario no merman -un solo punto en los comienzos del vigésimo siglo. Las _brimades_, -pues, se complican allá de _schlague_ y suavidad tudesca. Dramas -ha habido muy resonantes en que toda la Prensa se ha ocupado, y -últimamente un consejo de guerra ha juzgado en Metz con la más inaudita -deferencia, á los culpables de uno de esos verdaderos crímenes, -merecedores de las penas más severas. He aquí cómo se narra lo -sucedido: «Un soldado de apellido Polke, perteneciente al 12 regimiento -de artillería de Sajonia, fué dado de baja el año pasado porque los -médicos militares lo encontraron débil para el servicio. Incorporado -de nuevo este año, hizo ejercicios solo, bajo el mando de un cabo -llamado Trautmann. Este, un verdadero troglodita, hizo con el pobre lo -que le dió la gana. Era una lluvia de patadas y puñetazos, fuera de -la privación del alimento. Llegó á tanto la atrocidad, que un día el -cabo le dió tal golpe en la cabeza con la culata del fusil, que el mozo -quedó sin sentido. No solamente él le pegaba, sino que ordenaba á otros -reclutas que hicieran lo mismo, entre las risas de los compañeros. -Demás decir que todo el mundo martirizaba al infeliz. Un subteniente -le dió un bofetón porque le vió fumar un cigarrillo y un teniente se -burló, en vez de reprender. Por último, el maldito cabo le obligó una -vez á saltar por una ventana y á correr, á paso de carga, durante -diez minutos. Polke, dice quien narra el hecho, concluyó por caer -fatigadísimo. Cuando se levantó, desesperado, loco, se pegó un tiro». - -Ahora, ¿qué pena os figuráis que les han aplicado á los culpables en -el consejo de guerra? Los camaradas que le hostigaban, «tres días de -prisión». El subteniente Wiehr, «tres semanas de arresto». El cabo -famoso, «cinco meses de prisión». Comparando lo que aquí pasa, dice -Charles Laurent con cierta justicia: _Il fait bon, tout de même, vivre -en France_. - -Sin embargo, es en la dulce Francia donde se han revelado los -innominables suplicios de los disciplinarios de Olorón, esa isla de la -Charente Infériéure donde están las triples fortificaciones que hizo -levantar Richelieu. Allí se encuentran los _dépots_ de los cuerpos -disciplinarios; el de la compañía de fusileros de disciplina de la -marina y el del cuerpo disciplinario de las colonias. A los primeros se -les llama en jerga militar _Peaux de lapin_ y á los segundos _Cocos_. -Dubois-Desaulle hizo el gran bien de contar al público las terriblezas -que allí pasaban y que, dichosamente, se han aminorado, si no -desaparecido del todo. Juzgad por algunas noticias. Allí se empleaban -entre otras cosas, las _poucettes_, el _baillon_, la _crapaudine_ y -el _passage á tabac_. De este último apenas hablaré, porque lo usa -la Policía de París y no sé si la de Buenos Aires. Es una galantería -habitual con el que tiene la desgracia de caer en esas manos temerosas: -el _passage á tabac_ es simplemente una estupenda «pateadura». - -Ningún reglamento, ninguna ley, ningún auto legislativo ó -administrativo prescribe el empleo de las _poucettes_ en el ejército -francés, y, sin embargo, decía Dubois-Desaulle, se aplica á los -disciplinarios ese instrumento de tortura. Como no había reglamento ni -ley que autorizara el empleo de esa tortura, todos los que tenían un -grado, desde cabo á oficial, podían aplicarla. Los motivos más variados -y fútiles daban lugar á la aplicación de la pena. Las tales _poucettes_ -son una pequeña prensa de acero que deshace, que rompe los pulgares. -«Según el grosor de los pulgares ó el calibre de las _poucettes_, -después de un número mayor ó menor de vueltas de la aleta que hay -sobre la placa de cierre, el hombre pierde el conocimiento y la sangre -trasuda por los poros de la extremidad del pulgar. Algunos minutos -después de puestas las _poucettes_, la parte extrema del pulgar se -infla, la detención de la circulación da á la carne tonos violáceos; -el pulgar se insensibiliza entonces por el exceso mismo del dolor, -á condición, sin embargo, de que no se despierte el dolor con los -movimientos; á fin de agravar la tortura, los castigadores vienen á -sacudir ó tirar de los pulgares.» La descripción es demasiado chocante -y larga para ser transcripta toda. - -La _crapaudine_ es una combinación en que entran las _poucettes_. Los -pulgares están aprisionados por la espalda; el hombre está en tierra -y se le atan los tobillos junto con las _poucettes_. El _baillon_ -es una mordaza. «Se improvisa con un pañuelo, una piedra, un objeto -cualquiera, que se introduce en la boca. Se mete en seguida entre los -dientes del paciente un trozo de madera del grueso de un palo de escoba -y provisto de cuerdas que se atan detrás de la nuca.» - -En cuanto á los azotes, se oye, cuando los cabos y sargentos no pegan -duro y firme, la voz de un oficial: - -—_Mais cassez-leur donc les membres, nom de Dieu!_ - -En Austria, como en Alemania, el _schlague_ existía desde largo tiempo. -A mediados del pasado siglo tuvo gran éxito y causó impresión profunda -la publicación de un libro de E. Sturm, oficial de Artillería del -Ejército austriaco. Las revelaciones que hacía no podían sino tener ese -resultado. Sin embargo, él mismo confesaba que en cuanto al _schlague_, -ó sea la flagelación militar, los oficiales superiores la aborrecían; -pero no podían nada contra la costumbre, ó sea la disciplina en ese -caso. Se azotaba por los motivos más fútiles, como fumar en la calle, -ponerse el tricornio de través, ó llegar tarde á la lista. Muchos entre -ellos fueron inutilizados, ó se volvieron locos. Diez días después de -haber entrado al cuerpo, cuenta Sturm que la orden del día llamaba á -«todos los nuevos» á que asistieran á una gran ejecución. Luego el cabo -le explicó: «Los nuevos militares es preciso que se habitúen á ese -espectáculo antes de ser actores en él, pues hay siempre algunos que -son bastante bestias para desmayarse, nada más que al ver á un hombre -flagelado. Si mañana, en la ejecución, vuestro rostro traiciona el -menor signo de piedad ó conmiseración, os volverán á mandar como -espectador hasta que os acostumbréis; pero eso no es honroso. Se os -señalará como cobarde y flojo.» El autor asistió, naturalmente. Ved -sus mismas impresiones: «Tomé mi partido»; fué una larga y terrible -ejecución; seis desertores pasaron seis veces bajo la hilera de varas -(_gassenlaufen_), y uno, ladrón, ocho veces. Figuraos una doble fila -de soldados armados de varas, con un cabo de diez en diez hombres. En -medio pasan los desventurados soldados, la espalda desnuda, despacio -ó corriendo, como le plazca al que dirige la ejecución. Mientras la -sangre brota bajo la vara fuertemente aplicada, los cabos corren de -aquí á allá para ver si los golpes son bien dados. Si por desgracia se -sorprende al ejecutor en flagrante delito de piedad, sea que amortigüe -el golpe, sea que pegue muy rápidamente para que su golpe se confunda -con el de su camarada, se le condena á su vez al _schlague_. - -«Después de la ejecución de los desertores, tres artilleros de los más -famosos recibieron cada uno treinta golpes de _schlague_. Yo soporté -á maravilla esa dolorosa prueba; así, el cabo encargado de observar -nuestra conducta estaba muy satisfecho de mí, y gracias á una fingida -impasibilidad se me pasó en un momento del papel de los espectadores al -de los actores. Como bien se calculará, tuve que mostrarme reconocido -por tanto honor: ¡ser llamado á pegarle á mis camaradas al lado de -aquellos orgullosos _grognards_ que habían ayudado á derrocar el trono -de Napoleón! No pude, sin embargo, no pude siempre dominar por completo -mis sentimientos; ¡que el emperador me perdone!, le he robado más de un -azote, en las mismas barbas del cabo. Recuerdo á este propósito que uno -de mis camaradas, en un falso golpe hirió en la cara al cabo, y fué -condenado por esa imprudencia á cincuenta golpes de _schlague_; pero el -cabo perdió la nariz.» Muchos más detalles contiene esa obra curiosa. -Según tengo entendido, á raíz de su publicación el emperador de Austria -ordenó la supresión de esa odiosa costumbre; pero se conserva, no -obstante, admirada. Es inútil cuanto se disponga en contra de hábitos -tan hondamente inveterados, y que se compadecen con la rudeza de la -disciplina y de los usos y ejercicios militares. - - * * * * * - -No conozco las costumbres interiores de la milicia española, pero en el -país de las fáciles carreras de baqueta y del castillo de Montjuich, la -ternura no debe ser mucha á ese respecto. Además, ¿quién no ha visto en -los sainetes la figura del _tourlourou_ español, el cerril asistente -ó avispado ordenanza cuyas posaderas están siempre sacudidas por los -puntapiés del oficial? - -En Italia se me asegura que hay en esto mayor seriedad que en otras -partes, y que oficial noble ha habido que ha pagado sevicias con mucho -tiempo de prisión. Si esto es así, merece aplauso la milicia italiana. - -Mientras exista la idea de patria, el ejército será una necesidad, y -mientras la carrera de las armas exista, debe, á mi entender, mirarse -como la miraba el sublime Don Quijote. Todo lo que menoscaba la -dignidad humana y el propio decoro, no puede tener cabida en quienes -se tienen como defensores del honor nacional, del pabellón. Y es -vergonzoso que conozca el mundo hechos que menguan el decoro de los -caballeros marciales. Marciales caballeros que aparecen simplemente -como los más groseros y cobardes verdugos. - -[Ilustración] - - - - -IDILIO EN FALSO - - -UN diario de París publicó hace algún tiempo la historia, ó el -principio de la historia, de los amores del príncipe heredero de -Alemania con una joven norteamericana. El redactor anónimo de los -artículos en que se narraba esta novelesca y curiosa aventura tuvo -que suspender la publicación, á pedido de un miembro de la familia de -la señorita, cuyo nombre es Gladys Deacon. Pero los hechos son ya muy -sabidos, y en los Estados Unidos, como en Inglaterra, se conocen todos -sus detalles. - -El joven Federico Guillermo de Hohenzollern, hijo mayor de Guillermo -II, es un alma sentimental y un corazón impresionable. No hay en él el -blindaje de hierro que tienen los de su familia paterna. A pesar de la -educación que el emperador da á sus hijos, éste no ha podido dominar -los impulsos de su naturaleza, y manifiesta ser, más que un príncipe, -un hombre. Sabidas son sus malas impresiones de universidad. No pudo su -carácter delicado acostumbrarse á las _borussidades_ de sus compañeros, -hechos á tragar cerveza, reglamentaria y bestialmente; y aunque el -emperador le dijo que pasase por esos lances en que él también se -había encontrado, no le fueron por eso menos repugnantes sus horas -estudiantiles de Bonn. Algún incidente hubo que obligó al padre -imperial á llamar á su hijo; y luego, para distraerle un tanto, se le -envió á Inglaterra. En la corte inglesa el kronprinz se encontró más -á su gusto; la sangre maternal, la herencia atávica de la emperatriz -Federica, se reveló en él al contacto de sus relaciones londinenses. -Fuera de la familia real, toda la aristocracia se lo disputó, y su -juventud, deseosa de nuevas impresiones, encontró allí encantadores -momentos. - -Entre las familias que más le solicitaron está la del duque de -Marlborough. Como es sabido, la duquesa es una joven norteamericana: -Consuelo Vanderbilt, hija del celebérrimo millonario. Fiestas -campestres, bailes íntimos, comidas, _tennis_, y _ping-pong_, todo lo -que más pudiera agradar al príncipe germánico se le ofreció durante -su permanencia. Entre tantas distracciones, y en tantas ocasiones -propicias, el _flirt_ no podía faltar. No faltó. Pero no fué ninguna -linda miss británica, de rubios cabellos y cuello de cisne la que -despertó el entusiasmo amoroso de su alteza. Su alteza se dejó prender -por los ojos yanquis de una guapísima neoyorquina; moza tan fermosa non -vió en la frontera, y entre un _ping_ y un _pong_, la llama ardió, como -en las leyendas, como en las novelas. - - * * * * * - -He aquí cómo narra el hecho el autor de _Amitié Amoureuse_, autoridad -en la materia: «Rápidamente, entre el príncipe encantador y la -orgullosa joven, herida por dolores inmerecidos (la historia de la -madre de la niña es bastante escabrosa, y el padre está en una casa -de locos), una simpática camaradería se estableció». Primero fué una -dulce atracción, que les impulsó á aislarse del mundo. La vida de los -duques y lores, tan lujosa, tan abierta, tan libre, sirvió á sus amores -nacientes. - -Estuvieron unidos en corazón y pensamiento entre los bailes de la -Country, las partidas de _tennis_, de _foot-ball_. Fueron dos cuerpos -con un alma. Todo era alegría para ellos, el mundo y la Naturaleza. -Se embriagaban con los olores de los musgos, del tomillo salvaje, de -todas las hierbas que hollaban los pies de la bienamada. De los labios -del príncipe salieron palabras raras; de los de la joven murmullos -acariciantes. Deslumbrados de amor, en vano quisieron apartar el -encanto ... - -Cuando el príncipe balbuceó: - -—Nada revela tanto el alma de una mujer como el perfume que lleva: me -place el olor de vuestros cabellos ... - -Con esa linda reserva anglo-sajona que creó el arte de _flirt_, y para -que dure más tiempo ese hechizo que le aureola como con un halo, la -preciosa Gladys no quiere comprender hacia dónde van las palabras del -príncipe, y, coquetamente, replica: - -—Monseñor, me vaporizo con _rose musquée_. Es la antigua rosa cantada -por Shakespeare ... pero se está acabando en el reino, y pronto ya no -habrá. ¿Queréis ver el único rosal que queda? - -¿Adónde no hubiera ido el príncipe guiado por la joven? Y he aquí el -rosal, y las rosas. Ellos se inclinan, sus cabezas se tocan, se rozan. -Cómo respiran, cómo vibran ... Y el príncipe, menos aturdido por el -aroma de las flores que por el que emana de su amiga, dice: - -—Las rosas huelen bien, pero vos, vos embalsamáis hasta embriagar. - -—¡Oh, monseñor! - -Ella tiembla, enrojece. Tímido y resuelto, él osa tomar su mano y la -besa con fervor. - -Ya véis que eso está narrado como folletín romántico. Podría ponerse: -«Continuará.» - -En efecto, la cosa continuó. El príncipe, activo, emprendedor, quiso -pasar más adelante. La joven yanqui le dijo: - -—Veo que nos amamos en lo imposible. Yo no podré nunca ser la amante, -ni siquiera la esposa morganática de vuestra alteza. Para que este amor -sea digno de mí y digno de vos, no hay otra cosa más que el matrimonio -legítimo, sonoro, público, á la faz de las Cortes y ante el mundo todo. - -Federico Guillermo debe estar en su primer amor, debe tener dentro -de su pecho una tempestad de amor, y la norteamericana tiene que -ser una maravilla—_greatest in the world!_—cuando él le contestó, -pasando sobre su futuro imperio, sobre la cólera de su padre, sobre el -porvenir, sobre todo: «He aquí la prueba de mi amor. He aquí nuestro -anillo de boda. Ella es para ti, Gladys. Es un fetiche. Mi bisabuela la -reina Victoria se lo quitó de su dedo para ponerlo en el mío y me dijo -que no me separase de él sino para dárselo á la que fuese mi mujer. Lo -he jurado. Os lo doy.» - -Cuando el príncipe volvió á Berlín, el emperador, la emperatriz, -la familia toda, se fijaron en que el anillo había desaparecido. -Guillermo II no es muy suave que digamos. En seguida hizo que su hijo -le confesase el paradero de la joya; y el enamorado mancebo imperial -tuvo que decir la verdad. ¡Truenos! «Ese anillo no es tuyo, sino de la -dinastía. Estás loco, has perdido la cabeza antes que el anillo.» - -Poco más ó menos, fueron las palabras del padre. El mozo, que tiene -también fibra, contestó: «Lo hecho, hecho está, y bien hecho está, -ante mi conciencia. Por lo demás renuncio á todo rango, á toda -púrpura, á Berlín, á Alemania, al Imperio, como nuestro pariente Juan -Orth.» Desolación de las desolaciones en la familia. Un enviado fué -inmediatamente á Londres á reclamar á la bella Gladys el anillo. - -«¡No lo doy!», contestó la yanqui. «¡No lo des!», le aconsejó Consuelo -Vanderbilt, en cuya casa nació la pasión y comenzó la novela. Ella -creerá que una norteamericana puede ser emperatriz de Alemania, desde -que hay una duquesa de Marlborough norteamericana. - -Y Gladys no suelta el anillo. - -Es de creerse que vencerán las razones de Estado y los discursos -paternales. Aunque si el príncipe renunciase, en efecto, á su corona y -cetro, todo quedaría arreglado, habiendo como hay tantos hermanos suyos -que no tendrán más tarde inconvenientes de amor para sentarse en el -trono. - -El príncipe imperial de Francia, el hijo de Napoleón III, pudo ver -realizados sus sueños amorosos; bien es cierto que no tenía ya trono, -ni corona, ni cetro, cuando amó á la inglesa miss Mary Watkins, con -quien tuvo un hijo, que vive, y á quien se ha visto en París, en -compañía de la emperatriz Eugenia. La novela fué más bonita, porque la -joven no sabía qué clase de persona era su amante, hasta una vez que le -sorprendió conversando con lord Beaconsfield, á la entrada del oratorio -de Brompton, en el matrimonio de los duques de Norfolk. - -Los amores luctuosos del príncipe heredero de Austria han tocado -quizás, singularmente, la imaginación de Federico Guillermo, y ojalá no -vaya á entrarle el demonio de la desesperación y del ensueño trágico; -preferible es que tome por modelo á su deudo Juan Orth, el desaparecido -misterioso, que unos creen muerto en el Océano y otros vivo en un -rincón australiano, y padre de numerosa familia. - -El príncipe, como sabéis, se casó con una princesa. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -EL CETRO DEL “CHIFFON” - - -LA calle de la Paix á las órdenes de Broadway; Paquin sustituido por -míster Somebody, de Nueva York; Worth, chicaguense; Doucet, recién -llegado de Arkansas ... ¿puede esto ser posible? El tío Samuel se -dijo: «Tengo ya más reyes que las Cortes de Europa; tengo reyes de -acero, de algodón, de las construcciones, del petróleo, de la plata, -de los ferrocarriles, de los cigarros habanos y de otras muchas cosas -más; París tiene el cetro de la elegancia: pues ¡á quitárselo!» -Incontinenti, miss Elisabeth C. White, presidenta de la American -Seamstress’s Association, y pariente, seguramente, de Samuel S. White, -el rey de los dentistas, parte en guerra y se prepara, denodada y -serena, como conviene á una ciudadana de los Estados Unidos, á dar la -primera acometida. «Ha llegado el momento—proclama—en que las ideas -americanas sobre costura se implanten en Europa, y aun en la capital -francesa. La nación que no va adelante retrograda, y así les pasa á los -costureros de París». Más ó menos con las mismas palabras, se apodera -uno de Puerto Rico y de las Filipinas. - -Todo lo que los norteamericanos se proponen, casi siempre lo consiguen, -pues el peso del oro americano hace inclinarse al mundo al lado de -ellos ... Pero, ¿será esto posible? ¿Quitarán á París, á fuerza de -_greenbacks_, la supremacía en la decoración femenina, arte bella -entre las bellas artes, dón exquisito que está en su naturaleza, en -su tradición, en su sangre? ¿Vendrá á Atenas el bárbaro á corregir á -Fidias? Los maestros de la costura parece que no toman en serio la -amenaza. No se trata de box, ni siquiera de bicicleta, en momentos en -que llegan, después del negro Taylor, los tres más terribles campeones -yanquis, que son Zimmermann, Michael y Bald, bebedores de viento; ni -se trata tampoco de algo que se puede comprar en remate en la sala -de ventas, pues de seguro Schwab, Carnegie ó Pierpont Morgan, se lo -llevarían; se trata del gusto, del buen gusto, de la gracia parisiense, -que es de París, que por ahora no puede ser de otra parte, á menos que -se produzca un cataclismo en las potencias del hombre. - -No, los maestros de la costura, los reyes parisienses de la calle de la -Paix, los árbitros de la elegancia femenina sobre la tierra, no toman -en serio la amenaza. - - * * * * * - -«Yo—dice Doucet—, no doy ninguna importancia á este incidente. Es una -de esas ideas tan americanas, que ellos, los americanos, han inventado -una palabra para designarlas: ¡el _bluff_!» Los esperamos á pie firme á -los americanos. En todo tiempo las modas francesas han dado el tono al -mundo entero. Luego, siempre se ha venido á buscar modelos á París. El -_chic_ parisiense no se expatría. Tiene necesidad del aire ambiente -para vivir. Tan cierto es, que la mejor obrera que se pueda encontrar, -después de residir dos años en el extranjero: Inglaterra, Alemania, -América, no importa qué parte del mundo, en donde trabaje, ha perdido -el gusto, la habilidad, la fantasía. La atmósfera extranjera le -habrá quitado sus cualidades parisienses y le costará mucho trabajo -recobrarlas. No creáis que exagero. El experimento se ha hecho -repetidas veces, y siempre de manera concluyente. En suma: no tengo por -nosotros ningún temor de esa pseudo cruzada. - -Las costureras americanas dicen que las turistas de su país vienen á -París á llevar modas americanas. ¿Será acaso para pagar, á más del -precio caro, los derechos de Aduana, que son enormes allá? ¡Y cómo -tendríamos nosotros modas americanas, Dios mío! - -¿Hay uno sólo de nosotros, mis colegas y yo, que haya ido á América? -«No ... mientras que los americanos vienen á pillarnos, á explotarnos, -á tomar nuestros modelos, las creaciones de nuestros cerebros, siempre -en ebullición» ... - -Por su parte, dice Paquin: «Creo que los negociantes extranjeros que -vienen á comprar modelos parisienses, tienen derecho de servirse de -ellos como de su propiedad. En cuanto á crear, no crearán nada los -americanos, como nunca han creado nada. Lo que harán será adaptar á -uno de nuestros modelos las mangas de otro, el cuello de un tercero, -y harán así á veces brotar una nota inesperada de feliz fantasía; -pero crear ... No crea belleza y elegancia todo el que quiere.» Y en -casa de Worth se contesta con esta frase: «El _chic_ parisiense es el -_chic_ parisiense.» Mademoiselle Boné afirma que «es imposible á los -americanos hacer la moda, pues no cuentan con los elementos para ello, -ni telas tan finas, ni bellos bordados, ni exquisitos encajes. Cuando -copian nuestros modelos, y siempre lo hacen, es con telas más pesadas, -que hacen perder toda gracia. En cuanto al _tour de main_, á veces lo -tienen, pero es con obreras francesas, y entonces nos combaten con -nuestras mismas armas. Pero pocas obreras de primer orden quieren ir -á América. Se hacen pagar muy caro, y no permanecen mucho tiempo. -De suerte que los americanos vuelven siempre á comprarnos nuestros -modelos.» Y madame Callot: «¡Oh! no tenemos por qué temer á las -costureras americanas. Si se establecen en París, adquirirán gusto al -contacto nuestro; pero con la condición de emplear obreras francesas -y tejidos franceses. Por lo tanto, no serían sino casas francesas que -trabajarían con fondos americanos. Eso es todo. Miss White, desconocida -antes de que el _New York Herald_ lanzase aquí su nombre, no me parece -una rival peligrosa y no doy ninguna importancia á su declaración.» Así -hablan los maestros de la costura. Tienen razón de hablar así. - - * * * * * - -Esta _guerre en dentelles_ no hará correr mucha tinta, á pesar del -_bluff_. Las agujas de Nueva York no pueden con las agujas de París. -Es á los galos á quienes hoy toca exclamar: _Effusa est in curiam -omnis barbaries_. Worth dice bien: el _chic_ parisiense es el _chic_ -parisiense. La elegancia parisiense no puede ser trasplantada. Una -gran casa de estas quiso hace algún tiempo fundar en Buenos Aires una -sucursal, en vista que la clientela bonaerense daba pingües entradas. -¿Y qué sucedió? Que después de construir una linda casa, y establecer -dicha sucursal, tuvo que cerrar ésta y alquilar la casa. Porque las -elegantes de Buenos Aires dijeron: «No; queremos ser vestidas en París. -Y por el mismo traje hecho en Buenos Aires, no pagaremos lo mismo que -en París». Y, hablando en seda, la justicia estaba con ellas. - -Si se tratase de las modas masculinas, quizás, pues los elegantes de -París siguen á los elegantes de Londres, y los elegantes de Londres -se dejan influir por los inelegantes yanquis. Dígalo si no ese -antiestético panamá, que no es panamá, sino guayaquil, el cual, una vez -adoptado, durante la temporada veraniega, por los norteamericanos, se -importó á Londres, y de Londres fué á París, en donde no había _snob_ -de club ni mozalbete de _chez Maxim’s_ que no anduviese con la cabeza -coronada por el cucurucho de pita, feo, arrugado por delante, á la -Romain d’Aurignac. - -Era un ridículo caro. Había panamás de á dos mil, de á tres mil -francos. Eso basta. Así vino la moda, de su tiempo, del ruedo del -pantalón doblado, como si se fuese á pasar un charco; y otras -invenciones anglosajonas que se reciben con placer y se imitan con -apresuramiento. - -Por lo que concierne á la moda femenina, no sé que, fuera del boston -y uno que otro baile, como el mismo _cake-walk_ de los negros, las -señoritas parisienses continúen las innovaciones del otro lado del -Atlántico. No sé que haya señoritas francesas que se incrusten en los -dientes piedras preciosas, ni que se pongan en las medias cascabelitos -de oro, para andar por el salón con el ruido de un _kings-charles_; -ni que se hagan trajes de piel de serpiente y de billetes de Banco. -No, la moda americana, exclusivamente americana, no se aclimata en -París fácilmente, á pesar de las compras de títulos nobiliarios y de -la invasión de los Estados Unidos por otros lados. Cabalmente la moda -americana ha causado en el mundo oficial recientemente un sonante -escándalo, que ha concluído con el retiro de un embajador. - -Me refiero al caso del conde de Montebello, víctima del sombrero -de su mujer. La historia es la siguiente, que los Saint-Simon, ó -los Tallemant des Réaux de la época, se apresuran á recoger: En el -almuerzo de Compiègne, cuando la venida del zar, todas las señoras de -los ministros, como la presidenta, estaban sin sombrero: solamente la -señora de Montebello no estaba _en cheveux_. Sensación. Ya se sabe lo -que son las hijas de Eva. Una vez en la mesa, el soberano ruso conversó -largamente con la embajadora, con sombrero y todo. Ya se sabe lo que -son las hijas de Eva, lo mismo ministresas que modistillas ó reinas. -En los rostros de sus compañeras vió la de Montebello que había una -tempestad. Y todavía fué poco prudente, porque cuentan que, más tarde, -una de las señoras de los ministros le preguntó, por decir algo: _Vous -allez repartir bientot pour la Russie madame_. - -Y ella le contestó: _Mais oui, ma bonne dame!_ - -La venganza ministerial llegó por fin, y el conde de Montebello no es -ya embajador. Todo por el sombrero. - -Ahora, ¿estaba correctamente la embajadora, en el almuerzo, con -sombrero? Una autoridad, el príncipe de Sagan, no ha podido dar su -opinión. Se ha pedido la del director del _Gaulois_, Arthur Meyer. Yo -hubiera preferido la del general Mansilla. Meyer ha contestado que sí. -«Porque esa es la moda.» Un joven _arbiter elegantiarum_, competente -autoridad, por su saber y distinción mundanos, agrega: «M. Meyer podía -decir también que esa es la moda «americana», y que el sombrero para -almorzar nos ha venido de los Estados Unidos. Existe en Francia, para -esa especie de casos que dan lugar á controversias, una referencia -excelente y una autoridad infalible: la tradición. Ella está hecha de -gusto, de _savoir-vivre_, de experiencia, de una práctica secular de -las cosas de la etiqueta. La tradición, mejor que todos los tratados de -ceremonial y que el código de los usos á la moda, indica la manera de -acomodarse según las circunstancias. Solamente la tradición no se -adquiere. _Il faut y être né_, como decía el conde d’Orsay. Viejas -señoras de provincia, un poco ridículas, con sus atavíos pasados de -moda, tendrán siempre, en esas cuestiones de etiqueta, más tacto y más -gracia que la más elegante de las americanas». ¿No es esta la mejor -respuesta á la plutocracia triunfante? - - * * * * * - -Ahí tenéis un caso en que el americanismo importado por una parisiense -como la señora de Montebello, que, fuera de todo, es una hermosísima -mujer, ha causado en la sociedad francesa un asunto ruidoso, y en el -mundo de la diplomacia una catástrofe, cuya principal víctima es su -excelente marido, poco simpático, por otra parte, al actual Gobierno -republicano, aunque su nobleza, muy reciente, se la deba á la República. - -Los americanos no pueden legislar entre los atenienses sobre aticismo, -entre los parisienses sobre gracia y elegancia, entre los aristócratas -sobre distinción y _tean_. - -A propósito del matrimonio del conde Boris de Castellane con Miss -Gould, decía, apenas pasada la boda, una fina lengua bulevardera: -«Mientras su padre viva él no podrá ser sino el segundo de su familia -por el _sprit_.» Mientras su madre aparezca en los salones su esposa no -será sino la segunda en rango. Pero la pareja buscará la inteligencia -del lujo; el conde de Castellane debe tener el _home_ de una mujer que -hubiera «nacido», no en el palacio de una _parvenu_. Y si da comidas, -los invitados deberán ser más escogidos que los _menus_. - -Y en la guerra de los encajes y de los sombreros, de los corsés y de -las enaguas, el Tío Samuel debe limitarse, por ahora, á comprarlos -hechos en París. - -[Ilustración] - - - - -COSAS DE SHAKESPEARE - - -ENFONCÉES _les républiques de l’Amérique latine, mon cher!_ -Así comentó un mi amigo, francés, la noticia de la carnicería -serbia. La reina Draga desventrada; el rey asesinado con exceso de -crueldades; los cuerpos desnudos tirados al patio por una ventana; -otros cuantos muertos en el Konak por la soldadesca traidora y -borracha. No. Hay mucho que huele á podrido en las repúblicas de la -América Latina; pero se debe confesar que aun en las más atrasadas -no se ven horrores iguales á los que acaba de presenciar el mundo en -Belgrado. Sin embargo, aquí no se ha gritado, como cuando llega la -noticia de una revolución hispano-americana: _Ah, les rastaquoueres! -Ah, les sauvages!_ Discretos escritores sí lo han dicho con elegantes -modos; pero si la cosa hubiese pasado en esas _petites républiques_, -hubiésemos aparecido una vez más en los periódicos como vistosos -caníbales y tramposos antropófagos. La tragedia serbia ha sido, en -verdad, shakesperiana, de un Shakespeare de última hora; pero muy -nocturnamente bárbara y muy final de _Hamlet_. El finado Moratín lo -certificaría con espanto. - -Un reyezuelo degenerado, que se encadena por una pasión viciosa á una -bella mujer, llena de seducciones y de ambiciones. Una Corte hirviente -de intrigas, una claudicante política, un pueblo humillado, militares -celosos, nepotismo áulico, miserias doradas, y luego la traición y el -asesinato. Para llegar á lo shakesperiano, un poco de Suetonio y otro -poco de Daudet, del Daudet de _Los reyes en el destierro_. - - * * * * * - -Todo el mundo sabe quién fué el rey Milano, el gordo calaverón que -hacía el monarca sin trono en París, gastando estúpidamente el dinero -del pueblo serbio, el tunante de bar y círculo, equívoco jugador, -innoble bebedor, que pagaba á 180 francos la botella de vinos malos -y andaba de conquistador entre pelanduscas y suripantas, gozosas de -morganáticos afectos. Todos saben cómo vivió y murió el marido de -la reina Natalia. Y por la herencia física y moral que dejara á ese -pobre y nulo muchacho, que han despedazado los conjurados en el Konak, -es Milano el primer culpable de la tragedia sangrienta que deja á -los Obrenovich sin cabeza para una corona, á no ser que empiecen á -aparecer hijos de Milano por todas partes, y entonces serán cabezas de -nunca acabar. Milano, con sus vicios, por un lado; Natalia, por otro, -con su orgullo; el joven Alejandro, que no tenía nada que agradecer -á la Naturaleza, recibió una educación precaria, se desarrolló sin -afecciones; apenas su adolescencia despierta, es la dama de honor de -su madre, la hábil Draga, la que le domina con la más irascible de -las dominaciones. Con el vergonzoso ejemplo paternal quiere una vez -el rey gobernar y reinar, al par que imponer á su pueblo los caprichos -de la barragana elevada al trono, caprichos de burguesa endiosada y -vengativa. ¡La desventurada mujer apenas tiene la excusa de haber sido -muy hermosa! Se citan, á propósito de ella, estos versos terribles de -Villiers de I’Isle Adam: - - C’est la femme qu’on aime cause de la nuit - el ceux qui l’ont conue en parlent á voix basse. - -Hay también, como en Villiers y como en Elemir Bourges, negras intrigas -y emponzoñados complots que un día tendrán que estallar, por los -antiguos amantes olvidados y las rivalidades celosas y las vanidades -heridas. Para mayores complicaciones, la antigua dama de honor había -de ser infecunda. Y las naciones presenciaban la comedia grotesca de -un embarazo falso y una paternidad despechada. El rey vulgar, casi -imbécil, se divertía con aparatitos que imitaban el burro, el perro, -el gato y el cerdo. Era una _gaga_ joven, ó un joven _gaga_. No supo -halagar á ningún partido, ni formarse un sostén seguro. No tenía más -apoyo que los brazos blancos de Draga. Así, llega la noche de los -asesinatos. El más verídico de los narradores de esa noche horrible -cuenta de esta manera: «Doscientos ó doscientos cincuenta oficiales -estaban en el complot. Se trataba de penetrar al palacio, cuyo servicio -de guardia—hasta el matrimonio—fué hecho por tropas ordinarias. Desde -el advenimiento de Draga el rey había formado dos regimientos de tropas -escogidas, á pie y á caballo. Precaución inútil ... En la noche del -miércoles los oficiales conspiradores esperan la hora propicia en el -club ó en sus casas. Se bebe, se bebe mucho. Se excitan. Se canta, por -irrisión, canciones en honor del rey y de la reina. Un poco antes de -las dos de la mañana los oficiales van á los cuarteles á buscar á sus -hombres». - -El teniente coronel Michitch y el comandante Luca Lazarevitch están -entre los más resueltos. A las dos el palacio real es rodeado por el -6.º regimiento de Infantería, algunos destacamentos del 7.º y del 8.º, -los oficiales del curso superior de la Escuela Militar y tres baterías -del 4.º regimiento de Artillería. Se deja á las tropas á alguna -distancia, y 40 oficiales se presentan á una de las rejas del palacio -real. Es la puerta de entrada que se usa para ir al Konak cuando se -llega por la calle Milano. Se sigue la avenida y se entra al palacio -por una gran puerta, cerca de la cual hay oficiales de guardia y gentes -del servicio. La primera puerta es franqueada sin dificultad por los -conjurados; cómplices la habían dejado abierta. La segunda debe abrirla -Naumovitch.—Naumovitch es uno de los oficiales en cuya fidelidad -reposa la seguridad de los reyes: ha prometido traicionar. Pero cuando -los oficiales se presentan en la segunda puerta, Naumovitch no está. -Sin duda duerme. No se le esperará. Los conjurados, precavidos, llevan -dinamita. La dinamita no sirve de gran cosa, y el segundo cartucho -mata al traidor Naumovitch, que llega. Milkovitch, capitán fiel, se -despierta, hace frente, y lo matan. El Konak está en tinieblas. La -dinamita ha cortado los hilos eléctricos. Se encienden algunas bujías. -Petrovich, ayudante del rey, es también muerto. Fijaos en estos -detalles: - -«Los conjurados piden á Petrovich que les guíe á la cámara real. Él -parlamenta, para ganar tiempo. Pero los oficiales no se dejan distraer. -La luz de las bujías sube por la gran escalera y se esparce en los -salones del primer piso. Las hachas, los sables desnudos, muerden al -paso los muebles preciosos. La rabia de los asesinos, en esa obscuridad -horadada de llamas pálidas y temblorosas, se manifiesta con los -objetos inanimados. Petrovich cae, gritando, junto á la cámara real. -Y el rey y la reina, que han oído el ruido sordo de la dinamita, -los pasos precipitados de los oficiales en el _hall_, los primeros -tiros, la subida por la escalera, la pueril batalla contra los -sillones desventrados, el rey y la reina han podido percibir, última -advertencia, el ronquido agónico de Petrovich. La puerta de la cámara -real ha cedido al hacha. El lecho está vacío, el cuarto vacío. Momento -de terrible angustia para los asesinos. ¿Si los reyes han podido huir? -Buscan, alumbran debajo de la cama, en los rincones, tocan los muros. -El silencio de esta rebusca angustiosa es roto por un grito de triunfo». - -Bajo una vasta colgadura, en el fondo de la cámara, enfrente del gran -lecho, un oficial acaba de descubrir una puerta disimulada. Es una -especie de aposento con armarios para _toilette_ de la reina. En el -rincón de la izquierda, el rey y Draga vivirán aún algunos instantes, -pues casi todas las velas se han apagado. Están vestidos con sus -camisas de noche. Hacen frente á los matadores. Luego, los balazos y -los sables que cortan las carnes. Hay tres pequeñas ventanas en la -pieza en que muere la dinastía de los Obrenovitch. Draga se asoma y -grita: «¡Socorro!» Los gritos se pierden en el silencio; pero un rayo -del alba viene á alumbrar el fin del drama. Mueren. - -Y el rey, ese rey cuasi imbécil, ha tenido un bello gesto de muerte: -«Quiero que se me deje morir con Draga en mis brazos.» Y en sus -brazos blancos, de amor y vicio, muere. La soldadesca ebria arroja -los cadáveres desnudos por una ventana. Es un instante en que reviven -escenas del bajo imperio. Los dos hermanos de Draga mueren también sin -bajeza. Piden fumar un cigarrillo cuando los van á fusilar: lo fuman, -se besan, y entran en la muerte. Y el día alumbra la sangre y la -venganza. Las músicas militares tocan por las calles y plazas, mientras -la ciencia llega á revolver los cadáveres y á revelar, con el bisturí, -en Alejandro: «Degeneración é infiltración grasosa del corazón; -degeneración grasosa del hígado; cráneo espeso, de trece milímetros; -espesor precoz de las meninges, con petrificación parcial; la duramater -del lado derecho pegada á la píamater ...»; y en Draga la bella: -«Comienzos de tisis cicatrizados; cuerpos fibrosos», etcétera; antiguas -máculas, viejas miserias de enfermedad. ¡Triste y miserable y doloroso -cuadro! - -La oración fúnebre es de un soldado, y es también digna de Shakespeare. -El soldado es un rudo gañán serbio, que lavó el cuerpo. Dijo: - -«—¡Estaba bella en la muerte!» - - * * * * * - -Entretanto, un rey nuevo, flamante, es proclamado. Pedro I, burgués de -Ginebra, va á hacerse cargo de la corona serbia. - -Y en París, como en el bello libro de Daudet, vive la familia de los -Karageorgevitch, que entra á Belgrado en triunfo. Y hay un príncipe -Bodjjar, artista, soñador y artífice, que tienen amigos poetas, que -fabrica bellos anillos, esculpe hermosos bustos y hace encuadernaciones -de gran valor. Y hay un príncipe Arsenio, que tiene sus amigos entre -los trasnochadores de los _bars_ de lujo, que juega y tira el dinero, -que bebe en compañía de inútiles mundanos y de cocotas el _cocktail_ -áspero y el amable champaña; y que, cuando entró al _bar_ de la calle -Helder el día de la gran noticia, fué saludado alteza por la clientela, -entre taponazos y banderas serbias. - -—¡Brindo por tus treinta y cinco millones!—dijo una de las alegres -muchachas de á tantos luises. - -Y sonreía el príncipe del _bar_. - -Pero es que tú, lector, ¿irías tranquilamente á vivir al Konak? - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -REYES Y CARTAS POSTALES - - -LA tarjeta postal, en estos momentos, es una de las más -animadas expresiones de la actualidad. Sus comentarios gráficos de los -más notables sucesos serán más tarde inapreciables documentos. Pintan -el estado de ánimo, el humor, la opinión de la generalidad. Con motivo -del viaje de los reyes de Italia, ha habido una abundancia de tarjetas -que no se ha visto en otras ocasiones, ni cuando la llegada del rey de -Inglaterra, que se prestó á muchas ocurrencias y juguetes de ingenio. -Sin pretender á las hábiles tareas de un John Grand Carteret, ó de -un Octave Uzanne, procuraré daros una idea de ello en este «tímido -ensayo», que me atrevo á llamar filatélico. - -Desde el anuncio de la visita de Vittorio Emanuele y Elena, aparecieron -las primeras tarjetas, junto con las primeras canciones y el himno real -italiano. Eran simples retratos y caricaturas con el vulgar motivo -parisiense de _Viens, Poupoule_ ... Puede decirse que no había en el -pueblo una completa idea de la transcendencia del acercamiento de -los dos jefes de Estado. La Prensa aclaró las cosas, y entonces, -los autores de tarjetas, ilustrados por los periodistas, comentaron -é ilustraron á su vez el acontecimiento. Cuando los reyes llegaron -circuló ya una buena cantidad, y en los días de su permanencia la venta -fué crecidísima. Pueden dividirse en tres clases las tarjetas: - -Primera. Las que representan retratos solos, ó retratos con alegorías. - -Segunda. Las que se refieren simplemente á la llegada de los soberanos -y caricaturizan cosas municipales y nacionales. - -Tercera. Las que, llenas de intención, entran en la política exterior. -Os expondré unas y otras. - - * * * * * - -Las primeras son copiosas, copiosísimas. Una se compone de dos -banderas, italiana y francesa, con los respectivos retratos de Vittorio -Emanuele y M. Loubet. Y bajo ellos unos compases de la Marcha Real y de -la Marsellesa. - -Otra: bandera italiana, vivos colores. En el centro, entre dos escudos -ornados de olivo, y coronados por la corona real, los soberanos. Abajo, -compases de la Marcha Real. - -Chillona, ultrapopular, otra, entre el escudo italiano y otro con la -R. F. enlazadas sobre haces y dos banderas francesas, una pintoresca -Italia, de faldas rojas y corpiño verde y una no menos pintoresca -Francia, de falda verde, corpiño rojo y gorro frigio, con el pabellón, -se dan la mano sobre el retrato pésimo del rey. Abajo: «París, Octubre -1903.» - -Otra _criarde_: sobre un vago continente, en que se distinguen bien -la bota de Italia y Francia, flotan dos grandes pabellones, y sobre -los dos grandes pabellones, un águila con las alas abiertas y una -corona de olivo en el pico, une las dos astas. Retratos de Loubet y -Vittorio Emanuele, bajo una composición blanco y negro, que representa -un paisaje, una villa y tres soldados de la guerra de Italia. Arriba: -«1859» y á un lado: «Solferino, Magenta.» - -Retratos de los reyes y M. Loubet, armas de Italia, una testa de -león, y, sobre todo, abrazadas las dos naciones hermanas, que semejan -dos modistillas. El presidente y el rey. A un lado, armas de Saboya, -corona, haces, ramo de olivo, monograma de la República Francesa, y -arriba el gallo galo, lanzando un orgulloso cocorocó. En el fondo, -sobre un resplandor solar, _Liberté_, _Egalité_, _Fraternité_. Hay otra -con idéntico motivo, pero con distinta colocación de detalles. Un rey y -un presidente, en altorrelieve coloreado, y que parecen _bons-hommes_ -de pim pam pum, se estrechan seriamente la diestra. Arriba, los -correspondientes escudos. Un lamentable busto del monarca, entre dos -banderas de las sororales naciones, sufre el aspergeo de flores de una -República de buenas carnes. En el zócalo: «A Víctor Emanuel—Octubre -1903.» - -—Retratos del rey, la reina y el presidente, sobre un confuso dibujo -que significa á M. Loubet presentando á la reina á las mujeres de -Francia. Esto entre dos muñecas que asen sendos ramos de olivo. -Leyenda: _Dediée par les fammes de France.—A sa majesté.—La reine -d’Italie._ - -No cuento los innumerables clisés fotográficos reproducidos, con la -figura de sus majestades, como los de Toppo, de Nápoles, y Brogi, -de Florencia; y los bustos, con escultograbado. Pero ellos han -popularizado la imagen del rey, y hecho admirar la belleza de esa -reina, por todos puntos encantadora. - -Las que se refieren á la llegada de los soberanos son asimismo -variadísimas, aunque, por lo común, de muy escaso mérito; pero repito -que se trata de expresiones populares, y no de trabajos artísticos. En -una, de movimiento, tirando de un cartoncito, M. Loubet, que está ante -el tren real, en compañía de M. Combes y del general André, se inclina -en un respetuoso saludo, mientras aparece el rey por una portezuela, -y un letrero en otra: «Viva Víctor Emanuel III.» En otra, tirando del -susodicho cartoncito, rey y presidente se saludan y se dan un abrazo. - -Hay una _scie_ reciente, en París, tan tonta como todas: _T’en as un -oeil!_ Eso no quiere decir nada y se aplica para todo. Es un término de -compadrería parisiense. He aquí una tarjeta que se llama _T’en as un -Macaroni_. La cabeza real surge de un montón decorativo de _macarroni_. -_C’est bete_; pero á la gente le gusta. Una serie presenta la llegada, -la rue Royale, en Versalles, la comida de gala, y la revista, en muy -feos monos pintarrajeados. No hay ni gracia, ni intención, ni nada; -pero eso se vende. El automovilismo tiene su parte. _Rome-Paris—Plus -d’Alpes!_ Eso indica un camino nevado, en la cordillera alpina, y un -grupo de aldeanos que saludan al paso de un _auto_ en que viene el -deseado Vittorio Emanuel. Es un fotograbado. En otro automóvil, y -parodiando el número sensacional de un ciclista de café-concert—«la -flecha humana»—llegan los reyes por un plano inclinado, á dar el gran -salto. El presidente, risueño, les espera con los brazos abiertos, -teniendo al lado un contrahecho Delcassé. Eso se llama _La fleche -royal_. Y la aerostación: en dos globos, sobre barquillas de fantasía, -y en trajes chillones, presidente y presidenta, rey y reina, contemplan -una revista de tropas. - -Hay otras, sin mayor chiste, que circulan también en profusión. -Vittorio Emanuel desciende del tren, con dos cajas de _macarroni_ y su -valija, y el presidente le sale al encuentro, con un Delcassé chico -que le tira de los faldones, y un general André largo, que lleva una -botella de pernod. Abajo: _Viens, totor, viens_, y, _T’en as un oeil_. -Menos mal hecha otra, ofrece á un Delcassé marmitón ante una cazuela de -_macarroni_, de la cual saca dos que rematan en las testas del rey y -del presidente. Ese está bautizado: _La bonne cuisine_. - -Conocida es la sonrisa habitual del jefe de la República francesa. Helo -aquí, recibiendo en la estación al amado primo, que llega vestido de -bersaglieri, y como le encuentra más sonriente aún que él: _Ah mince -alors! Tu l’as le sourire!!_ Tras el presidente, Delcassé, amarillo, le -lleva el sombrero, y André, negro y rojo, presenta la espada. - -No podía dejar de aparecer el cuento de la tiara de Sait Aphernes. En -una tarjeta, al darse la mano, le dice el rey á M. Loubet:—_¡T’en as -une tiare!_ En efecto: el excelente señor está casqueado de oro con el -famoso artefacto. - -No falta el Loubet vestido de mujer, en las rodillas del rey, -abanicándole con el abanico de la Paz, mientras él se fuma un gordo -habano. El autor de la caricatura ignora que el rey de Italia no fuma. - -Aquí M. Loubet recibe al rey y á la reina; Delcassé lleva la cola del -traje real. André sonríe. Y arriba inscripciones: «¡Evviva Francia! -¡Evviva Italia! ¡Evviva Napoli! ¡Evviva Garibaldi!» Lepine, con un gran -palo, guarda el orden ... - -Ved ésta: el rey, con su gran penacho, va á ver á M. Combes: _Pour vous -ma premiére visite: merci mille fois, mon cher, de mavoir envoyé les -Chartreux. C’est un tresor inespére pour l’Italie, et pour moi!_ En -otra, dos muchachonas mal esculpidas, portando las banderas de los dos -países, se dan la mano, bajo una estrella de oro y la inscripción: -_L’aliance latine_. Y como no falta aquí lo _rigoló_ y todo es con -la mejor intención del mundo, hay una _carte postale_ en que sus -majestades, en el Jardín de París, se lucen en un _chahut_ desenfrenado. - -Y pues de danza hablamos, ved las que á la danza se refieren: -M. Loubet y el rey, entre los escudos nacionales, bailan el -_cake-walk_. M. Loubet y el rey, mientras Delcassé pistonea sobre un -plato de suculenta pasta, bailan otro _cake-walk_, ente espirales -«macarrónicas».—_L’invitation á la valse_: Unos cuantos niños se -divierten. Dos bailan y tres ven bailar. Demás decir que los que -bailan son presidente y rey. Nicolás mira con envidia; Eduardo, -con asombro. Allá, medio escondido, asomando la cara, con envidia, -está el niño Guillermo. Está bien compuesta. Se diría una página de -_Caras y Caretas_.—Otra danza: el presidente, que, como se sabe, es -de Montelimar, hace un vis á vis con Vittorio Emanuel. El uno lleva -una caja de _nougat_ y el otro un plato de la pasta nacional.—En -otra, al son que tocan sus respectivos cancilleres, Loubet-Francia, -pandereta en mano, hace pareja con el rey, alegre. Eso es el «Concierto -franco-italiano» «¡Evviva la Francia! ¡Evviva la Italia!» «¡Evviva -Vittorio Emanuele! ¡Evviva Loubet!» - -En la _danse du nougat_ el rey baila malabareando con los paquetes -de _nougat_ que le tira su consorte, y del cual Delcassé, vestido -de egipcio, sostiene un gran plato. El presidente toca el -violín.—_Penses-tu? Penses-tu? Penses-tu? Qu’ca reussisse?..._ La -pregunta es intencionada, ante otro _cake-walk_ político que la reina -contempla. En otro dibujo aparece ya Rusia. El presidente, el rey -y el zar danzan en ronda. En otra, Delcassé, los pies para arriba, -está junto á los dos grandes y buenos amigos, que se agitan en un -paso de _quadrille_. Y en otra, Inglaterra toma también parte, y cada -cual baila su són: Víctor la tarantela, Nicolás una difícil gimnasia -nacional, Eduardo la gigue, y Loubet ... el _cake-walk_. - -He aquí: mientras una espesa Mariana se lanza á una audaz coreografía, -Víctor la solicita: _Viens Poupoule!_ Y ya en otra tarjeta, la tiene -asida del talle:—_Encore un baiser, veux tu bien?—Un baiser, n’negage -á rien....?_ El autor de estas dos últimas debe ser español, al menos -de origen, pues firma Morales. - -Por último, _Le cercle de la vie_: el rey y el presidente, en -bicicleta, mientras Delcassé les contempla, realizan la peligrosa -suerte que en un _music-hall_ se llama «el círculo de la muerte». Y la -que representa á Loubet, de gallo, ante sus majestades. Loubet: «¡Qué -grata sorpresa!» Emanuel: «Su majestad ha querido conocer vuestra fina -sonrisa.» Y á un lado, Eduardo:—_Ah, ce qu’on rigole á París!_ Y -allá lejos, como un rey salvaje, el emperador del Sahara:—_Moi, s’il -m’invite, je n’irai pas!_ - -Para concluir he dejado las más picantes é incisas. En una, M. Loubet, -disputado por Eduardo, Víctor, Nicolás y Guillermo; uno le tira por -un brazo, otro por otro, y los demás por los faldones del frac: -_Decidement, on se m’arrache!_ La «Nueva Tríplice» es un hombre de tres -cabezas, las de Víctor, Loubet y Eduardo. Cerca el zar mira admirado; y -allá, en el fondo, Guillermo, cruzado de brazos, contempla afligido, y -tras él Francisco José no sabe qué hacer. - -Una muy epigramática: El zar, _knut_ en mano, lee las noticias de -París, y exclama: _Je tremble! Qu’Emmanuel ne lui fasse un emprunt; -j’en ai tant besoin!_ - -En «El eclipse» se interpone entre Loubet, por quien es atraído, y -Guillermo, que le quiere detener por los pies, el rey de Italia. - -Proclamando que la unión hace la fuerza, se ven otra, junto á Loubet -y el zar juntos, Eduardo y Víctor Manuel, que llegan á juntarse; y -allá lejos, saludando militarmente, ¿por qué no?, acude Alfonso XIII. -«Querido, lo siento mucho; pero os tengo que dejar á la puerta.» Quien -así habla es el rey de Italia, con su aliado y amigo el emperador -alemán. Allá en la frontera, tras los Alpes, saca la cabeza Loubet, que -aguarda. - -Dos macabras: En tanto que el tren va camino de París, al dejar Modane, -surge ante el rey italiano un espectro, como otra vez el de Jesús ante -Pedro:—_Quo vadis, Emanuele?_ Y en otra que se llama «La pesadilla de -ultratumba», Crispi y Bismarck se alzan de su sepulcro, ante Víctor y -Loubet, que de buen humor les gritan:—_Ohé, Crispi! t’en sa fait une -gaffe! Ohé, Bismarck, t’en as un oeil!_ - -Y la que puede dar la _mot de la fin_: - -Víctor Manuel vuelve de París y se encuentra con su amigo Guillermo: -«¡Dichoso tú, primo! ¿Cuándo me toca á mi?...» - -Hay más filosofía que la que se cree en esos pedacitos de cartón. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -JOLI PARIS - - -UNO de los primeros libros que despertaron mi imaginación -de niño: las _Mil y una noches_. Uno de los preferidos libros, -que actualmente releo con invariable complacencia: las _Mil y una -noches_. Antes leía la única versión española, aún más expurgada y -traidora que la francesa de Galand; hoy me recreo con la literal de -Mardrus, en su libertad de verbo y figura y su prestigio oriental, tan -maravillosamente transpuesto. Allí concebí primeramente la verdadera -realeza, la absoluta, la esplendorosa. Allí se me aparecieron, allí—y -en los «nacimientos» ó «presepios», con Melchor, Gaspar y Baltasar—los -verdaderos reyes, los reyes de los cuentos que empiezan: «Este era un -rey ...» - -Reyes de Oriente, magos extraordinarios; reyes que tienen jardines -donde vagan libres leones y panteras, y en que hay pájaros de dulce -encanto en jaulas de oro ... Reyes con tantas mujeres como el rey -Salomón, y piedras preciosas como huevos de paloma, y esclavos negros -que cortan cabezas, y pipas en que humean tabacos que huelen á esencia -de rosa ... Reyes que se parecían al belga Leopoldo como un clavel á un -cepillo de dientes, ó un pavo real á un impermeable. - -El original y picante Luis Bonafoux cuenta, en una de sus impagables -crónicas, su desilusión cuando el rey de Siam, no sé en dónde, le -preguntó apurado por cierto lugar ... _Si non é vero_, está muy -bien contado. A mí no me ha preguntado por nada el cha de Persia, -_Mouzaffer-ed-Dine_, pero le he visto varias veces, con su levita, -su gorro, sus diamantes, sus bigotes largos y grises, y su cara de -fastidiado, de muy fastidiado; y confieso que me ha destruído una -ilusión más. No importa que se describa en los periódicos el trono -suyo de Teherán, todo de oro y pedrería, y un pavo real también hecho -de oro y gemas luminosas; ni la esfera en oro macizo en que los mares -están representados por innumerables esmeraldas, el Africa por rubíes, -la Persia en turquesas, Francia é Inglaterra por diamantes, y los -otros países por diferentes piedras preciosas; sin saber que cuando -da una audiencia—siempre allá en Teherán—ofrece en una caja rubíes, -zafiros, esmeraldas, diamantes, perlas, turquesas, como quien da un -cigarrillo ó una pastilla. Cuando le he visto, se me ha parecido á -todo menos á un «rey de reyes», como sus antecesores y mis ilustres -tocayos los Daríos, más ó menos ocos ó codomanos, pero admirables en -el prestigio de su poética gloria y en la grandeza semidivina de las -leyendas. Gracias á los Dieulafoy podemos admirar en el Louvre aquella -civilización ostentosa y potente, bajo aquellos conquistadores de la -India, vencedores del macedón y del tracio, que no iban á tomar curas -en los Contrexeville de la época. - -La impresión que tengo del cha, es que es un señor que se aburre -soberanamente, y á quien le importa un comino todo lo que no sean -las «cositas» de París, ó las berenjenas con queso ó sin él; á las -berenjenas las adora, y en el Elisée-Palace-Hotel, donde vive, y en -todo lugar oficial en donde come, hay que servírselas irremisiblemente. -Y en cuanto á su manera de pensar sobre el país que hoy le acoge y le -festeja, se resume en la única frase de francés que sabe, y que repite -para todo: _Joli Paris! Joli Paris!_ - -A este propósito cuenta un indiscreto la visita que acaba de hacer á su -majestad persa el ministro de la Guerra, general André. Lo primero que -dijo el cha al ministro, al estrecharle la mano, fué: _Joli Paris! Joli -Paris!_ Luego, ya sentados, le señaló una tabaquera incrustada de las -indispensables piedras que sabéis, y le dijo en su idioma: _Kerli_, lo -cual quiere decir tabaco. Tradujo la palabra el intérprete imperial, -Freydoun Montazem Saltanek. El general tomó un cigarrillo, y el gran -visir, haciéndose el pillín, como dicen en España, le ofreció fuego en -un aparatito eléctrico. El general André encendió, y en ese momento el -aparatito se puso á tocar el _Vals des anglais_. Y el cha, que esperaba -la sorpresa del general, con los ojos alegres, contentísimo: _Joli -Paris! Joli Paris!_ - -Después, se puso hablar en persa con su ministro en París, el general -Nazare-Agha. Y éste tradujo al ministro de la Guerra: que su majestad -estaba muy deseoso de conocer el nuevo fusil del Ejército francés, «el -fusil con que V. E. acaba de armar tropas». - -André se quedó asombradísimo, aún más que con lo de la cajita de -música: «No hay ningún fusil nuevo—dijo—. Ya he tenido el honor de -mostrar en persona á S. M. nuestro armamento, cuando nos visitó el año -pasado.» El cha, á quien se tradujo esa respuesta, pareció no darse -bien cuenta de ella; pero para no darse por vencido, se puso un poco -serio, y luego, dirigiéndose al ministro, sonriente: _Joli Paris! Joli -Paris!_ - -Como le invitasen á ir á las maniobras, contestó que iría con placer; -pero cuando supo que había doce horas de ferrocarril, manifestó que -no iría, pues no le place viajar mucho en ferrocarril. No faltó el -regalo. Ofreció al general André un estuche con una cigarrera—demás -está decirlo—de oro y piedras preciosas, con su cifra grabada. Luego -fué la despedida. Antes de partir díjole el general el último oficial -cumplimiento. El cha se puso á mirar las muchas condecoraciones de -André. Y como viese sobre todas el cordón de la Orden del León y del -Sol, su Orden, dijo, señalándosela, en persa: «La Orden del León y -del Sol no podría recompensar á un militar más ilustre, á un jefe más -valiente, á un ministro más esclarecido.» Y luego, en francés: _Joli -Paris! Joli Paris!_ Mouzaffer-ed-Dine es un estimable filósofo. - -En el lugar donde ha estado últimamente «en _villegiature_», un -quiromante mundano consiguió que el potentado oriental le diese á -estudiar su diestra. He aquí el resultado: «La línea de cabeza del -soberano es casi nula; sin embargo, es fina como un cabello femenino, é -indica aptitudes diplomáticas». La línea del corazón, por el contrario, -se desenvuelve majestuosamente, sembrada de islotes, de meandros rojos, -que indican pasiones carnales violentas y complicadas. La línea de -vida es débil, pero prolongada; días largos y malestares constantes. -Su Majestad es glotón—¡aquí de las berenjenas!—y se inclina á hacer -trampa en el juego. El Monte de Mercurio tiene un desarrollo normal: si -el cha no fuese un poderoso monarca, sería un comerciante de mérito. -Pero lo que está sobre todo en su real mano, es la línea de las artes. -Entre las manos «conocidas» la del pintor Carolus-Duran, es la que más -se le parece. Si el cha pintase, escribiese, triunfaría. Y el cha no lo -hace. ¡El cha es un señor muy cuerdo! - -No creamos en las quirománticas rayas, ni dejemos de creer. El cha -será un gran diplomático natural, y desde luego más culto que su -difunto padre, que se limpiaba los dedos, después de comer, en los -ricos cortinajes de los palacios en que se le hospedaba. Aunque la -diplomacia y la buena educación pueden estar muy desunidas, como en el -chino Li-Hung-Chang, de sonora memoria; pero, lo que es el protocolo, -gime por él á cada paso. El cha no admite programas, ni disposiciones -anteriores. Cada vez que se anuncia que ha de ir á alguna parte, él, -en el momento de subir al coche, ó al automóvil, da orden de ir á -otra parte. _Il s’en fiche_ de M. Crozier, de M. Mollard, de todo el -personal del palacio d’Orsay, y de M. Lépine, con su Policía. Como no -habla más que persa, no conversa más que por medio de sus intérpretes, -y allá las cosas que les dirá de cuando en cuando. A pesar de la -opinión quiromántica, no parece que el rey de reyes sea muy aficionado -á las damas. Quizás será que, dueño y señor de tantas, allá en Persia, -se encuentra ahito. Sin embargo, ¿cómo no ha de haber encantado su alma -de primitivo, su espíritu de Oriente, esta joya humana, este _bijou_ -con vida que se llama la parisiense? Yo me figuro que es esa una de las -cosas que más le atraen en esta capital de atractivos. _Joli Paris!_ - -Taciturno, como cansado, lleva este hombre raro su vida de Camaralzamán -moderno, contagiado, aunque no tanto como se quisiera, de la enfermedad -occidental, de la fiebre de progreso. Trajo diez millones, como -dinerito de viaje. Ya se le acabaron. No importa. Pedirá otros diez. -Compra todo lo que le gusta; y al bárbaro que hay en él le gusta, como -al niño, lo que reluce, lo que hace ruido, lo que sorprende. Compra -cajas de música, lámparas eléctricas, juguetes, espadas, bronces, -muebles. Compra pájaros disecados, anillos, medallones, escopetas y -automóviles. Sobre todo automóviles. Tiene ya como treinta, allá en -Teherán. Los compra de todas las marcas. Los regala á sus ministros -y á sus amigos. Para su uso particular tiene de los mejores, de los -hipogrifos que hacen una enormidad de kilómetros por hora. Se ha -llevado á uno de los mejores _chauffeurs_ de París. Cuando sale con -él, le dice: «Muy despacio.» Y el imperial _auto_, que es muy cómodo y -lujoso, no va más ligero que un carruaje cualquiera. El cha es un sabio. - -Mouzaffer-ed-Dine es un sabio; daría seguramente todo lo que tiene por -la camisa del hombre feliz. ¡Se aburre! He ahí su mal; no los riñones, -ni el estómago. El otro día decía un obrero parisiense al verle pasar: -«Le hacen falta cuidados. Si tuviese algunas «molestias», se molestaría -menos.» Es la verdad. Tiene la desgracia del hombre á quien no le -falta nada. Cuentan que el príncipe imperial, en tiempos de Napoleón -III, un día que veía desde las Tullerías jugar á unos niños pobres, -bajo la lluvia, dijo á la emperatriz, que acababa de regalarle como -presente de Noel una linda y rica colección de juguetes: «Mamá, yo te -pediría otra cosa mejor». «¿Qué?» «Déjame ir á meterme descalzo, en ese -«hermoso lodo» que hay allí afuera ...» El cha no ha tenido hermosos -lodos en su vida. Y ha tenido, en cambio, una existencia de honores -continuos y placeres. Su soberbia, su gula, su lujuria, su cólera -han estado siempre satisfechas. Es señor de vidas y haciendas. Tiene -harén y verdugo. No hay cosa que haya deseado que no la haya tenido -inmediatamente. Si no ha tenido la luna, es porque no ha querido. -Seguramente no le ha picado nunca un mosquito, ni la pulga del cuento -de Víctor Hugo. Hay mil ojos que velan sus sueños y que inspeccionan -sus vigilias. El oro y las piedras preciosas no tienen ningún valor -para él. El amor le ha sido negado y la voluptuosidad le ha hartado -y quebrantado. Alá le ha librado hasta ahora de los babistas que -asesinaron á su padre Naser-ed-Dine, y de los anarquistas de otras -tierras. Y él se fastidia, se fastidia soberanamente. Viene á París, y -el pueblo le aclama, y se siente feliz, y toma una cantidad increíble -de naranja y se deleita con la leguminosa consabida. El pueblo -parisiense le ve pasar; le escribe cartas pidiendo todo lo que se puede -pedir: le grita ¡viva! como á Krüger, como á Ranavalo, como á Cristina, -como á la reina de las lavanderas y como á cualquier rey de oros, de -copas, de espadas ó de bastos ... - -_Joli Paris!_ - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -DIVAGACIONES SOBRE EL CRIMEN - - -EL canónigo Rosenberg-Montrose y el banquero Boulain han sucedido en la -celebridad de las fuertes estafas á la novelesca madame Humbert. - -Un canónigo que roba con la mayor sangre fría á estúpidos corderos, á -excelentes devotas, apoyado en la curia romana y ejerciendo de apóstol -del bien y de filósofo de una ideal Jerusalén, no es cosa trivial. Así -el banquero Boulain queda en segundo término. Es un vulgar _escroc_. -Los parisienses tienen con qué entretenerse mientras no haya otro -escándalo de mayor fuste. - -No hay duda de que esas sonoras fechorías tienen más de cómico que de -trágico, con todo y dejar en la miseria á muchos infelices. Lo cómico -está en que las víctimas son todas como las del «cuento del tío», -engañados que han querido engañar, ó codiciosos que no han visto las -orejas del lobo. - -Hay, pues, crímenes cómicos; lo que no es fácil aceptar, á pesar de las -más bravas paradojas, es que haya crímenes bellos. Quincey, el comedor -de opio, escribió un famoso ensayo sobre «El asesinato considerado -como una de las bellas artes», que Gómez Carrillo ha hecho conocer en -lengua española. Esta estupenda obra de _humour_, está paralela á la -memoria de Swift sobre el aprovechamiento antropofágico de los niños. -Los artistas en crímenes no existen; talentos criminales sí hay, como -sabuesos raros á lo Sherlock Holmes. - -Muchos opinan que sí hay crímenes artísticos. Y otros, como Osmont, -afirman: Si se coloca uno exclusivamente en el punto de vista de la -Moral, no hay, no podría haber ningún bello crimen. Las circunstancias -contingentes que pueden dar algún lustre á una acción generalmente -culpable, deben aún excitar tanto más horror cuanto que parecen, según -la vieja metáfora que todavía le gusta á M. Prud’homme, flores que -tapan un abismo. Esta concesión hecha, confesemos—agrega—que hay muy -pocas personas que se coloquen en el punto de vista de la moral pura y -que allí permanezcan. - -Y aquí entra la cuestión del «gusto». Si se permite á alguna estética -mezclarse en la moral, el bello crimen existe evidentemente. Sería -tan pueril negarlo como escribir—alguien lo ha dicho—que una flor -envenenada no es nunca bella. Testigos el radioso acónito, el botón de -oro, y entre otros, la digital, de purpurinas flores. Cuando un crimen -es de un profundo horror, á que no se mezclan motivos bajos, y que el -cuadro en que se produce no perturba la emoción, es cierto, para el -lector que no verá el horror directo de la sangre vertida y los gestos -de agonía, que una especie de salvaje grandeza se mezcla á la tragedia -verdadera y hay quienes aplaudirían como en la escena de un drama bien -construído. El reciente drama italiano en que el conde de Bonmartini -fué la víctima, es lo que llaman «un bello crimen». ¿Por qué? M. -Osmont dirá: Porque la pasión sola, ¡y qué pasión monstruosa!, ha -guiado la mano de los asesinos. El espantable riesgo que corrían los -culpables, si eran descubiertos, pues un hombre, y sobre todo una -mujer de alto rango pierde, al mismo tiempo que la libertad y el -honor interior, el respeto de los demás, y ese lujo habitual desde la -infancia que llega á ser como una atmósfera; los dramas espantosos -que descubre la catástrofe final, todo eso impresiona, desconcierta, -turba, agrada aún, de cierta manera. En ese crimen de Bolonia una -figura surge que lo domina extrañamente: el senador Murri. Esa -virtud romana, ese coraje estoico, no podían producirse sino en una -circunstancia semejante, desmesurada en nuestros menguados tiempos. Y -como conviene en un drama en que la justicia eterna parece intervenir, -el crimen tendrá su castigo y la virtud encontrará su recompensa en -el cumplimiento de su deber terrible. Pues—y esto para contestar á -la probable objeción—nadie, pienso, admira el «bello crimen» en sí. -Es una imagen de tintes violentos, un drama conmovedor. Su relación -puede hacer una impresión estética. ¿Quién no ha admirado con espanto -los cuadros de tortura de los pintores españoles y las pesadillas de -Goya? No quiero hablar del asesinato político. Aquí un elemento nuevo -aparece: la fe. Eso basta para elevar el acto al sacrificio. Con todo -aun conviniendo en la existencia del «bello crimen», hay que decir que -es un espectáculo muy lamentable, y que no es una escuela de la cual -se deban formar cerebros y corazones. Así, admirando en un libro, ó -en un diario, ocasionalmente, el crimen de Bolonia, me parece que los -crímenes, bellos ó no, ocupan demasiado lugar en el periodismo y en la -literatura. Ensangrientan cada página y perpetúan en el pueblo la -concepción byroniana de la sublimidad del crimen y la elegancia de -la desesperación. Se debería también mostrar la virtud, dejarla ver -como es, de una belleza superior. Las ideas de Osmont, me seducen más, -lo confieso, que las originalidades estéticas y las desviaciones de -la sensibilidad. El erudito Tomás de Quincey, «que á los quince años -componía odas en griego y á los veinte había leído todos los libros -antiguos», me parece que no andaba muy bien de la cabeza, con perdón de -las opiniones de Baudelaire—otro que tal—y de mi amigo Carrillo. - -No me meteré con los nietzscheanos; pero sí me referiré á los que, como -M. Colah, en la cuestión opinan que á la palabra héroe se le puede dar -un obscuro reverso. Ciertamente, dice dicho señor, desde el punto de -vista filosófico y moral el crimen es indigno de admiración; pero la -imaginación, ante el éxito de ciertas hazañas malas, cae en un estado -que no es otro que la admiración. Admiráis un héroe cualquiera por su -audacia, la habilidad que ha empleado para franquear lo infranqueable, -el desprecio del peligro que ha mostrado en el cumplimiento de un -acto de abnegación patriótica ó social. Es porque el asesino obra -antimoralmente, que el valor evidente, las mañas increíbles, la -insensata audacia, la terrible temeridad, las mil dificultades que -deben, en fin, componer un «bello crimen» y que se ha llegado á -dominar, ¿no son, por su asombroso éxito, dignas de un héroe? ¡Es -un héroe de la mala causa, pero un héroe! Lo que admiráis no es el -desenlance, la escena final, sino las complicaciones casi borradas, los -peligros casi apartados, que preceden. Pues un «bello crimen» debe ser -seguramente trabajado, combinado, reflexionado, sabiamente premeditado, -y, sin embargo, trae después combinaciones cuyo triunfo es más ó menos -aleatorio. Un drama de la miseria, el triste fin de un idilio amoroso, -el resultado trágico de una escena de celos, no pueden dar lugar á un -«bello crimen», atendido que puede ser cometido bajo la presión y la -ceguedad de la desesperación, de la cólera ó de la pasión. - -Antes que M. Colah, J. J. Weiss, en el tercer tomo de sus _Annales -de Théatre_, ha escrito á propósito del viejo melodrama _Fualdes_: -«Para el bello crimen, es necesario que el personaje criminal obre por -temperamento y no por impulso fortuito y singular. Es necesario además -que los detalles innobles que acompañan casi siempre un asesinato, sean -excusados de algún modo de su ignominia, porque la casualidad los ha -disputado de manera tal, que parecen un esfuerzo del arte y como un -contraste creado y arreglado por una retórica misteriosa de las cosas. -Es preciso que la culpabilidad sea demostrada hasta la evidencia y -que, sin embargo, se cierna sobre los motivos y sobre la ejecución del -crimen un resto de misterio que se querrá siempre penetrar y que no se -logrará nunca. Es necesario que los indiferentes hayan sido mezclados á -la historia de ese crimen, que no les toca de ninguna manera, por algún -incidente trivial, por algún juego cruel de la suerte que inquietará -la existencia, á ellos mismos, por un tiempo, ó por toda la vida. Es -preciso, si es posible, que toda una ciudad, ó toda una clase de la -sociedad sea conmovida y turbada. Es preciso ... sería cuento de nunca -acabar». El buen sentido de aquel crítico teatral que tenía mucho -talento, salta á la vista. - - * * * * * - -No, no hay crímenes bellos, sino ante la filosofía de la crueldad -y ante las razones del egoísmo, por más estéticos que sean. No hay -crímenes bellos, como no hay enfermedades bellas. - -Solamente los médicos encuentran «hermosas llagas» y «lindos casos». -Hay artistas criminales, como Benvenuto, y enfermos, como el autor -de las _Flores del Mal_, que dan razón á las nuevas teorías de los -filósofos del delito. - -En cuanto á la delincuencia bufa y á los crímenes cómicos, son -indiscutibles. Los criminales de la estofa de la señora Humbert y del -canónigo Rosenberg aguardan el libreto del vaudeville y son puestos en -solfa. Son tipos que hacen resaltar los lados grotescos y malignamente -burlones de la criatura humana. Su obra gira alrededor de las -concupiscencias y de las avaricias. Cierto es que muchos inocentes caen -en sus garras; pero en la piel de cada cordero inocente hay con mucha -frecuencia, en el mundo de los negocios, el alma de un pícaro lobo. -París, como Nueva York, como Londres, como Buenos Aires, dan albergue -y vasto campo á los Carlo Lanza, á los Arton, á los Boulain, á los -Humbert-D’Aurignac. La última obra del antiguo jefe de Policía Macé, es -rica en enseñanzas á este respecto. - - * * * * * - -En el crimen cómico suele haber sangre, como consecuencia; pero lo que -más hay, es oro; el oro de los engañados, evaporado en las cajas de los -engañadores. Luego, la mayoría aplaude, ríe, está casi de parte de los -hábiles burladores ... «¡Ah!—decían algunos—¡Mme. Humbert es la mujer -más grande que la Francia ha producido, Juana de Arco comprendida! -¡Habría que elevarle una estatua!» Y hay más que lástima, sonrisas para -los embaucados. Y es que se cultiva, más ó menos, el arte de engañar. - -He oído contar lo siguiente: «Hace poco, unos muebles Imperio, puestos -en depósito en un hotel célebre, por un tapicero de mala fe, han sido -vendidos para América por una fuerte suma.—¡El _mobilier_ de la -emperatriz Josefina—decía una _réclame_—, histórico, herencia de -familia», etc.! El _mobilier_ de la emperatriz venía de la calle de la -Pépinière. Un marqués ha cobrado una buena comisión, y un periodista -otra. Esas son prácticas corrientes. Se sonríe con indulgencia ... -Desgraciadamente, el «americano» se hace raro ... Comienza á desconfiar. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración: LIBRO II] - - -[Ilustración] - -BAMBINI DE SUFRIMIENTO - - -QUISIERA dedicar estas líneas á los niños italianos del Río de la -Plata; pero diré en ellas algunas cosas que sus inocentes espíritus -no podrían comprender y que sus frescos corazones no deben saber. A -los corazones de sus padres hablaré, á los espíritus de sus padres me -dirigiré. - -Hace ya mucho frío, á la entrada de este invierno, que se anuncia el -más fuerte y cruel, dicen los sabios, que desde hace cincuenta años -haya habido. Una noche de éstas, en que el aire sopla, flagelando, por -el puente del Louvre, sobre el Sena, que refleja el oro y sangre de las -luces amarillas y rojas, fantasmales á través de la neblina, sentí que -corría tras de mí una vocecilla tímida: _Mosiú, mosiú!_ ... Se acercó un -pequeño punto blanco, que tenía en los brazos otros bultitos blancos. -La luz del próximo farol me hizo ver que el bulto era un pobre niño -y los bultitos estatuítas y figuras de yeso. Su francés, sus ojos, -su cara, su vivacidad, su mercancía, decían de dónde era el infantil -vendedor que iba desabrigado, en la bruma y el frío, en busca de unos -cuantos céntimos. Era una de tantas víctimas de la trata de niños, más -horrible que la trata de mujeres; era uno de esos infelices de los -rebaños de exportación en que Italia ha tenido desde antaño triste -privilegio. - -Ya le habían enseñado á mentir.—_Combien?_—_Si fran._ Le di unos -_sous_ y le dejé perderse en la noche parisiense. - - * * * * * - -He visto más; he visto lo que creía que ya no existía sino en los -viejos cuadros, en los viejos grabados: he visto en ciertos barrios -de París el antiguo _pifferraro_ y el organillo y la mona vestida de -colorines, y la linda italianica, ya casi púber, que danza al són del -violín y recoge después en un plato las limosnas de los curiosos. Y -existen aún, aunque en menor escala que antes, los saboyanitos de los -melodramas y de las romanzas. Y el horrible mercado de la prostitución -pueril, la importación de niñas, por inicuos proxenetas de ambos sexos, -que no temen exhibir su especialidad en pleno bulevar. Pero no trato -de este tópico, en que actualmente la Policía se ocupa, y los miembros -de la liga—¡quizá inútil!—de la moral urbana. Eso pertenece á la -«trata de blancas», denominación que un japonés amigo mío encuentra, -con justicia, exclusiva, «pues de mi país y de la China se ha exportado -mucha carne amarilla á los Estados Unidos y á otras partes». Me -circunscribo, pues, únicamente, á la explotación de niños italianos -que aquí se hace, y contra la cual, felizmente, acaba de formarse -una asociación que ojalá encuentre apoyo en todas partes en donde se -encuentre unun alma italiana, ó que abrigue simpatía por Italia. Por -esto, si estas líneas mías lograsen producir algún buen movimiento -entre vosotros—¡así fuese el de mis lectores!—quedaría más satisfecho -de ellas, que de un bello poema ó una hermosa página literaria. - -No hay nada más horrible que la esclavitud de estos _bambini_; no hay -nada más lastimoso que la existencia de martirios que les hacen padecer -los hombres viles que les tratan como á bestias productoras. ¿Qué digo? -Peor que á los perros. Esta infamia habría continuado sin ser advertida -por la generalidad, si el Sr. Paulucci di Calboli, secretario de la -Embajada italiana de París, no hubiese llamado la atención en artículos -publicados en importantes revistas. A él, pues, y á otros hombres de -corazón y buena voluntad, se debe que ahora se trate de favorecer la -suerte de esos niños, florida carne itálica, flores de sangre latina -que, si escapan de una muerte casi segura, es para caer en poco tiempo -en la degradación de todos los vicios y en la posibilidad de todos los -crímenes. Después se dice: El asesino Tal, italiano; el asesino Cual, -italiano. ¡Es claro! - - * * * * * - -Los mercaderes de sangre y carne humana van á las pobres aldeas -lombardas, á todos los lugares de la Romaña, á todas las provincias -del Mediodía, en busca del productivo _gibier_. Les visten de harapos, -los acuestan sobre la paja, como animales, con abrigo insuficiente, y -les dan de comer bazofias inmundas compradas por nada, ó simplemente -patatas cocidas, ó fritas en grasas innominables, atroces polentas, -ó pan solo á veces, duro é incomible. Luego los mandan á vender las -estatuítas, y les señalan una cantidad «que irremisiblemente deben -traer» por la noche, so pena de recibir azotes y bofetadas. La escena -es igual á la que en su novela _Sin Familia_ pinta Héctor Malot. Donde -dice musiquitos, poned vendedores, y es lo mismo. - -Es en un desván de la calle Lourcine, alrededor de una parrilla en que -hierve una olla, cerrada con un candado para que los niños no puedan -intentar calmar su hambre. Los musiquitos entran, depositan arpas, -violines y flautas. Garofoli, el _padrone_, los hace ponerse en fila -delante de él: «Ahora, á arreglar cuentas, angelitos—dice, y á una -seña, un niño se acerca—. Tú me debes un _sou_ de ayer, y me has -prometido dármelo hoy: ¿Cuánto me traes?» El niño vacila largo tiempo -antes de responder; se pone rojo. «Me falta un _sou_.» «¡Ah!, te falta -un _sou_, ¿y me lo dices tan tranquilo?» «No es el _sou_ de ayer, es -uno para hoy.» «Entonces son dos _sous_. ¿Sabes que no he visto otro -como tú?» «No tengo culpa.» «Dejémonos de tonterías, bien conoces la -regla: quítate la blusita: dos golpes por ayer y dos por hoy, y además -nada de patatas, por tu audacia. Ricardo, toma el azote ...» Y Ricardo -toma su azote de cabo corto, que termina en correas de cuero con -gruesos nudos. - -Tal es la escena que se desarrolla, más ó menos dura, en París, en -innumerables, sórdidos habitáculos, en que los alojan esos comerciantes -en figuritas; abominables yeseros, más ruines que los comprachicos, -puesto que desfiguran y mutilan también el alma de tantos desventurados -italianitos. Y todavía hay excelentes burgueses, rubicundos ciudadanos -patriotas, que al verse importunados, cuando toman su ajenjo en una -terraza, por uno de esos niños de hermosos ojos, «se sublevan contra -esos «extranjeros», que vienen á comerse el pan de los franceses», como -dice un periodista. - - * * * * * - -En un ya viejo _keepsake_, oloroso al alcanfor del mueble en que ha -estado por tantos años, y que habría ilustrado con su delicioso arte -la adorable Kate Greeneway, he encontrado las impresiones de una -sentimental y culta señora, Mme. Louis Janet, sobre los pobrecitos -_pifferari_. Dice que le interesaban profundamente esos niños y niñas -que iban por las calles, no por su arte rudo y su pintoresco atractivo, -sino «desde el punto de vista de la humanidad». «Vedlos en cualquier -tiempo que haga, recorriendo las calles más frecuentadas, los bulevares -ó los grandes paseos de la capital: su rostro hace una mueca, bajo el -canto que su boca entona y la miseria traspasa los pliegues de sus -escasos vestidos, así como se ve sobre los rasgos ya marchitos, ó -casi, por las fatigas de su oficio penoso». ¿No es penoso, en efecto, -el cantar á toda hora, cantar siempre, cantar á pesar de todo? ¡Eso -hacen esos pequeños desgraciados! Y eso con un aire tan profundamente -forzado, con un sentimiento de obediencia tan grande, que se adivina -en seguida que en medio de la muchedumbre que les rodea, muchedumbre -compuesta de curiosos en apariencia, hay ojos de Argos que velan sobre -ellos, y brazos listos para golpearles, «si no desplegan todos sus -medios» ó no usan todas las gracias y habilidades de su edad para -obtener la ligera ofrenda de los asistentes. En efecto: la mayor parte -de esos niños que os parecen abandonados á sí mismos sobre la vía -pública, van acompañados de sus padres, que calculan las ganancias del -día y preparan las del siguiente. Y cuando digo acompañados debería -decir seguidos, pues los padres, en ese caso, afectan no conocerlos. -Les siguen de lejos, como indiferentes, se detienen cuando los niños se -detienen, y algunas veces hasta dejan caer unos céntimos en el plato -de la cantadorcita ó del joven artista, para que esa munificencia -sea imitada por el público, que por naturaleza es un poco _mouton -de Panurge_. Hoy, más que á los padres, encontraría Mme. Janet á -los empresarios. Empresarios de vendedorcitas, de _pifferari_, y de -deshollinadores de chimenea, los _ramoneurs_, que también tuvieron -su tiempo en las leyendas y en los cuentos. En cuanto á las núbiles -cantadorcitas ó modelos, tienen otro fin, en la corrupción cosmopolita -y gastada de la vasta capital. - -El romanticismo doró la vida de esta mísera infancia esclavizada. Ya -es el bonito _pifferaro_ solo, con su sombrero puntiagudo, sus negras -pupilas, su sano rostro de niño de país solar, y su indumentaria -convencional, sentado sobre una roca del camino, como un pastor, -soplando en su flauta; ya es el grupo errante de tez morena, una niña, -como de catorce años, toca la pandereta; otra, más pequeña, el violín, -y un niño semejante á un San Juan de retablo, tiende su sombrero con -ambas manos, en demanda del óbolo de los transeuntes. O ya en el -cuadro de Haquette, canta el viejo ciego, y el niño, un amor que sopla -convencido, le acompaña en su flauta, ante unos marineros y una vieja -que escuchan serios, conmovidos, atentos. Todos esos niños románticos, -tienen frescas caras de flores y de frutos, parece que un _deus_ -artístico más que otra cosa les animase; cuando más, es una miseria -de convención y llena de cierto encanto, la que representan. Se diría -que están para aparecer en una escena del Chatelet, ó que posan ante -un pintor. ¡Cuán lejos de la realidad! Casi no hay pobrecito de estos -que venden yesos que no revele en su rostro, en sus harapos, la negra -vida que pasan. Los ojos de Italia brillan en sus ojos, la luz de la -divina península; sonríen á veces y ríen, en la inconsciencia de la -infancia; pero sus rasgos están atajados, más ó menos, según el tiempo -de martirio que lleven; se podría también calcular ese tiempo por lo -que dicen sus tristes cuerpos delgados, á través de los andrajos, y -á menudo la chispa del sol italiano en sus miradas, se confunde con -la llama de la tisis. Los niños menores, los pequeñitos, son los que -dan más lástima. Los crecidos, los hombrecitos, los que han pasado, -vencedores de la tuberculosis, quizás no reciben ya golpes ... Los hay -que dicen en sus gestos y en sus palabras la independencia próxima, la -fuga al trabajo libre ó al crimen. - -¡Ah!, ¡si la liga que hoy se funda pudiera remediar en alguna manera la -perra suerte de estos sin ventura! ¡Si en Italia, en Buenos Aires, en -Nueva York, en Chile, en la República Oriental, en todas parte donde -los italianos y los amigos de Italia pueden hacer algo, se ayudase á la -liga para lograr la libertad de estos niños, para encaminarlos á una -vida de trabajo y de energía, para arrancar de la muerte ó del presidio -de mañana á estos tiernos seres! - -Sería una obra de bien. El Gobierno francés, estoy seguro que ayudaría -con leyes y disposiciones oportunas, y el siglo XX quitaría -del mundo una enorme infamia del pasado. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -FRINÉ - - -HAN pasado los primeros números del programa: anglo-sajones forzudos, -atletas de Inglaterra, equilibristas y malabaristas exóticos, tiradores -yanquis, cantantes cómicos italianos. El Olympia brilla en el día que -lo forman las profusas lámparas eléctricas. Los palcos se enfloran -de belleza y lujo. Una gallarda dama argentina descuella entre las -hermosuras; y hay gracias inglesas, españolas, rusas, en la muchedumbre -cosmopolita. Cancionistas napolitanos lanzan sus canciones de Santa -Lucía y Piedigrotta en un extremo del _promenoir_ poblado de cocotas. -En los _bars_ laterales, al lado de ocasionales compañías, encendidos -britanos se hacen servir whiskies y sodas. De pronto el timbre suena -y todo el _music-hall_ se conmueve. Ha pasado el entreacto y va á -comenzar el _ballet_, en que resplandece é impera la Reina de las -Cortesanas, la Princesa de las Hetairas. «Friné la griega, ó sea Cleo -la parisiense, la perilustre y famosa Cleo de Merode». El telón se ha -alzado, y en el silencio que se ha hecho comienza la narración musical -que acompaña la mímica de los actores. Es el taller de Praxiteles. El -artista está en su labor, mas se desespera de no poder realizarla tal -como lo sueña. Desea encarnar á la celeste Venus Afrodita, pero no -encuentra el modelo que para él sea digno de representar á la divina -persona. Nervioso, rompe lo que ha comenzado á plasmar, y se echa en -un lecho de reposo. Llegan sus esclavas con flabeles, á cuyo soplo se -duerme. Entonces tiene un sueño. Los faunos y los eros de mármol que -pueblan su taller se animan de repente. Él habla á los semidioses y les -ruega intercedan con la Emperatriz del Amor para que pueda encontrar -el ansiado modelo. Se llevan flores y dádivas votivas al altar de la -diosa, y ésta surge, luminosamente desnuda, _en tordaut ses cheveux_ y -ofrece al escultor la realización de sus ensueños. Praxiteles despierta. - -Un són de flauta. Por la calle pasan unas cuantas citaredas, -flautistas, tocadores de sistros y de liras, y en medio de ellas -Friné-Cleo, - - citarista, dulce hija - del Archipoeta rubio, - -según la palabra del delicioso Góngora. Y es la primera aparición -de la admirable beldad. La ve pasar, por la ventana, en un gracioso -y encantador cuadro de la vida antigua. Hácela llamar Praxiteles -y ella consiente en ser su modelo. La entrada súbita de un viejo -heliastro libidinoso turba la amable escena. La cortesana rechaza las -proposiciones del intruso, y queda con Praxiteles, para el arte y para -el amor. - -Luego es una fiesta en casa de Friné, una maravillosa orgía, llena -de perfumes y de música; danzarinas fenicias, mimas griegas, alegres -bellezas de Persia, de Egipto y de Asiria, contribuyen al gozo. Y llega -disfrazado de príncipe extranjero, el viejo heliastro, seguido de -esclavos que conducen cajas de oro y joyas que ofrecen á la hetaira en -cambio de sus caricias. Friné se adorna con las nuevas joyas, invita al -príncipe á la fiesta—un ocurrente inglés dice tras de mí: _The king of -the belgiaus!_—y Cleo de Merode danza, danza rítmica y mágicamente, -de manera tal que su hechizo conquista á la sala entusiasmada. El -falso príncipe quiere abrazarla y cae; á pesar de su disfraz se le -reconoce, y huye, jurando vengarse. Después en el Areópago, entre -la gran muchedumbre pintoresca, al són de las trompetas, ante las -sacerdotisas minervinas, sacerdotes, guerreros y jueces, comparece -acusada de sacrilegios contra Venus la deleitable Friné. Ella va -apoyada en el brazo del escultor, y danza, danza de nuevo, danza -suave, rítmica y mágicamente, de manera tal que su hechizo conquista -á la sala entusiasmada. El tribunal de heliastros vacila, y entonces, -con un bello gesto, Praxiteles arranca el velo que cubre la perfecta -forma femenina; Venus aparece en lo alto; la luz inunda el recinto -doblemente, haciendo resaltar la incomparable euritmia de esa carne -insigne, y la cortesana va libre, en la apoteosis, entre las danzas y -músicas, liras, sistros, crótalos, tamboriles, al resplandor de los -cascos, de los puñales, de las corazas. Rosa de las rosas, belleza de -las bellezas. Es cierto, una gloriosa y magnífica evocación, y los -hermanos Isola hacen así un dón de poesía viviente y deslumbrante al -abrumado habitante de un París de automóviles y «metropolitanos», cada -día más americanizado. - -Pero, ¿es en verdad Mlle. Cleo de Merode la maravilla celebrada por la -Fama? Cleo de Merode es, en verdad, la maravilla celebrada por la Fama. -Yo la he visto en muchas ocasiones, y noto que ahora está un tanto -delgada; mas esta señorita célebre es el más lindo poema plástico que -anima la vida en este reino de encantos. - -Su retrato lo conocéis, como todo el mundo lo conoce; su cuerpo es -aquel portento que perpetuó el pulgar de Falguiére en su voluptuosa -danza. Entre las bellezas de París, la española Otero se impone, quizás -demasiado imperiosamente; su grande y firme anatomía se fija en gestos -duros; hay en ella rudeza, violencia; vestida de reina, se piensa en -que Teodora no pudo olvidar sus bajos orígenes. La italiana Cavalieri, -en cuyo rostro dorado del sol latino brillan penetrantes ojos -embrujadores, es también un tanto zahareña. Cleo de Merode es alta, -fina, armoniosa; hay un perpetuo ritmo en su grácil figura tanagreana. -Nadie como ella posee la seducción de la actitud y el arte del ademán. -Sus gestos son siempre llenos de gracia, y parece que siempre hubiese -una flauta invisible que guiase sus movimientos, la magia de sus -brazos y de su cuello, la cadencia alada de sus pasos. Posee asimismo -la ciencia del vestido, el conocimiento del accesorio que realza su -hermosura, y sabe expresarse como nadie en el doble y soberano lenguaje -de las miradas y de las sonrisas. Finge en insuperables mímicas los -más variados sentimientos, y su boca y sus ojos iluminan y acentúan la -música de los actos. Mas sobre todo está su sonrisa única. - -El más falso de los pudores se adorna de inusitadas apariencias. Esta -pagana tiene un rostro de madona de primitivo. Esta sacerdotisa del -placer es semejante á una virgen de fra Angélico. Bajo las alas negras -de su famosa cabellera botticellesca mira angelicalmente; y siendo el -más ilustre instrumento del Católico Demonio, aparece, por la manera de -inocencia, por la dulzura del dibujo labial y la casi infantil mirada, -como una adorable Nuestra Señora de la Sonrisa. - -[Ilustración] - - - - -CHEZ HUGO - - -HE ido recientemente á ver el museo Víctor Hugo, y á observar si hay -fieles en el templo. Está situado en la casa que habitó el maestro en -la plaza des Vosges. Sabido es que el museo—hecho a _l’instar_ de la -«casa de Shakespeare», y de las de otros inmortales—ha sido formado -gracias á la consideración y al afecto y admiración invariables de M. -Paul Meurice, amigo y discípulo de Víctor Hugo. Él ha puesto en su obra -todo su entusiasmo, y una minuciosidad que, por algunos lados, no ha -dejado de despertar críticas. Por ejemplo: «Muela que Víctor Hugo se -sacó en tal fecha.» Yo no he visto, por otra parte, tal muela. - -A la entrada, un gran busto del poeta. Desde las escaleras, cuadros que -representan escenas de sus dramas, de sus poemas, de sus novelas, de su -vida. Desde luego, las numerosas ilustraciones de Rochegrosse, las de -Boulanger, J. P. Laurens, etc. Después, fotografías, caricaturas, toda -la enorme iconografía hugueana desde los primeros tiempos, desde la -niñez hasta el fallecimiento, hasta la admirable cabeza que fotografió -Nadar y pintó Bonnat, sobre el lecho mortuorio. Hay vitrinas con -objetos usuales, la casaca de académico, la de par de Francia, -una _casquette_, un bastón riquísimo, en cuyo estuche se lee esta -dedicatoria: _Benito Juárez a l’illustre Victor Hugo_. - -Se ven medallas, plumas, cartas, autógrafos de hombres históricos -dirigidos al poeta. Hay un pedazo «de pan del sitio», y en una caja, -cuatro grandes mechones de cabello, que indican toda la duración solar -de esa vida. - -Cabellos rubios, del seminario de Nobles de Madrid; cabellos del «niño -sublime», de París; cabellos más obscuros, del autor de _Hernani_, -del joven y radiante conquistador del Romanticismo; cabellos grises, -cabellos del luchador, cabellos de las tempestades de las Cámaras, -de las agitaciones políticas, cabellos del «Año terrible», y de «Los -castigos»; cabellos blancos, cabellos de plata, cabellos de Guernesey, -cabellos del «Arte de ser abuelo», cabellos del anciano glorificado, -del papa lírico del mundo, del venerable patriarca del pensamiento, -cuya desaparición conmovió la tierra y cuyos despojos fueron velados -por París en el más grandioso de los catafalcos, el Arco del Triunfo. - -En una pequeña mesa, cuatro tinteros y cuatro plumas: de Lamartine, -del viejo Dumas, de George Sand y del dueño de la casa. El cual, como -es fama, se complacía en curiosas labores manuales y chinizaba y -japonizaba aun antes que los Goncourt. Ahí está una chimenea decorada -por él, orientalmente, y muchedumbre de _panneaux_ coloreados y dorados -de modo hábil y pintoresco. - -Son caprichos de mandarín, visiones chinescas, animales fabulosos, -fragmentarias pagodas, inauditos dragones, cómicos personajes del -Imperio Celeste, flores raras, juegos decorativos de líneas y de -figuras, hecho todo en tablas, uno como pirograbado y policromo, de la -más interesante inventiva. Y cuadros y retratos, y más cuadros y más -retratos. Sobre todo llama la vista y la meditación la obra pictórica -de Hugo. - -Habrá un libro muy importante y profundo el día en que un artista -pensador escriba el que merecen las concepciones gráficas del altísimo -poeta de Francia. - -Es en los dibujos, es en el Víctor Hugo pintor en donde se completa la -personalidad portentosa del rimador formidable y profético. Solamente -en Turner, en Blake, en ciertas cosas de Piranesso, se percibe la -cantidad de ensueño y de misterio que en las visiones manifestadas por -Hugo en tales páginas de un «romanticismo» eterno y transcendente. -Ruinas, fantásticos palacios, orientalizaciones fastuosas y -miliunanochescas, construcciones extrañas que son como amontonamientos -simbólicos, cielos funestos, claros de luna ilusorios, concreciones -de nocturnos espantos, deformaciones de sombras y estallidos blancos -de luces, abracadabrantes arquitecturas, resurrecciones del pasado -y suposiciones del porvenir, el ensueño, la pesadilla, el horror, -lo grotesco y lo arabesco, lo incógnito del arte, está revelado en -las realizaciones pictóricas del prodigioso Padre. Y es tan vasta su -fachada notredámica verbal y literaria, que no percibe el mundo sin -fijarse, los festones y astrágalos que su pluma en recreo se complacía -en prodigar, sirviéndose para sus efectos extraños de tintas diversas, -del carbón, del café, del café con leche, del pabilo quemado, de todo -lo que encontraba á mano la suya, acaparadora y eficaz. - -Y luego, he ahí el arcaico lecho en que murió y los dos retratos de los -nietos en la cercana chimenea, y el alto escritorio en que trabajaba -de pie al levantarse, siempre matinal. Se siente en el ambiente -gloria. Los visitantes no son muchos. Uno que otro extranjero. Papás -que explican en voz baja á sus hijos la significación de objetos y -documentos, algunos obreros, pues es hoy día domingo, y dos artistas, -por el aspecto sajones, que toman apuntes en la sala de los dibujos. Al -salir del dormitorio veo en una mesa, bajo un cristal, un papel en que -el poeta declara que él pertenece á un partido que todavía no estaba -formado, pero que formaría el siglo XX, el partido de que nacerían -primero los Estados Unidos de Europa y después los Estados Unidos del -Mundo. Es una idea que concretan largos párrafos expresados en varias -obras, sobre todo en sus páginas sobre «París». No olvidemos que más -que el Pensador era el Gran Soñador ... Y á pesar de su orientalismo, -no previó al Japón de 1904, y al que seguirá. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -PSICOLOGÍA DE LA POSTAL - - -SOBRE mi mesa de labor, un buen montón de tarjetas postales, de España -y de la América Latina. Son envíos para el consabido autógrafo. Esto es -usual, y no me hubiera dado tema para estas líneas, si no hubiese entre -ellas un retrato de M. Combes ... ¡Una señorita que me manda, para que -le escriba yo algo, el retrato de M. Combes! El curioso colmo me hace -fijarme en los asuntos de las otras tarjetas, y, á través de ellos, -procurar ver la personalidad de mis desconocidas y amables amigas -lejanas. Hay en esos cartoncitos ilustrados, las más variadas figuras -en que sospechar diversos caracteres y espíritus. - -... He aquí una cubana que envía una escena galante, de «fiesta -galante», en un paisaje versallés, cerca de los _boulingrins_ y de las -diosas de mármol. No hay duda, la señorita que eligió esa tarjeta se -complace en Watteau, gusta del siglo de las elegancias, quizás ha leído -á M. De Nolhac y á los Goncourt ... Para un baile de trajes, elegiría la -cabellera empolvada, el rico faldellín, el prestigioso guardainfante, -el recto corsé de pico. De la Argentina, he aquí un envío completamente -septentrional. Hay un paisaje de nieve. Enmarcada de hojas de pino, -se mira en el centro la floresta despojada, los árboles escuetos -en lo rudo del invierno. Solitaria, una cierva se destaca sobre el -blanco fondo. Me parece suponer que no es una rubia, nostálgica de las -regiones del frío, la que me manda esta tarjeta; antes bien: una bruna -y ardorosa meridional que, por el amor del contraste, piensa en los -países de las _willis_, en las baladas nórdicas. - -Esta otra envía una escena de campesinos amores. Mas su pasión rural -más bien se me asemeja al elegante idilio de un soñado Trianón, de un -refinado _hameau_ en donde marquesas pastoras llevan cayados adornados -con sedas y flores. Todo esto es también muy equívocamente sentimental, -muy siglo XVIII. - -He aquí un grupo que indicaría preferencias británicas, si no se -tratase de una señorita cuyo nombre es absolutamente español: es un -grupo de perros. Debe ser la niña amante de los _sports_, encariñada -con _tontons_ y demás animales preferidos por la mundana zoofilia. -¿Le copiaré una frase de Buffon, ó alguna ocurrencia byroniana? -Muy maliciosa ó muy inocente la que ha elegido para solicitar un -verso, el retrato de una de las más renombradas hetairas de este -pecaminoso París ... ¿Sabe ella de quién se trata? ¿Ó demasiado dueña -de su inteligencia, osa á todas las sonrisas y se declara tan sólo -adoradora de una plástica perfecta? Hay otras que, simplemente y por -seguir la moda, mandan la primer postal que tienen á mano: estatua, -vista, panorama ó edificio de su ciudad. Una me remite una postal de -_La Nación_: «_La Uruguay_ en el puerto de Buenos Aires, trayendo la -expedición sueca.» Tal señorita debe ser seria, reflexiva, entusiasta -por las glorias de su patria, y en su hermoso rostro debe reflejarse la -llama de los orgullos nacionales. Y soñadora, muy soñadora seguramente -la que ha recogido un bello rostro femenino, de _rêve_, que se perfila -sobre la superficie de un mar tranquilo en cuyo horizonte se perciben -vagas velas. ¿Será aún, influencia por _Quo vadis_?... ¿la que ha -preferido el retrato de la dulce Mieris en su papel de enamorada de -Petronio, y la que envía una escena romana que se diría ilustración -de la «famosa» novela?... De buen humor es la que eligió dos rollizas -holandesas risueñas, cerca de un molino, y de preferencias trágicas la -que se aficionó á una tempestad en el mar, el cielo rojizo, las olas -en furia y una barca en peligro. Sentimentales, vanidosas, ambiciosas, -caritativas, maternales, sutiles, románticas, sensuales, misteriosas, -se revelan otras. Sus gustos dicen sus almas; al menos que, tratándose -de mujeres, no digan las significaciones todo lo contrario. - -Ésta que eligió una escena de soledad, amará el bullicio de las -calles y de los paseos, la alegría convencional de los salones, las -exhibiciones del lujo, los triunfos de belleza en aristocráticas -justas. Aquella que envía una escena cómica, será quizás grave y -triste. La que manda un barco sobre las olas no se habrá embarcado -nunca y desdeñará los viajes. La que quiere una estrofa para un Romeo -y Julieta, será frívola, ligera y poco fiel en el amor. La que envía -un _clair de lune_ alemán, tendrá los más lindos ojos negros y la más -sonora risa argentina ... La que escogió una cara de viejecita, tendrá -la suya fresca como una corola de rosa, y la que dió su preferencia á -un corazón entre la nieve, tendrá el suyo ardiendo en la llama de la -más divina de las hogueras. - -Pero la que me mandó á M. Combes, me deja completamente estupefacto. - -[Ilustración] - - - - -LA GLORIA DE TARTARÍN - - -¿RECORDÁIS el apogeo del ilustre héroe de Alphonse Daudet, del pequeño -Quijote, del incomparable personaje que tiene por nombre Tartarín de -Tarascón?... Sus aventuras, su vida, su renombre, excitaron grandemente -los nervios de sus conciudadanos ... Imaginaos á los habitantes del -lugar de la Mancha «de cuyo nombre no quiero acordarme» furiosos -contra D. Miguel de Cervantes Saavedra ..., toda proporción guardada. -Mal asunto para la piel de Petit-Chose si llega á pasar una temporada -en la tierra natal de su héroe preferido. Hubo «fumistas» que en -algunos hoteles tarasconeses firmaron en los libros de registro: «A. -Daudet». Unos tuvieron que huir ante una tempestad de garrotes; otros -tuvieron que arrojar, y pronto, la máscara y declarar su identidad, -y alguno pagó en sus espaldas la peligrosa usurpación de gloria ... -Daudet no se detuvo nunca entre la amenazadora gente. «No—decían -los tarasconeses—, Tartarín no ha existido y Daudet se burla de -nosotros ... _Zou! Froun de l’air!_ ¡Que no venga por aquí, porque le -saldrá cara la invención de ese falsificado personaje!» Y miraban como -una profunda deshonra la caza de las gorras, el estupendo baobab, la -aventura del león y aquel sublime camello familiar que merecería una -estatua ... Mas el tiempo pasó y la cólera meridional se fué aplacando. -Turistas de diferentes puntos de la tierra, cuando oían gritar en la -estación: «¡Tarascón, tantos minutos!», descendían é iban al hotel -más cercano. Luego salían á recorrer la ciudad y preguntaban por todo -lo que tenía relación con Tartarín, por Bravida, por Bezuquet, por el -excelente Pascalón ... Luego solicitaban visitar la casa de Tartarín ... -¿No se busca en Florencia el _sasso_ de Dante, en Stradford-on-Avon la -casa de Shakespeare, en París la tumba de Napoleón?... Al principio -Tarascón protestó ... Pero el turismo deja dinero; y después de todo, -los tarasconeses serán ingenuos, sonoros, ruidosos, pero no tontos ... -Y meditaron que lo mejor era sacar partido de _la_ que les había hecho -Alphonse Daudet. Y de pronto los viajeros empezaron á estar bien -informados. Todos los héroes vivían. Pascalón era aquel vecino de la -esquina; Bezuquet, el de más allá. - -Y no se sabe si alguien importó un verdadero baobab enano que era -mostrado con gran contentamiento de la clientela ... Y las propinas -llovían. Varios Tartarines auténticos surgieron ... Con fuertes botas -y gran sombrero, rugía éste: «¡Tartarín soy yo!» Y otro barrigón -y mofletudo, con todo el aire requerido, aseguraba por allá, -confidencial: «¡Yo soy Tartarín!» Y la victoria completa había de -llegar ... Ella se acerca; Tarascón, como todo pueblo que se respeta, -tiene sus tarjetas postales ilustradas, y acaba de lanzar una: _La -maison de Tartarin_. Los manes de Daudet se estremecen de satisfacción. -El hombre representativo de un pueblo, de un país, tal vez de una raza, -entra en la apoteosis de la gloria verdadera ... ¡La casa de Tartarín! -Quien la ha visto, así la describe dignamente: - - _Elle surgit dans le soleil craquant de cigales, la - maison du baobab et des armes empoisonnees: elle - montre un air exotique et national, débonnaire et - terrible... Le mistral l’assaille et la bombarde, - apportant la rumeur d’épiques aventures. Regardez - là!... Les ils-de-buf, sous le larmier cherchant - au loin l’Afrique, le desert couleur de lion... La - porte où tombe une flaque de lumière baille sur - l’ombre redoutable du corridor. Prenez garde! il va - sortir!_ - -Ya lo veis. Más tarde no habrá discusiones como sobre Homero. Tartarín -es definitivamente de Tarascón. Dentro de siglos—si Daudet vive—habrá -comentadores que estudiarán esa tarjeta postal. La existencia de -Tartarín no se pondrá en duda de ninguna manera. Hay hoy viajeros que -recorren la Mancha y hacen el itinerario que siguió en sus salidas el -primero de los Caballeros andantes. Si apareciese la bacía que tuvo -el honor de ser yelmo de Mambrino, tened por seguro que encontraría -comprador. Y Don Quijote es más bien un personaje real que un sér -creado por la imaginación del portentoso Manco. Es tan real como el -Cid. Con Tartarín, en su esfera, pasará lo propio. Y esa fotografía de -su casa es ya el comienzo de una real inmortalidad ... Tendrá más suerte -que Guillermo Tell. En Cumas he visitado el antro de la Sibila. En -Grecia una isla es un ilustre barco petrificado. Se muestra el Parnaso -en donde se recrean las musas, y el Olimpo en donde se juntaban los -dioses. El tiempo ayuda con su lente y la fantasía con el suyo. Me -prometo un viaje á Tarascón. Y veré si consigo á cualquier precio unas -ramitas del legendario baobab. Haré con ellas un buen regalo á cada una -de nuestras repúblicas hispano-americanas ... - -[Ilustración] - - - - -EL CASO DE M. SYVETON - - -M. Syveton era un modesto profesor de provincia, nacido para la -apacible función de enseñar las Bellas Artes. París le atrajo, y en -París se dedicó á la crítica literaria. Todo lo abandonó por una -ocupación más importante: salvar la Francia. Aquí, como en todas -partes, consagrarse á salvar el país hace llegar pronto. ¿Adónde? -A veces, á excelentes situaciones; pero, á veces, al ridículo, y á -veces, á la muerte. Entró, pues, el antiguo profesor de liceo en pleno -campo de la política. Tenía condiciones. Era simpático á las gentes. -Sabía dar fuertes puñetazos. Cuando presentó su candidatura por la -circunscripción de que yo soy vecino, se encontró en la calle con -el candidato rival. No queriendo gastar sus razones, le apaleó. Era -amigo de los políticos elegantes que hace algún tiempo le rompieron el -sombrero de un bastonazo á M. Loubet, presidente de la República. Como -se ve, era profesor de energía. Su último ruidoso acto fué la bofetada -que en plena Cámara dió al general André, anciano de setenta y cinco -años y ministro de la Guerra. El cual tiene un hijo que es teniente. -Alguien recordó á éste la historia de Mío Cid. - - Cuidárades que es mi padre - de Lain Calvo subsesor ... - -M. Syveton fué acusado, y el día anterior al de su comparición ante -la justicia fué encontrado muerto. Se culpó á la chimenea, al óxido -de carbono, como en la desgracia Zola. Coppée, Daudet, Boni de -Castellane gritaron: «¡Le han asesinado!» Los otros dijeron: «¡Suicidio -político!» No pocos: «Ni asesinato ni suicidio; la casualidad, la -fatal casualidad.» Era justo pensar: de todas maneras, el que quiera -dedicarse á la política en Francia tendrá que suprimir la calefacción -en su casa ... - -Si D. Francisco de Quevedo y Villegas hubiese estado á la sazón en -París, de seguro que habría murmurado una de sus más célebres y -picantes letrillas: - - Cuentan de un corregidor - Nada bobo, - Que siempre que al buen señor - Acusaban muerte ó robo, - Atajaba al escribano - Que leía la querella, - Diciéndole: «Al grano, al grano: - ¿Quién es ella?» - -Y el caballero del hábito de Santiago no hubiera sido acertado en el -caso presente. Un _odor di femina_ impregna ya toda esa dura tragedia. -M. Syveton ha muerto por una mujer. Estamos en el imperio de la -mujer ... Tras toda cosa, hasta en los asuntos políticos, se oye el -_frou-frou_ de una falda femenina. - -Tended la vista hasta ayer no más. Por una mujer murió Gambetta, por -una mujer se suicidó Boulanger, por una mujer sucumbió amorosamente el -presidente Félix Faure, por una mujer se ha matado M. Syveton ... El -caso de M. Syveton no deja de tener su literatura: es el de Fedra al -revés. - - Le ciel mit dans mon sein une flamme funeste, - -hubiera podido exclamar el desgraciado. Y antes de desaparecer: - - J’ai voulu devant vous exposant mes remords, - Par un chemin plus lent descendre chez les morts. - J’ai pris, j’ai fait couler dans mes brûlantes veines - Un poison que Médèe apporta dans Athènes. - Déjà jusqu’á mon cur le venin parvenu - Dans ce cur expirant jette un froid inconnu: - Déjà je ne vois plus qu’á travers un nuage - Et le ciel et l’époux que ma présence outrage: - Et la mort, á mes yeux dérobant la clarté, - Rend au jour qu’ils souillaient toute sa pureté. - -M. Syveton ha desaparecido, pues, como un personaje de las tragedias -que antes él explicaba. Su gesto ha sido clásico, y lejos del creído -asesinato francmasónico á lo Consejo de los Diez. El público de los -diarios, si ha perdido por un lado, ha ganado por otro ... Del supuesto -complot político se desprende hoy un fuerte relente de alcoba. Se -ha publicado el retrato de Mme. Menard, hija de Mme. Syveton, la -«Hipólita» del caso, y París ha visto un bellísimo rostro de mujer -más ... Viene á la memoria la agresiva é insultante fórmula que el -pesado Mark Twain arrojara á la alta sociedad francesa por una inocente -broma de Bourget: _Liberté, Egalité, Fraternité, Adultère!_ ... - -[Ilustración] - - - - -JARDINES DE FRANCIA - - -EN mis paseos intelectuales—_promenades littéraires_, diría Rémy de -Gourmont—he encontrado, ó me ha parecido encontrar, no lo sé, una -apacible y elegante villa que alegran gracias de jardín, visiones de -parque. He penetrado á respirar el olor de las frescas arboledas. -He hallado esbeltos plátanos, como los que invitan á soñar, allá en -Versalles; hayas frondosas, laureles rosa. Con su idioma de susurros y -de gestos lentos me han contado la poesía de sus estaciones. A veces, -de lo alto de una verde copa ha dado su testimonio la voz de un pájaro. -He visto mármoles, aquí, allá; grupos, estatuas, bustos. Y una fuente -verleniana, que en las noches de luna lanza su chorro de cristal -«esbelto entre los mármoles» ... Como en felices tiempos románticos, he -encontrado en un tronco de árbol un nombre grabado ... La primavera debe -haberle aromado muchas veces, tras la inútil frialdad de los inviernos, -pues se siente en el ambiente el imperio de la juventud, el triunfo -de la vida. Noto los bustos: el uno es de Lamartine, el otro de -Víctor Hugo, el otro de Verlaine ... En un pequeño lago cercano se -hace presente la curva armoniosa de un cuello de cisne, blanco y -sincero—que apenas parece haber visto pasar de lejos á Mallarmé ... -El viento, que suavemente vuela, trae ecos lejanos; ecos de mar, de -montaña, de landas. Todos los oros del otoño se sospechan en tal -dorado simulacro; y á pesar de un vago deseo de ensueño que se siente -por todas partes, se manifiesta la reminiscencia de una imperativa -influencia solar. De la villa oigo brotar un canto de mujer. El canto -es melodioso, ardiente, profundo. Me detengo cerca de decorativos -_boulingrins_, macizos de rosas de Francia, plantíos de violeta de -Francia, admirables lirios de Francia. - -Al lado, cerca de términos y á la entrada de glorietas, vi guijarros -marinos y de esos sonoros caracoles que pintaban los pintores de -antaño, como trompetas de tritones. Tomé uno de ellos y lo acerqué -á mi oído. Se oía—curioso—, primero como el ruido del Océano, mas -después como ruido de aguas de gran río ... Esto me recuerda algo de -«por allá», me dije yo ... Anduve, anduve entre los árboles. Unos tenían -nidos en las ramas. Otros formaban arcadas como ojivas de catedrales de -ensueño; otros me recordaban paisajes de viñeta—¿de dónde?—, y otros -me invitaban á descansar bajo su amable sombra. Iba á salir ya por la -puerta del jardín, cuando volví á oir la voz femenina que, acompañada -suavemente por un piano, llegaba hasta mí. Entonces tomé otro rumbo. Me -detuve delante de un fresco laurel y admiré lo bien cuidado que estaba. -Corté una hoja, la masqué, y supe una vez más que era amarga. - -Luego seguí, caminando, caminando, hasta que me detuvo la visión de -un ombú ... «¿Un ombú?—me dije—. ¿En París un ombú?» Yo había creído -hasta entonces que el ombú era, como la mandrágora de la leyenda, -fabuloso ... Que no se encontraba sino en los versos de tales poetas -argentinos, y que su figura era ilusoria ... Mas el ombú estaba allí. Y -estaba bien conservado, bien cuidado. - -Sus ramas decían toda la inmensa pampa y su corazón de árbol aparecía -en su ademán vegetal, como traducción del corazón expirante y ya -extraño del gaucho ... «¿Qué es esto—me dije—, en un parque francés, -en un jardín parisiense de París?» - -Me sacó de mi sorpresa el dueño de la villa, el propietario del chalet, -que vino hacia mí con la mayor afabilidad. En un español que no -ocultaba el acento francés, me dijo: «Me llamo José María Cantilo, y me -parece que es usted medio paisano mío ... Está usted en su casa. Soy un -argentino, jardinero de Francia ... ¡Mire qué rosas! ¡Mire qué claveles! -¿Quiere usted champaña? ¿Quiere usted mate?» Opté por el mate. No le -encontré gusto muy criollo ... El mate era de plata y la bombilla de -oro. Y, tal vez porque ya voy perdiendo la costumbre, me quemé los -labios ... Mas me supo delicioso—como cosa nuestra—, como el café de -José María de Heredia ... - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -PEQUEÑA AVENTURA DE UNA PRINCESA DE FRANCIA - - -LA reina de los Algarves, que es al mismo tiempo princesa francesa, -y una de las soberanas más hermosas del mundo, ha hecho al París -republicano la gracia de su presencia con la presencia de su gracia. -París, naturalmente, le ha encantado, y mientras su marido, el obeso -_sportsman_ campechano se iba de caza con el modesto Nemrod que hoy -rige los destinos de este país, la gallarda Amelia hacía compras en las -famosas casas de elegancia que hay en la rue de la Paix. Mas aconteció -que el protocolo tuvo que exigir la presencia de ambos soberanos en un -banquete oficial, en el Elysée. Es claro que todo se hizo como lo quiso -el protocolo, pues es éste el más ceremonioso tirano que impera en -cortes y palacios gubernamentales. Y á este propósito citaré una frase -atribuída á la señora del jefe de la República. Se trataba de no sé qué -detalle, y ella interrumpió, con la mejor convencida intención: «Pues -en otras «cortes», esto se hace así, y así.» El lapsus es muy natural -en esta vieja monarquía de gorro frigio ... - -Mas tornando á la aventura de la reina, diré que estuvo ella en el -banquete, por indicación protocolar, entre M. Falliéres, presidente del -Senado, y M. Loubet, presidente de la República. Un cronista señala -que la reina estuvo _toute gracieuse et heureuse de se retrouver en -France_, y que _pendant tout le temps du diner, chacun put remarquer -sa bonne grace, son entrain et sa joie_. ¿Qué podría decir la reina -de Portugal á los amables anfitriones al despedirse, sino que estaba -«particularmente encantada de las horas que acababa de pasar en el -Elysée»? - -Mas dos princesas de Francia velaban por la historia, por la tradición -y por el brillo de la perdida corona ... Esas princesas eran las dos -hermanas de su majestad portuguesa. Un telegrama llegó, reprendiendo -á la graciosa Amelia. El telegrama estaba escrito en términos de -reprobación y casi vehementes. Se reprochaba á la reina haber aceptado -ir al Elysée, y haberse sentado á la mesa del jefe de un Estado que -antes desterrara á su padre y á su hermano. Ese telegrama, más que un -resentimiento, era casi una indignación. - -Mas se agrega que la reina de los portugueses, sin decir nada, se -contentó con mostrar el telegrama á Don Carlos. Y que «su buen humor no -se alteró de ninguna manera, y después, como antes, continuó siempre -risueña ...» En la sonrisa le acompañaría su real esposo, y ambos -demostrarían así que, conforme con la sabiduría de las naciones, los -portugueses están siempre contentos. - -El reproche de las princesas es semejante al que dirigiera á su hijo -Don Jaime, Don Carlos de Borbón. - -Mas ¿quién viene á recordar cosas de antaño, atrocidades de la -Historia, locuras demagógicas, ó terriblezas republicanas, cuando la -Marsellesa se ha tocado en los palacios de los zares de Rusia, y, si no -me equivoco, hasta en el recinto del augusto Vaticano? - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -VIAJES PRESIDENCIALES - - -TOCÁNDOLE el turno á España, hizo, pues, su maleta, el más -sencillo y amable buen hombre de todos los presidentes, y tomó el -camino del país de las más lindas sonrisas y de los más halagadores -«castillos»: el camino de España. Inmediata y naturalmente, como -sucedió con Rusia, como sucedió con Inglaterra, como sucedió con -Italia, como sucederá ... tal vez ... con ... Alemania ... (¿por qué no, -¡qué diablos!, si estamos en una época de prodigios?) España se ha -puesto aquí de moda; es decir, se ha puesto más de moda, porque ésta -comenzó con la visita de Alfonso á los parisienses. Esta moda, como -todas las demás, es pasajera. Dura lo que un capricho de París. - -Monsieur Loubet es allá en Madrid festejado con toda la cordialidad de -que es capaz la gente española. Desde luego se encontrarán con más de -una sorpresa, él y sus acompañantes. Y con más de una desilusión. - -Porque todos sabemos que las Españas que se usan en París son -fantásticas y divertidas. París no quiere entender otra cosa. -_Españalós_, _batiñolós_, _cigaretos_, _carrambá_. No hay más. Ó, sí, -hay más: el _petit air de guitare_, la estudiantina, la «navaca», -que aun persiste en la liga de las duquesas celosas y lujuriosas. De -Dumas acá, de Gautier, ¡qué digo!, de Mme. Aulnoy acá, no ha variado -nada. Allá viven, desde luego, el Cid, Don Juan, Hernani y Carmen. Los -alguaciles recorren las calles por las noches, mientras los enamorados, -al son de una mandolina, dan su «serenado». De Literatura, en París -conocen, los que conocen, á Cervantes mal traducido, á Gómez Carrillo, -y las versiones que de Galdós y Blasco Ibáñez han hecho ciertos -aficionados. No hablo de los fosilófilos de la _Revue Hispanique_ y -de uno que otro hispanizante, más ó menos ruso ó rumano, que suelen -ocuparse en las revistas de letras castellanas. La existencia palatina -y social de la tierra de Don Alfonso XIII no es tampoco muy sabida en -estas latitudes, con ser la infanta Eulalia una parisiense de más de -la marca y con haber una colonia española de dinero y títulos bastante -numerosa. Verdad es que toda esa gente, en cuanto está en París, -quiere pasar por francesa, y de lo que menos tratan y lo que menos -les interesa es dar á conocer los progresos y el estado actual de su -país. En una revista mundana, la más aristocrática sin duda alguna, se -ha publicado en estos días un artículo que contiene las más curiosas -referencias sobre _la cour et le monde a Madrid_. Allí aparece una -marquesa de Kajra que causaría el asombro de _Kasabal_; la difunta -condesa de Sástago aparece viva y llamada de Satayo; y la de Superunda -es Luperunda. Hay datos como este: _La cuisine et moins recherchée que -la notre, et la reine Marie Christine a fait sensation, et on le lui á -repreché, par les diner de la cour, confiés a un cuisinier vienneis_. -Se diría que se está en tiempos como aquellos en que, según la citada -Mme. Aulnoy, los gentileshombres vivían _d’oignous, de pois et d’autres -utiles denrées_. - -Como el viaje de M. Loubet coincide con las representaciones en la -Comedie Française, del _Don Quichotte_, de Richepin, la actualidad no -puede ser más oportuna. Todos los turistas de estas felices regiones -que han partido para la tierra quijotesca, no dejarán de buscar por -allá las mil y una imaginaciones que tienen formadas en sus cerebros -fáciles al castillo en España. - -Claro se ve. Comienzan á llegar las primeras informaciones de los -periodistas que han ido á presenciar las fiestas de la visita -presidencial. Uno se asombra de que el rey, al abrazar al presidente -francés, le haya dado «golpecitos repetidos, con los dedos abiertos, -á la moda del país». Otro da á entender que los rubios no existen en -la tierra castellana, repitiendo el concepto de un viajero de última -hora, M. Larroumet: «hombres y mujeres tienen el color bronceado, -los cabellos de ébano, los rasgos regulares, el cuerpo esbelto, las -extremidades de una gran figura. Todos son bellos, de una belleza sin -frescura, con perfiles netos, finos y secos. Los ojos brillan ... Los -cabellos son de un negro azulado ...» «Como el ala del cuervo», les -hubiera dicho Pérez Escrich ... - -Hay que advertir que la idea que priva sobre la belleza española, ó, -mejor dicho, sobre la belleza andaluza, es Carolina Otero, que no es -andaluza sino gallega. Luego, hay en la flotante colonia española -unas cuantas capas y sombreros cordobeses, unos cuantos «toreadores» -trashumantes que ayudan con su presencia, hechos y gestos, á fijar más -en estos espíritus singulares, la idea de lo pintoresco español. - -Yo no habría quitado una sola ilusión á los turistas parisienses, sobre -todo á los periodistas que han ido á la corte de España con motivo -del viaje del presidente de la República francesa. Habría hecho más: -habría aumentado el color local, puesto que el color local es lo que -primero van buscando. Cierto es que ya en «el Escurial» se dió cuenta -de que había aparecido _una estudiantina_ con el traje nacional que -daba una _serenade_ á M. Loubet. Mas yo habría traído de Granada -á Chorro-e-jumo, el famoso modelo de Fortuny, con su carnavalesca -indumentaria; y bajo su dirección, habría hecho evolucionar en -fantásticos fandangos un policrómico batallón de gitanos y gitanas. -Habría hecho en Toledo dar verdaderas _serenades_, con verdaderas -_mandolinas_, á la luz de la luna, en las callejuelas estrechas. Y -habría buscado á una ó dos condesas de buen humor, que en ocasión -oportuna, ante el encantado turista parisiense, hubiese sacado de -la liga, que ceñiría una pierna digna de una maja de Goya, su larga -_navaca_, una gran _navaca_, de esas de no sé cuántos muelles, que -hacen al abrirse un ruido ciertamente inquietante. - -Mas las sorpresas allá han sido muchas. Se encuentran desencantados con -que Madrid es una capital invadida por la uniformidad prosaica de todas -las capitales modernas. Los tranvías eléctricos van por la población, -cuyos edificios son semejantes á las construcciones de otras partes, -salvo uno que otro que conserva el estilo nacional, ó tal reliquia como -la ilustre fábrica que sirvió de prisión á Francisco I. - -¿En dónde está lo que Nodier contaba? ¿En dónde las majas goyescas -y las diligencias que atacaban y desvalijaban los caballerosos -bandoleros? Para colmo, no se encuentran, ¡ay!, ni los mendigos, _los -famosos mendigos españoles_, de que habla el más reciente _voyage en -Espagne_, porque una disposición del alcalde de Madrid los ha barrido -últimamente de las calles de la villa. - -Naturalmente, les han cambiado la España soñada; y lo peor es que á -nadie se le ocurrirá invitarlos á comer en casa de Botín un cochinillo -al horno, en cacharros que tienen solera, y demostrarles que comen el -plato de Quevedo y beben en el vaso de Cervantes. - -No me habría faltado á mí bacía que enseñar como el yelmo de Mambrino, -ni esqueleto de caballo viejo que presentar como restos de Rocinante ... -Y todo el mundo se habría despedido contento. - -Se encontrarán en cambio con que en el alto mundo se vive una vida -mitad en inglés, mitad en francés, como en París, y que _snobs_ y -_snobinettes_ son los mismos á un lado y otro de los Pirineos. Y -en el teatro verán las mismas cosas que en Francia: traducciones, -traslaciones ó imitaciones de asuntos franceses. En las letras, -imperando, es natural, como en todas partes, lo francés, la influencia -francesa. Los trajes de Paquin y los sombreros de la rue de la Paix -sustituyendo á los adornos castizos y á la olvidada y desdeñada -mantilla de las antiguas bellezas. Encontrarán el sereno, pero no les -cantará la hora ni les dirá qué tiempo hace; mas el guardia de la -esquina, los que en _La verbena de la Paloma_ van á dar la vuelta á -la manzana, les chapurrearán el francés é irán á _donner le tour á la -pomme_, como dice un ocurrente caricaturista de la ciudad del oso y del -madroño. - - * * * * * - -Mas en verdad, lo que sí hallarán, tanto M. Loubet como su comitiva y -los turistas, son unos excelentes hidalgos que hablan con sinceridad y -que sienten con entusiasmo. Los paseantes verán una buena capital sin -las grandezas y lujos de este maravilloso París, pero sin apaches ni -batallas nocturnas, gracias á la mohosa, vieja, pero utilísima -institución del sereno. Hallarán buenas gentes, sin la famosa _morgue -castillane_, que reciben al extranjero con la más franca cordialidad -y se gastan con él lo que tienen y lo que no tienen. Y, sobre todo, -verán y admitirán «las más lindas sonrisas del mundo», como dice un -corresponsal del _Fígaro_, en esos rostros incomparables de las mujeres -españolas, incendiados de miradas prodigiosas, rostros de Concepciones -de Murillo y de ángeles de Goya. Admirarán esa hermosura natural, esa -gracia autóctona. No dejarán de notar que no es poca la importación -del parisienismo, y que en la alta clase y en la burguesía rica hay -mucho del faubourg y del boulevard ... Mas las hijas del pueblo, las -gatitas verdaderas de Madrid, les ofrecerán ejemplares de raza, flores -de belleza propia. Celebro que el _Blanco y Negro_ haya tenido la buena -ocurrencia de dar una fiesta á los periodistas franceses, con mucho -de guitarra, y «venga de ahí», y tangos y seguidillas y gitanas. ¿Ha -habido gitanas? Si no las ha habido es un pecado. Debe haberlas habido, -y de las de más negros ojos y más salada palabra, de las que dicen la -buenaventura y ríen y roban ... Así, los _queridos confrères_ vendrán -contando que no se les ha robado la plata ... Que han visto algo de lo -que contaba Nodier ... Y la célebre _dame au masque_, la sonora Mme. Du -Gast, podrá saber y contar algo más sobre _espagnolós_ y _cigaretós_. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -EN CASA DE MINERVA - - -CADA año el Instituto—esto es, las cinco Academias que lo -componen—celebra una sesión, muy concurrida y solemne, en que los -sabios y los artistas, juntos, confraternizan ante la mirada respetuosa -ó ante las sonrisas de un público ya admirativo, ya escéptico. - -Naturalmente, á esa sesión no faltan, no dejan de llevar las damas sus -atavíos elegantes y sus gracias. Ir á esa sesión, como á cualquier -solemnidad académica, es una cosa distinguida. No se pierde tampoco -el tiempo. Por lo general, los oradores ó lectores son escritores, -artistas y sabios que entretienen amablemente al auditorio, que saben -lo que dicen y que lo dicen bien, en esta lengua francesa en que es tan -difícil aburrir ó decir una tontería. Por muy áridos que los asuntos -sean, puede decirse que nuestras «latas» españolas, nuestros «solos» -argentinos, son muy raros y casi imposibles en ese recinto. Así, las -lecturas hechas por Edouard Detaille, Sénart, De Foville, Edmond -Perrier y Jules Lemaitre encantaron á la concurrencia. El uno es -un pintor, el otro un arqueólogo, el otro un estadista, el otro un -hombre de ciencia y el otro un hombre de letras, y todos cinco fueron -oportunos, claros, amenos. Había en esa asamblea de viejos un innegable -verdor, como el de las palmas de sus uniformes de inmortales. Esos -viejos representan la gloria y el prestigio consagrados de Francia; -esas barbas blancas honran al pensamiento humano, y el más modesto de -esos trabajadores de la idea es un bienhechor de la comunidad. - -Con justicia M. Detaille, al fin de su discurso, recordó las expresivas -frases de Renan: «El Instituto es una de las creaciones más gloriosas -de la Revolución, una cosa completamente propia de la Francia. Muchos -países tienen academias que pueden rivalizar con las nuestras por la -ilustración del personal que las compone y por la importancia de sus -trabajos. La Francia solamente tiene el Instituto, donde todos los -esfuerzos del espíritu humano están como ligados en haz: en donde -el poeta, el historiador, el filósofo, el matemático, el físico y -el astrónomo, el escultor, el músico y el pintor pueden llamarse -fraternalmente compañeros.» - -M. Detaille, el célebre autor de tanto célebre cuadro militar, fué -quien pronunció el discurso de apertura, como miembro de la Academia -de Bellas Artes y presidente en ejercicio del Instituto. Comenzó -recordando que hace un siglo justo el Instituto pasó á ocupar el actual -local, el palacio Mazarin, dejando el palacio del Louvre, en que -antes tuviera asiento. Eso se debió á Napoleón. A este propósito el -benemérito artista no deja de hacer brillar, como en sus telas, uno que -otro resplandor de batalla, uno que otro relámpago de sable. Luego, -hablará de asuntos más caseros, digamos así, y lamentará á los colegas -recientemente desaparecidos. Ya es Guillaume, académico de la francesa -y de la de Bellas Artes, «noble figura que encarna á la vez la -delicadeza del artista y del hombre de letras. Profundamente erudito, -nadie sabía hablar como él de cosas de Arte con tanta autoridad y -sabia experiencia». El duque d’Audiffrei-Pasquier, «que hizo su -educación política bajo la égida de su tío el canciller Pasquier, cuyas -tradiciones recogió en tiempo de los Guizot, de los Villemain y de los -Montalembert», José María de Heredia, «que desaparece dejando tras sí -un rastro luminoso, como esos meteoros que pasan en el firmamento. -Su obra, materialmente, ocupa poco lugar, y si es ligera, es para -remontarse bien alto en el espacio, como un cohete de oro que estalla -orgullosamente. Sus admirables sonetos están en todas las memorias. -Él veía noble, veía grande, y ninguno ha encontrado imágenes más -espléndidas y más precisas para traducir las soberbias visiones que -concebía su cerebro de poeta artista». - -Ya es M. Wallon, «cuyas obras sobre la esclavitud en la antigüedad, -sus historias de Juana de Arco y de San Luis, sus trabajos sobre el -tribunal revolucionario, obras de una erudición abundante y precisa, -han consagrado su reputación de historiador». Y el sabio Oppert, que, -extranjero, al naturalizarse aportó á Francia «los frutos de una -erudición profunda». Luego, Potier, ingeniero, dotado de una prodigiosa -actividad unida á una erudición legendaria; y Bicha, el decano de -la Facultad de Ciencias de Nancy, y el alemán Richtofen; y Barrias, -arrebatado «en plena fuerza y en pleno trabajo», y otros escultores, -Thomas y Dubois; los pintores Henner y Bouguereau, Henner, «ese hijo de -la vieja Alsacia, que había guardado el culto enternecido de la tierra -natal, se aplicaba á envolver la forma pura, á la manera de Corneggio -y de Prudhon, en esa misteriosa visión, como si sus ojos hubiesen -guardado el recuerdo de las brumas argentadas de sus valles de -Alsacia». Y Bouguereau, que, «seguro de sí mismo, supo imponer sus -convicciones artísticas y hacer compartir su fe», y «cuya probidad de -vida fué igual á la probidad de su talento». Y los recuerdos de duelo -continúan con el grupo de ilustres nombres extranjeros, el grabador -Biot, Constantin Meunier, Massarani, Racconi, Waterhouse, y el gran -teutón Adolfo Menzel, cuyo elogio era interesante oir de un pintor como -Detaille: «Su obra es considerable, pero hay una que sobresale entre -las demás: es la reconstitución de la vida de Federico el Grande y de -su época, que ha evocado con una precisión y un talento que hacen de -él uno de los pintores más notables al mismo tiempo que un verdadero -historiador.» Después es el financista Germain, el estadista Juglar, y -Olivecrona, y Hüffer, Perin y Hennequin. La muerte ha segado en un año, -como se ve, muchas testas gloriosas. - -Mas con justicia, M. Detaille concluyó su discurso con las palabras de -Renan que he citado al comienzo de esta carta. - - * * * * * - -La lectura de M. Sénart, delegado de la Academia de Inscripciones -y Bellas Letras, trató sobre «un nuevo campo de exploración -arqueológica», el Turquestán chino. Recordó á los bravos iniciadores y -proseguidores de valiosos trabajos, como el príncipe Henry de Orleans, -víctima de sus exploraciones, Bouvalot, De Grenard, Dutrenil de -Rhins. Y al sueco Sven Hedin, que ha realizado viajes verdaderamente -extraordinarios. «El Turquestán—dice M. Sénart—ha sido una gran vía -de la política, del comercio, de la religión. Es por allí que, desde -130 antes de nuestra Era, el famoso Changkieu fué á entablar, á la -ventura, negociaciones con los ocupantes de la lejana Bactriana; y -por allí, doscientos años más tarde, el general Pantchao se lanzaba á -imponer á esas regiones la soberanía china.» Como veis, esos asuntos -son un poco lejanos y abstrusos ...; mas el sabio ha sabido interesar á -su auditorio, sobre todo cuando ha hablado de ciertos hallazgos en que -la arqueología se interesa y se complace. - -Otro sabio de otra especie fué más curiosamente escuchado, sobre todo -por los oyentes femeninos. Me refiero á monsieur Edmond Perrier, -delegado de la Academia de Ciencias. Trató sobre _La parure_, sobre -los adornos, y su amenidad fué muy gustada y aplaudida, su amenidad -enseñadora. Mirad qué amable sabio es el que comienza su disertación -con estas palabras: «Al ver sucederse á los rayos de un sol de estío, -ó bajo las girándulas de una sala de baile, los acariciantes colores -de los trajes de fiesta, matizados hasta lo infinito y combinados -según los geniales y armoniosos caprichos de la imaginación femenina, -se podría creer que el adorno ha sido la invención exclusiva de las -hijas de Eva. Por ellas, todo lo que hay en el mundo de luminoso -y de brillante está evocado alrededor de nosotros, se mezcla -cotidianamente á nuestra existencia, y viene hasta abajo esta austera -cúpula á iluminar nuestras sesiones académicas con un brillo que la -suntuosidad de nuestras palmas verdes sería insuficiente para darle». -El galante sabio busca el adorno en la Naturaleza, en los aires, en la -tierra, en la profundidad de los mares; y de su rebusca resulta que, -contrariamente á lo que pasa entre los humanos, el sexo que se adorna, -que se hermosea, que coquetea, digamos, entre los animales, es el sexo -masculino. - -Y es un desfile de maravillosos peces, de milagrosos insectos, de -prestigiosos pájaros, adornados por la pródiga Naturaleza, Paquin de -los pavos reales, Lalique de los colibríes, proveedora incomparable de -sedas, joyas, tintes y matices de encanto. De todo el estudio, lleno de -citas y de datos, resulta la chocante demostración de que en el reino -animal, el macho constituye ... el bello sexo. - -Hay sus consuelos. «El cuadro que acabamos de trazar—dice en una parte -de su discurso—, de las brillantes facultades del sexo masculino no -se aplica sino á las clases superiores del reino animal; tiene su -contraparte en las clases inferiores. Ya en las colmenas de abejas, los -numerosos príncipes consortes, incapaces de todo trabajo, son muertos -por las obreras desde que se acerca el invierno.» Y así empieza la -narración de las desventuras del macho, entre una larga variedad de -seres inferiores. Una cosa va por otra. - -Las frases finales son saludadas con un general aplauso: -«Felicitémonos, simplemente, de que las cosas se hayan arreglado de -manera que en medio de los cataclismos suscitados por la inconsciente, -involuntaria é irresistible actividad de los hombres, permanezca -infrangible, por su esencia misma, y á pesar de lo que puedan de ella -pensar ciertas almas, la dulce y serena figura de las que, desde -nuestra primera sonrisa hasta nuestra última herida, están cerca de -nosotros para amar, prever, consolar y curar.» Y esa sí que constituye -una deliciosa superioridad femenina. - - * * * * * - -El discurso de M. De Foville, no por tocar un tema árido para la -generalidad, dejó de ser escuchado con mucha atención y gusto. Su -_profession de foi d’un statisticien_, es una pieza escrita con -_esprit_ al par que con profundidad y transcendencia de ideas. La -estadística, ciencia de numerar y de datos, apareció expuesta por este -sonriente sabio, tan atrayente como valiosa. La estadística ha tenido -en su contra las ocurrencias fáciles de autores cómicos. ¡No importa! -«Nosotros—dice M. De Foville—somos los primeros en reir de las -bromas, hoy clásicas, cuyos iniciadores fueron los Louis Reybau, los -Labiche, los Gondinet.» En el Congreso de Londres todo el mundo se rió -cuando lord Onslaw recordó algunas de esas facecias en un brindis. «Es -el gran mérito de la estadística—dice De Foville—, tal como nosotros -la comprendemos, decir la verdad, no querer decir más que la verdad, -cuando alrededor de ella, voces que intentan parecerse á la suya hacen -impunemente de la mentira un hábito y aun una industria.» Detenidas -consideraciones hizo el eminente académico, que fueron recibidas con -las muestras del mayor aprecio por un público que, si no se deleitaba -con el tema, gozaba con la galanura sabrosa del discurso. El Sr. -Alberto B. Martínez habría aplaudido con todo entusiasmo, en unión de -la selecta concurrencia, á su respetable colega. - -La Literatura estuvo bien representada por Jules Lemaitre. Este -escritor, cuyo talento ha estado por largo tiempo navegando en los -mares de la política, en donde se ha llenado de lamas, conchas, brumas -y pesadeces, se diría que ha entrado en el dique y ha limpiado sus -fondos. Su discurso sobre los libros viejos es una página que recuerda -sus antiguas páginas de pensador sagaz y crítico avisado. Corto fué—y -este es un mérito más—y aplaudidísimo por los concurrentes, que ven -en M. Lemaitre como una especie de hijo pródigo de la Academia, que -retorna á sus viejas tareas, floridas de ideas finas y de elegancias -verbales. Quiera que persevere en tal resolución la dueña de la casa, -la patrona de la Cúpula, la sabia Minerva. - -[Ilustración] - - - - -LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE - - -HERMOSA y gloriosa tarea la que acaba de concluir el Dr. J. C. -Mardrus: la traducción completa de _El libro de las mil noches y una -noche_, hecha literalmente del texto árabe, dón inapreciable que no -podemos suficientemente agradecer los occidentales. El último volumen -dejará en las almas soñadoras una inevitable nostalgia. Un espíritu tan -raro como sutil ha lanzado ya esta queja: «_Las mil noches y una noche_ -son toda la epopeya amorosa del globo desde su formación hasta nuestros -días. El globo es un huevo que incuban á turno el amor y la noche. ¿La -humanidad no será más que el accidente del ensueño? Con tal que el amor -y la noche nos abaniquen con sus alas, la tierra continuará, me atrevo -á creerlo, girando bien. Mas he aquí que llega la mañana ... ¡ay! ¡ay!, -el Oriente se emblanquece ... ¡el Oriente se hace viejo! ¿Quién mecerá -nuestro sueño de gentes del Norte?» - -Sí. Rachilde tiene razón. Necesitamos, para acercarnos siquiera á la -ilusión de la felicidad, de la delicia nocturna y del encanto amoroso. -Y ese es el ambiente de esas historias mágicas que el sabio europeo ha -ido á sacar de sus secretos refugios de Oriente. - -El Dr. Mardrus es un arabista de nota, diga lo que diga cierto emir -amigo de Claretie, que ha encontrado _algunas inexactitudes_ en -esta versión, que uno siente tan llena de hechizos. Trabajador de -conciencia, él explicó desde el principio la magnitud de su empresa. -Antes que él, nadie había hecho en francés una traducción completamente -exacta, literal, por el temor de la desnudez de la expresión arábiga, -que hiere, más que nuestros pudores de Occidente, el universal -puritanismo de las literaturas cristianas. En inglés existían las -versiones fieles, hoy rarísimas, de Payne y de Burton; pero esas -fueron tiradas para suscriptores limitados, y quedaron, por decir -así, secretas. Mardrus conoce una segunda edición de Burton, pero es -expurgada. El erudito traductor francés señala los orígenes de sus -fuentes. La base de _Las mil noches y una noche_ (es así como debe -decirse) está en una antología persa, el Hazar Afsanah. - -Hubo narradores diversos que, tomando los asuntos originales, -fantasearon á su placer. Se mezclaron cuentos persas y leyendas de -otras naciones. «El mundo musulmán entero, de Damasco al Cairo y de -Bagdad á Marruecos, se reflejaba, en fin, en el espejo de _Las mil -noches y una noche_.» Una mezcla de dialectos, de modismos distintos, -que se hallan en los manuscritos hechos en diferentes épocas, impide el -señalar una fecha fija al libro maravilloso en que parece que toda la -fantasía de los países de Oriente colaborara. Mas de recientes estudios -se desprende que pertenecen al siglo X estos cuentos que se -hallan en todos los textos: 10. Historia del rey Schahriar y de su -hermano el rey Shahzaman; 20. Historia del mercader con el Efrit; 30. -Historia del pescador con el Efrit; 40. Historia del cargador con las -jóvenes; 50. Historia de la mujer cortada, de las tres manzanas y del -Negro Rihan; 60. Historia del visir Nureddin; 70. Historia del sastre, -del jorobado; 80. Historia de Nar Al Din y Anis Al-Djalis; 90. Historia -de Ghamin-ben-Ayub; 100. Historia de Ali-ben-Bakkar y Shams-Al-Nahar; -110. Historia de Kamar-Al-Zaman; 120. Historia del caballo de ébano; -130. Historia de Djulnar, hijo del mar. La historia de Kamar-Al Zaman -II y la de Mearuf se colocan en el siglo XVI; la mayoría de los -cuentos, entre los siglos X y XVI, y la historia de Simbad el Marino -y la del rey Djiliad serían anteriores á todas. Conforme con la nota -colocada á la cabeza de la edición Mardrus (que inició la _Revue -Blanche_ y ha terminado Fasquelle), las ediciones críticas que existen -de los textos originales de las _Alf Lailah Oua Lailah_ son siete: -La edición (inacabada) del cheikn El Yemeni, dos volúmenes; Calcuta, -1814-1818. La edición Habitch, doce volúmenes; Breslau, 1825-1843. -La edición Mac Noghten, cuatro volúmenes; Calcuta, 1830-1842. La -edición de Boulack, dos volúmenes; El Cairo, 1835. Las ediciones del -Ezbekieh, de El Cairo. La edición, cortada, corregida, dislocada, de -los jesuítas, en cuatro volúmenes, Beyruth, y la edición, en cuatro -volúmenes, de Bombay. El Dr. Mardrus prefirió la de Boulack, y se ayudó -con la edición de Mac Noghten, y principalmente con los diferentes -manuscritos arábigos. - -No tengo noticia de ninguna traducción literal alemana, ni italiana, -ni española. _Las mil y una noches_ que conocemos en español son -traducidas de la traducción francesa de Galland, «ejemplo curioso de -la deformación que puede sufrir un texto, pasando por el cerebro de un -letradoen el siglo de Luis XIV; la adaptación de Galland, hecha para la -Corte, fué sistemáticamente emasculada de todo atrevimiento y filtrada -de toda la sal primera. Aun como adaptación es incompleta, pues -contiene apenas la cuarta parte de los cuentos. Antes de Mardrus, los -cuentos que forman las otras tres cuartas partes no se han conocido en -Francia, ó, diciéndolo mejor, las ha ignorado el mundo». - - * * * * * - -Para traducir una obra de poesía es necesario un poeta. Y para traducir -esta obra de poesía, sin parangón, era preciso un poeta sabio en cosas -de Oriente como el doctor Mardrus, que ha vivido la vida oriental -en los mismos lugares en que nacieron, en abolidas y prestigiosas -imaginaciones, estos cuentos extraordinarios. - -Que el traductor es un poeta insigne, lo demostrará la perla de la -introducción, cuatro palabras armoniosas que no dejaré de dejar aquí -para regalo de mis lectores: «—Yo ofrezco—dice—todas desnudas, -vírgenes, intactas, ingenuas, para mis delicias y el placer de mis -amigos, estas noches árabes, vividas, soñadas y traducidas, sobre -la tierra natal y sobre el agua». Ellas me fueron dulces durante los -vagares de las largas travesías, bajo el cielo de lo lejos. Por eso -las doy. Ingenuas son, y sonrientes, y llenas de ingenuidad, al igual -de la musulmana Schaharazada, su suculenta madre, que las parió en -el misterio, fermentando con inquietud en el seno de un príncipe -sublime—lúbrico y feroz—bajo el ojo enternecido de Alá clemente y -misericordioso. Desde su venida fueron delicadamente acariciados por -las manos de la lustral Doniazada, su tía, que grabó sus nombres sobre -hojas de oro coloreadas de húmedas pedrerías, y las cuidó bajo el -terciopelo de sus pupilas hasta la adolescencia pura, para esparcirlas, -voluptuosas y libres, sobre el mundo oriental, eternizado de su -sonrisa. Yo las juzgo y las doy tales, en su frescor de carne y de -roca. Pues ... un método sólo existe, honrado y lógico, de traducción: -«la literalidad», impersonal, apenas atenuado por el rápido parpadeo -y el saborear largamente ... Ella produce, sugestiva, la más grande -potencia literaria. Ella hace el placer evocatorio. Recrea indicando. -Es la más segura garantía de la verdad. Ella se hunde, firme, en su -desnudez de piedra. Huele el aroma primitivo y lo cristaliza. Devana -y deslíe ... Fija. Cierto, si la literalidad encadena al espíritu -divagante y lo doma, ella contiene la infernal facilidad de la pluma. -No me quejaré de ello. - -Pues, ¿dónde encontrar en un traductor el genio simple, anónimo y -libre de _la niaise nanie de son nom_? Mas por las dificultades del -terruño original, tan duras para el profesional _en théme_, ellas no -sabrían, en los dedos del enamorado del oriental parlar, concentrarse -en más espira que las precisas al gozo de desatarlas. En cuanto á la -acogida ... El Occidente amanerado, empalidecido en el ahogadero de las -convenciones verbales, fingía azoramiento á la audición del franco -lenguaje cuchicheante y simple y sonoro de toda la risa, de esas brunas -muchachas sanas, nativas de las tiendas abolidas. - -Así, pues ... Ellas no ven en eso malicia, las huríes. Y los pueblos -primitivos—dice el sabio—llaman las cosas por su nombre, y no -encuentran casi condenable lo que es natural, ni licenciosa la -expresión de lo natural. (Entiendo por pueblos primitivos los que aun -no tienen ninguna tara en la carne ó en el espíritu, y nacidos al mundo -bajo la sonrisa de la belleza ...) Desde luego es totalmente ignorado -de la literatura árabe ese producto odioso de la vejez espiritual: la -intención pornográfica. Los árabes ven toda cosa bajo el aspecto -hilarante. Su sentido erótico no lleva más que á la alegría. Y ellos -ríen con todas ganas de lo que al puritano parecería escandaloso. -Cualquiera que, artista, ha vagado y conocido los viajes y cultivado -amorosamente bancos agujereados de los adorables cafés populares en -las verdaderas ciudades musulmanas y árabes, el viejo Cairo de las -calles llenas de sombra y tan frescas, los suks de Damasco, Sana del -Yemen, Mascata ó Bagdad; que ha dormido sobre la estera inmaculada del -beduíno de Palmira; partido el pan y probado la sal fraternalmente, -en la gloria del desierto, con Ibn-Rachid suntuoso, ese tipo neto del -árabe auténtico; saboreado todo lo exquisito de una conversación de -simplicidad antigua con el puro descendiente del profeta, el cherif -Hussein ben Alí-ben Aun, emir de la Meca Santa, ha podido notar la -expresión de las fisonomías pintorescas reunidas. Único, un sentimiento -domina toda la asistencia: una hilaridad loca. Ella flamea en sacudidas -vitales á cada salida libre del heroico narrador público gesticulante, -animando sobre todo y saltando entre los espectadores complacidos ... -Y la embriaguez os ase, suscitada por las palabras, por los sonidos, -por el perfume ó la afrodisia del aire, por el subolor discreto del -haschich, dón último de Alá!... Y se es navegante aéreo en la noche ... -Alá no se aplaude, ese gesto bárbaro, inarmónico y feroz, ese vestigio -innegable de las razas caribes ancestrales danzando alrededor del poste -de colores, y del cual la Europa ha hecho el símbolo del horrible -goce burgués amontonado bajo el gas, es esencialmente desconocido. -El árabe—á una música, notas de cañas y de flautas, á una queja de -«katun» ó de «ud», á un ritmo de «darabuka» profundo, á un canto de -muezin, ó de almea, á un cuento coloreado, á un poema de aliteraciones -en cascadas, á un olor sutil de jazmín, á una danza de flor ó vuelo -«buka» profundo, á un canto de muezin, ó de perla de una sólida -cortesana undosa de ojos estrellados—responde, á la sordina ó con -toda la voz, por un Ah ah!... largo, sabio, modulado, extático, -arquitectural. Es que el árabe es un intuitivo, pero afinado y -exquisito. Ama la línea pura y la adivina, irrealizada. Pero ... él -estrecha, sin palabras, infinitamente. - -Y ahora, yo puedo prometer, sin temor de mentir, que el telón no -se alzará sino sobre la más asombrosa, la más complicada y la más -espléndida visión que haya jamás encendido, sobre la nieve del papel, -el frágil útil del relator. - -Tal es el prólogo que abre las misteriosas y talismánicas puertas de -esos reinos de soñaciones tan humanas y tan divinas. El doctor Mardrus -no anuncia en vano. Entre las más prestigiosas y extrañas decoraciones -comienzan á desarrollarse las más inverosímiles y magníficas escenas. -Emergen de la narración los más variados relentes; se oyen los más -inauditos ruidos; se ven las más desmesuradas visiones. Florece libre -la alegría de una humanidad sin complicaciones, sana y fresca en su -prístina naturaleza. - -El pan se llama pan, el vino vino, y la función de amor como en el -decálogo de Moisés. Nada hay contrahecho; no existe allí ni el pecado -de nuestras teologías, ni la vergüenza de nuestros culpables pudores, -ni la malicia de nuestra perversidad de civilizados. Hay sí una -superior cultura que impone la justicia y la bondad en las almas. Y -lo desconocido se muestra naturalmente, y lo prodigioso es usual, y -el ensueño entra en la vida y la vida en el ensueño, como era justo -que fuese. Bien se explica el querer de Stendhal, que deseaba «olvidar -dos cosas: _Don Quijote_ y _Las mil y una noches_, para cada año -experimentar al releerlas una voluptuosidad nueva». - -De mí diré que libro alguno ha libertado á mi espíritu de las fatigas -de la existencia común, de los dolores cotidianos, como este libro -de perlas y pedrerías, de magias y hechizos, de realidades tan -inasibles y de imaginaciones tan reales. Su aroma es sedativo, sus -efluvios benignos, su gozo refrescante y reconfortante. Como cualquier -modificador del pensamiento, brinda el dón evasivo de los paraísos -artificiales sin el inconveniente de las ponzoñas, de los alcoholes y -de los alcaloides. Leer ciertos cuentos es como entrar á una piscina de -tibia agua de rosas. Y en todos se complacen los cinco sentidos, y los -demás que apenas sospechamos. - - * * * * * - -De ninguna manera recomendaré la lectura de la versión Mardrus más que -á hombres de letras, á hombres de estudio, á hombres. A no tratarse -de juiciosas y tranquilas damas amacizadas de literaturas, ninguna -de nuestras señoras está preparada para obra tal, que indudablemente -les causaría escándalo. El desnudo oriental es todavía más natural -que el desnudo clásico griego. En cuanto á las señoritas, claro está -que no pueden leerla. Baste con decir que la moral de las señoritas -mahometanas es muy otra que la que se enseña en Sagrados Corazones y -demás colegios en que reina la doctrina de Cristo. - -¡Feliz quien pueda con naturalidad y sencillez, sin ironía ni maldad, -pasearse por tan floridos y perfumados jardines de delicias! ¡Dichoso -el que pueda impregnarse como de un ungüento fino de la poesía de los -poetas de Allá Lejos! Sentirían que por un momento caen de las alas de -su alma los hierros seculares que una angustia de siglos ha mantenido -en ellas. Y se sentirá, como dice la bella expresión del doctor -Mardrus, nuevo Simbad que nos trae historias milagrosas de los países -de las maravillas, se sentirá «navegante aéreo en la noche».... - -[Ilustración] - - - - -PARÍS Y EL ZAR - - -ERA una gran alegría nacional; la Francia estaba de fiesta. El cañón -había tronado gloriosamente en las revistas navales. Los marineros de -los barcos de Rusia eran abrazados y besados en las calles por una -muchedumbre entusiasta y clamorosa. El autócrata heredero de Pedro -_el Grande_, hacía, como su fuerte abuelo, una visita á París. París -se puso su mejor tocado, se embanderó, se coronó de luces, cantó -en populares músicas salutaciones al poderoso recién venido y á su -hermosa compañera la emperatriz Alix. Todas las gentes manifestaban -un contentamiento singular. Se gritaba: _Vive l’empereur! Vive la -Russie!_, á todo pulmón y con toda el alma. Era un delirio de regocijo, -una satisfacción intensísima demostrada de diversas maneras; la Prensa -celebraba el fausto suceso; las ilustraciones se llenaban de retratos -de los huéspedes ilustres. La nobleza exultaba, la burguesía se -desleía, el bajo pueblo no cabía en sí. Estaba en la capital francesa -el monarca ilustre del país aliado, el potente imperio moscovita. -Funciones de gala, bailes, evocaciones históricas, versos áulicos, -festivales pomposos, todo hubo en honor de los huéspedes. Nicolás era -el ídolo de París. - -... Hoy se grita en reuniones y _meetings_: «¡Abajo el tirano de -Rusia!» Con pocas excepciones, todos los periódicos, dando al olvido -la alianza, abominan el régimen cesáreo de Petersburgo y tratan al -emperador de asesino. Jaurés, el acomodaticio con los reyes de Italia, -aprovecha para volver á sus cargas socialistas. Los caricaturistas -se muestran feroces con el Romanoff, que se encuentra, no por cierto -cómodamente, entre la espada y la pared. Aquí está Nicolás con su -corona imperial y su manto de armiño manchado de sangre, con una -leyenda en que se le llama «zar asesino», y en que M. Loubet le dice: -«Nicolás, tú eres un tonto. Cuando se quiere despedazar al pueblo, -es preciso primero proclamar la República.» En otra parte se ve un -zar militar, siempre ensangrentado, con un rostro negro y lívido, de -criminal condenado, y estos versos de Víctor Hugo en letras de sangre: - - Peuple russe tremblant et morne, tu chemines, - Serfat á Saint-Petersbourg, ou forcat dans les mines. - Le pôle est pour ton maître un cachot vaste et noir; - Russie et Siberie, oh czar! tyran! vampire! - Ce son les deux moitiés de ton funeste empire: - L’une est l’oppression, l’autre le désespoir! - -Lo rudo de los dibujos se compadece con lo áspero de las leyendas. - -Vese al emperador con el heredero en los brazos y custodiado por un -esbirro armado de _knut_: - -«—¿No es cierto que la sangre rusa es hermosa, hijo mío ...? Y no hay -que ir á Manchuria para verla correr.» Por una ventana se mira el -montón de cadáveres de los obreros fusilados ... - -Un caricaturista ruso residente en París, Watteroff, representa á la -zarina y al zar en momentos de entrar en el lecho. Ella parece una -Juana de Arco coronada, por la armadura que lleva, y él un acorazado -Ubu, armado de látigo. - -«—Tú quieres—dice la emperatriz—acostarte con la coraza de Pedro _el -Grande_.» Y el emperador: «Sí, soy prudente ... Recuerdo la historia de -Alejandro ... de Serbia.» - -Los artistas se complacen en pintar á los cosacos con la intención -que ponían los pintores de antaño en los rostros de los sayones, en -los calvarios y descendimientos. Todas son caras feroces, miradas -crueles. Todos son gestos rudos y rictus bestiales de brutos sin -entrañas. Y en los rostros de los obreros, de las víctimas populares, -la desolación, el miedo, el espanto. En los kioskos de los bulevares, -desde lejos veis manchas rojas en fondo blanco: es nieve y sangre; son -las publicaciones de actualidad, la reproducción de las matanzas de -San Petersburgo. En una estampa el pope Sergio grita: «¡Yo muero, pero -la libertad va á nacer!» Y el pope Gapón le contesta: «Sí, tú mueres -por el Dios de la libertad y por la Patria. Pero vosotros, soldados, -no tenéis ya emperador puesto que habéis tirado contra su imagen, y no -tenéis Dios, puesto que tiráis contra vuestros hermanos.» En otra, el -zar aparece ocupado en lavar su corona sangrienta; en otra ofrece al -águila bicéfala que se ve como enferma y canija, ó reformas ó carne -de cañón ... «Después de Hull ... San Petersburgo», esto es: después -de cañonear barcas indefensas de pescadores, la carnicería de la -Perspectiva Newski y de las plazas y paseos de la capital eslava. Se -dibuja un Nicolás indeciso, un Nicolás cruel y un Nicolás atemorizado. -Vestido de blanco, en el palacio de Invierno, oye á un chambelán dorado -que le anuncia la llegada de una delegación de obreros, y le responde: -«¡Fusílenlos! ¡Me voy al Zarkoe Selo!» Y en Zarkoe Selo contesta á otro -chambelán que le anuncia una delegación de estudiantes: «¡Fusílenlos! -¡Me voy á Peterhof!» Y en Peterhof se le anuncia una delegación nueva: -«¡Fusílenlos!... Pero, ¿adónde podré ir ahora ...?» Un coronel feroz -como un ogro, dice á sus soldados ante unos niños que suben temerosos -á un árbol: «¡Fusílenme todo eso! Esos son los descontentos del -porvenir.» Luego, será de nuevo el zar como ahogado entre vapores de -sangre, y un pueblo aullante alrededor de él. Una visión de Steinlen es -fantástica y macabra: el pequeño emperador entre dos gruesos generales, -sobre una blanca estepa; en el horizonte, una siniestra águila de -sombra, un cetro y una corona que caen; y todo eso dentro de un círculo -dantesco de desesperados, de víctimas, un retorcimiento de miembros, -clamorosos hombres, mujeres, niños, ancianos, los sacrificados por el -cesarismo, por la impasible oligarquía, por la voluntad de una nobleza -inflexible y los mil brazos férreos del poder absoluto. - -Y la Prensa comenta noticias como ésta: El emperador conserva la misma -calma absoluta que tuvo en el momento en que le dieron cuenta de que -92.000 hombres habían sido muertos y heridos en el Chaho. «¡Noble -corazón!» Otros piensan que si la revolución rusa triunfase no ganaría -mucho el pueblo mismo. Los bravos ciudadanos franceses, dicen, creen -que la revolución francesa se ha realizado el 14 de Julio de 1789, -entre el amanecer y el ponerse el sol. Mas ella ha durado diez años. - -La revolución rusa ocupará el mismo espacio de tiempo. Los -intelectuales desencadenan el movimiento; no serán ellos los que lo -conducirán. Cien millones de paisanos iletrados, supersticiosos, -salvajes, no se portarán como los franceses del siglo XVIII: apenas si -están al mismo nivel que los _Jacques_ del siglo XIV. Su insurrección -será, pues, una _jacquerie_. De ese caos surgirá algún genio bárbaro, -Atila-Napoleón, que limpiará la Europa. Amén. Entretanto, los -estudiantes y los obreros de las ciudades entran en la lucha con un -noble entusiasmo. Quieren echar abajo á los Romanoff. Van á morir por -la libertad, por la igualdad, por la justicia, por el progreso, así -como murieron nuestros padres. Y dentro de cien años, la república -triunfará á las orillas del Neva, tal como la conocemos aquí. En -lugar del zar, tiranuelos demagogos exigirán del pueblo homenaje y -sumisión ciega. Los espías dispondrán del honor y de la libertad de -cada ciudadano. Los cosacos sablearán á los huelguistas en nombre de la -fraternidad. En lugar de enviar á los descontentos á la fortaleza de -San Pedro y San Pablo, se les _suicidará_—se alude al asunto Syveton—en -su propia casa. La corrupción insolente de los grandes duques dará -lugar á la orgía crapulosa de los tribunos. Las Ev-la-Tomate y los -Peaux-de-Requin, socialistas, danzarán el _chahut_ en el Palacio de -Invierno. - -Los barones de Bessoulet, los vidames de Pressensé, sus infantes, sus -rufianes, sus France y sus _bonnes á tout faire_ compondrán el Santo -Sínodo. - -Pobiedonostseff se llamará Combes; Trepoff se llamará Lepine ó Levy, y -White se llamará Rouvier. El Populo azotado, ametrallado, burlado, se -arrodillará delante de los iconos de San Tolstoï y San Gorki, aullando: -«¡Viva la social!» ¡Radiante porvenir! Así se expresan los pesimistas -de la oposición; mas hay que confesar que entre tanto pronóstico poco -halagador y un si es no es injusto, se encuentra más de un grano de -experiencia nacional y de verdad pura. - -Lo que hay que notar, y ese es el principal asunto de este artículo, -es el cambio completo que ha ocurrido en el espíritu de este pueblo -nervioso y ultraimpresionable. Al zar aclamado y cantado de ayer ha -sucedido el zar abominado y maldecido de ahora, á pesar de la alianza, -á pesar de los muchos intereses que unen á ambas naciones. - -De poco sirve que una ú otra pluma intente demostrar la imposibilidad -en que se encuentra el soberano ruso de obrar de otra manera como lo -hace, apretado como está entre las imposiciones de una nobleza que no -transige y las demandas y protestas de un pueblo ya viciado en ideas de -progreso y de libertad por los directores intelectuales como Gorki y -demás compañeros. Al débil Nicolás se le cargan en cuenta los alardes -de fuerza de sus militares y las durezas de su Policía. Y cuando ha -venido la noticia de que los nihilistas ó algún ignorado anarquista -había hecho saber al zar por un anónimo que estaba condenado á muerte, -puede decirse que la noticia no fué recibida por las gentes con -desagrado ... Las muchedumbres tienen un alma femenina. - -Por Gorki se han hecho públicas demostraciones en el elemento -socialista. Se recogieron firmas de literatos, de artistas, de -pensadores, para pedir al Gobierno ruso su libertad, como si más bien -semejante petición no fuera contraproducente, dadas la calidad política -y las ideas revolucionarias de la mayoría de los firmantes. - -«¡Qué amigos tienes, Benito!», diría su majestad moscovita para su -manto imperial. - -En resumen, París actualmente, si el monarca aliado viniese á hacerle -otra visita, no sería con muestras de regocijo y con palmas y rosas con -lo que le recibiría. - -Cabalmente hace pocos días, en la plaza de la República, ha estallado -una bomba. - - -[Ilustración: LIBRO III] - - -[Ilustración] - -EN EL “PAÍS LATINO” - - -UN joven hispano-americano que llegó á París recientemente, lleno de -frescas ilusiones y de antiguas lecturas, me pidió que le llevase -á conocer el Barrio Latino. Tenía su Murger bien conservado, y la -leyenda varleniana y moreesca flotaba en sus imaginaciones. Yo no quise -derribar tanta ilusión con palabras, sino que, después de mucho tiempo -de no pasar el río, lo pasé con él dos noches, á fin de que por su -propia observación se convenciese de lo mucho que dista la realidad -de hoy de las pasadas historias ... Historias de ayer no más, pues -la primera vez que escribí mis impresiones del Quartier, todavía no -existía el ambiente actual, y de esto hace apenas doce años. - -De más deciros que mi amigo no encontró ni á Mimí, ni á Schaunard, ni -á Colline; en cuanto á Verlaine, le vió en un _plafond_ del restaurant -del Panteón, en una apoteosis pictórica, y en dicho restaurant, entre -las genuflexiones del _sommelier_ y las conversaciones de clientes -elegantes, no se puede comer correctamente á menos de un luis. En la -parte baja de la célebre taberna hay un american-bar, donde se sirve -toda clase de american-drinks hasta las dos de la mañana. - -Tanto en el restaurant como en el bar, mi joven amigo vió unas cuantas -damas con trajes costosos, con joyas y con cierta impertinencia muy -poco barriolatinesca; al lado de ellas, _gentlemen_, de los que se -pudiera decir que envían á planchar su ropa á Londres, todos ellos muy -contentos y muy generosos. Algunos descienden de un automóvil ó de un -carruaje de _remise_, para ir á sentarse á la mesa. Nadie podría pensar -que ellas son las antiguas grisetas y ellos los antiguos estudiantes ... -Y tú, lejana sombra de Pierre Gringoire, ¿qué estremecimiento sentirías -ante esto? - -En los otros lugares, Vachette, Souffet, la Lorraine, en menor escala, -el mismo espectáculo. Los bachilleres hablan de _sport_ y visten -en la mejor sastrería que pueden. Rara es la boina, la _casquette_ -estudiantil. Tened por seguro que el que la lleva, ó no es estudiante, -ó es de provincias, ó es un original. En cuanto á las camaraderías de -antaño entre jóvenes artistas, jóvenes poetas, amadoras de lo _abscous_ -y de lo raro, levitas del templo del pobre Lelian, han desaparecido. Un -caballero de cabellos grises, serio, grave, decorado con la Legión de -Honor, que va al Vachette con alguna frecuencia á leer _Le Temps_, como -un simple senador ó académico, es Jean Moreas. Reynaud, el autor de -los _Cuernos del Fauno_, es alto empleado de Policía. El último poeta -joven verdadero y grande que ha hecho ver en estos últimos tiempos su -singular figura en esos lugares, antes tan frecuentados por todas las -musas, ha sido Paul Fort; y á este mismo ya no se le mira recorrer su -caro Boul’Mich. - -Un soplo de ultramodernismo y de americanismo del Norte, de yanquismo, -ha invadido el sacro recinto que antes protegían el orgulloso Panteón -y la venerable Sorbona, la tradición de las escuelas y la poesía del -Luxemburgo, el deseo de soñar y la necesidad de sentir. Aquí es de -creerse que ya nadie sueña ni siente. Un severo cronista decía hace -pocos años: «_Au Quartier Latin moderne, on buche, on potasse, on -brigue et l’on intrigue. Au lieu des vareuses de jadis, on arbore des -complets très anglais et très corrects, les jours de laissez-aller: -ta redingote et le «bosselard» á triple colonne lumineuse sont -l’ordinaire uniforme de cette jeunesse morose, ponderée, pratique, -revant conférence Molé, conseil d’État, mariage riche et la diputation, -les vingt-cinq ans sonnés._» Esto se ha agravado últimamente. Ya no -hay escándalos; ya no hay las viejas locuras sonoras con las contadas -excepciones de los _monome_ y de las procesiones anuales; ya no hay -admiraciones ni entusiasmos, y de los pasados dioses apenas quedan -Venus y Dionisio, una Venus calculadora y un Dionisio de importación -anglosajona. - -Ya no existen siquiera los grotescos. Y en cuanto á la bohemia, los -tipos que á ella se acogen son término medio entre los estafadores y -los rufianes. Adiós alegres fantasistas de otros tiempo; adiós museo de -vivientes curiosidades del Barrio. Son un recuerdo el palikaro Chake, -Sapeck, Bibi la Purée, que murió el año pasado; Coulet, el bizarro y -lamentable recitador; la vieja Casimir, espectro de mujer galante de -tiempos en que Víctor Hugo madrigalizaba; el misterioso marqués de -Soudin; escultor Gaillepand, y sus pequeños medallones de fabulosa -baratura. Por la tarde, á la hora del ponzoñoso ajenjo, las terrazas -están llenas de consumidores del más perfecto aspecto burgués, de una -burguesía flamante é hiriente, la que discute sobre M. Combes y va á las -carreras y velódromos. Sus compañeras se ruborizarían de llevar, como -las antecesoras, sombreritos de á cuatro francos. Hay, no obstante, -la amiga del estudiante pobre, porque siempre hay estudiantes pobres, -y esa no oculta su escasez de indumentaria. Mas uno y otra no se -exhiben, no frecuentan esas cervecerías que antes eran accesibles. En -el baile estudiantil de Bullier es donde se advierte la diferencia -entre los modestos y los derrochadores, los de las flacas pensiones y -los mimados de los papás de dinero. Esa modernización de costumbres -ha atacado también en sus últimos baluartes á la antigua alegría; -al buen humor tradicional que se manifestaba en cafés y lugares de -regocijo, y en donde todos los compañeros de estudios, toda la juventud -de las escuelas, fraternizaban en joviales coros, risueñas facecias, -contagiosos y alucinantes cancanes y _chahuts_. - -Hay un _cabaret_, á la manera de los de Montmartre, y en donde cantan -cancionistas de los _cabarets_ montmartreses; se llama el _cabaret des -Noctambules_. Allí se nota un poco del pasado espíritu, un resto de -la desaparecida ecuánime alegría que se sentía como una parte de la -atmósfera del Barrio. Mas la ilusión desaparece pronto con la _pose_ de -algunos de los artistas, en el fondo más aburguesados que los mismos -burgueses á quienes divierten, y con la aparición de los susodichos -caballeritos de veinticinco alfileres y sus Mimís que sueñan Doucet, -Paquin y Virot. Concluídos los memorables lugares como el _cabaret_ -de la Bohème, dirigido por un curioso tipo, Leo Selicore. Acabados, -evaporados, los centros en que había verdadero entusiasmo y amor por -las cosas del arte y del pensamiento, como la antigua _Plume_, que -reunía en comidas que presidía siempre un maestro, Verlaine, Zola, -Lecomte de Lisle, Mallarmé, entre otros á toda la _élite_ de la joven -literatura, de donde salieron unos cuantos que hoy son gloria y orgullo -de las letras francesas. Los cafés mismos han evolucionado, y no con -ventaja. Aquel d’Harcout que era uno de los puntos de reunión de -intelectuales, de poetas, de artistas, de estudiantes, se ha convertido -hoy en un establecimiento de heteróclita clientela. - -¡Oh, y los amores del Quartier! Desventurado el mozo ingenuo que viene -directamente de su lejana tierra, y cree que el amor tal como él lo ha -soñado, tal como él lo ha creído posible, lo ha de encontrar en una -de estas mujercitas, con aire de inocencia, ó con rostro de gracia, -morenas, rubias, ligeras, sonrientes, fáciles!... - -No podré olvidar el drama de un pobre joven mejicano que después de -concluir su carrera de médico, loco de pasión por una de esas, y á -causa de no sé qué escena de celos, se pegó un tiro en plena calle, -delante de la descorazonada muchacha. La cual el mismo día que -enterraron el cadáver, se vistió con la mejor ropa que tenía, y se -fué á Ballier por la noche á sacar provecho del sangriento suceso, á -hacerse _réclame_ con el _faits divers_ de que se habían ocupado los -periódicos. ¡Oh Rodolfo! ¡Oh Mimí! ¡Oh mujer! - -Respecto á lo que en otros tiempos animaba los espíritus generosos -de los jóvenes de las escuelas, en cuestiones de general interés, ó -en asuntos de humanidad y de verdadero patriotismo, aquel soplo que -conmovía á París ha también menguado. Ya se vió, no ha mucho tiempo, -cómo obraron los que representaban el porvenir y la esperanza de la -Francia. Han Ryner decía hace algún tiempo: «El espíritu revolucionario -no existe en el Quartier. El estudiante es un arrivista, y, por -consiguiente, un _ralet_ del Poder. Hace su aprendizaje de futuro -funcionario y se ejercita en los achatamientos. Tuvo antes bruscas y -cortas protestas; no revolucionario, ciertamente, sino revoltoso; tarea -que comienza á expresar su bisoña necesidad de ruido, y que se detiene -en cuanto aparece el gendarme. Ese murmullo simulado, ese refunfuñar -hipócrita de colegial que detesta al _pion_, ya no los tiene siquiera. -El _pion_, hábil, lo ha lanzado sobre otras presas. Los niños son -fáciles de conducir con tal que se abandone á su crueldad alguna -víctima. Nuestros estudiantes gritan al Gobierno que les permite -denostar á sus enemigos. La necesidad animal de movimientos y de -gritos que hace creer en la generosidad de jóvenes burgueses y que se -ha tomado por espíritu revolucionario está hoy cuerdamente detenida y -satisfecha, dirigida por el poder mismo ... _Zou, feu de brut! Conspuez -Zola! Conspuez!_» - -Ryner es duro, quizás con demasía, por el momento en que escribió tan -acerbo juicio del estudiante actual; mas apartando la violencia y la -corrosión de su estilo, nos encontramos con una innegable verdad. - -Yo he visto, por otra parte, durante un _monome_ reciente, una escena -que podría ser muy graciosa para otros, pero que á mí me causó -tristeza. En una terraza de café tomaban tranquilamente su bock un -negrito y un mulato, de los que vienen á estudiar á París, y que, -una vez coronada su carrera, vuelven á su país haciéndose lenguas de -la ciudad-luz. Pues bien: en cuanto el _monome_, ó la procesión de -estudiantes clamorosos, pasó por el café, y unos estudiantes vieron á -los morenos, empezaron á gritar: _chocolat! chocolat! chocolat!_, con -el aire de los _Lampions_. Los de la piel obscura pagaron su bock y se -escurrieron. Pero el grito les persiguió: _cho-co-lat!_ Y eso no es -generoso que digamos. - -[Ilustración] - - - - -EL HIPOGRIFO - - -LAS gentes han estado locas—más que de costumbre—en -estos días, con motivo de la nueva empresa automovílica, la carrera -París-Madrid. Los periódicos han dedicado largas columnas; los camelots -han vendido miles de programas y mapas; los concurrentes á la prueba -han sido mucho más numerosos que en otras anteriores; los nombres de -Michelin, Mors, Mercedes, Panhard, Renault y demás fabricantes de -máquinas veloces andan en todas las bocas. Es el tiempo en que un -chauffeur hábil y osado goza de triunfos y aclamaciones que jamás -obtendría un Berthelot, un Pasteur, un Anatole France. La locura de la -rapidez, que ya creo que ha sido estudiada por los médicos, invade de -manera alarmante á la ciudad de los _marcheurs_ jóvenes y viejos. Y -las mujeres se mezclan en el asunto. Ayer era una ex cantante de café -concert, Bob Walter, la que ocupaba la pluma de los cronistas; hoy es -Mme. Du Gast, la _dame au masque_ del proceso resonante y mundano, -por quien la mano de cierto noble francés cayó sobre la mejilla de un -viejo abogado; Mme. Du Gast, que se va á correr kilómetros, á más de -ciento treinta y tantos por hora, en su _auto_ decorado con los colores -amarillo y rojo: «_vive l’Espagne, ole!_» Y una enorme muchedumbre se -ha desvelado para ir á ver partir á los corredores, y ha lanzado gritos -de entusiasmo que no oyeron los griegos de ligeros pies y los cocheros -líricos celebrados por Píndaro. Temeroso delirio colectivo, manicomio -suelto ... - -Antes de la primera etapa, los muertos han sido siete, entre ellos -_sportsmen_ ricos, y los heridos muchos. Fuera de los locos de las -máquinas, han sido víctimas pobres gentes encontradas en los caminos -y destripadas por la veloz y pesada cucaracha de hierro y caucho. Los -aduladores de la industria _á outrance_ dicen que el suceso no vale la -pena, que los negocios son los negocios y que «para comer tortillas hay -que romper los huevos». Y cuando aquí el Consejo de ministros resolvió -suspender la carrera en territorio francés, parece que el joven Alfonso -de España hacía todo lo posible en su real empeño para que continuase -en la parte española la temeraria competencia. ¿Por qué? Fuera de su -capricho y curiosidad de adolescente, porque se habían hecho gastos en -la tierra de Wamba para recibir los automóviles, y porque, allá como -acá, cierto público estaba fuera de sí de contento. Cierto público; lo -que es el pueblo, en algunos lugares, recibió al hipogrifo á pedradas. - - Hipogrifo violento - Que corriste parejas con el viento, - ¿Dónde, rayo sin llamas, - Pájaro sin matiz, pez sin escamas - Y bruto sin instinto - Natural, al confuso laberinto - De estas desnudas peñas, - Te desbocas, te arrastras y despeñas? - -Unos hipogrifos violentos se desbocaron, y otros se despeñaron y se -deshicieron contra los árboles. - -Y los aficionados y los apasionados esperan en una velocidad aún mayor, -lo cual será la coronación inaudita de la industria francesa, pues es -en Francia donde esa rama sportiva priva y vence con mayor fuerza y -más elementos que en parte alguna; coronación que hará progresar los -negocios de tales y cuales fabricantes y de tales y cuales campeones, -sobre un campo de rotas crismas y de huesos deshechos. Ya el buen -_populo_, encarnado en Dranem, canta con razón: _J’en ai soupé de -l’automobile!_ Y el automóvil ha _soupé_ y continúa manducando pobres -diablos de peatones que tienen la mala suerte de encontrar en una -calle ó camino real al desbocado armatoste homicida. Trust, record, -looping-the-loop, cake-walk ... van con el progreso; con el progreso, -que tiende á la posesión del infinito por la supresión del tiempo y -del espacio. Todo lo que el adelanto humano crea, todo lo que los -inventores inventan, va á ese afán de dioses: suprimir el espacio y -el tiempo. En el sport moderno se complica ese afán con la neurosis -colectiva. Todo lleva al exceso; exceso de goces, exceso de negocios, -fiebre de velocidad. Y el espíritu yanqui, invadiendo el mundo, impone -el record. Y el mundo tiene la necesidad de comprender el inglés: -trust, record, looping-the-loop, cake-walk. - -_All right!_ - -¿Es inglés el autor de ese refrán culinario-nietzscheano: para comer -tortillas hay que romper los huevos? A mí me parece más bien español, -y llamarse don Pero Grullo; ó francés, y llamarse M. de la Palise. -Pero la aplicación feroz del proloquio creo que es modernísima y está -entre las cosas que habló Zaratustra. Es un filósofo excelente para -los que comen, é inquietante para los que son comidos. En el caso del -super-chauffeur, no cuenta para nada el desventurado que tiene la perra -suerte de ser aplastado por el automóvil. El super-chauffeur es el -representante de la energía humana y la omnipotencia de la industria, -del capital: ¡ay del que se le presente en su camino! Sucede que él -también, el super-chauffeur, se revienta la persona contra un tronco ó -contra un barranco. Todo está perfectamente. El patrón necesita que su -fábrica triunfe, que la potencia industrial aumente, que Moloch coma su -tortilla, y para comer tortillas hay que romper los huevos. - -La lógica de ese principio se aplica en asuntos mayores. Buena tortilla -fué la que saboreó Moloch cuando la Gran Bretaña aplastó al pequeño -Transvaal. Los negocios son los negocios, y los aplicadores de la ley -zaratustresca se llaman Cecil Rodhes, se llaman Chamberlain. Época -espantosa en verdad, más que ninguna otra de la historia del hombre. -El corazón del mundo está enfermo; la vida hace daño; la inquietud -universal se manifiesta de mil maneras, peor que en el año 1000. Porque -en el año 1000 había siquiera fe y esperanza, y el hombre actual ha -asesinado á ambas. Todo se reduce á la victoria del momento, por la -fuerza, por la violencia, por la habilidad. La Gloria está amenazada -de muerte, como el viejo Honor que agoniza, y el Pudor, y la Caridad. -Los degenerados de arriba están en vísperas de ser suplantados por los -energúmenos de abajo. Los reyes se van y los pueblos no saben adónde -ir. Y el porvenir viene en automóvil, velozmente, desbocadamente, -matando, estallando. La medianía socialista cree ver desde hace -tiempo en el actual progreso, allá en el Oriente, una aurora. Y es un -incendio, á menos que no sea una erupción, un Vesubio ó un Montagne -Pelée. - -Todo lo que en otro tiempo había sido aprovechado en ventaja de la -fraternidad soñada de las razas, en favor de los ideales cristianos, -se aplica ahora á la destrucción y á la guerra; la guerra, que soñaba -Víctor Hugo desaparecida en los comienzos del siglo XX, adquiere -mayores alcances, á pesar de las patrañas diplomáticas y de los idilios -pacificadores de retrasados ideólogos. Desde el momento en que el -dinero suple hoy los antiguos ideales, la disputa de la tierra y de -la riqueza se hace más enconada, y el _crack_ de la moral trae el más -absoluto desastre. Jamás el sér humano ha sido menos ángel; jamás ha -sido más bestia fiera. Y esto con automóviles, con telégrafo sin hilos, -con cinematógrafo, con la omnipotencia de la máquina en la industria y -del oro en todo. - - * * * * * - -Todo eso es irracional. Pero toda la vida, dice Tolstoï, es irracional. -Es irracional que el hombre tenga órganos inútiles, y que el caballo -tenga un vestigio del quinto dedo; es un gasto inútil de energía. Los -gastos inútiles de energía los autoriza el progreso. La utilidad de -una carrera loca de automóviles es absolutamente absurda. Eso pasa en -el reino del irracional. Un hombre rico, sano, quizás feliz, va, deja -sus comodidades, su hogar, su bella mujer, sus hijos, para lanzarse á -devorar espacio. Y muere. Muere y mata. Antaño se iba á las cruzadas; y -más antes, Jasón iba al ideal. - -Hoy el heroísmo tiende á la especulación por un lado y el anonadamiento -por otro. Una raza de inquietos, de bovaristas, de neurasténicos, -marcha hacia la confusión infinita. Y Moloch engorda con sus tortillas -humanas; Moloch, el eterno, el indestructible, el dios apetito y el -dios crueldad. - -_Oh que la vie est quotidienne!_, decía Jules Laforgue el montevideano. -Laforgue debía haber vivido hasta el siglo XX, pues la época -encontraría en su ironía hamletiana y ultramoderna su verdadero poeta. -Mas él también murió, aplastado por su tiempo, herido por el mal común. - -¡Oh la delicia de la mediocridad! ¡No poder pensar, aislarse en la -inconsciencia! ¡Poder entusiasmarse por un biciclista! - -Se siente crujir los huesos del cráneo. Me apresuro á poner punto -final, pues corre peligro este artículo periodístico de acabar en poema -en prosa. Y eso ya sería grave. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -IMPRESIONES DE “SALÓN” - - -LOS pintores que persisten en una manera invariable y -reconocida, siempre con telas que se asemejan unas á otras, y con -temas incambiables, ¿lo hacen por su propia voluntad? Esos pintores -no lo hacen por su propia voluntad, antes bien por la imposición de -la voluntad de un público que les exige la misma cosa. Y su público -les paga, y pues les paga, es justo pintarle la misma cosa para darle -gusto. Cuando un voluntarioso se evade, la sorpresa protestante del -comprador y de la admiración de casillero, se expresa. He aquí, -por ejemplo, al fino y talentoso Raffaelli que deja ahora su París -habitual, sus muelles, sus escenas callejeras, y presenta paisajes de -Bretaña. Los que ven estos cuadros no están contentos. Esa naturaleza -risueña, esos fragmentos de campaña, esa nueva nota, no es perdonada -por los que han condenado al artista á parisianismo perpetuo. Renovarse -ó morir, dice el artista: la opinión general dice todo lo contrario. A -mi entender, Raffaelli ha hecho muy bien en buscar un nuevo campo á sus -colores. Sus cualidades personales resaltan en todo caso. Su notación -precisa, su dominio de la luz, trate lo que trate, le sostienen en su -puesto, el de uno de los primeros maestros del arte francés de nuestros -días. Otra sorpresa para los usuales admiradores es que la Bretaña de -Raffaelli no se parece en nada á las Bretañas de los bretañistas de -profesión ... Aquí todo es claro y grato, florido de sol, y en vano se -buscarían las rudezas, brumas y aspectos sombríos de la Armórica. - -Para la Bretaña negra, entristecida y ruda, ahí está monsieur Cottet, -que cada año presenta una página de su obra bretona, con las asperezas -de color, el realismo, y quizás una vaga preocupación de primitivismo, -que le distinguen. La de ahora, _Femmes de Plogaitel_, aunque inferior -á la «Noche de San Juan», está llena de vida; en un paisaje regional, -cinco figuras bien estudiadas, expresan el alma de la composición. - -Al lado de Collet, Simón manifiesta la tristeza tradicional y la -devoción dolorosa de la raza con sus _Bretons a la messe_. Ambos -pintores son de los que toman el arte en su verdadera transcendencia, -y procuran realizar su concepción de lo bello pictórico, según sus -maneras de pensar, sin sujeción á los caprichos de la crítica y de la -moda. - -He aquí uno de los envíos que atrae más curiosos: _Cherubin de Mozart_, -de M. Jacques Blanche. Es un cuadro gracioso y literario, tan literario -como que el Querubín de Mozart es la Berenicie de Maurice Barres, cuyo -retrato está al lado, para dar testimonio. - -Muy inglés, muy aristocrático, muy barresiano, el cuadro de M. Blanche -tiene por qué atraer, además de su preciosísimo pictórico, á la -muchedumbre elegante. El retrato del predicador de la cultura del yo, -muy significativo y bien interpretado, es un buen dato iconográfico -para los futuros historiadores del egotismo á fines del siglo -XIX y del nacionalismo á fines del XX. - -Seguiré señalando los _clous_. Ahí está el ultraselecto Boldini, con -dos retratos que son dos _bouquets_ impregnados de parisina, el de -la princesa de Hohenlohe y el de Mme. L ... En ambos la gama blanca -predomina, estallando en uno de ellos un ramillete de rosas que adorna -el busto fino y erguido. - -Las figuras se dirían torturadas de elegancia; el dibujo afina -los rasgos hasta la fuga; el torbellino del color se junta á la -exasperación nerviosa, y cada tipo de mujer hace pensar en admirables -y supergalantes receptáculos de placer moderno, de agudas sensaciones, -de seducción serpentina y de «más allá de la decadencia». Agregad á -la exagerada ligereza parisiense la más punzante y cálida intención -italiana, y no es esta pintura de Boldini, pintura de virtuoso, -ejecución de prestidigitador de la paleta, bueno para cantado en las -rimas rebuscadas y raras de un Montesquieu-Fezensac, quien, por otra -parte, creo que le ha cantado ya: Boldini, Paganini, dirá después Jean -Lorrain. - -Y he aquí otro «clavo»: _M. Jean Lorrain_ por de la Gángara. Es una -obra de arte de artificialidad; es un retrato compuesto á la manera de -los retratos literarios de ese famoso cultivador de literatura fuera de -natural. Todos los desequilibrios del snobismo, todos los viciosos por -moda, todos los falsos Phocas, todos los simuladores del pseudotalento, -todas las viejas arpías del casino y todos los estetas rezagados del -tiempo de Dorian Gray, se quedarán largo rato ante la imagen del -novelista del _Vicio Errante_. Es una maravilla de _pose_. Es el no más -allá de la vanidad literaturesca, el acabóse de la presunción en la -rareza ... Es un buen documento. - -Del gran Whistler, maestro que ha influído grandemente en la pintura -de su tiempo, y cuya pérdida reciente ha sido justamente lamentada en -todos los círculos intelectuales del mundo, hay varios cuadros. Aun -revuela, encantando con su fulgor póstumo en este ambiente, la psique -misteriosa del alto artista, el caprichoso, sutil y vago _papillon_. -Lo principal es un retrato de dama, plata y rosa, hecho con la suprema -distinción y la maestría reconocida en quien pudo reunir la mayor -sobriedad y discreción á la más potente fantasía y dón de ensueño. - -Otro _clou_ son las telas expuestas por el español Anglada. ¡Bravo y -simpático artista! Suelo encontrarle por el lado de Montmartre, con sus -ojos penetrantes y su grandísima barba negra, serio, pensativo. ¡Quién -diría al verle, que estuviese poseído de la locura del color, así como -el gran Hokusai—y no es poca la comparación—estaba poseído por la -locura del dibujo! Anglada ha presentado varias telas, en que aquella -locura se agita, clama, se publica. Mas en esa cosa inusitada y de una -increíble audacia, hay una estupenda sabiduría de paleta. Yo no sé, -si como otros que se creen emancipados de todo, este revolucionario -no sabe dibujar; se creería esto al ver las esqueléticas piernas de -alguna de sus parisienses nocturnas, y tales ó cuales rasgos de un -qué-se-me-da-á-mí asombroso; mas la riqueza de sus tubos, la destreza y -luminosidad de sus pinceles son tales, que desde luego hay que afirmar -que uno se encuentra ante las genialidades de un artista de excepción, -de un carácter lleno de dotes singulares y de brío. _C’est en héros -effarouché_, como yo me he detenido delante de esos delirios de fuegos -de colores, de esas visiones semifantásticas, semimacabras ... Y, sin -embargo, ¡eso existe, puesto que él lo ve! Mas esto no piensa la -mayoría de los visitantes que, al pasar ante _Verlinsaut_, la «Gitana -de las granadas» y las otras creaciones fosforescentes, nocturnas, -ó detonantes, unos se encogen de hombros, otros ríen, decididamente -convencidos de que eso es muy divertido, y otros se enojan, arrugan el -entrecejo, protestan en voz alta: _C’est honteux!... C’est affreux!... -C’est fou!... C’est horrible!_ - -Quizás Anglada modere un tanto su agitador y alucinante _whim_, y, -aprovechando lo que de admirable y de encantador hay en su talento y -en su procedimiento, brinde á los amantes de las hermosas creaciones -pictóricas, nuevas sinfonías, dulcificadas con un poco de razón y otro -poco de mesura. Por lo demás, ¿quién, aun entre los más escandalizados, -podrá negar que se está en presencia de un maravilloso colorista, de un -dominador del iris, de un vencedor de la luz? - -En donde se quedan por largo rato los artistas, los conocedores de -lo bello discreto, de lo bello amable, de lo bello ensoñador, los -adoradores de la poesía pintada, es ante los cuadros de Santiago -Rusiñol. Poesía de los «jardines de España», poesía de los arrayanes -y de los cipreses; poesía de los solitarios y viejos y melancólicos -rincones llenos de la nobleza desvanecida de antiguas edades; poesía -de los almendros en flor en el campo verde cerca del mar azul, en las -luminosas Baleares; patio de los naranjos, con las notas de oro, en -el obscuro ramaje; blancas barcas; melancolía del valle en la ternura -de la tarde, y la maravilla solar anotada en pautas delicadas. Baste -decir que en las telas de este poeta, hay el mismo _charme_ profundo y -aristocrático que en sus prosas poémicas. - -La _Princesa Matilde_, de Bernard, detiene á los curiosos del alto -mundo y á los amigos de la pintura brillante y graciosa, y otro retrato -de este artista hay que afirma una vez más sus victorias de color y sus -excelencias de plasticidad y vivacidad. - -Las evocaciones brumosas de Carrière reciben, como es de costumbre, en -cada envío, los ditirambos de los unos y los dicterios de los otros. -Es un artista, fuera de discusiones de técnica, cuya manera personal, -comprensiva y honda, traspasa los límites de la simple pintura. Hay más -filosofía y más poesía de la que el curioso visitante se imagina en -cada una de las obras de ese excelente. - -Mucho ha llamado la atención de todos el retrato de lord Ribblesdale, -por Sargent. Es, en efecto, una de las pocas obras maestras que hay -en la innumerable copia de telas que existe en el Grand-Palais. Tiene -todas las buenas condiciones que han hecho triunfar, sobre todo, como -retratista, al autor de la Carmencita del Luxembourg: color, dibujo, -expresión, carácter, alma. Le han criticado algunos el que la estatura -del tipo retratado tenga una cabeza más de lo natural, y esta crítica -me parece sobradamente injusta. Desde luego no hay sino un recurso para -aumentar la significación, para ayudar al sentido característico; y -después, ese recurso ha sido empleado por muchos maestros de la Pintura -y especialistas del retrato, en todas las épocas. Watteau tiene de esos -personajes alargados intencionalmente; y el soberano Van Dyck ha dejado -muchos en su galería de nobles personajes. Más de una cabeza hay, por -cierto, en la estatura del conde de Carlisle, cuadro que es propiedad -del vizconde Cobham; en el del vizconde de Grandisson, propiedad de -Jacob Herzog, de Viena; en el de la marquesa Adorno-Brignole-Sale, -propiedad del duque de Abercon, en Londres; en los retratos de lord -George Digby y del duque de Bedford, propiedad del conde de Spencer, en -Althorp; en el de los jóvenes lores Jhon y Bernard Stuart, que tiene en -Cobham Hall el conde de Darnley. No es, pues, tan gran pecado el -cometido por Sargent al caracterizar según tan ilustres tradiciones -á su aristócrata retratado, y si peca, peca en magnífica y gloriosa -compañía. - -De los consagrados oficiales, el presidente de este Salón, Carolus -Durán, tiene tres telas que nada agregan á su fama. Un retrato de la -señora Gould, marquesa de Castellane, muy bien trabajado, muy bien -decorado, muy bien sentado, muy para el mundo en que la dama vive; -otro retrato de los niños del conde y condesa de Castellane, nietos -del archimillonario yanqui, y que revelan futuros _sportsmen_ y un -_Vieil Espagnol marchand d’éponges_, figura muy estudiada y bien -asida. Solamente ese viejo español parece una figura de gheto, ese -viejo español es un judío viejo. Sería fácil corregir: «Viejo judío -español» ... - -Cuadro decorativo y de efecto, _Deuil_, por M. Agache, cuya -explosión de color se advierte desde que se entra á la sala en que -está. M. Dinet, con notables cualidades plásticas, trata un asunto -miliunanochesco, las _Filles de Djeun’s se jouant dans l’eau_; la -demasiada realidad que se nota en esta página de fantasía reduce las -visiones de cuento á agradables casos teratológicos. No se puede -menos que celebrar, una vez más, las marinas de Mesdag, quien siente -hondamente el mar, en calma ó en tempestad, fosco ó amable. Es el -maestro de quien ha dicho con razón Romualdo Paulini: _Mesdag non ci -rivela que quello che vede; ripetendo lo stesso motivo egli e riuscito -ad ottenere in tutta sincera potenza la trasparenza di quelle acque -sconvolte che veramente non sono paragonabili a nostri mari, pur quando -sieno agitati dalle tempeste. D’altra parte egli non ha solo dipinto il -mare influriato; ma l’ha ritratto negli aspetti piú vaghi del tramonto -calmo e dell’alba d’oro; ma di preferenza lo ama tragico e sconvolto._ -Aquí hay ahora una marina de esas borrascosas en que se siente el -viento y el respiro del agua ensombrecida. - -El _Louis XVI et Parméntier dans la plaine des Sablons_ de M. Gervex -es una página que ganaría en su reducción, y semejante á las odas de -antaño á la invención de la vacuna, ó á la gloria de los cereales; la -_Mamme qui se peigne_, de Tournés, recuerda una tela de nuestro amigo -Schiaffino; las _Bruleuses d’herbes_, de M. Perret, hacen ver que este -pintor ha visto demasiado á Millet. - -_L’homme Dieu_, de M. Delville, hace el efecto de una agrandada é -iluminada estampa de Gustave Doré. Un interior de Caro-Delvaille, que -ha comprado el Estado, es muy celebrado por la fineza del dibujo, y la -suavidad de tonos y el ambiente en que «viven» las cinco figuras que -animan la escena. - -No habían de faltar, como las Bretañas, las Venecias, entre las -cuales una de M. Smith y otra de M. Le Gout-Gérard. De un gusto -voluntariamente arcaico el plafón de M. Anquetin, no seduce, á pesar de -su colorido fastuoso. _L’Etreinte_, de M. La Touche, y el _Nocturne_, -de M. Szekely, representan un mismo asunto, en diferente medio y con -distinto procedimiento tratado. Allá es el abrazo de amor en pleno -lujo, aquí es el abrazo de amor, el beso de dos pobres, en plena -pobreza, bajo el cielo de la noche, en un puente, mientras, á lo lejos, -se ve el resplandor de las iluminaciones de la ciudad. Es un poco _du -Jean Rictus_. - -La falange de los imitadores, como todos los años, es crecida. Los que -hacen Puvis y los que hacen Bouguereau, los que hacen J. P. Laurens y -hasta los que hacen Carrière. Estos, sobre todo, son abominables. No -hay que nombrarlos siquiera. - -Entre los desnudos, atrae uno de M. Caro-Delvaille, _Eté_; una mujer -tendida en su lecho, rosada sobre las blancuras de las ropas, y ante -una mesa llena de flores y de frutas. Por el tipo de la dama—la cual -es demasiado espesa para Estío—al cuadro convenía mejor haberle -llamado Otoño; un otoño italiano, como podría testificarlo la botella -de Chianti que aparece en primer término. - -Nada tiene de pintura de moda, ni habla de la última estética el -cuadro de M. Herter, _Les heureux_. Eclécticamente declaro que, como -otras cosas complicadas y bellas, esto, natural y bello, me encanta. -Me encanta, porque da la completa ilusión de la vida, de la carne, -de la respiración, de la buena y sana animalidad humana. Así como -hay estatuarios que son pintores, este pintor es estatuario; sus dos -figuras se animan y salen fuera de la tela, dando la impresión á -maravilla. Confieso que prefiero este arte al de algunos exagerados -puntillistas, ó más bien confettistas, que hay aquí al lado, y cuyas -obras no convencen á la admiración ni al aplauso. - -Llama la atención por su asunto exótico y raro, por sus cualidades de -pintoresco y de color, y por la observación de detalle, el cuadro de -M. Richon-Brunet, _L’éxode_. El pintor, á quien debe ser familiar la -campaña chilena, expresa una tribu de araucanos en viaje. Podría tal -vez tachársele cierta teatralidad de las figuras, mas la obra es de -mérito indiscutible. - -Como animalista, se distingue M. Cauvelaert; como suntuoso y elegante, -Mr. Bunay, que une á cierto prestigio antiguo un excelente modernismo; -como colorista y realista en sus retratos, M. Paulsen. - -Un vivaz y plausible cuadro de Willette, que habría celebrado Hugo, -es _Gavroche_ en la barricada. El macabro _Enterrement du carnaval á -Barcelone_, de Graner Arrufi, es una nota española que no vale, por -cierto lo que la de Larroque-Echevarría, _Le chanteur populaire_, en la -que ambiente, estudio de tipos y composición, revelan un gran talento -que sigue las mejores tradiciones artísticas de su país, sin dejar de -ser personal. - -Le Sidaner, el de la pintura maeterlinkiana, deja hoy sus interiores, -sus canales, sus jardines tristes, y nos da un trozo de París. Se -reconoce en seguida, por su sabido procedimiento de vaguedad y de -bruma, su melancolía inevitable en todo tema que trate, su misterioso -vapor de las cosas. - -Siempre había que celebrar á M. Aman Jean, cuando presenta tan -deliciosas figuras femeninas, como las dos que son el alma de su cuadro -la _Confidence_. Hay en este _panneau_ decorativo ciertas deficiencias -de dibujo; pero el poema triunfa por su suavidad musical, por la -elegancia entristecida, por la distinción melancólica de esa escena -íntima, por la gracia lánguida y discreta de esa pintura á la sordina. - -Hay buena cantidad de desnudos, unos antiestéticos, otros perversos y -sin mira artística propiamente dicha, otros demasiado académicos, y -otros abominablemente manchados por el ultraimpresionismo, como los de -M. Denis, que, por otra parte, tiene muchísimo mérito y talento. - -En los desnudos, el que más atrae por la audacia de un detalle que -no se nota á la simple vista, es el de M. Georges Bertrand, _Foas -Vitae_, fragmento de un cuadro, composición dedicada _á la Beauté_. -M. G. Bertrand es un pagano, un plástico, un fuerte colorista, y un -comprensivo del amor sin el pecado. - -Hay un inmenso cuadro, la _Bretagne mystique_, que representa una -procesión de marinos; es un vasto paisaje de mucha labor y estudio, que -servirá para decorar la escalera del museo de Nantes. - -En la _Fille des faunes_, M. La Touche sirve un gran plato carnal -pimentado, con desdoro de la antigüedad, que no halla qué hacer en un -ambiente extraño á las concepciones primitivas. - -M. Jean Beraud representa _La nuit_ en una mujer bella, envuelta en -un manto de singular manera, y en un fondo crepuscular. Diríase la -fotografía iluminada de una chilena. - -Y hay más y más cuadros, grandes y chicos, que sería imposible señalar. - -_Et tout le reste est ... peinture._ - -En la Escultura hay poca cosa que se pueda aplaudir sin reservas. -Gracias á Rodin y á Constantin Meunier se sale de lo común y bonito. -Se ve mucha cosa de vitrina, tentativas de policromía. M. Dejean se -empeña en dejar para el futuro tanagras modernísimas, muñequitas de -París, no sin talento parisiense. Mme. de Frumerie tiene una agrupación -de trabajos de finura, flexibilidad y gracia. M. Froment-Meurice, que -lleva un nombre de bastante peso, no ha encontrado asunto mejor que una -patada de burra: _Anesse ruan_ ... El _Mommsen_ de Lobach es una buena -testa, y la _Sphinx_, de Glicensteim, una simbólica y bella creación -en piedra de Bardello, digna de todo elogio. Este mismo escultor, que -reside en Italia, expone un busto de D’Annunzio y otro de una hermana -del poeta, á menos que no sea hija suya. Hay también notable un busto -de vieja, del poeta artista meridional Valére Bérnard, gloria de -Marsella. - -Mas todo eso está dominado por la central y monumental figura del -_Pensador_ de Rodin. Es una osadía, dicen algunos, el llamar así una -obra, existiendo _Il Penseroso_. - -No es creíble que Rodin, que tiene un talento genial, se presente -candidato á la inmortalidad con el objeto de desbancar á Miguel Angel. -Hay su bizarría, hasta cierto punto plausible, en interpretar el mismo -tema miguelangelesco de la tumba de los Médicis, á su manera, que, -por otra parte, tiene algo del formidable Buonarrotti; pero los más -entusiastas reconocerán que ni el _Pensador_ vale _Il Penseroso_, con -ser una obra excelente de estatuaria, ni Rodin pesa aún en la balanza -del mundo y del arte eterno lo que el coloso italiano. - -Alabanzas son dadas á la nueva figura del poema de bronce que -Constantin Meunier hace tiempo viene plasmando á la gloria y al -sufrimiento del trabajo, representado en los tristes obreros de las -minas, cuyos aspectos de fatal resignación, de pesadumbre en lucha con -la dura Naturaleza, con la áspera materia, ha interpretado en máscaras -de un trágico que llega á lo sublime en lo humano. Meunier es belga. Es -el hermano de Rodin. La fama comienza á acariciarle, y no ha tenido, -como el francés, que luchar con la muchedumbre _au front de taureau_. - -Un escritor que piensa alto y dice vibrante, exclama: «Un enervamiento -enfermizo agita el pulgar de los modeladores; quieren gustar, y para -las decadencias ese deseo no se realiza sin prostituir la forma. Se -desprende de la producción contemporánea sin sensualidad exagerada, -ó bien el artista se complace en una imitación sin crítica y casi -maquinal. Esos son los efectos de un individualismo anárquico y los -frutos de una enseñanza negativa que obliga al discípulo á sacar todo -de sí mismo, aun lo que no contiene en sí.» - -Á Meunier y Rodin no alcanza el anatema. Ellos sacan de su mina -personal su propio oro, su propio bronce, sin olvidar las lecciones de -los maravillosos antecesores, de los gloriosos pasados maestros que son -el orgullo de las artes humanas. - -Mas es innegable que el sentido del arte noble se pierde, que -nuestra época, á pesar de los que viven á sus anchas y predican las -excelencias de su mediocridad, no es una época artística; que otras -ideas han cambiado los ideales de belleza de las generaciones, y que -el utilitarismo, el mammonismo, por un lado, y el socialismo y el -clericalismo por otro, han dado mucho y están para dar por completo á -todos los diablos, sentimiento aristocrático de lo bello, entusiasmo -por la superioridad del genio, admiración sincera, y el orgullo divino -de las alas. - -La ausencia de representantes del arte hispano-americano en ambos -Salones de este año es notoria y lamentable. Nunca ha habido menos. En -el de la Société Nationale des Beaux Arts, hubo uno sólo. En el de los -Artistes Français, entre pintores y escultores, suman nueve. _C’est -maigre._ En cambio, la falange de norteamericanos crece cada vez más. -Porque sucede esta inaudita cosa que nunca me cansaré de repetir, -nosotros, los que nos regodeamos de latinidad y de la Loba y de la -herencia griega, nos preocupamos malhadadamente de nuestros artistas; -y los yanquis, los de Porcópolis, los prácticos, los _trausters_, los -bárbaros, protegen, ayudan prácticamente á sus artistas. Así puede -verse que van logrando en el terreno estético lo que se han propuesto: -tienen pintores y escultores, _ma foi_, que nosotros no tenemos, salvo -excepciones contadísimas. - -El artista hispano-americano que viene á París, viene siempre -con una lamentable pensión de su Gobierno, pues son muy raros, -extraordinariamente raros, los púgiles, los luchadores de fuertes -hombros y bravos puños, que vengan á bregar en pleno París, contando -únicamente con sus propias fuerzas, con su solo cerebro. - -Los pensionados de los gobiernos suelen no ser los más talentosos de -su tierra, y cuando vuelven no llevan adelantada gran cosa. Y los de -talento verdadero viven mala y trabajosamente con el escaso sueldo -que casi se les va en modelos y en las modestas cremerías del barrio -Latino. Y acontece que, cuando menos piensa un joven de esos, con su -porvenir casi asegurado, con su labor de estudio al terminar, se ve -abandonado por la luminosa ocurrencia de un Gobierno que no cree de -gran importancia el progreso artístico de su país. De esos hay quienes -se quedan aquí, en una triste _struggle-for-life_, dándose á labores -industriales, vendiendo su producción á la diabla, cuando logran que -se la compren, y destrozados de desesperanza ante la imposibilidad -de domar la suerte y de conquistar el halago de París, que es la -gloria del mundo. Otros ... ¿Recordáis que hace algunos años, entre -los pintores hispano-americanos de cuyas obras me ocupé, había uno -de quien publicó _La Nación_ el retrato, el cual pintor expuso en el -Salón en que yo os informaba, una cabeza de Cristo? Tenía el apellido -del Libertador, se llamaba Domingo Bolívar. Estaba en París, lleno -de desencanto y de tristeza, á pesar de su buen humor y de su buen -talento. Aquella cabeza de Cristo fué lo último que expuso en París. Él -no creía ya ni en París ni en Cristo ... Se fué á los Estados Unidos, -en donde contaba con excelentes relaciones. Había hecho el retrato del -general Lower, que fué gobernador de Cuba, y el de otros personajes. -Yo le di una carta para el Sr. García Mérou, quien lo acogió noble y -cariñosamente. Mas, Bolívar iba enfermo de París, en donde, pobreza y -desilusión le mordieron el alma. Y en Nueva York, hace poco, hizo el -gran viaje ... con cianuro de potasio. - -Y como ese vencido, muchos otros, pensionados por gobiernos de nuestras -repúblicas. Los dichosos son los pensionados por los norteamericanos. -No por el Gobierno, sino por los Mecenas anglosajones, que hay muchos. -Ya en otra ocasión he nombrado á Mrs. Phoebe A. Hearst, la millonaria -madre del propietario y director del _New York Journal_. Esta dama, -que tiene varios pensionados de su país en Europa, envió por su buena -gracia á París á un artista mejicano, Alfredo Ramos Martínez, sin más -condiciones que estudiar y producir. Lo sostuvo cinco años. Y luego, -la yanqui, le dijo: «Le voy á quitar la pensión. Ya usted está hecho; -ya ha sido aceptado en los Salones y vende sus cuadros. Ahora, no -se mueva de París. Luche. Venza. Complétese usted.» Y el artista se -quedó, luchó. Y hasta entonces, sólo hasta entonces, el Gobierno de su -país, gracias á la iniciativa del ilustre Justo Sierra, le decretó una -pensión. ¿Qué rico de Centro, ó de Sur-América, tendría el bello gesto -de la millonaria de los Estados Unidos? - -Con gusto me expresaré un poco sobre el trabajo y la persona de Ramos -Martínez, como lo he hecho con el admirable y fuerte argentino Irurtia. -Ramos es un laborioso, y un apasionado del color. Es de los que más -honran al escaso grupo hispano-americano parisiense. Ha sido aceptado -en el Salón desde hace tres años, y ha tenido muy grandes distinciones -de parte de la Sociedad de Acuarelistas. Pues la acuarela es su -particularidad, y á ella le debe notables victorias. Vignal, que es -autoridad, lo celebra y aplaude. - -Es un amable carácter, un buen corazón, un excelente muchacho. Ha -sufrido. Sus confesiones pueden servir á los que siguen el camino que -él ha recorrido. «Cuando tuve que vivir en París—me decía una vez—, -cuando me quedé sin pensión, me sostenía la esperanza de verme algún -día con elementos para desarrollar lo que desde hace tanto tiempo -persigo; y esta sola idea me dió fuerzas para no desmayar ante las -pruebas tan rudas por que pasé. Inmediatamente me puse á trabajar en -una fábrica de bibelots artísticos. Desde ese día, ¡qué horizonte tan -distinto me rodeaba! Ganaba apenas para vivir. Era un simple obrero, -obligado á seguir las ideas de cualquiera. Del patrón. Mas, ese dolor -me templó; me produjo una gran indiferencia por el instante y una gran -esperanza en el porvenir. Y no pudo ser más: abandoné aquella tarea -sin saber adonde ir. Fué peor. Caí en manos de judíos abominables, -para quienes trabajé, de día y de noche, quedando toda la utilidad -para ellos. Hice ilustraciones para ciertas casas, y fué lo mismo. -Ya desesperado, me fuí á Londres, llevando conmigo mi cartera de -acuarelas. Desde ese día mi vida cambió. Me las aceptaron todas en el -Círculo de Acuarelistas, y á los pocos días adquiría una el duque de -Devonshire. En efecto: Londres fué más propicia á ese respecto con el -artista hispano-americano. Recientemente, se le ha propuesto hacer una -exposición particular de sus acuarelas en el Carlton». - -Este joven artista es un ejemplo de lo que la constancia y el tesón -ayudan al natural talento. Ramos es de los que triunfan apoyados en su -sinceridad ó impulsados por su pasión artística ¡Cuántas veces hemos -recorrido juntos el Louvre ó el Luxembourg conversando de las hermosas -obras de los maestros, de la belleza eterna! O en el taller del -argentino García, hombre de ensueño y de impresión, pintor de secretos -luminosos, á quien he de consagrar, á su vez, una página dilatada; -ó en el estudio del poderoso é intelectual Irurtia, á quien Charles -Morice ha dedicado tan hondas ideas, tan gallardos juicios. Ramos -admira á Vinci. El gran Leonardo, más que Miguel Angel, le hace ver la -humanidad; su _Gioconda_ es la madre, la esposa, la querida, la hembra -completa, según el estado de ánimo en que el espectador se encuentra. -Lucrecia Crivelli, para él, es sér de adoración; nada habla como los -ojos de esa mujer, que son todo un poema de encanto. En la sola frente -hay un divino enigma; en las solas manos están todo el misterio y -hechizo femeninos. «Gioconda es todo—me decía el artista—.» Ama á -Rembrandt, á Velázquez, «un dios pintando». Querría ver á Velázquez -interpretando á Vinci. Se entusiasma con Botticelli, exquisito y -refinadamente sentimental. En lo moderno ve que Millet sólo podría -decirlo todo; lo colocaría al lado de Leonardo, en los tronos del -Arte. «Su campesino» no es el vulgar que vegeta; es el sér noble y -bueno, penetrado de la grandeza que respira. En su «Primavera» ¿quién -no siente la alegría? Aquel verde nuevo que se ve nacer, los troncos -podados en que revienta la savia; uno que otro surco se adivina que -hacen pensar en el que los cavó. La Naturaleza es todo allí; los -pájaros, las flores que cubren los surcos, y como complemento un -cielo tempestuoso en donde se ve la gracia del iris. A lo lejos, -bajo un árbol, un campesino reposa á la sombra. ¡Es la primavera! ¿Y -Carrière? ¿Y Corot? ¿Y Turner? ¿Y Whistler? Son sus dioses también. Y -saluda á Sicly, á Claude Monet con sus armonías de sol, y al brumoso -Le Lidauer y sus poemas versalleses. Contrariando ciertas opiniones -mías, concluía: «En definitiva, esta época dejará su huella como las -anteriores. Vivimos con electricidad, con vapor, todo al minuto, al -segundo. El poeta, el pintor, el escultor, haciendo con sinceridad, -resultarán siempre grandes.» Es un plausible eclecticismo y una virtud -de entusiasmo que me complazco en alabar. Ramos es la fantasía, pero -también el buen sentido. - -Mas, ¿en dónde están los artistas argentinos, en los dos Salones -de este año? No encuentro más que dos nombres, y eso que son de -semifranceses, Mme. Dampt, la esposa del célebre escultor, que expone -en la Société Nationale des Beaux Arts un retrato de Mlle. Péan, de -elegante factura, de expresión, casi diría de estilo; y el Sr. Artigue, -de quien me he ocupado ya en otras ocasiones, y que ha enviado á la -Société des Artistes Français un cuadro lleno del sentimiento de la -Naturaleza, y que denota un gran paso en su labor artística: _Sur la -falaise_. - -El escultor Irurtia no pudo concluir á tiempo un nuevo envío que de -seguro habría tenido igual éxito que las «Pecadoras», tan celebradas -por la crítica parisiense. - -Don Alberto Lynch, del Perú, en la Société des Artistes Français, tiene -un cuadro interesante; un _panneau_ decorativo cuyo asunto está tomado -de un verso de Virgilio: «Collados del Taigeto, hollados en cadencia -por las vírgenes de Esparta.» - -El uruguayo Sr. Samarán presenta dos telas meritorias, una de ellas -_Hommage au Maître_, y la otra, en donde la intención se junta á lo -bien _reussi_, titulada _N’entend? pas ... toute á Rostand_. - -Un discípulo de Bounat, D. Roberto Lewis, cónsul de la república de -Panamá, expone dos retratos, de una ejecución cuidada, y con excelente -expresión, sobre todo el de Madame L. L ... - -Ramos Martínez, el mejicano, tiene obras en ambos salones, cosa -contraria al reglamento; pero el hecho está subsanado con que uno de -los envíos, el del Salón de los Artistes Français, está firmado por -un amigo suyo. Ramos ha logrado en ambos Salones la _cimaise_ y unas -flores preciosas en el Salón de Beaux Arts están colocadas al lado de -uno de los _clous_, el retrato de lord Ribersdale por Sergent. - -José Vera León, venezolano, expone un retrato muy bien realizado en la -sección de dibujo de los Artistes Français. - -Chilenos han venido sólo dos, Marcial Plaza Ferrand y Valenzuela -Llanos. Este es un discípulo de su compatriota Pedro Lira y de Jean -Paul Laurens. Ha expuesto en tres Salones parisienses. Es un paisajista -de valer; se ve que se inspira en D’Haspignie, aunque procura dar su -nota personal, expresar su manera de sentir la Naturaleza, el ambiente, -el alma del campo, siendo, con todo, contrario al impresionismo. En su -país se le ha hecho justicia, y obtuvo el premio de honor en el Salón -de Santiago del año pasado. - -Marcial Plaza Ferrand fué también discípulo de Lira, en la Academia de -Santiago. Ha obtenido varios primeros premios en concursos de dibujo y -pintura del desnudo. En el Salón de su país logró una tercera medalla -en 1896, una segunda en 1897, y primera en 1898. Asimismo fué premiado -en el certamen Edwards. Ha estudiado en París, bajo la dirección de -Jean Paul Laurens. Expone por primera vez en la Société des Artistes -Français, en donde le han admitido dos obras que figuran _sur la -cimaise_. Las dos telas, _Parure_ y _Louisette_, revelan un adorador -de la «arcilla ideal», un feminista, en el sentido artístico de la -palabra, como lo fué uno de los maestros que él admira, y al cual sigue -á veces, con amor y éxito, Chaplin. En ambos cuadros expuestos hay esa -suave disolución de rosas que caracteriza las encarnaciones del galante -y elegante maestro francés, uno de los más bizarros cultivadores de la -gracia voluptuosa. - -En cuanto á la Escultura, sólo hay dos nombres hispano-americanos, -ambos de Méjico: Enrique Guerra y Fidencio Nava. Ambos son talentosos y -fervientes de amor á la plástica belleza. - -Con tal que haya un ímpetu personal, una conciencia de la senda que se -sigue y una sincera pasión de lo Bello, no importan al criterio sereno -los procedimientos ó las maneras. Además se es roca ó flor, catedral ó -logia, cóndor ó ruiseñor. Se posee la fuerza, ó se posee la gracia, -cuando no es el genio que tiene las dos. La montaña de Miguel Angel no -impide las amables y deleitosas colinas de Canova. Lo bello clásico no -excluye lo bello romántico, lo bello parnasiano, lo bello realista, lo -bello simbolista ó decadente. El no admitir más que una fórmula, ó un -genio, ó una clase de lo bello, indica irremediable limitación. - -Yo confieso que la vía porque va el escultor Enrique Guerra es una vía -florida, grata, hermosa. - -Él no comulga con fe absoluta en el templo rodiniano, no ama la -violencia y las osadías á veces poco comprensibles del autor del -_Balzac_ y del _Pensador_. Él va hacia bosques más hospitalarios que -las intrincadas selvas del discutido y genial Dante moderno del bronce -y del mármol. Si hiciese rodinismo sin sentirlo, caería en ridículo. -Expresa lo que siente, como su ingenio lo indica, como su alma lo ve, -como su cerebro lo sueña. - -En los Artistes Français hay una concepción muy feliz de Enrique -Guerra, una interpretación de suave encanto, de una adorable figura -bíblica que perfuma aún el mundo con el poema de su ardoroso idilio -y con su nombre: es la Sulamita, amada de Salomón, el poeta. Guerra -se sintió inspirado después de leer la traducción del _Cantar de los -Cantares_, hecha por Renan, y de la prosa marmórea y armoniosa en que -se vierte el antiguo filtro de la sensualidad hebrea, brotó la blanca -estatua que ha valido á su autor un franco éxito. _Je dors, mais mon -cur veille ... C’est la voix de mon bien-aimé: Il frappe: uvre moi, -dit-il, ma soeur, mon amie, ma colombe, mon inmaculée, car ma tête -est toute couverte de rosée; les boucles de mes cheveux sont toutes -trempées de l’humidité de la nuit.—J’ai retiré ma tunique; comment -veux-tu que je la remette? J’ai lavé mes pieds; comment les -salirais-je? Mon bien aimé alors á éntendu sa main sur la fenêtre -et mon sein en a frémi. Je me lève pour ouvrir á mon bien-aimé; -ma main á touché la myrche; mes doigts se sont collés á la myrche -liquide qui couvrait la poignée du verrou. J’ouvre á mon bien-aimé; -mais mon bien-aimé avait disparu, il avait fui. Le son de sa voix -m’avait fait perdre la raison. Je sors, je le cherche et ne le trouve -pas; je l’apelle, il ne me repond pas. Les gardes qui font la ronde -dans la ville me recontrent; ils me frappent, me meurtrissent; les -gardiens de la muraille m’enlevent mon manteau. Je vous en prie, -filles de Jerusalem, si vous trouvez mon amant, de lui dire que je -meurs d’amour._ De ese canto encantador lleno de leche y miel y vino -y olor de manzanas y de rosas no recuerdo que ningún escultor, antes -que Enrique Guerra, haya extraído un tema para una estatua. La amada -oye la voz del amado y medio se despierta; su magnífica desnudez es -una deleitosa armonía del eterno canto de la carne primaveral. Mas la -obra del artista mejicano no tiene únicamente el valor de reminiscencia -bíblica ó encarnación de un tipo literario; guarda su simbolismo, -eterno y moderno, cuya expresión inician las figuras que vagamente -surgen del fondo, y que suscitan, simplemente, el arte. El que tenga -orejas, que oiga. - -De Fidencio Nava diré que es otro que sigue nobles tradiciones. Me -parece que sus maestros admirados y seguidos son los grandes del -Renacimiento italiano, sin que esto le impida seguir tendencias -modernas. Ha progresado mucho, porque su inteligencia vivaz va -acompañada de constante estudio y laboriosidad. Nervioso, con mucha -chispa intuitiva, Nava es también un adorador fogoso de su arte y del -Arte. Poco á poco va ascendiendo; pero su ascensión la hace á paso -seguro y firme. Presenta en esta ocasión—en otra seré más largo -sobre su obra—un busto de Mlle. Barral, hija del célebre sabio, -que ha agradado generalmente por la vida que hay en él y por el -carácter y plasticidad. Fuera de los elogios de autoridades, le ha -valido este busto un buen triunfo, y es que un comité formado para la -erección de un monumento á Barral le haya encargado la ejecución del -importante trabajo. Este monumento, que se elevará en el cementerio de -Montparnasse, dará á su autor, no lo dudo, una victoria parisiense. Una -figurita llena de gracia que se hará popular por Barbedienne, es la -_Petite boudeuse_. Así demuestra Nava la flexibilidad de su talento, su -facilidad de interpretación y expresión de la figura humana, su modo -sereno de pensar y su manera feliz de sonreir. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -DUELOS CÍNICOS - - -DÍA domingo. Visita al Père-Lachaise cínico. Es allá, en -Asniéres, en la isla de los Perros, junto al puente de Clichy-Asniéres. -Puede ir uno por el ferrocarril, saliendo de la Gare Saint-Lazare. Yo -preferí el tranvía Madeleine-Asniéres-Geunevilliers, que pasa por la -puerta del cementerio. - -¡Un cementerio para perros, para gatos, para pájaros!—y la parte -anarquista que hay dentro de mi sér se sublevaba. - -¡Cómo! ¡mientras hay tanta persona estimable que se muere de hambre, -al pie de la letra; mientras en tanta casa del vasto París se siente -la obra espantosa de la miseria, hay dinero que los ricos emplean en -levantar monumentos á sus amigos, en una extensión de solidaridad harto -censurable! - -La representación de lo más asqueroso, de lo más miserable, de lo más -infectamente horrible, ha sido siempre un perro muerto. Tan solamente -en el cuento de Tolstoï, Jesucristo encuentra que los dientes de la -inmunda carroña son comparables á las más finas perlas. - -Aquí ascienden los animales á categoría personal. El muladar se -transforma en jardín, y la memoria del amigo de cuatro patas se -perpetúa en bronce ó piedra. De esto á la latría no hay más que un paso. - - * * * * * - -El tranvía se detiene en el puente. «Allí es», me dice el conductor, -un tanto burlón. Desciendo y llamo á la entrada de un precioso y -florido lugar, adornado de una graciosa fachada y de una verja de -hierro. Una niña rubia me abre la puerta, y una gran perra me saluda -con la cola mientras pago los cincuenta céntimos de entrada. No hay un -solo visitante en esa fresca hora de la mañana. Al frente se alza un -respetable monumento. Es el del perro Barry. El artista ha presentado -en lo alto, al Gran San Bernardo; en el centro del mausoleo, un perro -lleva á un niño sobre su lomo: abajo se lee: _Il sauva la vie á 40 -personnes ... Il fut tué par la 41^{éme}!_ La historia es triste, en -verdad. El pobre animal salía á buscar caminantes perdidos entre la -nieve. Cuarenta veces condujo gentes salvas al monasterio. Una vez—la -cuarenta y una—encontró á un hombre, bajo la tempestad, casi helado; -quiso sacarlo de la nieve, pero aquél creyó, en lo obscuro de la noche, -que la pobre bestia era una fiera; tuvo fuerzas para sacar su revólver -y herirla. Herido y todo, el perro fué al convento, y guió á varios -frailes al lugar en que se hallaba el viajero. Éste se salvó, pero -Barry murió pocas horas después. - -Camino entre flores y pequeñas tumbas. Una buena cantidad de huesos -caninos yacen allí, adornados como despojos de seres queridos. Sé que -ha habido quienes han intentado poner cruces, ó símbolos religiosos; el -reglamento, cuerdo, ha prohibido tales manifestaciones. Hay tumbitas -graciosas, cuidadas; las hay lujosas, artísticas; las hay simples, -elocuentes; las hay ridículas, con sus inscripciones extraordinarias y -ultrasentimentales. Citaré varias: - - «Cora».—A notre fidèle petite chienne, dont le bon - petit cur battit pour ses maîtres. Elle passa toute - sa courte vie parmi eux. Ils l’aimaient trop et na - pouront jamáis l’oublier. - -Entre verjas, rodeadas de margaritas, de gencianas, de -botones de oro, se ven lápidas, ó minúsculas perreras de -mármol, ó de cal y canto. - - 1886—«Teto»—1901.—Pendant 15 années tu as couché - á mes côtés, en me prodigeant ton affectueuse amitié. - Ainsi quels bons souvenirs! Mais quels regrets! - -Más adelante: - - «Chérie».—Elle fit l’admiration de tous par son - intelligence, sa bonté et son bon petit cur. Sa - maîtresse l’aimai trop; Elle ne pouvait vivre! - -¡Qué historia, qué detalles de vida no contiene la inscripción -siguiente!: - - 1886—«Bob»—1901.—Ta vie ne fut que souffrances. - La mienne fut parsemée. Nous las confondîmes esperant - les adoucir; mais la cruanté des hommes sut mettre un - terme á ce bonheur passager. - -Otra, en versos lamartinianos: - - 1884—«Brillant»—1889 - - Oh! vieux, dernier ami que mon pas réjouisse, - Leche mas yeux mouillés, mets ton cur près du mien, - Et seul pour nous aimer, aimons-nous, pauvre chien! - -Y esta otra: - - A ma bonne «Kiss» chérie.—26 Sbre. 1900. - Malgré tout! - Bonne Kissoute blanche. - Gaîté, sûre, mêlant ta voix claire à ma vie - N’enfermais-tu fidèle, et me léchant la main, - Sous ta forme de chien, tout le cur d’une amie? - - -Una, muy modesta, rodeada de conchas y hierbas: - - A «Ivan», notre bon chien, aimant et fidèle. - 12 Juin 1901. - -Hay un recuerdo de pintor. Junto á la tumba humilde, -una tablita con la imagen del perro pachón, á quien se da -cita en la inmortalidad: - - Au revoir dans l’infini, mon Philos. - -Un inglés: - - «Ruby Smith».—His litte Pet.—December 22nd 1901. - «Beloved Alec».—My faithful companion for - 11 years.—June 9th 1901. - -Encuentro la fotografía de un perrito de aguas sobre un -caballo: - - 1888.—A «Nenette».—1900.—Ma petite Nenette - chérie. De notre séparation la doleur est inmense. Et - je veux des fleurs chaque fois qu’à toi je pense. - -Y una familia de japoneses: «Osaka—Tokio y Daimio», en un mismo -sepulcro, de lujo, cerca de Athos, enterrado bajo una fina placa de -porcelana. - -Hay varias tumbas con citas de prosa y versos célebres sobre las -virtudes de los animales, y una estrofa original en la tumba de dos -perros de Mme. Tola Dorian, suegra de Jorge Hugo, el nieto del gran -poeta: - - «Sapho» et «Djérid» - Amis de Tola Dorian - Si ton âme, Sapho, n’accompagne la mienne - Oh cher et noble ami, aux ignorés séjours. - Je ne veux pas du ciel! Je veux, quoi qu’il advienne, - M’endormir comme toi, sans reveil pour. - -El departamento de los gatos es más pequeño que el de los perros; -pero en varios sepulcros de micifuces hay quejas plañideras y citas -de Baudelaire, que, como se sabe, era un gran amigo de los gatos. Y -la sección de los pajaritos es más chica todavía, aunque cuenta con -curiosas minúsculas tumbas, como las del jilguero Gazouillis, de -quien cuenta la leyenda que Paul y Jeanne lo encontraron al salir de -la escuela, y que era ciego, porque para que cantase mejor le habían -sacado los ojos sus primeros dueños. - - * * * * * - -Veamos bien las cosas. La parte anarquista que hay en mí se ablanda -si ahondo los motivos de tan inútiles derroches de sentimentalismo y -de francos. No soy un fanático en la lealtad perruna, porque he visto -prácticamente que ella no es tan fundamental como se cree. El perro es -interesado y sinvergüenza; el gato es vanidoso y maligno. Pero Voltaire -y Byron tenían razón: el estimable rey de la creación no es mejor que -los otros animales. Antes que Byron, alguien había escrito: «Mientras -más conozco á las gentes amo más á los perros.» Y Hugo, que descubrió -en ellos el sudor en la lengua y la sonrisa en la cola: «El perro es la -virtud, que, no pudiendo hacerse hombre, se hace bestia.» Me explico el -hombre triste, solitario, hosco á golpes de la vida, desconfiado de sus -semejantes, en esta inmensa selva de lobos bípedos en que vivimos y que -llamamos mundo. Desengañado, herido, burlado por la amistad, desgarrado -por el amor, desdeñado por la consecuencia, encuentra en un perro el -silencio afecto, la caricia de los ojos, la cuasi palabra del ladrido -inteligente, el salto que equivale á un apretón de manos. Y en sus -horas amargas mira al compañero cuadrúpedo como que quiere participar -de su dolor, como que le quiere consolar, como que busca la manera de -hacerse entender y como que comprende las palabras y las miradas. - -Es un amigo, es una cosa en que poner el cariño que no halla colocación -por la maldad, por la falsía, por la ferocidad humana. Y ese hombre -quiere á su perro con el querer que pondría en un sér inteligente, -y con el egoísmo de quien se siente querido, así sea por esa ínfima -alma instintiva que apenas puede formular su volición en la prisión -misteriosa de su naturaleza. Él es su compañero de paseo y su ayuda -de caza. En el reposo de su soledad se echa á sus pies. En él hay una -vaga comprensión de justicia, como en el perro de Benvenuto ó el de -Montargio. Su bondad ó su maldad serán como las de su amo. El perro del -bandido será bandido, como el perro del ciego es limosnero, como el -perro del artista es soñador. La heroicidad no es ajena á su instinto. -Moustachu tiene aquí su estatua, como Cuatrorremos, el bombero, es -recordado en Santiago de Chile. - -Perros y gatos domésticos, pájaros como el loro del _Corazón simple_, -de Flaubert, pasan, benéficos, en un ambiente de sentimiento, en la -estéril soledad de las viejas solteronas sin familia. ¡Pobres viejas -solas! El animal querido es para ellas todo su amor; en él ponen las -ternuras que no encontraron correspondencia ó que la suerte no pudo -premiar con la realización de un ardiente deseo. No hay marido, no -hay hijos, no hay más compañía que la de venales sirvientes, y si -la pobreza es mucha, la soledad reina. Entonces el gato sigue por -las habitaciones á la anciana; el perro se hace presente; come al -mismo tiempo el escaso puchero y duerme á veces en el mismo lecho. Es -una ayuda, es un espíritu, es un corazón que palpita al lado, y en -ocasiones ha sido el salvador de la vida. Mueren esos animales; el -desconsuelo es tan grande como si muriese una persona amada. Hay quien -los entierra en el jardín de su casa, y los llora y los recuerda por -toda la vida. Se creó el cementerio de animales, y allí van, con más -ó menos pompa, Bob, Turc, Sultán, León, Stop, Mistigris, Miau, Bijou, -Fifí, Lilí, Tití, y demás apelativos onomatopéyicos. - -Desde la extraña necrópolis se ven las aguas del Sena, á un paso. -Arboles frondosos dan sombra, y el perfume de las flores abundantes -hace grato el aire. Al salir me llamó la atención un monumento sobre el -cual se alza una corona heráldica. Es el de una perra de la princesa -Cerchiara Pignatelli. La dedicatoria explica una vida de sufrimiento, -mitigada por la compañía del fiel animal, y ve uno cómo se juntan en -los mismos simples afectos, las sensibles porteras y las aristocráticas -damas. Las penas son las mismas. El dolor de la vida tiene las mismas -llaves que la muerte, y abre todas las puertas. No lejos, un gran pavo -real de bronce se levanta sobre artísticas rocas revestidas de variadas -flores. - -La misma niña y la misma perra me despiden en la puerta. Sé que -la perra es conocida de todo el pueblo, y que es inteligente y ha -realizado varias proezas. No hace mucho tiempo, Spera—ese es su -nombre—intentó una buena acción, con un su semejante, pero no tuvo -éxito. Alguien ató á un perrillo una piedra en el cuello y lo echó al -Sena. El animalito logró sostenerse por un momento en unas ramas de la -orilla. Spera lo vió y se puso á ladrar desesperadamente. Llegaron los -guardianes del cementerio, y con ayuda de una caña, quisieron sacar al -pobre animal que se ahogaba. Fué imposible, pues el peso de la piedra -lo arrastró al fondo. - -A falta de un _biefteack_ de despedida que ofrecerle, pasé á Spera la -mano por el lomo. Y volví á París. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -LA RAZA DE CHAM - - -MIENTRAS en espantosas catástrofes los amarillos se imponen, -en farsas sangrientas los negros se hacen notar. Parece que un mal -diablo estuviese azuzando las razas unas contra otras. Así, pues, -de Haití llegan á Francia malas nuevas. La macacada está furiosa; -los pocos blancos que hay en la isla ven con temor la agitación de -los naturales. Saben que una insurrección de color es terrible para -los europeos. En el negro, danzante, tristón, jovial, pintoresco, -carnavalesco, surge, con el fuego de la cólera y el movimiento de la -revuelta en antepasado antropopíteco, el caníbal de Africa, la fiera -obscura de las selvas calientes. - -Ya hay experiencia sobre ese punto. Las agitaciones haitianas coinciden -con las amenazas que un doctor negro hace á la raza caucásica, desde -una de las principales revistas de París. Ese doctor negro es de los -negros de los Estados Unidos, los más osados, los más audaces que -puedan existir sobre la superficie de la tierra. De ellos nos decía no -hace mucho tiempo un atinado escritor argentino, el Dr. Damián Lan: -«Y no he visto, ya que de audacias le hablo, nada más atrevido, más -decididamente atrevido, que el negro americano. ¡Ah, los negros!... -son el terror de los turistas extranjeros y la sombra nefasta de sus -compatriotas blancos». - -«La negrada es todo un problema social en los Estados Unidos; esto, -todos los sabemos. Pero, estando aquí, se comprende mejor cómo es -posible que todo este inmenso pueblo se conmueva en masa cuando -los diarios lanzan á todos vientos la noticia de que el presidente -Roosevelt ha invitado á su mesa á un negro, por ejemplo, ó que el -ministro tal se ha paseado por las calles de Washington codeándose con -un mulato». Estos seres de color obscuro, tan buenos y humildes entre -nosotros, constituyen aquí una familia de nueve millones de individuos -perversos y despechados contra el blanco, que les ha tratado siempre -con rigor y que por eso ha provocado en ellos un odio profundo que se -va sucediendo de generación en generación como legado hereditario. -El negro aquí no es el ente medroso y pusilánime que conocemos, -no; demuestra al blanco el más decidido desprecio, lo mira siempre -fisgándose de él, se ensaña con él cuando puede hacerlo víctima de -alguna perversidad, y goza entonces con su desgracia. Sabe que sus -derechos ante la ley son los mismos de la otra raza, y se afana á todo -trance por poner esta igualdad de manifiesto. ¿Qué mucho, entonces, que -en la práctica la ley Lynch subsista aquí todavía? - -He reproducido esos párrafos de la correspondencia del doctor Lan, -porque ellos son un apoyo á la sabia opinión de M. Remy de Gourmont -sobre los negros y su actitud en la América anglo-sajona. En las -especies humanas hay diferencias casi infranqueables. «Si lo son -sexualmente—dice—no lo son socialmente. He aquí que Mr. Roosevelt -pretende imponer á los blancos la supremacía, aunque local, aunque -momentánea, de hombres de color, aunque distinguidos. Se trata de -algún preceptor, de algún juez de paz». Eso parece nada y es enorme. -Hay pastores negros, hay curas negros, los hay chinos: ¿qué hugonote -francés, cuál de nuestros paisanos católicos iría á confiarse, sin -risa, ó sin asco, á ese ministro, verdadero, sin embargo, de su -religión? La especie domina la religión. Sin duda la religión es un -vínculo, y un chino cristiano ha adquirido algunas nociones que le -acercan á un civilizado occidental. Pero eso es bastante flojo. Los -negros de Mr. Roosevelt pueden ser excelentes wesleyanos, perfectos -baptistas, metodistas deliciosos; el sajón, el latino, ó el celta los -rechazan unánimemente, y su rechazo es bello, pues está conforme con -las voluntades de la naturaleza. El patriotismo del suelo es excelente; -hay que defender su casa contra los ladrones, eso es elemental. El -patriotismo de la especie, ó, si se prefiere la palabra literaria, -el patriotismo de la raza, ha llegado á ser tan necesario como el -patriotismo del suelo. Veo la cuestión negra, hoy particular á los -Estados Unidos, agrandarse desmesuradamente. Mañana se planteará en el -mundo entero, bajo un color ú otro. Los americanos, protestando contra -los sentimientos demasiado bíblicos de Mr. Roosevelt, sirven á la causa -de la civilización, absolutamente ligada á la preeminencia de la raza -blanca; pero si ellos quisieran obedecerle, y aceptar funcionarios -negros, y casarse con negras, y procrear una bella raza de mestizos, -si consintiesen en degenerar, en fin, harían un gran servicio á la -Europa. El país del juez Lynch es demasiado vigoroso para consentir en -tales humillaciones, y el noble patriotismo de la especie es demasiado -potente. Vale más linchar negros que elevar estatuas á los Schoelchers. -Claro es que el sentimentalismo cristiano se opone á esas crueldades -que la ciencia enseña. El escritor negro de que he hablado—un -mentado Tobías—, en su largo trabajo en pro de su raza no puede -manifestarse más altivo, alguien diría más insolente. Como tiene sus -letras y sus ciencias, se alza contra los amos armado de ellas y -proclama, no la igualdad, sino la superioridad de los negros sobre -los blancos. La superioridad intelectual y la superioridad física. -«Tenemos—dice—mucha más imaginación.» Y señala como síntoma de -decadencia los dientes cariados y las cabezas calvas de muchos -anglo-sajones, ante las bien provistas mandíbulas y las tupidas pasas -de los libertos de ébano. - -Estamos lejos del excelente Domingo de Robinson, del famoso tío Tom, -de los gratos esclavos de las familias de la Colonia. Felizmente, el -negro, en su especie, no tiene las condiciones de la raza amarilla, y -no es fácil, al menos por ahora, que la preponderancia de las razas de -color que augura el convencido Tobías, se realice, para ruina y mengua -de la civilización occidental, es decir, blanca. - -Entre otras cosas consoladoras, acabo de leer este resumen de una sabia -Memoria del doctor Roxo, brasileño, sobre las perturbaciones mentales -de los negros en el Brasil: «Después de haber estudiado en todos sus -pormenores las perturbaciones mentales en los negros, resulta que es un -hecho probado que la raza negra es inferior: en la evolución natural -es retardataria, y mientras el cerebro de los negros no entre en un -período de actividad creciente, será una utopía la nivelación de las -razas. Cada cual tiene un grillete que le retiene por los pies: es la -tara hereditaria. Y ésta es pesadísima en los negros.» - -El romanticismo lo hermoseó todo, hasta los negros. Hugo crea á -Bug-Jargal y Lamartine sublimiza á Toussaint-Louverture. El pobre -Bezain no alcanzó ya el vaudeville y la revista de fin de año. En -realidad, apenas el heroísmo es el que salva al pobre hijo de Cam -del ridículo que trae como fatal herencia desde el materno vientre. -Necesitan para brillar, el resplandor de la pólvora ó la grandeza del -suplicio, para poder resplandecer en la historia Falucho, Antonio -Maceo. La Humanidad no ha podido aún ver el genio negro. El talento -mismo es en ellos escaso, fuera de ciertas especiales disciplinas, á -las cuales se adaptan su agilidad y su dón de imitación. Mr. Tobías -señala como un gran triunfo el éxito de una compañía de cómicos de -color, Walker y Williams. Hay una cantante que se llama la Patti -negra. Hay algunos violinistas y creo que algunos pintores. Según -Tobías, abundan los escritores en los Estados Unidos. En la América -española no han faltado. Plácido es célebre en Cuba, y Candelario -Obeso, en Colombia. Haití cuenta con varios rimadores y cuentistas. -Mas, colectivamente, todo eso, en unas partes como en otras, acaba -y se resume en la bámbula, en el tamborito, en el toumblack, en la -mozamala, en el candombe. Juan Montalvo tenía siempre la preocupación -del «negro malcriado». Se refería á los de su tierra. Si llega á sufrir -las impertinencias osadas de los de Norte-América, rabia y relampaguea -mayormente. Habituados á una secular obediencia, á una tradicional -pasividad, la libertad vuelve á los negros locos de vanidad y de -crueldad. - -Su imaginación—tienen imaginación, dígalo el prodigioso mulato -Dumas—les hace concebir una fantástica vida de jolgorios y alegrías, -antes tan solamente permitidos á los aborrecidos blancos ... La vanidad, -que les es característica—no hay vanidad como la del piel-obscura—, -les induce á imitar los gestos y maneras del caballero blanco, del -antiguo patrón. El ministrel se pavonea. Su teoría, su sueño, su meta, -es la igualdad. Pero que no tenga la más simple representación, -la autoridad más pequeña, el honor más mínimo, porque entonces se -convierte en el peor tirano. Nada por eso más horroroso y sangriento -que las represalias negras en el Norte, y que la política negra, y -las insurrecciones negras, en ese todavía misterioso Haití, en donde -aun impera el recuerdo de Biassan el feroz, del vampírico Dessalines, -y del mismo Toussaint, que, á pesar de la poetización lamartiniana, -decía á sus gentes, después de la comunión: _Zoté coné bon Gin; ce li -mi fe zoté voer. Blan touyé li touyé blan yo toute_, lo cual en romance -quiere decir: «Ya conocéis al buen Dios. Es el que os hago ver. Los -blancos le mataron. ¡Matad vosotros á todos los blancos!» Y en seguida -tenía la osadía de escribir á Napoleón: «Al primero de los blancos el -primero de los negros», cosa que hacía arrugar el entrecejo al duro -emperador. - -Hablando de las crueldades de los haitianos dice un escritor: «Se -buscaría en vano en la historia de los pueblos una manifestación igual -de ferocidad. Las vísperas sicilianas y la San Bartolomé fueron juegos -de niños comparados con la masacre de Santo Domingo, que saludó la -aurora de la república haitiana. Las tradiciones locales abundan en -recuerdos espantosos. Colonos, marqueses y condes que llevaban los más -hermosos nombres de Francia,—Richelieu, Gallifert, Breteuil—fueron -picados vivos, milímetro por milímetro, bajo el cuchillo de los -negros, refinados en su salvajismo. Otros fueron decapitados, con -un acompañamiento de circunstancias atroces. Los verdugos dejaban -las armas de acero, que cortaban bien, y aserraban las carnes y -tendones con fragmentos de viejos aros de barril. Y se cree que los -_blanc-français_ que perecieron, hombres, mujeres, niños, fueron en -número como de veinticinco mil.» - -Tienen razón, pues, los blancos residentes en la república -semicimarrona de temer por sus vidas. Y los hijos de la civilización -europea deben poner oído atento á estas palabras con que el citado D. -E. Tobías concluyó el estudio que llamó mi atención y del cual os he -señalado algunos puntos: «El problema del siglo XX será el de -las relaciones por establecer entre la raza blanca y la raza de color -en el mundo. Creo que razas de color triunfarán sobre las razas -blancas». - -«En la categoría de las razas de color coloco á los africanos, los -indios, los chinos, los japoneses y los habitantes de la Oceanía. -Tengo la firme creencia de que esa victoria de las razas de color será -cierta, y me baso sobre todo en el hecho de que las razas de color -aumentan numéricamente, mientras que las razas blancas disminuyen. Y es -el número el que dirá la última palabra.» - -Ya se encargarán en el país de las bandas y de las estrellas de enseñar -á Tobías cómo hablaba Zaratustra. - -Mas ¿cómo hablaba Jesucristo?... - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - ÍNDICE - Páginas. - Libro I. - - Figuras reales 9 - Pascua 17 - París y el rey Eduardo 27 - París y el rey Víctor Manuel 35 - La _Brimade_ 47 - Idilio en falso 55 - El cetro del _Chiffon_ 61 - Cosas de Shakespeare 69 - Reyes y cartas postales 77 - _Joli Paris_ 85 - Divagaciones sobre el crimen 93 - - Libro II. - - Bambini de sufrimiento 103 - Friné 111 - _Chez Hugo_ 115 - Psicología de la postal 119 - La gloria de Tartarín 123 - El caso de M. Syveton 127 - Jardines de Francia 131 - Pequeña aventura de una princesa de Francia 135 - Viajes presidenciales 139 - En casa de Minerva 145 - Las Mil noches y una noche 153 - París y el Zar 161 - - Libro III. - - En el «País latino» 169 - El hipogrifo 175 - Impresiones de «Salón» 181 - Duelos cínicos 203 - La raza Cham 211 - - - - - ACABÓSE - DE IMPRIMIR - ESTE LIBRO EN - MADRID EN EL - ESTABLECIMIENTO - TIPOGRÁFICO - DE JOSÉ YAGÜES - SANZ, EL DÍA X - DE NOVIEMBRE - DEL AÑO - MCMXVII - - - - - * * * * * * - - - - -Notas del Transcriptor: - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - -Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - -Páginas en blanco han sido eliminadas. - - - -***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK PARISIANA*** - - -******* This file should be named 53930-0.txt or 53930-0.zip ******* - - -This and all associated files of various formats will be found in: -http://www.gutenberg.org/dirs/5/3/9/3/53930 - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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You may copy it, give it away or re-use it -under the terms of the Project Gutenberg License included with this -eBook or online at <a -href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you are not -located in the United States, you'll have to check the laws of the -country where you are located before using this ebook.</p> -<p>Title: Parisiana</p> -<p> Obras Completas, Vol. V</p> -<p>Author: Rubén Darío</p> -<p>Release Date: January 9, 2017 [eBook #53930]</p> -<p>Language: Spanish</p> -<p>Character set encoding: UTF-8</p> -<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK PARISIANA***</p> -<p> </p> -<h4>E-text prepared by Josep Cols Canals, Paul Marshall,<br /> - and the Online Distributed Proofreading Team<br /> - (<a href="http://www.pgdp.net">http://www.pgdp.net</a>)<br /> - from page images generously made available by<br /> - Internet Archive<br /> - (<a href="https://archive.org">https://archive.org</a>)</h4> -<p> </p> -<table border="0" style="background-color: #ccccff;margin: 0 auto;" cellpadding="10"> - <tr> - <td valign="top"> - Note: - </td> - <td> - Images of the original pages are available through - Internet Archive. See - <a href="https://archive.org/details/obrascompletaspr05daruoft"> - https://archive.org/details/obrascompletaspr05daruoft</a> - </td> - </tr> -</table> -<p> </p> -<hr class="pg" /> -<p> </p> -<p> </p> -<p> </p> - -<h1>PARISIANA</h1> - -<p class="center">POR</p> -<p class="f120"><b>RUBÉN DARÍO</b></p> - -<p class="center space-above3">ILUSTRACIONES DE</p> -<p class="f120"><b>ENRIQUE OCHOA</b></p> - -<p class="center space-above3">Volumen V de las obras completas.<br /> - Administración: Editorial <b>MUNDO LATINO</b></p> - -<p class="f90 space-above3">MADRID<br />ES PROPIEDAD<br />DERECHOS RESERVADOS</p> - -<p class="center space-above3">A</p> -<p class="f120"><b>J. DOLORES GAMEZ</b></p> - -<p class="f90 space-above3">ANTIGUA GRATITUD<br />Y PERDURABLE AMISTAD</p> - -<p class="author"><i>Rubén Darío.</i></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span></p> -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-007.jpg" alt="LIBRO I" width="400" height="179" /> -</div> -<h2>LIBRO I</h2> - -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <a name="reales" id="reales"></a> - <img src="images/illus-009.jpg" alt="_" width="600" height="272" /> -</div> -<h3>FIGURAS REALES</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="60" height="60" alt="H" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"><span class="smcap">He</span> visto -pasar á una anciana vestida de negro, cuya existencia representa una de -las terribles lecciones de Dios. Es la «re renante» del poema de Robert -de Montesquieu ...; es el espectro doloroso de una soberana; es Eugenia -de Guzmán, Fernández, la Cerda, Leira, Teba, Baños y Mora, condesa de -Montijo, un tiempo emperatriz de los franceses. Clavel de Granada, -rosa de Madrid, lis de París, después de una horrenda tempestad de -sangre y duelos, he ahí en lo que ha venido á parar: en una triste -vieja enlutada, llena de amargura y desdeñada de la muerte. Un día -se presenta á visitar en su obscuro incógnito, este ó aquel palacio, -ó museo ó biblioteca, y el canoso guardián comienza á explicar: «Una -vez el emperador ...» Y la dama, levantando su velo: «Jean, ¿me -conoces?...» «¡Ah! ¡Majestad!...» Sí; es la española garbosa y linda, -la rosa-reina pintada por el pincel adulador de Winterhalter, entre -vivas rosas; la orgullosa diadema de las Tullerías, que vivió un tiempo -en cuentos de hadas y en decamerones imperiales, que se creyó dueña del -mundo, que pasó en placer y soberbia como en un sueño, y despertó á los -cañonazos alemanes, en la hora lívida de la derrota, y que mientras -su marido entregaba la espada al primo de Berlín, ella huía al otro -lado de la Mancha, amparada por un dentista yanqui ... ¡La pobre María -Antonieta, más trágica, no pudo salvar su cándido pescuezo de cisne austriaco!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span> -La suerte fué dura, áspera y dura, con Eugenia de Montijo. Todos -sabéis que su única esperanza, su consuelo único, era el príncipe -imperial. Y Napoleón IV encontró la muerte entre los zulúes, muerte -de escasa gloria, al servicio de la Inglaterra, que enjauló al Águila -en Santa Elena. «¡Viva el emperador!» gritaron un día unos cuantos -bonapartistas delante del joven príncipe. «No, amigos míos, contestó -éste; el emperador ha muerto.» También la emperatriz ha muerto; pero -es una muerta que está en pie, quizás penando hasta los cien años que -ella se profetizó un día luctuoso delante de su confesor, el abate Goddard.</p> - -<p>Así va, de un punto á otro, en busca de distracción y de -tranquilidad; de su retiro de Inglaterra, á Londres, ó á Balmoral, á -visitar á los monarcas que la acogen; á la Costa de Azur ó á este su -París de antaño, que no la conoce cuando pasa.</p> - -<p class="space-above-tab">Si Eugenia es sombría, Isabel es pintoresca. -En el palacio de Castilla, Avenue Kléber, continúa siendo reina de -España desde su destierro. Es decir: goza de su buena parte de lista -civil, tutea á los españoles que se le acercan, da su mano á besar como -<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> -en los buenos tiempos, y se divierte. Es una reina cuya historia es -demasiado sabida; simpática, <i>sans gêne</i>, soberana de país de Cucaña, -abierta, generosa, alegre. Se le debe, entre otras cosas, una frase -deliciosa. No hace muchos años, la Prensa toda se ocupó de un incidente -ruidoso. La infanta Eulalia, en acto de protesta, se fué del palacio -de Castilla á la Embajada. El nombre de un caballerizo húngaro anduvo -por los periódicos. El embajador se permitió llamar á la cordura á su -majestad. Su majestad septuagenaria exclamó, desolada: «¡Que siempre -haya de ser yo desgraciada en mis amores!» La memorable abuela que -habla así no es una alma vulgar. Merece una corona de mirto, bajo la -advocación de la señora doña Venus, mujer de don Amor, como decía aquel -admirable arcipreste de Hita.</p> - -<p>Doña Isabel se mantiene en su regio retiro, visitada por sus fieles -amistades, y cuando llega la <i>villegiature</i> se va á un castillo no -lejos de París. Cuando vivía su marido, el pobre Don Francisco de -Asís, solía hacerle compañía de vez en cuando en Epinay. Pero ya á Don -Francisco se lo llevó la muerte, vestido de franciscano, como cumplía -á un rey católico. Doña Isabel ha visto á su nieto coronado, y cuando -la reina María Cristina ha estado en París, la entrevista entre las -dos soberanas ha sido muy cordial, al parecer; pero en el fondo no hay -seguramente una gran simpatía. La historia del reinado de Isabel II -está llena de anécdotas dramáticas y curiosas en su parte íntima, y -hace algún tiempo, un cronista bien informado publicó en Inglaterra, en -la <i>New Review</i>, muy sugestivos capítulos.</p> - -<p>Doña Isabel, aunque personalidad parisiense desde hace tantos años, es -españolísima. Dicen que su lenguaje es franco y algo libre, y que le -place mucho el gazpacho.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> -Yendo una vez de Venecia al Lido, en uno de esos antiestéticos -vaporcitos, útiles como la prosa, que ofenden la presencia de las -góndolas, llegó á sentarse cerca de donde yo estaba, una pareja que -inmediatamente llamó mi atención. Él era un hombre un tanto obeso, -de noble cara; fumaba un habano en boquilla de espuma y oro. Ella, -una dama ya no joven, de cierta gracia, severa y pensativa y de una -absoluta distinción. Un enorme perro se echó á sus pies. En el collar -de la bestia, este nombre: «César.» ¿Dónde he visto yo á este hombre?, -me preguntaba. En Santiago de Chile le había visto hacía unos catorce -ó quince años. Era Don Carlos de Borbón, y su mujer doña María Berta -de Rohan, duquesa de Madrid. Mientras caminaba el vaporcito dejando -la ciudad triste y divina, me puse á contemplar á esos reyes en el -destierro. Don Carlos está aún fuerte y lozano, aunque ya ha nevado -en su cabeza y en su barba. Parece que en sus ojos se leyese la -desesperanza, la convicción de que todo triunfo será ya imposible, -al menos para él. Y, sin embargo, ¡qué rey decorativo, qué rey tan -rey haría Carlos María de los Dolores, Juan Isidoro, José, Francisco, -Quirino, Antonio, Miguel, Gabriel, Rafael! A pesar del vientre, como su -primo el de la Gran Bretaña. Pero España ya sigue otros rumbos, y el -carlismo parece muerto, á pesar de una que otra convulsión que suele -ser desaprobada por la prudencia, desde Venecia. Doña Berta, en todo -caso, jamás habría sido aceptada en España como reina. La aristocracia -española, la monarquía española, no la habrían reconocido, á despecho -de su real consorte. Ella se queda fiel á la divisa de su apellido: -reina no puede; princesa no se digna; Rohan se queda. Don Jaime está -allí, no obstante, y con su sangre joven y belicosa quizás intente dar -más de un susto al joven Alfonso. Tiene la suficiente fiereza y cuenta -con la suficiente simpatía para hacer moverse de repente unas cuantas -boínas. Don Carlos piensa ... Don Carlos medita ... -<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span></p> - -<p class="space-above-tab">La unidad de Italia descalabró á varios -pequeños reyes italianos, los cuales podrán contentarse con los -honores <i>in partibus</i> que se les hacen en el Vaticano cuando visitan -al Papa. El gran duque de Toscana es un archiduque de Austria, y tiene -una numerosísima familia. Vive quietamente en su espléndida mansión -de Schönbrunn. No da que hablar y acepta la Historia. El rey de las -Dos Sicilias, Francisco II, murió en 1894, y el conde de Caserta es -hoy el jefe de la casa Borbón-Sicilia. Vive en Cannes, en un chalet -envidiable, y uno de sus hijos es el actual príncipe de Asturias, cuya -boda con la princesa hermana de Alfonso XIII produjo tanto escándalo. -Él hace bien su oficio. Acaba de estar en las maniobras francesas y ha -causado buen efecto. Haya ó no haya revolución en España, hará carrera. -Que le aproveche. Su padre—y esta fué una de las causas que motivaron -la oposición á su matrimonio entre los españoles—fué íntimo de Don -Carlos, y peleó á su lado en la última guerra carlista.</p> - -<p>El duque de Parma es un soberano que no suena. Excelente sujeto, -aseguran que es un modelo como varón de hogar y de sociedad. Se casó -con una de las más lindas princesas de Europa. Es fama que en la -familia de Braganza la belleza es parte de la fortuna. Parece que al -duque le importasen muy poco los vaivenes de la política, y hace la -vida de un excelente señor burgués, por otra parte, como todos los -monarcas actuales. Tiene su casa en Schloss Schwarzau, pero viaja con -frecuencia. Ha renunciado por completo á la mano de doña Leonor, puesto -que la Casa de Saboya no está dispuesta á desandar lo andado. -<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p> - -<p>Los realistas de Francia esperan en un posible advenimiento. Tienen -su partido organizado, sus periódicos, sus electores, y á M. Bourget, -que es una especie de consejero del duque de Orleans, y á M. Maurras, -que es una especie de secretario. M. Maurras es un escritor de -mucho talento que, siendo muy joven y poseedor de una larga melena, -escribía en un periódico franco-platense que fundó hace bastantes -años en París el uruguayo Rafael Fragueiro. El duque de Orleans hace -dignamente su papel de rey destronado; y sus profetas proclaman á -cada instante la quiebra de la República, las desventajas del sistema -actual y el paraíso que será Francia si vuelven los días triunfantes -de la Monarquía. Si el duque de Orleans no es un Salomón, la duquesa -María Dorotea de Austria es muy bonita. Tiene un rostro propio para -la diadema y—diría Alberto Ghiraldo—un cuello peligroso para la -guillotina. Como es bien conocido, el duque ha vivido algún tiempo -en Inglaterra y tuvo siempre una excelente acogida en la corte y en -la sociedad inglesa. Pero el duque no es un diplomático. Creyendo -adular al pueblo francés, perdió las amistades inglesas, leales y -seguras. Cuando la guerra anglo-boer, la Prensa risueña de París -publicó un sinnúmero de caricaturas, en que no se trataba á la reina -Victoria con el respeto debido, si no á su corona, á su calidad -de dama anciana y honorable. Había caricaturas en los kioskos de -periódicos que daban verdaderamente asco y enojo. Algunas de ellas, -para desdoro de sus autores, estaban firmadas por caricaturistas de -talento y de celebridad. Tanto peor para la <i>gaité gauloise</i>, en ese -caso. Pues bien: el duque de Orleans escribió una carta á uno de ellos -haciéndose solidario de los ataques dirigidos á la majestad británica, -y, naturalmente, desde ese día no sólo su prestigio político, sino su -<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span> -condición de caballero y su buen gusto decayeron ante los ingleses. El -pueblo francés se ha olvidado ya de los boers; pero los ingleses no -olvidarán jamás la ofensa hecha á su reina y emperatriz. El duque no -cesa en sus trabajos por lograr el trono perdido. El porvenir no es de -fácil visión; pero por ahora todo hace augurar que su alteza real no se -coronará, á pesar de los suscriptores de la <i>Gazette de France</i>.</p> - -<p class="space-above-tab">El gran duque de Luxemburgo lleva el peso -de muchos años, y la inconformidad ante la pérdida de su trono. Su -Casa es de las germánicas más antiguas, y su pueblo lo recuerda con -cariño; pero la política es la política. Y aquí ya entramos entre -los muchos soberanos destronados ó con trono que pertenecen á esos -Estados cuyos nombres se confunden en su multitud, principados más ó -menos hanseáticos ó danubianos. Existe una geografía romántica que han -explotado los Daudet y los Elemir Bourges. Vagas Ilirias, improbables -Croacias, que se nos presentan apenas como en un mundo de ópera cómica. -Entre tales príncipes está ese orgulloso duque de Cumberland, jefe -del ducado de Brunswick, cuya posición es singular. Su Estado está á -su disposición; puede sentarse en su trono cuando le plazca, pues el -reino de Prusia no se ha anexionado al ducado. Pero el viejo calvo de -Cumberland no quiere ir á rendir homenaje como vasallo del emperador -de Alemania. «Yo no soy duque de Brunswick—dice—sino siendo rey de -Hanover.» Y el ducado de Brunswick sigue sin cabeza.</p> - -<p>Si el rey de España tiene como pretendiente al trono á Don Carlos y á -Don Jaime, el rey de Portugal tiene al duque de Braganza, quien alega -ser el soberano legítimo. Se funda en que desciende del rey Juan I, -y en que su padre tuvo la corona seis años, á comienzos del siglo -pasado. Pero este pretendiente es inofensivo, y el rosado y frondoso -<i>sportsman</i> que tiene por mujer á la hermosa Aurelia de Orleans puede -estar tranquilo en su buena ciudad de Lisboa. -<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span></p> - -<p>En Bruselas vive el que puede considerarse como heredero del imperio -francés, entre la embrollada familia de los Bonapartes, el príncipe -Víctor Napoleón, hijo de Clotilde de Saboya. Su hermano da que decir -de cuando en cuando, porque es más militar, más combatido, y, según se -asegura, no es extraño á algún sueño de restauración. Cuando viene á -París de su cuartel de Rusia, en donde tiene el grado de coronel, se -reunen sus amigos en casa de su tía la princesa Matilde, y se brinda -por un futuro vuelo del Águila ... «¡Helas!», las águilas vienen de los -Estados Unidos, ¡y valen veinte pesos oro!</p> - -<p class="space-above-tab">Y los reyes negros Behanzin, Ranavalona, -son los más felices. No piensan en que volverán á sus tórridos países -á bailar las reales bámbulas y á beber aguardiente. En sus respectivos -destierros gozan, como pueden, como animales.</p> - -<p>A reyes blancos y negros el tiempo dice: «¡Fuera!»</p> - -<p class="space-below2">Y la muerte: «¡Aquí!»</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-016.jpg" alt="_" width="200" height="95" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-017.jpg" alt="_" width="600" height="298" /> -</div> -<h3>PASCUA</h3> -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="60" height="62" alt="E" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> -<span class="smcap">Es</span> este el mes pascual, el mes del buen hombre Noel, -del gran Santa Claus de las barbas blancas de nieve. El frío ha comenzado agudo -y violento. Las pieles reaparecen en los cuellos y espaldas, y las -manos finas de las mujeres se anidan en los manguitos. Los grandes y -pequeños almacenes comienzan sus exposiciones de juguetes, y ante los -cristales de los escaparates se abren, cuan grandes son, los ojos de -los niños. Niños rubios, niños morenos, niños ricos y niños pobres ... -Las librerías, por su parte, exhiben <i>étrennes</i>; las galerías del -Odeón brillan llenas del oro de las encuadernaciones. He querido ver -los libros y los juguetes del año, haciéndome todo lo niño posible, -según el consejo evangélico, y de mi observación no he quedado muy -satisfecho. ¿Es que ya, en realidad, no hay niños? ¿Acaso el alma -infantil de otras veces ha desaparecido, y se nace hoy suscriptor de -periódico, miembro de club ó pretendiente á un sillón del Congreso ó del Instituto?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span> -Paso por las nociones científicas que vayan contenidas en un juguete; -pero, ¿qué tienen que ver la imaginación del niño y su necesidad de -distracción con las miserias de la actualidad, con la anécdota vil -de la vida política ó de la vida social? Digo esto porque entre la -innumerable cantidad de juguetes del nuevo año se encuentran algunos de -muy discutible interés para la infancia, como el <i>Coffre-fort Humbert -Crawford</i> y la <i>Fuite de Boule-de-laine</i>, alusiones directísimas á dos -procesos de estafa, de que tanto se ha ocupado la Prensa parisiense. -Una señora muy sensata hacía observar á este propósito: «Esos juguetes -de circunstancias tienen siempre mucho éxito, porque al mismo tiempo -que á los niños, divierten á los grandes; por eso se ve, al acercarse -el Año Nuevo, tanto grupo de parisienses detenerse en los bulevares -alrededor de los <i>camelots</i> que venden el «juguete del año». Habría, -sin embargo, que entenderse. ¿Para quién son hechos los juguetes?; -¿para los niños, ó para sus padres? Es posible creer que para los -primeros. Y entonces lo que más sería de desear es que los bambinos á -quienes regalen esas invenciones no comprendan nada de ellas. Una madre -se creería culpable si dejara en la mesa á un niño tomar parte en un -plato demasiado picante. Hay que pensar que el alma del hijo merece -tantos cuidados como su estómago.»</p> - -<p>No es raro ver chicuelos que se dan de bofetadas por un asunto que nada -tiene que ver con sus pocas primaveras. No fueron escasos los disgustos -que hubo en los colegios y escuelas cuando el período álgido del asunto -Dreyfus. La culpa no es sino de los padres. -<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p> - -<p>Á las niñas se les enseña antes que otras cosas los hábitos del salón y -hasta los refinamientos del <i>flirt</i>. Á los niños se les arma de sables -y se les presenta como preciso y hermoso el espectáculo de la guerra, -el oficio de matar alemanes, chinos ó negros. Fusiles y muñecas, diría -un famoso poeta doméstico mejicano. Si uno pudiese oir las confesiones -de una muñeca de niña rica, con el oído con que Samaín escuchó á su -figurita tanagreana, he aquí lo que se entendería más ó menos: «Soy una -cocotita de seda, encajes y oro, que se muere de pena bajo el poder de -una niña que sabe tanto como una mujer. Tengo un pequeño automóvil que -es un prodigio de mecánica, un rebaño blanco en un Trianón minúsculo -como para mí, y me parezco á la reina María Antonieta. Mis trajes -cuestan mucho dinero, y mi guardarropa solamente puede competir con el -de mi ama y con el del perro de mi ama. No recibo caricias; pero me -enseñan á bailar el minué, la pavana, y, sobre todo, el <i>cake-walk</i>. -Sé hacer reverencias y tengo en mi interior un pequeño fonógrafo con -canciones á la moda. Con lo que yo valgo puede comer un año una familia -de trabajadores. Mis relaciones son escasas, pues no puedo codearme -con simples <i>bebés-jumeau</i> de á 12,50 francos, pequeña burguesía. He -conocido, en cambio, á un viejo boer que fuma en pipa, á Drumont, al -Emperador de la China, y á la Bella Otero acompañada de nuestro animal -municipal, quiero decir, con perdón, el <i>cochon</i>. Pero me aburro y -me vuelvo tísica. Necesito caricias verdaderas, palabras cordiales, -una buena mamá afectuosa, que me duerma en sus brazos y me bese con -ternura. «¡Helas!» ¡Quién fuera el pedacito de palo que arregla y mima -una simple Coseta!» Y la muñeca está con la justicia. Ella no ha venido -por el buen camino, no ha venido en la mochila del viejo Noel, no ha -sabido nada del grito jubiloso: <i>Christus natus est</i> ... -<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span></p> - -<p>Los hombrecitos de mañana, ó de pasado mañana, cuando dejan sus -fuertes de cartón, sus espadas, sus soldados de plomo, sus <i>bois de -Boulogne</i>, con mujercitas y biciclistas, sus pistolas eureka, es para -tomar el «ataque al fuerte chino por el ejército de aliados», «la -artillería nueva», las «grandes maniobras». Todo el mundo conquistador, -todo el mundo militar. Ó bien el pequeño «laboratorio de física», ó -las «matemáticas aplicadas», ó los «cartones de problemas». Todo el -mundo sabio. Luego, á la luz de la lámpara, ¿qué libros le interesan? -¿Sobre qué cuadernos lujosos se deleita su curiosa cabecita? Sobre -doradas nociones científicas, cuando no con aventuras tontas ó cuentos -ridículos, en su mayor parte. Convengamos con René Brochot: los libros -para niños no son en Francia como debían de ser, y no por falta de -inteligencias y voluntades. Es quizás á las asombrosas imágenes -pintadas en la Biblia (dice ese atinado escritor) que deslumbró la -infancia de Pierre Nozier, á las que debemos en parte al delicioso mago -Anatole France, y, sin duda, la diversidad y la gracia de los espíritus -de los hombres son lo que las hicieron las lecturas y las visiones de -los primeros años. Importa, pues, mucho, no ofrecer á los niños libros -ridículos y cromos de una vulgaridad grosera. Los padres se imaginan -fácilmente no merecer ningún reproche cuando dan á los recreos de sus -hijos las estúpidas aventuras de la familia Fenouillard ó del Sapeur -Camembert. Es lo que ha formado en parte en las nuevas generaciones el -gusto por <i>des expeditions coloniales et des niaises gandrioles</i>. Sin -embargo, existen en Francia libros excelentes para la infancia, álbums -con buenas ilustraciones que acompañan cantos tradicionales, de esos -cantos que en todas partes saben los niños, y que se cantan á coro en -alegres rondas ... En la América Latina contamos con una colección de -<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> -cuadernos de primer orden, ilustrados á propósito, y cuyos versos, si -no estoy mal informado, se deben á un notable poeta colombiano, Rafael -Pombo. Me refiero á esas fábulas ó cuentecitos rimados que todavía -hacen la delicia de muchos niños grandes:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Simón? el bobito llamó al pastelero:</span> -<span class="i0">—A ver tus pasteles, los quiero probar.</span> -<span class="i2">—Sí—le dijo el otro—; pero antes yo quiero</span> -<span class="i0">Mirar el cuartillo con que has de pagar.</span> -</div></div></div> - -<p>Son figuritas como de un mundo de «nacimiento»; hay en esas poesías -una gracia abuelesca que encanta á los caballeritos implumes, y -que refresca la mente antes de que lleguen el binomio de Newton y -los afluentes de los grandes ríos chinos. Aquí se suele cantar el -<i>Savez-vous planter les chous?</i>, ó el <i>Malbrough s’en va t’en guerre</i>, -y eso está muy bien. Brochot ha lamentado, con razón, que la boga de -esas canciones populares desgraciadamente disminuya de día en día. -«Lo que hay de anticuado, de imaginario en ellas, y aun su drolática -absurdidad, despiertan en las almas delicadas de cinco ó de siete años -las primeras impresiones de una poesía en que la risa y el ensueño -se mezclan.» He ahí los dos principales elementos que hay que saber -despertar en el espíritu infantil: la risa y el sueño, el rosal de las -rosas rosadas y el plantío de los lirios azules. El observador agrega: -«So pretexto de que la realidad debe ser la gran institutriz de los -niños, se pone entre las manos de éstos álbums de historia natural y -de historia militar. Se encuentran chicuelos de dos pies de alto que -hablan de Napoleón con énfasis, ó que están muy al corriente de las -costumbres sangrientas de la pantera negra: más valdría aún llenar su -<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -memoria de berquinadas, que endurecer y secar su corazón mal tocado -por tan estériles maldades.» Aquí nos encontramos en el terreno de la -libertad del niño y del pequeño prodigio ... Bebé que asombra á las -visitas con su saber y su precocidad. No olvidaré nunca á un muchachito -demasiado despierto, de una familia hispano-americana, que, delante del -papá y la mamá, me salió con esta embajada: «¿Qué piensa usted de los -versos de Verlaine?» ... Me dieron ganas de tirarle de las orejas ...</p> - -<p class="space-above-tab">Bien venidas seáis siempre imágenes de -Epinal, estampas coloreadas que representáis héroes de los que se -cantan en las canciones, y hadas y genios, y lo cómico de la vida y lo -deleitoso del soñar. Bien venidas las figuras de Stahl, los bebecitos -de Gugu, ó sea la exquisita italiana contesina Ruspoli; bien venido -Froelich con sus interpretaciones del alma pueril, y Boutet de Monrel, -y Henriot, y hasta la sabiduría, si viene representada por Robida y por -Tom Tit. Y sobre todo, sea glorificado el recuerdo de Kate Greenaway, -la hada moderna del color y del dibujo en sus álbums encantadores. Hace -como un año moría en Inglaterra la exquisita Institutriz de la Belleza. -Ella brilló como nadie en su arte especial en el país del <i>keepsake</i>, -al lado de Walter Crane y otros merlines de la ilustración infantil. -Sus tipos y sus escenas, de una gracia antigua, son de excepcional -valor; y se diría que toda la frescura, el rosado color y el oro -primaveral de los niños ingleses, se transparentan en sus páginas -inolvidables, en sus preciosas imaginaciones ...</p> - -<p>El autor que he citado se pregunta: ¿Es útil que haya álbums para los -niños? ¿La representación de su propia vida por el libro y la imagen -<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span> -interesa al niño y lo instruye? ¿No se podría decir, invocando aquí -el instinto de imitación que le anima, ese deseo constante que tiene -de hacer como hacen los grandes, que el niño se complace más con -las escenas de humanidad que con su frágil comedia propia, y que, -en fin, cuando creamos ó compramos álbums historiados para nuestros -descendientes soñamos mucho más en volver á ver nuestro pasado ingenuo -y vago que en encantar á nuestros amiguitos de cuarenta y ochenta -meses? Esta opinión, completamente subversiva, y que la librería Hetzel -no juzgará sin serenidad, no es quizás solamente especiosa: podría -ser verdadera. Como á Brochot le ha sucedido, y les sucede, casi á -todos: más que los cuentos en que se trata exclusivamente de niños -interesan las aventuras de los grandes. Todos los pequeños Robinsones -se desvanecen ante el gran Caballero de la Mancha, cuya filosofía no se -entenderá, pero cuyas andanzas se siguen más interesantemente si van -acompañadas de las ilustraciones de Doré. Doré fué un gran dibujante -para niños, y nada comprende mejor la imaginación de pocos años que -esos grabados expresivos y enfáticos de los cuentos de Perrault, por -ejemplo, libro este de los más prodigiosos que haya creado el talento -humano para los niños de todas las edades ... Hay que preparar para -más tarde las energías que comienzan á despertarse, lo que llama un -autor las metamorfosis del hombre en la educación. La Naturaleza, -escribe Virey, entrega, de ordinario, en estado bien equilibrado el -organismo nativo del niño en perfecta salud. Sin negar las influencias -hereditarias, el objeto de los primeros ejercicios educadores consiste -en hacer predominar tal facultad sobre tal otra. Las precocidades no -son sino la revelación anticipada de las vocaciones. Al lado de Pascal, -su hermana Jacquiline es admirable. En la biografía escrita por Mme. -Perrier se lee que desde su infancia la hermana de Blas asombraba por -<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span> -su cultura. Á los seis años ella era <i>souhaitée partout</i>. A los ocho, -antes de saber leer, hacía versos. A los once, por la influencia de -los libros que cayeron en sus manos, componía con dos amiguitas una -pieza en cinco actos, «en que todo estaba observado». Es casi un <i>bel -esprit</i> de su tiempo. Tan despierta era que compuso un epigrama <i>sur le -mouvement que la reyne a senti de son enfant</i>. Por todas partes se la -disputaban en la Corte, admirada, acariciada, «sin dejar de ser niña», -y agrega Gilbert: «no dejaba nunca sus muñecas». Los primeros libros -son los primeros directores.</p> - -<p>Otro niño, en Córcega, comienza á aprender á leer bajo la dirección del -abate Fesch, su tío, y de un viejo cura llamado Antonio Duracci. Un -domingo, cuenta uno de sus biógrafos, en el jardín de M. De Marboeuf la -madre del niño había dado permiso á sus hijos para ir á distraerse. Él -hace que sigue á sus hermanos, pero luego se va bajo un árbol, toma uno -de los volúmenes dejados en una silla por el dueño de casa y se pone á -leer. Sin embargo, el tiempo pasa y la señora se dispone á partir. Se -llama á los niños. Todos llegan menos el pequeño lector.</p> - -<p>—¿Qué habéis hecho de vuestro hermano?—pregunta al llamado Luciano, la -madre, ya inquieta.</p> - -<p>—No vino á jugar con nosotros. Pero no debe haber salido del jardín.</p> - -<p>Se le busca. Se le encuentra bajo el árbol, leyendo con una atención -que no le permite oir el ruido de los que llegan.</p> - -<p>—¡Hijo!—exclama la señora, con tono severo.—Nos has inquietado. -Hace una hora que te buscamos. ¿Por qué no has ido á jugar con tus -hermanitos?</p> - -<p>—Mamá, perdóname—respondió.—He hallado un libro que me interesa ... -<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span></p> - -<p>M. De Marboeuf tomó el libro. El niño leía un tomo de las -obras de Corneille. Se encantaba con «Nicomède». Estaba en -la escena en que Prusias, indeciso entre su hijo y su mujer, dice:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Te veux metre d’accord l’amour et la nature,</span> -<span class="i0">Etre père et mari dans cette conjoncture.</span> -<span class="i16"><i>Nicomède</i>.</span> -<span class="i0">Seigneur, vouley-vous bien vous en fier á moi?</span> -<span class="i0">Ne soyez l’un ni l’autre.</span> -<span class="i16"><i>Prusias.</i></span> -<span class="i24">Eh! que dois-je être?</span> -<span class="i16"><i>Nicomède</i>.</span> -<span class="i36">Roi!</span> -<span class="i0">Refrenez hautement ce noble caractère;</span> -<span class="i0">Un veritable roi n’est ni mari ni père;</span> -<span class="i0">Il regarde son trône et rien de plus. Régnez!</span> -</div></div></div> - -<p>La señora de Bonaparte quiso regañar á su hijo. M. De Marboeuf -intervino. No le digáis nada, señora. Un niño que se distrae leyendo á -Corneille no puede ser un niño común.</p> - -<p>En efecto: el niño, ya hombre, fué el que tuvo á Corneille por libro de -cabecera, así como Alejandro la <i>Iliada</i> y César la <i>Historia general</i> -de Polibio. Los primeros libros son los primeros directores.</p> - -<p class="space-above-tab space-below2">Brochot aconseja á los padres -de París y de la provincia francesa no tanto el amontonar propiamente -álbums para niños, sino poner en la paternal biblioteca obras como -Perrault, la Biblia, Dante, ilustradas por Doré, ó las provincias -francesas decoradas por Robida, ó ya otros libros, cuyos grabados -decentes y magníficos puedan ser contemplados por ojos pueriles. Niños -y niñas tendrían así un tesoro de visiones <span class="pagenum"><a -name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span> cautivadoras ó -majestuosas, diferente al pequeño bagaje que se les fabrica hoy. Esas -visiones se proporcionarían por sí mismas á la fuerza de los ojos y -de los espíritus infantiles é irían desarrollándose y realizando toda -una belleza progresivamente con la marcha de la vida. Yo desearía que -un escritor artista argentino, ó un escritor y un artista, realizasen -allá algo semejante á la obra de Robida sobre las provincias francesas. -La leyenda y la historia ayudarían, y las ilustraciones apropiadas -encantarían é instruirían en las cosas nacionales á los pequeños hijos -de la patria. So pretexto de hacer pequeños prodigios, no quitarles -nunca, jamás, los tesoros de la risa y del ensueño. Hay que hacerles -admirar los héroes de la historia nacional, á la par que apartarlos -del moreirismo y de los espectáculos de inútil sangre derramada. -Desarrollarles la imaginación, destruyendo la superstición. Sembrar -en el buen terreno virgen ideas útiles para la vida que viene, granos -prácticos, pero regarlos con una lluvia clara y fresca de poesía, de la -necesaria poesía, hermana del sol y complemento del pan.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-026.jpg" alt="_" width="150" height="145" /> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span></p> -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-027.jpg" alt="_" width="600" height="208" /> -</div> -<h3>PARIS Y EL REY EDUARDO</h3> - -<p><span class="smcap">Ya</span> ha vuelto Eduardo VII á su país. Ya -han pasado los momentáneos entusiasmos; y, concluidas las fiestas, los -reflexivos se preguntan: ¿Cuál es el alcance de esta real visita? ¿Por -qué París ha saludado tan afectuosamente al soberano de la «eterna -enemiga», de la «pérfida Albión»? A la primera cuestión yo contestaría -que el alcance es el afianzamiento de una paz útil para los negocios -de ambos Estados. Provecho, ese es el ideal de nuestro tiempo. A la -segunda contestaría cantando esa inevitable canción de fiesta que todo -britano ha entonado alguna vez: <i>For he is a jolly good fellow</i>. Porque -es un alegre camarada. Ó en versión más libre: porque es un excelente -buen muchacho.</p> - -<p>El pueblo de París ha saludado á su antiguo príncipe de Gales, que, -aunque ha tomado á lo serio, como conviene, su oficio de monarca, no ha -adoptado la agresiva gravedad del Enrique IV de Shakespeare. Cuando ha -vuelto, á más de un Falstaff compañero de sus pasadas canas al aire, -le ha tendido la mano en el Jockey ó en la Embajada. Y en la Ópera -<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> -y en la Comedia Francesa, en donde el buen tacto protocolar había -sabido poner á la vista de su majestad una buena selección de ilustres -veteranos de Citeres, el rey sonrió á Granier y á Réjane. Y detalle -conmovedor: el presidente Loubet, cuando supo que un funcionario de -poco tacto había hecho salir del teatro á la Otero, preguntó al oir -el nombre:—<i>Qui est-ce, cette demoiselle?</i> En tanto que Eduardo VII, -entre sonriente y apenado, exclamó:—<i>Cette pauvre Caroline!</i> ¡Digna -frase suya! De él decía ha tiempo el sagaz Max Beerbohm: <i>By no means -has he shocked the Puritans. Though it is no secret that he prefers -the society of ladies, no one breath of scandal has ever touched his -name.</i> Y la divisa famosa clama: <i>Honny soit qui mal y pense</i>. Y como -todo acaba en canciones por aquí, el pueblo de París ponía en ellas á -papá Loubet y al rey Eduardo en familiares modos: «Mi pobre Emilio, -desde que has partido, no andamos bien. Por todas partes en Francia se -decía: ¿Vas á volver, Loubet? Combes murmura plegarias á Jesús, á Buda. -Tú, montado en un dromedario, suspiras: ¡Alah! El camello es muy bello, -pero me gusta más el Metropolitano». Eso en el verso tiene su sabor, -como el coro:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">Viens, Mimille, viens, Mimille, viens!</span> -<span class="i0">Viens preser dans te bras—</span> -<span class="i0">Edouard sept gros et gras</span> -<span class="i10">Ah!</span> -<span class="i0">Viens, Mimille, viens, Mimille, viens</span> -<span class="i2">Viens r’cevoir les Anglais</span> -<span class="i2">Sur notre sol français!</span> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span> -Y otro <i>couplet</i>: Desde que quemaron á Jeanne D’Arc todos -los ingleses de rango adoran á nuestro maravilloso país, -y más á sus muchachas. Cuando él era príncipe de Gales en -nuestra capital</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Edouard se payait des bèguins</span> -<span class="i0">A coup de livr’s sterling’s.</span> -<span class="i0">Il revient</span> -<span class="i0">Cré Coquin</span> -<span class="i0">Pour fair la nece un brin!</span> -</div></div></div> - -<p>¿Por qué esa confianza afectuosa en la canción francesa? Ya lo dice la -usada canción inglesa: <i>For he is a jolly good fellow</i>.</p> - -<p>Cierto, el más optimista no puede dejar de reconocer que el inglés no -ama al francés, ni el francés al inglés. Fuera de las muchas batallas -de que aún guarda memoria el suelo de Francia, dos grandes figuras -encarnan en la memoria popular la antipatía: la Buena Lorena, la -Pucela, cuya hoguera se convirtió en fuego de rencor histórico, y -Napoleón, Rouen, Waterloo, Santa Elena, impedirán siempre un definitivo -acercamiento.</p> - -<p>Mas Eduardo pasa en París, haciendo olvidar por momentos, á pesar de -la antipatía secular, las épicas ofensas. Él sonríe á la muchedumbre -que lo aclama, que lo aclama como aclama al zar, al cha, al rey de -cualquier parte, porque es rey, porque el pueblo de París gusta de los -reyes, porque eso es decorativo, y porque es además el actual rey de -la Gran Bretaña y emperador de la India, un célebre <i>homme á femmes</i>, -amigo del champaña y de la alegría de Lutecia. A su llegada, los -manes del Leonide Leblanc y de Cora Pearl han estado contentos. Los -antiguos camaradas que aún viven se han sentido rejuvenecer. Y Granier -ha sonreído en su puerta, mientras en la Ópera, las ágiles piernas de -Zambelli dirigían cumplimientos, ¡Ay!, toda la elocuencia de Terpsicore -<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> -es inútil. La vejez está entronizada junio con la cordura. El rey -saluda á su viejo París con un placer no exento de melancolía. Lejano -está ya el tiempo de la primavera. Son historias pasadas, casi ya -legendarias, las historias del príncipe que dejaba, al pasar, un -reguero de libras esterlinas. Ahora ha dejado para los pobres de París -doscientas. Mas hay que advertir que ahora no tiene mamá rica, como -diría el difunto viejo Rothschild. Lo aclaman, lo saludan las mujeres -con el pañuelo—á él, que arrojó tantos—, le gritan: ¡Viva el rey! -<i>tout de même</i>.</p> - -<p>Los mismos caricaturistas que lo atacaron tanto cuando hechos políticos -de ayer le hacían poco grato á la opinión francesa, han amainado. -Cuando más, las flechas han ido despuntadas y con suavidad. Los -patrioteros, que aprovechan toda ocasión de escándalo, no dejaron de -gritar incitando á los parisienses á recibir mal al rey; pero esos -pocos farsantones no tuvieron seguidores. Ante todo, ha prevalecido la -economía política. «El mejor cliente de la Francia es la Inglaterra.» -Los negocios son los negocios. «Así marchará bien el comercio», decía -una de las canciones que los acordeonistas y guitarreros repetían por -las calles en los días de las fiestas. Y la personalidad del obeso y -amable monarca se destacaba en un fondo de cielo tranquilo, sin amagos -de tempestad. Calma, Buena Lorena; calma, Petit Caporal: <i>For he is a -jolly good fellow</i>.</p> - -<p class="space-above-tab">Hace algún tiempo os escribía desde Londres: -«Interesante monarca, el rey Eduardo». Se creía, antes de morir la reina -Victoria, que al pueblo británico no sería simpático el reinado del -célebre príncipe de Gales. Una vez éste en el trono—<i>When thou doest -appear I am as I have been</i> ...—se ha visto que todo ha continuado -<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> -de la misma manera. El rey, aclamado y querido, ha enterrado al -ruidoso calavera de antaño. Él ha entrado en su papel, y puede decirse -que es un digno soberano de su nación. Cada rey tiene el reino que -merece. Guillermo II es estudiante y vive casi siempre en ópera -wagneriana; Alfonsito XIII acaba de presentarse por primera vez en -el coso madrileño, y ha sido aclamado por la tauromaquia nacional; -Inglaterra, «país tradicionalista y práctico, en que la decoración de -la vida social yuxtapone armoniosamente vestigios de arte gótico á -construcciones de usina», está muy satisfecha con un rey que viste de -púrpura, armiño y oro, se coloca en la cabeza la corona de los viejos -monarcas, ante su Parlamento animado de fórmulas y ceremoniales, y -luego, con un habano en la boca, se va en su automóvil, en menos de una -hora, de Londres á Windsor; visita el yate que ha de disputar la copa -á los yanquis, ó se interesa por sus caballos Diamond Jubilee, Ambusch -ó Persimon. Ese rey <i>sportsman</i> es grato á su país de <i>sportsmen</i>, es -amable para los ciudadanos que gustan del tiro al blanco en Bisley, -del remo en Henley, de las carreras en Ascot ó en Epsom. El <i>corpore -sano</i> de los universitarios es una de las causas de la robustez, de -la salud de la nación. Como alguno de nuestros repúblicos americanos, -como algunos de nuestros directores de pueblos, el rey se interesa -por las razas caballares, gusta de los ejercicios físicos; pero -sabe su Shakespeare admirablemente, entiende de Arte á maravilla y -puede consultar su Homero en griego y su Horacio en latín, como lo -certificarán sus compañeros de Oxford y de Cambridge. No es Eduardo -un príncipe guerrero. Llega ya tarde al trono y mal sentarían aires -marciales al <i>arbiter elegantiarum</i> de los reyes y al rey de los <i>gentlemen</i>. -<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p> - -<p>El gran país de presa es odiado en la tierra toda; y ese odio se ha -agriado más por los recientes sucesos africanos; mas es casi cierto -que si el rey de la Gran Bretaña se presenta en esta misma Francia -recelosa, será, como en Italia, acogido con la misma simpatía que la -poderosa anciana imperial que pasaba con sus hindús y su burrito.</p> - -<p>Y así pasó. Derouléde dió una cortés nota desde su destierro. Los -diarios anglófobos no tuvieron atmósfera propicia, y Eduardo fué -llevado y traído por la gentil Mariana, dándole una ilusión de amor al -que es un <i>jolly good fellow</i>.</p> - -<p class="space-above-tab">Un libro reciente de M. Jean Finot, de muy -noble altura y de muy generosas tendencias, tiende á demostrar la -necesidad de un acercamiento, de una unión en favor de mutuos intereses -entre Francia é Inglaterra. Es verdad que en la Historia mantienen la -tradicional enemiga nombres como Crecy, Poitiers, Calais, Azincourt, -Isla Mauricio, Aboukir, Canadá, Waterloo; pero también es cierto que -intelectualmente ha habido simpatías, cambios y relaciones desde -siglos. Los embajadores espirituales han compensado en parte los males -de las sangrientas campañas. Desde Montaigne hasta Verlaine y Mallarmé, -la literatura francesa ha tenido entre los ingleses buenos apreciadores -y seguidores. Jean Carrére tiene razón cuando dice que la <i>élite</i> de -ambas naciones se busca. «He aquí lo que es indudable: en Inglaterra -los hombres de letras gustan del espíritu francés; en Francia, los -hombres de letras aprecian la cultura inglesa. Nuestras literaturas, -nuestras artes, nuestras costumbres mundanas, se hacen cada día más -y más perpetuos cambios. No hay país en donde los libros franceses -sean mejor comprendidos que en Inglaterra. Por otra parte, basta haber -viajado algo en país británico para haber observado con qué interés -<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span> -sincero los verdaderos <i>gentlemen</i> buscan y gustan de las relaciones -con franceses. Ellos también saben con qué cordialidad son recibidos -en la alta sociedad francesa.» Verdad. Y en las manifestaciones del -pensamiento ha habido sorprendentes regalos de una á otra parte. ¡Qué -donadores, por ejemplo: Carlyle, Taine! ¡Y entre los Orfeos: Hugo, -Swinburne! La aristocracia intelectual londinense llamaba al pobre -Lelian, para oir sus conferencias, pagándole con largueza. El autor de -la <i>Siesta del Fauno</i> era «profesor inglés» ... Dorian Gray gustaba del -ambiente parisiense como Des Esseints de las brumas de Londres. Y el -rey ha sido amigo de ambos, el príncipe <i>bon enfant</i>, el ordenador de -las masculinas elegancias, el autócrata de la <i>fashion</i>. El <i>populo</i> -parisiense manifiesta, cantando con la música de los <i>Plouplous -d’Auvergne</i>:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Si nous v’aimons guère</span> -<span class="i0">Tes mufles d’sujets,</span> -<span class="i0">Edouard, mon vieux frère,</span> -<span class="i0">Toy, tu nous allais ...</span> -<span class="i0">Combien il nous tarde</span> -<span class="i0">De t’voir revenir,</span> -<span class="i0">Car Paris te garde</span> -<span class="i0">Un bon souvenir.</span> -</div></div></div> - -<p>Es poco respetuoso el tono; pero en la confianza va algo de efecto. El -rey lo comprendía al saludar sonriente al singular pueblo de París. -Su imagen andaba por todas partes, haciendo «marchar el comercio» -en alfileres de corbata, en banderitas, en hojas, en muñecos, en -abanicos, en cocardas, en insignias, en medallas, en dijes, en toda -suerte de fotografías y grabados, en carteles y en las caricaturas de -los periódicos, fuera de las cartas postales, en donde se le puede -ver desde la pompa del trono hasta bailando el <i>cake-walk</i> con el -presidente Loubet. La gloria instantánea en todas sus manifestaciones, el <i>beguin</i> de París. -<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p> - -<p>Ese <i>beguin</i>, ¿no fué ayer no más que lo tuvo con el tío Pablo?... ¿Que -quién es el tío Pablo? Un viejo presidente de una república africana -llamada el Transvaal ...</p> - -<p class="space-below2">Eduardo VII busca la paz, y la comunicación y -la amistad en el mundo. No es un rey de aislamiento ni de odio, y tanto -mejor para él. Siga en ese buen camino. Afiance hasta donde le sea -posible esa paz con que sueña, y que con él desean tantos hombres de -buena voluntad. Siga amando el arte, el <i>sport</i>, y, aunque hoy plácida -y románticamente, las bellas damas. Eso le hará bien en la Historia, en -donde aparecerá, no manchado de sangre, ni revestido de crueldad y de -egoísmo, sino amable, gentil, caballeroso, un coronado <i>gentleman</i>, un -<i>Plantagenent jolly good fellow</i>.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-034.jpg" alt="_" width="150" height="174" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-035.jpg" alt="_" width="600" height="207" /> -</div> -<h3>PARÍS Y EL REY VÍCTOR MANUEL</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-p.jpg" width="60" height="61" alt="P" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> -<span class="smcap">Porque</span> viene con un hermoso penacho á la tierra de Francisco -I; porque viene con una bella reina á la tierra de las elegancias, -porque sabe saludar con largo y magnífico ademán, como en los buenos -tiempos viejos sabían hacerlo los grandes caballeros; porque, en fin, -viene en nombre de la augusta Hermana que fué madre de la cultura del -mundo, París saluda con su vibrante y vivo entusiasmo al hijo del -regalantuomo, á Vittorio Emanuele III, soberano de Italia.</p> - -<p>A través de las edades sonríen los abuelos al ver que las dos gloriosas -naciones latinas desarrugan por fin las frentes. Una vasta ilusión -de paz pasa sobre los hombres de esta Europa que tanto tiempo hace -parecía presta á revolverse en sangre. Gozosos estarán en la eternidad -aquel Conde Verde, Amadeo VI, que con Juan el Bueno concluyó el primer -tratado que uniera en amistosos lazos á la dulce Francia y la dinastía -de Saboya, Fert, y aquel Conde Rojo, su hijo, que llevó la gracia -francesa de Bonne de Bory á su cama nupcial. -<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p> - -<p>Y todos los grandes, que después fueron fraternos en los campos de -batalla con sus compañeros franceses en una igualdad de caballerosidad -y de valor que revelaba los orígenes de una misma sangre espiritual, -derivada de la antigua fuente de la nobleza y de la civilización -humana; hasta los últimos, hasta los de Magenta y Solferino, hasta los -Mazzini, hasta el prodigioso Mosquetero de la Libertad y aventurero -de la gloria que se llamó Giusseppe Garibaldi. Y el enorme Poeta de -Francia se siente feliz en su inmortalidad en este momento, en que sus -anhelos de unión y de concordia parece que quieren cumplirse, en que -una de sus generosas profecías semeja una realidad ...</p> - -<p>El Capitolio saluda al Pantheon, el Pincio á Montmartre; el Tíber dice -cosas al Sena y Dante hace una seña á Hugo; los parisienses están de -fiesta; las parisienses han preparado cestos y ramos de sus más lindas -flores, pero sobre todo violetas y miosotis; filas de carretones -cargados de redomas de chianti vestidas de mimbre se estacionan frente -á los restaurants en que se saborean platos de allende el Alpe; los -bulevares lucen collares de bombas eléctricas y erigen astas rojas; -profusas banderas están libres al aire ó formando escudos y trofeos; -en el Luxemburgo la fuente de Médicis parece que no se manifestase tan -soñadora y clásicamente melancólica como de costumbre; su coloso parece -sonreir á la ninfa y la ninfa marmórea al coloso.</p> - -<p>Todo eso es porque llega Vittorio Emanuele, y principalmente porque -viene trayendo á su lado á la que fué princesa de Montenegro, y hoy -es reina de los italianos. Pues si el monarca es grato y por ello -le recibe bien Lutecia grandiosa, la reina es de soberbia beldad, y -Lutecia gusta de las reinas y de las hermosas y se vuelve loca por las -hermosas reinas. Y ésta tiene, además de su belleza, su bondad, un -<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span> -nombre armonioso y homérico, una romántica tierra de origen y una -leyenda de amor. Una leyenda de amor muy rara en las cortes, muy -escasa en la vida de esos esclavos de su propia púrpura que son los -porfirogénitos.</p> - -<p>Todo eso place aquí mucho, y debe agradar en todas partes. Gracias á -la visita de esa pareja de reyes que se aman, y gracias á la gracia -buena de esta coronada señora, casi nadie se acuerda de la obra funesta -de Bismarck y Crispi; casi nadie piensa en las antiguas inquinas y -en las miradas recelosas que más de una vez estuvieron á punto de -ser odios, odios fraternos. Se diría que una tregua existe en las -antipatías y rencores que han movido las malas artes de la política en -ciertos puntos de la tierra. No se ven sino signos de simpatía. Ayer -no más se saludaba en la patria de Juana de Arco y de Napoleón al rey -Eduardo de Inglaterra; hoy, con mayores manifestaciones de afecto, -al aliado de Guillermo y de Francisco José. Todo eso es consolador y -es amable. El momento es propicio; que se aproveche el momento. Si -padecen las sombras del viejo canciller y del memorable Abastecedor -de la Muerte que fué Herr Krupp, tanto mejor. Se aleja un mañana de -choque y de duelo; ¿los soldados sirven sólo para las revistas lujosas -y paradas pintorescas? ¡Excelente! ¿La Guerra descansa ó se aburre? -¡Bravísimo! Y en este caso ello es muy justo y discreto ante las -futilidades peligrosas de las Cancillerías. ¿Por qué las dos grandes -Hermanas latinas habrían de ser las hermanas enemigas? Así, si en -Viena ó Berlín la militarizada gente no ve con buen mirar este paso de -efusión armoniosa, esta buena tendencia á no destrozarse por antipatías -irrazonadas, París y Roma, el Gallo y la Loba, están contentos ... -<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span></p> - -<p>Los usos monárquicos se saben guardar bien en esta Francia, que tanto -de su esplendor y de su arte debe á los reyes ... El Protocolo es -una institución que aún se perpetúa y renueva los días de fausto de -épocas imperiales y reales ... La alta sociedad guarda sus títulos y -pergaminos, con rarísimas excepciones, y los nobles militantes en la -política republicana conservan sus denominaciones heráldicas. Hay aún -nobles socialistas que reciben á sus invitados y correligionarios con -pompa ultraconservadora y lacayos de libreas blasonadas.</p> - -<p>El picador del Elíseo es un personaje, llámese Monjarret ó Troude; las -viejas maneras cortesanas se conservan en el palacio republicano que -habita el sonriente y honesto abogado de Montelimar; la señora Loubet -ha hecho por primera vez en los fastos presidenciales casi de reina -en la recepción de los reyes italianos, y esto con gran complacencia -del pueblo de París, que por más que se diga gusta de todos esos -fastuosos modos que recuerdan los gobiernos «bellos» del pasado. Los -ceremoniales, las ordenadas filas de carrozas de gala, los pintiparados -picadores, las pelucas, los lacayos de casacones y piernas enmalladas, -las escoltas vistosas, los coraceros radiantes de acero con el casco -empenachado de crin, las espadas desnudas de los oficiales gallardos, -los tambores, las trompas, los clarines que anuncian, y sobre todo los -reyes, las reinas, los emperadores, no importa qué reyes, no importa -qué reinas, no importa qué emperadores, son para los parisienses, antes -que todo, «espectáculo»; y lo que en un poeta hace despertar ideas de -antiguos esplendores y cabalgatas, y en un señor de cierta instrucción -evocaría desfiles de ópera cómica—cada cual habla desde su punto de -vista, Olimpo á bulevar—, al público da la sensación de fiesta, y -despierta en él la necesidad de las aclamaciones y de los vivas, la -alegría general. En las visitas que las testas coronadas hacen hay -<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> -mayor ó menor entusiasmo; pero siempre lo hay. En el azar, por -ejemplo, se veía al aliado en una futura probable guerra, al poderoso -amo de los rusos que ayudaría con sus inmensos ejércitos á su amiga -la Francia, y por eso el delirio de las ovaciones fué más que en -ocasión alguna extraordinario; en el rey Eduardo, á pesar de los -recientes resentimientos de Fashoda y de la antigua enemiga entre -las dos naciones, se saludó con afecto, más que á todo, al antiguo -príncipe de Gales, al conocido parisiense de París, loco de su cuerpo y -trasnochador insigne, bien amado de la ciudad de la galantería. En el -cha de Persia se saludaron su exotismo y sus fabulosos diamantes; y si -á Leopoldo no se le hacen sonoras manifestaciones, es porque es un rey -de casa, demasiado burgués y demasiado comerciante, y porque sin ton -ni son llega todos los días. Para el rey Vittorio Emanuele, repito, ha -habido el saludo que preludia la deseada unión de las naciones latinas, -y al mismo tiempo la simpatía cordial debida al jefe de un país con -quien se ha tenido en pasadas épocas la hermandad de las armas, el -nieto del fuerte y mostachudo Vittorio Emanuele II; y no hay duda, ha -habido también en el pueblo el deseo de mortificar á los reconocidos -contrarios, á los que siempre se han creído enemigos de mañana, que lo -fueron de ayer, á los dos emperadores de la Triple Alianza, el de la -Austria odiada de Italia y el de Alemania aborrecida de Francia.</p> - -<p>Luego Vittorio Emanuele III es rey que se hace querer y estimar. En él -se ve al regenerador de su patria, hace poco abatida, y hoy triunfante -en el mundo, tanto en el progreso cívico como en el industrial y -comercial, pues la Italia trabajadora es hoy ciertamente una fuerza -innegable; en él se admira á quien tiende á resucitar el antiguo poder -de la influyente Roma en los asuntos de la tierra, al príncipe exacto, -<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span> -rígido, hábil, que sabe manejar los hilos de su política interna y -exterior, y que, á pesar de sus ligas con el césar germánico, ha -tenido siempre en mira la grandeza da su raza sobre el orbe, la -vieja hegemonía mundial por tanto tiempo en poder de los bárbaros, -y que quién sabe si, á pesar de todo, no volverá á los hijos de la -civilización grecorromana antes del fin del siglo <span class="smcap">xx</span>.</p> - -<p>Pequeño de cuerpo, como tantos grandes guerreros y monarcas, es vivaz -y marcial, amacizado de método y de educación, forjado á duros hábitos -aún en medio de las sedas palatinas, bajo la severidad del noble -Humberto y la bondad graciosa y sabia de la reina Margarita, verdadera -perla entre las perlas de las actuales monarquías. Su carácter es -firme y reflexivo; su voz afable. Como todos los Saboyas, domina con -los ojos. Estudioso y atento al progreso, se ha nutrido de libros -y ha observado los hechos. Se cuentan de sus años primeros, entre -preceptores y militares, interesantes anécdotas. Sus dos principales -profesores, Luigi Morandi y el coronel Osio son para él, por un lado, -el carácter de la cultura, y, por otro, la cultura del carácter. Por -eso pecan de poco informados los biógrafos y escritores que le juzgan -tan solamente dado á secos cálculos y á especulaciones prácticas tan solamente.</p> - -<p>No importa que la socialista Paula Lombroso lo pinte como un varón -para quien la poesía es «como los bombones para los niños»; París sabe -que si no es un rey de ensueño—poco precisos á estas horas los reyes -de ensueño—ni un rey de fantasías y estéticas nada avenibles con el -asunto de manejar en el siglo <span class="smcap">xx</span> la suerte de un gran pueblo, -es monarca de «humanidades», como sienta á quien nació en la cuna -del humanismo; que sabe sus clásicos, que conoce á fondo de Nepote á -Horacio, y que tuvo una «profesora de poesía» en su madre encantadora, -<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> -que más de una vez desde los años de su infancia le leyó la honda y -armoniosa lección del vasto Poeta, del sumo Dante. Y luego dejadle -sus automóviles de cuando en cuando, pues para versos su suegro los -compone, como su esposa, que es poesía morena y viviente. Dejadle sus -automóviles, y sobre todo dejadle con sus monedas y medallas, que ser -profundo numismata como él es ser ya mitad sabio y mitad artista. Su -gentileza en su visita á este país ha sido completa, y jamás jefe -de Estado ha sabido cumplir mejor la delicada empresa. Cuando en lo -alto de las decorativas columnas alzadas en la Avenida de la Ópera el -león de oro de San Marcos y la loba de oro de Roma se perfilan sobre -el triste cielo parisiense, representan más que una cortesía: son un -símbolo. El rey de Italia es el bienvenido, porque sabe encarnar el -alma y las aspiraciones de su estirpe, y Francia le reconoce digno.</p> - -<p>Desde su entrada á la ciudad que le hospeda, entre los gritos de -entusiasmo, en las avenidas adornadas, la compañía del excelente -presidente burgués, que hace muy bien lo que puede, y al lado de su -esposa, toda gracia y sencillez noble, junto al Arco del Triunfo, junto -á la tumba de Napoleón, en todas partes adonde la cortesía oficial -le ha llevado, ha tenido, discreto y correcto, un buen gesto ó una -buena palabra. Cuéntase—<i>y se non è vero è bene trovato</i>—que en los -Inválidos, cuando el séquito oficial llegó al lugar en que, según su -deseo, reposa el dueño del Águila, se quedó un buen rato en silencio, -y luego: «Yo también soy sucesor de Napoleón Bonaparte ...» «¿Cómo?», -insinuó M. Loubet. «¿No fué el emperador también rey de Italia?...» -Y así siempre es aplaudida su cordura. Esa cordura que se demostró -recientemente, cuando en momentos en que el Papa agonizaba, suspendió -su viaje, respetuoso, pensando quizás en que uno de sus antepasados -ciñó á su frente la pontificia tiara, y en que el ser cortés no quita -la valentía de los que llevan por lema: «¡Siempre adelante, Saboya!» -<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span></p> - -<p class="space-above-tab">No he visto de cerca más que á dos -reinas—por culpa ó gracia de ocasional misión:—la de España y la de -Portugal. A otras he visto de lejos, y á las demás en fotografías, -pinturas ó grabados. Pues bien: confieso que nunca he admirado belleza -coronada más seductora que la de la princesa greco-oriental que de la -corte cuasi primitiva y legendaria del principado de Montenegro salió -á ser reina de la maravillosa Italia. Aquí parece exótica; á mi me ha -parecido antigua conocida. «De esos ojos no tenemos aquí», me decía una -espiritual francesa. «Pues allá, del otro lado del mar, los tenemos -como esos—le contesté—, en rostros de ese fino y trigueño de bronce, -dulce y sonrosado. ¡Esos son ojos criollos!»</p> - -<p>En efecto: la reina Elena es semejante á una de esas soberbias, -estupendas criollas, que coronadas de opulentas cabelleras negras, son -reinas de hermosura en Montevideo y Buenos Aires, Lima ó la Habana. Es -una de esas mujeres llenas del sol y sangre que llevan la primavera -ardiendo por donde van. Y en su gallarda beldad guarda una cultura y un -talento que son celebrados por todas partes. Su país es país de balada. -Su madre hila en el huso la lana como una reina de Homero. Su padre es -poeta. Ella es artista de corazón, pinta, canta, toca el violín y el -piano. Y un alma dulce y caritativa, sentimientos de alta virtud. Dicen -que las aristócratas farnienteras de su corte sonríen de sus hábitos -de «mujer de su casa», de sus conocimientos de cocina ... La <i>Pastora</i> -de Cettigne debe á su vez sonreir benévolamente. Morena del país de la -<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span> -nieve, ella vive su leyenda de amor verdadero, y en su rey mira á su -marido. Y no se ha extrañado de ir de un vuelo amoroso, de su tierra -escondida, de sus montes de águilas y lobos, á ser la soberana de un -reino que también fué de Lobos y de Aguilas ...</p> - -<p>La pequeña Zita escribe, al dictado de su abuela, una institutriz que -fué de la casa de Montenegro: «...en la capilla del Instituto vi por la -primera vez, de cerca, á la princesa Elena, bella, esbelta, inmóvil, -como es lo usual durante los oficios griegos, en que sólo el sacerdote -va y viene continuamente con sus diáconos, por las tres puertas que se -encuentran delante del misterio del altar». <i>La princesse avait vraiment -l’air d’une belle image.</i> La volví á ver á menudo así, y la admiró -siempre; era mi sola compensación para el suplicio de permanecer de -pie. Por otra parte, intenté hacer la intención de no ir á la iglesia -sino cuando esperaba la presencia de las princesas; á primera vista -me he sentido atraído por la actitud de firme voluntad de la princesa -Elena. Un día de verano vino con una falda de simple <i>crêpe</i> oriental; -el corpiño ligeramente escotado. Con su lindo talle, redondo y firme, -su aire recto y elegante, tenía el aspecto de una joven diosa, cuyas -espaldas esperaban que se les prendiese un manto ... de emperatriz. Mi -impresión había sido tan fuerte, que un diplomático bien informado, -al cual se la manifesté, me dijo sonriendo: «¡Cuidado, señora!, ¡está -usted haciendo política!»</p> - -<p>«En ese entonces el zarevitch no se había casado todavía con una -alemana. Otra vez la encontré encantadora también en traje nacional, -camiseta de muselina sedosa y bordada, <i>veste</i> de terciopelo rojo -galoneada de oro, y capitea en la cabeza; pero la hallaba mejor con -el traje europeo, y nunca olvidaré la visión que tuve el día en que -la idea de un «manto de corte», se había impuesto á mi imaginación á -<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> -consecuencia de cierto aire de reina que había advertido en esa joven -fisonomía en que el destino ponía un signo que yo leí, deseando se -realizase por sentimiento romanesco de estética, pues yo amaba ya -espontáneamente á la princesa. Pero, ¿es, en verdad, la suerte de una -reina lo que el corazón debe desear?»</p> - -<p>Esas sencillas impresiones de una profesora completan un retrospectivo -retrato de la magnífica y joven soberana. En cuanto á la pregunta -final ... ¡quién sabe! Antaño el mundo era distinto, y la posición real -no tenía los peligros de ahora. Antaño ... pero, ¿y María Antonieta, y -María Estuardo, y más allá?... Mas el instante es de cantar á la reina -bella y artística, no de consideraciones filosóficas. El pueblo de -París la canta por boca y guitarra de sus <i>camelots</i>:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Viens, Hélène (bis),</span> -<span class="i6">Viens!</span> -<span class="i0">À la table de France,</span> -<span class="i0">On nous offre bombance</span> -<span class="i6">Ah!</span> -<span class="i0">Viens Hélène (bis),</span> -<span class="i6">Viens!</span> -<span class="i0">Et le soir, en cadence</span> -<span class="i0">Nos pincerons un’danse.</span> -</div></div></div> - -<p>Eso se canta con el aire de <i>Viens, Poupoule</i>, y valga la intención. La -Prensa forma sus más floridos ramilletes de frases; los poetas escriben -sus ritmas de ocasión. Pero entre éstos ninguno ha escrito más lindo -saludo que un gracioso, un conocido versificador incoherente, que deja -por un momento sus ya fatigantes monorrimos y dice un precioso decir. -Entre sutilezas dice cosas como éstas. Dicen los enamorados: -<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span></p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Que vers nos paroles</span> -<span class="i0">Ta Grâce s’incline</span> -<span class="i0">Reine des gondoles</span> -<span class="i0">Et des mandolines;</span> -<span class="i0">Reine de Venise,</span> -<span class="i0">Soyez-nous propice;</span> -<span class="i0">Aux amants soi bonnte</span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i0">Reine de Verone;</span> -<span class="i0">Vois le doux cortege</span> -<span class="i0">Qui viens t’implorer;</span> -<span class="i0">Acueille et protege,</span> -<span class="i0">Reçois á tes pieds,</span> -<span class="i0">Le voile des vierges</span> -<span class="i0">Et le blanc bouquet,</span> -<span class="i0">Reine du Correge</span> -<span class="i0">Et du Tintoret!</span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i0">Nous sommes les fiancés,</span> -<span class="i2">O reine jolie,</span> -<span class="i0">Qui venons vous saluer</span> -<span class="i0">Avec courtoisie;</span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i0">Nous, les artistes pas riches,</span> -<span class="i0">Qui ne devions de sitôt</span> -<span class="i0">Voir les rives de l’Adige</span> -<span class="i0">Ni le Lungarno;</span> -<span class="i0">Voici qu’avec toi s’avance,</span> -<span class="i0">Près de moi pauvre homme</span> -<span class="i0">La grave Beauté de Rome,</span> -<span class="i0">Trout l’art exquis de Florence.</span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i0">Reçois en échange</span> -<span class="i0">Notre foi ardente,</span> -<span class="i0">O reine du Dante,</span> -<span class="i0">Et de Michel-Ange!</span> -<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i0">À chaque fenêtre,</span> -<span class="i0">Et dans tous les yeux,</span> -<span class="i0">Reine des poètes</span> -<span class="i0">Et des amoureux,</span> -<span class="i0">Paris radieux</span> -<span class="i0">Paris tout en fête,</span> -<span class="i0">Paris tout fleuri,</span> -<span class="i0">Paris te sourit.</span> -</div><div class="stanza"> -<span class="i0">Et le voile tombe</span> -<span class="i0">Enfin du secret</span> -<span class="i0">Que gardait Joconde:</span> -<span class="i0">Elle t’attendait.</span> -</div></div></div> - -<p>Un ramo de rosas de Francia tenía en la mano el día primero en que -la aclamó la muchedumbre de París, hirviente y contenta. Un ramo de -rosas de Francia, que significa la juventud, la vida, el hechizo de -amor, y al propio tiempo la salutación de esta tierra dulce y gloriosa. -El gran penacho de plumas blancas se agitaba á los antiguos vientos de -Galia ... Y yo miraba á su lado la figura de la princesa montenegrina, -de la reina que habita el Quirinal ... la mano fina con el ramo de -rosas, la cabellera negra, el talle soberbio, los ojos, los grandes -ojazos criollos. Y me uní á la voz de la multitud: «¡Viva Italia!»</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-046.jpg" alt="_" width="200" height="110" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-047.jpg" alt="_" width="600" height="234" /> -</div> -<h3>LA “BRIMADE”</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="60" height="62" alt="E" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">El</span> origen -de estos usos bárbaros arranca de muy hondo principio humano, fuera de -la opinión hobbesiana. En todo hombre hay un lobo: entendido; pero en -muchos hombres juntos, pugna por revelarse la manada feroz que devora -al compañero. Ese es el peor peligro de la inquisición y del jurado, -del convento como del taller, del colegio como de la guarnición.</p> - -<p>¿Quién no ha sentido en la niñez la hostilidad de los primeros días -de la escuela y del internado? ¿Y ya en el estudio de algún arte -ó industria, ó disciplina cualquiera, la burla, el odio casi, la -enemiga infaltable del compañero? Parece que el recién llegado fuese -á quitarles algo, á hacerles algún daño, y el encarnizamiento no cesa -sino con la revelación de una fuerza superior; casi siempre unas buenas -bofetadas al más insolente y burlón de la clase. Entonces el nuevo -entra á formar parte de la comunidad. Y quizás será el martirizador más -terrible del próximo novato. -<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span></p> - -<p>Si esto pasa en las aglomeraciones humanas, en que el espíritu tiene -otras miras y ejercicios que los de la fuerza, ¿qué no será en los -colegios de la muerte, en los lugares donde se aprende á matar, en -donde lo que se estudia es el manejo de las armas, la ciencia de la -destrucción, el arte sangriento «de ser más fuerte que otro en un -punto dado»? ¿Quién me dirá que los martirios que sufren los recién -llegados equivalen al espaldarazo de los caballeros, que son la amarga -sal del bautismo, la dolorosa cuchillada de la circuncisión? Palabras. -Hay que combatir á todo trance la fiera que llevamos en nosotros. Si -no, proclamemos como superior la filosofía de Sade, ese precursor de -Nietzsche, y establézcase en cada capital culta del orbe un Jardín de -los Suplicios.</p> - -<p>Las <i>brimades</i> eran—felizmente, repito, ya no son—bromas pesadas, -groseros tratamientos que se hacían padecer á los recién entrados, -fuese cual fuese su condición; pero, naturalmente, más duros, y hasta -sangrientos, con los de débil carácter ó de escasa fuerza. Ponerlos -desnudos en un cuarto y embetunarlos, ó pincharlos con agujas; echarles -cubos de agua fría en medio del invierno; deshacerles los pies á -pisotones; darles patadas y puñetazos; azotes, etc. Por la menor -falta, castigos, vara. Todo esto bajo la mirada complaciente de los -superiores. La cosa había entrado en el uso desde antaño. A veces la -<i>brimade</i> tenía fatales consecuencias; una reprimenda, algunos días -de arresto al culpable, y todo quedaba lo mismo. De cuando en cuando -alguna protesta aparecía en la Prensa, pero no tenía el menor eco. Así, -hasta la plausible circular del general André.</p> - -<p>En Alemania, país en que el militarismo ha entrado en la sangre, -en la vida nacional, no se han suprimido, ni creo que se supriman, -esas asperezas del cuartel. Cierto es que allí, en el mismo cuerpo -estudiantil, existen hábitos y costumbres de la más exquisita barbarie -<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span> -medioeval. Las caras rajadas y el gambrinismo universitario no merman -un solo punto en los comienzos del vigésimo siglo. Las <i>brimades</i>, -pues, se complican allá de <i>schlague</i> y suavidad tudesca. Dramas -ha habido muy resonantes en que toda la Prensa se ha ocupado, y -últimamente un consejo de guerra ha juzgado en Metz con la más inaudita -deferencia, á los culpables de uno de esos verdaderos crímenes, -merecedores de las penas más severas. He aquí cómo se narra lo -sucedido: «Un soldado de apellido Polke, perteneciente al 12 regimiento -de artillería de Sajonia, fué dado de baja el año pasado porque los -médicos militares lo encontraron débil para el servicio. Incorporado -de nuevo este año, hizo ejercicios solo, bajo el mando de un cabo -llamado Trautmann. Este, un verdadero troglodita, hizo con el pobre lo -que le dió la gana. Era una lluvia de patadas y puñetazos, fuera de -la privación del alimento. Llegó á tanto la atrocidad, que un día el -cabo le dió tal golpe en la cabeza con la culata del fusil, que el mozo -quedó sin sentido. No solamente él le pegaba, sino que ordenaba á otros -reclutas que hicieran lo mismo, entre las risas de los compañeros. -Demás decir que todo el mundo martirizaba al infeliz. Un subteniente -le dió un bofetón porque le vió fumar un cigarrillo y un teniente se -burló, en vez de reprender. Por último, el maldito cabo le obligó una -vez á saltar por una ventana y á correr, á paso de carga, durante -diez minutos. Polke, dice quien narra el hecho, concluyó por caer -fatigadísimo. Cuando se levantó, desesperado, loco, se pegó un tiro».</p> - -<p>Ahora, ¿qué pena os figuráis que les han aplicado á los culpables en -el consejo de guerra? Los camaradas que le hostigaban, «tres días de -prisión». El subteniente Wiehr, «tres semanas de arresto». El cabo -famoso, «cinco meses de prisión». Comparando lo que aquí pasa, dice -Charles Laurent con cierta justicia: <i>Il fait bon, tout de même, vivre en France</i>. -<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span></p> - -<p>Sin embargo, es en la dulce Francia donde se han revelado los -innominables suplicios de los disciplinarios de Olorón, esa isla de la -Charente Infériéure donde están las triples fortificaciones que hizo -levantar Richelieu. Allí se encuentran los <i>dépots</i> de los cuerpos -disciplinarios; el de la compañía de fusileros de disciplina de la -marina y el del cuerpo disciplinario de las colonias. A los primeros se -les llama en jerga militar <i>Peaux de lapin</i> y á los segundos <i>Cocos</i>. -Dubois-Desaulle hizo el gran bien de contar al público las terriblezas -que allí pasaban y que, dichosamente, se han aminorado, si no -desaparecido del todo. Juzgad por algunas noticias. Allí se empleaban -entre otras cosas, las <i>poucettes</i>, el <i>baillon</i>, la <i>crapaudine</i> y -el <i>passage á tabac</i>. De este último apenas hablaré, porque lo usa -la Policía de París y no sé si la de Buenos Aires. Es una galantería -habitual con el que tiene la desgracia de caer en esas manos temerosas: -el <i>passage á tabac</i> es simplemente una estupenda «pateadura».</p> - -<p>Ningún reglamento, ninguna ley, ningún auto legislativo ó -administrativo prescribe el empleo de las <i>poucettes</i> en el ejército -francés, y, sin embargo, decía Dubois-Desaulle, se aplica á los -disciplinarios ese instrumento de tortura. Como no había reglamento ni -ley que autorizara el empleo de esa tortura, todos los que tenían un -grado, desde cabo á oficial, podían aplicarla. Los motivos más variados -y fútiles daban lugar á la aplicación de la pena. Las tales <i>poucettes</i> -son una pequeña prensa de acero que deshace, que rompe los pulgares. -«Según el grosor de los pulgares ó el calibre de las <i>poucettes</i>, -después de un número mayor ó menor de vueltas de la aleta que hay -sobre la placa de cierre, el hombre pierde el conocimiento y la sangre -trasuda por los poros de la extremidad del pulgar. Algunos minutos -después de puestas las <i>poucettes</i>, la parte extrema del pulgar se -<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span> -infla, la detención de la circulación da á la carne tonos violáceos; -el pulgar se insensibiliza entonces por el exceso mismo del dolor, -á condición, sin embargo, de que no se despierte el dolor con los -movimientos; á fin de agravar la tortura, los castigadores vienen á -sacudir ó tirar de los pulgares.» La descripción es demasiado chocante -y larga para ser transcripta toda.</p> - -<p>La <i>crapaudine</i> es una combinación en que entran las <i>poucettes</i>. Los -pulgares están aprisionados por la espalda; el hombre está en tierra -y se le atan los tobillos junto con las <i>poucettes</i>. El <i>baillon</i> -es una mordaza. «Se improvisa con un pañuelo, una piedra, un objeto -cualquiera, que se introduce en la boca. Se mete en seguida entre los -dientes del paciente un trozo de madera del grueso de un palo de escoba -y provisto de cuerdas que se atan detrás de la nuca.»</p> - -<p>En cuanto á los azotes, se oye, cuando los cabos y sargentos no pegan -duro y firme, la voz de un oficial:</p> - -<p>—<i>Mais cassez-leur donc les membres, nom de Dieu!</i></p> - -<p>En Austria, como en Alemania, el <i>schlague</i> existía desde largo tiempo. -A mediados del pasado siglo tuvo gran éxito y causó impresión profunda -la publicación de un libro de E. Sturm, oficial de Artillería del -Ejército austriaco. Las revelaciones que hacía no podían sino tener ese -resultado. Sin embargo, él mismo confesaba que en cuanto al <i>schlague</i>, -ó sea la flagelación militar, los oficiales superiores la aborrecían; -pero no podían nada contra la costumbre, ó sea la disciplina en ese -caso. Se azotaba por los motivos más fútiles, como fumar en la calle, -ponerse el tricornio de través, ó llegar tarde á la lista. Muchos entre -ellos fueron inutilizados, ó se volvieron locos. Diez días después de -haber entrado al cuerpo, cuenta Sturm que la orden del día llamaba á -«todos los nuevos» á que asistieran á una gran ejecución. Luego el cabo -<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> -le explicó: «Los nuevos militares es preciso que se habitúen á ese -espectáculo antes de ser actores en él, pues hay siempre algunos que -son bastante bestias para desmayarse, nada más que al ver á un hombre -flagelado. Si mañana, en la ejecución, vuestro rostro traiciona el -menor signo de piedad ó conmiseración, os volverán á mandar como -espectador hasta que os acostumbréis; pero eso no es honroso. Se os -señalará como cobarde y flojo.» El autor asistió, naturalmente. Ved -sus mismas impresiones: «Tomé mi partido»; fué una larga y terrible -ejecución; seis desertores pasaron seis veces bajo la hilera de varas -(<i>gassenlaufen</i>), y uno, ladrón, ocho veces. Figuraos una doble fila -de soldados armados de varas, con un cabo de diez en diez hombres. En -medio pasan los desventurados soldados, la espalda desnuda, despacio -ó corriendo, como le plazca al que dirige la ejecución. Mientras la -sangre brota bajo la vara fuertemente aplicada, los cabos corren de -aquí á allá para ver si los golpes son bien dados. Si por desgracia se -sorprende al ejecutor en flagrante delito de piedad, sea que amortigüe -el golpe, sea que pegue muy rápidamente para que su golpe se confunda -con el de su camarada, se le condena á su vez al <i>schlague</i>.</p> - -<p>«Después de la ejecución de los desertores, tres artilleros de los más -famosos recibieron cada uno treinta golpes de <i>schlague</i>. Yo soporté -á maravilla esa dolorosa prueba; así, el cabo encargado de observar -nuestra conducta estaba muy satisfecho de mí, y gracias á una fingida -impasibilidad se me pasó en un momento del papel de los espectadores al -de los actores. Como bien se calculará, tuve que mostrarme reconocido -por tanto honor: ¡ser llamado á pegarle á mis camaradas al lado de -aquellos orgullosos <i>grognards</i> que habían ayudado á derrocar el trono -de Napoleón! No pude, sin embargo, no pude siempre dominar por completo -mis sentimientos; ¡que el emperador me perdone!, le he robado más de un -<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> -azote, en las mismas barbas del cabo. Recuerdo á este propósito que uno -de mis camaradas, en un falso golpe hirió en la cara al cabo, y fué -condenado por esa imprudencia á cincuenta golpes de <i>schlague</i>; pero el -cabo perdió la nariz.» Muchos más detalles contiene esa obra curiosa. -Según tengo entendido, á raíz de su publicación el emperador de Austria -ordenó la supresión de esa odiosa costumbre; pero se conserva, no -obstante, admirada. Es inútil cuanto se disponga en contra de hábitos -tan hondamente inveterados, y que se compadecen con la rudeza de la -disciplina y de los usos y ejercicios militares.</p> - -<p class="space-above-tab">No conozco las costumbres interiores de la -milicia española, pero en el país de las fáciles carreras de baqueta y -del castillo de Montjuich, la ternura no debe ser mucha á ese respecto. -Además, ¿quién no ha visto en los sainetes la figura del <i>tourlourou</i> -español, el cerril asistente ó avispado ordenanza cuyas posaderas están -siempre sacudidas por los puntapiés del oficial?</p> - -<p>En Italia se me asegura que hay en esto mayor seriedad que en otras -partes, y que oficial noble ha habido que ha pagado sevicias con mucho -tiempo de prisión. Si esto es así, merece aplauso la milicia italiana.</p> - -<p>Mientras exista la idea de patria, el ejército será una necesidad, y -mientras la carrera de las armas exista, debe, á mi entender, mirarse -como la miraba el sublime Don Quijote. Todo lo que menoscaba la -dignidad humana y el propio decoro, no puede tener cabida en quienes -se tienen como defensores del honor nacional, del pabellón. Y es -vergonzoso que conozca el mundo hechos que menguan el decoro de los -caballeros marciales. Marciales caballeros que aparecen simplemente -como los más groseros y cobardes verdugos. -<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-055.jpg" alt="_" width="600" height="255" /> -</div> -<h3>IDILIO EN FALSO</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-u.jpg" width="60" height="59" alt="U" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Un</span> diario -de París publicó hace algún tiempo la historia, ó el principio de la -historia, de los amores del príncipe heredero de Alemania con una joven -norteamericana. El redactor anónimo de los artículos en que se narraba -esta novelesca y curiosa aventura tuvo que suspender la publicación, -á pedido de un miembro de la familia de la señorita, cuyo nombre es -Gladys Deacon. Pero los hechos son ya muy sabidos, y en los Estados -Unidos, como en Inglaterra, se conocen todos sus detalles.</p> - -<p>El joven Federico Guillermo de Hohenzollern, hijo mayor de Guillermo -II, es un alma sentimental y un corazón impresionable. No hay en él el -blindaje de hierro que tienen los de su familia paterna. A pesar de la -educación que el emperador da á sus hijos, éste no ha podido dominar -los impulsos de su naturaleza, y manifiesta ser, más que un príncipe, -un hombre. Sabidas son sus malas impresiones de universidad. No pudo su -<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> -carácter delicado acostumbrarse á las <i>borussidades</i> de sus compañeros, -hechos á tragar cerveza, reglamentaria y bestialmente; y aunque el -emperador le dijo que pasase por esos lances en que él también se -había encontrado, no le fueron por eso menos repugnantes sus horas -estudiantiles de Bonn. Algún incidente hubo que obligó al padre -imperial á llamar á su hijo; y luego, para distraerle un tanto, se le -envió á Inglaterra. En la corte inglesa el kronprinz se encontró más -á su gusto; la sangre maternal, la herencia atávica de la emperatriz -Federica, se reveló en él al contacto de sus relaciones londinenses. -Fuera de la familia real, toda la aristocracia se lo disputó, y su -juventud, deseosa de nuevas impresiones, encontró allí encantadores momentos.</p> - -<p>Entre las familias que más le solicitaron está la del duque de -Marlborough. Como es sabido, la duquesa es una joven norteamericana: -Consuelo Vanderbilt, hija del celebérrimo millonario. Fiestas -campestres, bailes íntimos, comidas, <i>tennis</i>, y <i>ping-pong</i>, todo lo -que más pudiera agradar al príncipe germánico se le ofreció durante -su permanencia. Entre tantas distracciones, y en tantas ocasiones -propicias, el <i>flirt</i> no podía faltar. No faltó. Pero no fué ninguna -linda miss británica, de rubios cabellos y cuello de cisne la que -despertó el entusiasmo amoroso de su alteza. Su alteza se dejó prender -por los ojos yanquis de una guapísima neoyorquina; moza tan fermosa non -vió en la frontera, y entre un <i>ping</i> y un <i>pong</i>, la llama ardió, -como en las leyendas, como en las novelas. -<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span></p> - -<p class="space-above-tab">He aquí cómo narra el hecho el autor de -<i>Amitié Amoureuse</i>, autoridad en la materia: «Rápidamente, entre -el príncipe encantador y la orgullosa joven, herida por dolores -inmerecidos (la historia de la madre de la niña es bastante escabrosa, -y el padre está en una casa de locos), una simpática camaradería se -estableció». Primero fué una dulce atracción, que les impulsó á aislarse -del mundo. La vida de los duques y lores, tan lujosa, tan abierta, tan -libre, sirvió á sus amores nacientes.</p> - -<p>Estuvieron unidos en corazón y pensamiento entre los bailes de la -Country, las partidas de <i>tennis</i>, de <i>foot-ball</i>. Fueron dos cuerpos -con un alma. Todo era alegría para ellos, el mundo y la Naturaleza. -Se embriagaban con los olores de los musgos, del tomillo salvaje, de -todas las hierbas que hollaban los pies de la bienamada. De los labios -del príncipe salieron palabras raras; de los de la joven murmullos -acariciantes. Deslumbrados de amor, en vano quisieron apartar el encanto ...</p> - -<p>Cuando el príncipe balbuceó:</p> - -<p>—Nada revela tanto el alma de una mujer como el perfume que lleva: me -place el olor de vuestros cabellos ...</p> - -<p>Con esa linda reserva anglo-sajona que creó el arte de <i>flirt</i>, y para -que dure más tiempo ese hechizo que le aureola como con un halo, la -preciosa Gladys no quiere comprender hacia dónde van las palabras del -príncipe, y, coquetamente, replica:</p> - -<p>—Monseñor, me vaporizo con <i>rose musquée</i>. Es la antigua rosa cantada -por Shakespeare ... pero se está acabando en el reino, y pronto ya no -habrá. ¿Queréis ver el único rosal que queda?</p> - -<p>¿Adónde no hubiera ido el príncipe guiado por la joven? Y he aquí el -rosal, y las rosas. Ellos se inclinan, sus cabezas se tocan, se rozan. -Cómo respiran, cómo vibran ... Y el príncipe, menos aturdido por el -aroma de las flores que por el que emana de su amiga, dice: -<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> - -<p>—Las rosas huelen bien, pero vos, vos embalsamáis hasta embriagar.</p> - -<p>—¡Oh, monseñor!</p> - -<p>Ella tiembla, enrojece. Tímido y resuelto, él osa tomar su mano y la -besa con fervor.</p> - -<p>Ya véis que eso está narrado como folletín romántico. Podría ponerse: -«Continuará.»</p> - -<p>En efecto, la cosa continuó. El príncipe, activo, emprendedor, quiso -pasar más adelante. La joven yanqui le dijo:</p> - -<p>—Veo que nos amamos en lo imposible. Yo no podré nunca ser la amante, -ni siquiera la esposa morganática de vuestra alteza. Para que este amor -sea digno de mí y digno de vos, no hay otra cosa más que el matrimonio -legítimo, sonoro, público, á la faz de las Cortes y ante el mundo todo.</p> - -<p>Federico Guillermo debe estar en su primer amor, debe tener dentro -de su pecho una tempestad de amor, y la norteamericana tiene que -ser una maravilla—<i>greatest in the world!</i>—cuando él le contestó, -pasando sobre su futuro imperio, sobre la cólera de su padre, sobre el -porvenir, sobre todo: «He aquí la prueba de mi amor. He aquí nuestro -anillo de boda. Ella es para ti, Gladys. Es un fetiche. Mi bisabuela la -reina Victoria se lo quitó de su dedo para ponerlo en el mío y me dijo -que no me separase de él sino para dárselo á la que fuese mi mujer. Lo -he jurado. Os lo doy.»</p> - -<p>Cuando el príncipe volvió á Berlín, el emperador, la emperatriz, -la familia toda, se fijaron en que el anillo había desaparecido. -Guillermo II no es muy suave que digamos. En seguida hizo que su hijo -le confesase el paradero de la joya; y el enamorado mancebo imperial -tuvo que decir la verdad. ¡Truenos! «Ese anillo no es tuyo, sino de la -dinastía. Estás loco, has perdido la cabeza antes que el anillo.» -<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span></p> - -<p>Poco más ó menos, fueron las palabras del padre. El mozo, que tiene -también fibra, contestó: «Lo hecho, hecho está, y bien hecho está, -ante mi conciencia. Por lo demás renuncio á todo rango, á toda -púrpura, á Berlín, á Alemania, al Imperio, como nuestro pariente Juan -Orth.» Desolación de las desolaciones en la familia. Un enviado fué -inmediatamente á Londres á reclamar á la bella Gladys el anillo.</p> - -<p>«¡No lo doy!», contestó la yanqui. «¡No lo des!», le aconsejó Consuelo -Vanderbilt, en cuya casa nació la pasión y comenzó la novela. Ella -creerá que una norteamericana puede ser emperatriz de Alemania, desde -que hay una duquesa de Marlborough norteamericana.</p> - -<p>Y Gladys no suelta el anillo.</p> - -<p>Es de creerse que vencerán las razones de Estado y los discursos -paternales. Aunque si el príncipe renunciase, en efecto, á su corona y -cetro, todo quedaría arreglado, habiendo como hay tantos hermanos suyos -que no tendrán más tarde inconvenientes de amor para sentarse en el trono.</p> - -<p>El príncipe imperial de Francia, el hijo de Napoleón III, pudo ver -realizados sus sueños amorosos; bien es cierto que no tenía ya trono, -ni corona, ni cetro, cuando amó á la inglesa miss Mary Watkins, con -quien tuvo un hijo, que vive, y á quien se ha visto en París, en -compañía de la emperatriz Eugenia. La novela fué más bonita, porque la -joven no sabía qué clase de persona era su amante, hasta una vez que le -sorprendió conversando con lord Beaconsfield, á la entrada del oratorio -de Brompton, en el matrimonio de los duques de Norfolk.</p> - -<p>Los amores luctuosos del príncipe heredero de Austria han tocado -quizás, singularmente, la imaginación de Federico Guillermo, y ojalá no -<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> -vaya á entrarle el demonio de la desesperación y del ensueño trágico; -preferible es que tome por modelo á su deudo Juan Orth, el desaparecido -misterioso, que unos creen muerto en el Océano y otros vivo en un -rincón australiano, y padre de numerosa familia.</p> - -<p>El príncipe, como sabéis, se casó con una princesa.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-060.jpg" alt="_" width="200" height="181" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-061.jpg" alt="_" width="600" height="166" /> -</div> -<h3>EL CETRO DEL “CHIFFON”</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="60" height="59" alt="L" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">La</span> calle -de la Paix á las órdenes de Broadway; Paquin sustituido por míster -Somebody, de Nueva York; Worth, chicaguense; Doucet, recién llegado de -Arkansas ... ¿puede esto ser posible? El tío Samuel se dijo: «Tengo ya -más reyes que las Cortes de Europa; tengo reyes de acero, de algodón, -de las construcciones, del petróleo, de la plata, de los ferrocarriles, -de los cigarros habanos y de otras muchas cosas más; París tiene -el cetro de la elegancia: pues ¡á quitárselo!» Incontinenti, miss -Elisabeth C. White, presidenta de la American Seamstress’s Association, -y pariente, seguramente, de Samuel S. White, el rey de los dentistas, -parte en guerra y se prepara, denodada y serena, como conviene á una -ciudadana de los Estados Unidos, á dar la primera acometida. «Ha -llegado el momento—proclama—en que las ideas americanas sobre costura -se implanten en Europa, y aun en la capital francesa. La nación que no -va adelante retrograda, y así les pasa á los costureros de París». Más -ó menos con las mismas palabras, se apodera uno de Puerto Rico y de las Filipinas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span> -Todo lo que los norteamericanos se proponen, casi siempre lo consiguen, -pues el peso del oro americano hace inclinarse al mundo al lado de -ellos ... Pero, ¿será esto posible? ¿Quitarán á París, á fuerza de -<i>greenbacks</i>, la supremacía en la decoración femenina, arte bella -entre las bellas artes, dón exquisito que está en su naturaleza, en -su tradición, en su sangre? ¿Vendrá á Atenas el bárbaro á corregir á -Fidias? Los maestros de la costura parece que no toman en serio la -amenaza. No se trata de box, ni siquiera de bicicleta, en momentos en -que llegan, después del negro Taylor, los tres más terribles campeones -yanquis, que son Zimmermann, Michael y Bald, bebedores de viento; ni -se trata tampoco de algo que se puede comprar en remate en la sala -de ventas, pues de seguro Schwab, Carnegie ó Pierpont Morgan, se lo -llevarían; se trata del gusto, del buen gusto, de la gracia parisiense, -que es de París, que por ahora no puede ser de otra parte, á menos que -se produzca un cataclismo en las potencias del hombre.</p> - -<p>No, los maestros de la costura, los reyes parisienses de la calle de la -Paix, los árbitros de la elegancia femenina sobre la tierra, no toman -en serio la amenaza.</p> - -<p class="space-above-tab">«Yo—dice Doucet—, no doy ninguna importancia -á este incidente. Es una de esas ideas tan americanas, que ellos, los -americanos, han inventado una palabra para designarlas: ¡el <i>bluff</i>!» -Los esperamos á pie firme á los americanos. En todo tiempo las modas -francesas han dado el tono al mundo entero. Luego, siempre se ha venido -<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span> -á buscar modelos á París. El <i>chic</i> parisiense no se expatría. Tiene -necesidad del aire ambiente para vivir. Tan cierto es, que la mejor -obrera que se pueda encontrar, después de residir dos años en el -extranjero: Inglaterra, Alemania, América, no importa qué parte -del mundo, en donde trabaje, ha perdido el gusto, la habilidad, la -fantasía. La atmósfera extranjera le habrá quitado sus cualidades -parisienses y le costará mucho trabajo recobrarlas. No creáis que -exagero. El experimento se ha hecho repetidas veces, y siempre de -manera concluyente. En suma: no tengo por nosotros ningún temor de esa -pseudo cruzada.</p> - -<p>Las costureras americanas dicen que las turistas de su país vienen á -París á llevar modas americanas. ¿Será acaso para pagar, á más del -precio caro, los derechos de Aduana, que son enormes allá? ¡Y cómo -tendríamos nosotros modas americanas, Dios mío!</p> - -<p>¿Hay uno sólo de nosotros, mis colegas y yo, que haya ido á América? -«No ... mientras que los americanos vienen á pillarnos, á explotarnos, á -tomar nuestros modelos, las creaciones de nuestros cerebros, siempre en -ebullición» ...</p> - -<p>Por su parte, dice Paquin: «Creo que los negociantes extranjeros que -vienen á comprar modelos parisienses, tienen derecho de servirse de -ellos como de su propiedad. En cuanto á crear, no crearán nada los -americanos, como nunca han creado nada. Lo que harán será adaptar á -uno de nuestros modelos las mangas de otro, el cuello de un tercero, -y harán así á veces brotar una nota inesperada de feliz fantasía; -pero crear ... No crea belleza y elegancia todo el que quiere.» Y en -casa de Worth se contesta con esta frase: «El <i>chic</i> parisiense es el -<i>chic</i> parisiense.» Mademoiselle Boné afirma que «es imposible á los -americanos hacer la moda, pues no cuentan con los elementos para ello, -ni telas tan finas, ni bellos bordados, ni exquisitos encajes. Cuando -<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span> -copian nuestros modelos, y siempre lo hacen, es con telas más pesadas, -que hacen perder toda gracia. En cuanto al <i>tour de main</i>, á veces lo -tienen, pero es con obreras francesas, y entonces nos combaten con -nuestras mismas armas. Pero pocas obreras de primer orden quieren ir -á América. Se hacen pagar muy caro, y no permanecen mucho tiempo. -De suerte que los americanos vuelven siempre á comprarnos nuestros -modelos.» Y madame Callot: «¡Oh! no tenemos por qué temer á las -costureras americanas. Si se establecen en París, adquirirán gusto al -contacto nuestro; pero con la condición de emplear obreras francesas -y tejidos franceses. Por lo tanto, no serían sino casas francesas que -trabajarían con fondos americanos. Eso es todo. Miss White, desconocida -antes de que el <i>New York Herald</i> lanzase aquí su nombre, no me parece -una rival peligrosa y no doy ninguna importancia á su declaración.» Así -hablan los maestros de la costura. Tienen razón de hablar así.</p> - -<p class="space-above-tab">Esta <i>guerre en dentelles</i> no hará correr -mucha tinta, á pesar del <i>bluff</i>. Las agujas de Nueva York no pueden -con las agujas de París. Es á los galos á quienes hoy toca exclamar: -<i>Effusa est in curiam omnis barbaries</i>. Worth dice bien: el <i>chic</i> -parisiense es el <i>chic</i> parisiense. La elegancia parisiense no puede -ser trasplantada. Una gran casa de estas quiso hace algún tiempo fundar -en Buenos Aires una sucursal, en vista que la clientela bonaerense daba -pingües entradas. ¿Y qué sucedió? Que después de construir una linda -casa, y establecer dicha sucursal, tuvo que cerrar ésta y alquilar -la casa. Porque las elegantes de Buenos Aires dijeron: «No; queremos -ser vestidas en París. Y por el mismo traje hecho en Buenos Aires, no -pagaremos lo mismo que en París». Y, hablando en seda, la justicia estaba con ellas. -<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span></p> - -<p>Si se tratase de las modas masculinas, quizás, pues los elegantes de -París siguen á los elegantes de Londres, y los elegantes de Londres -se dejan influir por los inelegantes yanquis. Dígalo si no ese -antiestético panamá, que no es panamá, sino guayaquil, el cual, una vez -adoptado, durante la temporada veraniega, por los norteamericanos, se -importó á Londres, y de Londres fué á París, en donde no había <i>snob</i> -de club ni mozalbete de <i>chez Maxim’s</i> que no anduviese con la cabeza -coronada por el cucurucho de pita, feo, arrugado por delante, á la -Romain d’Aurignac.</p> - -<p>Era un ridículo caro. Había panamás de á dos mil, de á tres mil -francos. Eso basta. Así vino la moda, de su tiempo, del ruedo del -pantalón doblado, como si se fuese á pasar un charco; y otras -invenciones anglosajonas que se reciben con placer y se imitan con -apresuramiento.</p> - -<p>Por lo que concierne á la moda femenina, no sé que, fuera del boston -y uno que otro baile, como el mismo <i>cake-walk</i> de los negros, las -señoritas parisienses continúen las innovaciones del otro lado del -Atlántico. No sé que haya señoritas francesas que se incrusten en los -dientes piedras preciosas, ni que se pongan en las medias cascabelitos -de oro, para andar por el salón con el ruido de un <i>kings-charles</i>; -ni que se hagan trajes de piel de serpiente y de billetes de Banco. -No, la moda americana, exclusivamente americana, no se aclimata en -París fácilmente, á pesar de las compras de títulos nobiliarios y de -la invasión de los Estados Unidos por otros lados. Cabalmente la moda -americana ha causado en el mundo oficial recientemente un sonante -escándalo, que ha concluído con el retiro de un embajador. -<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p> - -<p>Me refiero al caso del conde de Montebello, víctima del sombrero -de su mujer. La historia es la siguiente, que los Saint-Simon, ó -los Tallemant des Réaux de la época, se apresuran á recoger: En el -almuerzo de Compiègne, cuando la venida del zar, todas las señoras de -los ministros, como la presidenta, estaban sin sombrero: solamente la -señora de Montebello no estaba <i>en cheveux</i>. Sensación. Ya se sabe lo -que son las hijas de Eva. Una vez en la mesa, el soberano ruso conversó -largamente con la embajadora, con sombrero y todo. Ya se sabe lo que -son las hijas de Eva, lo mismo ministresas que modistillas ó reinas. -En los rostros de sus compañeras vió la de Montebello que había una -tempestad. Y todavía fué poco prudente, porque cuentan que, más tarde, -una de las señoras de los ministros le preguntó, por decir algo: <i>Vous -allez repartir bientot pour la Russie madame</i>.</p> - -<p>Y ella le contestó: <i>Mais oui, ma bonne dame!</i></p> - -<p>La venganza ministerial llegó por fin, y el conde de Montebello no es -ya embajador. Todo por el sombrero.</p> - -<p>Ahora, ¿estaba correctamente la embajadora, en el almuerzo, con -sombrero? Una autoridad, el príncipe de Sagan, no ha podido dar su -opinión. Se ha pedido la del director del <i>Gaulois</i>, Arthur Meyer. Yo -hubiera preferido la del general Mansilla. Meyer ha contestado que sí. -«Porque esa es la moda.» Un joven <i>arbiter elegantiarum</i>, competente -autoridad, por su saber y distinción mundanos, agrega: «M. Meyer podía -decir también que esa es la moda «americana», y que el sombrero para -almorzar nos ha venido de los Estados Unidos. Existe en Francia, para -esa especie de casos que dan lugar á controversias, una referencia -excelente y una autoridad infalible: la tradición. Ella está hecha de -gusto, de <i>savoir-vivre</i>, de experiencia, de una práctica secular de -las cosas de la etiqueta. La tradición, mejor que todos los tratados de -ceremonial y que el código de los usos á la moda, indica la manera de -<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> -acomodarse según las circunstancias. Solamente la tradición no se -adquiere. <i>Il faut y être né</i>, como decía el conde d’Orsay. Viejas -señoras de provincia, un poco ridículas, con sus atavíos pasados de -moda, tendrán siempre, en esas cuestiones de etiqueta, más tacto y más -gracia que la más elegante de las americanas». ¿No es esta la mejor -respuesta á la plutocracia triunfante?</p> - -<p class="space-above-tab">Ahí tenéis un caso en que el americanismo -importado por una parisiense como la señora de Montebello, que, fuera -de todo, es una hermosísima mujer, ha causado en la sociedad francesa -un asunto ruidoso, y en el mundo de la diplomacia una catástrofe, cuya -principal víctima es su excelente marido, poco simpático, por otra -parte, al actual Gobierno republicano, aunque su nobleza, muy reciente, -se la deba á la República.</p> - -<p>Los americanos no pueden legislar entre los atenienses sobre aticismo, -entre los parisienses sobre gracia y elegancia, entre los aristócratas -sobre distinción y <i>tean</i>.</p> - -<p>A propósito del matrimonio del conde Boris de Castellane con Miss -Gould, decía, apenas pasada la boda, una fina lengua bulevardera: -«Mientras su padre viva él no podrá ser sino el segundo de su familia -por el <i>sprit</i>.» Mientras su madre aparezca en los salones su esposa no -será sino la segunda en rango. Pero la pareja buscará la inteligencia -del lujo; el conde de Castellane debe tener el <i>home</i> de una mujer que -hubiera «nacido», no en el palacio de una <i>parvenu</i>. Y si da comidas, -los invitados deberán ser más escogidos que los <i>menus</i>.</p> - -<p>Y en la guerra de los encajes y de los sombreros, de los corsés y de -las enaguas, el Tío Samuel debe limitarse, por ahora, á comprarlos hechos en París. -<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span></p> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-069.jpg" alt="_" width="600" height="230" /> -</div> -<h3>COSAS DE SHAKESPEARE</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="60" height="62" alt="E" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Enfoncées</span> -<i>les républiques de l’Amérique latine, mon cher!</i> Así comentó un mi -amigo, francés, la noticia de la carnicería serbia. La reina Draga -desventrada; el rey asesinado con exceso de crueldades; los cuerpos -desnudos tirados al patio por una ventana; otros cuantos muertos en -el Konak por la soldadesca traidora y borracha. No. Hay mucho que -huele á podrido en las repúblicas de la América Latina; pero se debe -confesar que aun en las más atrasadas no se ven horrores iguales á -los que acaba de presenciar el mundo en Belgrado. Sin embargo, aquí -no se ha gritado, como cuando llega la noticia de una revolución -hispano-americana: <i>Ah, les rastaquoueres! Ah, les sauvages!</i> Discretos -escritores sí lo han dicho con elegantes modos; pero si la cosa hubiese -pasado en esas <i>petites républiques</i>, hubiésemos aparecido una vez más -en los periódicos como vistosos caníbales y tramposos antropófagos. La -tragedia serbia ha sido, en verdad, shakesperiana, de un Shakespeare de -última hora; pero muy nocturnamente bárbara y muy final de <i>Hamlet</i>. El -finado Moratín lo certificaría con espanto.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span> -Un reyezuelo degenerado, que se encadena por una pasión viciosa á una -bella mujer, llena de seducciones y de ambiciones. Una Corte hirviente -de intrigas, una claudicante política, un pueblo humillado, militares -celosos, nepotismo áulico, miserias doradas, y luego la traición y el -asesinato. Para llegar á lo shakesperiano, un poco de Suetonio y otro -poco de Daudet, del Daudet de <i>Los reyes en el destierro</i>.</p> - -<p class="space-above-tab">Todo el mundo sabe quién fué el rey Milano, -el gordo calaverón que hacía el monarca sin trono en París, gastando -estúpidamente el dinero del pueblo serbio, el tunante de bar y círculo, -equívoco jugador, innoble bebedor, que pagaba á 180 francos la botella -de vinos malos y andaba de conquistador entre pelanduscas y suripantas, -gozosas de morganáticos afectos. Todos saben cómo vivió y murió el -marido de la reina Natalia. Y por la herencia física y moral que dejara -á ese pobre y nulo muchacho, que han despedazado los conjurados en el -Konak, es Milano el primer culpable de la tragedia sangrienta que deja -á los Obrenovich sin cabeza para una corona, á no ser que empiecen á -aparecer hijos de Milano por todas partes, y entonces serán cabezas de -nunca acabar. Milano, con sus vicios, por un lado; Natalia, por otro, -con su orgullo; el joven Alejandro, que no tenía nada que agradecer -á la Naturaleza, recibió una educación precaria, se desarrolló sin -afecciones; apenas su adolescencia despierta, es la dama de honor de su -madre, la hábil Draga, la que le domina con la más irascible de las -<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span> -dominaciones. Con el vergonzoso ejemplo paternal quiere una vez el -rey gobernar y reinar, al par que imponer á su pueblo los caprichos -de la barragana elevada al trono, caprichos de burguesa endiosada y -vengativa. ¡La desventurada mujer apenas tiene la excusa de haber sido -muy hermosa! Se citan, á propósito de ella, estos versos terribles de -Villiers de I’Isle Adam:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i2">C’est la femme qu’on aime cause de la nuit</span> -<span class="i0">el ceux qui l’ont conue en parlent á voix basse.</span> -</div></div></div> - -<p>Hay también, como en Villiers y como en Elemir Bourges, negras intrigas -y emponzoñados complots que un día tendrán que estallar, por los -antiguos amantes olvidados y las rivalidades celosas y las vanidades -heridas. Para mayores complicaciones, la antigua dama de honor había -de ser infecunda. Y las naciones presenciaban la comedia grotesca de -un embarazo falso y una paternidad despechada. El rey vulgar, casi -imbécil, se divertía con aparatitos que imitaban el burro, el perro, -el gato y el cerdo. Era una <i>gaga</i> joven, ó un joven <i>gaga</i>. No -supo halagar á ningún partido, ni formarse un sostén seguro. No tenía más -apoyo que los brazos blancos de Draga. Así, llega la noche de los -asesinatos. El más verídico de los narradores de esa noche horrible -cuenta de esta manera: «Doscientos ó doscientos cincuenta oficiales -estaban en el complot. Se trataba de penetrar al palacio, cuyo servicio -de guardia—hasta el matrimonio—fué hecho por tropas ordinarias. Desde -el advenimiento de Draga el rey había formado dos regimientos de tropas -escogidas, á pie y á caballo. Precaución inútil ... En la noche del -miércoles los oficiales conspiradores esperan la hora propicia en el -club ó en sus casas. Se bebe, se bebe mucho. Se excitan. Se canta, por -<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span> -irrisión, canciones en honor del rey y de la reina. Un poco antes de -las dos de la mañana los oficiales van á los cuarteles á buscar á sus hombres».</p> - -<p>El teniente coronel Michitch y el comandante Luca Lazarevitch están -entre los más resueltos. A las dos el palacio real es rodeado por el -6.º regimiento de Infantería, algunos destacamentos del 7.º y del 8.º, -los oficiales del curso superior de la Escuela Militar y tres baterías -del 4.º regimiento de Artillería. Se deja á las tropas á alguna -distancia, y 40 oficiales se presentan á una de las rejas del palacio -real. Es la puerta de entrada que se usa para ir al Konak cuando se -llega por la calle Milano. Se sigue la avenida y se entra al palacio -por una gran puerta, cerca de la cual hay oficiales de guardia y gentes -del servicio. La primera puerta es franqueada sin dificultad por los -conjurados; cómplices la habían dejado abierta. La segunda debe abrirla -Naumovitch.—Naumovitch es uno de los oficiales en cuya fidelidad -reposa la seguridad de los reyes: ha prometido traicionar. Pero cuando -los oficiales se presentan en la segunda puerta, Naumovitch no está. -Sin duda duerme. No se le esperará. Los conjurados, precavidos, llevan -dinamita. La dinamita no sirve de gran cosa, y el segundo cartucho -mata al traidor Naumovitch, que llega. Milkovitch, capitán fiel, se -despierta, hace frente, y lo matan. El Konak está en tinieblas. La -dinamita ha cortado los hilos eléctricos. Se encienden algunas bujías. -Petrovich, ayudante del rey, es también muerto. Fijaos en estos detalles:</p> - -<p>«Los conjurados piden á Petrovich que les guíe á la cámara real. Él -parlamenta, para ganar tiempo. Pero los oficiales no se dejan distraer. -La luz de las bujías sube por la gran escalera y se esparce en los -salones del primer piso. Las hachas, los sables desnudos, muerden al -<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -paso los muebles preciosos. La rabia de los asesinos, en esa obscuridad -horadada de llamas pálidas y temblorosas, se manifiesta con los -objetos inanimados. Petrovich cae, gritando, junto á la cámara real. -Y el rey y la reina, que han oído el ruido sordo de la dinamita, -los pasos precipitados de los oficiales en el <i>hall</i>, los primeros -tiros, la subida por la escalera, la pueril batalla contra los -sillones desventrados, el rey y la reina han podido percibir, última -advertencia, el ronquido agónico de Petrovich. La puerta de la cámara -real ha cedido al hacha. El lecho está vacío, el cuarto vacío. Momento -de terrible angustia para los asesinos. ¿Si los reyes han podido huir? -Buscan, alumbran debajo de la cama, en los rincones, tocan los muros. -El silencio de esta rebusca angustiosa es roto por un grito de triunfo».</p> - -<p>Bajo una vasta colgadura, en el fondo de la cámara, enfrente del gran -lecho, un oficial acaba de descubrir una puerta disimulada. Es una -especie de aposento con armarios para <i>toilette</i> de la reina. En el -rincón de la izquierda, el rey y Draga vivirán aún algunos instantes, -pues casi todas las velas se han apagado. Están vestidos con sus -camisas de noche. Hacen frente á los matadores. Luego, los balazos y -los sables que cortan las carnes. Hay tres pequeñas ventanas en la -pieza en que muere la dinastía de los Obrenovitch. Draga se asoma y -grita: «¡Socorro!» Los gritos se pierden en el silencio; pero un rayo -del alba viene á alumbrar el fin del drama. Mueren.</p> - -<p>Y el rey, ese rey cuasi imbécil, ha tenido un bello gesto de muerte: -«Quiero que se me deje morir con Draga en mis brazos.» Y en sus -brazos blancos, de amor y vicio, muere. La soldadesca ebria arroja -los cadáveres desnudos por una ventana. Es un instante en que reviven -escenas del bajo imperio. Los dos hermanos de Draga mueren también sin -<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> -bajeza. Piden fumar un cigarrillo cuando los van á fusilar: lo fuman, -se besan, y entran en la muerte. Y el día alumbra la sangre y la -venganza. Las músicas militares tocan por las calles y plazas, mientras -la ciencia llega á revolver los cadáveres y á revelar, con el bisturí, -en Alejandro: «Degeneración é infiltración grasosa del corazón; -degeneración grasosa del hígado; cráneo espeso, de trece milímetros; -espesor precoz de las meninges, con petrificación parcial; la duramater -del lado derecho pegada á la píamater ...»; y en Draga la bella: -«Comienzos de tisis cicatrizados; cuerpos fibrosos», etcétera; antiguas -máculas, viejas miserias de enfermedad. ¡Triste y miserable y doloroso cuadro!</p> - -<p>La oración fúnebre es de un soldado, y es también digna de Shakespeare. -El soldado es un rudo gañán serbio, que lavó el cuerpo. Dijo:</p> - -<p>«—¡Estaba bella en la muerte!»</p> - -<p class="space-above-tab">Entretanto, un rey nuevo, flamante, es -proclamado. Pedro I, burgués de Ginebra, va á hacerse cargo de la -corona serbia.</p> - -<p>Y en París, como en el bello libro de Daudet, vive la familia de los -Karageorgevitch, que entra á Belgrado en triunfo. Y hay un príncipe -Bodjjar, artista, soñador y artífice, que tienen amigos poetas, que -fabrica bellos anillos, esculpe hermosos bustos y hace encuadernaciones -de gran valor. Y hay un príncipe Arsenio, que tiene sus amigos entre -los trasnochadores de los <i>bars</i> de lujo, que juega y tira el dinero, -que bebe en compañía de inútiles mundanos y de cocotas el <i>cocktail</i> -áspero y el amable champaña; y que, cuando entró al <i>bar</i> de la calle -Helder el día de la gran noticia, fué saludado alteza por la clientela, -entre taponazos y banderas serbias. -<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span></p> - -<p>—¡Brindo por tus treinta y cinco millones!—dijo una de las alegres -muchachas de á tantos luises.</p> - -<p>Y sonreía el príncipe del <i>bar</i>.</p> - -<p>Pero es que tú, lector, ¿irías tranquilamente á vivir al Konak?</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-075.jpg" alt="_" width="200" height="145" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-077.jpg" alt="_" width="600" height="221" /> -</div> -<h3>REYES Y CARTAS POSTALES</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="60" height="59" alt="L" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">La</span> tarjeta -postal, en estos momentos, es una de las más animadas expresiones de -la actualidad. Sus comentarios gráficos de los más notables sucesos -serán más tarde inapreciables documentos. Pintan el estado de ánimo, el -humor, la opinión de la generalidad. Con motivo del viaje de los reyes -de Italia, ha habido una abundancia de tarjetas que no se ha visto en -otras ocasiones, ni cuando la llegada del rey de Inglaterra, que se -prestó á muchas ocurrencias y juguetes de ingenio. Sin pretender á -las hábiles tareas de un John Grand Carteret, ó de un Octave Uzanne, -procuraré daros una idea de ello en este «tímido ensayo», que me atrevo -á llamar filatélico.</p> - -<p>Desde el anuncio de la visita de Vittorio Emanuele y Elena, aparecieron -las primeras tarjetas, junto con las primeras canciones y el himno real -italiano. Eran simples retratos y caricaturas con el vulgar motivo -<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -parisiense de <i>Viens, Poupoule</i> ... Puede decirse que no había en el -pueblo una completa idea de la transcendencia del acercamiento de -los dos jefes de Estado. La Prensa aclaró las cosas, y entonces, -los autores de tarjetas, ilustrados por los periodistas, comentaron -é ilustraron á su vez el acontecimiento. Cuando los reyes llegaron -circuló ya una buena cantidad, y en los días de su permanencia la venta -fué crecidísima. Pueden dividirse en tres clases las tarjetas:</p> - -<p>Primera. Las que representan retratos solos, ó retratos con alegorías.</p> - -<p>Segunda. Las que se refieren simplemente á la llegada de los soberanos -y caricaturizan cosas municipales y nacionales.</p> - -<p>Tercera. Las que, llenas de intención, entran en la política exterior. -Os expondré unas y otras.</p> - -<p class="space-above-tab">Las primeras son copiosas, copiosísimas. Una -se compone de dos banderas, italiana y francesa, con los respectivos -retratos de Vittorio Emanuele y M. Loubet. Y bajo ellos unos compases -de la Marcha Real y de la Marsellesa.</p> - -<p>Otra: bandera italiana, vivos colores. En el centro, entre dos escudos -ornados de olivo, y coronados por la corona real, los soberanos. Abajo, -compases de la Marcha Real.</p> - -<p>Chillona, ultrapopular, otra, entre el escudo italiano y otro con la -R. F. enlazadas sobre haces y dos banderas francesas, una pintoresca -Italia, de faldas rojas y corpiño verde y una no menos pintoresca -Francia, de falda verde, corpiño rojo y gorro frigio, con el pabellón, -se dan la mano sobre el retrato pésimo del rey. Abajo: «París, Octubre 1903.» -<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span></p> - -<p>Otra <i>criarde</i>: sobre un vago continente, en que se distinguen bien -la bota de Italia y Francia, flotan dos grandes pabellones, y sobre -los dos grandes pabellones, un águila con las alas abiertas y una -corona de olivo en el pico, une las dos astas. Retratos de Loubet y -Vittorio Emanuele, bajo una composición blanco y negro, que representa -un paisaje, una villa y tres soldados de la guerra de Italia. Arriba: -«1859» y á un lado: «Solferino, Magenta.»</p> - -<p>Retratos de los reyes y M. Loubet, armas de Italia, una testa de -león, y, sobre todo, abrazadas las dos naciones hermanas, que semejan -dos modistillas. El presidente y el rey. A un lado, armas de Saboya, -corona, haces, ramo de olivo, monograma de la República Francesa, y -arriba el gallo galo, lanzando un orgulloso cocorocó. En el fondo, -sobre un resplandor solar, <i>Liberté</i>, <i>Egalité</i>, <i>Fraternité</i>. -Hay otra con idéntico motivo, pero con distinta colocación de detalles. -Un rey y un presidente, en altorrelieve coloreado, y que parecen -<i>bons-hommes</i> de pim pam pum, se estrechan seriamente la diestra. -Arriba, los correspondientes escudos. Un lamentable busto del monarca, -entre dos banderas de las sororales naciones, sufre el aspergeo de -flores de una República de buenas carnes. En el zócalo: «A Víctor -Emanuel—Octubre 1903.»</p> - -<p>—Retratos del rey, la reina y el presidente, sobre un confuso dibujo -que significa á M. Loubet presentando á la reina á las mujeres de -Francia. Esto entre dos muñecas que asen sendos ramos de olivo. -Leyenda: <i>Dediée par les fammes de France.—A sa majesté.—La reine -d’Italie.</i></p> - -<p>No cuento los innumerables clisés fotográficos reproducidos, con la -figura de sus majestades, como los de Toppo, de Nápoles, y Brogi, -de Florencia; y los bustos, con escultograbado. Pero ellos han -popularizado la imagen del rey, y hecho admirar la belleza de esa -reina, por todos puntos encantadora. -<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p> - -<p>Las que se refieren á la llegada de los soberanos son asimismo -variadísimas, aunque, por lo común, de muy escaso mérito; pero repito -que se trata de expresiones populares, y no de trabajos artísticos. En -una, de movimiento, tirando de un cartoncito, M. Loubet, que está ante -el tren real, en compañía de M. Combes y del general André, se inclina -en un respetuoso saludo, mientras aparece el rey por una portezuela, -y un letrero en otra: «Viva Víctor Emanuel III.» En otra, tirando del -susodicho cartoncito, rey y presidente se saludan y se dan un abrazo.</p> - -<p>Hay una <i>scie</i> reciente, en París, tan tonta como todas: <i>T’en as un -oeil!</i> Eso no quiere decir nada y se aplica para todo. Es un término de -compadrería parisiense. He aquí una tarjeta que se llama <i>T’en as un -Macaroni</i>. La cabeza real surge de un montón decorativo de <i>macarroni</i>. -<i>C’est bete</i>; pero á la gente le gusta. Una serie presenta la llegada, -la rue Royale, en Versalles, la comida de gala, y la revista, en muy -feos monos pintarrajeados. No hay ni gracia, ni intención, ni nada; -pero eso se vende. El automovilismo tiene su parte. <i>Rome-Paris—Plus -d’Alpes!</i> Eso indica un camino nevado, en la cordillera alpina, y un -grupo de aldeanos que saludan al paso de un <i>auto</i> en que viene el -deseado Vittorio Emanuel. Es un fotograbado. En otro automóvil, y -parodiando el número sensacional de un ciclista de café-concert—«la -flecha humana»—llegan los reyes por un plano inclinado, á dar el gran -salto. El presidente, risueño, les espera con los brazos abiertos, -teniendo al lado un contrahecho Delcassé. Eso se llama <i>La fleche -royal</i>. Y la aerostación: en dos globos, sobre barquillas de fantasía, -y en trajes chillones, presidente y presidenta, rey y reina, contemplan -una revista de tropas. -<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span></p> - -<p>Hay otras, sin mayor chiste, que circulan también en profusión. -Vittorio Emanuel desciende del tren, con dos cajas de <i>macarroni</i> y su -valija, y el presidente le sale al encuentro, con un Delcassé chico -que le tira de los faldones, y un general André largo, que lleva una -botella de pernod. Abajo: <i>Viens, totor, viens</i>, y, <i>T’en as un oeil</i>. -Menos mal hecha otra, ofrece á un Delcassé marmitón ante una cazuela de -<i>macarroni</i>, de la cual saca dos que rematan en las testas del rey y -del presidente. Ese está bautizado: <i>La bonne cuisine</i>.</p> - -<p>Conocida es la sonrisa habitual del jefe de la República francesa. Helo -aquí, recibiendo en la estación al amado primo, que llega vestido de -bersaglieri, y como le encuentra más sonriente aún que él: <i>Ah mince -alors! Tu l’as le sourire!!</i> Tras el presidente, Delcassé, amarillo, le -lleva el sombrero, y André, negro y rojo, presenta la espada.</p> - -<p>No podía dejar de aparecer el cuento de la tiara de Sait Aphernes. En -una tarjeta, al darse la mano, le dice el rey á M. Loubet:—<i>¡T’en as -une tiare!</i> En efecto: el excelente señor está casqueado de oro con el -famoso artefacto.</p> - -<p>No falta el Loubet vestido de mujer, en las rodillas del rey, -abanicándole con el abanico de la Paz, mientras él se fuma un gordo -habano. El autor de la caricatura ignora que el rey de Italia no fuma.</p> - -<p>Aquí M. Loubet recibe al rey y á la reina; Delcassé lleva la cola del -traje real. André sonríe. Y arriba inscripciones: «¡Evviva Francia! -¡Evviva Italia! ¡Evviva Napoli! ¡Evviva Garibaldi!» Lepine, con un gran -palo, guarda el orden ...</p> - -<p>Ved ésta: el rey, con su gran penacho, va á ver á M. Combes: <i>Pour vous -ma premiére visite: merci mille fois, mon cher, de mavoir envoyé les -Chartreux. C’est un tresor inespére pour l’Italie, et pour moi!</i> En -otra, dos muchachonas mal esculpidas, portando las banderas de los dos -países, se dan la mano, bajo una estrella de oro y la inscripción: -<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span> -<i>L’aliance latine</i>. Y como no falta aquí lo <i>rigoló</i> y todo es con -la mejor intención del mundo, hay una <i>carte postale</i> en que sus -majestades, en el Jardín de París, se lucen en un <i>chahut</i> desenfrenado.</p> - -<p>Y pues de danza hablamos, ved las que á la danza se refieren: -M. Loubet y el rey, entre los escudos nacionales, bailan el -<i>cake-walk</i>. M. Loubet y el rey, mientras Delcassé pistonea sobre un -plato de suculenta pasta, bailan otro <i>cake-walk</i>, ente espirales -«macarrónicas».—<i>L’invitation á la valse</i>: Unos cuantos niños se -divierten. Dos bailan y tres ven bailar. Demás decir que los que -bailan son presidente y rey. Nicolás mira con envidia; Eduardo, -con asombro. Allá, medio escondido, asomando la cara, con envidia, -está el niño Guillermo. Está bien compuesta. Se diría una página de -<i>Caras y Caretas</i>.—Otra danza: el presidente, que, como se sabe, es -de Montelimar, hace un vis á vis con Vittorio Emanuel. El uno lleva -una caja de <i>nougat</i> y el otro un plato de la pasta nacional.—En -otra, al son que tocan sus respectivos cancilleres, Loubet-Francia, -pandereta en mano, hace pareja con el rey, alegre. Eso es el «Concierto -franco-italiano» «¡Evviva la Francia! ¡Evviva la Italia!» «¡Evviva -Vittorio Emanuele! ¡Evviva Loubet!»</p> - -<p>En la <i>danse du nougat</i> el rey baila malabareando con los paquetes -de <i>nougat</i> que le tira su consorte, y del cual Delcassé, vestido -de egipcio, sostiene un gran plato. El presidente toca el -violín.—<i>Penses-tu? Penses-tu? Penses-tu? Qu’ca reussisse?...</i> La -pregunta es intencionada, ante otro <i>cake-walk</i> político que la reina -contempla. En otro dibujo aparece ya Rusia. El presidente, el rey y -el zar danzan en ronda. En otra, Delcassé, los pies para arriba, está -junto á los dos grandes y buenos amigos, que se agitan en un paso de -<i>quadrille</i>. Y en otra, Inglaterra toma también parte, y cada cual -<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span> -baila su són: Víctor la tarantela, Nicolás una difícil gimnasia -nacional, Eduardo la gigue, y Loubet ... el <i>cake-walk</i>.</p> - -<p>He aquí: mientras una espesa Mariana se lanza á una audaz coreografía, -Víctor la solicita: <i>Viens Poupoule!</i> Y ya en otra tarjeta, la tiene -asida del talle:—<i>Encore un baiser, veux tu bien?—Un baiser, n’negage -á rien....?</i> El autor de estas dos últimas debe ser español, al menos -de origen, pues firma Morales.</p> - -<p>Por último, <i>Le cercle de la vie</i>: el rey y el presidente, en -bicicleta, mientras Delcassé les contempla, realizan la peligrosa -suerte que en un <i>music-hall</i> se llama «el círculo de la muerte». Y la -que representa á Loubet, de gallo, ante sus majestades. Loubet: «¡Qué -grata sorpresa!» Emanuel: «Su majestad ha querido conocer vuestra fina -sonrisa.» Y á un lado, Eduardo:—<i>Ah, ce qu’on rigole á París!</i> Y -allá lejos, como un rey salvaje, el emperador del Sahara:—<i>Moi, s’il -m’invite, je n’irai pas!</i></p> - -<p>Para concluir he dejado las más picantes é incisas. En una, M. Loubet, -disputado por Eduardo, Víctor, Nicolás y Guillermo; uno le tira por -un brazo, otro por otro, y los demás por los faldones del frac: -<i>Decidement, on se m’arrache!</i> La «Nueva Tríplice» es un hombre de tres -cabezas, las de Víctor, Loubet y Eduardo. Cerca el zar mira admirado; y -allá, en el fondo, Guillermo, cruzado de brazos, contempla afligido, y -tras él Francisco José no sabe qué hacer.</p> - -<p>Una muy epigramática: El zar, <i>knut</i> en mano, lee las noticias de -París, y exclama: <i>Je tremble! Qu’Emmanuel ne lui fasse un emprunt; -j’en ai tant besoin!</i></p> - -<p>En «El eclipse» se interpone entre Loubet, por quien es atraído, y -Guillermo, que le quiere detener por los pies, el rey de Italia. -<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p> - -<p>Proclamando que la unión hace la fuerza, se ven otra, junto á Loubet -y el zar juntos, Eduardo y Víctor Manuel, que llegan á juntarse; y -allá lejos, saludando militarmente, ¿por qué no?, acude Alfonso XIII. -«Querido, lo siento mucho; pero os tengo que dejar á la puerta.» Quien -así habla es el rey de Italia, con su aliado y amigo el emperador -alemán. Allá en la frontera, tras los Alpes, saca la cabeza Loubet, que aguarda.</p> - -<p>Dos macabras: En tanto que el tren va camino de París, al dejar Modane, -surge ante el rey italiano un espectro, como otra vez el de Jesús ante -Pedro:—<i>Quo vadis, Emanuele?</i> Y en otra que se llama «La pesadilla de -ultratumba», Crispi y Bismarck se alzan de su sepulcro, ante Víctor y -Loubet, que de buen humor les gritan:—<i>Ohé, Crispi! t’en sa fait une -gaffe! Ohé, Bismarck, t’en as un oeil!</i></p> - -<p>Y la que puede dar la <i>mot de la fin</i>:</p> - -<p>Víctor Manuel vuelve de París y se encuentra con su amigo Guillermo: -«¡Dichoso tú, primo! ¿Cuándo me toca á mi?...»</p> - -<p class="space-below2">Hay más filosofía que la que se cree -en esos pedacitos de cartón.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-084.jpg" alt="_" width="200" height="109" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-085.jpg" alt="_" width="600" height="231" /> -</div> -<h3>JOLI PARIS</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-u.jpg" width="60" height="59" alt="U" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Uno</span> de -los primeros libros que despertaron mi imaginación de niño: las <i>Mil -y una noches</i>. Uno de los preferidos libros, que actualmente releo -con invariable complacencia: las <i>Mil y una noches</i>. Antes leía la -única versión española, aún más expurgada y traidora que la francesa -de Galand; hoy me recreo con la literal de Mardrus, en su libertad -de verbo y figura y su prestigio oriental, tan maravillosamente -transpuesto. Allí concebí primeramente la verdadera realeza, la -absoluta, la esplendorosa. Allí se me aparecieron, allí—y en los -«nacimientos» ó «presepios», con Melchor, Gaspar y Baltasar—los -verdaderos reyes, los reyes de los cuentos que empiezan: «Este era un -rey ...»</p> - -<p>Reyes de Oriente, magos extraordinarios; reyes que tienen jardines -donde vagan libres leones y panteras, y en que hay pájaros de dulce -encanto en jaulas de oro ... Reyes con tantas mujeres como el rey -<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span> -Salomón, y piedras preciosas como huevos de paloma, y esclavos negros -que cortan cabezas, y pipas en que humean tabacos que huelen á esencia -de rosa ... Reyes que se parecían al belga Leopoldo como un clavel á un -cepillo de dientes, ó un pavo real á un impermeable.</p> - -<p>El original y picante Luis Bonafoux cuenta, en una de sus impagables -crónicas, su desilusión cuando el rey de Siam, no sé en dónde, le -preguntó apurado por cierto lugar ... <i>Si non é vero</i>, está muy -bien contado. A mí no me ha preguntado por nada el cha de Persia, -<i>Mouzaffer-ed-Dine</i>, pero le he visto varias veces, con su levita, -su gorro, sus diamantes, sus bigotes largos y grises, y su cara de -fastidiado, de muy fastidiado; y confieso que me ha destruído una -ilusión más. No importa que se describa en los periódicos el trono -suyo de Teherán, todo de oro y pedrería, y un pavo real también hecho -de oro y gemas luminosas; ni la esfera en oro macizo en que los mares -están representados por innumerables esmeraldas, el Africa por rubíes, -la Persia en turquesas, Francia é Inglaterra por diamantes, y los -otros países por diferentes piedras preciosas; sin saber que cuando -da una audiencia—siempre allá en Teherán—ofrece en una caja rubíes, -zafiros, esmeraldas, diamantes, perlas, turquesas, como quien da un -cigarrillo ó una pastilla. Cuando le he visto, se me ha parecido á -todo menos á un «rey de reyes», como sus antecesores y mis ilustres -tocayos los Daríos, más ó menos ocos ó codomanos, pero admirables en -el prestigio de su poética gloria y en la grandeza semidivina de las -leyendas. Gracias á los Dieulafoy podemos admirar en el Louvre aquella -civilización ostentosa y potente, bajo aquellos conquistadores de la -India, vencedores del macedón y del tracio, que no iban á tomar curas -en los Contrexeville de la época. -<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span></p> - -<p>La impresión que tengo del cha, es que es un señor que se aburre -soberanamente, y á quien le importa un comino todo lo que no sean -las «cositas» de París, ó las berenjenas con queso ó sin él; á las -berenjenas las adora, y en el Elisée-Palace-Hotel, donde vive, y en -todo lugar oficial en donde come, hay que servírselas irremisiblemente. -Y en cuanto á su manera de pensar sobre el país que hoy le acoge y le -festeja, se resume en la única frase de francés que sabe, y que repite -para todo: <i>Joli Paris! Joli Paris!</i></p> - -<p>A este propósito cuenta un indiscreto la visita que acaba de hacer á su -majestad persa el ministro de la Guerra, general André. Lo primero que -dijo el cha al ministro, al estrecharle la mano, fué: <i>Joli Paris! Joli -Paris!</i> Luego, ya sentados, le señaló una tabaquera incrustada de las -indispensables piedras que sabéis, y le dijo en su idioma: <i>Kerli</i>, lo -cual quiere decir tabaco. Tradujo la palabra el intérprete imperial, -Freydoun Montazem Saltanek. El general tomó un cigarrillo, y el gran -visir, haciéndose el pillín, como dicen en España, le ofreció fuego en -un aparatito eléctrico. El general André encendió, y en ese momento el -aparatito se puso á tocar el <i>Vals des anglais</i>. Y el cha, que esperaba -la sorpresa del general, con los ojos alegres, contentísimo: <i>Joli -Paris! Joli Paris!</i></p> - -<p>Después, se puso hablar en persa con su ministro en París, el general -Nazare-Agha. Y éste tradujo al ministro de la Guerra: que su majestad -estaba muy deseoso de conocer el nuevo fusil del Ejército francés, «el -fusil con que V. E. acaba de armar tropas».</p> - -<p>André se quedó asombradísimo, aún más que con lo de la cajita de -música: «No hay ningún fusil nuevo—dijo—. Ya he tenido el honor de -mostrar en persona á S. M. nuestro armamento, cuando nos visitó el año -pasado.» El cha, á quien se tradujo esa respuesta, pareció no darse -<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> -bien cuenta de ella; pero para no darse por vencido, se puso un poco -serio, y luego, dirigiéndose al ministro, sonriente: <i>Joli Paris! Joli Paris!</i></p> - -<p>Como le invitasen á ir á las maniobras, contestó que iría con placer; -pero cuando supo que había doce horas de ferrocarril, manifestó que -no iría, pues no le place viajar mucho en ferrocarril. No faltó el -regalo. Ofreció al general André un estuche con una cigarrera—demás -está decirlo—de oro y piedras preciosas, con su cifra grabada. Luego -fué la despedida. Antes de partir díjole el general el último oficial -cumplimiento. El cha se puso á mirar las muchas condecoraciones de -André. Y como viese sobre todas el cordón de la Orden del León y del -Sol, su Orden, dijo, señalándosela, en persa: «La Orden del León y -del Sol no podría recompensar á un militar más ilustre, á un jefe más -valiente, á un ministro más esclarecido.» Y luego, en francés: <i>Joli -Paris! Joli Paris!</i> Mouzaffer-ed-Dine es un estimable filósofo.</p> - -<p>En el lugar donde ha estado últimamente «en <i>villegiature</i>», un -quiromante mundano consiguió que el potentado oriental le diese á -estudiar su diestra. He aquí el resultado: «La línea de cabeza del -soberano es casi nula; sin embargo, es fina como un cabello femenino, é -indica aptitudes diplomáticas». La línea del corazón, por el contrario, -se desenvuelve majestuosamente, sembrada de islotes, de meandros rojos, -que indican pasiones carnales violentas y complicadas. La línea de -vida es débil, pero prolongada; días largos y malestares constantes. -Su Majestad es glotón—¡aquí de las berenjenas!—y se inclina á hacer -trampa en el juego. El Monte de Mercurio tiene un desarrollo normal: si -el cha no fuese un poderoso monarca, sería un comerciante de mérito. -<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span> -Pero lo que está sobre todo en su real mano, es la línea de las artes. -Entre las manos «conocidas» la del pintor Carolus-Duran, es la que más -se le parece. Si el cha pintase, escribiese, triunfaría. Y el cha no lo -hace. ¡El cha es un señor muy cuerdo!</p> - -<p>No creamos en las quirománticas rayas, ni dejemos de creer. El cha -será un gran diplomático natural, y desde luego más culto que su -difunto padre, que se limpiaba los dedos, después de comer, en los -ricos cortinajes de los palacios en que se le hospedaba. Aunque la -diplomacia y la buena educación pueden estar muy desunidas, como en el -chino Li-Hung-Chang, de sonora memoria; pero, lo que es el protocolo, -gime por él á cada paso. El cha no admite programas, ni disposiciones -anteriores. Cada vez que se anuncia que ha de ir á alguna parte, él, -en el momento de subir al coche, ó al automóvil, da orden de ir á -otra parte. <i>Il s’en fiche</i> de M. Crozier, de M. Mollard, de todo el -personal del palacio d’Orsay, y de M. Lépine, con su Policía. Como no -habla más que persa, no conversa más que por medio de sus intérpretes, -y allá las cosas que les dirá de cuando en cuando. A pesar de la -opinión quiromántica, no parece que el rey de reyes sea muy aficionado -á las damas. Quizás será que, dueño y señor de tantas, allá en Persia, -se encuentra ahito. Sin embargo, ¿cómo no ha de haber encantado su alma -de primitivo, su espíritu de Oriente, esta joya humana, este <i>bijou</i> -con vida que se llama la parisiense? Yo me figuro que es esa una de las -cosas que más le atraen en esta capital de atractivos. <i>Joli Paris!</i></p> - -<p>Taciturno, como cansado, lleva este hombre raro su vida de Camaralzamán -moderno, contagiado, aunque no tanto como se quisiera, de la enfermedad -occidental, de la fiebre de progreso. Trajo diez millones, como -dinerito de viaje. Ya se le acabaron. No importa. Pedirá otros diez. -<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span> -Compra todo lo que le gusta; y al bárbaro que hay en él le gusta, como -al niño, lo que reluce, lo que hace ruido, lo que sorprende. Compra -cajas de música, lámparas eléctricas, juguetes, espadas, bronces, -muebles. Compra pájaros disecados, anillos, medallones, escopetas y -automóviles. Sobre todo automóviles. Tiene ya como treinta, allá en -Teherán. Los compra de todas las marcas. Los regala á sus ministros -y á sus amigos. Para su uso particular tiene de los mejores, de los -hipogrifos que hacen una enormidad de kilómetros por hora. Se ha -llevado á uno de los mejores <i>chauffeurs</i> de París. Cuando sale con -él, le dice: «Muy despacio.» Y el imperial <i>auto</i>, que es muy cómodo y -lujoso, no va más ligero que un carruaje cualquiera. El cha es un sabio.</p> - -<p>Mouzaffer-ed-Dine es un sabio; daría seguramente todo lo que tiene por -la camisa del hombre feliz. ¡Se aburre! He ahí su mal; no los riñones, -ni el estómago. El otro día decía un obrero parisiense al verle pasar: -«Le hacen falta cuidados. Si tuviese algunas «molestias», se molestaría -menos.» Es la verdad. Tiene la desgracia del hombre á quien no le -falta nada. Cuentan que el príncipe imperial, en tiempos de Napoleón -III, un día que veía desde las Tullerías jugar á unos niños pobres, -bajo la lluvia, dijo á la emperatriz, que acababa de regalarle como -presente de Noel una linda y rica colección de juguetes: «Mamá, yo te -pediría otra cosa mejor». «¿Qué?» «Déjame ir á meterme descalzo, en ese -«hermoso lodo» que hay allí afuera ...» El cha no ha tenido hermosos -lodos en su vida. Y ha tenido, en cambio, una existencia de honores -continuos y placeres. Su soberbia, su gula, su lujuria, su cólera -han estado siempre satisfechas. Es señor de vidas y haciendas. Tiene -harén y verdugo. No hay cosa que haya deseado que no la haya tenido -inmediatamente. Si no ha tenido la luna, es porque no ha querido. -<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> -Seguramente no le ha picado nunca un mosquito, ni la pulga del cuento -de Víctor Hugo. Hay mil ojos que velan sus sueños y que inspeccionan -sus vigilias. El oro y las piedras preciosas no tienen ningún valor -para él. El amor le ha sido negado y la voluptuosidad le ha hartado -y quebrantado. Alá le ha librado hasta ahora de los babistas que -asesinaron á su padre Naser-ed-Dine, y de los anarquistas de otras -tierras. Y él se fastidia, se fastidia soberanamente. Viene á París, y -el pueblo le aclama, y se siente feliz, y toma una cantidad increíble -de naranja y se deleita con la leguminosa consabida. El pueblo -parisiense le ve pasar; le escribe cartas pidiendo todo lo que se puede -pedir: le grita ¡viva! como á Krüger, como á Ranavalo, como á Cristina, -como á la reina de las lavanderas y como á cualquier rey de oros, de -copas, de espadas ó de bastos ...</p> - -<p><i>Joli Paris!</i></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-091.jpg" alt="_" width="200" height="160" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-093.jpg" alt="_" width="600" height="258" /> -</div> -<h3>DIVAGACIONES SOBRE EL CRIMEN</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="60" height="62" alt="E" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">El</span> canónigo -Rosenberg-Montrose y el banquero Boulain han sucedido en la celebridad -de las fuertes estafas á la novelesca madame Humbert.</p> - -<p>Un canónigo que roba con la mayor sangre fría á estúpidos corderos, á -excelentes devotas, apoyado en la curia romana y ejerciendo de apóstol -del bien y de filósofo de una ideal Jerusalén, no es cosa trivial. Así -el banquero Boulain queda en segundo término. Es un vulgar <i>escroc</i>. -Los parisienses tienen con qué entretenerse mientras no haya otro -escándalo de mayor fuste.</p> - -<p>No hay duda de que esas sonoras fechorías tienen más de cómico que de -trágico, con todo y dejar en la miseria á muchos infelices. Lo cómico -está en que las víctimas son todas como las del «cuento del tío», -engañados que han querido engañar, ó codiciosos que no han visto las -orejas del lobo. -<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span></p> - -<p>Hay, pues, crímenes cómicos; lo que no es fácil aceptar, á pesar de las -más bravas paradojas, es que haya crímenes bellos. Quincey, el comedor -de opio, escribió un famoso ensayo sobre «El asesinato considerado -como una de las bellas artes», que Gómez Carrillo ha hecho conocer en -lengua española. Esta estupenda obra de <i>humour</i>, está paralela á la -memoria de Swift sobre el aprovechamiento antropofágico de los niños. -Los artistas en crímenes no existen; talentos criminales sí hay, como -sabuesos raros á lo Sherlock Holmes.</p> - -<p>Muchos opinan que sí hay crímenes artísticos. Y otros, como Osmont, -afirman: Si se coloca uno exclusivamente en el punto de vista de la -Moral, no hay, no podría haber ningún bello crimen. Las circunstancias -contingentes que pueden dar algún lustre á una acción generalmente -culpable, deben aún excitar tanto más horror cuanto que parecen, según -la vieja metáfora que todavía le gusta á M. Prud’homme, flores que -tapan un abismo. Esta concesión hecha, confesemos—agrega—que hay muy -pocas personas que se coloquen en el punto de vista de la moral pura y -que allí permanezcan.</p> - -<p>Y aquí entra la cuestión del «gusto». Si se permite á alguna estética -mezclarse en la moral, el bello crimen existe evidentemente. Sería -tan pueril negarlo como escribir—alguien lo ha dicho—que una flor -envenenada no es nunca bella. Testigos el radioso acónito, el botón de -oro, y entre otros, la digital, de purpurinas flores. Cuando un crimen -es de un profundo horror, á que no se mezclan motivos bajos, y que el -cuadro en que se produce no perturba la emoción, es cierto, para el -lector que no verá el horror directo de la sangre vertida y los gestos -de agonía, que una especie de salvaje grandeza se mezcla á la tragedia -verdadera y hay quienes aplaudirían como en la escena de un drama bien -<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> -construído. El reciente drama italiano en que el conde de Bonmartini -fué la víctima, es lo que llaman «un bello crimen». ¿Por qué? M. -Osmont dirá: Porque la pasión sola, ¡y qué pasión monstruosa!, ha -guiado la mano de los asesinos. El espantable riesgo que corrían los -culpables, si eran descubiertos, pues un hombre, y sobre todo una -mujer de alto rango pierde, al mismo tiempo que la libertad y el -honor interior, el respeto de los demás, y ese lujo habitual desde la -infancia que llega á ser como una atmósfera; los dramas espantosos -que descubre la catástrofe final, todo eso impresiona, desconcierta, -turba, agrada aún, de cierta manera. En ese crimen de Bolonia una -figura surge que lo domina extrañamente: el senador Murri. Esa -virtud romana, ese coraje estoico, no podían producirse sino en una -circunstancia semejante, desmesurada en nuestros menguados tiempos. Y -como conviene en un drama en que la justicia eterna parece intervenir, -el crimen tendrá su castigo y la virtud encontrará su recompensa en -el cumplimiento de su deber terrible. Pues—y esto para contestar á -la probable objeción—nadie, pienso, admira el «bello crimen» en sí. -Es una imagen de tintes violentos, un drama conmovedor. Su relación -puede hacer una impresión estética. ¿Quién no ha admirado con espanto -los cuadros de tortura de los pintores españoles y las pesadillas de -Goya? No quiero hablar del asesinato político. Aquí un elemento nuevo -aparece: la fe. Eso basta para elevar el acto al sacrificio. Con todo -aun conviniendo en la existencia del «bello crimen», hay que decir que -es un espectáculo muy lamentable, y que no es una escuela de la cual -se deban formar cerebros y corazones. Así, admirando en un libro, ó -en un diario, ocasionalmente, el crimen de Bolonia, me parece que los -crímenes, bellos ó no, ocupan demasiado lugar en el periodismo y en la -<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span> -literatura. Ensangrientan cada página y perpetúan en el pueblo la -concepción byroniana de la sublimidad del crimen y la elegancia de -la desesperación. Se debería también mostrar la virtud, dejarla ver -como es, de una belleza superior. Las ideas de Osmont, me seducen más, -lo confieso, que las originalidades estéticas y las desviaciones de -la sensibilidad. El erudito Tomás de Quincey, «que á los quince años -componía odas en griego y á los veinte había leído todos los libros -antiguos», me parece que no andaba muy bien de la cabeza, con perdón de -las opiniones de Baudelaire—otro que tal—y de mi amigo Carrillo.</p> - -<p>No me meteré con los nietzscheanos; pero sí me referiré á los que, como -M. Colah, en la cuestión opinan que á la palabra héroe se le puede dar -un obscuro reverso. Ciertamente, dice dicho señor, desde el punto de -vista filosófico y moral el crimen es indigno de admiración; pero la -imaginación, ante el éxito de ciertas hazañas malas, cae en un estado -que no es otro que la admiración. Admiráis un héroe cualquiera por su -audacia, la habilidad que ha empleado para franquear lo infranqueable, -el desprecio del peligro que ha mostrado en el cumplimiento de un -acto de abnegación patriótica ó social. Es porque el asesino obra -antimoralmente, que el valor evidente, las mañas increíbles, la -insensata audacia, la terrible temeridad, las mil dificultades que -deben, en fin, componer un «bello crimen» y que se ha llegado á -dominar, ¿no son, por su asombroso éxito, dignas de un héroe? ¡Es -un héroe de la mala causa, pero un héroe! Lo que admiráis no es el -desenlance, la escena final, sino las complicaciones casi borradas, los -peligros casi apartados, que preceden. Pues un «bello crimen» debe ser -seguramente trabajado, combinado, reflexionado, sabiamente premeditado, -y, sin embargo, trae después combinaciones cuyo triunfo es más ó menos -aleatorio. Un drama de la miseria, el triste fin de un idilio amoroso, -<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> -el resultado trágico de una escena de celos, no pueden dar lugar á un -«bello crimen», atendido que puede ser cometido bajo la presión y la -ceguedad de la desesperación, de la cólera ó de la pasión.</p> - -<p>Antes que M. Colah, J. J. Weiss, en el tercer tomo de sus <i>Annales -de Théatre</i>, ha escrito á propósito del viejo melodrama <i>Fualdes</i>: -«Para el bello crimen, es necesario que el personaje criminal obre por -temperamento y no por impulso fortuito y singular. Es necesario además -que los detalles innobles que acompañan casi siempre un asesinato, sean -excusados de algún modo de su ignominia, porque la casualidad los ha -disputado de manera tal, que parecen un esfuerzo del arte y como un -contraste creado y arreglado por una retórica misteriosa de las cosas. -Es preciso que la culpabilidad sea demostrada hasta la evidencia y -que, sin embargo, se cierna sobre los motivos y sobre la ejecución del -crimen un resto de misterio que se querrá siempre penetrar y que no se -logrará nunca. Es necesario que los indiferentes hayan sido mezclados á -la historia de ese crimen, que no les toca de ninguna manera, por algún -incidente trivial, por algún juego cruel de la suerte que inquietará -la existencia, á ellos mismos, por un tiempo, ó por toda la vida. Es -preciso, si es posible, que toda una ciudad, ó toda una clase de la -sociedad sea conmovida y turbada. Es preciso ... sería cuento de nunca -acabar». El buen sentido de aquel crítico teatral que tenía mucho -talento, salta á la vista.</p> - -<p class="space-above-tab">No, no hay crímenes bellos, sino ante la -filosofía de la crueldad y ante las razones del egoísmo, por más -estéticos que sean. No hay crímenes bellos, como no hay enfermedades bellas. -<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span></p> - -<p>Solamente los médicos encuentran «hermosas llagas» y «lindos casos». -Hay artistas criminales, como Benvenuto, y enfermos, como el autor -de las <i>Flores del Mal</i>, que dan razón á las nuevas teorías de los -filósofos del delito.</p> - -<p>En cuanto á la delincuencia bufa y á los crímenes cómicos, son -indiscutibles. Los criminales de la estofa de la señora Humbert y del -canónigo Rosenberg aguardan el libreto del vaudeville y son puestos en -solfa. Son tipos que hacen resaltar los lados grotescos y malignamente -burlones de la criatura humana. Su obra gira alrededor de las -concupiscencias y de las avaricias. Cierto es que muchos inocentes caen -en sus garras; pero en la piel de cada cordero inocente hay con mucha -frecuencia, en el mundo de los negocios, el alma de un pícaro lobo. -París, como Nueva York, como Londres, como Buenos Aires, dan albergue -y vasto campo á los Carlo Lanza, á los Arton, á los Boulain, á los -Humbert-D’Aurignac. La última obra del antiguo jefe de Policía Macé, es -rica en enseñanzas á este respecto.</p> - -<p class="space-above-tab">En el crimen cómico suele haber sangre, como -consecuencia; pero lo que más hay, es oro; el oro de los engañados, -evaporado en las cajas de los engañadores. Luego, la mayoría aplaude, -ríe, está casi de parte de los hábiles burladores ... «¡Ah!—decían -algunos—¡Mme. Humbert es la mujer más grande que la Francia ha -producido, Juana de Arco comprendida! ¡Habría que elevarle una -estatua!» Y hay más que lástima, sonrisas para los embaucados. Y es que -se cultiva, más ó menos, el arte de engañar.</p> - -<p>He oído contar lo siguiente: «Hace poco, unos muebles Imperio, puestos -en depósito en un hotel célebre, por un tapicero de mala fe, han sido -<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -vendidos para América por una fuerte suma.—¡El <i>mobilier</i> de la -emperatriz Josefina—decía una <i>réclame</i>—, histórico, herencia de -familia», etc.! El <i>mobilier</i> de la emperatriz venía de la calle de la -Pépinière. Un marqués ha cobrado una buena comisión, y un periodista -otra. Esas son prácticas corrientes. Se sonríe con indulgencia ... -Desgraciadamente, el «americano» se hace raro ... Comienza á desconfiar.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-099.jpg" alt="_" width="150" height="212" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-101.jpg" alt="LIBRO II" width="400" height="179" /> -</div> -<h2>LIBRO II</h2> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-103.jpg" alt="_" width="600" height="190" /> -</div> -<h3>BAMBINI DE SUFRIMIENTO</h3> - -<p><span class="smcap">Quisiera</span> dedicar estas líneas á los niños -italianos del Río de la Plata; pero diré en ellas algunas cosas que sus -inocentes espíritus no podrían comprender y que sus frescos corazones -no deben saber. A los corazones de sus padres hablaré, á los espíritus -de sus padres me dirigiré.</p> - -<p>Hace ya mucho frío, á la entrada de este invierno, que se anuncia el -más fuerte y cruel, dicen los sabios, que desde hace cincuenta años -haya habido. Una noche de éstas, en que el aire sopla, flagelando, por -el puente del Louvre, sobre el Sena, que refleja el oro y sangre de las -luces amarillas y rojas, fantasmales á través de la neblina, sentí que -corría tras de mí una vocecilla tímida: <i>Mosiú, mosiú!</i> ... Se acercó un -pequeño punto blanco, que tenía en los brazos otros bultitos blancos. -La luz del próximo farol me hizo ver que el bulto era un pobre niño -y los bultitos estatuítas y figuras de yeso. Su francés, sus ojos, -su cara, su vivacidad, su mercancía, decían de dónde era el infantil -vendedor que iba desabrigado, en la bruma y el frío, en busca de unos -cuantos céntimos. Era una de tantas víctimas de la trata de niños, más -<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> -horrible que la trata de mujeres; era uno de esos infelices de los -rebaños de exportación en que Italia ha tenido desde antaño triste privilegio.</p> - -<p>Ya le habían enseñado á mentir.—<i>Combien?</i>—<i>Si fran.</i> Le di unos -<i>sous</i> y le dejé perderse en la noche parisiense.</p> - -<p class="space-above-tab">He visto más; he visto lo que creía que ya -no existía sino en los viejos cuadros, en los viejos grabados: he visto -en ciertos barrios de París el antiguo <i>pifferraro</i> y el organillo y -la mona vestida de colorines, y la linda italianica, ya casi púber, -que danza al són del violín y recoge después en un plato las limosnas -de los curiosos. Y existen aún, aunque en menor escala que antes, -los saboyanitos de los melodramas y de las romanzas. Y el horrible -mercado de la prostitución pueril, la importación de niñas, por inicuos -proxenetas de ambos sexos, que no temen exhibir su especialidad en -pleno bulevar. Pero no trato de este tópico, en que actualmente la -Policía se ocupa, y los miembros de la liga—¡quizá inútil!—de la moral -urbana. Eso pertenece á la «trata de blancas», denominación que un -japonés amigo mío encuentra, con justicia, exclusiva, «pues de mi país -y de la China se ha exportado mucha carne amarilla á los Estados Unidos -y á otras partes». Me circunscribo, pues, únicamente, á la explotación -de niños italianos que aquí se hace, y contra la cual, felizmente, -acaba de formarse una asociación que ojalá encuentre apoyo en todas -partes en donde se encuentre unun alma italiana, ó que abrigue simpatía -por Italia. Por esto, si estas líneas mías lograsen producir algún -buen movimiento entre vosotros—¡así fuese el de mis lectores!—quedaría -más satisfecho de ellas, que de un bello poema ó una hermosa página literaria. -<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span></p> - -<p>No hay nada más horrible que la esclavitud de estos <i>bambini</i>; no hay -nada más lastimoso que la existencia de martirios que les hacen padecer -los hombres viles que les tratan como á bestias productoras. ¿Qué digo? -Peor que á los perros. Esta infamia habría continuado sin ser advertida -por la generalidad, si el Sr. Paulucci di Calboli, secretario de la -Embajada italiana de París, no hubiese llamado la atención en artículos -publicados en importantes revistas. A él, pues, y á otros hombres de -corazón y buena voluntad, se debe que ahora se trate de favorecer la -suerte de esos niños, florida carne itálica, flores de sangre latina -que, si escapan de una muerte casi segura, es para caer en poco tiempo -en la degradación de todos los vicios y en la posibilidad de todos los -crímenes. Después se dice: El asesino Tal, italiano; el asesino Cual, -italiano. ¡Es claro!</p> - -<p class="space-above-tab">Los mercaderes de sangre y carne humana van -á las pobres aldeas lombardas, á todos los lugares de la Romaña, á -todas las provincias del Mediodía, en busca del productivo <i>gibier</i>. -Les visten de harapos, los acuestan sobre la paja, como animales, con -abrigo insuficiente, y les dan de comer bazofias inmundas compradas por -nada, ó simplemente patatas cocidas, ó fritas en grasas innominables, -atroces polentas, ó pan solo á veces, duro é incomible. Luego los -mandan á vender las estatuítas, y les señalan una cantidad «que -irremisiblemente deben traer» por la noche, so pena de recibir azotes -y bofetadas. La escena es igual á la que en su novela <i>Sin Familia</i> -pinta Héctor Malot. Donde dice musiquitos, poned vendedores, y es lo mismo. -<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span></p> - -<p>Es en un desván de la calle Lourcine, alrededor de una parrilla en que -hierve una olla, cerrada con un candado para que los niños no puedan -intentar calmar su hambre. Los musiquitos entran, depositan arpas, -violines y flautas. Garofoli, el <i>padrone</i>, los hace ponerse en fila -delante de él: «Ahora, á arreglar cuentas, angelitos—dice, y á una -seña, un niño se acerca—. Tú me debes un <i>sou</i> de ayer, y me has -prometido dármelo hoy: ¿Cuánto me traes?» El niño vacila largo tiempo -antes de responder; se pone rojo. «Me falta un <i>sou</i>.» «¡Ah!, te falta -un <i>sou</i>, ¿y me lo dices tan tranquilo?» «No es el <i>sou</i> de ayer, es -uno para hoy.» «Entonces son dos <i>sous</i>. ¿Sabes que no he visto otro -como tú?» «No tengo culpa.» «Dejémonos de tonterías, bien conoces la -regla: quítate la blusita: dos golpes por ayer y dos por hoy, y además -nada de patatas, por tu audacia. Ricardo, toma el azote ...» Y Ricardo -toma su azote de cabo corto, que termina en correas de cuero con -gruesos nudos.</p> - -<p>Tal es la escena que se desarrolla, más ó menos dura, en París, en -innumerables, sórdidos habitáculos, en que los alojan esos comerciantes -en figuritas; abominables yeseros, más ruines que los comprachicos, -puesto que desfiguran y mutilan también el alma de tantos desventurados -italianitos. Y todavía hay excelentes burgueses, rubicundos ciudadanos -patriotas, que al verse importunados, cuando toman su ajenjo en una -terraza, por uno de esos niños de hermosos ojos, «se sublevan contra -esos «extranjeros», que vienen á comerse el pan de los franceses», como -dice un periodista.</p> - -<p class="space-above-tab">En un ya viejo <i>keepsake</i>, oloroso al -alcanfor del mueble en que ha estado por tantos años, y que habría -ilustrado con su delicioso arte la adorable Kate Greeneway, he -encontrado las impresiones de una sentimental y culta señora, Mme. -<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span> -Louis Janet, sobre los pobrecitos <i>pifferari</i>. Dice que le interesaban -profundamente esos niños y niñas que iban por las calles, no por su -arte rudo y su pintoresco atractivo, sino «desde el punto de vista -de la humanidad». «Vedlos en cualquier tiempo que haga, recorriendo -las calles más frecuentadas, los bulevares ó los grandes paseos de la -capital: su rostro hace una mueca, bajo el canto que su boca entona -y la miseria traspasa los pliegues de sus escasos vestidos, así como -se ve sobre los rasgos ya marchitos, ó casi, por las fatigas de su -oficio penoso». ¿No es penoso, en efecto, el cantar á toda hora, cantar -siempre, cantar á pesar de todo? ¡Eso hacen esos pequeños desgraciados! -Y eso con un aire tan profundamente forzado, con un sentimiento de -obediencia tan grande, que se adivina en seguida que en medio de -la muchedumbre que les rodea, muchedumbre compuesta de curiosos en -apariencia, hay ojos de Argos que velan sobre ellos, y brazos listos -para golpearles, «si no desplegan todos sus medios» ó no usan todas -las gracias y habilidades de su edad para obtener la ligera ofrenda -de los asistentes. En efecto: la mayor parte de esos niños que os -parecen abandonados á sí mismos sobre la vía pública, van acompañados -de sus padres, que calculan las ganancias del día y preparan las del -siguiente. Y cuando digo acompañados debería decir seguidos, pues los -padres, en ese caso, afectan no conocerlos. Les siguen de lejos, como -indiferentes, se detienen cuando los niños se detienen, y algunas veces -hasta dejan caer unos céntimos en el plato de la cantadorcita ó del -joven artista, para que esa munificencia sea imitada por el público, -que por naturaleza es un poco <i>mouton de Panurge</i>. Hoy, más que á -los padres, encontraría Mme. Janet á los empresarios. Empresarios de -vendedorcitas, de <i>pifferari</i>, y de deshollinadores de chimenea, los -<i>ramoneurs</i>, que también tuvieron su tiempo en las leyendas y en los -cuentos. En cuanto á las núbiles cantadorcitas ó modelos, tienen otro -fin, en la corrupción cosmopolita y gastada de la vasta capital. -<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span></p> - -<p>El romanticismo doró la vida de esta mísera infancia esclavizada. Ya -es el bonito <i>pifferaro</i> solo, con su sombrero puntiagudo, sus negras -pupilas, su sano rostro de niño de país solar, y su indumentaria -convencional, sentado sobre una roca del camino, como un pastor, -soplando en su flauta; ya es el grupo errante de tez morena, una niña, -como de catorce años, toca la pandereta; otra, más pequeña, el violín, -y un niño semejante á un San Juan de retablo, tiende su sombrero con -ambas manos, en demanda del óbolo de los transeuntes. O ya en el -cuadro de Haquette, canta el viejo ciego, y el niño, un amor que sopla -convencido, le acompaña en su flauta, ante unos marineros y una vieja -que escuchan serios, conmovidos, atentos. Todos esos niños románticos, -tienen frescas caras de flores y de frutos, parece que un <i>deus</i> -artístico más que otra cosa les animase; cuando más, es una miseria -de convención y llena de cierto encanto, la que representan. Se diría -que están para aparecer en una escena del Chatelet, ó que posan ante -un pintor. ¡Cuán lejos de la realidad! Casi no hay pobrecito de estos -que venden yesos que no revele en su rostro, en sus harapos, la negra -vida que pasan. Los ojos de Italia brillan en sus ojos, la luz de la -divina península; sonríen á veces y ríen, en la inconsciencia de la -infancia; pero sus rasgos están atajados, más ó menos, según el tiempo -de martirio que lleven; se podría también calcular ese tiempo por lo -que dicen sus tristes cuerpos delgados, á través de los andrajos, y -á menudo la chispa del sol italiano en sus miradas, se confunde con -la llama de la tisis. Los niños menores, los pequeñitos, son los que -dan más lástima. Los crecidos, los hombrecitos, los que han pasado, -vencedores de la tuberculosis, quizás no reciben ya golpes ... Los hay -que dicen en sus gestos y en sus palabras la independencia próxima, la -fuga al trabajo libre ó al crimen. -<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span></p> - -<p>¡Ah!, ¡si la liga que hoy se funda pudiera remediar en alguna manera la -perra suerte de estos sin ventura! ¡Si en Italia, en Buenos Aires, en -Nueva York, en Chile, en la República Oriental, en todas parte donde -los italianos y los amigos de Italia pueden hacer algo, se ayudase á la -liga para lograr la libertad de estos niños, para encaminarlos á una -vida de trabajo y de energía, para arrancar de la muerte ó del presidio -de mañana á estos tiernos seres!</p> - -<p>Sería una obra de bien. El Gobierno francés, estoy seguro que ayudaría -con leyes y disposiciones oportunas, y el siglo <span class="smcap">xx</span> quitaría -del mundo una enorme infamia del pasado.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-109.jpg" alt="_" width="150" height="166" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span></p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-111.jpg" alt="_" width="600" height="210" /> -</div> -<h3>FRINÉ</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="60" height="60" alt="H" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Han</span> pasado -los primeros números del programa: anglo-sajones forzudos, atletas de -Inglaterra, equilibristas y malabaristas exóticos, tiradores yanquis, -cantantes cómicos italianos. El Olympia brilla en el día que lo forman -las profusas lámparas eléctricas. Los palcos se enfloran de belleza y -lujo. Una gallarda dama argentina descuella entre las hermosuras; y -hay gracias inglesas, españolas, rusas, en la muchedumbre cosmopolita. -Cancionistas napolitanos lanzan sus canciones de Santa Lucía y -Piedigrotta en un extremo del <i>promenoir</i> poblado de cocotas. En los -<i>bars</i> laterales, al lado de ocasionales compañías, encendidos britanos -se hacen servir whiskies y sodas. De pronto el timbre suena y todo el -<i>music-hall</i> se conmueve. Ha pasado el entreacto y va á comenzar el -<i>ballet</i>, en que resplandece é impera la Reina de las Cortesanas, la -Princesa de las Hetairas. «Friné la griega, ó sea Cleo la parisiense, -la perilustre y famosa Cleo de Merode». El telón se ha alzado, y en el -silencio que se ha hecho comienza la narración musical que acompaña la -mímica de los actores. Es el taller de Praxiteles. El artista está en -su labor, mas se desespera de no poder realizarla tal como lo sueña. -Desea encarnar á la celeste Venus Afrodita, pero no encuentra el modelo -que para él sea digno de representar á la divina persona. Nervioso, -rompe lo que ha comenzado á plasmar, y se echa en un lecho de reposo. -Llegan sus esclavas con flabeles, á cuyo soplo se duerme. Entonces -tiene un sueño. Los faunos y los eros de mármol que pueblan su taller -se animan de repente. Él habla á los semidioses y les ruega intercedan -con la Emperatriz del Amor para que pueda encontrar el ansiado modelo. -Se llevan flores y dádivas votivas al altar de la diosa, y ésta surge, -luminosamente desnuda, <i>en tordaut ses cheveux</i> y ofrece al escultor la -realización de sus ensueños. Praxiteles despierta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span> -Un són de flauta. Por la calle pasan unas cuantas citaredas, flautistas, -tocadores de sistros y de liras, y en medio de ellas Friné-Cleo,</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">citarista, dulce hija</span> -<span class="i0">del Archipoeta rubio,</span> -</div></div></div> - -<p>según la palabra del delicioso Góngora. Y es la primera aparición -de la admirable beldad. La ve pasar, por la ventana, en un gracioso -y encantador cuadro de la vida antigua. Hácela llamar Praxiteles -y ella consiente en ser su modelo. La entrada súbita de un viejo -heliastro libidinoso turba la amable escena. La cortesana rechaza las -proposiciones del intruso, y queda con Praxiteles, para el arte y para el amor. -<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></p> - -<p>Luego es una fiesta en casa de Friné, una maravillosa orgía, llena -de perfumes y de música; danzarinas fenicias, mimas griegas, alegres -bellezas de Persia, de Egipto y de Asiria, contribuyen al gozo. Y llega -disfrazado de príncipe extranjero, el viejo heliastro, seguido de -esclavos que conducen cajas de oro y joyas que ofrecen á la hetaira en -cambio de sus caricias. Friné se adorna con las nuevas joyas, invita al -príncipe á la fiesta—un ocurrente inglés dice tras de mí: <i>The king of -the belgiaus!</i>—y Cleo de Merode danza, danza rítmica y mágicamente, -de manera tal que su hechizo conquista á la sala entusiasmada. El -falso príncipe quiere abrazarla y cae; á pesar de su disfraz se le -reconoce, y huye, jurando vengarse. Después en el Areópago, entre -la gran muchedumbre pintoresca, al són de las trompetas, ante las -sacerdotisas minervinas, sacerdotes, guerreros y jueces, comparece -acusada de sacrilegios contra Venus la deleitable Friné. Ella va -apoyada en el brazo del escultor, y danza, danza de nuevo, danza -suave, rítmica y mágicamente, de manera tal que su hechizo conquista -á la sala entusiasmada. El tribunal de heliastros vacila, y entonces, -con un bello gesto, Praxiteles arranca el velo que cubre la perfecta -forma femenina; Venus aparece en lo alto; la luz inunda el recinto -doblemente, haciendo resaltar la incomparable euritmia de esa carne -insigne, y la cortesana va libre, en la apoteosis, entre las danzas y -músicas, liras, sistros, crótalos, tamboriles, al resplandor de los -cascos, de los puñales, de las corazas. Rosa de las rosas, belleza de -las bellezas. Es cierto, una gloriosa y magnífica evocación, y los -hermanos Isola hacen así un dón de poesía viviente y deslumbrante al -abrumado habitante de un París de automóviles y «metropolitanos», cada -día más americanizado.</p> - -<p>Pero, ¿es en verdad Mlle. Cleo de Merode la maravilla celebrada por la -Fama? Cleo de Merode es, en verdad, la maravilla celebrada por la Fama. -Yo la he visto en muchas ocasiones, y noto que ahora está un tanto -delgada; mas esta señorita célebre es el más lindo poema plástico que -anima la vida en este reino de encantos. -<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></p> - -<p>Su retrato lo conocéis, como todo el mundo lo conoce; su cuerpo es -aquel portento que perpetuó el pulgar de Falguiére en su voluptuosa -danza. Entre las bellezas de París, la española Otero se impone, quizás -demasiado imperiosamente; su grande y firme anatomía se fija en gestos -duros; hay en ella rudeza, violencia; vestida de reina, se piensa en -que Teodora no pudo olvidar sus bajos orígenes. La italiana Cavalieri, -en cuyo rostro dorado del sol latino brillan penetrantes ojos -embrujadores, es también un tanto zahareña. Cleo de Merode es alta, -fina, armoniosa; hay un perpetuo ritmo en su grácil figura tanagreana. -Nadie como ella posee la seducción de la actitud y el arte del ademán. -Sus gestos son siempre llenos de gracia, y parece que siempre hubiese -una flauta invisible que guiase sus movimientos, la magia de sus -brazos y de su cuello, la cadencia alada de sus pasos. Posee asimismo -la ciencia del vestido, el conocimiento del accesorio que realza su -hermosura, y sabe expresarse como nadie en el doble y soberano lenguaje -de las miradas y de las sonrisas. Finge en insuperables mímicas los -más variados sentimientos, y su boca y sus ojos iluminan y acentúan la -música de los actos. Mas sobre todo está su sonrisa única.</p> - -<p>El más falso de los pudores se adorna de inusitadas apariencias. Esta -pagana tiene un rostro de madona de primitivo. Esta sacerdotisa del -placer es semejante á una virgen de fra Angélico. Bajo las alas negras -de su famosa cabellera botticellesca mira angelicalmente; y siendo el -más ilustre instrumento del Católico Demonio, aparece, por la manera de -inocencia, por la dulzura del dibujo labial y la casi infantil mirada, -como una adorable Nuestra Señora de la Sonrisa.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span></p> -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-115.jpg" alt="_" width="600" height="181" /> -</div> -<h3>CHEZ HUGO</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="60" height="60" alt="H" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">He</span> ido -recientemente á ver el museo Víctor Hugo, y á observar si hay fieles en -el templo. Está situado en la casa que habitó el maestro en la plaza -des Vosges. Sabido es que el museo—hecho a <i>l’instar</i> de la «casa de -Shakespeare», y de las de otros inmortales—ha sido formado gracias á la -consideración y al afecto y admiración invariables de M. Paul Meurice, -amigo y discípulo de Víctor Hugo. Él ha puesto en su obra todo su -entusiasmo, y una minuciosidad que, por algunos lados, no ha dejado de -despertar críticas. Por ejemplo: «Muela que Víctor Hugo se sacó en tal -fecha.» Yo no he visto, por otra parte, tal muela.</p> - -<p>A la entrada, un gran busto del poeta. Desde las escaleras, cuadros que -representan escenas de sus dramas, de sus poemas, de sus novelas, de su -vida. Desde luego, las numerosas ilustraciones de Rochegrosse, las de -Boulanger, J. P. Laurens, etc. Después, fotografías, caricaturas, toda -la enorme iconografía hugueana desde los primeros tiempos, desde la -<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -niñez hasta el fallecimiento, hasta la admirable cabeza que fotografió -Nadar y pintó Bonnat, sobre el lecho mortuorio. Hay vitrinas con -objetos usuales, la casaca de académico, la de par de Francia, -una <i>casquette</i>, un bastón riquísimo, en cuyo estuche se lee esta -dedicatoria: <i>Benito Juárez a l’illustre Victor Hugo</i>.</p> - -<p>Se ven medallas, plumas, cartas, autógrafos de hombres históricos -dirigidos al poeta. Hay un pedazo «de pan del sitio», y en una caja, -cuatro grandes mechones de cabello, que indican toda la duración solar -de esa vida.</p> - -<p>Cabellos rubios, del seminario de Nobles de Madrid; cabellos del «niño -sublime», de París; cabellos más obscuros, del autor de <i>Hernani</i>, -del joven y radiante conquistador del Romanticismo; cabellos grises, -cabellos del luchador, cabellos de las tempestades de las Cámaras, -de las agitaciones políticas, cabellos del «Año terrible», y de «Los -castigos»; cabellos blancos, cabellos de plata, cabellos de Guernesey, -cabellos del «Arte de ser abuelo», cabellos del anciano glorificado, -del papa lírico del mundo, del venerable patriarca del pensamiento, -cuya desaparición conmovió la tierra y cuyos despojos fueron velados -por París en el más grandioso de los catafalcos, el Arco del Triunfo.</p> - -<p>En una pequeña mesa, cuatro tinteros y cuatro plumas: de Lamartine, -del viejo Dumas, de George Sand y del dueño de la casa. El cual, como -es fama, se complacía en curiosas labores manuales y chinizaba y -japonizaba aun antes que los Goncourt. Ahí está una chimenea decorada -por él, orientalmente, y muchedumbre de <i>panneaux</i> coloreados y dorados -de modo hábil y pintoresco. -<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span></p> - -<p>Son caprichos de mandarín, visiones chinescas, animales fabulosos, -fragmentarias pagodas, inauditos dragones, cómicos personajes del -Imperio Celeste, flores raras, juegos decorativos de líneas y de -figuras, hecho todo en tablas, uno como pirograbado y policromo, de la -más interesante inventiva. Y cuadros y retratos, y más cuadros y más -retratos. Sobre todo llama la vista y la meditación la obra pictórica de Hugo.</p> - -<p>Habrá un libro muy importante y profundo el día en que un artista -pensador escriba el que merecen las concepciones gráficas del altísimo -poeta de Francia.</p> - -<p>Es en los dibujos, es en el Víctor Hugo pintor en donde se completa la -personalidad portentosa del rimador formidable y profético. Solamente -en Turner, en Blake, en ciertas cosas de Piranesso, se percibe la -cantidad de ensueño y de misterio que en las visiones manifestadas por -Hugo en tales páginas de un «romanticismo» eterno y transcendente. -Ruinas, fantásticos palacios, orientalizaciones fastuosas y -miliunanochescas, construcciones extrañas que son como amontonamientos -simbólicos, cielos funestos, claros de luna ilusorios, concreciones -de nocturnos espantos, deformaciones de sombras y estallidos blancos -de luces, abracadabrantes arquitecturas, resurrecciones del pasado -y suposiciones del porvenir, el ensueño, la pesadilla, el horror, -lo grotesco y lo arabesco, lo incógnito del arte, está revelado en -las realizaciones pictóricas del prodigioso Padre. Y es tan vasta su -fachada notredámica verbal y literaria, que no percibe el mundo sin -fijarse, los festones y astrágalos que su pluma en recreo se complacía -en prodigar, sirviéndose para sus efectos extraños de tintas diversas, -del carbón, del café, del café con leche, del pabilo quemado, de todo -lo que encontraba á mano la suya, acaparadora y eficaz.</p> - -<p>Y luego, he ahí el arcaico lecho en que murió y los dos retratos de los -nietos en la cercana chimenea, y el alto escritorio en que trabajaba de -pie al levantarse, siempre matinal. Se siente en el ambiente gloria. Los -<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -visitantes no son muchos. Uno que otro extranjero. Papás que explican -en voz baja á sus hijos la significación de objetos y documentos, -algunos obreros, pues es hoy día domingo, y dos artistas, por el -aspecto sajones, que toman apuntes en la sala de los dibujos. Al salir -del dormitorio veo en una mesa, bajo un cristal, un papel en que el -poeta declara que él pertenece á un partido que todavía no estaba -formado, pero que formaría el siglo <span class="smcap">xx</span>, -el partido de que nacerían primero los Estados Unidos de Europa y -después los Estados Unidos del Mundo. Es una idea que concretan largos -párrafos expresados en varias obras, sobre todo en sus páginas sobre -«París». No olvidemos que más que el Pensador era el Gran Soñador ... -Y á pesar de su orientalismo, no previó al Japón de 1904, y al que seguirá.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-118.jpg" alt="_" width="200" height="164" /> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p> -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-119.jpg" alt="_" width="600" height="188" /> -</div> -<h3>PSICOLOGÍA DE LA POSTAL</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-s.jpg" width="60" height="59" alt="S" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Sobre</span> mi -mesa de labor, un buen montón de tarjetas postales, de España y de la -América Latina. Son envíos para el consabido autógrafo. Esto es usual, -y no me hubiera dado tema para estas líneas, si no hubiese entre ellas -un retrato de M. Combes ... ¡Una señorita que me manda, para que le -escriba yo algo, el retrato de M. Combes! El curioso colmo me hace -fijarme en los asuntos de las otras tarjetas, y, á través de ellos, -procurar ver la personalidad de mis desconocidas y amables amigas -lejanas. Hay en esos cartoncitos ilustrados, las más variadas figuras -en que sospechar diversos caracteres y espíritus.</p> - -<p>... He aquí una cubana que envía una escena galante, de «fiesta -galante», en un paisaje versallés, cerca de los <i>boulingrins</i> y de las -diosas de mármol. No hay duda, la señorita que eligió esa tarjeta se -complace en Watteau, gusta del siglo de las elegancias, quizás ha leído -á M. De Nolhac y á los Goncourt ... Para un baile de trajes, elegiría la -<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span> -cabellera empolvada, el rico faldellín, el prestigioso guardainfante, -el recto corsé de pico. De la Argentina, he aquí un envío completamente -septentrional. Hay un paisaje de nieve. Enmarcada de hojas de pino, -se mira en el centro la floresta despojada, los árboles escuetos -en lo rudo del invierno. Solitaria, una cierva se destaca sobre el -blanco fondo. Me parece suponer que no es una rubia, nostálgica de las -regiones del frío, la que me manda esta tarjeta; antes bien: una bruna -y ardorosa meridional que, por el amor del contraste, piensa en los -países de las <i>willis</i>, en las baladas nórdicas.</p> - -<p>Esta otra envía una escena de campesinos amores. Mas su pasión rural -más bien se me asemeja al elegante idilio de un soñado Trianón, de un -refinado <i>hameau</i> en donde marquesas pastoras llevan cayados adornados -con sedas y flores. Todo esto es también muy equívocamente sentimental, -muy siglo <span class="smcap">xviii</span>.</p> - -<p>He aquí un grupo que indicaría preferencias británicas, si no se -tratase de una señorita cuyo nombre es absolutamente español: es un -grupo de perros. Debe ser la niña amante de los <i>sports</i>, encariñada -con <i>tontons</i> y demás animales preferidos por la mundana zoofilia. -¿Le copiaré una frase de Buffon, ó alguna ocurrencia byroniana? -Muy maliciosa ó muy inocente la que ha elegido para solicitar un -verso, el retrato de una de las más renombradas hetairas de este -pecaminoso París ... ¿Sabe ella de quién se trata? ¿Ó demasiado dueña -de su inteligencia, osa á todas las sonrisas y se declara tan sólo -adoradora de una plástica perfecta? Hay otras que, simplemente y por -seguir la moda, mandan la primer postal que tienen á mano: estatua, -vista, panorama ó edificio de su ciudad. Una me remite una postal de -<i>La Nación</i>: «<i>La Uruguay</i> en el puerto de Buenos Aires, trayendo la -expedición sueca.» Tal señorita debe ser seria, reflexiva, entusiasta -<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span> -por las glorias de su patria, y en su hermoso rostro debe reflejarse la -llama de los orgullos nacionales. Y soñadora, muy soñadora seguramente -la que ha recogido un bello rostro femenino, de <i>rêve</i>, que se perfila -sobre la superficie de un mar tranquilo en cuyo horizonte se perciben -vagas velas. ¿Será aún, influencia por <i>Quo vadis</i>?... ¿la que ha -preferido el retrato de la dulce Mieris en su papel de enamorada de -Petronio, y la que envía una escena romana que se diría ilustración -de la «famosa» novela?... De buen humor es la que eligió dos rollizas -holandesas risueñas, cerca de un molino, y de preferencias trágicas la -que se aficionó á una tempestad en el mar, el cielo rojizo, las olas -en furia y una barca en peligro. Sentimentales, vanidosas, ambiciosas, -caritativas, maternales, sutiles, románticas, sensuales, misteriosas, -se revelan otras. Sus gustos dicen sus almas; al menos que, tratándose -de mujeres, no digan las significaciones todo lo contrario.</p> - -<p>Ésta que eligió una escena de soledad, amará el bullicio de las -calles y de los paseos, la alegría convencional de los salones, las -exhibiciones del lujo, los triunfos de belleza en aristocráticas -justas. Aquella que envía una escena cómica, será quizás grave y -triste. La que manda un barco sobre las olas no se habrá embarcado -nunca y desdeñará los viajes. La que quiere una estrofa para un Romeo -y Julieta, será frívola, ligera y poco fiel en el amor. La que envía -un <i>clair de lune</i> alemán, tendrá los más lindos ojos negros y la más -sonora risa argentina ... La que escogió una cara de viejecita, tendrá -la suya fresca como una corola de rosa, y la que dió su preferencia á -un corazón entre la nieve, tendrá el suyo ardiendo en la llama de la -más divina de las hogueras.</p> - -<p>Pero la que me mandó á M. Combes, me deja completamente estupefacto.</p> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-123.jpg" alt="_" width="600" height="189" /> -</div> -<h3>LA GLORIA DE TARTARÍN</h3> - -<p>¿<span class="smcap">Recordáis</span> el apogeo del ilustre héroe -de Alphonse Daudet, del pequeño Quijote, del incomparable personaje que -tiene por nombre Tartarín de Tarascón?... Sus aventuras, su vida, su -renombre, excitaron grandemente los nervios de sus conciudadanos ... -Imaginaos á los habitantes del lugar de la Mancha «de cuyo nombre no -quiero acordarme» furiosos contra D. Miguel de Cervantes Saavedra ..., -toda proporción guardada. Mal asunto para la piel de Petit-Chose si -llega á pasar una temporada en la tierra natal de su héroe preferido. -Hubo «fumistas» que en algunos hoteles tarasconeses firmaron en los -libros de registro: «A. Daudet». Unos tuvieron que huir ante una -tempestad de garrotes; otros tuvieron que arrojar, y pronto, la máscara -y declarar su identidad, y alguno pagó en sus espaldas la peligrosa -usurpación de gloria ... Daudet no se detuvo nunca entre la amenazadora -gente. «No—decían los tarasconeses—, Tartarín no ha existido y Daudet -se burla de nosotros ... <i>Zou! Froun de l’air!</i> ¡Que no venga por aquí, -porque le saldrá cara la invención de ese falsificado personaje!» Y -<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span> -miraban como una profunda deshonra la caza de las gorras, el estupendo -baobab, la aventura del león y aquel sublime camello familiar que -merecería una estatua ... Mas el tiempo pasó y la cólera meridional -se fué aplacando. Turistas de diferentes puntos de la tierra, cuando -oían gritar en la estación: «¡Tarascón, tantos minutos!», descendían -é iban al hotel más cercano. Luego salían á recorrer la ciudad y -preguntaban por todo lo que tenía relación con Tartarín, por Bravida, -por Bezuquet, por el excelente Pascalón ... Luego solicitaban visitar -la casa de Tartarín ... ¿No se busca en Florencia el <i>sasso</i> de Dante, -en Stradford-on-Avon la casa de Shakespeare, en París la tumba de -Napoleón?... Al principio Tarascón protestó ... Pero el turismo deja -dinero; y después de todo, los tarasconeses serán ingenuos, sonoros, -ruidosos, pero no tontos ... Y meditaron que lo mejor era sacar partido -de <i>la</i> que les había hecho Alphonse Daudet. Y de pronto los viajeros -empezaron á estar bien informados. Todos los héroes vivían. Pascalón -era aquel vecino de la esquina; Bezuquet, el de más allá.</p> - -<p>Y no se sabe si alguien importó un verdadero baobab enano que era -mostrado con gran contentamiento de la clientela ... Y las propinas -llovían. Varios Tartarines auténticos surgieron ... Con fuertes botas -y gran sombrero, rugía éste: «¡Tartarín soy yo!» Y otro barrigón -y mofletudo, con todo el aire requerido, aseguraba por allá, -confidencial: «¡Yo soy Tartarín!» Y la victoria completa había de -llegar ... Ella se acerca; Tarascón, como todo pueblo que se respeta, -tiene sus tarjetas postales ilustradas, y acaba de lanzar una: <i>La -maison de Tartarin</i>. Los manes de Daudet se estremecen de satisfacción. -El hombre representativo de un pueblo, de un país, tal vez de una raza, -entra en la apoteosis de la gloria verdadera ... ¡La casa de Tartarín! -Quien la ha visto, así la describe dignamente: -<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span></p> - -<p class="blockquot"> <i>Elle surgit dans le soleil craquant de cigales, -la maison du baobab et des armes empoisonnees: elle montre un air -exotique et national, débonnaire et terrible... Le mistral l’assaille -et la bombarde, apportant la rumeur d’épiques aventures. Regardez -là!... Les ils-de-buf, sous le larmier cherchant au loin l’Afrique, -le desert couleur de lion... La porte où tombe une flaque de lumière -baille sur l’ombre redoutable du corridor. Prenez garde! il va sortir!</i></p> - -<p>Ya lo veis. Más tarde no habrá discusiones como sobre Homero. Tartarín -es definitivamente de Tarascón. Dentro de siglos—si Daudet vive—habrá -comentadores que estudiarán esa tarjeta postal. La existencia de -Tartarín no se pondrá en duda de ninguna manera. Hay hoy viajeros que -recorren la Mancha y hacen el itinerario que siguió en sus salidas el -primero de los Caballeros andantes. Si apareciese la bacía que tuvo -el honor de ser yelmo de Mambrino, tened por seguro que encontraría -comprador. Y Don Quijote es más bien un personaje real que un sér -creado por la imaginación del portentoso Manco. Es tan real como el -Cid. Con Tartarín, en su esfera, pasará lo propio. Y esa fotografía de -su casa es ya el comienzo de una real inmortalidad ... Tendrá más suerte -que Guillermo Tell. En Cumas he visitado el antro de la Sibila. En -Grecia una isla es un ilustre barco petrificado. Se muestra el Parnaso -en donde se recrean las musas, y el Olimpo en donde se juntaban los -dioses. El tiempo ayuda con su lente y la fantasía con el suyo. Me -prometo un viaje á Tarascón. Y veré si consigo á cualquier precio unas -ramitas del legendario baobab. Haré con ellas un buen regalo á cada una -de nuestras repúblicas hispano-americanas ... -<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span></p> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-127.jpg" alt="_" width="600" height="196" /> -</div> -<h3>EL CASO DE M. SYVETON</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-m_dot.jpg" width="60" height="61" alt="M" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent">M. Syveton era un modesto profesor -de provincia, nacido para la apacible función de enseñar las Bellas -Artes. París le atrajo, y en París se dedicó á la crítica literaria. -Todo lo abandonó por una ocupación más importante: salvar la Francia. -Aquí, como en todas partes, consagrarse á salvar el país hace llegar -pronto. ¿Adónde? A veces, á excelentes situaciones; pero, á veces, al -ridículo, y á veces, á la muerte. Entró, pues, el antiguo profesor de -liceo en pleno campo de la política. Tenía condiciones. Era simpático á -las gentes. Sabía dar fuertes puñetazos. Cuando presentó su candidatura -por la circunscripción de que yo soy vecino, se encontró en la calle -con el candidato rival. No queriendo gastar sus razones, le apaleó. Era -amigo de los políticos elegantes que hace algún tiempo le rompieron el -sombrero de un bastonazo á M. Loubet, presidente de la República. Como -se ve, era profesor de energía. Su último ruidoso acto fué la bofetada -que en plena Cámara dió al general André, anciano de setenta y cinco -años y ministro de la Guerra. El cual tiene un hijo que es teniente. -Alguien recordó á éste la historia de Mío Cid.</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> -<span class="i0">Cuidárades que es mi padre</span> -<span class="i0">de Lain Calvo subsesor ...</span> -</div></div></div> - -<p>M. Syveton fué acusado, y el día anterior al de su comparición ante -la justicia fué encontrado muerto. Se culpó á la chimenea, al óxido -de carbono, como en la desgracia Zola. Coppée, Daudet, Boni de -Castellane gritaron: «¡Le han asesinado!» Los otros dijeron: «¡Suicidio -político!» No pocos: «Ni asesinato ni suicidio; la casualidad, la -fatal casualidad.» Era justo pensar: de todas maneras, el que quiera -dedicarse á la política en Francia tendrá que suprimir la calefacción -en su casa ...</p> - -<p>Si D. Francisco de Quevedo y Villegas hubiese estado á la sazón en -París, de seguro que habría murmurado una de sus más célebres y -picantes letrillas:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Cuentan de un corregidor</span> -<span class="i6">Nada bobo,</span> -<span class="i0">Que siempre que al buen señor</span> -<span class="i0">Acusaban muerte ó robo,</span> -<span class="i0">Atajaba al escribano</span> -<span class="i0">Que leía la querella,</span> -<span class="i0">Diciéndole: «Al grano, al grano:</span> -<span class="i6">¿Quién es ella?»</span> -</div></div></div> - -<p>Y el caballero del hábito de Santiago no hubiera sido acertado en el -caso presente. Un <i>odor di femina</i> impregna ya toda esa dura tragedia. -M. Syveton ha muerto por una mujer. Estamos en el imperio de la -mujer ... Tras toda cosa, hasta en los asuntos políticos, se oye el -<i>frou-frou</i> de una falda femenina.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span></p> - -<p>Tended la vista hasta ayer no más. Por una mujer murió -Gambetta, por una mujer se suicidó Boulanger, por una mujer -sucumbió amorosamente el presidente Félix Faure, por -una mujer se ha matado M. Syveton ... El caso de M. Syveton -no deja de tener su literatura: es el de Fedra al revés.</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Le ciel mit dans mon sein une flamme funeste,</span> -</div></div></div> - -<p class="no-indent">hubiera podido exclamar el desgraciado. -Y antes de desaparecer:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">J’ai voulu devant vous exposant mes remords,</span> -<span class="i0">Par un chemin plus lent descendre chez les morts.</span> -<span class="i0">J’ai pris, j’ai fait couler dans mes brûlantes veines</span> -<span class="i0">Un poison que Médèe apporta dans Athènes.</span> -<span class="i0">Déjà jusqu’á mon cur le venin parvenu</span> -<span class="i0">Dans ce cur expirant jette un froid inconnu:</span> -<span class="i0">Déjà je ne vois plus qu’á travers un nuage</span> -<span class="i0">Et le ciel et l’époux que ma présence outrage:</span> -<span class="i0">Et la mort, á mes yeux dérobant la clarté,</span> -<span class="i0">Rend au jour qu’ils souillaient toute sa pureté.</span> -</div></div></div> - -<p>M. Syveton ha desaparecido, pues, como un personaje de las tragedias -que antes él explicaba. Su gesto ha sido clásico, y lejos del creído -asesinato francmasónico á lo Consejo de los Diez. El público de los -diarios, si ha perdido por un lado, ha ganado por otro ... Del supuesto -complot político se desprende hoy un fuerte relente de alcoba. Se -ha publicado el retrato de Mme. Menard, hija de Mme. Syveton, la -«Hipólita» del caso, y París ha visto un bellísimo rostro de mujer -más ... Viene á la memoria la agresiva é insultante fórmula que el -pesado Mark Twain arrojara á la alta sociedad francesa por una inocente -broma de Bourget: <i>Liberté, Egalité, Fraternité, Adultère!</i> ... -<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span></p> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-131.jpg" alt="_" width="600" height="192" /> -</div> -<h3>JARDINES DE FRANCIA</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="60" height="62" alt="E" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">En</span> -mis paseos intelectuales—<i>promenades littéraires</i>, diría Rémy de -Gourmont—he encontrado, ó me ha parecido encontrar, no lo sé, una -apacible y elegante villa que alegran gracias de jardín, visiones de -parque. He penetrado á respirar el olor de las frescas arboledas. -He hallado esbeltos plátanos, como los que invitan á soñar, allá en -Versalles; hayas frondosas, laureles rosa. Con su idioma de susurros y -de gestos lentos me han contado la poesía de sus estaciones. A veces, -de lo alto de una verde copa ha dado su testimonio la voz de un pájaro. -He visto mármoles, aquí, allá; grupos, estatuas, bustos. Y una fuente -verleniana, que en las noches de luna lanza su chorro de cristal -«esbelto entre los mármoles» ... Como en felices tiempos románticos, -he encontrado en un tronco de árbol un nombre grabado ... La primavera -debe haberle aromado muchas veces, tras la inútil frialdad de los -inviernos, pues se siente en el ambiente el imperio de la juventud, el -triunfo de la vida. Noto los bustos: el uno es de Lamartine, el otro de -Víctor Hugo, el otro de Verlaine ... En un pequeño lago cercano se hace -presente la curva armoniosa de un cuello de cisne, blanco y sincero—que -apenas parece haber visto pasar de lejos á Mallarmé ... El viento, -que suavemente vuela, trae ecos lejanos; ecos de mar, de montaña, de -landas. Todos los oros del otoño se sospechan en tal dorado simulacro; -y á pesar de un vago deseo de ensueño que se siente por todas partes, -se manifiesta la reminiscencia de una imperativa influencia solar. -De la villa oigo brotar un canto de mujer. El canto es melodioso, -ardiente, profundo. Me detengo cerca de decorativos <i>boulingrins</i>, -macizos de rosas de Francia, plantíos de violeta de Francia, admirables -lirios de Francia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> -Al lado, cerca de términos y á la entrada de glorietas, vi guijarros -marinos y de esos sonoros caracoles que pintaban los pintores de -antaño, como trompetas de tritones. Tomé uno de ellos y lo acerqué -á mi oído. Se oía—curioso—, primero como el ruido del Océano, mas -después como ruido de aguas de gran río ... Esto me recuerda algo de -«por allá», me dije yo ... Anduve, anduve entre los árboles. Unos tenían -nidos en las ramas. Otros formaban arcadas como ojivas de catedrales de -ensueño; otros me recordaban paisajes de viñeta—¿de dónde?—, y otros -me invitaban á descansar bajo su amable sombra. Iba á salir ya por la -puerta del jardín, cuando volví á oir la voz femenina que, acompañada -suavemente por un piano, llegaba hasta mí. Entonces tomé otro rumbo. Me -detuve delante de un fresco laurel y admiré lo bien cuidado que estaba. -Corté una hoja, la masqué, y supe una vez más que era amarga.</p> - -<p>Luego seguí, caminando, caminando, hasta que me detuvo la visión de -un ombú ... «¿Un ombú?—me dije—. ¿En París un ombú?» Yo había creído -hasta entonces que el ombú era, como la mandrágora de la leyenda, -fabuloso ... Que no se encontraba sino en los versos de tales poetas -argentinos, y que su figura era ilusoria ... Mas el ombú estaba allí. Y -estaba bien conservado, bien cuidado. -<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span></p> - -<p>Sus ramas decían toda la inmensa pampa y su corazón de árbol aparecía -en su ademán vegetal, como traducción del corazón expirante y ya -extraño del gaucho ... «¿Qué es esto—me dije—, en un parque francés, -en un jardín parisiense de París?»</p> - -<p class="space-below2">Me sacó de mi sorpresa el dueño de la villa, -el propietario del chalet, que vino hacia mí con la mayor afabilidad. -En un español que no ocultaba el acento francés, me dijo: «Me llamo -José María Cantilo, y me parece que es usted medio paisano mío ... Está -usted en su casa. Soy un argentino, jardinero de Francia ... ¡Mire -qué rosas! ¡Mire qué claveles! ¿Quiere usted champaña? ¿Quiere usted -mate?» Opté por el mate. No le encontré gusto muy criollo ... El mate -era de plata y la bombilla de oro. Y, tal vez porque ya voy perdiendo -la costumbre, me quemé los labios ... Mas me supo delicioso—como cosa -nuestra—, como el café de José María de Heredia ...</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-133.jpg" alt="_" width="200" height="153" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-093.jpg" alt="_" width="600" height="258" /> -</div> -<h3>PEQUEÑA AVENTURA DE UNA PRINCESA DE FRANCIA</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="60" height="59" alt="L" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">La</span> -reina de los Algarves, que es al mismo tiempo princesa francesa, -y una de las soberanas más hermosas del mundo, ha hecho al París -republicano la gracia de su presencia con la presencia de su gracia. -París, naturalmente, le ha encantado, y mientras su marido, el obeso -<i>sportsman</i> campechano se iba de caza con el modesto Nemrod que hoy -rige los destinos de este país, la gallarda Amelia hacía compras en las -famosas casas de elegancia que hay en la rue de la Paix. Mas aconteció -que el protocolo tuvo que exigir la presencia de ambos soberanos en un -banquete oficial, en el Elysée. Es claro que todo se hizo como lo quiso -el protocolo, pues es éste el más ceremonioso tirano que impera en -cortes y palacios gubernamentales. Y á este propósito citaré una frase -atribuída á la señora del jefe de la República. Se trataba de no sé qué -detalle, y ella interrumpió, con la mejor convencida intención: «Pues -en otras «cortes», esto se hace así, y así.» El lapsus es muy natural -en esta vieja monarquía de gorro frigio ...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span> -Mas tornando á la aventura de la reina, diré que estuvo ella en el -banquete, por indicación protocolar, entre M. Falliéres, presidente del -Senado, y M. Loubet, presidente de la República. Un cronista señala -que la reina estuvo <i>toute gracieuse et heureuse de se retrouver en -France</i>, y que <i>pendant tout le temps du diner, chacun put remarquer -sa bonne grace, son entrain et sa joie</i>. ¿Qué podría decir la reina -de Portugal á los amables anfitriones al despedirse, sino que estaba -«particularmente encantada de las horas que acababa de pasar en el Elysée»?</p> - -<p>Mas dos princesas de Francia velaban por la historia, por la tradición -y por el brillo de la perdida corona ... Esas princesas eran las dos -hermanas de su majestad portuguesa. Un telegrama llegó, reprendiendo -á la graciosa Amelia. El telegrama estaba escrito en términos de -reprobación y casi vehementes. Se reprochaba á la reina haber aceptado -ir al Elysée, y haberse sentado á la mesa del jefe de un Estado que -antes desterrara á su padre y á su hermano. Ese telegrama, más que un -resentimiento, era casi una indignación.</p> - -<p>Mas se agrega que la reina de los portugueses, sin decir nada, se -contentó con mostrar el telegrama á Don Carlos. Y que «su buen humor no -se alteró de ninguna manera, y después, como antes, continuó siempre -risueña ...» En la sonrisa le acompañaría su real esposo, y ambos -demostrarían así que, conforme con la sabiduría de las naciones, los -portugueses están siempre contentos.</p> - -<p>El reproche de las princesas es semejante al que dirigiera á su hijo -Don Jaime, Don Carlos de Borbón. -<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span></p> - -<p class="space-below3">Mas ¿quién viene á recordar cosas de antaño, -atrocidades de la Historia, locuras demagógicas, ó terriblezas -republicanas, cuando la Marsellesa se ha tocado en los palacios de los -zares de Rusia, y, si no me equivoco, hasta en el recinto del augusto -Vaticano?</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-137.jpg" alt="_" width="100" height="170" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-085.jpg" alt="_" width="600" height="231" /> -</div> -<h3>VIAJES PRESIDENCIALES</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-t.jpg" width="60" height="63" alt="T" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> -<span class="smcap">Tocándole</span> el turno á España, hizo, pues, su maleta, -el más sencillo y amable buen hombre de todos los presidentes, y tomó el -camino del país de las más lindas sonrisas y de los más halagadores -«castillos»: el camino de España. Inmediata y naturalmente, como -sucedió con Rusia, como sucedió con Inglaterra, como sucedió con -Italia, como sucederá ... tal vez ... con ... Alemania ... (¿por qué no, -¡qué diablos!, si estamos en una época de prodigios?) España se ha -puesto aquí de moda; es decir, se ha puesto más de moda, porque ésta -comenzó con la visita de Alfonso á los parisienses. Esta moda, como -todas las demás, es pasajera. Dura lo que un capricho de París.</p> - -<p>Monsieur Loubet es allá en Madrid festejado con toda la cordialidad de -que es capaz la gente española. Desde luego se encontrarán con más de -una sorpresa, él y sus acompañantes. Y con más de una desilusión. -<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span></p> - -<p>Porque todos sabemos que las Españas que se usan en París son -fantásticas y divertidas. París no quiere entender otra cosa. -<i>Españalós</i>, <i>batiñolós</i>, <i>cigaretos</i>, <i>carrambá</i>. -No hay más. Ó, sí, hay más: el <i>petit air de guitare</i>, la estudiantina, -la «navaca», que aun persiste en la liga de las duquesas celosas y -lujuriosas. De Dumas acá, de Gautier, ¡qué digo!, de Mme. Aulnoy -acá, no ha variado nada. Allá viven, desde luego, el Cid, Don Juan, -Hernani y Carmen. Los alguaciles recorren las calles por las noches, -mientras los enamorados, al son de una mandolina, dan su «serenado». -De Literatura, en París conocen, los que conocen, á Cervantes mal -traducido, á Gómez Carrillo, y las versiones que de Galdós y Blasco -Ibáñez han hecho ciertos aficionados. No hablo de los fosilófilos de -la <i>Revue Hispanique</i> y de uno que otro hispanizante, más ó menos ruso -ó rumano, que suelen ocuparse en las revistas de letras castellanas. -La existencia palatina y social de la tierra de Don Alfonso XIII no -es tampoco muy sabida en estas latitudes, con ser la infanta Eulalia -una parisiense de más de la marca y con haber una colonia española de -dinero y títulos bastante numerosa. Verdad es que toda esa gente, en -cuanto está en París, quiere pasar por francesa, y de lo que menos -tratan y lo que menos les interesa es dar á conocer los progresos y el -estado actual de su país. En una revista mundana, la más aristocrática -sin duda alguna, se ha publicado en estos días un artículo que contiene -las más curiosas referencias sobre <i>la cour et le monde a Madrid</i>. -<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> -Allí aparece una marquesa de Kajra que causaría el asombro de -<i>Kasabal</i>; la difunta condesa de Sástago aparece viva y llamada de -Satayo; y la de Superunda es Luperunda. Hay datos como este: <i>La -cuisine et moins recherchée que la notre, et la reine Marie Christine -a fait sensation, et on le lui á repreché, par les diner de la cour, -confiés a un cuisinier vienneis</i>. Se diría que se está en tiempos como -aquellos en que, según la citada Mme. Aulnoy, los gentileshombres -vivían <i>d’oignous, de pois et d’autres utiles denrées</i>.</p> - -<p>Como el viaje de M. Loubet coincide con las representaciones en la -Comedie Française, del <i>Don Quichotte</i>, de Richepin, la actualidad no -puede ser más oportuna. Todos los turistas de estas felices regiones -que han partido para la tierra quijotesca, no dejarán de buscar por -allá las mil y una imaginaciones que tienen formadas en sus cerebros -fáciles al castillo en España.</p> - -<p>Claro se ve. Comienzan á llegar las primeras informaciones de los -periodistas que han ido á presenciar las fiestas de la visita -presidencial. Uno se asombra de que el rey, al abrazar al presidente -francés, le haya dado «golpecitos repetidos, con los dedos abiertos, -á la moda del país». Otro da á entender que los rubios no existen en -la tierra castellana, repitiendo el concepto de un viajero de última -hora, M. Larroumet: «hombres y mujeres tienen el color bronceado, -los cabellos de ébano, los rasgos regulares, el cuerpo esbelto, las -extremidades de una gran figura. Todos son bellos, de una belleza sin -frescura, con perfiles netos, finos y secos. Los ojos brillan ... Los -cabellos son de un negro azulado ...» «Como el ala del cuervo», les -hubiera dicho Pérez Escrich ...</p> - -<p>Hay que advertir que la idea que priva sobre la belleza española, ó, -mejor dicho, sobre la belleza andaluza, es Carolina Otero, que no es -andaluza sino gallega. Luego, hay en la flotante colonia española -unas cuantas capas y sombreros cordobeses, unos cuantos «toreadores» -trashumantes que ayudan con su presencia, hechos y gestos, á fijar más -en estos espíritus singulares, la idea de lo pintoresco español. -<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span></p> - -<p>Yo no habría quitado una sola ilusión á los turistas parisienses, sobre -todo á los periodistas que han ido á la corte de España con motivo -del viaje del presidente de la República francesa. Habría hecho más: -habría aumentado el color local, puesto que el color local es lo que -primero van buscando. Cierto es que ya en «el Escurial» se dió cuenta -de que había aparecido <i>una estudiantina</i> con el traje nacional que -daba una <i>serenade</i> á M. Loubet. Mas yo habría traído de Granada -á Chorro-e-jumo, el famoso modelo de Fortuny, con su carnavalesca -indumentaria; y bajo su dirección, habría hecho evolucionar en -fantásticos fandangos un policrómico batallón de gitanos y gitanas. -Habría hecho en Toledo dar verdaderas <i>serenades</i>, con verdaderas -<i>mandolinas</i>, á la luz de la luna, en las callejuelas estrechas. Y -habría buscado á una ó dos condesas de buen humor, que en ocasión -oportuna, ante el encantado turista parisiense, hubiese sacado de -la liga, que ceñiría una pierna digna de una maja de Goya, su larga -<i>navaca</i>, una gran <i>navaca</i>, de esas de no sé cuántos muelles, que -hacen al abrirse un ruido ciertamente inquietante.</p> - -<p>Mas las sorpresas allá han sido muchas. Se encuentran desencantados con -que Madrid es una capital invadida por la uniformidad prosaica de todas -las capitales modernas. Los tranvías eléctricos van por la población, -cuyos edificios son semejantes á las construcciones de otras partes, -salvo uno que otro que conserva el estilo nacional, ó tal reliquia como -la ilustre fábrica que sirvió de prisión á Francisco I.</p> - -<p>¿En dónde está lo que Nodier contaba? ¿En dónde las majas goyescas -y las diligencias que atacaban y desvalijaban los caballerosos -bandoleros? Para colmo, no se encuentran, ¡ay!, ni los mendigos, <i>los -famosos mendigos españoles</i>, de que habla el más reciente <i>voyage en -Espagne</i>, porque una disposición del alcalde de Madrid los ha barrido -últimamente de las calles de la villa. -<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span></p> - -<p>Naturalmente, les han cambiado la España soñada; y lo peor es que á -nadie se le ocurrirá invitarlos á comer en casa de Botín un cochinillo -al horno, en cacharros que tienen solera, y demostrarles que comen el -plato de Quevedo y beben en el vaso de Cervantes.</p> - -<p>No me habría faltado á mí bacía que enseñar como el yelmo de Mambrino, -ni esqueleto de caballo viejo que presentar como restos de Rocinante ... -Y todo el mundo se habría despedido contento.</p> - -<p>Se encontrarán en cambio con que en el alto mundo se vive una vida -mitad en inglés, mitad en francés, como en París, y que <i>snobs</i> y -<i>snobinettes</i> son los mismos á un lado y otro de los Pirineos. Y -en el teatro verán las mismas cosas que en Francia: traducciones, -traslaciones ó imitaciones de asuntos franceses. En las letras, -imperando, es natural, como en todas partes, lo francés, la influencia -francesa. Los trajes de Paquin y los sombreros de la rue de la Paix -sustituyendo á los adornos castizos y á la olvidada y desdeñada -mantilla de las antiguas bellezas. Encontrarán el sereno, pero no les -cantará la hora ni les dirá qué tiempo hace; mas el guardia de la -esquina, los que en <i>La verbena de la Paloma</i> van á dar la vuelta á -la manzana, les chapurrearán el francés é irán á <i>donner le tour á la -pomme</i>, como dice un ocurrente caricaturista de la ciudad del oso y del madroño.</p> - -<p class="space-above-tab">Mas en verdad, lo que sí hallarán, tanto M. -Loubet como su comitiva y los turistas, son unos excelentes hidalgos -que hablan con sinceridad y que sienten con entusiasmo. Los paseantes -verán una buena capital sin las grandezas y lujos de este maravilloso -<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span> -París, pero sin apaches ni batallas nocturnas, gracias á la mohosa, -vieja, pero utilísima institución del sereno. Hallarán buenas gentes, -sin la famosa <i>morgue castillane</i>, que reciben al extranjero con la más -franca cordialidad y se gastan con él lo que tienen y lo que no tienen. -Y, sobre todo, verán y admitirán «las más lindas sonrisas del mundo», -como dice un corresponsal del <i>Fígaro</i>, en esos rostros incomparables -de las mujeres españolas, incendiados de miradas prodigiosas, rostros -de Concepciones de Murillo y de ángeles de Goya. Admirarán esa -hermosura natural, esa gracia autóctona. No dejarán de notar que no es -poca la importación del parisienismo, y que en la alta clase y en la -burguesía rica hay mucho del faubourg y del boulevard ... Mas las hijas -del pueblo, las gatitas verdaderas de Madrid, les ofrecerán ejemplares -de raza, flores de belleza propia. Celebro que el <i>Blanco y Negro</i> -haya tenido la buena ocurrencia de dar una fiesta á los periodistas -franceses, con mucho de guitarra, y «venga de ahí», y tangos y -seguidillas y gitanas. ¿Ha habido gitanas? Si no las ha habido es un -pecado. Debe haberlas habido, y de las de más negros ojos y más salada -palabra, de las que dicen la buenaventura y ríen y roban ... Así, los -<i>queridos confrères</i> vendrán contando que no se les ha robado la plata -... Que han visto algo de lo que contaba Nodier ... Y la célebre <i>dame -au masque</i>, la sonora Mme. Du Gast, podrá saber y contar algo más sobre -<i>espagnolós</i> y <i>cigaretós</i>.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-144.jpg" alt="_" width="200" height="153" /> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-145.jpg" alt="_" width="600" height="252" /> -</div> -<h3>EN CASA DE MINERVA</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-c.jpg" width="60" height="62" alt="C" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Cada</span> año -el Instituto—esto es, las cinco Academias que lo componen—celebra una -sesión, muy concurrida y solemne, en que los sabios y los artistas, -juntos, confraternizan ante la mirada respetuosa ó ante las sonrisas de -un público ya admirativo, ya escéptico.</p> - -<p>Naturalmente, á esa sesión no faltan, no dejan de llevar las damas sus -atavíos elegantes y sus gracias. Ir á esa sesión, como á cualquier -solemnidad académica, es una cosa distinguida. No se pierde tampoco -el tiempo. Por lo general, los oradores ó lectores son escritores, -artistas y sabios que entretienen amablemente al auditorio, que saben -lo que dicen y que lo dicen bien, en esta lengua francesa en que es tan -difícil aburrir ó decir una tontería. Por muy áridos que los asuntos -<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span> -sean, puede decirse que nuestras «latas» españolas, nuestros «solos» -argentinos, son muy raros y casi imposibles en ese recinto. Así, las -lecturas hechas por Edouard Detaille, Sénart, De Foville, Edmond -Perrier y Jules Lemaitre encantaron á la concurrencia. El uno es -un pintor, el otro un arqueólogo, el otro un estadista, el otro un -hombre de ciencia y el otro un hombre de letras, y todos cinco fueron -oportunos, claros, amenos. Había en esa asamblea de viejos un innegable -verdor, como el de las palmas de sus uniformes de inmortales. Esos -viejos representan la gloria y el prestigio consagrados de Francia; -esas barbas blancas honran al pensamiento humano, y el más modesto de -esos trabajadores de la idea es un bienhechor de la comunidad.</p> - -<p>Con justicia M. Detaille, al fin de su discurso, recordó las expresivas -frases de Renan: «El Instituto es una de las creaciones más gloriosas -de la Revolución, una cosa completamente propia de la Francia. Muchos -países tienen academias que pueden rivalizar con las nuestras por la -ilustración del personal que las compone y por la importancia de sus -trabajos. La Francia solamente tiene el Instituto, donde todos los -esfuerzos del espíritu humano están como ligados en haz: en donde -el poeta, el historiador, el filósofo, el matemático, el físico y -el astrónomo, el escultor, el músico y el pintor pueden llamarse -fraternalmente compañeros.»</p> - -<p>M. Detaille, el célebre autor de tanto célebre cuadro militar, fué -quien pronunció el discurso de apertura, como miembro de la Academia -de Bellas Artes y presidente en ejercicio del Instituto. Comenzó -recordando que hace un siglo justo el Instituto pasó á ocupar el actual -local, el palacio Mazarin, dejando el palacio del Louvre, en que -antes tuviera asiento. Eso se debió á Napoleón. A este propósito el -benemérito artista no deja de hacer brillar, como en sus telas, uno que -<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span> -otro resplandor de batalla, uno que otro relámpago de sable. Luego, -hablará de asuntos más caseros, digamos así, y lamentará á los colegas -recientemente desaparecidos. Ya es Guillaume, académico de la francesa -y de la de Bellas Artes, «noble figura que encarna á la vez la -delicadeza del artista y del hombre de letras. Profundamente erudito, -nadie sabía hablar como él de cosas de Arte con tanta autoridad y -sabia experiencia». El duque d’Audiffrei-Pasquier, «que hizo su -educación política bajo la égida de su tío el canciller Pasquier, cuyas -tradiciones recogió en tiempo de los Guizot, de los Villemain y de los -Montalembert», José María de Heredia, «que desaparece dejando tras sí -un rastro luminoso, como esos meteoros que pasan en el firmamento. -Su obra, materialmente, ocupa poco lugar, y si es ligera, es para -remontarse bien alto en el espacio, como un cohete de oro que estalla -orgullosamente. Sus admirables sonetos están en todas las memorias. -Él veía noble, veía grande, y ninguno ha encontrado imágenes más -espléndidas y más precisas para traducir las soberbias visiones que -concebía su cerebro de poeta artista».</p> - -<p>Ya es M. Wallon, «cuyas obras sobre la esclavitud en la antigüedad, -sus historias de Juana de Arco y de San Luis, sus trabajos sobre el -tribunal revolucionario, obras de una erudición abundante y precisa, -han consagrado su reputación de historiador». Y el sabio Oppert, que, -extranjero, al naturalizarse aportó á Francia «los frutos de una -erudición profunda». Luego, Potier, ingeniero, dotado de una prodigiosa -actividad unida á una erudición legendaria; y Bicha, el decano de -la Facultad de Ciencias de Nancy, y el alemán Richtofen; y Barrias, -arrebatado «en plena fuerza y en pleno trabajo», y otros escultores, -Thomas y Dubois; los pintores Henner y Bouguereau, Henner, «ese hijo de -la vieja Alsacia, que había guardado el culto enternecido de la tierra -<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span> -natal, se aplicaba á envolver la forma pura, á la manera de Corneggio -y de Prudhon, en esa misteriosa visión, como si sus ojos hubiesen -guardado el recuerdo de las brumas argentadas de sus valles de -Alsacia». Y Bouguereau, que, «seguro de sí mismo, supo imponer sus -convicciones artísticas y hacer compartir su fe», y «cuya probidad de -vida fué igual á la probidad de su talento». Y los recuerdos de duelo -continúan con el grupo de ilustres nombres extranjeros, el grabador -Biot, Constantin Meunier, Massarani, Racconi, Waterhouse, y el gran -teutón Adolfo Menzel, cuyo elogio era interesante oir de un pintor como -Detaille: «Su obra es considerable, pero hay una que sobresale entre -las demás: es la reconstitución de la vida de Federico el Grande y de -su época, que ha evocado con una precisión y un talento que hacen de -él uno de los pintores más notables al mismo tiempo que un verdadero -historiador.» Después es el financista Germain, el estadista Juglar, y -Olivecrona, y Hüffer, Perin y Hennequin. La muerte ha segado en un año, -como se ve, muchas testas gloriosas.</p> - -<p>Mas con justicia, M. Detaille concluyó su discurso con las palabras de -Renan que he citado al comienzo de esta carta.</p> - -<p class="space-above-tab">La lectura de M. Sénart, delegado de la -Academia de Inscripciones y Bellas Letras, trató sobre «un nuevo campo -de exploración arqueológica», el Turquestán chino. Recordó á los bravos -iniciadores y proseguidores de valiosos trabajos, como el príncipe -Henry de Orleans, víctima de sus exploraciones, Bouvalot, De Grenard, -Dutrenil de Rhins. Y al sueco Sven Hedin, que ha realizado viajes -<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -verdaderamente extraordinarios. «El Turquestán—dice M. Sénart—ha sido -una gran vía de la política, del comercio, de la religión. Es por -allí que, desde 130 antes de nuestra Era, el famoso Changkieu fué á -entablar, á la ventura, negociaciones con los ocupantes de la lejana -Bactriana; y por allí, doscientos años más tarde, el general Pantchao -se lanzaba á imponer á esas regiones la soberanía china.» Como veis, -esos asuntos son un poco lejanos y abstrusos ...; mas el sabio ha -sabido interesar á su auditorio, sobre todo cuando ha hablado de -ciertos hallazgos en que la arqueología se interesa y se complace.</p> - -<p>Otro sabio de otra especie fué más curiosamente escuchado, sobre todo -por los oyentes femeninos. Me refiero á monsieur Edmond Perrier, -delegado de la Academia de Ciencias. Trató sobre <i>La parure</i>, sobre -los adornos, y su amenidad fué muy gustada y aplaudida, su amenidad -enseñadora. Mirad qué amable sabio es el que comienza su disertación -con estas palabras: «Al ver sucederse á los rayos de un sol de estío, -ó bajo las girándulas de una sala de baile, los acariciantes colores -de los trajes de fiesta, matizados hasta lo infinito y combinados -según los geniales y armoniosos caprichos de la imaginación femenina, -se podría creer que el adorno ha sido la invención exclusiva de las -hijas de Eva. Por ellas, todo lo que hay en el mundo de luminoso -y de brillante está evocado alrededor de nosotros, se mezcla -cotidianamente á nuestra existencia, y viene hasta abajo esta austera -cúpula á iluminar nuestras sesiones académicas con un brillo que la -suntuosidad de nuestras palmas verdes sería insuficiente para darle». -El galante sabio busca el adorno en la Naturaleza, en los aires, en la -tierra, en la profundidad de los mares; y de su rebusca resulta que, -contrariamente á lo que pasa entre los humanos, el sexo que se adorna, -que se hermosea, que coquetea, digamos, entre los animales, es el sexo masculino. -<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p> - -<p>Y es un desfile de maravillosos peces, de milagrosos insectos, de -prestigiosos pájaros, adornados por la pródiga Naturaleza, Paquin de -los pavos reales, Lalique de los colibríes, proveedora incomparable de -sedas, joyas, tintes y matices de encanto. De todo el estudio, lleno de -citas y de datos, resulta la chocante demostración de que en el reino -animal, el macho constituye ... el bello sexo.</p> - -<p>Hay sus consuelos. «El cuadro que acabamos de trazar—dice en una parte -de su discurso—, de las brillantes facultades del sexo masculino no -se aplica sino á las clases superiores del reino animal; tiene su -contraparte en las clases inferiores. Ya en las colmenas de abejas, los -numerosos príncipes consortes, incapaces de todo trabajo, son muertos -por las obreras desde que se acerca el invierno.» Y así empieza la -narración de las desventuras del macho, entre una larga variedad de -seres inferiores. Una cosa va por otra.</p> - -<p>Las frases finales son saludadas con un general aplauso: -«Felicitémonos, simplemente, de que las cosas se hayan arreglado de -manera que en medio de los cataclismos suscitados por la inconsciente, -involuntaria é irresistible actividad de los hombres, permanezca -infrangible, por su esencia misma, y á pesar de lo que puedan de ella -pensar ciertas almas, la dulce y serena figura de las que, desde -nuestra primera sonrisa hasta nuestra última herida, están cerca de -nosotros para amar, prever, consolar y curar.» Y esa sí que constituye -una deliciosa superioridad femenina.</p> - -<p class="space-above-tab">El discurso de M. De Foville, no por tocar -un tema árido para la generalidad, dejó de ser escuchado con mucha -atención y gusto. Su <i>profession de foi d’un statisticien</i>, es una -<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> -pieza escrita con <i>esprit</i> al par que con profundidad y transcendencia -de ideas. La estadística, ciencia de numerar y de datos, apareció -expuesta por este sonriente sabio, tan atrayente como valiosa. La -estadística ha tenido en su contra las ocurrencias fáciles de autores -cómicos. ¡No importa! «Nosotros—dice M. De Foville—somos los primeros -en reir de las bromas, hoy clásicas, cuyos iniciadores fueron los Louis -Reybau, los Labiche, los Gondinet.» En el Congreso de Londres todo el -mundo se rió cuando lord Onslaw recordó algunas de esas facecias en un -brindis. «Es el gran mérito de la estadística—dice De Foville—, tal -como nosotros la comprendemos, decir la verdad, no querer decir más que -la verdad, cuando alrededor de ella, voces que intentan parecerse á la -suya hacen impunemente de la mentira un hábito y aun una industria.» -Detenidas consideraciones hizo el eminente académico, que fueron -recibidas con las muestras del mayor aprecio por un público que, si no -se deleitaba con el tema, gozaba con la galanura sabrosa del discurso. -El Sr. Alberto B. Martínez habría aplaudido con todo entusiasmo, en -unión de la selecta concurrencia, á su respetable colega.</p> - -<p>La Literatura estuvo bien representada por Jules Lemaitre. Este -escritor, cuyo talento ha estado por largo tiempo navegando en los -mares de la política, en donde se ha llenado de lamas, conchas, brumas -y pesadeces, se diría que ha entrado en el dique y ha limpiado sus -fondos. Su discurso sobre los libros viejos es una página que recuerda -sus antiguas páginas de pensador sagaz y crítico avisado. Corto fué—y -este es un mérito más—y aplaudidísimo por los concurrentes, que ven -en M. Lemaitre como una especie de hijo pródigo de la Academia, que -retorna á sus viejas tareas, floridas de ideas finas y de elegancias -verbales. Quiera que persevere en tal resolución la dueña de la casa, -la patrona de la Cúpula, la sabia Minerva. -<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span></p> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-069.jpg" alt="_" width="600" height="230" /> -</div> -<h3>LAS MIL NOCHES Y UNA NOCHE</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-h.jpg" width="60" height="60" alt="H" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Hermosa</span> -y gloriosa tarea la que acaba de concluir el Dr. J. C. Mardrus: la -traducción completa de <i>El libro de las mil noches y una noche</i>, -hecha literalmente del texto árabe, dón inapreciable que no podemos -suficientemente agradecer los occidentales. El último volumen dejará -en las almas soñadoras una inevitable nostalgia. Un espíritu tan raro -como sutil ha lanzado ya esta queja: «<i>Las mil noches y una noche</i> son -toda la epopeya amorosa del globo desde su formación hasta nuestros -días. El globo es un huevo que incuban á turno el amor y la noche. ¿La -humanidad no será más que el accidente del ensueño? Con tal que el amor -y la noche nos abaniquen con sus alas, la tierra continuará, me atrevo -á creerlo, girando bien. Mas he aquí que llega la mañana ... ¡ay! ¡ay!, -el Oriente se emblanquece ... ¡el Oriente se hace viejo! ¿Quién mecerá -nuestro sueño de gentes del Norte?»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span> -Sí. Rachilde tiene razón. Necesitamos, para acercarnos siquiera á la -ilusión de la felicidad, de la delicia nocturna y del encanto amoroso. -Y ese es el ambiente de esas historias mágicas que el sabio europeo ha -ido á sacar de sus secretos refugios de Oriente.</p> - -<p>El Dr. Mardrus es un arabista de nota, diga lo que diga cierto emir -amigo de Claretie, que ha encontrado <i>algunas inexactitudes</i> en -esta versión, que uno siente tan llena de hechizos. Trabajador de -conciencia, él explicó desde el principio la magnitud de su empresa. -Antes que él, nadie había hecho en francés una traducción completamente -exacta, literal, por el temor de la desnudez de la expresión arábiga, -que hiere, más que nuestros pudores de Occidente, el universal -puritanismo de las literaturas cristianas. En inglés existían las -versiones fieles, hoy rarísimas, de Payne y de Burton; pero esas -fueron tiradas para suscriptores limitados, y quedaron, por decir -así, secretas. Mardrus conoce una segunda edición de Burton, pero es -expurgada. El erudito traductor francés señala los orígenes de sus -fuentes. La base de <i>Las mil noches y una noche</i> (es así como debe -decirse) está en una antología persa, el Hazar Afsanah.</p> - -<p>Hubo narradores diversos que, tomando los asuntos originales, -fantasearon á su placer. Se mezclaron cuentos persas y leyendas de -otras naciones. «El mundo musulmán entero, de Damasco al Cairo y de -Bagdad á Marruecos, se reflejaba, en fin, en el espejo de <i>Las mil -noches y una noche</i>.» Una mezcla de dialectos, de modismos distintos, -que se hallan en los manuscritos hechos en diferentes épocas, impide el -señalar una fecha fija al libro maravilloso en que parece que toda la -fantasía de los países de Oriente colaborara. Mas de recientes estudios -se desprende que pertenecen al siglo <span class="smcap">x</span> estos -cuentos que se hallan en todos los textos: 10. Historia del rey Schahriar -<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span> -y de su hermano el rey Shahzaman; 20. Historia del mercader con el Efrit; -30. Historia del pescador con el Efrit; 40. Historia del cargador con las -jóvenes; 50. Historia de la mujer cortada, de las tres manzanas y del -Negro Rihan; 60. Historia del visir Nureddin; 70. Historia del sastre, -del jorobado; 80. Historia de Nar Al Din y Anis Al-Djalis; 90. Historia -de Ghamin-ben-Ayub; 100. Historia de Ali-ben-Bakkar y Shams-Al-Nahar; -110. Historia de Kamar-Al-Zaman; 120. Historia del caballo de ébano; -130. Historia de Djulnar, hijo del mar. La historia de Kamar-Al Zaman -II y la de Mearuf se colocan en el siglo <span class="smcap">xvi</span>; -la mayoría de los cuentos, entre los siglos <span class="smcap">x</span> -y <span class="smcap">xvi</span>, y la historia de Simbad el Marino -y la del rey Djiliad serían anteriores á todas. Conforme con la nota -colocada á la cabeza de la edición Mardrus (que inició la <i>Revue -Blanche</i> y ha terminado Fasquelle), las ediciones críticas que existen -de los textos originales de las <i>Alf Lailah Oua Lailah</i> son siete: -La edición (inacabada) del cheikn El Yemeni, dos volúmenes; Calcuta, -1814-1818. La edición Habitch, doce volúmenes; Breslau, 1825-1843. -La edición Mac Noghten, cuatro volúmenes; Calcuta, 1830-1842. La -edición de Boulack, dos volúmenes; El Cairo, 1835. Las ediciones del -Ezbekieh, de El Cairo. La edición, cortada, corregida, dislocada, de -los jesuítas, en cuatro volúmenes, Beyruth, y la edición, en cuatro -volúmenes, de Bombay. El Dr. Mardrus prefirió la de Boulack, y se ayudó -con la edición de Mac Noghten, y principalmente con los diferentes -manuscritos arábigos.</p> - -<p>No tengo noticia de ninguna traducción literal alemana, ni italiana, -ni española. <i>Las mil y una noches</i> que conocemos en español son -traducidas de la traducción francesa de Galland, «ejemplo curioso de -la deformación que puede sufrir un texto, pasando por el cerebro de un -letradoen el siglo de Luis XIV; la adaptación de Galland, hecha para la -<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span> -Corte, fué sistemáticamente emasculada de todo atrevimiento y filtrada -de toda la sal primera. Aun como adaptación es incompleta, pues -contiene apenas la cuarta parte de los cuentos. Antes de Mardrus, los -cuentos que forman las otras tres cuartas partes no se han conocido en -Francia, ó, diciéndolo mejor, las ha ignorado el mundo».</p> - -<p class="space-above-tab">Para traducir una obra de poesía es necesario -un poeta. Y para traducir esta obra de poesía, sin parangón, era -preciso un poeta sabio en cosas de Oriente como el doctor Mardrus, -que ha vivido la vida oriental en los mismos lugares en que -nacieron, en abolidas y prestigiosas imaginaciones, estos cuentos -extraordinarios.</p> - -<p>Que el traductor es un poeta insigne, lo demostrará la perla de la -introducción, cuatro palabras armoniosas que no dejaré de dejar aquí -para regalo de mis lectores: «—Yo ofrezco—dice—todas desnudas, -vírgenes, intactas, ingenuas, para mis delicias y el placer de mis -amigos, estas noches árabes, vividas, soñadas y traducidas, sobre -la tierra natal y sobre el agua». Ellas me fueron dulces durante los -vagares de las largas travesías, bajo el cielo de lo lejos. Por eso -las doy. Ingenuas son, y sonrientes, y llenas de ingenuidad, al igual -de la musulmana Schaharazada, su suculenta madre, que las parió en -el misterio, fermentando con inquietud en el seno de un príncipe -sublime—lúbrico y feroz—bajo el ojo enternecido de Alá clemente y -misericordioso. Desde su venida fueron delicadamente acariciados por -las manos de la lustral Doniazada, su tía, que grabó sus nombres sobre -hojas de oro coloreadas de húmedas pedrerías, y las cuidó bajo el -terciopelo de sus pupilas hasta la adolescencia pura, para esparcirlas, -<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -voluptuosas y libres, sobre el mundo oriental, eternizado de su -sonrisa. Yo las juzgo y las doy tales, en su frescor de carne y de -roca. Pues ... un método sólo existe, honrado y lógico, de traducción: -«la literalidad», impersonal, apenas atenuado por el rápido parpadeo -y el saborear largamente ... Ella produce, sugestiva, la más grande -potencia literaria. Ella hace el placer evocatorio. Recrea indicando. -Es la más segura garantía de la verdad. Ella se hunde, firme, en su -desnudez de piedra. Huele el aroma primitivo y lo cristaliza. Devana -y deslíe ... Fija. Cierto, si la literalidad encadena al espíritu -divagante y lo doma, ella contiene la infernal facilidad de la pluma. -No me quejaré de ello.</p> - -<p>Pues, ¿dónde encontrar en un traductor el genio simple, anónimo y -libre de <i>la niaise nanie de son nom</i>? Mas por las dificultades del -terruño original, tan duras para el profesional <i>en théme</i>, ellas no -sabrían, en los dedos del enamorado del oriental parlar, concentrarse -en más espira que las precisas al gozo de desatarlas. En cuanto á la -acogida ... El Occidente amanerado, empalidecido en el ahogadero de las -convenciones verbales, fingía azoramiento á la audición del franco -lenguaje cuchicheante y simple y sonoro de toda la risa, de esas brunas -muchachas sanas, nativas de las tiendas abolidas.</p> - -<p>Así, pues ... Ellas no ven en eso malicia, las huríes. Y los pueblos -primitivos—dice el sabio—llaman las cosas por su nombre, y no -encuentran casi condenable lo que es natural, ni licenciosa la -expresión de lo natural. (Entiendo por pueblos primitivos los que aun -no tienen ninguna tara en la carne ó en el espíritu, y nacidos al mundo -bajo la sonrisa de la belleza ...) Desde luego es totalmente ignorado -de la literatura árabe ese producto odioso de la vejez espiritual: la -<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span> -intención pornográfica. Los árabes ven toda cosa bajo el aspecto -hilarante. Su sentido erótico no lleva más que á la alegría. Y ellos -ríen con todas ganas de lo que al puritano parecería escandaloso. -Cualquiera que, artista, ha vagado y conocido los viajes y cultivado -amorosamente bancos agujereados de los adorables cafés populares en -las verdaderas ciudades musulmanas y árabes, el viejo Cairo de las -calles llenas de sombra y tan frescas, los suks de Damasco, Sana del -Yemen, Mascata ó Bagdad; que ha dormido sobre la estera inmaculada del -beduíno de Palmira; partido el pan y probado la sal fraternalmente, -en la gloria del desierto, con Ibn-Rachid suntuoso, ese tipo neto del -árabe auténtico; saboreado todo lo exquisito de una conversación de -simplicidad antigua con el puro descendiente del profeta, el cherif -Hussein ben Alí-ben Aun, emir de la Meca Santa, ha podido notar la -expresión de las fisonomías pintorescas reunidas. Único, un sentimiento -domina toda la asistencia: una hilaridad loca. Ella flamea en sacudidas -vitales á cada salida libre del heroico narrador público gesticulante, -animando sobre todo y saltando entre los espectadores complacidos ... -Y la embriaguez os ase, suscitada por las palabras, por los sonidos, -por el perfume ó la afrodisia del aire, por el subolor discreto del -haschich, dón último de Alá!... Y se es navegante aéreo en la noche ... -Alá no se aplaude, ese gesto bárbaro, inarmónico y feroz, ese vestigio -innegable de las razas caribes ancestrales danzando alrededor del poste -de colores, y del cual la Europa ha hecho el símbolo del horrible -goce burgués amontonado bajo el gas, es esencialmente desconocido. -El árabe—á una música, notas de cañas y de flautas, á una queja de -«katun» ó de «ud», á un ritmo de «darabuka» profundo, á un canto de -muezin, ó de almea, á un cuento coloreado, á un poema de aliteraciones -en cascadas, á un olor sutil de jazmín, á una danza de flor ó vuelo -<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span> -«buka» profundo, á un canto de muezin, ó de perla de una sólida -cortesana undosa de ojos estrellados—responde, á la sordina ó con -toda la voz, por un Ah ah!... largo, sabio, modulado, extático, -arquitectural. Es que el árabe es un intuitivo, pero afinado y -exquisito. Ama la línea pura y la adivina, irrealizada. Pero ... él -estrecha, sin palabras, infinitamente.</p> - -<p>Y ahora, yo puedo prometer, sin temor de mentir, que el telón no -se alzará sino sobre la más asombrosa, la más complicada y la más -espléndida visión que haya jamás encendido, sobre la nieve del papel, -el frágil útil del relator.</p> - -<p>Tal es el prólogo que abre las misteriosas y talismánicas puertas de -esos reinos de soñaciones tan humanas y tan divinas. El doctor Mardrus -no anuncia en vano. Entre las más prestigiosas y extrañas decoraciones -comienzan á desarrollarse las más inverosímiles y magníficas escenas. -Emergen de la narración los más variados relentes; se oyen los más -inauditos ruidos; se ven las más desmesuradas visiones. Florece libre -la alegría de una humanidad sin complicaciones, sana y fresca en su -prístina naturaleza.</p> - -<p>El pan se llama pan, el vino vino, y la función de amor como en el -decálogo de Moisés. Nada hay contrahecho; no existe allí ni el pecado -de nuestras teologías, ni la vergüenza de nuestros culpables pudores, -ni la malicia de nuestra perversidad de civilizados. Hay sí una -superior cultura que impone la justicia y la bondad en las almas. Y -lo desconocido se muestra naturalmente, y lo prodigioso es usual, y -el ensueño entra en la vida y la vida en el ensueño, como era justo -que fuese. Bien se explica el querer de Stendhal, que deseaba «olvidar -dos cosas: <i>Don Quijote</i> y <i>Las mil y una noches</i>, para cada año -experimentar al releerlas una voluptuosidad nueva». -<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span></p> - -<p>De mí diré que libro alguno ha libertado á mi espíritu de las fatigas -de la existencia común, de los dolores cotidianos, como este libro -de perlas y pedrerías, de magias y hechizos, de realidades tan -inasibles y de imaginaciones tan reales. Su aroma es sedativo, sus -efluvios benignos, su gozo refrescante y reconfortante. Como cualquier -modificador del pensamiento, brinda el dón evasivo de los paraísos -artificiales sin el inconveniente de las ponzoñas, de los alcoholes y -de los alcaloides. Leer ciertos cuentos es como entrar á una piscina de -tibia agua de rosas. Y en todos se complacen los cinco sentidos, y los -demás que apenas sospechamos.</p> - -<p class="space-above-tab">De ninguna manera recomendaré la lectura -de la versión Mardrus más que á hombres de letras, á hombres de -estudio, á hombres. A no tratarse de juiciosas y tranquilas damas -amacizadas de literaturas, ninguna de nuestras señoras está preparada -para obra tal, que indudablemente les causaría escándalo. El desnudo -oriental es todavía más natural que el desnudo clásico griego. En -cuanto á las señoritas, claro está que no pueden leerla. Baste con -decir que la moral de las señoritas mahometanas es muy otra que la -que se enseña en Sagrados Corazones y demás colegios en que reina la -doctrina de Cristo.</p> - -<p>¡Feliz quien pueda con naturalidad y sencillez, sin ironía ni maldad, -pasearse por tan floridos y perfumados jardines de delicias! ¡Dichoso -el que pueda impregnarse como de un ungüento fino de la poesía de los -poetas de Allá Lejos! Sentirían que por un momento caen de las alas de -su alma los hierros seculares que una angustia de siglos ha mantenido -en ellas. Y se sentirá, como dice la bella expresión del doctor -Mardrus, nuevo Simbad que nos trae historias milagrosas de los países -de las maravillas, se sentirá «navegante aéreo en la noche».... -<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span></p> - -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-119.jpg" alt="_" width="600" height="188" /> -</div> -<h3>PARÍS Y EL ZAR</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-e.jpg" width="60" height="62" alt="E" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"><span class="smcap">Era</span> una gran -alegría nacional; la Francia estaba de fiesta. El cañón había tronado -gloriosamente en las revistas navales. Los marineros de los barcos -de Rusia eran abrazados y besados en las calles por una muchedumbre -entusiasta y clamorosa. El autócrata heredero de Pedro <i>el Grande</i>, -hacía, como su fuerte abuelo, una visita á París. París se puso su -mejor tocado, se embanderó, se coronó de luces, cantó en populares -músicas salutaciones al poderoso recién venido y á su hermosa compañera -la emperatriz Alix. Todas las gentes manifestaban un contentamiento -singular. Se gritaba: <i>Vive l’empereur! Vive la Russie!</i>, á todo pulmón -y con toda el alma. Era un delirio de regocijo, una satisfacción -intensísima demostrada de diversas maneras; la Prensa celebraba el -fausto suceso; las ilustraciones se llenaban de retratos de los -huéspedes ilustres. La nobleza exultaba, la burguesía se desleía, el -bajo pueblo no cabía en sí. Estaba en la capital francesa el monarca -ilustre del país aliado, el potente imperio moscovita. Funciones de -gala, bailes, evocaciones históricas, versos áulicos, festivales -pomposos, todo hubo en honor de los huéspedes. Nicolás era el ídolo de París.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span> -... Hoy se grita en reuniones y <i>meetings</i>: «¡Abajo el tirano de -Rusia!» Con pocas excepciones, todos los periódicos, dando al olvido -la alianza, abominan el régimen cesáreo de Petersburgo y tratan al -emperador de asesino. Jaurés, el acomodaticio con los reyes de Italia, -aprovecha para volver á sus cargas socialistas. Los caricaturistas -se muestran feroces con el Romanoff, que se encuentra, no por cierto -cómodamente, entre la espada y la pared. Aquí está Nicolás con su -corona imperial y su manto de armiño manchado de sangre, con una -leyenda en que se le llama «zar asesino», y en que M. Loubet le dice: -«Nicolás, tú eres un tonto. Cuando se quiere despedazar al pueblo, -es preciso primero proclamar la República.» En otra parte se ve un -zar militar, siempre ensangrentado, con un rostro negro y lívido, de -criminal condenado, y estos versos de Víctor Hugo en letras de sangre:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Peuple russe tremblant et morne, tu chemines,</span> -<span class="i0">Serfat á Saint-Petersbourg, ou forcat dans les mines.</span> -<span class="i0">Le pôle est pour ton maître un cachot vaste et noir;</span> -<span class="i0">Russie et Siberie, oh czar! tyran! vampire!</span> -<span class="i0">Ce son les deux moitiés de ton funeste empire:</span> -<span class="i0">L’une est l’oppression, l’autre le désespoir!</span> -</div></div></div> - -<p>Lo rudo de los dibujos se compadece con lo áspero de las leyendas.</p> - -<p>Vese al emperador con el heredero en los brazos y custodiado por un -esbirro armado de <i>knut</i>: -<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span></p> - -<p>«—¿No es cierto que la sangre rusa es hermosa, hijo mío ...? Y no hay -que ir á Manchuria para verla correr.» Por una ventana se mira el -montón de cadáveres de los obreros fusilados ...</p> - -<p>Un caricaturista ruso residente en París, Watteroff, representa á la -zarina y al zar en momentos de entrar en el lecho. Ella parece una -Juana de Arco coronada, por la armadura que lleva, y él un acorazado -Ubu, armado de látigo.</p> - -<p>«—Tú quieres—dice la emperatriz—acostarte con la coraza de Pedro <i>el -Grande</i>.» Y el emperador: «Sí, soy prudente ... Recuerdo la historia de -Alejandro ... de Serbia.»</p> - -<p>Los artistas se complacen en pintar á los cosacos con la intención -que ponían los pintores de antaño en los rostros de los sayones, en -los calvarios y descendimientos. Todas son caras feroces, miradas -crueles. Todos son gestos rudos y rictus bestiales de brutos sin -entrañas. Y en los rostros de los obreros, de las víctimas populares, -la desolación, el miedo, el espanto. En los kioskos de los bulevares, -desde lejos veis manchas rojas en fondo blanco: es nieve y sangre; son -las publicaciones de actualidad, la reproducción de las matanzas de -San Petersburgo. En una estampa el pope Sergio grita: «¡Yo muero, pero -la libertad va á nacer!» Y el pope Gapón le contesta: «Sí, tú mueres -por el Dios de la libertad y por la Patria. Pero vosotros, soldados, -no tenéis ya emperador puesto que habéis tirado contra su imagen, y no -tenéis Dios, puesto que tiráis contra vuestros hermanos.» En otra, el -zar aparece ocupado en lavar su corona sangrienta; en otra ofrece al -águila bicéfala que se ve como enferma y canija, ó reformas ó carne -de cañón ... «Después de Hull ... San Petersburgo», esto es: después -de cañonear barcas indefensas de pescadores, la carnicería de la -Perspectiva Newski y de las plazas y paseos de la capital eslava. Se -dibuja un Nicolás indeciso, un Nicolás cruel y un Nicolás atemorizado. -<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span> -Vestido de blanco, en el palacio de Invierno, oye á un chambelán dorado -que le anuncia la llegada de una delegación de obreros, y le responde: -«¡Fusílenlos! ¡Me voy al Zarkoe Selo!» Y en Zarkoe Selo contesta á otro -chambelán que le anuncia una delegación de estudiantes: «¡Fusílenlos! -¡Me voy á Peterhof!» Y en Peterhof se le anuncia una delegación nueva: -«¡Fusílenlos!... Pero, ¿adónde podré ir ahora ...?» Un coronel feroz -como un ogro, dice á sus soldados ante unos niños que suben temerosos -á un árbol: «¡Fusílenme todo eso! Esos son los descontentos del -porvenir.» Luego, será de nuevo el zar como ahogado entre vapores de -sangre, y un pueblo aullante alrededor de él. Una visión de Steinlen es -fantástica y macabra: el pequeño emperador entre dos gruesos generales, -sobre una blanca estepa; en el horizonte, una siniestra águila de -sombra, un cetro y una corona que caen; y todo eso dentro de un círculo -dantesco de desesperados, de víctimas, un retorcimiento de miembros, -clamorosos hombres, mujeres, niños, ancianos, los sacrificados por el -cesarismo, por la impasible oligarquía, por la voluntad de una nobleza -inflexible y los mil brazos férreos del poder absoluto.</p> - -<p>Y la Prensa comenta noticias como ésta: El emperador conserva la misma -calma absoluta que tuvo en el momento en que le dieron cuenta de que -92.000 hombres habían sido muertos y heridos en el Chaho. «¡Noble -corazón!» Otros piensan que si la revolución rusa triunfase no ganaría -mucho el pueblo mismo. Los bravos ciudadanos franceses, dicen, creen -que la revolución francesa se ha realizado el 14 de Julio de 1789, -entre el amanecer y el ponerse el sol. Mas ella ha durado diez años. -<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p> - -<p>La revolución rusa ocupará el mismo espacio de tiempo. Los -intelectuales desencadenan el movimiento; no serán ellos los que lo -conducirán. Cien millones de paisanos iletrados, supersticiosos, -salvajes, no se portarán como los franceses del siglo <span class="smcap">xviii</span>: -apenas si están al mismo nivel que los <i>Jacques</i> del siglo -<span class="smcap">xiv</span>. Su insurrección será, pues, una <i>jacquerie</i>. -De ese caos surgirá algún genio bárbaro, Atila-Napoleón, que limpiará -la Europa. Amén. Entretanto, los estudiantes y los obreros de las -ciudades entran en la lucha con un noble entusiasmo. Quieren echar -abajo á los Romanoff. Van á morir por la libertad, por la igualdad, -por la justicia, por el progreso, así como murieron nuestros padres. -Y dentro de cien años, la república triunfará á las orillas del Neva, -tal como la conocemos aquí. En lugar del zar, tiranuelos demagogos -exigirán del pueblo homenaje y sumisión ciega. Los espías dispondrán -del honor y de la libertad de cada ciudadano. Los cosacos sablearán -á los huelguistas en nombre de la fraternidad. En lugar de enviar -á los descontentos á la fortaleza de San Pedro y San Pablo, se les -<i>suicidará</i>—se alude al asunto Syveton—en su propia casa. La corrupción -insolente de los grandes duques dará lugar á la orgía crapulosa de los -tribunos. Las Ev-la-Tomate y los Peaux-de-Requin, socialistas, danzarán -el <i>chahut</i> en el Palacio de Invierno.</p> - -<p>Los barones de Bessoulet, los vidames de Pressensé, sus infantes, sus -rufianes, sus France y sus <i>bonnes á tout faire</i> compondrán el Santo Sínodo.</p> - -<p>Pobiedonostseff se llamará Combes; Trepoff se llamará Lepine ó Levy, y -White se llamará Rouvier. El Populo azotado, ametrallado, burlado, se -arrodillará delante de los iconos de San Tolstoï y San Gorki, aullando: -«¡Viva la social!» ¡Radiante porvenir! Así se expresan los pesimistas -de la oposición; mas hay que confesar que entre tanto pronóstico poco -halagador y un si es no es injusto, se encuentra más de un grano de -experiencia nacional y de verdad pura. -<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span></p> - -<p>Lo que hay que notar, y ese es el principal asunto de este artículo, -es el cambio completo que ha ocurrido en el espíritu de este pueblo -nervioso y ultraimpresionable. Al zar aclamado y cantado de ayer ha -sucedido el zar abominado y maldecido de ahora, á pesar de la alianza, -á pesar de los muchos intereses que unen á ambas naciones.</p> - -<p>De poco sirve que una ú otra pluma intente demostrar la imposibilidad -en que se encuentra el soberano ruso de obrar de otra manera como lo -hace, apretado como está entre las imposiciones de una nobleza que no -transige y las demandas y protestas de un pueblo ya viciado en ideas de -progreso y de libertad por los directores intelectuales como Gorki y -demás compañeros. Al débil Nicolás se le cargan en cuenta los alardes -de fuerza de sus militares y las durezas de su Policía. Y cuando ha -venido la noticia de que los nihilistas ó algún ignorado anarquista -había hecho saber al zar por un anónimo que estaba condenado á muerte, -puede decirse que la noticia no fué recibida por las gentes con -desagrado ... Las muchedumbres tienen un alma femenina.</p> - -<p>Por Gorki se han hecho públicas demostraciones en el elemento -socialista. Se recogieron firmas de literatos, de artistas, de -pensadores, para pedir al Gobierno ruso su libertad, como si más bien -semejante petición no fuera contraproducente, dadas la calidad política -y las ideas revolucionarias de la mayoría de los firmantes.</p> - -<p>«¡Qué amigos tienes, Benito!», diría su majestad moscovita para su -manto imperial.</p> - -<p>En resumen, París actualmente, si el monarca aliado viniese á hacerle -otra visita, no sería con muestras de regocijo y con palmas y rosas con -lo que le recibiría.</p> - -<p>Cabalmente hace pocos días, en la plaza de la República, ha estallado -una bomba.</p> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-167.jpg" alt="LIBRO I" width="400" height="187" /> -</div> -<h2>LIBRO III</h2> -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-127.jpg" alt="_" width="600" height="196" /> -</div> -<h3>EN EL “PAÍS LATINO”</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-u.jpg" width="60" height="59" alt="U" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Un</span> joven -hispano-americano que llegó á París recientemente, lleno de frescas -ilusiones y de antiguas lecturas, me pidió que le llevase á conocer el -Barrio Latino. Tenía su Murger bien conservado, y la leyenda varleniana -y moreesca flotaba en sus imaginaciones. Yo no quise derribar tanta -ilusión con palabras, sino que, después de mucho tiempo de no pasar el -río, lo pasé con él dos noches, á fin de que por su propia observación -se convenciese de lo mucho que dista la realidad de hoy de las pasadas -historias ... Historias de ayer no más, pues la primera vez que escribí -mis impresiones del Quartier, todavía no existía el ambiente actual, y -de esto hace apenas doce años.</p> - -<p>De más deciros que mi amigo no encontró ni á Mimí, ni á Schaunard, ni -á Colline; en cuanto á Verlaine, le vió en un <i>plafond</i> del restaurant -del Panteón, en una apoteosis pictórica, y en dicho restaurant, entre -las genuflexiones del <i>sommelier</i> y las conversaciones de clientes -<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> -elegantes, no se puede comer correctamente á menos de un luis. En la -parte baja de la célebre taberna hay un american-bar, donde se sirve -toda clase de american-drinks hasta las dos de la mañana.</p> - -<p>Tanto en el restaurant como en el bar, mi joven amigo vió unas cuantas -damas con trajes costosos, con joyas y con cierta impertinencia muy -poco barriolatinesca; al lado de ellas, <i>gentlemen</i>, de los que se -pudiera decir que envían á planchar su ropa á Londres, todos ellos muy -contentos y muy generosos. Algunos descienden de un automóvil ó de un -carruaje de <i>remise</i>, para ir á sentarse á la mesa. Nadie podría pensar -que ellas son las antiguas grisetas y ellos los antiguos estudiantes ... -Y tú, lejana sombra de Pierre Gringoire, ¿qué estremecimiento sentirías -ante esto?</p> - -<p>En los otros lugares, Vachette, Souffet, la Lorraine, en menor escala, -el mismo espectáculo. Los bachilleres hablan de <i>sport</i> y visten -en la mejor sastrería que pueden. Rara es la boina, la <i>casquette</i> -estudiantil. Tened por seguro que el que la lleva, ó no es estudiante, -ó es de provincias, ó es un original. En cuanto á las camaraderías de -antaño entre jóvenes artistas, jóvenes poetas, amadoras de lo <i>abscous</i> -y de lo raro, levitas del templo del pobre Lelian, han desaparecido. Un -caballero de cabellos grises, serio, grave, decorado con la Legión de -Honor, que va al Vachette con alguna frecuencia á leer <i>Le Temps</i>, como -un simple senador ó académico, es Jean Moreas. Reynaud, el autor de -los <i>Cuernos del Fauno</i>, es alto empleado de Policía. El último poeta -joven verdadero y grande que ha hecho ver en estos últimos tiempos su -singular figura en esos lugares, antes tan frecuentados por todas las -musas, ha sido Paul Fort; y á este mismo ya no se le mira recorrer su caro Boul’Mich. -<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span></p> - -<p>Un soplo de ultramodernismo y de americanismo del Norte, de yanquismo, -ha invadido el sacro recinto que antes protegían el orgulloso Panteón -y la venerable Sorbona, la tradición de las escuelas y la poesía del -Luxemburgo, el deseo de soñar y la necesidad de sentir. Aquí es de -creerse que ya nadie sueña ni siente. Un severo cronista decía hace -pocos años: «<i>Au Quartier Latin moderne, on buche, on potasse, on -brigue et l’on intrigue. Au lieu des vareuses de jadis, on arbore des -complets très anglais et très corrects, les jours de laissez-aller: -ta redingote et le «bosselard» á triple colonne lumineuse sont -l’ordinaire uniforme de cette jeunesse morose, ponderée, pratique, -revant conférence Molé, conseil d’État, mariage riche et la diputation, -les vingt-cinq ans sonnés.</i>» Esto se ha agravado últimamente. Ya no -hay escándalos; ya no hay las viejas locuras sonoras con las contadas -excepciones de los <i>monome</i> y de las procesiones anuales; ya no hay -admiraciones ni entusiasmos, y de los pasados dioses apenas quedan -Venus y Dionisio, una Venus calculadora y un Dionisio de importación -anglosajona.</p> - -<p>Ya no existen siquiera los grotescos. Y en cuanto á la bohemia, los -tipos que á ella se acogen son término medio entre los estafadores y -los rufianes. Adiós alegres fantasistas de otros tiempo; adiós museo de -vivientes curiosidades del Barrio. Son un recuerdo el palikaro Chake, -Sapeck, Bibi la Purée, que murió el año pasado; Coulet, el bizarro y -lamentable recitador; la vieja Casimir, espectro de mujer galante de -tiempos en que Víctor Hugo madrigalizaba; el misterioso marqués de -Soudin; escultor Gaillepand, y sus pequeños medallones de fabulosa -baratura. Por la tarde, á la hora del ponzoñoso ajenjo, las terrazas -están llenas de consumidores del más perfecto aspecto burgués, de una -burguesía flamante é hiriente, la que discute sobre M. Combes y va á las -<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span> -carreras y velódromos. Sus compañeras se ruborizarían de llevar, como -las antecesoras, sombreritos de á cuatro francos. Hay, no obstante, -la amiga del estudiante pobre, porque siempre hay estudiantes pobres, -y esa no oculta su escasez de indumentaria. Mas uno y otra no se -exhiben, no frecuentan esas cervecerías que antes eran accesibles. En -el baile estudiantil de Bullier es donde se advierte la diferencia -entre los modestos y los derrochadores, los de las flacas pensiones y -los mimados de los papás de dinero. Esa modernización de costumbres -ha atacado también en sus últimos baluartes á la antigua alegría; -al buen humor tradicional que se manifestaba en cafés y lugares de -regocijo, y en donde todos los compañeros de estudios, toda la juventud -de las escuelas, fraternizaban en joviales coros, risueñas facecias, -contagiosos y alucinantes cancanes y <i>chahuts</i>.</p> - -<p>Hay un <i>cabaret</i>, á la manera de los de Montmartre, y en donde cantan -cancionistas de los <i>cabarets</i> montmartreses; se llama el <i>cabaret des -Noctambules</i>. Allí se nota un poco del pasado espíritu, un resto de -la desaparecida ecuánime alegría que se sentía como una parte de la -atmósfera del Barrio. Mas la ilusión desaparece pronto con la <i>pose</i> de -algunos de los artistas, en el fondo más aburguesados que los mismos -burgueses á quienes divierten, y con la aparición de los susodichos -caballeritos de veinticinco alfileres y sus Mimís que sueñan Doucet, -Paquin y Virot. Concluídos los memorables lugares como el <i>cabaret</i> -de la Bohème, dirigido por un curioso tipo, Leo Selicore. Acabados, -evaporados, los centros en que había verdadero entusiasmo y amor por -las cosas del arte y del pensamiento, como la antigua <i>Plume</i>, que -reunía en comidas que presidía siempre un maestro, Verlaine, Zola, -Lecomte de Lisle, Mallarmé, entre otros á toda la <i>élite</i> de la joven -<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span> -literatura, de donde salieron unos cuantos que hoy son gloria y orgullo -de las letras francesas. Los cafés mismos han evolucionado, y no con -ventaja. Aquel d’Harcout que era uno de los puntos de reunión de -intelectuales, de poetas, de artistas, de estudiantes, se ha convertido -hoy en un establecimiento de heteróclita clientela.</p> - -<p>¡Oh, y los amores del Quartier! Desventurado el mozo ingenuo que viene -directamente de su lejana tierra, y cree que el amor tal como él lo ha -soñado, tal como él lo ha creído posible, lo ha de encontrar en una -de estas mujercitas, con aire de inocencia, ó con rostro de gracia, -morenas, rubias, ligeras, sonrientes, fáciles!...</p> - -<p>No podré olvidar el drama de un pobre joven mejicano que después de -concluir su carrera de médico, loco de pasión por una de esas, y á -causa de no sé qué escena de celos, se pegó un tiro en plena calle, -delante de la descorazonada muchacha. La cual el mismo día que -enterraron el cadáver, se vistió con la mejor ropa que tenía, y se -fué á Ballier por la noche á sacar provecho del sangriento suceso, á -hacerse <i>réclame</i> con el <i>faits divers</i> de que se habían ocupado los -periódicos. ¡Oh Rodolfo! ¡Oh Mimí! ¡Oh mujer!</p> - -<p>Respecto á lo que en otros tiempos animaba los espíritus generosos -de los jóvenes de las escuelas, en cuestiones de general interés, ó -en asuntos de humanidad y de verdadero patriotismo, aquel soplo que -conmovía á París ha también menguado. Ya se vió, no ha mucho tiempo, -cómo obraron los que representaban el porvenir y la esperanza de la -Francia. Han Ryner decía hace algún tiempo: «El espíritu revolucionario -no existe en el Quartier. El estudiante es un arrivista, y, por -consiguiente, un <i>ralet</i> del Poder. Hace su aprendizaje de futuro -funcionario y se ejercita en los achatamientos. Tuvo antes bruscas y -cortas protestas; no revolucionario, ciertamente, sino revoltoso; tarea -<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> -que comienza á expresar su bisoña necesidad de ruido, y que se detiene -en cuanto aparece el gendarme. Ese murmullo simulado, ese refunfuñar -hipócrita de colegial que detesta al <i>pion</i>, ya no los tiene siquiera. -El <i>pion</i>, hábil, lo ha lanzado sobre otras presas. Los niños son -fáciles de conducir con tal que se abandone á su crueldad alguna -víctima. Nuestros estudiantes gritan al Gobierno que les permite -denostar á sus enemigos. La necesidad animal de movimientos y de -gritos que hace creer en la generosidad de jóvenes burgueses y que se -ha tomado por espíritu revolucionario está hoy cuerdamente detenida y -satisfecha, dirigida por el poder mismo ... <i>Zou, feu de brut! Conspuez -Zola! Conspuez!</i>»</p> - -<p>Ryner es duro, quizás con demasía, por el momento en que escribió tan -acerbo juicio del estudiante actual; mas apartando la violencia y la -corrosión de su estilo, nos encontramos con una innegable verdad.</p> - -<p>Yo he visto, por otra parte, durante un <i>monome</i> reciente, una escena -que podría ser muy graciosa para otros, pero que á mí me causó -tristeza. En una terraza de café tomaban tranquilamente su bock un -negrito y un mulato, de los que vienen á estudiar á París, y que, -una vez coronada su carrera, vuelven á su país haciéndose lenguas de -la ciudad-luz. Pues bien: en cuanto el <i>monome</i>, ó la procesión de -estudiantes clamorosos, pasó por el café, y unos estudiantes vieron á -los morenos, empezaron á gritar: <i>chocolat! chocolat! chocolat!</i>, con -el aire de los <i>Lampions</i>. Los de la piel obscura pagaron su bock y se -escurrieron. Pero el grito les persiguió: <i>cho-co-lat!</i> Y eso no es -generoso que digamos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></p> -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-111.jpg" alt="_" width="600" height="210" /> -</div> -<h3>EL HIPOGRIFO</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="60" height="59" alt="L" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> <span class="smcap">Las</span> gentes -han estado locas—más que de costumbre—en estos días, con motivo de la -nueva empresa automovílica, la carrera París-Madrid. Los periódicos han -dedicado largas columnas; los camelots han vendido miles de programas -y mapas; los concurrentes á la prueba han sido mucho más numerosos que -en otras anteriores; los nombres de Michelin, Mors, Mercedes, Panhard, -Renault y demás fabricantes de máquinas veloces andan en todas las -bocas. Es el tiempo en que un chauffeur hábil y osado goza de triunfos -y aclamaciones que jamás obtendría un Berthelot, un Pasteur, un Anatole -France. La locura de la rapidez, que ya creo que ha sido estudiada por -los médicos, invade de manera alarmante á la ciudad de los <i>marcheurs</i> -jóvenes y viejos. Y las mujeres se mezclan en el asunto. Ayer era una -ex cantante de café concert, Bob Walter, la que ocupaba la pluma de -los cronistas; hoy es Mme. Du Gast, la <i>dame au masque</i> del proceso -resonante y mundano, por quien la mano de cierto noble francés cayó -sobre la mejilla de un viejo abogado; Mme. Du Gast, que se va á correr -kilómetros, á más de ciento treinta y tantos por hora, en su <i>auto</i> -decorado con los colores amarillo y rojo: «<i>vive l’Espagne, ole!</i>» -Y una enorme muchedumbre se ha desvelado para ir á ver partir á los -corredores, y ha lanzado gritos de entusiasmo que no oyeron los griegos -de ligeros pies y los cocheros líricos celebrados por Píndaro. Temeroso -delirio colectivo, manicomio suelto ...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> -Antes de la primera etapa, los muertos han sido siete, entre ellos -<i>sportsmen</i> ricos, y los heridos muchos. Fuera de los locos de las -máquinas, han sido víctimas pobres gentes encontradas en los caminos -y destripadas por la veloz y pesada cucaracha de hierro y caucho. Los -aduladores de la industria <i>á outrance</i> dicen que el suceso no vale la -pena, que los negocios son los negocios y que «para comer tortillas hay -que romper los huevos». Y cuando aquí el Consejo de ministros resolvió -suspender la carrera en territorio francés, parece que el joven Alfonso -de España hacía todo lo posible en su real empeño para que continuase -en la parte española la temeraria competencia. ¿Por qué? Fuera de su -capricho y curiosidad de adolescente, porque se habían hecho gastos en -la tierra de Wamba para recibir los automóviles, y porque, allá como -acá, cierto público estaba fuera de sí de contento. Cierto público; lo -que es el pueblo, en algunos lugares, recibió al hipogrifo á pedradas.</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Hipogrifo violento</span> -<span class="i0">Que corriste parejas con el viento,</span> -<span class="i0">¿Dónde, rayo sin llamas,</span> -<span class="i0">Pájaro sin matiz, pez sin escamas</span> -<span class="i0">Y bruto sin instinto</span> -<span class="i0">Natural, al confuso laberinto</span> -<span class="i0">De estas desnudas peñas,</span> -<span class="i0">Te desbocas, te arrastras y despeñas?</span> -<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span> -</div></div></div> - -<p>Unos hipogrifos violentos se desbocaron, y otros se despeñaron y se -deshicieron contra los árboles.</p> - -<p>Y los aficionados y los apasionados esperan en una velocidad aún mayor, -lo cual será la coronación inaudita de la industria francesa, pues es -en Francia donde esa rama sportiva priva y vence con mayor fuerza y -más elementos que en parte alguna; coronación que hará progresar los -negocios de tales y cuales fabricantes y de tales y cuales campeones, -sobre un campo de rotas crismas y de huesos deshechos. Ya el buen -<i>populo</i>, encarnado en Dranem, canta con razón: <i>J’en ai soupé de -l’automobile!</i> Y el automóvil ha <i>soupé</i> y continúa manducando pobres -diablos de peatones que tienen la mala suerte de encontrar en una -calle ó camino real al desbocado armatoste homicida. Trust, record, -looping-the-loop, cake-walk ... van con el progreso; con el progreso, -que tiende á la posesión del infinito por la supresión del tiempo y -del espacio. Todo lo que el adelanto humano crea, todo lo que los -inventores inventan, va á ese afán de dioses: suprimir el espacio y -el tiempo. En el sport moderno se complica ese afán con la neurosis -colectiva. Todo lleva al exceso; exceso de goces, exceso de negocios, -fiebre de velocidad. Y el espíritu yanqui, invadiendo el mundo, impone -el record. Y el mundo tiene la necesidad de comprender el inglés: -trust, record, looping-the-loop, cake-walk.</p> - -<p><i>All right!</i></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> -¿Es inglés el autor de ese refrán culinario-nietzscheano: para comer -tortillas hay que romper los huevos? A mí me parece más bien español, -y llamarse don Pero Grullo; ó francés, y llamarse M. de la Palise. -Pero la aplicación feroz del proloquio creo que es modernísima y está -entre las cosas que habló Zaratustra. Es un filósofo excelente para -los que comen, é inquietante para los que son comidos. En el caso del -super-chauffeur, no cuenta para nada el desventurado que tiene la perra -suerte de ser aplastado por el automóvil. El super-chauffeur es el -representante de la energía humana y la omnipotencia de la industria, -del capital: ¡ay del que se le presente en su camino! Sucede que él -también, el super-chauffeur, se revienta la persona contra un tronco ó -contra un barranco. Todo está perfectamente. El patrón necesita que su -fábrica triunfe, que la potencia industrial aumente, que Moloch coma su -tortilla, y para comer tortillas hay que romper los huevos.</p> - -<p>La lógica de ese principio se aplica en asuntos mayores. Buena tortilla -fué la que saboreó Moloch cuando la Gran Bretaña aplastó al pequeño -Transvaal. Los negocios son los negocios, y los aplicadores de la ley -zaratustresca se llaman Cecil Rodhes, se llaman Chamberlain. Época -espantosa en verdad, más que ninguna otra de la historia del hombre. -El corazón del mundo está enfermo; la vida hace daño; la inquietud -universal se manifiesta de mil maneras, peor que en el año 1000. Porque -en el año 1000 había siquiera fe y esperanza, y el hombre actual ha -asesinado á ambas. Todo se reduce á la victoria del momento, por la -fuerza, por la violencia, por la habilidad. La Gloria está amenazada -de muerte, como el viejo Honor que agoniza, y el Pudor, y la Caridad. -Los degenerados de arriba están en vísperas de ser suplantados por los -energúmenos de abajo. Los reyes se van y los pueblos no saben adónde -ir. Y el porvenir viene en automóvil, velozmente, desbocadamente, -<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span> -matando, estallando. La medianía socialista cree ver desde hace -tiempo en el actual progreso, allá en el Oriente, una aurora. Y es un -incendio, á menos que no sea una erupción, un Vesubio ó un Montagne Pelée.</p> - -<p>Todo lo que en otro tiempo había sido aprovechado en ventaja de la -fraternidad soñada de las razas, en favor de los ideales cristianos, -se aplica ahora á la destrucción y á la guerra; la guerra, que soñaba -Víctor Hugo desaparecida en los comienzos del siglo <span class="smcap">xx</span>, -adquiere mayores alcances, á pesar de las patrañas diplomáticas y de -los idilios pacificadores de retrasados ideólogos. Desde el momento en -que el dinero suple hoy los antiguos ideales, la disputa de la tierra -y de la riqueza se hace más enconada, y el <i>crack</i> de la moral trae -el más absoluto desastre. Jamás el sér humano ha sido menos ángel; -jamás ha sido más bestia fiera. Y esto con automóviles, con telégrafo -sin hilos, con cinematógrafo, con la omnipotencia de la máquina en la -industria y del oro en todo.</p> - -<p class="space-above-tab">Todo eso es irracional. Pero toda la vida, -dice Tolstoï, es irracional. Es irracional que el hombre tenga órganos -inútiles, y que el caballo tenga un vestigio del quinto dedo; es un -gasto inútil de energía. Los gastos inútiles de energía los autoriza -el progreso. La utilidad de una carrera loca de automóviles es -absolutamente absurda. Eso pasa en el reino del irracional. Un hombre -rico, sano, quizás feliz, va, deja sus comodidades, su hogar, su bella -mujer, sus hijos, para lanzarse á devorar espacio. Y muere. Muere y -mata. Antaño se iba á las cruzadas; y más antes, Jasón iba al ideal.</p> - -<p>Hoy el heroísmo tiende á la especulación por un lado y el anonadamiento -por otro. Una raza de inquietos, de bovaristas, de neurasténicos, -marcha hacia la confusión infinita. Y Moloch engorda con sus tortillas -humanas; Moloch, el eterno, el indestructible, el dios apetito y el dios crueldad. -<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p> - -<p><i>Oh que la vie est quotidienne!</i>, decía Jules Laforgue el montevideano. -Laforgue debía haber vivido hasta el siglo <span class="smcap">xx</span>, pues -la época encontraría en su ironía hamletiana y ultramoderna su verdadero poeta. -Mas él también murió, aplastado por su tiempo, herido por el mal común.</p> - -<p>¡Oh la delicia de la mediocridad! ¡No poder pensar, aislarse en la -inconsciencia! ¡Poder entusiasmarse por un biciclista!</p> - -<p class="space-below2">Se siente crujir los huesos del cráneo. Me apresuro -á poner punto final, pues corre peligro este artículo periodístico de acabar -en poema en prosa. Y eso ya sería grave.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-180.jpg" alt="_" width="200" height="162" /> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span></p> -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-085.jpg" alt="_" width="600" height="231" /> -</div> -<h3>IMPRESIONES DE “SALÓN”</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-l.jpg" width="60" height="59" alt="L" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"> -<span class="smcap">Los</span> pintores que persisten en una manera -invariable y reconocida, siempre con telas que se asemejan unas á -otras, y con temas incambiables, ¿lo hacen por su propia voluntad? -Esos pintores no lo hacen por su propia voluntad, antes bien por la -imposición de la voluntad de un público que les exige la misma cosa. -Y su público les paga, y pues les paga, es justo pintarle la misma -cosa para darle gusto. Cuando un voluntarioso se evade, la sorpresa -protestante del comprador y de la admiración de casillero, se expresa. -He aquí, por ejemplo, al fino y talentoso Raffaelli que deja ahora -su París habitual, sus muelles, sus escenas callejeras, y presenta -paisajes de Bretaña. Los que ven estos cuadros no están contentos. Esa -naturaleza risueña, esos fragmentos de campaña, esa nueva nota, no es -perdonada por los que han condenado al artista á parisianismo perpetuo. -Renovarse ó morir, dice el artista: la opinión general dice todo lo contrario. -A mi entender, Raffaelli ha hecho muy bien en buscar un nuevo campo á sus -colores. Sus cualidades personales resaltan en todo caso. Su notación -precisa, su dominio de la luz, trate lo que trate, le sostienen en su -puesto, el de uno de los primeros maestros del arte francés de nuestros -días. Otra sorpresa para los usuales admiradores es que la Bretaña de -Raffaelli no se parece en nada á las Bretañas de los bretañistas de -profesión ... Aquí todo es claro y grato, florido de sol, y en vano se -buscarían las rudezas, brumas y aspectos sombríos de la Armórica.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> -Para la Bretaña negra, entristecida y ruda, ahí está monsieur Cottet, -que cada año presenta una página de su obra bretona, con las asperezas -de color, el realismo, y quizás una vaga preocupación de primitivismo, -que le distinguen. La de ahora, <i>Femmes de Plogaitel</i>, aunque inferior -á la «Noche de San Juan», está llena de vida; en un paisaje regional, -cinco figuras bien estudiadas, expresan el alma de la composición.</p> - -<p>Al lado de Collet, Simón manifiesta la tristeza tradicional y la -devoción dolorosa de la raza con sus <i>Bretons a la messe</i>. Ambos -pintores son de los que toman el arte en su verdadera transcendencia, -y procuran realizar su concepción de lo bello pictórico, según sus -maneras de pensar, sin sujeción á los caprichos de la crítica y de la moda.</p> - -<p>He aquí uno de los envíos que atrae más curiosos: <i>Cherubin de Mozart</i>, -de M. Jacques Blanche. Es un cuadro gracioso y literario, tan literario -como que el Querubín de Mozart es la Berenicie de Maurice Barres, cuyo -retrato está al lado, para dar testimonio.</p> - -<p>Muy inglés, muy aristocrático, muy barresiano, el cuadro de M. Blanche -tiene por qué atraer, además de su preciosísimo pictórico, á la -muchedumbre elegante. El retrato del predicador de la cultura del yo, -<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span> -muy significativo y bien interpretado, es un buen dato iconográfico -para los futuros historiadores del egotismo á fines del siglo -<span class="smcap">xix</span> y del nacionalismo á fines del <span class="smcap">xx</span>.</p> - -<p>Seguiré señalando los <i>clous</i>. Ahí está el ultraselecto Boldini, con -dos retratos que son dos <i>bouquets</i> impregnados de parisina, el de -la princesa de Hohenlohe y el de Mme. L ... En ambos la gama blanca -predomina, estallando en uno de ellos un ramillete de rosas que adorna -el busto fino y erguido.</p> - -<p>Las figuras se dirían torturadas de elegancia; el dibujo afina -los rasgos hasta la fuga; el torbellino del color se junta á la -exasperación nerviosa, y cada tipo de mujer hace pensar en admirables -y supergalantes receptáculos de placer moderno, de agudas sensaciones, -de seducción serpentina y de «más allá de la decadencia». Agregad á -la exagerada ligereza parisiense la más punzante y cálida intención -italiana, y no es esta pintura de Boldini, pintura de virtuoso, -ejecución de prestidigitador de la paleta, bueno para cantado en las -rimas rebuscadas y raras de un Montesquieu-Fezensac, quien, por otra -parte, creo que le ha cantado ya: Boldini, Paganini, dirá después Jean Lorrain.</p> - -<p>Y he aquí otro «clavo»: <i>M. Jean Lorrain</i> por de la Gángara. Es una -obra de arte de artificialidad; es un retrato compuesto á la manera de -los retratos literarios de ese famoso cultivador de literatura fuera de -natural. Todos los desequilibrios del snobismo, todos los viciosos por -moda, todos los falsos Phocas, todos los simuladores del pseudotalento, -todas las viejas arpías del casino y todos los estetas rezagados del -tiempo de Dorian Gray, se quedarán largo rato ante la imagen del -novelista del <i>Vicio Errante</i>. Es una maravilla de <i>pose</i>. -Es el no más allá de la vanidad literaturesca, el acabóse de la -presunción en la rareza ... Es un buen documento. -<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span></p> - -<p>Del gran Whistler, maestro que ha influído grandemente en la pintura -de su tiempo, y cuya pérdida reciente ha sido justamente lamentada en -todos los círculos intelectuales del mundo, hay varios cuadros. Aun -revuela, encantando con su fulgor póstumo en este ambiente, la psique -misteriosa del alto artista, el caprichoso, sutil y vago <i>papillon</i>. -Lo principal es un retrato de dama, plata y rosa, hecho con la suprema -distinción y la maestría reconocida en quien pudo reunir la mayor -sobriedad y discreción á la más potente fantasía y dón de ensueño.</p> - -<p>Otro <i>clou</i> son las telas expuestas por el español Anglada. ¡Bravo y -simpático artista! Suelo encontrarle por el lado de Montmartre, con sus -ojos penetrantes y su grandísima barba negra, serio, pensativo. ¡Quién -diría al verle, que estuviese poseído de la locura del color, así como -el gran Hokusai—y no es poca la comparación—estaba poseído por la -locura del dibujo! Anglada ha presentado varias telas, en que aquella -locura se agita, clama, se publica. Mas en esa cosa inusitada y de una -increíble audacia, hay una estupenda sabiduría de paleta. Yo no sé, -si como otros que se creen emancipados de todo, este revolucionario -no sabe dibujar; se creería esto al ver las esqueléticas piernas de -alguna de sus parisienses nocturnas, y tales ó cuales rasgos de un -qué-se-me-da-á-mí asombroso; mas la riqueza de sus tubos, la destreza y -luminosidad de sus pinceles son tales, que desde luego hay que afirmar -que uno se encuentra ante las genialidades de un artista de excepción, -de un carácter lleno de dotes singulares y de brío. <i>C’est en héros -effarouché</i>, como yo me he detenido delante de esos delirios de fuegos -de colores, de esas visiones semifantásticas, semimacabras ... Y, sin -embargo, ¡eso existe, puesto que él lo ve! Mas esto no piensa la -<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span> -mayoría de los visitantes que, al pasar ante <i>Verlinsaut</i>, la «Gitana -de las granadas» y las otras creaciones fosforescentes, nocturnas, -ó detonantes, unos se encogen de hombros, otros ríen, decididamente -convencidos de que eso es muy divertido, y otros se enojan, arrugan el -entrecejo, protestan en voz alta: <i>C’est honteux!... C’est affreux!... -C’est fou!... C’est horrible!</i></p> - -<p>Quizás Anglada modere un tanto su agitador y alucinante <i>whim</i>, y, -aprovechando lo que de admirable y de encantador hay en su talento y -en su procedimiento, brinde á los amantes de las hermosas creaciones -pictóricas, nuevas sinfonías, dulcificadas con un poco de razón y otro -poco de mesura. Por lo demás, ¿quién, aun entre los más escandalizados, -podrá negar que se está en presencia de un maravilloso colorista, de un -dominador del iris, de un vencedor de la luz?</p> - -<p>En donde se quedan por largo rato los artistas, los conocedores de -lo bello discreto, de lo bello amable, de lo bello ensoñador, los -adoradores de la poesía pintada, es ante los cuadros de Santiago -Rusiñol. Poesía de los «jardines de España», poesía de los arrayanes -y de los cipreses; poesía de los solitarios y viejos y melancólicos -rincones llenos de la nobleza desvanecida de antiguas edades; poesía -de los almendros en flor en el campo verde cerca del mar azul, en las -luminosas Baleares; patio de los naranjos, con las notas de oro, en -el obscuro ramaje; blancas barcas; melancolía del valle en la ternura -de la tarde, y la maravilla solar anotada en pautas delicadas. Baste -decir que en las telas de este poeta, hay el mismo <i>charme</i> profundo y -aristocrático que en sus prosas poémicas. -<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span></p> - -<p>La <i>Princesa Matilde</i>, de Bernard, detiene á los curiosos del alto -mundo y á los amigos de la pintura brillante y graciosa, y otro retrato -de este artista hay que afirma una vez más sus victorias de color y sus -excelencias de plasticidad y vivacidad.</p> - -<p>Las evocaciones brumosas de Carrière reciben, como es de costumbre, en -cada envío, los ditirambos de los unos y los dicterios de los otros. -Es un artista, fuera de discusiones de técnica, cuya manera personal, -comprensiva y honda, traspasa los límites de la simple pintura. Hay más -filosofía y más poesía de la que el curioso visitante se imagina en -cada una de las obras de ese excelente.</p> - -<p>Mucho ha llamado la atención de todos el retrato de lord Ribblesdale, -por Sargent. Es, en efecto, una de las pocas obras maestras que hay -en la innumerable copia de telas que existe en el Grand-Palais. Tiene -todas las buenas condiciones que han hecho triunfar, sobre todo, como -retratista, al autor de la Carmencita del Luxembourg: color, dibujo, -expresión, carácter, alma. Le han criticado algunos el que la estatura -del tipo retratado tenga una cabeza más de lo natural, y esta crítica -me parece sobradamente injusta. Desde luego no hay sino un recurso para -aumentar la significación, para ayudar al sentido característico; y -después, ese recurso ha sido empleado por muchos maestros de la Pintura -y especialistas del retrato, en todas las épocas. Watteau tiene de esos -personajes alargados intencionalmente; y el soberano Van Dyck ha dejado -muchos en su galería de nobles personajes. Más de una cabeza hay, por -cierto, en la estatura del conde de Carlisle, cuadro que es propiedad -del vizconde Cobham; en el del vizconde de Grandisson, propiedad de -Jacob Herzog, de Viena; en el de la marquesa Adorno-Brignole-Sale, -propiedad del duque de Abercon, en Londres; en los retratos de lord -George Digby y del duque de Bedford, propiedad del conde de Spencer, en -Althorp; en el de los jóvenes lores Jhon y Bernard Stuart, que tiene en -<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span> -Cobham Hall el conde de Darnley. No es, pues, tan gran pecado el -cometido por Sargent al caracterizar según tan ilustres tradiciones -á su aristócrata retratado, y si peca, peca en magnífica y gloriosa compañía.</p> - -<p>De los consagrados oficiales, el presidente de este Salón, Carolus -Durán, tiene tres telas que nada agregan á su fama. Un retrato de la -señora Gould, marquesa de Castellane, muy bien trabajado, muy bien -decorado, muy bien sentado, muy para el mundo en que la dama vive; -otro retrato de los niños del conde y condesa de Castellane, nietos -del archimillonario yanqui, y que revelan futuros <i>sportsmen</i> y un -<i>Vieil Espagnol marchand d’éponges</i>, figura muy estudiada y bien -asida. Solamente ese viejo español parece una figura de gheto, ese -viejo español es un judío viejo. Sería fácil corregir: «Viejo judío español» ...</p> - -<p>Cuadro decorativo y de efecto, <i>Deuil</i>, por M. Agache, cuya -explosión de color se advierte desde que se entra á la sala en que -está. M. Dinet, con notables cualidades plásticas, trata un asunto -miliunanochesco, las <i>Filles de Djeun’s se jouant dans l’eau</i>; la -demasiada realidad que se nota en esta página de fantasía reduce las -visiones de cuento á agradables casos teratológicos. No se puede -menos que celebrar, una vez más, las marinas de Mesdag, quien siente -hondamente el mar, en calma ó en tempestad, fosco ó amable. Es el -maestro de quien ha dicho con razón Romualdo Paulini: <i>Mesdag non ci -rivela que quello che vede; ripetendo lo stesso motivo egli e riuscito -ad ottenere in tutta sincera potenza la trasparenza di quelle acque -sconvolte che veramente non sono paragonabili a nostri mari, pur quando -sieno agitati dalle tempeste. D’altra parte egli non ha solo dipinto il -mare influriato; ma l’ha ritratto negli aspetti piú vaghi del tramonto -<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -calmo e dell’alba d’oro; ma di preferenza lo ama tragico e sconvolto.</i> -Aquí hay ahora una marina de esas borrascosas en que se siente el -viento y el respiro del agua ensombrecida.</p> - -<p>El <i>Louis XVI et Parméntier dans la plaine des Sablons</i> de M. Gervex -es una página que ganaría en su reducción, y semejante á las odas de -antaño á la invención de la vacuna, ó á la gloria de los cereales; la -<i>Mamme qui se peigne</i>, de Tournés, recuerda una tela de nuestro amigo -Schiaffino; las <i>Bruleuses d’herbes</i>, de M. Perret, hacen ver que este -pintor ha visto demasiado á Millet.</p> - -<p><i>L’homme Dieu</i>, de M. Delville, hace el efecto de una agrandada é -iluminada estampa de Gustave Doré. Un interior de Caro-Delvaille, que -ha comprado el Estado, es muy celebrado por la fineza del dibujo, y la -suavidad de tonos y el ambiente en que «viven» las cinco figuras que -animan la escena.</p> - -<p>No habían de faltar, como las Bretañas, las Venecias, entre las -cuales una de M. Smith y otra de M. Le Gout-Gérard. De un gusto -voluntariamente arcaico el plafón de M. Anquetin, no seduce, á pesar de -su colorido fastuoso. <i>L’Etreinte</i>, de M. La Touche, y el <i>Nocturne</i>, -de M. Szekely, representan un mismo asunto, en diferente medio y con -distinto procedimiento tratado. Allá es el abrazo de amor en pleno -lujo, aquí es el abrazo de amor, el beso de dos pobres, en plena -pobreza, bajo el cielo de la noche, en un puente, mientras, á lo lejos, -se ve el resplandor de las iluminaciones de la ciudad. Es un poco <i>du -Jean Rictus</i>.</p> - -<p>La falange de los imitadores, como todos los años, es crecida. Los que -hacen Puvis y los que hacen Bouguereau, los que hacen J. P. Laurens y -hasta los que hacen Carrière. Estos, sobre todo, son abominables. No -hay que nombrarlos siquiera. -<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span></p> - -<p>Entre los desnudos, atrae uno de M. Caro-Delvaille, <i>Eté</i>; una mujer -tendida en su lecho, rosada sobre las blancuras de las ropas, y ante -una mesa llena de flores y de frutas. Por el tipo de la dama—la cual -es demasiado espesa para Estío—al cuadro convenía mejor haberle -llamado Otoño; un otoño italiano, como podría testificarlo la botella -de Chianti que aparece en primer término.</p> - -<p>Nada tiene de pintura de moda, ni habla de la última estética el -cuadro de M. Herter, <i>Les heureux</i>. Eclécticamente declaro que, como -otras cosas complicadas y bellas, esto, natural y bello, me encanta. -Me encanta, porque da la completa ilusión de la vida, de la carne, -de la respiración, de la buena y sana animalidad humana. Así como -hay estatuarios que son pintores, este pintor es estatuario; sus dos -figuras se animan y salen fuera de la tela, dando la impresión á -maravilla. Confieso que prefiero este arte al de algunos exagerados -puntillistas, ó más bien confettistas, que hay aquí al lado, y cuyas -obras no convencen á la admiración ni al aplauso.</p> - -<p>Llama la atención por su asunto exótico y raro, por sus cualidades de -pintoresco y de color, y por la observación de detalle, el cuadro de -M. Richon-Brunet, <i>L’éxode</i>. El pintor, á quien debe ser familiar la -campaña chilena, expresa una tribu de araucanos en viaje. Podría tal -vez tachársele cierta teatralidad de las figuras, mas la obra es de -mérito indiscutible.</p> - -<p>Como animalista, se distingue M. Cauvelaert; como suntuoso y elegante, -Mr. Bunay, que une á cierto prestigio antiguo un excelente modernismo; -como colorista y realista en sus retratos, M. Paulsen. -<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span></p> - -<p>Un vivaz y plausible cuadro de Willette, que habría celebrado Hugo, -es <i>Gavroche</i> en la barricada. El macabro <i>Enterrement du carnaval á -Barcelone</i>, de Graner Arrufi, es una nota española que no vale, por -cierto lo que la de Larroque-Echevarría, <i>Le chanteur populaire</i>, en la -que ambiente, estudio de tipos y composición, revelan un gran talento -que sigue las mejores tradiciones artísticas de su país, sin dejar de -ser personal.</p> - -<p>Le Sidaner, el de la pintura maeterlinkiana, deja hoy sus interiores, -sus canales, sus jardines tristes, y nos da un trozo de París. Se -reconoce en seguida, por su sabido procedimiento de vaguedad y de -bruma, su melancolía inevitable en todo tema que trate, su misterioso -vapor de las cosas.</p> - -<p>Siempre había que celebrar á M. Aman Jean, cuando presenta tan -deliciosas figuras femeninas, como las dos que son el alma de su cuadro -la <i>Confidence</i>. Hay en este <i>panneau</i> decorativo ciertas deficiencias -de dibujo; pero el poema triunfa por su suavidad musical, por la -elegancia entristecida, por la distinción melancólica de esa escena -íntima, por la gracia lánguida y discreta de esa pintura á la sordina.</p> - -<p>Hay buena cantidad de desnudos, unos antiestéticos, otros perversos y -sin mira artística propiamente dicha, otros demasiado académicos, y -otros abominablemente manchados por el ultraimpresionismo, como los de -M. Denis, que, por otra parte, tiene muchísimo mérito y talento.</p> - -<p>En los desnudos, el que más atrae por la audacia de un detalle que -no se nota á la simple vista, es el de M. Georges Bertrand, <i>Foas -Vitae</i>, fragmento de un cuadro, composición dedicada <i>á la Beauté</i>. -M. G. Bertrand es un pagano, un plástico, un fuerte colorista, y un -comprensivo del amor sin el pecado. -<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span></p> - -<p>Hay un inmenso cuadro, la <i>Bretagne mystique</i>, que representa una -procesión de marinos; es un vasto paisaje de mucha labor y estudio, que -servirá para decorar la escalera del museo de Nantes.</p> - -<p>En la <i>Fille des faunes</i>, M. La Touche sirve un gran plato carnal -pimentado, con desdoro de la antigüedad, que no halla qué hacer en un -ambiente extraño á las concepciones primitivas.</p> - -<p>M. Jean Beraud representa <i>La nuit</i> en una mujer bella, envuelta en -un manto de singular manera, y en un fondo crepuscular. Diríase la -fotografía iluminada de una chilena.</p> - -<p>Y hay más y más cuadros, grandes y chicos, que sería imposible señalar.</p> - -<p><i>Et tout le reste est ... peinture.</i></p> - -<p>En la Escultura hay poca cosa que se pueda aplaudir sin reservas. -Gracias á Rodin y á Constantin Meunier se sale de lo común y bonito. -Se ve mucha cosa de vitrina, tentativas de policromía. M. Dejean se -empeña en dejar para el futuro tanagras modernísimas, muñequitas de -París, no sin talento parisiense. Mme. de Frumerie tiene una agrupación -de trabajos de finura, flexibilidad y gracia. M. Froment-Meurice, que -lleva un nombre de bastante peso, no ha encontrado asunto mejor que una -patada de burra: <i>Anesse ruan</i> ... El <i>Mommsen</i> de Lobach es una buena -testa, y la <i>Sphinx</i>, de Glicensteim, una simbólica y bella creación -en piedra de Bardello, digna de todo elogio. Este mismo escultor, que -reside en Italia, expone un busto de D’Annunzio y otro de una hermana -del poeta, á menos que no sea hija suya. Hay también notable un busto -de vieja, del poeta artista meridional Valére Bérnard, gloria de Marsella.</p> - -<p>Mas todo eso está dominado por la central y monumental figura del -<i>Pensador</i> de Rodin. Es una osadía, dicen algunos, el llamar así una -obra, existiendo <i>Il Penseroso</i>. -<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p> - -<p>No es creíble que Rodin, que tiene un talento genial, se presente -candidato á la inmortalidad con el objeto de desbancar á Miguel Angel. -Hay su bizarría, hasta cierto punto plausible, en interpretar el mismo -tema miguelangelesco de la tumba de los Médicis, á su manera, que, -por otra parte, tiene algo del formidable Buonarrotti; pero los más -entusiastas reconocerán que ni el <i>Pensador</i> vale <i>Il Penseroso</i>, con -ser una obra excelente de estatuaria, ni Rodin pesa aún en la balanza -del mundo y del arte eterno lo que el coloso italiano.</p> - -<p>Alabanzas son dadas á la nueva figura del poema de bronce que -Constantin Meunier hace tiempo viene plasmando á la gloria y al -sufrimiento del trabajo, representado en los tristes obreros de las -minas, cuyos aspectos de fatal resignación, de pesadumbre en lucha con -la dura Naturaleza, con la áspera materia, ha interpretado en máscaras -de un trágico que llega á lo sublime en lo humano. Meunier es belga. Es -el hermano de Rodin. La fama comienza á acariciarle, y no ha tenido, -como el francés, que luchar con la muchedumbre <i>au front de taureau</i>.</p> - -<p>Un escritor que piensa alto y dice vibrante, exclama: «Un enervamiento -enfermizo agita el pulgar de los modeladores; quieren gustar, y para -las decadencias ese deseo no se realiza sin prostituir la forma. Se -desprende de la producción contemporánea sin sensualidad exagerada, -ó bien el artista se complace en una imitación sin crítica y casi -maquinal. Esos son los efectos de un individualismo anárquico y los -frutos de una enseñanza negativa que obliga al discípulo á sacar todo -de sí mismo, aun lo que no contiene en sí.»</p> - -<p>Á Meunier y Rodin no alcanza el anatema. Ellos sacan de su mina -personal su propio oro, su propio bronce, sin olvidar las lecciones de -los maravillosos antecesores, de los gloriosos pasados maestros que son -el orgullo de las artes humanas. -<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span></p> - -<p>Mas es innegable que el sentido del arte noble se pierde, que -nuestra época, á pesar de los que viven á sus anchas y predican las -excelencias de su mediocridad, no es una época artística; que otras -ideas han cambiado los ideales de belleza de las generaciones, y que -el utilitarismo, el mammonismo, por un lado, y el socialismo y el -clericalismo por otro, han dado mucho y están para dar por completo á -todos los diablos, sentimiento aristocrático de lo bello, entusiasmo -por la superioridad del genio, admiración sincera, y el orgullo divino -de las alas.</p> - -<p>La ausencia de representantes del arte hispano-americano en ambos -Salones de este año es notoria y lamentable. Nunca ha habido menos. En -el de la Société Nationale des Beaux Arts, hubo uno sólo. En el de los -Artistes Français, entre pintores y escultores, suman nueve. <i>C’est -maigre.</i> En cambio, la falange de norteamericanos crece cada vez más. -Porque sucede esta inaudita cosa que nunca me cansaré de repetir, -nosotros, los que nos regodeamos de latinidad y de la Loba y de la -herencia griega, nos preocupamos malhadadamente de nuestros artistas; -y los yanquis, los de Porcópolis, los prácticos, los <i>trausters</i>, los -bárbaros, protegen, ayudan prácticamente á sus artistas. Así puede -verse que van logrando en el terreno estético lo que se han propuesto: -tienen pintores y escultores, <i>ma foi</i>, que nosotros no tenemos, salvo -excepciones contadísimas.</p> - -<p>El artista hispano-americano que viene á París, viene siempre -con una lamentable pensión de su Gobierno, pues son muy raros, -extraordinariamente raros, los púgiles, los luchadores de fuertes -hombros y bravos puños, que vengan á bregar en pleno París, contando -únicamente con sus propias fuerzas, con su solo cerebro. -<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span></p> - -<p>Los pensionados de los gobiernos suelen no ser los más talentosos de -su tierra, y cuando vuelven no llevan adelantada gran cosa. Y los de -talento verdadero viven mala y trabajosamente con el escaso sueldo -que casi se les va en modelos y en las modestas cremerías del barrio -Latino. Y acontece que, cuando menos piensa un joven de esos, con su -porvenir casi asegurado, con su labor de estudio al terminar, se ve -abandonado por la luminosa ocurrencia de un Gobierno que no cree de -gran importancia el progreso artístico de su país. De esos hay quienes -se quedan aquí, en una triste <i>struggle-for-life</i>, dándose á labores -industriales, vendiendo su producción á la diabla, cuando logran que -se la compren, y destrozados de desesperanza ante la imposibilidad -de domar la suerte y de conquistar el halago de París, que es la -gloria del mundo. Otros ... ¿Recordáis que hace algunos años, entre -los pintores hispano-americanos de cuyas obras me ocupé, había uno -de quien publicó <i>La Nación</i> el retrato, el cual pintor expuso en el -Salón en que yo os informaba, una cabeza de Cristo? Tenía el apellido -del Libertador, se llamaba Domingo Bolívar. Estaba en París, lleno -de desencanto y de tristeza, á pesar de su buen humor y de su buen -talento. Aquella cabeza de Cristo fué lo último que expuso en París. Él -no creía ya ni en París ni en Cristo ... Se fué á los Estados Unidos, -en donde contaba con excelentes relaciones. Había hecho el retrato del -general Lower, que fué gobernador de Cuba, y el de otros personajes. -Yo le di una carta para el Sr. García Mérou, quien lo acogió noble y -cariñosamente. Mas, Bolívar iba enfermo de París, en donde, pobreza y -desilusión le mordieron el alma. Y en Nueva York, hace poco, hizo el -gran viaje ... con cianuro de potasio.</p> - -<p>Y como ese vencido, muchos otros, pensionados por gobiernos de nuestras -repúblicas. Los dichosos son los pensionados por los norteamericanos. -<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span> -No por el Gobierno, sino por los Mecenas anglosajones, que hay muchos. -Ya en otra ocasión he nombrado á Mrs. Phoebe A. Hearst, la millonaria -madre del propietario y director del <i>New York Journal</i>. Esta dama, -que tiene varios pensionados de su país en Europa, envió por su buena -gracia á París á un artista mejicano, Alfredo Ramos Martínez, sin más -condiciones que estudiar y producir. Lo sostuvo cinco años. Y luego, -la yanqui, le dijo: «Le voy á quitar la pensión. Ya usted está hecho; -ya ha sido aceptado en los Salones y vende sus cuadros. Ahora, no -se mueva de París. Luche. Venza. Complétese usted.» Y el artista se -quedó, luchó. Y hasta entonces, sólo hasta entonces, el Gobierno de su -país, gracias á la iniciativa del ilustre Justo Sierra, le decretó una -pensión. ¿Qué rico de Centro, ó de Sur-América, tendría el bello gesto -de la millonaria de los Estados Unidos?</p> - -<p>Con gusto me expresaré un poco sobre el trabajo y la persona de Ramos -Martínez, como lo he hecho con el admirable y fuerte argentino Irurtia. -Ramos es un laborioso, y un apasionado del color. Es de los que más -honran al escaso grupo hispano-americano parisiense. Ha sido aceptado -en el Salón desde hace tres años, y ha tenido muy grandes distinciones -de parte de la Sociedad de Acuarelistas. Pues la acuarela es su -particularidad, y á ella le debe notables victorias. Vignal, que es -autoridad, lo celebra y aplaude.</p> - -<p>Es un amable carácter, un buen corazón, un excelente muchacho. Ha -sufrido. Sus confesiones pueden servir á los que siguen el camino que -él ha recorrido. «Cuando tuve que vivir en París—me decía una vez—, -cuando me quedé sin pensión, me sostenía la esperanza de verme algún -día con elementos para desarrollar lo que desde hace tanto tiempo -persigo; y esta sola idea me dió fuerzas para no desmayar ante las -<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span> -pruebas tan rudas por que pasé. Inmediatamente me puse á trabajar en -una fábrica de bibelots artísticos. Desde ese día, ¡qué horizonte tan -distinto me rodeaba! Ganaba apenas para vivir. Era un simple obrero, -obligado á seguir las ideas de cualquiera. Del patrón. Mas, ese dolor -me templó; me produjo una gran indiferencia por el instante y una gran -esperanza en el porvenir. Y no pudo ser más: abandoné aquella tarea -sin saber adonde ir. Fué peor. Caí en manos de judíos abominables, -para quienes trabajé, de día y de noche, quedando toda la utilidad -para ellos. Hice ilustraciones para ciertas casas, y fué lo mismo. -Ya desesperado, me fuí á Londres, llevando conmigo mi cartera de -acuarelas. Desde ese día mi vida cambió. Me las aceptaron todas en el -Círculo de Acuarelistas, y á los pocos días adquiría una el duque de -Devonshire. En efecto: Londres fué más propicia á ese respecto con el -artista hispano-americano. Recientemente, se le ha propuesto hacer una -exposición particular de sus acuarelas en el Carlton».</p> - -<p>Este joven artista es un ejemplo de lo que la constancia y el tesón -ayudan al natural talento. Ramos es de los que triunfan apoyados en su -sinceridad ó impulsados por su pasión artística ¡Cuántas veces hemos -recorrido juntos el Louvre ó el Luxembourg conversando de las hermosas -obras de los maestros, de la belleza eterna! O en el taller del -argentino García, hombre de ensueño y de impresión, pintor de secretos -luminosos, á quien he de consagrar, á su vez, una página dilatada; -ó en el estudio del poderoso é intelectual Irurtia, á quien Charles -Morice ha dedicado tan hondas ideas, tan gallardos juicios. Ramos -admira á Vinci. El gran Leonardo, más que Miguel Angel, le hace ver la -humanidad; su <i>Gioconda</i> es la madre, la esposa, la querida, la hembra -completa, según el estado de ánimo en que el espectador se encuentra. -<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> -Lucrecia Crivelli, para él, es sér de adoración; nada habla como los -ojos de esa mujer, que son todo un poema de encanto. En la sola frente -hay un divino enigma; en las solas manos están todo el misterio y -hechizo femeninos. «Gioconda es todo—me decía el artista—.» Ama á -Rembrandt, á Velázquez, «un dios pintando». Querría ver á Velázquez -interpretando á Vinci. Se entusiasma con Botticelli, exquisito y -refinadamente sentimental. En lo moderno ve que Millet sólo podría -decirlo todo; lo colocaría al lado de Leonardo, en los tronos del -Arte. «Su campesino» no es el vulgar que vegeta; es el sér noble y -bueno, penetrado de la grandeza que respira. En su «Primavera» ¿quién -no siente la alegría? Aquel verde nuevo que se ve nacer, los troncos -podados en que revienta la savia; uno que otro surco se adivina que -hacen pensar en el que los cavó. La Naturaleza es todo allí; los -pájaros, las flores que cubren los surcos, y como complemento un -cielo tempestuoso en donde se ve la gracia del iris. A lo lejos, -bajo un árbol, un campesino reposa á la sombra. ¡Es la primavera! ¿Y -Carrière? ¿Y Corot? ¿Y Turner? ¿Y Whistler? Son sus dioses también. Y -saluda á Sicly, á Claude Monet con sus armonías de sol, y al brumoso -Le Lidauer y sus poemas versalleses. Contrariando ciertas opiniones -mías, concluía: «En definitiva, esta época dejará su huella como las -anteriores. Vivimos con electricidad, con vapor, todo al minuto, al -segundo. El poeta, el pintor, el escultor, haciendo con sinceridad, -resultarán siempre grandes.» Es un plausible eclecticismo y una virtud -de entusiasmo que me complazco en alabar. Ramos es la fantasía, pero -también el buen sentido.</p> - -<p>Mas, ¿en dónde están los artistas argentinos, en los dos Salones -de este año? No encuentro más que dos nombres, y eso que son de -semifranceses, Mme. Dampt, la esposa del célebre escultor, que expone -<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span> -en la Société Nationale des Beaux Arts un retrato de Mlle. Péan, de -elegante factura, de expresión, casi diría de estilo; y el Sr. Artigue, -de quien me he ocupado ya en otras ocasiones, y que ha enviado á la -Société des Artistes Français un cuadro lleno del sentimiento de la -Naturaleza, y que denota un gran paso en su labor artística: <i>Sur la falaise</i>.</p> - -<p>El escultor Irurtia no pudo concluir á tiempo un nuevo envío que de -seguro habría tenido igual éxito que las «Pecadoras», tan celebradas -por la crítica parisiense.</p> - -<p>Don Alberto Lynch, del Perú, en la Société des Artistes Français, tiene -un cuadro interesante; un <i>panneau</i> decorativo cuyo asunto está tomado -de un verso de Virgilio: «Collados del Taigeto, hollados en cadencia -por las vírgenes de Esparta.»</p> - -<p>El uruguayo Sr. Samarán presenta dos telas meritorias, una de ellas -<i>Hommage au Maître</i>, y la otra, en donde la intención se junta á lo -bien <i>reussi</i>, titulada <i>N’entend? pas ... toute á Rostand</i>.</p> - -<p>Un discípulo de Bounat, D. Roberto Lewis, cónsul de la república de -Panamá, expone dos retratos, de una ejecución cuidada, y con excelente -expresión, sobre todo el de Madame L. L ...</p> - -<p>Ramos Martínez, el mejicano, tiene obras en ambos salones, cosa -contraria al reglamento; pero el hecho está subsanado con que uno de -los envíos, el del Salón de los Artistes Français, está firmado por -un amigo suyo. Ramos ha logrado en ambos Salones la <i>cimaise</i> y unas -flores preciosas en el Salón de Beaux Arts están colocadas al lado de -uno de los <i>clous</i>, el retrato de lord Ribersdale por Sergent.</p> - -<p>José Vera León, venezolano, expone un retrato muy bien realizado en la -sección de dibujo de los Artistes Français. -<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span></p> - -<p>Chilenos han venido sólo dos, Marcial Plaza Ferrand y Valenzuela -Llanos. Este es un discípulo de su compatriota Pedro Lira y de Jean -Paul Laurens. Ha expuesto en tres Salones parisienses. Es un paisajista -de valer; se ve que se inspira en D’Haspignie, aunque procura dar su -nota personal, expresar su manera de sentir la Naturaleza, el ambiente, -el alma del campo, siendo, con todo, contrario al impresionismo. En su -país se le ha hecho justicia, y obtuvo el premio de honor en el Salón -de Santiago del año pasado.</p> - -<p>Marcial Plaza Ferrand fué también discípulo de Lira, en la Academia de -Santiago. Ha obtenido varios primeros premios en concursos de dibujo y -pintura del desnudo. En el Salón de su país logró una tercera medalla -en 1896, una segunda en 1897, y primera en 1898. Asimismo fué premiado -en el certamen Edwards. Ha estudiado en París, bajo la dirección de -Jean Paul Laurens. Expone por primera vez en la Société des Artistes -Français, en donde le han admitido dos obras que figuran <i>sur la -cimaise</i>. Las dos telas, <i>Parure</i> y <i>Louisette</i>, revelan un -adorador de la «arcilla ideal», un feminista, en el sentido artístico de la -palabra, como lo fué uno de los maestros que él admira, y al cual sigue -á veces, con amor y éxito, Chaplin. En ambos cuadros expuestos hay esa -suave disolución de rosas que caracteriza las encarnaciones del galante -y elegante maestro francés, uno de los más bizarros cultivadores de la -gracia voluptuosa.</p> - -<p>En cuanto á la Escultura, sólo hay dos nombres hispano-americanos, -ambos de Méjico: Enrique Guerra y Fidencio Nava. Ambos son talentosos y -fervientes de amor á la plástica belleza.</p> - -<p>Con tal que haya un ímpetu personal, una conciencia de la senda que se -sigue y una sincera pasión de lo Bello, no importan al criterio sereno -los procedimientos ó las maneras. Además se es roca ó flor, catedral ó -<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span> -logia, cóndor ó ruiseñor. Se posee la fuerza, ó se posee la gracia, -cuando no es el genio que tiene las dos. La montaña de Miguel Angel no -impide las amables y deleitosas colinas de Canova. Lo bello clásico no -excluye lo bello romántico, lo bello parnasiano, lo bello realista, lo -bello simbolista ó decadente. El no admitir más que una fórmula, ó un -genio, ó una clase de lo bello, indica irremediable limitación.</p> - -<p>Yo confieso que la vía porque va el escultor Enrique Guerra es una vía -florida, grata, hermosa.</p> - -<p>Él no comulga con fe absoluta en el templo rodiniano, no ama la -violencia y las osadías á veces poco comprensibles del autor del -<i>Balzac</i> y del <i>Pensador</i>. Él va hacia bosques más hospitalarios -que las intrincadas selvas del discutido y genial Dante moderno del bronce -y del mármol. Si hiciese rodinismo sin sentirlo, caería en ridículo. -Expresa lo que siente, como su ingenio lo indica, como su alma lo ve, -como su cerebro lo sueña.</p> - -<p>En los Artistes Français hay una concepción muy feliz de Enrique -Guerra, una interpretación de suave encanto, de una adorable figura -bíblica que perfuma aún el mundo con el poema de su ardoroso idilio -y con su nombre: es la Sulamita, amada de Salomón, el poeta. Guerra -se sintió inspirado después de leer la traducción del <i>Cantar de los -Cantares</i>, hecha por Renan, y de la prosa marmórea y armoniosa en que -se vierte el antiguo filtro de la sensualidad hebrea, brotó la blanca -<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span> -estatua que ha valido á su autor un franco éxito. <i>Je dors, mais mon -cur veille ... C’est la voix de mon bien-aimé: Il frappe: uvre moi, -dit-il, ma soeur, mon amie, ma colombe, mon inmaculée, car ma tête -est toute couverte de rosée; les boucles de mes cheveux sont toutes -trempées de l’humidité de la nuit.—J’ai retiré ma tunique; comment -veux-tu que je la remette? J’ai lavé mes pieds; comment les -salirais-je? Mon bien aimé alors á éntendu sa main sur la fenêtre -et mon sein en a frémi. Je me lève pour ouvrir á mon bien-aimé; -ma main á touché la myrche; mes doigts se sont collés á la myrche -liquide qui couvrait la poignée du verrou. J’ouvre á mon bien-aimé; -mais mon bien-aimé avait disparu, il avait fui. Le son de sa voix -m’avait fait perdre la raison. Je sors, je le cherche et ne le trouve -pas; je l’apelle, il ne me repond pas. Les gardes qui font la ronde -dans la ville me recontrent; ils me frappent, me meurtrissent; les -gardiens de la muraille m’enlevent mon manteau. Je vous en prie, -filles de Jerusalem, si vous trouvez mon amant, de lui dire que je -meurs d’amour.</i> De ese canto encantador lleno de leche y miel y vino -y olor de manzanas y de rosas no recuerdo que ningún escultor, antes -que Enrique Guerra, haya extraído un tema para una estatua. La amada -oye la voz del amado y medio se despierta; su magnífica desnudez es -una deleitosa armonía del eterno canto de la carne primaveral. Mas la -obra del artista mejicano no tiene únicamente el valor de reminiscencia -bíblica ó encarnación de un tipo literario; guarda su simbolismo, -eterno y moderno, cuya expresión inician las figuras que vagamente -surgen del fondo, y que suscitan, simplemente, el arte. El que tenga -orejas, que oiga.</p> - -<p>De Fidencio Nava diré que es otro que sigue nobles tradiciones. Me -parece que sus maestros admirados y seguidos son los grandes del -Renacimiento italiano, sin que esto le impida seguir tendencias -modernas. Ha progresado mucho, porque su inteligencia vivaz va -acompañada de constante estudio y laboriosidad. Nervioso, con mucha -chispa intuitiva, Nava es también un adorador fogoso de su arte y del -Arte. Poco á poco va ascendiendo; pero su ascensión la hace á paso -<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> -seguro y firme. Presenta en esta ocasión—en otra seré más largo -sobre su obra—un busto de Mlle. Barral, hija del célebre sabio, -que ha agradado generalmente por la vida que hay en él y por el -carácter y plasticidad. Fuera de los elogios de autoridades, le ha -valido este busto un buen triunfo, y es que un comité formado para la -erección de un monumento á Barral le haya encargado la ejecución del -importante trabajo. Este monumento, que se elevará en el cementerio de -Montparnasse, dará á su autor, no lo dudo, una victoria parisiense. Una -figurita llena de gracia que se hará popular por Barbedienne, es la -<i>Petite boudeuse</i>. Así demuestra Nava la flexibilidad de su talento, su -facilidad de interpretación y expresión de la figura humana, su modo -sereno de pensar y su manera feliz de sonreir.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-202.jpg" alt="_" width="150" height="160" /> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span></p> -<hr class="full" /> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-047.jpg" alt="_" width="600" height="234" /> -</div> -<h3>DUELOS CÍNICOS</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-d.jpg" width="60" height="60" alt="D" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"><span class="smcap">Día</span> domingo. Visita al Père-Lachaise cínico. Es allá, en -Asniéres, en la isla de los Perros, junto al puente de Clichy-Asniéres. -Puede ir uno por el ferrocarril, saliendo de la Gare Saint-Lazare. Yo -preferí el tranvía Madeleine-Asniéres-Geunevilliers, que pasa por la -puerta del cementerio.</p> - -<p>¡Un cementerio para perros, para gatos, para pájaros!—y la parte -anarquista que hay dentro de mi sér se sublevaba.</p> - -<p>¡Cómo! ¡mientras hay tanta persona estimable que se muere de hambre, -al pie de la letra; mientras en tanta casa del vasto París se siente -la obra espantosa de la miseria, hay dinero que los ricos emplean en -levantar monumentos á sus amigos, en una extensión de solidaridad harto -censurable!</p> - -<p>La representación de lo más asqueroso, de lo más miserable, de lo más -infectamente horrible, ha sido siempre un perro muerto. Tan solamente -en el cuento de Tolstoï, Jesucristo encuentra que los dientes de la -inmunda carroña son comparables á las más finas perlas. -<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span></p> - -<p>Aquí ascienden los animales á categoría personal. El muladar se -transforma en jardín, y la memoria del amigo de cuatro patas se -perpetúa en bronce ó piedra. De esto á la latría no hay más que un paso.</p> - -<p class="space-above-tab">El tranvía se detiene en el puente. «Allí -es», me dice el conductor, un tanto burlón. Desciendo y llamo á la -entrada de un precioso y florido lugar, adornado de una graciosa -fachada y de una verja de hierro. Una niña rubia me abre la puerta, -y una gran perra me saluda con la cola mientras pago los cincuenta -céntimos de entrada. No hay un solo visitante en esa fresca hora de -la mañana. Al frente se alza un respetable monumento. Es el del perro -Barry. El artista ha presentado en lo alto, al Gran San Bernardo; -en el centro del mausoleo, un perro lleva á un niño sobre su lomo: -abajo se lee: <i>Il sauva la vie á 40 personnes ... Il fut tué par la -41<sup>éme</sup>!</i> La historia es triste, en verdad. El pobre animal -salía á buscar caminantes perdidos entre la nieve. Cuarenta veces -condujo gentes salvas al monasterio. Una vez—la cuarenta y una—encontró -á un hombre, bajo la tempestad, casi helado; quiso sacarlo de la nieve, -pero aquél creyó, en lo obscuro de la noche, que la pobre bestia era -una fiera; tuvo fuerzas para sacar su revólver y herirla. Herido y -todo, el perro fué al convento, y guió á varios frailes al lugar en -que se hallaba el viajero. Éste se salvó, pero Barry murió pocas horas después.</p> - -<p>Camino entre flores y pequeñas tumbas. Una buena cantidad de huesos -caninos yacen allí, adornados como despojos de seres queridos. Sé que -<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span> -ha habido quienes han intentado poner cruces, ó símbolos religiosos; el -reglamento, cuerdo, ha prohibido tales manifestaciones. Hay tumbitas -graciosas, cuidadas; las hay lujosas, artísticas; las hay simples, -elocuentes; las hay ridículas, con sus inscripciones extraordinarias y -ultrasentimentales. Citaré varias:</p> - -<p class="blockquot">«Cora».—A notre fidèle petite chienne, dont le -bon petit cur battit pour ses maîtres. Elle passa toute sa courte vie -parmi eux. Ils l’aimaient trop et na pouront jamáis l’oublier. </p> - -<p>Entre verjas, rodeadas de margaritas, de gencianas, de -botones de oro, se ven lápidas, ó minúsculas perreras de -mármol, ó de cal y canto.</p> - -<p>1886—«Teto»—1901.—Pendant 15 années tu as couché -á mes côtés, en me prodigeant ton affectueuse amitié. -Ainsi quels bons souvenirs! Mais quels regrets!</p> - -<p>Más adelante:</p> - -<p class="blockquot">«Chérie».—Elle fit l’admiration de tous par son -intelligence, sa bonté et son bon petit cur. Sa maîtresse l’aimai trop; -Elle ne pouvait vivre!</p> - -<p>¡Qué historia, qué detalles de vida no contiene la inscripción -siguiente!:</p> - -<p class="blockquot"> 1886—«Bob»—1901.—Ta vie ne fut que souffrances. -La mienne fut parsemée. Nous las confondîmes esperant les adoucir; mais -la cruanté des hommes sut mettre un terme á ce bonheur passager.</p> - -<p>Otra, en versos lamartinianos:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i10">1884—«Brillant»—1889</span> -<span class="i2">Oh! vieux, dernier ami que mon pas réjouisse,</span> -<span class="i0">Leche mas yeux mouillés, mets ton cur près du mien,</span> -<span class="i0">Et seul pour nous aimer, aimons-nous, pauvre chien!</span> -<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -</div></div></div> - -<p>Y esta otra:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i11">A ma bonne «Kiss» chérie.—26 Sbre. 1900.</span> -<span class="i26">Malgré tout!</span> -<span class="i20">Bonne Kissoute blanche.</span> -<span class="i10">Gaîté, sûre, mêlant ta voix claire à ma vie</span> -<span class="i9">N’enfermais-tu fidèle, et me léchant la main,</span> -<span class="i9">Sous ta forme de chien, tout le cur d’une amie?</span> -</div><div class="stanza"> -</div></div></div> - -<p>Una, muy modesta, rodeada de conchas y hierbas:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i10">A «Ivan», notre bon chien, aimant et fidèle.</span> -<span class="i25">12 Juin 1901.</span> -</div></div></div> - -<p>Hay un recuerdo de pintor. Junto á la tumba humilde, -una tablita con la imagen del perro pachón, á quien se da -cita en la inmortalidad:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i14">Au revoir dans l’infini, mon Philos.</span> -</div></div></div> - -<p>Un inglés:</p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i7">«Ruby Smith».—His litte Pet.—December 22nd 1901.</span> -<span class="i11">«Beloved Alec».—My faithful companion for</span> -<span class="i19">11 years.—June 9th 1901.</span> -</div></div></div> - -<p>Encuentro la fotografía de un perrito de aguas sobre un -caballo:</p> - -<p class="blockquot"> 1888.—A «Nenette».—1900.—Ma petite Nenette -chérie. De notre séparation la doleur est inmense. Et je veux des -fleurs chaque fois qu’à toi je pense.</p> - -<p>Y una familia de japoneses: «Osaka—Tokio y Daimio», en un mismo -sepulcro, de lujo, cerca de Athos, enterrado bajo una fina placa de -porcelana.</p> - -<p>Hay varias tumbas con citas de prosa y versos célebres sobre las -virtudes de los animales, y una estrofa original en la tumba de dos -perros de Mme. Tola Dorian, suegra de Jorge Hugo, el nieto del gran -poeta:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p> - -<div class="poetry-container"><div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i18">«Sapho» et «Djérid»</span> -<span class="i22">Amis de Tola Dorian</span> -<span class="i2">Si ton âme, Sapho, n’accompagne la mienne</span> -<span class="i2">Oh cher et noble ami, aux ignorés séjours.</span> -<span class="i2">Je ne veux pas du ciel! Je veux, quoi qu’il advienne,</span> -<span class="i2">M’endormir comme toi, sans reveil pour.</span> -</div></div></div> - -<p>El departamento de los gatos es más pequeño que el de los perros; -pero en varios sepulcros de micifuces hay quejas plañideras y citas -de Baudelaire, que, como se sabe, era un gran amigo de los gatos. Y -la sección de los pajaritos es más chica todavía, aunque cuenta con -curiosas minúsculas tumbas, como las del jilguero Gazouillis, de -quien cuenta la leyenda que Paul y Jeanne lo encontraron al salir de -la escuela, y que era ciego, porque para que cantase mejor le habían -sacado los ojos sus primeros dueños.</p> - -<p class="space-above-tab">Veamos bien las cosas. La parte anarquista -que hay en mí se ablanda si ahondo los motivos de tan inútiles -derroches de sentimentalismo y de francos. No soy un fanático en la -lealtad perruna, porque he visto prácticamente que ella no es tan -fundamental como se cree. El perro es interesado y sinvergüenza; el -gato es vanidoso y maligno. Pero Voltaire y Byron tenían razón: el -estimable rey de la creación no es mejor que los otros animales. Antes -que Byron, alguien había escrito: «Mientras más conozco á las gentes -amo más á los perros.» Y Hugo, que descubrió en ellos el sudor en la -<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span> -lengua y la sonrisa en la cola: «El perro es la virtud, que, no -pudiendo hacerse hombre, se hace bestia.» Me explico el hombre triste, -solitario, hosco á golpes de la vida, desconfiado de sus semejantes, -en esta inmensa selva de lobos bípedos en que vivimos y que llamamos -mundo. Desengañado, herido, burlado por la amistad, desgarrado por -el amor, desdeñado por la consecuencia, encuentra en un perro el -silencio afecto, la caricia de los ojos, la cuasi palabra del ladrido -inteligente, el salto que equivale á un apretón de manos. Y en sus -horas amargas mira al compañero cuadrúpedo como que quiere participar -de su dolor, como que le quiere consolar, como que busca la manera de -hacerse entender y como que comprende las palabras y las miradas.</p> - -<p>Es un amigo, es una cosa en que poner el cariño que no halla colocación -por la maldad, por la falsía, por la ferocidad humana. Y ese hombre -quiere á su perro con el querer que pondría en un sér inteligente, -y con el egoísmo de quien se siente querido, así sea por esa ínfima -alma instintiva que apenas puede formular su volición en la prisión -misteriosa de su naturaleza. Él es su compañero de paseo y su ayuda -de caza. En el reposo de su soledad se echa á sus pies. En él hay una -vaga comprensión de justicia, como en el perro de Benvenuto ó el de -Montargio. Su bondad ó su maldad serán como las de su amo. El perro del -bandido será bandido, como el perro del ciego es limosnero, como el -perro del artista es soñador. La heroicidad no es ajena á su instinto. -Moustachu tiene aquí su estatua, como Cuatrorremos, el bombero, es -recordado en Santiago de Chile.</p> - -<p>Perros y gatos domésticos, pájaros como el loro del <i>Corazón simple</i>, -de Flaubert, pasan, benéficos, en un ambiente de sentimiento, en la -estéril soledad de las viejas solteronas sin familia. ¡Pobres viejas -solas! El animal querido es para ellas todo su amor; en él ponen las -ternuras que no encontraron correspondencia ó que la suerte no pudo -<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span> -premiar con la realización de un ardiente deseo. No hay marido, no -hay hijos, no hay más compañía que la de venales sirvientes, y si -la pobreza es mucha, la soledad reina. Entonces el gato sigue por -las habitaciones á la anciana; el perro se hace presente; come al -mismo tiempo el escaso puchero y duerme á veces en el mismo lecho. Es -una ayuda, es un espíritu, es un corazón que palpita al lado, y en -ocasiones ha sido el salvador de la vida. Mueren esos animales; el -desconsuelo es tan grande como si muriese una persona amada. Hay quien -los entierra en el jardín de su casa, y los llora y los recuerda por -toda la vida. Se creó el cementerio de animales, y allí van, con más -ó menos pompa, Bob, Turc, Sultán, León, Stop, Mistigris, Miau, Bijou, -Fifí, Lilí, Tití, y demás apelativos onomatopéyicos.</p> - -<p>Desde la extraña necrópolis se ven las aguas del Sena, á un paso. -Arboles frondosos dan sombra, y el perfume de las flores abundantes -hace grato el aire. Al salir me llamó la atención un monumento sobre el -cual se alza una corona heráldica. Es el de una perra de la princesa -Cerchiara Pignatelli. La dedicatoria explica una vida de sufrimiento, -mitigada por la compañía del fiel animal, y ve uno cómo se juntan en -los mismos simples afectos, las sensibles porteras y las aristocráticas -damas. Las penas son las mismas. El dolor de la vida tiene las mismas -llaves que la muerte, y abre todas las puertas. No lejos, un gran pavo -real de bronce se levanta sobre artísticas rocas revestidas de variadas flores.</p> - -<p>La misma niña y la misma perra me despiden en la puerta. Sé que -la perra es conocida de todo el pueblo, y que es inteligente y ha -realizado varias proezas. No hace mucho tiempo, Spera—ese es su -nombre—intentó una buena acción, con un su semejante, pero no tuvo -éxito. Alguien ató á un perrillo una piedra en el cuello y lo echó al -<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> -Sena. El animalito logró sostenerse por un momento en unas ramas de la -orilla. Spera lo vió y se puso á ladrar desesperadamente. Llegaron los -guardianes del cementerio, y con ayuda de una caña, quisieron sacar al -pobre animal que se ahogaba. Fué imposible, pues el peso de la piedra -lo arrastró al fondo.</p> - -<p>A falta de un <i>biefteack</i> de despedida que ofrecerle, pasé á Spera -la mano por el lomo. Y volví á París.</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-210.jpg" alt="_" width="150" height="139" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-093.jpg" alt="_" width="600" height="258" /> -</div> -<h3>LA RAZA DE CHAM</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/drop-m.jpg" width="60" height="61" alt="M" /> -</div> -<p class="drop-cap drop-indent"><span class="smcap">Mientras</span> en -espantosas catástrofes los amarillos se imponen, en farsas sangrientas -los negros se hacen notar. Parece que un mal diablo estuviese azuzando -las razas unas contra otras. Así, pues, de Haití llegan á Francia malas -nuevas. La macacada está furiosa; los pocos blancos que hay en la isla -ven con temor la agitación de los naturales. Saben que una insurrección -de color es terrible para los europeos. En el negro, danzante, tristón, -jovial, pintoresco, carnavalesco, surge, con el fuego de la cólera y el -movimiento de la revuelta en antepasado antropopíteco, el caníbal de -Africa, la fiera obscura de las selvas calientes.</p> - -<p>Ya hay experiencia sobre ese punto. Las agitaciones haitianas coinciden -con las amenazas que un doctor negro hace á la raza caucásica, desde -una de las principales revistas de París. Ese doctor negro es de los -negros de los Estados Unidos, los más osados, los más audaces que -<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span> -puedan existir sobre la superficie de la tierra. De ellos nos decía no -hace mucho tiempo un atinado escritor argentino, el Dr. Damián Lan: -«Y no he visto, ya que de audacias le hablo, nada más atrevido, más -decididamente atrevido, que el negro americano. ¡Ah, los negros!... -son el terror de los turistas extranjeros y la sombra nefasta de sus -compatriotas blancos».</p> - -<p>«La negrada es todo un problema social en los Estados Unidos; esto, -todos los sabemos. Pero, estando aquí, se comprende mejor cómo es -posible que todo este inmenso pueblo se conmueva en masa cuando -los diarios lanzan á todos vientos la noticia de que el presidente -Roosevelt ha invitado á su mesa á un negro, por ejemplo, ó que el -ministro tal se ha paseado por las calles de Washington codeándose con -un mulato». Estos seres de color obscuro, tan buenos y humildes entre -nosotros, constituyen aquí una familia de nueve millones de individuos -perversos y despechados contra el blanco, que les ha tratado siempre -con rigor y que por eso ha provocado en ellos un odio profundo que se -va sucediendo de generación en generación como legado hereditario. -El negro aquí no es el ente medroso y pusilánime que conocemos, -no; demuestra al blanco el más decidido desprecio, lo mira siempre -fisgándose de él, se ensaña con él cuando puede hacerlo víctima de -alguna perversidad, y goza entonces con su desgracia. Sabe que sus -derechos ante la ley son los mismos de la otra raza, y se afana á todo -trance por poner esta igualdad de manifiesto. ¿Qué mucho, entonces, que -en la práctica la ley Lynch subsista aquí todavía?</p> - -<p>He reproducido esos párrafos de la correspondencia del doctor Lan, -porque ellos son un apoyo á la sabia opinión de M. Remy de Gourmont -sobre los negros y su actitud en la América anglo-sajona. En las -especies humanas hay diferencias casi infranqueables. «Si lo son -<span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span> -sexualmente—dice—no lo son socialmente. He aquí que Mr. Roosevelt -pretende imponer á los blancos la supremacía, aunque local, aunque -momentánea, de hombres de color, aunque distinguidos. Se trata de -algún preceptor, de algún juez de paz». Eso parece nada y es enorme. -Hay pastores negros, hay curas negros, los hay chinos: ¿qué hugonote -francés, cuál de nuestros paisanos católicos iría á confiarse, sin -risa, ó sin asco, á ese ministro, verdadero, sin embargo, de su -religión? La especie domina la religión. Sin duda la religión es un -vínculo, y un chino cristiano ha adquirido algunas nociones que le -acercan á un civilizado occidental. Pero eso es bastante flojo. Los -negros de Mr. Roosevelt pueden ser excelentes wesleyanos, perfectos -baptistas, metodistas deliciosos; el sajón, el latino, ó el celta los -rechazan unánimemente, y su rechazo es bello, pues está conforme con -las voluntades de la naturaleza. El patriotismo del suelo es excelente; -hay que defender su casa contra los ladrones, eso es elemental. El -patriotismo de la especie, ó, si se prefiere la palabra literaria, -el patriotismo de la raza, ha llegado á ser tan necesario como el -patriotismo del suelo. Veo la cuestión negra, hoy particular á los -Estados Unidos, agrandarse desmesuradamente. Mañana se planteará en el -mundo entero, bajo un color ú otro. Los americanos, protestando contra -los sentimientos demasiado bíblicos de Mr. Roosevelt, sirven á la causa -de la civilización, absolutamente ligada á la preeminencia de la raza -blanca; pero si ellos quisieran obedecerle, y aceptar funcionarios -negros, y casarse con negras, y procrear una bella raza de mestizos, -si consintiesen en degenerar, en fin, harían un gran servicio á la -Europa. El país del juez Lynch es demasiado vigoroso para consentir en -tales humillaciones, y el noble patriotismo de la especie es demasiado -potente. Vale más linchar negros que elevar estatuas á los Schoelchers. -<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span> -Claro es que el sentimentalismo cristiano se opone á esas crueldades -que la ciencia enseña. El escritor negro de que he hablado—un -mentado Tobías—, en su largo trabajo en pro de su raza no puede -manifestarse más altivo, alguien diría más insolente. Como tiene sus -letras y sus ciencias, se alza contra los amos armado de ellas y -proclama, no la igualdad, sino la superioridad de los negros sobre -los blancos. La superioridad intelectual y la superioridad física. -«Tenemos—dice—mucha más imaginación.» Y señala como síntoma de -decadencia los dientes cariados y las cabezas calvas de muchos -anglo-sajones, ante las bien provistas mandíbulas y las tupidas pasas -de los libertos de ébano.</p> - -<p>Estamos lejos del excelente Domingo de Robinson, del famoso tío Tom, -de los gratos esclavos de las familias de la Colonia. Felizmente, el -negro, en su especie, no tiene las condiciones de la raza amarilla, y -no es fácil, al menos por ahora, que la preponderancia de las razas de -color que augura el convencido Tobías, se realice, para ruina y mengua -de la civilización occidental, es decir, blanca.</p> - -<p>Entre otras cosas consoladoras, acabo de leer este resumen de una sabia -Memoria del doctor Roxo, brasileño, sobre las perturbaciones mentales -de los negros en el Brasil: «Después de haber estudiado en todos sus -pormenores las perturbaciones mentales en los negros, resulta que es un -hecho probado que la raza negra es inferior: en la evolución natural -es retardataria, y mientras el cerebro de los negros no entre en un -período de actividad creciente, será una utopía la nivelación de las -razas. Cada cual tiene un grillete que le retiene por los pies: es la -tara hereditaria. Y ésta es pesadísima en los negros.» -<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span></p> - -<p>El romanticismo lo hermoseó todo, hasta los negros. Hugo crea á -Bug-Jargal y Lamartine sublimiza á Toussaint-Louverture. El pobre -Bezain no alcanzó ya el vaudeville y la revista de fin de año. En -realidad, apenas el heroísmo es el que salva al pobre hijo de Cam -del ridículo que trae como fatal herencia desde el materno vientre. -Necesitan para brillar, el resplandor de la pólvora ó la grandeza del -suplicio, para poder resplandecer en la historia Falucho, Antonio -Maceo. La Humanidad no ha podido aún ver el genio negro. El talento -mismo es en ellos escaso, fuera de ciertas especiales disciplinas, á -las cuales se adaptan su agilidad y su dón de imitación. Mr. Tobías -señala como un gran triunfo el éxito de una compañía de cómicos de -color, Walker y Williams. Hay una cantante que se llama la Patti -negra. Hay algunos violinistas y creo que algunos pintores. Según -Tobías, abundan los escritores en los Estados Unidos. En la América -española no han faltado. Plácido es célebre en Cuba, y Candelario -Obeso, en Colombia. Haití cuenta con varios rimadores y cuentistas. -Mas, colectivamente, todo eso, en unas partes como en otras, acaba -y se resume en la bámbula, en el tamborito, en el toumblack, en la -mozamala, en el candombe. Juan Montalvo tenía siempre la preocupación -del «negro malcriado». Se refería á los de su tierra. Si llega á sufrir -las impertinencias osadas de los de Norte-América, rabia y relampaguea -mayormente. Habituados á una secular obediencia, á una tradicional -pasividad, la libertad vuelve á los negros locos de vanidad y de crueldad.</p> - -<p>Su imaginación—tienen imaginación, dígalo el prodigioso mulato -Dumas—les hace concebir una fantástica vida de jolgorios y alegrías, -antes tan solamente permitidos á los aborrecidos blancos ... La vanidad, -que les es característica—no hay vanidad como la del piel-obscura—, -les induce á imitar los gestos y maneras del caballero blanco, del -antiguo patrón. El ministrel se pavonea. Su teoría, su sueño, su meta, -<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span> -es la igualdad. Pero que no tenga la más simple representación, -la autoridad más pequeña, el honor más mínimo, porque entonces se -convierte en el peor tirano. Nada por eso más horroroso y sangriento -que las represalias negras en el Norte, y que la política negra, y -las insurrecciones negras, en ese todavía misterioso Haití, en donde -aun impera el recuerdo de Biassan el feroz, del vampírico Dessalines, -y del mismo Toussaint, que, á pesar de la poetización lamartiniana, -decía á sus gentes, después de la comunión: <i>Zoté coné bon Gin; ce li -mi fe zoté voer. Blan touyé li touyé blan yo toute</i>, lo cual en romance -quiere decir: «Ya conocéis al buen Dios. Es el que os hago ver. Los -blancos le mataron. ¡Matad vosotros á todos los blancos!» Y en seguida -tenía la osadía de escribir á Napoleón: «Al primero de los blancos el -primero de los negros», cosa que hacía arrugar el entrecejo al duro emperador.</p> - -<p>Hablando de las crueldades de los haitianos dice un escritor: «Se -buscaría en vano en la historia de los pueblos una manifestación igual -de ferocidad. Las vísperas sicilianas y la San Bartolomé fueron juegos -de niños comparados con la masacre de Santo Domingo, que saludó la -aurora de la república haitiana. Las tradiciones locales abundan en -recuerdos espantosos. Colonos, marqueses y condes que llevaban los más -hermosos nombres de Francia,—Richelieu, Gallifert, Breteuil—fueron -picados vivos, milímetro por milímetro, bajo el cuchillo de los -negros, refinados en su salvajismo. Otros fueron decapitados, con -un acompañamiento de circunstancias atroces. Los verdugos dejaban -las armas de acero, que cortaban bien, y aserraban las carnes y -tendones con fragmentos de viejos aros de barril. Y se cree que los -<i>blanc-français</i> que perecieron, hombres, mujeres, niños, fueron -en número como de veinticinco mil.» -<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span></p> - -<p>Tienen razón, pues, los blancos residentes en la república -semicimarrona de temer por sus vidas. Y los hijos de la civilización -europea deben poner oído atento á estas palabras con que el citado D. -E. Tobías concluyó el estudio que llamó mi atención y del cual os he -señalado algunos puntos: «El problema del siglo <span class="smcap">xx</span> -será el de las relaciones por establecer entre la raza blanca y la raza de -color en el mundo. Creo que razas de color triunfarán sobre las razas blancas».</p> - -<p>«En la categoría de las razas de color coloco á los africanos, los -indios, los chinos, los japoneses y los habitantes de la Oceanía. -Tengo la firme creencia de que esa victoria de las razas de color será -cierta, y me baso sobre todo en el hecho de que las razas de color -aumentan numéricamente, mientras que las razas blancas disminuyen. Y es -el número el que dirá la última palabra.»</p> - -<p>Ya se encargarán en el país de las bandas y de las estrellas de enseñar -á Tobías cómo hablaba Zaratustra.</p> - -<p class="space-below2">Mas ¿cómo hablaba Jesucristo?...</p> - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-217.jpg" alt="_" width="200" height="169" /> -</div> - -<hr class="full" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span></p> -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-103.jpg" alt="_" width="600" height="190" /> -</div> - -<h3>ÍNDICE</h3> - -<table class="space-above3 space-below3" border="0" cellspacing="2" summary="Índice" cellpadding="2"> - <tbody><tr> - <td class="tdl"> </td> - <td class="tdr u"><small>Páginas.</small></td> - </tr><tr> - <td class="tdc" colspan="2"><big><b>Libro I</b>.</big></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Figuras reales</td> - <td class="tdr"><a href="#reales"> 9</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Pascua</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_17">17</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">París y el rey Eduardo</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_27">27</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">París y el rey Víctor Manuel</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_35">35</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">La <i>Brimade</i></td> - <td class="tdr"><a href="#Page_47">47</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Idilio en falso</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_55">55</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">El cetro del <i>Chiffon</i></td> - <td class="tdr"><a href="#Page_61">61</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Cosas de Shakespeare</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_69">69</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Reyes y cartas postales</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_77">77</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl"><i>Joli Paris</i></td> - <td class="tdr"><a href="#Page_85">85</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Divagaciones sobre el crimen</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_93">93</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdc" colspan="2"><br /><big><b>Libro II</b>.</big> - <span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Bambini de sufrimiento</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_103">103</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Friné</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_111">111</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl"><i>Chez Hugo</i></td> - <td class="tdr"><a href="#Page_115">115</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Psicología de la postal</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_119">119</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">La gloria de Tartarín</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_123">123</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">El caso de M. Syveton</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_127">127</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Jardines de Francia</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_131">131</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Pequeña aventura de una princesa de Francia</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_135">135</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Viajes presidenciales</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_139">139</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">En casa de Minerva</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_145">145</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Las Mil noches y una noche</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_153">153</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">París y el Zar</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_161">161</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdc" colspan="2"><br /><big><b>Libro III</b>.</big></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">En el «País latino»</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_169">169</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">El hipogrifo</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_175">175</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Impresiones de «Salón»</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_181">181</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">Duelos cínicos</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_203">203</a></td> - </tr><tr> - <td class="tdl">La raza Cham</td> - <td class="tdr"><a href="#Page_211">211</a></td> - </tr> - </tbody> -</table> - - -<div class="figcenter"> - <img src="images/illus-221.jpg" alt="_" width="400" height="585" /> -</div> -<p> </p> -<hr class="r5" /> -<p> </p> - -<div class="transnote bbox space-above2"> -<p class="f120 space-above1">Notas del Transcriptor:</p> -<hr class="r5" /> - -<p class="indent">Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. -Las ortografías inciertas o anticuadas o las palabras antiguas no fueron corregidas.</p> -<p class="indent">Errores obvios de imprenta han sido corregidos.</p> -<p class="indent">Páginas en blanco han sido eliminadas.</p> -<p class="indent">La imagen de portada fue creada por la transcripción, y está en el dominio público.</p> -</div> - -<p> </p> -<hr class="pg" /> -<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK PARISIANA***</p> -<p>******* This file should be named 53930-h.htm or 53930-h.zip *******</p> -<p>This and all associated files of various formats will be found in:<br /> -<a href="http://www.gutenberg.org/dirs/5/3/9/3/53930">http://www.gutenberg.org/5/3/9/3/53930</a></p> -<p> -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed.</p> - -<p>Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. -</p> - -<h2 class="pg">START: FULL LICENSE<br /> -<br /> -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</h2> - -<p>To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license.</p> - -<h3 class="pg">Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works</h3> - -<p>1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the -person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph -1.E.8.</p> - -<p>1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. 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Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate</p> - -<h3 class="pg">Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.</h3> - -<p>Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support.</p> - -<p>Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition.</p> - -<p>Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org</p> - -<p>This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.</p> - -</body> -</html> - diff --git a/old/53930-h/images/cover.jpg b/old/53930-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index b5d7c6e..0000000 --- a/old/53930-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/53930-h/images/drop-c.jpg b/old/53930-h/images/drop-c.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index bc1256b..0000000 --- a/old/53930-h/images/drop-c.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/53930-h/images/drop-d.jpg b/old/53930-h/images/drop-d.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 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