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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: Antología de prosistas castellanos - -Author: Ramón Menéndez Pidal - -Release Date: December 30, 2016 [EBook #53837] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - - - - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_, las - negritas entre signos de =igual= y los interletrajes espaciados - entre ~tildes~. Las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Las cifras en subíndice son precedidas por «↓» y las cesuras - espaciadas en los versos se muestran como « · ». - - * Se han respetado las ortografías originales de las distintas - épocas. Las inconsistencias ortográficas no se han normalizado. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su - detección se ha tenido en cuenta el texto de la primera edición - de esta obra. - - * Se han renumerado las notas a pie de página y se han colocado al - final de cada capítulo. - - - - - PUBLICACIONES DE LA REVISTA - DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA - - VOLÚMENES PUBLICADOS - - I - - INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO - DE LA LINGÜÍSTICA ROMANCE - - POR W. MEYER LÜBKE - TRADUCCIÓN DE A. CASTRO - - II - - ANTOLOGÍA DE PROSISTAS - CASTELLANOS - - POR RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL - - - - - JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS - CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS - - RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL - - ANTOLOGÍA DE PROSISTAS - CASTELLANOS - - [Ilustración] - - MADRID - 1917 - - - - -Imp. Clásica Española. Cardenal Cisneros, 10.--Teléf. 4430 - - - - -PRÓLOGO - - -La edición primera de esta colección de prosistas apareció en 1899. -La obra, abandonada desde entonces por mí, aparece ahora en una -segunda edición, bastante corregida y aumentada con trozos de algunos -autores más. - - * * * * * - -Es útil la lectura de un autor antiguo, porque su pensamiento puede -instruir y educar el nuestro; mas, para que esto tenga lugar, es -preciso comprender sus ideas, no en lo que tienen de común a muchos -tiempos, lugares y gentes, sino en aquello más escondido y particular -propio de tal época, tal región o tal persona, que, comparado con -lo que tenemos delante y habitualmente nos rodea, nos ayuda a -apreciar mejor lo que esto tiene de bueno o de malo, de pasajero o -de permanente, dando seguridad y madurez a nuestro juicio. Por esto -el comentario del autor antiguo se debe fijar en lo que la obra -comentada difiere más de lo actual, en lo que tiene de más peculiar, -por menudo que parezca; pues sólo conseguimos comprender bien -el pensamiento de un autor cuando llegamos a entender el sentido -especial con que él escribió cada palabra, representándonos en -nuestra imaginación lo mismo que él en la suya tenía presente al -escribir; en suma, cuando reconstruímos en nuestro entendimiento -las menores circunstancias particulares del tiempo y lugar en que -fué escrita la obra, cuando llegamos a despertar en nosotros la -impresión que los pormenores y el conjunto de la misma hicieron en -los contemporáneos del autor cuando la leían. - -Claro que es muy difícil siempre acercarse a este ideal, y que es -imposible realizarlo tratándose del estudio de autores en la segunda -enseñanza; pero, de todos modos, es preciso que las observaciones -gramaticales, retóricas y literarias que continuamente han de surgir -en la lectura de los clásicos, no se descarríen por el terreno de -las consideraciones abstractas y tomen un aspecto principalmente -histórico. - -Las notas que acompañan a la presente colección, no quieren ser un -comentario suficiente para el alumno: no se proponen más que hacer al -profesor más llevadera la difícil tarea de poner un trozo antiguo al -alcance de los alumnos, y de hacer que éstos entren, en lo posible, -dentro de la época, y dentro de la intención y estilo de cada autor. - -Las breves introducciones que preceden a cada autor, sólo pretenden -dar una orientación general, de muy diverso alcance y carácter en -cada caso, para esbozar una sumaria historia del desarrollo de la -prosa; sugieren, nada más, algunas cuestiones relacionadas con esa -historia. - -Las notas son una muestra de las múltiples explicaciones de puntos -de gramática, de estilo, y a veces de historia literaria, que -ocasionalmente deben hacerse con motivo de la lectura. Claro es -que cada profesor tiene que multiplicar estas explicaciones de -acuerdo con la índole y objeto principal de su enseñanza. Sobre -todo, queda al profesor el comento literario; ha de enlazar el -fragmento aquí publicado con la obra entera de donde procede; ha de -hacer comprender el plan y fondo de esa obra, relacionándola con -el conjunto de la producción literaria española de la época; ha de -ahondar en el pensamiento del autor, y descubrir su nota distintiva. -En todo debe llevar al alumno a que formule juicios propios sobre las -cuestiones tratadas; a que ejercite su discernimiento y su crítica -independientemente de las nociones recibidas en los manuales; a que -eduque su buen gusto, en fin. - -Esta colección proporcionará a los alumnos trozos bastante extensos -de obras que no podrían o no deberán leer enteras. Sólo incluye -autores hasta comienzos del siglo XIX, porque son los que están más -fuera de la mano del estudiante; no porque los autores modernos no -deban formar parte, y muy principal, de las lecturas de clase. - -Los textos van, en general, ajustados a las ediciones más antiguas -de la obra de donde proceden. Para Moratín se sigue la edición de la -Academia de la Historia. Para Santa Teresa, Jovellanos y Toreno, la -edición de la Biblioteca de Autores Españoles. Para Mendoza se tienen -presentes los manuscritos de _La Guerra de Granada_. Para don Juan -Manuel se han consultado todos los códices del _Conde Lucanor_. El -Arcipreste de Talavera va según la edición de Pérez Pastor. - - -ADVERTENCIA SOBRE LA LENGUA MEDIEVAL - -La antigua lengua castellana, aunque no difiere considerablemente -del español moderno, presenta, como es de suponer, bastantes -caracteres distintos. Por de pronto diremos sólo que, en cuanto a -la pronunciación, la lengua antigua era más rica en sonidos que la -moderna. - -Distinguía una _s_ sorda y otra sonora (con análoga diferencia que la -que existe en francés entre _poisson_ y _poison_); la _s_ sorda se -escribía doble entre vocales (_passar_, _escriviesse_), y sencilla -cuando era inicial o iba tras consonante (_señor_, _mensage_), o -delante de consonante sorda (_estar_, _España_); la _s_ sonora se -escribía sencilla entre vocales (_casa_, _cosa_). - -Distinguía también la _ç_ (o _ce_, _ci_), sorda, de la _z_ sonora; -aquélla era un sonido parecido al que hoy pronunciamos en za, ce, -ci, zo, zu; y la _z_ antigua era el mismo sonido, pero acompañado -de sonoridad en las cuerdas vocales. Por la pronunciación y la -ortografía se diferenciaban, por un lado: _hace_, _haces_, singular -y plural del sustantivo moderno «haz», y por otra parte: _haze_, -_hazes_, del verbo «hazer», moderno «hacer». - -Se distinguían también la sorda _x_ de la sonora _j_ (con análoga -diferencia a la que existe en el francés entre las iniciales de -_chambre_ y de _jour_). Por la pronunciación y la ortografía se -distinguían antes: _rexa_ de ventana y _reja_ de arado. - -Se distinguían también una _b_ oclusiva, es decir, pronunciada -juntando completamente los labios, como cuando pronunciamos hoy -con energía el imperativo _basta_, y una _v_ meramente fricativa, -pronunciada con los labios a medio cerrar solamente, como cuando hoy -decimos _saber_, _ave_. La distinción existe, pues, hoy día; pero -hoy la pronunciación de una u otra _b_ no se atiene a la ortografía, -ya que ésta escribe ora _b_ ora _v_, según la escritura latina, sin -atender a la pronunciación moderna; además la distinta pronunciación -hoy depende sólo de la posición más o menos débil de la consonante -(oclusiva, cuando va inicial o tras consonante: _basta!_, _ven!_, -_ambos_, _envidia_; fricativa, cuando va entre vocales: _la bestia_, -_la voz_, _haber_). Por el contrario, en la lengua antigua la -pronunciación de la _b_ o la _v_ dependía de la etimología de la voz, -y a veces entrañaba diversa significación en los vocablos: _cabe_, -_cave_, de los verbos «caber» y «cavar», se distinguían antes por -la pronunciación, hoy tan sólo por la ortografía; y antiguamente -se escribía y se pronunciaba la _v_ en muchos vocablos que hoy se -escriben con _b_, como _cavallo_, _bever_, y viceversa _bivir_, -_bívora_. - -Si en la lectura no se acierta a producir o no se quieren hacer estas -distinciones, pronúnciense la _ss_ y la _s_ como la _s_ moderna; la -_ç_ y la _z_, como la _z_ moderna; la _x_ y _j_, como la _j_ moderna; -la _b_ y la _v_, como la _b_ moderna. - - - - -ALFONSO EL SABIO - -(1220-1284) - -Y SUS CONTINUADORES - - -Mientras la poesía castellana venía cultivándose desde el siglo XII, -y había producido, ya hacía mucho, una obra maestra como el _Poema -del Cid_, la prosa tan sólo empezó a tener un cultivo literario en el -reinado de San Fernando († 1253), y no produjo obras verdaderamente -notables sino en la corte de su hijo Alfonso X. La poesía aparece con -un carácter popular o nacional, y se enlaza desde su comienzo con la -poesía de otros idiomas románicos, con la francesa, con la gallega -y la provenzal principalmente. La prosa aparece con un carácter más -erudito, ejercitándose en obras científicas o didácticas, copiadas -o inspiradas en las literaturas más sabias de entonces: la latina, -la árabe y la hebrea. En este primer período de su desarrollo, la -prosa se ejercita principalmente en traducir las materias que hasta -entonces se expresaban sólo en las lenguas doctas de la época; en las -traducciones se procuraba una fidelidad más literal que literaria, -y en todo caso los varios estilos de los autores traducidos se -sobreponían al estilo del adaptador castellano. - -Mucho de esto se ve en varias de las grandes obras emprendidas por -Alfonso el Sabio, y muy particularmente en la _Crónica general de -España_, que empezó a componerse en su reinado, hacia el año 1270, y -en la cual se seguía trabajando durante el reinado de su hijo Sancho -IV, en 1289. El estilo de la _Crónica_ ofrece sus sencillos encantos, -precisamente a causa de la gran variedad que reviste, según traduce -las apasionadas _Heroidas_ de Ovidio, los elocuentes y sentenciosos -exámetros de la _Farsalia_ de Lucano, el bullicio anecdótico de -_Los Césares_ de Suetonio, la penetrante y cruda minuciosidad de -los historiadores árabes, el simbolismo retórico de los poetas -musulmanes, los heroicos versos de los juglares castellanos, el -bíblico lirismo de San Isidoro o la honda emoción personal del -arzobispo don Rodrigo, que a jirones rasgan la dura sequedad de las -crónicas medievales. - -Así, la prosa de la _Crónica_ tiene el gran atractivo de ser un -reflejo multicolor de las más elevadas corrientes de arte que se -dejaban sentir en las diversas generaciones que convivieron y se -sucedieron en la corte castellana, durante los dos reinados de -Alfonso X y de Sancho IV. - -Mas a pesar de esta múltiple influencia de los textos traducidos, -la _Crónica General_ ofrece una marcada originalidad, lo mismo como -compilación histórica representativa de la más vasta cultura de la -época, que como obra literaria en que el lenguaje está sometido a una -elaboración artística. De diversos testimonios consta que, aunque -Alfonso el Sabio no escribía enteramente por sí las obras que llevan -su nombre, él dirigía a los redactores a quienes se las encomendaba -y corregía lo que éstos hacían, cuidando muy especialmente de que -los idiomas doctos, de donde se tomaban las materias diversas, -no estropeasen la pureza del castellano, y de que la lengua, en -general, fuese elegante. En el prólogo del _Libro de la Esfera_ se -dice que el rey «tolló las razones que entendió eran sovejanas et -dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras -que entendió que complían; et quanto al lenguaje endreçólo él por -sise»[1]. - -El vocabulario y la construcción son, en efecto, muy castizos, y el -lenguaje, en medio de su sencillez, posee una poderosa eficacia. -El relato conserva todavía ciertas fórmulas de las narraciones -populares, no hechas para la lectura, sino para la recitación en -público, como aquellas en que los juglares se dirigían a sus oyentes. -Así, la _Crónica_ se dirige a menudo a su público: _E sabet que... Ya -oistes de suso... en esta manera que vos avemos contado... conviene -que vos digamos..._ Igual práctica se observa en los primeros -prosistas franceses, por ejemplo en Villehardouin. - -La inhabilidad para el paso de la narración en verso de los juglares -a la narración prosaria de la historia, se observa en la escasez de -formas del período, manifestada, sobre todo, en la pobreza extrema de -las conjunciones. Es de gran monotonía la larga serie de cláusulas, -yuxtapuestas casi únicamente por medio de la simple conjunción -copulativa _e_. - -Presentamos a continuación dos muestras de la _Crónica_. La primera -está escrita en el reinado de Alfonso X, y es principalmente un -arreglo, o mejor, una traducción de Suetonio; la segunda está -redactada en la corte de Sancho IV, y es una anécdota, probablemente -tomada de la tradición oral. Se notará entre ambos trozos alguna -considerable diferencia de lenguaje, a pesar de que el primero no -representa el habla más antigua empleada en la parte de la _Crónica_ -compuesta bajo Alfonso X, ya que la lengua más arcaizante es la usada -en los 100 primeros capítulos de la obra. Por ejemplo, la apócope -de la vocal _e_ final (_siet_, por «siete»; _franc_, por «franque», -moderno «franco»; _yl_, por «y le»; _cuemol_, por «como le»), y a -veces la de la _o_ final (_poc a poco_, _much a menudo_, _tod el -pueblo_), se practica en el primer trozo de la _Crónica_, siguiendo -el uso predominante en el castellano durante el siglo XII y primera -mitad del XIII; pero tal apócope es ya casi desconocida en el segundo -trozo, usándose, por lo general, tan sólo en el caso del pronombre -_le_ cuando va tras las partículas _que_ y _no_, o tras un verbo -(_quel_, por «que le»; _nol_, por «no le»; _díxol_, por «díjole»). -De este modo, en los escasos veinte años que dura la elaboración de -la _Crónica_, observamos a ojos vistas una de las más importantes -evoluciones del español literario: la pérdida de las terminaciones -agudas en consonante, que le asemejaban antes al francés, y la -preferencia marcada por las terminaciones llanas en vocal, que le -asemejaban al italiano. Otras muchas diferencias podrían observarse; -por ejemplo la preposición _pora_ que se ve en el primer fragmento, -tiene ya en el segundo la forma moderna _para_. Por éste y otros -casos se manifiesta cómo la lengua literaria evolucionaba, sobre todo -en cuanto a la estructura de las palabras, más activamente en este -primer período de su desarrollo que durante todos los sucesivos. - - - CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA - - 172. Dell imperio de Nero, et luego de los fechos que contecieron - en el primer año de su regnado. - -Luego que Claudio fue muerto, fincó[2] Nero, su yerno, por emperador -de Roma et de todo ell[3] imperio; e avíe dizeocho años quando -començó a regnar, e regnó dizitres[4] años et ocho meses... - -Este Nero[5] era mesurado de cuerpo, ni muy grand ni muy pequeño, -pero avíelo todo lleno de manziellas[6] et de mal olor; avíe los -cabellos castaños et la cara fremosa más que de buen donario; -no avíe el viso claro, ni veíe bien de los ojos; la cerviz avíe -delgada et el vientre colgado, et las piernas muy delgadas. Seyendo -niño aprisiera[7] todas las siet artes: et desque se partió daquel -estudio, fue muy sotil en assacar de suyo cosas nuevas; assí que -trobava muy de grado, et faziélo sin tod affán.[8] E fue de pintar -muy maestro a maravilla et de fallar de nuevo[9] muchas estrañas -pinturas. - -Mostrósse por muy piadoso en el comienço del su imperio, diziendo -que no regnava él por sí, mas por mandado de Claudio Augusto; et -por ende no dava escusa ninguna de no seer franc et piadoso et -compañón[10] a quiquier, ante lo era a todos. Los grandes pechos -de que se agraviavan las tierras, todos los tollió et amenguó la -mayor partida dellos. A todos los nobles senadores que eran venidos -a pobreza, poníeles soldada señalada pora cad año porque pudiessen -vevir onradamientre. Quando iudgavan alguno a muerte, yl dizién[11] -que escriviesse el su nombre en la sentencia cuemo avíen costumbre -de fazer los otros emperadores, dizíe: «¡Dios, quanto querría no -saber letras ningunas!» E quando los senadores le dizién gracias por -alguna cosa que les prometié, dizié él: «quando lo mereciere, me -las daredes». Otrossí mando defender[12] por toda la cibdat que nol -presentassen si no fruta et legumbres et estas cosas rafezes.[13] - -E sabet que entre todas las otras cosas que ell emperador -Nero aprisiera seyendo niño, aprisso ell arte de la música -maravillosamientre; et de todas las cosas que los músicos provaron -pora mantener las vozes et las aver más altas et más claras, -numqua el dexó ninguna que las todas no prouasse et las no usasse -cada dia;[14] ca muchas uezes tomava una grand tavla de plomo, -et echávasse tendudo en tierra, et poníela sobre sus pechos, et -suffríela allí muy grand pieça; e con sabor de cantar, alimpiava ell -estómago más vezes et de más maneras que no conviníe; dexava de comer -las maçanas et todos los otros manjares que empeecién a la voz. - -Estava un dia cantando en el teatro, et tremió la tierra assoora,[15] -et estremeciósse el teatro todo, de guisa que se espantaron todos -quantos y estavan; mas tan grand sabor avíe el de cantar, que por -todo el miedo non quedó fasta que ovo acabada su cantiga. E este -desvergonçamiento de cantar en los teatros cuemo joglar fue él -tomando poc a poco; ca luego en el comienço cantava encubiertamientre -en los juegos que fazíe en su poridad con sus privados et con los -joglares de su casa; e desí fuélo faziendo en los theatros ante -las gentes; et vencié a todos los joglares de quantas maneras de -joglería[16] ellos podien assacar.[17] E era omne que andava much a -menudo en su carro por tal que lo catassen las gentes. E nol cumplie -de usar destas artes del cantar en la cibdat de Roma tan solamientre, -ante lo fazie muchas veces en los puertos de Achaya et en todas las -cibdades o[18] avién en costumbre de trobar et cantar a porfía. Los -maestros del canto et de los estrumentos avién establecido entre sí, -por fazer plazer a Nero, del enviar todas las coronas et las cantigas -de los que vencién et eran coronados por ende; et enviávangelas -todavía;[19] e él recibielas tan de grado, que fazíe por ellas mucha -onra a los mandaderos que gelas traíen, de guisa que les fazíe comer -antéll, en logares que no estaua otro sino él et aquellos que eran -muy sus privados. - -Mientre él cantaba en el theatro, no era ninguno osado de se partir -ende, ni ir a ningún logar por cosa[20] que mester le fuesse; e -tanto durava i et tan affincadamientre lo fazíe, que alguno de los -que estavan i veyéndolo, tan enojados eran de lo oir et de loallo -con miedo, que por razón que estavan cerradas las puertas de los -castiellos o de las villas, dexávanse despeñar a furto[21] por los -adarves a dentro, et dellos[22] faziense muertos por tal que los -levassen ende. E viniendo una vez de Grecia a Roma, entró en la -cibdat en aquel carro mismo en que Octaviano Augusto venciera sus -batallas,[23] et traienlo cavallos blancos, et él vistíe unos paños -de pórpola lavrados a[24] estrellas doro, et traie en la cabeça una -corona tal cuemo la dell ídolo de Júpiter, e otra en la mano diestra -cuemo la de Phyton,[25] et ivan antél grandes compañas de joglares -cantando las cantigas et diziendo las fablas de que los él venciera, -et contando los logares en que contesciera cada una cosa; e ivan de -pos él muchas gentes faziendo muy grandes alegrías; e los cavalleros -et los nobles omnes llamávanlo el su vencedor, et fazienle derramar -açafrán por las carreras; et yendo él sobrello much a passo, fazienle -sacrificios de muchas naturas. E fazie pintar todas sus imágenes a -manera de joglar, tañiendo cítolas et otros estrumentos. Et por quel -porfazó[26] dello un joglar una vez, firiólo muy mal. - -E tan grand estudio poníe en guardar la voz, cuemo uos de suso -dixiémos,[27] que por tal de la guardar, cuando avié de llamar algun -cavallero, otri lo llamava por él, et lo quel avié a dezir, diziégelo -muy quedo. E en el logar de los juegos numqua fazié ninguna cosa a -menos de[28] seer í el maestro de las vozes quel castigasse cuemo -fiziesse et que no quexasse mucho las venas. - -A muchos prometíe su amor porque lo loavan mucho: a algunos -prometiógelo cuemo por encubierta, porque lo no loavan tanto como él -querie. - -Luego de comienço fué glotón et de gran luxuria et muy cobdicioso, -mas ívalo començando poc a poco et encubiertamientre, así que -cuydavan los omnes que lo fazié con yerro de mancebía; mas desque lo -fué usando, bien semejava que avie de natura todos aquellos malos -vicios... - - - 178. De lo que conteció en ell año catorzeno. - -... E quando Nero oyó aquestas nuevas de cuemo las Españas eran -alçadas et Galba con ellas, tóvosse por muerto, et desmayó tanto, que -allí perdió toda esperança de bien, assí que yógo[29] por muerto una -grand pieça sin fablar; et desque acordó,[30] rompió sus paños et -firióse mucho en la cabeça, llamando: «¡Mesquino, ¿qué será de mí?» - -E sabet que ante que Nero muriesse, vió algunas señales de su muerte, -assí que soñó una noche que andava sobre mar governando una nave, et -falleciól el governage,[31] et levávalo su mugier, que era ya muerta, -a unas tiniebras much estrechas, et cubríesse todo de formigas -aladas; e otrossí abriósse una uez un luziello[32] por si mismo, et -salió ende una grand uoz que lo llamó por su nombre. - -Estando Nero en Roma en esta cueyta, llegól mandado de cuemol -desampararan todas las otras huestes que eran por las otras tierras. -Et los mandaderos diéronle las cartas a la tabla o seíe[33] yantando; -et con pesar que ovo, trastornó la mesa, et dos vasos que teníe muy -preciados, quebrantólos. Et tomó yaquanto[34] de poçón et encerrólo -en una buxeta.[35] Et envió algunos de sus afforrados,[36] daquellos -en que se él mas fiava, a la cibdad de Ostia a guisar una nave en que -fuxiesse. E desí cometió[37] en poridat a alguno de los tribunos et -de los centuriones si queríen foyr con él. Et los unos nol queríen -responder, et ivan su vía; los otros dizienle descubiertamientre que -no queríen; de guisa que uno dixo a muy grandes vozes:[38] «¿Fasta -quando nos durará esta mesquindat que es peor que muerte?» - -Començó a pensar Nero en muchas guisas por tal de no aver a obedecer -a Galba, et asmó si saldríe al mercado de la cipdat, et que se -parasse en medio de tod el común, et pidiesse mercet a todos quel -perdonassen los males que fiziera fasta entonce; mas ovo miedo que si -allá saliesse, ante que al mercado llegasse, seríe todo despeçado; -et por ende dexó este cuidar fasta otro dia, et echósse a dormir. -A la media noche despertó, et envió mandaderos por todas las casas -de sus amigos, que los despertassen et les dixiessen que les rogava -que viniessen fasta él. Et ni vinieron los amigos, ni tornaron los -mandaderos. E quando el vió aquesto, levantósse, et tomósse[39] con -muy pocos, et fué a todas las casas de sus amigos; et nol quiso abrir -ninguno; et con grand cueyta tornósse pora su casa, et no falló í -ninguno de todas sus guardas, ca fuxieran todos; ca assí cuemo él non -se fiava en ninguno, otrossí ninguno non se fiava en él. E los en qui -él más se fiava eran dos viles omnes; ell uno avié nombre Nimphidio, -et ell otro Gemellio; et estos aborrecieran ya las sus crueldades, -et por que veíen que matara muchos de sus amigos, tovieron que assí -faríe a ellos; et por ende atoviéronse al consejo de los que lo -queríen matar, et desamparáronlo. - -E quando Nero se vió assí desamparado de todos, andó por sus palacios -buscando alguno que lo matasse et no falló. Entonce dixo: «¿Ni é yo -amigo, ni enemigo?» Et assí cuemo estava, descalço et en saya, fué -corriendo quanto pudo por se echar en el rio de Tibre; mas desque -llegó allá, repintiósse; et assí cuemo fué, assí se tornó apriessa, -pensando de buscar algún logar ascondido en que assessegasse[40] -so coraçón. E vistiósse otra vestidura sobre la saya, et cubrió la -cabeça et puso un alquiná[41] ante la cara; et assí descalço como -estava, cavalgó en su cavallo, et quatro compañones con él tan -solamiente. Et desque llegó al logar o queríe ir, que es a una legua -et a un migero de la villa, arrendó so cavallo en una espessura a -unas çarças et a unos árvoles; et él fuesse a pie por un sendero que -se desviava a una casiella que estava í escondida en muy fuerte logar -et much esquivo.[42] Et tanto era el sendero áspero[43] de andar et -lleno de çarças, que se ovo a despojar aquella vestidura que vistie -et a echarla tenduda sobre los çarçales, porque estava descalço, et a -andar sobrella de pies et de manos; et rompiósse toda la vestidura; -et llegó él a aquella casiella a grand pena,[44] andando por cuevas -e por peñas. E cuemo vinié cansado, echósse a dormir en un lecho muy -pobreziello que í estava duna cócedra pequeña et cubierto dun paño -viejo et roto. - -Otro dia mañana, los que vinieran con él consejávanle que se fuesse -et no suffriese tanto porfazo;[45] mas él tenie en coraçón de se -matar, et mandó fazer allí ante sí una fuessa a medida de su cuerpo; -et desque fué fecha, mandó traer agua con que lo bañassen et fuego -con que lo quemassen. E estava Nero llorando et faziendo llanto de -quantos males le contescíen, et dizíe: «¡Ay que sotil maestro se -pierde oy en mí!» E él tardando en aquesto, vino de Roma un mandadero -a aquel logar, quel dixo que todo el senado de Roma lo avíen dado -por juizio por enemigo de los romanos, el[46] mandavan buscar -pora matallo. E quando él oyó aquesto, fue much espantado, et dos -cuchiellos que troxiera consigo, sacólos et començó a catar qual era -más agudo; et desí tornólos en sus vainas diziendo que aun no era -venida la ora de la su muerte. A las vezes castigava a aquellos sus -compañeros que llorassen et fiziessen llanto por él; a las vezes -quel dixiessen exiemplos dalgunos que se mataran, por tal de avivalle -el coraçón que se pudiesse él matar; a oras denostava la su pereza. - -E éll estando en esto, ívanse ya llegando a aquel logar los -cavalleros que enviaran depós él los romanos que lo prisiessen et -lo levassen vivo. E tanto que lo él sintió, sacó ell un cuchiello -et metiósselo por el coraçón, con ayuda pero dell uno de los que -í estavan, que primió el cuchiello. E en muriendo, tenie los ojos -torvados[47] et tan feos que se espantavan quantos lo veíen. E desta -guisa murió Nero ell emperador, seyendo en edat de treinta et dos -años; acabósse en él et fue desfecha et destroída toda la compaña de -César Augusto, de cuyo linage él descendíe. - - - 1084. Capítulo de commo Garçi Pérez de Vargas tornó por la cofia - a aquel logar ó se le cayera. - -Otro dia depués que el rey don Fernando fué a posar a Tablada,[48] -mandó a los cavalleros de su mesnada que fuesen guardar los -erveros.[49] - -Garçi Pérez de Vargas, et otro cavallero que avíe a ir con ellos, -detoviéronse en el real et non salieron tan aína commo los otros; et -en yendo[50] en pos ellos, vieron ante sí, por ó avien a pasar en -el camino, ssiete cavalleros de moros. Et dixo el cavallero a Garçi -Pérez: «Tornémosnos; non somos más de dos.» Et Garçi Pérez dixo: -«Non lo fagamos; mas vayamos por nuestro camino derecho, ca nos non -atendrán.» Et el cavallero dixo que lo non quería fazer: ca lo tenía -por locura si dos cavalleros, que ellos eran, fuesen cometer[51] de -pasar por do estavan siete: et fuese aderredor del real, por non ser -conosçido, fasta que fué en su posada. - -El real do estava la tienda del rey era un poco en altura, et por o -ellos ivan era llano; et el rey don Fernando óvolo a ojo, et los que -con él estauan, et vió de commo se tornava el un cavallero et que -fuera el otro en su cabo:[52] otrosí vió aquellos siete cavalleros de -moros commo le estauan delante, teniéndol el camino por do él avie a -pasar: et mandó quel fuesen acorrer. Don Llorenço Suárez que estaba -í con el rey, que avíe visto a Garçi Pérez quando saliera del real, -et conosçiól en las armas et sabíe que él era, dixo al rey: «Señor, -déxenle, que aquel cavallero, que fincó en su cabo con aquellos -moros, es Garçi Pérez de Bargas, et para tantos commo ellos son non -a mester ayuda; et si los moros lo conosçieren en las armas, non lo -osarán cometer, et sil cometieren, vos veredes oy las maravillas que -él fará.» - -Garçi Pérez tomó las armas quel traye su escudero, et mandól que -se parase en pos él et que se non moviese a ninguna parte, sinon -así commo él fuesse que así fuese él en pos[53] él. Et en alazando -la capellina, cayósele la cofia en tierra, et non la vió; et -endereçó por su camino derecho, et su escudero en pos él. Los moros -connosçiéronle en las armas commo era Garçi Pérez, ca muchas vezes -gelas vieran traer et bien las conosçién, et nol osaron cometer; mas -fueron a par dél, de la una parte et de la otra, faziéndol cadamañas -et sus abrochamientos[54] una grant pieça; et quando vieron que se -non bolvíe a ninguna parte nin se queríe desviar por cosa que ellos -feziesen, sinon que todavía iva por su camino derecho, tornáronsse et -fuéronse a parar[55] en aquel logar ó se le cayó la cofia. - -Quando Garçi Pérez se vió desenbargado de aquellos moros, dió las -armas a su escudero; et quando desenlazó la capellina et non falló su -cofia, preguntó al escudero por ella; et el escudero le dixo que non -gela diera. Et desque fué cierto que se le avíe caido, tomó sus armas -quel avíe ya dadas, et díxol que pasase en pos él et que toviese ojo -por la cofia allí ó se le cayera. Et el escudero, quando vió que se -queríe tornar por ella, díxol: «¡Commo, don García, por una cofia vos -queredes tornar a tan grant peligro? et non tenedes que estades bien, -quando tan sin daño vos partiestes de aquellos moros, sseyendo ellos -siete cavalleros et vos uno solo, et queredes tornar a ellos por una -cofia?» Et Garçi Pérez le dixo: «Non me fables en ello, ca bien veyes -que non he cabeça para andar sin cofia»; et esto dezíe él porque era -muy calvo, que non tenié cabellos de la meitad de la cabeça adelante; -et tornóse para aquel logar do ante tomara las armas. - -Don Llorenço Suárez quando lo vió tornar, dixo al rey: «¿Vedes commo -torna a los moros Garçi Pérez, quando vió que los moros nol queríen -cometer? agora va él cometer a ellos; agora veredes las maravillas -que él fara, que vos yo dezía, sil osaren atender.» - -Los moros quando vieron tornar a Garçi Pérez contra ellos, tovieron -que se queríe conbater con ellos, et fuéronse ende acogiendo, que non -se detovieron í más. - -Quando Llorenço Suárez vió a los moros commo se acogién ante Garçi -Pérez, que nol osaron atender, dixo al rey: «Sseñor, ¿vedes lo que -vos yo dezía que nol osaríen atender aquellos siete cavalleros de -moros a Garçi Pérez en su cabo?[56] Sabet, señor, quel connosçieron; -catadlos commo se van acogiendo antél, que nol osan atender. Yo so -Llorenço Suárez,[57] que conosco bien los buenos cavalleros desta -hueste quales son». - -Garçi Pérez llegó a aquel logar do se le cayera la cofia et fallóla -í, et mandó a su escudero desçender por ella: et tomóla et sacodióla -et diógela; et púsosela en la cabeça, et fuese ende para do andavan -los erveros. - -Quando los que fueron guardar los erveros se tornaron para el real, -preguntó don Llorenço Suárez a Garçi Pérez, ante el rey, quien fuera -aquel cavallero que con él saliera del real. Et Garçi Pérez ovo -ende grant enbargo, et pesól mucho porque don Llorenço Suárez gelo -preguntara ante el rey, ca luego sopo que viera[58] el rey et don -Llorenço Suárez lo que a él aquel día oviera contesçido; et él era -tal omne et auíe tal manera que nol plazíe quando le retraíen[59] -algun buen fecho que él feziese; pero con grant vergüença ovo a dezir -que nol conosçíe nin sabíe quien fuera. Et don Llorenço Suárez ge -lo preguntó después muchas vezes, quien fuera aquel cavallero, et -siempre le dixo que nol conosçíe, et nunca dél lo podieron saber, -pero que lo conosçía él muy bien et lo veíe cada dia en casa del -rey: mas non queríe que el cavallero perdiese por él su buena fama -que ante avíe, ante defendió al su escudero que por los ojos de la -cabeça[60] non dixiese que lo conosçía; et el escudero así lo fizo, -que nunca lo quiso dezir pero que gelo preguntaron después muchas -vezes. - - -NOTAS - - [1] Véase A. G. SOLALINDE, en la _Revista de Filología Española_, - II, 1915, págs. 283-288. - - [2] _Fincar_ tenía en la Edad Media los significados varios que - después asumió el verbo «quedar». - - [3] La forma del artículo _ell_ por _el_, usada más generalmente - ante vocal, abunda mucho en todas las obras de Alfonso X. - - [4] _Dizitres_ por ‘trece’ (hoy en algunas regiones se usan - «diez y dos», «diez y tres», o formas análogas); compárese el - _dizeocho_ precedente, para la reducción de _diez_ a _diz_ en - posición proclítica. - - [5] Aun en el siglo XVI era forma corriente _Nero_ en vez de - _Nerón_; aquélla deriva del nominativo latino, y ésta, del - acusativo. - - [6] SUETONIO, _Nero_, 51, dice: «corpore maculoso et faetido, - subflavo capillo»... - - [7] El verbo _aprender_ hacía su perfecto yo _aprise_, tu - _aprisiste_, él _apriso_. - - [8] _Sin todo afán_, ‘sin ningún trabajo’; en frases negativas - se empleaban indefinidos positivos en vez de los negativos: «nin - todos los del vando», ‘ni ninguno de los del bando’. Véase _Mio - Cid_, pág. 375↓29. - - [9] _Fallar de nuevo_, ‘idear, inventar’. - - [10] _Compañón_, ‘compañero’ en un sentido adjetivo de ‘afable’. - SUETONIO, _Nero_, 10, «neque liberalitatis neque clementiae, ne - ~comitatis~ quidem exhibendae ullam occasionem omisit». - - [11] El imperfecto (y tiempos afines) terminaba alguna vez en - _ía_ (sobre todo la primera persona, véase unas líneas más abajo - _querría_); pero en general terminaba en _ie_, con el acento ora - en la _i_, ora en la _e_. - - [12] _Defender_, ‘prohibir’. - - [13] _Rafez_, ‘rahez’, ‘de poco valor’. - - [14] El pronombre enclítico se podía separar del verbo a que se - refiere, interponiéndose entre ambos otras partes de la oración. - Hoy habría que poner el enclítico inmediato al verbo, ordenándo - así: «que no _las probase_ todas y no _las usase_». Véase _Mio - Cid_, p. 409↓24. - - [15] _Assoora_, ‘de súbito’; compárese igual sentido que tiene - hoy «a deshora». SUETONIO, 20, usa el adverbio «repente». - - [16] _Joglería_, o juglaría, es el arte del juglar. - - [17] _Assacar_, ‘inventar’. - - [18] Las formas _o_ y _do_ se usaban indistintamente por _onde_, - _donde_. - - [19] _Todavía_, ‘siempre’, acepción primitiva, de la cual se pasó - a la moderna de ‘aun’. Compárese el francés «toujours» que reúne - los dos significados de ‘siempre’ y de ‘aun, en este momento’ - (j’ai toujours ma migraine). - - [20] _Cosa_ se usaba mucho en expresiones indefinidas negativas, - donde hoy se emplea «nada». «Non se podían los moros por cosa - defender.» _Fernán González_, 195. El uso duraba en la época - clásica: GARCILASO, en la _Egloga II_, escribe: «No t’aconsejo - yo, ni digo cosa Para que devas tú por ella darme Respuesta tan - azeda i tan odiosa», y TIRSO, en _Marta la Piadosa_, II, «no te - diré cosa ya». El uso subsiste en alguna expresión moderna, como - «no vale cosa». - - [21] _A hurto_, ‘a hurtadillas’, ‘escondidamente’. - - [22] _Dellos_, genitivo partitivo ‘algunos de ellos’. Véase _Mio - Cid_, pág. 335↓27. - - [23] Los traductores que empleaba Alfonso el Sabio para sus - obras, no siempre traducen exactamente, ni mucho menos. Aquí, - por desconocimiento de las antigüedades romanas, traducen - el «triumphare», neutro, como activo. SUETONIO, _Nero_, 25, - dice: «eo curru, quo Augustus olim triumphaverat, et in veste - purpurea...» - - [24] La preposición _a_ indica el modo del adorno; así escribe - don JUAN MANUEL «el paño era començado..., et díxol a qué figuras - et a qué labores lo començaban de fazer». Véase _Mio Cid_, página - 377↓39. - - [25] Otro ejemplo de mala inteligencia del texto latino. - SUETONIO, _Nero_, 25, escribe: «coronamque capite gerens - Olympiacam, dextra manu Pythiam, praeeunte pompa ceterarum cum - titulis, ubi et quos quo cantionum quove fabularum argumento - vicisset». - - [26] _Porfazar_, ‘murmurar, censurar’. En otro pasaje, de la - misma Crónica, se lee: «e daquí se levantó grand mormorio entre - los romanos, que porfazavan de Cristo et echavan la culpa deste - destruimiento a la cristiandat, que dizíen que les no iva assí - mal en el tiempo que aoravan los ídolos». - - [27] Otro ejemplo de interpolación de palabras entre el enclítico - y el verbo: ‘como arriba _os_ dijimos’. - - [28] _A menos de_, ‘sin’, expresión usual aun en la época - clásica. SUETONIO, _Nero_, 25: «nisi astante phonasco, qui - moneret parceret arteriis ac sudarium ad os applicaret». - - [29] El verbo _yazer_ hacía su perfecto, yo _yógue_, tu - _yoguiste_, él _yógo_. - - [30] _Acordar_, como _recordar_, significaba ‘despertar’. - - [31] _Governage_, como _gobernalle_, ‘timón’; ‘le faltó el timón’. - - [32] Este lucillo o sepulcro es el Mausoleo. SUETONIO, _Nero_, 46 - «De Mausoleo, sponte foribus patefactis, exaudita vox est nomine - eum cientis». - - [33] _Seer_, derivado de ~sedere~, significaba ‘estar sentado’; - _la tabla o seíe_ ‘la mesa a que estaba sentado’. - - [34] _Yaquanto_ era un indefinido que significaba ‘algo’, esto - es: ‘tomó un poco de veneno’. - - [35] _Buxeta_ ‘bujeta, cajita, pomo’; SUETONIO, _Nero_. 48: - «sumpto... veneno et in auream pyxiden condito». - - [36] SUETONIO: «praemissis libertorum fidissimis Ostiam ad - classem praeparandam». - - [37] _Cometer_, ‘proponer’; véase _Mio Cid_, pág. 583↓5. - - [38] Las frases adverbiales _a voces_, _a priessa_, hoy tienden - a petrificarse, pero antes admitían toda clase de adjetivos - calificativos del sustantivo: _a altas voces_, _a grant priessa_, - véase _Mio Cid_, pág. 373↓16. - - [39] Los verbos sinónimos _tomar_, _coger_, _prender_, se usaban - en forma reflexiva, con el significado de ‘irse’, y «prísose con - sus omnes» significa ‘se reunió con su gente, se fué con ellos’. - Hoy se conserva el mismo giro en la frase metafórica _tomarse con - uno_, ‘reñir con uno’. - - [40] _Assessegar_, hoy ‘asosegar’. - - [41] _Alquiná_ o _alquinal_, voz de origen árabe, que significa - ‘toca, pañuelo’. - - [42] Era frecuente, cuando un sustantivo llevaba dos adjetivos, - que uno de éstos fuese antepuesto y otro pospuesto, «buena - imaginación e fuerte» (véase _Mio Cid_, pág. 415↓25). - - [43] Muy a menudo el adverbio de cantidad iba separado del - adjetivo a que se refiere, interponiéndose entre ambos el verbo - y otras voces: «mucho fué alegre», «tanto es limpia», véase _Mio - Cid_, pág. 418↓26. - - [44] _A grand pena_, ‘con gran trabajo’. - - [45] _Porfazo_, ‘humillación, afrenta’. Véase pág. 16, nota 26. - - [46] _El_ es la conjunción, unida al pronombre enclítico - apocopado ‘y le’. - - [47] No es ‘turbado’, sino ‘torvo, espantoso, airado’. - - [48] San Fernando, para asegurar el asedio de Sevilla, se - estableció en Tablada, rodeando su campamento de un gran foso. - - [49] ‘Herberos’ o ‘forrajeadores’. - - [50] El gerundio con _en_, formando una oración incidental - temporal, era muy usado antiguamente. - - [51] _Cometer_, significaba no sólo ‘acometer’, sino también - ‘intentar’. - - [52] _En su cabo_ ‘por sí solo’, ‘solo’; se decía _vevir en so - cabo_ ‘vivir aparte o solo’; comp. unas líneas más abajo _fincó - en su cabo_, ‘quedó solo’. - - [53] Nótese en este ejemplo el uso extremamente inhábil y - anfibológico del pronombre _él_; una vez se refiere al escudero y - otra a Garci Pérez, produciéndose confusión al mismo tiempo que - cacofonía. Comp., pág. 32, nota 67. - - [54] Dos voces que me son desconocidas, y que sólo el contexto - puede explicar. - - [55] _Pararse_ significa ‘ponerse, situarse’; «a la puerta se - paravan», véase _Mio Cid_, pág. 785↓10. - - [56] _En su cabo_, ‘solo’, según se dijo arriba. pág. 23, nota 52. - - [57] _Yo so_, etc., es un grito de satisfacción de don Lorenzo, - semejante al grito de guerra que daba el señor para animar a los - vasallos, afirmando su personalidad: «Yo so el rey de Castilla, - que cobdicié este día», _Poema de Alfonso XI_, 1678; «Yo so Ruy - Díaz, mio Çid el de Bivar», etc. - - [58] Aunque el sujeto del verbo es doble, como va pospuesto, el - verbo puede ir en singular: «dixo Raquel e Vidas», véase _Mio - Cid_, pág. 362↓32. - - [59] _Retraer_, ‘referir, contar’. «Por ont siempre sepades - retraer e contar Quanto puede a omne la buena fe prestar», - BERCEO, _San Millán_, 199; «Fué por toda la tierra aína retrahido - Que era el sant omne desti sieglo transsido», San Millán, 322. - - [60] _Por los ojos de la cabeça_, como si dijese ‘por su vida’, - ‘pena la vida’. Alude a la pena de ceguera que se usaba mucho en - la antigua Edad Media, aunque ya no era corriente en la época de - Alfonso X; era la pena inmediata, en gravedad, a la pena capital. - También se decía «por los ojos de la cara», o «de la faz». Véase - _Mio Cid_, pág. 772↓27. - - - - -DON JUAN MANUEL - -(1282-1348) - - -Don Juan, hijo del infante don Manuel, se nos presenta como -continuador de las tradiciones literarias fomentadas por su tío -Alfonso el Sabio. Don Juan empezó a escribir movido de la admiración -que en él despertaban las obras de Alfonso; tanto, que su primera -producción es un modesto resumen de la _Crónica General de España_, -hecho hacia 1320. En el prólogo de este resumen pondera don Juan -el estilo claro, elegante y, sobre todo, conciso, que el Rey Sabio -empleaba: «Et púsolo todo complido e por muy apuestas razones e en -~las menos palabras que se podía poner~.» - -Procurando emular estas dotes del rey su tío, llegó don Juan a -superar a su modelo. Con segura satisfacción del éxito logrado, -escribía el autor, hacia 1330, esta crítica de su estilo propio: -«Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas palabras -et por los mas fermosos latines ~que yo nunca oi decir~ en libro -que fuese fecho en romance; et poniendo declaradamente complida la -razón que quiere decir, ~pónelo en las menos palabras que pueden -seer~»[61]. - -La sobriedad era su preocupación, según puede observarse en su -obra maestra _El libro de Patronio_ o el _Conde Lucanor_ (primera -parte, escrita entre 1328 y 1332). Este libro es una colección de -cuentos tradicionales, así que varios de ellos se encuentran a la -vez referidos en otros autores; y si comparamos los de don Juan con -los del Arcipreste de Hita (que escribió unos diez años después), -observamos un marcado contraste entre la juguetona y verbosa -animación del Arcipreste y la mesurada compostura del estilo de -don Juan Manuel. Atento éste principalmente a acumular en la frase -trabazón lógica y fuerza didáctica, se detiene en desarrollar los -sentimientos que pone en juego, se esmera en preparar las situaciones -a que la narración conduce; pero, en cambio, mira con manifiesto -desvío la ornamentación externa del relato. Tanto propende a no -apartarse de la narración seguida, que, a pesar de su fin didáctico, -ni siquiera se entretiene en intercalar un discurso sentencioso o -una máxima; deja, por lo común, que la moralidad se desprenda del -fluir de la acción, y sólo le da una forma aforística al final de -cada cuento. No obstante, aunque siempre en forma fugaz, no descuida -dar viveza al relato; véase, por ejemplo, la rápida pero feliz -descripción de la bajada al subterráneo de don Illán, en el primer -cuento que aquí se inserta. - -En multitud de rasgos el lenguaje de don Juan Manuel se parece al -de la segunda parte de la _Crónica General_; en ambos textos se -ven los mismos defectos de la época arcaica, tales como la gran -inhabilidad que revela el abuso del pronombre _él_ (pág. 32, nota -67). Además, ni uno ni otro suelen emplear el diálogo; lo corriente -es que el personaje principal hable en discurso directo, y el que -contesta lo haga en forma indirecta, o sea en tercera persona. -Pero, sin embargo, fácil es observar un gran progreso entre los dos -autores. Don Juan construye el período en modos más variados que la -_Crónica_, y a la ingenua viveza de ésta, sustituye una expresión -más intencionada, que sabe lograr ya efectos muy variados, entre -los que sobresale la ironía. En fin, por su mayor originalidad de -composición, y por la serena y sencilla eficacia de su lenguaje, -don Juan se nos muestra indisputablemente como un estilista muy -superior[62]. - - - LIBRO DE PATRONIO - O DEL CONDE LUCANOR - - ENXIENPLO XI.--Delo que contesçio a un deán de Santiago con Don - Illán, el grand maestro de Toledo. - -Otro dia fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et -contaval su fazienda en esta guisa: «Patronio, un omne vino a me -rogar[63] quel ayudasse en un fecho que avía mester mi ayuda, et -prometióme que faría por mí todas las cosas que fuessen mi pro et mi -onra, et yo començel a ayudar quanto pude en aquel fecho; et ante -que el pleito fuesse acabado, teniendo[64] él ya que su pleito era -librado, acaesçió una cosa en que cunplía que la fiziesse por mí et -él púsome escusa; et después acaesçió otra cosa que pudiera fazer -por mí et púsome escusa commo a la otra; et esto me fizo en todo lo -quel rogué que fiziesse por mí. Et aquel fecho por que él me rogo non -es aun librado, nin se librará si yo non quisiere; et por la fiuza -que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me -consejedes lo que faga en esto.» - -«Señor conde», dixo Patronio, «para que vos fagades en esto lo que -devedes, mucho querría que sopiésedes[65] lo que contesçió a un deán -de Santiago con Don Illán, el grand maestro que morava en Toledo». - -Et el conde le preguntó commo fuera aquello. - -«Señor conde», dixo Patronio, «en Santiago avía un deán que avía -muy grant talante de saber el arte dela nigromançía, et oyó dezir -que don Illán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuesse en -aquella sazón et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella -sçiencia». - -«Et el dia que llegó a Toledo endereçó luego a casa de Don Illán -et fallólo que estava leyendo en una cámara muy apartada. Et luego -que llegó a él, recibiólo muy bien, et díxol que non quería quel -dixiesse ninguna cosa de lo por que venía fasta que oviese comido. Et -pensó[66] muy bien dél et fizol dar muy buenas posadas et todo lo que -ovo mester, et diól a entender quel plazía mucho con su venida». - -«Et después que ovieron comido, apartósse con él[67] et contól -la razón por que allí viniera, et rogól muy affincadamente quel -mostrasse aquella sçiençia que él auia muy grant talante de la -aprender. Et Don Illán díxol que él era deán et omne de grant -guisa[68] et que podría llegar a grant estado, et los omnes que grant -estado tienen, de que todo lo suyo an librado a su voluntad, olbidan -mucho aína lo que otre a fecho por ellos; et él que se reçelava que -de que él[67] oviesse apprendido dél aquello que él quería saber, -que[69] non le faría tanto bien commo él le prometía. Et el deán le -prometió et le asseguró que qualquier bien que él oviesse que nunca -faría sinon lo que él mandasse; et en estas fablas estudieron desque -ovieron yantado fasta que fué ora de çena. Et de que su pleito fue -bien assossegado[70] entre ellos, díxo Don Illán al deán que aquella -sciençia non se podía aprender sinon en lugar mucho apartado, et que -luego essa noche le queria amostrar do avían de estar, fasta que -oviesse apprendido aquello que él quería saber. Et tomól por la mano -et levól a una cámara; et en apartándose de la otra gente, llamó -a una mançeba de su casa et díxol que toviesse perdizes para que -çenassen aquella noche, mas que non las pusiessen a assar fasta que -él gelo mandasse.» - -«Et desque esto ovo dicho, llamó al deán, et entraron entramos por -una escalera de piedra muy bien labrada, et fueron descendiendo por -ella muy gran pieça, en guisa que paresçia que estavan tan vaxos que -passava el rio de Tajo por çima dellos. Et desque fueron en cabo del -escalera, fallaron una possada muy buena, et una cámara mucho apuesta -que y avia, ó estavan los libros et el estudio en que avía de leer.» - -«De que se assentaron, estavan parando mientes en quales libros -avian de començar; et estando ellos en esto, entraron dos omnes por -la puerta, et diéronle[71] una carta quel enviava el arçobispo su -tio, en quel fazía saber que estava muy mal doliente, et quel enviava -rogar que sil quería veer vivo, que se fuesse luego para él. Al deán -pesó mucho con estas nuebas, lo uno por la dolençia de su tio, et lo -al por que reçeló que avía de dexar su estudio que avía començado. -Pero puso en su coraçon[72] de non dexar aquel estudio tan aína, et -fizo sos cartas de repuesta et enviólas al arçobispo su tio.» - -«Et dende a tres o quatro dias llegaron otros omnes a pie que traían -otras cartas al deán, en quel fazían saber que el arçobispo era -finado,[73] et que estavan todos los de la eglesia en su eslección, -et que fiavan por la merçed de Dios que eslerían[74] a él. Et por -esta razon que non se quexasse de ir a la eglesia, ca mejor era para -él en quel esleyessen seyendo en otra parte que non estando en la -eglesia.» - -«Et dende a cabo de siete o de ocho dias, vinieron dos escuderos -muy bien vestidos et muy bien aparejados, et quando llegaron a él, -vesáronle la mano et mostráronle las cartas en commo le avían -esleido por arçobispo. Et quando Don Illán esto oyó, fue al electo -et díxol commo gradesçía mucho a Dios por que estas buenas nuevas le -llegaran a su casa; et pues Dios tanto bien le fiziera, quel pedía -por merçed que el deanasgo, que fincava vagado,[75] que lo diesse a -un su fijo. Et el electo díxol quel rogava quel quisiesse consentir -que aquel deanadgo que lo oviesse un su hermano, mas que él le faría -bien en la iglesia en guisa que él fuesse pagado, et quel rogava que -fuesse con él para Santiago et que levasse con él aquel su fijo. Et -Don Illán díxo que lo faría.» - -«Et fuéronse para Santiago; et quando í llegaron, fueron muy bien -reçebidos et mucho onradamente. Et desque moraron í un tienpo, un -día llegaron al arçobispo mandaderos del papa con sos cartas en -cómmol dava el obispado de Tolosa et quel fazía graçia que pudiesse -dar el arçobispado a qui quisiesse. Quando Don Illán oyó esto, -retrayéndol[76] mucho affincadamente lo que con él avía passado,[77] -pidiól merçed que lo diesse a su fijo. Et el arçobispo le rogó que -consentiesse que lo oviesse un su tio, hermano de su padre. Et Don -Illán díxo que bien entendíe quel fazía grand tuerto, pero que esto -que lo consintía en tal[78] que fuesse seguro que gelo emendaría -adelante. Et el arçobispo le prometió en toda guisa que lo faría -assí, et rogól que fuesse con él a Tolosa et que levasse su fijo.» - -«Et desque llegaron a Tolosa, fueron muy bien reçebidos de condes -et de quantos omnes buenos avía en la tierra. Et desque ovieron í -morado fasta dos años, llegáronle mandaderos del papa con sos cartas -en commo le fazía el papa cardenal, et quel fazía graçia que diesse -el obispado de Tolosa a qui quisiesse. Entonçe fué a él Don Illán et -díxol que pues tantas vezes le avía fallesçido[79] de lo que con él -pusiera, que ya aquí non avía logar del poner escusa ninguna que non -diesse alguna de aquellas dignidades a su fijo. Et el cardenal rogól -que consentiese que oviesse aquel obispado un su tio hermano de su -madre, que era omne bueno ançiano, mas que, pues él cardenal era, que -se fuese con él para la corte que asaz avía en que le fazer bien. Et -Don Illán quexósse ende mucho, pero consintió en lo que el cardenal -quiso, et fuesse con él para la corte.» - -«Et desque í llegaron, fueron muy bien reçebidos de los cardenales et -de quantos en la corte eran, et moraron y muy grand tienpo. Et Don -Illán affincando cada dia al cardenal quel fiziesse alguna graçia -a su fijo, et él poníal sos escusas. Et estando assí en la corte, -finó el papa; et todos los cardenales esleyeron aquel cardenal por -papa. Estonçe fué a él Don Illán et díxol que ya non podía poner -escusa de non conplir lo quel avía prometido. Et el papa le dixo que -non lo affincasse tanto, que sienpre avría lugar en quel fiziesse -merçed, segund fuesse razón. Et Don Illán se començó a quexar mucho -retrayéndol quantas cossas le prometiera[80] et que nunca le avía -conplido ninguna, et diziéndol que aquello reçelara él la primera -vegada que con él fablara. Et pues aquel estado era llegado et nol -cunplia lo quel prometiera, que ya non le fincava logar en que -atendiesse dél bien ninguno. Deste affincamiento se quexó mucho el -papa et començól a maltraer, diziendol que si más le affincasse, -quel faría echar en una cárçel, que era ereje et encantador, et que -bien sabía él que non avía otra vida nin otro offiçio en Toledo, do -él morava, sinon bivir por aquella arte de nigromançía. Et desque -Don Illán vió quanto mal le gualardonava el papa lo que por él avía -fecho, espidióse dél; et solamente[81] nol quiso dar el papa qué -comiese por el camino.» - -«Estonçe don Illán dixo al papa que pues al non tenía de comer, que -se avría de tornar a las perdizes que mandara assar aquella noche. -Et llamó ala muger et díxol que assasse las perdizes. Et quando esto -díxo don Illán, fallósse el papa en Toledo deán de Santiago, commo -lo era quando í bino; et tan grand fué la verguença que ovo que non -sopo quel dezir. Et don Illán díxol que fuesse en buena ventura, et -que assaz avía provado lo que tenía en él, et que ternía por muy mal -enpleado si comiesse su parte de las perdizes.» - -«Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto fazedes por aquel -omne que vos demanda ayuda, et non vos da ende mejores graçias, -tengo que non avedes por qué trabajar nin aventurarvos mucho por -llegarlo[82] a logar que vos dé tal galardón commo el deán dió a don -Illán.» - -El conde tovo esto por buen consejo, et fízolo assí, et fallósse ende -bien. Et por que entendió don Johan que era este muy buen exienplo, -fízolo poner en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí: - - Al que mucho ayudares · et non te lo conosçiere,[83] - menos ayuda abrás · desqu’en grand onra subiere. - - - ENXIENPLO XXXV.--De lo que contesçió a un mançebo que casó con - una muger muy fuerte et muy brava. - -Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, et díxole: «Patronio, -un mio criado me díxo quel traían cassamiento con una muger muy rica, -et aun que es más onrada que él et que es el casamiento muy bueno -para él, sinon por un enbargo que í ha; et el enbargo es éste: díxome -quel dixeran que aquella muger que era la más fuerte et la más brava -cosa del mundo. Et agora ruégovos que me consejedes si le mandaré que -case con aquella muger, pues sabe de qual manera es, o sil mandaré -que lo non faga.» - -«Señor conde Lucanor», dixo Patronio, «si él fuer tal commo fué un -fijo de un omne bueno que era moro, consejalde que case con ella; -mas si non fuere tal, non gelo consejedes.» Et el conde le rogó quel -dixiesse commo fuera aquello. - -Patronio le dixo que en una villa avía un omne bueno que avía un fijo -el mejor mançebo que podía ser, mas non era tan rico que pudiesse -conplir tantos fechos et tan grandes commo el su coraçón le dava a -entender que devía conplir; et por esto era él en grand cuydado, ca -avía la buena voluntat et non avía el poder. - -Et en aquella villa misma avía otro omne muy más onrado et más rico -que su padre, et avía una fija et non más, et era muy contraria de -aquel mançebo, ca quanto aquel mançebo avía de buenas maneras, tanto -las avía aquella fija del omne bueno de malas et revesadas; et por -ende omne del mundo non quería casar con aquel diablo. - -Et aquel tan buen mançebo vino un dia a su padre et díxole que bien -sabía que él non era tan rico que pudiesse darle con qué él pudiesse -bevir a su onra, et que pues le convinía a fazer vida menguada et -lazdrada o irse daquella tierra, que si él por bien tobiesse, quel -parescía mejor seso de catar algun casamiento con que pudiesse aver -alguna passada.[84] Et el padre le dixo quel plazía ende mucho si -pudiesse fallar para él casamiento que le cunpliesse. Et entonçe le -dixo el fijo que si él quisiesse, que podría guisar que aquel omne -bueno, que avía aquella fija, que gela diesse para él. Et quando el -padre esto oyó, fué muy maravillado et díxol que commo cuidava en tal -cosa, que non avía omne que la conosçiesse que, por pobre que fuesse, -quisiesse casar con ella. Et el fijo le dixo quel pidía por merçed -quel guisasse aquel casamiento; et tanto lo afincó que commo quier -que el padre lo tovo por estraño, que gelo otorgó. Et fuesse luego -para aquel omne bueno, et amos eran mucho amigos, et díxol todo lo -que passara con su fijo, et rogól que pues su fijo se atrevía a casar -con su fija, quel plogiesse et gela diesse para él. Quando el omne -bueno esto oyó a aquel su amigo, díxole: «Par Dios, amigo, si yo tal -cosa fiziesse, seer vos ía muy falso amigo, ca vos avedes muy buen -fijo, et ternía que fazía muy grand maldat si yo consintiesse su -mal nin su muerte; casó çierto que si con mi fija casase, que sería -muerto o le valdría mas la muerte que la vida. Et non entendades que -vos digo esto por non conplir vuestro talante, ca si la quisiérdes, a -mí mucho me plaze de la dar a vuestro fijo o a quien quier que me la -saque de casa.» Et aquel su amigo le díxo quel gradesçía mucho quanto -le dizía, et que pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogava -que le pluguiesse. - -Et el casamiento se fizo, et levaron la novia a casa de su marido. -Et los moros an por costunbre que adovan de cenar a los novios -et pónenles la mesa et déxanlos en su casa, fasta otro día; et -fiziéronlo aquellos assí; pero estavan los padres et las madres et -los parientes del novio et dela novia con grand reçelo, cuidando que -otro día fallarían el novio muerto o muy mal trecho. - -Luego que ellos fincaron solos en casa, assentaronse a la mesa; et -ante que ella ubiasse a dezir cosa, cató el novio enderredor de -la mesa, et vió un perro, et díxol yaquanto bravamente: «Perro, -danos agua a las manos»; et el perro non lo fizo; et encomençósse a -ensañar, et díxol más bravamente que les diesse agua a las manos; et -el perro non lo fizo. Et desque vió[85] que lo non fazía, levantóse -muy sañudo de la mesa, et metió mano a la espada et endereçó al -perro; et quando el perro lo vió venir contra sí, començó a foir, -et él en pos dél saltando amos por la ropa et por la mesa et por el -fuego, et tanto andudo en pos dél fasta que lo alcanzó et cortól -la cabeça et las piernas et los braços et fízolo todo pedaços, et -ensangrentó toda la casa et toda la mesa et la ropa. - -Et assí muy sañudo et todo ensangrentado, tornóse a sentar a la -mesa, et cató enderredor, et vió un gato, et díxol quel diesse -agua a manos; et por que non lo fizo díxole: «¿Commo, don falso, -traydor, non vistes lo que fiz al perro por que non quiso fazer lo -quel mandé?; yo prometo a Dios que si poco nin más porfías, que esso -mismo[86] faré a ti que al perro.» Et el gato non lo fizo, ca tan -poco es su costunbre de dar agua a manos commo del perro; et por que -non lo fizo, levantóse, et tomól por las piernas et dió con él a la -pared, et fizo dél mas de çient pedaços, et mostrando muy mayor saña -que contra el perro. - -Et assí, bravo et sañudo et faziendo muy malos contenentes[87] -tornóse a la mesa et cató a todas partes; et la muger quel vió esto -fazer, tovo que estava loco o fuera de seso et non dezía nada. Et -desque ovo catado a cada parte, vió un su cavallo que estava en -casa[88] (et él non avia más de aquel) et díxol muy bravamente que -les diesse agua a las manos; et el cavallo non lo fizo. Desque vió -que lo non fizo, díxol: «¡Cómmo, don cavallo! ¿cuydades que por que -non he otro cavallo, que por esso vos dexaré si non fizierdes lo que -yo vos mandare? Yo juro a Dios que tan mala muerte vos dé commo a -los otros; et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo -mandare, que esso mismo non le faga». Et el cavallo estudo quedo; et -desque vió que non fazía su mandado, fué a él et cortól la cabeça, et -con la mayor saña que podría mostrar, despedaçólo todo. - -Et quando la muger vió que matava el cavallo non aviendo otro, et que -dizía que esto faría a quien quier que su mandado non cunpliesse, -tovo que esto non se fazía ya por juego et ovo tan grand miedo -que non sabía si era muerta o biva. Et él assi bravo et sañudo et -ensangrentado, tornóse a la mesa, jurando que si mil cavallos et -omnes et mugeres oviesse en casa quel saliessen de mandado, que todos -serían muertos. Et asentósse, et cató a cada parte teniendo la espada -sangrentada en el regaço; et desque cató a una parte et a otra et -non vió cosa viva, bolvió los ojos contra su muger muy bravamente et -díxol con grand saña, teniendo la espada en la mano: «Levantad vos -et dat me agua a las manos.» Et la muger que non esperava otra cosa -sinon quela despedaçaría toda, levantóse muy apriessa et diól agua a -las manos; et díxole él: «¡Cómmo gradesco a Dios por que feziestes -lo que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me -fizieron, esso oviera fecho[89] a vos que a ellos!» Et despues mandól -quel diesse de comer, et ella fízolo; et cada que él dezía alguna -cosa, tan bravamente gelo dizía et en tal son, que ella ya cuidava -que la cabeça era ida del polvo. - -Et assi pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, -mas fazía lo que él mandava. Et desque ovieron dormido una pieça, -díxo él: «Con esta saña que ove esta noche, non pude bien dormir: -catad que non me despierte cras ninguno et tened me bien adobado de -comer.» - -Et quando fue grand mañana,[90] los padres et las madres et los -parientes llegáronse a la puerta, et por que non fablava ninguno, -cuidaron que el novio estava muerto o ferido, et desque vieron por -entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más. Et -quando ella los vió a la puerta, llegó muy passo et con grand miedo -et començóles a dezir: «Locos, traidores ¿qué fazedes e commo osades -llegar a la puerta nin fablar?; callad, si non todos, tan bien -vosotros commo yo, todos somos muertos.» Et quando todos esto oyeron, -fueron muy maravillados, et desque sopieron commo passaron en uno, -presçiaron mucho el mançebo que assí sopiera fazer lo quel cunplía, -et castigar[91] tan bien su casa. Et daquel dia adelante fue aquella -su muger muy bien mandada et obieron muy buena vida. - -Et dende apocos dias su suegro quiso fazer assí commo fiziera su -yerno, et por aquella manera mató un gallo et díxole su muger: «A la -fe don fulán, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si -matassedes çient cavallos, que ante lo ovierades a començar, ca ya -bien nos conosçemos.» - -«Et vos, señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal -muger, si fuere él tal commo aquel mançebo, consejalde que case -seguramente, ca él sabrá como passe en su casa; mas si non fuere tal -que entienda lo que deve fazer et lo quel cunple, dexadle que passe -su ventura. Et aun conséjovos que con todos los omnes que ovierdes a -fazer, que sienpre les dedes a entender en qual manera an de passar -conbusco.» - -Et el conde obo éste por buen consejo, et fízolo assí, et fallóse -dello bien. Et por que Don Johan lo tovo por buen enxienplo, fízolo -escrivir en este libro, et fizo estos viessos que dizen assí: - - Si al comienço non muestras qui eres, - nunca podrás después quando quisieres. - - -NOTAS - - [61] _Libro de los Estados_ 90º (pág. 335_b_ de la Biblioteca de - Autores Españoles, tomo LI). Los «fermosos latines», de que se - alaba don Juan Manuel, no son «latinismos», como pudiera creerse, - pues su lenguaje no es nada propenso al cultismo; la frase tiene - un sentido más vago, quiere decir simplemente «expresiones - elegantes». - - [62] Para el lenguaje de don Juan Manuel, pueden verse: F. DÖNNE, - _Syntaktische Bemerkungen zu Don Juan Manuels Schriften_, Jena, - 1891, y S. GRÄFENBERG, _Don Juan Manuel_, _El Libro del Cavallero - et del Escudero_, en Romanische Forschungen, VII, 1893, p. - 523-549. - - [63] Los pronombres enclíticos del infinitivo dependiente por - medio de preposición, podían ir o con el verbo regente: _tornólas - a catar_, o entre la preposición y el infinitivo, como se ve en - el texto. - - [64] _Tener_ significa ‘pensar’, como en frases modernas: «tengo - para mí que...» - - [65] Debiera estar escrito _sopiessedes_; seguimos la ortografía - del principal de los manuscritos conservados de las obras de - Don Juan. Está escrito entre los siglos XIV y XV, y refleja la - gran vacilación en el uso de la _s_ y la _ss_ que existía en - muchas regiones de España. La imprenta vendrá a regularizar estas - vacilaciones, y a seguir una ortografía más precisa, semejante a - la de Alfonso el Sabio. - - [66] _Pensar de uno_ significaba ‘cuidar de él’; «e pensó - dél», traduciendo el latín ‘et curam ejus egit’, _Mio Cid_, p. - 793↓19. Análogo es el sentido del verbo en «pensar el caballo, - pensar bien sus canes», etc., de donde se deriva el sustantivo - _pienso_. - - [67] Adviértase continuamente la ambigüedad en el uso del - pronombre _él_, que notamos. Comp., pág. 24, nota 53; 33, nota 71; - 41, nota 85. - - [68] _Guisa_ significaba, en general, ‘manera’, y aquí significa - ‘manera de ser’ o ‘condición’. Se decía también «omne de alta - guisa», por hombre de elevada posición social. - - [69] Esta repetición de la conjunción _que_, fué corriente aun en - él período clásico. - - [70] _Assossegar_, ‘asentar, pactar’. El significado más - corriente del verbo era ya entonces el moderno de ‘sosegar, - calmar, pacificar’. - - [71] Igual ambigüedad que respecto de _él_, puede notarse en el - uso de la forma enclítica del pronombre. - - [72] _Poner_ significaba ‘convenir, concertar’, y _poner en su - coraçón_ significa literalmente ‘convenir consigo mismo’, es - decir, ‘resolver, decidir’. - - [73] Hasta el siglo XVII, el auxiliar usado con el participio - de los verbos neutros o reflexivos, era _ser_ en lugar de - _aver_, así se decía «fué nacido, son llegados, ya eran idos, es - levantado», junto a «lo avien fecho», etc. Véase _Mio Cid_, pág. - 359↓13. - - [74] También se decía _esleirían_. Es el verbo _esleir_ forma - popular, en vez de la moderna y culta _elegir_; se conjugaba como - el moderno _desleir_, o con variantes propias de estos verbos con - hiato. - - [75] Esta forma _vagar_, que es la popular, fué sustituída por la - culta _vacar_. - - [76] _Retraer_, además de ‘referir, contar’, significaba - ‘recordar, echar en cara’. - - [77] _Lo que con él avía passado_, ‘lo que había tratado con - él’, aludiendo a la promesa primera que el deán había hecho. En - _Cervantes_ hallamos: «entre los tres passaron un graciosissimo - coloquio», _Quijote_, II, 2; ¿«qué coloquios pasó contigo»? I, - 31, y después: «de lo que el cura y el barbero passaron con - don Quixote cerca de su enfermedad», II, 1; siendo este último - uso del verbo, igual al de don Juan Manuel, mal comprendido - generalmente. - - [78] _En tal_ por ‘con tal’; así dicen todos los manuscritos de - la obra. - - [79] Esto es: ‘tantas veces le había faltado en lo que con él - conviniera’. Comp. «que falleçríe en aquello que pussiera con - ellos, e amenguaríe mucho de su prez e de su onrra», _Crónica - General_, pág. 38 _a_, 9, y «nada non me compliste... ¿por qué me - falesçiste», _Fernán González_, 545 _d_. - - [80] ‘Le había prometido’; la forma verbal en _ra_ conservó por - mucho tiempo su valor etimológico de pluscuamperfecto. - - [81] _Solamente non_ ‘ni siquiera’. Usábase con igual sentido - _sol non_: «sol non será pensado», _Mio Cid_, pág. 392↓8. - - [82] _Llegar_ por ‘hacer llegar, conducir’; «la merced que Dios - le avía hecho en le llegar a tal estado», véase _Mio Cid_, pág. - 731↓4; usual aun en el período clásico: «si Dios me llega a - tener algo que de gouierno». _Quijote_, II, 5. - - [83] _Conoscer_, como _reconocer_, significaba ‘agradecer’. De - aquí el derivado más usual, _desconocido_, ‘desagradecido’. - - [84] _Passada_ es la ‘manera de vivir’; decimos hoy «un pasar». - Así, FR. LUIS DE GRANADA dice: «No pedimos superfluidades ni - demasías, sino pan necessario y para de presente, y como una - passada, pues no somos nacidos para perpetuarnos acá.» - - [85] Nótese en todo este párrafo cómo, aunque se intercala varias - veces un sujeto incidental (el perro), no se renueva después la - mención del sujeto principal (el novio). Esta concisión sería hoy - mirada como defectuosa. - - [86] _Esso mismo_, o simplemente _esso_, significaba ‘lo mismo’, - ‘igual’. Usábase aun en el período clásico: «como yo esté harto, - esso me haze que sea de çanahorias que de perdizes», _Quijote_, - II, 55; y «esso estima los palos que las vozes», LOPE DE VEGA. - - [87] _Contenente_, ‘gesto, ademán’. Hoy _continente_, significa - más bien ‘compostura, aire del semblante o del cuerpo’. - - [88] Había costumbre de albergar los caballos en la misma cámara - donde las personas. La _Crónica General_ nos dice en su capítulo - 791: «et porque a aquella sazón era la guerra con los moros tan - grand et tan cutiana, assí los cavalleros et los condes et aun - los reis mismos paravan sus caballos dentro de sus palacios et - aun, segund cuenta la estoria, dentro en sus cámaras o durmíen - con sus mugieres, porque luego que oyessen ferir apellido, - toviessen prestos sus cavallos et sus armas». Esta explicación, - buscada en la guerra con los moros, es caprichosa; en otros - países de Europa se conocía la misma costumbre. - - [89] ‘Lo mismo hubiera hecho a vos’. Véase la nota 86 de la página - 42. - - [90] _Grand mañana_, ‘muy de mañana’ o simplemente ‘de mañana’. - «Andidieron de noche, bien fasta los albores; Grant mañana - por miedo de algunos pastores, Metiéronse en una cueva los - traidores», BERCEO, _Santo Domingo_, 434. Comp. fr. «de grand - matin». - - [91] _Castigar_, significaba simplemente ‘advertir’, ‘amonestar’ - ‘ordenar’. - - - - -ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO - -ARCIPRESTE DE TALAVERA - -(1398.--Vivía aún en 1466) - - -Alfonso Martínez de Toledo escribió una historia de España que -tituló _Atalaya de Crónicas_, y unas _Vidas de San Isidoro y de San -Ildefonso_; la obra por la que fué y es más conocido es el libro -que, según las ediciones antiguas, «tracta de vicios y virtudes, e -reprobacion del loco amor, ansi de los hombres como de las mugeres, o -segund algunos llamado _Corbacho_». Este nombre se le dió tomándolo -de la sátira de Boccaccio contra las mujeres, pero Alfonso Martínez -quiso que su libro quedase sin título alguno: «sin bautismo, sea -por nombre llamado _Arcipreste de Talavera_ donde quier que fuere -levado». Lo acabó el año de 1438. - -Este libro es importante en la historia de la prosa castellana por -dos razones: representa de un modo especial una manera de estilo -elegante que dominó en el siglo XV, y nos ofrece, por primera vez que -sepamos, el habla popular tratada bajo una forma artística en prosa. -En uno y otro aspecto ejerció marcada influencia; baste decir que en -uno y otro, el autor de _La Celestina_ es tributario conocido del -Arcipreste de Talavera. - -Dominaba entonces en el estilo trabajado una fuerte corriente de -latinismo, la cual iba a menudo mezclada con italianismo, ya que -desde el siglo anterior, autores italianos, como Boccaccio, por -ejemplo, deslumbraban a nuestros escritores con una extraña elegancia -de hipérbaton y léxico latinizantes. Este exotismo, que revestía -formas muy crudas y exageradas, aparece templado en el _Arcipreste de -Talavera_. El hipérbaton llega, es verdad, a casos extremos, como, -por ejemplo, el de la separación del sustantivo y del adjetivo: «face -la vista perder, e mengua _el olor_ de las narices _natural_... el -gusto de la boca pierde...; pues _las potencias_ del ánima _tres_ -todas son turbadas»; pero esto es raro en nuestro autor. El rasgo que -más abunda en él es la colocación del verbo al final de la frase: -«non es muger que de sí muy avara non sea en dar, cavilosa en la mano -alargar, temerosa en mucho emprestar, abondosa en cualquier cosa -tomar, generosa en lo ageno dar...» También el cultismo propagaba -el uso de varios participios de presente: «su conosciente o amigo»; -«otros mançebos aun hoy bivientes.» Además, hay que señalar el -latinismo, y el extranjerismo en general, como copiosa fuente de -renovación del vocabulario; así el Arcipreste usa _sustancia_ por -‘hacienda, bienes’, _estudiarse_ por ‘esforzarse’, _superbioso_ -por ‘soberbio, soberbioso’, acumulando a veces estos neologismos: -«el vasallo contra el señor, e el servidor contra su _maestro_, el -_súbdito_ contra su _subyugante_.» - -A menudo en esta época se buscaba también la elegancia mediante un -amplio desarrollo del concepto; el giro espacioso de la frase tendía -a dar cierta majestad solemne a la expresión; la insistencia en la -idea procuraba una mayor viveza y eficacia de la imagen: «La Pobreza -alçó sus ojos en alto, e començó de mirar la pompa e loçanía e locura -e vanagloria, la jactancia e orgullo que la Fortuna consigo traía... -Pues tú dizes que fazes e desfazes, viedas e mandas, ordenas e -dispones todas las cosas del mundo, e que son a tu govierno e mando -las baxas e aun las altas.» Véase la reiteración de un pensamiento -que va a parar a una cita del Arcipreste de Hita: «¿Quien es tan -loco e fuera de seso que quiere su poderío dar a otro, e su libertad -someter a quien non deve, e querer ser siervo de una muger que -alcança muy corto juizio, e demás, atarse de pies e de manos en -manera que non es de sí mesmo, contra el dicho del sabio que dize: -Quien pudiere ser suyo non sea enagenado, que libertad e franqueza -non es por oro comprada?, e exemplo antiguo es, el qual puso el -Arçipreste de Hita en su tractado.» - -La abundancia, que seduce al Arcipreste de Talavera, degenera a -menudo en verbosidad, aun en los trozos doctrinales del libro: «¡Ay -del triste desventurado, que por querer seguir el apetito de su -voluntad que brevemente pasa, quiere perder aquella gloria perdurable -de paraíso que para siempre durará! ¡Si el triste del ombre o muger -sintiese drechamente qué cosa es perdurable, o para siempre jamas, o -por infinita _secula seculorum_ aver en el otro mundo gloria o pena!» -Esta verbosidad cuadra bien cuando se aplica a reflejar el lenguaje -del pueblo, según se verá en los trozos que publicamos. - -Otra manera de elegancia fué la similicadencia, moda que todavía -hallamos en vigor durante el siglo XVI, por ejemplo, en Fray Antonio -de Guevara. El _Arcipreste de Talavera_ nos la ofrece, sobre todo, en -los párrafos de afectada viveza: «Plégale a Nuestro Señor... que así -velemos e nos aperçibamos, e del enemigo Satanás nos guardemos, e de -los viçios nos corrijamos, e de los pecados en bien nos enmendemos.» -Muy comúnmente se llega a la prosa rimada, como se ve en el ejemplo -de posposición del verbo, que ponemos arriba. Y es notable que -estas rimas abunden en la charla vulgar, según puede verse en los -trozos aquí insertos, mostrándonos un curioso giro de la locuacidad -vehemente, hoy enteramente desusado. - -Otro ejercicio del ingenio popular, antes más desarrollado que -hoy día, era el uso abundante de los refranes, y el Arcipreste de -Talavera no dejó de emplearlos para caracterizar el habla callejera, -siendo en este particular un inspirador directo del autor de la -_Celestina_ e indirecto del _Quijote_, como nota muy bien Menéndez -Pelayo[92]. Pero este crítico atribuye a nuestro Arcipreste el -mérito de haber adivinado el ritmo del diálogo, a lo cual no podemos -asentir. El Arcipreste compone, sí, admirables discursos familiares, -pero el diálogo no alcanza en él más desarrollo que en el _Lucanor_, -por ejemplo. Para ver roto el estrecho molde medieval de la mera -sucesión de discursos, necesitamos llegar a _La Celestina_. - - - ARCIPRESTE DE TALAVERA - PARTE II, CAP. I - - De los viçios e tachas e malas condiçiones de las perversas - mugeres, e primero digo de las avariçiosas. - -Por quanto las mugeres que malas son, viçiosas e desonestas o -enfamadas, non puede ser dellas escripto[93] nin dicho la meitad que -dezir o escrevir se podría por el hombre,[94] e por quanto la verdad -dezir non es pecado, mas virtud, por ende digo primeramente que las -mugeres comunmente por la mayor parte de avariçia son doctadas; e por -ésta razón de avariçia muchas de las tales infinitos e diversos males -cometen: que si dineros, joyas preçiosas e otros arreos intervengan -o dados les sean, es dubda[95] que a la más fuerte non derruequen, -e toda maldad espera que cometrá la avariçiosa muger con defrenado -apetito de aver, asi grande como de estado pequeño...[96] - -Asy la muger piensa que non ay otro bien en el mundo sinon aver, -tener e guardar e poseer, con sulíçita guarda condensar,[97] lo ageno -francamente despendiendo e lo suyo con mucha industria guardando. -Donde por esperiencia verás que una muger en comprar por una blanca -más se fará de oir que un ombre en mil maravedis. Item, por un huevo -dará voces como loca e fenchirá a todos los de su casa de ponçoña: -«¿Qué se fizo este huevo? ¿quién lo tomó? ¿quién lo levó? ¿Adole[98] -este huevo? Aunque vedes que es blanco, quiçá negro será oy este -huevo. ¿Quién tomó este huevo, quién comió este huevo? Comida sea de -mala ravia. ¡Ay huevo mio de dos yemas, que para echar vos guardava -yo! ¡Ay huevo mio, qué gallo e qué gallina salieran de vos! del gallo -fiziera capón que me valiera veinte maravedises e la gallina catorze, -o quiça la echara e me sacara tantos pollos e pollas con que pudiera -tanto multiplicar, que fuera causa de me sacar el pié del lodo. Agora -estarme he como desventurada, pobre como solía... ¡Ay huevo mio de -la meajuela redonda, de la cáscara tan gruesa, ¿quién me vos comió? -¡Ay Marica, rostro de golosa, que tú me has lançado por puertas: yo -te juro que los rostros te queme, doña vil, suzia, golosa! ¡Ay huevo -mio, y que será de mi! ¡Ay triste, desconsolada, Jesús, amiga, y cómo -non me fino agora! ¡Ay Virgen María, cómo non rebienta quien vee tal -sobrevienta![99] ¡Non ser en mi casa señora de un huevo! Maldita sea -mi ventura e mi vida si non estó en punto de rascarme[100] o de me -mesar toda. ¡Ya,[101] por Dios! ¡guay de la que trae por la mañana el -salvado, la lumbre, e sus rostros quema soplando por la encender; e -fuego fecho, pone su caldera y calienta su agua e faze sus salvados -por fazer gallinas ponedoras; y que, puesto el huevo, luego sea -arrebatado! ¡Ravia, Señor, y dolor de coraçon, endúrolos[102] yo, -cuitada, e paso como a Dios plaze, e liévamelos el huerco! ¡Ya, -Señor! e liévame deste mundo, que mi cuerpo non goste más pesares nin -mi ánima sienta tantas amarguras. ¡Ya, Señor! por el que tú eres, da -espaçio a mi coraçon con tantas angosturas como de cada dia gusto. -¡Una muerte me valdríe más que tantas, ya por Dios!». Y en ésta -manera dan bozes e gritan por una nada. - -Item, si una gallina pierden, van de casa en casa conturbando toda -la vezindat: «¿Do mi gallina la ruvia, de la calça bermeja, o la de -la cresta partida, çenizienta escura, cuello de pavo, con la calça -morada, ponedora de huevos? ¿Quién me la furtó? Furtada sea su -vida. ¿Quién menos me fizo[103] della? Menos se le tornen los días -de la vida. ¡Mala landre, dolor de costado, ravia mortal comiese -con ella; nunca otra coma, comida mala comiese, amen! ¡Ay gallina -mia, tan ruvia! un huevo me dabas tú cada día; aojada te tenia el -que te comió, asechándote estaba el traidor; desfecho le vea de su -casa[104] a quien te me comió; ¡comido le vea yo de perros aina!, -¡cedo sea! ¡véanlo mis ojos, e non se tarde! ¡Ay gallina mia, gruesa -como un ansarón, morisca de los pies amarillos, crestibermeja! más -avía en ella que en dos otras que me quedaron. ¡Ay triste! aun agora -estava aquí, agora salió por la puerta, agora salió[105] tras el -gallo por aquel tejado. El otro día, ¡triste de mí, desaventurada, -que en mal ora nascí, cuitada!, el gallo mio bueno cantador, que -asi salían dél pollos como del çielo estrellas, atapador de mis -menguas, socorro de mis trabajos, que la casa nin bolsa, cuitada, -él bivo, nunca vazia estava. ¡La de Guadalupe señora, a ti lo -acomiendo! señora, non me desampares ¡ya, triste de mí! que tres -días ha entre las manos me lo llevaron. ¡Jesús, quánto robo, quánta -sinrazón, quánta injustiçia! ¡Callad, amiga, por Dios; dexadme -llorar, que yo sé qué perdí e qué pierdo oy! E cada uno le duele lo -suyo ¡y tal joya como mi gallo! ¡Cuitada, e agora la gallina! Rayo -del cielo mortal e pestilençia venga sobre tales personas: espina o -hueso comiendo se le atravesase en el garguero, que Sant Blas non -le pusiese cobro. Non diré, amigas, aina diría que Dios non está -en el cielo, ni es tal como solía, que tal sufre e consiente. ¡Oh -Señor, tanta paciencia e tantos males sufres! ¡ya, por aquel que tu -eres, consuela mis enojos, da lugar a mis angustias, sinon raviaré -o me mataré o me tornaré mora![106] Agora, noramala, si Dios non -me vale, non sé qué me diga. Dexadme, amiga, que muere la persona -con la sinrazon, que mal de cada rato non lo sufre perro nin gato: -dapno de cada dia, sofrir non es cortesia: oy una gallina e antier -un gallo, yo veo bien mi duelo, aunque me lo callo. ¿Cómo te feziste -calvo? Pelo a pelillo el pelo levando. ¿Quién te fizo pobre, María? -Perdiendo poco a poco lo poco que tenía.[107] Moças, venid acá. ¿Non -podeis responder?--Señora.--Ha, agora, landre que te fiera, y ¿dónde -estavas? dy, ¿non te duele a ti asi como a mí? Pues corre en un -punto, Juanilla, ve a casa de mi comadre, dile si vieron una gallina -ruvia de una calça bermeja. Marica, anda, ve a casa de mi vezina, -verás si pasó allá la mi gallina ruvia. Perico, ve en un salto al -vicario del arçobispo que te dé una carta de descomunión que muera -maldito e descomulgado el traidor malo que me la comió. Bien sé que -me oye quien me la comió. Alonsillo, ven acá, para mientes e mira que -las plumas no se pueden esconder, que conocidas son. Comadre, ¿vedes -qué vida ésta tan amarga? yuy, que agora la tenía ante mis ojos. -Llámame, Juanillo, al pregonero, que me la pregone por toda esta -vezindad. Llámame a Trotaconventos, la vieja de mi prima, que venga e -vaya de casa en casa buscando la mi gallina ruvia. ¡Maldita sea tal -vida, maldita sea tal vezindad! que non es el ombre[108] señor de -tener una gallina, que aun non ha salido el umbral, que luego non es -arrebatada. Andémonos, pues, a furtar gallinas, que para ésta[109] -que Dios aqui me puso, quantas por esta puerta entraren ese amor les -faga que me fazen.[110] ¡Ay gallina mia ruvia! y ¿adónde estádes vos -agora? Quien vos comió bien sabia que vos quería yo bien, e por me -enojar lo fizo. Enojos e pesares e amarguras le vengan por manera que -mi ánima sea vengada. Amen. Señor, asi lo cumple tú por aquel que tú -eres: e de quantos milagros has fecho en este mundo, faz agora éste -porque sea sonado.» - -Esto e otras cosa faze la muger por una nada. Son allegadoras de -la ceniza, mas bien derramadoras de la farina.[111] En las faldas -rastrando e en las mangas colgando, e otros arreos desonestos que -ellas trahen, non ponen cobro, por do sus maridos, parientes e amigos -desfazen ¡y ponen cobro en el huevo e la gallina! E aun ellas mesmas -dizen quando las faldas las enojan: el diablo aya parte en estas -faldas, e aun en la primera que las usó; mas non maldize[112] a sí -mesma que las trae. E si alguno ge lo retrae, responde: pues fago -como las otras. E bien dize verdad, que ya la muger del menestral, si -vee la muger del cavallero de nuevas guisas arreada, aunque non tenga -que comer, cayendo o levantando, ella así ha de fazer, o morir.[113] -Non son sino como monicas: quanto ven, tanto quieren fazer: «¿Viste -fulana, la muger de fulano, la vezina, cómo iva el domingo pasado? -Pues quemada sea, si este otro domingo otro tanto non llevo yo, e aun -mejor.» Quantas ropas visten las otras, de qué paño, qué color, qué -arreos, qué cosas traen consigo, yo te digo que tanto paran mientes -en estas cosas que non se les olvidan después: «fulana llevava -ésto, çutana vestía ésto», por quanto en aquello ponen su corazón e -voluntad, mas non en el provecho de su casa, estado e honra, sinon en -vanidades e locuras, e en cosas de poca pro. - - - PARTE II, CAPÍTULO XII - - De como la muger parlera siempre fabla de fechos agenos. - -La muger ser mucho parlera, regla general es dello:[114] que non -es[115] muger que non quisiese siempre fablar e ser escuchada. E non -es de su costumbre dar logar a que otra fable delante della; e si -el dia un año durase, nunca se fartaría de fablar e non se enojaría -día nin noche. E por ende verás muchas mugeres que de tener mucha -continuaçión de fablar, quando non han con quien fablar, están -fablando consigo mesmas entre sí. Por ende verás una muger que es -usada de fablar las bocas de diez ombres atapar e vençerlas fablando -e maldiziendo. Quando razón non le vale ¡bia[116] a porfiar! e con -esto nunca los secretos de otro a otra podríe çelar. Antes te digo -que te deves guardar de aver palabras con muger que algund secreto -tuyo sepa, como del fuego: que sabe, como suso dixe, non guarda lo -que dize con ira la muger; aunque el tal secreto de muerte fuese, o -venial, o lo que más secreto le encomendares, aquello está reptando -o escarvando por lo dezir e publicar, en tanto[117] que todavia -fallarás las mugeres por reconçillos, por renconadas e apartados -diziendo, fablando de sus vezinas e de sus comadres e de sus fechos, -e mayormente de los agenos. Siempre están fablando, librando[118] -cosas agenas: aquélla cómo bive, qué tiene, cómo anda, cómo casó -e cómo la quiere su marido mal, cómo ella se lo meresçe: cómo en -la iglesia oyó dezir tal cosa; e la otra responde tal cosa; e así -pasan su tiempo dependiéndolo en locuras e cosas vanas, que aquí -espaçificarlas seríe imposible. Por ende general regla es que donde -quier que ay mugeres ay de muchas nuevas.[119] - -Alléganse las benditas en un tropel, muchas matronas, otras moças -de menor e mayor hedad, e comiençan e no acaban, diziendo de fijas -agenas, de mugeres estrañas; en el invierno al fuego, en el verano -a la frescura, dos o tres horas, sin mas estar diziendo: «tal, la -muger de tal, la fija de tal, ¡a osadas, quién sé la vee?, ¿quién -non la conosce! ovejuela de Sant Blas, corderuela de Sant Antón -¡quien en ella se fiase!» etc... Responde luego la otra: «¡o bien si -lo sopiésedes, como es de mala luenga! ¡ravia Señor, allá irá! ¡por -Nuestro Señor Dios, embaçada estaríades comadre! ¡quien se la vee, -simplezilla!» etc..., todo el dia estarán detrás mal fablando. - -E si quieres saber de mugeres nuevas, vete al forno, a las bodas, a -la iglesia, que allí nunca verás sinon fablar la una a la oreja de la -otra, e tomar las unas compañías con las mal querientes de las otras; -e afeitarse e arrearse a porfía, aunque sopiesen fazer malbarato de -su cuerpo por aver joyas, e ir las unas mas arreadas que las otras, -diziendo: «pues mal gozo vean de mí si el otro domingo que viene tú -me pasas el pié delante». Ayúntanse las unas loçanas de un barrio -contra las otras galanas de la otra vezindad: «Pues agora veamos a -quáles mirarán más, e quáles serán las más fabladas e presçiadas; -¿quiçá si[120] piensan que non somos para plaça?[121] ¡mejor que non -ellas! aunque les pese e mal pese, sí somos, en verdad. ¡Yuy, amiga! -¿non vedes como nos miran de desgaire? ¿Quieres que les demos una -corredura e una ladradura? Riámonos la una con la otra e fablemos -así a la oreja, mirando fazia ellas, e vereis como se correrán; o -antes que ellas se levanten pasemos aina delante dellas, porque los -que miraren a ellas, en pasando nosotras, fagan primero a nosotras -reverençia antes que non a ellas, e esta les daremos en barva aunque -les pese, quanto a lo primero.» E estas e otras infinitas cosas -largas de escrevir estudian las mugeres e urden, en tanto[122] que -nunca donde van e se ayuntan fazen sino fablar e murmurar e de agenos -fechos contractar. Do podemos dezir la muger ser muy parlera e de -secretos muy mal guardadora. Pon ende quien dellas non se fia non -sabe qué prenda tiene e quien de sus fechos se apartase e más las -olvidare, bivirá más en seguro: desto yo le aseguro. - - -NOTAS - - [92] _Orígenes de la novela_, I, 1905, pág. CXIX. - - [93] Construcción vacilante. El complemento se anticipa en - nominativo, con una oración de relativo: _las mugeres que_... - y luego se reproduce acerca del verbo mediante el pronombre - _dellas_, provisto de la preposición conveniente. Sin tal - anticipación del complemento se diría: «Por cuanto no puede ser - escrito de las mugeres que malas son la mitad...» - - [94] _El hombre_ tiene aquí el sentido pronominal indefinido de - ‘uno’. Mas abajo señalamos otro ejemplo de este uso. - - [95] _Dubda_ significa ‘temor’; ‘es de temer que no derriben a la - mas fuerte’, usando el _no_ afirmativo con los verbos de temor: - ‘es de temer que la derriben’. - - [96] Hipérbaton: «la muger asi grande como de estado pequeño.» - - [97] _Condensar_, más comúnmente _condesar_, significaba - ‘guardar’. - - [98] _Adole_ y _dole_, adverbio interrogativo con el pronombre - enclítico, expresión elíptica usual aun en el siglo XVI: ‘do le - hallaré’ Un romance popular usa juntas la forma elíptica y las - completas, que explican este giro: - - ¿Do los mis amores? ¿dolos? - ¿do los andaré a buscar? - - [99] _Sobrevienta_, ‘caso impensado, sorpresa, sobresalto’. - - [100] _Rascarse_ en el sentido de ‘arañarse’ o ‘despedazarse’ la - carne; ésto y mesarse el cabello eran señal de duelo. - - [101] _Ya_ interjección antigua de origen árabe. - - [102] _Endurar_ ‘sufrir, padecer’. - - [103] Curiosa perífrasis: «_fazer_ a uno _menos_ de una cosa» - significaba ‘quitar a uno una cosa’; en latín «minus fecit» - ‘quitó, robó’; véase _Mio Cid_, pág. 343↓5. - - [104] La pena antiguamente impuesta a los traidores era el - derribarles la casa, y esta pena quiere la mujer que sea aplicada - al traidor que le robó la gallina. - - [105] Las ediciones impresas del libro del Arcipreste ponen - _saltó_. Antes el verbo _salir_ tenía también el significado de - ‘saltar’. - - [106] Entre las estrepitosas señales de dolor que da la mujer, - lamentando su gallina, no podía faltar la amenaza de renegar de - la fe. No de otro modo, quejándose de una gran deshonra, dice - doña Lambra a su marido en el romance: «Si desto no me vengais, - mora me quiero tornar.» - - [107] Nótense las rimas continuadas. Sin embargo parece que - no hay aquí más refrán popular que el que corresponde al que - registra el Marqués de Santillana bajo esta forma «¿Cómo te - feçiste calvo? Pelo a pelo pelando.» - - [108] _El ombre_ con valor pronominal: ‘no es uno dueño de tener - una gallina’. Véase arriba la nota segunda de este trozo. - - [109] _Para_ y _par_ son preposiciones usadas en las fórmulas de - juramentos (comp. «par Dios») y véase _Mio Cid_, pág. 387↓36 - «_para ésta_, especie de amenaza que se hace poniendo el dedo - índice sobre la naríz, y equivale a ‘tú me la pagarás’» (_Dicc. - de Autoridades._) - - [110] _Ese_ usado como pronombre de identidad, véase arriba, - página 42, nota 86; _amor_ ‘gracia, buena voluntad’ y «fazer amor - a uno» significaba ‘agasajarle’, y también ‘perdonarle’ (véase - _Mio Cid_, página 465↓3). La frase del Arcipreste significa, - pues, ‘la misma gracia les haré que a mí me hacen’, ‘no perdonaré - a ninguna gallina como no perdonan a las mías’. Nótese también la - anteposición de _quantas_ en nominativo, en vez de _aquantas_, y - la especificación de su relación con el verbo mediante el dativo - _les_. Compárese la nota primera de este trozo. - - [111] Refrán: «allegadora de la ceniza y derramadora de la - harina». - - [112] Sintaxis descuidada, singular en vez de plural. - - [113] Construcción elíptica: ‘o ha de morir’. - - [114] Las oraciones de infinitivo son muy usadas por el - Arcipreste. Citaremos ejemplos del mismo tipo que el que - anotamos: «Envidiosa _ser_ la muger mala, dubdar _en ello_ sería - pecar en el Espíritu Santo». «La muger mala en sus fechos e - dichos non _ser_ firme nin constante, maravilla non es _dello_». - El pronombre neutro se refiere a toda la oración de infinitivo. - - [115] _Ser_ tiene aquí el significado de ‘existir’. Véase _Mio - Cid_, página 846↓38. - - [116] _Bia_ interjección muy usada por el Arcipreste de Talavera - «¡bia al atahona!» (pág. 59), y especialmente con el infinitivo - narrativo: «E tómase el tal oro en lazeria farta e muchas - fadas malas, e después ¡bia a llorar!» (pág. 167). Emplea esta - interjección el _Libro de Alexandre_ 473: «¡via, dixieron todos, - mas val que moiramos!». - - [117] _En tanto_ es usado por el Arcipreste como conjunción - consecutiva, ‘pues’, ‘de modo que’. Al final de este trozo - señalamos otro ejemplo. - - [118] _Librar_ en el sentido de ‘despachar, arreglar un negocio’. - - [119] Nótese la preposición del genitivo partitivo (véase arriba, - página 15, nota 22) antepuesta al adjetivo. El giro corriente en - la Edad Media era «muchas de nuevas» (_Mio Cid_, pág. 382↓11), - compárese el fr. «beaucoup de nouvelles». El giro que usa el - Arcipreste es una desviación de ese. - - [120] La conjunción _si_ que tantas veces encabeza interrogación - indirecta («dime si piensan que...»), se usaba también - encabezando interrogaciones directas «¿si piensan que...?», «¿si - es pagado?» _Mio Cid_, pág. 852↓4. Hoy se usa en el futuro «¿si - pensarán que...?». - - [121] _Ser para en plaza_ ‘ser para en público, ser digno de - mostrarse en público’. Otra frase algo análoga era: _ser para en - cámara_. - - [122] Otro ejemplo de _en tanto_ ‘pues’. - - - - -FERNANDO DE ROJAS - -(Hay memorias suyas hasta el año 1538) - - -La primera edición conocida de _La Celestina_ o _Comedia de Calisto y -Melibea_, es de Burgos, 1499; pero la obra debió ser compuesta hacia -1490. En sus primeras ediciones salió a luz comprendiendo 16 actos. -Después, a partir del año 1502, apareció añadida hasta comprender 21, -y se duda si estos cinco actos posteriores son obra del mismo autor, -Fernando de Rojas, que presenta al público los 16 actos primeros. -Además, según la carta «del autor a un su amigo», que va al frente -de la edición de 1501, Rojas sólo era autor de los actos segundo a -decimosexto, pues el acto primero se da como obra de un anónimo. - -Rojas, en la citada carta, dice que ese primer acto le cautivó por -«su estilo elegante, jamás, en nuestra castellana lengua, visto ni -oído», y tal juicio fué confirmado, respecto de toda la obra, por -la posteridad. Antiguamente, Juan de Valdés, en el _Diálogo de la -lengua_, dice con su buen gusto habitual: «_Celestina_..., soy de -opinión que ningún libro hay escrito en castellano donde la lengua -esté más natural, más propia ni más elegante»; y, modernamente, -Menéndez Pelayo acomoda esta afirmación a las circunstancias, y la -amplía diciendo: «Si Cervantes no hubiera existido, _La Celestina_ -ocuparía el primer lugar entre las obras de imaginación compuestas -en España.» - -El estilo de _La Celestina_ renueva y esmera las principales -perfecciones con que los escritores del siglo XV venían moldeando -el idioma. La elocuencia en la expresión de las pasiones, buscada -afanosamente en las novelas sentimentales de Rodríguez del Padrón -o de Diego de San Pedro, se depura en _La Celestina_, haciéndose -mucho más intensa y menos afectada; la irrestañable charla popular -que desborda en el arcipreste de Talavera, se encauza aquí más viva -e intencionada y menos monótona; sobre todo, el diálogo, que hasta -entonces apenas existía, pues no se ejercitaba sino en la sucesión -de discursos desgranados, ahora se articula y se anima, y se matiza -maravillosamente en ésta que es, a la vez, primer ensayo y obra -maestra de la prosa dramática española. - -Valdés mismo señala los excesos que empañan esa naturalidad y -elegancia por él ponderadas en _La Celestina_. «Es verdad que peca el -estilo en dos cosas, las cuáles fácilmente se podrían remediar...: -la una es en el amontonar de vocablos, algunas veces tan fuera de -propósito como _magníficat a maitines_; la otra es en que pone -algunos vocablos tan latinos que no se entienden en el castellano, -y en partes adonde podría poner propios castellanos, que los hay.» -Ambos defectos son los principales de la época, y de ellos no se -libra _La Celestina_, si bien los presenta atenuados. - -Ya hemos visto, al hablar del arcipreste de Talavera, a qué -aspiraciones artísticas respondían esos que tan a menudo nos aparecen -como defectos. Rojas da también un curso lento a la expresión, -y busca con la redundancia la elevación del estilo: «¿En quién -hallaré yo fe? ¿Adónde hay verdad? ¿Quién caresce de engaño? ¿Adónde -no moran falsarios? ¿Quién es claro amigo? ¿Quién es verdadero -amigo? ¿Dónde no se fabrican traiciones?»--«Hasta que ya los rayos -illustrantes de tu claro gesto dieron luz en mis ojos, encendieron mi -coraçón, despertaron mi lengua, estendieron mi merescer, acortaron -mi covardía, destorcieron mi encogimiento, doblaron mis fuerças, -desadormescieron mis pies e manos...» De esta reiteración usa mucho -más Rojas que el arcipreste de Talavera, y especialmente le sirve -para matizar el habla popular. - -La similicadencia y la rima son en cambio muy poco usadas por Rojas: -«Tú lloras de tristeza, juzgándome cruel; yo lloro de plazer, -viéndote tan fiel»; «Por Dios que, sin más dilatar, me digas quién -es esse doliente que de mal tan perplexo se siente, que su passion -y remedio salen de una mesma fuente». En cambio propende mucho a -la trasposición del verbo al final de la frase, como a menudo se -observará. - -Atendiendo al otro defecto señalado por Valdés, podemos decir que -Rojas, lo mismo que el arcipreste de Talavera, usa del latinismo -menos que los exagerados escritores de aquel siglo, tales como don -Enrique de Villena o Juan de Mena. En los trozos aquí publicados se -hallarán algunos ejemplos: _inmérito_, _mixto_, _ilícito_, _súbito_, -_perplexo_, siempre pocos. - -Este suave cultismo de vocabulario y de construcción responde bien -a la elegante gravedad del diálogo, a la viveza sentenciosa, a la -fragancia humanística que trasciende de toda la obra, ora entre citas -expresas de la antigüedad clásica, ora en imitaciones de ellos no -declaradas;[123] y esa elevación de forma y de fondo permite a Rojas -trazar sus escenas, aun las de más bajo y crudo naturalismo, dentro -de un ambiente ideal, y estilizar sus tipos, aun los más repugnantes, -revistiéndolos de la dignidad propia de la tragedia. - -Porque tragedia es _La Celestina_. El primitivo título de _Comedia_ -se justifica por el tono de la mayoría de las escenas; pero del -desenlace surge la glorificación del Amor, como divinidad terrible -que triunfa a costa del lloro y la muerte de sus servidores, y -según esta concepción, ya en las primeras páginas de la obra late -la tragedia. Y si bien, por lo general, la acción fluye tranquila o -se remansa en el primoroso diálogo tan propenso a la más reposada -amplitud, luego, contrastando con esa calma, el desenlace se -precipita en relámpagos sangrientos, engendrados por los furiosos -torbellinos del amor y de la codicia del oro. - -Esta obra fuerte y elegante está, sin embargo, construída con una -lengua todavía insegura, rebelde, que ostenta muy marcados caracteres -de transición. Por la soltura de la construcción, y, sobre todo, por -la suavidad y gracia con que la frase se pliega al pensamiento, la -lengua de _La Celestina_ es hermana de la de los grandes escritores -del siglo XVI; pero por sus formas gramaticales está muy ligada aún -al período medieval. Signo muy visible de esta vacilación es la _f_- -inicial que se conserva en pugna con la _h_- que después triunfó; -_fazer_, _fermosura_, etc., conviven en _La Celestina_ con _hazer_, -_hermosura_, etc. Además usa muchas formas y construcciones arcaicas, -como _vies_ por ‘veías’, _fueste_ por ‘fuiste’, _morciélago_ por -‘murciélago’, _pelligeros_ por ‘pellejeros’, _encomparable_, -_enefable_, _empedir_, _engenio_, _acordarse a una cosa_ por -‘_acordarse de una cosa_’, todas las cuales aparecen ya en la edición -de Sevilla, 1501, remozadas tal como hoy se usan.[124] - - - COMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA - - PRIMER AUTO.--Entrando Calisto una huerta empós de un falcón - suyo, falló í a Melibea, de cuyo amor preso, començóle de - hablar; de la qual rigorosamente despedido, fue para su casa muy - sangustiado.[125] - -CALISTO.--En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios. - -MELIBEA.--¿En qué, Calisto? - -CALISTO.--En dar poder a natura que de tan perfeta hermosura te -dotasse, y fazer a mi inmérito tanta merced que verte alcançasse, y -en tan conveniente lugar que mi secreto dolor manifestarte pudiesse. -Sin duda encomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, -sacrificio, devoción, y obras pías que por este lugar alcançar -tengo yo a Dios ofrescido. Ni otro poder mi voluntad humana puede -complir.[126] ¿Quien vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún -hombre como agora el mio? Por cierto los gloriosos sanctos que -se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo agora en el -acatamiento tuyo. Mas, ¡o triste! que en esto deferimos: que ellos -puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventurança, -y yo misto[127] me alegro con recelo del esquivo tormento que tu -absencia me ha de causar. - -MELIBEA.--¿Por grand premio tienes esto, Calisto? - -CALISTO.--Téngolo por tanto en verdad, que si Dios me diesse en el -cielo la silla sobre sus sanctos, no lo ternía por tanta felicidad. - -MELIBEA.--Pues aun más igual galardón te daré yo, si perseveras. - -CALISTO.--¡O bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran -palabra haveis oido! - -MELIBEA.--Mas[128] desaventuradas, de que me acabes de oir; porque -la paga será tan fiera qual la merece tu loco atrevimiento, y el -intento de tus palabras, Calisto, ha seído.[129] ¿De ingenio de tal -hombre como tú, haver de salir para se perder en la virtud de tal -muger como yo? ¡Vete, vete de aí! - -CALISTO.--Iré como aquel contra quien solamente la adversa fortuna -pone su estudio[130] con odio cruel. - - * * * * * - -CALISTO.--¡Sempronio, Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito? - -SEMPRONIO.--Aquí estoy, señor, curando destos cavallos. - -CALISTO.--¿Pues cómo sales de la sala? - -SEMPRONIO.--Abatióse el girifalte y vínele endereçar[131] en el -alcándara. - -CALISTO.--¡Assí los diablos te ganen, assí por infortunio arrebatado -perezcas, o perpetuo intollerable[132] tormento consigas, el qual -en grado incomparable a la penosa y desastrada muerte que espero -traspassa! ¡Anda, anda, malvado, abre la cámara y endereça la cama! - -SEMPRONIO.--Señor, luego hecho es. - -CALISTO.--Cierra la ventana y dexa la teniebla acompañar al triste, -y al desdichado la ceguedad. Mis pensamientos tristes no son dignos -de luz. ¡O bienaventurada muerte aquella que deseada a los afligidos -viene! ¡O si viniéssedes agora Erasistrato, médico[133], sentiríades -mi mal! ¡O piedad de Sileuco, inspira en el Plebérico coraçón,[134] -porque sin esperança de salud no embíe el espíritu perdido con el -desastrado Píramo y de la desdichada Tisbe! - -SEMPRONIO.--¿Qué cosa es? - -CALISTO.--¡Vete de aí, no me fables, sino quiçá, ante del tiempo de -mi rabiosa muerte, mis manos causarán tu arrebatado fin! - -SEMPRONIO.--Iré, pues solo quieres padecer tu mal. - -CALISTO.--¡Vé con el diablo! - -SEMPRONIO.--No creo, según pienso, ir[135] comigo el que contigo -queda. ¡O desaventura! ¡O súbito mal! ¿Qual fue tan contrario -acontescimiento, que assi tan presto robó el alegría deste hombre y, -lo que peor es, junto con ella el seso? ¿Dexarle he solo o entraré -allá? Si le dexo, matarse ha; si entro allá, matarme ha. Quédese, no -me curo; más vale que muera aquel a quien es enojosa la vida, que no -yo que huelgo con ella. Aunque por al no deseasse vivir, sino por -ver a mi Elicia, me devría guardar de peligros. Pero si se mata sin -otro testigo, yo quedo obligado a dar cuenta de su vida. Quiero -entrar; mas puesto que entre, no quiere consolación ni consejo; asaz -es señal mortal no querer sanar;[136] con todo, quiérole dexar un -poco; desbrave, madure, que oído he dezir que es peligro abrir o -apremiar las postemas duras, porque más se enconan. Esté un poco: -dexemos llorar al que dolor tiene, que las lágrimas y sospiros mucho -desanconan[137] el coraçón dolorido; y aun si delante me tiene, más -comigo se encenderá, que el sol más arde donde puede reverberar. La -vista a quien objecto no se antepone, cansa; y quando aquel es cerca, -agúzase. Por esso quiérome sofrir un poco; si entretanto se matare, -muera; quiçá con algo me quedaré, que otro no lo sabe, con que mude -el pelo malo. Aunque malo es esperar salud en muerte agena,[138] y -quiçá me engaña el diablo; y si muere matarme han, y irán allá la -soga y el calderón.[139] Por otra parte dizen los sabios que es -grande descanso a los afligidos tener con quien puedan sus cuytas -llorar, y que la llaga interior más empece. Pues en estos estremos en -que estoy perplexo, lo más sano es entrar, y sofrirle y consolarle; -porque si posible es sanar sin arte ni aparejo, más ligero es -guarescer por arte y por cura. - -CALISTO.--Sempronio. - -SEMPRONIO.--Señor. - -CALISTO.--Dame acá el laúd. - -SEMPRONIO.--Señor, vesle aquí. - -CALISTO:-- - - ¿Qual dolor puede ser tal, - que se iguale con mi mal? - -SEMPRONIO.--Destemplado está esse laúd. - -CALISTO.--¿Como templará el destemplado? ¿Como sentirá el armonía -aquel que consigo está tan discorde; aquel[140] a quien la voluntad -a la razón no obedece; quien tiene dentro del pecho aguijones, paz, -guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas, todo a -una causa? Pero tañe y canta la más triste canción que sepas. - -SEMPRONIO.-- - - Mira Nero de Tarpeya - a Roma como se ardía; - gritos dan niños y viejos, - y él de nada se dolía.[141] - -CALISTO.--Mayor es mi fuego, y menor la piedad de quien yo agora digo. - -SEMPRONIO.--No me engaño yo, que loco está este mi amo. - -CALISTO.--¿Qué estás murmurando, Sempronio? - -SEMPRONIO.--No digo nada. - -CALISTO.--Dí lo que dizes, no temas. - -SEMPRONIO.--Digo, que ¿cómo puede ser mayor el fuego que atormenta un -vivo que el que quemó tal çibdad y tanta multitud de gente? - -CALISTO.--¡Cómo? Yo te lo diré: mayor es la llama que dura ochenta -años que la que en un día passa, y mayor la que mata una ánima, -que la que quema cient mill cuerpos. Como de la apariencia a la -existencia, como de lo vivo a lo pintado[142], como de la sombra a -lo real, tanta diferencia ay del fuego que dizes al que me quema. -Por cierto, si el del purgatorio es tal, más querría que mi spíritu -fuesse con los de los brutos animales, que por medio de aquél ir a la -gloria de los sanctos. - -SEMPRONIO.--¡Algo es lo que digo![143] ¡A más ha de ir este hecho. -No basta loco, sino ereje. - -CALISTO.--¿No te digo que fables alto quando fablares? ¿Qué dizes? - -SEMPRONIO.--Digo, que nunca Dios quiera tal, que es especie de -heregía lo que agora dixiste. - - - QUARTO AUTO.--Celestina andando por el camino habla consigo - misma, fasta llegar a la puerta de Pleberio, onde halló a - Lucrecia, criada de Pleberio. Pónese con ella en razones; - sentidas por Alisa, madre de Melibea, y sabido que es Celestina, - fázela entrar en casa. Viene un mensajero a llamar a Alisa; váse. - -LUCRECIA.--¿Quien es esta vieja que viene haldeando? - -CELESTINA.--Paz sea en esta casa. - -LUCRECIA.--Celestina, madre, seas bienvenida. ¿Qual dios te traxo por -estos barrios no acostumbrados? - -CELESTINA.--Hija, mi amor; desseo de todos vosotros; traerte -encomiendas de Elicia, y aun ver a tus señoras vieja y moça, que -después que me mudé al otro barrio, no han sido de mi visitadas. - -LUCRECIA.--¿A esso solo saliste de tu casa? Maravíllome de tí que no -es essa tu costumbre, ni sueles dar passo sin provecho. - -CELESTINA.--¿Más provecho quieres, bova, que cumplir hombre -sus desseos? Y tambien como a las viejas nunca nos fallecen -necesidades... ando a vender un poco de hilado. - -LUCRECIA.--¡Algo es lo que yo digo! en mi seso estoy, que nunca metes -aguja sin sacar reja.[144] Pero mi señora, la vieja, urdió una tela, -tiene necessidad dello; tú de venderlo; entra y espera aquí, que no -os desavenirés. - -ALISA.--¿Con quien hablas, Lucrecia? - -LUCRECIA.--Señora, con aquella vieja de la cuchillada, que solía -vivir aquí en las tenerías, a la cuesta del río. - -ALISA.--Agora la conozco menos; si tú me das a entender lo incógnito -por lo menos conocido, es coger agua en cesto.[145] - -LUCRECIA.--¡Jesú, señora! Más conosçida es esta vieja que la -ruda.[146] No sé como no tienes memoria de la que empicotaron por -hechizera... - -ALISA.--¿Qué oficio tiene? Quiçá por aquí la conoceré mejor. - -LUCRECIA.--Señora, perfuma tocas, haze solimán y otros treynta -oficios; conoce mucho en yiervas, cura niños, y aun algunos la llaman -vieja lapidaria. - -ALISA.--Todo esso dicho no me la da a conocer. Díme su nombre, si le -sabes. - -LUCRECIA.--¿Si le sé, señora? No ay niño ni viejo en toda la cibdad -que no le sepa ¿havíale yo de ignorar? - -ALISA.--¿Pues por qué no le dizes? - -LUCRECIA.--He vergüença. - -ALISA.--Anda, bova, díle, no me indignes con tu tardança. - -LUCRECIA.--Celestina, hablando con reverencia, es su nombre. - -ALISA.--¡Hí, hí, hí! ¡Mala landre te mate si de risa puedo estar, -viendo el desamor que deves de tener a essa vieja, que su nombre has -vergüença nombrar! ¡Ya me voy recordando della! ¡Una buena pieça! No -me digas más; algo me verná a pedir; dí que suba. - -LUCRECIA.--Sube, tia.[147] - -CELESTINA.--Señora buena, la gracia de Dios sea contigo y con la -noble hija. Mis passiones y enfermedades han impedido mi visitar -tu casa, como era razón; mas Dios conoce mis limpias entrañas, mi -verdadero amor, que la distancia de las moradas no despega el querer -de los coraçones; assí que lo que mucho desseé, la necessidad me -lo ha hecho complir. Con mis fortunas adversas otras, me sobrevino -mengua de dinero; no supe mejor remedio que vender un poco de hilado, -que para unas toquillas tenía allegado; supe de tu criada que tenías -dello necessidad; aunque pobre, y no de la merced de Dios, veslo -aquí, si dello y de mí te quieres servir. - -ALISA.--Vezina honrrada, tu razón y ofrecimiento me mueven a -compassión, y tanto, que quisiera cierto más hallarme en tiempo de -poder complir tu falta, que menguar tu tela. Lo dicho te agradezco; -si el hilado es tal, serte ha bien pagado. - -CELESTINA.--¿Tal, señora? Tal sea mi vida y mi vejez, y la de quien -parte quisiere de mi jura.[148] Delgado como el pelo de la cabeça, -igual, rezio como cuerdas de vihuela, blanco como el copo de la -nieve, hilado todo por estos pulgares, aspado y adreçado. Veslo aquí -en madexitas; tres monedas me davan ayer por la onça, assí goze desta -alma pecadora. - -ALISA.--Hija, Melibea, quédesse esta muger honrrada contigo, que ya -me parece que es tarde para ir a visitar a mi hermana, su muger de -Cremes, que desde ayer no la he visto, y tambien que viene su paje a -llamarme, que se le arrezió desde un rato acá el mal... - -CELESTINA.--¿Y qué mal es el suyo? - -ALISA.--Dolor de costado, y tal, que según del moço supe que -quedava, temo no sea mortal. Ruega tú, vezina, por amor mío, en tus -devociones, por su salud a Dios. - -CELESTINA.--Yo te prometo, señora, en yendo de aquí, me vaya por -essos monesterios, donde tengo frailes devotos míos, y les dé el -mismo cargo que tú me das; y demás desto, ante que me desayune, dé -quatro bueltas a mis cuentas.[149] - -ALISA.--Pues, Melibea, contenta a la vezina en todo lo que razón -fuere darle por el hilado; y tú, madre, perdóname, que otro dia se -verná en que más nos veamos. - -CELESTINA.--Señora, el perdón sobraría donde el yerro falta; de Dios -seas perdonada, que buena compañía me queda. Dios la dexe gozar -su noble juventud y florida mocedad, que es el tiempo en que mas -plazeres y mayores deleites se alcançarán, que a la mi fe, la vejez -no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de -renzillas, congoxa continua, llaga incurable, manzilla de lo pasado, -pena de lo presente, cuydado triste de lo por venir, vezina de la -muerte, choça sin rama que se llueve por cada parte, cayado de mimbre -que con poca carga se doblega. - -MELIBEA.--¿Por qué dizes, madre, tanto mal de lo que todo el mundo -con tanta eficacia gozar y ver dessean? - -CELESTINA.--Dessean harto mal para sí, dessean harto trabajo; dessean -llegar allá, porque llegando viven, y el vivir es dulce, y viviendo -envegescen. Assí que el niño dessea ser moço, y el moço viejo, y -el viejo más, aunque con dolor; todo por vivir, porque como dizen: -viva la gallina con su pepita.[150] ¿Pero quien te podría contar, -señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus -enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, su renzilla, -su pesadumbre, aquel arrugar de cara, aquel mudar de cabellos su -primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado ver, puestos -los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel caer de -dientes, aquel carecer de fuerça, aquel flaco andar, aquel espacioso -comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de -pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos quando sobra la -gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahito que de hambre. - -MELIBEA.--Bien conozco que dize cada uno de la feria segund le va en -ella,[151] assí que otra canción cantarán los ricos.[152] - -CELESTINA.--Señora, hija, a cada cabo ay tres leguas de mal -quebranto;[153] a los ricos se les va la bienaventurança, la gloria -y descanso por otros alvañares de asechanças que no se parescen, -ladrillados por encima con lisonjas. Cada rico tiene una dozena de -hijos y nietos que no rezan otra oración, no otra petición, sino -rogar a Dios que le saque d’en medio; no veen la hora que[154] tener -a él so la tierra y lo suyo entre sus manos y darle a poca costa su -casa para siempre. - -MELIBEA.--Madre, pues que assí es, gran pena ternás por la edad que -perdiste. ¿Querrías bolver a la primera? - -CELESTINA.--Loco es, señora, el caminante que enojado del trabajo -del día quissiese bolver de comienço la jornada para tornar otra -vez aquel lugar, que todas aquellas cosas cuya possesión no es -agradable, más vale poseellas que esperallas, porque más cerca está -el fin dellas quanto más andado del comienço; no ay cosa más dulce -ni graciosa al muy cansado que el mesón, assí que aunque la mocedad -sea alegre, el verdadero viejo no la dessea, porque el que de razón y -seso carece, quasi otra cosa no ama sino lo que perdió. - -MELIBEA.--Siquiera por vivir más, es bueno dessear lo que digo. - -CELESTINA.--Tan presto, señora, se va el cordero como el -carnero;[155] ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan -moço que oy no pudiesse morir; assi que en esto poca avantaja nos -levais. - -MELIBEA.--Espantada me tienes con lo que has hablado; indicio me -dan tus razones que te aya visto otro tiempo. Díme, madre, ¿eres tú -Celestina, la que solía morar a las tenerías, cabe el río? - -CELESTINA.--Señora, hasta que Dios quiera. - -MELIBEA.--Vieja te has parado; bien dizen que los dias no se van en -balde[156]; assí goze de mí, no te conosciera sino por esa señaleja -de la cara. Figúraseme que eras hermosa; otra pareces, muy mudada -estás. - -LUCRECIA.--¡Hi, hi, hi! Mudada está el diablo. ¿Hermosa era con aquel -su Dios-os-salve[156] que traviessa la media cara? - -MELIBEA.--¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo que dizes? ¿De qué te ríes? - -LUCRECIA.--De como no conoscías a la madre en tan poco tiempo en la -filosomía[157] de la cara. - -MELIBEA.--No es tan poco tiempo dos años, y más que la tiene arrugada. - -CELESTINA.--Señora, ten tú el tiempo que no ande, terné yo mi forma -que no se mude. ¿No has leido que dizen: Verná el día que en el -espejo no te conozcas?[158] Pero también yo encanecí temprano, y -parezco de doblada edad, que assí goze desta alma pecadora y tú desse -cuerpo gracioso, que de quatro hijas que parió mi madre yo fui la -menor. Mira como no so vieja como me juzgan. - -MELIBEA.--Celestina amiga, yo he holgado mucho en verte y conoscerte; -también hasme dado plazer con tus razones. Toma tu dinero y vete con -Dios, que me parece que no deves haver comido. - - -NOTAS - - [123] Algunas de estas imitaciones advierte Menéndez Pelayo en - su fundamental estudio sobre la _Celestina_, publicado en los - _Orígenes de la Novela_ III, 1910, pág. XLII, etc.--Alguna vez el - cultismo de Rojas se exacerba, por ejemplo en el discurso final - de Pleberio, pagando demasiado tributo a una erudición huera y - tosca, muy de moda entonces. - - [124] Sin razón el Sr. Foulché-Delbosc, corrige estas formas como - «erratas y deficiencias», en la pág. 174 de su reimpresión de la - edición de _La Celestina_ hecha en Burgos, 1499. - - [125] _Sangustiado_ forma derivada de otra perdida, - *_esangustiado_ (del latín *ex-angustiatus), como el verbo - arcaico _secutar_ por _esecutar_ (del latín executare), o el - vocablo vulgar _sagerao_ por _exagerado_. En la traducción del - _Coloquio de las Damas_, del Aretino, por Fernán Juárez, se halla - «una muy gran sangustia... muy sangustiada» N. Bibl. A. E., XXI, - 261 _b_. - - [126] ‘Ni hay otro poder (que el divino de que Calixto viene - hablando) que pueda satisfacer mi voluntad humana’. Las ediciones - modernas unen esta cláusula a la anterior con una coma, que no - tiene sentido. La edición antigua pone punto. - - [127] _Misto_, adverbio, que se opone a _puramente_: los santos - se glorifican de una manera absoluta, sin reserva; mi alegría - está mezclada de dolor. Como consecuencia del lugar final que - tiende a ocupar el verbo, el adverbio se le antepone: «Fortuna - medianamente partió lo suyo», «haz tu lo que bien digo y no lo - que mal hago», etc., en el mismo Auto primero de _La Celestina_. - - [128] _Mas_ por ‘mas bien’: «--Y allá hablaremos largamente... - cerca destos amores.--Mas dolores; que por fe tengo que de muerto - o loco no escapa desta vez». Auto VIII. - - [129] ‘y cual ha sido el intento’. Respeto la puntuación de la - edición incunable. Las ediciones modernas ponen punto y coma o - punto tras _atrevimiento_. - - [130] _Estudio_ ‘diligencia, empeño’ (comp. _estudiarse_ - ‘esforzarse’ página 48). - - [131] _Endereçar_ ‘arreglar’ volver a colocar en la percha al - gerifalte que se había abatido. Con los verbos de movimiento hoy - va el infinitivo regido de la preposición _a_ pero, antiguamente - no: «se van omillar» etc. _Mio Cid_, pág. 349↓35. La edición de - Sevilla 1501 ya elimina el arcaísmo y pone «vinele a endereçar». - - [132] Es frecuente en la _Celestina_ la _ll_, contraria a la - etimología en _tollerar_ y _callentar_; sin duda se pronunciaba - _tol-lerar_ por falso cultismo, como se pronunciarían - _intel-lectual_, _fal-lacia_ y otras voces que en latín presentan - dos _ll_ y en romance una sola. - - [133] Las ediciones de Burgos 1499 y Sevilla 1501 dicen «Eras - y Crato médicos» y «piedad de silencio». Como no existen tales - médicos Eras ni Crato, otras ediciones trataron de corregir, y - así hallamos: «Crato y Galieno» y «piedad de Celeuco» (1514, - 1595); «Erasistrato y Galieno» y «piedad de Seleuto», «p. - Seleucal» (1570 y otras, alguna en vez de «seleucal» estropea - «celestial»). Nuestra corrección es la más sencilla: _eras e - crato_ es confusión facilísima por _erasistrato_, dado que la - _c_ y la _t_ en la escritura medieval tiene forma muy semejante, - y _silencio_ por _sileuco_ o _seleuco_ también se confunden, - dada la igualdad de _n_ y _u_ en la mayor parte de las grafías. - Esta corrección es también la única exacta: Calisto alude a una - anécdota de _Valerio Máximo_, VII, 3, según la cual, habiendo - Erasístrato, médico, conocido que la enfermedad de Antíoco es - de amor, logra que el rey Seleuco padre de Antíoco, por salvar - la vida de su hijo, le ceda piadosamente el amor de Estratónica - de quien el joven está enamorado. Esta anécdota fué muy famosa - desde la Edad Media; Juan de la Cueva la refirió en un romance y - Moreto le dedicó una comedia, _Antíoco y Seleuco_. Como se ve, - el médico Galieno no debe figurar para nada; es por tanto sólo - exacta a medias la corrección de la edición de 1570; así como - las otras, aunque todas revelan conocimiento de la anécdota de - Valerio Máximo. En vista de ellas, es graciosa la seguridad con - que un anotador moderno, después de lanzarse a afirmar que no - hubo tal médico Erasístrato, introduce en el texto los nombres - de Hipócrates y Galeno, para luego ilustrarnos escribiendo - que Galieno o Galeno nació en Pérgamo, hijo de fulano, y que - Hipócrates fué famoso médico nacido el año tantos de la Olimpíada - tal. - - [134] _Pleberio_ es el padre de Melibea, en el corazón del cual - desea Calisto que obre la piedad de Seleuco, para que sea benigno - con un enfermo de amor. - - [135] Una de las oraciones de infinitivo a que hemos aludido. ‘No - creo que vaya conmigo’. - - [136] Refrán que GONZALO CORREAS (_Vocabulario de refranes_, - página 54) pone en dos formas «Asaz es señal...» etc. y «Asaz es - de mal no querer sanar.» - - [137] La edición de Sevilla 1501 y las siguientes: _desenconan_. - La forma de la edición de 1499 es aceptable, a pesar del verbo - _enconar_ que precede. Se mezclan mucho formas como _malancolia_, - _melancolía_, _melanconia_. CORREAS en su _Vocabulario_, pág. - 195 _a_, da como refrán «Lágrimas y suspiros mucho desenconan el - corazón dolorido.» - - [138] CORREAS, pág. 136 _a_, da el refrán completo; «Esperar - salud en muerte ajena, se condena.» - - [139] Hoy «Echar la soga tras el caldero» como ya pone - COVARRUBIAS (s. v. caldero) «es, perdida una cosa echar a perder - el resto; está tomado del que yendo a sacar agua al poço, se - le cayó dentro el caldero, y de rabia y despecho, echó también - la soga, con que le pudiera sacar atando a ella un garabato o - garfio.» - - [140] La edición de 1514, para evitar la ambigüedad que se - origina de estas dos preposiciones a juntas, puso aquí «en quien.» - - [141] Romance divulgadísimo en los siglos XVI y XVII. La música - con que lo cantaba Sempronio podía ser la que da LUIS VENEGAS DE - HENESTROSA en su _Libro de cifra nueva_, Alcalá 1557, o la que - pone JUAN BERMUDO en su _Declaración de instrumentos musicales_, - 1555. Tan popular se hizo el comienzo de este romance cuando se - trataba de algún despiadado, que en el _Rinconete_ de CERVANTES - la Cariharta, enojada con Repolido, le llama «ese marinero de - Tarpeya, ese tigre de Ocaña», es decir que el primer verso había - cristalizado en un disparate popular, semejante al otro que - equivale a «tigre de Hircania.» - - [142] «Como de lo vivo a lo pintado (cuando hay gran diferencia - en algo») CORREAS pág. 361. Una comedia de CLARAMONTE lleva el - título _De lo vivo a lo pintado_. Es hoy frase muy corriente. - - [143] Esta misma exclamación la repite Lucrecia en el otro trozo - de _La Celestina_ que aquí publicamos, p. 75, arriba. - - [144] «Meter aguja y sacar reja.» (Cuando se da poco para sacar - mucho) CORREAS; «Dar aguja y sacar reja: quando con pequeño don - se alcança cosa de mucho interesse» COVARRUBIAS. - - [145] «Como coger agua en cesto» (A trabajo perdido) CORREAS - _Vocabulario_ pág. 597 _b_. - - [146] «_Ruda_, es yerva conocida, y aunque de grave olor, tiene - muchos provechos en sí, y por el mucho uso della y ser a todos - tan común, dezimos de alguna persona ser mas conocida que la - ruda.» COVARRUBIAS. - - [147] _Tia_ usado como título de respeto para las personas - ancianas del pueblo; así como _madre_ en boca de Alia y de - Melibea. Celestina, en cambio, llama «señoras» a éstas. Lucrecia - antes (p. 74) llamó también _madre_ a Celestina. - - [148] Frase obscura. Parece que Celestina alude al uso jurídico - de prestar juramento una persona acompañada de otras varias que - juraban con ella: ‘tan buena como mi tela sea mi vejez y la de - quien quisiere apoyarme en este juramento’. - - [149] _Cuentas_ significa ‘el rosario’: Celestina ofrece rezarlo - cuatro veces. - - [150] Refrán que también tiene la forma de «Viva la gallina y - viva con su pepita.» - - [151] Refrán que hoy es más bien: «Cada uno habla (o cuenta) de - la feria como le va en ella.» - - [152] Comp. la frase «Ese es otro cantar» significado ‘eso es - distinto’. - - [153] Refrán que tenía múltiples formas: «Dondequiera hay una - mala legua.» «En cada cabo hay dos leguas (o un rato) de mal - quebranto.» «A cada cabo hay tres leguas de quebranto.» CORREAS, - pág. 292 _b_, 119 _b_, 14 _a_. - - [154] Hoy se dice «_No ver_ uno _la hora de_ una cosa», para - denotar el deseo grande de que llegue el momento de que algo - suceda. Se entiende ‘no ver nunca llegar la hora’, es decir que - la impaciencia hace que parezca muy largo el tiempo. En la forma - antigua, _la hora que_ está por ‘la hora en que’. Compárese la - frase _aun vea el hora que_ por ‘ojalá llegue tiempo que’ o ‘en - que’ _Mio Cid_, pág. 488↓38, 779↓10. - - [155] Refrán. - - [156] _Dios-os-salve_, o _Dios-te-salve_, nombre humorístico de - la ‘cicatriz’ o ‘costurón’. - - [157] _Filosomía_ ‘fisonomía’. - - [158] Tomado de Petrarca, como otros varios pasajes de este - trozo. - - - - -EL LAZARILLO DE TORMES - -Autor anónimo anterior a 1554 - - -Las primeras ediciones conocidas de esta novela son tres, impresas en -Burgos, Alcalá y Amberes, en el mismo año 1554; las tres suponen otra -anterior de la cual ellas derivan. - -La prosa castellana había tenido en la Edad Media un cultivo temprano -y aventajado; nos admira ya en el siglo XIII con Alfonso el Sabio, en -el XIV con don Don Juan Manuel, y produce, en tiempos de los Reyes -Católicos, obras tan notables como la _Celestina_. Bajo el reinado de -Carlos V tomó mayor vuelo; aplicáronla a la exposición doctrinal Fr. -Antonio de Guevara, Hernán Pérez de Oliva, Juan de Valdés, etc., y -apareció como maestra consumada en la novela. En este terreno no es -ciertamente su mérito mayor haber servido a narraciones _idealistas_ -de aventuras en los Libros de Caballerías, pues este género decaía -ya de su viejo esplendor, que en el siglo XIV había producido el -Amadís de Gaula; un nuevo lenguaje de la narración se desarrollaba -ahora, a mediados del siglo XVI, complaciéndose en la pintura -satírica de tipos y costumbres sociales, tomados de la realidad, con -todo el vigor y crudeza con que en ella se ofrecen, y este es sin -duda el aspecto más importante que ofrece la prosa en tiempo del -Emperador. Con estas narraciones _realistas_ que forman la llamada -novela picaresca (por abundar en tipos de pícaros, truhanes, vagos, -espadachines y ladrones), España dió a la literatura universal el -primer modelo de la novela moderna de costumbres. - -El _Lazarillo_, aparecido en los últimos tiempos del emperador Carlos -V, es la más antigua de estas novelas picarescas, la más popular -en España[159] y la más conocida en Europa, y nos ofrece como una -novedad (a pesar de la _Celestina_) el cultivo de la lengua popular -y corriente, en que no escasean las incongruencias gramaticales que -consigo arrastra la viveza de la conversación; por eso en el prólogo, -el pobre Lázaro, antes de empezar a referir su historia, disculpa el -_grosero estilo_ en que por fuerza ha de contarla. - -En este estilo llano, propio para la pintura de escenas de la -vida ordinaria, parecido al que cincuenta años más tarde empleará -Cervantes, es el Lazarillo admirable modelo. Su lenguaje se distingue -especialmente por una sobriedad magistral; cada palabra va derecha a -lograr un marcado efecto pictórico y satírico. - -Esta excelencia, sin embargo, no nos ha de impedir el notar cierta -falta de habilidad en la construcción de una frase un poco larga, y -alguna dificultad en las transiciones, embarazadas con adverbios y -conjunciones inútiles o pesados: _en este tiempo_, con el sentido de -‘luego’ o ‘entonces’, _finalmente_, _de manera que_, etc.; pero éste -no es defecto suyo propio, pues algo análogo hallamos en casi todos -los escritores de este siglo, como Mendoza, Granada y León; cada -vez menos, conforme la lengua va ganando en experiencia. Advirtamos -también que es enteramente inexacta la apreciación que en 1620 emitió -un implacable corrector y discreto continuador del Lazarillo, Juan de -Luna, diciendo que la frase de esta antigua obra era «más francesa -que española». Quizá le chocaba el uso abundante del pronombre -personal acompañando a las formas verbales, donde, por no haber -necesidad de insistir en la persona, se omite hoy: _yo por bien -tengo_, _yo oro ni plata no te lo puedo dar_, _yo hice_, _yo dormí_ -(pág. 94), y otros casos así, que Luna corrigió en su edición, y que -se hallan también, por ejemplo, en Mendoza; o frases como _no curé de -lo saber_ (je n’ai cure de le savoir), o voces tales como _coraje_ -o _luengo_[160], que son del más castizo castellano, por más que no -le parecieran corrientes a Luna; como éste era maestro de español en -Francia, se le antojaban tomadas del francés cuantas expresiones oía -en su idioma patrio que a él no le eran familiares y se asemejaban a -otras francesas. - - - LAZARILLO DE TORMES - TRATADO III - - Lázaro[161], herido desgraciadamente por un clérigo avaro, a - quien servía en Maqueda, abandona este pueblo y sirve en Toledo a - un hidalgo tan presumido como pobre y holgazán. - -Desta manera me fué forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco a poco, -con ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne ciudad -de Toledo, adonde, con la merced de Dios, dende a quince días se -me cerró la herida; y[162] mientras estaba malo siempre me daban -alguna limosna; mas después que estuve sano todos me decían: «tú, -bellaco y gallofero[163] eres; busca, busca un amo a quien sirvas.» -¿Y adónde se hallará ése[164], decía yo entre mí, si Dios agora de -nuevo (como crió el mundo) no lo criase? Andando así discurriendo -de puerta en puerta con harto poco remedio (porque ya la caridad -se subió al cielo), topóme Dios con un escudero[165] que iba por -la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás en -orden; miróme y yo a él, y díjome: «mochacho, ¿buscas amo?» Yo le -dije: «sí, señor».--«Pues vente tras mí, me respondió, que Dios te -ha hecho merced en topar conmigo; alguna buena oración rezaste hoy». -Y seguíle, dando gracias a Dios por lo que oí, y también que[166] me -parecía, según su hábito y continente, ser el que yo había menester. -Era de mañana cuando este mi tercero amo topé, y llevóme tras sí gran -parte de la ciudad. Pasábamos por las plazas donde se vendía pan -y otras provisiones; yo pensaba y aun deseaba que allí me quería -cargar de lo que se vendía, porque esta era propria hora[167] cuando -se suele proveer de lo necesario; mas muy a tendido paso pasaba por -estas cosas. «Por ventura no lo ve aquí a su contento, decía yo, y -querrá que lo compremos en otro cabo.» - -Desta manera anduvimos hasta que dió[168] las once: entonces se entró -en la iglesia mayor, y yo tras él; y muy devotamente le vi oir misa -y los otros oficios divinos, hasta que todo fué acabado y la gente -ida. Entonces salimos de la iglesia, y[169] a buen paso tendido -comenzamos a ir por la calle abajo; yo iba el más alegre del mundo, -en ver que no nos habíamos ocupado en buscar de comer; bien consideré -que debía ser hombre, mi nuevo amo, que se proveía en junto[170], y -que ya la comida estaría a punto, y tal como yo la deseaba y aun la -había menester. En este tiempo dió el reloj la una, después de medio -día[171], y llegamos a una casa, ante la cual, mi amo se paró y yo -con él, y derribando el cabo de la capa sobre el lado izquierdo, -sacó una llave de la manga y abrió su puerta y entramos en casa, la -cual[172] tenía la entrada obscura y lóbrega, de tal manera, que -parecía que ponía temor a los que en ella entraban, aunque dentro -della estaba un patio pequeño y razonables cámaras[173]. Desque -fuimos entrados, quita de sobre sí su capa, y preguntando[174] si -tenía las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y muy limpiamente -soplando un poyo que allí estaba, la puso en él; y hecho esto, -sentóse cabo della, preguntándome muy por extenso de dónde era y -cómo había venido a aquella ciudad, y yo le di más larga cuenta que -quisiera; porque me parecía más conveniente hora de mandar poner la -mesa y escudillar la olla, que de lo que me pedía; con todo eso, -yo le satisfice de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo -mis bienes y callando lo demás, porque me parecía no ser para en -cámara[175]. - -Esto hecho, estuvo ansí un poco, y yo luego[176] vi mala señal, por -ser ya casi las dos y no le ver más aliento[177] de comer que a un -muerto. Después desto, consideraba aquél tener cerrada la puerta -con llave ni[178] sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por -la casa; todo lo que yo había visto eran paredes, sin ver en ella -silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arcaz como el de -marras[179]; finalmente ella parecía casa encantada. Estando así, -díjome: «tú, mozo, ¿has comido?»--«No, señor, dije yo, que aun no -eran dadas las ocho cuando con vuestra merced encontré.»--«Pues, -aunque de mañana, yo había almorzado, dice, y cuando ansí como algo, -hágote saber que hasta la noche me estoy ansí; por eso, pásate como -pudieres, que después cenaremos.» Vuestra merced crea, cuando esto le -oí, que estuve en poco de caer de mi estado[180], no tanto de hambre -como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me -representaron de nuevo mis fatigas, y torné a llorar mis trabajos; -allí se me vino a la memoria la consideración que hacía cuando me -pensaba ir del clérigo, diciendo que aunque aquél era desventurado -y mísero, por ventura toparía con otro peor; finalmente, allí lloré -mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera; y con todo, -disimulando lo mejor que pude:[181] «señor, mozo soy que no me fatigo -mucho por comer, bendito Dios[182]; deso me podré yo alabar entre -todos mis iguales, por de[183] mejor garganta, y ansí fuí yo loado -della hasta hoy día de los amos que yo he tenido.»--«Virtud es esa, -dijo él, y por eso te querré yo más: porque el hartar es de los -puercos, y el comer regladamente es de los hombres de bien.»--Bien te -he entendido, dije yo entre mí; maldita tanta medicina y bondad como -aquestos mis amos, que yo hallo, hallan en la hambre. Púseme a un -cabo del portal, y saqué unos pedazos de pan del seno, que me habían -quedado de los de por Dios. - -Él, que vió esto, díjome: «Ven acá, mozo, ¿qué comes?» Yo lleguéme -a él, y mostréle el pan; tomóme él un pedazo, de tres que eran, -el mejor y más grande[184], y díjome: «¡Por mi vida, que parece -éste buen pan!»--«¡Y cómo agora, dije yo, señor, es bueno!»--«Sí, -a fe, dijo él; ¿adónde lo hubiste? ¿Si[185] es amasado de manos -limpias?»--«No sé yo eso, le dije; mas a mí no me pone asco el sabor -dello.»--«Ansí plega a Dios», dijo el pobre de mi amo, y llevándolo -a la boca comenzó a dar en él tan fieros[186] bocados como yo en lo -otro. «¡Sabrosísimo pan está, dijo, por Dios!» Y como le sentí de -qué pie coxqueaba[187], dime priesa, porque le vi en disposición, -si acababa antes que yo, se comediría[188] a ayudarme a lo que me -quedase; y con esto acabamos casi a una. Mi amo comenzó a sacudir -con las manos unas pocas de migajas, y bien menudas[189], que en los -pechos se le habían quedado, y entró en una camareta que allí estaba, -y sacó un jarro desbocado, y no muy nuevo, y desque hubo bebido, -convidóme con él. Yo, por hacer del continente, dije: «Señor, no bebo -vino.»--«Agua es, me respondió, bien puedes beber.» Entonces tomé -el jarro y bebí, no mucho, porque de sed no era mi congoja. Ansí -estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me preguntaba, a -las cuales yo le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme -en la cámara donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome: «Mozo, -párate[190] allí, y verás cómo hacemos esta cama, para que la sepas -hacer de aquí adelante.» Púseme de un cabo y él del otro, y hecimos -la negra cama, en la cual no había mucho que hacer, porque ella tenía -sobre unos bancos un cañizo, sobre el cual estaba tendida la ropa... -Hecha la cama, y la noche venida, díjome: «Lázaro, ya es tarde, y de -aquí a la plaza hay gran trecho; también en esta ciudad andan muchos -ladrones, que siendo de noche, capean[191]; pasemos como podamos, y -mañana, viniendo el día, Dios hará merced; porque yo por estar solo -no estoy proveído; antes he comido estos días por allí fuera, mas -agora hacerlo hemos[192] de otra manera.»--«Señor, de mí, dije yo, -ninguna pena tenga vuestra merced, que sé pasar una noche, y aun más, -si es menester, sin comer.»--«Vivirás más, y más sano, me respondió, -porque, como decíamos hoy, no hay tal cosa en el mundo para vivir -mucho, que[193] comer poco.» Si por esa vía es, dije entre mí, nunca -yo moriré, que siempre he guardado esa regla por fuerza, y aun espero -en mi desdicha tenella toda mi vida. Y acostóse en la cama, poniendo -por cabecera las calzas y el jubón[194], y mandóme echar a sus pies, -lo cual[195] yo hice; mas maldito el sueño que yo dormí, porque -las cañas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron de rifar y -encenderse[196], que con mis trabajos, males y hambre, pienso que -en mi cuerpo no había libra de carne. Y también, como aquel día no -había comido casi nada, rabiaba de hambre, la cual con el sueño no -tenía amistad; maldíjeme mil veces, Dios me lo perdone, y a mi ruin -fortuna. Allí lo más de la noche y lo peor, no osándome revolver por -no despertalle, pedí a Dios muchas veces la muerte. - -La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y sacudir sus -calzas y jubón, y sayo y capa; ¡y yo que le servía de pelillo![197]; -y vísteseme muy a su placer de espacio; echéle aguamanos, peinóse y -puso su espada en el talabarte, y al tiempo que la ponía, díjome: -«¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es esta! No hay marco de oro en el -mundo porque yo la diese; mas así, ninguna de cuantas Antonio[198] -hizo, no acertó a ponelle los aceros tan prestos como ésta los -tiene»; y sacóla de la vaina, y tentóla con los dedos, diciendo: -«Vesla aquí, yo me obligo con ella[199] cercenar un copo de lana.» -Y yo dije entre mí: «Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, -un pan de cuatro libras.» Tornóla a meter, y ciñósela, y un sartal -de cuentas gruesas del talabarte, y con un paso sosegado y el cuerpo -derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando -el cabo de la capa sobre el hombro, y a veces so[200] el brazo, -y poniendo la mano derecha en el costado, salió por la puerta, -diciendo: «Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oir misa, y -haz la cama, y ve por la vasija de agua al río, que aquí bajo está; y -cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y ponla aquí al[201] -quicio, porque si yo viniere en tanto, pueda entrar.» Y súbese por la -calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le -conociera pensara ser muy cercano pariente al Conde Claros[202], o a -lo menos camarero que le daba de vestir. - -Bendito seáis vos, Señor, quedé yo diciendo, que dais la enfermedad, -y ponéis el remedio. ¿Quién encontrará a aquel mi señor, que no -piense, según el contento de sí lleva, haber anoche bien cenado -y dormido en buena cama, y aunque agora es de mañana, no le -cuenten[203] por muy bien almorzado? Grandes secretos son, Señor, -los que vos hacéis, y las gentes ignoran. ¿A quién no engañará -aquella buena disposición y razonable capa y sayo, y quién pensará -que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin comer, con aquel -mendrugo de pan, que su criado Lázaro trujo un día y una noche en -el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha limpieza, y hoy, -lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacía servir -del halda del sayo?[204] Nadie, por cierto, lo sospechará. ¡Oh Señor, -y cuántos de aquestos debéis vos tener por el mundo derramados, -que padecen por la negra que llaman honra[205] lo que por vos no -sufrirían!... - -Púseme a pensar qué haría, y parecióme esperar a mi amo hasta que -el día demediase, y si viniese[206], y por ventura trajese algo que -comiésemos; mas en vano fué mi esperanza. Desque vi ser las dos, y -no[207] venía y la hambre me aquejaba, cierro mi puerta y pongo la -llave donde mandó, y tórnome a mi menester; con baja y enferma voz y -inclinadas mis manos en los senos, puesto Dios ante mis ojos, y la -lengua en su nombre, comienzo a pedir pan por las puertas y casas -más grandes que me parecía; mas como yo este oficio le hobiese -mamado en la leche, quiero decir que con el gran maestro el ciego lo -aprendí, tan suficiente discípulo salí, que aunque en este pueblo no -había caridad, ni el año fuese muy abundante, tan buena maña me di, -que antes que el reloj diese las cuatro, ya yo tenía otras tantas -libras de pan ensiladas[208] en el cuerpo, y más de otras dos en las -mangas y senos. Volvíme a la posada, y al pasar por la tripería, pedí -a una de aquellas mujeres, y dióme un pedazo de uña de vaca con otras -pocas de tripas cocidas. - -Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada -su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el patio. Como -entro, vínose para mí; pensé que me quería reñir la tardanza, mas -mejor lo hizo Dios. Preguntóme do[209] venía; yo le dije: «Señor, -hasta que dió[210] las dos estuve aquí, y de que vi que vuestra -merced no venía, fuíme por esa ciudad a encomendarme a las buenas -gentes, y hanme dado esto que veis»; mostréle el pan y las tripas que -en un cabo de la halda traía, a lo cual él mostró buen semblante, y -dijo: «Pues esperádote he a comer, y de que vi que no veniste, comí. -Mas tú haces como hombre de bien en eso, que más vale pedillo por -Dios que no hurtallo; y ansí él me ayude como ello[211] me parece -bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que -toca a mi honra, aunque bien creo que será secreto, según lo poco que -en este pueblo soy conocido: ¡nunca a él yo hubiera de venir!»--«De -eso pierda, señor, cuidado, le dije yo, que maldito aquel que ninguno -tiene de pedirme esa cuenta ni yo de dalla.»--«Agora, pues, come, -pecador, que si a Dios place presto nos veremos sin necesidad; aunque -te digo que después que en esta casa entré, nunca bien me ha ido: -debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal pie, que -a los que viven en ellas pegan la desdicha. Esta debe de ser, sin -dubda, de ellas[212]; mas yo te prometo, acabado el mes, no quede en -ella, aunque me la den por mía.» - -Sentéme al cabo del poyo, y porque no me tuviese por glotón, callé -la merienda, y comienzo a cenar y morder en mis tripas y pan, y -disimuladamente miraba al desventurado señor mío, que no partía -sus ojos de mis faldas, que aquella[213] sazón servían de plato. -Tanta lástima haya Dios de mí como yo había del, porque sentí lo -que sentía, y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada -día. Pensaba si sería bien comedirme a convidalle; mas por me haber -dicho que había comido, temíame no aceptaría el convite. Finalmente, -yo deseaba aquel[214] pecador ayudase a su trabajo del mío, y se -desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo[215], por -ser mejor la vianda y menos mi hambre. Quiso Dios cumplir mi deseo, y -aun pienso que el suyo, porque como comencé a comer, y él se andaba -paseando, llegóse a mí, y díjome: «Dígote, Lázaro, que tienes en -comer la mejor gracia que en mi vida vi a hombre, y que nadie te lo -verá hacer que no le pongas gana, aunque no la tenga.»--La muy buena -que tú tienes, dije yo entre mí, te hace parecer la mía hermosa. Con -todo parecióme ayudarle, pues se ayudaba[216], y me abría camino -para ello, y díjele: «Señor, _el buen aparejo hace buen artífice_; -este pan está sabrosísimo, y esta uña de vaca tan bien cocida y -sazonada, que no habrá a quien no convide con su sabor.»--«¿Uña de -vaca es?»--«Sí, señor.»--«Dígote que es el mejor bocado del mundo, -y que no hay faisán que ansí me sepa.»--«Pues pruebe, señor, y -verá qué tal está.» Póngole en las uñas la otra y tres o cuatro -raciones de pan de lo más blanco, y asentóseme al lado y comienza a -comer, como aquel que lo había gana[217], royendo cada huesecillo de -aquellos mejor que un galgo suyo lo hiciera. «Con almodrote,[218] -decía, es este singular manjar.»--Con mejor salsa lo comes tú[219], -respondí yo paso.--«Por Dios, que me ha sabido como si hoy no hobiera -comido bocado.»--Ansí me vengan los buenos años como es ello, dije yo -entre mí. Pidióme el jarro del agua y díselo como lo había traído; -es señal que pues no le faltaba el agua, que no le había a mi amo -sobrado la comida. Bebimos y muy contentos nos fuimos a dormir como -la noche pasada. Y por evitar prolijidad, desta manera estuvimos -ocho o diez días, yéndose el pecador en la mañana con aquel contento -y paso contado[220] a papar aire por las calles, teniendo en el -pobre Lázaro una cabeza de lobo.[221] Contemplaba yo muchas veces -mi desastre, que escapando de los amos ruines que había tenido, y -buscando mejoría, viniese a topar con quien no sólo no me mantuviese, -mas a quien yo había de mantener. Con todo, le quería bien, con ver -que no tenía ni podía más, y antes le había lástima que enemistad, y -muchas veces por llevar a la posada con que él lo pasase[222], yo lo -pasaba mal... Dios es testigo que hoy día, cuando topo con alguno de -su hábito, con aquel paso y pompa, le he lástima con pensar si padece -lo que aquél le vi sufrir... Sólo tenía dél un poco de descontento: -que quisiera yo que no tuviera tanta presunción, mas que abajara un -poco su fantasía con lo mucho que subía su necesidad; mas, según me -parece, es regla ya entre ellos usada y guardada, aunque no haya -cornado de trueco[223], ha de andar el birrete en su lugar[224]. El -Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir. - -Pues estando yo en tal estado, pasando[225] la vida que digo, quiso -mi mala fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella -trabajada y vergonzosa vivienda no durase. Y fué: como el año en este -tierra fuese estéril de pan, acordaron el ayuntamiento que todos los -pobres extranjeros se fuesen de la ciudad, con pregón, que el que de -allí adelante topasen fuese punido con azotes. Y así, ejecutando la -ley desde a cuatro días que el pregón se dió, vi llevar una procesión -de pobres azotando por las Cuatro Calles[226], lo cual me puso tan -gran espanto, que nunca osé desmandarme a demandar. Aquí viera, quien -vello pudiera, la abstinencia de mi casa y la tristeza y silencio -de los moradores della, tanto que nos acaesció estar dos o tres -días sin comer bocado ni hablar palabra. A mí diéronme la vida unas -mujercillas hilanderas de algodón, que hacían bonetes y vivían par -de nosotros, con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento, que de -la lacería[227] que les traían me daban alguna cosilla, con la cual -muy pasado me pasaba[228], y no tenía tanta lástima de mí como del -lastimado de mi amo, que en ocho días maldito el bocado que comió, a -lo menos en casa bien los[229] estuvimos sin comer; no sé yo cómo o -dónde andaba y qué comía. ¡Y velle venir a medio día la calle abajo -con estirado cuerpo, más largo que galgo de buena casta! Y por lo que -toca a su negra que dicen honra, tomaba una paja de las que aun asaz -no había en casa, y salía a la puerta escarbando los dientes que nada -entre sí tenían, quejándose todavía de aquel mal solar, diciendo: -«¡Malo está de ver! Que la desdicha desta vivienda lo hace; como ves, -es lóbrega, triste, obscura; mientras aquí estuviéremos, hemos de -padecer; ya deseo que se acabe este mes por salir della.» - -Pues estando en esta afligida y hambrienta persecución, un día, no -sé por cuál dicha o ventura, en el pobre poder de mi amo entró un -real, con el cual vino a casa tan ufano como si tuviera el tesoro de -Venecia, y con gesto muy alegre y risueño me lo dió, diciendo: «tomá, -Lázaro, que Dios ya va abriendo su mano; ve a la plaza y merca pan -y vino y carne; _quebremos el ojo al diablo_[230]; y más te hago -saber, porque te huelgues, que he alquilado otra casa, y en esta -desastrada no hemos de estar más de en cumpliendo el mes, ¡maldita -sea ella, y el que en ella puso la primera teja, que con mal en ella -entré! Por nuestro Señor, cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni -bocado de carne no he comido, ni he habido descanso ninguno; mas tal -vista tiene y tal obscuridad y tristeza. Ve, y ven presto y comamos -hoy como condes.» Tomo mi real y jarro, y a los pies dándoles priesa, -comienzo a subir mi calle, encaminando mis pasos para la plaza muy -contento y alegre. Mas ¿qué me aprovecha si está constituído en mi -triste fortuna que ningún gozo me venga sin zozobra? Y ansí fué -éste; porque yendo la calle arriba, echando mi cuenta en lo que -le[231] emplearía, que fuese mejor y más provechosamente gastado, -dando infinitas gracias a Dios, que a mi amo había hecho con dinero, -a deshora me vino al encuentro un muerto, que por la calle abajo -muchos clérigos y gente en unas andas traían; arriméme a la pared por -darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venía luego a par del lecho -una que debía ser su[232] mujer del difunto, cargada de luto, y con -ella otras muchas mujeres, la cual iba llorando a grandes voces, y -diciendo: «¡marido y señor mío! ¿adónde os me[233] llevan? ¡a la -casa triste y desdichada! ¡a la casa lóbrega y obscura! ¡a la casa -donde nunca comen ni beben!»[234] Yo que aquello oí, juntóseme el -cielo con la tierra, y dije: «¡Oh desdichado de mí! para mi casa -llevan este muerto»; dejo el camino que llevaba, y hendí por medio -de la gente, y vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que -pude para mi casa, y entrando en ella cierro a[235] grande priesa, -invocando el auxilio y favor de mi amo, abrazándome dél, que me venga -ayudar y a defender la entrada. El cual algo alterado, pensando que -fuese otra cosa, me dijo: «¿qué es eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué -has? ¿por qué cierras la puerta con tal furia?»--«Oh señor, dije yo, -acuda aquí, que nos traen acá un muerto.»--«¿Cómo así?» respondió -él.--«Aquí arriba le encontré, y venía diciendo su mujer: _marido -y señor mío, ¿adónde os llevan? ¡a la casa lóbrega y obscura! ¡a la -casa triste y desdichada! ¡a la casa donde nunca comen ni beben!_ -acá, señor, nos le traen.» Y ciertamente cuando mi amo esto oyó, -aunque no tenía por qué estar muy risueño, rió tanto que muy gran -rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenía yo echada la -aldaba a la puerta y puesto el hombro en ella por más defensa. Pasó -la gente con su muerto, y yo todavía me recelaba que nos le habían -de meter en casa; y desque fué ya más harto de reir que de comer, -el bueno de mi amo díjome: «verdad es Lázaro; según la viuda lo va -diciendo, tú tuviste razón de pensar lo que pensaste; mas, pues -Dios lo ha hecho mejor, y pasan adelante, abre, abre, y ve por de -comer.»[236]--«Dejálos, señor, acaben de pasar la calle», dije yo. -Al fin vino mi amo a la puerta de la calle, y ábrela esforzándome, -que bien era menester según el miedo y alteración, y me tornó a -encaminar. Mas aunque comimos bien aquel día, maldito el gusto -yo tomaba en ello, ni en aquellos tres días torné en mi color, y -mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi -consideración. - -De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fué este -escudero, algunos días, y en todos deseando saber la intención de -su venida y estada en esta tierra; porque desde el primer día que -con él asenté, le conocí ser extranjero, por el poco conocimiento -y trato que con los naturales della tenía. Al fin se cumplió mi -deseo, y supe lo que deseaba; porque un día que habíamos comido -razonablemente, y estaba algo contento, contóme su hacienda[237], y -díjome ser de Castilla la Vieja, y que había dejado su tierra no más -de[238] por no quitar el bonete a un caballero su vecino. «Señor, -dije yo, si era él lo que decís, y tenía más que vos, no errábades -en quitárselo primero, pues decís que él también os lo quitaba»--«Sí -es, y sí tiene, y también me lo quitaba él a mí; mas de cuantas -veces yo se le[239] quitaba primero, no fuera malo comedirse él -alguna, y ganarme por la mano.»--«Paréceme, señor, le dije yo, que -en eso no mirara; mayormente con mis mayores que yo, y que tienen -más.»--«Eres mochacho, me respondió, y no sientes las cosas de la -honra, en que el día de hoy[240] está todo el caudal de los hombres -de bien; pues te hago saber que yo soy (como ves) un escudero, mas -vótote a Dios, si al Conde topo en la calle, y no me quita muy bien -quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar -en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio o atravesar otra -calle, si la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo; que un -hidalgo[241] no debe a otro que a Dios y al rey nada, ni es justo, -siendo hombre de bien, se descuide un punto de tener en mucho su -persona. Acuérdome, que un día deshonré en mi tierra a un oficial, -y quise poner en él las manos, porque cada vez que le topaba me -decía: _mantenga Dios a vuestra merced_[242]. Vos, don villano ruin, -le dije yo, ¿por qué no sois bien criado? ¿_Manténgaos Dios_, me -habéis de decir como si fuese quien quiera? De allí adelante, de -aquí acullá me quitaba el bonete, y hablaba como debía.»--«¿Y no es -buena manera de saludar un hombre a otro, dije yo, decirle que le -mantenga Dios?»--«Mira, mucho de enhoramala, dijo él; a los hombres -de poca arte dicen eso, mas a los más altos, como yo, no les han de -hablar menos de: _beso las manos de vuestra merced_, o por lo menos, -_bésoos, señor, las manos_, si el que me habla es caballero. Y ansí -aquel de mi tierra, que me atestaba de mantenimiento[243], nunca más -le quise sufrir; ni sufriría, ni sufriré a hombre del mundo, del rey -abajo, que _manténgaos Dios_ me diga.»--Pecador de mí, dije yo, por -eso tiene tan poco cuidado de mantenerte, pues no sufres que nadie -se lo ruegue.--«Mayormente, dijo, que no soy tan pobre, que no tengo -en mi tierra un solar de casas, que a estar ellas en pie y bien -labradas, diez y seis leguas de donde nací, en aquella Costanilla de -Valladolid, valdrían más de doscientas veces mil maravedís, según se -podrían hacer grandes y buenas; y tengo un palomar que, a no estar -derribado como está, daría cada año más de doscientos palominos, y -otras cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba a mi honra; y -vine a esta ciudad pensando que hallaría un buen asiento, mas no me -ha sucedido como pensé. Canónigos y señores de la iglesia muchos -hallo; mas es gente tan limitada[244], que no los sacarán[245] de -su paso todo el mundo. Caballeros de media talla también me ruegan; -mas servir con[246] estos es gran trabajo, porque de hombre os -habéis de convertir en malilla, y si no, andá con Dios, os dicen, y -las más veces son los pagamentos a largos plazos, y lo más más[247] -cierto comido por servido; ya cuando quieren reformar conciencia y -satisfaceros vuestros sudores, sois librados[248] en la recámara, en -un sudado jubón, o raída capa o sayo. Ya cuando asienta hombre[249] -con un señor de título, todavía pasa su laceria, ¿pues, por ventura -no hay en mí habilidad para servir y contentar a éstos? Por Dios, -si con él topase, muy gran su privado[250] pienso que fuese, y que -mil servicios le hiciese porque yo sabría mentille tan bien como -otro, y agradalle a las mil maravillas; reille ya mucho sus donaires -y costumbres, aunque no fuesen las mejores del mundo; nunca decirle -cosa con que le pesase, aunque mucho le cumpliese; ser muy diligente -en su persona en dicho y hecho; no me matar por hacer bien las cosas -que él no había de ver, y ponerme a reñir donde él lo oyese con la -gente de servicio, porque paresciese tener gran cuidado de lo que a -él tocaba; si riñese con algún su criado, dar unos puntillos agudos -para le encender la ira, y que pareciesen en favor del culpado; -decirle bien de lo que bien le estuviese; y por el contrario, ser -malicioso mofador, malsinar[251] a los de casa; y a los de fuera -pesquisar, y procurar de saber vidas ajenas para contárselas, y -muchas otras galas de esta calidad, que hoy día se usan en palacio, y -a los señores dél parecen bien, y no quieren ver en sus casas hombres -virtuosos, antes los aborrecen y tienen en poco y llaman necios, -y que no son personas de negocios, ni con quien el señor se puede -descuidar, y con estos, los astutos usan, como digo, el día de hoy, -de lo que yo usaría. Mas no quiere mi ventura que le halle.» Desta -manera lamentaba también su adversa fortuna mi amo, dándome relación -de su persona valerosa. - - -NOTAS - - [159] El nombre del protagonista _Lazarillo_ pasó a ser - sustantivo apelativo para designar al guía de ciego; y la frase - _oler el poste_ (= prever un peligro), alude a una aventura - de esta novela, pues Lazarillo se vengó del ciego en Escalona - guiándole a que se descalabrase contra un poste, y diciéndole: - «¿Cómo olistes la longaniza y no el poste?» Esta aventura se - recuerda en un cuento popular, terminado con el dístico «y usted - que olió la sardina, ¿por qué no ha olido la esquina?», FERNÁN - CABALLERO, _Cuentos y poesías populares andaluces_, Madrid, - Romero, 1907, pág. 174 (comp. _Revue Hispanique_, VII, p. 92-93). - - [160] V. MOREL-FATIO en el Prefacio de su traducción francesa del - _Lazarillo_. - - [161] El protagonista _Lázaro_ se llamó _de Tormes_ por haber - nacido en Tejares, aldea de Salamanca, a la orilla del río - Tormes. No se dijo _del Tormes_, porque en castellano antiguo - los nombres de los ríos solían no llevar artículo: «las aguas de - Duero, sobre Tajo», etcétera. Véase adelante cómo Fray Luis de - León dice «en la ribera de Tormes». - - [162] Nótase poca habilidad en la unión de los párrafos. En vez - de esta conjunción _y_, tan poco apropiada, puso el ya citado - corrector Juan de Luna: «que fuera mejor no se me cerrara porque - mientras...» - - [163] _Gallofa_ es la comida que reparten en los conventos a los - pobres, y _gallofero_, según Covarrubias (1610), «el pobretón que - sin tener enfermedad se anda holgazán y ocioso, acudiendo a las - horas de comer a las porterías de los conventos». - - [164] El demostrativo sólo indica muchas veces, en el uso - familiar (por esto Juan de Luna lo suprimió aquí), extrañeza - o desconocimiento de la cosa a que se refiere. Recuérdese la - inurbanidad de la pregunta «¿quién es ése,?», por «quién es ese - señor». - - [165] _Escudero_, según Covarrubias, que escribía a principios - del siglo XVII, era «el hidalgo que lleva el escudo al caballero - en tanto que éste no pelea con él. En la paz los escuderos - sirven a los señores de acompañar delante sus personas, asistir - en la antecámara o sala; otros se están en sus casas y llevan - acostamiento (o salario) de los señores, acudiendo a sus - obligaciones a tiempos ciertos. Hoy día más se sirven dellos las - señoras, y los que tienen alguna pasada huelgan más de estar en - sus casas, que de servir, por lo poco que medran y lo mucho que - les ocupan». Recuérdense bien todas las palabras de Covarrubias, - para entender mejor las conversaciones que Lázaro tendrá con su - amo. - - [166] Hoy tiene también _que_ el sentido causal de _porque_. - - [167] Hoy habría que poner el artículo: _la hora propia_. - - [168] Aquí se sobreentiende como sujeto «el reloj», según dice - unas líneas más abajo: «En este tiempo dió el reloj la una.» - Véase en la p. 98 dos casos más. Hoy tomamos como sujeto el que - realmente es acusativo, y decimos: «dieron las once». - - [169] Las ediciones de B. y Al., omiten la conjunción. - - [170] Más común es _por junto_, como ponen las ediciones - posteriores, o sea _por mayor_. - - [171] Esta perífrasis era ya anticuada en tiempo de J. de Luna, - que pone simplemente: «dió la una y llegamos...» - - [172] Véase lo que decimos acerca de este relativo en los - extractos de Fray Luis de Granada y de Mariana, págs. 126 y 201. - Luna corrigió: «entramos por una entrada obscura». - - [173] Para Luna era ya desusado este sustantivo, pues pone - _aposentos_. - - [174] Esta ambigüedad la salva Luna: _y me preguntó_. - - [175] _No ser para en cámara_, significa «no ser correcto o - cortés». Era muy corriente entonces un cantarcillo para motejar a - los poco cortesanos: - - No sois vos para en cámara, Pedro; - no sois vos para en cámara, non, - sino para en camaranchón. - - [176] _Luego_ significaba ‘entonces’, y no ‘después’. - - [177] Nótese la frase _mostrar aliento de hacer algo_, por ‘tener - aire de’ o ‘trazas de’. No se halla en los Diccionarios, y no era - tampoco conocida de Luna que puso «no tenía más talle de comer...» - - [178] La conjunción _ni_ equivale a veces a _y no_, aun cuando - la proposición antecedente no lleve negación. Si la lleva, este - sentido es evidente; _No quiso ni querrá_ es lo mismo que _No - quiso y no querrá_. - - [179] Alude al _arca_ del clérigo de Maqueda. - - [180] «_Caer de su estado_, el que, turbada la cabeza, cae en - tierra amortecido» (Covarrubias). Hoy más bien significa ‘venir a - menos’ o ‘descaecer de su estado’. - - [181] Otras ediciones añaden _le dije_; pero no es indispensable, - pues se omitía a veces la frase introductora del discurso directo. - - [182] Elipsis muy usual en vez de «bendito sea Dios por ello». - - [183] El demostrativo _deso_, regido de _alabar_, anuncia toda - la proposición _por de mejor garganta_. La construcción es: «me - podré alabar de esto: por ser de mejor garganta». - - [184] Nótese la descuidada naturalidad de este giro, que Luna - trocó impertinentemente así: «tomóme el mejor pedazo de tres que - tenía». - - [185] Esta conjunción condicional anunciando una interrogación - era ya desusada en tiempo de Luna. - - [186] _Fiero_ tenía el significado general de _grande_. - - [187] _Coxquear_, ‘cojear’. - - [188] _Comedirse_, «anticiparse a hacer algún servicio sin que - se lo adviertan o pidan» (Covarrubias), usado aun hoy en Ecuador - (Tobar) y Argentina (Segovia). El sentido de ‘anticiparse’ vese - también en las págs. 100 y 108. - - [189] Luna veía, con razón, este párrafo superabundante, y puso: - «acabamos casi a una; sacudióse unas migajas menudas que en los - pechos se le habían quedado». En lo que no estuvo acertado, fué - en no hacer resaltar, como el texto, que las migajas eran _pocas_ - y _muy menudas_. - - [190] _Parar_ tenía en lo antiguo casi todas las acepciones de - _poner_: pararse en pie, pararse delante, etc. - - [191] _Capear_ es lo que hoy decimos _atracar_; según - Covarrubias: «Quitar por fuerza la capa al que topan de noche - en escampado; esto se hace dentro de los lugares y de noche; y - si les dan lugar, quitan con las capas los sayos, y siempre las - bolsas si traen algo en ellas.» - - [192] Hoy se diría _harémoslo_ o _lo haremos_. El futuro - _haré_, _harás_, se compone de _hacer he_, _hacer has_, pues el - infinitivo se contraía antiguamente en _fer_ o _her_, _har_, y - entre el infinitivo y el verbo auxiliar se podían colocar los - pronombres enclíticos, como aquí sucede. - - [193] El correlativo propio de _tal_ es _cual_; pero también - se usan _que_ (amenazó hacer tal cosa _que_ sería muy sonada) - y _como_, que emplearíamos hoy en el caso del texto, a no ser - cacofónico antes de _comer_. - - [194] Las _calzas_ eran el abrigo de las piernas, en lugar de - nuestros pantalones, que por ser más anchos que las antiguas - calzas se llamaron _calzones_. «_Jubón_, vestido justo y ceñido - que se pone sobre la camisa y se ataca (o ata por medio de - agujetas) con las calzas» (Covarrubias). - - [195] Otra vez J. de Luna borró este _lo cual_, y puso _yo lo - hice_. - - [196] Esto es: se encendían en ira los huesos de Lázaro y reñían - con el cañizo del lecho, por estar el colchón tan falto de lana. - «En toda la noche dejaron de rifar», giro familiar que Luna - corrigió añadiendo la negación omitida _no dejaron de_. - - [197] «_Servir de pelillo_, hacer servicios de poca importancia y - de mucha curiosidad» (Covarrubias). - - [198] Espadero famoso que firma la espada de Fernando el - Católico, que se conserva en la Armería Real de Madrid (_Antonius - me fecit_), y la atribuída a Garcilaso de la Vega, el de la - hazaña del Ave María. V. _Catálogo de la Real Armería_, por el C. - DE VALENCIA DE D. JUAN, 1898, págs. 213 y 256. - - [199] Varias veces se podrá observar en este fragmento del - Lazarillo la supresión de la preposición _a_ cuando le precede o - sigue otra _a_ final o inicial de palabra: «me obligo con ella a - cercenar». - - [200] _So_ era ya anticuado para Luna, que puso _debajo_. - - [201] Luna decía, como nosotros, _en el quicio_. - - [202] Las ediciones dicen _Conde Alarcos_ o _Conde de Arcos_, - héroe de un romance en que para nada se habla de lujo y galas. - Hay que corregir _Conde Claros_, protagonista de otro romance que - cuenta los amores funestos del Conde con la Infanta Claraniña, - y describe largamente como el Conde se viste ayudado por el - _camarero_ que recuerda Lazarillo: - - Media noche era por filo, - los gallos querían cantar, - Conde Claros con amores - no podía reposar, - que amores de Claraniña - no le dejan sosegar. - Cuando vino la mañana, - que quería alborear, - salto diera de la cama, - que parece un gavilán; - voces da por el palacio - y empezara de llamar: - «levantá, mi _camarero_: - dáme vestir y calzar.» - Presto estaba el camarero - para habérselo de dar: - diérale calzas de grana, - borceguís de cordobán, - diérale jubón de seda - aforrado en zarzahán, - diérale un manto rico - que no se puede apreciar, - trescientas piedras preciosas - alrededor del collar; - tráele un rico caballo - que en la corte no hay su par, - que la silla con el freno - bien valía una ciudad, - con trescientos cascabeles - alrededor del petral, - los ciento eran de oro - y los ciento de metal - y los ciento son de plata - por los sones concordar. - - [203] Debiera decir _cuente_, como _piense_; pero cometióse esta - incongruencia porque el _quien_ tiene aquí un sentido colectivo: - _Todos los que le encuentren le contaran_... - - [204] «_Sayo_, vestidura que recoge y abriga el cuerpo, y sobre - ella se pone la capa para salir de casa» (Covarrubias). - - [205] _Por la negra que llaman honra_ es una frase anticuada que - corresponde a la que hoy se usa «por la negra honrilla». - - [206] Es decir, _y ver si viniese_. - - [207] Otras ediciones ponen _y que no venía_; pero la conjunción - _que_ se omite muchas veces aun hoy, y muy bien se puede decir - «desque vi no venía». - - [208] _Ensilar_ es propiamente guardar el trigo en los silos o - cuevas, y metafóricamente engullir o comer mucho. - - [209] _Do_, aquí ‘de donde’. - - [210] Véase línea 6, y pág. 88, nota 168. - - [211] Está el personal neutro, con valor de demostrativo, - representando una proposición anterior, que es _el pedir - limosna_. Hoy diríamos _eso me parece bien_. - - [212] Hoy el genitivo partitivo forzosamente ha de ir precedido - de _uno_, _alguno_, _poco_, _mucho_, _cual_, etc. Luna corrigió - también el arcaísmo poniendo _una dellas_. En un romance, dice - Fernán González altaneramente al enviado del rey: «villas y - castillos tengo, todos a mi mandar son; _dellos_ me dejó mi - padre, _dellos_ me ganara yo; esto es, _algunos de ellos_ los - heredé, _otros_ me los gané yo. - - [213] Esto es, _a aquella_; véase atrás pág. 95, nota 199. - - [214] Otro caso de omisión de la conjunción _que_. (Sigue un - juego de palabras en que _trabajo_ se toma en el doble sentido - de necesidad o aflicción del cuerpo, o sea hambre del amo, y de - fruto del trabajo o mendicidad del criado: «deseaba que aquel - pecador socorriese su miseria con el miserable fruto de mi - trabajo».) - - [215] «_Aparejo_, lo necesario para hacer alguna cosa» - (Covarrubias). - - [216] Alusión al refrán _ayúdate y ayudarte he_ o _ayúdate y te - ayudará Dios_. - - [217] En _lo había gana_ se mezclan dos construcciones antiguas: - _había gana de ello_ + _lo había en gana_; en la primera se usa - _haber_ en el sentido de tener, y la segunda es análoga a otras: - _haber en voluntad_, _haber en deseo_. Para Luna el giro era ya - anticuado, y puso: «como aquel que tenía buena gana». - - [218] _Almodrote_, cierta salsa que se hace en aceite con ajos, - queso y otras cosas machacadas en el mortero. - - [219] Alusión al hambre llamada _salsa de San Bernardo_, y al - refrán «No hay mejor salsa que el buen apetito». - - [220] Esto es, ‘paso compasado’; hoy se dice «por sus pasos - contados», con toda regularidad, orden y lentitud. - - [221] _Cabeza de lobo_, la ocasión que uno toma para aprovecharse - de ella más de lo razonable, como el que mata un lobo y lleva la - cabeza por los lugares de la comarca para que todos le den algo - en recompensa del bien que ha hecho en matar un animal dañino. - Así lo explica Covarrubias. Antes, en el Diccionario de Alonso - Sánchez de la Ballesta, Salamanca, 1587, hallamos: «_La cabeza - del lobo_; cuando buscamos algún artificio para sacar dineros, le - llamamos cabeza de lobo, porque los que la muestran sacan de los - lugares sus provechos por haber quitado la vida al enemigo del - ganado.» El Diccionario de la Academia, hasta su edición 14.ª, no - traía más que la frase, evidentemente corrompida, _ser cabeza de - bobo_. - - [222] _Pasar_ significa tener lo necesario para vivir. No hace - falta para nada corregir, como hace Luna, _con que él lo pasase - bien_. - - [223] _Cornado_, una moneda que tenía grabada una corona - (_coronado_); la usaron los reyes desde Sancho IV; era de muy - baja ley la que mandó batir Alfonso XI en 1331, para remediar - la falta de dinero, por lo cual se siguió gran carestía. Por - desprecio se dice «no valer un cornado». No es conocida la frase - _de trueco_, que Luna desecha, escribiendo: «aunque no haya - cornado ni blanca»; claro es que _trueco_ tiene aquí la acepción - de ‘cambio’ de la moneda. - - [224] Véase pág. 109, sobre cuánto regateaba un hidalgo el quitar - su bonete para saludar. - - [225] ‘Llevando esta vida’ o ‘haciendo tal vida’. - - [226] Lugar de Toledo, no lejos de la Catedral, entre la calle de - las Cordonerías, de la Chapinería, de la Obra Prima y del Hombre - de Palo. - - [227] _Lacería_ vale trabajo, miseria, y metafóricamente el - sustento con que se pasa miserablemente la vida. - - [228] Se notará que Lázaro abusa un poco de los juegos de - palabras; aquí creo que quiere decir: ‘muy pasado, enjuto o - demacrado, como la fruta pasa, me pasaba la vida con aquello’. - - [229] En vez de _los_, la edición de Burgos pone _lo_, que - pudiera ser un pleonasmo representando a la frase siguiente: _sin - comer_. - - [230] _Quebrar el ojo al diablo_, hacer lo mejor, más justo y - razonable, pues así se le disgusta y da tormento; se usa, en - general, _quebrar los ojos a uno_ por desplacerle o desagradarle. - - [231] Este _le_ se refiere a objeto demasiado lejano, así que - otras ediciones corrigieron: «en qué emplearía mi real que fuese - mejor...» - - [232] _Su_ pleonástico precediendo al genitivo posesivo, como hoy - «su padre de usted». - - [233] Este _me_ es lo que se llama un _dativo ético_, muy usado - para indicar, por medio de un pronombre en dativo, la persona que - moralmente se interesa en la acción del verbo. Es frecuente en - griego y latín: «Depresso incipiat jam tum _mihi_ taurus aratro - ingemere.» (_Georg._ I, 45.) - - [234] «Este modo de llorar los muertos se usaba en toda España - (dice Covarrubias, s. v. «endecha» en 1610), porque iban las - mujeres detrás del cuerpo del marido, descabelladas, y las hijas - tras el de sus padres, mesándose y dando tantas voces, que en - la iglesia no dejaban hacer el oficio a los clérigos, y así se - les mandó que no fuesen; pero hasta que sacan el cuerpo a la - calle están en casa lamentando, y se asoman a las ventanas a dar - gritos cuando le llevan, ya que no les dejan ir tras él.» Hoy día - todavía se hace cosa semejante en algunas aldeas. - - [235] Luna quitó el arcaísmo, poniendo _con gran priesa_. Hoy se - conserva el uso de _a_ para indicar el modo, en vez de _con_ en - la frase adverbial _aprisa_, que está por _a prisa_. Compárese - también _a voces_, _a empujones_, etc., etc. - - [236] Elipsis familiar: ‘ve por algo de comer’, ‘por lo de - comer’. Luna retocó: «ve a buscar de comer». - - [237] Hoy, _hacienda_, significa, comúnmente, finca rural o - riquezas de otra clase; pero antes valía también negocio en - general. - - [238] Giro ya desusado para Luna, que corrigió «no más sino por - no quitar el sombrero». Hoy diríamos: «no más que por no quitar - el sombrero». Los comparativos hoy se construyen, ordinariamente, - con _que_; pero también a veces con _de_: «más grande _de_ lo que - parece»; y siempre que a _más_ le sigue un numeral cardinal, y - no está en una frase negativa, es obligatorio el _de_: «iban más - _de_ veinte hombres»; con negación, es potestativo. - - [239] Nótese la vacilación leísta; antes dijo _quitárselo_ y _os - lo quitaba_. - - [240] Esto es _en el día de hoy_. La relación de tiempo se - expresa muchas veces sin preposición, y aquí se suprime para - evitar la repetición: _en que en el día_. - - [241] _Hidalgo_ era sinónimo de _noble_, en general; pero más - concretamente designaba el ínfimo grado de nobleza; es decir, la - persona de linaje noble que no tenía título ninguno especial. - Como dependían directamente del Rey, sus personas, casas y - heredades estaban exentas de la jurisdicción señorial; de ahí el - orgullo del pobre amo de Lázaro. - - [242] La fórmula _manténgaos Dios_ y _Dios mantenga_, es saludo - rústico muy usado en nuestro teatro antiguo. Fray Antonio de - Guevara, en una de sus epístolas familiares, fechada en Avila, - 1533, dice: «Acá, en nuestra Castilla, es cosa de espantar y - aun para se reir las maneras y diversidades que tienen en se - saludar... Unos dicen _Dios mantenga_, otros dicen _manténgaos - Dios_, otros _en hora buena estéis_... Todas estas maneras de - saludar se usan solamente entre los aldeanos y plebeyos, y no - entre los cortesanos y hombres polidos; porque si, por malos - de sus pecados, dijese uno a otro en la Corte _Dios mantenga_ - o _Dios os guarde_, le lastimarían en la honra y le darían una - grita. El estilo de la Corte es decirse unos a otros: _Beso las - manos de vuestra merced_.» - - [243] Que me hartaba con tanto «manténgaos Dios»; juego de - palabras, basado en el sentido propio de «mantenimiento», - ‘alimento’. - - [244] La Academia sólo registra el significado moderno de - limitado, hombre de cortos alcances. Covarrubias no conoce éste, - y sólo nos da el que conviene a las palabras del Lazarillo; «ser - un hombre limitado, es ser corto y poco liberal». - - [245] _Todo el mundo_, aunque gramaticalmente es singular, es por - el sentido un plural. - - [246] Las ediciones posteriores: _servir a éstos_. - - [247] _Lo más más cierto_, refuerzo del adverbio por repetición; - como si dijera: «lo muy más cierto» (comp. adelante pág. 239, n. - 491, _menos menos_). - - [248] _Ser librado_, recibir libranza u orden de pago; _librar_, - expedir la libranza el que debe una cantidad. _Recámara_, el - aposento que está más adentro de la cámara donde duerme el señor, - y donde el camarero le tiene sus vestidos y joyas. - - [249] _Asienta hombre_, esto es, «se asienta uno»; _hombre_ era - muy usado en sentido pronominal indefinido, como el francés _on_. - - [250] Hoy _gran privado suyo_, como ya modernizó Luna. - Antiguamente el posesivo se podía colocar entre el sustantivo y - otro determinante; v. gr.: _un mi amigo_ por _un amigo mío_. - - [251] _Malsinar_ es delatar, y _malsín_ el cizañero o delator. - («El que de secreto avisa a la justicia de algunos delitos con - mala intención y por su propio interés», Covarrubias.) - - - - -DIEGO HURTADO DE MENDOZA - -(Hacia 1503-1575) - - -El último tercio del siglo XVI (incluyendo los primeros decenios -del XVII) señala el punto más alto de gloria a que llegó nunca la -prosa castellana, tanto en hermosura como en difusión por todo el -mundo civilizado. Se presenta originalísima y genial en dos géneros, -por cierto bien opuestos: el más sublime lenguaje místico, capaz de -encerrar todos los secretos de la filosofía del amor divino, y la más -descarada lengua picaresca, implacable en la pintura satírica de la -numerosa casta de amigos de la holganza y del hambre. Pero, además, -el castellano aparece ya diestro en tratar toda clase de asuntos -científicos y artísticos, y cumplidos los votos que en 1588 hacía el -padre Malón de Chaide, se encuentran ahora «todas las cosas curiosas -y graves escritas en nuestro vulgar, y la lengua española subida en -su perfección, sin que tenga envidia a alguna de las del mundo, y tan -extendida cuanto lo están las banderas de España, que llegan del uno -al otro polo». - -El estilo medio de esta época es, por su buen gusto y condiciones -artísticas, muy superior al de todas las otras; en el siglo XVII -comenzará ya la decadencia con los abusos increíbles del culteranismo -y del conceptismo. Respecto al vocabulario, en el siglo XVI hallamos -el mayor uso literario de voces castizas, o sea del fondo más antiguo -de la lengua, y por lo tanto más conformes con la índole y genio -propio de la misma; luego el caudal léxico se acrecentó tanto como se -enturbió, en el siglo XVII con multitud de neologismos y cultismos, y -en el XVIII con extranjerismos. - - * * * * * - -Dúdase de que don Diego Hurtado de Mendoza sea el autor de la -_Guerra de Granada_; pero las razones presentadas están lejos de -ser decisivas[252], y por ahora podemos continuar respetando la -atribución tradicional de la obra, tanto más cuanto que el estilo -de ésta y el de la correspondencia diplomática de don Diego que se -conserva, ofrece notables puntos de semejanza[253]. - -Con la _Guerra de Granada_, la prosa histórica española deja -definitivamente de producir meras crónicas o sencillas relaciones -cronológicas, al uso de la Edad Media, para emplearse en narraciones -más artísticas al uso de la historia clásica, adornadas con -discursos, retratos, descripciones, episodios y digresiones sobre -antigüedades y usos. Mendoza tomó por modelos a Salustio y a Tácito, -y les imita en su estilo conciso y cortado, al cual da realce con -frecuentes sentencias y reflexiones morales. - -La concisión de Mendoza, como dice bien Capmany, es algunas veces -extremada, en lo que sin duda afectó el autor particular estudio, -de tal manera que deja a veces el sentido obscuro u ambiguo. Este -defecto nace principalmente de la construcción de las frases; algunas -parecen mutiladas, digámoslo así, y otras mal enlazadas, por -faltarles las voces copulativas que ligan los miembros del período o -señalan las secciones o tránsitos de uno a otro: modos de hablar que -sólo admite la lengua latina, muy opuestos a la índole y claridad de -la castellana[254]. - -Este defecto lo veremos colmado después con peor exceso por los -prosistas místicos. - -Alguno atribuyó también a la pluma de Mendoza el _Lazarillo de -Tormes_; pero hoy nadie sostiene tal atribución. Nada absolutamente -tienen de común la corriente y familiar manera de contar que se -observa en la novela, con la estudiada y llena de ambición literaria -que nos ofrece la _Guerra_. - - - GUERRA DE GRANADA - PRÓLOGO - -Mi propósito es escribir la guerra que el Rey Católico de España Don -Felipe II, hijo del nunca vencido Emperador Don Carlos, tuvo en el -reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos[255], -parte de la cual yo vi[256] y parte entendí[257] de personas que -en ella pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que muchas -cosas de las que escribiere parecerán a algunos livianas y menudas -para historia, comparadas a las grandes que de España se hallan -escritas[258]: guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones -de ciudades populosas; reyes vencidos y presos, desposeídos, -restituídos y otra vez desposeídos, muertos a hierro[259]; discordias -entre padres e hijos, hermanos y hermanos, suegros y yernos; -acabados linajes, mudadas sucesiones de reinos; libre y extendido -campo y ancha salida para los escritores. Yo escogí camino más -estrecho, trabajoso, estéril y sin gloria[260], pero provechoso y de -fruto para los que adelante vinieren: comienzos bajos, rebelión de -salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos, competencias, -odios, ambiciones y pretensiones; dilación de provisiones, falta de -dinero, inconvenientes o no creídos, o tenidos en poco, remisión y -flojedad en ánimos acostumbrados a entender, proveer y disimular -mayores cosas; y así no será cuidado perdido considerar de cuán -livianos principios y causas particulares se viene a colmo de grandes -trabajos, dificultades y daños públicos, y cuasi fuera de remedio; -veráse una guerra al parecer tenida en poco y liviana dentro en -casa[261], mas fuera estimada y de gran coyuntura, que en cuanto -duró tuvo atentos y no sin esperanza los ánimos de príncipes amigos -y enemigos, lejos y cerca; primero encubierta y sobresanada[262], y -al fin descubierta, parte con el miedo y la industria y parte criada -con el arte y ambición; la gente, que dije pocos a pocos junta, -representada en forma de ejércitos; necesitada España a mover sus -fuerzas para atajar el fuego; el rey salir de su reposo y acercarse a -ella; encomendar la empresa a Don Juan de Austria, su hermano, hijo -del Emperador Don Carlos, a quien la obligación de las victorias del -padre moviese a dar la cuenta de sí que nos muestra el suceso; en -fin, pelearse cada día con enemigos, frío, calor, hambre, falta de -municiones, de aparejos en todas partes, daños nuevos, muertes a la -contínua: hasta que vimos a los enemigos, nación belicosa, entera, -armada y confiada en el sitio, en[263] el favor de los berberíes -y turcos[264], vencida, rendida, sacada de su tierra y desposeída -de sus casas y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños -cautivados, vendidos en almoneda o llevados a habitar a tierras lejos -de la suya: cautiverio y transmigración no menor que las que de -otras gentes se leen por las historias. Victoria dudosa y de sucesos -tan peligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros o -los enemigos los[265] a quien Dios quería castigar, hasta que el -fin della descubrió que nosotros éramos los amenazados y ellos los -castigados. Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre y lejos -de todas las cosas de odio o de amor[266] los que quisieren tomar -ejemplo o escarmiento, que esto sólo pretendo por remuneración de mi -trabajo, sin que de mi nombre quede otra memoria. - - - LIBRO IV, CAPÍTULO LXXIII, DE LA GUERRA DE GRANADA - - El Duque de Arcos, encargado por el Rey de las operaciones - militares en la sierra de Ronda, va a reconocer el fuerte de - Calalui, donde, en 1501, habían sufrido una gran derrota los - cristianos, en la que había muerto don Alonso de Aguilar, hermano - mayor del Gran Capitán. Mendoza, imitando a Tácito, hace una - sentida y patética descripción del lugar y del suceso. - -(El Duque) mandó apercibir la gente de la Andalucía y de los señores -de ella, de a pie y de a caballo, con vitualla para quince días, -que era lo que parecía que bastase para dar fin a esta guerra. En -el entretanto que la gente se juntaba, le vino voluntad de ver y -reconocer el fuerte de Calalui[267], en Sierra Bermeja, que los moros -llaman Gebalhamar, adonde en tiempos pasados se perdieron don Alonso -de Aguilar y el Conde de Ureña[268]: don Alonso señalado capitán -y ambos grandes príncipes entre los andaluces; el de Ureña abuelo -suyo[269] de parte de su madre, y don Alonso bisabuelo de su mujer. - -Salió de Casares descubriendo y asegurando los pasos de la montaña, -previsión necesaria por la poca seguridad en acontecimientos de -guerra y poca certeza de la fortuna. Comenzaron a subir la sierra, -donde se decía que los cuerpos habían quedado sin sepultura[270]; -triste y aborrecible vista y memoria. Había entre los que miraban -nietos y descendientes de los muertos o personas que por oídas -conocían ya los lugares desdichados. Lo primero dieron en la -parte donde paró la vanguardia con su capitán por la escuridad de -la noche, lugar harto extendido y sin más fortificación que la -natural, entre el pie de la montaña y el alojamiento de los moros. -Blanqueaban calaveras de hombres y huesos de caballos, amontonados, -desparcidos, según, cómo y dónde habían parado; pedazos de armas, -frenos, despojos de jaeces[271]. Vieron más adelante el fuerte de los -enemigos, cuyas señales parecían pocas y bajas y aportilladas[272]. -Iban señalando los pláticos de la tierra dónde habían caído -oficiales, capitanes y gente particular[273]; referían cómo y dónde -se salvaron los que quedaron vivos, y entre ellos el Conde de -Ureña[274] y Don Pedro de Aguilar, hijo mayor de Don Alonso; en qué -lugar y dónde se retrajo Don Alonso y se defendía entre dos peñas; la -herida que el Ferí, cabeza de los moros, le dió primero en la cabeza -y después en el pecho, con que cayó; las palabras que le dijo andando -a brazos: _¡Yo soy Don Alonso!_; las que el Ferí le respondió cuando -le hería: _Tú eres Don Alonso, mas yo soy el Ferí de Benestepar_, y -que no fueron tan desdichadas las heridas que dió Don Alonso como -las que recibió[275]; dónde mataron los capitanes rendidos, dónde -tomaron los estandartes, dónde los despedazaron y escarnecieron[276]; -cómo lloraron a Don Alonso amigos y enemigos. Mas en aquel punto -renovaron los soldados el sentimiento; gente desagradecida sino en -las lágrimas. Mandó el general hacer memoria[277] por los muertos, -y rogaron los soldados que estaban presentes que reposasen en paz, -inciertos si rogaban por deudos o por extraños, y esto les acrecentó -la ira y el deseo de hallar gente contra quien tomar venganza. - -Vista la importancia del lugar si los enemigos lo ocupasen, envió -dende a poco el Duque una bandera de infantería que entrase en el -fuerte y lo guardase. Vino en este tiempo resolución del Rey que -concedía a los moros cuasi todo lo que le pedían, que tocaba al -provecho dellos, y comenzaron algunos a reducirse... - - -NOTAS - - [252] Don Lucas de Torre en el _Boletín de la Acad. de la - Hist._, LXIV, 1914, págs. 461 y sigs., ha negado la atribución a - Mendoza de la _Guerra de Granada_, sosteniendo que ésta es una - mera prosificación de los diez y ocho primeros cantos de _La - Austriada_ de Juan Rufo, poema publicado en 1584. Ahora bien, las - relaciones entre ambas obras son precisamente las contrarias; - _La Austriada_ es _La Guerra_ puesta en verso, como puede verse, - por ejemplo, comparando el segundo fragmento que aquí publicamos - de la historia, con los versos correspondientes del poema: este - se aparta mucho más de la fuente de inspiración, Tácito, que _La - Guerra_. Así en _La Austriada_, XVII, 94, etc.: - - Causaba horror, mancilla y desconsuelo - la vista aborrecible y lastimera - de huesos a que el hado y la ventura - negaron la funebre sepultura... - - Más exacto es el «se decía...» etc., de _La Guerra_. - - Víanse infinidad de calaveras - de hombres, y huesos grandes de caballos, - según y donde y como las guerreras - aventuras pudieron derriballos... - - Más exacto es el «blanqueaban... amontonados, desparcidos..., - donde habían parado», de _La Guerra_. - - Referían algunos qué oficiales - y qué personas otras señaladas - en cada parte el alma habían rendido. - - _La Guerra_: «donde habían caído». La imitación de Tácito se - halla borrada ya en esta otra octava: - - Mas el buen general, porque la historia - y pasos fuesen más bien empleados, - por los muertos mandó hacer memoria - sobre aquellos peñascos encumbrados; - de todo corazón piden victoria - con plegaria solene los soldados, - que el lamentable objeto y remembranza - les aumenta el deseo de venganza. - - (Impreso lo anterior, hallo aprovechada la comparación del - segundo pasaje aquí citado de la _Austriada_, en un importante - artículo de R. FOULCHÉ-DELBOSC, _L’autenticité de la Guerra de - Granada_, Revue Hispanique, t. XXXV, 1915, pág. 512.) - - [253] A. MOREL-FATIO, _Quelques remarques sur «La Guerra de - Grenade», de don Diego Hurtado de Mendoza_, (en el Annuaire de - l’École pratique des Hautes Études 1914-1915), págs. 36-43 del - extracto. - - [254] Morel-Fatio en el estudio citado, insiste muy severamente - en los defectos de Mendoza: la pobreza del vocabulario, que trae - abuso de ciertas voces y repeticiones desairadas; asonancias y - aliteraciones; imitación a veces inhábil de Salustio y Tácito; - frases mal construídas, o dispuestas artificiosamente para dar - a un pensamiento cualquiera cierto aire de profundidad que le - sienta mal. No se puede, sin embargo, asentir a varias de las - censuras hechas por el Sr. Morel-Fatio a los pasajes que cita - como ejemplo de los defectos señalados. - - [255] Poco después de la conquista de Granada, a raíz de una - insurrección de los moros, Cisneros logró que se bautizaran de - 50 a 70.000; otros muchos se desterraron al Africa. (Año 1500.) - Claro es que estas conversiones en masa fueron seguidas de - frecuentes apostasías y reconversiones. - - [256] Mendoza, a causa de una pendencia habida en el palacio real - con don Diego de Leiva, fué desterrado a Granada en 1569, cuando - hacía ya cuatro meses que la rebelión había comenzado. Allí pasó - los seis últimos años de su vida. Estaba ligado con parentesco - a los principales actores de las cosas de Granada: el padre de - Mendoza, segundo Conde de Tendilla y primer Marqués de Mondéjar, - había sido gobernador de Granada en 1492, y su hermano mayor don - Luis lo era aún algunos años antes de la guerra; el Marqués de - Mondéjar, capitán general al comienzo de la campaña, era sobrino - del escritor. - - [257] _Entender_, por oir o escuchar, es bastante usado en - nuestros clásicos; así como _exprimir_ por _expresar_, _sujeto_ - por _asunto_; voces que hoy serían tenidas por galicismo - imperdonable, no siéndolo. - - [258] No alude Mendoza a ser su obra historia de un suceso - particular, que otras muchas había ya de esta índole (AVILA - Y ZÚÑIGA, _Comentario de la guerra de Alemania_; PERO MEJÍA, - _Relación de las comunidades de Castilla_, etc.), sino a la - pequeñez que se podía achacar a la rebelión de los moriscos. - - [259] Hoy no es muy corriente el uso de la preposición _a_ para - indicar el instrumento, aunque se conservan las frases _a sangre - y fuego_, _quien a hierro mata_, etc. - - [260] Tácito dice: «In arcto et inglorius labor.» La enumeración - que antecede también recuerda algo el prólogo de las _Historias_, - de Tácito: «Haustæ, aut obrutæ urbes... corrupti in dominos - servi, in patronos liberti; et quibus deerat inimicus, per amicos - oppressi.» - - [261] Mendoza explica en su historia cómo el desamor al bien - público y la mala administración prolongaron excesivamente la - guerra, juntamente con el egoísmo y pereza de los que no querían - acabarla pronto. _Dentro en_, arcaísmo por _dentro de_. - - [262] _Sobresanar_ «cerrar una herida sólo por la superficie, - quedando dañada la parte interior.» - - [263] Nótese la supresión de la conjunción _y_. Aunque el estilo - de Mendoza es cortado, más que nada lo es por la afectada omisión - de conjunciones y verbos; el pensamiento, en cambio, permanece en - suspenso a través de una porción de frases seguidas. - - [264] Los rebeldes buscaron apoyo en los moros de Africa y en - el Sultán Selim II, quienes les proporcionaron algunas armas y - soldados. - - [265] En la lengua corriente se suprimiría _los_, o se haría - resaltar más su fuerza demostrativa sustituyéndolo por _aquellos_. - - [266] Esta protesta de sinceridad recuerda la del comienzo de las - _Historias_, de Tácito: «Sed incorruptam fidem professis, nec - amore quisquam et sine odio dicendus est.» - - [267] El historiador Zurita le llama _Calaluz_, nombre hoy - desconocido. - - [268] Aquí _se perdieron_, no quiere decir ‘murieron’, según - entienden muchos, sino ‘fueron desbaratados’; pues el Conde de - Ureña salvó la vida, como se verá. - - [269] _Suyo_, es decir, del Duque de Arcos. Debe evitarse la - ambigüedad a que frecuentemente se presta el uso del posesivo. - - [270] Toda esta descripción está imitada de Tácito (Anales I, - 61) cuando refiere cómo Germánico, en tiempo de Tiberio, al ir a - combatir con Ariminio, visitó el campo de Teutoburgo (al Norte - de Westfalia, entre el Ems y el Weser), donde bajo el reinado de - Augusto había sido derrotado y muerto Varo, perdiéndose con él - tres legiones. Mendoza imita frases y palabras de Tácito: «In - quo reliquiæ Vari, legionumque insepultæ dicebantur... incedunt - mœstos locos, visuque ac memoria deformes. - - [271] Tácito: «Medio campi albentia ossa, ut fugerant, ut - restiterant, disjecta vel aggerata; adiacebant fragmina telorum, - equorumque artus...» - - [272] _Señales aportilladas_, llenas de _portillos_. Este es el - nombre castizo, en vez de ‘brecha’, que es palabra moderna y de - origen extranjero. - - [273] Tácito: «Referebant hic cecidisse legatos, illic raptas - aquilas, primum ubi vulnus Varo adactum, ubi infelici dextra et - suo ictu mortem invenerit...» - - [274] El pueblo, a quien conmovió profundamente la muerte de don - Alonso de Aguilar, no perdonó al Conde de Ureña el haberse salido - con vida de la batalla de Sierra Bermeja, lo cual dió ocasión «a - los cantares y libertad española», según frase del mismo Mendoza. - Un cantarcillo preguntaba: - - Decid, buen Conde de Ureña, - ¿dónde don Alonso queda? - - Hubo varios romances cantando el desastre. Uno, muy famoso, - empieza con este sentido lamento: - - ¡Ríoverde, Ríoverde, - tinto vas en sangre viva! - Entre ti y Sierra Bermeja - murió gran caballería; - murieron duques y condes, - señores de gran valía... - - El hijo de don Alonso, don Pedro, peleaba de rodillas y mal - herido al lado del héroe, quien le suplicaba le abandonase para - ir a consolar a su madre; pero hubiera perecido con su padre si - no le hubiese separado de allí don Francisco Alvarez de Córdova. - - [275] Don Alonso, al oir que luchaba con el odiado y terrible - Ferí, recogió sus últimas fuerzas para herirle, pero le faltó - aliento y fué rematado. - - [276] Tácito: «Utque signis et aquilis per superbiam insulserit - (Ariminius).» - - [277] Los soldados de Germánico no oran por sus compañeros, - sino que entierran sus huesos juntamente con los del enemigo: - «Trium legionum ossa, nullo noscente alienas reliquias an suorum - humo tegeret, omnes, ut coniunctos, ut consanguineos, aucta in - hostem ira, moesti simul et infensi condebant.» Mendoza no debió - haber copiado estas hermosas palabras, pues las oraciones de los - españoles no beneficiaban igualmente a amigos y enemigos. - - - - -FRAY LUIS DE GRANADA - -(1504-1588) - - -El _Libro de la Oración y Meditación_ se imprimió por primera vez en -1567, y la _Introducción al Símbolo_, en 1582. El lenguaje castellano -había servido ya, no sólo para escribir libros de entretenimiento, -sino para tratar asuntos graves y doctrinales en manos de Fray -Antonio de _Guevara_, Juan de _Valdés_, Florián de _Ocampo_, etc. -Sin embargo, antes de Fray Luis de Granada, sólo el beato _Juan de -Avila_ († 1569) había empleado el romance en cuestiones de mística y -teología de un modo genial, entre varios de segundo orden. - -«El Venerable Ávila, dice Capmany, había creado, por decirlo así, un -lenguaje místico de robusto y subido estilo, y el Venerable Granada -lo hermoseó, lo retocó con lumbres y matices y le dió número, fluidez -y grandiosidad en las cláusulas.» - -Granada es el tipo acabado de la lengua oratoria del siglo XVI; el -espíritu popular de la predicación cristiana aparece en él unido -a las más altas cualidades artísticas de la persuasión; por la -amplitud del período recuerda a Cicerón, en quien se inspiraba; -alguno le llamó el _Cicerón de España_. Su principal empeño en -el terreno del arte parece haber sido enriquecer la construcción -sintáctica sacándola de la sencillez ordinaria de la conversación -a la complejidad y magnificencia del discurso elevado. En su obra -latina _Retórica eclesiástica_, código de sus principios artísticos, -se desentiende de la que allí se llama _composición sencilla o -simple_, diciendo que «no está sujeta a la ley de los números ni -tiene períodos _muy largos_, y della usamos nosotros _en el trato -familiar_»; en cambio, estudia con prolijidad la _composición doble_ -que «usa de oraciones torcidas y _largas_»; a menudo deja traslucir -su predilección por las más complicadas construcciones, así que dice -de una de sus clases: «Cuanto más larga, tanto es más elegante, con -tal, empero, que guarde tasa en esta extensión.» - -Es preciso notar en su período largo que ni suele serlo en exceso, -como el de algunos oradores de hoy día, ni tiene ordinariamente la -redondez del silogismo, sino que fluye más bien por la simple adición -de miembros; y se muestra la inexperiencia del que por primera vez -intenta una reforma, en que esa adición está, las más veces, hecha -con conjunciones meramente copulativas, y sobre todo por medio del -relativo _el cual_ (comp., página 89, nota 172), que aparece, no sólo -usurpando casi completamente el puesto de su sinónimo _que_, sino que -se usa mucho cuando para nada haría falta ligar dos miembros con los -lazos de relativo y antecedente, y sería menos pesado, por ejemplo, -enlazarlos por la simple copulativa y un demostrativo: _Los santos -mártires, siendo vencidos y muertos, vencieron y triunfaron del -mundo; lo cual muestra_ (y esto muéstralo) _una carta del Emperador -Maximino, el cual_ (quien) _después de haber intentado_, etc. -(Símbolo II.º, 13.º, § 3). _Esto nos declaran los cuatro postreros -capítulos del libro de Job, en los cuales_ (donde) _hablando Dios -con este santo, le da conocimiento de su omnipotencia...; para lo -cual_ (para ello) _comenzando por las partes mayores del universo... -discurre luego por todas las otras menores...; después de lo cual_ -(y después) _desciende a tratar de los animales_ (Símbolo I.º, 1.º). - -En los trozos que siguen se pueden ver muestras de los principales -aspectos del estilo de Fray Luis: el tono grandilocuente e inflamado -de la Meditación sobre el Juicio final; el tono retórico y declamador -empleado en la consideración del Descendimiento, que no parece que la -escribió, sino que la habla desde el púlpito, y la placidez risueña y -candorosa con que se deleita en la pintura de animales y plantas en -la primera parte del _Símbolo de la Fe_. - - - LIBRO DE LA ORACIÓN Y MEDITACIÓN - - La meditación para el jueves en la noche es sobre el Juicio - final.--Señales que le precederán; confusión del pecador ante el - Juez. - -Así estará el aire lleno de relámpagos y torbellinos, y cometas -encendidos. La tierra estará llena de aberturas y temblores -espantosos, los cuales se cree que serán tan grandes, que bastarán -para derribar, no sólo las casas fuertes y las torres soberbias, -más aun hasta los montes y peñas arrancarán y trasformarán de sus -lugares. Mas la mar sobre todos los elementos se embravescerá, y -serán tan altas sus olas y tan furiosas, que parecerá que han de -cubrir toda la tierra. A los vecinos espantará con sus crescientes, -y a los distantes con sus bramidos, los cuales serán tales que de -muchas leguas se oirán. - -¿Cuáles andarán entonces los hombres[278], cuán atónitos, cuán -confusos, cuán perdido el sentido, la habla[279] y el gusto de todas -las cosas? Dice el Salvador que se verán entonces las gentes en -grande aprieto y que andarán los hombres secos y ahilados[280] de -muerte, por el temor grande de las cosas que han de sobrevenir al -mundo. ¿Qué es esto (dirán), qué significan estos pronósticos, en qué -ha de venir a parar esta preñez del mundo, en qué han de parar estos -tan grandes remolinos y mudanzas de todas las cosas? Pues así andarán -los hombres espantados y desmayados, caídas las alas del corazón y -los brazos, mirándose los unos a los otros; y espantarse han tanto -de verse tan desfigurados, que esto sólo bastaría para hacerlos -desmayar, aunque no hubiese más que temer. Cesarán todos los oficios -y granjerías, y con ellos el estudio y la cobdicia de adquirir; -porque la grandeza del temor traerá tan ocupados sus corazones, que -no sólo se olvidarán destas cosas, sino también del comer y del -beber, y de todo lo necesario para la vida. Todo el cuidado será -andar a buscar lugares seguros para defenderse de los temblores de -la tierra, y de las tempestades del aire, y de las crescientes de la -mar. Y así los hombres se irán a meter en las cuevas de las fieras, -y las fieras se vendrán a guarecer en las casas de los hombres, -y así todas las cosas andarán revueltas y llenas de confusión. -Afligirlos han los males presentes, y mucho más el temor de los -venideros; porque no sabrán en qué fines hayan de parar tan dolorosos -principios. Faltan palabras para encarescer este negocio, y todo lo -que se dice es menos de lo que será. Vemos agora que cuando en la mar -se levanta alguna brava tormenta, o cuando en la tierra sobreviene -algún grande torbellino o terremoto, cuáles andan los hombres, cuán -medrosos y cuán cortados, y cuán pobres de esfuerzo y de consejo; -pues cuando entonces el cielo, y la tierra, y la mar, y el aire del -mundo haya su propia tormenta; cuando el sol amenace con luto, y la -luna con sangre, y las estrellas con sus caídas, ¿quién comerá, quién -dormirá, quién tendrá un solo punto de reposo en medio de tantas -tormentas?... - -El Señor vendrá como una tempestad y torbellino arrebatado[281]; y -sus pies levantarán una grande polvareda delante de sí. Indignóse -contra la mar, y secóse, y todos los ríos de la tierra se agotaron. -El monte Basán y Carmelo se marchitaron, y la flor del Líbano se -cayó. Los montes se estremecieron delante dél, y los collados -quedaron asolados... - -Luego comenzará a celebrarse el juicio, y tratarse de las causas de -cada uno, según lo escribe el profeta Daniel por estas palabras: -Estaba yo (dice él) atento, y vi poner unas sillas en sus lugares, y -un anciano de días se asentó en una dellas; el cual estaba vestido -de una vestidura blanca como la nieve, y sus cabellos eran también -blancos, así como una lana limpia. El trono en que estaba asentado -eran llamas de fuego, y las ruedas dél como fuego encendido, y un río -de fuego muy arrebatado salía de la cara dél. Millares de millares -entendían en servirle, y diez veces cien mil millares asistían -delante dél. Miraba yo todo esto en aquella visión de la noche, y vi -venir en las nubes uno que parescía hijo de hombre. Hasta aquí son -palabras de Daniel; a las cuales añade Sant Joan, y dice: Y vi todos -los muertos, así grandes como pequeños, estar delante deste trono y -fueron abiertos allí los libros; y otro libro se abrió, que es el -libro de la vida; y fueron juzgados los muertos según lo contenido -en aquellos libros, y según sus obras. Cata aquí, hermano, el arancel -por donde has de ser juzgado; cata aquí las tasas y precios[282] -por donde se ha de apreciar todo lo que heciste; y no por el juicio -loco del mundo, que tiene el peso falso de Canaan en la mano, donde -tan poco pesan la virtud y el vicio. En estos libros se escribe toda -nuestra vida con tanto recaudo, que aun no has echado la palabra por -la boca, cuando ya está apuntada y asentada en su registro... - -Pues qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre Dios -con él en este examen, y allá dentro de su consciencia le diga -así: Ven acá, hombre malaventurado, ¿qué viste en mí, porque[283] -así me despreciaste, y te pasaste al bando de mi enemigo? Yo te -levanté del polvo de la tierra, y te crié a mi imagen y semejanza, -y te di virtud y socorro con que pudieses alcanzar mi gloria. Mas -tú, menospreciando los beneficios y mandamientos de vida que yo te -di, quisiste más seguir la mentira del engañador, que el consejo -saludable de tu Señor. Para librarte desta caída descendí del cielo a -la tierra, donde padescí los mayores tormentos y deshonras que jamás -se padescieron. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé y sudé gotas de -sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios, -bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Por ti, finalmente, nascí -en mucha pobreza, viví con muchos trabajos, y morí con gran dolor. -Testigos son esta cruz y clavos que aquí parescen, testigos estas -llagas de pies y manos que en mi cuerpo quedaron; testigos el cielo y -la tierra delante de quien padescí, y testigos el sol y la luna que -en aquella hora se eclipsaron. Pues ¿qué heciste desa ánima tuya, -que yo con mi sangre hice mía? ¿En cúyo[284] servicio empleaste lo -que yo compré tan caramente? ¡Oh generación loca y adúltera! ¿Por -qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo con trabajo, que a mí, -tu Criador y Redemptor, con alegría? Espantáos, cielos, sobre este -caso, y vuestras puertas se cayan[285] de espanto, porque dos males -ha hecho mi pueblo: a mí desampararon[286], que soy fuente de agua -viva, y desamparáronme por otro Barrabás. Llaméos tantas veces, y -no me respondísteis; toqué a vuestras puertas, y no despertastes; -extendí mis manos en la Cruz, y no las mirastes; menospreciastes mis -consejos, y todas mis promesas y amenazas. Pues decid agora vosotros, -ángeles; juzgad vosotros, jueces entre mí y mi viña: ¿qué más debí yo -hacer por ella de lo que hice? - -Pues ¿qué responderán aquí los malos, los burladores de las cosas -divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la -simplicidad?... - - - Meditación para el sábado por la mañana. Descendimiento de Cristo - y llanto de la Virgen. - -Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿qué lengua podrá -explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada -Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo; y todas las -criaturas del mundo acompañad el llanto de María! Abrázase la madre -con el cuerpo despedazado; apriétalo fuertemente en sus pechos (para -esto sólo le quedaban fuerzas), mete su cara entre las espinas de -la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro; tíñese la cara de la -Madre con la sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas -de la Madre. ¡Oh dulce Madre! ¿es ese por ventura vuestro dulcísimo -Hijo? ¿Es ese el que concebistes con tanta gloria y paristes con -tanta alegría? Pues ¿qué se hicieron vuestros gozos pasados? ¿Dónde -se fueron vuestras alegrías antiguas?[287] ¿Dónde está aquel espejo -de hermosura en quien vos os mirábades?[288] Ya no os aprovecha -mirarle a la cara; porque sus ojos han perdido la luz. Ya no os -aprovecha darle voces y hablarle; porque sus orejas han perdido el -oir. Ya no se menea la lengua que hablaba las maravillas del cielo. -Ya están quebrados los ojos que con su vista alegraban al mundo. -¿Cómo no habláis agora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores -vuestra lengua? La lengua estaba enmudecida; mas el corazón allá -dentro hablaría con entrañable dolor al Hijo dulcísimo, y le diría: -¡Oh vida muerta! ¡Oh lumbre escurescida! ¡Oh hermosura afeada! ¿Y -qué manos han sido aquellas que tal han parado[289] vuestra divina -figura? ¿Qué corona es ésta que mis manos hallan en vuestra cabeza? -¿Qué herida es ésta que veo en vuestro costado? ¡Oh summo Sacerdote -del mundo! ¿qué insignias son éstas que mis ojos ven en vuestro -cuerpo? ¿Quién ha manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién -ha desfigurado la cara de todas las gracias? ¿Estos son aquellos -ojos que oscurescían al sol con su hermosura? ¿Estas son las manos -que resuscitaban a los muertos a quien tocaban? ¿Esta es la boca por -do salían los cuatro ríos del paraíso?[290] ¿Tanto han podido las -manos de los hombres contra Dios? Hijo mío, y sangre mía, ¿de dónde -se levantó a deshora esta fuerte tempestad? ¿Qué ola ha sido ésta -que así te me[291] ha llevado? Hijo mío, ¿qué haré sin ti? ¿A dónde -iré? ¿Quién me remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían -a rogarte por sus hijos, y por sus hermanos defunctos; y tú con tu -infinita virtud y clemencia los consolabas y socorrías; mas yo que -veo muerto a mi hijo y mi padre, y mi hermano y mi Señor[292], ¿a -quién rogaré por él? ¿Quién me consolará? ¿Dónde está el buen Jesu -Nazareno, Hijo de Dios vivo, que consuela a los vivos, y da vida a -los muertos? ¿Dónde está aquel grande Profeta poderoso en obras y -palabras? - - - INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE - PARTE PRIMERA - - Admirable providencia para la conservación de las frutas. La - granada. - -Pues la hermosura de algunos árboles cuando están muy cargados de -fruta ya madura, ¿quién no la ve? ¿Qué cosa tan alegre a la vista, -como un manzano o camueso, cargadas las ramas a todas partes[293] -de manzanas, pintadas con tan diversos colores, y echando de sí un -tan suave olor? ¿Qué es ver un parral, y ver entre las hojas verdes -estar colgados tantos y tan grandes y tan hermosos racimos de uvas -de diversas castas y colores? ¿Qué son estos, sino unos como[294] -hermosos joyeles, qué penden deste árbol? Pues el artificio de -una hermosa granada ¡cuánto nos declara la hermosura y artificio -del Criador![295] El cual por ser tan artificioso no puedo dejar -de representar en este lugar. Pues primeramente Él la vistió por -de fuera con una ropa hecha a su medida, que la cerca toda, y la -defiende de la destemplanza de los soles y aires; la cual por de -fuera es algo tiesa y dura, mas por dentro más blanda, porque no -exaspere[296] el fructo que en ella se encierra que es muy tierno; -mas dentro della están repartidos y asentados los granos por tal -orden, que ningún lugar, por pequeño que sea, queda desocupado y -vacío. Está toda ella repartida en diversos cascos, y entre casco -y casco se extiende una tela más delicada que un cendal, la cual -los divide entre sí; porque como estos granos sean tan tiernos, -consérvanse mejor divididos con esta tela, que si todos estuvieran -juntos. Y allende desto, si uno destos cascos se pudre, esta tela -defiende a su vecino, para que no le alcance parte de su daño... -Cada uno destos granos tiene dentro de sí un hosecico blanco, para -que así se sustente mejor lo blando sobre lo duro, y al pie tiene -un pezoncico tan delgado como un hilo, por el cual sube la virtud y -jugo, dende lo bajo de la raíz hasta lo alto del grano; porque por -este pezoncico se ceba él, y cresce, y se mantiene, así como el niño -en las entrañas de la madre por el ombliguillo. Y todos estos granos -están asentados en una cama blanda, hecha de la misma materia de que -es lo interior de la bolsa que viste toda la granada. Y para que nada -faltase a la gracia desta fruta, remátase toda ella en lo alto con -una corona real, de donde paresce que los reyes tomaron la forma de -la suya. En lo cual paresce haber querido el Criador mostrar que era -ésta reina[297] de las frutas. A lo menos en el color de sus granos -tan vivo como el de unos corales, y en el sabor y sanidad desta fruta -ninguna le hace ventaja. Porque ella es alegre a la vista, dulce -al paladar, sabrosa a los sanos, y saludable a los enfermos, y de -cualidad que todo el año[298] se puede guardar. Pues ¿por qué los -hombres que son tan agudos en filosofar en las cosas humanas, no lo -serán en filosofar en el artificio desta fruta, y reconoscer por él -la sabiduría y providencia del que de un poco de humor de la tierra -y agua cría una cosa tan provechosa y hermosa? Mejor entendía esto la -Esposa en sus cantares, en los cuales convida al esposo al zumo de -sus granadas, y le pide que se vaya con ella al campo para ver si han -florescido las viñas y ellas. - - - PRIMERA PARTE - - Pintura del pavo real. - -Entre estos animales el que más claro parece que conoce su hermosura -es el pavón, pues vemos que él mismo hace alarde de sus hermosas -plumas, con aquella rueda tan vistosa, que por muchas veces que la -veamos, siempre holgamos de verla y de sentir la ufanía con que él -extiende aquellas plumas, preciándose de su gentileza y haciendo esta -demostración della. La cual hace las más veces[299] cuando tiene la -hembra presente, para aficionarla más con esto. Y cuando quiere ya -deshacer la rueda, hace un grande estruendo con las alas para mostrar -juntamente valentía con la hermosura. En lo cual todo vemos una -imitación de las cosas que se pasan en la vida humana... - -Y tratando primero del fin que tuvo el que la crió, parece que así -como en la fábrica de aquellos animalillos pequeñitos nos quiso -mostrar la subtileza y grandeza de su poder y sabiduría (la cual en -tan pequeña materia pudo formar tantas cosas), así en la hermosura -desta ave nos quiso dar una pequeña muestra o sombra de su infinita -hermosura. La razón[300] que a esto me mueve es ver que este plumaje -tan grande (que es de vara y media de largo) no sirve ni para cubrir -el cuerpo desta ave (pues excede tanto la medida dél), ni tampoco -ayuda para volar, porque antes impide con su demasiada carga; y pues -habemos de señalar en esta obra algún fin, no veo otro sino el que -está dicho... - -Y dejando aquellos ramales[301] o cabellos que van acompañando el -asta de las plumas de la cola hasta el cabo dellas (que son todos -harpados y de hermosos colores), vengamos a aquel ojo que está al -cabo dellas, formado con tanta variedad de colores, y éstos tan finos -y tan vistosos, que ningún linaje de las tintas que han inventado los -hombres podrá igualar con el lustre y fineza destos. Porque en medio -deste ojo está una figura oval de un verde clarísimo, y dentro dél -está otra cuasi de la misma figura y de un color morado finísimo, y -éstas están cercadas de otros círculos hermosísimos[302], que tienen -gran semejanza con los colores y figuras del arco que se hace en las -nubes del cielo; a los cuales sucede en torno la cabellera, hermosa -también, de diversos colores, en que se remata la pluma. Y en este -ojo o círculo que decimos, hay otra cosa no menos admirable, y es -que los cabellos o ramales de que esta figura se compone están tan -pegados unos con otros, y tan parejos y iguales en su composición, -que no parece que aquella figura es compuesta de diversos hilos, sino -que es como un pedazo de seda continuada que allí está. - -Pues ¿qué diré de la hermosura del cuello que sube del pecho hasta -la cabeza, y de aquel color verde que sobrepuja la fineza de toda la -verdura del mundo? Y lo que pone más admiración es que todas aquellas -plumillas que visten este cuello son tan parejas y tan iguales entre -sí, que ni una sola se desordena en ser mayor o menor que otra. De -donde resulta parecer más aquella verdura una pieza de seda verde, -como dijimos, que cosa compuesta de todas estas plumillas. No faltaba -aquí sino una corona real para la cabeza desta ave; mas en lugar -della tiene aquellas tres plumillas que hacen como diadema, y son -el remate de la hermosura desta ave[303]. Y como tengan estas tres -plumicas tanta gracia, y no sirvan más que para su hermosura, vese -claro que de propósito se puso el Criador a pintar esta ave tan -hermosa. Lo que aquí se ha dicho, entenderá mejor quien pusiere los -ojos en una pluma destas, porque más sirve para esto la vista que las -palabras. Y no se debe echar en olvido que la hermosura y colores -de todo este plumaje no es como la de las flores[304], que en breve -se marchita, sino es perpetua y estable, y por eso sirve para otras -cosas que se hacen dellas. - - -NOTAS - - [278] En esta interrogación, _cuál_ tiene el valor de ‘qué tal’, - y _cuán_ seguido de adjetivo, el valor de ‘lo... que’; _cuán - atónitos_ = ‘lo atónitos que andarán’. La frase _perdido el - sentido_, es decir, un participio con su complemento, hace las - veces de uno de tantos adjetivos de esta enumeración. - - [279] Granada dice _la habla_, porque en su tiempo la _h_ era - aspirada e impedía el encuentro de las dos _a_. - - [280] _Ahilado_, ‘extenuado o desfallecido’. «Arescentibus - hominibus prae timore et expectatione, quæ supervenient universo - orbi». (Luc. XXI, 26.) Muéstrase la abundancia de la frase de - Granada en estas amplificaciones de los textos bíblicos que - traduce, como la exuberancia de su imaginación en los extensos - comentarios que le inspiran. Todo este brillante párrafo no es - más que un desarrollo del versículo de San Lucas transcrito; - Granada recomienda el uso de esta exornación amplia: «para que - mirando el predicador agudamente la fuerza y, por decirlo así, - la fecundidad de las sentencias, las sepa sacar y desenvolver - con palabras; porque hay algunos tan estériles y ayunos, a - quienes los retóricos llaman áridos, que dicen las cosas no con - estilo oratorio sino dialéctico, usando de palabras llanas sin - amplificación alguna; lo cual es más proporcionado para las - escuelas y ejercicio de la disputa, que para la predicación». - (_Retórica eclesiástica_, II, 10.) - - [281] Todo este párrafo es traducción de Nahum I, 3-6: «Dominus - in tempestate et turbine viæ eius, et nebulæ pulvis pedum eius...» - - [282] Nótese cómo Granada no se arredra ante la expresión - trivial, como sea precisa; el empleo de estas palabras, de uso - tan meramente oficinesco, pero tan concretas y apropiadas, no - daña en nada a la dignidad de la expresión. Es un vicio del - estilo buscar una falsa nobleza en el uso casi exclusivo de voces - lo más abstractas y cultas posibles, en vez de tender, por el - contrario, a las más precisas y concretas, que siempre son más - expresivas y, como tal, logran efecto más artístico. - - [283] _Porque_ y _pues que_, son conjunciones causales de uso - bien distinto hoy. Sin embargo, Granada usa _porque_ en el - sentido de ‘ya que, supuesto que’. Admira la sencillez del tono - general en este largo apóstrofe unida a tanta grandeza y tan - conmovedora vehemencia; todo él está inspirado en Jeremías, II, 5 - a 13; Isaías, V, 3 y 4. - - [284] Hoy el posesivo _cuyo_ hecho interrogativo se usa solamente - como predicado del verbo _ser_, y esto en lenguaje poético - (_¿cúyo es el ganado?_). Es lastimoso el desuso en que va cayendo - este cómodo relativo. - - [285] _Caer_, hacía _caya_ y _traer_, _traya_, como hoy _haber_ - hace _haya_. Luego, a semejanza de _venga_, _ponga_, etc., se - dijo _caiga_, _traiga_. - - [286] Hoy es necesario el uso enclítico o afijo del dativo o - acusativo del pronombre: _me desampararon_; y cuando, como - aquí sucede, es preciso dar énfasis al pronombre, se repite - pleonásticamente con preposición: _Me desampararon a mí_. - El lenguaje viejo decía _a mí parece, a él ofreció_, como - modernamente se conserva el arcaísmo en algún caso _a vos atañe, - a ellos interesa_. Granada usa bastante del solo pronombre con - preposición, y ahora calcó el texto latino: «Duo enim mala fecit - populus meus: =Me= derelinquerunt fontem aquæ vivæ», etc. - Jeremías, II, 13. - - [287] Estas dos cláusulas semejantes, que varían en torno de la - palabra _gozos_ o _alegrías_, y las demás repeticiones retóricas - que siguen, más propias que de una meditación escrita (donde - resultan monótonas), lo son de un sermón hablado, donde las - sazona la animación del tono y de la viva voz. Granada, en su - _Retórica eclesiástica_ (II, 11), llama a estas consideraciones - patéticas _afectos_, pues van encaminados, como él dice, a - «inflamar los afectos del _auditorio_». - - [288] Durante todo el siglo XVI tenían una _d_ en su terminación - la persona vosotros del imperfecto de indicativo, y subjuntivo - (_veníades_, _viniésedes_), de los condicionales (_vendríades_, - _viniérades_) y del futuro de subjuntivo (_viniéredes_). En el - siglo XVII esta _d_ desapareció ya. - - [289] Véase atrás pág. 93, nota 190. - - [290] Comparación bizarra de la boca de Cristo con el lugar - deleitoso (locus voluptatis), de donde, según el _Génesis_, II, - 10, manaba el río de cuatro brazos que regaba el Paraíso. - - [291] Este _me_ es un dativo ético, v. atrás pág. 106, nota 233. - - [292] En vez de repetir la conjunción, pudiera repetirse la - preposición, lo cual es más frecuente en los complementos dobles - o triples: «veo muerto a mi hijo, a mi padre, a mi hermano»; pero - entonces parecería más bien que esos complementos se referían a - tres personas diversas, y aquí no es ese el caso. - - [293] _Cargadas las ramas_, etc., es una cláusula absoluta sin - enlace gramatical con el resto del período, como en latín el - ablativo absoluto u oracional. El sentido de la frase _a todas - partes_, exige hoy diversa preposición. - - [294] Véase adelante pág. 167, n. 352, y pág. 168, n. 357. - - [295] El afán de Granada por construir su frase de muchos - miembros le lleva a un uso fatigoso del relativo _el cual_, - puesto como débil lazo de unión entre unos y otros; defecto - que luego se generalizó en extremo. _El cual_ es más cómodo - que el simple _que_, por distinguir el género y número de - su antecedente, evitando así anfibologías; pero aquí existe - la confusión, por poder ser antecedentes dos masculinos que - preceden, y más bien parece referirse a _Criador_ que a - _artificio_, no siendo en realidad esto así. Ganaría el texto en - brevedad diciendo simplemente: «¡Cuánto nos declara la hermosura - y artificio del Criador! Primeramente él la vistió por de - fuera...»; no hace falta nada más, y en un escrito sobra todo lo - que no hace falta. - - [296] _Exasperar_, por ‘lastimar’ o ‘dañar’, es latinismo inútil; - poco después dice _delicado_ por _delgado_. - - [297] La idea, a veces pueril, que de las _causas finales_ se - manifiesta en estas descripciones de la naturaleza, no deja de - añadirles gracia y candor. - - [298] Hay doble elipsis por _de (una) cualidad (tal) que_; hoy o - se elide sólo el artículo indefinido o sólo el pronombre. - - [299] _Las más veces_ es muy superior a la pesada expresión _la - mayor parte de las veces_. En la Edad Media se decía también _las - más aves por la mayor parte de las aves_. - - [300] Nótese la estructura de este período que, según Granada - en su _Retórica_ (V., 16, § 2), reviste aquella forma «con que - hablamos redondamente, esto es, en que corre la oración encerrada - como en un círculo, no acabando la sentencia sino en el fin; y - así representa la imagen de un perfecto silogismo». - - [301] Llama _ramales_ a las ‘barbas’ de la pluma, usando ese - derivado de _ramo_ en el sentido general de ‘ramificación’, o sea - derivación divergente que imita la disposición de las ramas. - - [302] Granada usa con profusión de los superlativos. Don Antonio - Capmany le censura, tanto por esto, como por usar algunos - cuyo positivo encierra ya el grado supremo, por ejemplo: - _divinísimo_ e _inmensísimo_. Don Rufino José Cuervo cree que el - _omnipotentísimo_ de Granada puede justificarse suponiendo que la - inflexión superlativa afecta sólo a _potente_ y no a la primera - parte de la palabra, y que tiene el sentido de ‘el que en grado - eminente lo puede todo’. (_Notas a Bello_, nota núm. 46.) - - [303] Dos párrafos seguidos terminan con las mismas palabras - _desta ave_. Nuestros clásicos se preocupaban poco de estos - pormenores eufónicos más superficiales, a los que hoy se da gran - importancia. - - [304] Esta licencia de concordancia, por _no_ =son= _como_ - =los= _de las flores_, está hoy en el uso corriente, porque la - imaginación en el masculino _colores_ no ve más que una idea - accesoria, es decir, _la hermosura de los colores_. En los - extractos de Cervantes notaremos concordancias parecidas. - - - - -SANTA TERESA DE JESUS - -(1515-1582) - - -Se incluyen aquí dos ejemplos de sus cartas; otro narrativo, de su -propia _Vida_, que ella misma escribió, y cuya última redacción es de -1565 ó 66, y un trozo doctrinal tomado de las _Moradas_, escritas en -1577. - -La prosa de la Santa es el tipo perfecto del lenguaje familiar de -Castilla en el siglo XVI, el mismo de la conversación; pues la -autora, al escribir, estaba ajena de toda preocupación literaria; -no redacta, habla sencillamente. Las cartas están escritas a -vuela-pluma, a veces al final de ellas dice a su correspondiente: -«Si faltaren letras, póngalas»; la relación de su _Vida_, ella misma -nos lo advierte, no le costó más cuidado ni tiempo que el que gastó -materialmente en escribirla; así que por todas partes se ve el -desaliño y la frescura de la palabra hablada, y hablada al descuido. -Además, como el idioma castellano aun no estaba tan fijado por la -literatura como hoy, el habla corriente entre la gente educada -de varias provincias, no sólo se diferenciaba de la literaria en -su sintaxis, sino en la forma de las palabras. La impuesta en la -lengua escrita era, por lo común, la usada en Toledo, y difería muy -frecuentemente de ella la que era usual en Avila, en la tierra de -Santa Teresa; el lenguaje de ésta es, pues, el familiar de Castilla -la Vieja, inestimable por lo único, ya que los demás autores clásicos -se ajustan mucho más al patrón común que entonces se imponía. No -abundan en los grandes autores la multitud de voces que caracterizan -el habla de Santa Teresa, la mayor parte de las cuales subsisten hoy -en el habla vulgar de muchas regiones, como _añidir_, _cuantimás_ -(cuanto más), _enriedos_, _anque_, _naide_, _ortolano_ (hortelano), -_piadad_; los epítetos familiares _urguillas_ (cosa que hurga, -carcoma, pesadilla), _lloraduelos_; el uso del posesivo con artículo -_la mi Isabela_, _la mi Parda_, y multitud de giros, frases hechas y -refranes enteramente populares. - -Con este lenguaje y con este estilo, la prosa de Santa Teresa encanta -por su llaneza, por la ausencia total de propósitos literarios; su -pluma obedecía solamente a la alta inspiración que la guiaba al -redactar su pensamiento: «Cuando el Señor da espíritu, pónese con -facilidad y mejor; parece como quien tiene un dechado delante; mas si -el espíritu falta, no hay más concertar este lenguaje que si fuese -algarabía.» Por esto Fray Luis de León, que revisó las obras de la -Santa para darlas a la imprenta, admirado del gracioso desaliño que -se observa en ellas, escribía: «En la forma del decir, y en la pureza -y facilidad del estilo, y en la gracia y buena compostura de las -palabras, y en una elegancia desafeitada que deleita en extremo, dudo -yo que haya en nuestra lengua escritura que con ellas se iguale.» - -Pero la exageración de estas cualidades es frecuente; la incorrección -gramatical llega a extremos a veces insufribles. En los extractos -que siguen se verá, por ejemplo, lo que abunda el pronombre _él_ sin -llevar expreso el substantivo o antecedente que representa. - - - VIDA DE LA SANTA - CAPÍTULO PRIMERO - - Cuenta cómo pasó su primera edad - -Éramos tres hermanas y nueve hermanos; todos parecieron a sus padres, -por la bondad de Dios, en ser virtuosos, si no fuí yo, aunque era -la más querida de mi padre; y antes que comenzase a ofender a -Dios, parece tenía alguna razón, porque yo he lástima cuando me -acuerdo[305] las buenas inclinaciones que el Señor me había dado y -cuán mal me supe aprovechar de ellas. - -Pues[306] mis hermanos ninguna cosa me desayudaban a servir a Dios. -Tenía uno casi de mi edad; juntábamonos entramos[307] a leer vidas -de santos,--que era el que yo más quería, anque[308] a todos tenía -gran amor y ellos a mí--; como vía los martirios que por Dios las -santas pasaban, parecíame compraban muy barato el ir a gozar de Dios, -y deseaba yo mucho morir ansí; no por amor que yo entendiese tenerle, -sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en -el cielo; y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría -para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor -de Dios, para que allá nos descabezasen; y paréceme que nos daba -el Señor ánimo en tan tierna edad, si viéramos algún medio, sino -que[309] el tener padres nos parecía el mayor embarazo. Espantábanos -mucho el decir que pena y gloria era para siempre en lo que leíamos. -Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto; y gustábamos de decir -muchas veces: _para siempre, siempre, siempre_. En pronunciar esto -mucho rato, era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido -el camino de la verdad. - -De que vi que era imposible ir adonde me matasen por Dios, -ordenábamos ser ermitaños, y en una huerta que había en casa -procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas -pedrecillas, que luego se nos caían; y ansí no hallábamos remedio -en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver cómo me -daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa. Hacía limosna como -podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, que -eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre era muy devota -y ansí nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas, -hacer monesterios, como que éramos monjas; y yo me parece deseaba -serlo, aunque no tanto como las cosas que he dicho. - -Acuérdome que, cuando murió mi madre, quedé yo de doce años poco -menos; como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida -fuíme a una imagen de Nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre, con -muchas lágrimas[310]. Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que -me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana -en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me ha tornado a sí. -Fatígame ahora ver y pensar en qué estuvo el no haber yo estado -entera en los buenos deseos que comencé. ¡Oh, Señor mío! pues parece -tenéis determinado que me salve, plega a vuestra Majestad sea ansí; -y de hacerme tantas mercedes como me habéis hecho, ¿no tuviérades -por bien, no por mi ganancia, sino por vuestro acatamiento, que no -se ensuciara tanto posada adonde tan contino habíades de morar? -Fatígame, Señor, aun decir esto, porque sé que fué mía toda la culpa; -porque no me parece os quedó a vos nada que hacer para que desde esta -edad no fuera toda vuestra. Cuando voy a quejarme de mis padres, -tampoco puedo, porque no vía en ellos sino todo bien, y cuidado de mi -bien. - -Pues pasando de esta edad, que[311] comencé a entender las gracias de -naturaleza que el Señor me había dado, que según decían eran muchas, -cuando por ellas le había de dar gracias, de todas me comencé a -ayudar para ofenderle... - -Paréceme que comenzó a hacerme mucho daño lo que ahora diré. -Considero algunas veces cuán mal lo hacen los padres que no procuran -que vean sus hijos siempre cosas de virtud de todas maneras; -porque con serlo[312] tanto mi madre, de lo bueno no tomé tanto en -llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó mucho. Era -aficionada a libros de Caballerías[313], y no tan mal tomaba este -pasatiempo, como yo le tomé para mí; porque no perdía su labor, sino -desenvolvíemonos para leer en ellos; y por ventura lo hacía para -no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que -no anduviesen en otras cosas perdidos. Desto le pesaba tanto a mi -padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a -quedarme en costumbre de leerlos[314], y aquella pequeña falta que -en ella[315] vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar[316] a -faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas -del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque ascondida de mi -padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía, que si no tenía -libro nuevo, no me parece tenía contento. - - - LAS MORADAS - PRIMERAS MORADAS, CAPÍTULO II - - Provecho que se saca del humilde conocimiento de sí mismo - -La humildad siempre labra, como la abeja en la colmena la miel... Mas -consideremos que la abeja no deja de salir a volar para traer flores, -ansí el alma en el propio conocimiento; créame[317], y vuele algunas -veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios. Aquí hallará su -bajeza mejor que en sí mesma y más libre de las sabandijas, adonde -entran en las primeras piezas, que es el propio conocimiento, que -anque, como digo, es harta misericordia de Dios que se ejercite en -esto, tanto es lo de más como lo de menos, suelen decir. Y créanme, -que con la virtud de Dios obraremos muy mejor virtud, que muy atadas -a nuestra tierra. No sé si queda dado bien a entender; porque es cosa -tan importante este conocernos, que no querría en ello hubiese jamás -relajación, por subidas que estéis[318] en los cielos; pues mientra -estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos importe que la -humildad. Y ansí torno a decir, que es muy bueno y muy rebueno[319] -tratar de entrar primero en el aposento adonde se trata de esto, que -volar a los demás, porque este es el camino; y si podemos ir por -lo seguro y llano, ¿para qué hemos de querer alas para volar? mas -que busque cómo aprovechar más en esto. Y a mi parecer, jamás nos -acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios: mirando su -grandeza, acudamos a nuestra bajeza, y mirando su limpieza, veremos -nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cuán lejos -estamos de ser humildes. Hay dos ganancias de esto: la primera está -claro, que parece una cosa blanca, muy más blanca[320] cabe la negra, -y al contrario la negra cabe la blanca; la segunda es, porque nuestro -entendimiento y voluntad se hace más noble y más aparejado[321] para -todo bien, tratando a vueltas de sí con Dios; y si nunca salimos de -nuestro cieno de miserias, es mucho inconveniente. - - - CARTAS - CARTA 132 - - Al señor Lorenzo de Cepeda, hermano de la Santa; desde Toledo a 2 - de Enero de 1577 - - Jesús - -Sea con vuestra merced. Da tan poco lugar Serna[322], que no querría -alargarme, y no sé acabar cuando comienzo a escribir a vuestra -merced; y, como nunca viene Serna, es menester tiempo. - -Cuando yo escribiere a Francisco[323], nunca se la[324] lea vuestra -merced, que he miedo tray alguna melencolía, y es harto declararse -conmigo. Quizá le da Dios esos escrúpulos para quitarle de otras -cosas; mas, para su remedio, el bien que tiene es creerme[325]... - -Gran fiesta tuvimos ayer con el nombre de Jesús: Dios se lo pague a -vuestra merced. No sé qué le envíe por tantas como me hace, si no es -esos villancicos, que hice yo, que me mandó el confesor las[326] -regocijase, y he estado estas noches con ellas, y no supe cómo, sino -ansí. Tienen graciosa tonada, si la atinare Francisquito para cantar. -Mire si ando bien aprovechada. Con todo, me ha hecho el Señor hartas -mercedes estos días. - -De las que hace a vuestra merced estoy espantada. Sea bendito por -siempre. Ya entiendo por lo que se desea la devoción, que es bueno. -Una cosa es desearlo y otra pedirlo; mas crea que es lo mejor lo -que hace, el dejarlo todo a la voluntad de Dios, y poner su causa -en sus manos. Él sabe lo que nos conviene, mas siempre procure ir -por el camino que le escribí: mire que es más importante de lo que -entiende... - -No me cansan sus cartas de vuestra merced, que me consuelan mucho, -y ansí me consolara poderle escribir más a menudo; mas es tanto el -trabajo que tengo, que no podrá ser más a menudo; y an[327] esta -noche me ha estorbado la oración. Ningún escrúpulo me hace, si no es -pena de no tener tiempo. Dios nos le dé para gastarle siempre en su -servicio, amén. - -La esterilidad de este pueblo en cosas de pescado, que[328] es -lástima a estas hermanas; y ansí me he holgado con estos besugos. -Creo pudieran venir sin pan, según hace el tiempo. Si acertare -haberlos, cuando venga Serna, u algunas sardinas frescas, dé vuestra -merced a la superiora con que nos las envíe, que lo ha enviado muy -bien. Terrible lugar es este para no comer carne, que an un huevo -fresco jamás hay. Con todo pensaba hoy que ha años que no me hallo -tan buena como ahora; y guardo[329] lo que todas, que es harto -consuelo para mí. - -Esas coplas que no van de mi letra no son mías, sino que me -parecieron bien para Francisco, que como hacen las de San José de las -suyas, esotras hizo una hermana. Hay gran cosa de eso estas Pascuas -en las recreaciones. Es hoy segundo día del año. - -Indina sierva de vuestra merced. Teresa de Jesús. - -Pensé que nos enviara vuestra merced el villancico suyo; porque estos -ni tienen pies ni cabeza, y todo lo cantan. Ahora se me acuerda uno -que hice una vez, estando con harta oración, y parecía que descansaba -más. Eran: (ya no sé si eran ansí); y porque vea que desde acá le -quiero dar recreación: - - ¡Oh hermosura, que ecedeis - A todas las hermosuras! - Sin herir, dolor haceis; - Y sin dolor deshaceis - El amor de las criaturas. - - ¡Oh ñudo, que ansí juntais - Dos cosas tan desiguales! - No sé por qué os desatais: - Pues atado, fuerza dais, - A tener por bien los males. - - Quien no tiene ser, juntais - Con el ser que no se acaba: - Sin acabar, acabais: - Sin tener que amar, amais: - Engrandeceis nuestra nada. - -No se me acuerda más. ¡Qué seso de fundadora! Pues yo le digo que -me parecía estaba con harto, cuando dije esto. Dios se lo perdone, -que me hace gastar tiempo: y pienso le ha de enternecer esta copla -y hacerle devoción; y esto no lo diga a nadie. Doña Yomar y yo -andábamos juntas en este tiempo. Déla mis encomiendas. - - - CARTA 211 - - De Santa Teresa a su confesor Fray Jerónimo Gracián, llorando la - muerte del General de los Carmelitas Fray Juan Bautista Rubeo. - Fecha en Ávila a 15 de octubre de 1578. - - Jesús. - -Sea con vuestra paternidad el Espíritu Santo, mi padre[330]. Como -le veo quitado[331] de esas baraúndas, háseme quitado la pena de lo -demás, venga lo que viniere. Harto grande me la ha dado[332] las -nuevas, que me escriben de nuestro padre general. Ternísima estoy; y -el primer día llorar que llorarás[333], sin poder hacer otra cosa, -y con gran pena de los trabajos que le hemos dado, que cierto no -los merecía; y si hubiéramos ido a él, estuviera todo llano. Dios -perdone a quien siempre lo ha estorbado, que con vuestra paternidad -yo me aviniera, anque, en esto, poco me ha creído. El Señor lo trairá -todo a bien; mas siento lo que digo, y lo que vuestra paternidad ha -padecido; que cierto son tragos de la muerte lo que me escribió en la -carta primera, que dos he recibido después que habló al nuncio. - -Sepa, mi padre, que yo me estaba deshaciendo, porque no daba luego -aquellos papeles, sino que debe ser aconsejado de quien le duele poco -lo que vuestra paternidad padece[334]. Huélgome, que quedará bien -experimentado, para llevar los negocios por el camino que han de ir, -y no agua arriba, como yo siempre decía: y a la verdad ha habido -cosas por donde lo impedían todo, y ansí no hay que tratar de esto, -porque ordena Dios cosas para que padezcan sus siervos. - -Ya quisiera escribir más largo, y han de llevar esta noche las -cartas, y casi lo es ya, que lo he sido[335] con el obispo de -Osma[336], para que trate con el presidente y con el padre Mariano lo -que le escribí, y dije enviase a vuestra paternidad. Ahora he estado -con mi hermano[337], y se le encomienda mucho. - - -NOTAS - - [305] _Acordarse_, construído como _recordar_ con un dativo - reflexivo y un acusativo, es poco usado, - - Y como Ovidio escribe en su epistolio, - que no me acuerdo el folio, - estas heridas del amor protervas - no se curan con hierbas. - LOPE, _Gatom_. 2. - - [306] Sobre _pues_, conjunción continuativa que encabeza las - transiciones, v. BELLO. _Gram._ § 1267. - - [307] Anticuado por _entrambos_. Esta cláusula _juntábamonos - entramos a leer vidas de santos_ está sin duda trastocada, - debiendo colocarse detrás de _gran amor y ellos a mí_. - - [308] _Anque_, forma vulgar por «aunque». Después hallaremos _an_ - por «aún». - - [309] _Sino que_ en el sentido de _pero_. (V. BELLO. _Gram._ § - 1280.) - - [310] Nótese a cada paso la ausencia de retoque; este complemento - _con muchas lágrimas_ debiera ir inmediatamente después del verbo. - - [311] Después de oraciones temporales, _que_ puede usarse en - vez de la frase adverbial de tiempo _luego que_, _después que_; - por ejemplo: «en estando lejos de aquí, _que_ me vea libre del - peligro, no me meteré yo en otra.» Si la oración temporal no - lleva el verbo en gerundio ni infinitivo, sino en forma personal, - el _que_ es un tanto pleonástico, pues pudiera reemplazarse por - la simple conjunción copulativa: «cuando esté lejos de aquí, - _que_ (y) me vea libre...» Por este mismo giro se explican - modismos tales como estos: «jura que al volver _que vuelva_ al - Andalucía, se ha de estar dos meses en Toledo»; «en llegando _que - llegue_.» - - [312] Este _lo_ representa un adjetivo que no existe; Santa - Teresa tomó en su imaginación el substantivo _de virtud_ por el - adjetivo equivalente _virtuoso_. - - [313] Es muy común decir _libros de caballería_; ha de decirse - _caballerías_ en plural, que este nombre se da a las hazañas - llevadas a cabo por un caballero. La afición a las novelas - caballerescas fué predominante en España por el espacio increíble - de más de tres siglos. En el siglo XIV el Canciller Pero López de - Ayala, entre sus yerros más grandes, se lamentaba de haber sido - víctima de tan desatinada afición: - - Plogome otrosí oir muchas vegadas - Libros de devaneos e mentiras probadas: - _Amadis_, _Lanzalote_ e burlas asacadas, - En que perdí mi tiempo a muy malas jornadas. - (_Rimado de Palacio_, copla 162.) - - A mediados del siglo XVI Santa Teresa se acusa de igual pecado, - y a principios del XVII era todavía tan desmedido el apego a - tales novelas, que Cervantes, para amenguarlo, ridiculizó en su - _Quijote_ los extravíos que tan dañosa lectura causaba. - - [314] Este _los_ se refiere a _los libros de caballerías_ que, - aunque hace mucho se nombraron, no dejan de estar presentes a - la memoria en todo este pasaje. Otra vez vemos aquí la sintaxis - de la Santa obedecer más a la viveza de la imaginación que a la - lógica gramatical. - - [315] El pronombre _ella_ se refiere a _la madre_ aunque no se la - haya nombrado inmediatamente antes. Otra vez cabe la observación - de la nota anterior. - - [316] Nuevo descuido de la autora que pensaba haber escrito antes - _me hizo enfriar_, o cosa parecida. - - [317] _Créame_ y los verbos que siguen en singular debieran ir en - plural, pues la Autora se dirige a sus monjas, como adelante se - ve. - - [318] Santa Teresa trata generalmente a las religiosas de _su - merced_ en tercera persona de plural; aquí las habla en segunda - persona de plural. Es común, en escritores más cuidados, este - cambio de tratamiento. Fray Luis de Granada dice a la Virgen: - «alegra_te_ con esta esperanza y cesen ya _tus_ gemidos... Bien - veo, señora, que no basta nada desto para consola_ros_». (B. Aut. - esp., VIII, pág. 82 _b_). - - [319] Esta especie de superlativo formado mediante el prefijo - _re_ que refuerza el sentido del adjetivo simple, es muy propio - del castellano (_refino_, _relimpio_, _remucho_, _remejor_); - muchos escritores lo desdeñan por familiar. - - [320] Ante los adverbios _más_ y _menos_ usaban nuestros - clásicos las formas apocopadas _muy_, _tan_, _cuán_ («cuán más - agradable»), en vez de las formas plenas _mucho_, _tanto_, - _cuanto_, que son hoy de rigor (V. BELLO _Gram._ § 1023). - - [321] Las leyes lógicas de la concordancia exigirían _se hacen - más nobles y aparejados_; la licencia hoy tolerable sería _se - hace aparejada_. - - [322] Serna era el mandadero que llevaba las cartas de don - Lorenzo. - - [323] Francisco se llamaba el hijo mayor de don Lorenzo. La Santa - era naturalmente directora de los negocios espirituales de todas - las personas de su familia. Lorenzo había prometido obediencia a - su hermana, como luego se verá. - - [324] Este _la_ representa al substantivo _carta_ que la autora - consideraba embebido en el verbo _escribiere_. (Recuérdese lo - dicho página 148 n. 312 y pág. 149, 314 y 315, y véase 153, n. - 326.) - - [325] El sujeto de este verbo no es _Francisco_, como parece, - sino _don Lorenzo_. - - [326] Este _las_ se refiere a las monjas de la comunidad. - - [327] _An_ es contracción vulgar por _aun_. Comp. arriba _anque_. - - [328] Sobra el _que_ para hacer sentido. - - [329] _Guardar_ sin complemento, con el sentido de «guardar la - abstinencia». - - [330] Vocativo con el posesivo antepuesto. - - [331] _Quitar_ tiene aquí el sentido anticuado de libertar, - eximir, que subsiste en la frase «libre y quito». - - [332] Concordancia viciosa. - - [333] Frase adverbial, como _llora que llora_ o _llora que - llorarás_, para denotar la continuidad de la acción. - - [334] Habla aquí de las persecuciones de que era objeto la - reforma de la Orden que entonces se llevaba a cabo. El entregar - los papeles de la visita al Presidente del Consejo de Castilla - fué un paso poco acertado que dió lugar a conflictos en los que - Gracián quedó comprometido. - - [335] El _lo_ se refiere a _larga en escribir_; es decir: «que - he sido larga en escribir al Obispo». La autora pensaba haber - puesto antes: «ya quisiera ser más larga en escribir», en vez de - «quisiera escribir más largo». - - [336] El Obispo de Osma, don Alonso Vázquez, confesor de la Santa - en Toledo. - - [337] Don Lorenzo de Cepeda. - - - - -FRAY LUIS DE LEÓN - -(1527-1591) - - -Los dos primeros libros de los _Nombres de Cristo_ se imprimieron en -1583; los tres completos, en 1585. _La perfecta casada_, en 1586. - -Como se ha visto, la prosa castellana contaba ya en el último tercio -del siglo XVI con muy notables cultivadores. - -Fray Luis de León consideraba, sin embargo, que el idioma no había -logrado aún el cultivo esmerado y profundo de que era digno. Claro -es que no podía satisfacerle, aunque lo admiraba, el estilo humilde, -sencillo y descuidado de Santa Teresa; pero ya es más chocante que, -hablando del poco cultivo de la lengua, no dedique ni una alabanza, -ni un recuerdo, a su predecesor, Fray Luis de Granada; el estilo de -éste era un estilo oratorio que sin duda, no contentaba al maestro -León, por no encajar dentro del ideal de perfección artística que -él perseguía[338]. Así que se consideró a sí mismo, más que como -innovador, como padre de la prosa literaria, y no le faltaba alguna -razón. - -El lenguaje de Fray Luis de Granada tenía solemnidad, elevación y -valentía; pero por estar aún el idioma poco diestro en la expresión -de razonamientos y pensamientos abstractos, no halla muchas veces -los recursos delicados de la construcción gramatical, y tiene algo -de desmañado y flojo. Por esto Fray Luis de León encontró que el -castellano encerraba tesoros aun no hallados de cadencia, proporción, -asiento y armonía. - -Granada se esforzó en trabajar la frase, considerándola como un -silogismo, como un razonamiento o un apóstrofe; León le dedicó su -cuidado mirándola más especialmente como una obra de arte. Los -tratados del uno son como sermones puestos por escrito; los del otro, -como poesías redactadas en prosa[339]. El uno es más elocuente, el -otro más poeta; el uno es, en suma, orador, y el otro escritor. - -Fray Luis de León nos declara que su arte era en todo reflexivo y -meditado; arte de selección cuidadosa de palabras, y hasta de letras; -arte de cálculo y medida en la disposición de frases; arte en todo -diestro, esmerado y primoroso que nos ofrece la lengua castellana -ataviada con todos los elementos poéticos y musicales de que es -capaz, y levantada a la altura de las lenguas clásicas. - -Él mismo declara también que su empeño principal fué poner en el -habla del vulgo número, abundancia, entonación y armonía. Sin -embargo, a veces usa períodos defectuosos, y esto principalmente por -construirlos tan largos que casi se rompe el enlace de su comienzo -con su remate[340]. Además, las conjunciones _porque_ y _pues_ -aparecen encabezando multitud de frases, con el pueril objeto de -encadenarlas materialmente a la que antecede, cuando de no ligarlas -de otra manera bastaría que esta trabazón corriera solamente a cargo -del pensamiento. En fin, pocas veces cae en la tentación de buscar -la falsa elegancia, puesta en moda ya desde el siglo XV, de remitir -afectadamente el verbo al fin de la proposición (verbi gracia: -«Con el calor del día y del sueño _encendidos_ demasiadamente y -_dañados_», pág. 175). - - - NOMBRES DE CRISTO - INTRODUCCIÓN AL LIBRO III - - Declara Fray Luis en qué procuró mejorar el lenguaje de sus - escritos sobre el ordinario y familiar. - -Mas a los que dicen que no leen aquestos mis libros por estar en -romance[341] y que en latín los leyeran, se les responde que les -debe poco su lengua, pues por ella aborrecen lo que, si estuviera -en otra, tuvieran por bueno. Y no sé yo de dónde les nace el estar -con ella tan mal; que ni ella lo merece, ni ellos saben tanto de la -latina que no sepan más de la suya, por poco que della sepan, como -de hecho saben della poquísimo muchos. Y destos son los que dicen -que no hablo en romance, porque no hablo desatadamente y sin orden, -y porque pongo en las palabras concierto y las escojo y les doy su -lugar; porque piensan que hablar romance es hablar como se habla en -el vulgo, y no conocen que el bien hablar no es común, sino negocio -de particular juicio[342], ansí en lo que se dice, como en la manera -como se dice; y negocio que de las palabras que todas hablan elige -las que convienen y mira el sonido dellas, y aun cuenta a veces las -letras, y las pesa y las mide y las compone, para que, no solamente -digan con claridad lo que se pretende decir, sino también con armonía -y dulzura. Y si dicen que no es estilo para los humildes y simples, -entiendan que, así como los simples tienen su gusto, así los sabios y -los graves y los naturalmente compuestos no se aplican bien a lo que -se escribe mal y sin orden; y confiesen que debemos tener cuenta con -ellos, y señaladamente en las escrituras que son para ellos solos, -como aquesta lo es. - -Y si acaso dijeren que es novedad, yo confieso que es nuevo, y camino -no usado por los que escriben en esta lengua, poner en ella número, -levantándola del decaimiento ordinario. El cual camino quise yo -abrir[343], no por la presunción que tengo de mí, que sé bien la -pequeñez de mis fuerzas, sino para que los que las tienen se animen -a tratar de aquí adelante su lengua como los sabios y elocuentes -pasados, cuyas obras por tantos siglos viven, trataron las suyas, -y para que la igualen, en esta parte que le falta, con las lenguas -mejores, a las cuales, según mi juicio, vence ella en otras muchas -virtudes. - - - LIBRO PRIMERO - - Dirigiéndose al Obispo de Córdoba, don Pedro Portocarrero, - introduce Fray Luis los personajes que figurarán en el diálogo de - la obra, y supone que son tres amigos suyos, de su misma Orden de - San Agustín. - -Era por el mes de Junio, a las vueltas[344] de la fiesta de San -Juan, al tiempo que en Salamanca comienzan a cesar los estudios, -cuando Marcelo, el uno de los que digo (que así le quiero llamar -con nombre fingido, por ciertos respetos que tengo, y lo mismo haré -a los demás), después de una carrera tan larga, como es la de un -año en la vida que allí se vive[345], se retiró, como a puerto -sabroso, a la soledad de una granja que, como vuestra merced sabe, -tiene mi monasterio en la ribera de Tormes[346]; y fuéronse con él, -por hacerle compañía, y por el mismo respeto, los otros dos. Adonde -habiendo estado algunos días, aconteció que una mañana, que era la -del día dedicado al apóstol San Pedro, después de haber dado al -culto divino[347] lo que se le debía, todos tres juntos se salieron -de la casa a la huerta que se hace[348] delante della. Es la huerta -grande, y estaba entonces bien poblada de árboles, aunque puestos sin -orden; mas eso mismo hacía deleite en la vista, y sobre todo, la hora -y la sazón. - -Pues entrados en ella, primero, y por un espacio pequeño, se -anduvieron paseando y gozando del frescor, y después se sentaron -juntos a la sombra de unas parras y junto a la corriente de una -pequeña fuente, en ciertos asientos. Nace la fuente de la cuesta que -tiene la casa a las espaldas, y entraba en la huerta por aquella -parte, y corriendo y estropezando, parecía reírse. Tenían también -delante de los ojos y cerca dellos una alta y hermosa alameda. Y -más adelante, y no muy lejos, se veía el río Tormes, que aun en -aquel tiempo, hinchiendo bien sus riberas, iba torciendo el paso por -aquella vega. El día era sosegado y purísimo, y la hora muy fresca. -Así que, asentándose y callando por un pequeño tiempo, después de -sentados, Sabino (que así me place llamar al que de los tres era el -más mozo), mirando hacia Marcelo y sonriéndose, comenzó a decir así: - -«Algunos hay a quien la vista del campo los enmudece[349], y debe -ser condición de espíritus de entendimiento profundo; mas yo, como -los pájaros, en viendo lo verde, deseo o cantar o hablar.» - ---«Bien entiendo por qué lo decís--respondió al punto Marcelo--, y -no es alteza de entendimiento, como dais a entender por lisonjearme -o por consolarme, sino cualidad de edad y humores diferentes que nos -predominan y se despiertan con esta vista, en vos de sangre, y en mí -de melancolía[350]. Mas sepamos--dice--de Juliano[351] (que éste era -el nombre del tercero) si es pájaro también o si es de otro metal.» - ---«No soy siempre de uno mismo--respondió Juliano--, aunque agora al -humor de Sabino me inclino algo más. Y pues él no puede agora razonar -consigo mismo mirando la belleza del campo y la grandeza del cielo, -bien será que nos diga su gusto acerca de lo que podremos hablar.» - -Entonces Sabino, sacando del seno un papel escrito y no muy grande: -«Aquí, dice, está mi deseo y mi esperanza.» - -Marcelo, que reconoció luego el papel, porque estaba escrito de su -mano, dijo, vuelto a Sabino y riéndose: «No os atormentará mucho el -deseo a lo menos, Sabino, pues tan en la mano tenéis la esperanza; ni -aun deben ser ni lo uno ni lo otro muy ricos, pues se encierran en -tan pequeño papel.» - ---«Si fueren pobres--dijo Sabino--, menos causa tendréis para no -satisfacerme en una cosa tan pobre.» - ---«¿En qué manera--respondió Marcelo--, o qué parte soy yo para -satisfacer a vuestro deseo, o qué deseo es el que decís?» - -Entonces Sabino, desplegando el papel, leyó el título, que decía: -_De los nombres de Cristo_; y no leyó más, y dijo luego: «Por cierto -caso hallé hoy este papel, que es de Marcelo, adonde, como parece, -tiene apuntados algunos de los nombres con que Cristo es llamado en -la Sagrada Escritura, y los lugares de ella adonde es llamado así. Y -como le vi, me puso codicia de oirle algo sobre aqueste argumento, -y por eso dije que mi deseo estaba en este papel; y está en él mi -esperanza también, porque, como parece dél, éste es argumento en -que Marcelo ha puesto su estudio y cuidado, y argumento que le debe -tener en la lengua; y así, no podrá decirnos agora lo que suele -decir cuando se excusa, si le obligamos a hablar, que le tomamos -desapercibido. Por manera que, pues le falta esta excusa, y el tiempo -es nuestro, y el día santo, y la sazón tan a propósito de pláticas -semejantes, no nos será dificultoso el rendir a Marcelo, si vos, -Juliano, me favorecéis.» - - - LIBRO II, CAPÍTULO III - - Marcelo explicando a sus amigos por qué el nombre de _Príncipe de - Paz_ es aplicado a Cristo, declara qué cosa es paz. - -Calló Marcelo un poco, luego que dijo esto..., y descansando, y como -recogiéndose[352] todo en sí mismo por un espacio pequeño, alzó -después los ojos al cielo, que ya estaba sembrado de estrellas, y -teniéndolos en ellas como enclavados, comenzó a decir así: - -«Cuando[353] la razón no lo demostrara, ni por otro camino se pudiera -entender cuán amable cosa sea[354] la paz, esta vista hermosa del -cielo que se nos descubre agora, y el concierto que tienen entre -sí aquestos resplandores que lucen en él, nos dan suficiente -testimonio. Porque, ¿qué otra cosa es, sino paz, o ciertamente -una imagen perfecta de paz, esto que agora vemos en el cielo y -que con tanto deleite se nos viene[355] a los ojos? Que[356] si -la paz es, como San Agustín breve y verdaderamente concluye, una -orden sosegada o un tener sosiego y firmeza en lo que pide el buen -orden, eso mismo es lo que nos descubre agora esta imagen. Adonde el -ejército de las estrellas, puesto como en ordenanza y como concertado -por sus hileras[357], luce hermosísimo; y adonde cada una dellas -inviolablemente guarda su puesto; adonde no usurpa ninguna el lugar -de su vecina ni la turba en su oficio, ni menos, olvidada del suyo, -rompe jamás la ley eterna y santa que le puso la Providencia; antes, -como hermanadas todas y como mirándose entre sí, y comunicando sus -luces las mayores con las menores, se hacen muestra de amor; y -como en cierta manera[358] se reverencian unas a otras, y todas -juntas templan a veces sus rayos y sus virtudes, reduciéndolas a una -pacífica unidad de virtud, de partes y aspectos diferentes compuesta, -universal y poderosa sobre toda manera[359]. - -»Y si así se puede decir, no sólo son un dechado de paz clarísimo -y bello, sino un pregón y un loor que con voces manifiestas y -encarecidas nos notifica cuán excelentes bienes son los que la paz en -sí contiene y los que hace en todas las cosas. La cual voz y pregón -sin ruido se lanza en nuestras almas, y de lo que en ellas lanzada -hace[360], se ve y entiende bien la eficacia suya y lo mucho que -las persuade. Porque luego, como convencidas de cuanto les es útil -y hermosa la paz, se comienzan ellas a pacificar en sí mismas y a -poner a cada[361] una de sus partes en orden. Porque si estamos -atentos a lo secreto que en nosotros pasa, veremos que este concierto -y orden de las estrellas, mirándolo, pone en nuestras almas sosiego, -y veremos que con sólo tener los ojos enclavados en él con atención, -sin sentir en qué manera, los deseos nuestros y las afecciones -turbadas que confusamente movían ruido en nuestros pechos de día, se -van quietando poco a poco, y como adormeciéndose, se reposan, tomando -cada una su asiento, y reduciéndose a su lugar propio, se ponen sin -sentir en sujeción y concierto. - -»Y veremos que, así como ellas se humillan y callan, así lo principal -y lo que es señor en el alma, que es la razón, se levanta y recobra -su derecho y su fuerza, y como alentada con esta vista celestial y -hermosa, concibe pensamientos altos y dignos de sí, y como en una -cierta manera se recuerda[362] de su primer origen, y al fin pone -todo lo que es vil y bajo en su parte, y huella sobre ello[363]. -Y así puesta ella en su trono como emperatriz, y reducidas a sus -lugares todas las de más partes del alma, queda todo el hombre -ordenado y pacífico. - -«Mas ¿qué digo de nosotros que tenemos razón? Esto insensible y -aquesto rudo del mundo, los elementos y la tierra y el aire y los -brutos se ponen todos en orden y se quietan luego que poniéndose el -sol, se les representa aqueste ejército resplandeciente. ¿No veis -el silencio que tienen agora todas las cosas, y cómo parece que -mirándose en este espejo bellísimo, se componen todas ellas y hacen -paz entre sí, vueltas a sus lugares y oficios, y contentas con ellos? - -»Es sin duda el bien de todas las cosas universalmente la paz; y así, -dondequiera que la ven, la aman. Y no sólo ella, mas la vista de su -imagen de ella las enamora y las enciende en codicia de asemejársele, -porque todo se inclina fácil y dulcemente a su bien. Y aun si -confesamos, como es justo confesar, la verdad, no solamente la paz -es amada generalmente de todos, mas sola ella es amada y seguida y -procurada por todos. Porque cuanto se obra en esta vida por los que -vivimos en ella, y cuanto se desea y afana, es por conseguir este -bien de la paz, y este es el blanco adonde enderezan su intento y el -bien a que aspiran todas las cosas. Porque si navega el mercader y si -corre los mares, es por tener paz con su codicia, que le solicita y -guerrea. Y el labrador en el sudor de su cara y rompiendo la tierra -busca paz, alejando de sí cuanto puede al enemigo duro de la pobreza. -Y por la misma manera, el que sigue el deleite y el que anhela la -honra y el que brama por la venganza, y, finalmente, todos y todas -las cosas buscan la paz en cada una de sus pretensiones. Porque, o -siguen algún bien que les falta, o huyen algún mal que los enoja.» - - - LA PERFECTA CASADA - LIBRO VII - - Comentando el versículo de los _Proverbios_, XXXI, 15: «madrugó - y repartió a sus gañanes las raciones», hace Fray Luis una - primorosa descripción del alba y encarece las delicias del - madrugar. - -El madrugar es tan saludable, que la razón sola de la salud, aunque -no despertara el cuidado y obligación de la casa, había de levantar -de la cama en amanesciendo a las casadas. Y guarda en esto Dios, -como en todo lo demás, la dulzura y suavidad de su sabio gobierno, -en que aquello a que nos obliga es lo mismo que más conviene a -nuestra naturaleza y en que recibe por su servicio lo que es nuestro -provecho[364]. Así que, no sólo la casa, sino también la salud, -pide a la buena mujer que madrugue. Porque cierto es que es nuestro -cuerpo del metal de los otros cuerpos, y que la orden que guarda la -naturaleza para el bien y conservación de los demás, esa misma es la -que conserva y da salud a los hombres. - -Pues ¿quién no ve que a aquella hora despierta el mundo todo junto, -y que la luz nueva saliendo, abre los ojos de los animales todos, -y que si fuese entonces dañoso dejar el sueño, la naturaleza (que -en todas las cosas generalmente, y en cada una por sí, esquiva y -huye el daño, y sigue y apetece el provecho, o que, para decir la -verdad, es ella eso mismo que a cada una de las cosas conviene y es -provechoso), no rompiera tan presto el velo de las tinieblas que -nos adormecen, ni sacara por el oriente los claros rayos del sol, o -si los sacara, no les diera tanta fuerza para nos despertar?[365]. -Porque si no despertase naturalmente la luz, no le cerrarían las -ventanas tan diligentemente los que abrazan el sueño. Por manera -que la naturaleza, pues nos envía la luz, quiere, sin duda, que nos -despierte. Y pues ella nos despierta, a nuestra salud conviene que -despertemos. - -Y no contradice a esto el uso de las personas que ahora el mundo -llama señores, cuyo principal cuidado es vivir para el descanso y -regalo del cuerpo, las cuales guardan la cama hasta las doce del -día[366]. Ante esta verdad, que se toca con las manos, condena -aquel vicio, del cual, ya por nuestros pecados o por sus pecados de -ellos mismos[367], hacen honra y estado[368], y ponen parte de su -grandeza en no guardar ni aun en esto el concierto que Dios les pone. -Castigaba bien una persona, que yo conocí, esta torpeza, y nombrábala -con su merescido vocablo. Y aunque es tan vil como lo es el hecho, -daráme vuestra merced[369] licencia para que lo ponga aquí, porque es -palabra que cuadra. Así que, cuando le decía alguno que era estado -en los señores este dormir, solía él responder que se erraba la -letra[370], y que por decir _establo_ decían _estado_. Y ello a la -verdad es así, que aquel desconcierto de vida tiene principio y nasce -de otro mayor desconcierto, que está en el alma y es causa él también -y principio de muchos otros desconciertos torpes y feos. Porque la -sangre y los demás humores del cuerpo, con el calor del día y del -sueño, encendidos demasiadamente y dañados, no solamente corrompen -la salud, mas también aficionan e inficionan el corazón feamente. -Y es cosa digna de admiración que, siendo estos señores en todo lo -demás grandes seguidores, o por mejor decir, grandes esclavos de su -deleite, en esto sólo se olvidan dél, y pierden por un vicioso dormir -lo más deleitoso de la vida, que es la mañana. - -Porque entonces la luz, como viene después de las tinieblas y se -halla como después de haber sido perdida, parece ser otra y hiere -el corazón del hombre con una nueva alegría, y la vista del cielo -entonces, y el colorear de las nubes y el descubrirse el aurora (que -no sin causa los poetas la coronan de rosas)[371], y el aparecer la -hermosura del sol, es una cosa bellísima. Pues el cantar de las aves, -¿qué duda hay sino que suena entonces más dulcemente? y las flores y -las yerbas y el campo, todo despide de sí un tesoro de olor. Y como -cuando entra el rey de nuevo en alguna ciudad se adereza y hermosea -toda ella, y los ciudadanos hacen entonces plaza[372] y como alarde -de sus mejores riquezas; así los animales y la tierra y el aire, y -todos los elementos, a la venida del sol se alegran, y como para -recibirle, se hermosean y mejoran y ponen en público cada uno sus -bienes. Y como los curiosos suelen poner cuidado y trabajo por ver -semejantes recibimientos, así los hombres concertados y cuerdos, -aun por sólo el gusto, no han de perder esta fiesta que hace toda -la naturaleza al sol por las mañanas; porque no es gusto de un solo -sentido, sino general contentamiento de todos, porque la vista se -deleita con el nascer de la luz y con la figura[373] del aire y -con el variar de las nubes; a los oídos las aves hacen agradable -armonía; para el oler, el olor que en aquella sazón el campo y las -yerbas despiden de sí es olor suavísimo, pues el fresco del aire de -entonces templa con grande deleite el humor calentado con el sueño, y -cría salud y lava las tristezas del corazón, y no sé en qué manera le -despierta a pensamientos divinos antes que se ahogue en los negocios -del día. - -Pero, si puede tanto con estos hijos de tinieblas el amor dellas, -que aun del día hacen noche, y pierden el fruto de la luz con el -sueño, y ni el deleite, ni la salud, ni la necesidad y provecho que -dicho habemos, son poderosos para los hacer levantar, vuestra merced -que es hija de luz, levántese con ella, y abra la claridad de sus -ojos cuando descubriere sus rayos el sol, y con pecho puro levante -sus manos limpias al Dador de la luz, ofresciéndole con santas y -agradescidas palabras su corazón, y después de hecho esto, y de -haber gozado del gusto del nuevo día, vuelta a las cosas de su casa, -entienda en su oficio. - - -NOTAS - - [338] Véase la nota 343 de la pág. 161. - - [339] Algunos de sus párrafos tienen el mismo asunto que sus - versos, no sabiéndose si son su esbozo y plan o su comentario y - explicación. (Véase pág. 169, nota 359, y pág. 170, nota 363.) - - [340] Véase, por ejemplo, la larga interrogación de la pág. 173. - - [341] Se censuró a Fray Luis por haber escrito en castellano - los dos primeros libros de los _Nombres de Cristo_, impresos en - 1583; pues, aunque ya habían escrito el P. Avila y el P. Granada, - muchos seguían creyendo que un teólogo no debía emplear para - sus obras sino el latín. Fray Luis contestó reimprimiendo los - _Nombres de Cristo_, en 1585, adicionados con un tercer libro a - cuya introducción pertenece el presente extracto. - - [342] Es decir, que no es cosa común a todos los que hablan una - lengua, sino que exige particular disposición y estudio. Es - antigua en España la creencia de que la lengua propia ni merece - ni requiere atención y trabajo; Juan de Valdés se queja de los - que con tanta negligencia y tan inmerecido desdén la tratan, y - Ambrosio de Morales, en 1546, decía: «siempre ha quedado nuestra - lengua en la miseria y con la pobreza que antes tenía... que todo - nace del gran menosprecio en que nuestros mismos naturales tienen - nuestra lengua, por lo cual ni se aficionan a ella, ni se aplican - a ayudarla». (Introducción al _Diálogo de la dignidad del hombre, - del M. Hernán Pérez de Oliva_, tío de Morales.) - - [343] Fray Luis, al principio de esta introducción, habla poco - menos que como si él fuera el primero en aplicar el castellano - a asuntos serios, quejándose «de lo mal que usamos de nuestra - lengua no la empleando sino en cosas sin ser». No es admisible - que desconociera los autores citados en la pág. 125, y por fuerza - habría leído las obras místicas del Beato Juan de Ávila y del - Venerable Granada, que andaban ya impresas; sin embargo, a juzgar - por las palabras que ahora emplea, parece que no le satisfacían - mucho y no las tomaba en consideración. - - [344] _A vueltas de_ significa ‘alrededor de, cerca de’; así - fijando después el día en que esto sucedía, dícese que era el de - San Pedro, que es en 29 de Junio, cinco días después de San Juan. - En esta frase el artículo se usa rarísima vez: _a las vueltas_. - - [345] Cuando el acusativo es de igual raíz que el verbo, exige - algún complemento que le especifique, pues de lo contrario sería - un acusativo del todo inútil, v. gr.: _vivir una vida fatigosa_ - (véase BELLO, _Gram._ § 796); aquí se sobreentiende _con la vida - (tan fatigosa) que allí se vive_. - - [346] Los nombres de ríos sin artículo, v. pág. 86, n. 161. Los - agustinos calzados, que llegaron a Salamanca por los años 1330, - fueron los fundadores de este convento. Hoy no existe el edificio - antiguo, pues fué bárbaramente destruído por el ejército francés - en 1812, y aunque reedificado, se demolió más tarde, ocupando - hoy su solar la nueva calle llamada de Oliva.--Este monasterio - tenía, para descanso y recreo de los frailes, una granja, llamada - _la Flecha_, a legua y media de distancia, río arriba, a la vera - del camino de Salamanca a Madrid. (V. M. VILLAR y MACÍAS, _Hist. - de Salamanca_, I, 453, etc.) La apacible descripción que hace - Fray Luis de este paisaje concuerda en todo con la realidad; tal - como él lo pinta, se reconocen hoy la casa de los frailes, las - cuestas que empiezan a sus espaldas y que si hacia Aldealengua - se van insensiblemente suavizando y disminuyendo, prolónganse - larguísimo espacio eslabonándose hacia Salamanca; todavía existe - la desordenada arboleda que tanto deleitaba la vista del poeta, y - la risueña fuente que baja desde la cuesta al huerto, - - y como codiciosa - de ver y acrecentar su hermosura, - hasta llegar, corriendo se apresura. - - En fin, el huerto mismo existe, que tanta inspiración guardaba - para el autor de la oda a la _Vida retirada_ y que se llama, como - queda dicho, huerta de la _Flecha_. - - [347] Destinada al culto está desde antiguo una capilla cerca de - la huerta, frente a la aceña de la Flecha y contigua a la casa - del molinero. - - [348] _Hacerse_ era muy usado con nombres de lugar en el mismo - sentido que ‘extenderse, hallarse’, o sea ‘estar situado’. - - [349] _Los_ dice la edición de Salamanca 1585. Es el acusativo - que debe ponerse con propiedad gramatical; pero disuena algo a - causa del uso generalísimo del dativo _le_ por el acusativo, - cuando se trata de personas. - - [350] _Humor de sangre y de melancolía_ significa temperamento - sanguíneo y melancólico o bilioso. - - [351] _Sepamos de Juliano si es pájaro_, en vez de _sepamos si - Juliano es pájaro_, es un caso de _atracción_ del sujeto de la - proposición dependiente que se construye con el verbo principal; - como en griego y en latín: _rem vides quomodo se habeat_ (v. - DIEZ, _Gr._ III, 360.) - - [352] Nótese el uso que tiene el adverbio _como_; _como - recogiéndose_ no afirma que se recogiera sino que todo su aspecto - y semejanza era como la del que se recoge; _como enclavados_, - semejando enclavados; _como_ viene a ser en ambos ejemplos un - simple afijo o partícula prepositiva para denotar mera semejanza - con la voz que le sigue, sentido que se ve más claro si el _como_ - se refiere a un substantivo: «encontró Don Quijote con dos como - clérigos», «unos como joyeles» (v. BELLO, _Gramática_, § 1234 y - 1236). - - [353] _Cuando_ tiene muchas veces el valor de la frase adverbial - _aun cuando_. - - [354] En las interrogaciones indirectas la proposición secundaria - puede llevar su verbo en indicativo (como hoy es lo ordinario) o - en subjuntivo; aquí se diría hoy más bien: «cuán amable cosa es - la paz». En los siglos XVI y XVII era más común el subjuntivo, - «dícese qué cosa sea la paz, lo que valga la paz». - - [355] _Venirse a los ojos_ equivale a ‘saltar a la vista’ o - ‘presentarse’. - - [356] _Que_, conjunción causal, abreviada de _porque_. - - [357] Respecto al _como_ repetidas veces usado aquí para - denotar no el modo, sino la semejanza con ese modo, véase la - nota 352, de la pág. 167: _como mirándose_, semejando que se - miran. _Concertado por sus hileras_ se diría simplemente hoy: - «concertado por hileras» (o sea distribuído en hileras), sin el - posesivo; éste indica que el concierto les es a las estrellas - propio y natural. Es modismo antiguo; Don Alfonso el Sabio dice - «fabla el Arzobispo por su latín», es decir: en el latín que - usaba siempre al escribir. - - [358] Hoy este _como_ que denota semejanza no se suele usar - antepuesto a verbos y proposiciones enteras, sino después de - verbos que denotan una apreciación o figuración; es decir, - seguido de un _que_ enunciativo: «se me figuraba =como que= - querían acercarse aquellos hombres», «hace como que no quiere». - «=Como en cierta manera= se reverencian», sería hoy: «parece como - que se reverencian»; al fin de este trozo se repite este mismo - giro: =como en una cierta manera recuerda= = ‘parece como que - recuerda’. - - [359] Esta admirable descripción recuerda y amplía algunos versos - de la Oda XII del mismo autor, «Noche serena»: - - Quién mira el gran concierto - de aquestos resplandores eternales, - su movimiento cierto, - sus pasos desiguales, - y en proporción concorde tan iguales... - - [360] _Lanzar, echar pregón o voz_ se emplean por los simples - ‘pregonar’ o ‘vocear’. Compárese la concordancia _voz y pregón - lanzada_ con la que hallamos en la _Introducción al Símbolo de - la fe_ (pág. 142) y en el _Quijote_ (comienzo del extracto de la - parte II, capítulo 23). - - [361] _A cada_ se lee en la edición de Salamanca, 1585. Antes se - admitían más acusativos con preposición; hoy apenas se le pone - _a_ sino cuando el acusativo es nombre de persona determinada, - personificación, animal o nombre propio de lugar, así que se - diría «a poner cada una de sus partes». También se diría con - más rigor: «comienzan ellas a pacificarse y a poner sus partes - en orden», pues la acción reflexiva no se refiere para nada a - _poner_ y sí sólo a _pacificar_, por lo cual no debe agregarse - el pronombre reflexivo a _comienzan_, ya que este verbo rige lo - mismo a _poner_ que a _pacificar_. - - [362] Para el giro _como en cierta manera_, véase la nota 358, - pág. 168. _Acordarse y recordarse_ tenían, como se ve aquí, una - misma construcción y régimen (cfr. p. 145, n. 305). Hoy se - diferencia mucho, pues se dice _acordar-se de una cosa_ y - _recordar una cosa_. - - [363] El alma contemplando la hermosura de la noche estrellada - se acuerda de su primer origen que es celestial, se siente como - desterrada en este mundo y ve con claridad las alturas del otro. - Igual pensamiento expuso en verso el maestro León, y casi con - iguales palabras que aquí, salvo que no es el espectáculo de la - noche serena el que arroba el alma, sino la sublime música del - ciego Francisco Salinas: - - A cuyo son divino - mi alma, que en olvido está sumida, - torna a cobrar el tino - y memoria perdida - de su origen primera esclarecida. - Y como se conoce, - en suerte y pensamientos se mejora, - el oro desconoce - que el vulgo ciego adora, - la belleza caduca engañadora... - - [364] Esto es, «en que agradece como un servicio lo que debemos - hacer por nuestro provecho». - - [365] Hoy los pronombres personales átonos nunca se anteponen - al infinitivo, sino que se le posponen enclíticos. (V. BELLO - _Gram._ § 915). Fray Luis de Granada dice «que nadie sea osado a - la despertar». (_Guía de pec._ I. 16. § 1 B. AA. EE. VI, 61 _a_.) - Sólo como provincialismo se conserva la costumbre arcaica; en - Asturias, por ejemplo, se puede decir: «hay que lo dejar», «tengo - que os contar». - - [366] Este es antiguo defecto español atestiguado por algunos - extranjeros; el barón alemán Conrado de Bemelberg, que para - perfeccionarse en el castellano viajó por España ocho años - después de muerto Fray Luis, escribe en una carta, fecha en - agosto de 1599, dando cuenta a su padre de lo que le parecía - nuestra tierra: «quien en España quiere negociar, más que - ordinaria paciencia ha de tener, pues a mediodía tienen costumbre - de levantarse, y después de levantados ir a la misa, acabada la - cual se meten a comer, y después de la comida, o a jugar o a - dormir o pasearse a caballo por las calles». - - [367] En _sus pecados de ellos_ no es _de ellos_ un inútil - pleonasmo, sino que está exigido por la vaguedad del _su_, que - no determina si el poseedor es masculino o femenino, ni singular - o plural. Hoy esta doble indicación del posesivo no se conserva - sino cuando el poseedor es _usted_: «su padre de usted», «su casa - de usted». - - [368] Nótese la frase, no registrada en los Diccionarios: _hacer - honra y estado de una cosa_, ‘fundar en ella su condición y su - dignidad’. - - [369] _Vuestra merced_ se dirige a Doña María Varela Osorio, a la - cual dedicó su obra Fray Luis de León. - - [370] _Errar la letra_ es frase figurada; tómase en sentido - propio «equivocarse en la escritura o lectura», cuando se trata - de algún documento escrito, sobre cuya interpretación se discute. - El uso de esta expresión, u otras análogas, era muy corriente. - En la _Celestina_ (auto IX) se dice, hablando de las veces que - se debe beber: «Madre, pues _tres_ veces dicen que es lo bueno - y honesto todos los que escribieron.--Hijos, estará corrupta la - letra: por _trece, tres_.» (Véase _Rev. de Filología Española_, - IV, 50). - - [371] Homero calificó a la Aurora de _dedos de rosa_ y según él - todos los poetas clásicos; Ovidio llámala _rosea dea_ (_Ars. am._ - III. 84). Claro es que en el Renacimiento esta denominación era - un lugar común. Cervantes la llamó _rosada aurora_ (_Quijote_ I. - 2). - - [372] _Hacer plaza_ no está registrado en los diccionarios con el - sentido que aquí tiene de ‘hacer ostentación’. Sólo se le apunta - el significado de ‘sacar a la plaza o publicar una cosa’. - - [373] _Figura_ dice la edición de Salamanca 1586, pero debe ser - errata. - - - - -EL P. JUAN DE MARIANA - -(1536-1623) - - -Su _Historia de España_ latina salió a luz por primera vez en Toledo -en 1592; en la misma ciudad se publicó la primera edición romanceada -en 1601. - -La historiografía contaba ya en España con diestros investigadores, -que habían rectificado multitud de errores de la historia -tradicional, mediante el estudio crítico de crónicas, diplomas, -inscripciones, etc.; tales eran Garibay, Ambrosio de Morales, Zurita. -Mariana no se sentía inclinado a estas tareas, pues las suyas -habituales eran las del teólogo y moralista; sólo como ocupación -accesoria se dedicó a componer la Historia de España. Así que no -se propuso continuar los estudios especiales en averiguación de -la verdad, sino que, contentándose con lo hecho por otros, como -en sus obras echaba de menos el arte de la narración, no aspiraba -sino a vulgarizar lo estudiado por otros: _mi intento no fué hacer -historia, sino poner en orden y estilo lo que otros habían recogido_. -Su principal preocupación fué, pues, la narración agradable; escoge -en las diversas fuentes que maneja la versión de los hechos que -buenamente le parece más verdadera, y luego la expone sin reparo -crítico alguno; sucediendo más de una vez que la hermosura de un -relato fabuloso le atrae y le obliga a acogerlo sin expresar la menor -duda, pues lo que él pretendía era hacer, más que una historia -averiguada, una historia literaria y nacional, de la cual nada bello -y nada heroico debía ser excluído. Ciertamente que consiguió tal -propósito; su obra es hasta ahora el más digno monumento en honor de -la historia y tradiciones españolas, como lo es Tito Livio de las -romanas. - -En el estilo de esta obra se ven claramente influencias, tanto de -la índole personal del autor, como de sus lecturas habituales. La -entereza de carácter y la austeridad de pensamiento de Mariana se -reflejan en su narración histórica, a veces seca, pero que sabe -revestirse siempre de un aire de autoridad y decoro que, como dice -Capmany, «apenas distingue uno después si son las cosas o las -palabras las que aparecen grandes y majestuosas». Ni aun en las -arengas es declamador o retórico. - -Las habituales tareas de teólogo, político y moralista a que se -consagró Mariana, hacen que su narración, no sólo esté llena de -máximas y aforismos, según la costumbre general de los historiadores -de la época, sino que se desvíe, más o menos visiblemente, para -obligarla a correr por el cauce de las ideas filosóficas y sociales -del autor. - -Su cultura clásica le hace imitar a Tito Livio en la manera amplia -y tranquila de relatar, y a Tácito en las sentencias y reflexiones -con que moraliza constantemente el relato. Además, como Mariana -había escrito primero su obra en latín, de aquí que al romancearla -conservara algún dejo de construcción latina como el que apuntamos en -la nota de la página 193. - -En fin: la obligada lectura de crónicas castellanas de los siglos -XIV y XV le encariñó con el lenguaje viejo, y de ellas se le pegaron -multitud de arcaísmos, como: _aína_ ‘presto, luego’; _al_ ‘otro’, -_asaz_ ‘bastante, harto’; _ca_ ‘porque’, muy usado por Mariana, y -algo también por Fray Luis de Granada; _dende_ ‘desde allí’, _hobo_ -‘hubo’, _maguer_ ‘aunque’, _suso_ ‘arriba’. Sin duda esto tenía por -objeto revestir así el lenguaje de un aspecto más venerable. Razón -tenía Saavedra Fajardo al decir en su _República literaria_ que así -como otros se tiñen las barbas por parecer mozos, Mariana se las -teñía por hacerse viejo. Lo cierto es que con ser la _Historia de -España_ treinta años posterior a la _Guerra de Granada_ de Mendoza, -representa un lenguaje mucho más antiguo. Este no es defecto especial -de Mariana, quien sabe mantener en un límite prudente el arcaísmo; -las Crónicas ejercían tal atractivo sobre los que las leían, que -los poetas que sacaban de ellas romances o comedias, solían imitar -su lenguaje arcaico con mucha más exageración que a Mariana, pues -llegaban a escribir sus versos contrahaciendo la _fabla antigua_. - -Además del arcaísmo prudentemente manejado, se observa en Mariana -alguna otra afectación; sobre todo un particular estudio para -huir del uso del gerundio, forma verbal de que tanto abusan las -malas narraciones; en su lugar, Mariana emplea con preferencia -el participio oracional. Fuera de esto, el estilo de Mariana se -distingue por una gran llaneza y naturalidad, y por una construcción -ligera que prefiere la nueva yuxtaposición de las cláusulas a -englobarlas con relación de dependencia[374]. - - - HISTORIA DE ESPAÑA - LIBRO XVII, CAPÍTULO XIII - - Muerte del Rey Don Pedro el Cruel, 22 ó 23 marzo, 1369. En el - capítulo anterior contó Mariana cómo Don Enrique, vuelto de - Francia, allegó en rededor suyo muchos partidarios; le recibieron - por Rey Burgos y otras ciudades, y cercó a Toledo que aún se - mantenía por Don Pedro. - -El Rey Don Pedro, desamparado de los que le podían ayudar, y -sospechoso de los demás, lo que sólo le restaba, se resolvió de -aventurarse, encomendarse a sus manos y ponerlo todo en el trance y -riesgo de una batalla; sabía muy bien que los reinos se sustentan y -conservan más con la fama y reputación que con las fuerzas y armas. -Teníale con gran cuidado el peligro de la real ciudad de Toledo; -estaba aquejado y pensaba cómo mejor podría conservar su reputación. -Esto le confirmaba más en su propósito de ir en busca de su enemigo -y dalle[375] la batalla. Procuráronselo estorbar los de Sevilla; -decíanle que se destruía y se iba derecho a despeñar; que lo mejor -era tener sufrimiento, reforzar su ejército y esperar las gentes -que cada día vendrían de sus amigos y de los pueblos que tenían -su voz[376]. Esto que le aconsejaban era lo que en todas maneras -debiera seguir, si no le cegaran la grandeza de sus maldades y la -divina justicia, que estaba ya determinada de muy presto castigallas. -Estando en este aprieto, sucedióle otro desastre, y fué que Vitoria, -Salvatierra y Logroño, que eran de su obediencia, fatigadas de las -armas del Rey de Navarra[377], y por falta de socorro por estar -Don Pedro tan lejos, se entregaron al Navarro. Ayudó a esto Don -Tello[378], el cual, si estaba mal con Don Pedro, no era amigo de su -hermano Don Enrique, y así se estaba a la mira[379] en Vizcaya, sin -querer ayudar a ninguno de los dos. - -Proseguíase en este comedio el cerco de Toledo. Y como quier que -aquella ciudad estuviese, como dijimos, dividida en aficiones, -algunos de los que favorecían a Don Enrique intentaron de -apoderalle[380] de una torre del muro de la ciudad que miraba al -real, que se dice la torre de los Abades. Como no le sucediese[381] -esta traza, procuraron dalle entrada en la ciudad por el puente de -San Martín[382], sobre lo cual los del un bando y del otro vinieron a -las manos, en que sucedieron algunas muertes de ciudadanos. - -Sabidas estas revueltas por el Rey Don Pedro, dióse muy mayor priesa -a irla a socorrer, por no hallalla perdida cuando llegase. Para ir -con menor cuidado mandó recoger sus tesoros, y con sus hijos Don -Sancho y Don Diego llevallos a Carmona, que es una fuerte y rica -villa del Andalucía, y está cerca de Sevilla. Hecho esto, juntó -arrebatadamente su ejército y aprestó su partida para el reino de -Toledo. Llevaba en su campo tres mil hombres de a caballo; pero la -mitad de ellos, ¡mal pecado![383], eran moros, y de quien no se -tenía entera confianza, ni se esperaba que pelearían con aquel brío -y gallardía que fuera necesario. Dícese que al tiempo de su partida -consultó a un moro sabio de Granada, llamado Benagatin, con quien -tenía mucha familiaridad, y que el moro le anunció su muerte por una -profecía de Merlín[384], hombre inglés que vivió antes deste tiempo, -como cuatrocientos años. La profecía contenía estas palabras: «En las -partes de occidente, entre los montes y el mar, nacerá una ave negra, -comedora y robadora, y tal, que todos los panales del mundo querrá -recoger en sí, y todo el oro del mundo querrá poner en su estómago, y -después gormarlo ha[385], y tornará atrás. Y no perecerá luego por -esta dolencia, caérsele han las péñolas, y sacarle han las plumas -al sol, y andará de puerta en puerta y ninguno la querrá acoger, y -encerrarse ha en la selva y allí morirá dos veces: una al mundo, y -otra a Dios, y desta manera acabará.» Esta fué la profecía, fuese -verdadera o ficción, de un hombre vanísimo que le quisiese burlar; -como quiera que fuese, ella se cumplió dentro de muy pocos días. - -El Rey Don Pedro, con la hueste que hemos dicho, bajó del Andalucía -a Montiel, que es una villa en la Mancha y en los Oretanos antiguos, -cercada de muralla, con su pretil, torres y barbacana, puesta en -un sitio fuerte y fortalecida con un buen castillo. Sabida por Don -Enrique la venida de Don Pedro, dejó a Don Gómez Manrique, Arzobispo -de Toledo, para que prosiguiese el cerco de aquella ciudad, y él, -con dos mil y cuatrocientos hombres de a caballo, por no esperar -el paso de la infantería, partió con gran priesa en busca de Don -Pedro. Al pasar por la villa de Orgaz, que está a cinco leguas de -Toledo, se juntó con él Beltrán Claquin[386] con seiscientos caballos -extranjeros que traía de Francia; importantísimo socorro y a buen -tiempo, porque eran soldados viejos y muy ejercitados y diestros en -pelear. Llegaron al tanto[387] allí Don Gonzalo Mejía, maestre de -Santiago, y Don Pedro Muñiz[388], maestre de Calatrava, y otros -señores principales que venían con deseo de emplear sus personas -en la defensa y libertad de su patria. Partió Don Enrique con esta -caballería; caminó toda la noche, y al amanecer dieron vista a los -enemigos, antes que tuviesen nuevas ciertas que eran partidos de -Toledo. - -Ellos, cuando vieron que estaba tan cerca Don Enrique, tuvieron gran -miedo, y pensaron no hobiese alguna traición y trato para dejarlos -en sus manos; a esta causa[389] no se fiaban los unos de los otros. -Recelábanse también de los mismos vecinos de la villa. Los capitanes, -con mucha priesa y turbación, hicieron recoger los más de los -soldados que estaban alojados en las aldeas cerca de Montiel; muchos -dellos desampararon las banderas de miedo o por el poco amor y menos -gana con que servían. - -Al salir del sol formaron sus escuadrones de ambas partes y animaron -sus soldados a la batalla. Don Enrique habló a los suyos en esta -sustancia[390]: «Este día, valerosos compañeros, nos ha de dar -riquezas, honra y reino, o nos lo ha de quitar. No nos puede suceder -mal, porque de cualquiera manera que nos avenga, seremos bien -librados; con la muerte, saldremos de tan inmensos e intolerables -afanes como padecemos; con la victoria, daremos principio a la -libertad y descanso, que tanto tiempo ha deseamos. No podemos -entretenernos ya más; si no matamos a nuestro enemigo, él nos ha de -hacer perecer de[391] tal género de muerte, que la ternemos[392] -por dichosa y dulce si fuere ordinaria, y no con crueles y bárbaros -tormentos. La naturaleza nos hizo gracia de la vida con un necesario -tributo, que es la muerte; ésta no se puede excusar; empero los -tormentos, las deshonras, afrentas e injurias, evitarálas vuestro -esfuerzo y valor. Hoy alcanceréis una gloriosa victoria, o quedaréis -como honrados y valerosos tendidos en el campo. No vean tal mis -ojos; no permita vuestra bondad, Señor, que perezcan tan virtuosos -y leales caballeros. Mas ¿qué muerte tan desastrada y miserable -nos puede venir que sea peor que la vida acosada que traemos? No -tenemos guerra con enemigo que nos concederá partidos razonables, -ni aun una tolerable servidumbre, cuando queramos ponernos en sus -manos; ya sabéis su increíble crueldad, y tenéis bien a vuestra costa -experimentado cuán poca seguridad hay en su fe y palabra. No tiene -mejor fiesta, ni más alegre[393], que la que solemniza con sangre y -muertes, con ver destrozados los hombres delante de sus ojos. ¿Por -ventura habémoslo[394] con algún malvado y perverso tirano, y no -con una inhumana y feroz bestia, que parece ha sido agarrochada en -la leonera para que de allí con mayor braveza salga a hacer nuevas -muertes y destrozos? Confío en Dios, y en su apóstol Santiago, que -ha caído en la red que nos tenía tendida y que está encerrado, donde -pagará la cruel carnicería que en nos[395] tiene hecha; mirad, mis -soldados, no se os vaya; detenedla, no la dejéis huir, no quede -lanza ni espada que no pruebe en ella sus aceros. Socorred, por -Dios, a nuestra miserable patria, que la tiene desierta y asolada; -vengad la sangre que ha derramado de vuestros padres, hijos, amigos -y parientes. Confiad en nuestro Señor, cuyos sagrados ministros -sacrílegamente ha muerto, que os favorecerá para que castiguéis tan -enormes maldades, y le hagáis un agradable sacrificio de la cabeza de -un tal monstruo horrible y fiero tirano»[396]. - -Acabada la plática, luego con gran brío y alegría arremetieron a -los enemigos; hirieron en ellos con tan gran denuedo, que sin poder -sufrir este primer ímpetu en un momento fueron desbaratados. Los -primeros huyeron los moros[397], los castellanos resistieron algún -tanto; mas como se viesen perdidos y desamparados, se recogieron, -con el Rey Don Pedro, en el castillo de Montiel. Murieron muchos -de los moros en la batalla, muchos más fueron los que perecieron -en el alcance[398]; de los cristianos no murió sino sólo un -caballero[399]. Ganóse esta victoria un miércoles, catorce días de -marzo del año de 1369. - -Don Enrique, visto cómo Don Pedro se encerró en la villa, a la -hora la hizo cercar de una horma (pared de piedra seca) con gran -vigilancia porque no se les pudiese escapar. Comenzaron los cercados -a padecer falta de agua y de trigo, ca lo poco que tenían les dañó -de industria[400], a lo que parece, algún soldado de los de dentro, -deseoso de que se acabase presto el cerco. Don Pedro, entendido el -peligro en que estaba, pensó cómo podría huirse del castillo más a -su salvo[401]. Hallábase con él un caballero que le era muy leal, -natural de Trastamara, decíase Men Rodríguez[402] de Sanabria; por -medio deste hizo a Beltrán Claquin una gran promesa de villas y -castillos y de docientas mil doblas castellanas, a tal que, dejado -a Don Enrique, le favoreciese y le pusiese en salvo. Extrañó esto -Beltrán; decía que si tal consintiese, incurriría en perpetua infamia -de fementido y traidor; mas como todavía Men Rodríguez le instase, -pidióle tiempo para pensar en tan grande hecho. Comunicado el negocio -secretamente con los amigos de quien más se fiaba, le aconsejaron -que contase a Don Enrique todo lo que en este caso pasaba; tomó su -consejo. Don Enrique le agradeció mucho su fidelidad, y con grandes -promesas[403] le persuadió a que con trato doble hiciese venir a Don -Pedro a su posada, y le prometiese haría lo que deseaba. Concertaron -la noche; salió Don Pedro de Montiel armado sobre un caballo con -algunos caballeros que le acompañaban; entró en la estancia de -Beltrán Claquin con más miedo que esperanza de buen suceso. El recelo -y temor que tenía dicen se le aumentó un letrero que leyó poco antes, -escrito en la pared de la torre del homenaje del castillo de Montiel, -que contenía estas palabras: _Esta es la torre de la Estrella_. Ca -ciertos astrólogos le pronosticaron que moriría en una torre deste -nombre. Ya sabemos cuán grande vanidad sea la destos adevinos, y -cómo después de acontecidas las cosas se suelen fingir semejantes -consejas. Lo que se refiere que le pasó con un judío médico es cosa -más de notar. Fué así, que por la figura de su nacimiento le había -dicho que alcanzaría nuevos reinos y que sería muy dichoso. Después, -cuando estuvo en lo más áspero de sus trabajos, díjole: «cuán mal -acertastes en vuestros pronósticos», respondió el astrólogo: «aunque -más hielo caiga del cielo, de necesidad el que está en el baño ha de -sudar.» Dió por estas palabras a entender que la voluntad y acciones -de los hombres son más poderosas que las inclinaciones de las -estrellas[404]. - -Entrado pues Don Pedro en la tienda de Don Beltrán, díjole que ya -era tiempo que se fuesen. En esto entró Don Enrique armado; como vió -a Don Pedro, su hermano, estuvo un poco sin hablar como espantado; -la grandeza del hecho le tenía alterado y suspenso, o no le conocía -por los muchos años que no se vieran. No es menos sino que los que -se hallaron presentes estaban entre miedo y esperanza vacilando. Un -caballero francés dijo a Don Enrique, señalando con la mano a Don -Pedro: «mirad que ese es vuestro enemigo.» Don Pedro con aquella -natural ferocidad que tenía, respondió dos veces: «yo soy, yo soy.» -Entonces Don Enrique sacó su daga y dióle una herida con ella en -el rostro. Vinieron luego a los brazos, cayeron ambos en el suelo; -dicen que Don Enrique debajo, y que con ayuda de Beltrán, que les -dió vuelta y le puso encima, le pudo herir de muchas puñaladas, con -que le acabó de matar. Cosa que pone grima, un rey, hijo y nieto de -reyes, revolcado en su sangre derramada por la mano de un su hermano -bastardo. ¡Extraña hazaña! - -A la verdad, cuya[405] vida fué tan dañosa para España, su muerte le -fué saludable; y en ella se echa bien de ver que no hay ejércitos, -poder, reinos ni riquezas que basten a tener seguro a un hombre que -vive mal e insolentemente. Fué este un extraño ejemplo para que en -los siglos venideros tuviesen que considerar, se admirasen y temiesen -y supiesen también que las maldades de los príncipes las castiga -Dios, no solamente con el odio y mala voluntad con que mientras viven -son aborrecidos, ni sólo con la muerte, sino con la memoria de las -historias, en que son eternamente afrentados y aborrecidos por todos -aquellos que las leen, y sus almas sin descanso serán para siempre -atormentadas. - - - LIBRO XIX, CAPÍTULO XV - - Es alzado por Rey de Castilla Don Juan II. Abnegación de su tío - Don Fernando de Antequera. - -Hecho el enterramiento y las exequias del Rey Don Enrique con la -magnificencia que era razón y con toda representación de majestad y -tristeza, los grandes se comunicaron para nombrar sucesor y hacer -las ceremonias y homenajes que en tal caso se acostumbran. No eran -conformes los pareceres, ni todos hablaban de una misma manera. A -muchos parecía cosa dura y peligrosa esperar que un infante de veinte -y dos meses tuviese edad competente para encargarse del gobierno. -Acordábanse de la minoridad de los reyes pasados, y de los males que -por esta causa se padecieron por todo aquel tiempo. Leyóse en público -el testamento del Rey difunto, en que disponía y dejaba mandado que -la Reina, su mujer[406], y el Infante Don Fernando, su hermano, se -encargasen del gobierno del reino y de la tutela del Príncipe. A -Diego López de Zúñiga y Juan de Velasco encomendó la crianza y la -guarda del niño; la enseñanza a Don Pablo, Obispo de Cartagena, -para que en las letras fuese su maestro, como era ya su chanciller -mayor, hasta tanto que el Príncipe fuese de edad de catorce años. -Ordenó otrosí que los tres atendiesen sólo al cuidado que se les -encomendaba, y no se empachasen en el gobierno del reino. - -Algunos pretendían que todas estas cosas se debían alterar; alegaban -que el testamento se hizo un día antes de la muerte del Rey cuando -no estaba muy entero, antes tenía alterada la cabeza y el sentido; -que no era razón por ningún respeto dejar el reino expuesto a las -tempestades que forzosamente por estas causas se levantarían. Desto -se hablaba en secreto, desto en público en las plazas y corrillos. -Verdad es que ninguno se adelantaba a declarar la traza que se -debía tener para evitar aquellos inconvenientes; todos estaban a la -mira, ninguno se quería aventurar a ser el primero. Todos ponían -mala voz[407] en el testamento y lo dispuesto en él; pero cada cual -asimismo temía de ponerse a riesgo de perderse si se declaraba -mucho. Ofrecíaseles que el infante Don Fernando los podría sacar -de la congoja en que estaban y de la cuita[408], si se quisiese -encargar del reino; mas recelábase que no vendría en esto por ser -de su natural templado, manso y de gran modestia, virtudes que cada -cual les daba el nombre[409] que le parecía, quién de miedo, quién -de flojedad, quién de corazón estrecho; finalmente, de los vicios -que más a ellas se semejan. La ausencia de la Reina y ser mujer -y extranjera daba ocasión a estas pláticas. Estaba a la sazón en -Segovia con sus hijos cubierta de luto y de tristeza, así por la -muerte de su marido, como por el recelo que tenía en qué pararían -aquellas cosas[410] que se removían en Toledo. - -Los grandes, comunicado el negocio entre sí, al fin determinaron -dar un tiento al infante Don Fernando. Tomó la mano Don Ruy López -Dávalos por la autoridad que tenía de condestable y por estar más -declarado que ninguno de los otros. Pasaron en secreto muchas -razones primero; después, en presencia de otros de su opinión, le -hizo para animalle, que se mostraba muy tibio, un razonamiento muy -pensado desta sustancia: «Nos, señor, os convidamos con la corona -de vuestros padres y abuelos, resolución cumplidera[411] para el -reino, honrosa para vos, saludable para todos. Para que la oferta -salga cierta, ninguna otra cosa falta sino vuestro consentimiento; -ninguno será tan osado que haga contradicción a lo que tales -personajes acordaron. No hay en nuestras palabras engaño ni lisonja. -Subir a la cumbre del mando y del señorío por malos caminos, es cosa -fea; mas desamparar al reino que de su voluntad se os ofrece y se -recoge al amparo de vuestra sombra en el peligro, mirad no parezca -flojedad y cobardía. La naturaleza de la potestad real y su origen, -enseñan bastantemente que el cetro se puede quitar a uno y dar a -otro, conforme a las necesidades que ocurren. Al principio del mundo -vivían los hombres derramados por los campos a maneras de fieras; no -se juntaban en ciudades ni en pueblos; solamente cada cual de las -familias reconocía y acataba al que entre todos se aventajaba en la -edad y en la prudencia. El riesgo que todos corrían de ser oprimidos -de los más poderosos y las contiendas que resultaban con los extraños -y aun entre los mismos parientes, fueron ocasión que se juntasen unos -con otros, y para mayor seguridad se sujetasen y tomasen por cabeza -al que entendían con su valor y prudencia los podría amparar[412] -y defender de cualquier agravio y demasía. Este fué el origen que -tuvieron los pueblos, éste el principio de la majestad real[413], la -cual por entonces no se alcanzaba por negociaciones ni sobornos; la -templanza, la virtud y la inocencia prevalecían. Asimismo no pasaba -por herencia de padres a hijos; por voluntad de todos y de entre -todos se escogía el que debía suceder al que moría. El demasiado -poder de los reyes hizo que heredasen las coronas los hijos, a veces -de pequeña edad, de malas y dañadas costumbres. ¿Qué cosa puede ser -más perjudicial que entregar a ciegas y sin prudencia al hijo, sea el -que fuere, los tesoros, las armas, las provincias, y lo que se debía -a la virtud y méritos de la vida, dallo al que ninguna muestra ha -dado de tener bastantes prendas? No quiero alargarme más en esto ni -valerme de ejemplos antiguos para prueba de lo que digo. Todavía es -averiguado que por la muerte del Rey Don Enrique el Primero sucedió -en esta corona, no Doña Blanca, su hermana mayor, que estaba casada -en Francia, sino Doña Berenguela, acuerdo muy acertado, como lo -mostró la santidad y perpetua felicidad de Don Fernando, su hijo. -El hijo menor del Rey Don Afonso el Sabio la ganó a los hijos de su -hermano mayor el Infante Don Fernando, porque con sus buenas partes -daba muestras de Príncipe valeroso. ¿Para qué son cosas antiguas? -Vuestro abuelo el Rey Don Enrique quitó el reino a su hermano y -privó a las hijas de la herencia de su padre; que si no se pudo -hacer, será forzoso confesar que los Reyes pasados no tuvieron -justo título. Los años pasados en Portugal el maestre de Avis se -apoderó de aquel reino, si con razón, si tiránicamente, no es deste -lugar apurallo; lo que se sabe es que hasta hoy le ha conservado y -mantenídose en él contra todo el poder de Castilla. De menos tiempo -acá dos hijas del Rey Don Juan de Aragón perdieron la corona de su -padre, que se dió a Don Martín, hermano del difunto, si bien estaba -ausente y ocupado en allanar a Sicilia; que siempre se tuvo por -justo mudase la comunidad y el pueblo conforme a la necesidad que -ocurriese, lo que ella misma estableció por el bien común de todos. -Si convidáramos con el mando a alguna persona extraña, sin nobleza, -sin partes, pudiérase reprehender nuestro acuerdo. ¿Quién tendrá -por mal que queramos por Rey un Príncipe de la alcuña[414] real de -Castilla, y que en vida de su hermano tenía en su mano el gobierno? -Mirad, pues, no se atribuya antes a mal no hacer caso ni responder -a la voluntad que grandes y pequeños os muestran, y por excusar el -trabajo y la carga desamparar a la patria común, que de verdad, -tendidas las manos, se mete debajo las alas y se acoge al abrigo de -vuestro amparo en el aprieto en que se halla. Esto es finalmente -lo que todos suplicamos; que encargaros uséis en el gobierno -destos reinos de la templanza a vos acostumbrada y debida, no será -necesario.» - -Después destas razones los demás grandes que presentes estaban se -adelantaron, cada cual por su parte, para suplicalle aceptase. No -faltó quien alegase profecías y revelaciones y pronósticos del cielo -en favor de aquella demanda. A todo esto el Infante, con rostro -mesurado y ledo[415], replicó y dijo no era de tanta codicia ser Rey -que se hobiese de menospreciar la infamia que resultaría contra él de -ambicioso e inhumano, pues despojaba un niño inocente y menospreciaba -la Reina viuda y sola[416], a cuya defensa toda buena razón le -obligaba, demás de las alteraciones y guerras que forzosamente en -el reino sobre el caso se levantarían. Que les agradecía aquella -voluntad y el crédito que mostraban tener de su persona; pero que en -ninguna cosa les podía mejor recompensar aquella deuda que en dalles -por Rey y señor al hijo de su hermano, su sobrino, por cuyo respeto -y por el procomún de la patria él no se quería excusar de ponerse a -cualquier riesgo y fatiga y encargarse del gobierno, según que el -Rey, su hermano, lo dejó dispuesto; solo, en ninguna manera se podría -persuadir de tomar aquel camino agrio y áspero que le mostraban. - -Concluído esto, poco después juntó los señores y prelados en la -capilla de Don Pedro Tenorio, que está en el claustro de la iglesia -mayor. El condestable Don Ruy López, por si acaso había mudado de -parecer, le preguntó allí en público a quién quería alzasen por Rey. -El, con semblante demudado, respondió en voz alta: «¿A quién, sino al -hijo de mi hermano?» Con esto levantaron los estandartes, como es de -costumbre, por el Rey Don Juan el Segundo, y los reyes de armas le -pregonaron por Rey, primero en aquella junta, y consiguientemente por -las calles y plazas de la ciudad. - -Gran crédito ganó de modestia y templanza el Infante Don Fernando -en menospreciar lo que otros por el fuego y por hierro pretenden. -Los mismos que le insistieron aceptase el reino, no acababan de -engrandecer su lealtad, camino por el cual[417] se enderezó a -alcanzar otros muy grandes reinos que el cielo por sus virtudes le -tenía reservados. Fué la gloria de aquel hecho tanto más de estimar, -que su hermano al fin de su vida andaba con él torcido y no se le -mostraba favorable. - - - LIBRO XX, CAPÍTULOS II Y IV - - Muerto sin sucesión el Rey aragonés Don Martín, es elegido por - sucesor Don Fernando de Antequera. - -Los catalanes, aragoneses y valencianos, naciones y provincias que -se comprehenden debajo la Corona de Aragón, se juntaban cada cual de -por sí para acordar lo que se debía hacer en el punto de la sucesión -de aquel reino y cuál de los pretensores les vendría más a cuento. -Los pareceres no se conformaban, como es ordinario, y mucho menos las -voluntades. Cada cual de los pretendientes tenía sus valedores y sus -aliados, que pretendían sobre todo echar cargo y obligarse al nuevo -Rey[418] con intento de encaminar sus particulares, sin cuidar mucho -de lo que en común era más cumplidero. - -Los catalanes por la mayor parte acudían al conde de Urgel, en -que[419] se señalaban sobre todos los Cardonas y los Moncadas, casas -de las más principales; y aun entre los aragoneses, los de Alagón -y los de Luna se les arrimaban; en que pasaron tan adelante, que -Antonio de Luna, por salir con su intento, dió la muerte a Don García -de Heredia, Arzobispo de Zaragoza, con una celada que le paró[420] -cerca de Almunia, no por otra causa, sino por ser el que más que -todos se mostraba contra el conde de Urgel y abatía su pretensión. -Pareció este caso muy atroz, como lo era. Declararon al que lo -cometió por sacrílego[421] y descomulgado, y aun fué ocasión que -el partido del conde de Urgel empeorase; muchos por aquel delito -tan enorme se recelaban de tomar por Rey aquel cuyo principio tales -muestras daba. Los nobles de Aragón asimismo acudieron a las armas, -unos para vengar la muerte del Arzobispo; otros para amparar el -culpado. Era necesario abreviar por esta causa y por nuevos temores -que cada día se representaban: asonadas de guerra por la parte de -Francia y de Castilla, compañías de soldados que se mostraban a la -raya para usar de fuerza si de grado no les daban el reino. Las tres -provincias entre sí se comunicaron sobre el caso por medio de sus -embajadores que en esta razón despacharon. Gastáronse muchos días en -demandas y respuestas; finalmente se convinieron de común acuerdo -en esta traza: que se nombrasen nueve jueces por todos, tres de -cada cual de las naciones; éstos se juntasen en Caspe, castillo de -Aragón, para oir las partes y lo que cada cual en su favor alegase; -hecho esto y cerrado el proceso, procediesen a sentencia; lo que -determinasen por lo menos los seis de ellos, con tal, empero, que -de cada cual de las naciones concurriese un voto, aquello fuese -valedero y firme. Tomado este acuerdo, los de Aragón nombraron por -su parte a Don Domingo, Obispo de Huesca, y a Francisco de Aranda -y a Berenguel de Bardax[422]. Los catalanes señalaron a Sagariga, -Arzobispo de Tarragona, y a Guillén de Valseca y a Bernardo Gualbe. -Por Valencia entraron en este número Fray Vicente Ferrer, de la orden -de Santo Domingo, varón señalado en santidad y púlpito, y su hermano -Fray Bonifacio Ferrer, cartujano, y por tercero Pedro Beltrán[423]. -Resolución maravillosa y nunca oída, que pretendiesen por juicio de -pocos hombres, y no de los más poderosos, dar y quitar un reino tan -importante. - -Los jueces, luego que aceptaron el nombramiento, se juntaron y -despacharon sus edictos, por los cuales citaron los pretensores -con apercibimiento, si no comparecían en juicio, de tenellos por -excluídos de aquella demanda. Vinieron algunos; otros enviaron sus -procuradores... - -Luego que el negocio de la sucesión estuvo bien sazonado, y oídas -las partes y sus alegaciones, se concluyó y cerró el proceso[424]; -los jueces confirieron entre sí lo que debían sentenciar. Tuvieron -los votos secretos y la gente toda suspensa con el deseo que tenían -de saber en qué pararía aquel debate. Para los autos necesarios, -delante la iglesia de aquel pueblo hicieron levantar un cadahalso -muy ancho para que cupiesen todos, y tan alto que de todas partes se -podía ver lo que hacían; celebró la misa el Obispo de Huesca, como se -acostumbra en actos semejantes. Hecho esto, salieron los jueces de -la iglesia, que se asentaron en lo más alto del tablado, y en otra -parte los embajadores de los príncipes y los procuradores de los que -pretendían. Hallóse presente el Pontífice Benedicto[425], que tuvo -en todo gran parte. A Fray Vicente Ferrer, por su santidad y grande -ejercicio que tenía en predicar, encargaron el cuidado de razonar -al pueblo y publicar la sentencia. Tomó por tema de su razonamiento -aquellas palabras de la escritura: «_Gocémonos y regocijémonos y -démosle gloria porque vinieron las bodas del cordero_[426]. Después -de la tempestad y de los torbellinos pasados abonanza el tiempo y -se sosiegan las olas bravas del mar, con que nuestra nave, bien -que desamparada de piloto, finalmente, caladas las velas, llega al -puerto deseado. Del templo, no de otra manera que de la presencia -del gran Dios, ni con menor devoción que poco antes delante los -altares se han hecho plegarias por la salud común, venimos a hacer -este razonamiento. Confiamos que con la misma piedad y devoción -vos también oiréis nuestras palabras. Pues se trata de la elección -del Rey; ¿de qué cosa se pudiera más a propósito hablar que de su -dignidad y de su majestad, si el tiempo diera lugar a materia tan -larga y que tiene tantos cabos? Los reyes sin duda están puestos en -la tierra por Dios para que tengan sus veces, y como vicarios suyos -le semejen en todo. Debe, pues, el Rey en todo género de virtud -allegarse lo más cerca que pudiere y imitar la bondad divinal. Todo -lo que en los demás se halla de hermoso y honesto es razón que él -sólo en sí lo guarde y lo cumpla. Que de tal suerte se aventaje a sus -vasallos, que no le miren como hombre mortal, sino como a venido del -cielo para bien de todo su reino. No ponga los ojos en sus gustos ni -en su bien particular, sino días y noches se ocupe en mirar por la -salud de la república y cuidar del procomún. Muy ancho campo se nos -abría para alargarnos en este razonamiento; pero, pues el Rey está -ausente, no será necesario particularizar esto más. Sólo servirá para -que los que estáis presentes tengáis por cierto que en la resolución -que se ha tomado se tuvo muy particular cuenta con esto: que en el -nuevo Rey concurran las partes de virtud, prudencia, valor y piedad -que se podían desear. Lo que viene más a propósito es exhortaros a -la obediencia que le debéis prestar y a conformaros con la voluntad -de los jueces, que os puedo asegurar es la de Dios, sin la cual todo -el trabajo que se ha tomado sería en vano, y de poco momento la -autoridad del que rige y manda, si los vasallos no se le humillasen. -Pospuestas, pues, las aficiones particulares, poned las mientes en -Dios y en el bien común; persuadíos que aquel será mejor príncipe -que con tanta conformidad de pareceres y votos, cierta señal de la -voluntad divina, os fuere dado. Regocijáos y alegráos; festejad este -día con toda muestra de contento. Entended que debéis al santísimo -Pontífice, que presente está para honrar y autorizar este auto, y -a los jueces muy prudentes, por cuya diligencia y buena maña se ha -llevado al cabo sin tropiezo un negocio, el más grave que se puede -pensar, cuanto cada cual de vos a sus mismos padres que os dieron el -ser y os engendraron.» - -Concluídas estas razones y otras en esta sustancia, todos estaban -alerta esperando con gran suspensión y atención el remate deste -auto y el nombramiento del Rey. Él mismo en alta voz pronunció la -sentencia dada por los jueces, que llevaba por escrito. Cuando llegó -al nombre de Don Fernando, así él mismo, como todos los demás que -presentes se hallaron, apenas por la alegría se podían reprimir, -ni por el ruido oir unos a otros. El aplauso y vocería fué cual se -puede pensar. Aclamaban para el nuevo Rey, vida, victoria y toda -buenandanza. Mirábanse unos a otros, maravillados como si fuera -una representación de sueño. Los más no acababan de dar crédito -a sus orejas; preguntaban a los que cerca les caían quién fuese -el nombrado. Apenas se entendían unos a otros; que el gozo cuando -es grande impide los sentidos que no puedan atender ni hacer sus -oficios. Los músicos, que prestos estaban, a la hora cantaron con -toda solemnidad, como se acostumbra, en acción de gracias, el himno -_Te Deum laudamus_. - -Hízose este acto tan señalado prostero del mes de junio, el cual -concluído, despacharon embajadores para avisar al Infante Don -Fernando y acucialle[427] la venida. Hallábase él, a la sazón, en -Cuenca, cuidadoso del remate en que pararían estos negocios. - - -NOTAS - - [374] Véase G. CIROT, _Mariana historien_, 1915, p. 366. - - [375] _Dalle_ por _dar-le_. En los siglos XVI y XVII la _r_ final - del infinitivo se solía convertir en _l_ ante la _l_ inicial - del pronombre enclítico, y así se decía _decillo_, _servilla_, - _escribilles_, _mostrallas_, etc. - - [376] _Tener voz de uno_ equivalía a ‘seguir su causa’, ‘mantener - su derecho’, pues _voz_ significó el derecho o el título que - alguno tiene sobre alguna cosa. - - [377] Este rey era Carlos II. - - [378] Hijo menor de Don Alfonso XI y Doña Leonor de Guzmán. Casó - en 1353 con Doña Juana de Lara, asesinada por orden de Don Pedro. - Luego, Don Enrique le instituyó heredero del condado de Vizcaya y - del señorío de Lara, como viudo de Doña Juana. - - [379] En vez de _se estaba a la mira_, ponen algunas ediciones - modernas _se entretenía_, y diez veces más eliminan el verbo - _estar_ en los fragmentos de Mariana que aquí se publican. La - repetición de vocablos no era entonces defecto tan molesto como - hoy lo es; en el párrafo siguiente nótese la repetición del verbo - _suceder_ con dos acepciones diferentes. - - [380] Hoy úsase como activo _apoderar_ sólo en el sentido de - «dar poder a una persona para que represente en juicio a otra»; - antiguamente significaba «poner en posesión de algo, hacer dueño» - y Mariana lo emplea mucho, por más que en su tiempo ya era poco - frecuente. El real o campo de Don Enrique estaba en la Vega; la - _Torre de los Abades_ (en el Paseo de la Vega Alta, cerca de la - Puerta del Cambrón) fué efectivamente ocupada por soldados de Don - Enrique, pero los partidarios de Don Pedro le pegaron fuego para - rescatarla. El relato circunstanciado de estos hechos se halla en - la Crónica del Canciller Don Pero López de Ayala, contemporáneo - de Don Pedro; Mariana le sigue paso a paso, abreviándole. - - [381] Nótese el significado (no registrado en el Diccionario - de la Academia) del verbo _suceder_, ‘tener feliz éxito’; - respondiendo al significado de _suceso_ ‘éxito’. Este significado - tiene en latín _succedere_ y _successus_ (res succedit, successus - rerum). En otras ediciones se pone _les sucediese_, que parece - mejor lección. - - [382] Los de Don Pedro quitaron las llaves del arco del puente - y éste duró caído hasta que lo reedificó el Arzobispo Don Pedro - Tenorio en tiempo de Felipe II. El _Puente de San Martín_ al - Oeste y el de _Alcántara_ al Este, son las dos entradas que - Toledo tiene por la parte del río. - - [383] _¡Mal pecado!_ es una exclamación anticuada de indignación - o enojo. Los moros, que seguían a Don Pedro, eran de Granada, - cuyo Rey Mohamad fué aliado de Don Pedro. - - [384] Sobre las profecías de Merlín, v. adelante la nota al - _Quijote_ p. II, cap. 23. Claro es que ésta es una de tantas - profecías forjadas en tono solemne después que han sucedido los - sucesos que vaticinan; Ayala ya la pone en su Crónica, y parece - que no la inventó tampoco él, pues otras Crónicas contienen otra - profecía análoga. - - [385] _Gormar_ es anticuado (Mariana lo copia de Ayala) por - ‘vomitar’, o figurado ‘volver uno por fuerza lo que retenía sin - justo título’. _Gormarlo ha_ está por _gormarálo_ (v. atrás pág. - 93, nota 192); adelante se halla _caérsele han_ = _caeránsele_; - estas formas, corrientes en tiempo de Ayala, eran ya desusadas en - el de Mariana. _Péñolas_ por _plumas_ es otro arcaísmo. - - [386] Es el famoso caballero francés Beltrán Du Guesclin. - - [387] _Al tanto_ parece equivaler a ‘otrosí’, ‘también’. - - [388] Era el maestre a nombre de Don Enrique. Había otro a nombre - de Don Pedro, llamado Don Martín López de Córdova, ejecutado al - ser tomada Carmona, en 1371, por las tropas de Don Enrique. - - [389] La preposición _a_ denota muchas veces la causa u ocasión: - «a las voces de Constanza salió a los corredores la Argüello». - (Cervantes); hoy decimos _a causa de esto_ en vez de _a esta - causa_. - - [390] Este discurso falta en Ayala y es de la propia invención de - Mariana. Tales arengas eran adorno indispensable de la historia - al estilo clásico. - - [391] La preposición _de_ indicando el medio (morir de muerte - violenta, herir de una cuchillada, etc.) - - [392] _Tener_ como _venir_, _poner_ y otros verbos análogos, - hacían su futuro _terné_, _verné_, _porné_. - - [393] Este orden de los dos adjetivos, uno antepuesto y otro - pospuesto (supone la elipsis _mejor fiesta ni más alegre fiesta_) - era antes corriente, en vez del giro que hoy se usa en la lengua - escrita: _mejor ni más alegre fiesta_. - - [394] En _habémoslo_, el pronombre _lo_ nos ofrece el uso natural - del neutro, pues hace el oficio de representar una proposición - entera, ya que equivale a «habemos lo que litigamos», «esto - que defendemos», «este negocio o causa que sostenemos». Pero - el femenino _la_ se generalizó mucho en lugar del neutro, por - sobreentenderse _cosa_ y en vez de _el más diestro lo yerra_, se - dijo _la yerra_, _¡la hicimos buena!_, _hacérsela_, _pegársela a - uno_ (v. DIEZ, _Gram._ III, 47); aun el plural femenino es muy - usado: _pagárselas a uno_; y en el ejemplo de Mariana diríamos - hoy: «nos las habemos con una bestia feroz». - - [395] El pronombre _nos_ en tiempo de Mariana ya no se usaba - ordinariamente sino por _yo_ en documentos redactados por - personas de alta dignidad; pero tal como aquí Mariana lo usa, es - decir, como plural efectivo en vez del moderno _nosotros_, era un - arcaísmo casi sólo conservado en poesía. - - [396] Esta calificación que Enrique da a su hermano, según - Mariana, es histórica. En los diplomas de la cancillería - enriqueña nunca se nombra a Don Pedro con más suaves epítetos: - «el traidor tirano que se llamaba Rey», o «aquel mal tirano», o - «el traidor hereje tirano». - - [397] Hoy decimos: «los moros huyeron los primeros». En ambos - casos _primero_ tiene funciones de adjetivo, pero significado de - adverbio («los moros huyeron primeramente»), cosa que sucede muy - a menudo, lo mismo que en latín, con _solus_, _primus_, _ultimus_ - (DIEZ, _Gram._ III, 7), v. gr. «solos Don Antonio y Don Juan - no quisieron»; aquí y en el ejemplo de Mariana es evidente la - función adjetiva de _solos_, _primeros_, por estar en plural; - en el otro ejemplo que ofrece Mariana unas líneas más abajo: - «murió sólo un caballero» se puede dudar si _solo_ es adjetivo - de caballero, o un adjetivo adverbializado que no hace funciones - de adjetivo, sino de adverbio, por lo cual no dejaría de ser - masculino aunque se mudara el género del substantivo: «murió sólo - una mujer». - - [398] El _alcance_ es la persecución del enemigo que huye. - - [399] Véase la nota 397, pág. 189. Mariana dió aquí una - interpretación exagerada al texto de la Crónica de Ayala, para - hacer más prodigiosa la narración. Ayala no dice que muriera sólo - un cristiano, sino sólo uno de los principales: «en esta batalla - non morieron de los del Rey Don Pedro omes de cuenta, salvo un - caballero de Córdoba que decían Juan Ximénez; e la razón porque - pocos morieron fué porque los unos posaban en las aldeas, e non - eran llegados a la batalla, e los otros que y eran recogiéronse - con el Rey al castillo de Montiel.» - - [400] «Hacer una cosa _de industria_, hacerla a sabiendas y - adrede, para que de allí suceda cosa que para otro sea acaso y - para él de propósito.» (Covarrubias.) - - [401] _A su salvo_ equivale a _en salvo_, _a mansalva_, sin - peligro. - - [402] Sobre este _Men Rodríguez_, fantaseó una novela famosa Don - Manuel Fernández y González. - - [403] La ayuda prestada por Du Guesclin al fratricida fué, en - efecto, liberalmente pagada por una de esas famosas _mercedes - enriqueñas_, por la que el Caballero francés recibió las villas - de Soria, Almazán, Atienza y otras, las mismas que Don Pedro le - había ofrecido por mediación de Men Rodríguez. - - [404] Aun en tiempo de Mariana existía, si bien muy mitigada, la - antigua superstición de que los astros influían en los hechos - de los hombres; hacíase por los doctos la salvedad de que su - influencia no llegaba a anular el libre albedrío. - - [405] El antecedente de _cuya_ está callado, como en la frase - de Coloma; «temiendo que entregaría la ciudad a cuya era» (V. - BELLO, _Gram._, § 1053); pero lo más singular de la construcción - de Mariana es, que ese mismo antecedente tácito es el poseedor a - que se refiere el posesivo _su_; es decir, que el antecedente de - _cuyo_ va envuelto en el posesivo de la proposición principal (v. - CUERVO, _Dicc._ II. 713 _b_) y hay que construir: «fué saludable - su muerte de aquel cuya vida fué tan dañosa (aquel cuya vida fué - dañosa, su muerte fué saludable)». En el texto latino escribió - Mariana: «sed cuius funesta Hispaniæ vita fuerat, mors extitit - salutaris». - - [406] La reina viuda de Enrique III era Doña Catalina de - Lancáster. El infante Don Fernando es el llamado «de Antequera», - hijo de Juan I y de su primera mujer Doña Leonor, hija de Pedro - IV de Aragón. El Obispo de Cartagena es el judío converso Don - Pablo de Santa María, autor de sabias obras de controversia. - - [407] _Poner mala voz_, poner tacha, hablar mal, desacreditar. - - [408] Acerca del orden de estos dos complementos _de la congoja y - de la cuita_, compárese lo dicho en la nota 393 de la pág. 188. - - [409] «Virtudes =que= cada cual =les= daba el nombre» está - por: «virtudes =a que= cada cual daba el nombre»: en lugar - del relativo con preposición _a que_ se puso simplemente la - conjunción _que_ y luego se indicó la relación de caso, que la - conjunción no podía expresar, por medio del pronombre _les_. - Analícese este otro ejemplo de la Diana de Montemayor: «un valle - =que= toda cosa =en él= me daba gloria». (V. DIEZ, _Gram._ III. - 350). - - [410] La frase «tenía recelo en qué pararían aquellas cosas» está - por: «tenía recelo de (aquello) en que pararían»; la agrupación - desagradable de preposiciones _de en que_ hizo que se suprimiera - _de_. - - [411] _Cumplidero_ ‘que cumple o conviene’, ‘conveniente.’ - - [412] «Al que entendían los podría amparar»; a pesar de - omitirse la conjunción _que_, las dos proposiciones resultan - gramaticalmente unidas por el hecho de estar en subjuntivo el - verbo de la subordinada. Es giro bastante común (creo no venga, - ordenóle le entretuviese) y que se usa en latín (concedo sit - dives, oro dicas). (Véase DIEZ, _Gram._ III, 313). Mariana usa de - él a menudo; más abajo dice «para suplicalle aceptase.» - - [413] Mariana aprovecha a menudo estos discursos de su propia - invención para deslizar en boca de otros sus propias ideas - políticas, y aquí sienta el pacto social como origen del poder - real, en contra de la opinión del derecho divino de los reyes. - - [414] Covarrubias, contemporáneo de Mariana, da como anticuada - _alcuña_; «vale linage, casta, descendencia; latine, genus, - stemma. Es muy usado término en la lengua castellana antigua, así - en las crónicas como en las leyes y contratos». - - [415] Era anticuado ya en tiempo de Mariana; el mismo Covarrubias - dice: «_ledo_, vocablo castellano antiguo; vale alegre, contento; - de la palabra latina _lætus_.» - - [416] «Despojaba un niño» y «menospreciaba la reina» son casos - raros de acusativo sin preposición, tratándose de nombres de - persona cierta y determinada. (Véase CUERVO, _Dicc._ I, 12 _b_). - Lope dijo: «no disgustemos mi abuelo», y Fray Luis de León: - - Yo con alegre canto - mi Dios celebraré y su nombre santo. - - Adelante se verá cuánto usaba Quevedo este acusativo sin - preposición. - - [417] Ediciones modernas corrigen: «camino por donde se - enderezó»; y en la pág. 205, línea 8, «sus edictos por los cuales - citaron», se corrige en «sus edictos con que citaron». Véase - arriba p. 89, n. 172. - - [418] _Echar cargo_, compárese _ser uno en cargo_ que vale ‘ser - deudor’, frase no apuntada en los Diccionarios.--Tampoco figura - en ellos _obligarse_ con el sentido de ‘ganarse el agradecimiento - de alguno’; el texto latino de Mariana dice: «novumque Regem - officio obstrictum habere.»--En fin, tampoco está en los - Diccionarios el adjetivo substantivado _particulares_ con el - sentido que usa Mariana de ‘negocios privados o personales’. - - [419] Aquí _en que_, y más abajo, equivale a ‘en lo que’, - representándose con el neutro _(lo) que_ toda la oración que - antecede. La supresión del artículo neutro _lo_ parece más común - si le precede preposición _en_: «llamáronla Isla de San Juan, por - haber llegado a ella el día del Bautista y por tener su nombre - el general; en que andaría la devoción mezclada con la lisonja.» - (Solis). Con otras preposiciones disuena: «me preguntó si iba; a - (lo) que no respondí», y es imposible sin preposición: «me mandó - ir; lo que hice de buen grado». - - [420] _Parar_ equivale a _preparar_. - - [421] _Declarar_ en el sentido de ‘decidir públicamente sobre la - categoría o condición de algo’ se construye hoy, ordinariamente, - con un predicado sin _por_: «le declararon y coronaron Rey»; «lo - eligieron Rey», al lado de «lo eligieron por Rey». (DIEZ, _Gr._ - III, página 11.) En el período clásico ese predicado llevaba - ordinariamente preposición _por_; Quevedo dice: «y declararon por - tres enemigos del cuerpo a los médicos». (V. CUERVO, _Dicc._ II, - página 829.) - - [422] Berenguer de Bardají, gran Justicia de Aragón y uno de los - principales promovedores del compromiso. - - [423] Jurista valenciano, no nombrado desde el comienzo, sino - luego, en sustitución de Ginér Rabaxa, que enfermó. - - [424] 24 de Enero de 1412. - - [425] El aragonés Pedro de Luna o Benedicto XIII. - - [426] «Gaudeamus et exultemus et demus gloriam Deo, quia venerunt - nuptiæ Agni.» Este versículo del Apocalipsis fué realmente el - tema del discurso de San Vicente; pero el discurso en sí mismo es - invención de Mariana. - - [427] _Acuciar_ por ‘apurar’ o ‘dar prisa para que se haga alguna - cosa’, es un arcaísmo que Mariana resucitó con acierto, ya que no - tiene buen equivalente en la lengua moderna. - - - - -FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA - -(1544-1606) - - -Publicó la _Historia de la Orden de San Jerónimo_ en los años 1600 y -1605. - -Escribía con gran esmero, cosa poco acostumbrada entre sus -contemporáneos, así que su lenguaje es de lo más puro y correcto -que hay en castellano; notable por la elegancia, siempre sobria, -que mantiene la alteza de la narración aun cuando ésta se emplee en -las más pobres y humildes vidas en que por fuerza había de ocuparse -a menudo. Menéndez y Pelayo coloca a Sigüenza entre los primeros -estilistas españoles después de Juan de Valdés y Cervantes. - -Tenía un concepto de la Historia enteramente artístico; tanto, que -llega a señalarle como leyes, en primer lugar, el _estilo_, y sólo -en segundo término, la veracidad: «Prometo ser en cuanto pudiere -religioso en las leyes de la historia; la primera, que es el estilo -y una manera de contar breve, lisa, sin afectación ni afeites, -procuraré imitalla en aquellos primeros príncipes de la lengua latina -que acertaron en esto felizmente, cultivando con mucho estudio su -lengua, lo que en la nuestra pensamos alcanzar sin trabajo. La verdad -y la fe, que es lo segundo, y el alma sin la cual ni ésta ni otra -merece nombre de historia, será de tanta entereza que ella misma -asegurará sin sospecha a los lectores.» - - - HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN JERÓNIMO - PARTE II (1600), PÁGINA 251 - - Cuenta la vida de Fray Juan de Carrión, llena de humildad simple - y candorosa. - -Era este siervo de Dios natural de Carrión, de padres honrados, y -llamóle Dios al estado de la religión siendo de más de veinte y cinco -años, hombre hecho, Sacerdote ya, y el tiempo que vivió en el siglo, -de buen ejemplo. Sintieron mucho en su pueblo que los dejase, porque -con su vida y ejemplo aprovechaba a todos. Vínose al monasterio de -Nuestra Señora de Guadalupe, pidió el hábito al padre Fray Fernando -Yáñez, echó luego de ver su buena alma, y diósele de buena gana. -Industrióle él mismo en las cosas de la religión, y a la buena -leche de esta doctrina le hizo crecer presto, y pasar del estado de -infante al de varón perfeto, y a la medida de la edad de la plenitud -de Cristo. Ansí olvidó todo lo de atrás, y tan de hecho renunció -el mundo, que vino aun a perder la memoria de lo que había sido; -cosa felicísima, y que si fuese en nuestra mano, o ya que no lo es, -procurásemos merecerla, nos haría como bienaventurados en la tierra. -Acontencióle muchas veces vestirse el pellón que tenía sobre la cama, -e irse ansí a Maitines, y sin advertir qué llevaba, ni que se reirían -dél, todo olvidado de sí mismo y puesto el pensamiento en Dios, -porque jamás se apartaba de su presencia, llevándole dentro de sí, o -imaginándose dentro dél. Por ésta y por otras muchas cosas que hacía, -sin advertencia de lo de afuera, le llamaban Fray Juan el Simple, -unos burlando de su inocencia, otros admirados de su perfeción: -juzgando cada uno conforme a la regla con que se nivelaba dentro. Y -era en la realidad lo uno y lo otro, porque en la malicia (o como -agora las llamamos: discreciones humanas) era semejante a aquel niño -que puso Cristo por modelo de su escuela, y de la traza que habían -de tener los que habían de entrar en su reino, y junto con esto, y -necesariamente junto, un juicio muy alto, y tanta claridad y aviso -para las cosas de la religión y virtud y del negocio de su estado, -que en sus pareceres y en sus votos, ninguno de los aventajados le -hacía ventaja; como quien tenía la ciencia que es propia de los -santos y estaba levantado en otra más excelente región. Andan estas -almas sencillas (digámoslo ansí) como zabullidas en Dios y en sí -mismas, puestas en una quietud soberana, donde no llega turbación -de malicia. Y como aquel mar inmenso no le puede mudar ni alterar -cosa criada, los que dentro dél se recogen, gozan de una calma y -bonanza que no se puede explicar, sino con las mismas palabras que -quiso Dios lo dijesen sus Profetas santos, como lo cuenta David en -las Enigmas y Símbolo de aquel Psalmo tan celebrado: _Qui habitat -in adiutorio altissimi, in protectione Dei cœli commorabitur_. Que -aun estas primeras palabras no se podrán bien declarar en nuestra -lengua, y mucho menos entenderse, sino de los que supieren aquel -lenguaje. Alcanzó nuestro simple Fray Juan esto en poco tiempo, y el -modo (según algunos dicen) fué, porque en ninguna cosa se buscó a sí -mismo, ni miraba en su provecho particular, ni en sus gustos, no sólo -en las cosas corporales, sino aun en las de virtud, y que llamamos -de espíritu, procurando a los principios salir con victoria contra -todos sus apetitos, y levantarse sobre todo quanto tenía apariencia -de negocio proprio, haciéndose fuerza y violencia, en quanto sentía -que era propria voluntad, hasta venir a no tener cosa suya ni en -las potencias exteriores ni interiores, y quedarse en una candidez -e inocencia grande, dejándose llevar de sola la voluntad divina, -que era para él la de su Prelado. Esta simpleza santa, dicen los -ejercitados, que es aquel _biso_ o aquel lino blanquísimo (era un -lienzo de Egipto) más delicado que la más fina holanda, recio con -esto y de mucha dura, como le pinta la Escritura, de hilo doblado -y torcido, de que se hacían las telas y velos del Tabernáculo del -Señor, porque no basta ser blanco y de un hilo, sino que han de ser -dos. No sólo no buscarnos en las cosas materiales interese de carne -y sangre, mas aun en los mismos ejercicios de las virtudes se mezcla -el amor proprio, si no se le mira a las manos con gran recato. Tan -delicada es esta estambre que ha de hacer el aposento a Dios. Sin -duda dicen bien, y bien hacía nuestro Fray Juan en caminar con tanta -perseverancia con estos pasos, que son los contrarios por donde aquel -hombre primero perdió para todos aquella pureza, blancura e inocencia -con que salió de las manos de su Hacedor, y quedamos desemejados y -feos, deslustrada tanta hermosura. Desta virtud o fuente de virtudes, -manaban en este siervo de Dios otras muchas; era para todos afable, -dulce, amoroso, consuelo de quantos con él trataban para quanto le -querían en obras de humildad y caridad. Dondequiera que la obediencia -le llevaba, sin otro discurso ni razón más de que era mandado, iba -alegre. Vivió algunos años en esta pureza y en el reposo de una -virtud que tanto nos hace parecidos a Dios; no sabemos quantos ni -otras muchas circunstancias que hicieran harto el caso entenderlas. -Quando el Señor quiso llevarle deste mundo, de que él estaba tan -fuera, revelóle su voluntad, pues eran tan unos en ella. Estaba un -día en el coro con el convento, en el oficio divino, santo y bueno, -sin género de indisposición ni otro acidente; tocóle el espíritu del -Señor, hablóle dentro y revelóle su fin. En ese mismo punto comenzó -a andar en el coro de una parte a otra con fervor y con acto que -parecía estaba fuera de sí; iba de uno en otro religioso a las filas -donde estaban asentados; echábase a sus pies y besábaselos; pedíales -perdón del mal ejemplo que les había dado con sus negligencias y -faltas. Puesto allí de rodillas y derramando lágrimas, decía a cada -uno: «Perdóname, hermano, por el amor del Señor, y mira que me -mandas para el otro mundo, que estoy de partida para allá.» Puso -admiración en todos la novedad de Fray Juan; los más discretos -suspendían el juicio desto, que por de fuera parecía locura; otros -se reían teniéndola por simpleza, y aun otros pensaban que se había -tornado loco. Muchos que conocían su entereza y buen juicio, y le -tenían por siervo de nuestro Señor, decían que no carecía aquello de -algún misterio, y que sin duda le habían hecho revelación de su fin. -Acabados estos abrazos y despedidas con actos tan humildes, se puso -de rodillas en medio del coro, alzó los ojos al cielo, hirió tres -veces los pechos con el puño, como quando decía la culpa, y díjosela -al Señor desta manera: «Perdóname, Señor, la multitud de defectos que -he hecho en este santo lugar, rezando y cantando las horas, y la poca -reverencia y devoción con que he estado aquí delante de tu Majestad -divina y de los Ángeles santos que nos acompañan.» Dijo esto, y de -allí a un poco, estando con gran sosiego de cuerpo y espíritu, dió el -alma a su Criador. - - - PARTE III (1605). PRÓLOGO - -Prosiguiendo voy el discurso de mi historia, y diré mejor el -de mi obediencia, pues sólo ella es la que puede darme aliento -para carrera tan larga. Diré también, con verdad, lo que dijo el -Historiador Romano en el medio de su obra. Pudiera dejallo aquí, -si no fuera cebando el alma con el gusto del sujeto. Ansí también -lo confieso, pues ansí me acontece, y porque con lo que hasta aquí -se ha descubierto, bastaba para juzgar lo que resta, mas no basta -para la integridad y al amor que a la misma obra se debe, que se -ha de anteponer al propio gusto. Historia es, como se ha visto, -humilde y de humildes, contra la primera ley de historia que pide -siempre cosas grandes. No se veen pensamientos ni discursos largos -de Príncipes para conquistar nuevos reinos, o mudar de sus asientos -grandes Estados, descubrir nuevas provincias, trastornar repúblicas, -consejos profundos de paz y guerra, trocar la paz y deshacer las -suertes de todo esto temporal y visible; cosas que se huelgan -todos de leellas, y con tanto gusto (ojalá con tanto fruto) que se -olvidan de la comida y aun del sueño. A mí no me dieron a escoger, -que no es pequeña disculpa; abracé mi suerte, que a muchos parecía -desgraciada, estéril, pobre; y en lo que hasta aquí ha salido a -luz, se han desengañado buena parte dellos y mudado de parecer. -Certifican personas de buen juicio que se ha hecho evidencia, no -sólo ser sabrosa y de fruto la historia, que trata casos raros y -empresas grandes, y todo eso que llaman hazañoso, sino también la -que se humilla al yermo, al claustro, al silencio y al silicio, y a -quanto tiene nombre de mortificación, que suena siempre tan mal a -las orejas del mundo. Véese en esta historia trocado todo, y en vez -de aquellas preñadas pláticas de los Consejeros de Estado, de los -razonamientos de los Capitanes para disciplinar al ejército o animar -los soldados a la batalla, de aquellas promesas de la vitoria o -presagios de la suerte adversa, de las conjeturas de lo que pretende -el enemigo, la loa del soldado valiente, la diligencia, destreza -y ánimo del Capitán, los varios trances de la fortuna, la alegría -del buen suceso, la riqueza del despojo y de la presa, el número de -los muertos y cautivos, los premios de los que, como esforzados, -escalaron primero el muro o derribaron las banderas enemigas, y otros -cien particulares con que se enriquecen las historias profanas; -en vez, digo, de todo esto, entran las amonestaciones santas, los -consejos de una celestial prudencia, donde se descubre la sutileza -y el ingenio de nuestro mortal enemigo; la perseverancia en el -ejercicio santo, la fortaleza en el rigor de la penitencia, el -fruto de la oración continua, la sumisión del cuerpo, el desprecio -de sí mismo, el desengaño de las cosas visibles, la vitoria contra -nuestras pasiones, la lucha porfiada contra nuestros apetitos; -la esperanza del premio, y tal premio, los anuncios de la salud -del alma, los recatos, aun en el estado más seguro; el celo de la -cerimonia, aunque sea pequeña, porque no se toque al muro de lo -esencial; las prevenciones antes de llegar a las cosas sagradas; -apoyar lo que se desmorona del rigor primero y esforzar lo que parece -va enflaqueciendo en la virtud; muertes venturosas, suficientes para -encender en santa invidia los más tibios; castigos rigurosos a culpas -casi sin nombre, mejores para labrar coronas que para enmienda de los -delincuentes, y otro alarde de cosas semejantes, menudencias para los -ojos del siglo y de tanta estima en los de Dios, que no las remunera -menos de con un reino eterno. - - - - -MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA - -(1547-1616) - - -Publicóse por primera vez la primera parte del _Quijote_, en 1605; la -segunda parte, en 1615. Las _Novelas ejemplares_, en 1613. - -Los variados encantos en que abunda su dicción, la vida lozana que -ostenta, su avasalladora hermosura, y, sobre todo, la inagotable -fuerza cómica, se apreciarán más que por la explicación y el -análisis, por la reiterada y atenta lectura. - -Su sintaxis se prestará a múltiples observaciones de pormenor. En -general es, como la del _Lazarillo de Tormes_, la de la lengua -familiar que sigue con ligereza al pensamiento, sin preocuparse de -aquella trabazón inflexible que obliga al pensamiento a seguir los -lentos pasos de la lógica gramatical. Hoy, en los escritos, no se -toleran mil licencias de construcción que usamos al hablar y que usó -Cervantes también al escribir; no hemos de corregirlos en sus obras -como lo haríamos en los cuadernos de un alumno, sino estudiarlos -como una manera de otros tiempos, que al fin y al cabo fueron los -más gloriosos de nuestras letras. Por otra parte, estos casos en que -Cervantes pasaría hoy por incorrecto, son muchos menos de los que -algunos creen, y en los trozos que siguen habrá ocasiones sobradas -de rechazar a Clemencín, Hartzenbusch y demás críticos rigoristas, -que se empeñan en mirar al autor del _Quijote_ como escritor -descuidado. Su prosa (usando las palabras de un censor del _Quijote_) -será siempre maestra soberana «en la lisura del lenguaje castellano, -no adulterado con enfadosa y estudiada afectación». - -Aparte de tal estilo, que es el más admirable suyo, empleó Cervantes -otro, libre de esos pretendidos defectos, como más trabajado y -artificioso, a la manera que usaban generalmente los que estudiaban -los autores latinos e italianos. Este se ve en su primera obra, _La -Galatea_, en la última que escribió, el _Persiles y Sigismunda_, y en -los episodios de tono sentimental e idealista que se intercalan en el -_Quijote_. - -En fin, una tercera manera se puede señalar en el estilo de este -autor, si bien es pasajera y contrahecha, que aparece en las parodias -de los libros de caballerías (por ejemplo, en la descripción del -lago encantado que aquí se copia); en ella el lenguaje se llena de -afectación y arcaísmo intencionado. - - - QUIJOTE - PARTE I, CAPÍTULO I - - Condición y ejercicio del famoso hidalgo. - -En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme[428], -no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en -astillero[429], adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una -olla de algo más vaca que carnero[430], salpicón[431] las más noches, -duelos y quebrantos los sábados[432], lentejas los viernes, algún -palomino de añadidura los domingos consumían las tres partes[433] de -su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte[434], calzas -de velludo[435] para las fiestas con sus pantuflos[436] de lo mismo, -y los días de entre semana se honraba con su vellorí[437] de lo -más fino... Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta -años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, -gran madrugador y amigo de la caza... Es, pues, de saber que este -sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más -del año), se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y -gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun -la administración de su hacienda, y llegó a tanto su curiosidad y -desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura -para comprar libros de caballerías en[438] que leer, y así llevó a su -casa todos cuantos pudo haber dellos, y de todos ningunos le parecían -tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva[439], -porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas[440] razones -suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos -requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba -escrito: _La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal -manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra -fermosura_; y también cuando leía: _Los altos cielos que de vuestra -divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen -merecedora del merecimiento, que merece la vuestra grandeza_. Con -estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por -entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las -entendiera el mismo Aristóteles si resucitara para sólo ello. - - - PARTE I, CAPÍTULOS XLIX Y L - - Don Quijote es metido en una jaula por el cura y el barbero, - que le hacen creerse encantado para grandes empresas, y así le - llevan a su casa. En el camino se les une un canónigo de Toledo, - quien, compadecido del prisionero, y hallándole cuerdo en sus - razones, logra hacerle desenjaular y le exhorta a que abandone - sus disparatadas caballerías. Sobre esto se enreda una discusión, - que lejos de convencer a Don Quijote, acaba por suscitar en su - imaginación el sueño de la más ideal aventura caballeresca. Al - principio, el canónigo, fiando mucho en sus buenos consejos, - dirige a Don Quijote esta vehemente exhortación: - -«Y si todavía llevado de su natural inclinación quisiere leer -libros de hazañas y de caballerías, lea en la Sacra Escritura el -de los Jueces, que allí hallará verdades grandiosas y hechos tan -verdaderos como valientes. Un Viriato tuvo Lusitania; un César, -Roma; un Anibal[441], Cartago; un Alejandro, Grecia; un Conde Fernán -González, Castilla; un Cid, Valencia[442]; un Gonzalo Fernández[443], -Andalucía; un Diego García de Paredes[444], Estremadura; un Garci -Pérez de Vargas[445], Jerez; un Garcilaso[446], Toledo; un don -Manuel de León[447], Sevilla; cuya[448] leción de sus valerosos -hechos puede entretener, enseñar, deleitar y admirar a los más -altos ingenios que los leyeren. Esta sí será letura digna del buen -entendimiento de vuestra merced, señor Don Quijote mío; de la cual -saldrá erudito en la historia, enamorado de la virtud, enseñado -en la bondad, mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad, -osado[449] sin cobardía, y todo esto para honra de Dios, provecho -suyo y fama de la Mancha, do[450], según he sabido, trae vuestra -merced su principio y origen.» - -Atentísimamente estuvo Don Quijote escuchando las razones del -canónigo, y cuando vió que ya había puesto fin a ellas, después -de haberle estado un buen espacio mirando, le dijo: «Paréceme, -señor hidalgo, que la plática de vuestra merced se ha encaminado a -querer darme a entender[451] que no ha habido caballeros andantes -en el mundo, y que todos los libros de caballerías son falsos, -mentirosos, dañadores e inútiles para la república, y que yo he hecho -mal en leerlos y peor en creerlos, y más mal[452] en imitarlos, -habiéndome puesto a seguir la durísima profesión de la caballería -andante[453] que ellos enseñan; negándome que no ha habido[454] en -el mundo Amadises ni de Gaula, ni de Grecia[455], ni todos los otros -caballeros de que las escrituras están llenas.» - ---«Todo es al pie de la letra como vuestra merced lo va -relatando»--dijo a esta sazón el canónigo. A lo cual respondió Don -Quijote: «Añadió[456] también vuestra merced, diciendo que me habían -hecho mucho daño tales libros, pues me habían vuelto el juicio y -puéstome[457] en una jaula, y que me sería mejor hacer la enmienda -y mudar de letura, leyendo otros más verdaderos y que mejor[458] -deleitan y enseñan.»--«Así es»--dijo el canónigo.--«Pues yo--replicó -Don Quijote--hallo por mi cuenta que el sin juicio y el encantado es -vuestra merced, pues se ha puesto a decir tantas blasfemias contra -una cosa tan recibida en el mundo y tenida por tan verdadera...; -porque querer dar a entender a nadie que Amadis no fué en el mundo, -ni todos los otros caballeros aventureros de que están colmadas las -historias, será querer persuadir que el sol no alumbra, ni el hielo -enfría, ni la tierra sustenta; porque, ¿qué ingenio puede haber -en el mundo que pueda persuadir a otro que no fué verdad lo de la -infanta Floripés y Gui de Borgoña[459], y lo de Fierabrás con la -puente de Mantible[460], que sucedió en el tiempo de Carlomagno? -Que ¡voto a tal! que es tanta verdad como es ahora de día; y si es -mentira, también lo debe de ser que no hubo Héctor, ni Aquiles, ni -la guerra de Troya, ni los doce Pares de Francia, ni el Rey Artús de -Ingalaterra, que anda hasta ahora convertido en cuervo y le esperan -en su reino por momentos[461]; y también se atreverán a decir que es -mentirosa la historia de Guarino Mezquino[462] y la de la demanda -del Santo Grial[463], y que son apócrifos los amores de don Tristán -y la reina Iseo[464], como los de Ginebra y Lanzarote[465], habiendo -personas que casi se acuerdan de haber visto a la dueña Quintañona, -que fué la mejor escanciadora de vino que tuvo la Gran Bretaña. Y -es esto tan así[466], que me acuerdo yo que me decía una mi[467] -agüela de partes[468] de mi padre, cuando veía alguna dueña con tocas -reverendas: Aquella, nieto, se parece a la dueña Quintañona[469]; de -donde arguyo yo que la debió de conocer ella, o por lo menos debió -de alcanzar a ver algún retrato suyo. Pues ¿quién podrá negar no ser -verdadera la historia de Pierres y la linda Magalona, pues aun hasta -hoy día se ve en la armería de los reyes la clavija[470] con que -volvía al caballo de madera, sobre quien iba el valiente Pierres por -los aires, que es un poco mayor que un timón de carreta? Y junto a la -clavija está la silla de Babieca, y en Roncesvalles está el cuerno -de Roldán[471], tamaño como una grande viga; de donde se infiere que -hubo doce Pares, que hubo Pierres, que hubo Cides, y otros caballeros -semejantes, - - destos que dicen las gentes - que a sus aventuras van[472]. - -Si no... digan que fueron burla las justas de Suero de Quiñones, -del Paso[473], las empresas de Mosén Luis de Falces[474] contra don -Gonzalo de Guzmán, caballero castellano, con otras muchas hazañas -hechas por caballeros cristianos destos y de los reinos extranjeros, -tan auténticas y verdaderas, que torno a decir que el que las negase -carecería de toda razón y buen discurso.» - -Admirado quedó el canónigo de oir la mezcla que Don Quijote hacía de -verdades y mentiras, y de ver la noticia que tenía de todas aquellas -cosas tocantes y concernientes a los hechos de su andante caballería, -y así le respondió: «No puedo yo negar, señor Don Quijote, que no -sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho, especialmente en -lo que toca a los caballeros andantes españoles; y asimismo quiero -conceder que hubo doce Pares de Francia; pero no quiero creer que -hicieron todas aquellas cosas que el Arzobispo Turpín[475] dellos -escribe... En lo de que hubo Cid no hay duda, ni menos Bernardo del -Carpio[476]; pero de que hicieron las hazañas que dicen, creo que la -hay muy grande. En lo otro de la clavija que vuestra merced dice del -conde Pierres, y que está junto a la silla de Babieca en la armería -de los reyes, confieso mi pecado: que soy tan ignorante o tan corto -de vista, que, aunque he visto la silla, no he echado de ver la -clavija, y más siendo tan grande como vuestra merced ha dicho.» - ---«Pues allí está, sin duda alguna--replicó Don Quijote--; y, por más -señas, dicen que está metida en una funda de vaqueta, porque no se -tome de moho.» - ---«Todo puede ser--respondió el canónigo--; pero por las órdenes que -recebí, que no me acuerdo haberla visto; mas, puesto que conceda -que está allí, no por eso me obligo a creer las historias de tantos -Amadises ni las de tanta turbamulta de caballeros como por ahí nos -cuentan, ni es razón que un hombre como vuestra merced, tan honrado -y de tan buenas partes, y dotado de tan buen entendimiento, se dé a -entender que son verdaderas tantas y tan estrañas locuras como las -que están escritas en los disparatados libros de caballerías.» - ---«¡Bueno está eso!--respondió Don Quijote--. Los libros que están -impresos con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos -a quien se remitieron[477], y que con gusto general son leídos y -celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y de los -ricos, de los letrados e ignorantes, de los plebeyos y caballeros, -finalmente, de todo género de personas de cualquier estado y -condición que sean, ¿habían de ser mentira, y más llevando tanta -apariencia de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la patria, -los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, punto por punto y día -por día, que el tal caballero hizo o caballeros[478] hicieron? Calle -vuestra merced, no diga tal blasfemia--y créame, que le aconsejo -en esto lo que debe de hacer como discreto--, si no léalos y verá -el gusto que recibe de su leyenda[479]. Si no, dígame: ¿hay mayor -contento que ver, como si dijésemos, aquí[480] ahora se muestra -delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones, y -que andan nadando y cruzando por él muchas serpientes, culebras y -lagartos, y otros muchos géneros de animales feroces y espantables, -y que del medio del lago sale una voz tristísima, que dice: _Tú, -caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando, -si quieres alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se -encubre, muestra el valor de tu fuerte pecho, y arrójate en mitad de -su negro y encendido licor; porque si así no lo haces, no serás digno -de ver las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete -castillos de las siete fadas[481], que debajo desta negregura[482] -yacen?_ ¿Y que apenas el caballero no ha acabado[483] de oir la voz -temerosa, cuando, sin entrar más en cuentas consigo, sin ponerse -a considerar el peligro a que se pone, y aun sin despojarse de -la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendándose a Dios y a su -señora, se arroja en mitad del bullente lago, y cuando no se cata -ni sabe dónde ha de parar, se halla entre unos floridos campos, con -quien los Elíseos no tienen que ver en ninguna cosa? Allí le parece -que el cielo es más transparente, y que el sol luce con claridad -más nueva[484]; ofrécesele a los ojos una apacible floresta de tan -verdes y frondosos árboles compuesta[485], que alegra a la vista su -verdura, y entretiene los oídos el dulce y no aprendido canto[486] -de los pequeños, infinitos y pintados pajarillos, que por los -intricados[487] ramos van cruzando. Aquí descubre un arroyuelo, cuyas -frescas aguas, que líquidos cristales parecen, corren sobre menudas -arenas y blancas pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan. -Acullá vee una artificiosa fuente, de jaspe variado[488] y de liso -mármol compuesta; acá vee otra a lo brutesco[489] ordenada, adonde -las menudas conchas de las almejas con las torcidas casas blancas y -amarillas del caracol, puestas con orden desordenada, mezclados entre -ellas pedazos de cristal luciente y de contrahechas esmeraldas, hacen -una variada labor, de manera que el arte imitando a la naturaleza, -parece que allí la vence. Acullá, de improviso, se le descubre un -fuerte castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro; -las almenas, de diamantes; las puertas, de jacintos; finalmente, -él es de tan admirable compostura, que con ser la materia de que -está formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubíes, de -perlas, de oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura; y -¿hay más que ver después de haber visto esto, que ver salir por la -puerta del castillo un buen número de doncellas, cuyos galanos y -vistosos trajes, si yo me pusiese ahora a decirlos como las historias -nos los cuentan, sería nunca acabar, y tomar luego la que parecía -principal de todas por la mano al atrevido caballero, que se arrojó -en el ferviente lago[490], y llevarle sin hablarle palabra dentro -del rico alcázar o castillo... y bañarle con templadas aguas, y -luego untarle todo con olorosos ungüentos, y vestirle una camisa de -cendal delgadísimo, toda olorosa y perfumada, y acudir otra doncella -y echarle un mantón sobre los hombros, que, por lo menos menos[491], -dicen que suele valer una ciudad[492], y aun más? ¿Qué es ver, pues, -cuando nos cuentan que tras todo esto le llevan a otra sala, donde -halla puestas las mesas con tanto concierto, que queda suspenso y -admirado? ¿Qué el verle echar agua a manos[493], toda de ámbar y de -olorosas flores distilada? ¿Qué el hacerle sentar sobre una silla de -marfil? ¿Qué verle servir todas[494] las doncellas, guardando un -maravilloso silencio? ¿Qué el traerle tanta diferencia de manjares, -tan sabrosamente guisados, que no sabe el apetito a cuál deba de -alargar la mano? ¿Cuál será oír[495] la música, que en tanto que -come suena, sin saberse quién la canta ni adónde suena? ¿Y después -de la comida acabada y las mesas alzadas, quedarse el caballero -recostado sobre la silla, y quizá mondándose los dientes, como es -costumbre, entrar a deshora por la puerta de la sala otra mucho más -hermosa doncella que ninguna de las primeras, y sentarse al lado -del caballero, y comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél, -y de cómo ella está encantada en él, con otras cosas que suspenden -al caballero, y admiran a los leyentes que van leyendo su historia? -No quiero alargarme más en esto, pues dello se puede colegir que -cualquiera parte que se lea de cualquiera historia de caballero -andante, ha de causar gusto y maravilla a cualquiera que la leyere; y -vuestra merced créame y, como otra vez le he dicho, lea estos libros, -y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la -condición, si acaso la tiene mala.» - - - PARTE II, CAPÍTULO XVI - - Don Quijote en su camino se halla con un discreto caballero de - la Mancha, en el cual Cervantes cifra su propio ideal de la vida - santa y sencilla. - -En estas razones estaban cuando los alcanzó un hombre, que detrás -dellos por el mismo camino venía sobre una muy hermosa yegua -tordilla, vestido un gabán[496] de paño fino verde, jironado[497] de -terciopelo leonado, con una montera del mismo terciopelo; el aderezo -de la yegua era de campo y de la jineta, asimismo[498] de morado y -verde; traía un alfanje morisco pendiente de un ancho tahalí de verde -y oro, y los borceguíes eran de la labor del tahalí; las espuelas no -eran doradas, sino dadas con un barniz verde, tan tersas y bruñidas, -que por hacer labor con todo el vestido, parecían mejor que si fueran -de oro puro. - -Cuando llegó a ellos el caminante los saludó cortésmente, y picando a -la yegua se pasaba de largo; pero Don Quijote le dijo: «Señor galán, -si es que vuesa merced lleva el camino que nosotros, y no importa el -darse priesa, merced recibiría en que nos fuésemos juntos.»... Detuvo -la rienda el caminante, admirándose de la apostura y rostro de Don -Quijote, el cual iba sin celada, que la llevaba Sancho como maleta en -el arzón delantero de la albarda del rucio; y si mucho miraba el de -lo Verde a Don Quijote, mucho más miraba Don Quijote al de lo Verde, -pareciéndole hombre de chapa[499]: la edad mostraba ser de cincuenta -años; las canas, pocas, y el rostro, aguileño, la vista entre alegre -y grave; finalmente, en el traje y apostura daba a entender ser -hombre de buenas prendas[500]. Lo que juzgó de Don Quijote de la -Mancha el de lo Verde fué, que semejante manera ni parecer de hombre -no le había visto jamás: admiróle la longura de su caballo[501], la -grandeza de su cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, sus -armas, su ademán y compostura, figura y retrato no visto por luengos -tiempos atrás en aquella tierra. - -Notó bien Don Quijote la atención con que el caminante le miraba, -y leyóle en la suspensión su deseo; y como era tan cortés y tan -amigo de dar gusto a todos, antes que le preguntase nada, le salió -al camino, diciéndole: «esta figura que vuesa merced en mí ha visto, -por ser tan nueva y tan fuera de las que comúnmente se usan, no me -maravillaría yo de que le hubiese maravillado; pero dejará vuesa -merced de estarlo cuando le diga, como le digo, que soy caballero - - destos que dicen las gentes - que a sus aventuras van. - -Salí de mi patria, empeñé mi hacienda, dejé mi regalo, y entreguéme -en los brazos de la fortuna, que me llevasen donde más fuese -servida. Quise resucitar la ya muerta andante caballería, y ha -muchos días que tropezando aquí, cayendo allí, despeñándome acá, y -levantándome acullá, he cumplido gran parte de mi deseo, socorriendo -viudas, amparando doncellas, y favoreciendo casadas, huérfanos y -pupilos, propio y natural oficio de caballeros andantes; y así por -mis valerosas, muchas y cristianas hazañas he merecido andar ya en -estampa[502] en casi todas o las más naciones del mundo. Treinta -mil volúmenes se han impreso de mi historia, y lleva camino de -imprimirse treinta mil veces de millares, si el cielo no lo remedia. -Finalmente, por encerrarlo todo en breves palabras o en una sola, -digo que yo soy Don Quijote de la Mancha, por otro nombre llamado -el _Caballero de la Triste Figura_; y puesto que[503] las propias -alabanzas envilecen, esme forzoso decir yo tal vez las mías, y esto -se entiende, cuando no se halla presente quien las diga: así que, -señor gentil-hombre, ni este caballo, esta lanza, ni este escudo, ni -escudero, ni todas juntas estas armas, ni la amarillez de mi rostro, -ni mi atenuada flaqueza os podrá admirar de aquí adelante, habiendo -ya sabido quién soy y la profesión que hago[504].» - -Calló en diciendo esto Don Quijote, y el de lo Verde, según se -tardaba en responderle, parecía que no acertaba a hacerlo; pero de -allí a buen espacio le dijo: «acertastes, señor caballero, a conocer -por mi suspensión mi deseo; pero no habéis acertado a quitarme la -maravilla que en mí causa[505] el haberos visto, que puesto que como -vos, señor, decís que el saber ya quién sois me lo podría quitar, no -ha sido así, antes ahora que lo sé, quedo más suspenso y maravillado. -Cómo, ¿y es posible que hay[506] hoy caballeros andantes en el mundo, -y que hay historias impresas de verdaderas caballería? No me puedo -persuadir que haya hoy en la tierra quien favorezca viudas, ampare -doncellas, ni honre casadas, ni socorra huérfanos, y no lo creyera, -si en vuesa merced no lo hubiera visto con mis ojos. Bendito sea el -cielo, que con esa historia que vuesa merced dice que está impresa de -sus altas y verdaderas caballerías, se habrán puesto en olvido las -innumerables de los fingidos caballeros andantes de que estaba lleno -el mundo, tan en daño de las buenas costumbres, y tan en perjuicio y -descrédito de las buenas historias.»--«Hay mucho que decir, respondió -Don Quijote, en razón de si son fingidas o no las historias de los -andantes caballeros.»--«¿Pues hay quién dude, respondió el Verde, -que no son falsas las tales historias?»--«Yo lo dudo, respondió Don -Quijote, y quédese esto aquí, que si nuestra jornada dura, espero en -Dios de dar a entender a vuesa merced que ha hecho mal en irse con la -corriente de los que tienen por cierto que no son verdaderas.» - -Desta última razón de Don Quijote tomó barruntos el caminante de que -Don Quijote debía de ser algún mentecato, y aguardaba que con otras -lo confirmase; pero antes que se divirtiesen en otros razonamientos, -Don Quijote le rogó le dijese quién era, pues le había dado parte de -su condición y de su vida. A lo que respondió el del Verde Gabán: -«yo, señor caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de -un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido: soy más -que medianamente rico, y es mi nombre Don Diego de Miranda; paso la -vida con mi mujer y con mis hijos y con mis amigos: mis ejercicios -son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino -algún perdigón manso[507] o algún hurón atrevido; tengo hasta seis -docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia -algunos, y de devoción otros: los de caballerías aun no han entrado -por los umbrales de mis puertas; hojeo más los que son profanos que -los devotos, como sean de honesto entretenimiento, que deleiten con -el lenguaje, y admiren y suspendan con la invención, puesto que[508] -destos hay muy pocos en España; alguna vez como con mis vecinos -y amigos, y muchas veces los convido: son mis convites limpios y -aseados, y no nada escasos: ni gusto de murmurar, ni consiento que -delante de mí se murmure: no escudriño las vidas ajenas, ni soy -lince de los hechos de los otros; oigo misa cada día; reparto de mis -bienes con los pobres, sin hacer alarde de las buenas obras, por no -dar entrada en mi corazón a la hipocresía y vanagloria, enemigos que -blandamente se apoderan del corazón más recatado; procuro poner en -paz los que sé que están desavenidos; soy devoto de nuestra Señora, y -confío siempre en la misericordia infinita de Dios nuestro Señor.» - -Atentísimo estuvo Sancho a la relación de la vida y entretenimientos -del hidalgo; y pareciéndola buena y santa, y que quien la hacía debía -de hacer milagros, se arrojó del rucio, y con gran priesa le fué a -asir del estribo derecho, y con devoto corazón y casi lágrimas le -besó los pies una y muchas veces. Visto lo cual por el hidalgo le -preguntó: «¿qué hacéis, hermano? ¿Qué besos son estos?»--«Déjenme -besar, respondió Sancho, porque me parece vuesa merced el primer -santo a la jineta que he visto en todos los días de mi vida.»--«No -soy santo, respondió el hidalgo, sino gran pecador; vos sí, hermano, -que debéis de ser bueno, como vuestra simplicidad lo muestra.» Volvió -Sancho a cobrar la albarda, habiendo sacado a plaza la risa de la -profunda malencolía[509] de su amo, y causado nueva admiración a Don -Diego. - - - PARTE II, CAPÍTULO XXIII - - Terminado el relato episódico de las bodas de Camacho, o mejor - dicho, de Basilio, quiere visitar Don Quijote la Cueva de - Montesinos[510]; en esta visita le acompaña un primo de cierto - Licenciado, que había hallado Don Quijote en su camino. Después - de haber descendido a la sima Don Quijote atado con cuerdas, - cuenta al Primo y a Sancho lo que vió en la cueva. Cervantes - llena de finísima poesía toda esta concepción fantástico-burlesca. - -«A obra de doce o catorce estados[511] de la profundidad desta -mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz -de poder caber en ella[512] un gran carro con sus mulas. Éntrale una -pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden, -abiertos en la superficie de la tierra. Esta concavidad y espacio -vi yo a tiempo cuando ya iba cansado y mohino de verme, pendiente y -colgado de la soga, caminar por aquella escura región abajo, sin -llevar cierto ni determinado camino, y así determiné entrarme en -ella y descansar un poco. Di voces pidiéndoos que no descolgásedes -más soga, hasta que yo os lo dijese; pero no debistes de oírme. Fui -recogiendo la soga que enviábades, y haciendo della una rosca o -rimero, me senté sobre él, pensativo además[513], considerando lo que -hacer debía para calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y -estando en este pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo, -me salteó un sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber -cómo ni cómo no, desperté dél, y me hallé en la mitad del más bello, -ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza, ni imaginar -la más discreta imaginación humana. Despabilé los ojos, limpiémelos, -y vi que no dormía, sino que realmente estaba despierto. Con todo -esto, me tenté la cabeza y los pechos, por certificarme si era yo -mismo el que allí estaba, o alguna fantasma vana y contrahecha; -pero el tacto, el sentimiento, los discursos concertados que entre -mí hacía, me certificaron que yo era allí entonces el que soy aquí -ahora. Ofrecióseme luego a la vista un real y suntuoso palacio o -alcázar, cuyos muros y paredes parecían de trasparente y claro -cristal fabricados, del cual abriéndose dos grandes puertas, vi que -por ellas salía y hacia mí se venía un venerable anciano vestido -con un capuz[514] de bayeta morada, que por el suelo le arrastraba; -ceñíale los hombros y los pechos una beca de colegial, de raso -verde: cubríale la cabeza una gorra milanesa negra[515], y la barba -canísima le pasaba de la cintura; no traía arma ninguna, sino un -rosario de cuentas en la mano, mayores que medianas nueces, y los -dieces asimismo como huevos medianos de avestruz: el continente, -el paso, la gravedad y la anchísima presencia[516], cada cosa de -por sí y todas juntas me suspendieron y admiraron. Llegóse a mí, y -lo primero que hizo fué abrazarme estrechamente, y luego decirme: -«Luengos tiempos ha, valeroso caballero Don Quijote de la Mancha, -que los que estamos en estas soledades encantados, esperamos verte, -para que des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda -cueva por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: hazaña -sólo guardada para ser acometida de tu invencible corazón y de tu -ánimo stupendo: Ven conmigo, señor clarísimo, que te quiero mostrar -las maravillas que este trasparente alcázar solapa, de quien[517] -yo soy alcaide y guarda mayor perpetua[518], porque soy el mismo -Montesinos, de quien la cueva toma nombre.» Apenas me dijo que era -Montesinos[519], cuando le pregunté si fué verdad lo que en el mundo -de acá arriba se contaba, que él había sacado de la mitad del pecho -con una pequeña daga[520] el corazón de su grande amigo Durandarte, -y llevádole a la señora Belerma, como él se lo mandó al punto de su -muerte. Respondióme que en todo decían verdad sino en la daga, porque -no fué daga, ni pequeña[521], sino un puñal buído[522], más agudo que -una lezna.» - ---«Debía de ser, dijo a este punto Sancho, el tal puñal de Ramón de -Hoces el Sevillano.»--«No sé, prosiguió Don Quijote, pero no sería -dese puñalero, porque Ramón de Hoces fué ayer, y lo de Roncesvalles, -donde aconteció esta desgracia, ha muchos años; y esta averiguación -no es de importancia, ni turba ni altera la verdad y contesto de la -historia.»--«Así es, respondió el Primo; prosiga vuesa merced, señor -Don Quijote, que le escucho con el mayor gusto del mundo.» - -«No con menor lo cuento yo, respondió Don Quijote, y así digo que -el venerable Montesinos me metió en el cristalino palacio, donde -en una sala baja, fresquísima sobremodo[523], y toda de alabastro, -estaba un sepulcro de mármol con gran maestría fabricado, sobre el -cual vi a un caballero tendido de largo a largo, no de bronce ni de -mármol, ni de jaspe hecho, como los suele haber en otros sepulcros, -sino de pura carne y de puros huesos. Tenía la mano derecha (que a -mi parecer es algo peluda y nervosa, señal de tener muchas fuerzas -su dueño)[524] puesta sobre el lado del corazón, y antes que -preguntase nada a Montesinos, viéndome suspenso, mirando al del -sepulcro, me dijo[525]: Este es mi amigo Durandarte, flor y espejo -de los caballeros enamorados y valientes de su tiempo; tiénele aquí -encantado, como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín[526], -aquel francés encantador, que dicen que fué hijo del diablo; y lo que -yo creo es que no fué hijo del diablo, sino que supo, como dicen, un -punto más que el diablo. El cómo o para qué nos encantó, nadie lo -sabe, y ello dirá andando los tiempos, que no están muy lejos, según -imagino. Lo que a mí me admira es que sé tan cierto como ahora es de -día, que Durandarte acabó los de su vida en mis brazos, y que después -de muerto le saqué el corazón con mis propias manos (y en verdad que -debía de pesar dos libras, porque según los naturales, el que tiene -mayor corazón es dotado de mayor valentía del[527] que le tiene -pequeño); pues siendo esto así, y que realmente murió este caballero -¿cómo ahora se queja[528] y sospira de cuando en cuando como si -estuviese vivo? Esto dicho, el mísero Durandarte, dando una gran voz, -dijo: - - ¡Oh mi primo Montesinos! - Lo postrero que os rogaba, - Que cuando yo fuere muerto, - Y mi ánima arrancada, - Que llevéis mi corazón - Adonde Belerma estaba, - Sacándomele del pecho, - Ya con puñal, ya con daga[529]. - -Oyendo lo cual el venerable Montesinos se puso de rodillas ante el -lastimado caballero, y con lágrimas en los ojos le dijo: Ya, señor -Durandarte, carísimo primo mío, ya hice lo que me mandastes en el -aciago día de nuestra pérdida; ya os saqué el corazón lo mejor que -pude, sin que os dejase una mínima parte en el pecho; yo le limpié -con un pañizuelo de puntas[530], yo partí con él de carrera para -Francia, habiéndoos primero puesto en el seno de la tierra con tantas -lágrimas, que fueron bastantes a lavarme las manos, y limpiarme con -ellas la sangre que tenían de haberos andado en las entrañas; y por -más señas, primo de mi alma, en el primero lugar que topé saliendo -de Roncesvalles, eché un poco de sal en vuestro corazón, porque no -oliese mal y fuese, si no fresco, a lo menos amojamado a la presencia -de la señora Belerma[531], la cual, con vos y conmigo y con Guadiana, -vuestro escudero, y con la dueña Ruidera[532] y sus siete hijas y -dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos nos -tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años; y aunque pasan -de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente faltan -Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión -que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas -lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la -Mancha, las llaman _las Lagunas de Ruidera_: las siete son de los -Reyes de España[533], y las dos sobrinas, de los caballeros de una -orden santísima, que llaman de San Juan. Guadiana, vuestro escudero, -plañendo asimesmo vuestra desgracia, fué convertido en un río llamado -de su mesmo nombre, el cual, cuando llegó a la superficie de la -tierra y vió el sol del otro cielo, fué tanto el pesar que sintió -de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; -pero como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de -cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le -vean. Vanle administrando de sus aguas las referidas lagunas, con -las cuales y con otros muchas que se llegan, entra pomposo y grande -en Portugal; pero con todo esto, por dondequiera que va muestra su -tristeza y melancolía, y no se precia de criar en sus aguas peces -regalados y de estima, sino burdos y desabridos, bien diferentes de -los del Tajo dorado[534]; y esto que agora os digo, ¡oh primo mío!, -os lo he dicho muchas veces, y como no me respondéis, imagino que -no me dais crédito o no me oís, de lo que yo recibo tanta pena cual -Dios lo sabe. Unas nuevas os quiero dar ahora, las cuales, ya que -no sirvan de alivio a vuestro dolor, no os le aumentarán en ninguna -manera; sabed que tenéis aquí en vuestra presencia (y abrid los -ojos y veréislo) aquel gran caballero de quien tantas cosas tiene -profetizadas el sabio Merlín, aquel Don Quijote de la Mancha, digo, -que de nuevo y con mayores ventajas que en los pasados siglos, ha -resucitado en los presentes la ya olvidada andante caballería, por -cuyo medio y favor podría ser que nosotros fuésemos desencantados, -que las grandes hazañas para los grandes hombres están guardadas.--Y -cuando así no sea, respondió el lastimado Durandarte con voz -desmayada y baja, cuando así no sea, ¡oh primo!, digo, paciencia y -barajar[535]; y volviéndose de lado tornó a su acostumbrado silencio -sin hablar más palabra. Oyéronse en esto grandes alaridos y llantos -acompañados de profundos gemidos y angustiados sollozos. Volví la -cabeza, y vi por las paredes de cristal, que por otra sala pasaba una -procesión de dos hileras de hermosísimas doncellas, todas vestidas -de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas al modo turquesco. -Al cabo y fin de las hileras venía una señora, que en la gravedad lo -parecía, asimismo vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas -y largas que besaban la tierra. Su turbante era mayor dos veces que -el mayor de alguna[536] de las otras: era cejijunta, y la nariz -algo chata, la boca grande, pero colorados los labios, los dientes, -que tal vez los descubría, mostraban ser ralos y no bien puestos, -aunque eran blancos como unas peladas almendras: traía en las manos -un lienzo delgado, y entre él, a lo que pude divisar, un corazón de -carne momia, según venía seco y amojamado. Díjome Montesinos, cómo -toda aquella gente de la procesión eran sirvientes de Durandarte y -de Belerma, que allí con sus dos señores estaban encantados, y que -la última, que traía el corazón entre el lienzo y en las manos, -era la señora Belerma, la cual con sus doncellas cuatro días en la -semana[537] hacían aquella procesión y cantaban, o por mejor decir, -lloraban endechas[538] sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazón -de su primo: y que si me había parecido algo fea, o no tan hermosa -como tenía la fama[539], era la causa las malas noches y peores días -que en aquel encantamento pasaba, como lo podía ver en sus grandes -ojeras y en su color quebradiza; y no toma ocasión su amarillez y -sus ojeras... sino del dolor que siente su corazón por el que de -continuo tiene en las manos, que le renueva y trae a la memoria la -desgracia de su mal logrado amante: que si esto no fuera, apenas la -igualara en hermosura, donaire y brío la gran Dulcinea del Toboso, -tan celebrada en todos estos contornos y aun en todo el mundo.--Cepos -quedos[540], dije yo entonces, Señor Don Montesinos; cuente vuesa -merced su historia como debe, que ya sabe que toda comparación es -odiosa, y así no hay para qué comparar a nadie con nadie; la sin par -Dulcinea del Toboso es quien es, y la señora doña Belerma es quien -es y quien ha sido, y quédese aquí. A lo que él me respondió: Señor -Don Quijote, perdóneme vuesa merced, que yo confieso que anduve mal, -y no dije bien en decir, que apenas igualara la señora Dulcinea a la -señora Belerma, pues me bastaba a mí haber entendido, por no sé qué -barruntos, que vuesa merced es su caballero, para que me mordiera -la lengua antes de compararla sino con el mismo cielo. Con esta -satisfacción que me dió el gran Montesinos, se quietó mi corazón -del sobresalto que recibí en oír que a mi señora la comparaban con -Belerma.» - ---«Y aun me maravillo yo, dijo Sancho, de cómo vuesa merced no se -subió sobre el vejote, y le molió a coces todos los huesos, y le peló -las barbas sin dejarle pelo en ellas.»--«No, Sancho amigo, respondió -Don Quijote, no me estaba a mí bien hacer eso, porque estamos todos -obligados a tener respeto a los ancianos, aunque no sean caballeros, -y principalmente a los que lo son y están encantados; yo sé bien que -no nos quedamos a deber nada en otras muchas demandas y respuestas -que entre los dos pasamos»[541]. A esta sazón dijo el Primo: «yo -no sé, Señor Don Quijote, cómo vuesa merced en tan poco espacio de -tiempo como ha que está allá abajo[542], haya visto tantas cosas y -hablado y respondido tanto.»--«¿Cuánto ha que bajé?» preguntó Don -Quijote.--«Poco más de una hora», respondió Sancho.--«Eso no puede -ser, replicó Don Quijote, porque allá me anocheció y amaneció, y -tornó a anochecer y amanecer tres veces, de modo que a mi cuenta tres -días he estado en aquellas partes remotas y escondidas a la vista -nuestra.»--«Verdad debe de decir mi señor, dijo Sancho, que como -todas las cosas que le han sucedido son por encantamento, quizá lo -que a nosotros nos parece un hora debe de parecer allá tres días con -sus noches.» - - - COLOQUIO QUE PASÓ ENTRE CIPIÓN Y BERGANZA, - PERROS DEL HOSPITAL DE LA RESURRECCIÓN[543] - - Con gran asombro suyo se sienten estos perros una noche dotados - de habla y aprovechan tal beneficio para contarse sus vidas; - es esta narración una sátira de la sociedad de entonces y de - diversos tipos de la misma. Ya cerca del amanecer, se le ocurre - al hablador Berganza contar un incidente más para reírse de las - locuras en que abundaban los poetas y hombres de ciencia. - -_Berganza._ Perdóname, porque el cuento es breve y no sufre dilación, -y viene aquí de molde. - -_Cipión._ Sí perdono; concluye presto, que a lo que creo, no debe -estar muy lejos el día. - -_Berganza._ Digo que en las cuatro camas que están al cabo desta -enfermería, en la una[544] estaba un alquimista[545], en la otra un -poeta, en la otra un matemático, y en la otra uno de los que llaman -arbitristas[546]. - -_Cipión._ Ya me acuerdo haber visto a esa buena gente. - -_Berganza._ Digo, pues, que una siesta de las del verano pasado, -estando cerradas las ventanas, y yo cogiendo el aire debajo de la -cama del uno dellos[547], el poeta se comenzó a quejar lastimosamente -de su fortuna, y preguntándole el matemático de qué se quejaba, -respondió que de su corta suerte. «¿Cómo, y no será razón que me -queje, prosiguió, que habiendo yo guardado lo que Horacio manda en -su _Poética_, que no salga a luz la obra que después de compuesta -no hayan pasado diez años por ella[548], y que tenga yo una de -veinte años de ocupación y doce de pasante[549], grande en el -sujeto[550], admirable y nueva en la invención, grave en el verso, -entretenida en los episodios, maravillosa en la división, porque -el principio responde al medio y al fin, de manera que constituyen -el poema alto, sonoro, heroico, deleitable y sustancioso, y que -con todo esto no hallo un príncipe a quien dirigille? Príncipe, -digo, que sea inteligente, liberal y magnánimo. ¡Mísera edad y -depravado siglo nuestro!»--«¿De qué trata el libro?» preguntó el -alquimista. Respondió el poeta: «Trata de lo que dejó de escribir el -arzobispo Turpín del rey Artús de Inglaterra, con otro suplemento -de la _Historia de la demanda del Santo Brial_[551], y todo en -verso heroico, parte en octava y parte en verso suelto; pero todo -esdrújulamente, digo, en esdrújulos de nombres sustantivos, sin -admitir verbo alguno[552].--«A mí, respondió el alquimista, poco -se me entiende[553] de poesía; y así no sabré poner en su punto la -desgracia de que vuesa merced se queja, puesto que, aunque fuera -mayor, no se igualaba a la mía, que es, que por faltarme instrumento -o un príncipe que me apoye y me dé a la mano los requisitos que la -ciencia de la alquimia pide, no estoy ahora manando en oro[554], y -con más riquezas que los Midas, que los Crasos y Cresos»--«¿Ha hecho -vuesa merced, dijo a esta sazón el matemático, señor alquimista, la -experiencia de sacar plata de otros metales?»--«Yo, respondió el -alquimista, no la he sacado hasta ahora; pero realmente sé que se -saca, y a mí no me faltan dos meses para acabar la piedra filosofal, -con que se puede hacer plata y oro de las mismas piedras.»--«Bien -han exagerado vuesas mercedes sus desgracias, dijo a esta sazón -el matemático; pero al fin, el uno tiene libro que dirigir, y el -otro está en potencia propincua[555] de sacar la piedra filosofal; -mas, ¿qué diré yo de la mía, que es tan sola, que no tiene donde -arrimarse? Veinte y dos años ha que ando tras hallar el punto -fijo[556], y aquí lo dejo, y allí lo tomo, y pareciéndome que ya lo -he hallado, y que no se me puede escapar en ninguna manera, cuando -no me cato[557] me hallo tan lejos dél, que me admiro. Lo mismo me -acaece con la cuadratura del círculo, que he llegado tan al remate -de hallarla, que no sé ni puedo pensar cómo no la tengo ya en la -faldriquera; y así es mi pena semejable a las de Tántalo, que está -cerca del fruto, y muere de hambre; y propincuo al agua, y perece -de sed; por momentos pienso dar en la coyuntura de la verdad, y por -minutos me hallo tan lejos della, que vuelvo a subir el monte que -acabé de bajar, con el canto de mi trabajo a cuestas, como otro nuevo -Sísifo.» Había hasta este punto guardado silencio el arbitrista, y -aquí le rompió diciendo: «¡cuatro quejosos, tales que lo pueden ser -del Gran Turco, ha juntado en este hospital la pobreza, y reniego -yo de oficios y ejercicios que ni entretienen ni dan de comer a sus -dueños! Yo, señores, soy arbitrista, y he dado a Su Majestad en -diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho -suyo y sin daño del reino; y ahora tengo hecho un memorial, donde -le suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio -que tengo, tal, que ha de ser la total restauración de sus empeños; -pero por lo que me ha sucedido, con los otros memoriales, entiendo -que éste también ha de parar en el carnero[558]. Mas, porque vuesas -mercedes no me tengan por mentecato, aunque mi arbitrio quede -desde este punto público, le quiero decir, que es éste: hase de -pedir en Cortes que todos los vasallos de Su Majestad, desde la -edad de catorce a sesenta años, sean obligados a ayunar una vez -en el mes a pan y agua, y esto ha de ser el día que se escogiere -y señalare, y que todo el gasto que en otros condumios de fruta, -carne y pescado, vino, huevos y legumbres, que han de gastar aquel -día, se reduzga[559] a dinero y se dé a Su Majestad sin defraudalle -un ardite, so cargo de juramento; y con esto en veinte años queda -libre de socaliñas y desempeñado, porque si se hace la cuenta, -como yo la tengo hecha, bien hay en España más de tres millones de -personas de la dicha edad[560], fuera de los enfermos, más viejos -o más muchachos, y ninguno destos dejará de gastar, y esto contado -al menorete[561], cada día real y medio, y yo quiero que sea no -más de un real, que no puede ser menos, aunque coma alholvas. -Pues ¿paréceles a vuesas mercedes que sería barro tener cada mes -tres millones de reales como ahechados?»[562] Y esto antes sería -provecho que daño a los ayunantes, porque con el ayuno agradarían al -cielo y servirían a su rey, y tal[563] podría ayunar, que le fuese -conveniente para su salud. Este es el arbitrio limpio de polvo y -de paja, y podríase coger por parroquias sin costa de comisarios, -que destruyen la república.» Riyéronse[564] todos del arbitrio y -del arbitrante, y él también se riyó de sus disparates, y yo quedé -admirado de haberlos oído, y de ver que por la mayor parte los de -semejantes humores venían a morir en los hospitales. - - -NOTAS - - [428] Según tradición coetánea, ya apuntada en el Quijote de - Avellaneda, alude a Argamasilla de Alba, pero esto no indica que - Cervantes haya estado allí preso, como quisieron suponer algunos - críticos. El _Quijote_ «se engendró en una cárcel» como Cervantes - dice, pero fué en la de Sevilla, donde efectivamente estuvo preso - el autor. - - [429] _Astillero_: estante en que se ponían las astas o lanzas, - adorno del portal de la casa de un hidalgo. - - [430] Un refrán dice: «Vaca y carnero, olla de caballero.» La - vaca, entonces, era comida más barata que el carnero. - - [431] Los restos de la carne de la comida los convertía la gente - aprovechada en salpicón para la noche. _La ensalada y salpicón_ - es el primer plato en «La Cena» de Baltasar de Alcázar. - - [432] Los duelos y quebrantos eran un manjar que se componía de - huevos y torreznos, según la _Mojiganga del Pésame_, atribuída a - Calderón: - - huevos y terreznos bastan, - que son duelos y quebrantos. - - Lo mismo vienen a decir Oudin y Franciosini, en 1614 y 1621. Pero - Lope de Vega, en _Las bizarrias de Belisa_, dijo: - - Almorzando unos torreznos, - con sus duelos y quebrantos, - - lo cual prueba que, para él, los torreznos eran cosa aparte. En - el _Dic. de Autoridades_ se consigna que «duelos y quebrantos - llaman en la Mancha a la tortilla de huevos y sesos». Como se ve, - el nombre en cuestión tenía aplicación varia. El sábado es día - en que la Iglesia, si no ordena, aconseja la abstinencia; pero - en España, desde antiguo, se guardaba muy imperfectamente esta - práctica. A principios del siglo XVI hay ya expresos testimonios - de la costumbre que existía en Castilla, Andalucía e Indias - (no en Navarra y Aragón) de tolerarse como comida para esta - abstinencia del sábado la llamada _grosura_ de los animales, o - sea la asadura, tripas, manos, patas y cabeza, y también el gordo - del tocino. (Benedicto XIV, en 1745, eximió a Castilla, León e - Indias de toda abstinencia del sábado.) - - [433] Expresión que equivale a _las tres cuartas partes_. - - [434] _Velarte_ era paño fino y estimado en el siglo XVI. - - [435] Las _calzas_ cubrían toda la pierna a diferencia de las - _medias_ (esto es: medias calzas) que no cubrían el muslo. El - _velludo_ es una especie de terciopelo. - - [436] _Pantuflo_, calzado de gente anciana, que se ponía encima - de los borceguíes o zapatos para abrigo y para librarse del lodo. - - [437] _Vellorí_, paño entrefino, de color pardo ceniciento, de - lana sin teñir. Adviértase que Cervantes no pinta a Don Quijote - miserable, sino en una posición desahogada. Véase cuán diferente - es el traje del hidalgo pobre que describe Fray Antonio de - Guevara en su _Menosprecio de Corte y Alabanza de Aldea_, cap. - V (año 1539): «el pobre hidalgo que en la aldea alcanza a tener - un sayo de paño recio, un capuz cerrado, un sombrero bueno, - unos guantes de sobre año, unos borceguíes domingueros y unos - pantuflos no rotos, tan hinchado va él a la iglesia con aquellas - ropas, como irá un señor aforrado de martas; no gozan de este - privilegio los que moran en la villa o ciudad, porque allí - acontece el marido no salir de casa por tener la capa rayda, y la - mujer no ir a misa por falta de ama». - - [438] Este _en_ suprimido por la 3.ª edición del Quijote de 1608, - denota la frecuencia de la lectura de esos libros. - - [439] F. de Silva, natural de Ciudad Rodrigo, autor de la - _Crónica de los muy valientes caballeros Don Florisel de Niquea - y el Fuerte Anaxartes_, que le valió bastante dinero a pesar de - su mal estilo. Repetidas veces contrapone las voces _razón_ y - _sinrazón_ y abusa de toda clase de juego de palabras, lo cual - satiriza Cervantes en los párrafos que a continuación forja. - - [440] Hoy _intrincadas_. - - [441] Se pronunciaba Anibál hasta en el siglo XVII: «No dicen que - Cipión Xerxes, Pirro y Anibál Tuvieran riqueza tal, Tal tierra, - tal posesión.» (LOPE DE VEGA, _El Conde Fernán González_.) - - [442] El Cid no tuvo por patria a Valencia, sino Bivar; pero como - conquistó de los moros la ciudad y el reino de Valencia, se llamó - a ésta _Valencia del Cid_ (para distinguirla de Valencia de Don - Juan y otras), por donde luego se distinguió al héroe, ya desde - el siglo XII, con el epíteto de _señor de Valencia_ o _el que - Valencia ganó_ y luego simplemente _el Cid de Valencia_. - - [443] Gonzalo Fernández de Córdova, el Gran Capitán, natural de - Montilla. - - [444] García de Paredes nació en Trujillo 1469, murió en Bolonia - 1533. Era de grandes fuerzas, por lo que alguno le llamó _el - Sansón de Extremadura_; a él se atribuyen gran parte de los casos - de fuerza prodigiosa, que se cuentan vulgarmente, como el parar - una rueda de molino. Realizó hazañas increíbles en la guerra de - Nápoles, alistado en el ejército del Gran Capitán. - - [445] Este caballero no era de Jerez, sino de Toledo, según - Mariana. Sirvió en la conquista de Sevilla a San Fernando. El - hijo de éste, Alfonso X, y su nieto Don Juan Manuel, cuentan en - la _Crónica general_ y en el _Conde Lucanor_ varias hazañas de - Garci Pérez; la más famosa va puesta arriba, página 22. - - [446] Aunque el gran poeta toledano fué valiente soldado, no - es de suponer que se le mencione aquí como hombre de vida - hazañosa. Probablemente Cervantes, queriendo citar notables - personajes históricos, citó uno fabuloso, el Garcilaso de quien - un romance cuenta que, durante el cerco de Granada, mató un moro - de extraordinario valor, que por befa traía prendida a la cola - de su caballo el _Ave María_; otros cuentan esta hazaña de un - Garcilaso histórico, que fué el primero que pasó el Salado el día - de la gran batalla. El romance dice que por haber ocurrido esta - hazaña en la Vega de Granada, se llamó Garcilaso _de la Vega_; ya - el Garcilaso del Salado y su padre, que fué privado de Alfonso - XI, se llamaron _de la Vega_, por proceder de la Vega montañesa, - donde hoy se encuentra la ciudad de _Torrelavega_. - - [447] Don Manuel Ponce de León hallóse en la conquista del reino - de Granada, y de él se cuentan hazañas portentosas. Además, un - romance cuenta de él una anécdota fabulosa: Doña Ana de Mendoza, - para probar el valor de los caballeros de la corte, hizo caedizo - su guante en una leonera; Don Manuel, espada en mano, se metió - entre los leones y recobró el guante, pero lo entregó a la dama - dándole un bofetón, para castigarla por haber puesto en riesgo de - honra a tanto hijodalgo por un capricho. Este mismo asunto tiene - una balada de Schiller, _el Guante_, compuesta en 1797. - - [448] Cervantes nos ofrece aquí uno de los ejemplos más extraños - del uso de _cuyo_; carece de todo valor pronominal y equivale a - una simple conjunción. No responde más que al afán de ligar en - forma de oración de relativo, la que bastaba que fuera con la - simple cópula: «y la lección de sus hechos». - - [449] Así escribió Cervantes. Clemencín y la edición de - Hartzenbusch corrigen: «cuerdo sin cobardía». - - [450] _Do_ o _donde_ por _de do_ o _de donde_ es giro comunísimo - de la lengua. - - [451] Hoy, que el estilo común es menos genial, pero más atildado - que en los siglos de oro, se podría censurar la reunión de estos - tres infinitivos. Sin embargo, sería corrección desdichada la - supresión de _querer_, pues anuncia el ningún efecto que en Don - Quijote hizo la peroración del buen canónigo. - - [452] El último término de la gradación: _mal_, _peor_, _más - mal_, es hoy: _mucho peor_, y antes era también: _mucho más - peor_: «y aun peor, perdición de las personas; y mucho más peor, - perdición de las tristes de las almas.» (ARCIPR. DE TALAVERA, - _Corbacho_.) - - [453] La _caballería_ era una especie de sacerdocio militar, en - el que se ingresaba mediante la ceremonia de _armar_ al caballero - novel, o sea de conferirle la dignidad de caballero otro que ya - lo fuese, cosa semejante al sacramento del orden. El caballero - estaba especialmente obligado a guardar lealtad a su señor, - fidelidad a su amigo, a amparar por dondequiera la justicia y - vedar el mal, ser largo, desprendido, etc., etc. En los Poemas - caballerescos italianos se habla de _cabalieri erranti_ y en las - novelas españolas, de _caballeros andantes_. - - [454] Pudiera haber dicho también _negándome que haya habido_. - La repetición pleonástica de negaciones que en otras lenguas se - destruyen una a otra, es muy peculiar del castellano; unas líneas - más adelante se hallará también «no puedo yo negar que _no_ sea - verdad», etc. - - [455] _Amadis de Gaula_, el más antiguo y famoso libro de - caballerías, era ya muy leído por el Canciller Ayala antes de su - prisión en la batalla de Nájera, 1367 (v. atrás p. 148, n. 313). - Constaba de tres libros, según el poeta Pedro Ferruz, coetáneo - de Ayala. Hay quien pretende que su autor fué el portugués Vasco - de Lobeira, el cual no pasó de ser un simple arreglador de la - obra más antigua. Es desconocida esta redacción primitiva tanto - como su autor. En tiempo de los Reyes Católicos, Garci Ordóñez de - Montalvo escribió la redacción que hoy se conserva, añadiéndole - el cuarto libro. Amadis es el prototipo del amor delicado, - firmísimo e inquebrantable de un caballero por su dama. Tan - famosa fué esta novela, que tuvo muchas continuaciones; una es el - _Amadis de Grecia_. - - [456] Hoy diríamos _añadió que_ y no _añadió diciendo que_; - añadir se usaba en igual manera que hoy _proseguir_: _prosiguió - diciendo que_. Una reunión parecida de los verbos añadir y decir, - v. atrás pág. 130, líneas 24 y 25. - - [457] Hoy no se junta el pronombre enclítico a los participios - pasivos, pero sí en los siglos de oro de nuestra literatura. - - [458] Hoy se emplea el adverbio _más_ en vez de _mejor_ con los - verbos que denotan acciones útiles o agradables, _agrada más_, - _aprovecha más_. - - [459] Floripés hija del Almirante sarraceno Balán, enamorada del - caballero francés Gui de Borgoña, libertólo de la prisión en que - yacía con otros Pares de Francia, guareciéndolos en una torre - donde se mantuvieron contra todo el poder de los infieles, hasta - que Carlomagno los socorrió. Esta fábula que procede de poemas - franceses del siglo XII, figura en la novelesca _Historia de - Carlomagno_ que puso en castellano Nicolás de Piamonte. - - [460] Fierabrás (en francés «el de los fieros brazos») era, según - los poemas franceses de la Edad Media, un descomunal gigante, - que peleó en singular combate con el caballero de Carlomagno, - Oliveros; vencido por éste, fué su mejor amigo después de hacerse - bautizar. Esta patraña pasó también a la ya citada historia - fabulosa de Carlomagno, con la de la puente de Mantible, donde - cobraba el Almirante Balán (el ya mencionado padre de Floripés) - un pontazgo humillante a los cristianos, que por allí tenían que - pasar: sesenta perros de caza, cien doncellas, cien halcones - mudados y cien caballos con sus jaeces, y el cristiano que no - podía pagar ésto perdía su cabeza. Carlomagno ganó la puente con - grande estrago y perdición de hombres. - - [461] La leyenda de Troya fué popular en la Edad Media, y en - sus héroes se buscó ascendencia para los modernos; Artús era - descendiente de Eneas. Este rey bretón, llamado también Arturo, - fué centro de un gran ciclo de leyendas divulgadas por toda - Europa; es el fundador de la fabulosa caballería de la _Tabla - redonda_ o _mesa_ redonda a que se sentaban los caballeros. A - su metamorfosis en cuervo atribuye Cervantes en otro lugar del - _Quijote_, y en el _Persiles y Sigismunda_, el que los ingleses - se abstuviesen de matar cuervos. - - [462] Otro héroe de poemas franceses en la Edad Media (Garín - Mesquin) que sufrió también una adaptación al castellano en uno - de tantos libros, que según decía Juan de Valdés en tiempo de - Carlos V, «demás de ser mentirosísimos, ~tienen tan mal estilo~ - que no hay buen estómago que los pueda leer». - - [463] _Demanda_, en términos caballerescos, es el acto de - empeñarse en una empresa. El _Grial_ era la copa en que había - recogido la sangre de Cristo José de Arimatea; cuando éste fué a - evangelizar la Bretaña llevó consigo el Grial, pero andando el - tiempo heredó la reliquia un rey indigno; entonces se empeñaron - en la demanda del Santo Grial Artús y los caballeros de la Tabla - redonda; Perceval (el Parsifal de la ópera de Wagner) mereció por - su castidad y demás virtudes dar fin a la aventura, ganando la - santa reliquia, que después de su muerte fué arrebatada al cielo. - - [464] Otra ficción bretona como la de Artús y el Santo Grial. - Tristán esperaba una nave que le traía noticias de Iseo; los - navegantes se olvidan de poner en el mástil la señal convenida - para anunciar que las noticias eran buenas, y Tristán, creyendo - por esto que Iseo era muerta, expira de dolor; pero en la nave - venía la misma Iseo, la cual al ver a su amante muerto, cae a su - lado sin vida. - - [465] Otra leyenda del ciclo bretón. _Ginebra_ era la mujer del - rey Artús, _Lanzarote_ su amante, y la dueña o aya _Quintañona_ - la que favorecía sus amores. Bien conocido es el romance cuyo - comienzo recuerda el mismo Quijote. - - Nunca fuera caballero - de damas tan bien servido, - como fuera Lanzarote - cuando de Bretaña vino, - que dueñas cuidaban dél - doncellas de su rocino, - esa dueña Quintañona - esa le escanciaba el vino. - - [466] Muchos dirán: _y tan es así esto_; construcción incorrecta, - pues para que se pueda usar _tan_ en vez de _tanto_, es preciso - que le siga inmediatamente un adjetivo o adverbio. Se puede - decir, por lo tanto, _tan así es_ o _tanto es así_, pero no _tan - es así_. (CUERVO. Apuntac. críticas, § 416.) - - [467] Giro muy común en los siglos XVI y XVII, _un mi amigo_ por - lo que hoy decimos _un amigo mío_. _Agüela_ por _abuela_ es hoy - muy vulgar, como _güelta_, _güeno_, _gomitar_, y otras voces en - que la _g_ sustituye a la _b_ o _v_. - - [468] Así dicen todas las ediciones antiguas. Las de este siglo - modernizaron _de parte_. Es giro arcaico que hallamos en el - _Fuero de Navarra_: «de partes de la madre», «de partes de sierzo - nin de buchurno». - - [469] Era personaje tan popular, que _dueña Quintañona_ servía - para denominar a cualquier dueña: «¡miren la dueña Quintañona! - ¡Daca la dueña Quintañona!» La toca era distintivo de viudas y - dueñas como hoy lo es de monjas. - - [470] La novela de _Pierres_, hijo del Conde de Provenza, y de - _Magalona_, hija del Rey de Nápoles, trasladada en 1526, procede - de un antiguo poema francés del siglo XII. Más adelante dice - Cervantes que el caballo de madera se regía por una clavija que - tenía en la frente; en él hizo Pierres grandes viajes «y robó a - la linda Magalona, llevándola a las ancas por el aire, dejando - embobados a cuantos desde la tierra los miraban.» Según advierte - después el canónigo, es pura invención de Don Quijote el que la - tal clavija se enseñase en la Armería Real; en cambio es muy - cierto que, hasta hace no muchos años, se enseñaba allí la silla - del caballo del Cid, la espada de este héroe, las de Bernardo del - Carpio, del Rey Pelayo y otras cosas más estupendas. - - [471] Según la historia cierta, Roldán iba en la retaguardia - del ejército de Carlomagno, que fué deshecha en Roncesvalles; - las leyendas francesas (popularizadas desde antiguo en España) - añadían que Roldán, al verse en peligro, había querido avisar a - la vanguardia tañendo su cuerno, pero sopló en él con tal fuerza, - que reventó las venas de sus sienes y murió. Este cuerno se - pretendía custodiar en la iglesia de Roncesvalles. - - [472] Versos de Alvar Gómez, de Ciudad Real, en su traducción de - los _Triunfos del Petrarca_. - - [473] Esto es: _el del Paso Honroso_, personaje histórico. Era - un valiente leonés, que en 1434, y previa licencia de Juan II, - mantuvo junto al puente del río Orbigo el _paso honroso_, en el - que se había comprometido, para honra de su dama, a romper 300 - lanzas con los caballeros que se presentaran; acudieron a esta - quijotesca empresa 68 aventureros de España, Portugal, Francia, - Italia y Bretaña. - - [474] Mayordomo de Alfonso V de Aragón, que en 1428 combatió ante - la corte de Don Juan II contra Gonzalo de Guzmán. - - [475] Obispo de Reims, muerto en el año 600, a quien las fábulas - carolingias suponen inseparable compañero de Carlomagno; es el - autor fingido de una crónica latina del Emperador y sus Pares - forjada en el siglo XII por algún clérigo de nación francesa. - - [476] El canónigo cree más en Bernardo que en el Cid, y sin - embargo, el Bernardo del Carpio, vencedor de Roncesvalles, es de - todo punto fabuloso; sólo existió un Bernardo Conde de Ribagorza, - que, auxiliado por gente franca, reconquistó de moros este - condado, suministrando algunas hazañas a la leyenda del fabuloso - Bernardo leonés o del Carpio. - - [477] Esto es «se remitieron para ser juzgados y aprobados». - Cuenta Melchor Cano de un buen clérigo, a quien no cabía en - la mollera que un libro impreso con las licencias necesarias - contuviera mentiras, así que tenía por tan verdadera y probada la - historia de Amadis, como las fábulas de Esopo. - - [478] Hartzenbusch corrigió con gran desenfado: _o tales - caballeros_, sin duda porque hoy se haría resaltar más la - duplicidad del sujeto, poniendo: «que tal caballero hizo o tales - caballeros hicieron». - - [479] _Leyendas_ es hoy desusado en la acepción de _lectura_, por - más que el Diccionario de la Academia no señala esta acepción - como anticuada. - - [480] A la viveza con que habla Don Quijote cuadra bien la - supresión del segundo _que_ en: «hay mayor contento que ver - aquí se muestra delante de nosotros un lago». Hartzenbusch, sin - embargo, suplió: _que aquí_; no hace falta. Podía Cervantes - haber suprimido también consecuentemente el _que_ de las frases - siguientes: _y_ =que= _andando andando_... _y_ =que= _del medio - del lago, y_ =que= _apenas el caballero_; pero una vez que no - quiso hacerlo, no tenemos motivo alguno para censurarle por esos - _ques_, como hace implacablemente Clemencín. - - [481] El _hada_ (voz derivada del latín _fata_, plural del - neutro _fatum_, _hado_), es un ser fantástico de la mitología - moderna bien conocido. El número _siete_, como el _tres_, aparece - consagrado en multitud de invenciones populares (siete infantes - de Lara; un venablo cortador, siete veces fué templado en la - sangre de un dragón, etc.), el bellísimo romance de la Infantina - encantada dice: - - Fija soy yo del buen rey, - y la reina de Castilla; - _siete_ fadas me fadaron - en brazos de un ama mía - que andase los _siete_ años - sola en esta montiña. - - [482] _Negregura_, hoy anticuado por negrura. - - [483] _Apenas_ seguido de _no_ es giro hoy chocante que no debe - imitarse, según nota BELLO, § 1209. Para usar el _no_ habría que - escoger otro adverbio como _casi, aun no ha acabado de oir... - cuando se arroja_. - - [484] Cuando Eneas baja a los infiernos se describe así el Elíseo - (_Eneida_, VI, 638): - - devenere locos laetos, et amoena vireta... - Largior hic campos aether et lumine vestit - purpureo; solemque suum, sua sidera norunt. - - [485] En consonantes como _floresta_ y _compuesta_, no reparaban - nunca nuestros grandes prosistas; hoy somos más meticulosos y los - evitamos cuidadosamente. También hoy se evitaría repetir tres - veces seguidas el verbo ver: «hay más que ver, después de haber - visto esto, que ver salir...» - - [486] Frase de Garcilaso: - - y las aves sin dueño - con canto no aprendido - hinchen el aire de dulce armonía. - - Fray Luis de León también la imitó: - - Despiértenme las aves - con su cantar sabroso no aprendido. - - [487] _Intricados_, como el _entricadas_ que escribió antes, pág. - 223, nota 440. - - [488] _Jaspe variado_, esto es «de varios colores». - - [489] Acordándose de _bruto_, se dijo _brutesco_ por _grutesco_, - o cosa hecha a modo de la rusticidad de las grutas; hoy - _grotesco_. - - [490] _Ferviente_ por _hirviente_, como antes _fadas_ por - _hadas_, eran arcaísmos ya mucho tiempo antes de Cervantes, - quien de intento los pone, remedando el estilo de los libros - de caballerías, que usaban de estos arcaísmos para dar aspecto - de antigüedad a la narración. Cosa igual hacían los autores - de romances del siglo XVII; v. gr., el de aquel tan sabido - que empieza: «Non es de sesudos homes... facer denuesto a un - fidalgo». La _f_ en el siglo XV ya no se pronunciaba en _facer_, - _fijo_, etc., sino como una ligera aspiración representada por - _h_, _hacer_, _hijo_; hoy hasta esta aspiración ha desaparecido y - la _h_ no tiene valor alguno. - - [491] _Menos menos_ es el refuerzo por repetición de que hablamos - arriba, pág. 111, n. 247. - - [492] Recuerda graciosamente Cervantes un lugar común de romances - y libros de caballerías, usados para ponderar el valor de una - cosa. Por ejemplo el romance de Palmero dice: - - Una esclavina trae rota - que no valía un reale, - y debajo traía otra, - bien valía una ciudade. - - Hoy decimos «vale un imperio». - - [493] Esta expresión anticuada, que hoy exigiría el uso del - artículo «agua a las manos» o «para las manos», se ha fundido en - una sola palabra: _aguamanos_. - - [494] «Verle servir todas», esto es: «ver todas las doncellas - servirle». El dativo enclítico, cuando un infinitivo rige a otro, - se coloca indistintamente en cualquiera de los dos infinitivos. - No tenía razón ninguna Hartzenbusch para creerse obligado a - corregir «¿Qué verle servir de todas las doncellas?» - - [495] _Cuál será oír_; Clemencín y Hartzenbusch dicen que _cuál_ - debe corregirse en _qué_ para uniformar ésta con las anteriores - interrogaciones. Don Quijote es muy dueño de cambiar un relativo - por otro, cuando bien le parezca, y de suprimir el substantivo - concertado con _cual_, lo mismo que lo suprimió con _que_, y así - la frase «¿Qué (maravilla) es ver cuando nos cuentan...» puede - muy bien estar seguida de la otra «¿Cuál (placer) será oír la - música...» - - [496] El _gabán_ usábase para andar en el campo y de camino; en - la ciudad sólo servía de ropa de casa. - - [497] Llamábanse _jirones_, o, como dice Covarrubias, _gironas_, - «ciertos pedazos triangulados que ingerían en el ruedo de - los sayos para que hiciesen más ruedo, y en los que eran de - terciopelo echaban estos jirones de brocados o telas, y se - llamaban _sayos agironados_». - - [498] El _asimismo_ se refiere sólo al color _verde_, que era el - que predominaba en el vestido del caminante, pues nada tienen que - ver los dos colores accesorios _leonado_ y _morado_. - - [499] Se llama _chapado_ «el hombre de hecho y de valor, porque - va guarnecido con su virtud y esfuerzo». (Covarrubias.) - - [500] Aquí _prendas_ no parece significar ‘partes o dotes - naturales’ según costumbre, sino ‘posición social’. - - [501] Rodríguez Marín corrige «de su cuello», enmienda rechazada - por la enumeración semejante que luego hace Don Quijote, en la - cual se repiten los términos «caballo», «amarillez», «flaqueza», - y se habla de las armas. Conocida es la longura de Rocinante, - caballo «largo y tendido», como se dice en el cap. IX. - - [502] _En estampa_ equivale a ‘en letras de molde’. Cuando se - publicó la segunda parte del _Quijote_, en 1615, llevaba la - primera ya 10 ediciones en Madrid, Valencia, Lisboa, Bruselas y - Milán, y se había traducido al francés en 1614, y al inglés en - fecha incierta. - - [503] _Puesto que_ significaba antiguamente ‘supuesto que’, ‘por - más que’ o ‘aunque’. Hoy se usa con la significación de ‘pues - que’. - - [504] Hoy diríamos «la profesión que sigo», esto es, «a la cual - me dedico.» _Hacer profesión_ de una cosa es «preciarnos della y - cumplirla a todo trance» (Covarrubias). - - [505] _Causar maravilla_ por ‘causar admiración o sorpresa’, es - expresión vulgar, nacida por confusión de las dos equivalentes: - _causar admiración_ y _maravillar_. _Admiración_ es la suspensión - de ánimo que produce la cosa maravillosa, y _maravilla_ es - la cosa que causa admiración; sin embargo, ambos términos - se confunden, y lo mismo que Cervantes usó _maravilla_ por - _admiración_, es muy común usar _admiración_ por _maravilla_ o - cosa admirable: «esa escultura es una admiración». - - [506] Hoy se pondría en subjuntivo. - - [507] _Perdigón manso_, pollo de perdiz, propio para cazar con - reclamo. El de lo Verde quiere decir que no caza con grande - pérdida de tiempo y dinero, sino modestamente, con un simple - reclamo para las perdices y un hurón para los conejos. - - [508] _Puesto que_ ya se ha dicho que significaba _por más que_. - - [509] Sobre alguna variante de esta palabra, véase _Celestina_, - página 71, n. 137. - - [510] La Cueva de Montesinos está en el término de Osa de Montiel - y cerca de la ermita de San Pedro de Saelices y de una laguna de - las llamadas de Ruidera, nacimiento del Guadiana. - - [511] _Estado_, medida tomada de la estatura de un hombre. Se - medían por estados las paredes de cantería, los pozos u otra cosa - honda. (Covarrubias.) - - [512] Las reglas de concordancia, fijadas hoy con una rigidez - enteramente artificial, exigen _en él_; algunas líneas adelante - repite la concordancia con _cavidad_, preferida a _espacio_, como - voz más significativa e importante. - - [513] Antiguamente se usaba mucho el adverbio _además_ para - encarecer la significación del adjetivo a que se junta con el - valor de ‘sumamente’, ‘muy’, ‘en gran manera’; en general se - posponía al adjetivo: «se levantó de la mesa mohino además». Hoy - se usa en su lugar _por demás_. - - [514] El Diccionario de Sebastián de Covarrubias, compuesto - por los mismos años que el _Quijote_, dice: «_Capuz_, una - capa cerrada, larga, que hoy día traen algunos por luto, y - antiguamente era el hábito de los españoles honrados en la paz, - como lo era la toga de los romanos.» - - [515] Gorra fina de lana que se traía de Milán. - - [516] En el entremés del _Retablo de las maravillas_, dice - Cervantes de un gobernador que tenía «peripatética y anchurosa - presencia». - - [517] _Quien_, en el período clásico se refería lo mismo a - personas que a cosas. (BELLO, _Gr._, § 329.) Abundan los ejemplos - en todos estos extractos. - - [518] _Guarda_, _guía_, _escucha_ y otros substantivos verbales - por el estilo, son femeninos por su terminación, y masculinos por - su significación. - - [519] Montesinos es un héroe peculiar de nuestros romances; a - pesar de pertenecer a la leyenda de Carlomagno, no es conocido - este personaje en la literatura francesa. Habiendo sido su padre - acusado falsamente por Tomillas al Emperador, fué arrojado al - destierro; allí nace el héroe en un monte despoblado, lo que le - valió el nombre de _Montesinos_, y ya crecido, marchó a París - y mató al traidor Tomillas. Otros romances nos dan a conocer - a Montesinos como primo y grande amigo de Durandarte.--Este - Durandarte, lo mismo que su amigo Montesinos, es parto de la Musa - castellana, desconocido en la literatura carolingia francesa; - su origen es muy singular: el nombre de Durandarte se aplicaba - antiguamente a la espada de Roldán (pues las espadas de los - caballeros llevaban nombres propios, como las dos del Cid: Colada - y Tizón), pero un poeta vulgar castellano, poco enterado de esto, - tomó el nombre como de persona, y fantaseó sobre él la historia - de un héroe, suponiéndole muerto también en Roncesvalles, como - Roldán; supo adornar su invención con el sangriento legado que - Durandarte hace al morir, lo cual dió al asunto una excepcional - fama y popularidad; quizá se inspiró en el _Amadis_, quien al - verse en un peligro, encarga a su escudero que si muere le saque - el corazón y lo lleve a su señora Oriana, cuyo era. - - [520] Don Quijote alude al romance siguiente: - - Muerto yace Durandarte - al pie de una alta montaña, - llorábalo Montesinos - que a su muerte se hallara; - quitándole está el almete, - desciñéndole la espada; - hácele la sepultura - _con una pequeña daga_; - sacábale el corazón, - como él se lo jurara, - para llevar a Belerma, - como él se lo mandara. - - Vemos que Don Quijote punteaba mal en su memoria los versos; los - romanceros afirman sólo que la pequeña daga sirvió para hacer la - sepultura. - - [521] Hartzenbusch corrigió sin necesidad: _ni pequeña ni - grande_. La humorística contradicción de Montesinos, no para - en desmentir el substantivo, sino que niega superfluamente el - adjetivo. La aclaración de Montesinos es de gran substancia, si - atendemos a que, como dice Covarrubias, la _daga_ y el _puñal_ - «todo viene a ser una cosa». Sin embargo, bueno será distinguir: - como la daga tiene filo, necesita guarnición y gavilanes para - proteger la mano, cosa que el puñal no lleva, pues hiere sólo de - punta. - - [522] _Buído_ no era voz muy usual; no sabía Covarrubias, - coetáneo de Cervantes, lo que quería decir. Significaba, - probablemente, hoja con la punta estriada en tres canales: la - punta buída de las espadas estaba prohibida, como más dañosa, por - las pragmáticas reales del tiempo de Cervantes. - - [523] _Sobremodo_ y el moderno _sobremanera_ son usados - indistintamente por Cervantes. - - [524] Compárese la frase corriente y usada por Cervantes (II, - capítulo XXI) «hombre de valor y de pelo en pecho», así como la - voz francesa _poilu_ ‘valiente’, tratada en _Modern Language - Notes_ XXXII, 375. - - [525] _Tenía la mano_, _preguntase_ y _me dijo_ son tres - verbos que tienen tres sujetos diferentes, los cuales debieran - expresarse en los dos últimos, o cambiarse el giro: «y - Montesinos, viéndome suspenso, antes que yo preguntase, me dijo». - - [526] Personaje que figura en las leyendas del ciclo bretón (o - sea del Rey Artús, de Tristán e Iseo, etc.). No era _francés_ - o de _Galia_, sino de _Gaula_, que es el nombre caballeresco - de Gales o Bretaña en general. A Merlín se atribuían cuantas - profecías se forjaban en la Edad Media sobre grandes - acontecimientos; por eso Don Quijote fué también profetizado por - Merlín, según dice luego Montesinos a Durandarte. (Véase atrás, - pág. 184, n. 384). - - [527] _Mayor de_ por _mayor que_; es construcción usada todavía - con el comparativo, especialmente con los numerales. (v. BELLO, - _Gr._, § 1016 y 1017). - - [528] Esto es lo que admira a Montesinos, quien rompió el hilo - sintáctico de sus palabras, distraído por la digresión sobre el - peso de la entraña de su amigo. - - [529] Estos versos son de un romance viejo, salvo los dos - últimos, de tono un tanto burlesco, que son invención de - Cervantes, y suponen la imaginación de Don Quijote preocupada - con la noticia recién aprendida de que Montesinos había sacado - el corazón de su amigo, no, como decían todos los romances, con - daga, sino con puñal. - - [530] Parodiando a uno de los romances de Montesinos, que dice: - - Por el costado siniestro - el corazón le sacara... - _envolvióle en un cendal_ - y consigo lo llevaba. - _Entierra primero al primo;_ - con gran llanto lamentaba - la su tan temprana muerte - y su suerte desdichada. - - [531] No hay que suplir la preposición _a_ como hacen algunas - ediciones modernas, suponiéndola embebida en la _a_ final de - Belerma. El pronombre _nos_ representa cerca del verbo el largo - complemento directo que va antepuesto, y determina, a la vez, el - caso en que debiera estar ese complemento. - - [532] Aunque antes de Cervantes existían localizadas en las - lagunas de Ruidera tradiciones referentes a Montesinos, parecen - invención de Don Quijote la dueña Ruidera y el escudero Guadiana - con su metamórfosis en río. - - [533] Una de las lagunas de Ruidera se llama _del Rey_. Parece - que dos de ellas pertenecían a la orden de San Juan, y las - restantes al Rey. En total no son, como dice Cervantes nueve, - sino 13, y dos más que se secan por el verano. - - [534] El Guadiana tiene fama de criar mucho pescado, aunque - malsano. - - [535] _Paciencia y barajar_ es una expresión proverbial con - que se exhorta a la paciencia a los perdidosos en el juego de - naipes. Nótese el uso del infinitivo con valor de imperativo, muy - peculiar del español y portugués, aunque se presenta también en - francés «prendre tant de grammes de cette potion». - - [536] Por _alguna_ se diría hoy mejor _cualquiera_ con - significado de _ninguna_. Del uso de _alguno_ por _ninguno_ - en frases negativas como: «sin ser visto de alguno» se pasó a - darle este valor en otras que sólo son negativas por la idea que - envuelven: «contribuyó más que otro alguno a su adelantamiento». - - [537] Durandarte al morir y encargar a Montesinos que llevase - a Belerma su corazón, le mandaba también que se lo recordase - incesantemente: - - y traelde a la memoria - dos veces cada semana. - - [538] Endechas eran canciones tristes que se lloraban sobre los - muertos de cuerpo presente. Solían ser cuartetas de seis sílabas, - y algunas tenían cierto encanto lúgubre y plañidero, como esta - que, al decir de Covarrubias, era ejemplo casero y sabido de - todos en tiempo de Cervantes: - - Parióme mi madre - una noche obscura, - cubrióme de luto, - faltóme ventura... - - [539] _Tener_ equivalía a ‘opinar’; en latín «fama tenet». Hoy se - dice «tengo para mí que...» Rodríguez Marín, en su edición del - Quijote IV (1916), interpreta de otro modo: ‘como tenía fama de - serlo’. - - [540] _¡Cepos quedos!_ expresión del lenguaje truhanesco y - carcelario; voz dirigida al criminal que remueve el cepo tratando - de huir. La comparación «quedo como un cepo», que usa la _Pícara - Justina_, alude a la pesadez e inmovilidad de los cepos. - - [541] _Pasar razones_, _coloquios_, etc., era muy usado por - ‘cruzarse palabras’. - - [542] Es descuido de Cervantes por «como ha estado allá abajo». - - [543] Eran perros que guardaban el Hospital de la Resurrección en - Valladolid, fundado en tiempo de Carlos V, en 1553; hoy le llaman - Hospital de Esgueva. Los perros acompañaban también, de noche, a - los hermanos de la capacha, para pedir limosna, y les alumbraban - llevando en su boca una linterna. - - [544] Hoy los indefinidos _uno_, _otro_ no suelen llevar - artículo, cuando forman una cláusula distributiva de más de - dos miembros; v. BELLO, _Gr._ § 1172. Nótese que el repetir la - preposición para empezar la enumeración es familiar. En el estilo - limado de hoy se repetiría colocándola al fin del primer miembro - de la enumeración: «en las camas estaban: un alquimista en una, - en otra un poeta», etc., o mejor simplemente, «un alquimista, un - poeta», etc. - - [545] Alquimista era el químico antiguo que se empeñaba en hallar - la piedra filosofal, o sea cierta sustancia con la cual pudiese - componer y sacar artificialmente el oro de otros minerales. - - [546] Los arbitristas eran economistas ramplones, que se - dedicaban a imaginar _arbitrios_ o proyectos tan sencillos como - disparatados, con los que pretendían curar los más complicados - males de la hacienda y la administración de los últimos reyes - de la casa de Austria. El nombre noble para designar a los - hacendistas era el de _políticos_. La palabra _economista_ es - sólo de nuestros días. - - [547] Igual observación que en la nota 544 de la pág. 262. Hoy _de - uno_. - - [548] Ars poet. 388. «Nonumque prematur in annum, membranis intus - positis.» - - [549] Esto es, que le había costado veinte años de _ocupación_, y - que había _pasado_ más de los diez años consabidos esperando la - publicidad; a esta espera la llama con juego de palabras estado - _de pasante_. - - [550] _Sujeto_ por ‘asunto’ pasa hoy por galicismo a ojos de - muchos. Cervantes dice en otro lugar: «dar sujeto a sus versos». - - [551] _Brial_, túnica usada en la antigüedad por hombres y - mujeres. _La demanda del Santo Brial_, en lugar del _Santo Grial_ - (véase página 230, n. 463), es desatino intencionado, como lo es - el decir que el arzobispo Turpín escribió la historia de Artús - (véase página 233, n. 475). - - [552] Es decir, sin valerse para el consonante del verso de las - fáciles terminaciones esdrújulas que ofrece la conjugación, como - _mandábamos_, _mandándome_, _mándale_, etc. - - [553] De la confusión de las dos expresiones _poco se me alcanza_ - + _poco entiendo_, resultó la frase extraña, de Cervantes, _poco - se me entiende_. - - [554] La construcción: _manando en oro_, es resultado de la - confusión de las dos frases _manando oro_ y _nadando en oro_, - sin que tenga nada que ver con la construcción intransitiva del - latín: «culter manans _sanguine_». El _Guzmán de Alfarache_, por - ejemplo, dice: «todos manábamos oro.» - - [555] _Potencia propincua_, ‘posibilidad próxima, a pique, muy - cerca’. - - [556] _El punto fijo_ o _de longitud_ es el medio de determinar - exactamente la longitud en alta mar. Como resolver el problema de - la longitud en las cartas de marear era tan interesante para las - grandes navegaciones de los españoles y portugueses, el gobierno - de Felipe III ofreció varios premios a los que hicieran este - hallazgo; siendo muchos los que gastaban su vida en tal estudio, - que entonces parecía quimérico e imposible, dado el atraso de las - ciencias y que aun para Newton fué irresoluble. - - [557] ‘Cuando menos lo pienso’. El _Diccionario de Autoridades_ - dice: «_Cuando menos se cata_ o _cuando no se cata_, frases para - explicar una cosa impensada, que sucede cuando menos se espera o - piensa.» - - [558] _Carnero_ es la sepultura común destinada en los - cementerios a los cadáveres que no tienen enterramiento propio. - Díjose de _carne_, como _osero_ o _huesera_ de hueso, sitio - destinado en los cementerios a amontonar los huesos. Covarrubias - añade: «y los papeles que no son de provecho, y por ser antiguos - no se queman, poniéndolos en alguna parte retirada, dicen - _echarlos en el carnero_; a imitación del de los muertos.» Esta - frase no está en el Diccionario Académico. - - [559] _Reduzga_ por _reduzca_, es forma extraña de conjugar los - incoativos que se conserva hoy en _yazgo_ al lado de _yazco_. - Nació por analogía con verbos tales como _valgo_, _tengo_, etc. - - [560] La población de la Península a principios del siglo XVII, - antes de la expulsión de los moriscos, se calcula en nueve - millones y pico. (DON JOSÉ GARCÍA BARZANALLANA, _La población de - España_, pág. 19.) - - [561] _Al menorete_ equivale a ‘por lo bajo, por lo poco’. - - [562] Hoy se escribe _aechar_, limpiar en el harnero las - semillas, quitándoles el polvo, paja y piedras. - - [563] El demostrativo _tal_ tiene aquí valor del indefinido - _alguno_. Nótese la elipsis siguiente _que (el ayunar) le fuese - conveniente_. - - [564] _Riyo_, _riyes_ llevaba una _y_ eufónica para evitar el - hiato: _río_, _ríes_. - - - - -DON FRANCISCO DE MONCADA - -(1586-1635) - - -La _Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y Griegos_ -fué escrita en 1620, pero no se publicó sino en 1623. - -Aunque floreció este autor ya en el siglo XVII, no hallamos en él -rastros del gusto literario de su época; pertenece por su estilo al -siglo XVI, pues se inspira visiblemente en la guerra de Granada de -Mendoza. - -Es, como él, sentencioso y conciso, pero no extrema tanto la brevedad -en el decir, ni su estilo es afectadamente cortado; nótese la -amplitud extraordinaria de la frase en todo el Prólogo. El lenguaje -de Moncada tiene aspecto muy semejante al moderno, gracias a la -trabazón más perfecta de las cláusulas, hija de las condiciones -naturales del autor más que de estudio y esmero, ya que el trabajo de -corrección y lima se descubre poco en esta obra, según se echa de ver -en descuidos tales como el señalado en la página 272, nota 566. - -No obstante se descubre en el tono general cierta ligera afectación, -por ejemplo, en lo muy a menudo que relega el verbo al fin de la -frase. - - - EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES - CONTRA TURCOS Y GRIEGOS - - PRÓLOGO - -Mi intento es escribir la memorable expedición y jornada que los -catalanes y aragoneses hicieron a las provincias de levante, cuando -su fortuna y valor andaban compitiendo en el aumento de su poder y -estimación: llamados por Andrónico Paleólogo, emperador de griegos, -en socorro y defensa de su imperio y casa: favorecidos y estimados -en tanto que las armas de los turcos le tuvieron casi oprimido, y -temió su perdición y ruina; pero, después que por el esfuerzo de -los nuestros quedó libre dellas, maltratados y perseguidos con gran -crueldad y fiereza bárbara, de que nació la obligación natural de -mirar por su defensa y conservación, y la causa de volver sus fuerzas -invencibles contra los mismos griegos y su príncipe Andrónico; las -cuales fueron tan formidables, que causaron temor y asombro a los -mayores príncipes de Asia y Europa, perdición y total ruina a muchas -naciones y provincias, y admiración a todo el mundo. Obra será esta, -aunque pequeña por el descuido de los antiguos, largos en hazañas, -cortos en escribirlas[565], llena de varios y extraños casos, de -guerras continuas en regiones remotas y apartadas, con varios pueblos -y gentes belicosas, de sangrientas batallas y victorias no esperadas, -de peligrosas conquistas acabadas con dichoso fin por tan pocos y -divididos catalanes y aragoneses, que al principio fueron burla de -aquellas naciones, y después instrumento de los grandes castigos que -Dios hizo en ellas. Vencidos los turcos en el primer aumento de su -grandeza otomana, desposeídos de grandes y ricas provincias de la -Asia menor, y a viva fuerza y rigor de nuestras espadas encerrados en -lo más áspero y desierto de los montes de Armenia; después, vueltas -las armas contra los griegos, en cuyo favor pasaron, por librarse de -una afrentosa muerte, y vengar agravios que no se pudieran disimular -sin gran mengua de su estimación y afrenta de su nombre, ganados por -fuerza muchos pueblos y ciudades, desbaratados y rotos poderosos -ejércitos, vencidos y muertos en campo reyes y príncipes, grandes -provincias destruídas y desiertas, muertos, cautivos o desterrados -sus moradores (venganzas merecidas más que lícitas), Tracia, -Macedonia, Tesalia y Beocia penetradas y pisadas, a pesar de todos -los príncipes y fuerzas del oriente, y últimamente, muerto a sus -manos el duque de Atenas con toda la nobleza de sus vasallos y de los -socorros de franceses y griegos, ocupado su estado, y en él fundado -un nuevo señorío. - -En todos estos sucesos no faltaron traiciones, crueldades, robos, -violencias y sediciones; pestilencia común, no sólo de un ejército -colectivo y débil por el corto poder de la suprema cabeza, pero de -grandes y poderosas monarquías. Si como vencieron los catalanes a -sus enemigos, vencieran su ambición y codicia, no excediendo los -límites de lo justo, y se conservaran unidos, dilataran sus armas -hasta los últimos fines del oriente, y viera Palestina y Jerusalén -segunda vez las banderas cruzadas. Porque su valor y disciplina -militar, su constancia en las adversidades, sufrimiento en los -trabajos, seguridad en los peligros, presteza en las ejecuciones, -y otras virtudes militares, las tuvieron en sumo grado[566], en -tanto que la ira no las pervirtió; pero el mismo poder que Dios les -entregó para castigar y oprimir tantas naciones, quiso que fuese -el instrumento de su propio castigo. Con la soberbia de los buenos -sucesos, desvanecidos con su prosperidad, llegaron a dividirse en -la competencia del gobierno; divididos[567], a matarse; con que -se encendió una guerra civil tan terrible y cruel, que causó sin -comparación mayores daños y muertes que las que tuvieron con los -extraños. - - - Descripción de los Almugávares y de su modo de pelear - -La antigüedad, madre del olvido, por quien han perecido claros hechos -y memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas, ha sido -el origen[568] de los almugávares; pero según lo que yo he podido -averiguar, fué de aquellas naciones bárbaras que destruyeron el -imperio y nombre de los romanos en España, y fundaron el suyo, que -largo tiempo conservaron con esplendor y gloria de grande majestad, -hasta que los sarracenos en menos de dos años le oprimieron, y -forzaron a las reliquias deste universal incendio que[569] entre -lo más áspero de los montes buscasen su defensa, donde las fieras -muertas por su mano les dieron comida y vestido. - -Pero luego su antiguo valor y esfuerzo, que el regalo y delicias -tenían sepultado, con el trabajo y fatiga se restauró[570], y -les hizo dejar las selvas y bosques, y convertir sus armas contra -moros[571], ocupadas antes en dar muerte a fieras. Con la larga -costumbre de ir divagando, nunca edificaron casas ni fundaron -posesiones; en la campaña y en las fronteras de enemigos tenían -su habitación y el sustento de sus personas y familias: despojos -de sarracenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas, -sin otra arte ni oficio más que servir pagados en la guerra, y -cuando faltaban las que sus reyes hacían, con cabezas y caudillos -particulares, corrían las fronteras; de donde vinieron a llamar los -antiguos el ir a las correrías, _ir en almugavería_. - -Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria o afrenta; -y como los alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de -pieles de fieras, abarcas y antiparas de lo mismo. Las armas: una -red de hierro en la cabeza a modo de casco, una espada y un chuzo -algo menor de lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros. Pero -la mayor parte llevaban tres o cuatro dardos arrojadizos; era tanta -la presteza y violencia con que los despedían de sus manos, que -atravesaban hombres y caballos armados; cosa al parecer dudosa, si -Desclot y Muntaner[572] no lo refirieran, autores graves de nuestras -historias, adonde largamente se trata de sus hechos, que pueden -igualar con los muy celebrados de romanos y griegos. - -Carlos, Rey de Nápoles, puestos ante su presencia algunos prisioneros -almugávares, admirado de la vileza del traje y de las armas, al -parecer inútiles, contra los cuerpos de hombres y caballos armados, -dijo con algún desprecio que si eran aquellos los soldados con que -el rey de Aragón pensaba hacer la guerra. Replicóle uno dellos, -libre siempre el ánimo para la defensa de su reputación: «Señor, si -tan viles te parecemos y estimas en tan poco nuestro poder, escoge -un caballero de los más señalados de tu ejército, con las armas -ofensivas y defensivas que quisiere; que yo te ofrezco con sola mi -espada y dardo de pelear en campo con él.» Carlos, con deseo de -castigar la insolencia del almugávar, aplazó el desafío y quiso -asistir y ver la batalla. Salió un francés con su caballo armado de -todas piezas, lanza, espada y maza para combatir, y el almugávar con -sola su espada y dardo. Apenas entraron en la estacada, cuando le -mató el caballo, y queriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz del -Rey le detuvo, y le dió por vencedor y por libre. Otro almugávar en -esta misma guerra, a la lengua del agua[573], acometido de veinte -hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos -hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia el -tratar de otra largamente. - -La duda que se ofrece sólo es del hombre, si fué de nación o de -milicia en sus principios. Tengo por cosa cierta que fué de nación, y -para asegurarme más en esta opinión, tengo a George Pachimerio[574], -autor griego, cuyos fragmentos dan mucha luz a toda esta historia, -que llama a los almugávares descendientes de los avares, compañeros -de los hunos y godos; y aunque no se hallará autor que opuestamente -lo contradiga, por muchas leyes de las _Partidas_ se colige -claramente que el nombre de almugávar era nombre de milicia, y el -ser esto verdad no contradice lo primero, porque entrambas cosas -pueden haber sido; en su principio, como Pachimerio dice, fué de -nación; pero después, como no ejercitaran los almugávares otra arte -ni oficio, vinieron ellos a dar nombre a todos los que servían en -aquel modo de milicia, así como muchas artes y ciencias tomaron -el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se -agregase a los almugávares, milicia de tanta fatiga y peligro, sin -ser de su nación[575], porque la inclinación natural les hacía -seguir la profesión de los padres; ni hay hombre que, pudiendo -escoger, siguiese milicia que desde la primera edad se ocupase con -tanto riesgo de la vida, descomodidad y continuo trabajo. Nicéforo -Gregoras[576] dice que almugávar es nombre que dan a toda su -infantería los latinos (así llaman los griegos a todas las naciones -que tienen a su poniente); pero no hay para qué contradecir con -razones falsedad tan manifiesta, y más contra un autor tan poco -advertido en nuestras cosas como Nicéforo. - - -NOTAS - - [565] Imitación de Mariana, quien en el Prólogo de su historia - dice: «España, más abundante en hazañas que en escritores...» En - las enumeraciones que siguen, recuerda este prólogo de Moncada al - de Hurtado de Mendoza, a quien especialmente imita. - - [566] Esta frase está construída con gran descuido e - inconsecuencia. Deben borrarse los dos primeros _su_, escritos - por Moncada, pensando dar otra conclusión a la frase, que luego - olvidó. Tal como la termina hay que leer: «porque valor y - disciplina militar, constancia, etc...» - - [567] Participio absoluto y elipsis del verbo; la frase completa - sería: «una vez divididos _llegaron_ a matarse». - - [568] _Origen_ es el predicado de _ha sido_, en lugar de - _memoria_, que va anticipado. La frase completa sería: _ha sido - la del origen_. - - [569] Hoy se diría: «forzaron _a_ que buscasen»; Moncada suprimió - quizá la preposición, porque la precedía otra con el acusativo - «_a_ las reliquias.» - - [570] Aunque Moncada suele poner el verbo en plural cuando tiene - varios sujetos, aquí usa el singular, porque _valor y esfuerzo_ - son una mera redundancia, y como el adjetivo _antiguo_ les - precede, y, por lo tanto, ha de ir en singular, contribuye más a - presentarlo a la imaginación como sujeto único y no doble. - - [571] El castellano antiguo no usaba artículo con los nombres de - naciones: «desamparó a castellanos»; «mucho plogo a castellanos.» - - [572] Bernardo Desclot y Ramón Muntaner, cronistas catalanes de - la Edad Media. La historia del primero llega hasta la muerte de - Pedro III el Grande, 1285, y la de Muntaner hasta Jaime II. - - [573] «Lengua del agua», orilla, tierra que el agua lame con sus - ondas. - - [574] Autor de la historia de Andrónico Paleólogo. - - [575] Este razonamiento contradícelo Desclot, cap. 79, quien - afirma que los almugávares eran de varias naciones, a pesar de - que en su tiempo vivían únicamente de entradas y robos en tierra - de sarracenos: «e son Catalans e Aragonesos e Serrayns». - - [576] Autor de una Historia Bizantina. - - - - -DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS - -(1580-1645) - - -Su _Política de Dios_ fué publicada en 1626; en igual año, la _Vida -del Buscón_; los dos _Sueños_ titulados: las _Zahurdas de Plutón_ y -la _Visita de los Chistes_ en 1627, y el _Marco Bruto_ en 1644. - -El siglo XVI había adornado el lenguaje con el período amplio y -la frase fluida y encadenada. Fray Luis de Granada y Fray Luis de -León, habían adiestrado en su uso la prosa doctrinal; Cervantes, la -prosa narrativa. Sólo en los historiadores (sobre todo en Mendoza, -bastante menos en Mariana) se advertía la opuesta tendencia, a la -frase cortada y breve. Esta manera especial de los historiadores -obedecía, según se ha dicho, a la imitación de Salustio y Tácito, -y como en el siglo XVII abundan, al par de los historiadores, los -escritores moralistas, que se inspiraban habitualmente en las obras -de Séneca el filósofo, cuajadas de sentencias, antítesis y simetrías, -de ahí que, contrastando con el lenguaje del siglo XVI, predomine -en el del XVII la frase elíptica. Era ésta la forma apropiada para -el estilo _conceptuoso_ que entonces predominó entre los prosistas -(contrario al que dominó en los poetas, el _culterano_); la cláusula -corta se prestaba muy especialmente para exponer los _conceptos_, que -así llamaban a la comparación primorosa de dos ideas que mutuamente -se esclarecen, y en general todo pensamiento agudo enunciado de -una manera rápida y picante. Lo que principalmente buscaba el -conceptista al escribir, era hacer gala de agudeza e ingenio, por -eso muestra gusto especial por las metáforas forzadas, asociaciones -anormales de ideas, transiciones bruscas, y gusto por los contrastes -violentos en que se funda todo humorismo, que humoristas son los -grandes escritores de este siglo, Quevedo y Gracián. En estos -autores geniales, el conceptismo aparece lleno de profundidad, la -frase encierra más ideas que palabras (al revés del culteranismo, -que prodiga más las palabras que las ideas); pero en los autores de -orden inferior de este siglo la agudeza suele estribar únicamente -en lo rebuscado del pensamiento, en equívocos triviales y en -estrambóticas comparaciones. El siglo XVI fué el de esplendor de la -prosa castellana, el XVII es ya de decadencia; y uno de los síntomas -de ésta es precisamente el buscar como principal sazón de la obra -literaria el artificio y la agudeza. - -Quevedo es el representante más notable del estilo propio de los -autores del siglo XVII y el maestro de casi todos ellos. Es un genio, -aunque un genio de la decadencia; modelo en la expresión siempre -penetrante y enérgica, en el lenguaje satírico lleno de ironía y -escarnio, en el chiste pronto y centelleante, en los abultados rasgos -con que esboza los tipos caricaturescos de sus obras festivas y las -tétricas fantasías burlescas de sus _Sueños_. El defecto que a veces -echa a perder el estilo de Quevedo es la exageración del ingenio, -la originalidad extravagante, la oscuridad del concepto; como dice -Fernández Guerra: «hacen sudar sus genialidades y agudezas, y sobre -todo su lenguaje es tan idiótico y exquisito, que pone a prueba, para -sólo entenderlo a veces, a los talentos más ejercitados en el estudio -de nuestro riquísimo idioma». - -En su lenguaje se mezclan el artificio literario con la castiza -llaneza popular; su vocabulario, al par que abunda en términos -técnicos y pedantescos, es de los más ricos en toda clase de términos -vulgares, sin que retroceda ante lo más grosero y soez, ofreciéndonos -así mezcladas las reminiscencias de la poderosa cultura del autor con -la vena genial de su inspiración picaresca. - -En el manejo de los caudales de la lengua, muestra Quevedo soltura -y desenfado tan magistral, que halla siempre en ella instrumento -dócil a sus más sutiles y extrañas ocurrencias; se doblegan a los -caprichos de su imaginación lo mismo la sintaxis que la significación -de las voces, a las que frecuentemente da un valor convencional y -de ocasión, o las leyes de composición de las palabras, pues las -forja nuevas siempre que las echa de menos para lograr un efecto -cómico, creando así un diccionario burlesco suyo propio, lleno de -voces tales como _titulecer_, remedo de amanecer; _disparatario_, por -vocabulario de disparates; _pretenmuela_, cuando no le parece propio -usar «pretendiente», y otros innumerables, algunos de los cuales -forman parte de nuestro lenguaje ordinario. La invención de Quevedo -en el vocabulario de burlas la continúan otros autores de este siglo, -Gracián por ejemplo, en el vocabulario de las ideas abstractas; y -de esta labor de enriquecimiento y neologismo proviene la mayor -parte del caudal de la lengua moderna que hoy hablamos. La riqueza -heredada, que el lenguaje del siglo XVI ostentaba como único tesoro, -parecía ya escasa. - - - POLÍTICA DE DIOS Y GOBIERNO DE CRISTO - - En esta obra dirige Quevedo a Felipe IV reglas de buen gobierno - fundadas en los textos de la Biblia. Aquí, comentando a San - Lucas, VII, y San Mateo, XI, da las señas ciertas del verdadero - rey. - -Envió San Juan sus mensajeros a Cristo, que le preguntaron si era el -que había de venir, el que esperaban, el Mesías prometido, el rey -Dios y hombre. Bien sabía San Juan que era Jesús el prometido, y que -no había que esperar a otro: no aguardó a nacer para declararlo[577]. -¿Por qué, pues, manda a sus discípulos el Precursor santísimo que -de su parte le pregunten a Cristo lo que él sabía? La materia fué -la más grave que dispuso el Padre Eterno, y que obró el Espíritu -Santo, y que ejecutó el amor del Hijo: tratábase de dar a entender -al mundo con demostración que Jesús era hombre y Dios, el rey ungido -que prometieron los Profetas; quiso[578] que su pregunta enseñase con -la respuesta de Cristo lo que no podía tener igual autoridad en sus -palabras. Literalmente lo probaré con el texto sagrado. - -Preguntaron a Jesús si era el prometido, el que había de venir; y -Cristo respondió con obras sin palabras; pues luego resucitó muertos, -dió vista a ciegos, pies a tullidos, habla a los mudos, salud a los -enfermos, libertad a los poseídos del demonio; y después dijo: «Id y -diréis a Juan que los muertos resucitan, los ciegos ven, los mudos -hablan, los tullidos andan, los enfermos guarecen.» Quien a todos da -y a nadie quita; quien a todos da lo que les falta; quien a todos da -lo que han menester y desean, ese Rey es, ese es el Prometido, es el -que se espera, y con él no hay más que esperar. Pobladas están de -coronas y cetros estas acciones. No dijo: «Yo soy rey»; sino mostróse -rey. No dijo: «Yo soy el Prometido»; sino cumplió lo prometido. No -dijo: «No hay que esperar a otro»; sino obró de suerte, que no dejó -que esperar de otro. - -Sacra, Católica, Real Majestad[579], bien puede alguno mostrar -encendido su cabello en corona ardiente en diamantes, y mostrar -inflamada su persona con vestidura, no sólo teñida, sino embriagada -con repetidos hervores de la púrpura; y ostentar soberbio el cetro -con el peso del oro, y dificultarse a la vista remontado en trono -desvanecido[580], y atemorizar su habitación con las amenazas bien -armadas de su guarda[581]; llamarse rey, y firmarse rey; mas serlo y -merecer serlo, si no imita a Cristo en dar a todos lo que les falta, -no es posible, Señor. Lo contrario, más es ofender que reinar. - -Quien os dijere que vos no podéis hacer estos milagros, dar vista y -pies, y vida, y salud, y resurrección y libertad de opresión de malos -espíritus, ese os quiere ciego, y tullido, y muerto, y enfermo, y -poseído de su mal espíritu. Verdad es que no podéis, Señor, obrar -aquellos milagros; mas también lo es que podéis imitar sus efectos. -Obligado estáis a la imitación de Cristo. Si os descubrís donde os -vea el que[582] no dejan que pueda veros, ¿no le dais vista? Si -dais entrada al que necesitando de ella se la negaban, ¿no le dais -pies y pasos? Si oyendo a los vasallos, a quien[583] tenía oprimido -el mal espíritu de los codiciosos, los remediais, ¿no les dais -libertad de tan mal demonio? Si oís al que la venganza y el odio -tiene condenado al cuchillo o al cordel, y le hacéis justicia, ¿no -resucitáis un muerto? Si os mostráis padre de los huérfanos y de -las viudas, que son mudos, y para quien todos son mudos, ¿no les -dais voz y palabras? Si socorriendo los[584] pobres, y disponiendo -la abundancia con la blandura del gobierno, estorbáis la hambre y -la peste, y en una y otra todas las enfermedades, ¿no sanáis a los -enfermos? Pues, ¿cómo, Señor, estos malsines de la doctrina de Cristo -os acreditarán los milagros de esta imitación, que sola os puede -hacer rey verdaderamente, y pasar la majestad de los cortos límites -del nombre? Por esto, soberano Señor, dijo Cristo: «Mayor testimonio -tengo que Juan Bautista, porque las obras que hago dan testimonio de -mí.» Y reconociendo esto San Juan, no dijo lo que sabía, sino mandó -a sus discípulos le preguntasen quién era, para que respondiendo sus -obras viese el mundo mayor testimonio que el suyo. - -Pues si no puede ser buen rey, imitador del verdadero Rey de los -reyes, el que no diere a los suyos salud, vida, ojos, lengua, pies y -libertad, ¿qué será el que les quitare todo esto? Será, sin duda, mal -espíritu, enfermedad, ceguera y muerte. Considere Vuestra Majestad -si los que os apartan de hacer estos milagros quieren ellos solos -veros y que los veáis; acompañaros siempre; que no habléis con otros, -y que otros no os hablen; que no obréis salud y vida y libertad, -sino con ellos; y sin otra advertencia conoceréis que os ciegan, y -os enferman, y os tullen, y os enmudecen; y os hallaréis obseso de -malos espíritus vos, cuyo oficio es obrar en todos los vuestros lo -contrario. - -¡Insensatos electores de imperios son los nueve meses! Quien debe la -majestad a las anticipaciones del parto y a la primera impaciencia -del vientre, mucho hace si se acuerda, para vivir como rey, de -que nació como hombre. Pocos tienen por grandeza ser reyes por el -grito de la comadre; pocos, aun siendo tiranos, se atribuyen a la -naturaleza: todos lo hacen deuda a sus méritos. Dichoso es quien -nace para ser rey, si reinando merece serlo; y no se merece sino -con la imitación de las obras con que Cristo respondió que era rey. -El angélico Doctor Santo Tomás, en el opúsculo _De la enseñanza -del príncipe_, dice que si los monarcas, que están en la mayor -altura y encima de todos, no son como el fieltro, que defiende de -las inclemencias del tiempo al que le lleva encima, son como las -inclemencias, diluvios y piedra sobre las espigas que cogen debajo. -Lleva el vasallo el peso del rey a cuestas como las armas, para -que le defienda, no para que le hunda. Justo es que recompense, -defendiendo, el ser llevado y el ser carga. - - - VIDA DE MARCO BRUTO - - Haciendo amplios comentarios al texto de la Vida de Bruto, - escrita por Plutarco, supone que el matador de César pronuncia - ante el pueblo esta oración: - -«Ciudadanos de Roma: Las guerras civiles, de compañeros de Julio -César os hicieron vasallos; y esta mano, de vasallos os vuelve a -compañeros. La libertad que os dió mi antecesor Junio Bruto contra -Tarquino, os da Marco Bruto contra Julio César. De este beneficio -no aguardo vuestro agradecimiento, sino vuestra aprobación. Yo -nunca fuí enemigo de César, sino de sus designios; antes tan -favorecido[585], que en haberle muerto fuera el peor de los ingratos, -si no hubiera sido el mejor de los leales. No han sido sabidoras de -mi intención la envidia ni la venganza. Confieso que César, por su -valentía y por su sangre, y su eminencia en la arte militar y en -las letras, mereció que le diese vuestra liberalidad los mayores -puestos; mas también afirmo que mereció la muerte, porque quiso -antes tomároslos con el poder de darlos, que merecerlos: por esto -no lo he muerto sin lágrimas. Yo lloré lo que él mató en sí, que -fué la lealtad a vosotros, la obediencia a los Padres; no lloré su -vida, porque supe llorar su alma. Pompeyo dió la muerte a mi padre; -y aborreciéndole[586] como a homicida suyo, luego que contra Julio -en defensa de vosotros tomó las armas, le perdoné el agravio, seguí -sus órdenes, milité en sus ejércitos, y en Farsalia me perdí con -él[587]. Llamóme con suma benignidad César, prefiriéndome en las -honras y beneficios a todos. He querido traeros estos dos sucesos a -la memoria, para que veáis que ni en Pompeyo me apartó de vuestro -servicio mi agravio, ni en César me granjearon contra vosotros -las caricias y favores. Murió Pompeyo por vuestra desdicha: vivió -César por vuestra ruina: matéle yo por vuestra libertad. Si esto -juzgáis por delito[588], con vanidad le confieso; si por beneficio, -con humildad os le propongo. No temo el morir por mi patria; que -primero decreté mi muerte que la de César. Juntos estáis, y yo -en vuestro poder; quien se juzgare indigno de la libertad que le -doy, arrójeme su puñal, que a mí me será doblada gloria morir por -haber muerto al tirano. Y si os provocan a compasión las heridas -de César, recorred todas vuestras parentelas, y veréis cómo por él -habéis degollado vuestros linajes, y los padres con la sangre de -los hijos, y los hijos con la de sus padres, habéis[589] manchado -las campañas y calentado los puñales. Esto, que no pude estorbar y -procuré defender[590], he castigado. Si me hacéis cargo de la vida de -un hombre, yo os le hago de la muerte de un tirano. Ciudadanos: si -merezco pena, no me la perdonéis; si premio, yo os le perdono.» - - - LAS ZAHURDAS DE PLUTÓN - - El autor finge en este _Sueño_ que, dejando el camino - desagradable y solitario de la virtud, se pasa a otro atestado de - gente de todas condiciones que por él corría; encarece el humor - agradable y entretenido de estos pasajeros, y pondera su contento - de ir en compañía tan reverenda y honrada. - -Mas duróme poco, porque oí decir a mis espaldas: «¡Dejen pasar -los boticarios!»[591]--¿Boticarios pasan?--dije yo entre mí--; al -infierno vamos. Y fué así, porque al punto nos hallamos dentro por -una puerta como[592] de ratonera, fácil de entrar[593], e imposible -de salir por ella. - -Y fué de ver que nadie en todo el camino dijo: «Al infierno vamos»; -y todos, estando en él, dijeron muy espantados: «¡En el infierno -estamos!» ¿En el infierno?--dije yo muy afligido--; ¡no puede ser! -Quíselo poner a pleito; comencéme a lamentar de las cosas que dejaba -en el mundo: los parientes, los amigos, los conocidos, las damas; -y estando llorando esto, volví la cara hacia el mundo, y vi venir -por el mismo camino, despeñándose a todo correr, cuanto[594] había -conocido allá, poco menos. Consoléme algo en ver esto, y que, según -se daban priesa a llegar al infierno, estarían conmigo presto. - -Comenzóseme a hacer áspera la morada y desapacibles los zaguanes. -Fuí entrando poco a poco entre unos sastres que se me llegaron, que -iban medrosos de los diablos. En la primera entrada hallamos siete -demonios escribiendo los que íbamos entrando. Preguntáronme mi -nombre; díjele y pasé. Llegaron a mis compañeros, y dijeron que eran -remendones, y dijo uno de los diablos: «Deben entender los remendones -en el mundo que no se hizo el infierno sino para ellos, según se -vienen por acá.» Preguntó otro diablo cuántos eran; respondieron -que ciento, y replicó un verdugo mal barbado entrecano: «¿Ciento, -y sastres? No pueden ser tan pocos; la menor partida que habemos -recibido ha sido de mil y ochocientos. En verdad que estamos por no -recibirles.» Afligiéronse ellos; mas al fin entraron. Ved cuáles -son los malos, que es para ellos amenaza el no dejarlos entrar en -el infierno. Entró el primero[595] un negro, chiquito, rubio, de -mal pelo; dió un salto en viéndose allá, y dijo: «Ahora acá estamos -todos.» Salió de un lugar, donde estaba aposentado, un diablo de -marca mayor[596], corcovado y cojo; y arrojándolos en una hondura -muy grande, dijo: «Allá va leña.» Por curiosidad me llegué a él y le -pregunté de qué estaba corcovado y cojo, y me dijo (que era diablo -de pocas palabras): «Yo era recuero de remendones. Iba por ellos al -mundo, y de traerlos a cuestas me hice corcovado y cojo; he dado en -la cuenta, y hallo que se vienen mucho más apriesa que yo los puedo -traer.» En esto hizo otro vómito dellos el mundo, y hube de entrarme -porque no había donde estar ya allí, y el monstruo infernal empezó a -traspalar, y diz que es la mejor leña que se quema en el infierno, -remendones de todo oficio, gente que sólo tiene bueno ser enemiga de -novedades. - -Pasé adelante por un pasadizo muy escuro, cuando por mi nombre me -llamaron. Volví a la voz los ojos, casi tan medrosa como ellos, y -hablóme un hombre, que por las tinieblas no pude divisar más de lo -que la llama que le atormentaba me permitía. «¿No me conoce? me dijo; -a...» (ya lo iba a decir) y prosiguió tras su nombre:... «el librero? -Pues yo soy. ¡Quién tal pensara!» Y es verdad, Dios, que yo siempre -lo sospeché, porque era su tienda el burdel de los libros... «¿Qué -quiere?--me dijo viéndome suspenso--pues es tanta mi desgracia que -todos se condenan por las malas obras que han hecho, y yo y algunos -libreros nos condenamos por las obras malas que hacen los otros, y -por lo[597] que hicimos barato de los libros en romance y traducidos -del latín, sabiendo ya con ellos los tontos lo que encarecían en -otros tiempos los sabios; que ya hasta el lacayo latiniza, y hallarán -a Horacio en castellano en la caballeriza.» Más iba a decir, sino -que un demonio le comenzó a atormentar con humazos de hojas de sus -libros, y otro a leerle alguno dellos. Yo, que vi que ya no hablaba, -fuíme adelante, diciendo entre mí: Hay quien se condena por obras -malas ajenas, ¿qué harán los que las hicieran propias? - -En esto iba, cuando en una gran zahurda andaban mucho número -de ánimas gimiendo, y muchos diablos con látigos y zurriagas -azotándolos[598]. Pregunté qué gente eran, y dijeron que no eran sino -cocheros; y dijo un diablo lleno de cazcarrias, romo y calvo, que -quisiera más (a manera de decir) lidiar con lacayos; porque había -cochero de aquellos que pedía aun dineros por ser atormentado, y que -la tema de todos era que habían de poner pleito a los diablos por el -oficio, pues no sabían chasquear los azotes tan bien como ellos... - -Y lleguéme a unas bóvedas donde comencé a tiritar de frío y dar -diente con diente, que me helaba. Pregunté, movido de la novedad -de ver frío en el infierno, qué era aquello; y salió a responder -un diablo zambo, con espolones y grietas, lleno de sabañones, y -dijo: «Señor, este frío es de que en esta parte están recogidos los -bufones, truhanes y juglares, chocarreros hombres por demás[599] -y que sobran en el mundo, y que están aquí retirados, porque si -anduvieran por el infierno sueltos, su frialdad es tanta, que -templaría el dolor del fuego.» Pedíle licencia para llegar a verlos; -diómela, y calofriado llegué y vi la más infame casilla del mundo, -y una cosa que no habrá quien lo crea, que se atormentaban unos -a otros con las gracias que habían dicho acá. Y entre los bufones -vi muchos hombres honrados que yo había tenido por tales; pregunté -la causa, y respondióme un diablo que eran aduladores, y que por -esto eran bufones de entre cuero y carne[600]. Y repliqué yo, cómo -se condenaban, y me respondieron: «Gente es que se aviene acá sin -avisar, a mesa puesta y a cama hecha como en su casa. Y en parte los -queremos bien, porque ellos se son diablos para sí y para otros, y -nos ahorran de trabajos, y se condenan a sí mismos; y por la mayor -parte en vida los más ya andan con marca del infierno, porque el que -no se deja arrancar los dientes por dinero, se deja matar hachas en -las nalgas o pelar las cejas; y así, cuando acá los atormentamos, -muchos dellos después de las penas sólo echan menos las pagas...» - -Y volviendo vi un hombre asentado en una silla a solas, sin fuego, -ni hielo, ni demonio, ni pena alguna, dando las más desesperadas -voces que oí en el infierno, llorando el propio corazón, haciéndose -pedazos a golpes y a vuelcos. ¡Válgame Dios!--dije en mi alma, ¿de -qué se queja éste no atormentándole nadie? Y él cada punto doblaba -sus alaridos y voces. «Dime, dije yo: ¿qué eres y de qué te quejas, -si ninguno te molesta, si el fuego no te arde[601] ni el hielo te -cerca?»--«¡Ay!, dijo dando voces, que la mayor pena del infierno es -la mía: ¿verdugos te parece que me faltan? ¡Triste de mí, que los más -crueles están entregados a mi alma! ¿No los ves?», dijo; y empezó a -morder la silla y a dar vueltas alrededor y gemir; «vélos, que sin -piedad van midiendo a descompasadas culpas eternas penas. ¡Ay, qué -terrible demonio eres, memoria del bien que pude hacer, y de los -consejos que desprecié y de los males que hice! ¡Qué representación -tan continua! Déjasme tú, y sale el entendimiento con imaginaciones -de que hay gloria que pude gozar, y que otros gozan a menos costa que -yo mis penas! ¡Oh, qué hermoso que pintas el cielo, entendimiento, -para acabarme! Déjame un poco siquiera. ¿Es posible que mi voluntad -no ha de tener paz conmigo un punto? ¡Ay, huésped, y qué tres llamas -invisibles, y qué sayones incorpóreos me atormentan en las tres -potencias del alma! Y cuando éstos se cansan, entra el gusano de la -conciencia, cuya hambre en comer del alma nunca se acaba: vesme aquí -miserable y perpetuo alimento de sus dientes.» Y diciendo esto, -salió[602] la voz: «¿Hay en todo este desesperado palacio quien -trueque sus almas y sus verdugos a[603] mis penas? Así, mortal, pagan -los que supieron en el mundo, tuvieron letras y discurso, y fueron -discretos; ellos se son infierno y martirio de sí mismos.» Tornó -amortecido a su ejercicio con más muestras de dolor. Apartéme de él -medroso, diciendo: ¡Ved de lo que sirve caudal de razón y doctrina -y buen entendimiento mal aprovechado! ¡Quién se lo vió[604] llorar -sólo, y tenía dentro de su alma aposentado el infierno? - - - VISITA DE LOS CHISTES - - En este _Sueño_ el autor ve en el Infierno a varios personajes - que se nombran en frases hechas. Entrevista con Don Enrique de - Villena. - -Descubrióse una grandísima redoma de vidrio, dijéronme que llegase, -y vi jigote, que se bullía[605] en un ardor terrible, y andaba -danzando por todo el garrafón, y poco a poco se fueron juntando -unos pedazos de carne y unas tajadas, y déstas se fué componiendo -un brazo, un muslo y una pierna, y al fin se coció y enderezó[606] -un hombre entero. De todo lo que había visto y pasado me olvidé, -y esta visión me dejó tan fuera de mí, que no me diferenciaba de -los muertos. ¡Jesús mil veces!, dije, ¿qué hombre es éste, nacido -en guisado, hijo de una redoma? En esto oí una voz que salía de la -vasija, y dijo: «¿Qué año es éste?»--«De seiscientos y veinte y dos», -respondí.--«Este año esperaba yo.»--«¿Quién eres, dije, que, parido -de una redoma, hablas y vives?»--«¿No me conoces?, dijo; la redoma -y las tajadas ¿no te advierten que soy aquel famoso nigromántico -de Europa?[607] ¿No has oído decir que me hice tajadas dentro de -una redoma para ser inmortal?»--«Toda mi vida lo he oído decir, le -respondí; mas túvelo por conversación de la cuna y cuento de entre -dijes y babador. ¿Qué tú eres? Yo confieso que lo más que llegué a -sospechar fué que eras algún alquimista que penabas en esa redoma, o -algún boticario; todos mis temores doy por bien empleados por haberte -visto.»--«Sábete, dijo, que mi nombre no fué del título que me da -la ignorancia[608], aunque tuve muchos; sólo te digo que estudié -y escribí muchos libros, y los míos quemaron, no sin dolor de los -doctos.»--«Sí me acuerdo, dije yo: oído he decir que estás enterrado -en un convento de religiosos; mas hoy me he desengañado.»--«Ya que -has venido aquí, dijo, desatapa esa redoma.» Yo empecé a hacer fuerza -y a desmoronar tierra con que estaba enlodado el vidrio de que era -hecha, y díjome: «espera; dime primero: ¿hay mucho dinero en España? -¿En qué opinión está el dinero? ¿Qué fuerza alcanza? ¿Qué crédito? -¿Qué valor?» Respondíle: «No han descaecido las flores de las Indias, -aunque los extranjeros han echado unas sanguijuelas desde España al -cerro del Potosí, con que se van restañando las venas, y a chupones -se empezaron a secar las minas.»--«¿Ginoveses andan a la zacapela -con el dinero?, dijo él; vuélvome jigote. Hijo mío, los ginoveses -son lamparones del dinero, enfermedad que procede de tratar con -gatos[609]. Y vese que son lamparones, porque sólo el dinero que va a -Francia[610] no admite ginoveses en su comercio. ¿Salir tenía yo[611] -andando esos usagres de bolsas por las calles? No digo yo hecho -jigote en redoma, sino hecho polvos en salvadera quiero estar antes -que verlos hechos dueños de todo.»--«Señor nigromántico, repliqué yo, -aunque esto es así, han dado en adolecer de caballeros en teniendo -caudal, úntanse de señores, y enferman de príncipes; y con esto y los -gastos y empréstidos[612] se apolilla la mercancía y se viene todo -a repartir en deudas y locuras. La verdad adelgaza y no quiebra, en -esto se conoce que los ginoveses no son verdad, porque adelgazan y -quiebran.»--«Animádome has, dijo, con eso. Dispondréme a salir desta -vasija, como primero me digas en qué estado está la honra en el -mundo.»--«Mucho hay que decir en esto, le respondí yo; tocado has una -tecla del diablo: todos tienen honra y todos son honrados, y todos lo -hacen todo caso de honra. Hay honra en todos estados, y la honra se -está cayendo de su estado, y parece que está ya siete estados debajo -de tierra. Si hurtan, dicen que por conservar esta negra de honra, y -que quieren más hurtar que pedir. Si piden, dicen que por conservar -esta negra honra, y que es mejor pedir que no hurtar. Si levantan un -testimonio, si matan a uno, lo mismo dicen; que un hombre honrado -antes se ha de dejar morir entre dos paredes que sujetarse a nadie, -y todo lo hacen al revés. Y al fin en el mundo todos han dado en la -cuenta, y llaman honra a la comodidad; y con presumir de honrados y -no serlo, se ríen del mundo.»--«El diablo puede salir a vivir en ese -mundecillo, dijo el. Considérome yo a los hombres con unas honras -títeres que chillan, bullen y saltan; que parecen honras, y mirado -bien son andrajos y palillos. ¿El no decir verdad será mérito? ¿El -embuste y la trapaza caballería? ¿Y la insolencia donaire? Honrados -eran los españoles cuando podían decir deshonestos y borrachos a los -extranjeros; mas andan diciendo aquí malas lenguas que ya en España -ni el vino se queja de mal bebido ni los hombres mueren de sed. En -mi tiempo no sabía el vino por dónde subía a las cabezas, y ahora -parece que se sube hacia arriba... Dime, ¿hay letrados?»--«Hay plaga -de letrados, dije yo; no hay otra cosa sino letrados; porque unos -lo son por oficio, otros lo son por presunción, otros por estudio, -y déstos pocos; y otros (éstos son los más) son letrados porque -tratan con otros más ignorantes que ellos (en esta materia hablaré -como apasionado), y todos se graduan de dotores y bachilleres, -licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien tratan que -por las universidades; y valiera más a España langosta perpetua que -licenciados al quitar.»--«Por ninguna cosa saldré de aquí, dijo el -nigromántico. ¿Eso pasa? Ya yo los temía, y por las estrellas alcancé -esa desventura; y por no ver los tiempos que han pasado embutidos de -letrados me avecindé en esta redoma, y por no los verme quedaré hecho -pastel en bote.» Repliqué: «En los tiempos pasados, que la justicia -estaba más sana, tenía menos dotores, y hála sucedido lo que a los -enfermos, que cuantas más juntas de dotores se hacen sobre él, más -peligro muestra y peor le va, sana menos y gasta más. La justicia, -por lo que tiene de verdad, andaba desnuda; ahora anda empapelada -como especias. Un Fuero Juzgo con su _maguer_ y su _cuemo_, y -_conusco_ y _faciamus_, era todas las librerías; y aunque son voces -antiguas, suenan con mayor propiedad, pues llaman sayón al alguacil, -y otras cosas semejantes. Ahora ha entrado una cáfila de Menoquios, -Surdos y Fabros, Farinacios y Cujacios, consejos y decisiones y -responsiones y lecciones y meditaciones; y cada día salen autores, y -cada uno con tres volúmenes: _Doctoris Putei_, I, 6, volúmenes 1, 2, -3, 4, 5, 6 hasta 15. _Licenciati Abbatis de Usuris_, _Petri Cusqui -in Codicem_, _Rupis_, _Brutiparcin_, _Castani_, _Montocanense de -Adulterio et Parricidio_, _Cornazano_, _Rocabruno_, etc. Los letrados -todos tienen un cimenterio por librería, y por ostentación andan -diciendo: tengo tantos cuerpos; y es cosa brava que las librerías -de los letrados todas son cuerpos sin alma, quizá por imitar a sus -amos. No hay cosa en que no nos dejen tener razón; sólo lo que no -dejan tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sí. -Y los pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar -a él; que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas: los -pleitos son sobre que el dinero sea de letrados y del procurador, sin -justicia, y la justicia sin dinero, de las partes. ¿Queréis ver que -tan malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera -porfías; y si no hubiera porfías, no hubiera pleitos; y si no hubiera -pleitos, no hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no -hubiera enredos; y si no hubiera enredos, no hubiera delitos; y si no -hubiera delitos, no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles, -no hubiera cárcel; y si no hubiera cárcel, no hubiera jueces; y si no -hubiera jueces, no hubiera pasión; y si no hubiera pasión, no hubiera -cohecho. Mirad la retahila de infernales sabandijas que se produce de -un licenciadito, lo que disimula una barbaza[613] y lo que autoriza -una gorra. Llegaréis a pedir un parecer, y os dirán: Negocio es de -estudio; diga vuesa merced, que ya estoy al cabo; habla la ley en -propios términos.--Toman un quintal de libros, dánle dos bofetadas -hacia arriba y hacia abajo, y leen de priesa, arremedando un abejón, -luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa, -muy esparrancado de capítulos, y dicen: En el propio caso habla -el jurisconsulto. Vuesa merced me deje los papeles; que me quiero -poner bien en el hecho del negocio, y téngalo por más que bueno, y -vuélvase por acá mañana en la noche; porque estoy escribiendo sobre -la tenuta de Trasbarras; mas, por servir a vuesa merced, lo dejaré -todo. Y cuando al despediros le queréis pagar (que es para ellos la -verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver), dice, -haciendo grandes cortesías y acompañamientos: ¡Jesús, señor! Y entre -Jesús y señor, alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca -un doblón.»--«No he de salir de aquí (dijo el nigromántico) hasta -que los pleitos se determinen a garrotazos; que en el tiempo que por -falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas, decían -que el palo era alcalde[614], y de ahí vino: _Júzguelo el alcalde de -palo_. Y si he de salir ha de ser sólo a dar arbitrio a los reyes -del mundo, que quien quisiere estar en paz y rico, me pague los -letrados a su enemigo para que lo embelequen y roben y consuman. -Dime, ¿hay todavía Venecia en el mundo?»--«Sí la hay, dije yo; no hay -otra cosa sino Venecia y venecianos.»--«¡Oh! dóila al diablo (dijo -el nigromántico) por vengarme del mismo diablo, que no sé que pueda -darla a nadie sino por hacerle mal. Es república esa, que mientras -que no tuviere conciencia durará, porque si restituye lo ajeno no le -queda nada. ¡Linda gente!, la ciudad fundada en el agua, el tesoro -y la libertad en el aire, la deshonestidad en el fuego; y al fin es -gente de quien huyó la tierra[615], y son narices de las naciones -y el albañal de las monarquías por donde purgan las inmundicias de -la paz y de la guerra; y el turco los permite por hacer mal a los -cristianos, los cristianos por hacer mal a los turcos, y ellos, por -poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni cristianos, y así -dijo uno dellos mismos en una ocasión de guerra, para animar a los -suyos contra los cristianos. ¡Ea, que antes fuisteis venecianos que -cristianos! Dejemos eso, y dime: «¿hay muchos golosos de valimientos -de los hombres del mundo?»--«Enfermedad es (dije yo) esa de que todos -los reinos son hospitales.» Y él replicó: «Antes casas de orates -entendí yo; mas según la relación que me haces, no me he de mover -de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas bestias que en albarda -tienen la vanidad y ambición, que los reyes y príncipes son azogue -en todo. Lo primero, el azogue, si le quieren apretar, se va; así -sucede a los que quieren tomarse con los reyes más mano[616] de lo -que es razón. El azogue no tiene quietud; así son los ánimos por la -continua mareta de negocios. Los que tratan y andan con el azogue, -todos andan temblando; así han de hacer los que tratan con los reyes, -temblar delante dellos de respeto y temor, porque si no, es fuerza -que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en España, -que es la postrera curiosidad que he de saber; que me quiero volver -a jigote, que me hallo mejor?» «Murió Filipo III», dije yo.--«Fué -santo rey y de virtud incomparable (dijo el nigromántico), según leí -yo en las estrellas pronosticado.»--«Reina Filipo IV días há», dije -yo.--«¿Eso pasa? (dijo). ¿Qué, ya ha dado el tercero cuarto para la -hora que yo esperaba?» Y diciendo y haciendo subió por la redoma, y -la trastornó y salió fuera. Iba diciendo y corriendo: «Más justicia -se ha de hacer ahora por un Cuarto que en otros tiempos por doce -millones.» - -Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto, y dijo: -«Déjale ir; que nos tenía con cuidado a todos; y cuando vayas al otro -mundo di que Agrages estuvo contigo, y que se queja que le levantéis: -_Agora lo veredes_[617]. Yo soy Agrages: mira bien que no he dicho -tal; que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis; y siempre -andáis diciendo: _Agora lo veredes, dijo Agrages_. Sólo ahora que -a tí y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo -que ahora lo veredes. Y pues soy Agrages, _agora lo veredes, dijo -Agrages_.» - - - VIDA DEL BUSCÓN LLAMADO DON PABLOS - EJEMPLO DE VAGABUNDOS Y ESPEJO DE TACAÑOS - - El buscón cuenta cómo estuvo en pupilaje con un compañero suyo de - escuela, hijo de un notable segoviano. - -Determinó, pues, Don Alfonso de poner a su hijo en pupilaje: lo -uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado. -Supo que había en Segovia un licenciado Cabra, que tenía por oficio -de criar hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para -que le acompañase y sirviese. Entramos primer domingo después de -Cuaresma en poder de la hambre viva, porque tal laceria no admite -encarecimiento. El era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, -una cabeza pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir[618] para -quien sabe el refrán que dice, ni gato ni perro de aquella color. Los -ojos avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos; -tan hundidos y escuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de -mercaderes; la nariz entre Roma y Francia...; las barbas descoloridas -de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que -amenazaba comérselas; los dientes le faltaban no sé cuántos, y pienso -que por holgazanos y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate -largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a -buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos -como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de media abajo, parecía -tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas; su andar muy de -espacio; si se descomponía algo, se sonaban los huesos como tablillas -de San Lázaro[619]; la habla ética; la barba grande, por nunca se la -cortar[620], por no gastar; y él decía que era tanto el asco que le -daba ver las manos del barbero por su cara, que antes se dejaría -matar que tal permitiese; cortábale los cabellos un muchacho de los -otros. Traía un bonete los días de sol, ratonado con mil gateras, -y guarniciones de grasa; era de cosa que fué paño, con los fondos -de caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no -se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían -por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca -parecía negra, y desde lejos entre azul; llevábala sin ciñidor; no -traía cuello ni puños; parecía, con los cabellos largos y la sotana -mísera y corta, lacayuelo[621] de la muerte. Cada zapato podía ser -tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él: -conjuraba los ratones, de miedo que no le royesen algunos mendrugos -que guardaba; la cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado, -por no gastar las sábanas; al fin, era archipobre y protomiseria. -A poder, pues, déste vine y en su poder estuve con Don Diego, y la -noche que llegamos nos señaló nuestro aposento y nos hizo una plática -corta, que por no gastar tiempo no duró más; díjonos lo que habíamos -de hacer. Estuvimos ocupados en esto hasta la hora del comer; fuímos -allá: comían los amos primero, y servíamos los criados. El refitorio -era un aposento como un medio celemín; sustentábanse a una mesa hasta -cinco caballeros. Yo miré lo primero por los gatos, y como no los -vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el cual, de -flaco, estaba ya con la marca del pupilaje. Comenzó a enternecerse, y -dijo: «¿Cómo gatos? Pues ¿quién os ha dicho a vos que los gatos son -amigos de ayunos y penitencias? En lo gordo se os echa de ver que -sois nuevo.» - -Yo con esto me comencé a afligir, y más me asusté cuando advertí que -todos los que de antes vivían en el pupilaje estaban como leznas, -con unas caras que parecían se afeitaban con diaquilón. Sentóse el -licenciado Cabra y echó la bendición; comieron una comida eterna, -sin principio ni fin; trajeron caldo en unas escudillas de madera, -tan claro, que en comer una dellas peligraba Narciso más que en la -fuente. Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado -tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra -a cada sorbo: «Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo -que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.» Acabando de decillo, -echóse su escudilla a pechos[622], diciendo: «Todo esto es salud y -otro tanto ingenio.» ¡Mal ingenio te acabe! decía yo entre mí, cuando -vi un mozo, medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en -las manos, que parecía la había quitado de sí mismo. Venía un nabo -aventurero a vueltas, y dijo el maestro: «¿Nabos hay? No hay para -mí perdiz que se le iguale: coman, que me huelgo de vellos comer.» -Repartió a cada uno tan poco carnero, que en lo que se les pegó a las -uñas y se les quedó entre los dientes pienso que se consumió todo, -dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba, -y decía: «Coman, que mozos son, y me huelgo de ver sus buenas ganas.» -Mire vuesa merced qué buen aliño para los que bostezaban de hambre. - -Acabaron de comer, y quedaron unos mendrugos en la mesa, y en el -plato unos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero: «Quede esto -para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo.» -¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado, decía yo; que tal -amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición, y dijo: «Ea, demos -lugar a los criados, y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio, -no les haga mal lo que han comido.» Entonces yo no pude tener la -risa, abriendo toda la boca. Enojóse mucho, y díjome que aprendiese -modestia, y tres o cuatro sentencias viejas, y fuése. Sentámonos -nosotros; y yo, que vi el negocio mal parado, y que mis tripas pedían -justicia, como más cano y más fuerte que los otros, arremetí al -plato, como arremetieron todos, y emboquéme de tres mendrugos los -dos y el un[623] pellejo. Comenzaron los otros a gruñir; al ruido -entró Cabra diciendo: «Coman como hermanos, pues Dios les da con -qué; no riñan, que para todos hay.» Volvióse al sol y dejónos solos. -Certifico a vuesa merced que había uno dellos que se llamaba Surre, -vizcaíno, tan olvidado ya de cómo y por dónde se comía, que una -cortecilla que le cupo la llevó dos veces a los ojos, y entre tres no -la acertaba a encaminar de las manos a la boca. - - -NOTAS - - [577] Alusión al pasaje de San Lucas, I, 41. «et factum est, ut - audivit salutationem Mariæ Elisabeth, exultavit infans in utero - ejus.» - - [578] La omisión de las conjunciones convenientes da alguna - oscuridad al razonamiento seguido en este punto. - - [579] Este era el largo título oficial aplicado a los reyes en - tiempos de Quevedo. - - [580] «_Desvanecido_, el flaco de cabeza, o el necio, loco - presumido, o que da crédito a las lisonja.» (Covarrubias.) - - [581] «La guarda del Rey o del Príncipe, los que ciñen su persona - cuando sale en público, y en su palacio están en la antecámara.» - (Covarrubias.) Esta acepción no la da el Diccionario de la - Academia a _Guarda_, sino sólo a _Guardia_. - - [582] Aquí _el que_ hace el doble oficio de sujeto de _vea_ y de - complemento de _dejan_, en vez de separar ambos poniendo _aquel_ - como sujeto _a quien_ como complemento. - - [583] El plural _quienes_ era muy poco usado, aunque no faltan - ejemplos desde la primera mitad del siglo XVI (v. CUERVO, _Notas - a Bello_, pág. 54). - - [584] Véase atrás, pág. 200, n. 416. - - [585] El sobreentenderse una vez «_fui enemigo_ de sus designios» - y otra «_fui_ tan favorecido» quita claridad a estas elipsis. - - [586] El sujeto de esta cláusula absoluta debiera de ir expreso, - pues no se adivina hasta que, pasada la oración temporal: «luego - que tomó las armas», se llega al verbo principal «le perdoné.» - - [587] Confirmación a lo dicho en la nota 268 de la pág. 121. - - [588] Compárese lo dicho en la pág. 203, n. 421, respecto al verbo - _declarar_. - - [589] El sujeto _padres_ e _hijos_ refiérese a aquellos a quienes - habla Bruto. - - [590] En el sentido de vedar, impedir. - - [591] Véase otra vez la nota 416 de la pág. 200. - - [592] Véase pág. 167, nota 352. - - [593] Hay mezcla de dos construcciones; en una, _fácil_ es - calificativo de _puerta_ y rige al infinitivo _entrar_ (tomado - en sentido pasivo) mediante la preposición _de_: «puerta fácil - de entrar», como se dice «fácil de entender» por «fácil de - entenderse» o «de ser entendido», expresión que en latín se - haría por gerundio, «facilis ad intelligendum». En la otra - construcción, _fácil_ está en sentido neutro, como predicado del - verbo tácito, cuyo sujeto es _entrar_: «puerta que era fácil - entrar por ella.» Tenemos, pues, la suma «_puerta fácil_ de - entrar» + «_puerta por la que_ era fácil entrar.» = «_puerta - fácil_ de entrar _por ella_.» La construcción se complica luego - por el hecho de que el intransitivo _salir_ no puede tomarse, - como _entrar_, en sentido pasivo. Como si dijéramos: «cosa buena - de tratar» + «cosa acerca de la que es bueno tratar» = «cosa - buena de tratar, pero delicada de insistir sobre ella.» - - [594] Envuelve su antecedente _tanto_ o _todo_, y va en neutro - denotando la colectividad. - - [595] Adjetivo con sentido de adverbio, como en latín _primus_, - _a_, _um_, por el adverbio _primum_. Véase atrás pág. 99, nota - 213. - - [596] _Marca_ es la medida cierta del tamaño ordinario que debe - tener una cosa; «espadas de la marca», «paños de marca»; hablando - del papel se dice: «de marca menor», «de marca mayor», designando - ésta el que es de mayor tamaño que el otro, para estampar mapas, - láminas y libros grandes. - - [597] _Lo que_ equivale a ‘lo mucho que’, ‘el grado en que’. - (BELLO _Gr._, § 976.) - - [598] Considera en _ánimas_ el sentido de ‘hombres’. - - [599] _Por demás_ equivale a ‘en demasía, con exceso’; acepción - que falta en el Diccionario académico. Usaba también _además_, - véase pág. 148, nota. - - [600] «_Entre cuero y carne_, lo que no penetra, sino que es casi - superficial.» (Covarrubias.) - - [601] _Arder_, en el sentido transitivo de ‘abrasar’ fué harto - frecuente en los tiempos clásicos, pero ya en el siglo pasado lo - notaba de raro el Diccionario de Autoridades. En el Diccionario - vulgar tuvo la marca de anticuado hasta la décima edición; en la - undécima (1869) y duodécima (1884) está rehabilitado (CUERVO, - _Dicc._) El mismo Quevedo dice: - - Ícaro en senda de oro mal segura - arde sus alas por morir glorioso. - - [602] Tal vez equivale a ‘esforzó la voz’ por más que parece raro - este sentido transitivo de _salir_. - - [603] Cosa que se puede trocar _con_ otra (Nebrija). Trocar una - cosa _por_ otra (Covarrubias). - - [604] El _se_ es un reflexivo impropio, en dativo, que se usa con - ciertos transitivos para realzar la parte que el sujeto toma en - la acción, como: no sé lo que me digo. - - [605] _Bullir_ en el sentido de ‘moverse’, tiene uso reflexivo. - Santa Teresa dice: «_no osa bullirse ni menearse_.» - - [606] Usado en el sentido anticuado de _aderezar_ o guisar las - viandas. - - [607] Don Enrique de Villena fué nieto de Don Alonso, Marqués - de Villena, primer condestable de Castilla, y después Duque - de Gandía, hijo del Infante Don Pedro de Aragón. La madre de - Don Enrique fue Doña Juana, hija bastarda del Rey Don Enrique - II; «Este Don Enrique fue inclinado a las ciencias y artes mas - que a la caballeria;... dexóse correr a algunas viles o raeces - artes de adivinar e interpretar sueños y esternudos y señales, - e otras cosas tales que ni a príncipe real, e menos a católico - cristiano convenían». Murió en Madrid, de cincuenta años, a 15 de - diciembre de 1434. Depositaron su cuerpo en el convento de San - Francisco. (FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN _Generaciones y semblanzas_, - capítulo XXVIII.) El vulgo supuso que Don Enrique, por arte de - nigromancia, se había hecho picar en jigote y encerrar en una - redoma para volver a segunda vida. - - [608] Alude a la errada denominación de Marqués de Villena que - vulgarmente se aplica a Don Enrique. Un manuscrito de este - _Sueño_ tiene esta variante: «Sabe, dijo, que no fuí Marqués - de Villena, que ese título me da la inociencia: llamáronme Don - Enrique de Villena, fuí Infante de Castilla; estudié y escribí», - etc. - - [609] Quevedo usa mucho la voz _gato_ en su acepción de ‘ladrón - ratero’. - - [610] Aclara este pasaje la variante que ofrece un manuscrito: - «sólo el dinero que va a Francia sana de esos lamparones, - porque el Rey de Francia no admite ginoveses». A los reyes de - Francia les atribuía el pueblo la milagrosa virtud de curar los - lamparones o escrófulas. - - [611] Esto es: «¿había de salir yo?» Los verbos _haber_ y _tener_ - alternan en su uso de auxiliares, pero aquí es de notar la - ausencia de la preposición _de_. - - [612] Anticuado, por _empréstito_. - - [613] Parece que toma la barba como característica de los - letrados: en esto debe fundarse el refrán: _callen barbas y - hablen cartas_. De la gorra dice Covarrubias: «Llamaron medias - gorras aquellas cuya faldilla caía derecha la mitad, y cubría - el pestorejo, y las orejas, y con una toquilla que formaba una - rosa en medio de la coronilla y ésta era cobertura de letrados y - consejeros de los Reyes. Esto está ya mudado, porque empezaron a - levantar un pedazo de la copa de la gorra..., luego la empinaron - toda, de suerte que della al sombrero hay poca diferencia.» - - [614] En el sentido anticuado de ‘_juez_’. - - [615] Alude a la fundación de Venecia. - - [616] Tener mano con uno, tener poder y valimiento con él. - - [617] Agrages, sobrino de la Reina Elisena, madre de Amadis de - Gaula e hijo del Rey Languines, es uno de los héroes del famoso - libro de _Amadis_, cuya lectura, muy común entre próceres e - hidalgos en los siglos XV y XVI, llevó al público el adagio en - fórmula de amenaza que se ridiculiza en este lugar. - - [618] COVARRUBIAS dice: «Son temidos los bermejos por cautelosos - y astutos, como lo insinua Marcial... Y bermegía vale tanto como - agudeza maliciosa extraordinaria y perjudicial.» - - [619] Los lazarinos, que padecían la lepra llamada mal de San - Lázaro, pedían limosna, haciendo ruido con unas tablillas o - tejuelas. - - [620] Véase atrás, pág. 173, n. 364. - - [621] «_Lacayo_, el mozo de espuelas que va delante del señor - cuando va a caballo. Es vocablo alemán introducido en España - por la venida del rey Filipo, que antes no se había usado.» - COVARRUBIAS. - - [622] «Echarse un cántaro de agua a pechos, beber con mucha sed.» - COVARRUBIAS. - - [623] En estas fórmulas partitivas se suprime hoy el artículo - ante el numeral. - - - - -EL P. BALTASAR GRACIÁN - -(† 1658) - - -Publicó en 1650, con el nombre de Lorenzo Gracián, la primera parte -de su novela filosófica _El Criticón_, y en 1653, la segunda. _El -Discreto_, colección de retratos morales, apareció en 1646. - -Este profundo escritor, diestro conocedor de la naturaleza humana, -tan gustado por los filósofos y moralistas franceses y alemanes en -los siglos XVII y XVIII, pertenece, por su estilo, a la escuela -de Quevedo, de quien era gran admirador. Era, como dice Menéndez -y Pelayo, «talento de estilista de primer orden, maleado por la -decadencia literaria; pero, así y todo, el segundo de aquel siglo en -originalidad de invenciones fantástico-alegóricas, en estro satírico, -en alcance moral, en bizarría de expresiones nuevas y pintorescas, -en _humorismo_ profundo y de ley...; el que quiera hacerse dueño de -las inagotables riquezas de nuestra lengua, tiene todavía mucho que -aprender en _El Criticón_, aun después de haber leído a Quevedo». - -Es quizá el escritor más conciso de nuestra literatura. Su laconismo -es casi siempre de admirar; lo profesaba como una de las principales -reglas de su estilo: _lo bueno, si breve, dos veces bueno; más -obran quintas esencias que fárragos_; por esto sus obras brillan -principalmente en la abundancia de máximas morales, animadas por un -espíritu de profunda observación. Pero cayó en las exageraciones -de todos los conceptistas, mirando como única fuente de belleza -el concepto agudo, variado de mil artificiosas maneras: «Son -los conceptos, escribía, vida del estilo, espíritu del decir, y -tanto tienen de perfección cuanto de sutileza. Hase de procurar -que las _proposiciones_ hermoseen el estilo, los _misterios_ le -hagan preñado, las _alusiones_ disimulado, los _empeños_ picante, -las _ironías_ le den sal, las _crisis_ hiel, las _paranomasias_ -donaire, las _sentencias_ gravedad, las _semejanzas_ lo fecunden y -las _paridades_ lo realcen; pero todo esto con un grano de acierto: -que todo lo sazona la cordura.» Esta le faltó a menudo, haciéndole -caer en los extremos del ingenio y dando a su expresión oscuridad -enigmática. - -Lo mismo que Quevedo, maneja el lenguaje con gran libertad, empleando -compuestos y derivados nuevos, y en sus obras se hallarán palabras -desusadas en el siglo XVI, principalmente abstractas, que los -culteranos y conceptistas introducían entonces en la lengua para -la expresión desembarazada de pensamientos generales. Como ejemplo -pueden recordarse: _reagudo_ ‘el que se pasa de listo’, _conrey_, -_conreynar_ ‘conregnare’, _improporción_, _incomprensibilidad_, -_exorbitancia_, _desautorizado_, _integérrimo_, etc. - - - EL DISCRETO - NO ESTAR SIEMPRE DE BURLAS. SÁTIRA. - -Es muy seria la prudencia, y la gravedad concilia veneración de dos -extremos; más seguro es el genio majestuoso. El que siempre está -de burlas nunca es hombre de veras, y hay algunos que siempre lo -están, tiénenlo por ventaja de discreción y le afectan; que no hay -monstruosidad sin padrino; pero no hay mayor desaire que el continuo -donaire. Su rato han de tener las burlas; todos los demás las veras. -El mismo nombre de sales está avisando cómo se han de usar. Hase de -hacer distinción de tiempos, y mucho más de personas. El burlarse con -otro es tratarle de inferior, y a lo más, de igual, pues se le aja el -decoro y se le niega la veneración. - -Estos tales nunca se sabe cuándo hablan de veras, y así los igualamos -con los mentirosos, no dándoles crédito a los unos por recelo de -mentira, y a los otros de burla. Nunca hablan en juicio, que es tanto -como no tenerle, y más culpable, porque no usar de él por no querer, -más es que por no poder, y así no se diferencia de los faltos sino -en ser voluntarios, que es doblada monstruosidad. Obra en ellos la -liviandad lo que en los otros el defecto; un mismo ejercicio tienen, -que es entretener y hacer reír, unos de propósito, otros sin él. - -Otro género hay aún más enfadoso por lo que tiene de perjudicial, -y es de aquellos que en todo tiempo y con todos están de fisga. -Aborrecibles monstruos, de quienes huyen todos más que del bruto de -Esopo, que cortejaba a coces y lisonjeaba a bocados. Entre fisga y -gracia van glosando la conversación, y lo que ellos tienen por punto -de galantería es un verdadero desprecio de lo que los otros dicen, -y no sólo no es graciosidad, sino una aborrecible frialdad. Lo que -ellos presumen de gracia es un prodigioso enfado de los que tercian. -Poco a poco se van empeñando hasta ser murmuradores cara a cara. Por -decir una gracia os dirán un convicio, y éstos son de quien Cicerón -abominaba, que por decir un dicho pierden un amigo o lo entibian; -ganan fama de decidores y pierden el crédito de prudentes. Pásase el -gusto del chiste y queda la pena del arrepentimiento: lloran por lo -que hicieron reír. Estos no se ahorran, ni con el más amigo ni con el -más compuesto, y es notable que jamás se les ofrece la prontitud en -favor, sino en sátira; tienen siniestro el ingenio. - -Este, con otros defectos infelices, nace de poca sustancia y acompaña -la liviandad. En hombres de gran puesto se censuran más, y, aunque -los hace en algún modo gratos al vulgo por la llaneza, pone a peligro -el decoro con la felicidad; que como ellos no la guardan a los otros, -ocasionan el recíproco atrevimiento. - -Es connatural en algunos el donoso genio. Dotóles de esta gracia -la naturaleza, y si con la cordura se templase, sería prenda, y -no defecto. Un grano de donosidad es plausible realce en el más -autorizado; pero dejarse vencer de la inclinación en todo tiempo es -venir a parar en hombre de dar gusto por oficio, sazonador de dichos -y aparejador de la risa; si en una cómica novela se condena por -impropiedad el introducirse siempre chanceando a Davo, y que entre -lo grave de la enseñanza o lo serio de la reprensión del padre al -hijo mezcle él su gracejo, ¿qué será, sin ser Davo, en una grave -conversación estar chanceando? Será hacer farsa con risa de sí mismo. - -Hay algunos que, aunque le pese a Minerva, afectan la graciosidad, -y como en ellos es postiza, ocasiona antes enfado que gusto, y si -consiguen el hacer reír, más es fisga de su frialdad que agrado de -su donaire. Siempre la afectación fué enfadosa, pero en el gracejo, -intolerable, porque sumamente enfada, y queriendo hacer reír, -queda ella por ridícula, y si comúnmente viven desacreditados los -graciosos, ¿cuánto más los afectados, pues con su frialdad doblan el -precio? - -Hay donosos y hay burlescos, que es mucha la diferencia. El varón -discreto juega también en esta pieza del donaire, no la afecta, y -esto en su sazón; déjase caer como al descuido un grano de esta sal, -que se estimó más que una perla, raras veces, haciéndole salva a la -cordura y pidiéndole al decoro la venia. Mucho vale una gracia en su -ocasión. Suele ser el atajo del desempeño. Sazonó esta sal muchos -desaires. Cosas hay que se han de tomar de burlas, y tal vez las que -el otro más de veras. Único arbitrio de cordura, hacen juego del más -encendido fuego. - -Pesado es el extremo de los muy serios, y poco plausible Catón con -su bando, pero venerado; rígida será la de los compuestos y cuerdos; -pocos la siguen, muchos la reverencian, y aunque causa la gravedad -pesadumbre, pero no desprecio. - -Que es de ver uno de estos destemplados de agudeza, siniestros de -ingenio, chancear aún en la misma muerte; que si los sabios mueren -como cisnes, éstos como grajos, gracejando mal y porfiando. De esta -suerte un Carvajal mostró cuán rematada había sido su vida. - -Los hombres cuerdos y prudentes siempre hicieron muy poca merced a -las gracias, y una sola bastaba para perder la real del Católico -prudente. Súfrense mejor unos a otros los necios, o porque no -advierten o porque se semejan. Mas el varón prudente no puede -violentarse, si no es que tercie la dependencia. - - - EL CRITICÓN - PARTE I, CRISI VI - - Visitando Critilo y Andrenio el mundo, buscan en vano, como - Diógenes, algún hombre. Sátira de la que abandonan toda - aspiración práctica por entregarse a ilusiones exageradas y vanas. - -En busca iban de los hombres, sin poder descubrir uno, cuando al cabo -de rato y cansancio toparon con medio, un medio hombre y medio fiera; -holgóse tanto Critilo cuanto se inmutó Andrenio, preguntando: «¿Qué -monstruo es éste tan extraño?»--«No temas, respondió Critilo, que -éste es más hombre que los mismos, éste es el maestro de los reyes -y el rey de los maestros, éste es el sabio Quirón. ¡Oh, qué bien -nos viene y cuán a la ocasión! Pues él nos guiará en esta primera -entrada del mundo, y nos enseñará a vivir, que importa mucho a los -principios.» Fuése para él saludándole, y correspondió el Centauro -con doblada humanidad; díjole como iban en busca de los hombres, -y que después de haber dado cien vueltas, no habían podido hallar -uno tan sólo».--«No me espanto, dijo él, que no es éste siglo de -hombres, digo, aquellos famosos de otros tiempos. ¿Qué, pensabais -hallar ahora un don Alonso el Magnánimo, en Italia; un Gran Capitán, -en España; un Enrico IV, en Francia, haciendo corona de su espada y -de sus guarniciones lises? Ya no hay tales héroes en el mundo, ni -aun memoria dellos.»--«¿No se van haciendo?», replicó Andrenio.--«No -llevan traza, y para luego es tarde; pues de verdad que ocasiones no -han faltado.»--«¿Cómo no se han hecho, preguntó Critilo?»--«Porque se -han deshecho; hay mucho que decir en ese punto, ponderó el Quirón; -unos lo quieren ser todo, y al cabo son menos que nada; valiera -más no hubieran sido. Dicen también que corta mucho la envidia con -las tijerillas de Tomeras. Pero yo digo que ni es eso ni esotro, -sino que mientras el vicio prevalezca, no campeará la virtud, y sin -ella no puede haber grandeza heroica. Creedme que esta Venus tiene -arrinconadas a Belona y a Minerva en todas partes, y no trata ella -sino con viles herreros, que todo lo tiznan y todo lo yerran. Al -fin no nos cansemos, que él no es siglo de hombres eminentes, ni -en las armas, ni en las letras. Pero decidme, ¿dónde los habéis -buscado?» Y Critilo: «¿dónde los habemos de buscar sino en la tierra? -¿No es ésta su patria y su centro?»--«Qué bueno es eso, dijo el -Centauro; ¡mirá cómo los habíais de hallar! No los habéis de buscar -ya en todo el mundo, que ya han mudado de hito; nunca está quieto -el hombre, con nada se contenta.»--«Pues menos los hallaremos en -el cielo», dijo Andrenio.--«Menos, que no están ya ni en cielo ni -en tierra.»--«Pues ¿dónde los habemos de buscar?»--«Dónde? En el -aire.»--«¿En el aire?»--«Sí, que allí se han fabricado castillos en -el aire, torres de viento donde están muy encastillados, sin querer -salir de su quimera.»--«Según eso, dijo Critilo, todas sus torres -vendrán a ser de confusión, y por no ser Ianos de prudencia, les -picarán las cigüeñas manuales, señalándolos con el dedo, y diciendo: -¿éste no es aquel hijo de aquel otro? De suerte que con lo que ellos -echaron a las espaldas los demás les darán en el rostro.»--«Otros -muchos, prosiguió el Quirón, se han subido a las nubes, y aun hay -quien, no levantándose del polvo, pretende tocar con la cabeza en -las estrellas. Paséanse no pocos por los espacios imaginarios, -camaranchones de su presunción. Pero la mayor parte hallaréis acullá -sobre el cuerno de la luna, y aun pretenden subir más alto, si -pudieran.»--«Tiene razón, voceó Andrenio, acullá están, allá los -veo, y aun allí andan empinándose, tropezando unos y cayendo otros, -según las mudanzas suyas y de aquel planeta, que ya les hace una -cara y ya otra, y aun ellos también no cesan entre sí de armarse -zancadillas, cayendo todos con más daño que escarmiento.»--«¡Hay -tal locura!, repetía Critilo. ¿No es la tierra su lugar propio del -hombre, su principio y su fin? ¿No les fuera mejor conservarse en -este medio, y no querer encaramarse con tan evidente riesgo? ¿Hay tal -disparate?»--«Sí, lo es grande, dijo el semihombre, materia de harta -lástima para unos y de risa para otro, ver que el que ayer no se -levantaba de la tierra ya le parece poco un palacio, ya habla sobre -el hombro el que ayer llevaba la carga en él; el que nació entre -las malvas pide los artesones de cedro; el desconocido de todos hoy -desconoce a todos; el hijo tiene el puntillo de los muchos que dió su -padre; el que ayer no tenía para pasteles asquea el faisán; blasona -de linajes el de conocido solar, el vos es señoría; todos pretenden -subir y ponerse sobre los cuernos de la luna, más peligrosos que los -de un toro, pues estando fuera de su lugar, es forzoso dar abajo con -ejemplar infamia.» - - - - -D. FRANCISCO MANUEL DE MELO - -(1611-1667) - - -Publicó el año de 1645 su _Historia de los movimientos y separación -de Cataluña, y de la guerra entre la Majestad Católica de Don Felipe -el IV y la Diputación General de aquel Principado_. - -Aunque Melo era natural de Lisboa, su lenguaje es castizo y elegante -castellano, modelo en la expresión feliz y acertada. Multitud de -portugueses de los siglos XVI y XVII miraban como suya propia a -nuestra lengua. - -La dicción de Melo, breve, cortada y aforística, recuerda al tan -imitado Mendoza, que es su modelo; también, como éste, se inspira en -Tácito, de quien copia el corte general de su Prólogo. Pero no queda, -como Moncada, restringido a estos modelos antiguos; Melo pertenece de -lleno, por su estilo, al gusto del siglo XVII, y es un imitador de -Quevedo; aunque esto se ve más en sus otras obras (_Las tres musas_, -_Política militar_, _Eco político_), también resalta en la _Guerra de -Cataluña_, donde abundan las frases henchidas de pensamientos agudos -y profundos, las metáforas audaces e ingeniosas. - -En el arte de la historiografía, representa una tendencia más -decidida a retratar con superior viveza y realidad los hechos de -que había sido testigo presencial, y, sobre todo, a caracterizar los -personajes, ayudándose para esto hasta de las arengas, que en la -pluma de otros historiadores no servían sino de mero adorno retórico: -«Procuro no faltar a la imitación de los sujetos cuando hablo por -ellos, ni a la semejanza cuando hablo de ellos; en inquirir y -retratar afectos, pocos han sido más cuidadosos; si lo he conseguido, -dicha ha sido de la experiencia que tuve de casi todos los hombres de -que trato; he deseado mostrar sus ánimos, no los vestidos de seda, -lana o pieles, sobre que tanto se desveló un historiador grande de -estos años, estimado en el mundo.» Pero entiéndase que esta mayor -profundidad a que aspira Melo, no va guiada hacia un fin científico -de exactitud, sino hacia un ideal puramente literario, deseando con -ese análisis de caracteres dar más interés dramático a su historia; -por lo demás, para lograr efectos artísticos, calla la verdad o -la violenta sin escrúpulo, como hacían todos los historiadores a -la manera clásica; por ejemplo: Melo, buscando el interés para su -relato, puso artificiosamente como primer estallido de la revolución -el tumulto que ensangrentó las calles de Barcelona el día del Corpus -de 1640, con cuya descripción formó una de las páginas más hermosas -de su obra, de la que aquí incluímos un extracto, y, sin embargo, -para concertar en ella el efecto, hubo de callarse que hacía ya -treinta y siete días que los disturbios habían comenzado[624]. - - - HISTORIA DE LA GUERRA DE CATALUÑA - LIBRO I, PÁRRAFOS 79 A 99 - - Estalla la revolución en Barcelona el 7 de junio de 1640 - -Había entrado el mes de junio, en el cual, por uso antiguo de la -provincia, acostumbran bajar de toda la montaña hacia Barcelona -muchos segadores, la mayor parte hombres disolutos y atrevidos que -lo más del año viven desordenadamente, sin casa, oficio o habitación -cierta; causan de ordinario movimientos e inquietud en los lugares -donde los reciben; pero la necesidad precisa de su trato, no -consiente que se les prohiba; temían las personas de buen ánimo su -llegada, juzgando que las materias presentes podrían dar ocasión a su -atrevimiento en perjuicio del sosiego público. - -Entraban, comúnmente, los segadores en vísperas del Corpus, y se -habían anticipado aquel año algunos; también su multitud, superior a -los pasados, daba más que pensar a los cuerdos, y con mayor cuidado -por las observaciones que se hacían de sus ruines pensamientos. - -El de Santa Coloma, avisado de esta novedad, procuró, previniéndola, -estorbar el daño que ya antevía: comunicólo a la ciudad, diciendo le -parecía conveniente a su devoción y festividad que los segadores -fuesen detenidos, porque con su número no tomase algún mal -propósito el pueblo, que ya andaba inquieto; pero los conselleres -de Barcelona (así llaman los ministros de su magistrado; consta de -cinco personas), que casi se lisonjeaban de la libertad del pueblo, -juzgando de su estruendo habría de ser la voz que más constante -votase el remedio de su república, se excusaron con que los segadores -eran hombres llanos y necesarios al manejo de las cosechas; que el -cerrar las puertas de la ciudad, causaría mayor turbación y tristeza; -que quizá su multitud no se acomodaría a obedecer la simple orden -de un pregón. Intentaban con esto poner espanto al Virey para que -se templase en la dureza con que procedía; por otra parte, deseaban -justificar su intención por cualquier suceso. - -Pero el Santa Coloma ya imperiosamente les mostró con claridad la -peligrosa confusión que los aguardaba en recibir tales hombres; -empero volvió el magistrado por segunda respuesta que ellos no se -atrevían a mostrar a sus naturales tal desconfianza; que reconocían -parte de los efectos de aquel recelo; que mandaban armar algunas -compañías de la ciudad para tenerla sosegada; que donde su flaqueza -no alcanzase, supliese la gran autoridad de su oficio, pues a su -poder tocaba hacer ejecutar los remedios que ellos sólo podían -pensar y ofrecer. Estas razones detuvieron al conde, no juzgando por -conveniente rogarles con lo que no podía hacerles obedecer, o también -porque ellos no entendiesen eran tan poderosos, que su peligro o su -remedio podía estar en sus manos. - -Amaneció el día en que la Iglesia católica celebra la institución -del Santísimo Sacramento del altar; fué aquel año el 7 de junio; -continuóse por toda la mañana la temida entrada de los segadores. -Afirman que hasta dos mil, que con los anticipados hacían más de dos -mil y quinientos hombres, algunos de conocido escándalo; dícese que -muchos, a la prevención y armas ordinarias, añadieron aquella vez -otras, como que advertidamente fuesen venidos para algún hecho grande. - -Entraban y discurrían por la ciudad; no había por todas sus calles -y plazas sino corrillos y conversaciones de vecinos y segadores; en -todos se discurría sobre los negocios entre el rey y la provincia, -sobre la violencia del Virey, sobre la prisión del diputado y -concejeros, sobre los intentos de Castilla y, últimamente, sobre -la libertad de los soldados; después, ya encendidos de su enojo -paseaban llenos de silencio por las plazas, y el furor oprimido de -la duda forcejaba por salir, asomándose a los efectos, que todos -se reconocían rabiosos e impacientes; si topaban algún castellano, -sin respetar su hábito o puesto, lo miraban con mofa y descortesía, -deseando incitarlos al ruido; no había demostración que no prometiese -un miserable suceso... - -Señalábase entre todos los sediciosos uno de los segadores, hombre -facineroso y terrible, al cual queriendo prender, por haberle -conocido, un ministro inferior de la justicia, hechura y oficial del -Monredón (de quien hemos dicho), resultó desta contienda ruido entre -los dos; quedó herido el segador, a quien ya socorría gran parte de -los suyos. Esforzábase más y más uno y otro partido, empero siempre -ventajoso el de los segadores. Entonces algunos de los soldados -de milicia que guardaban el palacio del Virey, tiraron hacia el -tumulto, dando a todos más ocasión de remedio. A este tiempo rompían -furiosamente en gritos: unos pedían venganzas; otros, más ambiciosos, -apellidaban la libertad de la patria; aquí se oía: «¡Viva Cataluña -y los catalanes!» Allí otros clamaban: «¡Muera el mal gobierno de -Felipe!» Formidables resonaron la primera vez estas cláusulas en -los recatados oídos de los prudentes; casi todos los que no las -ministraban las oían con temor, y los más no quisieran haberlas oído. -La duda, el espanto, el peligro, la confusión, todo era uno; para -todo había su acción, y en cada cual cabían tan diferentes efectos; -sólo los ministros reales y los de la guerra lo esperaban, iguales en -el celo. Todos aguardaban por instantes la muerte (el vulgo furioso, -pocas veces para sino en sangre); muchos, sin contener su enojo, -servían de pregón al furor de otros; éste gritaba cuando aquél hería, -y éste, con las voces de aquél, se enfurecía de nuevo. Infamaban los -españoles con enormísimos nombres; buscábanlos con ansia y cuidado, -y el que descubría y mataba, ese era tenido por valiente, fiel y -dichoso. - -Las milicias armadas, con pretexto de sosiego, o fuese orden del -conde o sólo de la ciudad, siempre encaminada a la quietud, los -mismos que en ellas debían servir a la paz, ministraban el tumulto. - -Porfiaban otras bandas de segadores, esforzados ya de muchos -naturales, en ceñir la casa del Santa Coloma; entonces los diputados -de la General, con los conselleres de la ciudad, acudieron a su -palacio; diligencia que más ayudó la confusión del conde, de lo que -pudo socorrérsela; allí se puso en plática saliese de Barcelona -con toda brevedad, porque las cosas no estaban ya de suerte que -accidentalmente pudiesen remediarse; facilitábanle con el ejemplo de -don Hugo de Moncada, en Palermo, que, por no perder la ciudad, la -dejó, pasándose a Mesina. Dos galeras genovesas en el muelle, daban -todavía esperanza de salvación. Escuchábalo Santa Coloma, pero con -ánimo tan turbado, que el juicio ya no alcanzaba a distinguir el -yerro del acierto. Cobróse y resolvió despedir de su presencia casi -todos los que le acompañaban, o fuese que no se atrevió a decirles -de otra suerte que escapasen las vidas, o que no quiso hallarse con -tantos testigos a la ejecución de su retirada. En fin, se excusó a -los que le aconsejaban su remedio, con peligro, no sólo de Barcelona, -sino de toda la provincia; juzgaba la partida indecente a su -dignidad; ofrecía en su corazón la vida por el real decoro; de esta -suerte, firme en no desamparar su mando, se dispuso a aguardar todos -los trances de su fortuna. - -Del ánimo del magistrado no haremos discurso en esta acción, porque -ahora el temor, ahora el artificio, le hacían que ya obrase conforme -a la razón, ya que disimulase, según la conveniencia. Afírmase por -sin duda que ellos jamás llegaron a pensar tanto del vulgo, habiendo -mirado apaciblemente sus primeras demostraciones. - -No cesaba el miserable Virey en su oficio, como el que con el remo en -la mano piensa que por su trabajo ha de llegar al puerto; miraba y -revolvía en su imaginación los daños, y procuraba su remedio; aquel -último esfuerzo de su actividad estaba enseñando ser el fin de sus -acciones. - -Recogido a su aposento, escribía y ordenaba; pero ni sus papeles ni -sus voces hallaban reconocimiento u obediencia. Los ministros reales -deseaban que su nombre fuese olvidado de todos; no podían servir en -nada; los provinciales ni querían mandar, menos obedecer. - -Intentó por última diligencia satisfacer su queja al pueblo, -dejando en su mano el remedio de las cosas públicas, que ellos ya -no agradecían, porque ninguno se obliga ni quiere deber a otro lo -que se puede obrar por sí mismo; empero ni para justificarse pudo -hallar forma de hacer notoria su voluntad a los inquietos, porque las -revoluciones interiores, a imitación del cuerpo humano, habían de -tal suerte desconcertado los órganos de la república, que ya ningún -miembro de ella acudía a su movimiento y oficio. - -A vista de este desengaño se dejó vencer de la consideración y deseo -de salvar la vida, reconociendo últimamente lo poco que podía servir -a la ciudad su asistencia, pues antes el dejarla se encaminaba a la -lisonja o a remedio acomodado a su furor. Intentólo, pero ya no le -fué posible, porque los que ocupaban la tarazana y baluarte del mar, -a cañonazos habían hecho apartar la una galera, y no menos porque -para salir a buscarla a la marina era fuerza pasar descubierto a las -bocas de sus arcabuces. Volvióse, seguido ya de pocos, a tiempo que -los sediciosos a fuerza de armas atropellaban las puertas; los que -las defendían, entendiendo la causa del tumulto, unos les seguían, -otros no lo estorbaban. - -A este tiempo vagaba por la ciudad un confusísimo rumor de armas -y voces; cada casa representaba un espectáculo; muchas se ardían, -muchas se arruinaban, a todas se perdía el respeto y se atrevía a la -furia; olvidábase el sagrado de los templos; la clausura e inmunidad -de las religiones fué patente al atrevimiento de los homicidas; -hallábanse hombres despedazados sin examinar otra culpa que su -nación; aun los naturales eran oprimidos por crimen de traidores: -así infamaban aquel día a la piedad, si alguno abría sus puertas -al afligido o las cerraba al furioso. Fueron rotas las cárceles, -cobrando no sólo la libertad, mas autoridad los delincuentes. - -Había el Conde ya reconocido su postrer riesgo, oyendo las voces -de los que le buscaban pidiendo su vida; y depuestas entonces las -obligaciones de grande, se dejó llevar fácilmente de los afectos de -hombre; procuró todos los medios de salvación, y volvió a proseguir -en el primer intento de embarcarse; salió segunda vez a la lengua -del agua, empero como el aprieto fuese grande y mayor el peso de las -aflicciones, mandó se adelantase su hijo con pocos que le seguían, -porque llegando al esquife de la galera, que no sin gran peligro los -aguardaba, hiciese como lo esperase también; no quiso aventurar la -vida del hijo, porque no confiaba tanto de su fortuna. Adelantóse -el mozo, y alcanzando la embarcación, no le fué posible detenerla -(tanta era la furia con que procuraban desde la ciudad su ruina); -navegó la galera, que le aguardaba fuera de la batería. Quedóse el -Conde mirándola con lágrimas, disculpables en un hombre que se veía -desamparado a un tiempo del hijo y de las esperanzas; pero ya cierto -de su perdición, volvió con vagorosos pasos por la orilla opuesta a -las peñas que llaman de San Beltrán, camino de Monjuich. - -A esta sazón, entrada su casa y pública su ausencia, le buscaban -rabiosamente por todas partes, como si su muerte fuese la corona de -aquella victoria; todos sus pasos reconocían los de la tarazana: los -muchos ojos que lo miraban caminando como verdaderamente a la muerte, -hicieron que no pudiese ocultarse a los que le seguían. Era grande -la calor del día, superior la congoja, seguro el peligro, viva la -imaginación de su afrenta; estaba sobre todo firmada la sentencia en -el tribunal infalible; cayó en tierra cubierto de un mortal desmayo, -donde siendo hallado por algunos de los que furiosamente le buscaban, -fué muerto de cinco heridas en el pecho. - -Así acabó su vida don Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, dando -famoso desengaño a la ambición y soberbia de los humanos, pues aquel -mismo hombre, en aquella región misma, casi en un tiempo propio, una -vez sirvió de envidia, otra de lástima. ¡Oh grandes, que os parece -nacisteis naturales al imperio! ¿Qué importa, si no dura más de la -vida, y siempre la violencia del mando os arrastra tempranamente al -precipicio? - - -NOTA - - [624] DON CELESTINO PUJOL Y CAMPS, en su _Discurso_ de entrada - en la Academia de la Historia, Madrid 1886, estudia los diversos - puntos en que Melo violentó la verdad de los hechos. - - - - -DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS - -(1744-1811) - - -La _Memoria en defensa de la Junta Central_ fué escrita un año antes -de la muerte del autor. - -El siglo XVIII es de gran decadencia de la prosa. Apenas se empleaba -ésta más que en la exposición doctrinal y en la controversia; -abundan los investigadores de la historia, Berganza, Flórez, Masdeu, -Mayans; pero si sus escritos están muy llenos de crítica, carecen -de estilo, y la historia como arte no se escribe hasta Quintana; la -novela no tiene otra manifestación notable que el _Fray Gerundio_ -del Padre Isla; en fin, apenas se hallarán sino dos maneras de -prosa: la didáctica y la polémica. A consecuencia de esta pobreza -de vida literaria, los buenos escritores de este siglo encontraban -una gran dificultad en su camino; pues lejos de disponer de una -lengua artística favorable, la hallaron estragadísima, teniendo que -aplicar cuidado y atención muy especiales en huir los muchos defectos -en que abundaba la lengua que entonces se escribía ordinariamente. -El vocabulario de la lengua escrita andaba muy menguado por el mal -gusto de amanerados autores, que ni se inspiraban en los clásicos -nacionales ni en el habla viva del pueblo; su principal fondo lo -formaban, de un lado, los latinismos extravagantes y los términos -abstractos introducidos a manos llenas en la poesía y en la oratoria -por los culteranos, y en la prosa por los conceptistas, y de otra -parte, gran caudal de galicismos que se desbordaba merced al gran -favor que en toda Europa gozaban entonces las ideas y los libros -franceses. - -Jovellanos consiguió expurgar su dicción de estos viciosos elementos; -y si en las oraciones académicas y discursos de su primera época -no lo consiguió del todo, en la _Memoria de la Ley Agraria_ y en -la _Defensa de la Junta Central_ aparece su estilo muy aliviado -de cultismos y libre de galicismos. Sin embargo, entiéndase esto -último respecto del galicismo en el vocabulario, que era fácil de -desterrar cuando ya existía el Diccionario académico de autoridades, -que permitía averiguar rápidamente si tal vocablo estaba o no -autorizado por nuestros buenos escritores; pero el galicismo en la -sintaxis, como es más difícil de reconocer y de estudiar, escapó -con mayor facilidad a las persecuciones de nuestros más esmerados -prosistas[625]. - -Jovellanos puede pasar por el mejor tipo de prosa que nos ofrece el -siglo XVIII; en él aparecen reunidos con feliz tino los elementos de -la lengua clásica, con los elementos nuevos que era necesario acoger -para reflejar el pensamiento moderno, predispuesto a giros distintos -que los habituales en los autores antiguos, y preocupado de materias -por ellos no tratadas, como las relacionadas con la economía. - -Jovellanos era ciertamente un purista, que buscaba restaurar, en -lo posible, la castiza lengua de nuestros clásicos; pero no era -radical en esta tendencia, como lo fué Vargas Ponce, que cayó en una -exageración sistemática de arcaísmo; el purismo de Jovellanos, como -el de Toreno y Quintana, fué templado, el que prevaleció e informa la -lengua que hoy usamos todos. - -Lejos de toda afección de clasicismo rígido, la prosa de Jovellanos -es la primera de un grande autor moderno que nos ofrece un nuevo -elemento de riqueza; el _provincialismo_, usado intencionadamente -como recurso artístico, para lograr una expresión breve y pintoresca. -En sus cartas familiares, sobre todo en las dirigidas a su paisano -el canónigo don Carlos González de Posada, se hallan bastantes voces -asturianas, como _bígaro_ (caracol de mar), _escazabellar_ (revolver -papelotes), _solmenar_ (sacudir con fuerza), _peñerar_ (cerner), -etcétera[626], y basta recordar las novelas de Valera y de Pereda -para comprender el valor que en una obra literaria pueden tener estos -elementos dialectales. - - - DEFENSA DE LA JUNTA CENTRAL - ARTÍCULO III, INIC. - - La Junta Central, que asumió el poder de la nación en 1808 - en ausencia de Fernando VII, terminó su misión en enero de - 1810, siendo sus miembros objeto de calumnias y persecuciones - secundadas por la suprema Regencia y por el Consejo de España e - Indias. Jovellanos, miembro de esa Junta, habla en defensa propia - y de sus compañeros. - -En la última calumnia divulgada contra los miembros de la Junta -gubernativa, acabaron de vomitar sus enemigos todo el odio que -en sus ruines almas escondían. Era muy grave, sin duda, sobre -vergonzoso, el crimen de _peculato_; pero el de infidencia a la -patria en las circunstancias en que, y en las personas a quienes -se imputaba, reunía toda la enormidad que podía hacerle en el más -alto grado abominable y atrocísimo. Y esto hace ver que si nuestros -calumniadores fueron bastante insensatos para atribuirnos un crimen, -que por inverosímil y repugnante se haría increíble o se desvanecería -por sí mismo, también fueron bastante malvados en aprovechar el -momento que era más favorable para producir el pronto y terrible -efecto a que aspiraban. Hallábase la nación consternada por la -triste y no esperada derrota de Ocaña y por la falta del mejor de -sus ejércitos; los enemigos, vencida la barrera de Sierra-Morena, -venían derramándose sobre los cuatro reinos de Andalucía; uno de -sus ejércitos se avanzaba al de Sevilla y amenazaba su capital; -aquella populosa ciudad estaba ya en el mayor sobresalto, y en -este punto el Gobierno, saliendo de ella para trasladarse a la -isla de León, parecía abandonarla a su suerte. ¡Qué momento tan -oportuno para representar los centrales como fugitivos y traidores -a la credulidad de un vulgo tan acostumbrado a oír esta voz, y tan -agitado y descontento entonces, como propenso siempre a atribuir a la -infidelidad las desgracias públicas! - -Pero por más que circunstancias tristes y raras hubiesen favorecido -aquella calumnia en Sevilla, por más que su eco hubiese resonado -en otras partes por algunos días, por más que la emulación y la -envidia hubiese salido en su apoyo en los lugares en que se reunió el -Gobierno, el tiempo sólo bastó para desvanecerla; la verdad tomó su -lugar, y se puede ya asegurar sin reparo que no habrá hoy en toda la -extensión de España un solo hombre de sano juicio y recto corazón que -pueda darle el más pequeño asenso. - -Porque ¿a quién podría persuadirse que hombres tan altamente -calificados por la opinión pública cayesen todos de repente en tanta -vileza y corrupción como sus calumniadores suponían? ¿Cabía esto -siquiera en el corazón humano? No por cierto. Capaz del bien y el -mal, así como no se levanta de un vuelo hasta la cima de la heroica -virtud, tampoco se despeña de un golpe en la sima de la iniquidad. -Máximas de prudencia y justicia, de moderación y honestidad, bebidas -en la primera educación; ejemplos de fortaleza, de beneficencia y -patriotismo presentados en la juventud, y admirados y fielmente -seguidos, forman los hábitos virtuosos que le perfeccionan y elevan -por grados a la primera. Ignorancia y abandono en la primera -edad, malos ejemplos aplaudidos o defectos tolerados, y pasiones -mal reprimidas en la adolescencia, forman los hábitos perversos, -que le corrompen y abaten hasta la segunda. Cabe sin duda en la -flaqueza humana que un hombre antes inocente, agitado por el furor -de una pasión fogosa y exaltada, se arroje sin reflexión a cometer -alguna acción temeraria y violenta; pero ¿cabrá en este hombre -un atroz designio, que no pueda concebirse sino por la más negra -iniquidad, ordenarse sino con la más fría y profunda meditación, -ni ejecutarse sino por medios viles, oficios tenebrosos, arterías -y astucias pérfidamente maquinadas? Y lo que no cabe en un hombre -solo ¿cabría en más de treinta de tan distinguido carácter y de -probidad tan generalmente reconocida? Creer, pues, que todos, sin -excepción alguna, desmintiesen de repente esta probidad, y haciéndose -insensibles al freno del honor y sordos a la voz de la conciencia, y -olvidados de lo que debían a su Dios, a su rey, a su patria y a sí -mismos, se hiciesen de repente traidores, sería creer un fenómeno, -tan raro en el orden moral como el retroceso de los planetas en el -orden físico. - -Y aun dado por posible este fenómeno moral, ¿cómo lo sería que en -tanto número de personas de tan diferente condición y carácter se -hallase tan estrecha unión, tan estudiado disimulo, tan profundo -secreto y tan tortuosa conducta, como este malvado designio requería? -Y cuando esto fuera repugnante en cualquier noble corporación, cuando -lo fuera en el más humilde gremio o cofradía, ¿cuánto más no lo -fuera en un cuerpo compuesto de tan nobles y tan varios elementos; -en un cuerpo en que se habían reunido prelados, grandes, canónigos, -militares, togados, intendentes y otras personas de diferente clase -y profesión; en un cuerpo cuyos individuos se distinguían, más -todavía que por su profesión, por su clase, por su educación, por -sus talentos, por sus estudios, por sus servicios y por su conducta -y carácter, y entre los cuales, por lo mismo, no podían faltar ni -el deseo de dominar y distinguirse, ni la lucha y diferencia de -opiniones, ni los celos y desavenencias, ni la falta de discreción -y prudencia, ni la buena ni aun la mala emulación; vicios endémicos -que turban la concordia de todas las corporaciones? Y cuando nuestros -enemigos no cesaban de llamar defectuosa e imperfecta nuestra -institución, precisamente porque entre tanto número de individuos -creían difícil hallar la unión, la actividad y el secreto necesario -para salvar la patria, ¿cómo podrían creer que sólo era fácil para -venderla? ¿Creían por ventura que esta unión era imposible para el -bien, y sólo posible y fácil para el mal? ¡Insensatos! El honor, la -conciencia, el respeto a la opinión pública, el amor a nuestro rey -y a nuestra patria, y el odio a la tiranía, nos pudieron unir y nos -unieron para desempeñar fielmente nuestro deber hasta donde nuestras -luces y nuestras fuerzas alcanzaron. ¿Cuáles, decid, cuáles pudieron -ser los motivos que nos uniesen para prostituirle? - -Porque siendo constante que los hombres no obran sin que algún -impulso mueva o determine su acción, y que este impulso deba ser -proporcionado a la grandeza de las acciones que produce, a nuestros -enemigos toca señalar cuál pudo ser el que sacándonos de la senda -del honor y virtud nos despeñó en tanta vileza y depravación. -Sentimientos de odio y de amor, de temor o de interés, suelen mover -poderosamente las acciones humanas. Y bien, ¿cuál de éstos pudo -movernos a ser traidores a nuestro rey y a nuestra patria? ¿Será -el odio a un rey tan virtuoso y tan desgraciado, o a una patria -tan generosa y tan afligida? ¿A un rey que libraba en nosotros la -esperanza de recobrar su libertad y su trono, o a una patria que nos -había confiado el rescate de su rey y la defensa de su libertad? -¿Sería acaso el amor? Pero ¿a quién? ¿Al monstruo de perfidia que -tan vilmente había engañado a nuestro amado e inocente rey, y tan -cruelmente estaba ultrajando y oprimiendo a nuestra heroica y querida -patria? ¿Sería el temor? Pero ¿qué podían temer los que estaban -cubiertos con el escudo de la suprema autoridad y defendidos por todo -el poder de una nación tan heroica y valiente? ¿Sería el interés? -Pero ¿cuál pudo tentar a los que habían abandonado sus empleos, su -casa, su fortuna y sus esperanzas para servir y ser fieles a su -patria? Ni ¿qué interés pudo presentar a nuestra ambición la ruin -política del tirano? ¿De mando? ¿Cuál igualaría al que ejercíamos en -el seno de nuestra patria? ¿De honores? Y ¿cuáles serían comparables -a aquel a que nuestra patria nos había elevado? ¿De otras altas -recompensas? Pero ¿cuáles podría esperar nuestra perfidia de -un tirano ofendido y provocado, que no pudiese esperar nuestra -fidelidad de una patria generosa y reconocida? No, no; si esto no -cabía en nuestro carácter ni en nuestra conciencia, menos cabía en -nuestra razón ni en nuestra seguridad. ¿Podíamos acaso desconocer la -condición de un tirano, modelo de tiranos, tan sabiamente prevista y -tan exactamente definida por nuestras leyes? ¿Podíamos poner la menor -confianza en los halagos y sugestiones de un monstruo, para quien la -religión, los dulces vínculos del amor y de la sangre, el honor, la -amistad, la buena fe, son nombres vanos; para quien las palabras, las -promesas, los más solemnes tratados y los más santos juramentos, no -son otra cosa que medios de seducción y perfidia? - -Pero ¿qué digo? Los que disfrutábamos el alto honor de estar al -frente de la nación más heroica del mundo, y aclamados en ella por -padres de la patria, ¿iríamos a postrarnos a los pies del soldán de -la Francia, para que nos pusiese en la lista de sus viles esclavos? -¿Iríamos a inclinar la rodilla ante el sátrapa de Madrid, para -ayudarle a usurpar el trono de Pelayo y robar a nuestro Fernando -el Sétimo la herencia de los Alfonsos y los Fernandos de Castilla? -¿Iríamos a mezclarnos con los Ofarriles, Urquijos y Morlas; con los -caballeros Arribas y Marquinas, para ser, como ellos, insultados -y despreciados por los insolentes bajáes del tirano, o iríamos a -confundirnos entre los demás apóstatas de la patria, para ser, como -ellos, escupidos y escarnecidos por nuestros fieles y oprimidos -hermanos, para ostentar a su vista la ignominia que cubre siempre el -rostro de los traidores, y para ser a todas horas objeto de su odio y -execración? ¡Oh, colmo de ignominia y vileza! ¡Oh, asombro de malicia -y perversidad! ¡Españoles, hijos de la lealtad y el honor, dechados -de probidad y buena fe, sed vosotros jueces en esta causa! Juzgad, -pronunciad si aquellos honrados ciudadanos que merecieron un día -vuestra confianza, pudieron caer en tan vil y vergonzoso abatimiento. -Y si todavía los hallais dignos de loor o de aprecio, haced que -vuestro imparcial y respetable juicio desplome sobre sus infames -calumniadores toda la ignominia con que quisieron manchar sus nombres -y memoria. - - - CARTAS - CARTA A DON ANTONIO PONZ - - El autor describe las romerías de Asturias y habla de la llamada - _Danza Prima_. - -Después de haber sesteado un rato por los lugares amenos y sombríos -de aquel contorno, se empiezan a disponer las danzas, que sirven de -ocupación al resto de la tarde. Estas danzas no son menos sencillas -y agradables que los demás regocijos del día. Cada sexo forma las -suyas separadamente, sin que haya ejemplar de que el desarreglo o la -licencia los hayan confundido jamás. El filósofo ve brillar en todas -partes la inocencia de las antiguas costumbres, y nunca esta virtud -es más grata a sus ojos que cuando la ve unida a cierta especie de -placeres, que la corrupción ha hecho en todas partes incompatible con -ella. - -Aunque las danzas de los hombres se parece en la forma a la de las -mujeres, hay entre unas y otras ciertas diferencias bien dignas de -notarse. Seméjanse en unirse todos los danzantes en rueda, asidos de -las manos, y girar en rededor con un movimiento lento y compasado, al -son del canto, sin perder ni interrumpir jamás el sitio ni la forma. -Son una especie de coreas a la manera de las danzas de los antiguos -pueblos, que pueden tener su origen en los tiempos más remotos y -anteriores a la invención de la gimnástica. Pero cada sexo tiene su -poesía, su canto y sus movimientos peculiares, de que es preciso dar -alguna razón. - -Los hombres danzan al son de un romance de ocho sílabas, cantado por -alguno de los mozos que más se señalan en la comarca por su clara -voz y por su buena memoria; y a cada copla o cuarteto del romance -responde todo el coro con una especie de estrambote, que consta de -dos solos versos o media copla. Los romances suelen ser de guapos y -valentones, pero los estrambotes contienen siempre alguna deprecación -a la Virgen, a Santiago, San Pedro u otro santo famoso, cuyo nombre -sea asonante con la media rima general del romance. - -Esto me ha hecho presumir que tales danzas vienen desde el tiempo de -la gentilidad, y que en ellas se cantarían entonces las alabanzas de -los héroes, interrumpidas y alternadas con himnos a los dioses. Lo -cierto es que su origen es muy remoto, que el depravado gusto de las -jácaras es muy moderno, y que la mezcla de ellas con las súplicas -a los santos es tan monstruosa, que no pudieron nacer en un mismo -tiempo, ni derivarse de una misma causa. - -Tampoco sería extraño presumir que estas danzas eclesiásticas, y -que tienen cierto sabor a los usos y estilos litúrgicos de la media -edad, pudieron ser traídas acá por los romeros que en ella venían -a peregrinar en este país; pues ya sabe usted que las romerías de -San Salvador en Oviedo, fueron en algún tiempo muy frecuentadas, y -aun de ellas dura todavía algún resto. Lo cierto es que esta mezcla -de devoción, regocijo y francachela, tiene parecer muy conforme al -espíritu de los siglos supersticiosos y al carácter de aquellos -devotos vagamundos, que con título de piedad andaban por entonces de -santuario en santuario, dados a la vida libre y holgazana, comiendo, -bebiendo y saltando por el rey de Francia. - -Como quiera que sea, estas danzas varoniles suelen rematar muchas -veces en palos, única arma de que usa nuestro pueblo; y como nunca la -sueltan, vería usted a todos los danzantes con su garrote al hombro, -que sostienen con dos dedos de la mano izquierda, libre los otros -para enlazarse en rueda, seguir danzando en ella con gran mesura y -seriedad. Sucede, pues, frecuentemente que, en medio de la danza, -algún valentón caliente de cascos empieza a victorear a su lugar o su -concejo. Los del concejo confinante, y por lo común rival, victorean -al suyo; crece la competencia y la gritería, y con la gritería la -confusión; los menos valientes huyen; el más atrevido enarbola su -palo; le descarga sobre quien mejor le parece, y al cabo se arma tal -pelea de garrotazos, que pocas veces deja de correr sangre, y alguna -se han experimentado más tristes consecuencias. - -Para remediar estos abusos, alguna vez ha pensado el gobierno en -prohibir el uso de los palos; pero ¡pobre país si esto sucediera! Los -hombres naturalmente tímidos y amantes de su conservación, gustan de -llevar consigo alguna prevención, alguna defensa contra los insultos -que les amenazan. Prohibido el uso de los palos, entrará sin duda -el de las navajas y cuchillos, armas mortíferas que hacen a otros -pueblos insidiosos y vengativos, y enervan y extinguen el valor y la -verdadera bizarría. - -Ni por este uso puede usted tachar de bárbaros a mis paisanos. -Semejantes escenas, además de interesar en gran manera la curiosidad -por cuanto hieren fuertemente la imaginación de los espectadores, son -muy del gusto de los pueblos no corrompidos por el lujo, y en cierto -modo están unidas a la condición misma de la humanidad. «El hombre, -dice el sabio Fergusón, es demasiado propenso a las lides y a emplear -sus facultades naturales contra cualquiera enemigo: gusta de ensayar -su razón, su elocuencia, su constancia y aun su vigor y fuerzas -corporales. Sus recreos son muchas veces imagen de la guerra, el -sudor y la sangre suelen correr en sus juegos, y las fracturas y aun -la muerte dan término alguna vez a las fiestas y pasatiempos de su -ociosidad. Nacido para morir, hasta en su diversión halla su camino -para el sepulcro...» - -Dejemos, pues, a los pueblos frugales y laboriosos sus costumbres, -por rudas que nos parezcan, y creamos que la nobleza del carácter en -que tienen su origen merecen por lo menos esta justa condescendencia. - -Pero las danzas de las asturianas ofrecen ciertamente un objeto, -si no más raro, a lo menos más agradable y menos fiero que las que -acabamos de describir. Su poesía se reduce a un solo cuarteto o copla -de ocho sílabas, alternado con un largo estrambote, o sea estribillo, -en el mismo género de versos, que se repite a ciertas y determinadas -pausas. Del primer verso de este estrambote que empieza: - - Hay un galán de esta villa, - -vino el nombre con que se distinguen estas danzas. - -El objeto de esta poesía es ordinariamente el amor, o cosa que diga -relación a él. Tal vez se mezclan algunas sátiras o invectivas, -pero casi siempre alusivas a la misma pasión, pues ya se zahiere la -inconstancia de algún galán, ya la presunción de alguna doncella, ya -el lujo de unos, ya la nimia confianza de otros, y cosas semejantes. - -Lo más raro y lo que más que todo prueba la sencillez de las -costumbres de estas gentes, es que tales coplas se dirigen muchas -veces contra determinadas personas; pues aunque no siempre se las -nombra, se las señala muy claramente, y de forma que no pueda dudarse -del objeto de la alabanza o de la invectiva. Aquella persona que más -sobresale en el día de la fiesta por su compostura o por algún caso -de sus amores; aquel suceso que más reciente es y notable en la -comarca; en fin, lo que en aquel día ocupa principalmente los ojos -y la atención del concurso, eso es lo que da materia a la poesía de -nuestros improvisantes asturianos. Ya ve usted si les será fácil -indicar las personas sin nombrarlas expresamente. - -Supongo que para estas composiciones no se valen nuestras mozas de -ajena habilidad. Ellas son las poetisas, así como las compositoras de -los tonos, y en uno y otro género suele su ingenio, aunque rudo y sin -cultivo, producir cosas que no carecen de númen y de gracia. Pondréle -a usted dos ejemplos, entre mil que pudiera señalar, y si no entiende -el dialecto, tenga paciencia, que otros le entenderán. - -En una de estas romerías a que concurrió cierto amigo mío, se había -presentado una fea que, entre adornos, llevaba una redecilla muy -galana y de color muy sobresaliente. Al instante fué notada de las -mozas, que le pegaron esta banderilla: - - Quítate la rede negra - y ponte la colorada, - para que llucia[627] la rede - lo que non llu[627] la tó cara. - -Era yo bien niño cuando el Ilmo. señor don Julio Manrique de Lara, -obispo entonces de Oviedo, se hallaba en su deliciosa quinta de -Contrueces, inmediata a Gijón, el día de San Miguel. Celebrábase -allí aquel día una famosa romería, y las mozas, como para festejar a -su ilustrísima, formaron su danza debajo de los mismos balcones de -palacio. El buen prelado, que estaba en conversación con sus amigos, -cansado del guirigay y la bulla de las cantiñas, dió orden para que -hicieran retirar de allí las danzas: sus capellanes fueron ejecutores -del decreto, que se obedeció al punto; pero las mozas, mudando de -sitio, bien que no tanto que no pudieran ser oídas, armaron de nuevo -su danza, cantando y recantando esta nueva letra, que su ilustrísima -celebró y oyó con gusto desde su balcón gran parte de la tarde: - - El señor obispo manda - que s’acaben los cantares; - primero s’an d’acabar - obispos y capellanes. - -Los estribillos con que se alternan estas coplas son una especie -de retahila que nunca he podido entender; pero siempre tienen sus -alusiones a los amores y galanteos, o a los placeres y ocupaciones -de la vida rústica. Los tonos son siempre tiernos y patéticos, y -compuestos sobre la tercera menor. Llevan la voz de ordinario tres -o cuatro mozas de las de más gallarda voz y figura, colocadas a la -frente del coro, y las otras van repitiendo ya la mitad de la copla, -ya el estribillo, a cuyo compás giran todas sin interrupción sobre -un mismo círculo, pero con lentos, uniformes y bien acordados pasos. -Entretanto resuena en torno una dulce armonía, que penetrando por -aquellos opacos y silenciosos bosques, no puede oírse sin emoción ni -entusiasmo. - -No constan estas danzas, como nuestros modernos bailes, de fuertes y -afectadas contorsiones, propias para expresar unas pasiones violentas -y artificiosas, sino de movimientos lentos y ordenados, que indican -las tranquilas afecciones de un corazón inocente y sensible. Si esta -es o no una ventaja para los pueblos que la melindrosa corrupción -tiene por bárbaros, no parece un problema difícil de resolver. - - -NOTAS - - [625] En la misma _Defensa de la Junta Central_ escribía - Jovellanos frases como esta: «no sólo nos tachan de usurpadores - de la autoridad, no sólo atribuyen esta usurpación _a un espíritu - el más conocido y descubierto de ambición y amor propio_, sino - que para darle todo el carácter de la tiranía, la califican de - violenta y forzada.» (I.ª 25.) La expresión «à _un_ esprit, _le_ - plus connu et le moins caché, d’ambition et d’amour propre» sería - en francés correcta y aceptable; sin embargo, es menos corriente - que la otra con artículo definido: «à _l_’esprit _le_ plus - connu», que también es semejante a la de Jovellanos. - - [626] En una poesía (_Bibliot. Aut. Esp._ XLVI, 7 _a_) dice - Jovellanos: «No pudo vencer a la tu mano en blancura;» el - artículo con el posesivo es un asturianismo, que el autor acogió - acaso a título de arcaísmo (v. pág. 144, línea 11). - - [627] _Llucia_ por ‘luzca’, y _llu_ por _lluz_, y éste por - ‘luce’. En asturiano, toda _l_ inicial se hace _ll_ (_llobu_, - _lluna_), y la _e_ final de los verbos se pierde tras ciertas - consonantes (_quier_, _pon_, _merez_). Otros dialectalismos son - _rede_ por ‘red’; también se dice _parede_, _ciudade_, etc. _la - tó cara_ ‘tu cara’. - - - - -DON LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN - -(1760-1828) - - -El folleto de la _Derrota de los Pedantes_ apareció en 1789. - -Moratín, el hijo, descuella sobre todo por su admirable prosa -dramática, que no se había vuelto a escribir desde _La Celestina_ de -Rojas, y _La Dorotea_ de Lope; pero es también muy digno de atención -en sus otras obras, donde se muestra, como dice Menéndez y Pelayo, -«uno de los escritores más correctos y más cercanos a la perfección -que hay en nuestra lengua, ni en otra alguna. Niéganle algunos viveza -de fantasía, profundidad de intención, calor de afectos y abundancia -de estilo. Aun la misma perfección de su prosa antes estriba en la -total carencia de defectos que en cualidad alguna de orden superior, -sin que conserve nada de la grande y caudalosa manera de nuestros -prosistas del siglo XVI. La sobriedad del estilo de Moratín, se -parece algo a la sobriedad forzada del que no goza de perfecta -salud; hay siempre algo de recortado y de incompleto que no ha de -confundirse con la sobriedad voluntaria, última perfección de los -talentos varoniles y señores de su manera.» - -Su vocabulario es de una riqueza muy estimable, pero también es más -estudiado que espontáneo; lamentábase Moratín del olvido en que se -habían perdido multitud de voces y frases, y de la pobreza y sequedad -increíbles a que se reduce el lenguaje usual, aun en personas -letradas, y se propuso resucitar en sus escritos, lográndolo con gran -tino y acierto, buen número de expresiones que sin duda no había -recibido él por la tradición oral, sino por la lectura de nuestros -clásicos a que desde niño era aficionado. - - - DERROTA DE LOS PEDANTES - - Los poetastros pedantes asaltan el Parnaso; Mercurio les impone - una tregua, y cogiendo prisionero a uno de ellos, lo lleva ante - Apolo en calidad de embajador. - -Entraron, pues, en un salón magnífico y espacioso; el pavimento y -las paredes eran de esquisitos mármoles, la decoración corintia, las -basas y capiteles de sus columnas de oro purísimo, como también los -adornos del cornisamento y zócalo, y en las bóvedas apuró la pintura -todos los encantos de la ficción. - -Allí se veían los orígenes de las artes y los progresos del talento -humano: muda historia, capaz de encender el ánimo y arrebatarle a la -contemplación de los objetos más sublimes. En una parte se veía a los -hombres fabricar chozas de troncos y ramas, de donde la arquitectura -tomó las formas que dió después a materias más durables, variando, -según la mayor o menor consistencia de ellas, la proporción de sus -edificios. A otro lado los egipcios daban principio a la geometría, -señalando sus campos con términos de piedras hacinadas, para que el -Nilo en sus inundaciones no alterase los conocidos límites. Otros -señalaban en el suelo los contornos de la sombra, de donde tomó -su origen la pintura, perfeccionándose después lentamente con la -invención casual de los colores y la perspectiva, que apenas conoció -la antigüedad. Otros cortaban la corriente de un río, fiados a un -tronco mal seguro; una gran multitud admiraba desde la opuesta -orilla el temerario atrevimiento, y las madres tímidas apretaban -al pecho sus pequeñuelos hijos. Los árabes y caldeos observaban -el aparente giro del sol, y en las serenas noches al planeta que -recibe su luz, y los demás astros que la distancia nos amenora o -nos oculta. La escultura en otra parte ponía sobre las aras bultos -informes que adoraba supersticioso el temor, y más allá los Fidias, -Lisipos y Praxiteles daban a los mármoles y bronces tan elegante -forma, que en algún modo parece que el arte disculpaba la idolatría. -Allí Orfeo reducía a los hombres en vida social, les daba leyes, y -les persuadía la necesidad de un culto religioso. Confucio enseñaba -virtudes morales a los remotos chinos. Eaco, Radamanto, Minos, Solón, -Licurgo y Numa establecían leyes, gobernando en justicia y paz nuevas -repúblicas; y a más distancia se veían florecer las ciencias y las -artes a la sombra de la libertad. Allí estaba representado el padre -Homero, a quien rodeaban con admiración los poetas de todas las -naciones y todos los siglos. Píndaro, al son de la lira, celebraba -con sublime verso las victorias istmias y olímpicas, y eternizaba el -nombre de Hierón. Simónides cantaba tiernas elegías. Alceo de Lesbos, -añadiendo nuevos sonidos a las cuerdas griegas, hacía aborrecible -entre los hombres el despotismo de los tiranos. Safo, desgraciada en -amor, se precipitaba del promontorio de Leucate al mar, y repetía -muriendo el nombre de su ingrato Faón; en tanto que Anacreón de -Teos, coronado de pámpanos, con la copa en la mano, danzaba alegre -al son de las flautas entre las Gracias y los Amores. Allí acudía la -juventud de Grecia a escuchar en las Academias, el Liceo y el Pórtico -las austeras lecciones de la moral; y no muy lejos se levantaban -teatros magníficos para declamar con el auxilio de la música las -grandes obras de Eschilo, Sófocles y Eurípides, que alternaban con -las del atrevido Aristófanes, a quien Menandro siguió después para -obscurecer la gloria de cuantos le habían precedido. En otra parte -Demócrito y el divino Hipócrates, reclinados junto a un sepulcro ya -destruído, conversaban profundamente a la sombra de unos cipreses -mustios sobre la física del cuerpo animal, la brevedad de la vida, -los acerbos males que la rodean, y los cortos y falaces medios que -ofrece el arte para dilatar su fin; y más allá Demóstenes desde la -tribuna de las arengas conmovía al pueblo ateniense, le persuadía -por algunos instantes a sacudir el yugo macedónico; excitaba en -él estímulos de valor, recordándole las épocas gloriosas de sus -triunfos, los nombres santos de Milciades, Conón, Cimón y el justo -Arístides; y oponiéndose, por una parte, a todo el poder de Filipo, -y por otra, a la envidia, la calumnia atroz y la inconstancia -de un vulgo corrompido e ingrato, veía a pesar de su elocuencia -irresistible perecer para siempre la libertad de su país, y perecía -con ella. - -En el testero del salón había un trono riquísimo, y en él estaba -Apolo: siete de las musas le acompañaban inmediatas al solio, y los -más célebres poetas españoles, según la edad en que florecieron, así -ocupaban por su orden las sillas. - -Si mucho se admiró el coplero de aquel aparato y magnificencia, no -menos se admiraron todos los demás al ver su figura ridícula, porque -era el hombre la más triste visión que imaginarse puede: reviejuelo, -arrugadito, moreno, remellado, tuerto de un ojo, romo, calvo, algo -tiñoso, chiquirritillo y contrahecho, si bien es verdad que le -desfiguraban en parte las barbas, el sudor negro, el polvo, el cisco -y las telarañas que le cubrían el rostro. Revolvíase en unas bayetas -pardas, raídas y llenas de chorreaduras de aceite y caldo, con un -ribete de arambeles por las orillas a modo de randas o cucharetero; -sus movimientos eran más vivos de lo que su edad prometía, la acción -teatral, y la voz gangosa, chillona y desapacible. - ---«Este es, dijo Mercurio a su hermano, el que he podido agarrar -entre aquella turba; él te dirá lo que deseas saber;»--y acercándose -a él, le dijo al oído: «mirad, señor, que aquí no os sufrirán -disparates; decid claramente quiénes son los del portal, y a qué es -su buena venida, sin andarnos en más repulgos; porque si así no lo -hiciéreis, témome mucho que mi hermano os mande freir y echar a los -perros, según le he visto de mal humor esta tarde;» y habiendo dicho -ésto, se fué volando a observar lo que pasaba en la escalera. - -El poetastro, encarándose con Apolo, le hizo tres grandes cortesías, -y quedó aguardando el permiso de hablar. Diósele Apolo, y él comenzó -a delirar de esta manera: - - «Reverberante Numen que del Istro - Al Marañón sublimas con tu zurda, - Al que en ritmo dulcísono te urda - Elogio al son del címbalo y del sistro: - Si la alígera prole de Caistro - Blandos ministra acentos a mi burda - Armónica pasión, ¡ay! no te aturda - Ver rompo de tu tímpano el teristro. - La nubígena Dea en alto plaustro, - Ungiendo el nervio de oloroso electro, - Me lleva en alas del Ouest y el Austro, - Y hurtando a las Memnósides el plectro, - Hoy me intromito en el fulgente claustro, - Obstupefacto, a venerar tu espectro.» - -Reventaba Apolo entre la indignación y la risa; las musas se tendían -por los suelos dando exorbitantes carcajadas; los poetas se miraban -los unos a los otros sin saber lo que les sucedía, y el badulaque, -muy satisfecho, se disponía a proseguir disparatando en culto; pero -Francisco de Rioja, que estaba inmediato, le dijo: «Ved, señor -enviado, que Apolo nuestro amo no os llama aquí para que le declaméis -versos tenebrosos; lo que únicamente quiere es...».--«¡Ah! dijo el -de las sopalandas, ya sé lo que quiere, no hay para qué decírmelo, -que ya lo he comprendido, lo que quiere es otro soneto con los mismos -consonantes; pues allá va, hijo de Latona, escuchadme benévolo...» - -Pero volvamos la mal tajada péñola a referir lo que Mercurio hizo -mientras duró la embajada. Parecióle conveniente no descuidarse -ni fiar a la fortuna el éxito de aquella empresa; había llegado a -entender, aunque confusamente, la pretensión estrafalaria de los -filólogos; y conociendo que Apolo no podía concederles nada, pensó -seriamente en hacer preparativos para la defensa, persuadido de que -sólo a garrotazos se podría concluir tan enrevesado asunto. - -Llamó a consejo a los poetas que imaginó más inteligentes y -acostumbrados a tales peleonas; tratóse el caso con la madurez que -requería, y se acordó, por último, que se hiciera provisión de -armas ofensivas, acudiendo al repuesto de los malos libros, que -estaban en las inmediaciones de la cocina destinados a socarrar -pollos y envolver especias, y que además se recogiesen cuantos -trastos semovientes hubiera en la casa y pudieran ser útiles para -convertirlos en armas arrojadizas, o en parapetos y trincheras. - -Tratóse después del orden que se debía guardar en los ataques, y -resolvieron que para lograr alguna ventaja era necesario salir de -la escalera, obligando a los eruditos a que, dejando el portalón, -pasaran al patio, creyendo todos que allí se les podría combatir más -a placer, ya fuese en batalla campal, o ya arrojando sobre ellos, -desde las ventanas que había alrededor, cuanto pudiera ofenderlos y -destruirlos. - -Aprobado este plan, se dispuso que Garcilaso de la Vega, por estar -herido Cervantes, mandase el ala derecha; la izquierda, don Diego de -Mendoza; el centro, don Alonso de Ercilla, y el cuerpo de reserva, -que debía acudir adonde la necesidad lo pidiese, se encargó al conde -de Rebolledo, acompañado de Lope de Vega, Cristóbal de Virués y otros -sujetos de acreditado valor y experiencia militar. - -Después de ventilados estos puntos, se ocuparon en conducir hacia -la escalera cuanto hallaron que podía ser útil para un caso de -rompimiento; acudieron luego al repuesto de los malos libros, y -llevaron infinitos volúmenes antiguos y modernos que hasta entonces -no habían servido de gloria a sus autores, ni de utilidad alguna al -género humano, y en aquel día se hicieron apreciables; porque no hay -duda en que un mal libro, por malo que sea, siempre sirve, y más si -es de buen tomo, para descalabrar con él a cualquiera cuando no hay a -mano abundante provisión de cachiporras o peladillas de Torote. - -Hecho, pues, todo lo que va referido, sucedió la bajada y volteo del -culterano; y conociendo Mercurio que era ya inevitable volver a la -zurra, fuese volando a decir a su hermano cuanto había dispuesto. -Hallóle que bajaba ya la escalera con ánimo de presentarse a los -enemigos, creyendo que a sus razones y autoridad ni debían ni podían -oponerse. Dudó mucho Mercurio si aquella cuadrilla desvergonzada -guardaría respeto y moderación, hallándose ya obstinada en conseguir -por fuerza lo que pretendía; pero hubo de ceder, mal de su grado, a -las instancias de Apolo, y dejándole en la escalera, se remontó al -techo para anunciar su venida. - -A este tiempo empezó a notarse un rumor y conmoción general en el -bando contrario, mal satisfecho del suceso que había tenido la -erudita oración de su embajador; pero, dando Mercurio un grande -aullido desde allá arriba, les hizo callar y atender. Díjoles que -Apolo iba a presentarse; que venerasen en él al grande hijo de -Júpiter, y que, pues se llamaban alumnos suyos, no le diesen enojo en -cosa alguna, y adorasen humildes sus soberanos preceptos. - -Apolo entonces, levantado en hombros de los más robustos, se dejó -ver de aquella amotinada gente. Comenzó con semblante pacífico y -agradable a persuadirlos que, dejando las armas, se volviesen a sus -casas a cuidar de sus mujeres e hijos, si los tenían. Que no creyesen -que la nación perdería nada, perdiéndolos a ellos; pues no sólo -la harían una gran merced en quemar todos sus papeles y no volver -a escribir jamás ni aun la cuenta de la ropa, sino que, por otra -parte, olvidando con un verdadero arrepentimiento las travesuras -pasadas, podían dedicarse a varios ejercicios honestos, y adquirir -por ellos una subsistencia segura como buenos ciudadanos y gente de -juicio. Díjoles también que los hombres habían nacido para trabajar, -y muy pocos entre ellos para saber; porque ciertamente aquellos -pocos, siendo buenos, bastan para ilustrar a todos los demás con su -sabiduría. Que esto de ser doctos no era cosa tan hacedera y trivial -como se habían imaginado, pues cualquiera ciencia o facultad necesita -todo un hombre, toda una vida, y tal reunión de circunstancias, que -rara vez llega a verificarse; y aun por eso, siendo tantos los que -siguen la carrera de las letras, son tan pocos los que han llegado -a poseerlas en grado sobresaliente, y a merecer el aprecio público -por sus escritos. Que dejasen el encargo de sostener el honor de la -literatura nacional a otros talentos muy superiores, sin comparación, -a los suyos. Que abandonasen para siempre la negra erudición -enciclopédica que tanto les había trastornado la racionalidad, y tan -ridículo papel les había hecho hacer en estos últimos años a los -ojos de la Europa culta; y que sobre todo abjurasen de buena fe el -error de haberse creído poetas. Que no envidiasen esta gloria a los -que realmente lo son; gloria mezclada siempre de sinsabores los más -amargos; gloria funesta, que casi nunca ha concedido el mundo a los -que, viviendo, pudieran gozarla, porque la reserva el cruel para las -cenizas de los que ya no existen. - -Más iba a decirles; pero fueron tales los berridos que resonaron en -el zaguán, los gritos y amenazas, que Apolo, temiendo algún insulto -de parte de aquel populacho feroz, se bajó a toda prisa del trono -racional en que estaba encaramado, y comenzó a echar tacos y reniegos -por aquella boca, que Dios nos libre. - -Seguía entretanto la gritería y tumulto de los enemigos, y el -endiablado tuerto corría de un lado a otro atizando el fuego de la -discordia, ponderando el mal tratamiento que Apolo le había hecho y -el poco aprecio que le merecían las doctas fatigas de tantos sabios; -ellos, que no necesitaban espuelas, se enfurecieron de tal modo que -no es posible ponderar a qué extremo llegó entonces su frenesí.--«No -es ese, decían, no es ese Apolo; a ese no le conocemos, y estos son -ardides de Mercurio, que piensa burlarse de nosotros, tomándolo a -fiesta y tararira; que venga el hijo de Latona, que venga, él nos -conocerá y nosotros le adoraremos como hijos obedientes suyos.» - ---«Medrados estamos, dijo Mercurio, con lo que nos salen ahora estos -malditos. Si es imposible que no se hayan desatado del infierno para -darnos guerra. ¿Se habrá visto tal invención? Pero yo les juro por la -asquerosa Estigia que no se han de reir de mí; no, si no hacéos de -miel y paparos han moscas; para ellos no sirven razones; lo que no -les duele, no les persuade; pues que la paguen, mal haya su casta, -que la paguen, y acabemos de una vez con ellos.» - -Dicho esto, se metió entre los suyos, repitió las órdenes, previno -los acasos, y sin que diera la señal de combatir el estruendo de -trompetas ni atambores, se comenzó la batalla, poniendo en uso los de -Apolo las nuevas armas de que se habían prevenido. - -Llovían librotes sobre los literatos intrusos; unos viejos, sucios y -despilfarrados; y otros nuevecitos y en pasta, y en papel de Holanda, -y con láminas y elogios ultramontanos, y notas y animadversiones. -Esta descarga desordenó las primeras filas enemigas, no sin pérdida -de sus gentes; pues aseguran algunos sujetos fidedignos, apoyados -en relaciones auténticas, que pasaron de veinte los que cayeron -derrengados, cinco tuertos, descalabrados nueve, y trece o catorce -contusionados o aturdidos. - -Con esta pérdida se notó algún desfallecimiento en aquellas tropas, y -nuevo espíritu en los de Apolo, que no dudaban ya combatir cuerpo a -cuerpo para concluir de una vez aquella empresa; bien que los jefes -procuraban contenerlos, conociendo cuán cerca está de ser temeridad -el valor si la prudencia y el arte no le dirigen. - -Pero a este tiempo ocurrió un accidente que puso a los de la escalera -en grave peligro de perderse; porque acabada que fué la primera -descarga, vieron venir de retorno por el aire el tenebroso _Macabeo -de Silveira_, que arrojado de robusta mano parecía una bala de cañón, -según el ímpetu que traía; hirió de paso, aunque levemente, a Luis -Barahona de Soto; y, volviendo de rebote dió tal golpe en el pecho al -tierno Garcilaso, que sin ser poderoso a resistirle, cayó aturdido -sobre las gradas, y tuvieron que retirarle inmediatamente. - -Lupercio de Argensola que se hallaba cerca, lleno de indignación y -dolor por la desgracia de su dulce Laso, agarró seis o siete tomos -que vió a sus pies, y con no vista fuerza los lanzó al enemigo. -No bien llegaron allá los _Comentos de Góngora_, que ésta era -la gracia de los tales volúmenes, cuando se conoció el horrible -estrago que habían hecho en el cuerno izquierdo de los contrarios; -lo que advertido por los de Apolo, se adelantaron algunos a querer -seguir hacia aquella parte la derrota; pero así que se alejaron de -los demás, se vieron rodeados de enemigos y cortado el paso a la -escalera; dieron y recibieron golpes crueles, y con no poco trabajo -pudieron volverse a incorporar en sus líneas, sufriendo mucho en la -retirada, que tuvo todas las apariencias de fuga. - - - VIAJE A ITALIA - - Fragmento de esta obra póstuma - -Debajo de Pórtici y Resina está sepultada la ciudad de Herculano; -los edificios más considerables de ella que hasta ahora se han -descubierto, son un foro y un teatro; en el foro se hallaron las -dos estatuas ecuestres de los Balbos, una de Vespasiano y otras de -varias familias ilustres. El proscenio del teatro tiene ciento y -treinta pies de ancho, y en las veinte y una gradas destinadas a los -espectadores y los espacios restantes, se ha calculado que cabían -diez mil personas. La cantidad de ceniza y lavas que cayeron sobre -esta ciudad fué tal, que sus edificios se hallan a sesenta, ochenta y -cien pies de profundidad. Esto hace muy difícil la excavación, pues -además de la consistencia y grueso de las materias que hay que romper -a pico, es necesario sostener con postes y estribos las excavaciones, -para que todo no se hunda y arruine; y además, ¿cómo es posible -taladrar un terreno sobre el cual existen en pie tantos edificios, -sin que éstos se resientan? Mientras permanezcan Resina y Pórtici, no -se pueden adelantar los descubrimientos de Herculano. - -Siguiendo el camino, que va siempre inmediato al mar, se hallan -después de Resina la torre del Greco y la de la Anunciata, -poblaciones contiguas unas a otras con poca o ninguna interrupción, -bien situadas y alegres, de mucha gente, llenas de casas de campo, -con jardines, huertas y abundante cultura. Atraviesa el camino por -encima de un gran torrente de lava que arrojó el Vesubio en 1760, -mezclada con cenizas y enormes piedras; abrasó todo el terreno, -destruyó los edificios que halló al paso, y bajó hasta el mar con -estrago espantoso. A poca distancia se hallan las ruinas de Pompeya, -ciudad antigua que hasta la mitad de este siglo permaneció tan oculta -a la vista humana, que nadie se atrevía a fijar el paraje en que -estuvo. La multitud de cenizas que cayeron sobre ella, detenidas -de los huecos de sus calles y edificios, formaron una elevación -de terreno, el cual, haciéndose con el tiempo vegetal y fértil, -comenzó a labrarse, y hoy se ve encima de los templos, teatros y -sepulcros de Pompeya, enlazarse las parras a los chopos, y segar el -labrador mieses abundantes. Las excavaciones que se hacen en este -sitio cuestan poco trabajo, así porque todo es ceniza lo que hay que -romper, como porque es mucho menor la profundidad a que se encuentran -las ruinas que en Herculano. Hasta ahora se han descubierto dos -calles, una de ellas con la puerta de la ciudad, y varios sepulcros, -un cuartel, un templo de Isis y dos teatros. No es posible caminar -por aquel paraje sin una especie de entusiasmo que todos aquellos -objetos inspiran. Este era el teatro: aquí se acomodaba el pueblo, -allí la nobleza, por allí salían los actores, aquí se oyeron los -versos de Terencio y Plauto, este recinto sonó con aplausos públicos; -los hombres desaparecieron, y el lugar existe. Este era el templo: -allí está la inscripción, allí las aras; las paredes anuncian -todavía, en pinturas y estucos, los atributos de la deidad. Aquí se -degollaban las víctimas; aquí, escondidos los sacerdotes, prestaban -su voz a un mudo simulacro, y el pueblo, lleno de terror, creía -escuchar la divinidad misma anunciando a la ignorancia humana los -futuros destinos. Esta es una calle: empedrada está, como las de -Nápoles, con lavas que ha vomitado ese volcán vecino; a un lado y -otro hay ánditos para que pase el pueblo seguro de los carros: aun -se ven las señales de las ruedas. Veis aquí las tiendas: allí se -vendieron licores; la insignia que está a las puertas, la señal que -ha dejado el pie de las copas sobre el mostrador, y las hornillas -inmediatas para tener caliente la bebida, lo manifiestan. Allí hay -otra donde se vendían príapos: la insignia está esculpida sobre la -puerta; allí está el aparador repartido en gradas, donde se exponían -estos dijes a la vista pública. Estas son casas de gente rica; este -es el pórtico, sostenido en columnas de ladrillo revestidas de -estuco, con decoración dórica; allí está el patio con la galería -que le rodea: estancias pequeñas, altas, con mosaicos en el suelo y -pinturas en las paredes; el baño, la estufa, con pared hueca, por -donde se comunicaba el calor; el jardín, la fuente, la bodega, con -grandes cántaros; la sala de conversación, la de comer, la alcoba, el -poyo donde estaba el lecho; pinturas voluptuosas por todas partes, -triunfos de amor. Veis allí los sepulcros que erigió la patria -agradecida a sus hijos ilustres; la inscripción anuncia sus nombres y -su calidad; allí reposan sus cenizas. ¡Qué silencio reina en todo el -contorno! ¡Qué soledad horrible! Y ¡todavía el Vesubio arroja llamas -y retumban sus cavernas con rumor espantoso! - -Este monte, distante dos leguas y media de Nápoles, hacia la parte -oriental, tiene de altura unas seiscientas toesas; su figura es -cónica, con base muy ancha, la parte superior se compone de lavas, -piedras, cenizas, arenas y escorias, sin yerbas, ni plantas, ni -árboles, ni animales, ni hombres; aspereza horrible, cavernas -profundas, soledad, silencio en la parte inferior, donde es el -terreno fertilísimo; hay mucha cultura de árboles y viñas, que -producen excelentes vinos, y en lo más llano, cerca ya del mar, se -ven las alegres poblaciones de Pórtici, Resina, Torre del Greco, -Torre de la Anunciata, y otras muchas que le rodean. Si se considera -la inmediación de este volcán y el riesgo inminente de que un día -reviente incendios, trastorne toda su circunferencia, y sepulte en -fuego y cenizas aquellas moradas deliciosas, centro del lujo y de -los placeres, se conocerá ¡cuán fácilmente se olvidan los hombres -del peligro, por más que vean presente la amenaza! Pórtici está -edificada encima de Herculano opulenta; Pompeya se descubre ahora, -después de haber permanecido largos años oculta bajo las cenizas que -en ella cayeron; en los jardines del rey y en otras varias partes -en que se han hecho excavaciones profundas, se hallan hasta treinta -capas distintas de lava, y éstas seis o siete veces interrumpida -con tierra vegetal y restos confusos de edificios, que es decir: -treinta veces aquel terreno, que ahora habitan los hombres con tal -seguridad, ha estado cubierto de torrentes de fuego con el trascurso -de los siglos; seis o siete veces se han olvidado los hombres del -estrago anterior, han cultivado y han habitado aquel territorio; -otras tantas se han repetido aquellos horrores, y, no obstante, hoy -viven sobre tantas ruinas, sin temer que la naturaleza, en un solo -momento, renueve igual destrozo. La montaña de Soma, que por el -lado de Oriente y Mediodía rodea al Vesubio, parece ser una parte -de él; ambos están sobre una misma base, y parece haberlos desunido -algún hundimiento, de que resultó una abertura lateral, aumentándose -después la cima del volcán con las materias mismas que arroja. Las -montañas de Soma, por la parte interior, que mira al Vesubio, toda -está rota y quebrantada, y la opinión de haber sido en otros tiempos -estos dos montes uno solo se fortifica, no solamente por la forma -de entrambos, sino también por la identidad de las materias de que -se componen. Este volcán tiene, además de la boca principal, varias -aberturas, que rompen u obstruyen sucesivamente la dimensión de la -crátera; se ha encontrado diferente en varias ocasiones también la -distancia que hay desde sus bordes hasta donde se halla el fuego; -toda la parte interior de su gran boca, compuesta de ásperas masas de -piedras, lavas, cenizas, pómez y escorias metálicas y bituminosas, -presenta a la vista varios colores, siendo los principales el blanco, -verde, amarillo, ceniciento y morado. Casi siempre arroja humo con -más o menos abundancia; de noche se ven salir por su boca llamaradas -y materias líquidas que se revierten en varias direcciones, y a -corta distancia se congelan. Si se examinan las señales que ha -dejado este volcán en sus erupciones, se pierde la imaginación en -el cálculo de su antigüedad; la memoria de los hombres, limitada y -oscura, abraza apenas un corto espacio de su edad larga, anterior a -todos los monumentos que conocemos y a las naciones de que tenemos -algunas noticias. La primera erupción de que hablan los escritores -es la del año de 79 de Jesucristo, en que perecieron Herculano y -Pompeya. Plinio el naturalista, que se hallaba en Miseno, atravesó el -mar con deseos de observar sus efectos, y murió a las faldas de este -monte, sofocado por el humo. Desde entonces hasta la edad presente -se cuentan treinta y tres o treinta y cuatro erupciones, más o menos -terribles, que han hecho de aquel país un montón confuso de ruinas, -convirtiéndole muchas veces en un desierto. No pueden leerse sin -admiración y horror los efectos de estas erupciones. Suena un rumor -confuso en las cavernas de la gran montaña, sale humo espeso por su -boca, le agita el aire y esparce oscuridad y fetor por los campos -vecinos; se aumenta el estruendo, revienta el monte, y entre una -espesa lluvia de ceniza ardiente, que cubre la atmósfera y sepulta -en tinieblas a la populosa Nápoles, con estampidos y relámpagos sale -una columna altísima de fuego, arrojando al aire enormes piedras -candentes, que se precipitan a los valles; brama impetuoso el viento, -se altera el mar, tiembla la tierra, inflámase por todas partes el -monte y derrama torrentes de agua entre las lavas que desde su altura -bajan ardiendo al mar, abrasando y reduciendo a cenizas los árboles, -las mieses, los edificios, las ciudades, que al pasar aniquila o -sepulta; irritados los elementos, anuncian el trastorno final del -mundo, y en sólo un momento desaparecen naciones enteras. - - - - -EL CONDE DE TORENO - -(1786-1843) - - -La _historia del levantamiento, guerra y revolución de España_ se -publicó en cinco tomos, 1835-37. - -Es un admirable ensayo de restauración de la forma histórica clásica -y de imitación particular de Mariana. No le imita en sus discursos -y arengas, género que ha pasado definitivamente de moda; pero sí en -las sentencias y reflexiones breves, y sobre todo, en la narración -corriente y limpia, hecha en un lenguaje fácil y elegante, y también -afectadamente arcaico, aunque en este punto no llegue ciertamente su -afición por el arcaísmo al extremo que en el P. Mariana. - - - HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA - PRIMER SITIO Y DEFENSA DE ZARAGOZA - -Sin muro y sin torreones, según nos ha transmitido Floro, defendióse -largos años la inmortal Numancia contra el poder de Roma. También -desguarnecida y desmurada, resistió al de Francia, con tenaz -porfía, si no por tanto tiempo, la ilustre Zaragoza. En ésta como -en aquélla mancillaron su fama ilustres capitanes, y los impetuosos -y concertados ataques del enemigo tuvieron que estrellarse en los -acerados pechos de sus invictos moradores. Por dos veces, en menos de -un año, cercaron los franceses a Zaragoza: una, malogradamente; otra, -con pérdidas e inauditos reveses. Cuanto fué de realce y nombre para -Aragón la heroica defensa de su capital, fué de abatimiento y desdoro -para sus sitiadores, aguerridos y diestros, no haberse enseñoreado de -ella pronto y de la primera embestida. - -Baña a Zaragoza, asentada a la derecha margen, el caudaloso Ebro. -Cíñela al mediodía y del lado opuesto, Huerba, acanalado y pobre, -que más abajo rinde a aquél sus aguas y casi enfrente adonde, desde -el Pirineo, viene también a fenecer el Gállego. Por la misma parte, -y a un cuarto de legua de la ciudad, se eleva el monte Torrero, cuya -altura atraviesa la Acequia Imperial, que así llaman al canal de -Aragón, por traer su origen del tiempo del emperador Carlos V. - -Antes del sitio hermoseaban a Zaragoza en sus contornos feraces -campiñas, viñedos y olivares, con amenas y deleitables quintas, a que -dan en la tierra el nombre de torres. A la izquierda del Ebro está el -arrabal, que comunica con la ciudad por medio de un puente de piedra, -habiéndose destruído otro de madera en una riada que hubo en 1802. - -Pasaba la población de 55.000 almas; menguó con las muertes -y destrozos. No era Zaragoza ciudad fortificada, diciendo -Colmenar[628], a manera de profecía, cosa ha de un siglo, «que estaba -sin defensa, pero que reparaba esta falta el valor de sus habitantes». - -Cercábala solamente una pared de diez a doce pies de alto y tres de -espesor, en parte de tapia y en otras de mampostería, interpolada -a veces y formada por algunos edificios y conventos, y en la que -se cuentan ocho puertas que dan salida al campo. No lejos de una -de ellas, que es la del Portillo, y extramuros, se distingue la -Aljafería, antigua morada de los reyes de Aragón, rodeada de un foso -y muralla, cuyos cuatro ángulos guarnecen otros tantos bastiones. Las -calles en general son angostas, excepto la del Coso, muy espaciosa -y larga, casi en el centro de la ciudad, y que se extiende desde -la puerta llamada del Sol hasta la plaza del Mercado. Las casas, -de ladrillo, y por la mayor parte de dos o tres pisos; la adornan -edificios y conventos bien construídos y de piedra de sillería. -La piedad admira dos suntuosas catedrales: la de Nuestra Señora -del Pilar y la de la Seo, en las que alterna por años, para su -asistencia, el Cabildo. El último templo, antiquísimo; el primero, -muy venerado de los naturales por la imagen que en su santuario se -adora. Como no es de nuestra incumbencia hacer una descripción -especial de Zaragoza, no nos detendremos ni en sus antigüedades -ni grandeza, reservando para después hablar de aquellos lugares -que, a causa de la resistencia que en ellos se opuso, adquirieron -desconocido renombre, porque allí las casas y edificios fueron otras -tantas fortalezas. - -Si ningunas eran en Zaragoza las obras de fortificación, tampoco -abundaban otros medios de defensa. Vimos cuán escasos andaban al -levantarse en mayo. El corto tiempo transcurrido no había dejado -aumentarlos notablemente, y antes bien se habían aminorado con los -descalabros padecidos en Tudela y Mallen. En semejante estado, déjase -discurrir la consternación de Zaragoza al esparcirse la nueva, en la -noche del 14 de junio, de haber sido aquel día derrotado don José -de Palafox en las cercanías de Alagón, según dijimos en el anterior -libro. Desapercibidos sus habitantes, tan solamente hallaron consuelo -con la presencia de su amado caudillo, que no tardó en regresar a la -ciudad. Mas el enemigo no dió descanso ni vagar. Siguieron de cerca -a Palafox, y tras él vinieron proposiciones del general Lefebvre -Desnouettes, a fin de que se rindiese, con un pliego enderezado al -propio objeto, y firmado por los emisarios españoles Castel-Franco, -Villela y Pereira, que acompañaban al ejército francés, y de quienes -ya hicimos mención. - -Fué la repuesta del general Palafox ir al encuentro de los invasores, -y con las pocas tropas que le quedaban, algunos paisanos y piezas -de campaña, se colocó fuera, no lejos de la ciudad, al amanecer del -15. Estaba a su lado el marqués de Lazán y muchos oficiales, mandando -la artillería el capitán don Ignacio López. Pronto asomaron los -franceses y trataron de acometer a los nuestros con su acostumbrado -denuedo. Pero Palafox, viendo cuán superior era el número de los -contrarios, determinó retirarse, y ordenadamente pasó a Longares, -pueblo seis leguas distante, desde donde continuó al puerto del -Frasno, cercano a Calatayud, queriendo engrosar su división con la -que reunía y organizaba en dicha ciudad el Barón de Versages. - -Semejante movimiento, si bien acertado en tanto que no se consideraba -a Zaragoza con medios para defenderse, dejaba a esta ciudad del todo -desamparada y a merced del enemigo. Así se lo imaginó fundadamente el -general francés Lefebvre Desnouettes, y con sus 5 a 6.000 infantes y -800 caballos, a las nueve de la mañana del mismo 15, presentóse con -ufanía delante de las puertas. Habían crecido dentro las angustias; -no eran arriba de 200 los militares que quedaban entre miñones y -otros soldados; los cañones, pocos y mal colocados, como gente a -quien no guiaban oficiales de artillería, pues de los dos únicos -con quien se contaba en un principio, don Juan Cónsul y don Ignacio -López, el último acompañaba a Palafox, y el primero, por orden suya, -hallábase de comisión en Huesca. El paisanaje andaba sin concierto, -y por todas partes reinaba la indisciplina y confusión. Parecía, -por tanto, que ningún obstáculo detendría a los enemigos, cuando -el tiroteo de algunos paisanos y soldados desbandados los obligó a -hacer parada y proceder precavidamente. De tan casual e impensado -acontecimiento nació la memorable defensa de Zaragoza. - -La perplejidad y tardanza del general francés alentó a los que -habían empezado a hacer fuego, y dió a otros alas para ayudarlos -y favorecerlos. Pero como aun no había baterías ni resguardo -importante, consiguieron algunos jinetes enemigos penetrar hasta -dentro de las calles. Acometidos por algunos voluntarios y miñones de -Aragón, al mando del coronel don Antonio de Torres, y acosados por -todas partes por hombres, mujeres y niños, fueron los más de ellos -despedazados cerca de Nuestra Señora del Portillo, templo pegado a la -puerta del mismo nombre. - -Enfurecidos los habitantes, y con mayor confianza en sus fuerzas -después de la adquirida, si bien fácil, ventaja, acudieron sin -distinción de clase ni de sexo adonde amagaba el peligro, y llevando -a brazo los cañones antes situados en el Mercado, plaza del Pilar -y otros parajes desacomodados, los trasladaron a las avenidas por -donde el enemigo intentaba penetrar, y de repente hicieron contra sus -huestes horrorosas descargas. Creyó entonces necesario el general -francés emprender un ataque formal contra las puertas del Carmen y -del Portillo. Puso su mayor conato en apoderarse de la última, sin -advertir que situada a la derecha de la Aljafería, eran flanqueadas -sus tropas por los fuegos de aquel castillo, cuyas fortificaciones, -aunque endebles, le resguardaban de un rebate. Así sucedió que los -que le guarnecían, capitaneados por un oficial retirado, de nombre -don Mariano Cerezo, militar tan bravo como patriota, escarmentaron -la audacia de los que confiadamente se acercaban a sus muros. -Dejáronlos aproximarse, y a quemarropa, los ametrallaron. En sumo -grado contribuyó a que fuera más certera la artillería en sus tiros, -un oficial, sobrino del general Guillelmi, quien encerrado allí -con su tío desde el principio de la insurrección, olvidándose del -agravio recibido, sólo pensó en no dar quiebra a su honra, y cumplió -debidamente con lo que la patria exigía a su persona. - -Igualmente fueron los franceses repelidos en la puerta del Carmen, -sosteniendo por los lados el tremendo fuego que de frente se les -hacía, escopeteros esparcidos entre las tapias, alameda y olivares, -cuya buena puntería causó en las filas enemigas notable matanza. -Nadie rehusaba ir a la lid; las mujeres corrían a porfía a estimular -a sus esposos y a sus hijos, y atropellando por medio del inminente -riesgo, los socorrían con víveres y municiones. Los franceses, -aturdidos al ver tanto furor y ardimiento, titubeaban, y crecía con -su vacilar el entusiasmo y valentía de los defensores. De nuevo, no -obstante, y reiteradas veces embistieron la entrada del Portillo, -desviándose de la Aljafería, y procurando cubrirse detrás de los -olivares y arboledas. - -Menester fué, para poner término a la sangrienta y reñida pelea, que -sobreviniese la noche. Bajo su amparo se retiraron los franceses a -media legua de la ciudad, y recogieron sus heridos, dejando el suelo -sembrado de más de quinientos cadáveres. La pérdida de los españoles -fué mucho más reducida, abrigados de tapias y edificios. Y de aquella -señalada victoria, que algunos llamaron de las Eras, resultó el -glorioso empeño de los zaragozanos de no entrar en pacto alguno con -el enemigo, y resistir hasta el último aliento. - -Fuera de sí aquellos vecinos con la victoria alcanzada, ignoraban -todavía el paradero del general Palafox. Grande fué su tristeza al -saber su ausencia, y no teniendo fe en las autoridades antiguas ni -en los demás jefes, los diputados y alcaldes de barrio, a nombre del -vecindario, se presentaron, luego que cesó el combate, al corregidor -e intendente don Lorenzo Calvo de Rozas, que hechura de Palafox, -merecía su confianza. Instáronle para que hiciera sus veces, y -condescendió con sus ruegos en tanto que aquél no volviera. - -Unía Calvo en su persona las calidades que el caso requería. -Declarado abiertamente en favor de la causa pública, habíase fugado -de Madrid, en donde estaba avecindado. Hombre de carácter firme -y sereno, encerraba en su pecho, con apariencias de tibio, el -entusiasmo y presteza de un alma impetuosa y ardiente. Autorizado, -como ahora se veía, por la voz popular, y punzado por el peligro que -a todos amenazaba, empleó con diligencia cuantos medios le sugería el -deseo de proteger contra la invasión extraña la ciudad que se ponía -en sus manos. - -Prontamente llamó al teniente de rey don Vicente Bustamante para -que expidiese y firmase a los de su jurisdicción las convenientes -órdenes. Mandó iluminar las calles, con objeto de evitar cualquiera -sorpresa o excesos; empezáronse a preparar sacos de tierra para -formar baterías en las puertas de Sancho, el Portillo, Carmen y -Santa Engracia; abriéronse zanjas o cortaduras en sus avenidas; -dispusiéronse a artillarlas, y se levantó en toda la tapia que -circuía a la ciudad una banqueta, para desde allí molestar al enemigo -con la fusilería. Prevínose a los vecinos en estado de llevar armas -que se apostasen en los diversos puntos, debiendo alternar noche y -día; ocupáronse los niños y mujeres en tareas propias de su edad y -sexo, y se encargó a los religiosos hacer cartuchos de cañón y fusil, -cumpliéndose con tan buen deseo y ahinco aquellas disposiciones, que -a las diez de la noche se había ya convertido Zaragoza en un taller -universal, en el que todos se afanaban por desempeñar debidamente lo -que a cada uno se había encomendado. - -Con más lentitud se procedió en la construcción de las baterías, por -falta de ingeniero que dirigiese la obra. Sólo había uno, que era don -Antonio San Genis, y éste había sido el 15 llevado a la cárcel por -los paisanos, que le conceptuaban sospechoso, habiendo notado que -reconocía las puertas y la ronda de la ciudad. Ignoróse su suerte -en medio de la confusión, pelea y agitación de aquel día y noche, -y sólo se le puso en libertad, por orden de Calvo de Rozas, en la -mañana del 16. Sin tardanza trazó San Genis atinadamente varias obras -de fortificación, esmerándose en el buen desempeño, y ayudado, en -lugar de otros ingenieros, por los hermanos Tabuenca, arquitectos -de la ciudad. Pintan estos pormenores, y por eso no son de más, la -situación de los zaragozanos, y lo apurados y escasos que estaban -de recursos y de hombres inteligentes en los ramos entonces más -necesarios. - -Los franceses, atónitos con lo ocurrido el 15, juzgaron imprudente -empeñarse en nuevos ataques antes de recibir de Pamplona -mayores fuerzas, con artillería de sitio, morteros y municiones -correspondientes. Mientras que llegaba el socorro, queriendo Lefebvre -probar la vía de la negociación, intimó el 17 que a no venir a -partido pasaría a cuchillo a los habitantes cuando entrase en la -ciudad. Contestósele dignamente, y se prosiguió con mayor empeño en -prepararse a la defensa. - -El general Palafox, en tanto, vista la decisión que habían tomado -los zaragozanos de resistir a todo trance al enemigo, trató de -hostigarle y llamar a otra parte su atención. Unido al barón de -Versages, contaba con una división de 6.000 hombres y cuatro piezas -de artillería. El 21 de junio pasó en Almunia reseña de su tropa, y -el 23 marchó sobre Epila. En aquella villa hubo jefes que notando -el poco concierto de su tropa, por lo común allegadiza, opinaron -ser conveniente retirarse a Valencia y no empeorar con una derrota -la suerte de Zaragoza. Palafox, asistido de admirable presencia de -ánimo, congregó su gente, y delante de las filas, exhortando a todos -a cumplir con el duro, pero honroso deber que la Patria les imponía, -añadió que eran dueños de alejarse libremente aquellos a quienes no -animase la conveniente fortaleza para seguir por el estrecho y penoso -sendero de la virtud y de la gloria, o que tachasen de temeraria su -empresa. Respondióse a su voz con universales clamores de aprobación, -y ninguno osó desamparar sus banderas. De tamaña importancia es en -los casos arduos la entera y determinada voluntad de un caudillo. - -Seguro de sus soldados, hizo propósito Palafox de avanzar la mañana -siguiente a la Muela, tres leguas de Zaragoza, queriendo coger a los -franceses entre su fuerza y aquella ciudad. Pero barruntando éstos -su movimiento, se le anticiparon y acometieron a su ejército en -Epila a las nueve de la noche, hora desusada, y en la que dieron de -sobresalto e impensadamente sobre los nuestros por haber sorprendido -y hecho prisionera una avanzada, y también por el descuido con que -todavía andaban nuestras inexpertas tropas. Trabóse la refriega, que -fué empeñada y reñida. Como los españoles se vieron sobrecogidos, no -hubo orden premeditado de batalla, y los cuerpos se colocaron según -pudo cada uno en medio de la obscuridad. La artillería, dirigida por -el muy inteligente oficial don Ignacio López, se señaló en aquella -jornada, y algunos regimientos se mantuvieron firmes hasta por la -mañana, que sin precipitación tomaron la vuelta de Calatayud. En su -número se contaba el de Fernando VII, que aunque nuevo, sostuvo el -fuego por espacio de seis horas, como si se compusiera de soldados -veteranos. También hombres sueltos de guardias españolas defendieron -largo rato una batería de las más importantes. Disputaron, pues, unos -y otros el terreno a punto de que los franceses no los incomodaron en -la retirada. - -Palafox, convencido no obstante de que no era dado con tropas bisoñas -combatir ventajosamente en campo raso, y de que sería más útil su -ayuda dentro de Zaragoza, determinó, superando obstáculos, meterse -con los suyos en aquella ciudad, por lo que, después de haberse -rehecho, y dejando en Calatayud un depósito al mando del barón de -Versages, dividió su corta tropa en dos pequeños trozos; encargó el -uno a su hermano don Francisco, y acaudillando en persona el otro, -volvió el 2 de julio a pisar el suelo zaragozano. - -Ya había allí acudido días antes su otro hermano el marqués de -Lazán, que era el gobernador, con varios oficiales, a instancias y -por aviso del intendente Calvo de Rozas. Deseaba éste un arrimo -para robustecer aun más sus acertadas providencias, acordar otras, -comprometer en la defensa a las personas de distinción que no lo -estuviesen todavía, imponer respeto a la muchedumbre, congregando una -reunión escogida y numerosa, y afirmarla en su resolución por medio -de un público y solemne juramento. Para ello convocó el 25 de junio -una Junta general de las principales corporaciones e individuos de -todas clases, presidida por el marqués de Lazán. En su seno expuso -brevemente Calvo de Rozas el estado en que la ciudad se hallaba, y -cuáles eran sus recursos, y excitó a los concurrentes a coadyuvar -con sus luces y patriótico celo al sostenimiento de la causa común. -Conformes todos, aprobaron lo antes obrado, se confirmaron en su -propósito de vencer o morir, y resolvieron que el 26 los vecinos, -soldados, oficiales y paisanos armados, prestarían en calles y -plazas, en baterías y puertas, un público y majestuoso juramento. - -Amaneció aquel día, y a una hora señalada de la tarde se pobló el -aire de un grito asombroso y unánime «de que los defensores de -Zaragoza, juntos y separados, derramarían hasta la última gota de su -sangre por su religión, su rey y sus hogares». - - -NOTA - - [628] _Annales d’Espagne et de Portugal_, par don Juan Alvarez de - Colmenar, t. V, pág. 431, edición de Amsterdam. - - - - -ÍNDICE - - - _Páginas._ - - PRÓLOGO 1 - Advertencia sobre la lengua medieval 5 - - ALFONSO EL SABIO Y SUS CONTINUADORES 7 - Comienzo del reinado de Nerón 11 - Muerte de Nerón 17 - Garci Pérez de Vargas y su cofia 22 - - DON JUAN MANUEL 28 - Don Illán y el deán de Toledo 30 - El mozo que casó con mujer brava 39 - - ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO 47 - Vicios y tachas de las mujeres 50 - La mujer habladora 58 - - FERNANDO DE ROJAS 62 - Primera entrevista de Calixto y Melibea 66 - Celestina va a casa de Melibea 74 - - AUTOR ANÓNIMO DEL LAZARILLO DE TORMES 83 - Lázaro y el escudero de Toledo 86 - - DON DIEGO HURTADO DE MENDOZA 113 - Prólogo de la _Guerra de Granada_ 116 - El Fuerte de Calalui 120 - - FRAY LUIS DE GRANADA 125 - Meditación del Juicio final 127 - Descendimiento de Cristo 133 - Descripción de la granada 136 - Pintura del pavo real 139 - - SANTA TERESA DE JESÚS 143 - Narración de su infancia 145 - _Las Moradas_ 150 - Carta a su hermano don Lorenzo 152 - Carta a Fray Jerónimo Gracián 155 - - FRAY LUIS DE LEÓN 158 - Del arte de escribir la lengua vulgar 160 - Introducción a los _Nombres de Cristo_ 162 - Cristo, príncipe de Paz 167 - Alabanza del madrugar 172 - - EL P. JUAN DE MARIANA 178 - Muerte de Don Pedro el Cruel 181 - Proclamación de Don Juan II 194 - El compromiso de Caspe 202 - - FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA 210 - Vida de Fray Juan de Carrión 211 - Prólogo de la _Historia de la Orden de San Jerónimo_ 216 - - MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA 219 - Comienzo del _Quijote_ 220 - Diálogo de Don Quijote y el Canónigo 224 - El Caballero del Verde Gabán 241 - La Cueva de Montesinos 248 - _Coloquio de los perros_ 262 - - DON FRANCISCO DE MONCADA 269 - Prólogo de la _Expedición de Catalanes y Aragoneses_ 270 - Los Almugávares 273 - - DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS 278 - Señales del verdadero Rey 281 - Discurso de Marco Bruto 286 - _Las Zahurdas de Plutón_ 288 - Don Enrique de Villena en la redoma 295 - El dómine Cabra 305 - - EL P. BALTASAR GRACIÁN 311 - No estar siempre de burlas 312 - Fragmento de _El Criticón_ 316 - - DON FRANCISCO MANUEL DE MELO 320 - Muerte del Marqués de Santa Coloma 322 - - DON GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS 331 - _Defensa de la Junta Central_ 334 - Carta a Don Antonio Ponz 341 - - DON LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN 349 - _Derrota de los Pedantes_ 350 - El Vesubio 361 - - EL CONDE DE TORENO 369 - Primer sitio y defensa de Zaragoza 369 - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Antología de prosistas castellanos, by -Ramón Menéndez Pidal - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ANTOLOGÍA DE PROSISTAS CASTELLANOS *** - -***** This file should be named 53837-0.txt or 53837-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/8/3/53837/ - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive/Canadian Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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