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José Zorrilla. - </title> - <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> - <style type="text/css"> - -body { - margin-left: 10%; - margin-right: 10%; -} - - h1,h2,h3,h4{ - text-align: center; /* all headings centered */ - clear: both; - line-height: 2; -} - -h1 {margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} - -h2 {margin-top: 4em; margin-bottom: 1em;} - -h3 {margin-top: 4em; margin-bottom: 1em;} - - -p { - margin-top: .75em; - text-align: justify; - margin-bottom: .75em; - } - - .p2 {margin-top: 2em;} - .p4 {margin-top: 4em;} - .p6 {margin-top: 6em;} - -.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ - /* visibility: hidden; */ - position: absolute; - left: 92%; - font-size: small; - text-align: right; - /* not bold */ - font-weight: normal; - /* not italic */ - font-style: normal; - /* not small cap */ - font-variant: normal; -} /* page numbers */ - -.poetry-container -{ - text-align: center; - font-size: 95%; -} - -.poetry - { - display: inline-block; - text-align: left; - } - -.poetry .stanza -{ - margin: 1em 0em 1em 0em; -} -.poetry .stanza1 -{ - margin: 1em 0em 2.5em 0em; -} -.poetry .line -{ - margin: 0; - text-indent: -3em; - padding-left: 3em; -} - -.poetry .i1 {margin-left: 1em;} -.poetry .i8 {margin-left: 8em;} -.poetry .i5 {margin-left: 5.5em;} -.poetry .i4 {margin-left: 4.5em;} - -/* Footnotes */ - -.footnote {margin-left: 10%; margin-right: 10%; font-size: 0.9em;} - -.footnote .label {position: absolute; right: 84%; text-align: right;} - -.fnanchor { - vertical-align: super; - font-size: .8em; - text-decoration: - none; -} - -.center {text-align: center;} -.right {text-align: right; padding-right: 4em;} -.rightc {text-align: right; padding-right: 8em;} -.large {font-size: large;} -.medium {font-size: medium;} -.smcap {font-variant: small-caps;} -.i2 {margin-left: 2em; padding-right: 2em;} - - -hr { - width: 33%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - margin-left: auto; - margin-right: auto; - clear: both; -} - - - -hr.tb {width: 15%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} -hr.chap {width: 25%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} - - -/* Transcriber's notes */ -.box {margin: auto; - margin-top: 2em; - border: 1px solid; - padding: 1em; - background-color: #F0FFFF; - width: 25em;} - -table { - margin-left: auto; - margin-right: auto; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; -} - - .tdl {text-align: left;} - .tdlp {text-align: left; padding-right: 1em} - .tdlt {text-align: left; vertical-align: top;} - .tdr {text-align: right;} - -@media handheld -{ - body - { - margin: 0; - padding: 0; - width: 90%; - } - - .box { - width: 75%;} - - hr.tb - { - width: 10%; - margin-left: 47.5%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - } - - hr.chap - { - width: 20%; - margin-left: 42.5%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - } - - .poetry - { - margin: 2em; - display: block; - } - - -} - </style> - </head> - -<body> - - -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Recuerdos Del Tiempo Viejo - -Author: José Zorrilla - -Release Date: October 16, 2016 [EBook #53294] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO *** - - - - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - -</pre> - -<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br /> - Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> - - Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/> -La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p> - - -<h1>RECUERDOS<br /> -<span class="medium">DEL</span><br /> -TIEMPO VIEJO</h1> -<p class="center">POR</p> - -<p class="center p4 large">D. JOSÉ ZORRILLA.</p> - -<p class="p4 center">BARCELONA.<br /> -IMPRENTA DE LOS SUCESORES DE RAMIREZ Y C.<sup>A</sup><br /> -Pasaje de Escudillers, número 4.<br /> -1880.</p> -<hr class="chap" /> - - - -<p class="p6">Este libro no necesitaba prólogo: la carta del señor -Velarde, con la cual va honrado, y la primera mia, -contestacion á ella, justifican la publicacion en <i>El -Imparcial</i> de los artículos cuya coleccion forma el -texto de este volúmen; y el motivo de coleccionarlos -en él, es la demanda que de su coleccion me han -hecho los amigos que me leen y los libreros que me -venden.</p> - -<p>Y que no se me ofenda ningun librero, ni se me engalle -ningun Académico por esta frase: porque se dice que -se lee y que se vende á Quevedo ó á Valera cuando se -leen y se venden sus obras: lo mismo me sucede á mí; -unos me leen y otros me venden; y si los que me venden -no me vendieran, no me leerian los que me leen, y yo -publico este libro por agradecimiento á los unos y á los -otros.</p> - -<p>La razon y la escusa de lo que en él de mí mismo -digo, van tambien alegadas en su relato; pero de las -circunstancias en que le he escrito y del motivo de imprimirle -dividido en dos partes y no en Madrid sinó en -Barcelona, me conviene, aunque necesario no sea, decir -cuatro palabras; siquiera no encuentren cuatro lec<span class="pagenum"><a name="Page_ii" id="Page_ii">[ii]</a></span>tores -á quienes leérmelas interese, ni media docena que -en leérmelas se complazcan.</p> - -<p>Un 27 de Junio, á las siete de la mañana, entró la -muerte calladamente en mi casa, y dispersó con su -guadaña una familia, para cuya reunion habia yo trabajado -mucho tiempo y agotado mis ahorros. En el inmenso -y legítimo duelo en que aquella muerte dejaba -sumida mi casa, en cuyo escondido hogar me habia ya -sumido modestamente <i>á vivir en el olvido y á morir en -paz con Dios</i>, quedábame por solo recurso y por última -esperanza el resto de las dos veces mermada pension, -que en 1871 me habia concedido el Gobierno, cuyo ministro -de Estado era el Excmo. Sr. D. Cristino Martos; -pero llegado el ocho de Julio, y transcurrido el nueve, y -pasado el diez, y visto que la libranza en que de Roma -debia venir mi mensualidad vencida no venia, telegrafié -á mi apoderado en la capital del Orbe Cristiano, -preguntándole por ella. ¡Ay de mí! con mi telegrama -se cruzó la carta suya, en que me participaba que por -causa de economías inexcusables en la Administracion -de los Lugares Píos españoles en Italia, mi comision -habia sido suprimida: en consecuencia y ajustadas por -él mis cuentas con aquella piadosa Administracion, me -remitia los últimos sesenta y cinco duros que me restaban -que cobrar hasta la fecha de la supresion de mi -sueldo.</p> - -<p>Quedéme yo con la libranza delante de los ojos, el -verano delante de mí y detrás de mí los siete individuos -de mi familia; y el ministro de Estado en los ba<span class="pagenum"><a name="Page_iii" id="Page_iii">[iii]</a></span>ños, -y el de Fomento en sus haciendas, y el Sr. Cánovas -mi amparador en Cotterets, y en Francia mi paño -de lágrimas el Capitan General Jovellar; quien en tales -casos molesta por mí á todos los ministros, y no pierde -ocasion ni perdona empeño por sacarme del mio. La -moda, que deja á Madrid desierto durante el verano, -me dejaba á mí en Madrid como en medio del Sahara: -la tierra bajo mis piés, el cielo sobre mi cabeza, mi esperanza -en Dios, y Dios tras el velo azul del aire; que -es impenetrable cortinaje del pabellon que le guarda de -las miradas de los hombres. ¿Cómo pasé yo aquellos -tres meses?</p> - -<p>No puedo hacer al tiempo volver atrás: no puedo -quitarme de encima ni uno solo de mis sesenta y cuatro -años: no puedo hacer volver á mis manos el capital -pagado por las deudas de mi herencia paterna, ni lo -por mí gastado en vivir bien ó mal: no puedo rescindir -los contratos de venta de mi <i>Don Juan</i> ni de mi <i>Zapatero -y el Rey</i>, escritos cuando la ley de propiedad no -existia: esta ley no tiene efecto retroactivo ni protege -mi propiedad por lesion enorme: y no puedo pedir limosna -en España, sinó poniéndome al pecho un cartel -que diga: «este es el autor de <i>Don Juan Tenorio</i>, que -mantiene en la primera quincena de Noviembre todos -los teatros de verso de España y América;»—pero para -esto seria preciso que yo esplicase cómo el autor de tal -obra podia pedir limosna; cosa muy fácil de esplicar, -pero muy difícil de comprender.</p> - -<p>Antes de pedirla escribí á mis editores de Barcelona,<span class="pagenum"><a name="Page_iv" id="Page_iv">[iv]</a></span> -los Sres. Montaner y Simon, dándoles cuenta de la -suspension de mi sueldo y pidiéndoles trabajo en su -casa. Los Sres. Montaner y Simon me contestaron que -«los editores no tenian en su casa trabajo digno de mí: -pero que los amigos me enviaban adjunta una letra contra -su corresponsal.» El Arzobispo de Valencia, de cuya -ciudad soy hijo adoptivo, partió conmigo la limosna de -sus pobres; el empresario del Teatro Español me ofreció -una cantidad que jamás pude cobrar en contaduría; y -al volver á Madrid el Sr. Conde de Toreno, ministro de -Fomento, me presenté en su antecámara, en la cual no -me detuvo ni un minuto. Expúsele en dos palabras mi -posicion: asombróse de ella, confesándome que estaba -muy léjos de imaginársela tal; y prometiéndome exponerla -en consejo de ministros, en la primera ocasion, -me dió cita para el dia siguiente en el gabinete del señor -Cárdenas, Subsecretario, con quien iba inmediatamente -á consultar un medio de venir en mi auxilio. Al -dia siguiente el Sr. Cárdenas, con una delicadeza y un -tacto que no podré jamás olvidar, me dijo: «que el señor -Conde de Toreno, sabiendo que para continuar ciertos -trabajos legendarios en que me ocupaba, necesitaria -hacer algun viaje á alguna biblioteca ó archivo de provincia, -me daba por su mano una pequeñez para ayuda -de gastos,» y puso en la mia un bono de dos mil pesetas -contra el Tesoro.</p> - -<p>Pero miéntras todas estas cosas pasaban, habia pasado -otra, principal engendradora, orígen y causa más inmediatos -de la confeccion de lo en este libro compaginado. -<span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span> -El Sr. D. Federico Balart, á quien suelo pedir opinion -y consejos sobre mis obras ántes de publicarlas, y á -quien voy ahora muchas veces á distraer de una mortal -pesadumbre con mi escéntrica conversacion y mis ideas -estrafalarias, habia ido á hablar en mi favor al propietario -de <i>El Imparcial</i>. El Excmo. Sr. D. Eduardo -Gasset y Artime me abrió su casa, sus brazos y las columnas -del <i>Lúnes</i> de su periódico, pagándome mis artículos -en más de lo que valen; el Sr. Ortega Munilla, -Director de los <i>Lúnes</i>, me hizo la distincion de colocármelos -inmediatamente despues de su semanal revista, y -en la redaccion de <i>El Imparcial</i> encontré una nueva familia, -que aceptó mi compañía con cariño tan afectuoso -y tan respetuosa cordialidad, que me hicieron subir á -los ojos dos lágrimas de gratitud, que no pudieron ya -sostener las ralas hebras que me restan de mis ántes espesas -pestañas.</p> - -<p>Miéntras, gracias al Sr. Gasset y Artime, volvia á contar -con el pan cotidiano, pasó al ministerio de Estado el -señor Conde de Toreno, volvió del extranjero el Sr. Presidente -del Consejo de ministros, y falleció el del Congreso, -Adelardo Lopez de Ayala.—Pocos dias despues -del entierro de éste, el Sr. Cánovas del Castillo, cuya -casa he tenido siempre abierta y cuya amistad nunca se -ha desmentido, me envió una carta para el ministro de -Estado; á cuya presentacion el Sr. Conde de Toreno me -dijo: «por el correo de hoy va á Roma la órden de continuar -pagando á V. su sueldo; pero tengo el sentimiento -de haber tenido que mermar de él doce mil reales, por -<span class="pagenum"><a name="Page_vi" id="Page_vi">[vi]</a></span>que -las economías ya hechas en la Administracion de -los Lugares Píos, no me han permitido devolverle los -treinta y seis mil reales que ántes cobraba.»—Recibí con -gratitud lo que se me daba, y me volví á mi casa, no -ya como ántes resuelto</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line">á vivir en el olvido</div> -<div class="line">y á morir en paz con Dios,</div> -</div></div></div> - -<p>como mi edad y la conveniencia de retirarme ya de la -arena literaria me lo exigian, sinó decidido por necesidad -á luchar otra vez con la vida y á morir sobre el trabajo; -á lo que parece que me condenan mis viejos pecados y -las nuevas economías de los Lugares Píos. Ya varias -veces en algunos periódicos, que no sé por qué me son -hostiles, se me ha echado en cara el <i>no saber retirarme -á tiempo</i>; pero no me han dicho á dónde; puesto que -saben que no puedo retirarme á un monasterio. Ya me -habia yo retirado á mi casa, y hacia ya año y medio que -rehusaba presentarme hasta en el ateneo, donde tántas -consideraciones se me han tenido y tántos aplausos se -me han prodigado: pero al retirarme el gobierno el -sueldo con que únicamente podia retirarme como se me -aconsejaba, tuve yo por mejor consejo volver al trabajo -y vivir honradamente de él miéntras con él sustentarme -pueda, que dejarme morir de inanicion y de -pesadumbre por dar gusto á los ya no le tienen de que -viva yo entre la gente, porque conceptúan que sesenta -y cuatro años son demasiada larga vida para un hombre -á quien aun hay algunos que estiman y aplauden.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span> -Pero juguemos limpio y hablemos claro por última -vez. Yo no he pedido amparo al gobierno para mi vejez -alegando mérito alguno en mis obras, ni yo he dicho á la -nacion ni al gobierno que tuviesen <i>obligacion</i> de ampararme: -no: pero he propuesto esta cuestion.—«Mis -obras, que son tan malas como afortunadas, han enriquecido -á muchos, y mi <i>Don Juan</i> mantiene en el mes -de Octubre todos los teatros de España y las Américas -Españolas, ¿es justo que el que mantiene á tantos muera -en el hospital ó en el manicomio, por haber producido -su <i>Don Juan</i> en tiempo en que aun no existia la ley de -propiedad literaria?»</p> - -<p>Y el gobierno ante quien espuse esta cuestion me -subvencionó sobre los fondos de los Lugares Píos españoles -en Roma, y mi subvencion tiene el carácter piadoso -y de limosna con el que yo la pedí, sin que por -ello me crea ni deshonrado ni humillado: y miéntras -con ella he vivido, en lugar de echarme á dormir sobre -mis doradas pajas, he entregado concluido en 1873 á -los editores Montaner y Simon mi leyenda del Cid que -consta de diez y nueve mil versos, y mi leyenda de los -Tenorios que tiene ocho mil; y hoy cuando lo que de mi -subvencion me resta no me basta por la posicion en que -mi reputacion me coloca, recojo los últimos destellos de -mi decadente ingenio, los últimos alientos de mis cansados -pulmones, y los últimos átomos de honra y de brío -que en el corazon me restan, y me arrojo otra vez en -los brazos del trabajo, en vez de arrojarme por el balcon, -ó en el fango de la holgazanería á quejarme de la -<span class="pagenum"><a name="Page_viii" id="Page_viii">[viii]</a></span> -nacion y de sus gobiernos, á quienes no alcanza ni obligacion -ni responsabilidad alguna en la posicion en que -me han colocado mis circunstancias personales y mis -negocios de familia.</p> - -<p>Díme, pues, al trabajo, y entré en el del periodismo; -que es el más rudo por ser el más perentorio y -asíduo, el más expuesto á la crítica y el más coartado y -riesgoso por la estrechez de la ley de imprenta, que -suele tener que regir en nuestro inquieto país; y siguiendo -á medias por no poderlo seguir por entero el consejo -de los que retirarme me aconsejaban, me retiré al segundo -recinto del alcázar de las Bellas Letras, descendí -de sus salones de su piso principal á su piso bajo con -puerta y vistas al patio; es decir, que me retiré del gremio -de los poetas y renunciando á la poesía, me despedí -del público de Madrid en un romance cuyos versos -son los últimos que he escrito, no volví á presentarme -como versificador ni como lector en acto alguno público -y anuncié que iba á escribir en prosa; comenzando á devanarme -los sesos en discurrir cómo servir con mi prosa -los intereses del Sr. Gasset y Artime, y algun manjar -no indigesto á los suscritores de <i>El Imparcial</i>.</p> - -<p>La primera carta del bravo Velarde me dió pié para -contar lo pasado en el cementerio al borde de la tumba -de Larra: y por este recuerdo, como quien tira de un -hilo de una madeja enredada, fuí yo tirando de mis -pobres recuerdos del tiempo viejo, hasta formar con -ellos el mal devanado ovillo de lo contenido en este libro.—Viejo -é ignorante, no supe escribir más que mis -<span class="pagenum"><a name="Page_ix" id="Page_ix">[ix]</a></span> -personales memorias: los lectores de <i>El Imparcial</i>, tal -vez sorprendidos de leerme en prosa, tal vez pagados de -la anticuada construccion de la mia, y acaso más que de -lo que yo en ella decia, de la ingenuidad algo infantil -con que yo lo iba diciendo, encontraron entretenidos -mis artículos del <span class="smcap">TIEMPO VIEJO</span>: unos porque refrescaban -los suyos, y otros porque no habiendo alcanzado la -época de que en ellos hablo, ó lo que en ellos traigo á -cuento ignoraban, ó lo habian oido contar de muy diferente -modo.</p> - -<p>Como quiera que fuere, miéntras los publicaba en el -periódico, recibí varias cartas, unas anónimas y otras firmadas, -en las cuales algunos me aconsejaban que coleccionase -mis artículos; y el Sr. Gasset y Artime, renunciando -generosamente en mi favor sus derechos á la -propiedad de mi por él tan bien pagado trabajo, me -otorgó omnímoda y perpétua facultad para hacer de él -lo que más me conviniera.—El Sr. Ortega Munilla se -ofreció espontáneamente á ayudarme en tal publicacion -y se ocupaba ya de sus preliminares pormenores, cuando -ocurrieron á la par su desastrada caida del caballo y -mi impensado viaje á Barcelona: cuyos dos imprevistos -acontecimientos me obligan á publicar este libro en la -capital del Principado y no en la coronada villa.</p> - -<p>Pero ¿por qué? ¿A qué vine yo á Barcelona por siete -dias y por qué me quedo en ella por siete meses?</p> - -<p>En uno y medio que en ella llevo no he tenido tiempo -hasta hoy de hacerme tal pregunta, y voy á ver si -averiguo alguna razon que me sirva de respuesta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_x" id="Page_x">[x]</a></span> -A pesar de mi necesidad de descanso, de la tenacidad -con que há cerca de dos años que rehuso toda invitacion -á presentarme en público, y á pesar, en fin, de mi -deseo de complacer á los que me dicen «retírese V.», es -decir, «quítese V. de en medio», aun hay algunos que -recordando mis mejores años y olvidando los transcurridos, -me buscan y me solicitan con la vana ilusion de -que aun puedo, como en otro tiempo, cooperar en beneficio -de sus empresas; y el país en donde por mí -se conservan mas ilusiones y simpatías es en Cataluña -y sobre todo en Barcelona. Así que el 27 de Octubre -próximo pasado el empresario y el director de la compañía -de verso del teatro Principal de esta ciudad me -ofrecieron una indemnizacion por gastos de viaje, si -emprendia uno para enderezar y poner derecho sobre -la escena á mi buen <i>Don Juan Tenorio</i>; quien no sé -por qué no queria tenerse este año muy en equilibrio. -Tenia yo que abocarme con mis editores Montaner -y Simon, para tratar de poner tambien en pié de imprenta -á mi valiente Burgalés Rodrigo Diaz, que agarrado -al pupitre de mis editores, parece que tampoco -quiere dejarse meter en prensa; y con la esperanza -de matar dos pájaros de una pedrada, acepté la proposicion -del viaje á Barcelona; pero miéntras la libranza -del empresario llegaba á Madrid, y ciertos asuntos de -mi jóven amigo el pintor Padró, que debia de acompañarme, -se allanaban, se perdieron cuarenta y ocho horas -y llegué yo tarde para enderezar á mi rebelde y voluntarioso -<i>Don Juan</i>, y aún no he tenido tiempo para -<span class="pagenum"><a name="Page_xi" id="Page_xi">[xi]</a></span> -tener cinco minutos de conversacion con mis editores -del Cid; porque el pueblo Barcelonés, que no me habia -olvidado en los once años que he pasado ausente de -Cataluña, que se acordaba de que en Barcelona habia -yo tenido casa, y me habia <i>re</i>casado en su parroquia -de Santa Ana, y le habia leido muchos versos y me -habia dado muchas fiestas, en las cuales habia yo procurado -derramar toda la espansiva alegría de mi corazon -de muchacho y toda la poesía de mi desordenada imaginacion -de loco, creyendo que para mí el tiempo no habia -pasado y que no habian pasado por él ni por mí los -once años transcurridos, se empeñó en pedirme, como -quien pide peras al olmo, que hiciera y le dijera lo que -para él habia hecho y dicho cuando, con once años -ménos, aún tenia once partes de aliento más. Echó á un -lado á mi pobre <i>Don Juan</i>, y poniéndome en lugar suyo -sobre la escena, oyó mi palabra ronca con la cariñosa -atencion de una madre que escucha la respiracion de su -hijo que duerme; me colmó de aplausos, me coronó de -flores, no me dejó ni dormir ni trabajar á fuerza de obsequios -y convites; sus periódicos publicaron mi retrato, -las sociedades literarias se apoderaron de mí y enfloraron -el teatro catalan para escucharme; el Ateneo -me dió una velada y una primorosa medalla, y los Sucesores -de Ramirez pusieron á mi disposicion su magnífico -establecimiento tipográfico; y esta vuelta mia á -Cataluña fué la vuelta del hijo pródigo al paterno hogar, -y el pueblo Barcelonés me dijo: «Sorrilla, parla, -enrahona: ets á casa teva;» y cayó en gracia cuanto -<span class="pagenum"><a name="Page_xii" id="Page_xii">[xii]</a></span> -hice y dije, y se me abrieron todas las puertas y me recibieron -como á hermano en todas las familias: y hé -aquí cómo y por qué se imprimen en Barcelona estos -mis RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO.</p> - -<p>En ellos repito y amplifico lo que en este prólogo -apunto: ni se hasta dónde con ellos iré á parar, ni me -detendrá en mi marcha el temor de encontrarme al fin -de ella cara á cara con mis contemporáneos, despues -de haberme juzgado á mí mismo y á los que conmigo -abrieron las puertas á la revolucion política y literaria -del primer tercio de nuestra centuria. La ingenuidad -infantil y la sincera buena fé con que hasta aquí los he -escrito, creo que garantizan mi leal veracidad para el -porvenir: pero una vez que Dios prolonga mi vida hasta -los actuales y corrientes dias, á ellos pertenezco aún y -en ellos voy á vivir y de ellos voy á hablar y en ellos -voy á meter mi baza y voy por ellos á trabajar como -trabajé por los pasados; y espero en Dios que este trabajo -no me deshonrará, porque fio en la justicia de mi -pueblo español que me rodeará del respeto á que siempre -ha considerado acreedor á quien envejece y muere -sobre el trabajo, por no sucumbir á la miseria y deshonrarse -en la haraganería vergonzosa de los ingenios -vergonzantes por holgazanes.</p> - -<p>Para no hacer de estos recuerdos un libro demasiado -voluminoso, y en tan pequeños caractéres impreso que -resulte tan difícil como enojoso de leer y de tener en las -manos, lo he dividido en dos tomos pequeños. No teniendo -además la vanidad de creer que este miserable -<span class="pagenum"><a name="Page_xiii" id="Page_xiii">[xiii]</a></span> -y prosáico engendro mio, sea para mí la gallina de los -huevos de oro, y deseando saber el número de ejemplares -que necesito para mis lectores, y por el pedido del -primero regular la tirada del segundo, suplico á mis -suscriptores que hagan la suscripcion al segundo al recibir -ó comprar el primero, en el recibo que le acompaña.</p> - -<p>El tomo II llevará un apéndice nuevo en verso y -prosa; y toda la obra corregida y ampliada como permite -el libro y no admite el periódico, va dedicada al -mas moderno y al mejor y mas bravo de mis amigos.</p> -<hr class="chap" /> - - - - -<p class="p6 center"><i>Al Egregio Poeta</i></p> - -<p class="p4 center large">DON JOSÉ VELARDE</p> - -<p class="p4 center"><i>en prenda de amistad y agradecimiento</i>.</p> - -<p class="p4 rightc"><i>José Zorrilla.</i></p> - -<p class="p6 i2">Barcelona 1.º de Enero de 1881.</p> - - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>I.<br /> -EL POETA ZORRILLA.</h2> - - -<p>Era la tarde del 15 de Febrero de 1837. En el cementerio -de la puerta de Fuencarral, un numeroso -concurso se apiñaba en derredor de un jóven desconocido, -delgado, pálido, de larga cabellera y expresivos -ojos, que, acongojado y convulso, leia, ante -un féretro adornado con una corona de laurel, una sentida -poesía.</p> - -<p>El concurso lo formaba todo el Madrid artístico; el -féretro encerraba el cadáver de Larra; el poeta era -Zorrilla.</p> - -<p>Aquella tarde fria y nebulosa fué solemne; vió la -conjuncion de dos crepúsculos. Un sol se alzaba en el -oriente de la literatura al hundirse otro sol en el ocaso.</p> - -<p>A los desgarradores acentos de «La noche buena del -poeta», de Fígaro, último canto del cisne moribundo, -cuyos ecos aún extremecian el aire, se unieron los -acordes del arpa de Zorrilla, primeros cantos de la -alondra al alba.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span> -España, al perder al más grande de sus críticos, encontró -al más popular de sus poetas.</p> - -<p>Desde aquel dia, la Fama fatigada va dando á todos -los vientos el nombre del vate inmortal. Desde aquel -dia, sus estrofas sublimes palpitan en todos los labios, -y, como la voz divina, despiertan la inspiracion en el -alma de la juventud y la lanzan á la vida del arte.</p> - -<p>Poeta formado de las entrañas de su pueblo, sus -ideas, sus sentimientos, aunque universales por lo que -tienen de humanos, son ante todo españoles; tánto que -al vibrar su lira nos parece escuchar el acento de la -patria.</p> - -<p>Vário y múltiple en sus concepciones y en la manera -de expresarlas, ora arrebatado, elocuente y profundo, -ora tierno, sencillo y vulgar, siempre ameno, siempre -inesperado, siempre poeta, pulsa todas las cuerdas y se -reviste como Protéo de todas las formas para llegar á -todos los corazones.</p> - -<p>Tiene su poesía algo de la ola que se hace espuma, -de la luz que se quiebra en colores, de la flor que se -disuelve en aroma, algo, en fin, de lo bello, inmaterializándose -para confundirse en lo infinito; y es, que así -como la larva ha de trocarse en mariposa para volar, la -poesía ha de espiritualizarse para subir al cielo, que es -su patria verdadera.</p> - -<p>Hay una poesía que jamás envejece, que no puede -morir, que halla eco en todas las almas y hace latir al -unísono todos los corazones; lenguaje universal que -entienden el niño y el viejo, el ignorante y el sabio, y -es la poesía de la naturaleza.</p> - -<p>Y la naturaleza es la musa de Zorrilla, le da sus -colores, le presta sus armonías y encarna en sus versos -que nos repiten los gemidos del lago, las endechas del -<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span> -ruiseñor, los extremecimientos del trueno, y nos pintan -la nube que se tornasola, la espuma que bulle y el árbol -que florece.</p> - -<p>Zorrilla ha sido anatematizado por los retóricos que -jamás han previsto á los poetas ni los han comprendido, -preciándose de las medianías que siguen sus reglas y -odiando al génio que las deshace. Siguió cantando el -poeta y cayeron en el olvido las odas ampulosas, frias -y limadas, y surgió la poesía del sentimiento y se ensancharon -los horizontes del arte.</p> - -<p>¡Siempre la misma lucha entre el sabio y el poeta, y -siempre el poeta vencedor!</p> - -<p>Las murallas que guardan lo desconocido son de -cristal para el génio que penetra en el fondo de lo insondable. -La obra del sabio es perfectible, la del génio -perfecta; aquel aprecia los pormenores, éste abarca el -conjunto; el uno halla, el otro crea; el sabio, para meditar, -se inclina hácia la tierra; el poeta, cuando canta, -mira al cielo; y es que el uno no va más allá de lo humano, -y el otro se remonta á lo divino.</p> - -<p>Zorrilla venció. Hoy todos le respetan. Ni la envidia -le muerde, pues ni arrastrándose puede escalar la montaña -de laureles que le sirve de pedestal.</p> - -<p>¿Y cómo no respetarle, si las doradas ilusiones, los -dulces recuerdos y los sueños juveniles de nuestras dos -últimas generaciones están iluminados por el fuego de -la inspiracion del gran poeta? Sí; sus versos fueron lo -primero que balbucearon despues de las plegarias maternales; -y aquellas impresiones, como el troquel en el -metal, han dejado un sello imborrable en las almas.</p> - -<p>Poeta de la tradicion, á su mágico acento, los héroes -castellanos se alzan de sus sepulcros de piedra apercibidos -al combate; desfila la comunidad por el cláustro<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span> -sombrío de la gótica abadía, salmodiando sus preces al -rayo misterioso de la luna; aparece el castillo feudal -entre los riscos y breñas de la montaña; se coronan de -arqueros las almenas, suspira la hermosa castellana al -escuchar la enamorada trova; baja rechinando el puente -levadizo para dar hospitalidad al peregrino, y el terrible -señor de horca y cuchillo apresta su mesnada ó se lanza -venablo en mano, azuzando la jauría por el bosque -enmarañado persiguiendo al colmilludo jabalí. Ahora -surgen la tapada, el rodrigon ceñudo, la dueña mediadora -y el doncel galanteador; ahora se acuchillan en la -tortuosa callejuela dos rondadores de una misma dama, -á la luz mortecina de un retablo, ó bien se puebla de -cármenes y harenes la vega granadina, y resuenan en el -Generalife los ecos de la zambra, y el sarraceno corre -la pólvora, y, como sol entre nubes, asoma al calado -ajimez la hermosísima sultana exclareciendo el dia con -la luz de sus ojos.</p> - -<p>¡Qué poder el del génio! En vano curiosos eruditos -é historiadores concienzudos se afanan en dar á conocer -el verdadero carácter de D. Pedro de Castilla, en probar -la muerte del rey D. Sebastian en el inhospitalario -suelo de Africa, y en negar la vida borrascosa de Mañara, -ó sea de D. Juan Tenorio.</p> - -<p>¿Quiénes les han de creer? Para el pueblo, para todo -el mundo, no hay más D. Pedro de Castilla que el del -<i>Zapatero y el Rey</i>, ni otro D. Sebastian que el de -<i>Traidor, inconfeso y mártir</i>, y D. Juan Tenorio fué -sevillano y mató al Comendador, y amó á D.ª Inés, y -cenó con los muertos y se fué á la gloria; porque no ha -habido, ni hay, ni habrá jamás verdades más creidas, -más amadas y más libres del olvido que las creaciones -del génio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span> -Las obras de Zorrilla vivirán siempre. El fuego de la -inspiracion, que algunos creen fuego fátuo, es como -la lava que se endurece y adquiere la consistencia del -bronce para resistir al tiempo. A más, que la mano -del «Cristo de la Vega», al desclavarse para jurar, decretó -la inmortalidad de nuestro poeta.</p> - -<p>¿Cómo premia la patria los merecimientos de su exclarecido -hijo?</p> - -<p>Hoy que la edad le agobia y el trabajo le fatiga, le -ha retirado la modesta asignacion con que vivia y lo ha -abandonado á la miseria, sin duda para que ciña á un -tiempo á sus sienes la corona de laurel de la poesía y la -de espinas del martirio.</p> - -<p class="p2 right smcap">José VELARDE.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>II.<br /> - -<span class="medium">AL JÓVEN POETA</span><br /> - -D. JOSÉ VELARDE.</h2> - - -<p>Llegó á mis manos con retraso, porque vivo en el -retiro de mi hogar, por donde acaba de pasar la -muerte, el artículo que me dedicó V. en el número -de <i>El Imparcial</i>, del lunes 29 de Setiembre; -y he andado dos dias perplejo y caviloso, sin poder -hallar cómo darme por entendido de lo que de mí dice -V. en él. Corriendo empero, el tiempo, temiendo por -una parte que mi silencio le parezca descortesía, y no -queriendo por otra dar motivo á que el público crea -que, hinchado de vanidad, acepto, como buena y corriente -moneda, todas las extremadas excelencias que á -mis versos atribuye, me resuelvo á dar á V. simplemente -las gracias en cuatro palabras; que cuanto más le -parezcan vulgares, más han de parecerle sinceras.</p> - -<p>Yo soy, Sr. Velarde, lo único que he podido ser: lo -único que Dios ha querido que sea: un poeta español,<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> -hijo ignorante y desatalentado de la naturaleza, que ha -cantado á su patria, como ha podido; como los pájaros -cantan en la selva, como susurran las abejas al elaborar -sus panales; yo no me he jactado nunca de haber hecho -mas, y á mi presentacion en el Ateneo el año pasado, -lo dije en esta quintilla de mi <i>Canto del Fénix</i>:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Lo que hice, lo que dije, todo ese laberinto</div> -<div class="line">de versos que concentran la esencia de mi sér,</div> -<div class="line">de Dios son obra: un estro no pude haber distinto:</div> -<div class="line">yo obré y hablé sintiendo y hablando por instinto:</div> -<div class="line">ni supe hacer más que eso, ni pude más hacer.</div> -</div></div></div> - -<p>Esta mi poesía del <i>Canto del Fénix</i> es una respuesta -anticipada que yo dí á los primores con que V. en su -artículo tan cariñosamente me obsequia; y como sé -que V. la sabe de memoria, no necesito añadir una -palabra más; V. que va hoy á la cabeza de aquella á -quien yo llamé</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">estirpe generosa de la progénie nueva,</div> -</div></div></div> - -<p>creyéndome ya en el caso en que yo me ponia en la -penúltima estrofa de mi <i>Canto del Fénix</i>, que dice:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y si las tempestades que el porvenir amasa</div> -<div class="line">en mi país me obligan á mendigar mi pan,</div> -<div class="line">no dejes que en él nadie las puertas de su casa</div> -<div class="line">empedernido cierre, ó esquivo diga—«¡Pasa!»—</div> -<div class="line">al que mató á D. Pedro, al que salvó á D. Juan,</div> -</div></div></div> - -<p>saltó V. el primero á la arena á romper la primera -lanza en pró del viejo, en quien V. ve un gigante á -través del prisma del entusiasmo con que le mira. Gracias, -mil gracias, Sr. Velarde: ya sabia yo que la ju<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>ventud -literaria de la generacion que á la mia sigue, no -habia de abandonar nunca al poeta que no ha inculcado -más que amor á la patria, y respeto á las creencias y á -las tradiciones de sus padres.</p> - -<p>No puedo, sin embargo, permitir á su entusiasmo -juvenil, que atribuya á la patria el abandono en que -deja mi vejez la supresion de un sueldo, que á cargo de -los Lugares Píos Españoles de Roma se me concedió, -para llevar á cabo mi legendario del Cid y de otras -obras que me ha oido V. leer en el salon del Ateneo. -No, Sr. Velarde, no: la patria no tiene nada que ver en -esto; y nadie ménos que yo tendria razon para quejarse -de su patria, porque las economías necesarias en el -presupuesto del Ministerio de Estado hayan alcanzado -hasta mi ya mermada pension; la cual, si sola no podria -sacar de ningun apuro á la administracion de los Lugares -Píos Españoles de Roma, tal vez unida á las demás -economías hechas en Julio último pueda contribuir á -alguna obra perentoriamente necesaria para el decoro -nacional. <i>Suum cuique</i>, y dejemos á la patria en el buen -lugar que en este caso la corresponde.</p> - -<p>¿Qué es la patria? La tierra; la nacion, el lugar en -que se nace. Y como la nacion la forman los habitantes -de la tierra, la patria vive y se expresa por la vida y las -acciones de los ciudadanos de cada nacion. ¿Y cómo -ha tratado su patria al poeta Zorrilla? Como no ha tratado -nunca á ningun poeta, incluso al fénix de los -ingenios Lope de Vega; quien tal vez debió parte de -la gloria y los obsequios que su época le tributó á su -favor en la corte y al carácter que le imprimia su dignidad -sacerdotal. Yo no pertenezco á ninguna clase de -la sociedad, porque los poetas no estamos clasificados -en ninguna categoría social; no he pertenecido jamás á<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -ningun partido político, á ninguna Academia, ni á ningun -Instituto que haya podido alcanzarme favor con -poder alguno, y por consiguiente, nadie ha tenido interés -en aplaudirme ni en adularme.</p> - -<p>Yo me ausenté de mi patria en 1847 por razones que -á nadie importan: me fuí el 55 á América por pesares -y desventuras, que nadie sabrá hasta despues de mi -muerte, con la esperanza de que la fiebre amarilla, la -viruela negra ó cualquiera otra enfermedad de cualquier -color acabaran oscuramente conmigo en aquellas remotas -regiones. No quiso Dios que allá muriera. Su proteccion -visible me salvó de los naufragios, de las pestes -y de las guerras civiles; y cuando volví en 1866 á mi -patria, ¿cómo me recibió España? Como su padre amoroso -al hijo pródigo, como su santa familia á Lázaro el -resucitado, como Roma á los triunfadores, á quienes -coronaba en el Capitolio. Barcelona y Tarragona me -obsequiaron con regatas y fiestas de noche y dia; la -Universidad de Zaragoza renovó por mí una solemnidad -que sólo habia dedicado á los reyes de Aragon; Búrgos -y Valladolid me alfombraron de flores mi camino, y un -altar de la parroquia en que fuí bautizado está desde -entónces cubierto con cien coronas, para las cuales no -concebí mejor depósito. Valencia, despues de haberse -vuelto loca por mí, como una muchacha atolondrada -que se enamora de un viejo, me hizo su hijo adoptivo, -y yo la escribiré un libro con el cual espero probarla mi -gratitud. Granada se desbordó en entusiasmo en honor -mio en 1832 á la sola promesa de escribirla mi aún no -concluido poema; y aún se recuerda allí una representacion -de <i>Don Juan Tenorio</i>, al fin de la cual el beneficiado -Pepe Calvo, padre de Rafael, la empresa y yo, -convidando al público á la mesa á que habia venido la<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span> -estátua del Comendador, hicimos al capitan general, al -gobernador de la Alhambra y á las hermosas granadinas -comer todos los dulces y beber todo el Champagne -que habia en la ciudad. Amanecia ya, y ni autoridades -ni pueblo se daban cuenta de que nadie estaba en su -juicio ni en su lugar.</p> - -<p>Madrid, declarado en estado de sitio, y prohibida en -él la reunion pública de más de cinco personas, reunió -cuatro mil, para acompañarme á mi casa desde la estacion, -una mañana de Octubre de 1866. No pasa un -mes de Noviembre en que no haga en mi favor alguna -ruidosa demostracion en alguna representacion de mi -<i>Don Juan</i>: y el Ateneo, en fin, tomándome bajo su -amparo, ha abierto conmigo á la poesía sus salones, en -los cuales no habian penetrado aún más que las ciencias. -En resúmen, mi patria, representada por la sociedad, -no ha podido hacer más en España por un poeta, á -quien indudablemente estima en más de lo que vale, -sólo porque su poesía es la expresion del carácter -nacional y de las pátrias tradiciones.</p> - -<p>Cuando en 1859 la muerte le privó en la Habana de -un compañero, y destruyendo su fortuna con la de Cipriano -de las Cagigas, el Capitan general de la Isla, -D. José de la Concha, le colmó de atenciones y de -consuelos, y el banquero D. Manuel Calvo le alojó espléndidamente -en su tranquilo y salubre cafetal; procurándole -en él la soledad necesaria para el trabajo, y -salvándole la vida y el honor con los cuidados de su -amistad.</p> - -<p>El poeta Zorrilla, que es el que más debe á su patria, -representada por la sociedad de su época, es el que -ménos puede quejarse de ella, si la considera representada -por su Gobierno.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p> - -<p>Cuando en 1871 le pidió su proteccion para emprender -su <i>Leyenda del Cid</i>, obra de largo aliento, con la -cual queria corresponder á la excesiva reputacion que -por sus poco importantes trabajos se le habia acordado, -el Sr. D. Cristino Martos, Ministro de Estado entónces, -le dió una comision de archivos y bibliotecas en Italia; -pretexto tan visible como honroso para acordarle una -pension, que no podia tener nombre y carácter absoluto -de tal, por no haber antecedentes de que se hubiera -pensionado en España á ningun poeta; y acompañada -de una gentilísima carta autógrafa, le envió la credencial -de la Gran Cruz de Cárlos III, que constituia su -persona en una alta dignidad, y de cuya Excelencia -nadie se ha acordado nunca; porque á nadie se le -ocurre en España que el poeta Zorrilla sea más ni ménos -que el poeta Zorrilla, cuya larga intimidad con el -público autoriza ya á todo el mundo para tutearle y -llamarle Pepe.</p> - -<p>Hoy, que las perentorias economías de los Lugares -Píos de Roma me obligaron á pedir amparo al señor -Ministro de Fomento, escudándose con una carta del -Capitan general Jovellar, que honra á Zorrilla con su -amistad desde que se conocieron, ¿cómo ha recibido á -Zorrilla el Sr. Conde de Toreno? Hijo de aquel ilustrado -repúblico, que fué gloria del Parlamento y honra -de las letras, dió al poeta cuanto tenia facultades de -dar, miéntras discurria medio mejor de asegurar su -porvenir; y el Sr. Cárdenas allanó ante sus pasos todos -los difíciles que hay que dar en las oficinas del Ministerio -de Hacienda para el cobro de su interina subvencion.</p> - -<p>Los editores de Barcelona, Montaner y Simon, se -apresuraron á ofrecer los servicios de su amistad; un -ilustre prelado partió con él la limosna de los pobres<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> -de su diócesis, y V. mismo, Sr. Velarde, á la cabeza de -la juventud literaria de Madrid, inició <i>algo</i> que le agradece -en el alma y que no olvidará jamás el viejo poeta -desheredado.</p> - -<p>Empieza V. su artículo por un recuerdo de la tarde -del 15 de Febrero de 1837: un lunes le diré á V. de -aquel dia lo que nadie sabe: y entre tanto, conste que -cree que seria un loco y un ingrato si se quejara ni -exigiera más de su patria; pero que no teme que España -deje morir sin pan al viejo matador del rey D. Pedro, -al loco salvador de D. Juan Tenorio, su agradecido -autor el poeta,</p> - -<p class="p2 right smcap">José ZORRILLA.</p> - - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>III.</h2> - - -<p class="i2"><i>Sr. D. José Velarde</i>:</p> - -<p class="p2">Ofrecí á V., mi cariñoso amigo y generoso encomiador, -decirle algo del 15 de Febrero de 1837, y -no se me cuece el pan por cumplirle á V. mi oferta; -no sólo para que V. sepa á qué atenerse sobre -lo acontecido en aquel dia y especialmente en aquella -tarde, al viejo y asendereado poeta, á quien V. hoy -tánto encomia, sino para disipar la neblina de cuentos -y de pormenores absurdos en que los narradores vulgares, -los chistosos de oficio y los amigos indiscretos ó -pretenciosos han rodeado despues la verdad de lo que -en aquel dia sucedió. La gente meridional, y sobre todo -los españoles, tenemos la pretension de ser todos buenos -narradores; y cuando algo se nos cuenta, no lo repetimos -jamás sin añadir cada cual algo de su cosecha: -con cuya manía resulta que el hecho más sencillo, al -pasar por unas cuantas bocas, queda tan desfigurado, -que pueden contárselo como nuevo al primero que lo -relató, sin que éste reconozca ya lo relatado por él, en -la décima relacion del hecho, que en vez del suyo, corre -de boca en boca.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span></p> - -<p>Y hay otra circunstancia peor en este modo de narrar, -inherente tambien á nuestro país; y es, que la mayor -parte de los que, añadiendo pormenores á la narracion -de los hechos, convierten al fin las más sencillas -verdades en absurdas y fantásticas mentiras, llegan á -creerse estas de buena fé; y pueden jurar que han sido -de ellas parte ó testigos, alucinados por su fantasía meridional, -que les hace preferir á la deseada verdad la fábula -más fantástica é inverosímil.</p> - -<p>Hé aquí por qué, mi buen amigo Sr. Velarde, quisiera -yo contar á V. algunas cosas de aquel buen tiempo -viejo, que no está aún tan léjos de nosotros que de él -no vivan presenciales testigos, pero á quiénes el afan de -ponderar, ó de darse personal importancia, ha hecho -desfigurar de tal manera las cosas que en él pasaron, -que hay quien hoy me cuenta á mí de mí mismo lo -que jamás pasó, ni pudo pasar por mí; y yo callo y escucho, -convencido de lo inútil que seria intentar convencerle -de que yo, y no él, soy quien debe saber la -verdad; pero vamos al 15 de Febrero de 1837.</p> - -<p>Permítame V. que le recuerde á vuela pluma los ensayos -por que pasé, ántes de representar mi papel en la -escena del cementerio.</p> - -<p>Metióme mi padre á los nueve años en el Real Seminario -de Nobles, establecido por los jesuitas en el -edificio que es hoy, en la calle del Duque de Alba, -cuartel de la Guardia civil, y trasladado en 1828 al que -hoy es hospital militar, en la calle de la Princesa. Tengo -para mí que la idea de los buenos padres de la Compañía -de Jesús, al establecer un colegio tan lujoso y -tan privilegiado, para entrar en el cual era preciso hacer -pruebas de nobleza, fué la de tener más tarde por -discípulos á los hijos de todas las familias nobles, im<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span>portantes -ó influyentes de España; como quiera que -fuese, halléme yo allí condiscípulo de los primeros títulos -de Castilla, y recibí una educacion muy superior á la -que hasta entónces solian recibir los jóvenes de la clase -media; mi padre era el primero de mi familia que, saliendo -de nuestro modesto solar de Torquemada, habia -por sus estudios llegado á un honroso puesto en la alta -magistratura.</p> - -<p>En aquel colegio comencé yo á tomar la mala costumbre -de descuidar lo principal por cuidarme de lo accesorio: -y negligente en los estudios sérios de la filosofía -y las ciencias exactas, me apliqué al dibujo, á la esgrima -y á las bellas letras, leyendo á escondidas á Walter -Scott, á Fenimore Cooper y á Chateaubriand, y cometiendo -en fin á los doce años mi primer delito de escribir -versos. Celebráronmelos los jesuitas y fomentaron -mi inclinacion; díme yo á recitarlos, imitando á los actores -á quienes veia en el teatro, cuando alguna vez iba -al del Príncipe, que presidian entónces los alcaldes de -casa y corte, cuya toga vestia mi padre; híceme célebre -en los exámenes y actos públicos del Seminario, y llegué -á ser galan en el teatro en que se celebraban estos, -y se ejecutaban unas comedias del teatro antiguo, refundidas -por los jesuitas; en las cuales, atendiendo á la -moral, los amantes se transformaban en hermanos, y -con cuyo sistema resultaba un galimatías de moralidad -que hacia sonreir al malicioso Fernando VII y fruncir el -entrecejo á su hermano el infante D. Cárlos, que asistian -alguna vez á nuestras funciones de Navidad. Don -Cárlos enviaba á sus hijos á nuestras aulas y á cumplir -con la iglesia en nuestra capilla; á la cual habia enviado -Su Santidad Gregorio XVI su bendicion y los cuerpos -de cera de dos santos jóvenes mártires, degollados<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span> -en Roma en tiempos de no recuerdo qué mónstruo -imperial, cuyas figuras degolladas me daban á mí tal -miedo, que no pasé jamás de noche por delante de la -capilla en cuyos altares laterales yacian.</p> - -<p>Salió mi padre desterrado de Madrid y Sitios Reales -el 1832, y yo del Seminario el 33. Murió á poco el Rey -Don Fernando VII. Sopló la revolucion; encendióse la -guerra civil, envióme mi padre desde su destierro de -Lerma á estudiar leyes á la Universidad de Toledo, donde -siguiendo mi mismo sistema del Seminario, en vez -de asistir asíduamente á la Universidad, me dí á dibujar -los peñascos de la Vírgen del Valle, el castillo de San -Servando y los puentes del Tajo; y vagando dia y noche -como encantado por aquellas calles moriscas, aquellas -sinagogas y aquellas mezquitas convertidas en templos, -en vez de llenarme la cabeza de definiciones de -Heinecio y de Vinnio, incrusté en mi imaginacion los -góticos rosetones y las preciosas cresterías de la Catedral -y de San Juan de los Reyes, entre las leyendas de -la torre de D. Rodrigo, de los palacios de Galiana y del -Cristo de la Vega, á quien debo hoy mi reputacion de -poeta legendario.</p> - -<p>Mi tio, el prebendado á cuya casa me habia enviado -mi padre, que habia creido recibir en ella á un pajecillo -que le ayudara á misa y le acompañara al coro llevándole -el paraguas y el breviario, se escandalizó de que yo -leyera á Víctor Hugo; á quien él confundia, sin que lograra -yo sacárselo de la cabeza, con Hugo de San Víctor, -expositor de Sagrada teología, de quien él suponia -que los franceses habrian encontrado algunos versos -inéditos; tomó muy á mal mi amistad con algunos estudiantes -de la alta sociedad de Madrid, que como Pedro -Madrazo eran condiscípulos mios de colegio, y conclu<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>yó -por escribir á mi padre que yo no era más que un -botarate, que más <i>iba para pinta-monas</i> que para abogado, -segun los papelotes que llenaba de piedras, de -torres y de inscripciones ya en posesion de los buhos y -cubiertas de telarañas.</p> - -<p>No pluguieron mucho á mi padre los informes del prebendado -toledano; y al año siguiente me envió á continuar -mis estudios á Valladolid, bajo la inspeccion de un -procurador de aquella Chancillería, y la proteccion del -Rector de la Universidad, el ilustrado D. Manuel Tarancon, -Obispo despues de Córdoba y muerto Arzobispo -de Sevilla. Hícelo yo allí mucho peor que en Toledo; -y evocando mis recuerdos de niño en la ciudad -donde habia nacido, y encontrándome otra vez á Pedro -Madrazo en aquella Universidad, continué dándome á -estudiar piedras, ruinas y tradiciones, ayudado por los -periódicos y publicaciones literarias que recibia de Madrid -Pedro Madrazo; cuya casa era entónces emporio -del arte, donde brillaban ya los cuadros de su hermano -Federico, y donde Ochoa tenia la redaccion de <i>El Artista</i>, -el primer periódico literario é ilustrado de España.</p> - -<p>Atraquéme, pues, de Casimire de la Vigne, de Víctor -Hugo, de Espronceda y de Alejandro Dumas, de -Chateaubriand y de Juan de Mena, y del Romancero y -de Jorge Manrique, y no pude digerir cuatro páginas del -Heinecio, ni de las Pandectas: en vista de lo cual, el -procurador á quien por él estaba encargado, escribió á -mi padre punto más de lo escrito por el prebendado: -esto es, que yo no era más que un holgazan vagabundo, -que me andaba por los cementerios á media noche -como un vampiro, que me dejaba crecer el pelo como -un cosaco, y que era, en fin, amigo de los hijos de los<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -que no lo habian sido nunca de mi padre, como Miguel -de los Santos Alvarez. Parece que su padre y el mio, -ambos abogados relatores en otro tiempo de la Chancillería, -realista mi padre y liberal el de Alvarez, no se -habian mirado nunca de buen ojo. Los hijos, inconscientes -y ajenos de las divisiones de los padres, nos -amamos de mozos, y aún somos amigos en la vejez: -cuestion de los tiempos y de los caractéres.</p> - -<p>Enojóse mi padre, y con razon, con las noticias del -bilioso procurador; gané yo curso por favor del Sr. Tarancon, -y díjome mi padre, al enviarme por tercera -vez á la Universidad de Valladolid: «tú tienes traza de -ser un tonto toda tu vida, y si no te gradúas este año de -bachiller á cláustro pleno, te pongo unas polainas y te -envio á cavar tus viñas de Torquemada.» Era mi padre -muy hombre para hacer tal con su hijo; pero ya era yo -hombre perdido para los estudios sérios: odiaba á Justiniano -y se me daba una higa de todos los doctores <i>in -utroque</i> de todas las Universidades de España: adoraba -en sueños á García Gutierrez, á Hartzenbusch y á Espronceda; -y ver una obra mia impresa, y apretar la mano -de amigo á estos ilustres poetas, me parecia destino -de más prez que el de llegar á ser un Floridablanca; <i>el -demonio</i> de la poesía estaba ya posesionado de todo mi -sér; y con disgusto de Tarancon y estupefaccion del -procurador, anuncié redondamente que así me graduaria -yo á cláustro pleno aquel año, como que volaran bueyes. -Metiéronme, pues, en una galera, que iba para Lerma, -á cargo del mayoral: pensé yo en el camino que mi vida -en mi casa no iba á serme muy agradable; y sin pensar -¡insensato! en la amargura y desesperacion en que -iba á sumir á mi desterrada familia, en un descuido del -conductor, eché á lomos de una yegua, que no era mia<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span> -y que por aquellos campos pastaba, y me volví á Valladolid -por el valle de Esgueba, que era otro camino -del que la galera habia traido.</p> - -<p>Sirvióme mucho la equitacion que en el colegio me -enseñaron, porque la yegua era reacia y antojadiza; mas -no me convenia en modo alguno dejarla volverse á la -querencia de su establo, y entré sobre ella en Valladolid -al anochecer, donde la vendí: y acomodándome en otra -galera que para Madrid al amanecer salia, me desembanasté -á los tres dias en la calle de Alcalá, y me perdí á -la ventura por las de esta coronada villa, huyendo de mis -santos deberes y en pos de mis locas esperanzas, ahogando -la voz de mi conciencia, y escuchando y siguiendo -la de mi desatinada locura.</p> - -<p>Mi familia, no creyéndome capaz de la resolucion de -abandonar para siempre mi casa paterna, me buscó por -las de mis parientes de las provincias de Búrgos y de Palencia, -donde suponia que me habria guarecido; y habiendo -yo hecho mi fuga dándome por hijo de un artista -italiano, gracias á mis principios de dibujo y á la -lengua italiana que me era familiar, tardó mucho en dar -con mi rastro. Presentéme yo á mis amigos y condiscípulos -de Madrid; pero pronto tuve que esquivarme de -los duques de Villahermosa y de los Madrazo, que recibieron -cartas de mi padre, y que en vista de mi tenaz -resistencia á volver á mi hogar, no creyeron prudente -insistir con quien tan obstinadamente rechazaba sus -amistosas amonestaciones.</p> - -<p>Entónces.... ¡ay de mí! busqué y contraje otras amistades; -unas de las que no quiero volver á acordarme, -otras de las que jamás me olvidaré; como la de Manuel -Assas, con quien gané algunos pocos reales enviando -mis dibujos de la torre de Fuensaldaña y otros, con ar<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span>tículos -arqueológicos escritos por Assas en francés, al -<i>Museo de las familias</i> de París, y la de Jacinto Salas y -Quiroga: poeta ya casi olvidado, que contó con mi pluma -en donde quiera que llegó á meter los puntos de la -suya. Entónces prediqué en las mesas del café Nuevo -una política de locos, que hizo reir sin hacer afortunadamente -prosélitos; y entónces escribí en un periódico que -solo duró dos meses, al cabo de los cuales dió la policía -tras de sus redactores, con el objeto de encargarles -de hacer un viaje á Filipinas por cuenta del ministerio de -la Gobernacion. Ví yo la justicia, por el balcon, entrar -por la puerta principal que bajo él estaba; y montando -en la baranda de otro que se abria sobre un patio de una -vecina casa, por la parte posterior de la de la redaccion, -caí diestra y silenciosamente á cuatro piés sobre sus enyerbadas -losas; emboqué un callejon oscuro que ante -mí se abria, y justificando mi apellido, me escurrí por -él hasta la calle opuesta de la manzana; enfilé tranquilamente -la de Peregrinos, subí la de Postas, mirando -atentamente las tiendas como si tuviera letras que cobrar -en alguna de ellas; y de recodo en recodo, y de callejon -en pasadizo, dí conmigo en la de la Esgrima, y en -ella de manos á boca con un gitano á quien habia salvado -de ser fusilado dos años hacia en la tierra de Aranda. -Víle y conocióme; preguntóme y respondíle; comprendióme -á media palabra, y llevándome á un cuarto -del núm. 30 y... tantos, trenzóme la melena, coloróme -el semblante, y endosándome unas calzoneras y una -chaqueta de pana, con un sombrero con más falda que -una dolorosa de procesion, y una faja más ancha que la -del Zodíaco, me sacó entre los de su cuadrilla por la -puerta y puente de Toledo; sirviéndome de infalible -seña gitanesca mi trenzada melena, que, riza y suelta,<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> -servia de seña personal á los que me buscaban, de parte -de mi familia, para volverme á mi casa, y de órden -del gobernador de las tres ppp, D. Pio Pita Pizarro, á -los que pretendian enviarme á saber lo que en Filipinas -ocurria. Pasó una revolucion á los pocos dias con la -desastrosa muerte del general Quesada en Hortaleza; -pasó... lo que pasa en las revoluciones, un juicio final en -cuarenta y ocho horas; y al cabo de diez dias torné yo -á pasar destrenzado y desteñido por la Puerta de Toledo, -y volví á vivir á salto de mata, y á dormir en casa -de un cestero, que de portero habíamos tenido en la redaccion -de marras... y así me cogió en Madrid el dia 12 -de febrero de 1837, anterior con tres al del entierro de -Larra, cuyos pormenores quedarán para una siguiente -carta, á la cual sirve de preliminar esta de su afectísimo -y agradecido amigo.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>IV.</h2> - - -<p>Comienzo á apercibirme, mi buen amigo Sr. Velarde, -de que es más difícil de lo que creí la tarea que me -he impuesto ahora, y de que hemos andado poco -acertados en dar publicidad á estas mis cartas. Agloméranse -en mi memoria, segun las voy escribiendo, -tántos pormenores, imposibles de suprimir si he de hacerme -comprender; pasábanme tántas y táles cosas, y -pasaba yo por tales y tan estrechos pasos y pasadizos -en los dias de la muerte y del entierro de Larra, que me -temo que ni la benevolencia del director y de la redaccion -de <i>El Imparcial</i> para conmigo, ni la paciencia de -sus lectores quieran pasarme el importuno relato de tan -íntimos y personales recuerdos. Mas como quiera que -ya es tarde para volverme atrás, voy á pasar á la carrera -por sobre todos estos tan resbaladizos pasos; é imponiéndome -esta tarea como una penitencia pública, seré -claro y sincero en mi narracion, para que mi claridad -y sinceridad prueben á lo ménos lealtad y modestia: -probando que en la altura á que me ha elevado el favor -público, no he perdido nunca de vista ni la nada en que -yo nací, ni el polvo de que aquel me levantó.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span></p> - -<p>Sigo, pues, adelante con mis recuerdos.</p> - -<p>Habíase venido á Madrid, siguiendo mi mal ejemplo, -mi grande amigo Miguel de los Santos Alvarez, en cuya -casa pasé la noche que en Valladolid me detuve en mi -fuga de la mia paterna, y único confidente de los secretos -de mi corazon. Llevaba yo en éste dos afanes y dos -esperanzas, que en un solo afan y en una esperanza sola -se confundian: mi primer amor á una mujer, y la esperanza -de conseguirla, y el amor á mi padre y la esperanza -de sepultar su enojo bajo una montaña de laureles. -Soñaba yo con una fama y una gloria táles, que -obligaran á aquella mujer y á mi padre á tenderme sus -brazos á un tiempo, asombrados y deslumbrados por el -resplandor de mi nombradía. ¿Quién no delira á los diez -y nueve años?</p> - -<p>Alvarez estaba en Madrid con consentimiento de su -familia hacia muy pocos dias, y yo pasaba las noches -en la bohardilla de mi pobre cestero, las mañanas en el -hospedaje de Alvarez, el centro de los dias en la Biblioteca -Nacional, y las tardes y primeras horas de la noche -vagando con Alvarez por las calles de la corte, como -golondrinas nuevas que buscan por vez primera sitio en -que colgar su nido en una tierra desconocida.</p> - -<p>Y aconteció que entre las personas con quienes un -dia tropezamos en la Biblioteca, acertó á ser una la de -un italiano al servicio del infante D. Sebastian, llamado -Joaquin Massard, quien con un su hermano Federico -andaba bien admitido por las tertulias y reuniones, que -con su canto y alegre carácter amenizaban: el Joaquin -y el Federico poseian dos deliciosas voces, de tenor el -uno y de barítono el otro. Abordónos Joaquin Massard, -que por Pedro Madrazo nos conocia, y nos dió de repente -la noticia de que Larra se habia suicidado al ano<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>checer -del dia anterior. Dejónos estupefactos semejante -noticia, y asombróle á él que ignorásemos lo que todo -Madrid sabia, é invitónos á ir con él á ver el cadáver de -Larra depositado en la bóveda de Santiago. Aceptamos -y fuimos. Massard conocia á todo el mundo y tenia entrada -en todas partes. Bajamos á la bóveda, contemplamos -al muerto, á quien yo veia por primera vez, á todo -nuestro despacio, admirándonos la casi imperceptible -huella que habia dejado junto á su oreja derecha la bala -que le dió muerte; cortóle Alvarez un mechon de cabellos -y volvímonos á la Biblioteca, bajo la impresion indefinible -que dejaban en nosotros la vista de tal cadáver -y el relato de tal suceso.</p> - -<p>Aquí tengo que advertir á V., mi querido Velarde, que -no volvíamos á la Biblioteca por nuestro afan de estudiar, -sinó porque siendo el hospedaje de Alvarez y la -bohardilla de mi cestero estancias muy poco agradables -para pasar el dia, y estando la Biblioteca muy bien esterada -y caldeada, pasábamos en ella todas las horas que -estaba abierta, como hidalgos poco acomodados, en el -abrigado alcázar de un opulento amigo que generosamente -á los suyos lo franqueara.</p> - -<p>A nuestra vuelta halléme allí con un condiscípulo del -colegio, quien enterado de mi posicion, me dió una carta -para su hermano D. Antonio María Segovia, propietario -y director de <i>El Mundo</i>; uno de los periódicos mejor -escritos que en Madrid se han publicado, rebosando -de ingenio y de oportunísima vis cómica. En aquella -carta pedia para mí á su hermano, mi condiscípulo, la -plaza de un empleado que acababa de despedirse, diciéndole -quién yo era, la educacion que habia recibido, y lo -útil que yo podia ser, atendida la módica retribucion del -empleo que para mí solicitaba. Mi ambicion era llegar á<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span> -ser periodista, llegar á firmar el folletin de un periódico -que llegase á manos de mi padre: tomé, pues, la carta -de mi condiscípulo, y metiéndola en la cartera del capitan -Antonio Madera (otro condiscípulo nuestro), la cual -no sé ya por qué llevaba yo en el bolsillo, creí meter en -ella mi fortuna.</p> - -<p>Joaquin Massard, que en todo pensaba y de todo sacaba -partido, me dijo al salir:</p> - -<p>—Sé por Pedro Madrazo que V. hace versos.</p> - -<p>—Sí, señor, le respondí.</p> - -<p>—¿Querria V. hacer unos á Larra? repuso entablando -su cuestion sin rodeos; y viéndome vacilar, añadió: -«yo los haria insertar en un periódico, y tal vez pudieran -valer algo.» Ocurrióme á mí lo poco que me -valdrian con mi padre, desterrado y realista, unos versos -hechos á un hombre tan de progreso y de tal manera -muerto; y dije á Massard que yo haria los versos, -pero que él los firmaria. Avínose él, y convíneme yo; -prometíselos para la mañana siguiente á las doce en la -Biblioteca; y despidiéndonos á sus puertas, echó Massard -hácia la plazuela del Cordon donde moraba, y -Alvarez y yo por la cuesta de Santo Domingo á vagar -como de costumbre. Pensé yo al anochecer en los prometidos -versos y fuíme temprano al zaquizamí, donde -mi cestero me albergaba con su mujer y dos chicos, -que eran tres harpías de tres distintas edades. No me -acuerdo si cenamos: pero despues de acostados, metíme -yo en mi mechinal, con una vela que á propósito habia -comprado.</p> - -<p>En aquella casa no se sabia lo que era papel, pluma -ni tinta; pero habia mimbres puestos en tinte azul, y tenia -yo en mi bolsillo la cartera del capitan con su libro -de memorias. Hice un kalam de un mimbre como lo ha<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>cen -los árabes de un carrizo y tomando por tinta el tinte -azul en que los mimbres se teñian.....</p> - -<p>Hé aquí, Sr. Velarde, cómo se hicieron aquellos versos, -cuya copia trasladé á un papel en casa de Miguel -Alvarez á la mañana siguiente, y partí á entregar mi -carta al director de <i>El Mundo</i>.</p> - -<p>Salió á recibirme á una antecámara: presentéle la carta, -y miéntras la leia, penetraron mis ojos indiscretos en -el aposento inmediato, cuya puerta habia dejado él -abierta. Parecióme á mí la de un paraiso: una mujer -pequeña y fina, esbelta y ondulosa como una garza, con -una cabellera como los arcángeles de Guido Reni y con -dos ojos límpidos y serenos como los de las gacelas, esperaba -reclinada en un mueble á que su marido concluyera -con el importuno que habia venido á separarle de -ella. Cuando aquel me dijo, con los más atentos modales, -que sentia no necesitarme porque acababa de dar á -otro la plaza que su hermano le pedia, me marché cabizbajo -y cariacontecido, pero convencido perfectamente -de que un hombre que tenia aquella mujer no -debia necesitar de mí ni de nadie, y dí conmigo en -la Biblioteca. No estaba ya en ella Joaquin Massard, -pero me habia dejado una tarjeta, en la que me decia: -«¿Puede V. traerme los versos á casa, á las tres? Comerá -V. con nosotros.»</p> - -<p>A los tres cuartos para las tres eché hácia la plaza del -Cordon; los Massard habian comido á las dos: la hora -del entierro, que era la de las cinco, se habia adelantado -á la de las cuatro. Los Massard me dieron café; Joaquin -recogió mis versos y salimos para Santiago. La iglesia -estaba llena de gente; hallábanse en ella todos los escritores -de Madrid, ménos Espronceda que estaba enfermo. -Massard me presentó á García Gutierrez, que me<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> -dió la mano y me recibió como se recibe en tales casos -á los desconocidos. Yo me quedé con su mano entre -las mias, embelesado ante el autor de <i>El Trovador</i>, y -creo que iba á arrodillarme para adorarle, miéntras él -miraba con asombro mi larga melena y el más largo leviton, -en que llevaba yo enfundada mi pálida y exígua -personalidad.</p> - -<p>El repentino y general movimiento de la gente nos separó, -avanzó el féretro hácia la puerta; ordenóse la comitiva; -ingirióme Joaquin Massard en la fila derecha, y -en dos larguísimas de innumerables enlutados nos dirigimos -por la calle Mayor y la de la Montera al cementerio -de la Puerta de Fuencarral.</p> - -<p>Mohino y desalentado caminaba yo, poniendo entre -los dias nefastos aquel aciago en que me habian negado -una plaza en <i>El Mundo</i>, habia llegado tarde á la mesa, y -en que iba, por fin, ayuno, á enterrar á un hombre, cuyo -talento reconocia, pero que no entraba en la trinidad -que yo adoraba, y que componian Espronceda, García -Gutierrez y Hartzembusch. Parecíame que con aquel -muerto iba á enterrarse mi esperanza, y que nunca iba -yo á tener un papel en que enviar impresos mis delirios -á la mujer á quien habia pedido un año de plazo para -pasar de crisálida á mariposa, ni mis versos laureados al -padre á quien con ellos habia esperado glorificar. Así, el -más triste de los que íbamos en aquel entierro, marchaba -yo en él, envuelto en un <i>sur tout</i> de Jacinto Salas, -llevando bajo él un pantalon de Fernando de la Vera, un -chaleco de abrigo de su primo Pepe Mateos, una gran -corbata de un fachendoso primo mio, y un sombrero y -unas botas de no recuerdo quiénes; llevando únicamente -propios conmigo mis negros pensamientos, mis negras -pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p> - -<p>Llevaba yo, y venianme, sin embargo, todas aquellas -ajenas prendas como si para mí hubieran sido hechas; y -traidas, pero no maltratadas, no revelaban que su portador -salia con ellas bien cepilladas del alto zaquizamí -de mi hospitalario cestero.</p> - -<p>Llegamos al cementerio: pusieron en tierra el féretro -y á la vista el cadáver; y como se trataba del primer -suicida, á quien la revolucion abria las puertas del campo -santo, tratábase de dar á la ceremonia fúnebre la -mayor pompa mundana que fuera capaz de prestarla el -elemento láico, como primera protesta contra las viejas -preocupaciones que venia á desenrocar la revolucion. -D. Mariano Roca de Togores, que aún no era el marqués -de Molins, y que ya figuraba entre la juventud -ilustrada, levantó el primero la voz en pró del narrador -ameno del Doncel de D. Enrique, del dramático creador -del enamorado Macías, del hablista correcto, del -inexorable crítico y del desventurado amador. El concurso -inmenso que llenaba el cementerio quedó profundamente -conmovido con las palabras del Sr. Roca de -Togores, y dejó aquel funeral escenario ante un público -preparado para la escena imprevista que iba en él á representarse. -Tengo una idea confusa de que hablaron, -leyeron y dijeron versos algunos otros: confundo en este -recuerdo al conde de las Navas, á Pepe Diaz..... no -sé..... pero era cuestion de prolongar y dar importancia -al acto, que no fué breve. Ibase ya, por fin, á cerrar la -caja, para dar tierra al cadáver, cuando Joaquin Massard, -que siempre estaba en todo y no era hombre de perder -jamás una ocasion, no atreviéndose, sin embargo, á leer -mis escritos con su acento italiano, metióse entre los -que presidian la ceremonia, advirtióles de que aún habia -otros versos que leer, y como me habia llevado<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span> -por delante, hízome audazmente llegar hasta la primera -fila, púsome entre las manos la desde entónces famosa -cartera del capitan, y halléme yo repentina á inconscientemente -á la vera del muerto, y cara á cara con -los vivos.</p> - -<p>El silencio era absoluto: el público, el más á propósito -y el mejor preparado; la escena solemne y la ocasion -sin par. Tenia yo entónces una voz juvenil, fresca -y argentinamente timbrada, y una manera nunca oida -de recitar, y rompí á leer..... pero segun iba leyendo -aquellos mis tan mal hilvanados versos, iba leyendo en -los semblantes de los que absortos me rodeaban, el -asombro que mi aparicion y mi voz les causaba. Imaginéme -que Dios me deparaba aquel extraño escenario, -aquel auditorio tan unísono con mi palabra, y aquella -ocasion tan propicia y excepcional, para que ántes del -año realizase yo mis dos irrealizables delirios: creí ya -imposible que mi padre y mi amada no oyesen la voz -de mi fama, cuyas alas veia yo levantarse desde aquel -cementerio, y ví el porvenir luminoso y el cielo abierto..... -y se me embargó la voz y se arrasaron mis ojos -en lágrimas..... y Roca de Togores, junto á quien me -hallaba, concluyó de leer mis versos; y miéntras él -leia..... ¡ay de mí! perdónenme el muerto y los vivos -que de aquel auditorio queden, yo ya no los veia; miéntras -mi pañuelo cubria mis ojos, mi espíritu habia ido á -llamar á las puertas de una casa de Lerma, donde ya -no estaban mis perseguidos padres, y á los cristales de -la ventana de una blanca alquería escondida entre verdes -olmos, en donde ya no estaba tampoco la que ya me -habia vendido.</p> - -<p>¡Feliz aquel cuyo primer amor se malogra! ¡Desventurado -aquel cuyo primer delito es una rebelion<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> -contra la autoridad paterna! Al primero le abre Dios el -paraiso terrenal: del segundo no deja que repose la conciencia.</p> - -<p>Cuando volviendo de aquel éxtasis, aparté el pañuelo -de mis ojos, el polvo de Larra habia ya entrado en el -seno de la madre tierra: y la multitud de amigos y conocidos -que me abrazaban no tuvieron gran dificultad -en explicar quién era el hijo de un magistrado tan conocido -en Madrid como mi padre.</p> - -<p>Pero, ¿sabe V., mi buen Velarde, quién era entónces, -lo que valia y cómo y por quién llegó á ser famoso su -agradecido amigo?</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>V.</h2> - - -<p>La importuna pregunta con que concluí mi artículo-carta -del lunes 20 de Octubre, me obliga á dirigirle -á usted esta, mi estimado Sr. Velarde.</p> - -<p>Tal vez enoja á V. ya, mi querido poeta, el verse -tomado en pluma, que no puede aquí, á mi ver, decirse -en boca, por un viejo impertinente que se empeña -en contarle sus necedades de muchacho; pero disimule -usted tal impertinencia, porque tiene sólo por móvil mi -gratitud á V. por su artículo del lunes 29 de Setiembre, -con el cual motivó V. la publicacion de estas mis -cartas. Usted pertenece al porvenir, y mira naturalmente -hácia adelante; al mirar yo hácia atrás, porque pertenezco -al tiempo viejo, al relatar á V. lo que en él fuí, -tenga V. presente que no pretendo servirle á V. de -ejemplo, sino de escarmiento; puesto que viviendo yo -hoy persuadido de que el porvenir le guarda á V. un -muy elevado lugar en la república de las letras, quisiera -yo por la mucha estima en que le tengo, que las suyas -le dieran tanta fama como á mí las mias, pero que -le fueran de más utilidad y provecho. Por eso no más -voy á decir á V. lo más sucintamente posible quién<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span> -era, lo que valia y cómo y por quién llegué yo á ser tan -famoso en aquel viejo tiempo, cuyos recuerdos me complazco -ahora en evocar, no quiera Dios que con hastío -ó impaciencia de V. y de los suscritores de <i>El Imparcial</i>.</p> - -<p>No teman estos, y sea esto advertido de paso, que -llene yo sus columnas con los insignificantes y poco -trascendentales sucesos de mi vida. A mí, que no he -ocupado jamás ningun cargo público, que no he sido -ni embajador, ni ministro, ni siquiera individuo de corporacion -ni academia alguna, jamás me ha sucedido -nada que sea digno de ser sabido, ni ménos contado: ni -me acosa tampoco vanidad tal ni tal comezon de bombo, -que intente no dejar pasar un lunes sin hablar de -mí mismo, para que no me olviden mis contemporáneos, -ni se den los venideros de calabazadas por mis -estupendas fechorías. Para que mis contemporáneos -no me olviden, basta ese bravucon inocente y desvergonzado -perdonavidas llamado <i>D. Juan Tenorio</i>, que -está encargado contra mi voluntad y por la del pueblo -español, de no dejarme olvidar en España; y con decir -de este drama mio y del <i>Zapatero y el Rey</i> cómo y por -qué fueron escritos y cómo y por quién fueron y son -hoy representados, pienso dar fin á estos mis recuerdos -del tiempo viejo; y siquiera sea con pesadumbre de algunos, -y desengaño de muchos, será tambien con honrado -cumplimiento del deber mio y descargo de mi conciencia.</p> - -<p>Continúo, pues, mi relato, tomándolo en el mismo -cementerio de Fuencarral, donde lo dejé.</p> - -<p>Rompiendo por entre los amigos que me abrazaban, -los entusiastas que me felicitaban y los curiosos que absortos -me contemplaban, enfundado en mi gran <i>surtout</i><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span> -de Jacinto Salas y circundado por mi flotante melena, -un mancebo pálido y aguileño, de resueltos modales y -de atrevida y casi insolente mirada, me asió cariñosamente -de las manos, diciéndome: «Tenga V. la bondad -de venirse conmigo, para presentarle á dos personas -que desean conocerle.» Seguíle, y sacándome de aquella -confusion, me hizo subir á una cómoda y elegante carretela, -cuyos dos asientos, uno del fondo y otro de adelante, -estaban ocupados por dos individuos del sexo feo, -cuya fisonomía no podia yo ver ya bien, porque ya era -casi de noche. Saludáronme y correspondiles; colocáronme -en el asiento de honor; colocóse mi presentador -en frente de mí; cerró el lacayo la portezuela, y á la voz -del de mi izquierda, que dijo: «Calle de la Reina,» salieron -á un resueltísimo trote las dos poderosas yeguas -que nos arrastraban: y, como dicen los mejicanos, «de -las vidas arrastradas, la mejor es la del coche,» y aquella -carretela inglesa estaba maestramente montada sobre -sus muelles. Hablábanme dos, de los tres con quienes -en ella iba, y contestábales yo, sin recordar ya de lo -que hablamos, y sin saber entónces con quiénes, en la -semi-oscuridad crepuscular.</p> - -<p>La direccion dada á la calle de la Reina era á la fonda -de Genyes, que era entónces lo que hoy Fornos y Lhardy; -de donde yo deduje que mis nuevos amigos moraban -ó comian en ella habitualmente, puesto que el nombre -de la calle habia bastado al cochero para sentar en -firme sus yeguas á la puerta de la fonda. En un gabinete -estaba preparada una mesa con tres cubiertos; añadieron -el cuarto para mí; desembarazáronse ellos de sus -abrigos exteriores, quedándome yo con el mio por razones -que no son del caso; sentámonos á la mesa y presentóme -mi presentador á mis comensales. El de mi<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span> -derecha era Buchental, llegado á Madrid hacia pocos -meses; nuestro anfitrion era un rubio como de cuarenta -años, de amenísima conversacion, con la cual demostraba -que habia viajado mucho, de cuyo nombre no me -he podido volver á acordar, á quien no he vuelto á ver -más, y por quien no tuve despues ocasion de preguntar -á mi resuelto y aguileño presentador: que era ni más ni -ménos que Luis Gonzalez Brabo, ántes de ser diputado, -embajador y ministro. Desde aquella tarde fué para mí -Luis, como yo para él fuí Pepe; la suya fué la primera -mano en que me apoyé para poner mi pié derecho en -el primer escalon del efímero alcázar de mi fama: y desde -entónces no he tenido un más bravo amigo que Gonzalez -Brabo. No era por entónces más que <i>tijera</i> en no -recuerdo qué periódico; pero segun fué ascendiendo por -la escala de la fortuna, se volvió á mí desde cada peldaño -que subia, á tenderme aquella misma mano con que -me sacó del cementerio; pero mi objetivo, como hoy se -dice, no era la política, y con tanta pena suya como desden -mio, le dejé subir solo. Ignoro lo que fué Luis Brabo -social ó políticamente considerado, porque he vivido -veinte años fuera de España y once en América, sin -correspondencia con Europa; cuando volví á Madrid -en 1866 era presidente del Consejo de ministros y decian -que tenia la nacion en sus manos; pero para mí fué el -mismo Luis Brabo, que me la tendió como en 1837; el -primer amigo del poeta Zorrilla.</p> - -<p>Aquí dirá V., mi querido poeta Velarde: ¿cómo el -primero? ¿Pues y los Villa-Hermosa y los Madrazo, y -Assas y Miguel Alvarez y Fernando de la Vera, sus -condiscípulos de Universidad y del Seminario? ¿Y Joaquin -Massard y Roca de Togores cuyas manos tomaron -de las de V. los versos que le abrieron las puertas de la<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> -sociedad y le dieron la nombradía?—Los Villa-Hermosa, -los Madrazo, Alvarez y de la Vera, eran los amigos de -mi niñez: los del estudiante y del condiscípulo; los amigos -cariñosos, casi los hermanos, del mancebo que iba -á ser hombre; la casualidad llevó á Massard á la biblioteca -y me puso al lado de Roca de Togores en el cementerio: -pero Luis Brabo buscó el primero al poeta y -no abandonó jamás al amigo. La primera obligacion -del narrador es ser verídico: la del hombre bien nacido -la de ser justo: la del hombre noble ser agradecido. Desde -la fonda me llevó Luis Brabo, orgulloso de llevarme, -al café del Príncipe, donde hallé á Breton, á Ventura, á -Gil y Zárate, á García Gutierrez, que me reconoció y -con quien trabé pronto amistad; al buen Hartzenbusch, -á quien quise desde aquella noche como á un hermano -mayor, y que fué parte y testigo de sucesos íntimos y -posteriores de mi vida, y en fin, á la mayor parte de los -que por entónces figuraban en las letras y en las artes.</p> - -<p>No sé quién me llevó á las diez á casa de Donoso Cortés, -que aún no era el marqués de Valdegamas: allí encontré -á Nicomedes Pastor Diaz y á D. Joaquin Francisco -Pacheco, quienes con el conocido jurisconsulto -Perez Hernandez, estaban tratando de publicar su periódico -<i>El Porvenir</i>.—Preguntáronme mil cosas: examináronme, -sin que de ello me apercibiera, de lo que -habia aprendido en el colegio; indagaron lo que habia -leido, lo que me habia propuesto. Yo era un chico, no -cumplí veinte años hasta cuatro dias despues del de la -muerte de Larra: estaba animado por el éxito de aquella -tarde y por los plácemes y aplausos que acababa de recibir -en el café del Príncipe; recitéles mi destartalada -composicion «A Venecia», el romancillo de unos Gomeles -que corrian por la vega de Granada, y unas redon<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>dillas -á una dueña de negra toca y mongil morado, que -sea dicho de paso y con perdon de mis admiradores, -pero en Dios y en mi ánima creo que no sabia yo entónces -lo que era mongil, segun el color morado episcopal -de que le teñí. Donoso y sus amigos debieron -apercibirse de mi poco saber; pero se fascinaron con las -circunstancias fantásticas de mi aparicion, y con la excentricidad -de mi nuevo género de poesía y de mi nueva -manera de leer, y me ofrecieron el folletin de <i>El Porvenir</i> -con 600 reales mensuales; único sueldo que en -este periódico se debia de pagar, porque iban á escribirle -sin interés de lucro, en pró de su política comunion.—Diéronme -á traducir para el periódico uno de los infantiles -cuentos de Hoffmann, y á las doce me llevó Pastor -Diaz consigo á su casa.—Pastor Diaz, cuya alma de niño -simpatizó con la ignara candidez de la mia, me entretuvo -hasta muy avanzada hora, desde la cual hasta -la de su muerte, me tuvo el más fraternal cariño.</p> - -<p>No era ya aquella la de volver á recogerme á la bohardilla -del cestero, y... á pesar del frio, vagué por las -calles hasta el nuevo dia, abrigado interiormente con el -champagne y el café de mi generoso y desconocido anfitrion, -y exteriormente sostenido con la esperanza y las -ilusiones de mis aún no cumplidos veinte años.</p> - -<p>No recuerdo ya donde me amaneció; pero á las ocho -estaba ya á la cabecera de la cama de Alvarez, contándole -mis venturas del dia anterior; de las cuales nada -sabia, no habiéndole yo podido buscar desde que hacia -veinte horas me habia separado de él, para ir á llevar -mi carta á <i>El Mundo</i> y mis versos á Massard.—Asombróle -primero lo sucedido; alegróle despues; lloramos, -reimos, ayudéle á vestir, y saltamos y cantamos al rededor -del chocolate como los indios de Fenimore Cooper -<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> -al rededor del postre de la guerra; la patrona creyó que -nos habia caido la lotería.</p> - -<p>Como si tal nos hubiera acontecido, nos echamos á la -calle y comenzamos á dar fin á los pocos duros que le -quedaban á Alvarez; declarámonos los dos modernos -Pílades y Orestes; presentéle yo á cuantos me presentaron; -presentóme él á la que despues fué mi mujer, y -cuando llegaron á nuestras manos mis primeros treinta -duros de «El Porvenir», de Donoso, nos creimos dueños -del Universo.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>VI.</h2> - - -<p>Como el relato de las muchachadas de ambos no entra -por nada en la explicacion de mis preguntas finales -en el artículo del lunes último, voy adelante -con mis desatinos personales. Escribí muchos en <i>El -Porvenir</i>: á Cervantes y á Calderon, cuantos pudieron -ocurrírseme, y á la luna de enero, donde dije que el -cielo era ojo de la eternidad y la luna su pupila; escribí, -en fin, los suficientes para impacientar á cuantos tenian -sentido comun y estudios, y gusto en las bellas letras; -pero Nicomedes y Donoso seguian sosteniéndome y animándome, -y yo seguí asombrando al público con la -multitud de mis poéticos engendros.</p> - -<p>Una noche me encontré al volver á mi casa de pupilaje, -una carta de D. José García Villalta que decia: -«Muy señor mio: he tomado la direccion de <i>El Español</i>, -periódico cuyas columnas surtía Larra con sus artículos: -pues la muerte se llevó al crítico dejándonos al poeta, -entiendo que éste debe de suceder á aquel en la redaccion -de <i>El Español</i>. Sírvase V., pues, pasar por -esta su casa, calle de la Reina, esquina á la de las Torres, -para acordar las bases de un contrato. Suyo, afectísimo, -<i>J. G. de Villalta</i>.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p> - -<p>Era este el autor de <i>El golpe en vago</i>, la novela mejor -escrita de las de la coleccion primera del editor Delgado. -Teníale yo en mucho desde que la habia leido, y -las relaciones entabladas con el hombre acrecentaron mi -respeto y mi estimacion hácia el escritor. Villalta era -un hombre de mucho mundo y de un profundo conocimiento -del corazon humano: de una constitucion vigorosa, -con una cabeza perfectamente colocada sobre sus -hombros; de una fisonomía atractiva y simpática, con -una boca fresca, cuya sonrisa dejaba ver la dentadura -más igual y limpia del mundo. Su cabellera escasa era -rubia y rizada, y no he podido nunca esplicarme el por -qué su busto abultado de contornos me recordaba el -olímpico busto de Neron, pero del Neron poeta y gladiador -en su viaje á Grecia: el Neron que ponia fuego á -dos viejos barrios de Roma para obligar al municipio -republicano á construir otro nuevo, tan suntuoso como -la mansion palatina que él junto á lo incendiado habitaba. -Yo tengo á Neron por un emperador muy calumniado; -y desde que he vivido en Roma, estoy convencido -de que hizo bien en quemar lo que quemó, para que se -construyera lo que se construyó; y á este Neron que yo -me figuro, es el Neron á quien me figuraba yo que se -parecia Villalta.</p> - -<p>El hecho es que Villalta era todo un hombre: sóbrio y -diligente, pero gracioso y amabilísimo; como andaluz de -la buena raza, su trato era fascinador; y en cinco minutos -hizo de mí lo que le convino en nuestra primera entrevista; -el cuarto en que esta pasó influyó sin duda en -mi aceptacion. Era una sala grande cuadrada, en cuyas -blancas paredes no tenia Villalta más adornos que dos -espadas de combate, dos sables de academia de armas -y un magnífico par de pistolas. Una grandísima mesa<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> -de despacho cargada de papeles estaba entre él y yo, y -por una puerta entreabierta se veia en el inmediato aposento -el baño del que acababa de salir.</p> - -<p>Vió Villalta que no era yo hombre de abandonar á -Donoso y á Pastor Diaz, sin una grave razon, y me dió -una carta para ellos, en la que les decia las proposiciones -que me habia hecho y las razones que yo le daba. -<i>El Porvenir</i> tenia apenas suscricion, y <i>El Español</i> la tenia -numerosa. Si me querian bien, debian dejarle dar á -mis versos la más lata publicidad, etc.</p> - -<p>Ofrecíame un sueldo con que no habia yo contado -nunca, y que entónces creo que no sabia contar en moneda -efectiva: pagarme aparte las poesías del número -de los domingos, que era una revista de mayor tamaño; -la colaboracion en el folletin con Espronceda convaleciente -ya de una larga enfermedad, y mi presentacion -inmediata en su casa por él en persona. Espronceda era -el ídolo de mis creencias literarias. Donoso y Pastor -Diaz me autorizaron abrazándome para abandonarles, y -me pasé al campo de Villalta sin traicion ni villanía.</p> - -<p>Continué en él publicando centenares de versos, entre -los cuales habia algunos chispazos de ingenio que -hacian, por efecto de la moda, no parar mientes en mis -infinitos y excéntricos disparates. Es verdad que contribuian -á darlos boga las lecturas que de ellos hacia en -los salones del Liceo, en el palacio de los duques de Villahermosa, -quienes, ausentes de Madrid á la sazon, se -los habian cedido á aquella sociedad literaria y artística. -Era el Liceo... Pero ya ha dicho lo que era en <i>La Ilustracion</i> -el ameno <i>Curioso parlante</i> D. Ramon de Mesonero -Romanos; y ante él arría bandera quien en su juventud -supo aprovecharse de su picante y donosa -crítica, y hoy se complace en hallar una ocasion de dar<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>le -una prueba pública de consideracion y respeto. Allí, -en el Liceo, reñí yo y gané grandes batallas, y cobré -fama de gran lector; allí ayudé á subir á la tribuna y -entrar en la palestra literaria á Rodriguez Rubí, con su -precioso romance de la venta del jaco; allí coroné una -noche á Carolina Conrado y presenté una mañana á -Gertrudis Avellaneda; allí... pero lo que sucedió allí lo -sabe todo el mundo, y lo que no sepa se lo dirá mejor -que yo el <i>Curioso Parlante</i>.</p> - -<p>Ya se lo ha dicho en <i>La Ilustracion</i> del 22 de Octubre: -«de allí salieron los que allí figuraron despues como -ministros, embajadores, consejeros, senadores, diputados -y publicistas, alternando en diversos bandos y -épocas, segun la marcha de los sucesos: y sólo Zorrilla -y el que esto escribe se obstinaron en conservar su -independencia y su nombre exclusivamente literario, -sin aspirar á su engrandecimiento por otros caminos; -con la circunstancia en pró de Zorrilla de que á mí sólo -me faltaba la ambicion, y á Zorrilla le faltaban la ambicion -y la fortuna.» Esto dice D. Ramon de Mesonero -Romanos, y Dios le bendiga como yo le agradezco -que lo haya dicho.</p> - -<p>Lo que no dice y le voy á decir yo á V., mi querido -Velarde, es cómo éste á quien llama ilustre, corriendo -quijotescamente trás de ideales fantásticos, no era en la -vida social ni en la literaria más que un tonto y un ingrato.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>VII.</h2> - - -<p>Lenta y perezosa carrera lleva mi correspondencia -epistolar con V., mi querido poeta, interrumpida -dos veces por versos que no pudieron ménos de -ser en su lugar publicados: atañendo ambas á asuntos -tan perentorios y tan de actualidad como es el -de las inundaciones y el de mi escaso beneficio<a name="FNanchor_1" id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>. -Concluyo, pues, con las noticias que de mí me propuse -dar á V. y Dios haga que la gente de hoy vea bajo su -verdadero punto de vista, y tome en su sentido verdadero, -lo que de mí me resta que decirle.</p> - -<p>Una tarde me dijo Villalta: «esta noche iremos á casa -de Espronceda, que ya desea ver á V.» Figúrese usted -que un creyente hubiera enviado por escrito su confesion -al Papa, y que S. S. le hubiera contestado: -«venga V. esta noche por la absolucion ó la penitencia» -esta fué mi situacion desde las cuatro de la tarde, hora -en que Villalta me anunció tal visita, hasta las nueve de -la noche, hora en que se verificó. Yo creia, yo idolatraba -en Espronceda. Si aquel oráculo divino á quien yo -iba á consultar desaprobaba mis versos, si aquel ídolo á<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> -cuyos piés iba yo á postrarme desdeñaba mi homenaje, -no tenia más remedio que irme á buscar á mi padre á la -corte de Oñate, y suplicarle contrito que me matriculase -en la Universidad de Vergara.</p> - -<p>Villalta leyó sonriendo en mi fisonomía lo que pasaba -en mi interior, y me condujo en silencio á la calle de -San Miguel, núm. 4. Espronceda estaba ya convaleciente, -pero aún tenia que acostarse al anochecer. -Introdújome Villalta en su alcoba, y diciendo sencillamente -«aquí tiene V. á Zorrilla», me empujó paternalmente -hácia el lecho en que estaba incorporado Espronceda. -Yo, no encontrando una palabra que decir, -sentí brotar las lágrimas de mis ojos, los brazos de Espronceda -en mi cuello, sus labios en mi frente, y su voz -que decia á Villalta, «es un niño».</p> - -<p>Hubo un minuto de silencio, del cual no he sabido -nunca hacer un poema: Villalta se despidió y nos dejó -solos; de la conversacion que siguió... no me acuerdo -ya: al cabo de media hora nos tuteábamos Espronceda -y yo, como si hiciera veinte años que nos conociéramos; -pero la luz que estaba en el gabinete no iluminaba la -alcoba, en cuya penumbra no habia yo todavía visto á -Espronceda; «no te veo», le dije; «pues trae la luz», me -respondió; y trayendo yo la bujía, le contemplé por primera -vez, como á la primera querida que me hubiera -dado un beso á oscuras.</p> - -<p>La cabeza de Espronceda rebosaba carácter y originalidad. -Su cara, pálida por la enfermedad, estaba coronada -por una cabellera negra, riza y sedosa, dividida -por una raya casi en el medio de la cabeza y ahuecada -por ambos lados sobre dos orejas pequeñas y finas, cuyos -lóbulos inferiores asomaban entre los rizos. Sus cejas -negras, finas y rectas, doselaban sus ojos límpidos é<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> -inquietos, resguardados como los del leon por riquísimas -pestañas: el perfil de su nariz no era muy correcto, -y su boca desdeñosa, cuyo labio inferior era algo aborbonado, -estaba medio oculta en un fino bigote y una -perilla unida á la barba, que se rizaba por ambos lados -de la mandíbula inferior. Su frente era espaciosa y sin -más rayas que la que de arriba abajo marcaba el fruncimiento -de las cejas; su mirada era franca, y su risa -pronta y frecuente, no rompia jamás en descompuesta -carcajada. Su cuello era vigoroso y sus manos finas, -nerviosas y bien cuidadas. A mí me pareció una encarnacion -de Píndaro en Atinoo: de tal modo me fascinó -su belleza varonil, su conversacion animada y la alta -inspiracion de su poesía. Espronceda sabia más que la -mayor parte de los que despues de él hemos alcanzado -reputacion: discípulo de Lista como Ventura de la Vega -y Escosura, era buen latino y erudito humanista; pero -empapado en la poesía inglesa de Shakespeare, Milton -y Pope, era la personificacion del clasicismo apóstata -del Olimpo, y lanzado, Luzbel-poeta, en el infierno insondable -y nuevamente abierto del romanticismo.</p> - -<p>Espronceda era leal, generoso y bueno: la política y -los amigos le dieron un carácter y una reputacion ficticia, -que jamás le pertenecieron; y las medianías vulgares -le han calumniado despues de su muerte, hasta atribuirle -versos y libros infames, que jamás pensó en producir.</p> - -<p>A la tercera visita que le hice de dia, me cansé de la -sociedad de sus amigos: no porque su conversacion -me espantara, sinó por que no la comprendia; vivia yo -dado á mi trabajo, y no conocia á nadie de los ni de las -de quiénes allí se hablaba. Una noche entré en su alcoba -despues de las doce: dolores articulares y escasez nece<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>saria -de nutricion teníanle á él desvelado, y á mí con -pocas ganas de recogerme temprano la estrechez de mi -pupilaje.</p> - -<p>—Vengo á esta hora—le dije—porque es en la que -no tienes amigos en tu casa.</p> - -<p>—¿No te gustan mis amigos?</p> - -<p>—No.</p> - -<p>—Pues hablemos de otra cosa; y me alegro de que -tengas libres estas horas, que son para mí las más insoportables; -¡tardo tánto en conciliar el sueño!..</p> - -<p>Hacia poco que le habia abandonado Teresa: yo ni -la conocia, ni aun tenia por entónces conocimiento de -que existiese: yo no conocia de la vida de Espronceda -más que sus escritos; yo adoraba al poeta, y aun no -conocia del hombre ni siquiera la persona, puesto que -no le veia más que en el lecho donde le retenia su enfermedad.</p> - -<p>Seguí pues yendo á visitarle despues de media noche.</p> - -<p>Y de aquellas conversaciones á solas con Espronceda -sí que podria yo hacer un libro; pero hay libros que no -deben ser leidos hasta cuarenta años despues de escritos.</p> - -<p>Espronceda y yo nos quisimos y nos estimamos siempre; -pero nuestras diversas costumbres, áunque no las -entibiaron, hicieron ménos frecuentes nuestras relaciones. -Yo deserté el primero del cafetin del teatro del Príncipe, -en donde nos juntábamos, y me pasé al de Sólito, -con los Gil y Zárate, G. Gutierrez y otros, á quienes comenzó -á importunar el elemento militar y político que se -incrustó allí en el literario; y con motivo de mi primer -matrimonio, del cual Espronceda no se atrevió á hablarme -más que una vez, comprendió que el niño era ya -hombre; y habiendo ya escrito <i>El Cristo de la Vega</i> y<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span> -<i>Margarita la Tornera</i>, estimó al hombre como un hermano -y al poeta como ingenio privilegiado que él era, y -que no tenia nada que envidiar al mozo atrevido que -osaba trepar á tientas al Parnaso.</p> - -<p>Encerréme yo en mi casa y seguí produciendo libros: -García Gutierrez me dió la mano para presentarme en -la escena, ó más bien me sacó á ella en brazos, en un -drama que escribimos juntos, y comencé la vida aislada -y poco social que he llevado siempre. La gimnasia, que -necesitaba mi sietemesina naturaleza, el tiro de pistola, -que en tiempos tan revueltos no era inútil estudio, y los -paseos á caballo por fuera de puertas, eran mis perennes -entretenimientos; en medio de los cuales escribí once -tomos de versos, de los cuales no he sabido jamás cuatro -de memoria.</p> - -<p>El Liceo concluyó entre tanto, saliendo sus sócios más -notables para las embajadas, los ministerios y los destinos -más importantes de la nacion: Mesonero Romanos -se fué á su casa, cargado de memorias, y yo á la mia de -coronas de papel recogidas en una funcion de obsequio -que se me dió, y con un álbum en cuya primera hoja -escribió S. M. la Reina D.ª Isabel. Tal fué el fin y el -fruto que yo saqué del Liceo.</p> - -<p>Salustiano Olózaga, á quien habia hecho emigrar mi -padre cuando era superintendente general de policía, y -que fué uno de mis mejores amigos, me ofreció la entrega -de mis bienes paternos, que habian sido secuestrados; -pero yo rehusé incautarme de ellos, creyendo -que «pues habia abandonado mi casa, habia renunciado -á mis derechos de hijo...» Olózaga vió que yo era un -tonto: mi padre me lo dijo cuando volvió de su emigracion, -y yo lo creo ahora que lo escribo. Mi quijotesco -modo de ver las cosas y mi caballeresco desprendimien<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>to -no fué apreciado por nadie: mi padre me dijo que -habia hecho mal en no aprovechar mi favor en el partido -liberal, sacrificio que yo creia muy agradable á su intransigencia -realista; mi extrañamiento de la sociedad y -mi vida oscura de diario trabajo, no me procuró más -amigos que el público; y como todos no son nadie, no -tuve más amigo que mi trabajo; y como corriendo los -tiempos cambian las aficiones y las predilecciones sociales, -yo gané mucha fama con dos ó tres afortunadas -obras, y llegué á la vejez como la cigarra de la fábula. -Pero en mis famosas obras se revela la insensatez del -muchacho falto de mundo y de ciencia, exento de todo -sentido práctico, y jamás apoyado en principio alguno -fijo.</p> - -<p>Yo debia mi fama á mis inspiraciones románticas de -Toledo.</p> - -<p>Aquella gótica catedral, cuyas esculturas se habian levantado -de sus sepulcros para venir á cruzar por mis -romances y mis quintillas; aquel órgano y aquellas campanas -que en ellos habian sonado; aquellos rosetones, -capiteles y doseletes; aquellos cláustros católicos, aquellas -mezquitas moriscas, aquellas sinagogas judías, aquel -rio y aquellos puentes y aquellos alcázares que habian -dado á mis <i>repiqueteados</i> y desiguales versos la vistosa -apariencia de sus festonadas labores de imaginería y de -crestería, no me habian merecido más que el desprecio -de su antigüedad y la mofa de su perdida grandeza; y -aquel pueblo, á cuyas costumbres, á cuyas tradiciones -y á cuyas consejas debia yo todo el valor de mi poesía -lírica y legendaria, no me mereció más que el epíteto de -<i>imbécil</i>, en aquella estrofa, padron de mi infamia:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Hoy sólo tiene el gigantesco nombre,</div> -<div class="line">parodia con que cubre su vergüenza:</div> -<div class="line">parodia vil en que adivina el hombre<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span></div> -<div class="line">lo que Toledo la opulenta fué.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tiene un templo sumido en una hondura,</div> -<div class="line">dos puentes y entre ruinas y blasones</div> -<div class="line">un alcázar sentado en una altura</div> -<div class="line">y <i>un pueblo imbécil</i> que vegeta al pié.</div> -</div></div></div> - -<p>¿Concibe V. poeta más necio y más ingrato, mi querido -Velarde? ¿Por qué llamé yo <i>imbécil</i> al pueblo de -Toledo? ¿Por que era religioso y legendario, y pretendia -yo echármelas de incrédulo y de volteriano? Pues entónces, -¿por qué seguia buscando fama y favor con mi -poema de <i>María</i> y con el carácter religioso y creyente -de todas mis obras? Porque el imbécil era yo: y gracias -á Dios que me ha dado tiempo, juicio y valor civil para -reconocer y confesar públicamente en mi vejez mi juvenil -imbecilidad.</p> - -<p>En cuanto á mi ingratitud... por más que me avergüence -y me humille tal confesion, no quiero morir sin -hacerla. La muerte de Larra fué el orígen de mis versos -leidos en el cementerio. Su cadáver llevó allí aquel -público, dispuesto á ver en mí un génio salido del otro -mundo á éste por el hoyo de su sepultura; sin las extrañas -circunstancias de su muerte y de su entierro, hubiera -yo quedado probablemente en la oscuridad, y tal vez -muerto en la más abyecta miseria; y apenas me ví famoso, -me descolgué diciendo un dia:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Nací como una planta corrompida</div> -<div class="line">al borde de la tumba de un malvado, etc.</div> -</div></div></div> - -<p>Hé aquí un insensato que insulta á un muerto, á quien -debe la vida; que intenta deshonrar la memoria del -muerto á quien debe el vivir honrado y aplaudido. ¿Con<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>cibe -V., Sr. Velarde, un ente más ingrato ni más imbécil? -Pues ese era yo en 1840; mezcla de incredulidad -y supersticion, ejemplar inconcebible de progresista retrógrado, -que ignoraba, por lo visto, hasta la acepcion -de las palabras que escribia.</p> - -<p>Han transcurrido treinta y nueve años: nadie ha venido -jamás á pedirme cuenta de mis palabras, y aprovecho -la primera, aunque tardía, ocasion que á la pluma se me -viene, para dar á quien corresponde una satisfaccion espontánea -y jamás por nadie exigida; quiero decir: á los -toledanos de hoy y á los hijos de Larra.</p> - -<p>Y en estas últimas líneas, con las que con V. corto -mi correspondencia, fundo yo más vanidad, mi querido -Velarde, y espero que halle V. más motivo de estimacion -que en los cuarenta tomos de versos que lleva escritos -el autor de <i>D. Juan Tenorio</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>VIII.</h2> - - -<p>Abreviemos este relato, sobre el cual deseo pasar -como sobre áscuas. Mis memorias son demasiado -personales para inspirar interés, y demasiado -íntimas para ser reveladas en vida: temo además -que parezcan comezon de hablar de mí mismo, -cuando siento un profundísimo anhelo y tengo perentoria -necesidad de desaparecer de la escena literaria</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">á vivir en el olvido</div> -<div class="line">y á morir en paz con Dios.</div> -</div></div></div> - -<p>Corramos, pues, cuatro años en cuatro líneas. Habíame -hecho conocer como poeta lírico y como lector en -el Liceo: el editor Delgado me compraba mis versos -coleccionados en tomos, despues de haber sido publicados -en <i>El Español</i> y en otros periódicos; pero terminada -la guerra carlista con el convenio de Vergara, emigró -mi padre á Francia y era forzoso procurarle recursos. -Acudí á mi editor D. Manuel Delgado, quien á vueltas -de larguísimas é inútiles conversaciones no me dejaba -salir de su casa sin darme lo que le pedia; es decir, ja<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>más -me lo dió en su casa, sinó que me lo envió siempre -á la mia á la mañana siguiente del dia en que se lo pedí: -parecia que necesitaba algunas horas para despedirse -del dinero, ó que no queria dejarme ver que lo tenia en -su casa, ó que no era dueño de emplearle sin consulta -ó permiso prévio de incógnitos asociados. Como quiera -que fuere, comenzó á pasarme una mensualidad, de la -cual enviaba parte á mi padre; pero era preciso trabajar -mucho; y tan falto de ciencia como de tiempo, continué -produciendo tántas líneas diarias cuantos reales -necesitaba, sin tiempo de pensar ni de corregir las vanalidades -que en ellas decia. Comprendiendo al fin que -no era posible repicar y andar en la procesion, suprimí -las amistades del café y las visitas de cumplimiento; y -encerrándome en mi casa cerré su puerta á los ociosos -y á los gorristas; quedándome reducido á la cariñosa -amistad de Pastor Diaz, á la proteccion incondicional -de Donoso Cortés, y á la sociedad de G. Gutierrez, á -quien quise y quiero como á un hermano mayor, y á la -de Fernando de la Vera, el corazon más leal y más -constante de cuantos me han acordado su afecto y -pasado cariñosamente por las desigualdades de mi carácter.</p> - -<p>Años hemos pasado juntos y años sin vernos ni escribirnos; -al volvernos á encontrar, Gutierrez desplega la -misma sonrisa semi-séria con que nos despedimos hace -treinta años, y Fernando de la Vera, de prodigiosa memoria, -toma la conversacion donde la dejamos hace -veinte. Yo admiro y saboreo aún los versos de G. Gutierrez, -aunque ya él no me los lee, y Fernando de la -Vera se admira de haber escrito los suyos, sin haber tenido -jamás necesidad de escribirlos. Los Villa-Hermosa -habian desaparecido de Madrid; y cuando yo leia mis<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> -versos en las sesiones del Liceo, en los salones de su -palacio, esperaba siempre ver aparecer por detrás de -algun tapiz la severa figura del viejo duque, que me -perdonaba las muchachadas que le enojaron, ó la pálida -hermosura de la duquesa, que tengo aún en las pupilas -como la imágen de la duquesa de quien habla Cervantes, -ó la faz, en fin, semi-burlona del actual duque, -que venia á decirme: «Mira cómo te regocijas en mi -casa, como si estuvieras en la tuya.» Los Madrazos se -habian dividido en muchas familias, y Espronceda entre -sus ruidosos amigos me llamaba el viejo de veinticuatro -años.</p> - -<p>Pero era preciso vivir, y para vivir era forzoso trabajar. -La casualidad, que es la providencia de los españoles, -y la debilidad de García Gutierrez para conmigo, -me abrieron campo más ancho, franqueándome la escena, -cuando más necesitaba variar y acrecentar mis -medios de accion y de subsistencia.</p> - -<p>No recuerdo por qué ni cómo, porque aún no conocia -el teatro por dentro, habia quedado Madrid aquel -verano sin compañía dramática alguna, ni por qué ni -cómo andaban por las provincias Matilde, los Romeas -y los empresarios habituales de sus coliseos: el hecho -era que desde fines de Mayo actuaba en el del Príncipe -una sociedad improvisada, bajo un programa tan modesto -que no anunciaba más pretensiones que la de no -dejar al público de Madrid sin ningun espectáculo. Componíanla -García Luna, Juan Lombía, Pedro Lopez, Alverá, -Bárbara y Teodora Lamadrid, la Llorente, la Puerta -como graciosa, Azcona, Monreal y media docena de -bailarinas. Luna y la Bárbara eran ya actores de reputacion; -Azcona y la Llorente eran resto de las buenas -compañías de Grimaldi: Breton no habia aún escrito<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> -para Lombía <i>El pelo de la dehesa</i>, y no habia tenido -aún tiempo Teodora de abordar los grandes papeles. -Una mañana de Junio, miércoles ántes de un <i>Corpus -Christi</i>, pasaba yo por la calle Mayor, de vuelta de casa -de Delgado, á quien no habia podido ver; acordéme de -que hacia más de un mes que no veia á G. Gutierrez, -que habitaba en un piso principal de los soportales, y -me ocurrió verle y ver si él me procuraba el dinero que -de Delgado no habia obtenido. Colocaban los operarios -del municipio el toldo para la procesion del dia siguiente; -y como yo anduviese por entónces muy dado á la -gimnasia, para fortalecer el brazo izquierdo que me habia -roto de muchacho, y como dos cuerdas del toldo colgasen -hasta la calle, aseguradas en el balcon de G. Gutierrez, -trepé á su aposento por tan inusitado camino, -encontrándole todavía acostado, á pesar de ser cerca -de medio dia. Nuestra conversacion no fué muy larga.</p> - -<p>—¿Qué tienes? ¿Por qué estás aún en la cama?</p> - -<p>—Porque me aburro: y tú, ¿qué traes?</p> - -<p>—Mohina por no haber encontrado á Delgado en -casa.</p> - -<p>—¿Necesitas dinero?</p> - -<p>—¿Cuándo no?</p> - -<p>—Pues dos dias hace que estoy yo aquí discurriendo -de dónde sacar dos mil reales.</p> - -<p>—¡Pero, hombre, tú, con ofrecer una obra al teatro!..</p> - -<p>—No tengo más que medio acto de un drama.</p> - -<p>—Pues yo te ayudaré; y haciendo en tres dias tres -actos cortos, yo me encargo de sacarle á Delgado el -precio del derecho de impresion, y tú puedes tomar los -de representacion de la compañía del Príncipe, que verá -el cielo abierto de tener en Junio un drama del autor del -<i>Trovador</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> - -<p>Hice á Gutierrez oferta tal, sin pesar más que mi buen -deseo, y aceptóla él sin pensar en mi inexperiencia del -arte dramático, ni la distancia que entre él y yo mediaba. -Convinimos en que él me escribiria el plan de su -obra y vendria á las cuatro á comer con mi familia, -para repartirnos el trabajo. Hízolo así Gutierrez; leyóme -las dos primeras escenas que tenia escritas: tocóme -á mí escribir el acto segundo, y nos despedimos al anochecer -para juntarnos el jueves á las cuatro, á examinar -el trabajo por ambos hecho en la noche. El jueves -me trajo dos escenas más, y leíle yo todo el acto segundo. -Asombróle mi trabajo y esclamó:—¡Demonio! ¿Cómo -has hecho eso?—Pues poniéndome á trabajar ayer en -cuanto te fuiste, y no habiéndolo dejado ni para dormir, -ni para almorzar.</p> - -<p>Fuése picado, y concluyó su primer acto en aquella -noche: el viernes concluimos cada cual la mitad del tercero -que le tocó: el sábado lo copié yo, el domingo lo -presentó él al teatro y cobró tres mil reales, y el lunes -cobré yo otros tres mil de Delgado... y no siguió aburriéndose -García Gutierrez, y envié yo á mi padre dos -mensualidades, y ganosos los actores de complacer al -público, y éste de recompensarles su buena voluntad, -se representó y se aplaudió el drama <i>Juan Dándolo</i>; en -cuyo apellido esdrújulo veneciano cargamos nosotros el -acento en su segunda sílaba, por razones que no hay -necesidad de aducir: y cátenme ya autor dramático por -gracia de García Gutierrez, que me aceptó en él por su -colaborador.</p> - -<p>Mi innata é inconsciente audacia me arrastró á escribir -inmediatamente mi <i>Cada cual con su razon</i>, en -cuya comedia atropellé la historia, clavándole á Felipe -IV un hijo como una banderilla; pero la limpia y<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span> -armoniosa diccion de Bárbara Lamadrid, la intencionada -representacion de García Luna, el empeño de -Lombía, el esmero de Alverá en ensayar como profesor -de esgrima el duelo á cuatro con espada y daga del primer -acto, el discreteo galan de algunas escenas, y mi -insolente fortuna sobre todo, hicieron parecer un éxito -la benevolencia del público con el atrevido mozalvete, -autor de aquel afiligranado desatino.</p> - -<p>«A mí que las vendo,» me dije: y á los dos meses -presenté mis <i>Aventuras de una noche</i>, comedia en la -cual levanté un chichon histórico á don Pedro de Peralta -y otro al príncipe de Viana. Al infantil enredo de -esta mi segunda comedia dieron un alto relieve la Bárbara -y la Llorente: y á fin de año dí mi primera parte -de <i>El Zapatero y el Rey</i>, en cuyo drama hizo Luna -maravillas, y yo una conjuracion de muchachos de colegio, -que no hay narices con que admirar; pero en -cuyo argumento hay realmente el gérmen de un drama.</p> - -<p>Desde aquella noche quedé, como un mal médico con -título y facultades para matar, por el dramaturgo más -flamante de la romántica escuela, capaz de asesinar y de -volver locos en la escena á cuantos reyes cayeran al -alcance de mi pluma. Dios me lo perdone: pero así comencé -yo el primer año de mi carrera dramática, con -asombro de la crítica, atropello del buen gusto y comienzo -de la descabellada escuela de los espectros y asesinatos -históricos, bautizados con el nombre de dramas -románticos.</p> - -<p>Si entónces hubiera vuelto mi padre de la emigracion, -y él con su jubilacion de consejero de Castilla -(que más tarde le concedió S. M. la Reina doña Isabel) -y yo con el producto de mis leyendas, hubiéramos cuidado -de nuestro solar y de nuestras viñas, habríamos<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> -ambos vivido en paz; habria él muerto tranquilo y sin -deudas, y hubiérame yo ahorrado tántos tumbos por el -mar y tántos tropezones por la tierra, acosado por la envidia -y por las calumnias de los que codician una gloria -que no es más que ruido y unas coronas de papel, -bajo cuyas hojas sin sávia vienen siempre millones de -espinas, que bajan atravesando el cerebro á clavarse -en el corazon de los que en España llegan á la celebridad -literaria.</p> - -<p>Pero mi padre, tenaz en sus opiniones, se obstinó -en no acogerse á amnistía alguna; mi infeliz madre siguió -oculta por las montañas, no queriendo ver ni aprovechar -la tolerancia del progreso; y Lombía, al hacerse -empresario del teatro de la Cruz, me ofreció un sueldo -mensual por no escribir para el del Príncipe, á donde -volvieron Matilde y Julian, y ajustó á Cárlos Latorre -con la condicion de que estrenara mi segunda parte de -<i>El Zapatero y el Rey</i>, de la cual habia yo hablado, -como consecuencia del ensayo hecho en la primera.</p> - -<p>Lombía, actor de ambicion, empresario activo y espíritu -tan malicioso como previsor, habiendo crecido -en reputacion con la ayuda de las obras de Breton y de -Hartzenbusch, sus amigos casi de infancia, no desaprovechó -la doble ocasion, que á la mano se le vino, de -interesar pecuniariamente en su empresa á Fagoaga, director -entónces del Banco, y de ajustar en su compañía -á Cárlos Latorre; á quien Julian Romea, su discípulo, -habia desdeñado, dejándole sin ajuste en la suya del -Príncipe. Latorre era el único actor trágico heredero de -las tradiciones de Maiquez y educado en la buena escuela -francesa de Talma. Su padre habia sido alto empleado -en Hacienda, intendente de una provincia, en -tiempos anteriores; y Cárlos, buen ginete, diestro en las -<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> -armas y de gallarda y aventajada estatura, habia sido -paje del Rey José, y adquirido en Francia una educacion -y unos modales que le hacian modelo sobre la -escena. Grimaldi, el director más inteligente que han -tenido nuestros teatros, habia amoldado sus formas clásicas -y su mímica greco-francesa á las exigencias del -teatro moderno, haciéndole representar el capitan Buridan -de <i>Margarita de Borgoña</i> de una manera tan intachable -como asombrosa y desacostumbrada en nuestro -viejo teatro. Cárlos Latorre no era ya jóven, pero -no era aún de desdeñar, sobre todo si se le procuraba -un repertorio nuevo, en cuyos nuevos papeles, obligándole -á concluir de perder sus resabios de amaneramiento -francés, se le abriese un nuevo campo en que desplegar -sus inmensas facultades.</p> - -<p>Lombía se apresuró á ajustarle en su compañía del -teatro de la Cruz, en la renovacion de cuyo escenario y -decoracion de cuya sala gastó cerca de cuarenta mil -duros; y agregándose al erudito y estudioso galan Pedro -Mate, á la Antera y á la Joaquina Baus, heredera ésta -de los papeles del teatro antiguo de la Rita Luna, y -hermosísima dama de <i>Lo cierto por lo dudoso</i>, y á las -dos Lamadrid, Bárbara, ya acreditada, y Teodora, esperanza -justa del porvenir, juntó una numerosa aunque -algo heterogénea compañía, de la cual no supo sacar -partido por dejarse llevar de su vanidad personal y de -las miserables rencillas de bastidores, dividiéndola en -dos y sacrificando una mitad en provecho de la otra.</p> - -<p>Pero es larga materia, y merece número aparte.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>IX.</h2> - - -<p>Hacia ya tres meses que habia abierto Lombía el -teatro de la Cruz, corregido y aumentado con un -espacioso escenario y un nuevo telar que permitian -poner en escena las obras que más aparato exigiesen; -pero como dueño de su caballo, se habia -apeado por las orejas, y no habia puesto más que obras, -en las cuales como en <i>El Cardenal y el judío</i>, se habian -gastado muchos dineros á cambio de algunos silbidos y -del desden y la ausencia del público. Julian y Matilde -con su compañía marchaban miéntras viento en popa, -llevándose con justicia su favor y sus monedas al teatro -del Príncipe. Lombía era un gracioso de buena ley y un -característico de primer órden en especiales papeles; era -uno de los actores más estudiosos y que más han hecho -olvidar sus defectos físicos con el estudio y la observacion. -Su figura era un poco informe por su ninguna esbeltez -y flexibilidad; su fisonomía inmóvil, de poca expresion; -y sus piernas un si es no es zambas; cualidades -personales que, en lo gracioso y lo característico, le -daban el sello especial del talento, pues se veia que luchando -consigo mismo de sí mismo triunfaba; pero le -<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span> -hacian desmerecer en los papeles y con los trajes de -galan, cuya categoría tenia afan de asaltar, saliéndose -de la suya, en la cual algunas veces era una verdadera -notabilidad: como en D. Frutos de <i>El pelo de la dehesa</i>, -en el Garabito de <i>La redoma encantada</i> y en el exclaustrado -D. Gabriel de <i>Lo de arriba abajo</i>. En tal empeño, -y luchando desventajosamente con la competencia del -Príncipe, llegó Lombía en el teatro de la Cruz á las fiestas -de Navidad, habiendo agotado el bolsillo de Fagoaga -y la paciencia del público.</p> - -<p>Cárlos Latorre y la parte de la compañía que en su -género sério le secundaba, apenas habia trabajado en -unos cuantos dramas viejos, de los cuales estaba ya el -público hastiado; y si la obra que en Navidad se estrenara -no sacaba á flote la nave de la Cruz del bajío en -que Lombía la habia hecho encallar, tenia las noventa -y nueve contra las ciento de naufragar ántes de Reyes. -Todos los autores de alguna reputacion estaban -con Romea: excepto yo, que tenia señalados, pero no -los cobraba, mil quinientos reales mensuales por no escribir -para el Príncipe, y la obligacion de presentar un -drama en Setiembre y otro en Enero. El 21 de Setiembre -habia presentado la <i>Segunda parte del Zapatero y el Rey</i>: -llegó, empero, el 23 de Diciembre, y se puso en escena, -con grandes esperanzas, una <i>Degollacion de los inocentes</i>, -arreglada del francés, y en la cual hacía Lombía el -papel del <i>rey Herodes</i>. Fagoaga habia consentido en suplir -gastos y abonar sueldos hasta la primera representacion -de Noche-buena; pero los inocentes fueron degollados -en silencio en el acto segundo, en medio de cuya -degollina se presentó Lombía con el flotante manto y el -tradicional timbal de macarrones en la cabeza, con el -que solian representar á Herodes los pintores y esculto<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>res -de imaginería de la Edad Media; y el drama continuó -arrastrándose penosamente hasta su final entre los -aplausos de los amigos de la empresa, á quienes nos interesaba -su porvenir, y la hilaridad del público de Noche-buena, -que tomó en chunga á Herodes y á sus -niños descabezados.</p> - -<p>Entónces recordó la empresa que yo habia cumplido -mi contrato, y que mi rey D. Pedro descansaba en el -archivo, y preguntó si habria medio de ponerle en escena -con la rapidez que exigian las circunstancias, y como -tabla de salvacion del <i>Naufragio de la Medusa</i>, que -habia tambien naufragado ántes del degollador Tetrarca -Hierosolimita.</p> - -<p>El pintor-maquinista Aranda, que era amigo mio, -habia armado y pintado en ratos perdidos, y con <i>palitos -y tronchitos</i>, como se dice en lenguaje de bastidores, -las decoraciones de mi drama: Latorre, Noren, Mate y -la Teodora habian estudiado sus papeles, por no tener -cosa mejor en que pasar su tiempo; de modo que con -un poco de la buena voluntad á que obliga la necesidad -con su cara de hereje, el rey D. Pedro podia presentarse -al público con tres ensayos y el paso de papeles. -Pero habia la dificultad de que el papel del zapatero -requeria un primer actor, y Latorre y Mate se habian -ya encargado de los del rey D. Pedro y del infante Don -Enrique. Yo me fuí derecho á Lombía, por consejo de -Cárlos Latorre, y le dije: que el papel de zapatero era -el principal del drama, puesto que se titulaba <i>El Zapatero -y el Rey</i>, y no <i>El Rey y el Zapatero</i>; que los maldicientes -malquerientes de la empresa, y nuestros enemigos -naturales (que eran los del teatro del Príncipe), -decian que no se atreveria nunca á presentarse en escena -con Cárlos Latorre, y que por eso habia dividido en dos<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span> -la compañía; que yo habia escrito el papel de Blas expresamente -para él, y que finalmente, el único modo -de salvar el teatro y mi pobre drama, que trás de tantos -tumbos y naufragios se iba á hacer á la mar, necesitaba -al capitan del buque para cuidar del timon.</p> - -<p>Lombía, ó vencido por mis razones, ó viendo que el -papel era de aplauso seguro, aunque el drama no gustara, -cayó en el lazo, aceptó el papel, se activaron los -ensayos y llegó el momento de redactar el cartel. Aquí -era ella. ¿Qué nombre iria en él delante? ¿El de Cárlos -ó el suyo? Las vanidades del teatro son más incapaces -de transaccion que las de D. Alvaro de Luna y del conde-duque -de Olivares: Cárlos cedió, en obsequio á mí; -pero me costaba la transaccion más tal vez de lo que valia -el drama: se me impuso la condicion de que habia de -consentir que se anunciase con mi nombre; cosa inusitada -hasta entónces, y áun muy rara vez usada hoy en -dia. Neguéme yo á semejante innovacion, alegando que -era un alarde de vanidad que iba á atraer indudablemente -una silba sobre mi obra, y que mi nombre puesto -en los anuncios desde la primera representacion, era un -cartel de desafío, cuyo guante arrojaba la empresa y -cuyo campeon inmolado iba á ser el pobre autor en cuyo -nombre lo arrojaba. Sostuvo la empresa su opinion, -alegando que, en el estado en que se hallaba el teatro, -sólo mi nombre atraeria gente á la primera representacion, -y que era una falsa modestia el encubrir mi nombre, -porque ¿á quién se podria ocultar que habria escrito la -segunda parte el mismo que habia escrito la primera? -Yo, entre la espada y la pared, pospuse mi derecho al -bien de la empresa; y una mañana apareció el cartel -anunciando la primera representacion de la <i>segunda parte</i> -de <i>El Zapatero y el Rey</i>, por D. José Zorrilla: y el<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> -nombre del poeta más pequeño que habia en España, -apareció en las letras más grandes que en cartel de teatros -hasta entónces se habian impreso.</p> - -<p>Resultó lo que yo habia previsto: todos los poetas, -periodistas y escritores de Madrid,—excepto Hartzenbusch -y Leopoldo Augusto de Cueto, hoy marqués de -Valmar, que me sostuvieron y ampararon siempre, y -el Curioso Parlante, que no sé si habia ido más que á la -inauguracion del teatro de la Cruz,—se dieron de ojo -para preparar la más estrepitosa caida á mi forzada vanidad: -las cañas se me volvieron lanzas, y mis mejores -amigos tornaron la espalda al orgulloso chicuelo que -decia al firmar el cartel—«¡aquí estoy yo!—ficó Blas y -punto redondo.»—Apeché yo con la desventaja de la lucha -y me resolví á morir en brava lid, como el gladiador -á quien decia «digitum porgo» el pueblo de los -circos de Roma. La empresa y los actores tomaron despechados -á pechos llevar el drama adelante, y la noche -del ensayo general estaba el teatro más lleno que lo iba á -estar la de la primera representacion. Una multitud <i>de -amigos</i> fué á estudiar las situaciones débiles, y las escenas -difíciles y atacables de mi obra, para herirla á golpe -seguro y en sitio mortal.</p> - -<p>Era esta una escena del acto tercero. Pedro Mate, -actor cuidadoso, idólatra de su arte y enamorado de mi -drama por la amistad que me tenia, se habia encargado -del ingrato papel de D. Enrique; y encariñado con él -se habia hecho, no solamente un costoso traje, sinó una -sombra de fino alambre y bien engomada gasa, moldeada -sobre su mismo cuerpo, para que apareciese en el -lugar en que mi acotacion la reclamaba. Aquella sombra -era una maravilla de trabajo y de parecido: era un -Pedro Mate, un infante D. Enrique flotante y <span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>transparente -como una aparicion de vapor ceniciento: era una sombra -del rey bastardo de un efecto maravilloso; pero -cuanto más ligera, fantástica y asombrosa era aquella -sombra, era tanto más difícil de manejar. Puesto sobre -el fondo cárdeno de la piedra de la torre de Montiel al -lado de Mate, daba frio y parecia fantasma desprendida -del mismo D. Enrique; pero como Mate la habia ideado -y confeccionado sobre mi acotacion que dice: «La sombra -de D. Enrique... <i>aparece en lo alto del torreon, bajando -poco á poco hasta colocarse en frente del rey</i>.» -Mate la habia registrado en dos alambres paralelos en -plano inclinado; pero por más exactamente paralelos y -perfectamente aceitados que estuviesen, la figura de -gasa cabeceaba al moverse, y bajaba tambaleándose -como borracha, convirtiendo la aparicion temerosa en -ridículo maniquí. Añadióle Mate peso en la cabeza -y pataleaba como un ahorcado; púsosele á los piés y -cabezeaba como los gigantones de Búrgos: cuanto -más ensayábamos la presentacion de la sombra, más -mala sombra tenia para el drama y para la empresa: -y á las tres de la madrugada desocuparon los amigos -y los curiosos el teatro diciéndonos: «hasta mañana.»</p> - -<p>Cárlos Latorre, despues de arrancar de cólera con las -uñas una media caña dorada de la embocadura, se fué -á su casa renegando de la empresa, del drama, del autor -y de la hora en que se ajustó en aquel desventurado -teatro; y en él nos quedamos solos, Lombía paseándose -por detrás de los torreones de carton de Montiel, el maquinista -Aranda por delante con intenciones de quemarlos, -el pintor Esquivel en una butaca de proscenio hilvanando -una retahila de interjecciones de Andalucía, y -yo respaldado en la embocadura sin poder digerir aquel<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span> -«hasta mañana» con que los amigos me habian emplazado -tan sin merecerlo.</p> - -<p>Aranda, que como una zorra cogida en trampa, daba -vueltas por el proscenio, sin hallar salida para una idea -en la confusion en que sentia entrampado su pensamiento, -trabó un pié en un aparato de quinqués, portátil, -volcólo rompiendo los tubos y vertiendo el aceite -sobre un forillo que por tierra estaba, y al mismo tiempo -que soltó alto y redondo uno de los votos que Esquivel -ensartaba por lo bajo, se levantó éste exclamando—¡ya -está!—y trepando á la escena, empezó á extender el -aceite por la tela del forrillo, miéntras acudíamos Lombía -y yo á ver el estropicio de Aranda y la untura que Esquivel -seguia dando al lienzo sin cesar de repetir: «Ya -está, hombres, ya está!» De repente comprendimos el -«ya está» de Esquivel por lo que éste hizo; tomóme de -la mano Lombía, y sacándome del teatro y dejando en -él á los dos pintores, nos despedimos todos «hasta mañana,» -y al cruzar la plazuela de Santa Ana para irme -con el alba que ya lucia, á mi casa, núm. 5 de la plaza -de Matute, lancé al aire con todo el de mis pulmones, -aquel «¡hasta mañana!» que no habia podido digerir.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<h2>X.</h2> - - -<p>Llegó, en fin, aquel mañana, que en los teatros es -siempre noche. El despacho del de la Cruz estaba -cerrado, porque todas sus localidades estaban ya -vendidas. El alumbrante habia ya encendido los -quinqués de los pasillos; los actores pedian ya luz -para sus cuartos, y los comparsas se probaban los arrequives -que mejor convenian á sus tan desconocidas -como necesarias personalidades. Los comparsas son en -el teatro y en la política de España lo más arriesgado -y difícil de presentar.</p> - -<p>Tenia yo por contrata el derecho de ocupar el palco -bajo del proscenio de la izquierda en todas las funciones, -excepto en las de beneficio: generosidad que hasta entónces -no habia costado nada á la empresa, porque -apenas habia tenido diez entradas llenas, fuera de los -estrenos: mi familia entraba en el teatro por la plaza del -Angel, y al palco por el escenario; con cuya costumbre -sólo los actores me veian en el teatro, á donde no iba -yo nunca á hacerme ver, sino á estudiar desde el fondo -escondido del palco lo que en escena pasaba, y el trabajo -de los actores para quienes me habia comprometi<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>do -á escribir. Aquella noche ocupó mi familia el palco -cuando aún estaba á oscuras la sala, dentro de cuyo escenario -por todas partes hacia miedo; yo subí al cuarto -de Cárlos Latorre.</p> - -<p>Estaba solo con Agustin, el ayuda de cámara que -le vestia, á quien hallo aún en la portería de un teatro, -y á quien doy la mano como si fuera un antiguo -camarada de glorias y fatigas: no há muchas semanas -me hizo venir las lágrimas á los ojos recordando á su -amo á quien adoraba; y eso que dice el refran que «no -hay hombre grande para su ayuda de cámara,» pero -este refran es francés, y en España falso por consiguiente. -Cárlos se vestia cabizbajo, y la primera palabra que -me dijo: fué «tengo miedo.»—«Yo le tengo siempre, le -contesté; aunque nunca lo manifiesto.»—«¡Y yo que -le esperaba á V. para que me diera valor!» repuso: á lo -cual, cerrando la puerta y mandando al ayuda de cámara -que no dejara entrar á nadie, le dije: «Hablemos -cuatro minutos: y si despues de lo que le diga no se -siente V. con más valor que Paredes en Cerignola, no -será por culpa mia.»</p> - -<p>Cárlos era un hombron de cerca de seis piés de estatura -y podia tenerme en sus rodillas como á una criatura -de seis años. Habia conocido á mi padre, superintendente -general de policía; le habia debido algunas atenciones -en los difíciles tiempos en que mandaba en Madrid -y presidia los teatros; le habia Cárlos prestado -armas y trajes para que yo hiciera comedias en el Seminario -de Nobles, y habia yo empezado á declamar -tomando á éste por modelo: pero por una de esas revoluciones -naturales en el progreso del tiempo, habíame -éste colocado en la situacion de tenerle que hacer observaciones -y darle consejos; que, en honor de la ver<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>dad, -escuchó y siguió con la conviccion de que eran dados -con la más sincera franqueza y la más fraternal -buena fé. Durante dos semanas nos habíamos encerrado -en su estudio, él y yo sólos, y allí me habia hecho leerle -y releerle su papel y decirle sobre su desempeño todo -cuanto pudo ocurrírseme. Él, el primer trágico de España, -sin sucesor todavía, la primera reputacion en la escena, -escuchó con atencion mis reflexiones y se convenció -por ellas de que su aversion á los versos octosílabos -y al género de nuestro teatro antiguo era injusta: de que -su declamacion de los endecasílabos del Edipo conservaba -aún cierto dejo francés, que sólo le haria perder la -recitacion de los versos de arte menor, y de que las redondillas -de mi rey D. Pedro, escritas por un lector y -teniendo los alientos estudiadamente colocados para -que el actor aprovechara sin fatiga los efectos de sus -palabras, le debian de presentar ante el público, bajo -una nueva faz y como un actor nuevo en el teatro Español, -sin las reminiscencias del francés, que era el -único defecto que el público alguna vez le encontraba. -Todo esto habia yo dicho á mis veinticuatro años -á aquel coloso de nuestra escena, que iba á presentarse -aquella noche en el papel del rey D. Pedro, transformado -en otro actor diferente del hasta entónces conocido -por gracia y poder de un muchachuelo atrabiliario, -que se habia atrevido á decir la verdad á un -hombre de verdadero talento y de verdadera conciencia -artística.</p> - -<p>Cuando aquel gigante se quedó solo en su cuarto con -aquel chico, hé aquí lo que éste le dijo á aquel:</p> - -<p>«Dice el vulgo, mi querido Cárlos, que este teatro es -un panteon donde Lombía ha reunido una coleccion de -mómias, que un chico loco está empeñado en galvani<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>zar. -Usted es una de estas supuestas mómias, y yo el -loco galvanizador; pero yo, que le quiero á V. con toda -mi alma, y que espero que su voz de V. llegue con las -palabras de mi rey D. Pedro hasta los oidos de mi padre, -emigrado en Burdeos, necesito que resucite usted, -aunque me deje en la oscuridad de la fosa de que usted -se alce. Jugamos esta noche V. y yo el todo por el -todo; pero, aunque se hundan el autor y el drama, es -forzoso que el actor se levante; nuestro público tiene -aún en sí el gérmen del entusiasmo revolucionario de la -época, y el personaje que va V. á representar será -siempre popular en España. Vamos á tener además un -poderoso auxiliar en Mr. de Salvandy, el embajador -francés, que ha pedido ya sus pasaportes y un palco -para asistir inconsciente á la representacion; «ya verá -usted la que se arma cuando salga Beltran Claquin.»—Cárlos -Latorre brincó, oyendo esto, de la silla en que estaba -sentado, y yo seguí diciéndole: «con que haga usted -cuenta que representa V. á Sanson, y asegúrese bien de -las columnas; aunque no le darán á V. tiempo de derribar -el templo.»—Mucho me temo que me le den, me dijo no -muy confortado por mis palabras.—¡Qué diablos! repuse -yo, si se le dan á V. sepúltese con todos los filisteos. -Yo me voy á mi palco.—Pero, ¿y la sombra, que -ni siquiera he visto? me dijo viéndome tomar la puerta.—Fíese -V. en Aranda, que tiene ya luz con que producirla, -le respondí, escapándome por el escenario.</p> - -<p>Cuando entré en mi proscenio, ya habia empezado la -sinfonía y el teatro estaba lleno. Nunca he tenido más -miedo, ni más resolucion de provocar á la fortuna. A -los tres cuartos para las nueve se alzó el telon; el frio -del escenario entró en mi palco, sin que yo le dejara -entrar en mi corazon. Se oyó el primer acto en el más<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -sepulcral silencio; cayó el telon sin un aplauso, pero yo -conocí que la impresion que dejaba no me era desfavorable.</p> - -<p>Cárlos comprendió que necesitaba todo su brío y su -talento para atraerse á un público tan mal prevenido, y -al levantarse el telon para el acto segundo, encabezó su -papel con uno de esos pormenores que sólo saben dar á -los suyos los cómicos como Cárlos Latorre. El rey don -Pedro se presenta de incógnito en el primer acto de mi -obra: al presentarse Cárlos en el segundo, presentó la -figura del rey como un modelo de estatuaria; apoyado -el brazo izquierdo en el respaldo de su sillon blasonado -de castillos y leones, y el derecho en una enorme espada -de dos manos. Vestia un jubon grana con dos leones -y dos castillos cruzados, bordados en el pecho; un calzon -de pié, anteado y ajustado, sin una arruga, borceguíes -grana bordados y con acicates de oro, y gola y -puños de encaje blancos; tocando su cabeza con un ancho -aro de metal, que así podia tomarse por birrete como -por corona; de debajo de la cual, asomando sobre la -frente el pelo cortado en redondo y cayendo por ambos -lados las dos guedejas rubias, encuadraban un rostro -copiado del busto del sepulcro del rey D. Pedro en Santo -Domingo el Real. Era Cárlos Latorre un hombre de -notables proporciones y correccion de formas: sus piernas -y sus brazos, clásicamente modelados, daban movimiento -á su figura con la regularidad académica de las -de los relieves y modelos de la estatuaria griega: siempre -sobre sí, en reposo y en movimiento, estaba siempre -en escena; y ni el aplauso ni la desaprobacion le hacian -jamás salirse del cuadro ni descomponerse en él. Al empezar -el acto segundo, su figura semi-colosal, vestida de -ante y de grana, se destacaba sobre el fondo pardo de un<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> -telon que representaba un muro de vieja fábrica, reposando -perfectamente sobre su centro de gravedad, ligeramente -escorzada y en actitud tan intachable como -natural; y así permaneció inmóvil, hasta que el público -aplaudió tan bello recuerdo plástico del rey caballero á -quien iba á representar; y no rompió á hablar hasta que -el general aplauso espiró en el silencio de la atencion: -parecia que allí comenzaba el drama. El gigante habia -tenido en cuenta el consejo del muchacho pigmeo, y el -actor habia ganado para sí al público que tan hosco se -mostraba con el autor.</p> - -<p>En la escena endecasílaba con Juan Pascual desplegó -Cárlos todas sus poderosas facultades orales y toda la -clásica maestría de su dominio de la escena; la cual estaba -estudiada con tan minucioso cuidado, que tenian -marcado su sitio los piés de los comparsas, los de Juan -Pascual y los suyos para la escena penúltima; y al decir -al conspirador que si el cielo se desplomara sobre su cabeza -le veria caer sin inclinarla, rugió como un leon -estremeciendo al auditorio; y al barrer, despues de un -gallardísimo molinete de su tremendo mandoble, las -once espadas de los conjurados, al tiempo que el antiguo -zapatero Blas abria tras él la puerta de salvacion, el público -entero se levantó en pró del rey que tan bien se -servia de sus armas, y aplaudió entusiasta la promesa de -su vuelta para el acto siguiente. El actor habia ganado -la primera jugada de una partida de tres. El rey habia -derrotado el ala derecha del enemigo: el público no habia -visto jamás un combate tan bien ensayado en los teatros -de Madrid, y pedia ¡el autor! que no parecia. Alzóse el -telon sobre Cárlos Latorre; y cuando éste, dirigiendo la -vista á mi palco me dirigia una mirada de indefinible satisfaccion, -esperando que yo saltase á la escena para<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span> -compartir con él un triunfo que era solamente suyo, -oyó con asombro á Felipe Reyes, <i>autor de la compañía</i>, -decir: «Señores, el nombre del autor está en el cartel y -el Sr. Zorrilla en su palco; pero suplica al público que -no insista en su presentacion, porque tiene mucho miedo -al tercer acto.»</p> - -<p>El público de entónces entraba en el teatro á ver la -representacion y se embebecia con lo que en ella pasaba; -entendió que mi miedo era natural y no insistió en -llamar al autor; pero continuó aplaudiendo, ayudado de -<i>mis amigos</i> que me tenian aplazado y me esperaban en -el acto tercero.</p> - -<p>Levantóse el telon para éste. Era la primera vez que -se veia la escena sin bastidores: Aranda, malogrado é -incomparable escenógrafo, presentó la terraza de la -torre de Montiel dos piés mas alta que el nivel del escenario; -de modo que parecia que los cuatro torreones que -la flanqueaban surgian verdaderamente del foso, y que -los personajes se asomaban á las almenas; desde las cuales -se veian en magistralmente calculada perspectiva las -blancas y diminutas tiendas del lejano campamento del -Bastardo, destacándose todo sobre un telon circular de -cielo y veladuras cenicientas, representacion admirable -de la atmósfera nebulosa de una noche de luna de invierno. -El pendon morado de Castilla, clavado en medio -de la terraza en un pedestal de piedra, se mecia por -dos hilos imperceptibles, como si el aire lo agitára, y el -aire entraba verdaderamente en la sala por el escenario, -desmontado y abierto hasta la plaza del Angel. La silueta -fina de la Teodora, cuya pequeña y graciosa cabeza, -tocada con sus ricas trenzas negras, se dibujaba -sobre el blanquecino celaje, animaba aquel cuadro sombrío, -cuya ilusion era completa. Cárlos y Lumbreras<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span> -yacian absortos en profunda meditacion en los dos -ángulos del fondo, de espaldas al público, que aplaudió -largo rato, y el pintor continuaba el triunfo del actor. -Teodora dió á sus breves escenas una melancolía tan -poética, Lombía al suyo una resignacion tan adustamente -resuelta, y prepararon tan maestramente la escena -fantástica del fatalismo bajo el cual se iba á presentar -el rey D. Pedro, que cuando éste se levantó, el público -estaba profundamente identificado con aquella absurda -y fantástica situacion. Oyóse en silencio todo el acto; -colocóse Lumbreras (Men-Rodriguez de Sanábria) sobre -el torreon del fondo de la izquierda, y salió el rey con -la lámpara del judío. Cárlos, al colocarla sobre el pedestal, -me echó una mirada que queria decir: ¡Y la sombra! -Yo permanecí impasible para no turbarle, y empezó su -monólogo con el temblor del miedo que tenia á la sombra, -y que hizo, por lo mismo que era un miedo real, -un efecto maravillosamente pavoroso en los espectadores. -<i>¡Brotó la llama!</i> dijo el rey D. Pedro, y apareció -detrás de él, cenicienta, callada é inmoble, la sombra -transparente de D. Enrique sobre el oscuro torreon: -asombróse Cárlos de verla tan al contrario de como la -esperaba; identificóse con su papel, creciéndose hasta -la fiebre que se llama inspiracion: y cómo dijo aquel actor -aquellas palabras, cómo soltó aquella carcajada histérica -y cómo cayó riéndose y extremeciendo al público -de miedo y de placer, ni yo puedo decirlo, ni -concebirlo nadie que no lo haya visto.</p> - -<p>El público y el huracan entraron en el teatro: mis amigos -ahullaban de placer de haber sido vencidos; Aranda -y Cárlos Latorre habian convertido en éxito colosal el -atrevido desatino de un muchacho, y la empresa habia -parado con él á la fortuna en el despacho de billetes de su<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> -arrinconado teatro. Cuando Lumbreras anunció <i>¡el farol!</i> -y se apercibió éste del tamaño de una nuez sobre la -mirmidónica tienda de Duglesquin, ya nadie escuchó la -salida del rey. Cárlos, rendido y anheloso, volvió á la -escena con Teodora, Noren y Lumbreras á recibir los -aplausos del público, á cuyos gritos de «¡el autor!» volvió -á presentarse Felipe Reyes y á decir medio espantado: -que yo tenia más miedo al cuarto acto que al tercero.</p> - -<p>El por entónces teniente coronel Juan Prim, que no -me conocia más que por haberme encontrado várias -veces en el tiro de pistola, y que se habia apercibido del -elemento hostil que yo tenia en la sala, aplaudia de pié -en su luneta, dispuesto á sostenerme á todo trance, comprendiendo -todo el riesgo de mi negativa.</p> - -<p>Cárlos me envió á decir que «no estirase tanto la -cuerda que la rompiese.» Yo habia ensayado mi obra á -conciencia: sabia cómo iban á hacer la escena de la -tienda Cárlos y Mate, y fiaba además en la presencia del -embajador francés en la de D. Pedro con Beltran de -Claquin. Esperé, pues, el acto cuarto sin moverme del -fondo de mi proscenio, y mi cálculo no salió fallido.</p> - -<p>La tienda del acto cuarto estaba tan bien preparada -por Aranda como la torre de Montiel: Cárlos dijo sus -redondillas á los franceses con un brío tan despechado, -hizo una transicion tan maestra como inesperada en la -que empieza <i>sí</i>, <i>si vosotros, señores</i>, é hicieron por fin la -suya él y Mate con tal verdad, que sólo pudo serlo más -la realidad de la de Montiel.</p> - -<p>Al cerrarse la tienda sobre la lucha de los dos hermanos, -el público quedó en el mas profundo silencio; pero -la salida de Mate pálido, sin casco, desgreñado y saltadas -las hebillas de la armadura, arrancó un aplauso<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -igual al de la presentacion del rey D. Pedro en el acto -segundo. Mate, casi tan alto como Cárlos, pero flaco y -herido de la tísis de que murió, se presentó trémulo del -cansancio y del miedo de la lucha, recordando la siniestra -fantasma aparecida en el torreon, y dió á su papel -una poesía y unos tamaños que no habia sabido darle -el autor. Cuando él concluia su parlamento, cubria yo -con mi capa y su manto á Cárlos Latorre; que, tendido -en la tienda, esperaba jadeante de cansancio y de -emocion á que el infante mostrase á Blas Perez su cadáver. -Cuando nos presentamos todos al público, me tenia -de la mano como con unas tenazas: y cuando caido el -telon por última vez, me cogió en brazos para besarme, -creí que me deshacía al decirme las únicas y curiosas -palabras con que acertó á expresarme su pensamiento, -que fueron: «¡diablo de chiquitin!» y me dejó en tierra.</p> - -<p>Así se ensayó y se puso en escena la segunda parte -de <i>El Zapatero y el Rey</i>, el año 41 ó 42, no lo recuerdo -con exactitud: tal era la fraternidad que entónces reinaba -entre autores y actores; tal era el cariño y entusiasmo -del público por los de entónces, y tan poco consistentes -sus ojerizas y enemistades, que el menor éxito -las vencia, y el soplo vital de la lealtad las disipaba.</p> - -<p>Un pormenor digno de no ser olvidado. Llevaba ya -<i>El Zapatero y el Rey</i> treinta y tantas representaciones que -habian producido sobre veinte mil duros, estaban ya -pagados hasta los espabiladores, y aun no le habia ocurrido -á la empresa que me debia seis meses de sueldo y -el precio del drama con que se habia salvado. Siempre -en España ha sido considerado el trabajo del ingenio -como la hacienda del perdido y la túnica de Cristo, de -las cuales todo el mundo tiene derecho á hacer tiras y -capirotes.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span></p> - -<p>Hasta que el viejo juez Valdeosera se presentó una -noche á intervenir la entrada, no cayeron en la cuenta -Salas y Lombía de que no podíamos los poetas vivir -del aire, y se apresuraron á darme paga cumplida con -intereses y sincera satisfaccion, y era que realmente, con -la más cándida impremeditacion, se habian olvidado recogiendo -los huevos de oro del que les habia traido la -gallina que los ponia.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XI.</h2> - -<p class="center i2"><i>De cómo se escribieron y representaron algunas de mis -obras dramáticas.</i></p> - -<p class="center i2">SANCHO GARCÍA.—EL CABALLO DEL REY DON SANCHO.</p> - - -<p class="p2">Continuaba la competencia de los teatros del Príncipe -y de la Cruz, dirigidos por Romea y Lombía, y -continuaba yo comprometido á escribir sólo para -el de la Cruz, miéntras en su compañía conservara -su empresario á Cárlos Latorre y á Bárbara Lamadrid; -yo era, pues, el único poeta que no ponia los piés -en el saloncito de Julian Romea, porque yo no he vuelto -jamás la cara á lo que una vez he dado la espalda. -No era yo, empero, un enemigo de quien se pudieran -temer traiciones ni bastardías; es decir, guerra baja ni -encubierta de críticas acerbas y de intrigas de bastidores: -yo tenia mi entrada en el Príncipe, á cuyas lunetas -iba á aplaudir á Julian y á Matilde, pero no escribia -para ellos; era su amigo personal y su enemigo artístico; -era el aliado leal de Lombía, y le ayudaba á dar sus -batallas llevando á mi lado á Bárbara Lamadrid y á -Cárlos Latorre, con cuyos dos atletas le dí algunas victorias -no muy fácilmente conseguidas, algunos puñados<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span> -de duros y algunas noches de sueño tranquilo. Pero la -lucha era tan ruda como continuada: duró cinco años. -En ellos nos dió Hartzenbusch su <i>D. Alfonso el Casto</i> y -su <i>Doña Mencía</i>, una porcion de primorosos juguetes -en prosa y verso, y las dos mágias <i>La redoma</i> y<i> Los -polvos</i>: diónos García Gutierrez el <i>Simon Bocanegra</i>, que -vale mucho más de lo en que se le aprecia, y defendió su -teatro el mismo Lombía, metiéndose á autor con el arreglo -de <i>Lo de arriba abajo</i>, que alcanzó un éxito fabuloso. -Teníamos además unos auxiliares asíduos en Doncel -y Valladares, que escribian á destajo para la actriz más -preciosa y simpática que en muchos años se ha presentado -en las tablas: la Juanita Perez, quien con Guzman -en <i>No más muchachos</i> y en <i>El pilluelo de París</i>, -habia hecho las delicias del público desde muy niña. -La Juana Perez era de tan pequeña como proporcionada -personalidad; con una cabeza jugosa, rica en cabellos, -de contornos purísimos, de facciones menudas y móviles -y ojos vivísimos; su voz y su sonrisa eran encantadoras, -y se sostenia por un prodigio de equilibrio en dos -piés de inconcebible pequeñez, sirviéndose de dos tan -flexibles como diminutas manos. Cantaba muy decorosa -y señorilmente unas canciones picarescas que rebosaban -malicia; y vestida de muchacho hacia reir hasta á los -mascarones dorados de la embocadura, y hubiera sido -capaz de hacer condenarse á la más austera comunidad -de cartujos.</p> - -<p>La Juana Perez, cuya gracia infantil prolongó en ella -el juvenil atractivo hasta la edad madura, no pasó jamás -en las tablas de los diez y siete años; y fué, miéntras las -pisó, el encanto y la desesperacion del sexo feo de -aquel tiempo, que la vió pasar ante sus ojos como la <i>fée -aux miettes</i> del cuento de Charles Nodier. Auxiliáronnos<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span> -poderosamente el primer año las dos espléndidas figuras -de las hermanas Baus, Teresa y Joaquina; madre esta -última de nuestro primer dramático moderno Tamayo -y Baus, y heredera y continuadora de la buena tradicion -del teatro antiguo de Mayquez y Carretero. Pero ni la -tenacidad atrevida de Lombía, ni el talisman de la gracia -de la Juana Perez, ni nuestra avanzada de buenas mozas -como las Baus, y la retaguardia de buenas actrices -como la Bárbara, la Teodora y la Sampelayo, nos bastaban -para contrarestar la insolente fortuna de Julian -Romea, la justa y creciente boga de Matilde, que hechizaba -á los espectadores, y la infatigable fecundidad -de Ventura de la Vega, que les daba cada quince dias, -convertido en juguete valioso ó en ingeniosísima comedia, -un miserable engendro francés; en cuyo arreglo -desperdiciaba cien veces más talento del que hubiera -necesitado para crear diez piezas originales. Julian y -Matilde contaban sus quincenas por triunfos, y á los de -<i>La rueda de la fortuna</i>, de Rubí, al <i>Muérete y verás</i> y -á las trescientas obras de Breton, y á <i>Otra casa con dos -puertas</i>, de Ventura, no teníamos nosotros que oponer -más que las repeticiones del <i>D. Alfonso el Casto</i>, <i>Simon -Bocanegra</i> y <i>D.ª Mencía</i>, y las mágias de Hartzenbusch, -con los arreglos de dramas de espectáculo que se elaboraba -Lombía, asociado á Tirado y Coll, é impelidos los -tres por el fecundísimo Olona.</p> - -<p>Mi <i>Rey D. Pedro</i>, mi <i>Sancho García</i>, mi <i>Excomulgado</i>, -mi <i>Mejor razon la espada</i>, mi <i>Rey loco</i> y mi <i>Alcalde -Ronquillo</i>, contribuyeron á nuestro sostén, gracias al -concienzudo estudio, á la inusitada perfeccion de detalles -y á la perpétua atencion con que me los representaban -Cárlos Latorre y Bárbara Lamadrid; quienes encariñados -con el muchacho desatalentado que para ellos<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span> -los escribia, considerándole como á un hijo mal criado á -quien se le mima por sus mismas calaveradas y á quien -se adora por las pesadumbres que nos da, me sufrian -mis exigencias, se amoldaban á mis caprichos y se doblegaban -á mi voluntad, de modo, que en la representacion -de mis obras no parecian los mismos que en las -de los demás, y los demás se quejaban de ellos, y con -razon; pero no habia culpa en nadie. Cárlos Latorre habia -conocido á mi padre, á quien debió atenciones extrañas -á aquella <i>ominosa década</i>; Cárlos Latorre, de -estatura y fuerzas colosales, me sentaba á veces en sus -rodillas como á sus propios hijos, y me preguntaba -cómo yo habia imaginado tal ó cual escena que para él -acababa yo de escribir: él me contradecia con su experiencia -y me revelaba los secretos de su personalidad en -la escena, y daba forma práctica y plástica á la informe -poesía de mis fantásticas concepciones: estudiábamos -ambos, él en mí y yo en él los papeles, en los cuales -identificábamos los dos distintos talentos, con los cuales -nos habia dotado á ambos la naturaleza, y... no necesito -decir más para que se comprenda cómo hacia -Cárlos mis obras, como un padre las de su hijo; yo era -todo para el actor, y el actor era todo para mí.</p> - -<p>Con Bárbara Lamadrid, mujer y mujer honestísima é -intachable, mi papel era más difícil, mi amistad y mi -intimidad necesitaban otras formas; pero, actriz adherida -á Cárlos, compañera obligada en la escena de aquella -figura colosal, <i>dama</i> imprescindible de aquel <i>galan</i> -en mis dramas, necesitaba el mismo estudio, la misma -inoculacion de mis ideas innovadoras y revolucionarias -en el teatro, y yo la trataba como á una hermana menor, -á quien unas veces se la acaricia y otras se la riñe; -yo la decia sin reparo cuanto se me ocurria; la hacia re<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>petir -diez veces una misma cosa, no la dejaba pasar la -más mínima negligencia, la ensayaba sus papeles como -á una chiquilla de primer año de Conservatorio; y á veces -se enojaba conmigo como si verdaderamente lo fuese, -hasta llorar como una chiquilla, y á veces me obedecia -resignada como á un loco á quien se obedece por -compasion; pero convencida al fin de mi sinceridad, del -respeto que su talento me inspiraba, y de la seguridad -con que contaba yo siempre con ella para el éxito de -mis obras, hacia en ellas lo que en <i>Sancho García</i>, lo que -es lamentable que no pueda quedar estereotipado para -ser comprendido por los que no lo ven. ¡Desventura inmensa -del actor cuyo trabajo se pierde con el ruido de -su voz y desaparece trás del telon!</p> - -<p>En la escena con Hissem y el judío reveló la fascinacion -que la supersticion ejercia en el alma enamorada -de la mujer; tradujo tan vigorosamente el poder de una -pasion tardía en una mujer adulta, que traspasó al público -la fascinacion del personaje, suprema prueba del -talento de una actriz. En las escenas sexta y sétima -del acto tercero se hizo escuchar con una atencion que -sofocaba al espectador, que no queria ni respirar. Bárbara -tenia mucho miedo al monólogo: en el segundo entreacto -me habia suplicado que se le aligerara, y Cárlos -y yo no habíamos querido: Bárbara acometió su monólogo -desesperada, conducida por delante por el inteligente -apuntador, y acosada por su izquierda por mí que -estaba dentro de la embocadura, en el palco bajo del -proscenio. Cárlos y yo la habíamos dicho que si no arrancaba -tres aplausos nutridos en el monólogo, la declararíamos -inútil para nuestras obras; y comenzó con un -temblor casi convulsivo, y llegó en el más profundo silencio -hasta el verso vigésimo cuarto; pero en los cuatro<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span> -siguientes, al expresar la lucha del amor de madre con -el amor de la mujer, y al decir</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">«Hijo mio... ¡ay de mí! me acuerdo tarde,»</div> -</div></div></div> - -<p>hizo una transicion tan magistral, bajando una octava -entera despues de un grito desgarrador, que el público -estalló en un aplauso que extremeció el coliseo. Crecióse -con él la actriz; entró en la fiebre de la inspiracion; -hizo lo imposible de relatar; y cuando exclamó concluyendo, -con el acento profundo y las cóncavas inflexiones -del de la más criminal desesperacion,</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">«para uno de los dos guarda esa copa,</div> -<div class="line">de la callada eternidad la llave!»</div> -</div></div></div> - -<p>quedó Bárbara inmóvil, trémula, inconsciente de lo que -habia hecho, ajena y sin corresponder con la más mínima -inclinacion de cabeza á los aplausos frenéticos, que -tuvo que interrumpir Cárlos Latorre presentándose á -continuar la representacion, sacando á Bárbara de su -absorcion con el «¡Madre mia!» de su salida.</p> - -<p>Así hacian Cárlos y Bárbara <i>Sancho García</i>. Aún -vive: pregúntenselo mis lectores á Bárbara, y que diga -ella cuántos malos ratos la dí con el ensayo y cuántas -noches insomnes la hice pasar con el estudio de mis papeles; -cuántas lágrimas la hice derramar y cuántas veces -la hice detestar su suerte de actriz; pero que diga tambien -si tuvo nunca amigo más leal ni aplausos y ovaciones -como las de mi <i>Sancho García</i>. Hoy siento orgullo -con tal recuerdo, y me congratulo de poderla dar este -testimonio de mi gratitud treinta y ocho años despues de -aquella representacion.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span></p> - -<p>Lombía, por su parte, lo inventó y lo intentó todo -en aquellos cuatro años para sostener nuestro teatro de -la Cruz enfrente del afortunado del Príncipe. A su iniciativa -se debió que Basili, Salas, Ojeda y Azcona -echaran los fundamentos de la Zarzuela con la escena -de <i>La pendencia</i> y <i>El sacristan de San Lorenzo</i>, y -otras parodias de <i>Norma</i>, <i>Lucía</i> y <i>Lucrecia</i>, en las cuales -despuntó Caltañazor, y concluyó por presentar <i>La -lámpara maravillosa</i>, baile maravillosamente decorado -por Aranda y Avrial, ejecutado por la familia Bartholomin, -cuya primera pareja, Bartholomin-Montplaisir, fué -reforzada con un cuerpo de baile de andaluzas y aragonesas; -de cuyos cuerpos se han perdido los moldes, y -de cuyas modeladuras no quiero acordarme, por no quitar -tres meses de sueño á los que no las vieron con aquellos -vestidos, que no eran más que un pretesto para salir -en cueros.</p> - -<p>En el verano del 40 ó del 41, ántes de que estas huríes -hicieran un infierno del teatro de la Cruz, reclamó Lombía -de mí una comedia de espectáculo, en ausencia de -Cárlos Latorre, que veraneaba por las provincias. Los -actores sérios y jóvenes se habian ido con Cárlos, y el -trabajo cómico de Lombía, no acomodándose con el -mio patibulario, no sabia yo cómo salir de aquel compromiso -ineludible, segun mi contrato con la empresa. -Apurábame Lombía, y devanábame yo los sesos -trás del argumento por él pedido, sin que él aflojara un -punto en su demanda y sin que yo me atreviera á decirle -que no éramos el uno para el otro. Acosábale á él tal -vez la secreta comezon de abordar el drama en ausencia -de Cárlos, y pesábame á mí tener que escribir para otro -que no fuera aquel único modelo del galan clásico del -drama romántico; costaba mucho á mi lealtad lo que tal<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span> -vez podia parecer una traicion á Cárlos Latorre, y -¡Dios me perdone mi mal juicio! pero tengo para mí -que Lombía tenia la mala intencion de hacérmela cometer. -Impacientábase Lombía y desesperábame yo de -no dar con un asunto á propósito, lo que ya le parecia, -vista mi anterior fecundidad, no querer escribir para él, -cuando una tarde, obligado á trabajar un caballo que yo -tenia entablado hacia ya muchos dias, salia yo en él -por la calle del Baño para bajar al Prado por la Carrera -de San Jerónimo. Era el caballo regalo de un mi pariente, -Protasio Zorrilla, y andaluz, de la ganadería de Mazpule, -negro, de grande alzada, muy ancho de encuentros, -muy engallado y rico de cabos, y llevábale yo con mucho -cuidado, miéntras por el empedrado marchaba, por -temor de que se me alborotase. Cabeceaba y braceaba -el animal contentísimo de respirar el aire libre, cuando, -al doblar la esquina, oí exclamar á uno de tres chulos -que se pararon á contemplar mi cabalgadura: «Pues miá -tú que es idea dejar á un animal tan hermoso andar sin -ginete.»</p> - -<p>La verdad era que siendo yo tan pequeño, no pasaban -mis piés del vientre del caballo; y visto de frente, -no se veia mi persona detrás de su engallada cabeza y -de sus ondosas y abundantes crines. Por mas que fuera -poco halagüeña para mi amor propio la chusca observacion -de aquellos manolos, el de montar tan hermosa -bestia me hizo dar en la vanidad de lucirla sobre -la escena, y ocurrírseme la idea de escribir para ello mi -comedia <i>El caballo del rey D. Sancho</i>. Rumié el asunto -durante mi paseo, registré la historia del Padre Mariana -de vuelta á mi casa, y fuíme á las nueve á proponer á -Lombía el argumento de mi comedia, advirtiéndole que -debia de concluir en un torneo, en cuyo palenque debia<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> -él de presentarse armado de punta en blanco, ginete -sobre mi andaluz caparazonado y enfrontalado.</p> - -<p>Aceptó la idea de la comedia, plúgole la del torneo -final y halagóle la de ser en él ginete y vencedor. Puse -manos á mi obra aquella misma noche, y díla completa -en veinte y dos dias. El señor duque de Osuna, hermano -y antecesor del actual, á quien me presentó y cuya -benevolencia me ganó el conde de las Navas, puso á mi -disposicion su armería, de la cual tomé cuantos arneses -y armas necesité para el torneo de mi drama, cuya última -decoracion del palenque trás de la tienda real montó -Aranda con un lujo y una novedad inusitadas.</p> - -<p>Pasóse de papeles mi drama; ensayóse cuidadosamente -y conforme á un guion, que los directores de escena -hacen hoy muy mal en no hacer, y llegó el momento de -enseñar su papel á mi caballo. Metíle yo mismo una -mañana por la puerta de la plaza del Angel, desde la -cual subian los carros de decoraciones y trastos por una -suave y sólida rampa hasta el escenario: subió tranquilo -el animal por aquella, pero al pisar aquél, comenzó á -encapotarse y á bufar receloso, y al dar luz á la batería -del proscenio, no hubo modo de sujetarle y ménos de -encubertarle con el caparazon de acero. Lombía anunció -que ni el Sursum-Corda le haria montar jamás tan -rebelde bestia, y estábamos á punto de desistir de la representacion, -cuando el buen doctor Avilés nos ofreció -un caballo isabelino, de tan soberbia estampa como -extraordinaria docilidad, que aguantó la armadura de -guerra, la batería de luces y en sus lomos á Lombía, -que no era, sea dicho en paz, un muy gallardo ginete.</p> - -<p>La primera representacion de este drama fué tal vez -la más perfecta que tuvo lugar en aquel teatro: Lombía -se creció hasta lo increible: é hizo, como director de es<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>cena, -el prodigio de presentar trescientos comparsas -tan bien ensayados y unidos, que se hicieron aplaudir -en un palenque de inesperado efecto; y Bárbara Lamadrid, -para quien fueron los honores de la noche, llevó -á cabo su papel con una lógica, una dignidad tales, que -al perdonar al pueblo desde la hoguera y á su hijo en -el final, oyó en la sala los más justos y nutridos aplausos -que habian atronado la del teatro de la Cruz.</p> - -<p>Pero aquel drama no pudo quedar de repertorio; hubo -que devolver las armaduras al señor duque de Osuna y -el caballo al doctor Avilés, y... ni mereció los honores -de la crítica, ni ningun empresario se ha vuelto á acordar -de él, ni yo, que de él me acuerdo en este artículo, -recuerdo ya lo que en él pasa. En cambio, al fin de aquel -mismo año se escribió otro que todo el mundo conoce, -que no hay aficionado que no haya hecho con gusto y -aplauso, de cuyo orígen se han propalado las más absurdas -suposiciones, que me ha valido tanta fama como -al mismo <i>D. Juan Tenorio</i>, y en cuya representacion -no han dado jamás pié con bola más que los tres actores -que, bajo mi direccion, lo estrenaron: Latorre, Pizarroso -y Lumbreras; hablo de <i>El puñal del godo</i>, del -cual me voy á ocupar en el siguiente número.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<h2>XII.<br /> - -EL PUÑAL DEL GODO.</h2> - - -<h3>I.</h3> - -<p>Acababa de estrenarse Sancho García y espiraba el -tercero dia de Diciembre de 1842. Trabajaba yo -aprovechando la luz que comenzaba á cambiarse -en crepúsculo, cuando un avisador del teatro me -trajo un billete de Lombía, en el cual me suplicaba -que no dejara de ir á la representacion de aquella noche, -porque deseaba tener conmigo una entrevista de -diez minutos.</p> - -<p>Ya Lombía, á imitacion de Romea, tenia una antecámara -en la cual se reunian sus autores favoritos y sus -amigos íntimos, como los de Julian en el saloncito del -teatro del Príncipe. De aquel venian algunos que escribian -para ambos teatros, y que como Hartzenbusch y -García Gutierrez no formaban pandillaje; porque su talento, -formalidad y reputacion, les habian ya colocado -muy encima de todo mezquino espíritu de partido. Yo -no iba nunca al saloncito del Príncipe é iba poco á la -antecámara de Lombía, pero asistia contínuamente á mi<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> -palco de proscenio para estudiar mis actores, y bajaba -en los entreactos á saludar á Cárlos Latorre y á la Bárbara, -las noches que trabajaban. Aquella era de Lombía; -en el primer entreacto me aboqué con él en su cuarto y -trabamos inmediatamente conversacion, presentes Hartzenbusch, -Tomás Rubí, Isidoro Gil y no recuerdo quiénes -más. Hé aquí en resúmen nuestro diálogo:</p> - -<p><i>Lombía.</i>—La empresa espera de V. un señalado servicio.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Debo servirla segun mi contrato y segun mis -fuerzas.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Sabe V. que es costumbre que las funciones -de Noche-Buena sean beneficio de la compañía, -repartiéndose sus productos á prorrata entre todos sus -actores y empleados segun su clase.</p> - -<p>Agucé yo el oido sintiendo abrir una trampa en la -que se trataba de hacerme caer, y continuó Lombía diciéndome:</p> - -<p>Sabe V. que Cárlos Latorre no toma nunca parte en -las funciones de Navidad, so pretesto de que en el género -cómico de estas alegres representaciones no cabe -el suyo trágico; de modo que cobra y se pasea desde -Navidad á Reyes. Queremos que comparta este año con -nosotros el trabajo de tales dias, y no hay más que un -medio con el cual se avenga, y es, que se le escriba una -pieza nueva, y la empresa ha pensado en V.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Estamos á 13, y por breve que sea el trabajo...</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Deberia estar concluido el 17; copiado y -repartido, el 18; estudiado, el 19 y el 20; ensayado el -21 y 22, y representado el 24.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Imposible: me faltan tres escenas y copiar el tercer -acto de la segunda obra, que debo entregar á ustedes -ántes de año nuevo; si la interrumpo no la concluyo;<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> -no puedo, pues, ocuparme de nada más hasta el 17, y -ya no es tiempo.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—No quiere V. servir á la empresa por no -contrariar á su amigo.—(Lombía partia siempre del -principio de que yo era mejor amigo de Cárlos que suyo.)</p> - -<p><i>Yo.</i>—Mi obligacion es primero que mi amistad.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Su excusa de V. nos prueba lo contrario.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Voy á hacer á V. una propuesta que le asegure -de mi buena fé. Concluiré mi trabajo el 16: en su noche -volveré aquí; y si para entónces el Sr. Hartzenbusch -se ocupa de encontrarme un argumento para un drama -en un acto, yo me comprometo á escribirlo el 17 y presentarlo -el 18.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Propuesta evasiva: con decir que el argumento -que á V. se le dé no es de su gusto....</p> - -<p><i>Yo.</i>—El Sr. Hartzenbusch sabe el respeto en que le -tengo, y todos Vds. saben que sigo sus consejos y acepto -sus correcciones como de mi superior y maestro. He -buscado al Sr. Hartzenbusch en dos situaciones difíciles -de mi vida; sabe todos los secretos de mi casa, es en -ella como mi hermano mayor, y lo que él me diga que -haga, eso haré yo, como mejor hacerlo sepa.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Se conoce que ha estudiado V. con los jesuitas: -sus palabras de V. son tan suaves como escurridizas. -Si no quiere V. no hablemos más.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Mi última proposicion. Traiga V. aquí el 16 -por la noche un ejemplar de la historia del P. Mariana; -le abriremos por tres partes, desde la época de los godos -hasta la de Felipe IV: leeremos tres hojas de cada -corte en sus hojas hecho; y si en las nueve que leamos -tropezamos con algo que nos dé luz para un asunto dramático, -lo amasaremos entre todos, yo lo escribiré como -Dios me dé á entender, y el jesuita Mariana abonará la<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span> -fé del discípulo de los jesuitas del Seminario de Nobles.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Propuesta aceptada.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Pues hasta el 16 á las siete.</p> - -<p>En tal dia y en tal hora, concluido mi trabajo, volví -á presentarme en el teatro de la Cruz, donde Hartzenbusch, -Rubí y algunos otros de quienes no me acuerdo, -me esperaban con Lombía, que tenia sobre la mesa una -<i>Historia de España</i>. Metimos tres tarjetas por tres páginas -distintas, y en el primer corte tropezamos, en el -capítulo XXIII del libro sétimo, estas palabras sobre el -fin de la batalla de Guadalete y muerte del rey D. Rodrigo: -«Verdad es que, como doscientos años adelante, -en cierto templo de Portugal, en la ciudad de Viseo, -se halló una piedra con un letrero en latin, que vuelto -en romance dice:</p> - -<p><span class="smcap">AQUI REPOSA RODRIGO, ULTIMO REY DE LOS GODOS.</span></p> - -<p>Por donde se entiende que, salido de la batalla, huyó -á las partes de Portugal.»</p> - -<p>Al llegar aquí, dije yo: «Basta: un embrion de drama -se presenta á mi imaginacion. ¿Con qué actores y -con qué actrices cuento? Necesito á Cárlos, á Bárbara -y á lo ménos dos actores más.» Y miéntras esto decia, -me rodaban por el cerebro las imágenes de Pelayo, don -Rodrigo, Florinda y el conde D. Julian.—Lombía dijo: -«Imposible disponer de Bárbara.»—«Pues Teodora, repuse -yo.»—«Tampoco; la cuesta mucho estudiar, replicó -Lombía.»—«Pues Juanita Perez, ni la Boldun, no -me sirven para mi idea, repuse.»—«Pues compóngase -usted como pueda, exclamó por fin Lombía: tiene V. á -Cárlos, á Pizarroso y á Lumbreras: <i>los tres de V.</i> Van -á levantar el telon y no quiero faltar á mi salida. ¿En -qué quedamos? ¿Es V. hombre de sostener su palabra?»</p> - -<p>Picóme el amor propio el tonillo provocativo de<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span> -Lombía, y sin reflexionar, tomé mi sombrero y dije saliendo -tras él de su cuarto: «Mañana á estas horas quedan -Vds. citados para leer aquí un drama en un acto.—Buenas -noches.</p> - -<p>—¿Apostado? me gritó Lombía dirigiéndose á los bastidores.</p> - -<p>—Apostado: me darán Vds. de cenar en casa de -Próspero; respondí yo echándome fuera de ellos por la -puerta de la plaza del Angel.</p> - -<p>Poco trecho mediaba de allí á mi casa, núm. 5 de la -de Matute: poco tiempo tuve para amasar mi plan, pero -tampoco tenia minuto que perder. Me encerré en mi -despacho: pedí una taza de café bien fuerte, dí órden de -no interrumpirme hasta que yo llamara, y empecé á escribir -en un cuadernillo de papel la acotacion de mi -drama. «Cabaña, noche, relámpagos y truenos lejanos.—<span class="smcap">Escena -primera.</span>» Yo no sabia á quién iba á presentar -ni lo que iba á pasar en ella: pero puesto que iba á -desarrollarse en una cabaña, debia por álguien estar -habitada: ocurrióme un eremita, á quien bauticé con el -nombre de Romano por no perder tiempo en buscarle -otro; y como lo más natural era que un ermitaño se encomendase -á Dios en aquella tormenta que habia yo -desencadenado en torno suyo, mi monje Romano se puso -á encomendarse á Dios, miéntras yo me encomendaba -á todas las nueve musas para que me inspiraran el modo -de dar un paso adelante. Pensé que si el monje y yo no -nos encomendábamos bien á nuestros dioses respectivos, -corria el riesgo de meterme, empezando mal, en un pantano -de banalidades del que no pudieran sacarme ni todos -los godos que huyeron de Guadalete, ni todos los -moros que á sus márgenes les derrotaron.</p> - -<p>Llevaba ya el monje rezando treinta y seis versos, y<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> -era preciso que dijera algo que preparara la aparicion -de otro personaje; que era claro que si andaba por el -monte á aquellas horas y con aquel temporal, debia de -poner en cuidado al que abria la escena en la cabaña. -Decidíme por fin á atajar la palabra á mi monje romano -y escribí: <span class="smcap">Escena segunda</span>. <i>Sale Theudia</i>: y salió -Theudia; mas como no sabia yo aún quién era aquel -Theudia, le saqué embozado, y me pregunté á mí mismo: -¿Quién será este Sr. Theudia, á quien tampoco podia -tener embozado mucho tiempo en una capa, que no -me dí cuenta de si usaban ó no los godos? era preciso -empero desembozarle, y él se encargó de decirme quién -era: un caballero; por lo cual, y por su nombre, y por -su traje, tenia necesariamente que ser un godo; quien -trabándose de palabras con aquel monje que en la choza -estaba, me fué dando con los pormenores que en -ellas daba, la forma del plan que me bullia informe en -el cerebro; de modo que andando entre Theudia, el ermitaño -y yo á ciegas y á tientas con unos cuantos recuerdos -históricos y unas cuantas ficciones legendarias -de mi fantasía, cuando al fin de aquella larga escena -segunda escribí yo: <span class="smcap">Escena tercera</span>. <i>El ermitaño</i>, -<i>Theudia</i>, <i>Don Rodrigo</i>, ya comenzaba á ver un poco -más claro en la trama embrollada de mi improvisado -trabajo, y el cielo se me abrió en cuanto me ví con Cárlos -Latorre en las tablas; porque miéntras él estuviera -en ellas, era lo mismo que si en sus cien brazos me -tuviera á mí el gigante Briareo; porque estaba ya acostumbrado -á ver á Cárlos sacarme con bien de los atolladeros -en que hasta allí me habia metido, y á él conmigo -le habia arrastrado mi juvenil é inconsiderada -osadía.</p> - -<p>En cuanto me hallé, pues, con Cárlos, fiado en él,<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span> -me desembaracé del monje como mejor me ocurrió, y -me engolfé en los endecasílabos: cuando yo los escribia -para Cárlos Latorre en mis dramas, ya no veia yo en mi -escena al personaje que para él creaba, sinó á él que lo -habia de representar, con aquella figura tan gallarda y -correctamente delineada, con aquella accion y aquellos -movimientos, y aquella gesticulacion tan teatrales, tan -artísticos, tan plásticos, nunca distraido, jamás descuidado; -dominando la escena, dando movimiento, vida y -accion á los demás actores que le secundaban: así que -al entrar yo en los endecasílabos de la escena cuarta, me -despaché á mi gusto haciendo decir á D. Rodrigo cuanto -se me ocurrió, sin curarme del cansancio que iba á -procurar á un actor, que por fuerte que fuese era ya un -hombre de más de sesenta años con un papel que sostenia -solo todo mi drama; mas la inspiracion habia ya desplegado -todas sus alas, y no vacilé en añadirle el fatigosísimo -monólogo de la escena V para preparar la salida -del conde D. Julian. Aquí me amaneció: tomé chocolate -y leí lo escrito; parecióme largo y asombréme de -tal longitud, pero no habia tiempo de corregir; presentia -que me iba á cansar, y temiendo no concluir para -las siete, acometí la escena del conde con D. Rodrigo, -que me costó más que todo lo llevado á cabo, y me -faltó la luz del dia cuando escribia:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">Escucha, pues, ¡oh rey Rodrigo</div> -<div class="line">á cuánto llega mi rencor contigo!</div> -</div></div></div> - -<p>No me habia acostado, no habia comido, no podia -más y se acercaba la hora de la lectura. Me lavé, tomé -otra taza de café con leche, enrollé mi manuscrito y me -personé con él en el teatro de la Cruz. Leyóse; asom<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span>bréme -yo y asombráronse los que me escucharon; abrazóme -Hartzenbusch, y frotábase ya Lombía las manos -pensando en que la funcion de Navidad trabajaria Cárlos, -cuando éste dijo con la mayor tranquilidad: «Señores, -yo no tengo conciencia para poner esto en escena -en cuatro dias; esta obra es de la más difícil representacion, -y yo me comprometo á hacer de ella un éxito para -la empresa, si se me da tiempo para ponerla con el esmero -que requiere; miéntras que si la hacemos el 24 vamos -de seguro á tirar por la ventana el dinero de la empresa -y la obra es la reputacion del Sr. Zorrilla.</p> - -<p>Convinieron todos en la exactitud de lo alegado por -Latorre; mascó Lombía de través el puro que en la boca -tenia y... se dejó <i>El puñal del godo</i> para despues de las -fiestas; y tampoco aquel año trabajó en ellas Cárlos -Latorre.</p> - -<p>Así se escribió <i>El puñal del godo</i>. ¿Cómo lo puso en -escena aquel irreemplazable trágico?</p> - -<p>La representacion para el próximo lunes.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XIII.<br /> - -EL PUÑAL DEL GODO.</h2> - - -<h3>II.</h3> - -<p>Durante las fiestas de Navidad ocupóse Cárlos Latorre -del estudio de aquel repentino aborto de mi -irreflexivo ingenio, que habia yo escrito y leido en -veinticuatro horas y bautizado con el título de <i>El -puñal del godo</i>: y durante aquellos quince dias, habia -yo tenido tiempo para reflexionar sobre lo que habia -hecho.</p> - -<p>Debo yo á Dios una cualidad por la cual le estoy profundamente -agradecido; pero por la cual es probable -que no sea nunca respetado en mi patria: la de no dejarme -alucinar por los aplausos, y no creer por ellos que -mis obras son el non plus ultra de la perfeccion: como -yo sé mejor que nadie cómo y por qué las he escrito, -no tengo vanidad en ellas; y no solamente veo sus grandes -defectos, sinó que tampoco me ofende su crítica, -por más que muchas veces me las haya acerba, personal -y agresivamente flagelado.</p> - -<p>Desde que el 17 por la noche leí en el teatro de la<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -Cruz lo que en aquel dia y la noche anterior habia escrito, -habia yo comprendido que aquel <i>Puñal del godo</i>, -forjado en el breve tiempo y del modo que llevo dicho, -escribiéndolo ántes de pensarlo, creándolo y dándole forma -segun escribiéndolo iba, y fiándome al escribirlo en -que era Cárlos quien lo debia de representar en cuatro -dias, adolecia de gravísimos defectos, que hacian dificilísima -su representacion. Yo habia escrito sin juicio, sin -correccion y sin poder pararme á leer lo que escribia, -por miedo de perder los minutos que para concluir á -tiempo mi trabajo podian faltarme; por consiguiente, -mis personajes no decian en las cuatro primeras escenas -lo que debian para hacer comprender la accion á los espectadores, -sinó lo que yo me iba diciendo á mí mismo -para comprender mi pensamiento, que no se trababa y -desarrollaba en mi imaginacion, sino ya en el papel por -los puntos de mi pluma; la cual no podia volverse á -borrar una redondilla, sin perder sus cuatro versos y los -cuatro minutos empleados en escribirlos, no en pensarlos, -porque para pensar no tenia ni se me habia -concedido tiempo. Así en la escena IV endecasílaba, -parece que Theudia y D. Rodrigo se quieren desquitar -de lo que no han hablado desde la desastrosa jornada -del Guadalete. Fiado yo en Cárlos Latorre, que contaba -de una manera cuyos pormenores concienzudamente -estudiados en voz, posiciones, accion y fisonomía -avasallaban la atencion del auditorio constante y -crecientemente, puse en boca de D. Rodrigo aquella -fantástica historia del monje; figurándome conforme la -iba escribiendo cómo me la iba á poner en accion aquel -amigo gigante, que en sus brazos me levantó y á quien -debo la poca reputacion que como autor dramático he -obtenido.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p> - -<p>Y en verdad que, con sinceridad revelándoselo hoy -al público despues de treinta y ocho años, hasta que -hice decir á la vision del bosque en la narracion de -D. Rodrigo, que</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">él, á quien deshonró tu incontinencia,</div> -<div class="line">vendrá de crímen y vergüenza lleno</div> -<div class="line">con tu mismo puñal á hender tu seno,</div> -</div></div></div> - -<p>maldito si sabia yo aún en lo que habia de parar todo -aquello, que no era todavía más que la exposicion. Hasta -que brotó del diálogo aquel bienaventurado puñal, mi -mal perjeñado trabajo no tenia ni accion, ni final, ni título: -desde allí el drama lo es, y caminé desde allí resueltamente -á la escena VI, que es lo único que en él -tiene un valor real y un interés verdadero.</p> - -<p>Cuando nos reunimos por primera vez en el gabinete -octógono de su casa de la plaza de Santa Ana Cárlos y -yo, para tratar del reparto y ensayo de mi drameja, -me dijo Cárlos: «La espontaneidad con que ha escrito -usted <i>esto</i>, la exuberancia de versificacion en sus escenas -acumulada, hacen difícil su representacion. Yo no -quiero que corrija V. ni suprima una sola palabra; quitaria -V. á su obra su originalidad; quiero hacerla tal -como está; pero quiero que mis actores, conmigo, aseguren -el éxito de su estreno con el mismo lujo de pormenores -de que V. la ha colmado, y con tanto exceso -de estudio para representarla cuanto á V. le ha faltado -para escribirla. Escúcheme V., y vamos á ver si yo he -comprendido bien su pensamiento.»</p> - -<p>Latorre y yo teníamos siempre esta conferencia preliminar, -en la cual exponíamos mútuamente nuestra -manera de ver la accion de la obra que íbamos á poner<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span> -en escena: yo le decia cómo la habia yo concebido, y -él me decia cómo pensaba desarrollarla. Siguió, pues, -Cárlos diciéndome: «D. Rodrigo es en <i>El puñal del -godo</i> un rey acosado por dos grandes pasiones: la supersticion -del godo de su edad tosca, y la profunda melancolía -que en su corazon ha engendrado el vencimiento. -La concentracion en sí mismo y la distraccion perpétua -en que sus pensamientos le tienen absorbido son las señales -externas del carácter de esta figura. ¿No es eso?</p> - -<p>—Exactamente.</p> - -<p>—El conde D. Julian es un mal hombre: por más -que la ofensa que ha recibido le da derechos para mucho, -él va tras de una venganza insaciable, en la cual no -ha dudado envolver á toda la nacion de su ofensor. La -aspereza violenta, la ira traidora de la hiena, y la marcha -oblícua del lobo, son los caractéres exteriores de esta -figura, que se mueve en el cuadro inquieta, torva y siniestra, -como amenaza viviente. ¿No es así?</p> - -<p>—Exactamente.</p> - -<p>—Theudia es... su Sancho Montero y su Blas de usted -en <i>Sancho García</i> y <i>El Zapatero y el Rey</i>: á Lumbreras -le viene como pintado el papel de Theudia, y -daremos el del conde á Pizarroso.</p> - -<p>Y se envió á estos actores su respectivo papel.</p> - -<p>Lumbreras era entónces un mozo de buena estatura, -de franca fisonomía, de varoniles maneras, bien proporcionado -de piernas y brazos, y de fresca y bien timbrada -voz; pero era algo tartamudo, aunque no se apercibia -en escena este defecto, que vencia el estudio y el cuidado. -Lumbreras tenia el gérmen de un buen actor sério; -habia estrenado con justo aplauso el papel del moro -Hissem en <i>Sancho García</i>; y en la escuela y compañía -de Latorre le secundaba dignamente bajo su direccion.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p> - -<p>Pizarroso era un actor de angulosas formas, de voz áspera -y <i>garrasposa</i>, pero de buena estatura y fisonomía, -de fácil comprension, de buena voluntad para el estudio, -muy cuidadoso en el vestir, y secuaz ciego y adorador -idólatra de Cárlos Latorre, entre cuyas manos era -materia dúctil como actor útil y aceptable.</p> - -<p>Con estos elementos y diez dias de estudio, ensayamos -otros diez <i>El puñal del godo</i> y levantamos el telon -sobre el interior sombrío de una fantástica cabaña, pintada -por Aranda para mi drama en miniatura, en una -noche en que la política traia un poco inquietos los ánimos, -y la atmósfera tan cerrada en nubes como aquella -en incertidumbres; una noche, en suma, muy mala -para dar nada nuevo á un público que no sabia lo que -queria ni lo que recelaba, dispuesto á descargar su -inquietud sobre el primero que se la excitara, anheloso -por distraerse, pero inseguro de hallar quien le distrajera.</p> - -<p>Ante este público se levantó el telon del teatro de la -Cruz sobre la cabaña de mi monje Romano, quien empezó -aquella larga plegaria, de la cual no habia querido -Cárlos que suprimiera un verso. Nunca he tenido yo -más miedo: tenia cariño á mi tan mal forjado <i>Puñal</i>, y -temia que mi triunfo de veinticuatro horas se convirtiera -en veinticuatro minutos en vergonzosa derrota. Presentóse -Lumbreras, y se presentó bien: franco, sencillo -y respetuoso con el monje, pidióle de cenar con mucha -naturalidad, comió como sóbrio que dijo ser, observó al -ermitaño como hombre que está sobre sí, pero con la -tranquila serenidad de un valiente, y llevó en fin á cabo -la escena, dándola la flexibilidad, el movimiento y el -lujo de pormenores de que Cárlos habia previsto la necesidad. -El público la oyó en el más desanimador silencio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p> - -<p>Salió al fin Cárlos, cabizbajo, distraido, sombrío y -brusco, llenando la escena del misterio del carácter del -personaje que representaba, y á los primeros versos se -captó la atencion de los espectadores, y al sentarse empujando -á Theudia y diciéndole: «Haceos, buen hombre, -atrás...» yo respiré en mi palco, porque ví que todo -el mundo queria ya ver lo que iba á pasar.</p> - -<p>Cárlos no tenia par para estas escenas: no dejó enfriar -la atencion un solo instante; y cuando, sólo ya con -Theudia, entró en los endecasílabos, se le escuchaba con -religioso silencio, y sofocábanse por no toser los á quienes -traia resfriados aquella húmeda frialdad del Enero -de 43.</p> - -<p>Cárlos reveló tánto miedo, tánta esperanza, tánta supersticion, -tal lucha interior de pasiones oyendo las noticias -de Theudia, que entró en la narracion de su cuento -tan vaga y tan fantásticamente, que al concluirle -diciendo</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">«Dijo: y por entre la niebla arrebatado</div> -<div class="line">huyó el fantasma y me dejó aterrado,»</div> -</div></div></div> - -<p>estalló un general aplauso: era que el público expresaba -así el placer de que Cárlos le hubiera dejado respirar: -Lumbreras picó y despertó el amor propio, y el valor -del rey vencido con una intencion tan bien marcada; -Cárlos olfateó y oyó el aura militar del campamento y -el clarin que extremecia á los corceles con una accion -tan dramática y levantada, y con una amplitud de aliento -tan vigorosa, que la sala estalló en aquel ¡bravo, Latorre! -que era sólo para él y que él sólo sabia arrancar. -La partida estaba ganada: y preparada de este modo la -salida del conde D. Julian, rápido, perfectamente á<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> -tiempo y entre el fulgor de un relámpago, se presentó -por el fondo Pizarroso, torvo, sombrío, hosco é insolente, -envuelto en una parda y corta anguarina, con una -larga y estrecha caperuza amarilla, que le cortaba la espalda -de arriba á abajo. Fuése directamente á la lumbre, -que estaba á la derecha, y picando con intachable -precision el diálogo de entrada, Cárlos con supersticiosa -desconfianza y Pizarroso con agresivo mal humor, llegó -éste al rústico banquillo que junto á la lumbre estaba, y -diciendo</p> - -<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="1" summary="dialogo"> - -<tr> - <td class="tdlp smcap">D. Julian.</td> - <td class="tdl">¿Tiene algo que cenar?</td> - <td class="tdlp"> </td> - <td class="tdlp"> </td> -</tr> - -<tr> - <td class="tdlp smcap">D. Rodrigo.</td> - <td class="tdr">Nada.</td> -</tr> - -<tr> - <td class="tdlp smcap">D. Julian.</td> - <td class="tdr" colspan="3">Pues basta;</td> -</tr> - -<tr> - <td class="tdr"> </td> - <td class="tdr" colspan="3">la cuestion por mi parte ha dado fondo,</td> -</tr> - -</table> - -<p>engánchase la borla de su capucha en un clavo del banquillo, -vuélcase éste y da fondo Pizarroso, sentándose á -plomo sobre el tablado.</p> - -<p>Aquí hubiera acabado hoy el drama; pero hé aquí el -público y los actores de aquel tiempo viejo: el público -ahogó en un ¡chist! general la natural hilaridad que iba -á romper; Cárlos, en lugar de decir: «desatento venís -donde os alojan,» dijo en voz muy clara y con un altanero -desenfado: «desatentado entrais donde os alojan,» -y aprovechando Pizarroso aquel dudoso instante, incorporóse -enderezando el banquillo, asentóle sobre sus piés -con un furioso golpe, y sentóse tranquilamente, como -si lo sucedido estuviera acotado en su papel. Cárlos, en -una posicion de supremo desden y de suprema dignidad, -se quedó contemplándole de través y en silencio, hasta -que el público rompió en un aplauso universal; y continuó -la escena en una suprema lucha de los actores por -la honra del autor. La conclusion fué tan rápida y pre<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>cisamente -ejecutada por el hachazo de Lumbreras, y -aconterada por Cárlos con la octava final con tal sentimiento -y brío, que el aplauso final se prolongó muchos -minutos. <i>El puñal del godo</i> obtuvo el éxito que se obligó -á darle Cárlos Latorre, si se nos concedia tiempo -para ponerle en escena como él habia concebido que -debia ponerse.</p> - -<p>Así se hacian y así se escuchaban las obras dramáticas -desde 1832 á 1843.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<h2>XIV.<br /> - -INTERRUPCION.</h2> - -<h3>Sr. Director de <i>Los Lunes de El Imparcial</i>:</h3> - - -<p>Mi querido amigo: Siento mucho no poder enviar -á V. original de mis <i>Recuerdos del tiempo viejo</i> -para el número de mañana: pero la primavera -que Dios prematuramente nos ha enviado esta semana -á los que en Madrid vivimos, ha hecho fermentar -en mi viejo corazon el espíritu vagabundo y holgazan -de todo buen español en la estacion primaveral. -Confieso á V., y sin que tal confesion me pese ó me -ruborice, que no he hecho más en toda la transcurrida -semana que pasear al sol mi pellejo, que con el frio comenzaba -ya á apergaminarse, conversar con dos amigos -tan viejos como yo, del tiempo que no volverá, y vagar -por las calles de Madrid como un gorrion nuevo recien -escapado del nido, que no piensa en volver á él miéntras -luzca el sol sobre el horizonte.</p> - -<p>En esta ociosa vagancia me ha cogido el sábado, mi -querido Munilla, sin haber escrito ni acordarme de escribir -una palabra del artículo de mañana: así que, mi <i>Puñal<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span> -del godo</i> pendiente se está como quedó en nuestro número -del 1.º de Marzo, y no lo volveré á coger hasta el -del lunes 15: y para bien sea; porque un puñal en manos -de un viejo loco, puede acarrear á cualquiera un -susto, si no un disgusto. Yo quisiera sincerar mi falta -dando á V. alguna razon que de ella con V. me disculpara: -pero, la verdad es que no la tengo: si le escribiera -á V. en verso, ya inventaria yo alguna mentira, por -excusa; pero escribiendo en prosa, debo decir la verdad -como hombre honrado.</p> - -<p>El lunes, satisfecho de haber publicado y cobrado mi -artículo, me salí al sol á expaciar el ánimo y á descansar -del trabajo hecho. Los martes son malos dias para -empezar negocio ni labor alguna: el miércoles me volví -á salir al sol para prepararme á oir por la noche en el -Ateneo al Sr. Moreno Nieto; á quien voy yo siempre á -escuchar con tanto asombro como respeto, porque sabe -tantas cosas que yo no sé, y las dice de una manera tan -de mi gusto, que le escucho arrobado, y me pesa siempre -de que concluya de exponer aquellos sus tan bien -hilados discursos, tan lógicamente hilvanados en tan -primorosas frases. El jueves continué paseándome al sol, -para rumiar lo oido al Sr. Moreno Nieto; y á las siete y -media (costumbre mia de los jueves) me senté á la mesa -de la condesa de Guaquí, quien siendo hija de mi condiscípulo -el duque de Villahermosa, es al mismo tiempo -hermana del ángel rubio encargado por Dios de abrir -las puertas de la aurora y de derramar la luz y la alegría -sobre la tierra. Recibe conmigo á su mesa los jueves -esta gentilísima señora al prodigio de memoria, de erudicion -y de precocidad, el jóven Menendez Pelayo, al -infatigable Grilo, que nos recita sus versos, los mios y -los de todos los poetas que conoce; á Pepe Esperanza,<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span> -quien me hace concebir la de escuchar el celeste concierto -del Paraiso, cuando él pone las manos en el piano, -y otros renombrados ingenios y conocidísimos personajes, -de quienes no cito á V. los nombres, porque no -le parezca que trato de darme más importancia de la escasa -que mis versos me han adquirido, más por el ajeno -favor que por su mérito propio. Puede V. comprender -que no tendria perdon de Dios, si empleara los viernes -en otra cosa que en saborear los recuerdos en prosa y -verso del salon de aquella condesa Cármen, con la cual -no tienen flor comparable ninguno de los Cármenes escalonados -en el valle de los Avellanos de la morisca -Granada.</p> - -<p>Del viernes ya pensé emplear la noche en escribir mi -artículo; pero fatalmente para V., los viernes ha dado -en reunir en su casa la señora de Malpica á algunos -amigos suyos, entre los cuales me cuenta; y ¡ay, señor -Director de <i>Los Lunes de El Imparcial</i>! recibe esta señora -con tal cariño y con tan buen gusto en una tan -elegante morada, y van á casa de esta señora dos niñas -morenas, que cantan como dos ángeles, dos rubias que -tocan como dos serafines, y otras dos de tez apiñonada -y cabello castaño que tocan y cantan como dos Santas -Cecilias... en fin, de aquella casa se sale con pesar á las -cuatro de la mañana; y el sábado hay que pasarlo en -soñar con aquellas tres parejas de muchachas, que le dejan -á uno en los oidos para veinticuatro horas el eco de -todas las harpas de Sion, y de los gorjeos de todos los -ruiseñores de los bosques de la Alhambra.</p> - -<p>La tarde del sábado, cuando ya iba disipándose la -especie de embriaguez en que envuelven el espíritu de -los poetas, aunque seamos viejos, el recuerdo de tánta -poesía, tánta música y tántos serafines con forma hu<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>mana... -ella bajando y yo subiendo, tropecé en la calle -de la Montera con la marquesa de D. H., que es la más -mona de todas las marquesas de los reinos unidos y -desunidos de Europa; una malagueña que tiene una -mata de rayos de sol por cabellos, un puñado de azucenas -por cara, dos pedazos de cielo por ojos y dos ramilletes -de jazmines por manos; y que me dió justísimas -quejas, y que la dí merecidísimas satisfacciones, y que -me ofreció el perdon suyo y el de su esposo, y que la -prometí enmienda, y que me fuí á mi casa entre la niebla -del crepúsculo, mareado y andando á tientas con el -recuerdo de sus palabras y la imágen de su hermosura.</p> - -<p>Envié á mi familia al teatro de Apolo, y dejando el -estreno de la comedia <i>Angel</i> por oir á Blasco, me dirigí -al Ateneo.</p> - -<p>Pero Blasco es más vagabundo que yo, y á las diez -nos dijo el secretario que Blasco no daba su lectura -aquella noche. Un poco despechado de aquel chasco -que con su ausencia me pegaba Blasco, eché hácia el -teatro de Apolo, desesperanzado de acabar la semana -tan poética y armoniosamente como la habia pasado, -puesto que daban una comedia en prosa para mí desconocida: -<i>Lo positivo</i>.</p> - -<p>A más de la mitad iba ya la representacion del acto -segundo, cuando ocupé yo mi butaca de primera fila; -ignoraba el argumento y dábame apenas cuenta de lo -que en la escena sucedia, cuando la Hijosa, que en ella -estaba sola, dejó un periódico en que habia leido y -tomó una carta que tenia delante por leer. Desplegó -poco á poco el papel de aquella carta y comenzó su lectura -con una indiferencia que cambió en atencion, y -que fué pasando de ésta al interés, y de éste al sentimiento, -y luego á la ternura, y ví con mis gemelos que<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> -las lágrimas brotaban de los ojos de la actriz, y sentí -las mias anublarme los cristales á cuyo través la contemplaba, -y oí por fin estallar un aplauso universal, y solté -mis anteojos para aplaudir su final de acto, cuya ejecucion -hacia mucho tiempo que no habia yo visto par.</p> - -<p>En el tercero desplegó Pepita Hijosa un lujo de pormenores, -un estudio de detalles tan minucioso, un cuadro -tan acabado de cómica coquetería, manifestó tal -seguridad y franqueza, tal posesion de la escena, que -envidié la fortuna del Sr. Tamayo ó Estévanez, ó como -quiera llamarse el académico autor de aquella comedia, -en la cual se me revelaban á un mismo tiempo el más -práctico de nuestros autores, y una actriz incomparable -para el estudio de sus papeles.</p> - -<p>Puede un gran poeta desarrollar en ricos versos ó en -castiza prosa, un gran pensamiento, y dar cima á una -gran creacion; pero el mejor poeta no puede hacer más -que escribir sus palabras; y si el actor no da á cada una -de las de su papel una intencion, una inflexion, un movimiento -y una vitalidad competentes, de la palabra no -resulta más que un sonido sin vibracion, que excita -seca, pálida y fria la idea en ella expresada. En lo que -yo ví de <i>Lo Positivo</i>, el poeta ha confeccionado sus palabras -y sus escenas como maestro, pero la Hijosa da á -su palabra el movimiento, el relieve y la vida del sentimiento -del arte.</p> - -<p>Yo no conocia, amigo Munilla, á esta actriz que ha -hecho su reputacion durante mis treinta años de ausencia -de España, y como todavía su acento me resuena -dentro del tímpano, su figura y su juego escénico me -bailan aún en las pupilas, y el recuerdo de la actriz me -turba la memoria, no tengo ni tiempo ni ánimo para escribir -el artículo de mañana.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span></p> - -<p>Compóngase Vd., pues, como pueda; que yo voy á -probar si durmiendo doce horas seguidas, puedo desembarazarme -de la deliciosa pesadilla que me producen -en vigilia las encantadoras imágenes de las nueve bienhechoras -hadas, con quienes he tenido la fortuna de tropezar -en la semana que acabó ayer. Si Dios me da otras -cuatro como ésta, el premio grande de la lotería en la -quinta, y la gloria despues de la muerte... reclame usted, -señor Munilla, reclame usted ante todos tribunales -humanos y en el divino, porque no habrá justicia ni en la -tierra ni en el cielo.</p> - -<p>Suyo afectísimo...</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Los redactores de <i>El Imparcial</i> no quisieron dejar -pasar el número de aquel lunes sin artículo mio, y sustituyéndole -con mi anterior epístola, le completaron con -la siguiente nota y los subsiguientes versos: todo lo cual -dejo yo en este lugar interrumpiendo mis recuerdos como -ellos lo intercalaron en los <i>Lunes</i> de su periódico.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Mal satisfechos con esta carta del Sr. Zorrilla, corrimos -á su casa, pero no le hallamos en ella. Registramos -osados su pupitre, y encontrando en él el borrador de -las siguientes octavas, las publicamos á continuacion de -su carta, en lugar del artículo que hoy no contaba -darnos.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Dios te ha dado, Valenciana,</div> -<div class="line">la beldad de las huríes;</div> -<div class="line">en tu faz, cuando sonries</div> -<div class="line">se abre el cielo y se ve á Dios;</div> -<div class="line">quien al darte en carne humana</div> -<div class="line">modelada tu hermosura,</div> -<div class="line">dijo: «ahí va esa criatura,</div> -<div class="line">y como esa no hago dos.»</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y eres única por eso:<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></div> -<div class="line">Yo creí que era mi Rosa</div> -<div class="line">la primera y más hermosa</div> -<div class="line">en el ámbito español;</div> -<div class="line">pero á tí, prez y embeleso,</div> -<div class="line">luz y gloria de Valencia,</div> -<div class="line">te creó la Omnipotencia</div> -<div class="line">sola y sin par, como el sol.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">En tus ojos nace el dia,</div> -<div class="line">que ajimeces son del cielo</div> -<div class="line">por los cuales manda al suelo</div> -<div class="line">de Valencia Dios la luz.</div> -<div class="line">Ha supuesto Andalucía</div> -<div class="line">que era Vénus sevillana...</div> -<div class="line">no lo creas, Valenciana;</div> -<div class="line">erró vano el andaluz.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Al matar el cristianismo</div> -<div class="line">á la Vénus de Cithéres,</div> -<div class="line">se asió á tí Cupido, y eres</div> -<div class="line">quien le lleva de sí en pós;</div> -<div class="line">si hizo á aquella el paganismo</div> -<div class="line">de la espuma de los mares,</div> -<div class="line">de capullos de azahares</div> -<div class="line">y de luz te hizo á tí Dios.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tú eres Vénus, Valenciana;</div> -<div class="line">tu hermosura es más perfecta</div> -<div class="line">que la helénica, romana,</div> -<div class="line">bizantina y oriental:</div> -<div class="line">tú eres la obra más correcta</div> -<div class="line">de las manos de aquel númen</div> -<div class="line">que es la cifra y el resúmen</div> -<div class="line">de lo bello y lo ideal.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y contigo, almo trasunto</div> -<div class="line">de aquel gérmen de hermosura,</div> -<div class="line">de sin par modeladura</div> -<div class="line">en su inmensa creacion,</div> -<div class="line">no tiene el más leve punto</div> -<div class="line">de adhesion comparativa</div> -<div class="line">criatura alguna viva</div> -<div class="line">en belleza y perfeccion.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">No creó naturaleza</div> -<div class="line">ningun tipo de hermosura<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></div> -<div class="line">que no fuera á tu belleza</div> -<div class="line">algun rasgo á demandar;</div> -<div class="line">te pidió el cisne blancura,</div> -<div class="line">el armiño tu limpieza,</div> -<div class="line">el halcon tu gentileza</div> -<div class="line">y el antílope tu andar.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tienes ojos de paloma</div> -<div class="line">y hebras de sol por pestañas;</div> -<div class="line">Dios te ha puesto en las entrañas</div> -<div class="line">los efluvios del rosal:</div> -<div class="line">y respiras los aromas</div> -<div class="line">que desprende en las montañas</div> -<div class="line">de sus troncos y sus gomas</div> -<div class="line">el calor primaveral.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tu cabeza toca airosa</div> -<div class="line">tu abundante cabellera,</div> -<div class="line">como al cedro y la palmera</div> -<div class="line">su ramaje secular:</div> -<div class="line">de las hondas de tus rizos</div> -<div class="line">la espiral es más graciosa</div> -<div class="line">que los arcos movedizos</div> -<div class="line">de las ondas de la mar.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tu cintura, más esbelta</div> -<div class="line">que los vástagos del mimbre,</div> -<div class="line">hace el paso que se cimbre</div> -<div class="line">de tu andar de garza real;</div> -<div class="line">y tu leve falda suelta</div> -<div class="line">flota en torno de tu talle,</div> -<div class="line">cual la niebla que en el valle</div> -<div class="line">alza el sol matutinal.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Más sutilmente no liba</div> -<div class="line">colibrí de cien colores</div> -<div class="line">en el cáliz de las flores</div> -<div class="line">el rocío que en él ve;</div> -<div class="line">más ingrávida no estriba</div> -<div class="line">la ligera mariposa</div> -<div class="line">en las hojas de una rosa,</div> -<div class="line">que al andar pisa tu pié.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">De tus labios la sonrisa</div> -<div class="line">como un alba se desprende</div> -<div class="line">que por la atmósfera extiende<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></div> -<div class="line">viva luz y áura vital,</div> -<div class="line">y tu aliento es una brisa</div> -<div class="line">que del cielo baja al suelo</div> -<div class="line">por tus labios, que del cielo</div> -<div class="line">son las puertas de coral.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Son más dulces tus palabras</div> -<div class="line">que la miel de las abejas;</div> -<div class="line">el olor que trás tí dejas</div> -<div class="line">aventaja al del clavel:</div> -<div class="line">y tu amor, con el que labras</div> -<div class="line">mi ventura, reasume</div> -<div class="line">la dulzura y el perfume</div> -<div class="line">de la flor y de la miel.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tú eres Vénus, Valenciana:</div> -<div class="line">tus dos labios carmesíes</div> -<div class="line">al abrir cuando sonries</div> -<div class="line">se abre el cielo y se ve á Dios;</div> -<div class="line">quien al darte en carne humana</div> -<div class="line">modelada tu hermosura,</div> -<div class="line">dijo: «ahí va esa criatura:</div> -<div class="line">mas como esa no haré dos.»</div> -</div></div></div> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XV.<br /> - -EL PUÑAL DEL GODO.</h2> - -<h3>III.</h3> - - -<p>Ganóme esta obrita más favor con el vulgo é hízose -pronto más popular y famosa que cuantas escritas -llevaba, por la circunstancia de que, no necesitándose -dama para su representacion, la pusieron en -escena todos los aficionados en liceos, casinos y demás -sociedades más ó ménos literarias que por entónces -comenzaron á surgir; y permítame el lector que con -vanidad le recuerde que sé de cierto que miles de personas, -que han sido y son hoy conocidos personajes, -han hecho el papel de alguno de los cuatro de mi <i>Puñal -del godo</i>: y no há muchas noches dieron una dedada -de miel á mi amor propio mi paisano Nuñez de Arce, -Sellés y otros que valen y son hoy más de lo que yo -antaño valia y era, revelándome alegremente que habian -de estudiantes representado á Theudia y á D. Rodrigo, -y el primero añadió que aún sabia de memoria -toda mi rápidamente abortada composicion; lo cual, -sea dicho en paz y en gracia de Dios, me congratula<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -con aquel pequeño aborto de mi ingenio y casi me enorgullece -de haberlo escrito.</p> - -<p>Y la ocasion me viene como de molde, para exponer -aquí mi opinion sobre las representaciones de los aficionados, -en los más ó ménos caseros teatros de sociedades -más ó ménos públicas ó privadas. Cuando invitado un -conocido autor á la representacion de una de sus obras -en uno de estos teatros, le dicen durante ó despues de -ella: <i>¡Cuánto habrá V. sufrido viéndose así ejecutado!</i> -ni los que tal le dicen son justos, ni él lo fuera pensando -tal. Yo por mi parte no sólo asisto sin pena á estas -ejecuciones, sinó que es la sola ocasion en que escucho -mis versos sin hastío. Los aficionados suelen ser muchachos -de quienes aún no se sabe el porvenir, que estudian -sus papeles con afan, los representan con entusiasmo, -y se encariñan con el autor; de quien se acuerdan -contínuamente y con quien contraen esa amistad leal, -noble y desinteresada, que se basa en la fruicion espiritual -de la lectura y del estudio de una obra que nos -procura aplausos y favor, siquiera sea de amigos. Tal -vez un muchacho á quien el porvenir guarda una faja -de general ó un sillon presidencial de un Parlamento ó -en una Academia, representa delante de la niña que ha -de ser su mujer, ó de la mujer que ha de ser su gloria -ó su condenacion. Tal vez alguno, con la representacion -del papel de Theudia ó del conde D. Julian, ha conseguido -el amor de su Florinda, y uno y otro han bendecido -y conservado por ello toda su vida una amistad -por él ignorada al viejo autor del <i>Puñal del godo</i>. En -estos teatros y en estos actores de aficion todo es disculpable, -en atencion á la buena fé con que todo se -hace: en ellos suelen presentarse individuos que fácilmente -llegarian á buenos actores, si en serlo pusiesen<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> -empeño ó de serlo se vieran en la necesidad. Yo soy tal -vez el viejo que tiene más amigos jóvenes: soy el -poeta que goza de más popularidad entre la juventud -escolar de España: y no por mi ciencia, de la cual dan -mis escritos bien pobre y escasa muestra, sinó por las -octavas de D. Rodrigo y el diálogo de éste con D. Julian, -de los cuales hay apenas estudiante que no tenga -en su memoria algunos de sus versos ó algunas hojas -parásitas de los mios entre las de sus libros de asignatura.</p> - -<p>Los actores de provincia son tambien dignos de la indulgencia -de los autores; porque la variedad diaria que -en sus representaciones exige un público escaso que nunca -varía, no les da tiempo de estudiar ni de ensayar -convenientemente las obras; pero basta de esto, que es -tratado aparte de mis recuerdos viejos: ya volveré sobre -ello cuando llegue el turno á mis impresiones del tiempo -actual; y tornemos y demos fin á las de <i>El puñal del -godo</i> con una anécdota poco conocida.</p> - -<p>Habia en Méjico cuando vivia yo en aquel paraiso, -que debió ser para mí y no quiso Dios que fuera limbo -del olvido un Casino español, pródigamente sostenido, -en cuyos salones se daban algunas espléndidas fiestas; -una de ellas, la imprescindible, se verificaba el dia -onomástico de la Reina Isabel, á quien, como á la persona -que entónces representaba la patria, enviábamos -un saludo los expatriados de España. Era yo el encargado -de hacer una lectura en aquellas noches, que concluia -siempre con el viva á España, al cual contestaban -los mejicanos y españoles en aquellos salones reunidos.</p> - -<p>Un año, queriendo el Casino hacerme un obsequio -por lo que parecia trabajo y era en un español obligacion -de buen ciudadano, dispuso que en una de estas<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -fiestas se representase mi <i>Puñal del godo</i> y se me ofreciese -una corona.</p> - -<p>Colocáronme, para honrarme, en un grande y magnífico -sillon, en el cual resaltaba más mi exígua personalidad, -á la derecha de la orquesta y de cara al público: -ejecutóse mi pobre drama lo mejor que se pudo -y mejor de lo que se esperaba; diéronme mi corona, -aplaudiéronme mucho, y despues de una exquisita cena -aconterada con muchos bríndis, metiéronme, tras de -muchos abrazos y plácemes, en mi coche y... buenas -noches.</p> - -<p>Al dia siguiente un periódico mejicano, no muy afecto -á los españoles pero redactado por gente ingeniosísima, -daba cuenta de la fiesta, la representacion, mi coronacion -y la cena final en los términos más halagüeños -para la riqueza, la esplendidez y el patriotismo de los -sócios del Casino; pero concluia con este cuentecillo: -«Sin que salgamos garantes de la verdad del hecho, se -cuenta que entre el poeta Zorrilla y un amigo nuestro y -suyo, que no habia asistido á la funcion del Casino y que -se acercó á saludarle al bajar aquel del coche á la puerta -de su casa, se cruzó el siguiente diálogo, que resultó -improvisada redondilla:</p> - -<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="1" summary="dialogo1"> -<tr> - <td class="tdl smcap">«El amigo.</td> - <td class="tdl">¿Qué tal lo hicieron los godos?</td> -</tr> - -<tr> - <td class="tdlt smcap">El poeta.</td> - <td class="tdl">¡Hombre!... lo han hecho tan mal,<br /> - que buscaba yo el puñal<br /> - para matarlos á todos.»</td> -</tr> -</table> - - -<p>En cuyo cuentecillo quedábamos mal todos los españoles -de Méjico: los del Casino por haber hecho mal -mi drama, y yo por hacerlo peor con ellos en semejante -epígrama.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p> - -<p>Ni es mio, ni en aquella ocasion pudiera habérseme -ocurrido; pero me le ha recordado la última representacion -que he visto en Madrid de mi pobre <i>Puñal del -godo</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XVI.<br /> -LOS DOS VIREYES.</h2> - -<p class="rightc"><i>Suum cuique.</i></p> - - -<p class="p2">Este drama está ya olvidado del público de Madrid, -y apenas si se representa alguna vez en provincias, -afortunadamente para mi honra.</p> - -<p>De él se ocupó la crítica muy somera aunque muy -ágriamente, y tuvo razon: es la más miserable rapsodia -representada en el teatro moderno; y si andando el -tiempo algun curioso bibliómano ó algun crítico investigador -tropezaran con ella en algun juicio retrospectivo, -seguramente exclamarian con asombro: «¡Cómo diablos -fué posible que aquel poeta escribiera esto!»</p> - -<p>Y no puedo negar que lo escribí, y es lo peor que -al afirmarlo no me avergüenzo de haberlo escrito; materialmente -escrito, porque el argumento, la forma y las -escenas en prosa, no son mios: están rastreramente cogidos -y literalmente copiadas de una mala novelucha de -un autor italiano engerto en francés, á quien todo París -literario y artístico ha conocido, pero cuya reputa<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>cion -no ha llegado á España: la novelucha se titulaba -<i>El virey de Nápoles</i>, y su autor se llamaba Pietro Angelo -Fiorentino.</p> - -<p>¿Cómo llegó á mis manos esta novela? ¿Quién me puso -en mientes transformarla en drama, copiando en él servilmente -los amanerados diálogos de su falso relato y sin -curarme de corregir sus errores históricos, ni de dar á -mis personajes otro carácter más acusado y dramático, -más verdadero y más español?</p> - -<p>Es una historia que debia de quedar para contada -despues de mi muerte; pero que se me antoja contar en -vida, porque nada hay en ella que no abone mi lealtad -de amigo y mi buena fé de hombre honrado; porque no -quiero que piense ninguno de los que en mi tiempo viven -que temo abordar en mis RECUERDOS DEL TIEMPO -VIEJO ninguna cuestion personal sobre el pasado -que no vieron, y porque no quiero cargar para el porvenir -con culpas que no fueron mias. En cuanto á mi -reputacion literaria, confieso que no me trae con mucho -cuidado; porque sólo la posteridad depura y acrisola -lo que vale la fama adquirida en vida por un autor de -loca fortuna ó de gran favor entre los profesores de bombo; -y tengo yo para mí, aunque pese á los pocos amigos -que me quedan, que más me va á honrar despues -de mi muerte, la sinceridad con que reconozco la escasa -valia y los defectos de mis obras, que el haberlas escrito; -y digo sinceridad, por no atreverme á decir modestia; -virtud que creo que no existe ya en España y que -es un capital que... quien lo pone lo pierde: sabiendo -lo cual, aunque lo tuviera no lo pondria yo.</p> - -<p>No quiero, sin embargo, que mis amigos renieguen -de mí, tomando mi sinceridad por hipocresía; y voy á -decirles de paso, y áun á peligro de que en vez de hi<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>pócrita -me crean vanaglorioso, que tengo cierta conciencia -de mí mismo, teniendo por bien hecho y por valioso -algo de lo por mí hecho: mi <i>Cristo de la Vega</i>, mi -<i>Capitan Montoya</i> y mi <i>Margarita la tornera</i>, son tres -leyendas muy imitadas, pero no corregidas áun por -otro poeta mejor narrador, ó más legendario y tradicional; -y Dios y el tiempo nuevo me perdonen mi pretension -de creer que me dan derecho á tenerme por legendario -buen narrador. Por poeta dramático no me tuve -jamás, y sólo puedo presentar sin vergüenza los dos primeros -actos de <i>Traidor, inconfeso y mártir</i> y la segunda -mitad del tercero y primera del cuarto de <i>El Zapatero -y el Rey</i>; lo cual no es tánto que sirva para bravear, ni -tan poco que me humille y me cierre las puertas del -teatro; y en cuanto á mis poesías líricas... ¡ay de mí! no -son más que hojarasca; y en ellas hay muchas hojillas -verdes y algunas florecillas frescas, pero cuando el tiempo -seque tal hojarasca, poca sombra dará á mi fama el -follaje que deje su soplo en las pobres ramas del laurel -de mi gloria.</p> - -<p>Volvamos á la historia de mis Dos vireyes.</p> - -<p>Habia en 1838 y 39 una tienda de gorras en la Puerta -del Sol, cuya dueña, honradísima mujer, tenia un -hermano menor que de ella dependia y que era taquígrafo -de las Córtes. Alto, desgarbado, de pesados movimientos, -modales vulgares y saltones ojos, era en su -exterior el tipo de la honradez, y en sus características -manifestaciones la expresion de la buena fé.</p> - -<p>No recuerdo cómo, ni por quién, tropezó y comenzó -á juntarse conmigo; pero ello es que paró en ser mi inseparable -sombra, y que no pasaba dia que no pasara -conmigo y en mi casa las horas que su ocupacion de -taquígrafo le dejaba libres. Alababa todo lo que yo ha<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>cia, -celebraba todas mis escentricidades de poeta y mis -niñerías de muchacho; y como si en mi cronista se hubiese -constituido, propalaba y encomiaba por donde -quiera mis hechos y mis dichos, clasificándolos todos -entre los más chistosos y originales del mundo; lo cual -contribuia más que á mi buena fama á procurarle á él -la de mi único amigo, confidente único de los secretos -del muchacho que iba haciéndose popular.</p> - -<p>Llevaba yo por entónces, como he llevado siempre, -una vida aislada, que me ha obligado á llevar el trabajo -necesario á mi subsistencia y mi poca simpatía por -las banalidades que forman base de la vida social de -Madrid. Las visitas inútiles, las relaciones superficiales -y los convites sin cariño, han sido cosas que no he -aceptado jamás en mis costumbres: y he preferido -siempre para mis alegrías y expansiones el interior modesto -de mi pobre hogar, al suntuoso salon y la opípara -mesa del opulento y millonario anfitrion. Mi idea -fija era hacer famoso el nombre de mi padre, para que -éste, volviéndome á abrir sus brazos, me volviera á -recibir para morir juntos en nuestra casa solariega de -Castilla; única ambicion mia y único bien que Dios no -ha querido concederme. Bajo esta idea huí siempre de -la sociedad política y rechacé el favor y la proteccion -de los gobiernos, á quienes no pudo ligarme nunca -compromiso alguno personal; mi padre era realista, -tuvo que irse con el infante D. Cárlos María Isidro á -las Provincias Vascongadas y que emigrar á Francia un -mes ántes del convenio de Vergara; y puse mi empeño -en probarle, que la fama que yo habia dado á su apellido, -la debia sólo al trabajo y al favor del pueblo, no á -haber vendido mi pluma á un partido contrario á sus -opiniones; y sin cuya revolucion no hubiera yo, sin em<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>bargo, -tenido una prensa en que publicar los versos que -me hicieron popular.</p> - -<p>Pasábame, pues, la vida en mi casa dado á mi asíduo -trabajo, del cual descansaba y me distraia en el tiro de -pistola y en el circo de la plaza del Rey; mis dos únicos -vicios, porque en vicio les constituia mi diaria presencia -en el tiro y en el circo, donde constantemente me acompañaba -<i>X</i> el taquígrafo, tosco eslabon humano que con -la humana sociedad me encadenaba. <i>X</i> no tiraba; juzgaba -de los tiros, convenia las apuestas, aplaudia los triunfos, -y tomaba parte muy principal en los almuerzos en -que las ganancias se invertian. Mr. Arnaud, el propietario -del tiro, tenia para su establecimiento el reclamo -de nuestra fama, y en el actor Monreal, en D. Juan -Valleras y en mí, tres seguros mantenedores de las -apuestas que él con extranjeros generalmente entablaba, -y que el bueno de <i>X</i> con él organizaba y llevaba á cabo; -almorzando siempre, como árbitro y adlátere mio, -con los vencidos y los vencedores.</p> - -<p>No puedo resistir al deseo de consagrar aquí cuatro -renglones al recuerdo de aquellos viejos compañeros de -mis juveniles aficiones.</p> - -<p>Monreal era un actor inimitable en lo que entónces -se llamaba papeles de traidor: era un segundo sin primero -y un tirador de pistola de primera fuerza; pero -habia que fiarle en las apuestas los primeros tiros; porque -era tan orgulloso, que el primero perdido le hacia -perder la serenidad á impulsos del amor propio que le -devoraba. Juanito Valleras era un gaditano de 24 años, -fino y esbelto como un galgo inglés, caballeroso y leal -hasta el recorte de las uñas, andaluz hasta la médula de -los huesos, y tan incapaz de hacer una villanía como de -soltar una gracia agresiva ni de mal tono. Era el primer<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> -tirador de entónces; tiraba por vanidad, y daba siempre -la mitad del valor de cada tiro al francés Arnaud, porque -no se convalachara con ningun tirador paisano suyo -para desigualar la carga ó las ventajas de las apuestas. -Con Valleras y conmigo llevaba Arnaud el 50 por 100 -de cuanto en ellas se atravesaba; y el tiro de apuesta -de Valleras eran nueve balas colgadas á nueve distintas -alturas, que debian casarse con las de nueve tiros -sin interrupcion; y rara vez le faltaba una por casar. -De su hidalguía es prueba irrechazable el hecho -siguiente:</p> - -<p>El francés Arnaud andaba siempre á caza de ingleses -con quienes empeñarnos en apuestas de tiro, y dió una -vez con unos que nos invitaron al del encargado de negocios -de Dinamarca, que le tenia precioso en su jardin -de la casa de la calle del Barquillo, residencia de su embajada. -Los ingleses lo eran de pura raza, y nos recibieron -como gentes de la mejor sociedad, prévia la más -irrecusable presentacion. Tiraban con unas magníficas -pistolas belgas, tres pulgadas más largas que las nuestras: -fiáronse á la suerte todas las condiciones, y tocó á -cada cual el derecho de usar de sus propias armas. Durante -los preliminares, Monreal y <i>X</i> fijaron su atencion -en un inglés viejo, que sentado á la cabeza del tiro tenia -un groom de pié á su espalda y un gran saco á sus -piés: era sin duda un maniaco apostador.—«¡Ojo al -saco!» dijo por lo bajo <i>X</i>;—y una mirada furtiva de -Mr. Arnaud nos probó á Valleras y á mí que el francés -habia tramado aquella conjuracion contra el saco del inglés. -Tocó á los de Albion tirar los primeros; pusieron -por primer blanco un huevo á treinta pasos: tiró el primer -inglés, é hizo blanco: tiró el segundo con igual -acierto; y hecho lo mismo por el tercero, nos tocó nues<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>tro -turno á los españoles. Valleras permaneció impasible, -apoyada la mano derecha en el pilar de la barandilla, -para tener la muñeca libre de sangre y el pulso -tranquilo; pero invitado por uno de los ingleses á hacer -su tiro, dijo tranquilamente: «Mis compañeros y yo no -hacemos ese tiro.»</p> - -<p>Mr. Arnaud se mordió los labios, yo sentí palidecer -mis mejillas, y los ingleses echaron sobre nosotros una -mirada de compasion acompañada de una sonrisa, en -la cual su esmerada educacion no llegó á marcar el desprecio. -Valleras, sacando un puñado de monedas de á -ochenta reales isabelinas y recientemente acuñadas, -mandó al criado poner una en el blanco apoyada en el -tapon de corcho tendido. Tomó su pistola, y pasándosela -á Monreal para el primer tiro, dijo á los ingleses: -«Nuestro tiro no pasa nunca de este tamaño.» El blanco -se veia mal, porque no era blanco sinó amarillo, y á -treinta pasos sólo lo veia un ojo de tirador; tiró Monreal -y quitó la moneda; puso el criado otra, y Valleras -me pasó la pistola con que él tiraba; puse yo mi alma -en mi dedo índice, é hice blanco; Valleras dijo: «Yo no -tiro eso: cuelgue V. mis nueve balas.» Valleras hizo su -tiro; los ingleses saludaron respetuosamente, y el del -saco se le entregó al groom, que desapareció con él. La -apuesta paró en un refresco y en un puñado de monedas -que Valleras y los ingleses dieron á Mr. Arnaud; y -cuando á la mañana siguiente, al volvernos á reunir en -el tiro de éste, argüia á Valleras por no haberse dejado -ganar los primeros tiros para engrosar las puestas, Valleras -contestó con su desenfado andaluz: «Mr. Arnaud, -si V. habia pensado que nuestro blanco fuese el saco del -inglés, hizo V. mal en pensar en nosotros para sostener -tal apuesta.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span></p> - -<p>Valleras murió dos años despues, de una afeccion -pulmonar; Monreal se metió una noche la bala de su último -tiro en el cerebro... y yo abandoné el tiro, cuando -mis compañeros abandonaron el mundo.</p> - -<p>Al montar Ignacio Boix su librería en la calle de -Carretas, dando á este ramo de comercio una forma y -un impulso hasta entónces inusitado en España, <i>X</i> se -ingirió en su casa como administrador, ya con ciertas -pretensiones literarias, como amigo y conjunto inseparable -mio: Boix aceptó la literatura de <i>X</i> bajo su palabra: -dióse éste á escribir algunos artículos en <i>El Pensamiento</i>, -semanario que Boix fundó: ganóse <i>X</i> la confianza -de éste como habia ganado la mia, y Boix le comisionó -para ir á establecer en Cuba y Méjico dos sucursales de -su casa de Madrid.</p> - -<p>Hé aquí el talento y la historia de las medianías que -saben no desperdiciar la sombra de la más pequeña hoja -que puede dársela: <i>X</i> empezó por adherirse á la pequeñísima -sombra que mi pequeñísima persona comenzaba -á proyectar: cobijóse despues á la sombra de mi casa: -recogió como reliquias todos los borradores de mis manuscritos -y todos los más íntimos pormenores de mi vida; -y, al cabo de dos años, salió para Cuba, agente de la -primera casa de librería, con mejor porvenir que yo, y -con el manuscrito inédito de mi leyenda de <i>El capitan -Montoya</i>, de la cual hizo cuatro ediciones en la Habana -y Méjico, acompañándola de una biografía del autor <i>su -grande amigo</i>, cuyo nombre iba con el suyo en la primera -página, viva representacion de mi personalidad: -segundo yo en aquellos países, que no pensaba yo entónces -visitar despues de él, ni <i>X</i> pensaba que yo en -ellos habia de hallar más tarde la huella de sus pasos. -Volvió á Madrid en 1842, trájome grandes noticias de<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> -mi gran fama por aquellos países y del éxito fabuloso de -mi <i>Capitan Montoya</i>; pero ni á él le ocurrió darme, ni á -mí pedírsela, cuenta de lo que sus cuatro ediciones habian -producido. Entre amigos...</p> - -<p>Entre tanto habia yo tenido un poco de fortuna en el -teatro con mi <i>Cada cual con su razon</i> y las dos partes -de <i>El Zapatero y el Rey</i>, y <i>X</i> me habia dado á leer aquella -novelilla de Pietro Angelo Fiorentino, que habia traducido -y publicado <i>allá</i> en compañía de mi <i>Capitan -Montoya</i> y bajo las mismas bases de lucro para Pietro -Angelo que para mí. Celebróme mi bienandanza teatral: -y anudando naturalmente su antigua intimidad conmigo, -siguió acompañándome á los ensayos en el escenario -y á mi mujer en mi palco en las representaciones... -y un dia me preguntó que qué me parecia <i>su</i> novela de -<i>El virey de Nápoles</i>... y otro dia que si se podria hacer -de ella un drama... y una noche que si yo querria transformar -en drama su novela, y por fin que si, escribiéndola -en verso y prosa, querria yo aprovechar los diálogos -de la novela, y poniéndolos á nombre suyo, ponerle -á él al par del mio como autor dramático: <i>cosa</i> que á -él le daria una grande importancia con su principal -Boix, etc., etc.</p> - -<p>¿Por qué no habia yo de ayudar á hacerse hombre á -un tan buen amigo? Me habia acompañado dos ó tres -años cinco ó seis horas diarias, y dia y noche en las -épocas de enfermedades y pesadumbres: habia empezado -su carrera de escritor poniendo en las nubes mis versos -y en boca de todos la prosa de mi vida... emprendí -la transformacion de la novela <i>El Virey de Nápoles</i> en -el drama <i>Los dos vireyes</i>; pero por más empeño que -puse en semejante trabajo, le concluí convencido de -que habia salido como no podia ménos de salir una obra<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span> -malamente confeccionada, muy desigualmente escrita -y de éxito dudosísimo.</p> - -<p>Llamé á <i>X</i> y le dije que en mi cualidad de buen amigo -y de hombre leal, mi conciencia me obligaba á advertirle -que <i>Los dos vireyes</i> era un tiro que iba á salir -para él por la culata; y que al silbarme el público por -primera vez, no faltaria á quien le ocurriera que escribiendo -solo me habia hecho aplaudir, y que la asociacion -con <i>X</i> me habia atraido la primera silba; y en fin, -que aquel seguro mal éxito, en vez de procurarle reputacion -y de abrirle la escena, le iba á desacreditar y á -cerrársela para siempre.</p> - -<p>Pareció <i>X</i> convencido de mis razones: y como la -temporada cómica iba ya muy avanzada, la obra estaba -prometida y yo obligado á dar la tercera del año, segun -mi contrato, determinamos presentarla bajo mi solo -nombre, y que corriera yo solo el riesgo de un desaire -casi seguro del público y de una justa rechifla de la crítica -por semejante rapsodia.</p> - -<p>Entregué mi obra á Lombía: recomendésela á Cárlos, -poniéndole en los pormenores de su historia: prometióme -Cárlos, con el paternal cariño que me tenia, ponerla -en escena con tánto más esmero cuanto ménos probabilidades -de éxito presentaba: y pretestando yo no poder -esquivar por más tiempo el compromiso de ir á pasar la -Semana Santa con el duque de Rivas, partí á Sevilla, -huyendo de la primera representacion de aquellos <i>Dos -vireyes</i>, con cuyo azaroso porvenir dejé cargados á Mate -y Cárlos Latorre, diciéndome al meterme en la diligencia: -«ojos que no ven, corazon que no siente.»</p> - -<p>¡Y qué recuerdo tan fresco, tan juvenil, tan poético, -es el de aquel viaje y el de la estancia en la casa y con -la familia de aquel tan gran poeta y tan grande amigo<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span> -como fué mio, aquel á quien yo llamaba mi ángel, á -quien la posteridad llama duque de Rivas, y cuya memoria -vive aún por la amistad en mi corazon, y en España -por el <i>Don Alvaro</i>, que está todavía en pié sobre -la escena en que hace cuarenta años que apareció!</p> - -<p>Desde que Juanito Donoso y Nicomedes Pastor Diaz -primero y Villalta despues, me habian dado trabajo -en sus periódicos, no habia yo dejado pasar una semana -sin publicar una ó dos composiciones por lo ménos: en -tres años habia de ellas coleccionado ocho tomos mi -primer editor Delgado. Desde que García Gutierrez me -habia abierto la escena, asociándome á él en el <i>Juan -Dándolo</i>, habia yo presentado seis dramas, benévolamente -acogidos por el público, que tuvo sin duda en -cuenta al aplaudírmelos mi poca edad y mi constante -trabajo: tenia yo mucha priesa de meter ruido que llegara -á los oidos de mi padre, emigrado en Francia, y -no me remuerde la conciencia de haber desperdiciado -aquel tiempo viejo. Era la primera vez que cogia yo un -mes y un puñado de onzas para mi solaz. Mi miedo al -éxito de mis <i>Dos vireyes</i>, pedia á Dios alas para huir de -Madrid: y el editor D. Manuel Delgado, que era el único -que sabia lo que yo valia en dinero, que me gruñó -siempre, pero no me negó jamás el que le pedí, me dió -el susodicho puñado de onzas, para sustituir con un -asiento en la diligencia las alas que Dios no ha concedido -á ningun poeta al lado de los homóplatos. Dióme -Lombía una docena más de aquellas graves y amarillas -monedas que por atrasos de mi sueldo me era en deber, -y otra docena Boix por adelanto y seguridad de mi -primer tomo de leyendas: dejé las dos docenas á mi familia; -y con el primer puñado en el bolsillo, me acomodé -en la berlina, que despues hemos llamado <i>coupé</i>,<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span> -de la diligencia que á las tres de una mañana de marzo -arrancaba para Sevilla, de la calle de Alcalá.</p> - -<p>Llevaba por compañeros á D. Juan Jústiz, noble -mozo habanero, de tan mala salud como buena educacion, -y tan sobrado de rentas como falto de humor para -gastarlas; á quien acompañaba Lorenzo Allo, otro habanero -de tan buen humor y tan buena salud como poco -amigo de guardar su dinero, con quien habia trabado yo -amistad en el tiro de Mr. Arnaud y en el gimnasio del -conde de Villalobos.</p> - -<p>Era este Lorenzo Allo el mejor amigo y el más agradable -compañero del mundo: tan enjuto como récio, era -nervioso hasta tener trémulas las manos, á pesar de lo -cual tomaba café cuatro veces al dia; y usando en anteojos -de oro unos cristales de muy bajo número, alternaba -con los primeros tiradores; sin que me haya podido -yo dar cuenta de cómo veia el blanco, ni de cómo sujetaba -é inmovilizaba sus nervios para hacer finísimos tiros. -Teníame una sincera amistad y sabia de memoria muchos -versos mios: dábame tan buenos consejos como -malos ejemplos; y tan diestro boxeador como mediano -humanista, estaba siempre dispuesto á saltar un ojo de -un puñetazo á quien no le concediera sin discusion que -era yo el primer poeta de ambos mundos. Cuidaba de -mí en el gimnasio como si fuera yo de cristal, y de mi -honra como si fuera la suya, é hijo yo de su mismo -padre.</p> - -<p>Jústiz y yo le hicimos administrador de ambos durante -el viaje y le entregamos nuestros dineros: aquel -para no tener el trabajo de pensar en ellos, y yo para -ahorrarme el de contarlos: negocio que era por entónces -no poco peliagudo en España, con los ocho cuartos -y medio de sus reales, los ciento setenta de sus duros,<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> -los trescientos veinte reales de sus onzas, las tres onzas -y <i>dos duros</i> de sus mil reales, etc.; de modo que la más -mínima cuenta tenia siempre más picos que una custodia.</p> - -<p>La noche estaba fria, lejano el amanecer, y los tres -viajeros de la berlina que habíamos acudido con tiempo -por no habernos acostado, estábamos en nuestros puestos -desde que empezaron los mozos á cargar el carruaje, -durmiendo tranquilamente bien embozados en nuestras -capas. La empresa era nueva, y en competencia con la -antigua: el conductor ocupó el pescante y al dar las tres -en el Buen Suceso, dió una voz y tendió su fusta á los -caballos, que nos arrebataron entre el ruido de sus herrados -cascos y de sus agujereados cascabeles.</p> - -<p>La nueva empresa habia montado á la francesa sus -tiros, sustituyendo al antiguo rosario de mulas, enfrenadas -sólo las dos del tronco y las seis restantes encomendadas -á un muchacho ginete en el mingo delantero, -un tiro de seis buenos caballos todos embridados; -dos en la lanza y cuatro en balancin. Aquellas nuevas -diligencias, carruajes de sólo berlina y rotonda, eran -unas especies de sillas de posta; y eran á las antiguas -galeras y diligencias lo que hoy son á aquellas sillas de -posta las locomotoras y trenes de los ferro-carriles; -pero aquel ruido de los cascabeles, aquel perpétuo vocerío -con que á sus caballos animaban los mayorales, -aquellos zagales dicharacheros que enganchaban y recogian -los tiros en las remudas, aquellos venteros y -maestros de postas, aquellas hosterías en donde se hacian -los altos y las comidas, conservaban el carácter -jaranero y alegre de nuestra patria y la tierra por donde -viajábamos los españoles; y se veia el país, y se bromeaba -con las paisanas; y sea dicho en paz, no tenia<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> -tantas ventajas para los intereses materiales, pero tenia -más poesía que el actual nuestro modo de viajar del tiempo -viejo. Los caballos daban cierto decoro de caballeros -á los viajantes; y no todo el mundo podia permitirse -el lujo de viajar en berlina de una silla-correo, que -corria por el centro de la calzada, pasando al vulgo de -los viandantes; la máquina lo arrastra todo, y los caballos -arrastraban la flor de lo arrastrado, y bien lo decia -el refran: «de las vidas arrastradas... la del coche.»</p> - -<p>El en cuyo <i>coupé</i> íbamos Allo, Jústiz y yo paró en -Ocaña para almorzar. Sin que Allo y yo hubiéramos -bajado los cristiles, ni hablado con los viajeros del segundo -compartimento en las postas pasadas, por respeto -al descanso de Jústiz, que iba convaleciente de -larga enfermedad, con fuentes abiertas en los brazos y -encomendado á nuestra amistad por su cariñosa familia. -Pero al apearme en Ocaña, unos brazos poderosos -me arrebataron del estribo, y al depositarme en tierra -me decia la voz vigorosa del individuo á quien aquellos -fornidos brazos correspondian:—«¿Aquí tú, Pepe?»—Era -Paco Elipe, diputado bullicioso, poeta un poco excéntrico, -pero no despreciable, hacendado manchego y -amigo leal, de quien ya apenas hace nadie memoria; -pero de la de quien voy á traer algunos recuerdos á estos -mios de aquel viejo tiempo.—¿Quién es tan descortés -ni tan ingrato que no se pare á dar un apreton de -manos al viejo amigo, á quien encuentra por acaso en -el viaje de la vida? ¿Y qué son estos recuerdos más que -un viaje de vuelta por el casi borrado rastro del florido -camino de mi juventud?</p> - -<p>Paco Elipe fué sócio del Liceo y escribió de todo, -en verso y en prosa; y empezando por un drama en compañía -de Romero Larrañaga, titulado <i>La Vieja del<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> -Candilejo</i>, cuyo plan está no más preparado y versificado -limpia y galanamente: escribió otros más, y tuvo -sus éxitos y sus aplausos y su reputacion no inmerecidos -y fué uno de los que, con quienes empezábamos á -hombrear, arrimó el hombro para empujar el carro del -progreso de aquella época. Recto y tenaz, y de vigorosísimo -carácter, hacia y decia las cosas de muy original -y personalísima manera. Un dia cerraba con lacre una -carta, y echándose por descuido una gota de él encendida -en un dedo, en lugar de sacudírsela dijo, conservando -el dedo inmóvil: «¡Bruto Paco; para que no seas -torpe otra vez!» Y dejó apagarse el lacre en la carne. -Una noche sorteamos en el Liceo varios argumentos -para una improvisacion, entre varios poetas, y tocóle á -Elipe el de la <i>Noche-Buena</i>.</p> - -<p>El tiempo dado para el trabajo de la improvisacion -era el de una hora, al fin de la cual comenzaba la lectura -de las composiciones en la tribuna; llegó su turno -á Elipe, y en medio de muchas redondillas facilísimas, -en que describia todo el tumulto que traen consigo los -panderos, zambombas y el jaleo de aquella noche de la -Misa de Gallo, soltó con la mayor formalidad la semiblasfemia -de esta cuarteta:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y aunque la ilacion se quiebre,</div> -<div class="line">lo que no apruebo y resisto</div> -<div class="line">es el mal gusto de Cristo</div> -<div class="line">de nacer en un pesebre.</div> -</div></div></div> - -<p>Y continuó su descripcion de la <i>Noche-Buena</i> con -tanta imperturbabilidad suya como estupefaccion del -auditorio.</p> - -<p>Fué el amigo más consecuente de José Fernandez<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span> -de la Vega, el fundador del Liceo, mal recompensado -por todos los á quienes hizo hombres con el establecimiento -de tan única y brillante sociedad. El Gobierno -no supo dar á Vega más que el Gobierno de una provincia -de tercer órden; y Paco Elipe fué el más fiel amigo -de aquel á quien tantos faltaron.</p> - -<p>Pero de Paco Elipe haré más larga y justa mencion -más adelante, porque espero en Dios que me dará tiempo -de hacerle una visita en su palacio solariego de Manzanares: -y ocasion de hallar en él materia para más curioso -relato.</p> - -<p>Con este mi tercer compañero de viaje almorcé -en Ocaña, en un parador nuevo, en una mesa muy -limpia y enflorada, servida por dos buenas mozas de -diez y ocho y veinte años, de trigueña tez, boca sensual -y risueña, grandes, negros y retozones ojos, moño de -picaporte con zorongo de largos cabos, y robustez muy -mal disimulada en sus ceñidos corpiños, y sus estrechos -y cortos guarda-pieses.</p> - -<p>El conductor nos presentó á los postres un libro en -blanco, en cuyas hojas rogaba la empresa á los viajeros -que anotasen las faltas de servicio para corregirlas. -Elipe y yo acusamos en ellas, y en unas quintillas, al -posadero de hacer servir su mesa por aquellas dos muchachas, -que embelesaban á los viandantes para que no -comiesen más que ojeadas y sonrisas, productoras para -ellas de dobles propinas y de vanas esperanzas para los -comensales; y pedíamos á la empresa que, ó suprimiese -aquellas dos muchachas, ó que cambiando las horas de -salida de sus carruajes, dispusiera que los viajeros no -almorzaran, sinó que cenaran y pernoctaran en aquel -parador de Ocaña.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span> -El 1.º de Abril á las siete de la mañana nos apeamos -de la diligencia en Sevilla, café del Turco, calle de la -Sierpe. Salia yo á ver la tierra por primera vez; y como -el pájaro que deja por primera vez el nido apenas emplumado, -y goza de la luz, la vida y la libertad, desempolvando -sus plumas entre el fresco césped y las -primeras margaritas, y se baña en el brillante ajófar y -las líquidas perlas de las gotas de agua que desparrama -el Guadalquivir en sus siempre verdes orillas, me salí -por la Puerta del Arenal á ver el puente, y el rio, y la -Torre del Oro, y á respirar aquel ambiente perfumado -de azahar, y á bañarme en aquella luz, reflejo dorado de -la del Paraiso; á pasar, en fin, una mañana de muchacho -que hace novillos.</p> - -<p>Y fué aquel uno de los pocos dias que en mi vida -cuento como felices, y cuya dicha tuvo fin y colmo en -mi nocturna presentacion en casa del egregio poeta, -del cariñoso amigo, del entretenidísimo conversador, y -del nunca olvidado autor del <i>Moro expósito</i> y del <i>Don -Alvaro</i>.</p> - -<p>El recuerdo de la amistad, de la casa y de la familia -del duque de Rivas es una isla de arribada en el revuelto -mar de mi existencia, un oasis frondoso en el arenal -desierto de mis estériles aspiraciones, una tienda de reposo -en el pedregal por donde ha hecho peregrinar mi -inutilidad viviente, mi improductiva é improvisora poesía. -La casa del duque en Sevilla es en mis recuerdos -un nido de ruiseñores, donde fué á albergarse una noche -de primavera una golondrina desanidada.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XVII.</h2> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">¡Gran tierra es Andalucía!</div> -<div class="line">La gente allí alegre toma</div> -<div class="line">la vida efímera á broma,</div> -<div class="line">y hace bien, por vida mia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Quien á Sevilla no vió</div> -<div class="line">no vió nunca maravilla;</div> -<div class="line">ni quiso irse de Sevilla</div> -<div class="line">nadie que en Sevilla entró.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">«¡Ver Nápoles y morir!»</div> -<div class="line">dicen los napolitanos.</div> -<div class="line">Y dicen los sevillanos:</div> -<div class="line">«¡Ver Sevilla, y á vivir!»</div> -</div></div></div> - - -<p>Esto digo yo de Sevilla en <i>La leyenda de los Tenorios</i>, -y esto hice cuando fuí á aquella ciudad sin -más objeto que á ver á Sevilla y á vivir. No existian -aún en España las academias y los profesores -de <i>bombo</i>, ni <i>La Correspondencia</i> anunciaba la salida -de Madrid de don Fulanito y doña Menganita, ni nos -habian hecho cardenales, tratándonos de <i>Eminencias</i>, á -los que por algo comenzábamos á distinguirnos los que -aún no se distinguian por su profesion de <i>bombistas</i>; ni -habíanse aún establecido las sociedades y comisiones de -aplausos mútuos que anuncien, calificándolo de aconte<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>cimiento, -la partida, la llegada ó el resfriado de cualquier -medianía ó nulidad, á quien cuatro amigos, si no -ella misma, dan importancia miéntras se lee el número -en que se da ó se la da bombo: así que pude yo pasearme -por Sevilla con Allo y Jústiz sin riesgo de hacerme -enemigos todos los liceos, ateneos y teatros caseros, -cuyas invitaciones rehusara, y cuya sancion necesita -hoy todo hombre notable para pasar por donde pasa, -como moneda resellada, en cada provincia. Algunos -curiosos iban á ver cómo era el autor de <i>El Zapatero y -el Rey</i> cuando entraba ó salia en el café del Turco, donde -se hospedaba; y el tal autor salia ó entraba en su -alojamiento, y gozaba de aquel sol y aspiraba aquel -aroma de azahar que llena los paseos y las alamedas, y -visitaba aquellos viejos y moriscos edificios, por y entre -los cuales anduvo el rey, tan popular como mal juzgado -todavía, de su drama <i>El Zapatero y el Rey</i>. Hacia, -en fin, la vida que en Sevilla se hacia: la del pájaro, -como dije en mi número anterior; picotear los capullos -de las rosas y de los azahares, cantar y esponjarse á la -sombra y entre las hojas de los naranjos y las magnolias, -y vagar de barrio en barrio, como los pájaros de -rama en rama, hasta la hora de acogerse al nido de los -ruiseñores, que era la casa del duque de Rivas.</p> - -<p>En ella duraban algunas caseras costumbres de nuestras -nobles familias de los siglos del Renacimiento. La -del duque se reunia en las primeras horas de la noche -en torno de una gran mesa; donde, presididas por la -duquesa, trabajaban sus hijas en alguna labor, y leian ó -dibujaban sus hijos, ó escuchaban todos al duque, que -les leia ó recitaba algunos de sus característicos romances, -ó algunas de las consejas por él recientemente desenterradas -de bajo alguna piedra mal segura del rincon<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span> -de una callejuela de Sevilla. El duque leia sus versos con -un entusiasmo, un tono y una gesticulacion esencialmente -suyos y completamente originales; y acompañaban -su voz el murmullo del aire en las hojas y del agua -en las fuentes del jardin, sobre el cual se abrian los dos -balcones de aquella estancia. El cariñoso respeto y la -cordial é infantil admiracion de su numerosa familia -para con el padre y el poeta, era la cualidad característica, -el fondo típico de aquel cuadro de interior, en -cuya atmósfera se respiraba la más sincera alegría y la -más tranquila felicidad. Aquellas cabezas juveniles de -las muchachas, en cuyos ojuelos retozones chispeaba la -curiosidad reprimida y en cuyos labios retozaba la maliciosa -sonrisa; las inteligentes fisonomías de los muchachos, -Enrique reflexivo y Alvaro bullicioso; aquellos -álbums, grabados y caballetes abiertos siempre, ó siempre -cargados de algun trabajo no concluido; aquellos -retratos de los hijos, pintados por el padre; aquel piano -siempre abierto, y aquellos tres salones seguidos, en -donde siempre habia murmullo de música ó de poesía, -y cuyo silencio era el són del agua y los árboles del jardin, -daban á aquella casa un carácter especial, único y -típico, que me hizo calificarla de nido de ruiseñores, y -cuya paz fuí yo á interrumpir con el desordenado turbion -de versos de mi leyenda de <i>La cabeza de plata</i>, de -la cual iba escribiendo el último capítulo durante aquel -viaje. Habia en aquella leyenda (que el fin se publicó -bajo el título del <i>Talisman</i>, y de la cual ya nadie probablemente -se acuerda), un enamoradísimo Genaro, á -quien vuelve loco la cabeza de una hermosa Valentina, -cortada por un bárbaro y celoso tutor, cuya historia no -sabia yo á punto fijo cómo concluir, pero que entusiasmó -á la duquesa, complació al duque por lo que me<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> -queria, y encantó á las muchachas por lo romántica y -apasionada.</p> - -<p>Pasemos pronto por tan gratos como personales recuerdos: -la muerte nos quitó de delante aquel ídolo á -quien adorábamos, gloria de España, cuyos versos hemos -aplaudido no ha muchos meses en el teatro en su -<i>Don Alvaro</i>; y no quiero que su recuerdo parezca en -estos mios como motivo de alabanza propia, ni como -afan de propio engrandecimiento á la sombra suya, ni -como halagüeña adulacion á los hijos vivos del amigo -muerto; de cuya viva estimacion vivo seguro, por los -puros recuerdos de aquellos dichosos dias y de aquellas -deliciosas noches.</p> - -<p>Obligábame á pasar á Cádiz un asunto de familia; y -librándome á fuerza de voluntad del encanto con que -en Sevilla me retenia la sociedad del duque, me embarqué -con mis compañeros en un vapor que descendia el -Guadalquivir. No habia yo visto el mar; y para no verle -prosáicamente desde una playa, me eché á lomos de -aquella serpiente de plata, que deshace las móviles escamas -de sus dulces ondas en las amargas profundidades -del que rodea y arrulla aquel canastillo de plata, que -se llama Cádiz. Ni de esta ciudad ni de la de Sevilla -diré una palabra más; porque ni hay ya nada que de -ambas en prosa y verso no se haya dicho, ni estos recuerdos -son memorias históricas, ni relacion de impresiones -de viaje, que obligan á seguir lógica y consiguientemente -una narracion; sinó la consignacion de -mis ideas en un papel, segun en mi imaginacion desordenadamente -se van presentando. Está ya convenido -que el autor del <i>Zapatero y el Rey</i> y de <i>Margarita la -Tornera</i> es un poeta... bueno ó malo, grande ó pequeño: -pero ¿cómo fué poeta? ¿Cuáles fueron los gérmenes<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> -de su inspiracion? ¿Qué influencia han tenido en sus escritos -las vicisitudes de su vida? ¿Qué hay en la suya -íntima, puesto que no la tiene pública no habiendo sido -nunca más que poeta? Esto es lo que él solo puede decir, -y esto es lo que exponen estos sus <span class="smcap">Recuerdos del -tiempo viejo</span>, tan desprovistos de interés como de órden, -por ser personales y desligados de toda adherencia -con la política, el progreso, la vida, y en una palabra, -de la generacion en que ha vivido, como una planta -parásita sin raices que á su tierra la sujetaran.</p> - -<p>Poseia en Cádiz una persona de mi familia una de las -pocas huertas, que reverdecen en el escaso terreno de su -puerta de tierra.</p> - -<p>Ni la dueña de aquella posesion conocia su finca, ni -jamás habia estado muy clara la historia de ella; habíasela -cedido un pariente suyo en cambio de unos terrenos -en Ultramar; y tasada sin duda en más de lo que -valia, no redituaba lo que de su capitalizacion podia -esperarse. Habia habido en ella en otro tiempo un establecimiento -industrial, cuyo abandonado edificio é -inútiles utensilios habian ido vendiéndose cuando la -ocasion se habia presentado. Teníala entónces en arriendo -un signor Doménico Maggiorotti, genovés ó livornés, -de una honradez sin tacha, el cual daba cuentas -cuando se le pedian, descontando siempre algo por gastos -hechos en recomposiciones absolutamente necesarias, -como reconstruccion de tapias y renovacion de -puertas. De vez en cuando habia hablado de calderas -viejas y de útiles ya inútiles de hierro, que allí arrinconados -existian, cuya venta le habian propuesto y para -cuya enajenacion pedia permiso; diósele siempre la -propietaria, y el livornés tuvo siempre á su disposicion -el precio de lo vendido. Las cuentas del año anterior<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span> -estaban con él todavía pendientes, y por el mes de Febrero -del que corria habia pedido permiso para vender -la piedra de una especie de estanques ó secaderos de -cera; que cerería aseguraba que habia sido el arruinado -establecimiento industrial de la finca. De la aclaracion -de estos hechos y del cobro de la renta del último año -iba yo encargado, con legal poder y ámplias facultades -de su propietaria.</p> - -<p>Fuíme una tarde con Allo á la huerta del Maggiorotti, -quien, segun costumbre de su país, se llamaba -abreviadamente Ménico, y á quien entre las gentes vulgares -con quienes trataba, llamaban unos el señor Ménico -y otros el tio Mónico; no alcanzando la abreviatura -del nombre italiano. Dimos en la huerta, y topamos en -ella con el signor Ménico Maggiorotti; que era efectivamente -mayor en años y en estatura que Allo y yo juntos, -y uno de los mayores hombres con quienes yo he -tropezado en mi vida. Tenia, segun nos dijo, setenta y -dos años, y segun vimos cerca de seis piés de alto, con -una cabellera y unas patillas como la nieve, unas cejas -crecidísimas, bajo las cuales relampagueaban dos ojazos -de un azul pardo y de una admirable limpidez; una tez -curtida como si hubiese pasado mucho tiempo expuesto -á los aires del mar; una boca grande de perpétua sonrisa -y guarnecida aún de su completa dentadura, y unos -hombros, unos brazos y unas manos fornidos, musculares -y encallecidas, como de quien debia de haber pasado -largos años en rudo y continuado ejercicio.—Saludéle -yo afablemente; díjele quién era, y exhibíle mis -credenciales; tendióme él su diestra llevando la zurda -al sombrero, y miéntras por poco no me desmonta las -catorce coyunturas de mi mano entre las de la suya, me -dijo con una voz como de contramaestre hecho á man<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>dar -la maniobra entre la tempestad:—«Mañana á las -diez le llevaré á usted á su casa ocho mil reales, y los -seis mil trescientos restantes, el dia 30, á la misma -hora: porque no habiéndome usted avisado de su venida, -no le tengo juntos los catorce mil trescientos del -total de su cuenta.»</p> - -<p>Ocurrióseme decirle que á mí, como el más jóven, -correspondia ir á su casa; y contestóme, frunciendo más -el entrecejo, y mirándome como quien necesita seis como -yo para almorzar:—«Si tiene V. empeño de ir á mi -casa, vaya; pero yo no hago ningun trato en mi casa, -sinó en los <i>Montañeses</i> que tengo en frente de ella, y -ante un jarro de manzanilla, como tal vez no es costumbre -entre los señoritos de Madrid, y yo pago siempre.»</p> - -<p>Acepté, tomé en mi cartera las señas de la casa y -despedímonos hasta las diez de la mañana siguiente. -Allo y yo convinimos en que aquel viejo tenia trazas de -haber sido tallado sobre el modelo del Laoconte, y de -ser un hombre tan formal como poco hecho á sufrir -cosquillas.</p> - -<p>—Parece que no tiene muchas ganas de recibirte en -su casa—me dijo Allo.</p> - -<p>—Y no sé por qué las tengo yo de meter en ella las -narices,—le dije yo; y nos fuimos á buscar á Jústiz, -para ir á la ópera.</p> - -<p>Al dia siguiente, exacto como un suizo, me presenté -á las diez en casa del signor Ménico, que la tenia en -una calleja cerca de la muralla y en frente de una -tienda de montañeses; á la cual se entraba por un patinillo -cercado de un emparrado, bajo cuyos vástagos se -veian cinco ó seis mesillas, con sus correspondientes -bancos, éstos y aquellas clavados, que no asentados en -el suelo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p> - -<p>La casa del signor Ménico Maggiorotti tenia su parte -habitable en el piso principal, que, sostenido sobre dos -postes, gravitaba entero sobre ellos y las paredes maestras -de un gran portalon, todo lleno en derredor de bien -apilados sacos de lana, en la cual comerciaba su propietario. -Enclavada en la pared de la izquierda, pendiente, -estrecha y de un solo tramo, una escalera de madera -con su pasamano remataba en una puerta de maciza encina, -único paso al piso superior; y en vez de postigo en -ella abierto, se abria en la pared derecha un ventanillo, -que dominaba el portalon, y desde cuyo ventanillo, -un hombre armado de una escopeta de dos tiros ó de un -par de pistolas, podia defender la subida y la entrada -de una docena de asaltantes, que caerian infaliblemente -uno tras otro ántes de que ninguno lograse forzar la -puerta. Mil suposiciones, á cual más absurdas, forjó mi -imaginacion de poeta y mi juvenil inesperiencia sobre -las riquezas, la avaricia y el misterio de la vida del signor -Ménico á la vista de aquellos sacos de lana, que representaban -un buen par de sacos de duros, y de aquella -colocacion de postigo y escalera, que delataban muy -calculadas precauciones.</p> - -<p>Y todos estos supuestos me los hice yo como autor -acostumbrado á preparar la escena de mis dramas, y -como maniático tirador que no veia por donde quiera -más que escenarios ó tiros de pistola; miéntras el corpulento -signor Ménico venia á presentarme su mano de Titán, -abandonando un saco de lana sobre el cual dormitaba -ó echaba cuentas á mi llegada. Saludámonos, y -atajando tiempo y cumplidos, el viejo italiano, con su -vigoroso acento, pero en un tono cariñoso y dulcísimo, -aunque imperativo, pronunció, llamándola, el más bello -nombre de mujer que habia yo oido nunca.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> - -<p>—<i>¡Stella!</i>—dijo, y á su voz asomó al ventanillo una -cabeza rubia, que respondió con una voz de indefinible -dulzura: «Eccomi, nonno.»—«Troverai un sacco con un -pò di danaro sulla tavola: portalo colla vesta:»—repuso -Maggiorotti, y, unos momentos despues abrióse la puerta -y descendió, con el saco y la chaqueta por él pedidos, -la más deliciosa y poética criatura. Era una muchacha -diez y ochena, blanca como una perla, rubia como un -querubin y ligera como una corza. Traia el cabello recogido -en dos trenzas sobre los hombros, con dos ligeros -rizos flotantes sobre las sienes, un corpiño de terciopelo -negro abrochado hasta el cuello con botones de plata, -y un delantal blanco encima de una falda gris; por bajo -cuyos ribetes se la veia bajar sobre dos piececitos inconcebibles, -metidos dentro de dos escarpines de charol -con hebillitas de plata. <i>Stella</i> la habia llamado su -abuelo, y á mí me pareció, en efecto, la estrella de la -mañana.</p> - -<p>Notó el viejo la impresion que en mí hacia la presencia -de aquella criatura, y diciéndola: «son qui alla -bottega col signore,» la despidió. Saludónos ella, y, al -desaparecer en lo alto de la escalera, me sacó maese Ménico -de su portalon, diciéndome: «es mi nieta;» seguíle -yo, sospechando si podia ser un ángel á quien aquel -viejo demonio debia de haber arrancado las alas, y nos -metimos uno tras otro en el patio de la tienda de los -montañeses.</p> - -<p>Va á ser más fácil de comprender para mis lectores -que para mí de relatar, la escena de mis cuentas con el -signor Ménico Maggiorotti; porque la forma y consecuencias -de tal escena son tan comunes y vulgares, como -extraño y fantástico su fondo. El hecho en resúmen, -por más empacho que confesarlo me cueste, fué que el<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span> -signor Ménico, bebedor consuetudinario, enterró en el -fondo de un jarro de manzanilla la razon de un muchacho, -para quien era exceso lo que para aquel costumbre; -la manera visible con que se efectuó este entierro, -fué la de ingerir una á una en el estómago las aceitunas -de un plato, y otra á otra las cañas en que Ménico vaciaba -el contenido del jarro; cuya vulgar operacion vieron -sin curiosidad ni extrañeza los propietarios del local -que detrás del mostrador estaban; pero su fondo, es decir, -la intencion del signor Ménico y el pensamiento -mio, es lo de todos áun ignorado, y lo que voy en breves -palabras á revelar; si acierto con las frases á propósito -para escribir tan vulgar como fantástica situacion. -Comenzó el corpulento administrador por enterarme, -entre las dos primeras aceitunas y las dos primeras y -aún inofensivas cañas, de las partidas de cargo y data -de su cuenta, y de la que á favor de mi poderdante resultaba; -vació en seguida el saquillo que le habia entregado -su nieta, y apiló con la destreza y rapidez del más -ducho banquero de cabecera, primero las monedas de -oro, despues los pesos, y en fin, las pesetas, que componian -la suma que me correspondia: cuatro mil reales -en onzas y cuatro mil en plata; hizo rollos primero del -oro, despues de los duros y de las pesetas; hízome guardar -los primeros en los bolsillos del pecho de mi levita -y en los del chaleco; metióme los de las pesetas en los -del pantalon, y haciendo un lio de los de los duros en -mi pañuelo, lo colocó dentro de la comba que mi brazo -izquierdo trazaba sobre la mesa, é introduciéndome la -cuenta en el bolsillo del relój y guardando él mi recibo -en su cartera y ésta en el inmenso bolsillo de su chaqueton -de pana, dijo: «ahora emprendámosla con el manzanilla.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p> - -<p>Pero todo esto que él hizo y que yo le dejé hacer, lo -hizo él con la calma, el aplomo y la prevision de quien -sabia lo que iba á suceder, no queriendo que sucediera -nada que fuera en perjuicio de su honradez de buen administrador -y de pagador exacto.</p> - -<p>Bebíamos y hablábamos del estado de la huerta, de -lo que yo hacia en Madrid, y de lo que pensaba hacer -en adelante; de lo que él habia hecho en Génova y en -algunas otras partes del mundo por tierra y mar. De mi -manera de vivir debió comprender él muy poco, por ser -para él los versos despreciable capital y mezquino género -de comercio; y de lo que él habia hecho no comprendia -yo tampoco mucho; porque además de que me -lo contaba por terceras partes, en dialecto genovés, en -italiano y en español, formulaba su narracion con tales -circunloquios y digresiones, que tan pronto llevaba mi -atencion por el mar, en un buque que iba y volvia á no -recuerdo qué puntos de América; como por entre los -fardos, las cuentas y las disputas de una casa de tráfico -en un puerto del Mediterráneo; ya me hablaba de los -granaderos de Nápoles y de una campaña de Italia, ya -de un barco pirata y de encuentros con los contrabandistas -de la montaña; ya de una casa tranquila y pintoresca -de la campiña de Livorno, cuyo interior tenian -hecho un cielo una hija y tres nietas como pintadas por -Rafael: ya de una especie de génio siniestro de su familia -que habia enterrado vivas á todas aquellas mujeres... -y yo le escuchaba mirándole, á través del manzanilla sin -duda, ya soldado, ya pirata, contrabandista, comerciante, -padre, marido y abuelo de aquellos séres, que, -tan hermosos como desventurados, pasaban todos por -delante de mí, y saludándome bajo la forma de aquella -<i>Stella</i>, que acababa de aparecer y desaparecérseme en<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span> -el portalon de la extraña casa de maese Ménico Maggiorotti.</p> - -<p>Esta era mi idea fija, y la única clara que en el turbio -cristal de mi mente se dibujaba; en cuanto el más mínimo -intervalo de aspiracion ó reposo del viejo Ménico -me lo permitia, intercalaba yo mi eterna pregunta—«<i>¿y -Stella?</i>»—á la cual oponia él tenazmente su eterna -respuesta—«mi nieta: mi última nieta»—y continuaba -bebiendo y hablando, y yo contemplando su enorme -boca, ya jurando en genovés, ya dilatándose en homéricas -carcajadas; y sentíame fascinado por aquellos dos -ojos que brillaban inquietos y chispeantes bajo el toldo -blanco de sus nunca recortadas cejas. A veces enjugaba -una lágrima con un pañuelo de algodon, que sacaba y -metia rápida y facilísimamente de un bolsillo, en el cual -cabria con comodidad una pieza entera de doce pañuelos; -y á veces dando un formidable puñetazo sobre la -desvencijada mesa, hacia saltar en ella el jarro, las cañas -y mis rollos de duros envueltos y anudados en mi -pañuelo de batista, sobre el cual ponia él su mano como -único objeto de que habia que cuidar, diciendo «mi -scusi... ma...» y miraba al cielo cerrando el puño. Yo, -asegurando tambien por instinto mi dinero, aprovechaba -aquel respiro para dirigirle mi eterna pregunta—«<i>¿y -Stella?</i>»—y él exclamó al fin levantándose y apabullándose -de través su sombrero hasta las orejas:—«¡Dio -santo! ¡Stella... Stella!—¡Sventurata! ¡Condamnata á -morte comme tutte le altre!»</p> - -<p>Habia yo llegado á aquel período en que el mundo -baila y gira en torno del mal bebedor, y al levantarse el -signor Ménico, quise tambien ponerme derecho; pero al -levantarme comprendí que mis piés no podian cómodamente -con mi cabeza. Dióme el brazo maese Ménico;<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -metióme el pañuelo de duros en el bolsillo izquierdo de -atrás de mi levita; y arrollando este bolsillo en el faldon -correspondiente, me lo colocó bajo el brazo izquierdo, -y diciéndome en su galimatías:—«Niente, niente: en -diez minutos se pasa todo: tenga firme el brazo, ed -avanti sempre: questo vino non é che fummo.»</p> - -<p>Me sacó á la calle, me acompañó no sé hasta dónde; -y yo, sintiendo reirse y danzar al rededor mio la gente, -la muralla, los árboles, las fuentes y las casas, llegué á -la mia, y dí conmigo y con mi dinero en brazos de Jústiz, -que casi lloraba, y de Allo que reia como si él fuera -el borracho. Yo, con una lengua que me pesaba seis -arrobas, acerté á decir—«ahí traigo ocho mil reales... -acuéstenme... y déjenme dormir»—me dejé desnudar, -y ni ví cuándo me dejaban solo, ni sentí cómo me cerraban -puertas y ventanas; y en la lobreguez de aquel -vergonzoso y forzado sueño de mi primera embriaguez, -no surgió luminosa, ni siquiera por un instante, la pura -y poética imágen de aquella Stella fotografiada en mis -pupilas y en mi cerebro, desde que apareció en el último -peldaño de la empinada escalera del portalon de -maese Ménico.—¡Tánto rebaja y embrutece tan innoble -vicio al hombre inspirado por la más espiritual y -fantástica poesía!</p> - -<p>No recuerdo si desperté ó me despertaron: pero anochecia -cuando abrí los ojos, y me hallé entre el melancólico -Jústiz y el siempre alegre Allo: interrogábanme -ellos y respondíales yo: pero, ni me atrevia, ni podia -explicarles lo que todavía no se acusaba bien definido -en mi confusa memoria; excepto la de Stella, que, como -la de los Magos, fué lo primero que brotó claro del -caos espirituoso que aún envolvia mis enmarañados recuerdos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p> - -<p>Allo, hombre de sentido práctico, concluyó por declarar -que lo que sacaba en limpio de mi inconexo relato -era, que el viejo italiano, fiel á las costumbres del -país, habia hecho beber más de lo que podia al que no -la tenia de beber en ayunas; pero que no habia motivo -alguno de queja, ni acusacion en él de torcido intento, -puesto que los ocho mil reales estaban completos y su -cuenta exacta y sin tacha. Que aceitunas y manzanilla -era una nutricion andaluza insuficiente, aunque excesiva -para un castellano viejo; y que lo más acertado y perentorio -era sentarnos á la mesa, y que yo echara un -buen lastre en mi estómago, deslabazado por un vino -chacharero y poco arropado, como la gente ligera de -ropa de la caliente Andalucía.</p> - -<p>Sentámonos, pues, á la ya preparada mesa, que alegró -Allo con su conversacion un poco verde, que escuchó -Jústiz con su atildada compostura, y las <i>dos hijas -de la casa</i>, sin darse por entendidas de lo hablado, en -atencion á una noble botella de Sillery que destaponó y -las sirvió Allo en són de próxima despedida; pues segun -anunció, debíamos embarcarnos para Málaga á la -siguiente noche.</p> - -<p>Y no sé por qué á tal anuncio se me oprimió el corazon.</p> - -<p>Comí poco, bebieron Allo y las muchachas, y á instancias -del impaciente Jústiz, que no queria perder la -salida de Salvatori en <i>Los Puritanos</i>, ocupamos nuestras -lunetas (hoy butacas) en el teatro. Una de las mayores -desventuras con que castiga Dios á un hombre es -la de crearle poeta; es peor que si le creara bizco: todo -lo ve de través, y en cambio de los imaginarios goces -con que embelesa su espíritu, le estravía en el mundo -real y le condena á vivir fuera de su época y extraño<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> -generalmente á sus contemporáneos. <i>Los Puritanos</i> son -para mí la más deliciosa partitura de la escuela italiana; -no tienen una nota de desperdicio, y yo he sabido de -memoria música y letra, á pesar de que el libreto del -conde Peppoli es indigno de aquella sentida inspiracion -de Vincenzo Bellini. Pues bien; yo escuché aquella noche -<i>Los Puritanos</i> como quien oye llover: no me dí -cuenta de nada de lo que en escena pasaba; y desde que -el primer coro cantó:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">La luna, il sol, <i>le stelle</i></div> -<div class="line">le tenebre, il folgor</div> -<div class="line">dan laude al Creator</div> -<div class="line">in lor' favelle,</div> -</div></div></div> - -<p>yo no pensé ni me fijé en más que en el recuerdo de la -pálida nieta de Ménico Maggiorotti, como si fuera la -tiple que por la escena se movia: al llamarla el bajo -<i>l'angelica sua Elvira</i> creí que se equivocaba, y al oir al -tenor juzgarla <i>tremante ed spirante</i>, los ojos se me arrasaron -en lágrimas. ¡Qué desventura la de nacer poeta! -¿Qué tenia yo con la nieta de maese Ménico? ¿Sentia por -ella desgraciadamente una de esas pasiones que nacen, -crecen, se desarrollan y hacen feliz ó infeliz á un -hombre en cinco minutos? Nada ménos que eso: era -una impresion poética, un misterioso castillo en el aire, -forjado sobre la vulgarísima historia de un tratante en -lanas italiano que tenia una nieta que se llamaba Stella; -era que acababa yo de compaginar el asunto italiano de -mis <i>Dos vireyes</i>, cuyo éxito me tenia inquieto, y aquella -inquietud, unida al recuerdo de lo que en aquel -drama pasa á la enamorada Anunciata, me hacia esperar -de Stella una heroina de un cuento, fin de la -historia de la representacion de mi drama; era, en fin,<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -la curiosidad, el sueño, el delirio de un poeta, que no -ha visto nunca la vida tal como es, ni las personas vivas -sinó como personajes: era una muchacha rubia, -vista á través de una copa de manzanilla, vino chacharero -y poco arropado, como decia Lorenzo Allo.</p> - -<p>Antes de acostarnos, acordaron éste y Jústiz nuestra -partida para Málaga: declaréles yo mi resolucion de -quedarme: tenia que cobrar el 30 los 6,000 reales de mi -crédito con maese Ménico. Allo se echó á reir: Jústiz -me miró tristemente. Allo me dijo: el italiano es hombre -formal; lo mismo te pagará el 30 que el 10, que estaremos -de vuelta.</p> - -<p>—No, repuse; quiero concluir mi <i>Cabeza de plata</i>.</p> - -<p>—Otra cabeza rubia es la que ha barajado el seso de -la tuya.</p> - -<p>—Idos: me quedo.</p> - -<p>—Pues nos iremos: quédate; pero volveremos por tí, -y <i>velis nolis</i>, aunque haya que romper alguna cabeza, -tú volverás á Madrid conmigo—dijo Allo—y nos acostamos.</p> - -<p>Allo y Jústiz partieron á Málaga á la noche siguiente: -en la mañana del otro dia cambié yo de alojamiento: -me ofendia la sonrisa perpétua de aquellas dos muchachas -morenas y alegres que me habian visto volver -de través, abrazado con el pañuelo de duros de Ménico: -me disgustaban los ojos negros, los rizos negros y las -formas redondas de aquellas dos andaluzas: yo soñaba -rubio, veia rubio, adoraba lo blanco, lo esbelto y lo ligero; -lo robusto, lo redondo, me parecia materia bruta: -lo blanco, flexible y delicado, espíritu y corazon; lo andaluz, -carne y prosa; lo italiano arte y poesía.</p> - -<p>Me instalé en el hotel del Correo, donde no habia -más huésped que un inglés, y cuyo camarero era italia<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>no. -Púseme á concluir mi <i>Cabeza de plata</i>, para podérsela -leer completa á la duquesa de Rivas, que habia -quedado curiosa da saber su conclusion, que ignoraba -yo todavía á mi paso por Sevilla.</p> - -<p>Pedí al camarero noticias de Maggiorotti una noche.</p> - -<p>—E un ogro, me respondió; non riceve nessun italiano -in casa sua.</p> - -<p>—¿Conocette Stella?—le pregunté.</p> - -<p>—¡Chi! ¿Stella? ¿Una vecchia brutta?</p> - -<p>—¡Va via, grand' imbecile!—le dije despidiéndole -furioso.—¡Una vecchia brutta Stella!... il Sole.</p> - -<p>Marchóse el pobre hombre sin comprenderme... y -quedéme yo tan asombrado como él de lo dicho.</p> - -<p>¿Quién era Stella? ¿Qué tenia para mí? Que Dios me -habia hecho nacer poeta y que habia dicho de ella maese -Ménico: ¡Sventurata! ¡condamnata á morte comme -tutte!</p> - -<p>Y todos nacemos condenados á muerte; sinó que los -poetas vivimos como sonámbulos, y corriendo siempre -tras de fantasmas.</p> - -<p>El inglés, único huésped del Hotel del Correo cuando -yo tomé en él aposento, era el compañero más á -propósito para mí en aquella ocasion. Taciturno gastrónomo, -recorria todos los países del mundo para estudiar -la cocina nacional de cada uno. Comia, callaba, digeria -y dormia: escribia yo, pues, sin ruido, visitas ni -estorbos, y descansaba sólo algunas horas de la noche. -La luna en creciente tendia sobre la antigua Gades el -rico manto de su luz de plata, y vagaba yo por sus -limpias calles y sus ya arboladas plazas, á la luz melancólica -del astro poético de la noche, como lo que he -sido siempre, como una sombra de otro mundo y un -habitante de otra region perdido sobre la tierra.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> - -<p>Vagabundo nocturno de profesion, conozco todos los -ruidos, las sombras y las luces nocturnas: sé cuántas -formas toma la sombra de los árboles y de las casas, segun -la luna las traza, las prolonga ó las recoge, desde -que sale hasta que se pone. Sé los infinitos ángulos y -triángulos que trazan los hierros de los faroles, los brazos -de las cruces y las siluetas de las chimeneas; conozco -todos los cuadros de luz que estampan sobre el oscuro -y húmedo empedrado los balcones alumbrados de -las casas en que se vela ó se baila, de las puertas que se -abren para despedir á los contertulios á la luz de bujía, -farol ó linterna; todos los huecos de sombra de los postigos -abiertos y cerrados con precaucion y á oscuras -para recibir ó despedir á los amantes; todos los rumores -de las pisadas que se acercan ó se alejan con resolucion -ó con miedo, de las del adúltero escurridizo ante la hora -de la vuelta del marido; del jugador ganancioso y del -hijo de familia retrasado; del ratero y de la buscona, -del centinela y del médico; mis leyendas están llenas -de esas noches, y yo tengo ciertas pretensiones de ser -un poeta nocturno, rico de nocturna y pormenorizada -observacion; todas mis comedias y dramas comienzan -de noche y de noche se han concluido; y en aquellas -de Cádiz concluian mis nocturnos paseos en una plazuela -sobre la muralla derruida, por encima de cuyas -desencajadas piedras metia el mar los hirvientes y desgarrados -pedazos de encaje de la espuma de sus encrespadas -olas; á través de cuyo rumor temeroso y del -salino vapor en que el aire convertia la ola que en los -peñascos se estrellaba, adoraba yo á Dios y aspiraba la -poesía que ha extendido sobre los mares para el poeta -creyente.</p> - -<p>El mar es para mí el grande espejo en que se pinta<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span> -la faz de Dios, y mil veces he deseado tener por tumba -su inmenso y móvil panteon de líquido cristal. Dos veces -he naufragado, y el mar me ha devuelto vivo á la -tierra. ¡Qué mausoleo más magnífico que el mar! A -quien naufraga y muere en alta mar, le da Dios la -muerte más dulce y sin agonía; una impresion rapidísima -de inmersion en un baño, un zumbido de oidos semejante -á una lejana música, un resplandor fosfórico -que deslumbra las pupilas... y el alma sale del cuerpo y -entra en la eternidad. ¡Buenas noches! Aquel cuerpo y -aquel alma se ahorran todo lo doloroso y lo ridículo de -que la sociedad rodea al que se muere; el pesar verdadero -de los que le aman, la hipócrita comedia del dolor -de los que le heredan, los falsos consuelos de los que -están deseando que espire pronto, ofendidos de su superioridad -ó envidiosos de su gloria; el entierro oficial, si -es un personaje ó una celebridad; el olvido inmediato -tras de las ceremonias, y la profanacion, en fin, de su -tumba por la posteridad, encomendada por Dios de castigar -al orgulloso que olvida que le dijo al crearle: <i>Pulvis -es et in pulverem reverteris</i>.</p> - -<p>Yo adoro el mar, y cuando el frio, la soledad, la reflexion -y la necesidad de continuar mi trabajo me arrancaban -de aquel boquete de murallon roto, por donde -yo miraba el de Cádiz en aquellas noches, me volvia á -mi hospedaje del Correo, pasando por el callejon en que -se alzaba sombría y casi aislada la casa de maese Ménico -Maggiorotti. En su esquina del Mediodía veia siempre -iluminado por dentro el postigo de una ventana. -¿Quién velaba allí? ¿Hacia allí las prosáicas cuentas de -sus sacos de lana ó de cuartos maese Ménico, ó mecian -allí á la luz de una lamparilla los sueños de la esperanza, -el espíritu virginal de la hermosa nieta del miste<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>rioso -italiano? Todas las noches volvia á mi alojamiento -sin haberlo averiguado, y volvia á trabajar en mi <i>Cabeza -de plata</i>, bailándome perpétuamente delante de -los ojos la rubia de Stella; y el recuerdo de su poética -imágen bajaba y subia perpétuamente por la escalera -del portalon, empotrada en mi cerebro, miéntras con -ella distraido avanzaba lentamente en mi trabajo y esperaba -impaciente el dia 30.</p> - -<p>El veinte y ocho recibí una carta de Cárlos Latorre, -en la cual me decia: «Se levantó el telon sobre el primer -acto de <i>Los dos vireyes</i> con entrada llena. Mate -llevó con aplomo sus escenas en verso, y el público las -escuchó con agrado: oyó sin repugnancia las en prosa, -gracias al cuidado que pusieron todos los actores, y -concluyó Azcona caracterizando con mucha inteligencia -su final, que se aplaudió: no me lo esperaba, y comencé -á respirar.»</p> - -<p>«Al empezar el acto segundo, el viento habia cambiado -y el mar hacia oleaje. Durante el entreacto, un -criado incógnito habia repartido al público, y no al buen -tun, tun, sinó entre la gente de letras de las lunetas -(hoy butacas), quince ó veinte ejemplares de la novela -<i>El virey de Nápoles</i>, de Pietro Angelo Fiorentino; los -cuales tenian una nota con lápiz que decia «los diálogos -que Zorrilla ha copiado en su drama van marcados -al márgen.» Los posesores de aquellos librillos se los -mostraban y pasaban riendo á los curiosos que se los -pedian: los palcos, las galerías y el pueblo pedian silencio: -los actores no comprendian tal inquietud en las lunetas, -pero no se desconcertaron. Concluyeron al fin las -nueve escenas en prosa; quedó Mate sólo en escena, y -el público respetó su respetable personalidad; é hiriendo -sus oidos las octavillas italianas, comenzó á hacer<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -silencio; y Mate le aprovechó para decírselas tan vigorosa -é intencionadamente, que al concluirlas arrancó el -primer aplauso de la noche. La cancion de Basili hizo -un efecto inesperado; y Mate se llevó la sala con la redondilla:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">con un cordel á la gola</div> -<div class="line">y un crucifijo en la mano,</div> -<div class="line">cantar haré á ese villano</div> -<div class="line">su postrera barcarola,</div> -</div></div></div> - -<p>y con un segundo aplauso preparó mi salida. Excuso -ponderar á V. lo que hicimos ambos en el resto del acto: -cumplimos con los deberes de la amistad.»</p> - -<p>«En el entreacto segundo nos enteramos de la villanía -de <i>X</i>, que era quien indudablemente habia enviado -al teatro los ejemplares de la novela; yo me apresuré á -dar la clave del ataque traidor de que era V. objeto; y -la empresa y los actores resolvimos defender el final del -drama con todo el empeño de que hombres y mujeres -fuéramos capaces; pero <i>los amigos</i> de fuera trabajaban -en contra con los librejos; la escena en prosa y los endecasílabos -pasaron apenas difícilmente; y ya temia yo -una catástrofe para el final, cuando nos salvó lo que temíamos -que nos perdiera: el virey encerrado en el balconcillo -despues de la escena VI, en la cual logré -arrancar un aplauso y hacerme escuchar. Mate estuvo -impagable en aquella desairada posicion; rebosando orgullo, -rencor y sed de venganza, hizo aborrecible el -personaje que representaba, y al volvérsele las tornas, -las galerías y la ignominia ahogaron á las lunetas, y dimos -el nombre del autor, y hoy damos tranquilamente -la cuarta representacion. Duerma V. tranquilo, y permítame -V. que le prevenga para el porvenir con aquellas -palabras de Fabiani en «<i>La familia del boticario: Buenos<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span> -amigos tienes, Benito;</i>» y cuente V. con este que le -querrá siempre.»</p> - -<p>No me sentó tan mal como me asombró la incomprensible -partida mulata de <i>X</i>, porque me revelaba más -estupidez que malas entrañas; puesto que, mero traductor -de la novela de que me habia hecho <i>sacar</i> el drama, -quien tenia derecho en resúmen á aparear su nombre -con el mio no era él, sinó Pietro Angelo Fiorentino—á -quien yo habia robado por darle gusto.</p> - -<p>Tal es la historia de mi miserable rapsodia <i>Los dos -vireyes</i>, y tal la de su primera representacion; de la cual -no he hablado jamás á <i>X</i>, ni él ha podido nunca apercibirse -de que yo le estimaba en lo que valia: sobre mis -hombros no pudo, empero, volver á poner los piés. Así -vivimos en estos tiempos y en esta sociedad, en que las -medianías se atreven á todo, y á todo tal vez alcanzan, -ménos á engañar á la posteridad.</p> - -<p>El 30 á las diez trepaba yo, que no subia por la empinada -escalera del portalon de maese Ménico; pues no -hallándole en él, quise ver si podia forzar el paso al, segun -fama, impenetrable <i>sancta sanctorum</i> de su misterioso -hogar. Subí rápida y llamé ruidosamente á la -puerta en que la insegura escalera finalizaba, y al tiempo -que por el ventanillo acechador asomaba una curiosa -cabeza de mujer, me franqueaba la entrada el mismo -maese Ménico, por la barreada puerta, ante mí abierta -de par en par.</p> - -<p>El genovés, en chaleco, pantalon y babuchas, me recibió -con algo encapotado ceño y melancólica sonrisa; -en los cuales mi extraviada preocupacion y mi fantástico -espíritu se empeñaban en ver algo misterioso y siniestro: -quise yo motivar mi presencia, pero él atajó mis -escusas diciendo:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p> - -<p>—«Son las diez, y es la hora. ¿Trae V. el recibo?</p> - -<p>—Sí, señor.</p> - -<p>—Pues los seis mil están contados: y conduciéndome -á través de una antesala y un comedor, tan limpia como -modestamente amueblados, á una especie de despacho, -me mostró sobre la parte alta y plana de su pupitre los -trescientos duros en pilas de á veinte y cinco. Mostréle mi -recibo firmado y comencé á hacer rollos de á cincuenta, -en los ocho pedazos en que corté un periódico que -me alargó.</p> - -<p>Callaba yo haciendo, no muy diestramente, mis rollos, -y callaba él esperando distraido á que yo concluyera -de hacerlos; tal vez se reia en su interior de mí por -la poca costumbre de manejar dineros que mi poca destreza -le revelaba; pero mi indiscrecion de muchacho sin -mundo y mi irresistible curiosidad me hicieron al fin -prorumpir en la pregunta que hacia diez dias tenia en -mis labios:—¿y <i>Stella</i>?</p> - -<p>Sentí la mirada de Ménico sobre mi faz, y la busqué -con la mia, resuelto á todo: entre las blancas pestañas -de sus hundidos ojos percibí dos lágrimas, que no dejó -rodar por sus curtidas mejillas, enjugándolas ántes con -el reverso de su mano.</p> - -<p>—¿Stella?—dijo, como si su voz fuera en su respuesta -el eco de mi pregunta.—¿Quiere V. verla?</p> - -<p>—Si V. me lo permite...</p> - -<p>—¿Por qué no? Acabe V. de recoger su dinero; no he -podido procurarle á V. oro, porque...</p> - -<p>Interrumpióse sin acabar de darme su razon; concluí -yo de liar mi sexto rollo, y miéntras ataba los seis en mi -pañuelo, completé néciamente mi pensamiento, formulándole -en esta menguada frase:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span></p> - -<p>—Stella es una preciosa criatura, cuya vista regocija -los ojos, cuya voz arrulla los oidos.</p> - -<p>—¡Desventurada!—exclamó el viejo;—«¡é la più -sventurata creatura del mondo! ¡Non può essere sposa, -ne madre, ne padrona di sé stessa!»—Y abriendo ante mí -una puerta, me mostró en un gabinete cariñosamente -lleno de cuanto puede necesitar la coquetería mujeril, y -en un lecho, que no exhalaba más que virginales emanaciones, -ni excitaba más que castas ideas, la pálida -Stella, cuya cabeza, doblada sobre las almohadas, tenia -los ojos abiertos y fijos en espantosa inmovilidad.</p> - -<p>Sin poderme contener, exclamé:—¡Muerta!—Y Ménico, -poniéndome bruscamente la mano en la boca, me -dijo al oido:—¡silencio: oye, está en catalepsia!—y cogiéndome -por el brazo, sacóme del aposento.</p> - -<p>Iba yo estupefacto á pronunciar un vulgar <i>mi scusi</i>; -pero el infortunado maese Ménico me le atajó con otro, -que en su boca y en su situacion resultó sublime de abnegacion -y sentimiento, y siguió diciéndome:</p> - -<p>—Es la última de tres hermanas; un infame, castigado -por Dios con esa enfermedad, se casó con mi hija: -sus dos mayores han muerto á los 21 años; ella de pesadumbre; -él... á manos de la venganza; yo les he enterrado -á todos; no me queda más que Stella: si me sobrevive... -¡qué vida tan horrible la espera! Si se me -muere... ¡qué soledad!... <i>¡Misero me!</i></p> - -<p>Yo habia escrito ya muchas comedias, pero no tenia -aún aplomo en el teatro del mundo. Mudo é inmóvil, no -sabia ni consolarle ni despedirme. La vieja que se habia -asomado al ventanillo, presentándose en la antesala, -dirigió á maese Ménico algunas palabras, que no comprendí: -éste me abrió la puerta de la escalera, y yo descendí -por ella abrazado con mi dinero, y me salí de<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span> -aquella casa, más ébrio con la emocion y el desencanto -que la primera vez con el manzanilla.</p> - -<p>Llegué al Hotel del Correo y hallé una carta que me -habia traido de Madrid el del dia anterior; mi mujer se -habia roto un brazo al salir á oscuras del teatro del Príncipe; -Julian Romea habia cuidado de ella en los primeros -instantes, la habia conducido á casa con el doctor -Codorniú, y me suplicaban ambos que regresara inmediatamente -á Madrid.</p> - -<p>Hé aquí la historia de mis <i>Dos vireyes</i> y de la primera -salida del Quijote de los poetas, á hacer por el -mundo real la vida fantástica de los pájaros y de los -locos.</p> - -<p>¿Qué logró en ella el hombre? Dos pesadumbres, dos -desengaños y la vergüenza de una embriaguez; tres espinas -en el corazon; pero quedó en la imaginacion del -poeta legendario este tan delicioso como triste recuerdo -del tiempo viejo: la imágen de Stella.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XVIII.<br /> -CUATRO PALABRAS SOBRE MI «DON JUAN TENORIO».</h2> - - -<p>Corria la temporada cómica del 43 al 44: Cárlos Latorre -habia trabajado en Barcelona, y Lombía solo -sostenido el teatro de la Cruz con su compañía, -para la cual habia yo escrito aquel año tres obras -dramáticas: <i>El Molino de Guadalajara</i>, drama estrambótico -y fatalista, en el cual Lombía hizo un tartamudo -de mi cosecha: papel erizado de dificultades inútiles, -que él superó con una paciencia y un estudio que -no sabré yo nunca ponderar ni agradecer, y cuyo tercer -acto hicieron él, la Juana Perez, Azcona y Lumbreras -de una manera inimitable; que fué lo que hizo el éxito -de aquella mi extravagante elucubracion, forjada con -tan heterogéneos elementos.</p> - -<p>La Juanita, disfrazada de sobrino del molinero, cantando -la cancion de Iradier para dormir á Azcona, arrancó -aplausos hasta de las bambalinas; pero repito que -el éxito de esta obra se debió al esmero con que los actores -la representaron, y al gasto con que la empresa -la decoró; pagando además las palomas, los versos y<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span> -las flores que sus amigos, y no el público, me arrojaron -la primera noche. Lombía no se descuidaba, y era preciso -que las obras que yo para él escribia no tuvieran -éxito inferior á las de Latorre.</p> - -<p><i>La mejor razon la espada</i>, refundicion ó rapsodia de -<i>Las travesuras de Pantoja</i>, fué otro de mis triunfos de -aquel año; pero no hay para qué alabarme por él, puesto -que lo que en aquella obra vale algo es de Moreto, y -no mio.</p> - -<p>En Febrero del 44 volvió Cárlos Latorre á Madrid, y -necesitaba una obra nueva: correspondíame de derecho -aprontársela, pero yo no tenia nada pensado y urgia el -tiempo: el teatro debia cerrarse en Abril. No recuerdo -quién me indicó el pensamiento de una refundicion del -<i>Burlador de Sevilla</i>, ó si yo mismo, animado por el -poco trabajo que me habia costado la de <i>Las travesuras -de Pantoja</i>, dí en esta idea registrando la coleccion de -las comedias de Moreto; el hecho es que, sin más datos -ni más estudio que <i>El burlador de Sevilla</i>, de aquel ingenioso -fraile y su mala refundicion de Solís, que era la -que hasta entónces se habia representado bajo el título -de <i>No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se -pague</i> ó <i>El convidado de piedra</i>, me obligué yo á escribir -en veinte dias un <i>Don Juan</i> de mi confeccion. Tan -ignorante como atrevido, la emprendí yo con aquel -magnífico argumento, sin conocer ni <i>Le festin de Pierre</i>, -de Molière, ni el precioso libreto del abate Da Ponte, ni -nada, en fin, de lo que en Alemania, Francia é Italia -habia escrito sobre la inmensa idea del libertinaje sacrílego -personificado en un hombre: Don Juan. Sin darme, -pues, cuenta del arrojo á que me iba á lanzar ni de -la empresa que iba á acometer; sin conocimiento alguno -del mundo ni del corazon humano; sin estudios sociales<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span> -ni literarios para tratar tan vasto como peregrino argumento; -fiado sólo en mi intuicion de poeta y en mi facultad -de versificar, empecé mi <i>Don Juan</i> en una noche -de insomnio, por la escena de los ovillejos del segundo -acto entre D. Juan y la criada de doña Ana de Pantoja. -Ya por aquí entraba yo en la senda de amaneramiento -y mal gusto de que adolece mucha parte de mi obra; -porque el ovillejo, ó séptima real, es la más forzada -y falsa metrificacion que conozco: pero afortunadamente -para mí, el público, incurriendo despues en mi mismo -mal gusto y amaneramiento, se ha pagado de esta escena -y de estos ovillejos, como yo cuando los hice á -oscuras y de memoria en una hora de insomnio. Escribílos -á la mañana siguiente para que no se me olvidaran -y engarzarlos donde me cupieran; y preparando -el cuaderno que iba á contener mi <i>Don Juan</i>, puse en -su primera hoja la acotacion de la primera escena, poco -más ó ménos como habia hecho en <i>El puñal del godo</i>, -sin saber á punto fijo lo que iba á pasar ni entre quiénes -iba á desarrollarse la exposicion. Mi plan en globo, -era conservar la mujer burlada de Moreto, y hacer novicia -á la hija del Comendador, á quien mi D. Juan debia -sacar del convento, para que hubiese escalamiento, -profanacion, sacrilegio y todas las demás puntadas de -semejante zurcido. Mi primer cuidado fué el más inocente, -el más vulgar, el más necesario á un autor novel: -el de presentar á mi protagonista, á quien puse enmascarado -y escribiendo, en una hostería y en una noche -de Carnaval; es decir, en el lugar y el tiempo que creia -peores un colegial que todavía no habia visto el mundo -más que por un agujero; y para calificar á mi personaje, -lo más pronto posible, como temiendo que se me escapara, -se me ocurrió aquella hoy famosa redondilla:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">«¡Cuál gritan esos malditos!<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></div> -<div class="line">pero mal rayo me parta</div> -<div class="line">si en acabando mi carta</div> -<div class="line">no pagan caros sus gritos.»</div> -</div></div></div> - -<p>La verdad sea dicha en paz y en gracia de Dios; pero -al escribir esta cuarteta, más era yo quien la decia que -mi personaje D. Juan; porque yo todavía no sabia qué -hacer con él, ni lo qué ni á quién escribia: así que comencé -á hacer hablar á los otros dos personajes que -habia colocado en escena, sólo porque lógicamente lo -requeria la situacion: el dueño de la hostería, y el criado -del que en ella habia yo metido á escribir.</p> - -<p>La prueba más palpable de que hablaba yo en ella y -no D. Juan, es que los personajes que en escena esperaban, -más á mí que á él, eran Ciutti, el criado italiano -que Jústiz, Allo y yo habíamos tenido en el café del -Turco de Sevilla, y Girólamo Buttarelli, el hostelero -que me habia hospedado el año 42 en la calle del Cármen, -cuya casa iban á derribar, y cuya visita habia yo -recibido el dia anterior. Ciutti era un pillete, muy listo, -que todo se lo encontraba hecho, á quien nunca se encontraba -en su sitio al primer llamamiento, y á quien -otro camarero iba inmediatamente á buscar fuera del café -á una de dos casas de la vecindad, en una de las cuales -se vendia vino más ó ménos adulterado, y en otra carne -más ó ménos fresca. Ciutti, á quien hizo célebre mi drama, -logró fortuna, segun me han dicho, y se volvió á -Italia.</p> - -<p>Buttarelli era el más honrado hostelero de la villa del -Oso: su padre Benedetto vino á España en los últimos -años del reinado de Cárlos III, y se estableció en aquella -hoy derribada casa de la calle del Cármen, cuya -hostería llevaba el nombre de la Vírgen de esta advoca<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>cion, -y en donde yo conocí ya viejo á su hijo Girólamo, -el hostelero de mi <i>Don Juan</i>. Era célebre por unas -chuletas esparrilladas, las más grandes, jugosas y baratas -que en Madrid se han comido, y tenia vanidad Buttarelli -en la inconcebible prontitud con que las servia. -Tenian las tales chuletas no pocos aficionados; y con -ellas y con unos <i>tortellini</i> napolitanos se sostenia el establecimiento. -Viví yo seis meses alojado en el piso segundo -de su hostería, tratado á cuerpo de rey por un -duro diario, y allí tuve por comensales á Nicomedes -Pastor Diaz y á su hermano Felipe, á García Gutierrez, -á Eugenio Moreno Lopez y á otros muchos á quienes -gustaban los <i>tortellini</i> y las chuletas de Buttarelli. Este -buen viejo, desanidado de su vieja casa, murió tan pobre -como honrado y desconocido, y de él no queda más que -el recuerdo que yo me complazco en consagrarle en estos -mios de aquel tiempo viejo.</p> - -<p>Por lo dicho se comprende fácilmente que no podia -salir buena una obra tan mal pensada; pero no quiero -decir aquí lo que de ella pienso, porque tengo determinado -decirlo en un libro que se titula <i>Don Juan Tenorio -ante la conciencia de su autor</i>, publicado á fines de -un mes de Octubre, para que el público tenga presente -mi opinion al asistir en Noviembre á sus obligadas representaciones; -en nuestro país nadie se acuerda en el -mes de Octubre de lo dicho en el mes de Mayo.</p> - -<p>Haré sin embargo brevísimas observaciones sobre mis -más pasaderos descuidos, para probar tan sólo la ligereza -imprevisora y la falta de reflexion con que mi obra -está escrita.</p> - -<p>Pero ántes de todo voy á responder á algunas objeciones -á que da lugar la severidad de mis juicios. No -hablo con la crítica racional, sinó con la malevolen<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span>cia, -la envidia y la necedad, que no dejarán de decir:</p> - -<p>1.º Que insulto al público criticando y dando por -mediana una obra que aplaude hace treinta y seis -años.—No.</p> - -<p>2.º Que soy ingrato y mal español, despreciando la -reputacion fabulosa que por mi <i>Don Juan</i> me ha acordado.—Tampoco.</p> - -<p>3.º Que de lo que con mi crítica trato, es de perjudicar -á mis editores y á las empresas, porque no me dan -parte de los productos de mis obras.—Mucho ménos.</p> - -<p>A lo primero, respondo que mi <i>Don Juan</i>, tal como -está, tiene condiciones para merecer el favor de que -goza; pero al cabo de treinta años es natural que un -autor reconozca los defectos de una obra, lo cual no -implica ni sombra de pensamiento injurioso para el público -que la aplaude, reconociendo como él sus defectos: -es decir la parte inteligente del público, porque el -vulgo no es nunca juez competente ni aceptable ni aceptado -en materias literarias.</p> - -<p>A lo segundo, que el no ser vanidoso, no es ser ingrato, -y el aceptar con modestia lo que me corresponda -solamente de gloria por lo bueno de mi obra, no es despreciar -mi popularidad, sinó aceptarla con justa medida -en lo que vale. Y aquí me ocurre una observacion, y es, -que si un vanidoso hubiera en mi lugar escrito mi <i>Don -Juan Tenorio</i> y alcanzado el éxito colosal que yo con -el mio, hubiera sido probablemente necesario echarle -de España ó encerrarle en un manicomio; porque hubiera -querido ser ministro de Hacienda, gobernador de -Cuba y tener estátuas en vida.</p> - -<p>Y á lo tercero, que en lugar de intentar accion alguna -retroactiva contra mis editores, poseedores legales -de la propiedad de mi <i>Don Juan</i> en época en que aún<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> -no existia la ley de propiedad literaria, en vez de dirigirme -contra ellos, al ver que Dios alargaba mi vida más -de lo que yo esperaba, me dirigí francamente al Gobierno, -diciéndole: «Mi <i>Don Juan</i> produce un puñado -de miles de duros anuales á sus editores, y mantengo -con él en la primera quincena de Noviembre á todas -las compañías de verso en España; pero como tu ley -no tiene efecto retroactivo, no por el mérito de mi -obra, sinó por lo que á los demás produce, no me dejes -morir en el hospital ó en el manicomio.»</p> - -<p>El Gobierno, teniendo por razonable mi demanda, -me dió pan y con él me he contentado.</p> - -<p>Pero reclamo el derecho de ver y reconocer los defectos -de mi obra; Revilla y otros críticos juiciosos los -han indicado ya, con la opinion de que deben corregirse -y de que su autor está, no sólo en el derecho, sinó -en la obligacion de refundirla. Mi obra tiene una excelencia -que la hará durar largo tiempo sobre la escena, -un génio tutelar en cuyas alas se elevará sobre los demás -Tenorios; la creacion de mi doña Inés cristiana: -los demás Don Juanes son obras paganas; sus mujeres -son hijas de Vénus y de Baco y hermanas de Priapo; -mi doña Inés es la hija de Eva ántes de salir del Paraíso; -las paganas van desnudas, coronadas de flores y -ébrias de lujuria, y mi doña Inés, flor y emblema del -amor casto, viste un hábito y lleva al pecho la cruz de -una Orden de caballería. Quien no tiene carácter, -quien tiene defectos enormes, quien mancha mi obra es -D. Juan; quien la sostiene, quien la aquilata, la ilumina -y la da relieve es doña Inés; yo tengo orgullo en ser -el creador de doña Inés y pena por no haber sabido -crear á D. Juan. El pueblo aplaude á éste y le rie sus -gracias, como su familia aplaudiria las de un calavera<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span> -mal criado; pero aplaude á doña Inés, porque ve tras -ella un destello de la doble luz que Dios ha encendido -en el alma del poeta: la inteligencia y la fé. D. Juan -desatina siempre, doña Inés encauza siempre las escenas -que él desborda.</p> - -<p>Desde la primera escena, ya no sabe D. Juan lo que -se dice; sus primeras palabras son:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Ciutti... este pliego</div> -<div class="line">irá dentro del orario</div> -<div class="line">en que reza doña Inés</div> -<div class="line">á sus manos á parar.</div> -</div></div></div> - -<p>¡Hombre, no! en el orario en que rezará, cuando usted -se lo regale; pero no en el que no reza aún, porque -aún no se lo ha dado Vd. Así está mi D. Juan en toda -la primera parte de mi drama, y son en ella tan inconcebibles -como imperdonables sus equivocaciones hasta -en las horas. El primer acto comienza á las ocho; pasa -todo: prenden á D. Juan y á D. Luis; cuentan cómo se -han arreglado para salir de su prision: preparan don -Juan y Ciutti la traicion contra D. Luis, y concluye el -acto segundo diciendo D. Juan:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">A las nueve en el convento,</div> -<div class="line">á las diez en esta calle.</div> -</div></div></div> - -<p>Relój en mano, y habia uno en la embocadura del teatro -en que se estrenó, son las nueve y tres cuartos; -dando de barato que en el entreacto haya podido pasar -lo que pasa. Estas horas de doscientos minutos son exclusivamente -propias del relój de mi D. Juan. En el tercer -acto se oye el toque de ánimas; yo tengo en mis -dramas una debilidad por el toque de ánimas; olvido -siempre que en aquellas épocas se contaba el tiempo<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> -por las horas canónicas; y cuando necesito marcar la -hora en la escena, oigo siempre campanas, pero no sé -dónde, y pregunto qué hora es á las ánimas del purgatorio. -La unidad de tiempo está <i>maravillosamente</i> observada -en los cuatro actos de la primera parte de mi -<i>D. Juan</i>, y tiene dos circunstancias especialísimas; la -primera es milagrosa, que la accion pasa en mucho -ménos tiempo del que absoluta y materialmente necesita; -la segunda, que ni mis personajes ni el público -saben nunca qué hora es.</p> - -<p>En el final, D. Juan trae á los talones toda la sociedad -representada en el novio de la mujer por engaño -desflorada, en el padre de la hija robada y en la justicia -humana, que corren gritando justicia y venganza -trás el seductor, el robador y el sacrílego: en aquella -situacion está el drama; por el amor de doña Inés, va -á matar á su padre y á D. Luis, y tiene preparada su -fuga y el rapto en un buque de que habla Ciutti; pues -bien, en esta situacion altamente dramática, aquel enamorado -que por su pasion ha atropellado y está dispuesto -á atropellar cuanto hay respetable y sagrado en -el mundo, cuando él sabe muy bien que no van á poder -permanecer allí cinco minutos, no se le ocurre hablar á -su amada más que de lo bien que se está allí donde se -huelen las flores, se oye la cancion del pescador y los -gorjeos de los ruiseñores, en aquellas décimas tan famosas -como fuera de lugar: doña Inés las encarrila desarrollando -á tiempo su amor poético y su bien delineado -carácter, en las redondillas mejores que han salido de -mi pluma.</p> - -<p>De la desatinada ocurrencia mia de colocar en tan -dramática situacion tan floridas décimas, resulta que no -ha habido ni hay actor que haya acertado ni pueda acer<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>tar -á decirlas bien. El público, que se las sabe de memoria, -le espera en ellas como el de un circo á un clown -que va á dar el doble salto mortal: si el actor, verdadero -y concienzudo artista, las quiere dar la suavidad, -la ternura, la flexibilidad y el cariño que sus suaves, cariñosas -y rebuscadas palabras exigen... ¡ay de mí! como -aquellas décimas no fueron por mí escritas acendrándolas -en el crisol del sentimiento, sinó exhalándolas en un -delirio de mi fantasía, resulta su expresion falsa y descolorida -por culpa únicamente mia; que me entretuve -en meter á la paloma y á la gacela, y á las estrellas -y á los azahares en aquel duo de arrullos de tórtolas, -en lugar de probar en unos versos ardientes, vigorosos y -apasionados la verdad de aquel amor profundo, único, -que celeste ó satánico, salva ó condena; obligando á Dios -á hacer aquellas famosas maravillas que constituyen la -segunda parte de mi <i>D. Juan</i>.</p> - -<p>Si el actor, pasando sobre su conciencia y haciendo -caso omiso de la del autor y de su deber de imponerse -al vulgo, por dar gusto á éste y arrancar un aplauso, las -declama á gritos y sombrerazos como se hace hoy por -nuestros más roncos y aplaudidos actores... el aplauso -estalla, es verdad; pero ¿á quién pertenece? Al actor, no; -porque al exponerse á arrojar por la boca los pulmones -arroja con ellos al sentido comun por encima de la batería -del proscenio, en cambio del aplauso de los engañados -espectadores: al poeta, tampoco; porque aquellas -palmadas resultan poco ménos que bofetadas para él, á -quien jamás pudo ocurrírsele que tuvieran que ahullarse -y berrearse unas décimas tan artificiosas y tan mal traidas, -pero forjadas con los más poéticos pensamientos y -expresadas con las más suaves, armónicas y cariñosas -palabras.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p> - -<p>¿Qué quiero yo decir con esto? ¿Que los actores no -saben representar mi <i>D. Juan Tenorio</i>? No: quiero decir -que <i>en mala situacion no hay actor bueno</i>; que obra -mia es aquella situacion mala; y que yo, que no transijo -con mi conciencia al juzgar mis obras, no transijo con -los actores que transigen con la suya en las mias.</p> - -<p>¿Intento yo, como se ha supuesto, al decir la verdad -sobre mi <i>D. Juan</i>, y al hablar con tal ingenuidad de mí -mismo, desacreditar mi obra y conspirar contra su representacion -y éxito anuales, por el inútil y villano placer -de perjudicar á mis editores y á los empresarios y -actores, porque la propiedad de mi obra no me pertenece?</p> - -<p>Estúpida ó malévola suposicion. <i>D. Juan Tenorio</i>, -que produce miles de duros y seis dias de diversion -anual en toda España y las Américas españolas, no me -produce á mí un solo real; pero, me produce más que á -ningun actor, empresario, librero ó especulador: porque -la aparicion anual de mi <i>D. Juan</i> sobre la escena, -constituye á su autor su fénix que renace todos los años. -<i>D. Juan</i> no me deja ni envejecer ni morir: <i>D. Juan</i> me -centuplica anualmente la popularidad y el cariño que -por él me tiene el pueblo español: por él soy el poeta -más conocido hasta en los pueblos más pequeños de -España y por él solo no puedo ya en ella morir en la -miseria ni en el olvido: mi drama <i>D. Juan Tenorio</i> es -al mismo tiempo mi título de nobleza y mi patente de -pobre de solemnidad: cuando ya no pueda absolutamente -trabajar y tenga que pedir limosna, mi <i>D. Juan</i> hará -de mí un Belisario de la poesía: y podré sin deshonra -decir á la puerta de los teatros: «dad vuestro óbolo al -autor de <i>D. Juan Tenorio</i>,» porque no pasará delante -de mí un español que no nos conozca ó á mí ó á él.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p> - -<p>¿Cómo, pues, he de anhelar yo desprestigiar, ni -desterrar del teatro á mi venturoso desvergonzado <i>Don -Juan</i>, que es el sér de mi sér y la única esperanza de -mi porvenir?</p> - -<p>Pero ¿qué intereses ataca, qué amor propio ofende el -modesto conocimiento de sí mismo que el autor del tal -<i>D. Juan</i> manifiesta al juzgar su obra, cuando ha tenido -treinta y tres años para estudiarla? ¿cuando, <i>velis nolis</i>, -le han hecho presenciar ochenta veces su representacion, -durante la cual, á no haber sido de piedra como -su estátua del Comendador, tiene forzosamente que haberla -visto y héchose cargo de cómo pasa lo que en ella -sucede?</p> - -<p>¿Seria posible, aunque para mí inconcebible seria, que -se ofendiera la crítica de que yo, á mis sesenta y cuatro -años, al ajustar cuentas con mi conciencia, dijera de mi -<i>D. Juan</i> lo que ella ó por consideracion al autor ó por no -atreverse á ir contra la corriente de la opinion, no ha -dicho en los mismos treinta y tres años? Es imposible; -la crítica tiene que ser hidalga y leal en España, como -lo es su pueblo, y no puede tornarse nunca en injusta, -corrigiendo sólo al autor, no concediéndole ni permitiéndole -nada, ni áun reconocer y corregir sus defectos, -sin corregir el mal gusto, cuando estravía los juicios del -público y el arte de los actores, ocasionando los escesos -y faltas de las empresas: todo lo cual constituye lo que -se llama el teatro: que no es sólo la palabra escrita del -poeta.</p> - -<p>Dejémoslo aquí. Con todo lo dicho y lo que por decir -me queda, no he pretendido más que alegar el derecho -y la obligacion que tengo de ser modesto confesando mis -defectos y errores, para que ni mis contemporáneos que -me aplauden, ni la posteridad si de mí se acuerda, tengan<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> -motivo dado por mí en que apoyarse, para creer que yo -vivo hinchado y esponjado como el pavon y sueño conmigo -mismo cuando duermo, por la vanidad de ser -quien soy, y de haber hecho y escrito lo que he escrito -y hecho.</p> - -<p>Y si hay alguno que me envidia el ser autor del <i>Don -Juan</i>, ¡ojalá pudiera yo traspasárselo para que gozara -en mi lugar las consecuencias de haberlo escrito!</p> - -<p>La veracidad de mi opinion sobre esta obra la expresé -muy claramente y de todo corazon en las últimas redondillas -de las que leí en un beneficio que con él me -dió Ducazcal en el teatro Español el año pasado, que -inserto aquí para concluir, y por creer que aquí tienen -su legítimo puesto y lugar.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">En los años que han corrido</div> -<div class="line">desde que yo le escribí,</div> -<div class="line">miéntras que yo envejecí</div> -<div class="line">mi <i>Don Juan</i> no ha envejecido:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y fama tal por él gozo</div> -<div class="line">que se cree, á lo que parece,</div> -<div class="line">porque <i>Don Juan</i> no envejece,</div> -<div class="line">que yo he de ser siempre mozo:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y hoy el bravo Ducazcal</div> -<div class="line">os anuncia en su cartel</div> -<div class="line">que he de hacer aquí un papel,</div> -<div class="line">que tengo que hacer ya mal.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Yo no soy ya lo que fuí:</div> -<div class="line">y viendo cuán poco soy,</div> -<div class="line">dejo á los que más son hoy</div> -<div class="line">pasar delante de mí;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pues por Dios, que por más brava</div> -<div class="line">que sea mi condicion,</div> -<div class="line">la fiebre rinde al leon,</div> -<div class="line">la gota la piedra cava.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Aún latir mis brios siento:<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></div> -<div class="line">pero es ya vana porfía,</div> -<div class="line">no puedo ya la voz mia</div> -<div class="line">pedirle otra vez al viento:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y á quien me lo quiere oir,</div> -<div class="line">digo años há por do quier,</div> -<div class="line">que pierdo el sér de mi sér</div> -<div class="line">y que me siento morir;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pero nadie me hace caso</div> -<div class="line">por más que hablo á voz en grito,</div> -<div class="line">porque este <i>Don Juan</i> maldito</div> -<div class="line">por do quier me sale al paso;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y ni me deja vivir</div> -<div class="line">en el rincon de mi hogar,</div> -<div class="line">ni deja un año pasar</div> -<div class="line">sin dar de mí qué decir.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Yo me apoco dia á dia,</div> -<div class="line">y este bocon andaluz,</div> -<div class="line">á quien yo saqué á la luz</div> -<div class="line">sin saber lo que me hacia,</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">me viste con su oropel</div> -<div class="line">y á luz me saca consigo;</div> -<div class="line">por más que á voces le digo</div> -<div class="line">que ir no puedo á par con él.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mas tánto favor os debo</div> -<div class="line">por él, que en verdad me obliga</div> -<div class="line">á que algo esta noche os diga</div> -<div class="line">de este insolente mancebo.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Oid... es una leyenda</div> -<div class="line">muy difícil de contar,</div> -<div class="line">porque tiene algo á la par</div> -<div class="line">de ridícula y de horrenda:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">una historia íntima mia.</div> -<div class="line">Yo era en España querido</div> -<div class="line">y mimado y aplaudido...</div> -<div class="line">y me huí de España un dia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Vivia á ciegas y erré:</div> -<div class="line">y una noche andando á oscuras</div> -<div class="line">tropecé en dos sepulturas,</div> -<div class="line">y de Dios desesperé.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Emigré: me dí á la mar;<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span></div> -<div class="line">y esperando en el olvido</div> -<div class="line">una muerte hallar sin ruido,</div> -<div class="line">en América fuí á dar.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">No llevando allá negocio</div> -<div class="line">ni esperanza á qué atender,</div> -<div class="line">al tiempo dejé correr</div> -<div class="line">en la oscuridad y el ócio.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Once años anduve allí</div> -<div class="line">vagando por los desiertos,</div> -<div class="line">contándome con los muertos</div> -<div class="line">y sin dar razon de mí.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Los indios semi-salvajes</div> -<div class="line">me veian con asombro</div> -<div class="line">ir con mi arcabuz al hombro</div> -<div class="line">por tan agrestes parajes;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">y yo en saber me gozaba</div> -<div class="line">que nadie que me veia</div> -<div class="line">allí, quién era sabia</div> -<div class="line">el que por allí vagaba;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">y esperé que de aquel modo</div> -<div class="line">de mí y de mi poesía</div> -<div class="line">como yo se olvidaria</div> -<div class="line">á la fin el mundo todo.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mi nombre, pues, con intento</div> -<div class="line">de dejar perder, y en suma</div> -<div class="line">sin papel, tinta, ni pluma,</div> -<div class="line">ni libros ya en mi aposento,</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">bebia en mi soledad</div> -<div class="line">de mis pesares las heces:</div> -<div class="line">mas tenia que ir á veces</div> -<div class="line">del desierto á la ciudad.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Vivo el cuerpo, el alma inerte,</div> -<div class="line">á caballo y solo, iba</div> -<div class="line">como una fantasma viva,</div> -<div class="line">sin buscar ni huir la muerte.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y hago aquí esta narracion</div> -<div class="line">porque sirva lo que digo</div> -<div class="line">á mis hechos de castigo,</div> -<div class="line">y á modo de confesion.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Sobre mí á un anochecer<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span></div> -<div class="line">un nublado se deshizo,</div> -<div class="line">y entre el agua y el granizo</div> -<div class="line">me dejó una hacienda ver.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Eché á escape y me acogí</div> -<div class="line">de la casa entre la gente,</div> -<div class="line">como franca lo consiente</div> -<div class="line">la hospitalidad allí.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Celebrábase una fiesta:</div> -<div class="line">que en aquel país no hay dia</div> -<div class="line">que en hacienda ó ranchería</div> -<div class="line">no tengan una dispuesta;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">y son fiestas extremadas</div> -<div class="line">allí por su mismo exceso,</div> -<div class="line">de las hembras embeleso,</div> -<div class="line">de los hombres emboscadas.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y á no ser de mi leyenda</div> -<div class="line">por no cortar la ilacion,</div> -<div class="line">hiciera aquí descripcion</div> -<div class="line">de una fiesta en una hacienda,</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">donde nadie tiene empacho</div> -<div class="line">de usar á gusto de todo;</div> -<div class="line">porque son fiestas á modo</div> -<div class="line">de las bodas de Camacho.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Allí acuden sin convite</div> -<div class="line">buhoneros, comerciantes</div> -<div class="line">y cirqueros ambulantes;</div> -<div class="line">sin que á nadie se le quite</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">de entrar en corro el derecho,</div> -<div class="line">de gastar de los abastos,</div> -<div class="line">ni de colocar sus trastos</div> -<div class="line">donde quiera que halle trecho.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Jamás se apaga el hogar,</div> -<div class="line">jamás el servicio cesa;</div> -<div class="line">siempre está puesta la mesa</div> -<div class="line">para comer y jugar.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Por salas y corredores</div> -<div class="line">se oye el son á todas horas</div> -<div class="line">de carcajadas sonoras,</div> -<div class="line">de onzas y de tenedores.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Todo es peleas de gallos,<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></div> -<div class="line">toros, lazos, herraderos,</div> -<div class="line">manganas y coleaderos</div> -<div class="line">y carreras de caballos;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y al fin de un dia de broma</div> -<div class="line">que nada en Europa iguala,</div> -<div class="line">todo el mundo entra en la sala</div> -<div class="line">y sitio en el baile toma.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Entré é hice lo que todos:</div> -<div class="line">y cuando creí que al sueño</div> -<div class="line">se iban á dar, dí yo al dueño</div> -<div class="line">gracias por sus buenos modos:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">mas mi caballo al pedir,</div> -<div class="line">asiéndome por la mano,</div> -<div class="line">me dijo el buen campirano</div> -<div class="line">soltando el trapo á reir:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">«¿Y á quién hay que se le antoje</div> -<div class="line">dejar ahora tal jolgorio?</div> -<div class="line">Vamos, venga usté á la troje</div> -<div class="line">y verá el <i>Don Juan Tenorio</i>.»</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y á mí que lo habia escrito</div> -<div class="line">en la troje me metia;</div> -<div class="line">y allí al paso me salia</div> -<div class="line">mi audaz andaluz precito.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mas ¡ay de mí, cuál salió!</div> -<div class="line">Lo hacia un indio Otomí</div> -<div class="line">en jerga que el diablo urdió;</div> -<div class="line">tal fué mi <i>Don Juan</i> allí,</div> -<div class="line">que ni yo le conocí</div> -<div class="line">ni á conocer me dí yo.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tal es la gloria mortal,</div> -<div class="line">y á quien Dios se la confiere</div> -<div class="line">si librarse de ella quiere</div> -<div class="line">se la torna Dios en mal.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">A mí no me la tornó,</div> -<div class="line">porque por mi buena suerte,</div> -<div class="line">del olvido y de la muerte</div> -<div class="line">do quier <i>Don Juan</i> me salvó.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">¡Dios no quiso allá de mí!</div> -<div class="line">y de mi patria el olvido</div> -<div class="line">temiendo, como habia ido,<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span></div> -<div class="line">á mi patria me volví.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">¡Feliz malogrado afan!</div> -<div class="line">al volver de tierra extraña,</div> -<div class="line">me hallé que habia en España</div> -<div class="line">vivido por mí <i>Don Juan</i>.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Comprendí en su plenitud</div> -<div class="line">de Dios la suma clemencia:</div> -<div class="line"><i>Don Juan</i> habia en mi ausencia</div> -<div class="line">borrado mi ingratitud.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mónstruo sin par de fortuna,</div> -<div class="line">miéntras yo de España huia,</div> -<div class="line">en España me ponia</div> -<div class="line">en los cuernos de la luna.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y ni fuerza ni razon</div> -<div class="line">han podido derribar</div> -<div class="line">tal ídolo del altar</div> -<div class="line">que le ha alzado la opinion.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pero hablemos con franqueza</div> -<div class="line">hoy que todo coadyuva</div> -<div class="line">para que aquí se me suba</div> -<div class="line">á mí el humo á la cabeza:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Desvergonzado galan</div> -<div class="line">siempre atropella por todo</div> -<div class="line">y de atajarle no hay modo,</div> -<div class="line">¿qué tiene, pues, mi <i>Don Juan</i>?</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Del fondo de un monasterio</div> -<div class="line">donde le encontré empolvado,</div> -<div class="line">yo le planté remozado</div> -<div class="line">en mitad de un cementerio:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y obra de un chico atrevido</div> -<div class="line">que atusaba apenas bozo,</div> -<div class="line">os parece tan buen mozo</div> -<div class="line">porque está tan bien vestido.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pero sus hechos están</div> -<div class="line">en pugna con la razon:</div> -<div class="line">para tal reputacion</div> -<div class="line">¿qué tiene, pues, mi <i>Don Juan</i>?</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Un secreto con que gana</div> -<div class="line">la prez entre los don Juanes:</div> -<div class="line">el freno de sus desmanes:<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></div> -<div class="line">que Doña Inés es cristiana.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tiene que es de nuestra tierra</div> -<div class="line">el tipo tradicional;</div> -<div class="line">tiene todo el bien y el mal</div> -<div class="line">que el génio español encierra.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Que hijo de la tradicion,</div> -<div class="line">es impío y es creyente,</div> -<div class="line">es baladron y es valiente,</div> -<div class="line">y tiene buen corazon.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tiene que es diestro y es zurdo,</div> -<div class="line">que no cree en Dios y le invoca,</div> -<div class="line">que lleva el alma en la boca,</div> -<div class="line">y que es lógico y absurdo.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Con defectos tan notorios</div> -<div class="line">vivirá aquí diez mil soles;</div> -<div class="line">pues todos los españoles</div> -<div class="line">nos la echamos de Tenorios.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y si en el pueblo le hallé</div> -<div class="line">y en español le escribí</div> -<div class="line">y su autor el pueblo fué...</div> -<div class="line">¿Por qué me aplaudís á mí?</div> -</div></div></div> - -<p>Dejémoslo aquí hasta que veamos á mi D. Juan ante -la conciencia de su autor, que tambien veremos á los -actores ante mi <i>Don Juan</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XIX.<br /> -(PARÉNTESIS.)</h2> - - -<h3>I.</h3> - -<p>Mi campaña teatral habia durado cuatro años: del -40 al 45. Fiel á mi bandera, no me habia yo pasado -jamás al enemigo, combatiendo siempre en -primera fila; y en aquellos cuatro años, porque en -la temporada del 41 al 42 no escribí nada por lo -que adelante diré, habia yo dado á la empresa Lombía -veinte y dos obras escénicas, desde <i>Cada cual con su -razon</i> hasta <i>D. Juan Tenorio</i><a name="FNanchor_2" id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>. Ninguna de ellas -habia sido silbada, ni retirada del cartel sin cinco representaciones; -y habian quedado del repertorio de Latorre, -con éxito completo, <i>El Zapatero y el Rey</i>, <i>Sancho<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> -García</i>, <i>El rey loco</i>, <i>El puñal del godo</i>, <i>El alcalde Ronquillo</i> -y el <i>D. Juan</i>: Lombía repetia en el suyo el <i>Cada -cual con su razon</i> y <i>La mejor razon la espada</i>. La empresa -del teatro del Príncipe no me habia visto jamás en -el saloncito de Julian Romea, ni para sus afortunados -actores habia yo en los cuatro años escrito un sólo verso; -siendo el único escritor que siguió constante la inconstante -suerte de la empresa de la Cruz, y escribiendo -exclusivamente para Lombía y Latorre.</p> - -<p>¿Por qué? Lo diré más adelante al recordar cómo, -por qué y para quién escribí el <i>Traidor, inconfeso y mártir</i>; -ántes y por hoy tengo necesidad de decir algo de -las vicisitudes por que habian pasado los teatros de verso, -durante los cinco años de la revolucion literaria, de -la cual fuí entónces hijo mimado y hoy todavía viviente -recordador.</p> - -<p>Porque estos mis desordenados <span class="smcap">Recuerdos del -tiempo viejo</span> son una madeja de quebradizos y rotos -hilos, de cuyos cabos voy tirando al azar segun los voy -devanando en el desigual ovillo de mis artículos de <i>El -Imparcial</i>; y en éste veo que es preciso que dé á mis -lectores, si tengo algunos, un cabo conductor y alguna -luz que les guie por el laberíntico relato de mis entradas -y salidas por las puertas y escenarios de los teatros de -la Cruz y del Príncipe. Mis <span class="smcap">Recuerdos</span> no son, desventuradamente -para mí, una obra de cronológica ilacion, -de continuidad lógica y progresiva de bien enlazados -sucesos, y de uniforme estilo, como las curiosas <span class="smcap">Memorias -de un setenton</span>, del Sr. de Mesonero Romanos; -á quien aprovecho esta ocasion para dar gracias -por el cariñoso recuerdo que en ellas hace de mí, y para -rendirle el homenaje debido al más fácil de nuestros -prosistas, al más ameno y castizo de nuestros narrado<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>res, -al más cortés de nuestros críticos, y al más exacto -pintor de nuestras costumbres. Mis <span class="smcap">Recuerdos</span> no -pueden, ni intentan competir con sus <span class="smcap">Memorias</span>; y -cuando hoy se reducen á libro con una más ordenada -forma, aún no pueden parangonarse con aquellas; elegante -y última, pero genuina produccion del vigoroso -ingenio del <span class="smcap">Curioso parlante</span>, en cuya curiosa personalidad -prolonga Dios la luz de la inteligencia para -gloria y contentamiento de la presente generacion.</p> - -<p>Hecha esta salvedad y cumplido este deber, vuelvo -la vista atrás y retrocedo cuatro años, para entrar por -preparado camino en el quinto y último de mis recuerdos -teatrales.</p> - -<p>La temporada cómica del 38 al 39, por no sé qué circunstancias -fortuitas ó premeditadas, iba á pasar sin que -hubiese compañía en los teatros de Madrid. Lombía, -asociado con Luna, Pedro Lopez, las Lamadrid y otros -se presentaron en época avanzada, con las más sinceras -protestas de modestia, á llenar como mejor pudiesen -aquel vacío. Estimóselo el público, y quedó constituida -en compañía aquella sociedad, para la temporada del 39 -al 40. <i>La redoma encantada</i> fué para ella la gallina de -los huevos de oro, y en aquel año cómico presenté yo -mis tres primeras comedias, segun van marcadas en la -nota correspondiente á este párrafo. Con la cooperacion -del infatigable Breton, de García Gutierrez, Olona, y -otros autores, el año fué un negocio, y á la temporada -siguiente (la de 40 al 41) vino á tomar parte en él Julian -Romea con Matilde y su compañía. Romea, Salas y -Lombía tomaron ambos teatros, y habiendo yo comprometido -mi palabra con Cárlos Latorre de escribir -para él la segunda parte del Rey D. Pedro, cuya primera -habia estrenado Luna, pero no habiendo querido<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> -Romea escriturar á Latorre, preferí no escribir para el -teatro á faltar á la palabra empeñada á éste.</p> - -<p>No duró mucho la union de Julian con Lombía; y -como por aquel tiempo transformara en teatro su circo -Colmenares, que del de la plaza del Rey era propietario, -Lombía, que habia tomado el viejo coliseo de la Cruz -patrocinado por el banquero Fagoaga, director del Banco, -estrenó el del Circo en el verano con Cárlos Latorre, -miéntras se hacia de nuevo el de la Cruz. La empresa -Colmenares, que era adinerada y emprendedora, hizo -competencia á los dos teatros y á las dos compañías del -Príncipe y de la Cruz, primero con grandes pantomimas -y despues con ópera y baile: del 42 al 43.</p> - -<p>Lombía, que disponia de no escasos fondos y que era -hombre de no cortos alcances, se volvió á unir con Romea -contra el enemigo comun; y conservando independientes -sus dos compañías de verso, fueron coempresarios -para dos nuevas de baile y de ópera, que alternaron -en sus dos teatros. La Lema (que casó despues con -Ventura de la Vega), La Tossi (mujer luego de Lorenzo -Milans) y la Villó ganaron allí con justicia la reputacion -de primeras cantantes; y Salas en <i>Chiara di Rossemberg</i> -se hizo el primer caricato español; sosteniendo -el baile la pareja Bartholomin, con su padre de director, -Aranda de pintor, otra pareja italiana y un par de docenas -de coristas aragonesas y valencianas, que se las -tuvieron ten con ten á la Petit y á la Guy-Sthefan y á -las andaluzas del circo.</p> - - -<h3>II.</h3> - -<p>Del 43 al 44, Lombía solo, sin Romea, pero con Matilde, -Guzman, Latorre, Sobrado, Pizarroso, Azcona,<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span> -las Lamadrid y la Sampelayo, sostuvo la competencia -contra las compañías del Circo con la mejor de verso -que tal vez se ha reunido, y una de ópera de <i>primo -cartello</i> (hasta el 45) con Moriani, Guasco y otros célebres -cantantes. En estos dos años se pusieron en escena -en la Cruz <i>La lámpara maravillosa</i>, fantástica y maravillosamente -decorada por Aranda, <i>El triunfo de la -Cruz</i> y <i>La Encantadora</i>, y en el Príncipe <i>La Sílfide</i> y -<i>Hernan-Cortés</i>, varios dramas de Hartzenbusch y García -Gutierrez, el <i>Don Alfonso el Casto</i> y la <i>Doña Mencía</i>, -el <i>Alfonso Munio</i> y <i>El Príncipe de Viana</i>, de Gertrudis -Avellaneda, y muchas comedias de Breton, que -dieron prez al arte escénico y dinero á la administracion. -El Circo, al fin, amparado por Narvaez, Salamanca y -otros personajes de valia, se llevó la atencion con la -competencia de la Fuoco y la Guy, á quienes se presentaban -gigantescos ramos de flores conducidos en -brazos de servidores con librea, en azafates y jarrones -de plata y porcelana de china, y hasta en un carro que -apenas cabia por la calle del centro de las butacas.</p> - -<p>Yo no sé lo que el arte ganó con aquel frenesí y aquellos -delirios; pero el público se hartó de gritar por uno -ú otro partido, y de divertirse con las excéntricas locuras -de ambos; y se vieron en la escena de los tres teatros -las más costosas decoraciones, los más lujosos trajes, -las más cortas y transparentes enaguas, y las -bailarinas más correctamente empernadas y de más ricas -formas de los cuatro reinos de Andalucía y de la antigua -coronilla de Aragon.</p> - -<p>Por fin perdimos nosotros los de la Cruz, que estuvimos -á pique de ser crucificados. En Diciembre del 45 -Lombía tuvo que prescindir de Cárlos Latorre, que se -fué á Granada, y yo á mi casa á contentarme con saber<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> -que en Granada se aplaudia á Cárlos; sin el cual abrió -Lombía el teatro del Instituto, con Caltañazor, las hermanas -Flores, la Pámias, la Carrasco, la Concha Ruiz, -Lumbreras, etc. En esta temporada, y ántes de abandonar -la Cruz, se hicieron las zarzuelas <i>El Sacristan de -San Lorenzo</i>, <i>La Venganza de Alifonso</i> y <i>La pradera -del Canal</i>, parodias de la <i>Lucia</i> y la <i>Lucrecia</i>, escritas -por Azcona, el más inteligente y entendido de nuestros -actores de entónces, excepto Pedro Mate: cuadros de -costumbres concienzudamente estudiados y con maravillosa -exactitud copiados del natural.</p> - -<p>En Junio del 46 fuí yo á Francia, de donde regresé -en Enero el 47, por el fallecimiento de mi madre: á mi -vuelta hallé instalada en el Instituto la compañía andaluza -de Calvo y Dardalla, donde estos dos actores representaban -de una manera tan incomparable como encantadora -<i>Los celos del tio Macaco</i> y <i>La flor de la canela</i>. -Pepe Calvo, padre de Rafael, hacia un tio Macaco -tan indescriptible y característico, un gitano tan picaresco -y atruhanado, tan anguloso, descaderado y zancudo, -que no le produjeron más espirrabao ni Triana en -Sevilla, ni el Perchel en Málaga.</p> - -<p>Del 48 al 49. El Ayuntamiento se encargó del teatro -y se fundó el Español, con una compañía completa -compuesta de Romea, Valero, Arjona, Matilde, Bárbara, -Teodora y Osorio, etc. Catalina no aceptó su puesto -en ella por razones personales, y Carceller con un asociado -tomó para Catalina el viejo teatro de Variedades, -con la Manuela Ramos, la Juana Samaniego, Juan Catalina, -Cortés el buen gracioso, Manuel Gimenez y -otros. Al fin de temporada contrataron á Salas, Adela -Latorre, al tenor Gonzalez, etc., con quienes pasaron -al teatro de los Basilios, miéntras que Harpa, propieta<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span>rio -de Variedades, remodernaba su sala y escenario, -dejándolos como estaban aún el año pasado de 79.</p> - -<p>Y aquí acaban mis recuerdos de los teatros que conocí -ántes de mi expatriacion, y salvas algunas inexactitudes -de fechas, y alguna confusion de ajuste de -actores, esta es la historia de los teatros de Madrid desde -el 40 al 49: tan ligeramente apuntada como lo permite -el ligero espíritu de estos recuerdos á vuela pluma, -y tan en confuso cuadro como se conservan amontonados -en mi turbia memoria todos aquellos empresarios tan -activos y batalladores, todos aquellos actores tan bien -vestidos y todas aquellas bailarinas tan bien desnudas.</p> - -<p>Pálidas, dispersas y móviles siluetas, recuerdos desperdigados -de la memoria del muchacho, que aún bailan -en sueños una diabólica danza Macabra por el ya -frio, desierto y nebuloso campo de la imaginacion del -viejo poeta.</p> - - -<h3>III.</h3> - -<p>Y aquí abre mi memoria un oasis fresco, umbroso y -apacible en el árido y enmarañado desierto de mis recuerdos; -en él se levanta y por él corre, y su abrasada -atmósfera templa y oréa una brisa vital, salubre y perfumada -que envia mi corazon amante á mi descarriada -fantasía. ¿Por qué no he de sentarme á reposar un punto -á la sombra de este oasis? ¿Por qué no he de aspirar -esta brisa á la luz del único rayo de esperanza que ilumina -la lóbrega y tempestuosa atmósfera de mis recuerdos, -y el turbio y estéril arenal de mi inútil existencia? -¿Qué son estos mis <span class="smcap">Recuerdos del tiempo viejo</span> más -que las aspiraciones íntimas de mi alma, los suspiros de -mi corazon y los latidos de mi conciencia? Surja, pues,<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -de las aguas azules del pintoresco lago de la poesía el -vapor puro de los suspiros del alma; revélese el hombre -en la faz del poeta, y véase el corazon de aquel á través -de las cuerdas de la lira de éste.</p> - -<p>Por aquel tiempo vino á Madrid mi pobre madre, á -quien yo no habia visto y de quien nada habia sabido -desde aquella desventurada noche en que abandoné mi -paterno hogar.</p> - -<p>Dos figuras bellísimas, dos imágenes tan queridas -como nunca olvidadas, resaltan en este cuadro de mis -recuerdos: la de mi madre y la de Paco Luis de Vallejo, -corregidor de Lerma en 1835, á quien dediqué mi -<i>D. Juan Tenorio</i> en 1844. Volvamos un instante la -vista al mes de Julio de 1835 para posarla despues en -el de 1844.</p> - -<p>A la llegada á Madrid de la Reina María Cristina, -era mi padre superintendente general de policía del -reino: el duque de San Cárlos y Arjona, que para traerle -hasta tan importante puesto le habian hecho pasar -por la Chancillería de Valladolid, la Audiencia de Sevilla -y la Sala de Alcaldes de casa y corte, se le habian -propuesto á Fernando VII como un partidario fiel de la -causa realista, como un íntegro magistrado y un hombre -de carácter enérgico, á propósito para limpiar á Madrid -de los ladrones y vagos que pululaban en 1827 por -las mal empedradas calles y peor alumbrados callejones -de la villa y corte de entónces, de la cual dan tan exacta -idea las Memorias de Mesonero Romanos. Al instalarse -mi padre en la superintendencia, en la casa de la -calle del Príncipe que hoy habita el duque de Santoña, -tenia ya montada una policía, que acabó en cuarenta -dias con todos los ladrones, de la manera que tal vez -diré en algun artículo posterior. Bástame, por hoy, in<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>dicar -el principio tan bárbaro como exacto de que su -justicia partia, y era este: «Los séres humanos, que faltos -de educacion moral y religiosa, y viviendo en guerra -con la sociedad, creen que el robo es una profesion, -y el asesinato necesario para cometer y encubrir el -robo, no tienen más que un miedo: el de la muerte.» -En consecuencia de cuyo principio, y conociendo el -modo lento y embrollado con que la justicia ha solido -caminar siempre en España, anunció que «los ladrones -quedaban sujetos á una comision militar, asesorada por -un alcalde de casa y corte y un escribano del crímen;» -instalóse la tal comision; y ladron cogido, ladron ahorcado. -Bárbaro era tal vez el principio, pero necesario y -eficaz fué el procedimiento; los únicos tres años que -Madrid ha estado completamente libre de ladrones <i>de -profesion</i>, fueron los de 28, 29 y 30. Otro dia hablaremos -de esto: no manchemos hoy con tan repugnantes -memorias la purísima de mi madre y la alegre y caballeresca -del apuesto <i>garçon</i> corregidor de Lerma, Paco -Vallejo.</p> - -<p>Mi padre fué el primer dignatario de la situacion realista -depuesto por la influencia liberal de la Reina Cristina: -cayó como los vencidos que capitulan, y salió con -armas y bagajes: las condiciones de su destitucion no -fueron más que la de salir de Madrid y sitios reales en -el término de ocho dias. Fué, pues, á refugiarse á un -pueblecillo de la provincia de Búrgos, en donde un hermano -de mi madre era cabeza de una numerosa familia, -y á cuyo otro hermano, capellan de aquel pueblo, -habia nombrado canónigo de la colegiata de Lerma el -duque del Infantado, patrono de aquella iglesia y heredero -del duque de Lerma, su fundador. El cólera del 34, -que introdujo la muerte y la division en la familia, nos<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span> -obligó á abandonar aquel pueblecillo tan pequeño, oculto -y desconocido, que su nombre no se halla en los mapas; -y miéntras yo pasaba las temporadas del curso escolar -en las Universidades de Toledo y Valladolid, mis -padres vivian en un tranquilo destierro en casa de mi -tio el canónigo de Lerma. Allí fué de corregidor mi inolvidable -Vallejo.</p> - -<p>Su llegada fué un acontecimiento para el partido -que iba á gobernar, y un justo motivo de sobresalto -para mi padre; quien no habiendo aprobado el levantamiento -carlista, en cuyo éxito no creia, habia rechazado -las sugestiones de los amigos y de los agentes del -levantamiento, resuelto á no mezclarse en él por voluntad -propia; pero hombre importante y conocido de la -pasada situacion, no podia ménos de ser sospechoso al -nuevo gobierno, y se dió tal vez por perdido al ver llegar -á Lerma un corregidor modelado en un molde tan -distinto del en que él habia concebido que debian vaciarse -los corregidores. Paco Vallejo era un mozo de -veintisiete años, que vestia con elegancia, que marchaba -con soltura, que fumaba ricos habanos que de -Madrid le remitian, que bebia Jerez, y, ¡cosa inconcebible -para mi padre! que se presentó á tomar posesion de -su corregimiento con el uniforme de nacional de caballería -de Madrid, con el chacó en la cabeza, el baston -en la derecha y el sable á la cintura. Paco Vallejo era -uno de los calaveras de buen tono de aquella edad de -calaveras, que volvieron del revés á España como un -sastre la manga de una levita, á la cual hay que poner -forros nuevos: un Don Juan de la clase media, que podia -presentarse y bravear en el salon más aristocrático: -un abogado jóven lleno de audacia y de talento, tan -agudo de ingenio como seductor de modales, á quien<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span> -era preciso tener un par de años en un corregimiento -para hacerle llegar á una toga en la audiencia de la Habana: -y á quien mi padre y yo tuvimos la fortuna de -que nos enviara á Lerma D. Cláudio Anton de Luzuriaga.</p> - -<p>Cuando Vallejo llegó á Lerma, acababa yo de volver, -concluido el curso de la Universidad de Valladolid. Dimos -uno con otro, él bajando y yo subiendo la calle -Mayor; llamé yo su atencion por mi traje y porte más -cortesano del de la gente del país: encaróse conmigo, -plantémele yo delante cediéndole la derecha, pero sin -bajar mis ojos á su investigadora mirada, y preguntóme:—¿Quién -es V., caballerito, que no tiene trazas de -ser de esta tierra?</p> - -<p>Decliné yo mi nombre y el de mi padre, y esperé, -sombrero en mano, á que tomara mi filiacion en unos -instantes de silencio y bajo el poder de una escrutadora -mirada, ante la cual no creí conveniente bajar la -mia.</p> - -<p>—Está bien—me dijo, concluido su exámen—tendré -mucho gusto en conocer al padre de tal hijo. ¿Dónde le -ha educado á V. su señor padre?</p> - -<p>—En el Real Seminario de nobles de Madrid—respondí.</p> - -<p>—¡Hola! ¿es V. discípulo de los jesuitas?</p> - -<p>—Sí, señor; pero no les hago mucho honor, porque -he sido siempre muy desaplicado.</p> - -<p>—No habrá sido en la cátedra de la lengua castellana.</p> - -<p>—Ni en la de otras.</p> - -<p>—¿Conoce V. muchas lenguas extranjeras?</p> - -<p>—Tengo rudimentos de tres y rompo en ellas la conversacion.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p> - -<p>—Espero tener ocasion de hablar con V. en alguna; -tal vez en las tres.</p> - -<p>—Estoy á la disposicion de usía.</p> - -<p>—Y mi corregimiento á la de su señor padre: hagáselo -V. presente de mi parte.</p> - -<p>Siguió su camino el corregidor, y apreté yo el paso -hácia mi casa para advertir á mi padre de que creia que -acababa de cometer una torpeza, que podia muy bien -habernos puesto en mal con el miliciano corregidor.</p> - -<p>Frunció mi padre el entrecejo escuchando mi narracion, -pero no desplegó sus labios, y ántes de anochecer -fué á visitar á Vallejo, dejando á mi madre y á su hermano -el canónigo en angustiosa incertidumbre; era -para ellos evidente que yo habia traido á mi padre la órden -de presentarse inmediatamente ante aquella extraña -autoridad.</p> - -<p>Al volver mi padre de su visita, respondió á la interrogadora -mirada de mi madre con estas palabras:—«Es -un hombre atentísimo y no temo doblez en él; pero no -puedo comprender sus intenciones.</p> - -<p>Yo no puedo visitar á V.; me ha dicho al despedirme; -pero envíeme V. á su hijo: no sé comer solo, soy -algo hablador y me ha parecido que su hijo de V. no -tiene pelos en la lengua.—¡Dios ponga tiento en ella! -exclamó mi padre volviéndose á mí. Mañana irás al -alojamiento de ese botarate, y sereis dos: si te invita á -comer, acepta; pero no bebas. Habla poco, si puedes, -y escucha bien lo que te diga, porque probablemente -te lo dirá para que me lo repitas.»</p> - -<p>Maldita la gracia que me hizo la posicion en que el -nuevo corregidor me colocaba entre él y mi padre: pero -despues de una noche no muy tranquila para ninguno -de los tres que componíamos la familia, á las cuatro en<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span> -punto de la tarde pasaba yo un poco receloso los umbrales -de la casa en que se alojaba D. Francisco Luis de -Vallejo, á quien desde aquella tarde consagré un cariño -fraternal y un agradecimiento que no se extinguirá sinó -con la vida.</p> - -<p>Llegué hasta el aposento del corregidor sin tropezar -con portero ni alguacil, pues habian ya pasado las horas -del despacho; y como, aunque no las llevaba todas -conmigo, no queria yo que miedo ni empacho en mí -conociera, dí resueltamente dos golpes en la puerta con -los nudillos, y al «adelante» con que desde dentro me -autorizaban á penetrar en aquel <i>sancta sanctorum</i> de la -justicia lermeña, me presenté con tanta resolucion aparente -como desconfianza real ante la primera autoridad -del partido. Leia Vallejo, tendido en un sillon de cuero, -un libro encuadernado en vetusto y amarillento pergamino; -los piés tenia con botas y espuelas puestos en dos -sillas y el codo izquierdo en la esquina de una mesa de -piés salomónicos, que sobre su tablero sustentaban por -el momento, y en vez de legajos de papel sellado, un -gran plato de nueces frescas, muy pulcramente peladas, -y un pichel de aquella agradable bebida compuesta de -limonada y vino que se llamaba sangría en aquel tiempo -viejo, y con la cual templaba el corregidor el ardiente -efecto del oleoso fruto del nogal. Soltó el libro -y levantóse para recibirme; é hízolo con tan atractivos -modales y con tan afectuosas palabras, que al cabo de -media hora, uno en frente de otro, dábamos cuenta de -la última nuez y de la gota postrera de sangría, en medio -de la más alegre conversacion de estudiantes y de -la más franca y espontánea amistad de muchachos.</p> - -<p>Esta rápida é inconcebible union de dos tan distintos -individuos, la habia operado en pocos minutos el libro<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span> -que Vallejo leia: las coplas del marqués de Santillana y -de Jorge Manrique, manuscritas y encuadernadas en la -edicion gótica de Sevilla de las trescientas de Juan de -Mena.</p> - -<p>Si en lugar de escribir estos recuerdos en las columnas -de un periódico los escribiese en las páginas de un -libro, llenarian algunas los pormenores de esta escena. -Paco Vallejo era originalísimo en sus opiniones, excéntrico -en sus ideas, y tan picante como ameno en su -conversacion. Venia de la corte impregnado en el espíritu -de todos los gérmenes políticos, económicos, artísticos -y literarios de la revolucion.</p> - -<p>Era un índice vivo de cuantos libros y periódicos iban -publicados en aquella primera, modesta y recelosa libertad -de imprenta; sabia de memoria las principales -escenas del <i>Edipo</i>, de Martinez de la Rosa; del <i>Macías</i>, -de Larra; de la <i>Marcela</i>, de Breton, y los chistes, de -Ventura, y los <i>Cantos</i> de Espronceda, que acababa -Ochoa de publicar en <i>El Artista</i>, y podia decir al dedillo -la historia de todas las cantantes, desde la Albini, -la Cesari y la Lorenzani, y de todas las bailarinas, desde -la Sichero y la Volet; recitóme veinte canciones italianas, -para mí desconocidas, y encantóme con la de -Zanotti, que lleva por estribillo aquel famoso <i>¡oh giuramenti -predda de' venti!</i> Recítele yo mi <i>Dueña de la negra -toca</i> y mi <i>Canto de Elvira</i>, con los versos á una Catalina, -la moza más garrida que por entónces vivia en Lerma; -pidióme y díle noticias y narréle lo que de las muchachas -de la comarca se susurraba; díjome y díjele, contéle -y contóme tantos versos tan ingeniosos como subidos -de color, y tantas historias tan gratas de recordar -como imposibles de repetir; y cuando la dueña de la -casa se decidió á avisarnos que la sopa estaba en la<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span> -mesa, así nos acordábamos, como por los cerros de -Ubeda, ni él de que era corregidor, ni yo de que era -el hijo de mi padre.</p> - -<p>Aquellas tan frescas como excitantes nueces nos habian -hecho acabar con el pichel de sangría; y aunque -el vinillo ágrio de Lerma, segun decia mi tio el canónigo, -no era bueno más que para echar lavativas á galgos, -nos habia abierto tanto el apetito como alegrado el corazon -y calentado la cabeza—borrando los diez años de -diferencia que entre mis diez y siete y los veintisiete del -corregidor mediaban. Comimos como dos condiscípulos -que á hallarse juntos volvieran tras diez años de separacion, -y éramos á los postres tan amigos y tan iguales -como si de veras condiscípulos hubiéramos sido desde -la escuela de primeras letras. Y así llegamos á las nueve -de la noche, y oí yo con asombro, y casi con espanto, -las campanas de la Colegiata, que tocaban á las Animas: -era la primera vez que tal hora me cogia fuera de la casa -de mi padre, era la en que se rezaba el rosario en ella, -y era yo el encargado de guiarle.</p> - -<p>Conoció Vallejo que algo me angustiaba; preguntóme -qué, y reveléselo yo: entónces, tomando una de las -dos luces que habian alumbrado nuestro festin, y volviendo -á llevarme al aposento en donde le hallé, escribió -una carta de media página á mi padre; llamó al -alguacil de renda y le mandó que á mi casa me acompañara; -dióme por despedida lo escrito cerrado en un -sobre, y díjome al oido: «dí á tu padre que queme ese -papel en cuanto le lea, y que no deje de enviar á su -hijo de cuando en cuando á comer con el corregidor.»</p> - -<p>Entré yo en mi casa con los carrillos muy encendidos -y los ojos muy alegres: aguardábame ya impaciente mi -familia, y recibióme mi padre con el ceño un poco frun<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>cido -y en un silencio muy poco á propósito para infundirme -ánimo; pero yo, sin decir palabra ni darle tiempo -de pronunciar una, púsele en las manos la carta de Vallejo, -con lo cual obligándole á fijar su atencion en la -misiva, logré que la apartara del portador.</p> - -<p>Leyó mi padre y quedóse un punto suspenso, contemplando -lo escrito como si no lo comprendiera; y aprovechando -la posicion en que, inclinado hácia adelante, -tenia la carta y la cabeza cerca de la luz, díjele al oido -como Vallejo me lo habia dicho: «Que queme V. ese -papel en cuanto le lea.»</p> - -<p>Quitó mi padre sus ojos del papel para fijarlos en los -mios, y preguntóme: «¿Te lo ha leido él á tí?»</p> - -<p>No, contesté con la firmeza de quien decia verdad; y -en silencio mi padre quemó el papel, quedando de él no -más que el pico, por el cual entre su pulgar y su índice -lo tuvo miéntras ardió. Tiró despues del cordon de la -campanilla y mandó que sirvieran la cena: «Tú habrás -comido muy tarde, me dijo: nosotros hemos rezado ya -el rosario, y tendrás ganas de acostarte: toma tu luz, y -te dejaremos en tu cuarto;» y miéntras todos bajaban al -comedor, que estaba en el entresuelo, me dijo mi padre -al dejarme en mi dormitorio, que tenia su puerta en el -arranque de la escalera:</p> - -<p>«Mañana irás á decir á Vallejo lo que me has visto -hacer con su carta y le darás las gracias,» y añadiendo -entre dientes y como quien habla consigo mismo: «¡si -tuviera la cabeza tan sana como el corazon..!» me cerró -la puerta y me acosté tan satisfecho de haber salido tan -bien librado como curioso de saber lo que decia aquella -carta, que tan bien me habia escudado del justo mal -humor de mi padre.</p> - -<p>Vallejo tenia suficiente juicio para no fiar al chico lo<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> -que corriera riesgo de su insensata locuacidad: el corregidor -fué con el padre un caballero de la tabla redonda -y un muchacho desatalentado con el hijo futuro autor del -<i>Tenorio</i>, y único sér con quien el noble calavera madrileño, -á quien debia aquel drama ser dedicado, podia tener -afinidad en aquel país.</p> - -<p>El corregidor liberal, el apuesto y caballeroso garzon, -arriesgó su favor y su empleo por amparar al magistrado -en desgracia y fué el primero que auguró al -hijo un porvenir tan brillante como inútil para uno y -otro.</p> - -<p>Ocho años despues, supe por mi madre que la carta -de Vallejo, que de su parte llevé yo á mi padre, decia: -«Traigo órden de vigilar á V. y de no dejarle respirar, -pero puede V. dormir tranquilo miéntras yo sea corregidor -de Lerma; y cuando tenga V. que <i>emprender -algun viaje</i>, avísemelo V. con tiempo para que pueda -usted partir sin despedirse de mí, miéntras esté yo de -expedicion por mi ínsula Barataria; pero no deje usted -de enviarme al chico; que tendrá siempre tan buen lugar -en mi mesa, como creo que le tiene en el porvenir -que abre en España á las letras la revolucion que se -desarrolla.»</p> - -<p>¡Oh, bueno y leal Paco Vallejo! Pocos meses despues -tenias que consolar á mi pobre madre y desvanecer las -sospechas del receloso y severo juez, que tal vez creyeron -por un momento que podias tener parte con tus consejos -en el crímen con que el hijo se abrió las puertas -del porvenir famoso que tú le habias predicho, y que -sólo valió al padre, á la madre y al hijo pesadumbres y -desengaños.</p> - -<p>Mi madre, harta de vivir escondida en un pueblucho -de una sierra, en donde nieva desde Noviembre hasta<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span> -Febrero, y en el cual, incomunicada y sin noticias del -mundo, habia vivido cinco años sin saber lo que en el -mundo pasaba, vino por fin á llamar á las puertas de la -casa del hijo ingrato, cuyo amor filial creia extinguido -por la vanidad de unos triunfos que no la habian producido -más que ruido y coronas de papel dorado. Un viejo -eclesiástico, que la habia servido de protector, se presentó -al hijo con la desconfianza de un católico que tuviera -necesidad del amparo de un hereje; que era, y es -aún lo que se cree en algunos pueblos de Castilla de los -que usamos perilla y bigote; pero no bien el anciano -sacerdote comenzó á tantear los sentimientos del hijo, -cuando éste se echó en sus brazos deshecho en lágrimas, -clamando ansioso por abrazar á su infeliz madre; -trajímosla á nuestra casa, y una nueva luz, una nueva -vida y una nueva inspiracion entraron en ella. Habia yo -vivido poquísimo tiempo con mi madre; á los ocho años -me habia metido mi padre en un colegio de Sevilla; á -los diez me puso en el de nobles de Madrid, y sólo dos -veranos, durante las vacaciones del 34 y 35, habíamos -vivido bajo el mismo techo, pero entre el miedo y los -pesares del destierro y en la escasez de expansiva confianza -de los que se conocen mal y no se aprecian bien; -resultado inevitable de la educacion fuera de la familia: -se pierde uno para ésta tanto cuanto se gana para la -sociedad; yo me gané para el mundo y me perdí para -mi familia, no nos tratamos y no nos conocimos. Vino, -pues, mi madre á mi casa, y yo no sabia ser su hijo; la -trataba como á hija mia. Yo la mimaba, yo la peinaba, -yo la dormia; sentia que no fuese una niña de tres años, -para poderla tener todo el dia sobre mis rodillas y velarla -de noche el sueño, colocada en mis brazos su cabeza. -A la luz de sus ojos, al calor de su cariño, al in<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>flujo -de su presencia, produje yo en tres meses los -tres tomos de mis <i>Cantos del Trovador</i>; y un libro -del P. Nierenberg, en que ella leia, me sugirió la idea de -mi <i>Margarita la tornera</i>; y en aquel D. Juan que tan -mal estudia en la Universidad,</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Sintiéndose el alma seca</div> -<div class="line">de hablar de legislacion</div> -<div class="line">y con la mala intencion</div> -<div class="line">de quemar la biblioteca,</div> -</div></div></div> - -<p>y que vuelve por fin despechado y pobre á aquella -casita solitaria, hay algo de mi historia y de la de mi -casa; y en aquel altar enflorado, y en aquella despedida -de la monjita en el altar arrinconado del cláustro, y en -aquella narracion rebosando fé sincera, inspiracion juvenil, -frescura de selva vírgen, y aroma de rosas de Mayo -y poesía nacional y cristiana, está encerrado el espíritu -religioso de mi devota madre; está derramada á manos -llenas la esencia del amor filial, la poesía del corazon -amante del hijo que escribió aquellos versos ante la sonrisa -de la madre adorada... y por eso es <i>Margarita la -tornera</i> la única produccion que me ha conquistado el -derecho de llamarme poeta legendario, y creo que -el poeta que la escribió no merece ser olvidado en su -patria; y cuando veo que la fama eleva en sus alas á -otros poetas contemporáneos, no tengo envidia de sus -merecidos triunfos ni de las justas alabanzas de sus modernas -obras, y me digo á mí mismo callandito, sin orgullo, -modestamente, pero con conciencia de mí mismo: -«yo tambien soy poeta; yo tambien he escrito mi <i>Margarita -la tornera</i>.»</p> - -<p>Pero, ¿qué diablos importan todos estos recuerdos -íntimos y personales á los lectores de <i>El Imparcial</i>?<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span> -Mi pobre madre, que tenia mucho miedo á mi padre, -se fué de mi casa... y murió sin que yo la volviera -á ver; mi <i>Margarita la tornera</i>, inspirada por la presencia -de mi madre, es el sudario en que puedo envolver -mi memoria póstuma para que se conserve más -tiempo sobre la tierra; puede servirme de confesion á la -hora de mi muerte, si la Providencia me hace morir inconfeso, -¡y quién sabe si podrá abonarme ante el tribunal -de Dios, cuando mi alma sea por Él llamada á -juicio!</p> - -<p>Paco Vallejo volvió de la Habana, y yo le dediqué -mi <i>D. Juan Tenorio</i>, para que su nombre viviera con -el mio unos cuantos dias más despues de nuestra muerte; -que es lo ménos que en nombre mio y de mi padre -debo á la memoria del amigo leal y del caballeroso amparador.</p> - -<p>Volvamos ahora al teatro, para el cual habia dejado -de escribir de los de Madrid en ausencia de Cárlos Latorre; -y veamos cómo y por qué fué mi <i>Traidor, inconfeso -y mártir</i>, el único drama que yo escribí para -Julian Romea, y el único que estoy satisfecho de haber -escrito.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<h2>XX.<br /> - -DE CÓMO SE ESCRIBIÓ Y SE REPRESENTÓ<br /> - -<span class="medium"><i>Traidor, inconfeso y mártir.</i></span></h2> - - -<p>Siete años de asíduo trabajo habian atraido sobre mí -la atencion del público; llevaba ya escritas veinte -obras dramáticas, más ó ménos aplaudidas, pero -ninguna rechazada, y tres ó cuatro que eran ya de -repertorio en todos los teatros de España; ocho tomos -de versos, que habian merecido el honor de la -reimpresion, y los tres de los <i>Cantos del Trovador</i>, publicados -por Ignacio Boix, habian hecho mi nombre -popular, y mi exhibicion contínua como lector en los -salones del palacio de Villahermosa, donde se instaló -primero y resucitó despues el <i>Liceo</i>, habian puesto en -evidencia mi exígua personalidad.</p> - -<p>Pero á pesar de que del teatro y del <i>Liceo</i> habian salido -todos mis compañeros á diputados, gobernadores, -ministros plenipotenciarios, y los más modestos á bibliotecarios, -cuando ménos, yo me habia quedado <i>poeta -á secas</i>, esquivo á la sociedad, extraño á la política y -sin influencia con los gobiernos.</p> - -<p>El último año de la brillante y efímera existencia del<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> -<i>Liceo</i>, su Junta directiva, agradecida, segun dijo, á lo -que con mi constante trabajo habia contribuido al lucimiento -de sus sesiones y á los disgustos que me habian -ocasionado sus juegos florales, en los que yo habia sido -juez, presidente, y yo no recuerdo que más, acordó -que se diese una funcion en obsequio mio, y se representó -por los sócios mi <i>Cada cual con su razon</i>, y se -me colocó en preferente sitio en un gran sillon, en el -cual se notaba más mi pequeñez, y se me ofrecieron una -magnífica corona y un rico álbum, cuya primera hoja -habia escrito y firmado S. M. la Reina doña Isabel II; -y cargado de papeles y de flores, y ensordecido por los -aplausos, me volví á mi piso tercero de la plazuela de -Matute, agradecido y contento, pero no desvanecido -por el humo aromado y embriagador de la gloria mundana, -y volví al dia siguiente á ser el poeta del dia anterior, -y á vivir al dia con el producto de mis leyendas. -¿Por qué?</p> - -<p>¿Habia algo en mi vida por lo cual se me mostraran -esquivos los gobiernos y la sociedad de aquel <i>tiempo -viejo</i>? No: yo era quien, esquivo á la sociedad y á los gobernantes, -me encastillé en mi hogar doméstico á vivir -con los legendarios personajes de mi fantástica poesía: -yo era el poeta del tiempo viejo; y fiado solamente en -el pueblo, y esperando mi recompensa de un solo hombre, -desdeñé todo lo que de aquel hombre no viniera; -y la fortuna loca llamó mil veces á las puertas de mi -casa; y yo la cerré mis puertas y mis ventanas, dejándola -pasar como si no la oyese y derramar sobre otros -las venturas que para mí destinadas traia. Ya hablaremos -tal vez más de esto en el último capítulo de estos -<span class="smcap">RECUERDOS</span>.</p> - -<p>El exceso del trabajo, la profunda y perpétua inquie<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>tud -que me roia el corazon, y las malas aguas que el -municipio hacia beber por aquellos tiempos á los habitantes -de Madrid, me procuraban todos los veranos una -debilidad de estómago y una inflamacion de las vísceras -abdominales, que el bueno del Dr. Codorníu, médico -del regente Espartero, queria curarme á fuerza de sanguijuelas, -cáusticos y demás excesos de la ciencia, que -está hace siglos empeñada en atacar al enfermo para -librarle de la enfermedad. Entre la mia y mi médico el -Dr. Codorníu, que me queria como á sus propios hijos, -me tenian en cama hacia ya cuarenta dias, al fin de los -cuales vino una noche á verme Julian Romea. En ocasion -de los juegos florales del <i>Liceo</i>, y en otra que á -nadie importa, le habia yo probado mi amistad, y no -podia Julian dudar de ella. Pero era una extraña amistad -la mia con Julian: no iba jamás á su teatro del Príncipe -más que para aplaudirle á él y á su mujer; pero -jamás subia á su cuarto ni al de Matilde, ni habia nunca -escrito un verso para ellos. Cárlos Latorre andaba por -las provincias, y yo escribia libros, pero no comedias. -Y el teatro de Julian habia encadenado á la fortuna en -su vestíbulo, y la fama hacia resonar perpétuamente su -bocina desde el balcon del saloncillo en el cual tenia -Romea su corte y su cuarto de vestir, y todos los poetas -iban á quemar incienso en aquella sucursal del Parnaso -y en aquel peristilo del templo de la gloria.</p> - -<p>Yo he sido siempre tenaz en mis opiniones, porque -siempre son éstas hijas legítimas de mis convicciones, -y las mias y las de Julian estaban en completa contradiccion -en el teatro. Que yo era su amigo, no podia -dudarlo un hombre por quien no habia vacilado en arriesgar -mi reputacion y mi pellejo; que admiraba al -actor no podia tampoco dudarlo el que por mí se veia<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span> -constantemente aplaudido; pero ni el amigo ni el actor -venian al poeta más que en la ocasion extrema; y Julian -vino á verme <i>in extremis</i>, porque despues de cuarenta -dias de cama, un poeta tan débil y tan chiquito como -yo, debia de hallarse casi <i>in artículo mortis</i>. Hallóme -efectivamente Julian reducido á lo que de mí habian -dejado las sanguijuelas de Codorníu envuelto en los -trapos de sus cataplasmas; pero con el ojo siempre avizor -y el espíritu vivo dentro de la frágil carne—es decir, -de la piel y los huesos, porque mi escasa carne se la -habian ya comido las sanguijuelas y la calentura.—Abrazóme -Romea y enteróse cariñosamente de mi situacion; -distrajo la melancólica influencia de la enfermedad -y del aislamiento con el relato de la crónica no -muy edificativa de bastidores; ponderóme la boga de -su amigo el Dr. Larios, quien segun él, hacia maravillas, -y dejándome alegre y esperanzado, se despidió hasta -el dia siguiente. A las once de la mañana de este volvió -con el Dr. Larios, quien me desenterró de entre la infinidad -de trapos en que Codorníu me tenia sepultado; -metiéronme entre él y Julian en un baño, y á los dos -dias, limpio y renovado, me llevaron en un coche al Pardo; -donde con el cambio de aguas y de temperatura, las -emanaciones salubres del arbolado y la proximidad del -otoño, retoñó en mí la salud y la fuerza; y un dia me -dijo Romea, trayendo á la realidad mi pasado y mi -porvenir: «¿Por qué no me escribes un drama? Matilde -y yo lo haríamos con el alma.»—«Pensaré en ello, le -respondí; y si en estos dias de convalecencia doy con -un argumento á propósito para tí, te lo consultaré y -haré lo que sepa. Pero...</p> - -<p>—Pero ¿qué?—me preguntó receloso Julian.</p> - -<p>—Nada—repuse;—ya hablaremos.—No me atreví á<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span> -darle más explicaciones sobre aquel «pero» que se me -habia escapado.</p> - -<p>Convalecí y cazé, y me repuse, y volví á Madrid. Mi -editor Delgado habia ya muerto: Boix, sin ideas ni -rumbo fijo en el comercio de libros, no me habia hecho -trato alguno en que poder fiar, y Julian habia dado á -mi mujer, prohibiéndola que me lo dijera, seis mil reales -que habian subvenido á los gastos de mi enfermedad. -Era forzoso trabajar: el editor Gullon se me habia -ofrecido en lugar del difunto Delgado, y no podia rehusar -á Romea una obra que él y un nuevo editor me -pedian á un tiempo. Pensé en un argumento, en el cual -sin salirme de mi terrorífico romanticismo, pudiera colocar -un personaje característico adecuado á la escuela -exclusiva y al género personal de representacion de Romea; -y habiéndome procurado Salustiano Olózaga la -causa original de <i>El pastelero de Madrigal</i>, amasé, -amoldé y emprendí mi <i>Traidor, inconfeso y mártir</i>. -Tenia yo desde que era estudiante un inmenso cariño -á este personaje tradicional, y siempre habia pensado -hacer de él una leyenda; pero el <i>Ni Rey ni Roque</i> -de Escosura habia puesto una insuperable valla ante -mi pensamiento. Al ocurrírseme hacer del Rey Don -Sebastian y del pastelero de Madrigal uno sólo, concebí -que aquel personaje legendario podia transformarse -en otro altamente dramático y profundamente misterioso.</p> - -<p>Estudié su historia y su tradicion, dormí y soñé con -la accion y sus personajes, y cuando la ví clara en -mi imaginacion comencé á tenderla sobre el papel: y -aquella es mi única obra dramática pensada, coordinada -y <i>hecha</i>, segun las reglas del arte: sus dos primeros actos -están <i>confeccionados</i> maestramente, y tengo para<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -mí que por ellos tengo derecho á que mi nombre figure -entre los de los dramáticos de mi siglo.</p> - -<p>Miéntras yo viva no faltará quien me alabe; pero -tampoco quien acuse mejor los defectos y la incompletez -de sus obras. Váyase lo uno por lo otro; y sea dicho -en paz de los que no reconocen en las suyas los defectos -de que carecen las mias.</p> - -<p>En cuanto tuve escritos mis dos primeros actos, los -copié y los cosí, seguro de no tener que variar nada en -ellos para concluir el drama: llamé á Julian y se los leí; -escuchómelos atentamente, asombróle su forma, enamoróse -del carácter del protagonista, que para él destinaba; -expliquéle cómo pensaba desarrollar el tercer -acto, y prometíselo concluido para la semana siguiente. -Entreguéle los dos primeros para que mandara sacar los -papeles, y díjome al partir, llevándoselos en el bolsillo:</p> - -<p>—Creo, Pepe, que es lo mejor que has hecho.</p> - -<p>—Yo tambien lo creo—le respondí—pero...</p> - -<p>—Pero ¿qué?</p> - -<p>—Nada, nada—le dije—sin atreverme todavía á revelarle -mi pensamiento. Miróme un momento sin comprenderme, -llevóse los dos actos, desconfiando por el -«pero» de que yo concluyera la obra, y yo la emprendí -con el tercer acto, del cual no levanté mano hasta darle -fin. Volví á llamarle, y tornó Julian á mi despacho; leíle -la conclusion, pagóse mucho de su papel, y paguéme -yo no poco de que fuera tan de su gusto mi trabajo: -entreguésele grandemente satisfecho de lo escrito, y -dispusóse él á llevárselo con gran contentamiento y muy -lisonjeras esperanzas; pero... detúvele yo, concluyendo -nuestra entrevista con este diálogo:</p> - -<p><i>Yo.</i>—¿Vas convencido de que he hecho en conciencia -todo lo que he podido?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p> - -<p><i>Julian.</i>—Completamente; y puedes tú quedarlo de -que en la representacion haremos cuanto podamos: y si -de mi empeño sólo dependiera el éxito...</p> - -<p><i>Yo.</i>—Perdona que te ataje; pero el éxito de este drama -no será grande.</p> - -<p><i>Julian.</i>—¿Por qué?</p> - -<p><i>Yo.</i>—Porque tú y yo, como actor y poeta, no somos -el uno para el otro. No te amostaces. ¿Crees, ó no, que -yo soy tu amigo?</p> - -<p><i>Julian.</i>—Aunque no tuviera más pruebas de tu amistad -que esta obra que ya está en mi poder, no podria -racionalmente dudarlo.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Pues bien, por ser tan tu amigo, te debo la -verdad. Creo que no has de salir airoso del papel de -Don Sebastian.</p> - -<p>Romea era orgulloso y tenia en su talento disculpa -suficiente para serlo: al oir estas palabras, áun de su -mejor amigo, frunció el entrecejo y encapotó con él su -mirada.—Escucha,—seguí yo diciéndole, sin darme por -entendido de su gesto ni de su cambiado color—escucha: -tú crees que la verdad de la naturaleza cabe seca, -real y desnuda en el campo del arte, más claro, en la -escena: yo creo que en la escena no cabe más que la -verdad artística. Desde el momento en que hay que -convenir en que la luz de la batería es la del sol; en -que la decoracion es el palacio ó la prision del rey Don -Sebastian; en que el jubon, el traje y hasta la camisa -del actor son los del personaje que representa, no puede -haber en medio de todas estas verdades convencionales -del arte y dentro del vestido de la creacion poética, -un hombre real, una verdad positiva de la naturaleza, -sinó otra verdad convencional y artística; un personaje -dramático, detrás y dentro del cual desaparezca la fiso<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span>nomía, -el nombre, el recuerdo, la personalidad, en fin, -del actor.</p> - -<p>—¿Y qué?—me dijo desabrida y desdeñosamente -Julian.</p> - -<p>—Que tú eres el actor inimitable de la verdad de la -naturaleza: que tú has creado la comedia de levita, que -se ha dado en llamar de costumbres: que puedes presentarte, -y te presentas á veces en escena, conforme te -apeas del caballo de vuelta del Prado, sin más que quitarte -el polvo y sin polvos ni colorete en el rostro: pero -en estas escenas copiadas de nuestra vida de hoy, dialogadas -por personajes que son á veces copias de personas -conocidas, que entre nosotros andan, que con -nosotros viven y hablan, tú que con ellos vives y que -eres de ellos conocido, no estorbas y no pareces intruso. -Tú eres Julian Romea y puedes serlo en la comedia -actual: pero el drama es un cuadro, es un paisaje, cuyas -veladuras, que son el tiempo y la distancia, se entonan -de una manera ideal y poética, en cuyo campo jura -y se tira á los ojos la verdad de la naturaleza, la realidad -de una personalidad: yo necesito un personaje para el -papel de mi rey D. Sebastian.</p> - -<p>—Y le tendrás, Pepe, le tendrás:—esclamó Julian.—¡Qué -diablos de autores! A vosotros os toca escribir y -á nosotros representar.</p> - -<p>—Eso, eso quiero; que representes, no que te presentes.</p> - -<p>—¡Pepe, Pepe! <i>Suum cuique.</i> Porque tú alucinas á -tus oyentes cuando lees tus versos, y porque yo mismo -te he dado á leer los mios en el <i>Liceo</i>, para que me -los luzcas, no creas que sabes mejor que yo lo que es -la escena, sobre la cual estoy desde que me despuntó la -barba.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p> - -<p>—Y estás en ella con derechos de rey: porque eres -uno de los de nuestra escena: pero...</p> - -<p>—Déjate de peros, y fíate en mí—y partió Julian con -el fin de mi drama en la mano: y se ensayó con cuidado, -y los actores se encariñaron con sus papeles, y á los -pocos dias, á las ocho de la noche de un viernes, para -el beneficio de la incomparable Matilde, se alzó el telon -sobre la primera escena de mi <i>Traidor, inconfeso y -mártir</i>.</p> - -<p>Ni la crítica hostil de eruditos apasionados, ni la mordacidad -atrevida de medianías envidiosas, me han negado -que esta obra me da derecho á tenerme por autor -dramático, y el tiempo y la opinion pública han sancionado -esta pretenciosa vanidad mia. La exposicion de -este drama está <i>confeccionada</i> con todas las reglas del -arte, y la presentacion del protagonista preparada con -intencionada habilidad. El papel de Aurora estaba confiado -á Matilde; yo, seguro de que Julian iba á dejar pálida -la figura del rey D. Sebastian, de que no iba á pasar -de Espinosa el pastelero, de que iba á seguir su fatal -sistema de presentar en el drama la verdad de la naturaleza -en lugar de la del arte, y de que iba, en fin, á representar -un rey D. Sebastian de levita; y como encariñado -y casi fanatizado yo con mi personaje fantástico, -habia, prescindiendo á sabiendas de la verdad de la historia -por la poesía de la tradicion, hecho del pastelero de -Madrigal y del rey portugués una sola personalidad -poética, necesitaba que la exuberancia del arte diese -relieve á las medias tintas de la verdad de la naturaleza, -que la luz de la poesía esclareciera y relevara la -sombra que la maciza figura de la verdad iba á proyectar -en el paisaje fantástico de la ficcion: y pensé en -Matilde, la actriz más poética, sentimental y apasionada<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> -que hemos conocido en nuestro moderno teatro Español.</p> - -<p>Yo tenia, y espero que se haya comprendido por lo -que llevo dicho, mi razon de no escribir para Julian; -pero debia satisfaccion á Matilde por no haber escrito -para ella, que era la gloria, el sostén y la fortuna del -teatro del Príncipe y de los autores que para él escribian. -Matilde era la gracia, el sentimiento y la poesía -personificadas sobre la escena; su voz de contralto, un -poco <i>parda</i>, no vibraba con el sonido agudo, seco y metálico -del tiple estridente, ni con el cortante y forzado -<i>sfogatto</i> del soprano, sinó con el suave, duradero y pastoso -són de la cuerda estirada que vuelve á su natural -tension, exhalando la nota natural de la armonía en su -vibracion encerrada. El arco del violin de Paganini, al -pasar por sus cuerdas para dar el tono á la orquesta, -despertaba la atencion del auditorio con un atractivo -magnético que parecia que hacia estremecer y ondular -las llamas de las candilejas: y la voz de Matilde tenia -esta afinidad con el violin de Paganini: al romper á hablar -se apoderaba de la atencion del público, heria las -fibras del corazon al mismo tiempo que el aparato auditivo, -y el público era esclavo de su voz, y la seguia por -y hasta donde ella queria llevarle, con una pureza de -pronunciacion que hacia percibir cada sílaba con valor -propio, y la diferencia entre la <i>c</i> y la <i>z</i>, y la doble <i>s</i> -final y primera de dos palabras unidas que en <i>s</i> concluyeran -y empezaran. Matilde no se habia dejado seducir -ni contaminar con el exagerado y revolucionario lirismo -de la lectura y recitacion salmodiada, que Espronceda y -yo dimos á nuestros versos, no; Matilde recitaba sencilla, -clara y naturalmente, saliendo de su boca los períodos -y estrofas como esculpidas en láminas invisibles de<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span> -sonoro cristal, y los versos y las palabras como perlas -arrojadas en un plato de oro.</p> - -<p>Matilde hizo y dijo la escena <span class="smcap">XI</span> del acto primero con -la flexibilidad, el primor de pormenores y el raudal de -gracia y de sentimiento de que apenas habrán podido -dar idea á mis lectores mis antecedentes frases; y al retirarse -acompañada de un aplauso general, dejó completa -la exposicion, prevenido al público en favor de la -obra y enflorada con una guirnalda de poesía la puerta -del fondo, por la cual iba á presentarse el misterioso protagonista.</p> - -<p>Por ella salió á escena Julian, perfectamente vestido, -pintado y con su papel concienzudamente estudiado: -pero salió Julian; presentó y no representó su personaje. -Si yo hubiera podido evocar y resucitar al verdadero -juez Santillana, hubiérase vuelto á apoderar de aquel -verdadero Espinosa, confundiéndole con el que él hizo -ahorcar; pero para el público tenia algo de la sombra; -le faltaba voz, movimiento, fisonomía, relieve, poesía. -Julian hizo sus escenas del primer acto con el capitan y -con el alcalde con una exactitud, con un aplomo, con -una verdad intachables para los palcos de proscenio y -las dos primeras filas de butacas: la sala no pudo apreciar -su perfecto trabajo escénico; y al caer el telon, no -se oyeron mas que algunas palmadas sin consecuencia. -Quedó en el público el recuerdo de Matilde y la curiosidad -que habia excitado la exposicion.</p> - -<p>En el segundo acto, un nuevo actor vino en refuerzo -de Matilde: Barroso. Era éste un mozo sevillano, de los -que vinieron á inocular en la corte la sávia andaluza de -los Pachechos, los Saavedras y los Perez Hernandez -con Bermudez de Castro, Tassara, Sartorius y otros -buenos ingenios, cuyos hechos y escritos contribuyeron<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span> -honrosamente al progreso literario y político de aquella -época. Antonio Barroso era poeta; pero habiéndose presentado -en el teatro privado del Liceo con Ventura, -Marrací, el marqués de Palomares y demás sócios de la -seccion de declamacion, concluyó por consagrar al teatro -su talento nada vulgar, á consecuencia de los aplausos -allí obtenidos y de la buena acogida que de Romea -obtuvo. A Barroso habia yo, pues, confiado el ingrato -y difícil papel del Alcalde Santillana; tan ganoso yo al -dársele de probarle mi amistad y la estima en que le tenia, -como él de abordar, estudiar y probarse en un carácter -que podia colocarle en muy buen punto de partida -para su carrera dramática, y muy alto en la consideracion -del público si acertaba á desempeñarle con -éxito. Era Barroso un mancebo de buena estatura, cenceño -y nervioso, de cabeza pequeña y rubia, pero de -aguileño perfil y límpidos ojos y correctamente colocada -sobre los hombros.</p> - -<p>Suelto de modales, como hombre bien educado, de -buena memoria y comprension perspicaz como sevillano -y confiado en el porvenir por esa esperanza inconsciente -que hace atrevido á todo talento meridional, Barroso -estudió, preparó y vistió su papel con tal esmero, -que se identificó con el personaje que representaba. Con -su toga y su golilla, sus vuelillos de encaje y su junco -con cabos de plata, encuadró tan poéticamente su figura -severa y su carácter odioso en contraposicion del sencillo -y virginal del de la Matilde, que desde su primera -escena resaltó como sombra negra é infernal de aquella -blanca y celeste aparicion, entre cuyas dos figuras iba á -pasar desde la hostería al patíbulo aquel otro vago, misterioso -y casi indeciso fantasma del perpétuamente acusado -y jamás reconocido soberano pastelero de Madrigal.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p> - -<p>Barroso en la escena <span class="smcap">VI</span> secundó y sirvió de apoyo á -Julian con la atencion perpétua de su maestra ejecucion; -desarrolló tan á tiempo y alternativamente su doble -carácter de juez y de reo con el marqués de Tavira -y con Espinosa, que preparada magistralmente la escena -<span class="smcap">XI</span> endecasílaba, pudo desplegar en ella Matilde toda -la ternura de su corazon, toda la poesía de su amor recóndito, -y toda la grandeza de su incondicional abnegacion; -en un juego escénico tan infantil como apasionado, -con un acento de castísima ingenuidad, con una -declamacion tan impregnada de sentimiento y unas inflexiones -de voz tan melódicas, tan suaves y tan variadas, -que encantó, enterneció, fascinó y exaltó al público, -arrancándome á mí las lágrimas: á mí, poeta entusiasta -y satisfecho, que escuchaba por primera vez mis -versos de su boca, como si estuviera oyendo arrullar á -una paloma enamorada de un ruiseñor. El arte de Matilde -reverberó con tal intensidad, rebosó tan profusamente -sobre la verdad de Romea, que envuelta y arrebatada -en la poesía de Aurora, concluyó la escena en -universal aplauso.</p> - -<p>En el acto tercero, Barroso tomó creces tan imprevistas -ante la seguridad de su éxito y la esperanza de -su porvenir, que comenzó desde la primera á dominar -la escena con su atencion nunca distraida, su figura -siempre en cuadro, su exactitud en las entradas, su -creciente juego escénico segun sus pasiones; la supersticion, -el miedo y la ira se iban desarrollando y apoderándose -de su espíritu. La escena sétima entre Aurora y -Santillana no tiene descripcion; el recuerdo de una ribera -donde yo cogia</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">yerbezuelas y conchas, del rugiente</div> -<div class="line">mar que sus ondas sin cesar mecia,</div> -<div class="line">de un monasterio triste y solitario<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></div> -<div class="line">fundado al pié de un monte, y vagamente</div> -<div class="line">la memoria de un templo, con su coro</div> -<div class="line">enverjado, sus techos con pinturas,</div> -<div class="line">su altar lleno de flores, su sagrario</div> -<div class="line">iluminado con mecheros de oro;</div> -<div class="line">el recuerdo tambien, porque la daban</div> -<div class="line">miedo aquellas inmóviles figuras</div> -<div class="line">de mármol que tendidas reposaban</div> -<div class="line">encima de sus anchas sepulturas,</div> -</div></div></div> - -<p>es preciso habérsele visto y oido hacer y decir á Matilde; -la creciente angustia del juez ante el tremendo exclarecedor -relato de la ingénua y enamorada doncella... es -preciso habérsela visto representar á Barroso en la noche -del estreno; pero la escena novena volvió, no á enfriar, -pero sí á descolorar la representacion.</p> - -<p>Lo misterioso de la historia, lo terrorífico de la situacion, -la calma heróica del rey mártir, la indecisa concentracion -de las pasiones del juez, la inconsciencia de -la realidad de la hija y de la amante, dieron por un momento -á la verdad el dominio sobre la poesía y partió -en silencio al patíbulo el incógnito é innominado protagonista. -Quedó el teatro y el público en el silencio de -la espectacion, y yo, en la duda del éxito y más convencido -que nunca de que la verdad de la naturaleza no -es la verdad del arte. Esta volvió á surgir en la escena -al recobrar Aurora sus sentidos. Matilde, con la mirada -extraviada, los movimientos inciertos, la voz perdida -aún en la cavidad de la garganta, sin que el aliento pudiera -aún extraerla de los pulmones, preguntó:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">¿Qué sucede? ¡ay de mí! los pensamientos</div> -<div class="line">no acierto á combinar en mi cabeza.</div> -<div class="line">¿Y Gabriel?</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span> -y empezó á buscar á Gabriel y á sentir por la ventana -el rumor de la plaza, y vió y escuchó, pero no concibió -lo que oia ni lo que miraba, pero se lo hizo comprender -al espectador y le estremeció. ¡Allí va! ¿A dónde se le -llevan sin ella? ¿qué palos son aquellos? ¿qué le ponen -al cuello? ¡es una soga! Una nube sangrienta la ofusca -la mente. ¡Un sacerdote! y comprendiendo de repente, -grita vuelta á Santillana:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">pero vos, ¡miserable! que sois hombre,</div> -<div class="line">gritad conmigo...</div> -</div></div></div> - -<p>y el juez vencido invoca el nombre del rey; pero el grito, -el aullido, el estertor, todo junto, que constituyó la -exclamacion de Matilde <i>¡ay! ¡es ya tarde!</i> no son para -escritos.</p> - -<p>Lo más á tiempo, lo mejor, que ha hecho y ha dicho -Florencio en su vida es el decir á Santillana:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">Tomad: sepamos la verdad postrera,</div> -</div></div></div> - -<p>y obligarle á tomar y abrir el relicario que encerraba el -secreto del rey Don Sebastian.</p> - -<p>Lo mejor que hizo Matilde en <i>Traidor, inconfeso y -mártir</i>, fué el final. Al reconocer el retrato de su madre -y al rechazar á su padre... estuvo sublime de dolor y -de ira:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">¡Tu hija!—¡Esto tan sólo me faltaba!</div> -<div class="line">Tú, para que su muerte te perdone,</div> -<div class="line">me llamas hija tuya... mas te engañas,</div> -<div class="line">nada hay en mí que tu maldad abone,</div> -<div class="line">para tí solo hay ódio en mis entrañas.</div> -</div></div></div> - -<p>Aquí acababa el drama: el mal gusto del tiempo me<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span> -arrastró á prolongar con veintiseis versos más tan repugnante -escena: sólo Matilde pudo hacerla pasar.</p> - -<p>El telon cayó en un momento de silencio, que se -cambió en un espontáneo y general aplauso. El autor -y los actores fuimos llamados al proscenio: Julian sonreía, -Matilde no podia respirar, Barroso estaba convulso -como si fuese á sufrir un ataque de nervios... de mí no -sé lo que era... Pero ¿gustó el drama?</p> - -<p>Sus siguientes representaciones dieron el mismo resultado -cada noche: Romea le retiró á los pocos dias del -cartel, y no se volvió á hacer más en el teatro del Príncipe.</p> - -<p>Andando el tiempo, Catalina, separándose de Julian, -formó compañía y ajustó á Matilde; y habiéndose llevado -con ella la mayor parte del repertorio de Julian, -Catalina hizo su presentacion con mi <i>Traidor, inconfeso -y mártir</i>. ¡Qué éxito el del pastelero! Mi drama se -hizo en todas las provincias, y en todas las Américas, y -aún es hoy de repertorio en todos los teatros, ménos -en los de Madrid; y he visto actores muy medianos y -sin pretensiones y hasta de teatros caseros que siempre -se han hecho aplaudir en el papel del rey D. Sebastian.</p> - -<p>Yo estoy muy pagado de ser autor de esta obra mia, -y Matilde la ha dado á conocer en todos los países en -que se habla la lengua castellana, gracias á Catalina.</p> - -<p>¡Bendita Matilde! Desde la noche de su estreno data -el cariño fraternal y la gratitud, que la tengo y la tendré -siempre.</p> - -<p><i>Post scriptum.</i>—¡Pobre Barroso! Víctima de la medicacion -á grandes dósis, murió de repente una tarde -en el teatro, saturado de yodo y otras drogas de este -jaez. En un ensayo exhaló repentinamente un profundísimo -gemido: dió luego un gran grito y dijo: «¡me<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span> -muero!» y una repentina parálisis comenzó á apoderarse -de su cuerpo, comenzando por los piés. No hubo -tiempo más que para conducirle á la habitacion y cama -del portero, donde recibió la Extrema-Uncion, y espiró -contando <i>cómo se moria</i>: ya se me ha muerto el brazo -derecho, exclamaba: ya se me muere el corazon... lo -último que pareció vivo en él fueron los ojos, cuyos párpados -no quisieron cerrarse. Desde la representacion del -<i>Traidor inconfeso y mártir</i>, dejé de escribir para el -teatro.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XXI.</h2> - - -<p>Aquí debian tener fin estos <span class="smcap">Recuerdos</span> mios. Lo -que va á seguir, no deberia tal vez ser publicado -hasta despues de mi muerte; pertenece, más que -á mis <span class="smcap">Recuerdos del tiempo viejo</span>, á mis memorias -póstumas: es exclusiva y personalmente -mio, es historia íntima de mi corazon: va acaso á ser -enojoso para mis lectores de <i>El Imparcial</i>, y no va seguramente -á interesar más que á dos docenas de viejos -como yo, que á aquellos tiempos hayan como yo sobrevivido: -y no va por fin á despertar en ellos más que -un sentimiento ficticio, efímero, <i>artístico</i>, si se me permite -esta calificacion, como el que nos inspira la accion -de un drama sentimental miéntras á la representacion -asistimos. Lo que va á seguir es una página de la leyenda -de mi alma: soy yo en ella el protagonista; ¡y soy yo -tan poca cosa para hablar tánto de mí mismo!</p> - -<p>Una razon me abona sin embargo: hace cuarenta y -tres años que se habla de mí en España: quiénes me -celebran y quiénes me critican; algunos me calumnian, -muchos me envidian y pocos saben lo que de mí dicen, -y pocos dejan de juzgarme sin pasion, porque ya<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> -nadie me conoce á través de tánto como se ha supuesto -y se ha dicho del vagabundo autor de <i>D. Juan -Tenorio</i>.</p> - -<p>Los meridionales, y más que ningunos los españoles -(y más entre estos los andaluces), tenemos la cualidad -y la pretension de ser narradores y narradores chistosos: -no podemos repetir una historia, un cuento, un sucedido, -un dato cualquiera, sin añadirle algo de nuestra cosecha; -así que, al salir de la boca del quinto narrador, ya -no conoce la historia ó el suceso narrado, ni el que la -inventó ni al que le sucedió; y como cada cual sostiene -las añadiduras y variaciones por él intercaladas en el relato, -é impugna ó contradice las de los demás, todo -copo de nieve llega á ser una bola, todo grano de arena -un monte, toda historia una novela y todo cuento una -mentira; por lo cual, no creo yo nunca nada del mal -que se dice, ni de lo malo que se cree de las mujeres ni -de los hombres notables: al contrario, comienzo siempre -á simpatizar con toda mujer de quien se habla mal -y con todo hombre conocido á quien se critica; porque -estoy convencido de que tánto más de bueno deben de -tener, cuanto más de malo les aplica y atribuye la maledicencia.</p> - -<p>De la mujer especialmente tengo yo mis ideas particulares.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Hay sobre la mujer mil pareceres;</div> -<div class="line">allá va el mio aunque parezca raro:</div> -<div class="line">yo amé toda mi vida á las mujeres;</div> -<div class="line">entendámonos bien y hablemos claro:</div> -<div class="line">más que por torpe gérmen de placeres</div> -<div class="line">me es el amor de las mujeres caro,</div> -<div class="line">porque ellas son, por más que digan otros,</div> -<div class="line">muchísimo mejores que nosotros.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Se ha hecho moda hablar de ellas con desprecio;<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></div> -<div class="line">yo de hablar de ellas bien tengo manía;</div> -<div class="line">al que habla de ellas mal tengo por necio,</div> -<div class="line">falto de corazon y cortesía.</div> -<div class="line">No objeto para mí de menosprecio</div> -<div class="line">son, sinó manantial de poesía:</div> -<div class="line">no obró conmigo mal jamás ninguna,</div> -<div class="line">y debo más de un bien á más de una.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Desde la vírgen que en los cláustros ora</div> -<div class="line">hasta la vil, impúdica ramera</div> -<div class="line">que, enfangada en el vicio, á cada hora</div> -<div class="line">á sí se infama y á su raza entera,</div> -<div class="line">toda mujer que deshonrada llora,</div> -<div class="line">toda la que en dolor se desespera,</div> -<div class="line">de su duelo ó su infamia, no os asombre,</div> -<div class="line">la ocasion ó el orígen es un hombre.</div> -</div></div></div> - -<p>Y apuntada de paso esta opinion mia con respecto á -las mujeres, sigo adelante con las que respecto á mí mismo -voy aduciendo: y no creo que voy muy descarriado -al creerme con derecho á decir algo de mí mismo, despues -de haber oido y tolerado sin chistar por espacio -de cuarenta y tres años, cuanto amigos y enemigos, -chismosos y desocupados y vulgo, en fin, que nunca -sabe donde tocan las campanas que oye, han dicho y escrito -de mí; de mí, pobre insensato que nunca supe contentar -á nadie, ni acerté con nadie á quedar bien, y á -quien Dios acordó lo único bueno que de nada en España -sirve: la modestia de reconocerse y la humildad de -no aspirar á nada; no creyéndome para nada con aptitud, -por haberme pasado la juventud concentrado en -mí mismo, aspirando sólo á conseguir un ideal que sólo -dentro de mí mismo albergaba mi esperanza, y en la -soledad de mi alma únicamente crecía, como una palma -estéril sin compañera, condenada á secarse sin fruto -en el desierto de mi inútil existencia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p> - -<p>Voy, pues, á alargar con unos capítulos más estos -<span class="smcap">Recuerdos</span>, y á decir de mí mismo y de mi casa lo -que yo sólo sé; porque por mucho que de mí sepan, -por observacion y por induccion, los curiosos, los críticos, -los murmuradores y los entremetidos, sólo los necios -podrán disputarme el derecho de saber mejor que -yo lo que por muchos años he guardado entre pecho y -espalda, y la idea que mi pensamiento en palabras jamás -ha formulado.</p> - -<p>Pero vayamos ya adelante con mi historia, echando -á un lado digresiones y zarandajas.</p> - -<p>Era jefe político de Madrid el Sr. D. Antonio Benavides, -y secretario Pepe Rojas, pariente mio por parte -de mi primera mujer. Hacia ya muchos meses que mi -infeliz madre habitaba en casa de una vieja prima de mi -padre, viuda, bien acomodada, que habia vivido largos -años en una ciudad de Francia, que por entónces vivia -sola en Madrid, porque se habia extrañado de la única -hija que de su único matrimonio habia tenido, porque -aquella hija habia contraido uno de esos que se llaman -de amor con un hombre tan honrado y laborioso como -falto de bienes de fortuna. Aquella tia segunda mia, que -habia hecho cierto papel en el tiempo de Fernando VII, -y la vida del gran mundo en la buena sociedad de su -tiempo, no habia perdonado jamás á su hija, que vivia -en Toledo en donde yo la conocí, tan honrada como pobre -y tan contenta con su mala suerte cuanto serlo la -permitia el largo abandono y el tenaz olvido de su madre -orgullosa ó descorazonada.</p> - -<p>Parece que en mi familia los cabezas de ella han mantenido -el principio de la autoridad paterna en toda -la rigidez absoluta del derecho romano, y no han sabido -nunca transigir con el tiempo, ni contemporizar con<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span> -las circunstancias, ni perdonar la desobediencia, ni otorgar -olvido al extravío juvenil, ni tener en cuenta la -fuerza de la pasion, ni la ceguedad del error de sus hijos. -Mi prima de Toledo tenia una hija preciosa á quien habia -bautizado con el poético nombre de Esperanza: la -chica era á los catorce años una preciosa criatura, -cifra expresiva de la esperanza de su pobre madre; pero -su abuela no albergó nunca bajo su techo á su tan hermosa -como inocente nieta... é ignoro lo que de ésta y -de sus padres ha sido despues del fallecimiento de mi tia. -Con ella vivia mi madre en provincia, cuando mi pariente -Pepe Rojas me envió con un guardia civil una -carta anunciándome que el Excmo. Sr. Benavides, su -jefe, deseaba que me avistara con él en su gabinete, de -nueve á diez de la noche, para un asunto que me concernia.</p> - -<p>Alarmó á la gente de mi casa aquella cita con puntas -de órden; pero como nunca me habia yo mezclado en -la política, acudí sin inquietud al gabinete del jefe político, -que era por otra parte lo más político y bien educado -del mundo, muy deferente como muy ilustrado -con la gente de letras, y especialmente benévolo conmigo.</p> - -<p>La cuestion era tan sencilla y prevista en su fondo -como inesperada y extraña en su forma; mi padre, despues -de seis años de emigracion, en vista de que casi todos -los de su partido, acogiéndose á las amnistías, habian -regresado á sus pátrios hogares, y de que S. M. la -Reina D.ª Isabel II reinaba tranquilamente en España, -reconocida por todas las potencias de Europa, se convenció -de que su constante y leal adhesion á la causa del -Pretendiente no le serviria más que para morir inútilmente, -sin provecho suyo ni ajeno, en tierra extranjera,<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span> -y se decidió á enviar al Gobierno una representacion solicitando -el permiso de volver á España.</p> - -<p>Pero esta representacion se dirigia á S. M. la Reina, -empezando con estas palabras: «Señora: puesto que -V. M. reina ya de hecho, D. José Zorrilla Caballero, alcalde -de casa y corte, consejero, etc., etc.,» lo cual parecia -significar que el que aquella representacion firmaba -no reconocia Reina de derecho á D.ª Isabel. El jefe político, -por encargo del Consejo de ministros, me llamaba -para que yo dijese si era la firma de mi padre la de -aquel documento: y ante mi afirmativa respuesta, no dijo -más aquella grave autoridad que estas palabras: «En -ese caso...» y encogiéndose de hombros, dobló el papel -en que me mostró la firma.</p> - -<p>Despues de una breve conferencia, en la cual la discrecion -del Sr. Benavides correspondió con la reserva -que á mí me convenia guardar en aquel caso por respeto -á mi padre, me despidió con muy corteses palabras, y -yo me apresuré á ir á tranquilizar á mi mujer; en España -no las tiene nadie consigo cuando tiene que habérselas -con la autoridad.</p> - -<p>Yo fuí quien no pude tranquilizarme ni conciliar el -sueño en toda la noche. La forma en que venia la representacion -de mi padre habia levantado en mi corazon -una tempestad de inquietudes, en mi imaginacion un -volcan de preocupaciones y una tupida niebla de dudas -en el campo de mi esperanza. Tenia yo entónces fé en -muchas cosas en que hoy ya no creo, y quedábame aún -un amigo en cuyos consejos esperar podia, en cuyo amparo -debia fiar y en cuyos brazos podia esconder mi cabeza -para derramar mis lágrimas. Era este el docto é -ilustre prelado D. Manuel Joaquin de Tarancon, recientemente -preconizado obispo de Córdoba, y que moraba<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span> -entónces en la corte y en la calle de la Union por ser -senador del reino. El Sr. Tarancon, condiscípulo de mi -padre, á quien éste tenia en muy alta estima y que á -mí me profesaba un cariño paternal, habia sido mi catedrático -y mi confesor.</p> - -<p>Habia gozado con los éxitos de mis obras, como si -verdaderamente mi padre hubiera sido; me habia ilustrado -con sus consejos, me habia corregido con sus observaciones, -y tenia una sincera satisfaccion de haber -llegado á ver poeta celebrado al estudiantuelo de quien -habia cuidado en la universidad, y al chiquitin á quien -habia visto romper á hablar en los brazos de su madre, -en la intimidad y al calor del hogar paterno. Aún tengo -en mis pupilas la imágen venerable de aquel sabio, -tan hombre de mundo como poco mundano, revestido -de su morado hábito episcopal, con su pectoral y su -anillo de esmeraldas, que me contemplaba con los ojos -arrasados en lágrimas, pasando por mis abundosos cabellos -sus aristocráticas manos, y derramando con sus -santas palabras la luz de la esperanza sobre las tenebrosas -dudas de mi alma. ¡Dios tenga la suya en la mansion -eterna de las de los justos!</p> - -<p>Entre mis recuerdos del tiempo viejo su memoria es -el más precioso, y su figura es la más augusta é imponente -que esculpida en la mia conservan mi gratitud -y mi veneracion.</p> - -<p>Por él supe pocos dias más tarde que el Gobierno habia -enviado á mi padre autorizacion para volver al suelo -pátrio, reconociéndole ántes sus títulos y gerarquía, -considerando sus años de emigracion como pasados al -servicio de la Reina, y señalándole veinte mil y pico de -reales de jubilacion que le correspondian por su categoría -en la alta magistratura. Debia todo esto mi pa<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span>dre, -no sólo á la influencia de mi reputacion literaria, -sinó á la eficaz proteccion con que le ayudaba un conocido -personaje, que aún vive y conserva su influencia -en los negocios políticos de nuestro país; pero á quien -yo nunca he tratado, de quien no sé si se ha ocupado -jamás de mí, ni si ha leido una letra mia, ni si personalmente -me conoce. Un dia me dijo Tarancon: «Prepara -en tu casa un aposento para tu padre, que vendrá -la semana próxima.»</p> - -<p>Mi mujer se ocupó con miedo y alegría del mueblaje -y decoracion del alojamiento de aquel tan esperado y -temido huésped, y anduve yo ocho dias casi insomne -y ayuno por su venida; y anduvo mi mujer inquieta y -avizorada, como si la llegada de mi padre debiera ser la -aparicion de la sombra de Bancuo en el drama de Shakespeare.</p> - -<p>Diez dias despues recibí un billete en que me decia -el obispo Tarancon: «Mañana llega tu padre; pero no -vayas tú á esperarle ni á recibirle; debe de ver y hablar -á otra persona ántes que á tí; yo le tendré un dia -en mi casa y te le llevaré á la tuya.» Y todo se hizo -como Tarancon lo dispuso; y él llevó á mi padre á su -casa, y estuvo y habló en ella con él á solas veinticuatro -horas; al cabo de las cuales entró con el venerable prelado -el ex-superintendente general de policía del Rey -D. Fernando VII, en casa de su hijo, el autor de <i>Don -Juan Tenorio</i>.</p> - -<p>Mi padre era el último eslabon entero de la rota cadena -de la época realista, la cifra viviente, el recuerdo -personificado del formulista absolutismo, el buen estudiante -ergotista de las Universidades de sotana y manteo, -el doctor en ambos derechos por el cláustro de la -de Valladolid; convencido desde su niñez de que sólo el<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span> -estudio del derecho, la teología y los cánones podia -producir hombres, y de que sólo la toga y la golilla podian -darles representacion, dignidad y posicion social. -Yo era el primero y débil eslabon de la nueva época -literaria, el atropellador desaforado de la tradicion y de -las reglas clásicas, el fuego fátuo, leve é inquieto, personificacion -de la escuela del romanticismo revolucionario: -mi padre, cansado pero no rendido, iba á perderse -en la sombra de lo pasado, y yo sin medir la inmensidad -desconocida en que iba á arrojarme, fiaba en mis -nacientes alas para cruzar el espacio luminoso del porvenir. -El padre y el hijo, el último y el primer eslabon -de los dos pedazos de la rota cadena, se enlazaron en -un abrazo, se fundieron al fuego del natural cariño, y -brillaron por un momento unidos y soldados, esmerilados -y limpios por las lágrimas ardientes que vertian por -sus ojos sus corazones prensados y exprimidos por un -placer inexplicable.</p> - -<p>Yo no he tenido hermanos: mi padre me separó de -sí á los nueve años para meterme en un colegio, y habíamos -vivido juntos muy poco tiempo: él no habia modificado -su cariño ni sus derechos paternales en la gradacion -del trato de su hijo niño, adolescente, mancebo -y al fin hombre; me encontraba niño como cuando de -nueve años me separó de sí; y viejo robusto y de elevada -estatura, me levantó en sus brazos como si todavía -no hubiera pasado de aquellos nueve años á que su cariño -y sus recuerdos paternales se remontaban. Al volver -á dejarme en el suelo, dijo mi padre contemplándome, -no sé aún con qué sentimiento:—«¡Qué chiquitin -te has quedado!»—El obispo Tarancon, que enjugaba -sus lágrimas sin rebozo, le dijo:—«Chiquitin es; pero -se ha colocado á tal luz que ya te cobija con su som<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>bra.»—No -sé lo que pensó mi padre, que no respondió -á la halagüeña alusion del prelado. Mi mujer le mostró -y condujo á su habitacion: el buen obispo de Córdoba -nos dejó en ella muy satisfecho, y quedólo no poco mi -padre de hallar en mi casa la paz doméstica, y el tranquilo -bienestar de la medianía á quien nada falta ni -nada sobra. Halló en su cuarto muchas coronas, cuyas -fechas y dedicatorias leyó con mucha atencion, y sin -atreverse en largo espacio á volverse á mí, para no dejarme -ver la emocion que le causaban aquellos emblemas -poéticos de la efímera gloria de su hijo. Así comenzó -la breve temporada de la vida de familia que con -nosotros hizo. Comimos, salió él en carruaje á sus visitas -y volvió á las diez y media de la noche. A las once -anunció su necesidad de recogerse: le ayudé á desnudarse, -le acosté... y no me da vergüenza consignarlo: -cuando le tuve acostado, me senté en su cama, le dí -mil besos, le hice mil cariños, le dije mil niñerías; le -traté como habria tratado á mi pobre madre, acariciándole -y mimándole como cuando yo tenia seis años. Rióse -él y enternecióse, y díjome en fin despidiéndome:—«Eres -un chiquillo y no tienes formalidad.» Le arreglé -la ropa, le coloqué la pantalla en la lamparilla, y dándole -las buenas noches con el último beso... le dejé solo -con sus pensamientos.</p> - -<p>No habíamos hablado de nada: nada nos habíamos -dicho: ni una palabra del pasado, ni una alusion al porvenir, -ni una observacion sobre lo presente. ¿Qué pensaba -de mí mi padre? Que me habia quedado chiquito y -que no tenia formalidad: esto era lo único que su lengua -habia dicho, pero su corazon habia tambien hablado -por la emocion y las lágrimas delatoras de sus -sentimientos de padre: su corazon habia respondido al<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span> -llamamiento del mio, y el hijo estaba ya seguro de que -tenia padre. Pero ¿quién iba á dominar mañana en su -ánimo, el corazon ó la cabeza? ¿Quién se iba á revelar -definitivamente, el padre ó el magistrado? Yo dormí -mal, y esta cuestion me tuvo insomne é inquieto toda -la noche.</p> - -<p>A la mañana siguiente, despues del desayuno, entabló -á solas conmigo el diálogo, sobre palabra más ó -ménos, de esta manera.</p> - -<p>—Necesito algo de algun ministro; ¿cómo estás tú -con este Gobierno?</p> - -<p>—Yo estoy bien con todos.</p> - -<p>—Tengo una pretension en el negociado de Instruccion -pública.</p> - -<p>—El director es D. Antonio Gil y Zárate y el ministro -Nicomedes Pastor Diaz.</p> - -<p>—Segun el prólogo que puso á tu primer libro, si no -le has hecho alguna botaratada, debe de ser muy tu -amigo.</p> - -<p>—Es como si fuera mi hermano mayor: tan indulgente -y tan cariñoso, que si hubiera cometido la torpeza -ó tenido la desgracia de jugarle alguna mala pasada, -no se hubiera dado por entendido de ella ó me la -hubiera perdonado. Donoso Cortés, D. Joaquin Francisco -Pacheco y Pastor Diaz me han servido de padres -en ausencia de V.</p> - -<p>—Buenos amigos tienes, si sabes conservarlos. ¿Cuándo -podré ver á Pastor Diaz?</p> - -<p>—Hoy mismo, á la una, en el ministerio. No será la -primera vez que hable V. con él.</p> - -<p>—¿Te ha dicho?...</p> - -<p>—Todo: que le debe á V. tal vez la vida.</p> - -<p>—Es posible: su situacion era dificilísima. Venia yo<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span> -de comisario régio con la expedicion carlista que entró -en Segovia. Creíamos encontrarte allí con él.</p> - -<p>—Yo esparcí la voz de que me encerraba en el alcázar, -pero me volví á Madrid.</p> - -<p>—Te hubiéramos visto con gusto.</p> - -<p>—Yo no le hubiera tenido en ir á Oñate á hacer versos -á Cárlos V y á San Luis Gonzaga. No hubieran tenido -el éxito de los que he escrito en Madrid.</p> - -<p>—Es verdad: Nicomedes se vió obligado á esconderse -en un horno; yo lo supe y me alojé en la casa en -que estaba. En un momento en que soldados revoltosos -podian haber dado con él y cometer cualquier tropelía, -me senté yo á la boca del horno y entablé con él conversacion -á través de la tapa que le cerraba y que él -sostenia por dentro. Le dije quién era y le pregunté por -tí. Cuando tocaron bota-silla, no abandoné aquella -casa hasta que las tropas comenzaron á salir de la poblacion, -y le dije el camino que íbamos á tomar para -que echara por el opuesto.</p> - -<p>—Así me lo ha contado él.</p> - -<p>—Me holgaré de conocerle, porque no pudimos vernos -entónces.</p> - -<p>—Pues hoy se verán Vds.</p> - -<p>Salí yo á la imprenta de Boix, donde tenia en prensa -una leyenda, salió mi padre á hacer ciertas compras, y -á la una nos presentamos en el edificio de la calle de -Torija, donde estaban por entónces las oficinas del ministerio -de Fomento.</p> - -<p>A mi presentacion abrió el portero la mampara del -despacho de Nicomedes, y anunciándome, me abrió -paso. Hallábase allí accidentalmente Patricio de la -Escosura, que acababa de ser nombrado jefe político de -Madrid; soltó al verme el baston y el sombrero que en<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span> -la mano tenia, y pasándome el brazo por la cintura, me -hizo dar una vuelta de él suspendido: no tuve yo más -que el tiempo necesario para decirle al oido: «mi padre», -ni él necesitó más para volverme á dejar en pié, y dirigiéndose -á aquel que tras mí habia entrado, le dijo, -tendiéndole la mano: «A nuevos tiempos nuevas costumbres, -Sr. Zorrilla: hoy son así recibidos los poetas, -y donde quiera que vaya V. con su hijo verá lo -mismo.»</p> - -<p>—Ya veo—respondió mi padre—que mi hijo es el -más afortunado tarambana de Madrid.</p> - -<p>Presentéles yo unos á otros, mi padre á Nicomedes -y Escosura á mi padre: recordó éste al de aquel don -Jerónimo de la Escosura, director de la fábrica de tabacos -en su tiempo; y unos con otros corteses, y unos -con otros cumplidos, despidióse Patricio y quedamos -mi padre y yo á solas con Pastor Diaz.</p> - -<p>Hablaron en secreto mi padre y él: pidió éste á poco -su carruaje y partió con mi padre, previniéndome que -si me cansaba de esperar me fuera á mis quehaceres, -que él se encargaba de mi padre; y yo, despues de -aguardar largo tiempo su vuelta en el despacho de Gil -y Zárate, volví á mi casa, donde el carruaje de Pastor -Diaz habia conducido á mi padre.</p> - -<p>—¿Qué tal?—le dije.—¿Ha quedado V. contento de -Nicomedes?</p> - -<p>—Jamás fué pretendiente mejor servido que yo. Dentro -de cuatro dias puedo irme á cuidar de la hacienda -de Torquemada, con todos mis negocios despachados en -Madrid.</p> - -<p>—¿Tan pronto piensa V. dejarnos?</p> - -<p>—No es Madrid ya para mí. Sus casas son muy estrechas: -tenemos casi un palacio allá: hay además que re<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span>cepar -y acodar las viñas, que abonar las tierras y reponer -las huertas, de todo lo cual no te has ocupado tú.</p> - -<p>—Yo al abandonar á V. renuncié á todos mis derechos: -¿por qué no me envió V. órden y poderes legales?</p> - -<p>—Olózaga te los ofreció, y levantar el secuestro.</p> - -<p>—Pero yo se lo hice á V. avisar: ¿por qué no determinó -V.?</p> - -<p>—Eres hijo único y heredero forzoso: todo el mundo -te hubiera dado la razon.</p> - -<p>—Yo no he contado con nadie en el mundo más que -con V.: todo lo que he hecho, por V. ha sido y no -he pensado más que en V. Si yo me he hecho aplaudir -y me he hecho querer, no ha sido mas que para esperar y -preparar su vuelta de V.; no he tenido más ambicion -que la de volver á los brazos y al cariño de mi padre, y -morir con él en la tranquilidad del hogar paterno.</p> - -<p>—Has sido un tonto. Con la fama que has adquirido, -con los amigos que tienes, hoy debias de ser cuando -ménos subsecretario de Pastor Diaz.</p> - -<p>—Usted era carlista y optó por la emigracion: no creí -decoro del hijo no ser nada en el gobierno que no habia -aceptado el padre; he rechazado todo cuanto se me ha -ofrecido: todos los literatos están empleados ménos yo: -hoy puede V. haber visto que no es por falta de favor.</p> - -<p>—Por eso te he dicho que eras un tonto.</p> - -<p>—Pero si yo he hecho milagros por V... Me he hecho -aplaudir por la milicia nacional en dramas absolutistas -como los del rey Don Pedro y Don Sancho: he hecho -leer y comprar mis poesías religiosas á la generacion -que degolló los frailes, vendió su conventos, y quitó -las campanas de las iglesias: he dado un impulso casi -reaccionario á la poesía de mi tiempo; no he cantado<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span> -más que la tradicion y el pasado: no he escrito una -sola letra al progreso ni á los adelantos de la revolucion, -no hay en mis libros ni una sola aspiracion al -porvenir. Yo me he hecho así famoso, yo, hijo de la revolucion, -arrastrado por mi carácter hácia el progreso, -porque no he tenido más ambicion, más objeto, más -gloria que parecer hijo de mi padre y probar el respeto -en que le tengo...</p> - -<p>—¡Bah, bah! Quijotadas.</p> - -<p>—¡Ay, padre! Cuando perdamos los españoles lo que -tenemos de Quijotes, ¿en qué vendremos á parar?</p> - -<p>—Lope de Vega y Calderon eran teólogos ántes de -poetas: Melendez Valdés fué como yo oidor de la Chancillería: -todavía es tiempo; eres muy jóven: métete un -año á estudiar, y con cuatro ó cinco mil reales y los -amigos que tienes, puedes doctorarte en Toledo; y siendo -jurisconsulto puedes serlo todo. Yo me voy para -Torquemada: allí debe de ir tu madre, y no quiero que -se encuentre sola sin mí entre aquellos pardillos, maestros -de gramática parda.</p> - -<p>Una nube negra que pasó por mi cerebro entristeció -mi alma, envolviendo en lágrimas mi pasado y en tinieblas -mi porvenir.</p> - -<p>Aquella noche me fuí á casa de Tarancon y le dije: -«he perdido todo lo hecho: mi padre, el único por quien -todo lo hice, es el único que en nada lo estima.»</p> - -<p>Tarancon lo comprendió todo: me abrazó y sobre su -morada túnica episcopal dejé correr las lágrimas más -amargas que han abrasado mis párpados. Tarancon no -era hombre de intentar consolar con palabras banales -una pesadumbre que no podia tener momentáneo consuelo.</p> - -<p>—Yo me arreglaré con tu padre—me dijo despues de<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span> -largo silencio.—Tú emprende alguna obra de importancia -que necesite estudios, atencion y tiempo. Teníamos -convenido en escribir juntos un libro de la Vírgen; -esto halagaria mucho á tu padre y enloqueceria á tu -madre de alegría; pero yo no tengo ya tiempo para meterme -en tal trabajo. Me has hablado de Granada. Emprende -tu poema morisco y empieza por ir á localizarte -en la ciudad de Boabdil. Si no tienes dinero, cuenta con -mi bolsillo; no está muy lleno, pero entrarás á la par -con los pobres de mi diócesis. Deja á tu padre irse á -Torquemada, y... ¡á Granada tú! Fia en Dios y cuenta -conmigo.</p> - -<p>Y mi padre se fué á Castilla, y yo empecé á pensar -en Granada. Pero, ¿qué importa todo esto á los lectores -de <i>El Imparcial</i>? Todas estas <i>memorias íntimas</i> figurarian -tal vez muy bien en las mias <i>póstumas</i>: vivo yo -aún, pueden ser tachadas de pretenciosa é insoportable -vanidad: pero ya he tirado del primer hilo y voy á deshacer -todo el ovillo.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<h2>XXII.</h2> - - -<p>Burdeos es una gran ciudad, magnífica, sólida, monumental, -con grandes puentes, bien arbolados -paseos, soberbios templos; amplios mercados y -suntuosos teatros; asiento del primer arzobispado -de Francia, es, como si dijéramos, el Toledo de -allende los Pirineos; cuajado de Seminarios y de colegios, -semillero de toda clase de plantas clericales más ó -ménos parásitas, más ó ménos productivas. Por el tiempo -de que voy hablando hacian un principal papel en -fiestas y procesiones los hermanos de la doctrina y <i>los -ignorantins</i>, en uno de cuyos establecimientos hacia dos -ó tres años que se habia ventilado el ruidoso proceso -del Frère Liotard, con el cual ya no me acuerdo lo que -pasó.</p> - -<p>Como yo no era hombre de política ni de administracion, -ni de ciencia, no me ocupé de más en Burdeos que -de sus templos, como cristiano, y de sus teatros, como -poeta. Encontraba poquísima gente por las calles, no -mucha por los paseos y casi ninguna en el teatro, al cual -sostenian solamente los transeuntes, los forasteros, y, -sobre todo, los españoles, puesto que habia muchos allí<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span> -emigrados ó allí establecidos, y todos los que de España -iban á veranear á París se detenían por costumbre en -la capital de la Gironda. Hallábame yo en Burdeos á -todo mi gusto: era la primera vez que podia yo separar -mi personalidad de mi malhadada reputacion y andar libre -como cualquier ciudadano pacífico, metiéndome por -todas partes á fisgarlo todo, sin llamar la atencion ni ser -responsable de nada.</p> - -<p>Así ví yo á Burdeos, así recogí varios asuntos de leyendas -que no sé si llegaré á escribir, y así averigüé la -razon de las perpétuas quiebras del teatro por falta de -público.</p> - -<p>Los bordeleses han tenido siempre (y con justicia) la -pretension de que su ciudad es la primera de Francia, -el pequeño París, y han aspirado á ser tenidos por <i>sprits-forts</i>, -libres pensadores y espadachines; y con respecto -á esta última cualidad, tiene una justa reputacion y un -riquísimo legendario la escuela de armas de Burdeos; -pero las bordolesas son, por lo general, devotas. El clero -francés sabe que las dos palancas con que se mueve el -mundo son las mujeres y el dinero, y por entónces los -confesores no absolvian á las confesadas cuyos maridos -leian <i>El Constitucional</i> y los periódicos liberales, tronando -siempre contra la inmoralidad del teatro. Donde -no van las mujeres no vamos los hombres; no iban las -bordelesas al teatro, con que á pesar de la subvencion -de que goza siempre <i>el grande</i> de Burdeos, sus empresas -se arruinaban á mitad de temporada todos los años.</p> - -<p>Además, el gran teatro de aquella ciudad tiene lo -que los franceses llaman <i>guignon</i> y nosotros <i>mala sombra</i>. -Allí se rompió por entónces una pierna Mademoiselle -Angelin, una bailarina rubia de diez y siete años, -que era ya una estrella luminosa en el cielo del arte de<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span> -Terpsícore. Allí tuvo Borelly que matar á puñaladas en -presencia del público á su tigre real de Bengala, porque -éste tenia ya entre sus dientes la pantorrilla izquierda -del domador: quien al levantarse lanzando un caño de -sangre de una arteria rota, tuvo tiempo, ántes de perder -el sentido, de decir á los espectadores á modo de satisfaccion: -«Señores, ya habia gustado mi sangre, y ó -él ó yo.»</p> - -<p>Esto en el teatro. En los templos las fiestas son tan -suntuosas como concurridas: pero á los católicos españoles -se nos hacen al principio muy difíciles de aceptar -aquella forma mundana y teatral y aquellos accidentes -mercantiles con que los actos sublimes de nuestra religion -se verifican. Yo escribí mis primeras impresiones -de Burdeos en una larga epístola á un condiscípulo mio, -cura carlista, de la cual recuerdo las siguientes líneas, -versos tan malos como verdades de á puño:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">En Francia hay religion, y fé y conventos,</div> -<div class="line">seminarios, colegios, catedrales,</div> -<div class="line">y todos los cristianos elementos</div> -<div class="line">de nuestra santa fé fundamentales:</div> -<div class="line">pero todo está hecho á la francesa,</div> -<div class="line">todo sujeto á reglas comerciales;</div> -<div class="line">aquí todo se tasa, mide y pesa,</div> -<div class="line">aquí todo se hace por empresa:</div> -<div class="line">la gente para orar no se arrodilla</div> -<div class="line">mas que con una pierna en una silla;</div> -<div class="line">no se atiende al altar ni al sacerdote;</div> -<div class="line">las mujeres se plantan por delante</div> -<div class="line">con mucho faralá, mucho volante,</div> -<div class="line">abultado postizo y largo escote;</div> -<div class="line">y los hombres detrás, misa durante,</div> -<div class="line">se distraen en mirarlas el cogote;</div> -<div class="line">y como nadie en equilibrio posa,</div> -<div class="line">y es perpétuo el rumor y el desacato</div> -<div class="line">y la desatencion y el movimiento,</div> -<div class="line">es el pensar en Dios difícil cosa,<span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></div> -<div class="line">miéntras pasa una vieja con un plato</div> -<div class="line">pidiendo en alta voz sin miramiento</div> -<div class="line">los cuartos que <i>la rinde</i> cada silla</div> -<div class="line">en que apoya un cristiano su rodilla.</div> -</div></div></div> - - -<hr class="tb" /> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Atraviesa despues el presbiterio</div> -<div class="line">con balandrán, sobre-pelliz y estola,</div> -<div class="line">y sus pasos al púlpito dirige</div> -<div class="line">un pulcro capellan, de quien muy sério</div> -<div class="line">un monago gentil lleva la cola.</div> -<div class="line">Hace su adoracion, su texto elige,</div> -<div class="line">comenta el evangelio de aquel dia,</div> -<div class="line">y siempre encuentra medio en su homilia</div> -<div class="line">de echar un par de pullas al gobierno,</div> -</div></div></div> -<hr class="tb" /> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i8">que el infierno</div> -<div class="line">está abierto ante el siglo refractario,</div> -<div class="line">que Enrique quinto al fin subirá al trono,</div> -<div class="line">que hay peregrinacion á tal Santuario</div> -<div class="line">que se sale á tal hora y de tal parte,</div> -<div class="line">que lleva cada pueblo su estandarte,</div> -<div class="line">que el precio es un doblon por peregrino,</div> -<div class="line">incluso todo gasto del camino</div> -<div class="line">y además un bonito escapulario;</div> -<div class="line">pero que en el doblon no entra el rosario,</div> -<div class="line">porque estos los fabrica por empresa,</div> -<div class="line">de encina negra y de eucaliptus blanco,</div> -<div class="line">una judía asociacion inglesa</div> -<div class="line">que los da á todos precios desde un franco.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Todo lo cual se anuncia aquí en la iglesia</div> -<div class="line">como puede anunciarse un electuario</div> -<div class="line">ó sus botes azules de magnesia</div> -<div class="line">mister Bóllon en Lóndres boticario.</div> -<div class="line">Ilustrados ya pues sus feligreses</div> -<div class="line">de lo que en sus negocios les importa</div> -<div class="line">y á sus espirituales intereses,</div> -<div class="line">con un responso en homilia corta</div> -<div class="line">el cura; y ya <i>pro domo</i>, á lo que creo,</div> -<div class="line">dá volviendo á apretar el <i>quibis quobis</i><span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></div> -<div class="line">la vieja con su plato otro paseo.</div> -<div class="line">Larga el buen cura un <i>benedico vobis</i>,</div> -<div class="line">hace la cruz, se cala el solideo</div> -<div class="line">y respondiendo el pueblo <i>ora pro nobis</i></div> -<div class="line">se acaba la funcion y Läus Deo....</div> -</div></div></div> - - -<hr class="tb" /> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">con qué como ver puedes por la muestra,</div> -<div class="line">la religion de Francia no es la nuestra.</div> -<div class="line">Dios es el mismo, porque Dios es uno;</div> -<div class="line">mas de adorarle el modo</div> -<div class="line">ligero asaz y asaz inoportuno,</div> -<div class="line">es en Francia francés como lo es todo;</div> -<div class="line">y á un español asombran si no irritan</div> -<div class="line">la irreverencia con que á Dios se trata,</div> -<div class="line">y el ver cómo sus preces se recitan</div> -<div class="line">sobre un pié y sobre un codo,</div> -<div class="line">como banda de grullas que dormitan</div> -<div class="line">en el invierno al sol sobre una pata;</div> -<div class="line">pasando en cuenta que se queda ayuno</div> -<div class="line">de lo que en Francia se le dice á Cristo,</div> -<div class="line">con una fé de bolsa que no acata</div> -<div class="line">al Señor más que á medias por lo visto,</div> -<div class="line">y en un latin francés que cual ninguno</div> -<div class="line">la habla gentil de Ciceron maltrata:</div> -<div class="line">todo siempre fué aquí como hoy en dia</div> -<div class="line">doublé, contrefaçon, bisutería.</div> -</div></div></div> - - -<hr class="tb" /> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">Nunca así á Dios se adorará en Castilla;</div> -<div class="line">nuestra fé es más profunda y más sencilla.</div> -</div></div></div> - -<p>Tal fué mi primera impresion hace treinta y cuatro -años: poeta creyente, hallé de ménos mucho fondo y de -sobra mucha forma en la manifestacion religiosa del catolicismo -francés en Burdeos, arzobispado primado de -la nacion vecina: despues he pasado en Burdeos largas -temporadas, y es la ciudad en donde más tranquilo y -más á gusto he vivido. Me acostumbré á leer á la puerta<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span> -de la catedral el anuncio de la funcion, el nombre del -orador que debia de llevar la palabra en el púlpito, los del -director y el organista que dirigian la parte instrumental, -y los de las damas y los ó las artistas que sostenian -la parte de canto; el objeto piadoso á que la funcion se -dedica bajo el patronato de tales ó cuales damas, prelados -ó corporaciones, y el precio (generalmente de dos -francos) por el cual se puede adquirir el derecho á ocupar -una de las sillas, numeradas ó no, que llenan el templo. -¿Y por qué no?</p> - -<p>A nosotros nos choca esta asimilacion de las basílicas -á los teatros; pero es, al mio, un mal modo de ver -las cosas: en Francia usa cada cual libremente del derecho -de anuncios y propaganda; y puede que en los -templos y fiestas religiosas francesas haya ménos fé, ménos -devocion y ménos fervor, pero hay más órden que -en las nuestras: nosotros entramos y salimos de las iglesias -á codazos, empujones y puñetazos; nos colocamos -donde podemos, pisamos á las mujeres que se arrodillan -y se sientan en el suelo, etc.; los franceses entran por una -puerta y salen por otra, y ocupan tranquilamente los -puestos que les corresponden, bajo la direccion de bedeles -y pertigueros; que á nosotros nos parecen ridículos, -pero cuyos oficios y trajes están encarnados en sus -costumbres.</p> - -<p>Los franceses han comprendido que la sociedad moderna -es un hermoso lago cuyo fondo es cieno, y tienen -cuidado de no revolver jamás el agua, poblando su superficie -de blancos y ligeros cisnes entre los cuales bogan -sin remo miles de botecitos sin quilla, que hacen -temblar y rielar el líquido, pero que no levantan oleaje: -siembran y plantan las orillas de jardines y de bosques, -y van á sentarse á contemplar el espectáculo social á la<span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span> -sombra de los árboles y entre el perfume de las macetas.</p> - -<p>Nosotros tenemos la maldita manía de revolver el agua -y de arrancar hasta la yerba al rededor del lago, y nos -tenemos que estar al sol y al aire, siempre sedientos, -contemplando el agua cálida y turbia que hacemos dificilísima -de beber.</p> - -<p>Hé aquí mis impresiones de ayer y hoy en Burdeos. -Esta ciudad, cuyo casco componen miles de edificios -tan macizos y suntuosos, y calles más anchas y regulares -que las de Roma antigua, atestada de recuerdos y -monumentos históricos, aireada por anchos paseos y -frescos jardines, regada por dos soberbios rios, el Garona -y la Dordoña, salpicada de Colegios, Museos, Academias, -Bibliotecas é Institutos, conteniendo veintidos -clubs y círculos para todas las clases sociales, diez teatros -y salas de recreo, un hipódromo, nueve periódicos -diarios y once lógias masónicas; mitad católica, militante -y revolucionaria libre pensadora, la tengo yo comparada -á una rica, nobilísima y aristocrática viuda legitimista -que sonríe á la república, papista que no llora el -perdido poder temporal de los Papas, que se ha retirado -á vivir y á morir tranquila en sus opulentas posesiones, -á cuidar de sus incomparables viñedos y á gozar de sus -rentas sin miseria y sin despilfarro, sin ruinosos vicios -y sin pretenciosas virtudes, sin orgullo de la majestad -de su noble raza, pero con la conciencia de la dignidad -de su ilustracion y de su bien heredada opulencia.</p> - -<p>Hé aquí mi juicio sobre Burdeos, donde empecé mi -poema, y de donde salí para París á estudiar mucho que -no sabia, y á adquirir algo que me hacia falta para llevar -á cabo mi incompleta <i>Granada</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XXIII.</h2> - - -<p>París tiene dos fases: es el manicomio de los ingenios -y el paraiso de los tontos. En el primero forjan -sus grandes elucubraciones todos los grandes -locos, que con sus inventos y con sus escritos impulsan -hácia el progreso el movimiento social europeo; -y en el segundo pierden su tiempo, su salud y su dinero, -en el turbion de marionetas, charlatanes, estafadores y -mujeres perdidas, que pueblan aquel falso eden á la luz -del gas y al son de las orquestas de Mussard y de Straus, -todos los imbéciles que de las cuatro partes del mundo -acuden como mariposas á quemarse en aquel foco de -luz infernal.</p> - -<p>De París salen simultáneamente los gérmenes de todo -lo bueno y de todo lo malo, sobre todo para nosotros -los españoles; que, sea dicho sin que nadie se ofenda, -ó aunque se amosque conmigo la mitad de la nacion, -solemos tomar casi todo lo malo y poquísimo de lo bueno. -Llegué yo á París miéntras ocupaba el trono francés -el rey ciudadano Luis Felipe de Orleans, de quien sabian -trazar la caricatura todos los chicos de su capital -bajo la forma de una pera, cuya régia representacion -se veia por todas las paredes y siempre de un parecido<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span> -maravilloso. No era todavía el París ensanchado, dorado -y ámpliamente refundido por el imperio del tercer -Napoleon; era todavía su primer teatro la sala de la rue -Lepelletier, y no estaba aún cerrada la plaza del Carroussel -por la calle de Rivoli: existian aún al frente del Palais-Royal -una espesa red de callejuelas, tan conocidas -como mal afamadas, y á su espalda los dos famosos -restaurants de Befour y de los tres hermanos Provenzales, -y se alzaban todavía gárrulos y chillones, en los -boulevares du Temple y de Beaumarchais, los cien teatrillos -más divertidos del mundo, la Gaité, Follies-Dramatiques, -Delassements-comiques, etc., etc.</p> - -<p>Asomé yo las narices los dos primeros meses al paraiso -de los tontos y, sin dejarme fascinar ni embriagar -por sus delicias de contrabando ni por sus huríes sin -corazon, me establecí á la puerta del manicomio, haciendo -con el editor Baudry un trato poco lucrativo; por -el cual fueron mis versos los primeros que de poeta español -tuvieron lugar en su magnífica coleccion. Por un -puñado de luises y dos carros de libros, le dí el derecho -de coleccionar todas las obras por mí hasta entónces -escritas, por dos razones que me eran exclusivamente -personales; la primera para que mi padre leyera mi nombre -en el catálogo de la coleccion de los primeros escritores -de Europa; y la segunda porque la extensa venta, -el gigantesco anuncio y el renombre universal que ya -tenia la coleccion Baudry, me hicieran conocido como -poeta fuera de mi patria. A pesar de que mi padre, encerrado -en nuestro solar de Castilla, no habia vuelto á -darme noticias suyas, esperaba yo que esta prueba honrosa -de aprecio de la librería editorial francesa para su -hijo, le convenceria, por fin, de que no era menester -que me doctorara en Toledo y de que ya no habia ra<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>zon -de cerrarme la casa y los brazos paternos. En esta -esperanza viví en París desde Julio a Noviembre, estudiando -y trabajando en mi <i>Granada</i> y dividiendo mi -tiempo entre las bibliotecas y los teatros, esquivo como -en España, á la sociedad banal de las visitas y la chismografía, -y un poco en contacto con la sociedad del -arte y de las letras.</p> - -<p>La redaccion de <i>La Revista de Ambos Mundos</i> me -acogió con simpáticos obsequios, y sus redactores Charles -Mazzade, Paulino de Lymerac y Xavier Durrieux -fueron mis amigos y comensales; y por mi influencia y -la de Juan Donoso, que fué despues nuestro embajador, -empezaron á publicarse en aquella importante <i>Revista</i> -artículos sobre España, en los cuales comenzaba á probarse -á los franceses que el Africa no empieza en los -Pirineos. Pitre Chevalier, director del <i>Museo de las Familias</i>, -se empeñó en publicar en él mi retrato y mi -biografía, y lo hizo, como francés, sin atender á mis -justas y modestas observaciones. Convirtió mis breves -notas biográficas en una fantástica novelilla, y Mr. Pauquet, -el primer dibujante de aquel tiempo, recibió su -órden de retratarme embozado en mi capa española y -mirando de perfil al cielo, como un D. Juan Jerezano -que espera que se le aparezca su Dulcinea en el balcon -para decirla: «por ahí te pudras». No era posible que -mi retrato indicara que era de un poeta español, si no -tenia capa y si no buscaba con la vista la inspiracion -del Espíritu Santo; y aún le quedé agradecido á que no -me pusiera una guitarra en la mano, de lo que creo que -me libró solo su afan de embozarme.</p> - -<p>En aquel retrato, correcta y francamente dibujado, y -por aquella biografía, <i>bizarramente detallada</i> á la parisienne, -no me conoce la madre que me parió; pero no<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span> -por eso quedó ménos agradecido el español á la buena -intencion del francés.</p> - -<p>Trás estos necesarios precedentes, pasemos una rápida -ojeada por los últimos y sombríos cuadros de estos -mis tristes recuerdos del tiempo viejo.</p> - -<p>Entre los conocimientos que hice y renové por entónces -en París entre Dumas padre, Jorge Sand (Mme. du -Devant), Alfred de Musset y Teophile Gautier; entre -embajadores, editores, escritores, emigrados, cómicos -y bailarinas; entre Fernando de la Vera, la Rachel, la -Rose Chery, Frederik Lemaitre, Giusseppe Multedo, -Zariategui y otros emigrados liberales y carlistas, italianos -y españoles, se me vino á los brazos uno de estos, -el más honrado y divertido andaluz que la tierra de María -Santísima y la tenacidad carlista echaron á Francia. -Era este D. Fernando Freyre, pariente próximo del general -del mismo apellido, adherido no sé muy bien -cómo á la corte de Fernando VII, de quien elegia los -caballos y para quien iba á buscar los toros; amigo de -los ganaderos, amparador de los <i>diestros</i>, y el primer -inspector de la escuela taurómaca sevillana, institucion -de aquel Sr. Rey, que santa gloria haya.</p> - -<p>Fernando Freyre no habia sido nada importante ni -influyente, ni en la corte huraña y recelosa de las camarillas -y apostasías políticas del difunto Rey, ni en la -trashumante de D. Cárlos María Isidro de Borbon, segundo -Cárlos V en Oñate; pero en ambas habia sido recibido -y estimado por todos, incluso por mi padre, porque -tenia uno de los mejores corazones y uno de los -caractéres más alegres y más iguales del mundo. Realista -por conviccion, no transigió nunca con las modernas -ideas liberales, ni quiso jamás acogerse á amnistía -ni indulto alguno; pero jamás odió, ni esquivó siquiera<span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span> -el saludo, á ningun liberal emigrado ó viajero con quien -en tierra extranjera se topara, siendo de todos los españoles -sinceramente apreciado y noblemente acogido por -los legitimistas franceses. Con apoyo de éstos, no temió -ni le avergonzó establecer un pequeño y privado depósito -de vinos, pasas, caldos y frutos de Andalucía, que -aquellos le compraban; y con los setenta á noventa duros -que este oscuro comercio le producia, vivia modesta -y honradamente en la mejor sociedad de la <i>legitimidad</i> -francesa y de la aristocracia española. Establecido -ya de años en París, y encargado por sus amparadores -de toda clase de comisiones, era conocido en el comercio -y conocia á París, como un <i>commis-voyageur</i> á -quien comprar en la tienda ó en el taller, puede producir -legal y honrosamente un tanto por ciento más crecido -de utilidad. Por uno de estos encargos dimos allí -uno con otro, y por las horas buenas que le debo, me -complazco en consagrarle cariñosamente estas líneas en -mis recuerdos.</p> - -<p>Era ya por entónces hombre de más de sesenta años; -pero ágil, robusto y colorado, con sus patillas blancas -de <i>boca-é-jacha</i> y su sombrero sobre la oreja derecha, -corria por las calles <i>recortando</i> los coches y evitándolos -apoyándose en la saliente lanza, como quien pone rehiletes -de sobaquillo, porque todo lo hacia y lo hablaba -á lo torero y lo macareno; y asombraba el verle cruzar -los <i>boulevarts</i> sin tropezar ni vacilar entre la multitud -de carros, ómnibus y coches que de contínuo los obstruyen. -Todo era en él extraño y original; en su negocio -no tenia más que un empleado, y éste tenia las más -incompatibles cualidades: era polaco, judío, carlista, fiel -y discreto; hablaba un castellano aprendido en Vizcaya, -tan disparatado como el francés que hablaba Freyre, y<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span> -entre los dos me decian despropósitos imposibles de reproducir. -Yo llamaba tio á Freyre; y cuando mi familia -me dejó solo en París, me fuí á vivir al hotel de Italia, -frente á la Opera-cómica, en cuyo piso tercero habitaba -Freyre un pequeño aposento, compuesto de sala, gabinete -y alcoba, y atestado de botellas y cajas. Cuando -mi trabajo asíduo y sus compromisos con sus anfitriones -nos dejaban libres las noches, comíamos juntos, y las -concluíamos en el teatro, en algunos de los cuales tenia -yo entradas libres, como escritor extranjero con editor -en Francia.</p> - -<p>Llegó así Noviembre, y ya tenia yo apalabrados contratos -para imprimir mi poema de Granada, y pagábanme -ya no escasamente la prosa y los versos que para -sus publicaciones de América me pedian, cuando se -acordó Dios de mí, como dicen los católicos, enviándome -una de esas desventuras que envenenan y enturbian -para toda la vida el manantial amargo de la memoria.</p> - -<p>Pedíame de Madrid mi primo P., consócio mio, con -Rafael X, una cadena de relój igual á otra mia, que era -una cinta hecha con mil pequeñísimos cilindros de oro -engarzados y giratorios en una red de ejes, de tan prolijo -trabajo, como maravillosa flexibilidad. Averiguó -Freyre el domicilio del obrero que para el platero los -trabajaba, y nos acostamos conviniendo en que á la mañana -siguiente muy temprano iríamos á comprar ó á -encargar la demandada cadena.</p> - -<p>Habíanme regalado en Burdeos un <i>necessaire</i> de ébano -fileteado de marfil, que garantizado por una guadamacilada -funda de cuero, llevaba yo á la mano y servia -en nuestros viajes de escabel á mi mujer. Al levantarme -al dia siguiente, híceme la barba segun costumbre<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span> -con las navajas y ante el espejo de aquel <i>necessaire</i>, y -llamando Freyre á mi puerta y dándome prisa, porque -él la tenia de acudir á sus negocios despues que al mio, -vestíme apresuradamente y partí con él; dejando las -navajas sobre el velador y el espejo colgado en la escarpia, -que para ello tenia puesta á mi altura en el -marco de la vidriera.</p> - -<p>Fuimos hasta el final del Faubourg de San Dionisio; -hallamos y compramos el objeto pedido, acompañé á -Freyre á tres ó cuatro puntos que tenia que recorrer, y -volvimos juntos al hotel de Italia.</p> - -<p>Pedimos al conserje nuestras llaves, pero la mia no -estaba en el llavero; en vez de dejarla en él al salir, me -la habia llevado en el bolsillo. Al entrar en mi cuarto, -exclamó Freyre: «Mal agüero, zobrino: aquí han andado -loz menguez en auzencia nueztra: mira:»—y me -mostró el espejo hendido trasversalmente de arriba á -abajo.—Reíme yo de su supersticiosa observacion, y -llamé al camarero; el cual respondió á mis reclamaciones -diciendo, que ni él habia podido <i>hacer</i> mi cuarto, -ni nadie entrar en él, porque yo no habia dejado la llave -en la conserjería.</p> - -<p>«¡Mal agüero, zobrino, mal agüero!» Seguia Freyre -rezungando entre dientes, y yo, que no creo más que -en Dios, le hice observar que al cerrar la puerta de golpe, -la vibracion de las vidrieras produjo probablemente -el choque y rotura del espejo; y que teniendo los dueños -de los hoteles dobles llaves por mandato expreso de -la policía, tal vez el no haber yo dejado la mia llamó la -atencion, abrieron sin precauciones la puerta y ocasionaron -el fracaso.</p> - -<p>Freyre tragó como pudo mi explicacion; y teniendo -ambos el dia libre, nos fuimos á almorzar á la taberna<span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span> -inglesa de la calle de Richelieu, con la intencion de ir -á las dos al hipódromo del Arco de la Estrella.</p> - -<p>Almorzamos tranquilamente, y habiendo encontrado -Freyre en el fondo de una botella de Chambertin, un -raudal de andaluza verbosidad y un tesoro de alegría -juvenil, salíamos cruzando el patio como estudiantes -que hacen novillos, cuando dimos de manos á boca con -un sobrino del banquero A. B., que en el piso principal -de aquella casa tenia su escritorio establecido. «Del cielo -me caen Vds.—exclamó al vernos—y me ahorran -un viaje. Hace dos dias que tenemos una carta de España -para el Sr. Zorrilla, y á llevársela iba; por cierto -que trae luto y la apostilla de urgente. Aquí está.»</p> - -<p>Y presentóme la carta, que me hizo palidecer. Era de -mi padre y revelaba en sus cuatro líneas su extraño carácter, -y lo más dolorosamente extraño de nuestras relaciones.</p> - -<p>Decia:</p> - -<p class="i2">«Pepe, tu pobre madre ha fallecido hoy á las tres de -la madrugada; tú verás si te conviene venir á consolar -á tu afligido padre</p> - -<p class="right smcap">José.</p> - -<p>No puedo decir lo que sentí ni lo que hice en aquel -momento.</p> - -<p>Aquella noche rompí mis contratos y retiré las palabras -dadas á los editores franceses; y á la mañana siguiente, -rompiendo con mi porvenir, emprendí mi vuelta -á España y al paterno hogar, cuyas puertas me abria -la muerte por la tumba del sér más querido de mi corazon.</p> - -<p>Dejé á Freyre llorando en la estacion, y repitiendo<span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span> -lo que desde el dia anterior le habia oido rezungar muchas -veces por lo bajo: «Sí, dicen bien las gitanas de -Triana: que el diablo ez quien inventó loz ezpejoz, y -que anda ziempre entre el azogue é zuz criztalez.»</p> - -<p>Yo partí viendo á través de mi espejo roto el rostro -adorado del cadáver de mi madre, cuyo último suspiro -no me habia permitido recoger Dios.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<h2>XXIV.</h2> - - -<p>Tenia mi padre gran fuerza de voluntad y absoluto -dominio sobre sí mismo; pero no pudo dominar su -emocion en el momento de volverme á ver en su -casa y por tan doloroso motivo. Nos abrazamos llorando: -él fué el primero que se repuso y volvió á la -prosáica realidad de la vida.—«Vienes muy cansado:—me -dijo—no agravemos el mal que no tiene ya remedio. -Come y reposa: la naturaleza es un tirano irresistible: -tenemos tánto tiempo como razones para contristarnos; -pero en este instante nuestro dolor está endulzado -por la alegría, y no podemos ni alegrarnos ni condolernos, -sin asustarnos de nuestra alegría como de nuestra -pena.»</p> - -<p>Y era verdad; los recuerdos alegres de la niñez que -poblaban aquella casa, la satisfaccion de volver á respirar -en aquellos aposentos, la vista de aquellos muebles -tan conocidos, el servicio de aquellos antiguos criados -tan leales, y la presencia, en fin, de mi padre, tan firme, -tan erguido y tan vigoroso, que iba y venia dando á -aquellos las órdenes necesarias, me tenian en un estado -de arrobamiento que me impedia darme cuenta de mí<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span> -mismo; me sentia tan impulsado á llorar como á reir; y -la imágen de mi madre muerta se me ocultaba y casi -desaparecia tras de mi padre vivo. Acompañóme éste -durante un ligero almuerzo que preparado me tenia; me -habló del estado en que habia hallado sus viñas, de las -mejoras que habia hecho en el cultivo de los viñedos y -de las que necesitaba la casa; ni una palabra de mi madre; -ni la más leve alusion á mi vida pasada: ni la más -mínima esperanza para el porvenir. Yo volvia á casa de -mi padre, no á la mia; así lo habia yo entendido, y -volvia resuelto á respetar todos los derechos y á acatar -todas las disposiciones de mi padre, sin permitirme la -más nimia observacion: puesto que al abandonar á mi -familia en 1836, habia yo renunciado á todos mis derechos -de hijo y de heredero, dando á mi padre el de hacer -de su hacienda lo que más á cuenta le viniere, como -si Dios le hubiera quitado por muerte natural el hijo que -civilmente murió, al fugarse del paterno hogar en brazos -de su locura. Tal era mi respeto por mi padre, tales la -justicia y las facultades omnímodas con que yo mismo le -habia investido; y si le hubiera dado por ser jugador y -vicioso, yo me hubiera empeñado y vendido á Satanás -por pagar sus deudas ó mantener sus concubinas. Yo -no le pedia, al volver á mi casa, más que un poco de -cariño y el perdon de aquellos dramas y leyendas mias, -por los cuales habia tirado por la ventana las Pandectas -y las Novelas de Justiniano.</p> - -<p>Y fueron transcurriendo los dias, y fuéme él llevando -á ver las bodegas y los plantíos; y mostróme deseos de -adquirir unos solares de casas quemadas por los franceses, -que lindaban con la nuestra por Mediodía y Poniente, -con lo cual se la añadiria un amplio jardin cercado, -logrando hacer de ella la mejor y más cómoda de mu<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span>chas -leguas á la redonda; y como me diese á entender -que las dos cosas que le hacian desistir de la adquisicion -de aquellos solares eran, la primera, que yo no querria -venir á vivir allí nunca, y la segunda, que él no estaria -ya nunca sobrado de dineros; porque el laboreo de las -fincas y algunos atrasos contraidos en sus seis años de -emigracion absorberian todas sus rentas, ofrecíle yo la -suma de que menester hubiese; asegurándole que mi -única ambicion era la de vivir allí con él y hacerle lo -más agradable posible aquella mansion, con la cual habia -soñado siempre, y la cual me habia siempre imaginado -como un oasis de reposo en el desierto de mi vida -de trabajo y de abnegacion.</p> - -<p>No creí, me dijo, que tal pensaras; pero si es como -dices, voy á decirte lo que sé y pienso: ni los dueños de -esos solares, ni nosotros, que queremos adquirirlos, sabemos -bien, ellos lo que van á vender y nosotros lo que -vamos á comprar. Escucha.</p> - -<p>Fuí yo uno de los jefes del batallon de estudiantes -Palentinos que contra los franceses se levantó á fines -de 1808. Una noche, sabiendo que avanzaba una division, -nos emboscamos en el puente con aquella audacia inconsciente -que nos hizo hacer lo que á pensarlo y comprenderlo -no hubiéramos hecho. Al amanecer apareció -una descubierta de coraceros, que con aquella confianza -petulante que perdió á los franceses de Napoleon en España, -entró sin precauciones en el largo y tortuoso -puente de veintiseis ojos, que enlaza las dos riberas del -rio y el camino real con esta villa. La vanguardia venia -aún muy léjos, veiamos apenas el polvo que levantaba. -Los coraceros y sus caballos nos sintieron debajo de -ellos ántes de haber podido vernos enfrente; y encabritándose -los caballos y empujando nosotros por los piés<span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span> -á los ginetes, calzados con grandes é inflexibles botas, -los arrojamos al agua desequilibrándoles con el peso de -sus cascos y sus corazas. Algunos de los últimos, que -volvieron grupas, dieron la alarma á los de la vanguardia; -pero cuando llegaron al puente, no hallaron más que -algunos muertos y apercibieron en el agua algunos ahogados, -cuyos cadáveres arrastraba la corriente. Los estudiantes -montados en sus caballos y armados con sus -carabinas, entrábamos en el páramo sin temor de que -nos siguiesen.</p> - -<p>Pero pegaron fuego á Torquemada; y ese terreno -elevado que desde el balcon estás viendo, cubre los escombros -de cinco casas, cuyos cimientos y primer piso -eran de piedra labrada, que nadie ha desenterrado.</p> - -<p>Hay además cegados cinco pozos de los cinco corrales -á cada casa anejos; y entónces todo castellano que -huia al monte, echaba al pozo la poca plata y alhajas -que poseia; no habrá ahí riquezas, pero sí plata y piedra -para indemnizar el desembolso del comprador.</p> - -<p>No podia yo permanecer en Torquemada, y al cabo de -un mes volví á Madrid. Acababa de establecerse en la -corte la sociedad editorial <i>La Publicidad</i>, de la cual era -uno de los directores D. Joaquin Francisco Pacheco, -quien ya he dicho que con Donoso Cortés y Pastor Diaz -habia sido mi primer amigo y amparador. Propuse la -compra de la propiedad de mi <i>Granada</i>; y en dos mil -duros por tomo, cerré y firmé el contrato, debiendo presentar -mi manuscrito por medios tomos y cobrar mil -duros por cada mitad.</p> - -<p>Empecé á enviar dinero á mi padre, que con él compró -los solares, pero no los tocó; intactos los hallé yo al -verano siguiente, cuando invitado por él fuí con mi mujer -á hacerle compañía.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span></p> - -<p>Mi padre ofreció á ésta las llaves y el gobierno de la -casa; yo me opuse diciéndole que su ama de llaves y -sus criados eran de su completa confianza, y que mi -mujer y yo no éramos más que unos huéspedes por -aquel verano.</p> - -<p>Pagóse mi padre y más su servidumbre de aquella -confianza nuestra; comencé yo á convertir el corral en -jardin, y gozaba mi padre viéndome cavar y trasplantar -frutales, y abrir arriates para las flores. No hice yo de -aquel corralon de lugar un jardin de Falerina; pero al -ménos veíase desde los balcones algo muy diferente del -muladar en que convierten sus corrales los labriegos -descuidados de nuestra mal cuidada Castilla.</p> - -<p>Fuimos y volvimos dos veces de Torquemada á Madrid -y de Madrid á Torquemada, y en la corte volví á -poner casa por consejo de Tarancon, á quien su cargo -de senador volvió á traer á Madrid.</p> - -<p>La sociedad de <i>La Publicidad</i> se extendió mucho y -no pudo abarcar tánto; llevaba yo presentado tomo -y medio de mi poema, y habíanme dado, por órden de -Pacheco, hasta setenta y dos mil reales; pero husmeando -la liquidacion próxima, y no queriendo que mi manuscrito -pasara á manos desconocidas, suspendí la -entrega de original, con la intencion de rescatar la propiedad -de mi manuscrito, por una transaccion ventajosa, -cuando la liquidacion llegara.</p> - -<p>Extendia entre tanto sus negocios el editor Gullon; y -habiéndome pedido un libro de la Vírgen, consultado el -caso con Tarancon, y fiado en sus consejos, ofrecí á -Gullon el poema de María en seis meses y en treinta y -dos mil reales; pero siendo Madrid el punto del Universo -en que más tiempo se pierde y más holgazanes encuentra -con quienes malgastarlo el hombre que lo necesita,<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span> -tomé en el Pardo y en la Casa de Infantes un aposento, -que empapelé y amueblé, y retiréme á trabajar en -aquella arbolada y jabalinesca soledad. Pasábame allí -las semanas enteras: los sábados me enviaban mi mujer -y mi primo los caballos, y venia á pasar á Madrid los -domingos. Escribíame poco mi padre, porque tenia -gota y mal pulso y costábale mucho el llevar la pluma; -y escribíale yo tambien muy poco, porque estaba muy -cansado de tener entre los dedos contínuamente la mia. -Sabia él de mí que trabajaba en un libro de la Vírgen; -sabia yo de él que la gota le tenia en descuido de la -hacienda que habia en parte arrendado, y en el endiablado -humor en que la podagra pone á quien la padece; -y sabia de ambos el bueno de Tarancon, porque de -ambos se ocupaba y á mi padre escribia, miéntras yo -algunas veces le visitaba; y así corrió el invierno de 48, -preguntando yo á mi padre si necesitaba de mí, y contestándome -él que no valia su mal la pena de que yo -interrumpiera mi trabajo.</p> - -<p>Conservaba yo roto, y así de él me servia, aquel malhadado -espejo de mi <i>necessaire</i> que se me rompió en París, -y cuya rotura dió tánto á Freyre que rezungar; pero -habiéndose desprendido uno de los dos trozos de su -cristal por un costado, adherido sólo al carton en que -encuadrado estaba por su parte superior, hacíase ya tan -engorroso como arriesgado el servicio del tal espejo; y -como conservábale yo roto por mero recuerdo del mal -dia en que se rompió y no por supersticioso empeño, -que Dios, en quien solamente á puño cerrado creo, me -ha librado de creer en agüeros ni supersticiones de ninguna -especie, determiné al fin renovar el espejo, ya que -el <i>necessaire</i> era en verdad prenda que merecia tenerse -completa. Vivia yo en las casas de Santa Catalina de la<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span> -calle del Prado, y hallábase establecida una fábrica de -espejos en donde hoy lo está el Casino Cervantes; llevó -mi mujer misma el carton en que el roto estaba encuadrado, -y en él la pusieron otro espejo de la exacta medida, -prometiéndosele para el lunes: pero no se lo llevaron -hasta el martes. El azogado cristal nuevo encajaba -perfectamente en el hueco para él hecho en el fondo de -la tapa del <i>necessaire</i>; coloquéle en su lugar, púsele encima -la almohadilla que le garantizaba contra choques y -movimientos, y cerrado el <i>necessaire</i>, forcé la tapa para -hacer girar la llave: pero al forzarla, sentí crugir algo -dentro; el espejo se habia vuelto á romper; yo habia dejado -por debajo del cristal uno de los pasadores que por -arriba le sujetaban.</p> - -<p>Resignéme á tenerlo roto y me volví á mi escondite -del Pardo, y volví á emprenderla con el libro de la Vírgen. -Era un martes. Mi familia no iba nunca á verme al -Pardo; yo la pedia ó ella me enviaba los caballos ó un -carruaje, pero nunca en dia de entre semana, sinó en -sábado ó en domingo. El jueves habia yo concluido -un capítulo; hacia un tiempo delicioso y salí á hacer -ejercicio ántes de comer, en compañía de un guarda -que en tales casos me servia de cicerone. A mi vuelta -hallé un coche en el patio de la casa y á mi mujer -esperándome en mi aposento. Volvia yo contento de -mi paseo, porque lo estaba de mi trabajo, y alegremente -abracé á mi mujer y á la persona de su familia -que la acompañaba.</p> - -<p>La mesa estaba puesta: sentíame con apetito, y comencé -tranquilamente á dar cuenta solo de mi pitanza, -de que los recien venidos rehusaron participar, y pasé -distraido las primeras cucharadas de la caliente sopa: -pero al notar de repente el silencio tan sombrío como<span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span> -desusado de mi familia, asaltóme un siniestro presentimiento, -y exclamé inquieto:</p> - -<p>«¡Dios mio! ¿Qué sucede, que venís tan tristes y tan -pronto?</p> - -<p>—Nada, pero es preciso que vengas con nosotros.</p> - -<p>—¿Por qué?</p> - -<p>—Porque... ha llegado una carta de Torquemada...—y -al decir esto, mi buena mujer rompió á llorar sin -poderse contener.</p> - -<p>No recuerdo si el del espejo roto fué lo que excitó en -mi mente la tremenda idea: «¡Ha muerto mi padre!»—exclamé -angustiado.</p> - -<p>—No, todavía no—se arriesgó á decir mi mujer; pero -como esto, por vulgar que sea, es lo primero que suele -ocurrir á todo el mundo decir en casos semejantes... -no me quedó ya duda de mi desventura, y otra idea -más tremenda envolvió mi espíritu en las tinieblas de -otra duda que sumia mi alma en la más impía desesperacion.</p> - -<p>«¡Mis padres mueren, me dije á mí mismo, sin llamarme -en su última hora! ¡Dios me deja sobre la tierra -sin el último abrazo y sin la bendicion de mis padres!... -¿Qué le he hecho yo á Dios? ¿Están malditos mis pobres -versos?»</p> - -<p>Recogí los que llevaba escritos de la Vírgen y me volví -á Madrid y á casa de Tarancon, á quien ya no hallé: -hacia dos dias que habia salido para su diócesis.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<h2>APÉNDICE A ESTE TOMO.</h2> - - -<p>Razon suficiente da el prólogo de este libro de mi venida -y permanencia actual en Barcelona: pero por -torpe é ingrato deberia tenerme, si yo cerrara este -libro sin dar á sus habitantes las gracias por el recibimiento -que en su ciudad me han hecho, y el -hospedaje que en ella me han dado.</p> - -<p>Atemorízame y apócame sin embargo el miedo de no -acertar con palabras que espresen mi gratitud, y pesárame -en el alma que, con las que voy á escribir, pareciese -que sólo intento darme importancia, y prolongar -el ruido que esta especie de resurreccion mia ha levantado -en la capital de Cataluña.</p> - -<p>A ella llegué el 30 de Octubre, y su pueblo se aglomeró -en el teatro para saludarme; pero con tan cordial -cariño, con tan franca espontaneidad, que no en mis -oidos sinó en mi corazon resonaron los aplausos que, de -pié y vueltos al palco que ocupaba, me dirigieron los -espectadores. ¿Quién era yo, qué habia yo hecho para -merecerlos de Barcelona? Aún puedo apenas comprenderlo; -y las lágrimas, que como aquella noche anublaron -mis ojos, vuelven á enturbiar mi vista ahora que, con -infinito agradecimiento, en estas líneas hago de aquella -escena tal vez inoportuna conmemoracion.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span></p> - -<p>No espero que nadie de mí se mofe ni me avergüence -por mis lágrimas de gratitud, ni por consignar aquí con -la más sincera los obsequios de que fuí objeto y los -nombres de los que me los prodigaron.</p> - -<p>El 1.º de Noviembre apareció en Madrid, en el número -1841 de <i>El Globo</i>, un tan curioso como oportuno -y por mí no esperado artículo, prohijado por la redaccion, -puesto que aparece de fondo y sin firma, en el -cual me considera como un muerto que sobrevive á su -gloria y asiste á su apoteósis desde una butaca del salon -de espectáculo; ¡Dios mio! si la redaccion de <i>El Globo</i> -me hubiera podido honrar con su compañía en mi palco -del teatro Principal de Barcelona el 30 de Octubre, hubiera -comprendido lo poco que estimo mis obras, pero -tambien la escitacion febril que me producia el placer -de recibir aquella ovacion del público de Barcelona. -¡Gracias á quien quiera que aquel original artículo me -escribió en ocasion tan oportuna; gracias á la redaccion -que lo aceptó por suyo, y gracias (si le hay) á su trás -ella escondido é invisible inspirador.</p> - -<p>El <i>Diario</i> literario de avisos de Barcelona, copió este -artículo de <i>El Globo</i> en su número del jueves 4; y en el -del viernes 5 de <i>La Crónica de Cataluña</i> apareció otro -afectuosísimo de D. Teodoro Baró, á quien seria imposible -que yo expresara mi reconocimiento por tal escrito, -en frases que á las suyas correspondieran. Baró siente sin -duda por mí algo que no se puede comparar más que -con un amor de niño: con una sencillez infantil, y una -fraternal familiaridad se ocupa de mi faz, de mi traje, -de mis costumbres, hasta de mis intereses; recordando -en su artículo que cómo y pago alquiler de casa, y que -no es justo que se me reimpriman mis obras como si -fueran propiedad de todos, impidiéndome utilizar sus<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span> -productos, para probarme la inmensa popularidad que -me han adquirido. Baró trata de mí, de mis obras, de -mis acciones y hasta de mis sentimientos íntimos y de -mis pensamientos recónditos, con una discrecion, con -una delicadeza, con un decoro y con un respeto, que no -fueran mayores si él fuera padre, hijo ó hermano del -viejo poeta, á quien honra con el artículo en que le da -tan cordial bienvenida. Yo ocupo, por lo visto, en el -alma de Baró un lugar entre sus creencias: leyó de niño -mis versos, se familiarizó conmigo desde muy muchacho, -aprendió sin duda al mismo tiempo el Catecismo -y mis <i>Cantos del Trovador</i>, el Padre nuestro y <i>El reló</i>, -la Historia de España y <i>Margarita la Tornera</i>, y ahora -tiene de mí la misma idea que de los personajes históricos -y de las imágenes religiosas, que entran en nuestro -espíritu con los primeros rudimentos de nuestra primera -educacion. Y ¿qué voy yo á responder á los artículos de -Baró? ¿Cómo voy yo á corresponder á esta especie de -veneracion innata que por mí siente? Con palabras es -imposible: no las encuentro; con versos, ya no puedo, -porque ya no los hago: con visitas, con cumplidos, con -banalidades sociales, seria bajarme yo mismo cantando -las peteneras del altar en que Baró me tiene en su corazon -colocado; tengo pues que callar, consagrándole en -el mio una silenciosa gratitud.</p> - -<p>Alonso del Real, en los lunes de <i>La Gaceta de Cataluña</i>, -hoja literaria del 25 del mismo mes de Noviembre, -me dió por un poeta sin rival, indiscutible, indeclinable, -digno y capaz de vivir sin decadencia ni senectud -los años matusalénicos; la redaccion de <i>La Publicidad</i>, -en su número del 7, compuso su artículo de fondo con -mi biografía encomiástica, y encuadró mi retrato en su -primera página: y ¿cómo voy á corresponder á tan be<span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span>névola -acogida? ¿Enviando á Alonso del Real y á los redactores -de <i>La Publicidad</i>, y á los de <i>El Diluvio</i>, y -del <i>Diari Catalá</i> y de <i>La Ilustracion Catalana</i>, y <i>El -Correo Catalan</i>, mis tarjetas ofreciéndoles mi casa y -dándoles las Páscuas y acompañándolas con un pavo?—Tengo, -pues, que encomendarme á Dios y al tiempo, -que me deparen una ocasion de probarles mi agradecimiento; -y ellos tendrán que darse por contentos y satisfechos -con estas pocas y desaliñadas frases.</p> - -<p>Pero hay algo más difícil aún de recibir y de aceptar -que los escritos encómios: estos, al cabo, se leen á -solas, y los que los han escrito no ven la cara que al -leerlos pone aquel en loor de quien los escribieron. El -Presidente del Ateneo, D. Manuel Angelon, me preparó -una velada literaria: en ella hizo el Presidente de su -seccion de literatura, Sr. Feliu y Codina, mi presentacion -al Ateneo en un discurso floridísimo, durante el -cual no sabia yo qué continencia tomar. El poeta D. Enrique -Freixas, me dedicó unos endecasílabos, de cuyas -ideas soy yo el único que no puede hacer mencion: el -jóven Mata y Maneja, me probó que habia tomado por -un género de poesía mis extravíos fantásticos y mis delirios -métricos, en uno tan intrincado que me pareció -mio; y por último, el Ateneo me regaló una magnífica -medalla de plata, que no pude colocar en ningun bolsillo -por temor de que con su peso me lo desgarrara.</p> - -<p>La Sociedad «Romea» dió una funcion en obsequio -mio, en el Teatro Catalan del mismo nombre y me ofreció -una corona.</p> - -<p>La Sociedad «Latorre» me dedicó otra, y otra la Sociedad -«Cervantes;» y por fin, dióme la de «Romea» -una segunda fiesta, poniendo en escena mi <i>Sancho García</i>; -en cuya representacion pusieron los actores más<span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span> -esmero y dieron á la obra mia más relieve de los que -acostumbran hoy los que por primeros se consideran; -y me inundó el escenario de flores y de laureles.</p> - -<p>El Sr. D. Santiago Vilar, en una velada de despedida, -me presentó á los alumnos de su colegio, como -modelo de yo no sé cuántas cosas: los niños pasaron la -noche entera en recitar versos mios, lo que probaba que -habian pasado un mes estudiándolos y pensando en mí; -el Sr. Obispo de Avila me abrazó en público por los -que yo recité; y no sé yo lo que pensar pudieron los espectadores -que atestaban aquel salon de aquel abrazo -episcopal, dado con cariñosa efusion al poeta más desatalentado -del siglo. Presentáronme en un estuche una -joya preciosa, primoroso ejemplar de cinceladura, en -cuyo trabajo de argentería son estremados los artistas -barceloneses; y despues de un refrigerio, necesario para -reponer en los vasos linfáticos la saliva gastada en tan -prolongada lectura, salimos de aquella conmovedora -fiesta de la niñez, presidida por un ilustre prelado, á -deshora de la noche, como viciosos que á su casa vuelven -ruidosamente de madrugada, calmando la inquietud -de su desvelada familia é interrumpiendo el tranquilo -sueño de sus honrados vecinos<a name="FNanchor_3" id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p> - -<p>A este mes entero de fiestas y regalos, no puede el -viejo poeta corresponder más que apuntando rápidamente -en este apéndice lo sucedido. He protestado mil -veces contra mis públicas exhibiciones; pero Barcelona<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span> -como Valencia, á manera de muchachas locas enamoradas -de un viejo, han pedido á gritos mi presentacion -en los teatros: he alegado los sesenta y cuatro años que -me apocan y enronquecen, y Barcelona me ha dicho: -«que no; que yo no tengo edad y que canto como un -ruiseñor.» He tenido que acudir al Dr. Osío para que -me azoara la glotis, y Barcelona ha escuchado como -sonora y argentinamente timbrada mi voz perdida, y -ha aplaudido frenética, como si nunca los hubiera oido, -mis versos tan viejos como yo. A esta idea preconcebida, -á este partido tomado, á este cariño maternal de -Barcelona, ¿qué puedo, qué debo yo ofrecer en accion -de gracias? Dejarme querer, y seguir trabajando en silencio, -y en la duda afanosa de si la posteridad sancionará -los aplausos, la predileccion y el juicio con que -Barcelona me acepta y me recibe en su seno.</p> - -<p>Me he limitado, pues, á escribir estas cuatro vulgares -páginas; y como ya no hago versos dos años hace, -y el molde en que los vaciaba está ya enmohecido y -agujereado, no he sabido más que hilvanar con unos -que hice á Valencia, mi madre adoptiva, y otros que me -ha inspirado mi gratitud á Barcelona, una estrafalaria -poesía, que aquí publico como recuerdo de mi madre y -homenaje á la Ciudad Condal. Carece completamente -de mérito literario, y la presento sin pretension alguna: -es sólo un ejemplo de lectura, en la cual colocados los -alientos y dilatados sus períodos para ser leida por mí, -tal vez sólo mi arte de alentar la hace escuchar sin fatiga, -y tal vez sólo en mi boca tiene armonía su dislocada -metrificacion. Creada en el corazon más que imaginada -en el cerebro, espero que sólo con el corazon -me la acepten y me la juzguen Valencia y Barcelona.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<h2>BARCELONA Y VALENCIA.<br /> - -<span class="medium">LECTURA HECHA POR EL AUTOR EN BARCELONA.</span></h2> - - -<h3>I.</h3> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona y Valencia son dos hermanas;</div> -<div class="line">y reclinadas ambas del mar á orillas</div> -<div class="line">como dos garzas blancas, son dos sultanas</div> -<div class="line">que tremolan bandera de soberanas</div> -<div class="line">sobre ricas ciudades y alegres villas.</div> -<div class="line">Yo soy huésped en ambas bien recibido;</div> -<div class="line">y en las villas que de ambas son comarcanas,</div> -<div class="line">voy y vengo á mi antojo, paso ó resido:</div> -<div class="line">y dó quier, campesinas ó ciudadanas,</div> -<div class="line">á mí, poeta viejo de las Castillas,</div> -<div class="line">al par Barcelonesas y Valencianas,</div> -<div class="line">desde las pobres huérfanas á las pubillas,</div> -<div class="line">me reciben alegres y oyen ufanas</div> -<div class="line">mis romancejos godos y mis coplillas,</div> -<div class="line">que son mitad muzárabes, mitad cristianas:</div> -<div class="line">y desde las más cándidas y más sencillas</div> -<div class="line">payesas á las damas más cortesanas,</div> -<div class="line">donde á cantar me paro, niñas y ancianas,</div> -<div class="line">oyendo de mis cuentos las maravillas</div> -<div class="line">sonríen al poeta y honran sus canas.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Así que en Barcelona como en Valencia,</div> -<div class="line">dó quier que me preguntan «y tú ¿quién eres?»</div> -<div class="line">digo con ciertos humos de impertinencia:</div> -<div class="line">«Soy el viejo poeta de las mujeres.»</div> -<div class="line i5">Pero en conciencia,</div> -<div class="line">¿Qué soy de Barcelona? ¿Qué de Valencia?</div> -</div></div></div> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span></p> - -<h3>II.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza1"> -<div class="line i1">Yo de los valencianos hijo adoptivo,</div> -<div class="line">considero á Valencia como á mi madre;</div> -<div class="line">mas cuando á Barcelona vengo, aquí vivo</div> -<div class="line">como si aquí tuviera casa mi padre.</div> -<div class="line">Aquí y allí de raza ni de abolengo</div> -<div class="line">no, sinó de cariño títulos tengo;</div> -<div class="line">allí y aquí mis versos en castellano</div> -<div class="line">me dan fuero y derechos de ciudadano,</div> -<div class="line">porque á mi vieja musa mora-cristiana</div> -<div class="line">Cataluña y Valencia ven como hermana.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mas no es mi vida en ambas muy regalona,</div> -<div class="line">pues aquí y allí vivo como la ardilla</div> -<div class="line">en inquietud perpétua: se me eslabona</div> -<div class="line">una con otra fiesta; de villa en villa,</div> -<div class="line">de teatro en teatro se me pregona;</div> -<div class="line">voy y vengo sin tiempo de tomar silla:</div> -<div class="line">por dó quiera me dicen: «<i>¡parla! ¡enrahona!</i>»</div> -<div class="line">yo suelto de mis versos la taravilla,</div> -<div class="line">y dó quier mi presencia fiesta ocasiona:</div> -<div class="line">porque aquí y allí paso por maravilla,</div> -<div class="line">porque escribí el <i>Tenorio</i>, que es quien me abona</div> -<div class="line">lo mismo en Cataluña que por Castilla;</div> -<div class="line">y aquí, cuando en las calles ven mi persona,</div> -<div class="line">dicen los <i>noys</i> que pasan:—«es en Surrilla,»</div> -<div class="line">lo mismo que si fuera de Barcelona.</div> -<div class="line i5">Mas mi conciencia</div> -<div class="line i4">¿qué cree de Barcelona?</div> -<div class="line i4">¿qué de Valencia?</div> -</div></div></div> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span></p> - - -<h3>III.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Faro de isla cercado de guardabrisas,</div> -<div class="line">camarin alfombrado de minutisas,</div> -<div class="line">ajimez festonado con ramos de oro,</div> -<div class="line">joyel que de cien reinas guarda el tesoro,</div> -<div class="line">sultana de pensiles cultivadora,</div> -<div class="line">latina, provenzala, cristiana y mora,</div> -<div class="line">Valencia es un compendio de los primores</div> -<div class="line">con que ornó al mundo la Omnipotencia,</div> -<div class="line">cuna de silfos, nido de amores,</div> -<div class="line">patria de bardos y trovadores,</div> -<div class="line">vergel poblado de ruiseñores,</div> -<div class="line i5">pomo de esencia,</div> -<div class="line i5">jarron de flores:</div> -<div class="line i5">eso, señores,</div> -<div class="line i5">eso es Valencia.</div> -<div class="line i5">Mas Barcelona</div> -<div class="line">es la muchacha alegre de la montaña,</div> -<div class="line">sana, robusta y ágil: que, rica obrera,</div> -<div class="line">de un blason que mancilla servil no empaña</div> -<div class="line">y un condal nobilísimo féudo heredera,</div> -<div class="line">tiene al pié de un peñasco que la mar baña</div> -<div class="line">y de un aro de montes trás la barrera,</div> -<div class="line">un campo con mil torres para cabaña,</div> -<div class="line">por toldo y guardabrisa la cordillera,</div> -<div class="line">por taller la más rica ciudad de España,</div> -<div class="line">por mercado las plazas de España entera;</div> -<div class="line">y obrera que de estirpe noble blasona,</div> -<div class="line">da á la historia de España su prez guerrera,</div> -<div class="line">el floron más preciado de su corona,</div> -<div class="line">el cuartel más glorioso de su bandera.</div> -<div class="line">Artesana, que ciñe condal corona,<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span></div> -<div class="line">en el taller sin penas trabaja y canta:</div> -<div class="line">con hilos y alfileres hace primores;</div> -<div class="line">en un puño de tierra cultiva y planta</div> -<div class="line">viñedos y olivares que, en vez de flores,</div> -<div class="line">en sus breñas y cerros, lomas y alcores</div> -<div class="line i5">diestra escalona,</div> -<div class="line i5">cuida y abona</div> -<div class="line i5">con cien labores:</div> -<div class="line i5">eso, señores,</div> -<div class="line i5">es Barcelona.</div> -</div></div></div> - -<h3>IV.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia es la florida puerta del cielo,</div> -<div class="line">el balcon por donde abre la aurora el dia:</div> -<div class="line">Dios por él de la España bendice el suelo</div> -<div class="line">y la salud, la gracia y el sol la envia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia es un florido pensil modelo,</div> -<div class="line">mansion de los deleites y la alegría,</div> -<div class="line">á quien sirve de cerca, de espejo y velo,</div> -<div class="line">á sus plantas echada, la mar bravía.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia está debajo del paraíso;</div> -<div class="line">y cuando Dios le priva de su presencia,</div> -<div class="line">por el balcon del alba, sin su permiso,</div> -<div class="line">los ángeles se asoman á ver Valencia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia es alkatifa de cien colores</div> -<div class="line">de Dios tendida para una audiencia,</div> -<div class="line">donde del cielo los moradores</div> -<div class="line">de Dios derraman en la presencia</div> -<div class="line i5">ramos de flores,</div> -<div class="line i5">pomos de esencia:</div> -<div class="line i5">eso, señores,<span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></div> -<div class="line i5">eso es Valencia.</div> -<div class="line i5">Mas Barcelona.....</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona es la reina del mar Tyrreno,</div> -<div class="line">cuyas ondas azules cubre de lona;</div> -<div class="line">y á los hijos activos que da su seno</div> -<div class="line">la posesion del mundo dar ambiciona.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona es un águila de vuelo altivo,</div> -<div class="line">fénix que, renaciendo de sus cenizas,</div> -<div class="line">torna jardin su suelo duro al cultivo</div> -<div class="line">y en palacios sus viejas casas pajizas.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona, á quien nutre vital esceso,</div> -<div class="line">late con los volantes de sus talleres,</div> -<div class="line">se remonta en las alas de su progreso,</div> -<div class="line">brilla con la hermosura de sus mujeres:</div> -<div class="line">y cuando Dios se ausenta del paraíso</div> -<div class="line">y duerme Barcelona de noche, al peso</div> -<div class="line">del trabajo rendida, sin su permiso</div> -<div class="line">baja un ángel por todos á darla un beso.</div> -<div class="line i1">Porque del cielo los moradores,</div> -<div class="line i1">miéntras los mundos Dios inspecciona,</div> -<div class="line i1">al noble pueblo que en sí amontona</div> -<div class="line i1">turbas de pobres trabajadores,</div> -<div class="line i1">cuyo trabajo con Dios le abona,</div> -<div class="line i1">como á una vírgen limpia de amores</div> -<div class="line i1">cuya alma el cuerpo casto abandona,</div> -<div class="line i5">del huerto Edénico</div> -<div class="line i5">con lauro y flores</div> -<div class="line i5">tejen los ángeles</div> -<div class="line i5">una corona:</div> -<div class="line i5">y esa, señores,</div> -<div class="line i5">cae de sus manos</div> -<div class="line i5">en Barcelona.</div> -</div></div></div> - - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span></p> -<h3>V.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza1"> -<div class="line i1">Valencia, más hermosa, más cortesana,</div> -<div class="line">es más jóven, más libre, más Moslemina;</div> -<div class="line">Barcelona es más hosca, ménos galana,</div> -<div class="line">más morena, más séria, más Bizantina:</div> -<div class="line">aquélla más coqueta, y ésta más llana.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia afecta á veces ser campesina,</div> -<div class="line">mas bravéa con humos de soberana:</div> -<div class="line">y es una rubia y grácil hurí-cristiana,</div> -<div class="line">que viste por capricho de tunecina.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia dice á todos que es hortelana,</div> -<div class="line">y es una neerlandesa pálida ondina</div> -<div class="line">que duerme en una rica concha perlina;</div> -<div class="line">y del mar en la espuma blanca y liviana</div> -<div class="line">canta á la arrebolada luz matutina,</div> -<div class="line">vestida por capricho de valenciana.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona es el cráter donde fermenta,</div> -<div class="line">con el hierro fundido y el tufo denso,</div> -<div class="line">el espíritu hermano de la tormenta</div> -<div class="line">que se pasea, de ellas sin tener cuenta,</div> -<div class="line">sobre el móvil abismo del mar inmenso.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia es la Hada núbil de la alegría</div> -<div class="line">que respira de rosa y ámbar esencia;</div> -<div class="line">la Vénus Afroditis del Mediodía,</div> -<div class="line">de quien ver deja ignuda la gallardía</div> -<div class="line">de un pudor algo moro la transparencia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona es Minerva ya desarmada;<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span></div> -<div class="line">cuyo manto, que lame la mar bravía</div> -<div class="line">salpicando de perlas su orla murada,</div> -<div class="line">lleva en lugar de armiños y pedrería</div> -<div class="line">la greca de su vuelo y cáuda bordada</div> -<div class="line">con rieles y máquinas de ferrovía,</div> -<div class="line">con espolones, hélices y anclas de Armada.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia, alméa grácil y encantadora,</div> -<div class="line">trova, canta, recita, danza y se espresa</div> -<div class="line">en voz, accion y gracia tan seductora,</div> -<div class="line">que atrae, fascina, embriaga, turba, embelesa,</div> -<div class="line">magnetiza, avasalla, rinde, enamora,</div> -<div class="line">y en tierra con las almas da por sorpresa.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona, valiente, ruda payesa</div> -<div class="line">con timbres y con fueros de gran señora,</div> -<div class="line">labra, teje, cultiva, destila, pesa,</div> -<div class="line">funde, lima, taladra, cincela y dora;</div> -<div class="line">y ejemplar solo de alta noble condesa</div> -<div class="line">con corazon de obrera trabajadora,</div> -<div class="line">con el trabajo nunca de latir cesa:</div> -<div class="line">y apresurada siempre trás árdua empresa,</div> -<div class="line">hierve como encendida locomotora:</div> -<div class="line">cuando se mueve, asombra; cuando anda, pesa:</div> -<div class="line">respira fuego y humo cual los volcanes,</div> -<div class="line">y estremece la tierra, como si dentro</div> -<div class="line">de ella fuera la raza de los titanes</div> -<div class="line">queriendo de la tierra cambiar el centro.</div> -</div></div></div> - - -<h3>VI.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona y Valencia son dos hermanas,</div> -<div class="line">pero una es blanca y rubia y otra morena:</div> -<div class="line">son por naturaleza dos soberanas;<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span></div> -<div class="line">pero la una celeste, la otra terrena.</div> -<div class="line">Valencia es la versátil hija del cielo,</div> -<div class="line">á quien Dios por herencia dió un paraíso;</div> -<div class="line">Barcelona, hija de Eva, vive en anhelo</div> -<div class="line">de tornar por sí misma su estéril suelo</div> -<div class="line">en el Edén que el cielo darla no quiso.</div> -</div></div></div> - - -<h3>VII.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Yo idolatro á Valencia por su hermosura,</div> -<div class="line">su luz, su poesía, la donosura</div> -<div class="line">de su gente, sus usos, trajes y aliños;</div> -<div class="line">y de un amor primero con la fé pura,</div> -<div class="line">la doy de hijo y amante los dos cariños.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pero amo á Barcelona por tiranía</div> -<div class="line">de ley inevitable de mi destino:</div> -<div class="line">Dios condenó al trabajo la vida mia;</div> -<div class="line">morir sobre el trabajo tengo por sino.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona trabaja... y á su existencia</div> -<div class="line">el trabajo da fuerza, pan y alegría:</div> -<div class="line">que me dé cuando espire tumba Valencia,</div> -<div class="line">pan Barcelona, miéntras mi inteligencia</div> -<div class="line">Dios alumbre y mis ojos la luz del dia.</div> -</div></div></div> - - -<h3>VIII.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Olvidaba que entre ambas hay diferencia:</div> -<div class="line">no en la tierra, en el cielo; pero os aviso</div> -<div class="line">que es secreto que á solas fiarme quiso</div> -<div class="line">el buen ángel que alumbra mi inteligencia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">La diferencia es esta: pero es preciso<span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span></div> -<div class="line">que Valencia lo ignore; cuando en ausencia</div> -<div class="line">de Dios se quedan dueños del paraíso</div> -<div class="line">y con la luz del alba, sin su permiso,</div> -<div class="line">los ángeles se asoman á ver Valencia....</div> -<div class="line">es porque á Barcelona Dios en persona</div> -<div class="line">baja en el sol, y absorto de complacencia</div> -<div class="line">se olvida de los ángeles en Barcelona.</div> -</div></div></div> - - -<p class="p6 center"><i>Esta obra es propiedad de su Autor, el que perseguirá ante la ley á quien -la reimprima en todo ó en parte sin su consentimiento.</i></p> - -<div class="footnotes"><h2>NOTAS:</h2> -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_1" id="Footnote_1" href="#FNanchor_1"><span class="label">[1]</span></a> Estas dos composiciones van en el apéndice de esta obra.</p> - -<p><a name="Footnote_2" id="Footnote_2" href="#FNanchor_2"><span class="label">[2]</span></a> <i>Cada cual con su razon</i>; <i>Lealtad de una mujer</i>; primera y segunda -parte de <i>El Zapatero y el Rey</i>; <i>El eco del torrente</i>; <i>Los dos -vireyes</i>; <i>El molino de Guadalajara</i>; <i>Un año y un dia</i>; <i>Apoteosis de -Calderon</i>; <i>Sancho García</i>; <i>El caballo del rey D. Sancho</i>; <i>La mejor -razon la espada</i>; <i>El puñal del godo</i>; <i>La oliva y el laurel</i>; <i>Sofronia</i>; -<i>La Creacion y el Diluvio</i>; <i>El rey loco</i>; <i>La reina y los favoritos</i>; <i>La -copa de marfil</i>; <i>El alcalde Ronquillo</i>; <i>D. Juan Tenorio</i>.</p> - -<p><a name="Footnote_3" id="Footnote_3" href="#FNanchor_3"><span class="label">[3]</span></a> En la lectura de la sociedad «Latorre» debí el honor de que -me acompañara al célebre poeta dramático, sostenedor del teatro catalan, -D. Federico Soler; quien bajo el seudónimo de «<span class="smcap">Serafi Pitarra</span>», -hace años que con prodigiosa fecundidad surte de obras originales -la catalana escena. De <span class="smcap">ÉL</span>, de sus obras y del teatro Romea, tendré -ocasion de ocuparme en mis artículos de <i>El Imparcial</i>.</p> -</div></div> - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of Project Gutenberg's Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO *** - -***** This file should be named 53294-h.htm or 53294-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/2/9/53294/ - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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