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-The Project Gutenberg EBook of Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-Title: Recuerdos Del Tiempo Viejo
-
-Author: José Zorrilla
-
-Release Date: October 16, 2016 [EBook #53294]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO ***
-
-
-
-
-Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
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- Nota del Transcriptor:
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-
- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
- han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.
-
-
-
-
- RECUERDOS
-
- DEL
-
- TIEMPO VIEJO
-
- POR
-
- D. JOSÉ ZORRILLA.
-
-
- BARCELONA.
-
-
- IMPRENTA DE LOS SUCESORES DE RAMIREZ Y C.^A
- Pasaje de Escudillers, número 4.
-
- 1880.
-
-
-
-
-Este libro no necesitaba prólogo: la carta del señor Velarde, con la
-cual va honrado, y la primera mia, contestacion á ella, justifican la
-publicacion en _El Imparcial_ de los artículos cuya coleccion forma
-el texto de este volúmen; y el motivo de coleccionarlos en él, es la
-demanda que de su coleccion me han hecho los amigos que me leen y los
-libreros que me venden.
-
-Y que no se me ofenda ningun librero, ni se me engalle ningun Académico
-por esta frase: porque se dice que se lee y que se vende á Quevedo
-ó á Valera cuando se leen y se venden sus obras: lo mismo me sucede
-á mí; unos me leen y otros me venden; y si los que me venden no me
-vendieran, no me leerian los que me leen, y yo publico este libro por
-agradecimiento á los unos y á los otros.
-
-La razon y la escusa de lo que en él de mí mismo digo, van tambien
-alegadas en su relato; pero de las circunstancias en que le he escrito
-y del motivo de imprimirle dividido en dos partes y no en Madrid sinó
-en Barcelona, me conviene, aunque necesario no sea, decir cuatro
-palabras; siquiera no encuentren cuatro lectores á quienes leérmelas
-interese, ni media docena que en leérmelas se complazcan.
-
-Un 27 de Junio, á las siete de la mañana, entró la muerte calladamente
-en mi casa, y dispersó con su guadaña una familia, para cuya reunion
-habia yo trabajado mucho tiempo y agotado mis ahorros. En el inmenso
-y legítimo duelo en que aquella muerte dejaba sumida mi casa, en cuyo
-escondido hogar me habia ya sumido modestamente _á vivir en el olvido
-y á morir en paz con Dios_, quedábame por solo recurso y por última
-esperanza el resto de las dos veces mermada pension, que en 1871 me
-habia concedido el Gobierno, cuyo ministro de Estado era el Excmo. Sr.
-D. Cristino Martos; pero llegado el ocho de Julio, y transcurrido el
-nueve, y pasado el diez, y visto que la libranza en que de Roma debia
-venir mi mensualidad vencida no venia, telegrafié á mi apoderado en la
-capital del Orbe Cristiano, preguntándole por ella. ¡Ay de mí! con mi
-telegrama se cruzó la carta suya, en que me participaba que por causa
-de economías inexcusables en la Administracion de los Lugares Píos
-españoles en Italia, mi comision habia sido suprimida: en consecuencia
-y ajustadas por él mis cuentas con aquella piadosa Administracion, me
-remitia los últimos sesenta y cinco duros que me restaban que cobrar
-hasta la fecha de la supresion de mi sueldo.
-
-Quedéme yo con la libranza delante de los ojos, el verano delante de
-mí y detrás de mí los siete individuos de mi familia; y el ministro
-de Estado en los baños, y el de Fomento en sus haciendas, y el Sr.
-Cánovas mi amparador en Cotterets, y en Francia mi paño de lágrimas el
-Capitan General Jovellar; quien en tales casos molesta por mí á todos
-los ministros, y no pierde ocasion ni perdona empeño por sacarme del
-mio. La moda, que deja á Madrid desierto durante el verano, me dejaba
-á mí en Madrid como en medio del Sahara: la tierra bajo mis piés, el
-cielo sobre mi cabeza, mi esperanza en Dios, y Dios tras el velo azul
-del aire; que es impenetrable cortinaje del pabellon que le guarda de
-las miradas de los hombres. ¿Cómo pasé yo aquellos tres meses?
-
-No puedo hacer al tiempo volver atrás: no puedo quitarme de encima ni
-uno solo de mis sesenta y cuatro años: no puedo hacer volver á mis
-manos el capital pagado por las deudas de mi herencia paterna, ni lo
-por mí gastado en vivir bien ó mal: no puedo rescindir los contratos de
-venta de mi _Don Juan_ ni de mi _Zapatero y el Rey_, escritos cuando
-la ley de propiedad no existia: esta ley no tiene efecto retroactivo
-ni protege mi propiedad por lesion enorme: y no puedo pedir limosna en
-España, sinó poniéndome al pecho un cartel que diga: «este es el autor
-de _Don Juan Tenorio_, que mantiene en la primera quincena de Noviembre
-todos los teatros de verso de España y América;»--pero para esto seria
-preciso que yo esplicase cómo el autor de tal obra podia pedir limosna;
-cosa muy fácil de esplicar, pero muy difícil de comprender.
-
-Antes de pedirla escribí á mis editores de Barcelona, los Sres.
-Montaner y Simon, dándoles cuenta de la suspension de mi sueldo
-y pidiéndoles trabajo en su casa. Los Sres. Montaner y Simon me
-contestaron que «los editores no tenian en su casa trabajo digno
-de mí: pero que los amigos me enviaban adjunta una letra contra su
-corresponsal.» El Arzobispo de Valencia, de cuya ciudad soy hijo
-adoptivo, partió conmigo la limosna de sus pobres; el empresario
-del Teatro Español me ofreció una cantidad que jamás pude cobrar en
-contaduría; y al volver á Madrid el Sr. Conde de Toreno, ministro de
-Fomento, me presenté en su antecámara, en la cual no me detuvo ni
-un minuto. Expúsele en dos palabras mi posicion: asombróse de ella,
-confesándome que estaba muy léjos de imaginársela tal; y prometiéndome
-exponerla en consejo de ministros, en la primera ocasion, me dió cita
-para el dia siguiente en el gabinete del señor Cárdenas, Subsecretario,
-con quien iba inmediatamente á consultar un medio de venir en mi
-auxilio. Al dia siguiente el Sr. Cárdenas, con una delicadeza y un
-tacto que no podré jamás olvidar, me dijo: «que el señor Conde de
-Toreno, sabiendo que para continuar ciertos trabajos legendarios en que
-me ocupaba, necesitaria hacer algun viaje á alguna biblioteca ó archivo
-de provincia, me daba por su mano una pequeñez para ayuda de gastos,» y
-puso en la mia un bono de dos mil pesetas contra el Tesoro.
-
-Pero miéntras todas estas cosas pasaban, habia pasado otra, principal
-engendradora, orígen y causa más inmediatos de la confeccion de lo
-en este libro compaginado. El Sr. D. Federico Balart, á quien suelo
-pedir opinion y consejos sobre mis obras ántes de publicarlas, y á
-quien voy ahora muchas veces á distraer de una mortal pesadumbre con mi
-escéntrica conversacion y mis ideas estrafalarias, habia ido á hablar
-en mi favor al propietario de _El Imparcial_. El Excmo. Sr. D. Eduardo
-Gasset y Artime me abrió su casa, sus brazos y las columnas del _Lúnes_
-de su periódico, pagándome mis artículos en más de lo que valen; el
-Sr. Ortega Munilla, Director de los _Lúnes_, me hizo la distincion de
-colocármelos inmediatamente despues de su semanal revista, y en la
-redaccion de _El Imparcial_ encontré una nueva familia, que aceptó mi
-compañía con cariño tan afectuoso y tan respetuosa cordialidad, que me
-hicieron subir á los ojos dos lágrimas de gratitud, que no pudieron ya
-sostener las ralas hebras que me restan de mis ántes espesas pestañas.
-
-Miéntras, gracias al Sr. Gasset y Artime, volvia á contar con el pan
-cotidiano, pasó al ministerio de Estado el señor Conde de Toreno,
-volvió del extranjero el Sr. Presidente del Consejo de ministros, y
-falleció el del Congreso, Adelardo Lopez de Ayala.--Pocos dias despues
-del entierro de éste, el Sr. Cánovas del Castillo, cuya casa he tenido
-siempre abierta y cuya amistad nunca se ha desmentido, me envió una
-carta para el ministro de Estado; á cuya presentacion el Sr. Conde de
-Toreno me dijo: «por el correo de hoy va á Roma la órden de continuar
-pagando á V. su sueldo; pero tengo el sentimiento de haber tenido que
-mermar de él doce mil reales, porque las economías ya hechas en la
-Administracion de los Lugares Píos, no me han permitido devolverle los
-treinta y seis mil reales que ántes cobraba.»--Recibí con gratitud lo
-que se me daba, y me volví á mi casa, no ya como ántes resuelto
-
- á vivir en el olvido
- y á morir en paz con Dios,
-
-como mi edad y la conveniencia de retirarme ya de la arena literaria me
-lo exigian, sinó decidido por necesidad á luchar otra vez con la vida
-y á morir sobre el trabajo; á lo que parece que me condenan mis viejos
-pecados y las nuevas economías de los Lugares Píos. Ya varias veces en
-algunos periódicos, que no sé por qué me son hostiles, se me ha echado
-en cara el _no saber retirarme á tiempo_; pero no me han dicho á dónde;
-puesto que saben que no puedo retirarme á un monasterio. Ya me habia
-yo retirado á mi casa, y hacia ya año y medio que rehusaba presentarme
-hasta en el ateneo, donde tántas consideraciones se me han tenido y
-tántos aplausos se me han prodigado: pero al retirarme el gobierno
-el sueldo con que únicamente podia retirarme como se me aconsejaba,
-tuve yo por mejor consejo volver al trabajo y vivir honradamente de él
-miéntras con él sustentarme pueda, que dejarme morir de inanicion y de
-pesadumbre por dar gusto á los ya no le tienen de que viva yo entre la
-gente, porque conceptúan que sesenta y cuatro años son demasiada larga
-vida para un hombre á quien aun hay algunos que estiman y aplauden.
-
-Pero juguemos limpio y hablemos claro por última vez. Yo no he pedido
-amparo al gobierno para mi vejez alegando mérito alguno en mis obras,
-ni yo he dicho á la nacion ni al gobierno que tuviesen _obligacion_
-de ampararme: no: pero he propuesto esta cuestion.--«Mis obras, que
-son tan malas como afortunadas, han enriquecido á muchos, y mi _Don
-Juan_ mantiene en el mes de Octubre todos los teatros de España y las
-Américas Españolas, ¿es justo que el que mantiene á tantos muera en el
-hospital ó en el manicomio, por haber producido su _Don Juan_ en tiempo
-en que aun no existia la ley de propiedad literaria?»
-
-Y el gobierno ante quien espuse esta cuestion me subvencionó sobre los
-fondos de los Lugares Píos españoles en Roma, y mi subvencion tiene el
-carácter piadoso y de limosna con el que yo la pedí, sin que por ello
-me crea ni deshonrado ni humillado: y miéntras con ella he vivido,
-en lugar de echarme á dormir sobre mis doradas pajas, he entregado
-concluido en 1873 á los editores Montaner y Simon mi leyenda del Cid
-que consta de diez y nueve mil versos, y mi leyenda de los Tenorios
-que tiene ocho mil; y hoy cuando lo que de mi subvencion me resta no
-me basta por la posicion en que mi reputacion me coloca, recojo los
-últimos destellos de mi decadente ingenio, los últimos alientos de
-mis cansados pulmones, y los últimos átomos de honra y de brío que en
-el corazon me restan, y me arrojo otra vez en los brazos del trabajo,
-en vez de arrojarme por el balcon, ó en el fango de la holgazanería
-á quejarme de la nacion y de sus gobiernos, á quienes no alcanza ni
-obligacion ni responsabilidad alguna en la posicion en que me han
-colocado mis circunstancias personales y mis negocios de familia.
-
-Díme, pues, al trabajo, y entré en el del periodismo; que es el más
-rudo por ser el más perentorio y asíduo, el más expuesto á la crítica y
-el más coartado y riesgoso por la estrechez de la ley de imprenta, que
-suele tener que regir en nuestro inquieto país; y siguiendo á medias
-por no poderlo seguir por entero el consejo de los que retirarme me
-aconsejaban, me retiré al segundo recinto del alcázar de las Bellas
-Letras, descendí de sus salones de su piso principal á su piso bajo
-con puerta y vistas al patio; es decir, que me retiré del gremio de
-los poetas y renunciando á la poesía, me despedí del público de Madrid
-en un romance cuyos versos son los últimos que he escrito, no volví á
-presentarme como versificador ni como lector en acto alguno público y
-anuncié que iba á escribir en prosa; comenzando á devanarme los sesos
-en discurrir cómo servir con mi prosa los intereses del Sr. Gasset y
-Artime, y algun manjar no indigesto á los suscritores de _El Imparcial_.
-
-La primera carta del bravo Velarde me dió pié para contar lo pasado
-en el cementerio al borde de la tumba de Larra: y por este recuerdo,
-como quien tira de un hilo de una madeja enredada, fuí yo tirando de
-mis pobres recuerdos del tiempo viejo, hasta formar con ellos el mal
-devanado ovillo de lo contenido en este libro.--Viejo é ignorante, no
-supe escribir más que mis personales memorias: los lectores de _El
-Imparcial_, tal vez sorprendidos de leerme en prosa, tal vez pagados de
-la anticuada construccion de la mia, y acaso más que de lo que yo en
-ella decia, de la ingenuidad algo infantil con que yo lo iba diciendo,
-encontraron entretenidos mis artículos del TIEMPO VIEJO: unos porque
-refrescaban los suyos, y otros porque no habiendo alcanzado la época de
-que en ellos hablo, ó lo que en ellos traigo á cuento ignoraban, ó lo
-habian oido contar de muy diferente modo.
-
-Como quiera que fuere, miéntras los publicaba en el periódico, recibí
-varias cartas, unas anónimas y otras firmadas, en las cuales algunos me
-aconsejaban que coleccionase mis artículos; y el Sr. Gasset y Artime,
-renunciando generosamente en mi favor sus derechos á la propiedad
-de mi por él tan bien pagado trabajo, me otorgó omnímoda y perpétua
-facultad para hacer de él lo que más me conviniera.--El Sr. Ortega
-Munilla se ofreció espontáneamente á ayudarme en tal publicacion y se
-ocupaba ya de sus preliminares pormenores, cuando ocurrieron á la par
-su desastrada caida del caballo y mi impensado viaje á Barcelona: cuyos
-dos imprevistos acontecimientos me obligan á publicar este libro en la
-capital del Principado y no en la coronada villa.
-
-Pero ¿por qué? ¿A qué vine yo á Barcelona por siete dias y por qué me
-quedo en ella por siete meses?
-
-En uno y medio que en ella llevo no he tenido tiempo hasta hoy de
-hacerme tal pregunta, y voy á ver si averiguo alguna razon que me sirva
-de respuesta.
-
-A pesar de mi necesidad de descanso, de la tenacidad con que há cerca
-de dos años que rehuso toda invitacion á presentarme en público, y á
-pesar, en fin, de mi deseo de complacer á los que me dicen «retírese
-V.», es decir, «quítese V. de en medio», aun hay algunos que recordando
-mis mejores años y olvidando los transcurridos, me buscan y me
-solicitan con la vana ilusion de que aun puedo, como en otro tiempo,
-cooperar en beneficio de sus empresas; y el país en donde por mí se
-conservan mas ilusiones y simpatías es en Cataluña y sobre todo en
-Barcelona. Así que el 27 de Octubre próximo pasado el empresario y el
-director de la compañía de verso del teatro Principal de esta ciudad
-me ofrecieron una indemnizacion por gastos de viaje, si emprendia
-uno para enderezar y poner derecho sobre la escena á mi buen _Don
-Juan Tenorio_; quien no sé por qué no queria tenerse este año muy en
-equilibrio. Tenia yo que abocarme con mis editores Montaner y Simon,
-para tratar de poner tambien en pié de imprenta á mi valiente Burgalés
-Rodrigo Diaz, que agarrado al pupitre de mis editores, parece que
-tampoco quiere dejarse meter en prensa; y con la esperanza de matar dos
-pájaros de una pedrada, acepté la proposicion del viaje á Barcelona;
-pero miéntras la libranza del empresario llegaba á Madrid, y ciertos
-asuntos de mi jóven amigo el pintor Padró, que debia de acompañarme, se
-allanaban, se perdieron cuarenta y ocho horas y llegué yo tarde para
-enderezar á mi rebelde y voluntarioso _Don Juan_, y aún no he tenido
-tiempo para tener cinco minutos de conversacion con mis editores del
-Cid; porque el pueblo Barcelonés, que no me habia olvidado en los once
-años que he pasado ausente de Cataluña, que se acordaba de que en
-Barcelona habia yo tenido casa, y me habia _re_casado en su parroquia
-de Santa Ana, y le habia leido muchos versos y me habia dado muchas
-fiestas, en las cuales habia yo procurado derramar toda la espansiva
-alegría de mi corazon de muchacho y toda la poesía de mi desordenada
-imaginacion de loco, creyendo que para mí el tiempo no habia pasado
-y que no habian pasado por él ni por mí los once años transcurridos,
-se empeñó en pedirme, como quien pide peras al olmo, que hiciera y le
-dijera lo que para él habia hecho y dicho cuando, con once años ménos,
-aún tenia once partes de aliento más. Echó á un lado á mi pobre _Don
-Juan_, y poniéndome en lugar suyo sobre la escena, oyó mi palabra ronca
-con la cariñosa atencion de una madre que escucha la respiracion de su
-hijo que duerme; me colmó de aplausos, me coronó de flores, no me dejó
-ni dormir ni trabajar á fuerza de obsequios y convites; sus periódicos
-publicaron mi retrato, las sociedades literarias se apoderaron de mí
-y enfloraron el teatro catalan para escucharme; el Ateneo me dió una
-velada y una primorosa medalla, y los Sucesores de Ramirez pusieron á
-mi disposicion su magnífico establecimiento tipográfico; y esta vuelta
-mia á Cataluña fué la vuelta del hijo pródigo al paterno hogar, y el
-pueblo Barcelonés me dijo: «Sorrilla, parla, enrahona: ets á casa
-teva;» y cayó en gracia cuanto hice y dije, y se me abrieron todas las
-puertas y me recibieron como á hermano en todas las familias: y hé aquí
-cómo y por qué se imprimen en Barcelona estos mis RECUERDOS DEL TIEMPO
-VIEJO.
-
-En ellos repito y amplifico lo que en este prólogo apunto: ni se hasta
-dónde con ellos iré á parar, ni me detendrá en mi marcha el temor
-de encontrarme al fin de ella cara á cara con mis contemporáneos,
-despues de haberme juzgado á mí mismo y á los que conmigo abrieron
-las puertas á la revolucion política y literaria del primer tercio de
-nuestra centuria. La ingenuidad infantil y la sincera buena fé con
-que hasta aquí los he escrito, creo que garantizan mi leal veracidad
-para el porvenir: pero una vez que Dios prolonga mi vida hasta los
-actuales y corrientes dias, á ellos pertenezco aún y en ellos voy á
-vivir y de ellos voy á hablar y en ellos voy á meter mi baza y voy
-por ellos á trabajar como trabajé por los pasados; y espero en Dios
-que este trabajo no me deshonrará, porque fio en la justicia de mi
-pueblo español que me rodeará del respeto á que siempre ha considerado
-acreedor á quien envejece y muere sobre el trabajo, por no sucumbir á
-la miseria y deshonrarse en la haraganería vergonzosa de los ingenios
-vergonzantes por holgazanes.
-
-Para no hacer de estos recuerdos un libro demasiado voluminoso, y en
-tan pequeños caractéres impreso que resulte tan difícil como enojoso
-de leer y de tener en las manos, lo he dividido en dos tomos pequeños.
-No teniendo además la vanidad de creer que este miserable y prosáico
-engendro mio, sea para mí la gallina de los huevos de oro, y deseando
-saber el número de ejemplares que necesito para mis lectores, y por
-el pedido del primero regular la tirada del segundo, suplico á mis
-suscriptores que hagan la suscripcion al segundo al recibir ó comprar
-el primero, en el recibo que le acompaña.
-
-El tomo II llevará un apéndice nuevo en verso y prosa; y toda la obra
-corregida y ampliada como permite el libro y no admite el periódico, va
-dedicada al mas moderno y al mejor y mas bravo de mis amigos.
-
-
-
-
- _Al Egregio Poeta_
-
-
- DON JOSÉ VELARDE
-
-
- _en prenda de amistad y agradecimiento_.
-
- _José Zorrilla._
-
- Barcelona 1.º de Enero de 1881.
-
-
-
-
-I.
-
-EL POETA ZORRILLA.
-
-
-Era la tarde del 15 de Febrero de 1837. En el cementerio de la puerta
-de Fuencarral, un numeroso concurso se apiñaba en derredor de un jóven
-desconocido, delgado, pálido, de larga cabellera y expresivos ojos,
-que, acongojado y convulso, leia, ante un féretro adornado con una
-corona de laurel, una sentida poesía.
-
-El concurso lo formaba todo el Madrid artístico; el féretro encerraba
-el cadáver de Larra; el poeta era Zorrilla.
-
-Aquella tarde fria y nebulosa fué solemne; vió la conjuncion de dos
-crepúsculos. Un sol se alzaba en el oriente de la literatura al
-hundirse otro sol en el ocaso.
-
-A los desgarradores acentos de «La noche buena del poeta», de Fígaro,
-último canto del cisne moribundo, cuyos ecos aún extremecian el aire,
-se unieron los acordes del arpa de Zorrilla, primeros cantos de la
-alondra al alba.
-
-España, al perder al más grande de sus críticos, encontró al más
-popular de sus poetas.
-
-Desde aquel dia, la Fama fatigada va dando á todos los vientos el
-nombre del vate inmortal. Desde aquel dia, sus estrofas sublimes
-palpitan en todos los labios, y, como la voz divina, despiertan la
-inspiracion en el alma de la juventud y la lanzan á la vida del arte.
-
-Poeta formado de las entrañas de su pueblo, sus ideas, sus
-sentimientos, aunque universales por lo que tienen de humanos, son ante
-todo españoles; tánto que al vibrar su lira nos parece escuchar el
-acento de la patria.
-
-Vário y múltiple en sus concepciones y en la manera de expresarlas,
-ora arrebatado, elocuente y profundo, ora tierno, sencillo y vulgar,
-siempre ameno, siempre inesperado, siempre poeta, pulsa todas las
-cuerdas y se reviste como Protéo de todas las formas para llegar á
-todos los corazones.
-
-Tiene su poesía algo de la ola que se hace espuma, de la luz que se
-quiebra en colores, de la flor que se disuelve en aroma, algo, en fin,
-de lo bello, inmaterializándose para confundirse en lo infinito; y es,
-que así como la larva ha de trocarse en mariposa para volar, la poesía
-ha de espiritualizarse para subir al cielo, que es su patria verdadera.
-
-Hay una poesía que jamás envejece, que no puede morir, que halla eco en
-todas las almas y hace latir al unísono todos los corazones; lenguaje
-universal que entienden el niño y el viejo, el ignorante y el sabio, y
-es la poesía de la naturaleza.
-
-Y la naturaleza es la musa de Zorrilla, le da sus colores, le presta
-sus armonías y encarna en sus versos que nos repiten los gemidos del
-lago, las endechas del ruiseñor, los extremecimientos del trueno, y
-nos pintan la nube que se tornasola, la espuma que bulle y el árbol que
-florece.
-
-Zorrilla ha sido anatematizado por los retóricos que jamás han previsto
-á los poetas ni los han comprendido, preciándose de las medianías que
-siguen sus reglas y odiando al génio que las deshace. Siguió cantando
-el poeta y cayeron en el olvido las odas ampulosas, frias y limadas, y
-surgió la poesía del sentimiento y se ensancharon los horizontes del
-arte.
-
-¡Siempre la misma lucha entre el sabio y el poeta, y siempre el poeta
-vencedor!
-
-Las murallas que guardan lo desconocido son de cristal para el génio
-que penetra en el fondo de lo insondable. La obra del sabio es
-perfectible, la del génio perfecta; aquel aprecia los pormenores, éste
-abarca el conjunto; el uno halla, el otro crea; el sabio, para meditar,
-se inclina hácia la tierra; el poeta, cuando canta, mira al cielo; y
-es que el uno no va más allá de lo humano, y el otro se remonta á lo
-divino.
-
-Zorrilla venció. Hoy todos le respetan. Ni la envidia le muerde, pues
-ni arrastrándose puede escalar la montaña de laureles que le sirve de
-pedestal.
-
-¿Y cómo no respetarle, si las doradas ilusiones, los dulces recuerdos
-y los sueños juveniles de nuestras dos últimas generaciones están
-iluminados por el fuego de la inspiracion del gran poeta? Sí; sus
-versos fueron lo primero que balbucearon despues de las plegarias
-maternales; y aquellas impresiones, como el troquel en el metal, han
-dejado un sello imborrable en las almas.
-
-Poeta de la tradicion, á su mágico acento, los héroes castellanos se
-alzan de sus sepulcros de piedra apercibidos al combate; desfila la
-comunidad por el cláustro sombrío de la gótica abadía, salmodiando
-sus preces al rayo misterioso de la luna; aparece el castillo feudal
-entre los riscos y breñas de la montaña; se coronan de arqueros las
-almenas, suspira la hermosa castellana al escuchar la enamorada trova;
-baja rechinando el puente levadizo para dar hospitalidad al peregrino,
-y el terrible señor de horca y cuchillo apresta su mesnada ó se
-lanza venablo en mano, azuzando la jauría por el bosque enmarañado
-persiguiendo al colmilludo jabalí. Ahora surgen la tapada, el rodrigon
-ceñudo, la dueña mediadora y el doncel galanteador; ahora se acuchillan
-en la tortuosa callejuela dos rondadores de una misma dama, á la luz
-mortecina de un retablo, ó bien se puebla de cármenes y harenes la vega
-granadina, y resuenan en el Generalife los ecos de la zambra, y el
-sarraceno corre la pólvora, y, como sol entre nubes, asoma al calado
-ajimez la hermosísima sultana exclareciendo el dia con la luz de sus
-ojos.
-
-¡Qué poder el del génio! En vano curiosos eruditos é historiadores
-concienzudos se afanan en dar á conocer el verdadero carácter de D.
-Pedro de Castilla, en probar la muerte del rey D. Sebastian en el
-inhospitalario suelo de Africa, y en negar la vida borrascosa de
-Mañara, ó sea de D. Juan Tenorio.
-
-¿Quiénes les han de creer? Para el pueblo, para todo el mundo, no hay
-más D. Pedro de Castilla que el del _Zapatero y el Rey_, ni otro D.
-Sebastian que el de _Traidor, inconfeso y mártir_, y D. Juan Tenorio
-fué sevillano y mató al Comendador, y amó á D.ª Inés, y cenó con los
-muertos y se fué á la gloria; porque no ha habido, ni hay, ni habrá
-jamás verdades más creidas, más amadas y más libres del olvido que las
-creaciones del génio.
-
-Las obras de Zorrilla vivirán siempre. El fuego de la inspiracion, que
-algunos creen fuego fátuo, es como la lava que se endurece y adquiere
-la consistencia del bronce para resistir al tiempo. A más, que la
-mano del «Cristo de la Vega», al desclavarse para jurar, decretó la
-inmortalidad de nuestro poeta.
-
-¿Cómo premia la patria los merecimientos de su exclarecido hijo?
-
-Hoy que la edad le agobia y el trabajo le fatiga, le ha retirado la
-modesta asignacion con que vivia y lo ha abandonado á la miseria, sin
-duda para que ciña á un tiempo á sus sienes la corona de laurel de la
-poesía y la de espinas del martirio.
-
- José VELARDE.
-
-
-
-
-II.
-
-AL JÓVEN POETA
-
-D. JOSÉ VELARDE.
-
-
-Llegó á mis manos con retraso, porque vivo en el retiro de mi hogar,
-por donde acaba de pasar la muerte, el artículo que me dedicó V. en el
-número de _El Imparcial_, del lunes 29 de Setiembre; y he andado dos
-dias perplejo y caviloso, sin poder hallar cómo darme por entendido de
-lo que de mí dice V. en él. Corriendo empero, el tiempo, temiendo por
-una parte que mi silencio le parezca descortesía, y no queriendo por
-otra dar motivo á que el público crea que, hinchado de vanidad, acepto,
-como buena y corriente moneda, todas las extremadas excelencias que á
-mis versos atribuye, me resuelvo á dar á V. simplemente las gracias
-en cuatro palabras; que cuanto más le parezcan vulgares, más han de
-parecerle sinceras.
-
-Yo soy, Sr. Velarde, lo único que he podido ser: lo único que Dios ha
-querido que sea: un poeta español, hijo ignorante y desatalentado
-de la naturaleza, que ha cantado á su patria, como ha podido; como
-los pájaros cantan en la selva, como susurran las abejas al elaborar
-sus panales; yo no me he jactado nunca de haber hecho mas, y á mi
-presentacion en el Ateneo el año pasado, lo dije en esta quintilla de
-mi _Canto del Fénix_:
-
- Lo que hice, lo que dije, todo ese laberinto
- de versos que concentran la esencia de mi sér,
- de Dios son obra: un estro no pude haber distinto:
- yo obré y hablé sintiendo y hablando por instinto:
- ni supe hacer más que eso, ni pude más hacer.
-
-Esta mi poesía del _Canto del Fénix_ es una respuesta anticipada que
-yo dí á los primores con que V. en su artículo tan cariñosamente me
-obsequia; y como sé que V. la sabe de memoria, no necesito añadir una
-palabra más; V. que va hoy á la cabeza de aquella á quien yo llamé
-
- estirpe generosa de la progénie nueva,
-
-creyéndome ya en el caso en que yo me ponia en la penúltima estrofa de
-mi _Canto del Fénix_, que dice:
-
- Y si las tempestades que el porvenir amasa
- en mi país me obligan á mendigar mi pan,
- no dejes que en él nadie las puertas de su casa
- empedernido cierre, ó esquivo diga--«¡Pasa!»--
- al que mató á D. Pedro, al que salvó á D. Juan,
-
-saltó V. el primero á la arena á romper la primera lanza en pró del
-viejo, en quien V. ve un gigante á través del prisma del entusiasmo
-con que le mira. Gracias, mil gracias, Sr. Velarde: ya sabia yo que la
-juventud literaria de la generacion que á la mia sigue, no habia de
-abandonar nunca al poeta que no ha inculcado más que amor á la patria,
-y respeto á las creencias y á las tradiciones de sus padres.
-
-No puedo, sin embargo, permitir á su entusiasmo juvenil, que atribuya á
-la patria el abandono en que deja mi vejez la supresion de un sueldo,
-que á cargo de los Lugares Píos Españoles de Roma se me concedió, para
-llevar á cabo mi legendario del Cid y de otras obras que me ha oido V.
-leer en el salon del Ateneo. No, Sr. Velarde, no: la patria no tiene
-nada que ver en esto; y nadie ménos que yo tendria razon para quejarse
-de su patria, porque las economías necesarias en el presupuesto del
-Ministerio de Estado hayan alcanzado hasta mi ya mermada pension; la
-cual, si sola no podria sacar de ningun apuro á la administracion de
-los Lugares Píos Españoles de Roma, tal vez unida á las demás economías
-hechas en Julio último pueda contribuir á alguna obra perentoriamente
-necesaria para el decoro nacional. _Suum cuique_, y dejemos á la patria
-en el buen lugar que en este caso la corresponde.
-
-¿Qué es la patria? La tierra; la nacion, el lugar en que se nace. Y
-como la nacion la forman los habitantes de la tierra, la patria vive y
-se expresa por la vida y las acciones de los ciudadanos de cada nacion.
-¿Y cómo ha tratado su patria al poeta Zorrilla? Como no ha tratado
-nunca á ningun poeta, incluso al fénix de los ingenios Lope de Vega;
-quien tal vez debió parte de la gloria y los obsequios que su época
-le tributó á su favor en la corte y al carácter que le imprimia su
-dignidad sacerdotal. Yo no pertenezco á ninguna clase de la sociedad,
-porque los poetas no estamos clasificados en ninguna categoría social;
-no he pertenecido jamás á ningun partido político, á ninguna Academia,
-ni á ningun Instituto que haya podido alcanzarme favor con poder
-alguno, y por consiguiente, nadie ha tenido interés en aplaudirme ni en
-adularme.
-
-Yo me ausenté de mi patria en 1847 por razones que á nadie importan: me
-fuí el 55 á América por pesares y desventuras, que nadie sabrá hasta
-despues de mi muerte, con la esperanza de que la fiebre amarilla, la
-viruela negra ó cualquiera otra enfermedad de cualquier color acabaran
-oscuramente conmigo en aquellas remotas regiones. No quiso Dios que
-allá muriera. Su proteccion visible me salvó de los naufragios, de las
-pestes y de las guerras civiles; y cuando volví en 1866 á mi patria,
-¿cómo me recibió España? Como su padre amoroso al hijo pródigo, como su
-santa familia á Lázaro el resucitado, como Roma á los triunfadores, á
-quienes coronaba en el Capitolio. Barcelona y Tarragona me obsequiaron
-con regatas y fiestas de noche y dia; la Universidad de Zaragoza renovó
-por mí una solemnidad que sólo habia dedicado á los reyes de Aragon;
-Búrgos y Valladolid me alfombraron de flores mi camino, y un altar de
-la parroquia en que fuí bautizado está desde entónces cubierto con cien
-coronas, para las cuales no concebí mejor depósito. Valencia, despues
-de haberse vuelto loca por mí, como una muchacha atolondrada que se
-enamora de un viejo, me hizo su hijo adoptivo, y yo la escribiré un
-libro con el cual espero probarla mi gratitud. Granada se desbordó en
-entusiasmo en honor mio en 1846 á la sola promesa de escribirla mi aún
-no concluido poema; y aún se recuerda allí una representacion de _Don
-Juan Tenorio_, al fin de la cual el beneficiado Pepe Calvo, padre de
-Rafael, la empresa y yo, convidando al público á la mesa á que habia
-venido la estátua del Comendador, hicimos al capitan general, al
-gobernador de la Alhambra y á las hermosas granadinas comer todos los
-dulces y beber todo el Champagne que habia en la ciudad. Amanecia ya,
-y ni autoridades ni pueblo se daban cuenta de que nadie estaba en su
-juicio ni en su lugar.
-
-Madrid, declarado en estado de sitio, y prohibida en él la reunion
-pública de más de cinco personas, reunió cuatro mil, para acompañarme
-á mi casa desde la estacion, una mañana de Octubre de 1866. No pasa un
-mes de Noviembre en que no haga en mi favor alguna ruidosa demostracion
-en alguna representacion de mi _Don Juan_: y el Ateneo, en fin,
-tomándome bajo su amparo, ha abierto conmigo á la poesía sus salones,
-en los cuales no habian penetrado aún más que las ciencias. En resúmen,
-mi patria, representada por la sociedad, no ha podido hacer más en
-España por un poeta, á quien indudablemente estima en más de lo que
-vale, sólo porque su poesía es la expresion del carácter nacional y de
-las pátrias tradiciones.
-
-Cuando en 1859 la muerte le privó en la Habana de un compañero, y
-destruyendo su fortuna con la de Cipriano de las Cagigas, el Capitan
-general de la Isla, D. José de la Concha, le colmó de atenciones y de
-consuelos, y el banquero D. Manuel Calvo le alojó espléndidamente en su
-tranquilo y salubre cafetal; procurándole en él la soledad necesaria
-para el trabajo, y salvándole la vida y el honor con los cuidados de su
-amistad.
-
-El poeta Zorrilla, que es el que más debe á su patria, representada por
-la sociedad de su época, es el que ménos puede quejarse de ella, si la
-considera representada por su Gobierno.
-
-Cuando en 1871 le pidió su proteccion para emprender su _Leyenda del
-Cid_, obra de largo aliento, con la cual queria corresponder á la
-excesiva reputacion que por sus poco importantes trabajos se le habia
-acordado, el Sr. D. Cristino Martos, Ministro de Estado entónces, le
-dió una comision de archivos y bibliotecas en Italia; pretexto tan
-visible como honroso para acordarle una pension, que no podia tener
-nombre y carácter absoluto de tal, por no haber antecedentes de que
-se hubiera pensionado en España á ningun poeta; y acompañada de una
-gentilísima carta autógrafa, le envió la credencial de la Gran Cruz de
-Cárlos III, que constituia su persona en una alta dignidad, y de cuya
-Excelencia nadie se ha acordado nunca; porque á nadie se le ocurre en
-España que el poeta Zorrilla sea más ni ménos que el poeta Zorrilla,
-cuya larga intimidad con el público autoriza ya á todo el mundo para
-tutearle y llamarle Pepe.
-
-Hoy, que las perentorias economías de los Lugares Píos de Roma me
-obligaron á pedir amparo al señor Ministro de Fomento, escudándose con
-una carta del Capitan general Jovellar, que honra á Zorrilla con su
-amistad desde que se conocieron, ¿cómo ha recibido á Zorrilla el Sr.
-Conde de Toreno? Hijo de aquel ilustrado repúblico, que fué gloria del
-Parlamento y honra de las letras, dió al poeta cuanto tenia facultades
-de dar, miéntras discurria medio mejor de asegurar su porvenir; y el
-Sr. Cárdenas allanó ante sus pasos todos los difíciles que hay que dar
-en las oficinas del Ministerio de Hacienda para el cobro de su interina
-subvencion.
-
-Los editores de Barcelona, Montaner y Simon, se apresuraron á ofrecer
-los servicios de su amistad; un ilustre prelado partió con él la
-limosna de los pobres de su diócesis, y V. mismo, Sr. Velarde, á
-la cabeza de la juventud literaria de Madrid, inició _algo_ que le
-agradece en el alma y que no olvidará jamás el viejo poeta desheredado.
-
-Empieza V. su artículo por un recuerdo de la tarde del 15 de Febrero
-de 1837: un lunes le diré á V. de aquel dia lo que nadie sabe: y entre
-tanto, conste que cree que seria un loco y un ingrato si se quejara
-ni exigiera más de su patria; pero que no teme que España deje morir
-sin pan al viejo matador del rey D. Pedro, al loco salvador de D. Juan
-Tenorio, su agradecido autor el poeta,
-
- José ZORRILLA.
-
-
-
-
-III.
-
-
- _Sr. D. José Velarde_:
-
-Ofrecí á V., mi cariñoso amigo y generoso encomiador, decirle algo del
-15 de Febrero de 1837, y no se me cuece el pan por cumplirle á V. mi
-oferta; no sólo para que V. sepa á qué atenerse sobre lo acontecido
-en aquel dia y especialmente en aquella tarde, al viejo y asendereado
-poeta, á quien V. hoy tánto encomia, sino para disipar la neblina
-de cuentos y de pormenores absurdos en que los narradores vulgares,
-los chistosos de oficio y los amigos indiscretos ó pretenciosos han
-rodeado despues la verdad de lo que en aquel dia sucedió. La gente
-meridional, y sobre todo los españoles, tenemos la pretension de ser
-todos buenos narradores; y cuando algo se nos cuenta, no lo repetimos
-jamás sin añadir cada cual algo de su cosecha: con cuya manía resulta
-que el hecho más sencillo, al pasar por unas cuantas bocas, queda tan
-desfigurado, que pueden contárselo como nuevo al primero que lo relató,
-sin que éste reconozca ya lo relatado por él, en la décima relacion del
-hecho, que en vez del suyo, corre de boca en boca.
-
-Y hay otra circunstancia peor en este modo de narrar, inherente
-tambien á nuestro país; y es, que la mayor parte de los que, añadiendo
-pormenores á la narracion de los hechos, convierten al fin las más
-sencillas verdades en absurdas y fantásticas mentiras, llegan á creerse
-estas de buena fé; y pueden jurar que han sido de ellas parte ó
-testigos, alucinados por su fantasía meridional, que les hace preferir
-á la deseada verdad la fábula más fantástica é inverosímil.
-
-Hé aquí por qué, mi buen amigo Sr. Velarde, quisiera yo contar á V.
-algunas cosas de aquel buen tiempo viejo, que no está aún tan léjos de
-nosotros que de él no vivan presenciales testigos, pero á quiénes el
-afan de ponderar, ó de darse personal importancia, ha hecho desfigurar
-de tal manera las cosas que en él pasaron, que hay quien hoy me cuenta
-á mí de mí mismo lo que jamás pasó, ni pudo pasar por mí; y yo callo
-y escucho, convencido de lo inútil que seria intentar convencerle de
-que yo, y no él, soy quien debe saber la verdad; pero vamos al 15 de
-Febrero de 1837.
-
-Permítame V. que le recuerde á vuela pluma los ensayos por que pasé,
-ántes de representar mi papel en la escena del cementerio.
-
-Metióme mi padre á los nueve años en el Real Seminario de Nobles,
-establecido por los jesuitas en el edificio que es hoy, en la calle
-del Duque de Alba, cuartel de la Guardia civil, y trasladado en 1828
-al que hoy es hospital militar, en la calle de la Princesa. Tengo
-para mí que la idea de los buenos padres de la Compañía de Jesús,
-al establecer un colegio tan lujoso y tan privilegiado, para entrar
-en el cual era preciso hacer pruebas de nobleza, fué la de tener
-más tarde por discípulos á los hijos de todas las familias nobles,
-importantes ó influyentes de España; como quiera que fuese, halléme
-yo allí condiscípulo de los primeros títulos de Castilla, y recibí
-una educacion muy superior á la que hasta entónces solian recibir los
-jóvenes de la clase media; mi padre era el primero de mi familia que,
-saliendo de nuestro modesto solar de Torquemada, habia por sus estudios
-llegado á un honroso puesto en la alta magistratura.
-
-En aquel colegio comencé yo á tomar la mala costumbre de descuidar lo
-principal por cuidarme de lo accesorio: y negligente en los estudios
-sérios de la filosofía y las ciencias exactas, me apliqué al dibujo,
-á la esgrima y á las bellas letras, leyendo á escondidas á Walter
-Scott, á Fenimore Cooper y á Chateaubriand, y cometiendo en fin á los
-doce años mi primer delito de escribir versos. Celebráronmelos los
-jesuitas y fomentaron mi inclinacion; díme yo á recitarlos, imitando á
-los actores á quienes veia en el teatro, cuando alguna vez iba al del
-Príncipe, que presidian entónces los alcaldes de casa y corte, cuya
-toga vestia mi padre; híceme célebre en los exámenes y actos públicos
-del Seminario, y llegué á ser galan en el teatro en que se celebraban
-estos, y se ejecutaban unas comedias del teatro antiguo, refundidas
-por los jesuitas; en las cuales, atendiendo á la moral, los amantes se
-transformaban en hermanos, y con cuyo sistema resultaba un galimatías
-de moralidad que hacia sonreir al malicioso Fernando VII y fruncir
-el entrecejo á su hermano el infante D. Cárlos, que asistian alguna
-vez á nuestras funciones de Navidad. Don Cárlos enviaba á sus hijos á
-nuestras aulas y á cumplir con la iglesia en nuestra capilla; á la cual
-habia enviado Su Santidad Gregorio XVI su bendicion y los cuerpos de
-cera de dos santos jóvenes mártires, degollados en Roma en tiempos de
-no recuerdo qué mónstruo imperial, cuyas figuras degolladas me daban á
-mí tal miedo, que no pasé jamás de noche por delante de la capilla en
-cuyos altares laterales yacian.
-
-Salió mi padre desterrado de Madrid y Sitios Reales el 1832, y yo
-del Seminario el 33. Murió á poco el Rey Don Fernando VII. Sopló la
-revolucion; encendióse la guerra civil, envióme mi padre desde su
-destierro de Lerma á estudiar leyes á la Universidad de Toledo, donde
-siguiendo mi mismo sistema del Seminario, en vez de asistir asíduamente
-á la Universidad, me dí á dibujar los peñascos de la Vírgen del Valle,
-el castillo de San Servando y los puentes del Tajo; y vagando dia y
-noche como encantado por aquellas calles moriscas, aquellas sinagogas y
-aquellas mezquitas convertidas en templos, en vez de llenarme la cabeza
-de definiciones de Heinecio y de Vinnio, incrusté en mi imaginacion los
-góticos rosetones y las preciosas cresterías de la Catedral y de San
-Juan de los Reyes, entre las leyendas de la torre de D. Rodrigo, de
-los palacios de Galiana y del Cristo de la Vega, á quien debo hoy mi
-reputacion de poeta legendario.
-
-Mi tio, el prebendado á cuya casa me habia enviado mi padre, que
-habia creido recibir en ella á un pajecillo que le ayudara á misa
-y le acompañara al coro llevándole el paraguas y el breviario, se
-escandalizó de que yo leyera á Víctor Hugo; á quien él confundia,
-sin que lograra yo sacárselo de la cabeza, con Hugo de San Víctor,
-expositor de Sagrada teología, de quien él suponia que los franceses
-habrian encontrado algunos versos inéditos; tomó muy á mal mi amistad
-con algunos estudiantes de la alta sociedad de Madrid, que como Pedro
-Madrazo eran condiscípulos mios de colegio, y concluyó por escribir
-á mi padre que yo no era más que un botarate, que más _iba para
-pinta-monas_ que para abogado, segun los papelotes que llenaba de
-piedras, de torres y de inscripciones ya en posesion de los buhos y
-cubiertas de telarañas.
-
-No pluguieron mucho á mi padre los informes del prebendado toledano; y
-al año siguiente me envió á continuar mis estudios á Valladolid, bajo
-la inspeccion de un procurador de aquella Chancillería, y la proteccion
-del Rector de la Universidad, el ilustrado D. Manuel Tarancon, Obispo
-despues de Córdoba y muerto Arzobispo de Sevilla. Hícelo yo allí mucho
-peor que en Toledo; y evocando mis recuerdos de niño en la ciudad donde
-habia nacido, y encontrándome otra vez á Pedro Madrazo en aquella
-Universidad, continué dándome á estudiar piedras, ruinas y tradiciones,
-ayudado por los periódicos y publicaciones literarias que recibia de
-Madrid Pedro Madrazo; cuya casa era entónces emporio del arte, donde
-brillaban ya los cuadros de su hermano Federico, y donde Ochoa tenia la
-redaccion de _El Artista_, el primer periódico literario é ilustrado de
-España.
-
-Atraquéme, pues, de Casimire de la Vigne, de Víctor Hugo, de Espronceda
-y de Alejandro Dumas, de Chateaubriand y de Juan de Mena, y del
-Romancero y de Jorge Manrique, y no pude digerir cuatro páginas del
-Heinecio, ni de las Pandectas: en vista de lo cual, el procurador á
-quien por él estaba encargado, escribió á mi padre punto más de lo
-escrito por el prebendado: esto es, que yo no era más que un holgazan
-vagabundo, que me andaba por los cementerios á media noche como un
-vampiro, que me dejaba crecer el pelo como un cosaco, y que era, en
-fin, amigo de los hijos de los que no lo habian sido nunca de mi
-padre, como Miguel de los Santos Alvarez. Parece que su padre y el mio,
-ambos abogados relatores en otro tiempo de la Chancillería, realista
-mi padre y liberal el de Alvarez, no se habian mirado nunca de buen
-ojo. Los hijos, inconscientes y ajenos de las divisiones de los padres,
-nos amamos de mozos, y aún somos amigos en la vejez: cuestion de los
-tiempos y de los caractéres.
-
-Enojóse mi padre, y con razon, con las noticias del bilioso procurador;
-gané yo curso por favor del Sr. Tarancon, y díjome mi padre, al
-enviarme por tercera vez á la Universidad de Valladolid: «tú tienes
-traza de ser un tonto toda tu vida, y si no te gradúas este año de
-bachiller á cláustro pleno, te pongo unas polainas y te envio á cavar
-tus viñas de Torquemada.» Era mi padre muy hombre para hacer tal con
-su hijo; pero ya era yo hombre perdido para los estudios sérios:
-odiaba á Justiniano y se me daba una higa de todos los doctores _in
-utroque_ de todas las Universidades de España: adoraba en sueños
-á García Gutierrez, á Hartzenbusch y á Espronceda; y ver una obra
-mia impresa, y apretar la mano de amigo á estos ilustres poetas, me
-parecia destino de más prez que el de llegar á ser un Floridablanca;
-_el demonio_ de la poesía estaba ya posesionado de todo mi sér; y
-con disgusto de Tarancon y estupefaccion del procurador, anuncié
-redondamente que así me graduaria yo á cláustro pleno aquel año, como
-que volaran bueyes. Metiéronme, pues, en una galera, que iba para
-Lerma, á cargo del mayoral: pensé yo en el camino que mi vida en mi
-casa no iba á serme muy agradable; y sin pensar ¡insensato! en la
-amargura y desesperacion en que iba á sumir á mi desterrada familia, en
-un descuido del conductor, eché á lomos de una yegua, que no era mia y
-que por aquellos campos pastaba, y me volví á Valladolid por el valle
-de Esgueba, que era otro camino del que la galera habia traido.
-
-Sirvióme mucho la equitacion que en el colegio me enseñaron, porque
-la yegua era reacia y antojadiza; mas no me convenia en modo alguno
-dejarla volverse á la querencia de su establo, y entré sobre ella en
-Valladolid al anochecer, donde la vendí: y acomodándome en otra galera
-que para Madrid al amanecer salia, me desembanasté á los tres dias en
-la calle de Alcalá, y me perdí á la ventura por las de esta coronada
-villa, huyendo de mis santos deberes y en pos de mis locas esperanzas,
-ahogando la voz de mi conciencia, y escuchando y siguiendo la de mi
-desatinada locura.
-
-Mi familia, no creyéndome capaz de la resolucion de abandonar para
-siempre mi casa paterna, me buscó por las de mis parientes de las
-provincias de Búrgos y de Palencia, donde suponia que me habria
-guarecido; y habiendo yo hecho mi fuga dándome por hijo de un artista
-italiano, gracias á mis principios de dibujo y á la lengua italiana que
-me era familiar, tardó mucho en dar con mi rastro. Presentéme yo á mis
-amigos y condiscípulos de Madrid; pero pronto tuve que esquivarme de
-los duques de Villahermosa y de los Madrazo, que recibieron cartas de
-mi padre, y que en vista de mi tenaz resistencia á volver á mi hogar,
-no creyeron prudente insistir con quien tan obstinadamente rechazaba
-sus amistosas amonestaciones.
-
-Entónces.... ¡ay de mí! busqué y contraje otras amistades; unas de las
-que no quiero volver á acordarme, otras de las que jamás me olvidaré;
-como la de Manuel Assas, con quien gané algunos pocos reales enviando
-mis dibujos de la torre de Fuensaldaña y otros, con artículos
-arqueológicos escritos por Assas en francés, al _Museo de las familias_
-de París, y la de Jacinto Salas y Quiroga: poeta ya casi olvidado, que
-contó con mi pluma en donde quiera que llegó á meter los puntos de la
-suya. Entónces prediqué en las mesas del café Nuevo una política de
-locos, que hizo reir sin hacer afortunadamente prosélitos; y entónces
-escribí en un periódico que solo duró dos meses, al cabo de los cuales
-dió la policía tras de sus redactores, con el objeto de encargarles de
-hacer un viaje á Filipinas por cuenta del ministerio de la Gobernacion.
-Ví yo la justicia, por el balcon, entrar por la puerta principal que
-bajo él estaba; y montando en la baranda de otro que se abria sobre un
-patio de una vecina casa, por la parte posterior de la de la redaccion,
-caí diestra y silenciosamente á cuatro piés sobre sus enyerbadas
-losas; emboqué un callejon oscuro que ante mí se abria, y justificando
-mi apellido, me escurrí por él hasta la calle opuesta de la manzana;
-enfilé tranquilamente la de Peregrinos, subí la de Postas, mirando
-atentamente las tiendas como si tuviera letras que cobrar en alguna de
-ellas; y de recodo en recodo, y de callejon en pasadizo, dí conmigo en
-la de la Esgrima, y en ella de manos á boca con un gitano á quien habia
-salvado de ser fusilado dos años hacia en la tierra de Aranda. Víle y
-conocióme; preguntóme y respondíle; comprendióme á media palabra, y
-llevándome á un cuarto del núm. 30 y... tantos, trenzóme la melena,
-coloróme el semblante, y endosándome unas calzoneras y una chaqueta
-de pana, con un sombrero con más falda que una dolorosa de procesion,
-y una faja más ancha que la del Zodíaco, me sacó entre los de su
-cuadrilla por la puerta y puente de Toledo; sirviéndome de infalible
-seña gitanesca mi trenzada melena, que, riza y suelta, servia de seña
-personal á los que me buscaban, de parte de mi familia, para volverme
-á mi casa, y de órden del gobernador de las tres ppp, D. Pio Pita
-Pizarro, á los que pretendian enviarme á saber lo que en Filipinas
-ocurria. Pasó una revolucion á los pocos dias con la desastrosa
-muerte del general Quesada en Hortaleza; pasó... lo que pasa en las
-revoluciones, un juicio final en cuarenta y ocho horas; y al cabo de
-diez dias torné yo á pasar destrenzado y desteñido por la Puerta de
-Toledo, y volví á vivir á salto de mata, y á dormir en casa de un
-cestero, que de portero habíamos tenido en la redaccion de marras... y
-así me cogió en Madrid el dia 12 de febrero de 1837, anterior con tres
-al del entierro de Larra, cuyos pormenores quedarán para una siguiente
-carta, á la cual sirve de preliminar esta de su afectísimo y agradecido
-amigo.
-
-
-
-
-IV.
-
-
-Comienzo á apercibirme, mi buen amigo Sr. Velarde, de que es más
-difícil de lo que creí la tarea que me he impuesto ahora, y de que
-hemos andado poco acertados en dar publicidad á estas mis cartas.
-Agloméranse en mi memoria, segun las voy escribiendo, tántos
-pormenores, imposibles de suprimir si he de hacerme comprender;
-pasábanme tántas y táles cosas, y pasaba yo por tales y tan estrechos
-pasos y pasadizos en los dias de la muerte y del entierro de Larra,
-que me temo que ni la benevolencia del director y de la redaccion de
-_El Imparcial_ para conmigo, ni la paciencia de sus lectores quieran
-pasarme el importuno relato de tan íntimos y personales recuerdos.
-Mas como quiera que ya es tarde para volverme atrás, voy á pasar á la
-carrera por sobre todos estos tan resbaladizos pasos; é imponiéndome
-esta tarea como una penitencia pública, seré claro y sincero en mi
-narracion, para que mi claridad y sinceridad prueben á lo ménos lealtad
-y modestia: probando que en la altura á que me ha elevado el favor
-público, no he perdido nunca de vista ni la nada en que yo nací, ni el
-polvo de que aquel me levantó.
-
-Sigo, pues, adelante con mis recuerdos.
-
-Habíase venido á Madrid, siguiendo mi mal ejemplo, mi grande amigo
-Miguel de los Santos Alvarez, en cuya casa pasé la noche que en
-Valladolid me detuve en mi fuga de la mia paterna, y único confidente
-de los secretos de mi corazon. Llevaba yo en éste dos afanes y dos
-esperanzas, que en un solo afan y en una esperanza sola se confundian:
-mi primer amor á una mujer, y la esperanza de conseguirla, y el amor
-á mi padre y la esperanza de sepultar su enojo bajo una montaña de
-laureles. Soñaba yo con una fama y una gloria táles, que obligaran
-á aquella mujer y á mi padre á tenderme sus brazos á un tiempo,
-asombrados y deslumbrados por el resplandor de mi nombradía. ¿Quién no
-delira á los diez y nueve años?
-
-Alvarez estaba en Madrid con consentimiento de su familia hacia muy
-pocos dias, y yo pasaba las noches en la bohardilla de mi pobre
-cestero, las mañanas en el hospedaje de Alvarez, el centro de los dias
-en la Biblioteca Nacional, y las tardes y primeras horas de la noche
-vagando con Alvarez por las calles de la corte, como golondrinas nuevas
-que buscan por vez primera sitio en que colgar su nido en una tierra
-desconocida.
-
-Y aconteció que entre las personas con quienes un dia tropezamos en
-la Biblioteca, acertó á ser una la de un italiano al servicio del
-infante D. Sebastian, llamado Joaquin Massard, quien con un su hermano
-Federico andaba bien admitido por las tertulias y reuniones, que
-con su canto y alegre carácter amenizaban: el Joaquin y el Federico
-poseian dos deliciosas voces, de tenor el uno y de barítono el otro.
-Abordónos Joaquin Massard, que por Pedro Madrazo nos conocia, y nos dió
-de repente la noticia de que Larra se habia suicidado al anochecer
-del dia anterior. Dejónos estupefactos semejante noticia, y asombróle
-á él que ignorásemos lo que todo Madrid sabia, é invitónos á ir con
-él á ver el cadáver de Larra depositado en la bóveda de Santiago.
-Aceptamos y fuimos. Massard conocia á todo el mundo y tenia entrada en
-todas partes. Bajamos á la bóveda, contemplamos al muerto, á quien yo
-veia por primera vez, á todo nuestro despacio, admirándonos la casi
-imperceptible huella que habia dejado junto á su oreja derecha la bala
-que le dió muerte; cortóle Alvarez un mechon de cabellos y volvímonos á
-la Biblioteca, bajo la impresion indefinible que dejaban en nosotros la
-vista de tal cadáver y el relato de tal suceso.
-
-Aquí tengo que advertir á V., mi querido Velarde, que no volvíamos
-á la Biblioteca por nuestro afan de estudiar, sinó porque siendo el
-hospedaje de Alvarez y la bohardilla de mi cestero estancias muy poco
-agradables para pasar el dia, y estando la Biblioteca muy bien esterada
-y caldeada, pasábamos en ella todas las horas que estaba abierta, como
-hidalgos poco acomodados, en el abrigado alcázar de un opulento amigo
-que generosamente á los suyos lo franqueara.
-
-A nuestra vuelta halléme allí con un condiscípulo del colegio, quien
-enterado de mi posicion, me dió una carta para su hermano D. Antonio
-María Segovia, propietario y director de _El Mundo_; uno de los
-periódicos mejor escritos que en Madrid se han publicado, rebosando de
-ingenio y de oportunísima vis cómica. En aquella carta pedia para mí
-á su hermano, mi condiscípulo, la plaza de un empleado que acababa de
-despedirse, diciéndole quién yo era, la educacion que habia recibido, y
-lo útil que yo podia ser, atendida la módica retribucion del empleo que
-para mí solicitaba. Mi ambicion era llegar á ser periodista, llegar
-á firmar el folletin de un periódico que llegase á manos de mi padre:
-tomé, pues, la carta de mi condiscípulo, y metiéndola en la cartera del
-capitan Antonio Madera (otro condiscípulo nuestro), la cual no sé ya
-por qué llevaba yo en el bolsillo, creí meter en ella mi fortuna.
-
-Joaquin Massard, que en todo pensaba y de todo sacaba partido, me dijo
-al salir:
-
---Sé por Pedro Madrazo que V. hace versos.
-
---Sí, señor, le respondí.
-
---¿Querria V. hacer unos á Larra? repuso entablando su cuestion sin
-rodeos; y viéndome vacilar, añadió: «yo los haria insertar en un
-periódico, y tal vez pudieran valer algo.» Ocurrióme á mí lo poco que
-me valdrian con mi padre, desterrado y realista, unos versos hechos á
-un hombre tan de progreso y de tal manera muerto; y dije á Massard que
-yo haria los versos, pero que él los firmaria. Avínose él, y convíneme
-yo; prometíselos para la mañana siguiente á las doce en la Biblioteca;
-y despidiéndonos á sus puertas, echó Massard hácia la plazuela del
-Cordon donde moraba, y Alvarez y yo por la cuesta de Santo Domingo á
-vagar como de costumbre. Pensé yo al anochecer en los prometidos versos
-y fuíme temprano al zaquizamí, donde mi cestero me albergaba con su
-mujer y dos chicos, que eran tres harpías de tres distintas edades.
-No me acuerdo si cenamos: pero despues de acostados, metíme yo en mi
-mechinal, con una vela que á propósito habia comprado.
-
-En aquella casa no se sabia lo que era papel, pluma ni tinta; pero
-habia mimbres puestos en tinte azul, y tenia yo en mi bolsillo la
-cartera del capitan con su libro de memorias. Hice un kalam de un
-mimbre como lo hacen los árabes de un carrizo y tomando por tinta el
-tinte azul en que los mimbres se teñian.....
-
-Hé aquí, Sr. Velarde, cómo se hicieron aquellos versos, cuya copia
-trasladé á un papel en casa de Miguel Alvarez á la mañana siguiente, y
-partí á entregar mi carta al director de _El Mundo_.
-
-Salió á recibirme á una antecámara: presentéle la carta, y miéntras
-la leia, penetraron mis ojos indiscretos en el aposento inmediato,
-cuya puerta habia dejado él abierta. Parecióme á mí la de un paraiso:
-una mujer pequeña y fina, esbelta y ondulosa como una garza, con una
-cabellera como los arcángeles de Guido Reni y con dos ojos límpidos y
-serenos como los de las gacelas, esperaba reclinada en un mueble á que
-su marido concluyera con el importuno que habia venido á separarle de
-ella. Cuando aquel me dijo, con los más atentos modales, que sentia
-no necesitarme porque acababa de dar á otro la plaza que su hermano
-le pedia, me marché cabizbajo y cariacontecido, pero convencido
-perfectamente de que un hombre que tenia aquella mujer no debia
-necesitar de mí ni de nadie, y dí conmigo en la Biblioteca. No estaba
-ya en ella Joaquin Massard, pero me habia dejado una tarjeta, en la que
-me decia: «¿Puede V. traerme los versos á casa, á las tres? Comerá V.
-con nosotros.»
-
-A los tres cuartos para las tres eché hácia la plaza del Cordon; los
-Massard habian comido á las dos: la hora del entierro, que era la de
-las cinco, se habia adelantado á la de las cuatro. Los Massard me
-dieron café; Joaquin recogió mis versos y salimos para Santiago. La
-iglesia estaba llena de gente; hallábanse en ella todos los escritores
-de Madrid, ménos Espronceda que estaba enfermo. Massard me presentó
-á García Gutierrez, que me dió la mano y me recibió como se recibe
-en tales casos á los desconocidos. Yo me quedé con su mano entre las
-mias, embelesado ante el autor de _El Trovador_, y creo que iba á
-arrodillarme para adorarle, miéntras él miraba con asombro mi larga
-melena y el más largo leviton, en que llevaba yo enfundada mi pálida y
-exígua personalidad.
-
-El repentino y general movimiento de la gente nos separó, avanzó el
-féretro hácia la puerta; ordenóse la comitiva; ingirióme Joaquin
-Massard en la fila derecha, y en dos larguísimas de innumerables
-enlutados nos dirigimos por la calle Mayor y la de la Montera al
-cementerio de la Puerta de Fuencarral.
-
-Mohino y desalentado caminaba yo, poniendo entre los dias nefastos
-aquel aciago en que me habian negado una plaza en _El Mundo_, habia
-llegado tarde á la mesa, y en que iba, por fin, ayuno, á enterrar
-á un hombre, cuyo talento reconocia, pero que no entraba en la
-trinidad que yo adoraba, y que componian Espronceda, García Gutierrez
-y Hartzembusch. Parecíame que con aquel muerto iba á enterrarse mi
-esperanza, y que nunca iba yo á tener un papel en que enviar impresos
-mis delirios á la mujer á quien habia pedido un año de plazo para
-pasar de crisálida á mariposa, ni mis versos laureados al padre á
-quien con ellos habia esperado glorificar. Así, el más triste de los
-que íbamos en aquel entierro, marchaba yo en él, envuelto en un _sur
-tout_ de Jacinto Salas, llevando bajo él un pantalon de Fernando de la
-Vera, un chaleco de abrigo de su primo Pepe Mateos, una gran corbata
-de un fachendoso primo mio, y un sombrero y unas botas de no recuerdo
-quiénes; llevando únicamente propios conmigo mis negros pensamientos,
-mis negras pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera.
-
-Llevaba yo, y venianme, sin embargo, todas aquellas ajenas prendas
-como si para mí hubieran sido hechas; y traidas, pero no maltratadas,
-no revelaban que su portador salia con ellas bien cepilladas del alto
-zaquizamí de mi hospitalario cestero.
-
-Llegamos al cementerio: pusieron en tierra el féretro y á la vista el
-cadáver; y como se trataba del primer suicida, á quien la revolucion
-abria las puertas del campo santo, tratábase de dar á la ceremonia
-fúnebre la mayor pompa mundana que fuera capaz de prestarla el elemento
-láico, como primera protesta contra las viejas preocupaciones que venia
-á desenrocar la revolucion. D. Mariano Roca de Togores, que aún no era
-el marqués de Molins, y que ya figuraba entre la juventud ilustrada,
-levantó el primero la voz en pró del narrador ameno del Doncel de D.
-Enrique, del dramático creador del enamorado Macías, del hablista
-correcto, del inexorable crítico y del desventurado amador. El concurso
-inmenso que llenaba el cementerio quedó profundamente conmovido con
-las palabras del Sr. Roca de Togores, y dejó aquel funeral escenario
-ante un público preparado para la escena imprevista que iba en él
-á representarse. Tengo una idea confusa de que hablaron, leyeron y
-dijeron versos algunos otros: confundo en este recuerdo al conde de
-las Navas, á Pepe Diaz..... no sé..... pero era cuestion de prolongar
-y dar importancia al acto, que no fué breve. Ibase ya, por fin, á
-cerrar la caja, para dar tierra al cadáver, cuando Joaquin Massard, que
-siempre estaba en todo y no era hombre de perder jamás una ocasion, no
-atreviéndose, sin embargo, á leer mis escritos con su acento italiano,
-metióse entre los que presidian la ceremonia, advirtióles de que aún
-habia otros versos que leer, y como me habia llevado por delante,
-hízome audazmente llegar hasta la primera fila, púsome entre las manos
-la desde entónces famosa cartera del capitan, y halléme yo repentina á
-inconscientemente á la vera del muerto, y cara á cara con los vivos.
-
-El silencio era absoluto: el público, el más á propósito y el mejor
-preparado; la escena solemne y la ocasion sin par. Tenia yo entónces
-una voz juvenil, fresca y argentinamente timbrada, y una manera nunca
-oida de recitar, y rompí á leer..... pero segun iba leyendo aquellos
-mis tan mal hilvanados versos, iba leyendo en los semblantes de los
-que absortos me rodeaban, el asombro que mi aparicion y mi voz les
-causaba. Imaginéme que Dios me deparaba aquel extraño escenario, aquel
-auditorio tan unísono con mi palabra, y aquella ocasion tan propicia y
-excepcional, para que ántes del año realizase yo mis dos irrealizables
-delirios: creí ya imposible que mi padre y mi amada no oyesen la voz de
-mi fama, cuyas alas veia yo levantarse desde aquel cementerio, y ví el
-porvenir luminoso y el cielo abierto..... y se me embargó la voz y se
-arrasaron mis ojos en lágrimas..... y Roca de Togores, junto á quien me
-hallaba, concluyó de leer mis versos; y miéntras él leia..... ¡ay de
-mí! perdónenme el muerto y los vivos que de aquel auditorio queden, yo
-ya no los veia; miéntras mi pañuelo cubria mis ojos, mi espíritu habia
-ido á llamar á las puertas de una casa de Lerma, donde ya no estaban
-mis perseguidos padres, y á los cristales de la ventana de una blanca
-alquería escondida entre verdes olmos, en donde ya no estaba tampoco la
-que ya me habia vendido.
-
-¡Feliz aquel cuyo primer amor se malogra! ¡Desventurado aquel cuyo
-primer delito es una rebelion contra la autoridad paterna! Al primero
-le abre Dios el paraiso terrenal: del segundo no deja que repose la
-conciencia.
-
-Cuando volviendo de aquel éxtasis, aparté el pañuelo de mis ojos,
-el polvo de Larra habia ya entrado en el seno de la madre tierra: y
-la multitud de amigos y conocidos que me abrazaban no tuvieron gran
-dificultad en explicar quién era el hijo de un magistrado tan conocido
-en Madrid como mi padre.
-
-Pero, ¿sabe V., mi buen Velarde, quién era entónces, lo que valia y
-cómo y por quién llegó á ser famoso su agradecido amigo?
-
-
-
-
-V.
-
-
-La importuna pregunta con que concluí mi artículo-carta del lunes 20 de
-Octubre, me obliga á dirigirle á usted esta, mi estimado Sr. Velarde.
-
-Tal vez enoja á V. ya, mi querido poeta, el verse tomado en pluma, que
-no puede aquí, á mi ver, decirse en boca, por un viejo impertinente
-que se empeña en contarle sus necedades de muchacho; pero disimule
-usted tal impertinencia, porque tiene sólo por móvil mi gratitud á V.
-por su artículo del lunes 29 de Setiembre, con el cual motivó V. la
-publicacion de estas mis cartas. Usted pertenece al porvenir, y mira
-naturalmente hácia adelante; al mirar yo hácia atrás, porque pertenezco
-al tiempo viejo, al relatar á V. lo que en él fuí, tenga V. presente
-que no pretendo servirle á V. de ejemplo, sino de escarmiento; puesto
-que viviendo yo hoy persuadido de que el porvenir le guarda á V. un muy
-elevado lugar en la república de las letras, quisiera yo por la mucha
-estima en que le tengo, que las suyas le dieran tanta fama como á mí
-las mias, pero que le fueran de más utilidad y provecho. Por eso no más
-voy á decir á V. lo más sucintamente posible quién era, lo que valia
-y cómo y por quién llegué yo á ser tan famoso en aquel viejo tiempo,
-cuyos recuerdos me complazco ahora en evocar, no quiera Dios que con
-hastío ó impaciencia de V. y de los suscritores de _El Imparcial_.
-
-No teman estos, y sea esto advertido de paso, que llene yo sus columnas
-con los insignificantes y poco trascendentales sucesos de mi vida.
-A mí, que no he ocupado jamás ningun cargo público, que no he sido
-ni embajador, ni ministro, ni siquiera individuo de corporacion ni
-academia alguna, jamás me ha sucedido nada que sea digno de ser sabido,
-ni ménos contado: ni me acosa tampoco vanidad tal ni tal comezon de
-bombo, que intente no dejar pasar un lunes sin hablar de mí mismo,
-para que no me olviden mis contemporáneos, ni se den los venideros de
-calabazadas por mis estupendas fechorías. Para que mis contemporáneos
-no me olviden, basta ese bravucon inocente y desvergonzado perdonavidas
-llamado _D. Juan Tenorio_, que está encargado contra mi voluntad y por
-la del pueblo español, de no dejarme olvidar en España; y con decir de
-este drama mio y del _Zapatero y el Rey_ cómo y por qué fueron escritos
-y cómo y por quién fueron y son hoy representados, pienso dar fin á
-estos mis recuerdos del tiempo viejo; y siquiera sea con pesadumbre de
-algunos, y desengaño de muchos, será tambien con honrado cumplimiento
-del deber mio y descargo de mi conciencia.
-
-Continúo, pues, mi relato, tomándolo en el mismo cementerio de
-Fuencarral, donde lo dejé.
-
-Rompiendo por entre los amigos que me abrazaban, los entusiastas que
-me felicitaban y los curiosos que absortos me contemplaban, enfundado
-en mi gran _surtout_ de Jacinto Salas y circundado por mi flotante
-melena, un mancebo pálido y aguileño, de resueltos modales y de
-atrevida y casi insolente mirada, me asió cariñosamente de las manos,
-diciéndome: «Tenga V. la bondad de venirse conmigo, para presentarle
-á dos personas que desean conocerle.» Seguíle, y sacándome de aquella
-confusion, me hizo subir á una cómoda y elegante carretela, cuyos dos
-asientos, uno del fondo y otro de adelante, estaban ocupados por dos
-individuos del sexo feo, cuya fisonomía no podia yo ver ya bien, porque
-ya era casi de noche. Saludáronme y correspondiles; colocáronme en
-el asiento de honor; colocóse mi presentador en frente de mí; cerró
-el lacayo la portezuela, y á la voz del de mi izquierda, que dijo:
-«Calle de la Reina,» salieron á un resueltísimo trote las dos poderosas
-yeguas que nos arrastraban: y, como dicen los mejicanos, «de las vidas
-arrastradas, la mejor es la del coche,» y aquella carretela inglesa
-estaba maestramente montada sobre sus muelles. Hablábanme dos, de los
-tres con quienes en ella iba, y contestábales yo, sin recordar ya de lo
-que hablamos, y sin saber entónces con quiénes, en la semi-oscuridad
-crepuscular.
-
-La direccion dada á la calle de la Reina era á la fonda de Genyes, que
-era entónces lo que hoy Fornos y Lhardy; de donde yo deduje que mis
-nuevos amigos moraban ó comian en ella habitualmente, puesto que el
-nombre de la calle habia bastado al cochero para sentar en firme sus
-yeguas á la puerta de la fonda. En un gabinete estaba preparada una
-mesa con tres cubiertos; añadieron el cuarto para mí; desembarazáronse
-ellos de sus abrigos exteriores, quedándome yo con el mio por razones
-que no son del caso; sentámonos á la mesa y presentóme mi presentador á
-mis comensales. El de mi derecha era Buchental, llegado á Madrid hacia
-pocos meses; nuestro anfitrion era un rubio como de cuarenta años,
-de amenísima conversacion, con la cual demostraba que habia viajado
-mucho, de cuyo nombre no me he podido volver á acordar, á quien no he
-vuelto á ver más, y por quien no tuve despues ocasion de preguntar á
-mi resuelto y aguileño presentador: que era ni más ni ménos que Luis
-Gonzalez Brabo, ántes de ser diputado, embajador y ministro. Desde
-aquella tarde fué para mí Luis, como yo para él fuí Pepe; la suya fué
-la primera mano en que me apoyé para poner mi pié derecho en el primer
-escalon del efímero alcázar de mi fama: y desde entónces no he tenido
-un más bravo amigo que Gonzalez Brabo. No era por entónces más que
-_tijera_ en no recuerdo qué periódico; pero segun fué ascendiendo por
-la escala de la fortuna, se volvió á mí desde cada peldaño que subia,
-á tenderme aquella misma mano con que me sacó del cementerio; pero
-mi objetivo, como hoy se dice, no era la política, y con tanta pena
-suya como desden mio, le dejé subir solo. Ignoro lo que fué Luis Brabo
-social ó políticamente considerado, porque he vivido veinte años fuera
-de España y once en América, sin correspondencia con Europa; cuando
-volví á Madrid en 1866 era presidente del Consejo de ministros y decian
-que tenia la nacion en sus manos; pero para mí fué el mismo Luis Brabo,
-que me la tendió como en 1837; el primer amigo del poeta Zorrilla.
-
-Aquí dirá V., mi querido poeta Velarde: ¿cómo el primero? ¿Pues y
-los Villa-Hermosa y los Madrazo, y Assas y Miguel Alvarez y Fernando
-de la Vera, sus condiscípulos de Universidad y del Seminario? ¿Y
-Joaquin Massard y Roca de Togores cuyas manos tomaron de las de V.
-los versos que le abrieron las puertas de la sociedad y le dieron la
-nombradía?--Los Villa-Hermosa, los Madrazo, Alvarez y de la Vera, eran
-los amigos de mi niñez: los del estudiante y del condiscípulo; los
-amigos cariñosos, casi los hermanos, del mancebo que iba á ser hombre;
-la casualidad llevó á Massard á la biblioteca y me puso al lado de Roca
-de Togores en el cementerio: pero Luis Brabo buscó el primero al poeta
-y no abandonó jamás al amigo. La primera obligacion del narrador es
-ser verídico: la del hombre bien nacido la de ser justo: la del hombre
-noble ser agradecido. Desde la fonda me llevó Luis Brabo, orgulloso
-de llevarme, al café del Príncipe, donde hallé á Breton, á Ventura, á
-Gil y Zárate, á García Gutierrez, que me reconoció y con quien trabé
-pronto amistad; al buen Hartzenbusch, á quien quise desde aquella noche
-como á un hermano mayor, y que fué parte y testigo de sucesos íntimos
-y posteriores de mi vida, y en fin, á la mayor parte de los que por
-entónces figuraban en las letras y en las artes.
-
-No sé quién me llevó á las diez á casa de Donoso Cortés, que aún no
-era el marqués de Valdegamas: allí encontré á Nicomedes Pastor Diaz y
-á D. Joaquin Francisco Pacheco, quienes con el conocido jurisconsulto
-Perez Hernandez, estaban tratando de publicar su periódico _El
-Porvenir_.--Preguntáronme mil cosas: examináronme, sin que de ello
-me apercibiera, de lo que habia aprendido en el colegio; indagaron
-lo que habia leido, lo que me habia propuesto. Yo era un chico, no
-cumplí veinte años hasta cuatro dias despues del de la muerte de Larra:
-estaba animado por el éxito de aquella tarde y por los plácemes y
-aplausos que acababa de recibir en el café del Príncipe; recitéles mi
-destartalada composicion «A Venecia», el romancillo de unos Gomeles
-que corrian por la vega de Granada, y unas redondillas á una dueña de
-negra toca y mongil morado, que sea dicho de paso y con perdon de mis
-admiradores, pero en Dios y en mi ánima creo que no sabia yo entónces
-lo que era mongil, segun el color morado episcopal de que le teñí.
-Donoso y sus amigos debieron apercibirse de mi poco saber; pero se
-fascinaron con las circunstancias fantásticas de mi aparicion, y con
-la excentricidad de mi nuevo género de poesía y de mi nueva manera
-de leer, y me ofrecieron el folletin de _El Porvenir_ con 600 reales
-mensuales; único sueldo que en este periódico se debia de pagar,
-porque iban á escribirle sin interés de lucro, en pró de su política
-comunion.--Diéronme á traducir para el periódico uno de los infantiles
-cuentos de Hoffmann, y á las doce me llevó Pastor Diaz consigo á su
-casa.--Pastor Diaz, cuya alma de niño simpatizó con la ignara candidez
-de la mia, me entretuvo hasta muy avanzada hora, desde la cual hasta la
-de su muerte, me tuvo el más fraternal cariño.
-
-No era ya aquella la de volver á recogerme á la bohardilla del cestero,
-y... á pesar del frio, vagué por las calles hasta el nuevo dia,
-abrigado interiormente con el champagne y el café de mi generoso y
-desconocido anfitrion, y exteriormente sostenido con la esperanza y las
-ilusiones de mis aún no cumplidos veinte años.
-
-No recuerdo ya donde me amaneció; pero á las ocho estaba ya á la
-cabecera de la cama de Alvarez, contándole mis venturas del dia
-anterior; de las cuales nada sabia, no habiéndole yo podido buscar
-desde que hacia veinte horas me habia separado de él, para ir á llevar
-mi carta á _El Mundo_ y mis versos á Massard.--Asombróle primero
-lo sucedido; alegróle despues; lloramos, reimos, ayudéle á vestir,
-y saltamos y cantamos al rededor del chocolate como los indios de
-Fenimore Cooper al rededor del postre de la guerra; la patrona creyó
-que nos habia caido la lotería.
-
-Como si tal nos hubiera acontecido, nos echamos á la calle y comenzamos
-á dar fin á los pocos duros que le quedaban á Alvarez; declarámonos los
-dos modernos Pílades y Orestes; presentéle yo á cuantos me presentaron;
-presentóme él á la que despues fué mi mujer, y cuando llegaron á
-nuestras manos mis primeros treinta duros de «El Porvenir», de Donoso,
-nos creimos dueños del Universo.
-
-
-
-
-VI.
-
-
-Como el relato de las muchachadas de ambos no entra por nada en la
-explicacion de mis preguntas finales en el artículo del lunes último,
-voy adelante con mis desatinos personales. Escribí muchos en _El
-Porvenir_: á Cervantes y á Calderon, cuantos pudieron ocurrírseme, y
-á la luna de enero, donde dije que el cielo era ojo de la eternidad y
-la luna su pupila; escribí, en fin, los suficientes para impacientar á
-cuantos tenian sentido comun y estudios, y gusto en las bellas letras;
-pero Nicomedes y Donoso seguian sosteniéndome y animándome, y yo seguí
-asombrando al público con la multitud de mis poéticos engendros.
-
-Una noche me encontré al volver á mi casa de pupilaje, una carta
-de D. José García Villalta que decia: «Muy señor mio: he tomado la
-direccion de _El Español_, periódico cuyas columnas surtía Larra con
-sus artículos: pues la muerte se llevó al crítico dejándonos al poeta,
-entiendo que éste debe de suceder á aquel en la redaccion de _El
-Español_. Sírvase V., pues, pasar por esta su casa, calle de la Reina,
-esquina á la de las Torres, para acordar las bases de un contrato.
-Suyo, afectísimo, _J. G. de Villalta_.»
-
-Era este el autor de _El golpe en vago_, la novela mejor escrita de
-las de la coleccion primera del editor Delgado. Teníale yo en mucho
-desde que la habia leido, y las relaciones entabladas con el hombre
-acrecentaron mi respeto y mi estimacion hácia el escritor. Villalta
-era un hombre de mucho mundo y de un profundo conocimiento del corazon
-humano: de una constitucion vigorosa, con una cabeza perfectamente
-colocada sobre sus hombros; de una fisonomía atractiva y simpática,
-con una boca fresca, cuya sonrisa dejaba ver la dentadura más igual
-y limpia del mundo. Su cabellera escasa era rubia y rizada, y no he
-podido nunca esplicarme el por qué su busto abultado de contornos me
-recordaba el olímpico busto de Neron, pero del Neron poeta y gladiador
-en su viaje á Grecia: el Neron que ponia fuego á dos viejos barrios
-de Roma para obligar al municipio republicano á construir otro nuevo,
-tan suntuoso como la mansion palatina que él junto á lo incendiado
-habitaba. Yo tengo á Neron por un emperador muy calumniado; y desde
-que he vivido en Roma, estoy convencido de que hizo bien en quemar lo
-que quemó, para que se construyera lo que se construyó; y á este Neron
-que yo me figuro, es el Neron á quien me figuraba yo que se parecia
-Villalta.
-
-El hecho es que Villalta era todo un hombre: sóbrio y diligente, pero
-gracioso y amabilísimo; como andaluz de la buena raza, su trato era
-fascinador; y en cinco minutos hizo de mí lo que le convino en nuestra
-primera entrevista; el cuarto en que esta pasó influyó sin duda en mi
-aceptacion. Era una sala grande cuadrada, en cuyas blancas paredes no
-tenia Villalta más adornos que dos espadas de combate, dos sables de
-academia de armas y un magnífico par de pistolas. Una grandísima mesa
-de despacho cargada de papeles estaba entre él y yo, y por una puerta
-entreabierta se veia en el inmediato aposento el baño del que acababa
-de salir.
-
-Vió Villalta que no era yo hombre de abandonar á Donoso y á Pastor
-Diaz, sin una grave razon, y me dió una carta para ellos, en la que
-les decia las proposiciones que me habia hecho y las razones que yo le
-daba. _El Porvenir_ tenia apenas suscricion, y _El Español_ la tenia
-numerosa. Si me querian bien, debian dejarle dar á mis versos la más
-lata publicidad, etc.
-
-Ofrecíame un sueldo con que no habia yo contado nunca, y que entónces
-creo que no sabia contar en moneda efectiva: pagarme aparte las poesías
-del número de los domingos, que era una revista de mayor tamaño; la
-colaboracion en el folletin con Espronceda convaleciente ya de una
-larga enfermedad, y mi presentacion inmediata en su casa por él en
-persona. Espronceda era el ídolo de mis creencias literarias. Donoso y
-Pastor Diaz me autorizaron abrazándome para abandonarles, y me pasé al
-campo de Villalta sin traicion ni villanía.
-
-Continué en él publicando centenares de versos, entre los cuales habia
-algunos chispazos de ingenio que hacian, por efecto de la moda, no
-parar mientes en mis infinitos y excéntricos disparates. Es verdad
-que contribuian á darlos boga las lecturas que de ellos hacia en
-los salones del Liceo, en el palacio de los duques de Villahermosa,
-quienes, ausentes de Madrid á la sazon, se los habian cedido á aquella
-sociedad literaria y artística. Era el Liceo... Pero ya ha dicho lo
-que era en _La Ilustracion_ el ameno _Curioso parlante_ D. Ramon de
-Mesonero Romanos; y ante él arría bandera quien en su juventud supo
-aprovecharse de su picante y donosa crítica, y hoy se complace en
-hallar una ocasion de darle una prueba pública de consideracion y
-respeto. Allí, en el Liceo, reñí yo y gané grandes batallas, y cobré
-fama de gran lector; allí ayudé á subir á la tribuna y entrar en la
-palestra literaria á Rodriguez Rubí, con su precioso romance de la
-venta del jaco; allí coroné una noche á Carolina Conrado y presenté una
-mañana á Gertrudis Avellaneda; allí... pero lo que sucedió allí lo sabe
-todo el mundo, y lo que no sepa se lo dirá mejor que yo el _Curioso
-Parlante_.
-
-Ya se lo ha dicho en _La Ilustracion_ del 22 de Octubre: «de allí
-salieron los que allí figuraron despues como ministros, embajadores,
-consejeros, senadores, diputados y publicistas, alternando en diversos
-bandos y épocas, segun la marcha de los sucesos: y sólo Zorrilla y
-el que esto escribe se obstinaron en conservar su independencia y su
-nombre exclusivamente literario, sin aspirar á su engrandecimiento por
-otros caminos; con la circunstancia en pró de Zorrilla de que á mí
-sólo me faltaba la ambicion, y á Zorrilla le faltaban la ambicion y la
-fortuna.» Esto dice D. Ramon de Mesonero Romanos, y Dios le bendiga
-como yo le agradezco que lo haya dicho.
-
-Lo que no dice y le voy á decir yo á V., mi querido Velarde, es cómo
-éste á quien llama ilustre, corriendo quijotescamente trás de ideales
-fantásticos, no era en la vida social ni en la literaria más que un
-tonto y un ingrato.
-
-
-
-
-VII.
-
-
-Lenta y perezosa carrera lleva mi correspondencia epistolar con V., mi
-querido poeta, interrumpida dos veces por versos que no pudieron ménos
-de ser en su lugar publicados: atañendo ambas á asuntos tan perentorios
-y tan de actualidad como es el de las inundaciones y el de mi escaso
-beneficio[1]. Concluyo, pues, con las noticias que de mí me propuse
-dar á V. y Dios haga que la gente de hoy vea bajo su verdadero punto
-de vista, y tome en su sentido verdadero, lo que de mí me resta que
-decirle.
-
- [1] Estas dos composiciones van en el apéndice de esta obra.
-
-Una tarde me dijo Villalta: «esta noche iremos á casa de Espronceda,
-que ya desea ver á V.» Figúrese usted que un creyente hubiera enviado
-por escrito su confesion al Papa, y que S. S. le hubiera contestado:
-«venga V. esta noche por la absolucion ó la penitencia» esta fué mi
-situacion desde las cuatro de la tarde, hora en que Villalta me anunció
-tal visita, hasta las nueve de la noche, hora en que se verificó. Yo
-creia, yo idolatraba en Espronceda. Si aquel oráculo divino á quien yo
-iba á consultar desaprobaba mis versos, si aquel ídolo á cuyos piés
-iba yo á postrarme desdeñaba mi homenaje, no tenia más remedio que irme
-á buscar á mi padre á la corte de Oñate, y suplicarle contrito que me
-matriculase en la Universidad de Vergara.
-
-Villalta leyó sonriendo en mi fisonomía lo que pasaba en mi interior,
-y me condujo en silencio á la calle de San Miguel, núm. 4. Espronceda
-estaba ya convaleciente, pero aún tenia que acostarse al anochecer.
-Introdújome Villalta en su alcoba, y diciendo sencillamente «aquí tiene
-V. á Zorrilla», me empujó paternalmente hácia el lecho en que estaba
-incorporado Espronceda. Yo, no encontrando una palabra que decir, sentí
-brotar las lágrimas de mis ojos, los brazos de Espronceda en mi cuello,
-sus labios en mi frente, y su voz que decia á Villalta, «es un niño».
-
-Hubo un minuto de silencio, del cual no he sabido nunca hacer un poema:
-Villalta se despidió y nos dejó solos; de la conversacion que siguió...
-no me acuerdo ya: al cabo de media hora nos tuteábamos Espronceda y
-yo, como si hiciera veinte años que nos conociéramos; pero la luz que
-estaba en el gabinete no iluminaba la alcoba, en cuya penumbra no habia
-yo todavía visto á Espronceda; «no te veo», le dije; «pues trae la
-luz», me respondió; y trayendo yo la bujía, le contemplé por primera
-vez, como á la primera querida que me hubiera dado un beso á oscuras.
-
-La cabeza de Espronceda rebosaba carácter y originalidad. Su cara,
-pálida por la enfermedad, estaba coronada por una cabellera negra,
-riza y sedosa, dividida por una raya casi en el medio de la cabeza
-y ahuecada por ambos lados sobre dos orejas pequeñas y finas, cuyos
-lóbulos inferiores asomaban entre los rizos. Sus cejas negras, finas
-y rectas, doselaban sus ojos límpidos é inquietos, resguardados como
-los del leon por riquísimas pestañas: el perfil de su nariz no era muy
-correcto, y su boca desdeñosa, cuyo labio inferior era algo aborbonado,
-estaba medio oculta en un fino bigote y una perilla unida á la barba,
-que se rizaba por ambos lados de la mandíbula inferior. Su frente
-era espaciosa y sin más rayas que la que de arriba abajo marcaba el
-fruncimiento de las cejas; su mirada era franca, y su risa pronta y
-frecuente, no rompia jamás en descompuesta carcajada. Su cuello era
-vigoroso y sus manos finas, nerviosas y bien cuidadas. A mí me pareció
-una encarnacion de Píndaro en Atinoo: de tal modo me fascinó su belleza
-varonil, su conversacion animada y la alta inspiracion de su poesía.
-Espronceda sabia más que la mayor parte de los que despues de él hemos
-alcanzado reputacion: discípulo de Lista como Ventura de la Vega y
-Escosura, era buen latino y erudito humanista; pero empapado en la
-poesía inglesa de Shakespeare, Milton y Pope, era la personificacion
-del clasicismo apóstata del Olimpo, y lanzado, Luzbel-poeta, en el
-infierno insondable y nuevamente abierto del romanticismo.
-
-Espronceda era leal, generoso y bueno: la política y los amigos
-le dieron un carácter y una reputacion ficticia, que jamás le
-pertenecieron; y las medianías vulgares le han calumniado despues de su
-muerte, hasta atribuirle versos y libros infames, que jamás pensó en
-producir.
-
-A la tercera visita que le hice de dia, me cansé de la sociedad de sus
-amigos: no porque su conversacion me espantara, sinó por que no la
-comprendia; vivia yo dado á mi trabajo, y no conocia á nadie de los ni
-de las de quiénes allí se hablaba. Una noche entré en su alcoba despues
-de las doce: dolores articulares y escasez necesaria de nutricion
-teníanle á él desvelado, y á mí con pocas ganas de recogerme temprano
-la estrechez de mi pupilaje.
-
---Vengo á esta hora--le dije--porque es en la que no tienes amigos en
-tu casa.
-
---¿No te gustan mis amigos?
-
---No.
-
---Pues hablemos de otra cosa; y me alegro de que tengas libres estas
-horas, que son para mí las más insoportables; ¡tardo tánto en conciliar
-el sueño!..
-
-Hacia poco que le habia abandonado Teresa: yo ni la conocia, ni aun
-tenia por entónces conocimiento de que existiese: yo no conocia de la
-vida de Espronceda más que sus escritos; yo adoraba al poeta, y aun no
-conocia del hombre ni siquiera la persona, puesto que no le veia más
-que en el lecho donde le retenia su enfermedad.
-
-Seguí pues yendo á visitarle despues de media noche.
-
-Y de aquellas conversaciones á solas con Espronceda sí que podria yo
-hacer un libro; pero hay libros que no deben ser leidos hasta cuarenta
-años despues de escritos.
-
-Espronceda y yo nos quisimos y nos estimamos siempre; pero nuestras
-diversas costumbres, áunque no las entibiaron, hicieron ménos
-frecuentes nuestras relaciones. Yo deserté el primero del cafetin
-del teatro del Príncipe, en donde nos juntábamos, y me pasé al de
-Sólito, con los Gil y Zárate, G. Gutierrez y otros, á quienes comenzó
-á importunar el elemento militar y político que se incrustó allí en el
-literario; y con motivo de mi primer matrimonio, del cual Espronceda
-no se atrevió á hablarme más que una vez, comprendió que el niño era
-ya hombre; y habiendo ya escrito _El Cristo de la Vega_ y _Margarita
-la Tornera_, estimó al hombre como un hermano y al poeta como ingenio
-privilegiado que él era, y que no tenia nada que envidiar al mozo
-atrevido que osaba trepar á tientas al Parnaso.
-
-Encerréme yo en mi casa y seguí produciendo libros: García Gutierrez me
-dió la mano para presentarme en la escena, ó más bien me sacó á ella en
-brazos, en un drama que escribimos juntos, y comencé la vida aislada
-y poco social que he llevado siempre. La gimnasia, que necesitaba
-mi sietemesina naturaleza, el tiro de pistola, que en tiempos tan
-revueltos no era inútil estudio, y los paseos á caballo por fuera de
-puertas, eran mis perennes entretenimientos; en medio de los cuales
-escribí once tomos de versos, de los cuales no he sabido jamás cuatro
-de memoria.
-
-El Liceo concluyó entre tanto, saliendo sus sócios más notables para
-las embajadas, los ministerios y los destinos más importantes de la
-nacion: Mesonero Romanos se fué á su casa, cargado de memorias, y yo á
-la mia de coronas de papel recogidas en una funcion de obsequio que se
-me dió, y con un álbum en cuya primera hoja escribió S. M. la Reina D.ª
-Isabel. Tal fué el fin y el fruto que yo saqué del Liceo.
-
-Salustiano Olózaga, á quien habia hecho emigrar mi padre cuando era
-superintendente general de policía, y que fué uno de mis mejores
-amigos, me ofreció la entrega de mis bienes paternos, que habian sido
-secuestrados; pero yo rehusé incautarme de ellos, creyendo que «pues
-habia abandonado mi casa, habia renunciado á mis derechos de hijo...»
-Olózaga vió que yo era un tonto: mi padre me lo dijo cuando volvió de
-su emigracion, y yo lo creo ahora que lo escribo. Mi quijotesco modo
-de ver las cosas y mi caballeresco desprendimiento no fué apreciado
-por nadie: mi padre me dijo que habia hecho mal en no aprovechar mi
-favor en el partido liberal, sacrificio que yo creia muy agradable á
-su intransigencia realista; mi extrañamiento de la sociedad y mi vida
-oscura de diario trabajo, no me procuró más amigos que el público;
-y como todos no son nadie, no tuve más amigo que mi trabajo; y como
-corriendo los tiempos cambian las aficiones y las predilecciones
-sociales, yo gané mucha fama con dos ó tres afortunadas obras, y llegué
-á la vejez como la cigarra de la fábula. Pero en mis famosas obras se
-revela la insensatez del muchacho falto de mundo y de ciencia, exento
-de todo sentido práctico, y jamás apoyado en principio alguno fijo.
-
-Yo debia mi fama á mis inspiraciones románticas de Toledo.
-
-Aquella gótica catedral, cuyas esculturas se habian levantado de sus
-sepulcros para venir á cruzar por mis romances y mis quintillas;
-aquel órgano y aquellas campanas que en ellos habian sonado; aquellos
-rosetones, capiteles y doseletes; aquellos cláustros católicos,
-aquellas mezquitas moriscas, aquellas sinagogas judías, aquel rio
-y aquellos puentes y aquellos alcázares que habian dado á mis
-_repiqueteados_ y desiguales versos la vistosa apariencia de sus
-festonadas labores de imaginería y de crestería, no me habian merecido
-más que el desprecio de su antigüedad y la mofa de su perdida grandeza;
-y aquel pueblo, á cuyas costumbres, á cuyas tradiciones y á cuyas
-consejas debia yo todo el valor de mi poesía lírica y legendaria, no me
-mereció más que el epíteto de _imbécil_, en aquella estrofa, padron de
-mi infamia:
-
- Hoy sólo tiene el gigantesco nombre,
- parodia con que cubre su vergüenza:
- parodia vil en que adivina el hombre
- lo que Toledo la opulenta fué.
-
- Tiene un templo sumido en una hondura,
- dos puentes y entre ruinas y blasones
- un alcázar sentado en una altura
- y _un pueblo imbécil_ que vegeta al pié.
-
-¿Concibe V. poeta más necio y más ingrato, mi querido Velarde? ¿Por
-qué llamé yo _imbécil_ al pueblo de Toledo? ¿Por que era religioso y
-legendario, y pretendia yo echármelas de incrédulo y de volteriano?
-Pues entónces, ¿por qué seguia buscando fama y favor con mi poema de
-_María_ y con el carácter religioso y creyente de todas mis obras?
-Porque el imbécil era yo: y gracias á Dios que me ha dado tiempo,
-juicio y valor civil para reconocer y confesar públicamente en mi vejez
-mi juvenil imbecilidad.
-
-En cuanto á mi ingratitud... por más que me avergüence y me humille
-tal confesion, no quiero morir sin hacerla. La muerte de Larra fué el
-orígen de mis versos leidos en el cementerio. Su cadáver llevó allí
-aquel público, dispuesto á ver en mí un génio salido del otro mundo
-á éste por el hoyo de su sepultura; sin las extrañas circunstancias
-de su muerte y de su entierro, hubiera yo quedado probablemente en la
-oscuridad, y tal vez muerto en la más abyecta miseria; y apenas me ví
-famoso, me descolgué diciendo un dia:
-
- Nací como una planta corrompida
- al borde de la tumba de un malvado, etc.
-
-Hé aquí un insensato que insulta á un muerto, á quien debe la vida;
-que intenta deshonrar la memoria del muerto á quien debe el vivir
-honrado y aplaudido. ¿Concibe V., Sr. Velarde, un ente más ingrato
-ni más imbécil? Pues ese era yo en 1840; mezcla de incredulidad y
-supersticion, ejemplar inconcebible de progresista retrógrado, que
-ignoraba, por lo visto, hasta la acepcion de las palabras que escribia.
-
-Han transcurrido treinta y nueve años: nadie ha venido jamás á pedirme
-cuenta de mis palabras, y aprovecho la primera, aunque tardía,
-ocasion que á la pluma se me viene, para dar á quien corresponde una
-satisfaccion espontánea y jamás por nadie exigida; quiero decir: á los
-toledanos de hoy y á los hijos de Larra.
-
-Y en estas últimas líneas, con las que con V. corto mi correspondencia,
-fundo yo más vanidad, mi querido Velarde, y espero que halle V. más
-motivo de estimacion que en los cuarenta tomos de versos que lleva
-escritos el autor de _D. Juan Tenorio_.
-
-
-
-
-VIII.
-
-
-Abreviemos este relato, sobre el cual deseo pasar como sobre áscuas.
-Mis memorias son demasiado personales para inspirar interés, y
-demasiado íntimas para ser reveladas en vida: temo además que parezcan
-comezon de hablar de mí mismo, cuando siento un profundísimo anhelo y
-tengo perentoria necesidad de desaparecer de la escena literaria
-
- á vivir en el olvido
- y á morir en paz con Dios.
-
-Corramos, pues, cuatro años en cuatro líneas. Habíame hecho conocer
-como poeta lírico y como lector en el Liceo: el editor Delgado me
-compraba mis versos coleccionados en tomos, despues de haber sido
-publicados en _El Español_ y en otros periódicos; pero terminada la
-guerra carlista con el convenio de Vergara, emigró mi padre á Francia y
-era forzoso procurarle recursos. Acudí á mi editor D. Manuel Delgado,
-quien á vueltas de larguísimas é inútiles conversaciones no me dejaba
-salir de su casa sin darme lo que le pedia; es decir, jamás me lo
-dió en su casa, sinó que me lo envió siempre á la mia á la mañana
-siguiente del dia en que se lo pedí: parecia que necesitaba algunas
-horas para despedirse del dinero, ó que no queria dejarme ver que
-lo tenia en su casa, ó que no era dueño de emplearle sin consulta
-ó permiso prévio de incógnitos asociados. Como quiera que fuere,
-comenzó á pasarme una mensualidad, de la cual enviaba parte á mi
-padre; pero era preciso trabajar mucho; y tan falto de ciencia como
-de tiempo, continué produciendo tántas líneas diarias cuantos reales
-necesitaba, sin tiempo de pensar ni de corregir las vanalidades que
-en ellas decia. Comprendiendo al fin que no era posible repicar y
-andar en la procesion, suprimí las amistades del café y las visitas de
-cumplimiento; y encerrándome en mi casa cerré su puerta á los ociosos
-y á los gorristas; quedándome reducido á la cariñosa amistad de Pastor
-Diaz, á la proteccion incondicional de Donoso Cortés, y á la sociedad
-de G. Gutierrez, á quien quise y quiero como á un hermano mayor, y á la
-de Fernando de la Vera, el corazon más leal y más constante de cuantos
-me han acordado su afecto y pasado cariñosamente por las desigualdades
-de mi carácter.
-
-Años hemos pasado juntos y años sin vernos ni escribirnos; al volvernos
-á encontrar, Gutierrez desplega la misma sonrisa semi-séria con que
-nos despedimos hace treinta años, y Fernando de la Vera, de prodigiosa
-memoria, toma la conversacion donde la dejamos hace veinte. Yo admiro
-y saboreo aún los versos de G. Gutierrez, aunque ya él no me los
-lee, y Fernando de la Vera se admira de haber escrito los suyos, sin
-haber tenido jamás necesidad de escribirlos. Los Villa-Hermosa habian
-desaparecido de Madrid; y cuando yo leia mis versos en las sesiones
-del Liceo, en los salones de su palacio, esperaba siempre ver aparecer
-por detrás de algun tapiz la severa figura del viejo duque, que me
-perdonaba las muchachadas que le enojaron, ó la pálida hermosura de
-la duquesa, que tengo aún en las pupilas como la imágen de la duquesa
-de quien habla Cervantes, ó la faz, en fin, semi-burlona del actual
-duque, que venia á decirme: «Mira cómo te regocijas en mi casa, como
-si estuvieras en la tuya.» Los Madrazos se habian dividido en muchas
-familias, y Espronceda entre sus ruidosos amigos me llamaba el viejo de
-veinticuatro años.
-
-Pero era preciso vivir, y para vivir era forzoso trabajar. La
-casualidad, que es la providencia de los españoles, y la debilidad
-de García Gutierrez para conmigo, me abrieron campo más ancho,
-franqueándome la escena, cuando más necesitaba variar y acrecentar mis
-medios de accion y de subsistencia.
-
-No recuerdo por qué ni cómo, porque aún no conocia el teatro por
-dentro, habia quedado Madrid aquel verano sin compañía dramática
-alguna, ni por qué ni cómo andaban por las provincias Matilde, los
-Romeas y los empresarios habituales de sus coliseos: el hecho era
-que desde fines de Mayo actuaba en el del Príncipe una sociedad
-improvisada, bajo un programa tan modesto que no anunciaba más
-pretensiones que la de no dejar al público de Madrid sin ningun
-espectáculo. Componíanla García Luna, Juan Lombía, Pedro Lopez, Alverá,
-Bárbara y Teodora Lamadrid, la Llorente, la Puerta como graciosa,
-Azcona, Monreal y media docena de bailarinas. Luna y la Bárbara eran ya
-actores de reputacion; Azcona y la Llorente eran resto de las buenas
-compañías de Grimaldi: Breton no habia aún escrito para Lombía _El
-pelo de la dehesa_, y no habia tenido aún tiempo Teodora de abordar los
-grandes papeles. Una mañana de Junio, miércoles ántes de un _Corpus
-Christi_, pasaba yo por la calle Mayor, de vuelta de casa de Delgado,
-á quien no habia podido ver; acordéme de que hacia más de un mes que
-no veia á G. Gutierrez, que habitaba en un piso principal de los
-soportales, y me ocurrió verle y ver si él me procuraba el dinero que
-de Delgado no habia obtenido. Colocaban los operarios del municipio
-el toldo para la procesion del dia siguiente; y como yo anduviese por
-entónces muy dado á la gimnasia, para fortalecer el brazo izquierdo que
-me habia roto de muchacho, y como dos cuerdas del toldo colgasen hasta
-la calle, aseguradas en el balcon de G. Gutierrez, trepé á su aposento
-por tan inusitado camino, encontrándole todavía acostado, á pesar de
-ser cerca de medio dia. Nuestra conversacion no fué muy larga.
-
---¿Qué tienes? ¿Por qué estás aún en la cama?
-
---Porque me aburro: y tú, ¿qué traes?
-
---Mohina por no haber encontrado á Delgado en casa.
-
---¿Necesitas dinero?
-
---¿Cuándo no?
-
---Pues dos dias hace que estoy yo aquí discurriendo de dónde sacar dos
-mil reales.
-
---¡Pero, hombre, tú, con ofrecer una obra al teatro!..
-
---No tengo más que medio acto de un drama.
-
---Pues yo te ayudaré; y haciendo en tres dias tres actos cortos, yo
-me encargo de sacarle á Delgado el precio del derecho de impresion,
-y tú puedes tomar los de representacion de la compañía del Príncipe,
-que verá el cielo abierto de tener en Junio un drama del autor del
-_Trovador_.
-
-Hice á Gutierrez oferta tal, sin pesar más que mi buen deseo, y
-aceptóla él sin pensar en mi inexperiencia del arte dramático, ni la
-distancia que entre él y yo mediaba. Convinimos en que él me escribiria
-el plan de su obra y vendria á las cuatro á comer con mi familia, para
-repartirnos el trabajo. Hízolo así Gutierrez; leyóme las dos primeras
-escenas que tenia escritas: tocóme á mí escribir el acto segundo, y
-nos despedimos al anochecer para juntarnos el jueves á las cuatro, á
-examinar el trabajo por ambos hecho en la noche. El jueves me trajo dos
-escenas más, y leíle yo todo el acto segundo. Asombróle mi trabajo y
-esclamó:--¡Demonio! ¿Cómo has hecho eso?--Pues poniéndome á trabajar
-ayer en cuanto te fuiste, y no habiéndolo dejado ni para dormir, ni
-para almorzar.
-
-Fuése picado, y concluyó su primer acto en aquella noche: el viernes
-concluimos cada cual la mitad del tercero que le tocó: el sábado
-lo copié yo, el domingo lo presentó él al teatro y cobró tres mil
-reales, y el lunes cobré yo otros tres mil de Delgado... y no siguió
-aburriéndose García Gutierrez, y envié yo á mi padre dos mensualidades,
-y ganosos los actores de complacer al público, y éste de recompensarles
-su buena voluntad, se representó y se aplaudió el drama _Juan Dándolo_;
-en cuyo apellido esdrújulo veneciano cargamos nosotros el acento en su
-segunda sílaba, por razones que no hay necesidad de aducir: y cátenme
-ya autor dramático por gracia de García Gutierrez, que me aceptó en él
-por su colaborador.
-
-Mi innata é inconsciente audacia me arrastró á escribir inmediatamente
-mi _Cada cual con su razon_, en cuya comedia atropellé la historia,
-clavándole á Felipe IV un hijo como una banderilla; pero la limpia y
-armoniosa diccion de Bárbara Lamadrid, la intencionada representacion
-de García Luna, el empeño de Lombía, el esmero de Alverá en ensayar
-como profesor de esgrima el duelo á cuatro con espada y daga del primer
-acto, el discreteo galan de algunas escenas, y mi insolente fortuna
-sobre todo, hicieron parecer un éxito la benevolencia del público con
-el atrevido mozalvete, autor de aquel afiligranado desatino.
-
-«A mí que las vendo,» me dije: y á los dos meses presenté mis
-_Aventuras de una noche_, comedia en la cual levanté un chichon
-histórico á don Pedro de Peralta y otro al príncipe de Viana. Al
-infantil enredo de esta mi segunda comedia dieron un alto relieve
-la Bárbara y la Llorente: y á fin de año dí mi primera parte de _El
-Zapatero y el Rey_, en cuyo drama hizo Luna maravillas, y yo una
-conjuracion de muchachos de colegio, que no hay narices con que
-admirar; pero en cuyo argumento hay realmente el gérmen de un drama.
-
-Desde aquella noche quedé, como un mal médico con título y facultades
-para matar, por el dramaturgo más flamante de la romántica escuela,
-capaz de asesinar y de volver locos en la escena á cuantos reyes
-cayeran al alcance de mi pluma. Dios me lo perdone: pero así comencé
-yo el primer año de mi carrera dramática, con asombro de la crítica,
-atropello del buen gusto y comienzo de la descabellada escuela de los
-espectros y asesinatos históricos, bautizados con el nombre de dramas
-románticos.
-
-Si entónces hubiera vuelto mi padre de la emigracion, y él con su
-jubilacion de consejero de Castilla (que más tarde le concedió S. M.
-la Reina doña Isabel) y yo con el producto de mis leyendas, hubiéramos
-cuidado de nuestro solar y de nuestras viñas, habríamos ambos vivido
-en paz; habria él muerto tranquilo y sin deudas, y hubiérame yo
-ahorrado tántos tumbos por el mar y tántos tropezones por la tierra,
-acosado por la envidia y por las calumnias de los que codician
-una gloria que no es más que ruido y unas coronas de papel, bajo
-cuyas hojas sin sávia vienen siempre millones de espinas, que bajan
-atravesando el cerebro á clavarse en el corazon de los que en España
-llegan á la celebridad literaria.
-
-Pero mi padre, tenaz en sus opiniones, se obstinó en no acogerse á
-amnistía alguna; mi infeliz madre siguió oculta por las montañas, no
-queriendo ver ni aprovechar la tolerancia del progreso; y Lombía, al
-hacerse empresario del teatro de la Cruz, me ofreció un sueldo mensual
-por no escribir para el del Príncipe, á donde volvieron Matilde y
-Julian, y ajustó á Cárlos Latorre con la condicion de que estrenara mi
-segunda parte de _El Zapatero y el Rey_, de la cual habia yo hablado,
-como consecuencia del ensayo hecho en la primera.
-
-Lombía, actor de ambicion, empresario activo y espíritu tan malicioso
-como previsor, habiendo crecido en reputacion con la ayuda de las
-obras de Breton y de Hartzenbusch, sus amigos casi de infancia, no
-desaprovechó la doble ocasion, que á la mano se le vino, de interesar
-pecuniariamente en su empresa á Fagoaga, director entónces del
-Banco, y de ajustar en su compañía á Cárlos Latorre; á quien Julian
-Romea, su discípulo, habia desdeñado, dejándole sin ajuste en la
-suya del Príncipe. Latorre era el único actor trágico heredero de
-las tradiciones de Maiquez y educado en la buena escuela francesa de
-Talma. Su padre habia sido alto empleado en Hacienda, intendente de una
-provincia, en tiempos anteriores; y Cárlos, buen ginete, diestro en
-las armas y de gallarda y aventajada estatura, habia sido paje del Rey
-José, y adquirido en Francia una educacion y unos modales que le hacian
-modelo sobre la escena. Grimaldi, el director más inteligente que
-han tenido nuestros teatros, habia amoldado sus formas clásicas y su
-mímica greco-francesa á las exigencias del teatro moderno, haciéndole
-representar el capitan Buridan de _Margarita de Borgoña_ de una manera
-tan intachable como asombrosa y desacostumbrada en nuestro viejo
-teatro. Cárlos Latorre no era ya jóven, pero no era aún de desdeñar,
-sobre todo si se le procuraba un repertorio nuevo, en cuyos nuevos
-papeles, obligándole á concluir de perder sus resabios de amaneramiento
-francés, se le abriese un nuevo campo en que desplegar sus inmensas
-facultades.
-
-Lombía se apresuró á ajustarle en su compañía del teatro de la Cruz,
-en la renovacion de cuyo escenario y decoracion de cuya sala gastó
-cerca de cuarenta mil duros; y agregándose al erudito y estudioso galan
-Pedro Mate, á la Antera y á la Joaquina Baus, heredera ésta de los
-papeles del teatro antiguo de la Rita Luna, y hermosísima dama de _Lo
-cierto por lo dudoso_, y á las dos Lamadrid, Bárbara, ya acreditada,
-y Teodora, esperanza justa del porvenir, juntó una numerosa aunque
-algo heterogénea compañía, de la cual no supo sacar partido por
-dejarse llevar de su vanidad personal y de las miserables rencillas de
-bastidores, dividiéndola en dos y sacrificando una mitad en provecho de
-la otra.
-
-Pero es larga materia, y merece número aparte.
-
-
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-IX.
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-Hacia ya tres meses que habia abierto Lombía el teatro de la Cruz,
-corregido y aumentado con un espacioso escenario y un nuevo telar que
-permitian poner en escena las obras que más aparato exigiesen; pero
-como dueño de su caballo, se habia apeado por las orejas, y no habia
-puesto más que obras, en las cuales como en _El Cardenal y el judío_,
-se habian gastado muchos dineros á cambio de algunos silbidos y del
-desden y la ausencia del público. Julian y Matilde con su compañía
-marchaban miéntras viento en popa, llevándose con justicia su favor y
-sus monedas al teatro del Príncipe. Lombía era un gracioso de buena
-ley y un característico de primer órden en especiales papeles; era uno
-de los actores más estudiosos y que más han hecho olvidar sus defectos
-físicos con el estudio y la observacion. Su figura era un poco informe
-por su ninguna esbeltez y flexibilidad; su fisonomía inmóvil, de poca
-expresion; y sus piernas un si es no es zambas; cualidades personales
-que, en lo gracioso y lo característico, le daban el sello especial del
-talento, pues se veia que luchando consigo mismo de sí mismo triunfaba;
-pero le hacian desmerecer en los papeles y con los trajes de galan,
-cuya categoría tenia afan de asaltar, saliéndose de la suya, en la
-cual algunas veces era una verdadera notabilidad: como en D. Frutos
-de _El pelo de la dehesa_, en el Garabito de _La redoma encantada_ y
-en el exclaustrado D. Gabriel de _Lo de arriba abajo_. En tal empeño,
-y luchando desventajosamente con la competencia del Príncipe, llegó
-Lombía en el teatro de la Cruz á las fiestas de Navidad, habiendo
-agotado el bolsillo de Fagoaga y la paciencia del público.
-
-Cárlos Latorre y la parte de la compañía que en su género sério le
-secundaba, apenas habia trabajado en unos cuantos dramas viejos, de
-los cuales estaba ya el público hastiado; y si la obra que en Navidad
-se estrenara no sacaba á flote la nave de la Cruz del bajío en que
-Lombía la habia hecho encallar, tenia las noventa y nueve contra
-las ciento de naufragar ántes de Reyes. Todos los autores de alguna
-reputacion estaban con Romea: excepto yo, que tenia señalados, pero no
-los cobraba, mil quinientos reales mensuales por no escribir para el
-Príncipe, y la obligacion de presentar un drama en Setiembre y otro
-en Enero. El 21 de Setiembre habia presentado la _Segunda parte del
-Zapatero y el Rey_: llegó, empero, el 23 de Diciembre, y se puso en
-escena, con grandes esperanzas, una _Degollacion de los inocentes_,
-arreglada del francés, y en la cual hacía Lombía el papel del _rey
-Herodes_. Fagoaga habia consentido en suplir gastos y abonar sueldos
-hasta la primera representacion de Noche-buena; pero los inocentes
-fueron degollados en silencio en el acto segundo, en medio de cuya
-degollina se presentó Lombía con el flotante manto y el tradicional
-timbal de macarrones en la cabeza, con el que solian representar á
-Herodes los pintores y escultores de imaginería de la Edad Media; y
-el drama continuó arrastrándose penosamente hasta su final entre los
-aplausos de los amigos de la empresa, á quienes nos interesaba su
-porvenir, y la hilaridad del público de Noche-buena, que tomó en chunga
-á Herodes y á sus niños descabezados.
-
-Entónces recordó la empresa que yo habia cumplido mi contrato, y que
-mi rey D. Pedro descansaba en el archivo, y preguntó si habria medio
-de ponerle en escena con la rapidez que exigian las circunstancias, y
-como tabla de salvacion del _Naufragio de la Medusa_, que habia tambien
-naufragado ántes del degollador Tetrarca Hierosolimita.
-
-El pintor-maquinista Aranda, que era amigo mio, habia armado y pintado
-en ratos perdidos, y con _palitos y tronchitos_, como se dice en
-lenguaje de bastidores, las decoraciones de mi drama: Latorre, Noren,
-Mate y la Teodora habian estudiado sus papeles, por no tener cosa mejor
-en que pasar su tiempo; de modo que con un poco de la buena voluntad á
-que obliga la necesidad con su cara de hereje, el rey D. Pedro podia
-presentarse al público con tres ensayos y el paso de papeles. Pero
-habia la dificultad de que el papel del zapatero requeria un primer
-actor, y Latorre y Mate se habian ya encargado de los del rey D. Pedro
-y del infante Don Enrique. Yo me fuí derecho á Lombía, por consejo de
-Cárlos Latorre, y le dije: que el papel de zapatero era el principal
-del drama, puesto que se titulaba _El Zapatero y el Rey_, y no _El Rey
-y el Zapatero_; que los maldicientes malquerientes de la empresa, y
-nuestros enemigos naturales (que eran los del teatro del Príncipe),
-decian que no se atreveria nunca á presentarse en escena con Cárlos
-Latorre, y que por eso habia dividido en dos la compañía; que yo habia
-escrito el papel de Blas expresamente para él, y que finalmente, el
-único modo de salvar el teatro y mi pobre drama, que trás de tantos
-tumbos y naufragios se iba á hacer á la mar, necesitaba al capitan del
-buque para cuidar del timon.
-
-Lombía, ó vencido por mis razones, ó viendo que el papel era de aplauso
-seguro, aunque el drama no gustara, cayó en el lazo, aceptó el papel,
-se activaron los ensayos y llegó el momento de redactar el cartel.
-Aquí era ella. ¿Qué nombre iria en él delante? ¿El de Cárlos ó el
-suyo? Las vanidades del teatro son más incapaces de transaccion que
-las de D. Alvaro de Luna y del conde-duque de Olivares: Cárlos cedió,
-en obsequio á mí; pero me costaba la transaccion más tal vez de lo que
-valia el drama: se me impuso la condicion de que habia de consentir que
-se anunciase con mi nombre; cosa inusitada hasta entónces, y áun muy
-rara vez usada hoy en dia. Neguéme yo á semejante innovacion, alegando
-que era un alarde de vanidad que iba á atraer indudablemente una silba
-sobre mi obra, y que mi nombre puesto en los anuncios desde la primera
-representacion, era un cartel de desafío, cuyo guante arrojaba la
-empresa y cuyo campeon inmolado iba á ser el pobre autor en cuyo nombre
-lo arrojaba. Sostuvo la empresa su opinion, alegando que, en el estado
-en que se hallaba el teatro, sólo mi nombre atraeria gente á la primera
-representacion, y que era una falsa modestia el encubrir mi nombre,
-porque ¿á quién se podria ocultar que habria escrito la segunda parte
-el mismo que habia escrito la primera? Yo, entre la espada y la pared,
-pospuse mi derecho al bien de la empresa; y una mañana apareció el
-cartel anunciando la primera representacion de la _segunda parte_ de
-_El Zapatero y el Rey_, por D. José Zorrilla: y el nombre del poeta
-más pequeño que habia en España, apareció en las letras más grandes que
-en cartel de teatros hasta entónces se habian impreso.
-
-Resultó lo que yo habia previsto: todos los poetas, periodistas
-y escritores de Madrid,--excepto Hartzenbusch y Leopoldo Augusto
-de Cueto, hoy marqués de Valmar, que me sostuvieron y ampararon
-siempre, y el Curioso Parlante, que no sé si habia ido más que á la
-inauguracion del teatro de la Cruz,--se dieron de ojo para preparar la
-más estrepitosa caida á mi forzada vanidad: las cañas se me volvieron
-lanzas, y mis mejores amigos tornaron la espalda al orgulloso chicuelo
-que decia al firmar el cartel--«¡aquí estoy yo!--ficó Blas y punto
-redondo.»--Apeché yo con la desventaja de la lucha y me resolví á morir
-en brava lid, como el gladiador á quien decia «digitum porgo» el pueblo
-de los circos de Roma. La empresa y los actores tomaron despechados á
-pechos llevar el drama adelante, y la noche del ensayo general estaba
-el teatro más lleno que lo iba á estar la de la primera representacion.
-Una multitud _de amigos_ fué á estudiar las situaciones débiles, y las
-escenas difíciles y atacables de mi obra, para herirla á golpe seguro y
-en sitio mortal.
-
-Era esta una escena del acto tercero. Pedro Mate, actor cuidadoso,
-idólatra de su arte y enamorado de mi drama por la amistad que me
-tenia, se habia encargado del ingrato papel de D. Enrique; y encariñado
-con él se habia hecho, no solamente un costoso traje, sinó una sombra
-de fino alambre y bien engomada gasa, moldeada sobre su mismo cuerpo,
-para que apareciese en el lugar en que mi acotacion la reclamaba.
-Aquella sombra era una maravilla de trabajo y de parecido: era un
-Pedro Mate, un infante D. Enrique flotante y transparente como una
-aparicion de vapor ceniciento: era una sombra del rey bastardo de un
-efecto maravilloso; pero cuanto más ligera, fantástica y asombrosa
-era aquella sombra, era tanto más difícil de manejar. Puesto sobre el
-fondo cárdeno de la piedra de la torre de Montiel al lado de Mate, daba
-frio y parecia fantasma desprendida del mismo D. Enrique; pero como
-Mate la habia ideado y confeccionado sobre mi acotacion que dice: «La
-sombra de D. Enrique... _aparece en lo alto del torreon, bajando poco
-á poco hasta colocarse en frente del rey_.» Mate la habia registrado
-en dos alambres paralelos en plano inclinado; pero por más exactamente
-paralelos y perfectamente aceitados que estuviesen, la figura de
-gasa cabeceaba al moverse, y bajaba tambaleándose como borracha,
-convirtiendo la aparicion temerosa en ridículo maniquí. Añadióle Mate
-peso en la cabeza y pataleaba como un ahorcado; púsosele á los piés
-y cabezeaba como los gigantones de Búrgos: cuanto más ensayábamos la
-presentacion de la sombra, más mala sombra tenia para el drama y para
-la empresa: y á las tres de la madrugada desocuparon los amigos y los
-curiosos el teatro diciéndonos: «hasta mañana.»
-
-Cárlos Latorre, despues de arrancar de cólera con las uñas una media
-caña dorada de la embocadura, se fué á su casa renegando de la
-empresa, del drama, del autor y de la hora en que se ajustó en aquel
-desventurado teatro; y en él nos quedamos solos, Lombía paseándose por
-detrás de los torreones de carton de Montiel, el maquinista Aranda por
-delante con intenciones de quemarlos, el pintor Esquivel en una butaca
-de proscenio hilvanando una retahila de interjecciones de Andalucía, y
-yo respaldado en la embocadura sin poder digerir aquel «hasta mañana»
-con que los amigos me habian emplazado tan sin merecerlo.
-
-Aranda, que como una zorra cogida en trampa, daba vueltas por el
-proscenio, sin hallar salida para una idea en la confusion en que
-sentia entrampado su pensamiento, trabó un pié en un aparato de
-quinqués, portátil, volcólo rompiendo los tubos y vertiendo el aceite
-sobre un forillo que por tierra estaba, y al mismo tiempo que soltó
-alto y redondo uno de los votos que Esquivel ensartaba por lo bajo, se
-levantó éste exclamando--¡ya está!--y trepando á la escena, empezó á
-extender el aceite por la tela del forrillo, miéntras acudíamos Lombía
-y yo á ver el estropicio de Aranda y la untura que Esquivel seguia
-dando al lienzo sin cesar de repetir: «Ya está, hombres, ya está!» De
-repente comprendimos el «ya está» de Esquivel por lo que éste hizo;
-tomóme de la mano Lombía, y sacándome del teatro y dejando en él á
-los dos pintores, nos despedimos todos «hasta mañana,» y al cruzar
-la plazuela de Santa Ana para irme con el alba que ya lucia, á mi
-casa, núm. 5 de la plaza de Matute, lancé al aire con todo el de mis
-pulmones, aquel «¡hasta mañana!» que no habia podido digerir.
-
-
-
-
-X.
-
-
-Llegó, en fin, aquel mañana, que en los teatros es siempre noche. El
-despacho del de la Cruz estaba cerrado, porque todas sus localidades
-estaban ya vendidas. El alumbrante habia ya encendido los quinqués
-de los pasillos; los actores pedian ya luz para sus cuartos, y los
-comparsas se probaban los arrequives que mejor convenian á sus tan
-desconocidas como necesarias personalidades. Los comparsas son en
-el teatro y en la política de España lo más arriesgado y difícil de
-presentar.
-
-Tenia yo por contrata el derecho de ocupar el palco bajo del proscenio
-de la izquierda en todas las funciones, excepto en las de beneficio:
-generosidad que hasta entónces no habia costado nada á la empresa,
-porque apenas habia tenido diez entradas llenas, fuera de los estrenos:
-mi familia entraba en el teatro por la plaza del Angel, y al palco
-por el escenario; con cuya costumbre sólo los actores me veian en el
-teatro, á donde no iba yo nunca á hacerme ver, sino á estudiar desde el
-fondo escondido del palco lo que en escena pasaba, y el trabajo de los
-actores para quienes me habia comprometido á escribir. Aquella noche
-ocupó mi familia el palco cuando aún estaba á oscuras la sala, dentro
-de cuyo escenario por todas partes hacia miedo; yo subí al cuarto de
-Cárlos Latorre.
-
-Estaba solo con Agustin, el ayuda de cámara que le vestia, á quien
-hallo aún en la portería de un teatro, y á quien doy la mano como si
-fuera un antiguo camarada de glorias y fatigas: no há muchas semanas
-me hizo venir las lágrimas á los ojos recordando á su amo á quien
-adoraba; y eso que dice el refran que «no hay hombre grande para su
-ayuda de cámara,» pero este refran es francés, y en España falso por
-consiguiente. Cárlos se vestia cabizbajo, y la primera palabra que me
-dijo: fué «tengo miedo.»--«Yo le tengo siempre, le contesté; aunque
-nunca lo manifiesto.»--«¡Y yo que le esperaba á V. para que me diera
-valor!» repuso: á lo cual, cerrando la puerta y mandando al ayuda de
-cámara que no dejara entrar á nadie, le dije: «Hablemos cuatro minutos:
-y si despues de lo que le diga no se siente V. con más valor que
-Paredes en Cerignola, no será por culpa mia.»
-
-Cárlos era un hombron de cerca de seis piés de estatura y podia
-tenerme en sus rodillas como á una criatura de seis años. Habia
-conocido á mi padre, superintendente general de policía; le habia
-debido algunas atenciones en los difíciles tiempos en que mandaba en
-Madrid y presidia los teatros; le habia Cárlos prestado armas y trajes
-para que yo hiciera comedias en el Seminario de Nobles, y habia yo
-empezado á declamar tomando á éste por modelo: pero por una de esas
-revoluciones naturales en el progreso del tiempo, habíame éste colocado
-en la situacion de tenerle que hacer observaciones y darle consejos;
-que, en honor de la verdad, escuchó y siguió con la conviccion de
-que eran dados con la más sincera franqueza y la más fraternal buena
-fé. Durante dos semanas nos habíamos encerrado en su estudio, él y
-yo sólos, y allí me habia hecho leerle y releerle su papel y decirle
-sobre su desempeño todo cuanto pudo ocurrírseme. Él, el primer trágico
-de España, sin sucesor todavía, la primera reputacion en la escena,
-escuchó con atencion mis reflexiones y se convenció por ellas de que
-su aversion á los versos octosílabos y al género de nuestro teatro
-antiguo era injusta: de que su declamacion de los endecasílabos del
-Edipo conservaba aún cierto dejo francés, que sólo le haria perder
-la recitacion de los versos de arte menor, y de que las redondillas
-de mi rey D. Pedro, escritas por un lector y teniendo los alientos
-estudiadamente colocados para que el actor aprovechara sin fatiga los
-efectos de sus palabras, le debian de presentar ante el público, bajo
-una nueva faz y como un actor nuevo en el teatro Español, sin las
-reminiscencias del francés, que era el único defecto que el público
-alguna vez le encontraba. Todo esto habia yo dicho á mis veinticuatro
-años á aquel coloso de nuestra escena, que iba á presentarse aquella
-noche en el papel del rey D. Pedro, transformado en otro actor
-diferente del hasta entónces conocido por gracia y poder de un
-muchachuelo atrabiliario, que se habia atrevido á decir la verdad á un
-hombre de verdadero talento y de verdadera conciencia artística.
-
-Cuando aquel gigante se quedó solo en su cuarto con aquel chico, hé
-aquí lo que éste le dijo á aquel:
-
-«Dice el vulgo, mi querido Cárlos, que este teatro es un panteon donde
-Lombía ha reunido una coleccion de mómias, que un chico loco está
-empeñado en galvanizar. Usted es una de estas supuestas mómias, y yo
-el loco galvanizador; pero yo, que le quiero á V. con toda mi alma,
-y que espero que su voz de V. llegue con las palabras de mi rey D.
-Pedro hasta los oidos de mi padre, emigrado en Burdeos, necesito que
-resucite usted, aunque me deje en la oscuridad de la fosa de que usted
-se alce. Jugamos esta noche V. y yo el todo por el todo; pero, aunque
-se hundan el autor y el drama, es forzoso que el actor se levante;
-nuestro público tiene aún en sí el gérmen del entusiasmo revolucionario
-de la época, y el personaje que va V. á representar será siempre
-popular en España. Vamos á tener además un poderoso auxiliar en Mr. de
-Salvandy, el embajador francés, que ha pedido ya sus pasaportes y un
-palco para asistir inconsciente á la representacion; «ya verá usted
-la que se arma cuando salga Beltran Claquin.»--Cárlos Latorre brincó,
-oyendo esto, de la silla en que estaba sentado, y yo seguí diciéndole:
-«con que haga usted cuenta que representa V. á Sanson, y asegúrese
-bien de las columnas; aunque no le darán á V. tiempo de derribar el
-templo.»--Mucho me temo que me le den, me dijo no muy confortado por
-mis palabras.--¡Qué diablos! repuse yo, si se le dan á V. sepúltese con
-todos los filisteos. Yo me voy á mi palco.--Pero, ¿y la sombra, que
-ni siquiera he visto? me dijo viéndome tomar la puerta.--Fíese V. en
-Aranda, que tiene ya luz con que producirla, le respondí, escapándome
-por el escenario.
-
-Cuando entré en mi proscenio, ya habia empezado la sinfonía y el teatro
-estaba lleno. Nunca he tenido más miedo, ni más resolucion de provocar
-á la fortuna. A los tres cuartos para las nueve se alzó el telon; el
-frio del escenario entró en mi palco, sin que yo le dejara entrar en mi
-corazon. Se oyó el primer acto en el más sepulcral silencio; cayó el
-telon sin un aplauso, pero yo conocí que la impresion que dejaba no me
-era desfavorable.
-
-Cárlos comprendió que necesitaba todo su brío y su talento para
-atraerse á un público tan mal prevenido, y al levantarse el telon
-para el acto segundo, encabezó su papel con uno de esos pormenores
-que sólo saben dar á los suyos los cómicos como Cárlos Latorre. El
-rey don Pedro se presenta de incógnito en el primer acto de mi obra:
-al presentarse Cárlos en el segundo, presentó la figura del rey como
-un modelo de estatuaria; apoyado el brazo izquierdo en el respaldo
-de su sillon blasonado de castillos y leones, y el derecho en una
-enorme espada de dos manos. Vestia un jubon grana con dos leones y dos
-castillos cruzados, bordados en el pecho; un calzon de pié, anteado y
-ajustado, sin una arruga, borceguíes grana bordados y con acicates de
-oro, y gola y puños de encaje blancos; tocando su cabeza con un ancho
-aro de metal, que así podia tomarse por birrete como por corona; de
-debajo de la cual, asomando sobre la frente el pelo cortado en redondo
-y cayendo por ambos lados las dos guedejas rubias, encuadraban un
-rostro copiado del busto del sepulcro del rey D. Pedro en Santo Domingo
-el Real. Era Cárlos Latorre un hombre de notables proporciones y
-correccion de formas: sus piernas y sus brazos, clásicamente modelados,
-daban movimiento á su figura con la regularidad académica de las de
-los relieves y modelos de la estatuaria griega: siempre sobre sí, en
-reposo y en movimiento, estaba siempre en escena; y ni el aplauso ni
-la desaprobacion le hacian jamás salirse del cuadro ni descomponerse
-en él. Al empezar el acto segundo, su figura semi-colosal, vestida
-de ante y de grana, se destacaba sobre el fondo pardo de un telon
-que representaba un muro de vieja fábrica, reposando perfectamente
-sobre su centro de gravedad, ligeramente escorzada y en actitud tan
-intachable como natural; y así permaneció inmóvil, hasta que el público
-aplaudió tan bello recuerdo plástico del rey caballero á quien iba á
-representar; y no rompió á hablar hasta que el general aplauso espiró
-en el silencio de la atencion: parecia que allí comenzaba el drama. El
-gigante habia tenido en cuenta el consejo del muchacho pigmeo, y el
-actor habia ganado para sí al público que tan hosco se mostraba con el
-autor.
-
-En la escena endecasílaba con Juan Pascual desplegó Cárlos todas sus
-poderosas facultades orales y toda la clásica maestría de su dominio
-de la escena; la cual estaba estudiada con tan minucioso cuidado, que
-tenian marcado su sitio los piés de los comparsas, los de Juan Pascual
-y los suyos para la escena penúltima; y al decir al conspirador que si
-el cielo se desplomara sobre su cabeza le veria caer sin inclinarla,
-rugió como un leon estremeciendo al auditorio; y al barrer, despues de
-un gallardísimo molinete de su tremendo mandoble, las once espadas de
-los conjurados, al tiempo que el antiguo zapatero Blas abria tras él
-la puerta de salvacion, el público entero se levantó en pró del rey
-que tan bien se servia de sus armas, y aplaudió entusiasta la promesa
-de su vuelta para el acto siguiente. El actor habia ganado la primera
-jugada de una partida de tres. El rey habia derrotado el ala derecha
-del enemigo: el público no habia visto jamás un combate tan bien
-ensayado en los teatros de Madrid, y pedia ¡el autor! que no parecia.
-Alzóse el telon sobre Cárlos Latorre; y cuando éste, dirigiendo la
-vista á mi palco me dirigia una mirada de indefinible satisfaccion,
-esperando que yo saltase á la escena para compartir con él un triunfo
-que era solamente suyo, oyó con asombro á Felipe Reyes, _autor de la
-compañía_, decir: «Señores, el nombre del autor está en el cartel y el
-Sr. Zorrilla en su palco; pero suplica al público que no insista en su
-presentacion, porque tiene mucho miedo al tercer acto.»
-
-El público de entónces entraba en el teatro á ver la representacion
-y se embebecia con lo que en ella pasaba; entendió que mi miedo era
-natural y no insistió en llamar al autor; pero continuó aplaudiendo,
-ayudado de _mis amigos_ que me tenian aplazado y me esperaban en el
-acto tercero.
-
-Levantóse el telon para éste. Era la primera vez que se veia la escena
-sin bastidores: Aranda, malogrado é incomparable escenógrafo, presentó
-la terraza de la torre de Montiel dos piés mas alta que el nivel
-del escenario; de modo que parecia que los cuatro torreones que la
-flanqueaban surgian verdaderamente del foso, y que los personajes se
-asomaban á las almenas; desde las cuales se veian en magistralmente
-calculada perspectiva las blancas y diminutas tiendas del lejano
-campamento del Bastardo, destacándose todo sobre un telon circular
-de cielo y veladuras cenicientas, representacion admirable de la
-atmósfera nebulosa de una noche de luna de invierno. El pendon morado
-de Castilla, clavado en medio de la terraza en un pedestal de piedra,
-se mecia por dos hilos imperceptibles, como si el aire lo agitára, y
-el aire entraba verdaderamente en la sala por el escenario, desmontado
-y abierto hasta la plaza del Angel. La silueta fina de la Teodora,
-cuya pequeña y graciosa cabeza, tocada con sus ricas trenzas negras,
-se dibujaba sobre el blanquecino celaje, animaba aquel cuadro sombrío,
-cuya ilusion era completa. Cárlos y Lumbreras yacian absortos en
-profunda meditacion en los dos ángulos del fondo, de espaldas al
-público, que aplaudió largo rato, y el pintor continuaba el triunfo
-del actor. Teodora dió á sus breves escenas una melancolía tan
-poética, Lombía al suyo una resignacion tan adustamente resuelta, y
-prepararon tan maestramente la escena fantástica del fatalismo bajo el
-cual se iba á presentar el rey D. Pedro, que cuando éste se levantó,
-el público estaba profundamente identificado con aquella absurda
-y fantástica situacion. Oyóse en silencio todo el acto; colocóse
-Lumbreras (Men-Rodriguez de Sanábria) sobre el torreon del fondo de
-la izquierda, y salió el rey con la lámpara del judío. Cárlos, al
-colocarla sobre el pedestal, me echó una mirada que queria decir: ¡Y la
-sombra! Yo permanecí impasible para no turbarle, y empezó su monólogo
-con el temblor del miedo que tenia á la sombra, y que hizo, por lo
-mismo que era un miedo real, un efecto maravillosamente pavoroso en
-los espectadores. _¡Brotó la llama!_ dijo el rey D. Pedro, y apareció
-detrás de él, cenicienta, callada é inmoble, la sombra transparente de
-D. Enrique sobre el oscuro torreon: asombróse Cárlos de verla tan al
-contrario de como la esperaba; identificóse con su papel, creciéndose
-hasta la fiebre que se llama inspiracion: y cómo dijo aquel actor
-aquellas palabras, cómo soltó aquella carcajada histérica y cómo cayó
-riéndose y extremeciendo al público de miedo y de placer, ni yo puedo
-decirlo, ni concebirlo nadie que no lo haya visto.
-
-El público y el huracan entraron en el teatro: mis amigos ahullaban
-de placer de haber sido vencidos; Aranda y Cárlos Latorre habian
-convertido en éxito colosal el atrevido desatino de un muchacho, y la
-empresa habia parado con él á la fortuna en el despacho de billetes
-de su arrinconado teatro. Cuando Lumbreras anunció _¡el farol!_ y
-se apercibió éste del tamaño de una nuez sobre la mirmidónica tienda
-de Duglesquin, ya nadie escuchó la salida del rey. Cárlos, rendido y
-anheloso, volvió á la escena con Teodora, Noren y Lumbreras á recibir
-los aplausos del público, á cuyos gritos de «¡el autor!» volvió á
-presentarse Felipe Reyes y á decir medio espantado: que yo tenia más
-miedo al cuarto acto que al tercero.
-
-El por entónces teniente coronel Juan Prim, que no me conocia más
-que por haberme encontrado várias veces en el tiro de pistola, y que
-se habia apercibido del elemento hostil que yo tenia en la sala,
-aplaudia de pié en su luneta, dispuesto á sostenerme á todo trance,
-comprendiendo todo el riesgo de mi negativa.
-
-Cárlos me envió á decir que «no estirase tanto la cuerda que la
-rompiese.» Yo habia ensayado mi obra á conciencia: sabia cómo iban
-á hacer la escena de la tienda Cárlos y Mate, y fiaba además en la
-presencia del embajador francés en la de D. Pedro con Beltran de
-Claquin. Esperé, pues, el acto cuarto sin moverme del fondo de mi
-proscenio, y mi cálculo no salió fallido.
-
-La tienda del acto cuarto estaba tan bien preparada por Aranda como la
-torre de Montiel: Cárlos dijo sus redondillas á los franceses con un
-brío tan despechado, hizo una transicion tan maestra como inesperada en
-la que empieza _sí_, _si vosotros, señores_, é hicieron por fin la suya
-él y Mate con tal verdad, que sólo pudo serlo más la realidad de la de
-Montiel.
-
-Al cerrarse la tienda sobre la lucha de los dos hermanos, el público
-quedó en el mas profundo silencio; pero la salida de Mate pálido, sin
-casco, desgreñado y saltadas las hebillas de la armadura, arrancó
-un aplauso igual al de la presentacion del rey D. Pedro en el acto
-segundo. Mate, casi tan alto como Cárlos, pero flaco y herido de la
-tísis de que murió, se presentó trémulo del cansancio y del miedo de
-la lucha, recordando la siniestra fantasma aparecida en el torreon, y
-dió á su papel una poesía y unos tamaños que no habia sabido darle el
-autor. Cuando él concluia su parlamento, cubria yo con mi capa y su
-manto á Cárlos Latorre; que, tendido en la tienda, esperaba jadeante
-de cansancio y de emocion á que el infante mostrase á Blas Perez su
-cadáver. Cuando nos presentamos todos al público, me tenia de la mano
-como con unas tenazas: y cuando caido el telon por última vez, me cogió
-en brazos para besarme, creí que me deshacía al decirme las únicas
-y curiosas palabras con que acertó á expresarme su pensamiento, que
-fueron: «¡diablo de chiquitin!» y me dejó en tierra.
-
-Así se ensayó y se puso en escena la segunda parte de _El Zapatero
-y el Rey_, el año 41 ó 42, no lo recuerdo con exactitud: tal era la
-fraternidad que entónces reinaba entre autores y actores; tal era
-el cariño y entusiasmo del público por los de entónces, y tan poco
-consistentes sus ojerizas y enemistades, que el menor éxito las vencia,
-y el soplo vital de la lealtad las disipaba.
-
-Un pormenor digno de no ser olvidado. Llevaba ya _El Zapatero y el Rey_
-treinta y tantas representaciones que habian producido sobre veinte mil
-duros, estaban ya pagados hasta los espabiladores, y aun no le habia
-ocurrido á la empresa que me debia seis meses de sueldo y el precio del
-drama con que se habia salvado. Siempre en España ha sido considerado
-el trabajo del ingenio como la hacienda del perdido y la túnica de
-Cristo, de las cuales todo el mundo tiene derecho á hacer tiras y
-capirotes.
-
-Hasta que el viejo juez Valdeosera se presentó una noche á intervenir
-la entrada, no cayeron en la cuenta Salas y Lombía de que no podíamos
-los poetas vivir del aire, y se apresuraron á darme paga cumplida con
-intereses y sincera satisfaccion, y era que realmente, con la más
-cándida impremeditacion, se habian olvidado recogiendo los huevos de
-oro del que les habia traido la gallina que los ponia.
-
-
-
-
-XI.
-
-_De cómo se escribieron y representaron algunas de mis obras
-dramáticas._
-
-SANCHO GARCÍA.--EL CABALLO DEL REY DON SANCHO.
-
-
-Continuaba la competencia de los teatros del Príncipe y de la Cruz,
-dirigidos por Romea y Lombía, y continuaba yo comprometido á escribir
-sólo para el de la Cruz, miéntras en su compañía conservara su
-empresario á Cárlos Latorre y á Bárbara Lamadrid; yo era, pues, el
-único poeta que no ponia los piés en el saloncito de Julian Romea,
-porque yo no he vuelto jamás la cara á lo que una vez he dado la
-espalda. No era yo, empero, un enemigo de quien se pudieran temer
-traiciones ni bastardías; es decir, guerra baja ni encubierta de
-críticas acerbas y de intrigas de bastidores: yo tenia mi entrada en
-el Príncipe, á cuyas lunetas iba á aplaudir á Julian y á Matilde, pero
-no escribia para ellos; era su amigo personal y su enemigo artístico;
-era el aliado leal de Lombía, y le ayudaba á dar sus batallas llevando
-á mi lado á Bárbara Lamadrid y á Cárlos Latorre, con cuyos dos atletas
-le dí algunas victorias no muy fácilmente conseguidas, algunos puñados
-de duros y algunas noches de sueño tranquilo. Pero la lucha era tan
-ruda como continuada: duró cinco años. En ellos nos dió Hartzenbusch
-su _D. Alfonso el Casto_ y su _Doña Mencía_, una porcion de primorosos
-juguetes en prosa y verso, y las dos mágias _La redoma_ y_ Los polvos_:
-diónos García Gutierrez el _Simon Bocanegra_, que vale mucho más
-de lo en que se le aprecia, y defendió su teatro el mismo Lombía,
-metiéndose á autor con el arreglo de _Lo de arriba abajo_, que alcanzó
-un éxito fabuloso. Teníamos además unos auxiliares asíduos en Doncel
-y Valladares, que escribian á destajo para la actriz más preciosa
-y simpática que en muchos años se ha presentado en las tablas: la
-Juanita Perez, quien con Guzman en _No más muchachos_ y en _El pilluelo
-de París_, habia hecho las delicias del público desde muy niña. La
-Juana Perez era de tan pequeña como proporcionada personalidad; con
-una cabeza jugosa, rica en cabellos, de contornos purísimos, de
-facciones menudas y móviles y ojos vivísimos; su voz y su sonrisa
-eran encantadoras, y se sostenia por un prodigio de equilibrio en dos
-piés de inconcebible pequeñez, sirviéndose de dos tan flexibles como
-diminutas manos. Cantaba muy decorosa y señorilmente unas canciones
-picarescas que rebosaban malicia; y vestida de muchacho hacia reir
-hasta á los mascarones dorados de la embocadura, y hubiera sido capaz
-de hacer condenarse á la más austera comunidad de cartujos.
-
-La Juana Perez, cuya gracia infantil prolongó en ella el juvenil
-atractivo hasta la edad madura, no pasó jamás en las tablas de los diez
-y siete años; y fué, miéntras las pisó, el encanto y la desesperacion
-del sexo feo de aquel tiempo, que la vió pasar ante sus ojos como
-la _fée aux miettes_ del cuento de Charles Nodier. Auxiliáronnos
-poderosamente el primer año las dos espléndidas figuras de las hermanas
-Baus, Teresa y Joaquina; madre esta última de nuestro primer dramático
-moderno Tamayo y Baus, y heredera y continuadora de la buena tradicion
-del teatro antiguo de Mayquez y Carretero. Pero ni la tenacidad
-atrevida de Lombía, ni el talisman de la gracia de la Juana Perez,
-ni nuestra avanzada de buenas mozas como las Baus, y la retaguardia
-de buenas actrices como la Bárbara, la Teodora y la Sampelayo, nos
-bastaban para contrarestar la insolente fortuna de Julian Romea, la
-justa y creciente boga de Matilde, que hechizaba á los espectadores,
-y la infatigable fecundidad de Ventura de la Vega, que les daba cada
-quince dias, convertido en juguete valioso ó en ingeniosísima comedia,
-un miserable engendro francés; en cuyo arreglo desperdiciaba cien
-veces más talento del que hubiera necesitado para crear diez piezas
-originales. Julian y Matilde contaban sus quincenas por triunfos, y
-á los de _La rueda de la fortuna_, de Rubí, al _Muérete y verás_ y á
-las trescientas obras de Breton, y á _Otra casa con dos puertas_, de
-Ventura, no teníamos nosotros que oponer más que las repeticiones del
-_D. Alfonso el Casto_, _Simon Bocanegra_ y _D.ª Mencía_, y las mágias
-de Hartzenbusch, con los arreglos de dramas de espectáculo que se
-elaboraba Lombía, asociado á Tirado y Coll, é impelidos los tres por el
-fecundísimo Olona.
-
-Mi _Rey D. Pedro_, mi _Sancho García_, mi _Excomulgado_, mi
-_Mejor razon la espada_, mi _Rey loco_ y mi _Alcalde Ronquillo_,
-contribuyeron á nuestro sostén, gracias al concienzudo estudio, á
-la inusitada perfeccion de detalles y á la perpétua atencion con
-que me los representaban Cárlos Latorre y Bárbara Lamadrid; quienes
-encariñados con el muchacho desatalentado que para ellos los escribia,
-considerándole como á un hijo mal criado á quien se le mima por sus
-mismas calaveradas y á quien se adora por las pesadumbres que nos
-da, me sufrian mis exigencias, se amoldaban á mis caprichos y se
-doblegaban á mi voluntad, de modo, que en la representacion de mis
-obras no parecian los mismos que en las de los demás, y los demás se
-quejaban de ellos, y con razon; pero no habia culpa en nadie. Cárlos
-Latorre habia conocido á mi padre, á quien debió atenciones extrañas
-á aquella _ominosa década_; Cárlos Latorre, de estatura y fuerzas
-colosales, me sentaba á veces en sus rodillas como á sus propios
-hijos, y me preguntaba cómo yo habia imaginado tal ó cual escena que
-para él acababa yo de escribir: él me contradecia con su experiencia
-y me revelaba los secretos de su personalidad en la escena, y daba
-forma práctica y plástica á la informe poesía de mis fantásticas
-concepciones: estudiábamos ambos, él en mí y yo en él los papeles, en
-los cuales identificábamos los dos distintos talentos, con los cuales
-nos habia dotado á ambos la naturaleza, y... no necesito decir más para
-que se comprenda cómo hacia Cárlos mis obras, como un padre las de su
-hijo; yo era todo para el actor, y el actor era todo para mí.
-
-Con Bárbara Lamadrid, mujer y mujer honestísima é intachable, mi papel
-era más difícil, mi amistad y mi intimidad necesitaban otras formas;
-pero, actriz adherida á Cárlos, compañera obligada en la escena de
-aquella figura colosal, _dama_ imprescindible de aquel _galan_ en mis
-dramas, necesitaba el mismo estudio, la misma inoculacion de mis ideas
-innovadoras y revolucionarias en el teatro, y yo la trataba como á una
-hermana menor, á quien unas veces se la acaricia y otras se la riñe;
-yo la decia sin reparo cuanto se me ocurria; la hacia repetir diez
-veces una misma cosa, no la dejaba pasar la más mínima negligencia,
-la ensayaba sus papeles como á una chiquilla de primer año de
-Conservatorio; y á veces se enojaba conmigo como si verdaderamente lo
-fuese, hasta llorar como una chiquilla, y á veces me obedecia resignada
-como á un loco á quien se obedece por compasion; pero convencida al
-fin de mi sinceridad, del respeto que su talento me inspiraba, y de
-la seguridad con que contaba yo siempre con ella para el éxito de mis
-obras, hacia en ellas lo que en _Sancho García_, lo que es lamentable
-que no pueda quedar estereotipado para ser comprendido por los que no
-lo ven. ¡Desventura inmensa del actor cuyo trabajo se pierde con el
-ruido de su voz y desaparece trás del telon!
-
-En la escena con Hissem y el judío reveló la fascinacion que la
-supersticion ejercia en el alma enamorada de la mujer; tradujo tan
-vigorosamente el poder de una pasion tardía en una mujer adulta, que
-traspasó al público la fascinacion del personaje, suprema prueba del
-talento de una actriz. En las escenas sexta y sétima del acto tercero
-se hizo escuchar con una atencion que sofocaba al espectador, que
-no queria ni respirar. Bárbara tenia mucho miedo al monólogo: en el
-segundo entreacto me habia suplicado que se le aligerara, y Cárlos
-y yo no habíamos querido: Bárbara acometió su monólogo desesperada,
-conducida por delante por el inteligente apuntador, y acosada por su
-izquierda por mí que estaba dentro de la embocadura, en el palco bajo
-del proscenio. Cárlos y yo la habíamos dicho que si no arrancaba tres
-aplausos nutridos en el monólogo, la declararíamos inútil para nuestras
-obras; y comenzó con un temblor casi convulsivo, y llegó en el más
-profundo silencio hasta el verso vigésimo cuarto; pero en los cuatro
-siguientes, al expresar la lucha del amor de madre con el amor de la
-mujer, y al decir
-
- «Hijo mio... ¡ay de mí! me acuerdo tarde,»
-
-hizo una transicion tan magistral, bajando una octava entera despues
-de un grito desgarrador, que el público estalló en un aplauso que
-extremeció el coliseo. Crecióse con él la actriz; entró en la fiebre
-de la inspiracion; hizo lo imposible de relatar; y cuando exclamó
-concluyendo, con el acento profundo y las cóncavas inflexiones del de
-la más criminal desesperacion,
-
- «para uno de los dos guarda esa copa,
- de la callada eternidad la llave!»
-
-quedó Bárbara inmóvil, trémula, inconsciente de lo que habia hecho,
-ajena y sin corresponder con la más mínima inclinacion de cabeza á
-los aplausos frenéticos, que tuvo que interrumpir Cárlos Latorre
-presentándose á continuar la representacion, sacando á Bárbara de su
-absorcion con el «¡Madre mia!» de su salida.
-
-Así hacian Cárlos y Bárbara _Sancho García_. Aún vive: pregúntenselo
-mis lectores á Bárbara, y que diga ella cuántos malos ratos la dí
-con el ensayo y cuántas noches insomnes la hice pasar con el estudio
-de mis papeles; cuántas lágrimas la hice derramar y cuántas veces la
-hice detestar su suerte de actriz; pero que diga tambien si tuvo nunca
-amigo más leal ni aplausos y ovaciones como las de mi _Sancho García_.
-Hoy siento orgullo con tal recuerdo, y me congratulo de poderla dar
-este testimonio de mi gratitud treinta y ocho años despues de aquella
-representacion.
-
-Lombía, por su parte, lo inventó y lo intentó todo en aquellos cuatro
-años para sostener nuestro teatro de la Cruz enfrente del afortunado
-del Príncipe. A su iniciativa se debió que Basili, Salas, Ojeda y
-Azcona echaran los fundamentos de la Zarzuela con la escena de _La
-pendencia_ y _El sacristan de San Lorenzo_, y otras parodias de
-_Norma_, _Lucía_ y _Lucrecia_, en las cuales despuntó Caltañazor, y
-concluyó por presentar _La lámpara maravillosa_, baile maravillosamente
-decorado por Aranda y Avrial, ejecutado por la familia Bartholomin,
-cuya primera pareja, Bartholomin-Montplaisir, fué reforzada con un
-cuerpo de baile de andaluzas y aragonesas; de cuyos cuerpos se han
-perdido los moldes, y de cuyas modeladuras no quiero acordarme, por
-no quitar tres meses de sueño á los que no las vieron con aquellos
-vestidos, que no eran más que un pretesto para salir en cueros.
-
-En el verano del 40 ó del 41, ántes de que estas huríes hicieran un
-infierno del teatro de la Cruz, reclamó Lombía de mí una comedia de
-espectáculo, en ausencia de Cárlos Latorre, que veraneaba por las
-provincias. Los actores sérios y jóvenes se habian ido con Cárlos, y el
-trabajo cómico de Lombía, no acomodándose con el mio patibulario, no
-sabia yo cómo salir de aquel compromiso ineludible, segun mi contrato
-con la empresa. Apurábame Lombía, y devanábame yo los sesos trás del
-argumento por él pedido, sin que él aflojara un punto en su demanda y
-sin que yo me atreviera á decirle que no éramos el uno para el otro.
-Acosábale á él tal vez la secreta comezon de abordar el drama en
-ausencia de Cárlos, y pesábame á mí tener que escribir para otro que
-no fuera aquel único modelo del galan clásico del drama romántico;
-costaba mucho á mi lealtad lo que tal vez podia parecer una traicion
-á Cárlos Latorre, y ¡Dios me perdone mi mal juicio! pero tengo para mí
-que Lombía tenia la mala intencion de hacérmela cometer. Impacientábase
-Lombía y desesperábame yo de no dar con un asunto á propósito, lo que
-ya le parecia, vista mi anterior fecundidad, no querer escribir para
-él, cuando una tarde, obligado á trabajar un caballo que yo tenia
-entablado hacia ya muchos dias, salia yo en él por la calle del Baño
-para bajar al Prado por la Carrera de San Jerónimo. Era el caballo
-regalo de un mi pariente, Protasio Zorrilla, y andaluz, de la ganadería
-de Mazpule, negro, de grande alzada, muy ancho de encuentros, muy
-engallado y rico de cabos, y llevábale yo con mucho cuidado, miéntras
-por el empedrado marchaba, por temor de que se me alborotase. Cabeceaba
-y braceaba el animal contentísimo de respirar el aire libre, cuando, al
-doblar la esquina, oí exclamar á uno de tres chulos que se pararon á
-contemplar mi cabalgadura: «Pues miá tú que es idea dejar á un animal
-tan hermoso andar sin ginete.»
-
-La verdad era que siendo yo tan pequeño, no pasaban mis piés del
-vientre del caballo; y visto de frente, no se veia mi persona detrás
-de su engallada cabeza y de sus ondosas y abundantes crines. Por mas
-que fuera poco halagüeña para mi amor propio la chusca observacion de
-aquellos manolos, el de montar tan hermosa bestia me hizo dar en la
-vanidad de lucirla sobre la escena, y ocurrírseme la idea de escribir
-para ello mi comedia _El caballo del rey D. Sancho_. Rumié el asunto
-durante mi paseo, registré la historia del Padre Mariana de vuelta á
-mi casa, y fuíme á las nueve á proponer á Lombía el argumento de mi
-comedia, advirtiéndole que debia de concluir en un torneo, en cuyo
-palenque debia él de presentarse armado de punta en blanco, ginete
-sobre mi andaluz caparazonado y enfrontalado.
-
-Aceptó la idea de la comedia, plúgole la del torneo final y halagóle
-la de ser en él ginete y vencedor. Puse manos á mi obra aquella misma
-noche, y díla completa en veinte y dos dias. El señor duque de Osuna,
-hermano y antecesor del actual, á quien me presentó y cuya benevolencia
-me ganó el conde de las Navas, puso á mi disposicion su armería, de la
-cual tomé cuantos arneses y armas necesité para el torneo de mi drama,
-cuya última decoracion del palenque trás de la tienda real montó Aranda
-con un lujo y una novedad inusitadas.
-
-Pasóse de papeles mi drama; ensayóse cuidadosamente y conforme á un
-guion, que los directores de escena hacen hoy muy mal en no hacer, y
-llegó el momento de enseñar su papel á mi caballo. Metíle yo mismo una
-mañana por la puerta de la plaza del Angel, desde la cual subian los
-carros de decoraciones y trastos por una suave y sólida rampa hasta el
-escenario: subió tranquilo el animal por aquella, pero al pisar aquél,
-comenzó á encapotarse y á bufar receloso, y al dar luz á la batería
-del proscenio, no hubo modo de sujetarle y ménos de encubertarle con
-el caparazon de acero. Lombía anunció que ni el Sursum-Corda le haria
-montar jamás tan rebelde bestia, y estábamos á punto de desistir de la
-representacion, cuando el buen doctor Avilés nos ofreció un caballo
-isabelino, de tan soberbia estampa como extraordinaria docilidad, que
-aguantó la armadura de guerra, la batería de luces y en sus lomos á
-Lombía, que no era, sea dicho en paz, un muy gallardo ginete.
-
-La primera representacion de este drama fué tal vez la más perfecta
-que tuvo lugar en aquel teatro: Lombía se creció hasta lo increible: é
-hizo, como director de escena, el prodigio de presentar trescientos
-comparsas tan bien ensayados y unidos, que se hicieron aplaudir en un
-palenque de inesperado efecto; y Bárbara Lamadrid, para quien fueron
-los honores de la noche, llevó á cabo su papel con una lógica, una
-dignidad tales, que al perdonar al pueblo desde la hoguera y á su hijo
-en el final, oyó en la sala los más justos y nutridos aplausos que
-habian atronado la del teatro de la Cruz.
-
-Pero aquel drama no pudo quedar de repertorio; hubo que devolver las
-armaduras al señor duque de Osuna y el caballo al doctor Avilés, y...
-ni mereció los honores de la crítica, ni ningun empresario se ha vuelto
-á acordar de él, ni yo, que de él me acuerdo en este artículo, recuerdo
-ya lo que en él pasa. En cambio, al fin de aquel mismo año se escribió
-otro que todo el mundo conoce, que no hay aficionado que no haya hecho
-con gusto y aplauso, de cuyo orígen se han propalado las más absurdas
-suposiciones, que me ha valido tanta fama como al mismo _D. Juan
-Tenorio_, y en cuya representacion no han dado jamás pié con bola más
-que los tres actores que, bajo mi direccion, lo estrenaron: Latorre,
-Pizarroso y Lumbreras; hablo de _El puñal del godo_, del cual me voy á
-ocupar en el siguiente número.
-
-
-
-
-XII.
-
-EL PUÑAL DEL GODO.
-
-
-I.
-
-Acababa de estrenarse Sancho García y espiraba el tercero dia de
-Diciembre de 1842. Trabajaba yo aprovechando la luz que comenzaba á
-cambiarse en crepúsculo, cuando un avisador del teatro me trajo un
-billete de Lombía, en el cual me suplicaba que no dejara de ir á la
-representacion de aquella noche, porque deseaba tener conmigo una
-entrevista de diez minutos.
-
-Ya Lombía, á imitacion de Romea, tenia una antecámara en la cual se
-reunian sus autores favoritos y sus amigos íntimos, como los de Julian
-en el saloncito del teatro del Príncipe. De aquel venian algunos
-que escribian para ambos teatros, y que como Hartzenbusch y García
-Gutierrez no formaban pandillaje; porque su talento, formalidad y
-reputacion, les habian ya colocado muy encima de todo mezquino espíritu
-de partido. Yo no iba nunca al saloncito del Príncipe é iba poco á
-la antecámara de Lombía, pero asistia contínuamente á mi palco de
-proscenio para estudiar mis actores, y bajaba en los entreactos á
-saludar á Cárlos Latorre y á la Bárbara, las noches que trabajaban.
-Aquella era de Lombía; en el primer entreacto me aboqué con él en su
-cuarto y trabamos inmediatamente conversacion, presentes Hartzenbusch,
-Tomás Rubí, Isidoro Gil y no recuerdo quiénes más. Hé aquí en resúmen
-nuestro diálogo:
-
-_Lombía._--La empresa espera de V. un señalado servicio.
-
-_Yo._--Debo servirla segun mi contrato y segun mis fuerzas.
-
-_Lombía._--Sabe V. que es costumbre que las funciones de Noche-Buena
-sean beneficio de la compañía, repartiéndose sus productos á prorrata
-entre todos sus actores y empleados segun su clase.
-
-Agucé yo el oido sintiendo abrir una trampa en la que se trataba de
-hacerme caer, y continuó Lombía diciéndome:
-
-Sabe V. que Cárlos Latorre no toma nunca parte en las funciones de
-Navidad, so pretesto de que en el género cómico de estas alegres
-representaciones no cabe el suyo trágico; de modo que cobra y se pasea
-desde Navidad á Reyes. Queremos que comparta este año con nosotros el
-trabajo de tales dias, y no hay más que un medio con el cual se avenga,
-y es, que se le escriba una pieza nueva, y la empresa ha pensado en V.
-
-_Yo._--Estamos á 13, y por breve que sea el trabajo...
-
-_Lombía._--Deberia estar concluido el 17; copiado y repartido, el 18;
-estudiado, el 19 y el 20; ensayado el 21 y 22, y representado el 24.
-
-_Yo._--Imposible: me faltan tres escenas y copiar el tercer acto de la
-segunda obra, que debo entregar á ustedes ántes de año nuevo; si la
-interrumpo no la concluyo; no puedo, pues, ocuparme de nada más hasta
-el 17, y ya no es tiempo.
-
-_Lombía._--No quiere V. servir á la empresa por no contrariar á su
-amigo.--(Lombía partia siempre del principio de que yo era mejor amigo
-de Cárlos que suyo.)
-
-_Yo._--Mi obligacion es primero que mi amistad.
-
-_Lombía._--Su excusa de V. nos prueba lo contrario.
-
-_Yo._--Voy á hacer á V. una propuesta que le asegure de mi buena
-fé. Concluiré mi trabajo el 16: en su noche volveré aquí; y si para
-entónces el Sr. Hartzenbusch se ocupa de encontrarme un argumento para
-un drama en un acto, yo me comprometo á escribirlo el 17 y presentarlo
-el 18.
-
-_Lombía._--Propuesta evasiva: con decir que el argumento que á V. se le
-dé no es de su gusto....
-
-_Yo._--El Sr. Hartzenbusch sabe el respeto en que le tengo, y todos
-Vds. saben que sigo sus consejos y acepto sus correcciones como de mi
-superior y maestro. He buscado al Sr. Hartzenbusch en dos situaciones
-difíciles de mi vida; sabe todos los secretos de mi casa, es en ella
-como mi hermano mayor, y lo que él me diga que haga, eso haré yo, como
-mejor hacerlo sepa.
-
-_Lombía._--Se conoce que ha estudiado V. con los jesuitas: sus palabras
-de V. son tan suaves como escurridizas. Si no quiere V. no hablemos más.
-
-_Yo._--Mi última proposicion. Traiga V. aquí el 16 por la noche un
-ejemplar de la historia del P. Mariana; le abriremos por tres partes,
-desde la época de los godos hasta la de Felipe IV: leeremos tres
-hojas de cada corte en sus hojas hecho; y si en las nueve que leamos
-tropezamos con algo que nos dé luz para un asunto dramático, lo
-amasaremos entre todos, yo lo escribiré como Dios me dé á entender, y
-el jesuita Mariana abonará la fé del discípulo de los jesuitas del
-Seminario de Nobles.
-
-_Lombía._--Propuesta aceptada.
-
-_Yo._--Pues hasta el 16 á las siete.
-
-En tal dia y en tal hora, concluido mi trabajo, volví á presentarme
-en el teatro de la Cruz, donde Hartzenbusch, Rubí y algunos otros de
-quienes no me acuerdo, me esperaban con Lombía, que tenia sobre la
-mesa una _Historia de España_. Metimos tres tarjetas por tres páginas
-distintas, y en el primer corte tropezamos, en el capítulo XXIII del
-libro sétimo, estas palabras sobre el fin de la batalla de Guadalete
-y muerte del rey D. Rodrigo: «Verdad es que, como doscientos años
-adelante, en cierto templo de Portugal, en la ciudad de Viseo, se halló
-una piedra con un letrero en latin, que vuelto en romance dice:
-
-AQUI REPOSA RODRIGO, ULTIMO REY DE LOS GODOS.
-
-Por donde se entiende que, salido de la batalla, huyó á las partes de
-Portugal.»
-
-Al llegar aquí, dije yo: «Basta: un embrion de drama se presenta á
-mi imaginacion. ¿Con qué actores y con qué actrices cuento? Necesito
-á Cárlos, á Bárbara y á lo ménos dos actores más.» Y miéntras esto
-decia, me rodaban por el cerebro las imágenes de Pelayo, don Rodrigo,
-Florinda y el conde D. Julian.--Lombía dijo: «Imposible disponer de
-Bárbara.»--«Pues Teodora, repuse yo.»--«Tampoco; la cuesta mucho
-estudiar, replicó Lombía.»--«Pues Juanita Perez, ni la Boldun, no me
-sirven para mi idea, repuse.»--«Pues compóngase usted como pueda,
-exclamó por fin Lombía: tiene V. á Cárlos, á Pizarroso y á Lumbreras:
-_los tres de V._ Van á levantar el telon y no quiero faltar á mi
-salida. ¿En qué quedamos? ¿Es V. hombre de sostener su palabra?»
-
-Picóme el amor propio el tonillo provocativo de Lombía, y sin
-reflexionar, tomé mi sombrero y dije saliendo tras él de su cuarto:
-«Mañana á estas horas quedan Vds. citados para leer aquí un drama en un
-acto.--Buenas noches.
-
---¿Apostado? me gritó Lombía dirigiéndose á los bastidores.
-
---Apostado: me darán Vds. de cenar en casa de Próspero; respondí yo
-echándome fuera de ellos por la puerta de la plaza del Angel.
-
-Poco trecho mediaba de allí á mi casa, núm. 5 de la de Matute: poco
-tiempo tuve para amasar mi plan, pero tampoco tenia minuto que perder.
-Me encerré en mi despacho: pedí una taza de café bien fuerte, dí
-órden de no interrumpirme hasta que yo llamara, y empecé á escribir
-en un cuadernillo de papel la acotacion de mi drama. «Cabaña, noche,
-relámpagos y truenos lejanos.--Escena primera.» Yo no sabia á quién
-iba á presentar ni lo que iba á pasar en ella: pero puesto que iba
-á desarrollarse en una cabaña, debia por álguien estar habitada:
-ocurrióme un eremita, á quien bauticé con el nombre de Romano por
-no perder tiempo en buscarle otro; y como lo más natural era que
-un ermitaño se encomendase á Dios en aquella tormenta que habia yo
-desencadenado en torno suyo, mi monje Romano se puso á encomendarse á
-Dios, miéntras yo me encomendaba á todas las nueve musas para que me
-inspiraran el modo de dar un paso adelante. Pensé que si el monje y yo
-no nos encomendábamos bien á nuestros dioses respectivos, corria el
-riesgo de meterme, empezando mal, en un pantano de banalidades del que
-no pudieran sacarme ni todos los godos que huyeron de Guadalete, ni
-todos los moros que á sus márgenes les derrotaron.
-
-Llevaba ya el monje rezando treinta y seis versos, y era preciso que
-dijera algo que preparara la aparicion de otro personaje; que era claro
-que si andaba por el monte á aquellas horas y con aquel temporal, debia
-de poner en cuidado al que abria la escena en la cabaña. Decidíme por
-fin á atajar la palabra á mi monje romano y escribí: Escena segunda.
-_Sale Theudia_: y salió Theudia; mas como no sabia yo aún quién era
-aquel Theudia, le saqué embozado, y me pregunté á mí mismo: ¿Quién
-será este Sr. Theudia, á quien tampoco podia tener embozado mucho
-tiempo en una capa, que no me dí cuenta de si usaban ó no los godos?
-era preciso empero desembozarle, y él se encargó de decirme quién era:
-un caballero; por lo cual, y por su nombre, y por su traje, tenia
-necesariamente que ser un godo; quien trabándose de palabras con aquel
-monje que en la choza estaba, me fué dando con los pormenores que en
-ellas daba, la forma del plan que me bullia informe en el cerebro;
-de modo que andando entre Theudia, el ermitaño y yo á ciegas y á
-tientas con unos cuantos recuerdos históricos y unas cuantas ficciones
-legendarias de mi fantasía, cuando al fin de aquella larga escena
-segunda escribí yo: Escena tercera. _El ermitaño_, _Theudia_, _Don
-Rodrigo_, ya comenzaba á ver un poco más claro en la trama embrollada
-de mi improvisado trabajo, y el cielo se me abrió en cuanto me ví con
-Cárlos Latorre en las tablas; porque miéntras él estuviera en ellas,
-era lo mismo que si en sus cien brazos me tuviera á mí el gigante
-Briareo; porque estaba ya acostumbrado á ver á Cárlos sacarme con bien
-de los atolladeros en que hasta allí me habia metido, y á él conmigo le
-habia arrastrado mi juvenil é inconsiderada osadía.
-
-En cuanto me hallé, pues, con Cárlos, fiado en él, me desembaracé del
-monje como mejor me ocurrió, y me engolfé en los endecasílabos: cuando
-yo los escribia para Cárlos Latorre en mis dramas, ya no veia yo en
-mi escena al personaje que para él creaba, sinó á él que lo habia de
-representar, con aquella figura tan gallarda y correctamente delineada,
-con aquella accion y aquellos movimientos, y aquella gesticulacion
-tan teatrales, tan artísticos, tan plásticos, nunca distraido, jamás
-descuidado; dominando la escena, dando movimiento, vida y accion á
-los demás actores que le secundaban: así que al entrar yo en los
-endecasílabos de la escena cuarta, me despaché á mi gusto haciendo
-decir á D. Rodrigo cuanto se me ocurrió, sin curarme del cansancio que
-iba á procurar á un actor, que por fuerte que fuese era ya un hombre
-de más de sesenta años con un papel que sostenia solo todo mi drama;
-mas la inspiracion habia ya desplegado todas sus alas, y no vacilé
-en añadirle el fatigosísimo monólogo de la escena V para preparar la
-salida del conde D. Julian. Aquí me amaneció: tomé chocolate y leí lo
-escrito; parecióme largo y asombréme de tal longitud, pero no habia
-tiempo de corregir; presentia que me iba á cansar, y temiendo no
-concluir para las siete, acometí la escena del conde con D. Rodrigo,
-que me costó más que todo lo llevado á cabo, y me faltó la luz del dia
-cuando escribia:
-
- Escucha, pues, ¡oh rey Rodrigo
- á cuánto llega mi rencor contigo!
-
-No me habia acostado, no habia comido, no podia más y se acercaba
-la hora de la lectura. Me lavé, tomé otra taza de café con leche,
-enrollé mi manuscrito y me personé con él en el teatro de la Cruz.
-Leyóse; asombréme yo y asombráronse los que me escucharon; abrazóme
-Hartzenbusch, y frotábase ya Lombía las manos pensando en que la
-funcion de Navidad trabajaria Cárlos, cuando éste dijo con la mayor
-tranquilidad: «Señores, yo no tengo conciencia para poner esto en
-escena en cuatro dias; esta obra es de la más difícil representacion,
-y yo me comprometo á hacer de ella un éxito para la empresa, si se me
-da tiempo para ponerla con el esmero que requiere; miéntras que si la
-hacemos el 24 vamos de seguro á tirar por la ventana el dinero de la
-empresa y la obra es la reputacion del Sr. Zorrilla.
-
-Convinieron todos en la exactitud de lo alegado por Latorre; mascó
-Lombía de través el puro que en la boca tenia y... se dejó _El puñal
-del godo_ para despues de las fiestas; y tampoco aquel año trabajó en
-ellas Cárlos Latorre.
-
-Así se escribió _El puñal del godo_. ¿Cómo lo puso en escena aquel
-irreemplazable trágico?
-
-La representacion para el próximo lunes.
-
-
-
-
-XIII.
-
-EL PUÑAL DEL GODO.
-
-
-II.
-
-Durante las fiestas de Navidad ocupóse Cárlos Latorre del estudio de
-aquel repentino aborto de mi irreflexivo ingenio, que habia yo escrito
-y leido en veinticuatro horas y bautizado con el título de _El puñal
-del godo_: y durante aquellos quince dias, habia yo tenido tiempo para
-reflexionar sobre lo que habia hecho.
-
-Debo yo á Dios una cualidad por la cual le estoy profundamente
-agradecido; pero por la cual es probable que no sea nunca respetado
-en mi patria: la de no dejarme alucinar por los aplausos, y no creer
-por ellos que mis obras son el non plus ultra de la perfeccion: como
-yo sé mejor que nadie cómo y por qué las he escrito, no tengo vanidad
-en ellas; y no solamente veo sus grandes defectos, sinó que tampoco
-me ofende su crítica, por más que muchas veces me las haya acerba,
-personal y agresivamente flagelado.
-
-Desde que el 17 por la noche leí en el teatro de la Cruz lo que en
-aquel dia y la noche anterior habia escrito, habia yo comprendido que
-aquel _Puñal del godo_, forjado en el breve tiempo y del modo que llevo
-dicho, escribiéndolo ántes de pensarlo, creándolo y dándole forma
-segun escribiéndolo iba, y fiándome al escribirlo en que era Cárlos
-quien lo debia de representar en cuatro dias, adolecia de gravísimos
-defectos, que hacian dificilísima su representacion. Yo habia escrito
-sin juicio, sin correccion y sin poder pararme á leer lo que escribia,
-por miedo de perder los minutos que para concluir á tiempo mi trabajo
-podian faltarme; por consiguiente, mis personajes no decian en las
-cuatro primeras escenas lo que debian para hacer comprender la accion
-á los espectadores, sinó lo que yo me iba diciendo á mí mismo para
-comprender mi pensamiento, que no se trababa y desarrollaba en mi
-imaginacion, sino ya en el papel por los puntos de mi pluma; la cual no
-podia volverse á borrar una redondilla, sin perder sus cuatro versos y
-los cuatro minutos empleados en escribirlos, no en pensarlos, porque
-para pensar no tenia ni se me habia concedido tiempo. Así en la escena
-IV endecasílaba, parece que Theudia y D. Rodrigo se quieren desquitar
-de lo que no han hablado desde la desastrosa jornada del Guadalete.
-Fiado yo en Cárlos Latorre, que contaba de una manera cuyos pormenores
-concienzudamente estudiados en voz, posiciones, accion y fisonomía
-avasallaban la atencion del auditorio constante y crecientemente,
-puse en boca de D. Rodrigo aquella fantástica historia del monje;
-figurándome conforme la iba escribiendo cómo me la iba á poner en
-accion aquel amigo gigante, que en sus brazos me levantó y á quien debo
-la poca reputacion que como autor dramático he obtenido.
-
-Y en verdad que, con sinceridad revelándoselo hoy al público despues de
-treinta y ocho años, hasta que hice decir á la vision del bosque en la
-narracion de D. Rodrigo, que
-
- él, á quien deshonró tu incontinencia,
- vendrá de crímen y vergüenza lleno
- con tu mismo puñal á hender tu seno,
-
-maldito si sabia yo aún en lo que habia de parar todo aquello, que no
-era todavía más que la exposicion. Hasta que brotó del diálogo aquel
-bienaventurado puñal, mi mal perjeñado trabajo no tenia ni accion,
-ni final, ni título: desde allí el drama lo es, y caminé desde allí
-resueltamente á la escena VI, que es lo único que en él tiene un valor
-real y un interés verdadero.
-
-Cuando nos reunimos por primera vez en el gabinete octógono de su casa
-de la plaza de Santa Ana Cárlos y yo, para tratar del reparto y ensayo
-de mi drameja, me dijo Cárlos: «La espontaneidad con que ha escrito
-usted _esto_, la exuberancia de versificacion en sus escenas acumulada,
-hacen difícil su representacion. Yo no quiero que corrija V. ni suprima
-una sola palabra; quitaria V. á su obra su originalidad; quiero hacerla
-tal como está; pero quiero que mis actores, conmigo, aseguren el
-éxito de su estreno con el mismo lujo de pormenores de que V. la ha
-colmado, y con tanto exceso de estudio para representarla cuanto á V.
-le ha faltado para escribirla. Escúcheme V., y vamos á ver si yo he
-comprendido bien su pensamiento.»
-
-Latorre y yo teníamos siempre esta conferencia preliminar, en la cual
-exponíamos mútuamente nuestra manera de ver la accion de la obra que
-íbamos á poner en escena: yo le decia cómo la habia yo concebido,
-y él me decia cómo pensaba desarrollarla. Siguió, pues, Cárlos
-diciéndome: «D. Rodrigo es en _El puñal del godo_ un rey acosado por
-dos grandes pasiones: la supersticion del godo de su edad tosca, y la
-profunda melancolía que en su corazon ha engendrado el vencimiento.
-La concentracion en sí mismo y la distraccion perpétua en que sus
-pensamientos le tienen absorbido son las señales externas del carácter
-de esta figura. ¿No es eso?
-
---Exactamente.
-
---El conde D. Julian es un mal hombre: por más que la ofensa que
-ha recibido le da derechos para mucho, él va tras de una venganza
-insaciable, en la cual no ha dudado envolver á toda la nacion de su
-ofensor. La aspereza violenta, la ira traidora de la hiena, y la marcha
-oblícua del lobo, son los caractéres exteriores de esta figura, que se
-mueve en el cuadro inquieta, torva y siniestra, como amenaza viviente.
-¿No es así?
-
---Exactamente.
-
---Theudia es... su Sancho Montero y su Blas de usted en _Sancho García_
-y _El Zapatero y el Rey_: á Lumbreras le viene como pintado el papel de
-Theudia, y daremos el del conde á Pizarroso.
-
-Y se envió á estos actores su respectivo papel.
-
-Lumbreras era entónces un mozo de buena estatura, de franca fisonomía,
-de varoniles maneras, bien proporcionado de piernas y brazos, y de
-fresca y bien timbrada voz; pero era algo tartamudo, aunque no se
-apercibia en escena este defecto, que vencia el estudio y el cuidado.
-Lumbreras tenia el gérmen de un buen actor sério; habia estrenado
-con justo aplauso el papel del moro Hissem en _Sancho García_; y en
-la escuela y compañía de Latorre le secundaba dignamente bajo su
-direccion.
-
-Pizarroso era un actor de angulosas formas, de voz áspera y
-_garrasposa_, pero de buena estatura y fisonomía, de fácil comprension,
-de buena voluntad para el estudio, muy cuidadoso en el vestir, y secuaz
-ciego y adorador idólatra de Cárlos Latorre, entre cuyas manos era
-materia dúctil como actor útil y aceptable.
-
-Con estos elementos y diez dias de estudio, ensayamos otros diez _El
-puñal del godo_ y levantamos el telon sobre el interior sombrío de
-una fantástica cabaña, pintada por Aranda para mi drama en miniatura,
-en una noche en que la política traia un poco inquietos los ánimos, y
-la atmósfera tan cerrada en nubes como aquella en incertidumbres; una
-noche, en suma, muy mala para dar nada nuevo á un público que no sabia
-lo que queria ni lo que recelaba, dispuesto á descargar su inquietud
-sobre el primero que se la excitara, anheloso por distraerse, pero
-inseguro de hallar quien le distrajera.
-
-Ante este público se levantó el telon del teatro de la Cruz sobre la
-cabaña de mi monje Romano, quien empezó aquella larga plegaria, de la
-cual no habia querido Cárlos que suprimiera un verso. Nunca he tenido
-yo más miedo: tenia cariño á mi tan mal forjado _Puñal_, y temia
-que mi triunfo de veinticuatro horas se convirtiera en veinticuatro
-minutos en vergonzosa derrota. Presentóse Lumbreras, y se presentó
-bien: franco, sencillo y respetuoso con el monje, pidióle de cenar con
-mucha naturalidad, comió como sóbrio que dijo ser, observó al ermitaño
-como hombre que está sobre sí, pero con la tranquila serenidad de un
-valiente, y llevó en fin á cabo la escena, dándola la flexibilidad,
-el movimiento y el lujo de pormenores de que Cárlos habia previsto la
-necesidad. El público la oyó en el más desanimador silencio.
-
-Salió al fin Cárlos, cabizbajo, distraido, sombrío y brusco, llenando
-la escena del misterio del carácter del personaje que representaba,
-y á los primeros versos se captó la atencion de los espectadores, y
-al sentarse empujando á Theudia y diciéndole: «Haceos, buen hombre,
-atrás...» yo respiré en mi palco, porque ví que todo el mundo queria ya
-ver lo que iba á pasar.
-
-Cárlos no tenia par para estas escenas: no dejó enfriar la atencion
-un solo instante; y cuando, sólo ya con Theudia, entró en los
-endecasílabos, se le escuchaba con religioso silencio, y sofocábanse
-por no toser los á quienes traia resfriados aquella húmeda frialdad del
-Enero de 43.
-
-Cárlos reveló tánto miedo, tánta esperanza, tánta supersticion, tal
-lucha interior de pasiones oyendo las noticias de Theudia, que entró
-en la narracion de su cuento tan vaga y tan fantásticamente, que al
-concluirle diciendo
-
- «Dijo: y por entre la niebla arrebatado
- huyó el fantasma y me dejó aterrado,»
-
-estalló un general aplauso: era que el público expresaba así el placer
-de que Cárlos le hubiera dejado respirar: Lumbreras picó y despertó
-el amor propio, y el valor del rey vencido con una intencion tan bien
-marcada; Cárlos olfateó y oyó el aura militar del campamento y el
-clarin que extremecia á los corceles con una accion tan dramática y
-levantada, y con una amplitud de aliento tan vigorosa, que la sala
-estalló en aquel ¡bravo, Latorre! que era sólo para él y que él sólo
-sabia arrancar. La partida estaba ganada: y preparada de este modo la
-salida del conde D. Julian, rápido, perfectamente á tiempo y entre
-el fulgor de un relámpago, se presentó por el fondo Pizarroso, torvo,
-sombrío, hosco é insolente, envuelto en una parda y corta anguarina,
-con una larga y estrecha caperuza amarilla, que le cortaba la espalda
-de arriba á abajo. Fuése directamente á la lumbre, que estaba á la
-derecha, y picando con intachable precision el diálogo de entrada,
-Cárlos con supersticiosa desconfianza y Pizarroso con agresivo mal
-humor, llegó éste al rústico banquillo que junto á la lumbre estaba, y
-diciendo
-
- D. Julian. ¿Tiene algo que cenar?
-
- D. Rodrigo. Nada.
-
- D. Julian. Pues basta;
- la cuestion por mi parte ha dado fondo,
-
-engánchase la borla de su capucha en un clavo del banquillo, vuélcase
-éste y da fondo Pizarroso, sentándose á plomo sobre el tablado.
-
-Aquí hubiera acabado hoy el drama; pero hé aquí el público y los
-actores de aquel tiempo viejo: el público ahogó en un ¡chist!
-general la natural hilaridad que iba á romper; Cárlos, en lugar de
-decir: «desatento venís donde os alojan,» dijo en voz muy clara y
-con un altanero desenfado: «desatentado entrais donde os alojan,» y
-aprovechando Pizarroso aquel dudoso instante, incorporóse enderezando
-el banquillo, asentóle sobre sus piés con un furioso golpe, y sentóse
-tranquilamente, como si lo sucedido estuviera acotado en su papel.
-Cárlos, en una posicion de supremo desden y de suprema dignidad, se
-quedó contemplándole de través y en silencio, hasta que el público
-rompió en un aplauso universal; y continuó la escena en una suprema
-lucha de los actores por la honra del autor. La conclusion fué tan
-rápida y precisamente ejecutada por el hachazo de Lumbreras, y
-aconterada por Cárlos con la octava final con tal sentimiento y brío,
-que el aplauso final se prolongó muchos minutos. _El puñal del godo_
-obtuvo el éxito que se obligó á darle Cárlos Latorre, si se nos
-concedia tiempo para ponerle en escena como él habia concebido que
-debia ponerse.
-
-Así se hacian y así se escuchaban las obras dramáticas desde 1832 á
-1843.
-
-
-
-
-XIV.
-
-INTERRUPCION.
-
-Sr. Director de _Los Lunes de El Imparcial_:
-
-
-Mi querido amigo: Siento mucho no poder enviar á V. original de
-mis _Recuerdos del tiempo viejo_ para el número de mañana: pero la
-primavera que Dios prematuramente nos ha enviado esta semana á los que
-en Madrid vivimos, ha hecho fermentar en mi viejo corazon el espíritu
-vagabundo y holgazan de todo buen español en la estacion primaveral.
-Confieso á V., y sin que tal confesion me pese ó me ruborice, que no he
-hecho más en toda la transcurrida semana que pasear al sol mi pellejo,
-que con el frio comenzaba ya á apergaminarse, conversar con dos amigos
-tan viejos como yo, del tiempo que no volverá, y vagar por las calles
-de Madrid como un gorrion nuevo recien escapado del nido, que no piensa
-en volver á él miéntras luzca el sol sobre el horizonte.
-
-En esta ociosa vagancia me ha cogido el sábado, mi querido Munilla,
-sin haber escrito ni acordarme de escribir una palabra del artículo de
-mañana: así que, mi _Puñal del godo_ pendiente se está como quedó en
-nuestro número del 1.º de Marzo, y no lo volveré á coger hasta el del
-lunes 15: y para bien sea; porque un puñal en manos de un viejo loco,
-puede acarrear á cualquiera un susto, si no un disgusto. Yo quisiera
-sincerar mi falta dando á V. alguna razon que de ella con V. me
-disculpara: pero, la verdad es que no la tengo: si le escribiera á V.
-en verso, ya inventaria yo alguna mentira, por excusa; pero escribiendo
-en prosa, debo decir la verdad como hombre honrado.
-
-El lunes, satisfecho de haber publicado y cobrado mi artículo, me salí
-al sol á expaciar el ánimo y á descansar del trabajo hecho. Los martes
-son malos dias para empezar negocio ni labor alguna: el miércoles me
-volví á salir al sol para prepararme á oir por la noche en el Ateneo
-al Sr. Moreno Nieto; á quien voy yo siempre á escuchar con tanto
-asombro como respeto, porque sabe tantas cosas que yo no sé, y las
-dice de una manera tan de mi gusto, que le escucho arrobado, y me
-pesa siempre de que concluya de exponer aquellos sus tan bien hilados
-discursos, tan lógicamente hilvanados en tan primorosas frases. El
-jueves continué paseándome al sol, para rumiar lo oido al Sr. Moreno
-Nieto; y á las siete y media (costumbre mia de los jueves) me senté á
-la mesa de la condesa de Guaquí, quien siendo hija de mi condiscípulo
-el duque de Villahermosa, es al mismo tiempo hermana del ángel rubio
-encargado por Dios de abrir las puertas de la aurora y de derramar
-la luz y la alegría sobre la tierra. Recibe conmigo á su mesa los
-jueves esta gentilísima señora al prodigio de memoria, de erudicion
-y de precocidad, el jóven Menendez Pelayo, al infatigable Grilo, que
-nos recita sus versos, los mios y los de todos los poetas que conoce;
-á Pepe Esperanza, quien me hace concebir la de escuchar el celeste
-concierto del Paraiso, cuando él pone las manos en el piano, y otros
-renombrados ingenios y conocidísimos personajes, de quienes no cito á
-V. los nombres, porque no le parezca que trato de darme más importancia
-de la escasa que mis versos me han adquirido, más por el ajeno favor
-que por su mérito propio. Puede V. comprender que no tendria perdon
-de Dios, si empleara los viernes en otra cosa que en saborear los
-recuerdos en prosa y verso del salon de aquella condesa Cármen, con la
-cual no tienen flor comparable ninguno de los Cármenes escalonados en
-el valle de los Avellanos de la morisca Granada.
-
-Del viernes ya pensé emplear la noche en escribir mi artículo; pero
-fatalmente para V., los viernes ha dado en reunir en su casa la señora
-de Malpica á algunos amigos suyos, entre los cuales me cuenta; y ¡ay,
-señor Director de _Los Lunes de El Imparcial_! recibe esta señora con
-tal cariño y con tan buen gusto en una tan elegante morada, y van á
-casa de esta señora dos niñas morenas, que cantan como dos ángeles,
-dos rubias que tocan como dos serafines, y otras dos de tez apiñonada
-y cabello castaño que tocan y cantan como dos Santas Cecilias... en
-fin, de aquella casa se sale con pesar á las cuatro de la mañana; y el
-sábado hay que pasarlo en soñar con aquellas tres parejas de muchachas,
-que le dejan á uno en los oidos para veinticuatro horas el eco de todas
-las harpas de Sion, y de los gorjeos de todos los ruiseñores de los
-bosques de la Alhambra.
-
-La tarde del sábado, cuando ya iba disipándose la especie de embriaguez
-en que envuelven el espíritu de los poetas, aunque seamos viejos, el
-recuerdo de tánta poesía, tánta música y tántos serafines con forma
-humana... ella bajando y yo subiendo, tropecé en la calle de la
-Montera con la marquesa de D. H., que es la más mona de todas las
-marquesas de los reinos unidos y desunidos de Europa; una malagueña
-que tiene una mata de rayos de sol por cabellos, un puñado de azucenas
-por cara, dos pedazos de cielo por ojos y dos ramilletes de jazmines
-por manos; y que me dió justísimas quejas, y que la dí merecidísimas
-satisfacciones, y que me ofreció el perdon suyo y el de su esposo, y
-que la prometí enmienda, y que me fuí á mi casa entre la niebla del
-crepúsculo, mareado y andando á tientas con el recuerdo de sus palabras
-y la imágen de su hermosura.
-
-Envié á mi familia al teatro de Apolo, y dejando el estreno de la
-comedia _Angel_ por oir á Blasco, me dirigí al Ateneo.
-
-Pero Blasco es más vagabundo que yo, y á las diez nos dijo el
-secretario que Blasco no daba su lectura aquella noche. Un poco
-despechado de aquel chasco que con su ausencia me pegaba Blasco, eché
-hácia el teatro de Apolo, desesperanzado de acabar la semana tan
-poética y armoniosamente como la habia pasado, puesto que daban una
-comedia en prosa para mí desconocida: _Lo positivo_.
-
-A más de la mitad iba ya la representacion del acto segundo, cuando
-ocupé yo mi butaca de primera fila; ignoraba el argumento y dábame
-apenas cuenta de lo que en la escena sucedia, cuando la Hijosa, que en
-ella estaba sola, dejó un periódico en que habia leido y tomó una carta
-que tenia delante por leer. Desplegó poco á poco el papel de aquella
-carta y comenzó su lectura con una indiferencia que cambió en atencion,
-y que fué pasando de ésta al interés, y de éste al sentimiento, y luego
-á la ternura, y ví con mis gemelos que las lágrimas brotaban de los
-ojos de la actriz, y sentí las mias anublarme los cristales á cuyo
-través la contemplaba, y oí por fin estallar un aplauso universal, y
-solté mis anteojos para aplaudir su final de acto, cuya ejecucion hacia
-mucho tiempo que no habia yo visto par.
-
-En el tercero desplegó Pepita Hijosa un lujo de pormenores, un estudio
-de detalles tan minucioso, un cuadro tan acabado de cómica coquetería,
-manifestó tal seguridad y franqueza, tal posesion de la escena, que
-envidié la fortuna del Sr. Tamayo ó Estévanez, ó como quiera llamarse
-el académico autor de aquella comedia, en la cual se me revelaban á
-un mismo tiempo el más práctico de nuestros autores, y una actriz
-incomparable para el estudio de sus papeles.
-
-Puede un gran poeta desarrollar en ricos versos ó en castiza prosa, un
-gran pensamiento, y dar cima á una gran creacion; pero el mejor poeta
-no puede hacer más que escribir sus palabras; y si el actor no da á
-cada una de las de su papel una intencion, una inflexion, un movimiento
-y una vitalidad competentes, de la palabra no resulta más que un
-sonido sin vibracion, que excita seca, pálida y fria la idea en ella
-expresada. En lo que yo ví de _Lo Positivo_, el poeta ha confeccionado
-sus palabras y sus escenas como maestro, pero la Hijosa da á su palabra
-el movimiento, el relieve y la vida del sentimiento del arte.
-
-Yo no conocia, amigo Munilla, á esta actriz que ha hecho su reputacion
-durante mis treinta años de ausencia de España, y como todavía su
-acento me resuena dentro del tímpano, su figura y su juego escénico
-me bailan aún en las pupilas, y el recuerdo de la actriz me turba la
-memoria, no tengo ni tiempo ni ánimo para escribir el artículo de
-mañana.
-
-Compóngase Vd., pues, como pueda; que yo voy á probar si durmiendo doce
-horas seguidas, puedo desembarazarme de la deliciosa pesadilla que me
-producen en vigilia las encantadoras imágenes de las nueve bienhechoras
-hadas, con quienes he tenido la fortuna de tropezar en la semana que
-acabó ayer. Si Dios me da otras cuatro como ésta, el premio grande de
-la lotería en la quinta, y la gloria despues de la muerte... reclame
-usted, señor Munilla, reclame usted ante todos tribunales humanos y en
-el divino, porque no habrá justicia ni en la tierra ni en el cielo.
-
-Suyo afectísimo...
-
- * * * * *
-
-Los redactores de _El Imparcial_ no quisieron dejar pasar el número
-de aquel lunes sin artículo mio, y sustituyéndole con mi anterior
-epístola, le completaron con la siguiente nota y los subsiguientes
-versos: todo lo cual dejo yo en este lugar interrumpiendo mis recuerdos
-como ellos lo intercalaron en los _Lunes_ de su periódico.
-
- * * * * *
-
-Mal satisfechos con esta carta del Sr. Zorrilla, corrimos á su
-casa, pero no le hallamos en ella. Registramos osados su pupitre, y
-encontrando en él el borrador de las siguientes octavas, las publicamos
-á continuacion de su carta, en lugar del artículo que hoy no contaba
-darnos.
-
- Dios te ha dado, Valenciana,
- la beldad de las huríes;
- en tu faz, cuando sonries
- se abre el cielo y se ve á Dios;
- quien al darte en carne humana
- modelada tu hermosura,
- dijo: «ahí va esa criatura,
- y como esa no hago dos.»
-
- Y eres única por eso:
- Yo creí que era mi Rosa
- la primera y más hermosa
- en el ámbito español;
- pero á tí, prez y embeleso,
- luz y gloria de Valencia,
- te creó la Omnipotencia
- sola y sin par, como el sol.
-
- En tus ojos nace el dia,
- que ajimeces son del cielo
- por los cuales manda al suelo
- de Valencia Dios la luz.
- Ha supuesto Andalucía
- que era Vénus sevillana...
- no lo creas, Valenciana;
- erró vano el andaluz.
-
- Al matar el cristianismo
- á la Vénus de Cithéres,
- se asió á tí Cupido, y eres
- quien le lleva de sí en pós;
- si hizo á aquella el paganismo
- de la espuma de los mares,
- de capullos de azahares
- y de luz te hizo á tí Dios.
-
- Tú eres Vénus, Valenciana;
- tu hermosura es más perfecta
- que la helénica, romana,
- bizantina y oriental:
- tú eres la obra más correcta
- de las manos de aquel númen
- que es la cifra y el resúmen
- de lo bello y lo ideal.
-
- Y contigo, almo trasunto
- de aquel gérmen de hermosura,
- de sin par modeladura
- en su inmensa creacion,
- no tiene el más leve punto
- de adhesion comparativa
- criatura alguna viva
- en belleza y perfeccion.
-
- No creó naturaleza
- ningun tipo de hermosura
- que no fuera á tu belleza
- algun rasgo á demandar;
- te pidió el cisne blancura,
- el armiño tu limpieza,
- el halcon tu gentileza
- y el antílope tu andar.
-
- Tienes ojos de paloma
- y hebras de sol por pestañas;
- Dios te ha puesto en las entrañas
- los efluvios del rosal:
- y respiras los aromas
- que desprende en las montañas
- de sus troncos y sus gomas
- el calor primaveral.
-
- Tu cabeza toca airosa
- tu abundante cabellera,
- como al cedro y la palmera
- su ramaje secular:
- de las hondas de tus rizos
- la espiral es más graciosa
- que los arcos movedizos
- de las ondas de la mar.
-
- Tu cintura, más esbelta
- que los vástagos del mimbre,
- hace el paso que se cimbre
- de tu andar de garza real;
- y tu leve falda suelta
- flota en torno de tu talle,
- cual la niebla que en el valle
- alza el sol matutinal.
-
- Más sutilmente no liba
- colibrí de cien colores
- en el cáliz de las flores
- el rocío que en él ve;
- más ingrávida no estriba
- la ligera mariposa
- en las hojas de una rosa,
- que al andar pisa tu pié.
-
- De tus labios la sonrisa
- como un alba se desprende
- que por la atmósfera extiende
- viva luz y áura vital,
- y tu aliento es una brisa
- que del cielo baja al suelo
- por tus labios, que del cielo
- son las puertas de coral.
-
- Son más dulces tus palabras
- que la miel de las abejas;
- el olor que trás tí dejas
- aventaja al del clavel:
- y tu amor, con el que labras
- mi ventura, reasume
- la dulzura y el perfume
- de la flor y de la miel.
-
- Tú eres Vénus, Valenciana:
- tus dos labios carmesíes
- al abrir cuando sonries
- se abre el cielo y se ve á Dios;
- quien al darte en carne humana
- modelada tu hermosura,
- dijo: «ahí va esa criatura:
- mas como esa no haré dos.»
-
-
-
-
-XV.
-
-EL PUÑAL DEL GODO.
-
-III.
-
-
-Ganóme esta obrita más favor con el vulgo é hízose pronto más popular
-y famosa que cuantas escritas llevaba, por la circunstancia de que,
-no necesitándose dama para su representacion, la pusieron en escena
-todos los aficionados en liceos, casinos y demás sociedades más ó
-ménos literarias que por entónces comenzaron á surgir; y permítame
-el lector que con vanidad le recuerde que sé de cierto que miles de
-personas, que han sido y son hoy conocidos personajes, han hecho el
-papel de alguno de los cuatro de mi _Puñal del godo_: y no há muchas
-noches dieron una dedada de miel á mi amor propio mi paisano Nuñez de
-Arce, Sellés y otros que valen y son hoy más de lo que yo antaño valia
-y era, revelándome alegremente que habian de estudiantes representado
-á Theudia y á D. Rodrigo, y el primero añadió que aún sabia de memoria
-toda mi rápidamente abortada composicion; lo cual, sea dicho en paz
-y en gracia de Dios, me congratula con aquel pequeño aborto de mi
-ingenio y casi me enorgullece de haberlo escrito.
-
-Y la ocasion me viene como de molde, para exponer aquí mi opinion sobre
-las representaciones de los aficionados, en los más ó ménos caseros
-teatros de sociedades más ó ménos públicas ó privadas. Cuando invitado
-un conocido autor á la representacion de una de sus obras en uno de
-estos teatros, le dicen durante ó despues de ella: _¡Cuánto habrá V.
-sufrido viéndose así ejecutado!_ ni los que tal le dicen son justos,
-ni él lo fuera pensando tal. Yo por mi parte no sólo asisto sin pena
-á estas ejecuciones, sinó que es la sola ocasion en que escucho mis
-versos sin hastío. Los aficionados suelen ser muchachos de quienes
-aún no se sabe el porvenir, que estudian sus papeles con afan, los
-representan con entusiasmo, y se encariñan con el autor; de quien se
-acuerdan contínuamente y con quien contraen esa amistad leal, noble
-y desinteresada, que se basa en la fruicion espiritual de la lectura
-y del estudio de una obra que nos procura aplausos y favor, siquiera
-sea de amigos. Tal vez un muchacho á quien el porvenir guarda una
-faja de general ó un sillon presidencial de un Parlamento ó en una
-Academia, representa delante de la niña que ha de ser su mujer, ó de
-la mujer que ha de ser su gloria ó su condenacion. Tal vez alguno,
-con la representacion del papel de Theudia ó del conde D. Julian,
-ha conseguido el amor de su Florinda, y uno y otro han bendecido y
-conservado por ello toda su vida una amistad por él ignorada al viejo
-autor del _Puñal del godo_. En estos teatros y en estos actores de
-aficion todo es disculpable, en atencion á la buena fé con que todo se
-hace: en ellos suelen presentarse individuos que fácilmente llegarian á
-buenos actores, si en serlo pusiesen empeño ó de serlo se vieran en la
-necesidad. Yo soy tal vez el viejo que tiene más amigos jóvenes: soy el
-poeta que goza de más popularidad entre la juventud escolar de España:
-y no por mi ciencia, de la cual dan mis escritos bien pobre y escasa
-muestra, sinó por las octavas de D. Rodrigo y el diálogo de éste con D.
-Julian, de los cuales hay apenas estudiante que no tenga en su memoria
-algunos de sus versos ó algunas hojas parásitas de los mios entre las
-de sus libros de asignatura.
-
-Los actores de provincia son tambien dignos de la indulgencia de los
-autores; porque la variedad diaria que en sus representaciones exige
-un público escaso que nunca varía, no les da tiempo de estudiar ni de
-ensayar convenientemente las obras; pero basta de esto, que es tratado
-aparte de mis recuerdos viejos: ya volveré sobre ello cuando llegue el
-turno á mis impresiones del tiempo actual; y tornemos y demos fin á las
-de _El puñal del godo_ con una anécdota poco conocida.
-
-Habia en Méjico cuando vivia yo en aquel paraiso, que debió ser para
-mí y no quiso Dios que fuera limbo del olvido un Casino español,
-pródigamente sostenido, en cuyos salones se daban algunas espléndidas
-fiestas; una de ellas, la imprescindible, se verificaba el dia
-onomástico de la Reina Isabel, á quien, como á la persona que entónces
-representaba la patria, enviábamos un saludo los expatriados de
-España. Era yo el encargado de hacer una lectura en aquellas noches,
-que concluia siempre con el viva á España, al cual contestaban los
-mejicanos y españoles en aquellos salones reunidos.
-
-Un año, queriendo el Casino hacerme un obsequio por lo que parecia
-trabajo y era en un español obligacion de buen ciudadano, dispuso que
-en una de estas fiestas se representase mi _Puñal del godo_ y se me
-ofreciese una corona.
-
-Colocáronme, para honrarme, en un grande y magnífico sillon, en el
-cual resaltaba más mi exígua personalidad, á la derecha de la orquesta
-y de cara al público: ejecutóse mi pobre drama lo mejor que se pudo
-y mejor de lo que se esperaba; diéronme mi corona, aplaudiéronme
-mucho, y despues de una exquisita cena aconterada con muchos bríndis,
-metiéronme, tras de muchos abrazos y plácemes, en mi coche y... buenas
-noches.
-
-Al dia siguiente un periódico mejicano, no muy afecto á los españoles
-pero redactado por gente ingeniosísima, daba cuenta de la fiesta,
-la representacion, mi coronacion y la cena final en los términos
-más halagüeños para la riqueza, la esplendidez y el patriotismo de
-los sócios del Casino; pero concluia con este cuentecillo: «Sin que
-salgamos garantes de la verdad del hecho, se cuenta que entre el
-poeta Zorrilla y un amigo nuestro y suyo, que no habia asistido á la
-funcion del Casino y que se acercó á saludarle al bajar aquel del coche
-á la puerta de su casa, se cruzó el siguiente diálogo, que resultó
-improvisada redondilla:
-
- «El amigo. ¿Qué tal lo hicieron los godos?
-
- El poeta. ¡Hombre!... lo han hecho tan mal,
- que buscaba yo el puñal
- para matarlos á todos.»
-
-En cuyo cuentecillo quedábamos mal todos los españoles de Méjico: los
-del Casino por haber hecho mal mi drama, y yo por hacerlo peor con
-ellos en semejante epígrama.
-
-Ni es mio, ni en aquella ocasion pudiera habérseme ocurrido; pero me
-le ha recordado la última representacion que he visto en Madrid de mi
-pobre _Puñal del godo_.
-
-
-
-
-XVI.
-
-LOS DOS VIREYES.
-
- _Suum cuique._
-
-
-Este drama está ya olvidado del público de Madrid, y apenas si se
-representa alguna vez en provincias, afortunadamente para mi honra.
-
-De él se ocupó la crítica muy somera aunque muy ágriamente, y tuvo
-razon: es la más miserable rapsodia representada en el teatro moderno;
-y si andando el tiempo algun curioso bibliómano ó algun crítico
-investigador tropezaran con ella en algun juicio retrospectivo,
-seguramente exclamarian con asombro: «¡Cómo diablos fué posible que
-aquel poeta escribiera esto!»
-
-Y no puedo negar que lo escribí, y es lo peor que al afirmarlo no
-me avergüenzo de haberlo escrito; materialmente escrito, porque
-el argumento, la forma y las escenas en prosa, no son mios: están
-rastreramente cogidos y literalmente copiadas de una mala novelucha de
-un autor italiano engerto en francés, á quien todo París literario y
-artístico ha conocido, pero cuya reputacion no ha llegado á España:
-la novelucha se titulaba _El virey de Nápoles_, y su autor se llamaba
-Pietro Angelo Fiorentino.
-
-¿Cómo llegó á mis manos esta novela? ¿Quién me puso en mientes
-transformarla en drama, copiando en él servilmente los amanerados
-diálogos de su falso relato y sin curarme de corregir sus errores
-históricos, ni de dar á mis personajes otro carácter más acusado y
-dramático, más verdadero y más español?
-
-Es una historia que debia de quedar para contada despues de mi muerte;
-pero que se me antoja contar en vida, porque nada hay en ella que no
-abone mi lealtad de amigo y mi buena fé de hombre honrado; porque
-no quiero que piense ninguno de los que en mi tiempo viven que temo
-abordar en mis RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO ninguna cuestion personal
-sobre el pasado que no vieron, y porque no quiero cargar para el
-porvenir con culpas que no fueron mias. En cuanto á mi reputacion
-literaria, confieso que no me trae con mucho cuidado; porque sólo la
-posteridad depura y acrisola lo que vale la fama adquirida en vida por
-un autor de loca fortuna ó de gran favor entre los profesores de bombo;
-y tengo yo para mí, aunque pese á los pocos amigos que me quedan,
-que más me va á honrar despues de mi muerte, la sinceridad con que
-reconozco la escasa valia y los defectos de mis obras, que el haberlas
-escrito; y digo sinceridad, por no atreverme á decir modestia; virtud
-que creo que no existe ya en España y que es un capital que... quien lo
-pone lo pierde: sabiendo lo cual, aunque lo tuviera no lo pondria yo.
-
-No quiero, sin embargo, que mis amigos renieguen de mí, tomando mi
-sinceridad por hipocresía; y voy á decirles de paso, y áun á peligro
-de que en vez de hipócrita me crean vanaglorioso, que tengo cierta
-conciencia de mí mismo, teniendo por bien hecho y por valioso algo
-de lo por mí hecho: mi _Cristo de la Vega_, mi _Capitan Montoya_ y
-mi _Margarita la tornera_, son tres leyendas muy imitadas, pero no
-corregidas áun por otro poeta mejor narrador, ó más legendario y
-tradicional; y Dios y el tiempo nuevo me perdonen mi pretension de
-creer que me dan derecho á tenerme por legendario buen narrador. Por
-poeta dramático no me tuve jamás, y sólo puedo presentar sin vergüenza
-los dos primeros actos de _Traidor, inconfeso y mártir_ y la segunda
-mitad del tercero y primera del cuarto de _El Zapatero y el Rey_; lo
-cual no es tánto que sirva para bravear, ni tan poco que me humille y
-me cierre las puertas del teatro; y en cuanto á mis poesías líricas...
-¡ay de mí! no son más que hojarasca; y en ellas hay muchas hojillas
-verdes y algunas florecillas frescas, pero cuando el tiempo seque tal
-hojarasca, poca sombra dará á mi fama el follaje que deje su soplo en
-las pobres ramas del laurel de mi gloria.
-
-Volvamos á la historia de mis Dos vireyes.
-
-Habia en 1838 y 39 una tienda de gorras en la Puerta del Sol, cuya
-dueña, honradísima mujer, tenia un hermano menor que de ella dependia
-y que era taquígrafo de las Córtes. Alto, desgarbado, de pesados
-movimientos, modales vulgares y saltones ojos, era en su exterior
-el tipo de la honradez, y en sus características manifestaciones la
-expresion de la buena fé.
-
-No recuerdo cómo, ni por quién, tropezó y comenzó á juntarse conmigo;
-pero ello es que paró en ser mi inseparable sombra, y que no pasaba
-dia que no pasara conmigo y en mi casa las horas que su ocupacion de
-taquígrafo le dejaba libres. Alababa todo lo que yo hacia, celebraba
-todas mis escentricidades de poeta y mis niñerías de muchacho; y como
-si en mi cronista se hubiese constituido, propalaba y encomiaba por
-donde quiera mis hechos y mis dichos, clasificándolos todos entre los
-más chistosos y originales del mundo; lo cual contribuia más que á mi
-buena fama á procurarle á él la de mi único amigo, confidente único de
-los secretos del muchacho que iba haciéndose popular.
-
-Llevaba yo por entónces, como he llevado siempre, una vida aislada,
-que me ha obligado á llevar el trabajo necesario á mi subsistencia y
-mi poca simpatía por las banalidades que forman base de la vida social
-de Madrid. Las visitas inútiles, las relaciones superficiales y los
-convites sin cariño, han sido cosas que no he aceptado jamás en mis
-costumbres: y he preferido siempre para mis alegrías y expansiones el
-interior modesto de mi pobre hogar, al suntuoso salon y la opípara
-mesa del opulento y millonario anfitrion. Mi idea fija era hacer
-famoso el nombre de mi padre, para que éste, volviéndome á abrir
-sus brazos, me volviera á recibir para morir juntos en nuestra casa
-solariega de Castilla; única ambicion mia y único bien que Dios no ha
-querido concederme. Bajo esta idea huí siempre de la sociedad política
-y rechacé el favor y la proteccion de los gobiernos, á quienes no
-pudo ligarme nunca compromiso alguno personal; mi padre era realista,
-tuvo que irse con el infante D. Cárlos María Isidro á las Provincias
-Vascongadas y que emigrar á Francia un mes ántes del convenio de
-Vergara; y puse mi empeño en probarle, que la fama que yo habia dado
-á su apellido, la debia sólo al trabajo y al favor del pueblo, no á
-haber vendido mi pluma á un partido contrario á sus opiniones; y sin
-cuya revolucion no hubiera yo, sin embargo, tenido una prensa en que
-publicar los versos que me hicieron popular.
-
-Pasábame, pues, la vida en mi casa dado á mi asíduo trabajo, del cual
-descansaba y me distraia en el tiro de pistola y en el circo de la
-plaza del Rey; mis dos únicos vicios, porque en vicio les constituia
-mi diaria presencia en el tiro y en el circo, donde constantemente me
-acompañaba _X_ el taquígrafo, tosco eslabon humano que con la humana
-sociedad me encadenaba. _X_ no tiraba; juzgaba de los tiros, convenia
-las apuestas, aplaudia los triunfos, y tomaba parte muy principal
-en los almuerzos en que las ganancias se invertian. Mr. Arnaud, el
-propietario del tiro, tenia para su establecimiento el reclamo de
-nuestra fama, y en el actor Monreal, en D. Juan Valleras y en mí,
-tres seguros mantenedores de las apuestas que él con extranjeros
-generalmente entablaba, y que el bueno de _X_ con él organizaba y
-llevaba á cabo; almorzando siempre, como árbitro y adlátere mio, con
-los vencidos y los vencedores.
-
-No puedo resistir al deseo de consagrar aquí cuatro renglones al
-recuerdo de aquellos viejos compañeros de mis juveniles aficiones.
-
-Monreal era un actor inimitable en lo que entónces se llamaba papeles
-de traidor: era un segundo sin primero y un tirador de pistola de
-primera fuerza; pero habia que fiarle en las apuestas los primeros
-tiros; porque era tan orgulloso, que el primero perdido le hacia perder
-la serenidad á impulsos del amor propio que le devoraba. Juanito
-Valleras era un gaditano de 24 años, fino y esbelto como un galgo
-inglés, caballeroso y leal hasta el recorte de las uñas, andaluz hasta
-la médula de los huesos, y tan incapaz de hacer una villanía como de
-soltar una gracia agresiva ni de mal tono. Era el primer tirador de
-entónces; tiraba por vanidad, y daba siempre la mitad del valor de cada
-tiro al francés Arnaud, porque no se convalachara con ningun tirador
-paisano suyo para desigualar la carga ó las ventajas de las apuestas.
-Con Valleras y conmigo llevaba Arnaud el 50 por 100 de cuanto en ellas
-se atravesaba; y el tiro de apuesta de Valleras eran nueve balas
-colgadas á nueve distintas alturas, que debian casarse con las de nueve
-tiros sin interrupcion; y rara vez le faltaba una por casar. De su
-hidalguía es prueba irrechazable el hecho siguiente:
-
-El francés Arnaud andaba siempre á caza de ingleses con quienes
-empeñarnos en apuestas de tiro, y dió una vez con unos que nos
-invitaron al del encargado de negocios de Dinamarca, que le tenia
-precioso en su jardin de la casa de la calle del Barquillo, residencia
-de su embajada. Los ingleses lo eran de pura raza, y nos recibieron
-como gentes de la mejor sociedad, prévia la más irrecusable
-presentacion. Tiraban con unas magníficas pistolas belgas, tres
-pulgadas más largas que las nuestras: fiáronse á la suerte todas las
-condiciones, y tocó á cada cual el derecho de usar de sus propias
-armas. Durante los preliminares, Monreal y _X_ fijaron su atencion en
-un inglés viejo, que sentado á la cabeza del tiro tenia un groom de
-pié á su espalda y un gran saco á sus piés: era sin duda un maniaco
-apostador.--«¡Ojo al saco!» dijo por lo bajo _X_;--y una mirada furtiva
-de Mr. Arnaud nos probó á Valleras y á mí que el francés habia tramado
-aquella conjuracion contra el saco del inglés. Tocó á los de Albion
-tirar los primeros; pusieron por primer blanco un huevo á treinta
-pasos: tiró el primer inglés, é hizo blanco: tiró el segundo con igual
-acierto; y hecho lo mismo por el tercero, nos tocó nuestro turno á los
-españoles. Valleras permaneció impasible, apoyada la mano derecha en el
-pilar de la barandilla, para tener la muñeca libre de sangre y el pulso
-tranquilo; pero invitado por uno de los ingleses á hacer su tiro, dijo
-tranquilamente: «Mis compañeros y yo no hacemos ese tiro.»
-
-Mr. Arnaud se mordió los labios, yo sentí palidecer mis mejillas, y
-los ingleses echaron sobre nosotros una mirada de compasion acompañada
-de una sonrisa, en la cual su esmerada educacion no llegó á marcar
-el desprecio. Valleras, sacando un puñado de monedas de á ochenta
-reales isabelinas y recientemente acuñadas, mandó al criado poner una
-en el blanco apoyada en el tapon de corcho tendido. Tomó su pistola,
-y pasándosela á Monreal para el primer tiro, dijo á los ingleses:
-«Nuestro tiro no pasa nunca de este tamaño.» El blanco se veia mal,
-porque no era blanco sinó amarillo, y á treinta pasos sólo lo veia un
-ojo de tirador; tiró Monreal y quitó la moneda; puso el criado otra, y
-Valleras me pasó la pistola con que él tiraba; puse yo mi alma en mi
-dedo índice, é hice blanco; Valleras dijo: «Yo no tiro eso: cuelgue
-V. mis nueve balas.» Valleras hizo su tiro; los ingleses saludaron
-respetuosamente, y el del saco se le entregó al groom, que desapareció
-con él. La apuesta paró en un refresco y en un puñado de monedas que
-Valleras y los ingleses dieron á Mr. Arnaud; y cuando á la mañana
-siguiente, al volvernos á reunir en el tiro de éste, argüia á Valleras
-por no haberse dejado ganar los primeros tiros para engrosar las
-puestas, Valleras contestó con su desenfado andaluz: «Mr. Arnaud, si V.
-habia pensado que nuestro blanco fuese el saco del inglés, hizo V. mal
-en pensar en nosotros para sostener tal apuesta.»
-
-Valleras murió dos años despues, de una afeccion pulmonar; Monreal
-se metió una noche la bala de su último tiro en el cerebro... y yo
-abandoné el tiro, cuando mis compañeros abandonaron el mundo.
-
-Al montar Ignacio Boix su librería en la calle de Carretas, dando á
-este ramo de comercio una forma y un impulso hasta entónces inusitado
-en España, _X_ se ingirió en su casa como administrador, ya con ciertas
-pretensiones literarias, como amigo y conjunto inseparable mio: Boix
-aceptó la literatura de _X_ bajo su palabra: dióse éste á escribir
-algunos artículos en _El Pensamiento_, semanario que Boix fundó: ganóse
-_X_ la confianza de éste como habia ganado la mia, y Boix le comisionó
-para ir á establecer en Cuba y Méjico dos sucursales de su casa de
-Madrid.
-
-Hé aquí el talento y la historia de las medianías que saben no
-desperdiciar la sombra de la más pequeña hoja que puede dársela: _X_
-empezó por adherirse á la pequeñísima sombra que mi pequeñísima persona
-comenzaba á proyectar: cobijóse despues á la sombra de mi casa: recogió
-como reliquias todos los borradores de mis manuscritos y todos los más
-íntimos pormenores de mi vida; y, al cabo de dos años, salió para Cuba,
-agente de la primera casa de librería, con mejor porvenir que yo, y
-con el manuscrito inédito de mi leyenda de _El capitan Montoya_, de
-la cual hizo cuatro ediciones en la Habana y Méjico, acompañándola de
-una biografía del autor _su grande amigo_, cuyo nombre iba con el suyo
-en la primera página, viva representacion de mi personalidad: segundo
-yo en aquellos países, que no pensaba yo entónces visitar despues de
-él, ni _X_ pensaba que yo en ellos habia de hallar más tarde la huella
-de sus pasos. Volvió á Madrid en 1842, trájome grandes noticias de
-mi gran fama por aquellos países y del éxito fabuloso de mi _Capitan
-Montoya_; pero ni á él le ocurrió darme, ni á mí pedírsela, cuenta de
-lo que sus cuatro ediciones habian producido. Entre amigos...
-
-Entre tanto habia yo tenido un poco de fortuna en el teatro con mi
-_Cada cual con su razon_ y las dos partes de _El Zapatero y el Rey_, y
-_X_ me habia dado á leer aquella novelilla de Pietro Angelo Fiorentino,
-que habia traducido y publicado _allá_ en compañía de mi _Capitan
-Montoya_ y bajo las mismas bases de lucro para Pietro Angelo que para
-mí. Celebróme mi bienandanza teatral: y anudando naturalmente su
-antigua intimidad conmigo, siguió acompañándome á los ensayos en el
-escenario y á mi mujer en mi palco en las representaciones... y un dia
-me preguntó que qué me parecia _su_ novela de _El virey de Nápoles_...
-y otro dia que si se podria hacer de ella un drama... y una noche
-que si yo querria transformar en drama su novela, y por fin que si,
-escribiéndola en verso y prosa, querria yo aprovechar los diálogos de
-la novela, y poniéndolos á nombre suyo, ponerle á él al par del mio
-como autor dramático: _cosa_ que á él le daria una grande importancia
-con su principal Boix, etc., etc.
-
-¿Por qué no habia yo de ayudar á hacerse hombre á un tan buen amigo?
-Me habia acompañado dos ó tres años cinco ó seis horas diarias, y dia
-y noche en las épocas de enfermedades y pesadumbres: habia empezado su
-carrera de escritor poniendo en las nubes mis versos y en boca de todos
-la prosa de mi vida... emprendí la transformacion de la novela _El
-Virey de Nápoles_ en el drama _Los dos vireyes_; pero por más empeño
-que puse en semejante trabajo, le concluí convencido de que habia
-salido como no podia ménos de salir una obra malamente confeccionada,
-muy desigualmente escrita y de éxito dudosísimo.
-
-Llamé á _X_ y le dije que en mi cualidad de buen amigo y de hombre
-leal, mi conciencia me obligaba á advertirle que _Los dos vireyes_
-era un tiro que iba á salir para él por la culata; y que al silbarme
-el público por primera vez, no faltaria á quien le ocurriera que
-escribiendo solo me habia hecho aplaudir, y que la asociacion con _X_
-me habia atraido la primera silba; y en fin, que aquel seguro mal
-éxito, en vez de procurarle reputacion y de abrirle la escena, le iba á
-desacreditar y á cerrársela para siempre.
-
-Pareció _X_ convencido de mis razones: y como la temporada cómica
-iba ya muy avanzada, la obra estaba prometida y yo obligado á dar la
-tercera del año, segun mi contrato, determinamos presentarla bajo
-mi solo nombre, y que corriera yo solo el riesgo de un desaire casi
-seguro del público y de una justa rechifla de la crítica por semejante
-rapsodia.
-
-Entregué mi obra á Lombía: recomendésela á Cárlos, poniéndole en los
-pormenores de su historia: prometióme Cárlos, con el paternal cariño
-que me tenia, ponerla en escena con tánto más esmero cuanto ménos
-probabilidades de éxito presentaba: y pretestando yo no poder esquivar
-por más tiempo el compromiso de ir á pasar la Semana Santa con el duque
-de Rivas, partí á Sevilla, huyendo de la primera representacion de
-aquellos _Dos vireyes_, con cuyo azaroso porvenir dejé cargados á Mate
-y Cárlos Latorre, diciéndome al meterme en la diligencia: «ojos que no
-ven, corazon que no siente.»
-
-¡Y qué recuerdo tan fresco, tan juvenil, tan poético, es el de aquel
-viaje y el de la estancia en la casa y con la familia de aquel tan
-gran poeta y tan grande amigo como fué mio, aquel á quien yo llamaba
-mi ángel, á quien la posteridad llama duque de Rivas, y cuya memoria
-vive aún por la amistad en mi corazon, y en España por el _Don Alvaro_,
-que está todavía en pié sobre la escena en que hace cuarenta años que
-apareció!
-
-Desde que Juanito Donoso y Nicomedes Pastor Diaz primero y Villalta
-despues, me habian dado trabajo en sus periódicos, no habia yo dejado
-pasar una semana sin publicar una ó dos composiciones por lo ménos:
-en tres años habia de ellas coleccionado ocho tomos mi primer editor
-Delgado. Desde que García Gutierrez me habia abierto la escena,
-asociándome á él en el _Juan Dándolo_, habia yo presentado seis dramas,
-benévolamente acogidos por el público, que tuvo sin duda en cuenta
-al aplaudírmelos mi poca edad y mi constante trabajo: tenia yo mucha
-priesa de meter ruido que llegara á los oidos de mi padre, emigrado en
-Francia, y no me remuerde la conciencia de haber desperdiciado aquel
-tiempo viejo. Era la primera vez que cogia yo un mes y un puñado de
-onzas para mi solaz. Mi miedo al éxito de mis _Dos vireyes_, pedia á
-Dios alas para huir de Madrid: y el editor D. Manuel Delgado, que era
-el único que sabia lo que yo valia en dinero, que me gruñó siempre,
-pero no me negó jamás el que le pedí, me dió el susodicho puñado de
-onzas, para sustituir con un asiento en la diligencia las alas que
-Dios no ha concedido á ningun poeta al lado de los homóplatos. Dióme
-Lombía una docena más de aquellas graves y amarillas monedas que por
-atrasos de mi sueldo me era en deber, y otra docena Boix por adelanto
-y seguridad de mi primer tomo de leyendas: dejé las dos docenas á
-mi familia; y con el primer puñado en el bolsillo, me acomodé en la
-berlina, que despues hemos llamado _coupé_, de la diligencia que á
-las tres de una mañana de marzo arrancaba para Sevilla, de la calle de
-Alcalá.
-
-Llevaba por compañeros á D. Juan Jústiz, noble mozo habanero, de tan
-mala salud como buena educacion, y tan sobrado de rentas como falto de
-humor para gastarlas; á quien acompañaba Lorenzo Allo, otro habanero de
-tan buen humor y tan buena salud como poco amigo de guardar su dinero,
-con quien habia trabado yo amistad en el tiro de Mr. Arnaud y en el
-gimnasio del conde de Villalobos.
-
-Era este Lorenzo Allo el mejor amigo y el más agradable compañero del
-mundo: tan enjuto como récio, era nervioso hasta tener trémulas las
-manos, á pesar de lo cual tomaba café cuatro veces al dia; y usando en
-anteojos de oro unos cristales de muy bajo número, alternaba con los
-primeros tiradores; sin que me haya podido yo dar cuenta de cómo veia
-el blanco, ni de cómo sujetaba é inmovilizaba sus nervios para hacer
-finísimos tiros. Teníame una sincera amistad y sabia de memoria muchos
-versos mios: dábame tan buenos consejos como malos ejemplos; y tan
-diestro boxeador como mediano humanista, estaba siempre dispuesto á
-saltar un ojo de un puñetazo á quien no le concediera sin discusion que
-era yo el primer poeta de ambos mundos. Cuidaba de mí en el gimnasio
-como si fuera yo de cristal, y de mi honra como si fuera la suya, é
-hijo yo de su mismo padre.
-
-Jústiz y yo le hicimos administrador de ambos durante el viaje y le
-entregamos nuestros dineros: aquel para no tener el trabajo de pensar
-en ellos, y yo para ahorrarme el de contarlos: negocio que era por
-entónces no poco peliagudo en España, con los ocho cuartos y medio de
-sus reales, los ciento setenta de sus duros, los trescientos veinte
-reales de sus onzas, las tres onzas y _dos duros_ de sus mil reales,
-etc.; de modo que la más mínima cuenta tenia siempre más picos que una
-custodia.
-
-La noche estaba fria, lejano el amanecer, y los tres viajeros de la
-berlina que habíamos acudido con tiempo por no habernos acostado,
-estábamos en nuestros puestos desde que empezaron los mozos á cargar el
-carruaje, durmiendo tranquilamente bien embozados en nuestras capas. La
-empresa era nueva, y en competencia con la antigua: el conductor ocupó
-el pescante y al dar las tres en el Buen Suceso, dió una voz y tendió
-su fusta á los caballos, que nos arrebataron entre el ruido de sus
-herrados cascos y de sus agujereados cascabeles.
-
-La nueva empresa habia montado á la francesa sus tiros, sustituyendo
-al antiguo rosario de mulas, enfrenadas sólo las dos del tronco y las
-seis restantes encomendadas á un muchacho ginete en el mingo delantero,
-un tiro de seis buenos caballos todos embridados; dos en la lanza y
-cuatro en balancin. Aquellas nuevas diligencias, carruajes de sólo
-berlina y rotonda, eran unas especies de sillas de posta; y eran á
-las antiguas galeras y diligencias lo que hoy son á aquellas sillas
-de posta las locomotoras y trenes de los ferro-carriles; pero aquel
-ruido de los cascabeles, aquel perpétuo vocerío con que á sus caballos
-animaban los mayorales, aquellos zagales dicharacheros que enganchaban
-y recogian los tiros en las remudas, aquellos venteros y maestros de
-postas, aquellas hosterías en donde se hacian los altos y las comidas,
-conservaban el carácter jaranero y alegre de nuestra patria y la tierra
-por donde viajábamos los españoles; y se veia el país, y se bromeaba
-con las paisanas; y sea dicho en paz, no tenia tantas ventajas para
-los intereses materiales, pero tenia más poesía que el actual nuestro
-modo de viajar del tiempo viejo. Los caballos daban cierto decoro de
-caballeros á los viajantes; y no todo el mundo podia permitirse el lujo
-de viajar en berlina de una silla-correo, que corria por el centro de
-la calzada, pasando al vulgo de los viandantes; la máquina lo arrastra
-todo, y los caballos arrastraban la flor de lo arrastrado, y bien lo
-decia el refran: «de las vidas arrastradas... la del coche.»
-
-El en cuyo _coupé_ íbamos Allo, Jústiz y yo paró en Ocaña para
-almorzar. Sin que Allo y yo hubiéramos bajado los cristiles, ni
-hablado con los viajeros del segundo compartimento en las postas
-pasadas, por respeto al descanso de Jústiz, que iba convaleciente de
-larga enfermedad, con fuentes abiertas en los brazos y encomendado á
-nuestra amistad por su cariñosa familia. Pero al apearme en Ocaña,
-unos brazos poderosos me arrebataron del estribo, y al depositarme en
-tierra me decia la voz vigorosa del individuo á quien aquellos fornidos
-brazos correspondian:--«¿Aquí tú, Pepe?»--Era Paco Elipe, diputado
-bullicioso, poeta un poco excéntrico, pero no despreciable, hacendado
-manchego y amigo leal, de quien ya apenas hace nadie memoria; pero de
-la de quien voy á traer algunos recuerdos á estos mios de aquel viejo
-tiempo.--¿Quién es tan descortés ni tan ingrato que no se pare á dar
-un apreton de manos al viejo amigo, á quien encuentra por acaso en el
-viaje de la vida? ¿Y qué son estos recuerdos más que un viaje de vuelta
-por el casi borrado rastro del florido camino de mi juventud?
-
-Paco Elipe fué sócio del Liceo y escribió de todo, en verso y en
-prosa; y empezando por un drama en compañía de Romero Larrañaga,
-titulado _La Vieja del Candilejo_, cuyo plan está no más preparado y
-versificado limpia y galanamente: escribió otros más, y tuvo sus éxitos
-y sus aplausos y su reputacion no inmerecidos y fué uno de los que,
-con quienes empezábamos á hombrear, arrimó el hombro para empujar el
-carro del progreso de aquella época. Recto y tenaz, y de vigorosísimo
-carácter, hacia y decia las cosas de muy original y personalísima
-manera. Un dia cerraba con lacre una carta, y echándose por descuido
-una gota de él encendida en un dedo, en lugar de sacudírsela dijo,
-conservando el dedo inmóvil: «¡Bruto Paco; para que no seas torpe otra
-vez!» Y dejó apagarse el lacre en la carne. Una noche sorteamos en el
-Liceo varios argumentos para una improvisacion, entre varios poetas, y
-tocóle á Elipe el de la _Noche-Buena_.
-
-El tiempo dado para el trabajo de la improvisacion era el de una
-hora, al fin de la cual comenzaba la lectura de las composiciones en
-la tribuna; llegó su turno á Elipe, y en medio de muchas redondillas
-facilísimas, en que describia todo el tumulto que traen consigo los
-panderos, zambombas y el jaleo de aquella noche de la Misa de Gallo,
-soltó con la mayor formalidad la semiblasfemia de esta cuarteta:
-
- Y aunque la ilacion se quiebre,
- lo que no apruebo y resisto
- es el mal gusto de Cristo
- de nacer en un pesebre.
-
-Y continuó su descripcion de la _Noche-Buena_ con tanta
-imperturbabilidad suya como estupefaccion del auditorio.
-
-Fué el amigo más consecuente de José Fernandez de la Vega, el fundador
-del Liceo, mal recompensado por todos los á quienes hizo hombres con el
-establecimiento de tan única y brillante sociedad. El Gobierno no supo
-dar á Vega más que el Gobierno de una provincia de tercer órden; y Paco
-Elipe fué el más fiel amigo de aquel á quien tantos faltaron.
-
-Pero de Paco Elipe haré más larga y justa mencion más adelante, porque
-espero en Dios que me dará tiempo de hacerle una visita en su palacio
-solariego de Manzanares: y ocasion de hallar en él materia para más
-curioso relato.
-
-Con este mi tercer compañero de viaje almorcé en Ocaña, en un parador
-nuevo, en una mesa muy limpia y enflorada, servida por dos buenas mozas
-de diez y ocho y veinte años, de trigueña tez, boca sensual y risueña,
-grandes, negros y retozones ojos, moño de picaporte con zorongo de
-largos cabos, y robustez muy mal disimulada en sus ceñidos corpiños, y
-sus estrechos y cortos guarda-pieses.
-
-El conductor nos presentó á los postres un libro en blanco, en cuyas
-hojas rogaba la empresa á los viajeros que anotasen las faltas de
-servicio para corregirlas. Elipe y yo acusamos en ellas, y en unas
-quintillas, al posadero de hacer servir su mesa por aquellas dos
-muchachas, que embelesaban á los viandantes para que no comiesen más
-que ojeadas y sonrisas, productoras para ellas de dobles propinas y de
-vanas esperanzas para los comensales; y pedíamos á la empresa que, ó
-suprimiese aquellas dos muchachas, ó que cambiando las horas de salida
-de sus carruajes, dispusiera que los viajeros no almorzaran, sinó que
-cenaran y pernoctaran en aquel parador de Ocaña.
-
- * * * * *
-
-El 1.º de Abril á las siete de la mañana nos apeamos de la diligencia
-en Sevilla, café del Turco, calle de la Sierpe. Salia yo á ver la
-tierra por primera vez; y como el pájaro que deja por primera vez
-el nido apenas emplumado, y goza de la luz, la vida y la libertad,
-desempolvando sus plumas entre el fresco césped y las primeras
-margaritas, y se baña en el brillante ajófar y las líquidas perlas de
-las gotas de agua que desparrama el Guadalquivir en sus siempre verdes
-orillas, me salí por la Puerta del Arenal á ver el puente, y el rio, y
-la Torre del Oro, y á respirar aquel ambiente perfumado de azahar, y á
-bañarme en aquella luz, reflejo dorado de la del Paraiso; á pasar, en
-fin, una mañana de muchacho que hace novillos.
-
-Y fué aquel uno de los pocos dias que en mi vida cuento como felices,
-y cuya dicha tuvo fin y colmo en mi nocturna presentacion en casa del
-egregio poeta, del cariñoso amigo, del entretenidísimo conversador, y
-del nunca olvidado autor del _Moro expósito_ y del _Don Alvaro_.
-
-El recuerdo de la amistad, de la casa y de la familia del duque de
-Rivas es una isla de arribada en el revuelto mar de mi existencia, un
-oasis frondoso en el arenal desierto de mis estériles aspiraciones,
-una tienda de reposo en el pedregal por donde ha hecho peregrinar mi
-inutilidad viviente, mi improductiva é improvisora poesía. La casa del
-duque en Sevilla es en mis recuerdos un nido de ruiseñores, donde fué á
-albergarse una noche de primavera una golondrina desanidada.
-
-
-
-
-XVII.
-
- ¡Gran tierra es Andalucía!
- La gente allí alegre toma
- la vida efímera á broma,
- y hace bien, por vida mia.
-
- Quien á Sevilla no vió
- no vió nunca maravilla;
- ni quiso irse de Sevilla
- nadie que en Sevilla entró.
-
- «¡Ver Nápoles y morir!»
- dicen los napolitanos.
- Y dicen los sevillanos:
- «¡Ver Sevilla, y á vivir!»
-
-
-Esto digo yo de Sevilla en _La leyenda de los Tenorios_, y esto hice
-cuando fuí á aquella ciudad sin más objeto que á ver á Sevilla y á
-vivir. No existian aún en España las academias y los profesores de
-_bombo_, ni _La Correspondencia_ anunciaba la salida de Madrid de don
-Fulanito y doña Menganita, ni nos habian hecho cardenales, tratándonos
-de _Eminencias_, á los que por algo comenzábamos á distinguirnos los
-que aún no se distinguian por su profesion de _bombistas_; ni habíanse
-aún establecido las sociedades y comisiones de aplausos mútuos que
-anuncien, calificándolo de acontecimiento, la partida, la llegada ó
-el resfriado de cualquier medianía ó nulidad, á quien cuatro amigos,
-si no ella misma, dan importancia miéntras se lee el número en que se
-da ó se la da bombo: así que pude yo pasearme por Sevilla con Allo
-y Jústiz sin riesgo de hacerme enemigos todos los liceos, ateneos y
-teatros caseros, cuyas invitaciones rehusara, y cuya sancion necesita
-hoy todo hombre notable para pasar por donde pasa, como moneda
-resellada, en cada provincia. Algunos curiosos iban á ver cómo era
-el autor de _El Zapatero y el Rey_ cuando entraba ó salia en el café
-del Turco, donde se hospedaba; y el tal autor salia ó entraba en su
-alojamiento, y gozaba de aquel sol y aspiraba aquel aroma de azahar
-que llena los paseos y las alamedas, y visitaba aquellos viejos y
-moriscos edificios, por y entre los cuales anduvo el rey, tan popular
-como mal juzgado todavía, de su drama _El Zapatero y el Rey_. Hacia, en
-fin, la vida que en Sevilla se hacia: la del pájaro, como dije en mi
-número anterior; picotear los capullos de las rosas y de los azahares,
-cantar y esponjarse á la sombra y entre las hojas de los naranjos y las
-magnolias, y vagar de barrio en barrio, como los pájaros de rama en
-rama, hasta la hora de acogerse al nido de los ruiseñores, que era la
-casa del duque de Rivas.
-
-En ella duraban algunas caseras costumbres de nuestras nobles familias
-de los siglos del Renacimiento. La del duque se reunia en las primeras
-horas de la noche en torno de una gran mesa; donde, presididas por la
-duquesa, trabajaban sus hijas en alguna labor, y leian ó dibujaban
-sus hijos, ó escuchaban todos al duque, que les leia ó recitaba
-algunos de sus característicos romances, ó algunas de las consejas
-por él recientemente desenterradas de bajo alguna piedra mal segura
-del rincon de una callejuela de Sevilla. El duque leia sus versos
-con un entusiasmo, un tono y una gesticulacion esencialmente suyos y
-completamente originales; y acompañaban su voz el murmullo del aire en
-las hojas y del agua en las fuentes del jardin, sobre el cual se abrian
-los dos balcones de aquella estancia. El cariñoso respeto y la cordial
-é infantil admiracion de su numerosa familia para con el padre y el
-poeta, era la cualidad característica, el fondo típico de aquel cuadro
-de interior, en cuya atmósfera se respiraba la más sincera alegría y la
-más tranquila felicidad. Aquellas cabezas juveniles de las muchachas,
-en cuyos ojuelos retozones chispeaba la curiosidad reprimida y en cuyos
-labios retozaba la maliciosa sonrisa; las inteligentes fisonomías de
-los muchachos, Enrique reflexivo y Alvaro bullicioso; aquellos álbums,
-grabados y caballetes abiertos siempre, ó siempre cargados de algun
-trabajo no concluido; aquellos retratos de los hijos, pintados por el
-padre; aquel piano siempre abierto, y aquellos tres salones seguidos,
-en donde siempre habia murmullo de música ó de poesía, y cuyo silencio
-era el són del agua y los árboles del jardin, daban á aquella casa un
-carácter especial, único y típico, que me hizo calificarla de nido
-de ruiseñores, y cuya paz fuí yo á interrumpir con el desordenado
-turbion de versos de mi leyenda de _La cabeza de plata_, de la cual iba
-escribiendo el último capítulo durante aquel viaje. Habia en aquella
-leyenda (que el fin se publicó bajo el título del _Talisman_, y de la
-cual ya nadie probablemente se acuerda), un enamoradísimo Genaro, á
-quien vuelve loco la cabeza de una hermosa Valentina, cortada por un
-bárbaro y celoso tutor, cuya historia no sabia yo á punto fijo cómo
-concluir, pero que entusiasmó á la duquesa, complació al duque por lo
-que me queria, y encantó á las muchachas por lo romántica y apasionada.
-
-Pasemos pronto por tan gratos como personales recuerdos: la muerte nos
-quitó de delante aquel ídolo á quien adorábamos, gloria de España,
-cuyos versos hemos aplaudido no ha muchos meses en el teatro en su
-_Don Alvaro_; y no quiero que su recuerdo parezca en estos mios como
-motivo de alabanza propia, ni como afan de propio engrandecimiento á la
-sombra suya, ni como halagüeña adulacion á los hijos vivos del amigo
-muerto; de cuya viva estimacion vivo seguro, por los puros recuerdos de
-aquellos dichosos dias y de aquellas deliciosas noches.
-
-Obligábame á pasar á Cádiz un asunto de familia; y librándome á fuerza
-de voluntad del encanto con que en Sevilla me retenia la sociedad del
-duque, me embarqué con mis compañeros en un vapor que descendia el
-Guadalquivir. No habia yo visto el mar; y para no verle prosáicamente
-desde una playa, me eché á lomos de aquella serpiente de plata,
-que deshace las móviles escamas de sus dulces ondas en las amargas
-profundidades del que rodea y arrulla aquel canastillo de plata, que
-se llama Cádiz. Ni de esta ciudad ni de la de Sevilla diré una palabra
-más; porque ni hay ya nada que de ambas en prosa y verso no se haya
-dicho, ni estos recuerdos son memorias históricas, ni relacion de
-impresiones de viaje, que obligan á seguir lógica y consiguientemente
-una narracion; sinó la consignacion de mis ideas en un papel, segun en
-mi imaginacion desordenadamente se van presentando. Está ya convenido
-que el autor del _Zapatero y el Rey_ y de _Margarita la Tornera_ es un
-poeta... bueno ó malo, grande ó pequeño: pero ¿cómo fué poeta? ¿Cuáles
-fueron los gérmenes de su inspiracion? ¿Qué influencia han tenido en
-sus escritos las vicisitudes de su vida? ¿Qué hay en la suya íntima,
-puesto que no la tiene pública no habiendo sido nunca más que poeta?
-Esto es lo que él solo puede decir, y esto es lo que exponen estos sus
-Recuerdos del tiempo viejo, tan desprovistos de interés como de órden,
-por ser personales y desligados de toda adherencia con la política, el
-progreso, la vida, y en una palabra, de la generacion en que ha vivido,
-como una planta parásita sin raices que á su tierra la sujetaran.
-
-Poseia en Cádiz una persona de mi familia una de las pocas huertas, que
-reverdecen en el escaso terreno de su puerta de tierra.
-
-Ni la dueña de aquella posesion conocia su finca, ni jamás habia estado
-muy clara la historia de ella; habíasela cedido un pariente suyo en
-cambio de unos terrenos en Ultramar; y tasada sin duda en más de lo
-que valia, no redituaba lo que de su capitalizacion podia esperarse.
-Habia habido en ella en otro tiempo un establecimiento industrial,
-cuyo abandonado edificio é inútiles utensilios habian ido vendiéndose
-cuando la ocasion se habia presentado. Teníala entónces en arriendo un
-signor Doménico Maggiorotti, genovés ó livornés, de una honradez sin
-tacha, el cual daba cuentas cuando se le pedian, descontando siempre
-algo por gastos hechos en recomposiciones absolutamente necesarias,
-como reconstruccion de tapias y renovacion de puertas. De vez en cuando
-habia hablado de calderas viejas y de útiles ya inútiles de hierro,
-que allí arrinconados existian, cuya venta le habian propuesto y para
-cuya enajenacion pedia permiso; diósele siempre la propietaria, y el
-livornés tuvo siempre á su disposicion el precio de lo vendido. Las
-cuentas del año anterior estaban con él todavía pendientes, y por
-el mes de Febrero del que corria habia pedido permiso para vender la
-piedra de una especie de estanques ó secaderos de cera; que cerería
-aseguraba que habia sido el arruinado establecimiento industrial de la
-finca. De la aclaracion de estos hechos y del cobro de la renta del
-último año iba yo encargado, con legal poder y ámplias facultades de su
-propietaria.
-
-Fuíme una tarde con Allo á la huerta del Maggiorotti, quien, segun
-costumbre de su país, se llamaba abreviadamente Ménico, y á quien
-entre las gentes vulgares con quienes trataba, llamaban unos el señor
-Ménico y otros el tio Mónico; no alcanzando la abreviatura del nombre
-italiano. Dimos en la huerta, y topamos en ella con el signor Ménico
-Maggiorotti; que era efectivamente mayor en años y en estatura que Allo
-y yo juntos, y uno de los mayores hombres con quienes yo he tropezado
-en mi vida. Tenia, segun nos dijo, setenta y dos años, y segun vimos
-cerca de seis piés de alto, con una cabellera y unas patillas como
-la nieve, unas cejas crecidísimas, bajo las cuales relampagueaban
-dos ojazos de un azul pardo y de una admirable limpidez; una tez
-curtida como si hubiese pasado mucho tiempo expuesto á los aires
-del mar; una boca grande de perpétua sonrisa y guarnecida aún de su
-completa dentadura, y unos hombros, unos brazos y unas manos fornidos,
-musculares y encallecidas, como de quien debia de haber pasado largos
-años en rudo y continuado ejercicio.--Saludéle yo afablemente; díjele
-quién era, y exhibíle mis credenciales; tendióme él su diestra llevando
-la zurda al sombrero, y miéntras por poco no me desmonta las catorce
-coyunturas de mi mano entre las de la suya, me dijo con una voz como de
-contramaestre hecho á mandar la maniobra entre la tempestad:--«Mañana
-á las diez le llevaré á usted á su casa ocho mil reales, y los seis
-mil trescientos restantes, el dia 30, á la misma hora: porque no
-habiéndome usted avisado de su venida, no le tengo juntos los catorce
-mil trescientos del total de su cuenta.»
-
-Ocurrióseme decirle que á mí, como el más jóven, correspondia ir á
-su casa; y contestóme, frunciendo más el entrecejo, y mirándome como
-quien necesita seis como yo para almorzar:--«Si tiene V. empeño de
-ir á mi casa, vaya; pero yo no hago ningun trato en mi casa, sinó
-en los _Montañeses_ que tengo en frente de ella, y ante un jarro de
-manzanilla, como tal vez no es costumbre entre los señoritos de Madrid,
-y yo pago siempre.»
-
-Acepté, tomé en mi cartera las señas de la casa y despedímonos hasta
-las diez de la mañana siguiente. Allo y yo convinimos en que aquel
-viejo tenia trazas de haber sido tallado sobre el modelo del Laoconte,
-y de ser un hombre tan formal como poco hecho á sufrir cosquillas.
-
---Parece que no tiene muchas ganas de recibirte en su casa--me dijo
-Allo.
-
---Y no sé por qué las tengo yo de meter en ella las narices,--le dije
-yo; y nos fuimos á buscar á Jústiz, para ir á la ópera.
-
-Al dia siguiente, exacto como un suizo, me presenté á las diez en casa
-del signor Ménico, que la tenia en una calleja cerca de la muralla y
-en frente de una tienda de montañeses; á la cual se entraba por un
-patinillo cercado de un emparrado, bajo cuyos vástagos se veian cinco
-ó seis mesillas, con sus correspondientes bancos, éstos y aquellas
-clavados, que no asentados en el suelo.
-
-La casa del signor Ménico Maggiorotti tenia su parte habitable en el
-piso principal, que, sostenido sobre dos postes, gravitaba entero
-sobre ellos y las paredes maestras de un gran portalon, todo lleno
-en derredor de bien apilados sacos de lana, en la cual comerciaba su
-propietario. Enclavada en la pared de la izquierda, pendiente, estrecha
-y de un solo tramo, una escalera de madera con su pasamano remataba en
-una puerta de maciza encina, único paso al piso superior; y en vez de
-postigo en ella abierto, se abria en la pared derecha un ventanillo,
-que dominaba el portalon, y desde cuyo ventanillo, un hombre armado
-de una escopeta de dos tiros ó de un par de pistolas, podia defender
-la subida y la entrada de una docena de asaltantes, que caerian
-infaliblemente uno tras otro ántes de que ninguno lograse forzar la
-puerta. Mil suposiciones, á cual más absurdas, forjó mi imaginacion
-de poeta y mi juvenil inesperiencia sobre las riquezas, la avaricia
-y el misterio de la vida del signor Ménico á la vista de aquellos
-sacos de lana, que representaban un buen par de sacos de duros, y de
-aquella colocacion de postigo y escalera, que delataban muy calculadas
-precauciones.
-
-Y todos estos supuestos me los hice yo como autor acostumbrado á
-preparar la escena de mis dramas, y como maniático tirador que no
-veia por donde quiera más que escenarios ó tiros de pistola; miéntras
-el corpulento signor Ménico venia á presentarme su mano de Titán,
-abandonando un saco de lana sobre el cual dormitaba ó echaba cuentas
-á mi llegada. Saludámonos, y atajando tiempo y cumplidos, el viejo
-italiano, con su vigoroso acento, pero en un tono cariñoso y dulcísimo,
-aunque imperativo, pronunció, llamándola, el más bello nombre de mujer
-que habia yo oido nunca.
-
---_¡Stella!_--dijo, y á su voz asomó al ventanillo una cabeza
-rubia, que respondió con una voz de indefinible dulzura: «Eccomi,
-nonno.»--«Troverai un sacco con un pò di danaro sulla tavola: portalo
-colla vesta:»--repuso Maggiorotti, y, unos momentos despues abrióse la
-puerta y descendió, con el saco y la chaqueta por él pedidos, la más
-deliciosa y poética criatura. Era una muchacha diez y ochena, blanca
-como una perla, rubia como un querubin y ligera como una corza. Traia
-el cabello recogido en dos trenzas sobre los hombros, con dos ligeros
-rizos flotantes sobre las sienes, un corpiño de terciopelo negro
-abrochado hasta el cuello con botones de plata, y un delantal blanco
-encima de una falda gris; por bajo cuyos ribetes se la veia bajar sobre
-dos piececitos inconcebibles, metidos dentro de dos escarpines de
-charol con hebillitas de plata. _Stella_ la habia llamado su abuelo, y
-á mí me pareció, en efecto, la estrella de la mañana.
-
-Notó el viejo la impresion que en mí hacia la presencia de aquella
-criatura, y diciéndola: «son qui alla bottega col signore,» la
-despidió. Saludónos ella, y, al desaparecer en lo alto de la escalera,
-me sacó maese Ménico de su portalon, diciéndome: «es mi nieta;» seguíle
-yo, sospechando si podia ser un ángel á quien aquel viejo demonio debia
-de haber arrancado las alas, y nos metimos uno tras otro en el patio de
-la tienda de los montañeses.
-
-Va á ser más fácil de comprender para mis lectores que para mí de
-relatar, la escena de mis cuentas con el signor Ménico Maggiorotti;
-porque la forma y consecuencias de tal escena son tan comunes y
-vulgares, como extraño y fantástico su fondo. El hecho en resúmen,
-por más empacho que confesarlo me cueste, fué que el signor Ménico,
-bebedor consuetudinario, enterró en el fondo de un jarro de manzanilla
-la razon de un muchacho, para quien era exceso lo que para aquel
-costumbre; la manera visible con que se efectuó este entierro, fué la
-de ingerir una á una en el estómago las aceitunas de un plato, y otra
-á otra las cañas en que Ménico vaciaba el contenido del jarro; cuya
-vulgar operacion vieron sin curiosidad ni extrañeza los propietarios
-del local que detrás del mostrador estaban; pero su fondo, es decir,
-la intencion del signor Ménico y el pensamiento mio, es lo de todos
-áun ignorado, y lo que voy en breves palabras á revelar; si acierto
-con las frases á propósito para escribir tan vulgar como fantástica
-situacion. Comenzó el corpulento administrador por enterarme, entre
-las dos primeras aceitunas y las dos primeras y aún inofensivas cañas,
-de las partidas de cargo y data de su cuenta, y de la que á favor de
-mi poderdante resultaba; vació en seguida el saquillo que le habia
-entregado su nieta, y apiló con la destreza y rapidez del más ducho
-banquero de cabecera, primero las monedas de oro, despues los pesos,
-y en fin, las pesetas, que componian la suma que me correspondia:
-cuatro mil reales en onzas y cuatro mil en plata; hizo rollos primero
-del oro, despues de los duros y de las pesetas; hízome guardar los
-primeros en los bolsillos del pecho de mi levita y en los del chaleco;
-metióme los de las pesetas en los del pantalon, y haciendo un lio de
-los de los duros en mi pañuelo, lo colocó dentro de la comba que mi
-brazo izquierdo trazaba sobre la mesa, é introduciéndome la cuenta en
-el bolsillo del relój y guardando él mi recibo en su cartera y ésta en
-el inmenso bolsillo de su chaqueton de pana, dijo: «ahora emprendámosla
-con el manzanilla.»
-
-Pero todo esto que él hizo y que yo le dejé hacer, lo hizo él con la
-calma, el aplomo y la prevision de quien sabia lo que iba á suceder, no
-queriendo que sucediera nada que fuera en perjuicio de su honradez de
-buen administrador y de pagador exacto.
-
-Bebíamos y hablábamos del estado de la huerta, de lo que yo hacia en
-Madrid, y de lo que pensaba hacer en adelante; de lo que él habia
-hecho en Génova y en algunas otras partes del mundo por tierra y mar.
-De mi manera de vivir debió comprender él muy poco, por ser para él
-los versos despreciable capital y mezquino género de comercio; y de
-lo que él habia hecho no comprendia yo tampoco mucho; porque además
-de que me lo contaba por terceras partes, en dialecto genovés, en
-italiano y en español, formulaba su narracion con tales circunloquios y
-digresiones, que tan pronto llevaba mi atencion por el mar, en un buque
-que iba y volvia á no recuerdo qué puntos de América; como por entre
-los fardos, las cuentas y las disputas de una casa de tráfico en un
-puerto del Mediterráneo; ya me hablaba de los granaderos de Nápoles y
-de una campaña de Italia, ya de un barco pirata y de encuentros con los
-contrabandistas de la montaña; ya de una casa tranquila y pintoresca
-de la campiña de Livorno, cuyo interior tenian hecho un cielo una hija
-y tres nietas como pintadas por Rafael: ya de una especie de génio
-siniestro de su familia que habia enterrado vivas á todas aquellas
-mujeres... y yo le escuchaba mirándole, á través del manzanilla sin
-duda, ya soldado, ya pirata, contrabandista, comerciante, padre, marido
-y abuelo de aquellos séres, que, tan hermosos como desventurados,
-pasaban todos por delante de mí, y saludándome bajo la forma de aquella
-_Stella_, que acababa de aparecer y desaparecérseme en el portalon de
-la extraña casa de maese Ménico Maggiorotti.
-
-Esta era mi idea fija, y la única clara que en el turbio cristal de
-mi mente se dibujaba; en cuanto el más mínimo intervalo de aspiracion
-ó reposo del viejo Ménico me lo permitia, intercalaba yo mi eterna
-pregunta--«_¿y Stella?_»--á la cual oponia él tenazmente su eterna
-respuesta--«mi nieta: mi última nieta»--y continuaba bebiendo y
-hablando, y yo contemplando su enorme boca, ya jurando en genovés, ya
-dilatándose en homéricas carcajadas; y sentíame fascinado por aquellos
-dos ojos que brillaban inquietos y chispeantes bajo el toldo blanco de
-sus nunca recortadas cejas. A veces enjugaba una lágrima con un pañuelo
-de algodon, que sacaba y metia rápida y facilísimamente de un bolsillo,
-en el cual cabria con comodidad una pieza entera de doce pañuelos; y á
-veces dando un formidable puñetazo sobre la desvencijada mesa, hacia
-saltar en ella el jarro, las cañas y mis rollos de duros envueltos
-y anudados en mi pañuelo de batista, sobre el cual ponia él su mano
-como único objeto de que habia que cuidar, diciendo «mi scusi...
-ma...» y miraba al cielo cerrando el puño. Yo, asegurando tambien
-por instinto mi dinero, aprovechaba aquel respiro para dirigirle mi
-eterna pregunta--«_¿y Stella?_»--y él exclamó al fin levantándose y
-apabullándose de través su sombrero hasta las orejas:--«¡Dio santo!
-¡Stella... Stella!--¡Sventurata! ¡Condamnata á morte comme tutte le
-altre!»
-
-Habia yo llegado á aquel período en que el mundo baila y gira en torno
-del mal bebedor, y al levantarse el signor Ménico, quise tambien
-ponerme derecho; pero al levantarme comprendí que mis piés no podian
-cómodamente con mi cabeza. Dióme el brazo maese Ménico; metióme el
-pañuelo de duros en el bolsillo izquierdo de atrás de mi levita; y
-arrollando este bolsillo en el faldon correspondiente, me lo colocó
-bajo el brazo izquierdo, y diciéndome en su galimatías:--«Niente,
-niente: en diez minutos se pasa todo: tenga firme el brazo, ed avanti
-sempre: questo vino non é che fummo.»
-
-Me sacó á la calle, me acompañó no sé hasta dónde; y yo, sintiendo
-reirse y danzar al rededor mio la gente, la muralla, los árboles,
-las fuentes y las casas, llegué á la mia, y dí conmigo y con mi
-dinero en brazos de Jústiz, que casi lloraba, y de Allo que reia
-como si él fuera el borracho. Yo, con una lengua que me pesaba seis
-arrobas, acerté á decir--«ahí traigo ocho mil reales... acuéstenme...
-y déjenme dormir»--me dejé desnudar, y ni ví cuándo me dejaban solo,
-ni sentí cómo me cerraban puertas y ventanas; y en la lobreguez de
-aquel vergonzoso y forzado sueño de mi primera embriaguez, no surgió
-luminosa, ni siquiera por un instante, la pura y poética imágen de
-aquella Stella fotografiada en mis pupilas y en mi cerebro, desde que
-apareció en el último peldaño de la empinada escalera del portalon de
-maese Ménico.--¡Tánto rebaja y embrutece tan innoble vicio al hombre
-inspirado por la más espiritual y fantástica poesía!
-
-No recuerdo si desperté ó me despertaron: pero anochecia cuando abrí
-los ojos, y me hallé entre el melancólico Jústiz y el siempre alegre
-Allo: interrogábanme ellos y respondíales yo: pero, ni me atrevia, ni
-podia explicarles lo que todavía no se acusaba bien definido en mi
-confusa memoria; excepto la de Stella, que, como la de los Magos, fué
-lo primero que brotó claro del caos espirituoso que aún envolvia mis
-enmarañados recuerdos.
-
-Allo, hombre de sentido práctico, concluyó por declarar que lo que
-sacaba en limpio de mi inconexo relato era, que el viejo italiano, fiel
-á las costumbres del país, habia hecho beber más de lo que podia al
-que no la tenia de beber en ayunas; pero que no habia motivo alguno de
-queja, ni acusacion en él de torcido intento, puesto que los ocho mil
-reales estaban completos y su cuenta exacta y sin tacha. Que aceitunas
-y manzanilla era una nutricion andaluza insuficiente, aunque excesiva
-para un castellano viejo; y que lo más acertado y perentorio era
-sentarnos á la mesa, y que yo echara un buen lastre en mi estómago,
-deslabazado por un vino chacharero y poco arropado, como la gente
-ligera de ropa de la caliente Andalucía.
-
-Sentámonos, pues, á la ya preparada mesa, que alegró Allo con su
-conversacion un poco verde, que escuchó Jústiz con su atildada
-compostura, y las _dos hijas de la casa_, sin darse por entendidas de
-lo hablado, en atencion á una noble botella de Sillery que destaponó
-y las sirvió Allo en són de próxima despedida; pues segun anunció,
-debíamos embarcarnos para Málaga á la siguiente noche.
-
-Y no sé por qué á tal anuncio se me oprimió el corazon.
-
-Comí poco, bebieron Allo y las muchachas, y á instancias del impaciente
-Jústiz, que no queria perder la salida de Salvatori en _Los Puritanos_,
-ocupamos nuestras lunetas (hoy butacas) en el teatro. Una de las
-mayores desventuras con que castiga Dios á un hombre es la de crearle
-poeta; es peor que si le creara bizco: todo lo ve de través, y en
-cambio de los imaginarios goces con que embelesa su espíritu, le
-estravía en el mundo real y le condena á vivir fuera de su época y
-extraño generalmente á sus contemporáneos. _Los Puritanos_ son para
-mí la más deliciosa partitura de la escuela italiana; no tienen una
-nota de desperdicio, y yo he sabido de memoria música y letra, á pesar
-de que el libreto del conde Peppoli es indigno de aquella sentida
-inspiracion de Vincenzo Bellini. Pues bien; yo escuché aquella noche
-_Los Puritanos_ como quien oye llover: no me dí cuenta de nada de lo
-que en escena pasaba; y desde que el primer coro cantó:
-
- La luna, il sol, _le stelle_
- le tenebre, il folgor
- dan laude al Creator
- in lor' favelle,
-
-yo no pensé ni me fijé en más que en el recuerdo de la pálida nieta de
-Ménico Maggiorotti, como si fuera la tiple que por la escena se movia:
-al llamarla el bajo _l'angelica sua Elvira_ creí que se equivocaba,
-y al oir al tenor juzgarla _tremante ed spirante_, los ojos se me
-arrasaron en lágrimas. ¡Qué desventura la de nacer poeta! ¿Qué tenia
-yo con la nieta de maese Ménico? ¿Sentia por ella desgraciadamente
-una de esas pasiones que nacen, crecen, se desarrollan y hacen feliz
-ó infeliz á un hombre en cinco minutos? Nada ménos que eso: era una
-impresion poética, un misterioso castillo en el aire, forjado sobre
-la vulgarísima historia de un tratante en lanas italiano que tenia
-una nieta que se llamaba Stella; era que acababa yo de compaginar el
-asunto italiano de mis _Dos vireyes_, cuyo éxito me tenia inquieto, y
-aquella inquietud, unida al recuerdo de lo que en aquel drama pasa á
-la enamorada Anunciata, me hacia esperar de Stella una heroina de un
-cuento, fin de la historia de la representacion de mi drama; era, en
-fin, la curiosidad, el sueño, el delirio de un poeta, que no ha visto
-nunca la vida tal como es, ni las personas vivas sinó como personajes:
-era una muchacha rubia, vista á través de una copa de manzanilla, vino
-chacharero y poco arropado, como decia Lorenzo Allo.
-
-Antes de acostarnos, acordaron éste y Jústiz nuestra partida para
-Málaga: declaréles yo mi resolucion de quedarme: tenia que cobrar el 30
-los 6,000 reales de mi crédito con maese Ménico. Allo se echó á reir:
-Jústiz me miró tristemente. Allo me dijo: el italiano es hombre formal;
-lo mismo te pagará el 30 que el 10, que estaremos de vuelta.
-
---No, repuse; quiero concluir mi _Cabeza de plata_.
-
---Otra cabeza rubia es la que ha barajado el seso de la tuya.
-
---Idos: me quedo.
-
---Pues nos iremos: quédate; pero volveremos por tí, y _velis
-nolis_, aunque haya que romper alguna cabeza, tú volverás á Madrid
-conmigo--dijo Allo--y nos acostamos.
-
-Allo y Jústiz partieron á Málaga á la noche siguiente: en la mañana
-del otro dia cambié yo de alojamiento: me ofendia la sonrisa perpétua
-de aquellas dos muchachas morenas y alegres que me habian visto volver
-de través, abrazado con el pañuelo de duros de Ménico: me disgustaban
-los ojos negros, los rizos negros y las formas redondas de aquellas dos
-andaluzas: yo soñaba rubio, veia rubio, adoraba lo blanco, lo esbelto y
-lo ligero; lo robusto, lo redondo, me parecia materia bruta: lo blanco,
-flexible y delicado, espíritu y corazon; lo andaluz, carne y prosa; lo
-italiano arte y poesía.
-
-Me instalé en el hotel del Correo, donde no habia más huésped que un
-inglés, y cuyo camarero era italiano. Púseme á concluir mi _Cabeza de
-plata_, para podérsela leer completa á la duquesa de Rivas, que habia
-quedado curiosa da saber su conclusion, que ignoraba yo todavía á mi
-paso por Sevilla.
-
-Pedí al camarero noticias de Maggiorotti una noche.
-
---E un ogro, me respondió; non riceve nessun italiano in casa sua.
-
---¿Conocette Stella?--le pregunté.
-
---¡Chi! ¿Stella? ¿Una vecchia brutta?
-
---¡Va via, grand' imbecile!--le dije despidiéndole furioso.--¡Una
-vecchia brutta Stella!... il Sole.
-
-Marchóse el pobre hombre sin comprenderme... y quedéme yo tan asombrado
-como él de lo dicho.
-
-¿Quién era Stella? ¿Qué tenia para mí? Que Dios me habia hecho nacer
-poeta y que habia dicho de ella maese Ménico: ¡Sventurata! ¡condamnata
-á morte comme tutte!
-
-Y todos nacemos condenados á muerte; sinó que los poetas vivimos como
-sonámbulos, y corriendo siempre tras de fantasmas.
-
-El inglés, único huésped del Hotel del Correo cuando yo tomé en él
-aposento, era el compañero más á propósito para mí en aquella ocasion.
-Taciturno gastrónomo, recorria todos los países del mundo para estudiar
-la cocina nacional de cada uno. Comia, callaba, digeria y dormia:
-escribia yo, pues, sin ruido, visitas ni estorbos, y descansaba sólo
-algunas horas de la noche. La luna en creciente tendia sobre la antigua
-Gades el rico manto de su luz de plata, y vagaba yo por sus limpias
-calles y sus ya arboladas plazas, á la luz melancólica del astro
-poético de la noche, como lo que he sido siempre, como una sombra de
-otro mundo y un habitante de otra region perdido sobre la tierra.
-
-Vagabundo nocturno de profesion, conozco todos los ruidos, las sombras
-y las luces nocturnas: sé cuántas formas toma la sombra de los árboles
-y de las casas, segun la luna las traza, las prolonga ó las recoge,
-desde que sale hasta que se pone. Sé los infinitos ángulos y triángulos
-que trazan los hierros de los faroles, los brazos de las cruces y
-las siluetas de las chimeneas; conozco todos los cuadros de luz que
-estampan sobre el oscuro y húmedo empedrado los balcones alumbrados
-de las casas en que se vela ó se baila, de las puertas que se abren
-para despedir á los contertulios á la luz de bujía, farol ó linterna;
-todos los huecos de sombra de los postigos abiertos y cerrados con
-precaucion y á oscuras para recibir ó despedir á los amantes; todos
-los rumores de las pisadas que se acercan ó se alejan con resolucion ó
-con miedo, de las del adúltero escurridizo ante la hora de la vuelta
-del marido; del jugador ganancioso y del hijo de familia retrasado;
-del ratero y de la buscona, del centinela y del médico; mis leyendas
-están llenas de esas noches, y yo tengo ciertas pretensiones de ser un
-poeta nocturno, rico de nocturna y pormenorizada observacion; todas mis
-comedias y dramas comienzan de noche y de noche se han concluido; y en
-aquellas de Cádiz concluian mis nocturnos paseos en una plazuela sobre
-la muralla derruida, por encima de cuyas desencajadas piedras metia el
-mar los hirvientes y desgarrados pedazos de encaje de la espuma de sus
-encrespadas olas; á través de cuyo rumor temeroso y del salino vapor en
-que el aire convertia la ola que en los peñascos se estrellaba, adoraba
-yo á Dios y aspiraba la poesía que ha extendido sobre los mares para el
-poeta creyente.
-
-El mar es para mí el grande espejo en que se pinta la faz de Dios,
-y mil veces he deseado tener por tumba su inmenso y móvil panteon de
-líquido cristal. Dos veces he naufragado, y el mar me ha devuelto vivo
-á la tierra. ¡Qué mausoleo más magnífico que el mar! A quien naufraga
-y muere en alta mar, le da Dios la muerte más dulce y sin agonía; una
-impresion rapidísima de inmersion en un baño, un zumbido de oidos
-semejante á una lejana música, un resplandor fosfórico que deslumbra
-las pupilas... y el alma sale del cuerpo y entra en la eternidad.
-¡Buenas noches! Aquel cuerpo y aquel alma se ahorran todo lo doloroso
-y lo ridículo de que la sociedad rodea al que se muere; el pesar
-verdadero de los que le aman, la hipócrita comedia del dolor de los
-que le heredan, los falsos consuelos de los que están deseando que
-espire pronto, ofendidos de su superioridad ó envidiosos de su gloria;
-el entierro oficial, si es un personaje ó una celebridad; el olvido
-inmediato tras de las ceremonias, y la profanacion, en fin, de su tumba
-por la posteridad, encomendada por Dios de castigar al orgulloso que
-olvida que le dijo al crearle: _Pulvis es et in pulverem reverteris_.
-
-Yo adoro el mar, y cuando el frio, la soledad, la reflexion y la
-necesidad de continuar mi trabajo me arrancaban de aquel boquete de
-murallon roto, por donde yo miraba el de Cádiz en aquellas noches, me
-volvia á mi hospedaje del Correo, pasando por el callejon en que se
-alzaba sombría y casi aislada la casa de maese Ménico Maggiorotti. En
-su esquina del Mediodía veia siempre iluminado por dentro el postigo de
-una ventana. ¿Quién velaba allí? ¿Hacia allí las prosáicas cuentas de
-sus sacos de lana ó de cuartos maese Ménico, ó mecian allí á la luz de
-una lamparilla los sueños de la esperanza, el espíritu virginal de la
-hermosa nieta del misterioso italiano? Todas las noches volvia á mi
-alojamiento sin haberlo averiguado, y volvia á trabajar en mi _Cabeza
-de plata_, bailándome perpétuamente delante de los ojos la rubia de
-Stella; y el recuerdo de su poética imágen bajaba y subia perpétuamente
-por la escalera del portalon, empotrada en mi cerebro, miéntras con
-ella distraido avanzaba lentamente en mi trabajo y esperaba impaciente
-el dia 30.
-
-El veinte y ocho recibí una carta de Cárlos Latorre, en la cual me
-decia: «Se levantó el telon sobre el primer acto de _Los dos vireyes_
-con entrada llena. Mate llevó con aplomo sus escenas en verso, y el
-público las escuchó con agrado: oyó sin repugnancia las en prosa,
-gracias al cuidado que pusieron todos los actores, y concluyó Azcona
-caracterizando con mucha inteligencia su final, que se aplaudió: no me
-lo esperaba, y comencé á respirar.»
-
-«Al empezar el acto segundo, el viento habia cambiado y el mar hacia
-oleaje. Durante el entreacto, un criado incógnito habia repartido al
-público, y no al buen tun, tun, sinó entre la gente de letras de las
-lunetas (hoy butacas), quince ó veinte ejemplares de la novela _El
-virey de Nápoles_, de Pietro Angelo Fiorentino; los cuales tenian una
-nota con lápiz que decia «los diálogos que Zorrilla ha copiado en su
-drama van marcados al márgen.» Los posesores de aquellos librillos
-se los mostraban y pasaban riendo á los curiosos que se los pedian:
-los palcos, las galerías y el pueblo pedian silencio: los actores no
-comprendian tal inquietud en las lunetas, pero no se desconcertaron.
-Concluyeron al fin las nueve escenas en prosa; quedó Mate sólo en
-escena, y el público respetó su respetable personalidad; é hiriendo
-sus oidos las octavillas italianas, comenzó á hacer silencio; y Mate
-le aprovechó para decírselas tan vigorosa é intencionadamente, que al
-concluirlas arrancó el primer aplauso de la noche. La cancion de Basili
-hizo un efecto inesperado; y Mate se llevó la sala con la redondilla:
-
- con un cordel á la gola
- y un crucifijo en la mano,
- cantar haré á ese villano
- su postrera barcarola,
-
-y con un segundo aplauso preparó mi salida. Excuso ponderar á V. lo que
-hicimos ambos en el resto del acto: cumplimos con los deberes de la
-amistad.»
-
-«En el entreacto segundo nos enteramos de la villanía de _X_, que era
-quien indudablemente habia enviado al teatro los ejemplares de la
-novela; yo me apresuré á dar la clave del ataque traidor de que era V.
-objeto; y la empresa y los actores resolvimos defender el final del
-drama con todo el empeño de que hombres y mujeres fuéramos capaces;
-pero _los amigos_ de fuera trabajaban en contra con los librejos; la
-escena en prosa y los endecasílabos pasaron apenas difícilmente; y ya
-temia yo una catástrofe para el final, cuando nos salvó lo que temíamos
-que nos perdiera: el virey encerrado en el balconcillo despues de la
-escena VI, en la cual logré arrancar un aplauso y hacerme escuchar.
-Mate estuvo impagable en aquella desairada posicion; rebosando
-orgullo, rencor y sed de venganza, hizo aborrecible el personaje que
-representaba, y al volvérsele las tornas, las galerías y la ignominia
-ahogaron á las lunetas, y dimos el nombre del autor, y hoy damos
-tranquilamente la cuarta representacion. Duerma V. tranquilo, y
-permítame V. que le prevenga para el porvenir con aquellas palabras de
-Fabiani en «_La familia del boticario: Buenos amigos tienes, Benito;_»
-y cuente V. con este que le querrá siempre.»
-
-No me sentó tan mal como me asombró la incomprensible partida mulata de
-_X_, porque me revelaba más estupidez que malas entrañas; puesto que,
-mero traductor de la novela de que me habia hecho _sacar_ el drama,
-quien tenia derecho en resúmen á aparear su nombre con el mio no era
-él, sinó Pietro Angelo Fiorentino--á quien yo habia robado por darle
-gusto.
-
-Tal es la historia de mi miserable rapsodia _Los dos vireyes_, y tal la
-de su primera representacion; de la cual no he hablado jamás á _X_, ni
-él ha podido nunca apercibirse de que yo le estimaba en lo que valia:
-sobre mis hombros no pudo, empero, volver á poner los piés. Así vivimos
-en estos tiempos y en esta sociedad, en que las medianías se atreven á
-todo, y á todo tal vez alcanzan, ménos á engañar á la posteridad.
-
-El 30 á las diez trepaba yo, que no subia por la empinada escalera del
-portalon de maese Ménico; pues no hallándole en él, quise ver si podia
-forzar el paso al, segun fama, impenetrable _sancta sanctorum_ de su
-misterioso hogar. Subí rápida y llamé ruidosamente á la puerta en que
-la insegura escalera finalizaba, y al tiempo que por el ventanillo
-acechador asomaba una curiosa cabeza de mujer, me franqueaba la entrada
-el mismo maese Ménico, por la barreada puerta, ante mí abierta de par
-en par.
-
-El genovés, en chaleco, pantalon y babuchas, me recibió con algo
-encapotado ceño y melancólica sonrisa; en los cuales mi extraviada
-preocupacion y mi fantástico espíritu se empeñaban en ver algo
-misterioso y siniestro: quise yo motivar mi presencia, pero él atajó
-mis escusas diciendo:
-
---«Son las diez, y es la hora. ¿Trae V. el recibo?
-
---Sí, señor.
-
---Pues los seis mil están contados: y conduciéndome á través de una
-antesala y un comedor, tan limpia como modestamente amueblados, á
-una especie de despacho, me mostró sobre la parte alta y plana de su
-pupitre los trescientos duros en pilas de á veinte y cinco. Mostréle
-mi recibo firmado y comencé á hacer rollos de á cincuenta, en los ocho
-pedazos en que corté un periódico que me alargó.
-
-Callaba yo haciendo, no muy diestramente, mis rollos, y callaba él
-esperando distraido á que yo concluyera de hacerlos; tal vez se reia en
-su interior de mí por la poca costumbre de manejar dineros que mi poca
-destreza le revelaba; pero mi indiscrecion de muchacho sin mundo y mi
-irresistible curiosidad me hicieron al fin prorumpir en la pregunta que
-hacia diez dias tenia en mis labios:--¿y _Stella_?
-
-Sentí la mirada de Ménico sobre mi faz, y la busqué con la mia,
-resuelto á todo: entre las blancas pestañas de sus hundidos ojos
-percibí dos lágrimas, que no dejó rodar por sus curtidas mejillas,
-enjugándolas ántes con el reverso de su mano.
-
---¿Stella?--dijo, como si su voz fuera en su respuesta el eco de mi
-pregunta.--¿Quiere V. verla?
-
---Si V. me lo permite...
-
---¿Por qué no? Acabe V. de recoger su dinero; no he podido procurarle á
-V. oro, porque...
-
-Interrumpióse sin acabar de darme su razon; concluí yo de liar mi sexto
-rollo, y miéntras ataba los seis en mi pañuelo, completé néciamente mi
-pensamiento, formulándole en esta menguada frase:
-
---Stella es una preciosa criatura, cuya vista regocija los ojos, cuya
-voz arrulla los oidos.
-
---¡Desventurada!--exclamó el viejo;--«¡é la più sventurata creatura del
-mondo! ¡Non può essere sposa, ne madre, ne padrona di sé stessa!»--Y
-abriendo ante mí una puerta, me mostró en un gabinete cariñosamente
-lleno de cuanto puede necesitar la coquetería mujeril, y en un lecho,
-que no exhalaba más que virginales emanaciones, ni excitaba más
-que castas ideas, la pálida Stella, cuya cabeza, doblada sobre las
-almohadas, tenia los ojos abiertos y fijos en espantosa inmovilidad.
-
-Sin poderme contener, exclamé:--¡Muerta!--Y Ménico, poniéndome
-bruscamente la mano en la boca, me dijo al oido:--¡silencio: oye, está
-en catalepsia!--y cogiéndome por el brazo, sacóme del aposento.
-
-Iba yo estupefacto á pronunciar un vulgar _mi scusi_; pero el
-infortunado maese Ménico me le atajó con otro, que en su boca y en
-su situacion resultó sublime de abnegacion y sentimiento, y siguió
-diciéndome:
-
---Es la última de tres hermanas; un infame, castigado por Dios con
-esa enfermedad, se casó con mi hija: sus dos mayores han muerto á los
-21 años; ella de pesadumbre; él... á manos de la venganza; yo les he
-enterrado á todos; no me queda más que Stella: si me sobrevive...
-¡qué vida tan horrible la espera! Si se me muere... ¡qué soledad!...
-_¡Misero me!_
-
-Yo habia escrito ya muchas comedias, pero no tenia aún aplomo en el
-teatro del mundo. Mudo é inmóvil, no sabia ni consolarle ni despedirme.
-La vieja que se habia asomado al ventanillo, presentándose en la
-antesala, dirigió á maese Ménico algunas palabras, que no comprendí:
-éste me abrió la puerta de la escalera, y yo descendí por ella abrazado
-con mi dinero, y me salí de aquella casa, más ébrio con la emocion y
-el desencanto que la primera vez con el manzanilla.
-
-Llegué al Hotel del Correo y hallé una carta que me habia traido de
-Madrid el del dia anterior; mi mujer se habia roto un brazo al salir
-á oscuras del teatro del Príncipe; Julian Romea habia cuidado de ella
-en los primeros instantes, la habia conducido á casa con el doctor
-Codorniú, y me suplicaban ambos que regresara inmediatamente á Madrid.
-
-Hé aquí la historia de mis _Dos vireyes_ y de la primera salida del
-Quijote de los poetas, á hacer por el mundo real la vida fantástica de
-los pájaros y de los locos.
-
-¿Qué logró en ella el hombre? Dos pesadumbres, dos desengaños y la
-vergüenza de una embriaguez; tres espinas en el corazon; pero quedó
-en la imaginacion del poeta legendario este tan delicioso como triste
-recuerdo del tiempo viejo: la imágen de Stella.
-
-
-
-
-XVIII.
-
-CUATRO PALABRAS SOBRE MI «DON JUAN TENORIO».
-
-
-Corria la temporada cómica del 43 al 44: Cárlos Latorre habia
-trabajado en Barcelona, y Lombía solo sostenido el teatro de la Cruz
-con su compañía, para la cual habia yo escrito aquel año tres obras
-dramáticas: _El Molino de Guadalajara_, drama estrambótico y fatalista,
-en el cual Lombía hizo un tartamudo de mi cosecha: papel erizado de
-dificultades inútiles, que él superó con una paciencia y un estudio que
-no sabré yo nunca ponderar ni agradecer, y cuyo tercer acto hicieron
-él, la Juana Perez, Azcona y Lumbreras de una manera inimitable; que
-fué lo que hizo el éxito de aquella mi extravagante elucubracion,
-forjada con tan heterogéneos elementos.
-
-La Juanita, disfrazada de sobrino del molinero, cantando la cancion de
-Iradier para dormir á Azcona, arrancó aplausos hasta de las bambalinas;
-pero repito que el éxito de esta obra se debió al esmero con que los
-actores la representaron, y al gasto con que la empresa la decoró;
-pagando además las palomas, los versos y las flores que sus amigos, y
-no el público, me arrojaron la primera noche. Lombía no se descuidaba,
-y era preciso que las obras que yo para él escribia no tuvieran éxito
-inferior á las de Latorre.
-
-_La mejor razon la espada_, refundicion ó rapsodia de _Las travesuras
-de Pantoja_, fué otro de mis triunfos de aquel año; pero no hay para
-qué alabarme por él, puesto que lo que en aquella obra vale algo es de
-Moreto, y no mio.
-
-En Febrero del 44 volvió Cárlos Latorre á Madrid, y necesitaba una
-obra nueva: correspondíame de derecho aprontársela, pero yo no tenia
-nada pensado y urgia el tiempo: el teatro debia cerrarse en Abril.
-No recuerdo quién me indicó el pensamiento de una refundicion del
-_Burlador de Sevilla_, ó si yo mismo, animado por el poco trabajo
-que me habia costado la de _Las travesuras de Pantoja_, dí en esta
-idea registrando la coleccion de las comedias de Moreto; el hecho es
-que, sin más datos ni más estudio que _El burlador de Sevilla_, de
-aquel ingenioso fraile y su mala refundicion de Solís, que era la
-que hasta entónces se habia representado bajo el título de _No hay
-plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague_ ó _El convidado de
-piedra_, me obligué yo á escribir en veinte dias un _Don Juan_ de mi
-confeccion. Tan ignorante como atrevido, la emprendí yo con aquel
-magnífico argumento, sin conocer ni _Le festin de Pierre_, de Molière,
-ni el precioso libreto del abate Da Ponte, ni nada, en fin, de lo que
-en Alemania, Francia é Italia habia escrito sobre la inmensa idea
-del libertinaje sacrílego personificado en un hombre: Don Juan. Sin
-darme, pues, cuenta del arrojo á que me iba á lanzar ni de la empresa
-que iba á acometer; sin conocimiento alguno del mundo ni del corazon
-humano; sin estudios sociales ni literarios para tratar tan vasto
-como peregrino argumento; fiado sólo en mi intuicion de poeta y en mi
-facultad de versificar, empecé mi _Don Juan_ en una noche de insomnio,
-por la escena de los ovillejos del segundo acto entre D. Juan y la
-criada de doña Ana de Pantoja. Ya por aquí entraba yo en la senda de
-amaneramiento y mal gusto de que adolece mucha parte de mi obra; porque
-el ovillejo, ó séptima real, es la más forzada y falsa metrificacion
-que conozco: pero afortunadamente para mí, el público, incurriendo
-despues en mi mismo mal gusto y amaneramiento, se ha pagado de esta
-escena y de estos ovillejos, como yo cuando los hice á oscuras y de
-memoria en una hora de insomnio. Escribílos á la mañana siguiente para
-que no se me olvidaran y engarzarlos donde me cupieran; y preparando
-el cuaderno que iba á contener mi _Don Juan_, puse en su primera hoja
-la acotacion de la primera escena, poco más ó ménos como habia hecho
-en _El puñal del godo_, sin saber á punto fijo lo que iba á pasar ni
-entre quiénes iba á desarrollarse la exposicion. Mi plan en globo,
-era conservar la mujer burlada de Moreto, y hacer novicia á la hija
-del Comendador, á quien mi D. Juan debia sacar del convento, para
-que hubiese escalamiento, profanacion, sacrilegio y todas las demás
-puntadas de semejante zurcido. Mi primer cuidado fué el más inocente,
-el más vulgar, el más necesario á un autor novel: el de presentar á mi
-protagonista, á quien puse enmascarado y escribiendo, en una hostería y
-en una noche de Carnaval; es decir, en el lugar y el tiempo que creia
-peores un colegial que todavía no habia visto el mundo más que por
-un agujero; y para calificar á mi personaje, lo más pronto posible,
-como temiendo que se me escapara, se me ocurrió aquella hoy famosa
-redondilla:
-
- «¡Cuál gritan esos malditos!
- pero mal rayo me parta
- si en acabando mi carta
- no pagan caros sus gritos.»
-
-La verdad sea dicha en paz y en gracia de Dios; pero al escribir esta
-cuarteta, más era yo quien la decia que mi personaje D. Juan; porque
-yo todavía no sabia qué hacer con él, ni lo qué ni á quién escribia:
-así que comencé á hacer hablar á los otros dos personajes que habia
-colocado en escena, sólo porque lógicamente lo requeria la situacion:
-el dueño de la hostería, y el criado del que en ella habia yo metido á
-escribir.
-
-La prueba más palpable de que hablaba yo en ella y no D. Juan, es que
-los personajes que en escena esperaban, más á mí que á él, eran Ciutti,
-el criado italiano que Jústiz, Allo y yo habíamos tenido en el café
-del Turco de Sevilla, y Girólamo Buttarelli, el hostelero que me habia
-hospedado el año 42 en la calle del Cármen, cuya casa iban á derribar,
-y cuya visita habia yo recibido el dia anterior. Ciutti era un
-pillete, muy listo, que todo se lo encontraba hecho, á quien nunca se
-encontraba en su sitio al primer llamamiento, y á quien otro camarero
-iba inmediatamente á buscar fuera del café á una de dos casas de la
-vecindad, en una de las cuales se vendia vino más ó ménos adulterado,
-y en otra carne más ó ménos fresca. Ciutti, á quien hizo célebre mi
-drama, logró fortuna, segun me han dicho, y se volvió á Italia.
-
-Buttarelli era el más honrado hostelero de la villa del Oso: su padre
-Benedetto vino á España en los últimos años del reinado de Cárlos III,
-y se estableció en aquella hoy derribada casa de la calle del Cármen,
-cuya hostería llevaba el nombre de la Vírgen de esta advocacion,
-y en donde yo conocí ya viejo á su hijo Girólamo, el hostelero de
-mi _Don Juan_. Era célebre por unas chuletas esparrilladas, las más
-grandes, jugosas y baratas que en Madrid se han comido, y tenia
-vanidad Buttarelli en la inconcebible prontitud con que las servia.
-Tenian las tales chuletas no pocos aficionados; y con ellas y con unos
-_tortellini_ napolitanos se sostenia el establecimiento. Viví yo seis
-meses alojado en el piso segundo de su hostería, tratado á cuerpo de
-rey por un duro diario, y allí tuve por comensales á Nicomedes Pastor
-Diaz y á su hermano Felipe, á García Gutierrez, á Eugenio Moreno Lopez
-y á otros muchos á quienes gustaban los _tortellini_ y las chuletas de
-Buttarelli. Este buen viejo, desanidado de su vieja casa, murió tan
-pobre como honrado y desconocido, y de él no queda más que el recuerdo
-que yo me complazco en consagrarle en estos mios de aquel tiempo viejo.
-
-Por lo dicho se comprende fácilmente que no podia salir buena una obra
-tan mal pensada; pero no quiero decir aquí lo que de ella pienso,
-porque tengo determinado decirlo en un libro que se titula _Don Juan
-Tenorio ante la conciencia de su autor_, publicado á fines de un mes de
-Octubre, para que el público tenga presente mi opinion al asistir en
-Noviembre á sus obligadas representaciones; en nuestro país nadie se
-acuerda en el mes de Octubre de lo dicho en el mes de Mayo.
-
-Haré sin embargo brevísimas observaciones sobre mis más pasaderos
-descuidos, para probar tan sólo la ligereza imprevisora y la falta de
-reflexion con que mi obra está escrita.
-
-Pero ántes de todo voy á responder á algunas objeciones á que da lugar
-la severidad de mis juicios. No hablo con la crítica racional, sinó con
-la malevolencia, la envidia y la necedad, que no dejarán de decir:
-
-1.º Que insulto al público criticando y dando por mediana una obra que
-aplaude hace treinta y seis años.--No.
-
-2.º Que soy ingrato y mal español, despreciando la reputacion fabulosa
-que por mi _Don Juan_ me ha acordado.--Tampoco.
-
-3.º Que de lo que con mi crítica trato, es de perjudicar á mis editores
-y á las empresas, porque no me dan parte de los productos de mis
-obras.--Mucho ménos.
-
-A lo primero, respondo que mi _Don Juan_, tal como está, tiene
-condiciones para merecer el favor de que goza; pero al cabo de treinta
-años es natural que un autor reconozca los defectos de una obra, lo
-cual no implica ni sombra de pensamiento injurioso para el público
-que la aplaude, reconociendo como él sus defectos: es decir la parte
-inteligente del público, porque el vulgo no es nunca juez competente ni
-aceptable ni aceptado en materias literarias.
-
-A lo segundo, que el no ser vanidoso, no es ser ingrato, y el
-aceptar con modestia lo que me corresponda solamente de gloria por
-lo bueno de mi obra, no es despreciar mi popularidad, sinó aceptarla
-con justa medida en lo que vale. Y aquí me ocurre una observacion,
-y es, que si un vanidoso hubiera en mi lugar escrito mi _Don Juan
-Tenorio_ y alcanzado el éxito colosal que yo con el mio, hubiera sido
-probablemente necesario echarle de España ó encerrarle en un manicomio;
-porque hubiera querido ser ministro de Hacienda, gobernador de Cuba y
-tener estátuas en vida.
-
-Y á lo tercero, que en lugar de intentar accion alguna retroactiva
-contra mis editores, poseedores legales de la propiedad de mi _Don
-Juan_ en época en que aún no existia la ley de propiedad literaria,
-en vez de dirigirme contra ellos, al ver que Dios alargaba mi vida más
-de lo que yo esperaba, me dirigí francamente al Gobierno, diciéndole:
-«Mi _Don Juan_ produce un puñado de miles de duros anuales á sus
-editores, y mantengo con él en la primera quincena de Noviembre á todas
-las compañías de verso en España; pero como tu ley no tiene efecto
-retroactivo, no por el mérito de mi obra, sinó por lo que á los demás
-produce, no me dejes morir en el hospital ó en el manicomio.»
-
-El Gobierno, teniendo por razonable mi demanda, me dió pan y con él me
-he contentado.
-
-Pero reclamo el derecho de ver y reconocer los defectos de mi obra;
-Revilla y otros críticos juiciosos los han indicado ya, con la opinion
-de que deben corregirse y de que su autor está, no sólo en el derecho,
-sinó en la obligacion de refundirla. Mi obra tiene una excelencia que
-la hará durar largo tiempo sobre la escena, un génio tutelar en cuyas
-alas se elevará sobre los demás Tenorios; la creacion de mi doña Inés
-cristiana: los demás Don Juanes son obras paganas; sus mujeres son
-hijas de Vénus y de Baco y hermanas de Priapo; mi doña Inés es la hija
-de Eva ántes de salir del Paraíso; las paganas van desnudas, coronadas
-de flores y ébrias de lujuria, y mi doña Inés, flor y emblema del
-amor casto, viste un hábito y lleva al pecho la cruz de una Orden de
-caballería. Quien no tiene carácter, quien tiene defectos enormes,
-quien mancha mi obra es D. Juan; quien la sostiene, quien la aquilata,
-la ilumina y la da relieve es doña Inés; yo tengo orgullo en ser el
-creador de doña Inés y pena por no haber sabido crear á D. Juan. El
-pueblo aplaude á éste y le rie sus gracias, como su familia aplaudiria
-las de un calavera mal criado; pero aplaude á doña Inés, porque ve
-tras ella un destello de la doble luz que Dios ha encendido en el alma
-del poeta: la inteligencia y la fé. D. Juan desatina siempre, doña Inés
-encauza siempre las escenas que él desborda.
-
-Desde la primera escena, ya no sabe D. Juan lo que se dice; sus
-primeras palabras son:
-
- Ciutti... este pliego
- irá dentro del orario
- en que reza doña Inés
- á sus manos á parar.
-
-¡Hombre, no! en el orario en que rezará, cuando usted se lo regale;
-pero no en el que no reza aún, porque aún no se lo ha dado Vd. Así
-está mi D. Juan en toda la primera parte de mi drama, y son en ella
-tan inconcebibles como imperdonables sus equivocaciones hasta en las
-horas. El primer acto comienza á las ocho; pasa todo: prenden á D. Juan
-y á D. Luis; cuentan cómo se han arreglado para salir de su prision:
-preparan don Juan y Ciutti la traicion contra D. Luis, y concluye el
-acto segundo diciendo D. Juan:
-
- A las nueve en el convento,
- á las diez en esta calle.
-
-Relój en mano, y habia uno en la embocadura del teatro en que se
-estrenó, son las nueve y tres cuartos; dando de barato que en el
-entreacto haya podido pasar lo que pasa. Estas horas de doscientos
-minutos son exclusivamente propias del relój de mi D. Juan. En el
-tercer acto se oye el toque de ánimas; yo tengo en mis dramas una
-debilidad por el toque de ánimas; olvido siempre que en aquellas épocas
-se contaba el tiempo por las horas canónicas; y cuando necesito marcar
-la hora en la escena, oigo siempre campanas, pero no sé dónde, y
-pregunto qué hora es á las ánimas del purgatorio. La unidad de tiempo
-está _maravillosamente_ observada en los cuatro actos de la primera
-parte de mi _D. Juan_, y tiene dos circunstancias especialísimas; la
-primera es milagrosa, que la accion pasa en mucho ménos tiempo del que
-absoluta y materialmente necesita; la segunda, que ni mis personajes ni
-el público saben nunca qué hora es.
-
-En el final, D. Juan trae á los talones toda la sociedad representada
-en el novio de la mujer por engaño desflorada, en el padre de la hija
-robada y en la justicia humana, que corren gritando justicia y venganza
-trás el seductor, el robador y el sacrílego: en aquella situacion está
-el drama; por el amor de doña Inés, va á matar á su padre y á D. Luis,
-y tiene preparada su fuga y el rapto en un buque de que habla Ciutti;
-pues bien, en esta situacion altamente dramática, aquel enamorado que
-por su pasion ha atropellado y está dispuesto á atropellar cuanto hay
-respetable y sagrado en el mundo, cuando él sabe muy bien que no van á
-poder permanecer allí cinco minutos, no se le ocurre hablar á su amada
-más que de lo bien que se está allí donde se huelen las flores, se oye
-la cancion del pescador y los gorjeos de los ruiseñores, en aquellas
-décimas tan famosas como fuera de lugar: doña Inés las encarrila
-desarrollando á tiempo su amor poético y su bien delineado carácter, en
-las redondillas mejores que han salido de mi pluma.
-
-De la desatinada ocurrencia mia de colocar en tan dramática situacion
-tan floridas décimas, resulta que no ha habido ni hay actor que haya
-acertado ni pueda acertar á decirlas bien. El público, que se las
-sabe de memoria, le espera en ellas como el de un circo á un clown que
-va á dar el doble salto mortal: si el actor, verdadero y concienzudo
-artista, las quiere dar la suavidad, la ternura, la flexibilidad y el
-cariño que sus suaves, cariñosas y rebuscadas palabras exigen... ¡ay de
-mí! como aquellas décimas no fueron por mí escritas acendrándolas en el
-crisol del sentimiento, sinó exhalándolas en un delirio de mi fantasía,
-resulta su expresion falsa y descolorida por culpa únicamente mia; que
-me entretuve en meter á la paloma y á la gacela, y á las estrellas
-y á los azahares en aquel duo de arrullos de tórtolas, en lugar de
-probar en unos versos ardientes, vigorosos y apasionados la verdad de
-aquel amor profundo, único, que celeste ó satánico, salva ó condena;
-obligando á Dios á hacer aquellas famosas maravillas que constituyen la
-segunda parte de mi _D. Juan_.
-
-Si el actor, pasando sobre su conciencia y haciendo caso omiso de la
-del autor y de su deber de imponerse al vulgo, por dar gusto á éste y
-arrancar un aplauso, las declama á gritos y sombrerazos como se hace
-hoy por nuestros más roncos y aplaudidos actores... el aplauso estalla,
-es verdad; pero ¿á quién pertenece? Al actor, no; porque al exponerse
-á arrojar por la boca los pulmones arroja con ellos al sentido comun
-por encima de la batería del proscenio, en cambio del aplauso de los
-engañados espectadores: al poeta, tampoco; porque aquellas palmadas
-resultan poco ménos que bofetadas para él, á quien jamás pudo
-ocurrírsele que tuvieran que ahullarse y berrearse unas décimas tan
-artificiosas y tan mal traidas, pero forjadas con los más poéticos
-pensamientos y expresadas con las más suaves, armónicas y cariñosas
-palabras.
-
-¿Qué quiero yo decir con esto? ¿Que los actores no saben representar
-mi _D. Juan Tenorio_? No: quiero decir que _en mala situacion no hay
-actor bueno_; que obra mia es aquella situacion mala; y que yo, que no
-transijo con mi conciencia al juzgar mis obras, no transijo con los
-actores que transigen con la suya en las mias.
-
-¿Intento yo, como se ha supuesto, al decir la verdad sobre mi _D.
-Juan_, y al hablar con tal ingenuidad de mí mismo, desacreditar mi obra
-y conspirar contra su representacion y éxito anuales, por el inútil
-y villano placer de perjudicar á mis editores y á los empresarios y
-actores, porque la propiedad de mi obra no me pertenece?
-
-Estúpida ó malévola suposicion. _D. Juan Tenorio_, que produce miles
-de duros y seis dias de diversion anual en toda España y las Américas
-españolas, no me produce á mí un solo real; pero, me produce más que á
-ningun actor, empresario, librero ó especulador: porque la aparicion
-anual de mi _D. Juan_ sobre la escena, constituye á su autor su fénix
-que renace todos los años. _D. Juan_ no me deja ni envejecer ni morir:
-_D. Juan_ me centuplica anualmente la popularidad y el cariño que por
-él me tiene el pueblo español: por él soy el poeta más conocido hasta
-en los pueblos más pequeños de España y por él solo no puedo ya en ella
-morir en la miseria ni en el olvido: mi drama _D. Juan Tenorio_ es al
-mismo tiempo mi título de nobleza y mi patente de pobre de solemnidad:
-cuando ya no pueda absolutamente trabajar y tenga que pedir limosna, mi
-_D. Juan_ hará de mí un Belisario de la poesía: y podré sin deshonra
-decir á la puerta de los teatros: «dad vuestro óbolo al autor de _D.
-Juan Tenorio_,» porque no pasará delante de mí un español que no nos
-conozca ó á mí ó á él.
-
-¿Cómo, pues, he de anhelar yo desprestigiar, ni desterrar del teatro
-á mi venturoso desvergonzado _Don Juan_, que es el sér de mi sér y la
-única esperanza de mi porvenir?
-
-Pero ¿qué intereses ataca, qué amor propio ofende el modesto
-conocimiento de sí mismo que el autor del tal _D. Juan_ manifiesta al
-juzgar su obra, cuando ha tenido treinta y tres años para estudiarla?
-¿cuando, _velis nolis_, le han hecho presenciar ochenta veces su
-representacion, durante la cual, á no haber sido de piedra como su
-estátua del Comendador, tiene forzosamente que haberla visto y héchose
-cargo de cómo pasa lo que en ella sucede?
-
-¿Seria posible, aunque para mí inconcebible seria, que se ofendiera la
-crítica de que yo, á mis sesenta y cuatro años, al ajustar cuentas con
-mi conciencia, dijera de mi _D. Juan_ lo que ella ó por consideracion
-al autor ó por no atreverse á ir contra la corriente de la opinion,
-no ha dicho en los mismos treinta y tres años? Es imposible; la
-crítica tiene que ser hidalga y leal en España, como lo es su pueblo,
-y no puede tornarse nunca en injusta, corrigiendo sólo al autor, no
-concediéndole ni permitiéndole nada, ni áun reconocer y corregir sus
-defectos, sin corregir el mal gusto, cuando estravía los juicios del
-público y el arte de los actores, ocasionando los escesos y faltas de
-las empresas: todo lo cual constituye lo que se llama el teatro: que no
-es sólo la palabra escrita del poeta.
-
-Dejémoslo aquí. Con todo lo dicho y lo que por decir me queda, no
-he pretendido más que alegar el derecho y la obligacion que tengo
-de ser modesto confesando mis defectos y errores, para que ni mis
-contemporáneos que me aplauden, ni la posteridad si de mí se acuerda,
-tengan motivo dado por mí en que apoyarse, para creer que yo vivo
-hinchado y esponjado como el pavon y sueño conmigo mismo cuando duermo,
-por la vanidad de ser quien soy, y de haber hecho y escrito lo que he
-escrito y hecho.
-
-Y si hay alguno que me envidia el ser autor del _Don Juan_, ¡ojalá
-pudiera yo traspasárselo para que gozara en mi lugar las consecuencias
-de haberlo escrito!
-
-La veracidad de mi opinion sobre esta obra la expresé muy claramente
-y de todo corazon en las últimas redondillas de las que leí en un
-beneficio que con él me dió Ducazcal en el teatro Español el año
-pasado, que inserto aquí para concluir, y por creer que aquí tienen su
-legítimo puesto y lugar.
-
- En los años que han corrido
- desde que yo le escribí,
- miéntras que yo envejecí
- mi _Don Juan_ no ha envejecido:
-
- Y fama tal por él gozo
- que se cree, á lo que parece,
- porque _Don Juan_ no envejece,
- que yo he de ser siempre mozo:
-
- Y hoy el bravo Ducazcal
- os anuncia en su cartel
- que he de hacer aquí un papel,
- que tengo que hacer ya mal.
-
- Yo no soy ya lo que fuí:
- y viendo cuán poco soy,
- dejo á los que más son hoy
- pasar delante de mí;
-
- Pues por Dios, que por más brava
- que sea mi condicion,
- la fiebre rinde al leon,
- la gota la piedra cava.
-
- Aún latir mis brios siento:
- pero es ya vana porfía,
- no puedo ya la voz mia
- pedirle otra vez al viento:
-
- Y á quien me lo quiere oir,
- digo años há por do quier,
- que pierdo el sér de mi sér
- y que me siento morir;
-
- Pero nadie me hace caso
- por más que hablo á voz en grito,
- porque este _Don Juan_ maldito
- por do quier me sale al paso;
-
- Y ni me deja vivir
- en el rincon de mi hogar,
- ni deja un año pasar
- sin dar de mí qué decir.
-
- Yo me apoco dia á dia,
- y este bocon andaluz,
- á quien yo saqué á la luz
- sin saber lo que me hacia,
-
- me viste con su oropel
- y á luz me saca consigo;
- por más que á voces le digo
- que ir no puedo á par con él.
-
- Mas tánto favor os debo
- por él, que en verdad me obliga
- á que algo esta noche os diga
- de este insolente mancebo.
-
- Oid... es una leyenda
- muy difícil de contar,
- porque tiene algo á la par
- de ridícula y de horrenda:
-
- una historia íntima mia.
- Yo era en España querido
- y mimado y aplaudido...
- y me huí de España un dia.
-
- Vivia á ciegas y erré:
- y una noche andando á oscuras
- tropecé en dos sepulturas,
- y de Dios desesperé.
-
- Emigré: me dí á la mar;
- y esperando en el olvido
- una muerte hallar sin ruido,
- en América fuí á dar.
-
- No llevando allá negocio
- ni esperanza á qué atender,
- al tiempo dejé correr
- en la oscuridad y el ócio.
-
- Once años anduve allí
- vagando por los desiertos,
- contándome con los muertos
- y sin dar razon de mí.
-
- Los indios semi-salvajes
- me veian con asombro
- ir con mi arcabuz al hombro
- por tan agrestes parajes;
-
- y yo en saber me gozaba
- que nadie que me veia
- allí, quién era sabia
- el que por allí vagaba;
-
- y esperé que de aquel modo
- de mí y de mi poesía
- como yo se olvidaria
- á la fin el mundo todo.
-
- Mi nombre, pues, con intento
- de dejar perder, y en suma
- sin papel, tinta, ni pluma,
- ni libros ya en mi aposento,
-
- bebia en mi soledad
- de mis pesares las heces:
- mas tenia que ir á veces
- del desierto á la ciudad.
-
- Vivo el cuerpo, el alma inerte,
- á caballo y solo, iba
- como una fantasma viva,
- sin buscar ni huir la muerte.
-
- Y hago aquí esta narracion
- porque sirva lo que digo
- á mis hechos de castigo,
- y á modo de confesion.
-
- Sobre mí á un anochecer
- un nublado se deshizo,
- y entre el agua y el granizo
- me dejó una hacienda ver.
-
- Eché á escape y me acogí
- de la casa entre la gente,
- como franca lo consiente
- la hospitalidad allí.
-
- Celebrábase una fiesta:
- que en aquel país no hay dia
- que en hacienda ó ranchería
- no tengan una dispuesta;
-
- y son fiestas extremadas
- allí por su mismo exceso,
- de las hembras embeleso,
- de los hombres emboscadas.
-
- Y á no ser de mi leyenda
- por no cortar la ilacion,
- hiciera aquí descripcion
- de una fiesta en una hacienda,
-
- donde nadie tiene empacho
- de usar á gusto de todo;
- porque son fiestas á modo
- de las bodas de Camacho.
-
- Allí acuden sin convite
- buhoneros, comerciantes
- y cirqueros ambulantes;
- sin que á nadie se le quite
-
- de entrar en corro el derecho,
- de gastar de los abastos,
- ni de colocar sus trastos
- donde quiera que halle trecho.
-
- Jamás se apaga el hogar,
- jamás el servicio cesa;
- siempre está puesta la mesa
- para comer y jugar.
-
- Por salas y corredores
- se oye el son á todas horas
- de carcajadas sonoras,
- de onzas y de tenedores.
-
- Todo es peleas de gallos,
- toros, lazos, herraderos,
- manganas y coleaderos
- y carreras de caballos;
-
- Y al fin de un dia de broma
- que nada en Europa iguala,
- todo el mundo entra en la sala
- y sitio en el baile toma.
-
- Entré é hice lo que todos:
- y cuando creí que al sueño
- se iban á dar, dí yo al dueño
- gracias por sus buenos modos:
-
- mas mi caballo al pedir,
- asiéndome por la mano,
- me dijo el buen campirano
- soltando el trapo á reir:
-
- «¿Y á quién hay que se le antoje
- dejar ahora tal jolgorio?
- Vamos, venga usté á la troje
- y verá el _Don Juan Tenorio_.»
-
- Y á mí que lo habia escrito
- en la troje me metia;
- y allí al paso me salia
- mi audaz andaluz precito.
-
- Mas ¡ay de mí, cuál salió!
- Lo hacia un indio Otomí
- en jerga que el diablo urdió;
- tal fué mi _Don Juan_ allí,
- que ni yo le conocí
- ni á conocer me dí yo.
-
- Tal es la gloria mortal,
- y á quien Dios se la confiere
- si librarse de ella quiere
- se la torna Dios en mal.
-
- A mí no me la tornó,
- porque por mi buena suerte,
- del olvido y de la muerte
- do quier _Don Juan_ me salvó.
-
- ¡Dios no quiso allá de mí!
- y de mi patria el olvido
- temiendo, como habia ido,
- á mi patria me volví.
-
- ¡Feliz malogrado afan!
- al volver de tierra extraña,
- me hallé que habia en España
- vivido por mí _Don Juan_.
-
- Comprendí en su plenitud
- de Dios la suma clemencia:
- _Don Juan_ habia en mi ausencia
- borrado mi ingratitud.
-
- Mónstruo sin par de fortuna,
- miéntras yo de España huia,
- en España me ponia
- en los cuernos de la luna.
-
- Y ni fuerza ni razon
- han podido derribar
- tal ídolo del altar
- que le ha alzado la opinion.
-
- Pero hablemos con franqueza
- hoy que todo coadyuva
- para que aquí se me suba
- á mí el humo á la cabeza:
-
- Desvergonzado galan
- siempre atropella por todo
- y de atajarle no hay modo,
- ¿qué tiene, pues, mi _Don Juan_?
-
- Del fondo de un monasterio
- donde le encontré empolvado,
- yo le planté remozado
- en mitad de un cementerio:
-
- Y obra de un chico atrevido
- que atusaba apenas bozo,
- os parece tan buen mozo
- porque está tan bien vestido.
-
- Pero sus hechos están
- en pugna con la razon:
- para tal reputacion
- ¿qué tiene, pues, mi _Don Juan_?
-
- Un secreto con que gana
- la prez entre los don Juanes:
- el freno de sus desmanes:
- que Doña Inés es cristiana.
-
- Tiene que es de nuestra tierra
- el tipo tradicional;
- tiene todo el bien y el mal
- que el génio español encierra.
-
- Que hijo de la tradicion,
- es impío y es creyente,
- es baladron y es valiente,
- y tiene buen corazon.
-
- Tiene que es diestro y es zurdo,
- que no cree en Dios y le invoca,
- que lleva el alma en la boca,
- y que es lógico y absurdo.
-
- Con defectos tan notorios
- vivirá aquí diez mil soles;
- pues todos los españoles
- nos la echamos de Tenorios.
-
- Y si en el pueblo le hallé
- y en español le escribí
- y su autor el pueblo fué...
- ¿Por qué me aplaudís á mí?
-
-Dejémoslo aquí hasta que veamos á mi D. Juan ante la conciencia de su
-autor, que tambien veremos á los actores ante mi _Don Juan_.
-
-
-
-
-XIX.
-
-(PARÉNTESIS.)
-
-
-I.
-
-Mi campaña teatral habia durado cuatro años: del 40 al 45. Fiel á mi
-bandera, no me habia yo pasado jamás al enemigo, combatiendo siempre
-en primera fila; y en aquellos cuatro años, porque en la temporada
-del 41 al 42 no escribí nada por lo que adelante diré, habia yo dado
-á la empresa Lombía veinte y dos obras escénicas, desde _Cada cual
-con su razon_ hasta _D. Juan Tenorio_[2]. Ninguna de ellas habia sido
-silbada, ni retirada del cartel sin cinco representaciones; y habian
-quedado del repertorio de Latorre, con éxito completo, _El Zapatero
-y el Rey_, _Sancho García_, _El rey loco_, _El puñal del godo_,
-_El alcalde Ronquillo_ y el _D. Juan_: Lombía repetia en el suyo el
-_Cada cual con su razon_ y _La mejor razon la espada_. La empresa
-del teatro del Príncipe no me habia visto jamás en el saloncito de
-Julian Romea, ni para sus afortunados actores habia yo en los cuatro
-años escrito un sólo verso; siendo el único escritor que siguió
-constante la inconstante suerte de la empresa de la Cruz, y escribiendo
-exclusivamente para Lombía y Latorre.
-
- [2] _Cada cual con su razon_; _Lealtad de una mujer_; primera
- y segunda parte de _El Zapatero y el Rey_; _El eco del
- torrente_; _Los dos vireyes_; _El molino de Guadalajara_;
- _Un año y un dia_; _Apoteosis de Calderon_; _Sancho García_;
- _El caballo del rey D. Sancho_; _La mejor razon la espada_;
- _El puñal del godo_; _La oliva y el laurel_; _Sofronia_;
- _La Creacion y el Diluvio_; _El rey loco_; _La reina y los
- favoritos_; _La copa de marfil_; _El alcalde Ronquillo_; _D.
- Juan Tenorio_.
-
-¿Por qué? Lo diré más adelante al recordar cómo, por qué y para quién
-escribí el _Traidor, inconfeso y mártir_; ántes y por hoy tengo
-necesidad de decir algo de las vicisitudes por que habian pasado los
-teatros de verso, durante los cinco años de la revolucion literaria, de
-la cual fuí entónces hijo mimado y hoy todavía viviente recordador.
-
-Porque estos mis desordenados Recuerdos del tiempo viejo son una
-madeja de quebradizos y rotos hilos, de cuyos cabos voy tirando al
-azar segun los voy devanando en el desigual ovillo de mis artículos de
-_El Imparcial_; y en éste veo que es preciso que dé á mis lectores,
-si tengo algunos, un cabo conductor y alguna luz que les guie por
-el laberíntico relato de mis entradas y salidas por las puertas y
-escenarios de los teatros de la Cruz y del Príncipe. Mis Recuerdos
-no son, desventuradamente para mí, una obra de cronológica ilacion,
-de continuidad lógica y progresiva de bien enlazados sucesos, y de
-uniforme estilo, como las curiosas Memorias de un setenton, del Sr.
-de Mesonero Romanos; á quien aprovecho esta ocasion para dar gracias
-por el cariñoso recuerdo que en ellas hace de mí, y para rendirle el
-homenaje debido al más fácil de nuestros prosistas, al más ameno y
-castizo de nuestros narradores, al más cortés de nuestros críticos, y
-al más exacto pintor de nuestras costumbres. Mis Recuerdos no pueden,
-ni intentan competir con sus Memorias; y cuando hoy se reducen á libro
-con una más ordenada forma, aún no pueden parangonarse con aquellas;
-elegante y última, pero genuina produccion del vigoroso ingenio del
-Curioso parlante, en cuya curiosa personalidad prolonga Dios la luz de
-la inteligencia para gloria y contentamiento de la presente generacion.
-
-Hecha esta salvedad y cumplido este deber, vuelvo la vista atrás y
-retrocedo cuatro años, para entrar por preparado camino en el quinto y
-último de mis recuerdos teatrales.
-
-La temporada cómica del 38 al 39, por no sé qué circunstancias
-fortuitas ó premeditadas, iba á pasar sin que hubiese compañía en
-los teatros de Madrid. Lombía, asociado con Luna, Pedro Lopez, las
-Lamadrid y otros se presentaron en época avanzada, con las más
-sinceras protestas de modestia, á llenar como mejor pudiesen aquel
-vacío. Estimóselo el público, y quedó constituida en compañía aquella
-sociedad, para la temporada del 39 al 40. _La redoma encantada_ fué
-para ella la gallina de los huevos de oro, y en aquel año cómico
-presenté yo mis tres primeras comedias, segun van marcadas en la nota
-correspondiente á este párrafo. Con la cooperacion del infatigable
-Breton, de García Gutierrez, Olona, y otros autores, el año fué un
-negocio, y á la temporada siguiente (la de 40 al 41) vino á tomar
-parte en él Julian Romea con Matilde y su compañía. Romea, Salas y
-Lombía tomaron ambos teatros, y habiendo yo comprometido mi palabra con
-Cárlos Latorre de escribir para él la segunda parte del Rey D. Pedro,
-cuya primera habia estrenado Luna, pero no habiendo querido Romea
-escriturar á Latorre, preferí no escribir para el teatro á faltar á la
-palabra empeñada á éste.
-
-No duró mucho la union de Julian con Lombía; y como por aquel tiempo
-transformara en teatro su circo Colmenares, que del de la plaza del Rey
-era propietario, Lombía, que habia tomado el viejo coliseo de la Cruz
-patrocinado por el banquero Fagoaga, director del Banco, estrenó el del
-Circo en el verano con Cárlos Latorre, miéntras se hacia de nuevo el de
-la Cruz. La empresa Colmenares, que era adinerada y emprendedora, hizo
-competencia á los dos teatros y á las dos compañías del Príncipe y de
-la Cruz, primero con grandes pantomimas y despues con ópera y baile:
-del 42 al 43.
-
-Lombía, que disponia de no escasos fondos y que era hombre de no
-cortos alcances, se volvió á unir con Romea contra el enemigo comun;
-y conservando independientes sus dos compañías de verso, fueron
-coempresarios para dos nuevas de baile y de ópera, que alternaron en
-sus dos teatros. La Lema (que casó despues con Ventura de la Vega),
-La Tossi (mujer luego de Lorenzo Milans) y la Villó ganaron allí con
-justicia la reputacion de primeras cantantes; y Salas en _Chiara di
-Rossemberg_ se hizo el primer caricato español; sosteniendo el baile
-la pareja Bartholomin, con su padre de director, Aranda de pintor,
-otra pareja italiana y un par de docenas de coristas aragonesas
-y valencianas, que se las tuvieron ten con ten á la Petit y á la
-Guy-Sthefan y á las andaluzas del circo.
-
-
-II.
-
-Del 43 al 44, Lombía solo, sin Romea, pero con Matilde, Guzman,
-Latorre, Sobrado, Pizarroso, Azcona, las Lamadrid y la Sampelayo,
-sostuvo la competencia contra las compañías del Circo con la mejor de
-verso que tal vez se ha reunido, y una de ópera de _primo cartello_
-(hasta el 45) con Moriani, Guasco y otros célebres cantantes. En estos
-dos años se pusieron en escena en la Cruz _La lámpara maravillosa_,
-fantástica y maravillosamente decorada por Aranda, _El triunfo
-de la Cruz_ y _La Encantadora_, y en el Príncipe _La Sílfide_ y
-_Hernan-Cortés_, varios dramas de Hartzenbusch y García Gutierrez,
-el _Don Alfonso el Casto_ y la _Doña Mencía_, el _Alfonso Munio_ y
-_El Príncipe de Viana_, de Gertrudis Avellaneda, y muchas comedias de
-Breton, que dieron prez al arte escénico y dinero á la administracion.
-El Circo, al fin, amparado por Narvaez, Salamanca y otros personajes de
-valia, se llevó la atencion con la competencia de la Fuoco y la Guy, á
-quienes se presentaban gigantescos ramos de flores conducidos en brazos
-de servidores con librea, en azafates y jarrones de plata y porcelana
-de china, y hasta en un carro que apenas cabia por la calle del centro
-de las butacas.
-
-Yo no sé lo que el arte ganó con aquel frenesí y aquellos delirios;
-pero el público se hartó de gritar por uno ú otro partido, y de
-divertirse con las excéntricas locuras de ambos; y se vieron en
-la escena de los tres teatros las más costosas decoraciones, los
-más lujosos trajes, las más cortas y transparentes enaguas, y las
-bailarinas más correctamente empernadas y de más ricas formas de los
-cuatro reinos de Andalucía y de la antigua coronilla de Aragon.
-
-Por fin perdimos nosotros los de la Cruz, que estuvimos á pique de
-ser crucificados. En Diciembre del 45 Lombía tuvo que prescindir de
-Cárlos Latorre, que se fué á Granada, y yo á mi casa á contentarme con
-saber que en Granada se aplaudia á Cárlos; sin el cual abrió Lombía el
-teatro del Instituto, con Caltañazor, las hermanas Flores, la Pámias,
-la Carrasco, la Concha Ruiz, Lumbreras, etc. En esta temporada, y ántes
-de abandonar la Cruz, se hicieron las zarzuelas _El Sacristan de San
-Lorenzo_, _La Venganza de Alifonso_ y _La pradera del Canal_, parodias
-de la _Lucia_ y la _Lucrecia_, escritas por Azcona, el más inteligente
-y entendido de nuestros actores de entónces, excepto Pedro Mate:
-cuadros de costumbres concienzudamente estudiados y con maravillosa
-exactitud copiados del natural.
-
-En Junio del 46 fuí yo á Francia, de donde regresé en Enero el 47,
-por el fallecimiento de mi madre: á mi vuelta hallé instalada en el
-Instituto la compañía andaluza de Calvo y Dardalla, donde estos dos
-actores representaban de una manera tan incomparable como encantadora
-_Los celos del tio Macaco_ y _La flor de la canela_. Pepe Calvo, padre
-de Rafael, hacia un tio Macaco tan indescriptible y característico, un
-gitano tan picaresco y atruhanado, tan anguloso, descaderado y zancudo,
-que no le produjeron más espirrabao ni Triana en Sevilla, ni el Perchel
-en Málaga.
-
-Del 48 al 49. El Ayuntamiento se encargó del teatro y se fundó el
-Español, con una compañía completa compuesta de Romea, Valero, Arjona,
-Matilde, Bárbara, Teodora y Osorio, etc. Catalina no aceptó su puesto
-en ella por razones personales, y Carceller con un asociado tomó para
-Catalina el viejo teatro de Variedades, con la Manuela Ramos, la Juana
-Samaniego, Juan Catalina, Cortés el buen gracioso, Manuel Gimenez y
-otros. Al fin de temporada contrataron á Salas, Adela Latorre, al tenor
-Gonzalez, etc., con quienes pasaron al teatro de los Basilios, miéntras
-que Harpa, propietario de Variedades, remodernaba su sala y escenario,
-dejándolos como estaban aún el año pasado de 79.
-
-Y aquí acaban mis recuerdos de los teatros que conocí ántes de mi
-expatriacion, y salvas algunas inexactitudes de fechas, y alguna
-confusion de ajuste de actores, esta es la historia de los teatros de
-Madrid desde el 40 al 49: tan ligeramente apuntada como lo permite el
-ligero espíritu de estos recuerdos á vuela pluma, y tan en confuso
-cuadro como se conservan amontonados en mi turbia memoria todos
-aquellos empresarios tan activos y batalladores, todos aquellos actores
-tan bien vestidos y todas aquellas bailarinas tan bien desnudas.
-
-Pálidas, dispersas y móviles siluetas, recuerdos desperdigados de la
-memoria del muchacho, que aún bailan en sueños una diabólica danza
-Macabra por el ya frio, desierto y nebuloso campo de la imaginacion del
-viejo poeta.
-
-
-III.
-
-Y aquí abre mi memoria un oasis fresco, umbroso y apacible en el árido
-y enmarañado desierto de mis recuerdos; en él se levanta y por él
-corre, y su abrasada atmósfera templa y oréa una brisa vital, salubre
-y perfumada que envia mi corazon amante á mi descarriada fantasía.
-¿Por qué no he de sentarme á reposar un punto á la sombra de este
-oasis? ¿Por qué no he de aspirar esta brisa á la luz del único rayo
-de esperanza que ilumina la lóbrega y tempestuosa atmósfera de mis
-recuerdos, y el turbio y estéril arenal de mi inútil existencia? ¿Qué
-son estos mis Recuerdos del tiempo viejo más que las aspiraciones
-íntimas de mi alma, los suspiros de mi corazon y los latidos de mi
-conciencia? Surja, pues, de las aguas azules del pintoresco lago de la
-poesía el vapor puro de los suspiros del alma; revélese el hombre en la
-faz del poeta, y véase el corazon de aquel á través de las cuerdas de
-la lira de éste.
-
-Por aquel tiempo vino á Madrid mi pobre madre, á quien yo no habia
-visto y de quien nada habia sabido desde aquella desventurada noche en
-que abandoné mi paterno hogar.
-
-Dos figuras bellísimas, dos imágenes tan queridas como nunca olvidadas,
-resaltan en este cuadro de mis recuerdos: la de mi madre y la de Paco
-Luis de Vallejo, corregidor de Lerma en 1835, á quien dediqué mi _D.
-Juan Tenorio_ en 1844. Volvamos un instante la vista al mes de Julio de
-1835 para posarla despues en el de 1844.
-
-A la llegada á Madrid de la Reina María Cristina, era mi padre
-superintendente general de policía del reino: el duque de San Cárlos y
-Arjona, que para traerle hasta tan importante puesto le habian hecho
-pasar por la Chancillería de Valladolid, la Audiencia de Sevilla y la
-Sala de Alcaldes de casa y corte, se le habian propuesto á Fernando
-VII como un partidario fiel de la causa realista, como un íntegro
-magistrado y un hombre de carácter enérgico, á propósito para limpiar
-á Madrid de los ladrones y vagos que pululaban en 1827 por las mal
-empedradas calles y peor alumbrados callejones de la villa y corte
-de entónces, de la cual dan tan exacta idea las Memorias de Mesonero
-Romanos. Al instalarse mi padre en la superintendencia, en la casa de
-la calle del Príncipe que hoy habita el duque de Santoña, tenia ya
-montada una policía, que acabó en cuarenta dias con todos los ladrones,
-de la manera que tal vez diré en algun artículo posterior. Bástame, por
-hoy, indicar el principio tan bárbaro como exacto de que su justicia
-partia, y era este: «Los séres humanos, que faltos de educacion moral
-y religiosa, y viviendo en guerra con la sociedad, creen que el robo
-es una profesion, y el asesinato necesario para cometer y encubrir el
-robo, no tienen más que un miedo: el de la muerte.» En consecuencia
-de cuyo principio, y conociendo el modo lento y embrollado con que la
-justicia ha solido caminar siempre en España, anunció que «los ladrones
-quedaban sujetos á una comision militar, asesorada por un alcalde de
-casa y corte y un escribano del crímen;» instalóse la tal comision;
-y ladron cogido, ladron ahorcado. Bárbaro era tal vez el principio,
-pero necesario y eficaz fué el procedimiento; los únicos tres años
-que Madrid ha estado completamente libre de ladrones _de profesion_,
-fueron los de 28, 29 y 30. Otro dia hablaremos de esto: no manchemos
-hoy con tan repugnantes memorias la purísima de mi madre y la alegre y
-caballeresca del apuesto _garçon_ corregidor de Lerma, Paco Vallejo.
-
-Mi padre fué el primer dignatario de la situacion realista depuesto
-por la influencia liberal de la Reina Cristina: cayó como los vencidos
-que capitulan, y salió con armas y bagajes: las condiciones de su
-destitucion no fueron más que la de salir de Madrid y sitios reales
-en el término de ocho dias. Fué, pues, á refugiarse á un pueblecillo
-de la provincia de Búrgos, en donde un hermano de mi madre era cabeza
-de una numerosa familia, y á cuyo otro hermano, capellan de aquel
-pueblo, habia nombrado canónigo de la colegiata de Lerma el duque del
-Infantado, patrono de aquella iglesia y heredero del duque de Lerma, su
-fundador. El cólera del 34, que introdujo la muerte y la division en la
-familia, nos obligó á abandonar aquel pueblecillo tan pequeño, oculto
-y desconocido, que su nombre no se halla en los mapas; y miéntras yo
-pasaba las temporadas del curso escolar en las Universidades de Toledo
-y Valladolid, mis padres vivian en un tranquilo destierro en casa de mi
-tio el canónigo de Lerma. Allí fué de corregidor mi inolvidable Vallejo.
-
-Su llegada fué un acontecimiento para el partido que iba á gobernar, y
-un justo motivo de sobresalto para mi padre; quien no habiendo aprobado
-el levantamiento carlista, en cuyo éxito no creia, habia rechazado las
-sugestiones de los amigos y de los agentes del levantamiento, resuelto
-á no mezclarse en él por voluntad propia; pero hombre importante y
-conocido de la pasada situacion, no podia ménos de ser sospechoso al
-nuevo gobierno, y se dió tal vez por perdido al ver llegar á Lerma
-un corregidor modelado en un molde tan distinto del en que él habia
-concebido que debian vaciarse los corregidores. Paco Vallejo era un
-mozo de veintisiete años, que vestia con elegancia, que marchaba con
-soltura, que fumaba ricos habanos que de Madrid le remitian, que bebia
-Jerez, y, ¡cosa inconcebible para mi padre! que se presentó á tomar
-posesion de su corregimiento con el uniforme de nacional de caballería
-de Madrid, con el chacó en la cabeza, el baston en la derecha y el
-sable á la cintura. Paco Vallejo era uno de los calaveras de buen
-tono de aquella edad de calaveras, que volvieron del revés á España
-como un sastre la manga de una levita, á la cual hay que poner forros
-nuevos: un Don Juan de la clase media, que podia presentarse y bravear
-en el salon más aristocrático: un abogado jóven lleno de audacia y de
-talento, tan agudo de ingenio como seductor de modales, á quien era
-preciso tener un par de años en un corregimiento para hacerle llegar á
-una toga en la audiencia de la Habana: y á quien mi padre y yo tuvimos
-la fortuna de que nos enviara á Lerma D. Cláudio Anton de Luzuriaga.
-
-Cuando Vallejo llegó á Lerma, acababa yo de volver, concluido el curso
-de la Universidad de Valladolid. Dimos uno con otro, él bajando y yo
-subiendo la calle Mayor; llamé yo su atencion por mi traje y porte
-más cortesano del de la gente del país: encaróse conmigo, plantémele
-yo delante cediéndole la derecha, pero sin bajar mis ojos á su
-investigadora mirada, y preguntóme:--¿Quién es V., caballerito, que no
-tiene trazas de ser de esta tierra?
-
-Decliné yo mi nombre y el de mi padre, y esperé, sombrero en mano, á
-que tomara mi filiacion en unos instantes de silencio y bajo el poder
-de una escrutadora mirada, ante la cual no creí conveniente bajar la
-mia.
-
---Está bien--me dijo, concluido su exámen--tendré mucho gusto en
-conocer al padre de tal hijo. ¿Dónde le ha educado á V. su señor padre?
-
---En el Real Seminario de nobles de Madrid--respondí.
-
---¡Hola! ¿es V. discípulo de los jesuitas?
-
---Sí, señor; pero no les hago mucho honor, porque he sido siempre muy
-desaplicado.
-
---No habrá sido en la cátedra de la lengua castellana.
-
---Ni en la de otras.
-
---¿Conoce V. muchas lenguas extranjeras?
-
---Tengo rudimentos de tres y rompo en ellas la conversacion.
-
---Espero tener ocasion de hablar con V. en alguna; tal vez en las tres.
-
---Estoy á la disposicion de usía.
-
---Y mi corregimiento á la de su señor padre: hagáselo V. presente de mi
-parte.
-
-Siguió su camino el corregidor, y apreté yo el paso hácia mi casa para
-advertir á mi padre de que creia que acababa de cometer una torpeza,
-que podia muy bien habernos puesto en mal con el miliciano corregidor.
-
-Frunció mi padre el entrecejo escuchando mi narracion, pero no desplegó
-sus labios, y ántes de anochecer fué á visitar á Vallejo, dejando á mi
-madre y á su hermano el canónigo en angustiosa incertidumbre; era para
-ellos evidente que yo habia traido á mi padre la órden de presentarse
-inmediatamente ante aquella extraña autoridad.
-
-Al volver mi padre de su visita, respondió á la interrogadora mirada de
-mi madre con estas palabras:--«Es un hombre atentísimo y no temo doblez
-en él; pero no puedo comprender sus intenciones.
-
-Yo no puedo visitar á V.; me ha dicho al despedirme; pero envíeme V.
-á su hijo: no sé comer solo, soy algo hablador y me ha parecido que
-su hijo de V. no tiene pelos en la lengua.--¡Dios ponga tiento en
-ella! exclamó mi padre volviéndose á mí. Mañana irás al alojamiento
-de ese botarate, y sereis dos: si te invita á comer, acepta; pero no
-bebas. Habla poco, si puedes, y escucha bien lo que te diga, porque
-probablemente te lo dirá para que me lo repitas.»
-
-Maldita la gracia que me hizo la posicion en que el nuevo corregidor
-me colocaba entre él y mi padre: pero despues de una noche no muy
-tranquila para ninguno de los tres que componíamos la familia, á las
-cuatro en punto de la tarde pasaba yo un poco receloso los umbrales de
-la casa en que se alojaba D. Francisco Luis de Vallejo, á quien desde
-aquella tarde consagré un cariño fraternal y un agradecimiento que no
-se extinguirá sinó con la vida.
-
-Llegué hasta el aposento del corregidor sin tropezar con portero ni
-alguacil, pues habian ya pasado las horas del despacho; y como, aunque
-no las llevaba todas conmigo, no queria yo que miedo ni empacho en mí
-conociera, dí resueltamente dos golpes en la puerta con los nudillos,
-y al «adelante» con que desde dentro me autorizaban á penetrar en
-aquel _sancta sanctorum_ de la justicia lermeña, me presenté con
-tanta resolucion aparente como desconfianza real ante la primera
-autoridad del partido. Leia Vallejo, tendido en un sillon de cuero,
-un libro encuadernado en vetusto y amarillento pergamino; los piés
-tenia con botas y espuelas puestos en dos sillas y el codo izquierdo
-en la esquina de una mesa de piés salomónicos, que sobre su tablero
-sustentaban por el momento, y en vez de legajos de papel sellado, un
-gran plato de nueces frescas, muy pulcramente peladas, y un pichel de
-aquella agradable bebida compuesta de limonada y vino que se llamaba
-sangría en aquel tiempo viejo, y con la cual templaba el corregidor
-el ardiente efecto del oleoso fruto del nogal. Soltó el libro y
-levantóse para recibirme; é hízolo con tan atractivos modales y con tan
-afectuosas palabras, que al cabo de media hora, uno en frente de otro,
-dábamos cuenta de la última nuez y de la gota postrera de sangría, en
-medio de la más alegre conversacion de estudiantes y de la más franca y
-espontánea amistad de muchachos.
-
-Esta rápida é inconcebible union de dos tan distintos individuos,
-la habia operado en pocos minutos el libro que Vallejo leia: las
-coplas del marqués de Santillana y de Jorge Manrique, manuscritas y
-encuadernadas en la edicion gótica de Sevilla de las trescientas de
-Juan de Mena.
-
-Si en lugar de escribir estos recuerdos en las columnas de un periódico
-los escribiese en las páginas de un libro, llenarian algunas los
-pormenores de esta escena. Paco Vallejo era originalísimo en sus
-opiniones, excéntrico en sus ideas, y tan picante como ameno en su
-conversacion. Venia de la corte impregnado en el espíritu de todos
-los gérmenes políticos, económicos, artísticos y literarios de la
-revolucion.
-
-Era un índice vivo de cuantos libros y periódicos iban publicados en
-aquella primera, modesta y recelosa libertad de imprenta; sabia de
-memoria las principales escenas del _Edipo_, de Martinez de la Rosa;
-del _Macías_, de Larra; de la _Marcela_, de Breton, y los chistes, de
-Ventura, y los _Cantos_ de Espronceda, que acababa Ochoa de publicar
-en _El Artista_, y podia decir al dedillo la historia de todas las
-cantantes, desde la Albini, la Cesari y la Lorenzani, y de todas las
-bailarinas, desde la Sichero y la Volet; recitóme veinte canciones
-italianas, para mí desconocidas, y encantóme con la de Zanotti, que
-lleva por estribillo aquel famoso _¡oh giuramenti predda de' venti!_
-Recítele yo mi _Dueña de la negra toca_ y mi _Canto de Elvira_, con
-los versos á una Catalina, la moza más garrida que por entónces vivia
-en Lerma; pidióme y díle noticias y narréle lo que de las muchachas
-de la comarca se susurraba; díjome y díjele, contéle y contóme tantos
-versos tan ingeniosos como subidos de color, y tantas historias tan
-gratas de recordar como imposibles de repetir; y cuando la dueña de la
-casa se decidió á avisarnos que la sopa estaba en la mesa, así nos
-acordábamos, como por los cerros de Ubeda, ni él de que era corregidor,
-ni yo de que era el hijo de mi padre.
-
-Aquellas tan frescas como excitantes nueces nos habian hecho acabar
-con el pichel de sangría; y aunque el vinillo ágrio de Lerma, segun
-decia mi tio el canónigo, no era bueno más que para echar lavativas á
-galgos, nos habia abierto tanto el apetito como alegrado el corazon y
-calentado la cabeza--borrando los diez años de diferencia que entre
-mis diez y siete y los veintisiete del corregidor mediaban. Comimos
-como dos condiscípulos que á hallarse juntos volvieran tras diez años
-de separacion, y éramos á los postres tan amigos y tan iguales como si
-de veras condiscípulos hubiéramos sido desde la escuela de primeras
-letras. Y así llegamos á las nueve de la noche, y oí yo con asombro,
-y casi con espanto, las campanas de la Colegiata, que tocaban á las
-Animas: era la primera vez que tal hora me cogia fuera de la casa de
-mi padre, era la en que se rezaba el rosario en ella, y era yo el
-encargado de guiarle.
-
-Conoció Vallejo que algo me angustiaba; preguntóme qué, y reveléselo
-yo: entónces, tomando una de las dos luces que habian alumbrado nuestro
-festin, y volviendo á llevarme al aposento en donde le hallé, escribió
-una carta de media página á mi padre; llamó al alguacil de renda y
-le mandó que á mi casa me acompañara; dióme por despedida lo escrito
-cerrado en un sobre, y díjome al oido: «dí á tu padre que queme ese
-papel en cuanto le lea, y que no deje de enviar á su hijo de cuando en
-cuando á comer con el corregidor.»
-
-Entré yo en mi casa con los carrillos muy encendidos y los ojos muy
-alegres: aguardábame ya impaciente mi familia, y recibióme mi padre
-con el ceño un poco fruncido y en un silencio muy poco á propósito
-para infundirme ánimo; pero yo, sin decir palabra ni darle tiempo de
-pronunciar una, púsele en las manos la carta de Vallejo, con lo cual
-obligándole á fijar su atencion en la misiva, logré que la apartara del
-portador.
-
-Leyó mi padre y quedóse un punto suspenso, contemplando lo escrito como
-si no lo comprendiera; y aprovechando la posicion en que, inclinado
-hácia adelante, tenia la carta y la cabeza cerca de la luz, díjele al
-oido como Vallejo me lo habia dicho: «Que queme V. ese papel en cuanto
-le lea.»
-
-Quitó mi padre sus ojos del papel para fijarlos en los mios, y
-preguntóme: «¿Te lo ha leido él á tí?»
-
-No, contesté con la firmeza de quien decia verdad; y en silencio mi
-padre quemó el papel, quedando de él no más que el pico, por el cual
-entre su pulgar y su índice lo tuvo miéntras ardió. Tiró despues del
-cordon de la campanilla y mandó que sirvieran la cena: «Tú habrás
-comido muy tarde, me dijo: nosotros hemos rezado ya el rosario, y
-tendrás ganas de acostarte: toma tu luz, y te dejaremos en tu cuarto;»
-y miéntras todos bajaban al comedor, que estaba en el entresuelo, me
-dijo mi padre al dejarme en mi dormitorio, que tenia su puerta en el
-arranque de la escalera:
-
-«Mañana irás á decir á Vallejo lo que me has visto hacer con su carta
-y le darás las gracias,» y añadiendo entre dientes y como quien habla
-consigo mismo: «¡si tuviera la cabeza tan sana como el corazon..!» me
-cerró la puerta y me acosté tan satisfecho de haber salido tan bien
-librado como curioso de saber lo que decia aquella carta, que tan bien
-me habia escudado del justo mal humor de mi padre.
-
-Vallejo tenia suficiente juicio para no fiar al chico lo que corriera
-riesgo de su insensata locuacidad: el corregidor fué con el padre un
-caballero de la tabla redonda y un muchacho desatalentado con el hijo
-futuro autor del _Tenorio_, y único sér con quien el noble calavera
-madrileño, á quien debia aquel drama ser dedicado, podia tener afinidad
-en aquel país.
-
-El corregidor liberal, el apuesto y caballeroso garzon, arriesgó su
-favor y su empleo por amparar al magistrado en desgracia y fué el
-primero que auguró al hijo un porvenir tan brillante como inútil para
-uno y otro.
-
-Ocho años despues, supe por mi madre que la carta de Vallejo, que de
-su parte llevé yo á mi padre, decia: «Traigo órden de vigilar á V. y
-de no dejarle respirar, pero puede V. dormir tranquilo miéntras yo sea
-corregidor de Lerma; y cuando tenga V. que _emprender algun viaje_,
-avísemelo V. con tiempo para que pueda usted partir sin despedirse de
-mí, miéntras esté yo de expedicion por mi ínsula Barataria; pero no
-deje usted de enviarme al chico; que tendrá siempre tan buen lugar en
-mi mesa, como creo que le tiene en el porvenir que abre en España á las
-letras la revolucion que se desarrolla.»
-
-¡Oh, bueno y leal Paco Vallejo! Pocos meses despues tenias que consolar
-á mi pobre madre y desvanecer las sospechas del receloso y severo juez,
-que tal vez creyeron por un momento que podias tener parte con tus
-consejos en el crímen con que el hijo se abrió las puertas del porvenir
-famoso que tú le habias predicho, y que sólo valió al padre, á la madre
-y al hijo pesadumbres y desengaños.
-
-Mi madre, harta de vivir escondida en un pueblucho de una sierra, en
-donde nieva desde Noviembre hasta Febrero, y en el cual, incomunicada
-y sin noticias del mundo, habia vivido cinco años sin saber lo que en
-el mundo pasaba, vino por fin á llamar á las puertas de la casa del
-hijo ingrato, cuyo amor filial creia extinguido por la vanidad de unos
-triunfos que no la habian producido más que ruido y coronas de papel
-dorado. Un viejo eclesiástico, que la habia servido de protector,
-se presentó al hijo con la desconfianza de un católico que tuviera
-necesidad del amparo de un hereje; que era, y es aún lo que se cree en
-algunos pueblos de Castilla de los que usamos perilla y bigote; pero
-no bien el anciano sacerdote comenzó á tantear los sentimientos del
-hijo, cuando éste se echó en sus brazos deshecho en lágrimas, clamando
-ansioso por abrazar á su infeliz madre; trajímosla á nuestra casa,
-y una nueva luz, una nueva vida y una nueva inspiracion entraron en
-ella. Habia yo vivido poquísimo tiempo con mi madre; á los ocho años
-me habia metido mi padre en un colegio de Sevilla; á los diez me puso
-en el de nobles de Madrid, y sólo dos veranos, durante las vacaciones
-del 34 y 35, habíamos vivido bajo el mismo techo, pero entre el miedo
-y los pesares del destierro y en la escasez de expansiva confianza de
-los que se conocen mal y no se aprecian bien; resultado inevitable de
-la educacion fuera de la familia: se pierde uno para ésta tanto cuanto
-se gana para la sociedad; yo me gané para el mundo y me perdí para mi
-familia, no nos tratamos y no nos conocimos. Vino, pues, mi madre á
-mi casa, y yo no sabia ser su hijo; la trataba como á hija mia. Yo la
-mimaba, yo la peinaba, yo la dormia; sentia que no fuese una niña de
-tres años, para poderla tener todo el dia sobre mis rodillas y velarla
-de noche el sueño, colocada en mis brazos su cabeza. A la luz de sus
-ojos, al calor de su cariño, al influjo de su presencia, produje yo en
-tres meses los tres tomos de mis _Cantos del Trovador_; y un libro del
-P. Nierenberg, en que ella leia, me sugirió la idea de mi _Margarita la
-tornera_; y en aquel D. Juan que tan mal estudia en la Universidad,
-
- Sintiéndose el alma seca
- de hablar de legislacion
- y con la mala intencion
- de quemar la biblioteca,
-
-y que vuelve por fin despechado y pobre á aquella casita solitaria, hay
-algo de mi historia y de la de mi casa; y en aquel altar enflorado,
-y en aquella despedida de la monjita en el altar arrinconado del
-cláustro, y en aquella narracion rebosando fé sincera, inspiracion
-juvenil, frescura de selva vírgen, y aroma de rosas de Mayo y poesía
-nacional y cristiana, está encerrado el espíritu religioso de mi devota
-madre; está derramada á manos llenas la esencia del amor filial, la
-poesía del corazon amante del hijo que escribió aquellos versos ante
-la sonrisa de la madre adorada... y por eso es _Margarita la tornera_
-la única produccion que me ha conquistado el derecho de llamarme poeta
-legendario, y creo que el poeta que la escribió no merece ser olvidado
-en su patria; y cuando veo que la fama eleva en sus alas á otros
-poetas contemporáneos, no tengo envidia de sus merecidos triunfos ni
-de las justas alabanzas de sus modernas obras, y me digo á mí mismo
-callandito, sin orgullo, modestamente, pero con conciencia de mí mismo:
-«yo tambien soy poeta; yo tambien he escrito mi _Margarita la tornera_.»
-
-Pero, ¿qué diablos importan todos estos recuerdos íntimos y personales
-á los lectores de _El Imparcial_? Mi pobre madre, que tenia mucho
-miedo á mi padre, se fué de mi casa... y murió sin que yo la volviera á
-ver; mi _Margarita la tornera_, inspirada por la presencia de mi madre,
-es el sudario en que puedo envolver mi memoria póstuma para que se
-conserve más tiempo sobre la tierra; puede servirme de confesion á la
-hora de mi muerte, si la Providencia me hace morir inconfeso, ¡y quién
-sabe si podrá abonarme ante el tribunal de Dios, cuando mi alma sea por
-Él llamada á juicio!
-
-Paco Vallejo volvió de la Habana, y yo le dediqué mi _D. Juan Tenorio_,
-para que su nombre viviera con el mio unos cuantos dias más despues de
-nuestra muerte; que es lo ménos que en nombre mio y de mi padre debo á
-la memoria del amigo leal y del caballeroso amparador.
-
-Volvamos ahora al teatro, para el cual habia dejado de escribir de los
-de Madrid en ausencia de Cárlos Latorre; y veamos cómo y por qué fué
-mi _Traidor, inconfeso y mártir_, el único drama que yo escribí para
-Julian Romea, y el único que estoy satisfecho de haber escrito.
-
-
-
-
-XX.
-
-DE CÓMO SE ESCRIBIÓ Y SE REPRESENTÓ
-
-_Traidor, inconfeso y mártir._
-
-
-Siete años de asíduo trabajo habian atraido sobre mí la atencion del
-público; llevaba ya escritas veinte obras dramáticas, más ó ménos
-aplaudidas, pero ninguna rechazada, y tres ó cuatro que eran ya de
-repertorio en todos los teatros de España; ocho tomos de versos, que
-habian merecido el honor de la reimpresion, y los tres de los _Cantos
-del Trovador_, publicados por Ignacio Boix, habian hecho mi nombre
-popular, y mi exhibicion contínua como lector en los salones del
-palacio de Villahermosa, donde se instaló primero y resucitó despues el
-_Liceo_, habian puesto en evidencia mi exígua personalidad.
-
-Pero á pesar de que del teatro y del _Liceo_ habian salido todos mis
-compañeros á diputados, gobernadores, ministros plenipotenciarios, y
-los más modestos á bibliotecarios, cuando ménos, yo me habia quedado
-_poeta á secas_, esquivo á la sociedad, extraño á la política y sin
-influencia con los gobiernos.
-
-El último año de la brillante y efímera existencia del _Liceo_, su
-Junta directiva, agradecida, segun dijo, á lo que con mi constante
-trabajo habia contribuido al lucimiento de sus sesiones y á los
-disgustos que me habian ocasionado sus juegos florales, en los que yo
-habia sido juez, presidente, y yo no recuerdo que más, acordó que se
-diese una funcion en obsequio mio, y se representó por los sócios mi
-_Cada cual con su razon_, y se me colocó en preferente sitio en un
-gran sillon, en el cual se notaba más mi pequeñez, y se me ofrecieron
-una magnífica corona y un rico álbum, cuya primera hoja habia escrito
-y firmado S. M. la Reina doña Isabel II; y cargado de papeles y de
-flores, y ensordecido por los aplausos, me volví á mi piso tercero de
-la plazuela de Matute, agradecido y contento, pero no desvanecido por
-el humo aromado y embriagador de la gloria mundana, y volví al dia
-siguiente á ser el poeta del dia anterior, y á vivir al dia con el
-producto de mis leyendas. ¿Por qué?
-
-¿Habia algo en mi vida por lo cual se me mostraran esquivos los
-gobiernos y la sociedad de aquel _tiempo viejo_? No: yo era quien,
-esquivo á la sociedad y á los gobernantes, me encastillé en mi hogar
-doméstico á vivir con los legendarios personajes de mi fantástica
-poesía: yo era el poeta del tiempo viejo; y fiado solamente en el
-pueblo, y esperando mi recompensa de un solo hombre, desdeñé todo lo
-que de aquel hombre no viniera; y la fortuna loca llamó mil veces á las
-puertas de mi casa; y yo la cerré mis puertas y mis ventanas, dejándola
-pasar como si no la oyese y derramar sobre otros las venturas que para
-mí destinadas traia. Ya hablaremos tal vez más de esto en el último
-capítulo de estos RECUERDOS.
-
-El exceso del trabajo, la profunda y perpétua inquietud que me roia el
-corazon, y las malas aguas que el municipio hacia beber por aquellos
-tiempos á los habitantes de Madrid, me procuraban todos los veranos una
-debilidad de estómago y una inflamacion de las vísceras abdominales,
-que el bueno del Dr. Codorníu, médico del regente Espartero, queria
-curarme á fuerza de sanguijuelas, cáusticos y demás excesos de la
-ciencia, que está hace siglos empeñada en atacar al enfermo para
-librarle de la enfermedad. Entre la mia y mi médico el Dr. Codorníu,
-que me queria como á sus propios hijos, me tenian en cama hacia ya
-cuarenta dias, al fin de los cuales vino una noche á verme Julian
-Romea. En ocasion de los juegos florales del _Liceo_, y en otra que
-á nadie importa, le habia yo probado mi amistad, y no podia Julian
-dudar de ella. Pero era una extraña amistad la mia con Julian: no iba
-jamás á su teatro del Príncipe más que para aplaudirle á él y á su
-mujer; pero jamás subia á su cuarto ni al de Matilde, ni habia nunca
-escrito un verso para ellos. Cárlos Latorre andaba por las provincias,
-y yo escribia libros, pero no comedias. Y el teatro de Julian habia
-encadenado á la fortuna en su vestíbulo, y la fama hacia resonar
-perpétuamente su bocina desde el balcon del saloncillo en el cual tenia
-Romea su corte y su cuarto de vestir, y todos los poetas iban á quemar
-incienso en aquella sucursal del Parnaso y en aquel peristilo del
-templo de la gloria.
-
-Yo he sido siempre tenaz en mis opiniones, porque siempre son éstas
-hijas legítimas de mis convicciones, y las mias y las de Julian
-estaban en completa contradiccion en el teatro. Que yo era su amigo,
-no podia dudarlo un hombre por quien no habia vacilado en arriesgar mi
-reputacion y mi pellejo; que admiraba al actor no podia tampoco dudarlo
-el que por mí se veia constantemente aplaudido; pero ni el amigo ni el
-actor venian al poeta más que en la ocasion extrema; y Julian vino á
-verme _in extremis_, porque despues de cuarenta dias de cama, un poeta
-tan débil y tan chiquito como yo, debia de hallarse casi _in artículo
-mortis_. Hallóme efectivamente Julian reducido á lo que de mí habian
-dejado las sanguijuelas de Codorníu envuelto en los trapos de sus
-cataplasmas; pero con el ojo siempre avizor y el espíritu vivo dentro
-de la frágil carne--es decir, de la piel y los huesos, porque mi escasa
-carne se la habian ya comido las sanguijuelas y la calentura.--Abrazóme
-Romea y enteróse cariñosamente de mi situacion; distrajo la melancólica
-influencia de la enfermedad y del aislamiento con el relato de la
-crónica no muy edificativa de bastidores; ponderóme la boga de su amigo
-el Dr. Larios, quien segun él, hacia maravillas, y dejándome alegre
-y esperanzado, se despidió hasta el dia siguiente. A las once de la
-mañana de este volvió con el Dr. Larios, quien me desenterró de entre
-la infinidad de trapos en que Codorníu me tenia sepultado; metiéronme
-entre él y Julian en un baño, y á los dos dias, limpio y renovado,
-me llevaron en un coche al Pardo; donde con el cambio de aguas y de
-temperatura, las emanaciones salubres del arbolado y la proximidad
-del otoño, retoñó en mí la salud y la fuerza; y un dia me dijo Romea,
-trayendo á la realidad mi pasado y mi porvenir: «¿Por qué no me
-escribes un drama? Matilde y yo lo haríamos con el alma.»--«Pensaré
-en ello, le respondí; y si en estos dias de convalecencia doy con un
-argumento á propósito para tí, te lo consultaré y haré lo que sepa.
-Pero...
-
---Pero ¿qué?--me preguntó receloso Julian.
-
---Nada--repuse;--ya hablaremos.--No me atreví á darle más
-explicaciones sobre aquel «pero» que se me habia escapado.
-
-Convalecí y cazé, y me repuse, y volví á Madrid. Mi editor Delgado
-habia ya muerto: Boix, sin ideas ni rumbo fijo en el comercio de
-libros, no me habia hecho trato alguno en que poder fiar, y Julian
-habia dado á mi mujer, prohibiéndola que me lo dijera, seis mil reales
-que habian subvenido á los gastos de mi enfermedad. Era forzoso
-trabajar: el editor Gullon se me habia ofrecido en lugar del difunto
-Delgado, y no podia rehusar á Romea una obra que él y un nuevo
-editor me pedian á un tiempo. Pensé en un argumento, en el cual sin
-salirme de mi terrorífico romanticismo, pudiera colocar un personaje
-característico adecuado á la escuela exclusiva y al género personal de
-representacion de Romea; y habiéndome procurado Salustiano Olózaga la
-causa original de _El pastelero de Madrigal_, amasé, amoldé y emprendí
-mi _Traidor, inconfeso y mártir_. Tenia yo desde que era estudiante un
-inmenso cariño á este personaje tradicional, y siempre habia pensado
-hacer de él una leyenda; pero el _Ni Rey ni Roque_ de Escosura habia
-puesto una insuperable valla ante mi pensamiento. Al ocurrírseme hacer
-del Rey Don Sebastian y del pastelero de Madrigal uno sólo, concebí
-que aquel personaje legendario podia transformarse en otro altamente
-dramático y profundamente misterioso.
-
-Estudié su historia y su tradicion, dormí y soñé con la accion y
-sus personajes, y cuando la ví clara en mi imaginacion comencé á
-tenderla sobre el papel: y aquella es mi única obra dramática pensada,
-coordinada y _hecha_, segun las reglas del arte: sus dos primeros actos
-están _confeccionados_ maestramente, y tengo para mí que por ellos
-tengo derecho á que mi nombre figure entre los de los dramáticos de mi
-siglo.
-
-Miéntras yo viva no faltará quien me alabe; pero tampoco quien acuse
-mejor los defectos y la incompletez de sus obras. Váyase lo uno por
-lo otro; y sea dicho en paz de los que no reconocen en las suyas los
-defectos de que carecen las mias.
-
-En cuanto tuve escritos mis dos primeros actos, los copié y los cosí,
-seguro de no tener que variar nada en ellos para concluir el drama:
-llamé á Julian y se los leí; escuchómelos atentamente, asombróle su
-forma, enamoróse del carácter del protagonista, que para él destinaba;
-expliquéle cómo pensaba desarrollar el tercer acto, y prometíselo
-concluido para la semana siguiente. Entreguéle los dos primeros para
-que mandara sacar los papeles, y díjome al partir, llevándoselos en el
-bolsillo:
-
---Creo, Pepe, que es lo mejor que has hecho.
-
---Yo tambien lo creo--le respondí--pero...
-
---Pero ¿qué?
-
---Nada, nada--le dije--sin atreverme todavía á revelarle mi
-pensamiento. Miróme un momento sin comprenderme, llevóse los dos actos,
-desconfiando por el «pero» de que yo concluyera la obra, y yo la
-emprendí con el tercer acto, del cual no levanté mano hasta darle fin.
-Volví á llamarle, y tornó Julian á mi despacho; leíle la conclusion,
-pagóse mucho de su papel, y paguéme yo no poco de que fuera tan de su
-gusto mi trabajo: entreguésele grandemente satisfecho de lo escrito,
-y dispusóse él á llevárselo con gran contentamiento y muy lisonjeras
-esperanzas; pero... detúvele yo, concluyendo nuestra entrevista con
-este diálogo:
-
-_Yo._--¿Vas convencido de que he hecho en conciencia todo lo que he
-podido?
-
-_Julian._--Completamente; y puedes tú quedarlo de que en la
-representacion haremos cuanto podamos: y si de mi empeño sólo
-dependiera el éxito...
-
-_Yo._--Perdona que te ataje; pero el éxito de este drama no será grande.
-
-_Julian._--¿Por qué?
-
-_Yo._--Porque tú y yo, como actor y poeta, no somos el uno para el
-otro. No te amostaces. ¿Crees, ó no, que yo soy tu amigo?
-
-_Julian._--Aunque no tuviera más pruebas de tu amistad que esta obra
-que ya está en mi poder, no podria racionalmente dudarlo.
-
-_Yo._--Pues bien, por ser tan tu amigo, te debo la verdad. Creo que no
-has de salir airoso del papel de Don Sebastian.
-
-Romea era orgulloso y tenia en su talento disculpa suficiente para
-serlo: al oir estas palabras, áun de su mejor amigo, frunció el
-entrecejo y encapotó con él su mirada.--Escucha,--seguí yo diciéndole,
-sin darme por entendido de su gesto ni de su cambiado color--escucha:
-tú crees que la verdad de la naturaleza cabe seca, real y desnuda en
-el campo del arte, más claro, en la escena: yo creo que en la escena
-no cabe más que la verdad artística. Desde el momento en que hay
-que convenir en que la luz de la batería es la del sol; en que la
-decoracion es el palacio ó la prision del rey Don Sebastian; en que
-el jubon, el traje y hasta la camisa del actor son los del personaje
-que representa, no puede haber en medio de todas estas verdades
-convencionales del arte y dentro del vestido de la creacion poética,
-un hombre real, una verdad positiva de la naturaleza, sinó otra
-verdad convencional y artística; un personaje dramático, detrás y
-dentro del cual desaparezca la fisonomía, el nombre, el recuerdo, la
-personalidad, en fin, del actor.
-
---¿Y qué?--me dijo desabrida y desdeñosamente Julian.
-
---Que tú eres el actor inimitable de la verdad de la naturaleza:
-que tú has creado la comedia de levita, que se ha dado en llamar de
-costumbres: que puedes presentarte, y te presentas á veces en escena,
-conforme te apeas del caballo de vuelta del Prado, sin más que quitarte
-el polvo y sin polvos ni colorete en el rostro: pero en estas escenas
-copiadas de nuestra vida de hoy, dialogadas por personajes que son á
-veces copias de personas conocidas, que entre nosotros andan, que con
-nosotros viven y hablan, tú que con ellos vives y que eres de ellos
-conocido, no estorbas y no pareces intruso. Tú eres Julian Romea y
-puedes serlo en la comedia actual: pero el drama es un cuadro, es un
-paisaje, cuyas veladuras, que son el tiempo y la distancia, se entonan
-de una manera ideal y poética, en cuyo campo jura y se tira á los
-ojos la verdad de la naturaleza, la realidad de una personalidad: yo
-necesito un personaje para el papel de mi rey D. Sebastian.
-
---Y le tendrás, Pepe, le tendrás:--esclamó Julian.--¡Qué diablos de
-autores! A vosotros os toca escribir y á nosotros representar.
-
---Eso, eso quiero; que representes, no que te presentes.
-
---¡Pepe, Pepe! _Suum cuique._ Porque tú alucinas á tus oyentes cuando
-lees tus versos, y porque yo mismo te he dado á leer los mios en el
-_Liceo_, para que me los luzcas, no creas que sabes mejor que yo lo que
-es la escena, sobre la cual estoy desde que me despuntó la barba.
-
---Y estás en ella con derechos de rey: porque eres uno de los de
-nuestra escena: pero...
-
---Déjate de peros, y fíate en mí--y partió Julian con el fin de mi
-drama en la mano: y se ensayó con cuidado, y los actores se encariñaron
-con sus papeles, y á los pocos dias, á las ocho de la noche de un
-viernes, para el beneficio de la incomparable Matilde, se alzó el telon
-sobre la primera escena de mi _Traidor, inconfeso y mártir_.
-
-Ni la crítica hostil de eruditos apasionados, ni la mordacidad
-atrevida de medianías envidiosas, me han negado que esta obra me
-da derecho á tenerme por autor dramático, y el tiempo y la opinion
-pública han sancionado esta pretenciosa vanidad mia. La exposicion de
-este drama está _confeccionada_ con todas las reglas del arte, y la
-presentacion del protagonista preparada con intencionada habilidad. El
-papel de Aurora estaba confiado á Matilde; yo, seguro de que Julian
-iba á dejar pálida la figura del rey D. Sebastian, de que no iba á
-pasar de Espinosa el pastelero, de que iba á seguir su fatal sistema
-de presentar en el drama la verdad de la naturaleza en lugar de la
-del arte, y de que iba, en fin, á representar un rey D. Sebastian
-de levita; y como encariñado y casi fanatizado yo con mi personaje
-fantástico, habia, prescindiendo á sabiendas de la verdad de la
-historia por la poesía de la tradicion, hecho del pastelero de Madrigal
-y del rey portugués una sola personalidad poética, necesitaba que la
-exuberancia del arte diese relieve á las medias tintas de la verdad
-de la naturaleza, que la luz de la poesía esclareciera y relevara la
-sombra que la maciza figura de la verdad iba á proyectar en el paisaje
-fantástico de la ficcion: y pensé en Matilde, la actriz más poética,
-sentimental y apasionada que hemos conocido en nuestro moderno teatro
-Español.
-
-Yo tenia, y espero que se haya comprendido por lo que llevo dicho, mi
-razon de no escribir para Julian; pero debia satisfaccion á Matilde
-por no haber escrito para ella, que era la gloria, el sostén y la
-fortuna del teatro del Príncipe y de los autores que para él escribian.
-Matilde era la gracia, el sentimiento y la poesía personificadas
-sobre la escena; su voz de contralto, un poco _parda_, no vibraba
-con el sonido agudo, seco y metálico del tiple estridente, ni con el
-cortante y forzado _sfogatto_ del soprano, sinó con el suave, duradero
-y pastoso són de la cuerda estirada que vuelve á su natural tension,
-exhalando la nota natural de la armonía en su vibracion encerrada. El
-arco del violin de Paganini, al pasar por sus cuerdas para dar el tono
-á la orquesta, despertaba la atencion del auditorio con un atractivo
-magnético que parecia que hacia estremecer y ondular las llamas de
-las candilejas: y la voz de Matilde tenia esta afinidad con el violin
-de Paganini: al romper á hablar se apoderaba de la atencion del
-público, heria las fibras del corazon al mismo tiempo que el aparato
-auditivo, y el público era esclavo de su voz, y la seguia por y hasta
-donde ella queria llevarle, con una pureza de pronunciacion que hacia
-percibir cada sílaba con valor propio, y la diferencia entre la _c_
-y la _z_, y la doble _s_ final y primera de dos palabras unidas que
-en _s_ concluyeran y empezaran. Matilde no se habia dejado seducir ni
-contaminar con el exagerado y revolucionario lirismo de la lectura y
-recitacion salmodiada, que Espronceda y yo dimos á nuestros versos,
-no; Matilde recitaba sencilla, clara y naturalmente, saliendo de su
-boca los períodos y estrofas como esculpidas en láminas invisibles de
-sonoro cristal, y los versos y las palabras como perlas arrojadas en un
-plato de oro.
-
-Matilde hizo y dijo la escena XI del acto primero con la flexibilidad,
-el primor de pormenores y el raudal de gracia y de sentimiento de
-que apenas habrán podido dar idea á mis lectores mis antecedentes
-frases; y al retirarse acompañada de un aplauso general, dejó completa
-la exposicion, prevenido al público en favor de la obra y enflorada
-con una guirnalda de poesía la puerta del fondo, por la cual iba á
-presentarse el misterioso protagonista.
-
-Por ella salió á escena Julian, perfectamente vestido, pintado y con
-su papel concienzudamente estudiado: pero salió Julian; presentó y
-no representó su personaje. Si yo hubiera podido evocar y resucitar
-al verdadero juez Santillana, hubiérase vuelto á apoderar de aquel
-verdadero Espinosa, confundiéndole con el que él hizo ahorcar; pero
-para el público tenia algo de la sombra; le faltaba voz, movimiento,
-fisonomía, relieve, poesía. Julian hizo sus escenas del primer acto
-con el capitan y con el alcalde con una exactitud, con un aplomo,
-con una verdad intachables para los palcos de proscenio y las dos
-primeras filas de butacas: la sala no pudo apreciar su perfecto trabajo
-escénico; y al caer el telon, no se oyeron mas que algunas palmadas
-sin consecuencia. Quedó en el público el recuerdo de Matilde y la
-curiosidad que habia excitado la exposicion.
-
-En el segundo acto, un nuevo actor vino en refuerzo de Matilde:
-Barroso. Era éste un mozo sevillano, de los que vinieron á inocular
-en la corte la sávia andaluza de los Pachechos, los Saavedras y los
-Perez Hernandez con Bermudez de Castro, Tassara, Sartorius y otros
-buenos ingenios, cuyos hechos y escritos contribuyeron honrosamente
-al progreso literario y político de aquella época. Antonio Barroso
-era poeta; pero habiéndose presentado en el teatro privado del Liceo
-con Ventura, Marrací, el marqués de Palomares y demás sócios de la
-seccion de declamacion, concluyó por consagrar al teatro su talento
-nada vulgar, á consecuencia de los aplausos allí obtenidos y de la
-buena acogida que de Romea obtuvo. A Barroso habia yo, pues, confiado
-el ingrato y difícil papel del Alcalde Santillana; tan ganoso yo al
-dársele de probarle mi amistad y la estima en que le tenia, como él
-de abordar, estudiar y probarse en un carácter que podia colocarle en
-muy buen punto de partida para su carrera dramática, y muy alto en
-la consideracion del público si acertaba á desempeñarle con éxito.
-Era Barroso un mancebo de buena estatura, cenceño y nervioso, de
-cabeza pequeña y rubia, pero de aguileño perfil y límpidos ojos y
-correctamente colocada sobre los hombros.
-
-Suelto de modales, como hombre bien educado, de buena memoria y
-comprension perspicaz como sevillano y confiado en el porvenir por esa
-esperanza inconsciente que hace atrevido á todo talento meridional,
-Barroso estudió, preparó y vistió su papel con tal esmero, que se
-identificó con el personaje que representaba. Con su toga y su golilla,
-sus vuelillos de encaje y su junco con cabos de plata, encuadró tan
-poéticamente su figura severa y su carácter odioso en contraposicion
-del sencillo y virginal del de la Matilde, que desde su primera escena
-resaltó como sombra negra é infernal de aquella blanca y celeste
-aparicion, entre cuyas dos figuras iba á pasar desde la hostería
-al patíbulo aquel otro vago, misterioso y casi indeciso fantasma
-del perpétuamente acusado y jamás reconocido soberano pastelero de
-Madrigal.
-
-Barroso en la escena VI secundó y sirvió de apoyo á Julian con la
-atencion perpétua de su maestra ejecucion; desarrolló tan á tiempo y
-alternativamente su doble carácter de juez y de reo con el marqués
-de Tavira y con Espinosa, que preparada magistralmente la escena XI
-endecasílaba, pudo desplegar en ella Matilde toda la ternura de su
-corazon, toda la poesía de su amor recóndito, y toda la grandeza de
-su incondicional abnegacion; en un juego escénico tan infantil como
-apasionado, con un acento de castísima ingenuidad, con una declamacion
-tan impregnada de sentimiento y unas inflexiones de voz tan melódicas,
-tan suaves y tan variadas, que encantó, enterneció, fascinó y exaltó
-al público, arrancándome á mí las lágrimas: á mí, poeta entusiasta y
-satisfecho, que escuchaba por primera vez mis versos de su boca, como
-si estuviera oyendo arrullar á una paloma enamorada de un ruiseñor. El
-arte de Matilde reverberó con tal intensidad, rebosó tan profusamente
-sobre la verdad de Romea, que envuelta y arrebatada en la poesía de
-Aurora, concluyó la escena en universal aplauso.
-
-En el acto tercero, Barroso tomó creces tan imprevistas ante la
-seguridad de su éxito y la esperanza de su porvenir, que comenzó desde
-la primera á dominar la escena con su atencion nunca distraida, su
-figura siempre en cuadro, su exactitud en las entradas, su creciente
-juego escénico segun sus pasiones; la supersticion, el miedo y la ira
-se iban desarrollando y apoderándose de su espíritu. La escena sétima
-entre Aurora y Santillana no tiene descripcion; el recuerdo de una
-ribera donde yo cogia
-
- yerbezuelas y conchas, del rugiente
- mar que sus ondas sin cesar mecia,
- de un monasterio triste y solitario
- fundado al pié de un monte, y vagamente
- la memoria de un templo, con su coro
- enverjado, sus techos con pinturas,
- su altar lleno de flores, su sagrario
- iluminado con mecheros de oro;
- el recuerdo tambien, porque la daban
- miedo aquellas inmóviles figuras
- de mármol que tendidas reposaban
- encima de sus anchas sepulturas,
-
-es preciso habérsele visto y oido hacer y decir á Matilde; la creciente
-angustia del juez ante el tremendo exclarecedor relato de la ingénua y
-enamorada doncella... es preciso habérsela visto representar á Barroso
-en la noche del estreno; pero la escena novena volvió, no á enfriar,
-pero sí á descolorar la representacion.
-
-Lo misterioso de la historia, lo terrorífico de la situacion, la calma
-heróica del rey mártir, la indecisa concentracion de las pasiones del
-juez, la inconsciencia de la realidad de la hija y de la amante, dieron
-por un momento á la verdad el dominio sobre la poesía y partió en
-silencio al patíbulo el incógnito é innominado protagonista. Quedó el
-teatro y el público en el silencio de la espectacion, y yo, en la duda
-del éxito y más convencido que nunca de que la verdad de la naturaleza
-no es la verdad del arte. Esta volvió á surgir en la escena al recobrar
-Aurora sus sentidos. Matilde, con la mirada extraviada, los movimientos
-inciertos, la voz perdida aún en la cavidad de la garganta, sin que el
-aliento pudiera aún extraerla de los pulmones, preguntó:
-
- ¿Qué sucede? ¡ay de mí! los pensamientos
- no acierto á combinar en mi cabeza.
- ¿Y Gabriel?
-
-y empezó á buscar á Gabriel y á sentir por la ventana el rumor de la
-plaza, y vió y escuchó, pero no concibió lo que oia ni lo que miraba,
-pero se lo hizo comprender al espectador y le estremeció. ¡Allí va! ¿A
-dónde se le llevan sin ella? ¿qué palos son aquellos? ¿qué le ponen
-al cuello? ¡es una soga! Una nube sangrienta la ofusca la mente. ¡Un
-sacerdote! y comprendiendo de repente, grita vuelta á Santillana:
-
- pero vos, ¡miserable! que sois hombre,
- gritad conmigo...
-
-y el juez vencido invoca el nombre del rey; pero el grito, el aullido,
-el estertor, todo junto, que constituyó la exclamacion de Matilde _¡ay!
-¡es ya tarde!_ no son para escritos.
-
-Lo más á tiempo, lo mejor, que ha hecho y ha dicho Florencio en su vida
-es el decir á Santillana:
-
- Tomad: sepamos la verdad postrera,
-
-y obligarle á tomar y abrir el relicario que encerraba el secreto del
-rey Don Sebastian.
-
-Lo mejor que hizo Matilde en _Traidor, inconfeso y mártir_, fué el
-final. Al reconocer el retrato de su madre y al rechazar á su padre...
-estuvo sublime de dolor y de ira:
-
- ¡Tu hija!--¡Esto tan sólo me faltaba!
- Tú, para que su muerte te perdone,
- me llamas hija tuya... mas te engañas,
- nada hay en mí que tu maldad abone,
- para tí solo hay ódio en mis entrañas.
-
-Aquí acababa el drama: el mal gusto del tiempo me arrastró á prolongar
-con veintiseis versos más tan repugnante escena: sólo Matilde pudo
-hacerla pasar.
-
-El telon cayó en un momento de silencio, que se cambió en un espontáneo
-y general aplauso. El autor y los actores fuimos llamados al proscenio:
-Julian sonreía, Matilde no podia respirar, Barroso estaba convulso como
-si fuese á sufrir un ataque de nervios... de mí no sé lo que era...
-Pero ¿gustó el drama?
-
-Sus siguientes representaciones dieron el mismo resultado cada noche:
-Romea le retiró á los pocos dias del cartel, y no se volvió á hacer más
-en el teatro del Príncipe.
-
-Andando el tiempo, Catalina, separándose de Julian, formó compañía y
-ajustó á Matilde; y habiéndose llevado con ella la mayor parte del
-repertorio de Julian, Catalina hizo su presentacion con mi _Traidor,
-inconfeso y mártir_. ¡Qué éxito el del pastelero! Mi drama se hizo
-en todas las provincias, y en todas las Américas, y aún es hoy de
-repertorio en todos los teatros, ménos en los de Madrid; y he visto
-actores muy medianos y sin pretensiones y hasta de teatros caseros que
-siempre se han hecho aplaudir en el papel del rey D. Sebastian.
-
-Yo estoy muy pagado de ser autor de esta obra mia, y Matilde la ha dado
-á conocer en todos los países en que se habla la lengua castellana,
-gracias á Catalina.
-
-¡Bendita Matilde! Desde la noche de su estreno data el cariño fraternal
-y la gratitud, que la tengo y la tendré siempre.
-
-_Post scriptum._--¡Pobre Barroso! Víctima de la medicacion á grandes
-dósis, murió de repente una tarde en el teatro, saturado de yodo y
-otras drogas de este jaez. En un ensayo exhaló repentinamente un
-profundísimo gemido: dió luego un gran grito y dijo: «¡me muero!» y
-una repentina parálisis comenzó á apoderarse de su cuerpo, comenzando
-por los piés. No hubo tiempo más que para conducirle á la habitacion y
-cama del portero, donde recibió la Extrema-Uncion, y espiró contando
-_cómo se moria_: ya se me ha muerto el brazo derecho, exclamaba: ya
-se me muere el corazon... lo último que pareció vivo en él fueron los
-ojos, cuyos párpados no quisieron cerrarse. Desde la representacion del
-_Traidor inconfeso y mártir_, dejé de escribir para el teatro.
-
-
-
-
-XXI.
-
-
-Aquí debian tener fin estos Recuerdos mios. Lo que va á seguir, no
-deberia tal vez ser publicado hasta despues de mi muerte; pertenece,
-más que á mis Recuerdos del tiempo viejo, á mis memorias póstumas:
-es exclusiva y personalmente mio, es historia íntima de mi corazon:
-va acaso á ser enojoso para mis lectores de _El Imparcial_, y no va
-seguramente á interesar más que á dos docenas de viejos como yo, que á
-aquellos tiempos hayan como yo sobrevivido: y no va por fin á despertar
-en ellos más que un sentimiento ficticio, efímero, _artístico_, si se
-me permite esta calificacion, como el que nos inspira la accion de un
-drama sentimental miéntras á la representacion asistimos. Lo que va
-á seguir es una página de la leyenda de mi alma: soy yo en ella el
-protagonista; ¡y soy yo tan poca cosa para hablar tánto de mí mismo!
-
-Una razon me abona sin embargo: hace cuarenta y tres años que se habla
-de mí en España: quiénes me celebran y quiénes me critican; algunos me
-calumnian, muchos me envidian y pocos saben lo que de mí dicen, y pocos
-dejan de juzgarme sin pasion, porque ya nadie me conoce á través de
-tánto como se ha supuesto y se ha dicho del vagabundo autor de _D. Juan
-Tenorio_.
-
-Los meridionales, y más que ningunos los españoles (y más entre estos
-los andaluces), tenemos la cualidad y la pretension de ser narradores
-y narradores chistosos: no podemos repetir una historia, un cuento, un
-sucedido, un dato cualquiera, sin añadirle algo de nuestra cosecha; así
-que, al salir de la boca del quinto narrador, ya no conoce la historia
-ó el suceso narrado, ni el que la inventó ni al que le sucedió; y como
-cada cual sostiene las añadiduras y variaciones por él intercaladas en
-el relato, é impugna ó contradice las de los demás, todo copo de nieve
-llega á ser una bola, todo grano de arena un monte, toda historia una
-novela y todo cuento una mentira; por lo cual, no creo yo nunca nada
-del mal que se dice, ni de lo malo que se cree de las mujeres ni de
-los hombres notables: al contrario, comienzo siempre á simpatizar con
-toda mujer de quien se habla mal y con todo hombre conocido á quien se
-critica; porque estoy convencido de que tánto más de bueno deben de
-tener, cuanto más de malo les aplica y atribuye la maledicencia.
-
-De la mujer especialmente tengo yo mis ideas particulares.
-
- Hay sobre la mujer mil pareceres;
- allá va el mio aunque parezca raro:
- yo amé toda mi vida á las mujeres;
- entendámonos bien y hablemos claro:
- más que por torpe gérmen de placeres
- me es el amor de las mujeres caro,
- porque ellas son, por más que digan otros,
- muchísimo mejores que nosotros.
-
- Se ha hecho moda hablar de ellas con desprecio;
- yo de hablar de ellas bien tengo manía;
- al que habla de ellas mal tengo por necio,
- falto de corazon y cortesía.
- No objeto para mí de menosprecio
- son, sinó manantial de poesía:
- no obró conmigo mal jamás ninguna,
- y debo más de un bien á más de una.
-
- Desde la vírgen que en los cláustros ora
- hasta la vil, impúdica ramera
- que, enfangada en el vicio, á cada hora
- á sí se infama y á su raza entera,
- toda mujer que deshonrada llora,
- toda la que en dolor se desespera,
- de su duelo ó su infamia, no os asombre,
- la ocasion ó el orígen es un hombre.
-
-Y apuntada de paso esta opinion mia con respecto á las mujeres, sigo
-adelante con las que respecto á mí mismo voy aduciendo: y no creo que
-voy muy descarriado al creerme con derecho á decir algo de mí mismo,
-despues de haber oido y tolerado sin chistar por espacio de cuarenta y
-tres años, cuanto amigos y enemigos, chismosos y desocupados y vulgo,
-en fin, que nunca sabe donde tocan las campanas que oye, han dicho y
-escrito de mí; de mí, pobre insensato que nunca supe contentar á nadie,
-ni acerté con nadie á quedar bien, y á quien Dios acordó lo único bueno
-que de nada en España sirve: la modestia de reconocerse y la humildad
-de no aspirar á nada; no creyéndome para nada con aptitud, por haberme
-pasado la juventud concentrado en mí mismo, aspirando sólo á conseguir
-un ideal que sólo dentro de mí mismo albergaba mi esperanza, y en
-la soledad de mi alma únicamente crecía, como una palma estéril sin
-compañera, condenada á secarse sin fruto en el desierto de mi inútil
-existencia.
-
-Voy, pues, á alargar con unos capítulos más estos Recuerdos, y á decir
-de mí mismo y de mi casa lo que yo sólo sé; porque por mucho que de mí
-sepan, por observacion y por induccion, los curiosos, los críticos, los
-murmuradores y los entremetidos, sólo los necios podrán disputarme el
-derecho de saber mejor que yo lo que por muchos años he guardado entre
-pecho y espalda, y la idea que mi pensamiento en palabras jamás ha
-formulado.
-
-Pero vayamos ya adelante con mi historia, echando á un lado digresiones
-y zarandajas.
-
-Era jefe político de Madrid el Sr. D. Antonio Benavides, y secretario
-Pepe Rojas, pariente mio por parte de mi primera mujer. Hacia ya
-muchos meses que mi infeliz madre habitaba en casa de una vieja prima
-de mi padre, viuda, bien acomodada, que habia vivido largos años en
-una ciudad de Francia, que por entónces vivia sola en Madrid, porque
-se habia extrañado de la única hija que de su único matrimonio habia
-tenido, porque aquella hija habia contraido uno de esos que se llaman
-de amor con un hombre tan honrado y laborioso como falto de bienes de
-fortuna. Aquella tia segunda mia, que habia hecho cierto papel en el
-tiempo de Fernando VII, y la vida del gran mundo en la buena sociedad
-de su tiempo, no habia perdonado jamás á su hija, que vivia en Toledo
-en donde yo la conocí, tan honrada como pobre y tan contenta con su
-mala suerte cuanto serlo la permitia el largo abandono y el tenaz
-olvido de su madre orgullosa ó descorazonada.
-
-Parece que en mi familia los cabezas de ella han mantenido el principio
-de la autoridad paterna en toda la rigidez absoluta del derecho romano,
-y no han sabido nunca transigir con el tiempo, ni contemporizar con
-las circunstancias, ni perdonar la desobediencia, ni otorgar olvido
-al extravío juvenil, ni tener en cuenta la fuerza de la pasion, ni la
-ceguedad del error de sus hijos. Mi prima de Toledo tenia una hija
-preciosa á quien habia bautizado con el poético nombre de Esperanza: la
-chica era á los catorce años una preciosa criatura, cifra expresiva de
-la esperanza de su pobre madre; pero su abuela no albergó nunca bajo su
-techo á su tan hermosa como inocente nieta... é ignoro lo que de ésta
-y de sus padres ha sido despues del fallecimiento de mi tia. Con ella
-vivia mi madre en provincia, cuando mi pariente Pepe Rojas me envió con
-un guardia civil una carta anunciándome que el Excmo. Sr. Benavides, su
-jefe, deseaba que me avistara con él en su gabinete, de nueve á diez de
-la noche, para un asunto que me concernia.
-
-Alarmó á la gente de mi casa aquella cita con puntas de órden; pero
-como nunca me habia yo mezclado en la política, acudí sin inquietud al
-gabinete del jefe político, que era por otra parte lo más político y
-bien educado del mundo, muy deferente como muy ilustrado con la gente
-de letras, y especialmente benévolo conmigo.
-
-La cuestion era tan sencilla y prevista en su fondo como inesperada
-y extraña en su forma; mi padre, despues de seis años de emigracion,
-en vista de que casi todos los de su partido, acogiéndose á las
-amnistías, habian regresado á sus pátrios hogares, y de que S. M. la
-Reina D.ª Isabel II reinaba tranquilamente en España, reconocida por
-todas las potencias de Europa, se convenció de que su constante y leal
-adhesion á la causa del Pretendiente no le serviria más que para morir
-inútilmente, sin provecho suyo ni ajeno, en tierra extranjera, y se
-decidió á enviar al Gobierno una representacion solicitando el permiso
-de volver á España.
-
-Pero esta representacion se dirigia á S. M. la Reina, empezando con
-estas palabras: «Señora: puesto que V. M. reina ya de hecho, D. José
-Zorrilla Caballero, alcalde de casa y corte, consejero, etc., etc.,» lo
-cual parecia significar que el que aquella representacion firmaba no
-reconocia Reina de derecho á D.ª Isabel. El jefe político, por encargo
-del Consejo de ministros, me llamaba para que yo dijese si era la firma
-de mi padre la de aquel documento: y ante mi afirmativa respuesta, no
-dijo más aquella grave autoridad que estas palabras: «En ese caso...» y
-encogiéndose de hombros, dobló el papel en que me mostró la firma.
-
-Despues de una breve conferencia, en la cual la discrecion del Sr.
-Benavides correspondió con la reserva que á mí me convenia guardar
-en aquel caso por respeto á mi padre, me despidió con muy corteses
-palabras, y yo me apresuré á ir á tranquilizar á mi mujer; en España no
-las tiene nadie consigo cuando tiene que habérselas con la autoridad.
-
-Yo fuí quien no pude tranquilizarme ni conciliar el sueño en toda
-la noche. La forma en que venia la representacion de mi padre habia
-levantado en mi corazon una tempestad de inquietudes, en mi imaginacion
-un volcan de preocupaciones y una tupida niebla de dudas en el campo
-de mi esperanza. Tenia yo entónces fé en muchas cosas en que hoy ya
-no creo, y quedábame aún un amigo en cuyos consejos esperar podia, en
-cuyo amparo debia fiar y en cuyos brazos podia esconder mi cabeza para
-derramar mis lágrimas. Era este el docto é ilustre prelado D. Manuel
-Joaquin de Tarancon, recientemente preconizado obispo de Córdoba, y que
-moraba entónces en la corte y en la calle de la Union por ser senador
-del reino. El Sr. Tarancon, condiscípulo de mi padre, á quien éste
-tenia en muy alta estima y que á mí me profesaba un cariño paternal,
-habia sido mi catedrático y mi confesor.
-
-Habia gozado con los éxitos de mis obras, como si verdaderamente mi
-padre hubiera sido; me habia ilustrado con sus consejos, me habia
-corregido con sus observaciones, y tenia una sincera satisfaccion de
-haber llegado á ver poeta celebrado al estudiantuelo de quien habia
-cuidado en la universidad, y al chiquitin á quien habia visto romper
-á hablar en los brazos de su madre, en la intimidad y al calor del
-hogar paterno. Aún tengo en mis pupilas la imágen venerable de aquel
-sabio, tan hombre de mundo como poco mundano, revestido de su morado
-hábito episcopal, con su pectoral y su anillo de esmeraldas, que
-me contemplaba con los ojos arrasados en lágrimas, pasando por mis
-abundosos cabellos sus aristocráticas manos, y derramando con sus
-santas palabras la luz de la esperanza sobre las tenebrosas dudas de mi
-alma. ¡Dios tenga la suya en la mansion eterna de las de los justos!
-
-Entre mis recuerdos del tiempo viejo su memoria es el más precioso,
-y su figura es la más augusta é imponente que esculpida en la mia
-conservan mi gratitud y mi veneracion.
-
-Por él supe pocos dias más tarde que el Gobierno habia enviado á mi
-padre autorizacion para volver al suelo pátrio, reconociéndole ántes
-sus títulos y gerarquía, considerando sus años de emigracion como
-pasados al servicio de la Reina, y señalándole veinte mil y pico de
-reales de jubilacion que le correspondian por su categoría en la alta
-magistratura. Debia todo esto mi padre, no sólo á la influencia de mi
-reputacion literaria, sinó á la eficaz proteccion con que le ayudaba
-un conocido personaje, que aún vive y conserva su influencia en los
-negocios políticos de nuestro país; pero á quien yo nunca he tratado,
-de quien no sé si se ha ocupado jamás de mí, ni si ha leido una letra
-mia, ni si personalmente me conoce. Un dia me dijo Tarancon: «Prepara
-en tu casa un aposento para tu padre, que vendrá la semana próxima.»
-
-Mi mujer se ocupó con miedo y alegría del mueblaje y decoracion del
-alojamiento de aquel tan esperado y temido huésped, y anduve yo ocho
-dias casi insomne y ayuno por su venida; y anduvo mi mujer inquieta y
-avizorada, como si la llegada de mi padre debiera ser la aparicion de
-la sombra de Bancuo en el drama de Shakespeare.
-
-Diez dias despues recibí un billete en que me decia el obispo Tarancon:
-«Mañana llega tu padre; pero no vayas tú á esperarle ni á recibirle;
-debe de ver y hablar á otra persona ántes que á tí; yo le tendré un dia
-en mi casa y te le llevaré á la tuya.» Y todo se hizo como Tarancon
-lo dispuso; y él llevó á mi padre á su casa, y estuvo y habló en ella
-con él á solas veinticuatro horas; al cabo de las cuales entró con el
-venerable prelado el ex-superintendente general de policía del Rey D.
-Fernando VII, en casa de su hijo, el autor de _Don Juan Tenorio_.
-
-Mi padre era el último eslabon entero de la rota cadena de la época
-realista, la cifra viviente, el recuerdo personificado del formulista
-absolutismo, el buen estudiante ergotista de las Universidades de
-sotana y manteo, el doctor en ambos derechos por el cláustro de la
-de Valladolid; convencido desde su niñez de que sólo el estudio del
-derecho, la teología y los cánones podia producir hombres, y de que
-sólo la toga y la golilla podian darles representacion, dignidad y
-posicion social. Yo era el primero y débil eslabon de la nueva época
-literaria, el atropellador desaforado de la tradicion y de las reglas
-clásicas, el fuego fátuo, leve é inquieto, personificacion de la
-escuela del romanticismo revolucionario: mi padre, cansado pero no
-rendido, iba á perderse en la sombra de lo pasado, y yo sin medir la
-inmensidad desconocida en que iba á arrojarme, fiaba en mis nacientes
-alas para cruzar el espacio luminoso del porvenir. El padre y el hijo,
-el último y el primer eslabon de los dos pedazos de la rota cadena, se
-enlazaron en un abrazo, se fundieron al fuego del natural cariño, y
-brillaron por un momento unidos y soldados, esmerilados y limpios por
-las lágrimas ardientes que vertian por sus ojos sus corazones prensados
-y exprimidos por un placer inexplicable.
-
-Yo no he tenido hermanos: mi padre me separó de sí á los nueve años
-para meterme en un colegio, y habíamos vivido juntos muy poco tiempo:
-él no habia modificado su cariño ni sus derechos paternales en la
-gradacion del trato de su hijo niño, adolescente, mancebo y al fin
-hombre; me encontraba niño como cuando de nueve años me separó de sí; y
-viejo robusto y de elevada estatura, me levantó en sus brazos como si
-todavía no hubiera pasado de aquellos nueve años á que su cariño y sus
-recuerdos paternales se remontaban. Al volver á dejarme en el suelo,
-dijo mi padre contemplándome, no sé aún con qué sentimiento:--«¡Qué
-chiquitin te has quedado!»--El obispo Tarancon, que enjugaba sus
-lágrimas sin rebozo, le dijo:--«Chiquitin es; pero se ha colocado á tal
-luz que ya te cobija con su sombra.»--No sé lo que pensó mi padre, que
-no respondió á la halagüeña alusion del prelado. Mi mujer le mostró y
-condujo á su habitacion: el buen obispo de Córdoba nos dejó en ella
-muy satisfecho, y quedólo no poco mi padre de hallar en mi casa la
-paz doméstica, y el tranquilo bienestar de la medianía á quien nada
-falta ni nada sobra. Halló en su cuarto muchas coronas, cuyas fechas
-y dedicatorias leyó con mucha atencion, y sin atreverse en largo
-espacio á volverse á mí, para no dejarme ver la emocion que le causaban
-aquellos emblemas poéticos de la efímera gloria de su hijo. Así comenzó
-la breve temporada de la vida de familia que con nosotros hizo.
-Comimos, salió él en carruaje á sus visitas y volvió á las diez y media
-de la noche. A las once anunció su necesidad de recogerse: le ayudé
-á desnudarse, le acosté... y no me da vergüenza consignarlo: cuando
-le tuve acostado, me senté en su cama, le dí mil besos, le hice mil
-cariños, le dije mil niñerías; le traté como habria tratado á mi pobre
-madre, acariciándole y mimándole como cuando yo tenia seis años. Rióse
-él y enternecióse, y díjome en fin despidiéndome:--«Eres un chiquillo y
-no tienes formalidad.» Le arreglé la ropa, le coloqué la pantalla en la
-lamparilla, y dándole las buenas noches con el último beso... le dejé
-solo con sus pensamientos.
-
-No habíamos hablado de nada: nada nos habíamos dicho: ni una palabra
-del pasado, ni una alusion al porvenir, ni una observacion sobre lo
-presente. ¿Qué pensaba de mí mi padre? Que me habia quedado chiquito y
-que no tenia formalidad: esto era lo único que su lengua habia dicho,
-pero su corazon habia tambien hablado por la emocion y las lágrimas
-delatoras de sus sentimientos de padre: su corazon habia respondido al
-llamamiento del mio, y el hijo estaba ya seguro de que tenia padre.
-Pero ¿quién iba á dominar mañana en su ánimo, el corazon ó la cabeza?
-¿Quién se iba á revelar definitivamente, el padre ó el magistrado? Yo
-dormí mal, y esta cuestion me tuvo insomne é inquieto toda la noche.
-
-A la mañana siguiente, despues del desayuno, entabló á solas conmigo el
-diálogo, sobre palabra más ó ménos, de esta manera.
-
---Necesito algo de algun ministro; ¿cómo estás tú con este Gobierno?
-
---Yo estoy bien con todos.
-
---Tengo una pretension en el negociado de Instruccion pública.
-
---El director es D. Antonio Gil y Zárate y el ministro Nicomedes Pastor
-Diaz.
-
---Segun el prólogo que puso á tu primer libro, si no le has hecho
-alguna botaratada, debe de ser muy tu amigo.
-
---Es como si fuera mi hermano mayor: tan indulgente y tan cariñoso, que
-si hubiera cometido la torpeza ó tenido la desgracia de jugarle alguna
-mala pasada, no se hubiera dado por entendido de ella ó me la hubiera
-perdonado. Donoso Cortés, D. Joaquin Francisco Pacheco y Pastor Diaz me
-han servido de padres en ausencia de V.
-
---Buenos amigos tienes, si sabes conservarlos. ¿Cuándo podré ver á
-Pastor Diaz?
-
---Hoy mismo, á la una, en el ministerio. No será la primera vez que
-hable V. con él.
-
---¿Te ha dicho?...
-
---Todo: que le debe á V. tal vez la vida.
-
---Es posible: su situacion era dificilísima. Venia yo de comisario
-régio con la expedicion carlista que entró en Segovia. Creíamos
-encontrarte allí con él.
-
---Yo esparcí la voz de que me encerraba en el alcázar, pero me volví á
-Madrid.
-
---Te hubiéramos visto con gusto.
-
---Yo no le hubiera tenido en ir á Oñate á hacer versos á Cárlos V y á
-San Luis Gonzaga. No hubieran tenido el éxito de los que he escrito en
-Madrid.
-
---Es verdad: Nicomedes se vió obligado á esconderse en un horno; yo lo
-supe y me alojé en la casa en que estaba. En un momento en que soldados
-revoltosos podian haber dado con él y cometer cualquier tropelía, me
-senté yo á la boca del horno y entablé con él conversacion á través de
-la tapa que le cerraba y que él sostenia por dentro. Le dije quién era
-y le pregunté por tí. Cuando tocaron bota-silla, no abandoné aquella
-casa hasta que las tropas comenzaron á salir de la poblacion, y le dije
-el camino que íbamos á tomar para que echara por el opuesto.
-
---Así me lo ha contado él.
-
---Me holgaré de conocerle, porque no pudimos vernos entónces.
-
---Pues hoy se verán Vds.
-
-Salí yo á la imprenta de Boix, donde tenia en prensa una leyenda, salió
-mi padre á hacer ciertas compras, y á la una nos presentamos en el
-edificio de la calle de Torija, donde estaban por entónces las oficinas
-del ministerio de Fomento.
-
-A mi presentacion abrió el portero la mampara del despacho
-de Nicomedes, y anunciándome, me abrió paso. Hallábase allí
-accidentalmente Patricio de la Escosura, que acababa de ser nombrado
-jefe político de Madrid; soltó al verme el baston y el sombrero que en
-la mano tenia, y pasándome el brazo por la cintura, me hizo dar una
-vuelta de él suspendido: no tuve yo más que el tiempo necesario para
-decirle al oido: «mi padre», ni él necesitó más para volverme á dejar
-en pié, y dirigiéndose á aquel que tras mí habia entrado, le dijo,
-tendiéndole la mano: «A nuevos tiempos nuevas costumbres, Sr. Zorrilla:
-hoy son así recibidos los poetas, y donde quiera que vaya V. con su
-hijo verá lo mismo.»
-
---Ya veo--respondió mi padre--que mi hijo es el más afortunado
-tarambana de Madrid.
-
-Presentéles yo unos á otros, mi padre á Nicomedes y Escosura á mi
-padre: recordó éste al de aquel don Jerónimo de la Escosura, director
-de la fábrica de tabacos en su tiempo; y unos con otros corteses, y
-unos con otros cumplidos, despidióse Patricio y quedamos mi padre y yo
-á solas con Pastor Diaz.
-
-Hablaron en secreto mi padre y él: pidió éste á poco su carruaje y
-partió con mi padre, previniéndome que si me cansaba de esperar me
-fuera á mis quehaceres, que él se encargaba de mi padre; y yo, despues
-de aguardar largo tiempo su vuelta en el despacho de Gil y Zárate,
-volví á mi casa, donde el carruaje de Pastor Diaz habia conducido á mi
-padre.
-
---¿Qué tal?--le dije.--¿Ha quedado V. contento de Nicomedes?
-
---Jamás fué pretendiente mejor servido que yo. Dentro de cuatro dias
-puedo irme á cuidar de la hacienda de Torquemada, con todos mis
-negocios despachados en Madrid.
-
---¿Tan pronto piensa V. dejarnos?
-
---No es Madrid ya para mí. Sus casas son muy estrechas: tenemos casi un
-palacio allá: hay además que recepar y acodar las viñas, que abonar
-las tierras y reponer las huertas, de todo lo cual no te has ocupado tú.
-
---Yo al abandonar á V. renuncié á todos mis derechos: ¿por qué no me
-envió V. órden y poderes legales?
-
---Olózaga te los ofreció, y levantar el secuestro.
-
---Pero yo se lo hice á V. avisar: ¿por qué no determinó V.?
-
---Eres hijo único y heredero forzoso: todo el mundo te hubiera dado la
-razon.
-
---Yo no he contado con nadie en el mundo más que con V.: todo lo que
-he hecho, por V. ha sido y no he pensado más que en V. Si yo me he
-hecho aplaudir y me he hecho querer, no ha sido mas que para esperar y
-preparar su vuelta de V.; no he tenido más ambicion que la de volver á
-los brazos y al cariño de mi padre, y morir con él en la tranquilidad
-del hogar paterno.
-
---Has sido un tonto. Con la fama que has adquirido, con los amigos que
-tienes, hoy debias de ser cuando ménos subsecretario de Pastor Diaz.
-
---Usted era carlista y optó por la emigracion: no creí decoro del hijo
-no ser nada en el gobierno que no habia aceptado el padre; he rechazado
-todo cuanto se me ha ofrecido: todos los literatos están empleados
-ménos yo: hoy puede V. haber visto que no es por falta de favor.
-
---Por eso te he dicho que eras un tonto.
-
---Pero si yo he hecho milagros por V... Me he hecho aplaudir por la
-milicia nacional en dramas absolutistas como los del rey Don Pedro
-y Don Sancho: he hecho leer y comprar mis poesías religiosas á la
-generacion que degolló los frailes, vendió su conventos, y quitó las
-campanas de las iglesias: he dado un impulso casi reaccionario á la
-poesía de mi tiempo; no he cantado más que la tradicion y el pasado:
-no he escrito una sola letra al progreso ni á los adelantos de la
-revolucion, no hay en mis libros ni una sola aspiracion al porvenir.
-Yo me he hecho así famoso, yo, hijo de la revolucion, arrastrado por
-mi carácter hácia el progreso, porque no he tenido más ambicion, más
-objeto, más gloria que parecer hijo de mi padre y probar el respeto en
-que le tengo...
-
---¡Bah, bah! Quijotadas.
-
---¡Ay, padre! Cuando perdamos los españoles lo que tenemos de Quijotes,
-¿en qué vendremos á parar?
-
---Lope de Vega y Calderon eran teólogos ántes de poetas: Melendez
-Valdés fué como yo oidor de la Chancillería: todavía es tiempo;
-eres muy jóven: métete un año á estudiar, y con cuatro ó cinco mil
-reales y los amigos que tienes, puedes doctorarte en Toledo; y siendo
-jurisconsulto puedes serlo todo. Yo me voy para Torquemada: allí debe
-de ir tu madre, y no quiero que se encuentre sola sin mí entre aquellos
-pardillos, maestros de gramática parda.
-
-Una nube negra que pasó por mi cerebro entristeció mi alma, envolviendo
-en lágrimas mi pasado y en tinieblas mi porvenir.
-
-Aquella noche me fuí á casa de Tarancon y le dije: «he perdido todo lo
-hecho: mi padre, el único por quien todo lo hice, es el único que en
-nada lo estima.»
-
-Tarancon lo comprendió todo: me abrazó y sobre su morada túnica
-episcopal dejé correr las lágrimas más amargas que han abrasado mis
-párpados. Tarancon no era hombre de intentar consolar con palabras
-banales una pesadumbre que no podia tener momentáneo consuelo.
-
---Yo me arreglaré con tu padre--me dijo despues de largo silencio.--Tú
-emprende alguna obra de importancia que necesite estudios, atencion y
-tiempo. Teníamos convenido en escribir juntos un libro de la Vírgen;
-esto halagaria mucho á tu padre y enloqueceria á tu madre de alegría;
-pero yo no tengo ya tiempo para meterme en tal trabajo. Me has hablado
-de Granada. Emprende tu poema morisco y empieza por ir á localizarte en
-la ciudad de Boabdil. Si no tienes dinero, cuenta con mi bolsillo; no
-está muy lleno, pero entrarás á la par con los pobres de mi diócesis.
-Deja á tu padre irse á Torquemada, y... ¡á Granada tú! Fia en Dios y
-cuenta conmigo.
-
-Y mi padre se fué á Castilla, y yo empecé á pensar en Granada. Pero,
-¿qué importa todo esto á los lectores de _El Imparcial_? Todas estas
-_memorias íntimas_ figurarian tal vez muy bien en las mias _póstumas_:
-vivo yo aún, pueden ser tachadas de pretenciosa é insoportable vanidad:
-pero ya he tirado del primer hilo y voy á deshacer todo el ovillo.
-
-
-
-
-XXII.
-
-
-Burdeos es una gran ciudad, magnífica, sólida, monumental, con grandes
-puentes, bien arbolados paseos, soberbios templos; amplios mercados
-y suntuosos teatros; asiento del primer arzobispado de Francia, es,
-como si dijéramos, el Toledo de allende los Pirineos; cuajado de
-Seminarios y de colegios, semillero de toda clase de plantas clericales
-más ó ménos parásitas, más ó ménos productivas. Por el tiempo de
-que voy hablando hacian un principal papel en fiestas y procesiones
-los hermanos de la doctrina y _los ignorantins_, en uno de cuyos
-establecimientos hacia dos ó tres años que se habia ventilado el
-ruidoso proceso del Frère Liotard, con el cual ya no me acuerdo lo que
-pasó.
-
-Como yo no era hombre de política ni de administracion, ni de ciencia,
-no me ocupé de más en Burdeos que de sus templos, como cristiano,
-y de sus teatros, como poeta. Encontraba poquísima gente por las
-calles, no mucha por los paseos y casi ninguna en el teatro, al cual
-sostenian solamente los transeuntes, los forasteros, y, sobre todo, los
-españoles, puesto que habia muchos allí emigrados ó allí establecidos,
-y todos los que de España iban á veranear á París se detenían por
-costumbre en la capital de la Gironda. Hallábame yo en Burdeos á todo
-mi gusto: era la primera vez que podia yo separar mi personalidad de mi
-malhadada reputacion y andar libre como cualquier ciudadano pacífico,
-metiéndome por todas partes á fisgarlo todo, sin llamar la atencion ni
-ser responsable de nada.
-
-Así ví yo á Burdeos, así recogí varios asuntos de leyendas que no sé si
-llegaré á escribir, y así averigüé la razon de las perpétuas quiebras
-del teatro por falta de público.
-
-Los bordeleses han tenido siempre (y con justicia) la pretension de que
-su ciudad es la primera de Francia, el pequeño París, y han aspirado
-á ser tenidos por _sprits-forts_, libres pensadores y espadachines;
-y con respecto á esta última cualidad, tiene una justa reputacion
-y un riquísimo legendario la escuela de armas de Burdeos; pero las
-bordolesas son, por lo general, devotas. El clero francés sabe que las
-dos palancas con que se mueve el mundo son las mujeres y el dinero, y
-por entónces los confesores no absolvian á las confesadas cuyos maridos
-leian _El Constitucional_ y los periódicos liberales, tronando siempre
-contra la inmoralidad del teatro. Donde no van las mujeres no vamos
-los hombres; no iban las bordelesas al teatro, con que á pesar de la
-subvencion de que goza siempre _el grande_ de Burdeos, sus empresas se
-arruinaban á mitad de temporada todos los años.
-
-Además, el gran teatro de aquella ciudad tiene lo que los franceses
-llaman _guignon_ y nosotros _mala sombra_. Allí se rompió por entónces
-una pierna Mademoiselle Angelin, una bailarina rubia de diez y siete
-años, que era ya una estrella luminosa en el cielo del arte de
-Terpsícore. Allí tuvo Borelly que matar á puñaladas en presencia del
-público á su tigre real de Bengala, porque éste tenia ya entre sus
-dientes la pantorrilla izquierda del domador: quien al levantarse
-lanzando un caño de sangre de una arteria rota, tuvo tiempo, ántes de
-perder el sentido, de decir á los espectadores á modo de satisfaccion:
-«Señores, ya habia gustado mi sangre, y ó él ó yo.»
-
-Esto en el teatro. En los templos las fiestas son tan suntuosas como
-concurridas: pero á los católicos españoles se nos hacen al principio
-muy difíciles de aceptar aquella forma mundana y teatral y aquellos
-accidentes mercantiles con que los actos sublimes de nuestra religion
-se verifican. Yo escribí mis primeras impresiones de Burdeos en una
-larga epístola á un condiscípulo mio, cura carlista, de la cual
-recuerdo las siguientes líneas, versos tan malos como verdades de á
-puño:
-
- En Francia hay religion, y fé y conventos,
- seminarios, colegios, catedrales,
- y todos los cristianos elementos
- de nuestra santa fé fundamentales:
- pero todo está hecho á la francesa,
- todo sujeto á reglas comerciales;
- aquí todo se tasa, mide y pesa,
- aquí todo se hace por empresa:
- la gente para orar no se arrodilla
- mas que con una pierna en una silla;
- no se atiende al altar ni al sacerdote;
- las mujeres se plantan por delante
- con mucho faralá, mucho volante,
- abultado postizo y largo escote;
- y los hombres detrás, misa durante,
- se distraen en mirarlas el cogote;
- y como nadie en equilibrio posa,
- y es perpétuo el rumor y el desacato
- y la desatencion y el movimiento,
- es el pensar en Dios difícil cosa,
- miéntras pasa una vieja con un plato
- pidiendo en alta voz sin miramiento
- los cuartos que _la rinde_ cada silla
- en que apoya un cristiano su rodilla.
-
- * * * * *
-
- Atraviesa despues el presbiterio
- con balandrán, sobre-pelliz y estola,
- y sus pasos al púlpito dirige
- un pulcro capellan, de quien muy sério
- un monago gentil lleva la cola.
- Hace su adoracion, su texto elige,
- comenta el evangelio de aquel dia,
- y siempre encuentra medio en su homilia
- de echar un par de pullas al gobierno,
-
- * * * * *
-
- que el infierno
- está abierto ante el siglo refractario,
- que Enrique quinto al fin subirá al trono,
- que hay peregrinacion á tal Santuario
- que se sale á tal hora y de tal parte,
- que lleva cada pueblo su estandarte,
- que el precio es un doblon por peregrino,
- incluso todo gasto del camino
- y además un bonito escapulario;
- pero que en el doblon no entra el rosario,
- porque estos los fabrica por empresa,
- de encina negra y de eucaliptus blanco,
- una judía asociacion inglesa
- que los da á todos precios desde un franco.
-
- Todo lo cual se anuncia aquí en la iglesia
- como puede anunciarse un electuario
- ó sus botes azules de magnesia
- mister Bóllon en Lóndres boticario.
- Ilustrados ya pues sus feligreses
- de lo que en sus negocios les importa
- y á sus espirituales intereses,
- con un responso en homilia corta
- el cura; y ya _pro domo_, á lo que creo,
- dá volviendo á apretar el _quibis quobis_
- la vieja con su plato otro paseo.
- Larga el buen cura un _benedico vobis_,
- hace la cruz, se cala el solideo
- y respondiendo el pueblo _ora pro nobis_
- se acaba la funcion y Läus Deo....
-
- * * * * *
-
- con qué como ver puedes por la muestra,
- la religion de Francia no es la nuestra.
- Dios es el mismo, porque Dios es uno;
- mas de adorarle el modo
- ligero asaz y asaz inoportuno,
- es en Francia francés como lo es todo;
- y á un español asombran si no irritan
- la irreverencia con que á Dios se trata,
- y el ver cómo sus preces se recitan
- sobre un pié y sobre un codo,
- como banda de grullas que dormitan
- en el invierno al sol sobre una pata;
- pasando en cuenta que se queda ayuno
- de lo que en Francia se le dice á Cristo,
- con una fé de bolsa que no acata
- al Señor más que á medias por lo visto,
- y en un latin francés que cual ninguno
- la habla gentil de Ciceron maltrata:
- todo siempre fué aquí como hoy en dia
- doublé, contrefaçon, bisutería.
-
- * * * * *
-
- Nunca así á Dios se adorará en Castilla;
- nuestra fé es más profunda y más sencilla.
-
-Tal fué mi primera impresion hace treinta y cuatro años: poeta
-creyente, hallé de ménos mucho fondo y de sobra mucha forma en la
-manifestacion religiosa del catolicismo francés en Burdeos, arzobispado
-primado de la nacion vecina: despues he pasado en Burdeos largas
-temporadas, y es la ciudad en donde más tranquilo y más á gusto he
-vivido. Me acostumbré á leer á la puerta de la catedral el anuncio
-de la funcion, el nombre del orador que debia de llevar la palabra
-en el púlpito, los del director y el organista que dirigian la parte
-instrumental, y los de las damas y los ó las artistas que sostenian
-la parte de canto; el objeto piadoso á que la funcion se dedica bajo
-el patronato de tales ó cuales damas, prelados ó corporaciones, y el
-precio (generalmente de dos francos) por el cual se puede adquirir
-el derecho á ocupar una de las sillas, numeradas ó no, que llenan el
-templo. ¿Y por qué no?
-
-A nosotros nos choca esta asimilacion de las basílicas á los teatros;
-pero es, al mio, un mal modo de ver las cosas: en Francia usa cada cual
-libremente del derecho de anuncios y propaganda; y puede que en los
-templos y fiestas religiosas francesas haya ménos fé, ménos devocion y
-ménos fervor, pero hay más órden que en las nuestras: nosotros entramos
-y salimos de las iglesias á codazos, empujones y puñetazos; nos
-colocamos donde podemos, pisamos á las mujeres que se arrodillan y se
-sientan en el suelo, etc.; los franceses entran por una puerta y salen
-por otra, y ocupan tranquilamente los puestos que les corresponden,
-bajo la direccion de bedeles y pertigueros; que á nosotros nos parecen
-ridículos, pero cuyos oficios y trajes están encarnados en sus
-costumbres.
-
-Los franceses han comprendido que la sociedad moderna es un hermoso
-lago cuyo fondo es cieno, y tienen cuidado de no revolver jamás el
-agua, poblando su superficie de blancos y ligeros cisnes entre los
-cuales bogan sin remo miles de botecitos sin quilla, que hacen temblar
-y rielar el líquido, pero que no levantan oleaje: siembran y plantan
-las orillas de jardines y de bosques, y van á sentarse á contemplar el
-espectáculo social á la sombra de los árboles y entre el perfume de
-las macetas.
-
-Nosotros tenemos la maldita manía de revolver el agua y de arrancar
-hasta la yerba al rededor del lago, y nos tenemos que estar al sol y
-al aire, siempre sedientos, contemplando el agua cálida y turbia que
-hacemos dificilísima de beber.
-
-Hé aquí mis impresiones de ayer y hoy en Burdeos. Esta ciudad, cuyo
-casco componen miles de edificios tan macizos y suntuosos, y calles
-más anchas y regulares que las de Roma antigua, atestada de recuerdos
-y monumentos históricos, aireada por anchos paseos y frescos jardines,
-regada por dos soberbios rios, el Garona y la Dordoña, salpicada de
-Colegios, Museos, Academias, Bibliotecas é Institutos, conteniendo
-veintidos clubs y círculos para todas las clases sociales, diez teatros
-y salas de recreo, un hipódromo, nueve periódicos diarios y once lógias
-masónicas; mitad católica, militante y revolucionaria libre pensadora,
-la tengo yo comparada á una rica, nobilísima y aristocrática viuda
-legitimista que sonríe á la república, papista que no llora el perdido
-poder temporal de los Papas, que se ha retirado á vivir y á morir
-tranquila en sus opulentas posesiones, á cuidar de sus incomparables
-viñedos y á gozar de sus rentas sin miseria y sin despilfarro, sin
-ruinosos vicios y sin pretenciosas virtudes, sin orgullo de la
-majestad de su noble raza, pero con la conciencia de la dignidad de su
-ilustracion y de su bien heredada opulencia.
-
-Hé aquí mi juicio sobre Burdeos, donde empecé mi poema, y de donde salí
-para París á estudiar mucho que no sabia, y á adquirir algo que me
-hacia falta para llevar á cabo mi incompleta _Granada_.
-
-
-
-
-XXIII.
-
-
-París tiene dos fases: es el manicomio de los ingenios y el paraiso de
-los tontos. En el primero forjan sus grandes elucubraciones todos los
-grandes locos, que con sus inventos y con sus escritos impulsan hácia
-el progreso el movimiento social europeo; y en el segundo pierden su
-tiempo, su salud y su dinero, en el turbion de marionetas, charlatanes,
-estafadores y mujeres perdidas, que pueblan aquel falso eden á la luz
-del gas y al son de las orquestas de Mussard y de Straus, todos los
-imbéciles que de las cuatro partes del mundo acuden como mariposas á
-quemarse en aquel foco de luz infernal.
-
-De París salen simultáneamente los gérmenes de todo lo bueno y de todo
-lo malo, sobre todo para nosotros los españoles; que, sea dicho sin que
-nadie se ofenda, ó aunque se amosque conmigo la mitad de la nacion,
-solemos tomar casi todo lo malo y poquísimo de lo bueno. Llegué yo á
-París miéntras ocupaba el trono francés el rey ciudadano Luis Felipe
-de Orleans, de quien sabian trazar la caricatura todos los chicos de
-su capital bajo la forma de una pera, cuya régia representacion se
-veia por todas las paredes y siempre de un parecido maravilloso. No
-era todavía el París ensanchado, dorado y ámpliamente refundido por el
-imperio del tercer Napoleon; era todavía su primer teatro la sala de la
-rue Lepelletier, y no estaba aún cerrada la plaza del Carroussel por la
-calle de Rivoli: existian aún al frente del Palais-Royal una espesa red
-de callejuelas, tan conocidas como mal afamadas, y á su espalda los dos
-famosos restaurants de Befour y de los tres hermanos Provenzales, y se
-alzaban todavía gárrulos y chillones, en los boulevares du Temple y de
-Beaumarchais, los cien teatrillos más divertidos del mundo, la Gaité,
-Follies-Dramatiques, Delassements-comiques, etc., etc.
-
-Asomé yo las narices los dos primeros meses al paraiso de los tontos
-y, sin dejarme fascinar ni embriagar por sus delicias de contrabando
-ni por sus huríes sin corazon, me establecí á la puerta del manicomio,
-haciendo con el editor Baudry un trato poco lucrativo; por el cual
-fueron mis versos los primeros que de poeta español tuvieron lugar en
-su magnífica coleccion. Por un puñado de luises y dos carros de libros,
-le dí el derecho de coleccionar todas las obras por mí hasta entónces
-escritas, por dos razones que me eran exclusivamente personales;
-la primera para que mi padre leyera mi nombre en el catálogo de la
-coleccion de los primeros escritores de Europa; y la segunda porque
-la extensa venta, el gigantesco anuncio y el renombre universal que
-ya tenia la coleccion Baudry, me hicieran conocido como poeta fuera
-de mi patria. A pesar de que mi padre, encerrado en nuestro solar de
-Castilla, no habia vuelto á darme noticias suyas, esperaba yo que esta
-prueba honrosa de aprecio de la librería editorial francesa para su
-hijo, le convenceria, por fin, de que no era menester que me doctorara
-en Toledo y de que ya no habia razon de cerrarme la casa y los brazos
-paternos. En esta esperanza viví en París desde Julio a Noviembre,
-estudiando y trabajando en mi _Granada_ y dividiendo mi tiempo entre
-las bibliotecas y los teatros, esquivo como en España, á la sociedad
-banal de las visitas y la chismografía, y un poco en contacto con la
-sociedad del arte y de las letras.
-
-La redaccion de _La Revista de Ambos Mundos_ me acogió con simpáticos
-obsequios, y sus redactores Charles Mazzade, Paulino de Lymerac y
-Xavier Durrieux fueron mis amigos y comensales; y por mi influencia
-y la de Juan Donoso, que fué despues nuestro embajador, empezaron á
-publicarse en aquella importante _Revista_ artículos sobre España,
-en los cuales comenzaba á probarse á los franceses que el Africa no
-empieza en los Pirineos. Pitre Chevalier, director del _Museo de las
-Familias_, se empeñó en publicar en él mi retrato y mi biografía, y lo
-hizo, como francés, sin atender á mis justas y modestas observaciones.
-Convirtió mis breves notas biográficas en una fantástica novelilla, y
-Mr. Pauquet, el primer dibujante de aquel tiempo, recibió su órden de
-retratarme embozado en mi capa española y mirando de perfil al cielo,
-como un D. Juan Jerezano que espera que se le aparezca su Dulcinea en
-el balcon para decirla: «por ahí te pudras». No era posible que mi
-retrato indicara que era de un poeta español, si no tenia capa y si no
-buscaba con la vista la inspiracion del Espíritu Santo; y aún le quedé
-agradecido á que no me pusiera una guitarra en la mano, de lo que creo
-que me libró solo su afan de embozarme.
-
-En aquel retrato, correcta y francamente dibujado, y por aquella
-biografía, _bizarramente detallada_ á la parisienne, no me conoce la
-madre que me parió; pero no por eso quedó ménos agradecido el español
-á la buena intencion del francés.
-
-Trás estos necesarios precedentes, pasemos una rápida ojeada por los
-últimos y sombríos cuadros de estos mis tristes recuerdos del tiempo
-viejo.
-
-Entre los conocimientos que hice y renové por entónces en París entre
-Dumas padre, Jorge Sand (Mme. du Devant), Alfred de Musset y Teophile
-Gautier; entre embajadores, editores, escritores, emigrados, cómicos
-y bailarinas; entre Fernando de la Vera, la Rachel, la Rose Chery,
-Frederik Lemaitre, Giusseppe Multedo, Zariategui y otros emigrados
-liberales y carlistas, italianos y españoles, se me vino á los brazos
-uno de estos, el más honrado y divertido andaluz que la tierra de
-María Santísima y la tenacidad carlista echaron á Francia. Era este
-D. Fernando Freyre, pariente próximo del general del mismo apellido,
-adherido no sé muy bien cómo á la corte de Fernando VII, de quien
-elegia los caballos y para quien iba á buscar los toros; amigo de los
-ganaderos, amparador de los _diestros_, y el primer inspector de la
-escuela taurómaca sevillana, institucion de aquel Sr. Rey, que santa
-gloria haya.
-
-Fernando Freyre no habia sido nada importante ni influyente, ni en
-la corte huraña y recelosa de las camarillas y apostasías políticas
-del difunto Rey, ni en la trashumante de D. Cárlos María Isidro de
-Borbon, segundo Cárlos V en Oñate; pero en ambas habia sido recibido
-y estimado por todos, incluso por mi padre, porque tenia uno de los
-mejores corazones y uno de los caractéres más alegres y más iguales del
-mundo. Realista por conviccion, no transigió nunca con las modernas
-ideas liberales, ni quiso jamás acogerse á amnistía ni indulto alguno;
-pero jamás odió, ni esquivó siquiera el saludo, á ningun liberal
-emigrado ó viajero con quien en tierra extranjera se topara, siendo de
-todos los españoles sinceramente apreciado y noblemente acogido por los
-legitimistas franceses. Con apoyo de éstos, no temió ni le avergonzó
-establecer un pequeño y privado depósito de vinos, pasas, caldos y
-frutos de Andalucía, que aquellos le compraban; y con los setenta á
-noventa duros que este oscuro comercio le producia, vivia modesta y
-honradamente en la mejor sociedad de la _legitimidad_ francesa y de la
-aristocracia española. Establecido ya de años en París, y encargado
-por sus amparadores de toda clase de comisiones, era conocido en el
-comercio y conocia á París, como un _commis-voyageur_ á quien comprar
-en la tienda ó en el taller, puede producir legal y honrosamente un
-tanto por ciento más crecido de utilidad. Por uno de estos encargos
-dimos allí uno con otro, y por las horas buenas que le debo, me
-complazco en consagrarle cariñosamente estas líneas en mis recuerdos.
-
-Era ya por entónces hombre de más de sesenta años; pero ágil, robusto
-y colorado, con sus patillas blancas de _boca-é-jacha_ y su sombrero
-sobre la oreja derecha, corria por las calles _recortando_ los coches y
-evitándolos apoyándose en la saliente lanza, como quien pone rehiletes
-de sobaquillo, porque todo lo hacia y lo hablaba á lo torero y lo
-macareno; y asombraba el verle cruzar los _boulevarts_ sin tropezar ni
-vacilar entre la multitud de carros, ómnibus y coches que de contínuo
-los obstruyen. Todo era en él extraño y original; en su negocio
-no tenia más que un empleado, y éste tenia las más incompatibles
-cualidades: era polaco, judío, carlista, fiel y discreto; hablaba un
-castellano aprendido en Vizcaya, tan disparatado como el francés que
-hablaba Freyre, y entre los dos me decian despropósitos imposibles de
-reproducir. Yo llamaba tio á Freyre; y cuando mi familia me dejó solo
-en París, me fuí á vivir al hotel de Italia, frente á la Opera-cómica,
-en cuyo piso tercero habitaba Freyre un pequeño aposento, compuesto
-de sala, gabinete y alcoba, y atestado de botellas y cajas. Cuando mi
-trabajo asíduo y sus compromisos con sus anfitriones nos dejaban libres
-las noches, comíamos juntos, y las concluíamos en el teatro, en algunos
-de los cuales tenia yo entradas libres, como escritor extranjero con
-editor en Francia.
-
-Llegó así Noviembre, y ya tenia yo apalabrados contratos para imprimir
-mi poema de Granada, y pagábanme ya no escasamente la prosa y los
-versos que para sus publicaciones de América me pedian, cuando se
-acordó Dios de mí, como dicen los católicos, enviándome una de esas
-desventuras que envenenan y enturbian para toda la vida el manantial
-amargo de la memoria.
-
-Pedíame de Madrid mi primo P., consócio mio, con Rafael X, una cadena
-de relój igual á otra mia, que era una cinta hecha con mil pequeñísimos
-cilindros de oro engarzados y giratorios en una red de ejes, de tan
-prolijo trabajo, como maravillosa flexibilidad. Averiguó Freyre el
-domicilio del obrero que para el platero los trabajaba, y nos acostamos
-conviniendo en que á la mañana siguiente muy temprano iríamos á comprar
-ó á encargar la demandada cadena.
-
-Habíanme regalado en Burdeos un _necessaire_ de ébano fileteado de
-marfil, que garantizado por una guadamacilada funda de cuero, llevaba
-yo á la mano y servia en nuestros viajes de escabel á mi mujer. Al
-levantarme al dia siguiente, híceme la barba segun costumbre con las
-navajas y ante el espejo de aquel _necessaire_, y llamando Freyre á mi
-puerta y dándome prisa, porque él la tenia de acudir á sus negocios
-despues que al mio, vestíme apresuradamente y partí con él; dejando las
-navajas sobre el velador y el espejo colgado en la escarpia, que para
-ello tenia puesta á mi altura en el marco de la vidriera.
-
-Fuimos hasta el final del Faubourg de San Dionisio; hallamos y
-compramos el objeto pedido, acompañé á Freyre á tres ó cuatro puntos
-que tenia que recorrer, y volvimos juntos al hotel de Italia.
-
-Pedimos al conserje nuestras llaves, pero la mia no estaba en el
-llavero; en vez de dejarla en él al salir, me la habia llevado en el
-bolsillo. Al entrar en mi cuarto, exclamó Freyre: «Mal agüero, zobrino:
-aquí han andado loz menguez en auzencia nueztra: mira:»--y me mostró
-el espejo hendido trasversalmente de arriba á abajo.--Reíme yo de su
-supersticiosa observacion, y llamé al camarero; el cual respondió á
-mis reclamaciones diciendo, que ni él habia podido _hacer_ mi cuarto,
-ni nadie entrar en él, porque yo no habia dejado la llave en la
-conserjería.
-
-«¡Mal agüero, zobrino, mal agüero!» Seguia Freyre rezungando entre
-dientes, y yo, que no creo más que en Dios, le hice observar que al
-cerrar la puerta de golpe, la vibracion de las vidrieras produjo
-probablemente el choque y rotura del espejo; y que teniendo los dueños
-de los hoteles dobles llaves por mandato expreso de la policía, tal
-vez el no haber yo dejado la mia llamó la atencion, abrieron sin
-precauciones la puerta y ocasionaron el fracaso.
-
-Freyre tragó como pudo mi explicacion; y teniendo ambos el dia libre,
-nos fuimos á almorzar á la taberna inglesa de la calle de Richelieu,
-con la intencion de ir á las dos al hipódromo del Arco de la Estrella.
-
-Almorzamos tranquilamente, y habiendo encontrado Freyre en el fondo
-de una botella de Chambertin, un raudal de andaluza verbosidad y un
-tesoro de alegría juvenil, salíamos cruzando el patio como estudiantes
-que hacen novillos, cuando dimos de manos á boca con un sobrino del
-banquero A. B., que en el piso principal de aquella casa tenia su
-escritorio establecido. «Del cielo me caen Vds.--exclamó al vernos--y
-me ahorran un viaje. Hace dos dias que tenemos una carta de España para
-el Sr. Zorrilla, y á llevársela iba; por cierto que trae luto y la
-apostilla de urgente. Aquí está.»
-
-Y presentóme la carta, que me hizo palidecer. Era de mi padre
-y revelaba en sus cuatro líneas su extraño carácter, y lo más
-dolorosamente extraño de nuestras relaciones.
-
-Decia:
-
- «Pepe, tu pobre madre ha fallecido hoy á las tres de la madrugada;
- tú verás si te conviene venir á consolar á tu afligido padre
-
- José.»
-
-No puedo decir lo que sentí ni lo que hice en aquel momento.
-
-Aquella noche rompí mis contratos y retiré las palabras dadas á los
-editores franceses; y á la mañana siguiente, rompiendo con mi porvenir,
-emprendí mi vuelta á España y al paterno hogar, cuyas puertas me abria
-la muerte por la tumba del sér más querido de mi corazon.
-
-Dejé á Freyre llorando en la estacion, y repitiendo lo que desde el
-dia anterior le habia oido rezungar muchas veces por lo bajo: «Sí,
-dicen bien las gitanas de Triana: que el diablo ez quien inventó loz
-ezpejoz, y que anda ziempre entre el azogue é zuz criztalez.»
-
-Yo partí viendo á través de mi espejo roto el rostro adorado del
-cadáver de mi madre, cuyo último suspiro no me habia permitido recoger
-Dios.
-
-
-
-
-XXIV.
-
-
-Tenia mi padre gran fuerza de voluntad y absoluto dominio sobre sí
-mismo; pero no pudo dominar su emocion en el momento de volverme á
-ver en su casa y por tan doloroso motivo. Nos abrazamos llorando: él
-fué el primero que se repuso y volvió á la prosáica realidad de la
-vida.--«Vienes muy cansado:--me dijo--no agravemos el mal que no tiene
-ya remedio. Come y reposa: la naturaleza es un tirano irresistible:
-tenemos tánto tiempo como razones para contristarnos; pero en este
-instante nuestro dolor está endulzado por la alegría, y no podemos ni
-alegrarnos ni condolernos, sin asustarnos de nuestra alegría como de
-nuestra pena.»
-
-Y era verdad; los recuerdos alegres de la niñez que poblaban aquella
-casa, la satisfaccion de volver á respirar en aquellos aposentos,
-la vista de aquellos muebles tan conocidos, el servicio de aquellos
-antiguos criados tan leales, y la presencia, en fin, de mi padre, tan
-firme, tan erguido y tan vigoroso, que iba y venia dando á aquellos
-las órdenes necesarias, me tenian en un estado de arrobamiento que me
-impedia darme cuenta de mí mismo; me sentia tan impulsado á llorar
-como á reir; y la imágen de mi madre muerta se me ocultaba y casi
-desaparecia tras de mi padre vivo. Acompañóme éste durante un ligero
-almuerzo que preparado me tenia; me habló del estado en que habia
-hallado sus viñas, de las mejoras que habia hecho en el cultivo de los
-viñedos y de las que necesitaba la casa; ni una palabra de mi madre;
-ni la más leve alusion á mi vida pasada: ni la más mínima esperanza
-para el porvenir. Yo volvia á casa de mi padre, no á la mia; así lo
-habia yo entendido, y volvia resuelto á respetar todos los derechos y
-á acatar todas las disposiciones de mi padre, sin permitirme la más
-nimia observacion: puesto que al abandonar á mi familia en 1836, habia
-yo renunciado á todos mis derechos de hijo y de heredero, dando á mi
-padre el de hacer de su hacienda lo que más á cuenta le viniere, como
-si Dios le hubiera quitado por muerte natural el hijo que civilmente
-murió, al fugarse del paterno hogar en brazos de su locura. Tal era mi
-respeto por mi padre, tales la justicia y las facultades omnímodas con
-que yo mismo le habia investido; y si le hubiera dado por ser jugador
-y vicioso, yo me hubiera empeñado y vendido á Satanás por pagar sus
-deudas ó mantener sus concubinas. Yo no le pedia, al volver á mi casa,
-más que un poco de cariño y el perdon de aquellos dramas y leyendas
-mias, por los cuales habia tirado por la ventana las Pandectas y las
-Novelas de Justiniano.
-
-Y fueron transcurriendo los dias, y fuéme él llevando á ver las bodegas
-y los plantíos; y mostróme deseos de adquirir unos solares de casas
-quemadas por los franceses, que lindaban con la nuestra por Mediodía y
-Poniente, con lo cual se la añadiria un amplio jardin cercado, logrando
-hacer de ella la mejor y más cómoda de muchas leguas á la redonda; y
-como me diese á entender que las dos cosas que le hacian desistir de
-la adquisicion de aquellos solares eran, la primera, que yo no querria
-venir á vivir allí nunca, y la segunda, que él no estaria ya nunca
-sobrado de dineros; porque el laboreo de las fincas y algunos atrasos
-contraidos en sus seis años de emigracion absorberian todas sus rentas,
-ofrecíle yo la suma de que menester hubiese; asegurándole que mi única
-ambicion era la de vivir allí con él y hacerle lo más agradable posible
-aquella mansion, con la cual habia soñado siempre, y la cual me habia
-siempre imaginado como un oasis de reposo en el desierto de mi vida de
-trabajo y de abnegacion.
-
-No creí, me dijo, que tal pensaras; pero si es como dices, voy á
-decirte lo que sé y pienso: ni los dueños de esos solares, ni nosotros,
-que queremos adquirirlos, sabemos bien, ellos lo que van á vender y
-nosotros lo que vamos á comprar. Escucha.
-
-Fuí yo uno de los jefes del batallon de estudiantes Palentinos
-que contra los franceses se levantó á fines de 1808. Una noche,
-sabiendo que avanzaba una division, nos emboscamos en el puente con
-aquella audacia inconsciente que nos hizo hacer lo que á pensarlo y
-comprenderlo no hubiéramos hecho. Al amanecer apareció una descubierta
-de coraceros, que con aquella confianza petulante que perdió á los
-franceses de Napoleon en España, entró sin precauciones en el largo y
-tortuoso puente de veintiseis ojos, que enlaza las dos riberas del rio
-y el camino real con esta villa. La vanguardia venia aún muy léjos,
-veiamos apenas el polvo que levantaba. Los coraceros y sus caballos
-nos sintieron debajo de ellos ántes de haber podido vernos enfrente;
-y encabritándose los caballos y empujando nosotros por los piés á
-los ginetes, calzados con grandes é inflexibles botas, los arrojamos
-al agua desequilibrándoles con el peso de sus cascos y sus corazas.
-Algunos de los últimos, que volvieron grupas, dieron la alarma á los
-de la vanguardia; pero cuando llegaron al puente, no hallaron más que
-algunos muertos y apercibieron en el agua algunos ahogados, cuyos
-cadáveres arrastraba la corriente. Los estudiantes montados en sus
-caballos y armados con sus carabinas, entrábamos en el páramo sin temor
-de que nos siguiesen.
-
-Pero pegaron fuego á Torquemada; y ese terreno elevado que desde
-el balcon estás viendo, cubre los escombros de cinco casas, cuyos
-cimientos y primer piso eran de piedra labrada, que nadie ha
-desenterrado.
-
-Hay además cegados cinco pozos de los cinco corrales á cada casa
-anejos; y entónces todo castellano que huia al monte, echaba al pozo la
-poca plata y alhajas que poseia; no habrá ahí riquezas, pero sí plata y
-piedra para indemnizar el desembolso del comprador.
-
-No podia yo permanecer en Torquemada, y al cabo de un mes volví á
-Madrid. Acababa de establecerse en la corte la sociedad editorial _La
-Publicidad_, de la cual era uno de los directores D. Joaquin Francisco
-Pacheco, quien ya he dicho que con Donoso Cortés y Pastor Diaz habia
-sido mi primer amigo y amparador. Propuse la compra de la propiedad de
-mi _Granada_; y en dos mil duros por tomo, cerré y firmé el contrato,
-debiendo presentar mi manuscrito por medios tomos y cobrar mil duros
-por cada mitad.
-
-Empecé á enviar dinero á mi padre, que con él compró los solares, pero
-no los tocó; intactos los hallé yo al verano siguiente, cuando invitado
-por él fuí con mi mujer á hacerle compañía.
-
-Mi padre ofreció á ésta las llaves y el gobierno de la casa; yo me
-opuse diciéndole que su ama de llaves y sus criados eran de su completa
-confianza, y que mi mujer y yo no éramos más que unos huéspedes por
-aquel verano.
-
-Pagóse mi padre y más su servidumbre de aquella confianza nuestra;
-comencé yo á convertir el corral en jardin, y gozaba mi padre viéndome
-cavar y trasplantar frutales, y abrir arriates para las flores. No
-hice yo de aquel corralon de lugar un jardin de Falerina; pero al
-ménos veíase desde los balcones algo muy diferente del muladar en
-que convierten sus corrales los labriegos descuidados de nuestra mal
-cuidada Castilla.
-
-Fuimos y volvimos dos veces de Torquemada á Madrid y de Madrid á
-Torquemada, y en la corte volví á poner casa por consejo de Tarancon, á
-quien su cargo de senador volvió á traer á Madrid.
-
-La sociedad de _La Publicidad_ se extendió mucho y no pudo abarcar
-tánto; llevaba yo presentado tomo y medio de mi poema, y habíanme dado,
-por órden de Pacheco, hasta setenta y dos mil reales; pero husmeando la
-liquidacion próxima, y no queriendo que mi manuscrito pasara á manos
-desconocidas, suspendí la entrega de original, con la intencion de
-rescatar la propiedad de mi manuscrito, por una transaccion ventajosa,
-cuando la liquidacion llegara.
-
-Extendia entre tanto sus negocios el editor Gullon; y habiéndome pedido
-un libro de la Vírgen, consultado el caso con Tarancon, y fiado en sus
-consejos, ofrecí á Gullon el poema de María en seis meses y en treinta
-y dos mil reales; pero siendo Madrid el punto del Universo en que más
-tiempo se pierde y más holgazanes encuentra con quienes malgastarlo
-el hombre que lo necesita, tomé en el Pardo y en la Casa de Infantes
-un aposento, que empapelé y amueblé, y retiréme á trabajar en aquella
-arbolada y jabalinesca soledad. Pasábame allí las semanas enteras: los
-sábados me enviaban mi mujer y mi primo los caballos, y venia á pasar á
-Madrid los domingos. Escribíame poco mi padre, porque tenia gota y mal
-pulso y costábale mucho el llevar la pluma; y escribíale yo tambien muy
-poco, porque estaba muy cansado de tener entre los dedos contínuamente
-la mia. Sabia él de mí que trabajaba en un libro de la Vírgen; sabia
-yo de él que la gota le tenia en descuido de la hacienda que habia
-en parte arrendado, y en el endiablado humor en que la podagra pone
-á quien la padece; y sabia de ambos el bueno de Tarancon, porque de
-ambos se ocupaba y á mi padre escribia, miéntras yo algunas veces le
-visitaba; y así corrió el invierno de 48, preguntando yo á mi padre si
-necesitaba de mí, y contestándome él que no valia su mal la pena de que
-yo interrumpiera mi trabajo.
-
-Conservaba yo roto, y así de él me servia, aquel malhadado espejo de
-mi _necessaire_ que se me rompió en París, y cuya rotura dió tánto
-á Freyre que rezungar; pero habiéndose desprendido uno de los dos
-trozos de su cristal por un costado, adherido sólo al carton en que
-encuadrado estaba por su parte superior, hacíase ya tan engorroso como
-arriesgado el servicio del tal espejo; y como conservábale yo roto
-por mero recuerdo del mal dia en que se rompió y no por supersticioso
-empeño, que Dios, en quien solamente á puño cerrado creo, me ha librado
-de creer en agüeros ni supersticiones de ninguna especie, determiné al
-fin renovar el espejo, ya que el _necessaire_ era en verdad prenda que
-merecia tenerse completa. Vivia yo en las casas de Santa Catalina de
-la calle del Prado, y hallábase establecida una fábrica de espejos en
-donde hoy lo está el Casino Cervantes; llevó mi mujer misma el carton
-en que el roto estaba encuadrado, y en él la pusieron otro espejo de la
-exacta medida, prometiéndosele para el lunes: pero no se lo llevaron
-hasta el martes. El azogado cristal nuevo encajaba perfectamente en el
-hueco para él hecho en el fondo de la tapa del _necessaire_; coloquéle
-en su lugar, púsele encima la almohadilla que le garantizaba contra
-choques y movimientos, y cerrado el _necessaire_, forcé la tapa para
-hacer girar la llave: pero al forzarla, sentí crugir algo dentro; el
-espejo se habia vuelto á romper; yo habia dejado por debajo del cristal
-uno de los pasadores que por arriba le sujetaban.
-
-Resignéme á tenerlo roto y me volví á mi escondite del Pardo, y volví
-á emprenderla con el libro de la Vírgen. Era un martes. Mi familia no
-iba nunca á verme al Pardo; yo la pedia ó ella me enviaba los caballos
-ó un carruaje, pero nunca en dia de entre semana, sinó en sábado ó en
-domingo. El jueves habia yo concluido un capítulo; hacia un tiempo
-delicioso y salí á hacer ejercicio ántes de comer, en compañía de un
-guarda que en tales casos me servia de cicerone. A mi vuelta hallé un
-coche en el patio de la casa y á mi mujer esperándome en mi aposento.
-Volvia yo contento de mi paseo, porque lo estaba de mi trabajo, y
-alegremente abracé á mi mujer y á la persona de su familia que la
-acompañaba.
-
-La mesa estaba puesta: sentíame con apetito, y comencé tranquilamente
-á dar cuenta solo de mi pitanza, de que los recien venidos rehusaron
-participar, y pasé distraido las primeras cucharadas de la caliente
-sopa: pero al notar de repente el silencio tan sombrío como desusado
-de mi familia, asaltóme un siniestro presentimiento, y exclamé inquieto:
-
-«¡Dios mio! ¿Qué sucede, que venís tan tristes y tan pronto?
-
---Nada, pero es preciso que vengas con nosotros.
-
---¿Por qué?
-
---Porque... ha llegado una carta de Torquemada...--y al decir esto, mi
-buena mujer rompió á llorar sin poderse contener.
-
-No recuerdo si el del espejo roto fué lo que excitó en mi mente la
-tremenda idea: «¡Ha muerto mi padre!»--exclamé angustiado.
-
---No, todavía no--se arriesgó á decir mi mujer; pero como esto, por
-vulgar que sea, es lo primero que suele ocurrir á todo el mundo decir
-en casos semejantes... no me quedó ya duda de mi desventura, y otra
-idea más tremenda envolvió mi espíritu en las tinieblas de otra duda
-que sumia mi alma en la más impía desesperacion.
-
-«¡Mis padres mueren, me dije á mí mismo, sin llamarme en su última
-hora! ¡Dios me deja sobre la tierra sin el último abrazo y sin la
-bendicion de mis padres!... ¿Qué le he hecho yo á Dios? ¿Están malditos
-mis pobres versos?»
-
-Recogí los que llevaba escritos de la Vírgen y me volví á Madrid y á
-casa de Tarancon, á quien ya no hallé: hacia dos dias que habia salido
-para su diócesis.
-
-
-
-
-APÉNDICE A ESTE TOMO.
-
-
-Razon suficiente da el prólogo de este libro de mi venida y permanencia
-actual en Barcelona: pero por torpe é ingrato deberia tenerme, si
-yo cerrara este libro sin dar á sus habitantes las gracias por el
-recibimiento que en su ciudad me han hecho, y el hospedaje que en ella
-me han dado.
-
-Atemorízame y apócame sin embargo el miedo de no acertar con palabras
-que espresen mi gratitud, y pesárame en el alma que, con las que voy á
-escribir, pareciese que sólo intento darme importancia, y prolongar el
-ruido que esta especie de resurreccion mia ha levantado en la capital
-de Cataluña.
-
-A ella llegué el 30 de Octubre, y su pueblo se aglomeró en el
-teatro para saludarme; pero con tan cordial cariño, con tan franca
-espontaneidad, que no en mis oidos sinó en mi corazon resonaron los
-aplausos que, de pié y vueltos al palco que ocupaba, me dirigieron
-los espectadores. ¿Quién era yo, qué habia yo hecho para merecerlos
-de Barcelona? Aún puedo apenas comprenderlo; y las lágrimas, que como
-aquella noche anublaron mis ojos, vuelven á enturbiar mi vista ahora
-que, con infinito agradecimiento, en estas líneas hago de aquella
-escena tal vez inoportuna conmemoracion.
-
-No espero que nadie de mí se mofe ni me avergüence por mis lágrimas de
-gratitud, ni por consignar aquí con la más sincera los obsequios de que
-fuí objeto y los nombres de los que me los prodigaron.
-
-El 1.º de Noviembre apareció en Madrid, en el número 1841 de _El
-Globo_, un tan curioso como oportuno y por mí no esperado artículo,
-prohijado por la redaccion, puesto que aparece de fondo y sin firma, en
-el cual me considera como un muerto que sobrevive á su gloria y asiste
-á su apoteósis desde una butaca del salon de espectáculo; ¡Dios mio! si
-la redaccion de _El Globo_ me hubiera podido honrar con su compañía en
-mi palco del teatro Principal de Barcelona el 30 de Octubre, hubiera
-comprendido lo poco que estimo mis obras, pero tambien la escitacion
-febril que me producia el placer de recibir aquella ovacion del público
-de Barcelona. ¡Gracias á quien quiera que aquel original artículo me
-escribió en ocasion tan oportuna; gracias á la redaccion que lo aceptó
-por suyo, y gracias (si le hay) á su trás ella escondido é invisible
-inspirador.
-
-El _Diario_ literario de avisos de Barcelona, copió este artículo de
-_El Globo_ en su número del jueves 4; y en el del viernes 5 de _La
-Crónica de Cataluña_ apareció otro afectuosísimo de D. Teodoro Baró,
-á quien seria imposible que yo expresara mi reconocimiento por tal
-escrito, en frases que á las suyas correspondieran. Baró siente sin
-duda por mí algo que no se puede comparar más que con un amor de niño:
-con una sencillez infantil, y una fraternal familiaridad se ocupa
-de mi faz, de mi traje, de mis costumbres, hasta de mis intereses;
-recordando en su artículo que cómo y pago alquiler de casa, y que no
-es justo que se me reimpriman mis obras como si fueran propiedad de
-todos, impidiéndome utilizar sus productos, para probarme la inmensa
-popularidad que me han adquirido. Baró trata de mí, de mis obras, de
-mis acciones y hasta de mis sentimientos íntimos y de mis pensamientos
-recónditos, con una discrecion, con una delicadeza, con un decoro y con
-un respeto, que no fueran mayores si él fuera padre, hijo ó hermano del
-viejo poeta, á quien honra con el artículo en que le da tan cordial
-bienvenida. Yo ocupo, por lo visto, en el alma de Baró un lugar entre
-sus creencias: leyó de niño mis versos, se familiarizó conmigo desde
-muy muchacho, aprendió sin duda al mismo tiempo el Catecismo y mis
-_Cantos del Trovador_, el Padre nuestro y _El reló_, la Historia de
-España y _Margarita la Tornera_, y ahora tiene de mí la misma idea que
-de los personajes históricos y de las imágenes religiosas, que entran
-en nuestro espíritu con los primeros rudimentos de nuestra primera
-educacion. Y ¿qué voy yo á responder á los artículos de Baró? ¿Cómo
-voy yo á corresponder á esta especie de veneracion innata que por
-mí siente? Con palabras es imposible: no las encuentro; con versos,
-ya no puedo, porque ya no los hago: con visitas, con cumplidos, con
-banalidades sociales, seria bajarme yo mismo cantando las peteneras
-del altar en que Baró me tiene en su corazon colocado; tengo pues que
-callar, consagrándole en el mio una silenciosa gratitud.
-
-Alonso del Real, en los lunes de _La Gaceta de Cataluña_, hoja
-literaria del 25 del mismo mes de Noviembre, me dió por un poeta
-sin rival, indiscutible, indeclinable, digno y capaz de vivir sin
-decadencia ni senectud los años matusalénicos; la redaccion de _La
-Publicidad_, en su número del 7, compuso su artículo de fondo con mi
-biografía encomiástica, y encuadró mi retrato en su primera página:
-y ¿cómo voy á corresponder á tan benévola acogida? ¿Enviando á
-Alonso del Real y á los redactores de _La Publicidad_, y á los de _El
-Diluvio_, y del _Diari Catalá_ y de _La Ilustracion Catalana_, y _El
-Correo Catalan_, mis tarjetas ofreciéndoles mi casa y dándoles las
-Páscuas y acompañándolas con un pavo?--Tengo, pues, que encomendarme
-á Dios y al tiempo, que me deparen una ocasion de probarles mi
-agradecimiento; y ellos tendrán que darse por contentos y satisfechos
-con estas pocas y desaliñadas frases.
-
-Pero hay algo más difícil aún de recibir y de aceptar que los escritos
-encómios: estos, al cabo, se leen á solas, y los que los han escrito no
-ven la cara que al leerlos pone aquel en loor de quien los escribieron.
-El Presidente del Ateneo, D. Manuel Angelon, me preparó una velada
-literaria: en ella hizo el Presidente de su seccion de literatura, Sr.
-Feliu y Codina, mi presentacion al Ateneo en un discurso floridísimo,
-durante el cual no sabia yo qué continencia tomar. El poeta D. Enrique
-Freixas, me dedicó unos endecasílabos, de cuyas ideas soy yo el único
-que no puede hacer mencion: el jóven Mata y Maneja, me probó que habia
-tomado por un género de poesía mis extravíos fantásticos y mis delirios
-métricos, en uno tan intrincado que me pareció mio; y por último, el
-Ateneo me regaló una magnífica medalla de plata, que no pude colocar en
-ningun bolsillo por temor de que con su peso me lo desgarrara.
-
-La Sociedad «Romea» dió una funcion en obsequio mio, en el Teatro
-Catalan del mismo nombre y me ofreció una corona.
-
-La Sociedad «Latorre» me dedicó otra, y otra la Sociedad «Cervantes;»
-y por fin, dióme la de «Romea» una segunda fiesta, poniendo en escena
-mi _Sancho García_; en cuya representacion pusieron los actores más
-esmero y dieron á la obra mia más relieve de los que acostumbran hoy
-los que por primeros se consideran; y me inundó el escenario de flores
-y de laureles.
-
-El Sr. D. Santiago Vilar, en una velada de despedida, me presentó á
-los alumnos de su colegio, como modelo de yo no sé cuántas cosas: los
-niños pasaron la noche entera en recitar versos mios, lo que probaba
-que habian pasado un mes estudiándolos y pensando en mí; el Sr. Obispo
-de Avila me abrazó en público por los que yo recité; y no sé yo lo que
-pensar pudieron los espectadores que atestaban aquel salon de aquel
-abrazo episcopal, dado con cariñosa efusion al poeta más desatalentado
-del siglo. Presentáronme en un estuche una joya preciosa, primoroso
-ejemplar de cinceladura, en cuyo trabajo de argentería son estremados
-los artistas barceloneses; y despues de un refrigerio, necesario para
-reponer en los vasos linfáticos la saliva gastada en tan prolongada
-lectura, salimos de aquella conmovedora fiesta de la niñez, presidida
-por un ilustre prelado, á deshora de la noche, como viciosos que á su
-casa vuelven ruidosamente de madrugada, calmando la inquietud de su
-desvelada familia é interrumpiendo el tranquilo sueño de sus honrados
-vecinos[3].
-
- [3] En la lectura de la sociedad «Latorre» debí el honor de
- que me acompañara al célebre poeta dramático, sostenedor del
- teatro catalan, D. Federico Soler; quien bajo el seudónimo
- de «Serafi Pitarra», hace años que con prodigiosa fecundidad
- surte de obras originales la catalana escena. De ÉL, de sus
- obras y del teatro Romea, tendré ocasion de ocuparme en mis
- artículos de _El Imparcial_.
-
-A este mes entero de fiestas y regalos, no puede el viejo poeta
-corresponder más que apuntando rápidamente en este apéndice lo
-sucedido. He protestado mil veces contra mis públicas exhibiciones;
-pero Barcelona como Valencia, á manera de muchachas locas enamoradas
-de un viejo, han pedido á gritos mi presentacion en los teatros: he
-alegado los sesenta y cuatro años que me apocan y enronquecen, y
-Barcelona me ha dicho: «que no; que yo no tengo edad y que canto como
-un ruiseñor.» He tenido que acudir al Dr. Osío para que me azoara la
-glotis, y Barcelona ha escuchado como sonora y argentinamente timbrada
-mi voz perdida, y ha aplaudido frenética, como si nunca los hubiera
-oido, mis versos tan viejos como yo. A esta idea preconcebida, á este
-partido tomado, á este cariño maternal de Barcelona, ¿qué puedo,
-qué debo yo ofrecer en accion de gracias? Dejarme querer, y seguir
-trabajando en silencio, y en la duda afanosa de si la posteridad
-sancionará los aplausos, la predileccion y el juicio con que Barcelona
-me acepta y me recibe en su seno.
-
-Me he limitado, pues, á escribir estas cuatro vulgares páginas; y como
-ya no hago versos dos años hace, y el molde en que los vaciaba está
-ya enmohecido y agujereado, no he sabido más que hilvanar con unos
-que hice á Valencia, mi madre adoptiva, y otros que me ha inspirado
-mi gratitud á Barcelona, una estrafalaria poesía, que aquí publico
-como recuerdo de mi madre y homenaje á la Ciudad Condal. Carece
-completamente de mérito literario, y la presento sin pretension alguna:
-es sólo un ejemplo de lectura, en la cual colocados los alientos y
-dilatados sus períodos para ser leida por mí, tal vez sólo mi arte de
-alentar la hace escuchar sin fatiga, y tal vez sólo en mi boca tiene
-armonía su dislocada metrificacion. Creada en el corazon más que
-imaginada en el cerebro, espero que sólo con el corazon me la acepten y
-me la juzguen Valencia y Barcelona.
-
-
-
-
-BARCELONA Y VALENCIA.
-
-LECTURA HECHA POR EL AUTOR EN BARCELONA.
-
-
-I.
-
- Barcelona y Valencia son dos hermanas;
- y reclinadas ambas del mar á orillas
- como dos garzas blancas, son dos sultanas
- que tremolan bandera de soberanas
- sobre ricas ciudades y alegres villas.
- Yo soy huésped en ambas bien recibido;
- y en las villas que de ambas son comarcanas,
- voy y vengo á mi antojo, paso ó resido:
- y dó quier, campesinas ó ciudadanas,
- á mí, poeta viejo de las Castillas,
- al par Barcelonesas y Valencianas,
- desde las pobres huérfanas á las pubillas,
- me reciben alegres y oyen ufanas
- mis romancejos godos y mis coplillas,
- que son mitad muzárabes, mitad cristianas:
- y desde las más cándidas y más sencillas
- payesas á las damas más cortesanas,
- donde á cantar me paro, niñas y ancianas,
- oyendo de mis cuentos las maravillas
- sonríen al poeta y honran sus canas.
-
- Así que en Barcelona como en Valencia,
- dó quier que me preguntan «y tú ¿quién eres?»
- digo con ciertos humos de impertinencia:
- «Soy el viejo poeta de las mujeres.»
- Pero en conciencia,
- ¿Qué soy de Barcelona? ¿Qué de Valencia?
-
-
- II.
-
- Yo de los valencianos hijo adoptivo,
- considero á Valencia como á mi madre;
- mas cuando á Barcelona vengo, aquí vivo
- como si aquí tuviera casa mi padre.
- Aquí y allí de raza ni de abolengo
- no, sinó de cariño títulos tengo;
- allí y aquí mis versos en castellano
- me dan fuero y derechos de ciudadano,
- porque á mi vieja musa mora-cristiana
- Cataluña y Valencia ven como hermana.
-
- Mas no es mi vida en ambas muy regalona,
- pues aquí y allí vivo como la ardilla
- en inquietud perpétua: se me eslabona
- una con otra fiesta; de villa en villa,
- de teatro en teatro se me pregona;
- voy y vengo sin tiempo de tomar silla:
- por dó quiera me dicen: «_¡parla! ¡enrahona!_»
- yo suelto de mis versos la taravilla,
- y dó quier mi presencia fiesta ocasiona:
- porque aquí y allí paso por maravilla,
- porque escribí el _Tenorio_, que es quien me abona
- lo mismo en Cataluña que por Castilla;
- y aquí, cuando en las calles ven mi persona,
- dicen los _noys_ que pasan:--«es en Surrilla,»
- lo mismo que si fuera de Barcelona.
- Mas mi conciencia
- ¿qué cree de Barcelona?
- ¿qué de Valencia?
-
-
- III.
-
- Faro de isla cercado de guardabrisas,
- camarin alfombrado de minutisas,
- ajimez festonado con ramos de oro,
- joyel que de cien reinas guarda el tesoro,
- sultana de pensiles cultivadora,
- latina, provenzala, cristiana y mora,
- Valencia es un compendio de los primores
- con que ornó al mundo la Omnipotencia,
- cuna de silfos, nido de amores,
- patria de bardos y trovadores,
- vergel poblado de ruiseñores,
- pomo de esencia,
- jarron de flores:
- eso, señores,
- eso es Valencia.
- Mas Barcelona
- es la muchacha alegre de la montaña,
- sana, robusta y ágil: que, rica obrera,
- de un blason que mancilla servil no empaña
- y un condal nobilísimo féudo heredera,
- tiene al pié de un peñasco que la mar baña
- y de un aro de montes trás la barrera,
- un campo con mil torres para cabaña,
- por toldo y guardabrisa la cordillera,
- por taller la más rica ciudad de España,
- por mercado las plazas de España entera;
- y obrera que de estirpe noble blasona,
- da á la historia de España su prez guerrera,
- el floron más preciado de su corona,
- el cuartel más glorioso de su bandera.
- Artesana, que ciñe condal corona,
- en el taller sin penas trabaja y canta:
- con hilos y alfileres hace primores;
- en un puño de tierra cultiva y planta
- viñedos y olivares que, en vez de flores,
- en sus breñas y cerros, lomas y alcores
- diestra escalona,
- cuida y abona
- con cien labores:
- eso, señores,
- es Barcelona.
-
-
- IV.
-
- Valencia es la florida puerta del cielo,
- el balcon por donde abre la aurora el dia:
- Dios por él de la España bendice el suelo
- y la salud, la gracia y el sol la envia.
-
- Valencia es un florido pensil modelo,
- mansion de los deleites y la alegría,
- á quien sirve de cerca, de espejo y velo,
- á sus plantas echada, la mar bravía.
-
- Valencia está debajo del paraíso;
- y cuando Dios le priva de su presencia,
- por el balcon del alba, sin su permiso,
- los ángeles se asoman á ver Valencia.
-
- Valencia es alkatifa de cien colores
- de Dios tendida para una audiencia,
- donde del cielo los moradores
- de Dios derraman en la presencia
- ramos de flores,
- pomos de esencia:
- eso, señores,
- eso es Valencia.
- Mas Barcelona.....
-
- Barcelona es la reina del mar Tyrreno,
- cuyas ondas azules cubre de lona;
- y á los hijos activos que da su seno
- la posesion del mundo dar ambiciona.
-
- Barcelona es un águila de vuelo altivo,
- fénix que, renaciendo de sus cenizas,
- torna jardin su suelo duro al cultivo
- y en palacios sus viejas casas pajizas.
-
- Barcelona, á quien nutre vital esceso,
- late con los volantes de sus talleres,
- se remonta en las alas de su progreso,
- brilla con la hermosura de sus mujeres:
- y cuando Dios se ausenta del paraíso
- y duerme Barcelona de noche, al peso
- del trabajo rendida, sin su permiso
- baja un ángel por todos á darla un beso.
- Porque del cielo los moradores,
- miéntras los mundos Dios inspecciona,
- al noble pueblo que en sí amontona
- turbas de pobres trabajadores,
- cuyo trabajo con Dios le abona,
- como á una vírgen limpia de amores
- cuya alma el cuerpo casto abandona,
- del huerto Edénico
- con lauro y flores
- tejen los ángeles
- una corona:
- y esa, señores,
- cae de sus manos
- en Barcelona.
-
-
- V.
-
- Valencia, más hermosa, más cortesana,
- es más jóven, más libre, más Moslemina;
- Barcelona es más hosca, ménos galana,
- más morena, más séria, más Bizantina:
- aquélla más coqueta, y ésta más llana.
-
-
- Valencia afecta á veces ser campesina,
- mas bravéa con humos de soberana:
- y es una rubia y grácil hurí-cristiana,
- que viste por capricho de tunecina.
-
- Valencia dice á todos que es hortelana,
- y es una neerlandesa pálida ondina
- que duerme en una rica concha perlina;
- y del mar en la espuma blanca y liviana
- canta á la arrebolada luz matutina,
- vestida por capricho de valenciana.
-
- Barcelona es el cráter donde fermenta,
- con el hierro fundido y el tufo denso,
- el espíritu hermano de la tormenta
- que se pasea, de ellas sin tener cuenta,
- sobre el móvil abismo del mar inmenso.
-
- Valencia es la Hada núbil de la alegría
- que respira de rosa y ámbar esencia;
- la Vénus Afroditis del Mediodía,
- de quien ver deja ignuda la gallardía
- de un pudor algo moro la transparencia.
-
- Barcelona es Minerva ya desarmada;
- cuyo manto, que lame la mar bravía
- salpicando de perlas su orla murada,
- lleva en lugar de armiños y pedrería
- la greca de su vuelo y cáuda bordada
- con rieles y máquinas de ferrovía,
- con espolones, hélices y anclas de Armada.
-
- Valencia, alméa grácil y encantadora,
- trova, canta, recita, danza y se espresa
- en voz, accion y gracia tan seductora,
- que atrae, fascina, embriaga, turba, embelesa,
- magnetiza, avasalla, rinde, enamora,
- y en tierra con las almas da por sorpresa.
-
- Barcelona, valiente, ruda payesa
- con timbres y con fueros de gran señora,
- labra, teje, cultiva, destila, pesa,
- funde, lima, taladra, cincela y dora;
- y ejemplar solo de alta noble condesa
- con corazon de obrera trabajadora,
- con el trabajo nunca de latir cesa:
- y apresurada siempre trás árdua empresa,
- hierve como encendida locomotora:
- cuando se mueve, asombra; cuando anda, pesa:
- respira fuego y humo cual los volcanes,
- y estremece la tierra, como si dentro
- de ella fuera la raza de los titanes
- queriendo de la tierra cambiar el centro.
-
-
- VI.
-
- Barcelona y Valencia son dos hermanas,
- pero una es blanca y rubia y otra morena:
- son por naturaleza dos soberanas;
- pero la una celeste, la otra terrena.
- Valencia es la versátil hija del cielo,
- á quien Dios por herencia dió un paraíso;
- Barcelona, hija de Eva, vive en anhelo
- de tornar por sí misma su estéril suelo
- en el Edén que el cielo darla no quiso.
-
-
- VII.
-
- Yo idolatro á Valencia por su hermosura,
- su luz, su poesía, la donosura
- de su gente, sus usos, trajes y aliños;
- y de un amor primero con la fé pura,
- la doy de hijo y amante los dos cariños.
-
- Pero amo á Barcelona por tiranía
- de ley inevitable de mi destino:
- Dios condenó al trabajo la vida mia;
- morir sobre el trabajo tengo por sino.
-
- Barcelona trabaja... y á su existencia
- el trabajo da fuerza, pan y alegría:
- que me dé cuando espire tumba Valencia,
- pan Barcelona, miéntras mi inteligencia
- Dios alumbre y mis ojos la luz del dia.
-
-
- VIII.
-
- Olvidaba que entre ambas hay diferencia:
- no en la tierra, en el cielo; pero os aviso
- que es secreto que á solas fiarme quiso
- el buen ángel que alumbra mi inteligencia.
-
- La diferencia es esta: pero es preciso
- que Valencia lo ignore; cuando en ausencia
- de Dios se quedan dueños del paraíso
- y con la luz del alba, sin su permiso,
- los ángeles se asoman á ver Valencia....
- es porque á Barcelona Dios en persona
- baja en el sol, y absorto de complacencia
- se olvida de los ángeles en Barcelona.
-
-
-_Esta obra es propiedad de su Autor, el que perseguirá ante la ley á
-quien la reimprima en todo ó en parte sin su consentimiento._
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO ***
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-
-
-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
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-
-Title: Recuerdos Del Tiempo Viejo
-
-Author: José Zorrilla
-
-Release Date: October 16, 2016 [EBook #53294]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO ***
-
-
-
-
-Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
-
-<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/>
-
-Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br />
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br />
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/>
-La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p>
-
-
-<h1>RECUERDOS<br />
-<span class="medium">DEL</span><br />
-TIEMPO VIEJO</h1>
-<p class="center">POR</p>
-
-<p class="center p4 large">D. JOSÉ ZORRILLA.</p>
-
-<p class="p4 center">BARCELONA.<br />
-IMPRENTA DE LOS SUCESORES DE RAMIREZ Y C.<sup>A</sup><br />
-Pasaje de Escudillers, número 4.<br />
-1880.</p>
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<p class="p6">Este libro no necesitaba prólogo: la carta del señor
-Velarde, con la cual va honrado, y la primera mia,
-contestacion á ella, justifican la publicacion en <i>El
-Imparcial</i> de los artículos cuya coleccion forma el
-texto de este volúmen; y el motivo de coleccionarlos
-en él, es la demanda que de su coleccion me han
-hecho los amigos que me leen y los libreros que me
-venden.</p>
-
-<p>Y que no se me ofenda ningun librero, ni se me engalle
-ningun Académico por esta frase: porque se dice que
-se lee y que se vende á Quevedo ó á Valera cuando se
-leen y se venden sus obras: lo mismo me sucede á mí;
-unos me leen y otros me venden; y si los que me venden
-no me vendieran, no me leerian los que me leen, y yo
-publico este libro por agradecimiento á los unos y á los
-otros.</p>
-
-<p>La razon y la escusa de lo que en él de mí mismo
-digo, van tambien alegadas en su relato; pero de las
-circunstancias en que le he escrito y del motivo de imprimirle
-dividido en dos partes y no en Madrid sinó en
-Barcelona, me conviene, aunque necesario no sea, decir
-cuatro palabras; siquiera no encuentren cuatro lec<span class="pagenum"><a name="Page_ii" id="Page_ii">[ii]</a></span>tores
-á quienes leérmelas interese, ni media docena que
-en leérmelas se complazcan.</p>
-
-<p>Un 27 de Junio, á las siete de la mañana, entró la
-muerte calladamente en mi casa, y dispersó con su
-guadaña una familia, para cuya reunion habia yo trabajado
-mucho tiempo y agotado mis ahorros. En el inmenso
-y legítimo duelo en que aquella muerte dejaba
-sumida mi casa, en cuyo escondido hogar me habia ya
-sumido modestamente <i>á vivir en el olvido y á morir en
-paz con Dios</i>, quedábame por solo recurso y por última
-esperanza el resto de las dos veces mermada pension,
-que en 1871 me habia concedido el Gobierno, cuyo ministro
-de Estado era el Excmo. Sr. D. Cristino Martos;
-pero llegado el ocho de Julio, y transcurrido el nueve, y
-pasado el diez, y visto que la libranza en que de Roma
-debia venir mi mensualidad vencida no venia, telegrafié
-á mi apoderado en la capital del Orbe Cristiano,
-preguntándole por ella. ¡Ay de mí! con mi telegrama
-se cruzó la carta suya, en que me participaba que por
-causa de economías inexcusables en la Administracion
-de los Lugares Píos españoles en Italia, mi comision
-habia sido suprimida: en consecuencia y ajustadas por
-él mis cuentas con aquella piadosa Administracion, me
-remitia los últimos sesenta y cinco duros que me restaban
-que cobrar hasta la fecha de la supresion de mi
-sueldo.</p>
-
-<p>Quedéme yo con la libranza delante de los ojos, el
-verano delante de mí y detrás de mí los siete individuos
-de mi familia; y el ministro de Estado en los ba<span class="pagenum"><a name="Page_iii" id="Page_iii">[iii]</a></span>ños,
-y el de Fomento en sus haciendas, y el Sr. Cánovas
-mi amparador en Cotterets, y en Francia mi paño
-de lágrimas el Capitan General Jovellar; quien en tales
-casos molesta por mí á todos los ministros, y no pierde
-ocasion ni perdona empeño por sacarme del mio. La
-moda, que deja á Madrid desierto durante el verano,
-me dejaba á mí en Madrid como en medio del Sahara:
-la tierra bajo mis piés, el cielo sobre mi cabeza, mi esperanza
-en Dios, y Dios tras el velo azul del aire; que
-es impenetrable cortinaje del pabellon que le guarda de
-las miradas de los hombres. ¿Cómo pasé yo aquellos
-tres meses?</p>
-
-<p>No puedo hacer al tiempo volver atrás: no puedo
-quitarme de encima ni uno solo de mis sesenta y cuatro
-años: no puedo hacer volver á mis manos el capital
-pagado por las deudas de mi herencia paterna, ni lo
-por mí gastado en vivir bien ó mal: no puedo rescindir
-los contratos de venta de mi <i>Don Juan</i> ni de mi <i>Zapatero
-y el Rey</i>, escritos cuando la ley de propiedad no
-existia: esta ley no tiene efecto retroactivo ni protege
-mi propiedad por lesion enorme: y no puedo pedir limosna
-en España, sinó poniéndome al pecho un cartel
-que diga: «este es el autor de <i>Don Juan Tenorio</i>, que
-mantiene en la primera quincena de Noviembre todos
-los teatros de verso de España y América;»&mdash;pero para
-esto seria preciso que yo esplicase cómo el autor de tal
-obra podia pedir limosna; cosa muy fácil de esplicar,
-pero muy difícil de comprender.</p>
-
-<p>Antes de pedirla escribí á mis editores de Barcelona,<span class="pagenum"><a name="Page_iv" id="Page_iv">[iv]</a></span>
-los Sres. Montaner y Simon, dándoles cuenta de la
-suspension de mi sueldo y pidiéndoles trabajo en su
-casa. Los Sres. Montaner y Simon me contestaron que
-«los editores no tenian en su casa trabajo digno de mí:
-pero que los amigos me enviaban adjunta una letra contra
-su corresponsal.» El Arzobispo de Valencia, de cuya
-ciudad soy hijo adoptivo, partió conmigo la limosna de
-sus pobres; el empresario del Teatro Español me ofreció
-una cantidad que jamás pude cobrar en contaduría; y
-al volver á Madrid el Sr. Conde de Toreno, ministro de
-Fomento, me presenté en su antecámara, en la cual no
-me detuvo ni un minuto. Expúsele en dos palabras mi
-posicion: asombróse de ella, confesándome que estaba
-muy léjos de imaginársela tal; y prometiéndome exponerla
-en consejo de ministros, en la primera ocasion,
-me dió cita para el dia siguiente en el gabinete del señor
-Cárdenas, Subsecretario, con quien iba inmediatamente
-á consultar un medio de venir en mi auxilio. Al
-dia siguiente el Sr. Cárdenas, con una delicadeza y un
-tacto que no podré jamás olvidar, me dijo: «que el señor
-Conde de Toreno, sabiendo que para continuar ciertos
-trabajos legendarios en que me ocupaba, necesitaria
-hacer algun viaje á alguna biblioteca ó archivo de provincia,
-me daba por su mano una pequeñez para ayuda
-de gastos,» y puso en la mia un bono de dos mil pesetas
-contra el Tesoro.</p>
-
-<p>Pero miéntras todas estas cosas pasaban, habia pasado
-otra, principal engendradora, orígen y causa más inmediatos
-de la confeccion de lo en este libro compaginado.
-<span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span>
-El Sr. D. Federico Balart, á quien suelo pedir opinion
-y consejos sobre mis obras ántes de publicarlas, y á
-quien voy ahora muchas veces á distraer de una mortal
-pesadumbre con mi escéntrica conversacion y mis ideas
-estrafalarias, habia ido á hablar en mi favor al propietario
-de <i>El Imparcial</i>. El Excmo. Sr. D. Eduardo
-Gasset y Artime me abrió su casa, sus brazos y las columnas
-del <i>Lúnes</i> de su periódico, pagándome mis artículos
-en más de lo que valen; el Sr. Ortega Munilla,
-Director de los <i>Lúnes</i>, me hizo la distincion de colocármelos
-inmediatamente despues de su semanal revista, y
-en la redaccion de <i>El Imparcial</i> encontré una nueva familia,
-que aceptó mi compañía con cariño tan afectuoso
-y tan respetuosa cordialidad, que me hicieron subir á
-los ojos dos lágrimas de gratitud, que no pudieron ya
-sostener las ralas hebras que me restan de mis ántes espesas
-pestañas.</p>
-
-<p>Miéntras, gracias al Sr. Gasset y Artime, volvia á contar
-con el pan cotidiano, pasó al ministerio de Estado el
-señor Conde de Toreno, volvió del extranjero el Sr. Presidente
-del Consejo de ministros, y falleció el del Congreso,
-Adelardo Lopez de Ayala.&mdash;Pocos dias despues
-del entierro de éste, el Sr. Cánovas del Castillo, cuya
-casa he tenido siempre abierta y cuya amistad nunca se
-ha desmentido, me envió una carta para el ministro de
-Estado; á cuya presentacion el Sr. Conde de Toreno me
-dijo: «por el correo de hoy va á Roma la órden de continuar
-pagando á V. su sueldo; pero tengo el sentimiento
-de haber tenido que mermar de él doce mil reales, por
-<span class="pagenum"><a name="Page_vi" id="Page_vi">[vi]</a></span>que
-las economías ya hechas en la Administracion de
-los Lugares Píos, no me han permitido devolverle los
-treinta y seis mil reales que ántes cobraba.»&mdash;Recibí con
-gratitud lo que se me daba, y me volví á mi casa, no
-ya como ántes resuelto</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line">á vivir en el olvido</div>
-<div class="line">y á morir en paz con Dios,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>como mi edad y la conveniencia de retirarme ya de la
-arena literaria me lo exigian, sinó decidido por necesidad
-á luchar otra vez con la vida y á morir sobre el trabajo;
-á lo que parece que me condenan mis viejos pecados y
-las nuevas economías de los Lugares Píos. Ya varias
-veces en algunos periódicos, que no sé por qué me son
-hostiles, se me ha echado en cara el <i>no saber retirarme
-á tiempo</i>; pero no me han dicho á dónde; puesto que
-saben que no puedo retirarme á un monasterio. Ya me
-habia yo retirado á mi casa, y hacia ya año y medio que
-rehusaba presentarme hasta en el ateneo, donde tántas
-consideraciones se me han tenido y tántos aplausos se
-me han prodigado: pero al retirarme el gobierno el
-sueldo con que únicamente podia retirarme como se me
-aconsejaba, tuve yo por mejor consejo volver al trabajo
-y vivir honradamente de él miéntras con él sustentarme
-pueda, que dejarme morir de inanicion y de
-pesadumbre por dar gusto á los ya no le tienen de que
-viva yo entre la gente, porque conceptúan que sesenta
-y cuatro años son demasiada larga vida para un hombre
-á quien aun hay algunos que estiman y aplauden.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span>
-Pero juguemos limpio y hablemos claro por última
-vez. Yo no he pedido amparo al gobierno para mi vejez
-alegando mérito alguno en mis obras, ni yo he dicho á la
-nacion ni al gobierno que tuviesen <i>obligacion</i> de ampararme:
-no: pero he propuesto esta cuestion.&mdash;«Mis
-obras, que son tan malas como afortunadas, han enriquecido
-á muchos, y mi <i>Don Juan</i> mantiene en el mes
-de Octubre todos los teatros de España y las Américas
-Españolas, ¿es justo que el que mantiene á tantos muera
-en el hospital ó en el manicomio, por haber producido
-su <i>Don Juan</i> en tiempo en que aun no existia la ley de
-propiedad literaria?»</p>
-
-<p>Y el gobierno ante quien espuse esta cuestion me
-subvencionó sobre los fondos de los Lugares Píos españoles
-en Roma, y mi subvencion tiene el carácter piadoso
-y de limosna con el que yo la pedí, sin que por
-ello me crea ni deshonrado ni humillado: y miéntras
-con ella he vivido, en lugar de echarme á dormir sobre
-mis doradas pajas, he entregado concluido en 1873 á
-los editores Montaner y Simon mi leyenda del Cid que
-consta de diez y nueve mil versos, y mi leyenda de los
-Tenorios que tiene ocho mil; y hoy cuando lo que de mi
-subvencion me resta no me basta por la posicion en que
-mi reputacion me coloca, recojo los últimos destellos de
-mi decadente ingenio, los últimos alientos de mis cansados
-pulmones, y los últimos átomos de honra y de brío
-que en el corazon me restan, y me arrojo otra vez en
-los brazos del trabajo, en vez de arrojarme por el balcon,
-ó en el fango de la holgazanería á quejarme de la
-<span class="pagenum"><a name="Page_viii" id="Page_viii">[viii]</a></span>
-nacion y de sus gobiernos, á quienes no alcanza ni obligacion
-ni responsabilidad alguna en la posicion en que
-me han colocado mis circunstancias personales y mis
-negocios de familia.</p>
-
-<p>Díme, pues, al trabajo, y entré en el del periodismo;
-que es el más rudo por ser el más perentorio y
-asíduo, el más expuesto á la crítica y el más coartado y
-riesgoso por la estrechez de la ley de imprenta, que
-suele tener que regir en nuestro inquieto país; y siguiendo
-á medias por no poderlo seguir por entero el consejo
-de los que retirarme me aconsejaban, me retiré al segundo
-recinto del alcázar de las Bellas Letras, descendí
-de sus salones de su piso principal á su piso bajo con
-puerta y vistas al patio; es decir, que me retiré del gremio
-de los poetas y renunciando á la poesía, me despedí
-del público de Madrid en un romance cuyos versos
-son los últimos que he escrito, no volví á presentarme
-como versificador ni como lector en acto alguno público
-y anuncié que iba á escribir en prosa; comenzando á devanarme
-los sesos en discurrir cómo servir con mi prosa
-los intereses del Sr. Gasset y Artime, y algun manjar
-no indigesto á los suscritores de <i>El Imparcial</i>.</p>
-
-<p>La primera carta del bravo Velarde me dió pié para
-contar lo pasado en el cementerio al borde de la tumba
-de Larra: y por este recuerdo, como quien tira de un
-hilo de una madeja enredada, fuí yo tirando de mis
-pobres recuerdos del tiempo viejo, hasta formar con
-ellos el mal devanado ovillo de lo contenido en este libro.&mdash;Viejo
-é ignorante, no supe escribir más que mis
-<span class="pagenum"><a name="Page_ix" id="Page_ix">[ix]</a></span>
-personales memorias: los lectores de <i>El Imparcial</i>, tal
-vez sorprendidos de leerme en prosa, tal vez pagados de
-la anticuada construccion de la mia, y acaso más que de
-lo que yo en ella decia, de la ingenuidad algo infantil
-con que yo lo iba diciendo, encontraron entretenidos
-mis artículos del <span class="smcap">TIEMPO VIEJO</span>: unos porque refrescaban
-los suyos, y otros porque no habiendo alcanzado la
-época de que en ellos hablo, ó lo que en ellos traigo á
-cuento ignoraban, ó lo habian oido contar de muy diferente
-modo.</p>
-
-<p>Como quiera que fuere, miéntras los publicaba en el
-periódico, recibí varias cartas, unas anónimas y otras firmadas,
-en las cuales algunos me aconsejaban que coleccionase
-mis artículos; y el Sr. Gasset y Artime, renunciando
-generosamente en mi favor sus derechos á la
-propiedad de mi por él tan bien pagado trabajo, me
-otorgó omnímoda y perpétua facultad para hacer de él
-lo que más me conviniera.&mdash;El Sr. Ortega Munilla se
-ofreció espontáneamente á ayudarme en tal publicacion
-y se ocupaba ya de sus preliminares pormenores, cuando
-ocurrieron á la par su desastrada caida del caballo y
-mi impensado viaje á Barcelona: cuyos dos imprevistos
-acontecimientos me obligan á publicar este libro en la
-capital del Principado y no en la coronada villa.</p>
-
-<p>Pero ¿por qué? ¿A qué vine yo á Barcelona por siete
-dias y por qué me quedo en ella por siete meses?</p>
-
-<p>En uno y medio que en ella llevo no he tenido tiempo
-hasta hoy de hacerme tal pregunta, y voy á ver si
-averiguo alguna razon que me sirva de respuesta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_x" id="Page_x">[x]</a></span>
-A pesar de mi necesidad de descanso, de la tenacidad
-con que há cerca de dos años que rehuso toda invitacion
-á presentarme en público, y á pesar, en fin, de mi
-deseo de complacer á los que me dicen «retírese V.», es
-decir, «quítese V. de en medio», aun hay algunos que
-recordando mis mejores años y olvidando los transcurridos,
-me buscan y me solicitan con la vana ilusion de
-que aun puedo, como en otro tiempo, cooperar en beneficio
-de sus empresas; y el país en donde por mí
-se conservan mas ilusiones y simpatías es en Cataluña
-y sobre todo en Barcelona. Así que el 27 de Octubre
-próximo pasado el empresario y el director de la compañía
-de verso del teatro Principal de esta ciudad me
-ofrecieron una indemnizacion por gastos de viaje, si
-emprendia uno para enderezar y poner derecho sobre
-la escena á mi buen <i>Don Juan Tenorio</i>; quien no sé
-por qué no queria tenerse este año muy en equilibrio.
-Tenia yo que abocarme con mis editores Montaner
-y Simon, para tratar de poner tambien en pié de imprenta
-á mi valiente Burgalés Rodrigo Diaz, que agarrado
-al pupitre de mis editores, parece que tampoco
-quiere dejarse meter en prensa; y con la esperanza
-de matar dos pájaros de una pedrada, acepté la proposicion
-del viaje á Barcelona; pero miéntras la libranza
-del empresario llegaba á Madrid, y ciertos asuntos de
-mi jóven amigo el pintor Padró, que debia de acompañarme,
-se allanaban, se perdieron cuarenta y ocho horas
-y llegué yo tarde para enderezar á mi rebelde y voluntarioso
-<i>Don Juan</i>, y aún no he tenido tiempo para
-<span class="pagenum"><a name="Page_xi" id="Page_xi">[xi]</a></span>
-tener cinco minutos de conversacion con mis editores
-del Cid; porque el pueblo Barcelonés, que no me habia
-olvidado en los once años que he pasado ausente de
-Cataluña, que se acordaba de que en Barcelona habia
-yo tenido casa, y me habia <i>re</i>casado en su parroquia
-de Santa Ana, y le habia leido muchos versos y me
-habia dado muchas fiestas, en las cuales habia yo procurado
-derramar toda la espansiva alegría de mi corazon
-de muchacho y toda la poesía de mi desordenada imaginacion
-de loco, creyendo que para mí el tiempo no habia
-pasado y que no habian pasado por él ni por mí los
-once años transcurridos, se empeñó en pedirme, como
-quien pide peras al olmo, que hiciera y le dijera lo que
-para él habia hecho y dicho cuando, con once años
-ménos, aún tenia once partes de aliento más. Echó á un
-lado á mi pobre <i>Don Juan</i>, y poniéndome en lugar suyo
-sobre la escena, oyó mi palabra ronca con la cariñosa
-atencion de una madre que escucha la respiracion de su
-hijo que duerme; me colmó de aplausos, me coronó de
-flores, no me dejó ni dormir ni trabajar á fuerza de obsequios
-y convites; sus periódicos publicaron mi retrato,
-las sociedades literarias se apoderaron de mí y enfloraron
-el teatro catalan para escucharme; el Ateneo
-me dió una velada y una primorosa medalla, y los Sucesores
-de Ramirez pusieron á mi disposicion su magnífico
-establecimiento tipográfico; y esta vuelta mia á
-Cataluña fué la vuelta del hijo pródigo al paterno hogar,
-y el pueblo Barcelonés me dijo: «Sorrilla, parla,
-enrahona: ets á casa teva;» y cayó en gracia cuanto
-<span class="pagenum"><a name="Page_xii" id="Page_xii">[xii]</a></span>
-hice y dije, y se me abrieron todas las puertas y me recibieron
-como á hermano en todas las familias: y hé
-aquí cómo y por qué se imprimen en Barcelona estos
-mis RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO.</p>
-
-<p>En ellos repito y amplifico lo que en este prólogo
-apunto: ni se hasta dónde con ellos iré á parar, ni me
-detendrá en mi marcha el temor de encontrarme al fin
-de ella cara á cara con mis contemporáneos, despues
-de haberme juzgado á mí mismo y á los que conmigo
-abrieron las puertas á la revolucion política y literaria
-del primer tercio de nuestra centuria. La ingenuidad
-infantil y la sincera buena fé con que hasta aquí los he
-escrito, creo que garantizan mi leal veracidad para el
-porvenir: pero una vez que Dios prolonga mi vida hasta
-los actuales y corrientes dias, á ellos pertenezco aún y
-en ellos voy á vivir y de ellos voy á hablar y en ellos
-voy á meter mi baza y voy por ellos á trabajar como
-trabajé por los pasados; y espero en Dios que este trabajo
-no me deshonrará, porque fio en la justicia de mi
-pueblo español que me rodeará del respeto á que siempre
-ha considerado acreedor á quien envejece y muere
-sobre el trabajo, por no sucumbir á la miseria y deshonrarse
-en la haraganería vergonzosa de los ingenios
-vergonzantes por holgazanes.</p>
-
-<p>Para no hacer de estos recuerdos un libro demasiado
-voluminoso, y en tan pequeños caractéres impreso que
-resulte tan difícil como enojoso de leer y de tener en las
-manos, lo he dividido en dos tomos pequeños. No teniendo
-además la vanidad de creer que este miserable
-<span class="pagenum"><a name="Page_xiii" id="Page_xiii">[xiii]</a></span>
-y prosáico engendro mio, sea para mí la gallina de los
-huevos de oro, y deseando saber el número de ejemplares
-que necesito para mis lectores, y por el pedido del
-primero regular la tirada del segundo, suplico á mis
-suscriptores que hagan la suscripcion al segundo al recibir
-ó comprar el primero, en el recibo que le acompaña.</p>
-
-<p>El tomo II llevará un apéndice nuevo en verso y
-prosa; y toda la obra corregida y ampliada como permite
-el libro y no admite el periódico, va dedicada al
-mas moderno y al mejor y mas bravo de mis amigos.</p>
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-<p class="p6 center"><i>Al Egregio Poeta</i></p>
-
-<p class="p4 center large">DON JOSÉ VELARDE</p>
-
-<p class="p4 center"><i>en prenda de amistad y agradecimiento</i>.</p>
-
-<p class="p4 rightc"><i>José Zorrilla.</i></p>
-
-<p class="p6 i2">Barcelona 1.º de Enero de 1881.</p>
-
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>I.<br />
-EL POETA ZORRILLA.</h2>
-
-
-<p>Era la tarde del 15 de Febrero de 1837. En el cementerio
-de la puerta de Fuencarral, un numeroso
-concurso se apiñaba en derredor de un jóven desconocido,
-delgado, pálido, de larga cabellera y expresivos
-ojos, que, acongojado y convulso, leia, ante
-un féretro adornado con una corona de laurel, una sentida
-poesía.</p>
-
-<p>El concurso lo formaba todo el Madrid artístico; el
-féretro encerraba el cadáver de Larra; el poeta era
-Zorrilla.</p>
-
-<p>Aquella tarde fria y nebulosa fué solemne; vió la
-conjuncion de dos crepúsculos. Un sol se alzaba en el
-oriente de la literatura al hundirse otro sol en el ocaso.</p>
-
-<p>A los desgarradores acentos de «La noche buena del
-poeta», de Fígaro, último canto del cisne moribundo,
-cuyos ecos aún extremecian el aire, se unieron los
-acordes del arpa de Zorrilla, primeros cantos de la
-alondra al alba.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span>
-España, al perder al más grande de sus críticos, encontró
-al más popular de sus poetas.</p>
-
-<p>Desde aquel dia, la Fama fatigada va dando á todos
-los vientos el nombre del vate inmortal. Desde aquel
-dia, sus estrofas sublimes palpitan en todos los labios,
-y, como la voz divina, despiertan la inspiracion en el
-alma de la juventud y la lanzan á la vida del arte.</p>
-
-<p>Poeta formado de las entrañas de su pueblo, sus
-ideas, sus sentimientos, aunque universales por lo que
-tienen de humanos, son ante todo españoles; tánto que
-al vibrar su lira nos parece escuchar el acento de la
-patria.</p>
-
-<p>Vário y múltiple en sus concepciones y en la manera
-de expresarlas, ora arrebatado, elocuente y profundo,
-ora tierno, sencillo y vulgar, siempre ameno, siempre
-inesperado, siempre poeta, pulsa todas las cuerdas y se
-reviste como Protéo de todas las formas para llegar á
-todos los corazones.</p>
-
-<p>Tiene su poesía algo de la ola que se hace espuma,
-de la luz que se quiebra en colores, de la flor que se
-disuelve en aroma, algo, en fin, de lo bello, inmaterializándose
-para confundirse en lo infinito; y es, que así
-como la larva ha de trocarse en mariposa para volar, la
-poesía ha de espiritualizarse para subir al cielo, que es
-su patria verdadera.</p>
-
-<p>Hay una poesía que jamás envejece, que no puede
-morir, que halla eco en todas las almas y hace latir al
-unísono todos los corazones; lenguaje universal que
-entienden el niño y el viejo, el ignorante y el sabio, y
-es la poesía de la naturaleza.</p>
-
-<p>Y la naturaleza es la musa de Zorrilla, le da sus
-colores, le presta sus armonías y encarna en sus versos
-que nos repiten los gemidos del lago, las endechas del
-<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span>
-ruiseñor, los extremecimientos del trueno, y nos pintan
-la nube que se tornasola, la espuma que bulle y el árbol
-que florece.</p>
-
-<p>Zorrilla ha sido anatematizado por los retóricos que
-jamás han previsto á los poetas ni los han comprendido,
-preciándose de las medianías que siguen sus reglas y
-odiando al génio que las deshace. Siguió cantando el
-poeta y cayeron en el olvido las odas ampulosas, frias
-y limadas, y surgió la poesía del sentimiento y se ensancharon
-los horizontes del arte.</p>
-
-<p>¡Siempre la misma lucha entre el sabio y el poeta, y
-siempre el poeta vencedor!</p>
-
-<p>Las murallas que guardan lo desconocido son de
-cristal para el génio que penetra en el fondo de lo insondable.
-La obra del sabio es perfectible, la del génio
-perfecta; aquel aprecia los pormenores, éste abarca el
-conjunto; el uno halla, el otro crea; el sabio, para meditar,
-se inclina hácia la tierra; el poeta, cuando canta,
-mira al cielo; y es que el uno no va más allá de lo humano,
-y el otro se remonta á lo divino.</p>
-
-<p>Zorrilla venció. Hoy todos le respetan. Ni la envidia
-le muerde, pues ni arrastrándose puede escalar la montaña
-de laureles que le sirve de pedestal.</p>
-
-<p>¿Y cómo no respetarle, si las doradas ilusiones, los
-dulces recuerdos y los sueños juveniles de nuestras dos
-últimas generaciones están iluminados por el fuego de
-la inspiracion del gran poeta? Sí; sus versos fueron lo
-primero que balbucearon despues de las plegarias maternales;
-y aquellas impresiones, como el troquel en el
-metal, han dejado un sello imborrable en las almas.</p>
-
-<p>Poeta de la tradicion, á su mágico acento, los héroes
-castellanos se alzan de sus sepulcros de piedra apercibidos
-al combate; desfila la comunidad por el cláustro<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span>
-sombrío de la gótica abadía, salmodiando sus preces al
-rayo misterioso de la luna; aparece el castillo feudal
-entre los riscos y breñas de la montaña; se coronan de
-arqueros las almenas, suspira la hermosa castellana al
-escuchar la enamorada trova; baja rechinando el puente
-levadizo para dar hospitalidad al peregrino, y el terrible
-señor de horca y cuchillo apresta su mesnada ó se lanza
-venablo en mano, azuzando la jauría por el bosque
-enmarañado persiguiendo al colmilludo jabalí. Ahora
-surgen la tapada, el rodrigon ceñudo, la dueña mediadora
-y el doncel galanteador; ahora se acuchillan en la
-tortuosa callejuela dos rondadores de una misma dama,
-á la luz mortecina de un retablo, ó bien se puebla de
-cármenes y harenes la vega granadina, y resuenan en el
-Generalife los ecos de la zambra, y el sarraceno corre
-la pólvora, y, como sol entre nubes, asoma al calado
-ajimez la hermosísima sultana exclareciendo el dia con
-la luz de sus ojos.</p>
-
-<p>¡Qué poder el del génio! En vano curiosos eruditos
-é historiadores concienzudos se afanan en dar á conocer
-el verdadero carácter de D. Pedro de Castilla, en probar
-la muerte del rey D. Sebastian en el inhospitalario
-suelo de Africa, y en negar la vida borrascosa de Mañara,
-ó sea de D. Juan Tenorio.</p>
-
-<p>¿Quiénes les han de creer? Para el pueblo, para todo
-el mundo, no hay más D. Pedro de Castilla que el del
-<i>Zapatero y el Rey</i>, ni otro D. Sebastian que el de
-<i>Traidor, inconfeso y mártir</i>, y D. Juan Tenorio fué
-sevillano y mató al Comendador, y amó á D.ª Inés, y
-cenó con los muertos y se fué á la gloria; porque no ha
-habido, ni hay, ni habrá jamás verdades más creidas,
-más amadas y más libres del olvido que las creaciones
-del génio.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span>
-Las obras de Zorrilla vivirán siempre. El fuego de la
-inspiracion, que algunos creen fuego fátuo, es como
-la lava que se endurece y adquiere la consistencia del
-bronce para resistir al tiempo. A más, que la mano
-del «Cristo de la Vega», al desclavarse para jurar, decretó
-la inmortalidad de nuestro poeta.</p>
-
-<p>¿Cómo premia la patria los merecimientos de su exclarecido
-hijo?</p>
-
-<p>Hoy que la edad le agobia y el trabajo le fatiga, le
-ha retirado la modesta asignacion con que vivia y lo ha
-abandonado á la miseria, sin duda para que ciña á un
-tiempo á sus sienes la corona de laurel de la poesía y la
-de espinas del martirio.</p>
-
-<p class="p2 right smcap">José VELARDE.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>II.<br />
-
-<span class="medium">AL JÓVEN POETA</span><br />
-
-D. JOSÉ VELARDE.</h2>
-
-
-<p>Llegó á mis manos con retraso, porque vivo en el
-retiro de mi hogar, por donde acaba de pasar la
-muerte, el artículo que me dedicó V. en el número
-de <i>El Imparcial</i>, del lunes 29 de Setiembre;
-y he andado dos dias perplejo y caviloso, sin poder
-hallar cómo darme por entendido de lo que de mí dice
-V. en él. Corriendo empero, el tiempo, temiendo por
-una parte que mi silencio le parezca descortesía, y no
-queriendo por otra dar motivo á que el público crea
-que, hinchado de vanidad, acepto, como buena y corriente
-moneda, todas las extremadas excelencias que á
-mis versos atribuye, me resuelvo á dar á V. simplemente
-las gracias en cuatro palabras; que cuanto más le
-parezcan vulgares, más han de parecerle sinceras.</p>
-
-<p>Yo soy, Sr. Velarde, lo único que he podido ser: lo
-único que Dios ha querido que sea: un poeta español,<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>
-hijo ignorante y desatalentado de la naturaleza, que ha
-cantado á su patria, como ha podido; como los pájaros
-cantan en la selva, como susurran las abejas al elaborar
-sus panales; yo no me he jactado nunca de haber hecho
-mas, y á mi presentacion en el Ateneo el año pasado,
-lo dije en esta quintilla de mi <i>Canto del Fénix</i>:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line i1">Lo que hice, lo que dije, todo ese laberinto</div>
-<div class="line">de versos que concentran la esencia de mi sér,</div>
-<div class="line">de Dios son obra: un estro no pude haber distinto:</div>
-<div class="line">yo obré y hablé sintiendo y hablando por instinto:</div>
-<div class="line">ni supe hacer más que eso, ni pude más hacer.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Esta mi poesía del <i>Canto del Fénix</i> es una respuesta
-anticipada que yo dí á los primores con que V. en su
-artículo tan cariñosamente me obsequia; y como sé
-que V. la sabe de memoria, no necesito añadir una
-palabra más; V. que va hoy á la cabeza de aquella á
-quien yo llamé</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">estirpe generosa de la progénie nueva,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>creyéndome ya en el caso en que yo me ponia en la
-penúltima estrofa de mi <i>Canto del Fénix</i>, que dice:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y si las tempestades que el porvenir amasa</div>
-<div class="line">en mi país me obligan á mendigar mi pan,</div>
-<div class="line">no dejes que en él nadie las puertas de su casa</div>
-<div class="line">empedernido cierre, ó esquivo diga&mdash;«¡Pasa!»&mdash;</div>
-<div class="line">al que mató á D. Pedro, al que salvó á D. Juan,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>saltó V. el primero á la arena á romper la primera
-lanza en pró del viejo, en quien V. ve un gigante á
-través del prisma del entusiasmo con que le mira. Gracias,
-mil gracias, Sr. Velarde: ya sabia yo que la ju<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>ventud
-literaria de la generacion que á la mia sigue, no
-habia de abandonar nunca al poeta que no ha inculcado
-más que amor á la patria, y respeto á las creencias y á
-las tradiciones de sus padres.</p>
-
-<p>No puedo, sin embargo, permitir á su entusiasmo
-juvenil, que atribuya á la patria el abandono en que
-deja mi vejez la supresion de un sueldo, que á cargo de
-los Lugares Píos Españoles de Roma se me concedió,
-para llevar á cabo mi legendario del Cid y de otras
-obras que me ha oido V. leer en el salon del Ateneo.
-No, Sr. Velarde, no: la patria no tiene nada que ver en
-esto; y nadie ménos que yo tendria razon para quejarse
-de su patria, porque las economías necesarias en el
-presupuesto del Ministerio de Estado hayan alcanzado
-hasta mi ya mermada pension; la cual, si sola no podria
-sacar de ningun apuro á la administracion de los Lugares
-Píos Españoles de Roma, tal vez unida á las demás
-economías hechas en Julio último pueda contribuir á
-alguna obra perentoriamente necesaria para el decoro
-nacional. <i>Suum cuique</i>, y dejemos á la patria en el buen
-lugar que en este caso la corresponde.</p>
-
-<p>¿Qué es la patria? La tierra; la nacion, el lugar en
-que se nace. Y como la nacion la forman los habitantes
-de la tierra, la patria vive y se expresa por la vida y las
-acciones de los ciudadanos de cada nacion. ¿Y cómo
-ha tratado su patria al poeta Zorrilla? Como no ha tratado
-nunca á ningun poeta, incluso al fénix de los
-ingenios Lope de Vega; quien tal vez debió parte de
-la gloria y los obsequios que su época le tributó á su
-favor en la corte y al carácter que le imprimia su dignidad
-sacerdotal. Yo no pertenezco á ninguna clase de
-la sociedad, porque los poetas no estamos clasificados
-en ninguna categoría social; no he pertenecido jamás á<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>
-ningun partido político, á ninguna Academia, ni á ningun
-Instituto que haya podido alcanzarme favor con
-poder alguno, y por consiguiente, nadie ha tenido interés
-en aplaudirme ni en adularme.</p>
-
-<p>Yo me ausenté de mi patria en 1847 por razones que
-á nadie importan: me fuí el 55 á América por pesares
-y desventuras, que nadie sabrá hasta despues de mi
-muerte, con la esperanza de que la fiebre amarilla, la
-viruela negra ó cualquiera otra enfermedad de cualquier
-color acabaran oscuramente conmigo en aquellas remotas
-regiones. No quiso Dios que allá muriera. Su proteccion
-visible me salvó de los naufragios, de las pestes
-y de las guerras civiles; y cuando volví en 1866 á mi
-patria, ¿cómo me recibió España? Como su padre amoroso
-al hijo pródigo, como su santa familia á Lázaro el
-resucitado, como Roma á los triunfadores, á quienes
-coronaba en el Capitolio. Barcelona y Tarragona me
-obsequiaron con regatas y fiestas de noche y dia; la
-Universidad de Zaragoza renovó por mí una solemnidad
-que sólo habia dedicado á los reyes de Aragon; Búrgos
-y Valladolid me alfombraron de flores mi camino, y un
-altar de la parroquia en que fuí bautizado está desde
-entónces cubierto con cien coronas, para las cuales no
-concebí mejor depósito. Valencia, despues de haberse
-vuelto loca por mí, como una muchacha atolondrada
-que se enamora de un viejo, me hizo su hijo adoptivo,
-y yo la escribiré un libro con el cual espero probarla mi
-gratitud. Granada se desbordó en entusiasmo en honor
-mio en 1832 á la sola promesa de escribirla mi aún no
-concluido poema; y aún se recuerda allí una representacion
-de <i>Don Juan Tenorio</i>, al fin de la cual el beneficiado
-Pepe Calvo, padre de Rafael, la empresa y yo,
-convidando al público á la mesa á que habia venido la<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>
-estátua del Comendador, hicimos al capitan general, al
-gobernador de la Alhambra y á las hermosas granadinas
-comer todos los dulces y beber todo el Champagne
-que habia en la ciudad. Amanecia ya, y ni autoridades
-ni pueblo se daban cuenta de que nadie estaba en su
-juicio ni en su lugar.</p>
-
-<p>Madrid, declarado en estado de sitio, y prohibida en
-él la reunion pública de más de cinco personas, reunió
-cuatro mil, para acompañarme á mi casa desde la estacion,
-una mañana de Octubre de 1866. No pasa un
-mes de Noviembre en que no haga en mi favor alguna
-ruidosa demostracion en alguna representacion de mi
-<i>Don Juan</i>: y el Ateneo, en fin, tomándome bajo su
-amparo, ha abierto conmigo á la poesía sus salones, en
-los cuales no habian penetrado aún más que las ciencias.
-En resúmen, mi patria, representada por la sociedad,
-no ha podido hacer más en España por un poeta, á
-quien indudablemente estima en más de lo que vale,
-sólo porque su poesía es la expresion del carácter
-nacional y de las pátrias tradiciones.</p>
-
-<p>Cuando en 1859 la muerte le privó en la Habana de
-un compañero, y destruyendo su fortuna con la de Cipriano
-de las Cagigas, el Capitan general de la Isla,
-D. José de la Concha, le colmó de atenciones y de
-consuelos, y el banquero D. Manuel Calvo le alojó espléndidamente
-en su tranquilo y salubre cafetal; procurándole
-en él la soledad necesaria para el trabajo, y
-salvándole la vida y el honor con los cuidados de su
-amistad.</p>
-
-<p>El poeta Zorrilla, que es el que más debe á su patria,
-representada por la sociedad de su época, es el que
-ménos puede quejarse de ella, si la considera representada
-por su Gobierno.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p>
-
-<p>Cuando en 1871 le pidió su proteccion para emprender
-su <i>Leyenda del Cid</i>, obra de largo aliento, con la
-cual queria corresponder á la excesiva reputacion que
-por sus poco importantes trabajos se le habia acordado,
-el Sr. D. Cristino Martos, Ministro de Estado entónces,
-le dió una comision de archivos y bibliotecas en Italia;
-pretexto tan visible como honroso para acordarle una
-pension, que no podia tener nombre y carácter absoluto
-de tal, por no haber antecedentes de que se hubiera
-pensionado en España á ningun poeta; y acompañada
-de una gentilísima carta autógrafa, le envió la credencial
-de la Gran Cruz de Cárlos III, que constituia su
-persona en una alta dignidad, y de cuya Excelencia
-nadie se ha acordado nunca; porque á nadie se le
-ocurre en España que el poeta Zorrilla sea más ni ménos
-que el poeta Zorrilla, cuya larga intimidad con el
-público autoriza ya á todo el mundo para tutearle y
-llamarle Pepe.</p>
-
-<p>Hoy, que las perentorias economías de los Lugares
-Píos de Roma me obligaron á pedir amparo al señor
-Ministro de Fomento, escudándose con una carta del
-Capitan general Jovellar, que honra á Zorrilla con su
-amistad desde que se conocieron, ¿cómo ha recibido á
-Zorrilla el Sr. Conde de Toreno? Hijo de aquel ilustrado
-repúblico, que fué gloria del Parlamento y honra
-de las letras, dió al poeta cuanto tenia facultades de
-dar, miéntras discurria medio mejor de asegurar su
-porvenir; y el Sr. Cárdenas allanó ante sus pasos todos
-los difíciles que hay que dar en las oficinas del Ministerio
-de Hacienda para el cobro de su interina subvencion.</p>
-
-<p>Los editores de Barcelona, Montaner y Simon, se
-apresuraron á ofrecer los servicios de su amistad; un
-ilustre prelado partió con él la limosna de los pobres<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>
-de su diócesis, y V. mismo, Sr. Velarde, á la cabeza de
-la juventud literaria de Madrid, inició <i>algo</i> que le agradece
-en el alma y que no olvidará jamás el viejo poeta
-desheredado.</p>
-
-<p>Empieza V. su artículo por un recuerdo de la tarde
-del 15 de Febrero de 1837: un lunes le diré á V. de
-aquel dia lo que nadie sabe: y entre tanto, conste que
-cree que seria un loco y un ingrato si se quejara ni
-exigiera más de su patria; pero que no teme que España
-deje morir sin pan al viejo matador del rey D. Pedro,
-al loco salvador de D. Juan Tenorio, su agradecido
-autor el poeta,</p>
-
-<p class="p2 right smcap">José ZORRILLA.</p>
-
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>III.</h2>
-
-
-<p class="i2"><i>Sr. D. José Velarde</i>:</p>
-
-<p class="p2">Ofrecí á V., mi cariñoso amigo y generoso encomiador,
-decirle algo del 15 de Febrero de 1837, y
-no se me cuece el pan por cumplirle á V. mi oferta;
-no sólo para que V. sepa á qué atenerse sobre
-lo acontecido en aquel dia y especialmente en aquella
-tarde, al viejo y asendereado poeta, á quien V. hoy
-tánto encomia, sino para disipar la neblina de cuentos
-y de pormenores absurdos en que los narradores vulgares,
-los chistosos de oficio y los amigos indiscretos ó
-pretenciosos han rodeado despues la verdad de lo que
-en aquel dia sucedió. La gente meridional, y sobre todo
-los españoles, tenemos la pretension de ser todos buenos
-narradores; y cuando algo se nos cuenta, no lo repetimos
-jamás sin añadir cada cual algo de su cosecha:
-con cuya manía resulta que el hecho más sencillo, al
-pasar por unas cuantas bocas, queda tan desfigurado,
-que pueden contárselo como nuevo al primero que lo
-relató, sin que éste reconozca ya lo relatado por él, en
-la décima relacion del hecho, que en vez del suyo, corre
-de boca en boca.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span></p>
-
-<p>Y hay otra circunstancia peor en este modo de narrar,
-inherente tambien á nuestro país; y es, que la mayor
-parte de los que, añadiendo pormenores á la narracion
-de los hechos, convierten al fin las más sencillas
-verdades en absurdas y fantásticas mentiras, llegan á
-creerse estas de buena fé; y pueden jurar que han sido
-de ellas parte ó testigos, alucinados por su fantasía meridional,
-que les hace preferir á la deseada verdad la fábula
-más fantástica é inverosímil.</p>
-
-<p>Hé aquí por qué, mi buen amigo Sr. Velarde, quisiera
-yo contar á V. algunas cosas de aquel buen tiempo
-viejo, que no está aún tan léjos de nosotros que de él
-no vivan presenciales testigos, pero á quiénes el afan de
-ponderar, ó de darse personal importancia, ha hecho
-desfigurar de tal manera las cosas que en él pasaron,
-que hay quien hoy me cuenta á mí de mí mismo lo
-que jamás pasó, ni pudo pasar por mí; y yo callo y escucho,
-convencido de lo inútil que seria intentar convencerle
-de que yo, y no él, soy quien debe saber la
-verdad; pero vamos al 15 de Febrero de 1837.</p>
-
-<p>Permítame V. que le recuerde á vuela pluma los ensayos
-por que pasé, ántes de representar mi papel en la
-escena del cementerio.</p>
-
-<p>Metióme mi padre á los nueve años en el Real Seminario
-de Nobles, establecido por los jesuitas en el
-edificio que es hoy, en la calle del Duque de Alba,
-cuartel de la Guardia civil, y trasladado en 1828 al que
-hoy es hospital militar, en la calle de la Princesa. Tengo
-para mí que la idea de los buenos padres de la Compañía
-de Jesús, al establecer un colegio tan lujoso y
-tan privilegiado, para entrar en el cual era preciso hacer
-pruebas de nobleza, fué la de tener más tarde por
-discípulos á los hijos de todas las familias nobles, im<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span>portantes
-ó influyentes de España; como quiera que
-fuese, halléme yo allí condiscípulo de los primeros títulos
-de Castilla, y recibí una educacion muy superior á la
-que hasta entónces solian recibir los jóvenes de la clase
-media; mi padre era el primero de mi familia que, saliendo
-de nuestro modesto solar de Torquemada, habia
-por sus estudios llegado á un honroso puesto en la alta
-magistratura.</p>
-
-<p>En aquel colegio comencé yo á tomar la mala costumbre
-de descuidar lo principal por cuidarme de lo accesorio:
-y negligente en los estudios sérios de la filosofía
-y las ciencias exactas, me apliqué al dibujo, á la esgrima
-y á las bellas letras, leyendo á escondidas á Walter
-Scott, á Fenimore Cooper y á Chateaubriand, y cometiendo
-en fin á los doce años mi primer delito de escribir
-versos. Celebráronmelos los jesuitas y fomentaron
-mi inclinacion; díme yo á recitarlos, imitando á los actores
-á quienes veia en el teatro, cuando alguna vez iba
-al del Príncipe, que presidian entónces los alcaldes de
-casa y corte, cuya toga vestia mi padre; híceme célebre
-en los exámenes y actos públicos del Seminario, y llegué
-á ser galan en el teatro en que se celebraban estos,
-y se ejecutaban unas comedias del teatro antiguo, refundidas
-por los jesuitas; en las cuales, atendiendo á la
-moral, los amantes se transformaban en hermanos, y
-con cuyo sistema resultaba un galimatías de moralidad
-que hacia sonreir al malicioso Fernando VII y fruncir el
-entrecejo á su hermano el infante D. Cárlos, que asistian
-alguna vez á nuestras funciones de Navidad. Don
-Cárlos enviaba á sus hijos á nuestras aulas y á cumplir
-con la iglesia en nuestra capilla; á la cual habia enviado
-Su Santidad Gregorio XVI su bendicion y los cuerpos
-de cera de dos santos jóvenes mártires, degollados<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span>
-en Roma en tiempos de no recuerdo qué mónstruo
-imperial, cuyas figuras degolladas me daban á mí tal
-miedo, que no pasé jamás de noche por delante de la
-capilla en cuyos altares laterales yacian.</p>
-
-<p>Salió mi padre desterrado de Madrid y Sitios Reales
-el 1832, y yo del Seminario el 33. Murió á poco el Rey
-Don Fernando VII. Sopló la revolucion; encendióse la
-guerra civil, envióme mi padre desde su destierro de
-Lerma á estudiar leyes á la Universidad de Toledo, donde
-siguiendo mi mismo sistema del Seminario, en vez
-de asistir asíduamente á la Universidad, me dí á dibujar
-los peñascos de la Vírgen del Valle, el castillo de San
-Servando y los puentes del Tajo; y vagando dia y noche
-como encantado por aquellas calles moriscas, aquellas
-sinagogas y aquellas mezquitas convertidas en templos,
-en vez de llenarme la cabeza de definiciones de
-Heinecio y de Vinnio, incrusté en mi imaginacion los
-góticos rosetones y las preciosas cresterías de la Catedral
-y de San Juan de los Reyes, entre las leyendas de
-la torre de D. Rodrigo, de los palacios de Galiana y del
-Cristo de la Vega, á quien debo hoy mi reputacion de
-poeta legendario.</p>
-
-<p>Mi tio, el prebendado á cuya casa me habia enviado
-mi padre, que habia creido recibir en ella á un pajecillo
-que le ayudara á misa y le acompañara al coro llevándole
-el paraguas y el breviario, se escandalizó de que yo
-leyera á Víctor Hugo; á quien él confundia, sin que lograra
-yo sacárselo de la cabeza, con Hugo de San Víctor,
-expositor de Sagrada teología, de quien él suponia
-que los franceses habrian encontrado algunos versos
-inéditos; tomó muy á mal mi amistad con algunos estudiantes
-de la alta sociedad de Madrid, que como Pedro
-Madrazo eran condiscípulos mios de colegio, y conclu<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>yó
-por escribir á mi padre que yo no era más que un
-botarate, que más <i>iba para pinta-monas</i> que para abogado,
-segun los papelotes que llenaba de piedras, de
-torres y de inscripciones ya en posesion de los buhos y
-cubiertas de telarañas.</p>
-
-<p>No pluguieron mucho á mi padre los informes del prebendado
-toledano; y al año siguiente me envió á continuar
-mis estudios á Valladolid, bajo la inspeccion de un
-procurador de aquella Chancillería, y la proteccion del
-Rector de la Universidad, el ilustrado D. Manuel Tarancon,
-Obispo despues de Córdoba y muerto Arzobispo
-de Sevilla. Hícelo yo allí mucho peor que en Toledo;
-y evocando mis recuerdos de niño en la ciudad
-donde habia nacido, y encontrándome otra vez á Pedro
-Madrazo en aquella Universidad, continué dándome á
-estudiar piedras, ruinas y tradiciones, ayudado por los
-periódicos y publicaciones literarias que recibia de Madrid
-Pedro Madrazo; cuya casa era entónces emporio
-del arte, donde brillaban ya los cuadros de su hermano
-Federico, y donde Ochoa tenia la redaccion de <i>El Artista</i>,
-el primer periódico literario é ilustrado de España.</p>
-
-<p>Atraquéme, pues, de Casimire de la Vigne, de Víctor
-Hugo, de Espronceda y de Alejandro Dumas, de
-Chateaubriand y de Juan de Mena, y del Romancero y
-de Jorge Manrique, y no pude digerir cuatro páginas del
-Heinecio, ni de las Pandectas: en vista de lo cual, el
-procurador á quien por él estaba encargado, escribió á
-mi padre punto más de lo escrito por el prebendado:
-esto es, que yo no era más que un holgazan vagabundo,
-que me andaba por los cementerios á media noche
-como un vampiro, que me dejaba crecer el pelo como
-un cosaco, y que era, en fin, amigo de los hijos de los<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span>
-que no lo habian sido nunca de mi padre, como Miguel
-de los Santos Alvarez. Parece que su padre y el mio,
-ambos abogados relatores en otro tiempo de la Chancillería,
-realista mi padre y liberal el de Alvarez, no se
-habian mirado nunca de buen ojo. Los hijos, inconscientes
-y ajenos de las divisiones de los padres, nos
-amamos de mozos, y aún somos amigos en la vejez:
-cuestion de los tiempos y de los caractéres.</p>
-
-<p>Enojóse mi padre, y con razon, con las noticias del
-bilioso procurador; gané yo curso por favor del Sr. Tarancon,
-y díjome mi padre, al enviarme por tercera
-vez á la Universidad de Valladolid: «tú tienes traza de
-ser un tonto toda tu vida, y si no te gradúas este año de
-bachiller á cláustro pleno, te pongo unas polainas y te
-envio á cavar tus viñas de Torquemada.» Era mi padre
-muy hombre para hacer tal con su hijo; pero ya era yo
-hombre perdido para los estudios sérios: odiaba á Justiniano
-y se me daba una higa de todos los doctores <i>in
-utroque</i> de todas las Universidades de España: adoraba
-en sueños á García Gutierrez, á Hartzenbusch y á Espronceda;
-y ver una obra mia impresa, y apretar la mano
-de amigo á estos ilustres poetas, me parecia destino
-de más prez que el de llegar á ser un Floridablanca; <i>el
-demonio</i> de la poesía estaba ya posesionado de todo mi
-sér; y con disgusto de Tarancon y estupefaccion del
-procurador, anuncié redondamente que así me graduaria
-yo á cláustro pleno aquel año, como que volaran bueyes.
-Metiéronme, pues, en una galera, que iba para Lerma,
-á cargo del mayoral: pensé yo en el camino que mi vida
-en mi casa no iba á serme muy agradable; y sin pensar
-¡insensato! en la amargura y desesperacion en que
-iba á sumir á mi desterrada familia, en un descuido del
-conductor, eché á lomos de una yegua, que no era mia<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span>
-y que por aquellos campos pastaba, y me volví á Valladolid
-por el valle de Esgueba, que era otro camino
-del que la galera habia traido.</p>
-
-<p>Sirvióme mucho la equitacion que en el colegio me
-enseñaron, porque la yegua era reacia y antojadiza; mas
-no me convenia en modo alguno dejarla volverse á la
-querencia de su establo, y entré sobre ella en Valladolid
-al anochecer, donde la vendí: y acomodándome en otra
-galera que para Madrid al amanecer salia, me desembanasté
-á los tres dias en la calle de Alcalá, y me perdí á
-la ventura por las de esta coronada villa, huyendo de mis
-santos deberes y en pos de mis locas esperanzas, ahogando
-la voz de mi conciencia, y escuchando y siguiendo
-la de mi desatinada locura.</p>
-
-<p>Mi familia, no creyéndome capaz de la resolucion de
-abandonar para siempre mi casa paterna, me buscó por
-las de mis parientes de las provincias de Búrgos y de Palencia,
-donde suponia que me habria guarecido; y habiendo
-yo hecho mi fuga dándome por hijo de un artista
-italiano, gracias á mis principios de dibujo y á la
-lengua italiana que me era familiar, tardó mucho en dar
-con mi rastro. Presentéme yo á mis amigos y condiscípulos
-de Madrid; pero pronto tuve que esquivarme de
-los duques de Villahermosa y de los Madrazo, que recibieron
-cartas de mi padre, y que en vista de mi tenaz
-resistencia á volver á mi hogar, no creyeron prudente
-insistir con quien tan obstinadamente rechazaba sus
-amistosas amonestaciones.</p>
-
-<p>Entónces.... ¡ay de mí! busqué y contraje otras amistades;
-unas de las que no quiero volver á acordarme,
-otras de las que jamás me olvidaré; como la de Manuel
-Assas, con quien gané algunos pocos reales enviando
-mis dibujos de la torre de Fuensaldaña y otros, con ar<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span>tículos
-arqueológicos escritos por Assas en francés, al
-<i>Museo de las familias</i> de París, y la de Jacinto Salas y
-Quiroga: poeta ya casi olvidado, que contó con mi pluma
-en donde quiera que llegó á meter los puntos de la
-suya. Entónces prediqué en las mesas del café Nuevo
-una política de locos, que hizo reir sin hacer afortunadamente
-prosélitos; y entónces escribí en un periódico que
-solo duró dos meses, al cabo de los cuales dió la policía
-tras de sus redactores, con el objeto de encargarles
-de hacer un viaje á Filipinas por cuenta del ministerio de
-la Gobernacion. Ví yo la justicia, por el balcon, entrar
-por la puerta principal que bajo él estaba; y montando
-en la baranda de otro que se abria sobre un patio de una
-vecina casa, por la parte posterior de la de la redaccion,
-caí diestra y silenciosamente á cuatro piés sobre sus enyerbadas
-losas; emboqué un callejon oscuro que ante
-mí se abria, y justificando mi apellido, me escurrí por
-él hasta la calle opuesta de la manzana; enfilé tranquilamente
-la de Peregrinos, subí la de Postas, mirando
-atentamente las tiendas como si tuviera letras que cobrar
-en alguna de ellas; y de recodo en recodo, y de callejon
-en pasadizo, dí conmigo en la de la Esgrima, y en
-ella de manos á boca con un gitano á quien habia salvado
-de ser fusilado dos años hacia en la tierra de Aranda.
-Víle y conocióme; preguntóme y respondíle; comprendióme
-á media palabra, y llevándome á un cuarto
-del núm. 30 y... tantos, trenzóme la melena, coloróme
-el semblante, y endosándome unas calzoneras y una
-chaqueta de pana, con un sombrero con más falda que
-una dolorosa de procesion, y una faja más ancha que la
-del Zodíaco, me sacó entre los de su cuadrilla por la
-puerta y puente de Toledo; sirviéndome de infalible
-seña gitanesca mi trenzada melena, que, riza y suelta,<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span>
-servia de seña personal á los que me buscaban, de parte
-de mi familia, para volverme á mi casa, y de órden
-del gobernador de las tres ppp, D. Pio Pita Pizarro, á
-los que pretendian enviarme á saber lo que en Filipinas
-ocurria. Pasó una revolucion á los pocos dias con la
-desastrosa muerte del general Quesada en Hortaleza;
-pasó... lo que pasa en las revoluciones, un juicio final en
-cuarenta y ocho horas; y al cabo de diez dias torné yo
-á pasar destrenzado y desteñido por la Puerta de Toledo,
-y volví á vivir á salto de mata, y á dormir en casa
-de un cestero, que de portero habíamos tenido en la redaccion
-de marras... y así me cogió en Madrid el dia 12
-de febrero de 1837, anterior con tres al del entierro de
-Larra, cuyos pormenores quedarán para una siguiente
-carta, á la cual sirve de preliminar esta de su afectísimo
-y agradecido amigo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>IV.</h2>
-
-
-<p>Comienzo á apercibirme, mi buen amigo Sr. Velarde,
-de que es más difícil de lo que creí la tarea que me
-he impuesto ahora, y de que hemos andado poco
-acertados en dar publicidad á estas mis cartas. Agloméranse
-en mi memoria, segun las voy escribiendo,
-tántos pormenores, imposibles de suprimir si he de hacerme
-comprender; pasábanme tántas y táles cosas, y
-pasaba yo por tales y tan estrechos pasos y pasadizos
-en los dias de la muerte y del entierro de Larra, que me
-temo que ni la benevolencia del director y de la redaccion
-de <i>El Imparcial</i> para conmigo, ni la paciencia de
-sus lectores quieran pasarme el importuno relato de tan
-íntimos y personales recuerdos. Mas como quiera que
-ya es tarde para volverme atrás, voy á pasar á la carrera
-por sobre todos estos tan resbaladizos pasos; é imponiéndome
-esta tarea como una penitencia pública, seré
-claro y sincero en mi narracion, para que mi claridad
-y sinceridad prueben á lo ménos lealtad y modestia:
-probando que en la altura á que me ha elevado el favor
-público, no he perdido nunca de vista ni la nada en que
-yo nací, ni el polvo de que aquel me levantó.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span></p>
-
-<p>Sigo, pues, adelante con mis recuerdos.</p>
-
-<p>Habíase venido á Madrid, siguiendo mi mal ejemplo,
-mi grande amigo Miguel de los Santos Alvarez, en cuya
-casa pasé la noche que en Valladolid me detuve en mi
-fuga de la mia paterna, y único confidente de los secretos
-de mi corazon. Llevaba yo en éste dos afanes y dos
-esperanzas, que en un solo afan y en una esperanza sola
-se confundian: mi primer amor á una mujer, y la esperanza
-de conseguirla, y el amor á mi padre y la esperanza
-de sepultar su enojo bajo una montaña de laureles.
-Soñaba yo con una fama y una gloria táles, que
-obligaran á aquella mujer y á mi padre á tenderme sus
-brazos á un tiempo, asombrados y deslumbrados por el
-resplandor de mi nombradía. ¿Quién no delira á los diez
-y nueve años?</p>
-
-<p>Alvarez estaba en Madrid con consentimiento de su
-familia hacia muy pocos dias, y yo pasaba las noches
-en la bohardilla de mi pobre cestero, las mañanas en el
-hospedaje de Alvarez, el centro de los dias en la Biblioteca
-Nacional, y las tardes y primeras horas de la noche
-vagando con Alvarez por las calles de la corte, como
-golondrinas nuevas que buscan por vez primera sitio en
-que colgar su nido en una tierra desconocida.</p>
-
-<p>Y aconteció que entre las personas con quienes un
-dia tropezamos en la Biblioteca, acertó á ser una la de
-un italiano al servicio del infante D. Sebastian, llamado
-Joaquin Massard, quien con un su hermano Federico
-andaba bien admitido por las tertulias y reuniones, que
-con su canto y alegre carácter amenizaban: el Joaquin
-y el Federico poseian dos deliciosas voces, de tenor el
-uno y de barítono el otro. Abordónos Joaquin Massard,
-que por Pedro Madrazo nos conocia, y nos dió de repente
-la noticia de que Larra se habia suicidado al ano<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>checer
-del dia anterior. Dejónos estupefactos semejante
-noticia, y asombróle á él que ignorásemos lo que todo
-Madrid sabia, é invitónos á ir con él á ver el cadáver de
-Larra depositado en la bóveda de Santiago. Aceptamos
-y fuimos. Massard conocia á todo el mundo y tenia entrada
-en todas partes. Bajamos á la bóveda, contemplamos
-al muerto, á quien yo veia por primera vez, á todo
-nuestro despacio, admirándonos la casi imperceptible
-huella que habia dejado junto á su oreja derecha la bala
-que le dió muerte; cortóle Alvarez un mechon de cabellos
-y volvímonos á la Biblioteca, bajo la impresion indefinible
-que dejaban en nosotros la vista de tal cadáver
-y el relato de tal suceso.</p>
-
-<p>Aquí tengo que advertir á V., mi querido Velarde, que
-no volvíamos á la Biblioteca por nuestro afan de estudiar,
-sinó porque siendo el hospedaje de Alvarez y la
-bohardilla de mi cestero estancias muy poco agradables
-para pasar el dia, y estando la Biblioteca muy bien esterada
-y caldeada, pasábamos en ella todas las horas que
-estaba abierta, como hidalgos poco acomodados, en el
-abrigado alcázar de un opulento amigo que generosamente
-á los suyos lo franqueara.</p>
-
-<p>A nuestra vuelta halléme allí con un condiscípulo del
-colegio, quien enterado de mi posicion, me dió una carta
-para su hermano D. Antonio María Segovia, propietario
-y director de <i>El Mundo</i>; uno de los periódicos mejor
-escritos que en Madrid se han publicado, rebosando
-de ingenio y de oportunísima vis cómica. En aquella
-carta pedia para mí á su hermano, mi condiscípulo, la
-plaza de un empleado que acababa de despedirse, diciéndole
-quién yo era, la educacion que habia recibido, y lo
-útil que yo podia ser, atendida la módica retribucion del
-empleo que para mí solicitaba. Mi ambicion era llegar á<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>
-ser periodista, llegar á firmar el folletin de un periódico
-que llegase á manos de mi padre: tomé, pues, la carta
-de mi condiscípulo, y metiéndola en la cartera del capitan
-Antonio Madera (otro condiscípulo nuestro), la cual
-no sé ya por qué llevaba yo en el bolsillo, creí meter en
-ella mi fortuna.</p>
-
-<p>Joaquin Massard, que en todo pensaba y de todo sacaba
-partido, me dijo al salir:</p>
-
-<p>&mdash;Sé por Pedro Madrazo que V. hace versos.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, señor, le respondí.</p>
-
-<p>&mdash;¿Querria V. hacer unos á Larra? repuso entablando
-su cuestion sin rodeos; y viéndome vacilar, añadió:
-«yo los haria insertar en un periódico, y tal vez pudieran
-valer algo.» Ocurrióme á mí lo poco que me
-valdrian con mi padre, desterrado y realista, unos versos
-hechos á un hombre tan de progreso y de tal manera
-muerto; y dije á Massard que yo haria los versos,
-pero que él los firmaria. Avínose él, y convíneme yo;
-prometíselos para la mañana siguiente á las doce en la
-Biblioteca; y despidiéndonos á sus puertas, echó Massard
-hácia la plazuela del Cordon donde moraba, y
-Alvarez y yo por la cuesta de Santo Domingo á vagar
-como de costumbre. Pensé yo al anochecer en los prometidos
-versos y fuíme temprano al zaquizamí, donde
-mi cestero me albergaba con su mujer y dos chicos,
-que eran tres harpías de tres distintas edades. No me
-acuerdo si cenamos: pero despues de acostados, metíme
-yo en mi mechinal, con una vela que á propósito habia
-comprado.</p>
-
-<p>En aquella casa no se sabia lo que era papel, pluma
-ni tinta; pero habia mimbres puestos en tinte azul, y tenia
-yo en mi bolsillo la cartera del capitan con su libro
-de memorias. Hice un kalam de un mimbre como lo ha<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>cen
-los árabes de un carrizo y tomando por tinta el tinte
-azul en que los mimbres se teñian.....</p>
-
-<p>Hé aquí, Sr. Velarde, cómo se hicieron aquellos versos,
-cuya copia trasladé á un papel en casa de Miguel
-Alvarez á la mañana siguiente, y partí á entregar mi
-carta al director de <i>El Mundo</i>.</p>
-
-<p>Salió á recibirme á una antecámara: presentéle la carta,
-y miéntras la leia, penetraron mis ojos indiscretos en
-el aposento inmediato, cuya puerta habia dejado él
-abierta. Parecióme á mí la de un paraiso: una mujer
-pequeña y fina, esbelta y ondulosa como una garza, con
-una cabellera como los arcángeles de Guido Reni y con
-dos ojos límpidos y serenos como los de las gacelas, esperaba
-reclinada en un mueble á que su marido concluyera
-con el importuno que habia venido á separarle de
-ella. Cuando aquel me dijo, con los más atentos modales,
-que sentia no necesitarme porque acababa de dar á
-otro la plaza que su hermano le pedia, me marché cabizbajo
-y cariacontecido, pero convencido perfectamente
-de que un hombre que tenia aquella mujer no
-debia necesitar de mí ni de nadie, y dí conmigo en
-la Biblioteca. No estaba ya en ella Joaquin Massard,
-pero me habia dejado una tarjeta, en la que me decia:
-«¿Puede V. traerme los versos á casa, á las tres? Comerá
-V. con nosotros.»</p>
-
-<p>A los tres cuartos para las tres eché hácia la plaza del
-Cordon; los Massard habian comido á las dos: la hora
-del entierro, que era la de las cinco, se habia adelantado
-á la de las cuatro. Los Massard me dieron café; Joaquin
-recogió mis versos y salimos para Santiago. La iglesia
-estaba llena de gente; hallábanse en ella todos los escritores
-de Madrid, ménos Espronceda que estaba enfermo.
-Massard me presentó á García Gutierrez, que me<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span>
-dió la mano y me recibió como se recibe en tales casos
-á los desconocidos. Yo me quedé con su mano entre
-las mias, embelesado ante el autor de <i>El Trovador</i>, y
-creo que iba á arrodillarme para adorarle, miéntras él
-miraba con asombro mi larga melena y el más largo leviton,
-en que llevaba yo enfundada mi pálida y exígua
-personalidad.</p>
-
-<p>El repentino y general movimiento de la gente nos separó,
-avanzó el féretro hácia la puerta; ordenóse la comitiva;
-ingirióme Joaquin Massard en la fila derecha, y
-en dos larguísimas de innumerables enlutados nos dirigimos
-por la calle Mayor y la de la Montera al cementerio
-de la Puerta de Fuencarral.</p>
-
-<p>Mohino y desalentado caminaba yo, poniendo entre
-los dias nefastos aquel aciago en que me habian negado
-una plaza en <i>El Mundo</i>, habia llegado tarde á la mesa, y
-en que iba, por fin, ayuno, á enterrar á un hombre, cuyo
-talento reconocia, pero que no entraba en la trinidad
-que yo adoraba, y que componian Espronceda, García
-Gutierrez y Hartzembusch. Parecíame que con aquel
-muerto iba á enterrarse mi esperanza, y que nunca iba
-yo á tener un papel en que enviar impresos mis delirios
-á la mujer á quien habia pedido un año de plazo para
-pasar de crisálida á mariposa, ni mis versos laureados al
-padre á quien con ellos habia esperado glorificar. Así, el
-más triste de los que íbamos en aquel entierro, marchaba
-yo en él, envuelto en un <i>sur tout</i> de Jacinto Salas,
-llevando bajo él un pantalon de Fernando de la Vera, un
-chaleco de abrigo de su primo Pepe Mateos, una gran
-corbata de un fachendoso primo mio, y un sombrero y
-unas botas de no recuerdo quiénes; llevando únicamente
-propios conmigo mis negros pensamientos, mis negras
-pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p>
-
-<p>Llevaba yo, y venianme, sin embargo, todas aquellas
-ajenas prendas como si para mí hubieran sido hechas; y
-traidas, pero no maltratadas, no revelaban que su portador
-salia con ellas bien cepilladas del alto zaquizamí
-de mi hospitalario cestero.</p>
-
-<p>Llegamos al cementerio: pusieron en tierra el féretro
-y á la vista el cadáver; y como se trataba del primer
-suicida, á quien la revolucion abria las puertas del campo
-santo, tratábase de dar á la ceremonia fúnebre la
-mayor pompa mundana que fuera capaz de prestarla el
-elemento láico, como primera protesta contra las viejas
-preocupaciones que venia á desenrocar la revolucion.
-D. Mariano Roca de Togores, que aún no era el marqués
-de Molins, y que ya figuraba entre la juventud
-ilustrada, levantó el primero la voz en pró del narrador
-ameno del Doncel de D. Enrique, del dramático creador
-del enamorado Macías, del hablista correcto, del
-inexorable crítico y del desventurado amador. El concurso
-inmenso que llenaba el cementerio quedó profundamente
-conmovido con las palabras del Sr. Roca de
-Togores, y dejó aquel funeral escenario ante un público
-preparado para la escena imprevista que iba en él á representarse.
-Tengo una idea confusa de que hablaron,
-leyeron y dijeron versos algunos otros: confundo en este
-recuerdo al conde de las Navas, á Pepe Diaz..... no
-sé..... pero era cuestion de prolongar y dar importancia
-al acto, que no fué breve. Ibase ya, por fin, á cerrar la
-caja, para dar tierra al cadáver, cuando Joaquin Massard,
-que siempre estaba en todo y no era hombre de perder
-jamás una ocasion, no atreviéndose, sin embargo, á leer
-mis escritos con su acento italiano, metióse entre los
-que presidian la ceremonia, advirtióles de que aún habia
-otros versos que leer, y como me habia llevado<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>
-por delante, hízome audazmente llegar hasta la primera
-fila, púsome entre las manos la desde entónces famosa
-cartera del capitan, y halléme yo repentina á inconscientemente
-á la vera del muerto, y cara á cara con
-los vivos.</p>
-
-<p>El silencio era absoluto: el público, el más á propósito
-y el mejor preparado; la escena solemne y la ocasion
-sin par. Tenia yo entónces una voz juvenil, fresca
-y argentinamente timbrada, y una manera nunca oida
-de recitar, y rompí á leer..... pero segun iba leyendo
-aquellos mis tan mal hilvanados versos, iba leyendo en
-los semblantes de los que absortos me rodeaban, el
-asombro que mi aparicion y mi voz les causaba. Imaginéme
-que Dios me deparaba aquel extraño escenario,
-aquel auditorio tan unísono con mi palabra, y aquella
-ocasion tan propicia y excepcional, para que ántes del
-año realizase yo mis dos irrealizables delirios: creí ya
-imposible que mi padre y mi amada no oyesen la voz
-de mi fama, cuyas alas veia yo levantarse desde aquel
-cementerio, y ví el porvenir luminoso y el cielo abierto.....
-y se me embargó la voz y se arrasaron mis ojos
-en lágrimas..... y Roca de Togores, junto á quien me
-hallaba, concluyó de leer mis versos; y miéntras él
-leia..... ¡ay de mí! perdónenme el muerto y los vivos
-que de aquel auditorio queden, yo ya no los veia; miéntras
-mi pañuelo cubria mis ojos, mi espíritu habia ido á
-llamar á las puertas de una casa de Lerma, donde ya
-no estaban mis perseguidos padres, y á los cristales de
-la ventana de una blanca alquería escondida entre verdes
-olmos, en donde ya no estaba tampoco la que ya me
-habia vendido.</p>
-
-<p>¡Feliz aquel cuyo primer amor se malogra! ¡Desventurado
-aquel cuyo primer delito es una rebelion<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span>
-contra la autoridad paterna! Al primero le abre Dios el
-paraiso terrenal: del segundo no deja que repose la conciencia.</p>
-
-<p>Cuando volviendo de aquel éxtasis, aparté el pañuelo
-de mis ojos, el polvo de Larra habia ya entrado en el
-seno de la madre tierra: y la multitud de amigos y conocidos
-que me abrazaban no tuvieron gran dificultad
-en explicar quién era el hijo de un magistrado tan conocido
-en Madrid como mi padre.</p>
-
-<p>Pero, ¿sabe V., mi buen Velarde, quién era entónces,
-lo que valia y cómo y por quién llegó á ser famoso su
-agradecido amigo?</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>V.</h2>
-
-
-<p>La importuna pregunta con que concluí mi artículo-carta
-del lunes 20 de Octubre, me obliga á dirigirle
-á usted esta, mi estimado Sr. Velarde.</p>
-
-<p>Tal vez enoja á V. ya, mi querido poeta, el verse
-tomado en pluma, que no puede aquí, á mi ver, decirse
-en boca, por un viejo impertinente que se empeña
-en contarle sus necedades de muchacho; pero disimule
-usted tal impertinencia, porque tiene sólo por móvil mi
-gratitud á V. por su artículo del lunes 29 de Setiembre,
-con el cual motivó V. la publicacion de estas mis
-cartas. Usted pertenece al porvenir, y mira naturalmente
-hácia adelante; al mirar yo hácia atrás, porque pertenezco
-al tiempo viejo, al relatar á V. lo que en él fuí,
-tenga V. presente que no pretendo servirle á V. de
-ejemplo, sino de escarmiento; puesto que viviendo yo
-hoy persuadido de que el porvenir le guarda á V. un
-muy elevado lugar en la república de las letras, quisiera
-yo por la mucha estima en que le tengo, que las suyas
-le dieran tanta fama como á mí las mias, pero que
-le fueran de más utilidad y provecho. Por eso no más
-voy á decir á V. lo más sucintamente posible quién<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span>
-era, lo que valia y cómo y por quién llegué yo á ser tan
-famoso en aquel viejo tiempo, cuyos recuerdos me complazco
-ahora en evocar, no quiera Dios que con hastío
-ó impaciencia de V. y de los suscritores de <i>El Imparcial</i>.</p>
-
-<p>No teman estos, y sea esto advertido de paso, que
-llene yo sus columnas con los insignificantes y poco
-trascendentales sucesos de mi vida. A mí, que no he
-ocupado jamás ningun cargo público, que no he sido
-ni embajador, ni ministro, ni siquiera individuo de corporacion
-ni academia alguna, jamás me ha sucedido
-nada que sea digno de ser sabido, ni ménos contado: ni
-me acosa tampoco vanidad tal ni tal comezon de bombo,
-que intente no dejar pasar un lunes sin hablar de
-mí mismo, para que no me olviden mis contemporáneos,
-ni se den los venideros de calabazadas por mis
-estupendas fechorías. Para que mis contemporáneos
-no me olviden, basta ese bravucon inocente y desvergonzado
-perdonavidas llamado <i>D. Juan Tenorio</i>, que
-está encargado contra mi voluntad y por la del pueblo
-español, de no dejarme olvidar en España; y con decir
-de este drama mio y del <i>Zapatero y el Rey</i> cómo y por
-qué fueron escritos y cómo y por quién fueron y son
-hoy representados, pienso dar fin á estos mis recuerdos
-del tiempo viejo; y siquiera sea con pesadumbre de algunos,
-y desengaño de muchos, será tambien con honrado
-cumplimiento del deber mio y descargo de mi conciencia.</p>
-
-<p>Continúo, pues, mi relato, tomándolo en el mismo
-cementerio de Fuencarral, donde lo dejé.</p>
-
-<p>Rompiendo por entre los amigos que me abrazaban,
-los entusiastas que me felicitaban y los curiosos que absortos
-me contemplaban, enfundado en mi gran <i>surtout</i><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span>
-de Jacinto Salas y circundado por mi flotante melena,
-un mancebo pálido y aguileño, de resueltos modales y
-de atrevida y casi insolente mirada, me asió cariñosamente
-de las manos, diciéndome: «Tenga V. la bondad
-de venirse conmigo, para presentarle á dos personas
-que desean conocerle.» Seguíle, y sacándome de aquella
-confusion, me hizo subir á una cómoda y elegante carretela,
-cuyos dos asientos, uno del fondo y otro de adelante,
-estaban ocupados por dos individuos del sexo feo,
-cuya fisonomía no podia yo ver ya bien, porque ya era
-casi de noche. Saludáronme y correspondiles; colocáronme
-en el asiento de honor; colocóse mi presentador
-en frente de mí; cerró el lacayo la portezuela, y á la voz
-del de mi izquierda, que dijo: «Calle de la Reina,» salieron
-á un resueltísimo trote las dos poderosas yeguas
-que nos arrastraban: y, como dicen los mejicanos, «de
-las vidas arrastradas, la mejor es la del coche,» y aquella
-carretela inglesa estaba maestramente montada sobre
-sus muelles. Hablábanme dos, de los tres con quienes
-en ella iba, y contestábales yo, sin recordar ya de lo
-que hablamos, y sin saber entónces con quiénes, en la
-semi-oscuridad crepuscular.</p>
-
-<p>La direccion dada á la calle de la Reina era á la fonda
-de Genyes, que era entónces lo que hoy Fornos y Lhardy;
-de donde yo deduje que mis nuevos amigos moraban
-ó comian en ella habitualmente, puesto que el nombre
-de la calle habia bastado al cochero para sentar en
-firme sus yeguas á la puerta de la fonda. En un gabinete
-estaba preparada una mesa con tres cubiertos; añadieron
-el cuarto para mí; desembarazáronse ellos de sus
-abrigos exteriores, quedándome yo con el mio por razones
-que no son del caso; sentámonos á la mesa y presentóme
-mi presentador á mis comensales. El de mi<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span>
-derecha era Buchental, llegado á Madrid hacia pocos
-meses; nuestro anfitrion era un rubio como de cuarenta
-años, de amenísima conversacion, con la cual demostraba
-que habia viajado mucho, de cuyo nombre no me
-he podido volver á acordar, á quien no he vuelto á ver
-más, y por quien no tuve despues ocasion de preguntar
-á mi resuelto y aguileño presentador: que era ni más ni
-ménos que Luis Gonzalez Brabo, ántes de ser diputado,
-embajador y ministro. Desde aquella tarde fué para mí
-Luis, como yo para él fuí Pepe; la suya fué la primera
-mano en que me apoyé para poner mi pié derecho en
-el primer escalon del efímero alcázar de mi fama: y desde
-entónces no he tenido un más bravo amigo que Gonzalez
-Brabo. No era por entónces más que <i>tijera</i> en no
-recuerdo qué periódico; pero segun fué ascendiendo por
-la escala de la fortuna, se volvió á mí desde cada peldaño
-que subia, á tenderme aquella misma mano con que
-me sacó del cementerio; pero mi objetivo, como hoy se
-dice, no era la política, y con tanta pena suya como desden
-mio, le dejé subir solo. Ignoro lo que fué Luis Brabo
-social ó políticamente considerado, porque he vivido
-veinte años fuera de España y once en América, sin
-correspondencia con Europa; cuando volví á Madrid
-en 1866 era presidente del Consejo de ministros y decian
-que tenia la nacion en sus manos; pero para mí fué el
-mismo Luis Brabo, que me la tendió como en 1837; el
-primer amigo del poeta Zorrilla.</p>
-
-<p>Aquí dirá V., mi querido poeta Velarde: ¿cómo el
-primero? ¿Pues y los Villa-Hermosa y los Madrazo, y
-Assas y Miguel Alvarez y Fernando de la Vera, sus
-condiscípulos de Universidad y del Seminario? ¿Y Joaquin
-Massard y Roca de Togores cuyas manos tomaron
-de las de V. los versos que le abrieron las puertas de la<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span>
-sociedad y le dieron la nombradía?&mdash;Los Villa-Hermosa,
-los Madrazo, Alvarez y de la Vera, eran los amigos de
-mi niñez: los del estudiante y del condiscípulo; los amigos
-cariñosos, casi los hermanos, del mancebo que iba
-á ser hombre; la casualidad llevó á Massard á la biblioteca
-y me puso al lado de Roca de Togores en el cementerio:
-pero Luis Brabo buscó el primero al poeta y
-no abandonó jamás al amigo. La primera obligacion
-del narrador es ser verídico: la del hombre bien nacido
-la de ser justo: la del hombre noble ser agradecido. Desde
-la fonda me llevó Luis Brabo, orgulloso de llevarme,
-al café del Príncipe, donde hallé á Breton, á Ventura, á
-Gil y Zárate, á García Gutierrez, que me reconoció y
-con quien trabé pronto amistad; al buen Hartzenbusch,
-á quien quise desde aquella noche como á un hermano
-mayor, y que fué parte y testigo de sucesos íntimos y
-posteriores de mi vida, y en fin, á la mayor parte de los
-que por entónces figuraban en las letras y en las artes.</p>
-
-<p>No sé quién me llevó á las diez á casa de Donoso Cortés,
-que aún no era el marqués de Valdegamas: allí encontré
-á Nicomedes Pastor Diaz y á D. Joaquin Francisco
-Pacheco, quienes con el conocido jurisconsulto
-Perez Hernandez, estaban tratando de publicar su periódico
-<i>El Porvenir</i>.&mdash;Preguntáronme mil cosas: examináronme,
-sin que de ello me apercibiera, de lo que
-habia aprendido en el colegio; indagaron lo que habia
-leido, lo que me habia propuesto. Yo era un chico, no
-cumplí veinte años hasta cuatro dias despues del de la
-muerte de Larra: estaba animado por el éxito de aquella
-tarde y por los plácemes y aplausos que acababa de recibir
-en el café del Príncipe; recitéles mi destartalada
-composicion «A Venecia», el romancillo de unos Gomeles
-que corrian por la vega de Granada, y unas redon<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>dillas
-á una dueña de negra toca y mongil morado, que
-sea dicho de paso y con perdon de mis admiradores,
-pero en Dios y en mi ánima creo que no sabia yo entónces
-lo que era mongil, segun el color morado episcopal
-de que le teñí. Donoso y sus amigos debieron
-apercibirse de mi poco saber; pero se fascinaron con las
-circunstancias fantásticas de mi aparicion, y con la excentricidad
-de mi nuevo género de poesía y de mi nueva
-manera de leer, y me ofrecieron el folletin de <i>El Porvenir</i>
-con 600 reales mensuales; único sueldo que en
-este periódico se debia de pagar, porque iban á escribirle
-sin interés de lucro, en pró de su política comunion.&mdash;Diéronme
-á traducir para el periódico uno de los infantiles
-cuentos de Hoffmann, y á las doce me llevó Pastor
-Diaz consigo á su casa.&mdash;Pastor Diaz, cuya alma de niño
-simpatizó con la ignara candidez de la mia, me entretuvo
-hasta muy avanzada hora, desde la cual hasta
-la de su muerte, me tuvo el más fraternal cariño.</p>
-
-<p>No era ya aquella la de volver á recogerme á la bohardilla
-del cestero, y... á pesar del frio, vagué por las
-calles hasta el nuevo dia, abrigado interiormente con el
-champagne y el café de mi generoso y desconocido anfitrion,
-y exteriormente sostenido con la esperanza y las
-ilusiones de mis aún no cumplidos veinte años.</p>
-
-<p>No recuerdo ya donde me amaneció; pero á las ocho
-estaba ya á la cabecera de la cama de Alvarez, contándole
-mis venturas del dia anterior; de las cuales nada
-sabia, no habiéndole yo podido buscar desde que hacia
-veinte horas me habia separado de él, para ir á llevar
-mi carta á <i>El Mundo</i> y mis versos á Massard.&mdash;Asombróle
-primero lo sucedido; alegróle despues; lloramos,
-reimos, ayudéle á vestir, y saltamos y cantamos al rededor
-del chocolate como los indios de Fenimore Cooper
-<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>
-al rededor del postre de la guerra; la patrona creyó que
-nos habia caido la lotería.</p>
-
-<p>Como si tal nos hubiera acontecido, nos echamos á la
-calle y comenzamos á dar fin á los pocos duros que le
-quedaban á Alvarez; declarámonos los dos modernos
-Pílades y Orestes; presentéle yo á cuantos me presentaron;
-presentóme él á la que despues fué mi mujer, y
-cuando llegaron á nuestras manos mis primeros treinta
-duros de «El Porvenir», de Donoso, nos creimos dueños
-del Universo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>VI.</h2>
-
-
-<p>Como el relato de las muchachadas de ambos no entra
-por nada en la explicacion de mis preguntas finales
-en el artículo del lunes último, voy adelante
-con mis desatinos personales. Escribí muchos en <i>El
-Porvenir</i>: á Cervantes y á Calderon, cuantos pudieron
-ocurrírseme, y á la luna de enero, donde dije que el
-cielo era ojo de la eternidad y la luna su pupila; escribí,
-en fin, los suficientes para impacientar á cuantos tenian
-sentido comun y estudios, y gusto en las bellas letras;
-pero Nicomedes y Donoso seguian sosteniéndome y animándome,
-y yo seguí asombrando al público con la
-multitud de mis poéticos engendros.</p>
-
-<p>Una noche me encontré al volver á mi casa de pupilaje,
-una carta de D. José García Villalta que decia:
-«Muy señor mio: he tomado la direccion de <i>El Español</i>,
-periódico cuyas columnas surtía Larra con sus artículos:
-pues la muerte se llevó al crítico dejándonos al poeta,
-entiendo que éste debe de suceder á aquel en la redaccion
-de <i>El Español</i>. Sírvase V., pues, pasar por
-esta su casa, calle de la Reina, esquina á la de las Torres,
-para acordar las bases de un contrato. Suyo, afectísimo,
-<i>J. G. de Villalta</i>.»</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p>
-
-<p>Era este el autor de <i>El golpe en vago</i>, la novela mejor
-escrita de las de la coleccion primera del editor Delgado.
-Teníale yo en mucho desde que la habia leido, y
-las relaciones entabladas con el hombre acrecentaron mi
-respeto y mi estimacion hácia el escritor. Villalta era
-un hombre de mucho mundo y de un profundo conocimiento
-del corazon humano: de una constitucion vigorosa,
-con una cabeza perfectamente colocada sobre sus
-hombros; de una fisonomía atractiva y simpática, con
-una boca fresca, cuya sonrisa dejaba ver la dentadura
-más igual y limpia del mundo. Su cabellera escasa era
-rubia y rizada, y no he podido nunca esplicarme el por
-qué su busto abultado de contornos me recordaba el
-olímpico busto de Neron, pero del Neron poeta y gladiador
-en su viaje á Grecia: el Neron que ponia fuego á
-dos viejos barrios de Roma para obligar al municipio
-republicano á construir otro nuevo, tan suntuoso como
-la mansion palatina que él junto á lo incendiado habitaba.
-Yo tengo á Neron por un emperador muy calumniado;
-y desde que he vivido en Roma, estoy convencido
-de que hizo bien en quemar lo que quemó, para que se
-construyera lo que se construyó; y á este Neron que yo
-me figuro, es el Neron á quien me figuraba yo que se
-parecia Villalta.</p>
-
-<p>El hecho es que Villalta era todo un hombre: sóbrio y
-diligente, pero gracioso y amabilísimo; como andaluz de
-la buena raza, su trato era fascinador; y en cinco minutos
-hizo de mí lo que le convino en nuestra primera entrevista;
-el cuarto en que esta pasó influyó sin duda en
-mi aceptacion. Era una sala grande cuadrada, en cuyas
-blancas paredes no tenia Villalta más adornos que dos
-espadas de combate, dos sables de academia de armas
-y un magnífico par de pistolas. Una grandísima mesa<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>
-de despacho cargada de papeles estaba entre él y yo, y
-por una puerta entreabierta se veia en el inmediato aposento
-el baño del que acababa de salir.</p>
-
-<p>Vió Villalta que no era yo hombre de abandonar á
-Donoso y á Pastor Diaz, sin una grave razon, y me dió
-una carta para ellos, en la que les decia las proposiciones
-que me habia hecho y las razones que yo le daba.
-<i>El Porvenir</i> tenia apenas suscricion, y <i>El Español</i> la tenia
-numerosa. Si me querian bien, debian dejarle dar á
-mis versos la más lata publicidad, etc.</p>
-
-<p>Ofrecíame un sueldo con que no habia yo contado
-nunca, y que entónces creo que no sabia contar en moneda
-efectiva: pagarme aparte las poesías del número
-de los domingos, que era una revista de mayor tamaño;
-la colaboracion en el folletin con Espronceda convaleciente
-ya de una larga enfermedad, y mi presentacion
-inmediata en su casa por él en persona. Espronceda era
-el ídolo de mis creencias literarias. Donoso y Pastor
-Diaz me autorizaron abrazándome para abandonarles, y
-me pasé al campo de Villalta sin traicion ni villanía.</p>
-
-<p>Continué en él publicando centenares de versos, entre
-los cuales habia algunos chispazos de ingenio que
-hacian, por efecto de la moda, no parar mientes en mis
-infinitos y excéntricos disparates. Es verdad que contribuian
-á darlos boga las lecturas que de ellos hacia en
-los salones del Liceo, en el palacio de los duques de Villahermosa,
-quienes, ausentes de Madrid á la sazon, se
-los habian cedido á aquella sociedad literaria y artística.
-Era el Liceo... Pero ya ha dicho lo que era en <i>La Ilustracion</i>
-el ameno <i>Curioso parlante</i> D. Ramon de Mesonero
-Romanos; y ante él arría bandera quien en su juventud
-supo aprovecharse de su picante y donosa
-crítica, y hoy se complace en hallar una ocasion de dar<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>le
-una prueba pública de consideracion y respeto. Allí,
-en el Liceo, reñí yo y gané grandes batallas, y cobré
-fama de gran lector; allí ayudé á subir á la tribuna y
-entrar en la palestra literaria á Rodriguez Rubí, con su
-precioso romance de la venta del jaco; allí coroné una
-noche á Carolina Conrado y presenté una mañana á
-Gertrudis Avellaneda; allí... pero lo que sucedió allí lo
-sabe todo el mundo, y lo que no sepa se lo dirá mejor
-que yo el <i>Curioso Parlante</i>.</p>
-
-<p>Ya se lo ha dicho en <i>La Ilustracion</i> del 22 de Octubre:
-«de allí salieron los que allí figuraron despues como
-ministros, embajadores, consejeros, senadores, diputados
-y publicistas, alternando en diversos bandos y
-épocas, segun la marcha de los sucesos: y sólo Zorrilla
-y el que esto escribe se obstinaron en conservar su
-independencia y su nombre exclusivamente literario,
-sin aspirar á su engrandecimiento por otros caminos;
-con la circunstancia en pró de Zorrilla de que á mí sólo
-me faltaba la ambicion, y á Zorrilla le faltaban la ambicion
-y la fortuna.» Esto dice D. Ramon de Mesonero
-Romanos, y Dios le bendiga como yo le agradezco
-que lo haya dicho.</p>
-
-<p>Lo que no dice y le voy á decir yo á V., mi querido
-Velarde, es cómo éste á quien llama ilustre, corriendo
-quijotescamente trás de ideales fantásticos, no era en la
-vida social ni en la literaria más que un tonto y un ingrato.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>VII.</h2>
-
-
-<p>Lenta y perezosa carrera lleva mi correspondencia
-epistolar con V., mi querido poeta, interrumpida
-dos veces por versos que no pudieron ménos de
-ser en su lugar publicados: atañendo ambas á asuntos
-tan perentorios y tan de actualidad como es el
-de las inundaciones y el de mi escaso beneficio<a name="FNanchor_1" id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.
-Concluyo, pues, con las noticias que de mí me propuse
-dar á V. y Dios haga que la gente de hoy vea bajo su
-verdadero punto de vista, y tome en su sentido verdadero,
-lo que de mí me resta que decirle.</p>
-
-<p>Una tarde me dijo Villalta: «esta noche iremos á casa
-de Espronceda, que ya desea ver á V.» Figúrese usted
-que un creyente hubiera enviado por escrito su confesion
-al Papa, y que S. S. le hubiera contestado:
-«venga V. esta noche por la absolucion ó la penitencia»
-esta fué mi situacion desde las cuatro de la tarde, hora
-en que Villalta me anunció tal visita, hasta las nueve de
-la noche, hora en que se verificó. Yo creia, yo idolatraba
-en Espronceda. Si aquel oráculo divino á quien yo
-iba á consultar desaprobaba mis versos, si aquel ídolo á<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>
-cuyos piés iba yo á postrarme desdeñaba mi homenaje,
-no tenia más remedio que irme á buscar á mi padre á la
-corte de Oñate, y suplicarle contrito que me matriculase
-en la Universidad de Vergara.</p>
-
-<p>Villalta leyó sonriendo en mi fisonomía lo que pasaba
-en mi interior, y me condujo en silencio á la calle de
-San Miguel, núm. 4. Espronceda estaba ya convaleciente,
-pero aún tenia que acostarse al anochecer.
-Introdújome Villalta en su alcoba, y diciendo sencillamente
-«aquí tiene V. á Zorrilla», me empujó paternalmente
-hácia el lecho en que estaba incorporado Espronceda.
-Yo, no encontrando una palabra que decir,
-sentí brotar las lágrimas de mis ojos, los brazos de Espronceda
-en mi cuello, sus labios en mi frente, y su voz
-que decia á Villalta, «es un niño».</p>
-
-<p>Hubo un minuto de silencio, del cual no he sabido
-nunca hacer un poema: Villalta se despidió y nos dejó
-solos; de la conversacion que siguió... no me acuerdo
-ya: al cabo de media hora nos tuteábamos Espronceda
-y yo, como si hiciera veinte años que nos conociéramos;
-pero la luz que estaba en el gabinete no iluminaba la
-alcoba, en cuya penumbra no habia yo todavía visto á
-Espronceda; «no te veo», le dije; «pues trae la luz», me
-respondió; y trayendo yo la bujía, le contemplé por primera
-vez, como á la primera querida que me hubiera
-dado un beso á oscuras.</p>
-
-<p>La cabeza de Espronceda rebosaba carácter y originalidad.
-Su cara, pálida por la enfermedad, estaba coronada
-por una cabellera negra, riza y sedosa, dividida
-por una raya casi en el medio de la cabeza y ahuecada
-por ambos lados sobre dos orejas pequeñas y finas, cuyos
-lóbulos inferiores asomaban entre los rizos. Sus cejas
-negras, finas y rectas, doselaban sus ojos límpidos é<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span>
-inquietos, resguardados como los del leon por riquísimas
-pestañas: el perfil de su nariz no era muy correcto,
-y su boca desdeñosa, cuyo labio inferior era algo aborbonado,
-estaba medio oculta en un fino bigote y una
-perilla unida á la barba, que se rizaba por ambos lados
-de la mandíbula inferior. Su frente era espaciosa y sin
-más rayas que la que de arriba abajo marcaba el fruncimiento
-de las cejas; su mirada era franca, y su risa
-pronta y frecuente, no rompia jamás en descompuesta
-carcajada. Su cuello era vigoroso y sus manos finas,
-nerviosas y bien cuidadas. A mí me pareció una encarnacion
-de Píndaro en Atinoo: de tal modo me fascinó
-su belleza varonil, su conversacion animada y la alta
-inspiracion de su poesía. Espronceda sabia más que la
-mayor parte de los que despues de él hemos alcanzado
-reputacion: discípulo de Lista como Ventura de la Vega
-y Escosura, era buen latino y erudito humanista; pero
-empapado en la poesía inglesa de Shakespeare, Milton
-y Pope, era la personificacion del clasicismo apóstata
-del Olimpo, y lanzado, Luzbel-poeta, en el infierno insondable
-y nuevamente abierto del romanticismo.</p>
-
-<p>Espronceda era leal, generoso y bueno: la política y
-los amigos le dieron un carácter y una reputacion ficticia,
-que jamás le pertenecieron; y las medianías vulgares
-le han calumniado despues de su muerte, hasta atribuirle
-versos y libros infames, que jamás pensó en producir.</p>
-
-<p>A la tercera visita que le hice de dia, me cansé de la
-sociedad de sus amigos: no porque su conversacion
-me espantara, sinó por que no la comprendia; vivia yo
-dado á mi trabajo, y no conocia á nadie de los ni de las
-de quiénes allí se hablaba. Una noche entré en su alcoba
-despues de las doce: dolores articulares y escasez nece<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>saria
-de nutricion teníanle á él desvelado, y á mí con
-pocas ganas de recogerme temprano la estrechez de mi
-pupilaje.</p>
-
-<p>&mdash;Vengo á esta hora&mdash;le dije&mdash;porque es en la que
-no tienes amigos en tu casa.</p>
-
-<p>&mdash;¿No te gustan mis amigos?</p>
-
-<p>&mdash;No.</p>
-
-<p>&mdash;Pues hablemos de otra cosa; y me alegro de que
-tengas libres estas horas, que son para mí las más insoportables;
-¡tardo tánto en conciliar el sueño!..</p>
-
-<p>Hacia poco que le habia abandonado Teresa: yo ni
-la conocia, ni aun tenia por entónces conocimiento de
-que existiese: yo no conocia de la vida de Espronceda
-más que sus escritos; yo adoraba al poeta, y aun no
-conocia del hombre ni siquiera la persona, puesto que
-no le veia más que en el lecho donde le retenia su enfermedad.</p>
-
-<p>Seguí pues yendo á visitarle despues de media noche.</p>
-
-<p>Y de aquellas conversaciones á solas con Espronceda
-sí que podria yo hacer un libro; pero hay libros que no
-deben ser leidos hasta cuarenta años despues de escritos.</p>
-
-<p>Espronceda y yo nos quisimos y nos estimamos siempre;
-pero nuestras diversas costumbres, áunque no las
-entibiaron, hicieron ménos frecuentes nuestras relaciones.
-Yo deserté el primero del cafetin del teatro del Príncipe,
-en donde nos juntábamos, y me pasé al de Sólito,
-con los Gil y Zárate, G. Gutierrez y otros, á quienes comenzó
-á importunar el elemento militar y político que se
-incrustó allí en el literario; y con motivo de mi primer
-matrimonio, del cual Espronceda no se atrevió á hablarme
-más que una vez, comprendió que el niño era ya
-hombre; y habiendo ya escrito <i>El Cristo de la Vega</i> y<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span>
-<i>Margarita la Tornera</i>, estimó al hombre como un hermano
-y al poeta como ingenio privilegiado que él era, y
-que no tenia nada que envidiar al mozo atrevido que
-osaba trepar á tientas al Parnaso.</p>
-
-<p>Encerréme yo en mi casa y seguí produciendo libros:
-García Gutierrez me dió la mano para presentarme en
-la escena, ó más bien me sacó á ella en brazos, en un
-drama que escribimos juntos, y comencé la vida aislada
-y poco social que he llevado siempre. La gimnasia, que
-necesitaba mi sietemesina naturaleza, el tiro de pistola,
-que en tiempos tan revueltos no era inútil estudio, y los
-paseos á caballo por fuera de puertas, eran mis perennes
-entretenimientos; en medio de los cuales escribí once
-tomos de versos, de los cuales no he sabido jamás cuatro
-de memoria.</p>
-
-<p>El Liceo concluyó entre tanto, saliendo sus sócios más
-notables para las embajadas, los ministerios y los destinos
-más importantes de la nacion: Mesonero Romanos
-se fué á su casa, cargado de memorias, y yo á la mia de
-coronas de papel recogidas en una funcion de obsequio
-que se me dió, y con un álbum en cuya primera hoja
-escribió S. M. la Reina D.ª Isabel. Tal fué el fin y el
-fruto que yo saqué del Liceo.</p>
-
-<p>Salustiano Olózaga, á quien habia hecho emigrar mi
-padre cuando era superintendente general de policía, y
-que fué uno de mis mejores amigos, me ofreció la entrega
-de mis bienes paternos, que habian sido secuestrados;
-pero yo rehusé incautarme de ellos, creyendo
-que «pues habia abandonado mi casa, habia renunciado
-á mis derechos de hijo...» Olózaga vió que yo era un
-tonto: mi padre me lo dijo cuando volvió de su emigracion,
-y yo lo creo ahora que lo escribo. Mi quijotesco
-modo de ver las cosas y mi caballeresco desprendimien<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>to
-no fué apreciado por nadie: mi padre me dijo que
-habia hecho mal en no aprovechar mi favor en el partido
-liberal, sacrificio que yo creia muy agradable á su intransigencia
-realista; mi extrañamiento de la sociedad y
-mi vida oscura de diario trabajo, no me procuró más
-amigos que el público; y como todos no son nadie, no
-tuve más amigo que mi trabajo; y como corriendo los
-tiempos cambian las aficiones y las predilecciones sociales,
-yo gané mucha fama con dos ó tres afortunadas
-obras, y llegué á la vejez como la cigarra de la fábula.
-Pero en mis famosas obras se revela la insensatez del
-muchacho falto de mundo y de ciencia, exento de todo
-sentido práctico, y jamás apoyado en principio alguno
-fijo.</p>
-
-<p>Yo debia mi fama á mis inspiraciones románticas de
-Toledo.</p>
-
-<p>Aquella gótica catedral, cuyas esculturas se habian levantado
-de sus sepulcros para venir á cruzar por mis
-romances y mis quintillas; aquel órgano y aquellas campanas
-que en ellos habian sonado; aquellos rosetones,
-capiteles y doseletes; aquellos cláustros católicos, aquellas
-mezquitas moriscas, aquellas sinagogas judías, aquel
-rio y aquellos puentes y aquellos alcázares que habian
-dado á mis <i>repiqueteados</i> y desiguales versos la vistosa
-apariencia de sus festonadas labores de imaginería y de
-crestería, no me habian merecido más que el desprecio
-de su antigüedad y la mofa de su perdida grandeza; y
-aquel pueblo, á cuyas costumbres, á cuyas tradiciones
-y á cuyas consejas debia yo todo el valor de mi poesía
-lírica y legendaria, no me mereció más que el epíteto de
-<i>imbécil</i>, en aquella estrofa, padron de mi infamia:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-
-<div class="line i1">Hoy sólo tiene el gigantesco nombre,</div>
-<div class="line">parodia con que cubre su vergüenza:</div>
-<div class="line">parodia vil en que adivina el hombre<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span></div>
-<div class="line">lo que Toledo la opulenta fué.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tiene un templo sumido en una hondura,</div>
-<div class="line">dos puentes y entre ruinas y blasones</div>
-<div class="line">un alcázar sentado en una altura</div>
-<div class="line">y <i>un pueblo imbécil</i> que vegeta al pié.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>¿Concibe V. poeta más necio y más ingrato, mi querido
-Velarde? ¿Por qué llamé yo <i>imbécil</i> al pueblo de
-Toledo? ¿Por que era religioso y legendario, y pretendia
-yo echármelas de incrédulo y de volteriano? Pues entónces,
-¿por qué seguia buscando fama y favor con mi
-poema de <i>María</i> y con el carácter religioso y creyente
-de todas mis obras? Porque el imbécil era yo: y gracias
-á Dios que me ha dado tiempo, juicio y valor civil para
-reconocer y confesar públicamente en mi vejez mi juvenil
-imbecilidad.</p>
-
-<p>En cuanto á mi ingratitud... por más que me avergüence
-y me humille tal confesion, no quiero morir sin
-hacerla. La muerte de Larra fué el orígen de mis versos
-leidos en el cementerio. Su cadáver llevó allí aquel
-público, dispuesto á ver en mí un génio salido del otro
-mundo á éste por el hoyo de su sepultura; sin las extrañas
-circunstancias de su muerte y de su entierro, hubiera
-yo quedado probablemente en la oscuridad, y tal vez
-muerto en la más abyecta miseria; y apenas me ví famoso,
-me descolgué diciendo un dia:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Nací como una planta corrompida</div>
-<div class="line">al borde de la tumba de un malvado, etc.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Hé aquí un insensato que insulta á un muerto, á quien
-debe la vida; que intenta deshonrar la memoria del
-muerto á quien debe el vivir honrado y aplaudido. ¿Con<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>cibe
-V., Sr. Velarde, un ente más ingrato ni más imbécil?
-Pues ese era yo en 1840; mezcla de incredulidad
-y supersticion, ejemplar inconcebible de progresista retrógrado,
-que ignoraba, por lo visto, hasta la acepcion
-de las palabras que escribia.</p>
-
-<p>Han transcurrido treinta y nueve años: nadie ha venido
-jamás á pedirme cuenta de mis palabras, y aprovecho
-la primera, aunque tardía, ocasion que á la pluma se me
-viene, para dar á quien corresponde una satisfaccion espontánea
-y jamás por nadie exigida; quiero decir: á los
-toledanos de hoy y á los hijos de Larra.</p>
-
-<p>Y en estas últimas líneas, con las que con V. corto
-mi correspondencia, fundo yo más vanidad, mi querido
-Velarde, y espero que halle V. más motivo de estimacion
-que en los cuarenta tomos de versos que lleva escritos
-el autor de <i>D. Juan Tenorio</i>.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>VIII.</h2>
-
-
-<p>Abreviemos este relato, sobre el cual deseo pasar
-como sobre áscuas. Mis memorias son demasiado
-personales para inspirar interés, y demasiado
-íntimas para ser reveladas en vida: temo además
-que parezcan comezon de hablar de mí mismo,
-cuando siento un profundísimo anhelo y tengo perentoria
-necesidad de desaparecer de la escena literaria</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">á vivir en el olvido</div>
-<div class="line">y á morir en paz con Dios.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Corramos, pues, cuatro años en cuatro líneas. Habíame
-hecho conocer como poeta lírico y como lector en
-el Liceo: el editor Delgado me compraba mis versos
-coleccionados en tomos, despues de haber sido publicados
-en <i>El Español</i> y en otros periódicos; pero terminada
-la guerra carlista con el convenio de Vergara, emigró
-mi padre á Francia y era forzoso procurarle recursos.
-Acudí á mi editor D. Manuel Delgado, quien á vueltas
-de larguísimas é inútiles conversaciones no me dejaba
-salir de su casa sin darme lo que le pedia; es decir, ja<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>más
-me lo dió en su casa, sinó que me lo envió siempre
-á la mia á la mañana siguiente del dia en que se lo pedí:
-parecia que necesitaba algunas horas para despedirse
-del dinero, ó que no queria dejarme ver que lo tenia en
-su casa, ó que no era dueño de emplearle sin consulta
-ó permiso prévio de incógnitos asociados. Como quiera
-que fuere, comenzó á pasarme una mensualidad, de la
-cual enviaba parte á mi padre; pero era preciso trabajar
-mucho; y tan falto de ciencia como de tiempo, continué
-produciendo tántas líneas diarias cuantos reales
-necesitaba, sin tiempo de pensar ni de corregir las vanalidades
-que en ellas decia. Comprendiendo al fin que
-no era posible repicar y andar en la procesion, suprimí
-las amistades del café y las visitas de cumplimiento; y
-encerrándome en mi casa cerré su puerta á los ociosos
-y á los gorristas; quedándome reducido á la cariñosa
-amistad de Pastor Diaz, á la proteccion incondicional
-de Donoso Cortés, y á la sociedad de G. Gutierrez, á
-quien quise y quiero como á un hermano mayor, y á la
-de Fernando de la Vera, el corazon más leal y más
-constante de cuantos me han acordado su afecto y
-pasado cariñosamente por las desigualdades de mi carácter.</p>
-
-<p>Años hemos pasado juntos y años sin vernos ni escribirnos;
-al volvernos á encontrar, Gutierrez desplega la
-misma sonrisa semi-séria con que nos despedimos hace
-treinta años, y Fernando de la Vera, de prodigiosa memoria,
-toma la conversacion donde la dejamos hace
-veinte. Yo admiro y saboreo aún los versos de G. Gutierrez,
-aunque ya él no me los lee, y Fernando de la
-Vera se admira de haber escrito los suyos, sin haber tenido
-jamás necesidad de escribirlos. Los Villa-Hermosa
-habian desaparecido de Madrid; y cuando yo leia mis<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span>
-versos en las sesiones del Liceo, en los salones de su
-palacio, esperaba siempre ver aparecer por detrás de
-algun tapiz la severa figura del viejo duque, que me
-perdonaba las muchachadas que le enojaron, ó la pálida
-hermosura de la duquesa, que tengo aún en las pupilas
-como la imágen de la duquesa de quien habla Cervantes,
-ó la faz, en fin, semi-burlona del actual duque,
-que venia á decirme: «Mira cómo te regocijas en mi
-casa, como si estuvieras en la tuya.» Los Madrazos se
-habian dividido en muchas familias, y Espronceda entre
-sus ruidosos amigos me llamaba el viejo de veinticuatro
-años.</p>
-
-<p>Pero era preciso vivir, y para vivir era forzoso trabajar.
-La casualidad, que es la providencia de los españoles,
-y la debilidad de García Gutierrez para conmigo,
-me abrieron campo más ancho, franqueándome la escena,
-cuando más necesitaba variar y acrecentar mis
-medios de accion y de subsistencia.</p>
-
-<p>No recuerdo por qué ni cómo, porque aún no conocia
-el teatro por dentro, habia quedado Madrid aquel
-verano sin compañía dramática alguna, ni por qué ni
-cómo andaban por las provincias Matilde, los Romeas
-y los empresarios habituales de sus coliseos: el hecho
-era que desde fines de Mayo actuaba en el del Príncipe
-una sociedad improvisada, bajo un programa tan modesto
-que no anunciaba más pretensiones que la de no
-dejar al público de Madrid sin ningun espectáculo. Componíanla
-García Luna, Juan Lombía, Pedro Lopez, Alverá,
-Bárbara y Teodora Lamadrid, la Llorente, la Puerta
-como graciosa, Azcona, Monreal y media docena de
-bailarinas. Luna y la Bárbara eran ya actores de reputacion;
-Azcona y la Llorente eran resto de las buenas
-compañías de Grimaldi: Breton no habia aún escrito<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span>
-para Lombía <i>El pelo de la dehesa</i>, y no habia tenido
-aún tiempo Teodora de abordar los grandes papeles.
-Una mañana de Junio, miércoles ántes de un <i>Corpus
-Christi</i>, pasaba yo por la calle Mayor, de vuelta de casa
-de Delgado, á quien no habia podido ver; acordéme de
-que hacia más de un mes que no veia á G. Gutierrez,
-que habitaba en un piso principal de los soportales, y
-me ocurrió verle y ver si él me procuraba el dinero que
-de Delgado no habia obtenido. Colocaban los operarios
-del municipio el toldo para la procesion del dia siguiente;
-y como yo anduviese por entónces muy dado á la
-gimnasia, para fortalecer el brazo izquierdo que me habia
-roto de muchacho, y como dos cuerdas del toldo colgasen
-hasta la calle, aseguradas en el balcon de G. Gutierrez,
-trepé á su aposento por tan inusitado camino,
-encontrándole todavía acostado, á pesar de ser cerca
-de medio dia. Nuestra conversacion no fué muy larga.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué tienes? ¿Por qué estás aún en la cama?</p>
-
-<p>&mdash;Porque me aburro: y tú, ¿qué traes?</p>
-
-<p>&mdash;Mohina por no haber encontrado á Delgado en
-casa.</p>
-
-<p>&mdash;¿Necesitas dinero?</p>
-
-<p>&mdash;¿Cuándo no?</p>
-
-<p>&mdash;Pues dos dias hace que estoy yo aquí discurriendo
-de dónde sacar dos mil reales.</p>
-
-<p>&mdash;¡Pero, hombre, tú, con ofrecer una obra al teatro!..</p>
-
-<p>&mdash;No tengo más que medio acto de un drama.</p>
-
-<p>&mdash;Pues yo te ayudaré; y haciendo en tres dias tres
-actos cortos, yo me encargo de sacarle á Delgado el
-precio del derecho de impresion, y tú puedes tomar los
-de representacion de la compañía del Príncipe, que verá
-el cielo abierto de tener en Junio un drama del autor del
-<i>Trovador</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p>
-
-<p>Hice á Gutierrez oferta tal, sin pesar más que mi buen
-deseo, y aceptóla él sin pensar en mi inexperiencia del
-arte dramático, ni la distancia que entre él y yo mediaba.
-Convinimos en que él me escribiria el plan de su
-obra y vendria á las cuatro á comer con mi familia,
-para repartirnos el trabajo. Hízolo así Gutierrez; leyóme
-las dos primeras escenas que tenia escritas: tocóme
-á mí escribir el acto segundo, y nos despedimos al anochecer
-para juntarnos el jueves á las cuatro, á examinar
-el trabajo por ambos hecho en la noche. El jueves
-me trajo dos escenas más, y leíle yo todo el acto segundo.
-Asombróle mi trabajo y esclamó:&mdash;¡Demonio! ¿Cómo
-has hecho eso?&mdash;Pues poniéndome á trabajar ayer en
-cuanto te fuiste, y no habiéndolo dejado ni para dormir,
-ni para almorzar.</p>
-
-<p>Fuése picado, y concluyó su primer acto en aquella
-noche: el viernes concluimos cada cual la mitad del tercero
-que le tocó: el sábado lo copié yo, el domingo lo
-presentó él al teatro y cobró tres mil reales, y el lunes
-cobré yo otros tres mil de Delgado... y no siguió aburriéndose
-García Gutierrez, y envié yo á mi padre dos
-mensualidades, y ganosos los actores de complacer al
-público, y éste de recompensarles su buena voluntad,
-se representó y se aplaudió el drama <i>Juan Dándolo</i>; en
-cuyo apellido esdrújulo veneciano cargamos nosotros el
-acento en su segunda sílaba, por razones que no hay
-necesidad de aducir: y cátenme ya autor dramático por
-gracia de García Gutierrez, que me aceptó en él por su
-colaborador.</p>
-
-<p>Mi innata é inconsciente audacia me arrastró á escribir
-inmediatamente mi <i>Cada cual con su razon</i>, en
-cuya comedia atropellé la historia, clavándole á Felipe
-IV un hijo como una banderilla; pero la limpia y<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>
-armoniosa diccion de Bárbara Lamadrid, la intencionada
-representacion de García Luna, el empeño de
-Lombía, el esmero de Alverá en ensayar como profesor
-de esgrima el duelo á cuatro con espada y daga del primer
-acto, el discreteo galan de algunas escenas, y mi
-insolente fortuna sobre todo, hicieron parecer un éxito
-la benevolencia del público con el atrevido mozalvete,
-autor de aquel afiligranado desatino.</p>
-
-<p>«A mí que las vendo,» me dije: y á los dos meses
-presenté mis <i>Aventuras de una noche</i>, comedia en la
-cual levanté un chichon histórico á don Pedro de Peralta
-y otro al príncipe de Viana. Al infantil enredo de
-esta mi segunda comedia dieron un alto relieve la Bárbara
-y la Llorente: y á fin de año dí mi primera parte
-de <i>El Zapatero y el Rey</i>, en cuyo drama hizo Luna
-maravillas, y yo una conjuracion de muchachos de colegio,
-que no hay narices con que admirar; pero en
-cuyo argumento hay realmente el gérmen de un drama.</p>
-
-<p>Desde aquella noche quedé, como un mal médico con
-título y facultades para matar, por el dramaturgo más
-flamante de la romántica escuela, capaz de asesinar y de
-volver locos en la escena á cuantos reyes cayeran al
-alcance de mi pluma. Dios me lo perdone: pero así comencé
-yo el primer año de mi carrera dramática, con
-asombro de la crítica, atropello del buen gusto y comienzo
-de la descabellada escuela de los espectros y asesinatos
-históricos, bautizados con el nombre de dramas
-románticos.</p>
-
-<p>Si entónces hubiera vuelto mi padre de la emigracion,
-y él con su jubilacion de consejero de Castilla
-(que más tarde le concedió S. M. la Reina doña Isabel)
-y yo con el producto de mis leyendas, hubiéramos cuidado
-de nuestro solar y de nuestras viñas, habríamos<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>
-ambos vivido en paz; habria él muerto tranquilo y sin
-deudas, y hubiérame yo ahorrado tántos tumbos por el
-mar y tántos tropezones por la tierra, acosado por la envidia
-y por las calumnias de los que codician una gloria
-que no es más que ruido y unas coronas de papel,
-bajo cuyas hojas sin sávia vienen siempre millones de
-espinas, que bajan atravesando el cerebro á clavarse
-en el corazon de los que en España llegan á la celebridad
-literaria.</p>
-
-<p>Pero mi padre, tenaz en sus opiniones, se obstinó
-en no acogerse á amnistía alguna; mi infeliz madre siguió
-oculta por las montañas, no queriendo ver ni aprovechar
-la tolerancia del progreso; y Lombía, al hacerse
-empresario del teatro de la Cruz, me ofreció un sueldo
-mensual por no escribir para el del Príncipe, á donde
-volvieron Matilde y Julian, y ajustó á Cárlos Latorre
-con la condicion de que estrenara mi segunda parte de
-<i>El Zapatero y el Rey</i>, de la cual habia yo hablado,
-como consecuencia del ensayo hecho en la primera.</p>
-
-<p>Lombía, actor de ambicion, empresario activo y espíritu
-tan malicioso como previsor, habiendo crecido
-en reputacion con la ayuda de las obras de Breton y de
-Hartzenbusch, sus amigos casi de infancia, no desaprovechó
-la doble ocasion, que á la mano se le vino, de
-interesar pecuniariamente en su empresa á Fagoaga, director
-entónces del Banco, y de ajustar en su compañía
-á Cárlos Latorre; á quien Julian Romea, su discípulo,
-habia desdeñado, dejándole sin ajuste en la suya del
-Príncipe. Latorre era el único actor trágico heredero de
-las tradiciones de Maiquez y educado en la buena escuela
-francesa de Talma. Su padre habia sido alto empleado
-en Hacienda, intendente de una provincia, en
-tiempos anteriores; y Cárlos, buen ginete, diestro en las
-<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>
-armas y de gallarda y aventajada estatura, habia sido
-paje del Rey José, y adquirido en Francia una educacion
-y unos modales que le hacian modelo sobre la
-escena. Grimaldi, el director más inteligente que han
-tenido nuestros teatros, habia amoldado sus formas clásicas
-y su mímica greco-francesa á las exigencias del
-teatro moderno, haciéndole representar el capitan Buridan
-de <i>Margarita de Borgoña</i> de una manera tan intachable
-como asombrosa y desacostumbrada en nuestro
-viejo teatro. Cárlos Latorre no era ya jóven, pero
-no era aún de desdeñar, sobre todo si se le procuraba
-un repertorio nuevo, en cuyos nuevos papeles, obligándole
-á concluir de perder sus resabios de amaneramiento
-francés, se le abriese un nuevo campo en que desplegar
-sus inmensas facultades.</p>
-
-<p>Lombía se apresuró á ajustarle en su compañía del
-teatro de la Cruz, en la renovacion de cuyo escenario y
-decoracion de cuya sala gastó cerca de cuarenta mil
-duros; y agregándose al erudito y estudioso galan Pedro
-Mate, á la Antera y á la Joaquina Baus, heredera ésta
-de los papeles del teatro antiguo de la Rita Luna, y
-hermosísima dama de <i>Lo cierto por lo dudoso</i>, y á las
-dos Lamadrid, Bárbara, ya acreditada, y Teodora, esperanza
-justa del porvenir, juntó una numerosa aunque
-algo heterogénea compañía, de la cual no supo sacar
-partido por dejarse llevar de su vanidad personal y de
-las miserables rencillas de bastidores, dividiéndola en
-dos y sacrificando una mitad en provecho de la otra.</p>
-
-<p>Pero es larga materia, y merece número aparte.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>IX.</h2>
-
-
-<p>Hacia ya tres meses que habia abierto Lombía el
-teatro de la Cruz, corregido y aumentado con un
-espacioso escenario y un nuevo telar que permitian
-poner en escena las obras que más aparato exigiesen;
-pero como dueño de su caballo, se habia
-apeado por las orejas, y no habia puesto más que obras,
-en las cuales como en <i>El Cardenal y el judío</i>, se habian
-gastado muchos dineros á cambio de algunos silbidos y
-del desden y la ausencia del público. Julian y Matilde
-con su compañía marchaban miéntras viento en popa,
-llevándose con justicia su favor y sus monedas al teatro
-del Príncipe. Lombía era un gracioso de buena ley y un
-característico de primer órden en especiales papeles; era
-uno de los actores más estudiosos y que más han hecho
-olvidar sus defectos físicos con el estudio y la observacion.
-Su figura era un poco informe por su ninguna esbeltez
-y flexibilidad; su fisonomía inmóvil, de poca expresion;
-y sus piernas un si es no es zambas; cualidades
-personales que, en lo gracioso y lo característico, le
-daban el sello especial del talento, pues se veia que luchando
-consigo mismo de sí mismo triunfaba; pero le
-<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span>
-hacian desmerecer en los papeles y con los trajes de
-galan, cuya categoría tenia afan de asaltar, saliéndose
-de la suya, en la cual algunas veces era una verdadera
-notabilidad: como en D. Frutos de <i>El pelo de la dehesa</i>,
-en el Garabito de <i>La redoma encantada</i> y en el exclaustrado
-D. Gabriel de <i>Lo de arriba abajo</i>. En tal empeño,
-y luchando desventajosamente con la competencia del
-Príncipe, llegó Lombía en el teatro de la Cruz á las fiestas
-de Navidad, habiendo agotado el bolsillo de Fagoaga
-y la paciencia del público.</p>
-
-<p>Cárlos Latorre y la parte de la compañía que en su
-género sério le secundaba, apenas habia trabajado en
-unos cuantos dramas viejos, de los cuales estaba ya el
-público hastiado; y si la obra que en Navidad se estrenara
-no sacaba á flote la nave de la Cruz del bajío en
-que Lombía la habia hecho encallar, tenia las noventa
-y nueve contra las ciento de naufragar ántes de Reyes.
-Todos los autores de alguna reputacion estaban
-con Romea: excepto yo, que tenia señalados, pero no
-los cobraba, mil quinientos reales mensuales por no escribir
-para el Príncipe, y la obligacion de presentar un
-drama en Setiembre y otro en Enero. El 21 de Setiembre
-habia presentado la <i>Segunda parte del Zapatero y el Rey</i>:
-llegó, empero, el 23 de Diciembre, y se puso en escena,
-con grandes esperanzas, una <i>Degollacion de los inocentes</i>,
-arreglada del francés, y en la cual hacía Lombía el
-papel del <i>rey Herodes</i>. Fagoaga habia consentido en suplir
-gastos y abonar sueldos hasta la primera representacion
-de Noche-buena; pero los inocentes fueron degollados
-en silencio en el acto segundo, en medio de cuya
-degollina se presentó Lombía con el flotante manto y el
-tradicional timbal de macarrones en la cabeza, con el
-que solian representar á Herodes los pintores y esculto<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>res
-de imaginería de la Edad Media; y el drama continuó
-arrastrándose penosamente hasta su final entre los
-aplausos de los amigos de la empresa, á quienes nos interesaba
-su porvenir, y la hilaridad del público de Noche-buena,
-que tomó en chunga á Herodes y á sus
-niños descabezados.</p>
-
-<p>Entónces recordó la empresa que yo habia cumplido
-mi contrato, y que mi rey D. Pedro descansaba en el
-archivo, y preguntó si habria medio de ponerle en escena
-con la rapidez que exigian las circunstancias, y como
-tabla de salvacion del <i>Naufragio de la Medusa</i>, que
-habia tambien naufragado ántes del degollador Tetrarca
-Hierosolimita.</p>
-
-<p>El pintor-maquinista Aranda, que era amigo mio,
-habia armado y pintado en ratos perdidos, y con <i>palitos
-y tronchitos</i>, como se dice en lenguaje de bastidores,
-las decoraciones de mi drama: Latorre, Noren, Mate y
-la Teodora habian estudiado sus papeles, por no tener
-cosa mejor en que pasar su tiempo; de modo que con
-un poco de la buena voluntad á que obliga la necesidad
-con su cara de hereje, el rey D. Pedro podia presentarse
-al público con tres ensayos y el paso de papeles.
-Pero habia la dificultad de que el papel del zapatero
-requeria un primer actor, y Latorre y Mate se habian
-ya encargado de los del rey D. Pedro y del infante Don
-Enrique. Yo me fuí derecho á Lombía, por consejo de
-Cárlos Latorre, y le dije: que el papel de zapatero era
-el principal del drama, puesto que se titulaba <i>El Zapatero
-y el Rey</i>, y no <i>El Rey y el Zapatero</i>; que los maldicientes
-malquerientes de la empresa, y nuestros enemigos
-naturales (que eran los del teatro del Príncipe),
-decian que no se atreveria nunca á presentarse en escena
-con Cárlos Latorre, y que por eso habia dividido en dos<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span>
-la compañía; que yo habia escrito el papel de Blas expresamente
-para él, y que finalmente, el único modo
-de salvar el teatro y mi pobre drama, que trás de tantos
-tumbos y naufragios se iba á hacer á la mar, necesitaba
-al capitan del buque para cuidar del timon.</p>
-
-<p>Lombía, ó vencido por mis razones, ó viendo que el
-papel era de aplauso seguro, aunque el drama no gustara,
-cayó en el lazo, aceptó el papel, se activaron los
-ensayos y llegó el momento de redactar el cartel. Aquí
-era ella. ¿Qué nombre iria en él delante? ¿El de Cárlos
-ó el suyo? Las vanidades del teatro son más incapaces
-de transaccion que las de D. Alvaro de Luna y del conde-duque
-de Olivares: Cárlos cedió, en obsequio á mí;
-pero me costaba la transaccion más tal vez de lo que valia
-el drama: se me impuso la condicion de que habia de
-consentir que se anunciase con mi nombre; cosa inusitada
-hasta entónces, y áun muy rara vez usada hoy en
-dia. Neguéme yo á semejante innovacion, alegando que
-era un alarde de vanidad que iba á atraer indudablemente
-una silba sobre mi obra, y que mi nombre puesto
-en los anuncios desde la primera representacion, era un
-cartel de desafío, cuyo guante arrojaba la empresa y
-cuyo campeon inmolado iba á ser el pobre autor en cuyo
-nombre lo arrojaba. Sostuvo la empresa su opinion,
-alegando que, en el estado en que se hallaba el teatro,
-sólo mi nombre atraeria gente á la primera representacion,
-y que era una falsa modestia el encubrir mi nombre,
-porque ¿á quién se podria ocultar que habria escrito la
-segunda parte el mismo que habia escrito la primera?
-Yo, entre la espada y la pared, pospuse mi derecho al
-bien de la empresa; y una mañana apareció el cartel
-anunciando la primera representacion de la <i>segunda parte</i>
-de <i>El Zapatero y el Rey</i>, por D. José Zorrilla: y el<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span>
-nombre del poeta más pequeño que habia en España,
-apareció en las letras más grandes que en cartel de teatros
-hasta entónces se habian impreso.</p>
-
-<p>Resultó lo que yo habia previsto: todos los poetas,
-periodistas y escritores de Madrid,&mdash;excepto Hartzenbusch
-y Leopoldo Augusto de Cueto, hoy marqués de
-Valmar, que me sostuvieron y ampararon siempre, y
-el Curioso Parlante, que no sé si habia ido más que á la
-inauguracion del teatro de la Cruz,&mdash;se dieron de ojo
-para preparar la más estrepitosa caida á mi forzada vanidad:
-las cañas se me volvieron lanzas, y mis mejores
-amigos tornaron la espalda al orgulloso chicuelo que
-decia al firmar el cartel&mdash;«¡aquí estoy yo!&mdash;ficó Blas y
-punto redondo.»&mdash;Apeché yo con la desventaja de la lucha
-y me resolví á morir en brava lid, como el gladiador
-á quien decia «digitum porgo» el pueblo de los
-circos de Roma. La empresa y los actores tomaron despechados
-á pechos llevar el drama adelante, y la noche
-del ensayo general estaba el teatro más lleno que lo iba á
-estar la de la primera representacion. Una multitud <i>de
-amigos</i> fué á estudiar las situaciones débiles, y las escenas
-difíciles y atacables de mi obra, para herirla á golpe
-seguro y en sitio mortal.</p>
-
-<p>Era esta una escena del acto tercero. Pedro Mate,
-actor cuidadoso, idólatra de su arte y enamorado de mi
-drama por la amistad que me tenia, se habia encargado
-del ingrato papel de D. Enrique; y encariñado con él
-se habia hecho, no solamente un costoso traje, sinó una
-sombra de fino alambre y bien engomada gasa, moldeada
-sobre su mismo cuerpo, para que apareciese en el
-lugar en que mi acotacion la reclamaba. Aquella sombra
-era una maravilla de trabajo y de parecido: era un
-Pedro Mate, un infante D. Enrique flotante y <span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>transparente
-como una aparicion de vapor ceniciento: era una sombra
-del rey bastardo de un efecto maravilloso; pero
-cuanto más ligera, fantástica y asombrosa era aquella
-sombra, era tanto más difícil de manejar. Puesto sobre
-el fondo cárdeno de la piedra de la torre de Montiel al
-lado de Mate, daba frio y parecia fantasma desprendida
-del mismo D. Enrique; pero como Mate la habia ideado
-y confeccionado sobre mi acotacion que dice: «La sombra
-de D. Enrique... <i>aparece en lo alto del torreon, bajando
-poco á poco hasta colocarse en frente del rey</i>.»
-Mate la habia registrado en dos alambres paralelos en
-plano inclinado; pero por más exactamente paralelos y
-perfectamente aceitados que estuviesen, la figura de
-gasa cabeceaba al moverse, y bajaba tambaleándose
-como borracha, convirtiendo la aparicion temerosa en
-ridículo maniquí. Añadióle Mate peso en la cabeza
-y pataleaba como un ahorcado; púsosele á los piés y
-cabezeaba como los gigantones de Búrgos: cuanto
-más ensayábamos la presentacion de la sombra, más
-mala sombra tenia para el drama y para la empresa:
-y á las tres de la madrugada desocuparon los amigos
-y los curiosos el teatro diciéndonos: «hasta mañana.»</p>
-
-<p>Cárlos Latorre, despues de arrancar de cólera con las
-uñas una media caña dorada de la embocadura, se fué
-á su casa renegando de la empresa, del drama, del autor
-y de la hora en que se ajustó en aquel desventurado
-teatro; y en él nos quedamos solos, Lombía paseándose
-por detrás de los torreones de carton de Montiel, el maquinista
-Aranda por delante con intenciones de quemarlos,
-el pintor Esquivel en una butaca de proscenio hilvanando
-una retahila de interjecciones de Andalucía, y
-yo respaldado en la embocadura sin poder digerir aquel<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>
-«hasta mañana» con que los amigos me habian emplazado
-tan sin merecerlo.</p>
-
-<p>Aranda, que como una zorra cogida en trampa, daba
-vueltas por el proscenio, sin hallar salida para una idea
-en la confusion en que sentia entrampado su pensamiento,
-trabó un pié en un aparato de quinqués, portátil,
-volcólo rompiendo los tubos y vertiendo el aceite
-sobre un forillo que por tierra estaba, y al mismo tiempo
-que soltó alto y redondo uno de los votos que Esquivel
-ensartaba por lo bajo, se levantó éste exclamando&mdash;¡ya
-está!&mdash;y trepando á la escena, empezó á extender el
-aceite por la tela del forrillo, miéntras acudíamos Lombía
-y yo á ver el estropicio de Aranda y la untura que Esquivel
-seguia dando al lienzo sin cesar de repetir: «Ya
-está, hombres, ya está!» De repente comprendimos el
-«ya está» de Esquivel por lo que éste hizo; tomóme de
-la mano Lombía, y sacándome del teatro y dejando en
-él á los dos pintores, nos despedimos todos «hasta mañana,»
-y al cruzar la plazuela de Santa Ana para irme
-con el alba que ya lucia, á mi casa, núm. 5 de la plaza
-de Matute, lancé al aire con todo el de mis pulmones,
-aquel «¡hasta mañana!» que no habia podido digerir.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<h2>X.</h2>
-
-
-<p>Llegó, en fin, aquel mañana, que en los teatros es
-siempre noche. El despacho del de la Cruz estaba
-cerrado, porque todas sus localidades estaban ya
-vendidas. El alumbrante habia ya encendido los
-quinqués de los pasillos; los actores pedian ya luz
-para sus cuartos, y los comparsas se probaban los arrequives
-que mejor convenian á sus tan desconocidas
-como necesarias personalidades. Los comparsas son en
-el teatro y en la política de España lo más arriesgado
-y difícil de presentar.</p>
-
-<p>Tenia yo por contrata el derecho de ocupar el palco
-bajo del proscenio de la izquierda en todas las funciones,
-excepto en las de beneficio: generosidad que hasta entónces
-no habia costado nada á la empresa, porque
-apenas habia tenido diez entradas llenas, fuera de los
-estrenos: mi familia entraba en el teatro por la plaza del
-Angel, y al palco por el escenario; con cuya costumbre
-sólo los actores me veian en el teatro, á donde no iba
-yo nunca á hacerme ver, sino á estudiar desde el fondo
-escondido del palco lo que en escena pasaba, y el trabajo
-de los actores para quienes me habia comprometi<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>do
-á escribir. Aquella noche ocupó mi familia el palco
-cuando aún estaba á oscuras la sala, dentro de cuyo escenario
-por todas partes hacia miedo; yo subí al cuarto
-de Cárlos Latorre.</p>
-
-<p>Estaba solo con Agustin, el ayuda de cámara que
-le vestia, á quien hallo aún en la portería de un teatro,
-y á quien doy la mano como si fuera un antiguo
-camarada de glorias y fatigas: no há muchas semanas
-me hizo venir las lágrimas á los ojos recordando á su
-amo á quien adoraba; y eso que dice el refran que «no
-hay hombre grande para su ayuda de cámara,» pero
-este refran es francés, y en España falso por consiguiente.
-Cárlos se vestia cabizbajo, y la primera palabra que
-me dijo: fué «tengo miedo.»&mdash;«Yo le tengo siempre, le
-contesté; aunque nunca lo manifiesto.»&mdash;«¡Y yo que
-le esperaba á V. para que me diera valor!» repuso: á lo
-cual, cerrando la puerta y mandando al ayuda de cámara
-que no dejara entrar á nadie, le dije: «Hablemos
-cuatro minutos: y si despues de lo que le diga no se
-siente V. con más valor que Paredes en Cerignola, no
-será por culpa mia.»</p>
-
-<p>Cárlos era un hombron de cerca de seis piés de estatura
-y podia tenerme en sus rodillas como á una criatura
-de seis años. Habia conocido á mi padre, superintendente
-general de policía; le habia debido algunas atenciones
-en los difíciles tiempos en que mandaba en Madrid
-y presidia los teatros; le habia Cárlos prestado
-armas y trajes para que yo hiciera comedias en el Seminario
-de Nobles, y habia yo empezado á declamar
-tomando á éste por modelo: pero por una de esas revoluciones
-naturales en el progreso del tiempo, habíame
-éste colocado en la situacion de tenerle que hacer observaciones
-y darle consejos; que, en honor de la ver<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>dad,
-escuchó y siguió con la conviccion de que eran dados
-con la más sincera franqueza y la más fraternal
-buena fé. Durante dos semanas nos habíamos encerrado
-en su estudio, él y yo sólos, y allí me habia hecho leerle
-y releerle su papel y decirle sobre su desempeño todo
-cuanto pudo ocurrírseme. Él, el primer trágico de España,
-sin sucesor todavía, la primera reputacion en la escena,
-escuchó con atencion mis reflexiones y se convenció
-por ellas de que su aversion á los versos octosílabos
-y al género de nuestro teatro antiguo era injusta: de que
-su declamacion de los endecasílabos del Edipo conservaba
-aún cierto dejo francés, que sólo le haria perder la
-recitacion de los versos de arte menor, y de que las redondillas
-de mi rey D. Pedro, escritas por un lector y
-teniendo los alientos estudiadamente colocados para
-que el actor aprovechara sin fatiga los efectos de sus
-palabras, le debian de presentar ante el público, bajo
-una nueva faz y como un actor nuevo en el teatro Español,
-sin las reminiscencias del francés, que era el
-único defecto que el público alguna vez le encontraba.
-Todo esto habia yo dicho á mis veinticuatro años
-á aquel coloso de nuestra escena, que iba á presentarse
-aquella noche en el papel del rey D. Pedro, transformado
-en otro actor diferente del hasta entónces conocido
-por gracia y poder de un muchachuelo atrabiliario,
-que se habia atrevido á decir la verdad á un
-hombre de verdadero talento y de verdadera conciencia
-artística.</p>
-
-<p>Cuando aquel gigante se quedó solo en su cuarto con
-aquel chico, hé aquí lo que éste le dijo á aquel:</p>
-
-<p>«Dice el vulgo, mi querido Cárlos, que este teatro es
-un panteon donde Lombía ha reunido una coleccion de
-mómias, que un chico loco está empeñado en galvani<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>zar.
-Usted es una de estas supuestas mómias, y yo el
-loco galvanizador; pero yo, que le quiero á V. con toda
-mi alma, y que espero que su voz de V. llegue con las
-palabras de mi rey D. Pedro hasta los oidos de mi padre,
-emigrado en Burdeos, necesito que resucite usted,
-aunque me deje en la oscuridad de la fosa de que usted
-se alce. Jugamos esta noche V. y yo el todo por el
-todo; pero, aunque se hundan el autor y el drama, es
-forzoso que el actor se levante; nuestro público tiene
-aún en sí el gérmen del entusiasmo revolucionario de la
-época, y el personaje que va V. á representar será
-siempre popular en España. Vamos á tener además un
-poderoso auxiliar en Mr. de Salvandy, el embajador
-francés, que ha pedido ya sus pasaportes y un palco
-para asistir inconsciente á la representacion; «ya verá
-usted la que se arma cuando salga Beltran Claquin.»&mdash;Cárlos
-Latorre brincó, oyendo esto, de la silla en que estaba
-sentado, y yo seguí diciéndole: «con que haga usted
-cuenta que representa V. á Sanson, y asegúrese bien de
-las columnas; aunque no le darán á V. tiempo de derribar
-el templo.»&mdash;Mucho me temo que me le den, me dijo no
-muy confortado por mis palabras.&mdash;¡Qué diablos! repuse
-yo, si se le dan á V. sepúltese con todos los filisteos.
-Yo me voy á mi palco.&mdash;Pero, ¿y la sombra, que
-ni siquiera he visto? me dijo viéndome tomar la puerta.&mdash;Fíese
-V. en Aranda, que tiene ya luz con que producirla,
-le respondí, escapándome por el escenario.</p>
-
-<p>Cuando entré en mi proscenio, ya habia empezado la
-sinfonía y el teatro estaba lleno. Nunca he tenido más
-miedo, ni más resolucion de provocar á la fortuna. A
-los tres cuartos para las nueve se alzó el telon; el frio
-del escenario entró en mi palco, sin que yo le dejara
-entrar en mi corazon. Se oyó el primer acto en el más<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>
-sepulcral silencio; cayó el telon sin un aplauso, pero yo
-conocí que la impresion que dejaba no me era desfavorable.</p>
-
-<p>Cárlos comprendió que necesitaba todo su brío y su
-talento para atraerse á un público tan mal prevenido, y
-al levantarse el telon para el acto segundo, encabezó su
-papel con uno de esos pormenores que sólo saben dar á
-los suyos los cómicos como Cárlos Latorre. El rey don
-Pedro se presenta de incógnito en el primer acto de mi
-obra: al presentarse Cárlos en el segundo, presentó la
-figura del rey como un modelo de estatuaria; apoyado
-el brazo izquierdo en el respaldo de su sillon blasonado
-de castillos y leones, y el derecho en una enorme espada
-de dos manos. Vestia un jubon grana con dos leones
-y dos castillos cruzados, bordados en el pecho; un calzon
-de pié, anteado y ajustado, sin una arruga, borceguíes
-grana bordados y con acicates de oro, y gola y
-puños de encaje blancos; tocando su cabeza con un ancho
-aro de metal, que así podia tomarse por birrete como
-por corona; de debajo de la cual, asomando sobre la
-frente el pelo cortado en redondo y cayendo por ambos
-lados las dos guedejas rubias, encuadraban un rostro
-copiado del busto del sepulcro del rey D. Pedro en Santo
-Domingo el Real. Era Cárlos Latorre un hombre de
-notables proporciones y correccion de formas: sus piernas
-y sus brazos, clásicamente modelados, daban movimiento
-á su figura con la regularidad académica de las
-de los relieves y modelos de la estatuaria griega: siempre
-sobre sí, en reposo y en movimiento, estaba siempre
-en escena; y ni el aplauso ni la desaprobacion le hacian
-jamás salirse del cuadro ni descomponerse en él. Al empezar
-el acto segundo, su figura semi-colosal, vestida de
-ante y de grana, se destacaba sobre el fondo pardo de un<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>
-telon que representaba un muro de vieja fábrica, reposando
-perfectamente sobre su centro de gravedad, ligeramente
-escorzada y en actitud tan intachable como
-natural; y así permaneció inmóvil, hasta que el público
-aplaudió tan bello recuerdo plástico del rey caballero á
-quien iba á representar; y no rompió á hablar hasta que
-el general aplauso espiró en el silencio de la atencion:
-parecia que allí comenzaba el drama. El gigante habia
-tenido en cuenta el consejo del muchacho pigmeo, y el
-actor habia ganado para sí al público que tan hosco se
-mostraba con el autor.</p>
-
-<p>En la escena endecasílaba con Juan Pascual desplegó
-Cárlos todas sus poderosas facultades orales y toda la
-clásica maestría de su dominio de la escena; la cual estaba
-estudiada con tan minucioso cuidado, que tenian
-marcado su sitio los piés de los comparsas, los de Juan
-Pascual y los suyos para la escena penúltima; y al decir
-al conspirador que si el cielo se desplomara sobre su cabeza
-le veria caer sin inclinarla, rugió como un leon
-estremeciendo al auditorio; y al barrer, despues de un
-gallardísimo molinete de su tremendo mandoble, las
-once espadas de los conjurados, al tiempo que el antiguo
-zapatero Blas abria tras él la puerta de salvacion, el público
-entero se levantó en pró del rey que tan bien se
-servia de sus armas, y aplaudió entusiasta la promesa de
-su vuelta para el acto siguiente. El actor habia ganado
-la primera jugada de una partida de tres. El rey habia
-derrotado el ala derecha del enemigo: el público no habia
-visto jamás un combate tan bien ensayado en los teatros
-de Madrid, y pedia ¡el autor! que no parecia. Alzóse el
-telon sobre Cárlos Latorre; y cuando éste, dirigiendo la
-vista á mi palco me dirigia una mirada de indefinible satisfaccion,
-esperando que yo saltase á la escena para<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span>
-compartir con él un triunfo que era solamente suyo,
-oyó con asombro á Felipe Reyes, <i>autor de la compañía</i>,
-decir: «Señores, el nombre del autor está en el cartel y
-el Sr. Zorrilla en su palco; pero suplica al público que
-no insista en su presentacion, porque tiene mucho miedo
-al tercer acto.»</p>
-
-<p>El público de entónces entraba en el teatro á ver la
-representacion y se embebecia con lo que en ella pasaba;
-entendió que mi miedo era natural y no insistió en
-llamar al autor; pero continuó aplaudiendo, ayudado de
-<i>mis amigos</i> que me tenian aplazado y me esperaban en
-el acto tercero.</p>
-
-<p>Levantóse el telon para éste. Era la primera vez que
-se veia la escena sin bastidores: Aranda, malogrado é
-incomparable escenógrafo, presentó la terraza de la
-torre de Montiel dos piés mas alta que el nivel del escenario;
-de modo que parecia que los cuatro torreones que
-la flanqueaban surgian verdaderamente del foso, y que
-los personajes se asomaban á las almenas; desde las cuales
-se veian en magistralmente calculada perspectiva las
-blancas y diminutas tiendas del lejano campamento del
-Bastardo, destacándose todo sobre un telon circular de
-cielo y veladuras cenicientas, representacion admirable
-de la atmósfera nebulosa de una noche de luna de invierno.
-El pendon morado de Castilla, clavado en medio
-de la terraza en un pedestal de piedra, se mecia por
-dos hilos imperceptibles, como si el aire lo agitára, y el
-aire entraba verdaderamente en la sala por el escenario,
-desmontado y abierto hasta la plaza del Angel. La silueta
-fina de la Teodora, cuya pequeña y graciosa cabeza,
-tocada con sus ricas trenzas negras, se dibujaba
-sobre el blanquecino celaje, animaba aquel cuadro sombrío,
-cuya ilusion era completa. Cárlos y Lumbreras<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span>
-yacian absortos en profunda meditacion en los dos
-ángulos del fondo, de espaldas al público, que aplaudió
-largo rato, y el pintor continuaba el triunfo del actor.
-Teodora dió á sus breves escenas una melancolía tan
-poética, Lombía al suyo una resignacion tan adustamente
-resuelta, y prepararon tan maestramente la escena
-fantástica del fatalismo bajo el cual se iba á presentar
-el rey D. Pedro, que cuando éste se levantó, el público
-estaba profundamente identificado con aquella absurda
-y fantástica situacion. Oyóse en silencio todo el acto;
-colocóse Lumbreras (Men-Rodriguez de Sanábria) sobre
-el torreon del fondo de la izquierda, y salió el rey con
-la lámpara del judío. Cárlos, al colocarla sobre el pedestal,
-me echó una mirada que queria decir: ¡Y la sombra!
-Yo permanecí impasible para no turbarle, y empezó su
-monólogo con el temblor del miedo que tenia á la sombra,
-y que hizo, por lo mismo que era un miedo real,
-un efecto maravillosamente pavoroso en los espectadores.
-<i>¡Brotó la llama!</i> dijo el rey D. Pedro, y apareció
-detrás de él, cenicienta, callada é inmoble, la sombra
-transparente de D. Enrique sobre el oscuro torreon:
-asombróse Cárlos de verla tan al contrario de como la
-esperaba; identificóse con su papel, creciéndose hasta
-la fiebre que se llama inspiracion: y cómo dijo aquel actor
-aquellas palabras, cómo soltó aquella carcajada histérica
-y cómo cayó riéndose y extremeciendo al público
-de miedo y de placer, ni yo puedo decirlo, ni
-concebirlo nadie que no lo haya visto.</p>
-
-<p>El público y el huracan entraron en el teatro: mis amigos
-ahullaban de placer de haber sido vencidos; Aranda
-y Cárlos Latorre habian convertido en éxito colosal el
-atrevido desatino de un muchacho, y la empresa habia
-parado con él á la fortuna en el despacho de billetes de su<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>
-arrinconado teatro. Cuando Lumbreras anunció <i>¡el farol!</i>
-y se apercibió éste del tamaño de una nuez sobre la
-mirmidónica tienda de Duglesquin, ya nadie escuchó la
-salida del rey. Cárlos, rendido y anheloso, volvió á la
-escena con Teodora, Noren y Lumbreras á recibir los
-aplausos del público, á cuyos gritos de «¡el autor!» volvió
-á presentarse Felipe Reyes y á decir medio espantado:
-que yo tenia más miedo al cuarto acto que al tercero.</p>
-
-<p>El por entónces teniente coronel Juan Prim, que no
-me conocia más que por haberme encontrado várias
-veces en el tiro de pistola, y que se habia apercibido del
-elemento hostil que yo tenia en la sala, aplaudia de pié
-en su luneta, dispuesto á sostenerme á todo trance, comprendiendo
-todo el riesgo de mi negativa.</p>
-
-<p>Cárlos me envió á decir que «no estirase tanto la
-cuerda que la rompiese.» Yo habia ensayado mi obra á
-conciencia: sabia cómo iban á hacer la escena de la
-tienda Cárlos y Mate, y fiaba además en la presencia del
-embajador francés en la de D. Pedro con Beltran de
-Claquin. Esperé, pues, el acto cuarto sin moverme del
-fondo de mi proscenio, y mi cálculo no salió fallido.</p>
-
-<p>La tienda del acto cuarto estaba tan bien preparada
-por Aranda como la torre de Montiel: Cárlos dijo sus
-redondillas á los franceses con un brío tan despechado,
-hizo una transicion tan maestra como inesperada en la
-que empieza <i>sí</i>, <i>si vosotros, señores</i>, é hicieron por fin la
-suya él y Mate con tal verdad, que sólo pudo serlo más
-la realidad de la de Montiel.</p>
-
-<p>Al cerrarse la tienda sobre la lucha de los dos hermanos,
-el público quedó en el mas profundo silencio; pero
-la salida de Mate pálido, sin casco, desgreñado y saltadas
-las hebillas de la armadura, arrancó un aplauso<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span>
-igual al de la presentacion del rey D. Pedro en el acto
-segundo. Mate, casi tan alto como Cárlos, pero flaco y
-herido de la tísis de que murió, se presentó trémulo del
-cansancio y del miedo de la lucha, recordando la siniestra
-fantasma aparecida en el torreon, y dió á su papel
-una poesía y unos tamaños que no habia sabido darle
-el autor. Cuando él concluia su parlamento, cubria yo
-con mi capa y su manto á Cárlos Latorre; que, tendido
-en la tienda, esperaba jadeante de cansancio y de
-emocion á que el infante mostrase á Blas Perez su cadáver.
-Cuando nos presentamos todos al público, me tenia
-de la mano como con unas tenazas: y cuando caido el
-telon por última vez, me cogió en brazos para besarme,
-creí que me deshacía al decirme las únicas y curiosas
-palabras con que acertó á expresarme su pensamiento,
-que fueron: «¡diablo de chiquitin!» y me dejó en tierra.</p>
-
-<p>Así se ensayó y se puso en escena la segunda parte
-de <i>El Zapatero y el Rey</i>, el año 41 ó 42, no lo recuerdo
-con exactitud: tal era la fraternidad que entónces reinaba
-entre autores y actores; tal era el cariño y entusiasmo
-del público por los de entónces, y tan poco consistentes
-sus ojerizas y enemistades, que el menor éxito
-las vencia, y el soplo vital de la lealtad las disipaba.</p>
-
-<p>Un pormenor digno de no ser olvidado. Llevaba ya
-<i>El Zapatero y el Rey</i> treinta y tantas representaciones que
-habian producido sobre veinte mil duros, estaban ya
-pagados hasta los espabiladores, y aun no le habia ocurrido
-á la empresa que me debia seis meses de sueldo y
-el precio del drama con que se habia salvado. Siempre
-en España ha sido considerado el trabajo del ingenio
-como la hacienda del perdido y la túnica de Cristo, de
-las cuales todo el mundo tiene derecho á hacer tiras y
-capirotes.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span></p>
-
-<p>Hasta que el viejo juez Valdeosera se presentó una
-noche á intervenir la entrada, no cayeron en la cuenta
-Salas y Lombía de que no podíamos los poetas vivir
-del aire, y se apresuraron á darme paga cumplida con
-intereses y sincera satisfaccion, y era que realmente, con
-la más cándida impremeditacion, se habian olvidado recogiendo
-los huevos de oro del que les habia traido la
-gallina que los ponia.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XI.</h2>
-
-<p class="center i2"><i>De cómo se escribieron y representaron algunas de mis
-obras dramáticas.</i></p>
-
-<p class="center i2">SANCHO GARCÍA.&mdash;EL CABALLO DEL REY DON SANCHO.</p>
-
-
-<p class="p2">Continuaba la competencia de los teatros del Príncipe
-y de la Cruz, dirigidos por Romea y Lombía, y
-continuaba yo comprometido á escribir sólo para
-el de la Cruz, miéntras en su compañía conservara
-su empresario á Cárlos Latorre y á Bárbara Lamadrid;
-yo era, pues, el único poeta que no ponia los piés
-en el saloncito de Julian Romea, porque yo no he vuelto
-jamás la cara á lo que una vez he dado la espalda.
-No era yo, empero, un enemigo de quien se pudieran
-temer traiciones ni bastardías; es decir, guerra baja ni
-encubierta de críticas acerbas y de intrigas de bastidores:
-yo tenia mi entrada en el Príncipe, á cuyas lunetas
-iba á aplaudir á Julian y á Matilde, pero no escribia
-para ellos; era su amigo personal y su enemigo artístico;
-era el aliado leal de Lombía, y le ayudaba á dar sus
-batallas llevando á mi lado á Bárbara Lamadrid y á
-Cárlos Latorre, con cuyos dos atletas le dí algunas victorias
-no muy fácilmente conseguidas, algunos puñados<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span>
-de duros y algunas noches de sueño tranquilo. Pero la
-lucha era tan ruda como continuada: duró cinco años.
-En ellos nos dió Hartzenbusch su <i>D. Alfonso el Casto</i> y
-su <i>Doña Mencía</i>, una porcion de primorosos juguetes
-en prosa y verso, y las dos mágias <i>La redoma</i> y<i> Los
-polvos</i>: diónos García Gutierrez el <i>Simon Bocanegra</i>, que
-vale mucho más de lo en que se le aprecia, y defendió su
-teatro el mismo Lombía, metiéndose á autor con el arreglo
-de <i>Lo de arriba abajo</i>, que alcanzó un éxito fabuloso.
-Teníamos además unos auxiliares asíduos en Doncel
-y Valladares, que escribian á destajo para la actriz más
-preciosa y simpática que en muchos años se ha presentado
-en las tablas: la Juanita Perez, quien con Guzman
-en <i>No más muchachos</i> y en <i>El pilluelo de París</i>,
-habia hecho las delicias del público desde muy niña.
-La Juana Perez era de tan pequeña como proporcionada
-personalidad; con una cabeza jugosa, rica en cabellos,
-de contornos purísimos, de facciones menudas y móviles
-y ojos vivísimos; su voz y su sonrisa eran encantadoras,
-y se sostenia por un prodigio de equilibrio en dos
-piés de inconcebible pequeñez, sirviéndose de dos tan
-flexibles como diminutas manos. Cantaba muy decorosa
-y señorilmente unas canciones picarescas que rebosaban
-malicia; y vestida de muchacho hacia reir hasta á los
-mascarones dorados de la embocadura, y hubiera sido
-capaz de hacer condenarse á la más austera comunidad
-de cartujos.</p>
-
-<p>La Juana Perez, cuya gracia infantil prolongó en ella
-el juvenil atractivo hasta la edad madura, no pasó jamás
-en las tablas de los diez y siete años; y fué, miéntras las
-pisó, el encanto y la desesperacion del sexo feo de
-aquel tiempo, que la vió pasar ante sus ojos como la <i>fée
-aux miettes</i> del cuento de Charles Nodier. Auxiliáronnos<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span>
-poderosamente el primer año las dos espléndidas figuras
-de las hermanas Baus, Teresa y Joaquina; madre esta
-última de nuestro primer dramático moderno Tamayo
-y Baus, y heredera y continuadora de la buena tradicion
-del teatro antiguo de Mayquez y Carretero. Pero ni la
-tenacidad atrevida de Lombía, ni el talisman de la gracia
-de la Juana Perez, ni nuestra avanzada de buenas mozas
-como las Baus, y la retaguardia de buenas actrices
-como la Bárbara, la Teodora y la Sampelayo, nos bastaban
-para contrarestar la insolente fortuna de Julian
-Romea, la justa y creciente boga de Matilde, que hechizaba
-á los espectadores, y la infatigable fecundidad
-de Ventura de la Vega, que les daba cada quince dias,
-convertido en juguete valioso ó en ingeniosísima comedia,
-un miserable engendro francés; en cuyo arreglo
-desperdiciaba cien veces más talento del que hubiera
-necesitado para crear diez piezas originales. Julian y
-Matilde contaban sus quincenas por triunfos, y á los de
-<i>La rueda de la fortuna</i>, de Rubí, al <i>Muérete y verás</i> y
-á las trescientas obras de Breton, y á <i>Otra casa con dos
-puertas</i>, de Ventura, no teníamos nosotros que oponer
-más que las repeticiones del <i>D. Alfonso el Casto</i>, <i>Simon
-Bocanegra</i> y <i>D.ª Mencía</i>, y las mágias de Hartzenbusch,
-con los arreglos de dramas de espectáculo que se elaboraba
-Lombía, asociado á Tirado y Coll, é impelidos los
-tres por el fecundísimo Olona.</p>
-
-<p>Mi <i>Rey D. Pedro</i>, mi <i>Sancho García</i>, mi <i>Excomulgado</i>,
-mi <i>Mejor razon la espada</i>, mi <i>Rey loco</i> y mi <i>Alcalde
-Ronquillo</i>, contribuyeron á nuestro sostén, gracias al
-concienzudo estudio, á la inusitada perfeccion de detalles
-y á la perpétua atencion con que me los representaban
-Cárlos Latorre y Bárbara Lamadrid; quienes encariñados
-con el muchacho desatalentado que para ellos<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>
-los escribia, considerándole como á un hijo mal criado á
-quien se le mima por sus mismas calaveradas y á quien
-se adora por las pesadumbres que nos da, me sufrian
-mis exigencias, se amoldaban á mis caprichos y se doblegaban
-á mi voluntad, de modo, que en la representacion
-de mis obras no parecian los mismos que en las
-de los demás, y los demás se quejaban de ellos, y con
-razon; pero no habia culpa en nadie. Cárlos Latorre habia
-conocido á mi padre, á quien debió atenciones extrañas
-á aquella <i>ominosa década</i>; Cárlos Latorre, de
-estatura y fuerzas colosales, me sentaba á veces en sus
-rodillas como á sus propios hijos, y me preguntaba
-cómo yo habia imaginado tal ó cual escena que para él
-acababa yo de escribir: él me contradecia con su experiencia
-y me revelaba los secretos de su personalidad en
-la escena, y daba forma práctica y plástica á la informe
-poesía de mis fantásticas concepciones: estudiábamos
-ambos, él en mí y yo en él los papeles, en los cuales
-identificábamos los dos distintos talentos, con los cuales
-nos habia dotado á ambos la naturaleza, y... no necesito
-decir más para que se comprenda cómo hacia
-Cárlos mis obras, como un padre las de su hijo; yo era
-todo para el actor, y el actor era todo para mí.</p>
-
-<p>Con Bárbara Lamadrid, mujer y mujer honestísima é
-intachable, mi papel era más difícil, mi amistad y mi
-intimidad necesitaban otras formas; pero, actriz adherida
-á Cárlos, compañera obligada en la escena de aquella
-figura colosal, <i>dama</i> imprescindible de aquel <i>galan</i>
-en mis dramas, necesitaba el mismo estudio, la misma
-inoculacion de mis ideas innovadoras y revolucionarias
-en el teatro, y yo la trataba como á una hermana menor,
-á quien unas veces se la acaricia y otras se la riñe;
-yo la decia sin reparo cuanto se me ocurria; la hacia re<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>petir
-diez veces una misma cosa, no la dejaba pasar la
-más mínima negligencia, la ensayaba sus papeles como
-á una chiquilla de primer año de Conservatorio; y á veces
-se enojaba conmigo como si verdaderamente lo fuese,
-hasta llorar como una chiquilla, y á veces me obedecia
-resignada como á un loco á quien se obedece por
-compasion; pero convencida al fin de mi sinceridad, del
-respeto que su talento me inspiraba, y de la seguridad
-con que contaba yo siempre con ella para el éxito de
-mis obras, hacia en ellas lo que en <i>Sancho García</i>, lo que
-es lamentable que no pueda quedar estereotipado para
-ser comprendido por los que no lo ven. ¡Desventura inmensa
-del actor cuyo trabajo se pierde con el ruido de
-su voz y desaparece trás del telon!</p>
-
-<p>En la escena con Hissem y el judío reveló la fascinacion
-que la supersticion ejercia en el alma enamorada
-de la mujer; tradujo tan vigorosamente el poder de una
-pasion tardía en una mujer adulta, que traspasó al público
-la fascinacion del personaje, suprema prueba del
-talento de una actriz. En las escenas sexta y sétima
-del acto tercero se hizo escuchar con una atencion que
-sofocaba al espectador, que no queria ni respirar. Bárbara
-tenia mucho miedo al monólogo: en el segundo entreacto
-me habia suplicado que se le aligerara, y Cárlos
-y yo no habíamos querido: Bárbara acometió su monólogo
-desesperada, conducida por delante por el inteligente
-apuntador, y acosada por su izquierda por mí que
-estaba dentro de la embocadura, en el palco bajo del
-proscenio. Cárlos y yo la habíamos dicho que si no arrancaba
-tres aplausos nutridos en el monólogo, la declararíamos
-inútil para nuestras obras; y comenzó con un
-temblor casi convulsivo, y llegó en el más profundo silencio
-hasta el verso vigésimo cuarto; pero en los cuatro<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span>
-siguientes, al expresar la lucha del amor de madre con
-el amor de la mujer, y al decir</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">«Hijo mio... ¡ay de mí! me acuerdo tarde,»</div>
-</div></div></div>
-
-<p>hizo una transicion tan magistral, bajando una octava
-entera despues de un grito desgarrador, que el público
-estalló en un aplauso que extremeció el coliseo. Crecióse
-con él la actriz; entró en la fiebre de la inspiracion;
-hizo lo imposible de relatar; y cuando exclamó concluyendo,
-con el acento profundo y las cóncavas inflexiones
-del de la más criminal desesperacion,</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">«para uno de los dos guarda esa copa,</div>
-<div class="line">de la callada eternidad la llave!»</div>
-</div></div></div>
-
-<p>quedó Bárbara inmóvil, trémula, inconsciente de lo que
-habia hecho, ajena y sin corresponder con la más mínima
-inclinacion de cabeza á los aplausos frenéticos, que
-tuvo que interrumpir Cárlos Latorre presentándose á
-continuar la representacion, sacando á Bárbara de su
-absorcion con el «¡Madre mia!» de su salida.</p>
-
-<p>Así hacian Cárlos y Bárbara <i>Sancho García</i>. Aún
-vive: pregúntenselo mis lectores á Bárbara, y que diga
-ella cuántos malos ratos la dí con el ensayo y cuántas
-noches insomnes la hice pasar con el estudio de mis papeles;
-cuántas lágrimas la hice derramar y cuántas veces
-la hice detestar su suerte de actriz; pero que diga tambien
-si tuvo nunca amigo más leal ni aplausos y ovaciones
-como las de mi <i>Sancho García</i>. Hoy siento orgullo
-con tal recuerdo, y me congratulo de poderla dar este
-testimonio de mi gratitud treinta y ocho años despues de
-aquella representacion.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span></p>
-
-<p>Lombía, por su parte, lo inventó y lo intentó todo
-en aquellos cuatro años para sostener nuestro teatro de
-la Cruz enfrente del afortunado del Príncipe. A su iniciativa
-se debió que Basili, Salas, Ojeda y Azcona
-echaran los fundamentos de la Zarzuela con la escena
-de <i>La pendencia</i> y <i>El sacristan de San Lorenzo</i>, y
-otras parodias de <i>Norma</i>, <i>Lucía</i> y <i>Lucrecia</i>, en las cuales
-despuntó Caltañazor, y concluyó por presentar <i>La
-lámpara maravillosa</i>, baile maravillosamente decorado
-por Aranda y Avrial, ejecutado por la familia Bartholomin,
-cuya primera pareja, Bartholomin-Montplaisir, fué
-reforzada con un cuerpo de baile de andaluzas y aragonesas;
-de cuyos cuerpos se han perdido los moldes, y
-de cuyas modeladuras no quiero acordarme, por no quitar
-tres meses de sueño á los que no las vieron con aquellos
-vestidos, que no eran más que un pretesto para salir
-en cueros.</p>
-
-<p>En el verano del 40 ó del 41, ántes de que estas huríes
-hicieran un infierno del teatro de la Cruz, reclamó Lombía
-de mí una comedia de espectáculo, en ausencia de
-Cárlos Latorre, que veraneaba por las provincias. Los
-actores sérios y jóvenes se habian ido con Cárlos, y el
-trabajo cómico de Lombía, no acomodándose con el
-mio patibulario, no sabia yo cómo salir de aquel compromiso
-ineludible, segun mi contrato con la empresa.
-Apurábame Lombía, y devanábame yo los sesos
-trás del argumento por él pedido, sin que él aflojara un
-punto en su demanda y sin que yo me atreviera á decirle
-que no éramos el uno para el otro. Acosábale á él tal
-vez la secreta comezon de abordar el drama en ausencia
-de Cárlos, y pesábame á mí tener que escribir para otro
-que no fuera aquel único modelo del galan clásico del
-drama romántico; costaba mucho á mi lealtad lo que tal<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span>
-vez podia parecer una traicion á Cárlos Latorre, y
-¡Dios me perdone mi mal juicio! pero tengo para mí
-que Lombía tenia la mala intencion de hacérmela cometer.
-Impacientábase Lombía y desesperábame yo de
-no dar con un asunto á propósito, lo que ya le parecia,
-vista mi anterior fecundidad, no querer escribir para él,
-cuando una tarde, obligado á trabajar un caballo que yo
-tenia entablado hacia ya muchos dias, salia yo en él
-por la calle del Baño para bajar al Prado por la Carrera
-de San Jerónimo. Era el caballo regalo de un mi pariente,
-Protasio Zorrilla, y andaluz, de la ganadería de Mazpule,
-negro, de grande alzada, muy ancho de encuentros,
-muy engallado y rico de cabos, y llevábale yo con mucho
-cuidado, miéntras por el empedrado marchaba, por
-temor de que se me alborotase. Cabeceaba y braceaba
-el animal contentísimo de respirar el aire libre, cuando,
-al doblar la esquina, oí exclamar á uno de tres chulos
-que se pararon á contemplar mi cabalgadura: «Pues miá
-tú que es idea dejar á un animal tan hermoso andar sin
-ginete.»</p>
-
-<p>La verdad era que siendo yo tan pequeño, no pasaban
-mis piés del vientre del caballo; y visto de frente,
-no se veia mi persona detrás de su engallada cabeza y
-de sus ondosas y abundantes crines. Por mas que fuera
-poco halagüeña para mi amor propio la chusca observacion
-de aquellos manolos, el de montar tan hermosa
-bestia me hizo dar en la vanidad de lucirla sobre
-la escena, y ocurrírseme la idea de escribir para ello mi
-comedia <i>El caballo del rey D. Sancho</i>. Rumié el asunto
-durante mi paseo, registré la historia del Padre Mariana
-de vuelta á mi casa, y fuíme á las nueve á proponer á
-Lombía el argumento de mi comedia, advirtiéndole que
-debia de concluir en un torneo, en cuyo palenque debia<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span>
-él de presentarse armado de punta en blanco, ginete
-sobre mi andaluz caparazonado y enfrontalado.</p>
-
-<p>Aceptó la idea de la comedia, plúgole la del torneo
-final y halagóle la de ser en él ginete y vencedor. Puse
-manos á mi obra aquella misma noche, y díla completa
-en veinte y dos dias. El señor duque de Osuna, hermano
-y antecesor del actual, á quien me presentó y cuya
-benevolencia me ganó el conde de las Navas, puso á mi
-disposicion su armería, de la cual tomé cuantos arneses
-y armas necesité para el torneo de mi drama, cuya última
-decoracion del palenque trás de la tienda real montó
-Aranda con un lujo y una novedad inusitadas.</p>
-
-<p>Pasóse de papeles mi drama; ensayóse cuidadosamente
-y conforme á un guion, que los directores de escena
-hacen hoy muy mal en no hacer, y llegó el momento de
-enseñar su papel á mi caballo. Metíle yo mismo una
-mañana por la puerta de la plaza del Angel, desde la
-cual subian los carros de decoraciones y trastos por una
-suave y sólida rampa hasta el escenario: subió tranquilo
-el animal por aquella, pero al pisar aquél, comenzó á
-encapotarse y á bufar receloso, y al dar luz á la batería
-del proscenio, no hubo modo de sujetarle y ménos de
-encubertarle con el caparazon de acero. Lombía anunció
-que ni el Sursum-Corda le haria montar jamás tan
-rebelde bestia, y estábamos á punto de desistir de la representacion,
-cuando el buen doctor Avilés nos ofreció
-un caballo isabelino, de tan soberbia estampa como
-extraordinaria docilidad, que aguantó la armadura de
-guerra, la batería de luces y en sus lomos á Lombía,
-que no era, sea dicho en paz, un muy gallardo ginete.</p>
-
-<p>La primera representacion de este drama fué tal vez
-la más perfecta que tuvo lugar en aquel teatro: Lombía
-se creció hasta lo increible: é hizo, como director de es<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>cena,
-el prodigio de presentar trescientos comparsas
-tan bien ensayados y unidos, que se hicieron aplaudir
-en un palenque de inesperado efecto; y Bárbara Lamadrid,
-para quien fueron los honores de la noche, llevó
-á cabo su papel con una lógica, una dignidad tales, que
-al perdonar al pueblo desde la hoguera y á su hijo en
-el final, oyó en la sala los más justos y nutridos aplausos
-que habian atronado la del teatro de la Cruz.</p>
-
-<p>Pero aquel drama no pudo quedar de repertorio; hubo
-que devolver las armaduras al señor duque de Osuna y
-el caballo al doctor Avilés, y... ni mereció los honores
-de la crítica, ni ningun empresario se ha vuelto á acordar
-de él, ni yo, que de él me acuerdo en este artículo,
-recuerdo ya lo que en él pasa. En cambio, al fin de aquel
-mismo año se escribió otro que todo el mundo conoce,
-que no hay aficionado que no haya hecho con gusto y
-aplauso, de cuyo orígen se han propalado las más absurdas
-suposiciones, que me ha valido tanta fama como
-al mismo <i>D. Juan Tenorio</i>, y en cuya representacion
-no han dado jamás pié con bola más que los tres actores
-que, bajo mi direccion, lo estrenaron: Latorre, Pizarroso
-y Lumbreras; hablo de <i>El puñal del godo</i>, del
-cual me voy á ocupar en el siguiente número.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<h2>XII.<br />
-
-EL PUÑAL DEL GODO.</h2>
-
-
-<h3>I.</h3>
-
-<p>Acababa de estrenarse Sancho García y espiraba el
-tercero dia de Diciembre de 1842. Trabajaba yo
-aprovechando la luz que comenzaba á cambiarse
-en crepúsculo, cuando un avisador del teatro me
-trajo un billete de Lombía, en el cual me suplicaba
-que no dejara de ir á la representacion de aquella noche,
-porque deseaba tener conmigo una entrevista de
-diez minutos.</p>
-
-<p>Ya Lombía, á imitacion de Romea, tenia una antecámara
-en la cual se reunian sus autores favoritos y sus
-amigos íntimos, como los de Julian en el saloncito del
-teatro del Príncipe. De aquel venian algunos que escribian
-para ambos teatros, y que como Hartzenbusch y
-García Gutierrez no formaban pandillaje; porque su talento,
-formalidad y reputacion, les habian ya colocado
-muy encima de todo mezquino espíritu de partido. Yo
-no iba nunca al saloncito del Príncipe é iba poco á la
-antecámara de Lombía, pero asistia contínuamente á mi<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>
-palco de proscenio para estudiar mis actores, y bajaba
-en los entreactos á saludar á Cárlos Latorre y á la Bárbara,
-las noches que trabajaban. Aquella era de Lombía;
-en el primer entreacto me aboqué con él en su cuarto y
-trabamos inmediatamente conversacion, presentes Hartzenbusch,
-Tomás Rubí, Isidoro Gil y no recuerdo quiénes
-más. Hé aquí en resúmen nuestro diálogo:</p>
-
-<p><i>Lombía.</i>&mdash;La empresa espera de V. un señalado servicio.</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Debo servirla segun mi contrato y segun mis
-fuerzas.</p>
-
-<p><i>Lombía.</i>&mdash;Sabe V. que es costumbre que las funciones
-de Noche-Buena sean beneficio de la compañía,
-repartiéndose sus productos á prorrata entre todos sus
-actores y empleados segun su clase.</p>
-
-<p>Agucé yo el oido sintiendo abrir una trampa en la
-que se trataba de hacerme caer, y continuó Lombía diciéndome:</p>
-
-<p>Sabe V. que Cárlos Latorre no toma nunca parte en
-las funciones de Navidad, so pretesto de que en el género
-cómico de estas alegres representaciones no cabe
-el suyo trágico; de modo que cobra y se pasea desde
-Navidad á Reyes. Queremos que comparta este año con
-nosotros el trabajo de tales dias, y no hay más que un
-medio con el cual se avenga, y es, que se le escriba una
-pieza nueva, y la empresa ha pensado en V.</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Estamos á 13, y por breve que sea el trabajo...</p>
-
-<p><i>Lombía.</i>&mdash;Deberia estar concluido el 17; copiado y
-repartido, el 18; estudiado, el 19 y el 20; ensayado el
-21 y 22, y representado el 24.</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Imposible: me faltan tres escenas y copiar el tercer
-acto de la segunda obra, que debo entregar á ustedes
-ántes de año nuevo; si la interrumpo no la concluyo;<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span>
-no puedo, pues, ocuparme de nada más hasta el 17, y
-ya no es tiempo.</p>
-
-<p><i>Lombía.</i>&mdash;No quiere V. servir á la empresa por no
-contrariar á su amigo.&mdash;(Lombía partia siempre del
-principio de que yo era mejor amigo de Cárlos que suyo.)</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Mi obligacion es primero que mi amistad.</p>
-
-<p><i>Lombía.</i>&mdash;Su excusa de V. nos prueba lo contrario.</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Voy á hacer á V. una propuesta que le asegure
-de mi buena fé. Concluiré mi trabajo el 16: en su noche
-volveré aquí; y si para entónces el Sr. Hartzenbusch
-se ocupa de encontrarme un argumento para un drama
-en un acto, yo me comprometo á escribirlo el 17 y presentarlo
-el 18.</p>
-
-<p><i>Lombía.</i>&mdash;Propuesta evasiva: con decir que el argumento
-que á V. se le dé no es de su gusto....</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;El Sr. Hartzenbusch sabe el respeto en que le
-tengo, y todos Vds. saben que sigo sus consejos y acepto
-sus correcciones como de mi superior y maestro. He
-buscado al Sr. Hartzenbusch en dos situaciones difíciles
-de mi vida; sabe todos los secretos de mi casa, es en
-ella como mi hermano mayor, y lo que él me diga que
-haga, eso haré yo, como mejor hacerlo sepa.</p>
-
-<p><i>Lombía.</i>&mdash;Se conoce que ha estudiado V. con los jesuitas:
-sus palabras de V. son tan suaves como escurridizas.
-Si no quiere V. no hablemos más.</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Mi última proposicion. Traiga V. aquí el 16
-por la noche un ejemplar de la historia del P. Mariana;
-le abriremos por tres partes, desde la época de los godos
-hasta la de Felipe IV: leeremos tres hojas de cada
-corte en sus hojas hecho; y si en las nueve que leamos
-tropezamos con algo que nos dé luz para un asunto dramático,
-lo amasaremos entre todos, yo lo escribiré como
-Dios me dé á entender, y el jesuita Mariana abonará la<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>
-fé del discípulo de los jesuitas del Seminario de Nobles.</p>
-
-<p><i>Lombía.</i>&mdash;Propuesta aceptada.</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Pues hasta el 16 á las siete.</p>
-
-<p>En tal dia y en tal hora, concluido mi trabajo, volví
-á presentarme en el teatro de la Cruz, donde Hartzenbusch,
-Rubí y algunos otros de quienes no me acuerdo,
-me esperaban con Lombía, que tenia sobre la mesa una
-<i>Historia de España</i>. Metimos tres tarjetas por tres páginas
-distintas, y en el primer corte tropezamos, en el
-capítulo XXIII del libro sétimo, estas palabras sobre el
-fin de la batalla de Guadalete y muerte del rey D. Rodrigo:
-«Verdad es que, como doscientos años adelante,
-en cierto templo de Portugal, en la ciudad de Viseo,
-se halló una piedra con un letrero en latin, que vuelto
-en romance dice:</p>
-
-<p><span class="smcap">AQUI REPOSA RODRIGO, ULTIMO REY DE LOS GODOS.</span></p>
-
-<p>Por donde se entiende que, salido de la batalla, huyó
-á las partes de Portugal.»</p>
-
-<p>Al llegar aquí, dije yo: «Basta: un embrion de drama
-se presenta á mi imaginacion. ¿Con qué actores y
-con qué actrices cuento? Necesito á Cárlos, á Bárbara
-y á lo ménos dos actores más.» Y miéntras esto decia,
-me rodaban por el cerebro las imágenes de Pelayo, don
-Rodrigo, Florinda y el conde D. Julian.&mdash;Lombía dijo:
-«Imposible disponer de Bárbara.»&mdash;«Pues Teodora, repuse
-yo.»&mdash;«Tampoco; la cuesta mucho estudiar, replicó
-Lombía.»&mdash;«Pues Juanita Perez, ni la Boldun, no
-me sirven para mi idea, repuse.»&mdash;«Pues compóngase
-usted como pueda, exclamó por fin Lombía: tiene V. á
-Cárlos, á Pizarroso y á Lumbreras: <i>los tres de V.</i> Van
-á levantar el telon y no quiero faltar á mi salida. ¿En
-qué quedamos? ¿Es V. hombre de sostener su palabra?»</p>
-
-<p>Picóme el amor propio el tonillo provocativo de<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>
-Lombía, y sin reflexionar, tomé mi sombrero y dije saliendo
-tras él de su cuarto: «Mañana á estas horas quedan
-Vds. citados para leer aquí un drama en un acto.&mdash;Buenas
-noches.</p>
-
-<p>&mdash;¿Apostado? me gritó Lombía dirigiéndose á los bastidores.</p>
-
-<p>&mdash;Apostado: me darán Vds. de cenar en casa de
-Próspero; respondí yo echándome fuera de ellos por la
-puerta de la plaza del Angel.</p>
-
-<p>Poco trecho mediaba de allí á mi casa, núm. 5 de la
-de Matute: poco tiempo tuve para amasar mi plan, pero
-tampoco tenia minuto que perder. Me encerré en mi
-despacho: pedí una taza de café bien fuerte, dí órden de
-no interrumpirme hasta que yo llamara, y empecé á escribir
-en un cuadernillo de papel la acotacion de mi
-drama. «Cabaña, noche, relámpagos y truenos lejanos.&mdash;<span class="smcap">Escena
-primera.</span>» Yo no sabia á quién iba á presentar
-ni lo que iba á pasar en ella: pero puesto que iba á
-desarrollarse en una cabaña, debia por álguien estar
-habitada: ocurrióme un eremita, á quien bauticé con el
-nombre de Romano por no perder tiempo en buscarle
-otro; y como lo más natural era que un ermitaño se encomendase
-á Dios en aquella tormenta que habia yo
-desencadenado en torno suyo, mi monje Romano se puso
-á encomendarse á Dios, miéntras yo me encomendaba
-á todas las nueve musas para que me inspiraran el modo
-de dar un paso adelante. Pensé que si el monje y yo no
-nos encomendábamos bien á nuestros dioses respectivos,
-corria el riesgo de meterme, empezando mal, en un pantano
-de banalidades del que no pudieran sacarme ni todos
-los godos que huyeron de Guadalete, ni todos los
-moros que á sus márgenes les derrotaron.</p>
-
-<p>Llevaba ya el monje rezando treinta y seis versos, y<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span>
-era preciso que dijera algo que preparara la aparicion
-de otro personaje; que era claro que si andaba por el
-monte á aquellas horas y con aquel temporal, debia de
-poner en cuidado al que abria la escena en la cabaña.
-Decidíme por fin á atajar la palabra á mi monje romano
-y escribí: <span class="smcap">Escena segunda</span>. <i>Sale Theudia</i>: y salió
-Theudia; mas como no sabia yo aún quién era aquel
-Theudia, le saqué embozado, y me pregunté á mí mismo:
-¿Quién será este Sr. Theudia, á quien tampoco podia
-tener embozado mucho tiempo en una capa, que no
-me dí cuenta de si usaban ó no los godos? era preciso
-empero desembozarle, y él se encargó de decirme quién
-era: un caballero; por lo cual, y por su nombre, y por
-su traje, tenia necesariamente que ser un godo; quien
-trabándose de palabras con aquel monje que en la choza
-estaba, me fué dando con los pormenores que en
-ellas daba, la forma del plan que me bullia informe en
-el cerebro; de modo que andando entre Theudia, el ermitaño
-y yo á ciegas y á tientas con unos cuantos recuerdos
-históricos y unas cuantas ficciones legendarias
-de mi fantasía, cuando al fin de aquella larga escena
-segunda escribí yo: <span class="smcap">Escena tercera</span>. <i>El ermitaño</i>,
-<i>Theudia</i>, <i>Don Rodrigo</i>, ya comenzaba á ver un poco
-más claro en la trama embrollada de mi improvisado
-trabajo, y el cielo se me abrió en cuanto me ví con Cárlos
-Latorre en las tablas; porque miéntras él estuviera
-en ellas, era lo mismo que si en sus cien brazos me
-tuviera á mí el gigante Briareo; porque estaba ya acostumbrado
-á ver á Cárlos sacarme con bien de los atolladeros
-en que hasta allí me habia metido, y á él conmigo
-le habia arrastrado mi juvenil é inconsiderada
-osadía.</p>
-
-<p>En cuanto me hallé, pues, con Cárlos, fiado en él,<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span>
-me desembaracé del monje como mejor me ocurrió, y
-me engolfé en los endecasílabos: cuando yo los escribia
-para Cárlos Latorre en mis dramas, ya no veia yo en mi
-escena al personaje que para él creaba, sinó á él que lo
-habia de representar, con aquella figura tan gallarda y
-correctamente delineada, con aquella accion y aquellos
-movimientos, y aquella gesticulacion tan teatrales, tan
-artísticos, tan plásticos, nunca distraido, jamás descuidado;
-dominando la escena, dando movimiento, vida y
-accion á los demás actores que le secundaban: así que
-al entrar yo en los endecasílabos de la escena cuarta, me
-despaché á mi gusto haciendo decir á D. Rodrigo cuanto
-se me ocurrió, sin curarme del cansancio que iba á
-procurar á un actor, que por fuerte que fuese era ya un
-hombre de más de sesenta años con un papel que sostenia
-solo todo mi drama; mas la inspiracion habia ya desplegado
-todas sus alas, y no vacilé en añadirle el fatigosísimo
-monólogo de la escena V para preparar la salida
-del conde D. Julian. Aquí me amaneció: tomé chocolate
-y leí lo escrito; parecióme largo y asombréme de
-tal longitud, pero no habia tiempo de corregir; presentia
-que me iba á cansar, y temiendo no concluir para
-las siete, acometí la escena del conde con D. Rodrigo,
-que me costó más que todo lo llevado á cabo, y me
-faltó la luz del dia cuando escribia:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">Escucha, pues, ¡oh rey Rodrigo</div>
-<div class="line">á cuánto llega mi rencor contigo!</div>
-</div></div></div>
-
-<p>No me habia acostado, no habia comido, no podia
-más y se acercaba la hora de la lectura. Me lavé, tomé
-otra taza de café con leche, enrollé mi manuscrito y me
-personé con él en el teatro de la Cruz. Leyóse; asom<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span>bréme
-yo y asombráronse los que me escucharon; abrazóme
-Hartzenbusch, y frotábase ya Lombía las manos
-pensando en que la funcion de Navidad trabajaria Cárlos,
-cuando éste dijo con la mayor tranquilidad: «Señores,
-yo no tengo conciencia para poner esto en escena
-en cuatro dias; esta obra es de la más difícil representacion,
-y yo me comprometo á hacer de ella un éxito para
-la empresa, si se me da tiempo para ponerla con el esmero
-que requiere; miéntras que si la hacemos el 24 vamos
-de seguro á tirar por la ventana el dinero de la empresa
-y la obra es la reputacion del Sr. Zorrilla.</p>
-
-<p>Convinieron todos en la exactitud de lo alegado por
-Latorre; mascó Lombía de través el puro que en la boca
-tenia y... se dejó <i>El puñal del godo</i> para despues de las
-fiestas; y tampoco aquel año trabajó en ellas Cárlos
-Latorre.</p>
-
-<p>Así se escribió <i>El puñal del godo</i>. ¿Cómo lo puso en
-escena aquel irreemplazable trágico?</p>
-
-<p>La representacion para el próximo lunes.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XIII.<br />
-
-EL PUÑAL DEL GODO.</h2>
-
-
-<h3>II.</h3>
-
-<p>Durante las fiestas de Navidad ocupóse Cárlos Latorre
-del estudio de aquel repentino aborto de mi
-irreflexivo ingenio, que habia yo escrito y leido en
-veinticuatro horas y bautizado con el título de <i>El
-puñal del godo</i>: y durante aquellos quince dias, habia
-yo tenido tiempo para reflexionar sobre lo que habia
-hecho.</p>
-
-<p>Debo yo á Dios una cualidad por la cual le estoy profundamente
-agradecido; pero por la cual es probable
-que no sea nunca respetado en mi patria: la de no dejarme
-alucinar por los aplausos, y no creer por ellos que
-mis obras son el non plus ultra de la perfeccion: como
-yo sé mejor que nadie cómo y por qué las he escrito,
-no tengo vanidad en ellas; y no solamente veo sus grandes
-defectos, sinó que tampoco me ofende su crítica,
-por más que muchas veces me las haya acerba, personal
-y agresivamente flagelado.</p>
-
-<p>Desde que el 17 por la noche leí en el teatro de la<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>
-Cruz lo que en aquel dia y la noche anterior habia escrito,
-habia yo comprendido que aquel <i>Puñal del godo</i>,
-forjado en el breve tiempo y del modo que llevo dicho,
-escribiéndolo ántes de pensarlo, creándolo y dándole forma
-segun escribiéndolo iba, y fiándome al escribirlo en
-que era Cárlos quien lo debia de representar en cuatro
-dias, adolecia de gravísimos defectos, que hacian dificilísima
-su representacion. Yo habia escrito sin juicio, sin
-correccion y sin poder pararme á leer lo que escribia,
-por miedo de perder los minutos que para concluir á
-tiempo mi trabajo podian faltarme; por consiguiente,
-mis personajes no decian en las cuatro primeras escenas
-lo que debian para hacer comprender la accion á los espectadores,
-sinó lo que yo me iba diciendo á mí mismo
-para comprender mi pensamiento, que no se trababa y
-desarrollaba en mi imaginacion, sino ya en el papel por
-los puntos de mi pluma; la cual no podia volverse á
-borrar una redondilla, sin perder sus cuatro versos y los
-cuatro minutos empleados en escribirlos, no en pensarlos,
-porque para pensar no tenia ni se me habia
-concedido tiempo. Así en la escena IV endecasílaba,
-parece que Theudia y D. Rodrigo se quieren desquitar
-de lo que no han hablado desde la desastrosa jornada
-del Guadalete. Fiado yo en Cárlos Latorre, que contaba
-de una manera cuyos pormenores concienzudamente
-estudiados en voz, posiciones, accion y fisonomía
-avasallaban la atencion del auditorio constante y
-crecientemente, puse en boca de D. Rodrigo aquella
-fantástica historia del monje; figurándome conforme la
-iba escribiendo cómo me la iba á poner en accion aquel
-amigo gigante, que en sus brazos me levantó y á quien
-debo la poca reputacion que como autor dramático he
-obtenido.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p>
-
-<p>Y en verdad que, con sinceridad revelándoselo hoy
-al público despues de treinta y ocho años, hasta que
-hice decir á la vision del bosque en la narracion de
-D. Rodrigo, que</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">él, á quien deshonró tu incontinencia,</div>
-<div class="line">vendrá de crímen y vergüenza lleno</div>
-<div class="line">con tu mismo puñal á hender tu seno,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>maldito si sabia yo aún en lo que habia de parar todo
-aquello, que no era todavía más que la exposicion. Hasta
-que brotó del diálogo aquel bienaventurado puñal, mi
-mal perjeñado trabajo no tenia ni accion, ni final, ni título:
-desde allí el drama lo es, y caminé desde allí resueltamente
-á la escena VI, que es lo único que en él
-tiene un valor real y un interés verdadero.</p>
-
-<p>Cuando nos reunimos por primera vez en el gabinete
-octógono de su casa de la plaza de Santa Ana Cárlos y
-yo, para tratar del reparto y ensayo de mi drameja,
-me dijo Cárlos: «La espontaneidad con que ha escrito
-usted <i>esto</i>, la exuberancia de versificacion en sus escenas
-acumulada, hacen difícil su representacion. Yo no
-quiero que corrija V. ni suprima una sola palabra; quitaria
-V. á su obra su originalidad; quiero hacerla tal
-como está; pero quiero que mis actores, conmigo, aseguren
-el éxito de su estreno con el mismo lujo de pormenores
-de que V. la ha colmado, y con tanto exceso
-de estudio para representarla cuanto á V. le ha faltado
-para escribirla. Escúcheme V., y vamos á ver si yo he
-comprendido bien su pensamiento.»</p>
-
-<p>Latorre y yo teníamos siempre esta conferencia preliminar,
-en la cual exponíamos mútuamente nuestra
-manera de ver la accion de la obra que íbamos á poner<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>
-en escena: yo le decia cómo la habia yo concebido, y
-él me decia cómo pensaba desarrollarla. Siguió, pues,
-Cárlos diciéndome: «D. Rodrigo es en <i>El puñal del
-godo</i> un rey acosado por dos grandes pasiones: la supersticion
-del godo de su edad tosca, y la profunda melancolía
-que en su corazon ha engendrado el vencimiento.
-La concentracion en sí mismo y la distraccion perpétua
-en que sus pensamientos le tienen absorbido son las señales
-externas del carácter de esta figura. ¿No es eso?</p>
-
-<p>&mdash;Exactamente.</p>
-
-<p>&mdash;El conde D. Julian es un mal hombre: por más
-que la ofensa que ha recibido le da derechos para mucho,
-él va tras de una venganza insaciable, en la cual no
-ha dudado envolver á toda la nacion de su ofensor. La
-aspereza violenta, la ira traidora de la hiena, y la marcha
-oblícua del lobo, son los caractéres exteriores de esta
-figura, que se mueve en el cuadro inquieta, torva y siniestra,
-como amenaza viviente. ¿No es así?</p>
-
-<p>&mdash;Exactamente.</p>
-
-<p>&mdash;Theudia es... su Sancho Montero y su Blas de usted
-en <i>Sancho García</i> y <i>El Zapatero y el Rey</i>: á Lumbreras
-le viene como pintado el papel de Theudia, y
-daremos el del conde á Pizarroso.</p>
-
-<p>Y se envió á estos actores su respectivo papel.</p>
-
-<p>Lumbreras era entónces un mozo de buena estatura,
-de franca fisonomía, de varoniles maneras, bien proporcionado
-de piernas y brazos, y de fresca y bien timbrada
-voz; pero era algo tartamudo, aunque no se apercibia
-en escena este defecto, que vencia el estudio y el cuidado.
-Lumbreras tenia el gérmen de un buen actor sério;
-habia estrenado con justo aplauso el papel del moro
-Hissem en <i>Sancho García</i>; y en la escuela y compañía
-de Latorre le secundaba dignamente bajo su direccion.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p>
-
-<p>Pizarroso era un actor de angulosas formas, de voz áspera
-y <i>garrasposa</i>, pero de buena estatura y fisonomía,
-de fácil comprension, de buena voluntad para el estudio,
-muy cuidadoso en el vestir, y secuaz ciego y adorador
-idólatra de Cárlos Latorre, entre cuyas manos era
-materia dúctil como actor útil y aceptable.</p>
-
-<p>Con estos elementos y diez dias de estudio, ensayamos
-otros diez <i>El puñal del godo</i> y levantamos el telon
-sobre el interior sombrío de una fantástica cabaña, pintada
-por Aranda para mi drama en miniatura, en una
-noche en que la política traia un poco inquietos los ánimos,
-y la atmósfera tan cerrada en nubes como aquella
-en incertidumbres; una noche, en suma, muy mala
-para dar nada nuevo á un público que no sabia lo que
-queria ni lo que recelaba, dispuesto á descargar su
-inquietud sobre el primero que se la excitara, anheloso
-por distraerse, pero inseguro de hallar quien le distrajera.</p>
-
-<p>Ante este público se levantó el telon del teatro de la
-Cruz sobre la cabaña de mi monje Romano, quien empezó
-aquella larga plegaria, de la cual no habia querido
-Cárlos que suprimiera un verso. Nunca he tenido yo
-más miedo: tenia cariño á mi tan mal forjado <i>Puñal</i>, y
-temia que mi triunfo de veinticuatro horas se convirtiera
-en veinticuatro minutos en vergonzosa derrota. Presentóse
-Lumbreras, y se presentó bien: franco, sencillo
-y respetuoso con el monje, pidióle de cenar con mucha
-naturalidad, comió como sóbrio que dijo ser, observó al
-ermitaño como hombre que está sobre sí, pero con la
-tranquila serenidad de un valiente, y llevó en fin á cabo
-la escena, dándola la flexibilidad, el movimiento y el
-lujo de pormenores de que Cárlos habia previsto la necesidad.
-El público la oyó en el más desanimador silencio.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p>
-
-<p>Salió al fin Cárlos, cabizbajo, distraido, sombrío y
-brusco, llenando la escena del misterio del carácter del
-personaje que representaba, y á los primeros versos se
-captó la atencion de los espectadores, y al sentarse empujando
-á Theudia y diciéndole: «Haceos, buen hombre,
-atrás...» yo respiré en mi palco, porque ví que todo
-el mundo queria ya ver lo que iba á pasar.</p>
-
-<p>Cárlos no tenia par para estas escenas: no dejó enfriar
-la atencion un solo instante; y cuando, sólo ya con
-Theudia, entró en los endecasílabos, se le escuchaba con
-religioso silencio, y sofocábanse por no toser los á quienes
-traia resfriados aquella húmeda frialdad del Enero
-de 43.</p>
-
-<p>Cárlos reveló tánto miedo, tánta esperanza, tánta supersticion,
-tal lucha interior de pasiones oyendo las noticias
-de Theudia, que entró en la narracion de su cuento
-tan vaga y tan fantásticamente, que al concluirle
-diciendo</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">«Dijo: y por entre la niebla arrebatado</div>
-<div class="line">huyó el fantasma y me dejó aterrado,»</div>
-</div></div></div>
-
-<p>estalló un general aplauso: era que el público expresaba
-así el placer de que Cárlos le hubiera dejado respirar:
-Lumbreras picó y despertó el amor propio, y el valor
-del rey vencido con una intencion tan bien marcada;
-Cárlos olfateó y oyó el aura militar del campamento y
-el clarin que extremecia á los corceles con una accion
-tan dramática y levantada, y con una amplitud de aliento
-tan vigorosa, que la sala estalló en aquel ¡bravo, Latorre!
-que era sólo para él y que él sólo sabia arrancar.
-La partida estaba ganada: y preparada de este modo la
-salida del conde D. Julian, rápido, perfectamente á<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span>
-tiempo y entre el fulgor de un relámpago, se presentó
-por el fondo Pizarroso, torvo, sombrío, hosco é insolente,
-envuelto en una parda y corta anguarina, con una
-larga y estrecha caperuza amarilla, que le cortaba la espalda
-de arriba á abajo. Fuése directamente á la lumbre,
-que estaba á la derecha, y picando con intachable
-precision el diálogo de entrada, Cárlos con supersticiosa
-desconfianza y Pizarroso con agresivo mal humor, llegó
-éste al rústico banquillo que junto á la lumbre estaba, y
-diciendo</p>
-
-<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="1" summary="dialogo">
-
-<tr>
- <td class="tdlp smcap">D. Julian.</td>
- <td class="tdl">¿Tiene algo que cenar?</td>
- <td class="tdlp">&nbsp;</td>
- <td class="tdlp">&nbsp;</td>
-</tr>
-
-<tr>
- <td class="tdlp smcap">D. Rodrigo.</td>
- <td class="tdr">Nada.</td>
-</tr>
-
-<tr>
- <td class="tdlp smcap">D. Julian.</td>
- <td class="tdr" colspan="3">Pues basta;</td>
-</tr>
-
-<tr>
- <td class="tdr">&nbsp;</td>
- <td class="tdr" colspan="3">la cuestion por mi parte ha dado fondo,</td>
-</tr>
-
-</table>
-
-<p>engánchase la borla de su capucha en un clavo del banquillo,
-vuélcase éste y da fondo Pizarroso, sentándose á
-plomo sobre el tablado.</p>
-
-<p>Aquí hubiera acabado hoy el drama; pero hé aquí el
-público y los actores de aquel tiempo viejo: el público
-ahogó en un ¡chist! general la natural hilaridad que iba
-á romper; Cárlos, en lugar de decir: «desatento venís
-donde os alojan,» dijo en voz muy clara y con un altanero
-desenfado: «desatentado entrais donde os alojan,»
-y aprovechando Pizarroso aquel dudoso instante, incorporóse
-enderezando el banquillo, asentóle sobre sus piés
-con un furioso golpe, y sentóse tranquilamente, como
-si lo sucedido estuviera acotado en su papel. Cárlos, en
-una posicion de supremo desden y de suprema dignidad,
-se quedó contemplándole de través y en silencio, hasta
-que el público rompió en un aplauso universal; y continuó
-la escena en una suprema lucha de los actores por
-la honra del autor. La conclusion fué tan rápida y pre<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>cisamente
-ejecutada por el hachazo de Lumbreras, y
-aconterada por Cárlos con la octava final con tal sentimiento
-y brío, que el aplauso final se prolongó muchos
-minutos. <i>El puñal del godo</i> obtuvo el éxito que se obligó
-á darle Cárlos Latorre, si se nos concedia tiempo
-para ponerle en escena como él habia concebido que
-debia ponerse.</p>
-
-<p>Así se hacian y así se escuchaban las obras dramáticas
-desde 1832 á 1843.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<h2>XIV.<br />
-
-INTERRUPCION.</h2>
-
-<h3>Sr. Director de <i>Los Lunes de El Imparcial</i>:</h3>
-
-
-<p>Mi querido amigo: Siento mucho no poder enviar
-á V. original de mis <i>Recuerdos del tiempo viejo</i>
-para el número de mañana: pero la primavera
-que Dios prematuramente nos ha enviado esta semana
-á los que en Madrid vivimos, ha hecho fermentar
-en mi viejo corazon el espíritu vagabundo y holgazan
-de todo buen español en la estacion primaveral.
-Confieso á V., y sin que tal confesion me pese ó me
-ruborice, que no he hecho más en toda la transcurrida
-semana que pasear al sol mi pellejo, que con el frio comenzaba
-ya á apergaminarse, conversar con dos amigos
-tan viejos como yo, del tiempo que no volverá, y vagar
-por las calles de Madrid como un gorrion nuevo recien
-escapado del nido, que no piensa en volver á él miéntras
-luzca el sol sobre el horizonte.</p>
-
-<p>En esta ociosa vagancia me ha cogido el sábado, mi
-querido Munilla, sin haber escrito ni acordarme de escribir
-una palabra del artículo de mañana: así que, mi <i>Puñal<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span>
-del godo</i> pendiente se está como quedó en nuestro número
-del 1.º de Marzo, y no lo volveré á coger hasta el
-del lunes 15: y para bien sea; porque un puñal en manos
-de un viejo loco, puede acarrear á cualquiera un
-susto, si no un disgusto. Yo quisiera sincerar mi falta
-dando á V. alguna razon que de ella con V. me disculpara:
-pero, la verdad es que no la tengo: si le escribiera
-á V. en verso, ya inventaria yo alguna mentira, por
-excusa; pero escribiendo en prosa, debo decir la verdad
-como hombre honrado.</p>
-
-<p>El lunes, satisfecho de haber publicado y cobrado mi
-artículo, me salí al sol á expaciar el ánimo y á descansar
-del trabajo hecho. Los martes son malos dias para
-empezar negocio ni labor alguna: el miércoles me volví
-á salir al sol para prepararme á oir por la noche en el
-Ateneo al Sr. Moreno Nieto; á quien voy yo siempre á
-escuchar con tanto asombro como respeto, porque sabe
-tantas cosas que yo no sé, y las dice de una manera tan
-de mi gusto, que le escucho arrobado, y me pesa siempre
-de que concluya de exponer aquellos sus tan bien
-hilados discursos, tan lógicamente hilvanados en tan
-primorosas frases. El jueves continué paseándome al sol,
-para rumiar lo oido al Sr. Moreno Nieto; y á las siete y
-media (costumbre mia de los jueves) me senté á la mesa
-de la condesa de Guaquí, quien siendo hija de mi condiscípulo
-el duque de Villahermosa, es al mismo tiempo
-hermana del ángel rubio encargado por Dios de abrir
-las puertas de la aurora y de derramar la luz y la alegría
-sobre la tierra. Recibe conmigo á su mesa los jueves
-esta gentilísima señora al prodigio de memoria, de erudicion
-y de precocidad, el jóven Menendez Pelayo, al
-infatigable Grilo, que nos recita sus versos, los mios y
-los de todos los poetas que conoce; á Pepe Esperanza,<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span>
-quien me hace concebir la de escuchar el celeste concierto
-del Paraiso, cuando él pone las manos en el piano,
-y otros renombrados ingenios y conocidísimos personajes,
-de quienes no cito á V. los nombres, porque no
-le parezca que trato de darme más importancia de la escasa
-que mis versos me han adquirido, más por el ajeno
-favor que por su mérito propio. Puede V. comprender
-que no tendria perdon de Dios, si empleara los viernes
-en otra cosa que en saborear los recuerdos en prosa y
-verso del salon de aquella condesa Cármen, con la cual
-no tienen flor comparable ninguno de los Cármenes escalonados
-en el valle de los Avellanos de la morisca
-Granada.</p>
-
-<p>Del viernes ya pensé emplear la noche en escribir mi
-artículo; pero fatalmente para V., los viernes ha dado
-en reunir en su casa la señora de Malpica á algunos
-amigos suyos, entre los cuales me cuenta; y ¡ay, señor
-Director de <i>Los Lunes de El Imparcial</i>! recibe esta señora
-con tal cariño y con tan buen gusto en una tan
-elegante morada, y van á casa de esta señora dos niñas
-morenas, que cantan como dos ángeles, dos rubias que
-tocan como dos serafines, y otras dos de tez apiñonada
-y cabello castaño que tocan y cantan como dos Santas
-Cecilias... en fin, de aquella casa se sale con pesar á las
-cuatro de la mañana; y el sábado hay que pasarlo en
-soñar con aquellas tres parejas de muchachas, que le dejan
-á uno en los oidos para veinticuatro horas el eco de
-todas las harpas de Sion, y de los gorjeos de todos los
-ruiseñores de los bosques de la Alhambra.</p>
-
-<p>La tarde del sábado, cuando ya iba disipándose la
-especie de embriaguez en que envuelven el espíritu de
-los poetas, aunque seamos viejos, el recuerdo de tánta
-poesía, tánta música y tántos serafines con forma hu<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>mana...
-ella bajando y yo subiendo, tropecé en la calle
-de la Montera con la marquesa de D. H., que es la más
-mona de todas las marquesas de los reinos unidos y
-desunidos de Europa; una malagueña que tiene una
-mata de rayos de sol por cabellos, un puñado de azucenas
-por cara, dos pedazos de cielo por ojos y dos ramilletes
-de jazmines por manos; y que me dió justísimas
-quejas, y que la dí merecidísimas satisfacciones, y que
-me ofreció el perdon suyo y el de su esposo, y que la
-prometí enmienda, y que me fuí á mi casa entre la niebla
-del crepúsculo, mareado y andando á tientas con el
-recuerdo de sus palabras y la imágen de su hermosura.</p>
-
-<p>Envié á mi familia al teatro de Apolo, y dejando el
-estreno de la comedia <i>Angel</i> por oir á Blasco, me dirigí
-al Ateneo.</p>
-
-<p>Pero Blasco es más vagabundo que yo, y á las diez
-nos dijo el secretario que Blasco no daba su lectura
-aquella noche. Un poco despechado de aquel chasco
-que con su ausencia me pegaba Blasco, eché hácia el
-teatro de Apolo, desesperanzado de acabar la semana
-tan poética y armoniosamente como la habia pasado,
-puesto que daban una comedia en prosa para mí desconocida:
-<i>Lo positivo</i>.</p>
-
-<p>A más de la mitad iba ya la representacion del acto
-segundo, cuando ocupé yo mi butaca de primera fila;
-ignoraba el argumento y dábame apenas cuenta de lo
-que en la escena sucedia, cuando la Hijosa, que en ella
-estaba sola, dejó un periódico en que habia leido y
-tomó una carta que tenia delante por leer. Desplegó
-poco á poco el papel de aquella carta y comenzó su lectura
-con una indiferencia que cambió en atencion, y
-que fué pasando de ésta al interés, y de éste al sentimiento,
-y luego á la ternura, y ví con mis gemelos que<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>
-las lágrimas brotaban de los ojos de la actriz, y sentí
-las mias anublarme los cristales á cuyo través la contemplaba,
-y oí por fin estallar un aplauso universal, y solté
-mis anteojos para aplaudir su final de acto, cuya ejecucion
-hacia mucho tiempo que no habia yo visto par.</p>
-
-<p>En el tercero desplegó Pepita Hijosa un lujo de pormenores,
-un estudio de detalles tan minucioso, un cuadro
-tan acabado de cómica coquetería, manifestó tal
-seguridad y franqueza, tal posesion de la escena, que
-envidié la fortuna del Sr. Tamayo ó Estévanez, ó como
-quiera llamarse el académico autor de aquella comedia,
-en la cual se me revelaban á un mismo tiempo el más
-práctico de nuestros autores, y una actriz incomparable
-para el estudio de sus papeles.</p>
-
-<p>Puede un gran poeta desarrollar en ricos versos ó en
-castiza prosa, un gran pensamiento, y dar cima á una
-gran creacion; pero el mejor poeta no puede hacer más
-que escribir sus palabras; y si el actor no da á cada una
-de las de su papel una intencion, una inflexion, un movimiento
-y una vitalidad competentes, de la palabra no
-resulta más que un sonido sin vibracion, que excita
-seca, pálida y fria la idea en ella expresada. En lo que
-yo ví de <i>Lo Positivo</i>, el poeta ha confeccionado sus palabras
-y sus escenas como maestro, pero la Hijosa da á
-su palabra el movimiento, el relieve y la vida del sentimiento
-del arte.</p>
-
-<p>Yo no conocia, amigo Munilla, á esta actriz que ha
-hecho su reputacion durante mis treinta años de ausencia
-de España, y como todavía su acento me resuena
-dentro del tímpano, su figura y su juego escénico me
-bailan aún en las pupilas, y el recuerdo de la actriz me
-turba la memoria, no tengo ni tiempo ni ánimo para escribir
-el artículo de mañana.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span></p>
-
-<p>Compóngase Vd., pues, como pueda; que yo voy á
-probar si durmiendo doce horas seguidas, puedo desembarazarme
-de la deliciosa pesadilla que me producen
-en vigilia las encantadoras imágenes de las nueve bienhechoras
-hadas, con quienes he tenido la fortuna de tropezar
-en la semana que acabó ayer. Si Dios me da otras
-cuatro como ésta, el premio grande de la lotería en la
-quinta, y la gloria despues de la muerte... reclame usted,
-señor Munilla, reclame usted ante todos tribunales
-humanos y en el divino, porque no habrá justicia ni en la
-tierra ni en el cielo.</p>
-
-<p>Suyo afectísimo...</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Los redactores de <i>El Imparcial</i> no quisieron dejar
-pasar el número de aquel lunes sin artículo mio, y sustituyéndole
-con mi anterior epístola, le completaron con
-la siguiente nota y los subsiguientes versos: todo lo cual
-dejo yo en este lugar interrumpiendo mis recuerdos como
-ellos lo intercalaron en los <i>Lunes</i> de su periódico.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Mal satisfechos con esta carta del Sr. Zorrilla, corrimos
-á su casa, pero no le hallamos en ella. Registramos
-osados su pupitre, y encontrando en él el borrador de
-las siguientes octavas, las publicamos á continuacion de
-su carta, en lugar del artículo que hoy no contaba
-darnos.</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Dios te ha dado, Valenciana,</div>
-<div class="line">la beldad de las huríes;</div>
-<div class="line">en tu faz, cuando sonries</div>
-<div class="line">se abre el cielo y se ve á Dios;</div>
-<div class="line">quien al darte en carne humana</div>
-<div class="line">modelada tu hermosura,</div>
-<div class="line">dijo: «ahí va esa criatura,</div>
-<div class="line">y como esa no hago dos.»</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y eres única por eso:<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></div>
-<div class="line">Yo creí que era mi Rosa</div>
-<div class="line">la primera y más hermosa</div>
-<div class="line">en el ámbito español;</div>
-<div class="line">pero á tí, prez y embeleso,</div>
-<div class="line">luz y gloria de Valencia,</div>
-<div class="line">te creó la Omnipotencia</div>
-<div class="line">sola y sin par, como el sol.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">En tus ojos nace el dia,</div>
-<div class="line">que ajimeces son del cielo</div>
-<div class="line">por los cuales manda al suelo</div>
-<div class="line">de Valencia Dios la luz.</div>
-<div class="line">Ha supuesto Andalucía</div>
-<div class="line">que era Vénus sevillana...</div>
-<div class="line">no lo creas, Valenciana;</div>
-<div class="line">erró vano el andaluz.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Al matar el cristianismo</div>
-<div class="line">á la Vénus de Cithéres,</div>
-<div class="line">se asió á tí Cupido, y eres</div>
-<div class="line">quien le lleva de sí en pós;</div>
-<div class="line">si hizo á aquella el paganismo</div>
-<div class="line">de la espuma de los mares,</div>
-<div class="line">de capullos de azahares</div>
-<div class="line">y de luz te hizo á tí Dios.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tú eres Vénus, Valenciana;</div>
-<div class="line">tu hermosura es más perfecta</div>
-<div class="line">que la helénica, romana,</div>
-<div class="line">bizantina y oriental:</div>
-<div class="line">tú eres la obra más correcta</div>
-<div class="line">de las manos de aquel númen</div>
-<div class="line">que es la cifra y el resúmen</div>
-<div class="line">de lo bello y lo ideal.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y contigo, almo trasunto</div>
-<div class="line">de aquel gérmen de hermosura,</div>
-<div class="line">de sin par modeladura</div>
-<div class="line">en su inmensa creacion,</div>
-<div class="line">no tiene el más leve punto</div>
-<div class="line">de adhesion comparativa</div>
-<div class="line">criatura alguna viva</div>
-<div class="line">en belleza y perfeccion.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">No creó naturaleza</div>
-<div class="line">ningun tipo de hermosura<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></div>
-<div class="line">que no fuera á tu belleza</div>
-<div class="line">algun rasgo á demandar;</div>
-<div class="line">te pidió el cisne blancura,</div>
-<div class="line">el armiño tu limpieza,</div>
-<div class="line">el halcon tu gentileza</div>
-<div class="line">y el antílope tu andar.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tienes ojos de paloma</div>
-<div class="line">y hebras de sol por pestañas;</div>
-<div class="line">Dios te ha puesto en las entrañas</div>
-<div class="line">los efluvios del rosal:</div>
-<div class="line">y respiras los aromas</div>
-<div class="line">que desprende en las montañas</div>
-<div class="line">de sus troncos y sus gomas</div>
-<div class="line">el calor primaveral.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tu cabeza toca airosa</div>
-<div class="line">tu abundante cabellera,</div>
-<div class="line">como al cedro y la palmera</div>
-<div class="line">su ramaje secular:</div>
-<div class="line">de las hondas de tus rizos</div>
-<div class="line">la espiral es más graciosa</div>
-<div class="line">que los arcos movedizos</div>
-<div class="line">de las ondas de la mar.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tu cintura, más esbelta</div>
-<div class="line">que los vástagos del mimbre,</div>
-<div class="line">hace el paso que se cimbre</div>
-<div class="line">de tu andar de garza real;</div>
-<div class="line">y tu leve falda suelta</div>
-<div class="line">flota en torno de tu talle,</div>
-<div class="line">cual la niebla que en el valle</div>
-<div class="line">alza el sol matutinal.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Más sutilmente no liba</div>
-<div class="line">colibrí de cien colores</div>
-<div class="line">en el cáliz de las flores</div>
-<div class="line">el rocío que en él ve;</div>
-<div class="line">más ingrávida no estriba</div>
-<div class="line">la ligera mariposa</div>
-<div class="line">en las hojas de una rosa,</div>
-<div class="line">que al andar pisa tu pié.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">De tus labios la sonrisa</div>
-<div class="line">como un alba se desprende</div>
-<div class="line">que por la atmósfera extiende<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></div>
-<div class="line">viva luz y áura vital,</div>
-<div class="line">y tu aliento es una brisa</div>
-<div class="line">que del cielo baja al suelo</div>
-<div class="line">por tus labios, que del cielo</div>
-<div class="line">son las puertas de coral.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Son más dulces tus palabras</div>
-<div class="line">que la miel de las abejas;</div>
-<div class="line">el olor que trás tí dejas</div>
-<div class="line">aventaja al del clavel:</div>
-<div class="line">y tu amor, con el que labras</div>
-<div class="line">mi ventura, reasume</div>
-<div class="line">la dulzura y el perfume</div>
-<div class="line">de la flor y de la miel.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tú eres Vénus, Valenciana:</div>
-<div class="line">tus dos labios carmesíes</div>
-<div class="line">al abrir cuando sonries</div>
-<div class="line">se abre el cielo y se ve á Dios;</div>
-<div class="line">quien al darte en carne humana</div>
-<div class="line">modelada tu hermosura,</div>
-<div class="line">dijo: «ahí va esa criatura:</div>
-<div class="line">mas como esa no haré dos.»</div>
-</div></div></div>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XV.<br />
-
-EL PUÑAL DEL GODO.</h2>
-
-<h3>III.</h3>
-
-
-<p>Ganóme esta obrita más favor con el vulgo é hízose
-pronto más popular y famosa que cuantas escritas
-llevaba, por la circunstancia de que, no necesitándose
-dama para su representacion, la pusieron en
-escena todos los aficionados en liceos, casinos y demás
-sociedades más ó ménos literarias que por entónces
-comenzaron á surgir; y permítame el lector que con
-vanidad le recuerde que sé de cierto que miles de personas,
-que han sido y son hoy conocidos personajes,
-han hecho el papel de alguno de los cuatro de mi <i>Puñal
-del godo</i>: y no há muchas noches dieron una dedada
-de miel á mi amor propio mi paisano Nuñez de Arce,
-Sellés y otros que valen y son hoy más de lo que yo
-antaño valia y era, revelándome alegremente que habian
-de estudiantes representado á Theudia y á D. Rodrigo,
-y el primero añadió que aún sabia de memoria
-toda mi rápidamente abortada composicion; lo cual,
-sea dicho en paz y en gracia de Dios, me congratula<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>
-con aquel pequeño aborto de mi ingenio y casi me enorgullece
-de haberlo escrito.</p>
-
-<p>Y la ocasion me viene como de molde, para exponer
-aquí mi opinion sobre las representaciones de los aficionados,
-en los más ó ménos caseros teatros de sociedades
-más ó ménos públicas ó privadas. Cuando invitado un
-conocido autor á la representacion de una de sus obras
-en uno de estos teatros, le dicen durante ó despues de
-ella: <i>¡Cuánto habrá V. sufrido viéndose así ejecutado!</i>
-ni los que tal le dicen son justos, ni él lo fuera pensando
-tal. Yo por mi parte no sólo asisto sin pena á estas
-ejecuciones, sinó que es la sola ocasion en que escucho
-mis versos sin hastío. Los aficionados suelen ser muchachos
-de quienes aún no se sabe el porvenir, que estudian
-sus papeles con afan, los representan con entusiasmo,
-y se encariñan con el autor; de quien se acuerdan
-contínuamente y con quien contraen esa amistad leal,
-noble y desinteresada, que se basa en la fruicion espiritual
-de la lectura y del estudio de una obra que nos
-procura aplausos y favor, siquiera sea de amigos. Tal
-vez un muchacho á quien el porvenir guarda una faja
-de general ó un sillon presidencial de un Parlamento ó
-en una Academia, representa delante de la niña que ha
-de ser su mujer, ó de la mujer que ha de ser su gloria
-ó su condenacion. Tal vez alguno, con la representacion
-del papel de Theudia ó del conde D. Julian, ha conseguido
-el amor de su Florinda, y uno y otro han bendecido
-y conservado por ello toda su vida una amistad
-por él ignorada al viejo autor del <i>Puñal del godo</i>. En
-estos teatros y en estos actores de aficion todo es disculpable,
-en atencion á la buena fé con que todo se
-hace: en ellos suelen presentarse individuos que fácilmente
-llegarian á buenos actores, si en serlo pusiesen<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>
-empeño ó de serlo se vieran en la necesidad. Yo soy tal
-vez el viejo que tiene más amigos jóvenes: soy el
-poeta que goza de más popularidad entre la juventud
-escolar de España: y no por mi ciencia, de la cual dan
-mis escritos bien pobre y escasa muestra, sinó por las
-octavas de D. Rodrigo y el diálogo de éste con D. Julian,
-de los cuales hay apenas estudiante que no tenga
-en su memoria algunos de sus versos ó algunas hojas
-parásitas de los mios entre las de sus libros de asignatura.</p>
-
-<p>Los actores de provincia son tambien dignos de la indulgencia
-de los autores; porque la variedad diaria que
-en sus representaciones exige un público escaso que nunca
-varía, no les da tiempo de estudiar ni de ensayar
-convenientemente las obras; pero basta de esto, que es
-tratado aparte de mis recuerdos viejos: ya volveré sobre
-ello cuando llegue el turno á mis impresiones del tiempo
-actual; y tornemos y demos fin á las de <i>El puñal del
-godo</i> con una anécdota poco conocida.</p>
-
-<p>Habia en Méjico cuando vivia yo en aquel paraiso,
-que debió ser para mí y no quiso Dios que fuera limbo
-del olvido un Casino español, pródigamente sostenido,
-en cuyos salones se daban algunas espléndidas fiestas;
-una de ellas, la imprescindible, se verificaba el dia
-onomástico de la Reina Isabel, á quien, como á la persona
-que entónces representaba la patria, enviábamos
-un saludo los expatriados de España. Era yo el encargado
-de hacer una lectura en aquellas noches, que concluia
-siempre con el viva á España, al cual contestaban
-los mejicanos y españoles en aquellos salones reunidos.</p>
-
-<p>Un año, queriendo el Casino hacerme un obsequio
-por lo que parecia trabajo y era en un español obligacion
-de buen ciudadano, dispuso que en una de estas<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span>
-fiestas se representase mi <i>Puñal del godo</i> y se me ofreciese
-una corona.</p>
-
-<p>Colocáronme, para honrarme, en un grande y magnífico
-sillon, en el cual resaltaba más mi exígua personalidad,
-á la derecha de la orquesta y de cara al público:
-ejecutóse mi pobre drama lo mejor que se pudo
-y mejor de lo que se esperaba; diéronme mi corona,
-aplaudiéronme mucho, y despues de una exquisita cena
-aconterada con muchos bríndis, metiéronme, tras de
-muchos abrazos y plácemes, en mi coche y... buenas
-noches.</p>
-
-<p>Al dia siguiente un periódico mejicano, no muy afecto
-á los españoles pero redactado por gente ingeniosísima,
-daba cuenta de la fiesta, la representacion, mi coronacion
-y la cena final en los términos más halagüeños
-para la riqueza, la esplendidez y el patriotismo de los
-sócios del Casino; pero concluia con este cuentecillo:
-«Sin que salgamos garantes de la verdad del hecho, se
-cuenta que entre el poeta Zorrilla y un amigo nuestro y
-suyo, que no habia asistido á la funcion del Casino y que
-se acercó á saludarle al bajar aquel del coche á la puerta
-de su casa, se cruzó el siguiente diálogo, que resultó
-improvisada redondilla:</p>
-
-<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="1" summary="dialogo1">
-<tr>
- <td class="tdl smcap">«El amigo.</td>
- <td class="tdl">¿Qué tal lo hicieron los godos?</td>
-</tr>
-
-<tr>
- <td class="tdlt smcap">El poeta.</td>
- <td class="tdl">¡Hombre!... lo han hecho tan mal,<br />
- que buscaba yo el puñal<br />
- para matarlos á todos.»</td>
-</tr>
-</table>
-
-
-<p>En cuyo cuentecillo quedábamos mal todos los españoles
-de Méjico: los del Casino por haber hecho mal
-mi drama, y yo por hacerlo peor con ellos en semejante
-epígrama.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p>
-
-<p>Ni es mio, ni en aquella ocasion pudiera habérseme
-ocurrido; pero me le ha recordado la última representacion
-que he visto en Madrid de mi pobre <i>Puñal del
-godo</i>.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XVI.<br />
-LOS DOS VIREYES.</h2>
-
-<p class="rightc"><i>Suum cuique.</i></p>
-
-
-<p class="p2">Este drama está ya olvidado del público de Madrid,
-y apenas si se representa alguna vez en provincias,
-afortunadamente para mi honra.</p>
-
-<p>De él se ocupó la crítica muy somera aunque muy
-ágriamente, y tuvo razon: es la más miserable rapsodia
-representada en el teatro moderno; y si andando el
-tiempo algun curioso bibliómano ó algun crítico investigador
-tropezaran con ella en algun juicio retrospectivo,
-seguramente exclamarian con asombro: «¡Cómo diablos
-fué posible que aquel poeta escribiera esto!»</p>
-
-<p>Y no puedo negar que lo escribí, y es lo peor que
-al afirmarlo no me avergüenzo de haberlo escrito; materialmente
-escrito, porque el argumento, la forma y las
-escenas en prosa, no son mios: están rastreramente cogidos
-y literalmente copiadas de una mala novelucha de
-un autor italiano engerto en francés, á quien todo París
-literario y artístico ha conocido, pero cuya reputa<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>cion
-no ha llegado á España: la novelucha se titulaba
-<i>El virey de Nápoles</i>, y su autor se llamaba Pietro Angelo
-Fiorentino.</p>
-
-<p>¿Cómo llegó á mis manos esta novela? ¿Quién me puso
-en mientes transformarla en drama, copiando en él servilmente
-los amanerados diálogos de su falso relato y sin
-curarme de corregir sus errores históricos, ni de dar á
-mis personajes otro carácter más acusado y dramático,
-más verdadero y más español?</p>
-
-<p>Es una historia que debia de quedar para contada
-despues de mi muerte; pero que se me antoja contar en
-vida, porque nada hay en ella que no abone mi lealtad
-de amigo y mi buena fé de hombre honrado; porque no
-quiero que piense ninguno de los que en mi tiempo viven
-que temo abordar en mis RECUERDOS DEL TIEMPO
-VIEJO ninguna cuestion personal sobre el pasado
-que no vieron, y porque no quiero cargar para el porvenir
-con culpas que no fueron mias. En cuanto á mi
-reputacion literaria, confieso que no me trae con mucho
-cuidado; porque sólo la posteridad depura y acrisola
-lo que vale la fama adquirida en vida por un autor de
-loca fortuna ó de gran favor entre los profesores de bombo;
-y tengo yo para mí, aunque pese á los pocos amigos
-que me quedan, que más me va á honrar despues
-de mi muerte, la sinceridad con que reconozco la escasa
-valia y los defectos de mis obras, que el haberlas escrito;
-y digo sinceridad, por no atreverme á decir modestia;
-virtud que creo que no existe ya en España y que
-es un capital que... quien lo pone lo pierde: sabiendo
-lo cual, aunque lo tuviera no lo pondria yo.</p>
-
-<p>No quiero, sin embargo, que mis amigos renieguen
-de mí, tomando mi sinceridad por hipocresía; y voy á
-decirles de paso, y áun á peligro de que en vez de hi<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>pócrita
-me crean vanaglorioso, que tengo cierta conciencia
-de mí mismo, teniendo por bien hecho y por valioso
-algo de lo por mí hecho: mi <i>Cristo de la Vega</i>, mi
-<i>Capitan Montoya</i> y mi <i>Margarita la tornera</i>, son tres
-leyendas muy imitadas, pero no corregidas áun por
-otro poeta mejor narrador, ó más legendario y tradicional;
-y Dios y el tiempo nuevo me perdonen mi pretension
-de creer que me dan derecho á tenerme por legendario
-buen narrador. Por poeta dramático no me tuve
-jamás, y sólo puedo presentar sin vergüenza los dos primeros
-actos de <i>Traidor, inconfeso y mártir</i> y la segunda
-mitad del tercero y primera del cuarto de <i>El Zapatero
-y el Rey</i>; lo cual no es tánto que sirva para bravear, ni
-tan poco que me humille y me cierre las puertas del
-teatro; y en cuanto á mis poesías líricas... ¡ay de mí! no
-son más que hojarasca; y en ellas hay muchas hojillas
-verdes y algunas florecillas frescas, pero cuando el tiempo
-seque tal hojarasca, poca sombra dará á mi fama el
-follaje que deje su soplo en las pobres ramas del laurel
-de mi gloria.</p>
-
-<p>Volvamos á la historia de mis Dos vireyes.</p>
-
-<p>Habia en 1838 y 39 una tienda de gorras en la Puerta
-del Sol, cuya dueña, honradísima mujer, tenia un
-hermano menor que de ella dependia y que era taquígrafo
-de las Córtes. Alto, desgarbado, de pesados movimientos,
-modales vulgares y saltones ojos, era en su
-exterior el tipo de la honradez, y en sus características
-manifestaciones la expresion de la buena fé.</p>
-
-<p>No recuerdo cómo, ni por quién, tropezó y comenzó
-á juntarse conmigo; pero ello es que paró en ser mi inseparable
-sombra, y que no pasaba dia que no pasara
-conmigo y en mi casa las horas que su ocupacion de
-taquígrafo le dejaba libres. Alababa todo lo que yo ha<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>cia,
-celebraba todas mis escentricidades de poeta y mis
-niñerías de muchacho; y como si en mi cronista se hubiese
-constituido, propalaba y encomiaba por donde
-quiera mis hechos y mis dichos, clasificándolos todos
-entre los más chistosos y originales del mundo; lo cual
-contribuia más que á mi buena fama á procurarle á él
-la de mi único amigo, confidente único de los secretos
-del muchacho que iba haciéndose popular.</p>
-
-<p>Llevaba yo por entónces, como he llevado siempre,
-una vida aislada, que me ha obligado á llevar el trabajo
-necesario á mi subsistencia y mi poca simpatía por
-las banalidades que forman base de la vida social de
-Madrid. Las visitas inútiles, las relaciones superficiales
-y los convites sin cariño, han sido cosas que no he
-aceptado jamás en mis costumbres: y he preferido
-siempre para mis alegrías y expansiones el interior modesto
-de mi pobre hogar, al suntuoso salon y la opípara
-mesa del opulento y millonario anfitrion. Mi idea
-fija era hacer famoso el nombre de mi padre, para que
-éste, volviéndome á abrir sus brazos, me volviera á
-recibir para morir juntos en nuestra casa solariega de
-Castilla; única ambicion mia y único bien que Dios no
-ha querido concederme. Bajo esta idea huí siempre de
-la sociedad política y rechacé el favor y la proteccion
-de los gobiernos, á quienes no pudo ligarme nunca
-compromiso alguno personal; mi padre era realista,
-tuvo que irse con el infante D. Cárlos María Isidro á
-las Provincias Vascongadas y que emigrar á Francia un
-mes ántes del convenio de Vergara; y puse mi empeño
-en probarle, que la fama que yo habia dado á su apellido,
-la debia sólo al trabajo y al favor del pueblo, no á
-haber vendido mi pluma á un partido contrario á sus
-opiniones; y sin cuya revolucion no hubiera yo, sin em<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>bargo,
-tenido una prensa en que publicar los versos que
-me hicieron popular.</p>
-
-<p>Pasábame, pues, la vida en mi casa dado á mi asíduo
-trabajo, del cual descansaba y me distraia en el tiro de
-pistola y en el circo de la plaza del Rey; mis dos únicos
-vicios, porque en vicio les constituia mi diaria presencia
-en el tiro y en el circo, donde constantemente me acompañaba
-<i>X</i> el taquígrafo, tosco eslabon humano que con
-la humana sociedad me encadenaba. <i>X</i> no tiraba; juzgaba
-de los tiros, convenia las apuestas, aplaudia los triunfos,
-y tomaba parte muy principal en los almuerzos en
-que las ganancias se invertian. Mr. Arnaud, el propietario
-del tiro, tenia para su establecimiento el reclamo
-de nuestra fama, y en el actor Monreal, en D. Juan
-Valleras y en mí, tres seguros mantenedores de las
-apuestas que él con extranjeros generalmente entablaba,
-y que el bueno de <i>X</i> con él organizaba y llevaba á cabo;
-almorzando siempre, como árbitro y adlátere mio,
-con los vencidos y los vencedores.</p>
-
-<p>No puedo resistir al deseo de consagrar aquí cuatro
-renglones al recuerdo de aquellos viejos compañeros de
-mis juveniles aficiones.</p>
-
-<p>Monreal era un actor inimitable en lo que entónces
-se llamaba papeles de traidor: era un segundo sin primero
-y un tirador de pistola de primera fuerza; pero
-habia que fiarle en las apuestas los primeros tiros; porque
-era tan orgulloso, que el primero perdido le hacia
-perder la serenidad á impulsos del amor propio que le
-devoraba. Juanito Valleras era un gaditano de 24 años,
-fino y esbelto como un galgo inglés, caballeroso y leal
-hasta el recorte de las uñas, andaluz hasta la médula de
-los huesos, y tan incapaz de hacer una villanía como de
-soltar una gracia agresiva ni de mal tono. Era el primer<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>
-tirador de entónces; tiraba por vanidad, y daba siempre
-la mitad del valor de cada tiro al francés Arnaud, porque
-no se convalachara con ningun tirador paisano suyo
-para desigualar la carga ó las ventajas de las apuestas.
-Con Valleras y conmigo llevaba Arnaud el 50 por 100
-de cuanto en ellas se atravesaba; y el tiro de apuesta
-de Valleras eran nueve balas colgadas á nueve distintas
-alturas, que debian casarse con las de nueve tiros
-sin interrupcion; y rara vez le faltaba una por casar.
-De su hidalguía es prueba irrechazable el hecho
-siguiente:</p>
-
-<p>El francés Arnaud andaba siempre á caza de ingleses
-con quienes empeñarnos en apuestas de tiro, y dió una
-vez con unos que nos invitaron al del encargado de negocios
-de Dinamarca, que le tenia precioso en su jardin
-de la casa de la calle del Barquillo, residencia de su embajada.
-Los ingleses lo eran de pura raza, y nos recibieron
-como gentes de la mejor sociedad, prévia la más
-irrecusable presentacion. Tiraban con unas magníficas
-pistolas belgas, tres pulgadas más largas que las nuestras:
-fiáronse á la suerte todas las condiciones, y tocó á
-cada cual el derecho de usar de sus propias armas. Durante
-los preliminares, Monreal y <i>X</i> fijaron su atencion
-en un inglés viejo, que sentado á la cabeza del tiro tenia
-un groom de pié á su espalda y un gran saco á sus
-piés: era sin duda un maniaco apostador.&mdash;«¡Ojo al
-saco!» dijo por lo bajo <i>X</i>;&mdash;y una mirada furtiva de
-Mr. Arnaud nos probó á Valleras y á mí que el francés
-habia tramado aquella conjuracion contra el saco del inglés.
-Tocó á los de Albion tirar los primeros; pusieron
-por primer blanco un huevo á treinta pasos: tiró el primer
-inglés, é hizo blanco: tiró el segundo con igual
-acierto; y hecho lo mismo por el tercero, nos tocó nues<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>tro
-turno á los españoles. Valleras permaneció impasible,
-apoyada la mano derecha en el pilar de la barandilla,
-para tener la muñeca libre de sangre y el pulso
-tranquilo; pero invitado por uno de los ingleses á hacer
-su tiro, dijo tranquilamente: «Mis compañeros y yo no
-hacemos ese tiro.»</p>
-
-<p>Mr. Arnaud se mordió los labios, yo sentí palidecer
-mis mejillas, y los ingleses echaron sobre nosotros una
-mirada de compasion acompañada de una sonrisa, en
-la cual su esmerada educacion no llegó á marcar el desprecio.
-Valleras, sacando un puñado de monedas de á
-ochenta reales isabelinas y recientemente acuñadas,
-mandó al criado poner una en el blanco apoyada en el
-tapon de corcho tendido. Tomó su pistola, y pasándosela
-á Monreal para el primer tiro, dijo á los ingleses:
-«Nuestro tiro no pasa nunca de este tamaño.» El blanco
-se veia mal, porque no era blanco sinó amarillo, y á
-treinta pasos sólo lo veia un ojo de tirador; tiró Monreal
-y quitó la moneda; puso el criado otra, y Valleras
-me pasó la pistola con que él tiraba; puse yo mi alma
-en mi dedo índice, é hice blanco; Valleras dijo: «Yo no
-tiro eso: cuelgue V. mis nueve balas.» Valleras hizo su
-tiro; los ingleses saludaron respetuosamente, y el del
-saco se le entregó al groom, que desapareció con él. La
-apuesta paró en un refresco y en un puñado de monedas
-que Valleras y los ingleses dieron á Mr. Arnaud; y
-cuando á la mañana siguiente, al volvernos á reunir en
-el tiro de éste, argüia á Valleras por no haberse dejado
-ganar los primeros tiros para engrosar las puestas, Valleras
-contestó con su desenfado andaluz: «Mr. Arnaud,
-si V. habia pensado que nuestro blanco fuese el saco del
-inglés, hizo V. mal en pensar en nosotros para sostener
-tal apuesta.»</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span></p>
-
-<p>Valleras murió dos años despues, de una afeccion
-pulmonar; Monreal se metió una noche la bala de su último
-tiro en el cerebro... y yo abandoné el tiro, cuando
-mis compañeros abandonaron el mundo.</p>
-
-<p>Al montar Ignacio Boix su librería en la calle de
-Carretas, dando á este ramo de comercio una forma y
-un impulso hasta entónces inusitado en España, <i>X</i> se
-ingirió en su casa como administrador, ya con ciertas
-pretensiones literarias, como amigo y conjunto inseparable
-mio: Boix aceptó la literatura de <i>X</i> bajo su palabra:
-dióse éste á escribir algunos artículos en <i>El Pensamiento</i>,
-semanario que Boix fundó: ganóse <i>X</i> la confianza
-de éste como habia ganado la mia, y Boix le comisionó
-para ir á establecer en Cuba y Méjico dos sucursales de
-su casa de Madrid.</p>
-
-<p>Hé aquí el talento y la historia de las medianías que
-saben no desperdiciar la sombra de la más pequeña hoja
-que puede dársela: <i>X</i> empezó por adherirse á la pequeñísima
-sombra que mi pequeñísima persona comenzaba
-á proyectar: cobijóse despues á la sombra de mi casa:
-recogió como reliquias todos los borradores de mis manuscritos
-y todos los más íntimos pormenores de mi vida;
-y, al cabo de dos años, salió para Cuba, agente de la
-primera casa de librería, con mejor porvenir que yo, y
-con el manuscrito inédito de mi leyenda de <i>El capitan
-Montoya</i>, de la cual hizo cuatro ediciones en la Habana
-y Méjico, acompañándola de una biografía del autor <i>su
-grande amigo</i>, cuyo nombre iba con el suyo en la primera
-página, viva representacion de mi personalidad:
-segundo yo en aquellos países, que no pensaba yo entónces
-visitar despues de él, ni <i>X</i> pensaba que yo en
-ellos habia de hallar más tarde la huella de sus pasos.
-Volvió á Madrid en 1842, trájome grandes noticias de<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>
-mi gran fama por aquellos países y del éxito fabuloso de
-mi <i>Capitan Montoya</i>; pero ni á él le ocurrió darme, ni á
-mí pedírsela, cuenta de lo que sus cuatro ediciones habian
-producido. Entre amigos...</p>
-
-<p>Entre tanto habia yo tenido un poco de fortuna en el
-teatro con mi <i>Cada cual con su razon</i> y las dos partes
-de <i>El Zapatero y el Rey</i>, y <i>X</i> me habia dado á leer aquella
-novelilla de Pietro Angelo Fiorentino, que habia traducido
-y publicado <i>allá</i> en compañía de mi <i>Capitan
-Montoya</i> y bajo las mismas bases de lucro para Pietro
-Angelo que para mí. Celebróme mi bienandanza teatral:
-y anudando naturalmente su antigua intimidad conmigo,
-siguió acompañándome á los ensayos en el escenario
-y á mi mujer en mi palco en las representaciones...
-y un dia me preguntó que qué me parecia <i>su</i> novela de
-<i>El virey de Nápoles</i>... y otro dia que si se podria hacer
-de ella un drama... y una noche que si yo querria transformar
-en drama su novela, y por fin que si, escribiéndola
-en verso y prosa, querria yo aprovechar los diálogos
-de la novela, y poniéndolos á nombre suyo, ponerle
-á él al par del mio como autor dramático: <i>cosa</i> que á
-él le daria una grande importancia con su principal
-Boix, etc., etc.</p>
-
-<p>¿Por qué no habia yo de ayudar á hacerse hombre á
-un tan buen amigo? Me habia acompañado dos ó tres
-años cinco ó seis horas diarias, y dia y noche en las
-épocas de enfermedades y pesadumbres: habia empezado
-su carrera de escritor poniendo en las nubes mis versos
-y en boca de todos la prosa de mi vida... emprendí
-la transformacion de la novela <i>El Virey de Nápoles</i> en
-el drama <i>Los dos vireyes</i>; pero por más empeño que
-puse en semejante trabajo, le concluí convencido de
-que habia salido como no podia ménos de salir una obra<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span>
-malamente confeccionada, muy desigualmente escrita
-y de éxito dudosísimo.</p>
-
-<p>Llamé á <i>X</i> y le dije que en mi cualidad de buen amigo
-y de hombre leal, mi conciencia me obligaba á advertirle
-que <i>Los dos vireyes</i> era un tiro que iba á salir
-para él por la culata; y que al silbarme el público por
-primera vez, no faltaria á quien le ocurriera que escribiendo
-solo me habia hecho aplaudir, y que la asociacion
-con <i>X</i> me habia atraido la primera silba; y en fin,
-que aquel seguro mal éxito, en vez de procurarle reputacion
-y de abrirle la escena, le iba á desacreditar y á
-cerrársela para siempre.</p>
-
-<p>Pareció <i>X</i> convencido de mis razones: y como la
-temporada cómica iba ya muy avanzada, la obra estaba
-prometida y yo obligado á dar la tercera del año, segun
-mi contrato, determinamos presentarla bajo mi solo
-nombre, y que corriera yo solo el riesgo de un desaire
-casi seguro del público y de una justa rechifla de la crítica
-por semejante rapsodia.</p>
-
-<p>Entregué mi obra á Lombía: recomendésela á Cárlos,
-poniéndole en los pormenores de su historia: prometióme
-Cárlos, con el paternal cariño que me tenia, ponerla
-en escena con tánto más esmero cuanto ménos probabilidades
-de éxito presentaba: y pretestando yo no poder
-esquivar por más tiempo el compromiso de ir á pasar la
-Semana Santa con el duque de Rivas, partí á Sevilla,
-huyendo de la primera representacion de aquellos <i>Dos
-vireyes</i>, con cuyo azaroso porvenir dejé cargados á Mate
-y Cárlos Latorre, diciéndome al meterme en la diligencia:
-«ojos que no ven, corazon que no siente.»</p>
-
-<p>¡Y qué recuerdo tan fresco, tan juvenil, tan poético,
-es el de aquel viaje y el de la estancia en la casa y con
-la familia de aquel tan gran poeta y tan grande amigo<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span>
-como fué mio, aquel á quien yo llamaba mi ángel, á
-quien la posteridad llama duque de Rivas, y cuya memoria
-vive aún por la amistad en mi corazon, y en España
-por el <i>Don Alvaro</i>, que está todavía en pié sobre
-la escena en que hace cuarenta años que apareció!</p>
-
-<p>Desde que Juanito Donoso y Nicomedes Pastor Diaz
-primero y Villalta despues, me habian dado trabajo
-en sus periódicos, no habia yo dejado pasar una semana
-sin publicar una ó dos composiciones por lo ménos: en
-tres años habia de ellas coleccionado ocho tomos mi
-primer editor Delgado. Desde que García Gutierrez me
-habia abierto la escena, asociándome á él en el <i>Juan
-Dándolo</i>, habia yo presentado seis dramas, benévolamente
-acogidos por el público, que tuvo sin duda en
-cuenta al aplaudírmelos mi poca edad y mi constante
-trabajo: tenia yo mucha priesa de meter ruido que llegara
-á los oidos de mi padre, emigrado en Francia, y
-no me remuerde la conciencia de haber desperdiciado
-aquel tiempo viejo. Era la primera vez que cogia yo un
-mes y un puñado de onzas para mi solaz. Mi miedo al
-éxito de mis <i>Dos vireyes</i>, pedia á Dios alas para huir de
-Madrid: y el editor D. Manuel Delgado, que era el único
-que sabia lo que yo valia en dinero, que me gruñó
-siempre, pero no me negó jamás el que le pedí, me dió
-el susodicho puñado de onzas, para sustituir con un
-asiento en la diligencia las alas que Dios no ha concedido
-á ningun poeta al lado de los homóplatos. Dióme
-Lombía una docena más de aquellas graves y amarillas
-monedas que por atrasos de mi sueldo me era en deber,
-y otra docena Boix por adelanto y seguridad de mi
-primer tomo de leyendas: dejé las dos docenas á mi familia;
-y con el primer puñado en el bolsillo, me acomodé
-en la berlina, que despues hemos llamado <i>coupé</i>,<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span>
-de la diligencia que á las tres de una mañana de marzo
-arrancaba para Sevilla, de la calle de Alcalá.</p>
-
-<p>Llevaba por compañeros á D. Juan Jústiz, noble
-mozo habanero, de tan mala salud como buena educacion,
-y tan sobrado de rentas como falto de humor para
-gastarlas; á quien acompañaba Lorenzo Allo, otro habanero
-de tan buen humor y tan buena salud como poco
-amigo de guardar su dinero, con quien habia trabado yo
-amistad en el tiro de Mr. Arnaud y en el gimnasio del
-conde de Villalobos.</p>
-
-<p>Era este Lorenzo Allo el mejor amigo y el más agradable
-compañero del mundo: tan enjuto como récio, era
-nervioso hasta tener trémulas las manos, á pesar de lo
-cual tomaba café cuatro veces al dia; y usando en anteojos
-de oro unos cristales de muy bajo número, alternaba
-con los primeros tiradores; sin que me haya podido
-yo dar cuenta de cómo veia el blanco, ni de cómo sujetaba
-é inmovilizaba sus nervios para hacer finísimos tiros.
-Teníame una sincera amistad y sabia de memoria muchos
-versos mios: dábame tan buenos consejos como
-malos ejemplos; y tan diestro boxeador como mediano
-humanista, estaba siempre dispuesto á saltar un ojo de
-un puñetazo á quien no le concediera sin discusion que
-era yo el primer poeta de ambos mundos. Cuidaba de
-mí en el gimnasio como si fuera yo de cristal, y de mi
-honra como si fuera la suya, é hijo yo de su mismo
-padre.</p>
-
-<p>Jústiz y yo le hicimos administrador de ambos durante
-el viaje y le entregamos nuestros dineros: aquel
-para no tener el trabajo de pensar en ellos, y yo para
-ahorrarme el de contarlos: negocio que era por entónces
-no poco peliagudo en España, con los ocho cuartos
-y medio de sus reales, los ciento setenta de sus duros,<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span>
-los trescientos veinte reales de sus onzas, las tres onzas
-y <i>dos duros</i> de sus mil reales, etc.; de modo que la más
-mínima cuenta tenia siempre más picos que una custodia.</p>
-
-<p>La noche estaba fria, lejano el amanecer, y los tres
-viajeros de la berlina que habíamos acudido con tiempo
-por no habernos acostado, estábamos en nuestros puestos
-desde que empezaron los mozos á cargar el carruaje,
-durmiendo tranquilamente bien embozados en nuestras
-capas. La empresa era nueva, y en competencia con la
-antigua: el conductor ocupó el pescante y al dar las tres
-en el Buen Suceso, dió una voz y tendió su fusta á los
-caballos, que nos arrebataron entre el ruido de sus herrados
-cascos y de sus agujereados cascabeles.</p>
-
-<p>La nueva empresa habia montado á la francesa sus
-tiros, sustituyendo al antiguo rosario de mulas, enfrenadas
-sólo las dos del tronco y las seis restantes encomendadas
-á un muchacho ginete en el mingo delantero,
-un tiro de seis buenos caballos todos embridados;
-dos en la lanza y cuatro en balancin. Aquellas nuevas
-diligencias, carruajes de sólo berlina y rotonda, eran
-unas especies de sillas de posta; y eran á las antiguas
-galeras y diligencias lo que hoy son á aquellas sillas de
-posta las locomotoras y trenes de los ferro-carriles;
-pero aquel ruido de los cascabeles, aquel perpétuo vocerío
-con que á sus caballos animaban los mayorales,
-aquellos zagales dicharacheros que enganchaban y recogian
-los tiros en las remudas, aquellos venteros y
-maestros de postas, aquellas hosterías en donde se hacian
-los altos y las comidas, conservaban el carácter
-jaranero y alegre de nuestra patria y la tierra por donde
-viajábamos los españoles; y se veia el país, y se bromeaba
-con las paisanas; y sea dicho en paz, no tenia<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>
-tantas ventajas para los intereses materiales, pero tenia
-más poesía que el actual nuestro modo de viajar del tiempo
-viejo. Los caballos daban cierto decoro de caballeros
-á los viajantes; y no todo el mundo podia permitirse
-el lujo de viajar en berlina de una silla-correo, que
-corria por el centro de la calzada, pasando al vulgo de
-los viandantes; la máquina lo arrastra todo, y los caballos
-arrastraban la flor de lo arrastrado, y bien lo decia
-el refran: «de las vidas arrastradas... la del coche.»</p>
-
-<p>El en cuyo <i>coupé</i> íbamos Allo, Jústiz y yo paró en
-Ocaña para almorzar. Sin que Allo y yo hubiéramos
-bajado los cristiles, ni hablado con los viajeros del segundo
-compartimento en las postas pasadas, por respeto
-al descanso de Jústiz, que iba convaleciente de
-larga enfermedad, con fuentes abiertas en los brazos y
-encomendado á nuestra amistad por su cariñosa familia.
-Pero al apearme en Ocaña, unos brazos poderosos
-me arrebataron del estribo, y al depositarme en tierra
-me decia la voz vigorosa del individuo á quien aquellos
-fornidos brazos correspondian:&mdash;«¿Aquí tú, Pepe?»&mdash;Era
-Paco Elipe, diputado bullicioso, poeta un poco excéntrico,
-pero no despreciable, hacendado manchego y
-amigo leal, de quien ya apenas hace nadie memoria;
-pero de la de quien voy á traer algunos recuerdos á estos
-mios de aquel viejo tiempo.&mdash;¿Quién es tan descortés
-ni tan ingrato que no se pare á dar un apreton de
-manos al viejo amigo, á quien encuentra por acaso en
-el viaje de la vida? ¿Y qué son estos recuerdos más que
-un viaje de vuelta por el casi borrado rastro del florido
-camino de mi juventud?</p>
-
-<p>Paco Elipe fué sócio del Liceo y escribió de todo,
-en verso y en prosa; y empezando por un drama en compañía
-de Romero Larrañaga, titulado <i>La Vieja del<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>
-Candilejo</i>, cuyo plan está no más preparado y versificado
-limpia y galanamente: escribió otros más, y tuvo
-sus éxitos y sus aplausos y su reputacion no inmerecidos
-y fué uno de los que, con quienes empezábamos á
-hombrear, arrimó el hombro para empujar el carro del
-progreso de aquella época. Recto y tenaz, y de vigorosísimo
-carácter, hacia y decia las cosas de muy original
-y personalísima manera. Un dia cerraba con lacre una
-carta, y echándose por descuido una gota de él encendida
-en un dedo, en lugar de sacudírsela dijo, conservando
-el dedo inmóvil: «¡Bruto Paco; para que no seas
-torpe otra vez!» Y dejó apagarse el lacre en la carne.
-Una noche sorteamos en el Liceo varios argumentos
-para una improvisacion, entre varios poetas, y tocóle á
-Elipe el de la <i>Noche-Buena</i>.</p>
-
-<p>El tiempo dado para el trabajo de la improvisacion
-era el de una hora, al fin de la cual comenzaba la lectura
-de las composiciones en la tribuna; llegó su turno
-á Elipe, y en medio de muchas redondillas facilísimas,
-en que describia todo el tumulto que traen consigo los
-panderos, zambombas y el jaleo de aquella noche de la
-Misa de Gallo, soltó con la mayor formalidad la semiblasfemia
-de esta cuarteta:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y aunque la ilacion se quiebre,</div>
-<div class="line">lo que no apruebo y resisto</div>
-<div class="line">es el mal gusto de Cristo</div>
-<div class="line">de nacer en un pesebre.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Y continuó su descripcion de la <i>Noche-Buena</i> con
-tanta imperturbabilidad suya como estupefaccion del
-auditorio.</p>
-
-<p>Fué el amigo más consecuente de José Fernandez<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span>
-de la Vega, el fundador del Liceo, mal recompensado
-por todos los á quienes hizo hombres con el establecimiento
-de tan única y brillante sociedad. El Gobierno
-no supo dar á Vega más que el Gobierno de una provincia
-de tercer órden; y Paco Elipe fué el más fiel amigo
-de aquel á quien tantos faltaron.</p>
-
-<p>Pero de Paco Elipe haré más larga y justa mencion
-más adelante, porque espero en Dios que me dará tiempo
-de hacerle una visita en su palacio solariego de Manzanares:
-y ocasion de hallar en él materia para más curioso
-relato.</p>
-
-<p>Con este mi tercer compañero de viaje almorcé
-en Ocaña, en un parador nuevo, en una mesa muy
-limpia y enflorada, servida por dos buenas mozas de
-diez y ocho y veinte años, de trigueña tez, boca sensual
-y risueña, grandes, negros y retozones ojos, moño de
-picaporte con zorongo de largos cabos, y robustez muy
-mal disimulada en sus ceñidos corpiños, y sus estrechos
-y cortos guarda-pieses.</p>
-
-<p>El conductor nos presentó á los postres un libro en
-blanco, en cuyas hojas rogaba la empresa á los viajeros
-que anotasen las faltas de servicio para corregirlas.
-Elipe y yo acusamos en ellas, y en unas quintillas, al
-posadero de hacer servir su mesa por aquellas dos muchachas,
-que embelesaban á los viandantes para que no
-comiesen más que ojeadas y sonrisas, productoras para
-ellas de dobles propinas y de vanas esperanzas para los
-comensales; y pedíamos á la empresa que, ó suprimiese
-aquellas dos muchachas, ó que cambiando las horas de
-salida de sus carruajes, dispusiera que los viajeros no
-almorzaran, sinó que cenaran y pernoctaran en aquel
-parador de Ocaña.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span>
-El 1.º de Abril á las siete de la mañana nos apeamos
-de la diligencia en Sevilla, café del Turco, calle de la
-Sierpe. Salia yo á ver la tierra por primera vez; y como
-el pájaro que deja por primera vez el nido apenas emplumado,
-y goza de la luz, la vida y la libertad, desempolvando
-sus plumas entre el fresco césped y las
-primeras margaritas, y se baña en el brillante ajófar y
-las líquidas perlas de las gotas de agua que desparrama
-el Guadalquivir en sus siempre verdes orillas, me salí
-por la Puerta del Arenal á ver el puente, y el rio, y la
-Torre del Oro, y á respirar aquel ambiente perfumado
-de azahar, y á bañarme en aquella luz, reflejo dorado de
-la del Paraiso; á pasar, en fin, una mañana de muchacho
-que hace novillos.</p>
-
-<p>Y fué aquel uno de los pocos dias que en mi vida
-cuento como felices, y cuya dicha tuvo fin y colmo en
-mi nocturna presentacion en casa del egregio poeta,
-del cariñoso amigo, del entretenidísimo conversador, y
-del nunca olvidado autor del <i>Moro expósito</i> y del <i>Don
-Alvaro</i>.</p>
-
-<p>El recuerdo de la amistad, de la casa y de la familia
-del duque de Rivas es una isla de arribada en el revuelto
-mar de mi existencia, un oasis frondoso en el arenal
-desierto de mis estériles aspiraciones, una tienda de reposo
-en el pedregal por donde ha hecho peregrinar mi
-inutilidad viviente, mi improductiva é improvisora poesía.
-La casa del duque en Sevilla es en mis recuerdos
-un nido de ruiseñores, donde fué á albergarse una noche
-de primavera una golondrina desanidada.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XVII.</h2>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">¡Gran tierra es Andalucía!</div>
-<div class="line">La gente allí alegre toma</div>
-<div class="line">la vida efímera á broma,</div>
-<div class="line">y hace bien, por vida mia.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Quien á Sevilla no vió</div>
-<div class="line">no vió nunca maravilla;</div>
-<div class="line">ni quiso irse de Sevilla</div>
-<div class="line">nadie que en Sevilla entró.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">«¡Ver Nápoles y morir!»</div>
-<div class="line">dicen los napolitanos.</div>
-<div class="line">Y dicen los sevillanos:</div>
-<div class="line">«¡Ver Sevilla, y á vivir!»</div>
-</div></div></div>
-
-
-<p>Esto digo yo de Sevilla en <i>La leyenda de los Tenorios</i>,
-y esto hice cuando fuí á aquella ciudad sin
-más objeto que á ver á Sevilla y á vivir. No existian
-aún en España las academias y los profesores
-de <i>bombo</i>, ni <i>La Correspondencia</i> anunciaba la salida
-de Madrid de don Fulanito y doña Menganita, ni nos
-habian hecho cardenales, tratándonos de <i>Eminencias</i>, á
-los que por algo comenzábamos á distinguirnos los que
-aún no se distinguian por su profesion de <i>bombistas</i>; ni
-habíanse aún establecido las sociedades y comisiones de
-aplausos mútuos que anuncien, calificándolo de aconte<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>cimiento,
-la partida, la llegada ó el resfriado de cualquier
-medianía ó nulidad, á quien cuatro amigos, si no
-ella misma, dan importancia miéntras se lee el número
-en que se da ó se la da bombo: así que pude yo pasearme
-por Sevilla con Allo y Jústiz sin riesgo de hacerme
-enemigos todos los liceos, ateneos y teatros caseros,
-cuyas invitaciones rehusara, y cuya sancion necesita
-hoy todo hombre notable para pasar por donde pasa,
-como moneda resellada, en cada provincia. Algunos
-curiosos iban á ver cómo era el autor de <i>El Zapatero y
-el Rey</i> cuando entraba ó salia en el café del Turco, donde
-se hospedaba; y el tal autor salia ó entraba en su
-alojamiento, y gozaba de aquel sol y aspiraba aquel
-aroma de azahar que llena los paseos y las alamedas, y
-visitaba aquellos viejos y moriscos edificios, por y entre
-los cuales anduvo el rey, tan popular como mal juzgado
-todavía, de su drama <i>El Zapatero y el Rey</i>. Hacia,
-en fin, la vida que en Sevilla se hacia: la del pájaro,
-como dije en mi número anterior; picotear los capullos
-de las rosas y de los azahares, cantar y esponjarse á la
-sombra y entre las hojas de los naranjos y las magnolias,
-y vagar de barrio en barrio, como los pájaros de
-rama en rama, hasta la hora de acogerse al nido de los
-ruiseñores, que era la casa del duque de Rivas.</p>
-
-<p>En ella duraban algunas caseras costumbres de nuestras
-nobles familias de los siglos del Renacimiento. La
-del duque se reunia en las primeras horas de la noche
-en torno de una gran mesa; donde, presididas por la
-duquesa, trabajaban sus hijas en alguna labor, y leian ó
-dibujaban sus hijos, ó escuchaban todos al duque, que
-les leia ó recitaba algunos de sus característicos romances,
-ó algunas de las consejas por él recientemente desenterradas
-de bajo alguna piedra mal segura del rincon<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span>
-de una callejuela de Sevilla. El duque leia sus versos con
-un entusiasmo, un tono y una gesticulacion esencialmente
-suyos y completamente originales; y acompañaban
-su voz el murmullo del aire en las hojas y del agua
-en las fuentes del jardin, sobre el cual se abrian los dos
-balcones de aquella estancia. El cariñoso respeto y la
-cordial é infantil admiracion de su numerosa familia
-para con el padre y el poeta, era la cualidad característica,
-el fondo típico de aquel cuadro de interior, en
-cuya atmósfera se respiraba la más sincera alegría y la
-más tranquila felicidad. Aquellas cabezas juveniles de
-las muchachas, en cuyos ojuelos retozones chispeaba la
-curiosidad reprimida y en cuyos labios retozaba la maliciosa
-sonrisa; las inteligentes fisonomías de los muchachos,
-Enrique reflexivo y Alvaro bullicioso; aquellos
-álbums, grabados y caballetes abiertos siempre, ó siempre
-cargados de algun trabajo no concluido; aquellos
-retratos de los hijos, pintados por el padre; aquel piano
-siempre abierto, y aquellos tres salones seguidos, en
-donde siempre habia murmullo de música ó de poesía,
-y cuyo silencio era el són del agua y los árboles del jardin,
-daban á aquella casa un carácter especial, único y
-típico, que me hizo calificarla de nido de ruiseñores, y
-cuya paz fuí yo á interrumpir con el desordenado turbion
-de versos de mi leyenda de <i>La cabeza de plata</i>, de
-la cual iba escribiendo el último capítulo durante aquel
-viaje. Habia en aquella leyenda (que el fin se publicó
-bajo el título del <i>Talisman</i>, y de la cual ya nadie probablemente
-se acuerda), un enamoradísimo Genaro, á
-quien vuelve loco la cabeza de una hermosa Valentina,
-cortada por un bárbaro y celoso tutor, cuya historia no
-sabia yo á punto fijo cómo concluir, pero que entusiasmó
-á la duquesa, complació al duque por lo que me<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>
-queria, y encantó á las muchachas por lo romántica y
-apasionada.</p>
-
-<p>Pasemos pronto por tan gratos como personales recuerdos:
-la muerte nos quitó de delante aquel ídolo á
-quien adorábamos, gloria de España, cuyos versos hemos
-aplaudido no ha muchos meses en el teatro en su
-<i>Don Alvaro</i>; y no quiero que su recuerdo parezca en
-estos mios como motivo de alabanza propia, ni como
-afan de propio engrandecimiento á la sombra suya, ni
-como halagüeña adulacion á los hijos vivos del amigo
-muerto; de cuya viva estimacion vivo seguro, por los
-puros recuerdos de aquellos dichosos dias y de aquellas
-deliciosas noches.</p>
-
-<p>Obligábame á pasar á Cádiz un asunto de familia; y
-librándome á fuerza de voluntad del encanto con que
-en Sevilla me retenia la sociedad del duque, me embarqué
-con mis compañeros en un vapor que descendia el
-Guadalquivir. No habia yo visto el mar; y para no verle
-prosáicamente desde una playa, me eché á lomos de
-aquella serpiente de plata, que deshace las móviles escamas
-de sus dulces ondas en las amargas profundidades
-del que rodea y arrulla aquel canastillo de plata, que
-se llama Cádiz. Ni de esta ciudad ni de la de Sevilla
-diré una palabra más; porque ni hay ya nada que de
-ambas en prosa y verso no se haya dicho, ni estos recuerdos
-son memorias históricas, ni relacion de impresiones
-de viaje, que obligan á seguir lógica y consiguientemente
-una narracion; sinó la consignacion de
-mis ideas en un papel, segun en mi imaginacion desordenadamente
-se van presentando. Está ya convenido
-que el autor del <i>Zapatero y el Rey</i> y de <i>Margarita la
-Tornera</i> es un poeta... bueno ó malo, grande ó pequeño:
-pero ¿cómo fué poeta? ¿Cuáles fueron los gérmenes<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>
-de su inspiracion? ¿Qué influencia han tenido en sus escritos
-las vicisitudes de su vida? ¿Qué hay en la suya
-íntima, puesto que no la tiene pública no habiendo sido
-nunca más que poeta? Esto es lo que él solo puede decir,
-y esto es lo que exponen estos sus <span class="smcap">Recuerdos del
-tiempo viejo</span>, tan desprovistos de interés como de órden,
-por ser personales y desligados de toda adherencia
-con la política, el progreso, la vida, y en una palabra,
-de la generacion en que ha vivido, como una planta
-parásita sin raices que á su tierra la sujetaran.</p>
-
-<p>Poseia en Cádiz una persona de mi familia una de las
-pocas huertas, que reverdecen en el escaso terreno de su
-puerta de tierra.</p>
-
-<p>Ni la dueña de aquella posesion conocia su finca, ni
-jamás habia estado muy clara la historia de ella; habíasela
-cedido un pariente suyo en cambio de unos terrenos
-en Ultramar; y tasada sin duda en más de lo que
-valia, no redituaba lo que de su capitalizacion podia
-esperarse. Habia habido en ella en otro tiempo un establecimiento
-industrial, cuyo abandonado edificio é
-inútiles utensilios habian ido vendiéndose cuando la
-ocasion se habia presentado. Teníala entónces en arriendo
-un signor Doménico Maggiorotti, genovés ó livornés,
-de una honradez sin tacha, el cual daba cuentas
-cuando se le pedian, descontando siempre algo por gastos
-hechos en recomposiciones absolutamente necesarias,
-como reconstruccion de tapias y renovacion de
-puertas. De vez en cuando habia hablado de calderas
-viejas y de útiles ya inútiles de hierro, que allí arrinconados
-existian, cuya venta le habian propuesto y para
-cuya enajenacion pedia permiso; diósele siempre la
-propietaria, y el livornés tuvo siempre á su disposicion
-el precio de lo vendido. Las cuentas del año anterior<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span>
-estaban con él todavía pendientes, y por el mes de Febrero
-del que corria habia pedido permiso para vender
-la piedra de una especie de estanques ó secaderos de
-cera; que cerería aseguraba que habia sido el arruinado
-establecimiento industrial de la finca. De la aclaracion
-de estos hechos y del cobro de la renta del último año
-iba yo encargado, con legal poder y ámplias facultades
-de su propietaria.</p>
-
-<p>Fuíme una tarde con Allo á la huerta del Maggiorotti,
-quien, segun costumbre de su país, se llamaba
-abreviadamente Ménico, y á quien entre las gentes vulgares
-con quienes trataba, llamaban unos el señor Ménico
-y otros el tio Mónico; no alcanzando la abreviatura
-del nombre italiano. Dimos en la huerta, y topamos en
-ella con el signor Ménico Maggiorotti; que era efectivamente
-mayor en años y en estatura que Allo y yo juntos,
-y uno de los mayores hombres con quienes yo he
-tropezado en mi vida. Tenia, segun nos dijo, setenta y
-dos años, y segun vimos cerca de seis piés de alto, con
-una cabellera y unas patillas como la nieve, unas cejas
-crecidísimas, bajo las cuales relampagueaban dos ojazos
-de un azul pardo y de una admirable limpidez; una tez
-curtida como si hubiese pasado mucho tiempo expuesto
-á los aires del mar; una boca grande de perpétua sonrisa
-y guarnecida aún de su completa dentadura, y unos
-hombros, unos brazos y unas manos fornidos, musculares
-y encallecidas, como de quien debia de haber pasado
-largos años en rudo y continuado ejercicio.&mdash;Saludéle
-yo afablemente; díjele quién era, y exhibíle mis
-credenciales; tendióme él su diestra llevando la zurda
-al sombrero, y miéntras por poco no me desmonta las
-catorce coyunturas de mi mano entre las de la suya, me
-dijo con una voz como de contramaestre hecho á man<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>dar
-la maniobra entre la tempestad:&mdash;«Mañana á las
-diez le llevaré á usted á su casa ocho mil reales, y los
-seis mil trescientos restantes, el dia 30, á la misma
-hora: porque no habiéndome usted avisado de su venida,
-no le tengo juntos los catorce mil trescientos del
-total de su cuenta.»</p>
-
-<p>Ocurrióseme decirle que á mí, como el más jóven,
-correspondia ir á su casa; y contestóme, frunciendo más
-el entrecejo, y mirándome como quien necesita seis como
-yo para almorzar:&mdash;«Si tiene V. empeño de ir á mi
-casa, vaya; pero yo no hago ningun trato en mi casa,
-sinó en los <i>Montañeses</i> que tengo en frente de ella, y
-ante un jarro de manzanilla, como tal vez no es costumbre
-entre los señoritos de Madrid, y yo pago siempre.»</p>
-
-<p>Acepté, tomé en mi cartera las señas de la casa y
-despedímonos hasta las diez de la mañana siguiente.
-Allo y yo convinimos en que aquel viejo tenia trazas de
-haber sido tallado sobre el modelo del Laoconte, y de
-ser un hombre tan formal como poco hecho á sufrir
-cosquillas.</p>
-
-<p>&mdash;Parece que no tiene muchas ganas de recibirte en
-su casa&mdash;me dijo Allo.</p>
-
-<p>&mdash;Y no sé por qué las tengo yo de meter en ella las
-narices,&mdash;le dije yo; y nos fuimos á buscar á Jústiz,
-para ir á la ópera.</p>
-
-<p>Al dia siguiente, exacto como un suizo, me presenté
-á las diez en casa del signor Ménico, que la tenia en
-una calleja cerca de la muralla y en frente de una
-tienda de montañeses; á la cual se entraba por un patinillo
-cercado de un emparrado, bajo cuyos vástagos se
-veian cinco ó seis mesillas, con sus correspondientes
-bancos, éstos y aquellas clavados, que no asentados en
-el suelo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p>
-
-<p>La casa del signor Ménico Maggiorotti tenia su parte
-habitable en el piso principal, que, sostenido sobre dos
-postes, gravitaba entero sobre ellos y las paredes maestras
-de un gran portalon, todo lleno en derredor de bien
-apilados sacos de lana, en la cual comerciaba su propietario.
-Enclavada en la pared de la izquierda, pendiente,
-estrecha y de un solo tramo, una escalera de madera
-con su pasamano remataba en una puerta de maciza encina,
-único paso al piso superior; y en vez de postigo en
-ella abierto, se abria en la pared derecha un ventanillo,
-que dominaba el portalon, y desde cuyo ventanillo,
-un hombre armado de una escopeta de dos tiros ó de un
-par de pistolas, podia defender la subida y la entrada
-de una docena de asaltantes, que caerian infaliblemente
-uno tras otro ántes de que ninguno lograse forzar la
-puerta. Mil suposiciones, á cual más absurdas, forjó mi
-imaginacion de poeta y mi juvenil inesperiencia sobre
-las riquezas, la avaricia y el misterio de la vida del signor
-Ménico á la vista de aquellos sacos de lana, que representaban
-un buen par de sacos de duros, y de aquella
-colocacion de postigo y escalera, que delataban muy
-calculadas precauciones.</p>
-
-<p>Y todos estos supuestos me los hice yo como autor
-acostumbrado á preparar la escena de mis dramas, y
-como maniático tirador que no veia por donde quiera
-más que escenarios ó tiros de pistola; miéntras el corpulento
-signor Ménico venia á presentarme su mano de Titán,
-abandonando un saco de lana sobre el cual dormitaba
-ó echaba cuentas á mi llegada. Saludámonos, y
-atajando tiempo y cumplidos, el viejo italiano, con su
-vigoroso acento, pero en un tono cariñoso y dulcísimo,
-aunque imperativo, pronunció, llamándola, el más bello
-nombre de mujer que habia yo oido nunca.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;<i>¡Stella!</i>&mdash;dijo, y á su voz asomó al ventanillo una
-cabeza rubia, que respondió con una voz de indefinible
-dulzura: «Eccomi, nonno.»&mdash;«Troverai un sacco con un
-pò di danaro sulla tavola: portalo colla vesta:»&mdash;repuso
-Maggiorotti, y, unos momentos despues abrióse la puerta
-y descendió, con el saco y la chaqueta por él pedidos,
-la más deliciosa y poética criatura. Era una muchacha
-diez y ochena, blanca como una perla, rubia como un
-querubin y ligera como una corza. Traia el cabello recogido
-en dos trenzas sobre los hombros, con dos ligeros
-rizos flotantes sobre las sienes, un corpiño de terciopelo
-negro abrochado hasta el cuello con botones de plata,
-y un delantal blanco encima de una falda gris; por bajo
-cuyos ribetes se la veia bajar sobre dos piececitos inconcebibles,
-metidos dentro de dos escarpines de charol
-con hebillitas de plata. <i>Stella</i> la habia llamado su
-abuelo, y á mí me pareció, en efecto, la estrella de la
-mañana.</p>
-
-<p>Notó el viejo la impresion que en mí hacia la presencia
-de aquella criatura, y diciéndola: «son qui alla
-bottega col signore,» la despidió. Saludónos ella, y, al
-desaparecer en lo alto de la escalera, me sacó maese Ménico
-de su portalon, diciéndome: «es mi nieta;» seguíle
-yo, sospechando si podia ser un ángel á quien aquel
-viejo demonio debia de haber arrancado las alas, y nos
-metimos uno tras otro en el patio de la tienda de los
-montañeses.</p>
-
-<p>Va á ser más fácil de comprender para mis lectores
-que para mí de relatar, la escena de mis cuentas con el
-signor Ménico Maggiorotti; porque la forma y consecuencias
-de tal escena son tan comunes y vulgares, como
-extraño y fantástico su fondo. El hecho en resúmen,
-por más empacho que confesarlo me cueste, fué que el<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span>
-signor Ménico, bebedor consuetudinario, enterró en el
-fondo de un jarro de manzanilla la razon de un muchacho,
-para quien era exceso lo que para aquel costumbre;
-la manera visible con que se efectuó este entierro,
-fué la de ingerir una á una en el estómago las aceitunas
-de un plato, y otra á otra las cañas en que Ménico vaciaba
-el contenido del jarro; cuya vulgar operacion vieron
-sin curiosidad ni extrañeza los propietarios del local
-que detrás del mostrador estaban; pero su fondo, es decir,
-la intencion del signor Ménico y el pensamiento
-mio, es lo de todos áun ignorado, y lo que voy en breves
-palabras á revelar; si acierto con las frases á propósito
-para escribir tan vulgar como fantástica situacion.
-Comenzó el corpulento administrador por enterarme,
-entre las dos primeras aceitunas y las dos primeras y
-aún inofensivas cañas, de las partidas de cargo y data
-de su cuenta, y de la que á favor de mi poderdante resultaba;
-vació en seguida el saquillo que le habia entregado
-su nieta, y apiló con la destreza y rapidez del más
-ducho banquero de cabecera, primero las monedas de
-oro, despues los pesos, y en fin, las pesetas, que componian
-la suma que me correspondia: cuatro mil reales
-en onzas y cuatro mil en plata; hizo rollos primero del
-oro, despues de los duros y de las pesetas; hízome guardar
-los primeros en los bolsillos del pecho de mi levita
-y en los del chaleco; metióme los de las pesetas en los
-del pantalon, y haciendo un lio de los de los duros en
-mi pañuelo, lo colocó dentro de la comba que mi brazo
-izquierdo trazaba sobre la mesa, é introduciéndome la
-cuenta en el bolsillo del relój y guardando él mi recibo
-en su cartera y ésta en el inmenso bolsillo de su chaqueton
-de pana, dijo: «ahora emprendámosla con el manzanilla.»</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p>
-
-<p>Pero todo esto que él hizo y que yo le dejé hacer, lo
-hizo él con la calma, el aplomo y la prevision de quien
-sabia lo que iba á suceder, no queriendo que sucediera
-nada que fuera en perjuicio de su honradez de buen administrador
-y de pagador exacto.</p>
-
-<p>Bebíamos y hablábamos del estado de la huerta, de
-lo que yo hacia en Madrid, y de lo que pensaba hacer
-en adelante; de lo que él habia hecho en Génova y en
-algunas otras partes del mundo por tierra y mar. De mi
-manera de vivir debió comprender él muy poco, por ser
-para él los versos despreciable capital y mezquino género
-de comercio; y de lo que él habia hecho no comprendia
-yo tampoco mucho; porque además de que me
-lo contaba por terceras partes, en dialecto genovés, en
-italiano y en español, formulaba su narracion con tales
-circunloquios y digresiones, que tan pronto llevaba mi
-atencion por el mar, en un buque que iba y volvia á no
-recuerdo qué puntos de América; como por entre los
-fardos, las cuentas y las disputas de una casa de tráfico
-en un puerto del Mediterráneo; ya me hablaba de los
-granaderos de Nápoles y de una campaña de Italia, ya
-de un barco pirata y de encuentros con los contrabandistas
-de la montaña; ya de una casa tranquila y pintoresca
-de la campiña de Livorno, cuyo interior tenian
-hecho un cielo una hija y tres nietas como pintadas por
-Rafael: ya de una especie de génio siniestro de su familia
-que habia enterrado vivas á todas aquellas mujeres...
-y yo le escuchaba mirándole, á través del manzanilla sin
-duda, ya soldado, ya pirata, contrabandista, comerciante,
-padre, marido y abuelo de aquellos séres, que,
-tan hermosos como desventurados, pasaban todos por
-delante de mí, y saludándome bajo la forma de aquella
-<i>Stella</i>, que acababa de aparecer y desaparecérseme en<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span>
-el portalon de la extraña casa de maese Ménico Maggiorotti.</p>
-
-<p>Esta era mi idea fija, y la única clara que en el turbio
-cristal de mi mente se dibujaba; en cuanto el más mínimo
-intervalo de aspiracion ó reposo del viejo Ménico
-me lo permitia, intercalaba yo mi eterna pregunta&mdash;«<i>¿y
-Stella?</i>»&mdash;á la cual oponia él tenazmente su eterna
-respuesta&mdash;«mi nieta: mi última nieta»&mdash;y continuaba
-bebiendo y hablando, y yo contemplando su enorme
-boca, ya jurando en genovés, ya dilatándose en homéricas
-carcajadas; y sentíame fascinado por aquellos dos
-ojos que brillaban inquietos y chispeantes bajo el toldo
-blanco de sus nunca recortadas cejas. A veces enjugaba
-una lágrima con un pañuelo de algodon, que sacaba y
-metia rápida y facilísimamente de un bolsillo, en el cual
-cabria con comodidad una pieza entera de doce pañuelos;
-y á veces dando un formidable puñetazo sobre la
-desvencijada mesa, hacia saltar en ella el jarro, las cañas
-y mis rollos de duros envueltos y anudados en mi
-pañuelo de batista, sobre el cual ponia él su mano como
-único objeto de que habia que cuidar, diciendo «mi
-scusi... ma...» y miraba al cielo cerrando el puño. Yo,
-asegurando tambien por instinto mi dinero, aprovechaba
-aquel respiro para dirigirle mi eterna pregunta&mdash;«<i>¿y
-Stella?</i>»&mdash;y él exclamó al fin levantándose y apabullándose
-de través su sombrero hasta las orejas:&mdash;«¡Dio
-santo! ¡Stella... Stella!&mdash;¡Sventurata! ¡Condamnata á
-morte comme tutte le altre!»</p>
-
-<p>Habia yo llegado á aquel período en que el mundo
-baila y gira en torno del mal bebedor, y al levantarse el
-signor Ménico, quise tambien ponerme derecho; pero al
-levantarme comprendí que mis piés no podian cómodamente
-con mi cabeza. Dióme el brazo maese Ménico;<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span>
-metióme el pañuelo de duros en el bolsillo izquierdo de
-atrás de mi levita; y arrollando este bolsillo en el faldon
-correspondiente, me lo colocó bajo el brazo izquierdo,
-y diciéndome en su galimatías:&mdash;«Niente, niente: en
-diez minutos se pasa todo: tenga firme el brazo, ed
-avanti sempre: questo vino non é che fummo.»</p>
-
-<p>Me sacó á la calle, me acompañó no sé hasta dónde;
-y yo, sintiendo reirse y danzar al rededor mio la gente,
-la muralla, los árboles, las fuentes y las casas, llegué á
-la mia, y dí conmigo y con mi dinero en brazos de Jústiz,
-que casi lloraba, y de Allo que reia como si él fuera
-el borracho. Yo, con una lengua que me pesaba seis
-arrobas, acerté á decir&mdash;«ahí traigo ocho mil reales...
-acuéstenme... y déjenme dormir»&mdash;me dejé desnudar,
-y ni ví cuándo me dejaban solo, ni sentí cómo me cerraban
-puertas y ventanas; y en la lobreguez de aquel
-vergonzoso y forzado sueño de mi primera embriaguez,
-no surgió luminosa, ni siquiera por un instante, la pura
-y poética imágen de aquella Stella fotografiada en mis
-pupilas y en mi cerebro, desde que apareció en el último
-peldaño de la empinada escalera del portalon de
-maese Ménico.&mdash;¡Tánto rebaja y embrutece tan innoble
-vicio al hombre inspirado por la más espiritual y
-fantástica poesía!</p>
-
-<p>No recuerdo si desperté ó me despertaron: pero anochecia
-cuando abrí los ojos, y me hallé entre el melancólico
-Jústiz y el siempre alegre Allo: interrogábanme
-ellos y respondíales yo: pero, ni me atrevia, ni podia
-explicarles lo que todavía no se acusaba bien definido
-en mi confusa memoria; excepto la de Stella, que, como
-la de los Magos, fué lo primero que brotó claro del
-caos espirituoso que aún envolvia mis enmarañados recuerdos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p>
-
-<p>Allo, hombre de sentido práctico, concluyó por declarar
-que lo que sacaba en limpio de mi inconexo relato
-era, que el viejo italiano, fiel á las costumbres del
-país, habia hecho beber más de lo que podia al que no
-la tenia de beber en ayunas; pero que no habia motivo
-alguno de queja, ni acusacion en él de torcido intento,
-puesto que los ocho mil reales estaban completos y su
-cuenta exacta y sin tacha. Que aceitunas y manzanilla
-era una nutricion andaluza insuficiente, aunque excesiva
-para un castellano viejo; y que lo más acertado y perentorio
-era sentarnos á la mesa, y que yo echara un
-buen lastre en mi estómago, deslabazado por un vino
-chacharero y poco arropado, como la gente ligera de
-ropa de la caliente Andalucía.</p>
-
-<p>Sentámonos, pues, á la ya preparada mesa, que alegró
-Allo con su conversacion un poco verde, que escuchó
-Jústiz con su atildada compostura, y las <i>dos hijas
-de la casa</i>, sin darse por entendidas de lo hablado, en
-atencion á una noble botella de Sillery que destaponó y
-las sirvió Allo en són de próxima despedida; pues segun
-anunció, debíamos embarcarnos para Málaga á la
-siguiente noche.</p>
-
-<p>Y no sé por qué á tal anuncio se me oprimió el corazon.</p>
-
-<p>Comí poco, bebieron Allo y las muchachas, y á instancias
-del impaciente Jústiz, que no queria perder la
-salida de Salvatori en <i>Los Puritanos</i>, ocupamos nuestras
-lunetas (hoy butacas) en el teatro. Una de las mayores
-desventuras con que castiga Dios á un hombre es
-la de crearle poeta; es peor que si le creara bizco: todo
-lo ve de través, y en cambio de los imaginarios goces
-con que embelesa su espíritu, le estravía en el mundo
-real y le condena á vivir fuera de su época y extraño<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>
-generalmente á sus contemporáneos. <i>Los Puritanos</i> son
-para mí la más deliciosa partitura de la escuela italiana;
-no tienen una nota de desperdicio, y yo he sabido de
-memoria música y letra, á pesar de que el libreto del
-conde Peppoli es indigno de aquella sentida inspiracion
-de Vincenzo Bellini. Pues bien; yo escuché aquella noche
-<i>Los Puritanos</i> como quien oye llover: no me dí
-cuenta de nada de lo que en escena pasaba; y desde que
-el primer coro cantó:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">La luna, il sol, <i>le stelle</i></div>
-<div class="line">le tenebre, il folgor</div>
-<div class="line">dan laude al Creator</div>
-<div class="line">in lor' favelle,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>yo no pensé ni me fijé en más que en el recuerdo de la
-pálida nieta de Ménico Maggiorotti, como si fuera la
-tiple que por la escena se movia: al llamarla el bajo
-<i>l'angelica sua Elvira</i> creí que se equivocaba, y al oir al
-tenor juzgarla <i>tremante ed spirante</i>, los ojos se me arrasaron
-en lágrimas. ¡Qué desventura la de nacer poeta!
-¿Qué tenia yo con la nieta de maese Ménico? ¿Sentia por
-ella desgraciadamente una de esas pasiones que nacen,
-crecen, se desarrollan y hacen feliz ó infeliz á un
-hombre en cinco minutos? Nada ménos que eso: era
-una impresion poética, un misterioso castillo en el aire,
-forjado sobre la vulgarísima historia de un tratante en
-lanas italiano que tenia una nieta que se llamaba Stella;
-era que acababa yo de compaginar el asunto italiano de
-mis <i>Dos vireyes</i>, cuyo éxito me tenia inquieto, y aquella
-inquietud, unida al recuerdo de lo que en aquel
-drama pasa á la enamorada Anunciata, me hacia esperar
-de Stella una heroina de un cuento, fin de la
-historia de la representacion de mi drama; era, en fin,<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span>
-la curiosidad, el sueño, el delirio de un poeta, que no
-ha visto nunca la vida tal como es, ni las personas vivas
-sinó como personajes: era una muchacha rubia,
-vista á través de una copa de manzanilla, vino chacharero
-y poco arropado, como decia Lorenzo Allo.</p>
-
-<p>Antes de acostarnos, acordaron éste y Jústiz nuestra
-partida para Málaga: declaréles yo mi resolucion de
-quedarme: tenia que cobrar el 30 los 6,000 reales de mi
-crédito con maese Ménico. Allo se echó á reir: Jústiz
-me miró tristemente. Allo me dijo: el italiano es hombre
-formal; lo mismo te pagará el 30 que el 10, que estaremos
-de vuelta.</p>
-
-<p>&mdash;No, repuse; quiero concluir mi <i>Cabeza de plata</i>.</p>
-
-<p>&mdash;Otra cabeza rubia es la que ha barajado el seso de
-la tuya.</p>
-
-<p>&mdash;Idos: me quedo.</p>
-
-<p>&mdash;Pues nos iremos: quédate; pero volveremos por tí,
-y <i>velis nolis</i>, aunque haya que romper alguna cabeza,
-tú volverás á Madrid conmigo&mdash;dijo Allo&mdash;y nos acostamos.</p>
-
-<p>Allo y Jústiz partieron á Málaga á la noche siguiente:
-en la mañana del otro dia cambié yo de alojamiento:
-me ofendia la sonrisa perpétua de aquellas dos muchachas
-morenas y alegres que me habian visto volver
-de través, abrazado con el pañuelo de duros de Ménico:
-me disgustaban los ojos negros, los rizos negros y las
-formas redondas de aquellas dos andaluzas: yo soñaba
-rubio, veia rubio, adoraba lo blanco, lo esbelto y lo ligero;
-lo robusto, lo redondo, me parecia materia bruta:
-lo blanco, flexible y delicado, espíritu y corazon; lo andaluz,
-carne y prosa; lo italiano arte y poesía.</p>
-
-<p>Me instalé en el hotel del Correo, donde no habia
-más huésped que un inglés, y cuyo camarero era italia<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>no.
-Púseme á concluir mi <i>Cabeza de plata</i>, para podérsela
-leer completa á la duquesa de Rivas, que habia
-quedado curiosa da saber su conclusion, que ignoraba
-yo todavía á mi paso por Sevilla.</p>
-
-<p>Pedí al camarero noticias de Maggiorotti una noche.</p>
-
-<p>&mdash;E un ogro, me respondió; non riceve nessun italiano
-in casa sua.</p>
-
-<p>&mdash;¿Conocette Stella?&mdash;le pregunté.</p>
-
-<p>&mdash;¡Chi! ¿Stella? ¿Una vecchia brutta?</p>
-
-<p>&mdash;¡Va via, grand' imbecile!&mdash;le dije despidiéndole
-furioso.&mdash;¡Una vecchia brutta Stella!... il Sole.</p>
-
-<p>Marchóse el pobre hombre sin comprenderme... y
-quedéme yo tan asombrado como él de lo dicho.</p>
-
-<p>¿Quién era Stella? ¿Qué tenia para mí? Que Dios me
-habia hecho nacer poeta y que habia dicho de ella maese
-Ménico: ¡Sventurata! ¡condamnata á morte comme
-tutte!</p>
-
-<p>Y todos nacemos condenados á muerte; sinó que los
-poetas vivimos como sonámbulos, y corriendo siempre
-tras de fantasmas.</p>
-
-<p>El inglés, único huésped del Hotel del Correo cuando
-yo tomé en él aposento, era el compañero más á
-propósito para mí en aquella ocasion. Taciturno gastrónomo,
-recorria todos los países del mundo para estudiar
-la cocina nacional de cada uno. Comia, callaba, digeria
-y dormia: escribia yo, pues, sin ruido, visitas ni
-estorbos, y descansaba sólo algunas horas de la noche.
-La luna en creciente tendia sobre la antigua Gades el
-rico manto de su luz de plata, y vagaba yo por sus
-limpias calles y sus ya arboladas plazas, á la luz melancólica
-del astro poético de la noche, como lo que he
-sido siempre, como una sombra de otro mundo y un
-habitante de otra region perdido sobre la tierra.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p>
-
-<p>Vagabundo nocturno de profesion, conozco todos los
-ruidos, las sombras y las luces nocturnas: sé cuántas
-formas toma la sombra de los árboles y de las casas, segun
-la luna las traza, las prolonga ó las recoge, desde
-que sale hasta que se pone. Sé los infinitos ángulos y
-triángulos que trazan los hierros de los faroles, los brazos
-de las cruces y las siluetas de las chimeneas; conozco
-todos los cuadros de luz que estampan sobre el oscuro
-y húmedo empedrado los balcones alumbrados de
-las casas en que se vela ó se baila, de las puertas que se
-abren para despedir á los contertulios á la luz de bujía,
-farol ó linterna; todos los huecos de sombra de los postigos
-abiertos y cerrados con precaucion y á oscuras
-para recibir ó despedir á los amantes; todos los rumores
-de las pisadas que se acercan ó se alejan con resolucion
-ó con miedo, de las del adúltero escurridizo ante la hora
-de la vuelta del marido; del jugador ganancioso y del
-hijo de familia retrasado; del ratero y de la buscona,
-del centinela y del médico; mis leyendas están llenas
-de esas noches, y yo tengo ciertas pretensiones de ser
-un poeta nocturno, rico de nocturna y pormenorizada
-observacion; todas mis comedias y dramas comienzan
-de noche y de noche se han concluido; y en aquellas
-de Cádiz concluian mis nocturnos paseos en una plazuela
-sobre la muralla derruida, por encima de cuyas
-desencajadas piedras metia el mar los hirvientes y desgarrados
-pedazos de encaje de la espuma de sus encrespadas
-olas; á través de cuyo rumor temeroso y del
-salino vapor en que el aire convertia la ola que en los
-peñascos se estrellaba, adoraba yo á Dios y aspiraba la
-poesía que ha extendido sobre los mares para el poeta
-creyente.</p>
-
-<p>El mar es para mí el grande espejo en que se pinta<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>
-la faz de Dios, y mil veces he deseado tener por tumba
-su inmenso y móvil panteon de líquido cristal. Dos veces
-he naufragado, y el mar me ha devuelto vivo á la
-tierra. ¡Qué mausoleo más magnífico que el mar! A
-quien naufraga y muere en alta mar, le da Dios la
-muerte más dulce y sin agonía; una impresion rapidísima
-de inmersion en un baño, un zumbido de oidos semejante
-á una lejana música, un resplandor fosfórico
-que deslumbra las pupilas... y el alma sale del cuerpo y
-entra en la eternidad. ¡Buenas noches! Aquel cuerpo y
-aquel alma se ahorran todo lo doloroso y lo ridículo de
-que la sociedad rodea al que se muere; el pesar verdadero
-de los que le aman, la hipócrita comedia del dolor
-de los que le heredan, los falsos consuelos de los que
-están deseando que espire pronto, ofendidos de su superioridad
-ó envidiosos de su gloria; el entierro oficial, si
-es un personaje ó una celebridad; el olvido inmediato
-tras de las ceremonias, y la profanacion, en fin, de su
-tumba por la posteridad, encomendada por Dios de castigar
-al orgulloso que olvida que le dijo al crearle: <i>Pulvis
-es et in pulverem reverteris</i>.</p>
-
-<p>Yo adoro el mar, y cuando el frio, la soledad, la reflexion
-y la necesidad de continuar mi trabajo me arrancaban
-de aquel boquete de murallon roto, por donde
-yo miraba el de Cádiz en aquellas noches, me volvia á
-mi hospedaje del Correo, pasando por el callejon en que
-se alzaba sombría y casi aislada la casa de maese Ménico
-Maggiorotti. En su esquina del Mediodía veia siempre
-iluminado por dentro el postigo de una ventana.
-¿Quién velaba allí? ¿Hacia allí las prosáicas cuentas de
-sus sacos de lana ó de cuartos maese Ménico, ó mecian
-allí á la luz de una lamparilla los sueños de la esperanza,
-el espíritu virginal de la hermosa nieta del miste<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>rioso
-italiano? Todas las noches volvia á mi alojamiento
-sin haberlo averiguado, y volvia á trabajar en mi <i>Cabeza
-de plata</i>, bailándome perpétuamente delante de
-los ojos la rubia de Stella; y el recuerdo de su poética
-imágen bajaba y subia perpétuamente por la escalera
-del portalon, empotrada en mi cerebro, miéntras con
-ella distraido avanzaba lentamente en mi trabajo y esperaba
-impaciente el dia 30.</p>
-
-<p>El veinte y ocho recibí una carta de Cárlos Latorre,
-en la cual me decia: «Se levantó el telon sobre el primer
-acto de <i>Los dos vireyes</i> con entrada llena. Mate
-llevó con aplomo sus escenas en verso, y el público las
-escuchó con agrado: oyó sin repugnancia las en prosa,
-gracias al cuidado que pusieron todos los actores, y
-concluyó Azcona caracterizando con mucha inteligencia
-su final, que se aplaudió: no me lo esperaba, y comencé
-á respirar.»</p>
-
-<p>«Al empezar el acto segundo, el viento habia cambiado
-y el mar hacia oleaje. Durante el entreacto, un
-criado incógnito habia repartido al público, y no al buen
-tun, tun, sinó entre la gente de letras de las lunetas
-(hoy butacas), quince ó veinte ejemplares de la novela
-<i>El virey de Nápoles</i>, de Pietro Angelo Fiorentino; los
-cuales tenian una nota con lápiz que decia «los diálogos
-que Zorrilla ha copiado en su drama van marcados
-al márgen.» Los posesores de aquellos librillos se los
-mostraban y pasaban riendo á los curiosos que se los
-pedian: los palcos, las galerías y el pueblo pedian silencio:
-los actores no comprendian tal inquietud en las lunetas,
-pero no se desconcertaron. Concluyeron al fin las
-nueve escenas en prosa; quedó Mate sólo en escena, y
-el público respetó su respetable personalidad; é hiriendo
-sus oidos las octavillas italianas, comenzó á hacer<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>
-silencio; y Mate le aprovechó para decírselas tan vigorosa
-é intencionadamente, que al concluirlas arrancó el
-primer aplauso de la noche. La cancion de Basili hizo
-un efecto inesperado; y Mate se llevó la sala con la redondilla:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">con un cordel á la gola</div>
-<div class="line">y un crucifijo en la mano,</div>
-<div class="line">cantar haré á ese villano</div>
-<div class="line">su postrera barcarola,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>y con un segundo aplauso preparó mi salida. Excuso
-ponderar á V. lo que hicimos ambos en el resto del acto:
-cumplimos con los deberes de la amistad.»</p>
-
-<p>«En el entreacto segundo nos enteramos de la villanía
-de <i>X</i>, que era quien indudablemente habia enviado
-al teatro los ejemplares de la novela; yo me apresuré á
-dar la clave del ataque traidor de que era V. objeto; y
-la empresa y los actores resolvimos defender el final del
-drama con todo el empeño de que hombres y mujeres
-fuéramos capaces; pero <i>los amigos</i> de fuera trabajaban
-en contra con los librejos; la escena en prosa y los endecasílabos
-pasaron apenas difícilmente; y ya temia yo
-una catástrofe para el final, cuando nos salvó lo que temíamos
-que nos perdiera: el virey encerrado en el balconcillo
-despues de la escena VI, en la cual logré
-arrancar un aplauso y hacerme escuchar. Mate estuvo
-impagable en aquella desairada posicion; rebosando orgullo,
-rencor y sed de venganza, hizo aborrecible el
-personaje que representaba, y al volvérsele las tornas,
-las galerías y la ignominia ahogaron á las lunetas, y dimos
-el nombre del autor, y hoy damos tranquilamente
-la cuarta representacion. Duerma V. tranquilo, y permítame
-V. que le prevenga para el porvenir con aquellas
-palabras de Fabiani en «<i>La familia del boticario: Buenos<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>
-amigos tienes, Benito;</i>» y cuente V. con este que le
-querrá siempre.»</p>
-
-<p>No me sentó tan mal como me asombró la incomprensible
-partida mulata de <i>X</i>, porque me revelaba más
-estupidez que malas entrañas; puesto que, mero traductor
-de la novela de que me habia hecho <i>sacar</i> el drama,
-quien tenia derecho en resúmen á aparear su nombre
-con el mio no era él, sinó Pietro Angelo Fiorentino&mdash;á
-quien yo habia robado por darle gusto.</p>
-
-<p>Tal es la historia de mi miserable rapsodia <i>Los dos
-vireyes</i>, y tal la de su primera representacion; de la cual
-no he hablado jamás á <i>X</i>, ni él ha podido nunca apercibirse
-de que yo le estimaba en lo que valia: sobre mis
-hombros no pudo, empero, volver á poner los piés. Así
-vivimos en estos tiempos y en esta sociedad, en que las
-medianías se atreven á todo, y á todo tal vez alcanzan,
-ménos á engañar á la posteridad.</p>
-
-<p>El 30 á las diez trepaba yo, que no subia por la empinada
-escalera del portalon de maese Ménico; pues no
-hallándole en él, quise ver si podia forzar el paso al, segun
-fama, impenetrable <i>sancta sanctorum</i> de su misterioso
-hogar. Subí rápida y llamé ruidosamente á la
-puerta en que la insegura escalera finalizaba, y al tiempo
-que por el ventanillo acechador asomaba una curiosa
-cabeza de mujer, me franqueaba la entrada el mismo
-maese Ménico, por la barreada puerta, ante mí abierta
-de par en par.</p>
-
-<p>El genovés, en chaleco, pantalon y babuchas, me recibió
-con algo encapotado ceño y melancólica sonrisa;
-en los cuales mi extraviada preocupacion y mi fantástico
-espíritu se empeñaban en ver algo misterioso y siniestro:
-quise yo motivar mi presencia, pero él atajó mis
-escusas diciendo:</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;«Son las diez, y es la hora. ¿Trae V. el recibo?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, señor.</p>
-
-<p>&mdash;Pues los seis mil están contados: y conduciéndome
-á través de una antesala y un comedor, tan limpia como
-modestamente amueblados, á una especie de despacho,
-me mostró sobre la parte alta y plana de su pupitre los
-trescientos duros en pilas de á veinte y cinco. Mostréle mi
-recibo firmado y comencé á hacer rollos de á cincuenta,
-en los ocho pedazos en que corté un periódico que
-me alargó.</p>
-
-<p>Callaba yo haciendo, no muy diestramente, mis rollos,
-y callaba él esperando distraido á que yo concluyera
-de hacerlos; tal vez se reia en su interior de mí por
-la poca costumbre de manejar dineros que mi poca destreza
-le revelaba; pero mi indiscrecion de muchacho sin
-mundo y mi irresistible curiosidad me hicieron al fin
-prorumpir en la pregunta que hacia diez dias tenia en
-mis labios:&mdash;¿y <i>Stella</i>?</p>
-
-<p>Sentí la mirada de Ménico sobre mi faz, y la busqué
-con la mia, resuelto á todo: entre las blancas pestañas
-de sus hundidos ojos percibí dos lágrimas, que no dejó
-rodar por sus curtidas mejillas, enjugándolas ántes con
-el reverso de su mano.</p>
-
-<p>&mdash;¿Stella?&mdash;dijo, como si su voz fuera en su respuesta
-el eco de mi pregunta.&mdash;¿Quiere V. verla?</p>
-
-<p>&mdash;Si V. me lo permite...</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no? Acabe V. de recoger su dinero; no he
-podido procurarle á V. oro, porque...</p>
-
-<p>Interrumpióse sin acabar de darme su razon; concluí
-yo de liar mi sexto rollo, y miéntras ataba los seis en mi
-pañuelo, completé néciamente mi pensamiento, formulándole
-en esta menguada frase:</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Stella es una preciosa criatura, cuya vista regocija
-los ojos, cuya voz arrulla los oidos.</p>
-
-<p>&mdash;¡Desventurada!&mdash;exclamó el viejo;&mdash;«¡é la più
-sventurata creatura del mondo! ¡Non può essere sposa,
-ne madre, ne padrona di sé stessa!»&mdash;Y abriendo ante mí
-una puerta, me mostró en un gabinete cariñosamente
-lleno de cuanto puede necesitar la coquetería mujeril, y
-en un lecho, que no exhalaba más que virginales emanaciones,
-ni excitaba más que castas ideas, la pálida
-Stella, cuya cabeza, doblada sobre las almohadas, tenia
-los ojos abiertos y fijos en espantosa inmovilidad.</p>
-
-<p>Sin poderme contener, exclamé:&mdash;¡Muerta!&mdash;Y Ménico,
-poniéndome bruscamente la mano en la boca, me
-dijo al oido:&mdash;¡silencio: oye, está en catalepsia!&mdash;y cogiéndome
-por el brazo, sacóme del aposento.</p>
-
-<p>Iba yo estupefacto á pronunciar un vulgar <i>mi scusi</i>;
-pero el infortunado maese Ménico me le atajó con otro,
-que en su boca y en su situacion resultó sublime de abnegacion
-y sentimiento, y siguió diciéndome:</p>
-
-<p>&mdash;Es la última de tres hermanas; un infame, castigado
-por Dios con esa enfermedad, se casó con mi hija:
-sus dos mayores han muerto á los 21 años; ella de pesadumbre;
-él... á manos de la venganza; yo les he enterrado
-á todos; no me queda más que Stella: si me sobrevive...
-¡qué vida tan horrible la espera! Si se me
-muere... ¡qué soledad!... <i>¡Misero me!</i></p>
-
-<p>Yo habia escrito ya muchas comedias, pero no tenia
-aún aplomo en el teatro del mundo. Mudo é inmóvil, no
-sabia ni consolarle ni despedirme. La vieja que se habia
-asomado al ventanillo, presentándose en la antesala,
-dirigió á maese Ménico algunas palabras, que no comprendí:
-éste me abrió la puerta de la escalera, y yo descendí
-por ella abrazado con mi dinero, y me salí de<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>
-aquella casa, más ébrio con la emocion y el desencanto
-que la primera vez con el manzanilla.</p>
-
-<p>Llegué al Hotel del Correo y hallé una carta que me
-habia traido de Madrid el del dia anterior; mi mujer se
-habia roto un brazo al salir á oscuras del teatro del Príncipe;
-Julian Romea habia cuidado de ella en los primeros
-instantes, la habia conducido á casa con el doctor
-Codorniú, y me suplicaban ambos que regresara inmediatamente
-á Madrid.</p>
-
-<p>Hé aquí la historia de mis <i>Dos vireyes</i> y de la primera
-salida del Quijote de los poetas, á hacer por el
-mundo real la vida fantástica de los pájaros y de los
-locos.</p>
-
-<p>¿Qué logró en ella el hombre? Dos pesadumbres, dos
-desengaños y la vergüenza de una embriaguez; tres espinas
-en el corazon; pero quedó en la imaginacion del
-poeta legendario este tan delicioso como triste recuerdo
-del tiempo viejo: la imágen de Stella.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XVIII.<br />
-CUATRO PALABRAS SOBRE MI «DON JUAN TENORIO».</h2>
-
-
-<p>Corria la temporada cómica del 43 al 44: Cárlos Latorre
-habia trabajado en Barcelona, y Lombía solo
-sostenido el teatro de la Cruz con su compañía,
-para la cual habia yo escrito aquel año tres obras
-dramáticas: <i>El Molino de Guadalajara</i>, drama estrambótico
-y fatalista, en el cual Lombía hizo un tartamudo
-de mi cosecha: papel erizado de dificultades inútiles,
-que él superó con una paciencia y un estudio que
-no sabré yo nunca ponderar ni agradecer, y cuyo tercer
-acto hicieron él, la Juana Perez, Azcona y Lumbreras
-de una manera inimitable; que fué lo que hizo el éxito
-de aquella mi extravagante elucubracion, forjada con
-tan heterogéneos elementos.</p>
-
-<p>La Juanita, disfrazada de sobrino del molinero, cantando
-la cancion de Iradier para dormir á Azcona, arrancó
-aplausos hasta de las bambalinas; pero repito que
-el éxito de esta obra se debió al esmero con que los actores
-la representaron, y al gasto con que la empresa
-la decoró; pagando además las palomas, los versos y<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>
-las flores que sus amigos, y no el público, me arrojaron
-la primera noche. Lombía no se descuidaba, y era preciso
-que las obras que yo para él escribia no tuvieran
-éxito inferior á las de Latorre.</p>
-
-<p><i>La mejor razon la espada</i>, refundicion ó rapsodia de
-<i>Las travesuras de Pantoja</i>, fué otro de mis triunfos de
-aquel año; pero no hay para qué alabarme por él, puesto
-que lo que en aquella obra vale algo es de Moreto, y
-no mio.</p>
-
-<p>En Febrero del 44 volvió Cárlos Latorre á Madrid, y
-necesitaba una obra nueva: correspondíame de derecho
-aprontársela, pero yo no tenia nada pensado y urgia el
-tiempo: el teatro debia cerrarse en Abril. No recuerdo
-quién me indicó el pensamiento de una refundicion del
-<i>Burlador de Sevilla</i>, ó si yo mismo, animado por el
-poco trabajo que me habia costado la de <i>Las travesuras
-de Pantoja</i>, dí en esta idea registrando la coleccion de
-las comedias de Moreto; el hecho es que, sin más datos
-ni más estudio que <i>El burlador de Sevilla</i>, de aquel ingenioso
-fraile y su mala refundicion de Solís, que era la
-que hasta entónces se habia representado bajo el título
-de <i>No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se
-pague</i> ó <i>El convidado de piedra</i>, me obligué yo á escribir
-en veinte dias un <i>Don Juan</i> de mi confeccion. Tan
-ignorante como atrevido, la emprendí yo con aquel
-magnífico argumento, sin conocer ni <i>Le festin de Pierre</i>,
-de Molière, ni el precioso libreto del abate Da Ponte, ni
-nada, en fin, de lo que en Alemania, Francia é Italia
-habia escrito sobre la inmensa idea del libertinaje sacrílego
-personificado en un hombre: Don Juan. Sin darme,
-pues, cuenta del arrojo á que me iba á lanzar ni de
-la empresa que iba á acometer; sin conocimiento alguno
-del mundo ni del corazon humano; sin estudios sociales<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span>
-ni literarios para tratar tan vasto como peregrino argumento;
-fiado sólo en mi intuicion de poeta y en mi facultad
-de versificar, empecé mi <i>Don Juan</i> en una noche
-de insomnio, por la escena de los ovillejos del segundo
-acto entre D. Juan y la criada de doña Ana de Pantoja.
-Ya por aquí entraba yo en la senda de amaneramiento
-y mal gusto de que adolece mucha parte de mi obra;
-porque el ovillejo, ó séptima real, es la más forzada
-y falsa metrificacion que conozco: pero afortunadamente
-para mí, el público, incurriendo despues en mi mismo
-mal gusto y amaneramiento, se ha pagado de esta escena
-y de estos ovillejos, como yo cuando los hice á
-oscuras y de memoria en una hora de insomnio. Escribílos
-á la mañana siguiente para que no se me olvidaran
-y engarzarlos donde me cupieran; y preparando
-el cuaderno que iba á contener mi <i>Don Juan</i>, puse en
-su primera hoja la acotacion de la primera escena, poco
-más ó ménos como habia hecho en <i>El puñal del godo</i>,
-sin saber á punto fijo lo que iba á pasar ni entre quiénes
-iba á desarrollarse la exposicion. Mi plan en globo,
-era conservar la mujer burlada de Moreto, y hacer novicia
-á la hija del Comendador, á quien mi D. Juan debia
-sacar del convento, para que hubiese escalamiento,
-profanacion, sacrilegio y todas las demás puntadas de
-semejante zurcido. Mi primer cuidado fué el más inocente,
-el más vulgar, el más necesario á un autor novel:
-el de presentar á mi protagonista, á quien puse enmascarado
-y escribiendo, en una hostería y en una noche
-de Carnaval; es decir, en el lugar y el tiempo que creia
-peores un colegial que todavía no habia visto el mundo
-más que por un agujero; y para calificar á mi personaje,
-lo más pronto posible, como temiendo que se me escapara,
-se me ocurrió aquella hoy famosa redondilla:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">«¡Cuál gritan esos malditos!<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></div>
-<div class="line">pero mal rayo me parta</div>
-<div class="line">si en acabando mi carta</div>
-<div class="line">no pagan caros sus gritos.»</div>
-</div></div></div>
-
-<p>La verdad sea dicha en paz y en gracia de Dios; pero
-al escribir esta cuarteta, más era yo quien la decia que
-mi personaje D. Juan; porque yo todavía no sabia qué
-hacer con él, ni lo qué ni á quién escribia: así que comencé
-á hacer hablar á los otros dos personajes que
-habia colocado en escena, sólo porque lógicamente lo
-requeria la situacion: el dueño de la hostería, y el criado
-del que en ella habia yo metido á escribir.</p>
-
-<p>La prueba más palpable de que hablaba yo en ella y
-no D. Juan, es que los personajes que en escena esperaban,
-más á mí que á él, eran Ciutti, el criado italiano
-que Jústiz, Allo y yo habíamos tenido en el café del
-Turco de Sevilla, y Girólamo Buttarelli, el hostelero
-que me habia hospedado el año 42 en la calle del Cármen,
-cuya casa iban á derribar, y cuya visita habia yo
-recibido el dia anterior. Ciutti era un pillete, muy listo,
-que todo se lo encontraba hecho, á quien nunca se encontraba
-en su sitio al primer llamamiento, y á quien
-otro camarero iba inmediatamente á buscar fuera del café
-á una de dos casas de la vecindad, en una de las cuales
-se vendia vino más ó ménos adulterado, y en otra carne
-más ó ménos fresca. Ciutti, á quien hizo célebre mi drama,
-logró fortuna, segun me han dicho, y se volvió á
-Italia.</p>
-
-<p>Buttarelli era el más honrado hostelero de la villa del
-Oso: su padre Benedetto vino á España en los últimos
-años del reinado de Cárlos III, y se estableció en aquella
-hoy derribada casa de la calle del Cármen, cuya
-hostería llevaba el nombre de la Vírgen de esta advoca<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>cion,
-y en donde yo conocí ya viejo á su hijo Girólamo,
-el hostelero de mi <i>Don Juan</i>. Era célebre por unas
-chuletas esparrilladas, las más grandes, jugosas y baratas
-que en Madrid se han comido, y tenia vanidad Buttarelli
-en la inconcebible prontitud con que las servia.
-Tenian las tales chuletas no pocos aficionados; y con
-ellas y con unos <i>tortellini</i> napolitanos se sostenia el establecimiento.
-Viví yo seis meses alojado en el piso segundo
-de su hostería, tratado á cuerpo de rey por un
-duro diario, y allí tuve por comensales á Nicomedes
-Pastor Diaz y á su hermano Felipe, á García Gutierrez,
-á Eugenio Moreno Lopez y á otros muchos á quienes
-gustaban los <i>tortellini</i> y las chuletas de Buttarelli. Este
-buen viejo, desanidado de su vieja casa, murió tan pobre
-como honrado y desconocido, y de él no queda más que
-el recuerdo que yo me complazco en consagrarle en estos
-mios de aquel tiempo viejo.</p>
-
-<p>Por lo dicho se comprende fácilmente que no podia
-salir buena una obra tan mal pensada; pero no quiero
-decir aquí lo que de ella pienso, porque tengo determinado
-decirlo en un libro que se titula <i>Don Juan Tenorio
-ante la conciencia de su autor</i>, publicado á fines de
-un mes de Octubre, para que el público tenga presente
-mi opinion al asistir en Noviembre á sus obligadas representaciones;
-en nuestro país nadie se acuerda en el
-mes de Octubre de lo dicho en el mes de Mayo.</p>
-
-<p>Haré sin embargo brevísimas observaciones sobre mis
-más pasaderos descuidos, para probar tan sólo la ligereza
-imprevisora y la falta de reflexion con que mi obra
-está escrita.</p>
-
-<p>Pero ántes de todo voy á responder á algunas objeciones
-á que da lugar la severidad de mis juicios. No
-hablo con la crítica racional, sinó con la malevolen<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span>cia,
-la envidia y la necedad, que no dejarán de decir:</p>
-
-<p>1.º Que insulto al público criticando y dando por
-mediana una obra que aplaude hace treinta y seis
-años.&mdash;No.</p>
-
-<p>2.º Que soy ingrato y mal español, despreciando la
-reputacion fabulosa que por mi <i>Don Juan</i> me ha acordado.&mdash;Tampoco.</p>
-
-<p>3.º Que de lo que con mi crítica trato, es de perjudicar
-á mis editores y á las empresas, porque no me dan
-parte de los productos de mis obras.&mdash;Mucho ménos.</p>
-
-<p>A lo primero, respondo que mi <i>Don Juan</i>, tal como
-está, tiene condiciones para merecer el favor de que
-goza; pero al cabo de treinta años es natural que un
-autor reconozca los defectos de una obra, lo cual no
-implica ni sombra de pensamiento injurioso para el público
-que la aplaude, reconociendo como él sus defectos:
-es decir la parte inteligente del público, porque el
-vulgo no es nunca juez competente ni aceptable ni aceptado
-en materias literarias.</p>
-
-<p>A lo segundo, que el no ser vanidoso, no es ser ingrato,
-y el aceptar con modestia lo que me corresponda
-solamente de gloria por lo bueno de mi obra, no es despreciar
-mi popularidad, sinó aceptarla con justa medida
-en lo que vale. Y aquí me ocurre una observacion, y es,
-que si un vanidoso hubiera en mi lugar escrito mi <i>Don
-Juan Tenorio</i> y alcanzado el éxito colosal que yo con
-el mio, hubiera sido probablemente necesario echarle
-de España ó encerrarle en un manicomio; porque hubiera
-querido ser ministro de Hacienda, gobernador de
-Cuba y tener estátuas en vida.</p>
-
-<p>Y á lo tercero, que en lugar de intentar accion alguna
-retroactiva contra mis editores, poseedores legales
-de la propiedad de mi <i>Don Juan</i> en época en que aún<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span>
-no existia la ley de propiedad literaria, en vez de dirigirme
-contra ellos, al ver que Dios alargaba mi vida más
-de lo que yo esperaba, me dirigí francamente al Gobierno,
-diciéndole: «Mi <i>Don Juan</i> produce un puñado
-de miles de duros anuales á sus editores, y mantengo
-con él en la primera quincena de Noviembre á todas
-las compañías de verso en España; pero como tu ley
-no tiene efecto retroactivo, no por el mérito de mi
-obra, sinó por lo que á los demás produce, no me dejes
-morir en el hospital ó en el manicomio.»</p>
-
-<p>El Gobierno, teniendo por razonable mi demanda,
-me dió pan y con él me he contentado.</p>
-
-<p>Pero reclamo el derecho de ver y reconocer los defectos
-de mi obra; Revilla y otros críticos juiciosos los
-han indicado ya, con la opinion de que deben corregirse
-y de que su autor está, no sólo en el derecho, sinó
-en la obligacion de refundirla. Mi obra tiene una excelencia
-que la hará durar largo tiempo sobre la escena,
-un génio tutelar en cuyas alas se elevará sobre los demás
-Tenorios; la creacion de mi doña Inés cristiana:
-los demás Don Juanes son obras paganas; sus mujeres
-son hijas de Vénus y de Baco y hermanas de Priapo;
-mi doña Inés es la hija de Eva ántes de salir del Paraíso;
-las paganas van desnudas, coronadas de flores y
-ébrias de lujuria, y mi doña Inés, flor y emblema del
-amor casto, viste un hábito y lleva al pecho la cruz de
-una Orden de caballería. Quien no tiene carácter,
-quien tiene defectos enormes, quien mancha mi obra es
-D. Juan; quien la sostiene, quien la aquilata, la ilumina
-y la da relieve es doña Inés; yo tengo orgullo en ser
-el creador de doña Inés y pena por no haber sabido
-crear á D. Juan. El pueblo aplaude á éste y le rie sus
-gracias, como su familia aplaudiria las de un calavera<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span>
-mal criado; pero aplaude á doña Inés, porque ve tras
-ella un destello de la doble luz que Dios ha encendido
-en el alma del poeta: la inteligencia y la fé. D. Juan
-desatina siempre, doña Inés encauza siempre las escenas
-que él desborda.</p>
-
-<p>Desde la primera escena, ya no sabe D. Juan lo que
-se dice; sus primeras palabras son:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Ciutti... este pliego</div>
-<div class="line">irá dentro del orario</div>
-<div class="line">en que reza doña Inés</div>
-<div class="line">á sus manos á parar.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>¡Hombre, no! en el orario en que rezará, cuando usted
-se lo regale; pero no en el que no reza aún, porque
-aún no se lo ha dado Vd. Así está mi D. Juan en toda
-la primera parte de mi drama, y son en ella tan inconcebibles
-como imperdonables sus equivocaciones hasta
-en las horas. El primer acto comienza á las ocho; pasa
-todo: prenden á D. Juan y á D. Luis; cuentan cómo se
-han arreglado para salir de su prision: preparan don
-Juan y Ciutti la traicion contra D. Luis, y concluye el
-acto segundo diciendo D. Juan:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">A las nueve en el convento,</div>
-<div class="line">á las diez en esta calle.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Relój en mano, y habia uno en la embocadura del teatro
-en que se estrenó, son las nueve y tres cuartos;
-dando de barato que en el entreacto haya podido pasar
-lo que pasa. Estas horas de doscientos minutos son exclusivamente
-propias del relój de mi D. Juan. En el tercer
-acto se oye el toque de ánimas; yo tengo en mis
-dramas una debilidad por el toque de ánimas; olvido
-siempre que en aquellas épocas se contaba el tiempo<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span>
-por las horas canónicas; y cuando necesito marcar la
-hora en la escena, oigo siempre campanas, pero no sé
-dónde, y pregunto qué hora es á las ánimas del purgatorio.
-La unidad de tiempo está <i>maravillosamente</i> observada
-en los cuatro actos de la primera parte de mi
-<i>D. Juan</i>, y tiene dos circunstancias especialísimas; la
-primera es milagrosa, que la accion pasa en mucho
-ménos tiempo del que absoluta y materialmente necesita;
-la segunda, que ni mis personajes ni el público
-saben nunca qué hora es.</p>
-
-<p>En el final, D. Juan trae á los talones toda la sociedad
-representada en el novio de la mujer por engaño
-desflorada, en el padre de la hija robada y en la justicia
-humana, que corren gritando justicia y venganza
-trás el seductor, el robador y el sacrílego: en aquella
-situacion está el drama; por el amor de doña Inés, va
-á matar á su padre y á D. Luis, y tiene preparada su
-fuga y el rapto en un buque de que habla Ciutti; pues
-bien, en esta situacion altamente dramática, aquel enamorado
-que por su pasion ha atropellado y está dispuesto
-á atropellar cuanto hay respetable y sagrado en
-el mundo, cuando él sabe muy bien que no van á poder
-permanecer allí cinco minutos, no se le ocurre hablar á
-su amada más que de lo bien que se está allí donde se
-huelen las flores, se oye la cancion del pescador y los
-gorjeos de los ruiseñores, en aquellas décimas tan famosas
-como fuera de lugar: doña Inés las encarrila desarrollando
-á tiempo su amor poético y su bien delineado
-carácter, en las redondillas mejores que han salido de
-mi pluma.</p>
-
-<p>De la desatinada ocurrencia mia de colocar en tan
-dramática situacion tan floridas décimas, resulta que no
-ha habido ni hay actor que haya acertado ni pueda acer<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>tar
-á decirlas bien. El público, que se las sabe de memoria,
-le espera en ellas como el de un circo á un clown
-que va á dar el doble salto mortal: si el actor, verdadero
-y concienzudo artista, las quiere dar la suavidad,
-la ternura, la flexibilidad y el cariño que sus suaves, cariñosas
-y rebuscadas palabras exigen... ¡ay de mí! como
-aquellas décimas no fueron por mí escritas acendrándolas
-en el crisol del sentimiento, sinó exhalándolas en un
-delirio de mi fantasía, resulta su expresion falsa y descolorida
-por culpa únicamente mia; que me entretuve
-en meter á la paloma y á la gacela, y á las estrellas
-y á los azahares en aquel duo de arrullos de tórtolas,
-en lugar de probar en unos versos ardientes, vigorosos y
-apasionados la verdad de aquel amor profundo, único,
-que celeste ó satánico, salva ó condena; obligando á Dios
-á hacer aquellas famosas maravillas que constituyen la
-segunda parte de mi <i>D. Juan</i>.</p>
-
-<p>Si el actor, pasando sobre su conciencia y haciendo
-caso omiso de la del autor y de su deber de imponerse
-al vulgo, por dar gusto á éste y arrancar un aplauso, las
-declama á gritos y sombrerazos como se hace hoy por
-nuestros más roncos y aplaudidos actores... el aplauso
-estalla, es verdad; pero ¿á quién pertenece? Al actor, no;
-porque al exponerse á arrojar por la boca los pulmones
-arroja con ellos al sentido comun por encima de la batería
-del proscenio, en cambio del aplauso de los engañados
-espectadores: al poeta, tampoco; porque aquellas
-palmadas resultan poco ménos que bofetadas para él, á
-quien jamás pudo ocurrírsele que tuvieran que ahullarse
-y berrearse unas décimas tan artificiosas y tan mal traidas,
-pero forjadas con los más poéticos pensamientos y
-expresadas con las más suaves, armónicas y cariñosas
-palabras.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p>
-
-<p>¿Qué quiero yo decir con esto? ¿Que los actores no
-saben representar mi <i>D. Juan Tenorio</i>? No: quiero decir
-que <i>en mala situacion no hay actor bueno</i>; que obra
-mia es aquella situacion mala; y que yo, que no transijo
-con mi conciencia al juzgar mis obras, no transijo con
-los actores que transigen con la suya en las mias.</p>
-
-<p>¿Intento yo, como se ha supuesto, al decir la verdad
-sobre mi <i>D. Juan</i>, y al hablar con tal ingenuidad de mí
-mismo, desacreditar mi obra y conspirar contra su representacion
-y éxito anuales, por el inútil y villano placer
-de perjudicar á mis editores y á los empresarios y
-actores, porque la propiedad de mi obra no me pertenece?</p>
-
-<p>Estúpida ó malévola suposicion. <i>D. Juan Tenorio</i>,
-que produce miles de duros y seis dias de diversion
-anual en toda España y las Américas españolas, no me
-produce á mí un solo real; pero, me produce más que á
-ningun actor, empresario, librero ó especulador: porque
-la aparicion anual de mi <i>D. Juan</i> sobre la escena,
-constituye á su autor su fénix que renace todos los años.
-<i>D. Juan</i> no me deja ni envejecer ni morir: <i>D. Juan</i> me
-centuplica anualmente la popularidad y el cariño que
-por él me tiene el pueblo español: por él soy el poeta
-más conocido hasta en los pueblos más pequeños de
-España y por él solo no puedo ya en ella morir en la
-miseria ni en el olvido: mi drama <i>D. Juan Tenorio</i> es
-al mismo tiempo mi título de nobleza y mi patente de
-pobre de solemnidad: cuando ya no pueda absolutamente
-trabajar y tenga que pedir limosna, mi <i>D. Juan</i> hará
-de mí un Belisario de la poesía: y podré sin deshonra
-decir á la puerta de los teatros: «dad vuestro óbolo al
-autor de <i>D. Juan Tenorio</i>,» porque no pasará delante
-de mí un español que no nos conozca ó á mí ó á él.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p>
-
-<p>¿Cómo, pues, he de anhelar yo desprestigiar, ni
-desterrar del teatro á mi venturoso desvergonzado <i>Don
-Juan</i>, que es el sér de mi sér y la única esperanza de
-mi porvenir?</p>
-
-<p>Pero ¿qué intereses ataca, qué amor propio ofende el
-modesto conocimiento de sí mismo que el autor del tal
-<i>D. Juan</i> manifiesta al juzgar su obra, cuando ha tenido
-treinta y tres años para estudiarla? ¿cuando, <i>velis nolis</i>,
-le han hecho presenciar ochenta veces su representacion,
-durante la cual, á no haber sido de piedra como
-su estátua del Comendador, tiene forzosamente que haberla
-visto y héchose cargo de cómo pasa lo que en ella
-sucede?</p>
-
-<p>¿Seria posible, aunque para mí inconcebible seria, que
-se ofendiera la crítica de que yo, á mis sesenta y cuatro
-años, al ajustar cuentas con mi conciencia, dijera de mi
-<i>D. Juan</i> lo que ella ó por consideracion al autor ó por no
-atreverse á ir contra la corriente de la opinion, no ha
-dicho en los mismos treinta y tres años? Es imposible;
-la crítica tiene que ser hidalga y leal en España, como
-lo es su pueblo, y no puede tornarse nunca en injusta,
-corrigiendo sólo al autor, no concediéndole ni permitiéndole
-nada, ni áun reconocer y corregir sus defectos,
-sin corregir el mal gusto, cuando estravía los juicios del
-público y el arte de los actores, ocasionando los escesos
-y faltas de las empresas: todo lo cual constituye lo que
-se llama el teatro: que no es sólo la palabra escrita del
-poeta.</p>
-
-<p>Dejémoslo aquí. Con todo lo dicho y lo que por decir
-me queda, no he pretendido más que alegar el derecho
-y la obligacion que tengo de ser modesto confesando mis
-defectos y errores, para que ni mis contemporáneos que
-me aplauden, ni la posteridad si de mí se acuerda, tengan<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span>
-motivo dado por mí en que apoyarse, para creer que yo
-vivo hinchado y esponjado como el pavon y sueño conmigo
-mismo cuando duermo, por la vanidad de ser
-quien soy, y de haber hecho y escrito lo que he escrito
-y hecho.</p>
-
-<p>Y si hay alguno que me envidia el ser autor del <i>Don
-Juan</i>, ¡ojalá pudiera yo traspasárselo para que gozara
-en mi lugar las consecuencias de haberlo escrito!</p>
-
-<p>La veracidad de mi opinion sobre esta obra la expresé
-muy claramente y de todo corazon en las últimas redondillas
-de las que leí en un beneficio que con él me
-dió Ducazcal en el teatro Español el año pasado, que
-inserto aquí para concluir, y por creer que aquí tienen
-su legítimo puesto y lugar.</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">En los años que han corrido</div>
-<div class="line">desde que yo le escribí,</div>
-<div class="line">miéntras que yo envejecí</div>
-<div class="line">mi <i>Don Juan</i> no ha envejecido:</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y fama tal por él gozo</div>
-<div class="line">que se cree, á lo que parece,</div>
-<div class="line">porque <i>Don Juan</i> no envejece,</div>
-<div class="line">que yo he de ser siempre mozo:</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y hoy el bravo Ducazcal</div>
-<div class="line">os anuncia en su cartel</div>
-<div class="line">que he de hacer aquí un papel,</div>
-<div class="line">que tengo que hacer ya mal.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Yo no soy ya lo que fuí:</div>
-<div class="line">y viendo cuán poco soy,</div>
-<div class="line">dejo á los que más son hoy</div>
-<div class="line">pasar delante de mí;</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Pues por Dios, que por más brava</div>
-<div class="line">que sea mi condicion,</div>
-<div class="line">la fiebre rinde al leon,</div>
-<div class="line">la gota la piedra cava.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Aún latir mis brios siento:<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></div>
-<div class="line">pero es ya vana porfía,</div>
-<div class="line">no puedo ya la voz mia</div>
-<div class="line">pedirle otra vez al viento:</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y á quien me lo quiere oir,</div>
-<div class="line">digo años há por do quier,</div>
-<div class="line">que pierdo el sér de mi sér</div>
-<div class="line">y que me siento morir;</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Pero nadie me hace caso</div>
-<div class="line">por más que hablo á voz en grito,</div>
-<div class="line">porque este <i>Don Juan</i> maldito</div>
-<div class="line">por do quier me sale al paso;</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y ni me deja vivir</div>
-<div class="line">en el rincon de mi hogar,</div>
-<div class="line">ni deja un año pasar</div>
-<div class="line">sin dar de mí qué decir.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Yo me apoco dia á dia,</div>
-<div class="line">y este bocon andaluz,</div>
-<div class="line">á quien yo saqué á la luz</div>
-<div class="line">sin saber lo que me hacia,</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">me viste con su oropel</div>
-<div class="line">y á luz me saca consigo;</div>
-<div class="line">por más que á voces le digo</div>
-<div class="line">que ir no puedo á par con él.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Mas tánto favor os debo</div>
-<div class="line">por él, que en verdad me obliga</div>
-<div class="line">á que algo esta noche os diga</div>
-<div class="line">de este insolente mancebo.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Oid... es una leyenda</div>
-<div class="line">muy difícil de contar,</div>
-<div class="line">porque tiene algo á la par</div>
-<div class="line">de ridícula y de horrenda:</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">una historia íntima mia.</div>
-<div class="line">Yo era en España querido</div>
-<div class="line">y mimado y aplaudido...</div>
-<div class="line">y me huí de España un dia.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Vivia á ciegas y erré:</div>
-<div class="line">y una noche andando á oscuras</div>
-<div class="line">tropecé en dos sepulturas,</div>
-<div class="line">y de Dios desesperé.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Emigré: me dí á la mar;<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span></div>
-<div class="line">y esperando en el olvido</div>
-<div class="line">una muerte hallar sin ruido,</div>
-<div class="line">en América fuí á dar.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">No llevando allá negocio</div>
-<div class="line">ni esperanza á qué atender,</div>
-<div class="line">al tiempo dejé correr</div>
-<div class="line">en la oscuridad y el ócio.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Once años anduve allí</div>
-<div class="line">vagando por los desiertos,</div>
-<div class="line">contándome con los muertos</div>
-<div class="line">y sin dar razon de mí.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Los indios semi-salvajes</div>
-<div class="line">me veian con asombro</div>
-<div class="line">ir con mi arcabuz al hombro</div>
-<div class="line">por tan agrestes parajes;</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">y yo en saber me gozaba</div>
-<div class="line">que nadie que me veia</div>
-<div class="line">allí, quién era sabia</div>
-<div class="line">el que por allí vagaba;</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">y esperé que de aquel modo</div>
-<div class="line">de mí y de mi poesía</div>
-<div class="line">como yo se olvidaria</div>
-<div class="line">á la fin el mundo todo.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Mi nombre, pues, con intento</div>
-<div class="line">de dejar perder, y en suma</div>
-<div class="line">sin papel, tinta, ni pluma,</div>
-<div class="line">ni libros ya en mi aposento,</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">bebia en mi soledad</div>
-<div class="line">de mis pesares las heces:</div>
-<div class="line">mas tenia que ir á veces</div>
-<div class="line">del desierto á la ciudad.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Vivo el cuerpo, el alma inerte,</div>
-<div class="line">á caballo y solo, iba</div>
-<div class="line">como una fantasma viva,</div>
-<div class="line">sin buscar ni huir la muerte.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y hago aquí esta narracion</div>
-<div class="line">porque sirva lo que digo</div>
-<div class="line">á mis hechos de castigo,</div>
-<div class="line">y á modo de confesion.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Sobre mí á un anochecer<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span></div>
-<div class="line">un nublado se deshizo,</div>
-<div class="line">y entre el agua y el granizo</div>
-<div class="line">me dejó una hacienda ver.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Eché á escape y me acogí</div>
-<div class="line">de la casa entre la gente,</div>
-<div class="line">como franca lo consiente</div>
-<div class="line">la hospitalidad allí.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Celebrábase una fiesta:</div>
-<div class="line">que en aquel país no hay dia</div>
-<div class="line">que en hacienda ó ranchería</div>
-<div class="line">no tengan una dispuesta;</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">y son fiestas extremadas</div>
-<div class="line">allí por su mismo exceso,</div>
-<div class="line">de las hembras embeleso,</div>
-<div class="line">de los hombres emboscadas.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y á no ser de mi leyenda</div>
-<div class="line">por no cortar la ilacion,</div>
-<div class="line">hiciera aquí descripcion</div>
-<div class="line">de una fiesta en una hacienda,</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">donde nadie tiene empacho</div>
-<div class="line">de usar á gusto de todo;</div>
-<div class="line">porque son fiestas á modo</div>
-<div class="line">de las bodas de Camacho.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Allí acuden sin convite</div>
-<div class="line">buhoneros, comerciantes</div>
-<div class="line">y cirqueros ambulantes;</div>
-<div class="line">sin que á nadie se le quite</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">de entrar en corro el derecho,</div>
-<div class="line">de gastar de los abastos,</div>
-<div class="line">ni de colocar sus trastos</div>
-<div class="line">donde quiera que halle trecho.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Jamás se apaga el hogar,</div>
-<div class="line">jamás el servicio cesa;</div>
-<div class="line">siempre está puesta la mesa</div>
-<div class="line">para comer y jugar.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Por salas y corredores</div>
-<div class="line">se oye el son á todas horas</div>
-<div class="line">de carcajadas sonoras,</div>
-<div class="line">de onzas y de tenedores.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Todo es peleas de gallos,<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></div>
-<div class="line">toros, lazos, herraderos,</div>
-<div class="line">manganas y coleaderos</div>
-<div class="line">y carreras de caballos;</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y al fin de un dia de broma</div>
-<div class="line">que nada en Europa iguala,</div>
-<div class="line">todo el mundo entra en la sala</div>
-<div class="line">y sitio en el baile toma.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Entré é hice lo que todos:</div>
-<div class="line">y cuando creí que al sueño</div>
-<div class="line">se iban á dar, dí yo al dueño</div>
-<div class="line">gracias por sus buenos modos:</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">mas mi caballo al pedir,</div>
-<div class="line">asiéndome por la mano,</div>
-<div class="line">me dijo el buen campirano</div>
-<div class="line">soltando el trapo á reir:</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">«¿Y á quién hay que se le antoje</div>
-<div class="line">dejar ahora tal jolgorio?</div>
-<div class="line">Vamos, venga usté á la troje</div>
-<div class="line">y verá el <i>Don Juan Tenorio</i>.»</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y á mí que lo habia escrito</div>
-<div class="line">en la troje me metia;</div>
-<div class="line">y allí al paso me salia</div>
-<div class="line">mi audaz andaluz precito.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Mas ¡ay de mí, cuál salió!</div>
-<div class="line">Lo hacia un indio Otomí</div>
-<div class="line">en jerga que el diablo urdió;</div>
-<div class="line">tal fué mi <i>Don Juan</i> allí,</div>
-<div class="line">que ni yo le conocí</div>
-<div class="line">ni á conocer me dí yo.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tal es la gloria mortal,</div>
-<div class="line">y á quien Dios se la confiere</div>
-<div class="line">si librarse de ella quiere</div>
-<div class="line">se la torna Dios en mal.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">A mí no me la tornó,</div>
-<div class="line">porque por mi buena suerte,</div>
-<div class="line">del olvido y de la muerte</div>
-<div class="line">do quier <i>Don Juan</i> me salvó.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">¡Dios no quiso allá de mí!</div>
-<div class="line">y de mi patria el olvido</div>
-<div class="line">temiendo, como habia ido,<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span></div>
-<div class="line">á mi patria me volví.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">¡Feliz malogrado afan!</div>
-<div class="line">al volver de tierra extraña,</div>
-<div class="line">me hallé que habia en España</div>
-<div class="line">vivido por mí <i>Don Juan</i>.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Comprendí en su plenitud</div>
-<div class="line">de Dios la suma clemencia:</div>
-<div class="line"><i>Don Juan</i> habia en mi ausencia</div>
-<div class="line">borrado mi ingratitud.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Mónstruo sin par de fortuna,</div>
-<div class="line">miéntras yo de España huia,</div>
-<div class="line">en España me ponia</div>
-<div class="line">en los cuernos de la luna.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y ni fuerza ni razon</div>
-<div class="line">han podido derribar</div>
-<div class="line">tal ídolo del altar</div>
-<div class="line">que le ha alzado la opinion.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Pero hablemos con franqueza</div>
-<div class="line">hoy que todo coadyuva</div>
-<div class="line">para que aquí se me suba</div>
-<div class="line">á mí el humo á la cabeza:</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Desvergonzado galan</div>
-<div class="line">siempre atropella por todo</div>
-<div class="line">y de atajarle no hay modo,</div>
-<div class="line">¿qué tiene, pues, mi <i>Don Juan</i>?</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Del fondo de un monasterio</div>
-<div class="line">donde le encontré empolvado,</div>
-<div class="line">yo le planté remozado</div>
-<div class="line">en mitad de un cementerio:</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y obra de un chico atrevido</div>
-<div class="line">que atusaba apenas bozo,</div>
-<div class="line">os parece tan buen mozo</div>
-<div class="line">porque está tan bien vestido.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Pero sus hechos están</div>
-<div class="line">en pugna con la razon:</div>
-<div class="line">para tal reputacion</div>
-<div class="line">¿qué tiene, pues, mi <i>Don Juan</i>?</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Un secreto con que gana</div>
-<div class="line">la prez entre los don Juanes:</div>
-<div class="line">el freno de sus desmanes:<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></div>
-<div class="line">que Doña Inés es cristiana.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tiene que es de nuestra tierra</div>
-<div class="line">el tipo tradicional;</div>
-<div class="line">tiene todo el bien y el mal</div>
-<div class="line">que el génio español encierra.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Que hijo de la tradicion,</div>
-<div class="line">es impío y es creyente,</div>
-<div class="line">es baladron y es valiente,</div>
-<div class="line">y tiene buen corazon.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Tiene que es diestro y es zurdo,</div>
-<div class="line">que no cree en Dios y le invoca,</div>
-<div class="line">que lleva el alma en la boca,</div>
-<div class="line">y que es lógico y absurdo.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Con defectos tan notorios</div>
-<div class="line">vivirá aquí diez mil soles;</div>
-<div class="line">pues todos los españoles</div>
-<div class="line">nos la echamos de Tenorios.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Y si en el pueblo le hallé</div>
-<div class="line">y en español le escribí</div>
-<div class="line">y su autor el pueblo fué...</div>
-<div class="line">¿Por qué me aplaudís á mí?</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Dejémoslo aquí hasta que veamos á mi D. Juan ante
-la conciencia de su autor, que tambien veremos á los
-actores ante mi <i>Don Juan</i>.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XIX.<br />
-(PARÉNTESIS.)</h2>
-
-
-<h3>I.</h3>
-
-<p>Mi campaña teatral habia durado cuatro años: del
-40 al 45. Fiel á mi bandera, no me habia yo pasado
-jamás al enemigo, combatiendo siempre en
-primera fila; y en aquellos cuatro años, porque en
-la temporada del 41 al 42 no escribí nada por lo
-que adelante diré, habia yo dado á la empresa Lombía
-veinte y dos obras escénicas, desde <i>Cada cual con su
-razon</i> hasta <i>D. Juan Tenorio</i><a name="FNanchor_2" id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>. Ninguna de ellas
-habia sido silbada, ni retirada del cartel sin cinco representaciones;
-y habian quedado del repertorio de Latorre,
-con éxito completo, <i>El Zapatero y el Rey</i>, <i>Sancho<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>
-García</i>, <i>El rey loco</i>, <i>El puñal del godo</i>, <i>El alcalde Ronquillo</i>
-y el <i>D. Juan</i>: Lombía repetia en el suyo el <i>Cada
-cual con su razon</i> y <i>La mejor razon la espada</i>. La empresa
-del teatro del Príncipe no me habia visto jamás en
-el saloncito de Julian Romea, ni para sus afortunados
-actores habia yo en los cuatro años escrito un sólo verso;
-siendo el único escritor que siguió constante la inconstante
-suerte de la empresa de la Cruz, y escribiendo
-exclusivamente para Lombía y Latorre.</p>
-
-<p>¿Por qué? Lo diré más adelante al recordar cómo,
-por qué y para quién escribí el <i>Traidor, inconfeso y mártir</i>;
-ántes y por hoy tengo necesidad de decir algo de
-las vicisitudes por que habian pasado los teatros de verso,
-durante los cinco años de la revolucion literaria, de
-la cual fuí entónces hijo mimado y hoy todavía viviente
-recordador.</p>
-
-<p>Porque estos mis desordenados <span class="smcap">Recuerdos del
-tiempo viejo</span> son una madeja de quebradizos y rotos
-hilos, de cuyos cabos voy tirando al azar segun los voy
-devanando en el desigual ovillo de mis artículos de <i>El
-Imparcial</i>; y en éste veo que es preciso que dé á mis
-lectores, si tengo algunos, un cabo conductor y alguna
-luz que les guie por el laberíntico relato de mis entradas
-y salidas por las puertas y escenarios de los teatros de
-la Cruz y del Príncipe. Mis <span class="smcap">Recuerdos</span> no son, desventuradamente
-para mí, una obra de cronológica ilacion,
-de continuidad lógica y progresiva de bien enlazados
-sucesos, y de uniforme estilo, como las curiosas <span class="smcap">Memorias
-de un setenton</span>, del Sr. de Mesonero Romanos;
-á quien aprovecho esta ocasion para dar gracias
-por el cariñoso recuerdo que en ellas hace de mí, y para
-rendirle el homenaje debido al más fácil de nuestros
-prosistas, al más ameno y castizo de nuestros narrado<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>res,
-al más cortés de nuestros críticos, y al más exacto
-pintor de nuestras costumbres. Mis <span class="smcap">Recuerdos</span> no
-pueden, ni intentan competir con sus <span class="smcap">Memorias</span>; y
-cuando hoy se reducen á libro con una más ordenada
-forma, aún no pueden parangonarse con aquellas; elegante
-y última, pero genuina produccion del vigoroso
-ingenio del <span class="smcap">Curioso parlante</span>, en cuya curiosa personalidad
-prolonga Dios la luz de la inteligencia para
-gloria y contentamiento de la presente generacion.</p>
-
-<p>Hecha esta salvedad y cumplido este deber, vuelvo
-la vista atrás y retrocedo cuatro años, para entrar por
-preparado camino en el quinto y último de mis recuerdos
-teatrales.</p>
-
-<p>La temporada cómica del 38 al 39, por no sé qué circunstancias
-fortuitas ó premeditadas, iba á pasar sin que
-hubiese compañía en los teatros de Madrid. Lombía,
-asociado con Luna, Pedro Lopez, las Lamadrid y otros
-se presentaron en época avanzada, con las más sinceras
-protestas de modestia, á llenar como mejor pudiesen
-aquel vacío. Estimóselo el público, y quedó constituida
-en compañía aquella sociedad, para la temporada del 39
-al 40. <i>La redoma encantada</i> fué para ella la gallina de
-los huevos de oro, y en aquel año cómico presenté yo
-mis tres primeras comedias, segun van marcadas en la
-nota correspondiente á este párrafo. Con la cooperacion
-del infatigable Breton, de García Gutierrez, Olona, y
-otros autores, el año fué un negocio, y á la temporada
-siguiente (la de 40 al 41) vino á tomar parte en él Julian
-Romea con Matilde y su compañía. Romea, Salas y
-Lombía tomaron ambos teatros, y habiendo yo comprometido
-mi palabra con Cárlos Latorre de escribir
-para él la segunda parte del Rey D. Pedro, cuya primera
-habia estrenado Luna, pero no habiendo querido<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span>
-Romea escriturar á Latorre, preferí no escribir para el
-teatro á faltar á la palabra empeñada á éste.</p>
-
-<p>No duró mucho la union de Julian con Lombía; y
-como por aquel tiempo transformara en teatro su circo
-Colmenares, que del de la plaza del Rey era propietario,
-Lombía, que habia tomado el viejo coliseo de la Cruz
-patrocinado por el banquero Fagoaga, director del Banco,
-estrenó el del Circo en el verano con Cárlos Latorre,
-miéntras se hacia de nuevo el de la Cruz. La empresa
-Colmenares, que era adinerada y emprendedora, hizo
-competencia á los dos teatros y á las dos compañías del
-Príncipe y de la Cruz, primero con grandes pantomimas
-y despues con ópera y baile: del 42 al 43.</p>
-
-<p>Lombía, que disponia de no escasos fondos y que era
-hombre de no cortos alcances, se volvió á unir con Romea
-contra el enemigo comun; y conservando independientes
-sus dos compañías de verso, fueron coempresarios
-para dos nuevas de baile y de ópera, que alternaron
-en sus dos teatros. La Lema (que casó despues con
-Ventura de la Vega), La Tossi (mujer luego de Lorenzo
-Milans) y la Villó ganaron allí con justicia la reputacion
-de primeras cantantes; y Salas en <i>Chiara di Rossemberg</i>
-se hizo el primer caricato español; sosteniendo
-el baile la pareja Bartholomin, con su padre de director,
-Aranda de pintor, otra pareja italiana y un par de docenas
-de coristas aragonesas y valencianas, que se las
-tuvieron ten con ten á la Petit y á la Guy-Sthefan y á
-las andaluzas del circo.</p>
-
-
-<h3>II.</h3>
-
-<p>Del 43 al 44, Lombía solo, sin Romea, pero con Matilde,
-Guzman, Latorre, Sobrado, Pizarroso, Azcona,<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span>
-las Lamadrid y la Sampelayo, sostuvo la competencia
-contra las compañías del Circo con la mejor de verso
-que tal vez se ha reunido, y una de ópera de <i>primo
-cartello</i> (hasta el 45) con Moriani, Guasco y otros célebres
-cantantes. En estos dos años se pusieron en escena
-en la Cruz <i>La lámpara maravillosa</i>, fantástica y maravillosamente
-decorada por Aranda, <i>El triunfo de la
-Cruz</i> y <i>La Encantadora</i>, y en el Príncipe <i>La Sílfide</i> y
-<i>Hernan-Cortés</i>, varios dramas de Hartzenbusch y García
-Gutierrez, el <i>Don Alfonso el Casto</i> y la <i>Doña Mencía</i>,
-el <i>Alfonso Munio</i> y <i>El Príncipe de Viana</i>, de Gertrudis
-Avellaneda, y muchas comedias de Breton, que
-dieron prez al arte escénico y dinero á la administracion.
-El Circo, al fin, amparado por Narvaez, Salamanca y
-otros personajes de valia, se llevó la atencion con la
-competencia de la Fuoco y la Guy, á quienes se presentaban
-gigantescos ramos de flores conducidos en
-brazos de servidores con librea, en azafates y jarrones
-de plata y porcelana de china, y hasta en un carro que
-apenas cabia por la calle del centro de las butacas.</p>
-
-<p>Yo no sé lo que el arte ganó con aquel frenesí y aquellos
-delirios; pero el público se hartó de gritar por uno
-ú otro partido, y de divertirse con las excéntricas locuras
-de ambos; y se vieron en la escena de los tres teatros
-las más costosas decoraciones, los más lujosos trajes,
-las más cortas y transparentes enaguas, y las
-bailarinas más correctamente empernadas y de más ricas
-formas de los cuatro reinos de Andalucía y de la antigua
-coronilla de Aragon.</p>
-
-<p>Por fin perdimos nosotros los de la Cruz, que estuvimos
-á pique de ser crucificados. En Diciembre del 45
-Lombía tuvo que prescindir de Cárlos Latorre, que se
-fué á Granada, y yo á mi casa á contentarme con saber<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span>
-que en Granada se aplaudia á Cárlos; sin el cual abrió
-Lombía el teatro del Instituto, con Caltañazor, las hermanas
-Flores, la Pámias, la Carrasco, la Concha Ruiz,
-Lumbreras, etc. En esta temporada, y ántes de abandonar
-la Cruz, se hicieron las zarzuelas <i>El Sacristan de
-San Lorenzo</i>, <i>La Venganza de Alifonso</i> y <i>La pradera
-del Canal</i>, parodias de la <i>Lucia</i> y la <i>Lucrecia</i>, escritas
-por Azcona, el más inteligente y entendido de nuestros
-actores de entónces, excepto Pedro Mate: cuadros de
-costumbres concienzudamente estudiados y con maravillosa
-exactitud copiados del natural.</p>
-
-<p>En Junio del 46 fuí yo á Francia, de donde regresé
-en Enero el 47, por el fallecimiento de mi madre: á mi
-vuelta hallé instalada en el Instituto la compañía andaluza
-de Calvo y Dardalla, donde estos dos actores representaban
-de una manera tan incomparable como encantadora
-<i>Los celos del tio Macaco</i> y <i>La flor de la canela</i>.
-Pepe Calvo, padre de Rafael, hacia un tio Macaco
-tan indescriptible y característico, un gitano tan picaresco
-y atruhanado, tan anguloso, descaderado y zancudo,
-que no le produjeron más espirrabao ni Triana en
-Sevilla, ni el Perchel en Málaga.</p>
-
-<p>Del 48 al 49. El Ayuntamiento se encargó del teatro
-y se fundó el Español, con una compañía completa
-compuesta de Romea, Valero, Arjona, Matilde, Bárbara,
-Teodora y Osorio, etc. Catalina no aceptó su puesto
-en ella por razones personales, y Carceller con un asociado
-tomó para Catalina el viejo teatro de Variedades,
-con la Manuela Ramos, la Juana Samaniego, Juan Catalina,
-Cortés el buen gracioso, Manuel Gimenez y
-otros. Al fin de temporada contrataron á Salas, Adela
-Latorre, al tenor Gonzalez, etc., con quienes pasaron
-al teatro de los Basilios, miéntras que Harpa, propieta<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span>rio
-de Variedades, remodernaba su sala y escenario,
-dejándolos como estaban aún el año pasado de 79.</p>
-
-<p>Y aquí acaban mis recuerdos de los teatros que conocí
-ántes de mi expatriacion, y salvas algunas inexactitudes
-de fechas, y alguna confusion de ajuste de
-actores, esta es la historia de los teatros de Madrid desde
-el 40 al 49: tan ligeramente apuntada como lo permite
-el ligero espíritu de estos recuerdos á vuela pluma,
-y tan en confuso cuadro como se conservan amontonados
-en mi turbia memoria todos aquellos empresarios tan
-activos y batalladores, todos aquellos actores tan bien
-vestidos y todas aquellas bailarinas tan bien desnudas.</p>
-
-<p>Pálidas, dispersas y móviles siluetas, recuerdos desperdigados
-de la memoria del muchacho, que aún bailan
-en sueños una diabólica danza Macabra por el ya
-frio, desierto y nebuloso campo de la imaginacion del
-viejo poeta.</p>
-
-
-<h3>III.</h3>
-
-<p>Y aquí abre mi memoria un oasis fresco, umbroso y
-apacible en el árido y enmarañado desierto de mis recuerdos;
-en él se levanta y por él corre, y su abrasada
-atmósfera templa y oréa una brisa vital, salubre y perfumada
-que envia mi corazon amante á mi descarriada
-fantasía. ¿Por qué no he de sentarme á reposar un punto
-á la sombra de este oasis? ¿Por qué no he de aspirar
-esta brisa á la luz del único rayo de esperanza que ilumina
-la lóbrega y tempestuosa atmósfera de mis recuerdos,
-y el turbio y estéril arenal de mi inútil existencia?
-¿Qué son estos mis <span class="smcap">Recuerdos del tiempo viejo</span> más
-que las aspiraciones íntimas de mi alma, los suspiros de
-mi corazon y los latidos de mi conciencia? Surja, pues,<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span>
-de las aguas azules del pintoresco lago de la poesía el
-vapor puro de los suspiros del alma; revélese el hombre
-en la faz del poeta, y véase el corazon de aquel á través
-de las cuerdas de la lira de éste.</p>
-
-<p>Por aquel tiempo vino á Madrid mi pobre madre, á
-quien yo no habia visto y de quien nada habia sabido
-desde aquella desventurada noche en que abandoné mi
-paterno hogar.</p>
-
-<p>Dos figuras bellísimas, dos imágenes tan queridas
-como nunca olvidadas, resaltan en este cuadro de mis
-recuerdos: la de mi madre y la de Paco Luis de Vallejo,
-corregidor de Lerma en 1835, á quien dediqué mi
-<i>D. Juan Tenorio</i> en 1844. Volvamos un instante la
-vista al mes de Julio de 1835 para posarla despues en
-el de 1844.</p>
-
-<p>A la llegada á Madrid de la Reina María Cristina,
-era mi padre superintendente general de policía del
-reino: el duque de San Cárlos y Arjona, que para traerle
-hasta tan importante puesto le habian hecho pasar
-por la Chancillería de Valladolid, la Audiencia de Sevilla
-y la Sala de Alcaldes de casa y corte, se le habian
-propuesto á Fernando VII como un partidario fiel de la
-causa realista, como un íntegro magistrado y un hombre
-de carácter enérgico, á propósito para limpiar á Madrid
-de los ladrones y vagos que pululaban en 1827 por
-las mal empedradas calles y peor alumbrados callejones
-de la villa y corte de entónces, de la cual dan tan exacta
-idea las Memorias de Mesonero Romanos. Al instalarse
-mi padre en la superintendencia, en la casa de la
-calle del Príncipe que hoy habita el duque de Santoña,
-tenia ya montada una policía, que acabó en cuarenta
-dias con todos los ladrones, de la manera que tal vez
-diré en algun artículo posterior. Bástame, por hoy, in<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>dicar
-el principio tan bárbaro como exacto de que su
-justicia partia, y era este: «Los séres humanos, que faltos
-de educacion moral y religiosa, y viviendo en guerra
-con la sociedad, creen que el robo es una profesion,
-y el asesinato necesario para cometer y encubrir el
-robo, no tienen más que un miedo: el de la muerte.»
-En consecuencia de cuyo principio, y conociendo el
-modo lento y embrollado con que la justicia ha solido
-caminar siempre en España, anunció que «los ladrones
-quedaban sujetos á una comision militar, asesorada por
-un alcalde de casa y corte y un escribano del crímen;»
-instalóse la tal comision; y ladron cogido, ladron ahorcado.
-Bárbaro era tal vez el principio, pero necesario y
-eficaz fué el procedimiento; los únicos tres años que
-Madrid ha estado completamente libre de ladrones <i>de
-profesion</i>, fueron los de 28, 29 y 30. Otro dia hablaremos
-de esto: no manchemos hoy con tan repugnantes
-memorias la purísima de mi madre y la alegre y caballeresca
-del apuesto <i>garçon</i> corregidor de Lerma, Paco
-Vallejo.</p>
-
-<p>Mi padre fué el primer dignatario de la situacion realista
-depuesto por la influencia liberal de la Reina Cristina:
-cayó como los vencidos que capitulan, y salió con
-armas y bagajes: las condiciones de su destitucion no
-fueron más que la de salir de Madrid y sitios reales en
-el término de ocho dias. Fué, pues, á refugiarse á un
-pueblecillo de la provincia de Búrgos, en donde un hermano
-de mi madre era cabeza de una numerosa familia,
-y á cuyo otro hermano, capellan de aquel pueblo,
-habia nombrado canónigo de la colegiata de Lerma el
-duque del Infantado, patrono de aquella iglesia y heredero
-del duque de Lerma, su fundador. El cólera del 34,
-que introdujo la muerte y la division en la familia, nos<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span>
-obligó á abandonar aquel pueblecillo tan pequeño, oculto
-y desconocido, que su nombre no se halla en los mapas;
-y miéntras yo pasaba las temporadas del curso escolar
-en las Universidades de Toledo y Valladolid, mis
-padres vivian en un tranquilo destierro en casa de mi
-tio el canónigo de Lerma. Allí fué de corregidor mi inolvidable
-Vallejo.</p>
-
-<p>Su llegada fué un acontecimiento para el partido
-que iba á gobernar, y un justo motivo de sobresalto
-para mi padre; quien no habiendo aprobado el levantamiento
-carlista, en cuyo éxito no creia, habia rechazado
-las sugestiones de los amigos y de los agentes del
-levantamiento, resuelto á no mezclarse en él por voluntad
-propia; pero hombre importante y conocido de la
-pasada situacion, no podia ménos de ser sospechoso al
-nuevo gobierno, y se dió tal vez por perdido al ver llegar
-á Lerma un corregidor modelado en un molde tan
-distinto del en que él habia concebido que debian vaciarse
-los corregidores. Paco Vallejo era un mozo de
-veintisiete años, que vestia con elegancia, que marchaba
-con soltura, que fumaba ricos habanos que de
-Madrid le remitian, que bebia Jerez, y, ¡cosa inconcebible
-para mi padre! que se presentó á tomar posesion de
-su corregimiento con el uniforme de nacional de caballería
-de Madrid, con el chacó en la cabeza, el baston
-en la derecha y el sable á la cintura. Paco Vallejo era
-uno de los calaveras de buen tono de aquella edad de
-calaveras, que volvieron del revés á España como un
-sastre la manga de una levita, á la cual hay que poner
-forros nuevos: un Don Juan de la clase media, que podia
-presentarse y bravear en el salon más aristocrático:
-un abogado jóven lleno de audacia y de talento, tan
-agudo de ingenio como seductor de modales, á quien<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span>
-era preciso tener un par de años en un corregimiento
-para hacerle llegar á una toga en la audiencia de la Habana:
-y á quien mi padre y yo tuvimos la fortuna de
-que nos enviara á Lerma D. Cláudio Anton de Luzuriaga.</p>
-
-<p>Cuando Vallejo llegó á Lerma, acababa yo de volver,
-concluido el curso de la Universidad de Valladolid. Dimos
-uno con otro, él bajando y yo subiendo la calle
-Mayor; llamé yo su atencion por mi traje y porte más
-cortesano del de la gente del país: encaróse conmigo,
-plantémele yo delante cediéndole la derecha, pero sin
-bajar mis ojos á su investigadora mirada, y preguntóme:&mdash;¿Quién
-es V., caballerito, que no tiene trazas de
-ser de esta tierra?</p>
-
-<p>Decliné yo mi nombre y el de mi padre, y esperé,
-sombrero en mano, á que tomara mi filiacion en unos
-instantes de silencio y bajo el poder de una escrutadora
-mirada, ante la cual no creí conveniente bajar la
-mia.</p>
-
-<p>&mdash;Está bien&mdash;me dijo, concluido su exámen&mdash;tendré
-mucho gusto en conocer al padre de tal hijo. ¿Dónde le
-ha educado á V. su señor padre?</p>
-
-<p>&mdash;En el Real Seminario de nobles de Madrid&mdash;respondí.</p>
-
-<p>&mdash;¡Hola! ¿es V. discípulo de los jesuitas?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, señor; pero no les hago mucho honor, porque
-he sido siempre muy desaplicado.</p>
-
-<p>&mdash;No habrá sido en la cátedra de la lengua castellana.</p>
-
-<p>&mdash;Ni en la de otras.</p>
-
-<p>&mdash;¿Conoce V. muchas lenguas extranjeras?</p>
-
-<p>&mdash;Tengo rudimentos de tres y rompo en ellas la conversacion.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Espero tener ocasion de hablar con V. en alguna;
-tal vez en las tres.</p>
-
-<p>&mdash;Estoy á la disposicion de usía.</p>
-
-<p>&mdash;Y mi corregimiento á la de su señor padre: hagáselo
-V. presente de mi parte.</p>
-
-<p>Siguió su camino el corregidor, y apreté yo el paso
-hácia mi casa para advertir á mi padre de que creia que
-acababa de cometer una torpeza, que podia muy bien
-habernos puesto en mal con el miliciano corregidor.</p>
-
-<p>Frunció mi padre el entrecejo escuchando mi narracion,
-pero no desplegó sus labios, y ántes de anochecer
-fué á visitar á Vallejo, dejando á mi madre y á su hermano
-el canónigo en angustiosa incertidumbre; era
-para ellos evidente que yo habia traido á mi padre la órden
-de presentarse inmediatamente ante aquella extraña
-autoridad.</p>
-
-<p>Al volver mi padre de su visita, respondió á la interrogadora
-mirada de mi madre con estas palabras:&mdash;«Es
-un hombre atentísimo y no temo doblez en él; pero no
-puedo comprender sus intenciones.</p>
-
-<p>Yo no puedo visitar á V.; me ha dicho al despedirme;
-pero envíeme V. á su hijo: no sé comer solo, soy
-algo hablador y me ha parecido que su hijo de V. no
-tiene pelos en la lengua.&mdash;¡Dios ponga tiento en ella!
-exclamó mi padre volviéndose á mí. Mañana irás al
-alojamiento de ese botarate, y sereis dos: si te invita á
-comer, acepta; pero no bebas. Habla poco, si puedes,
-y escucha bien lo que te diga, porque probablemente
-te lo dirá para que me lo repitas.»</p>
-
-<p>Maldita la gracia que me hizo la posicion en que el
-nuevo corregidor me colocaba entre él y mi padre: pero
-despues de una noche no muy tranquila para ninguno
-de los tres que componíamos la familia, á las cuatro en<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span>
-punto de la tarde pasaba yo un poco receloso los umbrales
-de la casa en que se alojaba D. Francisco Luis de
-Vallejo, á quien desde aquella tarde consagré un cariño
-fraternal y un agradecimiento que no se extinguirá sinó
-con la vida.</p>
-
-<p>Llegué hasta el aposento del corregidor sin tropezar
-con portero ni alguacil, pues habian ya pasado las horas
-del despacho; y como, aunque no las llevaba todas
-conmigo, no queria yo que miedo ni empacho en mí
-conociera, dí resueltamente dos golpes en la puerta con
-los nudillos, y al «adelante» con que desde dentro me
-autorizaban á penetrar en aquel <i>sancta sanctorum</i> de la
-justicia lermeña, me presenté con tanta resolucion aparente
-como desconfianza real ante la primera autoridad
-del partido. Leia Vallejo, tendido en un sillon de cuero,
-un libro encuadernado en vetusto y amarillento pergamino;
-los piés tenia con botas y espuelas puestos en dos
-sillas y el codo izquierdo en la esquina de una mesa de
-piés salomónicos, que sobre su tablero sustentaban por
-el momento, y en vez de legajos de papel sellado, un
-gran plato de nueces frescas, muy pulcramente peladas,
-y un pichel de aquella agradable bebida compuesta de
-limonada y vino que se llamaba sangría en aquel tiempo
-viejo, y con la cual templaba el corregidor el ardiente
-efecto del oleoso fruto del nogal. Soltó el libro
-y levantóse para recibirme; é hízolo con tan atractivos
-modales y con tan afectuosas palabras, que al cabo de
-media hora, uno en frente de otro, dábamos cuenta de
-la última nuez y de la gota postrera de sangría, en medio
-de la más alegre conversacion de estudiantes y de
-la más franca y espontánea amistad de muchachos.</p>
-
-<p>Esta rápida é inconcebible union de dos tan distintos
-individuos, la habia operado en pocos minutos el libro<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span>
-que Vallejo leia: las coplas del marqués de Santillana y
-de Jorge Manrique, manuscritas y encuadernadas en la
-edicion gótica de Sevilla de las trescientas de Juan de
-Mena.</p>
-
-<p>Si en lugar de escribir estos recuerdos en las columnas
-de un periódico los escribiese en las páginas de un
-libro, llenarian algunas los pormenores de esta escena.
-Paco Vallejo era originalísimo en sus opiniones, excéntrico
-en sus ideas, y tan picante como ameno en su
-conversacion. Venia de la corte impregnado en el espíritu
-de todos los gérmenes políticos, económicos, artísticos
-y literarios de la revolucion.</p>
-
-<p>Era un índice vivo de cuantos libros y periódicos iban
-publicados en aquella primera, modesta y recelosa libertad
-de imprenta; sabia de memoria las principales
-escenas del <i>Edipo</i>, de Martinez de la Rosa; del <i>Macías</i>,
-de Larra; de la <i>Marcela</i>, de Breton, y los chistes, de
-Ventura, y los <i>Cantos</i> de Espronceda, que acababa
-Ochoa de publicar en <i>El Artista</i>, y podia decir al dedillo
-la historia de todas las cantantes, desde la Albini,
-la Cesari y la Lorenzani, y de todas las bailarinas, desde
-la Sichero y la Volet; recitóme veinte canciones italianas,
-para mí desconocidas, y encantóme con la de
-Zanotti, que lleva por estribillo aquel famoso <i>¡oh giuramenti
-predda de' venti!</i> Recítele yo mi <i>Dueña de la negra
-toca</i> y mi <i>Canto de Elvira</i>, con los versos á una Catalina,
-la moza más garrida que por entónces vivia en Lerma;
-pidióme y díle noticias y narréle lo que de las muchachas
-de la comarca se susurraba; díjome y díjele, contéle
-y contóme tantos versos tan ingeniosos como subidos
-de color, y tantas historias tan gratas de recordar
-como imposibles de repetir; y cuando la dueña de la
-casa se decidió á avisarnos que la sopa estaba en la<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>
-mesa, así nos acordábamos, como por los cerros de
-Ubeda, ni él de que era corregidor, ni yo de que era
-el hijo de mi padre.</p>
-
-<p>Aquellas tan frescas como excitantes nueces nos habian
-hecho acabar con el pichel de sangría; y aunque
-el vinillo ágrio de Lerma, segun decia mi tio el canónigo,
-no era bueno más que para echar lavativas á galgos,
-nos habia abierto tanto el apetito como alegrado el corazon
-y calentado la cabeza&mdash;borrando los diez años de
-diferencia que entre mis diez y siete y los veintisiete del
-corregidor mediaban. Comimos como dos condiscípulos
-que á hallarse juntos volvieran tras diez años de separacion,
-y éramos á los postres tan amigos y tan iguales
-como si de veras condiscípulos hubiéramos sido desde
-la escuela de primeras letras. Y así llegamos á las nueve
-de la noche, y oí yo con asombro, y casi con espanto,
-las campanas de la Colegiata, que tocaban á las Animas:
-era la primera vez que tal hora me cogia fuera de la casa
-de mi padre, era la en que se rezaba el rosario en ella,
-y era yo el encargado de guiarle.</p>
-
-<p>Conoció Vallejo que algo me angustiaba; preguntóme
-qué, y reveléselo yo: entónces, tomando una de las
-dos luces que habian alumbrado nuestro festin, y volviendo
-á llevarme al aposento en donde le hallé, escribió
-una carta de media página á mi padre; llamó al
-alguacil de renda y le mandó que á mi casa me acompañara;
-dióme por despedida lo escrito cerrado en un
-sobre, y díjome al oido: «dí á tu padre que queme ese
-papel en cuanto le lea, y que no deje de enviar á su
-hijo de cuando en cuando á comer con el corregidor.»</p>
-
-<p>Entré yo en mi casa con los carrillos muy encendidos
-y los ojos muy alegres: aguardábame ya impaciente mi
-familia, y recibióme mi padre con el ceño un poco frun<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>cido
-y en un silencio muy poco á propósito para infundirme
-ánimo; pero yo, sin decir palabra ni darle tiempo
-de pronunciar una, púsele en las manos la carta de Vallejo,
-con lo cual obligándole á fijar su atencion en la
-misiva, logré que la apartara del portador.</p>
-
-<p>Leyó mi padre y quedóse un punto suspenso, contemplando
-lo escrito como si no lo comprendiera; y aprovechando
-la posicion en que, inclinado hácia adelante,
-tenia la carta y la cabeza cerca de la luz, díjele al oido
-como Vallejo me lo habia dicho: «Que queme V. ese
-papel en cuanto le lea.»</p>
-
-<p>Quitó mi padre sus ojos del papel para fijarlos en los
-mios, y preguntóme: «¿Te lo ha leido él á tí?»</p>
-
-<p>No, contesté con la firmeza de quien decia verdad; y
-en silencio mi padre quemó el papel, quedando de él no
-más que el pico, por el cual entre su pulgar y su índice
-lo tuvo miéntras ardió. Tiró despues del cordon de la
-campanilla y mandó que sirvieran la cena: «Tú habrás
-comido muy tarde, me dijo: nosotros hemos rezado ya
-el rosario, y tendrás ganas de acostarte: toma tu luz, y
-te dejaremos en tu cuarto;» y miéntras todos bajaban al
-comedor, que estaba en el entresuelo, me dijo mi padre
-al dejarme en mi dormitorio, que tenia su puerta en el
-arranque de la escalera:</p>
-
-<p>«Mañana irás á decir á Vallejo lo que me has visto
-hacer con su carta y le darás las gracias,» y añadiendo
-entre dientes y como quien habla consigo mismo: «¡si
-tuviera la cabeza tan sana como el corazon..!» me cerró
-la puerta y me acosté tan satisfecho de haber salido tan
-bien librado como curioso de saber lo que decia aquella
-carta, que tan bien me habia escudado del justo mal
-humor de mi padre.</p>
-
-<p>Vallejo tenia suficiente juicio para no fiar al chico lo<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span>
-que corriera riesgo de su insensata locuacidad: el corregidor
-fué con el padre un caballero de la tabla redonda
-y un muchacho desatalentado con el hijo futuro autor del
-<i>Tenorio</i>, y único sér con quien el noble calavera madrileño,
-á quien debia aquel drama ser dedicado, podia tener
-afinidad en aquel país.</p>
-
-<p>El corregidor liberal, el apuesto y caballeroso garzon,
-arriesgó su favor y su empleo por amparar al magistrado
-en desgracia y fué el primero que auguró al
-hijo un porvenir tan brillante como inútil para uno y
-otro.</p>
-
-<p>Ocho años despues, supe por mi madre que la carta
-de Vallejo, que de su parte llevé yo á mi padre, decia:
-«Traigo órden de vigilar á V. y de no dejarle respirar,
-pero puede V. dormir tranquilo miéntras yo sea corregidor
-de Lerma; y cuando tenga V. que <i>emprender
-algun viaje</i>, avísemelo V. con tiempo para que pueda
-usted partir sin despedirse de mí, miéntras esté yo de
-expedicion por mi ínsula Barataria; pero no deje usted
-de enviarme al chico; que tendrá siempre tan buen lugar
-en mi mesa, como creo que le tiene en el porvenir
-que abre en España á las letras la revolucion que se
-desarrolla.»</p>
-
-<p>¡Oh, bueno y leal Paco Vallejo! Pocos meses despues
-tenias que consolar á mi pobre madre y desvanecer las
-sospechas del receloso y severo juez, que tal vez creyeron
-por un momento que podias tener parte con tus consejos
-en el crímen con que el hijo se abrió las puertas
-del porvenir famoso que tú le habias predicho, y que
-sólo valió al padre, á la madre y al hijo pesadumbres y
-desengaños.</p>
-
-<p>Mi madre, harta de vivir escondida en un pueblucho
-de una sierra, en donde nieva desde Noviembre hasta<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span>
-Febrero, y en el cual, incomunicada y sin noticias del
-mundo, habia vivido cinco años sin saber lo que en el
-mundo pasaba, vino por fin á llamar á las puertas de la
-casa del hijo ingrato, cuyo amor filial creia extinguido
-por la vanidad de unos triunfos que no la habian producido
-más que ruido y coronas de papel dorado. Un viejo
-eclesiástico, que la habia servido de protector, se presentó
-al hijo con la desconfianza de un católico que tuviera
-necesidad del amparo de un hereje; que era, y es
-aún lo que se cree en algunos pueblos de Castilla de los
-que usamos perilla y bigote; pero no bien el anciano
-sacerdote comenzó á tantear los sentimientos del hijo,
-cuando éste se echó en sus brazos deshecho en lágrimas,
-clamando ansioso por abrazar á su infeliz madre;
-trajímosla á nuestra casa, y una nueva luz, una nueva
-vida y una nueva inspiracion entraron en ella. Habia yo
-vivido poquísimo tiempo con mi madre; á los ocho años
-me habia metido mi padre en un colegio de Sevilla; á
-los diez me puso en el de nobles de Madrid, y sólo dos
-veranos, durante las vacaciones del 34 y 35, habíamos
-vivido bajo el mismo techo, pero entre el miedo y los
-pesares del destierro y en la escasez de expansiva confianza
-de los que se conocen mal y no se aprecian bien;
-resultado inevitable de la educacion fuera de la familia:
-se pierde uno para ésta tanto cuanto se gana para la
-sociedad; yo me gané para el mundo y me perdí para
-mi familia, no nos tratamos y no nos conocimos. Vino,
-pues, mi madre á mi casa, y yo no sabia ser su hijo; la
-trataba como á hija mia. Yo la mimaba, yo la peinaba,
-yo la dormia; sentia que no fuese una niña de tres años,
-para poderla tener todo el dia sobre mis rodillas y velarla
-de noche el sueño, colocada en mis brazos su cabeza.
-A la luz de sus ojos, al calor de su cariño, al in<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>flujo
-de su presencia, produje yo en tres meses los
-tres tomos de mis <i>Cantos del Trovador</i>; y un libro
-del P. Nierenberg, en que ella leia, me sugirió la idea de
-mi <i>Margarita la tornera</i>; y en aquel D. Juan que tan
-mal estudia en la Universidad,</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Sintiéndose el alma seca</div>
-<div class="line">de hablar de legislacion</div>
-<div class="line">y con la mala intencion</div>
-<div class="line">de quemar la biblioteca,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>y que vuelve por fin despechado y pobre á aquella
-casita solitaria, hay algo de mi historia y de la de mi
-casa; y en aquel altar enflorado, y en aquella despedida
-de la monjita en el altar arrinconado del cláustro, y en
-aquella narracion rebosando fé sincera, inspiracion juvenil,
-frescura de selva vírgen, y aroma de rosas de Mayo
-y poesía nacional y cristiana, está encerrado el espíritu
-religioso de mi devota madre; está derramada á manos
-llenas la esencia del amor filial, la poesía del corazon
-amante del hijo que escribió aquellos versos ante la sonrisa
-de la madre adorada... y por eso es <i>Margarita la
-tornera</i> la única produccion que me ha conquistado el
-derecho de llamarme poeta legendario, y creo que
-el poeta que la escribió no merece ser olvidado en su
-patria; y cuando veo que la fama eleva en sus alas á
-otros poetas contemporáneos, no tengo envidia de sus
-merecidos triunfos ni de las justas alabanzas de sus modernas
-obras, y me digo á mí mismo callandito, sin orgullo,
-modestamente, pero con conciencia de mí mismo:
-«yo tambien soy poeta; yo tambien he escrito mi <i>Margarita
-la tornera</i>.»</p>
-
-<p>Pero, ¿qué diablos importan todos estos recuerdos
-íntimos y personales á los lectores de <i>El Imparcial</i>?<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>
-Mi pobre madre, que tenia mucho miedo á mi padre,
-se fué de mi casa... y murió sin que yo la volviera
-á ver; mi <i>Margarita la tornera</i>, inspirada por la presencia
-de mi madre, es el sudario en que puedo envolver
-mi memoria póstuma para que se conserve más
-tiempo sobre la tierra; puede servirme de confesion á la
-hora de mi muerte, si la Providencia me hace morir inconfeso,
-¡y quién sabe si podrá abonarme ante el tribunal
-de Dios, cuando mi alma sea por Él llamada á
-juicio!</p>
-
-<p>Paco Vallejo volvió de la Habana, y yo le dediqué
-mi <i>D. Juan Tenorio</i>, para que su nombre viviera con
-el mio unos cuantos dias más despues de nuestra muerte;
-que es lo ménos que en nombre mio y de mi padre
-debo á la memoria del amigo leal y del caballeroso amparador.</p>
-
-<p>Volvamos ahora al teatro, para el cual habia dejado
-de escribir de los de Madrid en ausencia de Cárlos Latorre;
-y veamos cómo y por qué fué mi <i>Traidor, inconfeso
-y mártir</i>, el único drama que yo escribí para
-Julian Romea, y el único que estoy satisfecho de haber
-escrito.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<h2>XX.<br />
-
-DE CÓMO SE ESCRIBIÓ Y SE REPRESENTÓ<br />
-
-<span class="medium"><i>Traidor, inconfeso y mártir.</i></span></h2>
-
-
-<p>Siete años de asíduo trabajo habian atraido sobre mí
-la atencion del público; llevaba ya escritas veinte
-obras dramáticas, más ó ménos aplaudidas, pero
-ninguna rechazada, y tres ó cuatro que eran ya de
-repertorio en todos los teatros de España; ocho tomos
-de versos, que habian merecido el honor de la
-reimpresion, y los tres de los <i>Cantos del Trovador</i>, publicados
-por Ignacio Boix, habian hecho mi nombre
-popular, y mi exhibicion contínua como lector en los
-salones del palacio de Villahermosa, donde se instaló
-primero y resucitó despues el <i>Liceo</i>, habian puesto en
-evidencia mi exígua personalidad.</p>
-
-<p>Pero á pesar de que del teatro y del <i>Liceo</i> habian salido
-todos mis compañeros á diputados, gobernadores,
-ministros plenipotenciarios, y los más modestos á bibliotecarios,
-cuando ménos, yo me habia quedado <i>poeta
-á secas</i>, esquivo á la sociedad, extraño á la política y
-sin influencia con los gobiernos.</p>
-
-<p>El último año de la brillante y efímera existencia del<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span>
-<i>Liceo</i>, su Junta directiva, agradecida, segun dijo, á lo
-que con mi constante trabajo habia contribuido al lucimiento
-de sus sesiones y á los disgustos que me habian
-ocasionado sus juegos florales, en los que yo habia sido
-juez, presidente, y yo no recuerdo que más, acordó
-que se diese una funcion en obsequio mio, y se representó
-por los sócios mi <i>Cada cual con su razon</i>, y se
-me colocó en preferente sitio en un gran sillon, en el
-cual se notaba más mi pequeñez, y se me ofrecieron una
-magnífica corona y un rico álbum, cuya primera hoja
-habia escrito y firmado S. M. la Reina doña Isabel II;
-y cargado de papeles y de flores, y ensordecido por los
-aplausos, me volví á mi piso tercero de la plazuela de
-Matute, agradecido y contento, pero no desvanecido
-por el humo aromado y embriagador de la gloria mundana,
-y volví al dia siguiente á ser el poeta del dia anterior,
-y á vivir al dia con el producto de mis leyendas.
-¿Por qué?</p>
-
-<p>¿Habia algo en mi vida por lo cual se me mostraran
-esquivos los gobiernos y la sociedad de aquel <i>tiempo
-viejo</i>? No: yo era quien, esquivo á la sociedad y á los gobernantes,
-me encastillé en mi hogar doméstico á vivir
-con los legendarios personajes de mi fantástica poesía:
-yo era el poeta del tiempo viejo; y fiado solamente en
-el pueblo, y esperando mi recompensa de un solo hombre,
-desdeñé todo lo que de aquel hombre no viniera;
-y la fortuna loca llamó mil veces á las puertas de mi
-casa; y yo la cerré mis puertas y mis ventanas, dejándola
-pasar como si no la oyese y derramar sobre otros
-las venturas que para mí destinadas traia. Ya hablaremos
-tal vez más de esto en el último capítulo de estos
-<span class="smcap">RECUERDOS</span>.</p>
-
-<p>El exceso del trabajo, la profunda y perpétua inquie<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>tud
-que me roia el corazon, y las malas aguas que el
-municipio hacia beber por aquellos tiempos á los habitantes
-de Madrid, me procuraban todos los veranos una
-debilidad de estómago y una inflamacion de las vísceras
-abdominales, que el bueno del Dr. Codorníu, médico
-del regente Espartero, queria curarme á fuerza de sanguijuelas,
-cáusticos y demás excesos de la ciencia, que
-está hace siglos empeñada en atacar al enfermo para
-librarle de la enfermedad. Entre la mia y mi médico el
-Dr. Codorníu, que me queria como á sus propios hijos,
-me tenian en cama hacia ya cuarenta dias, al fin de los
-cuales vino una noche á verme Julian Romea. En ocasion
-de los juegos florales del <i>Liceo</i>, y en otra que á
-nadie importa, le habia yo probado mi amistad, y no
-podia Julian dudar de ella. Pero era una extraña amistad
-la mia con Julian: no iba jamás á su teatro del Príncipe
-más que para aplaudirle á él y á su mujer; pero
-jamás subia á su cuarto ni al de Matilde, ni habia nunca
-escrito un verso para ellos. Cárlos Latorre andaba por
-las provincias, y yo escribia libros, pero no comedias.
-Y el teatro de Julian habia encadenado á la fortuna en
-su vestíbulo, y la fama hacia resonar perpétuamente su
-bocina desde el balcon del saloncillo en el cual tenia
-Romea su corte y su cuarto de vestir, y todos los poetas
-iban á quemar incienso en aquella sucursal del Parnaso
-y en aquel peristilo del templo de la gloria.</p>
-
-<p>Yo he sido siempre tenaz en mis opiniones, porque
-siempre son éstas hijas legítimas de mis convicciones,
-y las mias y las de Julian estaban en completa contradiccion
-en el teatro. Que yo era su amigo, no podia
-dudarlo un hombre por quien no habia vacilado en arriesgar
-mi reputacion y mi pellejo; que admiraba al
-actor no podia tampoco dudarlo el que por mí se veia<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span>
-constantemente aplaudido; pero ni el amigo ni el actor
-venian al poeta más que en la ocasion extrema; y Julian
-vino á verme <i>in extremis</i>, porque despues de cuarenta
-dias de cama, un poeta tan débil y tan chiquito como
-yo, debia de hallarse casi <i>in artículo mortis</i>. Hallóme
-efectivamente Julian reducido á lo que de mí habian
-dejado las sanguijuelas de Codorníu envuelto en los
-trapos de sus cataplasmas; pero con el ojo siempre avizor
-y el espíritu vivo dentro de la frágil carne&mdash;es decir,
-de la piel y los huesos, porque mi escasa carne se la
-habian ya comido las sanguijuelas y la calentura.&mdash;Abrazóme
-Romea y enteróse cariñosamente de mi situacion;
-distrajo la melancólica influencia de la enfermedad
-y del aislamiento con el relato de la crónica no
-muy edificativa de bastidores; ponderóme la boga de
-su amigo el Dr. Larios, quien segun él, hacia maravillas,
-y dejándome alegre y esperanzado, se despidió hasta
-el dia siguiente. A las once de la mañana de este volvió
-con el Dr. Larios, quien me desenterró de entre la infinidad
-de trapos en que Codorníu me tenia sepultado;
-metiéronme entre él y Julian en un baño, y á los dos
-dias, limpio y renovado, me llevaron en un coche al Pardo;
-donde con el cambio de aguas y de temperatura, las
-emanaciones salubres del arbolado y la proximidad del
-otoño, retoñó en mí la salud y la fuerza; y un dia me
-dijo Romea, trayendo á la realidad mi pasado y mi
-porvenir: «¿Por qué no me escribes un drama? Matilde
-y yo lo haríamos con el alma.»&mdash;«Pensaré en ello, le
-respondí; y si en estos dias de convalecencia doy con
-un argumento á propósito para tí, te lo consultaré y
-haré lo que sepa. Pero...</p>
-
-<p>&mdash;Pero ¿qué?&mdash;me preguntó receloso Julian.</p>
-
-<p>&mdash;Nada&mdash;repuse;&mdash;ya hablaremos.&mdash;No me atreví á<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span>
-darle más explicaciones sobre aquel «pero» que se me
-habia escapado.</p>
-
-<p>Convalecí y cazé, y me repuse, y volví á Madrid. Mi
-editor Delgado habia ya muerto: Boix, sin ideas ni
-rumbo fijo en el comercio de libros, no me habia hecho
-trato alguno en que poder fiar, y Julian habia dado á
-mi mujer, prohibiéndola que me lo dijera, seis mil reales
-que habian subvenido á los gastos de mi enfermedad.
-Era forzoso trabajar: el editor Gullon se me habia
-ofrecido en lugar del difunto Delgado, y no podia rehusar
-á Romea una obra que él y un nuevo editor me
-pedian á un tiempo. Pensé en un argumento, en el cual
-sin salirme de mi terrorífico romanticismo, pudiera colocar
-un personaje característico adecuado á la escuela
-exclusiva y al género personal de representacion de Romea;
-y habiéndome procurado Salustiano Olózaga la
-causa original de <i>El pastelero de Madrigal</i>, amasé,
-amoldé y emprendí mi <i>Traidor, inconfeso y mártir</i>.
-Tenia yo desde que era estudiante un inmenso cariño
-á este personaje tradicional, y siempre habia pensado
-hacer de él una leyenda; pero el <i>Ni Rey ni Roque</i>
-de Escosura habia puesto una insuperable valla ante
-mi pensamiento. Al ocurrírseme hacer del Rey Don
-Sebastian y del pastelero de Madrigal uno sólo, concebí
-que aquel personaje legendario podia transformarse
-en otro altamente dramático y profundamente misterioso.</p>
-
-<p>Estudié su historia y su tradicion, dormí y soñé con
-la accion y sus personajes, y cuando la ví clara en
-mi imaginacion comencé á tenderla sobre el papel: y
-aquella es mi única obra dramática pensada, coordinada
-y <i>hecha</i>, segun las reglas del arte: sus dos primeros actos
-están <i>confeccionados</i> maestramente, y tengo para<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>
-mí que por ellos tengo derecho á que mi nombre figure
-entre los de los dramáticos de mi siglo.</p>
-
-<p>Miéntras yo viva no faltará quien me alabe; pero
-tampoco quien acuse mejor los defectos y la incompletez
-de sus obras. Váyase lo uno por lo otro; y sea dicho
-en paz de los que no reconocen en las suyas los defectos
-de que carecen las mias.</p>
-
-<p>En cuanto tuve escritos mis dos primeros actos, los
-copié y los cosí, seguro de no tener que variar nada en
-ellos para concluir el drama: llamé á Julian y se los leí;
-escuchómelos atentamente, asombróle su forma, enamoróse
-del carácter del protagonista, que para él destinaba;
-expliquéle cómo pensaba desarrollar el tercer
-acto, y prometíselo concluido para la semana siguiente.
-Entreguéle los dos primeros para que mandara sacar los
-papeles, y díjome al partir, llevándoselos en el bolsillo:</p>
-
-<p>&mdash;Creo, Pepe, que es lo mejor que has hecho.</p>
-
-<p>&mdash;Yo tambien lo creo&mdash;le respondí&mdash;pero...</p>
-
-<p>&mdash;Pero ¿qué?</p>
-
-<p>&mdash;Nada, nada&mdash;le dije&mdash;sin atreverme todavía á revelarle
-mi pensamiento. Miróme un momento sin comprenderme,
-llevóse los dos actos, desconfiando por el
-«pero» de que yo concluyera la obra, y yo la emprendí
-con el tercer acto, del cual no levanté mano hasta darle
-fin. Volví á llamarle, y tornó Julian á mi despacho; leíle
-la conclusion, pagóse mucho de su papel, y paguéme
-yo no poco de que fuera tan de su gusto mi trabajo:
-entreguésele grandemente satisfecho de lo escrito, y
-dispusóse él á llevárselo con gran contentamiento y muy
-lisonjeras esperanzas; pero... detúvele yo, concluyendo
-nuestra entrevista con este diálogo:</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;¿Vas convencido de que he hecho en conciencia
-todo lo que he podido?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p>
-
-<p><i>Julian.</i>&mdash;Completamente; y puedes tú quedarlo de
-que en la representacion haremos cuanto podamos: y si
-de mi empeño sólo dependiera el éxito...</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Perdona que te ataje; pero el éxito de este drama
-no será grande.</p>
-
-<p><i>Julian.</i>&mdash;¿Por qué?</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Porque tú y yo, como actor y poeta, no somos
-el uno para el otro. No te amostaces. ¿Crees, ó no, que
-yo soy tu amigo?</p>
-
-<p><i>Julian.</i>&mdash;Aunque no tuviera más pruebas de tu amistad
-que esta obra que ya está en mi poder, no podria
-racionalmente dudarlo.</p>
-
-<p><i>Yo.</i>&mdash;Pues bien, por ser tan tu amigo, te debo la
-verdad. Creo que no has de salir airoso del papel de
-Don Sebastian.</p>
-
-<p>Romea era orgulloso y tenia en su talento disculpa
-suficiente para serlo: al oir estas palabras, áun de su
-mejor amigo, frunció el entrecejo y encapotó con él su
-mirada.&mdash;Escucha,&mdash;seguí yo diciéndole, sin darme por
-entendido de su gesto ni de su cambiado color&mdash;escucha:
-tú crees que la verdad de la naturaleza cabe seca,
-real y desnuda en el campo del arte, más claro, en la
-escena: yo creo que en la escena no cabe más que la
-verdad artística. Desde el momento en que hay que
-convenir en que la luz de la batería es la del sol; en
-que la decoracion es el palacio ó la prision del rey Don
-Sebastian; en que el jubon, el traje y hasta la camisa
-del actor son los del personaje que representa, no puede
-haber en medio de todas estas verdades convencionales
-del arte y dentro del vestido de la creacion poética,
-un hombre real, una verdad positiva de la naturaleza,
-sinó otra verdad convencional y artística; un personaje
-dramático, detrás y dentro del cual desaparezca la fiso<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span>nomía,
-el nombre, el recuerdo, la personalidad, en fin,
-del actor.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué?&mdash;me dijo desabrida y desdeñosamente
-Julian.</p>
-
-<p>&mdash;Que tú eres el actor inimitable de la verdad de la
-naturaleza: que tú has creado la comedia de levita, que
-se ha dado en llamar de costumbres: que puedes presentarte,
-y te presentas á veces en escena, conforme te
-apeas del caballo de vuelta del Prado, sin más que quitarte
-el polvo y sin polvos ni colorete en el rostro: pero
-en estas escenas copiadas de nuestra vida de hoy, dialogadas
-por personajes que son á veces copias de personas
-conocidas, que entre nosotros andan, que con
-nosotros viven y hablan, tú que con ellos vives y que
-eres de ellos conocido, no estorbas y no pareces intruso.
-Tú eres Julian Romea y puedes serlo en la comedia
-actual: pero el drama es un cuadro, es un paisaje, cuyas
-veladuras, que son el tiempo y la distancia, se entonan
-de una manera ideal y poética, en cuyo campo jura
-y se tira á los ojos la verdad de la naturaleza, la realidad
-de una personalidad: yo necesito un personaje para el
-papel de mi rey D. Sebastian.</p>
-
-<p>&mdash;Y le tendrás, Pepe, le tendrás:&mdash;esclamó Julian.&mdash;¡Qué
-diablos de autores! A vosotros os toca escribir y
-á nosotros representar.</p>
-
-<p>&mdash;Eso, eso quiero; que representes, no que te presentes.</p>
-
-<p>&mdash;¡Pepe, Pepe! <i>Suum cuique.</i> Porque tú alucinas á
-tus oyentes cuando lees tus versos, y porque yo mismo
-te he dado á leer los mios en el <i>Liceo</i>, para que me
-los luzcas, no creas que sabes mejor que yo lo que es
-la escena, sobre la cual estoy desde que me despuntó la
-barba.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Y estás en ella con derechos de rey: porque eres
-uno de los de nuestra escena: pero...</p>
-
-<p>&mdash;Déjate de peros, y fíate en mí&mdash;y partió Julian con
-el fin de mi drama en la mano: y se ensayó con cuidado,
-y los actores se encariñaron con sus papeles, y á los
-pocos dias, á las ocho de la noche de un viernes, para
-el beneficio de la incomparable Matilde, se alzó el telon
-sobre la primera escena de mi <i>Traidor, inconfeso y
-mártir</i>.</p>
-
-<p>Ni la crítica hostil de eruditos apasionados, ni la mordacidad
-atrevida de medianías envidiosas, me han negado
-que esta obra me da derecho á tenerme por autor
-dramático, y el tiempo y la opinion pública han sancionado
-esta pretenciosa vanidad mia. La exposicion de
-este drama está <i>confeccionada</i> con todas las reglas del
-arte, y la presentacion del protagonista preparada con
-intencionada habilidad. El papel de Aurora estaba confiado
-á Matilde; yo, seguro de que Julian iba á dejar pálida
-la figura del rey D. Sebastian, de que no iba á pasar
-de Espinosa el pastelero, de que iba á seguir su fatal
-sistema de presentar en el drama la verdad de la naturaleza
-en lugar de la del arte, y de que iba, en fin, á representar
-un rey D. Sebastian de levita; y como encariñado
-y casi fanatizado yo con mi personaje fantástico,
-habia, prescindiendo á sabiendas de la verdad de la historia
-por la poesía de la tradicion, hecho del pastelero de
-Madrigal y del rey portugués una sola personalidad
-poética, necesitaba que la exuberancia del arte diese
-relieve á las medias tintas de la verdad de la naturaleza,
-que la luz de la poesía esclareciera y relevara la
-sombra que la maciza figura de la verdad iba á proyectar
-en el paisaje fantástico de la ficcion: y pensé en
-Matilde, la actriz más poética, sentimental y apasionada<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span>
-que hemos conocido en nuestro moderno teatro Español.</p>
-
-<p>Yo tenia, y espero que se haya comprendido por lo
-que llevo dicho, mi razon de no escribir para Julian;
-pero debia satisfaccion á Matilde por no haber escrito
-para ella, que era la gloria, el sostén y la fortuna del
-teatro del Príncipe y de los autores que para él escribian.
-Matilde era la gracia, el sentimiento y la poesía
-personificadas sobre la escena; su voz de contralto, un
-poco <i>parda</i>, no vibraba con el sonido agudo, seco y metálico
-del tiple estridente, ni con el cortante y forzado
-<i>sfogatto</i> del soprano, sinó con el suave, duradero y pastoso
-són de la cuerda estirada que vuelve á su natural
-tension, exhalando la nota natural de la armonía en su
-vibracion encerrada. El arco del violin de Paganini, al
-pasar por sus cuerdas para dar el tono á la orquesta,
-despertaba la atencion del auditorio con un atractivo
-magnético que parecia que hacia estremecer y ondular
-las llamas de las candilejas: y la voz de Matilde tenia
-esta afinidad con el violin de Paganini: al romper á hablar
-se apoderaba de la atencion del público, heria las
-fibras del corazon al mismo tiempo que el aparato auditivo,
-y el público era esclavo de su voz, y la seguia por
-y hasta donde ella queria llevarle, con una pureza de
-pronunciacion que hacia percibir cada sílaba con valor
-propio, y la diferencia entre la <i>c</i> y la <i>z</i>, y la doble <i>s</i>
-final y primera de dos palabras unidas que en <i>s</i> concluyeran
-y empezaran. Matilde no se habia dejado seducir
-ni contaminar con el exagerado y revolucionario lirismo
-de la lectura y recitacion salmodiada, que Espronceda y
-yo dimos á nuestros versos, no; Matilde recitaba sencilla,
-clara y naturalmente, saliendo de su boca los períodos
-y estrofas como esculpidas en láminas invisibles de<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span>
-sonoro cristal, y los versos y las palabras como perlas
-arrojadas en un plato de oro.</p>
-
-<p>Matilde hizo y dijo la escena <span class="smcap">XI</span> del acto primero con
-la flexibilidad, el primor de pormenores y el raudal de
-gracia y de sentimiento de que apenas habrán podido
-dar idea á mis lectores mis antecedentes frases; y al retirarse
-acompañada de un aplauso general, dejó completa
-la exposicion, prevenido al público en favor de la
-obra y enflorada con una guirnalda de poesía la puerta
-del fondo, por la cual iba á presentarse el misterioso protagonista.</p>
-
-<p>Por ella salió á escena Julian, perfectamente vestido,
-pintado y con su papel concienzudamente estudiado:
-pero salió Julian; presentó y no representó su personaje.
-Si yo hubiera podido evocar y resucitar al verdadero
-juez Santillana, hubiérase vuelto á apoderar de aquel
-verdadero Espinosa, confundiéndole con el que él hizo
-ahorcar; pero para el público tenia algo de la sombra;
-le faltaba voz, movimiento, fisonomía, relieve, poesía.
-Julian hizo sus escenas del primer acto con el capitan y
-con el alcalde con una exactitud, con un aplomo, con
-una verdad intachables para los palcos de proscenio y
-las dos primeras filas de butacas: la sala no pudo apreciar
-su perfecto trabajo escénico; y al caer el telon, no
-se oyeron mas que algunas palmadas sin consecuencia.
-Quedó en el público el recuerdo de Matilde y la curiosidad
-que habia excitado la exposicion.</p>
-
-<p>En el segundo acto, un nuevo actor vino en refuerzo
-de Matilde: Barroso. Era éste un mozo sevillano, de los
-que vinieron á inocular en la corte la sávia andaluza de
-los Pachechos, los Saavedras y los Perez Hernandez
-con Bermudez de Castro, Tassara, Sartorius y otros
-buenos ingenios, cuyos hechos y escritos contribuyeron<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span>
-honrosamente al progreso literario y político de aquella
-época. Antonio Barroso era poeta; pero habiéndose presentado
-en el teatro privado del Liceo con Ventura,
-Marrací, el marqués de Palomares y demás sócios de la
-seccion de declamacion, concluyó por consagrar al teatro
-su talento nada vulgar, á consecuencia de los aplausos
-allí obtenidos y de la buena acogida que de Romea
-obtuvo. A Barroso habia yo, pues, confiado el ingrato
-y difícil papel del Alcalde Santillana; tan ganoso yo al
-dársele de probarle mi amistad y la estima en que le tenia,
-como él de abordar, estudiar y probarse en un carácter
-que podia colocarle en muy buen punto de partida
-para su carrera dramática, y muy alto en la consideracion
-del público si acertaba á desempeñarle con
-éxito. Era Barroso un mancebo de buena estatura, cenceño
-y nervioso, de cabeza pequeña y rubia, pero de
-aguileño perfil y límpidos ojos y correctamente colocada
-sobre los hombros.</p>
-
-<p>Suelto de modales, como hombre bien educado, de
-buena memoria y comprension perspicaz como sevillano
-y confiado en el porvenir por esa esperanza inconsciente
-que hace atrevido á todo talento meridional, Barroso
-estudió, preparó y vistió su papel con tal esmero,
-que se identificó con el personaje que representaba. Con
-su toga y su golilla, sus vuelillos de encaje y su junco
-con cabos de plata, encuadró tan poéticamente su figura
-severa y su carácter odioso en contraposicion del sencillo
-y virginal del de la Matilde, que desde su primera
-escena resaltó como sombra negra é infernal de aquella
-blanca y celeste aparicion, entre cuyas dos figuras iba á
-pasar desde la hostería al patíbulo aquel otro vago, misterioso
-y casi indeciso fantasma del perpétuamente acusado
-y jamás reconocido soberano pastelero de Madrigal.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p>
-
-<p>Barroso en la escena <span class="smcap">VI</span> secundó y sirvió de apoyo á
-Julian con la atencion perpétua de su maestra ejecucion;
-desarrolló tan á tiempo y alternativamente su doble
-carácter de juez y de reo con el marqués de Tavira
-y con Espinosa, que preparada magistralmente la escena
-<span class="smcap">XI</span> endecasílaba, pudo desplegar en ella Matilde toda
-la ternura de su corazon, toda la poesía de su amor recóndito,
-y toda la grandeza de su incondicional abnegacion;
-en un juego escénico tan infantil como apasionado,
-con un acento de castísima ingenuidad, con una
-declamacion tan impregnada de sentimiento y unas inflexiones
-de voz tan melódicas, tan suaves y tan variadas,
-que encantó, enterneció, fascinó y exaltó al público,
-arrancándome á mí las lágrimas: á mí, poeta entusiasta
-y satisfecho, que escuchaba por primera vez mis
-versos de su boca, como si estuviera oyendo arrullar á
-una paloma enamorada de un ruiseñor. El arte de Matilde
-reverberó con tal intensidad, rebosó tan profusamente
-sobre la verdad de Romea, que envuelta y arrebatada
-en la poesía de Aurora, concluyó la escena en
-universal aplauso.</p>
-
-<p>En el acto tercero, Barroso tomó creces tan imprevistas
-ante la seguridad de su éxito y la esperanza de
-su porvenir, que comenzó desde la primera á dominar
-la escena con su atencion nunca distraida, su figura
-siempre en cuadro, su exactitud en las entradas, su
-creciente juego escénico segun sus pasiones; la supersticion,
-el miedo y la ira se iban desarrollando y apoderándose
-de su espíritu. La escena sétima entre Aurora y
-Santillana no tiene descripcion; el recuerdo de una ribera
-donde yo cogia</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">yerbezuelas y conchas, del rugiente</div>
-<div class="line">mar que sus ondas sin cesar mecia,</div>
-<div class="line">de un monasterio triste y solitario<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></div>
-<div class="line">fundado al pié de un monte, y vagamente</div>
-<div class="line">la memoria de un templo, con su coro</div>
-<div class="line">enverjado, sus techos con pinturas,</div>
-<div class="line">su altar lleno de flores, su sagrario</div>
-<div class="line">iluminado con mecheros de oro;</div>
-<div class="line">el recuerdo tambien, porque la daban</div>
-<div class="line">miedo aquellas inmóviles figuras</div>
-<div class="line">de mármol que tendidas reposaban</div>
-<div class="line">encima de sus anchas sepulturas,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>es preciso habérsele visto y oido hacer y decir á Matilde;
-la creciente angustia del juez ante el tremendo exclarecedor
-relato de la ingénua y enamorada doncella... es
-preciso habérsela visto representar á Barroso en la noche
-del estreno; pero la escena novena volvió, no á enfriar,
-pero sí á descolorar la representacion.</p>
-
-<p>Lo misterioso de la historia, lo terrorífico de la situacion,
-la calma heróica del rey mártir, la indecisa concentracion
-de las pasiones del juez, la inconsciencia de
-la realidad de la hija y de la amante, dieron por un momento
-á la verdad el dominio sobre la poesía y partió
-en silencio al patíbulo el incógnito é innominado protagonista.
-Quedó el teatro y el público en el silencio de
-la espectacion, y yo, en la duda del éxito y más convencido
-que nunca de que la verdad de la naturaleza no
-es la verdad del arte. Esta volvió á surgir en la escena
-al recobrar Aurora sus sentidos. Matilde, con la mirada
-extraviada, los movimientos inciertos, la voz perdida
-aún en la cavidad de la garganta, sin que el aliento pudiera
-aún extraerla de los pulmones, preguntó:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">¿Qué sucede? ¡ay de mí! los pensamientos</div>
-<div class="line">no acierto á combinar en mi cabeza.</div>
-<div class="line">¿Y Gabriel?</div>
-</div></div></div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span>
-y empezó á buscar á Gabriel y á sentir por la ventana
-el rumor de la plaza, y vió y escuchó, pero no concibió
-lo que oia ni lo que miraba, pero se lo hizo comprender
-al espectador y le estremeció. ¡Allí va! ¿A dónde se le
-llevan sin ella? ¿qué palos son aquellos? ¿qué le ponen
-al cuello? ¡es una soga! Una nube sangrienta la ofusca
-la mente. ¡Un sacerdote! y comprendiendo de repente,
-grita vuelta á Santillana:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">pero vos, ¡miserable! que sois hombre,</div>
-<div class="line">gritad conmigo...</div>
-</div></div></div>
-
-<p>y el juez vencido invoca el nombre del rey; pero el grito,
-el aullido, el estertor, todo junto, que constituyó la
-exclamacion de Matilde <i>¡ay! ¡es ya tarde!</i> no son para
-escritos.</p>
-
-<p>Lo más á tiempo, lo mejor, que ha hecho y ha dicho
-Florencio en su vida es el decir á Santillana:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">Tomad: sepamos la verdad postrera,</div>
-</div></div></div>
-
-<p>y obligarle á tomar y abrir el relicario que encerraba el
-secreto del rey Don Sebastian.</p>
-
-<p>Lo mejor que hizo Matilde en <i>Traidor, inconfeso y
-mártir</i>, fué el final. Al reconocer el retrato de su madre
-y al rechazar á su padre... estuvo sublime de dolor y
-de ira:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">¡Tu hija!&mdash;¡Esto tan sólo me faltaba!</div>
-<div class="line">Tú, para que su muerte te perdone,</div>
-<div class="line">me llamas hija tuya... mas te engañas,</div>
-<div class="line">nada hay en mí que tu maldad abone,</div>
-<div class="line">para tí solo hay ódio en mis entrañas.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Aquí acababa el drama: el mal gusto del tiempo me<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span>
-arrastró á prolongar con veintiseis versos más tan repugnante
-escena: sólo Matilde pudo hacerla pasar.</p>
-
-<p>El telon cayó en un momento de silencio, que se
-cambió en un espontáneo y general aplauso. El autor
-y los actores fuimos llamados al proscenio: Julian sonreía,
-Matilde no podia respirar, Barroso estaba convulso
-como si fuese á sufrir un ataque de nervios... de mí no
-sé lo que era... Pero ¿gustó el drama?</p>
-
-<p>Sus siguientes representaciones dieron el mismo resultado
-cada noche: Romea le retiró á los pocos dias del
-cartel, y no se volvió á hacer más en el teatro del Príncipe.</p>
-
-<p>Andando el tiempo, Catalina, separándose de Julian,
-formó compañía y ajustó á Matilde; y habiéndose llevado
-con ella la mayor parte del repertorio de Julian,
-Catalina hizo su presentacion con mi <i>Traidor, inconfeso
-y mártir</i>. ¡Qué éxito el del pastelero! Mi drama se
-hizo en todas las provincias, y en todas las Américas, y
-aún es hoy de repertorio en todos los teatros, ménos
-en los de Madrid; y he visto actores muy medianos y
-sin pretensiones y hasta de teatros caseros que siempre
-se han hecho aplaudir en el papel del rey D. Sebastian.</p>
-
-<p>Yo estoy muy pagado de ser autor de esta obra mia,
-y Matilde la ha dado á conocer en todos los países en
-que se habla la lengua castellana, gracias á Catalina.</p>
-
-<p>¡Bendita Matilde! Desde la noche de su estreno data
-el cariño fraternal y la gratitud, que la tengo y la tendré
-siempre.</p>
-
-<p><i>Post scriptum.</i>&mdash;¡Pobre Barroso! Víctima de la medicacion
-á grandes dósis, murió de repente una tarde
-en el teatro, saturado de yodo y otras drogas de este
-jaez. En un ensayo exhaló repentinamente un profundísimo
-gemido: dió luego un gran grito y dijo: «¡me<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span>
-muero!» y una repentina parálisis comenzó á apoderarse
-de su cuerpo, comenzando por los piés. No hubo
-tiempo más que para conducirle á la habitacion y cama
-del portero, donde recibió la Extrema-Uncion, y espiró
-contando <i>cómo se moria</i>: ya se me ha muerto el brazo
-derecho, exclamaba: ya se me muere el corazon... lo
-último que pareció vivo en él fueron los ojos, cuyos párpados
-no quisieron cerrarse. Desde la representacion del
-<i>Traidor inconfeso y mártir</i>, dejé de escribir para el
-teatro.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XXI.</h2>
-
-
-<p>Aquí debian tener fin estos <span class="smcap">Recuerdos</span> mios. Lo
-que va á seguir, no deberia tal vez ser publicado
-hasta despues de mi muerte; pertenece, más que
-á mis <span class="smcap">Recuerdos del tiempo viejo</span>, á mis memorias
-póstumas: es exclusiva y personalmente
-mio, es historia íntima de mi corazon: va acaso á ser
-enojoso para mis lectores de <i>El Imparcial</i>, y no va seguramente
-á interesar más que á dos docenas de viejos
-como yo, que á aquellos tiempos hayan como yo sobrevivido:
-y no va por fin á despertar en ellos más que
-un sentimiento ficticio, efímero, <i>artístico</i>, si se me permite
-esta calificacion, como el que nos inspira la accion
-de un drama sentimental miéntras á la representacion
-asistimos. Lo que va á seguir es una página de la leyenda
-de mi alma: soy yo en ella el protagonista; ¡y soy yo
-tan poca cosa para hablar tánto de mí mismo!</p>
-
-<p>Una razon me abona sin embargo: hace cuarenta y
-tres años que se habla de mí en España: quiénes me
-celebran y quiénes me critican; algunos me calumnian,
-muchos me envidian y pocos saben lo que de mí dicen,
-y pocos dejan de juzgarme sin pasion, porque ya<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span>
-nadie me conoce á través de tánto como se ha supuesto
-y se ha dicho del vagabundo autor de <i>D. Juan
-Tenorio</i>.</p>
-
-<p>Los meridionales, y más que ningunos los españoles
-(y más entre estos los andaluces), tenemos la cualidad
-y la pretension de ser narradores y narradores chistosos:
-no podemos repetir una historia, un cuento, un sucedido,
-un dato cualquiera, sin añadirle algo de nuestra cosecha;
-así que, al salir de la boca del quinto narrador, ya
-no conoce la historia ó el suceso narrado, ni el que la
-inventó ni al que le sucedió; y como cada cual sostiene
-las añadiduras y variaciones por él intercaladas en el relato,
-é impugna ó contradice las de los demás, todo
-copo de nieve llega á ser una bola, todo grano de arena
-un monte, toda historia una novela y todo cuento una
-mentira; por lo cual, no creo yo nunca nada del mal
-que se dice, ni de lo malo que se cree de las mujeres ni
-de los hombres notables: al contrario, comienzo siempre
-á simpatizar con toda mujer de quien se habla mal
-y con todo hombre conocido á quien se critica; porque
-estoy convencido de que tánto más de bueno deben de
-tener, cuanto más de malo les aplica y atribuye la maledicencia.</p>
-
-<p>De la mujer especialmente tengo yo mis ideas particulares.</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Hay sobre la mujer mil pareceres;</div>
-<div class="line">allá va el mio aunque parezca raro:</div>
-<div class="line">yo amé toda mi vida á las mujeres;</div>
-<div class="line">entendámonos bien y hablemos claro:</div>
-<div class="line">más que por torpe gérmen de placeres</div>
-<div class="line">me es el amor de las mujeres caro,</div>
-<div class="line">porque ellas son, por más que digan otros,</div>
-<div class="line">muchísimo mejores que nosotros.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Se ha hecho moda hablar de ellas con desprecio;<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></div>
-<div class="line">yo de hablar de ellas bien tengo manía;</div>
-<div class="line">al que habla de ellas mal tengo por necio,</div>
-<div class="line">falto de corazon y cortesía.</div>
-<div class="line">No objeto para mí de menosprecio</div>
-<div class="line">son, sinó manantial de poesía:</div>
-<div class="line">no obró conmigo mal jamás ninguna,</div>
-<div class="line">y debo más de un bien á más de una.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Desde la vírgen que en los cláustros ora</div>
-<div class="line">hasta la vil, impúdica ramera</div>
-<div class="line">que, enfangada en el vicio, á cada hora</div>
-<div class="line">á sí se infama y á su raza entera,</div>
-<div class="line">toda mujer que deshonrada llora,</div>
-<div class="line">toda la que en dolor se desespera,</div>
-<div class="line">de su duelo ó su infamia, no os asombre,</div>
-<div class="line">la ocasion ó el orígen es un hombre.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Y apuntada de paso esta opinion mia con respecto á
-las mujeres, sigo adelante con las que respecto á mí mismo
-voy aduciendo: y no creo que voy muy descarriado
-al creerme con derecho á decir algo de mí mismo, despues
-de haber oido y tolerado sin chistar por espacio
-de cuarenta y tres años, cuanto amigos y enemigos,
-chismosos y desocupados y vulgo, en fin, que nunca
-sabe donde tocan las campanas que oye, han dicho y escrito
-de mí; de mí, pobre insensato que nunca supe contentar
-á nadie, ni acerté con nadie á quedar bien, y á
-quien Dios acordó lo único bueno que de nada en España
-sirve: la modestia de reconocerse y la humildad de
-no aspirar á nada; no creyéndome para nada con aptitud,
-por haberme pasado la juventud concentrado en
-mí mismo, aspirando sólo á conseguir un ideal que sólo
-dentro de mí mismo albergaba mi esperanza, y en la
-soledad de mi alma únicamente crecía, como una palma
-estéril sin compañera, condenada á secarse sin fruto
-en el desierto de mi inútil existencia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p>
-
-<p>Voy, pues, á alargar con unos capítulos más estos
-<span class="smcap">Recuerdos</span>, y á decir de mí mismo y de mi casa lo
-que yo sólo sé; porque por mucho que de mí sepan,
-por observacion y por induccion, los curiosos, los críticos,
-los murmuradores y los entremetidos, sólo los necios
-podrán disputarme el derecho de saber mejor que
-yo lo que por muchos años he guardado entre pecho y
-espalda, y la idea que mi pensamiento en palabras jamás
-ha formulado.</p>
-
-<p>Pero vayamos ya adelante con mi historia, echando
-á un lado digresiones y zarandajas.</p>
-
-<p>Era jefe político de Madrid el Sr. D. Antonio Benavides,
-y secretario Pepe Rojas, pariente mio por parte
-de mi primera mujer. Hacia ya muchos meses que mi
-infeliz madre habitaba en casa de una vieja prima de mi
-padre, viuda, bien acomodada, que habia vivido largos
-años en una ciudad de Francia, que por entónces vivia
-sola en Madrid, porque se habia extrañado de la única
-hija que de su único matrimonio habia tenido, porque
-aquella hija habia contraido uno de esos que se llaman
-de amor con un hombre tan honrado y laborioso como
-falto de bienes de fortuna. Aquella tia segunda mia, que
-habia hecho cierto papel en el tiempo de Fernando VII,
-y la vida del gran mundo en la buena sociedad de su
-tiempo, no habia perdonado jamás á su hija, que vivia
-en Toledo en donde yo la conocí, tan honrada como pobre
-y tan contenta con su mala suerte cuanto serlo la
-permitia el largo abandono y el tenaz olvido de su madre
-orgullosa ó descorazonada.</p>
-
-<p>Parece que en mi familia los cabezas de ella han mantenido
-el principio de la autoridad paterna en toda
-la rigidez absoluta del derecho romano, y no han sabido
-nunca transigir con el tiempo, ni contemporizar con<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span>
-las circunstancias, ni perdonar la desobediencia, ni otorgar
-olvido al extravío juvenil, ni tener en cuenta la
-fuerza de la pasion, ni la ceguedad del error de sus hijos.
-Mi prima de Toledo tenia una hija preciosa á quien habia
-bautizado con el poético nombre de Esperanza: la
-chica era á los catorce años una preciosa criatura,
-cifra expresiva de la esperanza de su pobre madre; pero
-su abuela no albergó nunca bajo su techo á su tan hermosa
-como inocente nieta... é ignoro lo que de ésta y
-de sus padres ha sido despues del fallecimiento de mi tia.
-Con ella vivia mi madre en provincia, cuando mi pariente
-Pepe Rojas me envió con un guardia civil una
-carta anunciándome que el Excmo. Sr. Benavides, su
-jefe, deseaba que me avistara con él en su gabinete, de
-nueve á diez de la noche, para un asunto que me concernia.</p>
-
-<p>Alarmó á la gente de mi casa aquella cita con puntas
-de órden; pero como nunca me habia yo mezclado en
-la política, acudí sin inquietud al gabinete del jefe político,
-que era por otra parte lo más político y bien educado
-del mundo, muy deferente como muy ilustrado
-con la gente de letras, y especialmente benévolo conmigo.</p>
-
-<p>La cuestion era tan sencilla y prevista en su fondo
-como inesperada y extraña en su forma; mi padre, despues
-de seis años de emigracion, en vista de que casi todos
-los de su partido, acogiéndose á las amnistías, habian
-regresado á sus pátrios hogares, y de que S. M. la
-Reina D.ª Isabel II reinaba tranquilamente en España,
-reconocida por todas las potencias de Europa, se convenció
-de que su constante y leal adhesion á la causa del
-Pretendiente no le serviria más que para morir inútilmente,
-sin provecho suyo ni ajeno, en tierra extranjera,<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span>
-y se decidió á enviar al Gobierno una representacion solicitando
-el permiso de volver á España.</p>
-
-<p>Pero esta representacion se dirigia á S. M. la Reina,
-empezando con estas palabras: «Señora: puesto que
-V. M. reina ya de hecho, D. José Zorrilla Caballero, alcalde
-de casa y corte, consejero, etc., etc.,» lo cual parecia
-significar que el que aquella representacion firmaba
-no reconocia Reina de derecho á D.ª Isabel. El jefe político,
-por encargo del Consejo de ministros, me llamaba
-para que yo dijese si era la firma de mi padre la de
-aquel documento: y ante mi afirmativa respuesta, no dijo
-más aquella grave autoridad que estas palabras: «En
-ese caso...» y encogiéndose de hombros, dobló el papel
-en que me mostró la firma.</p>
-
-<p>Despues de una breve conferencia, en la cual la discrecion
-del Sr. Benavides correspondió con la reserva
-que á mí me convenia guardar en aquel caso por respeto
-á mi padre, me despidió con muy corteses palabras, y
-yo me apresuré á ir á tranquilizar á mi mujer; en España
-no las tiene nadie consigo cuando tiene que habérselas
-con la autoridad.</p>
-
-<p>Yo fuí quien no pude tranquilizarme ni conciliar el
-sueño en toda la noche. La forma en que venia la representacion
-de mi padre habia levantado en mi corazon
-una tempestad de inquietudes, en mi imaginacion un
-volcan de preocupaciones y una tupida niebla de dudas
-en el campo de mi esperanza. Tenia yo entónces fé en
-muchas cosas en que hoy ya no creo, y quedábame aún
-un amigo en cuyos consejos esperar podia, en cuyo amparo
-debia fiar y en cuyos brazos podia esconder mi cabeza
-para derramar mis lágrimas. Era este el docto é
-ilustre prelado D. Manuel Joaquin de Tarancon, recientemente
-preconizado obispo de Córdoba, y que moraba<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span>
-entónces en la corte y en la calle de la Union por ser
-senador del reino. El Sr. Tarancon, condiscípulo de mi
-padre, á quien éste tenia en muy alta estima y que á
-mí me profesaba un cariño paternal, habia sido mi catedrático
-y mi confesor.</p>
-
-<p>Habia gozado con los éxitos de mis obras, como si
-verdaderamente mi padre hubiera sido; me habia ilustrado
-con sus consejos, me habia corregido con sus observaciones,
-y tenia una sincera satisfaccion de haber
-llegado á ver poeta celebrado al estudiantuelo de quien
-habia cuidado en la universidad, y al chiquitin á quien
-habia visto romper á hablar en los brazos de su madre,
-en la intimidad y al calor del hogar paterno. Aún tengo
-en mis pupilas la imágen venerable de aquel sabio,
-tan hombre de mundo como poco mundano, revestido
-de su morado hábito episcopal, con su pectoral y su
-anillo de esmeraldas, que me contemplaba con los ojos
-arrasados en lágrimas, pasando por mis abundosos cabellos
-sus aristocráticas manos, y derramando con sus
-santas palabras la luz de la esperanza sobre las tenebrosas
-dudas de mi alma. ¡Dios tenga la suya en la mansion
-eterna de las de los justos!</p>
-
-<p>Entre mis recuerdos del tiempo viejo su memoria es
-el más precioso, y su figura es la más augusta é imponente
-que esculpida en la mia conservan mi gratitud
-y mi veneracion.</p>
-
-<p>Por él supe pocos dias más tarde que el Gobierno habia
-enviado á mi padre autorizacion para volver al suelo
-pátrio, reconociéndole ántes sus títulos y gerarquía,
-considerando sus años de emigracion como pasados al
-servicio de la Reina, y señalándole veinte mil y pico de
-reales de jubilacion que le correspondian por su categoría
-en la alta magistratura. Debia todo esto mi pa<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span>dre,
-no sólo á la influencia de mi reputacion literaria,
-sinó á la eficaz proteccion con que le ayudaba un conocido
-personaje, que aún vive y conserva su influencia
-en los negocios políticos de nuestro país; pero á quien
-yo nunca he tratado, de quien no sé si se ha ocupado
-jamás de mí, ni si ha leido una letra mia, ni si personalmente
-me conoce. Un dia me dijo Tarancon: «Prepara
-en tu casa un aposento para tu padre, que vendrá
-la semana próxima.»</p>
-
-<p>Mi mujer se ocupó con miedo y alegría del mueblaje
-y decoracion del alojamiento de aquel tan esperado y
-temido huésped, y anduve yo ocho dias casi insomne
-y ayuno por su venida; y anduvo mi mujer inquieta y
-avizorada, como si la llegada de mi padre debiera ser la
-aparicion de la sombra de Bancuo en el drama de Shakespeare.</p>
-
-<p>Diez dias despues recibí un billete en que me decia
-el obispo Tarancon: «Mañana llega tu padre; pero no
-vayas tú á esperarle ni á recibirle; debe de ver y hablar
-á otra persona ántes que á tí; yo le tendré un dia
-en mi casa y te le llevaré á la tuya.» Y todo se hizo
-como Tarancon lo dispuso; y él llevó á mi padre á su
-casa, y estuvo y habló en ella con él á solas veinticuatro
-horas; al cabo de las cuales entró con el venerable prelado
-el ex-superintendente general de policía del Rey
-D. Fernando VII, en casa de su hijo, el autor de <i>Don
-Juan Tenorio</i>.</p>
-
-<p>Mi padre era el último eslabon entero de la rota cadena
-de la época realista, la cifra viviente, el recuerdo
-personificado del formulista absolutismo, el buen estudiante
-ergotista de las Universidades de sotana y manteo,
-el doctor en ambos derechos por el cláustro de la
-de Valladolid; convencido desde su niñez de que sólo el<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span>
-estudio del derecho, la teología y los cánones podia
-producir hombres, y de que sólo la toga y la golilla podian
-darles representacion, dignidad y posicion social.
-Yo era el primero y débil eslabon de la nueva época
-literaria, el atropellador desaforado de la tradicion y de
-las reglas clásicas, el fuego fátuo, leve é inquieto, personificacion
-de la escuela del romanticismo revolucionario:
-mi padre, cansado pero no rendido, iba á perderse
-en la sombra de lo pasado, y yo sin medir la inmensidad
-desconocida en que iba á arrojarme, fiaba en mis
-nacientes alas para cruzar el espacio luminoso del porvenir.
-El padre y el hijo, el último y el primer eslabon
-de los dos pedazos de la rota cadena, se enlazaron en
-un abrazo, se fundieron al fuego del natural cariño, y
-brillaron por un momento unidos y soldados, esmerilados
-y limpios por las lágrimas ardientes que vertian por
-sus ojos sus corazones prensados y exprimidos por un
-placer inexplicable.</p>
-
-<p>Yo no he tenido hermanos: mi padre me separó de
-sí á los nueve años para meterme en un colegio, y habíamos
-vivido juntos muy poco tiempo: él no habia modificado
-su cariño ni sus derechos paternales en la gradacion
-del trato de su hijo niño, adolescente, mancebo
-y al fin hombre; me encontraba niño como cuando de
-nueve años me separó de sí; y viejo robusto y de elevada
-estatura, me levantó en sus brazos como si todavía
-no hubiera pasado de aquellos nueve años á que su cariño
-y sus recuerdos paternales se remontaban. Al volver
-á dejarme en el suelo, dijo mi padre contemplándome,
-no sé aún con qué sentimiento:&mdash;«¡Qué chiquitin
-te has quedado!»&mdash;El obispo Tarancon, que enjugaba
-sus lágrimas sin rebozo, le dijo:&mdash;«Chiquitin es; pero
-se ha colocado á tal luz que ya te cobija con su som<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>bra.»&mdash;No
-sé lo que pensó mi padre, que no respondió
-á la halagüeña alusion del prelado. Mi mujer le mostró
-y condujo á su habitacion: el buen obispo de Córdoba
-nos dejó en ella muy satisfecho, y quedólo no poco mi
-padre de hallar en mi casa la paz doméstica, y el tranquilo
-bienestar de la medianía á quien nada falta ni
-nada sobra. Halló en su cuarto muchas coronas, cuyas
-fechas y dedicatorias leyó con mucha atencion, y sin
-atreverse en largo espacio á volverse á mí, para no dejarme
-ver la emocion que le causaban aquellos emblemas
-poéticos de la efímera gloria de su hijo. Así comenzó
-la breve temporada de la vida de familia que con
-nosotros hizo. Comimos, salió él en carruaje á sus visitas
-y volvió á las diez y media de la noche. A las once
-anunció su necesidad de recogerse: le ayudé á desnudarse,
-le acosté... y no me da vergüenza consignarlo:
-cuando le tuve acostado, me senté en su cama, le dí
-mil besos, le hice mil cariños, le dije mil niñerías; le
-traté como habria tratado á mi pobre madre, acariciándole
-y mimándole como cuando yo tenia seis años. Rióse
-él y enternecióse, y díjome en fin despidiéndome:&mdash;«Eres
-un chiquillo y no tienes formalidad.» Le arreglé
-la ropa, le coloqué la pantalla en la lamparilla, y dándole
-las buenas noches con el último beso... le dejé solo
-con sus pensamientos.</p>
-
-<p>No habíamos hablado de nada: nada nos habíamos
-dicho: ni una palabra del pasado, ni una alusion al porvenir,
-ni una observacion sobre lo presente. ¿Qué pensaba
-de mí mi padre? Que me habia quedado chiquito y
-que no tenia formalidad: esto era lo único que su lengua
-habia dicho, pero su corazon habia tambien hablado
-por la emocion y las lágrimas delatoras de sus
-sentimientos de padre: su corazon habia respondido al<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span>
-llamamiento del mio, y el hijo estaba ya seguro de que
-tenia padre. Pero ¿quién iba á dominar mañana en su
-ánimo, el corazon ó la cabeza? ¿Quién se iba á revelar
-definitivamente, el padre ó el magistrado? Yo dormí
-mal, y esta cuestion me tuvo insomne é inquieto toda
-la noche.</p>
-
-<p>A la mañana siguiente, despues del desayuno, entabló
-á solas conmigo el diálogo, sobre palabra más ó
-ménos, de esta manera.</p>
-
-<p>&mdash;Necesito algo de algun ministro; ¿cómo estás tú
-con este Gobierno?</p>
-
-<p>&mdash;Yo estoy bien con todos.</p>
-
-<p>&mdash;Tengo una pretension en el negociado de Instruccion
-pública.</p>
-
-<p>&mdash;El director es D. Antonio Gil y Zárate y el ministro
-Nicomedes Pastor Diaz.</p>
-
-<p>&mdash;Segun el prólogo que puso á tu primer libro, si no
-le has hecho alguna botaratada, debe de ser muy tu
-amigo.</p>
-
-<p>&mdash;Es como si fuera mi hermano mayor: tan indulgente
-y tan cariñoso, que si hubiera cometido la torpeza
-ó tenido la desgracia de jugarle alguna mala pasada,
-no se hubiera dado por entendido de ella ó me la
-hubiera perdonado. Donoso Cortés, D. Joaquin Francisco
-Pacheco y Pastor Diaz me han servido de padres
-en ausencia de V.</p>
-
-<p>&mdash;Buenos amigos tienes, si sabes conservarlos. ¿Cuándo
-podré ver á Pastor Diaz?</p>
-
-<p>&mdash;Hoy mismo, á la una, en el ministerio. No será la
-primera vez que hable V. con él.</p>
-
-<p>&mdash;¿Te ha dicho?...</p>
-
-<p>&mdash;Todo: que le debe á V. tal vez la vida.</p>
-
-<p>&mdash;Es posible: su situacion era dificilísima. Venia yo<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span>
-de comisario régio con la expedicion carlista que entró
-en Segovia. Creíamos encontrarte allí con él.</p>
-
-<p>&mdash;Yo esparcí la voz de que me encerraba en el alcázar,
-pero me volví á Madrid.</p>
-
-<p>&mdash;Te hubiéramos visto con gusto.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no le hubiera tenido en ir á Oñate á hacer versos
-á Cárlos V y á San Luis Gonzaga. No hubieran tenido
-el éxito de los que he escrito en Madrid.</p>
-
-<p>&mdash;Es verdad: Nicomedes se vió obligado á esconderse
-en un horno; yo lo supe y me alojé en la casa en
-que estaba. En un momento en que soldados revoltosos
-podian haber dado con él y cometer cualquier tropelía,
-me senté yo á la boca del horno y entablé con él conversacion
-á través de la tapa que le cerraba y que él
-sostenia por dentro. Le dije quién era y le pregunté por
-tí. Cuando tocaron bota-silla, no abandoné aquella
-casa hasta que las tropas comenzaron á salir de la poblacion,
-y le dije el camino que íbamos á tomar para
-que echara por el opuesto.</p>
-
-<p>&mdash;Así me lo ha contado él.</p>
-
-<p>&mdash;Me holgaré de conocerle, porque no pudimos vernos
-entónces.</p>
-
-<p>&mdash;Pues hoy se verán Vds.</p>
-
-<p>Salí yo á la imprenta de Boix, donde tenia en prensa
-una leyenda, salió mi padre á hacer ciertas compras, y
-á la una nos presentamos en el edificio de la calle de
-Torija, donde estaban por entónces las oficinas del ministerio
-de Fomento.</p>
-
-<p>A mi presentacion abrió el portero la mampara del
-despacho de Nicomedes, y anunciándome, me abrió
-paso. Hallábase allí accidentalmente Patricio de la
-Escosura, que acababa de ser nombrado jefe político de
-Madrid; soltó al verme el baston y el sombrero que en<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span>
-la mano tenia, y pasándome el brazo por la cintura, me
-hizo dar una vuelta de él suspendido: no tuve yo más
-que el tiempo necesario para decirle al oido: «mi padre»,
-ni él necesitó más para volverme á dejar en pié, y dirigiéndose
-á aquel que tras mí habia entrado, le dijo,
-tendiéndole la mano: «A nuevos tiempos nuevas costumbres,
-Sr. Zorrilla: hoy son así recibidos los poetas,
-y donde quiera que vaya V. con su hijo verá lo
-mismo.»</p>
-
-<p>&mdash;Ya veo&mdash;respondió mi padre&mdash;que mi hijo es el
-más afortunado tarambana de Madrid.</p>
-
-<p>Presentéles yo unos á otros, mi padre á Nicomedes
-y Escosura á mi padre: recordó éste al de aquel don
-Jerónimo de la Escosura, director de la fábrica de tabacos
-en su tiempo; y unos con otros corteses, y unos
-con otros cumplidos, despidióse Patricio y quedamos
-mi padre y yo á solas con Pastor Diaz.</p>
-
-<p>Hablaron en secreto mi padre y él: pidió éste á poco
-su carruaje y partió con mi padre, previniéndome que
-si me cansaba de esperar me fuera á mis quehaceres,
-que él se encargaba de mi padre; y yo, despues de
-aguardar largo tiempo su vuelta en el despacho de Gil
-y Zárate, volví á mi casa, donde el carruaje de Pastor
-Diaz habia conducido á mi padre.</p>
-
-<p>&mdash;¿Qué tal?&mdash;le dije.&mdash;¿Ha quedado V. contento de
-Nicomedes?</p>
-
-<p>&mdash;Jamás fué pretendiente mejor servido que yo. Dentro
-de cuatro dias puedo irme á cuidar de la hacienda
-de Torquemada, con todos mis negocios despachados en
-Madrid.</p>
-
-<p>&mdash;¿Tan pronto piensa V. dejarnos?</p>
-
-<p>&mdash;No es Madrid ya para mí. Sus casas son muy estrechas:
-tenemos casi un palacio allá: hay además que re<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span>cepar
-y acodar las viñas, que abonar las tierras y reponer
-las huertas, de todo lo cual no te has ocupado tú.</p>
-
-<p>&mdash;Yo al abandonar á V. renuncié á todos mis derechos:
-¿por qué no me envió V. órden y poderes legales?</p>
-
-<p>&mdash;Olózaga te los ofreció, y levantar el secuestro.</p>
-
-<p>&mdash;Pero yo se lo hice á V. avisar: ¿por qué no determinó
-V.?</p>
-
-<p>&mdash;Eres hijo único y heredero forzoso: todo el mundo
-te hubiera dado la razon.</p>
-
-<p>&mdash;Yo no he contado con nadie en el mundo más que
-con V.: todo lo que he hecho, por V. ha sido y no
-he pensado más que en V. Si yo me he hecho aplaudir
-y me he hecho querer, no ha sido mas que para esperar y
-preparar su vuelta de V.; no he tenido más ambicion
-que la de volver á los brazos y al cariño de mi padre, y
-morir con él en la tranquilidad del hogar paterno.</p>
-
-<p>&mdash;Has sido un tonto. Con la fama que has adquirido,
-con los amigos que tienes, hoy debias de ser cuando
-ménos subsecretario de Pastor Diaz.</p>
-
-<p>&mdash;Usted era carlista y optó por la emigracion: no creí
-decoro del hijo no ser nada en el gobierno que no habia
-aceptado el padre; he rechazado todo cuanto se me ha
-ofrecido: todos los literatos están empleados ménos yo:
-hoy puede V. haber visto que no es por falta de favor.</p>
-
-<p>&mdash;Por eso te he dicho que eras un tonto.</p>
-
-<p>&mdash;Pero si yo he hecho milagros por V... Me he hecho
-aplaudir por la milicia nacional en dramas absolutistas
-como los del rey Don Pedro y Don Sancho: he hecho
-leer y comprar mis poesías religiosas á la generacion
-que degolló los frailes, vendió su conventos, y quitó
-las campanas de las iglesias: he dado un impulso casi
-reaccionario á la poesía de mi tiempo; no he cantado<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span>
-más que la tradicion y el pasado: no he escrito una
-sola letra al progreso ni á los adelantos de la revolucion,
-no hay en mis libros ni una sola aspiracion al
-porvenir. Yo me he hecho así famoso, yo, hijo de la revolucion,
-arrastrado por mi carácter hácia el progreso,
-porque no he tenido más ambicion, más objeto, más
-gloria que parecer hijo de mi padre y probar el respeto
-en que le tengo...</p>
-
-<p>&mdash;¡Bah, bah! Quijotadas.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ay, padre! Cuando perdamos los españoles lo que
-tenemos de Quijotes, ¿en qué vendremos á parar?</p>
-
-<p>&mdash;Lope de Vega y Calderon eran teólogos ántes de
-poetas: Melendez Valdés fué como yo oidor de la Chancillería:
-todavía es tiempo; eres muy jóven: métete un
-año á estudiar, y con cuatro ó cinco mil reales y los
-amigos que tienes, puedes doctorarte en Toledo; y siendo
-jurisconsulto puedes serlo todo. Yo me voy para
-Torquemada: allí debe de ir tu madre, y no quiero que
-se encuentre sola sin mí entre aquellos pardillos, maestros
-de gramática parda.</p>
-
-<p>Una nube negra que pasó por mi cerebro entristeció
-mi alma, envolviendo en lágrimas mi pasado y en tinieblas
-mi porvenir.</p>
-
-<p>Aquella noche me fuí á casa de Tarancon y le dije:
-«he perdido todo lo hecho: mi padre, el único por quien
-todo lo hice, es el único que en nada lo estima.»</p>
-
-<p>Tarancon lo comprendió todo: me abrazó y sobre su
-morada túnica episcopal dejé correr las lágrimas más
-amargas que han abrasado mis párpados. Tarancon no
-era hombre de intentar consolar con palabras banales
-una pesadumbre que no podia tener momentáneo consuelo.</p>
-
-<p>&mdash;Yo me arreglaré con tu padre&mdash;me dijo despues de<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span>
-largo silencio.&mdash;Tú emprende alguna obra de importancia
-que necesite estudios, atencion y tiempo. Teníamos
-convenido en escribir juntos un libro de la Vírgen;
-esto halagaria mucho á tu padre y enloqueceria á tu
-madre de alegría; pero yo no tengo ya tiempo para meterme
-en tal trabajo. Me has hablado de Granada. Emprende
-tu poema morisco y empieza por ir á localizarte
-en la ciudad de Boabdil. Si no tienes dinero, cuenta con
-mi bolsillo; no está muy lleno, pero entrarás á la par
-con los pobres de mi diócesis. Deja á tu padre irse á
-Torquemada, y... ¡á Granada tú! Fia en Dios y cuenta
-conmigo.</p>
-
-<p>Y mi padre se fué á Castilla, y yo empecé á pensar
-en Granada. Pero, ¿qué importa todo esto á los lectores
-de <i>El Imparcial</i>? Todas estas <i>memorias íntimas</i> figurarian
-tal vez muy bien en las mias <i>póstumas</i>: vivo yo
-aún, pueden ser tachadas de pretenciosa é insoportable
-vanidad: pero ya he tirado del primer hilo y voy á deshacer
-todo el ovillo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<h2>XXII.</h2>
-
-
-<p>Burdeos es una gran ciudad, magnífica, sólida, monumental,
-con grandes puentes, bien arbolados
-paseos, soberbios templos; amplios mercados y
-suntuosos teatros; asiento del primer arzobispado
-de Francia, es, como si dijéramos, el Toledo de
-allende los Pirineos; cuajado de Seminarios y de colegios,
-semillero de toda clase de plantas clericales más ó
-ménos parásitas, más ó ménos productivas. Por el tiempo
-de que voy hablando hacian un principal papel en
-fiestas y procesiones los hermanos de la doctrina y <i>los
-ignorantins</i>, en uno de cuyos establecimientos hacia dos
-ó tres años que se habia ventilado el ruidoso proceso
-del Frère Liotard, con el cual ya no me acuerdo lo que
-pasó.</p>
-
-<p>Como yo no era hombre de política ni de administracion,
-ni de ciencia, no me ocupé de más en Burdeos que
-de sus templos, como cristiano, y de sus teatros, como
-poeta. Encontraba poquísima gente por las calles, no
-mucha por los paseos y casi ninguna en el teatro, al cual
-sostenian solamente los transeuntes, los forasteros, y,
-sobre todo, los españoles, puesto que habia muchos allí<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span>
-emigrados ó allí establecidos, y todos los que de España
-iban á veranear á París se detenían por costumbre en
-la capital de la Gironda. Hallábame yo en Burdeos á
-todo mi gusto: era la primera vez que podia yo separar
-mi personalidad de mi malhadada reputacion y andar libre
-como cualquier ciudadano pacífico, metiéndome por
-todas partes á fisgarlo todo, sin llamar la atencion ni ser
-responsable de nada.</p>
-
-<p>Así ví yo á Burdeos, así recogí varios asuntos de leyendas
-que no sé si llegaré á escribir, y así averigüé la
-razon de las perpétuas quiebras del teatro por falta de
-público.</p>
-
-<p>Los bordeleses han tenido siempre (y con justicia) la
-pretension de que su ciudad es la primera de Francia,
-el pequeño París, y han aspirado á ser tenidos por <i>sprits-forts</i>,
-libres pensadores y espadachines; y con respecto
-á esta última cualidad, tiene una justa reputacion y un
-riquísimo legendario la escuela de armas de Burdeos;
-pero las bordolesas son, por lo general, devotas. El clero
-francés sabe que las dos palancas con que se mueve el
-mundo son las mujeres y el dinero, y por entónces los
-confesores no absolvian á las confesadas cuyos maridos
-leian <i>El Constitucional</i> y los periódicos liberales, tronando
-siempre contra la inmoralidad del teatro. Donde
-no van las mujeres no vamos los hombres; no iban las
-bordelesas al teatro, con que á pesar de la subvencion
-de que goza siempre <i>el grande</i> de Burdeos, sus empresas
-se arruinaban á mitad de temporada todos los años.</p>
-
-<p>Además, el gran teatro de aquella ciudad tiene lo
-que los franceses llaman <i>guignon</i> y nosotros <i>mala sombra</i>.
-Allí se rompió por entónces una pierna Mademoiselle
-Angelin, una bailarina rubia de diez y siete años,
-que era ya una estrella luminosa en el cielo del arte de<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span>
-Terpsícore. Allí tuvo Borelly que matar á puñaladas en
-presencia del público á su tigre real de Bengala, porque
-éste tenia ya entre sus dientes la pantorrilla izquierda
-del domador: quien al levantarse lanzando un caño de
-sangre de una arteria rota, tuvo tiempo, ántes de perder
-el sentido, de decir á los espectadores á modo de satisfaccion:
-«Señores, ya habia gustado mi sangre, y ó
-él ó yo.»</p>
-
-<p>Esto en el teatro. En los templos las fiestas son tan
-suntuosas como concurridas: pero á los católicos españoles
-se nos hacen al principio muy difíciles de aceptar
-aquella forma mundana y teatral y aquellos accidentes
-mercantiles con que los actos sublimes de nuestra religion
-se verifican. Yo escribí mis primeras impresiones
-de Burdeos en una larga epístola á un condiscípulo mio,
-cura carlista, de la cual recuerdo las siguientes líneas,
-versos tan malos como verdades de á puño:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">En Francia hay religion, y fé y conventos,</div>
-<div class="line">seminarios, colegios, catedrales,</div>
-<div class="line">y todos los cristianos elementos</div>
-<div class="line">de nuestra santa fé fundamentales:</div>
-<div class="line">pero todo está hecho á la francesa,</div>
-<div class="line">todo sujeto á reglas comerciales;</div>
-<div class="line">aquí todo se tasa, mide y pesa,</div>
-<div class="line">aquí todo se hace por empresa:</div>
-<div class="line">la gente para orar no se arrodilla</div>
-<div class="line">mas que con una pierna en una silla;</div>
-<div class="line">no se atiende al altar ni al sacerdote;</div>
-<div class="line">las mujeres se plantan por delante</div>
-<div class="line">con mucho faralá, mucho volante,</div>
-<div class="line">abultado postizo y largo escote;</div>
-<div class="line">y los hombres detrás, misa durante,</div>
-<div class="line">se distraen en mirarlas el cogote;</div>
-<div class="line">y como nadie en equilibrio posa,</div>
-<div class="line">y es perpétuo el rumor y el desacato</div>
-<div class="line">y la desatencion y el movimiento,</div>
-<div class="line">es el pensar en Dios difícil cosa,<span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></div>
-<div class="line">miéntras pasa una vieja con un plato</div>
-<div class="line">pidiendo en alta voz sin miramiento</div>
-<div class="line">los cuartos que <i>la rinde</i> cada silla</div>
-<div class="line">en que apoya un cristiano su rodilla.</div>
-</div></div></div>
-
-
-<hr class="tb" />
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Atraviesa despues el presbiterio</div>
-<div class="line">con balandrán, sobre-pelliz y estola,</div>
-<div class="line">y sus pasos al púlpito dirige</div>
-<div class="line">un pulcro capellan, de quien muy sério</div>
-<div class="line">un monago gentil lleva la cola.</div>
-<div class="line">Hace su adoracion, su texto elige,</div>
-<div class="line">comenta el evangelio de aquel dia,</div>
-<div class="line">y siempre encuentra medio en su homilia</div>
-<div class="line">de echar un par de pullas al gobierno,</div>
-</div></div></div>
-<hr class="tb" />
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i8">que el infierno</div>
-<div class="line">está abierto ante el siglo refractario,</div>
-<div class="line">que Enrique quinto al fin subirá al trono,</div>
-<div class="line">que hay peregrinacion á tal Santuario</div>
-<div class="line">que se sale á tal hora y de tal parte,</div>
-<div class="line">que lleva cada pueblo su estandarte,</div>
-<div class="line">que el precio es un doblon por peregrino,</div>
-<div class="line">incluso todo gasto del camino</div>
-<div class="line">y además un bonito escapulario;</div>
-<div class="line">pero que en el doblon no entra el rosario,</div>
-<div class="line">porque estos los fabrica por empresa,</div>
-<div class="line">de encina negra y de eucaliptus blanco,</div>
-<div class="line">una judía asociacion inglesa</div>
-<div class="line">que los da á todos precios desde un franco.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Todo lo cual se anuncia aquí en la iglesia</div>
-<div class="line">como puede anunciarse un electuario</div>
-<div class="line">ó sus botes azules de magnesia</div>
-<div class="line">mister Bóllon en Lóndres boticario.</div>
-<div class="line">Ilustrados ya pues sus feligreses</div>
-<div class="line">de lo que en sus negocios les importa</div>
-<div class="line">y á sus espirituales intereses,</div>
-<div class="line">con un responso en homilia corta</div>
-<div class="line">el cura; y ya <i>pro domo</i>, á lo que creo,</div>
-<div class="line">dá volviendo á apretar el <i>quibis quobis</i><span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></div>
-<div class="line">la vieja con su plato otro paseo.</div>
-<div class="line">Larga el buen cura un <i>benedico vobis</i>,</div>
-<div class="line">hace la cruz, se cala el solideo</div>
-<div class="line">y respondiendo el pueblo <i>ora pro nobis</i></div>
-<div class="line">se acaba la funcion y Läus Deo....</div>
-</div></div></div>
-
-
-<hr class="tb" />
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">con qué como ver puedes por la muestra,</div>
-<div class="line">la religion de Francia no es la nuestra.</div>
-<div class="line">Dios es el mismo, porque Dios es uno;</div>
-<div class="line">mas de adorarle el modo</div>
-<div class="line">ligero asaz y asaz inoportuno,</div>
-<div class="line">es en Francia francés como lo es todo;</div>
-<div class="line">y á un español asombran si no irritan</div>
-<div class="line">la irreverencia con que á Dios se trata,</div>
-<div class="line">y el ver cómo sus preces se recitan</div>
-<div class="line">sobre un pié y sobre un codo,</div>
-<div class="line">como banda de grullas que dormitan</div>
-<div class="line">en el invierno al sol sobre una pata;</div>
-<div class="line">pasando en cuenta que se queda ayuno</div>
-<div class="line">de lo que en Francia se le dice á Cristo,</div>
-<div class="line">con una fé de bolsa que no acata</div>
-<div class="line">al Señor más que á medias por lo visto,</div>
-<div class="line">y en un latin francés que cual ninguno</div>
-<div class="line">la habla gentil de Ciceron maltrata:</div>
-<div class="line">todo siempre fué aquí como hoy en dia</div>
-<div class="line">doublé, contrefaçon, bisutería.</div>
-</div></div></div>
-
-
-<hr class="tb" />
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line">Nunca así á Dios se adorará en Castilla;</div>
-<div class="line">nuestra fé es más profunda y más sencilla.</div>
-</div></div></div>
-
-<p>Tal fué mi primera impresion hace treinta y cuatro
-años: poeta creyente, hallé de ménos mucho fondo y de
-sobra mucha forma en la manifestacion religiosa del catolicismo
-francés en Burdeos, arzobispado primado de
-la nacion vecina: despues he pasado en Burdeos largas
-temporadas, y es la ciudad en donde más tranquilo y
-más á gusto he vivido. Me acostumbré á leer á la puerta<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span>
-de la catedral el anuncio de la funcion, el nombre del
-orador que debia de llevar la palabra en el púlpito, los del
-director y el organista que dirigian la parte instrumental,
-y los de las damas y los ó las artistas que sostenian
-la parte de canto; el objeto piadoso á que la funcion se
-dedica bajo el patronato de tales ó cuales damas, prelados
-ó corporaciones, y el precio (generalmente de dos
-francos) por el cual se puede adquirir el derecho á ocupar
-una de las sillas, numeradas ó no, que llenan el templo.
-¿Y por qué no?</p>
-
-<p>A nosotros nos choca esta asimilacion de las basílicas
-á los teatros; pero es, al mio, un mal modo de ver
-las cosas: en Francia usa cada cual libremente del derecho
-de anuncios y propaganda; y puede que en los
-templos y fiestas religiosas francesas haya ménos fé, ménos
-devocion y ménos fervor, pero hay más órden que
-en las nuestras: nosotros entramos y salimos de las iglesias
-á codazos, empujones y puñetazos; nos colocamos
-donde podemos, pisamos á las mujeres que se arrodillan
-y se sientan en el suelo, etc.; los franceses entran por una
-puerta y salen por otra, y ocupan tranquilamente los
-puestos que les corresponden, bajo la direccion de bedeles
-y pertigueros; que á nosotros nos parecen ridículos,
-pero cuyos oficios y trajes están encarnados en sus
-costumbres.</p>
-
-<p>Los franceses han comprendido que la sociedad moderna
-es un hermoso lago cuyo fondo es cieno, y tienen
-cuidado de no revolver jamás el agua, poblando su superficie
-de blancos y ligeros cisnes entre los cuales bogan
-sin remo miles de botecitos sin quilla, que hacen
-temblar y rielar el líquido, pero que no levantan oleaje:
-siembran y plantan las orillas de jardines y de bosques,
-y van á sentarse á contemplar el espectáculo social á la<span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span>
-sombra de los árboles y entre el perfume de las macetas.</p>
-
-<p>Nosotros tenemos la maldita manía de revolver el agua
-y de arrancar hasta la yerba al rededor del lago, y nos
-tenemos que estar al sol y al aire, siempre sedientos,
-contemplando el agua cálida y turbia que hacemos dificilísima
-de beber.</p>
-
-<p>Hé aquí mis impresiones de ayer y hoy en Burdeos.
-Esta ciudad, cuyo casco componen miles de edificios
-tan macizos y suntuosos, y calles más anchas y regulares
-que las de Roma antigua, atestada de recuerdos y
-monumentos históricos, aireada por anchos paseos y
-frescos jardines, regada por dos soberbios rios, el Garona
-y la Dordoña, salpicada de Colegios, Museos, Academias,
-Bibliotecas é Institutos, conteniendo veintidos
-clubs y círculos para todas las clases sociales, diez teatros
-y salas de recreo, un hipódromo, nueve periódicos
-diarios y once lógias masónicas; mitad católica, militante
-y revolucionaria libre pensadora, la tengo yo comparada
-á una rica, nobilísima y aristocrática viuda legitimista
-que sonríe á la república, papista que no llora el
-perdido poder temporal de los Papas, que se ha retirado
-á vivir y á morir tranquila en sus opulentas posesiones,
-á cuidar de sus incomparables viñedos y á gozar de sus
-rentas sin miseria y sin despilfarro, sin ruinosos vicios
-y sin pretenciosas virtudes, sin orgullo de la majestad
-de su noble raza, pero con la conciencia de la dignidad
-de su ilustracion y de su bien heredada opulencia.</p>
-
-<p>Hé aquí mi juicio sobre Burdeos, donde empecé mi
-poema, y de donde salí para París á estudiar mucho que
-no sabia, y á adquirir algo que me hacia falta para llevar
-á cabo mi incompleta <i>Granada</i>.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-
-
-<h2>XXIII.</h2>
-
-
-<p>París tiene dos fases: es el manicomio de los ingenios
-y el paraiso de los tontos. En el primero forjan
-sus grandes elucubraciones todos los grandes
-locos, que con sus inventos y con sus escritos impulsan
-hácia el progreso el movimiento social europeo;
-y en el segundo pierden su tiempo, su salud y su dinero,
-en el turbion de marionetas, charlatanes, estafadores y
-mujeres perdidas, que pueblan aquel falso eden á la luz
-del gas y al son de las orquestas de Mussard y de Straus,
-todos los imbéciles que de las cuatro partes del mundo
-acuden como mariposas á quemarse en aquel foco de
-luz infernal.</p>
-
-<p>De París salen simultáneamente los gérmenes de todo
-lo bueno y de todo lo malo, sobre todo para nosotros
-los españoles; que, sea dicho sin que nadie se ofenda,
-ó aunque se amosque conmigo la mitad de la nacion,
-solemos tomar casi todo lo malo y poquísimo de lo bueno.
-Llegué yo á París miéntras ocupaba el trono francés
-el rey ciudadano Luis Felipe de Orleans, de quien sabian
-trazar la caricatura todos los chicos de su capital
-bajo la forma de una pera, cuya régia representacion
-se veia por todas las paredes y siempre de un parecido<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span>
-maravilloso. No era todavía el París ensanchado, dorado
-y ámpliamente refundido por el imperio del tercer
-Napoleon; era todavía su primer teatro la sala de la rue
-Lepelletier, y no estaba aún cerrada la plaza del Carroussel
-por la calle de Rivoli: existian aún al frente del Palais-Royal
-una espesa red de callejuelas, tan conocidas
-como mal afamadas, y á su espalda los dos famosos
-restaurants de Befour y de los tres hermanos Provenzales,
-y se alzaban todavía gárrulos y chillones, en los
-boulevares du Temple y de Beaumarchais, los cien teatrillos
-más divertidos del mundo, la Gaité, Follies-Dramatiques,
-Delassements-comiques, etc., etc.</p>
-
-<p>Asomé yo las narices los dos primeros meses al paraiso
-de los tontos y, sin dejarme fascinar ni embriagar
-por sus delicias de contrabando ni por sus huríes sin
-corazon, me establecí á la puerta del manicomio, haciendo
-con el editor Baudry un trato poco lucrativo; por
-el cual fueron mis versos los primeros que de poeta español
-tuvieron lugar en su magnífica coleccion. Por un
-puñado de luises y dos carros de libros, le dí el derecho
-de coleccionar todas las obras por mí hasta entónces
-escritas, por dos razones que me eran exclusivamente
-personales; la primera para que mi padre leyera mi nombre
-en el catálogo de la coleccion de los primeros escritores
-de Europa; y la segunda porque la extensa venta,
-el gigantesco anuncio y el renombre universal que ya
-tenia la coleccion Baudry, me hicieran conocido como
-poeta fuera de mi patria. A pesar de que mi padre, encerrado
-en nuestro solar de Castilla, no habia vuelto á
-darme noticias suyas, esperaba yo que esta prueba honrosa
-de aprecio de la librería editorial francesa para su
-hijo, le convenceria, por fin, de que no era menester
-que me doctorara en Toledo y de que ya no habia ra<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>zon
-de cerrarme la casa y los brazos paternos. En esta
-esperanza viví en París desde Julio a Noviembre, estudiando
-y trabajando en mi <i>Granada</i> y dividiendo mi
-tiempo entre las bibliotecas y los teatros, esquivo como
-en España, á la sociedad banal de las visitas y la chismografía,
-y un poco en contacto con la sociedad del
-arte y de las letras.</p>
-
-<p>La redaccion de <i>La Revista de Ambos Mundos</i> me
-acogió con simpáticos obsequios, y sus redactores Charles
-Mazzade, Paulino de Lymerac y Xavier Durrieux
-fueron mis amigos y comensales; y por mi influencia y
-la de Juan Donoso, que fué despues nuestro embajador,
-empezaron á publicarse en aquella importante <i>Revista</i>
-artículos sobre España, en los cuales comenzaba á probarse
-á los franceses que el Africa no empieza en los
-Pirineos. Pitre Chevalier, director del <i>Museo de las Familias</i>,
-se empeñó en publicar en él mi retrato y mi
-biografía, y lo hizo, como francés, sin atender á mis
-justas y modestas observaciones. Convirtió mis breves
-notas biográficas en una fantástica novelilla, y Mr. Pauquet,
-el primer dibujante de aquel tiempo, recibió su
-órden de retratarme embozado en mi capa española y
-mirando de perfil al cielo, como un D. Juan Jerezano
-que espera que se le aparezca su Dulcinea en el balcon
-para decirla: «por ahí te pudras». No era posible que
-mi retrato indicara que era de un poeta español, si no
-tenia capa y si no buscaba con la vista la inspiracion
-del Espíritu Santo; y aún le quedé agradecido á que no
-me pusiera una guitarra en la mano, de lo que creo que
-me libró solo su afan de embozarme.</p>
-
-<p>En aquel retrato, correcta y francamente dibujado, y
-por aquella biografía, <i>bizarramente detallada</i> á la parisienne,
-no me conoce la madre que me parió; pero no<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span>
-por eso quedó ménos agradecido el español á la buena
-intencion del francés.</p>
-
-<p>Trás estos necesarios precedentes, pasemos una rápida
-ojeada por los últimos y sombríos cuadros de estos
-mis tristes recuerdos del tiempo viejo.</p>
-
-<p>Entre los conocimientos que hice y renové por entónces
-en París entre Dumas padre, Jorge Sand (Mme. du
-Devant), Alfred de Musset y Teophile Gautier; entre
-embajadores, editores, escritores, emigrados, cómicos
-y bailarinas; entre Fernando de la Vera, la Rachel, la
-Rose Chery, Frederik Lemaitre, Giusseppe Multedo,
-Zariategui y otros emigrados liberales y carlistas, italianos
-y españoles, se me vino á los brazos uno de estos,
-el más honrado y divertido andaluz que la tierra de María
-Santísima y la tenacidad carlista echaron á Francia.
-Era este D. Fernando Freyre, pariente próximo del general
-del mismo apellido, adherido no sé muy bien
-cómo á la corte de Fernando VII, de quien elegia los
-caballos y para quien iba á buscar los toros; amigo de
-los ganaderos, amparador de los <i>diestros</i>, y el primer
-inspector de la escuela taurómaca sevillana, institucion
-de aquel Sr. Rey, que santa gloria haya.</p>
-
-<p>Fernando Freyre no habia sido nada importante ni
-influyente, ni en la corte huraña y recelosa de las camarillas
-y apostasías políticas del difunto Rey, ni en la
-trashumante de D. Cárlos María Isidro de Borbon, segundo
-Cárlos V en Oñate; pero en ambas habia sido recibido
-y estimado por todos, incluso por mi padre, porque
-tenia uno de los mejores corazones y uno de los
-caractéres más alegres y más iguales del mundo. Realista
-por conviccion, no transigió nunca con las modernas
-ideas liberales, ni quiso jamás acogerse á amnistía
-ni indulto alguno; pero jamás odió, ni esquivó siquiera<span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span>
-el saludo, á ningun liberal emigrado ó viajero con quien
-en tierra extranjera se topara, siendo de todos los españoles
-sinceramente apreciado y noblemente acogido por
-los legitimistas franceses. Con apoyo de éstos, no temió
-ni le avergonzó establecer un pequeño y privado depósito
-de vinos, pasas, caldos y frutos de Andalucía, que
-aquellos le compraban; y con los setenta á noventa duros
-que este oscuro comercio le producia, vivia modesta
-y honradamente en la mejor sociedad de la <i>legitimidad</i>
-francesa y de la aristocracia española. Establecido
-ya de años en París, y encargado por sus amparadores
-de toda clase de comisiones, era conocido en el comercio
-y conocia á París, como un <i>commis-voyageur</i> á
-quien comprar en la tienda ó en el taller, puede producir
-legal y honrosamente un tanto por ciento más crecido
-de utilidad. Por uno de estos encargos dimos allí
-uno con otro, y por las horas buenas que le debo, me
-complazco en consagrarle cariñosamente estas líneas en
-mis recuerdos.</p>
-
-<p>Era ya por entónces hombre de más de sesenta años;
-pero ágil, robusto y colorado, con sus patillas blancas
-de <i>boca-é-jacha</i> y su sombrero sobre la oreja derecha,
-corria por las calles <i>recortando</i> los coches y evitándolos
-apoyándose en la saliente lanza, como quien pone rehiletes
-de sobaquillo, porque todo lo hacia y lo hablaba
-á lo torero y lo macareno; y asombraba el verle cruzar
-los <i>boulevarts</i> sin tropezar ni vacilar entre la multitud
-de carros, ómnibus y coches que de contínuo los obstruyen.
-Todo era en él extraño y original; en su negocio
-no tenia más que un empleado, y éste tenia las más
-incompatibles cualidades: era polaco, judío, carlista, fiel
-y discreto; hablaba un castellano aprendido en Vizcaya,
-tan disparatado como el francés que hablaba Freyre, y<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span>
-entre los dos me decian despropósitos imposibles de reproducir.
-Yo llamaba tio á Freyre; y cuando mi familia
-me dejó solo en París, me fuí á vivir al hotel de Italia,
-frente á la Opera-cómica, en cuyo piso tercero habitaba
-Freyre un pequeño aposento, compuesto de sala, gabinete
-y alcoba, y atestado de botellas y cajas. Cuando
-mi trabajo asíduo y sus compromisos con sus anfitriones
-nos dejaban libres las noches, comíamos juntos, y las
-concluíamos en el teatro, en algunos de los cuales tenia
-yo entradas libres, como escritor extranjero con editor
-en Francia.</p>
-
-<p>Llegó así Noviembre, y ya tenia yo apalabrados contratos
-para imprimir mi poema de Granada, y pagábanme
-ya no escasamente la prosa y los versos que para
-sus publicaciones de América me pedian, cuando se
-acordó Dios de mí, como dicen los católicos, enviándome
-una de esas desventuras que envenenan y enturbian
-para toda la vida el manantial amargo de la memoria.</p>
-
-<p>Pedíame de Madrid mi primo P., consócio mio, con
-Rafael X, una cadena de relój igual á otra mia, que era
-una cinta hecha con mil pequeñísimos cilindros de oro
-engarzados y giratorios en una red de ejes, de tan prolijo
-trabajo, como maravillosa flexibilidad. Averiguó
-Freyre el domicilio del obrero que para el platero los
-trabajaba, y nos acostamos conviniendo en que á la mañana
-siguiente muy temprano iríamos á comprar ó á
-encargar la demandada cadena.</p>
-
-<p>Habíanme regalado en Burdeos un <i>necessaire</i> de ébano
-fileteado de marfil, que garantizado por una guadamacilada
-funda de cuero, llevaba yo á la mano y servia
-en nuestros viajes de escabel á mi mujer. Al levantarme
-al dia siguiente, híceme la barba segun costumbre<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span>
-con las navajas y ante el espejo de aquel <i>necessaire</i>, y
-llamando Freyre á mi puerta y dándome prisa, porque
-él la tenia de acudir á sus negocios despues que al mio,
-vestíme apresuradamente y partí con él; dejando las
-navajas sobre el velador y el espejo colgado en la escarpia,
-que para ello tenia puesta á mi altura en el
-marco de la vidriera.</p>
-
-<p>Fuimos hasta el final del Faubourg de San Dionisio;
-hallamos y compramos el objeto pedido, acompañé á
-Freyre á tres ó cuatro puntos que tenia que recorrer, y
-volvimos juntos al hotel de Italia.</p>
-
-<p>Pedimos al conserje nuestras llaves, pero la mia no
-estaba en el llavero; en vez de dejarla en él al salir, me
-la habia llevado en el bolsillo. Al entrar en mi cuarto,
-exclamó Freyre: «Mal agüero, zobrino: aquí han andado
-loz menguez en auzencia nueztra: mira:»&mdash;y me
-mostró el espejo hendido trasversalmente de arriba á
-abajo.&mdash;Reíme yo de su supersticiosa observacion, y
-llamé al camarero; el cual respondió á mis reclamaciones
-diciendo, que ni él habia podido <i>hacer</i> mi cuarto,
-ni nadie entrar en él, porque yo no habia dejado la llave
-en la conserjería.</p>
-
-<p>«¡Mal agüero, zobrino, mal agüero!» Seguia Freyre
-rezungando entre dientes, y yo, que no creo más que
-en Dios, le hice observar que al cerrar la puerta de golpe,
-la vibracion de las vidrieras produjo probablemente
-el choque y rotura del espejo; y que teniendo los dueños
-de los hoteles dobles llaves por mandato expreso de
-la policía, tal vez el no haber yo dejado la mia llamó la
-atencion, abrieron sin precauciones la puerta y ocasionaron
-el fracaso.</p>
-
-<p>Freyre tragó como pudo mi explicacion; y teniendo
-ambos el dia libre, nos fuimos á almorzar á la taberna<span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span>
-inglesa de la calle de Richelieu, con la intencion de ir
-á las dos al hipódromo del Arco de la Estrella.</p>
-
-<p>Almorzamos tranquilamente, y habiendo encontrado
-Freyre en el fondo de una botella de Chambertin, un
-raudal de andaluza verbosidad y un tesoro de alegría
-juvenil, salíamos cruzando el patio como estudiantes
-que hacen novillos, cuando dimos de manos á boca con
-un sobrino del banquero A. B., que en el piso principal
-de aquella casa tenia su escritorio establecido. «Del cielo
-me caen Vds.&mdash;exclamó al vernos&mdash;y me ahorran
-un viaje. Hace dos dias que tenemos una carta de España
-para el Sr. Zorrilla, y á llevársela iba; por cierto
-que trae luto y la apostilla de urgente. Aquí está.»</p>
-
-<p>Y presentóme la carta, que me hizo palidecer. Era de
-mi padre y revelaba en sus cuatro líneas su extraño carácter,
-y lo más dolorosamente extraño de nuestras relaciones.</p>
-
-<p>Decia:</p>
-
-<p class="i2">«Pepe, tu pobre madre ha fallecido hoy á las tres de
-la madrugada; tú verás si te conviene venir á consolar
-á tu afligido padre</p>
-
-<p class="right smcap">José.</p>
-
-<p>No puedo decir lo que sentí ni lo que hice en aquel
-momento.</p>
-
-<p>Aquella noche rompí mis contratos y retiré las palabras
-dadas á los editores franceses; y á la mañana siguiente,
-rompiendo con mi porvenir, emprendí mi vuelta
-á España y al paterno hogar, cuyas puertas me abria
-la muerte por la tumba del sér más querido de mi corazon.</p>
-
-<p>Dejé á Freyre llorando en la estacion, y repitiendo<span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span>
-lo que desde el dia anterior le habia oido rezungar muchas
-veces por lo bajo: «Sí, dicen bien las gitanas de
-Triana: que el diablo ez quien inventó loz ezpejoz, y
-que anda ziempre entre el azogue é zuz criztalez.»</p>
-
-<p>Yo partí viendo á través de mi espejo roto el rostro
-adorado del cadáver de mi madre, cuyo último suspiro
-no me habia permitido recoger Dios.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<h2>XXIV.</h2>
-
-
-<p>Tenia mi padre gran fuerza de voluntad y absoluto
-dominio sobre sí mismo; pero no pudo dominar su
-emocion en el momento de volverme á ver en su
-casa y por tan doloroso motivo. Nos abrazamos llorando:
-él fué el primero que se repuso y volvió á la
-prosáica realidad de la vida.&mdash;«Vienes muy cansado:&mdash;me
-dijo&mdash;no agravemos el mal que no tiene ya remedio.
-Come y reposa: la naturaleza es un tirano irresistible:
-tenemos tánto tiempo como razones para contristarnos;
-pero en este instante nuestro dolor está endulzado
-por la alegría, y no podemos ni alegrarnos ni condolernos,
-sin asustarnos de nuestra alegría como de nuestra
-pena.»</p>
-
-<p>Y era verdad; los recuerdos alegres de la niñez que
-poblaban aquella casa, la satisfaccion de volver á respirar
-en aquellos aposentos, la vista de aquellos muebles
-tan conocidos, el servicio de aquellos antiguos criados
-tan leales, y la presencia, en fin, de mi padre, tan firme,
-tan erguido y tan vigoroso, que iba y venia dando á
-aquellos las órdenes necesarias, me tenian en un estado
-de arrobamiento que me impedia darme cuenta de mí<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span>
-mismo; me sentia tan impulsado á llorar como á reir; y
-la imágen de mi madre muerta se me ocultaba y casi
-desaparecia tras de mi padre vivo. Acompañóme éste
-durante un ligero almuerzo que preparado me tenia; me
-habló del estado en que habia hallado sus viñas, de las
-mejoras que habia hecho en el cultivo de los viñedos y
-de las que necesitaba la casa; ni una palabra de mi madre;
-ni la más leve alusion á mi vida pasada: ni la más
-mínima esperanza para el porvenir. Yo volvia á casa de
-mi padre, no á la mia; así lo habia yo entendido, y
-volvia resuelto á respetar todos los derechos y á acatar
-todas las disposiciones de mi padre, sin permitirme la
-más nimia observacion: puesto que al abandonar á mi
-familia en 1836, habia yo renunciado á todos mis derechos
-de hijo y de heredero, dando á mi padre el de hacer
-de su hacienda lo que más á cuenta le viniere, como
-si Dios le hubiera quitado por muerte natural el hijo que
-civilmente murió, al fugarse del paterno hogar en brazos
-de su locura. Tal era mi respeto por mi padre, tales la
-justicia y las facultades omnímodas con que yo mismo le
-habia investido; y si le hubiera dado por ser jugador y
-vicioso, yo me hubiera empeñado y vendido á Satanás
-por pagar sus deudas ó mantener sus concubinas. Yo
-no le pedia, al volver á mi casa, más que un poco de
-cariño y el perdon de aquellos dramas y leyendas mias,
-por los cuales habia tirado por la ventana las Pandectas
-y las Novelas de Justiniano.</p>
-
-<p>Y fueron transcurriendo los dias, y fuéme él llevando
-á ver las bodegas y los plantíos; y mostróme deseos de
-adquirir unos solares de casas quemadas por los franceses,
-que lindaban con la nuestra por Mediodía y Poniente,
-con lo cual se la añadiria un amplio jardin cercado,
-logrando hacer de ella la mejor y más cómoda de mu<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span>chas
-leguas á la redonda; y como me diese á entender
-que las dos cosas que le hacian desistir de la adquisicion
-de aquellos solares eran, la primera, que yo no querria
-venir á vivir allí nunca, y la segunda, que él no estaria
-ya nunca sobrado de dineros; porque el laboreo de las
-fincas y algunos atrasos contraidos en sus seis años de
-emigracion absorberian todas sus rentas, ofrecíle yo la
-suma de que menester hubiese; asegurándole que mi
-única ambicion era la de vivir allí con él y hacerle lo
-más agradable posible aquella mansion, con la cual habia
-soñado siempre, y la cual me habia siempre imaginado
-como un oasis de reposo en el desierto de mi vida
-de trabajo y de abnegacion.</p>
-
-<p>No creí, me dijo, que tal pensaras; pero si es como
-dices, voy á decirte lo que sé y pienso: ni los dueños de
-esos solares, ni nosotros, que queremos adquirirlos, sabemos
-bien, ellos lo que van á vender y nosotros lo que
-vamos á comprar. Escucha.</p>
-
-<p>Fuí yo uno de los jefes del batallon de estudiantes
-Palentinos que contra los franceses se levantó á fines
-de 1808. Una noche, sabiendo que avanzaba una division,
-nos emboscamos en el puente con aquella audacia inconsciente
-que nos hizo hacer lo que á pensarlo y comprenderlo
-no hubiéramos hecho. Al amanecer apareció
-una descubierta de coraceros, que con aquella confianza
-petulante que perdió á los franceses de Napoleon en España,
-entró sin precauciones en el largo y tortuoso
-puente de veintiseis ojos, que enlaza las dos riberas del
-rio y el camino real con esta villa. La vanguardia venia
-aún muy léjos, veiamos apenas el polvo que levantaba.
-Los coraceros y sus caballos nos sintieron debajo de
-ellos ántes de haber podido vernos enfrente; y encabritándose
-los caballos y empujando nosotros por los piés<span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span>
-á los ginetes, calzados con grandes é inflexibles botas,
-los arrojamos al agua desequilibrándoles con el peso de
-sus cascos y sus corazas. Algunos de los últimos, que
-volvieron grupas, dieron la alarma á los de la vanguardia;
-pero cuando llegaron al puente, no hallaron más que
-algunos muertos y apercibieron en el agua algunos ahogados,
-cuyos cadáveres arrastraba la corriente. Los estudiantes
-montados en sus caballos y armados con sus
-carabinas, entrábamos en el páramo sin temor de que
-nos siguiesen.</p>
-
-<p>Pero pegaron fuego á Torquemada; y ese terreno
-elevado que desde el balcon estás viendo, cubre los escombros
-de cinco casas, cuyos cimientos y primer piso
-eran de piedra labrada, que nadie ha desenterrado.</p>
-
-<p>Hay además cegados cinco pozos de los cinco corrales
-á cada casa anejos; y entónces todo castellano que
-huia al monte, echaba al pozo la poca plata y alhajas
-que poseia; no habrá ahí riquezas, pero sí plata y piedra
-para indemnizar el desembolso del comprador.</p>
-
-<p>No podia yo permanecer en Torquemada, y al cabo de
-un mes volví á Madrid. Acababa de establecerse en la
-corte la sociedad editorial <i>La Publicidad</i>, de la cual era
-uno de los directores D. Joaquin Francisco Pacheco,
-quien ya he dicho que con Donoso Cortés y Pastor Diaz
-habia sido mi primer amigo y amparador. Propuse la
-compra de la propiedad de mi <i>Granada</i>; y en dos mil
-duros por tomo, cerré y firmé el contrato, debiendo presentar
-mi manuscrito por medios tomos y cobrar mil
-duros por cada mitad.</p>
-
-<p>Empecé á enviar dinero á mi padre, que con él compró
-los solares, pero no los tocó; intactos los hallé yo al
-verano siguiente, cuando invitado por él fuí con mi mujer
-á hacerle compañía.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span></p>
-
-<p>Mi padre ofreció á ésta las llaves y el gobierno de la
-casa; yo me opuse diciéndole que su ama de llaves y
-sus criados eran de su completa confianza, y que mi
-mujer y yo no éramos más que unos huéspedes por
-aquel verano.</p>
-
-<p>Pagóse mi padre y más su servidumbre de aquella
-confianza nuestra; comencé yo á convertir el corral en
-jardin, y gozaba mi padre viéndome cavar y trasplantar
-frutales, y abrir arriates para las flores. No hice yo de
-aquel corralon de lugar un jardin de Falerina; pero al
-ménos veíase desde los balcones algo muy diferente del
-muladar en que convierten sus corrales los labriegos
-descuidados de nuestra mal cuidada Castilla.</p>
-
-<p>Fuimos y volvimos dos veces de Torquemada á Madrid
-y de Madrid á Torquemada, y en la corte volví á
-poner casa por consejo de Tarancon, á quien su cargo
-de senador volvió á traer á Madrid.</p>
-
-<p>La sociedad de <i>La Publicidad</i> se extendió mucho y
-no pudo abarcar tánto; llevaba yo presentado tomo
-y medio de mi poema, y habíanme dado, por órden de
-Pacheco, hasta setenta y dos mil reales; pero husmeando
-la liquidacion próxima, y no queriendo que mi manuscrito
-pasara á manos desconocidas, suspendí la
-entrega de original, con la intencion de rescatar la propiedad
-de mi manuscrito, por una transaccion ventajosa,
-cuando la liquidacion llegara.</p>
-
-<p>Extendia entre tanto sus negocios el editor Gullon; y
-habiéndome pedido un libro de la Vírgen, consultado el
-caso con Tarancon, y fiado en sus consejos, ofrecí á
-Gullon el poema de María en seis meses y en treinta y
-dos mil reales; pero siendo Madrid el punto del Universo
-en que más tiempo se pierde y más holgazanes encuentra
-con quienes malgastarlo el hombre que lo necesita,<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span>
-tomé en el Pardo y en la Casa de Infantes un aposento,
-que empapelé y amueblé, y retiréme á trabajar en
-aquella arbolada y jabalinesca soledad. Pasábame allí
-las semanas enteras: los sábados me enviaban mi mujer
-y mi primo los caballos, y venia á pasar á Madrid los
-domingos. Escribíame poco mi padre, porque tenia
-gota y mal pulso y costábale mucho el llevar la pluma;
-y escribíale yo tambien muy poco, porque estaba muy
-cansado de tener entre los dedos contínuamente la mia.
-Sabia él de mí que trabajaba en un libro de la Vírgen;
-sabia yo de él que la gota le tenia en descuido de la
-hacienda que habia en parte arrendado, y en el endiablado
-humor en que la podagra pone á quien la padece;
-y sabia de ambos el bueno de Tarancon, porque de
-ambos se ocupaba y á mi padre escribia, miéntras yo
-algunas veces le visitaba; y así corrió el invierno de 48,
-preguntando yo á mi padre si necesitaba de mí, y contestándome
-él que no valia su mal la pena de que yo
-interrumpiera mi trabajo.</p>
-
-<p>Conservaba yo roto, y así de él me servia, aquel malhadado
-espejo de mi <i>necessaire</i> que se me rompió en París,
-y cuya rotura dió tánto á Freyre que rezungar; pero
-habiéndose desprendido uno de los dos trozos de su
-cristal por un costado, adherido sólo al carton en que
-encuadrado estaba por su parte superior, hacíase ya tan
-engorroso como arriesgado el servicio del tal espejo; y
-como conservábale yo roto por mero recuerdo del mal
-dia en que se rompió y no por supersticioso empeño,
-que Dios, en quien solamente á puño cerrado creo, me
-ha librado de creer en agüeros ni supersticiones de ninguna
-especie, determiné al fin renovar el espejo, ya que
-el <i>necessaire</i> era en verdad prenda que merecia tenerse
-completa. Vivia yo en las casas de Santa Catalina de la<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span>
-calle del Prado, y hallábase establecida una fábrica de
-espejos en donde hoy lo está el Casino Cervantes; llevó
-mi mujer misma el carton en que el roto estaba encuadrado,
-y en él la pusieron otro espejo de la exacta medida,
-prometiéndosele para el lunes: pero no se lo llevaron
-hasta el martes. El azogado cristal nuevo encajaba
-perfectamente en el hueco para él hecho en el fondo de
-la tapa del <i>necessaire</i>; coloquéle en su lugar, púsele encima
-la almohadilla que le garantizaba contra choques y
-movimientos, y cerrado el <i>necessaire</i>, forcé la tapa para
-hacer girar la llave: pero al forzarla, sentí crugir algo
-dentro; el espejo se habia vuelto á romper; yo habia dejado
-por debajo del cristal uno de los pasadores que por
-arriba le sujetaban.</p>
-
-<p>Resignéme á tenerlo roto y me volví á mi escondite
-del Pardo, y volví á emprenderla con el libro de la Vírgen.
-Era un martes. Mi familia no iba nunca á verme al
-Pardo; yo la pedia ó ella me enviaba los caballos ó un
-carruaje, pero nunca en dia de entre semana, sinó en
-sábado ó en domingo. El jueves habia yo concluido
-un capítulo; hacia un tiempo delicioso y salí á hacer
-ejercicio ántes de comer, en compañía de un guarda
-que en tales casos me servia de cicerone. A mi vuelta
-hallé un coche en el patio de la casa y á mi mujer
-esperándome en mi aposento. Volvia yo contento de
-mi paseo, porque lo estaba de mi trabajo, y alegremente
-abracé á mi mujer y á la persona de su familia
-que la acompañaba.</p>
-
-<p>La mesa estaba puesta: sentíame con apetito, y comencé
-tranquilamente á dar cuenta solo de mi pitanza,
-de que los recien venidos rehusaron participar, y pasé
-distraido las primeras cucharadas de la caliente sopa:
-pero al notar de repente el silencio tan sombrío como<span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span>
-desusado de mi familia, asaltóme un siniestro presentimiento,
-y exclamé inquieto:</p>
-
-<p>«¡Dios mio! ¿Qué sucede, que venís tan tristes y tan
-pronto?</p>
-
-<p>&mdash;Nada, pero es preciso que vengas con nosotros.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué?</p>
-
-<p>&mdash;Porque... ha llegado una carta de Torquemada...&mdash;y
-al decir esto, mi buena mujer rompió á llorar sin
-poderse contener.</p>
-
-<p>No recuerdo si el del espejo roto fué lo que excitó en
-mi mente la tremenda idea: «¡Ha muerto mi padre!»&mdash;exclamé
-angustiado.</p>
-
-<p>&mdash;No, todavía no&mdash;se arriesgó á decir mi mujer; pero
-como esto, por vulgar que sea, es lo primero que suele
-ocurrir á todo el mundo decir en casos semejantes...
-no me quedó ya duda de mi desventura, y otra idea
-más tremenda envolvió mi espíritu en las tinieblas de
-otra duda que sumia mi alma en la más impía desesperacion.</p>
-
-<p>«¡Mis padres mueren, me dije á mí mismo, sin llamarme
-en su última hora! ¡Dios me deja sobre la tierra
-sin el último abrazo y sin la bendicion de mis padres!...
-¿Qué le he hecho yo á Dios? ¿Están malditos mis pobres
-versos?»</p>
-
-<p>Recogí los que llevaba escritos de la Vírgen y me volví
-á Madrid y á casa de Tarancon, á quien ya no hallé:
-hacia dos dias que habia salido para su diócesis.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-<h2>APÉNDICE A ESTE TOMO.</h2>
-
-
-<p>Razon suficiente da el prólogo de este libro de mi venida
-y permanencia actual en Barcelona: pero por
-torpe é ingrato deberia tenerme, si yo cerrara este
-libro sin dar á sus habitantes las gracias por el recibimiento
-que en su ciudad me han hecho, y el
-hospedaje que en ella me han dado.</p>
-
-<p>Atemorízame y apócame sin embargo el miedo de no
-acertar con palabras que espresen mi gratitud, y pesárame
-en el alma que, con las que voy á escribir, pareciese
-que sólo intento darme importancia, y prolongar
-el ruido que esta especie de resurreccion mia ha levantado
-en la capital de Cataluña.</p>
-
-<p>A ella llegué el 30 de Octubre, y su pueblo se aglomeró
-en el teatro para saludarme; pero con tan cordial
-cariño, con tan franca espontaneidad, que no en mis
-oidos sinó en mi corazon resonaron los aplausos que, de
-pié y vueltos al palco que ocupaba, me dirigieron los
-espectadores. ¿Quién era yo, qué habia yo hecho para
-merecerlos de Barcelona? Aún puedo apenas comprenderlo;
-y las lágrimas, que como aquella noche anublaron
-mis ojos, vuelven á enturbiar mi vista ahora que, con
-infinito agradecimiento, en estas líneas hago de aquella
-escena tal vez inoportuna conmemoracion.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span></p>
-
-<p>No espero que nadie de mí se mofe ni me avergüence
-por mis lágrimas de gratitud, ni por consignar aquí con
-la más sincera los obsequios de que fuí objeto y los
-nombres de los que me los prodigaron.</p>
-
-<p>El 1.º de Noviembre apareció en Madrid, en el número
-1841 de <i>El Globo</i>, un tan curioso como oportuno
-y por mí no esperado artículo, prohijado por la redaccion,
-puesto que aparece de fondo y sin firma, en el
-cual me considera como un muerto que sobrevive á su
-gloria y asiste á su apoteósis desde una butaca del salon
-de espectáculo; ¡Dios mio! si la redaccion de <i>El Globo</i>
-me hubiera podido honrar con su compañía en mi palco
-del teatro Principal de Barcelona el 30 de Octubre, hubiera
-comprendido lo poco que estimo mis obras, pero
-tambien la escitacion febril que me producia el placer
-de recibir aquella ovacion del público de Barcelona.
-¡Gracias á quien quiera que aquel original artículo me
-escribió en ocasion tan oportuna; gracias á la redaccion
-que lo aceptó por suyo, y gracias (si le hay) á su trás
-ella escondido é invisible inspirador.</p>
-
-<p>El <i>Diario</i> literario de avisos de Barcelona, copió este
-artículo de <i>El Globo</i> en su número del jueves 4; y en el
-del viernes 5 de <i>La Crónica de Cataluña</i> apareció otro
-afectuosísimo de D. Teodoro Baró, á quien seria imposible
-que yo expresara mi reconocimiento por tal escrito,
-en frases que á las suyas correspondieran. Baró siente sin
-duda por mí algo que no se puede comparar más que
-con un amor de niño: con una sencillez infantil, y una
-fraternal familiaridad se ocupa de mi faz, de mi traje,
-de mis costumbres, hasta de mis intereses; recordando
-en su artículo que cómo y pago alquiler de casa, y que
-no es justo que se me reimpriman mis obras como si
-fueran propiedad de todos, impidiéndome utilizar sus<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span>
-productos, para probarme la inmensa popularidad que
-me han adquirido. Baró trata de mí, de mis obras, de
-mis acciones y hasta de mis sentimientos íntimos y de
-mis pensamientos recónditos, con una discrecion, con
-una delicadeza, con un decoro y con un respeto, que no
-fueran mayores si él fuera padre, hijo ó hermano del
-viejo poeta, á quien honra con el artículo en que le da
-tan cordial bienvenida. Yo ocupo, por lo visto, en el
-alma de Baró un lugar entre sus creencias: leyó de niño
-mis versos, se familiarizó conmigo desde muy muchacho,
-aprendió sin duda al mismo tiempo el Catecismo
-y mis <i>Cantos del Trovador</i>, el Padre nuestro y <i>El reló</i>,
-la Historia de España y <i>Margarita la Tornera</i>, y ahora
-tiene de mí la misma idea que de los personajes históricos
-y de las imágenes religiosas, que entran en nuestro
-espíritu con los primeros rudimentos de nuestra primera
-educacion. Y ¿qué voy yo á responder á los artículos de
-Baró? ¿Cómo voy yo á corresponder á esta especie de
-veneracion innata que por mí siente? Con palabras es
-imposible: no las encuentro; con versos, ya no puedo,
-porque ya no los hago: con visitas, con cumplidos, con
-banalidades sociales, seria bajarme yo mismo cantando
-las peteneras del altar en que Baró me tiene en su corazon
-colocado; tengo pues que callar, consagrándole en
-el mio una silenciosa gratitud.</p>
-
-<p>Alonso del Real, en los lunes de <i>La Gaceta de Cataluña</i>,
-hoja literaria del 25 del mismo mes de Noviembre,
-me dió por un poeta sin rival, indiscutible, indeclinable,
-digno y capaz de vivir sin decadencia ni senectud
-los años matusalénicos; la redaccion de <i>La Publicidad</i>,
-en su número del 7, compuso su artículo de fondo con
-mi biografía encomiástica, y encuadró mi retrato en su
-primera página: y ¿cómo voy á corresponder á tan be<span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span>névola
-acogida? ¿Enviando á Alonso del Real y á los redactores
-de <i>La Publicidad</i>, y á los de <i>El Diluvio</i>, y
-del <i>Diari Catalá</i> y de <i>La Ilustracion Catalana</i>, y <i>El
-Correo Catalan</i>, mis tarjetas ofreciéndoles mi casa y
-dándoles las Páscuas y acompañándolas con un pavo?&mdash;Tengo,
-pues, que encomendarme á Dios y al tiempo,
-que me deparen una ocasion de probarles mi agradecimiento;
-y ellos tendrán que darse por contentos y satisfechos
-con estas pocas y desaliñadas frases.</p>
-
-<p>Pero hay algo más difícil aún de recibir y de aceptar
-que los escritos encómios: estos, al cabo, se leen á
-solas, y los que los han escrito no ven la cara que al
-leerlos pone aquel en loor de quien los escribieron. El
-Presidente del Ateneo, D. Manuel Angelon, me preparó
-una velada literaria: en ella hizo el Presidente de su
-seccion de literatura, Sr. Feliu y Codina, mi presentacion
-al Ateneo en un discurso floridísimo, durante el
-cual no sabia yo qué continencia tomar. El poeta D. Enrique
-Freixas, me dedicó unos endecasílabos, de cuyas
-ideas soy yo el único que no puede hacer mencion: el
-jóven Mata y Maneja, me probó que habia tomado por
-un género de poesía mis extravíos fantásticos y mis delirios
-métricos, en uno tan intrincado que me pareció
-mio; y por último, el Ateneo me regaló una magnífica
-medalla de plata, que no pude colocar en ningun bolsillo
-por temor de que con su peso me lo desgarrara.</p>
-
-<p>La Sociedad «Romea» dió una funcion en obsequio
-mio, en el Teatro Catalan del mismo nombre y me ofreció
-una corona.</p>
-
-<p>La Sociedad «Latorre» me dedicó otra, y otra la Sociedad
-«Cervantes;» y por fin, dióme la de «Romea»
-una segunda fiesta, poniendo en escena mi <i>Sancho García</i>;
-en cuya representacion pusieron los actores más<span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span>
-esmero y dieron á la obra mia más relieve de los que
-acostumbran hoy los que por primeros se consideran;
-y me inundó el escenario de flores y de laureles.</p>
-
-<p>El Sr. D. Santiago Vilar, en una velada de despedida,
-me presentó á los alumnos de su colegio, como
-modelo de yo no sé cuántas cosas: los niños pasaron la
-noche entera en recitar versos mios, lo que probaba que
-habian pasado un mes estudiándolos y pensando en mí;
-el Sr. Obispo de Avila me abrazó en público por los
-que yo recité; y no sé yo lo que pensar pudieron los espectadores
-que atestaban aquel salon de aquel abrazo
-episcopal, dado con cariñosa efusion al poeta más desatalentado
-del siglo. Presentáronme en un estuche una
-joya preciosa, primoroso ejemplar de cinceladura, en
-cuyo trabajo de argentería son estremados los artistas
-barceloneses; y despues de un refrigerio, necesario para
-reponer en los vasos linfáticos la saliva gastada en tan
-prolongada lectura, salimos de aquella conmovedora
-fiesta de la niñez, presidida por un ilustre prelado, á
-deshora de la noche, como viciosos que á su casa vuelven
-ruidosamente de madrugada, calmando la inquietud
-de su desvelada familia é interrumpiendo el tranquilo
-sueño de sus honrados vecinos<a name="FNanchor_3" id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p>
-
-<p>A este mes entero de fiestas y regalos, no puede el
-viejo poeta corresponder más que apuntando rápidamente
-en este apéndice lo sucedido. He protestado mil
-veces contra mis públicas exhibiciones; pero Barcelona<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span>
-como Valencia, á manera de muchachas locas enamoradas
-de un viejo, han pedido á gritos mi presentacion
-en los teatros: he alegado los sesenta y cuatro años que
-me apocan y enronquecen, y Barcelona me ha dicho:
-«que no; que yo no tengo edad y que canto como un
-ruiseñor.» He tenido que acudir al Dr. Osío para que
-me azoara la glotis, y Barcelona ha escuchado como
-sonora y argentinamente timbrada mi voz perdida, y
-ha aplaudido frenética, como si nunca los hubiera oido,
-mis versos tan viejos como yo. A esta idea preconcebida,
-á este partido tomado, á este cariño maternal de
-Barcelona, ¿qué puedo, qué debo yo ofrecer en accion
-de gracias? Dejarme querer, y seguir trabajando en silencio,
-y en la duda afanosa de si la posteridad sancionará
-los aplausos, la predileccion y el juicio con que
-Barcelona me acepta y me recibe en su seno.</p>
-
-<p>Me he limitado, pues, á escribir estas cuatro vulgares
-páginas; y como ya no hago versos dos años hace,
-y el molde en que los vaciaba está ya enmohecido y
-agujereado, no he sabido más que hilvanar con unos
-que hice á Valencia, mi madre adoptiva, y otros que me
-ha inspirado mi gratitud á Barcelona, una estrafalaria
-poesía, que aquí publico como recuerdo de mi madre y
-homenaje á la Ciudad Condal. Carece completamente
-de mérito literario, y la presento sin pretension alguna:
-es sólo un ejemplo de lectura, en la cual colocados los
-alientos y dilatados sus períodos para ser leida por mí,
-tal vez sólo mi arte de alentar la hace escuchar sin fatiga,
-y tal vez sólo en mi boca tiene armonía su dislocada
-metrificacion. Creada en el corazon más que imaginada
-en el cerebro, espero que sólo con el corazon
-me la acepten y me la juzguen Valencia y Barcelona.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<h2>BARCELONA Y VALENCIA.<br />
-
-<span class="medium">LECTURA HECHA POR EL AUTOR EN BARCELONA.</span></h2>
-
-
-<h3>I.</h3>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona y Valencia son dos hermanas;</div>
-<div class="line">y reclinadas ambas del mar á orillas</div>
-<div class="line">como dos garzas blancas, son dos sultanas</div>
-<div class="line">que tremolan bandera de soberanas</div>
-<div class="line">sobre ricas ciudades y alegres villas.</div>
-<div class="line">Yo soy huésped en ambas bien recibido;</div>
-<div class="line">y en las villas que de ambas son comarcanas,</div>
-<div class="line">voy y vengo á mi antojo, paso ó resido:</div>
-<div class="line">y dó quier, campesinas ó ciudadanas,</div>
-<div class="line">á mí, poeta viejo de las Castillas,</div>
-<div class="line">al par Barcelonesas y Valencianas,</div>
-<div class="line">desde las pobres huérfanas á las pubillas,</div>
-<div class="line">me reciben alegres y oyen ufanas</div>
-<div class="line">mis romancejos godos y mis coplillas,</div>
-<div class="line">que son mitad muzárabes, mitad cristianas:</div>
-<div class="line">y desde las más cándidas y más sencillas</div>
-<div class="line">payesas á las damas más cortesanas,</div>
-<div class="line">donde á cantar me paro, niñas y ancianas,</div>
-<div class="line">oyendo de mis cuentos las maravillas</div>
-<div class="line">sonríen al poeta y honran sus canas.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Así que en Barcelona como en Valencia,</div>
-<div class="line">dó quier que me preguntan «y tú ¿quién eres?»</div>
-<div class="line">digo con ciertos humos de impertinencia:</div>
-<div class="line">«Soy el viejo poeta de las mujeres.»</div>
-<div class="line i5">Pero en conciencia,</div>
-<div class="line">¿Qué soy de Barcelona? ¿Qué de Valencia?</div>
-</div></div></div>
-
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span></p>
-
-<h3>II.</h3>
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza1">
-<div class="line i1">Yo de los valencianos hijo adoptivo,</div>
-<div class="line">considero á Valencia como á mi madre;</div>
-<div class="line">mas cuando á Barcelona vengo, aquí vivo</div>
-<div class="line">como si aquí tuviera casa mi padre.</div>
-<div class="line">Aquí y allí de raza ni de abolengo</div>
-<div class="line">no, sinó de cariño títulos tengo;</div>
-<div class="line">allí y aquí mis versos en castellano</div>
-<div class="line">me dan fuero y derechos de ciudadano,</div>
-<div class="line">porque á mi vieja musa mora-cristiana</div>
-<div class="line">Cataluña y Valencia ven como hermana.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Mas no es mi vida en ambas muy regalona,</div>
-<div class="line">pues aquí y allí vivo como la ardilla</div>
-<div class="line">en inquietud perpétua: se me eslabona</div>
-<div class="line">una con otra fiesta; de villa en villa,</div>
-<div class="line">de teatro en teatro se me pregona;</div>
-<div class="line">voy y vengo sin tiempo de tomar silla:</div>
-<div class="line">por dó quiera me dicen: «<i>¡parla! ¡enrahona!</i>»</div>
-<div class="line">yo suelto de mis versos la taravilla,</div>
-<div class="line">y dó quier mi presencia fiesta ocasiona:</div>
-<div class="line">porque aquí y allí paso por maravilla,</div>
-<div class="line">porque escribí el <i>Tenorio</i>, que es quien me abona</div>
-<div class="line">lo mismo en Cataluña que por Castilla;</div>
-<div class="line">y aquí, cuando en las calles ven mi persona,</div>
-<div class="line">dicen los <i>noys</i> que pasan:&mdash;«es en Surrilla,»</div>
-<div class="line">lo mismo que si fuera de Barcelona.</div>
-<div class="line i5">Mas mi conciencia</div>
-<div class="line i4">¿qué cree de Barcelona?</div>
-<div class="line i4">¿qué de Valencia?</div>
-</div></div></div>
-
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span></p>
-
-
-<h3>III.</h3>
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Faro de isla cercado de guardabrisas,</div>
-<div class="line">camarin alfombrado de minutisas,</div>
-<div class="line">ajimez festonado con ramos de oro,</div>
-<div class="line">joyel que de cien reinas guarda el tesoro,</div>
-<div class="line">sultana de pensiles cultivadora,</div>
-<div class="line">latina, provenzala, cristiana y mora,</div>
-<div class="line">Valencia es un compendio de los primores</div>
-<div class="line">con que ornó al mundo la Omnipotencia,</div>
-<div class="line">cuna de silfos, nido de amores,</div>
-<div class="line">patria de bardos y trovadores,</div>
-<div class="line">vergel poblado de ruiseñores,</div>
-<div class="line i5">pomo de esencia,</div>
-<div class="line i5">jarron de flores:</div>
-<div class="line i5">eso, señores,</div>
-<div class="line i5">eso es Valencia.</div>
-<div class="line i5">Mas Barcelona</div>
-<div class="line">es la muchacha alegre de la montaña,</div>
-<div class="line">sana, robusta y ágil: que, rica obrera,</div>
-<div class="line">de un blason que mancilla servil no empaña</div>
-<div class="line">y un condal nobilísimo féudo heredera,</div>
-<div class="line">tiene al pié de un peñasco que la mar baña</div>
-<div class="line">y de un aro de montes trás la barrera,</div>
-<div class="line">un campo con mil torres para cabaña,</div>
-<div class="line">por toldo y guardabrisa la cordillera,</div>
-<div class="line">por taller la más rica ciudad de España,</div>
-<div class="line">por mercado las plazas de España entera;</div>
-<div class="line">y obrera que de estirpe noble blasona,</div>
-<div class="line">da á la historia de España su prez guerrera,</div>
-<div class="line">el floron más preciado de su corona,</div>
-<div class="line">el cuartel más glorioso de su bandera.</div>
-<div class="line">Artesana, que ciñe condal corona,<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span></div>
-<div class="line">en el taller sin penas trabaja y canta:</div>
-<div class="line">con hilos y alfileres hace primores;</div>
-<div class="line">en un puño de tierra cultiva y planta</div>
-<div class="line">viñedos y olivares que, en vez de flores,</div>
-<div class="line">en sus breñas y cerros, lomas y alcores</div>
-<div class="line i5">diestra escalona,</div>
-<div class="line i5">cuida y abona</div>
-<div class="line i5">con cien labores:</div>
-<div class="line i5">eso, señores,</div>
-<div class="line i5">es Barcelona.</div>
-</div></div></div>
-
-<h3>IV.</h3>
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Valencia es la florida puerta del cielo,</div>
-<div class="line">el balcon por donde abre la aurora el dia:</div>
-<div class="line">Dios por él de la España bendice el suelo</div>
-<div class="line">y la salud, la gracia y el sol la envia.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Valencia es un florido pensil modelo,</div>
-<div class="line">mansion de los deleites y la alegría,</div>
-<div class="line">á quien sirve de cerca, de espejo y velo,</div>
-<div class="line">á sus plantas echada, la mar bravía.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Valencia está debajo del paraíso;</div>
-<div class="line">y cuando Dios le priva de su presencia,</div>
-<div class="line">por el balcon del alba, sin su permiso,</div>
-<div class="line">los ángeles se asoman á ver Valencia.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Valencia es alkatifa de cien colores</div>
-<div class="line">de Dios tendida para una audiencia,</div>
-<div class="line">donde del cielo los moradores</div>
-<div class="line">de Dios derraman en la presencia</div>
-<div class="line i5">ramos de flores,</div>
-<div class="line i5">pomos de esencia:</div>
-<div class="line i5">eso, señores,<span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></div>
-<div class="line i5">eso es Valencia.</div>
-<div class="line i5">Mas Barcelona.....</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona es la reina del mar Tyrreno,</div>
-<div class="line">cuyas ondas azules cubre de lona;</div>
-<div class="line">y á los hijos activos que da su seno</div>
-<div class="line">la posesion del mundo dar ambiciona.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona es un águila de vuelo altivo,</div>
-<div class="line">fénix que, renaciendo de sus cenizas,</div>
-<div class="line">torna jardin su suelo duro al cultivo</div>
-<div class="line">y en palacios sus viejas casas pajizas.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona, á quien nutre vital esceso,</div>
-<div class="line">late con los volantes de sus talleres,</div>
-<div class="line">se remonta en las alas de su progreso,</div>
-<div class="line">brilla con la hermosura de sus mujeres:</div>
-<div class="line">y cuando Dios se ausenta del paraíso</div>
-<div class="line">y duerme Barcelona de noche, al peso</div>
-<div class="line">del trabajo rendida, sin su permiso</div>
-<div class="line">baja un ángel por todos á darla un beso.</div>
-<div class="line i1">Porque del cielo los moradores,</div>
-<div class="line i1">miéntras los mundos Dios inspecciona,</div>
-<div class="line i1">al noble pueblo que en sí amontona</div>
-<div class="line i1">turbas de pobres trabajadores,</div>
-<div class="line i1">cuyo trabajo con Dios le abona,</div>
-<div class="line i1">como á una vírgen limpia de amores</div>
-<div class="line i1">cuya alma el cuerpo casto abandona,</div>
-<div class="line i5">del huerto Edénico</div>
-<div class="line i5">con lauro y flores</div>
-<div class="line i5">tejen los ángeles</div>
-<div class="line i5">una corona:</div>
-<div class="line i5">y esa, señores,</div>
-<div class="line i5">cae de sus manos</div>
-<div class="line i5">en Barcelona.</div>
-</div></div></div>
-
-
-<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span></p>
-<h3>V.</h3>
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza1">
-<div class="line i1">Valencia, más hermosa, más cortesana,</div>
-<div class="line">es más jóven, más libre, más Moslemina;</div>
-<div class="line">Barcelona es más hosca, ménos galana,</div>
-<div class="line">más morena, más séria, más Bizantina:</div>
-<div class="line">aquélla más coqueta, y ésta más llana.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Valencia afecta á veces ser campesina,</div>
-<div class="line">mas bravéa con humos de soberana:</div>
-<div class="line">y es una rubia y grácil hurí-cristiana,</div>
-<div class="line">que viste por capricho de tunecina.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Valencia dice á todos que es hortelana,</div>
-<div class="line">y es una neerlandesa pálida ondina</div>
-<div class="line">que duerme en una rica concha perlina;</div>
-<div class="line">y del mar en la espuma blanca y liviana</div>
-<div class="line">canta á la arrebolada luz matutina,</div>
-<div class="line">vestida por capricho de valenciana.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona es el cráter donde fermenta,</div>
-<div class="line">con el hierro fundido y el tufo denso,</div>
-<div class="line">el espíritu hermano de la tormenta</div>
-<div class="line">que se pasea, de ellas sin tener cuenta,</div>
-<div class="line">sobre el móvil abismo del mar inmenso.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Valencia es la Hada núbil de la alegría</div>
-<div class="line">que respira de rosa y ámbar esencia;</div>
-<div class="line">la Vénus Afroditis del Mediodía,</div>
-<div class="line">de quien ver deja ignuda la gallardía</div>
-<div class="line">de un pudor algo moro la transparencia.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona es Minerva ya desarmada;<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span></div>
-<div class="line">cuyo manto, que lame la mar bravía</div>
-<div class="line">salpicando de perlas su orla murada,</div>
-<div class="line">lleva en lugar de armiños y pedrería</div>
-<div class="line">la greca de su vuelo y cáuda bordada</div>
-<div class="line">con rieles y máquinas de ferrovía,</div>
-<div class="line">con espolones, hélices y anclas de Armada.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Valencia, alméa grácil y encantadora,</div>
-<div class="line">trova, canta, recita, danza y se espresa</div>
-<div class="line">en voz, accion y gracia tan seductora,</div>
-<div class="line">que atrae, fascina, embriaga, turba, embelesa,</div>
-<div class="line">magnetiza, avasalla, rinde, enamora,</div>
-<div class="line">y en tierra con las almas da por sorpresa.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona, valiente, ruda payesa</div>
-<div class="line">con timbres y con fueros de gran señora,</div>
-<div class="line">labra, teje, cultiva, destila, pesa,</div>
-<div class="line">funde, lima, taladra, cincela y dora;</div>
-<div class="line">y ejemplar solo de alta noble condesa</div>
-<div class="line">con corazon de obrera trabajadora,</div>
-<div class="line">con el trabajo nunca de latir cesa:</div>
-<div class="line">y apresurada siempre trás árdua empresa,</div>
-<div class="line">hierve como encendida locomotora:</div>
-<div class="line">cuando se mueve, asombra; cuando anda, pesa:</div>
-<div class="line">respira fuego y humo cual los volcanes,</div>
-<div class="line">y estremece la tierra, como si dentro</div>
-<div class="line">de ella fuera la raza de los titanes</div>
-<div class="line">queriendo de la tierra cambiar el centro.</div>
-</div></div></div>
-
-
-<h3>VI.</h3>
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona y Valencia son dos hermanas,</div>
-<div class="line">pero una es blanca y rubia y otra morena:</div>
-<div class="line">son por naturaleza dos soberanas;<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span></div>
-<div class="line">pero la una celeste, la otra terrena.</div>
-<div class="line">Valencia es la versátil hija del cielo,</div>
-<div class="line">á quien Dios por herencia dió un paraíso;</div>
-<div class="line">Barcelona, hija de Eva, vive en anhelo</div>
-<div class="line">de tornar por sí misma su estéril suelo</div>
-<div class="line">en el Edén que el cielo darla no quiso.</div>
-</div></div></div>
-
-
-<h3>VII.</h3>
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Yo idolatro á Valencia por su hermosura,</div>
-<div class="line">su luz, su poesía, la donosura</div>
-<div class="line">de su gente, sus usos, trajes y aliños;</div>
-<div class="line">y de un amor primero con la fé pura,</div>
-<div class="line">la doy de hijo y amante los dos cariños.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Pero amo á Barcelona por tiranía</div>
-<div class="line">de ley inevitable de mi destino:</div>
-<div class="line">Dios condenó al trabajo la vida mia;</div>
-<div class="line">morir sobre el trabajo tengo por sino.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">Barcelona trabaja... y á su existencia</div>
-<div class="line">el trabajo da fuerza, pan y alegría:</div>
-<div class="line">que me dé cuando espire tumba Valencia,</div>
-<div class="line">pan Barcelona, miéntras mi inteligencia</div>
-<div class="line">Dios alumbre y mis ojos la luz del dia.</div>
-</div></div></div>
-
-
-<h3>VIII.</h3>
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry"><div class="stanza">
-<div class="line i1">Olvidaba que entre ambas hay diferencia:</div>
-<div class="line">no en la tierra, en el cielo; pero os aviso</div>
-<div class="line">que es secreto que á solas fiarme quiso</div>
-<div class="line">el buen ángel que alumbra mi inteligencia.</div>
-</div><div class="stanza">
-<div class="line i1">La diferencia es esta: pero es preciso<span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span></div>
-<div class="line">que Valencia lo ignore; cuando en ausencia</div>
-<div class="line">de Dios se quedan dueños del paraíso</div>
-<div class="line">y con la luz del alba, sin su permiso,</div>
-<div class="line">los ángeles se asoman á ver Valencia....</div>
-<div class="line">es porque á Barcelona Dios en persona</div>
-<div class="line">baja en el sol, y absorto de complacencia</div>
-<div class="line">se olvida de los ángeles en Barcelona.</div>
-</div></div></div>
-
-
-<p class="p6 center"><i>Esta obra es propiedad de su Autor, el que perseguirá ante la ley á quien
-la reimprima en todo ó en parte sin su consentimiento.</i></p>
-
-<div class="footnotes"><h2>NOTAS:</h2>
-<div class="footnote">
-
-<p><a name="Footnote_1" id="Footnote_1" href="#FNanchor_1"><span class="label">[1]</span></a> Estas dos composiciones van en el apéndice de esta obra.</p>
-
-<p><a name="Footnote_2" id="Footnote_2" href="#FNanchor_2"><span class="label">[2]</span></a> <i>Cada cual con su razon</i>; <i>Lealtad de una mujer</i>; primera y segunda
-parte de <i>El Zapatero y el Rey</i>; <i>El eco del torrente</i>; <i>Los dos
-vireyes</i>; <i>El molino de Guadalajara</i>; <i>Un año y un dia</i>; <i>Apoteosis de
-Calderon</i>; <i>Sancho García</i>; <i>El caballo del rey D. Sancho</i>; <i>La mejor
-razon la espada</i>; <i>El puñal del godo</i>; <i>La oliva y el laurel</i>; <i>Sofronia</i>;
-<i>La Creacion y el Diluvio</i>; <i>El rey loco</i>; <i>La reina y los favoritos</i>; <i>La
-copa de marfil</i>; <i>El alcalde Ronquillo</i>; <i>D. Juan Tenorio</i>.</p>
-
-<p><a name="Footnote_3" id="Footnote_3" href="#FNanchor_3"><span class="label">[3]</span></a> En la lectura de la sociedad «Latorre» debí el honor de que
-me acompañara al célebre poeta dramático, sostenedor del teatro catalan,
-D. Federico Soler; quien bajo el seudónimo de «<span class="smcap">Serafi Pitarra</span>»,
-hace años que con prodigiosa fecundidad surte de obras originales
-la catalana escena. De <span class="smcap">ÉL</span>, de sus obras y del teatro Romea, tendré
-ocasion de ocuparme en mis artículos de <i>El Imparcial</i>.</p>
-</div></div>
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO ***
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