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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Recuerdos Del Tiempo Viejo - -Author: José Zorrilla - -Release Date: October 16, 2016 [EBook #53294] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO *** - - - - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - - - - RECUERDOS - - DEL - - TIEMPO VIEJO - - POR - - D. JOSÉ ZORRILLA. - - - BARCELONA. - - - IMPRENTA DE LOS SUCESORES DE RAMIREZ Y C.^A - Pasaje de Escudillers, número 4. - - 1880. - - - - -Este libro no necesitaba prólogo: la carta del señor Velarde, con la -cual va honrado, y la primera mia, contestacion á ella, justifican la -publicacion en _El Imparcial_ de los artículos cuya coleccion forma -el texto de este volúmen; y el motivo de coleccionarlos en él, es la -demanda que de su coleccion me han hecho los amigos que me leen y los -libreros que me venden. - -Y que no se me ofenda ningun librero, ni se me engalle ningun Académico -por esta frase: porque se dice que se lee y que se vende á Quevedo -ó á Valera cuando se leen y se venden sus obras: lo mismo me sucede -á mí; unos me leen y otros me venden; y si los que me venden no me -vendieran, no me leerian los que me leen, y yo publico este libro por -agradecimiento á los unos y á los otros. - -La razon y la escusa de lo que en él de mí mismo digo, van tambien -alegadas en su relato; pero de las circunstancias en que le he escrito -y del motivo de imprimirle dividido en dos partes y no en Madrid sinó -en Barcelona, me conviene, aunque necesario no sea, decir cuatro -palabras; siquiera no encuentren cuatro lectores á quienes leérmelas -interese, ni media docena que en leérmelas se complazcan. - -Un 27 de Junio, á las siete de la mañana, entró la muerte calladamente -en mi casa, y dispersó con su guadaña una familia, para cuya reunion -habia yo trabajado mucho tiempo y agotado mis ahorros. En el inmenso -y legítimo duelo en que aquella muerte dejaba sumida mi casa, en cuyo -escondido hogar me habia ya sumido modestamente _á vivir en el olvido -y á morir en paz con Dios_, quedábame por solo recurso y por última -esperanza el resto de las dos veces mermada pension, que en 1871 me -habia concedido el Gobierno, cuyo ministro de Estado era el Excmo. Sr. -D. Cristino Martos; pero llegado el ocho de Julio, y transcurrido el -nueve, y pasado el diez, y visto que la libranza en que de Roma debia -venir mi mensualidad vencida no venia, telegrafié á mi apoderado en la -capital del Orbe Cristiano, preguntándole por ella. ¡Ay de mí! con mi -telegrama se cruzó la carta suya, en que me participaba que por causa -de economías inexcusables en la Administracion de los Lugares Píos -españoles en Italia, mi comision habia sido suprimida: en consecuencia -y ajustadas por él mis cuentas con aquella piadosa Administracion, me -remitia los últimos sesenta y cinco duros que me restaban que cobrar -hasta la fecha de la supresion de mi sueldo. - -Quedéme yo con la libranza delante de los ojos, el verano delante de -mí y detrás de mí los siete individuos de mi familia; y el ministro -de Estado en los baños, y el de Fomento en sus haciendas, y el Sr. -Cánovas mi amparador en Cotterets, y en Francia mi paño de lágrimas el -Capitan General Jovellar; quien en tales casos molesta por mí á todos -los ministros, y no pierde ocasion ni perdona empeño por sacarme del -mio. La moda, que deja á Madrid desierto durante el verano, me dejaba -á mí en Madrid como en medio del Sahara: la tierra bajo mis piés, el -cielo sobre mi cabeza, mi esperanza en Dios, y Dios tras el velo azul -del aire; que es impenetrable cortinaje del pabellon que le guarda de -las miradas de los hombres. ¿Cómo pasé yo aquellos tres meses? - -No puedo hacer al tiempo volver atrás: no puedo quitarme de encima ni -uno solo de mis sesenta y cuatro años: no puedo hacer volver á mis -manos el capital pagado por las deudas de mi herencia paterna, ni lo -por mí gastado en vivir bien ó mal: no puedo rescindir los contratos de -venta de mi _Don Juan_ ni de mi _Zapatero y el Rey_, escritos cuando -la ley de propiedad no existia: esta ley no tiene efecto retroactivo -ni protege mi propiedad por lesion enorme: y no puedo pedir limosna en -España, sinó poniéndome al pecho un cartel que diga: «este es el autor -de _Don Juan Tenorio_, que mantiene en la primera quincena de Noviembre -todos los teatros de verso de España y América;»--pero para esto seria -preciso que yo esplicase cómo el autor de tal obra podia pedir limosna; -cosa muy fácil de esplicar, pero muy difícil de comprender. - -Antes de pedirla escribí á mis editores de Barcelona, los Sres. -Montaner y Simon, dándoles cuenta de la suspension de mi sueldo -y pidiéndoles trabajo en su casa. Los Sres. Montaner y Simon me -contestaron que «los editores no tenian en su casa trabajo digno -de mí: pero que los amigos me enviaban adjunta una letra contra su -corresponsal.» El Arzobispo de Valencia, de cuya ciudad soy hijo -adoptivo, partió conmigo la limosna de sus pobres; el empresario -del Teatro Español me ofreció una cantidad que jamás pude cobrar en -contaduría; y al volver á Madrid el Sr. Conde de Toreno, ministro de -Fomento, me presenté en su antecámara, en la cual no me detuvo ni -un minuto. Expúsele en dos palabras mi posicion: asombróse de ella, -confesándome que estaba muy léjos de imaginársela tal; y prometiéndome -exponerla en consejo de ministros, en la primera ocasion, me dió cita -para el dia siguiente en el gabinete del señor Cárdenas, Subsecretario, -con quien iba inmediatamente á consultar un medio de venir en mi -auxilio. Al dia siguiente el Sr. Cárdenas, con una delicadeza y un -tacto que no podré jamás olvidar, me dijo: «que el señor Conde de -Toreno, sabiendo que para continuar ciertos trabajos legendarios en que -me ocupaba, necesitaria hacer algun viaje á alguna biblioteca ó archivo -de provincia, me daba por su mano una pequeñez para ayuda de gastos,» y -puso en la mia un bono de dos mil pesetas contra el Tesoro. - -Pero miéntras todas estas cosas pasaban, habia pasado otra, principal -engendradora, orígen y causa más inmediatos de la confeccion de lo -en este libro compaginado. El Sr. D. Federico Balart, á quien suelo -pedir opinion y consejos sobre mis obras ántes de publicarlas, y á -quien voy ahora muchas veces á distraer de una mortal pesadumbre con mi -escéntrica conversacion y mis ideas estrafalarias, habia ido á hablar -en mi favor al propietario de _El Imparcial_. El Excmo. Sr. D. Eduardo -Gasset y Artime me abrió su casa, sus brazos y las columnas del _Lúnes_ -de su periódico, pagándome mis artículos en más de lo que valen; el -Sr. Ortega Munilla, Director de los _Lúnes_, me hizo la distincion de -colocármelos inmediatamente despues de su semanal revista, y en la -redaccion de _El Imparcial_ encontré una nueva familia, que aceptó mi -compañía con cariño tan afectuoso y tan respetuosa cordialidad, que me -hicieron subir á los ojos dos lágrimas de gratitud, que no pudieron ya -sostener las ralas hebras que me restan de mis ántes espesas pestañas. - -Miéntras, gracias al Sr. Gasset y Artime, volvia á contar con el pan -cotidiano, pasó al ministerio de Estado el señor Conde de Toreno, -volvió del extranjero el Sr. Presidente del Consejo de ministros, y -falleció el del Congreso, Adelardo Lopez de Ayala.--Pocos dias despues -del entierro de éste, el Sr. Cánovas del Castillo, cuya casa he tenido -siempre abierta y cuya amistad nunca se ha desmentido, me envió una -carta para el ministro de Estado; á cuya presentacion el Sr. Conde de -Toreno me dijo: «por el correo de hoy va á Roma la órden de continuar -pagando á V. su sueldo; pero tengo el sentimiento de haber tenido que -mermar de él doce mil reales, porque las economías ya hechas en la -Administracion de los Lugares Píos, no me han permitido devolverle los -treinta y seis mil reales que ántes cobraba.»--Recibí con gratitud lo -que se me daba, y me volví á mi casa, no ya como ántes resuelto - - á vivir en el olvido - y á morir en paz con Dios, - -como mi edad y la conveniencia de retirarme ya de la arena literaria me -lo exigian, sinó decidido por necesidad á luchar otra vez con la vida -y á morir sobre el trabajo; á lo que parece que me condenan mis viejos -pecados y las nuevas economías de los Lugares Píos. Ya varias veces en -algunos periódicos, que no sé por qué me son hostiles, se me ha echado -en cara el _no saber retirarme á tiempo_; pero no me han dicho á dónde; -puesto que saben que no puedo retirarme á un monasterio. Ya me habia -yo retirado á mi casa, y hacia ya año y medio que rehusaba presentarme -hasta en el ateneo, donde tántas consideraciones se me han tenido y -tántos aplausos se me han prodigado: pero al retirarme el gobierno -el sueldo con que únicamente podia retirarme como se me aconsejaba, -tuve yo por mejor consejo volver al trabajo y vivir honradamente de él -miéntras con él sustentarme pueda, que dejarme morir de inanicion y de -pesadumbre por dar gusto á los ya no le tienen de que viva yo entre la -gente, porque conceptúan que sesenta y cuatro años son demasiada larga -vida para un hombre á quien aun hay algunos que estiman y aplauden. - -Pero juguemos limpio y hablemos claro por última vez. Yo no he pedido -amparo al gobierno para mi vejez alegando mérito alguno en mis obras, -ni yo he dicho á la nacion ni al gobierno que tuviesen _obligacion_ -de ampararme: no: pero he propuesto esta cuestion.--«Mis obras, que -son tan malas como afortunadas, han enriquecido á muchos, y mi _Don -Juan_ mantiene en el mes de Octubre todos los teatros de España y las -Américas Españolas, ¿es justo que el que mantiene á tantos muera en el -hospital ó en el manicomio, por haber producido su _Don Juan_ en tiempo -en que aun no existia la ley de propiedad literaria?» - -Y el gobierno ante quien espuse esta cuestion me subvencionó sobre los -fondos de los Lugares Píos españoles en Roma, y mi subvencion tiene el -carácter piadoso y de limosna con el que yo la pedí, sin que por ello -me crea ni deshonrado ni humillado: y miéntras con ella he vivido, -en lugar de echarme á dormir sobre mis doradas pajas, he entregado -concluido en 1873 á los editores Montaner y Simon mi leyenda del Cid -que consta de diez y nueve mil versos, y mi leyenda de los Tenorios -que tiene ocho mil; y hoy cuando lo que de mi subvencion me resta no -me basta por la posicion en que mi reputacion me coloca, recojo los -últimos destellos de mi decadente ingenio, los últimos alientos de -mis cansados pulmones, y los últimos átomos de honra y de brío que en -el corazon me restan, y me arrojo otra vez en los brazos del trabajo, -en vez de arrojarme por el balcon, ó en el fango de la holgazanería -á quejarme de la nacion y de sus gobiernos, á quienes no alcanza ni -obligacion ni responsabilidad alguna en la posicion en que me han -colocado mis circunstancias personales y mis negocios de familia. - -Díme, pues, al trabajo, y entré en el del periodismo; que es el más -rudo por ser el más perentorio y asíduo, el más expuesto á la crítica y -el más coartado y riesgoso por la estrechez de la ley de imprenta, que -suele tener que regir en nuestro inquieto país; y siguiendo á medias -por no poderlo seguir por entero el consejo de los que retirarme me -aconsejaban, me retiré al segundo recinto del alcázar de las Bellas -Letras, descendí de sus salones de su piso principal á su piso bajo -con puerta y vistas al patio; es decir, que me retiré del gremio de -los poetas y renunciando á la poesía, me despedí del público de Madrid -en un romance cuyos versos son los últimos que he escrito, no volví á -presentarme como versificador ni como lector en acto alguno público y -anuncié que iba á escribir en prosa; comenzando á devanarme los sesos -en discurrir cómo servir con mi prosa los intereses del Sr. Gasset y -Artime, y algun manjar no indigesto á los suscritores de _El Imparcial_. - -La primera carta del bravo Velarde me dió pié para contar lo pasado -en el cementerio al borde de la tumba de Larra: y por este recuerdo, -como quien tira de un hilo de una madeja enredada, fuí yo tirando de -mis pobres recuerdos del tiempo viejo, hasta formar con ellos el mal -devanado ovillo de lo contenido en este libro.--Viejo é ignorante, no -supe escribir más que mis personales memorias: los lectores de _El -Imparcial_, tal vez sorprendidos de leerme en prosa, tal vez pagados de -la anticuada construccion de la mia, y acaso más que de lo que yo en -ella decia, de la ingenuidad algo infantil con que yo lo iba diciendo, -encontraron entretenidos mis artículos del TIEMPO VIEJO: unos porque -refrescaban los suyos, y otros porque no habiendo alcanzado la época de -que en ellos hablo, ó lo que en ellos traigo á cuento ignoraban, ó lo -habian oido contar de muy diferente modo. - -Como quiera que fuere, miéntras los publicaba en el periódico, recibí -varias cartas, unas anónimas y otras firmadas, en las cuales algunos me -aconsejaban que coleccionase mis artículos; y el Sr. Gasset y Artime, -renunciando generosamente en mi favor sus derechos á la propiedad -de mi por él tan bien pagado trabajo, me otorgó omnímoda y perpétua -facultad para hacer de él lo que más me conviniera.--El Sr. Ortega -Munilla se ofreció espontáneamente á ayudarme en tal publicacion y se -ocupaba ya de sus preliminares pormenores, cuando ocurrieron á la par -su desastrada caida del caballo y mi impensado viaje á Barcelona: cuyos -dos imprevistos acontecimientos me obligan á publicar este libro en la -capital del Principado y no en la coronada villa. - -Pero ¿por qué? ¿A qué vine yo á Barcelona por siete dias y por qué me -quedo en ella por siete meses? - -En uno y medio que en ella llevo no he tenido tiempo hasta hoy de -hacerme tal pregunta, y voy á ver si averiguo alguna razon que me sirva -de respuesta. - -A pesar de mi necesidad de descanso, de la tenacidad con que há cerca -de dos años que rehuso toda invitacion á presentarme en público, y á -pesar, en fin, de mi deseo de complacer á los que me dicen «retírese -V.», es decir, «quítese V. de en medio», aun hay algunos que recordando -mis mejores años y olvidando los transcurridos, me buscan y me -solicitan con la vana ilusion de que aun puedo, como en otro tiempo, -cooperar en beneficio de sus empresas; y el país en donde por mí se -conservan mas ilusiones y simpatías es en Cataluña y sobre todo en -Barcelona. Así que el 27 de Octubre próximo pasado el empresario y el -director de la compañía de verso del teatro Principal de esta ciudad -me ofrecieron una indemnizacion por gastos de viaje, si emprendia -uno para enderezar y poner derecho sobre la escena á mi buen _Don -Juan Tenorio_; quien no sé por qué no queria tenerse este año muy en -equilibrio. Tenia yo que abocarme con mis editores Montaner y Simon, -para tratar de poner tambien en pié de imprenta á mi valiente Burgalés -Rodrigo Diaz, que agarrado al pupitre de mis editores, parece que -tampoco quiere dejarse meter en prensa; y con la esperanza de matar dos -pájaros de una pedrada, acepté la proposicion del viaje á Barcelona; -pero miéntras la libranza del empresario llegaba á Madrid, y ciertos -asuntos de mi jóven amigo el pintor Padró, que debia de acompañarme, se -allanaban, se perdieron cuarenta y ocho horas y llegué yo tarde para -enderezar á mi rebelde y voluntarioso _Don Juan_, y aún no he tenido -tiempo para tener cinco minutos de conversacion con mis editores del -Cid; porque el pueblo Barcelonés, que no me habia olvidado en los once -años que he pasado ausente de Cataluña, que se acordaba de que en -Barcelona habia yo tenido casa, y me habia _re_casado en su parroquia -de Santa Ana, y le habia leido muchos versos y me habia dado muchas -fiestas, en las cuales habia yo procurado derramar toda la espansiva -alegría de mi corazon de muchacho y toda la poesía de mi desordenada -imaginacion de loco, creyendo que para mí el tiempo no habia pasado -y que no habian pasado por él ni por mí los once años transcurridos, -se empeñó en pedirme, como quien pide peras al olmo, que hiciera y le -dijera lo que para él habia hecho y dicho cuando, con once años ménos, -aún tenia once partes de aliento más. Echó á un lado á mi pobre _Don -Juan_, y poniéndome en lugar suyo sobre la escena, oyó mi palabra ronca -con la cariñosa atencion de una madre que escucha la respiracion de su -hijo que duerme; me colmó de aplausos, me coronó de flores, no me dejó -ni dormir ni trabajar á fuerza de obsequios y convites; sus periódicos -publicaron mi retrato, las sociedades literarias se apoderaron de mí -y enfloraron el teatro catalan para escucharme; el Ateneo me dió una -velada y una primorosa medalla, y los Sucesores de Ramirez pusieron á -mi disposicion su magnífico establecimiento tipográfico; y esta vuelta -mia á Cataluña fué la vuelta del hijo pródigo al paterno hogar, y el -pueblo Barcelonés me dijo: «Sorrilla, parla, enrahona: ets á casa -teva;» y cayó en gracia cuanto hice y dije, y se me abrieron todas las -puertas y me recibieron como á hermano en todas las familias: y hé aquí -cómo y por qué se imprimen en Barcelona estos mis RECUERDOS DEL TIEMPO -VIEJO. - -En ellos repito y amplifico lo que en este prólogo apunto: ni se hasta -dónde con ellos iré á parar, ni me detendrá en mi marcha el temor -de encontrarme al fin de ella cara á cara con mis contemporáneos, -despues de haberme juzgado á mí mismo y á los que conmigo abrieron -las puertas á la revolucion política y literaria del primer tercio de -nuestra centuria. La ingenuidad infantil y la sincera buena fé con -que hasta aquí los he escrito, creo que garantizan mi leal veracidad -para el porvenir: pero una vez que Dios prolonga mi vida hasta los -actuales y corrientes dias, á ellos pertenezco aún y en ellos voy á -vivir y de ellos voy á hablar y en ellos voy á meter mi baza y voy -por ellos á trabajar como trabajé por los pasados; y espero en Dios -que este trabajo no me deshonrará, porque fio en la justicia de mi -pueblo español que me rodeará del respeto á que siempre ha considerado -acreedor á quien envejece y muere sobre el trabajo, por no sucumbir á -la miseria y deshonrarse en la haraganería vergonzosa de los ingenios -vergonzantes por holgazanes. - -Para no hacer de estos recuerdos un libro demasiado voluminoso, y en -tan pequeños caractéres impreso que resulte tan difícil como enojoso -de leer y de tener en las manos, lo he dividido en dos tomos pequeños. -No teniendo además la vanidad de creer que este miserable y prosáico -engendro mio, sea para mí la gallina de los huevos de oro, y deseando -saber el número de ejemplares que necesito para mis lectores, y por -el pedido del primero regular la tirada del segundo, suplico á mis -suscriptores que hagan la suscripcion al segundo al recibir ó comprar -el primero, en el recibo que le acompaña. - -El tomo II llevará un apéndice nuevo en verso y prosa; y toda la obra -corregida y ampliada como permite el libro y no admite el periódico, va -dedicada al mas moderno y al mejor y mas bravo de mis amigos. - - - - - _Al Egregio Poeta_ - - - DON JOSÉ VELARDE - - - _en prenda de amistad y agradecimiento_. - - _José Zorrilla._ - - Barcelona 1.º de Enero de 1881. - - - - -I. - -EL POETA ZORRILLA. - - -Era la tarde del 15 de Febrero de 1837. En el cementerio de la puerta -de Fuencarral, un numeroso concurso se apiñaba en derredor de un jóven -desconocido, delgado, pálido, de larga cabellera y expresivos ojos, -que, acongojado y convulso, leia, ante un féretro adornado con una -corona de laurel, una sentida poesía. - -El concurso lo formaba todo el Madrid artístico; el féretro encerraba -el cadáver de Larra; el poeta era Zorrilla. - -Aquella tarde fria y nebulosa fué solemne; vió la conjuncion de dos -crepúsculos. Un sol se alzaba en el oriente de la literatura al -hundirse otro sol en el ocaso. - -A los desgarradores acentos de «La noche buena del poeta», de Fígaro, -último canto del cisne moribundo, cuyos ecos aún extremecian el aire, -se unieron los acordes del arpa de Zorrilla, primeros cantos de la -alondra al alba. - -España, al perder al más grande de sus críticos, encontró al más -popular de sus poetas. - -Desde aquel dia, la Fama fatigada va dando á todos los vientos el -nombre del vate inmortal. Desde aquel dia, sus estrofas sublimes -palpitan en todos los labios, y, como la voz divina, despiertan la -inspiracion en el alma de la juventud y la lanzan á la vida del arte. - -Poeta formado de las entrañas de su pueblo, sus ideas, sus -sentimientos, aunque universales por lo que tienen de humanos, son ante -todo españoles; tánto que al vibrar su lira nos parece escuchar el -acento de la patria. - -Vário y múltiple en sus concepciones y en la manera de expresarlas, -ora arrebatado, elocuente y profundo, ora tierno, sencillo y vulgar, -siempre ameno, siempre inesperado, siempre poeta, pulsa todas las -cuerdas y se reviste como Protéo de todas las formas para llegar á -todos los corazones. - -Tiene su poesía algo de la ola que se hace espuma, de la luz que se -quiebra en colores, de la flor que se disuelve en aroma, algo, en fin, -de lo bello, inmaterializándose para confundirse en lo infinito; y es, -que así como la larva ha de trocarse en mariposa para volar, la poesía -ha de espiritualizarse para subir al cielo, que es su patria verdadera. - -Hay una poesía que jamás envejece, que no puede morir, que halla eco en -todas las almas y hace latir al unísono todos los corazones; lenguaje -universal que entienden el niño y el viejo, el ignorante y el sabio, y -es la poesía de la naturaleza. - -Y la naturaleza es la musa de Zorrilla, le da sus colores, le presta -sus armonías y encarna en sus versos que nos repiten los gemidos del -lago, las endechas del ruiseñor, los extremecimientos del trueno, y -nos pintan la nube que se tornasola, la espuma que bulle y el árbol que -florece. - -Zorrilla ha sido anatematizado por los retóricos que jamás han previsto -á los poetas ni los han comprendido, preciándose de las medianías que -siguen sus reglas y odiando al génio que las deshace. Siguió cantando -el poeta y cayeron en el olvido las odas ampulosas, frias y limadas, y -surgió la poesía del sentimiento y se ensancharon los horizontes del -arte. - -¡Siempre la misma lucha entre el sabio y el poeta, y siempre el poeta -vencedor! - -Las murallas que guardan lo desconocido son de cristal para el génio -que penetra en el fondo de lo insondable. La obra del sabio es -perfectible, la del génio perfecta; aquel aprecia los pormenores, éste -abarca el conjunto; el uno halla, el otro crea; el sabio, para meditar, -se inclina hácia la tierra; el poeta, cuando canta, mira al cielo; y -es que el uno no va más allá de lo humano, y el otro se remonta á lo -divino. - -Zorrilla venció. Hoy todos le respetan. Ni la envidia le muerde, pues -ni arrastrándose puede escalar la montaña de laureles que le sirve de -pedestal. - -¿Y cómo no respetarle, si las doradas ilusiones, los dulces recuerdos -y los sueños juveniles de nuestras dos últimas generaciones están -iluminados por el fuego de la inspiracion del gran poeta? Sí; sus -versos fueron lo primero que balbucearon despues de las plegarias -maternales; y aquellas impresiones, como el troquel en el metal, han -dejado un sello imborrable en las almas. - -Poeta de la tradicion, á su mágico acento, los héroes castellanos se -alzan de sus sepulcros de piedra apercibidos al combate; desfila la -comunidad por el cláustro sombrío de la gótica abadía, salmodiando -sus preces al rayo misterioso de la luna; aparece el castillo feudal -entre los riscos y breñas de la montaña; se coronan de arqueros las -almenas, suspira la hermosa castellana al escuchar la enamorada trova; -baja rechinando el puente levadizo para dar hospitalidad al peregrino, -y el terrible señor de horca y cuchillo apresta su mesnada ó se -lanza venablo en mano, azuzando la jauría por el bosque enmarañado -persiguiendo al colmilludo jabalí. Ahora surgen la tapada, el rodrigon -ceñudo, la dueña mediadora y el doncel galanteador; ahora se acuchillan -en la tortuosa callejuela dos rondadores de una misma dama, á la luz -mortecina de un retablo, ó bien se puebla de cármenes y harenes la vega -granadina, y resuenan en el Generalife los ecos de la zambra, y el -sarraceno corre la pólvora, y, como sol entre nubes, asoma al calado -ajimez la hermosísima sultana exclareciendo el dia con la luz de sus -ojos. - -¡Qué poder el del génio! En vano curiosos eruditos é historiadores -concienzudos se afanan en dar á conocer el verdadero carácter de D. -Pedro de Castilla, en probar la muerte del rey D. Sebastian en el -inhospitalario suelo de Africa, y en negar la vida borrascosa de -Mañara, ó sea de D. Juan Tenorio. - -¿Quiénes les han de creer? Para el pueblo, para todo el mundo, no hay -más D. Pedro de Castilla que el del _Zapatero y el Rey_, ni otro D. -Sebastian que el de _Traidor, inconfeso y mártir_, y D. Juan Tenorio -fué sevillano y mató al Comendador, y amó á D.ª Inés, y cenó con los -muertos y se fué á la gloria; porque no ha habido, ni hay, ni habrá -jamás verdades más creidas, más amadas y más libres del olvido que las -creaciones del génio. - -Las obras de Zorrilla vivirán siempre. El fuego de la inspiracion, que -algunos creen fuego fátuo, es como la lava que se endurece y adquiere -la consistencia del bronce para resistir al tiempo. A más, que la -mano del «Cristo de la Vega», al desclavarse para jurar, decretó la -inmortalidad de nuestro poeta. - -¿Cómo premia la patria los merecimientos de su exclarecido hijo? - -Hoy que la edad le agobia y el trabajo le fatiga, le ha retirado la -modesta asignacion con que vivia y lo ha abandonado á la miseria, sin -duda para que ciña á un tiempo á sus sienes la corona de laurel de la -poesía y la de espinas del martirio. - - José VELARDE. - - - - -II. - -AL JÓVEN POETA - -D. JOSÉ VELARDE. - - -Llegó á mis manos con retraso, porque vivo en el retiro de mi hogar, -por donde acaba de pasar la muerte, el artículo que me dedicó V. en el -número de _El Imparcial_, del lunes 29 de Setiembre; y he andado dos -dias perplejo y caviloso, sin poder hallar cómo darme por entendido de -lo que de mí dice V. en él. Corriendo empero, el tiempo, temiendo por -una parte que mi silencio le parezca descortesía, y no queriendo por -otra dar motivo á que el público crea que, hinchado de vanidad, acepto, -como buena y corriente moneda, todas las extremadas excelencias que á -mis versos atribuye, me resuelvo á dar á V. simplemente las gracias -en cuatro palabras; que cuanto más le parezcan vulgares, más han de -parecerle sinceras. - -Yo soy, Sr. Velarde, lo único que he podido ser: lo único que Dios ha -querido que sea: un poeta español, hijo ignorante y desatalentado -de la naturaleza, que ha cantado á su patria, como ha podido; como -los pájaros cantan en la selva, como susurran las abejas al elaborar -sus panales; yo no me he jactado nunca de haber hecho mas, y á mi -presentacion en el Ateneo el año pasado, lo dije en esta quintilla de -mi _Canto del Fénix_: - - Lo que hice, lo que dije, todo ese laberinto - de versos que concentran la esencia de mi sér, - de Dios son obra: un estro no pude haber distinto: - yo obré y hablé sintiendo y hablando por instinto: - ni supe hacer más que eso, ni pude más hacer. - -Esta mi poesía del _Canto del Fénix_ es una respuesta anticipada que -yo dí á los primores con que V. en su artículo tan cariñosamente me -obsequia; y como sé que V. la sabe de memoria, no necesito añadir una -palabra más; V. que va hoy á la cabeza de aquella á quien yo llamé - - estirpe generosa de la progénie nueva, - -creyéndome ya en el caso en que yo me ponia en la penúltima estrofa de -mi _Canto del Fénix_, que dice: - - Y si las tempestades que el porvenir amasa - en mi país me obligan á mendigar mi pan, - no dejes que en él nadie las puertas de su casa - empedernido cierre, ó esquivo diga--«¡Pasa!»-- - al que mató á D. Pedro, al que salvó á D. Juan, - -saltó V. el primero á la arena á romper la primera lanza en pró del -viejo, en quien V. ve un gigante á través del prisma del entusiasmo -con que le mira. Gracias, mil gracias, Sr. Velarde: ya sabia yo que la -juventud literaria de la generacion que á la mia sigue, no habia de -abandonar nunca al poeta que no ha inculcado más que amor á la patria, -y respeto á las creencias y á las tradiciones de sus padres. - -No puedo, sin embargo, permitir á su entusiasmo juvenil, que atribuya á -la patria el abandono en que deja mi vejez la supresion de un sueldo, -que á cargo de los Lugares Píos Españoles de Roma se me concedió, para -llevar á cabo mi legendario del Cid y de otras obras que me ha oido V. -leer en el salon del Ateneo. No, Sr. Velarde, no: la patria no tiene -nada que ver en esto; y nadie ménos que yo tendria razon para quejarse -de su patria, porque las economías necesarias en el presupuesto del -Ministerio de Estado hayan alcanzado hasta mi ya mermada pension; la -cual, si sola no podria sacar de ningun apuro á la administracion de -los Lugares Píos Españoles de Roma, tal vez unida á las demás economías -hechas en Julio último pueda contribuir á alguna obra perentoriamente -necesaria para el decoro nacional. _Suum cuique_, y dejemos á la patria -en el buen lugar que en este caso la corresponde. - -¿Qué es la patria? La tierra; la nacion, el lugar en que se nace. Y -como la nacion la forman los habitantes de la tierra, la patria vive y -se expresa por la vida y las acciones de los ciudadanos de cada nacion. -¿Y cómo ha tratado su patria al poeta Zorrilla? Como no ha tratado -nunca á ningun poeta, incluso al fénix de los ingenios Lope de Vega; -quien tal vez debió parte de la gloria y los obsequios que su época -le tributó á su favor en la corte y al carácter que le imprimia su -dignidad sacerdotal. Yo no pertenezco á ninguna clase de la sociedad, -porque los poetas no estamos clasificados en ninguna categoría social; -no he pertenecido jamás á ningun partido político, á ninguna Academia, -ni á ningun Instituto que haya podido alcanzarme favor con poder -alguno, y por consiguiente, nadie ha tenido interés en aplaudirme ni en -adularme. - -Yo me ausenté de mi patria en 1847 por razones que á nadie importan: me -fuí el 55 á América por pesares y desventuras, que nadie sabrá hasta -despues de mi muerte, con la esperanza de que la fiebre amarilla, la -viruela negra ó cualquiera otra enfermedad de cualquier color acabaran -oscuramente conmigo en aquellas remotas regiones. No quiso Dios que -allá muriera. Su proteccion visible me salvó de los naufragios, de las -pestes y de las guerras civiles; y cuando volví en 1866 á mi patria, -¿cómo me recibió España? Como su padre amoroso al hijo pródigo, como su -santa familia á Lázaro el resucitado, como Roma á los triunfadores, á -quienes coronaba en el Capitolio. Barcelona y Tarragona me obsequiaron -con regatas y fiestas de noche y dia; la Universidad de Zaragoza renovó -por mí una solemnidad que sólo habia dedicado á los reyes de Aragon; -Búrgos y Valladolid me alfombraron de flores mi camino, y un altar de -la parroquia en que fuí bautizado está desde entónces cubierto con cien -coronas, para las cuales no concebí mejor depósito. Valencia, despues -de haberse vuelto loca por mí, como una muchacha atolondrada que se -enamora de un viejo, me hizo su hijo adoptivo, y yo la escribiré un -libro con el cual espero probarla mi gratitud. Granada se desbordó en -entusiasmo en honor mio en 1846 á la sola promesa de escribirla mi aún -no concluido poema; y aún se recuerda allí una representacion de _Don -Juan Tenorio_, al fin de la cual el beneficiado Pepe Calvo, padre de -Rafael, la empresa y yo, convidando al público á la mesa á que habia -venido la estátua del Comendador, hicimos al capitan general, al -gobernador de la Alhambra y á las hermosas granadinas comer todos los -dulces y beber todo el Champagne que habia en la ciudad. Amanecia ya, -y ni autoridades ni pueblo se daban cuenta de que nadie estaba en su -juicio ni en su lugar. - -Madrid, declarado en estado de sitio, y prohibida en él la reunion -pública de más de cinco personas, reunió cuatro mil, para acompañarme -á mi casa desde la estacion, una mañana de Octubre de 1866. No pasa un -mes de Noviembre en que no haga en mi favor alguna ruidosa demostracion -en alguna representacion de mi _Don Juan_: y el Ateneo, en fin, -tomándome bajo su amparo, ha abierto conmigo á la poesía sus salones, -en los cuales no habian penetrado aún más que las ciencias. En resúmen, -mi patria, representada por la sociedad, no ha podido hacer más en -España por un poeta, á quien indudablemente estima en más de lo que -vale, sólo porque su poesía es la expresion del carácter nacional y de -las pátrias tradiciones. - -Cuando en 1859 la muerte le privó en la Habana de un compañero, y -destruyendo su fortuna con la de Cipriano de las Cagigas, el Capitan -general de la Isla, D. José de la Concha, le colmó de atenciones y de -consuelos, y el banquero D. Manuel Calvo le alojó espléndidamente en su -tranquilo y salubre cafetal; procurándole en él la soledad necesaria -para el trabajo, y salvándole la vida y el honor con los cuidados de su -amistad. - -El poeta Zorrilla, que es el que más debe á su patria, representada por -la sociedad de su época, es el que ménos puede quejarse de ella, si la -considera representada por su Gobierno. - -Cuando en 1871 le pidió su proteccion para emprender su _Leyenda del -Cid_, obra de largo aliento, con la cual queria corresponder á la -excesiva reputacion que por sus poco importantes trabajos se le habia -acordado, el Sr. D. Cristino Martos, Ministro de Estado entónces, le -dió una comision de archivos y bibliotecas en Italia; pretexto tan -visible como honroso para acordarle una pension, que no podia tener -nombre y carácter absoluto de tal, por no haber antecedentes de que -se hubiera pensionado en España á ningun poeta; y acompañada de una -gentilísima carta autógrafa, le envió la credencial de la Gran Cruz de -Cárlos III, que constituia su persona en una alta dignidad, y de cuya -Excelencia nadie se ha acordado nunca; porque á nadie se le ocurre en -España que el poeta Zorrilla sea más ni ménos que el poeta Zorrilla, -cuya larga intimidad con el público autoriza ya á todo el mundo para -tutearle y llamarle Pepe. - -Hoy, que las perentorias economías de los Lugares Píos de Roma me -obligaron á pedir amparo al señor Ministro de Fomento, escudándose con -una carta del Capitan general Jovellar, que honra á Zorrilla con su -amistad desde que se conocieron, ¿cómo ha recibido á Zorrilla el Sr. -Conde de Toreno? Hijo de aquel ilustrado repúblico, que fué gloria del -Parlamento y honra de las letras, dió al poeta cuanto tenia facultades -de dar, miéntras discurria medio mejor de asegurar su porvenir; y el -Sr. Cárdenas allanó ante sus pasos todos los difíciles que hay que dar -en las oficinas del Ministerio de Hacienda para el cobro de su interina -subvencion. - -Los editores de Barcelona, Montaner y Simon, se apresuraron á ofrecer -los servicios de su amistad; un ilustre prelado partió con él la -limosna de los pobres de su diócesis, y V. mismo, Sr. Velarde, á -la cabeza de la juventud literaria de Madrid, inició _algo_ que le -agradece en el alma y que no olvidará jamás el viejo poeta desheredado. - -Empieza V. su artículo por un recuerdo de la tarde del 15 de Febrero -de 1837: un lunes le diré á V. de aquel dia lo que nadie sabe: y entre -tanto, conste que cree que seria un loco y un ingrato si se quejara -ni exigiera más de su patria; pero que no teme que España deje morir -sin pan al viejo matador del rey D. Pedro, al loco salvador de D. Juan -Tenorio, su agradecido autor el poeta, - - José ZORRILLA. - - - - -III. - - - _Sr. D. José Velarde_: - -Ofrecí á V., mi cariñoso amigo y generoso encomiador, decirle algo del -15 de Febrero de 1837, y no se me cuece el pan por cumplirle á V. mi -oferta; no sólo para que V. sepa á qué atenerse sobre lo acontecido -en aquel dia y especialmente en aquella tarde, al viejo y asendereado -poeta, á quien V. hoy tánto encomia, sino para disipar la neblina -de cuentos y de pormenores absurdos en que los narradores vulgares, -los chistosos de oficio y los amigos indiscretos ó pretenciosos han -rodeado despues la verdad de lo que en aquel dia sucedió. La gente -meridional, y sobre todo los españoles, tenemos la pretension de ser -todos buenos narradores; y cuando algo se nos cuenta, no lo repetimos -jamás sin añadir cada cual algo de su cosecha: con cuya manía resulta -que el hecho más sencillo, al pasar por unas cuantas bocas, queda tan -desfigurado, que pueden contárselo como nuevo al primero que lo relató, -sin que éste reconozca ya lo relatado por él, en la décima relacion del -hecho, que en vez del suyo, corre de boca en boca. - -Y hay otra circunstancia peor en este modo de narrar, inherente -tambien á nuestro país; y es, que la mayor parte de los que, añadiendo -pormenores á la narracion de los hechos, convierten al fin las más -sencillas verdades en absurdas y fantásticas mentiras, llegan á creerse -estas de buena fé; y pueden jurar que han sido de ellas parte ó -testigos, alucinados por su fantasía meridional, que les hace preferir -á la deseada verdad la fábula más fantástica é inverosímil. - -Hé aquí por qué, mi buen amigo Sr. Velarde, quisiera yo contar á V. -algunas cosas de aquel buen tiempo viejo, que no está aún tan léjos de -nosotros que de él no vivan presenciales testigos, pero á quiénes el -afan de ponderar, ó de darse personal importancia, ha hecho desfigurar -de tal manera las cosas que en él pasaron, que hay quien hoy me cuenta -á mí de mí mismo lo que jamás pasó, ni pudo pasar por mí; y yo callo -y escucho, convencido de lo inútil que seria intentar convencerle de -que yo, y no él, soy quien debe saber la verdad; pero vamos al 15 de -Febrero de 1837. - -Permítame V. que le recuerde á vuela pluma los ensayos por que pasé, -ántes de representar mi papel en la escena del cementerio. - -Metióme mi padre á los nueve años en el Real Seminario de Nobles, -establecido por los jesuitas en el edificio que es hoy, en la calle -del Duque de Alba, cuartel de la Guardia civil, y trasladado en 1828 -al que hoy es hospital militar, en la calle de la Princesa. Tengo -para mí que la idea de los buenos padres de la Compañía de Jesús, -al establecer un colegio tan lujoso y tan privilegiado, para entrar -en el cual era preciso hacer pruebas de nobleza, fué la de tener -más tarde por discípulos á los hijos de todas las familias nobles, -importantes ó influyentes de España; como quiera que fuese, halléme -yo allí condiscípulo de los primeros títulos de Castilla, y recibí -una educacion muy superior á la que hasta entónces solian recibir los -jóvenes de la clase media; mi padre era el primero de mi familia que, -saliendo de nuestro modesto solar de Torquemada, habia por sus estudios -llegado á un honroso puesto en la alta magistratura. - -En aquel colegio comencé yo á tomar la mala costumbre de descuidar lo -principal por cuidarme de lo accesorio: y negligente en los estudios -sérios de la filosofía y las ciencias exactas, me apliqué al dibujo, -á la esgrima y á las bellas letras, leyendo á escondidas á Walter -Scott, á Fenimore Cooper y á Chateaubriand, y cometiendo en fin á los -doce años mi primer delito de escribir versos. Celebráronmelos los -jesuitas y fomentaron mi inclinacion; díme yo á recitarlos, imitando á -los actores á quienes veia en el teatro, cuando alguna vez iba al del -Príncipe, que presidian entónces los alcaldes de casa y corte, cuya -toga vestia mi padre; híceme célebre en los exámenes y actos públicos -del Seminario, y llegué á ser galan en el teatro en que se celebraban -estos, y se ejecutaban unas comedias del teatro antiguo, refundidas -por los jesuitas; en las cuales, atendiendo á la moral, los amantes se -transformaban en hermanos, y con cuyo sistema resultaba un galimatías -de moralidad que hacia sonreir al malicioso Fernando VII y fruncir -el entrecejo á su hermano el infante D. Cárlos, que asistian alguna -vez á nuestras funciones de Navidad. Don Cárlos enviaba á sus hijos á -nuestras aulas y á cumplir con la iglesia en nuestra capilla; á la cual -habia enviado Su Santidad Gregorio XVI su bendicion y los cuerpos de -cera de dos santos jóvenes mártires, degollados en Roma en tiempos de -no recuerdo qué mónstruo imperial, cuyas figuras degolladas me daban á -mí tal miedo, que no pasé jamás de noche por delante de la capilla en -cuyos altares laterales yacian. - -Salió mi padre desterrado de Madrid y Sitios Reales el 1832, y yo -del Seminario el 33. Murió á poco el Rey Don Fernando VII. Sopló la -revolucion; encendióse la guerra civil, envióme mi padre desde su -destierro de Lerma á estudiar leyes á la Universidad de Toledo, donde -siguiendo mi mismo sistema del Seminario, en vez de asistir asíduamente -á la Universidad, me dí á dibujar los peñascos de la Vírgen del Valle, -el castillo de San Servando y los puentes del Tajo; y vagando dia y -noche como encantado por aquellas calles moriscas, aquellas sinagogas y -aquellas mezquitas convertidas en templos, en vez de llenarme la cabeza -de definiciones de Heinecio y de Vinnio, incrusté en mi imaginacion los -góticos rosetones y las preciosas cresterías de la Catedral y de San -Juan de los Reyes, entre las leyendas de la torre de D. Rodrigo, de -los palacios de Galiana y del Cristo de la Vega, á quien debo hoy mi -reputacion de poeta legendario. - -Mi tio, el prebendado á cuya casa me habia enviado mi padre, que -habia creido recibir en ella á un pajecillo que le ayudara á misa -y le acompañara al coro llevándole el paraguas y el breviario, se -escandalizó de que yo leyera á Víctor Hugo; á quien él confundia, -sin que lograra yo sacárselo de la cabeza, con Hugo de San Víctor, -expositor de Sagrada teología, de quien él suponia que los franceses -habrian encontrado algunos versos inéditos; tomó muy á mal mi amistad -con algunos estudiantes de la alta sociedad de Madrid, que como Pedro -Madrazo eran condiscípulos mios de colegio, y concluyó por escribir -á mi padre que yo no era más que un botarate, que más _iba para -pinta-monas_ que para abogado, segun los papelotes que llenaba de -piedras, de torres y de inscripciones ya en posesion de los buhos y -cubiertas de telarañas. - -No pluguieron mucho á mi padre los informes del prebendado toledano; y -al año siguiente me envió á continuar mis estudios á Valladolid, bajo -la inspeccion de un procurador de aquella Chancillería, y la proteccion -del Rector de la Universidad, el ilustrado D. Manuel Tarancon, Obispo -despues de Córdoba y muerto Arzobispo de Sevilla. Hícelo yo allí mucho -peor que en Toledo; y evocando mis recuerdos de niño en la ciudad donde -habia nacido, y encontrándome otra vez á Pedro Madrazo en aquella -Universidad, continué dándome á estudiar piedras, ruinas y tradiciones, -ayudado por los periódicos y publicaciones literarias que recibia de -Madrid Pedro Madrazo; cuya casa era entónces emporio del arte, donde -brillaban ya los cuadros de su hermano Federico, y donde Ochoa tenia la -redaccion de _El Artista_, el primer periódico literario é ilustrado de -España. - -Atraquéme, pues, de Casimire de la Vigne, de Víctor Hugo, de Espronceda -y de Alejandro Dumas, de Chateaubriand y de Juan de Mena, y del -Romancero y de Jorge Manrique, y no pude digerir cuatro páginas del -Heinecio, ni de las Pandectas: en vista de lo cual, el procurador á -quien por él estaba encargado, escribió á mi padre punto más de lo -escrito por el prebendado: esto es, que yo no era más que un holgazan -vagabundo, que me andaba por los cementerios á media noche como un -vampiro, que me dejaba crecer el pelo como un cosaco, y que era, en -fin, amigo de los hijos de los que no lo habian sido nunca de mi -padre, como Miguel de los Santos Alvarez. Parece que su padre y el mio, -ambos abogados relatores en otro tiempo de la Chancillería, realista -mi padre y liberal el de Alvarez, no se habian mirado nunca de buen -ojo. Los hijos, inconscientes y ajenos de las divisiones de los padres, -nos amamos de mozos, y aún somos amigos en la vejez: cuestion de los -tiempos y de los caractéres. - -Enojóse mi padre, y con razon, con las noticias del bilioso procurador; -gané yo curso por favor del Sr. Tarancon, y díjome mi padre, al -enviarme por tercera vez á la Universidad de Valladolid: «tú tienes -traza de ser un tonto toda tu vida, y si no te gradúas este año de -bachiller á cláustro pleno, te pongo unas polainas y te envio á cavar -tus viñas de Torquemada.» Era mi padre muy hombre para hacer tal con -su hijo; pero ya era yo hombre perdido para los estudios sérios: -odiaba á Justiniano y se me daba una higa de todos los doctores _in -utroque_ de todas las Universidades de España: adoraba en sueños -á García Gutierrez, á Hartzenbusch y á Espronceda; y ver una obra -mia impresa, y apretar la mano de amigo á estos ilustres poetas, me -parecia destino de más prez que el de llegar á ser un Floridablanca; -_el demonio_ de la poesía estaba ya posesionado de todo mi sér; y -con disgusto de Tarancon y estupefaccion del procurador, anuncié -redondamente que así me graduaria yo á cláustro pleno aquel año, como -que volaran bueyes. Metiéronme, pues, en una galera, que iba para -Lerma, á cargo del mayoral: pensé yo en el camino que mi vida en mi -casa no iba á serme muy agradable; y sin pensar ¡insensato! en la -amargura y desesperacion en que iba á sumir á mi desterrada familia, en -un descuido del conductor, eché á lomos de una yegua, que no era mia y -que por aquellos campos pastaba, y me volví á Valladolid por el valle -de Esgueba, que era otro camino del que la galera habia traido. - -Sirvióme mucho la equitacion que en el colegio me enseñaron, porque -la yegua era reacia y antojadiza; mas no me convenia en modo alguno -dejarla volverse á la querencia de su establo, y entré sobre ella en -Valladolid al anochecer, donde la vendí: y acomodándome en otra galera -que para Madrid al amanecer salia, me desembanasté á los tres dias en -la calle de Alcalá, y me perdí á la ventura por las de esta coronada -villa, huyendo de mis santos deberes y en pos de mis locas esperanzas, -ahogando la voz de mi conciencia, y escuchando y siguiendo la de mi -desatinada locura. - -Mi familia, no creyéndome capaz de la resolucion de abandonar para -siempre mi casa paterna, me buscó por las de mis parientes de las -provincias de Búrgos y de Palencia, donde suponia que me habria -guarecido; y habiendo yo hecho mi fuga dándome por hijo de un artista -italiano, gracias á mis principios de dibujo y á la lengua italiana que -me era familiar, tardó mucho en dar con mi rastro. Presentéme yo á mis -amigos y condiscípulos de Madrid; pero pronto tuve que esquivarme de -los duques de Villahermosa y de los Madrazo, que recibieron cartas de -mi padre, y que en vista de mi tenaz resistencia á volver á mi hogar, -no creyeron prudente insistir con quien tan obstinadamente rechazaba -sus amistosas amonestaciones. - -Entónces.... ¡ay de mí! busqué y contraje otras amistades; unas de las -que no quiero volver á acordarme, otras de las que jamás me olvidaré; -como la de Manuel Assas, con quien gané algunos pocos reales enviando -mis dibujos de la torre de Fuensaldaña y otros, con artículos -arqueológicos escritos por Assas en francés, al _Museo de las familias_ -de París, y la de Jacinto Salas y Quiroga: poeta ya casi olvidado, que -contó con mi pluma en donde quiera que llegó á meter los puntos de la -suya. Entónces prediqué en las mesas del café Nuevo una política de -locos, que hizo reir sin hacer afortunadamente prosélitos; y entónces -escribí en un periódico que solo duró dos meses, al cabo de los cuales -dió la policía tras de sus redactores, con el objeto de encargarles de -hacer un viaje á Filipinas por cuenta del ministerio de la Gobernacion. -Ví yo la justicia, por el balcon, entrar por la puerta principal que -bajo él estaba; y montando en la baranda de otro que se abria sobre un -patio de una vecina casa, por la parte posterior de la de la redaccion, -caí diestra y silenciosamente á cuatro piés sobre sus enyerbadas -losas; emboqué un callejon oscuro que ante mí se abria, y justificando -mi apellido, me escurrí por él hasta la calle opuesta de la manzana; -enfilé tranquilamente la de Peregrinos, subí la de Postas, mirando -atentamente las tiendas como si tuviera letras que cobrar en alguna de -ellas; y de recodo en recodo, y de callejon en pasadizo, dí conmigo en -la de la Esgrima, y en ella de manos á boca con un gitano á quien habia -salvado de ser fusilado dos años hacia en la tierra de Aranda. Víle y -conocióme; preguntóme y respondíle; comprendióme á media palabra, y -llevándome á un cuarto del núm. 30 y... tantos, trenzóme la melena, -coloróme el semblante, y endosándome unas calzoneras y una chaqueta -de pana, con un sombrero con más falda que una dolorosa de procesion, -y una faja más ancha que la del Zodíaco, me sacó entre los de su -cuadrilla por la puerta y puente de Toledo; sirviéndome de infalible -seña gitanesca mi trenzada melena, que, riza y suelta, servia de seña -personal á los que me buscaban, de parte de mi familia, para volverme -á mi casa, y de órden del gobernador de las tres ppp, D. Pio Pita -Pizarro, á los que pretendian enviarme á saber lo que en Filipinas -ocurria. Pasó una revolucion á los pocos dias con la desastrosa -muerte del general Quesada en Hortaleza; pasó... lo que pasa en las -revoluciones, un juicio final en cuarenta y ocho horas; y al cabo de -diez dias torné yo á pasar destrenzado y desteñido por la Puerta de -Toledo, y volví á vivir á salto de mata, y á dormir en casa de un -cestero, que de portero habíamos tenido en la redaccion de marras... y -así me cogió en Madrid el dia 12 de febrero de 1837, anterior con tres -al del entierro de Larra, cuyos pormenores quedarán para una siguiente -carta, á la cual sirve de preliminar esta de su afectísimo y agradecido -amigo. - - - - -IV. - - -Comienzo á apercibirme, mi buen amigo Sr. Velarde, de que es más -difícil de lo que creí la tarea que me he impuesto ahora, y de que -hemos andado poco acertados en dar publicidad á estas mis cartas. -Agloméranse en mi memoria, segun las voy escribiendo, tántos -pormenores, imposibles de suprimir si he de hacerme comprender; -pasábanme tántas y táles cosas, y pasaba yo por tales y tan estrechos -pasos y pasadizos en los dias de la muerte y del entierro de Larra, -que me temo que ni la benevolencia del director y de la redaccion de -_El Imparcial_ para conmigo, ni la paciencia de sus lectores quieran -pasarme el importuno relato de tan íntimos y personales recuerdos. -Mas como quiera que ya es tarde para volverme atrás, voy á pasar á la -carrera por sobre todos estos tan resbaladizos pasos; é imponiéndome -esta tarea como una penitencia pública, seré claro y sincero en mi -narracion, para que mi claridad y sinceridad prueben á lo ménos lealtad -y modestia: probando que en la altura á que me ha elevado el favor -público, no he perdido nunca de vista ni la nada en que yo nací, ni el -polvo de que aquel me levantó. - -Sigo, pues, adelante con mis recuerdos. - -Habíase venido á Madrid, siguiendo mi mal ejemplo, mi grande amigo -Miguel de los Santos Alvarez, en cuya casa pasé la noche que en -Valladolid me detuve en mi fuga de la mia paterna, y único confidente -de los secretos de mi corazon. Llevaba yo en éste dos afanes y dos -esperanzas, que en un solo afan y en una esperanza sola se confundian: -mi primer amor á una mujer, y la esperanza de conseguirla, y el amor -á mi padre y la esperanza de sepultar su enojo bajo una montaña de -laureles. Soñaba yo con una fama y una gloria táles, que obligaran -á aquella mujer y á mi padre á tenderme sus brazos á un tiempo, -asombrados y deslumbrados por el resplandor de mi nombradía. ¿Quién no -delira á los diez y nueve años? - -Alvarez estaba en Madrid con consentimiento de su familia hacia muy -pocos dias, y yo pasaba las noches en la bohardilla de mi pobre -cestero, las mañanas en el hospedaje de Alvarez, el centro de los dias -en la Biblioteca Nacional, y las tardes y primeras horas de la noche -vagando con Alvarez por las calles de la corte, como golondrinas nuevas -que buscan por vez primera sitio en que colgar su nido en una tierra -desconocida. - -Y aconteció que entre las personas con quienes un dia tropezamos en -la Biblioteca, acertó á ser una la de un italiano al servicio del -infante D. Sebastian, llamado Joaquin Massard, quien con un su hermano -Federico andaba bien admitido por las tertulias y reuniones, que -con su canto y alegre carácter amenizaban: el Joaquin y el Federico -poseian dos deliciosas voces, de tenor el uno y de barítono el otro. -Abordónos Joaquin Massard, que por Pedro Madrazo nos conocia, y nos dió -de repente la noticia de que Larra se habia suicidado al anochecer -del dia anterior. Dejónos estupefactos semejante noticia, y asombróle -á él que ignorásemos lo que todo Madrid sabia, é invitónos á ir con -él á ver el cadáver de Larra depositado en la bóveda de Santiago. -Aceptamos y fuimos. Massard conocia á todo el mundo y tenia entrada en -todas partes. Bajamos á la bóveda, contemplamos al muerto, á quien yo -veia por primera vez, á todo nuestro despacio, admirándonos la casi -imperceptible huella que habia dejado junto á su oreja derecha la bala -que le dió muerte; cortóle Alvarez un mechon de cabellos y volvímonos á -la Biblioteca, bajo la impresion indefinible que dejaban en nosotros la -vista de tal cadáver y el relato de tal suceso. - -Aquí tengo que advertir á V., mi querido Velarde, que no volvíamos -á la Biblioteca por nuestro afan de estudiar, sinó porque siendo el -hospedaje de Alvarez y la bohardilla de mi cestero estancias muy poco -agradables para pasar el dia, y estando la Biblioteca muy bien esterada -y caldeada, pasábamos en ella todas las horas que estaba abierta, como -hidalgos poco acomodados, en el abrigado alcázar de un opulento amigo -que generosamente á los suyos lo franqueara. - -A nuestra vuelta halléme allí con un condiscípulo del colegio, quien -enterado de mi posicion, me dió una carta para su hermano D. Antonio -María Segovia, propietario y director de _El Mundo_; uno de los -periódicos mejor escritos que en Madrid se han publicado, rebosando de -ingenio y de oportunísima vis cómica. En aquella carta pedia para mí -á su hermano, mi condiscípulo, la plaza de un empleado que acababa de -despedirse, diciéndole quién yo era, la educacion que habia recibido, y -lo útil que yo podia ser, atendida la módica retribucion del empleo que -para mí solicitaba. Mi ambicion era llegar á ser periodista, llegar -á firmar el folletin de un periódico que llegase á manos de mi padre: -tomé, pues, la carta de mi condiscípulo, y metiéndola en la cartera del -capitan Antonio Madera (otro condiscípulo nuestro), la cual no sé ya -por qué llevaba yo en el bolsillo, creí meter en ella mi fortuna. - -Joaquin Massard, que en todo pensaba y de todo sacaba partido, me dijo -al salir: - ---Sé por Pedro Madrazo que V. hace versos. - ---Sí, señor, le respondí. - ---¿Querria V. hacer unos á Larra? repuso entablando su cuestion sin -rodeos; y viéndome vacilar, añadió: «yo los haria insertar en un -periódico, y tal vez pudieran valer algo.» Ocurrióme á mí lo poco que -me valdrian con mi padre, desterrado y realista, unos versos hechos á -un hombre tan de progreso y de tal manera muerto; y dije á Massard que -yo haria los versos, pero que él los firmaria. Avínose él, y convíneme -yo; prometíselos para la mañana siguiente á las doce en la Biblioteca; -y despidiéndonos á sus puertas, echó Massard hácia la plazuela del -Cordon donde moraba, y Alvarez y yo por la cuesta de Santo Domingo á -vagar como de costumbre. Pensé yo al anochecer en los prometidos versos -y fuíme temprano al zaquizamí, donde mi cestero me albergaba con su -mujer y dos chicos, que eran tres harpías de tres distintas edades. -No me acuerdo si cenamos: pero despues de acostados, metíme yo en mi -mechinal, con una vela que á propósito habia comprado. - -En aquella casa no se sabia lo que era papel, pluma ni tinta; pero -habia mimbres puestos en tinte azul, y tenia yo en mi bolsillo la -cartera del capitan con su libro de memorias. Hice un kalam de un -mimbre como lo hacen los árabes de un carrizo y tomando por tinta el -tinte azul en que los mimbres se teñian..... - -Hé aquí, Sr. Velarde, cómo se hicieron aquellos versos, cuya copia -trasladé á un papel en casa de Miguel Alvarez á la mañana siguiente, y -partí á entregar mi carta al director de _El Mundo_. - -Salió á recibirme á una antecámara: presentéle la carta, y miéntras -la leia, penetraron mis ojos indiscretos en el aposento inmediato, -cuya puerta habia dejado él abierta. Parecióme á mí la de un paraiso: -una mujer pequeña y fina, esbelta y ondulosa como una garza, con una -cabellera como los arcángeles de Guido Reni y con dos ojos límpidos y -serenos como los de las gacelas, esperaba reclinada en un mueble á que -su marido concluyera con el importuno que habia venido á separarle de -ella. Cuando aquel me dijo, con los más atentos modales, que sentia -no necesitarme porque acababa de dar á otro la plaza que su hermano -le pedia, me marché cabizbajo y cariacontecido, pero convencido -perfectamente de que un hombre que tenia aquella mujer no debia -necesitar de mí ni de nadie, y dí conmigo en la Biblioteca. No estaba -ya en ella Joaquin Massard, pero me habia dejado una tarjeta, en la que -me decia: «¿Puede V. traerme los versos á casa, á las tres? Comerá V. -con nosotros.» - -A los tres cuartos para las tres eché hácia la plaza del Cordon; los -Massard habian comido á las dos: la hora del entierro, que era la de -las cinco, se habia adelantado á la de las cuatro. Los Massard me -dieron café; Joaquin recogió mis versos y salimos para Santiago. La -iglesia estaba llena de gente; hallábanse en ella todos los escritores -de Madrid, ménos Espronceda que estaba enfermo. Massard me presentó -á García Gutierrez, que me dió la mano y me recibió como se recibe -en tales casos á los desconocidos. Yo me quedé con su mano entre las -mias, embelesado ante el autor de _El Trovador_, y creo que iba á -arrodillarme para adorarle, miéntras él miraba con asombro mi larga -melena y el más largo leviton, en que llevaba yo enfundada mi pálida y -exígua personalidad. - -El repentino y general movimiento de la gente nos separó, avanzó el -féretro hácia la puerta; ordenóse la comitiva; ingirióme Joaquin -Massard en la fila derecha, y en dos larguísimas de innumerables -enlutados nos dirigimos por la calle Mayor y la de la Montera al -cementerio de la Puerta de Fuencarral. - -Mohino y desalentado caminaba yo, poniendo entre los dias nefastos -aquel aciago en que me habian negado una plaza en _El Mundo_, habia -llegado tarde á la mesa, y en que iba, por fin, ayuno, á enterrar -á un hombre, cuyo talento reconocia, pero que no entraba en la -trinidad que yo adoraba, y que componian Espronceda, García Gutierrez -y Hartzembusch. Parecíame que con aquel muerto iba á enterrarse mi -esperanza, y que nunca iba yo á tener un papel en que enviar impresos -mis delirios á la mujer á quien habia pedido un año de plazo para -pasar de crisálida á mariposa, ni mis versos laureados al padre á -quien con ellos habia esperado glorificar. Así, el más triste de los -que íbamos en aquel entierro, marchaba yo en él, envuelto en un _sur -tout_ de Jacinto Salas, llevando bajo él un pantalon de Fernando de la -Vera, un chaleco de abrigo de su primo Pepe Mateos, una gran corbata -de un fachendoso primo mio, y un sombrero y unas botas de no recuerdo -quiénes; llevando únicamente propios conmigo mis negros pensamientos, -mis negras pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera. - -Llevaba yo, y venianme, sin embargo, todas aquellas ajenas prendas -como si para mí hubieran sido hechas; y traidas, pero no maltratadas, -no revelaban que su portador salia con ellas bien cepilladas del alto -zaquizamí de mi hospitalario cestero. - -Llegamos al cementerio: pusieron en tierra el féretro y á la vista el -cadáver; y como se trataba del primer suicida, á quien la revolucion -abria las puertas del campo santo, tratábase de dar á la ceremonia -fúnebre la mayor pompa mundana que fuera capaz de prestarla el elemento -láico, como primera protesta contra las viejas preocupaciones que venia -á desenrocar la revolucion. D. Mariano Roca de Togores, que aún no era -el marqués de Molins, y que ya figuraba entre la juventud ilustrada, -levantó el primero la voz en pró del narrador ameno del Doncel de D. -Enrique, del dramático creador del enamorado Macías, del hablista -correcto, del inexorable crítico y del desventurado amador. El concurso -inmenso que llenaba el cementerio quedó profundamente conmovido con -las palabras del Sr. Roca de Togores, y dejó aquel funeral escenario -ante un público preparado para la escena imprevista que iba en él -á representarse. Tengo una idea confusa de que hablaron, leyeron y -dijeron versos algunos otros: confundo en este recuerdo al conde de -las Navas, á Pepe Diaz..... no sé..... pero era cuestion de prolongar -y dar importancia al acto, que no fué breve. Ibase ya, por fin, á -cerrar la caja, para dar tierra al cadáver, cuando Joaquin Massard, que -siempre estaba en todo y no era hombre de perder jamás una ocasion, no -atreviéndose, sin embargo, á leer mis escritos con su acento italiano, -metióse entre los que presidian la ceremonia, advirtióles de que aún -habia otros versos que leer, y como me habia llevado por delante, -hízome audazmente llegar hasta la primera fila, púsome entre las manos -la desde entónces famosa cartera del capitan, y halléme yo repentina á -inconscientemente á la vera del muerto, y cara á cara con los vivos. - -El silencio era absoluto: el público, el más á propósito y el mejor -preparado; la escena solemne y la ocasion sin par. Tenia yo entónces -una voz juvenil, fresca y argentinamente timbrada, y una manera nunca -oida de recitar, y rompí á leer..... pero segun iba leyendo aquellos -mis tan mal hilvanados versos, iba leyendo en los semblantes de los -que absortos me rodeaban, el asombro que mi aparicion y mi voz les -causaba. Imaginéme que Dios me deparaba aquel extraño escenario, aquel -auditorio tan unísono con mi palabra, y aquella ocasion tan propicia y -excepcional, para que ántes del año realizase yo mis dos irrealizables -delirios: creí ya imposible que mi padre y mi amada no oyesen la voz de -mi fama, cuyas alas veia yo levantarse desde aquel cementerio, y ví el -porvenir luminoso y el cielo abierto..... y se me embargó la voz y se -arrasaron mis ojos en lágrimas..... y Roca de Togores, junto á quien me -hallaba, concluyó de leer mis versos; y miéntras él leia..... ¡ay de -mí! perdónenme el muerto y los vivos que de aquel auditorio queden, yo -ya no los veia; miéntras mi pañuelo cubria mis ojos, mi espíritu habia -ido á llamar á las puertas de una casa de Lerma, donde ya no estaban -mis perseguidos padres, y á los cristales de la ventana de una blanca -alquería escondida entre verdes olmos, en donde ya no estaba tampoco la -que ya me habia vendido. - -¡Feliz aquel cuyo primer amor se malogra! ¡Desventurado aquel cuyo -primer delito es una rebelion contra la autoridad paterna! Al primero -le abre Dios el paraiso terrenal: del segundo no deja que repose la -conciencia. - -Cuando volviendo de aquel éxtasis, aparté el pañuelo de mis ojos, -el polvo de Larra habia ya entrado en el seno de la madre tierra: y -la multitud de amigos y conocidos que me abrazaban no tuvieron gran -dificultad en explicar quién era el hijo de un magistrado tan conocido -en Madrid como mi padre. - -Pero, ¿sabe V., mi buen Velarde, quién era entónces, lo que valia y -cómo y por quién llegó á ser famoso su agradecido amigo? - - - - -V. - - -La importuna pregunta con que concluí mi artículo-carta del lunes 20 de -Octubre, me obliga á dirigirle á usted esta, mi estimado Sr. Velarde. - -Tal vez enoja á V. ya, mi querido poeta, el verse tomado en pluma, que -no puede aquí, á mi ver, decirse en boca, por un viejo impertinente -que se empeña en contarle sus necedades de muchacho; pero disimule -usted tal impertinencia, porque tiene sólo por móvil mi gratitud á V. -por su artículo del lunes 29 de Setiembre, con el cual motivó V. la -publicacion de estas mis cartas. Usted pertenece al porvenir, y mira -naturalmente hácia adelante; al mirar yo hácia atrás, porque pertenezco -al tiempo viejo, al relatar á V. lo que en él fuí, tenga V. presente -que no pretendo servirle á V. de ejemplo, sino de escarmiento; puesto -que viviendo yo hoy persuadido de que el porvenir le guarda á V. un muy -elevado lugar en la república de las letras, quisiera yo por la mucha -estima en que le tengo, que las suyas le dieran tanta fama como á mí -las mias, pero que le fueran de más utilidad y provecho. Por eso no más -voy á decir á V. lo más sucintamente posible quién era, lo que valia -y cómo y por quién llegué yo á ser tan famoso en aquel viejo tiempo, -cuyos recuerdos me complazco ahora en evocar, no quiera Dios que con -hastío ó impaciencia de V. y de los suscritores de _El Imparcial_. - -No teman estos, y sea esto advertido de paso, que llene yo sus columnas -con los insignificantes y poco trascendentales sucesos de mi vida. -A mí, que no he ocupado jamás ningun cargo público, que no he sido -ni embajador, ni ministro, ni siquiera individuo de corporacion ni -academia alguna, jamás me ha sucedido nada que sea digno de ser sabido, -ni ménos contado: ni me acosa tampoco vanidad tal ni tal comezon de -bombo, que intente no dejar pasar un lunes sin hablar de mí mismo, -para que no me olviden mis contemporáneos, ni se den los venideros de -calabazadas por mis estupendas fechorías. Para que mis contemporáneos -no me olviden, basta ese bravucon inocente y desvergonzado perdonavidas -llamado _D. Juan Tenorio_, que está encargado contra mi voluntad y por -la del pueblo español, de no dejarme olvidar en España; y con decir de -este drama mio y del _Zapatero y el Rey_ cómo y por qué fueron escritos -y cómo y por quién fueron y son hoy representados, pienso dar fin á -estos mis recuerdos del tiempo viejo; y siquiera sea con pesadumbre de -algunos, y desengaño de muchos, será tambien con honrado cumplimiento -del deber mio y descargo de mi conciencia. - -Continúo, pues, mi relato, tomándolo en el mismo cementerio de -Fuencarral, donde lo dejé. - -Rompiendo por entre los amigos que me abrazaban, los entusiastas que -me felicitaban y los curiosos que absortos me contemplaban, enfundado -en mi gran _surtout_ de Jacinto Salas y circundado por mi flotante -melena, un mancebo pálido y aguileño, de resueltos modales y de -atrevida y casi insolente mirada, me asió cariñosamente de las manos, -diciéndome: «Tenga V. la bondad de venirse conmigo, para presentarle -á dos personas que desean conocerle.» Seguíle, y sacándome de aquella -confusion, me hizo subir á una cómoda y elegante carretela, cuyos dos -asientos, uno del fondo y otro de adelante, estaban ocupados por dos -individuos del sexo feo, cuya fisonomía no podia yo ver ya bien, porque -ya era casi de noche. Saludáronme y correspondiles; colocáronme en -el asiento de honor; colocóse mi presentador en frente de mí; cerró -el lacayo la portezuela, y á la voz del de mi izquierda, que dijo: -«Calle de la Reina,» salieron á un resueltísimo trote las dos poderosas -yeguas que nos arrastraban: y, como dicen los mejicanos, «de las vidas -arrastradas, la mejor es la del coche,» y aquella carretela inglesa -estaba maestramente montada sobre sus muelles. Hablábanme dos, de los -tres con quienes en ella iba, y contestábales yo, sin recordar ya de lo -que hablamos, y sin saber entónces con quiénes, en la semi-oscuridad -crepuscular. - -La direccion dada á la calle de la Reina era á la fonda de Genyes, que -era entónces lo que hoy Fornos y Lhardy; de donde yo deduje que mis -nuevos amigos moraban ó comian en ella habitualmente, puesto que el -nombre de la calle habia bastado al cochero para sentar en firme sus -yeguas á la puerta de la fonda. En un gabinete estaba preparada una -mesa con tres cubiertos; añadieron el cuarto para mí; desembarazáronse -ellos de sus abrigos exteriores, quedándome yo con el mio por razones -que no son del caso; sentámonos á la mesa y presentóme mi presentador á -mis comensales. El de mi derecha era Buchental, llegado á Madrid hacia -pocos meses; nuestro anfitrion era un rubio como de cuarenta años, -de amenísima conversacion, con la cual demostraba que habia viajado -mucho, de cuyo nombre no me he podido volver á acordar, á quien no he -vuelto á ver más, y por quien no tuve despues ocasion de preguntar á -mi resuelto y aguileño presentador: que era ni más ni ménos que Luis -Gonzalez Brabo, ántes de ser diputado, embajador y ministro. Desde -aquella tarde fué para mí Luis, como yo para él fuí Pepe; la suya fué -la primera mano en que me apoyé para poner mi pié derecho en el primer -escalon del efímero alcázar de mi fama: y desde entónces no he tenido -un más bravo amigo que Gonzalez Brabo. No era por entónces más que -_tijera_ en no recuerdo qué periódico; pero segun fué ascendiendo por -la escala de la fortuna, se volvió á mí desde cada peldaño que subia, -á tenderme aquella misma mano con que me sacó del cementerio; pero -mi objetivo, como hoy se dice, no era la política, y con tanta pena -suya como desden mio, le dejé subir solo. Ignoro lo que fué Luis Brabo -social ó políticamente considerado, porque he vivido veinte años fuera -de España y once en América, sin correspondencia con Europa; cuando -volví á Madrid en 1866 era presidente del Consejo de ministros y decian -que tenia la nacion en sus manos; pero para mí fué el mismo Luis Brabo, -que me la tendió como en 1837; el primer amigo del poeta Zorrilla. - -Aquí dirá V., mi querido poeta Velarde: ¿cómo el primero? ¿Pues y -los Villa-Hermosa y los Madrazo, y Assas y Miguel Alvarez y Fernando -de la Vera, sus condiscípulos de Universidad y del Seminario? ¿Y -Joaquin Massard y Roca de Togores cuyas manos tomaron de las de V. -los versos que le abrieron las puertas de la sociedad y le dieron la -nombradía?--Los Villa-Hermosa, los Madrazo, Alvarez y de la Vera, eran -los amigos de mi niñez: los del estudiante y del condiscípulo; los -amigos cariñosos, casi los hermanos, del mancebo que iba á ser hombre; -la casualidad llevó á Massard á la biblioteca y me puso al lado de Roca -de Togores en el cementerio: pero Luis Brabo buscó el primero al poeta -y no abandonó jamás al amigo. La primera obligacion del narrador es -ser verídico: la del hombre bien nacido la de ser justo: la del hombre -noble ser agradecido. Desde la fonda me llevó Luis Brabo, orgulloso -de llevarme, al café del Príncipe, donde hallé á Breton, á Ventura, á -Gil y Zárate, á García Gutierrez, que me reconoció y con quien trabé -pronto amistad; al buen Hartzenbusch, á quien quise desde aquella noche -como á un hermano mayor, y que fué parte y testigo de sucesos íntimos -y posteriores de mi vida, y en fin, á la mayor parte de los que por -entónces figuraban en las letras y en las artes. - -No sé quién me llevó á las diez á casa de Donoso Cortés, que aún no -era el marqués de Valdegamas: allí encontré á Nicomedes Pastor Diaz y -á D. Joaquin Francisco Pacheco, quienes con el conocido jurisconsulto -Perez Hernandez, estaban tratando de publicar su periódico _El -Porvenir_.--Preguntáronme mil cosas: examináronme, sin que de ello -me apercibiera, de lo que habia aprendido en el colegio; indagaron -lo que habia leido, lo que me habia propuesto. Yo era un chico, no -cumplí veinte años hasta cuatro dias despues del de la muerte de Larra: -estaba animado por el éxito de aquella tarde y por los plácemes y -aplausos que acababa de recibir en el café del Príncipe; recitéles mi -destartalada composicion «A Venecia», el romancillo de unos Gomeles -que corrian por la vega de Granada, y unas redondillas á una dueña de -negra toca y mongil morado, que sea dicho de paso y con perdon de mis -admiradores, pero en Dios y en mi ánima creo que no sabia yo entónces -lo que era mongil, segun el color morado episcopal de que le teñí. -Donoso y sus amigos debieron apercibirse de mi poco saber; pero se -fascinaron con las circunstancias fantásticas de mi aparicion, y con -la excentricidad de mi nuevo género de poesía y de mi nueva manera -de leer, y me ofrecieron el folletin de _El Porvenir_ con 600 reales -mensuales; único sueldo que en este periódico se debia de pagar, -porque iban á escribirle sin interés de lucro, en pró de su política -comunion.--Diéronme á traducir para el periódico uno de los infantiles -cuentos de Hoffmann, y á las doce me llevó Pastor Diaz consigo á su -casa.--Pastor Diaz, cuya alma de niño simpatizó con la ignara candidez -de la mia, me entretuvo hasta muy avanzada hora, desde la cual hasta la -de su muerte, me tuvo el más fraternal cariño. - -No era ya aquella la de volver á recogerme á la bohardilla del cestero, -y... á pesar del frio, vagué por las calles hasta el nuevo dia, -abrigado interiormente con el champagne y el café de mi generoso y -desconocido anfitrion, y exteriormente sostenido con la esperanza y las -ilusiones de mis aún no cumplidos veinte años. - -No recuerdo ya donde me amaneció; pero á las ocho estaba ya á la -cabecera de la cama de Alvarez, contándole mis venturas del dia -anterior; de las cuales nada sabia, no habiéndole yo podido buscar -desde que hacia veinte horas me habia separado de él, para ir á llevar -mi carta á _El Mundo_ y mis versos á Massard.--Asombróle primero -lo sucedido; alegróle despues; lloramos, reimos, ayudéle á vestir, -y saltamos y cantamos al rededor del chocolate como los indios de -Fenimore Cooper al rededor del postre de la guerra; la patrona creyó -que nos habia caido la lotería. - -Como si tal nos hubiera acontecido, nos echamos á la calle y comenzamos -á dar fin á los pocos duros que le quedaban á Alvarez; declarámonos los -dos modernos Pílades y Orestes; presentéle yo á cuantos me presentaron; -presentóme él á la que despues fué mi mujer, y cuando llegaron á -nuestras manos mis primeros treinta duros de «El Porvenir», de Donoso, -nos creimos dueños del Universo. - - - - -VI. - - -Como el relato de las muchachadas de ambos no entra por nada en la -explicacion de mis preguntas finales en el artículo del lunes último, -voy adelante con mis desatinos personales. Escribí muchos en _El -Porvenir_: á Cervantes y á Calderon, cuantos pudieron ocurrírseme, y -á la luna de enero, donde dije que el cielo era ojo de la eternidad y -la luna su pupila; escribí, en fin, los suficientes para impacientar á -cuantos tenian sentido comun y estudios, y gusto en las bellas letras; -pero Nicomedes y Donoso seguian sosteniéndome y animándome, y yo seguí -asombrando al público con la multitud de mis poéticos engendros. - -Una noche me encontré al volver á mi casa de pupilaje, una carta -de D. José García Villalta que decia: «Muy señor mio: he tomado la -direccion de _El Español_, periódico cuyas columnas surtía Larra con -sus artículos: pues la muerte se llevó al crítico dejándonos al poeta, -entiendo que éste debe de suceder á aquel en la redaccion de _El -Español_. Sírvase V., pues, pasar por esta su casa, calle de la Reina, -esquina á la de las Torres, para acordar las bases de un contrato. -Suyo, afectísimo, _J. G. de Villalta_.» - -Era este el autor de _El golpe en vago_, la novela mejor escrita de -las de la coleccion primera del editor Delgado. Teníale yo en mucho -desde que la habia leido, y las relaciones entabladas con el hombre -acrecentaron mi respeto y mi estimacion hácia el escritor. Villalta -era un hombre de mucho mundo y de un profundo conocimiento del corazon -humano: de una constitucion vigorosa, con una cabeza perfectamente -colocada sobre sus hombros; de una fisonomía atractiva y simpática, -con una boca fresca, cuya sonrisa dejaba ver la dentadura más igual -y limpia del mundo. Su cabellera escasa era rubia y rizada, y no he -podido nunca esplicarme el por qué su busto abultado de contornos me -recordaba el olímpico busto de Neron, pero del Neron poeta y gladiador -en su viaje á Grecia: el Neron que ponia fuego á dos viejos barrios -de Roma para obligar al municipio republicano á construir otro nuevo, -tan suntuoso como la mansion palatina que él junto á lo incendiado -habitaba. Yo tengo á Neron por un emperador muy calumniado; y desde -que he vivido en Roma, estoy convencido de que hizo bien en quemar lo -que quemó, para que se construyera lo que se construyó; y á este Neron -que yo me figuro, es el Neron á quien me figuraba yo que se parecia -Villalta. - -El hecho es que Villalta era todo un hombre: sóbrio y diligente, pero -gracioso y amabilísimo; como andaluz de la buena raza, su trato era -fascinador; y en cinco minutos hizo de mí lo que le convino en nuestra -primera entrevista; el cuarto en que esta pasó influyó sin duda en mi -aceptacion. Era una sala grande cuadrada, en cuyas blancas paredes no -tenia Villalta más adornos que dos espadas de combate, dos sables de -academia de armas y un magnífico par de pistolas. Una grandísima mesa -de despacho cargada de papeles estaba entre él y yo, y por una puerta -entreabierta se veia en el inmediato aposento el baño del que acababa -de salir. - -Vió Villalta que no era yo hombre de abandonar á Donoso y á Pastor -Diaz, sin una grave razon, y me dió una carta para ellos, en la que -les decia las proposiciones que me habia hecho y las razones que yo le -daba. _El Porvenir_ tenia apenas suscricion, y _El Español_ la tenia -numerosa. Si me querian bien, debian dejarle dar á mis versos la más -lata publicidad, etc. - -Ofrecíame un sueldo con que no habia yo contado nunca, y que entónces -creo que no sabia contar en moneda efectiva: pagarme aparte las poesías -del número de los domingos, que era una revista de mayor tamaño; la -colaboracion en el folletin con Espronceda convaleciente ya de una -larga enfermedad, y mi presentacion inmediata en su casa por él en -persona. Espronceda era el ídolo de mis creencias literarias. Donoso y -Pastor Diaz me autorizaron abrazándome para abandonarles, y me pasé al -campo de Villalta sin traicion ni villanía. - -Continué en él publicando centenares de versos, entre los cuales habia -algunos chispazos de ingenio que hacian, por efecto de la moda, no -parar mientes en mis infinitos y excéntricos disparates. Es verdad -que contribuian á darlos boga las lecturas que de ellos hacia en -los salones del Liceo, en el palacio de los duques de Villahermosa, -quienes, ausentes de Madrid á la sazon, se los habian cedido á aquella -sociedad literaria y artística. Era el Liceo... Pero ya ha dicho lo -que era en _La Ilustracion_ el ameno _Curioso parlante_ D. Ramon de -Mesonero Romanos; y ante él arría bandera quien en su juventud supo -aprovecharse de su picante y donosa crítica, y hoy se complace en -hallar una ocasion de darle una prueba pública de consideracion y -respeto. Allí, en el Liceo, reñí yo y gané grandes batallas, y cobré -fama de gran lector; allí ayudé á subir á la tribuna y entrar en la -palestra literaria á Rodriguez Rubí, con su precioso romance de la -venta del jaco; allí coroné una noche á Carolina Conrado y presenté una -mañana á Gertrudis Avellaneda; allí... pero lo que sucedió allí lo sabe -todo el mundo, y lo que no sepa se lo dirá mejor que yo el _Curioso -Parlante_. - -Ya se lo ha dicho en _La Ilustracion_ del 22 de Octubre: «de allí -salieron los que allí figuraron despues como ministros, embajadores, -consejeros, senadores, diputados y publicistas, alternando en diversos -bandos y épocas, segun la marcha de los sucesos: y sólo Zorrilla y -el que esto escribe se obstinaron en conservar su independencia y su -nombre exclusivamente literario, sin aspirar á su engrandecimiento por -otros caminos; con la circunstancia en pró de Zorrilla de que á mí -sólo me faltaba la ambicion, y á Zorrilla le faltaban la ambicion y la -fortuna.» Esto dice D. Ramon de Mesonero Romanos, y Dios le bendiga -como yo le agradezco que lo haya dicho. - -Lo que no dice y le voy á decir yo á V., mi querido Velarde, es cómo -éste á quien llama ilustre, corriendo quijotescamente trás de ideales -fantásticos, no era en la vida social ni en la literaria más que un -tonto y un ingrato. - - - - -VII. - - -Lenta y perezosa carrera lleva mi correspondencia epistolar con V., mi -querido poeta, interrumpida dos veces por versos que no pudieron ménos -de ser en su lugar publicados: atañendo ambas á asuntos tan perentorios -y tan de actualidad como es el de las inundaciones y el de mi escaso -beneficio[1]. Concluyo, pues, con las noticias que de mí me propuse -dar á V. y Dios haga que la gente de hoy vea bajo su verdadero punto -de vista, y tome en su sentido verdadero, lo que de mí me resta que -decirle. - - [1] Estas dos composiciones van en el apéndice de esta obra. - -Una tarde me dijo Villalta: «esta noche iremos á casa de Espronceda, -que ya desea ver á V.» Figúrese usted que un creyente hubiera enviado -por escrito su confesion al Papa, y que S. S. le hubiera contestado: -«venga V. esta noche por la absolucion ó la penitencia» esta fué mi -situacion desde las cuatro de la tarde, hora en que Villalta me anunció -tal visita, hasta las nueve de la noche, hora en que se verificó. Yo -creia, yo idolatraba en Espronceda. Si aquel oráculo divino á quien yo -iba á consultar desaprobaba mis versos, si aquel ídolo á cuyos piés -iba yo á postrarme desdeñaba mi homenaje, no tenia más remedio que irme -á buscar á mi padre á la corte de Oñate, y suplicarle contrito que me -matriculase en la Universidad de Vergara. - -Villalta leyó sonriendo en mi fisonomía lo que pasaba en mi interior, -y me condujo en silencio á la calle de San Miguel, núm. 4. Espronceda -estaba ya convaleciente, pero aún tenia que acostarse al anochecer. -Introdújome Villalta en su alcoba, y diciendo sencillamente «aquí tiene -V. á Zorrilla», me empujó paternalmente hácia el lecho en que estaba -incorporado Espronceda. Yo, no encontrando una palabra que decir, sentí -brotar las lágrimas de mis ojos, los brazos de Espronceda en mi cuello, -sus labios en mi frente, y su voz que decia á Villalta, «es un niño». - -Hubo un minuto de silencio, del cual no he sabido nunca hacer un poema: -Villalta se despidió y nos dejó solos; de la conversacion que siguió... -no me acuerdo ya: al cabo de media hora nos tuteábamos Espronceda y -yo, como si hiciera veinte años que nos conociéramos; pero la luz que -estaba en el gabinete no iluminaba la alcoba, en cuya penumbra no habia -yo todavía visto á Espronceda; «no te veo», le dije; «pues trae la -luz», me respondió; y trayendo yo la bujía, le contemplé por primera -vez, como á la primera querida que me hubiera dado un beso á oscuras. - -La cabeza de Espronceda rebosaba carácter y originalidad. Su cara, -pálida por la enfermedad, estaba coronada por una cabellera negra, -riza y sedosa, dividida por una raya casi en el medio de la cabeza -y ahuecada por ambos lados sobre dos orejas pequeñas y finas, cuyos -lóbulos inferiores asomaban entre los rizos. Sus cejas negras, finas -y rectas, doselaban sus ojos límpidos é inquietos, resguardados como -los del leon por riquísimas pestañas: el perfil de su nariz no era muy -correcto, y su boca desdeñosa, cuyo labio inferior era algo aborbonado, -estaba medio oculta en un fino bigote y una perilla unida á la barba, -que se rizaba por ambos lados de la mandíbula inferior. Su frente -era espaciosa y sin más rayas que la que de arriba abajo marcaba el -fruncimiento de las cejas; su mirada era franca, y su risa pronta y -frecuente, no rompia jamás en descompuesta carcajada. Su cuello era -vigoroso y sus manos finas, nerviosas y bien cuidadas. A mí me pareció -una encarnacion de Píndaro en Atinoo: de tal modo me fascinó su belleza -varonil, su conversacion animada y la alta inspiracion de su poesía. -Espronceda sabia más que la mayor parte de los que despues de él hemos -alcanzado reputacion: discípulo de Lista como Ventura de la Vega y -Escosura, era buen latino y erudito humanista; pero empapado en la -poesía inglesa de Shakespeare, Milton y Pope, era la personificacion -del clasicismo apóstata del Olimpo, y lanzado, Luzbel-poeta, en el -infierno insondable y nuevamente abierto del romanticismo. - -Espronceda era leal, generoso y bueno: la política y los amigos -le dieron un carácter y una reputacion ficticia, que jamás le -pertenecieron; y las medianías vulgares le han calumniado despues de su -muerte, hasta atribuirle versos y libros infames, que jamás pensó en -producir. - -A la tercera visita que le hice de dia, me cansé de la sociedad de sus -amigos: no porque su conversacion me espantara, sinó por que no la -comprendia; vivia yo dado á mi trabajo, y no conocia á nadie de los ni -de las de quiénes allí se hablaba. Una noche entré en su alcoba despues -de las doce: dolores articulares y escasez necesaria de nutricion -teníanle á él desvelado, y á mí con pocas ganas de recogerme temprano -la estrechez de mi pupilaje. - ---Vengo á esta hora--le dije--porque es en la que no tienes amigos en -tu casa. - ---¿No te gustan mis amigos? - ---No. - ---Pues hablemos de otra cosa; y me alegro de que tengas libres estas -horas, que son para mí las más insoportables; ¡tardo tánto en conciliar -el sueño!.. - -Hacia poco que le habia abandonado Teresa: yo ni la conocia, ni aun -tenia por entónces conocimiento de que existiese: yo no conocia de la -vida de Espronceda más que sus escritos; yo adoraba al poeta, y aun no -conocia del hombre ni siquiera la persona, puesto que no le veia más -que en el lecho donde le retenia su enfermedad. - -Seguí pues yendo á visitarle despues de media noche. - -Y de aquellas conversaciones á solas con Espronceda sí que podria yo -hacer un libro; pero hay libros que no deben ser leidos hasta cuarenta -años despues de escritos. - -Espronceda y yo nos quisimos y nos estimamos siempre; pero nuestras -diversas costumbres, áunque no las entibiaron, hicieron ménos -frecuentes nuestras relaciones. Yo deserté el primero del cafetin -del teatro del Príncipe, en donde nos juntábamos, y me pasé al de -Sólito, con los Gil y Zárate, G. Gutierrez y otros, á quienes comenzó -á importunar el elemento militar y político que se incrustó allí en el -literario; y con motivo de mi primer matrimonio, del cual Espronceda -no se atrevió á hablarme más que una vez, comprendió que el niño era -ya hombre; y habiendo ya escrito _El Cristo de la Vega_ y _Margarita -la Tornera_, estimó al hombre como un hermano y al poeta como ingenio -privilegiado que él era, y que no tenia nada que envidiar al mozo -atrevido que osaba trepar á tientas al Parnaso. - -Encerréme yo en mi casa y seguí produciendo libros: García Gutierrez me -dió la mano para presentarme en la escena, ó más bien me sacó á ella en -brazos, en un drama que escribimos juntos, y comencé la vida aislada -y poco social que he llevado siempre. La gimnasia, que necesitaba -mi sietemesina naturaleza, el tiro de pistola, que en tiempos tan -revueltos no era inútil estudio, y los paseos á caballo por fuera de -puertas, eran mis perennes entretenimientos; en medio de los cuales -escribí once tomos de versos, de los cuales no he sabido jamás cuatro -de memoria. - -El Liceo concluyó entre tanto, saliendo sus sócios más notables para -las embajadas, los ministerios y los destinos más importantes de la -nacion: Mesonero Romanos se fué á su casa, cargado de memorias, y yo á -la mia de coronas de papel recogidas en una funcion de obsequio que se -me dió, y con un álbum en cuya primera hoja escribió S. M. la Reina D.ª -Isabel. Tal fué el fin y el fruto que yo saqué del Liceo. - -Salustiano Olózaga, á quien habia hecho emigrar mi padre cuando era -superintendente general de policía, y que fué uno de mis mejores -amigos, me ofreció la entrega de mis bienes paternos, que habian sido -secuestrados; pero yo rehusé incautarme de ellos, creyendo que «pues -habia abandonado mi casa, habia renunciado á mis derechos de hijo...» -Olózaga vió que yo era un tonto: mi padre me lo dijo cuando volvió de -su emigracion, y yo lo creo ahora que lo escribo. Mi quijotesco modo -de ver las cosas y mi caballeresco desprendimiento no fué apreciado -por nadie: mi padre me dijo que habia hecho mal en no aprovechar mi -favor en el partido liberal, sacrificio que yo creia muy agradable á -su intransigencia realista; mi extrañamiento de la sociedad y mi vida -oscura de diario trabajo, no me procuró más amigos que el público; -y como todos no son nadie, no tuve más amigo que mi trabajo; y como -corriendo los tiempos cambian las aficiones y las predilecciones -sociales, yo gané mucha fama con dos ó tres afortunadas obras, y llegué -á la vejez como la cigarra de la fábula. Pero en mis famosas obras se -revela la insensatez del muchacho falto de mundo y de ciencia, exento -de todo sentido práctico, y jamás apoyado en principio alguno fijo. - -Yo debia mi fama á mis inspiraciones románticas de Toledo. - -Aquella gótica catedral, cuyas esculturas se habian levantado de sus -sepulcros para venir á cruzar por mis romances y mis quintillas; -aquel órgano y aquellas campanas que en ellos habian sonado; aquellos -rosetones, capiteles y doseletes; aquellos cláustros católicos, -aquellas mezquitas moriscas, aquellas sinagogas judías, aquel rio -y aquellos puentes y aquellos alcázares que habian dado á mis -_repiqueteados_ y desiguales versos la vistosa apariencia de sus -festonadas labores de imaginería y de crestería, no me habian merecido -más que el desprecio de su antigüedad y la mofa de su perdida grandeza; -y aquel pueblo, á cuyas costumbres, á cuyas tradiciones y á cuyas -consejas debia yo todo el valor de mi poesía lírica y legendaria, no me -mereció más que el epíteto de _imbécil_, en aquella estrofa, padron de -mi infamia: - - Hoy sólo tiene el gigantesco nombre, - parodia con que cubre su vergüenza: - parodia vil en que adivina el hombre - lo que Toledo la opulenta fué. - - Tiene un templo sumido en una hondura, - dos puentes y entre ruinas y blasones - un alcázar sentado en una altura - y _un pueblo imbécil_ que vegeta al pié. - -¿Concibe V. poeta más necio y más ingrato, mi querido Velarde? ¿Por -qué llamé yo _imbécil_ al pueblo de Toledo? ¿Por que era religioso y -legendario, y pretendia yo echármelas de incrédulo y de volteriano? -Pues entónces, ¿por qué seguia buscando fama y favor con mi poema de -_María_ y con el carácter religioso y creyente de todas mis obras? -Porque el imbécil era yo: y gracias á Dios que me ha dado tiempo, -juicio y valor civil para reconocer y confesar públicamente en mi vejez -mi juvenil imbecilidad. - -En cuanto á mi ingratitud... por más que me avergüence y me humille -tal confesion, no quiero morir sin hacerla. La muerte de Larra fué el -orígen de mis versos leidos en el cementerio. Su cadáver llevó allí -aquel público, dispuesto á ver en mí un génio salido del otro mundo -á éste por el hoyo de su sepultura; sin las extrañas circunstancias -de su muerte y de su entierro, hubiera yo quedado probablemente en la -oscuridad, y tal vez muerto en la más abyecta miseria; y apenas me ví -famoso, me descolgué diciendo un dia: - - Nací como una planta corrompida - al borde de la tumba de un malvado, etc. - -Hé aquí un insensato que insulta á un muerto, á quien debe la vida; -que intenta deshonrar la memoria del muerto á quien debe el vivir -honrado y aplaudido. ¿Concibe V., Sr. Velarde, un ente más ingrato -ni más imbécil? Pues ese era yo en 1840; mezcla de incredulidad y -supersticion, ejemplar inconcebible de progresista retrógrado, que -ignoraba, por lo visto, hasta la acepcion de las palabras que escribia. - -Han transcurrido treinta y nueve años: nadie ha venido jamás á pedirme -cuenta de mis palabras, y aprovecho la primera, aunque tardía, -ocasion que á la pluma se me viene, para dar á quien corresponde una -satisfaccion espontánea y jamás por nadie exigida; quiero decir: á los -toledanos de hoy y á los hijos de Larra. - -Y en estas últimas líneas, con las que con V. corto mi correspondencia, -fundo yo más vanidad, mi querido Velarde, y espero que halle V. más -motivo de estimacion que en los cuarenta tomos de versos que lleva -escritos el autor de _D. Juan Tenorio_. - - - - -VIII. - - -Abreviemos este relato, sobre el cual deseo pasar como sobre áscuas. -Mis memorias son demasiado personales para inspirar interés, y -demasiado íntimas para ser reveladas en vida: temo además que parezcan -comezon de hablar de mí mismo, cuando siento un profundísimo anhelo y -tengo perentoria necesidad de desaparecer de la escena literaria - - á vivir en el olvido - y á morir en paz con Dios. - -Corramos, pues, cuatro años en cuatro líneas. Habíame hecho conocer -como poeta lírico y como lector en el Liceo: el editor Delgado me -compraba mis versos coleccionados en tomos, despues de haber sido -publicados en _El Español_ y en otros periódicos; pero terminada la -guerra carlista con el convenio de Vergara, emigró mi padre á Francia y -era forzoso procurarle recursos. Acudí á mi editor D. Manuel Delgado, -quien á vueltas de larguísimas é inútiles conversaciones no me dejaba -salir de su casa sin darme lo que le pedia; es decir, jamás me lo -dió en su casa, sinó que me lo envió siempre á la mia á la mañana -siguiente del dia en que se lo pedí: parecia que necesitaba algunas -horas para despedirse del dinero, ó que no queria dejarme ver que -lo tenia en su casa, ó que no era dueño de emplearle sin consulta -ó permiso prévio de incógnitos asociados. Como quiera que fuere, -comenzó á pasarme una mensualidad, de la cual enviaba parte á mi -padre; pero era preciso trabajar mucho; y tan falto de ciencia como -de tiempo, continué produciendo tántas líneas diarias cuantos reales -necesitaba, sin tiempo de pensar ni de corregir las vanalidades que -en ellas decia. Comprendiendo al fin que no era posible repicar y -andar en la procesion, suprimí las amistades del café y las visitas de -cumplimiento; y encerrándome en mi casa cerré su puerta á los ociosos -y á los gorristas; quedándome reducido á la cariñosa amistad de Pastor -Diaz, á la proteccion incondicional de Donoso Cortés, y á la sociedad -de G. Gutierrez, á quien quise y quiero como á un hermano mayor, y á la -de Fernando de la Vera, el corazon más leal y más constante de cuantos -me han acordado su afecto y pasado cariñosamente por las desigualdades -de mi carácter. - -Años hemos pasado juntos y años sin vernos ni escribirnos; al volvernos -á encontrar, Gutierrez desplega la misma sonrisa semi-séria con que -nos despedimos hace treinta años, y Fernando de la Vera, de prodigiosa -memoria, toma la conversacion donde la dejamos hace veinte. Yo admiro -y saboreo aún los versos de G. Gutierrez, aunque ya él no me los -lee, y Fernando de la Vera se admira de haber escrito los suyos, sin -haber tenido jamás necesidad de escribirlos. Los Villa-Hermosa habian -desaparecido de Madrid; y cuando yo leia mis versos en las sesiones -del Liceo, en los salones de su palacio, esperaba siempre ver aparecer -por detrás de algun tapiz la severa figura del viejo duque, que me -perdonaba las muchachadas que le enojaron, ó la pálida hermosura de -la duquesa, que tengo aún en las pupilas como la imágen de la duquesa -de quien habla Cervantes, ó la faz, en fin, semi-burlona del actual -duque, que venia á decirme: «Mira cómo te regocijas en mi casa, como -si estuvieras en la tuya.» Los Madrazos se habian dividido en muchas -familias, y Espronceda entre sus ruidosos amigos me llamaba el viejo de -veinticuatro años. - -Pero era preciso vivir, y para vivir era forzoso trabajar. La -casualidad, que es la providencia de los españoles, y la debilidad -de García Gutierrez para conmigo, me abrieron campo más ancho, -franqueándome la escena, cuando más necesitaba variar y acrecentar mis -medios de accion y de subsistencia. - -No recuerdo por qué ni cómo, porque aún no conocia el teatro por -dentro, habia quedado Madrid aquel verano sin compañía dramática -alguna, ni por qué ni cómo andaban por las provincias Matilde, los -Romeas y los empresarios habituales de sus coliseos: el hecho era -que desde fines de Mayo actuaba en el del Príncipe una sociedad -improvisada, bajo un programa tan modesto que no anunciaba más -pretensiones que la de no dejar al público de Madrid sin ningun -espectáculo. Componíanla García Luna, Juan Lombía, Pedro Lopez, Alverá, -Bárbara y Teodora Lamadrid, la Llorente, la Puerta como graciosa, -Azcona, Monreal y media docena de bailarinas. Luna y la Bárbara eran ya -actores de reputacion; Azcona y la Llorente eran resto de las buenas -compañías de Grimaldi: Breton no habia aún escrito para Lombía _El -pelo de la dehesa_, y no habia tenido aún tiempo Teodora de abordar los -grandes papeles. Una mañana de Junio, miércoles ántes de un _Corpus -Christi_, pasaba yo por la calle Mayor, de vuelta de casa de Delgado, -á quien no habia podido ver; acordéme de que hacia más de un mes que -no veia á G. Gutierrez, que habitaba en un piso principal de los -soportales, y me ocurrió verle y ver si él me procuraba el dinero que -de Delgado no habia obtenido. Colocaban los operarios del municipio -el toldo para la procesion del dia siguiente; y como yo anduviese por -entónces muy dado á la gimnasia, para fortalecer el brazo izquierdo que -me habia roto de muchacho, y como dos cuerdas del toldo colgasen hasta -la calle, aseguradas en el balcon de G. Gutierrez, trepé á su aposento -por tan inusitado camino, encontrándole todavía acostado, á pesar de -ser cerca de medio dia. Nuestra conversacion no fué muy larga. - ---¿Qué tienes? ¿Por qué estás aún en la cama? - ---Porque me aburro: y tú, ¿qué traes? - ---Mohina por no haber encontrado á Delgado en casa. - ---¿Necesitas dinero? - ---¿Cuándo no? - ---Pues dos dias hace que estoy yo aquí discurriendo de dónde sacar dos -mil reales. - ---¡Pero, hombre, tú, con ofrecer una obra al teatro!.. - ---No tengo más que medio acto de un drama. - ---Pues yo te ayudaré; y haciendo en tres dias tres actos cortos, yo -me encargo de sacarle á Delgado el precio del derecho de impresion, -y tú puedes tomar los de representacion de la compañía del Príncipe, -que verá el cielo abierto de tener en Junio un drama del autor del -_Trovador_. - -Hice á Gutierrez oferta tal, sin pesar más que mi buen deseo, y -aceptóla él sin pensar en mi inexperiencia del arte dramático, ni la -distancia que entre él y yo mediaba. Convinimos en que él me escribiria -el plan de su obra y vendria á las cuatro á comer con mi familia, para -repartirnos el trabajo. Hízolo así Gutierrez; leyóme las dos primeras -escenas que tenia escritas: tocóme á mí escribir el acto segundo, y -nos despedimos al anochecer para juntarnos el jueves á las cuatro, á -examinar el trabajo por ambos hecho en la noche. El jueves me trajo dos -escenas más, y leíle yo todo el acto segundo. Asombróle mi trabajo y -esclamó:--¡Demonio! ¿Cómo has hecho eso?--Pues poniéndome á trabajar -ayer en cuanto te fuiste, y no habiéndolo dejado ni para dormir, ni -para almorzar. - -Fuése picado, y concluyó su primer acto en aquella noche: el viernes -concluimos cada cual la mitad del tercero que le tocó: el sábado -lo copié yo, el domingo lo presentó él al teatro y cobró tres mil -reales, y el lunes cobré yo otros tres mil de Delgado... y no siguió -aburriéndose García Gutierrez, y envié yo á mi padre dos mensualidades, -y ganosos los actores de complacer al público, y éste de recompensarles -su buena voluntad, se representó y se aplaudió el drama _Juan Dándolo_; -en cuyo apellido esdrújulo veneciano cargamos nosotros el acento en su -segunda sílaba, por razones que no hay necesidad de aducir: y cátenme -ya autor dramático por gracia de García Gutierrez, que me aceptó en él -por su colaborador. - -Mi innata é inconsciente audacia me arrastró á escribir inmediatamente -mi _Cada cual con su razon_, en cuya comedia atropellé la historia, -clavándole á Felipe IV un hijo como una banderilla; pero la limpia y -armoniosa diccion de Bárbara Lamadrid, la intencionada representacion -de García Luna, el empeño de Lombía, el esmero de Alverá en ensayar -como profesor de esgrima el duelo á cuatro con espada y daga del primer -acto, el discreteo galan de algunas escenas, y mi insolente fortuna -sobre todo, hicieron parecer un éxito la benevolencia del público con -el atrevido mozalvete, autor de aquel afiligranado desatino. - -«A mí que las vendo,» me dije: y á los dos meses presenté mis -_Aventuras de una noche_, comedia en la cual levanté un chichon -histórico á don Pedro de Peralta y otro al príncipe de Viana. Al -infantil enredo de esta mi segunda comedia dieron un alto relieve -la Bárbara y la Llorente: y á fin de año dí mi primera parte de _El -Zapatero y el Rey_, en cuyo drama hizo Luna maravillas, y yo una -conjuracion de muchachos de colegio, que no hay narices con que -admirar; pero en cuyo argumento hay realmente el gérmen de un drama. - -Desde aquella noche quedé, como un mal médico con título y facultades -para matar, por el dramaturgo más flamante de la romántica escuela, -capaz de asesinar y de volver locos en la escena á cuantos reyes -cayeran al alcance de mi pluma. Dios me lo perdone: pero así comencé -yo el primer año de mi carrera dramática, con asombro de la crítica, -atropello del buen gusto y comienzo de la descabellada escuela de los -espectros y asesinatos históricos, bautizados con el nombre de dramas -románticos. - -Si entónces hubiera vuelto mi padre de la emigracion, y él con su -jubilacion de consejero de Castilla (que más tarde le concedió S. M. -la Reina doña Isabel) y yo con el producto de mis leyendas, hubiéramos -cuidado de nuestro solar y de nuestras viñas, habríamos ambos vivido -en paz; habria él muerto tranquilo y sin deudas, y hubiérame yo -ahorrado tántos tumbos por el mar y tántos tropezones por la tierra, -acosado por la envidia y por las calumnias de los que codician -una gloria que no es más que ruido y unas coronas de papel, bajo -cuyas hojas sin sávia vienen siempre millones de espinas, que bajan -atravesando el cerebro á clavarse en el corazon de los que en España -llegan á la celebridad literaria. - -Pero mi padre, tenaz en sus opiniones, se obstinó en no acogerse á -amnistía alguna; mi infeliz madre siguió oculta por las montañas, no -queriendo ver ni aprovechar la tolerancia del progreso; y Lombía, al -hacerse empresario del teatro de la Cruz, me ofreció un sueldo mensual -por no escribir para el del Príncipe, á donde volvieron Matilde y -Julian, y ajustó á Cárlos Latorre con la condicion de que estrenara mi -segunda parte de _El Zapatero y el Rey_, de la cual habia yo hablado, -como consecuencia del ensayo hecho en la primera. - -Lombía, actor de ambicion, empresario activo y espíritu tan malicioso -como previsor, habiendo crecido en reputacion con la ayuda de las -obras de Breton y de Hartzenbusch, sus amigos casi de infancia, no -desaprovechó la doble ocasion, que á la mano se le vino, de interesar -pecuniariamente en su empresa á Fagoaga, director entónces del -Banco, y de ajustar en su compañía á Cárlos Latorre; á quien Julian -Romea, su discípulo, habia desdeñado, dejándole sin ajuste en la -suya del Príncipe. Latorre era el único actor trágico heredero de -las tradiciones de Maiquez y educado en la buena escuela francesa de -Talma. Su padre habia sido alto empleado en Hacienda, intendente de una -provincia, en tiempos anteriores; y Cárlos, buen ginete, diestro en -las armas y de gallarda y aventajada estatura, habia sido paje del Rey -José, y adquirido en Francia una educacion y unos modales que le hacian -modelo sobre la escena. Grimaldi, el director más inteligente que -han tenido nuestros teatros, habia amoldado sus formas clásicas y su -mímica greco-francesa á las exigencias del teatro moderno, haciéndole -representar el capitan Buridan de _Margarita de Borgoña_ de una manera -tan intachable como asombrosa y desacostumbrada en nuestro viejo -teatro. Cárlos Latorre no era ya jóven, pero no era aún de desdeñar, -sobre todo si se le procuraba un repertorio nuevo, en cuyos nuevos -papeles, obligándole á concluir de perder sus resabios de amaneramiento -francés, se le abriese un nuevo campo en que desplegar sus inmensas -facultades. - -Lombía se apresuró á ajustarle en su compañía del teatro de la Cruz, -en la renovacion de cuyo escenario y decoracion de cuya sala gastó -cerca de cuarenta mil duros; y agregándose al erudito y estudioso galan -Pedro Mate, á la Antera y á la Joaquina Baus, heredera ésta de los -papeles del teatro antiguo de la Rita Luna, y hermosísima dama de _Lo -cierto por lo dudoso_, y á las dos Lamadrid, Bárbara, ya acreditada, -y Teodora, esperanza justa del porvenir, juntó una numerosa aunque -algo heterogénea compañía, de la cual no supo sacar partido por -dejarse llevar de su vanidad personal y de las miserables rencillas de -bastidores, dividiéndola en dos y sacrificando una mitad en provecho de -la otra. - -Pero es larga materia, y merece número aparte. - - - - -IX. - - -Hacia ya tres meses que habia abierto Lombía el teatro de la Cruz, -corregido y aumentado con un espacioso escenario y un nuevo telar que -permitian poner en escena las obras que más aparato exigiesen; pero -como dueño de su caballo, se habia apeado por las orejas, y no habia -puesto más que obras, en las cuales como en _El Cardenal y el judío_, -se habian gastado muchos dineros á cambio de algunos silbidos y del -desden y la ausencia del público. Julian y Matilde con su compañía -marchaban miéntras viento en popa, llevándose con justicia su favor y -sus monedas al teatro del Príncipe. Lombía era un gracioso de buena -ley y un característico de primer órden en especiales papeles; era uno -de los actores más estudiosos y que más han hecho olvidar sus defectos -físicos con el estudio y la observacion. Su figura era un poco informe -por su ninguna esbeltez y flexibilidad; su fisonomía inmóvil, de poca -expresion; y sus piernas un si es no es zambas; cualidades personales -que, en lo gracioso y lo característico, le daban el sello especial del -talento, pues se veia que luchando consigo mismo de sí mismo triunfaba; -pero le hacian desmerecer en los papeles y con los trajes de galan, -cuya categoría tenia afan de asaltar, saliéndose de la suya, en la -cual algunas veces era una verdadera notabilidad: como en D. Frutos -de _El pelo de la dehesa_, en el Garabito de _La redoma encantada_ y -en el exclaustrado D. Gabriel de _Lo de arriba abajo_. En tal empeño, -y luchando desventajosamente con la competencia del Príncipe, llegó -Lombía en el teatro de la Cruz á las fiestas de Navidad, habiendo -agotado el bolsillo de Fagoaga y la paciencia del público. - -Cárlos Latorre y la parte de la compañía que en su género sério le -secundaba, apenas habia trabajado en unos cuantos dramas viejos, de -los cuales estaba ya el público hastiado; y si la obra que en Navidad -se estrenara no sacaba á flote la nave de la Cruz del bajío en que -Lombía la habia hecho encallar, tenia las noventa y nueve contra -las ciento de naufragar ántes de Reyes. Todos los autores de alguna -reputacion estaban con Romea: excepto yo, que tenia señalados, pero no -los cobraba, mil quinientos reales mensuales por no escribir para el -Príncipe, y la obligacion de presentar un drama en Setiembre y otro -en Enero. El 21 de Setiembre habia presentado la _Segunda parte del -Zapatero y el Rey_: llegó, empero, el 23 de Diciembre, y se puso en -escena, con grandes esperanzas, una _Degollacion de los inocentes_, -arreglada del francés, y en la cual hacía Lombía el papel del _rey -Herodes_. Fagoaga habia consentido en suplir gastos y abonar sueldos -hasta la primera representacion de Noche-buena; pero los inocentes -fueron degollados en silencio en el acto segundo, en medio de cuya -degollina se presentó Lombía con el flotante manto y el tradicional -timbal de macarrones en la cabeza, con el que solian representar á -Herodes los pintores y escultores de imaginería de la Edad Media; y -el drama continuó arrastrándose penosamente hasta su final entre los -aplausos de los amigos de la empresa, á quienes nos interesaba su -porvenir, y la hilaridad del público de Noche-buena, que tomó en chunga -á Herodes y á sus niños descabezados. - -Entónces recordó la empresa que yo habia cumplido mi contrato, y que -mi rey D. Pedro descansaba en el archivo, y preguntó si habria medio -de ponerle en escena con la rapidez que exigian las circunstancias, y -como tabla de salvacion del _Naufragio de la Medusa_, que habia tambien -naufragado ántes del degollador Tetrarca Hierosolimita. - -El pintor-maquinista Aranda, que era amigo mio, habia armado y pintado -en ratos perdidos, y con _palitos y tronchitos_, como se dice en -lenguaje de bastidores, las decoraciones de mi drama: Latorre, Noren, -Mate y la Teodora habian estudiado sus papeles, por no tener cosa mejor -en que pasar su tiempo; de modo que con un poco de la buena voluntad á -que obliga la necesidad con su cara de hereje, el rey D. Pedro podia -presentarse al público con tres ensayos y el paso de papeles. Pero -habia la dificultad de que el papel del zapatero requeria un primer -actor, y Latorre y Mate se habian ya encargado de los del rey D. Pedro -y del infante Don Enrique. Yo me fuí derecho á Lombía, por consejo de -Cárlos Latorre, y le dije: que el papel de zapatero era el principal -del drama, puesto que se titulaba _El Zapatero y el Rey_, y no _El Rey -y el Zapatero_; que los maldicientes malquerientes de la empresa, y -nuestros enemigos naturales (que eran los del teatro del Príncipe), -decian que no se atreveria nunca á presentarse en escena con Cárlos -Latorre, y que por eso habia dividido en dos la compañía; que yo habia -escrito el papel de Blas expresamente para él, y que finalmente, el -único modo de salvar el teatro y mi pobre drama, que trás de tantos -tumbos y naufragios se iba á hacer á la mar, necesitaba al capitan del -buque para cuidar del timon. - -Lombía, ó vencido por mis razones, ó viendo que el papel era de aplauso -seguro, aunque el drama no gustara, cayó en el lazo, aceptó el papel, -se activaron los ensayos y llegó el momento de redactar el cartel. -Aquí era ella. ¿Qué nombre iria en él delante? ¿El de Cárlos ó el -suyo? Las vanidades del teatro son más incapaces de transaccion que -las de D. Alvaro de Luna y del conde-duque de Olivares: Cárlos cedió, -en obsequio á mí; pero me costaba la transaccion más tal vez de lo que -valia el drama: se me impuso la condicion de que habia de consentir que -se anunciase con mi nombre; cosa inusitada hasta entónces, y áun muy -rara vez usada hoy en dia. Neguéme yo á semejante innovacion, alegando -que era un alarde de vanidad que iba á atraer indudablemente una silba -sobre mi obra, y que mi nombre puesto en los anuncios desde la primera -representacion, era un cartel de desafío, cuyo guante arrojaba la -empresa y cuyo campeon inmolado iba á ser el pobre autor en cuyo nombre -lo arrojaba. Sostuvo la empresa su opinion, alegando que, en el estado -en que se hallaba el teatro, sólo mi nombre atraeria gente á la primera -representacion, y que era una falsa modestia el encubrir mi nombre, -porque ¿á quién se podria ocultar que habria escrito la segunda parte -el mismo que habia escrito la primera? Yo, entre la espada y la pared, -pospuse mi derecho al bien de la empresa; y una mañana apareció el -cartel anunciando la primera representacion de la _segunda parte_ de -_El Zapatero y el Rey_, por D. José Zorrilla: y el nombre del poeta -más pequeño que habia en España, apareció en las letras más grandes que -en cartel de teatros hasta entónces se habian impreso. - -Resultó lo que yo habia previsto: todos los poetas, periodistas -y escritores de Madrid,--excepto Hartzenbusch y Leopoldo Augusto -de Cueto, hoy marqués de Valmar, que me sostuvieron y ampararon -siempre, y el Curioso Parlante, que no sé si habia ido más que á la -inauguracion del teatro de la Cruz,--se dieron de ojo para preparar la -más estrepitosa caida á mi forzada vanidad: las cañas se me volvieron -lanzas, y mis mejores amigos tornaron la espalda al orgulloso chicuelo -que decia al firmar el cartel--«¡aquí estoy yo!--ficó Blas y punto -redondo.»--Apeché yo con la desventaja de la lucha y me resolví á morir -en brava lid, como el gladiador á quien decia «digitum porgo» el pueblo -de los circos de Roma. La empresa y los actores tomaron despechados á -pechos llevar el drama adelante, y la noche del ensayo general estaba -el teatro más lleno que lo iba á estar la de la primera representacion. -Una multitud _de amigos_ fué á estudiar las situaciones débiles, y las -escenas difíciles y atacables de mi obra, para herirla á golpe seguro y -en sitio mortal. - -Era esta una escena del acto tercero. Pedro Mate, actor cuidadoso, -idólatra de su arte y enamorado de mi drama por la amistad que me -tenia, se habia encargado del ingrato papel de D. Enrique; y encariñado -con él se habia hecho, no solamente un costoso traje, sinó una sombra -de fino alambre y bien engomada gasa, moldeada sobre su mismo cuerpo, -para que apareciese en el lugar en que mi acotacion la reclamaba. -Aquella sombra era una maravilla de trabajo y de parecido: era un -Pedro Mate, un infante D. Enrique flotante y transparente como una -aparicion de vapor ceniciento: era una sombra del rey bastardo de un -efecto maravilloso; pero cuanto más ligera, fantástica y asombrosa -era aquella sombra, era tanto más difícil de manejar. Puesto sobre el -fondo cárdeno de la piedra de la torre de Montiel al lado de Mate, daba -frio y parecia fantasma desprendida del mismo D. Enrique; pero como -Mate la habia ideado y confeccionado sobre mi acotacion que dice: «La -sombra de D. Enrique... _aparece en lo alto del torreon, bajando poco -á poco hasta colocarse en frente del rey_.» Mate la habia registrado -en dos alambres paralelos en plano inclinado; pero por más exactamente -paralelos y perfectamente aceitados que estuviesen, la figura de -gasa cabeceaba al moverse, y bajaba tambaleándose como borracha, -convirtiendo la aparicion temerosa en ridículo maniquí. Añadióle Mate -peso en la cabeza y pataleaba como un ahorcado; púsosele á los piés -y cabezeaba como los gigantones de Búrgos: cuanto más ensayábamos la -presentacion de la sombra, más mala sombra tenia para el drama y para -la empresa: y á las tres de la madrugada desocuparon los amigos y los -curiosos el teatro diciéndonos: «hasta mañana.» - -Cárlos Latorre, despues de arrancar de cólera con las uñas una media -caña dorada de la embocadura, se fué á su casa renegando de la -empresa, del drama, del autor y de la hora en que se ajustó en aquel -desventurado teatro; y en él nos quedamos solos, Lombía paseándose por -detrás de los torreones de carton de Montiel, el maquinista Aranda por -delante con intenciones de quemarlos, el pintor Esquivel en una butaca -de proscenio hilvanando una retahila de interjecciones de Andalucía, y -yo respaldado en la embocadura sin poder digerir aquel «hasta mañana» -con que los amigos me habian emplazado tan sin merecerlo. - -Aranda, que como una zorra cogida en trampa, daba vueltas por el -proscenio, sin hallar salida para una idea en la confusion en que -sentia entrampado su pensamiento, trabó un pié en un aparato de -quinqués, portátil, volcólo rompiendo los tubos y vertiendo el aceite -sobre un forillo que por tierra estaba, y al mismo tiempo que soltó -alto y redondo uno de los votos que Esquivel ensartaba por lo bajo, se -levantó éste exclamando--¡ya está!--y trepando á la escena, empezó á -extender el aceite por la tela del forrillo, miéntras acudíamos Lombía -y yo á ver el estropicio de Aranda y la untura que Esquivel seguia -dando al lienzo sin cesar de repetir: «Ya está, hombres, ya está!» De -repente comprendimos el «ya está» de Esquivel por lo que éste hizo; -tomóme de la mano Lombía, y sacándome del teatro y dejando en él á -los dos pintores, nos despedimos todos «hasta mañana,» y al cruzar -la plazuela de Santa Ana para irme con el alba que ya lucia, á mi -casa, núm. 5 de la plaza de Matute, lancé al aire con todo el de mis -pulmones, aquel «¡hasta mañana!» que no habia podido digerir. - - - - -X. - - -Llegó, en fin, aquel mañana, que en los teatros es siempre noche. El -despacho del de la Cruz estaba cerrado, porque todas sus localidades -estaban ya vendidas. El alumbrante habia ya encendido los quinqués -de los pasillos; los actores pedian ya luz para sus cuartos, y los -comparsas se probaban los arrequives que mejor convenian á sus tan -desconocidas como necesarias personalidades. Los comparsas son en -el teatro y en la política de España lo más arriesgado y difícil de -presentar. - -Tenia yo por contrata el derecho de ocupar el palco bajo del proscenio -de la izquierda en todas las funciones, excepto en las de beneficio: -generosidad que hasta entónces no habia costado nada á la empresa, -porque apenas habia tenido diez entradas llenas, fuera de los estrenos: -mi familia entraba en el teatro por la plaza del Angel, y al palco -por el escenario; con cuya costumbre sólo los actores me veian en el -teatro, á donde no iba yo nunca á hacerme ver, sino á estudiar desde el -fondo escondido del palco lo que en escena pasaba, y el trabajo de los -actores para quienes me habia comprometido á escribir. Aquella noche -ocupó mi familia el palco cuando aún estaba á oscuras la sala, dentro -de cuyo escenario por todas partes hacia miedo; yo subí al cuarto de -Cárlos Latorre. - -Estaba solo con Agustin, el ayuda de cámara que le vestia, á quien -hallo aún en la portería de un teatro, y á quien doy la mano como si -fuera un antiguo camarada de glorias y fatigas: no há muchas semanas -me hizo venir las lágrimas á los ojos recordando á su amo á quien -adoraba; y eso que dice el refran que «no hay hombre grande para su -ayuda de cámara,» pero este refran es francés, y en España falso por -consiguiente. Cárlos se vestia cabizbajo, y la primera palabra que me -dijo: fué «tengo miedo.»--«Yo le tengo siempre, le contesté; aunque -nunca lo manifiesto.»--«¡Y yo que le esperaba á V. para que me diera -valor!» repuso: á lo cual, cerrando la puerta y mandando al ayuda de -cámara que no dejara entrar á nadie, le dije: «Hablemos cuatro minutos: -y si despues de lo que le diga no se siente V. con más valor que -Paredes en Cerignola, no será por culpa mia.» - -Cárlos era un hombron de cerca de seis piés de estatura y podia -tenerme en sus rodillas como á una criatura de seis años. Habia -conocido á mi padre, superintendente general de policía; le habia -debido algunas atenciones en los difíciles tiempos en que mandaba en -Madrid y presidia los teatros; le habia Cárlos prestado armas y trajes -para que yo hiciera comedias en el Seminario de Nobles, y habia yo -empezado á declamar tomando á éste por modelo: pero por una de esas -revoluciones naturales en el progreso del tiempo, habíame éste colocado -en la situacion de tenerle que hacer observaciones y darle consejos; -que, en honor de la verdad, escuchó y siguió con la conviccion de -que eran dados con la más sincera franqueza y la más fraternal buena -fé. Durante dos semanas nos habíamos encerrado en su estudio, él y -yo sólos, y allí me habia hecho leerle y releerle su papel y decirle -sobre su desempeño todo cuanto pudo ocurrírseme. Él, el primer trágico -de España, sin sucesor todavía, la primera reputacion en la escena, -escuchó con atencion mis reflexiones y se convenció por ellas de que -su aversion á los versos octosílabos y al género de nuestro teatro -antiguo era injusta: de que su declamacion de los endecasílabos del -Edipo conservaba aún cierto dejo francés, que sólo le haria perder -la recitacion de los versos de arte menor, y de que las redondillas -de mi rey D. Pedro, escritas por un lector y teniendo los alientos -estudiadamente colocados para que el actor aprovechara sin fatiga los -efectos de sus palabras, le debian de presentar ante el público, bajo -una nueva faz y como un actor nuevo en el teatro Español, sin las -reminiscencias del francés, que era el único defecto que el público -alguna vez le encontraba. Todo esto habia yo dicho á mis veinticuatro -años á aquel coloso de nuestra escena, que iba á presentarse aquella -noche en el papel del rey D. Pedro, transformado en otro actor -diferente del hasta entónces conocido por gracia y poder de un -muchachuelo atrabiliario, que se habia atrevido á decir la verdad á un -hombre de verdadero talento y de verdadera conciencia artística. - -Cuando aquel gigante se quedó solo en su cuarto con aquel chico, hé -aquí lo que éste le dijo á aquel: - -«Dice el vulgo, mi querido Cárlos, que este teatro es un panteon donde -Lombía ha reunido una coleccion de mómias, que un chico loco está -empeñado en galvanizar. Usted es una de estas supuestas mómias, y yo -el loco galvanizador; pero yo, que le quiero á V. con toda mi alma, -y que espero que su voz de V. llegue con las palabras de mi rey D. -Pedro hasta los oidos de mi padre, emigrado en Burdeos, necesito que -resucite usted, aunque me deje en la oscuridad de la fosa de que usted -se alce. Jugamos esta noche V. y yo el todo por el todo; pero, aunque -se hundan el autor y el drama, es forzoso que el actor se levante; -nuestro público tiene aún en sí el gérmen del entusiasmo revolucionario -de la época, y el personaje que va V. á representar será siempre -popular en España. Vamos á tener además un poderoso auxiliar en Mr. de -Salvandy, el embajador francés, que ha pedido ya sus pasaportes y un -palco para asistir inconsciente á la representacion; «ya verá usted -la que se arma cuando salga Beltran Claquin.»--Cárlos Latorre brincó, -oyendo esto, de la silla en que estaba sentado, y yo seguí diciéndole: -«con que haga usted cuenta que representa V. á Sanson, y asegúrese -bien de las columnas; aunque no le darán á V. tiempo de derribar el -templo.»--Mucho me temo que me le den, me dijo no muy confortado por -mis palabras.--¡Qué diablos! repuse yo, si se le dan á V. sepúltese con -todos los filisteos. Yo me voy á mi palco.--Pero, ¿y la sombra, que -ni siquiera he visto? me dijo viéndome tomar la puerta.--Fíese V. en -Aranda, que tiene ya luz con que producirla, le respondí, escapándome -por el escenario. - -Cuando entré en mi proscenio, ya habia empezado la sinfonía y el teatro -estaba lleno. Nunca he tenido más miedo, ni más resolucion de provocar -á la fortuna. A los tres cuartos para las nueve se alzó el telon; el -frio del escenario entró en mi palco, sin que yo le dejara entrar en mi -corazon. Se oyó el primer acto en el más sepulcral silencio; cayó el -telon sin un aplauso, pero yo conocí que la impresion que dejaba no me -era desfavorable. - -Cárlos comprendió que necesitaba todo su brío y su talento para -atraerse á un público tan mal prevenido, y al levantarse el telon -para el acto segundo, encabezó su papel con uno de esos pormenores -que sólo saben dar á los suyos los cómicos como Cárlos Latorre. El -rey don Pedro se presenta de incógnito en el primer acto de mi obra: -al presentarse Cárlos en el segundo, presentó la figura del rey como -un modelo de estatuaria; apoyado el brazo izquierdo en el respaldo -de su sillon blasonado de castillos y leones, y el derecho en una -enorme espada de dos manos. Vestia un jubon grana con dos leones y dos -castillos cruzados, bordados en el pecho; un calzon de pié, anteado y -ajustado, sin una arruga, borceguíes grana bordados y con acicates de -oro, y gola y puños de encaje blancos; tocando su cabeza con un ancho -aro de metal, que así podia tomarse por birrete como por corona; de -debajo de la cual, asomando sobre la frente el pelo cortado en redondo -y cayendo por ambos lados las dos guedejas rubias, encuadraban un -rostro copiado del busto del sepulcro del rey D. Pedro en Santo Domingo -el Real. Era Cárlos Latorre un hombre de notables proporciones y -correccion de formas: sus piernas y sus brazos, clásicamente modelados, -daban movimiento á su figura con la regularidad académica de las de -los relieves y modelos de la estatuaria griega: siempre sobre sí, en -reposo y en movimiento, estaba siempre en escena; y ni el aplauso ni -la desaprobacion le hacian jamás salirse del cuadro ni descomponerse -en él. Al empezar el acto segundo, su figura semi-colosal, vestida -de ante y de grana, se destacaba sobre el fondo pardo de un telon -que representaba un muro de vieja fábrica, reposando perfectamente -sobre su centro de gravedad, ligeramente escorzada y en actitud tan -intachable como natural; y así permaneció inmóvil, hasta que el público -aplaudió tan bello recuerdo plástico del rey caballero á quien iba á -representar; y no rompió á hablar hasta que el general aplauso espiró -en el silencio de la atencion: parecia que allí comenzaba el drama. El -gigante habia tenido en cuenta el consejo del muchacho pigmeo, y el -actor habia ganado para sí al público que tan hosco se mostraba con el -autor. - -En la escena endecasílaba con Juan Pascual desplegó Cárlos todas sus -poderosas facultades orales y toda la clásica maestría de su dominio -de la escena; la cual estaba estudiada con tan minucioso cuidado, que -tenian marcado su sitio los piés de los comparsas, los de Juan Pascual -y los suyos para la escena penúltima; y al decir al conspirador que si -el cielo se desplomara sobre su cabeza le veria caer sin inclinarla, -rugió como un leon estremeciendo al auditorio; y al barrer, despues de -un gallardísimo molinete de su tremendo mandoble, las once espadas de -los conjurados, al tiempo que el antiguo zapatero Blas abria tras él -la puerta de salvacion, el público entero se levantó en pró del rey -que tan bien se servia de sus armas, y aplaudió entusiasta la promesa -de su vuelta para el acto siguiente. El actor habia ganado la primera -jugada de una partida de tres. El rey habia derrotado el ala derecha -del enemigo: el público no habia visto jamás un combate tan bien -ensayado en los teatros de Madrid, y pedia ¡el autor! que no parecia. -Alzóse el telon sobre Cárlos Latorre; y cuando éste, dirigiendo la -vista á mi palco me dirigia una mirada de indefinible satisfaccion, -esperando que yo saltase á la escena para compartir con él un triunfo -que era solamente suyo, oyó con asombro á Felipe Reyes, _autor de la -compañía_, decir: «Señores, el nombre del autor está en el cartel y el -Sr. Zorrilla en su palco; pero suplica al público que no insista en su -presentacion, porque tiene mucho miedo al tercer acto.» - -El público de entónces entraba en el teatro á ver la representacion -y se embebecia con lo que en ella pasaba; entendió que mi miedo era -natural y no insistió en llamar al autor; pero continuó aplaudiendo, -ayudado de _mis amigos_ que me tenian aplazado y me esperaban en el -acto tercero. - -Levantóse el telon para éste. Era la primera vez que se veia la escena -sin bastidores: Aranda, malogrado é incomparable escenógrafo, presentó -la terraza de la torre de Montiel dos piés mas alta que el nivel -del escenario; de modo que parecia que los cuatro torreones que la -flanqueaban surgian verdaderamente del foso, y que los personajes se -asomaban á las almenas; desde las cuales se veian en magistralmente -calculada perspectiva las blancas y diminutas tiendas del lejano -campamento del Bastardo, destacándose todo sobre un telon circular -de cielo y veladuras cenicientas, representacion admirable de la -atmósfera nebulosa de una noche de luna de invierno. El pendon morado -de Castilla, clavado en medio de la terraza en un pedestal de piedra, -se mecia por dos hilos imperceptibles, como si el aire lo agitára, y -el aire entraba verdaderamente en la sala por el escenario, desmontado -y abierto hasta la plaza del Angel. La silueta fina de la Teodora, -cuya pequeña y graciosa cabeza, tocada con sus ricas trenzas negras, -se dibujaba sobre el blanquecino celaje, animaba aquel cuadro sombrío, -cuya ilusion era completa. Cárlos y Lumbreras yacian absortos en -profunda meditacion en los dos ángulos del fondo, de espaldas al -público, que aplaudió largo rato, y el pintor continuaba el triunfo -del actor. Teodora dió á sus breves escenas una melancolía tan -poética, Lombía al suyo una resignacion tan adustamente resuelta, y -prepararon tan maestramente la escena fantástica del fatalismo bajo el -cual se iba á presentar el rey D. Pedro, que cuando éste se levantó, -el público estaba profundamente identificado con aquella absurda -y fantástica situacion. Oyóse en silencio todo el acto; colocóse -Lumbreras (Men-Rodriguez de Sanábria) sobre el torreon del fondo de -la izquierda, y salió el rey con la lámpara del judío. Cárlos, al -colocarla sobre el pedestal, me echó una mirada que queria decir: ¡Y la -sombra! Yo permanecí impasible para no turbarle, y empezó su monólogo -con el temblor del miedo que tenia á la sombra, y que hizo, por lo -mismo que era un miedo real, un efecto maravillosamente pavoroso en -los espectadores. _¡Brotó la llama!_ dijo el rey D. Pedro, y apareció -detrás de él, cenicienta, callada é inmoble, la sombra transparente de -D. Enrique sobre el oscuro torreon: asombróse Cárlos de verla tan al -contrario de como la esperaba; identificóse con su papel, creciéndose -hasta la fiebre que se llama inspiracion: y cómo dijo aquel actor -aquellas palabras, cómo soltó aquella carcajada histérica y cómo cayó -riéndose y extremeciendo al público de miedo y de placer, ni yo puedo -decirlo, ni concebirlo nadie que no lo haya visto. - -El público y el huracan entraron en el teatro: mis amigos ahullaban -de placer de haber sido vencidos; Aranda y Cárlos Latorre habian -convertido en éxito colosal el atrevido desatino de un muchacho, y la -empresa habia parado con él á la fortuna en el despacho de billetes -de su arrinconado teatro. Cuando Lumbreras anunció _¡el farol!_ y -se apercibió éste del tamaño de una nuez sobre la mirmidónica tienda -de Duglesquin, ya nadie escuchó la salida del rey. Cárlos, rendido y -anheloso, volvió á la escena con Teodora, Noren y Lumbreras á recibir -los aplausos del público, á cuyos gritos de «¡el autor!» volvió á -presentarse Felipe Reyes y á decir medio espantado: que yo tenia más -miedo al cuarto acto que al tercero. - -El por entónces teniente coronel Juan Prim, que no me conocia más -que por haberme encontrado várias veces en el tiro de pistola, y que -se habia apercibido del elemento hostil que yo tenia en la sala, -aplaudia de pié en su luneta, dispuesto á sostenerme á todo trance, -comprendiendo todo el riesgo de mi negativa. - -Cárlos me envió á decir que «no estirase tanto la cuerda que la -rompiese.» Yo habia ensayado mi obra á conciencia: sabia cómo iban -á hacer la escena de la tienda Cárlos y Mate, y fiaba además en la -presencia del embajador francés en la de D. Pedro con Beltran de -Claquin. Esperé, pues, el acto cuarto sin moverme del fondo de mi -proscenio, y mi cálculo no salió fallido. - -La tienda del acto cuarto estaba tan bien preparada por Aranda como la -torre de Montiel: Cárlos dijo sus redondillas á los franceses con un -brío tan despechado, hizo una transicion tan maestra como inesperada en -la que empieza _sí_, _si vosotros, señores_, é hicieron por fin la suya -él y Mate con tal verdad, que sólo pudo serlo más la realidad de la de -Montiel. - -Al cerrarse la tienda sobre la lucha de los dos hermanos, el público -quedó en el mas profundo silencio; pero la salida de Mate pálido, sin -casco, desgreñado y saltadas las hebillas de la armadura, arrancó -un aplauso igual al de la presentacion del rey D. Pedro en el acto -segundo. Mate, casi tan alto como Cárlos, pero flaco y herido de la -tísis de que murió, se presentó trémulo del cansancio y del miedo de -la lucha, recordando la siniestra fantasma aparecida en el torreon, y -dió á su papel una poesía y unos tamaños que no habia sabido darle el -autor. Cuando él concluia su parlamento, cubria yo con mi capa y su -manto á Cárlos Latorre; que, tendido en la tienda, esperaba jadeante -de cansancio y de emocion á que el infante mostrase á Blas Perez su -cadáver. Cuando nos presentamos todos al público, me tenia de la mano -como con unas tenazas: y cuando caido el telon por última vez, me cogió -en brazos para besarme, creí que me deshacía al decirme las únicas -y curiosas palabras con que acertó á expresarme su pensamiento, que -fueron: «¡diablo de chiquitin!» y me dejó en tierra. - -Así se ensayó y se puso en escena la segunda parte de _El Zapatero -y el Rey_, el año 41 ó 42, no lo recuerdo con exactitud: tal era la -fraternidad que entónces reinaba entre autores y actores; tal era -el cariño y entusiasmo del público por los de entónces, y tan poco -consistentes sus ojerizas y enemistades, que el menor éxito las vencia, -y el soplo vital de la lealtad las disipaba. - -Un pormenor digno de no ser olvidado. Llevaba ya _El Zapatero y el Rey_ -treinta y tantas representaciones que habian producido sobre veinte mil -duros, estaban ya pagados hasta los espabiladores, y aun no le habia -ocurrido á la empresa que me debia seis meses de sueldo y el precio del -drama con que se habia salvado. Siempre en España ha sido considerado -el trabajo del ingenio como la hacienda del perdido y la túnica de -Cristo, de las cuales todo el mundo tiene derecho á hacer tiras y -capirotes. - -Hasta que el viejo juez Valdeosera se presentó una noche á intervenir -la entrada, no cayeron en la cuenta Salas y Lombía de que no podíamos -los poetas vivir del aire, y se apresuraron á darme paga cumplida con -intereses y sincera satisfaccion, y era que realmente, con la más -cándida impremeditacion, se habian olvidado recogiendo los huevos de -oro del que les habia traido la gallina que los ponia. - - - - -XI. - -_De cómo se escribieron y representaron algunas de mis obras -dramáticas._ - -SANCHO GARCÍA.--EL CABALLO DEL REY DON SANCHO. - - -Continuaba la competencia de los teatros del Príncipe y de la Cruz, -dirigidos por Romea y Lombía, y continuaba yo comprometido á escribir -sólo para el de la Cruz, miéntras en su compañía conservara su -empresario á Cárlos Latorre y á Bárbara Lamadrid; yo era, pues, el -único poeta que no ponia los piés en el saloncito de Julian Romea, -porque yo no he vuelto jamás la cara á lo que una vez he dado la -espalda. No era yo, empero, un enemigo de quien se pudieran temer -traiciones ni bastardías; es decir, guerra baja ni encubierta de -críticas acerbas y de intrigas de bastidores: yo tenia mi entrada en -el Príncipe, á cuyas lunetas iba á aplaudir á Julian y á Matilde, pero -no escribia para ellos; era su amigo personal y su enemigo artístico; -era el aliado leal de Lombía, y le ayudaba á dar sus batallas llevando -á mi lado á Bárbara Lamadrid y á Cárlos Latorre, con cuyos dos atletas -le dí algunas victorias no muy fácilmente conseguidas, algunos puñados -de duros y algunas noches de sueño tranquilo. Pero la lucha era tan -ruda como continuada: duró cinco años. En ellos nos dió Hartzenbusch -su _D. Alfonso el Casto_ y su _Doña Mencía_, una porcion de primorosos -juguetes en prosa y verso, y las dos mágias _La redoma_ y_ Los polvos_: -diónos García Gutierrez el _Simon Bocanegra_, que vale mucho más -de lo en que se le aprecia, y defendió su teatro el mismo Lombía, -metiéndose á autor con el arreglo de _Lo de arriba abajo_, que alcanzó -un éxito fabuloso. Teníamos además unos auxiliares asíduos en Doncel -y Valladares, que escribian á destajo para la actriz más preciosa -y simpática que en muchos años se ha presentado en las tablas: la -Juanita Perez, quien con Guzman en _No más muchachos_ y en _El pilluelo -de París_, habia hecho las delicias del público desde muy niña. La -Juana Perez era de tan pequeña como proporcionada personalidad; con -una cabeza jugosa, rica en cabellos, de contornos purísimos, de -facciones menudas y móviles y ojos vivísimos; su voz y su sonrisa -eran encantadoras, y se sostenia por un prodigio de equilibrio en dos -piés de inconcebible pequeñez, sirviéndose de dos tan flexibles como -diminutas manos. Cantaba muy decorosa y señorilmente unas canciones -picarescas que rebosaban malicia; y vestida de muchacho hacia reir -hasta á los mascarones dorados de la embocadura, y hubiera sido capaz -de hacer condenarse á la más austera comunidad de cartujos. - -La Juana Perez, cuya gracia infantil prolongó en ella el juvenil -atractivo hasta la edad madura, no pasó jamás en las tablas de los diez -y siete años; y fué, miéntras las pisó, el encanto y la desesperacion -del sexo feo de aquel tiempo, que la vió pasar ante sus ojos como -la _fée aux miettes_ del cuento de Charles Nodier. Auxiliáronnos -poderosamente el primer año las dos espléndidas figuras de las hermanas -Baus, Teresa y Joaquina; madre esta última de nuestro primer dramático -moderno Tamayo y Baus, y heredera y continuadora de la buena tradicion -del teatro antiguo de Mayquez y Carretero. Pero ni la tenacidad -atrevida de Lombía, ni el talisman de la gracia de la Juana Perez, -ni nuestra avanzada de buenas mozas como las Baus, y la retaguardia -de buenas actrices como la Bárbara, la Teodora y la Sampelayo, nos -bastaban para contrarestar la insolente fortuna de Julian Romea, la -justa y creciente boga de Matilde, que hechizaba á los espectadores, -y la infatigable fecundidad de Ventura de la Vega, que les daba cada -quince dias, convertido en juguete valioso ó en ingeniosísima comedia, -un miserable engendro francés; en cuyo arreglo desperdiciaba cien -veces más talento del que hubiera necesitado para crear diez piezas -originales. Julian y Matilde contaban sus quincenas por triunfos, y -á los de _La rueda de la fortuna_, de Rubí, al _Muérete y verás_ y á -las trescientas obras de Breton, y á _Otra casa con dos puertas_, de -Ventura, no teníamos nosotros que oponer más que las repeticiones del -_D. Alfonso el Casto_, _Simon Bocanegra_ y _D.ª Mencía_, y las mágias -de Hartzenbusch, con los arreglos de dramas de espectáculo que se -elaboraba Lombía, asociado á Tirado y Coll, é impelidos los tres por el -fecundísimo Olona. - -Mi _Rey D. Pedro_, mi _Sancho García_, mi _Excomulgado_, mi -_Mejor razon la espada_, mi _Rey loco_ y mi _Alcalde Ronquillo_, -contribuyeron á nuestro sostén, gracias al concienzudo estudio, á -la inusitada perfeccion de detalles y á la perpétua atencion con -que me los representaban Cárlos Latorre y Bárbara Lamadrid; quienes -encariñados con el muchacho desatalentado que para ellos los escribia, -considerándole como á un hijo mal criado á quien se le mima por sus -mismas calaveradas y á quien se adora por las pesadumbres que nos -da, me sufrian mis exigencias, se amoldaban á mis caprichos y se -doblegaban á mi voluntad, de modo, que en la representacion de mis -obras no parecian los mismos que en las de los demás, y los demás se -quejaban de ellos, y con razon; pero no habia culpa en nadie. Cárlos -Latorre habia conocido á mi padre, á quien debió atenciones extrañas -á aquella _ominosa década_; Cárlos Latorre, de estatura y fuerzas -colosales, me sentaba á veces en sus rodillas como á sus propios -hijos, y me preguntaba cómo yo habia imaginado tal ó cual escena que -para él acababa yo de escribir: él me contradecia con su experiencia -y me revelaba los secretos de su personalidad en la escena, y daba -forma práctica y plástica á la informe poesía de mis fantásticas -concepciones: estudiábamos ambos, él en mí y yo en él los papeles, en -los cuales identificábamos los dos distintos talentos, con los cuales -nos habia dotado á ambos la naturaleza, y... no necesito decir más para -que se comprenda cómo hacia Cárlos mis obras, como un padre las de su -hijo; yo era todo para el actor, y el actor era todo para mí. - -Con Bárbara Lamadrid, mujer y mujer honestísima é intachable, mi papel -era más difícil, mi amistad y mi intimidad necesitaban otras formas; -pero, actriz adherida á Cárlos, compañera obligada en la escena de -aquella figura colosal, _dama_ imprescindible de aquel _galan_ en mis -dramas, necesitaba el mismo estudio, la misma inoculacion de mis ideas -innovadoras y revolucionarias en el teatro, y yo la trataba como á una -hermana menor, á quien unas veces se la acaricia y otras se la riñe; -yo la decia sin reparo cuanto se me ocurria; la hacia repetir diez -veces una misma cosa, no la dejaba pasar la más mínima negligencia, -la ensayaba sus papeles como á una chiquilla de primer año de -Conservatorio; y á veces se enojaba conmigo como si verdaderamente lo -fuese, hasta llorar como una chiquilla, y á veces me obedecia resignada -como á un loco á quien se obedece por compasion; pero convencida al -fin de mi sinceridad, del respeto que su talento me inspiraba, y de -la seguridad con que contaba yo siempre con ella para el éxito de mis -obras, hacia en ellas lo que en _Sancho García_, lo que es lamentable -que no pueda quedar estereotipado para ser comprendido por los que no -lo ven. ¡Desventura inmensa del actor cuyo trabajo se pierde con el -ruido de su voz y desaparece trás del telon! - -En la escena con Hissem y el judío reveló la fascinacion que la -supersticion ejercia en el alma enamorada de la mujer; tradujo tan -vigorosamente el poder de una pasion tardía en una mujer adulta, que -traspasó al público la fascinacion del personaje, suprema prueba del -talento de una actriz. En las escenas sexta y sétima del acto tercero -se hizo escuchar con una atencion que sofocaba al espectador, que -no queria ni respirar. Bárbara tenia mucho miedo al monólogo: en el -segundo entreacto me habia suplicado que se le aligerara, y Cárlos -y yo no habíamos querido: Bárbara acometió su monólogo desesperada, -conducida por delante por el inteligente apuntador, y acosada por su -izquierda por mí que estaba dentro de la embocadura, en el palco bajo -del proscenio. Cárlos y yo la habíamos dicho que si no arrancaba tres -aplausos nutridos en el monólogo, la declararíamos inútil para nuestras -obras; y comenzó con un temblor casi convulsivo, y llegó en el más -profundo silencio hasta el verso vigésimo cuarto; pero en los cuatro -siguientes, al expresar la lucha del amor de madre con el amor de la -mujer, y al decir - - «Hijo mio... ¡ay de mí! me acuerdo tarde,» - -hizo una transicion tan magistral, bajando una octava entera despues -de un grito desgarrador, que el público estalló en un aplauso que -extremeció el coliseo. Crecióse con él la actriz; entró en la fiebre -de la inspiracion; hizo lo imposible de relatar; y cuando exclamó -concluyendo, con el acento profundo y las cóncavas inflexiones del de -la más criminal desesperacion, - - «para uno de los dos guarda esa copa, - de la callada eternidad la llave!» - -quedó Bárbara inmóvil, trémula, inconsciente de lo que habia hecho, -ajena y sin corresponder con la más mínima inclinacion de cabeza á -los aplausos frenéticos, que tuvo que interrumpir Cárlos Latorre -presentándose á continuar la representacion, sacando á Bárbara de su -absorcion con el «¡Madre mia!» de su salida. - -Así hacian Cárlos y Bárbara _Sancho García_. Aún vive: pregúntenselo -mis lectores á Bárbara, y que diga ella cuántos malos ratos la dí -con el ensayo y cuántas noches insomnes la hice pasar con el estudio -de mis papeles; cuántas lágrimas la hice derramar y cuántas veces la -hice detestar su suerte de actriz; pero que diga tambien si tuvo nunca -amigo más leal ni aplausos y ovaciones como las de mi _Sancho García_. -Hoy siento orgullo con tal recuerdo, y me congratulo de poderla dar -este testimonio de mi gratitud treinta y ocho años despues de aquella -representacion. - -Lombía, por su parte, lo inventó y lo intentó todo en aquellos cuatro -años para sostener nuestro teatro de la Cruz enfrente del afortunado -del Príncipe. A su iniciativa se debió que Basili, Salas, Ojeda y -Azcona echaran los fundamentos de la Zarzuela con la escena de _La -pendencia_ y _El sacristan de San Lorenzo_, y otras parodias de -_Norma_, _Lucía_ y _Lucrecia_, en las cuales despuntó Caltañazor, y -concluyó por presentar _La lámpara maravillosa_, baile maravillosamente -decorado por Aranda y Avrial, ejecutado por la familia Bartholomin, -cuya primera pareja, Bartholomin-Montplaisir, fué reforzada con un -cuerpo de baile de andaluzas y aragonesas; de cuyos cuerpos se han -perdido los moldes, y de cuyas modeladuras no quiero acordarme, por -no quitar tres meses de sueño á los que no las vieron con aquellos -vestidos, que no eran más que un pretesto para salir en cueros. - -En el verano del 40 ó del 41, ántes de que estas huríes hicieran un -infierno del teatro de la Cruz, reclamó Lombía de mí una comedia de -espectáculo, en ausencia de Cárlos Latorre, que veraneaba por las -provincias. Los actores sérios y jóvenes se habian ido con Cárlos, y el -trabajo cómico de Lombía, no acomodándose con el mio patibulario, no -sabia yo cómo salir de aquel compromiso ineludible, segun mi contrato -con la empresa. Apurábame Lombía, y devanábame yo los sesos trás del -argumento por él pedido, sin que él aflojara un punto en su demanda y -sin que yo me atreviera á decirle que no éramos el uno para el otro. -Acosábale á él tal vez la secreta comezon de abordar el drama en -ausencia de Cárlos, y pesábame á mí tener que escribir para otro que -no fuera aquel único modelo del galan clásico del drama romántico; -costaba mucho á mi lealtad lo que tal vez podia parecer una traicion -á Cárlos Latorre, y ¡Dios me perdone mi mal juicio! pero tengo para mí -que Lombía tenia la mala intencion de hacérmela cometer. Impacientábase -Lombía y desesperábame yo de no dar con un asunto á propósito, lo que -ya le parecia, vista mi anterior fecundidad, no querer escribir para -él, cuando una tarde, obligado á trabajar un caballo que yo tenia -entablado hacia ya muchos dias, salia yo en él por la calle del Baño -para bajar al Prado por la Carrera de San Jerónimo. Era el caballo -regalo de un mi pariente, Protasio Zorrilla, y andaluz, de la ganadería -de Mazpule, negro, de grande alzada, muy ancho de encuentros, muy -engallado y rico de cabos, y llevábale yo con mucho cuidado, miéntras -por el empedrado marchaba, por temor de que se me alborotase. Cabeceaba -y braceaba el animal contentísimo de respirar el aire libre, cuando, al -doblar la esquina, oí exclamar á uno de tres chulos que se pararon á -contemplar mi cabalgadura: «Pues miá tú que es idea dejar á un animal -tan hermoso andar sin ginete.» - -La verdad era que siendo yo tan pequeño, no pasaban mis piés del -vientre del caballo; y visto de frente, no se veia mi persona detrás -de su engallada cabeza y de sus ondosas y abundantes crines. Por mas -que fuera poco halagüeña para mi amor propio la chusca observacion de -aquellos manolos, el de montar tan hermosa bestia me hizo dar en la -vanidad de lucirla sobre la escena, y ocurrírseme la idea de escribir -para ello mi comedia _El caballo del rey D. Sancho_. Rumié el asunto -durante mi paseo, registré la historia del Padre Mariana de vuelta á -mi casa, y fuíme á las nueve á proponer á Lombía el argumento de mi -comedia, advirtiéndole que debia de concluir en un torneo, en cuyo -palenque debia él de presentarse armado de punta en blanco, ginete -sobre mi andaluz caparazonado y enfrontalado. - -Aceptó la idea de la comedia, plúgole la del torneo final y halagóle -la de ser en él ginete y vencedor. Puse manos á mi obra aquella misma -noche, y díla completa en veinte y dos dias. El señor duque de Osuna, -hermano y antecesor del actual, á quien me presentó y cuya benevolencia -me ganó el conde de las Navas, puso á mi disposicion su armería, de la -cual tomé cuantos arneses y armas necesité para el torneo de mi drama, -cuya última decoracion del palenque trás de la tienda real montó Aranda -con un lujo y una novedad inusitadas. - -Pasóse de papeles mi drama; ensayóse cuidadosamente y conforme á un -guion, que los directores de escena hacen hoy muy mal en no hacer, y -llegó el momento de enseñar su papel á mi caballo. Metíle yo mismo una -mañana por la puerta de la plaza del Angel, desde la cual subian los -carros de decoraciones y trastos por una suave y sólida rampa hasta el -escenario: subió tranquilo el animal por aquella, pero al pisar aquél, -comenzó á encapotarse y á bufar receloso, y al dar luz á la batería -del proscenio, no hubo modo de sujetarle y ménos de encubertarle con -el caparazon de acero. Lombía anunció que ni el Sursum-Corda le haria -montar jamás tan rebelde bestia, y estábamos á punto de desistir de la -representacion, cuando el buen doctor Avilés nos ofreció un caballo -isabelino, de tan soberbia estampa como extraordinaria docilidad, que -aguantó la armadura de guerra, la batería de luces y en sus lomos á -Lombía, que no era, sea dicho en paz, un muy gallardo ginete. - -La primera representacion de este drama fué tal vez la más perfecta -que tuvo lugar en aquel teatro: Lombía se creció hasta lo increible: é -hizo, como director de escena, el prodigio de presentar trescientos -comparsas tan bien ensayados y unidos, que se hicieron aplaudir en un -palenque de inesperado efecto; y Bárbara Lamadrid, para quien fueron -los honores de la noche, llevó á cabo su papel con una lógica, una -dignidad tales, que al perdonar al pueblo desde la hoguera y á su hijo -en el final, oyó en la sala los más justos y nutridos aplausos que -habian atronado la del teatro de la Cruz. - -Pero aquel drama no pudo quedar de repertorio; hubo que devolver las -armaduras al señor duque de Osuna y el caballo al doctor Avilés, y... -ni mereció los honores de la crítica, ni ningun empresario se ha vuelto -á acordar de él, ni yo, que de él me acuerdo en este artículo, recuerdo -ya lo que en él pasa. En cambio, al fin de aquel mismo año se escribió -otro que todo el mundo conoce, que no hay aficionado que no haya hecho -con gusto y aplauso, de cuyo orígen se han propalado las más absurdas -suposiciones, que me ha valido tanta fama como al mismo _D. Juan -Tenorio_, y en cuya representacion no han dado jamás pié con bola más -que los tres actores que, bajo mi direccion, lo estrenaron: Latorre, -Pizarroso y Lumbreras; hablo de _El puñal del godo_, del cual me voy á -ocupar en el siguiente número. - - - - -XII. - -EL PUÑAL DEL GODO. - - -I. - -Acababa de estrenarse Sancho García y espiraba el tercero dia de -Diciembre de 1842. Trabajaba yo aprovechando la luz que comenzaba á -cambiarse en crepúsculo, cuando un avisador del teatro me trajo un -billete de Lombía, en el cual me suplicaba que no dejara de ir á la -representacion de aquella noche, porque deseaba tener conmigo una -entrevista de diez minutos. - -Ya Lombía, á imitacion de Romea, tenia una antecámara en la cual se -reunian sus autores favoritos y sus amigos íntimos, como los de Julian -en el saloncito del teatro del Príncipe. De aquel venian algunos -que escribian para ambos teatros, y que como Hartzenbusch y García -Gutierrez no formaban pandillaje; porque su talento, formalidad y -reputacion, les habian ya colocado muy encima de todo mezquino espíritu -de partido. Yo no iba nunca al saloncito del Príncipe é iba poco á -la antecámara de Lombía, pero asistia contínuamente á mi palco de -proscenio para estudiar mis actores, y bajaba en los entreactos á -saludar á Cárlos Latorre y á la Bárbara, las noches que trabajaban. -Aquella era de Lombía; en el primer entreacto me aboqué con él en su -cuarto y trabamos inmediatamente conversacion, presentes Hartzenbusch, -Tomás Rubí, Isidoro Gil y no recuerdo quiénes más. Hé aquí en resúmen -nuestro diálogo: - -_Lombía._--La empresa espera de V. un señalado servicio. - -_Yo._--Debo servirla segun mi contrato y segun mis fuerzas. - -_Lombía._--Sabe V. que es costumbre que las funciones de Noche-Buena -sean beneficio de la compañía, repartiéndose sus productos á prorrata -entre todos sus actores y empleados segun su clase. - -Agucé yo el oido sintiendo abrir una trampa en la que se trataba de -hacerme caer, y continuó Lombía diciéndome: - -Sabe V. que Cárlos Latorre no toma nunca parte en las funciones de -Navidad, so pretesto de que en el género cómico de estas alegres -representaciones no cabe el suyo trágico; de modo que cobra y se pasea -desde Navidad á Reyes. Queremos que comparta este año con nosotros el -trabajo de tales dias, y no hay más que un medio con el cual se avenga, -y es, que se le escriba una pieza nueva, y la empresa ha pensado en V. - -_Yo._--Estamos á 13, y por breve que sea el trabajo... - -_Lombía._--Deberia estar concluido el 17; copiado y repartido, el 18; -estudiado, el 19 y el 20; ensayado el 21 y 22, y representado el 24. - -_Yo._--Imposible: me faltan tres escenas y copiar el tercer acto de la -segunda obra, que debo entregar á ustedes ántes de año nuevo; si la -interrumpo no la concluyo; no puedo, pues, ocuparme de nada más hasta -el 17, y ya no es tiempo. - -_Lombía._--No quiere V. servir á la empresa por no contrariar á su -amigo.--(Lombía partia siempre del principio de que yo era mejor amigo -de Cárlos que suyo.) - -_Yo._--Mi obligacion es primero que mi amistad. - -_Lombía._--Su excusa de V. nos prueba lo contrario. - -_Yo._--Voy á hacer á V. una propuesta que le asegure de mi buena -fé. Concluiré mi trabajo el 16: en su noche volveré aquí; y si para -entónces el Sr. Hartzenbusch se ocupa de encontrarme un argumento para -un drama en un acto, yo me comprometo á escribirlo el 17 y presentarlo -el 18. - -_Lombía._--Propuesta evasiva: con decir que el argumento que á V. se le -dé no es de su gusto.... - -_Yo._--El Sr. Hartzenbusch sabe el respeto en que le tengo, y todos -Vds. saben que sigo sus consejos y acepto sus correcciones como de mi -superior y maestro. He buscado al Sr. Hartzenbusch en dos situaciones -difíciles de mi vida; sabe todos los secretos de mi casa, es en ella -como mi hermano mayor, y lo que él me diga que haga, eso haré yo, como -mejor hacerlo sepa. - -_Lombía._--Se conoce que ha estudiado V. con los jesuitas: sus palabras -de V. son tan suaves como escurridizas. Si no quiere V. no hablemos más. - -_Yo._--Mi última proposicion. Traiga V. aquí el 16 por la noche un -ejemplar de la historia del P. Mariana; le abriremos por tres partes, -desde la época de los godos hasta la de Felipe IV: leeremos tres -hojas de cada corte en sus hojas hecho; y si en las nueve que leamos -tropezamos con algo que nos dé luz para un asunto dramático, lo -amasaremos entre todos, yo lo escribiré como Dios me dé á entender, y -el jesuita Mariana abonará la fé del discípulo de los jesuitas del -Seminario de Nobles. - -_Lombía._--Propuesta aceptada. - -_Yo._--Pues hasta el 16 á las siete. - -En tal dia y en tal hora, concluido mi trabajo, volví á presentarme -en el teatro de la Cruz, donde Hartzenbusch, Rubí y algunos otros de -quienes no me acuerdo, me esperaban con Lombía, que tenia sobre la -mesa una _Historia de España_. Metimos tres tarjetas por tres páginas -distintas, y en el primer corte tropezamos, en el capítulo XXIII del -libro sétimo, estas palabras sobre el fin de la batalla de Guadalete -y muerte del rey D. Rodrigo: «Verdad es que, como doscientos años -adelante, en cierto templo de Portugal, en la ciudad de Viseo, se halló -una piedra con un letrero en latin, que vuelto en romance dice: - -AQUI REPOSA RODRIGO, ULTIMO REY DE LOS GODOS. - -Por donde se entiende que, salido de la batalla, huyó á las partes de -Portugal.» - -Al llegar aquí, dije yo: «Basta: un embrion de drama se presenta á -mi imaginacion. ¿Con qué actores y con qué actrices cuento? Necesito -á Cárlos, á Bárbara y á lo ménos dos actores más.» Y miéntras esto -decia, me rodaban por el cerebro las imágenes de Pelayo, don Rodrigo, -Florinda y el conde D. Julian.--Lombía dijo: «Imposible disponer de -Bárbara.»--«Pues Teodora, repuse yo.»--«Tampoco; la cuesta mucho -estudiar, replicó Lombía.»--«Pues Juanita Perez, ni la Boldun, no me -sirven para mi idea, repuse.»--«Pues compóngase usted como pueda, -exclamó por fin Lombía: tiene V. á Cárlos, á Pizarroso y á Lumbreras: -_los tres de V._ Van á levantar el telon y no quiero faltar á mi -salida. ¿En qué quedamos? ¿Es V. hombre de sostener su palabra?» - -Picóme el amor propio el tonillo provocativo de Lombía, y sin -reflexionar, tomé mi sombrero y dije saliendo tras él de su cuarto: -«Mañana á estas horas quedan Vds. citados para leer aquí un drama en un -acto.--Buenas noches. - ---¿Apostado? me gritó Lombía dirigiéndose á los bastidores. - ---Apostado: me darán Vds. de cenar en casa de Próspero; respondí yo -echándome fuera de ellos por la puerta de la plaza del Angel. - -Poco trecho mediaba de allí á mi casa, núm. 5 de la de Matute: poco -tiempo tuve para amasar mi plan, pero tampoco tenia minuto que perder. -Me encerré en mi despacho: pedí una taza de café bien fuerte, dí -órden de no interrumpirme hasta que yo llamara, y empecé á escribir -en un cuadernillo de papel la acotacion de mi drama. «Cabaña, noche, -relámpagos y truenos lejanos.--Escena primera.» Yo no sabia á quién -iba á presentar ni lo que iba á pasar en ella: pero puesto que iba -á desarrollarse en una cabaña, debia por álguien estar habitada: -ocurrióme un eremita, á quien bauticé con el nombre de Romano por -no perder tiempo en buscarle otro; y como lo más natural era que -un ermitaño se encomendase á Dios en aquella tormenta que habia yo -desencadenado en torno suyo, mi monje Romano se puso á encomendarse á -Dios, miéntras yo me encomendaba á todas las nueve musas para que me -inspiraran el modo de dar un paso adelante. Pensé que si el monje y yo -no nos encomendábamos bien á nuestros dioses respectivos, corria el -riesgo de meterme, empezando mal, en un pantano de banalidades del que -no pudieran sacarme ni todos los godos que huyeron de Guadalete, ni -todos los moros que á sus márgenes les derrotaron. - -Llevaba ya el monje rezando treinta y seis versos, y era preciso que -dijera algo que preparara la aparicion de otro personaje; que era claro -que si andaba por el monte á aquellas horas y con aquel temporal, debia -de poner en cuidado al que abria la escena en la cabaña. Decidíme por -fin á atajar la palabra á mi monje romano y escribí: Escena segunda. -_Sale Theudia_: y salió Theudia; mas como no sabia yo aún quién era -aquel Theudia, le saqué embozado, y me pregunté á mí mismo: ¿Quién -será este Sr. Theudia, á quien tampoco podia tener embozado mucho -tiempo en una capa, que no me dí cuenta de si usaban ó no los godos? -era preciso empero desembozarle, y él se encargó de decirme quién era: -un caballero; por lo cual, y por su nombre, y por su traje, tenia -necesariamente que ser un godo; quien trabándose de palabras con aquel -monje que en la choza estaba, me fué dando con los pormenores que en -ellas daba, la forma del plan que me bullia informe en el cerebro; -de modo que andando entre Theudia, el ermitaño y yo á ciegas y á -tientas con unos cuantos recuerdos históricos y unas cuantas ficciones -legendarias de mi fantasía, cuando al fin de aquella larga escena -segunda escribí yo: Escena tercera. _El ermitaño_, _Theudia_, _Don -Rodrigo_, ya comenzaba á ver un poco más claro en la trama embrollada -de mi improvisado trabajo, y el cielo se me abrió en cuanto me ví con -Cárlos Latorre en las tablas; porque miéntras él estuviera en ellas, -era lo mismo que si en sus cien brazos me tuviera á mí el gigante -Briareo; porque estaba ya acostumbrado á ver á Cárlos sacarme con bien -de los atolladeros en que hasta allí me habia metido, y á él conmigo le -habia arrastrado mi juvenil é inconsiderada osadía. - -En cuanto me hallé, pues, con Cárlos, fiado en él, me desembaracé del -monje como mejor me ocurrió, y me engolfé en los endecasílabos: cuando -yo los escribia para Cárlos Latorre en mis dramas, ya no veia yo en -mi escena al personaje que para él creaba, sinó á él que lo habia de -representar, con aquella figura tan gallarda y correctamente delineada, -con aquella accion y aquellos movimientos, y aquella gesticulacion -tan teatrales, tan artísticos, tan plásticos, nunca distraido, jamás -descuidado; dominando la escena, dando movimiento, vida y accion á -los demás actores que le secundaban: así que al entrar yo en los -endecasílabos de la escena cuarta, me despaché á mi gusto haciendo -decir á D. Rodrigo cuanto se me ocurrió, sin curarme del cansancio que -iba á procurar á un actor, que por fuerte que fuese era ya un hombre -de más de sesenta años con un papel que sostenia solo todo mi drama; -mas la inspiracion habia ya desplegado todas sus alas, y no vacilé -en añadirle el fatigosísimo monólogo de la escena V para preparar la -salida del conde D. Julian. Aquí me amaneció: tomé chocolate y leí lo -escrito; parecióme largo y asombréme de tal longitud, pero no habia -tiempo de corregir; presentia que me iba á cansar, y temiendo no -concluir para las siete, acometí la escena del conde con D. Rodrigo, -que me costó más que todo lo llevado á cabo, y me faltó la luz del dia -cuando escribia: - - Escucha, pues, ¡oh rey Rodrigo - á cuánto llega mi rencor contigo! - -No me habia acostado, no habia comido, no podia más y se acercaba -la hora de la lectura. Me lavé, tomé otra taza de café con leche, -enrollé mi manuscrito y me personé con él en el teatro de la Cruz. -Leyóse; asombréme yo y asombráronse los que me escucharon; abrazóme -Hartzenbusch, y frotábase ya Lombía las manos pensando en que la -funcion de Navidad trabajaria Cárlos, cuando éste dijo con la mayor -tranquilidad: «Señores, yo no tengo conciencia para poner esto en -escena en cuatro dias; esta obra es de la más difícil representacion, -y yo me comprometo á hacer de ella un éxito para la empresa, si se me -da tiempo para ponerla con el esmero que requiere; miéntras que si la -hacemos el 24 vamos de seguro á tirar por la ventana el dinero de la -empresa y la obra es la reputacion del Sr. Zorrilla. - -Convinieron todos en la exactitud de lo alegado por Latorre; mascó -Lombía de través el puro que en la boca tenia y... se dejó _El puñal -del godo_ para despues de las fiestas; y tampoco aquel año trabajó en -ellas Cárlos Latorre. - -Así se escribió _El puñal del godo_. ¿Cómo lo puso en escena aquel -irreemplazable trágico? - -La representacion para el próximo lunes. - - - - -XIII. - -EL PUÑAL DEL GODO. - - -II. - -Durante las fiestas de Navidad ocupóse Cárlos Latorre del estudio de -aquel repentino aborto de mi irreflexivo ingenio, que habia yo escrito -y leido en veinticuatro horas y bautizado con el título de _El puñal -del godo_: y durante aquellos quince dias, habia yo tenido tiempo para -reflexionar sobre lo que habia hecho. - -Debo yo á Dios una cualidad por la cual le estoy profundamente -agradecido; pero por la cual es probable que no sea nunca respetado -en mi patria: la de no dejarme alucinar por los aplausos, y no creer -por ellos que mis obras son el non plus ultra de la perfeccion: como -yo sé mejor que nadie cómo y por qué las he escrito, no tengo vanidad -en ellas; y no solamente veo sus grandes defectos, sinó que tampoco -me ofende su crítica, por más que muchas veces me las haya acerba, -personal y agresivamente flagelado. - -Desde que el 17 por la noche leí en el teatro de la Cruz lo que en -aquel dia y la noche anterior habia escrito, habia yo comprendido que -aquel _Puñal del godo_, forjado en el breve tiempo y del modo que llevo -dicho, escribiéndolo ántes de pensarlo, creándolo y dándole forma -segun escribiéndolo iba, y fiándome al escribirlo en que era Cárlos -quien lo debia de representar en cuatro dias, adolecia de gravísimos -defectos, que hacian dificilísima su representacion. Yo habia escrito -sin juicio, sin correccion y sin poder pararme á leer lo que escribia, -por miedo de perder los minutos que para concluir á tiempo mi trabajo -podian faltarme; por consiguiente, mis personajes no decian en las -cuatro primeras escenas lo que debian para hacer comprender la accion -á los espectadores, sinó lo que yo me iba diciendo á mí mismo para -comprender mi pensamiento, que no se trababa y desarrollaba en mi -imaginacion, sino ya en el papel por los puntos de mi pluma; la cual no -podia volverse á borrar una redondilla, sin perder sus cuatro versos y -los cuatro minutos empleados en escribirlos, no en pensarlos, porque -para pensar no tenia ni se me habia concedido tiempo. Así en la escena -IV endecasílaba, parece que Theudia y D. Rodrigo se quieren desquitar -de lo que no han hablado desde la desastrosa jornada del Guadalete. -Fiado yo en Cárlos Latorre, que contaba de una manera cuyos pormenores -concienzudamente estudiados en voz, posiciones, accion y fisonomía -avasallaban la atencion del auditorio constante y crecientemente, -puse en boca de D. Rodrigo aquella fantástica historia del monje; -figurándome conforme la iba escribiendo cómo me la iba á poner en -accion aquel amigo gigante, que en sus brazos me levantó y á quien debo -la poca reputacion que como autor dramático he obtenido. - -Y en verdad que, con sinceridad revelándoselo hoy al público despues de -treinta y ocho años, hasta que hice decir á la vision del bosque en la -narracion de D. Rodrigo, que - - él, á quien deshonró tu incontinencia, - vendrá de crímen y vergüenza lleno - con tu mismo puñal á hender tu seno, - -maldito si sabia yo aún en lo que habia de parar todo aquello, que no -era todavía más que la exposicion. Hasta que brotó del diálogo aquel -bienaventurado puñal, mi mal perjeñado trabajo no tenia ni accion, -ni final, ni título: desde allí el drama lo es, y caminé desde allí -resueltamente á la escena VI, que es lo único que en él tiene un valor -real y un interés verdadero. - -Cuando nos reunimos por primera vez en el gabinete octógono de su casa -de la plaza de Santa Ana Cárlos y yo, para tratar del reparto y ensayo -de mi drameja, me dijo Cárlos: «La espontaneidad con que ha escrito -usted _esto_, la exuberancia de versificacion en sus escenas acumulada, -hacen difícil su representacion. Yo no quiero que corrija V. ni suprima -una sola palabra; quitaria V. á su obra su originalidad; quiero hacerla -tal como está; pero quiero que mis actores, conmigo, aseguren el -éxito de su estreno con el mismo lujo de pormenores de que V. la ha -colmado, y con tanto exceso de estudio para representarla cuanto á V. -le ha faltado para escribirla. Escúcheme V., y vamos á ver si yo he -comprendido bien su pensamiento.» - -Latorre y yo teníamos siempre esta conferencia preliminar, en la cual -exponíamos mútuamente nuestra manera de ver la accion de la obra que -íbamos á poner en escena: yo le decia cómo la habia yo concebido, -y él me decia cómo pensaba desarrollarla. Siguió, pues, Cárlos -diciéndome: «D. Rodrigo es en _El puñal del godo_ un rey acosado por -dos grandes pasiones: la supersticion del godo de su edad tosca, y la -profunda melancolía que en su corazon ha engendrado el vencimiento. -La concentracion en sí mismo y la distraccion perpétua en que sus -pensamientos le tienen absorbido son las señales externas del carácter -de esta figura. ¿No es eso? - ---Exactamente. - ---El conde D. Julian es un mal hombre: por más que la ofensa que -ha recibido le da derechos para mucho, él va tras de una venganza -insaciable, en la cual no ha dudado envolver á toda la nacion de su -ofensor. La aspereza violenta, la ira traidora de la hiena, y la marcha -oblícua del lobo, son los caractéres exteriores de esta figura, que se -mueve en el cuadro inquieta, torva y siniestra, como amenaza viviente. -¿No es así? - ---Exactamente. - ---Theudia es... su Sancho Montero y su Blas de usted en _Sancho García_ -y _El Zapatero y el Rey_: á Lumbreras le viene como pintado el papel de -Theudia, y daremos el del conde á Pizarroso. - -Y se envió á estos actores su respectivo papel. - -Lumbreras era entónces un mozo de buena estatura, de franca fisonomía, -de varoniles maneras, bien proporcionado de piernas y brazos, y de -fresca y bien timbrada voz; pero era algo tartamudo, aunque no se -apercibia en escena este defecto, que vencia el estudio y el cuidado. -Lumbreras tenia el gérmen de un buen actor sério; habia estrenado -con justo aplauso el papel del moro Hissem en _Sancho García_; y en -la escuela y compañía de Latorre le secundaba dignamente bajo su -direccion. - -Pizarroso era un actor de angulosas formas, de voz áspera y -_garrasposa_, pero de buena estatura y fisonomía, de fácil comprension, -de buena voluntad para el estudio, muy cuidadoso en el vestir, y secuaz -ciego y adorador idólatra de Cárlos Latorre, entre cuyas manos era -materia dúctil como actor útil y aceptable. - -Con estos elementos y diez dias de estudio, ensayamos otros diez _El -puñal del godo_ y levantamos el telon sobre el interior sombrío de -una fantástica cabaña, pintada por Aranda para mi drama en miniatura, -en una noche en que la política traia un poco inquietos los ánimos, y -la atmósfera tan cerrada en nubes como aquella en incertidumbres; una -noche, en suma, muy mala para dar nada nuevo á un público que no sabia -lo que queria ni lo que recelaba, dispuesto á descargar su inquietud -sobre el primero que se la excitara, anheloso por distraerse, pero -inseguro de hallar quien le distrajera. - -Ante este público se levantó el telon del teatro de la Cruz sobre la -cabaña de mi monje Romano, quien empezó aquella larga plegaria, de la -cual no habia querido Cárlos que suprimiera un verso. Nunca he tenido -yo más miedo: tenia cariño á mi tan mal forjado _Puñal_, y temia -que mi triunfo de veinticuatro horas se convirtiera en veinticuatro -minutos en vergonzosa derrota. Presentóse Lumbreras, y se presentó -bien: franco, sencillo y respetuoso con el monje, pidióle de cenar con -mucha naturalidad, comió como sóbrio que dijo ser, observó al ermitaño -como hombre que está sobre sí, pero con la tranquila serenidad de un -valiente, y llevó en fin á cabo la escena, dándola la flexibilidad, -el movimiento y el lujo de pormenores de que Cárlos habia previsto la -necesidad. El público la oyó en el más desanimador silencio. - -Salió al fin Cárlos, cabizbajo, distraido, sombrío y brusco, llenando -la escena del misterio del carácter del personaje que representaba, -y á los primeros versos se captó la atencion de los espectadores, y -al sentarse empujando á Theudia y diciéndole: «Haceos, buen hombre, -atrás...» yo respiré en mi palco, porque ví que todo el mundo queria ya -ver lo que iba á pasar. - -Cárlos no tenia par para estas escenas: no dejó enfriar la atencion -un solo instante; y cuando, sólo ya con Theudia, entró en los -endecasílabos, se le escuchaba con religioso silencio, y sofocábanse -por no toser los á quienes traia resfriados aquella húmeda frialdad del -Enero de 43. - -Cárlos reveló tánto miedo, tánta esperanza, tánta supersticion, tal -lucha interior de pasiones oyendo las noticias de Theudia, que entró -en la narracion de su cuento tan vaga y tan fantásticamente, que al -concluirle diciendo - - «Dijo: y por entre la niebla arrebatado - huyó el fantasma y me dejó aterrado,» - -estalló un general aplauso: era que el público expresaba así el placer -de que Cárlos le hubiera dejado respirar: Lumbreras picó y despertó -el amor propio, y el valor del rey vencido con una intencion tan bien -marcada; Cárlos olfateó y oyó el aura militar del campamento y el -clarin que extremecia á los corceles con una accion tan dramática y -levantada, y con una amplitud de aliento tan vigorosa, que la sala -estalló en aquel ¡bravo, Latorre! que era sólo para él y que él sólo -sabia arrancar. La partida estaba ganada: y preparada de este modo la -salida del conde D. Julian, rápido, perfectamente á tiempo y entre -el fulgor de un relámpago, se presentó por el fondo Pizarroso, torvo, -sombrío, hosco é insolente, envuelto en una parda y corta anguarina, -con una larga y estrecha caperuza amarilla, que le cortaba la espalda -de arriba á abajo. Fuése directamente á la lumbre, que estaba á la -derecha, y picando con intachable precision el diálogo de entrada, -Cárlos con supersticiosa desconfianza y Pizarroso con agresivo mal -humor, llegó éste al rústico banquillo que junto á la lumbre estaba, y -diciendo - - D. Julian. ¿Tiene algo que cenar? - - D. Rodrigo. Nada. - - D. Julian. Pues basta; - la cuestion por mi parte ha dado fondo, - -engánchase la borla de su capucha en un clavo del banquillo, vuélcase -éste y da fondo Pizarroso, sentándose á plomo sobre el tablado. - -Aquí hubiera acabado hoy el drama; pero hé aquí el público y los -actores de aquel tiempo viejo: el público ahogó en un ¡chist! -general la natural hilaridad que iba á romper; Cárlos, en lugar de -decir: «desatento venís donde os alojan,» dijo en voz muy clara y -con un altanero desenfado: «desatentado entrais donde os alojan,» y -aprovechando Pizarroso aquel dudoso instante, incorporóse enderezando -el banquillo, asentóle sobre sus piés con un furioso golpe, y sentóse -tranquilamente, como si lo sucedido estuviera acotado en su papel. -Cárlos, en una posicion de supremo desden y de suprema dignidad, se -quedó contemplándole de través y en silencio, hasta que el público -rompió en un aplauso universal; y continuó la escena en una suprema -lucha de los actores por la honra del autor. La conclusion fué tan -rápida y precisamente ejecutada por el hachazo de Lumbreras, y -aconterada por Cárlos con la octava final con tal sentimiento y brío, -que el aplauso final se prolongó muchos minutos. _El puñal del godo_ -obtuvo el éxito que se obligó á darle Cárlos Latorre, si se nos -concedia tiempo para ponerle en escena como él habia concebido que -debia ponerse. - -Así se hacian y así se escuchaban las obras dramáticas desde 1832 á -1843. - - - - -XIV. - -INTERRUPCION. - -Sr. Director de _Los Lunes de El Imparcial_: - - -Mi querido amigo: Siento mucho no poder enviar á V. original de -mis _Recuerdos del tiempo viejo_ para el número de mañana: pero la -primavera que Dios prematuramente nos ha enviado esta semana á los que -en Madrid vivimos, ha hecho fermentar en mi viejo corazon el espíritu -vagabundo y holgazan de todo buen español en la estacion primaveral. -Confieso á V., y sin que tal confesion me pese ó me ruborice, que no he -hecho más en toda la transcurrida semana que pasear al sol mi pellejo, -que con el frio comenzaba ya á apergaminarse, conversar con dos amigos -tan viejos como yo, del tiempo que no volverá, y vagar por las calles -de Madrid como un gorrion nuevo recien escapado del nido, que no piensa -en volver á él miéntras luzca el sol sobre el horizonte. - -En esta ociosa vagancia me ha cogido el sábado, mi querido Munilla, -sin haber escrito ni acordarme de escribir una palabra del artículo de -mañana: así que, mi _Puñal del godo_ pendiente se está como quedó en -nuestro número del 1.º de Marzo, y no lo volveré á coger hasta el del -lunes 15: y para bien sea; porque un puñal en manos de un viejo loco, -puede acarrear á cualquiera un susto, si no un disgusto. Yo quisiera -sincerar mi falta dando á V. alguna razon que de ella con V. me -disculpara: pero, la verdad es que no la tengo: si le escribiera á V. -en verso, ya inventaria yo alguna mentira, por excusa; pero escribiendo -en prosa, debo decir la verdad como hombre honrado. - -El lunes, satisfecho de haber publicado y cobrado mi artículo, me salí -al sol á expaciar el ánimo y á descansar del trabajo hecho. Los martes -son malos dias para empezar negocio ni labor alguna: el miércoles me -volví á salir al sol para prepararme á oir por la noche en el Ateneo -al Sr. Moreno Nieto; á quien voy yo siempre á escuchar con tanto -asombro como respeto, porque sabe tantas cosas que yo no sé, y las -dice de una manera tan de mi gusto, que le escucho arrobado, y me -pesa siempre de que concluya de exponer aquellos sus tan bien hilados -discursos, tan lógicamente hilvanados en tan primorosas frases. El -jueves continué paseándome al sol, para rumiar lo oido al Sr. Moreno -Nieto; y á las siete y media (costumbre mia de los jueves) me senté á -la mesa de la condesa de Guaquí, quien siendo hija de mi condiscípulo -el duque de Villahermosa, es al mismo tiempo hermana del ángel rubio -encargado por Dios de abrir las puertas de la aurora y de derramar -la luz y la alegría sobre la tierra. Recibe conmigo á su mesa los -jueves esta gentilísima señora al prodigio de memoria, de erudicion -y de precocidad, el jóven Menendez Pelayo, al infatigable Grilo, que -nos recita sus versos, los mios y los de todos los poetas que conoce; -á Pepe Esperanza, quien me hace concebir la de escuchar el celeste -concierto del Paraiso, cuando él pone las manos en el piano, y otros -renombrados ingenios y conocidísimos personajes, de quienes no cito á -V. los nombres, porque no le parezca que trato de darme más importancia -de la escasa que mis versos me han adquirido, más por el ajeno favor -que por su mérito propio. Puede V. comprender que no tendria perdon -de Dios, si empleara los viernes en otra cosa que en saborear los -recuerdos en prosa y verso del salon de aquella condesa Cármen, con la -cual no tienen flor comparable ninguno de los Cármenes escalonados en -el valle de los Avellanos de la morisca Granada. - -Del viernes ya pensé emplear la noche en escribir mi artículo; pero -fatalmente para V., los viernes ha dado en reunir en su casa la señora -de Malpica á algunos amigos suyos, entre los cuales me cuenta; y ¡ay, -señor Director de _Los Lunes de El Imparcial_! recibe esta señora con -tal cariño y con tan buen gusto en una tan elegante morada, y van á -casa de esta señora dos niñas morenas, que cantan como dos ángeles, -dos rubias que tocan como dos serafines, y otras dos de tez apiñonada -y cabello castaño que tocan y cantan como dos Santas Cecilias... en -fin, de aquella casa se sale con pesar á las cuatro de la mañana; y el -sábado hay que pasarlo en soñar con aquellas tres parejas de muchachas, -que le dejan á uno en los oidos para veinticuatro horas el eco de todas -las harpas de Sion, y de los gorjeos de todos los ruiseñores de los -bosques de la Alhambra. - -La tarde del sábado, cuando ya iba disipándose la especie de embriaguez -en que envuelven el espíritu de los poetas, aunque seamos viejos, el -recuerdo de tánta poesía, tánta música y tántos serafines con forma -humana... ella bajando y yo subiendo, tropecé en la calle de la -Montera con la marquesa de D. H., que es la más mona de todas las -marquesas de los reinos unidos y desunidos de Europa; una malagueña -que tiene una mata de rayos de sol por cabellos, un puñado de azucenas -por cara, dos pedazos de cielo por ojos y dos ramilletes de jazmines -por manos; y que me dió justísimas quejas, y que la dí merecidísimas -satisfacciones, y que me ofreció el perdon suyo y el de su esposo, y -que la prometí enmienda, y que me fuí á mi casa entre la niebla del -crepúsculo, mareado y andando á tientas con el recuerdo de sus palabras -y la imágen de su hermosura. - -Envié á mi familia al teatro de Apolo, y dejando el estreno de la -comedia _Angel_ por oir á Blasco, me dirigí al Ateneo. - -Pero Blasco es más vagabundo que yo, y á las diez nos dijo el -secretario que Blasco no daba su lectura aquella noche. Un poco -despechado de aquel chasco que con su ausencia me pegaba Blasco, eché -hácia el teatro de Apolo, desesperanzado de acabar la semana tan -poética y armoniosamente como la habia pasado, puesto que daban una -comedia en prosa para mí desconocida: _Lo positivo_. - -A más de la mitad iba ya la representacion del acto segundo, cuando -ocupé yo mi butaca de primera fila; ignoraba el argumento y dábame -apenas cuenta de lo que en la escena sucedia, cuando la Hijosa, que en -ella estaba sola, dejó un periódico en que habia leido y tomó una carta -que tenia delante por leer. Desplegó poco á poco el papel de aquella -carta y comenzó su lectura con una indiferencia que cambió en atencion, -y que fué pasando de ésta al interés, y de éste al sentimiento, y luego -á la ternura, y ví con mis gemelos que las lágrimas brotaban de los -ojos de la actriz, y sentí las mias anublarme los cristales á cuyo -través la contemplaba, y oí por fin estallar un aplauso universal, y -solté mis anteojos para aplaudir su final de acto, cuya ejecucion hacia -mucho tiempo que no habia yo visto par. - -En el tercero desplegó Pepita Hijosa un lujo de pormenores, un estudio -de detalles tan minucioso, un cuadro tan acabado de cómica coquetería, -manifestó tal seguridad y franqueza, tal posesion de la escena, que -envidié la fortuna del Sr. Tamayo ó Estévanez, ó como quiera llamarse -el académico autor de aquella comedia, en la cual se me revelaban á -un mismo tiempo el más práctico de nuestros autores, y una actriz -incomparable para el estudio de sus papeles. - -Puede un gran poeta desarrollar en ricos versos ó en castiza prosa, un -gran pensamiento, y dar cima á una gran creacion; pero el mejor poeta -no puede hacer más que escribir sus palabras; y si el actor no da á -cada una de las de su papel una intencion, una inflexion, un movimiento -y una vitalidad competentes, de la palabra no resulta más que un -sonido sin vibracion, que excita seca, pálida y fria la idea en ella -expresada. En lo que yo ví de _Lo Positivo_, el poeta ha confeccionado -sus palabras y sus escenas como maestro, pero la Hijosa da á su palabra -el movimiento, el relieve y la vida del sentimiento del arte. - -Yo no conocia, amigo Munilla, á esta actriz que ha hecho su reputacion -durante mis treinta años de ausencia de España, y como todavía su -acento me resuena dentro del tímpano, su figura y su juego escénico -me bailan aún en las pupilas, y el recuerdo de la actriz me turba la -memoria, no tengo ni tiempo ni ánimo para escribir el artículo de -mañana. - -Compóngase Vd., pues, como pueda; que yo voy á probar si durmiendo doce -horas seguidas, puedo desembarazarme de la deliciosa pesadilla que me -producen en vigilia las encantadoras imágenes de las nueve bienhechoras -hadas, con quienes he tenido la fortuna de tropezar en la semana que -acabó ayer. Si Dios me da otras cuatro como ésta, el premio grande de -la lotería en la quinta, y la gloria despues de la muerte... reclame -usted, señor Munilla, reclame usted ante todos tribunales humanos y en -el divino, porque no habrá justicia ni en la tierra ni en el cielo. - -Suyo afectísimo... - - * * * * * - -Los redactores de _El Imparcial_ no quisieron dejar pasar el número -de aquel lunes sin artículo mio, y sustituyéndole con mi anterior -epístola, le completaron con la siguiente nota y los subsiguientes -versos: todo lo cual dejo yo en este lugar interrumpiendo mis recuerdos -como ellos lo intercalaron en los _Lunes_ de su periódico. - - * * * * * - -Mal satisfechos con esta carta del Sr. Zorrilla, corrimos á su -casa, pero no le hallamos en ella. Registramos osados su pupitre, y -encontrando en él el borrador de las siguientes octavas, las publicamos -á continuacion de su carta, en lugar del artículo que hoy no contaba -darnos. - - Dios te ha dado, Valenciana, - la beldad de las huríes; - en tu faz, cuando sonries - se abre el cielo y se ve á Dios; - quien al darte en carne humana - modelada tu hermosura, - dijo: «ahí va esa criatura, - y como esa no hago dos.» - - Y eres única por eso: - Yo creí que era mi Rosa - la primera y más hermosa - en el ámbito español; - pero á tí, prez y embeleso, - luz y gloria de Valencia, - te creó la Omnipotencia - sola y sin par, como el sol. - - En tus ojos nace el dia, - que ajimeces son del cielo - por los cuales manda al suelo - de Valencia Dios la luz. - Ha supuesto Andalucía - que era Vénus sevillana... - no lo creas, Valenciana; - erró vano el andaluz. - - Al matar el cristianismo - á la Vénus de Cithéres, - se asió á tí Cupido, y eres - quien le lleva de sí en pós; - si hizo á aquella el paganismo - de la espuma de los mares, - de capullos de azahares - y de luz te hizo á tí Dios. - - Tú eres Vénus, Valenciana; - tu hermosura es más perfecta - que la helénica, romana, - bizantina y oriental: - tú eres la obra más correcta - de las manos de aquel númen - que es la cifra y el resúmen - de lo bello y lo ideal. - - Y contigo, almo trasunto - de aquel gérmen de hermosura, - de sin par modeladura - en su inmensa creacion, - no tiene el más leve punto - de adhesion comparativa - criatura alguna viva - en belleza y perfeccion. - - No creó naturaleza - ningun tipo de hermosura - que no fuera á tu belleza - algun rasgo á demandar; - te pidió el cisne blancura, - el armiño tu limpieza, - el halcon tu gentileza - y el antílope tu andar. - - Tienes ojos de paloma - y hebras de sol por pestañas; - Dios te ha puesto en las entrañas - los efluvios del rosal: - y respiras los aromas - que desprende en las montañas - de sus troncos y sus gomas - el calor primaveral. - - Tu cabeza toca airosa - tu abundante cabellera, - como al cedro y la palmera - su ramaje secular: - de las hondas de tus rizos - la espiral es más graciosa - que los arcos movedizos - de las ondas de la mar. - - Tu cintura, más esbelta - que los vástagos del mimbre, - hace el paso que se cimbre - de tu andar de garza real; - y tu leve falda suelta - flota en torno de tu talle, - cual la niebla que en el valle - alza el sol matutinal. - - Más sutilmente no liba - colibrí de cien colores - en el cáliz de las flores - el rocío que en él ve; - más ingrávida no estriba - la ligera mariposa - en las hojas de una rosa, - que al andar pisa tu pié. - - De tus labios la sonrisa - como un alba se desprende - que por la atmósfera extiende - viva luz y áura vital, - y tu aliento es una brisa - que del cielo baja al suelo - por tus labios, que del cielo - son las puertas de coral. - - Son más dulces tus palabras - que la miel de las abejas; - el olor que trás tí dejas - aventaja al del clavel: - y tu amor, con el que labras - mi ventura, reasume - la dulzura y el perfume - de la flor y de la miel. - - Tú eres Vénus, Valenciana: - tus dos labios carmesíes - al abrir cuando sonries - se abre el cielo y se ve á Dios; - quien al darte en carne humana - modelada tu hermosura, - dijo: «ahí va esa criatura: - mas como esa no haré dos.» - - - - -XV. - -EL PUÑAL DEL GODO. - -III. - - -Ganóme esta obrita más favor con el vulgo é hízose pronto más popular -y famosa que cuantas escritas llevaba, por la circunstancia de que, -no necesitándose dama para su representacion, la pusieron en escena -todos los aficionados en liceos, casinos y demás sociedades más ó -ménos literarias que por entónces comenzaron á surgir; y permítame -el lector que con vanidad le recuerde que sé de cierto que miles de -personas, que han sido y son hoy conocidos personajes, han hecho el -papel de alguno de los cuatro de mi _Puñal del godo_: y no há muchas -noches dieron una dedada de miel á mi amor propio mi paisano Nuñez de -Arce, Sellés y otros que valen y son hoy más de lo que yo antaño valia -y era, revelándome alegremente que habian de estudiantes representado -á Theudia y á D. Rodrigo, y el primero añadió que aún sabia de memoria -toda mi rápidamente abortada composicion; lo cual, sea dicho en paz -y en gracia de Dios, me congratula con aquel pequeño aborto de mi -ingenio y casi me enorgullece de haberlo escrito. - -Y la ocasion me viene como de molde, para exponer aquí mi opinion sobre -las representaciones de los aficionados, en los más ó ménos caseros -teatros de sociedades más ó ménos públicas ó privadas. Cuando invitado -un conocido autor á la representacion de una de sus obras en uno de -estos teatros, le dicen durante ó despues de ella: _¡Cuánto habrá V. -sufrido viéndose así ejecutado!_ ni los que tal le dicen son justos, -ni él lo fuera pensando tal. Yo por mi parte no sólo asisto sin pena -á estas ejecuciones, sinó que es la sola ocasion en que escucho mis -versos sin hastío. Los aficionados suelen ser muchachos de quienes -aún no se sabe el porvenir, que estudian sus papeles con afan, los -representan con entusiasmo, y se encariñan con el autor; de quien se -acuerdan contínuamente y con quien contraen esa amistad leal, noble -y desinteresada, que se basa en la fruicion espiritual de la lectura -y del estudio de una obra que nos procura aplausos y favor, siquiera -sea de amigos. Tal vez un muchacho á quien el porvenir guarda una -faja de general ó un sillon presidencial de un Parlamento ó en una -Academia, representa delante de la niña que ha de ser su mujer, ó de -la mujer que ha de ser su gloria ó su condenacion. Tal vez alguno, -con la representacion del papel de Theudia ó del conde D. Julian, -ha conseguido el amor de su Florinda, y uno y otro han bendecido y -conservado por ello toda su vida una amistad por él ignorada al viejo -autor del _Puñal del godo_. En estos teatros y en estos actores de -aficion todo es disculpable, en atencion á la buena fé con que todo se -hace: en ellos suelen presentarse individuos que fácilmente llegarian á -buenos actores, si en serlo pusiesen empeño ó de serlo se vieran en la -necesidad. Yo soy tal vez el viejo que tiene más amigos jóvenes: soy el -poeta que goza de más popularidad entre la juventud escolar de España: -y no por mi ciencia, de la cual dan mis escritos bien pobre y escasa -muestra, sinó por las octavas de D. Rodrigo y el diálogo de éste con D. -Julian, de los cuales hay apenas estudiante que no tenga en su memoria -algunos de sus versos ó algunas hojas parásitas de los mios entre las -de sus libros de asignatura. - -Los actores de provincia son tambien dignos de la indulgencia de los -autores; porque la variedad diaria que en sus representaciones exige -un público escaso que nunca varía, no les da tiempo de estudiar ni de -ensayar convenientemente las obras; pero basta de esto, que es tratado -aparte de mis recuerdos viejos: ya volveré sobre ello cuando llegue el -turno á mis impresiones del tiempo actual; y tornemos y demos fin á las -de _El puñal del godo_ con una anécdota poco conocida. - -Habia en Méjico cuando vivia yo en aquel paraiso, que debió ser para -mí y no quiso Dios que fuera limbo del olvido un Casino español, -pródigamente sostenido, en cuyos salones se daban algunas espléndidas -fiestas; una de ellas, la imprescindible, se verificaba el dia -onomástico de la Reina Isabel, á quien, como á la persona que entónces -representaba la patria, enviábamos un saludo los expatriados de -España. Era yo el encargado de hacer una lectura en aquellas noches, -que concluia siempre con el viva á España, al cual contestaban los -mejicanos y españoles en aquellos salones reunidos. - -Un año, queriendo el Casino hacerme un obsequio por lo que parecia -trabajo y era en un español obligacion de buen ciudadano, dispuso que -en una de estas fiestas se representase mi _Puñal del godo_ y se me -ofreciese una corona. - -Colocáronme, para honrarme, en un grande y magnífico sillon, en el -cual resaltaba más mi exígua personalidad, á la derecha de la orquesta -y de cara al público: ejecutóse mi pobre drama lo mejor que se pudo -y mejor de lo que se esperaba; diéronme mi corona, aplaudiéronme -mucho, y despues de una exquisita cena aconterada con muchos bríndis, -metiéronme, tras de muchos abrazos y plácemes, en mi coche y... buenas -noches. - -Al dia siguiente un periódico mejicano, no muy afecto á los españoles -pero redactado por gente ingeniosísima, daba cuenta de la fiesta, -la representacion, mi coronacion y la cena final en los términos -más halagüeños para la riqueza, la esplendidez y el patriotismo de -los sócios del Casino; pero concluia con este cuentecillo: «Sin que -salgamos garantes de la verdad del hecho, se cuenta que entre el -poeta Zorrilla y un amigo nuestro y suyo, que no habia asistido á la -funcion del Casino y que se acercó á saludarle al bajar aquel del coche -á la puerta de su casa, se cruzó el siguiente diálogo, que resultó -improvisada redondilla: - - «El amigo. ¿Qué tal lo hicieron los godos? - - El poeta. ¡Hombre!... lo han hecho tan mal, - que buscaba yo el puñal - para matarlos á todos.» - -En cuyo cuentecillo quedábamos mal todos los españoles de Méjico: los -del Casino por haber hecho mal mi drama, y yo por hacerlo peor con -ellos en semejante epígrama. - -Ni es mio, ni en aquella ocasion pudiera habérseme ocurrido; pero me -le ha recordado la última representacion que he visto en Madrid de mi -pobre _Puñal del godo_. - - - - -XVI. - -LOS DOS VIREYES. - - _Suum cuique._ - - -Este drama está ya olvidado del público de Madrid, y apenas si se -representa alguna vez en provincias, afortunadamente para mi honra. - -De él se ocupó la crítica muy somera aunque muy ágriamente, y tuvo -razon: es la más miserable rapsodia representada en el teatro moderno; -y si andando el tiempo algun curioso bibliómano ó algun crítico -investigador tropezaran con ella en algun juicio retrospectivo, -seguramente exclamarian con asombro: «¡Cómo diablos fué posible que -aquel poeta escribiera esto!» - -Y no puedo negar que lo escribí, y es lo peor que al afirmarlo no -me avergüenzo de haberlo escrito; materialmente escrito, porque -el argumento, la forma y las escenas en prosa, no son mios: están -rastreramente cogidos y literalmente copiadas de una mala novelucha de -un autor italiano engerto en francés, á quien todo París literario y -artístico ha conocido, pero cuya reputacion no ha llegado á España: -la novelucha se titulaba _El virey de Nápoles_, y su autor se llamaba -Pietro Angelo Fiorentino. - -¿Cómo llegó á mis manos esta novela? ¿Quién me puso en mientes -transformarla en drama, copiando en él servilmente los amanerados -diálogos de su falso relato y sin curarme de corregir sus errores -históricos, ni de dar á mis personajes otro carácter más acusado y -dramático, más verdadero y más español? - -Es una historia que debia de quedar para contada despues de mi muerte; -pero que se me antoja contar en vida, porque nada hay en ella que no -abone mi lealtad de amigo y mi buena fé de hombre honrado; porque -no quiero que piense ninguno de los que en mi tiempo viven que temo -abordar en mis RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO ninguna cuestion personal -sobre el pasado que no vieron, y porque no quiero cargar para el -porvenir con culpas que no fueron mias. En cuanto á mi reputacion -literaria, confieso que no me trae con mucho cuidado; porque sólo la -posteridad depura y acrisola lo que vale la fama adquirida en vida por -un autor de loca fortuna ó de gran favor entre los profesores de bombo; -y tengo yo para mí, aunque pese á los pocos amigos que me quedan, -que más me va á honrar despues de mi muerte, la sinceridad con que -reconozco la escasa valia y los defectos de mis obras, que el haberlas -escrito; y digo sinceridad, por no atreverme á decir modestia; virtud -que creo que no existe ya en España y que es un capital que... quien lo -pone lo pierde: sabiendo lo cual, aunque lo tuviera no lo pondria yo. - -No quiero, sin embargo, que mis amigos renieguen de mí, tomando mi -sinceridad por hipocresía; y voy á decirles de paso, y áun á peligro -de que en vez de hipócrita me crean vanaglorioso, que tengo cierta -conciencia de mí mismo, teniendo por bien hecho y por valioso algo -de lo por mí hecho: mi _Cristo de la Vega_, mi _Capitan Montoya_ y -mi _Margarita la tornera_, son tres leyendas muy imitadas, pero no -corregidas áun por otro poeta mejor narrador, ó más legendario y -tradicional; y Dios y el tiempo nuevo me perdonen mi pretension de -creer que me dan derecho á tenerme por legendario buen narrador. Por -poeta dramático no me tuve jamás, y sólo puedo presentar sin vergüenza -los dos primeros actos de _Traidor, inconfeso y mártir_ y la segunda -mitad del tercero y primera del cuarto de _El Zapatero y el Rey_; lo -cual no es tánto que sirva para bravear, ni tan poco que me humille y -me cierre las puertas del teatro; y en cuanto á mis poesías líricas... -¡ay de mí! no son más que hojarasca; y en ellas hay muchas hojillas -verdes y algunas florecillas frescas, pero cuando el tiempo seque tal -hojarasca, poca sombra dará á mi fama el follaje que deje su soplo en -las pobres ramas del laurel de mi gloria. - -Volvamos á la historia de mis Dos vireyes. - -Habia en 1838 y 39 una tienda de gorras en la Puerta del Sol, cuya -dueña, honradísima mujer, tenia un hermano menor que de ella dependia -y que era taquígrafo de las Córtes. Alto, desgarbado, de pesados -movimientos, modales vulgares y saltones ojos, era en su exterior -el tipo de la honradez, y en sus características manifestaciones la -expresion de la buena fé. - -No recuerdo cómo, ni por quién, tropezó y comenzó á juntarse conmigo; -pero ello es que paró en ser mi inseparable sombra, y que no pasaba -dia que no pasara conmigo y en mi casa las horas que su ocupacion de -taquígrafo le dejaba libres. Alababa todo lo que yo hacia, celebraba -todas mis escentricidades de poeta y mis niñerías de muchacho; y como -si en mi cronista se hubiese constituido, propalaba y encomiaba por -donde quiera mis hechos y mis dichos, clasificándolos todos entre los -más chistosos y originales del mundo; lo cual contribuia más que á mi -buena fama á procurarle á él la de mi único amigo, confidente único de -los secretos del muchacho que iba haciéndose popular. - -Llevaba yo por entónces, como he llevado siempre, una vida aislada, -que me ha obligado á llevar el trabajo necesario á mi subsistencia y -mi poca simpatía por las banalidades que forman base de la vida social -de Madrid. Las visitas inútiles, las relaciones superficiales y los -convites sin cariño, han sido cosas que no he aceptado jamás en mis -costumbres: y he preferido siempre para mis alegrías y expansiones el -interior modesto de mi pobre hogar, al suntuoso salon y la opípara -mesa del opulento y millonario anfitrion. Mi idea fija era hacer -famoso el nombre de mi padre, para que éste, volviéndome á abrir -sus brazos, me volviera á recibir para morir juntos en nuestra casa -solariega de Castilla; única ambicion mia y único bien que Dios no ha -querido concederme. Bajo esta idea huí siempre de la sociedad política -y rechacé el favor y la proteccion de los gobiernos, á quienes no -pudo ligarme nunca compromiso alguno personal; mi padre era realista, -tuvo que irse con el infante D. Cárlos María Isidro á las Provincias -Vascongadas y que emigrar á Francia un mes ántes del convenio de -Vergara; y puse mi empeño en probarle, que la fama que yo habia dado -á su apellido, la debia sólo al trabajo y al favor del pueblo, no á -haber vendido mi pluma á un partido contrario á sus opiniones; y sin -cuya revolucion no hubiera yo, sin embargo, tenido una prensa en que -publicar los versos que me hicieron popular. - -Pasábame, pues, la vida en mi casa dado á mi asíduo trabajo, del cual -descansaba y me distraia en el tiro de pistola y en el circo de la -plaza del Rey; mis dos únicos vicios, porque en vicio les constituia -mi diaria presencia en el tiro y en el circo, donde constantemente me -acompañaba _X_ el taquígrafo, tosco eslabon humano que con la humana -sociedad me encadenaba. _X_ no tiraba; juzgaba de los tiros, convenia -las apuestas, aplaudia los triunfos, y tomaba parte muy principal -en los almuerzos en que las ganancias se invertian. Mr. Arnaud, el -propietario del tiro, tenia para su establecimiento el reclamo de -nuestra fama, y en el actor Monreal, en D. Juan Valleras y en mí, -tres seguros mantenedores de las apuestas que él con extranjeros -generalmente entablaba, y que el bueno de _X_ con él organizaba y -llevaba á cabo; almorzando siempre, como árbitro y adlátere mio, con -los vencidos y los vencedores. - -No puedo resistir al deseo de consagrar aquí cuatro renglones al -recuerdo de aquellos viejos compañeros de mis juveniles aficiones. - -Monreal era un actor inimitable en lo que entónces se llamaba papeles -de traidor: era un segundo sin primero y un tirador de pistola de -primera fuerza; pero habia que fiarle en las apuestas los primeros -tiros; porque era tan orgulloso, que el primero perdido le hacia perder -la serenidad á impulsos del amor propio que le devoraba. Juanito -Valleras era un gaditano de 24 años, fino y esbelto como un galgo -inglés, caballeroso y leal hasta el recorte de las uñas, andaluz hasta -la médula de los huesos, y tan incapaz de hacer una villanía como de -soltar una gracia agresiva ni de mal tono. Era el primer tirador de -entónces; tiraba por vanidad, y daba siempre la mitad del valor de cada -tiro al francés Arnaud, porque no se convalachara con ningun tirador -paisano suyo para desigualar la carga ó las ventajas de las apuestas. -Con Valleras y conmigo llevaba Arnaud el 50 por 100 de cuanto en ellas -se atravesaba; y el tiro de apuesta de Valleras eran nueve balas -colgadas á nueve distintas alturas, que debian casarse con las de nueve -tiros sin interrupcion; y rara vez le faltaba una por casar. De su -hidalguía es prueba irrechazable el hecho siguiente: - -El francés Arnaud andaba siempre á caza de ingleses con quienes -empeñarnos en apuestas de tiro, y dió una vez con unos que nos -invitaron al del encargado de negocios de Dinamarca, que le tenia -precioso en su jardin de la casa de la calle del Barquillo, residencia -de su embajada. Los ingleses lo eran de pura raza, y nos recibieron -como gentes de la mejor sociedad, prévia la más irrecusable -presentacion. Tiraban con unas magníficas pistolas belgas, tres -pulgadas más largas que las nuestras: fiáronse á la suerte todas las -condiciones, y tocó á cada cual el derecho de usar de sus propias -armas. Durante los preliminares, Monreal y _X_ fijaron su atencion en -un inglés viejo, que sentado á la cabeza del tiro tenia un groom de -pié á su espalda y un gran saco á sus piés: era sin duda un maniaco -apostador.--«¡Ojo al saco!» dijo por lo bajo _X_;--y una mirada furtiva -de Mr. Arnaud nos probó á Valleras y á mí que el francés habia tramado -aquella conjuracion contra el saco del inglés. Tocó á los de Albion -tirar los primeros; pusieron por primer blanco un huevo á treinta -pasos: tiró el primer inglés, é hizo blanco: tiró el segundo con igual -acierto; y hecho lo mismo por el tercero, nos tocó nuestro turno á los -españoles. Valleras permaneció impasible, apoyada la mano derecha en el -pilar de la barandilla, para tener la muñeca libre de sangre y el pulso -tranquilo; pero invitado por uno de los ingleses á hacer su tiro, dijo -tranquilamente: «Mis compañeros y yo no hacemos ese tiro.» - -Mr. Arnaud se mordió los labios, yo sentí palidecer mis mejillas, y -los ingleses echaron sobre nosotros una mirada de compasion acompañada -de una sonrisa, en la cual su esmerada educacion no llegó á marcar -el desprecio. Valleras, sacando un puñado de monedas de á ochenta -reales isabelinas y recientemente acuñadas, mandó al criado poner una -en el blanco apoyada en el tapon de corcho tendido. Tomó su pistola, -y pasándosela á Monreal para el primer tiro, dijo á los ingleses: -«Nuestro tiro no pasa nunca de este tamaño.» El blanco se veia mal, -porque no era blanco sinó amarillo, y á treinta pasos sólo lo veia un -ojo de tirador; tiró Monreal y quitó la moneda; puso el criado otra, y -Valleras me pasó la pistola con que él tiraba; puse yo mi alma en mi -dedo índice, é hice blanco; Valleras dijo: «Yo no tiro eso: cuelgue -V. mis nueve balas.» Valleras hizo su tiro; los ingleses saludaron -respetuosamente, y el del saco se le entregó al groom, que desapareció -con él. La apuesta paró en un refresco y en un puñado de monedas que -Valleras y los ingleses dieron á Mr. Arnaud; y cuando á la mañana -siguiente, al volvernos á reunir en el tiro de éste, argüia á Valleras -por no haberse dejado ganar los primeros tiros para engrosar las -puestas, Valleras contestó con su desenfado andaluz: «Mr. Arnaud, si V. -habia pensado que nuestro blanco fuese el saco del inglés, hizo V. mal -en pensar en nosotros para sostener tal apuesta.» - -Valleras murió dos años despues, de una afeccion pulmonar; Monreal -se metió una noche la bala de su último tiro en el cerebro... y yo -abandoné el tiro, cuando mis compañeros abandonaron el mundo. - -Al montar Ignacio Boix su librería en la calle de Carretas, dando á -este ramo de comercio una forma y un impulso hasta entónces inusitado -en España, _X_ se ingirió en su casa como administrador, ya con ciertas -pretensiones literarias, como amigo y conjunto inseparable mio: Boix -aceptó la literatura de _X_ bajo su palabra: dióse éste á escribir -algunos artículos en _El Pensamiento_, semanario que Boix fundó: ganóse -_X_ la confianza de éste como habia ganado la mia, y Boix le comisionó -para ir á establecer en Cuba y Méjico dos sucursales de su casa de -Madrid. - -Hé aquí el talento y la historia de las medianías que saben no -desperdiciar la sombra de la más pequeña hoja que puede dársela: _X_ -empezó por adherirse á la pequeñísima sombra que mi pequeñísima persona -comenzaba á proyectar: cobijóse despues á la sombra de mi casa: recogió -como reliquias todos los borradores de mis manuscritos y todos los más -íntimos pormenores de mi vida; y, al cabo de dos años, salió para Cuba, -agente de la primera casa de librería, con mejor porvenir que yo, y -con el manuscrito inédito de mi leyenda de _El capitan Montoya_, de -la cual hizo cuatro ediciones en la Habana y Méjico, acompañándola de -una biografía del autor _su grande amigo_, cuyo nombre iba con el suyo -en la primera página, viva representacion de mi personalidad: segundo -yo en aquellos países, que no pensaba yo entónces visitar despues de -él, ni _X_ pensaba que yo en ellos habia de hallar más tarde la huella -de sus pasos. Volvió á Madrid en 1842, trájome grandes noticias de -mi gran fama por aquellos países y del éxito fabuloso de mi _Capitan -Montoya_; pero ni á él le ocurrió darme, ni á mí pedírsela, cuenta de -lo que sus cuatro ediciones habian producido. Entre amigos... - -Entre tanto habia yo tenido un poco de fortuna en el teatro con mi -_Cada cual con su razon_ y las dos partes de _El Zapatero y el Rey_, y -_X_ me habia dado á leer aquella novelilla de Pietro Angelo Fiorentino, -que habia traducido y publicado _allá_ en compañía de mi _Capitan -Montoya_ y bajo las mismas bases de lucro para Pietro Angelo que para -mí. Celebróme mi bienandanza teatral: y anudando naturalmente su -antigua intimidad conmigo, siguió acompañándome á los ensayos en el -escenario y á mi mujer en mi palco en las representaciones... y un dia -me preguntó que qué me parecia _su_ novela de _El virey de Nápoles_... -y otro dia que si se podria hacer de ella un drama... y una noche -que si yo querria transformar en drama su novela, y por fin que si, -escribiéndola en verso y prosa, querria yo aprovechar los diálogos de -la novela, y poniéndolos á nombre suyo, ponerle á él al par del mio -como autor dramático: _cosa_ que á él le daria una grande importancia -con su principal Boix, etc., etc. - -¿Por qué no habia yo de ayudar á hacerse hombre á un tan buen amigo? -Me habia acompañado dos ó tres años cinco ó seis horas diarias, y dia -y noche en las épocas de enfermedades y pesadumbres: habia empezado su -carrera de escritor poniendo en las nubes mis versos y en boca de todos -la prosa de mi vida... emprendí la transformacion de la novela _El -Virey de Nápoles_ en el drama _Los dos vireyes_; pero por más empeño -que puse en semejante trabajo, le concluí convencido de que habia -salido como no podia ménos de salir una obra malamente confeccionada, -muy desigualmente escrita y de éxito dudosísimo. - -Llamé á _X_ y le dije que en mi cualidad de buen amigo y de hombre -leal, mi conciencia me obligaba á advertirle que _Los dos vireyes_ -era un tiro que iba á salir para él por la culata; y que al silbarme -el público por primera vez, no faltaria á quien le ocurriera que -escribiendo solo me habia hecho aplaudir, y que la asociacion con _X_ -me habia atraido la primera silba; y en fin, que aquel seguro mal -éxito, en vez de procurarle reputacion y de abrirle la escena, le iba á -desacreditar y á cerrársela para siempre. - -Pareció _X_ convencido de mis razones: y como la temporada cómica -iba ya muy avanzada, la obra estaba prometida y yo obligado á dar la -tercera del año, segun mi contrato, determinamos presentarla bajo -mi solo nombre, y que corriera yo solo el riesgo de un desaire casi -seguro del público y de una justa rechifla de la crítica por semejante -rapsodia. - -Entregué mi obra á Lombía: recomendésela á Cárlos, poniéndole en los -pormenores de su historia: prometióme Cárlos, con el paternal cariño -que me tenia, ponerla en escena con tánto más esmero cuanto ménos -probabilidades de éxito presentaba: y pretestando yo no poder esquivar -por más tiempo el compromiso de ir á pasar la Semana Santa con el duque -de Rivas, partí á Sevilla, huyendo de la primera representacion de -aquellos _Dos vireyes_, con cuyo azaroso porvenir dejé cargados á Mate -y Cárlos Latorre, diciéndome al meterme en la diligencia: «ojos que no -ven, corazon que no siente.» - -¡Y qué recuerdo tan fresco, tan juvenil, tan poético, es el de aquel -viaje y el de la estancia en la casa y con la familia de aquel tan -gran poeta y tan grande amigo como fué mio, aquel á quien yo llamaba -mi ángel, á quien la posteridad llama duque de Rivas, y cuya memoria -vive aún por la amistad en mi corazon, y en España por el _Don Alvaro_, -que está todavía en pié sobre la escena en que hace cuarenta años que -apareció! - -Desde que Juanito Donoso y Nicomedes Pastor Diaz primero y Villalta -despues, me habian dado trabajo en sus periódicos, no habia yo dejado -pasar una semana sin publicar una ó dos composiciones por lo ménos: -en tres años habia de ellas coleccionado ocho tomos mi primer editor -Delgado. Desde que García Gutierrez me habia abierto la escena, -asociándome á él en el _Juan Dándolo_, habia yo presentado seis dramas, -benévolamente acogidos por el público, que tuvo sin duda en cuenta -al aplaudírmelos mi poca edad y mi constante trabajo: tenia yo mucha -priesa de meter ruido que llegara á los oidos de mi padre, emigrado en -Francia, y no me remuerde la conciencia de haber desperdiciado aquel -tiempo viejo. Era la primera vez que cogia yo un mes y un puñado de -onzas para mi solaz. Mi miedo al éxito de mis _Dos vireyes_, pedia á -Dios alas para huir de Madrid: y el editor D. Manuel Delgado, que era -el único que sabia lo que yo valia en dinero, que me gruñó siempre, -pero no me negó jamás el que le pedí, me dió el susodicho puñado de -onzas, para sustituir con un asiento en la diligencia las alas que -Dios no ha concedido á ningun poeta al lado de los homóplatos. Dióme -Lombía una docena más de aquellas graves y amarillas monedas que por -atrasos de mi sueldo me era en deber, y otra docena Boix por adelanto -y seguridad de mi primer tomo de leyendas: dejé las dos docenas á -mi familia; y con el primer puñado en el bolsillo, me acomodé en la -berlina, que despues hemos llamado _coupé_, de la diligencia que á -las tres de una mañana de marzo arrancaba para Sevilla, de la calle de -Alcalá. - -Llevaba por compañeros á D. Juan Jústiz, noble mozo habanero, de tan -mala salud como buena educacion, y tan sobrado de rentas como falto de -humor para gastarlas; á quien acompañaba Lorenzo Allo, otro habanero de -tan buen humor y tan buena salud como poco amigo de guardar su dinero, -con quien habia trabado yo amistad en el tiro de Mr. Arnaud y en el -gimnasio del conde de Villalobos. - -Era este Lorenzo Allo el mejor amigo y el más agradable compañero del -mundo: tan enjuto como récio, era nervioso hasta tener trémulas las -manos, á pesar de lo cual tomaba café cuatro veces al dia; y usando en -anteojos de oro unos cristales de muy bajo número, alternaba con los -primeros tiradores; sin que me haya podido yo dar cuenta de cómo veia -el blanco, ni de cómo sujetaba é inmovilizaba sus nervios para hacer -finísimos tiros. Teníame una sincera amistad y sabia de memoria muchos -versos mios: dábame tan buenos consejos como malos ejemplos; y tan -diestro boxeador como mediano humanista, estaba siempre dispuesto á -saltar un ojo de un puñetazo á quien no le concediera sin discusion que -era yo el primer poeta de ambos mundos. Cuidaba de mí en el gimnasio -como si fuera yo de cristal, y de mi honra como si fuera la suya, é -hijo yo de su mismo padre. - -Jústiz y yo le hicimos administrador de ambos durante el viaje y le -entregamos nuestros dineros: aquel para no tener el trabajo de pensar -en ellos, y yo para ahorrarme el de contarlos: negocio que era por -entónces no poco peliagudo en España, con los ocho cuartos y medio de -sus reales, los ciento setenta de sus duros, los trescientos veinte -reales de sus onzas, las tres onzas y _dos duros_ de sus mil reales, -etc.; de modo que la más mínima cuenta tenia siempre más picos que una -custodia. - -La noche estaba fria, lejano el amanecer, y los tres viajeros de la -berlina que habíamos acudido con tiempo por no habernos acostado, -estábamos en nuestros puestos desde que empezaron los mozos á cargar el -carruaje, durmiendo tranquilamente bien embozados en nuestras capas. La -empresa era nueva, y en competencia con la antigua: el conductor ocupó -el pescante y al dar las tres en el Buen Suceso, dió una voz y tendió -su fusta á los caballos, que nos arrebataron entre el ruido de sus -herrados cascos y de sus agujereados cascabeles. - -La nueva empresa habia montado á la francesa sus tiros, sustituyendo -al antiguo rosario de mulas, enfrenadas sólo las dos del tronco y las -seis restantes encomendadas á un muchacho ginete en el mingo delantero, -un tiro de seis buenos caballos todos embridados; dos en la lanza y -cuatro en balancin. Aquellas nuevas diligencias, carruajes de sólo -berlina y rotonda, eran unas especies de sillas de posta; y eran á -las antiguas galeras y diligencias lo que hoy son á aquellas sillas -de posta las locomotoras y trenes de los ferro-carriles; pero aquel -ruido de los cascabeles, aquel perpétuo vocerío con que á sus caballos -animaban los mayorales, aquellos zagales dicharacheros que enganchaban -y recogian los tiros en las remudas, aquellos venteros y maestros de -postas, aquellas hosterías en donde se hacian los altos y las comidas, -conservaban el carácter jaranero y alegre de nuestra patria y la tierra -por donde viajábamos los españoles; y se veia el país, y se bromeaba -con las paisanas; y sea dicho en paz, no tenia tantas ventajas para -los intereses materiales, pero tenia más poesía que el actual nuestro -modo de viajar del tiempo viejo. Los caballos daban cierto decoro de -caballeros á los viajantes; y no todo el mundo podia permitirse el lujo -de viajar en berlina de una silla-correo, que corria por el centro de -la calzada, pasando al vulgo de los viandantes; la máquina lo arrastra -todo, y los caballos arrastraban la flor de lo arrastrado, y bien lo -decia el refran: «de las vidas arrastradas... la del coche.» - -El en cuyo _coupé_ íbamos Allo, Jústiz y yo paró en Ocaña para -almorzar. Sin que Allo y yo hubiéramos bajado los cristiles, ni -hablado con los viajeros del segundo compartimento en las postas -pasadas, por respeto al descanso de Jústiz, que iba convaleciente de -larga enfermedad, con fuentes abiertas en los brazos y encomendado á -nuestra amistad por su cariñosa familia. Pero al apearme en Ocaña, -unos brazos poderosos me arrebataron del estribo, y al depositarme en -tierra me decia la voz vigorosa del individuo á quien aquellos fornidos -brazos correspondian:--«¿Aquí tú, Pepe?»--Era Paco Elipe, diputado -bullicioso, poeta un poco excéntrico, pero no despreciable, hacendado -manchego y amigo leal, de quien ya apenas hace nadie memoria; pero de -la de quien voy á traer algunos recuerdos á estos mios de aquel viejo -tiempo.--¿Quién es tan descortés ni tan ingrato que no se pare á dar -un apreton de manos al viejo amigo, á quien encuentra por acaso en el -viaje de la vida? ¿Y qué son estos recuerdos más que un viaje de vuelta -por el casi borrado rastro del florido camino de mi juventud? - -Paco Elipe fué sócio del Liceo y escribió de todo, en verso y en -prosa; y empezando por un drama en compañía de Romero Larrañaga, -titulado _La Vieja del Candilejo_, cuyo plan está no más preparado y -versificado limpia y galanamente: escribió otros más, y tuvo sus éxitos -y sus aplausos y su reputacion no inmerecidos y fué uno de los que, -con quienes empezábamos á hombrear, arrimó el hombro para empujar el -carro del progreso de aquella época. Recto y tenaz, y de vigorosísimo -carácter, hacia y decia las cosas de muy original y personalísima -manera. Un dia cerraba con lacre una carta, y echándose por descuido -una gota de él encendida en un dedo, en lugar de sacudírsela dijo, -conservando el dedo inmóvil: «¡Bruto Paco; para que no seas torpe otra -vez!» Y dejó apagarse el lacre en la carne. Una noche sorteamos en el -Liceo varios argumentos para una improvisacion, entre varios poetas, y -tocóle á Elipe el de la _Noche-Buena_. - -El tiempo dado para el trabajo de la improvisacion era el de una -hora, al fin de la cual comenzaba la lectura de las composiciones en -la tribuna; llegó su turno á Elipe, y en medio de muchas redondillas -facilísimas, en que describia todo el tumulto que traen consigo los -panderos, zambombas y el jaleo de aquella noche de la Misa de Gallo, -soltó con la mayor formalidad la semiblasfemia de esta cuarteta: - - Y aunque la ilacion se quiebre, - lo que no apruebo y resisto - es el mal gusto de Cristo - de nacer en un pesebre. - -Y continuó su descripcion de la _Noche-Buena_ con tanta -imperturbabilidad suya como estupefaccion del auditorio. - -Fué el amigo más consecuente de José Fernandez de la Vega, el fundador -del Liceo, mal recompensado por todos los á quienes hizo hombres con el -establecimiento de tan única y brillante sociedad. El Gobierno no supo -dar á Vega más que el Gobierno de una provincia de tercer órden; y Paco -Elipe fué el más fiel amigo de aquel á quien tantos faltaron. - -Pero de Paco Elipe haré más larga y justa mencion más adelante, porque -espero en Dios que me dará tiempo de hacerle una visita en su palacio -solariego de Manzanares: y ocasion de hallar en él materia para más -curioso relato. - -Con este mi tercer compañero de viaje almorcé en Ocaña, en un parador -nuevo, en una mesa muy limpia y enflorada, servida por dos buenas mozas -de diez y ocho y veinte años, de trigueña tez, boca sensual y risueña, -grandes, negros y retozones ojos, moño de picaporte con zorongo de -largos cabos, y robustez muy mal disimulada en sus ceñidos corpiños, y -sus estrechos y cortos guarda-pieses. - -El conductor nos presentó á los postres un libro en blanco, en cuyas -hojas rogaba la empresa á los viajeros que anotasen las faltas de -servicio para corregirlas. Elipe y yo acusamos en ellas, y en unas -quintillas, al posadero de hacer servir su mesa por aquellas dos -muchachas, que embelesaban á los viandantes para que no comiesen más -que ojeadas y sonrisas, productoras para ellas de dobles propinas y de -vanas esperanzas para los comensales; y pedíamos á la empresa que, ó -suprimiese aquellas dos muchachas, ó que cambiando las horas de salida -de sus carruajes, dispusiera que los viajeros no almorzaran, sinó que -cenaran y pernoctaran en aquel parador de Ocaña. - - * * * * * - -El 1.º de Abril á las siete de la mañana nos apeamos de la diligencia -en Sevilla, café del Turco, calle de la Sierpe. Salia yo á ver la -tierra por primera vez; y como el pájaro que deja por primera vez -el nido apenas emplumado, y goza de la luz, la vida y la libertad, -desempolvando sus plumas entre el fresco césped y las primeras -margaritas, y se baña en el brillante ajófar y las líquidas perlas de -las gotas de agua que desparrama el Guadalquivir en sus siempre verdes -orillas, me salí por la Puerta del Arenal á ver el puente, y el rio, y -la Torre del Oro, y á respirar aquel ambiente perfumado de azahar, y á -bañarme en aquella luz, reflejo dorado de la del Paraiso; á pasar, en -fin, una mañana de muchacho que hace novillos. - -Y fué aquel uno de los pocos dias que en mi vida cuento como felices, -y cuya dicha tuvo fin y colmo en mi nocturna presentacion en casa del -egregio poeta, del cariñoso amigo, del entretenidísimo conversador, y -del nunca olvidado autor del _Moro expósito_ y del _Don Alvaro_. - -El recuerdo de la amistad, de la casa y de la familia del duque de -Rivas es una isla de arribada en el revuelto mar de mi existencia, un -oasis frondoso en el arenal desierto de mis estériles aspiraciones, -una tienda de reposo en el pedregal por donde ha hecho peregrinar mi -inutilidad viviente, mi improductiva é improvisora poesía. La casa del -duque en Sevilla es en mis recuerdos un nido de ruiseñores, donde fué á -albergarse una noche de primavera una golondrina desanidada. - - - - -XVII. - - ¡Gran tierra es Andalucía! - La gente allí alegre toma - la vida efímera á broma, - y hace bien, por vida mia. - - Quien á Sevilla no vió - no vió nunca maravilla; - ni quiso irse de Sevilla - nadie que en Sevilla entró. - - «¡Ver Nápoles y morir!» - dicen los napolitanos. - Y dicen los sevillanos: - «¡Ver Sevilla, y á vivir!» - - -Esto digo yo de Sevilla en _La leyenda de los Tenorios_, y esto hice -cuando fuí á aquella ciudad sin más objeto que á ver á Sevilla y á -vivir. No existian aún en España las academias y los profesores de -_bombo_, ni _La Correspondencia_ anunciaba la salida de Madrid de don -Fulanito y doña Menganita, ni nos habian hecho cardenales, tratándonos -de _Eminencias_, á los que por algo comenzábamos á distinguirnos los -que aún no se distinguian por su profesion de _bombistas_; ni habíanse -aún establecido las sociedades y comisiones de aplausos mútuos que -anuncien, calificándolo de acontecimiento, la partida, la llegada ó -el resfriado de cualquier medianía ó nulidad, á quien cuatro amigos, -si no ella misma, dan importancia miéntras se lee el número en que se -da ó se la da bombo: así que pude yo pasearme por Sevilla con Allo -y Jústiz sin riesgo de hacerme enemigos todos los liceos, ateneos y -teatros caseros, cuyas invitaciones rehusara, y cuya sancion necesita -hoy todo hombre notable para pasar por donde pasa, como moneda -resellada, en cada provincia. Algunos curiosos iban á ver cómo era -el autor de _El Zapatero y el Rey_ cuando entraba ó salia en el café -del Turco, donde se hospedaba; y el tal autor salia ó entraba en su -alojamiento, y gozaba de aquel sol y aspiraba aquel aroma de azahar -que llena los paseos y las alamedas, y visitaba aquellos viejos y -moriscos edificios, por y entre los cuales anduvo el rey, tan popular -como mal juzgado todavía, de su drama _El Zapatero y el Rey_. Hacia, en -fin, la vida que en Sevilla se hacia: la del pájaro, como dije en mi -número anterior; picotear los capullos de las rosas y de los azahares, -cantar y esponjarse á la sombra y entre las hojas de los naranjos y las -magnolias, y vagar de barrio en barrio, como los pájaros de rama en -rama, hasta la hora de acogerse al nido de los ruiseñores, que era la -casa del duque de Rivas. - -En ella duraban algunas caseras costumbres de nuestras nobles familias -de los siglos del Renacimiento. La del duque se reunia en las primeras -horas de la noche en torno de una gran mesa; donde, presididas por la -duquesa, trabajaban sus hijas en alguna labor, y leian ó dibujaban -sus hijos, ó escuchaban todos al duque, que les leia ó recitaba -algunos de sus característicos romances, ó algunas de las consejas -por él recientemente desenterradas de bajo alguna piedra mal segura -del rincon de una callejuela de Sevilla. El duque leia sus versos -con un entusiasmo, un tono y una gesticulacion esencialmente suyos y -completamente originales; y acompañaban su voz el murmullo del aire en -las hojas y del agua en las fuentes del jardin, sobre el cual se abrian -los dos balcones de aquella estancia. El cariñoso respeto y la cordial -é infantil admiracion de su numerosa familia para con el padre y el -poeta, era la cualidad característica, el fondo típico de aquel cuadro -de interior, en cuya atmósfera se respiraba la más sincera alegría y la -más tranquila felicidad. Aquellas cabezas juveniles de las muchachas, -en cuyos ojuelos retozones chispeaba la curiosidad reprimida y en cuyos -labios retozaba la maliciosa sonrisa; las inteligentes fisonomías de -los muchachos, Enrique reflexivo y Alvaro bullicioso; aquellos álbums, -grabados y caballetes abiertos siempre, ó siempre cargados de algun -trabajo no concluido; aquellos retratos de los hijos, pintados por el -padre; aquel piano siempre abierto, y aquellos tres salones seguidos, -en donde siempre habia murmullo de música ó de poesía, y cuyo silencio -era el són del agua y los árboles del jardin, daban á aquella casa un -carácter especial, único y típico, que me hizo calificarla de nido -de ruiseñores, y cuya paz fuí yo á interrumpir con el desordenado -turbion de versos de mi leyenda de _La cabeza de plata_, de la cual iba -escribiendo el último capítulo durante aquel viaje. Habia en aquella -leyenda (que el fin se publicó bajo el título del _Talisman_, y de la -cual ya nadie probablemente se acuerda), un enamoradísimo Genaro, á -quien vuelve loco la cabeza de una hermosa Valentina, cortada por un -bárbaro y celoso tutor, cuya historia no sabia yo á punto fijo cómo -concluir, pero que entusiasmó á la duquesa, complació al duque por lo -que me queria, y encantó á las muchachas por lo romántica y apasionada. - -Pasemos pronto por tan gratos como personales recuerdos: la muerte nos -quitó de delante aquel ídolo á quien adorábamos, gloria de España, -cuyos versos hemos aplaudido no ha muchos meses en el teatro en su -_Don Alvaro_; y no quiero que su recuerdo parezca en estos mios como -motivo de alabanza propia, ni como afan de propio engrandecimiento á la -sombra suya, ni como halagüeña adulacion á los hijos vivos del amigo -muerto; de cuya viva estimacion vivo seguro, por los puros recuerdos de -aquellos dichosos dias y de aquellas deliciosas noches. - -Obligábame á pasar á Cádiz un asunto de familia; y librándome á fuerza -de voluntad del encanto con que en Sevilla me retenia la sociedad del -duque, me embarqué con mis compañeros en un vapor que descendia el -Guadalquivir. No habia yo visto el mar; y para no verle prosáicamente -desde una playa, me eché á lomos de aquella serpiente de plata, -que deshace las móviles escamas de sus dulces ondas en las amargas -profundidades del que rodea y arrulla aquel canastillo de plata, que -se llama Cádiz. Ni de esta ciudad ni de la de Sevilla diré una palabra -más; porque ni hay ya nada que de ambas en prosa y verso no se haya -dicho, ni estos recuerdos son memorias históricas, ni relacion de -impresiones de viaje, que obligan á seguir lógica y consiguientemente -una narracion; sinó la consignacion de mis ideas en un papel, segun en -mi imaginacion desordenadamente se van presentando. Está ya convenido -que el autor del _Zapatero y el Rey_ y de _Margarita la Tornera_ es un -poeta... bueno ó malo, grande ó pequeño: pero ¿cómo fué poeta? ¿Cuáles -fueron los gérmenes de su inspiracion? ¿Qué influencia han tenido en -sus escritos las vicisitudes de su vida? ¿Qué hay en la suya íntima, -puesto que no la tiene pública no habiendo sido nunca más que poeta? -Esto es lo que él solo puede decir, y esto es lo que exponen estos sus -Recuerdos del tiempo viejo, tan desprovistos de interés como de órden, -por ser personales y desligados de toda adherencia con la política, el -progreso, la vida, y en una palabra, de la generacion en que ha vivido, -como una planta parásita sin raices que á su tierra la sujetaran. - -Poseia en Cádiz una persona de mi familia una de las pocas huertas, que -reverdecen en el escaso terreno de su puerta de tierra. - -Ni la dueña de aquella posesion conocia su finca, ni jamás habia estado -muy clara la historia de ella; habíasela cedido un pariente suyo en -cambio de unos terrenos en Ultramar; y tasada sin duda en más de lo -que valia, no redituaba lo que de su capitalizacion podia esperarse. -Habia habido en ella en otro tiempo un establecimiento industrial, -cuyo abandonado edificio é inútiles utensilios habian ido vendiéndose -cuando la ocasion se habia presentado. Teníala entónces en arriendo un -signor Doménico Maggiorotti, genovés ó livornés, de una honradez sin -tacha, el cual daba cuentas cuando se le pedian, descontando siempre -algo por gastos hechos en recomposiciones absolutamente necesarias, -como reconstruccion de tapias y renovacion de puertas. De vez en cuando -habia hablado de calderas viejas y de útiles ya inútiles de hierro, -que allí arrinconados existian, cuya venta le habian propuesto y para -cuya enajenacion pedia permiso; diósele siempre la propietaria, y el -livornés tuvo siempre á su disposicion el precio de lo vendido. Las -cuentas del año anterior estaban con él todavía pendientes, y por -el mes de Febrero del que corria habia pedido permiso para vender la -piedra de una especie de estanques ó secaderos de cera; que cerería -aseguraba que habia sido el arruinado establecimiento industrial de la -finca. De la aclaracion de estos hechos y del cobro de la renta del -último año iba yo encargado, con legal poder y ámplias facultades de su -propietaria. - -Fuíme una tarde con Allo á la huerta del Maggiorotti, quien, segun -costumbre de su país, se llamaba abreviadamente Ménico, y á quien -entre las gentes vulgares con quienes trataba, llamaban unos el señor -Ménico y otros el tio Mónico; no alcanzando la abreviatura del nombre -italiano. Dimos en la huerta, y topamos en ella con el signor Ménico -Maggiorotti; que era efectivamente mayor en años y en estatura que Allo -y yo juntos, y uno de los mayores hombres con quienes yo he tropezado -en mi vida. Tenia, segun nos dijo, setenta y dos años, y segun vimos -cerca de seis piés de alto, con una cabellera y unas patillas como -la nieve, unas cejas crecidísimas, bajo las cuales relampagueaban -dos ojazos de un azul pardo y de una admirable limpidez; una tez -curtida como si hubiese pasado mucho tiempo expuesto á los aires -del mar; una boca grande de perpétua sonrisa y guarnecida aún de su -completa dentadura, y unos hombros, unos brazos y unas manos fornidos, -musculares y encallecidas, como de quien debia de haber pasado largos -años en rudo y continuado ejercicio.--Saludéle yo afablemente; díjele -quién era, y exhibíle mis credenciales; tendióme él su diestra llevando -la zurda al sombrero, y miéntras por poco no me desmonta las catorce -coyunturas de mi mano entre las de la suya, me dijo con una voz como de -contramaestre hecho á mandar la maniobra entre la tempestad:--«Mañana -á las diez le llevaré á usted á su casa ocho mil reales, y los seis -mil trescientos restantes, el dia 30, á la misma hora: porque no -habiéndome usted avisado de su venida, no le tengo juntos los catorce -mil trescientos del total de su cuenta.» - -Ocurrióseme decirle que á mí, como el más jóven, correspondia ir á -su casa; y contestóme, frunciendo más el entrecejo, y mirándome como -quien necesita seis como yo para almorzar:--«Si tiene V. empeño de -ir á mi casa, vaya; pero yo no hago ningun trato en mi casa, sinó -en los _Montañeses_ que tengo en frente de ella, y ante un jarro de -manzanilla, como tal vez no es costumbre entre los señoritos de Madrid, -y yo pago siempre.» - -Acepté, tomé en mi cartera las señas de la casa y despedímonos hasta -las diez de la mañana siguiente. Allo y yo convinimos en que aquel -viejo tenia trazas de haber sido tallado sobre el modelo del Laoconte, -y de ser un hombre tan formal como poco hecho á sufrir cosquillas. - ---Parece que no tiene muchas ganas de recibirte en su casa--me dijo -Allo. - ---Y no sé por qué las tengo yo de meter en ella las narices,--le dije -yo; y nos fuimos á buscar á Jústiz, para ir á la ópera. - -Al dia siguiente, exacto como un suizo, me presenté á las diez en casa -del signor Ménico, que la tenia en una calleja cerca de la muralla y -en frente de una tienda de montañeses; á la cual se entraba por un -patinillo cercado de un emparrado, bajo cuyos vástagos se veian cinco -ó seis mesillas, con sus correspondientes bancos, éstos y aquellas -clavados, que no asentados en el suelo. - -La casa del signor Ménico Maggiorotti tenia su parte habitable en el -piso principal, que, sostenido sobre dos postes, gravitaba entero -sobre ellos y las paredes maestras de un gran portalon, todo lleno -en derredor de bien apilados sacos de lana, en la cual comerciaba su -propietario. Enclavada en la pared de la izquierda, pendiente, estrecha -y de un solo tramo, una escalera de madera con su pasamano remataba en -una puerta de maciza encina, único paso al piso superior; y en vez de -postigo en ella abierto, se abria en la pared derecha un ventanillo, -que dominaba el portalon, y desde cuyo ventanillo, un hombre armado -de una escopeta de dos tiros ó de un par de pistolas, podia defender -la subida y la entrada de una docena de asaltantes, que caerian -infaliblemente uno tras otro ántes de que ninguno lograse forzar la -puerta. Mil suposiciones, á cual más absurdas, forjó mi imaginacion -de poeta y mi juvenil inesperiencia sobre las riquezas, la avaricia -y el misterio de la vida del signor Ménico á la vista de aquellos -sacos de lana, que representaban un buen par de sacos de duros, y de -aquella colocacion de postigo y escalera, que delataban muy calculadas -precauciones. - -Y todos estos supuestos me los hice yo como autor acostumbrado á -preparar la escena de mis dramas, y como maniático tirador que no -veia por donde quiera más que escenarios ó tiros de pistola; miéntras -el corpulento signor Ménico venia á presentarme su mano de Titán, -abandonando un saco de lana sobre el cual dormitaba ó echaba cuentas -á mi llegada. Saludámonos, y atajando tiempo y cumplidos, el viejo -italiano, con su vigoroso acento, pero en un tono cariñoso y dulcísimo, -aunque imperativo, pronunció, llamándola, el más bello nombre de mujer -que habia yo oido nunca. - ---_¡Stella!_--dijo, y á su voz asomó al ventanillo una cabeza -rubia, que respondió con una voz de indefinible dulzura: «Eccomi, -nonno.»--«Troverai un sacco con un pò di danaro sulla tavola: portalo -colla vesta:»--repuso Maggiorotti, y, unos momentos despues abrióse la -puerta y descendió, con el saco y la chaqueta por él pedidos, la más -deliciosa y poética criatura. Era una muchacha diez y ochena, blanca -como una perla, rubia como un querubin y ligera como una corza. Traia -el cabello recogido en dos trenzas sobre los hombros, con dos ligeros -rizos flotantes sobre las sienes, un corpiño de terciopelo negro -abrochado hasta el cuello con botones de plata, y un delantal blanco -encima de una falda gris; por bajo cuyos ribetes se la veia bajar sobre -dos piececitos inconcebibles, metidos dentro de dos escarpines de -charol con hebillitas de plata. _Stella_ la habia llamado su abuelo, y -á mí me pareció, en efecto, la estrella de la mañana. - -Notó el viejo la impresion que en mí hacia la presencia de aquella -criatura, y diciéndola: «son qui alla bottega col signore,» la -despidió. Saludónos ella, y, al desaparecer en lo alto de la escalera, -me sacó maese Ménico de su portalon, diciéndome: «es mi nieta;» seguíle -yo, sospechando si podia ser un ángel á quien aquel viejo demonio debia -de haber arrancado las alas, y nos metimos uno tras otro en el patio de -la tienda de los montañeses. - -Va á ser más fácil de comprender para mis lectores que para mí de -relatar, la escena de mis cuentas con el signor Ménico Maggiorotti; -porque la forma y consecuencias de tal escena son tan comunes y -vulgares, como extraño y fantástico su fondo. El hecho en resúmen, -por más empacho que confesarlo me cueste, fué que el signor Ménico, -bebedor consuetudinario, enterró en el fondo de un jarro de manzanilla -la razon de un muchacho, para quien era exceso lo que para aquel -costumbre; la manera visible con que se efectuó este entierro, fué la -de ingerir una á una en el estómago las aceitunas de un plato, y otra -á otra las cañas en que Ménico vaciaba el contenido del jarro; cuya -vulgar operacion vieron sin curiosidad ni extrañeza los propietarios -del local que detrás del mostrador estaban; pero su fondo, es decir, -la intencion del signor Ménico y el pensamiento mio, es lo de todos -áun ignorado, y lo que voy en breves palabras á revelar; si acierto -con las frases á propósito para escribir tan vulgar como fantástica -situacion. Comenzó el corpulento administrador por enterarme, entre -las dos primeras aceitunas y las dos primeras y aún inofensivas cañas, -de las partidas de cargo y data de su cuenta, y de la que á favor de -mi poderdante resultaba; vació en seguida el saquillo que le habia -entregado su nieta, y apiló con la destreza y rapidez del más ducho -banquero de cabecera, primero las monedas de oro, despues los pesos, -y en fin, las pesetas, que componian la suma que me correspondia: -cuatro mil reales en onzas y cuatro mil en plata; hizo rollos primero -del oro, despues de los duros y de las pesetas; hízome guardar los -primeros en los bolsillos del pecho de mi levita y en los del chaleco; -metióme los de las pesetas en los del pantalon, y haciendo un lio de -los de los duros en mi pañuelo, lo colocó dentro de la comba que mi -brazo izquierdo trazaba sobre la mesa, é introduciéndome la cuenta en -el bolsillo del relój y guardando él mi recibo en su cartera y ésta en -el inmenso bolsillo de su chaqueton de pana, dijo: «ahora emprendámosla -con el manzanilla.» - -Pero todo esto que él hizo y que yo le dejé hacer, lo hizo él con la -calma, el aplomo y la prevision de quien sabia lo que iba á suceder, no -queriendo que sucediera nada que fuera en perjuicio de su honradez de -buen administrador y de pagador exacto. - -Bebíamos y hablábamos del estado de la huerta, de lo que yo hacia en -Madrid, y de lo que pensaba hacer en adelante; de lo que él habia -hecho en Génova y en algunas otras partes del mundo por tierra y mar. -De mi manera de vivir debió comprender él muy poco, por ser para él -los versos despreciable capital y mezquino género de comercio; y de -lo que él habia hecho no comprendia yo tampoco mucho; porque además -de que me lo contaba por terceras partes, en dialecto genovés, en -italiano y en español, formulaba su narracion con tales circunloquios y -digresiones, que tan pronto llevaba mi atencion por el mar, en un buque -que iba y volvia á no recuerdo qué puntos de América; como por entre -los fardos, las cuentas y las disputas de una casa de tráfico en un -puerto del Mediterráneo; ya me hablaba de los granaderos de Nápoles y -de una campaña de Italia, ya de un barco pirata y de encuentros con los -contrabandistas de la montaña; ya de una casa tranquila y pintoresca -de la campiña de Livorno, cuyo interior tenian hecho un cielo una hija -y tres nietas como pintadas por Rafael: ya de una especie de génio -siniestro de su familia que habia enterrado vivas á todas aquellas -mujeres... y yo le escuchaba mirándole, á través del manzanilla sin -duda, ya soldado, ya pirata, contrabandista, comerciante, padre, marido -y abuelo de aquellos séres, que, tan hermosos como desventurados, -pasaban todos por delante de mí, y saludándome bajo la forma de aquella -_Stella_, que acababa de aparecer y desaparecérseme en el portalon de -la extraña casa de maese Ménico Maggiorotti. - -Esta era mi idea fija, y la única clara que en el turbio cristal de -mi mente se dibujaba; en cuanto el más mínimo intervalo de aspiracion -ó reposo del viejo Ménico me lo permitia, intercalaba yo mi eterna -pregunta--«_¿y Stella?_»--á la cual oponia él tenazmente su eterna -respuesta--«mi nieta: mi última nieta»--y continuaba bebiendo y -hablando, y yo contemplando su enorme boca, ya jurando en genovés, ya -dilatándose en homéricas carcajadas; y sentíame fascinado por aquellos -dos ojos que brillaban inquietos y chispeantes bajo el toldo blanco de -sus nunca recortadas cejas. A veces enjugaba una lágrima con un pañuelo -de algodon, que sacaba y metia rápida y facilísimamente de un bolsillo, -en el cual cabria con comodidad una pieza entera de doce pañuelos; y á -veces dando un formidable puñetazo sobre la desvencijada mesa, hacia -saltar en ella el jarro, las cañas y mis rollos de duros envueltos -y anudados en mi pañuelo de batista, sobre el cual ponia él su mano -como único objeto de que habia que cuidar, diciendo «mi scusi... -ma...» y miraba al cielo cerrando el puño. Yo, asegurando tambien -por instinto mi dinero, aprovechaba aquel respiro para dirigirle mi -eterna pregunta--«_¿y Stella?_»--y él exclamó al fin levantándose y -apabullándose de través su sombrero hasta las orejas:--«¡Dio santo! -¡Stella... Stella!--¡Sventurata! ¡Condamnata á morte comme tutte le -altre!» - -Habia yo llegado á aquel período en que el mundo baila y gira en torno -del mal bebedor, y al levantarse el signor Ménico, quise tambien -ponerme derecho; pero al levantarme comprendí que mis piés no podian -cómodamente con mi cabeza. Dióme el brazo maese Ménico; metióme el -pañuelo de duros en el bolsillo izquierdo de atrás de mi levita; y -arrollando este bolsillo en el faldon correspondiente, me lo colocó -bajo el brazo izquierdo, y diciéndome en su galimatías:--«Niente, -niente: en diez minutos se pasa todo: tenga firme el brazo, ed avanti -sempre: questo vino non é che fummo.» - -Me sacó á la calle, me acompañó no sé hasta dónde; y yo, sintiendo -reirse y danzar al rededor mio la gente, la muralla, los árboles, -las fuentes y las casas, llegué á la mia, y dí conmigo y con mi -dinero en brazos de Jústiz, que casi lloraba, y de Allo que reia -como si él fuera el borracho. Yo, con una lengua que me pesaba seis -arrobas, acerté á decir--«ahí traigo ocho mil reales... acuéstenme... -y déjenme dormir»--me dejé desnudar, y ni ví cuándo me dejaban solo, -ni sentí cómo me cerraban puertas y ventanas; y en la lobreguez de -aquel vergonzoso y forzado sueño de mi primera embriaguez, no surgió -luminosa, ni siquiera por un instante, la pura y poética imágen de -aquella Stella fotografiada en mis pupilas y en mi cerebro, desde que -apareció en el último peldaño de la empinada escalera del portalon de -maese Ménico.--¡Tánto rebaja y embrutece tan innoble vicio al hombre -inspirado por la más espiritual y fantástica poesía! - -No recuerdo si desperté ó me despertaron: pero anochecia cuando abrí -los ojos, y me hallé entre el melancólico Jústiz y el siempre alegre -Allo: interrogábanme ellos y respondíales yo: pero, ni me atrevia, ni -podia explicarles lo que todavía no se acusaba bien definido en mi -confusa memoria; excepto la de Stella, que, como la de los Magos, fué -lo primero que brotó claro del caos espirituoso que aún envolvia mis -enmarañados recuerdos. - -Allo, hombre de sentido práctico, concluyó por declarar que lo que -sacaba en limpio de mi inconexo relato era, que el viejo italiano, fiel -á las costumbres del país, habia hecho beber más de lo que podia al -que no la tenia de beber en ayunas; pero que no habia motivo alguno de -queja, ni acusacion en él de torcido intento, puesto que los ocho mil -reales estaban completos y su cuenta exacta y sin tacha. Que aceitunas -y manzanilla era una nutricion andaluza insuficiente, aunque excesiva -para un castellano viejo; y que lo más acertado y perentorio era -sentarnos á la mesa, y que yo echara un buen lastre en mi estómago, -deslabazado por un vino chacharero y poco arropado, como la gente -ligera de ropa de la caliente Andalucía. - -Sentámonos, pues, á la ya preparada mesa, que alegró Allo con su -conversacion un poco verde, que escuchó Jústiz con su atildada -compostura, y las _dos hijas de la casa_, sin darse por entendidas de -lo hablado, en atencion á una noble botella de Sillery que destaponó -y las sirvió Allo en són de próxima despedida; pues segun anunció, -debíamos embarcarnos para Málaga á la siguiente noche. - -Y no sé por qué á tal anuncio se me oprimió el corazon. - -Comí poco, bebieron Allo y las muchachas, y á instancias del impaciente -Jústiz, que no queria perder la salida de Salvatori en _Los Puritanos_, -ocupamos nuestras lunetas (hoy butacas) en el teatro. Una de las -mayores desventuras con que castiga Dios á un hombre es la de crearle -poeta; es peor que si le creara bizco: todo lo ve de través, y en -cambio de los imaginarios goces con que embelesa su espíritu, le -estravía en el mundo real y le condena á vivir fuera de su época y -extraño generalmente á sus contemporáneos. _Los Puritanos_ son para -mí la más deliciosa partitura de la escuela italiana; no tienen una -nota de desperdicio, y yo he sabido de memoria música y letra, á pesar -de que el libreto del conde Peppoli es indigno de aquella sentida -inspiracion de Vincenzo Bellini. Pues bien; yo escuché aquella noche -_Los Puritanos_ como quien oye llover: no me dí cuenta de nada de lo -que en escena pasaba; y desde que el primer coro cantó: - - La luna, il sol, _le stelle_ - le tenebre, il folgor - dan laude al Creator - in lor' favelle, - -yo no pensé ni me fijé en más que en el recuerdo de la pálida nieta de -Ménico Maggiorotti, como si fuera la tiple que por la escena se movia: -al llamarla el bajo _l'angelica sua Elvira_ creí que se equivocaba, -y al oir al tenor juzgarla _tremante ed spirante_, los ojos se me -arrasaron en lágrimas. ¡Qué desventura la de nacer poeta! ¿Qué tenia -yo con la nieta de maese Ménico? ¿Sentia por ella desgraciadamente -una de esas pasiones que nacen, crecen, se desarrollan y hacen feliz -ó infeliz á un hombre en cinco minutos? Nada ménos que eso: era una -impresion poética, un misterioso castillo en el aire, forjado sobre -la vulgarísima historia de un tratante en lanas italiano que tenia -una nieta que se llamaba Stella; era que acababa yo de compaginar el -asunto italiano de mis _Dos vireyes_, cuyo éxito me tenia inquieto, y -aquella inquietud, unida al recuerdo de lo que en aquel drama pasa á -la enamorada Anunciata, me hacia esperar de Stella una heroina de un -cuento, fin de la historia de la representacion de mi drama; era, en -fin, la curiosidad, el sueño, el delirio de un poeta, que no ha visto -nunca la vida tal como es, ni las personas vivas sinó como personajes: -era una muchacha rubia, vista á través de una copa de manzanilla, vino -chacharero y poco arropado, como decia Lorenzo Allo. - -Antes de acostarnos, acordaron éste y Jústiz nuestra partida para -Málaga: declaréles yo mi resolucion de quedarme: tenia que cobrar el 30 -los 6,000 reales de mi crédito con maese Ménico. Allo se echó á reir: -Jústiz me miró tristemente. Allo me dijo: el italiano es hombre formal; -lo mismo te pagará el 30 que el 10, que estaremos de vuelta. - ---No, repuse; quiero concluir mi _Cabeza de plata_. - ---Otra cabeza rubia es la que ha barajado el seso de la tuya. - ---Idos: me quedo. - ---Pues nos iremos: quédate; pero volveremos por tí, y _velis -nolis_, aunque haya que romper alguna cabeza, tú volverás á Madrid -conmigo--dijo Allo--y nos acostamos. - -Allo y Jústiz partieron á Málaga á la noche siguiente: en la mañana -del otro dia cambié yo de alojamiento: me ofendia la sonrisa perpétua -de aquellas dos muchachas morenas y alegres que me habian visto volver -de través, abrazado con el pañuelo de duros de Ménico: me disgustaban -los ojos negros, los rizos negros y las formas redondas de aquellas dos -andaluzas: yo soñaba rubio, veia rubio, adoraba lo blanco, lo esbelto y -lo ligero; lo robusto, lo redondo, me parecia materia bruta: lo blanco, -flexible y delicado, espíritu y corazon; lo andaluz, carne y prosa; lo -italiano arte y poesía. - -Me instalé en el hotel del Correo, donde no habia más huésped que un -inglés, y cuyo camarero era italiano. Púseme á concluir mi _Cabeza de -plata_, para podérsela leer completa á la duquesa de Rivas, que habia -quedado curiosa da saber su conclusion, que ignoraba yo todavía á mi -paso por Sevilla. - -Pedí al camarero noticias de Maggiorotti una noche. - ---E un ogro, me respondió; non riceve nessun italiano in casa sua. - ---¿Conocette Stella?--le pregunté. - ---¡Chi! ¿Stella? ¿Una vecchia brutta? - ---¡Va via, grand' imbecile!--le dije despidiéndole furioso.--¡Una -vecchia brutta Stella!... il Sole. - -Marchóse el pobre hombre sin comprenderme... y quedéme yo tan asombrado -como él de lo dicho. - -¿Quién era Stella? ¿Qué tenia para mí? Que Dios me habia hecho nacer -poeta y que habia dicho de ella maese Ménico: ¡Sventurata! ¡condamnata -á morte comme tutte! - -Y todos nacemos condenados á muerte; sinó que los poetas vivimos como -sonámbulos, y corriendo siempre tras de fantasmas. - -El inglés, único huésped del Hotel del Correo cuando yo tomé en él -aposento, era el compañero más á propósito para mí en aquella ocasion. -Taciturno gastrónomo, recorria todos los países del mundo para estudiar -la cocina nacional de cada uno. Comia, callaba, digeria y dormia: -escribia yo, pues, sin ruido, visitas ni estorbos, y descansaba sólo -algunas horas de la noche. La luna en creciente tendia sobre la antigua -Gades el rico manto de su luz de plata, y vagaba yo por sus limpias -calles y sus ya arboladas plazas, á la luz melancólica del astro -poético de la noche, como lo que he sido siempre, como una sombra de -otro mundo y un habitante de otra region perdido sobre la tierra. - -Vagabundo nocturno de profesion, conozco todos los ruidos, las sombras -y las luces nocturnas: sé cuántas formas toma la sombra de los árboles -y de las casas, segun la luna las traza, las prolonga ó las recoge, -desde que sale hasta que se pone. Sé los infinitos ángulos y triángulos -que trazan los hierros de los faroles, los brazos de las cruces y -las siluetas de las chimeneas; conozco todos los cuadros de luz que -estampan sobre el oscuro y húmedo empedrado los balcones alumbrados -de las casas en que se vela ó se baila, de las puertas que se abren -para despedir á los contertulios á la luz de bujía, farol ó linterna; -todos los huecos de sombra de los postigos abiertos y cerrados con -precaucion y á oscuras para recibir ó despedir á los amantes; todos -los rumores de las pisadas que se acercan ó se alejan con resolucion ó -con miedo, de las del adúltero escurridizo ante la hora de la vuelta -del marido; del jugador ganancioso y del hijo de familia retrasado; -del ratero y de la buscona, del centinela y del médico; mis leyendas -están llenas de esas noches, y yo tengo ciertas pretensiones de ser un -poeta nocturno, rico de nocturna y pormenorizada observacion; todas mis -comedias y dramas comienzan de noche y de noche se han concluido; y en -aquellas de Cádiz concluian mis nocturnos paseos en una plazuela sobre -la muralla derruida, por encima de cuyas desencajadas piedras metia el -mar los hirvientes y desgarrados pedazos de encaje de la espuma de sus -encrespadas olas; á través de cuyo rumor temeroso y del salino vapor en -que el aire convertia la ola que en los peñascos se estrellaba, adoraba -yo á Dios y aspiraba la poesía que ha extendido sobre los mares para el -poeta creyente. - -El mar es para mí el grande espejo en que se pinta la faz de Dios, -y mil veces he deseado tener por tumba su inmenso y móvil panteon de -líquido cristal. Dos veces he naufragado, y el mar me ha devuelto vivo -á la tierra. ¡Qué mausoleo más magnífico que el mar! A quien naufraga -y muere en alta mar, le da Dios la muerte más dulce y sin agonía; una -impresion rapidísima de inmersion en un baño, un zumbido de oidos -semejante á una lejana música, un resplandor fosfórico que deslumbra -las pupilas... y el alma sale del cuerpo y entra en la eternidad. -¡Buenas noches! Aquel cuerpo y aquel alma se ahorran todo lo doloroso -y lo ridículo de que la sociedad rodea al que se muere; el pesar -verdadero de los que le aman, la hipócrita comedia del dolor de los -que le heredan, los falsos consuelos de los que están deseando que -espire pronto, ofendidos de su superioridad ó envidiosos de su gloria; -el entierro oficial, si es un personaje ó una celebridad; el olvido -inmediato tras de las ceremonias, y la profanacion, en fin, de su tumba -por la posteridad, encomendada por Dios de castigar al orgulloso que -olvida que le dijo al crearle: _Pulvis es et in pulverem reverteris_. - -Yo adoro el mar, y cuando el frio, la soledad, la reflexion y la -necesidad de continuar mi trabajo me arrancaban de aquel boquete de -murallon roto, por donde yo miraba el de Cádiz en aquellas noches, me -volvia á mi hospedaje del Correo, pasando por el callejon en que se -alzaba sombría y casi aislada la casa de maese Ménico Maggiorotti. En -su esquina del Mediodía veia siempre iluminado por dentro el postigo de -una ventana. ¿Quién velaba allí? ¿Hacia allí las prosáicas cuentas de -sus sacos de lana ó de cuartos maese Ménico, ó mecian allí á la luz de -una lamparilla los sueños de la esperanza, el espíritu virginal de la -hermosa nieta del misterioso italiano? Todas las noches volvia á mi -alojamiento sin haberlo averiguado, y volvia á trabajar en mi _Cabeza -de plata_, bailándome perpétuamente delante de los ojos la rubia de -Stella; y el recuerdo de su poética imágen bajaba y subia perpétuamente -por la escalera del portalon, empotrada en mi cerebro, miéntras con -ella distraido avanzaba lentamente en mi trabajo y esperaba impaciente -el dia 30. - -El veinte y ocho recibí una carta de Cárlos Latorre, en la cual me -decia: «Se levantó el telon sobre el primer acto de _Los dos vireyes_ -con entrada llena. Mate llevó con aplomo sus escenas en verso, y el -público las escuchó con agrado: oyó sin repugnancia las en prosa, -gracias al cuidado que pusieron todos los actores, y concluyó Azcona -caracterizando con mucha inteligencia su final, que se aplaudió: no me -lo esperaba, y comencé á respirar.» - -«Al empezar el acto segundo, el viento habia cambiado y el mar hacia -oleaje. Durante el entreacto, un criado incógnito habia repartido al -público, y no al buen tun, tun, sinó entre la gente de letras de las -lunetas (hoy butacas), quince ó veinte ejemplares de la novela _El -virey de Nápoles_, de Pietro Angelo Fiorentino; los cuales tenian una -nota con lápiz que decia «los diálogos que Zorrilla ha copiado en su -drama van marcados al márgen.» Los posesores de aquellos librillos -se los mostraban y pasaban riendo á los curiosos que se los pedian: -los palcos, las galerías y el pueblo pedian silencio: los actores no -comprendian tal inquietud en las lunetas, pero no se desconcertaron. -Concluyeron al fin las nueve escenas en prosa; quedó Mate sólo en -escena, y el público respetó su respetable personalidad; é hiriendo -sus oidos las octavillas italianas, comenzó á hacer silencio; y Mate -le aprovechó para decírselas tan vigorosa é intencionadamente, que al -concluirlas arrancó el primer aplauso de la noche. La cancion de Basili -hizo un efecto inesperado; y Mate se llevó la sala con la redondilla: - - con un cordel á la gola - y un crucifijo en la mano, - cantar haré á ese villano - su postrera barcarola, - -y con un segundo aplauso preparó mi salida. Excuso ponderar á V. lo que -hicimos ambos en el resto del acto: cumplimos con los deberes de la -amistad.» - -«En el entreacto segundo nos enteramos de la villanía de _X_, que era -quien indudablemente habia enviado al teatro los ejemplares de la -novela; yo me apresuré á dar la clave del ataque traidor de que era V. -objeto; y la empresa y los actores resolvimos defender el final del -drama con todo el empeño de que hombres y mujeres fuéramos capaces; -pero _los amigos_ de fuera trabajaban en contra con los librejos; la -escena en prosa y los endecasílabos pasaron apenas difícilmente; y ya -temia yo una catástrofe para el final, cuando nos salvó lo que temíamos -que nos perdiera: el virey encerrado en el balconcillo despues de la -escena VI, en la cual logré arrancar un aplauso y hacerme escuchar. -Mate estuvo impagable en aquella desairada posicion; rebosando -orgullo, rencor y sed de venganza, hizo aborrecible el personaje que -representaba, y al volvérsele las tornas, las galerías y la ignominia -ahogaron á las lunetas, y dimos el nombre del autor, y hoy damos -tranquilamente la cuarta representacion. Duerma V. tranquilo, y -permítame V. que le prevenga para el porvenir con aquellas palabras de -Fabiani en «_La familia del boticario: Buenos amigos tienes, Benito;_» -y cuente V. con este que le querrá siempre.» - -No me sentó tan mal como me asombró la incomprensible partida mulata de -_X_, porque me revelaba más estupidez que malas entrañas; puesto que, -mero traductor de la novela de que me habia hecho _sacar_ el drama, -quien tenia derecho en resúmen á aparear su nombre con el mio no era -él, sinó Pietro Angelo Fiorentino--á quien yo habia robado por darle -gusto. - -Tal es la historia de mi miserable rapsodia _Los dos vireyes_, y tal la -de su primera representacion; de la cual no he hablado jamás á _X_, ni -él ha podido nunca apercibirse de que yo le estimaba en lo que valia: -sobre mis hombros no pudo, empero, volver á poner los piés. Así vivimos -en estos tiempos y en esta sociedad, en que las medianías se atreven á -todo, y á todo tal vez alcanzan, ménos á engañar á la posteridad. - -El 30 á las diez trepaba yo, que no subia por la empinada escalera del -portalon de maese Ménico; pues no hallándole en él, quise ver si podia -forzar el paso al, segun fama, impenetrable _sancta sanctorum_ de su -misterioso hogar. Subí rápida y llamé ruidosamente á la puerta en que -la insegura escalera finalizaba, y al tiempo que por el ventanillo -acechador asomaba una curiosa cabeza de mujer, me franqueaba la entrada -el mismo maese Ménico, por la barreada puerta, ante mí abierta de par -en par. - -El genovés, en chaleco, pantalon y babuchas, me recibió con algo -encapotado ceño y melancólica sonrisa; en los cuales mi extraviada -preocupacion y mi fantástico espíritu se empeñaban en ver algo -misterioso y siniestro: quise yo motivar mi presencia, pero él atajó -mis escusas diciendo: - ---«Son las diez, y es la hora. ¿Trae V. el recibo? - ---Sí, señor. - ---Pues los seis mil están contados: y conduciéndome á través de una -antesala y un comedor, tan limpia como modestamente amueblados, á -una especie de despacho, me mostró sobre la parte alta y plana de su -pupitre los trescientos duros en pilas de á veinte y cinco. Mostréle -mi recibo firmado y comencé á hacer rollos de á cincuenta, en los ocho -pedazos en que corté un periódico que me alargó. - -Callaba yo haciendo, no muy diestramente, mis rollos, y callaba él -esperando distraido á que yo concluyera de hacerlos; tal vez se reia en -su interior de mí por la poca costumbre de manejar dineros que mi poca -destreza le revelaba; pero mi indiscrecion de muchacho sin mundo y mi -irresistible curiosidad me hicieron al fin prorumpir en la pregunta que -hacia diez dias tenia en mis labios:--¿y _Stella_? - -Sentí la mirada de Ménico sobre mi faz, y la busqué con la mia, -resuelto á todo: entre las blancas pestañas de sus hundidos ojos -percibí dos lágrimas, que no dejó rodar por sus curtidas mejillas, -enjugándolas ántes con el reverso de su mano. - ---¿Stella?--dijo, como si su voz fuera en su respuesta el eco de mi -pregunta.--¿Quiere V. verla? - ---Si V. me lo permite... - ---¿Por qué no? Acabe V. de recoger su dinero; no he podido procurarle á -V. oro, porque... - -Interrumpióse sin acabar de darme su razon; concluí yo de liar mi sexto -rollo, y miéntras ataba los seis en mi pañuelo, completé néciamente mi -pensamiento, formulándole en esta menguada frase: - ---Stella es una preciosa criatura, cuya vista regocija los ojos, cuya -voz arrulla los oidos. - ---¡Desventurada!--exclamó el viejo;--«¡é la più sventurata creatura del -mondo! ¡Non può essere sposa, ne madre, ne padrona di sé stessa!»--Y -abriendo ante mí una puerta, me mostró en un gabinete cariñosamente -lleno de cuanto puede necesitar la coquetería mujeril, y en un lecho, -que no exhalaba más que virginales emanaciones, ni excitaba más -que castas ideas, la pálida Stella, cuya cabeza, doblada sobre las -almohadas, tenia los ojos abiertos y fijos en espantosa inmovilidad. - -Sin poderme contener, exclamé:--¡Muerta!--Y Ménico, poniéndome -bruscamente la mano en la boca, me dijo al oido:--¡silencio: oye, está -en catalepsia!--y cogiéndome por el brazo, sacóme del aposento. - -Iba yo estupefacto á pronunciar un vulgar _mi scusi_; pero el -infortunado maese Ménico me le atajó con otro, que en su boca y en -su situacion resultó sublime de abnegacion y sentimiento, y siguió -diciéndome: - ---Es la última de tres hermanas; un infame, castigado por Dios con -esa enfermedad, se casó con mi hija: sus dos mayores han muerto á los -21 años; ella de pesadumbre; él... á manos de la venganza; yo les he -enterrado á todos; no me queda más que Stella: si me sobrevive... -¡qué vida tan horrible la espera! Si se me muere... ¡qué soledad!... -_¡Misero me!_ - -Yo habia escrito ya muchas comedias, pero no tenia aún aplomo en el -teatro del mundo. Mudo é inmóvil, no sabia ni consolarle ni despedirme. -La vieja que se habia asomado al ventanillo, presentándose en la -antesala, dirigió á maese Ménico algunas palabras, que no comprendí: -éste me abrió la puerta de la escalera, y yo descendí por ella abrazado -con mi dinero, y me salí de aquella casa, más ébrio con la emocion y -el desencanto que la primera vez con el manzanilla. - -Llegué al Hotel del Correo y hallé una carta que me habia traido de -Madrid el del dia anterior; mi mujer se habia roto un brazo al salir -á oscuras del teatro del Príncipe; Julian Romea habia cuidado de ella -en los primeros instantes, la habia conducido á casa con el doctor -Codorniú, y me suplicaban ambos que regresara inmediatamente á Madrid. - -Hé aquí la historia de mis _Dos vireyes_ y de la primera salida del -Quijote de los poetas, á hacer por el mundo real la vida fantástica de -los pájaros y de los locos. - -¿Qué logró en ella el hombre? Dos pesadumbres, dos desengaños y la -vergüenza de una embriaguez; tres espinas en el corazon; pero quedó -en la imaginacion del poeta legendario este tan delicioso como triste -recuerdo del tiempo viejo: la imágen de Stella. - - - - -XVIII. - -CUATRO PALABRAS SOBRE MI «DON JUAN TENORIO». - - -Corria la temporada cómica del 43 al 44: Cárlos Latorre habia -trabajado en Barcelona, y Lombía solo sostenido el teatro de la Cruz -con su compañía, para la cual habia yo escrito aquel año tres obras -dramáticas: _El Molino de Guadalajara_, drama estrambótico y fatalista, -en el cual Lombía hizo un tartamudo de mi cosecha: papel erizado de -dificultades inútiles, que él superó con una paciencia y un estudio que -no sabré yo nunca ponderar ni agradecer, y cuyo tercer acto hicieron -él, la Juana Perez, Azcona y Lumbreras de una manera inimitable; que -fué lo que hizo el éxito de aquella mi extravagante elucubracion, -forjada con tan heterogéneos elementos. - -La Juanita, disfrazada de sobrino del molinero, cantando la cancion de -Iradier para dormir á Azcona, arrancó aplausos hasta de las bambalinas; -pero repito que el éxito de esta obra se debió al esmero con que los -actores la representaron, y al gasto con que la empresa la decoró; -pagando además las palomas, los versos y las flores que sus amigos, y -no el público, me arrojaron la primera noche. Lombía no se descuidaba, -y era preciso que las obras que yo para él escribia no tuvieran éxito -inferior á las de Latorre. - -_La mejor razon la espada_, refundicion ó rapsodia de _Las travesuras -de Pantoja_, fué otro de mis triunfos de aquel año; pero no hay para -qué alabarme por él, puesto que lo que en aquella obra vale algo es de -Moreto, y no mio. - -En Febrero del 44 volvió Cárlos Latorre á Madrid, y necesitaba una -obra nueva: correspondíame de derecho aprontársela, pero yo no tenia -nada pensado y urgia el tiempo: el teatro debia cerrarse en Abril. -No recuerdo quién me indicó el pensamiento de una refundicion del -_Burlador de Sevilla_, ó si yo mismo, animado por el poco trabajo -que me habia costado la de _Las travesuras de Pantoja_, dí en esta -idea registrando la coleccion de las comedias de Moreto; el hecho es -que, sin más datos ni más estudio que _El burlador de Sevilla_, de -aquel ingenioso fraile y su mala refundicion de Solís, que era la -que hasta entónces se habia representado bajo el título de _No hay -plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague_ ó _El convidado de -piedra_, me obligué yo á escribir en veinte dias un _Don Juan_ de mi -confeccion. Tan ignorante como atrevido, la emprendí yo con aquel -magnífico argumento, sin conocer ni _Le festin de Pierre_, de Molière, -ni el precioso libreto del abate Da Ponte, ni nada, en fin, de lo que -en Alemania, Francia é Italia habia escrito sobre la inmensa idea -del libertinaje sacrílego personificado en un hombre: Don Juan. Sin -darme, pues, cuenta del arrojo á que me iba á lanzar ni de la empresa -que iba á acometer; sin conocimiento alguno del mundo ni del corazon -humano; sin estudios sociales ni literarios para tratar tan vasto -como peregrino argumento; fiado sólo en mi intuicion de poeta y en mi -facultad de versificar, empecé mi _Don Juan_ en una noche de insomnio, -por la escena de los ovillejos del segundo acto entre D. Juan y la -criada de doña Ana de Pantoja. Ya por aquí entraba yo en la senda de -amaneramiento y mal gusto de que adolece mucha parte de mi obra; porque -el ovillejo, ó séptima real, es la más forzada y falsa metrificacion -que conozco: pero afortunadamente para mí, el público, incurriendo -despues en mi mismo mal gusto y amaneramiento, se ha pagado de esta -escena y de estos ovillejos, como yo cuando los hice á oscuras y de -memoria en una hora de insomnio. Escribílos á la mañana siguiente para -que no se me olvidaran y engarzarlos donde me cupieran; y preparando -el cuaderno que iba á contener mi _Don Juan_, puse en su primera hoja -la acotacion de la primera escena, poco más ó ménos como habia hecho -en _El puñal del godo_, sin saber á punto fijo lo que iba á pasar ni -entre quiénes iba á desarrollarse la exposicion. Mi plan en globo, -era conservar la mujer burlada de Moreto, y hacer novicia á la hija -del Comendador, á quien mi D. Juan debia sacar del convento, para -que hubiese escalamiento, profanacion, sacrilegio y todas las demás -puntadas de semejante zurcido. Mi primer cuidado fué el más inocente, -el más vulgar, el más necesario á un autor novel: el de presentar á mi -protagonista, á quien puse enmascarado y escribiendo, en una hostería y -en una noche de Carnaval; es decir, en el lugar y el tiempo que creia -peores un colegial que todavía no habia visto el mundo más que por -un agujero; y para calificar á mi personaje, lo más pronto posible, -como temiendo que se me escapara, se me ocurrió aquella hoy famosa -redondilla: - - «¡Cuál gritan esos malditos! - pero mal rayo me parta - si en acabando mi carta - no pagan caros sus gritos.» - -La verdad sea dicha en paz y en gracia de Dios; pero al escribir esta -cuarteta, más era yo quien la decia que mi personaje D. Juan; porque -yo todavía no sabia qué hacer con él, ni lo qué ni á quién escribia: -así que comencé á hacer hablar á los otros dos personajes que habia -colocado en escena, sólo porque lógicamente lo requeria la situacion: -el dueño de la hostería, y el criado del que en ella habia yo metido á -escribir. - -La prueba más palpable de que hablaba yo en ella y no D. Juan, es que -los personajes que en escena esperaban, más á mí que á él, eran Ciutti, -el criado italiano que Jústiz, Allo y yo habíamos tenido en el café -del Turco de Sevilla, y Girólamo Buttarelli, el hostelero que me habia -hospedado el año 42 en la calle del Cármen, cuya casa iban á derribar, -y cuya visita habia yo recibido el dia anterior. Ciutti era un -pillete, muy listo, que todo se lo encontraba hecho, á quien nunca se -encontraba en su sitio al primer llamamiento, y á quien otro camarero -iba inmediatamente á buscar fuera del café á una de dos casas de la -vecindad, en una de las cuales se vendia vino más ó ménos adulterado, -y en otra carne más ó ménos fresca. Ciutti, á quien hizo célebre mi -drama, logró fortuna, segun me han dicho, y se volvió á Italia. - -Buttarelli era el más honrado hostelero de la villa del Oso: su padre -Benedetto vino á España en los últimos años del reinado de Cárlos III, -y se estableció en aquella hoy derribada casa de la calle del Cármen, -cuya hostería llevaba el nombre de la Vírgen de esta advocacion, -y en donde yo conocí ya viejo á su hijo Girólamo, el hostelero de -mi _Don Juan_. Era célebre por unas chuletas esparrilladas, las más -grandes, jugosas y baratas que en Madrid se han comido, y tenia -vanidad Buttarelli en la inconcebible prontitud con que las servia. -Tenian las tales chuletas no pocos aficionados; y con ellas y con unos -_tortellini_ napolitanos se sostenia el establecimiento. Viví yo seis -meses alojado en el piso segundo de su hostería, tratado á cuerpo de -rey por un duro diario, y allí tuve por comensales á Nicomedes Pastor -Diaz y á su hermano Felipe, á García Gutierrez, á Eugenio Moreno Lopez -y á otros muchos á quienes gustaban los _tortellini_ y las chuletas de -Buttarelli. Este buen viejo, desanidado de su vieja casa, murió tan -pobre como honrado y desconocido, y de él no queda más que el recuerdo -que yo me complazco en consagrarle en estos mios de aquel tiempo viejo. - -Por lo dicho se comprende fácilmente que no podia salir buena una obra -tan mal pensada; pero no quiero decir aquí lo que de ella pienso, -porque tengo determinado decirlo en un libro que se titula _Don Juan -Tenorio ante la conciencia de su autor_, publicado á fines de un mes de -Octubre, para que el público tenga presente mi opinion al asistir en -Noviembre á sus obligadas representaciones; en nuestro país nadie se -acuerda en el mes de Octubre de lo dicho en el mes de Mayo. - -Haré sin embargo brevísimas observaciones sobre mis más pasaderos -descuidos, para probar tan sólo la ligereza imprevisora y la falta de -reflexion con que mi obra está escrita. - -Pero ántes de todo voy á responder á algunas objeciones á que da lugar -la severidad de mis juicios. No hablo con la crítica racional, sinó con -la malevolencia, la envidia y la necedad, que no dejarán de decir: - -1.º Que insulto al público criticando y dando por mediana una obra que -aplaude hace treinta y seis años.--No. - -2.º Que soy ingrato y mal español, despreciando la reputacion fabulosa -que por mi _Don Juan_ me ha acordado.--Tampoco. - -3.º Que de lo que con mi crítica trato, es de perjudicar á mis editores -y á las empresas, porque no me dan parte de los productos de mis -obras.--Mucho ménos. - -A lo primero, respondo que mi _Don Juan_, tal como está, tiene -condiciones para merecer el favor de que goza; pero al cabo de treinta -años es natural que un autor reconozca los defectos de una obra, lo -cual no implica ni sombra de pensamiento injurioso para el público -que la aplaude, reconociendo como él sus defectos: es decir la parte -inteligente del público, porque el vulgo no es nunca juez competente ni -aceptable ni aceptado en materias literarias. - -A lo segundo, que el no ser vanidoso, no es ser ingrato, y el -aceptar con modestia lo que me corresponda solamente de gloria por -lo bueno de mi obra, no es despreciar mi popularidad, sinó aceptarla -con justa medida en lo que vale. Y aquí me ocurre una observacion, -y es, que si un vanidoso hubiera en mi lugar escrito mi _Don Juan -Tenorio_ y alcanzado el éxito colosal que yo con el mio, hubiera sido -probablemente necesario echarle de España ó encerrarle en un manicomio; -porque hubiera querido ser ministro de Hacienda, gobernador de Cuba y -tener estátuas en vida. - -Y á lo tercero, que en lugar de intentar accion alguna retroactiva -contra mis editores, poseedores legales de la propiedad de mi _Don -Juan_ en época en que aún no existia la ley de propiedad literaria, -en vez de dirigirme contra ellos, al ver que Dios alargaba mi vida más -de lo que yo esperaba, me dirigí francamente al Gobierno, diciéndole: -«Mi _Don Juan_ produce un puñado de miles de duros anuales á sus -editores, y mantengo con él en la primera quincena de Noviembre á todas -las compañías de verso en España; pero como tu ley no tiene efecto -retroactivo, no por el mérito de mi obra, sinó por lo que á los demás -produce, no me dejes morir en el hospital ó en el manicomio.» - -El Gobierno, teniendo por razonable mi demanda, me dió pan y con él me -he contentado. - -Pero reclamo el derecho de ver y reconocer los defectos de mi obra; -Revilla y otros críticos juiciosos los han indicado ya, con la opinion -de que deben corregirse y de que su autor está, no sólo en el derecho, -sinó en la obligacion de refundirla. Mi obra tiene una excelencia que -la hará durar largo tiempo sobre la escena, un génio tutelar en cuyas -alas se elevará sobre los demás Tenorios; la creacion de mi doña Inés -cristiana: los demás Don Juanes son obras paganas; sus mujeres son -hijas de Vénus y de Baco y hermanas de Priapo; mi doña Inés es la hija -de Eva ántes de salir del Paraíso; las paganas van desnudas, coronadas -de flores y ébrias de lujuria, y mi doña Inés, flor y emblema del -amor casto, viste un hábito y lleva al pecho la cruz de una Orden de -caballería. Quien no tiene carácter, quien tiene defectos enormes, -quien mancha mi obra es D. Juan; quien la sostiene, quien la aquilata, -la ilumina y la da relieve es doña Inés; yo tengo orgullo en ser el -creador de doña Inés y pena por no haber sabido crear á D. Juan. El -pueblo aplaude á éste y le rie sus gracias, como su familia aplaudiria -las de un calavera mal criado; pero aplaude á doña Inés, porque ve -tras ella un destello de la doble luz que Dios ha encendido en el alma -del poeta: la inteligencia y la fé. D. Juan desatina siempre, doña Inés -encauza siempre las escenas que él desborda. - -Desde la primera escena, ya no sabe D. Juan lo que se dice; sus -primeras palabras son: - - Ciutti... este pliego - irá dentro del orario - en que reza doña Inés - á sus manos á parar. - -¡Hombre, no! en el orario en que rezará, cuando usted se lo regale; -pero no en el que no reza aún, porque aún no se lo ha dado Vd. Así -está mi D. Juan en toda la primera parte de mi drama, y son en ella -tan inconcebibles como imperdonables sus equivocaciones hasta en las -horas. El primer acto comienza á las ocho; pasa todo: prenden á D. Juan -y á D. Luis; cuentan cómo se han arreglado para salir de su prision: -preparan don Juan y Ciutti la traicion contra D. Luis, y concluye el -acto segundo diciendo D. Juan: - - A las nueve en el convento, - á las diez en esta calle. - -Relój en mano, y habia uno en la embocadura del teatro en que se -estrenó, son las nueve y tres cuartos; dando de barato que en el -entreacto haya podido pasar lo que pasa. Estas horas de doscientos -minutos son exclusivamente propias del relój de mi D. Juan. En el -tercer acto se oye el toque de ánimas; yo tengo en mis dramas una -debilidad por el toque de ánimas; olvido siempre que en aquellas épocas -se contaba el tiempo por las horas canónicas; y cuando necesito marcar -la hora en la escena, oigo siempre campanas, pero no sé dónde, y -pregunto qué hora es á las ánimas del purgatorio. La unidad de tiempo -está _maravillosamente_ observada en los cuatro actos de la primera -parte de mi _D. Juan_, y tiene dos circunstancias especialísimas; la -primera es milagrosa, que la accion pasa en mucho ménos tiempo del que -absoluta y materialmente necesita; la segunda, que ni mis personajes ni -el público saben nunca qué hora es. - -En el final, D. Juan trae á los talones toda la sociedad representada -en el novio de la mujer por engaño desflorada, en el padre de la hija -robada y en la justicia humana, que corren gritando justicia y venganza -trás el seductor, el robador y el sacrílego: en aquella situacion está -el drama; por el amor de doña Inés, va á matar á su padre y á D. Luis, -y tiene preparada su fuga y el rapto en un buque de que habla Ciutti; -pues bien, en esta situacion altamente dramática, aquel enamorado que -por su pasion ha atropellado y está dispuesto á atropellar cuanto hay -respetable y sagrado en el mundo, cuando él sabe muy bien que no van á -poder permanecer allí cinco minutos, no se le ocurre hablar á su amada -más que de lo bien que se está allí donde se huelen las flores, se oye -la cancion del pescador y los gorjeos de los ruiseñores, en aquellas -décimas tan famosas como fuera de lugar: doña Inés las encarrila -desarrollando á tiempo su amor poético y su bien delineado carácter, en -las redondillas mejores que han salido de mi pluma. - -De la desatinada ocurrencia mia de colocar en tan dramática situacion -tan floridas décimas, resulta que no ha habido ni hay actor que haya -acertado ni pueda acertar á decirlas bien. El público, que se las -sabe de memoria, le espera en ellas como el de un circo á un clown que -va á dar el doble salto mortal: si el actor, verdadero y concienzudo -artista, las quiere dar la suavidad, la ternura, la flexibilidad y el -cariño que sus suaves, cariñosas y rebuscadas palabras exigen... ¡ay de -mí! como aquellas décimas no fueron por mí escritas acendrándolas en el -crisol del sentimiento, sinó exhalándolas en un delirio de mi fantasía, -resulta su expresion falsa y descolorida por culpa únicamente mia; que -me entretuve en meter á la paloma y á la gacela, y á las estrellas -y á los azahares en aquel duo de arrullos de tórtolas, en lugar de -probar en unos versos ardientes, vigorosos y apasionados la verdad de -aquel amor profundo, único, que celeste ó satánico, salva ó condena; -obligando á Dios á hacer aquellas famosas maravillas que constituyen la -segunda parte de mi _D. Juan_. - -Si el actor, pasando sobre su conciencia y haciendo caso omiso de la -del autor y de su deber de imponerse al vulgo, por dar gusto á éste y -arrancar un aplauso, las declama á gritos y sombrerazos como se hace -hoy por nuestros más roncos y aplaudidos actores... el aplauso estalla, -es verdad; pero ¿á quién pertenece? Al actor, no; porque al exponerse -á arrojar por la boca los pulmones arroja con ellos al sentido comun -por encima de la batería del proscenio, en cambio del aplauso de los -engañados espectadores: al poeta, tampoco; porque aquellas palmadas -resultan poco ménos que bofetadas para él, á quien jamás pudo -ocurrírsele que tuvieran que ahullarse y berrearse unas décimas tan -artificiosas y tan mal traidas, pero forjadas con los más poéticos -pensamientos y expresadas con las más suaves, armónicas y cariñosas -palabras. - -¿Qué quiero yo decir con esto? ¿Que los actores no saben representar -mi _D. Juan Tenorio_? No: quiero decir que _en mala situacion no hay -actor bueno_; que obra mia es aquella situacion mala; y que yo, que no -transijo con mi conciencia al juzgar mis obras, no transijo con los -actores que transigen con la suya en las mias. - -¿Intento yo, como se ha supuesto, al decir la verdad sobre mi _D. -Juan_, y al hablar con tal ingenuidad de mí mismo, desacreditar mi obra -y conspirar contra su representacion y éxito anuales, por el inútil -y villano placer de perjudicar á mis editores y á los empresarios y -actores, porque la propiedad de mi obra no me pertenece? - -Estúpida ó malévola suposicion. _D. Juan Tenorio_, que produce miles -de duros y seis dias de diversion anual en toda España y las Américas -españolas, no me produce á mí un solo real; pero, me produce más que á -ningun actor, empresario, librero ó especulador: porque la aparicion -anual de mi _D. Juan_ sobre la escena, constituye á su autor su fénix -que renace todos los años. _D. Juan_ no me deja ni envejecer ni morir: -_D. Juan_ me centuplica anualmente la popularidad y el cariño que por -él me tiene el pueblo español: por él soy el poeta más conocido hasta -en los pueblos más pequeños de España y por él solo no puedo ya en ella -morir en la miseria ni en el olvido: mi drama _D. Juan Tenorio_ es al -mismo tiempo mi título de nobleza y mi patente de pobre de solemnidad: -cuando ya no pueda absolutamente trabajar y tenga que pedir limosna, mi -_D. Juan_ hará de mí un Belisario de la poesía: y podré sin deshonra -decir á la puerta de los teatros: «dad vuestro óbolo al autor de _D. -Juan Tenorio_,» porque no pasará delante de mí un español que no nos -conozca ó á mí ó á él. - -¿Cómo, pues, he de anhelar yo desprestigiar, ni desterrar del teatro -á mi venturoso desvergonzado _Don Juan_, que es el sér de mi sér y la -única esperanza de mi porvenir? - -Pero ¿qué intereses ataca, qué amor propio ofende el modesto -conocimiento de sí mismo que el autor del tal _D. Juan_ manifiesta al -juzgar su obra, cuando ha tenido treinta y tres años para estudiarla? -¿cuando, _velis nolis_, le han hecho presenciar ochenta veces su -representacion, durante la cual, á no haber sido de piedra como su -estátua del Comendador, tiene forzosamente que haberla visto y héchose -cargo de cómo pasa lo que en ella sucede? - -¿Seria posible, aunque para mí inconcebible seria, que se ofendiera la -crítica de que yo, á mis sesenta y cuatro años, al ajustar cuentas con -mi conciencia, dijera de mi _D. Juan_ lo que ella ó por consideracion -al autor ó por no atreverse á ir contra la corriente de la opinion, -no ha dicho en los mismos treinta y tres años? Es imposible; la -crítica tiene que ser hidalga y leal en España, como lo es su pueblo, -y no puede tornarse nunca en injusta, corrigiendo sólo al autor, no -concediéndole ni permitiéndole nada, ni áun reconocer y corregir sus -defectos, sin corregir el mal gusto, cuando estravía los juicios del -público y el arte de los actores, ocasionando los escesos y faltas de -las empresas: todo lo cual constituye lo que se llama el teatro: que no -es sólo la palabra escrita del poeta. - -Dejémoslo aquí. Con todo lo dicho y lo que por decir me queda, no -he pretendido más que alegar el derecho y la obligacion que tengo -de ser modesto confesando mis defectos y errores, para que ni mis -contemporáneos que me aplauden, ni la posteridad si de mí se acuerda, -tengan motivo dado por mí en que apoyarse, para creer que yo vivo -hinchado y esponjado como el pavon y sueño conmigo mismo cuando duermo, -por la vanidad de ser quien soy, y de haber hecho y escrito lo que he -escrito y hecho. - -Y si hay alguno que me envidia el ser autor del _Don Juan_, ¡ojalá -pudiera yo traspasárselo para que gozara en mi lugar las consecuencias -de haberlo escrito! - -La veracidad de mi opinion sobre esta obra la expresé muy claramente -y de todo corazon en las últimas redondillas de las que leí en un -beneficio que con él me dió Ducazcal en el teatro Español el año -pasado, que inserto aquí para concluir, y por creer que aquí tienen su -legítimo puesto y lugar. - - En los años que han corrido - desde que yo le escribí, - miéntras que yo envejecí - mi _Don Juan_ no ha envejecido: - - Y fama tal por él gozo - que se cree, á lo que parece, - porque _Don Juan_ no envejece, - que yo he de ser siempre mozo: - - Y hoy el bravo Ducazcal - os anuncia en su cartel - que he de hacer aquí un papel, - que tengo que hacer ya mal. - - Yo no soy ya lo que fuí: - y viendo cuán poco soy, - dejo á los que más son hoy - pasar delante de mí; - - Pues por Dios, que por más brava - que sea mi condicion, - la fiebre rinde al leon, - la gota la piedra cava. - - Aún latir mis brios siento: - pero es ya vana porfía, - no puedo ya la voz mia - pedirle otra vez al viento: - - Y á quien me lo quiere oir, - digo años há por do quier, - que pierdo el sér de mi sér - y que me siento morir; - - Pero nadie me hace caso - por más que hablo á voz en grito, - porque este _Don Juan_ maldito - por do quier me sale al paso; - - Y ni me deja vivir - en el rincon de mi hogar, - ni deja un año pasar - sin dar de mí qué decir. - - Yo me apoco dia á dia, - y este bocon andaluz, - á quien yo saqué á la luz - sin saber lo que me hacia, - - me viste con su oropel - y á luz me saca consigo; - por más que á voces le digo - que ir no puedo á par con él. - - Mas tánto favor os debo - por él, que en verdad me obliga - á que algo esta noche os diga - de este insolente mancebo. - - Oid... es una leyenda - muy difícil de contar, - porque tiene algo á la par - de ridícula y de horrenda: - - una historia íntima mia. - Yo era en España querido - y mimado y aplaudido... - y me huí de España un dia. - - Vivia á ciegas y erré: - y una noche andando á oscuras - tropecé en dos sepulturas, - y de Dios desesperé. - - Emigré: me dí á la mar; - y esperando en el olvido - una muerte hallar sin ruido, - en América fuí á dar. - - No llevando allá negocio - ni esperanza á qué atender, - al tiempo dejé correr - en la oscuridad y el ócio. - - Once años anduve allí - vagando por los desiertos, - contándome con los muertos - y sin dar razon de mí. - - Los indios semi-salvajes - me veian con asombro - ir con mi arcabuz al hombro - por tan agrestes parajes; - - y yo en saber me gozaba - que nadie que me veia - allí, quién era sabia - el que por allí vagaba; - - y esperé que de aquel modo - de mí y de mi poesía - como yo se olvidaria - á la fin el mundo todo. - - Mi nombre, pues, con intento - de dejar perder, y en suma - sin papel, tinta, ni pluma, - ni libros ya en mi aposento, - - bebia en mi soledad - de mis pesares las heces: - mas tenia que ir á veces - del desierto á la ciudad. - - Vivo el cuerpo, el alma inerte, - á caballo y solo, iba - como una fantasma viva, - sin buscar ni huir la muerte. - - Y hago aquí esta narracion - porque sirva lo que digo - á mis hechos de castigo, - y á modo de confesion. - - Sobre mí á un anochecer - un nublado se deshizo, - y entre el agua y el granizo - me dejó una hacienda ver. - - Eché á escape y me acogí - de la casa entre la gente, - como franca lo consiente - la hospitalidad allí. - - Celebrábase una fiesta: - que en aquel país no hay dia - que en hacienda ó ranchería - no tengan una dispuesta; - - y son fiestas extremadas - allí por su mismo exceso, - de las hembras embeleso, - de los hombres emboscadas. - - Y á no ser de mi leyenda - por no cortar la ilacion, - hiciera aquí descripcion - de una fiesta en una hacienda, - - donde nadie tiene empacho - de usar á gusto de todo; - porque son fiestas á modo - de las bodas de Camacho. - - Allí acuden sin convite - buhoneros, comerciantes - y cirqueros ambulantes; - sin que á nadie se le quite - - de entrar en corro el derecho, - de gastar de los abastos, - ni de colocar sus trastos - donde quiera que halle trecho. - - Jamás se apaga el hogar, - jamás el servicio cesa; - siempre está puesta la mesa - para comer y jugar. - - Por salas y corredores - se oye el son á todas horas - de carcajadas sonoras, - de onzas y de tenedores. - - Todo es peleas de gallos, - toros, lazos, herraderos, - manganas y coleaderos - y carreras de caballos; - - Y al fin de un dia de broma - que nada en Europa iguala, - todo el mundo entra en la sala - y sitio en el baile toma. - - Entré é hice lo que todos: - y cuando creí que al sueño - se iban á dar, dí yo al dueño - gracias por sus buenos modos: - - mas mi caballo al pedir, - asiéndome por la mano, - me dijo el buen campirano - soltando el trapo á reir: - - «¿Y á quién hay que se le antoje - dejar ahora tal jolgorio? - Vamos, venga usté á la troje - y verá el _Don Juan Tenorio_.» - - Y á mí que lo habia escrito - en la troje me metia; - y allí al paso me salia - mi audaz andaluz precito. - - Mas ¡ay de mí, cuál salió! - Lo hacia un indio Otomí - en jerga que el diablo urdió; - tal fué mi _Don Juan_ allí, - que ni yo le conocí - ni á conocer me dí yo. - - Tal es la gloria mortal, - y á quien Dios se la confiere - si librarse de ella quiere - se la torna Dios en mal. - - A mí no me la tornó, - porque por mi buena suerte, - del olvido y de la muerte - do quier _Don Juan_ me salvó. - - ¡Dios no quiso allá de mí! - y de mi patria el olvido - temiendo, como habia ido, - á mi patria me volví. - - ¡Feliz malogrado afan! - al volver de tierra extraña, - me hallé que habia en España - vivido por mí _Don Juan_. - - Comprendí en su plenitud - de Dios la suma clemencia: - _Don Juan_ habia en mi ausencia - borrado mi ingratitud. - - Mónstruo sin par de fortuna, - miéntras yo de España huia, - en España me ponia - en los cuernos de la luna. - - Y ni fuerza ni razon - han podido derribar - tal ídolo del altar - que le ha alzado la opinion. - - Pero hablemos con franqueza - hoy que todo coadyuva - para que aquí se me suba - á mí el humo á la cabeza: - - Desvergonzado galan - siempre atropella por todo - y de atajarle no hay modo, - ¿qué tiene, pues, mi _Don Juan_? - - Del fondo de un monasterio - donde le encontré empolvado, - yo le planté remozado - en mitad de un cementerio: - - Y obra de un chico atrevido - que atusaba apenas bozo, - os parece tan buen mozo - porque está tan bien vestido. - - Pero sus hechos están - en pugna con la razon: - para tal reputacion - ¿qué tiene, pues, mi _Don Juan_? - - Un secreto con que gana - la prez entre los don Juanes: - el freno de sus desmanes: - que Doña Inés es cristiana. - - Tiene que es de nuestra tierra - el tipo tradicional; - tiene todo el bien y el mal - que el génio español encierra. - - Que hijo de la tradicion, - es impío y es creyente, - es baladron y es valiente, - y tiene buen corazon. - - Tiene que es diestro y es zurdo, - que no cree en Dios y le invoca, - que lleva el alma en la boca, - y que es lógico y absurdo. - - Con defectos tan notorios - vivirá aquí diez mil soles; - pues todos los españoles - nos la echamos de Tenorios. - - Y si en el pueblo le hallé - y en español le escribí - y su autor el pueblo fué... - ¿Por qué me aplaudís á mí? - -Dejémoslo aquí hasta que veamos á mi D. Juan ante la conciencia de su -autor, que tambien veremos á los actores ante mi _Don Juan_. - - - - -XIX. - -(PARÉNTESIS.) - - -I. - -Mi campaña teatral habia durado cuatro años: del 40 al 45. Fiel á mi -bandera, no me habia yo pasado jamás al enemigo, combatiendo siempre -en primera fila; y en aquellos cuatro años, porque en la temporada -del 41 al 42 no escribí nada por lo que adelante diré, habia yo dado -á la empresa Lombía veinte y dos obras escénicas, desde _Cada cual -con su razon_ hasta _D. Juan Tenorio_[2]. Ninguna de ellas habia sido -silbada, ni retirada del cartel sin cinco representaciones; y habian -quedado del repertorio de Latorre, con éxito completo, _El Zapatero -y el Rey_, _Sancho García_, _El rey loco_, _El puñal del godo_, -_El alcalde Ronquillo_ y el _D. Juan_: Lombía repetia en el suyo el -_Cada cual con su razon_ y _La mejor razon la espada_. La empresa -del teatro del Príncipe no me habia visto jamás en el saloncito de -Julian Romea, ni para sus afortunados actores habia yo en los cuatro -años escrito un sólo verso; siendo el único escritor que siguió -constante la inconstante suerte de la empresa de la Cruz, y escribiendo -exclusivamente para Lombía y Latorre. - - [2] _Cada cual con su razon_; _Lealtad de una mujer_; primera - y segunda parte de _El Zapatero y el Rey_; _El eco del - torrente_; _Los dos vireyes_; _El molino de Guadalajara_; - _Un año y un dia_; _Apoteosis de Calderon_; _Sancho García_; - _El caballo del rey D. Sancho_; _La mejor razon la espada_; - _El puñal del godo_; _La oliva y el laurel_; _Sofronia_; - _La Creacion y el Diluvio_; _El rey loco_; _La reina y los - favoritos_; _La copa de marfil_; _El alcalde Ronquillo_; _D. - Juan Tenorio_. - -¿Por qué? Lo diré más adelante al recordar cómo, por qué y para quién -escribí el _Traidor, inconfeso y mártir_; ántes y por hoy tengo -necesidad de decir algo de las vicisitudes por que habian pasado los -teatros de verso, durante los cinco años de la revolucion literaria, de -la cual fuí entónces hijo mimado y hoy todavía viviente recordador. - -Porque estos mis desordenados Recuerdos del tiempo viejo son una -madeja de quebradizos y rotos hilos, de cuyos cabos voy tirando al -azar segun los voy devanando en el desigual ovillo de mis artículos de -_El Imparcial_; y en éste veo que es preciso que dé á mis lectores, -si tengo algunos, un cabo conductor y alguna luz que les guie por -el laberíntico relato de mis entradas y salidas por las puertas y -escenarios de los teatros de la Cruz y del Príncipe. Mis Recuerdos -no son, desventuradamente para mí, una obra de cronológica ilacion, -de continuidad lógica y progresiva de bien enlazados sucesos, y de -uniforme estilo, como las curiosas Memorias de un setenton, del Sr. -de Mesonero Romanos; á quien aprovecho esta ocasion para dar gracias -por el cariñoso recuerdo que en ellas hace de mí, y para rendirle el -homenaje debido al más fácil de nuestros prosistas, al más ameno y -castizo de nuestros narradores, al más cortés de nuestros críticos, y -al más exacto pintor de nuestras costumbres. Mis Recuerdos no pueden, -ni intentan competir con sus Memorias; y cuando hoy se reducen á libro -con una más ordenada forma, aún no pueden parangonarse con aquellas; -elegante y última, pero genuina produccion del vigoroso ingenio del -Curioso parlante, en cuya curiosa personalidad prolonga Dios la luz de -la inteligencia para gloria y contentamiento de la presente generacion. - -Hecha esta salvedad y cumplido este deber, vuelvo la vista atrás y -retrocedo cuatro años, para entrar por preparado camino en el quinto y -último de mis recuerdos teatrales. - -La temporada cómica del 38 al 39, por no sé qué circunstancias -fortuitas ó premeditadas, iba á pasar sin que hubiese compañía en -los teatros de Madrid. Lombía, asociado con Luna, Pedro Lopez, las -Lamadrid y otros se presentaron en época avanzada, con las más -sinceras protestas de modestia, á llenar como mejor pudiesen aquel -vacío. Estimóselo el público, y quedó constituida en compañía aquella -sociedad, para la temporada del 39 al 40. _La redoma encantada_ fué -para ella la gallina de los huevos de oro, y en aquel año cómico -presenté yo mis tres primeras comedias, segun van marcadas en la nota -correspondiente á este párrafo. Con la cooperacion del infatigable -Breton, de García Gutierrez, Olona, y otros autores, el año fué un -negocio, y á la temporada siguiente (la de 40 al 41) vino á tomar -parte en él Julian Romea con Matilde y su compañía. Romea, Salas y -Lombía tomaron ambos teatros, y habiendo yo comprometido mi palabra con -Cárlos Latorre de escribir para él la segunda parte del Rey D. Pedro, -cuya primera habia estrenado Luna, pero no habiendo querido Romea -escriturar á Latorre, preferí no escribir para el teatro á faltar á la -palabra empeñada á éste. - -No duró mucho la union de Julian con Lombía; y como por aquel tiempo -transformara en teatro su circo Colmenares, que del de la plaza del Rey -era propietario, Lombía, que habia tomado el viejo coliseo de la Cruz -patrocinado por el banquero Fagoaga, director del Banco, estrenó el del -Circo en el verano con Cárlos Latorre, miéntras se hacia de nuevo el de -la Cruz. La empresa Colmenares, que era adinerada y emprendedora, hizo -competencia á los dos teatros y á las dos compañías del Príncipe y de -la Cruz, primero con grandes pantomimas y despues con ópera y baile: -del 42 al 43. - -Lombía, que disponia de no escasos fondos y que era hombre de no -cortos alcances, se volvió á unir con Romea contra el enemigo comun; -y conservando independientes sus dos compañías de verso, fueron -coempresarios para dos nuevas de baile y de ópera, que alternaron en -sus dos teatros. La Lema (que casó despues con Ventura de la Vega), -La Tossi (mujer luego de Lorenzo Milans) y la Villó ganaron allí con -justicia la reputacion de primeras cantantes; y Salas en _Chiara di -Rossemberg_ se hizo el primer caricato español; sosteniendo el baile -la pareja Bartholomin, con su padre de director, Aranda de pintor, -otra pareja italiana y un par de docenas de coristas aragonesas -y valencianas, que se las tuvieron ten con ten á la Petit y á la -Guy-Sthefan y á las andaluzas del circo. - - -II. - -Del 43 al 44, Lombía solo, sin Romea, pero con Matilde, Guzman, -Latorre, Sobrado, Pizarroso, Azcona, las Lamadrid y la Sampelayo, -sostuvo la competencia contra las compañías del Circo con la mejor de -verso que tal vez se ha reunido, y una de ópera de _primo cartello_ -(hasta el 45) con Moriani, Guasco y otros célebres cantantes. En estos -dos años se pusieron en escena en la Cruz _La lámpara maravillosa_, -fantástica y maravillosamente decorada por Aranda, _El triunfo -de la Cruz_ y _La Encantadora_, y en el Príncipe _La Sílfide_ y -_Hernan-Cortés_, varios dramas de Hartzenbusch y García Gutierrez, -el _Don Alfonso el Casto_ y la _Doña Mencía_, el _Alfonso Munio_ y -_El Príncipe de Viana_, de Gertrudis Avellaneda, y muchas comedias de -Breton, que dieron prez al arte escénico y dinero á la administracion. -El Circo, al fin, amparado por Narvaez, Salamanca y otros personajes de -valia, se llevó la atencion con la competencia de la Fuoco y la Guy, á -quienes se presentaban gigantescos ramos de flores conducidos en brazos -de servidores con librea, en azafates y jarrones de plata y porcelana -de china, y hasta en un carro que apenas cabia por la calle del centro -de las butacas. - -Yo no sé lo que el arte ganó con aquel frenesí y aquellos delirios; -pero el público se hartó de gritar por uno ú otro partido, y de -divertirse con las excéntricas locuras de ambos; y se vieron en -la escena de los tres teatros las más costosas decoraciones, los -más lujosos trajes, las más cortas y transparentes enaguas, y las -bailarinas más correctamente empernadas y de más ricas formas de los -cuatro reinos de Andalucía y de la antigua coronilla de Aragon. - -Por fin perdimos nosotros los de la Cruz, que estuvimos á pique de -ser crucificados. En Diciembre del 45 Lombía tuvo que prescindir de -Cárlos Latorre, que se fué á Granada, y yo á mi casa á contentarme con -saber que en Granada se aplaudia á Cárlos; sin el cual abrió Lombía el -teatro del Instituto, con Caltañazor, las hermanas Flores, la Pámias, -la Carrasco, la Concha Ruiz, Lumbreras, etc. En esta temporada, y ántes -de abandonar la Cruz, se hicieron las zarzuelas _El Sacristan de San -Lorenzo_, _La Venganza de Alifonso_ y _La pradera del Canal_, parodias -de la _Lucia_ y la _Lucrecia_, escritas por Azcona, el más inteligente -y entendido de nuestros actores de entónces, excepto Pedro Mate: -cuadros de costumbres concienzudamente estudiados y con maravillosa -exactitud copiados del natural. - -En Junio del 46 fuí yo á Francia, de donde regresé en Enero el 47, -por el fallecimiento de mi madre: á mi vuelta hallé instalada en el -Instituto la compañía andaluza de Calvo y Dardalla, donde estos dos -actores representaban de una manera tan incomparable como encantadora -_Los celos del tio Macaco_ y _La flor de la canela_. Pepe Calvo, padre -de Rafael, hacia un tio Macaco tan indescriptible y característico, un -gitano tan picaresco y atruhanado, tan anguloso, descaderado y zancudo, -que no le produjeron más espirrabao ni Triana en Sevilla, ni el Perchel -en Málaga. - -Del 48 al 49. El Ayuntamiento se encargó del teatro y se fundó el -Español, con una compañía completa compuesta de Romea, Valero, Arjona, -Matilde, Bárbara, Teodora y Osorio, etc. Catalina no aceptó su puesto -en ella por razones personales, y Carceller con un asociado tomó para -Catalina el viejo teatro de Variedades, con la Manuela Ramos, la Juana -Samaniego, Juan Catalina, Cortés el buen gracioso, Manuel Gimenez y -otros. Al fin de temporada contrataron á Salas, Adela Latorre, al tenor -Gonzalez, etc., con quienes pasaron al teatro de los Basilios, miéntras -que Harpa, propietario de Variedades, remodernaba su sala y escenario, -dejándolos como estaban aún el año pasado de 79. - -Y aquí acaban mis recuerdos de los teatros que conocí ántes de mi -expatriacion, y salvas algunas inexactitudes de fechas, y alguna -confusion de ajuste de actores, esta es la historia de los teatros de -Madrid desde el 40 al 49: tan ligeramente apuntada como lo permite el -ligero espíritu de estos recuerdos á vuela pluma, y tan en confuso -cuadro como se conservan amontonados en mi turbia memoria todos -aquellos empresarios tan activos y batalladores, todos aquellos actores -tan bien vestidos y todas aquellas bailarinas tan bien desnudas. - -Pálidas, dispersas y móviles siluetas, recuerdos desperdigados de la -memoria del muchacho, que aún bailan en sueños una diabólica danza -Macabra por el ya frio, desierto y nebuloso campo de la imaginacion del -viejo poeta. - - -III. - -Y aquí abre mi memoria un oasis fresco, umbroso y apacible en el árido -y enmarañado desierto de mis recuerdos; en él se levanta y por él -corre, y su abrasada atmósfera templa y oréa una brisa vital, salubre -y perfumada que envia mi corazon amante á mi descarriada fantasía. -¿Por qué no he de sentarme á reposar un punto á la sombra de este -oasis? ¿Por qué no he de aspirar esta brisa á la luz del único rayo -de esperanza que ilumina la lóbrega y tempestuosa atmósfera de mis -recuerdos, y el turbio y estéril arenal de mi inútil existencia? ¿Qué -son estos mis Recuerdos del tiempo viejo más que las aspiraciones -íntimas de mi alma, los suspiros de mi corazon y los latidos de mi -conciencia? Surja, pues, de las aguas azules del pintoresco lago de la -poesía el vapor puro de los suspiros del alma; revélese el hombre en la -faz del poeta, y véase el corazon de aquel á través de las cuerdas de -la lira de éste. - -Por aquel tiempo vino á Madrid mi pobre madre, á quien yo no habia -visto y de quien nada habia sabido desde aquella desventurada noche en -que abandoné mi paterno hogar. - -Dos figuras bellísimas, dos imágenes tan queridas como nunca olvidadas, -resaltan en este cuadro de mis recuerdos: la de mi madre y la de Paco -Luis de Vallejo, corregidor de Lerma en 1835, á quien dediqué mi _D. -Juan Tenorio_ en 1844. Volvamos un instante la vista al mes de Julio de -1835 para posarla despues en el de 1844. - -A la llegada á Madrid de la Reina María Cristina, era mi padre -superintendente general de policía del reino: el duque de San Cárlos y -Arjona, que para traerle hasta tan importante puesto le habian hecho -pasar por la Chancillería de Valladolid, la Audiencia de Sevilla y la -Sala de Alcaldes de casa y corte, se le habian propuesto á Fernando -VII como un partidario fiel de la causa realista, como un íntegro -magistrado y un hombre de carácter enérgico, á propósito para limpiar -á Madrid de los ladrones y vagos que pululaban en 1827 por las mal -empedradas calles y peor alumbrados callejones de la villa y corte -de entónces, de la cual dan tan exacta idea las Memorias de Mesonero -Romanos. Al instalarse mi padre en la superintendencia, en la casa de -la calle del Príncipe que hoy habita el duque de Santoña, tenia ya -montada una policía, que acabó en cuarenta dias con todos los ladrones, -de la manera que tal vez diré en algun artículo posterior. Bástame, por -hoy, indicar el principio tan bárbaro como exacto de que su justicia -partia, y era este: «Los séres humanos, que faltos de educacion moral -y religiosa, y viviendo en guerra con la sociedad, creen que el robo -es una profesion, y el asesinato necesario para cometer y encubrir el -robo, no tienen más que un miedo: el de la muerte.» En consecuencia -de cuyo principio, y conociendo el modo lento y embrollado con que la -justicia ha solido caminar siempre en España, anunció que «los ladrones -quedaban sujetos á una comision militar, asesorada por un alcalde de -casa y corte y un escribano del crímen;» instalóse la tal comision; -y ladron cogido, ladron ahorcado. Bárbaro era tal vez el principio, -pero necesario y eficaz fué el procedimiento; los únicos tres años -que Madrid ha estado completamente libre de ladrones _de profesion_, -fueron los de 28, 29 y 30. Otro dia hablaremos de esto: no manchemos -hoy con tan repugnantes memorias la purísima de mi madre y la alegre y -caballeresca del apuesto _garçon_ corregidor de Lerma, Paco Vallejo. - -Mi padre fué el primer dignatario de la situacion realista depuesto -por la influencia liberal de la Reina Cristina: cayó como los vencidos -que capitulan, y salió con armas y bagajes: las condiciones de su -destitucion no fueron más que la de salir de Madrid y sitios reales -en el término de ocho dias. Fué, pues, á refugiarse á un pueblecillo -de la provincia de Búrgos, en donde un hermano de mi madre era cabeza -de una numerosa familia, y á cuyo otro hermano, capellan de aquel -pueblo, habia nombrado canónigo de la colegiata de Lerma el duque del -Infantado, patrono de aquella iglesia y heredero del duque de Lerma, su -fundador. El cólera del 34, que introdujo la muerte y la division en la -familia, nos obligó á abandonar aquel pueblecillo tan pequeño, oculto -y desconocido, que su nombre no se halla en los mapas; y miéntras yo -pasaba las temporadas del curso escolar en las Universidades de Toledo -y Valladolid, mis padres vivian en un tranquilo destierro en casa de mi -tio el canónigo de Lerma. Allí fué de corregidor mi inolvidable Vallejo. - -Su llegada fué un acontecimiento para el partido que iba á gobernar, y -un justo motivo de sobresalto para mi padre; quien no habiendo aprobado -el levantamiento carlista, en cuyo éxito no creia, habia rechazado las -sugestiones de los amigos y de los agentes del levantamiento, resuelto -á no mezclarse en él por voluntad propia; pero hombre importante y -conocido de la pasada situacion, no podia ménos de ser sospechoso al -nuevo gobierno, y se dió tal vez por perdido al ver llegar á Lerma -un corregidor modelado en un molde tan distinto del en que él habia -concebido que debian vaciarse los corregidores. Paco Vallejo era un -mozo de veintisiete años, que vestia con elegancia, que marchaba con -soltura, que fumaba ricos habanos que de Madrid le remitian, que bebia -Jerez, y, ¡cosa inconcebible para mi padre! que se presentó á tomar -posesion de su corregimiento con el uniforme de nacional de caballería -de Madrid, con el chacó en la cabeza, el baston en la derecha y el -sable á la cintura. Paco Vallejo era uno de los calaveras de buen -tono de aquella edad de calaveras, que volvieron del revés á España -como un sastre la manga de una levita, á la cual hay que poner forros -nuevos: un Don Juan de la clase media, que podia presentarse y bravear -en el salon más aristocrático: un abogado jóven lleno de audacia y de -talento, tan agudo de ingenio como seductor de modales, á quien era -preciso tener un par de años en un corregimiento para hacerle llegar á -una toga en la audiencia de la Habana: y á quien mi padre y yo tuvimos -la fortuna de que nos enviara á Lerma D. Cláudio Anton de Luzuriaga. - -Cuando Vallejo llegó á Lerma, acababa yo de volver, concluido el curso -de la Universidad de Valladolid. Dimos uno con otro, él bajando y yo -subiendo la calle Mayor; llamé yo su atencion por mi traje y porte -más cortesano del de la gente del país: encaróse conmigo, plantémele -yo delante cediéndole la derecha, pero sin bajar mis ojos á su -investigadora mirada, y preguntóme:--¿Quién es V., caballerito, que no -tiene trazas de ser de esta tierra? - -Decliné yo mi nombre y el de mi padre, y esperé, sombrero en mano, á -que tomara mi filiacion en unos instantes de silencio y bajo el poder -de una escrutadora mirada, ante la cual no creí conveniente bajar la -mia. - ---Está bien--me dijo, concluido su exámen--tendré mucho gusto en -conocer al padre de tal hijo. ¿Dónde le ha educado á V. su señor padre? - ---En el Real Seminario de nobles de Madrid--respondí. - ---¡Hola! ¿es V. discípulo de los jesuitas? - ---Sí, señor; pero no les hago mucho honor, porque he sido siempre muy -desaplicado. - ---No habrá sido en la cátedra de la lengua castellana. - ---Ni en la de otras. - ---¿Conoce V. muchas lenguas extranjeras? - ---Tengo rudimentos de tres y rompo en ellas la conversacion. - ---Espero tener ocasion de hablar con V. en alguna; tal vez en las tres. - ---Estoy á la disposicion de usía. - ---Y mi corregimiento á la de su señor padre: hagáselo V. presente de mi -parte. - -Siguió su camino el corregidor, y apreté yo el paso hácia mi casa para -advertir á mi padre de que creia que acababa de cometer una torpeza, -que podia muy bien habernos puesto en mal con el miliciano corregidor. - -Frunció mi padre el entrecejo escuchando mi narracion, pero no desplegó -sus labios, y ántes de anochecer fué á visitar á Vallejo, dejando á mi -madre y á su hermano el canónigo en angustiosa incertidumbre; era para -ellos evidente que yo habia traido á mi padre la órden de presentarse -inmediatamente ante aquella extraña autoridad. - -Al volver mi padre de su visita, respondió á la interrogadora mirada de -mi madre con estas palabras:--«Es un hombre atentísimo y no temo doblez -en él; pero no puedo comprender sus intenciones. - -Yo no puedo visitar á V.; me ha dicho al despedirme; pero envíeme V. -á su hijo: no sé comer solo, soy algo hablador y me ha parecido que -su hijo de V. no tiene pelos en la lengua.--¡Dios ponga tiento en -ella! exclamó mi padre volviéndose á mí. Mañana irás al alojamiento -de ese botarate, y sereis dos: si te invita á comer, acepta; pero no -bebas. Habla poco, si puedes, y escucha bien lo que te diga, porque -probablemente te lo dirá para que me lo repitas.» - -Maldita la gracia que me hizo la posicion en que el nuevo corregidor -me colocaba entre él y mi padre: pero despues de una noche no muy -tranquila para ninguno de los tres que componíamos la familia, á las -cuatro en punto de la tarde pasaba yo un poco receloso los umbrales de -la casa en que se alojaba D. Francisco Luis de Vallejo, á quien desde -aquella tarde consagré un cariño fraternal y un agradecimiento que no -se extinguirá sinó con la vida. - -Llegué hasta el aposento del corregidor sin tropezar con portero ni -alguacil, pues habian ya pasado las horas del despacho; y como, aunque -no las llevaba todas conmigo, no queria yo que miedo ni empacho en mí -conociera, dí resueltamente dos golpes en la puerta con los nudillos, -y al «adelante» con que desde dentro me autorizaban á penetrar en -aquel _sancta sanctorum_ de la justicia lermeña, me presenté con -tanta resolucion aparente como desconfianza real ante la primera -autoridad del partido. Leia Vallejo, tendido en un sillon de cuero, -un libro encuadernado en vetusto y amarillento pergamino; los piés -tenia con botas y espuelas puestos en dos sillas y el codo izquierdo -en la esquina de una mesa de piés salomónicos, que sobre su tablero -sustentaban por el momento, y en vez de legajos de papel sellado, un -gran plato de nueces frescas, muy pulcramente peladas, y un pichel de -aquella agradable bebida compuesta de limonada y vino que se llamaba -sangría en aquel tiempo viejo, y con la cual templaba el corregidor -el ardiente efecto del oleoso fruto del nogal. Soltó el libro y -levantóse para recibirme; é hízolo con tan atractivos modales y con tan -afectuosas palabras, que al cabo de media hora, uno en frente de otro, -dábamos cuenta de la última nuez y de la gota postrera de sangría, en -medio de la más alegre conversacion de estudiantes y de la más franca y -espontánea amistad de muchachos. - -Esta rápida é inconcebible union de dos tan distintos individuos, -la habia operado en pocos minutos el libro que Vallejo leia: las -coplas del marqués de Santillana y de Jorge Manrique, manuscritas y -encuadernadas en la edicion gótica de Sevilla de las trescientas de -Juan de Mena. - -Si en lugar de escribir estos recuerdos en las columnas de un periódico -los escribiese en las páginas de un libro, llenarian algunas los -pormenores de esta escena. Paco Vallejo era originalísimo en sus -opiniones, excéntrico en sus ideas, y tan picante como ameno en su -conversacion. Venia de la corte impregnado en el espíritu de todos -los gérmenes políticos, económicos, artísticos y literarios de la -revolucion. - -Era un índice vivo de cuantos libros y periódicos iban publicados en -aquella primera, modesta y recelosa libertad de imprenta; sabia de -memoria las principales escenas del _Edipo_, de Martinez de la Rosa; -del _Macías_, de Larra; de la _Marcela_, de Breton, y los chistes, de -Ventura, y los _Cantos_ de Espronceda, que acababa Ochoa de publicar -en _El Artista_, y podia decir al dedillo la historia de todas las -cantantes, desde la Albini, la Cesari y la Lorenzani, y de todas las -bailarinas, desde la Sichero y la Volet; recitóme veinte canciones -italianas, para mí desconocidas, y encantóme con la de Zanotti, que -lleva por estribillo aquel famoso _¡oh giuramenti predda de' venti!_ -Recítele yo mi _Dueña de la negra toca_ y mi _Canto de Elvira_, con -los versos á una Catalina, la moza más garrida que por entónces vivia -en Lerma; pidióme y díle noticias y narréle lo que de las muchachas -de la comarca se susurraba; díjome y díjele, contéle y contóme tantos -versos tan ingeniosos como subidos de color, y tantas historias tan -gratas de recordar como imposibles de repetir; y cuando la dueña de la -casa se decidió á avisarnos que la sopa estaba en la mesa, así nos -acordábamos, como por los cerros de Ubeda, ni él de que era corregidor, -ni yo de que era el hijo de mi padre. - -Aquellas tan frescas como excitantes nueces nos habian hecho acabar -con el pichel de sangría; y aunque el vinillo ágrio de Lerma, segun -decia mi tio el canónigo, no era bueno más que para echar lavativas á -galgos, nos habia abierto tanto el apetito como alegrado el corazon y -calentado la cabeza--borrando los diez años de diferencia que entre -mis diez y siete y los veintisiete del corregidor mediaban. Comimos -como dos condiscípulos que á hallarse juntos volvieran tras diez años -de separacion, y éramos á los postres tan amigos y tan iguales como si -de veras condiscípulos hubiéramos sido desde la escuela de primeras -letras. Y así llegamos á las nueve de la noche, y oí yo con asombro, -y casi con espanto, las campanas de la Colegiata, que tocaban á las -Animas: era la primera vez que tal hora me cogia fuera de la casa de -mi padre, era la en que se rezaba el rosario en ella, y era yo el -encargado de guiarle. - -Conoció Vallejo que algo me angustiaba; preguntóme qué, y reveléselo -yo: entónces, tomando una de las dos luces que habian alumbrado nuestro -festin, y volviendo á llevarme al aposento en donde le hallé, escribió -una carta de media página á mi padre; llamó al alguacil de renda y -le mandó que á mi casa me acompañara; dióme por despedida lo escrito -cerrado en un sobre, y díjome al oido: «dí á tu padre que queme ese -papel en cuanto le lea, y que no deje de enviar á su hijo de cuando en -cuando á comer con el corregidor.» - -Entré yo en mi casa con los carrillos muy encendidos y los ojos muy -alegres: aguardábame ya impaciente mi familia, y recibióme mi padre -con el ceño un poco fruncido y en un silencio muy poco á propósito -para infundirme ánimo; pero yo, sin decir palabra ni darle tiempo de -pronunciar una, púsele en las manos la carta de Vallejo, con lo cual -obligándole á fijar su atencion en la misiva, logré que la apartara del -portador. - -Leyó mi padre y quedóse un punto suspenso, contemplando lo escrito como -si no lo comprendiera; y aprovechando la posicion en que, inclinado -hácia adelante, tenia la carta y la cabeza cerca de la luz, díjele al -oido como Vallejo me lo habia dicho: «Que queme V. ese papel en cuanto -le lea.» - -Quitó mi padre sus ojos del papel para fijarlos en los mios, y -preguntóme: «¿Te lo ha leido él á tí?» - -No, contesté con la firmeza de quien decia verdad; y en silencio mi -padre quemó el papel, quedando de él no más que el pico, por el cual -entre su pulgar y su índice lo tuvo miéntras ardió. Tiró despues del -cordon de la campanilla y mandó que sirvieran la cena: «Tú habrás -comido muy tarde, me dijo: nosotros hemos rezado ya el rosario, y -tendrás ganas de acostarte: toma tu luz, y te dejaremos en tu cuarto;» -y miéntras todos bajaban al comedor, que estaba en el entresuelo, me -dijo mi padre al dejarme en mi dormitorio, que tenia su puerta en el -arranque de la escalera: - -«Mañana irás á decir á Vallejo lo que me has visto hacer con su carta -y le darás las gracias,» y añadiendo entre dientes y como quien habla -consigo mismo: «¡si tuviera la cabeza tan sana como el corazon..!» me -cerró la puerta y me acosté tan satisfecho de haber salido tan bien -librado como curioso de saber lo que decia aquella carta, que tan bien -me habia escudado del justo mal humor de mi padre. - -Vallejo tenia suficiente juicio para no fiar al chico lo que corriera -riesgo de su insensata locuacidad: el corregidor fué con el padre un -caballero de la tabla redonda y un muchacho desatalentado con el hijo -futuro autor del _Tenorio_, y único sér con quien el noble calavera -madrileño, á quien debia aquel drama ser dedicado, podia tener afinidad -en aquel país. - -El corregidor liberal, el apuesto y caballeroso garzon, arriesgó su -favor y su empleo por amparar al magistrado en desgracia y fué el -primero que auguró al hijo un porvenir tan brillante como inútil para -uno y otro. - -Ocho años despues, supe por mi madre que la carta de Vallejo, que de -su parte llevé yo á mi padre, decia: «Traigo órden de vigilar á V. y -de no dejarle respirar, pero puede V. dormir tranquilo miéntras yo sea -corregidor de Lerma; y cuando tenga V. que _emprender algun viaje_, -avísemelo V. con tiempo para que pueda usted partir sin despedirse de -mí, miéntras esté yo de expedicion por mi ínsula Barataria; pero no -deje usted de enviarme al chico; que tendrá siempre tan buen lugar en -mi mesa, como creo que le tiene en el porvenir que abre en España á las -letras la revolucion que se desarrolla.» - -¡Oh, bueno y leal Paco Vallejo! Pocos meses despues tenias que consolar -á mi pobre madre y desvanecer las sospechas del receloso y severo juez, -que tal vez creyeron por un momento que podias tener parte con tus -consejos en el crímen con que el hijo se abrió las puertas del porvenir -famoso que tú le habias predicho, y que sólo valió al padre, á la madre -y al hijo pesadumbres y desengaños. - -Mi madre, harta de vivir escondida en un pueblucho de una sierra, en -donde nieva desde Noviembre hasta Febrero, y en el cual, incomunicada -y sin noticias del mundo, habia vivido cinco años sin saber lo que en -el mundo pasaba, vino por fin á llamar á las puertas de la casa del -hijo ingrato, cuyo amor filial creia extinguido por la vanidad de unos -triunfos que no la habian producido más que ruido y coronas de papel -dorado. Un viejo eclesiástico, que la habia servido de protector, -se presentó al hijo con la desconfianza de un católico que tuviera -necesidad del amparo de un hereje; que era, y es aún lo que se cree en -algunos pueblos de Castilla de los que usamos perilla y bigote; pero -no bien el anciano sacerdote comenzó á tantear los sentimientos del -hijo, cuando éste se echó en sus brazos deshecho en lágrimas, clamando -ansioso por abrazar á su infeliz madre; trajímosla á nuestra casa, -y una nueva luz, una nueva vida y una nueva inspiracion entraron en -ella. Habia yo vivido poquísimo tiempo con mi madre; á los ocho años -me habia metido mi padre en un colegio de Sevilla; á los diez me puso -en el de nobles de Madrid, y sólo dos veranos, durante las vacaciones -del 34 y 35, habíamos vivido bajo el mismo techo, pero entre el miedo -y los pesares del destierro y en la escasez de expansiva confianza de -los que se conocen mal y no se aprecian bien; resultado inevitable de -la educacion fuera de la familia: se pierde uno para ésta tanto cuanto -se gana para la sociedad; yo me gané para el mundo y me perdí para mi -familia, no nos tratamos y no nos conocimos. Vino, pues, mi madre á -mi casa, y yo no sabia ser su hijo; la trataba como á hija mia. Yo la -mimaba, yo la peinaba, yo la dormia; sentia que no fuese una niña de -tres años, para poderla tener todo el dia sobre mis rodillas y velarla -de noche el sueño, colocada en mis brazos su cabeza. A la luz de sus -ojos, al calor de su cariño, al influjo de su presencia, produje yo en -tres meses los tres tomos de mis _Cantos del Trovador_; y un libro del -P. Nierenberg, en que ella leia, me sugirió la idea de mi _Margarita la -tornera_; y en aquel D. Juan que tan mal estudia en la Universidad, - - Sintiéndose el alma seca - de hablar de legislacion - y con la mala intencion - de quemar la biblioteca, - -y que vuelve por fin despechado y pobre á aquella casita solitaria, hay -algo de mi historia y de la de mi casa; y en aquel altar enflorado, -y en aquella despedida de la monjita en el altar arrinconado del -cláustro, y en aquella narracion rebosando fé sincera, inspiracion -juvenil, frescura de selva vírgen, y aroma de rosas de Mayo y poesía -nacional y cristiana, está encerrado el espíritu religioso de mi devota -madre; está derramada á manos llenas la esencia del amor filial, la -poesía del corazon amante del hijo que escribió aquellos versos ante -la sonrisa de la madre adorada... y por eso es _Margarita la tornera_ -la única produccion que me ha conquistado el derecho de llamarme poeta -legendario, y creo que el poeta que la escribió no merece ser olvidado -en su patria; y cuando veo que la fama eleva en sus alas á otros -poetas contemporáneos, no tengo envidia de sus merecidos triunfos ni -de las justas alabanzas de sus modernas obras, y me digo á mí mismo -callandito, sin orgullo, modestamente, pero con conciencia de mí mismo: -«yo tambien soy poeta; yo tambien he escrito mi _Margarita la tornera_.» - -Pero, ¿qué diablos importan todos estos recuerdos íntimos y personales -á los lectores de _El Imparcial_? Mi pobre madre, que tenia mucho -miedo á mi padre, se fué de mi casa... y murió sin que yo la volviera á -ver; mi _Margarita la tornera_, inspirada por la presencia de mi madre, -es el sudario en que puedo envolver mi memoria póstuma para que se -conserve más tiempo sobre la tierra; puede servirme de confesion á la -hora de mi muerte, si la Providencia me hace morir inconfeso, ¡y quién -sabe si podrá abonarme ante el tribunal de Dios, cuando mi alma sea por -Él llamada á juicio! - -Paco Vallejo volvió de la Habana, y yo le dediqué mi _D. Juan Tenorio_, -para que su nombre viviera con el mio unos cuantos dias más despues de -nuestra muerte; que es lo ménos que en nombre mio y de mi padre debo á -la memoria del amigo leal y del caballeroso amparador. - -Volvamos ahora al teatro, para el cual habia dejado de escribir de los -de Madrid en ausencia de Cárlos Latorre; y veamos cómo y por qué fué -mi _Traidor, inconfeso y mártir_, el único drama que yo escribí para -Julian Romea, y el único que estoy satisfecho de haber escrito. - - - - -XX. - -DE CÓMO SE ESCRIBIÓ Y SE REPRESENTÓ - -_Traidor, inconfeso y mártir._ - - -Siete años de asíduo trabajo habian atraido sobre mí la atencion del -público; llevaba ya escritas veinte obras dramáticas, más ó ménos -aplaudidas, pero ninguna rechazada, y tres ó cuatro que eran ya de -repertorio en todos los teatros de España; ocho tomos de versos, que -habian merecido el honor de la reimpresion, y los tres de los _Cantos -del Trovador_, publicados por Ignacio Boix, habian hecho mi nombre -popular, y mi exhibicion contínua como lector en los salones del -palacio de Villahermosa, donde se instaló primero y resucitó despues el -_Liceo_, habian puesto en evidencia mi exígua personalidad. - -Pero á pesar de que del teatro y del _Liceo_ habian salido todos mis -compañeros á diputados, gobernadores, ministros plenipotenciarios, y -los más modestos á bibliotecarios, cuando ménos, yo me habia quedado -_poeta á secas_, esquivo á la sociedad, extraño á la política y sin -influencia con los gobiernos. - -El último año de la brillante y efímera existencia del _Liceo_, su -Junta directiva, agradecida, segun dijo, á lo que con mi constante -trabajo habia contribuido al lucimiento de sus sesiones y á los -disgustos que me habian ocasionado sus juegos florales, en los que yo -habia sido juez, presidente, y yo no recuerdo que más, acordó que se -diese una funcion en obsequio mio, y se representó por los sócios mi -_Cada cual con su razon_, y se me colocó en preferente sitio en un -gran sillon, en el cual se notaba más mi pequeñez, y se me ofrecieron -una magnífica corona y un rico álbum, cuya primera hoja habia escrito -y firmado S. M. la Reina doña Isabel II; y cargado de papeles y de -flores, y ensordecido por los aplausos, me volví á mi piso tercero de -la plazuela de Matute, agradecido y contento, pero no desvanecido por -el humo aromado y embriagador de la gloria mundana, y volví al dia -siguiente á ser el poeta del dia anterior, y á vivir al dia con el -producto de mis leyendas. ¿Por qué? - -¿Habia algo en mi vida por lo cual se me mostraran esquivos los -gobiernos y la sociedad de aquel _tiempo viejo_? No: yo era quien, -esquivo á la sociedad y á los gobernantes, me encastillé en mi hogar -doméstico á vivir con los legendarios personajes de mi fantástica -poesía: yo era el poeta del tiempo viejo; y fiado solamente en el -pueblo, y esperando mi recompensa de un solo hombre, desdeñé todo lo -que de aquel hombre no viniera; y la fortuna loca llamó mil veces á las -puertas de mi casa; y yo la cerré mis puertas y mis ventanas, dejándola -pasar como si no la oyese y derramar sobre otros las venturas que para -mí destinadas traia. Ya hablaremos tal vez más de esto en el último -capítulo de estos RECUERDOS. - -El exceso del trabajo, la profunda y perpétua inquietud que me roia el -corazon, y las malas aguas que el municipio hacia beber por aquellos -tiempos á los habitantes de Madrid, me procuraban todos los veranos una -debilidad de estómago y una inflamacion de las vísceras abdominales, -que el bueno del Dr. Codorníu, médico del regente Espartero, queria -curarme á fuerza de sanguijuelas, cáusticos y demás excesos de la -ciencia, que está hace siglos empeñada en atacar al enfermo para -librarle de la enfermedad. Entre la mia y mi médico el Dr. Codorníu, -que me queria como á sus propios hijos, me tenian en cama hacia ya -cuarenta dias, al fin de los cuales vino una noche á verme Julian -Romea. En ocasion de los juegos florales del _Liceo_, y en otra que -á nadie importa, le habia yo probado mi amistad, y no podia Julian -dudar de ella. Pero era una extraña amistad la mia con Julian: no iba -jamás á su teatro del Príncipe más que para aplaudirle á él y á su -mujer; pero jamás subia á su cuarto ni al de Matilde, ni habia nunca -escrito un verso para ellos. Cárlos Latorre andaba por las provincias, -y yo escribia libros, pero no comedias. Y el teatro de Julian habia -encadenado á la fortuna en su vestíbulo, y la fama hacia resonar -perpétuamente su bocina desde el balcon del saloncillo en el cual tenia -Romea su corte y su cuarto de vestir, y todos los poetas iban á quemar -incienso en aquella sucursal del Parnaso y en aquel peristilo del -templo de la gloria. - -Yo he sido siempre tenaz en mis opiniones, porque siempre son éstas -hijas legítimas de mis convicciones, y las mias y las de Julian -estaban en completa contradiccion en el teatro. Que yo era su amigo, -no podia dudarlo un hombre por quien no habia vacilado en arriesgar mi -reputacion y mi pellejo; que admiraba al actor no podia tampoco dudarlo -el que por mí se veia constantemente aplaudido; pero ni el amigo ni el -actor venian al poeta más que en la ocasion extrema; y Julian vino á -verme _in extremis_, porque despues de cuarenta dias de cama, un poeta -tan débil y tan chiquito como yo, debia de hallarse casi _in artículo -mortis_. Hallóme efectivamente Julian reducido á lo que de mí habian -dejado las sanguijuelas de Codorníu envuelto en los trapos de sus -cataplasmas; pero con el ojo siempre avizor y el espíritu vivo dentro -de la frágil carne--es decir, de la piel y los huesos, porque mi escasa -carne se la habian ya comido las sanguijuelas y la calentura.--Abrazóme -Romea y enteróse cariñosamente de mi situacion; distrajo la melancólica -influencia de la enfermedad y del aislamiento con el relato de la -crónica no muy edificativa de bastidores; ponderóme la boga de su amigo -el Dr. Larios, quien segun él, hacia maravillas, y dejándome alegre -y esperanzado, se despidió hasta el dia siguiente. A las once de la -mañana de este volvió con el Dr. Larios, quien me desenterró de entre -la infinidad de trapos en que Codorníu me tenia sepultado; metiéronme -entre él y Julian en un baño, y á los dos dias, limpio y renovado, -me llevaron en un coche al Pardo; donde con el cambio de aguas y de -temperatura, las emanaciones salubres del arbolado y la proximidad -del otoño, retoñó en mí la salud y la fuerza; y un dia me dijo Romea, -trayendo á la realidad mi pasado y mi porvenir: «¿Por qué no me -escribes un drama? Matilde y yo lo haríamos con el alma.»--«Pensaré -en ello, le respondí; y si en estos dias de convalecencia doy con un -argumento á propósito para tí, te lo consultaré y haré lo que sepa. -Pero... - ---Pero ¿qué?--me preguntó receloso Julian. - ---Nada--repuse;--ya hablaremos.--No me atreví á darle más -explicaciones sobre aquel «pero» que se me habia escapado. - -Convalecí y cazé, y me repuse, y volví á Madrid. Mi editor Delgado -habia ya muerto: Boix, sin ideas ni rumbo fijo en el comercio de -libros, no me habia hecho trato alguno en que poder fiar, y Julian -habia dado á mi mujer, prohibiéndola que me lo dijera, seis mil reales -que habian subvenido á los gastos de mi enfermedad. Era forzoso -trabajar: el editor Gullon se me habia ofrecido en lugar del difunto -Delgado, y no podia rehusar á Romea una obra que él y un nuevo -editor me pedian á un tiempo. Pensé en un argumento, en el cual sin -salirme de mi terrorífico romanticismo, pudiera colocar un personaje -característico adecuado á la escuela exclusiva y al género personal de -representacion de Romea; y habiéndome procurado Salustiano Olózaga la -causa original de _El pastelero de Madrigal_, amasé, amoldé y emprendí -mi _Traidor, inconfeso y mártir_. Tenia yo desde que era estudiante un -inmenso cariño á este personaje tradicional, y siempre habia pensado -hacer de él una leyenda; pero el _Ni Rey ni Roque_ de Escosura habia -puesto una insuperable valla ante mi pensamiento. Al ocurrírseme hacer -del Rey Don Sebastian y del pastelero de Madrigal uno sólo, concebí -que aquel personaje legendario podia transformarse en otro altamente -dramático y profundamente misterioso. - -Estudié su historia y su tradicion, dormí y soñé con la accion y -sus personajes, y cuando la ví clara en mi imaginacion comencé á -tenderla sobre el papel: y aquella es mi única obra dramática pensada, -coordinada y _hecha_, segun las reglas del arte: sus dos primeros actos -están _confeccionados_ maestramente, y tengo para mí que por ellos -tengo derecho á que mi nombre figure entre los de los dramáticos de mi -siglo. - -Miéntras yo viva no faltará quien me alabe; pero tampoco quien acuse -mejor los defectos y la incompletez de sus obras. Váyase lo uno por -lo otro; y sea dicho en paz de los que no reconocen en las suyas los -defectos de que carecen las mias. - -En cuanto tuve escritos mis dos primeros actos, los copié y los cosí, -seguro de no tener que variar nada en ellos para concluir el drama: -llamé á Julian y se los leí; escuchómelos atentamente, asombróle su -forma, enamoróse del carácter del protagonista, que para él destinaba; -expliquéle cómo pensaba desarrollar el tercer acto, y prometíselo -concluido para la semana siguiente. Entreguéle los dos primeros para -que mandara sacar los papeles, y díjome al partir, llevándoselos en el -bolsillo: - ---Creo, Pepe, que es lo mejor que has hecho. - ---Yo tambien lo creo--le respondí--pero... - ---Pero ¿qué? - ---Nada, nada--le dije--sin atreverme todavía á revelarle mi -pensamiento. Miróme un momento sin comprenderme, llevóse los dos actos, -desconfiando por el «pero» de que yo concluyera la obra, y yo la -emprendí con el tercer acto, del cual no levanté mano hasta darle fin. -Volví á llamarle, y tornó Julian á mi despacho; leíle la conclusion, -pagóse mucho de su papel, y paguéme yo no poco de que fuera tan de su -gusto mi trabajo: entreguésele grandemente satisfecho de lo escrito, -y dispusóse él á llevárselo con gran contentamiento y muy lisonjeras -esperanzas; pero... detúvele yo, concluyendo nuestra entrevista con -este diálogo: - -_Yo._--¿Vas convencido de que he hecho en conciencia todo lo que he -podido? - -_Julian._--Completamente; y puedes tú quedarlo de que en la -representacion haremos cuanto podamos: y si de mi empeño sólo -dependiera el éxito... - -_Yo._--Perdona que te ataje; pero el éxito de este drama no será grande. - -_Julian._--¿Por qué? - -_Yo._--Porque tú y yo, como actor y poeta, no somos el uno para el -otro. No te amostaces. ¿Crees, ó no, que yo soy tu amigo? - -_Julian._--Aunque no tuviera más pruebas de tu amistad que esta obra -que ya está en mi poder, no podria racionalmente dudarlo. - -_Yo._--Pues bien, por ser tan tu amigo, te debo la verdad. Creo que no -has de salir airoso del papel de Don Sebastian. - -Romea era orgulloso y tenia en su talento disculpa suficiente para -serlo: al oir estas palabras, áun de su mejor amigo, frunció el -entrecejo y encapotó con él su mirada.--Escucha,--seguí yo diciéndole, -sin darme por entendido de su gesto ni de su cambiado color--escucha: -tú crees que la verdad de la naturaleza cabe seca, real y desnuda en -el campo del arte, más claro, en la escena: yo creo que en la escena -no cabe más que la verdad artística. Desde el momento en que hay -que convenir en que la luz de la batería es la del sol; en que la -decoracion es el palacio ó la prision del rey Don Sebastian; en que -el jubon, el traje y hasta la camisa del actor son los del personaje -que representa, no puede haber en medio de todas estas verdades -convencionales del arte y dentro del vestido de la creacion poética, -un hombre real, una verdad positiva de la naturaleza, sinó otra -verdad convencional y artística; un personaje dramático, detrás y -dentro del cual desaparezca la fisonomía, el nombre, el recuerdo, la -personalidad, en fin, del actor. - ---¿Y qué?--me dijo desabrida y desdeñosamente Julian. - ---Que tú eres el actor inimitable de la verdad de la naturaleza: -que tú has creado la comedia de levita, que se ha dado en llamar de -costumbres: que puedes presentarte, y te presentas á veces en escena, -conforme te apeas del caballo de vuelta del Prado, sin más que quitarte -el polvo y sin polvos ni colorete en el rostro: pero en estas escenas -copiadas de nuestra vida de hoy, dialogadas por personajes que son á -veces copias de personas conocidas, que entre nosotros andan, que con -nosotros viven y hablan, tú que con ellos vives y que eres de ellos -conocido, no estorbas y no pareces intruso. Tú eres Julian Romea y -puedes serlo en la comedia actual: pero el drama es un cuadro, es un -paisaje, cuyas veladuras, que son el tiempo y la distancia, se entonan -de una manera ideal y poética, en cuyo campo jura y se tira á los -ojos la verdad de la naturaleza, la realidad de una personalidad: yo -necesito un personaje para el papel de mi rey D. Sebastian. - ---Y le tendrás, Pepe, le tendrás:--esclamó Julian.--¡Qué diablos de -autores! A vosotros os toca escribir y á nosotros representar. - ---Eso, eso quiero; que representes, no que te presentes. - ---¡Pepe, Pepe! _Suum cuique._ Porque tú alucinas á tus oyentes cuando -lees tus versos, y porque yo mismo te he dado á leer los mios en el -_Liceo_, para que me los luzcas, no creas que sabes mejor que yo lo que -es la escena, sobre la cual estoy desde que me despuntó la barba. - ---Y estás en ella con derechos de rey: porque eres uno de los de -nuestra escena: pero... - ---Déjate de peros, y fíate en mí--y partió Julian con el fin de mi -drama en la mano: y se ensayó con cuidado, y los actores se encariñaron -con sus papeles, y á los pocos dias, á las ocho de la noche de un -viernes, para el beneficio de la incomparable Matilde, se alzó el telon -sobre la primera escena de mi _Traidor, inconfeso y mártir_. - -Ni la crítica hostil de eruditos apasionados, ni la mordacidad -atrevida de medianías envidiosas, me han negado que esta obra me -da derecho á tenerme por autor dramático, y el tiempo y la opinion -pública han sancionado esta pretenciosa vanidad mia. La exposicion de -este drama está _confeccionada_ con todas las reglas del arte, y la -presentacion del protagonista preparada con intencionada habilidad. El -papel de Aurora estaba confiado á Matilde; yo, seguro de que Julian -iba á dejar pálida la figura del rey D. Sebastian, de que no iba á -pasar de Espinosa el pastelero, de que iba á seguir su fatal sistema -de presentar en el drama la verdad de la naturaleza en lugar de la -del arte, y de que iba, en fin, á representar un rey D. Sebastian -de levita; y como encariñado y casi fanatizado yo con mi personaje -fantástico, habia, prescindiendo á sabiendas de la verdad de la -historia por la poesía de la tradicion, hecho del pastelero de Madrigal -y del rey portugués una sola personalidad poética, necesitaba que la -exuberancia del arte diese relieve á las medias tintas de la verdad -de la naturaleza, que la luz de la poesía esclareciera y relevara la -sombra que la maciza figura de la verdad iba á proyectar en el paisaje -fantástico de la ficcion: y pensé en Matilde, la actriz más poética, -sentimental y apasionada que hemos conocido en nuestro moderno teatro -Español. - -Yo tenia, y espero que se haya comprendido por lo que llevo dicho, mi -razon de no escribir para Julian; pero debia satisfaccion á Matilde -por no haber escrito para ella, que era la gloria, el sostén y la -fortuna del teatro del Príncipe y de los autores que para él escribian. -Matilde era la gracia, el sentimiento y la poesía personificadas -sobre la escena; su voz de contralto, un poco _parda_, no vibraba -con el sonido agudo, seco y metálico del tiple estridente, ni con el -cortante y forzado _sfogatto_ del soprano, sinó con el suave, duradero -y pastoso són de la cuerda estirada que vuelve á su natural tension, -exhalando la nota natural de la armonía en su vibracion encerrada. El -arco del violin de Paganini, al pasar por sus cuerdas para dar el tono -á la orquesta, despertaba la atencion del auditorio con un atractivo -magnético que parecia que hacia estremecer y ondular las llamas de -las candilejas: y la voz de Matilde tenia esta afinidad con el violin -de Paganini: al romper á hablar se apoderaba de la atencion del -público, heria las fibras del corazon al mismo tiempo que el aparato -auditivo, y el público era esclavo de su voz, y la seguia por y hasta -donde ella queria llevarle, con una pureza de pronunciacion que hacia -percibir cada sílaba con valor propio, y la diferencia entre la _c_ -y la _z_, y la doble _s_ final y primera de dos palabras unidas que -en _s_ concluyeran y empezaran. Matilde no se habia dejado seducir ni -contaminar con el exagerado y revolucionario lirismo de la lectura y -recitacion salmodiada, que Espronceda y yo dimos á nuestros versos, -no; Matilde recitaba sencilla, clara y naturalmente, saliendo de su -boca los períodos y estrofas como esculpidas en láminas invisibles de -sonoro cristal, y los versos y las palabras como perlas arrojadas en un -plato de oro. - -Matilde hizo y dijo la escena XI del acto primero con la flexibilidad, -el primor de pormenores y el raudal de gracia y de sentimiento de -que apenas habrán podido dar idea á mis lectores mis antecedentes -frases; y al retirarse acompañada de un aplauso general, dejó completa -la exposicion, prevenido al público en favor de la obra y enflorada -con una guirnalda de poesía la puerta del fondo, por la cual iba á -presentarse el misterioso protagonista. - -Por ella salió á escena Julian, perfectamente vestido, pintado y con -su papel concienzudamente estudiado: pero salió Julian; presentó y -no representó su personaje. Si yo hubiera podido evocar y resucitar -al verdadero juez Santillana, hubiérase vuelto á apoderar de aquel -verdadero Espinosa, confundiéndole con el que él hizo ahorcar; pero -para el público tenia algo de la sombra; le faltaba voz, movimiento, -fisonomía, relieve, poesía. Julian hizo sus escenas del primer acto -con el capitan y con el alcalde con una exactitud, con un aplomo, -con una verdad intachables para los palcos de proscenio y las dos -primeras filas de butacas: la sala no pudo apreciar su perfecto trabajo -escénico; y al caer el telon, no se oyeron mas que algunas palmadas -sin consecuencia. Quedó en el público el recuerdo de Matilde y la -curiosidad que habia excitado la exposicion. - -En el segundo acto, un nuevo actor vino en refuerzo de Matilde: -Barroso. Era éste un mozo sevillano, de los que vinieron á inocular -en la corte la sávia andaluza de los Pachechos, los Saavedras y los -Perez Hernandez con Bermudez de Castro, Tassara, Sartorius y otros -buenos ingenios, cuyos hechos y escritos contribuyeron honrosamente -al progreso literario y político de aquella época. Antonio Barroso -era poeta; pero habiéndose presentado en el teatro privado del Liceo -con Ventura, Marrací, el marqués de Palomares y demás sócios de la -seccion de declamacion, concluyó por consagrar al teatro su talento -nada vulgar, á consecuencia de los aplausos allí obtenidos y de la -buena acogida que de Romea obtuvo. A Barroso habia yo, pues, confiado -el ingrato y difícil papel del Alcalde Santillana; tan ganoso yo al -dársele de probarle mi amistad y la estima en que le tenia, como él -de abordar, estudiar y probarse en un carácter que podia colocarle en -muy buen punto de partida para su carrera dramática, y muy alto en -la consideracion del público si acertaba á desempeñarle con éxito. -Era Barroso un mancebo de buena estatura, cenceño y nervioso, de -cabeza pequeña y rubia, pero de aguileño perfil y límpidos ojos y -correctamente colocada sobre los hombros. - -Suelto de modales, como hombre bien educado, de buena memoria y -comprension perspicaz como sevillano y confiado en el porvenir por esa -esperanza inconsciente que hace atrevido á todo talento meridional, -Barroso estudió, preparó y vistió su papel con tal esmero, que se -identificó con el personaje que representaba. Con su toga y su golilla, -sus vuelillos de encaje y su junco con cabos de plata, encuadró tan -poéticamente su figura severa y su carácter odioso en contraposicion -del sencillo y virginal del de la Matilde, que desde su primera escena -resaltó como sombra negra é infernal de aquella blanca y celeste -aparicion, entre cuyas dos figuras iba á pasar desde la hostería -al patíbulo aquel otro vago, misterioso y casi indeciso fantasma -del perpétuamente acusado y jamás reconocido soberano pastelero de -Madrigal. - -Barroso en la escena VI secundó y sirvió de apoyo á Julian con la -atencion perpétua de su maestra ejecucion; desarrolló tan á tiempo y -alternativamente su doble carácter de juez y de reo con el marqués -de Tavira y con Espinosa, que preparada magistralmente la escena XI -endecasílaba, pudo desplegar en ella Matilde toda la ternura de su -corazon, toda la poesía de su amor recóndito, y toda la grandeza de -su incondicional abnegacion; en un juego escénico tan infantil como -apasionado, con un acento de castísima ingenuidad, con una declamacion -tan impregnada de sentimiento y unas inflexiones de voz tan melódicas, -tan suaves y tan variadas, que encantó, enterneció, fascinó y exaltó -al público, arrancándome á mí las lágrimas: á mí, poeta entusiasta y -satisfecho, que escuchaba por primera vez mis versos de su boca, como -si estuviera oyendo arrullar á una paloma enamorada de un ruiseñor. El -arte de Matilde reverberó con tal intensidad, rebosó tan profusamente -sobre la verdad de Romea, que envuelta y arrebatada en la poesía de -Aurora, concluyó la escena en universal aplauso. - -En el acto tercero, Barroso tomó creces tan imprevistas ante la -seguridad de su éxito y la esperanza de su porvenir, que comenzó desde -la primera á dominar la escena con su atencion nunca distraida, su -figura siempre en cuadro, su exactitud en las entradas, su creciente -juego escénico segun sus pasiones; la supersticion, el miedo y la ira -se iban desarrollando y apoderándose de su espíritu. La escena sétima -entre Aurora y Santillana no tiene descripcion; el recuerdo de una -ribera donde yo cogia - - yerbezuelas y conchas, del rugiente - mar que sus ondas sin cesar mecia, - de un monasterio triste y solitario - fundado al pié de un monte, y vagamente - la memoria de un templo, con su coro - enverjado, sus techos con pinturas, - su altar lleno de flores, su sagrario - iluminado con mecheros de oro; - el recuerdo tambien, porque la daban - miedo aquellas inmóviles figuras - de mármol que tendidas reposaban - encima de sus anchas sepulturas, - -es preciso habérsele visto y oido hacer y decir á Matilde; la creciente -angustia del juez ante el tremendo exclarecedor relato de la ingénua y -enamorada doncella... es preciso habérsela visto representar á Barroso -en la noche del estreno; pero la escena novena volvió, no á enfriar, -pero sí á descolorar la representacion. - -Lo misterioso de la historia, lo terrorífico de la situacion, la calma -heróica del rey mártir, la indecisa concentracion de las pasiones del -juez, la inconsciencia de la realidad de la hija y de la amante, dieron -por un momento á la verdad el dominio sobre la poesía y partió en -silencio al patíbulo el incógnito é innominado protagonista. Quedó el -teatro y el público en el silencio de la espectacion, y yo, en la duda -del éxito y más convencido que nunca de que la verdad de la naturaleza -no es la verdad del arte. Esta volvió á surgir en la escena al recobrar -Aurora sus sentidos. Matilde, con la mirada extraviada, los movimientos -inciertos, la voz perdida aún en la cavidad de la garganta, sin que el -aliento pudiera aún extraerla de los pulmones, preguntó: - - ¿Qué sucede? ¡ay de mí! los pensamientos - no acierto á combinar en mi cabeza. - ¿Y Gabriel? - -y empezó á buscar á Gabriel y á sentir por la ventana el rumor de la -plaza, y vió y escuchó, pero no concibió lo que oia ni lo que miraba, -pero se lo hizo comprender al espectador y le estremeció. ¡Allí va! ¿A -dónde se le llevan sin ella? ¿qué palos son aquellos? ¿qué le ponen -al cuello? ¡es una soga! Una nube sangrienta la ofusca la mente. ¡Un -sacerdote! y comprendiendo de repente, grita vuelta á Santillana: - - pero vos, ¡miserable! que sois hombre, - gritad conmigo... - -y el juez vencido invoca el nombre del rey; pero el grito, el aullido, -el estertor, todo junto, que constituyó la exclamacion de Matilde _¡ay! -¡es ya tarde!_ no son para escritos. - -Lo más á tiempo, lo mejor, que ha hecho y ha dicho Florencio en su vida -es el decir á Santillana: - - Tomad: sepamos la verdad postrera, - -y obligarle á tomar y abrir el relicario que encerraba el secreto del -rey Don Sebastian. - -Lo mejor que hizo Matilde en _Traidor, inconfeso y mártir_, fué el -final. Al reconocer el retrato de su madre y al rechazar á su padre... -estuvo sublime de dolor y de ira: - - ¡Tu hija!--¡Esto tan sólo me faltaba! - Tú, para que su muerte te perdone, - me llamas hija tuya... mas te engañas, - nada hay en mí que tu maldad abone, - para tí solo hay ódio en mis entrañas. - -Aquí acababa el drama: el mal gusto del tiempo me arrastró á prolongar -con veintiseis versos más tan repugnante escena: sólo Matilde pudo -hacerla pasar. - -El telon cayó en un momento de silencio, que se cambió en un espontáneo -y general aplauso. El autor y los actores fuimos llamados al proscenio: -Julian sonreía, Matilde no podia respirar, Barroso estaba convulso como -si fuese á sufrir un ataque de nervios... de mí no sé lo que era... -Pero ¿gustó el drama? - -Sus siguientes representaciones dieron el mismo resultado cada noche: -Romea le retiró á los pocos dias del cartel, y no se volvió á hacer más -en el teatro del Príncipe. - -Andando el tiempo, Catalina, separándose de Julian, formó compañía y -ajustó á Matilde; y habiéndose llevado con ella la mayor parte del -repertorio de Julian, Catalina hizo su presentacion con mi _Traidor, -inconfeso y mártir_. ¡Qué éxito el del pastelero! Mi drama se hizo -en todas las provincias, y en todas las Américas, y aún es hoy de -repertorio en todos los teatros, ménos en los de Madrid; y he visto -actores muy medianos y sin pretensiones y hasta de teatros caseros que -siempre se han hecho aplaudir en el papel del rey D. Sebastian. - -Yo estoy muy pagado de ser autor de esta obra mia, y Matilde la ha dado -á conocer en todos los países en que se habla la lengua castellana, -gracias á Catalina. - -¡Bendita Matilde! Desde la noche de su estreno data el cariño fraternal -y la gratitud, que la tengo y la tendré siempre. - -_Post scriptum._--¡Pobre Barroso! Víctima de la medicacion á grandes -dósis, murió de repente una tarde en el teatro, saturado de yodo y -otras drogas de este jaez. En un ensayo exhaló repentinamente un -profundísimo gemido: dió luego un gran grito y dijo: «¡me muero!» y -una repentina parálisis comenzó á apoderarse de su cuerpo, comenzando -por los piés. No hubo tiempo más que para conducirle á la habitacion y -cama del portero, donde recibió la Extrema-Uncion, y espiró contando -_cómo se moria_: ya se me ha muerto el brazo derecho, exclamaba: ya -se me muere el corazon... lo último que pareció vivo en él fueron los -ojos, cuyos párpados no quisieron cerrarse. Desde la representacion del -_Traidor inconfeso y mártir_, dejé de escribir para el teatro. - - - - -XXI. - - -Aquí debian tener fin estos Recuerdos mios. Lo que va á seguir, no -deberia tal vez ser publicado hasta despues de mi muerte; pertenece, -más que á mis Recuerdos del tiempo viejo, á mis memorias póstumas: -es exclusiva y personalmente mio, es historia íntima de mi corazon: -va acaso á ser enojoso para mis lectores de _El Imparcial_, y no va -seguramente á interesar más que á dos docenas de viejos como yo, que á -aquellos tiempos hayan como yo sobrevivido: y no va por fin á despertar -en ellos más que un sentimiento ficticio, efímero, _artístico_, si se -me permite esta calificacion, como el que nos inspira la accion de un -drama sentimental miéntras á la representacion asistimos. Lo que va -á seguir es una página de la leyenda de mi alma: soy yo en ella el -protagonista; ¡y soy yo tan poca cosa para hablar tánto de mí mismo! - -Una razon me abona sin embargo: hace cuarenta y tres años que se habla -de mí en España: quiénes me celebran y quiénes me critican; algunos me -calumnian, muchos me envidian y pocos saben lo que de mí dicen, y pocos -dejan de juzgarme sin pasion, porque ya nadie me conoce á través de -tánto como se ha supuesto y se ha dicho del vagabundo autor de _D. Juan -Tenorio_. - -Los meridionales, y más que ningunos los españoles (y más entre estos -los andaluces), tenemos la cualidad y la pretension de ser narradores -y narradores chistosos: no podemos repetir una historia, un cuento, un -sucedido, un dato cualquiera, sin añadirle algo de nuestra cosecha; así -que, al salir de la boca del quinto narrador, ya no conoce la historia -ó el suceso narrado, ni el que la inventó ni al que le sucedió; y como -cada cual sostiene las añadiduras y variaciones por él intercaladas en -el relato, é impugna ó contradice las de los demás, todo copo de nieve -llega á ser una bola, todo grano de arena un monte, toda historia una -novela y todo cuento una mentira; por lo cual, no creo yo nunca nada -del mal que se dice, ni de lo malo que se cree de las mujeres ni de -los hombres notables: al contrario, comienzo siempre á simpatizar con -toda mujer de quien se habla mal y con todo hombre conocido á quien se -critica; porque estoy convencido de que tánto más de bueno deben de -tener, cuanto más de malo les aplica y atribuye la maledicencia. - -De la mujer especialmente tengo yo mis ideas particulares. - - Hay sobre la mujer mil pareceres; - allá va el mio aunque parezca raro: - yo amé toda mi vida á las mujeres; - entendámonos bien y hablemos claro: - más que por torpe gérmen de placeres - me es el amor de las mujeres caro, - porque ellas son, por más que digan otros, - muchísimo mejores que nosotros. - - Se ha hecho moda hablar de ellas con desprecio; - yo de hablar de ellas bien tengo manía; - al que habla de ellas mal tengo por necio, - falto de corazon y cortesía. - No objeto para mí de menosprecio - son, sinó manantial de poesía: - no obró conmigo mal jamás ninguna, - y debo más de un bien á más de una. - - Desde la vírgen que en los cláustros ora - hasta la vil, impúdica ramera - que, enfangada en el vicio, á cada hora - á sí se infama y á su raza entera, - toda mujer que deshonrada llora, - toda la que en dolor se desespera, - de su duelo ó su infamia, no os asombre, - la ocasion ó el orígen es un hombre. - -Y apuntada de paso esta opinion mia con respecto á las mujeres, sigo -adelante con las que respecto á mí mismo voy aduciendo: y no creo que -voy muy descarriado al creerme con derecho á decir algo de mí mismo, -despues de haber oido y tolerado sin chistar por espacio de cuarenta y -tres años, cuanto amigos y enemigos, chismosos y desocupados y vulgo, -en fin, que nunca sabe donde tocan las campanas que oye, han dicho y -escrito de mí; de mí, pobre insensato que nunca supe contentar á nadie, -ni acerté con nadie á quedar bien, y á quien Dios acordó lo único bueno -que de nada en España sirve: la modestia de reconocerse y la humildad -de no aspirar á nada; no creyéndome para nada con aptitud, por haberme -pasado la juventud concentrado en mí mismo, aspirando sólo á conseguir -un ideal que sólo dentro de mí mismo albergaba mi esperanza, y en -la soledad de mi alma únicamente crecía, como una palma estéril sin -compañera, condenada á secarse sin fruto en el desierto de mi inútil -existencia. - -Voy, pues, á alargar con unos capítulos más estos Recuerdos, y á decir -de mí mismo y de mi casa lo que yo sólo sé; porque por mucho que de mí -sepan, por observacion y por induccion, los curiosos, los críticos, los -murmuradores y los entremetidos, sólo los necios podrán disputarme el -derecho de saber mejor que yo lo que por muchos años he guardado entre -pecho y espalda, y la idea que mi pensamiento en palabras jamás ha -formulado. - -Pero vayamos ya adelante con mi historia, echando á un lado digresiones -y zarandajas. - -Era jefe político de Madrid el Sr. D. Antonio Benavides, y secretario -Pepe Rojas, pariente mio por parte de mi primera mujer. Hacia ya -muchos meses que mi infeliz madre habitaba en casa de una vieja prima -de mi padre, viuda, bien acomodada, que habia vivido largos años en -una ciudad de Francia, que por entónces vivia sola en Madrid, porque -se habia extrañado de la única hija que de su único matrimonio habia -tenido, porque aquella hija habia contraido uno de esos que se llaman -de amor con un hombre tan honrado y laborioso como falto de bienes de -fortuna. Aquella tia segunda mia, que habia hecho cierto papel en el -tiempo de Fernando VII, y la vida del gran mundo en la buena sociedad -de su tiempo, no habia perdonado jamás á su hija, que vivia en Toledo -en donde yo la conocí, tan honrada como pobre y tan contenta con su -mala suerte cuanto serlo la permitia el largo abandono y el tenaz -olvido de su madre orgullosa ó descorazonada. - -Parece que en mi familia los cabezas de ella han mantenido el principio -de la autoridad paterna en toda la rigidez absoluta del derecho romano, -y no han sabido nunca transigir con el tiempo, ni contemporizar con -las circunstancias, ni perdonar la desobediencia, ni otorgar olvido -al extravío juvenil, ni tener en cuenta la fuerza de la pasion, ni la -ceguedad del error de sus hijos. Mi prima de Toledo tenia una hija -preciosa á quien habia bautizado con el poético nombre de Esperanza: la -chica era á los catorce años una preciosa criatura, cifra expresiva de -la esperanza de su pobre madre; pero su abuela no albergó nunca bajo su -techo á su tan hermosa como inocente nieta... é ignoro lo que de ésta -y de sus padres ha sido despues del fallecimiento de mi tia. Con ella -vivia mi madre en provincia, cuando mi pariente Pepe Rojas me envió con -un guardia civil una carta anunciándome que el Excmo. Sr. Benavides, su -jefe, deseaba que me avistara con él en su gabinete, de nueve á diez de -la noche, para un asunto que me concernia. - -Alarmó á la gente de mi casa aquella cita con puntas de órden; pero -como nunca me habia yo mezclado en la política, acudí sin inquietud al -gabinete del jefe político, que era por otra parte lo más político y -bien educado del mundo, muy deferente como muy ilustrado con la gente -de letras, y especialmente benévolo conmigo. - -La cuestion era tan sencilla y prevista en su fondo como inesperada -y extraña en su forma; mi padre, despues de seis años de emigracion, -en vista de que casi todos los de su partido, acogiéndose á las -amnistías, habian regresado á sus pátrios hogares, y de que S. M. la -Reina D.ª Isabel II reinaba tranquilamente en España, reconocida por -todas las potencias de Europa, se convenció de que su constante y leal -adhesion á la causa del Pretendiente no le serviria más que para morir -inútilmente, sin provecho suyo ni ajeno, en tierra extranjera, y se -decidió á enviar al Gobierno una representacion solicitando el permiso -de volver á España. - -Pero esta representacion se dirigia á S. M. la Reina, empezando con -estas palabras: «Señora: puesto que V. M. reina ya de hecho, D. José -Zorrilla Caballero, alcalde de casa y corte, consejero, etc., etc.,» lo -cual parecia significar que el que aquella representacion firmaba no -reconocia Reina de derecho á D.ª Isabel. El jefe político, por encargo -del Consejo de ministros, me llamaba para que yo dijese si era la firma -de mi padre la de aquel documento: y ante mi afirmativa respuesta, no -dijo más aquella grave autoridad que estas palabras: «En ese caso...» y -encogiéndose de hombros, dobló el papel en que me mostró la firma. - -Despues de una breve conferencia, en la cual la discrecion del Sr. -Benavides correspondió con la reserva que á mí me convenia guardar -en aquel caso por respeto á mi padre, me despidió con muy corteses -palabras, y yo me apresuré á ir á tranquilizar á mi mujer; en España no -las tiene nadie consigo cuando tiene que habérselas con la autoridad. - -Yo fuí quien no pude tranquilizarme ni conciliar el sueño en toda -la noche. La forma en que venia la representacion de mi padre habia -levantado en mi corazon una tempestad de inquietudes, en mi imaginacion -un volcan de preocupaciones y una tupida niebla de dudas en el campo -de mi esperanza. Tenia yo entónces fé en muchas cosas en que hoy ya -no creo, y quedábame aún un amigo en cuyos consejos esperar podia, en -cuyo amparo debia fiar y en cuyos brazos podia esconder mi cabeza para -derramar mis lágrimas. Era este el docto é ilustre prelado D. Manuel -Joaquin de Tarancon, recientemente preconizado obispo de Córdoba, y que -moraba entónces en la corte y en la calle de la Union por ser senador -del reino. El Sr. Tarancon, condiscípulo de mi padre, á quien éste -tenia en muy alta estima y que á mí me profesaba un cariño paternal, -habia sido mi catedrático y mi confesor. - -Habia gozado con los éxitos de mis obras, como si verdaderamente mi -padre hubiera sido; me habia ilustrado con sus consejos, me habia -corregido con sus observaciones, y tenia una sincera satisfaccion de -haber llegado á ver poeta celebrado al estudiantuelo de quien habia -cuidado en la universidad, y al chiquitin á quien habia visto romper -á hablar en los brazos de su madre, en la intimidad y al calor del -hogar paterno. Aún tengo en mis pupilas la imágen venerable de aquel -sabio, tan hombre de mundo como poco mundano, revestido de su morado -hábito episcopal, con su pectoral y su anillo de esmeraldas, que -me contemplaba con los ojos arrasados en lágrimas, pasando por mis -abundosos cabellos sus aristocráticas manos, y derramando con sus -santas palabras la luz de la esperanza sobre las tenebrosas dudas de mi -alma. ¡Dios tenga la suya en la mansion eterna de las de los justos! - -Entre mis recuerdos del tiempo viejo su memoria es el más precioso, -y su figura es la más augusta é imponente que esculpida en la mia -conservan mi gratitud y mi veneracion. - -Por él supe pocos dias más tarde que el Gobierno habia enviado á mi -padre autorizacion para volver al suelo pátrio, reconociéndole ántes -sus títulos y gerarquía, considerando sus años de emigracion como -pasados al servicio de la Reina, y señalándole veinte mil y pico de -reales de jubilacion que le correspondian por su categoría en la alta -magistratura. Debia todo esto mi padre, no sólo á la influencia de mi -reputacion literaria, sinó á la eficaz proteccion con que le ayudaba -un conocido personaje, que aún vive y conserva su influencia en los -negocios políticos de nuestro país; pero á quien yo nunca he tratado, -de quien no sé si se ha ocupado jamás de mí, ni si ha leido una letra -mia, ni si personalmente me conoce. Un dia me dijo Tarancon: «Prepara -en tu casa un aposento para tu padre, que vendrá la semana próxima.» - -Mi mujer se ocupó con miedo y alegría del mueblaje y decoracion del -alojamiento de aquel tan esperado y temido huésped, y anduve yo ocho -dias casi insomne y ayuno por su venida; y anduvo mi mujer inquieta y -avizorada, como si la llegada de mi padre debiera ser la aparicion de -la sombra de Bancuo en el drama de Shakespeare. - -Diez dias despues recibí un billete en que me decia el obispo Tarancon: -«Mañana llega tu padre; pero no vayas tú á esperarle ni á recibirle; -debe de ver y hablar á otra persona ántes que á tí; yo le tendré un dia -en mi casa y te le llevaré á la tuya.» Y todo se hizo como Tarancon -lo dispuso; y él llevó á mi padre á su casa, y estuvo y habló en ella -con él á solas veinticuatro horas; al cabo de las cuales entró con el -venerable prelado el ex-superintendente general de policía del Rey D. -Fernando VII, en casa de su hijo, el autor de _Don Juan Tenorio_. - -Mi padre era el último eslabon entero de la rota cadena de la época -realista, la cifra viviente, el recuerdo personificado del formulista -absolutismo, el buen estudiante ergotista de las Universidades de -sotana y manteo, el doctor en ambos derechos por el cláustro de la -de Valladolid; convencido desde su niñez de que sólo el estudio del -derecho, la teología y los cánones podia producir hombres, y de que -sólo la toga y la golilla podian darles representacion, dignidad y -posicion social. Yo era el primero y débil eslabon de la nueva época -literaria, el atropellador desaforado de la tradicion y de las reglas -clásicas, el fuego fátuo, leve é inquieto, personificacion de la -escuela del romanticismo revolucionario: mi padre, cansado pero no -rendido, iba á perderse en la sombra de lo pasado, y yo sin medir la -inmensidad desconocida en que iba á arrojarme, fiaba en mis nacientes -alas para cruzar el espacio luminoso del porvenir. El padre y el hijo, -el último y el primer eslabon de los dos pedazos de la rota cadena, se -enlazaron en un abrazo, se fundieron al fuego del natural cariño, y -brillaron por un momento unidos y soldados, esmerilados y limpios por -las lágrimas ardientes que vertian por sus ojos sus corazones prensados -y exprimidos por un placer inexplicable. - -Yo no he tenido hermanos: mi padre me separó de sí á los nueve años -para meterme en un colegio, y habíamos vivido juntos muy poco tiempo: -él no habia modificado su cariño ni sus derechos paternales en la -gradacion del trato de su hijo niño, adolescente, mancebo y al fin -hombre; me encontraba niño como cuando de nueve años me separó de sí; y -viejo robusto y de elevada estatura, me levantó en sus brazos como si -todavía no hubiera pasado de aquellos nueve años á que su cariño y sus -recuerdos paternales se remontaban. Al volver á dejarme en el suelo, -dijo mi padre contemplándome, no sé aún con qué sentimiento:--«¡Qué -chiquitin te has quedado!»--El obispo Tarancon, que enjugaba sus -lágrimas sin rebozo, le dijo:--«Chiquitin es; pero se ha colocado á tal -luz que ya te cobija con su sombra.»--No sé lo que pensó mi padre, que -no respondió á la halagüeña alusion del prelado. Mi mujer le mostró y -condujo á su habitacion: el buen obispo de Córdoba nos dejó en ella -muy satisfecho, y quedólo no poco mi padre de hallar en mi casa la -paz doméstica, y el tranquilo bienestar de la medianía á quien nada -falta ni nada sobra. Halló en su cuarto muchas coronas, cuyas fechas -y dedicatorias leyó con mucha atencion, y sin atreverse en largo -espacio á volverse á mí, para no dejarme ver la emocion que le causaban -aquellos emblemas poéticos de la efímera gloria de su hijo. Así comenzó -la breve temporada de la vida de familia que con nosotros hizo. -Comimos, salió él en carruaje á sus visitas y volvió á las diez y media -de la noche. A las once anunció su necesidad de recogerse: le ayudé -á desnudarse, le acosté... y no me da vergüenza consignarlo: cuando -le tuve acostado, me senté en su cama, le dí mil besos, le hice mil -cariños, le dije mil niñerías; le traté como habria tratado á mi pobre -madre, acariciándole y mimándole como cuando yo tenia seis años. Rióse -él y enternecióse, y díjome en fin despidiéndome:--«Eres un chiquillo y -no tienes formalidad.» Le arreglé la ropa, le coloqué la pantalla en la -lamparilla, y dándole las buenas noches con el último beso... le dejé -solo con sus pensamientos. - -No habíamos hablado de nada: nada nos habíamos dicho: ni una palabra -del pasado, ni una alusion al porvenir, ni una observacion sobre lo -presente. ¿Qué pensaba de mí mi padre? Que me habia quedado chiquito y -que no tenia formalidad: esto era lo único que su lengua habia dicho, -pero su corazon habia tambien hablado por la emocion y las lágrimas -delatoras de sus sentimientos de padre: su corazon habia respondido al -llamamiento del mio, y el hijo estaba ya seguro de que tenia padre. -Pero ¿quién iba á dominar mañana en su ánimo, el corazon ó la cabeza? -¿Quién se iba á revelar definitivamente, el padre ó el magistrado? Yo -dormí mal, y esta cuestion me tuvo insomne é inquieto toda la noche. - -A la mañana siguiente, despues del desayuno, entabló á solas conmigo el -diálogo, sobre palabra más ó ménos, de esta manera. - ---Necesito algo de algun ministro; ¿cómo estás tú con este Gobierno? - ---Yo estoy bien con todos. - ---Tengo una pretension en el negociado de Instruccion pública. - ---El director es D. Antonio Gil y Zárate y el ministro Nicomedes Pastor -Diaz. - ---Segun el prólogo que puso á tu primer libro, si no le has hecho -alguna botaratada, debe de ser muy tu amigo. - ---Es como si fuera mi hermano mayor: tan indulgente y tan cariñoso, que -si hubiera cometido la torpeza ó tenido la desgracia de jugarle alguna -mala pasada, no se hubiera dado por entendido de ella ó me la hubiera -perdonado. Donoso Cortés, D. Joaquin Francisco Pacheco y Pastor Diaz me -han servido de padres en ausencia de V. - ---Buenos amigos tienes, si sabes conservarlos. ¿Cuándo podré ver á -Pastor Diaz? - ---Hoy mismo, á la una, en el ministerio. No será la primera vez que -hable V. con él. - ---¿Te ha dicho?... - ---Todo: que le debe á V. tal vez la vida. - ---Es posible: su situacion era dificilísima. Venia yo de comisario -régio con la expedicion carlista que entró en Segovia. Creíamos -encontrarte allí con él. - ---Yo esparcí la voz de que me encerraba en el alcázar, pero me volví á -Madrid. - ---Te hubiéramos visto con gusto. - ---Yo no le hubiera tenido en ir á Oñate á hacer versos á Cárlos V y á -San Luis Gonzaga. No hubieran tenido el éxito de los que he escrito en -Madrid. - ---Es verdad: Nicomedes se vió obligado á esconderse en un horno; yo lo -supe y me alojé en la casa en que estaba. En un momento en que soldados -revoltosos podian haber dado con él y cometer cualquier tropelía, me -senté yo á la boca del horno y entablé con él conversacion á través de -la tapa que le cerraba y que él sostenia por dentro. Le dije quién era -y le pregunté por tí. Cuando tocaron bota-silla, no abandoné aquella -casa hasta que las tropas comenzaron á salir de la poblacion, y le dije -el camino que íbamos á tomar para que echara por el opuesto. - ---Así me lo ha contado él. - ---Me holgaré de conocerle, porque no pudimos vernos entónces. - ---Pues hoy se verán Vds. - -Salí yo á la imprenta de Boix, donde tenia en prensa una leyenda, salió -mi padre á hacer ciertas compras, y á la una nos presentamos en el -edificio de la calle de Torija, donde estaban por entónces las oficinas -del ministerio de Fomento. - -A mi presentacion abrió el portero la mampara del despacho -de Nicomedes, y anunciándome, me abrió paso. Hallábase allí -accidentalmente Patricio de la Escosura, que acababa de ser nombrado -jefe político de Madrid; soltó al verme el baston y el sombrero que en -la mano tenia, y pasándome el brazo por la cintura, me hizo dar una -vuelta de él suspendido: no tuve yo más que el tiempo necesario para -decirle al oido: «mi padre», ni él necesitó más para volverme á dejar -en pié, y dirigiéndose á aquel que tras mí habia entrado, le dijo, -tendiéndole la mano: «A nuevos tiempos nuevas costumbres, Sr. Zorrilla: -hoy son así recibidos los poetas, y donde quiera que vaya V. con su -hijo verá lo mismo.» - ---Ya veo--respondió mi padre--que mi hijo es el más afortunado -tarambana de Madrid. - -Presentéles yo unos á otros, mi padre á Nicomedes y Escosura á mi -padre: recordó éste al de aquel don Jerónimo de la Escosura, director -de la fábrica de tabacos en su tiempo; y unos con otros corteses, y -unos con otros cumplidos, despidióse Patricio y quedamos mi padre y yo -á solas con Pastor Diaz. - -Hablaron en secreto mi padre y él: pidió éste á poco su carruaje y -partió con mi padre, previniéndome que si me cansaba de esperar me -fuera á mis quehaceres, que él se encargaba de mi padre; y yo, despues -de aguardar largo tiempo su vuelta en el despacho de Gil y Zárate, -volví á mi casa, donde el carruaje de Pastor Diaz habia conducido á mi -padre. - ---¿Qué tal?--le dije.--¿Ha quedado V. contento de Nicomedes? - ---Jamás fué pretendiente mejor servido que yo. Dentro de cuatro dias -puedo irme á cuidar de la hacienda de Torquemada, con todos mis -negocios despachados en Madrid. - ---¿Tan pronto piensa V. dejarnos? - ---No es Madrid ya para mí. Sus casas son muy estrechas: tenemos casi un -palacio allá: hay además que recepar y acodar las viñas, que abonar -las tierras y reponer las huertas, de todo lo cual no te has ocupado tú. - ---Yo al abandonar á V. renuncié á todos mis derechos: ¿por qué no me -envió V. órden y poderes legales? - ---Olózaga te los ofreció, y levantar el secuestro. - ---Pero yo se lo hice á V. avisar: ¿por qué no determinó V.? - ---Eres hijo único y heredero forzoso: todo el mundo te hubiera dado la -razon. - ---Yo no he contado con nadie en el mundo más que con V.: todo lo que -he hecho, por V. ha sido y no he pensado más que en V. Si yo me he -hecho aplaudir y me he hecho querer, no ha sido mas que para esperar y -preparar su vuelta de V.; no he tenido más ambicion que la de volver á -los brazos y al cariño de mi padre, y morir con él en la tranquilidad -del hogar paterno. - ---Has sido un tonto. Con la fama que has adquirido, con los amigos que -tienes, hoy debias de ser cuando ménos subsecretario de Pastor Diaz. - ---Usted era carlista y optó por la emigracion: no creí decoro del hijo -no ser nada en el gobierno que no habia aceptado el padre; he rechazado -todo cuanto se me ha ofrecido: todos los literatos están empleados -ménos yo: hoy puede V. haber visto que no es por falta de favor. - ---Por eso te he dicho que eras un tonto. - ---Pero si yo he hecho milagros por V... Me he hecho aplaudir por la -milicia nacional en dramas absolutistas como los del rey Don Pedro -y Don Sancho: he hecho leer y comprar mis poesías religiosas á la -generacion que degolló los frailes, vendió su conventos, y quitó las -campanas de las iglesias: he dado un impulso casi reaccionario á la -poesía de mi tiempo; no he cantado más que la tradicion y el pasado: -no he escrito una sola letra al progreso ni á los adelantos de la -revolucion, no hay en mis libros ni una sola aspiracion al porvenir. -Yo me he hecho así famoso, yo, hijo de la revolucion, arrastrado por -mi carácter hácia el progreso, porque no he tenido más ambicion, más -objeto, más gloria que parecer hijo de mi padre y probar el respeto en -que le tengo... - ---¡Bah, bah! Quijotadas. - ---¡Ay, padre! Cuando perdamos los españoles lo que tenemos de Quijotes, -¿en qué vendremos á parar? - ---Lope de Vega y Calderon eran teólogos ántes de poetas: Melendez -Valdés fué como yo oidor de la Chancillería: todavía es tiempo; -eres muy jóven: métete un año á estudiar, y con cuatro ó cinco mil -reales y los amigos que tienes, puedes doctorarte en Toledo; y siendo -jurisconsulto puedes serlo todo. Yo me voy para Torquemada: allí debe -de ir tu madre, y no quiero que se encuentre sola sin mí entre aquellos -pardillos, maestros de gramática parda. - -Una nube negra que pasó por mi cerebro entristeció mi alma, envolviendo -en lágrimas mi pasado y en tinieblas mi porvenir. - -Aquella noche me fuí á casa de Tarancon y le dije: «he perdido todo lo -hecho: mi padre, el único por quien todo lo hice, es el único que en -nada lo estima.» - -Tarancon lo comprendió todo: me abrazó y sobre su morada túnica -episcopal dejé correr las lágrimas más amargas que han abrasado mis -párpados. Tarancon no era hombre de intentar consolar con palabras -banales una pesadumbre que no podia tener momentáneo consuelo. - ---Yo me arreglaré con tu padre--me dijo despues de largo silencio.--Tú -emprende alguna obra de importancia que necesite estudios, atencion y -tiempo. Teníamos convenido en escribir juntos un libro de la Vírgen; -esto halagaria mucho á tu padre y enloqueceria á tu madre de alegría; -pero yo no tengo ya tiempo para meterme en tal trabajo. Me has hablado -de Granada. Emprende tu poema morisco y empieza por ir á localizarte en -la ciudad de Boabdil. Si no tienes dinero, cuenta con mi bolsillo; no -está muy lleno, pero entrarás á la par con los pobres de mi diócesis. -Deja á tu padre irse á Torquemada, y... ¡á Granada tú! Fia en Dios y -cuenta conmigo. - -Y mi padre se fué á Castilla, y yo empecé á pensar en Granada. Pero, -¿qué importa todo esto á los lectores de _El Imparcial_? Todas estas -_memorias íntimas_ figurarian tal vez muy bien en las mias _póstumas_: -vivo yo aún, pueden ser tachadas de pretenciosa é insoportable vanidad: -pero ya he tirado del primer hilo y voy á deshacer todo el ovillo. - - - - -XXII. - - -Burdeos es una gran ciudad, magnífica, sólida, monumental, con grandes -puentes, bien arbolados paseos, soberbios templos; amplios mercados -y suntuosos teatros; asiento del primer arzobispado de Francia, es, -como si dijéramos, el Toledo de allende los Pirineos; cuajado de -Seminarios y de colegios, semillero de toda clase de plantas clericales -más ó ménos parásitas, más ó ménos productivas. Por el tiempo de -que voy hablando hacian un principal papel en fiestas y procesiones -los hermanos de la doctrina y _los ignorantins_, en uno de cuyos -establecimientos hacia dos ó tres años que se habia ventilado el -ruidoso proceso del Frère Liotard, con el cual ya no me acuerdo lo que -pasó. - -Como yo no era hombre de política ni de administracion, ni de ciencia, -no me ocupé de más en Burdeos que de sus templos, como cristiano, -y de sus teatros, como poeta. Encontraba poquísima gente por las -calles, no mucha por los paseos y casi ninguna en el teatro, al cual -sostenian solamente los transeuntes, los forasteros, y, sobre todo, los -españoles, puesto que habia muchos allí emigrados ó allí establecidos, -y todos los que de España iban á veranear á París se detenían por -costumbre en la capital de la Gironda. Hallábame yo en Burdeos á todo -mi gusto: era la primera vez que podia yo separar mi personalidad de mi -malhadada reputacion y andar libre como cualquier ciudadano pacífico, -metiéndome por todas partes á fisgarlo todo, sin llamar la atencion ni -ser responsable de nada. - -Así ví yo á Burdeos, así recogí varios asuntos de leyendas que no sé si -llegaré á escribir, y así averigüé la razon de las perpétuas quiebras -del teatro por falta de público. - -Los bordeleses han tenido siempre (y con justicia) la pretension de que -su ciudad es la primera de Francia, el pequeño París, y han aspirado -á ser tenidos por _sprits-forts_, libres pensadores y espadachines; -y con respecto á esta última cualidad, tiene una justa reputacion -y un riquísimo legendario la escuela de armas de Burdeos; pero las -bordolesas son, por lo general, devotas. El clero francés sabe que las -dos palancas con que se mueve el mundo son las mujeres y el dinero, y -por entónces los confesores no absolvian á las confesadas cuyos maridos -leian _El Constitucional_ y los periódicos liberales, tronando siempre -contra la inmoralidad del teatro. Donde no van las mujeres no vamos -los hombres; no iban las bordelesas al teatro, con que á pesar de la -subvencion de que goza siempre _el grande_ de Burdeos, sus empresas se -arruinaban á mitad de temporada todos los años. - -Además, el gran teatro de aquella ciudad tiene lo que los franceses -llaman _guignon_ y nosotros _mala sombra_. Allí se rompió por entónces -una pierna Mademoiselle Angelin, una bailarina rubia de diez y siete -años, que era ya una estrella luminosa en el cielo del arte de -Terpsícore. Allí tuvo Borelly que matar á puñaladas en presencia del -público á su tigre real de Bengala, porque éste tenia ya entre sus -dientes la pantorrilla izquierda del domador: quien al levantarse -lanzando un caño de sangre de una arteria rota, tuvo tiempo, ántes de -perder el sentido, de decir á los espectadores á modo de satisfaccion: -«Señores, ya habia gustado mi sangre, y ó él ó yo.» - -Esto en el teatro. En los templos las fiestas son tan suntuosas como -concurridas: pero á los católicos españoles se nos hacen al principio -muy difíciles de aceptar aquella forma mundana y teatral y aquellos -accidentes mercantiles con que los actos sublimes de nuestra religion -se verifican. Yo escribí mis primeras impresiones de Burdeos en una -larga epístola á un condiscípulo mio, cura carlista, de la cual -recuerdo las siguientes líneas, versos tan malos como verdades de á -puño: - - En Francia hay religion, y fé y conventos, - seminarios, colegios, catedrales, - y todos los cristianos elementos - de nuestra santa fé fundamentales: - pero todo está hecho á la francesa, - todo sujeto á reglas comerciales; - aquí todo se tasa, mide y pesa, - aquí todo se hace por empresa: - la gente para orar no se arrodilla - mas que con una pierna en una silla; - no se atiende al altar ni al sacerdote; - las mujeres se plantan por delante - con mucho faralá, mucho volante, - abultado postizo y largo escote; - y los hombres detrás, misa durante, - se distraen en mirarlas el cogote; - y como nadie en equilibrio posa, - y es perpétuo el rumor y el desacato - y la desatencion y el movimiento, - es el pensar en Dios difícil cosa, - miéntras pasa una vieja con un plato - pidiendo en alta voz sin miramiento - los cuartos que _la rinde_ cada silla - en que apoya un cristiano su rodilla. - - * * * * * - - Atraviesa despues el presbiterio - con balandrán, sobre-pelliz y estola, - y sus pasos al púlpito dirige - un pulcro capellan, de quien muy sério - un monago gentil lleva la cola. - Hace su adoracion, su texto elige, - comenta el evangelio de aquel dia, - y siempre encuentra medio en su homilia - de echar un par de pullas al gobierno, - - * * * * * - - que el infierno - está abierto ante el siglo refractario, - que Enrique quinto al fin subirá al trono, - que hay peregrinacion á tal Santuario - que se sale á tal hora y de tal parte, - que lleva cada pueblo su estandarte, - que el precio es un doblon por peregrino, - incluso todo gasto del camino - y además un bonito escapulario; - pero que en el doblon no entra el rosario, - porque estos los fabrica por empresa, - de encina negra y de eucaliptus blanco, - una judía asociacion inglesa - que los da á todos precios desde un franco. - - Todo lo cual se anuncia aquí en la iglesia - como puede anunciarse un electuario - ó sus botes azules de magnesia - mister Bóllon en Lóndres boticario. - Ilustrados ya pues sus feligreses - de lo que en sus negocios les importa - y á sus espirituales intereses, - con un responso en homilia corta - el cura; y ya _pro domo_, á lo que creo, - dá volviendo á apretar el _quibis quobis_ - la vieja con su plato otro paseo. - Larga el buen cura un _benedico vobis_, - hace la cruz, se cala el solideo - y respondiendo el pueblo _ora pro nobis_ - se acaba la funcion y Läus Deo.... - - * * * * * - - con qué como ver puedes por la muestra, - la religion de Francia no es la nuestra. - Dios es el mismo, porque Dios es uno; - mas de adorarle el modo - ligero asaz y asaz inoportuno, - es en Francia francés como lo es todo; - y á un español asombran si no irritan - la irreverencia con que á Dios se trata, - y el ver cómo sus preces se recitan - sobre un pié y sobre un codo, - como banda de grullas que dormitan - en el invierno al sol sobre una pata; - pasando en cuenta que se queda ayuno - de lo que en Francia se le dice á Cristo, - con una fé de bolsa que no acata - al Señor más que á medias por lo visto, - y en un latin francés que cual ninguno - la habla gentil de Ciceron maltrata: - todo siempre fué aquí como hoy en dia - doublé, contrefaçon, bisutería. - - * * * * * - - Nunca así á Dios se adorará en Castilla; - nuestra fé es más profunda y más sencilla. - -Tal fué mi primera impresion hace treinta y cuatro años: poeta -creyente, hallé de ménos mucho fondo y de sobra mucha forma en la -manifestacion religiosa del catolicismo francés en Burdeos, arzobispado -primado de la nacion vecina: despues he pasado en Burdeos largas -temporadas, y es la ciudad en donde más tranquilo y más á gusto he -vivido. Me acostumbré á leer á la puerta de la catedral el anuncio -de la funcion, el nombre del orador que debia de llevar la palabra -en el púlpito, los del director y el organista que dirigian la parte -instrumental, y los de las damas y los ó las artistas que sostenian -la parte de canto; el objeto piadoso á que la funcion se dedica bajo -el patronato de tales ó cuales damas, prelados ó corporaciones, y el -precio (generalmente de dos francos) por el cual se puede adquirir -el derecho á ocupar una de las sillas, numeradas ó no, que llenan el -templo. ¿Y por qué no? - -A nosotros nos choca esta asimilacion de las basílicas á los teatros; -pero es, al mio, un mal modo de ver las cosas: en Francia usa cada cual -libremente del derecho de anuncios y propaganda; y puede que en los -templos y fiestas religiosas francesas haya ménos fé, ménos devocion y -ménos fervor, pero hay más órden que en las nuestras: nosotros entramos -y salimos de las iglesias á codazos, empujones y puñetazos; nos -colocamos donde podemos, pisamos á las mujeres que se arrodillan y se -sientan en el suelo, etc.; los franceses entran por una puerta y salen -por otra, y ocupan tranquilamente los puestos que les corresponden, -bajo la direccion de bedeles y pertigueros; que á nosotros nos parecen -ridículos, pero cuyos oficios y trajes están encarnados en sus -costumbres. - -Los franceses han comprendido que la sociedad moderna es un hermoso -lago cuyo fondo es cieno, y tienen cuidado de no revolver jamás el -agua, poblando su superficie de blancos y ligeros cisnes entre los -cuales bogan sin remo miles de botecitos sin quilla, que hacen temblar -y rielar el líquido, pero que no levantan oleaje: siembran y plantan -las orillas de jardines y de bosques, y van á sentarse á contemplar el -espectáculo social á la sombra de los árboles y entre el perfume de -las macetas. - -Nosotros tenemos la maldita manía de revolver el agua y de arrancar -hasta la yerba al rededor del lago, y nos tenemos que estar al sol y -al aire, siempre sedientos, contemplando el agua cálida y turbia que -hacemos dificilísima de beber. - -Hé aquí mis impresiones de ayer y hoy en Burdeos. Esta ciudad, cuyo -casco componen miles de edificios tan macizos y suntuosos, y calles -más anchas y regulares que las de Roma antigua, atestada de recuerdos -y monumentos históricos, aireada por anchos paseos y frescos jardines, -regada por dos soberbios rios, el Garona y la Dordoña, salpicada de -Colegios, Museos, Academias, Bibliotecas é Institutos, conteniendo -veintidos clubs y círculos para todas las clases sociales, diez teatros -y salas de recreo, un hipódromo, nueve periódicos diarios y once lógias -masónicas; mitad católica, militante y revolucionaria libre pensadora, -la tengo yo comparada á una rica, nobilísima y aristocrática viuda -legitimista que sonríe á la república, papista que no llora el perdido -poder temporal de los Papas, que se ha retirado á vivir y á morir -tranquila en sus opulentas posesiones, á cuidar de sus incomparables -viñedos y á gozar de sus rentas sin miseria y sin despilfarro, sin -ruinosos vicios y sin pretenciosas virtudes, sin orgullo de la -majestad de su noble raza, pero con la conciencia de la dignidad de su -ilustracion y de su bien heredada opulencia. - -Hé aquí mi juicio sobre Burdeos, donde empecé mi poema, y de donde salí -para París á estudiar mucho que no sabia, y á adquirir algo que me -hacia falta para llevar á cabo mi incompleta _Granada_. - - - - -XXIII. - - -París tiene dos fases: es el manicomio de los ingenios y el paraiso de -los tontos. En el primero forjan sus grandes elucubraciones todos los -grandes locos, que con sus inventos y con sus escritos impulsan hácia -el progreso el movimiento social europeo; y en el segundo pierden su -tiempo, su salud y su dinero, en el turbion de marionetas, charlatanes, -estafadores y mujeres perdidas, que pueblan aquel falso eden á la luz -del gas y al son de las orquestas de Mussard y de Straus, todos los -imbéciles que de las cuatro partes del mundo acuden como mariposas á -quemarse en aquel foco de luz infernal. - -De París salen simultáneamente los gérmenes de todo lo bueno y de todo -lo malo, sobre todo para nosotros los españoles; que, sea dicho sin que -nadie se ofenda, ó aunque se amosque conmigo la mitad de la nacion, -solemos tomar casi todo lo malo y poquísimo de lo bueno. Llegué yo á -París miéntras ocupaba el trono francés el rey ciudadano Luis Felipe -de Orleans, de quien sabian trazar la caricatura todos los chicos de -su capital bajo la forma de una pera, cuya régia representacion se -veia por todas las paredes y siempre de un parecido maravilloso. No -era todavía el París ensanchado, dorado y ámpliamente refundido por el -imperio del tercer Napoleon; era todavía su primer teatro la sala de la -rue Lepelletier, y no estaba aún cerrada la plaza del Carroussel por la -calle de Rivoli: existian aún al frente del Palais-Royal una espesa red -de callejuelas, tan conocidas como mal afamadas, y á su espalda los dos -famosos restaurants de Befour y de los tres hermanos Provenzales, y se -alzaban todavía gárrulos y chillones, en los boulevares du Temple y de -Beaumarchais, los cien teatrillos más divertidos del mundo, la Gaité, -Follies-Dramatiques, Delassements-comiques, etc., etc. - -Asomé yo las narices los dos primeros meses al paraiso de los tontos -y, sin dejarme fascinar ni embriagar por sus delicias de contrabando -ni por sus huríes sin corazon, me establecí á la puerta del manicomio, -haciendo con el editor Baudry un trato poco lucrativo; por el cual -fueron mis versos los primeros que de poeta español tuvieron lugar en -su magnífica coleccion. Por un puñado de luises y dos carros de libros, -le dí el derecho de coleccionar todas las obras por mí hasta entónces -escritas, por dos razones que me eran exclusivamente personales; -la primera para que mi padre leyera mi nombre en el catálogo de la -coleccion de los primeros escritores de Europa; y la segunda porque -la extensa venta, el gigantesco anuncio y el renombre universal que -ya tenia la coleccion Baudry, me hicieran conocido como poeta fuera -de mi patria. A pesar de que mi padre, encerrado en nuestro solar de -Castilla, no habia vuelto á darme noticias suyas, esperaba yo que esta -prueba honrosa de aprecio de la librería editorial francesa para su -hijo, le convenceria, por fin, de que no era menester que me doctorara -en Toledo y de que ya no habia razon de cerrarme la casa y los brazos -paternos. En esta esperanza viví en París desde Julio a Noviembre, -estudiando y trabajando en mi _Granada_ y dividiendo mi tiempo entre -las bibliotecas y los teatros, esquivo como en España, á la sociedad -banal de las visitas y la chismografía, y un poco en contacto con la -sociedad del arte y de las letras. - -La redaccion de _La Revista de Ambos Mundos_ me acogió con simpáticos -obsequios, y sus redactores Charles Mazzade, Paulino de Lymerac y -Xavier Durrieux fueron mis amigos y comensales; y por mi influencia -y la de Juan Donoso, que fué despues nuestro embajador, empezaron á -publicarse en aquella importante _Revista_ artículos sobre España, -en los cuales comenzaba á probarse á los franceses que el Africa no -empieza en los Pirineos. Pitre Chevalier, director del _Museo de las -Familias_, se empeñó en publicar en él mi retrato y mi biografía, y lo -hizo, como francés, sin atender á mis justas y modestas observaciones. -Convirtió mis breves notas biográficas en una fantástica novelilla, y -Mr. Pauquet, el primer dibujante de aquel tiempo, recibió su órden de -retratarme embozado en mi capa española y mirando de perfil al cielo, -como un D. Juan Jerezano que espera que se le aparezca su Dulcinea en -el balcon para decirla: «por ahí te pudras». No era posible que mi -retrato indicara que era de un poeta español, si no tenia capa y si no -buscaba con la vista la inspiracion del Espíritu Santo; y aún le quedé -agradecido á que no me pusiera una guitarra en la mano, de lo que creo -que me libró solo su afan de embozarme. - -En aquel retrato, correcta y francamente dibujado, y por aquella -biografía, _bizarramente detallada_ á la parisienne, no me conoce la -madre que me parió; pero no por eso quedó ménos agradecido el español -á la buena intencion del francés. - -Trás estos necesarios precedentes, pasemos una rápida ojeada por los -últimos y sombríos cuadros de estos mis tristes recuerdos del tiempo -viejo. - -Entre los conocimientos que hice y renové por entónces en París entre -Dumas padre, Jorge Sand (Mme. du Devant), Alfred de Musset y Teophile -Gautier; entre embajadores, editores, escritores, emigrados, cómicos -y bailarinas; entre Fernando de la Vera, la Rachel, la Rose Chery, -Frederik Lemaitre, Giusseppe Multedo, Zariategui y otros emigrados -liberales y carlistas, italianos y españoles, se me vino á los brazos -uno de estos, el más honrado y divertido andaluz que la tierra de -María Santísima y la tenacidad carlista echaron á Francia. Era este -D. Fernando Freyre, pariente próximo del general del mismo apellido, -adherido no sé muy bien cómo á la corte de Fernando VII, de quien -elegia los caballos y para quien iba á buscar los toros; amigo de los -ganaderos, amparador de los _diestros_, y el primer inspector de la -escuela taurómaca sevillana, institucion de aquel Sr. Rey, que santa -gloria haya. - -Fernando Freyre no habia sido nada importante ni influyente, ni en -la corte huraña y recelosa de las camarillas y apostasías políticas -del difunto Rey, ni en la trashumante de D. Cárlos María Isidro de -Borbon, segundo Cárlos V en Oñate; pero en ambas habia sido recibido -y estimado por todos, incluso por mi padre, porque tenia uno de los -mejores corazones y uno de los caractéres más alegres y más iguales del -mundo. Realista por conviccion, no transigió nunca con las modernas -ideas liberales, ni quiso jamás acogerse á amnistía ni indulto alguno; -pero jamás odió, ni esquivó siquiera el saludo, á ningun liberal -emigrado ó viajero con quien en tierra extranjera se topara, siendo de -todos los españoles sinceramente apreciado y noblemente acogido por los -legitimistas franceses. Con apoyo de éstos, no temió ni le avergonzó -establecer un pequeño y privado depósito de vinos, pasas, caldos y -frutos de Andalucía, que aquellos le compraban; y con los setenta á -noventa duros que este oscuro comercio le producia, vivia modesta y -honradamente en la mejor sociedad de la _legitimidad_ francesa y de la -aristocracia española. Establecido ya de años en París, y encargado -por sus amparadores de toda clase de comisiones, era conocido en el -comercio y conocia á París, como un _commis-voyageur_ á quien comprar -en la tienda ó en el taller, puede producir legal y honrosamente un -tanto por ciento más crecido de utilidad. Por uno de estos encargos -dimos allí uno con otro, y por las horas buenas que le debo, me -complazco en consagrarle cariñosamente estas líneas en mis recuerdos. - -Era ya por entónces hombre de más de sesenta años; pero ágil, robusto -y colorado, con sus patillas blancas de _boca-é-jacha_ y su sombrero -sobre la oreja derecha, corria por las calles _recortando_ los coches y -evitándolos apoyándose en la saliente lanza, como quien pone rehiletes -de sobaquillo, porque todo lo hacia y lo hablaba á lo torero y lo -macareno; y asombraba el verle cruzar los _boulevarts_ sin tropezar ni -vacilar entre la multitud de carros, ómnibus y coches que de contínuo -los obstruyen. Todo era en él extraño y original; en su negocio -no tenia más que un empleado, y éste tenia las más incompatibles -cualidades: era polaco, judío, carlista, fiel y discreto; hablaba un -castellano aprendido en Vizcaya, tan disparatado como el francés que -hablaba Freyre, y entre los dos me decian despropósitos imposibles de -reproducir. Yo llamaba tio á Freyre; y cuando mi familia me dejó solo -en París, me fuí á vivir al hotel de Italia, frente á la Opera-cómica, -en cuyo piso tercero habitaba Freyre un pequeño aposento, compuesto -de sala, gabinete y alcoba, y atestado de botellas y cajas. Cuando mi -trabajo asíduo y sus compromisos con sus anfitriones nos dejaban libres -las noches, comíamos juntos, y las concluíamos en el teatro, en algunos -de los cuales tenia yo entradas libres, como escritor extranjero con -editor en Francia. - -Llegó así Noviembre, y ya tenia yo apalabrados contratos para imprimir -mi poema de Granada, y pagábanme ya no escasamente la prosa y los -versos que para sus publicaciones de América me pedian, cuando se -acordó Dios de mí, como dicen los católicos, enviándome una de esas -desventuras que envenenan y enturbian para toda la vida el manantial -amargo de la memoria. - -Pedíame de Madrid mi primo P., consócio mio, con Rafael X, una cadena -de relój igual á otra mia, que era una cinta hecha con mil pequeñísimos -cilindros de oro engarzados y giratorios en una red de ejes, de tan -prolijo trabajo, como maravillosa flexibilidad. Averiguó Freyre el -domicilio del obrero que para el platero los trabajaba, y nos acostamos -conviniendo en que á la mañana siguiente muy temprano iríamos á comprar -ó á encargar la demandada cadena. - -Habíanme regalado en Burdeos un _necessaire_ de ébano fileteado de -marfil, que garantizado por una guadamacilada funda de cuero, llevaba -yo á la mano y servia en nuestros viajes de escabel á mi mujer. Al -levantarme al dia siguiente, híceme la barba segun costumbre con las -navajas y ante el espejo de aquel _necessaire_, y llamando Freyre á mi -puerta y dándome prisa, porque él la tenia de acudir á sus negocios -despues que al mio, vestíme apresuradamente y partí con él; dejando las -navajas sobre el velador y el espejo colgado en la escarpia, que para -ello tenia puesta á mi altura en el marco de la vidriera. - -Fuimos hasta el final del Faubourg de San Dionisio; hallamos y -compramos el objeto pedido, acompañé á Freyre á tres ó cuatro puntos -que tenia que recorrer, y volvimos juntos al hotel de Italia. - -Pedimos al conserje nuestras llaves, pero la mia no estaba en el -llavero; en vez de dejarla en él al salir, me la habia llevado en el -bolsillo. Al entrar en mi cuarto, exclamó Freyre: «Mal agüero, zobrino: -aquí han andado loz menguez en auzencia nueztra: mira:»--y me mostró -el espejo hendido trasversalmente de arriba á abajo.--Reíme yo de su -supersticiosa observacion, y llamé al camarero; el cual respondió á -mis reclamaciones diciendo, que ni él habia podido _hacer_ mi cuarto, -ni nadie entrar en él, porque yo no habia dejado la llave en la -conserjería. - -«¡Mal agüero, zobrino, mal agüero!» Seguia Freyre rezungando entre -dientes, y yo, que no creo más que en Dios, le hice observar que al -cerrar la puerta de golpe, la vibracion de las vidrieras produjo -probablemente el choque y rotura del espejo; y que teniendo los dueños -de los hoteles dobles llaves por mandato expreso de la policía, tal -vez el no haber yo dejado la mia llamó la atencion, abrieron sin -precauciones la puerta y ocasionaron el fracaso. - -Freyre tragó como pudo mi explicacion; y teniendo ambos el dia libre, -nos fuimos á almorzar á la taberna inglesa de la calle de Richelieu, -con la intencion de ir á las dos al hipódromo del Arco de la Estrella. - -Almorzamos tranquilamente, y habiendo encontrado Freyre en el fondo -de una botella de Chambertin, un raudal de andaluza verbosidad y un -tesoro de alegría juvenil, salíamos cruzando el patio como estudiantes -que hacen novillos, cuando dimos de manos á boca con un sobrino del -banquero A. B., que en el piso principal de aquella casa tenia su -escritorio establecido. «Del cielo me caen Vds.--exclamó al vernos--y -me ahorran un viaje. Hace dos dias que tenemos una carta de España para -el Sr. Zorrilla, y á llevársela iba; por cierto que trae luto y la -apostilla de urgente. Aquí está.» - -Y presentóme la carta, que me hizo palidecer. Era de mi padre -y revelaba en sus cuatro líneas su extraño carácter, y lo más -dolorosamente extraño de nuestras relaciones. - -Decia: - - «Pepe, tu pobre madre ha fallecido hoy á las tres de la madrugada; - tú verás si te conviene venir á consolar á tu afligido padre - - José.» - -No puedo decir lo que sentí ni lo que hice en aquel momento. - -Aquella noche rompí mis contratos y retiré las palabras dadas á los -editores franceses; y á la mañana siguiente, rompiendo con mi porvenir, -emprendí mi vuelta á España y al paterno hogar, cuyas puertas me abria -la muerte por la tumba del sér más querido de mi corazon. - -Dejé á Freyre llorando en la estacion, y repitiendo lo que desde el -dia anterior le habia oido rezungar muchas veces por lo bajo: «Sí, -dicen bien las gitanas de Triana: que el diablo ez quien inventó loz -ezpejoz, y que anda ziempre entre el azogue é zuz criztalez.» - -Yo partí viendo á través de mi espejo roto el rostro adorado del -cadáver de mi madre, cuyo último suspiro no me habia permitido recoger -Dios. - - - - -XXIV. - - -Tenia mi padre gran fuerza de voluntad y absoluto dominio sobre sí -mismo; pero no pudo dominar su emocion en el momento de volverme á -ver en su casa y por tan doloroso motivo. Nos abrazamos llorando: él -fué el primero que se repuso y volvió á la prosáica realidad de la -vida.--«Vienes muy cansado:--me dijo--no agravemos el mal que no tiene -ya remedio. Come y reposa: la naturaleza es un tirano irresistible: -tenemos tánto tiempo como razones para contristarnos; pero en este -instante nuestro dolor está endulzado por la alegría, y no podemos ni -alegrarnos ni condolernos, sin asustarnos de nuestra alegría como de -nuestra pena.» - -Y era verdad; los recuerdos alegres de la niñez que poblaban aquella -casa, la satisfaccion de volver á respirar en aquellos aposentos, -la vista de aquellos muebles tan conocidos, el servicio de aquellos -antiguos criados tan leales, y la presencia, en fin, de mi padre, tan -firme, tan erguido y tan vigoroso, que iba y venia dando á aquellos -las órdenes necesarias, me tenian en un estado de arrobamiento que me -impedia darme cuenta de mí mismo; me sentia tan impulsado á llorar -como á reir; y la imágen de mi madre muerta se me ocultaba y casi -desaparecia tras de mi padre vivo. Acompañóme éste durante un ligero -almuerzo que preparado me tenia; me habló del estado en que habia -hallado sus viñas, de las mejoras que habia hecho en el cultivo de los -viñedos y de las que necesitaba la casa; ni una palabra de mi madre; -ni la más leve alusion á mi vida pasada: ni la más mínima esperanza -para el porvenir. Yo volvia á casa de mi padre, no á la mia; así lo -habia yo entendido, y volvia resuelto á respetar todos los derechos y -á acatar todas las disposiciones de mi padre, sin permitirme la más -nimia observacion: puesto que al abandonar á mi familia en 1836, habia -yo renunciado á todos mis derechos de hijo y de heredero, dando á mi -padre el de hacer de su hacienda lo que más á cuenta le viniere, como -si Dios le hubiera quitado por muerte natural el hijo que civilmente -murió, al fugarse del paterno hogar en brazos de su locura. Tal era mi -respeto por mi padre, tales la justicia y las facultades omnímodas con -que yo mismo le habia investido; y si le hubiera dado por ser jugador -y vicioso, yo me hubiera empeñado y vendido á Satanás por pagar sus -deudas ó mantener sus concubinas. Yo no le pedia, al volver á mi casa, -más que un poco de cariño y el perdon de aquellos dramas y leyendas -mias, por los cuales habia tirado por la ventana las Pandectas y las -Novelas de Justiniano. - -Y fueron transcurriendo los dias, y fuéme él llevando á ver las bodegas -y los plantíos; y mostróme deseos de adquirir unos solares de casas -quemadas por los franceses, que lindaban con la nuestra por Mediodía y -Poniente, con lo cual se la añadiria un amplio jardin cercado, logrando -hacer de ella la mejor y más cómoda de muchas leguas á la redonda; y -como me diese á entender que las dos cosas que le hacian desistir de -la adquisicion de aquellos solares eran, la primera, que yo no querria -venir á vivir allí nunca, y la segunda, que él no estaria ya nunca -sobrado de dineros; porque el laboreo de las fincas y algunos atrasos -contraidos en sus seis años de emigracion absorberian todas sus rentas, -ofrecíle yo la suma de que menester hubiese; asegurándole que mi única -ambicion era la de vivir allí con él y hacerle lo más agradable posible -aquella mansion, con la cual habia soñado siempre, y la cual me habia -siempre imaginado como un oasis de reposo en el desierto de mi vida de -trabajo y de abnegacion. - -No creí, me dijo, que tal pensaras; pero si es como dices, voy á -decirte lo que sé y pienso: ni los dueños de esos solares, ni nosotros, -que queremos adquirirlos, sabemos bien, ellos lo que van á vender y -nosotros lo que vamos á comprar. Escucha. - -Fuí yo uno de los jefes del batallon de estudiantes Palentinos -que contra los franceses se levantó á fines de 1808. Una noche, -sabiendo que avanzaba una division, nos emboscamos en el puente con -aquella audacia inconsciente que nos hizo hacer lo que á pensarlo y -comprenderlo no hubiéramos hecho. Al amanecer apareció una descubierta -de coraceros, que con aquella confianza petulante que perdió á los -franceses de Napoleon en España, entró sin precauciones en el largo y -tortuoso puente de veintiseis ojos, que enlaza las dos riberas del rio -y el camino real con esta villa. La vanguardia venia aún muy léjos, -veiamos apenas el polvo que levantaba. Los coraceros y sus caballos -nos sintieron debajo de ellos ántes de haber podido vernos enfrente; -y encabritándose los caballos y empujando nosotros por los piés á -los ginetes, calzados con grandes é inflexibles botas, los arrojamos -al agua desequilibrándoles con el peso de sus cascos y sus corazas. -Algunos de los últimos, que volvieron grupas, dieron la alarma á los -de la vanguardia; pero cuando llegaron al puente, no hallaron más que -algunos muertos y apercibieron en el agua algunos ahogados, cuyos -cadáveres arrastraba la corriente. Los estudiantes montados en sus -caballos y armados con sus carabinas, entrábamos en el páramo sin temor -de que nos siguiesen. - -Pero pegaron fuego á Torquemada; y ese terreno elevado que desde -el balcon estás viendo, cubre los escombros de cinco casas, cuyos -cimientos y primer piso eran de piedra labrada, que nadie ha -desenterrado. - -Hay además cegados cinco pozos de los cinco corrales á cada casa -anejos; y entónces todo castellano que huia al monte, echaba al pozo la -poca plata y alhajas que poseia; no habrá ahí riquezas, pero sí plata y -piedra para indemnizar el desembolso del comprador. - -No podia yo permanecer en Torquemada, y al cabo de un mes volví á -Madrid. Acababa de establecerse en la corte la sociedad editorial _La -Publicidad_, de la cual era uno de los directores D. Joaquin Francisco -Pacheco, quien ya he dicho que con Donoso Cortés y Pastor Diaz habia -sido mi primer amigo y amparador. Propuse la compra de la propiedad de -mi _Granada_; y en dos mil duros por tomo, cerré y firmé el contrato, -debiendo presentar mi manuscrito por medios tomos y cobrar mil duros -por cada mitad. - -Empecé á enviar dinero á mi padre, que con él compró los solares, pero -no los tocó; intactos los hallé yo al verano siguiente, cuando invitado -por él fuí con mi mujer á hacerle compañía. - -Mi padre ofreció á ésta las llaves y el gobierno de la casa; yo me -opuse diciéndole que su ama de llaves y sus criados eran de su completa -confianza, y que mi mujer y yo no éramos más que unos huéspedes por -aquel verano. - -Pagóse mi padre y más su servidumbre de aquella confianza nuestra; -comencé yo á convertir el corral en jardin, y gozaba mi padre viéndome -cavar y trasplantar frutales, y abrir arriates para las flores. No -hice yo de aquel corralon de lugar un jardin de Falerina; pero al -ménos veíase desde los balcones algo muy diferente del muladar en -que convierten sus corrales los labriegos descuidados de nuestra mal -cuidada Castilla. - -Fuimos y volvimos dos veces de Torquemada á Madrid y de Madrid á -Torquemada, y en la corte volví á poner casa por consejo de Tarancon, á -quien su cargo de senador volvió á traer á Madrid. - -La sociedad de _La Publicidad_ se extendió mucho y no pudo abarcar -tánto; llevaba yo presentado tomo y medio de mi poema, y habíanme dado, -por órden de Pacheco, hasta setenta y dos mil reales; pero husmeando la -liquidacion próxima, y no queriendo que mi manuscrito pasara á manos -desconocidas, suspendí la entrega de original, con la intencion de -rescatar la propiedad de mi manuscrito, por una transaccion ventajosa, -cuando la liquidacion llegara. - -Extendia entre tanto sus negocios el editor Gullon; y habiéndome pedido -un libro de la Vírgen, consultado el caso con Tarancon, y fiado en sus -consejos, ofrecí á Gullon el poema de María en seis meses y en treinta -y dos mil reales; pero siendo Madrid el punto del Universo en que más -tiempo se pierde y más holgazanes encuentra con quienes malgastarlo -el hombre que lo necesita, tomé en el Pardo y en la Casa de Infantes -un aposento, que empapelé y amueblé, y retiréme á trabajar en aquella -arbolada y jabalinesca soledad. Pasábame allí las semanas enteras: los -sábados me enviaban mi mujer y mi primo los caballos, y venia á pasar á -Madrid los domingos. Escribíame poco mi padre, porque tenia gota y mal -pulso y costábale mucho el llevar la pluma; y escribíale yo tambien muy -poco, porque estaba muy cansado de tener entre los dedos contínuamente -la mia. Sabia él de mí que trabajaba en un libro de la Vírgen; sabia -yo de él que la gota le tenia en descuido de la hacienda que habia -en parte arrendado, y en el endiablado humor en que la podagra pone -á quien la padece; y sabia de ambos el bueno de Tarancon, porque de -ambos se ocupaba y á mi padre escribia, miéntras yo algunas veces le -visitaba; y así corrió el invierno de 48, preguntando yo á mi padre si -necesitaba de mí, y contestándome él que no valia su mal la pena de que -yo interrumpiera mi trabajo. - -Conservaba yo roto, y así de él me servia, aquel malhadado espejo de -mi _necessaire_ que se me rompió en París, y cuya rotura dió tánto -á Freyre que rezungar; pero habiéndose desprendido uno de los dos -trozos de su cristal por un costado, adherido sólo al carton en que -encuadrado estaba por su parte superior, hacíase ya tan engorroso como -arriesgado el servicio del tal espejo; y como conservábale yo roto -por mero recuerdo del mal dia en que se rompió y no por supersticioso -empeño, que Dios, en quien solamente á puño cerrado creo, me ha librado -de creer en agüeros ni supersticiones de ninguna especie, determiné al -fin renovar el espejo, ya que el _necessaire_ era en verdad prenda que -merecia tenerse completa. Vivia yo en las casas de Santa Catalina de -la calle del Prado, y hallábase establecida una fábrica de espejos en -donde hoy lo está el Casino Cervantes; llevó mi mujer misma el carton -en que el roto estaba encuadrado, y en él la pusieron otro espejo de la -exacta medida, prometiéndosele para el lunes: pero no se lo llevaron -hasta el martes. El azogado cristal nuevo encajaba perfectamente en el -hueco para él hecho en el fondo de la tapa del _necessaire_; coloquéle -en su lugar, púsele encima la almohadilla que le garantizaba contra -choques y movimientos, y cerrado el _necessaire_, forcé la tapa para -hacer girar la llave: pero al forzarla, sentí crugir algo dentro; el -espejo se habia vuelto á romper; yo habia dejado por debajo del cristal -uno de los pasadores que por arriba le sujetaban. - -Resignéme á tenerlo roto y me volví á mi escondite del Pardo, y volví -á emprenderla con el libro de la Vírgen. Era un martes. Mi familia no -iba nunca á verme al Pardo; yo la pedia ó ella me enviaba los caballos -ó un carruaje, pero nunca en dia de entre semana, sinó en sábado ó en -domingo. El jueves habia yo concluido un capítulo; hacia un tiempo -delicioso y salí á hacer ejercicio ántes de comer, en compañía de un -guarda que en tales casos me servia de cicerone. A mi vuelta hallé un -coche en el patio de la casa y á mi mujer esperándome en mi aposento. -Volvia yo contento de mi paseo, porque lo estaba de mi trabajo, y -alegremente abracé á mi mujer y á la persona de su familia que la -acompañaba. - -La mesa estaba puesta: sentíame con apetito, y comencé tranquilamente -á dar cuenta solo de mi pitanza, de que los recien venidos rehusaron -participar, y pasé distraido las primeras cucharadas de la caliente -sopa: pero al notar de repente el silencio tan sombrío como desusado -de mi familia, asaltóme un siniestro presentimiento, y exclamé inquieto: - -«¡Dios mio! ¿Qué sucede, que venís tan tristes y tan pronto? - ---Nada, pero es preciso que vengas con nosotros. - ---¿Por qué? - ---Porque... ha llegado una carta de Torquemada...--y al decir esto, mi -buena mujer rompió á llorar sin poderse contener. - -No recuerdo si el del espejo roto fué lo que excitó en mi mente la -tremenda idea: «¡Ha muerto mi padre!»--exclamé angustiado. - ---No, todavía no--se arriesgó á decir mi mujer; pero como esto, por -vulgar que sea, es lo primero que suele ocurrir á todo el mundo decir -en casos semejantes... no me quedó ya duda de mi desventura, y otra -idea más tremenda envolvió mi espíritu en las tinieblas de otra duda -que sumia mi alma en la más impía desesperacion. - -«¡Mis padres mueren, me dije á mí mismo, sin llamarme en su última -hora! ¡Dios me deja sobre la tierra sin el último abrazo y sin la -bendicion de mis padres!... ¿Qué le he hecho yo á Dios? ¿Están malditos -mis pobres versos?» - -Recogí los que llevaba escritos de la Vírgen y me volví á Madrid y á -casa de Tarancon, á quien ya no hallé: hacia dos dias que habia salido -para su diócesis. - - - - -APÉNDICE A ESTE TOMO. - - -Razon suficiente da el prólogo de este libro de mi venida y permanencia -actual en Barcelona: pero por torpe é ingrato deberia tenerme, si -yo cerrara este libro sin dar á sus habitantes las gracias por el -recibimiento que en su ciudad me han hecho, y el hospedaje que en ella -me han dado. - -Atemorízame y apócame sin embargo el miedo de no acertar con palabras -que espresen mi gratitud, y pesárame en el alma que, con las que voy á -escribir, pareciese que sólo intento darme importancia, y prolongar el -ruido que esta especie de resurreccion mia ha levantado en la capital -de Cataluña. - -A ella llegué el 30 de Octubre, y su pueblo se aglomeró en el -teatro para saludarme; pero con tan cordial cariño, con tan franca -espontaneidad, que no en mis oidos sinó en mi corazon resonaron los -aplausos que, de pié y vueltos al palco que ocupaba, me dirigieron -los espectadores. ¿Quién era yo, qué habia yo hecho para merecerlos -de Barcelona? Aún puedo apenas comprenderlo; y las lágrimas, que como -aquella noche anublaron mis ojos, vuelven á enturbiar mi vista ahora -que, con infinito agradecimiento, en estas líneas hago de aquella -escena tal vez inoportuna conmemoracion. - -No espero que nadie de mí se mofe ni me avergüence por mis lágrimas de -gratitud, ni por consignar aquí con la más sincera los obsequios de que -fuí objeto y los nombres de los que me los prodigaron. - -El 1.º de Noviembre apareció en Madrid, en el número 1841 de _El -Globo_, un tan curioso como oportuno y por mí no esperado artículo, -prohijado por la redaccion, puesto que aparece de fondo y sin firma, en -el cual me considera como un muerto que sobrevive á su gloria y asiste -á su apoteósis desde una butaca del salon de espectáculo; ¡Dios mio! si -la redaccion de _El Globo_ me hubiera podido honrar con su compañía en -mi palco del teatro Principal de Barcelona el 30 de Octubre, hubiera -comprendido lo poco que estimo mis obras, pero tambien la escitacion -febril que me producia el placer de recibir aquella ovacion del público -de Barcelona. ¡Gracias á quien quiera que aquel original artículo me -escribió en ocasion tan oportuna; gracias á la redaccion que lo aceptó -por suyo, y gracias (si le hay) á su trás ella escondido é invisible -inspirador. - -El _Diario_ literario de avisos de Barcelona, copió este artículo de -_El Globo_ en su número del jueves 4; y en el del viernes 5 de _La -Crónica de Cataluña_ apareció otro afectuosísimo de D. Teodoro Baró, -á quien seria imposible que yo expresara mi reconocimiento por tal -escrito, en frases que á las suyas correspondieran. Baró siente sin -duda por mí algo que no se puede comparar más que con un amor de niño: -con una sencillez infantil, y una fraternal familiaridad se ocupa -de mi faz, de mi traje, de mis costumbres, hasta de mis intereses; -recordando en su artículo que cómo y pago alquiler de casa, y que no -es justo que se me reimpriman mis obras como si fueran propiedad de -todos, impidiéndome utilizar sus productos, para probarme la inmensa -popularidad que me han adquirido. Baró trata de mí, de mis obras, de -mis acciones y hasta de mis sentimientos íntimos y de mis pensamientos -recónditos, con una discrecion, con una delicadeza, con un decoro y con -un respeto, que no fueran mayores si él fuera padre, hijo ó hermano del -viejo poeta, á quien honra con el artículo en que le da tan cordial -bienvenida. Yo ocupo, por lo visto, en el alma de Baró un lugar entre -sus creencias: leyó de niño mis versos, se familiarizó conmigo desde -muy muchacho, aprendió sin duda al mismo tiempo el Catecismo y mis -_Cantos del Trovador_, el Padre nuestro y _El reló_, la Historia de -España y _Margarita la Tornera_, y ahora tiene de mí la misma idea que -de los personajes históricos y de las imágenes religiosas, que entran -en nuestro espíritu con los primeros rudimentos de nuestra primera -educacion. Y ¿qué voy yo á responder á los artículos de Baró? ¿Cómo -voy yo á corresponder á esta especie de veneracion innata que por -mí siente? Con palabras es imposible: no las encuentro; con versos, -ya no puedo, porque ya no los hago: con visitas, con cumplidos, con -banalidades sociales, seria bajarme yo mismo cantando las peteneras -del altar en que Baró me tiene en su corazon colocado; tengo pues que -callar, consagrándole en el mio una silenciosa gratitud. - -Alonso del Real, en los lunes de _La Gaceta de Cataluña_, hoja -literaria del 25 del mismo mes de Noviembre, me dió por un poeta -sin rival, indiscutible, indeclinable, digno y capaz de vivir sin -decadencia ni senectud los años matusalénicos; la redaccion de _La -Publicidad_, en su número del 7, compuso su artículo de fondo con mi -biografía encomiástica, y encuadró mi retrato en su primera página: -y ¿cómo voy á corresponder á tan benévola acogida? ¿Enviando á -Alonso del Real y á los redactores de _La Publicidad_, y á los de _El -Diluvio_, y del _Diari Catalá_ y de _La Ilustracion Catalana_, y _El -Correo Catalan_, mis tarjetas ofreciéndoles mi casa y dándoles las -Páscuas y acompañándolas con un pavo?--Tengo, pues, que encomendarme -á Dios y al tiempo, que me deparen una ocasion de probarles mi -agradecimiento; y ellos tendrán que darse por contentos y satisfechos -con estas pocas y desaliñadas frases. - -Pero hay algo más difícil aún de recibir y de aceptar que los escritos -encómios: estos, al cabo, se leen á solas, y los que los han escrito no -ven la cara que al leerlos pone aquel en loor de quien los escribieron. -El Presidente del Ateneo, D. Manuel Angelon, me preparó una velada -literaria: en ella hizo el Presidente de su seccion de literatura, Sr. -Feliu y Codina, mi presentacion al Ateneo en un discurso floridísimo, -durante el cual no sabia yo qué continencia tomar. El poeta D. Enrique -Freixas, me dedicó unos endecasílabos, de cuyas ideas soy yo el único -que no puede hacer mencion: el jóven Mata y Maneja, me probó que habia -tomado por un género de poesía mis extravíos fantásticos y mis delirios -métricos, en uno tan intrincado que me pareció mio; y por último, el -Ateneo me regaló una magnífica medalla de plata, que no pude colocar en -ningun bolsillo por temor de que con su peso me lo desgarrara. - -La Sociedad «Romea» dió una funcion en obsequio mio, en el Teatro -Catalan del mismo nombre y me ofreció una corona. - -La Sociedad «Latorre» me dedicó otra, y otra la Sociedad «Cervantes;» -y por fin, dióme la de «Romea» una segunda fiesta, poniendo en escena -mi _Sancho García_; en cuya representacion pusieron los actores más -esmero y dieron á la obra mia más relieve de los que acostumbran hoy -los que por primeros se consideran; y me inundó el escenario de flores -y de laureles. - -El Sr. D. Santiago Vilar, en una velada de despedida, me presentó á -los alumnos de su colegio, como modelo de yo no sé cuántas cosas: los -niños pasaron la noche entera en recitar versos mios, lo que probaba -que habian pasado un mes estudiándolos y pensando en mí; el Sr. Obispo -de Avila me abrazó en público por los que yo recité; y no sé yo lo que -pensar pudieron los espectadores que atestaban aquel salon de aquel -abrazo episcopal, dado con cariñosa efusion al poeta más desatalentado -del siglo. Presentáronme en un estuche una joya preciosa, primoroso -ejemplar de cinceladura, en cuyo trabajo de argentería son estremados -los artistas barceloneses; y despues de un refrigerio, necesario para -reponer en los vasos linfáticos la saliva gastada en tan prolongada -lectura, salimos de aquella conmovedora fiesta de la niñez, presidida -por un ilustre prelado, á deshora de la noche, como viciosos que á su -casa vuelven ruidosamente de madrugada, calmando la inquietud de su -desvelada familia é interrumpiendo el tranquilo sueño de sus honrados -vecinos[3]. - - [3] En la lectura de la sociedad «Latorre» debí el honor de - que me acompañara al célebre poeta dramático, sostenedor del - teatro catalan, D. Federico Soler; quien bajo el seudónimo - de «Serafi Pitarra», hace años que con prodigiosa fecundidad - surte de obras originales la catalana escena. De ÉL, de sus - obras y del teatro Romea, tendré ocasion de ocuparme en mis - artículos de _El Imparcial_. - -A este mes entero de fiestas y regalos, no puede el viejo poeta -corresponder más que apuntando rápidamente en este apéndice lo -sucedido. He protestado mil veces contra mis públicas exhibiciones; -pero Barcelona como Valencia, á manera de muchachas locas enamoradas -de un viejo, han pedido á gritos mi presentacion en los teatros: he -alegado los sesenta y cuatro años que me apocan y enronquecen, y -Barcelona me ha dicho: «que no; que yo no tengo edad y que canto como -un ruiseñor.» He tenido que acudir al Dr. Osío para que me azoara la -glotis, y Barcelona ha escuchado como sonora y argentinamente timbrada -mi voz perdida, y ha aplaudido frenética, como si nunca los hubiera -oido, mis versos tan viejos como yo. A esta idea preconcebida, á este -partido tomado, á este cariño maternal de Barcelona, ¿qué puedo, -qué debo yo ofrecer en accion de gracias? Dejarme querer, y seguir -trabajando en silencio, y en la duda afanosa de si la posteridad -sancionará los aplausos, la predileccion y el juicio con que Barcelona -me acepta y me recibe en su seno. - -Me he limitado, pues, á escribir estas cuatro vulgares páginas; y como -ya no hago versos dos años hace, y el molde en que los vaciaba está -ya enmohecido y agujereado, no he sabido más que hilvanar con unos -que hice á Valencia, mi madre adoptiva, y otros que me ha inspirado -mi gratitud á Barcelona, una estrafalaria poesía, que aquí publico -como recuerdo de mi madre y homenaje á la Ciudad Condal. Carece -completamente de mérito literario, y la presento sin pretension alguna: -es sólo un ejemplo de lectura, en la cual colocados los alientos y -dilatados sus períodos para ser leida por mí, tal vez sólo mi arte de -alentar la hace escuchar sin fatiga, y tal vez sólo en mi boca tiene -armonía su dislocada metrificacion. Creada en el corazon más que -imaginada en el cerebro, espero que sólo con el corazon me la acepten y -me la juzguen Valencia y Barcelona. - - - - -BARCELONA Y VALENCIA. - -LECTURA HECHA POR EL AUTOR EN BARCELONA. - - -I. - - Barcelona y Valencia son dos hermanas; - y reclinadas ambas del mar á orillas - como dos garzas blancas, son dos sultanas - que tremolan bandera de soberanas - sobre ricas ciudades y alegres villas. - Yo soy huésped en ambas bien recibido; - y en las villas que de ambas son comarcanas, - voy y vengo á mi antojo, paso ó resido: - y dó quier, campesinas ó ciudadanas, - á mí, poeta viejo de las Castillas, - al par Barcelonesas y Valencianas, - desde las pobres huérfanas á las pubillas, - me reciben alegres y oyen ufanas - mis romancejos godos y mis coplillas, - que son mitad muzárabes, mitad cristianas: - y desde las más cándidas y más sencillas - payesas á las damas más cortesanas, - donde á cantar me paro, niñas y ancianas, - oyendo de mis cuentos las maravillas - sonríen al poeta y honran sus canas. - - Así que en Barcelona como en Valencia, - dó quier que me preguntan «y tú ¿quién eres?» - digo con ciertos humos de impertinencia: - «Soy el viejo poeta de las mujeres.» - Pero en conciencia, - ¿Qué soy de Barcelona? ¿Qué de Valencia? - - - II. - - Yo de los valencianos hijo adoptivo, - considero á Valencia como á mi madre; - mas cuando á Barcelona vengo, aquí vivo - como si aquí tuviera casa mi padre. - Aquí y allí de raza ni de abolengo - no, sinó de cariño títulos tengo; - allí y aquí mis versos en castellano - me dan fuero y derechos de ciudadano, - porque á mi vieja musa mora-cristiana - Cataluña y Valencia ven como hermana. - - Mas no es mi vida en ambas muy regalona, - pues aquí y allí vivo como la ardilla - en inquietud perpétua: se me eslabona - una con otra fiesta; de villa en villa, - de teatro en teatro se me pregona; - voy y vengo sin tiempo de tomar silla: - por dó quiera me dicen: «_¡parla! ¡enrahona!_» - yo suelto de mis versos la taravilla, - y dó quier mi presencia fiesta ocasiona: - porque aquí y allí paso por maravilla, - porque escribí el _Tenorio_, que es quien me abona - lo mismo en Cataluña que por Castilla; - y aquí, cuando en las calles ven mi persona, - dicen los _noys_ que pasan:--«es en Surrilla,» - lo mismo que si fuera de Barcelona. - Mas mi conciencia - ¿qué cree de Barcelona? - ¿qué de Valencia? - - - III. - - Faro de isla cercado de guardabrisas, - camarin alfombrado de minutisas, - ajimez festonado con ramos de oro, - joyel que de cien reinas guarda el tesoro, - sultana de pensiles cultivadora, - latina, provenzala, cristiana y mora, - Valencia es un compendio de los primores - con que ornó al mundo la Omnipotencia, - cuna de silfos, nido de amores, - patria de bardos y trovadores, - vergel poblado de ruiseñores, - pomo de esencia, - jarron de flores: - eso, señores, - eso es Valencia. - Mas Barcelona - es la muchacha alegre de la montaña, - sana, robusta y ágil: que, rica obrera, - de un blason que mancilla servil no empaña - y un condal nobilísimo féudo heredera, - tiene al pié de un peñasco que la mar baña - y de un aro de montes trás la barrera, - un campo con mil torres para cabaña, - por toldo y guardabrisa la cordillera, - por taller la más rica ciudad de España, - por mercado las plazas de España entera; - y obrera que de estirpe noble blasona, - da á la historia de España su prez guerrera, - el floron más preciado de su corona, - el cuartel más glorioso de su bandera. - Artesana, que ciñe condal corona, - en el taller sin penas trabaja y canta: - con hilos y alfileres hace primores; - en un puño de tierra cultiva y planta - viñedos y olivares que, en vez de flores, - en sus breñas y cerros, lomas y alcores - diestra escalona, - cuida y abona - con cien labores: - eso, señores, - es Barcelona. - - - IV. - - Valencia es la florida puerta del cielo, - el balcon por donde abre la aurora el dia: - Dios por él de la España bendice el suelo - y la salud, la gracia y el sol la envia. - - Valencia es un florido pensil modelo, - mansion de los deleites y la alegría, - á quien sirve de cerca, de espejo y velo, - á sus plantas echada, la mar bravía. - - Valencia está debajo del paraíso; - y cuando Dios le priva de su presencia, - por el balcon del alba, sin su permiso, - los ángeles se asoman á ver Valencia. - - Valencia es alkatifa de cien colores - de Dios tendida para una audiencia, - donde del cielo los moradores - de Dios derraman en la presencia - ramos de flores, - pomos de esencia: - eso, señores, - eso es Valencia. - Mas Barcelona..... - - Barcelona es la reina del mar Tyrreno, - cuyas ondas azules cubre de lona; - y á los hijos activos que da su seno - la posesion del mundo dar ambiciona. - - Barcelona es un águila de vuelo altivo, - fénix que, renaciendo de sus cenizas, - torna jardin su suelo duro al cultivo - y en palacios sus viejas casas pajizas. - - Barcelona, á quien nutre vital esceso, - late con los volantes de sus talleres, - se remonta en las alas de su progreso, - brilla con la hermosura de sus mujeres: - y cuando Dios se ausenta del paraíso - y duerme Barcelona de noche, al peso - del trabajo rendida, sin su permiso - baja un ángel por todos á darla un beso. - Porque del cielo los moradores, - miéntras los mundos Dios inspecciona, - al noble pueblo que en sí amontona - turbas de pobres trabajadores, - cuyo trabajo con Dios le abona, - como á una vírgen limpia de amores - cuya alma el cuerpo casto abandona, - del huerto Edénico - con lauro y flores - tejen los ángeles - una corona: - y esa, señores, - cae de sus manos - en Barcelona. - - - V. - - Valencia, más hermosa, más cortesana, - es más jóven, más libre, más Moslemina; - Barcelona es más hosca, ménos galana, - más morena, más séria, más Bizantina: - aquélla más coqueta, y ésta más llana. - - - Valencia afecta á veces ser campesina, - mas bravéa con humos de soberana: - y es una rubia y grácil hurí-cristiana, - que viste por capricho de tunecina. - - Valencia dice á todos que es hortelana, - y es una neerlandesa pálida ondina - que duerme en una rica concha perlina; - y del mar en la espuma blanca y liviana - canta á la arrebolada luz matutina, - vestida por capricho de valenciana. - - Barcelona es el cráter donde fermenta, - con el hierro fundido y el tufo denso, - el espíritu hermano de la tormenta - que se pasea, de ellas sin tener cuenta, - sobre el móvil abismo del mar inmenso. - - Valencia es la Hada núbil de la alegría - que respira de rosa y ámbar esencia; - la Vénus Afroditis del Mediodía, - de quien ver deja ignuda la gallardía - de un pudor algo moro la transparencia. - - Barcelona es Minerva ya desarmada; - cuyo manto, que lame la mar bravía - salpicando de perlas su orla murada, - lleva en lugar de armiños y pedrería - la greca de su vuelo y cáuda bordada - con rieles y máquinas de ferrovía, - con espolones, hélices y anclas de Armada. - - Valencia, alméa grácil y encantadora, - trova, canta, recita, danza y se espresa - en voz, accion y gracia tan seductora, - que atrae, fascina, embriaga, turba, embelesa, - magnetiza, avasalla, rinde, enamora, - y en tierra con las almas da por sorpresa. - - Barcelona, valiente, ruda payesa - con timbres y con fueros de gran señora, - labra, teje, cultiva, destila, pesa, - funde, lima, taladra, cincela y dora; - y ejemplar solo de alta noble condesa - con corazon de obrera trabajadora, - con el trabajo nunca de latir cesa: - y apresurada siempre trás árdua empresa, - hierve como encendida locomotora: - cuando se mueve, asombra; cuando anda, pesa: - respira fuego y humo cual los volcanes, - y estremece la tierra, como si dentro - de ella fuera la raza de los titanes - queriendo de la tierra cambiar el centro. - - - VI. - - Barcelona y Valencia son dos hermanas, - pero una es blanca y rubia y otra morena: - son por naturaleza dos soberanas; - pero la una celeste, la otra terrena. - Valencia es la versátil hija del cielo, - á quien Dios por herencia dió un paraíso; - Barcelona, hija de Eva, vive en anhelo - de tornar por sí misma su estéril suelo - en el Edén que el cielo darla no quiso. - - - VII. - - Yo idolatro á Valencia por su hermosura, - su luz, su poesía, la donosura - de su gente, sus usos, trajes y aliños; - y de un amor primero con la fé pura, - la doy de hijo y amante los dos cariños. - - Pero amo á Barcelona por tiranía - de ley inevitable de mi destino: - Dios condenó al trabajo la vida mia; - morir sobre el trabajo tengo por sino. - - Barcelona trabaja... y á su existencia - el trabajo da fuerza, pan y alegría: - que me dé cuando espire tumba Valencia, - pan Barcelona, miéntras mi inteligencia - Dios alumbre y mis ojos la luz del dia. - - - VIII. - - Olvidaba que entre ambas hay diferencia: - no en la tierra, en el cielo; pero os aviso - que es secreto que á solas fiarme quiso - el buen ángel que alumbra mi inteligencia. - - La diferencia es esta: pero es preciso - que Valencia lo ignore; cuando en ausencia - de Dios se quedan dueños del paraíso - y con la luz del alba, sin su permiso, - los ángeles se asoman á ver Valencia.... - es porque á Barcelona Dios en persona - baja en el sol, y absorto de complacencia - se olvida de los ángeles en Barcelona. - - -_Esta obra es propiedad de su Autor, el que perseguirá ante la ley á -quien la reimprima en todo ó en parte sin su consentimiento._ - - - - - -End of Project Gutenberg's Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO *** - -***** This file should be named 53294-8.txt or 53294-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/2/9/53294/ - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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José Zorrilla. - </title> - <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> - <style type="text/css"> - -body { - margin-left: 10%; - margin-right: 10%; -} - - h1,h2,h3,h4{ - text-align: center; /* all headings centered */ - clear: both; - line-height: 2; -} - -h1 {margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} - -h2 {margin-top: 4em; margin-bottom: 1em;} - -h3 {margin-top: 4em; margin-bottom: 1em;} - - -p { - margin-top: .75em; - text-align: justify; - margin-bottom: .75em; - } - - .p2 {margin-top: 2em;} - .p4 {margin-top: 4em;} - .p6 {margin-top: 6em;} - -.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ - /* visibility: hidden; */ - position: absolute; - left: 92%; - font-size: small; - text-align: right; - /* not bold */ - font-weight: normal; - /* not italic */ - font-style: normal; - /* not small cap */ - font-variant: normal; -} /* page numbers */ - -.poetry-container -{ - text-align: center; - font-size: 95%; -} - -.poetry - { - display: inline-block; - text-align: left; - } - -.poetry .stanza -{ - margin: 1em 0em 1em 0em; -} -.poetry .stanza1 -{ - margin: 1em 0em 2.5em 0em; -} -.poetry .line -{ - margin: 0; - text-indent: -3em; - padding-left: 3em; -} - -.poetry .i1 {margin-left: 1em;} -.poetry .i8 {margin-left: 8em;} -.poetry .i5 {margin-left: 5.5em;} -.poetry .i4 {margin-left: 4.5em;} - -/* Footnotes */ - -.footnote {margin-left: 10%; margin-right: 10%; font-size: 0.9em;} - -.footnote .label {position: absolute; right: 84%; text-align: right;} - -.fnanchor { - vertical-align: super; - font-size: .8em; - text-decoration: - none; -} - -.center {text-align: center;} -.right {text-align: right; padding-right: 4em;} -.rightc {text-align: right; padding-right: 8em;} -.large {font-size: large;} -.medium {font-size: medium;} -.smcap {font-variant: small-caps;} -.i2 {margin-left: 2em; padding-right: 2em;} - - -hr { - width: 33%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - margin-left: auto; - margin-right: auto; - clear: both; -} - - - -hr.tb {width: 15%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} -hr.chap {width: 25%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} - - -/* Transcriber's notes */ -.box {margin: auto; - margin-top: 2em; - border: 1px solid; - padding: 1em; - background-color: #F0FFFF; - width: 25em;} - -table { - margin-left: auto; - margin-right: auto; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; -} - - .tdl {text-align: left;} - .tdlp {text-align: left; padding-right: 1em} - .tdlt {text-align: left; vertical-align: top;} - .tdr {text-align: right;} - -@media handheld -{ - body - { - margin: 0; - padding: 0; - width: 90%; - } - - .box { - width: 75%;} - - hr.tb - { - width: 10%; - margin-left: 47.5%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - } - - hr.chap - { - width: 20%; - margin-left: 42.5%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - } - - .poetry - { - margin: 2em; - display: block; - } - - -} - </style> - </head> - -<body> - - -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Recuerdos Del Tiempo Viejo - -Author: José Zorrilla - -Release Date: October 16, 2016 [EBook #53294] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO *** - - - - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - -</pre> - -<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br /> - Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> - - Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/> -La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p> - - -<h1>RECUERDOS<br /> -<span class="medium">DEL</span><br /> -TIEMPO VIEJO</h1> -<p class="center">POR</p> - -<p class="center p4 large">D. JOSÉ ZORRILLA.</p> - -<p class="p4 center">BARCELONA.<br /> -IMPRENTA DE LOS SUCESORES DE RAMIREZ Y C.<sup>A</sup><br /> -Pasaje de Escudillers, número 4.<br /> -1880.</p> -<hr class="chap" /> - - - -<p class="p6">Este libro no necesitaba prólogo: la carta del señor -Velarde, con la cual va honrado, y la primera mia, -contestacion á ella, justifican la publicacion en <i>El -Imparcial</i> de los artículos cuya coleccion forma el -texto de este volúmen; y el motivo de coleccionarlos -en él, es la demanda que de su coleccion me han -hecho los amigos que me leen y los libreros que me -venden.</p> - -<p>Y que no se me ofenda ningun librero, ni se me engalle -ningun Académico por esta frase: porque se dice que -se lee y que se vende á Quevedo ó á Valera cuando se -leen y se venden sus obras: lo mismo me sucede á mí; -unos me leen y otros me venden; y si los que me venden -no me vendieran, no me leerian los que me leen, y yo -publico este libro por agradecimiento á los unos y á los -otros.</p> - -<p>La razon y la escusa de lo que en él de mí mismo -digo, van tambien alegadas en su relato; pero de las -circunstancias en que le he escrito y del motivo de imprimirle -dividido en dos partes y no en Madrid sinó en -Barcelona, me conviene, aunque necesario no sea, decir -cuatro palabras; siquiera no encuentren cuatro lec<span class="pagenum"><a name="Page_ii" id="Page_ii">[ii]</a></span>tores -á quienes leérmelas interese, ni media docena que -en leérmelas se complazcan.</p> - -<p>Un 27 de Junio, á las siete de la mañana, entró la -muerte calladamente en mi casa, y dispersó con su -guadaña una familia, para cuya reunion habia yo trabajado -mucho tiempo y agotado mis ahorros. En el inmenso -y legítimo duelo en que aquella muerte dejaba -sumida mi casa, en cuyo escondido hogar me habia ya -sumido modestamente <i>á vivir en el olvido y á morir en -paz con Dios</i>, quedábame por solo recurso y por última -esperanza el resto de las dos veces mermada pension, -que en 1871 me habia concedido el Gobierno, cuyo ministro -de Estado era el Excmo. Sr. D. Cristino Martos; -pero llegado el ocho de Julio, y transcurrido el nueve, y -pasado el diez, y visto que la libranza en que de Roma -debia venir mi mensualidad vencida no venia, telegrafié -á mi apoderado en la capital del Orbe Cristiano, -preguntándole por ella. ¡Ay de mí! con mi telegrama -se cruzó la carta suya, en que me participaba que por -causa de economías inexcusables en la Administracion -de los Lugares Píos españoles en Italia, mi comision -habia sido suprimida: en consecuencia y ajustadas por -él mis cuentas con aquella piadosa Administracion, me -remitia los últimos sesenta y cinco duros que me restaban -que cobrar hasta la fecha de la supresion de mi -sueldo.</p> - -<p>Quedéme yo con la libranza delante de los ojos, el -verano delante de mí y detrás de mí los siete individuos -de mi familia; y el ministro de Estado en los ba<span class="pagenum"><a name="Page_iii" id="Page_iii">[iii]</a></span>ños, -y el de Fomento en sus haciendas, y el Sr. Cánovas -mi amparador en Cotterets, y en Francia mi paño -de lágrimas el Capitan General Jovellar; quien en tales -casos molesta por mí á todos los ministros, y no pierde -ocasion ni perdona empeño por sacarme del mio. La -moda, que deja á Madrid desierto durante el verano, -me dejaba á mí en Madrid como en medio del Sahara: -la tierra bajo mis piés, el cielo sobre mi cabeza, mi esperanza -en Dios, y Dios tras el velo azul del aire; que -es impenetrable cortinaje del pabellon que le guarda de -las miradas de los hombres. ¿Cómo pasé yo aquellos -tres meses?</p> - -<p>No puedo hacer al tiempo volver atrás: no puedo -quitarme de encima ni uno solo de mis sesenta y cuatro -años: no puedo hacer volver á mis manos el capital -pagado por las deudas de mi herencia paterna, ni lo -por mí gastado en vivir bien ó mal: no puedo rescindir -los contratos de venta de mi <i>Don Juan</i> ni de mi <i>Zapatero -y el Rey</i>, escritos cuando la ley de propiedad no -existia: esta ley no tiene efecto retroactivo ni protege -mi propiedad por lesion enorme: y no puedo pedir limosna -en España, sinó poniéndome al pecho un cartel -que diga: «este es el autor de <i>Don Juan Tenorio</i>, que -mantiene en la primera quincena de Noviembre todos -los teatros de verso de España y América;»—pero para -esto seria preciso que yo esplicase cómo el autor de tal -obra podia pedir limosna; cosa muy fácil de esplicar, -pero muy difícil de comprender.</p> - -<p>Antes de pedirla escribí á mis editores de Barcelona,<span class="pagenum"><a name="Page_iv" id="Page_iv">[iv]</a></span> -los Sres. Montaner y Simon, dándoles cuenta de la -suspension de mi sueldo y pidiéndoles trabajo en su -casa. Los Sres. Montaner y Simon me contestaron que -«los editores no tenian en su casa trabajo digno de mí: -pero que los amigos me enviaban adjunta una letra contra -su corresponsal.» El Arzobispo de Valencia, de cuya -ciudad soy hijo adoptivo, partió conmigo la limosna de -sus pobres; el empresario del Teatro Español me ofreció -una cantidad que jamás pude cobrar en contaduría; y -al volver á Madrid el Sr. Conde de Toreno, ministro de -Fomento, me presenté en su antecámara, en la cual no -me detuvo ni un minuto. Expúsele en dos palabras mi -posicion: asombróse de ella, confesándome que estaba -muy léjos de imaginársela tal; y prometiéndome exponerla -en consejo de ministros, en la primera ocasion, -me dió cita para el dia siguiente en el gabinete del señor -Cárdenas, Subsecretario, con quien iba inmediatamente -á consultar un medio de venir en mi auxilio. Al -dia siguiente el Sr. Cárdenas, con una delicadeza y un -tacto que no podré jamás olvidar, me dijo: «que el señor -Conde de Toreno, sabiendo que para continuar ciertos -trabajos legendarios en que me ocupaba, necesitaria -hacer algun viaje á alguna biblioteca ó archivo de provincia, -me daba por su mano una pequeñez para ayuda -de gastos,» y puso en la mia un bono de dos mil pesetas -contra el Tesoro.</p> - -<p>Pero miéntras todas estas cosas pasaban, habia pasado -otra, principal engendradora, orígen y causa más inmediatos -de la confeccion de lo en este libro compaginado. -<span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span> -El Sr. D. Federico Balart, á quien suelo pedir opinion -y consejos sobre mis obras ántes de publicarlas, y á -quien voy ahora muchas veces á distraer de una mortal -pesadumbre con mi escéntrica conversacion y mis ideas -estrafalarias, habia ido á hablar en mi favor al propietario -de <i>El Imparcial</i>. El Excmo. Sr. D. Eduardo -Gasset y Artime me abrió su casa, sus brazos y las columnas -del <i>Lúnes</i> de su periódico, pagándome mis artículos -en más de lo que valen; el Sr. Ortega Munilla, -Director de los <i>Lúnes</i>, me hizo la distincion de colocármelos -inmediatamente despues de su semanal revista, y -en la redaccion de <i>El Imparcial</i> encontré una nueva familia, -que aceptó mi compañía con cariño tan afectuoso -y tan respetuosa cordialidad, que me hicieron subir á -los ojos dos lágrimas de gratitud, que no pudieron ya -sostener las ralas hebras que me restan de mis ántes espesas -pestañas.</p> - -<p>Miéntras, gracias al Sr. Gasset y Artime, volvia á contar -con el pan cotidiano, pasó al ministerio de Estado el -señor Conde de Toreno, volvió del extranjero el Sr. Presidente -del Consejo de ministros, y falleció el del Congreso, -Adelardo Lopez de Ayala.—Pocos dias despues -del entierro de éste, el Sr. Cánovas del Castillo, cuya -casa he tenido siempre abierta y cuya amistad nunca se -ha desmentido, me envió una carta para el ministro de -Estado; á cuya presentacion el Sr. Conde de Toreno me -dijo: «por el correo de hoy va á Roma la órden de continuar -pagando á V. su sueldo; pero tengo el sentimiento -de haber tenido que mermar de él doce mil reales, por -<span class="pagenum"><a name="Page_vi" id="Page_vi">[vi]</a></span>que -las economías ya hechas en la Administracion de -los Lugares Píos, no me han permitido devolverle los -treinta y seis mil reales que ántes cobraba.»—Recibí con -gratitud lo que se me daba, y me volví á mi casa, no -ya como ántes resuelto</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line">á vivir en el olvido</div> -<div class="line">y á morir en paz con Dios,</div> -</div></div></div> - -<p>como mi edad y la conveniencia de retirarme ya de la -arena literaria me lo exigian, sinó decidido por necesidad -á luchar otra vez con la vida y á morir sobre el trabajo; -á lo que parece que me condenan mis viejos pecados y -las nuevas economías de los Lugares Píos. Ya varias -veces en algunos periódicos, que no sé por qué me son -hostiles, se me ha echado en cara el <i>no saber retirarme -á tiempo</i>; pero no me han dicho á dónde; puesto que -saben que no puedo retirarme á un monasterio. Ya me -habia yo retirado á mi casa, y hacia ya año y medio que -rehusaba presentarme hasta en el ateneo, donde tántas -consideraciones se me han tenido y tántos aplausos se -me han prodigado: pero al retirarme el gobierno el -sueldo con que únicamente podia retirarme como se me -aconsejaba, tuve yo por mejor consejo volver al trabajo -y vivir honradamente de él miéntras con él sustentarme -pueda, que dejarme morir de inanicion y de -pesadumbre por dar gusto á los ya no le tienen de que -viva yo entre la gente, porque conceptúan que sesenta -y cuatro años son demasiada larga vida para un hombre -á quien aun hay algunos que estiman y aplauden.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span> -Pero juguemos limpio y hablemos claro por última -vez. Yo no he pedido amparo al gobierno para mi vejez -alegando mérito alguno en mis obras, ni yo he dicho á la -nacion ni al gobierno que tuviesen <i>obligacion</i> de ampararme: -no: pero he propuesto esta cuestion.—«Mis -obras, que son tan malas como afortunadas, han enriquecido -á muchos, y mi <i>Don Juan</i> mantiene en el mes -de Octubre todos los teatros de España y las Américas -Españolas, ¿es justo que el que mantiene á tantos muera -en el hospital ó en el manicomio, por haber producido -su <i>Don Juan</i> en tiempo en que aun no existia la ley de -propiedad literaria?»</p> - -<p>Y el gobierno ante quien espuse esta cuestion me -subvencionó sobre los fondos de los Lugares Píos españoles -en Roma, y mi subvencion tiene el carácter piadoso -y de limosna con el que yo la pedí, sin que por -ello me crea ni deshonrado ni humillado: y miéntras -con ella he vivido, en lugar de echarme á dormir sobre -mis doradas pajas, he entregado concluido en 1873 á -los editores Montaner y Simon mi leyenda del Cid que -consta de diez y nueve mil versos, y mi leyenda de los -Tenorios que tiene ocho mil; y hoy cuando lo que de mi -subvencion me resta no me basta por la posicion en que -mi reputacion me coloca, recojo los últimos destellos de -mi decadente ingenio, los últimos alientos de mis cansados -pulmones, y los últimos átomos de honra y de brío -que en el corazon me restan, y me arrojo otra vez en -los brazos del trabajo, en vez de arrojarme por el balcon, -ó en el fango de la holgazanería á quejarme de la -<span class="pagenum"><a name="Page_viii" id="Page_viii">[viii]</a></span> -nacion y de sus gobiernos, á quienes no alcanza ni obligacion -ni responsabilidad alguna en la posicion en que -me han colocado mis circunstancias personales y mis -negocios de familia.</p> - -<p>Díme, pues, al trabajo, y entré en el del periodismo; -que es el más rudo por ser el más perentorio y -asíduo, el más expuesto á la crítica y el más coartado y -riesgoso por la estrechez de la ley de imprenta, que -suele tener que regir en nuestro inquieto país; y siguiendo -á medias por no poderlo seguir por entero el consejo -de los que retirarme me aconsejaban, me retiré al segundo -recinto del alcázar de las Bellas Letras, descendí -de sus salones de su piso principal á su piso bajo con -puerta y vistas al patio; es decir, que me retiré del gremio -de los poetas y renunciando á la poesía, me despedí -del público de Madrid en un romance cuyos versos -son los últimos que he escrito, no volví á presentarme -como versificador ni como lector en acto alguno público -y anuncié que iba á escribir en prosa; comenzando á devanarme -los sesos en discurrir cómo servir con mi prosa -los intereses del Sr. Gasset y Artime, y algun manjar -no indigesto á los suscritores de <i>El Imparcial</i>.</p> - -<p>La primera carta del bravo Velarde me dió pié para -contar lo pasado en el cementerio al borde de la tumba -de Larra: y por este recuerdo, como quien tira de un -hilo de una madeja enredada, fuí yo tirando de mis -pobres recuerdos del tiempo viejo, hasta formar con -ellos el mal devanado ovillo de lo contenido en este libro.—Viejo -é ignorante, no supe escribir más que mis -<span class="pagenum"><a name="Page_ix" id="Page_ix">[ix]</a></span> -personales memorias: los lectores de <i>El Imparcial</i>, tal -vez sorprendidos de leerme en prosa, tal vez pagados de -la anticuada construccion de la mia, y acaso más que de -lo que yo en ella decia, de la ingenuidad algo infantil -con que yo lo iba diciendo, encontraron entretenidos -mis artículos del <span class="smcap">TIEMPO VIEJO</span>: unos porque refrescaban -los suyos, y otros porque no habiendo alcanzado la -época de que en ellos hablo, ó lo que en ellos traigo á -cuento ignoraban, ó lo habian oido contar de muy diferente -modo.</p> - -<p>Como quiera que fuere, miéntras los publicaba en el -periódico, recibí varias cartas, unas anónimas y otras firmadas, -en las cuales algunos me aconsejaban que coleccionase -mis artículos; y el Sr. Gasset y Artime, renunciando -generosamente en mi favor sus derechos á la -propiedad de mi por él tan bien pagado trabajo, me -otorgó omnímoda y perpétua facultad para hacer de él -lo que más me conviniera.—El Sr. Ortega Munilla se -ofreció espontáneamente á ayudarme en tal publicacion -y se ocupaba ya de sus preliminares pormenores, cuando -ocurrieron á la par su desastrada caida del caballo y -mi impensado viaje á Barcelona: cuyos dos imprevistos -acontecimientos me obligan á publicar este libro en la -capital del Principado y no en la coronada villa.</p> - -<p>Pero ¿por qué? ¿A qué vine yo á Barcelona por siete -dias y por qué me quedo en ella por siete meses?</p> - -<p>En uno y medio que en ella llevo no he tenido tiempo -hasta hoy de hacerme tal pregunta, y voy á ver si -averiguo alguna razon que me sirva de respuesta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_x" id="Page_x">[x]</a></span> -A pesar de mi necesidad de descanso, de la tenacidad -con que há cerca de dos años que rehuso toda invitacion -á presentarme en público, y á pesar, en fin, de mi -deseo de complacer á los que me dicen «retírese V.», es -decir, «quítese V. de en medio», aun hay algunos que -recordando mis mejores años y olvidando los transcurridos, -me buscan y me solicitan con la vana ilusion de -que aun puedo, como en otro tiempo, cooperar en beneficio -de sus empresas; y el país en donde por mí -se conservan mas ilusiones y simpatías es en Cataluña -y sobre todo en Barcelona. Así que el 27 de Octubre -próximo pasado el empresario y el director de la compañía -de verso del teatro Principal de esta ciudad me -ofrecieron una indemnizacion por gastos de viaje, si -emprendia uno para enderezar y poner derecho sobre -la escena á mi buen <i>Don Juan Tenorio</i>; quien no sé -por qué no queria tenerse este año muy en equilibrio. -Tenia yo que abocarme con mis editores Montaner -y Simon, para tratar de poner tambien en pié de imprenta -á mi valiente Burgalés Rodrigo Diaz, que agarrado -al pupitre de mis editores, parece que tampoco -quiere dejarse meter en prensa; y con la esperanza -de matar dos pájaros de una pedrada, acepté la proposicion -del viaje á Barcelona; pero miéntras la libranza -del empresario llegaba á Madrid, y ciertos asuntos de -mi jóven amigo el pintor Padró, que debia de acompañarme, -se allanaban, se perdieron cuarenta y ocho horas -y llegué yo tarde para enderezar á mi rebelde y voluntarioso -<i>Don Juan</i>, y aún no he tenido tiempo para -<span class="pagenum"><a name="Page_xi" id="Page_xi">[xi]</a></span> -tener cinco minutos de conversacion con mis editores -del Cid; porque el pueblo Barcelonés, que no me habia -olvidado en los once años que he pasado ausente de -Cataluña, que se acordaba de que en Barcelona habia -yo tenido casa, y me habia <i>re</i>casado en su parroquia -de Santa Ana, y le habia leido muchos versos y me -habia dado muchas fiestas, en las cuales habia yo procurado -derramar toda la espansiva alegría de mi corazon -de muchacho y toda la poesía de mi desordenada imaginacion -de loco, creyendo que para mí el tiempo no habia -pasado y que no habian pasado por él ni por mí los -once años transcurridos, se empeñó en pedirme, como -quien pide peras al olmo, que hiciera y le dijera lo que -para él habia hecho y dicho cuando, con once años -ménos, aún tenia once partes de aliento más. Echó á un -lado á mi pobre <i>Don Juan</i>, y poniéndome en lugar suyo -sobre la escena, oyó mi palabra ronca con la cariñosa -atencion de una madre que escucha la respiracion de su -hijo que duerme; me colmó de aplausos, me coronó de -flores, no me dejó ni dormir ni trabajar á fuerza de obsequios -y convites; sus periódicos publicaron mi retrato, -las sociedades literarias se apoderaron de mí y enfloraron -el teatro catalan para escucharme; el Ateneo -me dió una velada y una primorosa medalla, y los Sucesores -de Ramirez pusieron á mi disposicion su magnífico -establecimiento tipográfico; y esta vuelta mia á -Cataluña fué la vuelta del hijo pródigo al paterno hogar, -y el pueblo Barcelonés me dijo: «Sorrilla, parla, -enrahona: ets á casa teva;» y cayó en gracia cuanto -<span class="pagenum"><a name="Page_xii" id="Page_xii">[xii]</a></span> -hice y dije, y se me abrieron todas las puertas y me recibieron -como á hermano en todas las familias: y hé -aquí cómo y por qué se imprimen en Barcelona estos -mis RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO.</p> - -<p>En ellos repito y amplifico lo que en este prólogo -apunto: ni se hasta dónde con ellos iré á parar, ni me -detendrá en mi marcha el temor de encontrarme al fin -de ella cara á cara con mis contemporáneos, despues -de haberme juzgado á mí mismo y á los que conmigo -abrieron las puertas á la revolucion política y literaria -del primer tercio de nuestra centuria. La ingenuidad -infantil y la sincera buena fé con que hasta aquí los he -escrito, creo que garantizan mi leal veracidad para el -porvenir: pero una vez que Dios prolonga mi vida hasta -los actuales y corrientes dias, á ellos pertenezco aún y -en ellos voy á vivir y de ellos voy á hablar y en ellos -voy á meter mi baza y voy por ellos á trabajar como -trabajé por los pasados; y espero en Dios que este trabajo -no me deshonrará, porque fio en la justicia de mi -pueblo español que me rodeará del respeto á que siempre -ha considerado acreedor á quien envejece y muere -sobre el trabajo, por no sucumbir á la miseria y deshonrarse -en la haraganería vergonzosa de los ingenios -vergonzantes por holgazanes.</p> - -<p>Para no hacer de estos recuerdos un libro demasiado -voluminoso, y en tan pequeños caractéres impreso que -resulte tan difícil como enojoso de leer y de tener en las -manos, lo he dividido en dos tomos pequeños. No teniendo -además la vanidad de creer que este miserable -<span class="pagenum"><a name="Page_xiii" id="Page_xiii">[xiii]</a></span> -y prosáico engendro mio, sea para mí la gallina de los -huevos de oro, y deseando saber el número de ejemplares -que necesito para mis lectores, y por el pedido del -primero regular la tirada del segundo, suplico á mis -suscriptores que hagan la suscripcion al segundo al recibir -ó comprar el primero, en el recibo que le acompaña.</p> - -<p>El tomo II llevará un apéndice nuevo en verso y -prosa; y toda la obra corregida y ampliada como permite -el libro y no admite el periódico, va dedicada al -mas moderno y al mejor y mas bravo de mis amigos.</p> -<hr class="chap" /> - - - - -<p class="p6 center"><i>Al Egregio Poeta</i></p> - -<p class="p4 center large">DON JOSÉ VELARDE</p> - -<p class="p4 center"><i>en prenda de amistad y agradecimiento</i>.</p> - -<p class="p4 rightc"><i>José Zorrilla.</i></p> - -<p class="p6 i2">Barcelona 1.º de Enero de 1881.</p> - - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>I.<br /> -EL POETA ZORRILLA.</h2> - - -<p>Era la tarde del 15 de Febrero de 1837. En el cementerio -de la puerta de Fuencarral, un numeroso -concurso se apiñaba en derredor de un jóven desconocido, -delgado, pálido, de larga cabellera y expresivos -ojos, que, acongojado y convulso, leia, ante -un féretro adornado con una corona de laurel, una sentida -poesía.</p> - -<p>El concurso lo formaba todo el Madrid artístico; el -féretro encerraba el cadáver de Larra; el poeta era -Zorrilla.</p> - -<p>Aquella tarde fria y nebulosa fué solemne; vió la -conjuncion de dos crepúsculos. Un sol se alzaba en el -oriente de la literatura al hundirse otro sol en el ocaso.</p> - -<p>A los desgarradores acentos de «La noche buena del -poeta», de Fígaro, último canto del cisne moribundo, -cuyos ecos aún extremecian el aire, se unieron los -acordes del arpa de Zorrilla, primeros cantos de la -alondra al alba.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span> -España, al perder al más grande de sus críticos, encontró -al más popular de sus poetas.</p> - -<p>Desde aquel dia, la Fama fatigada va dando á todos -los vientos el nombre del vate inmortal. Desde aquel -dia, sus estrofas sublimes palpitan en todos los labios, -y, como la voz divina, despiertan la inspiracion en el -alma de la juventud y la lanzan á la vida del arte.</p> - -<p>Poeta formado de las entrañas de su pueblo, sus -ideas, sus sentimientos, aunque universales por lo que -tienen de humanos, son ante todo españoles; tánto que -al vibrar su lira nos parece escuchar el acento de la -patria.</p> - -<p>Vário y múltiple en sus concepciones y en la manera -de expresarlas, ora arrebatado, elocuente y profundo, -ora tierno, sencillo y vulgar, siempre ameno, siempre -inesperado, siempre poeta, pulsa todas las cuerdas y se -reviste como Protéo de todas las formas para llegar á -todos los corazones.</p> - -<p>Tiene su poesía algo de la ola que se hace espuma, -de la luz que se quiebra en colores, de la flor que se -disuelve en aroma, algo, en fin, de lo bello, inmaterializándose -para confundirse en lo infinito; y es, que así -como la larva ha de trocarse en mariposa para volar, la -poesía ha de espiritualizarse para subir al cielo, que es -su patria verdadera.</p> - -<p>Hay una poesía que jamás envejece, que no puede -morir, que halla eco en todas las almas y hace latir al -unísono todos los corazones; lenguaje universal que -entienden el niño y el viejo, el ignorante y el sabio, y -es la poesía de la naturaleza.</p> - -<p>Y la naturaleza es la musa de Zorrilla, le da sus -colores, le presta sus armonías y encarna en sus versos -que nos repiten los gemidos del lago, las endechas del -<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span> -ruiseñor, los extremecimientos del trueno, y nos pintan -la nube que se tornasola, la espuma que bulle y el árbol -que florece.</p> - -<p>Zorrilla ha sido anatematizado por los retóricos que -jamás han previsto á los poetas ni los han comprendido, -preciándose de las medianías que siguen sus reglas y -odiando al génio que las deshace. Siguió cantando el -poeta y cayeron en el olvido las odas ampulosas, frias -y limadas, y surgió la poesía del sentimiento y se ensancharon -los horizontes del arte.</p> - -<p>¡Siempre la misma lucha entre el sabio y el poeta, y -siempre el poeta vencedor!</p> - -<p>Las murallas que guardan lo desconocido son de -cristal para el génio que penetra en el fondo de lo insondable. -La obra del sabio es perfectible, la del génio -perfecta; aquel aprecia los pormenores, éste abarca el -conjunto; el uno halla, el otro crea; el sabio, para meditar, -se inclina hácia la tierra; el poeta, cuando canta, -mira al cielo; y es que el uno no va más allá de lo humano, -y el otro se remonta á lo divino.</p> - -<p>Zorrilla venció. Hoy todos le respetan. Ni la envidia -le muerde, pues ni arrastrándose puede escalar la montaña -de laureles que le sirve de pedestal.</p> - -<p>¿Y cómo no respetarle, si las doradas ilusiones, los -dulces recuerdos y los sueños juveniles de nuestras dos -últimas generaciones están iluminados por el fuego de -la inspiracion del gran poeta? Sí; sus versos fueron lo -primero que balbucearon despues de las plegarias maternales; -y aquellas impresiones, como el troquel en el -metal, han dejado un sello imborrable en las almas.</p> - -<p>Poeta de la tradicion, á su mágico acento, los héroes -castellanos se alzan de sus sepulcros de piedra apercibidos -al combate; desfila la comunidad por el cláustro<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span> -sombrío de la gótica abadía, salmodiando sus preces al -rayo misterioso de la luna; aparece el castillo feudal -entre los riscos y breñas de la montaña; se coronan de -arqueros las almenas, suspira la hermosa castellana al -escuchar la enamorada trova; baja rechinando el puente -levadizo para dar hospitalidad al peregrino, y el terrible -señor de horca y cuchillo apresta su mesnada ó se lanza -venablo en mano, azuzando la jauría por el bosque -enmarañado persiguiendo al colmilludo jabalí. Ahora -surgen la tapada, el rodrigon ceñudo, la dueña mediadora -y el doncel galanteador; ahora se acuchillan en la -tortuosa callejuela dos rondadores de una misma dama, -á la luz mortecina de un retablo, ó bien se puebla de -cármenes y harenes la vega granadina, y resuenan en el -Generalife los ecos de la zambra, y el sarraceno corre -la pólvora, y, como sol entre nubes, asoma al calado -ajimez la hermosísima sultana exclareciendo el dia con -la luz de sus ojos.</p> - -<p>¡Qué poder el del génio! En vano curiosos eruditos -é historiadores concienzudos se afanan en dar á conocer -el verdadero carácter de D. Pedro de Castilla, en probar -la muerte del rey D. Sebastian en el inhospitalario -suelo de Africa, y en negar la vida borrascosa de Mañara, -ó sea de D. Juan Tenorio.</p> - -<p>¿Quiénes les han de creer? Para el pueblo, para todo -el mundo, no hay más D. Pedro de Castilla que el del -<i>Zapatero y el Rey</i>, ni otro D. Sebastian que el de -<i>Traidor, inconfeso y mártir</i>, y D. Juan Tenorio fué -sevillano y mató al Comendador, y amó á D.ª Inés, y -cenó con los muertos y se fué á la gloria; porque no ha -habido, ni hay, ni habrá jamás verdades más creidas, -más amadas y más libres del olvido que las creaciones -del génio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span> -Las obras de Zorrilla vivirán siempre. El fuego de la -inspiracion, que algunos creen fuego fátuo, es como -la lava que se endurece y adquiere la consistencia del -bronce para resistir al tiempo. A más, que la mano -del «Cristo de la Vega», al desclavarse para jurar, decretó -la inmortalidad de nuestro poeta.</p> - -<p>¿Cómo premia la patria los merecimientos de su exclarecido -hijo?</p> - -<p>Hoy que la edad le agobia y el trabajo le fatiga, le -ha retirado la modesta asignacion con que vivia y lo ha -abandonado á la miseria, sin duda para que ciña á un -tiempo á sus sienes la corona de laurel de la poesía y la -de espinas del martirio.</p> - -<p class="p2 right smcap">José VELARDE.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>II.<br /> - -<span class="medium">AL JÓVEN POETA</span><br /> - -D. JOSÉ VELARDE.</h2> - - -<p>Llegó á mis manos con retraso, porque vivo en el -retiro de mi hogar, por donde acaba de pasar la -muerte, el artículo que me dedicó V. en el número -de <i>El Imparcial</i>, del lunes 29 de Setiembre; -y he andado dos dias perplejo y caviloso, sin poder -hallar cómo darme por entendido de lo que de mí dice -V. en él. Corriendo empero, el tiempo, temiendo por -una parte que mi silencio le parezca descortesía, y no -queriendo por otra dar motivo á que el público crea -que, hinchado de vanidad, acepto, como buena y corriente -moneda, todas las extremadas excelencias que á -mis versos atribuye, me resuelvo á dar á V. simplemente -las gracias en cuatro palabras; que cuanto más le -parezcan vulgares, más han de parecerle sinceras.</p> - -<p>Yo soy, Sr. Velarde, lo único que he podido ser: lo -único que Dios ha querido que sea: un poeta español,<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> -hijo ignorante y desatalentado de la naturaleza, que ha -cantado á su patria, como ha podido; como los pájaros -cantan en la selva, como susurran las abejas al elaborar -sus panales; yo no me he jactado nunca de haber hecho -mas, y á mi presentacion en el Ateneo el año pasado, -lo dije en esta quintilla de mi <i>Canto del Fénix</i>:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Lo que hice, lo que dije, todo ese laberinto</div> -<div class="line">de versos que concentran la esencia de mi sér,</div> -<div class="line">de Dios son obra: un estro no pude haber distinto:</div> -<div class="line">yo obré y hablé sintiendo y hablando por instinto:</div> -<div class="line">ni supe hacer más que eso, ni pude más hacer.</div> -</div></div></div> - -<p>Esta mi poesía del <i>Canto del Fénix</i> es una respuesta -anticipada que yo dí á los primores con que V. en su -artículo tan cariñosamente me obsequia; y como sé -que V. la sabe de memoria, no necesito añadir una -palabra más; V. que va hoy á la cabeza de aquella á -quien yo llamé</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">estirpe generosa de la progénie nueva,</div> -</div></div></div> - -<p>creyéndome ya en el caso en que yo me ponia en la -penúltima estrofa de mi <i>Canto del Fénix</i>, que dice:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y si las tempestades que el porvenir amasa</div> -<div class="line">en mi país me obligan á mendigar mi pan,</div> -<div class="line">no dejes que en él nadie las puertas de su casa</div> -<div class="line">empedernido cierre, ó esquivo diga—«¡Pasa!»—</div> -<div class="line">al que mató á D. Pedro, al que salvó á D. Juan,</div> -</div></div></div> - -<p>saltó V. el primero á la arena á romper la primera -lanza en pró del viejo, en quien V. ve un gigante á -través del prisma del entusiasmo con que le mira. Gracias, -mil gracias, Sr. Velarde: ya sabia yo que la ju<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>ventud -literaria de la generacion que á la mia sigue, no -habia de abandonar nunca al poeta que no ha inculcado -más que amor á la patria, y respeto á las creencias y á -las tradiciones de sus padres.</p> - -<p>No puedo, sin embargo, permitir á su entusiasmo -juvenil, que atribuya á la patria el abandono en que -deja mi vejez la supresion de un sueldo, que á cargo de -los Lugares Píos Españoles de Roma se me concedió, -para llevar á cabo mi legendario del Cid y de otras -obras que me ha oido V. leer en el salon del Ateneo. -No, Sr. Velarde, no: la patria no tiene nada que ver en -esto; y nadie ménos que yo tendria razon para quejarse -de su patria, porque las economías necesarias en el -presupuesto del Ministerio de Estado hayan alcanzado -hasta mi ya mermada pension; la cual, si sola no podria -sacar de ningun apuro á la administracion de los Lugares -Píos Españoles de Roma, tal vez unida á las demás -economías hechas en Julio último pueda contribuir á -alguna obra perentoriamente necesaria para el decoro -nacional. <i>Suum cuique</i>, y dejemos á la patria en el buen -lugar que en este caso la corresponde.</p> - -<p>¿Qué es la patria? La tierra; la nacion, el lugar en -que se nace. Y como la nacion la forman los habitantes -de la tierra, la patria vive y se expresa por la vida y las -acciones de los ciudadanos de cada nacion. ¿Y cómo -ha tratado su patria al poeta Zorrilla? Como no ha tratado -nunca á ningun poeta, incluso al fénix de los -ingenios Lope de Vega; quien tal vez debió parte de -la gloria y los obsequios que su época le tributó á su -favor en la corte y al carácter que le imprimia su dignidad -sacerdotal. Yo no pertenezco á ninguna clase de -la sociedad, porque los poetas no estamos clasificados -en ninguna categoría social; no he pertenecido jamás á<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -ningun partido político, á ninguna Academia, ni á ningun -Instituto que haya podido alcanzarme favor con -poder alguno, y por consiguiente, nadie ha tenido interés -en aplaudirme ni en adularme.</p> - -<p>Yo me ausenté de mi patria en 1847 por razones que -á nadie importan: me fuí el 55 á América por pesares -y desventuras, que nadie sabrá hasta despues de mi -muerte, con la esperanza de que la fiebre amarilla, la -viruela negra ó cualquiera otra enfermedad de cualquier -color acabaran oscuramente conmigo en aquellas remotas -regiones. No quiso Dios que allá muriera. Su proteccion -visible me salvó de los naufragios, de las pestes -y de las guerras civiles; y cuando volví en 1866 á mi -patria, ¿cómo me recibió España? Como su padre amoroso -al hijo pródigo, como su santa familia á Lázaro el -resucitado, como Roma á los triunfadores, á quienes -coronaba en el Capitolio. Barcelona y Tarragona me -obsequiaron con regatas y fiestas de noche y dia; la -Universidad de Zaragoza renovó por mí una solemnidad -que sólo habia dedicado á los reyes de Aragon; Búrgos -y Valladolid me alfombraron de flores mi camino, y un -altar de la parroquia en que fuí bautizado está desde -entónces cubierto con cien coronas, para las cuales no -concebí mejor depósito. Valencia, despues de haberse -vuelto loca por mí, como una muchacha atolondrada -que se enamora de un viejo, me hizo su hijo adoptivo, -y yo la escribiré un libro con el cual espero probarla mi -gratitud. Granada se desbordó en entusiasmo en honor -mio en 1832 á la sola promesa de escribirla mi aún no -concluido poema; y aún se recuerda allí una representacion -de <i>Don Juan Tenorio</i>, al fin de la cual el beneficiado -Pepe Calvo, padre de Rafael, la empresa y yo, -convidando al público á la mesa á que habia venido la<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span> -estátua del Comendador, hicimos al capitan general, al -gobernador de la Alhambra y á las hermosas granadinas -comer todos los dulces y beber todo el Champagne -que habia en la ciudad. Amanecia ya, y ni autoridades -ni pueblo se daban cuenta de que nadie estaba en su -juicio ni en su lugar.</p> - -<p>Madrid, declarado en estado de sitio, y prohibida en -él la reunion pública de más de cinco personas, reunió -cuatro mil, para acompañarme á mi casa desde la estacion, -una mañana de Octubre de 1866. No pasa un -mes de Noviembre en que no haga en mi favor alguna -ruidosa demostracion en alguna representacion de mi -<i>Don Juan</i>: y el Ateneo, en fin, tomándome bajo su -amparo, ha abierto conmigo á la poesía sus salones, en -los cuales no habian penetrado aún más que las ciencias. -En resúmen, mi patria, representada por la sociedad, -no ha podido hacer más en España por un poeta, á -quien indudablemente estima en más de lo que vale, -sólo porque su poesía es la expresion del carácter -nacional y de las pátrias tradiciones.</p> - -<p>Cuando en 1859 la muerte le privó en la Habana de -un compañero, y destruyendo su fortuna con la de Cipriano -de las Cagigas, el Capitan general de la Isla, -D. José de la Concha, le colmó de atenciones y de -consuelos, y el banquero D. Manuel Calvo le alojó espléndidamente -en su tranquilo y salubre cafetal; procurándole -en él la soledad necesaria para el trabajo, y -salvándole la vida y el honor con los cuidados de su -amistad.</p> - -<p>El poeta Zorrilla, que es el que más debe á su patria, -representada por la sociedad de su época, es el que -ménos puede quejarse de ella, si la considera representada -por su Gobierno.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p> - -<p>Cuando en 1871 le pidió su proteccion para emprender -su <i>Leyenda del Cid</i>, obra de largo aliento, con la -cual queria corresponder á la excesiva reputacion que -por sus poco importantes trabajos se le habia acordado, -el Sr. D. Cristino Martos, Ministro de Estado entónces, -le dió una comision de archivos y bibliotecas en Italia; -pretexto tan visible como honroso para acordarle una -pension, que no podia tener nombre y carácter absoluto -de tal, por no haber antecedentes de que se hubiera -pensionado en España á ningun poeta; y acompañada -de una gentilísima carta autógrafa, le envió la credencial -de la Gran Cruz de Cárlos III, que constituia su -persona en una alta dignidad, y de cuya Excelencia -nadie se ha acordado nunca; porque á nadie se le -ocurre en España que el poeta Zorrilla sea más ni ménos -que el poeta Zorrilla, cuya larga intimidad con el -público autoriza ya á todo el mundo para tutearle y -llamarle Pepe.</p> - -<p>Hoy, que las perentorias economías de los Lugares -Píos de Roma me obligaron á pedir amparo al señor -Ministro de Fomento, escudándose con una carta del -Capitan general Jovellar, que honra á Zorrilla con su -amistad desde que se conocieron, ¿cómo ha recibido á -Zorrilla el Sr. Conde de Toreno? Hijo de aquel ilustrado -repúblico, que fué gloria del Parlamento y honra -de las letras, dió al poeta cuanto tenia facultades de -dar, miéntras discurria medio mejor de asegurar su -porvenir; y el Sr. Cárdenas allanó ante sus pasos todos -los difíciles que hay que dar en las oficinas del Ministerio -de Hacienda para el cobro de su interina subvencion.</p> - -<p>Los editores de Barcelona, Montaner y Simon, se -apresuraron á ofrecer los servicios de su amistad; un -ilustre prelado partió con él la limosna de los pobres<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> -de su diócesis, y V. mismo, Sr. Velarde, á la cabeza de -la juventud literaria de Madrid, inició <i>algo</i> que le agradece -en el alma y que no olvidará jamás el viejo poeta -desheredado.</p> - -<p>Empieza V. su artículo por un recuerdo de la tarde -del 15 de Febrero de 1837: un lunes le diré á V. de -aquel dia lo que nadie sabe: y entre tanto, conste que -cree que seria un loco y un ingrato si se quejara ni -exigiera más de su patria; pero que no teme que España -deje morir sin pan al viejo matador del rey D. Pedro, -al loco salvador de D. Juan Tenorio, su agradecido -autor el poeta,</p> - -<p class="p2 right smcap">José ZORRILLA.</p> - - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>III.</h2> - - -<p class="i2"><i>Sr. D. José Velarde</i>:</p> - -<p class="p2">Ofrecí á V., mi cariñoso amigo y generoso encomiador, -decirle algo del 15 de Febrero de 1837, y -no se me cuece el pan por cumplirle á V. mi oferta; -no sólo para que V. sepa á qué atenerse sobre -lo acontecido en aquel dia y especialmente en aquella -tarde, al viejo y asendereado poeta, á quien V. hoy -tánto encomia, sino para disipar la neblina de cuentos -y de pormenores absurdos en que los narradores vulgares, -los chistosos de oficio y los amigos indiscretos ó -pretenciosos han rodeado despues la verdad de lo que -en aquel dia sucedió. La gente meridional, y sobre todo -los españoles, tenemos la pretension de ser todos buenos -narradores; y cuando algo se nos cuenta, no lo repetimos -jamás sin añadir cada cual algo de su cosecha: -con cuya manía resulta que el hecho más sencillo, al -pasar por unas cuantas bocas, queda tan desfigurado, -que pueden contárselo como nuevo al primero que lo -relató, sin que éste reconozca ya lo relatado por él, en -la décima relacion del hecho, que en vez del suyo, corre -de boca en boca.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span></p> - -<p>Y hay otra circunstancia peor en este modo de narrar, -inherente tambien á nuestro país; y es, que la mayor -parte de los que, añadiendo pormenores á la narracion -de los hechos, convierten al fin las más sencillas -verdades en absurdas y fantásticas mentiras, llegan á -creerse estas de buena fé; y pueden jurar que han sido -de ellas parte ó testigos, alucinados por su fantasía meridional, -que les hace preferir á la deseada verdad la fábula -más fantástica é inverosímil.</p> - -<p>Hé aquí por qué, mi buen amigo Sr. Velarde, quisiera -yo contar á V. algunas cosas de aquel buen tiempo -viejo, que no está aún tan léjos de nosotros que de él -no vivan presenciales testigos, pero á quiénes el afan de -ponderar, ó de darse personal importancia, ha hecho -desfigurar de tal manera las cosas que en él pasaron, -que hay quien hoy me cuenta á mí de mí mismo lo -que jamás pasó, ni pudo pasar por mí; y yo callo y escucho, -convencido de lo inútil que seria intentar convencerle -de que yo, y no él, soy quien debe saber la -verdad; pero vamos al 15 de Febrero de 1837.</p> - -<p>Permítame V. que le recuerde á vuela pluma los ensayos -por que pasé, ántes de representar mi papel en la -escena del cementerio.</p> - -<p>Metióme mi padre á los nueve años en el Real Seminario -de Nobles, establecido por los jesuitas en el -edificio que es hoy, en la calle del Duque de Alba, -cuartel de la Guardia civil, y trasladado en 1828 al que -hoy es hospital militar, en la calle de la Princesa. Tengo -para mí que la idea de los buenos padres de la Compañía -de Jesús, al establecer un colegio tan lujoso y -tan privilegiado, para entrar en el cual era preciso hacer -pruebas de nobleza, fué la de tener más tarde por -discípulos á los hijos de todas las familias nobles, im<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span>portantes -ó influyentes de España; como quiera que -fuese, halléme yo allí condiscípulo de los primeros títulos -de Castilla, y recibí una educacion muy superior á la -que hasta entónces solian recibir los jóvenes de la clase -media; mi padre era el primero de mi familia que, saliendo -de nuestro modesto solar de Torquemada, habia -por sus estudios llegado á un honroso puesto en la alta -magistratura.</p> - -<p>En aquel colegio comencé yo á tomar la mala costumbre -de descuidar lo principal por cuidarme de lo accesorio: -y negligente en los estudios sérios de la filosofía -y las ciencias exactas, me apliqué al dibujo, á la esgrima -y á las bellas letras, leyendo á escondidas á Walter -Scott, á Fenimore Cooper y á Chateaubriand, y cometiendo -en fin á los doce años mi primer delito de escribir -versos. Celebráronmelos los jesuitas y fomentaron -mi inclinacion; díme yo á recitarlos, imitando á los actores -á quienes veia en el teatro, cuando alguna vez iba -al del Príncipe, que presidian entónces los alcaldes de -casa y corte, cuya toga vestia mi padre; híceme célebre -en los exámenes y actos públicos del Seminario, y llegué -á ser galan en el teatro en que se celebraban estos, -y se ejecutaban unas comedias del teatro antiguo, refundidas -por los jesuitas; en las cuales, atendiendo á la -moral, los amantes se transformaban en hermanos, y -con cuyo sistema resultaba un galimatías de moralidad -que hacia sonreir al malicioso Fernando VII y fruncir el -entrecejo á su hermano el infante D. Cárlos, que asistian -alguna vez á nuestras funciones de Navidad. Don -Cárlos enviaba á sus hijos á nuestras aulas y á cumplir -con la iglesia en nuestra capilla; á la cual habia enviado -Su Santidad Gregorio XVI su bendicion y los cuerpos -de cera de dos santos jóvenes mártires, degollados<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span> -en Roma en tiempos de no recuerdo qué mónstruo -imperial, cuyas figuras degolladas me daban á mí tal -miedo, que no pasé jamás de noche por delante de la -capilla en cuyos altares laterales yacian.</p> - -<p>Salió mi padre desterrado de Madrid y Sitios Reales -el 1832, y yo del Seminario el 33. Murió á poco el Rey -Don Fernando VII. Sopló la revolucion; encendióse la -guerra civil, envióme mi padre desde su destierro de -Lerma á estudiar leyes á la Universidad de Toledo, donde -siguiendo mi mismo sistema del Seminario, en vez -de asistir asíduamente á la Universidad, me dí á dibujar -los peñascos de la Vírgen del Valle, el castillo de San -Servando y los puentes del Tajo; y vagando dia y noche -como encantado por aquellas calles moriscas, aquellas -sinagogas y aquellas mezquitas convertidas en templos, -en vez de llenarme la cabeza de definiciones de -Heinecio y de Vinnio, incrusté en mi imaginacion los -góticos rosetones y las preciosas cresterías de la Catedral -y de San Juan de los Reyes, entre las leyendas de -la torre de D. Rodrigo, de los palacios de Galiana y del -Cristo de la Vega, á quien debo hoy mi reputacion de -poeta legendario.</p> - -<p>Mi tio, el prebendado á cuya casa me habia enviado -mi padre, que habia creido recibir en ella á un pajecillo -que le ayudara á misa y le acompañara al coro llevándole -el paraguas y el breviario, se escandalizó de que yo -leyera á Víctor Hugo; á quien él confundia, sin que lograra -yo sacárselo de la cabeza, con Hugo de San Víctor, -expositor de Sagrada teología, de quien él suponia -que los franceses habrian encontrado algunos versos -inéditos; tomó muy á mal mi amistad con algunos estudiantes -de la alta sociedad de Madrid, que como Pedro -Madrazo eran condiscípulos mios de colegio, y conclu<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>yó -por escribir á mi padre que yo no era más que un -botarate, que más <i>iba para pinta-monas</i> que para abogado, -segun los papelotes que llenaba de piedras, de -torres y de inscripciones ya en posesion de los buhos y -cubiertas de telarañas.</p> - -<p>No pluguieron mucho á mi padre los informes del prebendado -toledano; y al año siguiente me envió á continuar -mis estudios á Valladolid, bajo la inspeccion de un -procurador de aquella Chancillería, y la proteccion del -Rector de la Universidad, el ilustrado D. Manuel Tarancon, -Obispo despues de Córdoba y muerto Arzobispo -de Sevilla. Hícelo yo allí mucho peor que en Toledo; -y evocando mis recuerdos de niño en la ciudad -donde habia nacido, y encontrándome otra vez á Pedro -Madrazo en aquella Universidad, continué dándome á -estudiar piedras, ruinas y tradiciones, ayudado por los -periódicos y publicaciones literarias que recibia de Madrid -Pedro Madrazo; cuya casa era entónces emporio -del arte, donde brillaban ya los cuadros de su hermano -Federico, y donde Ochoa tenia la redaccion de <i>El Artista</i>, -el primer periódico literario é ilustrado de España.</p> - -<p>Atraquéme, pues, de Casimire de la Vigne, de Víctor -Hugo, de Espronceda y de Alejandro Dumas, de -Chateaubriand y de Juan de Mena, y del Romancero y -de Jorge Manrique, y no pude digerir cuatro páginas del -Heinecio, ni de las Pandectas: en vista de lo cual, el -procurador á quien por él estaba encargado, escribió á -mi padre punto más de lo escrito por el prebendado: -esto es, que yo no era más que un holgazan vagabundo, -que me andaba por los cementerios á media noche -como un vampiro, que me dejaba crecer el pelo como -un cosaco, y que era, en fin, amigo de los hijos de los<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -que no lo habian sido nunca de mi padre, como Miguel -de los Santos Alvarez. Parece que su padre y el mio, -ambos abogados relatores en otro tiempo de la Chancillería, -realista mi padre y liberal el de Alvarez, no se -habian mirado nunca de buen ojo. Los hijos, inconscientes -y ajenos de las divisiones de los padres, nos -amamos de mozos, y aún somos amigos en la vejez: -cuestion de los tiempos y de los caractéres.</p> - -<p>Enojóse mi padre, y con razon, con las noticias del -bilioso procurador; gané yo curso por favor del Sr. Tarancon, -y díjome mi padre, al enviarme por tercera -vez á la Universidad de Valladolid: «tú tienes traza de -ser un tonto toda tu vida, y si no te gradúas este año de -bachiller á cláustro pleno, te pongo unas polainas y te -envio á cavar tus viñas de Torquemada.» Era mi padre -muy hombre para hacer tal con su hijo; pero ya era yo -hombre perdido para los estudios sérios: odiaba á Justiniano -y se me daba una higa de todos los doctores <i>in -utroque</i> de todas las Universidades de España: adoraba -en sueños á García Gutierrez, á Hartzenbusch y á Espronceda; -y ver una obra mia impresa, y apretar la mano -de amigo á estos ilustres poetas, me parecia destino -de más prez que el de llegar á ser un Floridablanca; <i>el -demonio</i> de la poesía estaba ya posesionado de todo mi -sér; y con disgusto de Tarancon y estupefaccion del -procurador, anuncié redondamente que así me graduaria -yo á cláustro pleno aquel año, como que volaran bueyes. -Metiéronme, pues, en una galera, que iba para Lerma, -á cargo del mayoral: pensé yo en el camino que mi vida -en mi casa no iba á serme muy agradable; y sin pensar -¡insensato! en la amargura y desesperacion en que -iba á sumir á mi desterrada familia, en un descuido del -conductor, eché á lomos de una yegua, que no era mia<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span> -y que por aquellos campos pastaba, y me volví á Valladolid -por el valle de Esgueba, que era otro camino -del que la galera habia traido.</p> - -<p>Sirvióme mucho la equitacion que en el colegio me -enseñaron, porque la yegua era reacia y antojadiza; mas -no me convenia en modo alguno dejarla volverse á la -querencia de su establo, y entré sobre ella en Valladolid -al anochecer, donde la vendí: y acomodándome en otra -galera que para Madrid al amanecer salia, me desembanasté -á los tres dias en la calle de Alcalá, y me perdí á -la ventura por las de esta coronada villa, huyendo de mis -santos deberes y en pos de mis locas esperanzas, ahogando -la voz de mi conciencia, y escuchando y siguiendo -la de mi desatinada locura.</p> - -<p>Mi familia, no creyéndome capaz de la resolucion de -abandonar para siempre mi casa paterna, me buscó por -las de mis parientes de las provincias de Búrgos y de Palencia, -donde suponia que me habria guarecido; y habiendo -yo hecho mi fuga dándome por hijo de un artista -italiano, gracias á mis principios de dibujo y á la -lengua italiana que me era familiar, tardó mucho en dar -con mi rastro. Presentéme yo á mis amigos y condiscípulos -de Madrid; pero pronto tuve que esquivarme de -los duques de Villahermosa y de los Madrazo, que recibieron -cartas de mi padre, y que en vista de mi tenaz -resistencia á volver á mi hogar, no creyeron prudente -insistir con quien tan obstinadamente rechazaba sus -amistosas amonestaciones.</p> - -<p>Entónces.... ¡ay de mí! busqué y contraje otras amistades; -unas de las que no quiero volver á acordarme, -otras de las que jamás me olvidaré; como la de Manuel -Assas, con quien gané algunos pocos reales enviando -mis dibujos de la torre de Fuensaldaña y otros, con ar<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span>tículos -arqueológicos escritos por Assas en francés, al -<i>Museo de las familias</i> de París, y la de Jacinto Salas y -Quiroga: poeta ya casi olvidado, que contó con mi pluma -en donde quiera que llegó á meter los puntos de la -suya. Entónces prediqué en las mesas del café Nuevo -una política de locos, que hizo reir sin hacer afortunadamente -prosélitos; y entónces escribí en un periódico que -solo duró dos meses, al cabo de los cuales dió la policía -tras de sus redactores, con el objeto de encargarles -de hacer un viaje á Filipinas por cuenta del ministerio de -la Gobernacion. Ví yo la justicia, por el balcon, entrar -por la puerta principal que bajo él estaba; y montando -en la baranda de otro que se abria sobre un patio de una -vecina casa, por la parte posterior de la de la redaccion, -caí diestra y silenciosamente á cuatro piés sobre sus enyerbadas -losas; emboqué un callejon oscuro que ante -mí se abria, y justificando mi apellido, me escurrí por -él hasta la calle opuesta de la manzana; enfilé tranquilamente -la de Peregrinos, subí la de Postas, mirando -atentamente las tiendas como si tuviera letras que cobrar -en alguna de ellas; y de recodo en recodo, y de callejon -en pasadizo, dí conmigo en la de la Esgrima, y en -ella de manos á boca con un gitano á quien habia salvado -de ser fusilado dos años hacia en la tierra de Aranda. -Víle y conocióme; preguntóme y respondíle; comprendióme -á media palabra, y llevándome á un cuarto -del núm. 30 y... tantos, trenzóme la melena, coloróme -el semblante, y endosándome unas calzoneras y una -chaqueta de pana, con un sombrero con más falda que -una dolorosa de procesion, y una faja más ancha que la -del Zodíaco, me sacó entre los de su cuadrilla por la -puerta y puente de Toledo; sirviéndome de infalible -seña gitanesca mi trenzada melena, que, riza y suelta,<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> -servia de seña personal á los que me buscaban, de parte -de mi familia, para volverme á mi casa, y de órden -del gobernador de las tres ppp, D. Pio Pita Pizarro, á -los que pretendian enviarme á saber lo que en Filipinas -ocurria. Pasó una revolucion á los pocos dias con la -desastrosa muerte del general Quesada en Hortaleza; -pasó... lo que pasa en las revoluciones, un juicio final en -cuarenta y ocho horas; y al cabo de diez dias torné yo -á pasar destrenzado y desteñido por la Puerta de Toledo, -y volví á vivir á salto de mata, y á dormir en casa -de un cestero, que de portero habíamos tenido en la redaccion -de marras... y así me cogió en Madrid el dia 12 -de febrero de 1837, anterior con tres al del entierro de -Larra, cuyos pormenores quedarán para una siguiente -carta, á la cual sirve de preliminar esta de su afectísimo -y agradecido amigo.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>IV.</h2> - - -<p>Comienzo á apercibirme, mi buen amigo Sr. Velarde, -de que es más difícil de lo que creí la tarea que me -he impuesto ahora, y de que hemos andado poco -acertados en dar publicidad á estas mis cartas. Agloméranse -en mi memoria, segun las voy escribiendo, -tántos pormenores, imposibles de suprimir si he de hacerme -comprender; pasábanme tántas y táles cosas, y -pasaba yo por tales y tan estrechos pasos y pasadizos -en los dias de la muerte y del entierro de Larra, que me -temo que ni la benevolencia del director y de la redaccion -de <i>El Imparcial</i> para conmigo, ni la paciencia de -sus lectores quieran pasarme el importuno relato de tan -íntimos y personales recuerdos. Mas como quiera que -ya es tarde para volverme atrás, voy á pasar á la carrera -por sobre todos estos tan resbaladizos pasos; é imponiéndome -esta tarea como una penitencia pública, seré -claro y sincero en mi narracion, para que mi claridad -y sinceridad prueben á lo ménos lealtad y modestia: -probando que en la altura á que me ha elevado el favor -público, no he perdido nunca de vista ni la nada en que -yo nací, ni el polvo de que aquel me levantó.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span></p> - -<p>Sigo, pues, adelante con mis recuerdos.</p> - -<p>Habíase venido á Madrid, siguiendo mi mal ejemplo, -mi grande amigo Miguel de los Santos Alvarez, en cuya -casa pasé la noche que en Valladolid me detuve en mi -fuga de la mia paterna, y único confidente de los secretos -de mi corazon. Llevaba yo en éste dos afanes y dos -esperanzas, que en un solo afan y en una esperanza sola -se confundian: mi primer amor á una mujer, y la esperanza -de conseguirla, y el amor á mi padre y la esperanza -de sepultar su enojo bajo una montaña de laureles. -Soñaba yo con una fama y una gloria táles, que -obligaran á aquella mujer y á mi padre á tenderme sus -brazos á un tiempo, asombrados y deslumbrados por el -resplandor de mi nombradía. ¿Quién no delira á los diez -y nueve años?</p> - -<p>Alvarez estaba en Madrid con consentimiento de su -familia hacia muy pocos dias, y yo pasaba las noches -en la bohardilla de mi pobre cestero, las mañanas en el -hospedaje de Alvarez, el centro de los dias en la Biblioteca -Nacional, y las tardes y primeras horas de la noche -vagando con Alvarez por las calles de la corte, como -golondrinas nuevas que buscan por vez primera sitio en -que colgar su nido en una tierra desconocida.</p> - -<p>Y aconteció que entre las personas con quienes un -dia tropezamos en la Biblioteca, acertó á ser una la de -un italiano al servicio del infante D. Sebastian, llamado -Joaquin Massard, quien con un su hermano Federico -andaba bien admitido por las tertulias y reuniones, que -con su canto y alegre carácter amenizaban: el Joaquin -y el Federico poseian dos deliciosas voces, de tenor el -uno y de barítono el otro. Abordónos Joaquin Massard, -que por Pedro Madrazo nos conocia, y nos dió de repente -la noticia de que Larra se habia suicidado al ano<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>checer -del dia anterior. Dejónos estupefactos semejante -noticia, y asombróle á él que ignorásemos lo que todo -Madrid sabia, é invitónos á ir con él á ver el cadáver de -Larra depositado en la bóveda de Santiago. Aceptamos -y fuimos. Massard conocia á todo el mundo y tenia entrada -en todas partes. Bajamos á la bóveda, contemplamos -al muerto, á quien yo veia por primera vez, á todo -nuestro despacio, admirándonos la casi imperceptible -huella que habia dejado junto á su oreja derecha la bala -que le dió muerte; cortóle Alvarez un mechon de cabellos -y volvímonos á la Biblioteca, bajo la impresion indefinible -que dejaban en nosotros la vista de tal cadáver -y el relato de tal suceso.</p> - -<p>Aquí tengo que advertir á V., mi querido Velarde, que -no volvíamos á la Biblioteca por nuestro afan de estudiar, -sinó porque siendo el hospedaje de Alvarez y la -bohardilla de mi cestero estancias muy poco agradables -para pasar el dia, y estando la Biblioteca muy bien esterada -y caldeada, pasábamos en ella todas las horas que -estaba abierta, como hidalgos poco acomodados, en el -abrigado alcázar de un opulento amigo que generosamente -á los suyos lo franqueara.</p> - -<p>A nuestra vuelta halléme allí con un condiscípulo del -colegio, quien enterado de mi posicion, me dió una carta -para su hermano D. Antonio María Segovia, propietario -y director de <i>El Mundo</i>; uno de los periódicos mejor -escritos que en Madrid se han publicado, rebosando -de ingenio y de oportunísima vis cómica. En aquella -carta pedia para mí á su hermano, mi condiscípulo, la -plaza de un empleado que acababa de despedirse, diciéndole -quién yo era, la educacion que habia recibido, y lo -útil que yo podia ser, atendida la módica retribucion del -empleo que para mí solicitaba. Mi ambicion era llegar á<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span> -ser periodista, llegar á firmar el folletin de un periódico -que llegase á manos de mi padre: tomé, pues, la carta -de mi condiscípulo, y metiéndola en la cartera del capitan -Antonio Madera (otro condiscípulo nuestro), la cual -no sé ya por qué llevaba yo en el bolsillo, creí meter en -ella mi fortuna.</p> - -<p>Joaquin Massard, que en todo pensaba y de todo sacaba -partido, me dijo al salir:</p> - -<p>—Sé por Pedro Madrazo que V. hace versos.</p> - -<p>—Sí, señor, le respondí.</p> - -<p>—¿Querria V. hacer unos á Larra? repuso entablando -su cuestion sin rodeos; y viéndome vacilar, añadió: -«yo los haria insertar en un periódico, y tal vez pudieran -valer algo.» Ocurrióme á mí lo poco que me -valdrian con mi padre, desterrado y realista, unos versos -hechos á un hombre tan de progreso y de tal manera -muerto; y dije á Massard que yo haria los versos, -pero que él los firmaria. Avínose él, y convíneme yo; -prometíselos para la mañana siguiente á las doce en la -Biblioteca; y despidiéndonos á sus puertas, echó Massard -hácia la plazuela del Cordon donde moraba, y -Alvarez y yo por la cuesta de Santo Domingo á vagar -como de costumbre. Pensé yo al anochecer en los prometidos -versos y fuíme temprano al zaquizamí, donde -mi cestero me albergaba con su mujer y dos chicos, -que eran tres harpías de tres distintas edades. No me -acuerdo si cenamos: pero despues de acostados, metíme -yo en mi mechinal, con una vela que á propósito habia -comprado.</p> - -<p>En aquella casa no se sabia lo que era papel, pluma -ni tinta; pero habia mimbres puestos en tinte azul, y tenia -yo en mi bolsillo la cartera del capitan con su libro -de memorias. Hice un kalam de un mimbre como lo ha<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span>cen -los árabes de un carrizo y tomando por tinta el tinte -azul en que los mimbres se teñian.....</p> - -<p>Hé aquí, Sr. Velarde, cómo se hicieron aquellos versos, -cuya copia trasladé á un papel en casa de Miguel -Alvarez á la mañana siguiente, y partí á entregar mi -carta al director de <i>El Mundo</i>.</p> - -<p>Salió á recibirme á una antecámara: presentéle la carta, -y miéntras la leia, penetraron mis ojos indiscretos en -el aposento inmediato, cuya puerta habia dejado él -abierta. Parecióme á mí la de un paraiso: una mujer -pequeña y fina, esbelta y ondulosa como una garza, con -una cabellera como los arcángeles de Guido Reni y con -dos ojos límpidos y serenos como los de las gacelas, esperaba -reclinada en un mueble á que su marido concluyera -con el importuno que habia venido á separarle de -ella. Cuando aquel me dijo, con los más atentos modales, -que sentia no necesitarme porque acababa de dar á -otro la plaza que su hermano le pedia, me marché cabizbajo -y cariacontecido, pero convencido perfectamente -de que un hombre que tenia aquella mujer no -debia necesitar de mí ni de nadie, y dí conmigo en -la Biblioteca. No estaba ya en ella Joaquin Massard, -pero me habia dejado una tarjeta, en la que me decia: -«¿Puede V. traerme los versos á casa, á las tres? Comerá -V. con nosotros.»</p> - -<p>A los tres cuartos para las tres eché hácia la plaza del -Cordon; los Massard habian comido á las dos: la hora -del entierro, que era la de las cinco, se habia adelantado -á la de las cuatro. Los Massard me dieron café; Joaquin -recogió mis versos y salimos para Santiago. La iglesia -estaba llena de gente; hallábanse en ella todos los escritores -de Madrid, ménos Espronceda que estaba enfermo. -Massard me presentó á García Gutierrez, que me<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> -dió la mano y me recibió como se recibe en tales casos -á los desconocidos. Yo me quedé con su mano entre -las mias, embelesado ante el autor de <i>El Trovador</i>, y -creo que iba á arrodillarme para adorarle, miéntras él -miraba con asombro mi larga melena y el más largo leviton, -en que llevaba yo enfundada mi pálida y exígua -personalidad.</p> - -<p>El repentino y general movimiento de la gente nos separó, -avanzó el féretro hácia la puerta; ordenóse la comitiva; -ingirióme Joaquin Massard en la fila derecha, y -en dos larguísimas de innumerables enlutados nos dirigimos -por la calle Mayor y la de la Montera al cementerio -de la Puerta de Fuencarral.</p> - -<p>Mohino y desalentado caminaba yo, poniendo entre -los dias nefastos aquel aciago en que me habian negado -una plaza en <i>El Mundo</i>, habia llegado tarde á la mesa, y -en que iba, por fin, ayuno, á enterrar á un hombre, cuyo -talento reconocia, pero que no entraba en la trinidad -que yo adoraba, y que componian Espronceda, García -Gutierrez y Hartzembusch. Parecíame que con aquel -muerto iba á enterrarse mi esperanza, y que nunca iba -yo á tener un papel en que enviar impresos mis delirios -á la mujer á quien habia pedido un año de plazo para -pasar de crisálida á mariposa, ni mis versos laureados al -padre á quien con ellos habia esperado glorificar. Así, el -más triste de los que íbamos en aquel entierro, marchaba -yo en él, envuelto en un <i>sur tout</i> de Jacinto Salas, -llevando bajo él un pantalon de Fernando de la Vera, un -chaleco de abrigo de su primo Pepe Mateos, una gran -corbata de un fachendoso primo mio, y un sombrero y -unas botas de no recuerdo quiénes; llevando únicamente -propios conmigo mis negros pensamientos, mis negras -pesadumbres y mi negra y larguísima cabellera.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span></p> - -<p>Llevaba yo, y venianme, sin embargo, todas aquellas -ajenas prendas como si para mí hubieran sido hechas; y -traidas, pero no maltratadas, no revelaban que su portador -salia con ellas bien cepilladas del alto zaquizamí -de mi hospitalario cestero.</p> - -<p>Llegamos al cementerio: pusieron en tierra el féretro -y á la vista el cadáver; y como se trataba del primer -suicida, á quien la revolucion abria las puertas del campo -santo, tratábase de dar á la ceremonia fúnebre la -mayor pompa mundana que fuera capaz de prestarla el -elemento láico, como primera protesta contra las viejas -preocupaciones que venia á desenrocar la revolucion. -D. Mariano Roca de Togores, que aún no era el marqués -de Molins, y que ya figuraba entre la juventud -ilustrada, levantó el primero la voz en pró del narrador -ameno del Doncel de D. Enrique, del dramático creador -del enamorado Macías, del hablista correcto, del -inexorable crítico y del desventurado amador. El concurso -inmenso que llenaba el cementerio quedó profundamente -conmovido con las palabras del Sr. Roca de -Togores, y dejó aquel funeral escenario ante un público -preparado para la escena imprevista que iba en él á representarse. -Tengo una idea confusa de que hablaron, -leyeron y dijeron versos algunos otros: confundo en este -recuerdo al conde de las Navas, á Pepe Diaz..... no -sé..... pero era cuestion de prolongar y dar importancia -al acto, que no fué breve. Ibase ya, por fin, á cerrar la -caja, para dar tierra al cadáver, cuando Joaquin Massard, -que siempre estaba en todo y no era hombre de perder -jamás una ocasion, no atreviéndose, sin embargo, á leer -mis escritos con su acento italiano, metióse entre los -que presidian la ceremonia, advirtióles de que aún habia -otros versos que leer, y como me habia llevado<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span> -por delante, hízome audazmente llegar hasta la primera -fila, púsome entre las manos la desde entónces famosa -cartera del capitan, y halléme yo repentina á inconscientemente -á la vera del muerto, y cara á cara con -los vivos.</p> - -<p>El silencio era absoluto: el público, el más á propósito -y el mejor preparado; la escena solemne y la ocasion -sin par. Tenia yo entónces una voz juvenil, fresca -y argentinamente timbrada, y una manera nunca oida -de recitar, y rompí á leer..... pero segun iba leyendo -aquellos mis tan mal hilvanados versos, iba leyendo en -los semblantes de los que absortos me rodeaban, el -asombro que mi aparicion y mi voz les causaba. Imaginéme -que Dios me deparaba aquel extraño escenario, -aquel auditorio tan unísono con mi palabra, y aquella -ocasion tan propicia y excepcional, para que ántes del -año realizase yo mis dos irrealizables delirios: creí ya -imposible que mi padre y mi amada no oyesen la voz -de mi fama, cuyas alas veia yo levantarse desde aquel -cementerio, y ví el porvenir luminoso y el cielo abierto..... -y se me embargó la voz y se arrasaron mis ojos -en lágrimas..... y Roca de Togores, junto á quien me -hallaba, concluyó de leer mis versos; y miéntras él -leia..... ¡ay de mí! perdónenme el muerto y los vivos -que de aquel auditorio queden, yo ya no los veia; miéntras -mi pañuelo cubria mis ojos, mi espíritu habia ido á -llamar á las puertas de una casa de Lerma, donde ya -no estaban mis perseguidos padres, y á los cristales de -la ventana de una blanca alquería escondida entre verdes -olmos, en donde ya no estaba tampoco la que ya me -habia vendido.</p> - -<p>¡Feliz aquel cuyo primer amor se malogra! ¡Desventurado -aquel cuyo primer delito es una rebelion<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> -contra la autoridad paterna! Al primero le abre Dios el -paraiso terrenal: del segundo no deja que repose la conciencia.</p> - -<p>Cuando volviendo de aquel éxtasis, aparté el pañuelo -de mis ojos, el polvo de Larra habia ya entrado en el -seno de la madre tierra: y la multitud de amigos y conocidos -que me abrazaban no tuvieron gran dificultad -en explicar quién era el hijo de un magistrado tan conocido -en Madrid como mi padre.</p> - -<p>Pero, ¿sabe V., mi buen Velarde, quién era entónces, -lo que valia y cómo y por quién llegó á ser famoso su -agradecido amigo?</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>V.</h2> - - -<p>La importuna pregunta con que concluí mi artículo-carta -del lunes 20 de Octubre, me obliga á dirigirle -á usted esta, mi estimado Sr. Velarde.</p> - -<p>Tal vez enoja á V. ya, mi querido poeta, el verse -tomado en pluma, que no puede aquí, á mi ver, decirse -en boca, por un viejo impertinente que se empeña -en contarle sus necedades de muchacho; pero disimule -usted tal impertinencia, porque tiene sólo por móvil mi -gratitud á V. por su artículo del lunes 29 de Setiembre, -con el cual motivó V. la publicacion de estas mis -cartas. Usted pertenece al porvenir, y mira naturalmente -hácia adelante; al mirar yo hácia atrás, porque pertenezco -al tiempo viejo, al relatar á V. lo que en él fuí, -tenga V. presente que no pretendo servirle á V. de -ejemplo, sino de escarmiento; puesto que viviendo yo -hoy persuadido de que el porvenir le guarda á V. un -muy elevado lugar en la república de las letras, quisiera -yo por la mucha estima en que le tengo, que las suyas -le dieran tanta fama como á mí las mias, pero que -le fueran de más utilidad y provecho. Por eso no más -voy á decir á V. lo más sucintamente posible quién<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span> -era, lo que valia y cómo y por quién llegué yo á ser tan -famoso en aquel viejo tiempo, cuyos recuerdos me complazco -ahora en evocar, no quiera Dios que con hastío -ó impaciencia de V. y de los suscritores de <i>El Imparcial</i>.</p> - -<p>No teman estos, y sea esto advertido de paso, que -llene yo sus columnas con los insignificantes y poco -trascendentales sucesos de mi vida. A mí, que no he -ocupado jamás ningun cargo público, que no he sido -ni embajador, ni ministro, ni siquiera individuo de corporacion -ni academia alguna, jamás me ha sucedido -nada que sea digno de ser sabido, ni ménos contado: ni -me acosa tampoco vanidad tal ni tal comezon de bombo, -que intente no dejar pasar un lunes sin hablar de -mí mismo, para que no me olviden mis contemporáneos, -ni se den los venideros de calabazadas por mis -estupendas fechorías. Para que mis contemporáneos -no me olviden, basta ese bravucon inocente y desvergonzado -perdonavidas llamado <i>D. Juan Tenorio</i>, que -está encargado contra mi voluntad y por la del pueblo -español, de no dejarme olvidar en España; y con decir -de este drama mio y del <i>Zapatero y el Rey</i> cómo y por -qué fueron escritos y cómo y por quién fueron y son -hoy representados, pienso dar fin á estos mis recuerdos -del tiempo viejo; y siquiera sea con pesadumbre de algunos, -y desengaño de muchos, será tambien con honrado -cumplimiento del deber mio y descargo de mi conciencia.</p> - -<p>Continúo, pues, mi relato, tomándolo en el mismo -cementerio de Fuencarral, donde lo dejé.</p> - -<p>Rompiendo por entre los amigos que me abrazaban, -los entusiastas que me felicitaban y los curiosos que absortos -me contemplaban, enfundado en mi gran <i>surtout</i><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span> -de Jacinto Salas y circundado por mi flotante melena, -un mancebo pálido y aguileño, de resueltos modales y -de atrevida y casi insolente mirada, me asió cariñosamente -de las manos, diciéndome: «Tenga V. la bondad -de venirse conmigo, para presentarle á dos personas -que desean conocerle.» Seguíle, y sacándome de aquella -confusion, me hizo subir á una cómoda y elegante carretela, -cuyos dos asientos, uno del fondo y otro de adelante, -estaban ocupados por dos individuos del sexo feo, -cuya fisonomía no podia yo ver ya bien, porque ya era -casi de noche. Saludáronme y correspondiles; colocáronme -en el asiento de honor; colocóse mi presentador -en frente de mí; cerró el lacayo la portezuela, y á la voz -del de mi izquierda, que dijo: «Calle de la Reina,» salieron -á un resueltísimo trote las dos poderosas yeguas -que nos arrastraban: y, como dicen los mejicanos, «de -las vidas arrastradas, la mejor es la del coche,» y aquella -carretela inglesa estaba maestramente montada sobre -sus muelles. Hablábanme dos, de los tres con quienes -en ella iba, y contestábales yo, sin recordar ya de lo -que hablamos, y sin saber entónces con quiénes, en la -semi-oscuridad crepuscular.</p> - -<p>La direccion dada á la calle de la Reina era á la fonda -de Genyes, que era entónces lo que hoy Fornos y Lhardy; -de donde yo deduje que mis nuevos amigos moraban -ó comian en ella habitualmente, puesto que el nombre -de la calle habia bastado al cochero para sentar en -firme sus yeguas á la puerta de la fonda. En un gabinete -estaba preparada una mesa con tres cubiertos; añadieron -el cuarto para mí; desembarazáronse ellos de sus -abrigos exteriores, quedándome yo con el mio por razones -que no son del caso; sentámonos á la mesa y presentóme -mi presentador á mis comensales. El de mi<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span> -derecha era Buchental, llegado á Madrid hacia pocos -meses; nuestro anfitrion era un rubio como de cuarenta -años, de amenísima conversacion, con la cual demostraba -que habia viajado mucho, de cuyo nombre no me -he podido volver á acordar, á quien no he vuelto á ver -más, y por quien no tuve despues ocasion de preguntar -á mi resuelto y aguileño presentador: que era ni más ni -ménos que Luis Gonzalez Brabo, ántes de ser diputado, -embajador y ministro. Desde aquella tarde fué para mí -Luis, como yo para él fuí Pepe; la suya fué la primera -mano en que me apoyé para poner mi pié derecho en -el primer escalon del efímero alcázar de mi fama: y desde -entónces no he tenido un más bravo amigo que Gonzalez -Brabo. No era por entónces más que <i>tijera</i> en no -recuerdo qué periódico; pero segun fué ascendiendo por -la escala de la fortuna, se volvió á mí desde cada peldaño -que subia, á tenderme aquella misma mano con que -me sacó del cementerio; pero mi objetivo, como hoy se -dice, no era la política, y con tanta pena suya como desden -mio, le dejé subir solo. Ignoro lo que fué Luis Brabo -social ó políticamente considerado, porque he vivido -veinte años fuera de España y once en América, sin -correspondencia con Europa; cuando volví á Madrid -en 1866 era presidente del Consejo de ministros y decian -que tenia la nacion en sus manos; pero para mí fué el -mismo Luis Brabo, que me la tendió como en 1837; el -primer amigo del poeta Zorrilla.</p> - -<p>Aquí dirá V., mi querido poeta Velarde: ¿cómo el -primero? ¿Pues y los Villa-Hermosa y los Madrazo, y -Assas y Miguel Alvarez y Fernando de la Vera, sus -condiscípulos de Universidad y del Seminario? ¿Y Joaquin -Massard y Roca de Togores cuyas manos tomaron -de las de V. los versos que le abrieron las puertas de la<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> -sociedad y le dieron la nombradía?—Los Villa-Hermosa, -los Madrazo, Alvarez y de la Vera, eran los amigos de -mi niñez: los del estudiante y del condiscípulo; los amigos -cariñosos, casi los hermanos, del mancebo que iba -á ser hombre; la casualidad llevó á Massard á la biblioteca -y me puso al lado de Roca de Togores en el cementerio: -pero Luis Brabo buscó el primero al poeta y -no abandonó jamás al amigo. La primera obligacion -del narrador es ser verídico: la del hombre bien nacido -la de ser justo: la del hombre noble ser agradecido. Desde -la fonda me llevó Luis Brabo, orgulloso de llevarme, -al café del Príncipe, donde hallé á Breton, á Ventura, á -Gil y Zárate, á García Gutierrez, que me reconoció y -con quien trabé pronto amistad; al buen Hartzenbusch, -á quien quise desde aquella noche como á un hermano -mayor, y que fué parte y testigo de sucesos íntimos y -posteriores de mi vida, y en fin, á la mayor parte de los -que por entónces figuraban en las letras y en las artes.</p> - -<p>No sé quién me llevó á las diez á casa de Donoso Cortés, -que aún no era el marqués de Valdegamas: allí encontré -á Nicomedes Pastor Diaz y á D. Joaquin Francisco -Pacheco, quienes con el conocido jurisconsulto -Perez Hernandez, estaban tratando de publicar su periódico -<i>El Porvenir</i>.—Preguntáronme mil cosas: examináronme, -sin que de ello me apercibiera, de lo que -habia aprendido en el colegio; indagaron lo que habia -leido, lo que me habia propuesto. Yo era un chico, no -cumplí veinte años hasta cuatro dias despues del de la -muerte de Larra: estaba animado por el éxito de aquella -tarde y por los plácemes y aplausos que acababa de recibir -en el café del Príncipe; recitéles mi destartalada -composicion «A Venecia», el romancillo de unos Gomeles -que corrian por la vega de Granada, y unas redon<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>dillas -á una dueña de negra toca y mongil morado, que -sea dicho de paso y con perdon de mis admiradores, -pero en Dios y en mi ánima creo que no sabia yo entónces -lo que era mongil, segun el color morado episcopal -de que le teñí. Donoso y sus amigos debieron -apercibirse de mi poco saber; pero se fascinaron con las -circunstancias fantásticas de mi aparicion, y con la excentricidad -de mi nuevo género de poesía y de mi nueva -manera de leer, y me ofrecieron el folletin de <i>El Porvenir</i> -con 600 reales mensuales; único sueldo que en -este periódico se debia de pagar, porque iban á escribirle -sin interés de lucro, en pró de su política comunion.—Diéronme -á traducir para el periódico uno de los infantiles -cuentos de Hoffmann, y á las doce me llevó Pastor -Diaz consigo á su casa.—Pastor Diaz, cuya alma de niño -simpatizó con la ignara candidez de la mia, me entretuvo -hasta muy avanzada hora, desde la cual hasta -la de su muerte, me tuvo el más fraternal cariño.</p> - -<p>No era ya aquella la de volver á recogerme á la bohardilla -del cestero, y... á pesar del frio, vagué por las -calles hasta el nuevo dia, abrigado interiormente con el -champagne y el café de mi generoso y desconocido anfitrion, -y exteriormente sostenido con la esperanza y las -ilusiones de mis aún no cumplidos veinte años.</p> - -<p>No recuerdo ya donde me amaneció; pero á las ocho -estaba ya á la cabecera de la cama de Alvarez, contándole -mis venturas del dia anterior; de las cuales nada -sabia, no habiéndole yo podido buscar desde que hacia -veinte horas me habia separado de él, para ir á llevar -mi carta á <i>El Mundo</i> y mis versos á Massard.—Asombróle -primero lo sucedido; alegróle despues; lloramos, -reimos, ayudéle á vestir, y saltamos y cantamos al rededor -del chocolate como los indios de Fenimore Cooper -<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> -al rededor del postre de la guerra; la patrona creyó que -nos habia caido la lotería.</p> - -<p>Como si tal nos hubiera acontecido, nos echamos á la -calle y comenzamos á dar fin á los pocos duros que le -quedaban á Alvarez; declarámonos los dos modernos -Pílades y Orestes; presentéle yo á cuantos me presentaron; -presentóme él á la que despues fué mi mujer, y -cuando llegaron á nuestras manos mis primeros treinta -duros de «El Porvenir», de Donoso, nos creimos dueños -del Universo.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>VI.</h2> - - -<p>Como el relato de las muchachadas de ambos no entra -por nada en la explicacion de mis preguntas finales -en el artículo del lunes último, voy adelante -con mis desatinos personales. Escribí muchos en <i>El -Porvenir</i>: á Cervantes y á Calderon, cuantos pudieron -ocurrírseme, y á la luna de enero, donde dije que el -cielo era ojo de la eternidad y la luna su pupila; escribí, -en fin, los suficientes para impacientar á cuantos tenian -sentido comun y estudios, y gusto en las bellas letras; -pero Nicomedes y Donoso seguian sosteniéndome y animándome, -y yo seguí asombrando al público con la -multitud de mis poéticos engendros.</p> - -<p>Una noche me encontré al volver á mi casa de pupilaje, -una carta de D. José García Villalta que decia: -«Muy señor mio: he tomado la direccion de <i>El Español</i>, -periódico cuyas columnas surtía Larra con sus artículos: -pues la muerte se llevó al crítico dejándonos al poeta, -entiendo que éste debe de suceder á aquel en la redaccion -de <i>El Español</i>. Sírvase V., pues, pasar por -esta su casa, calle de la Reina, esquina á la de las Torres, -para acordar las bases de un contrato. Suyo, afectísimo, -<i>J. G. de Villalta</i>.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span></p> - -<p>Era este el autor de <i>El golpe en vago</i>, la novela mejor -escrita de las de la coleccion primera del editor Delgado. -Teníale yo en mucho desde que la habia leido, y -las relaciones entabladas con el hombre acrecentaron mi -respeto y mi estimacion hácia el escritor. Villalta era -un hombre de mucho mundo y de un profundo conocimiento -del corazon humano: de una constitucion vigorosa, -con una cabeza perfectamente colocada sobre sus -hombros; de una fisonomía atractiva y simpática, con -una boca fresca, cuya sonrisa dejaba ver la dentadura -más igual y limpia del mundo. Su cabellera escasa era -rubia y rizada, y no he podido nunca esplicarme el por -qué su busto abultado de contornos me recordaba el -olímpico busto de Neron, pero del Neron poeta y gladiador -en su viaje á Grecia: el Neron que ponia fuego á -dos viejos barrios de Roma para obligar al municipio -republicano á construir otro nuevo, tan suntuoso como -la mansion palatina que él junto á lo incendiado habitaba. -Yo tengo á Neron por un emperador muy calumniado; -y desde que he vivido en Roma, estoy convencido -de que hizo bien en quemar lo que quemó, para que se -construyera lo que se construyó; y á este Neron que yo -me figuro, es el Neron á quien me figuraba yo que se -parecia Villalta.</p> - -<p>El hecho es que Villalta era todo un hombre: sóbrio y -diligente, pero gracioso y amabilísimo; como andaluz de -la buena raza, su trato era fascinador; y en cinco minutos -hizo de mí lo que le convino en nuestra primera entrevista; -el cuarto en que esta pasó influyó sin duda en -mi aceptacion. Era una sala grande cuadrada, en cuyas -blancas paredes no tenia Villalta más adornos que dos -espadas de combate, dos sables de academia de armas -y un magnífico par de pistolas. Una grandísima mesa<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span> -de despacho cargada de papeles estaba entre él y yo, y -por una puerta entreabierta se veia en el inmediato aposento -el baño del que acababa de salir.</p> - -<p>Vió Villalta que no era yo hombre de abandonar á -Donoso y á Pastor Diaz, sin una grave razon, y me dió -una carta para ellos, en la que les decia las proposiciones -que me habia hecho y las razones que yo le daba. -<i>El Porvenir</i> tenia apenas suscricion, y <i>El Español</i> la tenia -numerosa. Si me querian bien, debian dejarle dar á -mis versos la más lata publicidad, etc.</p> - -<p>Ofrecíame un sueldo con que no habia yo contado -nunca, y que entónces creo que no sabia contar en moneda -efectiva: pagarme aparte las poesías del número -de los domingos, que era una revista de mayor tamaño; -la colaboracion en el folletin con Espronceda convaleciente -ya de una larga enfermedad, y mi presentacion -inmediata en su casa por él en persona. Espronceda era -el ídolo de mis creencias literarias. Donoso y Pastor -Diaz me autorizaron abrazándome para abandonarles, y -me pasé al campo de Villalta sin traicion ni villanía.</p> - -<p>Continué en él publicando centenares de versos, entre -los cuales habia algunos chispazos de ingenio que -hacian, por efecto de la moda, no parar mientes en mis -infinitos y excéntricos disparates. Es verdad que contribuian -á darlos boga las lecturas que de ellos hacia en -los salones del Liceo, en el palacio de los duques de Villahermosa, -quienes, ausentes de Madrid á la sazon, se -los habian cedido á aquella sociedad literaria y artística. -Era el Liceo... Pero ya ha dicho lo que era en <i>La Ilustracion</i> -el ameno <i>Curioso parlante</i> D. Ramon de Mesonero -Romanos; y ante él arría bandera quien en su juventud -supo aprovecharse de su picante y donosa -crítica, y hoy se complace en hallar una ocasion de dar<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>le -una prueba pública de consideracion y respeto. Allí, -en el Liceo, reñí yo y gané grandes batallas, y cobré -fama de gran lector; allí ayudé á subir á la tribuna y -entrar en la palestra literaria á Rodriguez Rubí, con su -precioso romance de la venta del jaco; allí coroné una -noche á Carolina Conrado y presenté una mañana á -Gertrudis Avellaneda; allí... pero lo que sucedió allí lo -sabe todo el mundo, y lo que no sepa se lo dirá mejor -que yo el <i>Curioso Parlante</i>.</p> - -<p>Ya se lo ha dicho en <i>La Ilustracion</i> del 22 de Octubre: -«de allí salieron los que allí figuraron despues como -ministros, embajadores, consejeros, senadores, diputados -y publicistas, alternando en diversos bandos y -épocas, segun la marcha de los sucesos: y sólo Zorrilla -y el que esto escribe se obstinaron en conservar su -independencia y su nombre exclusivamente literario, -sin aspirar á su engrandecimiento por otros caminos; -con la circunstancia en pró de Zorrilla de que á mí sólo -me faltaba la ambicion, y á Zorrilla le faltaban la ambicion -y la fortuna.» Esto dice D. Ramon de Mesonero -Romanos, y Dios le bendiga como yo le agradezco -que lo haya dicho.</p> - -<p>Lo que no dice y le voy á decir yo á V., mi querido -Velarde, es cómo éste á quien llama ilustre, corriendo -quijotescamente trás de ideales fantásticos, no era en la -vida social ni en la literaria más que un tonto y un ingrato.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>VII.</h2> - - -<p>Lenta y perezosa carrera lleva mi correspondencia -epistolar con V., mi querido poeta, interrumpida -dos veces por versos que no pudieron ménos de -ser en su lugar publicados: atañendo ambas á asuntos -tan perentorios y tan de actualidad como es el -de las inundaciones y el de mi escaso beneficio<a name="FNanchor_1" id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>. -Concluyo, pues, con las noticias que de mí me propuse -dar á V. y Dios haga que la gente de hoy vea bajo su -verdadero punto de vista, y tome en su sentido verdadero, -lo que de mí me resta que decirle.</p> - -<p>Una tarde me dijo Villalta: «esta noche iremos á casa -de Espronceda, que ya desea ver á V.» Figúrese usted -que un creyente hubiera enviado por escrito su confesion -al Papa, y que S. S. le hubiera contestado: -«venga V. esta noche por la absolucion ó la penitencia» -esta fué mi situacion desde las cuatro de la tarde, hora -en que Villalta me anunció tal visita, hasta las nueve de -la noche, hora en que se verificó. Yo creia, yo idolatraba -en Espronceda. Si aquel oráculo divino á quien yo -iba á consultar desaprobaba mis versos, si aquel ídolo á<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> -cuyos piés iba yo á postrarme desdeñaba mi homenaje, -no tenia más remedio que irme á buscar á mi padre á la -corte de Oñate, y suplicarle contrito que me matriculase -en la Universidad de Vergara.</p> - -<p>Villalta leyó sonriendo en mi fisonomía lo que pasaba -en mi interior, y me condujo en silencio á la calle de -San Miguel, núm. 4. Espronceda estaba ya convaleciente, -pero aún tenia que acostarse al anochecer. -Introdújome Villalta en su alcoba, y diciendo sencillamente -«aquí tiene V. á Zorrilla», me empujó paternalmente -hácia el lecho en que estaba incorporado Espronceda. -Yo, no encontrando una palabra que decir, -sentí brotar las lágrimas de mis ojos, los brazos de Espronceda -en mi cuello, sus labios en mi frente, y su voz -que decia á Villalta, «es un niño».</p> - -<p>Hubo un minuto de silencio, del cual no he sabido -nunca hacer un poema: Villalta se despidió y nos dejó -solos; de la conversacion que siguió... no me acuerdo -ya: al cabo de media hora nos tuteábamos Espronceda -y yo, como si hiciera veinte años que nos conociéramos; -pero la luz que estaba en el gabinete no iluminaba la -alcoba, en cuya penumbra no habia yo todavía visto á -Espronceda; «no te veo», le dije; «pues trae la luz», me -respondió; y trayendo yo la bujía, le contemplé por primera -vez, como á la primera querida que me hubiera -dado un beso á oscuras.</p> - -<p>La cabeza de Espronceda rebosaba carácter y originalidad. -Su cara, pálida por la enfermedad, estaba coronada -por una cabellera negra, riza y sedosa, dividida -por una raya casi en el medio de la cabeza y ahuecada -por ambos lados sobre dos orejas pequeñas y finas, cuyos -lóbulos inferiores asomaban entre los rizos. Sus cejas -negras, finas y rectas, doselaban sus ojos límpidos é<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> -inquietos, resguardados como los del leon por riquísimas -pestañas: el perfil de su nariz no era muy correcto, -y su boca desdeñosa, cuyo labio inferior era algo aborbonado, -estaba medio oculta en un fino bigote y una -perilla unida á la barba, que se rizaba por ambos lados -de la mandíbula inferior. Su frente era espaciosa y sin -más rayas que la que de arriba abajo marcaba el fruncimiento -de las cejas; su mirada era franca, y su risa -pronta y frecuente, no rompia jamás en descompuesta -carcajada. Su cuello era vigoroso y sus manos finas, -nerviosas y bien cuidadas. A mí me pareció una encarnacion -de Píndaro en Atinoo: de tal modo me fascinó -su belleza varonil, su conversacion animada y la alta -inspiracion de su poesía. Espronceda sabia más que la -mayor parte de los que despues de él hemos alcanzado -reputacion: discípulo de Lista como Ventura de la Vega -y Escosura, era buen latino y erudito humanista; pero -empapado en la poesía inglesa de Shakespeare, Milton -y Pope, era la personificacion del clasicismo apóstata -del Olimpo, y lanzado, Luzbel-poeta, en el infierno insondable -y nuevamente abierto del romanticismo.</p> - -<p>Espronceda era leal, generoso y bueno: la política y -los amigos le dieron un carácter y una reputacion ficticia, -que jamás le pertenecieron; y las medianías vulgares -le han calumniado despues de su muerte, hasta atribuirle -versos y libros infames, que jamás pensó en producir.</p> - -<p>A la tercera visita que le hice de dia, me cansé de la -sociedad de sus amigos: no porque su conversacion -me espantara, sinó por que no la comprendia; vivia yo -dado á mi trabajo, y no conocia á nadie de los ni de las -de quiénes allí se hablaba. Una noche entré en su alcoba -despues de las doce: dolores articulares y escasez nece<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span>saria -de nutricion teníanle á él desvelado, y á mí con -pocas ganas de recogerme temprano la estrechez de mi -pupilaje.</p> - -<p>—Vengo á esta hora—le dije—porque es en la que -no tienes amigos en tu casa.</p> - -<p>—¿No te gustan mis amigos?</p> - -<p>—No.</p> - -<p>—Pues hablemos de otra cosa; y me alegro de que -tengas libres estas horas, que son para mí las más insoportables; -¡tardo tánto en conciliar el sueño!..</p> - -<p>Hacia poco que le habia abandonado Teresa: yo ni -la conocia, ni aun tenia por entónces conocimiento de -que existiese: yo no conocia de la vida de Espronceda -más que sus escritos; yo adoraba al poeta, y aun no -conocia del hombre ni siquiera la persona, puesto que -no le veia más que en el lecho donde le retenia su enfermedad.</p> - -<p>Seguí pues yendo á visitarle despues de media noche.</p> - -<p>Y de aquellas conversaciones á solas con Espronceda -sí que podria yo hacer un libro; pero hay libros que no -deben ser leidos hasta cuarenta años despues de escritos.</p> - -<p>Espronceda y yo nos quisimos y nos estimamos siempre; -pero nuestras diversas costumbres, áunque no las -entibiaron, hicieron ménos frecuentes nuestras relaciones. -Yo deserté el primero del cafetin del teatro del Príncipe, -en donde nos juntábamos, y me pasé al de Sólito, -con los Gil y Zárate, G. Gutierrez y otros, á quienes comenzó -á importunar el elemento militar y político que se -incrustó allí en el literario; y con motivo de mi primer -matrimonio, del cual Espronceda no se atrevió á hablarme -más que una vez, comprendió que el niño era ya -hombre; y habiendo ya escrito <i>El Cristo de la Vega</i> y<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span> -<i>Margarita la Tornera</i>, estimó al hombre como un hermano -y al poeta como ingenio privilegiado que él era, y -que no tenia nada que envidiar al mozo atrevido que -osaba trepar á tientas al Parnaso.</p> - -<p>Encerréme yo en mi casa y seguí produciendo libros: -García Gutierrez me dió la mano para presentarme en -la escena, ó más bien me sacó á ella en brazos, en un -drama que escribimos juntos, y comencé la vida aislada -y poco social que he llevado siempre. La gimnasia, que -necesitaba mi sietemesina naturaleza, el tiro de pistola, -que en tiempos tan revueltos no era inútil estudio, y los -paseos á caballo por fuera de puertas, eran mis perennes -entretenimientos; en medio de los cuales escribí once -tomos de versos, de los cuales no he sabido jamás cuatro -de memoria.</p> - -<p>El Liceo concluyó entre tanto, saliendo sus sócios más -notables para las embajadas, los ministerios y los destinos -más importantes de la nacion: Mesonero Romanos -se fué á su casa, cargado de memorias, y yo á la mia de -coronas de papel recogidas en una funcion de obsequio -que se me dió, y con un álbum en cuya primera hoja -escribió S. M. la Reina D.ª Isabel. Tal fué el fin y el -fruto que yo saqué del Liceo.</p> - -<p>Salustiano Olózaga, á quien habia hecho emigrar mi -padre cuando era superintendente general de policía, y -que fué uno de mis mejores amigos, me ofreció la entrega -de mis bienes paternos, que habian sido secuestrados; -pero yo rehusé incautarme de ellos, creyendo -que «pues habia abandonado mi casa, habia renunciado -á mis derechos de hijo...» Olózaga vió que yo era un -tonto: mi padre me lo dijo cuando volvió de su emigracion, -y yo lo creo ahora que lo escribo. Mi quijotesco -modo de ver las cosas y mi caballeresco desprendimien<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>to -no fué apreciado por nadie: mi padre me dijo que -habia hecho mal en no aprovechar mi favor en el partido -liberal, sacrificio que yo creia muy agradable á su intransigencia -realista; mi extrañamiento de la sociedad y -mi vida oscura de diario trabajo, no me procuró más -amigos que el público; y como todos no son nadie, no -tuve más amigo que mi trabajo; y como corriendo los -tiempos cambian las aficiones y las predilecciones sociales, -yo gané mucha fama con dos ó tres afortunadas -obras, y llegué á la vejez como la cigarra de la fábula. -Pero en mis famosas obras se revela la insensatez del -muchacho falto de mundo y de ciencia, exento de todo -sentido práctico, y jamás apoyado en principio alguno -fijo.</p> - -<p>Yo debia mi fama á mis inspiraciones románticas de -Toledo.</p> - -<p>Aquella gótica catedral, cuyas esculturas se habian levantado -de sus sepulcros para venir á cruzar por mis -romances y mis quintillas; aquel órgano y aquellas campanas -que en ellos habian sonado; aquellos rosetones, -capiteles y doseletes; aquellos cláustros católicos, aquellas -mezquitas moriscas, aquellas sinagogas judías, aquel -rio y aquellos puentes y aquellos alcázares que habian -dado á mis <i>repiqueteados</i> y desiguales versos la vistosa -apariencia de sus festonadas labores de imaginería y de -crestería, no me habian merecido más que el desprecio -de su antigüedad y la mofa de su perdida grandeza; y -aquel pueblo, á cuyas costumbres, á cuyas tradiciones -y á cuyas consejas debia yo todo el valor de mi poesía -lírica y legendaria, no me mereció más que el epíteto de -<i>imbécil</i>, en aquella estrofa, padron de mi infamia:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Hoy sólo tiene el gigantesco nombre,</div> -<div class="line">parodia con que cubre su vergüenza:</div> -<div class="line">parodia vil en que adivina el hombre<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span></div> -<div class="line">lo que Toledo la opulenta fué.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tiene un templo sumido en una hondura,</div> -<div class="line">dos puentes y entre ruinas y blasones</div> -<div class="line">un alcázar sentado en una altura</div> -<div class="line">y <i>un pueblo imbécil</i> que vegeta al pié.</div> -</div></div></div> - -<p>¿Concibe V. poeta más necio y más ingrato, mi querido -Velarde? ¿Por qué llamé yo <i>imbécil</i> al pueblo de -Toledo? ¿Por que era religioso y legendario, y pretendia -yo echármelas de incrédulo y de volteriano? Pues entónces, -¿por qué seguia buscando fama y favor con mi -poema de <i>María</i> y con el carácter religioso y creyente -de todas mis obras? Porque el imbécil era yo: y gracias -á Dios que me ha dado tiempo, juicio y valor civil para -reconocer y confesar públicamente en mi vejez mi juvenil -imbecilidad.</p> - -<p>En cuanto á mi ingratitud... por más que me avergüence -y me humille tal confesion, no quiero morir sin -hacerla. La muerte de Larra fué el orígen de mis versos -leidos en el cementerio. Su cadáver llevó allí aquel -público, dispuesto á ver en mí un génio salido del otro -mundo á éste por el hoyo de su sepultura; sin las extrañas -circunstancias de su muerte y de su entierro, hubiera -yo quedado probablemente en la oscuridad, y tal vez -muerto en la más abyecta miseria; y apenas me ví famoso, -me descolgué diciendo un dia:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Nací como una planta corrompida</div> -<div class="line">al borde de la tumba de un malvado, etc.</div> -</div></div></div> - -<p>Hé aquí un insensato que insulta á un muerto, á quien -debe la vida; que intenta deshonrar la memoria del -muerto á quien debe el vivir honrado y aplaudido. ¿Con<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>cibe -V., Sr. Velarde, un ente más ingrato ni más imbécil? -Pues ese era yo en 1840; mezcla de incredulidad -y supersticion, ejemplar inconcebible de progresista retrógrado, -que ignoraba, por lo visto, hasta la acepcion -de las palabras que escribia.</p> - -<p>Han transcurrido treinta y nueve años: nadie ha venido -jamás á pedirme cuenta de mis palabras, y aprovecho -la primera, aunque tardía, ocasion que á la pluma se me -viene, para dar á quien corresponde una satisfaccion espontánea -y jamás por nadie exigida; quiero decir: á los -toledanos de hoy y á los hijos de Larra.</p> - -<p>Y en estas últimas líneas, con las que con V. corto -mi correspondencia, fundo yo más vanidad, mi querido -Velarde, y espero que halle V. más motivo de estimacion -que en los cuarenta tomos de versos que lleva escritos -el autor de <i>D. Juan Tenorio</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>VIII.</h2> - - -<p>Abreviemos este relato, sobre el cual deseo pasar -como sobre áscuas. Mis memorias son demasiado -personales para inspirar interés, y demasiado -íntimas para ser reveladas en vida: temo además -que parezcan comezon de hablar de mí mismo, -cuando siento un profundísimo anhelo y tengo perentoria -necesidad de desaparecer de la escena literaria</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">á vivir en el olvido</div> -<div class="line">y á morir en paz con Dios.</div> -</div></div></div> - -<p>Corramos, pues, cuatro años en cuatro líneas. Habíame -hecho conocer como poeta lírico y como lector en -el Liceo: el editor Delgado me compraba mis versos -coleccionados en tomos, despues de haber sido publicados -en <i>El Español</i> y en otros periódicos; pero terminada -la guerra carlista con el convenio de Vergara, emigró -mi padre á Francia y era forzoso procurarle recursos. -Acudí á mi editor D. Manuel Delgado, quien á vueltas -de larguísimas é inútiles conversaciones no me dejaba -salir de su casa sin darme lo que le pedia; es decir, ja<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>más -me lo dió en su casa, sinó que me lo envió siempre -á la mia á la mañana siguiente del dia en que se lo pedí: -parecia que necesitaba algunas horas para despedirse -del dinero, ó que no queria dejarme ver que lo tenia en -su casa, ó que no era dueño de emplearle sin consulta -ó permiso prévio de incógnitos asociados. Como quiera -que fuere, comenzó á pasarme una mensualidad, de la -cual enviaba parte á mi padre; pero era preciso trabajar -mucho; y tan falto de ciencia como de tiempo, continué -produciendo tántas líneas diarias cuantos reales -necesitaba, sin tiempo de pensar ni de corregir las vanalidades -que en ellas decia. Comprendiendo al fin que -no era posible repicar y andar en la procesion, suprimí -las amistades del café y las visitas de cumplimiento; y -encerrándome en mi casa cerré su puerta á los ociosos -y á los gorristas; quedándome reducido á la cariñosa -amistad de Pastor Diaz, á la proteccion incondicional -de Donoso Cortés, y á la sociedad de G. Gutierrez, á -quien quise y quiero como á un hermano mayor, y á la -de Fernando de la Vera, el corazon más leal y más -constante de cuantos me han acordado su afecto y -pasado cariñosamente por las desigualdades de mi carácter.</p> - -<p>Años hemos pasado juntos y años sin vernos ni escribirnos; -al volvernos á encontrar, Gutierrez desplega la -misma sonrisa semi-séria con que nos despedimos hace -treinta años, y Fernando de la Vera, de prodigiosa memoria, -toma la conversacion donde la dejamos hace -veinte. Yo admiro y saboreo aún los versos de G. Gutierrez, -aunque ya él no me los lee, y Fernando de la -Vera se admira de haber escrito los suyos, sin haber tenido -jamás necesidad de escribirlos. Los Villa-Hermosa -habian desaparecido de Madrid; y cuando yo leia mis<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> -versos en las sesiones del Liceo, en los salones de su -palacio, esperaba siempre ver aparecer por detrás de -algun tapiz la severa figura del viejo duque, que me -perdonaba las muchachadas que le enojaron, ó la pálida -hermosura de la duquesa, que tengo aún en las pupilas -como la imágen de la duquesa de quien habla Cervantes, -ó la faz, en fin, semi-burlona del actual duque, -que venia á decirme: «Mira cómo te regocijas en mi -casa, como si estuvieras en la tuya.» Los Madrazos se -habian dividido en muchas familias, y Espronceda entre -sus ruidosos amigos me llamaba el viejo de veinticuatro -años.</p> - -<p>Pero era preciso vivir, y para vivir era forzoso trabajar. -La casualidad, que es la providencia de los españoles, -y la debilidad de García Gutierrez para conmigo, -me abrieron campo más ancho, franqueándome la escena, -cuando más necesitaba variar y acrecentar mis -medios de accion y de subsistencia.</p> - -<p>No recuerdo por qué ni cómo, porque aún no conocia -el teatro por dentro, habia quedado Madrid aquel -verano sin compañía dramática alguna, ni por qué ni -cómo andaban por las provincias Matilde, los Romeas -y los empresarios habituales de sus coliseos: el hecho -era que desde fines de Mayo actuaba en el del Príncipe -una sociedad improvisada, bajo un programa tan modesto -que no anunciaba más pretensiones que la de no -dejar al público de Madrid sin ningun espectáculo. Componíanla -García Luna, Juan Lombía, Pedro Lopez, Alverá, -Bárbara y Teodora Lamadrid, la Llorente, la Puerta -como graciosa, Azcona, Monreal y media docena de -bailarinas. Luna y la Bárbara eran ya actores de reputacion; -Azcona y la Llorente eran resto de las buenas -compañías de Grimaldi: Breton no habia aún escrito<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> -para Lombía <i>El pelo de la dehesa</i>, y no habia tenido -aún tiempo Teodora de abordar los grandes papeles. -Una mañana de Junio, miércoles ántes de un <i>Corpus -Christi</i>, pasaba yo por la calle Mayor, de vuelta de casa -de Delgado, á quien no habia podido ver; acordéme de -que hacia más de un mes que no veia á G. Gutierrez, -que habitaba en un piso principal de los soportales, y -me ocurrió verle y ver si él me procuraba el dinero que -de Delgado no habia obtenido. Colocaban los operarios -del municipio el toldo para la procesion del dia siguiente; -y como yo anduviese por entónces muy dado á la -gimnasia, para fortalecer el brazo izquierdo que me habia -roto de muchacho, y como dos cuerdas del toldo colgasen -hasta la calle, aseguradas en el balcon de G. Gutierrez, -trepé á su aposento por tan inusitado camino, -encontrándole todavía acostado, á pesar de ser cerca -de medio dia. Nuestra conversacion no fué muy larga.</p> - -<p>—¿Qué tienes? ¿Por qué estás aún en la cama?</p> - -<p>—Porque me aburro: y tú, ¿qué traes?</p> - -<p>—Mohina por no haber encontrado á Delgado en -casa.</p> - -<p>—¿Necesitas dinero?</p> - -<p>—¿Cuándo no?</p> - -<p>—Pues dos dias hace que estoy yo aquí discurriendo -de dónde sacar dos mil reales.</p> - -<p>—¡Pero, hombre, tú, con ofrecer una obra al teatro!..</p> - -<p>—No tengo más que medio acto de un drama.</p> - -<p>—Pues yo te ayudaré; y haciendo en tres dias tres -actos cortos, yo me encargo de sacarle á Delgado el -precio del derecho de impresion, y tú puedes tomar los -de representacion de la compañía del Príncipe, que verá -el cielo abierto de tener en Junio un drama del autor del -<i>Trovador</i>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> - -<p>Hice á Gutierrez oferta tal, sin pesar más que mi buen -deseo, y aceptóla él sin pensar en mi inexperiencia del -arte dramático, ni la distancia que entre él y yo mediaba. -Convinimos en que él me escribiria el plan de su -obra y vendria á las cuatro á comer con mi familia, -para repartirnos el trabajo. Hízolo así Gutierrez; leyóme -las dos primeras escenas que tenia escritas: tocóme -á mí escribir el acto segundo, y nos despedimos al anochecer -para juntarnos el jueves á las cuatro, á examinar -el trabajo por ambos hecho en la noche. El jueves -me trajo dos escenas más, y leíle yo todo el acto segundo. -Asombróle mi trabajo y esclamó:—¡Demonio! ¿Cómo -has hecho eso?—Pues poniéndome á trabajar ayer en -cuanto te fuiste, y no habiéndolo dejado ni para dormir, -ni para almorzar.</p> - -<p>Fuése picado, y concluyó su primer acto en aquella -noche: el viernes concluimos cada cual la mitad del tercero -que le tocó: el sábado lo copié yo, el domingo lo -presentó él al teatro y cobró tres mil reales, y el lunes -cobré yo otros tres mil de Delgado... y no siguió aburriéndose -García Gutierrez, y envié yo á mi padre dos -mensualidades, y ganosos los actores de complacer al -público, y éste de recompensarles su buena voluntad, -se representó y se aplaudió el drama <i>Juan Dándolo</i>; en -cuyo apellido esdrújulo veneciano cargamos nosotros el -acento en su segunda sílaba, por razones que no hay -necesidad de aducir: y cátenme ya autor dramático por -gracia de García Gutierrez, que me aceptó en él por su -colaborador.</p> - -<p>Mi innata é inconsciente audacia me arrastró á escribir -inmediatamente mi <i>Cada cual con su razon</i>, en -cuya comedia atropellé la historia, clavándole á Felipe -IV un hijo como una banderilla; pero la limpia y<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span> -armoniosa diccion de Bárbara Lamadrid, la intencionada -representacion de García Luna, el empeño de -Lombía, el esmero de Alverá en ensayar como profesor -de esgrima el duelo á cuatro con espada y daga del primer -acto, el discreteo galan de algunas escenas, y mi -insolente fortuna sobre todo, hicieron parecer un éxito -la benevolencia del público con el atrevido mozalvete, -autor de aquel afiligranado desatino.</p> - -<p>«A mí que las vendo,» me dije: y á los dos meses -presenté mis <i>Aventuras de una noche</i>, comedia en la -cual levanté un chichon histórico á don Pedro de Peralta -y otro al príncipe de Viana. Al infantil enredo de -esta mi segunda comedia dieron un alto relieve la Bárbara -y la Llorente: y á fin de año dí mi primera parte -de <i>El Zapatero y el Rey</i>, en cuyo drama hizo Luna -maravillas, y yo una conjuracion de muchachos de colegio, -que no hay narices con que admirar; pero en -cuyo argumento hay realmente el gérmen de un drama.</p> - -<p>Desde aquella noche quedé, como un mal médico con -título y facultades para matar, por el dramaturgo más -flamante de la romántica escuela, capaz de asesinar y de -volver locos en la escena á cuantos reyes cayeran al -alcance de mi pluma. Dios me lo perdone: pero así comencé -yo el primer año de mi carrera dramática, con -asombro de la crítica, atropello del buen gusto y comienzo -de la descabellada escuela de los espectros y asesinatos -históricos, bautizados con el nombre de dramas -románticos.</p> - -<p>Si entónces hubiera vuelto mi padre de la emigracion, -y él con su jubilacion de consejero de Castilla -(que más tarde le concedió S. M. la Reina doña Isabel) -y yo con el producto de mis leyendas, hubiéramos cuidado -de nuestro solar y de nuestras viñas, habríamos<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> -ambos vivido en paz; habria él muerto tranquilo y sin -deudas, y hubiérame yo ahorrado tántos tumbos por el -mar y tántos tropezones por la tierra, acosado por la envidia -y por las calumnias de los que codician una gloria -que no es más que ruido y unas coronas de papel, -bajo cuyas hojas sin sávia vienen siempre millones de -espinas, que bajan atravesando el cerebro á clavarse -en el corazon de los que en España llegan á la celebridad -literaria.</p> - -<p>Pero mi padre, tenaz en sus opiniones, se obstinó -en no acogerse á amnistía alguna; mi infeliz madre siguió -oculta por las montañas, no queriendo ver ni aprovechar -la tolerancia del progreso; y Lombía, al hacerse -empresario del teatro de la Cruz, me ofreció un sueldo -mensual por no escribir para el del Príncipe, á donde -volvieron Matilde y Julian, y ajustó á Cárlos Latorre -con la condicion de que estrenara mi segunda parte de -<i>El Zapatero y el Rey</i>, de la cual habia yo hablado, -como consecuencia del ensayo hecho en la primera.</p> - -<p>Lombía, actor de ambicion, empresario activo y espíritu -tan malicioso como previsor, habiendo crecido -en reputacion con la ayuda de las obras de Breton y de -Hartzenbusch, sus amigos casi de infancia, no desaprovechó -la doble ocasion, que á la mano se le vino, de -interesar pecuniariamente en su empresa á Fagoaga, director -entónces del Banco, y de ajustar en su compañía -á Cárlos Latorre; á quien Julian Romea, su discípulo, -habia desdeñado, dejándole sin ajuste en la suya del -Príncipe. Latorre era el único actor trágico heredero de -las tradiciones de Maiquez y educado en la buena escuela -francesa de Talma. Su padre habia sido alto empleado -en Hacienda, intendente de una provincia, en -tiempos anteriores; y Cárlos, buen ginete, diestro en las -<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> -armas y de gallarda y aventajada estatura, habia sido -paje del Rey José, y adquirido en Francia una educacion -y unos modales que le hacian modelo sobre la -escena. Grimaldi, el director más inteligente que han -tenido nuestros teatros, habia amoldado sus formas clásicas -y su mímica greco-francesa á las exigencias del -teatro moderno, haciéndole representar el capitan Buridan -de <i>Margarita de Borgoña</i> de una manera tan intachable -como asombrosa y desacostumbrada en nuestro -viejo teatro. Cárlos Latorre no era ya jóven, pero -no era aún de desdeñar, sobre todo si se le procuraba -un repertorio nuevo, en cuyos nuevos papeles, obligándole -á concluir de perder sus resabios de amaneramiento -francés, se le abriese un nuevo campo en que desplegar -sus inmensas facultades.</p> - -<p>Lombía se apresuró á ajustarle en su compañía del -teatro de la Cruz, en la renovacion de cuyo escenario y -decoracion de cuya sala gastó cerca de cuarenta mil -duros; y agregándose al erudito y estudioso galan Pedro -Mate, á la Antera y á la Joaquina Baus, heredera ésta -de los papeles del teatro antiguo de la Rita Luna, y -hermosísima dama de <i>Lo cierto por lo dudoso</i>, y á las -dos Lamadrid, Bárbara, ya acreditada, y Teodora, esperanza -justa del porvenir, juntó una numerosa aunque -algo heterogénea compañía, de la cual no supo sacar -partido por dejarse llevar de su vanidad personal y de -las miserables rencillas de bastidores, dividiéndola en -dos y sacrificando una mitad en provecho de la otra.</p> - -<p>Pero es larga materia, y merece número aparte.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>IX.</h2> - - -<p>Hacia ya tres meses que habia abierto Lombía el -teatro de la Cruz, corregido y aumentado con un -espacioso escenario y un nuevo telar que permitian -poner en escena las obras que más aparato exigiesen; -pero como dueño de su caballo, se habia -apeado por las orejas, y no habia puesto más que obras, -en las cuales como en <i>El Cardenal y el judío</i>, se habian -gastado muchos dineros á cambio de algunos silbidos y -del desden y la ausencia del público. Julian y Matilde -con su compañía marchaban miéntras viento en popa, -llevándose con justicia su favor y sus monedas al teatro -del Príncipe. Lombía era un gracioso de buena ley y un -característico de primer órden en especiales papeles; era -uno de los actores más estudiosos y que más han hecho -olvidar sus defectos físicos con el estudio y la observacion. -Su figura era un poco informe por su ninguna esbeltez -y flexibilidad; su fisonomía inmóvil, de poca expresion; -y sus piernas un si es no es zambas; cualidades -personales que, en lo gracioso y lo característico, le -daban el sello especial del talento, pues se veia que luchando -consigo mismo de sí mismo triunfaba; pero le -<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span> -hacian desmerecer en los papeles y con los trajes de -galan, cuya categoría tenia afan de asaltar, saliéndose -de la suya, en la cual algunas veces era una verdadera -notabilidad: como en D. Frutos de <i>El pelo de la dehesa</i>, -en el Garabito de <i>La redoma encantada</i> y en el exclaustrado -D. Gabriel de <i>Lo de arriba abajo</i>. En tal empeño, -y luchando desventajosamente con la competencia del -Príncipe, llegó Lombía en el teatro de la Cruz á las fiestas -de Navidad, habiendo agotado el bolsillo de Fagoaga -y la paciencia del público.</p> - -<p>Cárlos Latorre y la parte de la compañía que en su -género sério le secundaba, apenas habia trabajado en -unos cuantos dramas viejos, de los cuales estaba ya el -público hastiado; y si la obra que en Navidad se estrenara -no sacaba á flote la nave de la Cruz del bajío en -que Lombía la habia hecho encallar, tenia las noventa -y nueve contra las ciento de naufragar ántes de Reyes. -Todos los autores de alguna reputacion estaban -con Romea: excepto yo, que tenia señalados, pero no -los cobraba, mil quinientos reales mensuales por no escribir -para el Príncipe, y la obligacion de presentar un -drama en Setiembre y otro en Enero. El 21 de Setiembre -habia presentado la <i>Segunda parte del Zapatero y el Rey</i>: -llegó, empero, el 23 de Diciembre, y se puso en escena, -con grandes esperanzas, una <i>Degollacion de los inocentes</i>, -arreglada del francés, y en la cual hacía Lombía el -papel del <i>rey Herodes</i>. Fagoaga habia consentido en suplir -gastos y abonar sueldos hasta la primera representacion -de Noche-buena; pero los inocentes fueron degollados -en silencio en el acto segundo, en medio de cuya -degollina se presentó Lombía con el flotante manto y el -tradicional timbal de macarrones en la cabeza, con el -que solian representar á Herodes los pintores y esculto<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>res -de imaginería de la Edad Media; y el drama continuó -arrastrándose penosamente hasta su final entre los -aplausos de los amigos de la empresa, á quienes nos interesaba -su porvenir, y la hilaridad del público de Noche-buena, -que tomó en chunga á Herodes y á sus -niños descabezados.</p> - -<p>Entónces recordó la empresa que yo habia cumplido -mi contrato, y que mi rey D. Pedro descansaba en el -archivo, y preguntó si habria medio de ponerle en escena -con la rapidez que exigian las circunstancias, y como -tabla de salvacion del <i>Naufragio de la Medusa</i>, que -habia tambien naufragado ántes del degollador Tetrarca -Hierosolimita.</p> - -<p>El pintor-maquinista Aranda, que era amigo mio, -habia armado y pintado en ratos perdidos, y con <i>palitos -y tronchitos</i>, como se dice en lenguaje de bastidores, -las decoraciones de mi drama: Latorre, Noren, Mate y -la Teodora habian estudiado sus papeles, por no tener -cosa mejor en que pasar su tiempo; de modo que con -un poco de la buena voluntad á que obliga la necesidad -con su cara de hereje, el rey D. Pedro podia presentarse -al público con tres ensayos y el paso de papeles. -Pero habia la dificultad de que el papel del zapatero -requeria un primer actor, y Latorre y Mate se habian -ya encargado de los del rey D. Pedro y del infante Don -Enrique. Yo me fuí derecho á Lombía, por consejo de -Cárlos Latorre, y le dije: que el papel de zapatero era -el principal del drama, puesto que se titulaba <i>El Zapatero -y el Rey</i>, y no <i>El Rey y el Zapatero</i>; que los maldicientes -malquerientes de la empresa, y nuestros enemigos -naturales (que eran los del teatro del Príncipe), -decian que no se atreveria nunca á presentarse en escena -con Cárlos Latorre, y que por eso habia dividido en dos<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span> -la compañía; que yo habia escrito el papel de Blas expresamente -para él, y que finalmente, el único modo -de salvar el teatro y mi pobre drama, que trás de tantos -tumbos y naufragios se iba á hacer á la mar, necesitaba -al capitan del buque para cuidar del timon.</p> - -<p>Lombía, ó vencido por mis razones, ó viendo que el -papel era de aplauso seguro, aunque el drama no gustara, -cayó en el lazo, aceptó el papel, se activaron los -ensayos y llegó el momento de redactar el cartel. Aquí -era ella. ¿Qué nombre iria en él delante? ¿El de Cárlos -ó el suyo? Las vanidades del teatro son más incapaces -de transaccion que las de D. Alvaro de Luna y del conde-duque -de Olivares: Cárlos cedió, en obsequio á mí; -pero me costaba la transaccion más tal vez de lo que valia -el drama: se me impuso la condicion de que habia de -consentir que se anunciase con mi nombre; cosa inusitada -hasta entónces, y áun muy rara vez usada hoy en -dia. Neguéme yo á semejante innovacion, alegando que -era un alarde de vanidad que iba á atraer indudablemente -una silba sobre mi obra, y que mi nombre puesto -en los anuncios desde la primera representacion, era un -cartel de desafío, cuyo guante arrojaba la empresa y -cuyo campeon inmolado iba á ser el pobre autor en cuyo -nombre lo arrojaba. Sostuvo la empresa su opinion, -alegando que, en el estado en que se hallaba el teatro, -sólo mi nombre atraeria gente á la primera representacion, -y que era una falsa modestia el encubrir mi nombre, -porque ¿á quién se podria ocultar que habria escrito la -segunda parte el mismo que habia escrito la primera? -Yo, entre la espada y la pared, pospuse mi derecho al -bien de la empresa; y una mañana apareció el cartel -anunciando la primera representacion de la <i>segunda parte</i> -de <i>El Zapatero y el Rey</i>, por D. José Zorrilla: y el<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> -nombre del poeta más pequeño que habia en España, -apareció en las letras más grandes que en cartel de teatros -hasta entónces se habian impreso.</p> - -<p>Resultó lo que yo habia previsto: todos los poetas, -periodistas y escritores de Madrid,—excepto Hartzenbusch -y Leopoldo Augusto de Cueto, hoy marqués de -Valmar, que me sostuvieron y ampararon siempre, y -el Curioso Parlante, que no sé si habia ido más que á la -inauguracion del teatro de la Cruz,—se dieron de ojo -para preparar la más estrepitosa caida á mi forzada vanidad: -las cañas se me volvieron lanzas, y mis mejores -amigos tornaron la espalda al orgulloso chicuelo que -decia al firmar el cartel—«¡aquí estoy yo!—ficó Blas y -punto redondo.»—Apeché yo con la desventaja de la lucha -y me resolví á morir en brava lid, como el gladiador -á quien decia «digitum porgo» el pueblo de los -circos de Roma. La empresa y los actores tomaron despechados -á pechos llevar el drama adelante, y la noche -del ensayo general estaba el teatro más lleno que lo iba á -estar la de la primera representacion. Una multitud <i>de -amigos</i> fué á estudiar las situaciones débiles, y las escenas -difíciles y atacables de mi obra, para herirla á golpe -seguro y en sitio mortal.</p> - -<p>Era esta una escena del acto tercero. Pedro Mate, -actor cuidadoso, idólatra de su arte y enamorado de mi -drama por la amistad que me tenia, se habia encargado -del ingrato papel de D. Enrique; y encariñado con él -se habia hecho, no solamente un costoso traje, sinó una -sombra de fino alambre y bien engomada gasa, moldeada -sobre su mismo cuerpo, para que apareciese en el -lugar en que mi acotacion la reclamaba. Aquella sombra -era una maravilla de trabajo y de parecido: era un -Pedro Mate, un infante D. Enrique flotante y <span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>transparente -como una aparicion de vapor ceniciento: era una sombra -del rey bastardo de un efecto maravilloso; pero -cuanto más ligera, fantástica y asombrosa era aquella -sombra, era tanto más difícil de manejar. Puesto sobre -el fondo cárdeno de la piedra de la torre de Montiel al -lado de Mate, daba frio y parecia fantasma desprendida -del mismo D. Enrique; pero como Mate la habia ideado -y confeccionado sobre mi acotacion que dice: «La sombra -de D. Enrique... <i>aparece en lo alto del torreon, bajando -poco á poco hasta colocarse en frente del rey</i>.» -Mate la habia registrado en dos alambres paralelos en -plano inclinado; pero por más exactamente paralelos y -perfectamente aceitados que estuviesen, la figura de -gasa cabeceaba al moverse, y bajaba tambaleándose -como borracha, convirtiendo la aparicion temerosa en -ridículo maniquí. Añadióle Mate peso en la cabeza -y pataleaba como un ahorcado; púsosele á los piés y -cabezeaba como los gigantones de Búrgos: cuanto -más ensayábamos la presentacion de la sombra, más -mala sombra tenia para el drama y para la empresa: -y á las tres de la madrugada desocuparon los amigos -y los curiosos el teatro diciéndonos: «hasta mañana.»</p> - -<p>Cárlos Latorre, despues de arrancar de cólera con las -uñas una media caña dorada de la embocadura, se fué -á su casa renegando de la empresa, del drama, del autor -y de la hora en que se ajustó en aquel desventurado -teatro; y en él nos quedamos solos, Lombía paseándose -por detrás de los torreones de carton de Montiel, el maquinista -Aranda por delante con intenciones de quemarlos, -el pintor Esquivel en una butaca de proscenio hilvanando -una retahila de interjecciones de Andalucía, y -yo respaldado en la embocadura sin poder digerir aquel<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span> -«hasta mañana» con que los amigos me habian emplazado -tan sin merecerlo.</p> - -<p>Aranda, que como una zorra cogida en trampa, daba -vueltas por el proscenio, sin hallar salida para una idea -en la confusion en que sentia entrampado su pensamiento, -trabó un pié en un aparato de quinqués, portátil, -volcólo rompiendo los tubos y vertiendo el aceite -sobre un forillo que por tierra estaba, y al mismo tiempo -que soltó alto y redondo uno de los votos que Esquivel -ensartaba por lo bajo, se levantó éste exclamando—¡ya -está!—y trepando á la escena, empezó á extender el -aceite por la tela del forrillo, miéntras acudíamos Lombía -y yo á ver el estropicio de Aranda y la untura que Esquivel -seguia dando al lienzo sin cesar de repetir: «Ya -está, hombres, ya está!» De repente comprendimos el -«ya está» de Esquivel por lo que éste hizo; tomóme de -la mano Lombía, y sacándome del teatro y dejando en -él á los dos pintores, nos despedimos todos «hasta mañana,» -y al cruzar la plazuela de Santa Ana para irme -con el alba que ya lucia, á mi casa, núm. 5 de la plaza -de Matute, lancé al aire con todo el de mis pulmones, -aquel «¡hasta mañana!» que no habia podido digerir.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<h2>X.</h2> - - -<p>Llegó, en fin, aquel mañana, que en los teatros es -siempre noche. El despacho del de la Cruz estaba -cerrado, porque todas sus localidades estaban ya -vendidas. El alumbrante habia ya encendido los -quinqués de los pasillos; los actores pedian ya luz -para sus cuartos, y los comparsas se probaban los arrequives -que mejor convenian á sus tan desconocidas -como necesarias personalidades. Los comparsas son en -el teatro y en la política de España lo más arriesgado -y difícil de presentar.</p> - -<p>Tenia yo por contrata el derecho de ocupar el palco -bajo del proscenio de la izquierda en todas las funciones, -excepto en las de beneficio: generosidad que hasta entónces -no habia costado nada á la empresa, porque -apenas habia tenido diez entradas llenas, fuera de los -estrenos: mi familia entraba en el teatro por la plaza del -Angel, y al palco por el escenario; con cuya costumbre -sólo los actores me veian en el teatro, á donde no iba -yo nunca á hacerme ver, sino á estudiar desde el fondo -escondido del palco lo que en escena pasaba, y el trabajo -de los actores para quienes me habia comprometi<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>do -á escribir. Aquella noche ocupó mi familia el palco -cuando aún estaba á oscuras la sala, dentro de cuyo escenario -por todas partes hacia miedo; yo subí al cuarto -de Cárlos Latorre.</p> - -<p>Estaba solo con Agustin, el ayuda de cámara que -le vestia, á quien hallo aún en la portería de un teatro, -y á quien doy la mano como si fuera un antiguo -camarada de glorias y fatigas: no há muchas semanas -me hizo venir las lágrimas á los ojos recordando á su -amo á quien adoraba; y eso que dice el refran que «no -hay hombre grande para su ayuda de cámara,» pero -este refran es francés, y en España falso por consiguiente. -Cárlos se vestia cabizbajo, y la primera palabra que -me dijo: fué «tengo miedo.»—«Yo le tengo siempre, le -contesté; aunque nunca lo manifiesto.»—«¡Y yo que -le esperaba á V. para que me diera valor!» repuso: á lo -cual, cerrando la puerta y mandando al ayuda de cámara -que no dejara entrar á nadie, le dije: «Hablemos -cuatro minutos: y si despues de lo que le diga no se -siente V. con más valor que Paredes en Cerignola, no -será por culpa mia.»</p> - -<p>Cárlos era un hombron de cerca de seis piés de estatura -y podia tenerme en sus rodillas como á una criatura -de seis años. Habia conocido á mi padre, superintendente -general de policía; le habia debido algunas atenciones -en los difíciles tiempos en que mandaba en Madrid -y presidia los teatros; le habia Cárlos prestado -armas y trajes para que yo hiciera comedias en el Seminario -de Nobles, y habia yo empezado á declamar -tomando á éste por modelo: pero por una de esas revoluciones -naturales en el progreso del tiempo, habíame -éste colocado en la situacion de tenerle que hacer observaciones -y darle consejos; que, en honor de la ver<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>dad, -escuchó y siguió con la conviccion de que eran dados -con la más sincera franqueza y la más fraternal -buena fé. Durante dos semanas nos habíamos encerrado -en su estudio, él y yo sólos, y allí me habia hecho leerle -y releerle su papel y decirle sobre su desempeño todo -cuanto pudo ocurrírseme. Él, el primer trágico de España, -sin sucesor todavía, la primera reputacion en la escena, -escuchó con atencion mis reflexiones y se convenció -por ellas de que su aversion á los versos octosílabos -y al género de nuestro teatro antiguo era injusta: de que -su declamacion de los endecasílabos del Edipo conservaba -aún cierto dejo francés, que sólo le haria perder la -recitacion de los versos de arte menor, y de que las redondillas -de mi rey D. Pedro, escritas por un lector y -teniendo los alientos estudiadamente colocados para -que el actor aprovechara sin fatiga los efectos de sus -palabras, le debian de presentar ante el público, bajo -una nueva faz y como un actor nuevo en el teatro Español, -sin las reminiscencias del francés, que era el -único defecto que el público alguna vez le encontraba. -Todo esto habia yo dicho á mis veinticuatro años -á aquel coloso de nuestra escena, que iba á presentarse -aquella noche en el papel del rey D. Pedro, transformado -en otro actor diferente del hasta entónces conocido -por gracia y poder de un muchachuelo atrabiliario, -que se habia atrevido á decir la verdad á un -hombre de verdadero talento y de verdadera conciencia -artística.</p> - -<p>Cuando aquel gigante se quedó solo en su cuarto con -aquel chico, hé aquí lo que éste le dijo á aquel:</p> - -<p>«Dice el vulgo, mi querido Cárlos, que este teatro es -un panteon donde Lombía ha reunido una coleccion de -mómias, que un chico loco está empeñado en galvani<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span>zar. -Usted es una de estas supuestas mómias, y yo el -loco galvanizador; pero yo, que le quiero á V. con toda -mi alma, y que espero que su voz de V. llegue con las -palabras de mi rey D. Pedro hasta los oidos de mi padre, -emigrado en Burdeos, necesito que resucite usted, -aunque me deje en la oscuridad de la fosa de que usted -se alce. Jugamos esta noche V. y yo el todo por el -todo; pero, aunque se hundan el autor y el drama, es -forzoso que el actor se levante; nuestro público tiene -aún en sí el gérmen del entusiasmo revolucionario de la -época, y el personaje que va V. á representar será -siempre popular en España. Vamos á tener además un -poderoso auxiliar en Mr. de Salvandy, el embajador -francés, que ha pedido ya sus pasaportes y un palco -para asistir inconsciente á la representacion; «ya verá -usted la que se arma cuando salga Beltran Claquin.»—Cárlos -Latorre brincó, oyendo esto, de la silla en que estaba -sentado, y yo seguí diciéndole: «con que haga usted -cuenta que representa V. á Sanson, y asegúrese bien de -las columnas; aunque no le darán á V. tiempo de derribar -el templo.»—Mucho me temo que me le den, me dijo no -muy confortado por mis palabras.—¡Qué diablos! repuse -yo, si se le dan á V. sepúltese con todos los filisteos. -Yo me voy á mi palco.—Pero, ¿y la sombra, que -ni siquiera he visto? me dijo viéndome tomar la puerta.—Fíese -V. en Aranda, que tiene ya luz con que producirla, -le respondí, escapándome por el escenario.</p> - -<p>Cuando entré en mi proscenio, ya habia empezado la -sinfonía y el teatro estaba lleno. Nunca he tenido más -miedo, ni más resolucion de provocar á la fortuna. A -los tres cuartos para las nueve se alzó el telon; el frio -del escenario entró en mi palco, sin que yo le dejara -entrar en mi corazon. Se oyó el primer acto en el más<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -sepulcral silencio; cayó el telon sin un aplauso, pero yo -conocí que la impresion que dejaba no me era desfavorable.</p> - -<p>Cárlos comprendió que necesitaba todo su brío y su -talento para atraerse á un público tan mal prevenido, y -al levantarse el telon para el acto segundo, encabezó su -papel con uno de esos pormenores que sólo saben dar á -los suyos los cómicos como Cárlos Latorre. El rey don -Pedro se presenta de incógnito en el primer acto de mi -obra: al presentarse Cárlos en el segundo, presentó la -figura del rey como un modelo de estatuaria; apoyado -el brazo izquierdo en el respaldo de su sillon blasonado -de castillos y leones, y el derecho en una enorme espada -de dos manos. Vestia un jubon grana con dos leones -y dos castillos cruzados, bordados en el pecho; un calzon -de pié, anteado y ajustado, sin una arruga, borceguíes -grana bordados y con acicates de oro, y gola y -puños de encaje blancos; tocando su cabeza con un ancho -aro de metal, que así podia tomarse por birrete como -por corona; de debajo de la cual, asomando sobre la -frente el pelo cortado en redondo y cayendo por ambos -lados las dos guedejas rubias, encuadraban un rostro -copiado del busto del sepulcro del rey D. Pedro en Santo -Domingo el Real. Era Cárlos Latorre un hombre de -notables proporciones y correccion de formas: sus piernas -y sus brazos, clásicamente modelados, daban movimiento -á su figura con la regularidad académica de las -de los relieves y modelos de la estatuaria griega: siempre -sobre sí, en reposo y en movimiento, estaba siempre -en escena; y ni el aplauso ni la desaprobacion le hacian -jamás salirse del cuadro ni descomponerse en él. Al empezar -el acto segundo, su figura semi-colosal, vestida de -ante y de grana, se destacaba sobre el fondo pardo de un<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> -telon que representaba un muro de vieja fábrica, reposando -perfectamente sobre su centro de gravedad, ligeramente -escorzada y en actitud tan intachable como -natural; y así permaneció inmóvil, hasta que el público -aplaudió tan bello recuerdo plástico del rey caballero á -quien iba á representar; y no rompió á hablar hasta que -el general aplauso espiró en el silencio de la atencion: -parecia que allí comenzaba el drama. El gigante habia -tenido en cuenta el consejo del muchacho pigmeo, y el -actor habia ganado para sí al público que tan hosco se -mostraba con el autor.</p> - -<p>En la escena endecasílaba con Juan Pascual desplegó -Cárlos todas sus poderosas facultades orales y toda la -clásica maestría de su dominio de la escena; la cual estaba -estudiada con tan minucioso cuidado, que tenian -marcado su sitio los piés de los comparsas, los de Juan -Pascual y los suyos para la escena penúltima; y al decir -al conspirador que si el cielo se desplomara sobre su cabeza -le veria caer sin inclinarla, rugió como un leon -estremeciendo al auditorio; y al barrer, despues de un -gallardísimo molinete de su tremendo mandoble, las -once espadas de los conjurados, al tiempo que el antiguo -zapatero Blas abria tras él la puerta de salvacion, el público -entero se levantó en pró del rey que tan bien se -servia de sus armas, y aplaudió entusiasta la promesa de -su vuelta para el acto siguiente. El actor habia ganado -la primera jugada de una partida de tres. El rey habia -derrotado el ala derecha del enemigo: el público no habia -visto jamás un combate tan bien ensayado en los teatros -de Madrid, y pedia ¡el autor! que no parecia. Alzóse el -telon sobre Cárlos Latorre; y cuando éste, dirigiendo la -vista á mi palco me dirigia una mirada de indefinible satisfaccion, -esperando que yo saltase á la escena para<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span> -compartir con él un triunfo que era solamente suyo, -oyó con asombro á Felipe Reyes, <i>autor de la compañía</i>, -decir: «Señores, el nombre del autor está en el cartel y -el Sr. Zorrilla en su palco; pero suplica al público que -no insista en su presentacion, porque tiene mucho miedo -al tercer acto.»</p> - -<p>El público de entónces entraba en el teatro á ver la -representacion y se embebecia con lo que en ella pasaba; -entendió que mi miedo era natural y no insistió en -llamar al autor; pero continuó aplaudiendo, ayudado de -<i>mis amigos</i> que me tenian aplazado y me esperaban en -el acto tercero.</p> - -<p>Levantóse el telon para éste. Era la primera vez que -se veia la escena sin bastidores: Aranda, malogrado é -incomparable escenógrafo, presentó la terraza de la -torre de Montiel dos piés mas alta que el nivel del escenario; -de modo que parecia que los cuatro torreones que -la flanqueaban surgian verdaderamente del foso, y que -los personajes se asomaban á las almenas; desde las cuales -se veian en magistralmente calculada perspectiva las -blancas y diminutas tiendas del lejano campamento del -Bastardo, destacándose todo sobre un telon circular de -cielo y veladuras cenicientas, representacion admirable -de la atmósfera nebulosa de una noche de luna de invierno. -El pendon morado de Castilla, clavado en medio -de la terraza en un pedestal de piedra, se mecia por -dos hilos imperceptibles, como si el aire lo agitára, y el -aire entraba verdaderamente en la sala por el escenario, -desmontado y abierto hasta la plaza del Angel. La silueta -fina de la Teodora, cuya pequeña y graciosa cabeza, -tocada con sus ricas trenzas negras, se dibujaba -sobre el blanquecino celaje, animaba aquel cuadro sombrío, -cuya ilusion era completa. Cárlos y Lumbreras<span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span> -yacian absortos en profunda meditacion en los dos -ángulos del fondo, de espaldas al público, que aplaudió -largo rato, y el pintor continuaba el triunfo del actor. -Teodora dió á sus breves escenas una melancolía tan -poética, Lombía al suyo una resignacion tan adustamente -resuelta, y prepararon tan maestramente la escena -fantástica del fatalismo bajo el cual se iba á presentar -el rey D. Pedro, que cuando éste se levantó, el público -estaba profundamente identificado con aquella absurda -y fantástica situacion. Oyóse en silencio todo el acto; -colocóse Lumbreras (Men-Rodriguez de Sanábria) sobre -el torreon del fondo de la izquierda, y salió el rey con -la lámpara del judío. Cárlos, al colocarla sobre el pedestal, -me echó una mirada que queria decir: ¡Y la sombra! -Yo permanecí impasible para no turbarle, y empezó su -monólogo con el temblor del miedo que tenia á la sombra, -y que hizo, por lo mismo que era un miedo real, -un efecto maravillosamente pavoroso en los espectadores. -<i>¡Brotó la llama!</i> dijo el rey D. Pedro, y apareció -detrás de él, cenicienta, callada é inmoble, la sombra -transparente de D. Enrique sobre el oscuro torreon: -asombróse Cárlos de verla tan al contrario de como la -esperaba; identificóse con su papel, creciéndose hasta -la fiebre que se llama inspiracion: y cómo dijo aquel actor -aquellas palabras, cómo soltó aquella carcajada histérica -y cómo cayó riéndose y extremeciendo al público -de miedo y de placer, ni yo puedo decirlo, ni -concebirlo nadie que no lo haya visto.</p> - -<p>El público y el huracan entraron en el teatro: mis amigos -ahullaban de placer de haber sido vencidos; Aranda -y Cárlos Latorre habian convertido en éxito colosal el -atrevido desatino de un muchacho, y la empresa habia -parado con él á la fortuna en el despacho de billetes de su<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> -arrinconado teatro. Cuando Lumbreras anunció <i>¡el farol!</i> -y se apercibió éste del tamaño de una nuez sobre la -mirmidónica tienda de Duglesquin, ya nadie escuchó la -salida del rey. Cárlos, rendido y anheloso, volvió á la -escena con Teodora, Noren y Lumbreras á recibir los -aplausos del público, á cuyos gritos de «¡el autor!» volvió -á presentarse Felipe Reyes y á decir medio espantado: -que yo tenia más miedo al cuarto acto que al tercero.</p> - -<p>El por entónces teniente coronel Juan Prim, que no -me conocia más que por haberme encontrado várias -veces en el tiro de pistola, y que se habia apercibido del -elemento hostil que yo tenia en la sala, aplaudia de pié -en su luneta, dispuesto á sostenerme á todo trance, comprendiendo -todo el riesgo de mi negativa.</p> - -<p>Cárlos me envió á decir que «no estirase tanto la -cuerda que la rompiese.» Yo habia ensayado mi obra á -conciencia: sabia cómo iban á hacer la escena de la -tienda Cárlos y Mate, y fiaba además en la presencia del -embajador francés en la de D. Pedro con Beltran de -Claquin. Esperé, pues, el acto cuarto sin moverme del -fondo de mi proscenio, y mi cálculo no salió fallido.</p> - -<p>La tienda del acto cuarto estaba tan bien preparada -por Aranda como la torre de Montiel: Cárlos dijo sus -redondillas á los franceses con un brío tan despechado, -hizo una transicion tan maestra como inesperada en la -que empieza <i>sí</i>, <i>si vosotros, señores</i>, é hicieron por fin la -suya él y Mate con tal verdad, que sólo pudo serlo más -la realidad de la de Montiel.</p> - -<p>Al cerrarse la tienda sobre la lucha de los dos hermanos, -el público quedó en el mas profundo silencio; pero -la salida de Mate pálido, sin casco, desgreñado y saltadas -las hebillas de la armadura, arrancó un aplauso<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -igual al de la presentacion del rey D. Pedro en el acto -segundo. Mate, casi tan alto como Cárlos, pero flaco y -herido de la tísis de que murió, se presentó trémulo del -cansancio y del miedo de la lucha, recordando la siniestra -fantasma aparecida en el torreon, y dió á su papel -una poesía y unos tamaños que no habia sabido darle -el autor. Cuando él concluia su parlamento, cubria yo -con mi capa y su manto á Cárlos Latorre; que, tendido -en la tienda, esperaba jadeante de cansancio y de -emocion á que el infante mostrase á Blas Perez su cadáver. -Cuando nos presentamos todos al público, me tenia -de la mano como con unas tenazas: y cuando caido el -telon por última vez, me cogió en brazos para besarme, -creí que me deshacía al decirme las únicas y curiosas -palabras con que acertó á expresarme su pensamiento, -que fueron: «¡diablo de chiquitin!» y me dejó en tierra.</p> - -<p>Así se ensayó y se puso en escena la segunda parte -de <i>El Zapatero y el Rey</i>, el año 41 ó 42, no lo recuerdo -con exactitud: tal era la fraternidad que entónces reinaba -entre autores y actores; tal era el cariño y entusiasmo -del público por los de entónces, y tan poco consistentes -sus ojerizas y enemistades, que el menor éxito -las vencia, y el soplo vital de la lealtad las disipaba.</p> - -<p>Un pormenor digno de no ser olvidado. Llevaba ya -<i>El Zapatero y el Rey</i> treinta y tantas representaciones que -habian producido sobre veinte mil duros, estaban ya -pagados hasta los espabiladores, y aun no le habia ocurrido -á la empresa que me debia seis meses de sueldo y -el precio del drama con que se habia salvado. Siempre -en España ha sido considerado el trabajo del ingenio -como la hacienda del perdido y la túnica de Cristo, de -las cuales todo el mundo tiene derecho á hacer tiras y -capirotes.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span></p> - -<p>Hasta que el viejo juez Valdeosera se presentó una -noche á intervenir la entrada, no cayeron en la cuenta -Salas y Lombía de que no podíamos los poetas vivir -del aire, y se apresuraron á darme paga cumplida con -intereses y sincera satisfaccion, y era que realmente, con -la más cándida impremeditacion, se habian olvidado recogiendo -los huevos de oro del que les habia traido la -gallina que los ponia.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XI.</h2> - -<p class="center i2"><i>De cómo se escribieron y representaron algunas de mis -obras dramáticas.</i></p> - -<p class="center i2">SANCHO GARCÍA.—EL CABALLO DEL REY DON SANCHO.</p> - - -<p class="p2">Continuaba la competencia de los teatros del Príncipe -y de la Cruz, dirigidos por Romea y Lombía, y -continuaba yo comprometido á escribir sólo para -el de la Cruz, miéntras en su compañía conservara -su empresario á Cárlos Latorre y á Bárbara Lamadrid; -yo era, pues, el único poeta que no ponia los piés -en el saloncito de Julian Romea, porque yo no he vuelto -jamás la cara á lo que una vez he dado la espalda. -No era yo, empero, un enemigo de quien se pudieran -temer traiciones ni bastardías; es decir, guerra baja ni -encubierta de críticas acerbas y de intrigas de bastidores: -yo tenia mi entrada en el Príncipe, á cuyas lunetas -iba á aplaudir á Julian y á Matilde, pero no escribia -para ellos; era su amigo personal y su enemigo artístico; -era el aliado leal de Lombía, y le ayudaba á dar sus -batallas llevando á mi lado á Bárbara Lamadrid y á -Cárlos Latorre, con cuyos dos atletas le dí algunas victorias -no muy fácilmente conseguidas, algunos puñados<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span> -de duros y algunas noches de sueño tranquilo. Pero la -lucha era tan ruda como continuada: duró cinco años. -En ellos nos dió Hartzenbusch su <i>D. Alfonso el Casto</i> y -su <i>Doña Mencía</i>, una porcion de primorosos juguetes -en prosa y verso, y las dos mágias <i>La redoma</i> y<i> Los -polvos</i>: diónos García Gutierrez el <i>Simon Bocanegra</i>, que -vale mucho más de lo en que se le aprecia, y defendió su -teatro el mismo Lombía, metiéndose á autor con el arreglo -de <i>Lo de arriba abajo</i>, que alcanzó un éxito fabuloso. -Teníamos además unos auxiliares asíduos en Doncel -y Valladares, que escribian á destajo para la actriz más -preciosa y simpática que en muchos años se ha presentado -en las tablas: la Juanita Perez, quien con Guzman -en <i>No más muchachos</i> y en <i>El pilluelo de París</i>, -habia hecho las delicias del público desde muy niña. -La Juana Perez era de tan pequeña como proporcionada -personalidad; con una cabeza jugosa, rica en cabellos, -de contornos purísimos, de facciones menudas y móviles -y ojos vivísimos; su voz y su sonrisa eran encantadoras, -y se sostenia por un prodigio de equilibrio en dos -piés de inconcebible pequeñez, sirviéndose de dos tan -flexibles como diminutas manos. Cantaba muy decorosa -y señorilmente unas canciones picarescas que rebosaban -malicia; y vestida de muchacho hacia reir hasta á los -mascarones dorados de la embocadura, y hubiera sido -capaz de hacer condenarse á la más austera comunidad -de cartujos.</p> - -<p>La Juana Perez, cuya gracia infantil prolongó en ella -el juvenil atractivo hasta la edad madura, no pasó jamás -en las tablas de los diez y siete años; y fué, miéntras las -pisó, el encanto y la desesperacion del sexo feo de -aquel tiempo, que la vió pasar ante sus ojos como la <i>fée -aux miettes</i> del cuento de Charles Nodier. Auxiliáronnos<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span> -poderosamente el primer año las dos espléndidas figuras -de las hermanas Baus, Teresa y Joaquina; madre esta -última de nuestro primer dramático moderno Tamayo -y Baus, y heredera y continuadora de la buena tradicion -del teatro antiguo de Mayquez y Carretero. Pero ni la -tenacidad atrevida de Lombía, ni el talisman de la gracia -de la Juana Perez, ni nuestra avanzada de buenas mozas -como las Baus, y la retaguardia de buenas actrices -como la Bárbara, la Teodora y la Sampelayo, nos bastaban -para contrarestar la insolente fortuna de Julian -Romea, la justa y creciente boga de Matilde, que hechizaba -á los espectadores, y la infatigable fecundidad -de Ventura de la Vega, que les daba cada quince dias, -convertido en juguete valioso ó en ingeniosísima comedia, -un miserable engendro francés; en cuyo arreglo -desperdiciaba cien veces más talento del que hubiera -necesitado para crear diez piezas originales. Julian y -Matilde contaban sus quincenas por triunfos, y á los de -<i>La rueda de la fortuna</i>, de Rubí, al <i>Muérete y verás</i> y -á las trescientas obras de Breton, y á <i>Otra casa con dos -puertas</i>, de Ventura, no teníamos nosotros que oponer -más que las repeticiones del <i>D. Alfonso el Casto</i>, <i>Simon -Bocanegra</i> y <i>D.ª Mencía</i>, y las mágias de Hartzenbusch, -con los arreglos de dramas de espectáculo que se elaboraba -Lombía, asociado á Tirado y Coll, é impelidos los -tres por el fecundísimo Olona.</p> - -<p>Mi <i>Rey D. Pedro</i>, mi <i>Sancho García</i>, mi <i>Excomulgado</i>, -mi <i>Mejor razon la espada</i>, mi <i>Rey loco</i> y mi <i>Alcalde -Ronquillo</i>, contribuyeron á nuestro sostén, gracias al -concienzudo estudio, á la inusitada perfeccion de detalles -y á la perpétua atencion con que me los representaban -Cárlos Latorre y Bárbara Lamadrid; quienes encariñados -con el muchacho desatalentado que para ellos<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span> -los escribia, considerándole como á un hijo mal criado á -quien se le mima por sus mismas calaveradas y á quien -se adora por las pesadumbres que nos da, me sufrian -mis exigencias, se amoldaban á mis caprichos y se doblegaban -á mi voluntad, de modo, que en la representacion -de mis obras no parecian los mismos que en las -de los demás, y los demás se quejaban de ellos, y con -razon; pero no habia culpa en nadie. Cárlos Latorre habia -conocido á mi padre, á quien debió atenciones extrañas -á aquella <i>ominosa década</i>; Cárlos Latorre, de -estatura y fuerzas colosales, me sentaba á veces en sus -rodillas como á sus propios hijos, y me preguntaba -cómo yo habia imaginado tal ó cual escena que para él -acababa yo de escribir: él me contradecia con su experiencia -y me revelaba los secretos de su personalidad en -la escena, y daba forma práctica y plástica á la informe -poesía de mis fantásticas concepciones: estudiábamos -ambos, él en mí y yo en él los papeles, en los cuales -identificábamos los dos distintos talentos, con los cuales -nos habia dotado á ambos la naturaleza, y... no necesito -decir más para que se comprenda cómo hacia -Cárlos mis obras, como un padre las de su hijo; yo era -todo para el actor, y el actor era todo para mí.</p> - -<p>Con Bárbara Lamadrid, mujer y mujer honestísima é -intachable, mi papel era más difícil, mi amistad y mi -intimidad necesitaban otras formas; pero, actriz adherida -á Cárlos, compañera obligada en la escena de aquella -figura colosal, <i>dama</i> imprescindible de aquel <i>galan</i> -en mis dramas, necesitaba el mismo estudio, la misma -inoculacion de mis ideas innovadoras y revolucionarias -en el teatro, y yo la trataba como á una hermana menor, -á quien unas veces se la acaricia y otras se la riñe; -yo la decia sin reparo cuanto se me ocurria; la hacia re<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span>petir -diez veces una misma cosa, no la dejaba pasar la -más mínima negligencia, la ensayaba sus papeles como -á una chiquilla de primer año de Conservatorio; y á veces -se enojaba conmigo como si verdaderamente lo fuese, -hasta llorar como una chiquilla, y á veces me obedecia -resignada como á un loco á quien se obedece por -compasion; pero convencida al fin de mi sinceridad, del -respeto que su talento me inspiraba, y de la seguridad -con que contaba yo siempre con ella para el éxito de -mis obras, hacia en ellas lo que en <i>Sancho García</i>, lo que -es lamentable que no pueda quedar estereotipado para -ser comprendido por los que no lo ven. ¡Desventura inmensa -del actor cuyo trabajo se pierde con el ruido de -su voz y desaparece trás del telon!</p> - -<p>En la escena con Hissem y el judío reveló la fascinacion -que la supersticion ejercia en el alma enamorada -de la mujer; tradujo tan vigorosamente el poder de una -pasion tardía en una mujer adulta, que traspasó al público -la fascinacion del personaje, suprema prueba del -talento de una actriz. En las escenas sexta y sétima -del acto tercero se hizo escuchar con una atencion que -sofocaba al espectador, que no queria ni respirar. Bárbara -tenia mucho miedo al monólogo: en el segundo entreacto -me habia suplicado que se le aligerara, y Cárlos -y yo no habíamos querido: Bárbara acometió su monólogo -desesperada, conducida por delante por el inteligente -apuntador, y acosada por su izquierda por mí que -estaba dentro de la embocadura, en el palco bajo del -proscenio. Cárlos y yo la habíamos dicho que si no arrancaba -tres aplausos nutridos en el monólogo, la declararíamos -inútil para nuestras obras; y comenzó con un -temblor casi convulsivo, y llegó en el más profundo silencio -hasta el verso vigésimo cuarto; pero en los cuatro<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span> -siguientes, al expresar la lucha del amor de madre con -el amor de la mujer, y al decir</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">«Hijo mio... ¡ay de mí! me acuerdo tarde,»</div> -</div></div></div> - -<p>hizo una transicion tan magistral, bajando una octava -entera despues de un grito desgarrador, que el público -estalló en un aplauso que extremeció el coliseo. Crecióse -con él la actriz; entró en la fiebre de la inspiracion; -hizo lo imposible de relatar; y cuando exclamó concluyendo, -con el acento profundo y las cóncavas inflexiones -del de la más criminal desesperacion,</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">«para uno de los dos guarda esa copa,</div> -<div class="line">de la callada eternidad la llave!»</div> -</div></div></div> - -<p>quedó Bárbara inmóvil, trémula, inconsciente de lo que -habia hecho, ajena y sin corresponder con la más mínima -inclinacion de cabeza á los aplausos frenéticos, que -tuvo que interrumpir Cárlos Latorre presentándose á -continuar la representacion, sacando á Bárbara de su -absorcion con el «¡Madre mia!» de su salida.</p> - -<p>Así hacian Cárlos y Bárbara <i>Sancho García</i>. Aún -vive: pregúntenselo mis lectores á Bárbara, y que diga -ella cuántos malos ratos la dí con el ensayo y cuántas -noches insomnes la hice pasar con el estudio de mis papeles; -cuántas lágrimas la hice derramar y cuántas veces -la hice detestar su suerte de actriz; pero que diga tambien -si tuvo nunca amigo más leal ni aplausos y ovaciones -como las de mi <i>Sancho García</i>. Hoy siento orgullo -con tal recuerdo, y me congratulo de poderla dar este -testimonio de mi gratitud treinta y ocho años despues de -aquella representacion.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span></p> - -<p>Lombía, por su parte, lo inventó y lo intentó todo -en aquellos cuatro años para sostener nuestro teatro de -la Cruz enfrente del afortunado del Príncipe. A su iniciativa -se debió que Basili, Salas, Ojeda y Azcona -echaran los fundamentos de la Zarzuela con la escena -de <i>La pendencia</i> y <i>El sacristan de San Lorenzo</i>, y -otras parodias de <i>Norma</i>, <i>Lucía</i> y <i>Lucrecia</i>, en las cuales -despuntó Caltañazor, y concluyó por presentar <i>La -lámpara maravillosa</i>, baile maravillosamente decorado -por Aranda y Avrial, ejecutado por la familia Bartholomin, -cuya primera pareja, Bartholomin-Montplaisir, fué -reforzada con un cuerpo de baile de andaluzas y aragonesas; -de cuyos cuerpos se han perdido los moldes, y -de cuyas modeladuras no quiero acordarme, por no quitar -tres meses de sueño á los que no las vieron con aquellos -vestidos, que no eran más que un pretesto para salir -en cueros.</p> - -<p>En el verano del 40 ó del 41, ántes de que estas huríes -hicieran un infierno del teatro de la Cruz, reclamó Lombía -de mí una comedia de espectáculo, en ausencia de -Cárlos Latorre, que veraneaba por las provincias. Los -actores sérios y jóvenes se habian ido con Cárlos, y el -trabajo cómico de Lombía, no acomodándose con el -mio patibulario, no sabia yo cómo salir de aquel compromiso -ineludible, segun mi contrato con la empresa. -Apurábame Lombía, y devanábame yo los sesos -trás del argumento por él pedido, sin que él aflojara un -punto en su demanda y sin que yo me atreviera á decirle -que no éramos el uno para el otro. Acosábale á él tal -vez la secreta comezon de abordar el drama en ausencia -de Cárlos, y pesábame á mí tener que escribir para otro -que no fuera aquel único modelo del galan clásico del -drama romántico; costaba mucho á mi lealtad lo que tal<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span> -vez podia parecer una traicion á Cárlos Latorre, y -¡Dios me perdone mi mal juicio! pero tengo para mí -que Lombía tenia la mala intencion de hacérmela cometer. -Impacientábase Lombía y desesperábame yo de -no dar con un asunto á propósito, lo que ya le parecia, -vista mi anterior fecundidad, no querer escribir para él, -cuando una tarde, obligado á trabajar un caballo que yo -tenia entablado hacia ya muchos dias, salia yo en él -por la calle del Baño para bajar al Prado por la Carrera -de San Jerónimo. Era el caballo regalo de un mi pariente, -Protasio Zorrilla, y andaluz, de la ganadería de Mazpule, -negro, de grande alzada, muy ancho de encuentros, -muy engallado y rico de cabos, y llevábale yo con mucho -cuidado, miéntras por el empedrado marchaba, por -temor de que se me alborotase. Cabeceaba y braceaba -el animal contentísimo de respirar el aire libre, cuando, -al doblar la esquina, oí exclamar á uno de tres chulos -que se pararon á contemplar mi cabalgadura: «Pues miá -tú que es idea dejar á un animal tan hermoso andar sin -ginete.»</p> - -<p>La verdad era que siendo yo tan pequeño, no pasaban -mis piés del vientre del caballo; y visto de frente, -no se veia mi persona detrás de su engallada cabeza y -de sus ondosas y abundantes crines. Por mas que fuera -poco halagüeña para mi amor propio la chusca observacion -de aquellos manolos, el de montar tan hermosa -bestia me hizo dar en la vanidad de lucirla sobre -la escena, y ocurrírseme la idea de escribir para ello mi -comedia <i>El caballo del rey D. Sancho</i>. Rumié el asunto -durante mi paseo, registré la historia del Padre Mariana -de vuelta á mi casa, y fuíme á las nueve á proponer á -Lombía el argumento de mi comedia, advirtiéndole que -debia de concluir en un torneo, en cuyo palenque debia<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> -él de presentarse armado de punta en blanco, ginete -sobre mi andaluz caparazonado y enfrontalado.</p> - -<p>Aceptó la idea de la comedia, plúgole la del torneo -final y halagóle la de ser en él ginete y vencedor. Puse -manos á mi obra aquella misma noche, y díla completa -en veinte y dos dias. El señor duque de Osuna, hermano -y antecesor del actual, á quien me presentó y cuya -benevolencia me ganó el conde de las Navas, puso á mi -disposicion su armería, de la cual tomé cuantos arneses -y armas necesité para el torneo de mi drama, cuya última -decoracion del palenque trás de la tienda real montó -Aranda con un lujo y una novedad inusitadas.</p> - -<p>Pasóse de papeles mi drama; ensayóse cuidadosamente -y conforme á un guion, que los directores de escena -hacen hoy muy mal en no hacer, y llegó el momento de -enseñar su papel á mi caballo. Metíle yo mismo una -mañana por la puerta de la plaza del Angel, desde la -cual subian los carros de decoraciones y trastos por una -suave y sólida rampa hasta el escenario: subió tranquilo -el animal por aquella, pero al pisar aquél, comenzó á -encapotarse y á bufar receloso, y al dar luz á la batería -del proscenio, no hubo modo de sujetarle y ménos de -encubertarle con el caparazon de acero. Lombía anunció -que ni el Sursum-Corda le haria montar jamás tan -rebelde bestia, y estábamos á punto de desistir de la representacion, -cuando el buen doctor Avilés nos ofreció -un caballo isabelino, de tan soberbia estampa como -extraordinaria docilidad, que aguantó la armadura de -guerra, la batería de luces y en sus lomos á Lombía, -que no era, sea dicho en paz, un muy gallardo ginete.</p> - -<p>La primera representacion de este drama fué tal vez -la más perfecta que tuvo lugar en aquel teatro: Lombía -se creció hasta lo increible: é hizo, como director de es<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span>cena, -el prodigio de presentar trescientos comparsas -tan bien ensayados y unidos, que se hicieron aplaudir -en un palenque de inesperado efecto; y Bárbara Lamadrid, -para quien fueron los honores de la noche, llevó -á cabo su papel con una lógica, una dignidad tales, que -al perdonar al pueblo desde la hoguera y á su hijo en -el final, oyó en la sala los más justos y nutridos aplausos -que habian atronado la del teatro de la Cruz.</p> - -<p>Pero aquel drama no pudo quedar de repertorio; hubo -que devolver las armaduras al señor duque de Osuna y -el caballo al doctor Avilés, y... ni mereció los honores -de la crítica, ni ningun empresario se ha vuelto á acordar -de él, ni yo, que de él me acuerdo en este artículo, -recuerdo ya lo que en él pasa. En cambio, al fin de aquel -mismo año se escribió otro que todo el mundo conoce, -que no hay aficionado que no haya hecho con gusto y -aplauso, de cuyo orígen se han propalado las más absurdas -suposiciones, que me ha valido tanta fama como -al mismo <i>D. Juan Tenorio</i>, y en cuya representacion -no han dado jamás pié con bola más que los tres actores -que, bajo mi direccion, lo estrenaron: Latorre, Pizarroso -y Lumbreras; hablo de <i>El puñal del godo</i>, del -cual me voy á ocupar en el siguiente número.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<h2>XII.<br /> - -EL PUÑAL DEL GODO.</h2> - - -<h3>I.</h3> - -<p>Acababa de estrenarse Sancho García y espiraba el -tercero dia de Diciembre de 1842. Trabajaba yo -aprovechando la luz que comenzaba á cambiarse -en crepúsculo, cuando un avisador del teatro me -trajo un billete de Lombía, en el cual me suplicaba -que no dejara de ir á la representacion de aquella noche, -porque deseaba tener conmigo una entrevista de -diez minutos.</p> - -<p>Ya Lombía, á imitacion de Romea, tenia una antecámara -en la cual se reunian sus autores favoritos y sus -amigos íntimos, como los de Julian en el saloncito del -teatro del Príncipe. De aquel venian algunos que escribian -para ambos teatros, y que como Hartzenbusch y -García Gutierrez no formaban pandillaje; porque su talento, -formalidad y reputacion, les habian ya colocado -muy encima de todo mezquino espíritu de partido. Yo -no iba nunca al saloncito del Príncipe é iba poco á la -antecámara de Lombía, pero asistia contínuamente á mi<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span> -palco de proscenio para estudiar mis actores, y bajaba -en los entreactos á saludar á Cárlos Latorre y á la Bárbara, -las noches que trabajaban. Aquella era de Lombía; -en el primer entreacto me aboqué con él en su cuarto y -trabamos inmediatamente conversacion, presentes Hartzenbusch, -Tomás Rubí, Isidoro Gil y no recuerdo quiénes -más. Hé aquí en resúmen nuestro diálogo:</p> - -<p><i>Lombía.</i>—La empresa espera de V. un señalado servicio.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Debo servirla segun mi contrato y segun mis -fuerzas.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Sabe V. que es costumbre que las funciones -de Noche-Buena sean beneficio de la compañía, -repartiéndose sus productos á prorrata entre todos sus -actores y empleados segun su clase.</p> - -<p>Agucé yo el oido sintiendo abrir una trampa en la -que se trataba de hacerme caer, y continuó Lombía diciéndome:</p> - -<p>Sabe V. que Cárlos Latorre no toma nunca parte en -las funciones de Navidad, so pretesto de que en el género -cómico de estas alegres representaciones no cabe -el suyo trágico; de modo que cobra y se pasea desde -Navidad á Reyes. Queremos que comparta este año con -nosotros el trabajo de tales dias, y no hay más que un -medio con el cual se avenga, y es, que se le escriba una -pieza nueva, y la empresa ha pensado en V.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Estamos á 13, y por breve que sea el trabajo...</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Deberia estar concluido el 17; copiado y -repartido, el 18; estudiado, el 19 y el 20; ensayado el -21 y 22, y representado el 24.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Imposible: me faltan tres escenas y copiar el tercer -acto de la segunda obra, que debo entregar á ustedes -ántes de año nuevo; si la interrumpo no la concluyo;<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> -no puedo, pues, ocuparme de nada más hasta el 17, y -ya no es tiempo.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—No quiere V. servir á la empresa por no -contrariar á su amigo.—(Lombía partia siempre del -principio de que yo era mejor amigo de Cárlos que suyo.)</p> - -<p><i>Yo.</i>—Mi obligacion es primero que mi amistad.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Su excusa de V. nos prueba lo contrario.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Voy á hacer á V. una propuesta que le asegure -de mi buena fé. Concluiré mi trabajo el 16: en su noche -volveré aquí; y si para entónces el Sr. Hartzenbusch -se ocupa de encontrarme un argumento para un drama -en un acto, yo me comprometo á escribirlo el 17 y presentarlo -el 18.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Propuesta evasiva: con decir que el argumento -que á V. se le dé no es de su gusto....</p> - -<p><i>Yo.</i>—El Sr. Hartzenbusch sabe el respeto en que le -tengo, y todos Vds. saben que sigo sus consejos y acepto -sus correcciones como de mi superior y maestro. He -buscado al Sr. Hartzenbusch en dos situaciones difíciles -de mi vida; sabe todos los secretos de mi casa, es en -ella como mi hermano mayor, y lo que él me diga que -haga, eso haré yo, como mejor hacerlo sepa.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Se conoce que ha estudiado V. con los jesuitas: -sus palabras de V. son tan suaves como escurridizas. -Si no quiere V. no hablemos más.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Mi última proposicion. Traiga V. aquí el 16 -por la noche un ejemplar de la historia del P. Mariana; -le abriremos por tres partes, desde la época de los godos -hasta la de Felipe IV: leeremos tres hojas de cada -corte en sus hojas hecho; y si en las nueve que leamos -tropezamos con algo que nos dé luz para un asunto dramático, -lo amasaremos entre todos, yo lo escribiré como -Dios me dé á entender, y el jesuita Mariana abonará la<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span> -fé del discípulo de los jesuitas del Seminario de Nobles.</p> - -<p><i>Lombía.</i>—Propuesta aceptada.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Pues hasta el 16 á las siete.</p> - -<p>En tal dia y en tal hora, concluido mi trabajo, volví -á presentarme en el teatro de la Cruz, donde Hartzenbusch, -Rubí y algunos otros de quienes no me acuerdo, -me esperaban con Lombía, que tenia sobre la mesa una -<i>Historia de España</i>. Metimos tres tarjetas por tres páginas -distintas, y en el primer corte tropezamos, en el -capítulo XXIII del libro sétimo, estas palabras sobre el -fin de la batalla de Guadalete y muerte del rey D. Rodrigo: -«Verdad es que, como doscientos años adelante, -en cierto templo de Portugal, en la ciudad de Viseo, -se halló una piedra con un letrero en latin, que vuelto -en romance dice:</p> - -<p><span class="smcap">AQUI REPOSA RODRIGO, ULTIMO REY DE LOS GODOS.</span></p> - -<p>Por donde se entiende que, salido de la batalla, huyó -á las partes de Portugal.»</p> - -<p>Al llegar aquí, dije yo: «Basta: un embrion de drama -se presenta á mi imaginacion. ¿Con qué actores y -con qué actrices cuento? Necesito á Cárlos, á Bárbara -y á lo ménos dos actores más.» Y miéntras esto decia, -me rodaban por el cerebro las imágenes de Pelayo, don -Rodrigo, Florinda y el conde D. Julian.—Lombía dijo: -«Imposible disponer de Bárbara.»—«Pues Teodora, repuse -yo.»—«Tampoco; la cuesta mucho estudiar, replicó -Lombía.»—«Pues Juanita Perez, ni la Boldun, no -me sirven para mi idea, repuse.»—«Pues compóngase -usted como pueda, exclamó por fin Lombía: tiene V. á -Cárlos, á Pizarroso y á Lumbreras: <i>los tres de V.</i> Van -á levantar el telon y no quiero faltar á mi salida. ¿En -qué quedamos? ¿Es V. hombre de sostener su palabra?»</p> - -<p>Picóme el amor propio el tonillo provocativo de<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span> -Lombía, y sin reflexionar, tomé mi sombrero y dije saliendo -tras él de su cuarto: «Mañana á estas horas quedan -Vds. citados para leer aquí un drama en un acto.—Buenas -noches.</p> - -<p>—¿Apostado? me gritó Lombía dirigiéndose á los bastidores.</p> - -<p>—Apostado: me darán Vds. de cenar en casa de -Próspero; respondí yo echándome fuera de ellos por la -puerta de la plaza del Angel.</p> - -<p>Poco trecho mediaba de allí á mi casa, núm. 5 de la -de Matute: poco tiempo tuve para amasar mi plan, pero -tampoco tenia minuto que perder. Me encerré en mi -despacho: pedí una taza de café bien fuerte, dí órden de -no interrumpirme hasta que yo llamara, y empecé á escribir -en un cuadernillo de papel la acotacion de mi -drama. «Cabaña, noche, relámpagos y truenos lejanos.—<span class="smcap">Escena -primera.</span>» Yo no sabia á quién iba á presentar -ni lo que iba á pasar en ella: pero puesto que iba á -desarrollarse en una cabaña, debia por álguien estar -habitada: ocurrióme un eremita, á quien bauticé con el -nombre de Romano por no perder tiempo en buscarle -otro; y como lo más natural era que un ermitaño se encomendase -á Dios en aquella tormenta que habia yo -desencadenado en torno suyo, mi monje Romano se puso -á encomendarse á Dios, miéntras yo me encomendaba -á todas las nueve musas para que me inspiraran el modo -de dar un paso adelante. Pensé que si el monje y yo no -nos encomendábamos bien á nuestros dioses respectivos, -corria el riesgo de meterme, empezando mal, en un pantano -de banalidades del que no pudieran sacarme ni todos -los godos que huyeron de Guadalete, ni todos los -moros que á sus márgenes les derrotaron.</p> - -<p>Llevaba ya el monje rezando treinta y seis versos, y<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> -era preciso que dijera algo que preparara la aparicion -de otro personaje; que era claro que si andaba por el -monte á aquellas horas y con aquel temporal, debia de -poner en cuidado al que abria la escena en la cabaña. -Decidíme por fin á atajar la palabra á mi monje romano -y escribí: <span class="smcap">Escena segunda</span>. <i>Sale Theudia</i>: y salió -Theudia; mas como no sabia yo aún quién era aquel -Theudia, le saqué embozado, y me pregunté á mí mismo: -¿Quién será este Sr. Theudia, á quien tampoco podia -tener embozado mucho tiempo en una capa, que no -me dí cuenta de si usaban ó no los godos? era preciso -empero desembozarle, y él se encargó de decirme quién -era: un caballero; por lo cual, y por su nombre, y por -su traje, tenia necesariamente que ser un godo; quien -trabándose de palabras con aquel monje que en la choza -estaba, me fué dando con los pormenores que en -ellas daba, la forma del plan que me bullia informe en -el cerebro; de modo que andando entre Theudia, el ermitaño -y yo á ciegas y á tientas con unos cuantos recuerdos -históricos y unas cuantas ficciones legendarias -de mi fantasía, cuando al fin de aquella larga escena -segunda escribí yo: <span class="smcap">Escena tercera</span>. <i>El ermitaño</i>, -<i>Theudia</i>, <i>Don Rodrigo</i>, ya comenzaba á ver un poco -más claro en la trama embrollada de mi improvisado -trabajo, y el cielo se me abrió en cuanto me ví con Cárlos -Latorre en las tablas; porque miéntras él estuviera -en ellas, era lo mismo que si en sus cien brazos me -tuviera á mí el gigante Briareo; porque estaba ya acostumbrado -á ver á Cárlos sacarme con bien de los atolladeros -en que hasta allí me habia metido, y á él conmigo -le habia arrastrado mi juvenil é inconsiderada -osadía.</p> - -<p>En cuanto me hallé, pues, con Cárlos, fiado en él,<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span> -me desembaracé del monje como mejor me ocurrió, y -me engolfé en los endecasílabos: cuando yo los escribia -para Cárlos Latorre en mis dramas, ya no veia yo en mi -escena al personaje que para él creaba, sinó á él que lo -habia de representar, con aquella figura tan gallarda y -correctamente delineada, con aquella accion y aquellos -movimientos, y aquella gesticulacion tan teatrales, tan -artísticos, tan plásticos, nunca distraido, jamás descuidado; -dominando la escena, dando movimiento, vida y -accion á los demás actores que le secundaban: así que -al entrar yo en los endecasílabos de la escena cuarta, me -despaché á mi gusto haciendo decir á D. Rodrigo cuanto -se me ocurrió, sin curarme del cansancio que iba á -procurar á un actor, que por fuerte que fuese era ya un -hombre de más de sesenta años con un papel que sostenia -solo todo mi drama; mas la inspiracion habia ya desplegado -todas sus alas, y no vacilé en añadirle el fatigosísimo -monólogo de la escena V para preparar la salida -del conde D. Julian. Aquí me amaneció: tomé chocolate -y leí lo escrito; parecióme largo y asombréme de -tal longitud, pero no habia tiempo de corregir; presentia -que me iba á cansar, y temiendo no concluir para -las siete, acometí la escena del conde con D. Rodrigo, -que me costó más que todo lo llevado á cabo, y me -faltó la luz del dia cuando escribia:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">Escucha, pues, ¡oh rey Rodrigo</div> -<div class="line">á cuánto llega mi rencor contigo!</div> -</div></div></div> - -<p>No me habia acostado, no habia comido, no podia -más y se acercaba la hora de la lectura. Me lavé, tomé -otra taza de café con leche, enrollé mi manuscrito y me -personé con él en el teatro de la Cruz. Leyóse; asom<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span>bréme -yo y asombráronse los que me escucharon; abrazóme -Hartzenbusch, y frotábase ya Lombía las manos -pensando en que la funcion de Navidad trabajaria Cárlos, -cuando éste dijo con la mayor tranquilidad: «Señores, -yo no tengo conciencia para poner esto en escena -en cuatro dias; esta obra es de la más difícil representacion, -y yo me comprometo á hacer de ella un éxito para -la empresa, si se me da tiempo para ponerla con el esmero -que requiere; miéntras que si la hacemos el 24 vamos -de seguro á tirar por la ventana el dinero de la empresa -y la obra es la reputacion del Sr. Zorrilla.</p> - -<p>Convinieron todos en la exactitud de lo alegado por -Latorre; mascó Lombía de través el puro que en la boca -tenia y... se dejó <i>El puñal del godo</i> para despues de las -fiestas; y tampoco aquel año trabajó en ellas Cárlos -Latorre.</p> - -<p>Así se escribió <i>El puñal del godo</i>. ¿Cómo lo puso en -escena aquel irreemplazable trágico?</p> - -<p>La representacion para el próximo lunes.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XIII.<br /> - -EL PUÑAL DEL GODO.</h2> - - -<h3>II.</h3> - -<p>Durante las fiestas de Navidad ocupóse Cárlos Latorre -del estudio de aquel repentino aborto de mi -irreflexivo ingenio, que habia yo escrito y leido en -veinticuatro horas y bautizado con el título de <i>El -puñal del godo</i>: y durante aquellos quince dias, habia -yo tenido tiempo para reflexionar sobre lo que habia -hecho.</p> - -<p>Debo yo á Dios una cualidad por la cual le estoy profundamente -agradecido; pero por la cual es probable -que no sea nunca respetado en mi patria: la de no dejarme -alucinar por los aplausos, y no creer por ellos que -mis obras son el non plus ultra de la perfeccion: como -yo sé mejor que nadie cómo y por qué las he escrito, -no tengo vanidad en ellas; y no solamente veo sus grandes -defectos, sinó que tampoco me ofende su crítica, -por más que muchas veces me las haya acerba, personal -y agresivamente flagelado.</p> - -<p>Desde que el 17 por la noche leí en el teatro de la<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -Cruz lo que en aquel dia y la noche anterior habia escrito, -habia yo comprendido que aquel <i>Puñal del godo</i>, -forjado en el breve tiempo y del modo que llevo dicho, -escribiéndolo ántes de pensarlo, creándolo y dándole forma -segun escribiéndolo iba, y fiándome al escribirlo en -que era Cárlos quien lo debia de representar en cuatro -dias, adolecia de gravísimos defectos, que hacian dificilísima -su representacion. Yo habia escrito sin juicio, sin -correccion y sin poder pararme á leer lo que escribia, -por miedo de perder los minutos que para concluir á -tiempo mi trabajo podian faltarme; por consiguiente, -mis personajes no decian en las cuatro primeras escenas -lo que debian para hacer comprender la accion á los espectadores, -sinó lo que yo me iba diciendo á mí mismo -para comprender mi pensamiento, que no se trababa y -desarrollaba en mi imaginacion, sino ya en el papel por -los puntos de mi pluma; la cual no podia volverse á -borrar una redondilla, sin perder sus cuatro versos y los -cuatro minutos empleados en escribirlos, no en pensarlos, -porque para pensar no tenia ni se me habia -concedido tiempo. Así en la escena IV endecasílaba, -parece que Theudia y D. Rodrigo se quieren desquitar -de lo que no han hablado desde la desastrosa jornada -del Guadalete. Fiado yo en Cárlos Latorre, que contaba -de una manera cuyos pormenores concienzudamente -estudiados en voz, posiciones, accion y fisonomía -avasallaban la atencion del auditorio constante y -crecientemente, puse en boca de D. Rodrigo aquella -fantástica historia del monje; figurándome conforme la -iba escribiendo cómo me la iba á poner en accion aquel -amigo gigante, que en sus brazos me levantó y á quien -debo la poca reputacion que como autor dramático he -obtenido.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p> - -<p>Y en verdad que, con sinceridad revelándoselo hoy -al público despues de treinta y ocho años, hasta que -hice decir á la vision del bosque en la narracion de -D. Rodrigo, que</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">él, á quien deshonró tu incontinencia,</div> -<div class="line">vendrá de crímen y vergüenza lleno</div> -<div class="line">con tu mismo puñal á hender tu seno,</div> -</div></div></div> - -<p>maldito si sabia yo aún en lo que habia de parar todo -aquello, que no era todavía más que la exposicion. Hasta -que brotó del diálogo aquel bienaventurado puñal, mi -mal perjeñado trabajo no tenia ni accion, ni final, ni título: -desde allí el drama lo es, y caminé desde allí resueltamente -á la escena VI, que es lo único que en él -tiene un valor real y un interés verdadero.</p> - -<p>Cuando nos reunimos por primera vez en el gabinete -octógono de su casa de la plaza de Santa Ana Cárlos y -yo, para tratar del reparto y ensayo de mi drameja, -me dijo Cárlos: «La espontaneidad con que ha escrito -usted <i>esto</i>, la exuberancia de versificacion en sus escenas -acumulada, hacen difícil su representacion. Yo no -quiero que corrija V. ni suprima una sola palabra; quitaria -V. á su obra su originalidad; quiero hacerla tal -como está; pero quiero que mis actores, conmigo, aseguren -el éxito de su estreno con el mismo lujo de pormenores -de que V. la ha colmado, y con tanto exceso -de estudio para representarla cuanto á V. le ha faltado -para escribirla. Escúcheme V., y vamos á ver si yo he -comprendido bien su pensamiento.»</p> - -<p>Latorre y yo teníamos siempre esta conferencia preliminar, -en la cual exponíamos mútuamente nuestra -manera de ver la accion de la obra que íbamos á poner<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span> -en escena: yo le decia cómo la habia yo concebido, y -él me decia cómo pensaba desarrollarla. Siguió, pues, -Cárlos diciéndome: «D. Rodrigo es en <i>El puñal del -godo</i> un rey acosado por dos grandes pasiones: la supersticion -del godo de su edad tosca, y la profunda melancolía -que en su corazon ha engendrado el vencimiento. -La concentracion en sí mismo y la distraccion perpétua -en que sus pensamientos le tienen absorbido son las señales -externas del carácter de esta figura. ¿No es eso?</p> - -<p>—Exactamente.</p> - -<p>—El conde D. Julian es un mal hombre: por más -que la ofensa que ha recibido le da derechos para mucho, -él va tras de una venganza insaciable, en la cual no -ha dudado envolver á toda la nacion de su ofensor. La -aspereza violenta, la ira traidora de la hiena, y la marcha -oblícua del lobo, son los caractéres exteriores de esta -figura, que se mueve en el cuadro inquieta, torva y siniestra, -como amenaza viviente. ¿No es así?</p> - -<p>—Exactamente.</p> - -<p>—Theudia es... su Sancho Montero y su Blas de usted -en <i>Sancho García</i> y <i>El Zapatero y el Rey</i>: á Lumbreras -le viene como pintado el papel de Theudia, y -daremos el del conde á Pizarroso.</p> - -<p>Y se envió á estos actores su respectivo papel.</p> - -<p>Lumbreras era entónces un mozo de buena estatura, -de franca fisonomía, de varoniles maneras, bien proporcionado -de piernas y brazos, y de fresca y bien timbrada -voz; pero era algo tartamudo, aunque no se apercibia -en escena este defecto, que vencia el estudio y el cuidado. -Lumbreras tenia el gérmen de un buen actor sério; -habia estrenado con justo aplauso el papel del moro -Hissem en <i>Sancho García</i>; y en la escuela y compañía -de Latorre le secundaba dignamente bajo su direccion.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span></p> - -<p>Pizarroso era un actor de angulosas formas, de voz áspera -y <i>garrasposa</i>, pero de buena estatura y fisonomía, -de fácil comprension, de buena voluntad para el estudio, -muy cuidadoso en el vestir, y secuaz ciego y adorador -idólatra de Cárlos Latorre, entre cuyas manos era -materia dúctil como actor útil y aceptable.</p> - -<p>Con estos elementos y diez dias de estudio, ensayamos -otros diez <i>El puñal del godo</i> y levantamos el telon -sobre el interior sombrío de una fantástica cabaña, pintada -por Aranda para mi drama en miniatura, en una -noche en que la política traia un poco inquietos los ánimos, -y la atmósfera tan cerrada en nubes como aquella -en incertidumbres; una noche, en suma, muy mala -para dar nada nuevo á un público que no sabia lo que -queria ni lo que recelaba, dispuesto á descargar su -inquietud sobre el primero que se la excitara, anheloso -por distraerse, pero inseguro de hallar quien le distrajera.</p> - -<p>Ante este público se levantó el telon del teatro de la -Cruz sobre la cabaña de mi monje Romano, quien empezó -aquella larga plegaria, de la cual no habia querido -Cárlos que suprimiera un verso. Nunca he tenido yo -más miedo: tenia cariño á mi tan mal forjado <i>Puñal</i>, y -temia que mi triunfo de veinticuatro horas se convirtiera -en veinticuatro minutos en vergonzosa derrota. Presentóse -Lumbreras, y se presentó bien: franco, sencillo -y respetuoso con el monje, pidióle de cenar con mucha -naturalidad, comió como sóbrio que dijo ser, observó al -ermitaño como hombre que está sobre sí, pero con la -tranquila serenidad de un valiente, y llevó en fin á cabo -la escena, dándola la flexibilidad, el movimiento y el -lujo de pormenores de que Cárlos habia previsto la necesidad. -El público la oyó en el más desanimador silencio.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span></p> - -<p>Salió al fin Cárlos, cabizbajo, distraido, sombrío y -brusco, llenando la escena del misterio del carácter del -personaje que representaba, y á los primeros versos se -captó la atencion de los espectadores, y al sentarse empujando -á Theudia y diciéndole: «Haceos, buen hombre, -atrás...» yo respiré en mi palco, porque ví que todo -el mundo queria ya ver lo que iba á pasar.</p> - -<p>Cárlos no tenia par para estas escenas: no dejó enfriar -la atencion un solo instante; y cuando, sólo ya con -Theudia, entró en los endecasílabos, se le escuchaba con -religioso silencio, y sofocábanse por no toser los á quienes -traia resfriados aquella húmeda frialdad del Enero -de 43.</p> - -<p>Cárlos reveló tánto miedo, tánta esperanza, tánta supersticion, -tal lucha interior de pasiones oyendo las noticias -de Theudia, que entró en la narracion de su cuento -tan vaga y tan fantásticamente, que al concluirle -diciendo</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">«Dijo: y por entre la niebla arrebatado</div> -<div class="line">huyó el fantasma y me dejó aterrado,»</div> -</div></div></div> - -<p>estalló un general aplauso: era que el público expresaba -así el placer de que Cárlos le hubiera dejado respirar: -Lumbreras picó y despertó el amor propio, y el valor -del rey vencido con una intencion tan bien marcada; -Cárlos olfateó y oyó el aura militar del campamento y -el clarin que extremecia á los corceles con una accion -tan dramática y levantada, y con una amplitud de aliento -tan vigorosa, que la sala estalló en aquel ¡bravo, Latorre! -que era sólo para él y que él sólo sabia arrancar. -La partida estaba ganada: y preparada de este modo la -salida del conde D. Julian, rápido, perfectamente á<span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span> -tiempo y entre el fulgor de un relámpago, se presentó -por el fondo Pizarroso, torvo, sombrío, hosco é insolente, -envuelto en una parda y corta anguarina, con una -larga y estrecha caperuza amarilla, que le cortaba la espalda -de arriba á abajo. Fuése directamente á la lumbre, -que estaba á la derecha, y picando con intachable -precision el diálogo de entrada, Cárlos con supersticiosa -desconfianza y Pizarroso con agresivo mal humor, llegó -éste al rústico banquillo que junto á la lumbre estaba, y -diciendo</p> - -<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="1" summary="dialogo"> - -<tr> - <td class="tdlp smcap">D. Julian.</td> - <td class="tdl">¿Tiene algo que cenar?</td> - <td class="tdlp"> </td> - <td class="tdlp"> </td> -</tr> - -<tr> - <td class="tdlp smcap">D. Rodrigo.</td> - <td class="tdr">Nada.</td> -</tr> - -<tr> - <td class="tdlp smcap">D. Julian.</td> - <td class="tdr" colspan="3">Pues basta;</td> -</tr> - -<tr> - <td class="tdr"> </td> - <td class="tdr" colspan="3">la cuestion por mi parte ha dado fondo,</td> -</tr> - -</table> - -<p>engánchase la borla de su capucha en un clavo del banquillo, -vuélcase éste y da fondo Pizarroso, sentándose á -plomo sobre el tablado.</p> - -<p>Aquí hubiera acabado hoy el drama; pero hé aquí el -público y los actores de aquel tiempo viejo: el público -ahogó en un ¡chist! general la natural hilaridad que iba -á romper; Cárlos, en lugar de decir: «desatento venís -donde os alojan,» dijo en voz muy clara y con un altanero -desenfado: «desatentado entrais donde os alojan,» -y aprovechando Pizarroso aquel dudoso instante, incorporóse -enderezando el banquillo, asentóle sobre sus piés -con un furioso golpe, y sentóse tranquilamente, como -si lo sucedido estuviera acotado en su papel. Cárlos, en -una posicion de supremo desden y de suprema dignidad, -se quedó contemplándole de través y en silencio, hasta -que el público rompió en un aplauso universal; y continuó -la escena en una suprema lucha de los actores por -la honra del autor. La conclusion fué tan rápida y pre<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>cisamente -ejecutada por el hachazo de Lumbreras, y -aconterada por Cárlos con la octava final con tal sentimiento -y brío, que el aplauso final se prolongó muchos -minutos. <i>El puñal del godo</i> obtuvo el éxito que se obligó -á darle Cárlos Latorre, si se nos concedia tiempo -para ponerle en escena como él habia concebido que -debia ponerse.</p> - -<p>Así se hacian y así se escuchaban las obras dramáticas -desde 1832 á 1843.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<h2>XIV.<br /> - -INTERRUPCION.</h2> - -<h3>Sr. Director de <i>Los Lunes de El Imparcial</i>:</h3> - - -<p>Mi querido amigo: Siento mucho no poder enviar -á V. original de mis <i>Recuerdos del tiempo viejo</i> -para el número de mañana: pero la primavera -que Dios prematuramente nos ha enviado esta semana -á los que en Madrid vivimos, ha hecho fermentar -en mi viejo corazon el espíritu vagabundo y holgazan -de todo buen español en la estacion primaveral. -Confieso á V., y sin que tal confesion me pese ó me -ruborice, que no he hecho más en toda la transcurrida -semana que pasear al sol mi pellejo, que con el frio comenzaba -ya á apergaminarse, conversar con dos amigos -tan viejos como yo, del tiempo que no volverá, y vagar -por las calles de Madrid como un gorrion nuevo recien -escapado del nido, que no piensa en volver á él miéntras -luzca el sol sobre el horizonte.</p> - -<p>En esta ociosa vagancia me ha cogido el sábado, mi -querido Munilla, sin haber escrito ni acordarme de escribir -una palabra del artículo de mañana: así que, mi <i>Puñal<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span> -del godo</i> pendiente se está como quedó en nuestro número -del 1.º de Marzo, y no lo volveré á coger hasta el -del lunes 15: y para bien sea; porque un puñal en manos -de un viejo loco, puede acarrear á cualquiera un -susto, si no un disgusto. Yo quisiera sincerar mi falta -dando á V. alguna razon que de ella con V. me disculpara: -pero, la verdad es que no la tengo: si le escribiera -á V. en verso, ya inventaria yo alguna mentira, por -excusa; pero escribiendo en prosa, debo decir la verdad -como hombre honrado.</p> - -<p>El lunes, satisfecho de haber publicado y cobrado mi -artículo, me salí al sol á expaciar el ánimo y á descansar -del trabajo hecho. Los martes son malos dias para -empezar negocio ni labor alguna: el miércoles me volví -á salir al sol para prepararme á oir por la noche en el -Ateneo al Sr. Moreno Nieto; á quien voy yo siempre á -escuchar con tanto asombro como respeto, porque sabe -tantas cosas que yo no sé, y las dice de una manera tan -de mi gusto, que le escucho arrobado, y me pesa siempre -de que concluya de exponer aquellos sus tan bien -hilados discursos, tan lógicamente hilvanados en tan -primorosas frases. El jueves continué paseándome al sol, -para rumiar lo oido al Sr. Moreno Nieto; y á las siete y -media (costumbre mia de los jueves) me senté á la mesa -de la condesa de Guaquí, quien siendo hija de mi condiscípulo -el duque de Villahermosa, es al mismo tiempo -hermana del ángel rubio encargado por Dios de abrir -las puertas de la aurora y de derramar la luz y la alegría -sobre la tierra. Recibe conmigo á su mesa los jueves -esta gentilísima señora al prodigio de memoria, de erudicion -y de precocidad, el jóven Menendez Pelayo, al -infatigable Grilo, que nos recita sus versos, los mios y -los de todos los poetas que conoce; á Pepe Esperanza,<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span> -quien me hace concebir la de escuchar el celeste concierto -del Paraiso, cuando él pone las manos en el piano, -y otros renombrados ingenios y conocidísimos personajes, -de quienes no cito á V. los nombres, porque no -le parezca que trato de darme más importancia de la escasa -que mis versos me han adquirido, más por el ajeno -favor que por su mérito propio. Puede V. comprender -que no tendria perdon de Dios, si empleara los viernes -en otra cosa que en saborear los recuerdos en prosa y -verso del salon de aquella condesa Cármen, con la cual -no tienen flor comparable ninguno de los Cármenes escalonados -en el valle de los Avellanos de la morisca -Granada.</p> - -<p>Del viernes ya pensé emplear la noche en escribir mi -artículo; pero fatalmente para V., los viernes ha dado -en reunir en su casa la señora de Malpica á algunos -amigos suyos, entre los cuales me cuenta; y ¡ay, señor -Director de <i>Los Lunes de El Imparcial</i>! recibe esta señora -con tal cariño y con tan buen gusto en una tan -elegante morada, y van á casa de esta señora dos niñas -morenas, que cantan como dos ángeles, dos rubias que -tocan como dos serafines, y otras dos de tez apiñonada -y cabello castaño que tocan y cantan como dos Santas -Cecilias... en fin, de aquella casa se sale con pesar á las -cuatro de la mañana; y el sábado hay que pasarlo en -soñar con aquellas tres parejas de muchachas, que le dejan -á uno en los oidos para veinticuatro horas el eco de -todas las harpas de Sion, y de los gorjeos de todos los -ruiseñores de los bosques de la Alhambra.</p> - -<p>La tarde del sábado, cuando ya iba disipándose la -especie de embriaguez en que envuelven el espíritu de -los poetas, aunque seamos viejos, el recuerdo de tánta -poesía, tánta música y tántos serafines con forma hu<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>mana... -ella bajando y yo subiendo, tropecé en la calle -de la Montera con la marquesa de D. H., que es la más -mona de todas las marquesas de los reinos unidos y -desunidos de Europa; una malagueña que tiene una -mata de rayos de sol por cabellos, un puñado de azucenas -por cara, dos pedazos de cielo por ojos y dos ramilletes -de jazmines por manos; y que me dió justísimas -quejas, y que la dí merecidísimas satisfacciones, y que -me ofreció el perdon suyo y el de su esposo, y que la -prometí enmienda, y que me fuí á mi casa entre la niebla -del crepúsculo, mareado y andando á tientas con el -recuerdo de sus palabras y la imágen de su hermosura.</p> - -<p>Envié á mi familia al teatro de Apolo, y dejando el -estreno de la comedia <i>Angel</i> por oir á Blasco, me dirigí -al Ateneo.</p> - -<p>Pero Blasco es más vagabundo que yo, y á las diez -nos dijo el secretario que Blasco no daba su lectura -aquella noche. Un poco despechado de aquel chasco -que con su ausencia me pegaba Blasco, eché hácia el -teatro de Apolo, desesperanzado de acabar la semana -tan poética y armoniosamente como la habia pasado, -puesto que daban una comedia en prosa para mí desconocida: -<i>Lo positivo</i>.</p> - -<p>A más de la mitad iba ya la representacion del acto -segundo, cuando ocupé yo mi butaca de primera fila; -ignoraba el argumento y dábame apenas cuenta de lo -que en la escena sucedia, cuando la Hijosa, que en ella -estaba sola, dejó un periódico en que habia leido y -tomó una carta que tenia delante por leer. Desplegó -poco á poco el papel de aquella carta y comenzó su lectura -con una indiferencia que cambió en atencion, y -que fué pasando de ésta al interés, y de éste al sentimiento, -y luego á la ternura, y ví con mis gemelos que<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> -las lágrimas brotaban de los ojos de la actriz, y sentí -las mias anublarme los cristales á cuyo través la contemplaba, -y oí por fin estallar un aplauso universal, y solté -mis anteojos para aplaudir su final de acto, cuya ejecucion -hacia mucho tiempo que no habia yo visto par.</p> - -<p>En el tercero desplegó Pepita Hijosa un lujo de pormenores, -un estudio de detalles tan minucioso, un cuadro -tan acabado de cómica coquetería, manifestó tal -seguridad y franqueza, tal posesion de la escena, que -envidié la fortuna del Sr. Tamayo ó Estévanez, ó como -quiera llamarse el académico autor de aquella comedia, -en la cual se me revelaban á un mismo tiempo el más -práctico de nuestros autores, y una actriz incomparable -para el estudio de sus papeles.</p> - -<p>Puede un gran poeta desarrollar en ricos versos ó en -castiza prosa, un gran pensamiento, y dar cima á una -gran creacion; pero el mejor poeta no puede hacer más -que escribir sus palabras; y si el actor no da á cada una -de las de su papel una intencion, una inflexion, un movimiento -y una vitalidad competentes, de la palabra no -resulta más que un sonido sin vibracion, que excita -seca, pálida y fria la idea en ella expresada. En lo que -yo ví de <i>Lo Positivo</i>, el poeta ha confeccionado sus palabras -y sus escenas como maestro, pero la Hijosa da á -su palabra el movimiento, el relieve y la vida del sentimiento -del arte.</p> - -<p>Yo no conocia, amigo Munilla, á esta actriz que ha -hecho su reputacion durante mis treinta años de ausencia -de España, y como todavía su acento me resuena -dentro del tímpano, su figura y su juego escénico me -bailan aún en las pupilas, y el recuerdo de la actriz me -turba la memoria, no tengo ni tiempo ni ánimo para escribir -el artículo de mañana.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span></p> - -<p>Compóngase Vd., pues, como pueda; que yo voy á -probar si durmiendo doce horas seguidas, puedo desembarazarme -de la deliciosa pesadilla que me producen -en vigilia las encantadoras imágenes de las nueve bienhechoras -hadas, con quienes he tenido la fortuna de tropezar -en la semana que acabó ayer. Si Dios me da otras -cuatro como ésta, el premio grande de la lotería en la -quinta, y la gloria despues de la muerte... reclame usted, -señor Munilla, reclame usted ante todos tribunales -humanos y en el divino, porque no habrá justicia ni en la -tierra ni en el cielo.</p> - -<p>Suyo afectísimo...</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Los redactores de <i>El Imparcial</i> no quisieron dejar -pasar el número de aquel lunes sin artículo mio, y sustituyéndole -con mi anterior epístola, le completaron con -la siguiente nota y los subsiguientes versos: todo lo cual -dejo yo en este lugar interrumpiendo mis recuerdos como -ellos lo intercalaron en los <i>Lunes</i> de su periódico.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Mal satisfechos con esta carta del Sr. Zorrilla, corrimos -á su casa, pero no le hallamos en ella. Registramos -osados su pupitre, y encontrando en él el borrador de -las siguientes octavas, las publicamos á continuacion de -su carta, en lugar del artículo que hoy no contaba -darnos.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Dios te ha dado, Valenciana,</div> -<div class="line">la beldad de las huríes;</div> -<div class="line">en tu faz, cuando sonries</div> -<div class="line">se abre el cielo y se ve á Dios;</div> -<div class="line">quien al darte en carne humana</div> -<div class="line">modelada tu hermosura,</div> -<div class="line">dijo: «ahí va esa criatura,</div> -<div class="line">y como esa no hago dos.»</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y eres única por eso:<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span></div> -<div class="line">Yo creí que era mi Rosa</div> -<div class="line">la primera y más hermosa</div> -<div class="line">en el ámbito español;</div> -<div class="line">pero á tí, prez y embeleso,</div> -<div class="line">luz y gloria de Valencia,</div> -<div class="line">te creó la Omnipotencia</div> -<div class="line">sola y sin par, como el sol.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">En tus ojos nace el dia,</div> -<div class="line">que ajimeces son del cielo</div> -<div class="line">por los cuales manda al suelo</div> -<div class="line">de Valencia Dios la luz.</div> -<div class="line">Ha supuesto Andalucía</div> -<div class="line">que era Vénus sevillana...</div> -<div class="line">no lo creas, Valenciana;</div> -<div class="line">erró vano el andaluz.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Al matar el cristianismo</div> -<div class="line">á la Vénus de Cithéres,</div> -<div class="line">se asió á tí Cupido, y eres</div> -<div class="line">quien le lleva de sí en pós;</div> -<div class="line">si hizo á aquella el paganismo</div> -<div class="line">de la espuma de los mares,</div> -<div class="line">de capullos de azahares</div> -<div class="line">y de luz te hizo á tí Dios.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tú eres Vénus, Valenciana;</div> -<div class="line">tu hermosura es más perfecta</div> -<div class="line">que la helénica, romana,</div> -<div class="line">bizantina y oriental:</div> -<div class="line">tú eres la obra más correcta</div> -<div class="line">de las manos de aquel númen</div> -<div class="line">que es la cifra y el resúmen</div> -<div class="line">de lo bello y lo ideal.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y contigo, almo trasunto</div> -<div class="line">de aquel gérmen de hermosura,</div> -<div class="line">de sin par modeladura</div> -<div class="line">en su inmensa creacion,</div> -<div class="line">no tiene el más leve punto</div> -<div class="line">de adhesion comparativa</div> -<div class="line">criatura alguna viva</div> -<div class="line">en belleza y perfeccion.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">No creó naturaleza</div> -<div class="line">ningun tipo de hermosura<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span></div> -<div class="line">que no fuera á tu belleza</div> -<div class="line">algun rasgo á demandar;</div> -<div class="line">te pidió el cisne blancura,</div> -<div class="line">el armiño tu limpieza,</div> -<div class="line">el halcon tu gentileza</div> -<div class="line">y el antílope tu andar.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tienes ojos de paloma</div> -<div class="line">y hebras de sol por pestañas;</div> -<div class="line">Dios te ha puesto en las entrañas</div> -<div class="line">los efluvios del rosal:</div> -<div class="line">y respiras los aromas</div> -<div class="line">que desprende en las montañas</div> -<div class="line">de sus troncos y sus gomas</div> -<div class="line">el calor primaveral.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tu cabeza toca airosa</div> -<div class="line">tu abundante cabellera,</div> -<div class="line">como al cedro y la palmera</div> -<div class="line">su ramaje secular:</div> -<div class="line">de las hondas de tus rizos</div> -<div class="line">la espiral es más graciosa</div> -<div class="line">que los arcos movedizos</div> -<div class="line">de las ondas de la mar.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tu cintura, más esbelta</div> -<div class="line">que los vástagos del mimbre,</div> -<div class="line">hace el paso que se cimbre</div> -<div class="line">de tu andar de garza real;</div> -<div class="line">y tu leve falda suelta</div> -<div class="line">flota en torno de tu talle,</div> -<div class="line">cual la niebla que en el valle</div> -<div class="line">alza el sol matutinal.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Más sutilmente no liba</div> -<div class="line">colibrí de cien colores</div> -<div class="line">en el cáliz de las flores</div> -<div class="line">el rocío que en él ve;</div> -<div class="line">más ingrávida no estriba</div> -<div class="line">la ligera mariposa</div> -<div class="line">en las hojas de una rosa,</div> -<div class="line">que al andar pisa tu pié.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">De tus labios la sonrisa</div> -<div class="line">como un alba se desprende</div> -<div class="line">que por la atmósfera extiende<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></div> -<div class="line">viva luz y áura vital,</div> -<div class="line">y tu aliento es una brisa</div> -<div class="line">que del cielo baja al suelo</div> -<div class="line">por tus labios, que del cielo</div> -<div class="line">son las puertas de coral.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Son más dulces tus palabras</div> -<div class="line">que la miel de las abejas;</div> -<div class="line">el olor que trás tí dejas</div> -<div class="line">aventaja al del clavel:</div> -<div class="line">y tu amor, con el que labras</div> -<div class="line">mi ventura, reasume</div> -<div class="line">la dulzura y el perfume</div> -<div class="line">de la flor y de la miel.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tú eres Vénus, Valenciana:</div> -<div class="line">tus dos labios carmesíes</div> -<div class="line">al abrir cuando sonries</div> -<div class="line">se abre el cielo y se ve á Dios;</div> -<div class="line">quien al darte en carne humana</div> -<div class="line">modelada tu hermosura,</div> -<div class="line">dijo: «ahí va esa criatura:</div> -<div class="line">mas como esa no haré dos.»</div> -</div></div></div> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XV.<br /> - -EL PUÑAL DEL GODO.</h2> - -<h3>III.</h3> - - -<p>Ganóme esta obrita más favor con el vulgo é hízose -pronto más popular y famosa que cuantas escritas -llevaba, por la circunstancia de que, no necesitándose -dama para su representacion, la pusieron en -escena todos los aficionados en liceos, casinos y demás -sociedades más ó ménos literarias que por entónces -comenzaron á surgir; y permítame el lector que con -vanidad le recuerde que sé de cierto que miles de personas, -que han sido y son hoy conocidos personajes, -han hecho el papel de alguno de los cuatro de mi <i>Puñal -del godo</i>: y no há muchas noches dieron una dedada -de miel á mi amor propio mi paisano Nuñez de Arce, -Sellés y otros que valen y son hoy más de lo que yo -antaño valia y era, revelándome alegremente que habian -de estudiantes representado á Theudia y á D. Rodrigo, -y el primero añadió que aún sabia de memoria -toda mi rápidamente abortada composicion; lo cual, -sea dicho en paz y en gracia de Dios, me congratula<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -con aquel pequeño aborto de mi ingenio y casi me enorgullece -de haberlo escrito.</p> - -<p>Y la ocasion me viene como de molde, para exponer -aquí mi opinion sobre las representaciones de los aficionados, -en los más ó ménos caseros teatros de sociedades -más ó ménos públicas ó privadas. Cuando invitado un -conocido autor á la representacion de una de sus obras -en uno de estos teatros, le dicen durante ó despues de -ella: <i>¡Cuánto habrá V. sufrido viéndose así ejecutado!</i> -ni los que tal le dicen son justos, ni él lo fuera pensando -tal. Yo por mi parte no sólo asisto sin pena á estas -ejecuciones, sinó que es la sola ocasion en que escucho -mis versos sin hastío. Los aficionados suelen ser muchachos -de quienes aún no se sabe el porvenir, que estudian -sus papeles con afan, los representan con entusiasmo, -y se encariñan con el autor; de quien se acuerdan -contínuamente y con quien contraen esa amistad leal, -noble y desinteresada, que se basa en la fruicion espiritual -de la lectura y del estudio de una obra que nos -procura aplausos y favor, siquiera sea de amigos. Tal -vez un muchacho á quien el porvenir guarda una faja -de general ó un sillon presidencial de un Parlamento ó -en una Academia, representa delante de la niña que ha -de ser su mujer, ó de la mujer que ha de ser su gloria -ó su condenacion. Tal vez alguno, con la representacion -del papel de Theudia ó del conde D. Julian, ha conseguido -el amor de su Florinda, y uno y otro han bendecido -y conservado por ello toda su vida una amistad -por él ignorada al viejo autor del <i>Puñal del godo</i>. En -estos teatros y en estos actores de aficion todo es disculpable, -en atencion á la buena fé con que todo se -hace: en ellos suelen presentarse individuos que fácilmente -llegarian á buenos actores, si en serlo pusiesen<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> -empeño ó de serlo se vieran en la necesidad. Yo soy tal -vez el viejo que tiene más amigos jóvenes: soy el -poeta que goza de más popularidad entre la juventud -escolar de España: y no por mi ciencia, de la cual dan -mis escritos bien pobre y escasa muestra, sinó por las -octavas de D. Rodrigo y el diálogo de éste con D. Julian, -de los cuales hay apenas estudiante que no tenga -en su memoria algunos de sus versos ó algunas hojas -parásitas de los mios entre las de sus libros de asignatura.</p> - -<p>Los actores de provincia son tambien dignos de la indulgencia -de los autores; porque la variedad diaria que -en sus representaciones exige un público escaso que nunca -varía, no les da tiempo de estudiar ni de ensayar -convenientemente las obras; pero basta de esto, que es -tratado aparte de mis recuerdos viejos: ya volveré sobre -ello cuando llegue el turno á mis impresiones del tiempo -actual; y tornemos y demos fin á las de <i>El puñal del -godo</i> con una anécdota poco conocida.</p> - -<p>Habia en Méjico cuando vivia yo en aquel paraiso, -que debió ser para mí y no quiso Dios que fuera limbo -del olvido un Casino español, pródigamente sostenido, -en cuyos salones se daban algunas espléndidas fiestas; -una de ellas, la imprescindible, se verificaba el dia -onomástico de la Reina Isabel, á quien, como á la persona -que entónces representaba la patria, enviábamos -un saludo los expatriados de España. Era yo el encargado -de hacer una lectura en aquellas noches, que concluia -siempre con el viva á España, al cual contestaban -los mejicanos y españoles en aquellos salones reunidos.</p> - -<p>Un año, queriendo el Casino hacerme un obsequio -por lo que parecia trabajo y era en un español obligacion -de buen ciudadano, dispuso que en una de estas<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -fiestas se representase mi <i>Puñal del godo</i> y se me ofreciese -una corona.</p> - -<p>Colocáronme, para honrarme, en un grande y magnífico -sillon, en el cual resaltaba más mi exígua personalidad, -á la derecha de la orquesta y de cara al público: -ejecutóse mi pobre drama lo mejor que se pudo -y mejor de lo que se esperaba; diéronme mi corona, -aplaudiéronme mucho, y despues de una exquisita cena -aconterada con muchos bríndis, metiéronme, tras de -muchos abrazos y plácemes, en mi coche y... buenas -noches.</p> - -<p>Al dia siguiente un periódico mejicano, no muy afecto -á los españoles pero redactado por gente ingeniosísima, -daba cuenta de la fiesta, la representacion, mi coronacion -y la cena final en los términos más halagüeños -para la riqueza, la esplendidez y el patriotismo de los -sócios del Casino; pero concluia con este cuentecillo: -«Sin que salgamos garantes de la verdad del hecho, se -cuenta que entre el poeta Zorrilla y un amigo nuestro y -suyo, que no habia asistido á la funcion del Casino y que -se acercó á saludarle al bajar aquel del coche á la puerta -de su casa, se cruzó el siguiente diálogo, que resultó -improvisada redondilla:</p> - -<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="1" summary="dialogo1"> -<tr> - <td class="tdl smcap">«El amigo.</td> - <td class="tdl">¿Qué tal lo hicieron los godos?</td> -</tr> - -<tr> - <td class="tdlt smcap">El poeta.</td> - <td class="tdl">¡Hombre!... lo han hecho tan mal,<br /> - que buscaba yo el puñal<br /> - para matarlos á todos.»</td> -</tr> -</table> - - -<p>En cuyo cuentecillo quedábamos mal todos los españoles -de Méjico: los del Casino por haber hecho mal -mi drama, y yo por hacerlo peor con ellos en semejante -epígrama.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p> - -<p>Ni es mio, ni en aquella ocasion pudiera habérseme -ocurrido; pero me le ha recordado la última representacion -que he visto en Madrid de mi pobre <i>Puñal del -godo</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XVI.<br /> -LOS DOS VIREYES.</h2> - -<p class="rightc"><i>Suum cuique.</i></p> - - -<p class="p2">Este drama está ya olvidado del público de Madrid, -y apenas si se representa alguna vez en provincias, -afortunadamente para mi honra.</p> - -<p>De él se ocupó la crítica muy somera aunque muy -ágriamente, y tuvo razon: es la más miserable rapsodia -representada en el teatro moderno; y si andando el -tiempo algun curioso bibliómano ó algun crítico investigador -tropezaran con ella en algun juicio retrospectivo, -seguramente exclamarian con asombro: «¡Cómo diablos -fué posible que aquel poeta escribiera esto!»</p> - -<p>Y no puedo negar que lo escribí, y es lo peor que -al afirmarlo no me avergüenzo de haberlo escrito; materialmente -escrito, porque el argumento, la forma y las -escenas en prosa, no son mios: están rastreramente cogidos -y literalmente copiadas de una mala novelucha de -un autor italiano engerto en francés, á quien todo París -literario y artístico ha conocido, pero cuya reputa<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>cion -no ha llegado á España: la novelucha se titulaba -<i>El virey de Nápoles</i>, y su autor se llamaba Pietro Angelo -Fiorentino.</p> - -<p>¿Cómo llegó á mis manos esta novela? ¿Quién me puso -en mientes transformarla en drama, copiando en él servilmente -los amanerados diálogos de su falso relato y sin -curarme de corregir sus errores históricos, ni de dar á -mis personajes otro carácter más acusado y dramático, -más verdadero y más español?</p> - -<p>Es una historia que debia de quedar para contada -despues de mi muerte; pero que se me antoja contar en -vida, porque nada hay en ella que no abone mi lealtad -de amigo y mi buena fé de hombre honrado; porque no -quiero que piense ninguno de los que en mi tiempo viven -que temo abordar en mis RECUERDOS DEL TIEMPO -VIEJO ninguna cuestion personal sobre el pasado -que no vieron, y porque no quiero cargar para el porvenir -con culpas que no fueron mias. En cuanto á mi -reputacion literaria, confieso que no me trae con mucho -cuidado; porque sólo la posteridad depura y acrisola -lo que vale la fama adquirida en vida por un autor de -loca fortuna ó de gran favor entre los profesores de bombo; -y tengo yo para mí, aunque pese á los pocos amigos -que me quedan, que más me va á honrar despues -de mi muerte, la sinceridad con que reconozco la escasa -valia y los defectos de mis obras, que el haberlas escrito; -y digo sinceridad, por no atreverme á decir modestia; -virtud que creo que no existe ya en España y que -es un capital que... quien lo pone lo pierde: sabiendo -lo cual, aunque lo tuviera no lo pondria yo.</p> - -<p>No quiero, sin embargo, que mis amigos renieguen -de mí, tomando mi sinceridad por hipocresía; y voy á -decirles de paso, y áun á peligro de que en vez de hi<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>pócrita -me crean vanaglorioso, que tengo cierta conciencia -de mí mismo, teniendo por bien hecho y por valioso -algo de lo por mí hecho: mi <i>Cristo de la Vega</i>, mi -<i>Capitan Montoya</i> y mi <i>Margarita la tornera</i>, son tres -leyendas muy imitadas, pero no corregidas áun por -otro poeta mejor narrador, ó más legendario y tradicional; -y Dios y el tiempo nuevo me perdonen mi pretension -de creer que me dan derecho á tenerme por legendario -buen narrador. Por poeta dramático no me tuve -jamás, y sólo puedo presentar sin vergüenza los dos primeros -actos de <i>Traidor, inconfeso y mártir</i> y la segunda -mitad del tercero y primera del cuarto de <i>El Zapatero -y el Rey</i>; lo cual no es tánto que sirva para bravear, ni -tan poco que me humille y me cierre las puertas del -teatro; y en cuanto á mis poesías líricas... ¡ay de mí! no -son más que hojarasca; y en ellas hay muchas hojillas -verdes y algunas florecillas frescas, pero cuando el tiempo -seque tal hojarasca, poca sombra dará á mi fama el -follaje que deje su soplo en las pobres ramas del laurel -de mi gloria.</p> - -<p>Volvamos á la historia de mis Dos vireyes.</p> - -<p>Habia en 1838 y 39 una tienda de gorras en la Puerta -del Sol, cuya dueña, honradísima mujer, tenia un -hermano menor que de ella dependia y que era taquígrafo -de las Córtes. Alto, desgarbado, de pesados movimientos, -modales vulgares y saltones ojos, era en su -exterior el tipo de la honradez, y en sus características -manifestaciones la expresion de la buena fé.</p> - -<p>No recuerdo cómo, ni por quién, tropezó y comenzó -á juntarse conmigo; pero ello es que paró en ser mi inseparable -sombra, y que no pasaba dia que no pasara -conmigo y en mi casa las horas que su ocupacion de -taquígrafo le dejaba libres. Alababa todo lo que yo ha<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>cia, -celebraba todas mis escentricidades de poeta y mis -niñerías de muchacho; y como si en mi cronista se hubiese -constituido, propalaba y encomiaba por donde -quiera mis hechos y mis dichos, clasificándolos todos -entre los más chistosos y originales del mundo; lo cual -contribuia más que á mi buena fama á procurarle á él -la de mi único amigo, confidente único de los secretos -del muchacho que iba haciéndose popular.</p> - -<p>Llevaba yo por entónces, como he llevado siempre, -una vida aislada, que me ha obligado á llevar el trabajo -necesario á mi subsistencia y mi poca simpatía por -las banalidades que forman base de la vida social de -Madrid. Las visitas inútiles, las relaciones superficiales -y los convites sin cariño, han sido cosas que no he -aceptado jamás en mis costumbres: y he preferido -siempre para mis alegrías y expansiones el interior modesto -de mi pobre hogar, al suntuoso salon y la opípara -mesa del opulento y millonario anfitrion. Mi idea -fija era hacer famoso el nombre de mi padre, para que -éste, volviéndome á abrir sus brazos, me volviera á -recibir para morir juntos en nuestra casa solariega de -Castilla; única ambicion mia y único bien que Dios no -ha querido concederme. Bajo esta idea huí siempre de -la sociedad política y rechacé el favor y la proteccion -de los gobiernos, á quienes no pudo ligarme nunca -compromiso alguno personal; mi padre era realista, -tuvo que irse con el infante D. Cárlos María Isidro á -las Provincias Vascongadas y que emigrar á Francia un -mes ántes del convenio de Vergara; y puse mi empeño -en probarle, que la fama que yo habia dado á su apellido, -la debia sólo al trabajo y al favor del pueblo, no á -haber vendido mi pluma á un partido contrario á sus -opiniones; y sin cuya revolucion no hubiera yo, sin em<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>bargo, -tenido una prensa en que publicar los versos que -me hicieron popular.</p> - -<p>Pasábame, pues, la vida en mi casa dado á mi asíduo -trabajo, del cual descansaba y me distraia en el tiro de -pistola y en el circo de la plaza del Rey; mis dos únicos -vicios, porque en vicio les constituia mi diaria presencia -en el tiro y en el circo, donde constantemente me acompañaba -<i>X</i> el taquígrafo, tosco eslabon humano que con -la humana sociedad me encadenaba. <i>X</i> no tiraba; juzgaba -de los tiros, convenia las apuestas, aplaudia los triunfos, -y tomaba parte muy principal en los almuerzos en -que las ganancias se invertian. Mr. Arnaud, el propietario -del tiro, tenia para su establecimiento el reclamo -de nuestra fama, y en el actor Monreal, en D. Juan -Valleras y en mí, tres seguros mantenedores de las -apuestas que él con extranjeros generalmente entablaba, -y que el bueno de <i>X</i> con él organizaba y llevaba á cabo; -almorzando siempre, como árbitro y adlátere mio, -con los vencidos y los vencedores.</p> - -<p>No puedo resistir al deseo de consagrar aquí cuatro -renglones al recuerdo de aquellos viejos compañeros de -mis juveniles aficiones.</p> - -<p>Monreal era un actor inimitable en lo que entónces -se llamaba papeles de traidor: era un segundo sin primero -y un tirador de pistola de primera fuerza; pero -habia que fiarle en las apuestas los primeros tiros; porque -era tan orgulloso, que el primero perdido le hacia -perder la serenidad á impulsos del amor propio que le -devoraba. Juanito Valleras era un gaditano de 24 años, -fino y esbelto como un galgo inglés, caballeroso y leal -hasta el recorte de las uñas, andaluz hasta la médula de -los huesos, y tan incapaz de hacer una villanía como de -soltar una gracia agresiva ni de mal tono. Era el primer<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span> -tirador de entónces; tiraba por vanidad, y daba siempre -la mitad del valor de cada tiro al francés Arnaud, porque -no se convalachara con ningun tirador paisano suyo -para desigualar la carga ó las ventajas de las apuestas. -Con Valleras y conmigo llevaba Arnaud el 50 por 100 -de cuanto en ellas se atravesaba; y el tiro de apuesta -de Valleras eran nueve balas colgadas á nueve distintas -alturas, que debian casarse con las de nueve tiros -sin interrupcion; y rara vez le faltaba una por casar. -De su hidalguía es prueba irrechazable el hecho -siguiente:</p> - -<p>El francés Arnaud andaba siempre á caza de ingleses -con quienes empeñarnos en apuestas de tiro, y dió una -vez con unos que nos invitaron al del encargado de negocios -de Dinamarca, que le tenia precioso en su jardin -de la casa de la calle del Barquillo, residencia de su embajada. -Los ingleses lo eran de pura raza, y nos recibieron -como gentes de la mejor sociedad, prévia la más -irrecusable presentacion. Tiraban con unas magníficas -pistolas belgas, tres pulgadas más largas que las nuestras: -fiáronse á la suerte todas las condiciones, y tocó á -cada cual el derecho de usar de sus propias armas. Durante -los preliminares, Monreal y <i>X</i> fijaron su atencion -en un inglés viejo, que sentado á la cabeza del tiro tenia -un groom de pié á su espalda y un gran saco á sus -piés: era sin duda un maniaco apostador.—«¡Ojo al -saco!» dijo por lo bajo <i>X</i>;—y una mirada furtiva de -Mr. Arnaud nos probó á Valleras y á mí que el francés -habia tramado aquella conjuracion contra el saco del inglés. -Tocó á los de Albion tirar los primeros; pusieron -por primer blanco un huevo á treinta pasos: tiró el primer -inglés, é hizo blanco: tiró el segundo con igual -acierto; y hecho lo mismo por el tercero, nos tocó nues<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>tro -turno á los españoles. Valleras permaneció impasible, -apoyada la mano derecha en el pilar de la barandilla, -para tener la muñeca libre de sangre y el pulso -tranquilo; pero invitado por uno de los ingleses á hacer -su tiro, dijo tranquilamente: «Mis compañeros y yo no -hacemos ese tiro.»</p> - -<p>Mr. Arnaud se mordió los labios, yo sentí palidecer -mis mejillas, y los ingleses echaron sobre nosotros una -mirada de compasion acompañada de una sonrisa, en -la cual su esmerada educacion no llegó á marcar el desprecio. -Valleras, sacando un puñado de monedas de á -ochenta reales isabelinas y recientemente acuñadas, -mandó al criado poner una en el blanco apoyada en el -tapon de corcho tendido. Tomó su pistola, y pasándosela -á Monreal para el primer tiro, dijo á los ingleses: -«Nuestro tiro no pasa nunca de este tamaño.» El blanco -se veia mal, porque no era blanco sinó amarillo, y á -treinta pasos sólo lo veia un ojo de tirador; tiró Monreal -y quitó la moneda; puso el criado otra, y Valleras -me pasó la pistola con que él tiraba; puse yo mi alma -en mi dedo índice, é hice blanco; Valleras dijo: «Yo no -tiro eso: cuelgue V. mis nueve balas.» Valleras hizo su -tiro; los ingleses saludaron respetuosamente, y el del -saco se le entregó al groom, que desapareció con él. La -apuesta paró en un refresco y en un puñado de monedas -que Valleras y los ingleses dieron á Mr. Arnaud; y -cuando á la mañana siguiente, al volvernos á reunir en -el tiro de éste, argüia á Valleras por no haberse dejado -ganar los primeros tiros para engrosar las puestas, Valleras -contestó con su desenfado andaluz: «Mr. Arnaud, -si V. habia pensado que nuestro blanco fuese el saco del -inglés, hizo V. mal en pensar en nosotros para sostener -tal apuesta.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span></p> - -<p>Valleras murió dos años despues, de una afeccion -pulmonar; Monreal se metió una noche la bala de su último -tiro en el cerebro... y yo abandoné el tiro, cuando -mis compañeros abandonaron el mundo.</p> - -<p>Al montar Ignacio Boix su librería en la calle de -Carretas, dando á este ramo de comercio una forma y -un impulso hasta entónces inusitado en España, <i>X</i> se -ingirió en su casa como administrador, ya con ciertas -pretensiones literarias, como amigo y conjunto inseparable -mio: Boix aceptó la literatura de <i>X</i> bajo su palabra: -dióse éste á escribir algunos artículos en <i>El Pensamiento</i>, -semanario que Boix fundó: ganóse <i>X</i> la confianza -de éste como habia ganado la mia, y Boix le comisionó -para ir á establecer en Cuba y Méjico dos sucursales de -su casa de Madrid.</p> - -<p>Hé aquí el talento y la historia de las medianías que -saben no desperdiciar la sombra de la más pequeña hoja -que puede dársela: <i>X</i> empezó por adherirse á la pequeñísima -sombra que mi pequeñísima persona comenzaba -á proyectar: cobijóse despues á la sombra de mi casa: -recogió como reliquias todos los borradores de mis manuscritos -y todos los más íntimos pormenores de mi vida; -y, al cabo de dos años, salió para Cuba, agente de la -primera casa de librería, con mejor porvenir que yo, y -con el manuscrito inédito de mi leyenda de <i>El capitan -Montoya</i>, de la cual hizo cuatro ediciones en la Habana -y Méjico, acompañándola de una biografía del autor <i>su -grande amigo</i>, cuyo nombre iba con el suyo en la primera -página, viva representacion de mi personalidad: -segundo yo en aquellos países, que no pensaba yo entónces -visitar despues de él, ni <i>X</i> pensaba que yo en -ellos habia de hallar más tarde la huella de sus pasos. -Volvió á Madrid en 1842, trájome grandes noticias de<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> -mi gran fama por aquellos países y del éxito fabuloso de -mi <i>Capitan Montoya</i>; pero ni á él le ocurrió darme, ni á -mí pedírsela, cuenta de lo que sus cuatro ediciones habian -producido. Entre amigos...</p> - -<p>Entre tanto habia yo tenido un poco de fortuna en el -teatro con mi <i>Cada cual con su razon</i> y las dos partes -de <i>El Zapatero y el Rey</i>, y <i>X</i> me habia dado á leer aquella -novelilla de Pietro Angelo Fiorentino, que habia traducido -y publicado <i>allá</i> en compañía de mi <i>Capitan -Montoya</i> y bajo las mismas bases de lucro para Pietro -Angelo que para mí. Celebróme mi bienandanza teatral: -y anudando naturalmente su antigua intimidad conmigo, -siguió acompañándome á los ensayos en el escenario -y á mi mujer en mi palco en las representaciones... -y un dia me preguntó que qué me parecia <i>su</i> novela de -<i>El virey de Nápoles</i>... y otro dia que si se podria hacer -de ella un drama... y una noche que si yo querria transformar -en drama su novela, y por fin que si, escribiéndola -en verso y prosa, querria yo aprovechar los diálogos -de la novela, y poniéndolos á nombre suyo, ponerle -á él al par del mio como autor dramático: <i>cosa</i> que á -él le daria una grande importancia con su principal -Boix, etc., etc.</p> - -<p>¿Por qué no habia yo de ayudar á hacerse hombre á -un tan buen amigo? Me habia acompañado dos ó tres -años cinco ó seis horas diarias, y dia y noche en las -épocas de enfermedades y pesadumbres: habia empezado -su carrera de escritor poniendo en las nubes mis versos -y en boca de todos la prosa de mi vida... emprendí -la transformacion de la novela <i>El Virey de Nápoles</i> en -el drama <i>Los dos vireyes</i>; pero por más empeño que -puse en semejante trabajo, le concluí convencido de -que habia salido como no podia ménos de salir una obra<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span> -malamente confeccionada, muy desigualmente escrita -y de éxito dudosísimo.</p> - -<p>Llamé á <i>X</i> y le dije que en mi cualidad de buen amigo -y de hombre leal, mi conciencia me obligaba á advertirle -que <i>Los dos vireyes</i> era un tiro que iba á salir -para él por la culata; y que al silbarme el público por -primera vez, no faltaria á quien le ocurriera que escribiendo -solo me habia hecho aplaudir, y que la asociacion -con <i>X</i> me habia atraido la primera silba; y en fin, -que aquel seguro mal éxito, en vez de procurarle reputacion -y de abrirle la escena, le iba á desacreditar y á -cerrársela para siempre.</p> - -<p>Pareció <i>X</i> convencido de mis razones: y como la -temporada cómica iba ya muy avanzada, la obra estaba -prometida y yo obligado á dar la tercera del año, segun -mi contrato, determinamos presentarla bajo mi solo -nombre, y que corriera yo solo el riesgo de un desaire -casi seguro del público y de una justa rechifla de la crítica -por semejante rapsodia.</p> - -<p>Entregué mi obra á Lombía: recomendésela á Cárlos, -poniéndole en los pormenores de su historia: prometióme -Cárlos, con el paternal cariño que me tenia, ponerla -en escena con tánto más esmero cuanto ménos probabilidades -de éxito presentaba: y pretestando yo no poder -esquivar por más tiempo el compromiso de ir á pasar la -Semana Santa con el duque de Rivas, partí á Sevilla, -huyendo de la primera representacion de aquellos <i>Dos -vireyes</i>, con cuyo azaroso porvenir dejé cargados á Mate -y Cárlos Latorre, diciéndome al meterme en la diligencia: -«ojos que no ven, corazon que no siente.»</p> - -<p>¡Y qué recuerdo tan fresco, tan juvenil, tan poético, -es el de aquel viaje y el de la estancia en la casa y con -la familia de aquel tan gran poeta y tan grande amigo<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span> -como fué mio, aquel á quien yo llamaba mi ángel, á -quien la posteridad llama duque de Rivas, y cuya memoria -vive aún por la amistad en mi corazon, y en España -por el <i>Don Alvaro</i>, que está todavía en pié sobre -la escena en que hace cuarenta años que apareció!</p> - -<p>Desde que Juanito Donoso y Nicomedes Pastor Diaz -primero y Villalta despues, me habian dado trabajo -en sus periódicos, no habia yo dejado pasar una semana -sin publicar una ó dos composiciones por lo ménos: en -tres años habia de ellas coleccionado ocho tomos mi -primer editor Delgado. Desde que García Gutierrez me -habia abierto la escena, asociándome á él en el <i>Juan -Dándolo</i>, habia yo presentado seis dramas, benévolamente -acogidos por el público, que tuvo sin duda en -cuenta al aplaudírmelos mi poca edad y mi constante -trabajo: tenia yo mucha priesa de meter ruido que llegara -á los oidos de mi padre, emigrado en Francia, y -no me remuerde la conciencia de haber desperdiciado -aquel tiempo viejo. Era la primera vez que cogia yo un -mes y un puñado de onzas para mi solaz. Mi miedo al -éxito de mis <i>Dos vireyes</i>, pedia á Dios alas para huir de -Madrid: y el editor D. Manuel Delgado, que era el único -que sabia lo que yo valia en dinero, que me gruñó -siempre, pero no me negó jamás el que le pedí, me dió -el susodicho puñado de onzas, para sustituir con un -asiento en la diligencia las alas que Dios no ha concedido -á ningun poeta al lado de los homóplatos. Dióme -Lombía una docena más de aquellas graves y amarillas -monedas que por atrasos de mi sueldo me era en deber, -y otra docena Boix por adelanto y seguridad de mi -primer tomo de leyendas: dejé las dos docenas á mi familia; -y con el primer puñado en el bolsillo, me acomodé -en la berlina, que despues hemos llamado <i>coupé</i>,<span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span> -de la diligencia que á las tres de una mañana de marzo -arrancaba para Sevilla, de la calle de Alcalá.</p> - -<p>Llevaba por compañeros á D. Juan Jústiz, noble -mozo habanero, de tan mala salud como buena educacion, -y tan sobrado de rentas como falto de humor para -gastarlas; á quien acompañaba Lorenzo Allo, otro habanero -de tan buen humor y tan buena salud como poco -amigo de guardar su dinero, con quien habia trabado yo -amistad en el tiro de Mr. Arnaud y en el gimnasio del -conde de Villalobos.</p> - -<p>Era este Lorenzo Allo el mejor amigo y el más agradable -compañero del mundo: tan enjuto como récio, era -nervioso hasta tener trémulas las manos, á pesar de lo -cual tomaba café cuatro veces al dia; y usando en anteojos -de oro unos cristales de muy bajo número, alternaba -con los primeros tiradores; sin que me haya podido -yo dar cuenta de cómo veia el blanco, ni de cómo sujetaba -é inmovilizaba sus nervios para hacer finísimos tiros. -Teníame una sincera amistad y sabia de memoria muchos -versos mios: dábame tan buenos consejos como -malos ejemplos; y tan diestro boxeador como mediano -humanista, estaba siempre dispuesto á saltar un ojo de -un puñetazo á quien no le concediera sin discusion que -era yo el primer poeta de ambos mundos. Cuidaba de -mí en el gimnasio como si fuera yo de cristal, y de mi -honra como si fuera la suya, é hijo yo de su mismo -padre.</p> - -<p>Jústiz y yo le hicimos administrador de ambos durante -el viaje y le entregamos nuestros dineros: aquel -para no tener el trabajo de pensar en ellos, y yo para -ahorrarme el de contarlos: negocio que era por entónces -no poco peliagudo en España, con los ocho cuartos -y medio de sus reales, los ciento setenta de sus duros,<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> -los trescientos veinte reales de sus onzas, las tres onzas -y <i>dos duros</i> de sus mil reales, etc.; de modo que la más -mínima cuenta tenia siempre más picos que una custodia.</p> - -<p>La noche estaba fria, lejano el amanecer, y los tres -viajeros de la berlina que habíamos acudido con tiempo -por no habernos acostado, estábamos en nuestros puestos -desde que empezaron los mozos á cargar el carruaje, -durmiendo tranquilamente bien embozados en nuestras -capas. La empresa era nueva, y en competencia con la -antigua: el conductor ocupó el pescante y al dar las tres -en el Buen Suceso, dió una voz y tendió su fusta á los -caballos, que nos arrebataron entre el ruido de sus herrados -cascos y de sus agujereados cascabeles.</p> - -<p>La nueva empresa habia montado á la francesa sus -tiros, sustituyendo al antiguo rosario de mulas, enfrenadas -sólo las dos del tronco y las seis restantes encomendadas -á un muchacho ginete en el mingo delantero, -un tiro de seis buenos caballos todos embridados; -dos en la lanza y cuatro en balancin. Aquellas nuevas -diligencias, carruajes de sólo berlina y rotonda, eran -unas especies de sillas de posta; y eran á las antiguas -galeras y diligencias lo que hoy son á aquellas sillas de -posta las locomotoras y trenes de los ferro-carriles; -pero aquel ruido de los cascabeles, aquel perpétuo vocerío -con que á sus caballos animaban los mayorales, -aquellos zagales dicharacheros que enganchaban y recogian -los tiros en las remudas, aquellos venteros y -maestros de postas, aquellas hosterías en donde se hacian -los altos y las comidas, conservaban el carácter -jaranero y alegre de nuestra patria y la tierra por donde -viajábamos los españoles; y se veia el país, y se bromeaba -con las paisanas; y sea dicho en paz, no tenia<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> -tantas ventajas para los intereses materiales, pero tenia -más poesía que el actual nuestro modo de viajar del tiempo -viejo. Los caballos daban cierto decoro de caballeros -á los viajantes; y no todo el mundo podia permitirse -el lujo de viajar en berlina de una silla-correo, que -corria por el centro de la calzada, pasando al vulgo de -los viandantes; la máquina lo arrastra todo, y los caballos -arrastraban la flor de lo arrastrado, y bien lo decia -el refran: «de las vidas arrastradas... la del coche.»</p> - -<p>El en cuyo <i>coupé</i> íbamos Allo, Jústiz y yo paró en -Ocaña para almorzar. Sin que Allo y yo hubiéramos -bajado los cristiles, ni hablado con los viajeros del segundo -compartimento en las postas pasadas, por respeto -al descanso de Jústiz, que iba convaleciente de -larga enfermedad, con fuentes abiertas en los brazos y -encomendado á nuestra amistad por su cariñosa familia. -Pero al apearme en Ocaña, unos brazos poderosos -me arrebataron del estribo, y al depositarme en tierra -me decia la voz vigorosa del individuo á quien aquellos -fornidos brazos correspondian:—«¿Aquí tú, Pepe?»—Era -Paco Elipe, diputado bullicioso, poeta un poco excéntrico, -pero no despreciable, hacendado manchego y -amigo leal, de quien ya apenas hace nadie memoria; -pero de la de quien voy á traer algunos recuerdos á estos -mios de aquel viejo tiempo.—¿Quién es tan descortés -ni tan ingrato que no se pare á dar un apreton de -manos al viejo amigo, á quien encuentra por acaso en -el viaje de la vida? ¿Y qué son estos recuerdos más que -un viaje de vuelta por el casi borrado rastro del florido -camino de mi juventud?</p> - -<p>Paco Elipe fué sócio del Liceo y escribió de todo, -en verso y en prosa; y empezando por un drama en compañía -de Romero Larrañaga, titulado <i>La Vieja del<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> -Candilejo</i>, cuyo plan está no más preparado y versificado -limpia y galanamente: escribió otros más, y tuvo -sus éxitos y sus aplausos y su reputacion no inmerecidos -y fué uno de los que, con quienes empezábamos á -hombrear, arrimó el hombro para empujar el carro del -progreso de aquella época. Recto y tenaz, y de vigorosísimo -carácter, hacia y decia las cosas de muy original -y personalísima manera. Un dia cerraba con lacre una -carta, y echándose por descuido una gota de él encendida -en un dedo, en lugar de sacudírsela dijo, conservando -el dedo inmóvil: «¡Bruto Paco; para que no seas -torpe otra vez!» Y dejó apagarse el lacre en la carne. -Una noche sorteamos en el Liceo varios argumentos -para una improvisacion, entre varios poetas, y tocóle á -Elipe el de la <i>Noche-Buena</i>.</p> - -<p>El tiempo dado para el trabajo de la improvisacion -era el de una hora, al fin de la cual comenzaba la lectura -de las composiciones en la tribuna; llegó su turno -á Elipe, y en medio de muchas redondillas facilísimas, -en que describia todo el tumulto que traen consigo los -panderos, zambombas y el jaleo de aquella noche de la -Misa de Gallo, soltó con la mayor formalidad la semiblasfemia -de esta cuarteta:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y aunque la ilacion se quiebre,</div> -<div class="line">lo que no apruebo y resisto</div> -<div class="line">es el mal gusto de Cristo</div> -<div class="line">de nacer en un pesebre.</div> -</div></div></div> - -<p>Y continuó su descripcion de la <i>Noche-Buena</i> con -tanta imperturbabilidad suya como estupefaccion del -auditorio.</p> - -<p>Fué el amigo más consecuente de José Fernandez<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span> -de la Vega, el fundador del Liceo, mal recompensado -por todos los á quienes hizo hombres con el establecimiento -de tan única y brillante sociedad. El Gobierno -no supo dar á Vega más que el Gobierno de una provincia -de tercer órden; y Paco Elipe fué el más fiel amigo -de aquel á quien tantos faltaron.</p> - -<p>Pero de Paco Elipe haré más larga y justa mencion -más adelante, porque espero en Dios que me dará tiempo -de hacerle una visita en su palacio solariego de Manzanares: -y ocasion de hallar en él materia para más curioso -relato.</p> - -<p>Con este mi tercer compañero de viaje almorcé -en Ocaña, en un parador nuevo, en una mesa muy -limpia y enflorada, servida por dos buenas mozas de -diez y ocho y veinte años, de trigueña tez, boca sensual -y risueña, grandes, negros y retozones ojos, moño de -picaporte con zorongo de largos cabos, y robustez muy -mal disimulada en sus ceñidos corpiños, y sus estrechos -y cortos guarda-pieses.</p> - -<p>El conductor nos presentó á los postres un libro en -blanco, en cuyas hojas rogaba la empresa á los viajeros -que anotasen las faltas de servicio para corregirlas. -Elipe y yo acusamos en ellas, y en unas quintillas, al -posadero de hacer servir su mesa por aquellas dos muchachas, -que embelesaban á los viandantes para que no -comiesen más que ojeadas y sonrisas, productoras para -ellas de dobles propinas y de vanas esperanzas para los -comensales; y pedíamos á la empresa que, ó suprimiese -aquellas dos muchachas, ó que cambiando las horas de -salida de sus carruajes, dispusiera que los viajeros no -almorzaran, sinó que cenaran y pernoctaran en aquel -parador de Ocaña.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span> -El 1.º de Abril á las siete de la mañana nos apeamos -de la diligencia en Sevilla, café del Turco, calle de la -Sierpe. Salia yo á ver la tierra por primera vez; y como -el pájaro que deja por primera vez el nido apenas emplumado, -y goza de la luz, la vida y la libertad, desempolvando -sus plumas entre el fresco césped y las -primeras margaritas, y se baña en el brillante ajófar y -las líquidas perlas de las gotas de agua que desparrama -el Guadalquivir en sus siempre verdes orillas, me salí -por la Puerta del Arenal á ver el puente, y el rio, y la -Torre del Oro, y á respirar aquel ambiente perfumado -de azahar, y á bañarme en aquella luz, reflejo dorado de -la del Paraiso; á pasar, en fin, una mañana de muchacho -que hace novillos.</p> - -<p>Y fué aquel uno de los pocos dias que en mi vida -cuento como felices, y cuya dicha tuvo fin y colmo en -mi nocturna presentacion en casa del egregio poeta, -del cariñoso amigo, del entretenidísimo conversador, y -del nunca olvidado autor del <i>Moro expósito</i> y del <i>Don -Alvaro</i>.</p> - -<p>El recuerdo de la amistad, de la casa y de la familia -del duque de Rivas es una isla de arribada en el revuelto -mar de mi existencia, un oasis frondoso en el arenal -desierto de mis estériles aspiraciones, una tienda de reposo -en el pedregal por donde ha hecho peregrinar mi -inutilidad viviente, mi improductiva é improvisora poesía. -La casa del duque en Sevilla es en mis recuerdos -un nido de ruiseñores, donde fué á albergarse una noche -de primavera una golondrina desanidada.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XVII.</h2> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">¡Gran tierra es Andalucía!</div> -<div class="line">La gente allí alegre toma</div> -<div class="line">la vida efímera á broma,</div> -<div class="line">y hace bien, por vida mia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Quien á Sevilla no vió</div> -<div class="line">no vió nunca maravilla;</div> -<div class="line">ni quiso irse de Sevilla</div> -<div class="line">nadie que en Sevilla entró.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">«¡Ver Nápoles y morir!»</div> -<div class="line">dicen los napolitanos.</div> -<div class="line">Y dicen los sevillanos:</div> -<div class="line">«¡Ver Sevilla, y á vivir!»</div> -</div></div></div> - - -<p>Esto digo yo de Sevilla en <i>La leyenda de los Tenorios</i>, -y esto hice cuando fuí á aquella ciudad sin -más objeto que á ver á Sevilla y á vivir. No existian -aún en España las academias y los profesores -de <i>bombo</i>, ni <i>La Correspondencia</i> anunciaba la salida -de Madrid de don Fulanito y doña Menganita, ni nos -habian hecho cardenales, tratándonos de <i>Eminencias</i>, á -los que por algo comenzábamos á distinguirnos los que -aún no se distinguian por su profesion de <i>bombistas</i>; ni -habíanse aún establecido las sociedades y comisiones de -aplausos mútuos que anuncien, calificándolo de aconte<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>cimiento, -la partida, la llegada ó el resfriado de cualquier -medianía ó nulidad, á quien cuatro amigos, si no -ella misma, dan importancia miéntras se lee el número -en que se da ó se la da bombo: así que pude yo pasearme -por Sevilla con Allo y Jústiz sin riesgo de hacerme -enemigos todos los liceos, ateneos y teatros caseros, -cuyas invitaciones rehusara, y cuya sancion necesita -hoy todo hombre notable para pasar por donde pasa, -como moneda resellada, en cada provincia. Algunos -curiosos iban á ver cómo era el autor de <i>El Zapatero y -el Rey</i> cuando entraba ó salia en el café del Turco, donde -se hospedaba; y el tal autor salia ó entraba en su -alojamiento, y gozaba de aquel sol y aspiraba aquel -aroma de azahar que llena los paseos y las alamedas, y -visitaba aquellos viejos y moriscos edificios, por y entre -los cuales anduvo el rey, tan popular como mal juzgado -todavía, de su drama <i>El Zapatero y el Rey</i>. Hacia, -en fin, la vida que en Sevilla se hacia: la del pájaro, -como dije en mi número anterior; picotear los capullos -de las rosas y de los azahares, cantar y esponjarse á la -sombra y entre las hojas de los naranjos y las magnolias, -y vagar de barrio en barrio, como los pájaros de -rama en rama, hasta la hora de acogerse al nido de los -ruiseñores, que era la casa del duque de Rivas.</p> - -<p>En ella duraban algunas caseras costumbres de nuestras -nobles familias de los siglos del Renacimiento. La -del duque se reunia en las primeras horas de la noche -en torno de una gran mesa; donde, presididas por la -duquesa, trabajaban sus hijas en alguna labor, y leian ó -dibujaban sus hijos, ó escuchaban todos al duque, que -les leia ó recitaba algunos de sus característicos romances, -ó algunas de las consejas por él recientemente desenterradas -de bajo alguna piedra mal segura del rincon<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span> -de una callejuela de Sevilla. El duque leia sus versos con -un entusiasmo, un tono y una gesticulacion esencialmente -suyos y completamente originales; y acompañaban -su voz el murmullo del aire en las hojas y del agua -en las fuentes del jardin, sobre el cual se abrian los dos -balcones de aquella estancia. El cariñoso respeto y la -cordial é infantil admiracion de su numerosa familia -para con el padre y el poeta, era la cualidad característica, -el fondo típico de aquel cuadro de interior, en -cuya atmósfera se respiraba la más sincera alegría y la -más tranquila felicidad. Aquellas cabezas juveniles de -las muchachas, en cuyos ojuelos retozones chispeaba la -curiosidad reprimida y en cuyos labios retozaba la maliciosa -sonrisa; las inteligentes fisonomías de los muchachos, -Enrique reflexivo y Alvaro bullicioso; aquellos -álbums, grabados y caballetes abiertos siempre, ó siempre -cargados de algun trabajo no concluido; aquellos -retratos de los hijos, pintados por el padre; aquel piano -siempre abierto, y aquellos tres salones seguidos, en -donde siempre habia murmullo de música ó de poesía, -y cuyo silencio era el són del agua y los árboles del jardin, -daban á aquella casa un carácter especial, único y -típico, que me hizo calificarla de nido de ruiseñores, y -cuya paz fuí yo á interrumpir con el desordenado turbion -de versos de mi leyenda de <i>La cabeza de plata</i>, de -la cual iba escribiendo el último capítulo durante aquel -viaje. Habia en aquella leyenda (que el fin se publicó -bajo el título del <i>Talisman</i>, y de la cual ya nadie probablemente -se acuerda), un enamoradísimo Genaro, á -quien vuelve loco la cabeza de una hermosa Valentina, -cortada por un bárbaro y celoso tutor, cuya historia no -sabia yo á punto fijo cómo concluir, pero que entusiasmó -á la duquesa, complació al duque por lo que me<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span> -queria, y encantó á las muchachas por lo romántica y -apasionada.</p> - -<p>Pasemos pronto por tan gratos como personales recuerdos: -la muerte nos quitó de delante aquel ídolo á -quien adorábamos, gloria de España, cuyos versos hemos -aplaudido no ha muchos meses en el teatro en su -<i>Don Alvaro</i>; y no quiero que su recuerdo parezca en -estos mios como motivo de alabanza propia, ni como -afan de propio engrandecimiento á la sombra suya, ni -como halagüeña adulacion á los hijos vivos del amigo -muerto; de cuya viva estimacion vivo seguro, por los -puros recuerdos de aquellos dichosos dias y de aquellas -deliciosas noches.</p> - -<p>Obligábame á pasar á Cádiz un asunto de familia; y -librándome á fuerza de voluntad del encanto con que -en Sevilla me retenia la sociedad del duque, me embarqué -con mis compañeros en un vapor que descendia el -Guadalquivir. No habia yo visto el mar; y para no verle -prosáicamente desde una playa, me eché á lomos de -aquella serpiente de plata, que deshace las móviles escamas -de sus dulces ondas en las amargas profundidades -del que rodea y arrulla aquel canastillo de plata, que -se llama Cádiz. Ni de esta ciudad ni de la de Sevilla -diré una palabra más; porque ni hay ya nada que de -ambas en prosa y verso no se haya dicho, ni estos recuerdos -son memorias históricas, ni relacion de impresiones -de viaje, que obligan á seguir lógica y consiguientemente -una narracion; sinó la consignacion de -mis ideas en un papel, segun en mi imaginacion desordenadamente -se van presentando. Está ya convenido -que el autor del <i>Zapatero y el Rey</i> y de <i>Margarita la -Tornera</i> es un poeta... bueno ó malo, grande ó pequeño: -pero ¿cómo fué poeta? ¿Cuáles fueron los gérmenes<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> -de su inspiracion? ¿Qué influencia han tenido en sus escritos -las vicisitudes de su vida? ¿Qué hay en la suya -íntima, puesto que no la tiene pública no habiendo sido -nunca más que poeta? Esto es lo que él solo puede decir, -y esto es lo que exponen estos sus <span class="smcap">Recuerdos del -tiempo viejo</span>, tan desprovistos de interés como de órden, -por ser personales y desligados de toda adherencia -con la política, el progreso, la vida, y en una palabra, -de la generacion en que ha vivido, como una planta -parásita sin raices que á su tierra la sujetaran.</p> - -<p>Poseia en Cádiz una persona de mi familia una de las -pocas huertas, que reverdecen en el escaso terreno de su -puerta de tierra.</p> - -<p>Ni la dueña de aquella posesion conocia su finca, ni -jamás habia estado muy clara la historia de ella; habíasela -cedido un pariente suyo en cambio de unos terrenos -en Ultramar; y tasada sin duda en más de lo que -valia, no redituaba lo que de su capitalizacion podia -esperarse. Habia habido en ella en otro tiempo un establecimiento -industrial, cuyo abandonado edificio é -inútiles utensilios habian ido vendiéndose cuando la -ocasion se habia presentado. Teníala entónces en arriendo -un signor Doménico Maggiorotti, genovés ó livornés, -de una honradez sin tacha, el cual daba cuentas -cuando se le pedian, descontando siempre algo por gastos -hechos en recomposiciones absolutamente necesarias, -como reconstruccion de tapias y renovacion de -puertas. De vez en cuando habia hablado de calderas -viejas y de útiles ya inútiles de hierro, que allí arrinconados -existian, cuya venta le habian propuesto y para -cuya enajenacion pedia permiso; diósele siempre la -propietaria, y el livornés tuvo siempre á su disposicion -el precio de lo vendido. Las cuentas del año anterior<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span> -estaban con él todavía pendientes, y por el mes de Febrero -del que corria habia pedido permiso para vender -la piedra de una especie de estanques ó secaderos de -cera; que cerería aseguraba que habia sido el arruinado -establecimiento industrial de la finca. De la aclaracion -de estos hechos y del cobro de la renta del último año -iba yo encargado, con legal poder y ámplias facultades -de su propietaria.</p> - -<p>Fuíme una tarde con Allo á la huerta del Maggiorotti, -quien, segun costumbre de su país, se llamaba -abreviadamente Ménico, y á quien entre las gentes vulgares -con quienes trataba, llamaban unos el señor Ménico -y otros el tio Mónico; no alcanzando la abreviatura -del nombre italiano. Dimos en la huerta, y topamos en -ella con el signor Ménico Maggiorotti; que era efectivamente -mayor en años y en estatura que Allo y yo juntos, -y uno de los mayores hombres con quienes yo he -tropezado en mi vida. Tenia, segun nos dijo, setenta y -dos años, y segun vimos cerca de seis piés de alto, con -una cabellera y unas patillas como la nieve, unas cejas -crecidísimas, bajo las cuales relampagueaban dos ojazos -de un azul pardo y de una admirable limpidez; una tez -curtida como si hubiese pasado mucho tiempo expuesto -á los aires del mar; una boca grande de perpétua sonrisa -y guarnecida aún de su completa dentadura, y unos -hombros, unos brazos y unas manos fornidos, musculares -y encallecidas, como de quien debia de haber pasado -largos años en rudo y continuado ejercicio.—Saludéle -yo afablemente; díjele quién era, y exhibíle mis -credenciales; tendióme él su diestra llevando la zurda -al sombrero, y miéntras por poco no me desmonta las -catorce coyunturas de mi mano entre las de la suya, me -dijo con una voz como de contramaestre hecho á man<span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span>dar -la maniobra entre la tempestad:—«Mañana á las -diez le llevaré á usted á su casa ocho mil reales, y los -seis mil trescientos restantes, el dia 30, á la misma -hora: porque no habiéndome usted avisado de su venida, -no le tengo juntos los catorce mil trescientos del -total de su cuenta.»</p> - -<p>Ocurrióseme decirle que á mí, como el más jóven, -correspondia ir á su casa; y contestóme, frunciendo más -el entrecejo, y mirándome como quien necesita seis como -yo para almorzar:—«Si tiene V. empeño de ir á mi -casa, vaya; pero yo no hago ningun trato en mi casa, -sinó en los <i>Montañeses</i> que tengo en frente de ella, y -ante un jarro de manzanilla, como tal vez no es costumbre -entre los señoritos de Madrid, y yo pago siempre.»</p> - -<p>Acepté, tomé en mi cartera las señas de la casa y -despedímonos hasta las diez de la mañana siguiente. -Allo y yo convinimos en que aquel viejo tenia trazas de -haber sido tallado sobre el modelo del Laoconte, y de -ser un hombre tan formal como poco hecho á sufrir -cosquillas.</p> - -<p>—Parece que no tiene muchas ganas de recibirte en -su casa—me dijo Allo.</p> - -<p>—Y no sé por qué las tengo yo de meter en ella las -narices,—le dije yo; y nos fuimos á buscar á Jústiz, -para ir á la ópera.</p> - -<p>Al dia siguiente, exacto como un suizo, me presenté -á las diez en casa del signor Ménico, que la tenia en -una calleja cerca de la muralla y en frente de una -tienda de montañeses; á la cual se entraba por un patinillo -cercado de un emparrado, bajo cuyos vástagos se -veian cinco ó seis mesillas, con sus correspondientes -bancos, éstos y aquellas clavados, que no asentados en -el suelo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span></p> - -<p>La casa del signor Ménico Maggiorotti tenia su parte -habitable en el piso principal, que, sostenido sobre dos -postes, gravitaba entero sobre ellos y las paredes maestras -de un gran portalon, todo lleno en derredor de bien -apilados sacos de lana, en la cual comerciaba su propietario. -Enclavada en la pared de la izquierda, pendiente, -estrecha y de un solo tramo, una escalera de madera -con su pasamano remataba en una puerta de maciza encina, -único paso al piso superior; y en vez de postigo en -ella abierto, se abria en la pared derecha un ventanillo, -que dominaba el portalon, y desde cuyo ventanillo, -un hombre armado de una escopeta de dos tiros ó de un -par de pistolas, podia defender la subida y la entrada -de una docena de asaltantes, que caerian infaliblemente -uno tras otro ántes de que ninguno lograse forzar la -puerta. Mil suposiciones, á cual más absurdas, forjó mi -imaginacion de poeta y mi juvenil inesperiencia sobre -las riquezas, la avaricia y el misterio de la vida del signor -Ménico á la vista de aquellos sacos de lana, que representaban -un buen par de sacos de duros, y de aquella -colocacion de postigo y escalera, que delataban muy -calculadas precauciones.</p> - -<p>Y todos estos supuestos me los hice yo como autor -acostumbrado á preparar la escena de mis dramas, y -como maniático tirador que no veia por donde quiera -más que escenarios ó tiros de pistola; miéntras el corpulento -signor Ménico venia á presentarme su mano de Titán, -abandonando un saco de lana sobre el cual dormitaba -ó echaba cuentas á mi llegada. Saludámonos, y -atajando tiempo y cumplidos, el viejo italiano, con su -vigoroso acento, pero en un tono cariñoso y dulcísimo, -aunque imperativo, pronunció, llamándola, el más bello -nombre de mujer que habia yo oido nunca.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> - -<p>—<i>¡Stella!</i>—dijo, y á su voz asomó al ventanillo una -cabeza rubia, que respondió con una voz de indefinible -dulzura: «Eccomi, nonno.»—«Troverai un sacco con un -pò di danaro sulla tavola: portalo colla vesta:»—repuso -Maggiorotti, y, unos momentos despues abrióse la puerta -y descendió, con el saco y la chaqueta por él pedidos, -la más deliciosa y poética criatura. Era una muchacha -diez y ochena, blanca como una perla, rubia como un -querubin y ligera como una corza. Traia el cabello recogido -en dos trenzas sobre los hombros, con dos ligeros -rizos flotantes sobre las sienes, un corpiño de terciopelo -negro abrochado hasta el cuello con botones de plata, -y un delantal blanco encima de una falda gris; por bajo -cuyos ribetes se la veia bajar sobre dos piececitos inconcebibles, -metidos dentro de dos escarpines de charol -con hebillitas de plata. <i>Stella</i> la habia llamado su -abuelo, y á mí me pareció, en efecto, la estrella de la -mañana.</p> - -<p>Notó el viejo la impresion que en mí hacia la presencia -de aquella criatura, y diciéndola: «son qui alla -bottega col signore,» la despidió. Saludónos ella, y, al -desaparecer en lo alto de la escalera, me sacó maese Ménico -de su portalon, diciéndome: «es mi nieta;» seguíle -yo, sospechando si podia ser un ángel á quien aquel -viejo demonio debia de haber arrancado las alas, y nos -metimos uno tras otro en el patio de la tienda de los -montañeses.</p> - -<p>Va á ser más fácil de comprender para mis lectores -que para mí de relatar, la escena de mis cuentas con el -signor Ménico Maggiorotti; porque la forma y consecuencias -de tal escena son tan comunes y vulgares, como -extraño y fantástico su fondo. El hecho en resúmen, -por más empacho que confesarlo me cueste, fué que el<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span> -signor Ménico, bebedor consuetudinario, enterró en el -fondo de un jarro de manzanilla la razon de un muchacho, -para quien era exceso lo que para aquel costumbre; -la manera visible con que se efectuó este entierro, -fué la de ingerir una á una en el estómago las aceitunas -de un plato, y otra á otra las cañas en que Ménico vaciaba -el contenido del jarro; cuya vulgar operacion vieron -sin curiosidad ni extrañeza los propietarios del local -que detrás del mostrador estaban; pero su fondo, es decir, -la intencion del signor Ménico y el pensamiento -mio, es lo de todos áun ignorado, y lo que voy en breves -palabras á revelar; si acierto con las frases á propósito -para escribir tan vulgar como fantástica situacion. -Comenzó el corpulento administrador por enterarme, -entre las dos primeras aceitunas y las dos primeras y -aún inofensivas cañas, de las partidas de cargo y data -de su cuenta, y de la que á favor de mi poderdante resultaba; -vació en seguida el saquillo que le habia entregado -su nieta, y apiló con la destreza y rapidez del más -ducho banquero de cabecera, primero las monedas de -oro, despues los pesos, y en fin, las pesetas, que componian -la suma que me correspondia: cuatro mil reales -en onzas y cuatro mil en plata; hizo rollos primero del -oro, despues de los duros y de las pesetas; hízome guardar -los primeros en los bolsillos del pecho de mi levita -y en los del chaleco; metióme los de las pesetas en los -del pantalon, y haciendo un lio de los de los duros en -mi pañuelo, lo colocó dentro de la comba que mi brazo -izquierdo trazaba sobre la mesa, é introduciéndome la -cuenta en el bolsillo del relój y guardando él mi recibo -en su cartera y ésta en el inmenso bolsillo de su chaqueton -de pana, dijo: «ahora emprendámosla con el manzanilla.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span></p> - -<p>Pero todo esto que él hizo y que yo le dejé hacer, lo -hizo él con la calma, el aplomo y la prevision de quien -sabia lo que iba á suceder, no queriendo que sucediera -nada que fuera en perjuicio de su honradez de buen administrador -y de pagador exacto.</p> - -<p>Bebíamos y hablábamos del estado de la huerta, de -lo que yo hacia en Madrid, y de lo que pensaba hacer -en adelante; de lo que él habia hecho en Génova y en -algunas otras partes del mundo por tierra y mar. De mi -manera de vivir debió comprender él muy poco, por ser -para él los versos despreciable capital y mezquino género -de comercio; y de lo que él habia hecho no comprendia -yo tampoco mucho; porque además de que me -lo contaba por terceras partes, en dialecto genovés, en -italiano y en español, formulaba su narracion con tales -circunloquios y digresiones, que tan pronto llevaba mi -atencion por el mar, en un buque que iba y volvia á no -recuerdo qué puntos de América; como por entre los -fardos, las cuentas y las disputas de una casa de tráfico -en un puerto del Mediterráneo; ya me hablaba de los -granaderos de Nápoles y de una campaña de Italia, ya -de un barco pirata y de encuentros con los contrabandistas -de la montaña; ya de una casa tranquila y pintoresca -de la campiña de Livorno, cuyo interior tenian -hecho un cielo una hija y tres nietas como pintadas por -Rafael: ya de una especie de génio siniestro de su familia -que habia enterrado vivas á todas aquellas mujeres... -y yo le escuchaba mirándole, á través del manzanilla sin -duda, ya soldado, ya pirata, contrabandista, comerciante, -padre, marido y abuelo de aquellos séres, que, -tan hermosos como desventurados, pasaban todos por -delante de mí, y saludándome bajo la forma de aquella -<i>Stella</i>, que acababa de aparecer y desaparecérseme en<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span> -el portalon de la extraña casa de maese Ménico Maggiorotti.</p> - -<p>Esta era mi idea fija, y la única clara que en el turbio -cristal de mi mente se dibujaba; en cuanto el más mínimo -intervalo de aspiracion ó reposo del viejo Ménico -me lo permitia, intercalaba yo mi eterna pregunta—«<i>¿y -Stella?</i>»—á la cual oponia él tenazmente su eterna -respuesta—«mi nieta: mi última nieta»—y continuaba -bebiendo y hablando, y yo contemplando su enorme -boca, ya jurando en genovés, ya dilatándose en homéricas -carcajadas; y sentíame fascinado por aquellos dos -ojos que brillaban inquietos y chispeantes bajo el toldo -blanco de sus nunca recortadas cejas. A veces enjugaba -una lágrima con un pañuelo de algodon, que sacaba y -metia rápida y facilísimamente de un bolsillo, en el cual -cabria con comodidad una pieza entera de doce pañuelos; -y á veces dando un formidable puñetazo sobre la -desvencijada mesa, hacia saltar en ella el jarro, las cañas -y mis rollos de duros envueltos y anudados en mi -pañuelo de batista, sobre el cual ponia él su mano como -único objeto de que habia que cuidar, diciendo «mi -scusi... ma...» y miraba al cielo cerrando el puño. Yo, -asegurando tambien por instinto mi dinero, aprovechaba -aquel respiro para dirigirle mi eterna pregunta—«<i>¿y -Stella?</i>»—y él exclamó al fin levantándose y apabullándose -de través su sombrero hasta las orejas:—«¡Dio -santo! ¡Stella... Stella!—¡Sventurata! ¡Condamnata á -morte comme tutte le altre!»</p> - -<p>Habia yo llegado á aquel período en que el mundo -baila y gira en torno del mal bebedor, y al levantarse el -signor Ménico, quise tambien ponerme derecho; pero al -levantarme comprendí que mis piés no podian cómodamente -con mi cabeza. Dióme el brazo maese Ménico;<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -metióme el pañuelo de duros en el bolsillo izquierdo de -atrás de mi levita; y arrollando este bolsillo en el faldon -correspondiente, me lo colocó bajo el brazo izquierdo, -y diciéndome en su galimatías:—«Niente, niente: en -diez minutos se pasa todo: tenga firme el brazo, ed -avanti sempre: questo vino non é che fummo.»</p> - -<p>Me sacó á la calle, me acompañó no sé hasta dónde; -y yo, sintiendo reirse y danzar al rededor mio la gente, -la muralla, los árboles, las fuentes y las casas, llegué á -la mia, y dí conmigo y con mi dinero en brazos de Jústiz, -que casi lloraba, y de Allo que reia como si él fuera -el borracho. Yo, con una lengua que me pesaba seis -arrobas, acerté á decir—«ahí traigo ocho mil reales... -acuéstenme... y déjenme dormir»—me dejé desnudar, -y ni ví cuándo me dejaban solo, ni sentí cómo me cerraban -puertas y ventanas; y en la lobreguez de aquel -vergonzoso y forzado sueño de mi primera embriaguez, -no surgió luminosa, ni siquiera por un instante, la pura -y poética imágen de aquella Stella fotografiada en mis -pupilas y en mi cerebro, desde que apareció en el último -peldaño de la empinada escalera del portalon de -maese Ménico.—¡Tánto rebaja y embrutece tan innoble -vicio al hombre inspirado por la más espiritual y -fantástica poesía!</p> - -<p>No recuerdo si desperté ó me despertaron: pero anochecia -cuando abrí los ojos, y me hallé entre el melancólico -Jústiz y el siempre alegre Allo: interrogábanme -ellos y respondíales yo: pero, ni me atrevia, ni podia -explicarles lo que todavía no se acusaba bien definido -en mi confusa memoria; excepto la de Stella, que, como -la de los Magos, fué lo primero que brotó claro del -caos espirituoso que aún envolvia mis enmarañados recuerdos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span></p> - -<p>Allo, hombre de sentido práctico, concluyó por declarar -que lo que sacaba en limpio de mi inconexo relato -era, que el viejo italiano, fiel á las costumbres del -país, habia hecho beber más de lo que podia al que no -la tenia de beber en ayunas; pero que no habia motivo -alguno de queja, ni acusacion en él de torcido intento, -puesto que los ocho mil reales estaban completos y su -cuenta exacta y sin tacha. Que aceitunas y manzanilla -era una nutricion andaluza insuficiente, aunque excesiva -para un castellano viejo; y que lo más acertado y perentorio -era sentarnos á la mesa, y que yo echara un -buen lastre en mi estómago, deslabazado por un vino -chacharero y poco arropado, como la gente ligera de -ropa de la caliente Andalucía.</p> - -<p>Sentámonos, pues, á la ya preparada mesa, que alegró -Allo con su conversacion un poco verde, que escuchó -Jústiz con su atildada compostura, y las <i>dos hijas -de la casa</i>, sin darse por entendidas de lo hablado, en -atencion á una noble botella de Sillery que destaponó y -las sirvió Allo en són de próxima despedida; pues segun -anunció, debíamos embarcarnos para Málaga á la -siguiente noche.</p> - -<p>Y no sé por qué á tal anuncio se me oprimió el corazon.</p> - -<p>Comí poco, bebieron Allo y las muchachas, y á instancias -del impaciente Jústiz, que no queria perder la -salida de Salvatori en <i>Los Puritanos</i>, ocupamos nuestras -lunetas (hoy butacas) en el teatro. Una de las mayores -desventuras con que castiga Dios á un hombre es -la de crearle poeta; es peor que si le creara bizco: todo -lo ve de través, y en cambio de los imaginarios goces -con que embelesa su espíritu, le estravía en el mundo -real y le condena á vivir fuera de su época y extraño<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> -generalmente á sus contemporáneos. <i>Los Puritanos</i> son -para mí la más deliciosa partitura de la escuela italiana; -no tienen una nota de desperdicio, y yo he sabido de -memoria música y letra, á pesar de que el libreto del -conde Peppoli es indigno de aquella sentida inspiracion -de Vincenzo Bellini. Pues bien; yo escuché aquella noche -<i>Los Puritanos</i> como quien oye llover: no me dí -cuenta de nada de lo que en escena pasaba; y desde que -el primer coro cantó:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">La luna, il sol, <i>le stelle</i></div> -<div class="line">le tenebre, il folgor</div> -<div class="line">dan laude al Creator</div> -<div class="line">in lor' favelle,</div> -</div></div></div> - -<p>yo no pensé ni me fijé en más que en el recuerdo de la -pálida nieta de Ménico Maggiorotti, como si fuera la -tiple que por la escena se movia: al llamarla el bajo -<i>l'angelica sua Elvira</i> creí que se equivocaba, y al oir al -tenor juzgarla <i>tremante ed spirante</i>, los ojos se me arrasaron -en lágrimas. ¡Qué desventura la de nacer poeta! -¿Qué tenia yo con la nieta de maese Ménico? ¿Sentia por -ella desgraciadamente una de esas pasiones que nacen, -crecen, se desarrollan y hacen feliz ó infeliz á un -hombre en cinco minutos? Nada ménos que eso: era -una impresion poética, un misterioso castillo en el aire, -forjado sobre la vulgarísima historia de un tratante en -lanas italiano que tenia una nieta que se llamaba Stella; -era que acababa yo de compaginar el asunto italiano de -mis <i>Dos vireyes</i>, cuyo éxito me tenia inquieto, y aquella -inquietud, unida al recuerdo de lo que en aquel -drama pasa á la enamorada Anunciata, me hacia esperar -de Stella una heroina de un cuento, fin de la -historia de la representacion de mi drama; era, en fin,<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -la curiosidad, el sueño, el delirio de un poeta, que no -ha visto nunca la vida tal como es, ni las personas vivas -sinó como personajes: era una muchacha rubia, -vista á través de una copa de manzanilla, vino chacharero -y poco arropado, como decia Lorenzo Allo.</p> - -<p>Antes de acostarnos, acordaron éste y Jústiz nuestra -partida para Málaga: declaréles yo mi resolucion de -quedarme: tenia que cobrar el 30 los 6,000 reales de mi -crédito con maese Ménico. Allo se echó á reir: Jústiz -me miró tristemente. Allo me dijo: el italiano es hombre -formal; lo mismo te pagará el 30 que el 10, que estaremos -de vuelta.</p> - -<p>—No, repuse; quiero concluir mi <i>Cabeza de plata</i>.</p> - -<p>—Otra cabeza rubia es la que ha barajado el seso de -la tuya.</p> - -<p>—Idos: me quedo.</p> - -<p>—Pues nos iremos: quédate; pero volveremos por tí, -y <i>velis nolis</i>, aunque haya que romper alguna cabeza, -tú volverás á Madrid conmigo—dijo Allo—y nos acostamos.</p> - -<p>Allo y Jústiz partieron á Málaga á la noche siguiente: -en la mañana del otro dia cambié yo de alojamiento: -me ofendia la sonrisa perpétua de aquellas dos muchachas -morenas y alegres que me habian visto volver -de través, abrazado con el pañuelo de duros de Ménico: -me disgustaban los ojos negros, los rizos negros y las -formas redondas de aquellas dos andaluzas: yo soñaba -rubio, veia rubio, adoraba lo blanco, lo esbelto y lo ligero; -lo robusto, lo redondo, me parecia materia bruta: -lo blanco, flexible y delicado, espíritu y corazon; lo andaluz, -carne y prosa; lo italiano arte y poesía.</p> - -<p>Me instalé en el hotel del Correo, donde no habia -más huésped que un inglés, y cuyo camarero era italia<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>no. -Púseme á concluir mi <i>Cabeza de plata</i>, para podérsela -leer completa á la duquesa de Rivas, que habia -quedado curiosa da saber su conclusion, que ignoraba -yo todavía á mi paso por Sevilla.</p> - -<p>Pedí al camarero noticias de Maggiorotti una noche.</p> - -<p>—E un ogro, me respondió; non riceve nessun italiano -in casa sua.</p> - -<p>—¿Conocette Stella?—le pregunté.</p> - -<p>—¡Chi! ¿Stella? ¿Una vecchia brutta?</p> - -<p>—¡Va via, grand' imbecile!—le dije despidiéndole -furioso.—¡Una vecchia brutta Stella!... il Sole.</p> - -<p>Marchóse el pobre hombre sin comprenderme... y -quedéme yo tan asombrado como él de lo dicho.</p> - -<p>¿Quién era Stella? ¿Qué tenia para mí? Que Dios me -habia hecho nacer poeta y que habia dicho de ella maese -Ménico: ¡Sventurata! ¡condamnata á morte comme -tutte!</p> - -<p>Y todos nacemos condenados á muerte; sinó que los -poetas vivimos como sonámbulos, y corriendo siempre -tras de fantasmas.</p> - -<p>El inglés, único huésped del Hotel del Correo cuando -yo tomé en él aposento, era el compañero más á -propósito para mí en aquella ocasion. Taciturno gastrónomo, -recorria todos los países del mundo para estudiar -la cocina nacional de cada uno. Comia, callaba, digeria -y dormia: escribia yo, pues, sin ruido, visitas ni -estorbos, y descansaba sólo algunas horas de la noche. -La luna en creciente tendia sobre la antigua Gades el -rico manto de su luz de plata, y vagaba yo por sus -limpias calles y sus ya arboladas plazas, á la luz melancólica -del astro poético de la noche, como lo que he -sido siempre, como una sombra de otro mundo y un -habitante de otra region perdido sobre la tierra.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> - -<p>Vagabundo nocturno de profesion, conozco todos los -ruidos, las sombras y las luces nocturnas: sé cuántas -formas toma la sombra de los árboles y de las casas, segun -la luna las traza, las prolonga ó las recoge, desde -que sale hasta que se pone. Sé los infinitos ángulos y -triángulos que trazan los hierros de los faroles, los brazos -de las cruces y las siluetas de las chimeneas; conozco -todos los cuadros de luz que estampan sobre el oscuro -y húmedo empedrado los balcones alumbrados de -las casas en que se vela ó se baila, de las puertas que se -abren para despedir á los contertulios á la luz de bujía, -farol ó linterna; todos los huecos de sombra de los postigos -abiertos y cerrados con precaucion y á oscuras -para recibir ó despedir á los amantes; todos los rumores -de las pisadas que se acercan ó se alejan con resolucion -ó con miedo, de las del adúltero escurridizo ante la hora -de la vuelta del marido; del jugador ganancioso y del -hijo de familia retrasado; del ratero y de la buscona, -del centinela y del médico; mis leyendas están llenas -de esas noches, y yo tengo ciertas pretensiones de ser -un poeta nocturno, rico de nocturna y pormenorizada -observacion; todas mis comedias y dramas comienzan -de noche y de noche se han concluido; y en aquellas -de Cádiz concluian mis nocturnos paseos en una plazuela -sobre la muralla derruida, por encima de cuyas -desencajadas piedras metia el mar los hirvientes y desgarrados -pedazos de encaje de la espuma de sus encrespadas -olas; á través de cuyo rumor temeroso y del -salino vapor en que el aire convertia la ola que en los -peñascos se estrellaba, adoraba yo á Dios y aspiraba la -poesía que ha extendido sobre los mares para el poeta -creyente.</p> - -<p>El mar es para mí el grande espejo en que se pinta<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span> -la faz de Dios, y mil veces he deseado tener por tumba -su inmenso y móvil panteon de líquido cristal. Dos veces -he naufragado, y el mar me ha devuelto vivo á la -tierra. ¡Qué mausoleo más magnífico que el mar! A -quien naufraga y muere en alta mar, le da Dios la -muerte más dulce y sin agonía; una impresion rapidísima -de inmersion en un baño, un zumbido de oidos semejante -á una lejana música, un resplandor fosfórico -que deslumbra las pupilas... y el alma sale del cuerpo y -entra en la eternidad. ¡Buenas noches! Aquel cuerpo y -aquel alma se ahorran todo lo doloroso y lo ridículo de -que la sociedad rodea al que se muere; el pesar verdadero -de los que le aman, la hipócrita comedia del dolor -de los que le heredan, los falsos consuelos de los que -están deseando que espire pronto, ofendidos de su superioridad -ó envidiosos de su gloria; el entierro oficial, si -es un personaje ó una celebridad; el olvido inmediato -tras de las ceremonias, y la profanacion, en fin, de su -tumba por la posteridad, encomendada por Dios de castigar -al orgulloso que olvida que le dijo al crearle: <i>Pulvis -es et in pulverem reverteris</i>.</p> - -<p>Yo adoro el mar, y cuando el frio, la soledad, la reflexion -y la necesidad de continuar mi trabajo me arrancaban -de aquel boquete de murallon roto, por donde -yo miraba el de Cádiz en aquellas noches, me volvia á -mi hospedaje del Correo, pasando por el callejon en que -se alzaba sombría y casi aislada la casa de maese Ménico -Maggiorotti. En su esquina del Mediodía veia siempre -iluminado por dentro el postigo de una ventana. -¿Quién velaba allí? ¿Hacia allí las prosáicas cuentas de -sus sacos de lana ó de cuartos maese Ménico, ó mecian -allí á la luz de una lamparilla los sueños de la esperanza, -el espíritu virginal de la hermosa nieta del miste<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>rioso -italiano? Todas las noches volvia á mi alojamiento -sin haberlo averiguado, y volvia á trabajar en mi <i>Cabeza -de plata</i>, bailándome perpétuamente delante de -los ojos la rubia de Stella; y el recuerdo de su poética -imágen bajaba y subia perpétuamente por la escalera -del portalon, empotrada en mi cerebro, miéntras con -ella distraido avanzaba lentamente en mi trabajo y esperaba -impaciente el dia 30.</p> - -<p>El veinte y ocho recibí una carta de Cárlos Latorre, -en la cual me decia: «Se levantó el telon sobre el primer -acto de <i>Los dos vireyes</i> con entrada llena. Mate -llevó con aplomo sus escenas en verso, y el público las -escuchó con agrado: oyó sin repugnancia las en prosa, -gracias al cuidado que pusieron todos los actores, y -concluyó Azcona caracterizando con mucha inteligencia -su final, que se aplaudió: no me lo esperaba, y comencé -á respirar.»</p> - -<p>«Al empezar el acto segundo, el viento habia cambiado -y el mar hacia oleaje. Durante el entreacto, un -criado incógnito habia repartido al público, y no al buen -tun, tun, sinó entre la gente de letras de las lunetas -(hoy butacas), quince ó veinte ejemplares de la novela -<i>El virey de Nápoles</i>, de Pietro Angelo Fiorentino; los -cuales tenian una nota con lápiz que decia «los diálogos -que Zorrilla ha copiado en su drama van marcados -al márgen.» Los posesores de aquellos librillos se los -mostraban y pasaban riendo á los curiosos que se los -pedian: los palcos, las galerías y el pueblo pedian silencio: -los actores no comprendian tal inquietud en las lunetas, -pero no se desconcertaron. Concluyeron al fin las -nueve escenas en prosa; quedó Mate sólo en escena, y -el público respetó su respetable personalidad; é hiriendo -sus oidos las octavillas italianas, comenzó á hacer<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -silencio; y Mate le aprovechó para decírselas tan vigorosa -é intencionadamente, que al concluirlas arrancó el -primer aplauso de la noche. La cancion de Basili hizo -un efecto inesperado; y Mate se llevó la sala con la redondilla:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">con un cordel á la gola</div> -<div class="line">y un crucifijo en la mano,</div> -<div class="line">cantar haré á ese villano</div> -<div class="line">su postrera barcarola,</div> -</div></div></div> - -<p>y con un segundo aplauso preparó mi salida. Excuso -ponderar á V. lo que hicimos ambos en el resto del acto: -cumplimos con los deberes de la amistad.»</p> - -<p>«En el entreacto segundo nos enteramos de la villanía -de <i>X</i>, que era quien indudablemente habia enviado -al teatro los ejemplares de la novela; yo me apresuré á -dar la clave del ataque traidor de que era V. objeto; y -la empresa y los actores resolvimos defender el final del -drama con todo el empeño de que hombres y mujeres -fuéramos capaces; pero <i>los amigos</i> de fuera trabajaban -en contra con los librejos; la escena en prosa y los endecasílabos -pasaron apenas difícilmente; y ya temia yo -una catástrofe para el final, cuando nos salvó lo que temíamos -que nos perdiera: el virey encerrado en el balconcillo -despues de la escena VI, en la cual logré -arrancar un aplauso y hacerme escuchar. Mate estuvo -impagable en aquella desairada posicion; rebosando orgullo, -rencor y sed de venganza, hizo aborrecible el -personaje que representaba, y al volvérsele las tornas, -las galerías y la ignominia ahogaron á las lunetas, y dimos -el nombre del autor, y hoy damos tranquilamente -la cuarta representacion. Duerma V. tranquilo, y permítame -V. que le prevenga para el porvenir con aquellas -palabras de Fabiani en «<i>La familia del boticario: Buenos<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span> -amigos tienes, Benito;</i>» y cuente V. con este que le -querrá siempre.»</p> - -<p>No me sentó tan mal como me asombró la incomprensible -partida mulata de <i>X</i>, porque me revelaba más -estupidez que malas entrañas; puesto que, mero traductor -de la novela de que me habia hecho <i>sacar</i> el drama, -quien tenia derecho en resúmen á aparear su nombre -con el mio no era él, sinó Pietro Angelo Fiorentino—á -quien yo habia robado por darle gusto.</p> - -<p>Tal es la historia de mi miserable rapsodia <i>Los dos -vireyes</i>, y tal la de su primera representacion; de la cual -no he hablado jamás á <i>X</i>, ni él ha podido nunca apercibirse -de que yo le estimaba en lo que valia: sobre mis -hombros no pudo, empero, volver á poner los piés. Así -vivimos en estos tiempos y en esta sociedad, en que las -medianías se atreven á todo, y á todo tal vez alcanzan, -ménos á engañar á la posteridad.</p> - -<p>El 30 á las diez trepaba yo, que no subia por la empinada -escalera del portalon de maese Ménico; pues no -hallándole en él, quise ver si podia forzar el paso al, segun -fama, impenetrable <i>sancta sanctorum</i> de su misterioso -hogar. Subí rápida y llamé ruidosamente á la -puerta en que la insegura escalera finalizaba, y al tiempo -que por el ventanillo acechador asomaba una curiosa -cabeza de mujer, me franqueaba la entrada el mismo -maese Ménico, por la barreada puerta, ante mí abierta -de par en par.</p> - -<p>El genovés, en chaleco, pantalon y babuchas, me recibió -con algo encapotado ceño y melancólica sonrisa; -en los cuales mi extraviada preocupacion y mi fantástico -espíritu se empeñaban en ver algo misterioso y siniestro: -quise yo motivar mi presencia, pero él atajó mis -escusas diciendo:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span></p> - -<p>—«Son las diez, y es la hora. ¿Trae V. el recibo?</p> - -<p>—Sí, señor.</p> - -<p>—Pues los seis mil están contados: y conduciéndome -á través de una antesala y un comedor, tan limpia como -modestamente amueblados, á una especie de despacho, -me mostró sobre la parte alta y plana de su pupitre los -trescientos duros en pilas de á veinte y cinco. Mostréle mi -recibo firmado y comencé á hacer rollos de á cincuenta, -en los ocho pedazos en que corté un periódico que -me alargó.</p> - -<p>Callaba yo haciendo, no muy diestramente, mis rollos, -y callaba él esperando distraido á que yo concluyera -de hacerlos; tal vez se reia en su interior de mí por -la poca costumbre de manejar dineros que mi poca destreza -le revelaba; pero mi indiscrecion de muchacho sin -mundo y mi irresistible curiosidad me hicieron al fin -prorumpir en la pregunta que hacia diez dias tenia en -mis labios:—¿y <i>Stella</i>?</p> - -<p>Sentí la mirada de Ménico sobre mi faz, y la busqué -con la mia, resuelto á todo: entre las blancas pestañas -de sus hundidos ojos percibí dos lágrimas, que no dejó -rodar por sus curtidas mejillas, enjugándolas ántes con -el reverso de su mano.</p> - -<p>—¿Stella?—dijo, como si su voz fuera en su respuesta -el eco de mi pregunta.—¿Quiere V. verla?</p> - -<p>—Si V. me lo permite...</p> - -<p>—¿Por qué no? Acabe V. de recoger su dinero; no he -podido procurarle á V. oro, porque...</p> - -<p>Interrumpióse sin acabar de darme su razon; concluí -yo de liar mi sexto rollo, y miéntras ataba los seis en mi -pañuelo, completé néciamente mi pensamiento, formulándole -en esta menguada frase:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span></p> - -<p>—Stella es una preciosa criatura, cuya vista regocija -los ojos, cuya voz arrulla los oidos.</p> - -<p>—¡Desventurada!—exclamó el viejo;—«¡é la più -sventurata creatura del mondo! ¡Non può essere sposa, -ne madre, ne padrona di sé stessa!»—Y abriendo ante mí -una puerta, me mostró en un gabinete cariñosamente -lleno de cuanto puede necesitar la coquetería mujeril, y -en un lecho, que no exhalaba más que virginales emanaciones, -ni excitaba más que castas ideas, la pálida -Stella, cuya cabeza, doblada sobre las almohadas, tenia -los ojos abiertos y fijos en espantosa inmovilidad.</p> - -<p>Sin poderme contener, exclamé:—¡Muerta!—Y Ménico, -poniéndome bruscamente la mano en la boca, me -dijo al oido:—¡silencio: oye, está en catalepsia!—y cogiéndome -por el brazo, sacóme del aposento.</p> - -<p>Iba yo estupefacto á pronunciar un vulgar <i>mi scusi</i>; -pero el infortunado maese Ménico me le atajó con otro, -que en su boca y en su situacion resultó sublime de abnegacion -y sentimiento, y siguió diciéndome:</p> - -<p>—Es la última de tres hermanas; un infame, castigado -por Dios con esa enfermedad, se casó con mi hija: -sus dos mayores han muerto á los 21 años; ella de pesadumbre; -él... á manos de la venganza; yo les he enterrado -á todos; no me queda más que Stella: si me sobrevive... -¡qué vida tan horrible la espera! Si se me -muere... ¡qué soledad!... <i>¡Misero me!</i></p> - -<p>Yo habia escrito ya muchas comedias, pero no tenia -aún aplomo en el teatro del mundo. Mudo é inmóvil, no -sabia ni consolarle ni despedirme. La vieja que se habia -asomado al ventanillo, presentándose en la antesala, -dirigió á maese Ménico algunas palabras, que no comprendí: -éste me abrió la puerta de la escalera, y yo descendí -por ella abrazado con mi dinero, y me salí de<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span> -aquella casa, más ébrio con la emocion y el desencanto -que la primera vez con el manzanilla.</p> - -<p>Llegué al Hotel del Correo y hallé una carta que me -habia traido de Madrid el del dia anterior; mi mujer se -habia roto un brazo al salir á oscuras del teatro del Príncipe; -Julian Romea habia cuidado de ella en los primeros -instantes, la habia conducido á casa con el doctor -Codorniú, y me suplicaban ambos que regresara inmediatamente -á Madrid.</p> - -<p>Hé aquí la historia de mis <i>Dos vireyes</i> y de la primera -salida del Quijote de los poetas, á hacer por el -mundo real la vida fantástica de los pájaros y de los -locos.</p> - -<p>¿Qué logró en ella el hombre? Dos pesadumbres, dos -desengaños y la vergüenza de una embriaguez; tres espinas -en el corazon; pero quedó en la imaginacion del -poeta legendario este tan delicioso como triste recuerdo -del tiempo viejo: la imágen de Stella.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XVIII.<br /> -CUATRO PALABRAS SOBRE MI «DON JUAN TENORIO».</h2> - - -<p>Corria la temporada cómica del 43 al 44: Cárlos Latorre -habia trabajado en Barcelona, y Lombía solo -sostenido el teatro de la Cruz con su compañía, -para la cual habia yo escrito aquel año tres obras -dramáticas: <i>El Molino de Guadalajara</i>, drama estrambótico -y fatalista, en el cual Lombía hizo un tartamudo -de mi cosecha: papel erizado de dificultades inútiles, -que él superó con una paciencia y un estudio que -no sabré yo nunca ponderar ni agradecer, y cuyo tercer -acto hicieron él, la Juana Perez, Azcona y Lumbreras -de una manera inimitable; que fué lo que hizo el éxito -de aquella mi extravagante elucubracion, forjada con -tan heterogéneos elementos.</p> - -<p>La Juanita, disfrazada de sobrino del molinero, cantando -la cancion de Iradier para dormir á Azcona, arrancó -aplausos hasta de las bambalinas; pero repito que -el éxito de esta obra se debió al esmero con que los actores -la representaron, y al gasto con que la empresa -la decoró; pagando además las palomas, los versos y<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span> -las flores que sus amigos, y no el público, me arrojaron -la primera noche. Lombía no se descuidaba, y era preciso -que las obras que yo para él escribia no tuvieran -éxito inferior á las de Latorre.</p> - -<p><i>La mejor razon la espada</i>, refundicion ó rapsodia de -<i>Las travesuras de Pantoja</i>, fué otro de mis triunfos de -aquel año; pero no hay para qué alabarme por él, puesto -que lo que en aquella obra vale algo es de Moreto, y -no mio.</p> - -<p>En Febrero del 44 volvió Cárlos Latorre á Madrid, y -necesitaba una obra nueva: correspondíame de derecho -aprontársela, pero yo no tenia nada pensado y urgia el -tiempo: el teatro debia cerrarse en Abril. No recuerdo -quién me indicó el pensamiento de una refundicion del -<i>Burlador de Sevilla</i>, ó si yo mismo, animado por el -poco trabajo que me habia costado la de <i>Las travesuras -de Pantoja</i>, dí en esta idea registrando la coleccion de -las comedias de Moreto; el hecho es que, sin más datos -ni más estudio que <i>El burlador de Sevilla</i>, de aquel ingenioso -fraile y su mala refundicion de Solís, que era la -que hasta entónces se habia representado bajo el título -de <i>No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se -pague</i> ó <i>El convidado de piedra</i>, me obligué yo á escribir -en veinte dias un <i>Don Juan</i> de mi confeccion. Tan -ignorante como atrevido, la emprendí yo con aquel -magnífico argumento, sin conocer ni <i>Le festin de Pierre</i>, -de Molière, ni el precioso libreto del abate Da Ponte, ni -nada, en fin, de lo que en Alemania, Francia é Italia -habia escrito sobre la inmensa idea del libertinaje sacrílego -personificado en un hombre: Don Juan. Sin darme, -pues, cuenta del arrojo á que me iba á lanzar ni de -la empresa que iba á acometer; sin conocimiento alguno -del mundo ni del corazon humano; sin estudios sociales<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span> -ni literarios para tratar tan vasto como peregrino argumento; -fiado sólo en mi intuicion de poeta y en mi facultad -de versificar, empecé mi <i>Don Juan</i> en una noche -de insomnio, por la escena de los ovillejos del segundo -acto entre D. Juan y la criada de doña Ana de Pantoja. -Ya por aquí entraba yo en la senda de amaneramiento -y mal gusto de que adolece mucha parte de mi obra; -porque el ovillejo, ó séptima real, es la más forzada -y falsa metrificacion que conozco: pero afortunadamente -para mí, el público, incurriendo despues en mi mismo -mal gusto y amaneramiento, se ha pagado de esta escena -y de estos ovillejos, como yo cuando los hice á -oscuras y de memoria en una hora de insomnio. Escribílos -á la mañana siguiente para que no se me olvidaran -y engarzarlos donde me cupieran; y preparando -el cuaderno que iba á contener mi <i>Don Juan</i>, puse en -su primera hoja la acotacion de la primera escena, poco -más ó ménos como habia hecho en <i>El puñal del godo</i>, -sin saber á punto fijo lo que iba á pasar ni entre quiénes -iba á desarrollarse la exposicion. Mi plan en globo, -era conservar la mujer burlada de Moreto, y hacer novicia -á la hija del Comendador, á quien mi D. Juan debia -sacar del convento, para que hubiese escalamiento, -profanacion, sacrilegio y todas las demás puntadas de -semejante zurcido. Mi primer cuidado fué el más inocente, -el más vulgar, el más necesario á un autor novel: -el de presentar á mi protagonista, á quien puse enmascarado -y escribiendo, en una hostería y en una noche -de Carnaval; es decir, en el lugar y el tiempo que creia -peores un colegial que todavía no habia visto el mundo -más que por un agujero; y para calificar á mi personaje, -lo más pronto posible, como temiendo que se me escapara, -se me ocurrió aquella hoy famosa redondilla:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">«¡Cuál gritan esos malditos!<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></div> -<div class="line">pero mal rayo me parta</div> -<div class="line">si en acabando mi carta</div> -<div class="line">no pagan caros sus gritos.»</div> -</div></div></div> - -<p>La verdad sea dicha en paz y en gracia de Dios; pero -al escribir esta cuarteta, más era yo quien la decia que -mi personaje D. Juan; porque yo todavía no sabia qué -hacer con él, ni lo qué ni á quién escribia: así que comencé -á hacer hablar á los otros dos personajes que -habia colocado en escena, sólo porque lógicamente lo -requeria la situacion: el dueño de la hostería, y el criado -del que en ella habia yo metido á escribir.</p> - -<p>La prueba más palpable de que hablaba yo en ella y -no D. Juan, es que los personajes que en escena esperaban, -más á mí que á él, eran Ciutti, el criado italiano -que Jústiz, Allo y yo habíamos tenido en el café del -Turco de Sevilla, y Girólamo Buttarelli, el hostelero -que me habia hospedado el año 42 en la calle del Cármen, -cuya casa iban á derribar, y cuya visita habia yo -recibido el dia anterior. Ciutti era un pillete, muy listo, -que todo se lo encontraba hecho, á quien nunca se encontraba -en su sitio al primer llamamiento, y á quien -otro camarero iba inmediatamente á buscar fuera del café -á una de dos casas de la vecindad, en una de las cuales -se vendia vino más ó ménos adulterado, y en otra carne -más ó ménos fresca. Ciutti, á quien hizo célebre mi drama, -logró fortuna, segun me han dicho, y se volvió á -Italia.</p> - -<p>Buttarelli era el más honrado hostelero de la villa del -Oso: su padre Benedetto vino á España en los últimos -años del reinado de Cárlos III, y se estableció en aquella -hoy derribada casa de la calle del Cármen, cuya -hostería llevaba el nombre de la Vírgen de esta advoca<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>cion, -y en donde yo conocí ya viejo á su hijo Girólamo, -el hostelero de mi <i>Don Juan</i>. Era célebre por unas -chuletas esparrilladas, las más grandes, jugosas y baratas -que en Madrid se han comido, y tenia vanidad Buttarelli -en la inconcebible prontitud con que las servia. -Tenian las tales chuletas no pocos aficionados; y con -ellas y con unos <i>tortellini</i> napolitanos se sostenia el establecimiento. -Viví yo seis meses alojado en el piso segundo -de su hostería, tratado á cuerpo de rey por un -duro diario, y allí tuve por comensales á Nicomedes -Pastor Diaz y á su hermano Felipe, á García Gutierrez, -á Eugenio Moreno Lopez y á otros muchos á quienes -gustaban los <i>tortellini</i> y las chuletas de Buttarelli. Este -buen viejo, desanidado de su vieja casa, murió tan pobre -como honrado y desconocido, y de él no queda más que -el recuerdo que yo me complazco en consagrarle en estos -mios de aquel tiempo viejo.</p> - -<p>Por lo dicho se comprende fácilmente que no podia -salir buena una obra tan mal pensada; pero no quiero -decir aquí lo que de ella pienso, porque tengo determinado -decirlo en un libro que se titula <i>Don Juan Tenorio -ante la conciencia de su autor</i>, publicado á fines de -un mes de Octubre, para que el público tenga presente -mi opinion al asistir en Noviembre á sus obligadas representaciones; -en nuestro país nadie se acuerda en el -mes de Octubre de lo dicho en el mes de Mayo.</p> - -<p>Haré sin embargo brevísimas observaciones sobre mis -más pasaderos descuidos, para probar tan sólo la ligereza -imprevisora y la falta de reflexion con que mi obra -está escrita.</p> - -<p>Pero ántes de todo voy á responder á algunas objeciones -á que da lugar la severidad de mis juicios. No -hablo con la crítica racional, sinó con la malevolen<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span>cia, -la envidia y la necedad, que no dejarán de decir:</p> - -<p>1.º Que insulto al público criticando y dando por -mediana una obra que aplaude hace treinta y seis -años.—No.</p> - -<p>2.º Que soy ingrato y mal español, despreciando la -reputacion fabulosa que por mi <i>Don Juan</i> me ha acordado.—Tampoco.</p> - -<p>3.º Que de lo que con mi crítica trato, es de perjudicar -á mis editores y á las empresas, porque no me dan -parte de los productos de mis obras.—Mucho ménos.</p> - -<p>A lo primero, respondo que mi <i>Don Juan</i>, tal como -está, tiene condiciones para merecer el favor de que -goza; pero al cabo de treinta años es natural que un -autor reconozca los defectos de una obra, lo cual no -implica ni sombra de pensamiento injurioso para el público -que la aplaude, reconociendo como él sus defectos: -es decir la parte inteligente del público, porque el -vulgo no es nunca juez competente ni aceptable ni aceptado -en materias literarias.</p> - -<p>A lo segundo, que el no ser vanidoso, no es ser ingrato, -y el aceptar con modestia lo que me corresponda -solamente de gloria por lo bueno de mi obra, no es despreciar -mi popularidad, sinó aceptarla con justa medida -en lo que vale. Y aquí me ocurre una observacion, y es, -que si un vanidoso hubiera en mi lugar escrito mi <i>Don -Juan Tenorio</i> y alcanzado el éxito colosal que yo con -el mio, hubiera sido probablemente necesario echarle -de España ó encerrarle en un manicomio; porque hubiera -querido ser ministro de Hacienda, gobernador de -Cuba y tener estátuas en vida.</p> - -<p>Y á lo tercero, que en lugar de intentar accion alguna -retroactiva contra mis editores, poseedores legales -de la propiedad de mi <i>Don Juan</i> en época en que aún<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> -no existia la ley de propiedad literaria, en vez de dirigirme -contra ellos, al ver que Dios alargaba mi vida más -de lo que yo esperaba, me dirigí francamente al Gobierno, -diciéndole: «Mi <i>Don Juan</i> produce un puñado -de miles de duros anuales á sus editores, y mantengo -con él en la primera quincena de Noviembre á todas -las compañías de verso en España; pero como tu ley -no tiene efecto retroactivo, no por el mérito de mi -obra, sinó por lo que á los demás produce, no me dejes -morir en el hospital ó en el manicomio.»</p> - -<p>El Gobierno, teniendo por razonable mi demanda, -me dió pan y con él me he contentado.</p> - -<p>Pero reclamo el derecho de ver y reconocer los defectos -de mi obra; Revilla y otros críticos juiciosos los -han indicado ya, con la opinion de que deben corregirse -y de que su autor está, no sólo en el derecho, sinó -en la obligacion de refundirla. Mi obra tiene una excelencia -que la hará durar largo tiempo sobre la escena, -un génio tutelar en cuyas alas se elevará sobre los demás -Tenorios; la creacion de mi doña Inés cristiana: -los demás Don Juanes son obras paganas; sus mujeres -son hijas de Vénus y de Baco y hermanas de Priapo; -mi doña Inés es la hija de Eva ántes de salir del Paraíso; -las paganas van desnudas, coronadas de flores y -ébrias de lujuria, y mi doña Inés, flor y emblema del -amor casto, viste un hábito y lleva al pecho la cruz de -una Orden de caballería. Quien no tiene carácter, -quien tiene defectos enormes, quien mancha mi obra es -D. Juan; quien la sostiene, quien la aquilata, la ilumina -y la da relieve es doña Inés; yo tengo orgullo en ser -el creador de doña Inés y pena por no haber sabido -crear á D. Juan. El pueblo aplaude á éste y le rie sus -gracias, como su familia aplaudiria las de un calavera<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span> -mal criado; pero aplaude á doña Inés, porque ve tras -ella un destello de la doble luz que Dios ha encendido -en el alma del poeta: la inteligencia y la fé. D. Juan -desatina siempre, doña Inés encauza siempre las escenas -que él desborda.</p> - -<p>Desde la primera escena, ya no sabe D. Juan lo que -se dice; sus primeras palabras son:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Ciutti... este pliego</div> -<div class="line">irá dentro del orario</div> -<div class="line">en que reza doña Inés</div> -<div class="line">á sus manos á parar.</div> -</div></div></div> - -<p>¡Hombre, no! en el orario en que rezará, cuando usted -se lo regale; pero no en el que no reza aún, porque -aún no se lo ha dado Vd. Así está mi D. Juan en toda -la primera parte de mi drama, y son en ella tan inconcebibles -como imperdonables sus equivocaciones hasta -en las horas. El primer acto comienza á las ocho; pasa -todo: prenden á D. Juan y á D. Luis; cuentan cómo se -han arreglado para salir de su prision: preparan don -Juan y Ciutti la traicion contra D. Luis, y concluye el -acto segundo diciendo D. Juan:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">A las nueve en el convento,</div> -<div class="line">á las diez en esta calle.</div> -</div></div></div> - -<p>Relój en mano, y habia uno en la embocadura del teatro -en que se estrenó, son las nueve y tres cuartos; -dando de barato que en el entreacto haya podido pasar -lo que pasa. Estas horas de doscientos minutos son exclusivamente -propias del relój de mi D. Juan. En el tercer -acto se oye el toque de ánimas; yo tengo en mis -dramas una debilidad por el toque de ánimas; olvido -siempre que en aquellas épocas se contaba el tiempo<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> -por las horas canónicas; y cuando necesito marcar la -hora en la escena, oigo siempre campanas, pero no sé -dónde, y pregunto qué hora es á las ánimas del purgatorio. -La unidad de tiempo está <i>maravillosamente</i> observada -en los cuatro actos de la primera parte de mi -<i>D. Juan</i>, y tiene dos circunstancias especialísimas; la -primera es milagrosa, que la accion pasa en mucho -ménos tiempo del que absoluta y materialmente necesita; -la segunda, que ni mis personajes ni el público -saben nunca qué hora es.</p> - -<p>En el final, D. Juan trae á los talones toda la sociedad -representada en el novio de la mujer por engaño -desflorada, en el padre de la hija robada y en la justicia -humana, que corren gritando justicia y venganza -trás el seductor, el robador y el sacrílego: en aquella -situacion está el drama; por el amor de doña Inés, va -á matar á su padre y á D. Luis, y tiene preparada su -fuga y el rapto en un buque de que habla Ciutti; pues -bien, en esta situacion altamente dramática, aquel enamorado -que por su pasion ha atropellado y está dispuesto -á atropellar cuanto hay respetable y sagrado en -el mundo, cuando él sabe muy bien que no van á poder -permanecer allí cinco minutos, no se le ocurre hablar á -su amada más que de lo bien que se está allí donde se -huelen las flores, se oye la cancion del pescador y los -gorjeos de los ruiseñores, en aquellas décimas tan famosas -como fuera de lugar: doña Inés las encarrila desarrollando -á tiempo su amor poético y su bien delineado -carácter, en las redondillas mejores que han salido de -mi pluma.</p> - -<p>De la desatinada ocurrencia mia de colocar en tan -dramática situacion tan floridas décimas, resulta que no -ha habido ni hay actor que haya acertado ni pueda acer<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>tar -á decirlas bien. El público, que se las sabe de memoria, -le espera en ellas como el de un circo á un clown -que va á dar el doble salto mortal: si el actor, verdadero -y concienzudo artista, las quiere dar la suavidad, -la ternura, la flexibilidad y el cariño que sus suaves, cariñosas -y rebuscadas palabras exigen... ¡ay de mí! como -aquellas décimas no fueron por mí escritas acendrándolas -en el crisol del sentimiento, sinó exhalándolas en un -delirio de mi fantasía, resulta su expresion falsa y descolorida -por culpa únicamente mia; que me entretuve -en meter á la paloma y á la gacela, y á las estrellas -y á los azahares en aquel duo de arrullos de tórtolas, -en lugar de probar en unos versos ardientes, vigorosos y -apasionados la verdad de aquel amor profundo, único, -que celeste ó satánico, salva ó condena; obligando á Dios -á hacer aquellas famosas maravillas que constituyen la -segunda parte de mi <i>D. Juan</i>.</p> - -<p>Si el actor, pasando sobre su conciencia y haciendo -caso omiso de la del autor y de su deber de imponerse -al vulgo, por dar gusto á éste y arrancar un aplauso, las -declama á gritos y sombrerazos como se hace hoy por -nuestros más roncos y aplaudidos actores... el aplauso -estalla, es verdad; pero ¿á quién pertenece? Al actor, no; -porque al exponerse á arrojar por la boca los pulmones -arroja con ellos al sentido comun por encima de la batería -del proscenio, en cambio del aplauso de los engañados -espectadores: al poeta, tampoco; porque aquellas -palmadas resultan poco ménos que bofetadas para él, á -quien jamás pudo ocurrírsele que tuvieran que ahullarse -y berrearse unas décimas tan artificiosas y tan mal traidas, -pero forjadas con los más poéticos pensamientos y -expresadas con las más suaves, armónicas y cariñosas -palabras.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p> - -<p>¿Qué quiero yo decir con esto? ¿Que los actores no -saben representar mi <i>D. Juan Tenorio</i>? No: quiero decir -que <i>en mala situacion no hay actor bueno</i>; que obra -mia es aquella situacion mala; y que yo, que no transijo -con mi conciencia al juzgar mis obras, no transijo con -los actores que transigen con la suya en las mias.</p> - -<p>¿Intento yo, como se ha supuesto, al decir la verdad -sobre mi <i>D. Juan</i>, y al hablar con tal ingenuidad de mí -mismo, desacreditar mi obra y conspirar contra su representacion -y éxito anuales, por el inútil y villano placer -de perjudicar á mis editores y á los empresarios y -actores, porque la propiedad de mi obra no me pertenece?</p> - -<p>Estúpida ó malévola suposicion. <i>D. Juan Tenorio</i>, -que produce miles de duros y seis dias de diversion -anual en toda España y las Américas españolas, no me -produce á mí un solo real; pero, me produce más que á -ningun actor, empresario, librero ó especulador: porque -la aparicion anual de mi <i>D. Juan</i> sobre la escena, -constituye á su autor su fénix que renace todos los años. -<i>D. Juan</i> no me deja ni envejecer ni morir: <i>D. Juan</i> me -centuplica anualmente la popularidad y el cariño que -por él me tiene el pueblo español: por él soy el poeta -más conocido hasta en los pueblos más pequeños de -España y por él solo no puedo ya en ella morir en la -miseria ni en el olvido: mi drama <i>D. Juan Tenorio</i> es -al mismo tiempo mi título de nobleza y mi patente de -pobre de solemnidad: cuando ya no pueda absolutamente -trabajar y tenga que pedir limosna, mi <i>D. Juan</i> hará -de mí un Belisario de la poesía: y podré sin deshonra -decir á la puerta de los teatros: «dad vuestro óbolo al -autor de <i>D. Juan Tenorio</i>,» porque no pasará delante -de mí un español que no nos conozca ó á mí ó á él.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span></p> - -<p>¿Cómo, pues, he de anhelar yo desprestigiar, ni -desterrar del teatro á mi venturoso desvergonzado <i>Don -Juan</i>, que es el sér de mi sér y la única esperanza de -mi porvenir?</p> - -<p>Pero ¿qué intereses ataca, qué amor propio ofende el -modesto conocimiento de sí mismo que el autor del tal -<i>D. Juan</i> manifiesta al juzgar su obra, cuando ha tenido -treinta y tres años para estudiarla? ¿cuando, <i>velis nolis</i>, -le han hecho presenciar ochenta veces su representacion, -durante la cual, á no haber sido de piedra como -su estátua del Comendador, tiene forzosamente que haberla -visto y héchose cargo de cómo pasa lo que en ella -sucede?</p> - -<p>¿Seria posible, aunque para mí inconcebible seria, que -se ofendiera la crítica de que yo, á mis sesenta y cuatro -años, al ajustar cuentas con mi conciencia, dijera de mi -<i>D. Juan</i> lo que ella ó por consideracion al autor ó por no -atreverse á ir contra la corriente de la opinion, no ha -dicho en los mismos treinta y tres años? Es imposible; -la crítica tiene que ser hidalga y leal en España, como -lo es su pueblo, y no puede tornarse nunca en injusta, -corrigiendo sólo al autor, no concediéndole ni permitiéndole -nada, ni áun reconocer y corregir sus defectos, -sin corregir el mal gusto, cuando estravía los juicios del -público y el arte de los actores, ocasionando los escesos -y faltas de las empresas: todo lo cual constituye lo que -se llama el teatro: que no es sólo la palabra escrita del -poeta.</p> - -<p>Dejémoslo aquí. Con todo lo dicho y lo que por decir -me queda, no he pretendido más que alegar el derecho -y la obligacion que tengo de ser modesto confesando mis -defectos y errores, para que ni mis contemporáneos que -me aplauden, ni la posteridad si de mí se acuerda, tengan<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> -motivo dado por mí en que apoyarse, para creer que yo -vivo hinchado y esponjado como el pavon y sueño conmigo -mismo cuando duermo, por la vanidad de ser -quien soy, y de haber hecho y escrito lo que he escrito -y hecho.</p> - -<p>Y si hay alguno que me envidia el ser autor del <i>Don -Juan</i>, ¡ojalá pudiera yo traspasárselo para que gozara -en mi lugar las consecuencias de haberlo escrito!</p> - -<p>La veracidad de mi opinion sobre esta obra la expresé -muy claramente y de todo corazon en las últimas redondillas -de las que leí en un beneficio que con él me -dió Ducazcal en el teatro Español el año pasado, que -inserto aquí para concluir, y por creer que aquí tienen -su legítimo puesto y lugar.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">En los años que han corrido</div> -<div class="line">desde que yo le escribí,</div> -<div class="line">miéntras que yo envejecí</div> -<div class="line">mi <i>Don Juan</i> no ha envejecido:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y fama tal por él gozo</div> -<div class="line">que se cree, á lo que parece,</div> -<div class="line">porque <i>Don Juan</i> no envejece,</div> -<div class="line">que yo he de ser siempre mozo:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y hoy el bravo Ducazcal</div> -<div class="line">os anuncia en su cartel</div> -<div class="line">que he de hacer aquí un papel,</div> -<div class="line">que tengo que hacer ya mal.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Yo no soy ya lo que fuí:</div> -<div class="line">y viendo cuán poco soy,</div> -<div class="line">dejo á los que más son hoy</div> -<div class="line">pasar delante de mí;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pues por Dios, que por más brava</div> -<div class="line">que sea mi condicion,</div> -<div class="line">la fiebre rinde al leon,</div> -<div class="line">la gota la piedra cava.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Aún latir mis brios siento:<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></div> -<div class="line">pero es ya vana porfía,</div> -<div class="line">no puedo ya la voz mia</div> -<div class="line">pedirle otra vez al viento:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y á quien me lo quiere oir,</div> -<div class="line">digo años há por do quier,</div> -<div class="line">que pierdo el sér de mi sér</div> -<div class="line">y que me siento morir;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pero nadie me hace caso</div> -<div class="line">por más que hablo á voz en grito,</div> -<div class="line">porque este <i>Don Juan</i> maldito</div> -<div class="line">por do quier me sale al paso;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y ni me deja vivir</div> -<div class="line">en el rincon de mi hogar,</div> -<div class="line">ni deja un año pasar</div> -<div class="line">sin dar de mí qué decir.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Yo me apoco dia á dia,</div> -<div class="line">y este bocon andaluz,</div> -<div class="line">á quien yo saqué á la luz</div> -<div class="line">sin saber lo que me hacia,</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">me viste con su oropel</div> -<div class="line">y á luz me saca consigo;</div> -<div class="line">por más que á voces le digo</div> -<div class="line">que ir no puedo á par con él.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mas tánto favor os debo</div> -<div class="line">por él, que en verdad me obliga</div> -<div class="line">á que algo esta noche os diga</div> -<div class="line">de este insolente mancebo.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Oid... es una leyenda</div> -<div class="line">muy difícil de contar,</div> -<div class="line">porque tiene algo á la par</div> -<div class="line">de ridícula y de horrenda:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">una historia íntima mia.</div> -<div class="line">Yo era en España querido</div> -<div class="line">y mimado y aplaudido...</div> -<div class="line">y me huí de España un dia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Vivia á ciegas y erré:</div> -<div class="line">y una noche andando á oscuras</div> -<div class="line">tropecé en dos sepulturas,</div> -<div class="line">y de Dios desesperé.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Emigré: me dí á la mar;<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span></div> -<div class="line">y esperando en el olvido</div> -<div class="line">una muerte hallar sin ruido,</div> -<div class="line">en América fuí á dar.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">No llevando allá negocio</div> -<div class="line">ni esperanza á qué atender,</div> -<div class="line">al tiempo dejé correr</div> -<div class="line">en la oscuridad y el ócio.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Once años anduve allí</div> -<div class="line">vagando por los desiertos,</div> -<div class="line">contándome con los muertos</div> -<div class="line">y sin dar razon de mí.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Los indios semi-salvajes</div> -<div class="line">me veian con asombro</div> -<div class="line">ir con mi arcabuz al hombro</div> -<div class="line">por tan agrestes parajes;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">y yo en saber me gozaba</div> -<div class="line">que nadie que me veia</div> -<div class="line">allí, quién era sabia</div> -<div class="line">el que por allí vagaba;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">y esperé que de aquel modo</div> -<div class="line">de mí y de mi poesía</div> -<div class="line">como yo se olvidaria</div> -<div class="line">á la fin el mundo todo.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mi nombre, pues, con intento</div> -<div class="line">de dejar perder, y en suma</div> -<div class="line">sin papel, tinta, ni pluma,</div> -<div class="line">ni libros ya en mi aposento,</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">bebia en mi soledad</div> -<div class="line">de mis pesares las heces:</div> -<div class="line">mas tenia que ir á veces</div> -<div class="line">del desierto á la ciudad.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Vivo el cuerpo, el alma inerte,</div> -<div class="line">á caballo y solo, iba</div> -<div class="line">como una fantasma viva,</div> -<div class="line">sin buscar ni huir la muerte.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y hago aquí esta narracion</div> -<div class="line">porque sirva lo que digo</div> -<div class="line">á mis hechos de castigo,</div> -<div class="line">y á modo de confesion.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Sobre mí á un anochecer<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span></div> -<div class="line">un nublado se deshizo,</div> -<div class="line">y entre el agua y el granizo</div> -<div class="line">me dejó una hacienda ver.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Eché á escape y me acogí</div> -<div class="line">de la casa entre la gente,</div> -<div class="line">como franca lo consiente</div> -<div class="line">la hospitalidad allí.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Celebrábase una fiesta:</div> -<div class="line">que en aquel país no hay dia</div> -<div class="line">que en hacienda ó ranchería</div> -<div class="line">no tengan una dispuesta;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">y son fiestas extremadas</div> -<div class="line">allí por su mismo exceso,</div> -<div class="line">de las hembras embeleso,</div> -<div class="line">de los hombres emboscadas.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y á no ser de mi leyenda</div> -<div class="line">por no cortar la ilacion,</div> -<div class="line">hiciera aquí descripcion</div> -<div class="line">de una fiesta en una hacienda,</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">donde nadie tiene empacho</div> -<div class="line">de usar á gusto de todo;</div> -<div class="line">porque son fiestas á modo</div> -<div class="line">de las bodas de Camacho.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Allí acuden sin convite</div> -<div class="line">buhoneros, comerciantes</div> -<div class="line">y cirqueros ambulantes;</div> -<div class="line">sin que á nadie se le quite</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">de entrar en corro el derecho,</div> -<div class="line">de gastar de los abastos,</div> -<div class="line">ni de colocar sus trastos</div> -<div class="line">donde quiera que halle trecho.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Jamás se apaga el hogar,</div> -<div class="line">jamás el servicio cesa;</div> -<div class="line">siempre está puesta la mesa</div> -<div class="line">para comer y jugar.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Por salas y corredores</div> -<div class="line">se oye el son á todas horas</div> -<div class="line">de carcajadas sonoras,</div> -<div class="line">de onzas y de tenedores.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Todo es peleas de gallos,<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span></div> -<div class="line">toros, lazos, herraderos,</div> -<div class="line">manganas y coleaderos</div> -<div class="line">y carreras de caballos;</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y al fin de un dia de broma</div> -<div class="line">que nada en Europa iguala,</div> -<div class="line">todo el mundo entra en la sala</div> -<div class="line">y sitio en el baile toma.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Entré é hice lo que todos:</div> -<div class="line">y cuando creí que al sueño</div> -<div class="line">se iban á dar, dí yo al dueño</div> -<div class="line">gracias por sus buenos modos:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">mas mi caballo al pedir,</div> -<div class="line">asiéndome por la mano,</div> -<div class="line">me dijo el buen campirano</div> -<div class="line">soltando el trapo á reir:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">«¿Y á quién hay que se le antoje</div> -<div class="line">dejar ahora tal jolgorio?</div> -<div class="line">Vamos, venga usté á la troje</div> -<div class="line">y verá el <i>Don Juan Tenorio</i>.»</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y á mí que lo habia escrito</div> -<div class="line">en la troje me metia;</div> -<div class="line">y allí al paso me salia</div> -<div class="line">mi audaz andaluz precito.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mas ¡ay de mí, cuál salió!</div> -<div class="line">Lo hacia un indio Otomí</div> -<div class="line">en jerga que el diablo urdió;</div> -<div class="line">tal fué mi <i>Don Juan</i> allí,</div> -<div class="line">que ni yo le conocí</div> -<div class="line">ni á conocer me dí yo.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tal es la gloria mortal,</div> -<div class="line">y á quien Dios se la confiere</div> -<div class="line">si librarse de ella quiere</div> -<div class="line">se la torna Dios en mal.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">A mí no me la tornó,</div> -<div class="line">porque por mi buena suerte,</div> -<div class="line">del olvido y de la muerte</div> -<div class="line">do quier <i>Don Juan</i> me salvó.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">¡Dios no quiso allá de mí!</div> -<div class="line">y de mi patria el olvido</div> -<div class="line">temiendo, como habia ido,<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span></div> -<div class="line">á mi patria me volví.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">¡Feliz malogrado afan!</div> -<div class="line">al volver de tierra extraña,</div> -<div class="line">me hallé que habia en España</div> -<div class="line">vivido por mí <i>Don Juan</i>.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Comprendí en su plenitud</div> -<div class="line">de Dios la suma clemencia:</div> -<div class="line"><i>Don Juan</i> habia en mi ausencia</div> -<div class="line">borrado mi ingratitud.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mónstruo sin par de fortuna,</div> -<div class="line">miéntras yo de España huia,</div> -<div class="line">en España me ponia</div> -<div class="line">en los cuernos de la luna.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y ni fuerza ni razon</div> -<div class="line">han podido derribar</div> -<div class="line">tal ídolo del altar</div> -<div class="line">que le ha alzado la opinion.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pero hablemos con franqueza</div> -<div class="line">hoy que todo coadyuva</div> -<div class="line">para que aquí se me suba</div> -<div class="line">á mí el humo á la cabeza:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Desvergonzado galan</div> -<div class="line">siempre atropella por todo</div> -<div class="line">y de atajarle no hay modo,</div> -<div class="line">¿qué tiene, pues, mi <i>Don Juan</i>?</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Del fondo de un monasterio</div> -<div class="line">donde le encontré empolvado,</div> -<div class="line">yo le planté remozado</div> -<div class="line">en mitad de un cementerio:</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y obra de un chico atrevido</div> -<div class="line">que atusaba apenas bozo,</div> -<div class="line">os parece tan buen mozo</div> -<div class="line">porque está tan bien vestido.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pero sus hechos están</div> -<div class="line">en pugna con la razon:</div> -<div class="line">para tal reputacion</div> -<div class="line">¿qué tiene, pues, mi <i>Don Juan</i>?</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Un secreto con que gana</div> -<div class="line">la prez entre los don Juanes:</div> -<div class="line">el freno de sus desmanes:<span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></div> -<div class="line">que Doña Inés es cristiana.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tiene que es de nuestra tierra</div> -<div class="line">el tipo tradicional;</div> -<div class="line">tiene todo el bien y el mal</div> -<div class="line">que el génio español encierra.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Que hijo de la tradicion,</div> -<div class="line">es impío y es creyente,</div> -<div class="line">es baladron y es valiente,</div> -<div class="line">y tiene buen corazon.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Tiene que es diestro y es zurdo,</div> -<div class="line">que no cree en Dios y le invoca,</div> -<div class="line">que lleva el alma en la boca,</div> -<div class="line">y que es lógico y absurdo.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Con defectos tan notorios</div> -<div class="line">vivirá aquí diez mil soles;</div> -<div class="line">pues todos los españoles</div> -<div class="line">nos la echamos de Tenorios.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y si en el pueblo le hallé</div> -<div class="line">y en español le escribí</div> -<div class="line">y su autor el pueblo fué...</div> -<div class="line">¿Por qué me aplaudís á mí?</div> -</div></div></div> - -<p>Dejémoslo aquí hasta que veamos á mi D. Juan ante -la conciencia de su autor, que tambien veremos á los -actores ante mi <i>Don Juan</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XIX.<br /> -(PARÉNTESIS.)</h2> - - -<h3>I.</h3> - -<p>Mi campaña teatral habia durado cuatro años: del -40 al 45. Fiel á mi bandera, no me habia yo pasado -jamás al enemigo, combatiendo siempre en -primera fila; y en aquellos cuatro años, porque en -la temporada del 41 al 42 no escribí nada por lo -que adelante diré, habia yo dado á la empresa Lombía -veinte y dos obras escénicas, desde <i>Cada cual con su -razon</i> hasta <i>D. Juan Tenorio</i><a name="FNanchor_2" id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>. Ninguna de ellas -habia sido silbada, ni retirada del cartel sin cinco representaciones; -y habian quedado del repertorio de Latorre, -con éxito completo, <i>El Zapatero y el Rey</i>, <i>Sancho<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> -García</i>, <i>El rey loco</i>, <i>El puñal del godo</i>, <i>El alcalde Ronquillo</i> -y el <i>D. Juan</i>: Lombía repetia en el suyo el <i>Cada -cual con su razon</i> y <i>La mejor razon la espada</i>. La empresa -del teatro del Príncipe no me habia visto jamás en -el saloncito de Julian Romea, ni para sus afortunados -actores habia yo en los cuatro años escrito un sólo verso; -siendo el único escritor que siguió constante la inconstante -suerte de la empresa de la Cruz, y escribiendo -exclusivamente para Lombía y Latorre.</p> - -<p>¿Por qué? Lo diré más adelante al recordar cómo, -por qué y para quién escribí el <i>Traidor, inconfeso y mártir</i>; -ántes y por hoy tengo necesidad de decir algo de -las vicisitudes por que habian pasado los teatros de verso, -durante los cinco años de la revolucion literaria, de -la cual fuí entónces hijo mimado y hoy todavía viviente -recordador.</p> - -<p>Porque estos mis desordenados <span class="smcap">Recuerdos del -tiempo viejo</span> son una madeja de quebradizos y rotos -hilos, de cuyos cabos voy tirando al azar segun los voy -devanando en el desigual ovillo de mis artículos de <i>El -Imparcial</i>; y en éste veo que es preciso que dé á mis -lectores, si tengo algunos, un cabo conductor y alguna -luz que les guie por el laberíntico relato de mis entradas -y salidas por las puertas y escenarios de los teatros de -la Cruz y del Príncipe. Mis <span class="smcap">Recuerdos</span> no son, desventuradamente -para mí, una obra de cronológica ilacion, -de continuidad lógica y progresiva de bien enlazados -sucesos, y de uniforme estilo, como las curiosas <span class="smcap">Memorias -de un setenton</span>, del Sr. de Mesonero Romanos; -á quien aprovecho esta ocasion para dar gracias -por el cariñoso recuerdo que en ellas hace de mí, y para -rendirle el homenaje debido al más fácil de nuestros -prosistas, al más ameno y castizo de nuestros narrado<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>res, -al más cortés de nuestros críticos, y al más exacto -pintor de nuestras costumbres. Mis <span class="smcap">Recuerdos</span> no -pueden, ni intentan competir con sus <span class="smcap">Memorias</span>; y -cuando hoy se reducen á libro con una más ordenada -forma, aún no pueden parangonarse con aquellas; elegante -y última, pero genuina produccion del vigoroso -ingenio del <span class="smcap">Curioso parlante</span>, en cuya curiosa personalidad -prolonga Dios la luz de la inteligencia para -gloria y contentamiento de la presente generacion.</p> - -<p>Hecha esta salvedad y cumplido este deber, vuelvo -la vista atrás y retrocedo cuatro años, para entrar por -preparado camino en el quinto y último de mis recuerdos -teatrales.</p> - -<p>La temporada cómica del 38 al 39, por no sé qué circunstancias -fortuitas ó premeditadas, iba á pasar sin que -hubiese compañía en los teatros de Madrid. Lombía, -asociado con Luna, Pedro Lopez, las Lamadrid y otros -se presentaron en época avanzada, con las más sinceras -protestas de modestia, á llenar como mejor pudiesen -aquel vacío. Estimóselo el público, y quedó constituida -en compañía aquella sociedad, para la temporada del 39 -al 40. <i>La redoma encantada</i> fué para ella la gallina de -los huevos de oro, y en aquel año cómico presenté yo -mis tres primeras comedias, segun van marcadas en la -nota correspondiente á este párrafo. Con la cooperacion -del infatigable Breton, de García Gutierrez, Olona, y -otros autores, el año fué un negocio, y á la temporada -siguiente (la de 40 al 41) vino á tomar parte en él Julian -Romea con Matilde y su compañía. Romea, Salas y -Lombía tomaron ambos teatros, y habiendo yo comprometido -mi palabra con Cárlos Latorre de escribir -para él la segunda parte del Rey D. Pedro, cuya primera -habia estrenado Luna, pero no habiendo querido<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> -Romea escriturar á Latorre, preferí no escribir para el -teatro á faltar á la palabra empeñada á éste.</p> - -<p>No duró mucho la union de Julian con Lombía; y -como por aquel tiempo transformara en teatro su circo -Colmenares, que del de la plaza del Rey era propietario, -Lombía, que habia tomado el viejo coliseo de la Cruz -patrocinado por el banquero Fagoaga, director del Banco, -estrenó el del Circo en el verano con Cárlos Latorre, -miéntras se hacia de nuevo el de la Cruz. La empresa -Colmenares, que era adinerada y emprendedora, hizo -competencia á los dos teatros y á las dos compañías del -Príncipe y de la Cruz, primero con grandes pantomimas -y despues con ópera y baile: del 42 al 43.</p> - -<p>Lombía, que disponia de no escasos fondos y que era -hombre de no cortos alcances, se volvió á unir con Romea -contra el enemigo comun; y conservando independientes -sus dos compañías de verso, fueron coempresarios -para dos nuevas de baile y de ópera, que alternaron -en sus dos teatros. La Lema (que casó despues con -Ventura de la Vega), La Tossi (mujer luego de Lorenzo -Milans) y la Villó ganaron allí con justicia la reputacion -de primeras cantantes; y Salas en <i>Chiara di Rossemberg</i> -se hizo el primer caricato español; sosteniendo -el baile la pareja Bartholomin, con su padre de director, -Aranda de pintor, otra pareja italiana y un par de docenas -de coristas aragonesas y valencianas, que se las -tuvieron ten con ten á la Petit y á la Guy-Sthefan y á -las andaluzas del circo.</p> - - -<h3>II.</h3> - -<p>Del 43 al 44, Lombía solo, sin Romea, pero con Matilde, -Guzman, Latorre, Sobrado, Pizarroso, Azcona,<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span> -las Lamadrid y la Sampelayo, sostuvo la competencia -contra las compañías del Circo con la mejor de verso -que tal vez se ha reunido, y una de ópera de <i>primo -cartello</i> (hasta el 45) con Moriani, Guasco y otros célebres -cantantes. En estos dos años se pusieron en escena -en la Cruz <i>La lámpara maravillosa</i>, fantástica y maravillosamente -decorada por Aranda, <i>El triunfo de la -Cruz</i> y <i>La Encantadora</i>, y en el Príncipe <i>La Sílfide</i> y -<i>Hernan-Cortés</i>, varios dramas de Hartzenbusch y García -Gutierrez, el <i>Don Alfonso el Casto</i> y la <i>Doña Mencía</i>, -el <i>Alfonso Munio</i> y <i>El Príncipe de Viana</i>, de Gertrudis -Avellaneda, y muchas comedias de Breton, que -dieron prez al arte escénico y dinero á la administracion. -El Circo, al fin, amparado por Narvaez, Salamanca y -otros personajes de valia, se llevó la atencion con la -competencia de la Fuoco y la Guy, á quienes se presentaban -gigantescos ramos de flores conducidos en -brazos de servidores con librea, en azafates y jarrones -de plata y porcelana de china, y hasta en un carro que -apenas cabia por la calle del centro de las butacas.</p> - -<p>Yo no sé lo que el arte ganó con aquel frenesí y aquellos -delirios; pero el público se hartó de gritar por uno -ú otro partido, y de divertirse con las excéntricas locuras -de ambos; y se vieron en la escena de los tres teatros -las más costosas decoraciones, los más lujosos trajes, -las más cortas y transparentes enaguas, y las -bailarinas más correctamente empernadas y de más ricas -formas de los cuatro reinos de Andalucía y de la antigua -coronilla de Aragon.</p> - -<p>Por fin perdimos nosotros los de la Cruz, que estuvimos -á pique de ser crucificados. En Diciembre del 45 -Lombía tuvo que prescindir de Cárlos Latorre, que se -fué á Granada, y yo á mi casa á contentarme con saber<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> -que en Granada se aplaudia á Cárlos; sin el cual abrió -Lombía el teatro del Instituto, con Caltañazor, las hermanas -Flores, la Pámias, la Carrasco, la Concha Ruiz, -Lumbreras, etc. En esta temporada, y ántes de abandonar -la Cruz, se hicieron las zarzuelas <i>El Sacristan de -San Lorenzo</i>, <i>La Venganza de Alifonso</i> y <i>La pradera -del Canal</i>, parodias de la <i>Lucia</i> y la <i>Lucrecia</i>, escritas -por Azcona, el más inteligente y entendido de nuestros -actores de entónces, excepto Pedro Mate: cuadros de -costumbres concienzudamente estudiados y con maravillosa -exactitud copiados del natural.</p> - -<p>En Junio del 46 fuí yo á Francia, de donde regresé -en Enero el 47, por el fallecimiento de mi madre: á mi -vuelta hallé instalada en el Instituto la compañía andaluza -de Calvo y Dardalla, donde estos dos actores representaban -de una manera tan incomparable como encantadora -<i>Los celos del tio Macaco</i> y <i>La flor de la canela</i>. -Pepe Calvo, padre de Rafael, hacia un tio Macaco -tan indescriptible y característico, un gitano tan picaresco -y atruhanado, tan anguloso, descaderado y zancudo, -que no le produjeron más espirrabao ni Triana en -Sevilla, ni el Perchel en Málaga.</p> - -<p>Del 48 al 49. El Ayuntamiento se encargó del teatro -y se fundó el Español, con una compañía completa -compuesta de Romea, Valero, Arjona, Matilde, Bárbara, -Teodora y Osorio, etc. Catalina no aceptó su puesto -en ella por razones personales, y Carceller con un asociado -tomó para Catalina el viejo teatro de Variedades, -con la Manuela Ramos, la Juana Samaniego, Juan Catalina, -Cortés el buen gracioso, Manuel Gimenez y -otros. Al fin de temporada contrataron á Salas, Adela -Latorre, al tenor Gonzalez, etc., con quienes pasaron -al teatro de los Basilios, miéntras que Harpa, propieta<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span>rio -de Variedades, remodernaba su sala y escenario, -dejándolos como estaban aún el año pasado de 79.</p> - -<p>Y aquí acaban mis recuerdos de los teatros que conocí -ántes de mi expatriacion, y salvas algunas inexactitudes -de fechas, y alguna confusion de ajuste de -actores, esta es la historia de los teatros de Madrid desde -el 40 al 49: tan ligeramente apuntada como lo permite -el ligero espíritu de estos recuerdos á vuela pluma, -y tan en confuso cuadro como se conservan amontonados -en mi turbia memoria todos aquellos empresarios tan -activos y batalladores, todos aquellos actores tan bien -vestidos y todas aquellas bailarinas tan bien desnudas.</p> - -<p>Pálidas, dispersas y móviles siluetas, recuerdos desperdigados -de la memoria del muchacho, que aún bailan -en sueños una diabólica danza Macabra por el ya -frio, desierto y nebuloso campo de la imaginacion del -viejo poeta.</p> - - -<h3>III.</h3> - -<p>Y aquí abre mi memoria un oasis fresco, umbroso y -apacible en el árido y enmarañado desierto de mis recuerdos; -en él se levanta y por él corre, y su abrasada -atmósfera templa y oréa una brisa vital, salubre y perfumada -que envia mi corazon amante á mi descarriada -fantasía. ¿Por qué no he de sentarme á reposar un punto -á la sombra de este oasis? ¿Por qué no he de aspirar -esta brisa á la luz del único rayo de esperanza que ilumina -la lóbrega y tempestuosa atmósfera de mis recuerdos, -y el turbio y estéril arenal de mi inútil existencia? -¿Qué son estos mis <span class="smcap">Recuerdos del tiempo viejo</span> más -que las aspiraciones íntimas de mi alma, los suspiros de -mi corazon y los latidos de mi conciencia? Surja, pues,<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -de las aguas azules del pintoresco lago de la poesía el -vapor puro de los suspiros del alma; revélese el hombre -en la faz del poeta, y véase el corazon de aquel á través -de las cuerdas de la lira de éste.</p> - -<p>Por aquel tiempo vino á Madrid mi pobre madre, á -quien yo no habia visto y de quien nada habia sabido -desde aquella desventurada noche en que abandoné mi -paterno hogar.</p> - -<p>Dos figuras bellísimas, dos imágenes tan queridas -como nunca olvidadas, resaltan en este cuadro de mis -recuerdos: la de mi madre y la de Paco Luis de Vallejo, -corregidor de Lerma en 1835, á quien dediqué mi -<i>D. Juan Tenorio</i> en 1844. Volvamos un instante la -vista al mes de Julio de 1835 para posarla despues en -el de 1844.</p> - -<p>A la llegada á Madrid de la Reina María Cristina, -era mi padre superintendente general de policía del -reino: el duque de San Cárlos y Arjona, que para traerle -hasta tan importante puesto le habian hecho pasar -por la Chancillería de Valladolid, la Audiencia de Sevilla -y la Sala de Alcaldes de casa y corte, se le habian -propuesto á Fernando VII como un partidario fiel de la -causa realista, como un íntegro magistrado y un hombre -de carácter enérgico, á propósito para limpiar á Madrid -de los ladrones y vagos que pululaban en 1827 por -las mal empedradas calles y peor alumbrados callejones -de la villa y corte de entónces, de la cual dan tan exacta -idea las Memorias de Mesonero Romanos. Al instalarse -mi padre en la superintendencia, en la casa de la -calle del Príncipe que hoy habita el duque de Santoña, -tenia ya montada una policía, que acabó en cuarenta -dias con todos los ladrones, de la manera que tal vez -diré en algun artículo posterior. Bástame, por hoy, in<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>dicar -el principio tan bárbaro como exacto de que su -justicia partia, y era este: «Los séres humanos, que faltos -de educacion moral y religiosa, y viviendo en guerra -con la sociedad, creen que el robo es una profesion, -y el asesinato necesario para cometer y encubrir el -robo, no tienen más que un miedo: el de la muerte.» -En consecuencia de cuyo principio, y conociendo el -modo lento y embrollado con que la justicia ha solido -caminar siempre en España, anunció que «los ladrones -quedaban sujetos á una comision militar, asesorada por -un alcalde de casa y corte y un escribano del crímen;» -instalóse la tal comision; y ladron cogido, ladron ahorcado. -Bárbaro era tal vez el principio, pero necesario y -eficaz fué el procedimiento; los únicos tres años que -Madrid ha estado completamente libre de ladrones <i>de -profesion</i>, fueron los de 28, 29 y 30. Otro dia hablaremos -de esto: no manchemos hoy con tan repugnantes -memorias la purísima de mi madre y la alegre y caballeresca -del apuesto <i>garçon</i> corregidor de Lerma, Paco -Vallejo.</p> - -<p>Mi padre fué el primer dignatario de la situacion realista -depuesto por la influencia liberal de la Reina Cristina: -cayó como los vencidos que capitulan, y salió con -armas y bagajes: las condiciones de su destitucion no -fueron más que la de salir de Madrid y sitios reales en -el término de ocho dias. Fué, pues, á refugiarse á un -pueblecillo de la provincia de Búrgos, en donde un hermano -de mi madre era cabeza de una numerosa familia, -y á cuyo otro hermano, capellan de aquel pueblo, -habia nombrado canónigo de la colegiata de Lerma el -duque del Infantado, patrono de aquella iglesia y heredero -del duque de Lerma, su fundador. El cólera del 34, -que introdujo la muerte y la division en la familia, nos<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span> -obligó á abandonar aquel pueblecillo tan pequeño, oculto -y desconocido, que su nombre no se halla en los mapas; -y miéntras yo pasaba las temporadas del curso escolar -en las Universidades de Toledo y Valladolid, mis -padres vivian en un tranquilo destierro en casa de mi -tio el canónigo de Lerma. Allí fué de corregidor mi inolvidable -Vallejo.</p> - -<p>Su llegada fué un acontecimiento para el partido -que iba á gobernar, y un justo motivo de sobresalto -para mi padre; quien no habiendo aprobado el levantamiento -carlista, en cuyo éxito no creia, habia rechazado -las sugestiones de los amigos y de los agentes del -levantamiento, resuelto á no mezclarse en él por voluntad -propia; pero hombre importante y conocido de la -pasada situacion, no podia ménos de ser sospechoso al -nuevo gobierno, y se dió tal vez por perdido al ver llegar -á Lerma un corregidor modelado en un molde tan -distinto del en que él habia concebido que debian vaciarse -los corregidores. Paco Vallejo era un mozo de -veintisiete años, que vestia con elegancia, que marchaba -con soltura, que fumaba ricos habanos que de -Madrid le remitian, que bebia Jerez, y, ¡cosa inconcebible -para mi padre! que se presentó á tomar posesion de -su corregimiento con el uniforme de nacional de caballería -de Madrid, con el chacó en la cabeza, el baston -en la derecha y el sable á la cintura. Paco Vallejo era -uno de los calaveras de buen tono de aquella edad de -calaveras, que volvieron del revés á España como un -sastre la manga de una levita, á la cual hay que poner -forros nuevos: un Don Juan de la clase media, que podia -presentarse y bravear en el salon más aristocrático: -un abogado jóven lleno de audacia y de talento, tan -agudo de ingenio como seductor de modales, á quien<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span> -era preciso tener un par de años en un corregimiento -para hacerle llegar á una toga en la audiencia de la Habana: -y á quien mi padre y yo tuvimos la fortuna de -que nos enviara á Lerma D. Cláudio Anton de Luzuriaga.</p> - -<p>Cuando Vallejo llegó á Lerma, acababa yo de volver, -concluido el curso de la Universidad de Valladolid. Dimos -uno con otro, él bajando y yo subiendo la calle -Mayor; llamé yo su atencion por mi traje y porte más -cortesano del de la gente del país: encaróse conmigo, -plantémele yo delante cediéndole la derecha, pero sin -bajar mis ojos á su investigadora mirada, y preguntóme:—¿Quién -es V., caballerito, que no tiene trazas de -ser de esta tierra?</p> - -<p>Decliné yo mi nombre y el de mi padre, y esperé, -sombrero en mano, á que tomara mi filiacion en unos -instantes de silencio y bajo el poder de una escrutadora -mirada, ante la cual no creí conveniente bajar la -mia.</p> - -<p>—Está bien—me dijo, concluido su exámen—tendré -mucho gusto en conocer al padre de tal hijo. ¿Dónde le -ha educado á V. su señor padre?</p> - -<p>—En el Real Seminario de nobles de Madrid—respondí.</p> - -<p>—¡Hola! ¿es V. discípulo de los jesuitas?</p> - -<p>—Sí, señor; pero no les hago mucho honor, porque -he sido siempre muy desaplicado.</p> - -<p>—No habrá sido en la cátedra de la lengua castellana.</p> - -<p>—Ni en la de otras.</p> - -<p>—¿Conoce V. muchas lenguas extranjeras?</p> - -<p>—Tengo rudimentos de tres y rompo en ellas la conversacion.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p> - -<p>—Espero tener ocasion de hablar con V. en alguna; -tal vez en las tres.</p> - -<p>—Estoy á la disposicion de usía.</p> - -<p>—Y mi corregimiento á la de su señor padre: hagáselo -V. presente de mi parte.</p> - -<p>Siguió su camino el corregidor, y apreté yo el paso -hácia mi casa para advertir á mi padre de que creia que -acababa de cometer una torpeza, que podia muy bien -habernos puesto en mal con el miliciano corregidor.</p> - -<p>Frunció mi padre el entrecejo escuchando mi narracion, -pero no desplegó sus labios, y ántes de anochecer -fué á visitar á Vallejo, dejando á mi madre y á su hermano -el canónigo en angustiosa incertidumbre; era -para ellos evidente que yo habia traido á mi padre la órden -de presentarse inmediatamente ante aquella extraña -autoridad.</p> - -<p>Al volver mi padre de su visita, respondió á la interrogadora -mirada de mi madre con estas palabras:—«Es -un hombre atentísimo y no temo doblez en él; pero no -puedo comprender sus intenciones.</p> - -<p>Yo no puedo visitar á V.; me ha dicho al despedirme; -pero envíeme V. á su hijo: no sé comer solo, soy -algo hablador y me ha parecido que su hijo de V. no -tiene pelos en la lengua.—¡Dios ponga tiento en ella! -exclamó mi padre volviéndose á mí. Mañana irás al -alojamiento de ese botarate, y sereis dos: si te invita á -comer, acepta; pero no bebas. Habla poco, si puedes, -y escucha bien lo que te diga, porque probablemente -te lo dirá para que me lo repitas.»</p> - -<p>Maldita la gracia que me hizo la posicion en que el -nuevo corregidor me colocaba entre él y mi padre: pero -despues de una noche no muy tranquila para ninguno -de los tres que componíamos la familia, á las cuatro en<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span> -punto de la tarde pasaba yo un poco receloso los umbrales -de la casa en que se alojaba D. Francisco Luis de -Vallejo, á quien desde aquella tarde consagré un cariño -fraternal y un agradecimiento que no se extinguirá sinó -con la vida.</p> - -<p>Llegué hasta el aposento del corregidor sin tropezar -con portero ni alguacil, pues habian ya pasado las horas -del despacho; y como, aunque no las llevaba todas -conmigo, no queria yo que miedo ni empacho en mí -conociera, dí resueltamente dos golpes en la puerta con -los nudillos, y al «adelante» con que desde dentro me -autorizaban á penetrar en aquel <i>sancta sanctorum</i> de la -justicia lermeña, me presenté con tanta resolucion aparente -como desconfianza real ante la primera autoridad -del partido. Leia Vallejo, tendido en un sillon de cuero, -un libro encuadernado en vetusto y amarillento pergamino; -los piés tenia con botas y espuelas puestos en dos -sillas y el codo izquierdo en la esquina de una mesa de -piés salomónicos, que sobre su tablero sustentaban por -el momento, y en vez de legajos de papel sellado, un -gran plato de nueces frescas, muy pulcramente peladas, -y un pichel de aquella agradable bebida compuesta de -limonada y vino que se llamaba sangría en aquel tiempo -viejo, y con la cual templaba el corregidor el ardiente -efecto del oleoso fruto del nogal. Soltó el libro -y levantóse para recibirme; é hízolo con tan atractivos -modales y con tan afectuosas palabras, que al cabo de -media hora, uno en frente de otro, dábamos cuenta de -la última nuez y de la gota postrera de sangría, en medio -de la más alegre conversacion de estudiantes y de -la más franca y espontánea amistad de muchachos.</p> - -<p>Esta rápida é inconcebible union de dos tan distintos -individuos, la habia operado en pocos minutos el libro<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span> -que Vallejo leia: las coplas del marqués de Santillana y -de Jorge Manrique, manuscritas y encuadernadas en la -edicion gótica de Sevilla de las trescientas de Juan de -Mena.</p> - -<p>Si en lugar de escribir estos recuerdos en las columnas -de un periódico los escribiese en las páginas de un -libro, llenarian algunas los pormenores de esta escena. -Paco Vallejo era originalísimo en sus opiniones, excéntrico -en sus ideas, y tan picante como ameno en su -conversacion. Venia de la corte impregnado en el espíritu -de todos los gérmenes políticos, económicos, artísticos -y literarios de la revolucion.</p> - -<p>Era un índice vivo de cuantos libros y periódicos iban -publicados en aquella primera, modesta y recelosa libertad -de imprenta; sabia de memoria las principales -escenas del <i>Edipo</i>, de Martinez de la Rosa; del <i>Macías</i>, -de Larra; de la <i>Marcela</i>, de Breton, y los chistes, de -Ventura, y los <i>Cantos</i> de Espronceda, que acababa -Ochoa de publicar en <i>El Artista</i>, y podia decir al dedillo -la historia de todas las cantantes, desde la Albini, -la Cesari y la Lorenzani, y de todas las bailarinas, desde -la Sichero y la Volet; recitóme veinte canciones italianas, -para mí desconocidas, y encantóme con la de -Zanotti, que lleva por estribillo aquel famoso <i>¡oh giuramenti -predda de' venti!</i> Recítele yo mi <i>Dueña de la negra -toca</i> y mi <i>Canto de Elvira</i>, con los versos á una Catalina, -la moza más garrida que por entónces vivia en Lerma; -pidióme y díle noticias y narréle lo que de las muchachas -de la comarca se susurraba; díjome y díjele, contéle -y contóme tantos versos tan ingeniosos como subidos -de color, y tantas historias tan gratas de recordar -como imposibles de repetir; y cuando la dueña de la -casa se decidió á avisarnos que la sopa estaba en la<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span> -mesa, así nos acordábamos, como por los cerros de -Ubeda, ni él de que era corregidor, ni yo de que era -el hijo de mi padre.</p> - -<p>Aquellas tan frescas como excitantes nueces nos habian -hecho acabar con el pichel de sangría; y aunque -el vinillo ágrio de Lerma, segun decia mi tio el canónigo, -no era bueno más que para echar lavativas á galgos, -nos habia abierto tanto el apetito como alegrado el corazon -y calentado la cabeza—borrando los diez años de -diferencia que entre mis diez y siete y los veintisiete del -corregidor mediaban. Comimos como dos condiscípulos -que á hallarse juntos volvieran tras diez años de separacion, -y éramos á los postres tan amigos y tan iguales -como si de veras condiscípulos hubiéramos sido desde -la escuela de primeras letras. Y así llegamos á las nueve -de la noche, y oí yo con asombro, y casi con espanto, -las campanas de la Colegiata, que tocaban á las Animas: -era la primera vez que tal hora me cogia fuera de la casa -de mi padre, era la en que se rezaba el rosario en ella, -y era yo el encargado de guiarle.</p> - -<p>Conoció Vallejo que algo me angustiaba; preguntóme -qué, y reveléselo yo: entónces, tomando una de las -dos luces que habian alumbrado nuestro festin, y volviendo -á llevarme al aposento en donde le hallé, escribió -una carta de media página á mi padre; llamó al -alguacil de renda y le mandó que á mi casa me acompañara; -dióme por despedida lo escrito cerrado en un -sobre, y díjome al oido: «dí á tu padre que queme ese -papel en cuanto le lea, y que no deje de enviar á su -hijo de cuando en cuando á comer con el corregidor.»</p> - -<p>Entré yo en mi casa con los carrillos muy encendidos -y los ojos muy alegres: aguardábame ya impaciente mi -familia, y recibióme mi padre con el ceño un poco frun<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>cido -y en un silencio muy poco á propósito para infundirme -ánimo; pero yo, sin decir palabra ni darle tiempo -de pronunciar una, púsele en las manos la carta de Vallejo, -con lo cual obligándole á fijar su atencion en la -misiva, logré que la apartara del portador.</p> - -<p>Leyó mi padre y quedóse un punto suspenso, contemplando -lo escrito como si no lo comprendiera; y aprovechando -la posicion en que, inclinado hácia adelante, -tenia la carta y la cabeza cerca de la luz, díjele al oido -como Vallejo me lo habia dicho: «Que queme V. ese -papel en cuanto le lea.»</p> - -<p>Quitó mi padre sus ojos del papel para fijarlos en los -mios, y preguntóme: «¿Te lo ha leido él á tí?»</p> - -<p>No, contesté con la firmeza de quien decia verdad; y -en silencio mi padre quemó el papel, quedando de él no -más que el pico, por el cual entre su pulgar y su índice -lo tuvo miéntras ardió. Tiró despues del cordon de la -campanilla y mandó que sirvieran la cena: «Tú habrás -comido muy tarde, me dijo: nosotros hemos rezado ya -el rosario, y tendrás ganas de acostarte: toma tu luz, y -te dejaremos en tu cuarto;» y miéntras todos bajaban al -comedor, que estaba en el entresuelo, me dijo mi padre -al dejarme en mi dormitorio, que tenia su puerta en el -arranque de la escalera:</p> - -<p>«Mañana irás á decir á Vallejo lo que me has visto -hacer con su carta y le darás las gracias,» y añadiendo -entre dientes y como quien habla consigo mismo: «¡si -tuviera la cabeza tan sana como el corazon..!» me cerró -la puerta y me acosté tan satisfecho de haber salido tan -bien librado como curioso de saber lo que decia aquella -carta, que tan bien me habia escudado del justo mal -humor de mi padre.</p> - -<p>Vallejo tenia suficiente juicio para no fiar al chico lo<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> -que corriera riesgo de su insensata locuacidad: el corregidor -fué con el padre un caballero de la tabla redonda -y un muchacho desatalentado con el hijo futuro autor del -<i>Tenorio</i>, y único sér con quien el noble calavera madrileño, -á quien debia aquel drama ser dedicado, podia tener -afinidad en aquel país.</p> - -<p>El corregidor liberal, el apuesto y caballeroso garzon, -arriesgó su favor y su empleo por amparar al magistrado -en desgracia y fué el primero que auguró al -hijo un porvenir tan brillante como inútil para uno y -otro.</p> - -<p>Ocho años despues, supe por mi madre que la carta -de Vallejo, que de su parte llevé yo á mi padre, decia: -«Traigo órden de vigilar á V. y de no dejarle respirar, -pero puede V. dormir tranquilo miéntras yo sea corregidor -de Lerma; y cuando tenga V. que <i>emprender -algun viaje</i>, avísemelo V. con tiempo para que pueda -usted partir sin despedirse de mí, miéntras esté yo de -expedicion por mi ínsula Barataria; pero no deje usted -de enviarme al chico; que tendrá siempre tan buen lugar -en mi mesa, como creo que le tiene en el porvenir -que abre en España á las letras la revolucion que se -desarrolla.»</p> - -<p>¡Oh, bueno y leal Paco Vallejo! Pocos meses despues -tenias que consolar á mi pobre madre y desvanecer las -sospechas del receloso y severo juez, que tal vez creyeron -por un momento que podias tener parte con tus consejos -en el crímen con que el hijo se abrió las puertas -del porvenir famoso que tú le habias predicho, y que -sólo valió al padre, á la madre y al hijo pesadumbres y -desengaños.</p> - -<p>Mi madre, harta de vivir escondida en un pueblucho -de una sierra, en donde nieva desde Noviembre hasta<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span> -Febrero, y en el cual, incomunicada y sin noticias del -mundo, habia vivido cinco años sin saber lo que en el -mundo pasaba, vino por fin á llamar á las puertas de la -casa del hijo ingrato, cuyo amor filial creia extinguido -por la vanidad de unos triunfos que no la habian producido -más que ruido y coronas de papel dorado. Un viejo -eclesiástico, que la habia servido de protector, se presentó -al hijo con la desconfianza de un católico que tuviera -necesidad del amparo de un hereje; que era, y es -aún lo que se cree en algunos pueblos de Castilla de los -que usamos perilla y bigote; pero no bien el anciano -sacerdote comenzó á tantear los sentimientos del hijo, -cuando éste se echó en sus brazos deshecho en lágrimas, -clamando ansioso por abrazar á su infeliz madre; -trajímosla á nuestra casa, y una nueva luz, una nueva -vida y una nueva inspiracion entraron en ella. Habia yo -vivido poquísimo tiempo con mi madre; á los ocho años -me habia metido mi padre en un colegio de Sevilla; á -los diez me puso en el de nobles de Madrid, y sólo dos -veranos, durante las vacaciones del 34 y 35, habíamos -vivido bajo el mismo techo, pero entre el miedo y los -pesares del destierro y en la escasez de expansiva confianza -de los que se conocen mal y no se aprecian bien; -resultado inevitable de la educacion fuera de la familia: -se pierde uno para ésta tanto cuanto se gana para la -sociedad; yo me gané para el mundo y me perdí para -mi familia, no nos tratamos y no nos conocimos. Vino, -pues, mi madre á mi casa, y yo no sabia ser su hijo; la -trataba como á hija mia. Yo la mimaba, yo la peinaba, -yo la dormia; sentia que no fuese una niña de tres años, -para poderla tener todo el dia sobre mis rodillas y velarla -de noche el sueño, colocada en mis brazos su cabeza. -A la luz de sus ojos, al calor de su cariño, al in<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>flujo -de su presencia, produje yo en tres meses los -tres tomos de mis <i>Cantos del Trovador</i>; y un libro -del P. Nierenberg, en que ella leia, me sugirió la idea de -mi <i>Margarita la tornera</i>; y en aquel D. Juan que tan -mal estudia en la Universidad,</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Sintiéndose el alma seca</div> -<div class="line">de hablar de legislacion</div> -<div class="line">y con la mala intencion</div> -<div class="line">de quemar la biblioteca,</div> -</div></div></div> - -<p>y que vuelve por fin despechado y pobre á aquella -casita solitaria, hay algo de mi historia y de la de mi -casa; y en aquel altar enflorado, y en aquella despedida -de la monjita en el altar arrinconado del cláustro, y en -aquella narracion rebosando fé sincera, inspiracion juvenil, -frescura de selva vírgen, y aroma de rosas de Mayo -y poesía nacional y cristiana, está encerrado el espíritu -religioso de mi devota madre; está derramada á manos -llenas la esencia del amor filial, la poesía del corazon -amante del hijo que escribió aquellos versos ante la sonrisa -de la madre adorada... y por eso es <i>Margarita la -tornera</i> la única produccion que me ha conquistado el -derecho de llamarme poeta legendario, y creo que -el poeta que la escribió no merece ser olvidado en su -patria; y cuando veo que la fama eleva en sus alas á -otros poetas contemporáneos, no tengo envidia de sus -merecidos triunfos ni de las justas alabanzas de sus modernas -obras, y me digo á mí mismo callandito, sin orgullo, -modestamente, pero con conciencia de mí mismo: -«yo tambien soy poeta; yo tambien he escrito mi <i>Margarita -la tornera</i>.»</p> - -<p>Pero, ¿qué diablos importan todos estos recuerdos -íntimos y personales á los lectores de <i>El Imparcial</i>?<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span> -Mi pobre madre, que tenia mucho miedo á mi padre, -se fué de mi casa... y murió sin que yo la volviera -á ver; mi <i>Margarita la tornera</i>, inspirada por la presencia -de mi madre, es el sudario en que puedo envolver -mi memoria póstuma para que se conserve más -tiempo sobre la tierra; puede servirme de confesion á la -hora de mi muerte, si la Providencia me hace morir inconfeso, -¡y quién sabe si podrá abonarme ante el tribunal -de Dios, cuando mi alma sea por Él llamada á -juicio!</p> - -<p>Paco Vallejo volvió de la Habana, y yo le dediqué -mi <i>D. Juan Tenorio</i>, para que su nombre viviera con -el mio unos cuantos dias más despues de nuestra muerte; -que es lo ménos que en nombre mio y de mi padre -debo á la memoria del amigo leal y del caballeroso amparador.</p> - -<p>Volvamos ahora al teatro, para el cual habia dejado -de escribir de los de Madrid en ausencia de Cárlos Latorre; -y veamos cómo y por qué fué mi <i>Traidor, inconfeso -y mártir</i>, el único drama que yo escribí para -Julian Romea, y el único que estoy satisfecho de haber -escrito.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<h2>XX.<br /> - -DE CÓMO SE ESCRIBIÓ Y SE REPRESENTÓ<br /> - -<span class="medium"><i>Traidor, inconfeso y mártir.</i></span></h2> - - -<p>Siete años de asíduo trabajo habian atraido sobre mí -la atencion del público; llevaba ya escritas veinte -obras dramáticas, más ó ménos aplaudidas, pero -ninguna rechazada, y tres ó cuatro que eran ya de -repertorio en todos los teatros de España; ocho tomos -de versos, que habian merecido el honor de la -reimpresion, y los tres de los <i>Cantos del Trovador</i>, publicados -por Ignacio Boix, habian hecho mi nombre -popular, y mi exhibicion contínua como lector en los -salones del palacio de Villahermosa, donde se instaló -primero y resucitó despues el <i>Liceo</i>, habian puesto en -evidencia mi exígua personalidad.</p> - -<p>Pero á pesar de que del teatro y del <i>Liceo</i> habian salido -todos mis compañeros á diputados, gobernadores, -ministros plenipotenciarios, y los más modestos á bibliotecarios, -cuando ménos, yo me habia quedado <i>poeta -á secas</i>, esquivo á la sociedad, extraño á la política y -sin influencia con los gobiernos.</p> - -<p>El último año de la brillante y efímera existencia del<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> -<i>Liceo</i>, su Junta directiva, agradecida, segun dijo, á lo -que con mi constante trabajo habia contribuido al lucimiento -de sus sesiones y á los disgustos que me habian -ocasionado sus juegos florales, en los que yo habia sido -juez, presidente, y yo no recuerdo que más, acordó -que se diese una funcion en obsequio mio, y se representó -por los sócios mi <i>Cada cual con su razon</i>, y se -me colocó en preferente sitio en un gran sillon, en el -cual se notaba más mi pequeñez, y se me ofrecieron una -magnífica corona y un rico álbum, cuya primera hoja -habia escrito y firmado S. M. la Reina doña Isabel II; -y cargado de papeles y de flores, y ensordecido por los -aplausos, me volví á mi piso tercero de la plazuela de -Matute, agradecido y contento, pero no desvanecido -por el humo aromado y embriagador de la gloria mundana, -y volví al dia siguiente á ser el poeta del dia anterior, -y á vivir al dia con el producto de mis leyendas. -¿Por qué?</p> - -<p>¿Habia algo en mi vida por lo cual se me mostraran -esquivos los gobiernos y la sociedad de aquel <i>tiempo -viejo</i>? No: yo era quien, esquivo á la sociedad y á los gobernantes, -me encastillé en mi hogar doméstico á vivir -con los legendarios personajes de mi fantástica poesía: -yo era el poeta del tiempo viejo; y fiado solamente en -el pueblo, y esperando mi recompensa de un solo hombre, -desdeñé todo lo que de aquel hombre no viniera; -y la fortuna loca llamó mil veces á las puertas de mi -casa; y yo la cerré mis puertas y mis ventanas, dejándola -pasar como si no la oyese y derramar sobre otros -las venturas que para mí destinadas traia. Ya hablaremos -tal vez más de esto en el último capítulo de estos -<span class="smcap">RECUERDOS</span>.</p> - -<p>El exceso del trabajo, la profunda y perpétua inquie<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span>tud -que me roia el corazon, y las malas aguas que el -municipio hacia beber por aquellos tiempos á los habitantes -de Madrid, me procuraban todos los veranos una -debilidad de estómago y una inflamacion de las vísceras -abdominales, que el bueno del Dr. Codorníu, médico -del regente Espartero, queria curarme á fuerza de sanguijuelas, -cáusticos y demás excesos de la ciencia, que -está hace siglos empeñada en atacar al enfermo para -librarle de la enfermedad. Entre la mia y mi médico el -Dr. Codorníu, que me queria como á sus propios hijos, -me tenian en cama hacia ya cuarenta dias, al fin de los -cuales vino una noche á verme Julian Romea. En ocasion -de los juegos florales del <i>Liceo</i>, y en otra que á -nadie importa, le habia yo probado mi amistad, y no -podia Julian dudar de ella. Pero era una extraña amistad -la mia con Julian: no iba jamás á su teatro del Príncipe -más que para aplaudirle á él y á su mujer; pero -jamás subia á su cuarto ni al de Matilde, ni habia nunca -escrito un verso para ellos. Cárlos Latorre andaba por -las provincias, y yo escribia libros, pero no comedias. -Y el teatro de Julian habia encadenado á la fortuna en -su vestíbulo, y la fama hacia resonar perpétuamente su -bocina desde el balcon del saloncillo en el cual tenia -Romea su corte y su cuarto de vestir, y todos los poetas -iban á quemar incienso en aquella sucursal del Parnaso -y en aquel peristilo del templo de la gloria.</p> - -<p>Yo he sido siempre tenaz en mis opiniones, porque -siempre son éstas hijas legítimas de mis convicciones, -y las mias y las de Julian estaban en completa contradiccion -en el teatro. Que yo era su amigo, no podia -dudarlo un hombre por quien no habia vacilado en arriesgar -mi reputacion y mi pellejo; que admiraba al -actor no podia tampoco dudarlo el que por mí se veia<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span> -constantemente aplaudido; pero ni el amigo ni el actor -venian al poeta más que en la ocasion extrema; y Julian -vino á verme <i>in extremis</i>, porque despues de cuarenta -dias de cama, un poeta tan débil y tan chiquito como -yo, debia de hallarse casi <i>in artículo mortis</i>. Hallóme -efectivamente Julian reducido á lo que de mí habian -dejado las sanguijuelas de Codorníu envuelto en los -trapos de sus cataplasmas; pero con el ojo siempre avizor -y el espíritu vivo dentro de la frágil carne—es decir, -de la piel y los huesos, porque mi escasa carne se la -habian ya comido las sanguijuelas y la calentura.—Abrazóme -Romea y enteróse cariñosamente de mi situacion; -distrajo la melancólica influencia de la enfermedad -y del aislamiento con el relato de la crónica no -muy edificativa de bastidores; ponderóme la boga de -su amigo el Dr. Larios, quien segun él, hacia maravillas, -y dejándome alegre y esperanzado, se despidió hasta -el dia siguiente. A las once de la mañana de este volvió -con el Dr. Larios, quien me desenterró de entre la infinidad -de trapos en que Codorníu me tenia sepultado; -metiéronme entre él y Julian en un baño, y á los dos -dias, limpio y renovado, me llevaron en un coche al Pardo; -donde con el cambio de aguas y de temperatura, las -emanaciones salubres del arbolado y la proximidad del -otoño, retoñó en mí la salud y la fuerza; y un dia me -dijo Romea, trayendo á la realidad mi pasado y mi -porvenir: «¿Por qué no me escribes un drama? Matilde -y yo lo haríamos con el alma.»—«Pensaré en ello, le -respondí; y si en estos dias de convalecencia doy con -un argumento á propósito para tí, te lo consultaré y -haré lo que sepa. Pero...</p> - -<p>—Pero ¿qué?—me preguntó receloso Julian.</p> - -<p>—Nada—repuse;—ya hablaremos.—No me atreví á<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span> -darle más explicaciones sobre aquel «pero» que se me -habia escapado.</p> - -<p>Convalecí y cazé, y me repuse, y volví á Madrid. Mi -editor Delgado habia ya muerto: Boix, sin ideas ni -rumbo fijo en el comercio de libros, no me habia hecho -trato alguno en que poder fiar, y Julian habia dado á -mi mujer, prohibiéndola que me lo dijera, seis mil reales -que habian subvenido á los gastos de mi enfermedad. -Era forzoso trabajar: el editor Gullon se me habia -ofrecido en lugar del difunto Delgado, y no podia rehusar -á Romea una obra que él y un nuevo editor me -pedian á un tiempo. Pensé en un argumento, en el cual -sin salirme de mi terrorífico romanticismo, pudiera colocar -un personaje característico adecuado á la escuela -exclusiva y al género personal de representacion de Romea; -y habiéndome procurado Salustiano Olózaga la -causa original de <i>El pastelero de Madrigal</i>, amasé, -amoldé y emprendí mi <i>Traidor, inconfeso y mártir</i>. -Tenia yo desde que era estudiante un inmenso cariño -á este personaje tradicional, y siempre habia pensado -hacer de él una leyenda; pero el <i>Ni Rey ni Roque</i> -de Escosura habia puesto una insuperable valla ante -mi pensamiento. Al ocurrírseme hacer del Rey Don -Sebastian y del pastelero de Madrigal uno sólo, concebí -que aquel personaje legendario podia transformarse -en otro altamente dramático y profundamente misterioso.</p> - -<p>Estudié su historia y su tradicion, dormí y soñé con -la accion y sus personajes, y cuando la ví clara en -mi imaginacion comencé á tenderla sobre el papel: y -aquella es mi única obra dramática pensada, coordinada -y <i>hecha</i>, segun las reglas del arte: sus dos primeros actos -están <i>confeccionados</i> maestramente, y tengo para<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -mí que por ellos tengo derecho á que mi nombre figure -entre los de los dramáticos de mi siglo.</p> - -<p>Miéntras yo viva no faltará quien me alabe; pero -tampoco quien acuse mejor los defectos y la incompletez -de sus obras. Váyase lo uno por lo otro; y sea dicho -en paz de los que no reconocen en las suyas los defectos -de que carecen las mias.</p> - -<p>En cuanto tuve escritos mis dos primeros actos, los -copié y los cosí, seguro de no tener que variar nada en -ellos para concluir el drama: llamé á Julian y se los leí; -escuchómelos atentamente, asombróle su forma, enamoróse -del carácter del protagonista, que para él destinaba; -expliquéle cómo pensaba desarrollar el tercer -acto, y prometíselo concluido para la semana siguiente. -Entreguéle los dos primeros para que mandara sacar los -papeles, y díjome al partir, llevándoselos en el bolsillo:</p> - -<p>—Creo, Pepe, que es lo mejor que has hecho.</p> - -<p>—Yo tambien lo creo—le respondí—pero...</p> - -<p>—Pero ¿qué?</p> - -<p>—Nada, nada—le dije—sin atreverme todavía á revelarle -mi pensamiento. Miróme un momento sin comprenderme, -llevóse los dos actos, desconfiando por el -«pero» de que yo concluyera la obra, y yo la emprendí -con el tercer acto, del cual no levanté mano hasta darle -fin. Volví á llamarle, y tornó Julian á mi despacho; leíle -la conclusion, pagóse mucho de su papel, y paguéme -yo no poco de que fuera tan de su gusto mi trabajo: -entreguésele grandemente satisfecho de lo escrito, y -dispusóse él á llevárselo con gran contentamiento y muy -lisonjeras esperanzas; pero... detúvele yo, concluyendo -nuestra entrevista con este diálogo:</p> - -<p><i>Yo.</i>—¿Vas convencido de que he hecho en conciencia -todo lo que he podido?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p> - -<p><i>Julian.</i>—Completamente; y puedes tú quedarlo de -que en la representacion haremos cuanto podamos: y si -de mi empeño sólo dependiera el éxito...</p> - -<p><i>Yo.</i>—Perdona que te ataje; pero el éxito de este drama -no será grande.</p> - -<p><i>Julian.</i>—¿Por qué?</p> - -<p><i>Yo.</i>—Porque tú y yo, como actor y poeta, no somos -el uno para el otro. No te amostaces. ¿Crees, ó no, que -yo soy tu amigo?</p> - -<p><i>Julian.</i>—Aunque no tuviera más pruebas de tu amistad -que esta obra que ya está en mi poder, no podria -racionalmente dudarlo.</p> - -<p><i>Yo.</i>—Pues bien, por ser tan tu amigo, te debo la -verdad. Creo que no has de salir airoso del papel de -Don Sebastian.</p> - -<p>Romea era orgulloso y tenia en su talento disculpa -suficiente para serlo: al oir estas palabras, áun de su -mejor amigo, frunció el entrecejo y encapotó con él su -mirada.—Escucha,—seguí yo diciéndole, sin darme por -entendido de su gesto ni de su cambiado color—escucha: -tú crees que la verdad de la naturaleza cabe seca, -real y desnuda en el campo del arte, más claro, en la -escena: yo creo que en la escena no cabe más que la -verdad artística. Desde el momento en que hay que -convenir en que la luz de la batería es la del sol; en -que la decoracion es el palacio ó la prision del rey Don -Sebastian; en que el jubon, el traje y hasta la camisa -del actor son los del personaje que representa, no puede -haber en medio de todas estas verdades convencionales -del arte y dentro del vestido de la creacion poética, -un hombre real, una verdad positiva de la naturaleza, -sinó otra verdad convencional y artística; un personaje -dramático, detrás y dentro del cual desaparezca la fiso<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span>nomía, -el nombre, el recuerdo, la personalidad, en fin, -del actor.</p> - -<p>—¿Y qué?—me dijo desabrida y desdeñosamente -Julian.</p> - -<p>—Que tú eres el actor inimitable de la verdad de la -naturaleza: que tú has creado la comedia de levita, que -se ha dado en llamar de costumbres: que puedes presentarte, -y te presentas á veces en escena, conforme te -apeas del caballo de vuelta del Prado, sin más que quitarte -el polvo y sin polvos ni colorete en el rostro: pero -en estas escenas copiadas de nuestra vida de hoy, dialogadas -por personajes que son á veces copias de personas -conocidas, que entre nosotros andan, que con -nosotros viven y hablan, tú que con ellos vives y que -eres de ellos conocido, no estorbas y no pareces intruso. -Tú eres Julian Romea y puedes serlo en la comedia -actual: pero el drama es un cuadro, es un paisaje, cuyas -veladuras, que son el tiempo y la distancia, se entonan -de una manera ideal y poética, en cuyo campo jura -y se tira á los ojos la verdad de la naturaleza, la realidad -de una personalidad: yo necesito un personaje para el -papel de mi rey D. Sebastian.</p> - -<p>—Y le tendrás, Pepe, le tendrás:—esclamó Julian.—¡Qué -diablos de autores! A vosotros os toca escribir y -á nosotros representar.</p> - -<p>—Eso, eso quiero; que representes, no que te presentes.</p> - -<p>—¡Pepe, Pepe! <i>Suum cuique.</i> Porque tú alucinas á -tus oyentes cuando lees tus versos, y porque yo mismo -te he dado á leer los mios en el <i>Liceo</i>, para que me -los luzcas, no creas que sabes mejor que yo lo que es -la escena, sobre la cual estoy desde que me despuntó la -barba.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span></p> - -<p>—Y estás en ella con derechos de rey: porque eres -uno de los de nuestra escena: pero...</p> - -<p>—Déjate de peros, y fíate en mí—y partió Julian con -el fin de mi drama en la mano: y se ensayó con cuidado, -y los actores se encariñaron con sus papeles, y á los -pocos dias, á las ocho de la noche de un viernes, para -el beneficio de la incomparable Matilde, se alzó el telon -sobre la primera escena de mi <i>Traidor, inconfeso y -mártir</i>.</p> - -<p>Ni la crítica hostil de eruditos apasionados, ni la mordacidad -atrevida de medianías envidiosas, me han negado -que esta obra me da derecho á tenerme por autor -dramático, y el tiempo y la opinion pública han sancionado -esta pretenciosa vanidad mia. La exposicion de -este drama está <i>confeccionada</i> con todas las reglas del -arte, y la presentacion del protagonista preparada con -intencionada habilidad. El papel de Aurora estaba confiado -á Matilde; yo, seguro de que Julian iba á dejar pálida -la figura del rey D. Sebastian, de que no iba á pasar -de Espinosa el pastelero, de que iba á seguir su fatal -sistema de presentar en el drama la verdad de la naturaleza -en lugar de la del arte, y de que iba, en fin, á representar -un rey D. Sebastian de levita; y como encariñado -y casi fanatizado yo con mi personaje fantástico, -habia, prescindiendo á sabiendas de la verdad de la historia -por la poesía de la tradicion, hecho del pastelero de -Madrigal y del rey portugués una sola personalidad -poética, necesitaba que la exuberancia del arte diese -relieve á las medias tintas de la verdad de la naturaleza, -que la luz de la poesía esclareciera y relevara la -sombra que la maciza figura de la verdad iba á proyectar -en el paisaje fantástico de la ficcion: y pensé en -Matilde, la actriz más poética, sentimental y apasionada<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> -que hemos conocido en nuestro moderno teatro Español.</p> - -<p>Yo tenia, y espero que se haya comprendido por lo -que llevo dicho, mi razon de no escribir para Julian; -pero debia satisfaccion á Matilde por no haber escrito -para ella, que era la gloria, el sostén y la fortuna del -teatro del Príncipe y de los autores que para él escribian. -Matilde era la gracia, el sentimiento y la poesía -personificadas sobre la escena; su voz de contralto, un -poco <i>parda</i>, no vibraba con el sonido agudo, seco y metálico -del tiple estridente, ni con el cortante y forzado -<i>sfogatto</i> del soprano, sinó con el suave, duradero y pastoso -són de la cuerda estirada que vuelve á su natural -tension, exhalando la nota natural de la armonía en su -vibracion encerrada. El arco del violin de Paganini, al -pasar por sus cuerdas para dar el tono á la orquesta, -despertaba la atencion del auditorio con un atractivo -magnético que parecia que hacia estremecer y ondular -las llamas de las candilejas: y la voz de Matilde tenia -esta afinidad con el violin de Paganini: al romper á hablar -se apoderaba de la atencion del público, heria las -fibras del corazon al mismo tiempo que el aparato auditivo, -y el público era esclavo de su voz, y la seguia por -y hasta donde ella queria llevarle, con una pureza de -pronunciacion que hacia percibir cada sílaba con valor -propio, y la diferencia entre la <i>c</i> y la <i>z</i>, y la doble <i>s</i> -final y primera de dos palabras unidas que en <i>s</i> concluyeran -y empezaran. Matilde no se habia dejado seducir -ni contaminar con el exagerado y revolucionario lirismo -de la lectura y recitacion salmodiada, que Espronceda y -yo dimos á nuestros versos, no; Matilde recitaba sencilla, -clara y naturalmente, saliendo de su boca los períodos -y estrofas como esculpidas en láminas invisibles de<span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span> -sonoro cristal, y los versos y las palabras como perlas -arrojadas en un plato de oro.</p> - -<p>Matilde hizo y dijo la escena <span class="smcap">XI</span> del acto primero con -la flexibilidad, el primor de pormenores y el raudal de -gracia y de sentimiento de que apenas habrán podido -dar idea á mis lectores mis antecedentes frases; y al retirarse -acompañada de un aplauso general, dejó completa -la exposicion, prevenido al público en favor de la -obra y enflorada con una guirnalda de poesía la puerta -del fondo, por la cual iba á presentarse el misterioso protagonista.</p> - -<p>Por ella salió á escena Julian, perfectamente vestido, -pintado y con su papel concienzudamente estudiado: -pero salió Julian; presentó y no representó su personaje. -Si yo hubiera podido evocar y resucitar al verdadero -juez Santillana, hubiérase vuelto á apoderar de aquel -verdadero Espinosa, confundiéndole con el que él hizo -ahorcar; pero para el público tenia algo de la sombra; -le faltaba voz, movimiento, fisonomía, relieve, poesía. -Julian hizo sus escenas del primer acto con el capitan y -con el alcalde con una exactitud, con un aplomo, con -una verdad intachables para los palcos de proscenio y -las dos primeras filas de butacas: la sala no pudo apreciar -su perfecto trabajo escénico; y al caer el telon, no -se oyeron mas que algunas palmadas sin consecuencia. -Quedó en el público el recuerdo de Matilde y la curiosidad -que habia excitado la exposicion.</p> - -<p>En el segundo acto, un nuevo actor vino en refuerzo -de Matilde: Barroso. Era éste un mozo sevillano, de los -que vinieron á inocular en la corte la sávia andaluza de -los Pachechos, los Saavedras y los Perez Hernandez -con Bermudez de Castro, Tassara, Sartorius y otros -buenos ingenios, cuyos hechos y escritos contribuyeron<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span> -honrosamente al progreso literario y político de aquella -época. Antonio Barroso era poeta; pero habiéndose presentado -en el teatro privado del Liceo con Ventura, -Marrací, el marqués de Palomares y demás sócios de la -seccion de declamacion, concluyó por consagrar al teatro -su talento nada vulgar, á consecuencia de los aplausos -allí obtenidos y de la buena acogida que de Romea -obtuvo. A Barroso habia yo, pues, confiado el ingrato -y difícil papel del Alcalde Santillana; tan ganoso yo al -dársele de probarle mi amistad y la estima en que le tenia, -como él de abordar, estudiar y probarse en un carácter -que podia colocarle en muy buen punto de partida -para su carrera dramática, y muy alto en la consideracion -del público si acertaba á desempeñarle con -éxito. Era Barroso un mancebo de buena estatura, cenceño -y nervioso, de cabeza pequeña y rubia, pero de -aguileño perfil y límpidos ojos y correctamente colocada -sobre los hombros.</p> - -<p>Suelto de modales, como hombre bien educado, de -buena memoria y comprension perspicaz como sevillano -y confiado en el porvenir por esa esperanza inconsciente -que hace atrevido á todo talento meridional, Barroso -estudió, preparó y vistió su papel con tal esmero, -que se identificó con el personaje que representaba. Con -su toga y su golilla, sus vuelillos de encaje y su junco -con cabos de plata, encuadró tan poéticamente su figura -severa y su carácter odioso en contraposicion del sencillo -y virginal del de la Matilde, que desde su primera -escena resaltó como sombra negra é infernal de aquella -blanca y celeste aparicion, entre cuyas dos figuras iba á -pasar desde la hostería al patíbulo aquel otro vago, misterioso -y casi indeciso fantasma del perpétuamente acusado -y jamás reconocido soberano pastelero de Madrigal.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span></p> - -<p>Barroso en la escena <span class="smcap">VI</span> secundó y sirvió de apoyo á -Julian con la atencion perpétua de su maestra ejecucion; -desarrolló tan á tiempo y alternativamente su doble -carácter de juez y de reo con el marqués de Tavira -y con Espinosa, que preparada magistralmente la escena -<span class="smcap">XI</span> endecasílaba, pudo desplegar en ella Matilde toda -la ternura de su corazon, toda la poesía de su amor recóndito, -y toda la grandeza de su incondicional abnegacion; -en un juego escénico tan infantil como apasionado, -con un acento de castísima ingenuidad, con una -declamacion tan impregnada de sentimiento y unas inflexiones -de voz tan melódicas, tan suaves y tan variadas, -que encantó, enterneció, fascinó y exaltó al público, -arrancándome á mí las lágrimas: á mí, poeta entusiasta -y satisfecho, que escuchaba por primera vez mis -versos de su boca, como si estuviera oyendo arrullar á -una paloma enamorada de un ruiseñor. El arte de Matilde -reverberó con tal intensidad, rebosó tan profusamente -sobre la verdad de Romea, que envuelta y arrebatada -en la poesía de Aurora, concluyó la escena en -universal aplauso.</p> - -<p>En el acto tercero, Barroso tomó creces tan imprevistas -ante la seguridad de su éxito y la esperanza de -su porvenir, que comenzó desde la primera á dominar -la escena con su atencion nunca distraida, su figura -siempre en cuadro, su exactitud en las entradas, su -creciente juego escénico segun sus pasiones; la supersticion, -el miedo y la ira se iban desarrollando y apoderándose -de su espíritu. La escena sétima entre Aurora y -Santillana no tiene descripcion; el recuerdo de una ribera -donde yo cogia</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">yerbezuelas y conchas, del rugiente</div> -<div class="line">mar que sus ondas sin cesar mecia,</div> -<div class="line">de un monasterio triste y solitario<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span></div> -<div class="line">fundado al pié de un monte, y vagamente</div> -<div class="line">la memoria de un templo, con su coro</div> -<div class="line">enverjado, sus techos con pinturas,</div> -<div class="line">su altar lleno de flores, su sagrario</div> -<div class="line">iluminado con mecheros de oro;</div> -<div class="line">el recuerdo tambien, porque la daban</div> -<div class="line">miedo aquellas inmóviles figuras</div> -<div class="line">de mármol que tendidas reposaban</div> -<div class="line">encima de sus anchas sepulturas,</div> -</div></div></div> - -<p>es preciso habérsele visto y oido hacer y decir á Matilde; -la creciente angustia del juez ante el tremendo exclarecedor -relato de la ingénua y enamorada doncella... es -preciso habérsela visto representar á Barroso en la noche -del estreno; pero la escena novena volvió, no á enfriar, -pero sí á descolorar la representacion.</p> - -<p>Lo misterioso de la historia, lo terrorífico de la situacion, -la calma heróica del rey mártir, la indecisa concentracion -de las pasiones del juez, la inconsciencia de -la realidad de la hija y de la amante, dieron por un momento -á la verdad el dominio sobre la poesía y partió -en silencio al patíbulo el incógnito é innominado protagonista. -Quedó el teatro y el público en el silencio de -la espectacion, y yo, en la duda del éxito y más convencido -que nunca de que la verdad de la naturaleza no -es la verdad del arte. Esta volvió á surgir en la escena -al recobrar Aurora sus sentidos. Matilde, con la mirada -extraviada, los movimientos inciertos, la voz perdida -aún en la cavidad de la garganta, sin que el aliento pudiera -aún extraerla de los pulmones, preguntó:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">¿Qué sucede? ¡ay de mí! los pensamientos</div> -<div class="line">no acierto á combinar en mi cabeza.</div> -<div class="line">¿Y Gabriel?</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span> -y empezó á buscar á Gabriel y á sentir por la ventana -el rumor de la plaza, y vió y escuchó, pero no concibió -lo que oia ni lo que miraba, pero se lo hizo comprender -al espectador y le estremeció. ¡Allí va! ¿A dónde se le -llevan sin ella? ¿qué palos son aquellos? ¿qué le ponen -al cuello? ¡es una soga! Una nube sangrienta la ofusca -la mente. ¡Un sacerdote! y comprendiendo de repente, -grita vuelta á Santillana:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">pero vos, ¡miserable! que sois hombre,</div> -<div class="line">gritad conmigo...</div> -</div></div></div> - -<p>y el juez vencido invoca el nombre del rey; pero el grito, -el aullido, el estertor, todo junto, que constituyó la -exclamacion de Matilde <i>¡ay! ¡es ya tarde!</i> no son para -escritos.</p> - -<p>Lo más á tiempo, lo mejor, que ha hecho y ha dicho -Florencio en su vida es el decir á Santillana:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">Tomad: sepamos la verdad postrera,</div> -</div></div></div> - -<p>y obligarle á tomar y abrir el relicario que encerraba el -secreto del rey Don Sebastian.</p> - -<p>Lo mejor que hizo Matilde en <i>Traidor, inconfeso y -mártir</i>, fué el final. Al reconocer el retrato de su madre -y al rechazar á su padre... estuvo sublime de dolor y -de ira:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">¡Tu hija!—¡Esto tan sólo me faltaba!</div> -<div class="line">Tú, para que su muerte te perdone,</div> -<div class="line">me llamas hija tuya... mas te engañas,</div> -<div class="line">nada hay en mí que tu maldad abone,</div> -<div class="line">para tí solo hay ódio en mis entrañas.</div> -</div></div></div> - -<p>Aquí acababa el drama: el mal gusto del tiempo me<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span> -arrastró á prolongar con veintiseis versos más tan repugnante -escena: sólo Matilde pudo hacerla pasar.</p> - -<p>El telon cayó en un momento de silencio, que se -cambió en un espontáneo y general aplauso. El autor -y los actores fuimos llamados al proscenio: Julian sonreía, -Matilde no podia respirar, Barroso estaba convulso -como si fuese á sufrir un ataque de nervios... de mí no -sé lo que era... Pero ¿gustó el drama?</p> - -<p>Sus siguientes representaciones dieron el mismo resultado -cada noche: Romea le retiró á los pocos dias del -cartel, y no se volvió á hacer más en el teatro del Príncipe.</p> - -<p>Andando el tiempo, Catalina, separándose de Julian, -formó compañía y ajustó á Matilde; y habiéndose llevado -con ella la mayor parte del repertorio de Julian, -Catalina hizo su presentacion con mi <i>Traidor, inconfeso -y mártir</i>. ¡Qué éxito el del pastelero! Mi drama se -hizo en todas las provincias, y en todas las Américas, y -aún es hoy de repertorio en todos los teatros, ménos -en los de Madrid; y he visto actores muy medianos y -sin pretensiones y hasta de teatros caseros que siempre -se han hecho aplaudir en el papel del rey D. Sebastian.</p> - -<p>Yo estoy muy pagado de ser autor de esta obra mia, -y Matilde la ha dado á conocer en todos los países en -que se habla la lengua castellana, gracias á Catalina.</p> - -<p>¡Bendita Matilde! Desde la noche de su estreno data -el cariño fraternal y la gratitud, que la tengo y la tendré -siempre.</p> - -<p><i>Post scriptum.</i>—¡Pobre Barroso! Víctima de la medicacion -á grandes dósis, murió de repente una tarde -en el teatro, saturado de yodo y otras drogas de este -jaez. En un ensayo exhaló repentinamente un profundísimo -gemido: dió luego un gran grito y dijo: «¡me<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span> -muero!» y una repentina parálisis comenzó á apoderarse -de su cuerpo, comenzando por los piés. No hubo -tiempo más que para conducirle á la habitacion y cama -del portero, donde recibió la Extrema-Uncion, y espiró -contando <i>cómo se moria</i>: ya se me ha muerto el brazo -derecho, exclamaba: ya se me muere el corazon... lo -último que pareció vivo en él fueron los ojos, cuyos párpados -no quisieron cerrarse. Desde la representacion del -<i>Traidor inconfeso y mártir</i>, dejé de escribir para el -teatro.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XXI.</h2> - - -<p>Aquí debian tener fin estos <span class="smcap">Recuerdos</span> mios. Lo -que va á seguir, no deberia tal vez ser publicado -hasta despues de mi muerte; pertenece, más que -á mis <span class="smcap">Recuerdos del tiempo viejo</span>, á mis memorias -póstumas: es exclusiva y personalmente -mio, es historia íntima de mi corazon: va acaso á ser -enojoso para mis lectores de <i>El Imparcial</i>, y no va seguramente -á interesar más que á dos docenas de viejos -como yo, que á aquellos tiempos hayan como yo sobrevivido: -y no va por fin á despertar en ellos más que -un sentimiento ficticio, efímero, <i>artístico</i>, si se me permite -esta calificacion, como el que nos inspira la accion -de un drama sentimental miéntras á la representacion -asistimos. Lo que va á seguir es una página de la leyenda -de mi alma: soy yo en ella el protagonista; ¡y soy yo -tan poca cosa para hablar tánto de mí mismo!</p> - -<p>Una razon me abona sin embargo: hace cuarenta y -tres años que se habla de mí en España: quiénes me -celebran y quiénes me critican; algunos me calumnian, -muchos me envidian y pocos saben lo que de mí dicen, -y pocos dejan de juzgarme sin pasion, porque ya<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> -nadie me conoce á través de tánto como se ha supuesto -y se ha dicho del vagabundo autor de <i>D. Juan -Tenorio</i>.</p> - -<p>Los meridionales, y más que ningunos los españoles -(y más entre estos los andaluces), tenemos la cualidad -y la pretension de ser narradores y narradores chistosos: -no podemos repetir una historia, un cuento, un sucedido, -un dato cualquiera, sin añadirle algo de nuestra cosecha; -así que, al salir de la boca del quinto narrador, ya -no conoce la historia ó el suceso narrado, ni el que la -inventó ni al que le sucedió; y como cada cual sostiene -las añadiduras y variaciones por él intercaladas en el relato, -é impugna ó contradice las de los demás, todo -copo de nieve llega á ser una bola, todo grano de arena -un monte, toda historia una novela y todo cuento una -mentira; por lo cual, no creo yo nunca nada del mal -que se dice, ni de lo malo que se cree de las mujeres ni -de los hombres notables: al contrario, comienzo siempre -á simpatizar con toda mujer de quien se habla mal -y con todo hombre conocido á quien se critica; porque -estoy convencido de que tánto más de bueno deben de -tener, cuanto más de malo les aplica y atribuye la maledicencia.</p> - -<p>De la mujer especialmente tengo yo mis ideas particulares.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Hay sobre la mujer mil pareceres;</div> -<div class="line">allá va el mio aunque parezca raro:</div> -<div class="line">yo amé toda mi vida á las mujeres;</div> -<div class="line">entendámonos bien y hablemos claro:</div> -<div class="line">más que por torpe gérmen de placeres</div> -<div class="line">me es el amor de las mujeres caro,</div> -<div class="line">porque ellas son, por más que digan otros,</div> -<div class="line">muchísimo mejores que nosotros.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Se ha hecho moda hablar de ellas con desprecio;<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></div> -<div class="line">yo de hablar de ellas bien tengo manía;</div> -<div class="line">al que habla de ellas mal tengo por necio,</div> -<div class="line">falto de corazon y cortesía.</div> -<div class="line">No objeto para mí de menosprecio</div> -<div class="line">son, sinó manantial de poesía:</div> -<div class="line">no obró conmigo mal jamás ninguna,</div> -<div class="line">y debo más de un bien á más de una.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Desde la vírgen que en los cláustros ora</div> -<div class="line">hasta la vil, impúdica ramera</div> -<div class="line">que, enfangada en el vicio, á cada hora</div> -<div class="line">á sí se infama y á su raza entera,</div> -<div class="line">toda mujer que deshonrada llora,</div> -<div class="line">toda la que en dolor se desespera,</div> -<div class="line">de su duelo ó su infamia, no os asombre,</div> -<div class="line">la ocasion ó el orígen es un hombre.</div> -</div></div></div> - -<p>Y apuntada de paso esta opinion mia con respecto á -las mujeres, sigo adelante con las que respecto á mí mismo -voy aduciendo: y no creo que voy muy descarriado -al creerme con derecho á decir algo de mí mismo, despues -de haber oido y tolerado sin chistar por espacio -de cuarenta y tres años, cuanto amigos y enemigos, -chismosos y desocupados y vulgo, en fin, que nunca -sabe donde tocan las campanas que oye, han dicho y escrito -de mí; de mí, pobre insensato que nunca supe contentar -á nadie, ni acerté con nadie á quedar bien, y á -quien Dios acordó lo único bueno que de nada en España -sirve: la modestia de reconocerse y la humildad de -no aspirar á nada; no creyéndome para nada con aptitud, -por haberme pasado la juventud concentrado en -mí mismo, aspirando sólo á conseguir un ideal que sólo -dentro de mí mismo albergaba mi esperanza, y en la -soledad de mi alma únicamente crecía, como una palma -estéril sin compañera, condenada á secarse sin fruto -en el desierto de mi inútil existencia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span></p> - -<p>Voy, pues, á alargar con unos capítulos más estos -<span class="smcap">Recuerdos</span>, y á decir de mí mismo y de mi casa lo -que yo sólo sé; porque por mucho que de mí sepan, -por observacion y por induccion, los curiosos, los críticos, -los murmuradores y los entremetidos, sólo los necios -podrán disputarme el derecho de saber mejor que -yo lo que por muchos años he guardado entre pecho y -espalda, y la idea que mi pensamiento en palabras jamás -ha formulado.</p> - -<p>Pero vayamos ya adelante con mi historia, echando -á un lado digresiones y zarandajas.</p> - -<p>Era jefe político de Madrid el Sr. D. Antonio Benavides, -y secretario Pepe Rojas, pariente mio por parte -de mi primera mujer. Hacia ya muchos meses que mi -infeliz madre habitaba en casa de una vieja prima de mi -padre, viuda, bien acomodada, que habia vivido largos -años en una ciudad de Francia, que por entónces vivia -sola en Madrid, porque se habia extrañado de la única -hija que de su único matrimonio habia tenido, porque -aquella hija habia contraido uno de esos que se llaman -de amor con un hombre tan honrado y laborioso como -falto de bienes de fortuna. Aquella tia segunda mia, que -habia hecho cierto papel en el tiempo de Fernando VII, -y la vida del gran mundo en la buena sociedad de su -tiempo, no habia perdonado jamás á su hija, que vivia -en Toledo en donde yo la conocí, tan honrada como pobre -y tan contenta con su mala suerte cuanto serlo la -permitia el largo abandono y el tenaz olvido de su madre -orgullosa ó descorazonada.</p> - -<p>Parece que en mi familia los cabezas de ella han mantenido -el principio de la autoridad paterna en toda -la rigidez absoluta del derecho romano, y no han sabido -nunca transigir con el tiempo, ni contemporizar con<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span> -las circunstancias, ni perdonar la desobediencia, ni otorgar -olvido al extravío juvenil, ni tener en cuenta la -fuerza de la pasion, ni la ceguedad del error de sus hijos. -Mi prima de Toledo tenia una hija preciosa á quien habia -bautizado con el poético nombre de Esperanza: la -chica era á los catorce años una preciosa criatura, -cifra expresiva de la esperanza de su pobre madre; pero -su abuela no albergó nunca bajo su techo á su tan hermosa -como inocente nieta... é ignoro lo que de ésta y -de sus padres ha sido despues del fallecimiento de mi tia. -Con ella vivia mi madre en provincia, cuando mi pariente -Pepe Rojas me envió con un guardia civil una -carta anunciándome que el Excmo. Sr. Benavides, su -jefe, deseaba que me avistara con él en su gabinete, de -nueve á diez de la noche, para un asunto que me concernia.</p> - -<p>Alarmó á la gente de mi casa aquella cita con puntas -de órden; pero como nunca me habia yo mezclado en -la política, acudí sin inquietud al gabinete del jefe político, -que era por otra parte lo más político y bien educado -del mundo, muy deferente como muy ilustrado -con la gente de letras, y especialmente benévolo conmigo.</p> - -<p>La cuestion era tan sencilla y prevista en su fondo -como inesperada y extraña en su forma; mi padre, despues -de seis años de emigracion, en vista de que casi todos -los de su partido, acogiéndose á las amnistías, habian -regresado á sus pátrios hogares, y de que S. M. la -Reina D.ª Isabel II reinaba tranquilamente en España, -reconocida por todas las potencias de Europa, se convenció -de que su constante y leal adhesion á la causa del -Pretendiente no le serviria más que para morir inútilmente, -sin provecho suyo ni ajeno, en tierra extranjera,<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span> -y se decidió á enviar al Gobierno una representacion solicitando -el permiso de volver á España.</p> - -<p>Pero esta representacion se dirigia á S. M. la Reina, -empezando con estas palabras: «Señora: puesto que -V. M. reina ya de hecho, D. José Zorrilla Caballero, alcalde -de casa y corte, consejero, etc., etc.,» lo cual parecia -significar que el que aquella representacion firmaba -no reconocia Reina de derecho á D.ª Isabel. El jefe político, -por encargo del Consejo de ministros, me llamaba -para que yo dijese si era la firma de mi padre la de -aquel documento: y ante mi afirmativa respuesta, no dijo -más aquella grave autoridad que estas palabras: «En -ese caso...» y encogiéndose de hombros, dobló el papel -en que me mostró la firma.</p> - -<p>Despues de una breve conferencia, en la cual la discrecion -del Sr. Benavides correspondió con la reserva -que á mí me convenia guardar en aquel caso por respeto -á mi padre, me despidió con muy corteses palabras, y -yo me apresuré á ir á tranquilizar á mi mujer; en España -no las tiene nadie consigo cuando tiene que habérselas -con la autoridad.</p> - -<p>Yo fuí quien no pude tranquilizarme ni conciliar el -sueño en toda la noche. La forma en que venia la representacion -de mi padre habia levantado en mi corazon -una tempestad de inquietudes, en mi imaginacion un -volcan de preocupaciones y una tupida niebla de dudas -en el campo de mi esperanza. Tenia yo entónces fé en -muchas cosas en que hoy ya no creo, y quedábame aún -un amigo en cuyos consejos esperar podia, en cuyo amparo -debia fiar y en cuyos brazos podia esconder mi cabeza -para derramar mis lágrimas. Era este el docto é -ilustre prelado D. Manuel Joaquin de Tarancon, recientemente -preconizado obispo de Córdoba, y que moraba<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span> -entónces en la corte y en la calle de la Union por ser -senador del reino. El Sr. Tarancon, condiscípulo de mi -padre, á quien éste tenia en muy alta estima y que á -mí me profesaba un cariño paternal, habia sido mi catedrático -y mi confesor.</p> - -<p>Habia gozado con los éxitos de mis obras, como si -verdaderamente mi padre hubiera sido; me habia ilustrado -con sus consejos, me habia corregido con sus observaciones, -y tenia una sincera satisfaccion de haber -llegado á ver poeta celebrado al estudiantuelo de quien -habia cuidado en la universidad, y al chiquitin á quien -habia visto romper á hablar en los brazos de su madre, -en la intimidad y al calor del hogar paterno. Aún tengo -en mis pupilas la imágen venerable de aquel sabio, -tan hombre de mundo como poco mundano, revestido -de su morado hábito episcopal, con su pectoral y su -anillo de esmeraldas, que me contemplaba con los ojos -arrasados en lágrimas, pasando por mis abundosos cabellos -sus aristocráticas manos, y derramando con sus -santas palabras la luz de la esperanza sobre las tenebrosas -dudas de mi alma. ¡Dios tenga la suya en la mansion -eterna de las de los justos!</p> - -<p>Entre mis recuerdos del tiempo viejo su memoria es -el más precioso, y su figura es la más augusta é imponente -que esculpida en la mia conservan mi gratitud -y mi veneracion.</p> - -<p>Por él supe pocos dias más tarde que el Gobierno habia -enviado á mi padre autorizacion para volver al suelo -pátrio, reconociéndole ántes sus títulos y gerarquía, -considerando sus años de emigracion como pasados al -servicio de la Reina, y señalándole veinte mil y pico de -reales de jubilacion que le correspondian por su categoría -en la alta magistratura. Debia todo esto mi pa<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span>dre, -no sólo á la influencia de mi reputacion literaria, -sinó á la eficaz proteccion con que le ayudaba un conocido -personaje, que aún vive y conserva su influencia -en los negocios políticos de nuestro país; pero á quien -yo nunca he tratado, de quien no sé si se ha ocupado -jamás de mí, ni si ha leido una letra mia, ni si personalmente -me conoce. Un dia me dijo Tarancon: «Prepara -en tu casa un aposento para tu padre, que vendrá -la semana próxima.»</p> - -<p>Mi mujer se ocupó con miedo y alegría del mueblaje -y decoracion del alojamiento de aquel tan esperado y -temido huésped, y anduve yo ocho dias casi insomne -y ayuno por su venida; y anduvo mi mujer inquieta y -avizorada, como si la llegada de mi padre debiera ser la -aparicion de la sombra de Bancuo en el drama de Shakespeare.</p> - -<p>Diez dias despues recibí un billete en que me decia -el obispo Tarancon: «Mañana llega tu padre; pero no -vayas tú á esperarle ni á recibirle; debe de ver y hablar -á otra persona ántes que á tí; yo le tendré un dia -en mi casa y te le llevaré á la tuya.» Y todo se hizo -como Tarancon lo dispuso; y él llevó á mi padre á su -casa, y estuvo y habló en ella con él á solas veinticuatro -horas; al cabo de las cuales entró con el venerable prelado -el ex-superintendente general de policía del Rey -D. Fernando VII, en casa de su hijo, el autor de <i>Don -Juan Tenorio</i>.</p> - -<p>Mi padre era el último eslabon entero de la rota cadena -de la época realista, la cifra viviente, el recuerdo -personificado del formulista absolutismo, el buen estudiante -ergotista de las Universidades de sotana y manteo, -el doctor en ambos derechos por el cláustro de la -de Valladolid; convencido desde su niñez de que sólo el<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span> -estudio del derecho, la teología y los cánones podia -producir hombres, y de que sólo la toga y la golilla podian -darles representacion, dignidad y posicion social. -Yo era el primero y débil eslabon de la nueva época -literaria, el atropellador desaforado de la tradicion y de -las reglas clásicas, el fuego fátuo, leve é inquieto, personificacion -de la escuela del romanticismo revolucionario: -mi padre, cansado pero no rendido, iba á perderse -en la sombra de lo pasado, y yo sin medir la inmensidad -desconocida en que iba á arrojarme, fiaba en mis -nacientes alas para cruzar el espacio luminoso del porvenir. -El padre y el hijo, el último y el primer eslabon -de los dos pedazos de la rota cadena, se enlazaron en -un abrazo, se fundieron al fuego del natural cariño, y -brillaron por un momento unidos y soldados, esmerilados -y limpios por las lágrimas ardientes que vertian por -sus ojos sus corazones prensados y exprimidos por un -placer inexplicable.</p> - -<p>Yo no he tenido hermanos: mi padre me separó de -sí á los nueve años para meterme en un colegio, y habíamos -vivido juntos muy poco tiempo: él no habia modificado -su cariño ni sus derechos paternales en la gradacion -del trato de su hijo niño, adolescente, mancebo -y al fin hombre; me encontraba niño como cuando de -nueve años me separó de sí; y viejo robusto y de elevada -estatura, me levantó en sus brazos como si todavía -no hubiera pasado de aquellos nueve años á que su cariño -y sus recuerdos paternales se remontaban. Al volver -á dejarme en el suelo, dijo mi padre contemplándome, -no sé aún con qué sentimiento:—«¡Qué chiquitin -te has quedado!»—El obispo Tarancon, que enjugaba -sus lágrimas sin rebozo, le dijo:—«Chiquitin es; pero -se ha colocado á tal luz que ya te cobija con su som<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>bra.»—No -sé lo que pensó mi padre, que no respondió -á la halagüeña alusion del prelado. Mi mujer le mostró -y condujo á su habitacion: el buen obispo de Córdoba -nos dejó en ella muy satisfecho, y quedólo no poco mi -padre de hallar en mi casa la paz doméstica, y el tranquilo -bienestar de la medianía á quien nada falta ni -nada sobra. Halló en su cuarto muchas coronas, cuyas -fechas y dedicatorias leyó con mucha atencion, y sin -atreverse en largo espacio á volverse á mí, para no dejarme -ver la emocion que le causaban aquellos emblemas -poéticos de la efímera gloria de su hijo. Así comenzó -la breve temporada de la vida de familia que con -nosotros hizo. Comimos, salió él en carruaje á sus visitas -y volvió á las diez y media de la noche. A las once -anunció su necesidad de recogerse: le ayudé á desnudarse, -le acosté... y no me da vergüenza consignarlo: -cuando le tuve acostado, me senté en su cama, le dí -mil besos, le hice mil cariños, le dije mil niñerías; le -traté como habria tratado á mi pobre madre, acariciándole -y mimándole como cuando yo tenia seis años. Rióse -él y enternecióse, y díjome en fin despidiéndome:—«Eres -un chiquillo y no tienes formalidad.» Le arreglé -la ropa, le coloqué la pantalla en la lamparilla, y dándole -las buenas noches con el último beso... le dejé solo -con sus pensamientos.</p> - -<p>No habíamos hablado de nada: nada nos habíamos -dicho: ni una palabra del pasado, ni una alusion al porvenir, -ni una observacion sobre lo presente. ¿Qué pensaba -de mí mi padre? Que me habia quedado chiquito y -que no tenia formalidad: esto era lo único que su lengua -habia dicho, pero su corazon habia tambien hablado -por la emocion y las lágrimas delatoras de sus -sentimientos de padre: su corazon habia respondido al<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span> -llamamiento del mio, y el hijo estaba ya seguro de que -tenia padre. Pero ¿quién iba á dominar mañana en su -ánimo, el corazon ó la cabeza? ¿Quién se iba á revelar -definitivamente, el padre ó el magistrado? Yo dormí -mal, y esta cuestion me tuvo insomne é inquieto toda -la noche.</p> - -<p>A la mañana siguiente, despues del desayuno, entabló -á solas conmigo el diálogo, sobre palabra más ó -ménos, de esta manera.</p> - -<p>—Necesito algo de algun ministro; ¿cómo estás tú -con este Gobierno?</p> - -<p>—Yo estoy bien con todos.</p> - -<p>—Tengo una pretension en el negociado de Instruccion -pública.</p> - -<p>—El director es D. Antonio Gil y Zárate y el ministro -Nicomedes Pastor Diaz.</p> - -<p>—Segun el prólogo que puso á tu primer libro, si no -le has hecho alguna botaratada, debe de ser muy tu -amigo.</p> - -<p>—Es como si fuera mi hermano mayor: tan indulgente -y tan cariñoso, que si hubiera cometido la torpeza -ó tenido la desgracia de jugarle alguna mala pasada, -no se hubiera dado por entendido de ella ó me la -hubiera perdonado. Donoso Cortés, D. Joaquin Francisco -Pacheco y Pastor Diaz me han servido de padres -en ausencia de V.</p> - -<p>—Buenos amigos tienes, si sabes conservarlos. ¿Cuándo -podré ver á Pastor Diaz?</p> - -<p>—Hoy mismo, á la una, en el ministerio. No será la -primera vez que hable V. con él.</p> - -<p>—¿Te ha dicho?...</p> - -<p>—Todo: que le debe á V. tal vez la vida.</p> - -<p>—Es posible: su situacion era dificilísima. Venia yo<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span> -de comisario régio con la expedicion carlista que entró -en Segovia. Creíamos encontrarte allí con él.</p> - -<p>—Yo esparcí la voz de que me encerraba en el alcázar, -pero me volví á Madrid.</p> - -<p>—Te hubiéramos visto con gusto.</p> - -<p>—Yo no le hubiera tenido en ir á Oñate á hacer versos -á Cárlos V y á San Luis Gonzaga. No hubieran tenido -el éxito de los que he escrito en Madrid.</p> - -<p>—Es verdad: Nicomedes se vió obligado á esconderse -en un horno; yo lo supe y me alojé en la casa en -que estaba. En un momento en que soldados revoltosos -podian haber dado con él y cometer cualquier tropelía, -me senté yo á la boca del horno y entablé con él conversacion -á través de la tapa que le cerraba y que él -sostenia por dentro. Le dije quién era y le pregunté por -tí. Cuando tocaron bota-silla, no abandoné aquella -casa hasta que las tropas comenzaron á salir de la poblacion, -y le dije el camino que íbamos á tomar para -que echara por el opuesto.</p> - -<p>—Así me lo ha contado él.</p> - -<p>—Me holgaré de conocerle, porque no pudimos vernos -entónces.</p> - -<p>—Pues hoy se verán Vds.</p> - -<p>Salí yo á la imprenta de Boix, donde tenia en prensa -una leyenda, salió mi padre á hacer ciertas compras, y -á la una nos presentamos en el edificio de la calle de -Torija, donde estaban por entónces las oficinas del ministerio -de Fomento.</p> - -<p>A mi presentacion abrió el portero la mampara del -despacho de Nicomedes, y anunciándome, me abrió -paso. Hallábase allí accidentalmente Patricio de la -Escosura, que acababa de ser nombrado jefe político de -Madrid; soltó al verme el baston y el sombrero que en<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span> -la mano tenia, y pasándome el brazo por la cintura, me -hizo dar una vuelta de él suspendido: no tuve yo más -que el tiempo necesario para decirle al oido: «mi padre», -ni él necesitó más para volverme á dejar en pié, y dirigiéndose -á aquel que tras mí habia entrado, le dijo, -tendiéndole la mano: «A nuevos tiempos nuevas costumbres, -Sr. Zorrilla: hoy son así recibidos los poetas, -y donde quiera que vaya V. con su hijo verá lo -mismo.»</p> - -<p>—Ya veo—respondió mi padre—que mi hijo es el -más afortunado tarambana de Madrid.</p> - -<p>Presentéles yo unos á otros, mi padre á Nicomedes -y Escosura á mi padre: recordó éste al de aquel don -Jerónimo de la Escosura, director de la fábrica de tabacos -en su tiempo; y unos con otros corteses, y unos -con otros cumplidos, despidióse Patricio y quedamos -mi padre y yo á solas con Pastor Diaz.</p> - -<p>Hablaron en secreto mi padre y él: pidió éste á poco -su carruaje y partió con mi padre, previniéndome que -si me cansaba de esperar me fuera á mis quehaceres, -que él se encargaba de mi padre; y yo, despues de -aguardar largo tiempo su vuelta en el despacho de Gil -y Zárate, volví á mi casa, donde el carruaje de Pastor -Diaz habia conducido á mi padre.</p> - -<p>—¿Qué tal?—le dije.—¿Ha quedado V. contento de -Nicomedes?</p> - -<p>—Jamás fué pretendiente mejor servido que yo. Dentro -de cuatro dias puedo irme á cuidar de la hacienda -de Torquemada, con todos mis negocios despachados en -Madrid.</p> - -<p>—¿Tan pronto piensa V. dejarnos?</p> - -<p>—No es Madrid ya para mí. Sus casas son muy estrechas: -tenemos casi un palacio allá: hay además que re<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span>cepar -y acodar las viñas, que abonar las tierras y reponer -las huertas, de todo lo cual no te has ocupado tú.</p> - -<p>—Yo al abandonar á V. renuncié á todos mis derechos: -¿por qué no me envió V. órden y poderes legales?</p> - -<p>—Olózaga te los ofreció, y levantar el secuestro.</p> - -<p>—Pero yo se lo hice á V. avisar: ¿por qué no determinó -V.?</p> - -<p>—Eres hijo único y heredero forzoso: todo el mundo -te hubiera dado la razon.</p> - -<p>—Yo no he contado con nadie en el mundo más que -con V.: todo lo que he hecho, por V. ha sido y no -he pensado más que en V. Si yo me he hecho aplaudir -y me he hecho querer, no ha sido mas que para esperar y -preparar su vuelta de V.; no he tenido más ambicion -que la de volver á los brazos y al cariño de mi padre, y -morir con él en la tranquilidad del hogar paterno.</p> - -<p>—Has sido un tonto. Con la fama que has adquirido, -con los amigos que tienes, hoy debias de ser cuando -ménos subsecretario de Pastor Diaz.</p> - -<p>—Usted era carlista y optó por la emigracion: no creí -decoro del hijo no ser nada en el gobierno que no habia -aceptado el padre; he rechazado todo cuanto se me ha -ofrecido: todos los literatos están empleados ménos yo: -hoy puede V. haber visto que no es por falta de favor.</p> - -<p>—Por eso te he dicho que eras un tonto.</p> - -<p>—Pero si yo he hecho milagros por V... Me he hecho -aplaudir por la milicia nacional en dramas absolutistas -como los del rey Don Pedro y Don Sancho: he hecho -leer y comprar mis poesías religiosas á la generacion -que degolló los frailes, vendió su conventos, y quitó -las campanas de las iglesias: he dado un impulso casi -reaccionario á la poesía de mi tiempo; no he cantado<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span> -más que la tradicion y el pasado: no he escrito una -sola letra al progreso ni á los adelantos de la revolucion, -no hay en mis libros ni una sola aspiracion al -porvenir. Yo me he hecho así famoso, yo, hijo de la revolucion, -arrastrado por mi carácter hácia el progreso, -porque no he tenido más ambicion, más objeto, más -gloria que parecer hijo de mi padre y probar el respeto -en que le tengo...</p> - -<p>—¡Bah, bah! Quijotadas.</p> - -<p>—¡Ay, padre! Cuando perdamos los españoles lo que -tenemos de Quijotes, ¿en qué vendremos á parar?</p> - -<p>—Lope de Vega y Calderon eran teólogos ántes de -poetas: Melendez Valdés fué como yo oidor de la Chancillería: -todavía es tiempo; eres muy jóven: métete un -año á estudiar, y con cuatro ó cinco mil reales y los -amigos que tienes, puedes doctorarte en Toledo; y siendo -jurisconsulto puedes serlo todo. Yo me voy para -Torquemada: allí debe de ir tu madre, y no quiero que -se encuentre sola sin mí entre aquellos pardillos, maestros -de gramática parda.</p> - -<p>Una nube negra que pasó por mi cerebro entristeció -mi alma, envolviendo en lágrimas mi pasado y en tinieblas -mi porvenir.</p> - -<p>Aquella noche me fuí á casa de Tarancon y le dije: -«he perdido todo lo hecho: mi padre, el único por quien -todo lo hice, es el único que en nada lo estima.»</p> - -<p>Tarancon lo comprendió todo: me abrazó y sobre su -morada túnica episcopal dejé correr las lágrimas más -amargas que han abrasado mis párpados. Tarancon no -era hombre de intentar consolar con palabras banales -una pesadumbre que no podia tener momentáneo consuelo.</p> - -<p>—Yo me arreglaré con tu padre—me dijo despues de<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span> -largo silencio.—Tú emprende alguna obra de importancia -que necesite estudios, atencion y tiempo. Teníamos -convenido en escribir juntos un libro de la Vírgen; -esto halagaria mucho á tu padre y enloqueceria á tu -madre de alegría; pero yo no tengo ya tiempo para meterme -en tal trabajo. Me has hablado de Granada. Emprende -tu poema morisco y empieza por ir á localizarte -en la ciudad de Boabdil. Si no tienes dinero, cuenta con -mi bolsillo; no está muy lleno, pero entrarás á la par -con los pobres de mi diócesis. Deja á tu padre irse á -Torquemada, y... ¡á Granada tú! Fia en Dios y cuenta -conmigo.</p> - -<p>Y mi padre se fué á Castilla, y yo empecé á pensar -en Granada. Pero, ¿qué importa todo esto á los lectores -de <i>El Imparcial</i>? Todas estas <i>memorias íntimas</i> figurarian -tal vez muy bien en las mias <i>póstumas</i>: vivo yo -aún, pueden ser tachadas de pretenciosa é insoportable -vanidad: pero ya he tirado del primer hilo y voy á deshacer -todo el ovillo.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<h2>XXII.</h2> - - -<p>Burdeos es una gran ciudad, magnífica, sólida, monumental, -con grandes puentes, bien arbolados -paseos, soberbios templos; amplios mercados y -suntuosos teatros; asiento del primer arzobispado -de Francia, es, como si dijéramos, el Toledo de -allende los Pirineos; cuajado de Seminarios y de colegios, -semillero de toda clase de plantas clericales más ó -ménos parásitas, más ó ménos productivas. Por el tiempo -de que voy hablando hacian un principal papel en -fiestas y procesiones los hermanos de la doctrina y <i>los -ignorantins</i>, en uno de cuyos establecimientos hacia dos -ó tres años que se habia ventilado el ruidoso proceso -del Frère Liotard, con el cual ya no me acuerdo lo que -pasó.</p> - -<p>Como yo no era hombre de política ni de administracion, -ni de ciencia, no me ocupé de más en Burdeos que -de sus templos, como cristiano, y de sus teatros, como -poeta. Encontraba poquísima gente por las calles, no -mucha por los paseos y casi ninguna en el teatro, al cual -sostenian solamente los transeuntes, los forasteros, y, -sobre todo, los españoles, puesto que habia muchos allí<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span> -emigrados ó allí establecidos, y todos los que de España -iban á veranear á París se detenían por costumbre en -la capital de la Gironda. Hallábame yo en Burdeos á -todo mi gusto: era la primera vez que podia yo separar -mi personalidad de mi malhadada reputacion y andar libre -como cualquier ciudadano pacífico, metiéndome por -todas partes á fisgarlo todo, sin llamar la atencion ni ser -responsable de nada.</p> - -<p>Así ví yo á Burdeos, así recogí varios asuntos de leyendas -que no sé si llegaré á escribir, y así averigüé la -razon de las perpétuas quiebras del teatro por falta de -público.</p> - -<p>Los bordeleses han tenido siempre (y con justicia) la -pretension de que su ciudad es la primera de Francia, -el pequeño París, y han aspirado á ser tenidos por <i>sprits-forts</i>, -libres pensadores y espadachines; y con respecto -á esta última cualidad, tiene una justa reputacion y un -riquísimo legendario la escuela de armas de Burdeos; -pero las bordolesas son, por lo general, devotas. El clero -francés sabe que las dos palancas con que se mueve el -mundo son las mujeres y el dinero, y por entónces los -confesores no absolvian á las confesadas cuyos maridos -leian <i>El Constitucional</i> y los periódicos liberales, tronando -siempre contra la inmoralidad del teatro. Donde -no van las mujeres no vamos los hombres; no iban las -bordelesas al teatro, con que á pesar de la subvencion -de que goza siempre <i>el grande</i> de Burdeos, sus empresas -se arruinaban á mitad de temporada todos los años.</p> - -<p>Además, el gran teatro de aquella ciudad tiene lo -que los franceses llaman <i>guignon</i> y nosotros <i>mala sombra</i>. -Allí se rompió por entónces una pierna Mademoiselle -Angelin, una bailarina rubia de diez y siete años, -que era ya una estrella luminosa en el cielo del arte de<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span> -Terpsícore. Allí tuvo Borelly que matar á puñaladas en -presencia del público á su tigre real de Bengala, porque -éste tenia ya entre sus dientes la pantorrilla izquierda -del domador: quien al levantarse lanzando un caño de -sangre de una arteria rota, tuvo tiempo, ántes de perder -el sentido, de decir á los espectadores á modo de satisfaccion: -«Señores, ya habia gustado mi sangre, y ó -él ó yo.»</p> - -<p>Esto en el teatro. En los templos las fiestas son tan -suntuosas como concurridas: pero á los católicos españoles -se nos hacen al principio muy difíciles de aceptar -aquella forma mundana y teatral y aquellos accidentes -mercantiles con que los actos sublimes de nuestra religion -se verifican. Yo escribí mis primeras impresiones -de Burdeos en una larga epístola á un condiscípulo mio, -cura carlista, de la cual recuerdo las siguientes líneas, -versos tan malos como verdades de á puño:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">En Francia hay religion, y fé y conventos,</div> -<div class="line">seminarios, colegios, catedrales,</div> -<div class="line">y todos los cristianos elementos</div> -<div class="line">de nuestra santa fé fundamentales:</div> -<div class="line">pero todo está hecho á la francesa,</div> -<div class="line">todo sujeto á reglas comerciales;</div> -<div class="line">aquí todo se tasa, mide y pesa,</div> -<div class="line">aquí todo se hace por empresa:</div> -<div class="line">la gente para orar no se arrodilla</div> -<div class="line">mas que con una pierna en una silla;</div> -<div class="line">no se atiende al altar ni al sacerdote;</div> -<div class="line">las mujeres se plantan por delante</div> -<div class="line">con mucho faralá, mucho volante,</div> -<div class="line">abultado postizo y largo escote;</div> -<div class="line">y los hombres detrás, misa durante,</div> -<div class="line">se distraen en mirarlas el cogote;</div> -<div class="line">y como nadie en equilibrio posa,</div> -<div class="line">y es perpétuo el rumor y el desacato</div> -<div class="line">y la desatencion y el movimiento,</div> -<div class="line">es el pensar en Dios difícil cosa,<span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></div> -<div class="line">miéntras pasa una vieja con un plato</div> -<div class="line">pidiendo en alta voz sin miramiento</div> -<div class="line">los cuartos que <i>la rinde</i> cada silla</div> -<div class="line">en que apoya un cristiano su rodilla.</div> -</div></div></div> - - -<hr class="tb" /> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Atraviesa despues el presbiterio</div> -<div class="line">con balandrán, sobre-pelliz y estola,</div> -<div class="line">y sus pasos al púlpito dirige</div> -<div class="line">un pulcro capellan, de quien muy sério</div> -<div class="line">un monago gentil lleva la cola.</div> -<div class="line">Hace su adoracion, su texto elige,</div> -<div class="line">comenta el evangelio de aquel dia,</div> -<div class="line">y siempre encuentra medio en su homilia</div> -<div class="line">de echar un par de pullas al gobierno,</div> -</div></div></div> -<hr class="tb" /> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i8">que el infierno</div> -<div class="line">está abierto ante el siglo refractario,</div> -<div class="line">que Enrique quinto al fin subirá al trono,</div> -<div class="line">que hay peregrinacion á tal Santuario</div> -<div class="line">que se sale á tal hora y de tal parte,</div> -<div class="line">que lleva cada pueblo su estandarte,</div> -<div class="line">que el precio es un doblon por peregrino,</div> -<div class="line">incluso todo gasto del camino</div> -<div class="line">y además un bonito escapulario;</div> -<div class="line">pero que en el doblon no entra el rosario,</div> -<div class="line">porque estos los fabrica por empresa,</div> -<div class="line">de encina negra y de eucaliptus blanco,</div> -<div class="line">una judía asociacion inglesa</div> -<div class="line">que los da á todos precios desde un franco.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Todo lo cual se anuncia aquí en la iglesia</div> -<div class="line">como puede anunciarse un electuario</div> -<div class="line">ó sus botes azules de magnesia</div> -<div class="line">mister Bóllon en Lóndres boticario.</div> -<div class="line">Ilustrados ya pues sus feligreses</div> -<div class="line">de lo que en sus negocios les importa</div> -<div class="line">y á sus espirituales intereses,</div> -<div class="line">con un responso en homilia corta</div> -<div class="line">el cura; y ya <i>pro domo</i>, á lo que creo,</div> -<div class="line">dá volviendo á apretar el <i>quibis quobis</i><span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span></div> -<div class="line">la vieja con su plato otro paseo.</div> -<div class="line">Larga el buen cura un <i>benedico vobis</i>,</div> -<div class="line">hace la cruz, se cala el solideo</div> -<div class="line">y respondiendo el pueblo <i>ora pro nobis</i></div> -<div class="line">se acaba la funcion y Läus Deo....</div> -</div></div></div> - - -<hr class="tb" /> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">con qué como ver puedes por la muestra,</div> -<div class="line">la religion de Francia no es la nuestra.</div> -<div class="line">Dios es el mismo, porque Dios es uno;</div> -<div class="line">mas de adorarle el modo</div> -<div class="line">ligero asaz y asaz inoportuno,</div> -<div class="line">es en Francia francés como lo es todo;</div> -<div class="line">y á un español asombran si no irritan</div> -<div class="line">la irreverencia con que á Dios se trata,</div> -<div class="line">y el ver cómo sus preces se recitan</div> -<div class="line">sobre un pié y sobre un codo,</div> -<div class="line">como banda de grullas que dormitan</div> -<div class="line">en el invierno al sol sobre una pata;</div> -<div class="line">pasando en cuenta que se queda ayuno</div> -<div class="line">de lo que en Francia se le dice á Cristo,</div> -<div class="line">con una fé de bolsa que no acata</div> -<div class="line">al Señor más que á medias por lo visto,</div> -<div class="line">y en un latin francés que cual ninguno</div> -<div class="line">la habla gentil de Ciceron maltrata:</div> -<div class="line">todo siempre fué aquí como hoy en dia</div> -<div class="line">doublé, contrefaçon, bisutería.</div> -</div></div></div> - - -<hr class="tb" /> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line">Nunca así á Dios se adorará en Castilla;</div> -<div class="line">nuestra fé es más profunda y más sencilla.</div> -</div></div></div> - -<p>Tal fué mi primera impresion hace treinta y cuatro -años: poeta creyente, hallé de ménos mucho fondo y de -sobra mucha forma en la manifestacion religiosa del catolicismo -francés en Burdeos, arzobispado primado de -la nacion vecina: despues he pasado en Burdeos largas -temporadas, y es la ciudad en donde más tranquilo y -más á gusto he vivido. Me acostumbré á leer á la puerta<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span> -de la catedral el anuncio de la funcion, el nombre del -orador que debia de llevar la palabra en el púlpito, los del -director y el organista que dirigian la parte instrumental, -y los de las damas y los ó las artistas que sostenian -la parte de canto; el objeto piadoso á que la funcion se -dedica bajo el patronato de tales ó cuales damas, prelados -ó corporaciones, y el precio (generalmente de dos -francos) por el cual se puede adquirir el derecho á ocupar -una de las sillas, numeradas ó no, que llenan el templo. -¿Y por qué no?</p> - -<p>A nosotros nos choca esta asimilacion de las basílicas -á los teatros; pero es, al mio, un mal modo de ver -las cosas: en Francia usa cada cual libremente del derecho -de anuncios y propaganda; y puede que en los -templos y fiestas religiosas francesas haya ménos fé, ménos -devocion y ménos fervor, pero hay más órden que -en las nuestras: nosotros entramos y salimos de las iglesias -á codazos, empujones y puñetazos; nos colocamos -donde podemos, pisamos á las mujeres que se arrodillan -y se sientan en el suelo, etc.; los franceses entran por una -puerta y salen por otra, y ocupan tranquilamente los -puestos que les corresponden, bajo la direccion de bedeles -y pertigueros; que á nosotros nos parecen ridículos, -pero cuyos oficios y trajes están encarnados en sus -costumbres.</p> - -<p>Los franceses han comprendido que la sociedad moderna -es un hermoso lago cuyo fondo es cieno, y tienen -cuidado de no revolver jamás el agua, poblando su superficie -de blancos y ligeros cisnes entre los cuales bogan -sin remo miles de botecitos sin quilla, que hacen -temblar y rielar el líquido, pero que no levantan oleaje: -siembran y plantan las orillas de jardines y de bosques, -y van á sentarse á contemplar el espectáculo social á la<span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span> -sombra de los árboles y entre el perfume de las macetas.</p> - -<p>Nosotros tenemos la maldita manía de revolver el agua -y de arrancar hasta la yerba al rededor del lago, y nos -tenemos que estar al sol y al aire, siempre sedientos, -contemplando el agua cálida y turbia que hacemos dificilísima -de beber.</p> - -<p>Hé aquí mis impresiones de ayer y hoy en Burdeos. -Esta ciudad, cuyo casco componen miles de edificios -tan macizos y suntuosos, y calles más anchas y regulares -que las de Roma antigua, atestada de recuerdos y -monumentos históricos, aireada por anchos paseos y -frescos jardines, regada por dos soberbios rios, el Garona -y la Dordoña, salpicada de Colegios, Museos, Academias, -Bibliotecas é Institutos, conteniendo veintidos -clubs y círculos para todas las clases sociales, diez teatros -y salas de recreo, un hipódromo, nueve periódicos -diarios y once lógias masónicas; mitad católica, militante -y revolucionaria libre pensadora, la tengo yo comparada -á una rica, nobilísima y aristocrática viuda legitimista -que sonríe á la república, papista que no llora el -perdido poder temporal de los Papas, que se ha retirado -á vivir y á morir tranquila en sus opulentas posesiones, -á cuidar de sus incomparables viñedos y á gozar de sus -rentas sin miseria y sin despilfarro, sin ruinosos vicios -y sin pretenciosas virtudes, sin orgullo de la majestad -de su noble raza, pero con la conciencia de la dignidad -de su ilustracion y de su bien heredada opulencia.</p> - -<p>Hé aquí mi juicio sobre Burdeos, donde empecé mi -poema, y de donde salí para París á estudiar mucho que -no sabia, y á adquirir algo que me hacia falta para llevar -á cabo mi incompleta <i>Granada</i>.</p> - -<hr class="chap" /> - - - - - -<h2>XXIII.</h2> - - -<p>París tiene dos fases: es el manicomio de los ingenios -y el paraiso de los tontos. En el primero forjan -sus grandes elucubraciones todos los grandes -locos, que con sus inventos y con sus escritos impulsan -hácia el progreso el movimiento social europeo; -y en el segundo pierden su tiempo, su salud y su dinero, -en el turbion de marionetas, charlatanes, estafadores y -mujeres perdidas, que pueblan aquel falso eden á la luz -del gas y al son de las orquestas de Mussard y de Straus, -todos los imbéciles que de las cuatro partes del mundo -acuden como mariposas á quemarse en aquel foco de -luz infernal.</p> - -<p>De París salen simultáneamente los gérmenes de todo -lo bueno y de todo lo malo, sobre todo para nosotros -los españoles; que, sea dicho sin que nadie se ofenda, -ó aunque se amosque conmigo la mitad de la nacion, -solemos tomar casi todo lo malo y poquísimo de lo bueno. -Llegué yo á París miéntras ocupaba el trono francés -el rey ciudadano Luis Felipe de Orleans, de quien sabian -trazar la caricatura todos los chicos de su capital -bajo la forma de una pera, cuya régia representacion -se veia por todas las paredes y siempre de un parecido<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span> -maravilloso. No era todavía el París ensanchado, dorado -y ámpliamente refundido por el imperio del tercer -Napoleon; era todavía su primer teatro la sala de la rue -Lepelletier, y no estaba aún cerrada la plaza del Carroussel -por la calle de Rivoli: existian aún al frente del Palais-Royal -una espesa red de callejuelas, tan conocidas -como mal afamadas, y á su espalda los dos famosos -restaurants de Befour y de los tres hermanos Provenzales, -y se alzaban todavía gárrulos y chillones, en los -boulevares du Temple y de Beaumarchais, los cien teatrillos -más divertidos del mundo, la Gaité, Follies-Dramatiques, -Delassements-comiques, etc., etc.</p> - -<p>Asomé yo las narices los dos primeros meses al paraiso -de los tontos y, sin dejarme fascinar ni embriagar -por sus delicias de contrabando ni por sus huríes sin -corazon, me establecí á la puerta del manicomio, haciendo -con el editor Baudry un trato poco lucrativo; por -el cual fueron mis versos los primeros que de poeta español -tuvieron lugar en su magnífica coleccion. Por un -puñado de luises y dos carros de libros, le dí el derecho -de coleccionar todas las obras por mí hasta entónces -escritas, por dos razones que me eran exclusivamente -personales; la primera para que mi padre leyera mi nombre -en el catálogo de la coleccion de los primeros escritores -de Europa; y la segunda porque la extensa venta, -el gigantesco anuncio y el renombre universal que ya -tenia la coleccion Baudry, me hicieran conocido como -poeta fuera de mi patria. A pesar de que mi padre, encerrado -en nuestro solar de Castilla, no habia vuelto á -darme noticias suyas, esperaba yo que esta prueba honrosa -de aprecio de la librería editorial francesa para su -hijo, le convenceria, por fin, de que no era menester -que me doctorara en Toledo y de que ya no habia ra<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>zon -de cerrarme la casa y los brazos paternos. En esta -esperanza viví en París desde Julio a Noviembre, estudiando -y trabajando en mi <i>Granada</i> y dividiendo mi -tiempo entre las bibliotecas y los teatros, esquivo como -en España, á la sociedad banal de las visitas y la chismografía, -y un poco en contacto con la sociedad del -arte y de las letras.</p> - -<p>La redaccion de <i>La Revista de Ambos Mundos</i> me -acogió con simpáticos obsequios, y sus redactores Charles -Mazzade, Paulino de Lymerac y Xavier Durrieux -fueron mis amigos y comensales; y por mi influencia y -la de Juan Donoso, que fué despues nuestro embajador, -empezaron á publicarse en aquella importante <i>Revista</i> -artículos sobre España, en los cuales comenzaba á probarse -á los franceses que el Africa no empieza en los -Pirineos. Pitre Chevalier, director del <i>Museo de las Familias</i>, -se empeñó en publicar en él mi retrato y mi -biografía, y lo hizo, como francés, sin atender á mis -justas y modestas observaciones. Convirtió mis breves -notas biográficas en una fantástica novelilla, y Mr. Pauquet, -el primer dibujante de aquel tiempo, recibió su -órden de retratarme embozado en mi capa española y -mirando de perfil al cielo, como un D. Juan Jerezano -que espera que se le aparezca su Dulcinea en el balcon -para decirla: «por ahí te pudras». No era posible que -mi retrato indicara que era de un poeta español, si no -tenia capa y si no buscaba con la vista la inspiracion -del Espíritu Santo; y aún le quedé agradecido á que no -me pusiera una guitarra en la mano, de lo que creo que -me libró solo su afan de embozarme.</p> - -<p>En aquel retrato, correcta y francamente dibujado, y -por aquella biografía, <i>bizarramente detallada</i> á la parisienne, -no me conoce la madre que me parió; pero no<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span> -por eso quedó ménos agradecido el español á la buena -intencion del francés.</p> - -<p>Trás estos necesarios precedentes, pasemos una rápida -ojeada por los últimos y sombríos cuadros de estos -mis tristes recuerdos del tiempo viejo.</p> - -<p>Entre los conocimientos que hice y renové por entónces -en París entre Dumas padre, Jorge Sand (Mme. du -Devant), Alfred de Musset y Teophile Gautier; entre -embajadores, editores, escritores, emigrados, cómicos -y bailarinas; entre Fernando de la Vera, la Rachel, la -Rose Chery, Frederik Lemaitre, Giusseppe Multedo, -Zariategui y otros emigrados liberales y carlistas, italianos -y españoles, se me vino á los brazos uno de estos, -el más honrado y divertido andaluz que la tierra de María -Santísima y la tenacidad carlista echaron á Francia. -Era este D. Fernando Freyre, pariente próximo del general -del mismo apellido, adherido no sé muy bien -cómo á la corte de Fernando VII, de quien elegia los -caballos y para quien iba á buscar los toros; amigo de -los ganaderos, amparador de los <i>diestros</i>, y el primer -inspector de la escuela taurómaca sevillana, institucion -de aquel Sr. Rey, que santa gloria haya.</p> - -<p>Fernando Freyre no habia sido nada importante ni -influyente, ni en la corte huraña y recelosa de las camarillas -y apostasías políticas del difunto Rey, ni en la -trashumante de D. Cárlos María Isidro de Borbon, segundo -Cárlos V en Oñate; pero en ambas habia sido recibido -y estimado por todos, incluso por mi padre, porque -tenia uno de los mejores corazones y uno de los -caractéres más alegres y más iguales del mundo. Realista -por conviccion, no transigió nunca con las modernas -ideas liberales, ni quiso jamás acogerse á amnistía -ni indulto alguno; pero jamás odió, ni esquivó siquiera<span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span> -el saludo, á ningun liberal emigrado ó viajero con quien -en tierra extranjera se topara, siendo de todos los españoles -sinceramente apreciado y noblemente acogido por -los legitimistas franceses. Con apoyo de éstos, no temió -ni le avergonzó establecer un pequeño y privado depósito -de vinos, pasas, caldos y frutos de Andalucía, que -aquellos le compraban; y con los setenta á noventa duros -que este oscuro comercio le producia, vivia modesta -y honradamente en la mejor sociedad de la <i>legitimidad</i> -francesa y de la aristocracia española. Establecido -ya de años en París, y encargado por sus amparadores -de toda clase de comisiones, era conocido en el comercio -y conocia á París, como un <i>commis-voyageur</i> á -quien comprar en la tienda ó en el taller, puede producir -legal y honrosamente un tanto por ciento más crecido -de utilidad. Por uno de estos encargos dimos allí -uno con otro, y por las horas buenas que le debo, me -complazco en consagrarle cariñosamente estas líneas en -mis recuerdos.</p> - -<p>Era ya por entónces hombre de más de sesenta años; -pero ágil, robusto y colorado, con sus patillas blancas -de <i>boca-é-jacha</i> y su sombrero sobre la oreja derecha, -corria por las calles <i>recortando</i> los coches y evitándolos -apoyándose en la saliente lanza, como quien pone rehiletes -de sobaquillo, porque todo lo hacia y lo hablaba -á lo torero y lo macareno; y asombraba el verle cruzar -los <i>boulevarts</i> sin tropezar ni vacilar entre la multitud -de carros, ómnibus y coches que de contínuo los obstruyen. -Todo era en él extraño y original; en su negocio -no tenia más que un empleado, y éste tenia las más -incompatibles cualidades: era polaco, judío, carlista, fiel -y discreto; hablaba un castellano aprendido en Vizcaya, -tan disparatado como el francés que hablaba Freyre, y<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span> -entre los dos me decian despropósitos imposibles de reproducir. -Yo llamaba tio á Freyre; y cuando mi familia -me dejó solo en París, me fuí á vivir al hotel de Italia, -frente á la Opera-cómica, en cuyo piso tercero habitaba -Freyre un pequeño aposento, compuesto de sala, gabinete -y alcoba, y atestado de botellas y cajas. Cuando -mi trabajo asíduo y sus compromisos con sus anfitriones -nos dejaban libres las noches, comíamos juntos, y las -concluíamos en el teatro, en algunos de los cuales tenia -yo entradas libres, como escritor extranjero con editor -en Francia.</p> - -<p>Llegó así Noviembre, y ya tenia yo apalabrados contratos -para imprimir mi poema de Granada, y pagábanme -ya no escasamente la prosa y los versos que para -sus publicaciones de América me pedian, cuando se -acordó Dios de mí, como dicen los católicos, enviándome -una de esas desventuras que envenenan y enturbian -para toda la vida el manantial amargo de la memoria.</p> - -<p>Pedíame de Madrid mi primo P., consócio mio, con -Rafael X, una cadena de relój igual á otra mia, que era -una cinta hecha con mil pequeñísimos cilindros de oro -engarzados y giratorios en una red de ejes, de tan prolijo -trabajo, como maravillosa flexibilidad. Averiguó -Freyre el domicilio del obrero que para el platero los -trabajaba, y nos acostamos conviniendo en que á la mañana -siguiente muy temprano iríamos á comprar ó á -encargar la demandada cadena.</p> - -<p>Habíanme regalado en Burdeos un <i>necessaire</i> de ébano -fileteado de marfil, que garantizado por una guadamacilada -funda de cuero, llevaba yo á la mano y servia -en nuestros viajes de escabel á mi mujer. Al levantarme -al dia siguiente, híceme la barba segun costumbre<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span> -con las navajas y ante el espejo de aquel <i>necessaire</i>, y -llamando Freyre á mi puerta y dándome prisa, porque -él la tenia de acudir á sus negocios despues que al mio, -vestíme apresuradamente y partí con él; dejando las -navajas sobre el velador y el espejo colgado en la escarpia, -que para ello tenia puesta á mi altura en el -marco de la vidriera.</p> - -<p>Fuimos hasta el final del Faubourg de San Dionisio; -hallamos y compramos el objeto pedido, acompañé á -Freyre á tres ó cuatro puntos que tenia que recorrer, y -volvimos juntos al hotel de Italia.</p> - -<p>Pedimos al conserje nuestras llaves, pero la mia no -estaba en el llavero; en vez de dejarla en él al salir, me -la habia llevado en el bolsillo. Al entrar en mi cuarto, -exclamó Freyre: «Mal agüero, zobrino: aquí han andado -loz menguez en auzencia nueztra: mira:»—y me -mostró el espejo hendido trasversalmente de arriba á -abajo.—Reíme yo de su supersticiosa observacion, y -llamé al camarero; el cual respondió á mis reclamaciones -diciendo, que ni él habia podido <i>hacer</i> mi cuarto, -ni nadie entrar en él, porque yo no habia dejado la llave -en la conserjería.</p> - -<p>«¡Mal agüero, zobrino, mal agüero!» Seguia Freyre -rezungando entre dientes, y yo, que no creo más que -en Dios, le hice observar que al cerrar la puerta de golpe, -la vibracion de las vidrieras produjo probablemente -el choque y rotura del espejo; y que teniendo los dueños -de los hoteles dobles llaves por mandato expreso de -la policía, tal vez el no haber yo dejado la mia llamó la -atencion, abrieron sin precauciones la puerta y ocasionaron -el fracaso.</p> - -<p>Freyre tragó como pudo mi explicacion; y teniendo -ambos el dia libre, nos fuimos á almorzar á la taberna<span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span> -inglesa de la calle de Richelieu, con la intencion de ir -á las dos al hipódromo del Arco de la Estrella.</p> - -<p>Almorzamos tranquilamente, y habiendo encontrado -Freyre en el fondo de una botella de Chambertin, un -raudal de andaluza verbosidad y un tesoro de alegría -juvenil, salíamos cruzando el patio como estudiantes -que hacen novillos, cuando dimos de manos á boca con -un sobrino del banquero A. B., que en el piso principal -de aquella casa tenia su escritorio establecido. «Del cielo -me caen Vds.—exclamó al vernos—y me ahorran -un viaje. Hace dos dias que tenemos una carta de España -para el Sr. Zorrilla, y á llevársela iba; por cierto -que trae luto y la apostilla de urgente. Aquí está.»</p> - -<p>Y presentóme la carta, que me hizo palidecer. Era de -mi padre y revelaba en sus cuatro líneas su extraño carácter, -y lo más dolorosamente extraño de nuestras relaciones.</p> - -<p>Decia:</p> - -<p class="i2">«Pepe, tu pobre madre ha fallecido hoy á las tres de -la madrugada; tú verás si te conviene venir á consolar -á tu afligido padre</p> - -<p class="right smcap">José.</p> - -<p>No puedo decir lo que sentí ni lo que hice en aquel -momento.</p> - -<p>Aquella noche rompí mis contratos y retiré las palabras -dadas á los editores franceses; y á la mañana siguiente, -rompiendo con mi porvenir, emprendí mi vuelta -á España y al paterno hogar, cuyas puertas me abria -la muerte por la tumba del sér más querido de mi corazon.</p> - -<p>Dejé á Freyre llorando en la estacion, y repitiendo<span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span> -lo que desde el dia anterior le habia oido rezungar muchas -veces por lo bajo: «Sí, dicen bien las gitanas de -Triana: que el diablo ez quien inventó loz ezpejoz, y -que anda ziempre entre el azogue é zuz criztalez.»</p> - -<p>Yo partí viendo á través de mi espejo roto el rostro -adorado del cadáver de mi madre, cuyo último suspiro -no me habia permitido recoger Dios.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<h2>XXIV.</h2> - - -<p>Tenia mi padre gran fuerza de voluntad y absoluto -dominio sobre sí mismo; pero no pudo dominar su -emocion en el momento de volverme á ver en su -casa y por tan doloroso motivo. Nos abrazamos llorando: -él fué el primero que se repuso y volvió á la -prosáica realidad de la vida.—«Vienes muy cansado:—me -dijo—no agravemos el mal que no tiene ya remedio. -Come y reposa: la naturaleza es un tirano irresistible: -tenemos tánto tiempo como razones para contristarnos; -pero en este instante nuestro dolor está endulzado -por la alegría, y no podemos ni alegrarnos ni condolernos, -sin asustarnos de nuestra alegría como de nuestra -pena.»</p> - -<p>Y era verdad; los recuerdos alegres de la niñez que -poblaban aquella casa, la satisfaccion de volver á respirar -en aquellos aposentos, la vista de aquellos muebles -tan conocidos, el servicio de aquellos antiguos criados -tan leales, y la presencia, en fin, de mi padre, tan firme, -tan erguido y tan vigoroso, que iba y venia dando á -aquellos las órdenes necesarias, me tenian en un estado -de arrobamiento que me impedia darme cuenta de mí<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span> -mismo; me sentia tan impulsado á llorar como á reir; y -la imágen de mi madre muerta se me ocultaba y casi -desaparecia tras de mi padre vivo. Acompañóme éste -durante un ligero almuerzo que preparado me tenia; me -habló del estado en que habia hallado sus viñas, de las -mejoras que habia hecho en el cultivo de los viñedos y -de las que necesitaba la casa; ni una palabra de mi madre; -ni la más leve alusion á mi vida pasada: ni la más -mínima esperanza para el porvenir. Yo volvia á casa de -mi padre, no á la mia; así lo habia yo entendido, y -volvia resuelto á respetar todos los derechos y á acatar -todas las disposiciones de mi padre, sin permitirme la -más nimia observacion: puesto que al abandonar á mi -familia en 1836, habia yo renunciado á todos mis derechos -de hijo y de heredero, dando á mi padre el de hacer -de su hacienda lo que más á cuenta le viniere, como -si Dios le hubiera quitado por muerte natural el hijo que -civilmente murió, al fugarse del paterno hogar en brazos -de su locura. Tal era mi respeto por mi padre, tales la -justicia y las facultades omnímodas con que yo mismo le -habia investido; y si le hubiera dado por ser jugador y -vicioso, yo me hubiera empeñado y vendido á Satanás -por pagar sus deudas ó mantener sus concubinas. Yo -no le pedia, al volver á mi casa, más que un poco de -cariño y el perdon de aquellos dramas y leyendas mias, -por los cuales habia tirado por la ventana las Pandectas -y las Novelas de Justiniano.</p> - -<p>Y fueron transcurriendo los dias, y fuéme él llevando -á ver las bodegas y los plantíos; y mostróme deseos de -adquirir unos solares de casas quemadas por los franceses, -que lindaban con la nuestra por Mediodía y Poniente, -con lo cual se la añadiria un amplio jardin cercado, -logrando hacer de ella la mejor y más cómoda de mu<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span>chas -leguas á la redonda; y como me diese á entender -que las dos cosas que le hacian desistir de la adquisicion -de aquellos solares eran, la primera, que yo no querria -venir á vivir allí nunca, y la segunda, que él no estaria -ya nunca sobrado de dineros; porque el laboreo de las -fincas y algunos atrasos contraidos en sus seis años de -emigracion absorberian todas sus rentas, ofrecíle yo la -suma de que menester hubiese; asegurándole que mi -única ambicion era la de vivir allí con él y hacerle lo -más agradable posible aquella mansion, con la cual habia -soñado siempre, y la cual me habia siempre imaginado -como un oasis de reposo en el desierto de mi vida -de trabajo y de abnegacion.</p> - -<p>No creí, me dijo, que tal pensaras; pero si es como -dices, voy á decirte lo que sé y pienso: ni los dueños de -esos solares, ni nosotros, que queremos adquirirlos, sabemos -bien, ellos lo que van á vender y nosotros lo que -vamos á comprar. Escucha.</p> - -<p>Fuí yo uno de los jefes del batallon de estudiantes -Palentinos que contra los franceses se levantó á fines -de 1808. Una noche, sabiendo que avanzaba una division, -nos emboscamos en el puente con aquella audacia inconsciente -que nos hizo hacer lo que á pensarlo y comprenderlo -no hubiéramos hecho. Al amanecer apareció -una descubierta de coraceros, que con aquella confianza -petulante que perdió á los franceses de Napoleon en España, -entró sin precauciones en el largo y tortuoso -puente de veintiseis ojos, que enlaza las dos riberas del -rio y el camino real con esta villa. La vanguardia venia -aún muy léjos, veiamos apenas el polvo que levantaba. -Los coraceros y sus caballos nos sintieron debajo de -ellos ántes de haber podido vernos enfrente; y encabritándose -los caballos y empujando nosotros por los piés<span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span> -á los ginetes, calzados con grandes é inflexibles botas, -los arrojamos al agua desequilibrándoles con el peso de -sus cascos y sus corazas. Algunos de los últimos, que -volvieron grupas, dieron la alarma á los de la vanguardia; -pero cuando llegaron al puente, no hallaron más que -algunos muertos y apercibieron en el agua algunos ahogados, -cuyos cadáveres arrastraba la corriente. Los estudiantes -montados en sus caballos y armados con sus -carabinas, entrábamos en el páramo sin temor de que -nos siguiesen.</p> - -<p>Pero pegaron fuego á Torquemada; y ese terreno -elevado que desde el balcon estás viendo, cubre los escombros -de cinco casas, cuyos cimientos y primer piso -eran de piedra labrada, que nadie ha desenterrado.</p> - -<p>Hay además cegados cinco pozos de los cinco corrales -á cada casa anejos; y entónces todo castellano que -huia al monte, echaba al pozo la poca plata y alhajas -que poseia; no habrá ahí riquezas, pero sí plata y piedra -para indemnizar el desembolso del comprador.</p> - -<p>No podia yo permanecer en Torquemada, y al cabo de -un mes volví á Madrid. Acababa de establecerse en la -corte la sociedad editorial <i>La Publicidad</i>, de la cual era -uno de los directores D. Joaquin Francisco Pacheco, -quien ya he dicho que con Donoso Cortés y Pastor Diaz -habia sido mi primer amigo y amparador. Propuse la -compra de la propiedad de mi <i>Granada</i>; y en dos mil -duros por tomo, cerré y firmé el contrato, debiendo presentar -mi manuscrito por medios tomos y cobrar mil -duros por cada mitad.</p> - -<p>Empecé á enviar dinero á mi padre, que con él compró -los solares, pero no los tocó; intactos los hallé yo al -verano siguiente, cuando invitado por él fuí con mi mujer -á hacerle compañía.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span></p> - -<p>Mi padre ofreció á ésta las llaves y el gobierno de la -casa; yo me opuse diciéndole que su ama de llaves y -sus criados eran de su completa confianza, y que mi -mujer y yo no éramos más que unos huéspedes por -aquel verano.</p> - -<p>Pagóse mi padre y más su servidumbre de aquella -confianza nuestra; comencé yo á convertir el corral en -jardin, y gozaba mi padre viéndome cavar y trasplantar -frutales, y abrir arriates para las flores. No hice yo de -aquel corralon de lugar un jardin de Falerina; pero al -ménos veíase desde los balcones algo muy diferente del -muladar en que convierten sus corrales los labriegos -descuidados de nuestra mal cuidada Castilla.</p> - -<p>Fuimos y volvimos dos veces de Torquemada á Madrid -y de Madrid á Torquemada, y en la corte volví á -poner casa por consejo de Tarancon, á quien su cargo -de senador volvió á traer á Madrid.</p> - -<p>La sociedad de <i>La Publicidad</i> se extendió mucho y -no pudo abarcar tánto; llevaba yo presentado tomo -y medio de mi poema, y habíanme dado, por órden de -Pacheco, hasta setenta y dos mil reales; pero husmeando -la liquidacion próxima, y no queriendo que mi manuscrito -pasara á manos desconocidas, suspendí la -entrega de original, con la intencion de rescatar la propiedad -de mi manuscrito, por una transaccion ventajosa, -cuando la liquidacion llegara.</p> - -<p>Extendia entre tanto sus negocios el editor Gullon; y -habiéndome pedido un libro de la Vírgen, consultado el -caso con Tarancon, y fiado en sus consejos, ofrecí á -Gullon el poema de María en seis meses y en treinta y -dos mil reales; pero siendo Madrid el punto del Universo -en que más tiempo se pierde y más holgazanes encuentra -con quienes malgastarlo el hombre que lo necesita,<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span> -tomé en el Pardo y en la Casa de Infantes un aposento, -que empapelé y amueblé, y retiréme á trabajar en -aquella arbolada y jabalinesca soledad. Pasábame allí -las semanas enteras: los sábados me enviaban mi mujer -y mi primo los caballos, y venia á pasar á Madrid los -domingos. Escribíame poco mi padre, porque tenia -gota y mal pulso y costábale mucho el llevar la pluma; -y escribíale yo tambien muy poco, porque estaba muy -cansado de tener entre los dedos contínuamente la mia. -Sabia él de mí que trabajaba en un libro de la Vírgen; -sabia yo de él que la gota le tenia en descuido de la -hacienda que habia en parte arrendado, y en el endiablado -humor en que la podagra pone á quien la padece; -y sabia de ambos el bueno de Tarancon, porque de -ambos se ocupaba y á mi padre escribia, miéntras yo -algunas veces le visitaba; y así corrió el invierno de 48, -preguntando yo á mi padre si necesitaba de mí, y contestándome -él que no valia su mal la pena de que yo -interrumpiera mi trabajo.</p> - -<p>Conservaba yo roto, y así de él me servia, aquel malhadado -espejo de mi <i>necessaire</i> que se me rompió en París, -y cuya rotura dió tánto á Freyre que rezungar; pero -habiéndose desprendido uno de los dos trozos de su -cristal por un costado, adherido sólo al carton en que -encuadrado estaba por su parte superior, hacíase ya tan -engorroso como arriesgado el servicio del tal espejo; y -como conservábale yo roto por mero recuerdo del mal -dia en que se rompió y no por supersticioso empeño, -que Dios, en quien solamente á puño cerrado creo, me -ha librado de creer en agüeros ni supersticiones de ninguna -especie, determiné al fin renovar el espejo, ya que -el <i>necessaire</i> era en verdad prenda que merecia tenerse -completa. Vivia yo en las casas de Santa Catalina de la<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span> -calle del Prado, y hallábase establecida una fábrica de -espejos en donde hoy lo está el Casino Cervantes; llevó -mi mujer misma el carton en que el roto estaba encuadrado, -y en él la pusieron otro espejo de la exacta medida, -prometiéndosele para el lunes: pero no se lo llevaron -hasta el martes. El azogado cristal nuevo encajaba -perfectamente en el hueco para él hecho en el fondo de -la tapa del <i>necessaire</i>; coloquéle en su lugar, púsele encima -la almohadilla que le garantizaba contra choques y -movimientos, y cerrado el <i>necessaire</i>, forcé la tapa para -hacer girar la llave: pero al forzarla, sentí crugir algo -dentro; el espejo se habia vuelto á romper; yo habia dejado -por debajo del cristal uno de los pasadores que por -arriba le sujetaban.</p> - -<p>Resignéme á tenerlo roto y me volví á mi escondite -del Pardo, y volví á emprenderla con el libro de la Vírgen. -Era un martes. Mi familia no iba nunca á verme al -Pardo; yo la pedia ó ella me enviaba los caballos ó un -carruaje, pero nunca en dia de entre semana, sinó en -sábado ó en domingo. El jueves habia yo concluido -un capítulo; hacia un tiempo delicioso y salí á hacer -ejercicio ántes de comer, en compañía de un guarda -que en tales casos me servia de cicerone. A mi vuelta -hallé un coche en el patio de la casa y á mi mujer -esperándome en mi aposento. Volvia yo contento de -mi paseo, porque lo estaba de mi trabajo, y alegremente -abracé á mi mujer y á la persona de su familia -que la acompañaba.</p> - -<p>La mesa estaba puesta: sentíame con apetito, y comencé -tranquilamente á dar cuenta solo de mi pitanza, -de que los recien venidos rehusaron participar, y pasé -distraido las primeras cucharadas de la caliente sopa: -pero al notar de repente el silencio tan sombrío como<span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span> -desusado de mi familia, asaltóme un siniestro presentimiento, -y exclamé inquieto:</p> - -<p>«¡Dios mio! ¿Qué sucede, que venís tan tristes y tan -pronto?</p> - -<p>—Nada, pero es preciso que vengas con nosotros.</p> - -<p>—¿Por qué?</p> - -<p>—Porque... ha llegado una carta de Torquemada...—y -al decir esto, mi buena mujer rompió á llorar sin -poderse contener.</p> - -<p>No recuerdo si el del espejo roto fué lo que excitó en -mi mente la tremenda idea: «¡Ha muerto mi padre!»—exclamé -angustiado.</p> - -<p>—No, todavía no—se arriesgó á decir mi mujer; pero -como esto, por vulgar que sea, es lo primero que suele -ocurrir á todo el mundo decir en casos semejantes... -no me quedó ya duda de mi desventura, y otra idea -más tremenda envolvió mi espíritu en las tinieblas de -otra duda que sumia mi alma en la más impía desesperacion.</p> - -<p>«¡Mis padres mueren, me dije á mí mismo, sin llamarme -en su última hora! ¡Dios me deja sobre la tierra -sin el último abrazo y sin la bendicion de mis padres!... -¿Qué le he hecho yo á Dios? ¿Están malditos mis pobres -versos?»</p> - -<p>Recogí los que llevaba escritos de la Vírgen y me volví -á Madrid y á casa de Tarancon, á quien ya no hallé: -hacia dos dias que habia salido para su diócesis.</p> - -<hr class="chap" /> - - -<h2>APÉNDICE A ESTE TOMO.</h2> - - -<p>Razon suficiente da el prólogo de este libro de mi venida -y permanencia actual en Barcelona: pero por -torpe é ingrato deberia tenerme, si yo cerrara este -libro sin dar á sus habitantes las gracias por el recibimiento -que en su ciudad me han hecho, y el -hospedaje que en ella me han dado.</p> - -<p>Atemorízame y apócame sin embargo el miedo de no -acertar con palabras que espresen mi gratitud, y pesárame -en el alma que, con las que voy á escribir, pareciese -que sólo intento darme importancia, y prolongar -el ruido que esta especie de resurreccion mia ha levantado -en la capital de Cataluña.</p> - -<p>A ella llegué el 30 de Octubre, y su pueblo se aglomeró -en el teatro para saludarme; pero con tan cordial -cariño, con tan franca espontaneidad, que no en mis -oidos sinó en mi corazon resonaron los aplausos que, de -pié y vueltos al palco que ocupaba, me dirigieron los -espectadores. ¿Quién era yo, qué habia yo hecho para -merecerlos de Barcelona? Aún puedo apenas comprenderlo; -y las lágrimas, que como aquella noche anublaron -mis ojos, vuelven á enturbiar mi vista ahora que, con -infinito agradecimiento, en estas líneas hago de aquella -escena tal vez inoportuna conmemoracion.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span></p> - -<p>No espero que nadie de mí se mofe ni me avergüence -por mis lágrimas de gratitud, ni por consignar aquí con -la más sincera los obsequios de que fuí objeto y los -nombres de los que me los prodigaron.</p> - -<p>El 1.º de Noviembre apareció en Madrid, en el número -1841 de <i>El Globo</i>, un tan curioso como oportuno -y por mí no esperado artículo, prohijado por la redaccion, -puesto que aparece de fondo y sin firma, en el -cual me considera como un muerto que sobrevive á su -gloria y asiste á su apoteósis desde una butaca del salon -de espectáculo; ¡Dios mio! si la redaccion de <i>El Globo</i> -me hubiera podido honrar con su compañía en mi palco -del teatro Principal de Barcelona el 30 de Octubre, hubiera -comprendido lo poco que estimo mis obras, pero -tambien la escitacion febril que me producia el placer -de recibir aquella ovacion del público de Barcelona. -¡Gracias á quien quiera que aquel original artículo me -escribió en ocasion tan oportuna; gracias á la redaccion -que lo aceptó por suyo, y gracias (si le hay) á su trás -ella escondido é invisible inspirador.</p> - -<p>El <i>Diario</i> literario de avisos de Barcelona, copió este -artículo de <i>El Globo</i> en su número del jueves 4; y en el -del viernes 5 de <i>La Crónica de Cataluña</i> apareció otro -afectuosísimo de D. Teodoro Baró, á quien seria imposible -que yo expresara mi reconocimiento por tal escrito, -en frases que á las suyas correspondieran. Baró siente sin -duda por mí algo que no se puede comparar más que -con un amor de niño: con una sencillez infantil, y una -fraternal familiaridad se ocupa de mi faz, de mi traje, -de mis costumbres, hasta de mis intereses; recordando -en su artículo que cómo y pago alquiler de casa, y que -no es justo que se me reimpriman mis obras como si -fueran propiedad de todos, impidiéndome utilizar sus<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span> -productos, para probarme la inmensa popularidad que -me han adquirido. Baró trata de mí, de mis obras, de -mis acciones y hasta de mis sentimientos íntimos y de -mis pensamientos recónditos, con una discrecion, con -una delicadeza, con un decoro y con un respeto, que no -fueran mayores si él fuera padre, hijo ó hermano del -viejo poeta, á quien honra con el artículo en que le da -tan cordial bienvenida. Yo ocupo, por lo visto, en el -alma de Baró un lugar entre sus creencias: leyó de niño -mis versos, se familiarizó conmigo desde muy muchacho, -aprendió sin duda al mismo tiempo el Catecismo -y mis <i>Cantos del Trovador</i>, el Padre nuestro y <i>El reló</i>, -la Historia de España y <i>Margarita la Tornera</i>, y ahora -tiene de mí la misma idea que de los personajes históricos -y de las imágenes religiosas, que entran en nuestro -espíritu con los primeros rudimentos de nuestra primera -educacion. Y ¿qué voy yo á responder á los artículos de -Baró? ¿Cómo voy yo á corresponder á esta especie de -veneracion innata que por mí siente? Con palabras es -imposible: no las encuentro; con versos, ya no puedo, -porque ya no los hago: con visitas, con cumplidos, con -banalidades sociales, seria bajarme yo mismo cantando -las peteneras del altar en que Baró me tiene en su corazon -colocado; tengo pues que callar, consagrándole en -el mio una silenciosa gratitud.</p> - -<p>Alonso del Real, en los lunes de <i>La Gaceta de Cataluña</i>, -hoja literaria del 25 del mismo mes de Noviembre, -me dió por un poeta sin rival, indiscutible, indeclinable, -digno y capaz de vivir sin decadencia ni senectud -los años matusalénicos; la redaccion de <i>La Publicidad</i>, -en su número del 7, compuso su artículo de fondo con -mi biografía encomiástica, y encuadró mi retrato en su -primera página: y ¿cómo voy á corresponder á tan be<span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span>névola -acogida? ¿Enviando á Alonso del Real y á los redactores -de <i>La Publicidad</i>, y á los de <i>El Diluvio</i>, y -del <i>Diari Catalá</i> y de <i>La Ilustracion Catalana</i>, y <i>El -Correo Catalan</i>, mis tarjetas ofreciéndoles mi casa y -dándoles las Páscuas y acompañándolas con un pavo?—Tengo, -pues, que encomendarme á Dios y al tiempo, -que me deparen una ocasion de probarles mi agradecimiento; -y ellos tendrán que darse por contentos y satisfechos -con estas pocas y desaliñadas frases.</p> - -<p>Pero hay algo más difícil aún de recibir y de aceptar -que los escritos encómios: estos, al cabo, se leen á -solas, y los que los han escrito no ven la cara que al -leerlos pone aquel en loor de quien los escribieron. El -Presidente del Ateneo, D. Manuel Angelon, me preparó -una velada literaria: en ella hizo el Presidente de su -seccion de literatura, Sr. Feliu y Codina, mi presentacion -al Ateneo en un discurso floridísimo, durante el -cual no sabia yo qué continencia tomar. El poeta D. Enrique -Freixas, me dedicó unos endecasílabos, de cuyas -ideas soy yo el único que no puede hacer mencion: el -jóven Mata y Maneja, me probó que habia tomado por -un género de poesía mis extravíos fantásticos y mis delirios -métricos, en uno tan intrincado que me pareció -mio; y por último, el Ateneo me regaló una magnífica -medalla de plata, que no pude colocar en ningun bolsillo -por temor de que con su peso me lo desgarrara.</p> - -<p>La Sociedad «Romea» dió una funcion en obsequio -mio, en el Teatro Catalan del mismo nombre y me ofreció -una corona.</p> - -<p>La Sociedad «Latorre» me dedicó otra, y otra la Sociedad -«Cervantes;» y por fin, dióme la de «Romea» -una segunda fiesta, poniendo en escena mi <i>Sancho García</i>; -en cuya representacion pusieron los actores más<span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span> -esmero y dieron á la obra mia más relieve de los que -acostumbran hoy los que por primeros se consideran; -y me inundó el escenario de flores y de laureles.</p> - -<p>El Sr. D. Santiago Vilar, en una velada de despedida, -me presentó á los alumnos de su colegio, como -modelo de yo no sé cuántas cosas: los niños pasaron la -noche entera en recitar versos mios, lo que probaba que -habian pasado un mes estudiándolos y pensando en mí; -el Sr. Obispo de Avila me abrazó en público por los -que yo recité; y no sé yo lo que pensar pudieron los espectadores -que atestaban aquel salon de aquel abrazo -episcopal, dado con cariñosa efusion al poeta más desatalentado -del siglo. Presentáronme en un estuche una -joya preciosa, primoroso ejemplar de cinceladura, en -cuyo trabajo de argentería son estremados los artistas -barceloneses; y despues de un refrigerio, necesario para -reponer en los vasos linfáticos la saliva gastada en tan -prolongada lectura, salimos de aquella conmovedora -fiesta de la niñez, presidida por un ilustre prelado, á -deshora de la noche, como viciosos que á su casa vuelven -ruidosamente de madrugada, calmando la inquietud -de su desvelada familia é interrumpiendo el tranquilo -sueño de sus honrados vecinos<a name="FNanchor_3" id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>.</p> - -<p>A este mes entero de fiestas y regalos, no puede el -viejo poeta corresponder más que apuntando rápidamente -en este apéndice lo sucedido. He protestado mil -veces contra mis públicas exhibiciones; pero Barcelona<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span> -como Valencia, á manera de muchachas locas enamoradas -de un viejo, han pedido á gritos mi presentacion -en los teatros: he alegado los sesenta y cuatro años que -me apocan y enronquecen, y Barcelona me ha dicho: -«que no; que yo no tengo edad y que canto como un -ruiseñor.» He tenido que acudir al Dr. Osío para que -me azoara la glotis, y Barcelona ha escuchado como -sonora y argentinamente timbrada mi voz perdida, y -ha aplaudido frenética, como si nunca los hubiera oido, -mis versos tan viejos como yo. A esta idea preconcebida, -á este partido tomado, á este cariño maternal de -Barcelona, ¿qué puedo, qué debo yo ofrecer en accion -de gracias? Dejarme querer, y seguir trabajando en silencio, -y en la duda afanosa de si la posteridad sancionará -los aplausos, la predileccion y el juicio con que -Barcelona me acepta y me recibe en su seno.</p> - -<p>Me he limitado, pues, á escribir estas cuatro vulgares -páginas; y como ya no hago versos dos años hace, -y el molde en que los vaciaba está ya enmohecido y -agujereado, no he sabido más que hilvanar con unos -que hice á Valencia, mi madre adoptiva, y otros que me -ha inspirado mi gratitud á Barcelona, una estrafalaria -poesía, que aquí publico como recuerdo de mi madre y -homenaje á la Ciudad Condal. Carece completamente -de mérito literario, y la presento sin pretension alguna: -es sólo un ejemplo de lectura, en la cual colocados los -alientos y dilatados sus períodos para ser leida por mí, -tal vez sólo mi arte de alentar la hace escuchar sin fatiga, -y tal vez sólo en mi boca tiene armonía su dislocada -metrificacion. Creada en el corazon más que imaginada -en el cerebro, espero que sólo con el corazon -me la acepten y me la juzguen Valencia y Barcelona.</p> - -<hr class="chap" /> - - - -<h2>BARCELONA Y VALENCIA.<br /> - -<span class="medium">LECTURA HECHA POR EL AUTOR EN BARCELONA.</span></h2> - - -<h3>I.</h3> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona y Valencia son dos hermanas;</div> -<div class="line">y reclinadas ambas del mar á orillas</div> -<div class="line">como dos garzas blancas, son dos sultanas</div> -<div class="line">que tremolan bandera de soberanas</div> -<div class="line">sobre ricas ciudades y alegres villas.</div> -<div class="line">Yo soy huésped en ambas bien recibido;</div> -<div class="line">y en las villas que de ambas son comarcanas,</div> -<div class="line">voy y vengo á mi antojo, paso ó resido:</div> -<div class="line">y dó quier, campesinas ó ciudadanas,</div> -<div class="line">á mí, poeta viejo de las Castillas,</div> -<div class="line">al par Barcelonesas y Valencianas,</div> -<div class="line">desde las pobres huérfanas á las pubillas,</div> -<div class="line">me reciben alegres y oyen ufanas</div> -<div class="line">mis romancejos godos y mis coplillas,</div> -<div class="line">que son mitad muzárabes, mitad cristianas:</div> -<div class="line">y desde las más cándidas y más sencillas</div> -<div class="line">payesas á las damas más cortesanas,</div> -<div class="line">donde á cantar me paro, niñas y ancianas,</div> -<div class="line">oyendo de mis cuentos las maravillas</div> -<div class="line">sonríen al poeta y honran sus canas.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Así que en Barcelona como en Valencia,</div> -<div class="line">dó quier que me preguntan «y tú ¿quién eres?»</div> -<div class="line">digo con ciertos humos de impertinencia:</div> -<div class="line">«Soy el viejo poeta de las mujeres.»</div> -<div class="line i5">Pero en conciencia,</div> -<div class="line">¿Qué soy de Barcelona? ¿Qué de Valencia?</div> -</div></div></div> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span></p> - -<h3>II.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza1"> -<div class="line i1">Yo de los valencianos hijo adoptivo,</div> -<div class="line">considero á Valencia como á mi madre;</div> -<div class="line">mas cuando á Barcelona vengo, aquí vivo</div> -<div class="line">como si aquí tuviera casa mi padre.</div> -<div class="line">Aquí y allí de raza ni de abolengo</div> -<div class="line">no, sinó de cariño títulos tengo;</div> -<div class="line">allí y aquí mis versos en castellano</div> -<div class="line">me dan fuero y derechos de ciudadano,</div> -<div class="line">porque á mi vieja musa mora-cristiana</div> -<div class="line">Cataluña y Valencia ven como hermana.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mas no es mi vida en ambas muy regalona,</div> -<div class="line">pues aquí y allí vivo como la ardilla</div> -<div class="line">en inquietud perpétua: se me eslabona</div> -<div class="line">una con otra fiesta; de villa en villa,</div> -<div class="line">de teatro en teatro se me pregona;</div> -<div class="line">voy y vengo sin tiempo de tomar silla:</div> -<div class="line">por dó quiera me dicen: «<i>¡parla! ¡enrahona!</i>»</div> -<div class="line">yo suelto de mis versos la taravilla,</div> -<div class="line">y dó quier mi presencia fiesta ocasiona:</div> -<div class="line">porque aquí y allí paso por maravilla,</div> -<div class="line">porque escribí el <i>Tenorio</i>, que es quien me abona</div> -<div class="line">lo mismo en Cataluña que por Castilla;</div> -<div class="line">y aquí, cuando en las calles ven mi persona,</div> -<div class="line">dicen los <i>noys</i> que pasan:—«es en Surrilla,»</div> -<div class="line">lo mismo que si fuera de Barcelona.</div> -<div class="line i5">Mas mi conciencia</div> -<div class="line i4">¿qué cree de Barcelona?</div> -<div class="line i4">¿qué de Valencia?</div> -</div></div></div> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span></p> - - -<h3>III.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Faro de isla cercado de guardabrisas,</div> -<div class="line">camarin alfombrado de minutisas,</div> -<div class="line">ajimez festonado con ramos de oro,</div> -<div class="line">joyel que de cien reinas guarda el tesoro,</div> -<div class="line">sultana de pensiles cultivadora,</div> -<div class="line">latina, provenzala, cristiana y mora,</div> -<div class="line">Valencia es un compendio de los primores</div> -<div class="line">con que ornó al mundo la Omnipotencia,</div> -<div class="line">cuna de silfos, nido de amores,</div> -<div class="line">patria de bardos y trovadores,</div> -<div class="line">vergel poblado de ruiseñores,</div> -<div class="line i5">pomo de esencia,</div> -<div class="line i5">jarron de flores:</div> -<div class="line i5">eso, señores,</div> -<div class="line i5">eso es Valencia.</div> -<div class="line i5">Mas Barcelona</div> -<div class="line">es la muchacha alegre de la montaña,</div> -<div class="line">sana, robusta y ágil: que, rica obrera,</div> -<div class="line">de un blason que mancilla servil no empaña</div> -<div class="line">y un condal nobilísimo féudo heredera,</div> -<div class="line">tiene al pié de un peñasco que la mar baña</div> -<div class="line">y de un aro de montes trás la barrera,</div> -<div class="line">un campo con mil torres para cabaña,</div> -<div class="line">por toldo y guardabrisa la cordillera,</div> -<div class="line">por taller la más rica ciudad de España,</div> -<div class="line">por mercado las plazas de España entera;</div> -<div class="line">y obrera que de estirpe noble blasona,</div> -<div class="line">da á la historia de España su prez guerrera,</div> -<div class="line">el floron más preciado de su corona,</div> -<div class="line">el cuartel más glorioso de su bandera.</div> -<div class="line">Artesana, que ciñe condal corona,<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span></div> -<div class="line">en el taller sin penas trabaja y canta:</div> -<div class="line">con hilos y alfileres hace primores;</div> -<div class="line">en un puño de tierra cultiva y planta</div> -<div class="line">viñedos y olivares que, en vez de flores,</div> -<div class="line">en sus breñas y cerros, lomas y alcores</div> -<div class="line i5">diestra escalona,</div> -<div class="line i5">cuida y abona</div> -<div class="line i5">con cien labores:</div> -<div class="line i5">eso, señores,</div> -<div class="line i5">es Barcelona.</div> -</div></div></div> - -<h3>IV.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia es la florida puerta del cielo,</div> -<div class="line">el balcon por donde abre la aurora el dia:</div> -<div class="line">Dios por él de la España bendice el suelo</div> -<div class="line">y la salud, la gracia y el sol la envia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia es un florido pensil modelo,</div> -<div class="line">mansion de los deleites y la alegría,</div> -<div class="line">á quien sirve de cerca, de espejo y velo,</div> -<div class="line">á sus plantas echada, la mar bravía.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia está debajo del paraíso;</div> -<div class="line">y cuando Dios le priva de su presencia,</div> -<div class="line">por el balcon del alba, sin su permiso,</div> -<div class="line">los ángeles se asoman á ver Valencia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia es alkatifa de cien colores</div> -<div class="line">de Dios tendida para una audiencia,</div> -<div class="line">donde del cielo los moradores</div> -<div class="line">de Dios derraman en la presencia</div> -<div class="line i5">ramos de flores,</div> -<div class="line i5">pomos de esencia:</div> -<div class="line i5">eso, señores,<span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></div> -<div class="line i5">eso es Valencia.</div> -<div class="line i5">Mas Barcelona.....</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona es la reina del mar Tyrreno,</div> -<div class="line">cuyas ondas azules cubre de lona;</div> -<div class="line">y á los hijos activos que da su seno</div> -<div class="line">la posesion del mundo dar ambiciona.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona es un águila de vuelo altivo,</div> -<div class="line">fénix que, renaciendo de sus cenizas,</div> -<div class="line">torna jardin su suelo duro al cultivo</div> -<div class="line">y en palacios sus viejas casas pajizas.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona, á quien nutre vital esceso,</div> -<div class="line">late con los volantes de sus talleres,</div> -<div class="line">se remonta en las alas de su progreso,</div> -<div class="line">brilla con la hermosura de sus mujeres:</div> -<div class="line">y cuando Dios se ausenta del paraíso</div> -<div class="line">y duerme Barcelona de noche, al peso</div> -<div class="line">del trabajo rendida, sin su permiso</div> -<div class="line">baja un ángel por todos á darla un beso.</div> -<div class="line i1">Porque del cielo los moradores,</div> -<div class="line i1">miéntras los mundos Dios inspecciona,</div> -<div class="line i1">al noble pueblo que en sí amontona</div> -<div class="line i1">turbas de pobres trabajadores,</div> -<div class="line i1">cuyo trabajo con Dios le abona,</div> -<div class="line i1">como á una vírgen limpia de amores</div> -<div class="line i1">cuya alma el cuerpo casto abandona,</div> -<div class="line i5">del huerto Edénico</div> -<div class="line i5">con lauro y flores</div> -<div class="line i5">tejen los ángeles</div> -<div class="line i5">una corona:</div> -<div class="line i5">y esa, señores,</div> -<div class="line i5">cae de sus manos</div> -<div class="line i5">en Barcelona.</div> -</div></div></div> - - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span></p> -<h3>V.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza1"> -<div class="line i1">Valencia, más hermosa, más cortesana,</div> -<div class="line">es más jóven, más libre, más Moslemina;</div> -<div class="line">Barcelona es más hosca, ménos galana,</div> -<div class="line">más morena, más séria, más Bizantina:</div> -<div class="line">aquélla más coqueta, y ésta más llana.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia afecta á veces ser campesina,</div> -<div class="line">mas bravéa con humos de soberana:</div> -<div class="line">y es una rubia y grácil hurí-cristiana,</div> -<div class="line">que viste por capricho de tunecina.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia dice á todos que es hortelana,</div> -<div class="line">y es una neerlandesa pálida ondina</div> -<div class="line">que duerme en una rica concha perlina;</div> -<div class="line">y del mar en la espuma blanca y liviana</div> -<div class="line">canta á la arrebolada luz matutina,</div> -<div class="line">vestida por capricho de valenciana.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona es el cráter donde fermenta,</div> -<div class="line">con el hierro fundido y el tufo denso,</div> -<div class="line">el espíritu hermano de la tormenta</div> -<div class="line">que se pasea, de ellas sin tener cuenta,</div> -<div class="line">sobre el móvil abismo del mar inmenso.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia es la Hada núbil de la alegría</div> -<div class="line">que respira de rosa y ámbar esencia;</div> -<div class="line">la Vénus Afroditis del Mediodía,</div> -<div class="line">de quien ver deja ignuda la gallardía</div> -<div class="line">de un pudor algo moro la transparencia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona es Minerva ya desarmada;<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span></div> -<div class="line">cuyo manto, que lame la mar bravía</div> -<div class="line">salpicando de perlas su orla murada,</div> -<div class="line">lleva en lugar de armiños y pedrería</div> -<div class="line">la greca de su vuelo y cáuda bordada</div> -<div class="line">con rieles y máquinas de ferrovía,</div> -<div class="line">con espolones, hélices y anclas de Armada.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Valencia, alméa grácil y encantadora,</div> -<div class="line">trova, canta, recita, danza y se espresa</div> -<div class="line">en voz, accion y gracia tan seductora,</div> -<div class="line">que atrae, fascina, embriaga, turba, embelesa,</div> -<div class="line">magnetiza, avasalla, rinde, enamora,</div> -<div class="line">y en tierra con las almas da por sorpresa.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona, valiente, ruda payesa</div> -<div class="line">con timbres y con fueros de gran señora,</div> -<div class="line">labra, teje, cultiva, destila, pesa,</div> -<div class="line">funde, lima, taladra, cincela y dora;</div> -<div class="line">y ejemplar solo de alta noble condesa</div> -<div class="line">con corazon de obrera trabajadora,</div> -<div class="line">con el trabajo nunca de latir cesa:</div> -<div class="line">y apresurada siempre trás árdua empresa,</div> -<div class="line">hierve como encendida locomotora:</div> -<div class="line">cuando se mueve, asombra; cuando anda, pesa:</div> -<div class="line">respira fuego y humo cual los volcanes,</div> -<div class="line">y estremece la tierra, como si dentro</div> -<div class="line">de ella fuera la raza de los titanes</div> -<div class="line">queriendo de la tierra cambiar el centro.</div> -</div></div></div> - - -<h3>VI.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona y Valencia son dos hermanas,</div> -<div class="line">pero una es blanca y rubia y otra morena:</div> -<div class="line">son por naturaleza dos soberanas;<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span></div> -<div class="line">pero la una celeste, la otra terrena.</div> -<div class="line">Valencia es la versátil hija del cielo,</div> -<div class="line">á quien Dios por herencia dió un paraíso;</div> -<div class="line">Barcelona, hija de Eva, vive en anhelo</div> -<div class="line">de tornar por sí misma su estéril suelo</div> -<div class="line">en el Edén que el cielo darla no quiso.</div> -</div></div></div> - - -<h3>VII.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Yo idolatro á Valencia por su hermosura,</div> -<div class="line">su luz, su poesía, la donosura</div> -<div class="line">de su gente, sus usos, trajes y aliños;</div> -<div class="line">y de un amor primero con la fé pura,</div> -<div class="line">la doy de hijo y amante los dos cariños.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Pero amo á Barcelona por tiranía</div> -<div class="line">de ley inevitable de mi destino:</div> -<div class="line">Dios condenó al trabajo la vida mia;</div> -<div class="line">morir sobre el trabajo tengo por sino.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Barcelona trabaja... y á su existencia</div> -<div class="line">el trabajo da fuerza, pan y alegría:</div> -<div class="line">que me dé cuando espire tumba Valencia,</div> -<div class="line">pan Barcelona, miéntras mi inteligencia</div> -<div class="line">Dios alumbre y mis ojos la luz del dia.</div> -</div></div></div> - - -<h3>VIII.</h3> -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> -<div class="line i1">Olvidaba que entre ambas hay diferencia:</div> -<div class="line">no en la tierra, en el cielo; pero os aviso</div> -<div class="line">que es secreto que á solas fiarme quiso</div> -<div class="line">el buen ángel que alumbra mi inteligencia.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">La diferencia es esta: pero es preciso<span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span></div> -<div class="line">que Valencia lo ignore; cuando en ausencia</div> -<div class="line">de Dios se quedan dueños del paraíso</div> -<div class="line">y con la luz del alba, sin su permiso,</div> -<div class="line">los ángeles se asoman á ver Valencia....</div> -<div class="line">es porque á Barcelona Dios en persona</div> -<div class="line">baja en el sol, y absorto de complacencia</div> -<div class="line">se olvida de los ángeles en Barcelona.</div> -</div></div></div> - - -<p class="p6 center"><i>Esta obra es propiedad de su Autor, el que perseguirá ante la ley á quien -la reimprima en todo ó en parte sin su consentimiento.</i></p> - -<div class="footnotes"><h2>NOTAS:</h2> -<div class="footnote"> - -<p><a name="Footnote_1" id="Footnote_1" href="#FNanchor_1"><span class="label">[1]</span></a> Estas dos composiciones van en el apéndice de esta obra.</p> - -<p><a name="Footnote_2" id="Footnote_2" href="#FNanchor_2"><span class="label">[2]</span></a> <i>Cada cual con su razon</i>; <i>Lealtad de una mujer</i>; primera y segunda -parte de <i>El Zapatero y el Rey</i>; <i>El eco del torrente</i>; <i>Los dos -vireyes</i>; <i>El molino de Guadalajara</i>; <i>Un año y un dia</i>; <i>Apoteosis de -Calderon</i>; <i>Sancho García</i>; <i>El caballo del rey D. Sancho</i>; <i>La mejor -razon la espada</i>; <i>El puñal del godo</i>; <i>La oliva y el laurel</i>; <i>Sofronia</i>; -<i>La Creacion y el Diluvio</i>; <i>El rey loco</i>; <i>La reina y los favoritos</i>; <i>La -copa de marfil</i>; <i>El alcalde Ronquillo</i>; <i>D. Juan Tenorio</i>.</p> - -<p><a name="Footnote_3" id="Footnote_3" href="#FNanchor_3"><span class="label">[3]</span></a> En la lectura de la sociedad «Latorre» debí el honor de que -me acompañara al célebre poeta dramático, sostenedor del teatro catalan, -D. Federico Soler; quien bajo el seudónimo de «<span class="smcap">Serafi Pitarra</span>», -hace años que con prodigiosa fecundidad surte de obras originales -la catalana escena. De <span class="smcap">ÉL</span>, de sus obras y del teatro Romea, tendré -ocasion de ocuparme en mis artículos de <i>El Imparcial</i>.</p> -</div></div> - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of Project Gutenberg's Recuerdos Del Tiempo Viejo, by José Zorrilla - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO *** - -***** This file should be named 53294-h.htm or 53294-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/2/9/53294/ - -Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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