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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: Dramas - El Mercader de Venecia, Macbeth, Romeo y Julieta, Otelo - -Author: William Shakespeare - -Translator: Marcelino Menéndez Pelayo - -Release Date: October 4, 2016 [EBook #53207] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DRAMAS *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_; las - negritas, entre =signos de igual= y las versalitas se han - convertido a MAYÚSCULAS. - - * Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la - grafía de mayor frecuencia. También se han respetado las - inconsistencias en la acentuación. - - * Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración - e interrogación. - - * Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar. - - * Se ha normalizado la presentación de las indicaciones escénicas - sobre entradas y salidas de personajes. - - * Tras consultar el original inglés, se han unificado las siguientes - denominaciones para un mismo personaje: - - pp. 94 y 95: «Estéfano» y «Estéban» → «Estéfano» - pp. 144 a 149: «SICARIO» y «ASESINO» → «ASESINO» - pp. 193 y 194: «SÉTON» y «SITON» → «SÉTON» - - * Además, se han introducido las siguientes modificaciones: - - p. 49: se añade el encabezado «ESCENA PRIMERA.» - p. 170: «ESCENA XI.» → «ESCENA II.» - - * Se añaden ilustraciones de adorno al final de aquellos actos que, en - el original impreso, carecen de ellas. - - - - -SHAKSPEARE. - - - - -ES PROPIEDAD. - - - - - DRAMAS - DE - GUILLERMO SHAKSPEARE. - - - EL MERCADER DE VENECIA.—MACBETH.—ROMEO Y JULIETA.—OTELO. - - - TRADUCCION DE - D. MARCELINO MENENDEZ PELAYO. - - Catedrático de literatura en la Universidad central y Académico - de la Española. - - - _Dibujos y grabados al boj de los principales artistas alemanes._ - - - [Ilustración] - - - _BARCELONA._ - BIBLIOTECA «ARTE Y LETRAS». - _Administracion: Ausias March, 95._ - 1881. - - - - -[Ilustración] - - -TIPO-LIT. DE C. VERDAGUER. — BARCELONA. - - - - -[Ilustración] - - - - -ADVERTENCIA PRELIMINAR. - - -Sale á luz este primer tomo de la version de Shakspeare, sin la -biografía y juicio del autor que debian encabezarle. Ocupaciones y -tareas de todo género, falta de reposo, y áun obstáculos literarios que -fuera largo enumerar, nos hacen diferir para remate del último volúmen -lo que debió ir en el primero. Quizá con la tardanza resulte menos -imperfecto nuestro estudio. - -En la traduccion he procurado, ante todo, conservar el sabor del -original, sin mengua de la energía, propiedad y concision de nuestra -lengua castellana. Muchas veces he sido más fiel al sentido que á las -palabras, creyendo interpretar así la mente de Shakspeare mejor que -aquellos traductores que crudamente reproducen hasta los ápices del -estilo del original, y las aberraciones contra el buen gusto, en que -á veces incurria el gran poeta. Como la gloria de Shakspeare, el más -grande de los dramáticos del mundo (aunque entren en cuenta Sófocles -y Calderon), no consiste en estas pueriles menudencias, sino en el -vigor y verdad de la expresion, y sobre todo en el maravilloso poder -de crear caractéres y fisonomías humanas, reales y vivas, que es entre -todas las facultades artísticas la que más acerca al hombre á su divino -Hacedor, pareceria mezquindad y falta de gusto entretenerse en recoger -las migajas de la mesa del gran poeta, cuando nos brindan en el centro -de ella los más sabrosos y fortificantes manjares. Mi traduccion no -es _literal_ ó _interlineal_, como puede hacerla quienquiera que -sepa inglés, con seguridad ó de no ser entendido ó de adormecer á -lectores españoles. Yo he querido hacer, bien ó mal, una traduccion -literaria, en que comprendiendo á mi modo los personajes de Shakspeare, -colocándome en las situaciones imaginadas por el gran poeta, y sin -omitir á sabiendas ninguno de sus pensamientos, ninguno de los matices -de pasion ó de frase, que esmaltan el diálogo, he procurado decir á -la española y en estilo de nuestro siglo lo que en inglés del siglo -XVI dijo el autor. No he añadido ni un vocablo de mi cosecha, ni creo -haber suprimido nada esencial, característico y bello. En conservar las -rudezas de expresion y las brutalidades de color he puesto especial -ahinco, como quiera que forman parte y muy esencial de la índole del -poeta. Algo he moderado el pródigo lujo de su expresion, sobre todo -cuando degenera en antítesis, conceptillos y _phebus_ extravagante. -Sírvame de disculpa el que lo mismo han hecho los alemanes que han -traducido á Calderon, y por análogas razones los extraños que sólo ven -en el gran poeta la alteza del pensamiento, y no la expresion casi -siempre falsa y desconcertada, ponen á Calderon sobre su cabeza mucho -más que los nuestros. Quizá me haya llevado demasiado lejos mi amor á -la sencillez, á la sobriedad y al nervio del estilo. Por si fuese así, -anticipadamente pido perdon, declarando que mi principal objeto ha -sido hacer una traduccion que pueda leerse seguida con facilidad y sin -tropiezo de notas y comentarios, en suma, popularizar á Shakspeare en -España. - -De las cuatro obras dramáticas incluidas en este tomo hay excelentes -traducciones castellanas. El _Macbeth_ fué puesto en versos -castellanos, algo duros y parafrásticos, pero fidelísimos y robustos, -por D. José García de Villalta (que escribia el inglés con tanta -facilidad como el castellano), y _silbada_ estrepitosamente (para -vergüenza nuestra debe decirse, aunque muy bajo y de modo que no lo -oigan los extranjeros) por el público del teatro del Príncipe en 1835. -Despues le ha traducido con mayor fluidez y armonía D. Guillermo -Macpherson, á quien debemos otra elegante version de _Julieta y Romeo_. -Villalta publicó tambien un fragmento de _Otelo_, y así ésta como -el _Mercader de Venecia_ y _Julieta_ fueron bien interpretadas, con -ciertas escabrosidades de diccion pero con mucho sabor shaksperiano, -por el malogrado Jaime Clark. Tambien hemos oido aplaudir, aunque sin -llegar á verlas, las traducciones del Marques de Dos Hermanas. - -De todas las demas nos hemos aprovechado en la interpretacion de -los pasajes difíciles, así como de la comparacion de algunos textos -ingleses y de varios comentadores. - - _M. M. P._ - - - - - EL MERCADER - DE VENECIA. - - - TRADUCCION - DE - D. M. MENENDEZ PELAYO. - - Ilustracion de _Adolfo Schmitz_, grabados de _C. H. Schulze_. - - - - -PERSONAS DEL DRAMA. - - - EL DUX. - EL PRÍNCIPE DE MARRUECOS.} - EL PRÍNCIPE DE ARAGON. } Pretendientes de Pórcia. - ANTONIO, mercader de Venecia. - BASANIO, su amigo. - SALANIO. } - SALARINO. } - GRACIANO. } Amigos de Antonio. - SALERIO. } - LORENZO, amante de Jéssica. - SYLOCK, judío. - TÚBAL, otro judío, amigo suyo. - LANZAROTE GOBBO, criado de Sylock. - EL VIEJO GOBBO, padre de Lanzarote. - LEONARDO, criado de Basanio. - BALTASAR. } - ESTÉFANO. } Criados de Pórcia. - PÓRCIA, rica heredera. - NERISSA, doncella de Pórcia. - JÉSSICA, hija de Sylock. - - - SENADORES de Venecia, OFICIALES del Tribunal de Justicia, - CARCELEROS, CRIADOS y otros. - - - La escena es parte en Venecia, parte en Belmonte, quinta de Pórcia, - en el continente. - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO I. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Venecia.—Una calle.= - -ANTONIO, SALARINO y SALANIO. - -ANTONIO. - -No entiendo la causa de mi tristeza. Á vosotros y á mí igualmente nos -fatiga, pero no sé cuándo ni dónde ni de qué manera la adquirí, ni de -qué orígen mana. Tanto se ha apoderado de mis sentidos la tristeza, que -ni áun acierto á conocerme á mí mismo. - -SALARINO. - -Tu mente vuela sobre el Océano, donde tus naves, con las velas -hinchadas, cual señoras ó ricas ciudadanas de las olas, dominan á los -pequeños traficantes, que cortésmente les saludan cuando las encuentran -en su rápida marcha. - -SALANIO. - -Créeme, señor: si yo tuviese confiada tanta parte de mi fortuna al -mar, nunca se alejaria de él mi pensamiento. Pasaria las horas en -arrancar el césped, para conocer de dónde sopla el viento; buscaria -continuamente en el mapa los puertos, los muelles y los escollos, y -todo objeto que pudiera traerme desventura me seria pesado y enojoso. - -SALARINO. - -Al soplar en el caldo, sentiria dolores de fiebre intermitente, -pensando que el soplo del viento puede embestir mi bajel. Cuando viera -bajar la arena en el reloj, pensaria en los bancos de arena en que mi -nave puede encallarse desde el tope á la quilla, como besando su propia -sepultura. Al ir á misa, los arcos de la iglesia me harian pensar en -los escollos donde puede dar de traves mi pobre barco, y perderse todo -su cargamento, sirviendo las especias orientales para endulzar las -olas, y mis sedas para engalanarlas. Creeria que en un momento iba -á desvanecerse mí fortuna. Sólo el pensamiento de que esto pudiera -suceder me pone triste. ¿No ha de estarlo Antonio? - -ANTONIO. - -No, porque gracias á Dios no va en esa nave toda mi fortuna, ni depende -mi esperanza de un solo puerto, ni mi hacienda de la fortuna de este -año. No nace del peligro de mis mercaderías mi cuidado. - -SALANIO. - -Luego, estás enamorado. - -ANTONIO. - -Calla, calla. - -SALANIO. - -¡Conque tampoco estás enamorado! Entonces diré que estás triste -porque no estás alegre, y lo mismo podias dar un brinco, y decir que -estabas alegre porque no estabas triste. Os juro por Jano el de dos -caras, amigos mios, que nuestra madre comun la Naturaleza se divirtió -en formar séres extravagantes. Hay hombres que al oir una estridente -gaita, cierran estúpidamente los ojos y sueltan la carcajada, y hay -otros que se están tan graves y sérios como niños, aunque les digas los -más graciosos chistes. - - (_Salen Basanio, Lorenzo y Graciano._) - -[Ilustración] - -SALANIO. - -Aquí vienen tu pariente Basanio, Graciano y Lorenzo. Bien venidos. -Ellos te harán buena compañía. - -SALARINO. - -No me iria hasta verte desenojado, pero ya que tan nobles amigos -vienen, con ellos te dejo. - -ANTONIO. - -Mucho os amo, creedlo. Cuando os vais, será porque os llama algun -negocio grave, y aprovechais este pretexto para separaros de mí. - -SALARINO. - -Adios, amigos mios. - -BASANIO. - -Señores, ¿cuándo estareis de buen humor? Os estais volviendo ágrios é -indigestos. ¿Y por qué? - -SALARINO. - -Adios: pronto quedaremos desocupados para serviros. - - (_Vanse Salarino y Salanio._) - -LORENZO. - -Señor Basanio, te dejamos con Antonio. No olvides, á la hora de comer, -ir al sitio convenido. - -BASANIO. - -Sin falta. - -GRACIANO. - -Mala cara pones, Antonio. Mucho te apenan los cuidados del mundo. Caros -te saldrán sus placeres, ó no los gozarás nunca. Noto en tí cierto -cambio desagradable. - -ANTONIO. - -Graciano, el mundo me parece lo que es: un teatro, en que cada uno hace -su papel. El mio es bien triste. - -GRACIANO. - -El mio será el de gracioso. La risa y el placer disimularán las arrugas -de mi cara. Abráseme el vino las entrañas, antes que el dolor y el -llanto me hielen el corazon. ¿Por qué un hombre, que tiene sangre en -las venas, ha de ser como una estatua de su abuelo en mármol? ¿Por qué -dormir despiertos, y enfermar de capricho? Antonio, soy amigo tuyo. -Escúchame. Te hablo como se habla á un amigo. Hombres hay en el mundo -tan tétricos que sus rostros están siempre, como el agua del pantano, -cubiertos de espuma blanca, y quieren con la gravedad y el silencio -adquirir fama de doctos y prudentes, como quien dice: «Soy un oráculo. -¿Qué perro se atreverá á ladrar, cuando yo hablo?» Así conozco á -muchos, Antonio, que tienen reputacion de sabios por lo que se callan, -y de seguro que si despegasen los labios, los mismos que hoy los -ensalzan serian los primeros en llamarlos necios. Otra vez te diré más -sobre este asunto. No te empeñes en conquistar por tan triste manera -la fama que logran muchos tontos. Vámonos, Lorenzo. Adios. Despues de -comer, acabaré el sermon. - -LORENZO. - -En la mesa nos veremos. Me toca el papel de sabio mudo, ya que Graciano -no me deja hablar. - -GRACIANO. - -Si sigues un año más conmigo, desconocerás hasta el eco de tu voz. - -ANTONIO. - -Me haré charlatan, por complacerte. - -GRACIANO. - -Harás bien. El silencio sólo es oportuno en lenguas en conserva, ó en -boca de una doncella casta é indomable. - - (_Vanse Graciano y Lorenzo._) - -ANTONIO. - -¡Vaya una locura! - -BASANIO. - -No hay en toda Venecia quien hable más disparatadamente que Graciano. -Apenas hay en toda su conversacion dos granos de trigo entre dos -fanegas de paja: menester es trabajar un dia entero para hallarlos, y -aún despues no compensan el trabajo de buscarlos. - -ANTONIO. - -Dime ahora, ¿quién es la dama, á cuyo altar juraste ir en devota -peregrinacion, y de quien has ofrecido hablarme? - -BASANIO. - -Antonio, bien sabes de qué manera he malbaratado mi hacienda en alardes -de lujo no proporcionados á mis escasas fuerzas. No me lamento de la -pérdida de esas comodidades. Mi empeño es sólo salir con honra de los -compromisos en que me ha puesto mi vida. Tú, Antonio, eres mi principal -acreedor en dineros y en amistad, y pues que tan de veras nos queremos, -voy á decirte mi plan para librarme de deudas. - -ANTONIO. - -Dímelo, Basanio: te lo suplico; y si tus propósitos fueren buenos -y honrados, como de fijo lo serán, siendo tuyos, pronto estoy á -sacrificar por tí mi hacienda, mi persona y cuanto valgo. - -BASANIO. - -Cuando yo era muchacho, y perdia el rastro de una flecha, para -encontrarla disparaba otra en igual direccion, y solia, aventurando -las dos, lograr entrambas. Pueril es el ejemplo, pero lo traigo para -muestra de lo candoroso de mi intencion. Te debo mucho, y quizá lo -hayas perdido sin remision; pero puede que si disparas con el mismo -rumbo otra flecha, acierte yo las dos, ó lo menos pueda devolverte la -segunda, agradeciéndote siempre el favor primero. - -ANTONIO. - -Basanio, me conoces y es perder el tiempo traer ejemplos, para -convencerme de lo que ya estoy persuadido. Todavía me desagradan -más tus dudas sobre lo sincero de mi amistad, que si perdieras y -malgastaras toda mi hacienda. Dime en qué puedo servirte, y lo haré con -todas veras. - -BASANIO. - -En Belmonte hay una rica heredera. Es hermosísima, y ademas un portento -de virtud. Sus ojos me han hablado, más de una vez, de amor. Se llama -Pórcia, y en nada es inferior á la hija de Caton, esposa de Bruto. -Todo el mundo conoce lo mucho que vale, y vienen de apartadas orillas -á pretender su mano. Los rizos, que cual áureo vellocino penden de su -sien, hacen de la quinta de Belmonte un nuevo Cólcos ambicionado por -muchos Jasones. ¡Oh, Antonio mio! Si yo tuviera medios para rivalizar -con cualquiera de ellos, tengo el presentimiento de que habia de salir -victorioso. - -ANTONIO. - -Ya sabes que tengo toda mi riqueza en el mar, y que hoy no puedo darte -una gran suma. Con todo eso, recorre las casas de comercio de Venecia; -empeña tú mi crédito hasta donde alcance. Todo lo aventuraré por tí: -no habrá piedra que yo no mueva, para que puedas ir á la quinta de -tu amada. Vé, infórmate de dónde hay dinero. Yo haré lo mismo y sin -tardar. Malo será que por amistad ó por fianza no logremos algo. - - -ESCENA II. - -=Belmonte.—Gabinete en la quinta de Pórcia.= - -PÓRCIA y NERISSA. - -PÓRCIA. - -Por cierto, amiga Nerissa, que mi pequeño cuerpo está ya bien harto de -este inmenso mundo. - -NERISSA. - -Eso fuera, señora, si tus desgracias fueran tantas y tan prolijas como -tus dichas. No obstante, tanto se padece por exceso de goces como por -defecto. No es poca dicha atinar con el justo medio. Lo superfluo cria -muy pronto canas. Por el contrario la moderacion es fuente de larga -vida. - -PÓRCIA. - -Sanos consejos, y muy bien expresados. - -NERISSA. - -Mejores fueran, si álguien los siguiese. - -PÓRCIA. - -Si fuera tan fácil hacer lo que se debe, como conocerlo, las ermitas -serian catedrales, y palacios las cabañas. El mejor predicador es el -que, no contento con decantar la virtud, la practica. Mejor podria yo -enseñársela á veinte personas, que ser yo una de las veinte y ponerla -en ejecucion. Bien inventa el cerebro leyes para refrenar la sangre, -pero el calor de la juventud salta por las redes que le tiende la -prudencia, fatigosa anciana. Pero si discurro de esta manera, nunca -llegaré á casarme. Ni podré elegir á quien me guste ni rechazar á quien -me enoje: tanto me sujeta la voluntad de mi difunto padre. - -NERISSA. - -Tu padre era un santo, y los santos suelen acertar, como inspirados, -en sus postreras voluntades. Puedes creer que sólo quien merezca tu -amor acertará ese juego de las tres cajas de oro, plata y plomo, que él -imaginó, para que obtuviese tu mano el que diera con el secreto. Pero, -dime, ¿no te empalagan todos esos príncipes que aspiran á tu mano? - -PÓRCIA. - -Véte nombrándolos, yo los juzgaré. Por mi juicio podrás conocer el -cariño que les tengo. - -NERISSA. - -Primero, el príncipe napolitano. - -PÓRCIA. - -No hace más que hablar de su caballo, y cifra todo su orgullo en saber -herrarlo por su mano. ¿Quién sabe si su madre se encapricharia de algun -herrador? - -NERISSA. - -Luego viene el conde Palatino. - -PÓRCIA. - -Que está siempre frunciendo el ceño, como quien dice: «Si no me -quieres, busca otro mejor.» No hay chiste que baste á distraerle. Mucho -me temo que quien tan femenilmente triste se muestra en su juventud, -llegue á la vejez convertido en filósofo melancólico. Mejor me casaría -con una calavera que con ninguno de esos. ¡Dios me libre! - -NERISSA. - -¿Y el caballero francés, Le Bon? - -PÓRCIA. - -Será hombre, pero sólo porque es criatura de Dios. Malo es burlarse del -prójimo, pero de éste... Su caballo es mejor que el del napolitano, y -su ceño todavía más arrugado que el del Palatino. Junta los defectos de -uno y otro, y á todo esto añade un cuerpo que no es de hombre. Salta en -oyendo cantar un mirlo, y se pelea hasta con su sombra. Casarse con él, -seria casarse con veinte maridos. Le perdonaria si me aborreciese, pero -nunca podria yo amarle. - -[Ilustración] - -NERISSA. - -¿Y Falconbridge, el jóven baron inglés? - -PÓRCIA. - -Nunca hablo con él, porque no nos entendemos. Ignora el latin, el -francés y el italiano. Yo, puedes jurar que no sé una palabra de -inglés. No tiene mala figura, pero ¿quién ha de hablar con una estatua? -¡Y qué traje más extravagante el suyo! Ropilla de Italia, calzas de -Francia, gorra de Alemania, y modales de todos lados. - -NERISSA. - -¿Y su vecino, el lord escocés? - -PÓRCIA. - -Buen vecino. Tomó una bofetada del inglés, y juró devolvérsela. El -francés dió fianza con otro bofeton. - -NERISSA. - -¿Y el jóven aleman, sobrino del duque de Sajonia? - -PÓRCIA. - -Mal cuando está en ayunas, y peor despues de la borrachera. Antes -parece menos que hombre, y despues más que bestia. Lo que es con ése, -no cuento. - -NERISSA. - -Si él fuera quien acertase el secreto de la caja, tendrias que casarte -con él, por cumplir la voluntad de tu padre. - -PÓRCIA. - -Lo evitarás, metiendo en la otra caja una copa de vino del Rhin: no -dudes que, andando el demonio en ello, la preferirá. Cualquier cosa, -Nerissa, antes que casarme con esa esponja. - -NERISSA. - -Señora, paréceme que no tienes que temer á ninguno de esos -encantadores. Todos ellos me han dicho que se vuelven á sus casas, y no -piensan importunarte más con sus galanterías, si no hay otro medio de -conquistar tu mano que el de la cajita dispuesta por tu padre. - -PÓRCIA. - -Aunque viviera yo más años que la Sibila, me moriria tan vírgen como -Diana, antes que faltar al testamento de mi padre. En cuanto á esos -amantes, me alegro de su buena resolucion, porque no hay entre ellos -uno solo cuya presencia me sea agradable. Dios les depare buen viaje. - -NERISSA. - -¿Te acuerdas, señora, de un veneciano docto en letras y armas que, -viviendo tu padre, vino aquí con el marqués de Montferrato? - -PÓRCIA. - -Sí. Pienso que se llamaba Basanio. - -NERISSA. - -Es verdad. Y de cuantos hombres he visto, no recuerdo ninguno tan digno -del amor de una dama como Basanio. - -PÓRCIA. - -Mucho me acuerdo de él, y de que merecia bien tus elogios. - - (_Sale un criado._) - -¿Qué hay de nuevo? - -EL CRIADO. - -Los cuatro pretendientes vienen á despedirse de vos, señora, y un -correo anuncia la llegada del príncipe de Marruecos que viene esta -noche. - -PÓRCIA. - -¡Ojalá pudiera dar la bienvenida al nuevo, con el mismo gusto con que -despido á los otros! Pero si tiene el gesto de un demonio, aunque tenga -el carácter de un ángel, más quisiera confesarme que casar con él. Ven -conmigo, Nerissa. Y tú, delante (_al criado_). Apenas hemos cerrado la -puerta á un amante, cuando otro llama. - - -ESCENA III. - -=Plaza en Venecia.= - -BASANIO y SYLOCK. - -SYLOCK. - -Tres mil ducados. Está bien. - -BASANIO. - -Si, por tres meses. - -SYLOCK. - -Bien, por tres meses. - -BASANIO. - -Fiador Antonio. - -SYLOCK. - -Antonio fiador. Está bien. - -BASANIO. - -¿Podeis darme esa suma? Necesito pronto contestacion. - -SYLOCK. - -Tres mil ducados por tres meses: fiador Antonio. - -BASANIO. - -¿Y qué decis á eso? - -SYLOCK. - -Antonio es hombre honrado. - -BASANIO. - -¿Y qué motivos tienes para dudarlo? - -SYLOCK. - -No, no: motivo ninguno: quiero decir que es buen pagador, pero tiene -muy en peligro su caudal. Un barco para Trípoli, otro para las Indias. -Ahora me acaban de decir en el puente de Rialto, que prepara un navío -para Méjico y otro para Inglaterra. Así tiene sus negocios y capital -esparcidos por el mundo. Pero, al fin, los barcos son tablas y los -marineros hombres. Hay ratas de tierra y ratas de mar, ladrones y -corsarios, y ademas vientos, olas y bajíos. Pero repito que es buen -pagador. Tres mil ducados... creo que aceptaré la fianza. - -BASANIO. - -Puedes aceptarla con toda seguridad. - -SYLOCK. - -¿Por qué? Lo pensaré bien. ¿Podré hablar con él mismo? - -BASANIO. - -Vente á comer con nosotros. - -SYLOCK. - -No, para no llenarme de tocino. Nunca comeré en casa donde vuestro -profeta, el Nazareno, haya introducido sus diabólicos sortilegios. -Compraré vuestros géneros: me pasearé con vosotros; pero comer, beber y -orar... ni por pienso. ¿Qué se dice en Rialto? ¿Quién es éste? - - (_Sale Antonio._) - -BASANIO. - -El señor Antonio. - -SYLOCK. - -(_Aparte._) Tiene aire de publicano. Le aborrezco porque es cristiano, -y ademas por el necio alarde que hace de prestar dinero sin interes, -con lo cual está arruinando la usura en Venecia. Si alguna vez cae en -mis manos, yo saciaré en él todos mis odios. Sé que es grande enemigo -de nuestra santa nacion, y en las reuniones de los mercaderes me llena -de insultos, llamando vil usura á mis honrados tratos. ¡Por vida de mi -tribu, que no le he de perdonar! - -BASANIO. - -¿Oyes, Sylock? - -SYLOCK. - -Pensaba en el dinero que me queda, y ahora caigo en que no puedo reunir -de pronto los tres mil ducados. Pero ¿qué importa? Ya me los prestará -Túbal, un judío muy rico de mi tribu. ¿Y por cuántos meses quieres ese -dinero? Dios te guarde, Antonio. Hablando de tí estábamos. - -ANTONIO. - -Aunque no soy usurero, y ni presto ni pido prestado, esta vez quebranto -mi propósito, por servir á un amigo. Basanio, ¿has dicho á Sylock lo -que necesitas? - -SYLOCK. - -Lo sé: tres mil ducados. - -ANTONIO. - -Por tres meses. - -SYLOCK. - -Ya no me acordaba. Es verdad... Por tres meses... Pero antes decias que -no prestabas á usura ni pedias prestado. - -ANTONIO. - -Sí que lo dije. - -SYLOCK. - -Cuando Jacob apacentaba los rebaños de Laban... Ya sabes que Jacob, -gracias á la astucia de su madre, fué el tercer poseedor despues de -Abraham... Sí, el tercero. - -ANTONIO. - -¿Y Jacob prestaba dinero á usura? - -SYLOCK. - -No precisamente como nosotros, pero fíjate en lo que hizo. Pactó con -Laban que le diese como salario todos los corderos manchados de vario -color que nacieran en el hato. Llegó el otoño, y las ovejas fueron en -busca de los corderos. Y cuando iban á ayuntarse los lanudos amantes, -el astuto pastor puso unas varas delante de las ovejas, y al tiempo de -la cria todos los corderos nacieron manchados, y fueron de Jacob. Este -fué su lucro y usura, y por él le bendijo el cielo, que bendice siempre -el lucro honesto, aunque maldiga el robo. - -ANTONIO. - -Eso fué un milagro que no dependia de su voluntad sino de la del cielo, -y Jacob se expuso al riesgo. ¿Quieres con tan santo ejemplo canonizar -tu abominable trato? ¿ó son ovejas y corderos tu plata y tu oro? - -SYLOCK. - -No sé, pero procrean como si lo fueran. - -ANTONIO. - -Atiende, Basanio. El mismo demonio, para disculpar sus maldades, cita -ejemplos de la Escritura. El espíritu infame, que invoca el testimonio -de las santas leyes, se parece á un malvado de apacible rostro ó á una -hermosa fruta comida de gusanos. - -SYLOCK. - -Tres mil ducados... Cantidad alzada, y por tres meses... Suma la -ganancia... - -ANTONIO. - -¿Admitís el trato: si ó no, Sylock? - -SYLOCK. - -Señor Antonio, innumerables veces me habeis reprendido en el puente -de Rialto por mis préstamos y usuras, y siempre lo he llevado con -paciencia, y he doblado la cabeza, porque ya se sabe que el sufrimiento -es virtud de nuestro linaje. Me has llamado infiel y perro: y todo esto -sólo por tu capricho, y porque saco el jugo á mi hacienda, como es mi -derecho. Ahora me necesitas, y vienes diciendo: «Sylock, dame dineros.» -Y esto me lo dice quien derramó su saliva en mi barba, quien me empujó -con el pié como á un perro vagabundo que entra en casa extraña. ¿Y yo -qué debia responderte ahora? «No: ¿un perro cómo ha de tener hacienda -ni dinero? ¿Cómo ha de poder prestar tres mil ducados?» ó te diré en -actitud humilde y con voz de siervo: «Señor, ayer te plugo escupirme al -rostro: otro dia me diste un puntapié y me llamaste perro, y ahora, en -pago de todas estas cortesías, te voy á prestar dinero.» - -ANTONIO. - -Volveré á insultarte, á odiarte y á escupirte á la cara. Y si me -prestas ese dinero, no me lo prestes como amigo, que si lo fueras, no -pedirias ruin usura por un metal estéril é infecundo. Préstalo, como -quien presta á su enemigo, de quien puede vengarse á su sabor si falta -al contrato. - -SYLOCK. - -¡Y qué enojado estais! ¿Y yo que queria granjear vuestra amistad, -olvidando las afrentas de que me habeis colmado? Pienso prestaros mi -dinero sin interes alguno. Ya veis que el ofrecimiento no puede ser -más generoso. - -ANTONIO. - -Así parece. - -SYLOCK. - -Venid á casa de un escribano, donde firmaréis un recibo prometiendo que -si para tal dia no habeis pagado, entregaréis en cambio una libra justa -de vuestra carne, cortada por mí del sitio de vuestro cuerpo que mejor -me pareciere. - -ANTONIO. - -Me agrada el trato: le firmaré, y diré que por fin he encontrado un -judío generoso. - -BASANIO. - -No firmarás, en ventaja mia, esa escritura; prefiero no salir nunca de -mi desesperacion. - -ANTONIO. - -No temas que llegue el caso de cumplir semejante escritura. Dentro de -dos meses, uno antes de espirar el plazo, habré reunido diez veces más -de esa suma. - -SYLOCK. - -¡Oh, padre Abraham! ¡Qué mala gente son los cristianos! Miden á todos -los demas con la vara de su mala intencion. Decidme: si Antonio dejara -de pagarme en el plazo convenido, ¿qué adelantaba yo con exigirle que -cumpliera el contrato? Despues de todo, una libra de carne humana vale -menos que una de buey, carnero ó cabra. Creedme, que si propongo tal -condicion, es sólo por ganarme su voluntad. Si os agrada, bien: si no, -no me maltrates, siquiera por la buena amistad que te muestro. - -ANTONIO. - -Cierro el trato y doy la fianza. - -SYLOCK. - -Pronto, á casa del notario. Dictad ese chistoso documento. Yo buscaré -el dinero, pasaré por mi casa, que está mal guardada por un holgazán -inútil, y en seguida soy con vosotros. - - (_Se va._) - -ANTONIO. - -Véte con Dios, buen judío. Este se va á volver cristiano. Me pasma su -generosidad. - -BASANIO. - -Sospechosas se me antojan frases tan dulces en boca de semejante -malvado. - -ANTONIO. - -No temas. El plazo es bastante largo, para que vuelvan mis navíos antes -de cumplirse. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO II. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Sala en la quinta de Pórcia.= - -Salen el PRÍNCIPE DE MARRUECOS y su servidumbre: PÓRCIA, NERISSA y sus -doncellas. - -EL PRÍNCIPE. - -No os enoje, bella Pórcia, mi color moreno, hijo del sol ardiente bajo -el cual nací. Pero venga el más rubio de los hijos del frio Norte, cuyo -hielo no deshace el mismo Apolo: y ábranse juntamente, en presencia -vuestra, las venas de uno y otro, á ver cuál de los dos tiene más roja -la sangre. Señora, mi rostro ha atemorizado á los más valientes, y -juro por el amor que os tengo que han suspirado por él las doncellas -más hermosas de mi tierra. Sólo por complaceros, dulce señora mia, -consintiera yo en mudar de semblante. - -PÓRCIA. - -No es sólo capricho femenil quien me aconseja y determina: mi eleccion -no depende de mi albedrío. Pero si mi padre no me hubiera impuesto -una condicion y un freno, mandándome que tomase por esposo á quien -acertara el secreto que os dije, tened por seguro, ilustre príncipe, -que os juzgaria tan digno de mi mano como á cualquier otro de los que -la pretenden. - -[Ilustración] - -EL PRÍNCIPE. - -Mucho os lo agradece mi corazon. Mostradme las cajas: probemos el -dudoso empeño. ¡Juro, señora, por mi alfanje, matador del gran Sofí y -del príncipe de Persia, y vencedor en tres batallas campales de todo -el poder del gran Soliman de Turquía, que con el relámpago de mis ojos -haré bajar la vista al hombre más esforzado, desafiaré á mortífera lid -al de más aliento, arrancaré á la osa ó á la leona sus cachorros, sólo -por lograr vuestro amor! Pero ¡ay! si el volver de los dados hubiera -de decidir la rivalidad entre Alcides y Licas, quizá el fallo de la -voluble diosa seria favorable al de menos valer, y Alcides quedaria -siervo del débil garzon. Por eso es fácil que, entregada mi suerte á -la fortuna, venga yo á perder el premio, y lo alcance otro rival que lo -merezca mucho menos. - -PÓRCIA. - -Necesario es sujetarse á la decision de la suerte. O renunciad á entrar -en la prueba, ó jurad antes que no dareis la mano á otra mujer alguna -si no salis airoso del certámen. - -EL PRÍNCIPE. - -Lo juro. Probemos la ventura. - -PÓRCIA. - -Ahora á la iglesia, y luego al festin. Despues entrareis en la dudosa -cueva. Vamos. - -EL PRÍNCIPE. - -¿Qué me dará la fortuna: eterna felicidad ó triste muerte? - - -ESCENA II. - -=Una calle de Venecia.= - -Sale LANZAROTE GOBBO. - -LANZAROTE. - -¿Por qué ha de remorderme la conciencia cuando escapo de casa de mi amo -el judío? Viene detras de mí el diablo gritándome: «Gobbo, Lanzarote -Gobbo, buen Lanzarote, ó buen Lanzarote Gobbo, huye, corre á toda -prisa.» Pero la conciencia me responde: «No, buen Lanzarote, Lanzarote -Gobbo, ó buen Lanzarote Gobbo, no huyas, no corras, no te escapes;» y -prosigue el demonio con más fuerza: «Huye, corre, aguija, ten ánimo, -no te detengas.» Y mi conciencia echa un nudo á mi corazon, y con -prudencia me replica: «Buen Lanzarote, amigo mio, eres hijo de un -hombre de bien...» ó más bien, de una mujer de bien, porque mi padre -fué algo inclinado á lo ajeno. É insiste la conciencia: «Detente, -Lanzarote.» Y el demonio me repite: «Escapa.» La conciencia: «No lo -hagas.» Y yo respondo: «Conciencia, ¡son buenos tus consejos!... -Diablo, tambien los tuyos lo son.» Si yo hiciera caso de la conciencia, -me quedaria con mi amo el judío, que es, despues de todo, un demonio. -¿Qué gano en tomar por señor á un diablo en vez de otro? Mala debe de -ser mi conciencia, pues me dice que guarde fidelidad al judío. Mejor me -parece el consejo del demonio. Ya te obedezco y echo á correr. - - (_Sale el viejo Gobbo._) - -GOBBO. - -Decidme, caballero: ¿por dónde voy bien á casa del judío? - -LANZAROTE. - -Es mi padre en persona; pero como es corto de vista más que un topo, no -me distingue. Voy á darle una broma. - -GOBBO. - -Decidme, jóven, ¿dónde es la casa del judío? - -LANZAROTE. - -Torced primero á la derecha: luego á la izquierda: tomad la callejuela -siguiente, dad la vuelta, y luego torciendo el camino, topareis la casa -del judío. - -GOBBO. - -Á fe mia, que son buenas señas. Difícil ha de ser atinar con el camino. -¿Y sabeis si vive todavía con él un tal Lanzarote? - -[Ilustración] - -LANZAROTE. - -Ah sí, Lanzarote, ¿un caballero jóven? ¿Hablais de ese? - -GOBBO. - -Aquel de quien yo hablo no es caballero, sino hijo de humilde padre, -pobre aunque muy honrado, y con buena salud á Dios gracias. - -LANZAROTE. - -Su padre será lo que quiera, pero ahora tratamos del caballero -Lanzarote. - -GOBBO. - -No es caballero, sino muy servidor vuestro, y yo tambien. - -LANZAROTE. - -_Ergo_, oidme por Dios, venerable anciano.... _ergo_ hablais del jóven -Lanzarote. - -GOBBO. - -De Lanzarote sin caballero, por más que os empeñeis, señor. - -LANZAROTE. - -Pues sí, del caballero Lanzarote. Ahora bien, no pregunteis por ese -jóven caballero, porque en realidad de verdad, el hado, la fortuna ó -las tres inexorables Parcas le han quitado de en medio, ó dicho en -términos más vulgares, ha muerto. - -GOBBO. - -¡Dios mio! ¡Qué horror! Ese niño que era la esperanza y el consuelo de -mi vejez. - -LANZAROTE. - -¿Acaso tendré yo cara de báculo, arrimo ó cayado? ¿No me conoces, padre? - -GOBBO. - -¡Ay de mí! ¿qué he de conoceros, señor mio? Pero decidme con verdad qué -es de mi hijo, si vive ó ha muerto. - -LANZAROTE. - -Padre, ¿pero no me conoces? - -GOBBO. - -No, caballero; soy corto de vista: perdonad. - -LANZAROTE. - -Y aunque tuvieras buena vista, trabajo te habia de costar conocerme, -que nada hay más difícil para un padre que conocer á su verdadero -hijo. Pero en fin, yo os daré noticias del pobre viejo. (_Se pone de -rodillas._) Dame tu bendicion: siempre acaba por descubrirse la verdad. - -GOBBO. - -Levantaos, caballero. ¿Qué teneis que ver con mi hijo Lanzarote? - -LANZAROTE. - -No más simplezas: dame tu bendicion. Soy Lanzarote, tu hijo, un pedazo -de tus entrañas. - -GOBBO. - -No creo que seas mi hijo. - -LANZAROTE. - -Eso vos lo sabeis, aunque no sé qué pensar; pero en fin, conste que soy -Lanzarote, criado del judío, y que mi madre se llama Margarita, y es tu -mujer. - -GOBBO. - -Tienes razon: Margarita se llama. Luego, si eres Lanzarote, estoy -seguro de que eres mi hijo. ¡Pero qué barbas, más crecidas que las -cerdas de la cola de mi rocin! ¡Y qué semblante tan diferente tienes! -¿Qué tal lo pasas con tu amo? Llevo por él un regalo. - -LANZAROTE. - -No está mal. Pero yo no pararé de correr hasta verme en salvo. No hay -judío más judío que mi amo. Una cuerda para ahorcarle, y ni un regalo -merece. Me mata de hambre. Dame ese regalo, y se lo llevaré al señor -Basanio. ¡Ese sí que da flamantes y lucidas libreas! Si no me admite -de criado suyo, seguiré corriendo hasta el fin de la tierra. Pero -¡felicidad nunca soñada! aquí está el mismísimo Basanio. Con él me voy, -que antes de volver á servir al judío, me haria judío yo mismo. - - (_Salen Basanio, Leonardo y otros._) - -BASANIO. - -Haced lo que tengais que hacer, pero apresuraos: la cena para las -cinco. Llevad á su destino estas cartas, apercibid las libreas. A -Graciano, que vaya luego á verme á mi casa. - - (_Se va un criado._) - -LANZAROTE. - -Padre, acerquémonos á él. - -GOBBO. - -Buenas tardes, señor. - -BASANIO. - -Buenas. ¿Qué se os ofrece? - -GOBBO. - -Señor, os presento á mi hijo, un pobre muchacho. - -LANZAROTE. - -Nada de eso, señor: no es un pobre muchacho, sino criado de un judío -opulentísimo, y ya os explicará mi padre cuáles son mis deseos. - -GOBBO. - -Tiene un empeño loco en serviros. - -LANZAROTE. - -Dos palabras: sirvo al judío.... y yo quisiera.... mi padre os lo -explicará. - -GOBBO. - -Su amo y él (perdonad, señor, si os molesto) no se llevan muy bien que -digamos. - -LANZAROTE. - -Lo cierto es que el judío me ha tratado bastante mal, y esto me ha -obligado... pero mi padre que es un viejo prudente y honrado, os lo -dirá. - -GOBBO. - -En esta cestilla hay un par de pichones, que quisiera regalar á vuestra -señoría. Y pretendo... - -LANZAROTE. - -Dos palabras: lo que va á decir es impertinente al asunto.... El, al -fin, es un pobre hombre, aunque sea mi padre. - -BASANIO. - -Hable uno solo, y entendámonos. ¿Qué quereis? - -LANZAROTE. - -Serviros, caballero. - -GOBBO. - -Ahí está, señor, todo el intríngulis del negocio. - -BASANIO. - -Ya te conozco, y te admito á mi servicio. Tu amo Sylock te recomendó á -mi hace poco, y no tengas esto por favor, que nada ganas en pasar de la -casa de un hebreo opulentísimo á la de un arruinado caballero. - -LANZAROTE. - -Bien dice el refran: mi amo tiene la hacienda, pero vuestra señoría la -gracia de Dios. - -BASANIO. - -No has hablado mal. Véte con tu padre: dí adios á Sylock, pregunta las -señas de mi casa. (_Á los criados._) Ponedle una librea algo mejor que -las otras. Pronto. - -LANZAROTE. - -Vámonos, padre. ¿Y dirán que no sé abrirme camino, y que no tengo lindo -entendimiento? ¿Á qué no hay otro en toda Italia que tenga en la palma -de la mano rayas tan seguras y de buen agüero como estas? (_Mirándose -las manos._) ¡Pues no son pocas las mujeres que me están reservadas! -Quince nada menos: once viudas y nueve doncellas... bastante para un -hombre solo. Y ademas sé que he de estar tres veces en peligros de -ahogarme y que he de salir bien las tres, y que estaré á punto de -romperme la cabeza contra una cama. ¡Pues no es poca fortuna! Dicen -que es diosa muy inconsecuente, pero lo que es conmigo, bien amiga se -muestra. - - (_Vanse Lanzarote y Gobbo._) - -BASANIO. - -No olvides mis encargos, Leonardo amigo. Compra todo lo que te -encargué, ponlo como te dije, y vuelve en seguida para asistir al -banquete con que esta noche obsequio á mis íntimos. Adios, no tardes. - -LEONARDO. - -No tardaré. - - (_Sale Graciano._) - -GRACIANO. - -¿Dónde está tu amo? - -LEONARDO. - -Allí está patente. - -GRACIANO. - -¡Señor Basanio! - -BASANIO. - -¿Qué me quereis, Graciano? - -GRACIANO. - -Tengo que dirigiros un ruego. - -BASANIO. - -Tenle por bien acogido. - -GRACIANO. - -Permíteme acompañarte á Belmonte. - -BASANIO. - -Vente, si es forzoso y te empeñas. Pero á la verdad, tú, Graciano, -eres caprichoso, mordaz y libre en tus palabras: defectos que no lo -son á los ojos de tus amigos, y que están en tu modo de ser, pero que -ofenden mucho á los extraños, porque no conocen tu buena índole. Echa -una pequeña dósis de cordura en tu buen humor: no sea que parezca mal -en Belmonte, y vayas á comprometerme y á echar por tierra mi esperanza. - -GRACIANO. - -Basanio, oye: si no tengo prudencia, si no hablo con recato, -limitándome á maldecir alguna que otra vez aparte; si no llevo, con -aire mojigato, un libro de devocion en la mano ó el bolsillo: si al -dar gracias despues de comer, no me echo el sombrero sobre los ojos, -y digo con voz sumisa: «amen»: si no cumplo, en fin, todas las reglas -de urbanidad, como quien aprende un papel para dar gusto á su abuela, -consentiré en perder tu aprecio y tu cariño. - -BASANIO. - -Allá veremos. - -GRACIANO. - -Pero no te fies de lo que haga esta noche, porque es un caso -excepcional. - -BASANIO. - -Nada de eso: haz lo que quieras. Al contrario, esta noche conviene que -alardees de ingenio más que nunca, porque mis comensales serán alegres -y regocijados. Adios: mis ocupaciones me llaman á otra parte. - -GRACIANO. - -Voy á buscar á Lorenzo y á los otros amigos. Nos veremos en la cena. - - -ESCENA III. - -=Habitacion en casa de Sylock.= - -JÉSSICA y LANZAROTE. - -JÉSSICA. - -¡Lástima que te vayas de esta casa, que sin tí es un infierno! Tú, á -lo menos, con tu diabólica travesura la animabas algo. Toma un ducado. -Procura ver pronto á Lorenzo. Te será fácil, porque esta noche come con -tu amo. Entrégale esta carta con todo secreto. Adios. No quiero que mi -padre nos vea. - -LANZAROTE. - -¡Adios! Mi lengua calla, pero hablan mis lágrimas. Adios, hermosa -judía, dulcísima gentil. Mucho me temo que algun buen cristiano venga -á perder su alma por tí. Adios. Mi ánimo flaquea. No quiero detenerme -más, adios. - -JÉSSICA. - -Con bien vayas, amigo Lanzarote. - - (_Se va Lanzarote._) - -¡Pobre de mí! ¿qué crímen habré cometido? Me avergüenzo de tener tal -padre, y eso que sólo soy suya por la sangre, no por la fe ni por -las costumbres. Adios, Lorenzo, guárdame fidelidad, cumple lo que -prometiste, y te juro que seré cristiana y amante esposa tuya. - - -ESCENA IV. - -=Una calle de Venecia.= - -GRACIANO, LORENZO, SALARINO y SALANIO. - -LORENZO. - -Dejaremos el banquete sin ser notados: nos disfrazaremos en mi casa, -volveremos dentro de una hora. - -GRACIANO. - -Mal lo hemos arreglado. - -SALARINO. - -Todavía no tenemos preparadas las hachas. - -SALANIO. - -Para no hacerlo bien, vale más no intentarlo. - -LORENZO. - -No son más que las tres. Hasta las seis sobra tiempo para todo. - - (_Sale Lanzarote._) - -¿Qué noticias traes, Lanzarote? - -LANZAROTE. - -Si abris esta carta, ella misma os lo dirá. - -LORENZO. - -Bien conozco la letra, y la mano más blanca que el papel en que ha -escrito mi ventura. - -GRACIANO. - -Será carta de amores. - -LANZAROTE. - -Me iré, con vuestro permiso. - -LORENZO. - -¿Á dónde vas? - -LANZAROTE. - -Á convidar al judío, mi antiguo amo, á que cene esta noche con mi nuevo -amo, el cristiano. - -LORENZO. - -Aguarda. Toma. Dí á Jéssica muy en secreto, que no faltaré. - - (_Se va Lanzarote._) - -Amigos, ha llegado la hora de disfrazarnos para esta noche. Por mi -parte, ya tengo paje de antorcha. - -SALARINO. - -Yo buscaré el mio. - -SALANIO. - -Y yo. - -LORENZO. - -Nos reuniremos en casa de Graciano dentro de una hora. - -SALARINO. - -Allá iremos. - - (_Vanse Salarino y Salanio._) - -GRACIANO. - -Dime por favor. ¿Esa carta no es de la hermosa judía? - -LORENZO. - -Tengo forzosamente que confesarte mi secreto. Suya es la carta, y en -ella me dice que está dispuesta á huir conmigo de casa de su padre, -disfrazada de paje. Me dice tambien la cantidad de oro y joyas que -tiene. Si ese judío llega á salvarse, será por la virtud de su hermosa -hija, tan hermosa como desgraciada por tener de padre á tan vil hebreo. -Ven, y te leeré la carta de la bella judía. Ella será mi paje de hacha. - - -ESCENA V. - -=Calle donde vive Sylock.= - -Salen SYLOCK y LANZAROTE. - -SYLOCK. - -Ya verás, ya, la diferencia que hay de ese Basanio al judío.—Sal, -Jéssica.—Por cierto que en su casa no devorarás como en la mia, porque -tiene poco.—Sal, hija.—Ni te estarás todo el dia durmiendo, ni tendrás -cada mes un vestido nuevo.—Jéssica, ven, ¿cómo te lo he de decir? - -LANZAROTE. - -Sal, señora Jéssica. - -SYLOCK. - -¿Quién te manda llamar? - -LANZAROTE. - -Siempre me habiais reñido, por no hacer yo las cosas hasta que me las -mandaban. - - (_Sale Jéssica._) - -JÉSSICA. - -Padre, ¿me llamabais? ¿qué me quereis? - -SYLOCK. - -Hija, estoy convidado á comer fuera de casa. Aquí tienes las llaves. -Pero ¿por qué iré á ese convite? Cierto que no me convidan por -amor. Será por adulacion. Pero no importa, iré, aunque sólo sea por -aborrecimiento á los cristianos, y comeré á su costa. Hija, ten cuidado -con la casa. Estoy muy inquieto. Algun daño me amenaza. Anoche soñé con -bolsas de oro. - -LANZAROTE. - -No falteis, señor. Mi amo os espera. - -SYLOCK. - -Y yo tambien á él. - -LANZAROTE. - -Y tienen un plan. No os diré con seguridad que vereis una funcion de -máscaras, pero puede que la veais. - -[Ilustración: _Sylock y su hija._] - -SYLOCK. - -¿Funcion de máscaras? Oye, Jéssica. Echa la llave á todas las puertas, -y si oyes ruido de tambores ó de clarines, no te pongas á la -ventana, ni saques la cabeza á la calle, para ver esas profanidades -de los cristianos que se untan los rostros de mil maneras. Tapa, en -seguida, todos los oidos de mi casa: quiero decir, las ventanas, para -que no penetre aquí ni áun el ruido de semejante bacanal. Te juro por -el cayado de Jacob, que no tengo ninguna gana de bullicios. Iré, con -todo eso, al convite. Tú delante para anunciarme. - -LANZAROTE. - -Así lo haré. (_Aparte á Jéssica._) Dulce señora mia, no dejes de -asomarte á la ventana, pues pasará un cristiano que bien te merece. - -SYLOCK. - -¿Qué dirá entre dientes ese malvado descendiente de Agar? - -JÉSSICA. - -No dijo más que adios. - -SYLOCK. - -En el fondo no es malo, pero es perezoso y comilon, y duerme de dia más -que un gato montes. No quiero zánganos en mi colmena. Por eso me alegro -de que se vaya, y busque otro amo, á quien ayude á gastar en pocos dias -su improvisada fortuna. Vé dentro, hija mia. Quizá pueda yo volver -pronto. No olvides lo que te he mandado. Cierra puertas y ventanas, que -nunca está más segura la joya que cuando bien se guarda: máxima que no -debe olvidar ningun hombre honrado. - - (_Vase._) - -JÉSSICA. - -Mala ha de ser del todo mi fortuna para que pronto no nos encontremos -yo sin padre y tú sin hija. - - (_Se va._) - - -ESCENA VI. - -GRACIANO y SALARINO, de máscara. - -GRACIANO. - -Á la sombra de esta pared nos ha de encontrar Lorenzo. - -SALARINO. - -Ya es la hora de la cita. Mucho me admira que tarde. - -GRACIANO. - -Sí, porque el alma enamorada cuenta las horas con más presteza que el -reloj. - -SALARINO. - -Las palomas de Vénus vuelan con ligereza diez veces mayor cuando van á -jurar un nuevo amor, que cuando acuden á mantener la fe jurada. - -GRACIANO. - -Necesario es que así suceda. Nadie se levanta de la mesa del festin -con el mismo apetito que cuando se sentó á ella. ¿Qué caballo muestra -al fin de la rápida carrera el mismo vigor que al principio? Así son -todas las cosas. Más placer se encuentra en el primer instante de la -dicha que despues. La nave es en todo semejante al hijo pródigo. Sale -altanera del puerto nativo, coronada de alegres banderolas, acariciada -por los vientos, y luego torna con el casco roto y las velas hechas -pedazos, empobrecida y arruinada por el vendaval. - - (_Sale Lorenzo._) - -SALARINO. - -Dejemos esta conversacion. Aquí viene Lorenzo. - -LORENZO. - -Amigos: perdon, si os he hecho esperar tanto. No me echeis la culpa: -echádsela á mis bodas. Cuando para lograr esposa, tengais que hacer -el papel de ladrones, yo os prometo igual ayuda. Venid: aquí vive mi -suegro Sylock. (_Llama._) - - (_Jéssica disfrazada de paje se asoma á la ventana._) - -JÉSSICA. - -Para mayor seguridad decidme quién sois, aunque me parece que conozco -esa voz. - -LORENZO. - -Amor mio, soy Lorenzo, y tu fiel amante. - -JÉSSICA. - -El corazon me dice que eres mi amante Lorenzo. Dime, Lorenzo, ¿y hay -alguno, fuera de tí, que sospeche nuestros amores? - -LORENZO. - -Testigos son el cielo y tu mismo amor. - -JÉSSICA. - -Pues mira: toma esta caja, que es preciosa. Bendito sea el oscuro velo -de la noche que no te permite verme, porque tengo vergüenza del disfraz -con que oculto mi sexo. Pero al amor le pintan ciego, y por eso los -amantes no ven las mil locuras á que se arrojan. Si no, el Amor mismo -se avergonzaria de verme trocada de tierna doncella en arriscado paje. - -LORENZO. - -Baja: tienes que ser mi paje de antorcha. - -JÉSSICA. - -¿Y he de descubrir yo misma, por mi mano, mi propia liviandad y -ligereza, precisamente cuando me importa más ocultarme? - -LORENZO. - -Bien oculta estarás bajo el disfraz de gallardo paje. Ven pronto, la -noche vuela, y nos espera Basanio en su mesa. - -JÉSSICA. - -Cerraré las puertas y recogeré más oro. Pronto estaré contigo. - - (_Vase._) - -GRACIANO. - -¡Á fe mia que es gentil, y no judía! - -LORENZO. - -¡Maldito sea yo si no la amo! Porque mucho me equivoco, ó es discreta, -y ademas es bella, que en esto no me engañan los ojos, y es fiel -y me ha dado mil pruebas de constancia. La amaré eternamente por -hermosa, discreta y fiel. - - (_Sale Jéssica._) - -Al fin viniste. En marcha, -compañeros. Ya nos esperan nuestros amigos. - - (_Vanse todos menos Graciano._) - (_Sale Antonio._) - -ANTONIO. - -¿Quién? - -GRACIANO. - -¡Señor Antonio! - -ANTONIO. - -¿Solo estais, Graciano? ¿y los demas? Ya han dado las nueve, y todo el -mundo espera. No habrá máscaras esta noche. El viento se ha levantado -ya, y puede embarcarse Basanio. Más de veinte recados os he enviado. - -GRACIANO. - -¿Qué me decis? ¡Oh felicidad! ¡Buen viento! Ya siento ganas de verme -embarcado. - - -ESCENA VII. - -=Quinta de Pórcia en Belmonte.= - -PÓRCIA y el PRÍNCIPE DE MARRUECOS. - -PÓRCIA. - -Descorred las cortinas, y enseñad al príncipe los cofres; él elegirá. - -EL PRÍNCIPE. - -El primero es de oro, y en él hay estas palabras: «Quien me elija, -ganará lo que muchos desean.» El segundo es de plata, y en él se lee: -«Quien me elija, cumplirá sus anhelos.» El tercero es de vil plomo, -y en él hay esta sentencia tan dura como el metal: «Quien me elija, -tendrá que arriesgarlo todo.» ¿Cómo haré para no equivocarme en la -eleccion? - -PÓRCIA. - -En uno de los cofres está mi retrato. Si le encontrais, soy vuestra. - -EL PRÍNCIPE. - -Algun dios me iluminará. Volvamos á leer con atencion los letreros. -¿Qué dice el plomo? «Todo tendrá que darlo y arriesgarlo el que -me elija.» ¡Tendrá que darlo todo! ¿Y por qué?... Por plomo... -¿Aventurarlo todo por plomo? Deslucido premio en verdad. Para -aventurarlo todo, hay que tener esperanza de alguna dicha muy grande, -porque á un alma noble no la seduce el brillo de un vil metal. En suma, -no doy ni aventuro nada por el plomo. ¿Qué dice la plata del blanco -cofrecillo? «Quien me elija logrará lo que merece...» Lo que merece... -Despacio, Príncipe: pensémoslo bien. Si atiendo á mi conciencia, yo -me estimo en mucho. No es pequeño mi valor, aunque quizá lo sea para -aspirar á tan excelsa dama. De otra parte, seria poquedad de ánimo -dudar de lo que realmente valgo... ¿Qué merezco yo? Sin duda esta -hermosa dama. Para eso soy de noble nacimiento y grandes dotes de alma -y cuerpo, de fortuna, valor y linaje; y sobre todo la merezco porque la -amo entrañablemente. Sigo en mis dudas. ¿Continuaré la eleccion ó me -pararé aquí? Voy á leer segunda vez el rótulo de la caja de oro: «Quién -me elija logrará lo que muchos desean.» Es claro: la posesion de esta -dama: todo el mundo la desea, y de los cuatro términos del mundo vienen -á postrarse ante el ara en que se venera su imágen. Los desiertos de -Hircania, los arenales de la Libia se ven trocados hoy en animados -caminos, por donde acuden innumerables príncipes á ver á Pórcia. No -bastan á detenerlos playas apartadas, ni el salobre reino de las ondas -que lanzan su espuma contra el cielo. Corren el mar, como si fuera un -arroyo, sólo por el ansia de ver á Pórcia. Una de estas cajas encierra -su imágen, pero ¿cuál? ¿Estará en la de plomo? Necedad seria pensar que -tan vil metal fuese sepulcro de tanto tesoro. ¿Estará en la plata que -vale diez veces menos que el oro? Bajo pensamiento seria. Sólo en oro -puede engastarse joya de tanto precio. En Inglaterra corre una moneda -de oro, con un ángel grabado en el anverso. Allí está sólo grabado, -mientras que aquí es el ángel mismo quien yace en tálamo de oro. Venga -la llave: mi eleccion está hecha, sea cual fuere el resultado. - -PÓRCIA. - -Tomad la llave, y si en esa caja está mi retrato, seré vuestra esposa. - -EL PRÍNCIPE (_abriendo el cofre_). - -¡Por vida del demonio! sólo encuentro una calavera, y en el hueco de -sus ojos este papel: «No es oro todo lo que reluce: así dice el refran -antiguo: tú verás si con razon. ¡Á cuántos ha engañado en la vida una -vana exterioridad! En dorado sepulcro habitan los gusanos. Si hubieras -tenido tanta discrecion y buen juicio como valor y osadía, no te -hablaria de esta suerte mi hueca y apagada voz. Véte en buen hora, ya -que te ha salido fria la pretension.» Sí que he quedado frio y triste. -Toda mi esperanza huyó, y el fuego del amor se ha convertido en hielo. -Adios, hermosa Pórcia. No puedo hablar. El desencanto me quita la voz. -¡Cuán triste se aleja el que ve marchitas sus ilusiones! - -PÓRCIA. - -¡Oh felicidad! Quiera Dios que tengan la misma suerte todos los que -vengan, si son del mismo color que éste. - - -ESCENA VIII. - -=Calle en Venecia.= - -SALARINO y SALANIO. - -SALARINO. - -Ya se ha embarcado Basanio, y con él va Graciano, pero no Lorenzo. - -SALANIO. - -El judío se quejó al Dux, é hizo que le acompañase á registrar la nave -de Basanio. - -SALARINO. - -Pero cuando llegaron, era tarde, y ya se habian hecho á la mar. En el -puerto dijeron al Dux que poco antes habian visto en una góndola á -Lorenzo y á su amada Jéssica, y Antonio juró que no iban en la nave de -Basanio. - -SALANIO. - -Nunca he visto tan ciego, loco, incoherente y peregrino furor como -el de este maldito hebreo. Decia á voces: «¡Mi hija, mi dinero, mi -hija... ha huido con un cristiano... y se ha llevado mi dinero... mis -ducados... Justicia... mi dinero... una bolsa... no... dos, llenas -de ducados... Y ademas joyas y piedras preciosas... Me lo han robado -todo... Justicia... Buscadla... Lleva consigo mi dinero y mis alhajas!» - -[Ilustración] - -SALARINO. - -Los muchachos le persiguen por las calles de Venecia, gritando como él: -«Justicia, mis ducados, mis joyas, mi hija.» - -SALANIO. - -¡Pobre Antonio si no cumple el trato! - -SALARINO. - -Y fácil es que no pueda cumplirlo. Ayer me dijo un francés que en el -estrecho que hay entre Francia é Inglaterra habia naufragado un barco -veneciano. En seguida me acordé de Antonio, y por lo bajo hice votos á -Dios para que no fuera el suyo. - -SALANIO. - -Bien harias en decírselo á Antonio, pero de modo que no le hiciera mala -impresion la noticia. - -SALARINO. - -No hay en el mundo alma más noble. Hace poco ví cómo se despedia -de Basanio. Díjole éste que haria por volver pronto, y Antonio le -replicó: «No lo hagas de ningun modo, ni eches á perder, por culpa mia, -tu empresa. Necesitas tiempo. No te apures por la fianza que dí al -judío. Estáte tranquilo, y sólo pienses en alcanzar con mil delicadas -galanterías y muestras de amor el premio á que aspiras.» Apenas podia -contener el llanto al decir esto. Apartó la cara, dió la mano á su -amigo, y se despidió de él por última vez. - -SALANIO. - -Él es toda su vida, segun imagino. Vamos á verle, y tratemos de -consolar su honda tristeza. - -SALARINO. - -Vamos. - - -ESCENA IX. - -=Quinta de Pórcia en Belmonte.= - -NERISSA. - -(_A un criado._) Anda, descorre las cortinas, que ya el Infante de -Aragon ha hecho su juramento y viene á la prueba. - - (_Salen el Infante de Aragon, Pórcia y acompañamiento. Tocan cajas - y clarines._) - -PÓRCIA. - -Egregio Infante: ahí teneis las cajas: si dais con la que contiene mi -retrato, vuestra será mi mano. Pero si la fortuna os fuere adversa, -tendreis que alejaros sin más tardanza. - -EL INFANTE. - -El juramento me obliga á tres cosas: primero, á no decir nunca cuál de -las tres cajas fué la que elegí. Segundo, si no acierto en la eleccion, -me comprometo á no pedir jamas la mano de una doncella. Tercero, á -alejarme de vuestra presencia, si la suerte me fuere contraria. - -PÓRCIA. - -Esas son las tres condiciones que tiene que cumplir todo el que viene á -esta dudosa aventura, y á pretender mi mano indigna de tanta honra. - -EL INFANTE. - -Yo cumpliré las tres. Fortuna, dame tu favor, ilumíname. Aquí -tenemos plata, oro y plomo. «Quien me elija, tendrá que darlo todo y -aventurarlo todo.» Para que yo dé ni aventure nada, menester será que -el plomo se haga antes más hermoso. ¿Y qué dice la caja de oro? «Quien -me elija, alcanzará lo que muchos desean.» Estos serán la turba de -necios que se fia de apariencias, y no penetra hasta el fondo de las -cosas: á la manera del pájaro audaz que pone su nido en el alero del -tejado, expuesto á la intemperie y á todo género de peligros. No es mio -pensar como piensa el vulgo. No elegiré lo que muchos desean. No seré -como la multitud grosera y sin juicio. Vamos á tí, arca brillante de -precioso metal: «Quien me elija, alcanzará lo que merece.» Está bien, -¿qué alma bien nacida querrá obtener ninguna ventaja ni triunfar del -hado, sin un mérito real? ¿A quién contentará un honor inmerecido? -¡Dichoso aquel dia en que no por subterráneas intrigas, sino por las -dotes reales del alma, se consigan los honores y premios! ¡Cuántas -frentes, que ahora están humilladas, se cubrirán de gloria entonces! -¡Cuántos de los que ahora dominan querrian ser entonces vasallos! -¡Qué de ignominias descubriríamos al traves de la púrpura de reyes, -emperadores y magnates! ¡Y cuánta honra encontraríamos soterrada en -el lodo de nuestra edad! Siga la eleccion: «Alcanzará lo que merece.» -Mérito tengo. Venga la llave, que esta caja encierra sin duda mi -fortuna. - -PÓRCIA. - -Mucho lo habeis pensado para tan corto premio como habeis de encontrar. - -EL INFANTE. - -¿Qué veo? La cara de un estúpido que frunce el entrecejo y me presenta -una carta. ¡Cuán diverso es su semblante del de la hermosísima Pórcia! -¡Otra cosa aguardaban mis méritos y esperanzas! «Quien me elija, -alcanzará lo que merece.» ¿Y no merezco más? ¿La cara de un imbécil? -¿Ese es el premio que yo ambicionaba? ¿Tan poco valgo? - -PÓRCIA. - -El juicio no es ofensa: son dos actos distintos. - -EL INFANTE. - -¿Y qué dice ese papel? (_Lee._) «Siete veces ha pasado este metal por -la llama: siete pruebas necesita el juicio para no equivocarse. Muchos -hay que toman por realidad los sueños: natural es que su felicidad -sea sueño tambien. Bajo este blanco metal has encontrado la faz de un -estúpido. Muchos necios hay en el mundo que se ocultan así. Cásate á tu -voluntad, pero siempre me tendrás por símbolo. Adios.» Todavía seria -estupidez mayor, no irme ahora mismo. Como un necio vine á galantear, y -ahora llevo dos cabezas nuevas, la mia y otra ademas. Quédate con Dios, -Pórcia: no faltaré á mi juramento. - -PÓRCIA. - -Huye, como la mariposa que se quema las alas escapa del fuego. ¡Qué -necios son por querer pasarse de listos! - -NERISSA. - -Bien dice el proverbio: Sólo su mala fortuna lleva al necio al altar ó -á la horca. - -UN CRIADO. - -¿Dónde está mi señora? - -PÓRCIA. - -Aquí. - -EL CRIADO. - -Se apea á vuestra puerta un jóven veneciano, anunciando á su señor, -que viene á ofreceros sus respetos y joyas de gran valía. El mensajero -parece serlo del amor mismo. Nunca amaneció en primavera, anunciadora -del ardiente estío, tan risueña mañana como el rostro de este nuncio. - -PÓRCIA. - -Silencio. ¡Por Dios! tanto me lo encareces, que recelo si acabarás por -decirme que es pariente tuyo. Vamos, Nerissa: quiero ver á tan gallardo -mensajero. - -NERISSA. - -Su señor es Basanio, ó mucho me equivoco. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO III. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Calle de Venecia.= - -SALANIO y SALARINO. - -SALANIO. - -¿Qué se dice en Rialto? - -SALARINO. - -Corren nuevas de que una nave de Antonio, cargada de ricos géneros, ha -naufragado en los estrechos de Goodwins, que son unos escollos de los -más temibles, y donde han perecido muchas orgullosas embarcaciones. -Esto es lo que sucede, si es que no miente la parlera fama, y se porta -hoy como mujer de bien. - -SALANIO. - -¡Ojalá que por esta vez mienta como la comadre más embustera de cuantas -comen pan! Pero la verdad es, sin andamos en rodeos ni ambages, que -el pobre Antonio, el buen Antonio... ¡Oh si encontrara yo un adjetivo -bastante digno de su bondad! - -SALARINO. - -Al asunto, al asunto. - -SALANIO. - -¿Al asunto dices? Pues el asunto es que ha perdido un barco. - -SALARINO. - -¡Quiera Dios que no sea más que uno! - -SALANIO. - -¡Ojalá! No sea que eche á perder el demonio mis oraciones, porque aquí -viene en forma de judío. - - (_Sale Sylock._) - -¿Cómo estás, Sylock? ¿Qué novedades cuentan los mercaderes? - -SYLOCK. - -Vosotros lo sabeis. ¿Quién habia de saber mejor que vosotros la fuga de -mi hija? - -SALARINO. - -Es verdad. Yo era amigo del sastre que hizo al pájaro las alas con que -voló del nido. - -SALANIO. - -Y Sylock no ignoraba que el pájaro tenia ya plumas, y que es condicion -de las aves el echar á volar en cuanto las tienen. - -SALARINO. - -Por eso la condenarán. - -SALANIO. - -Es claro: si la juzga el demonio. - -SYLOCK. - -¡Ser infiel á mi carne y sangre! - -SALANIO. - -Más diferencia hay de su carne á la tuya que del marfil al azabache, -y de su sangre á la tuya que del vino del Rhin al vino tinto. Dinos: -¿sabes algo de la pérdida que ha tenido Antonio en el mar? - -SYLOCK. - -¡Vaya otro negocio! ¡Un mal pagador, que no se atreve á comparecer en -Rialto! ¡Un mendigo que hacia alarde de lujo, paseándose por la playa! -A ver cómo responde de su fianza. Para eso me llamaba usurero. Que -responda de su fianza. Decia que prestaba dinero por caridad cristiana. -Que responda de su fianza. - -SALARINO. - -De seguro que si no cumple el contrato, no por eso te has de quedar con -su carne. ¿Para qué te sirve? - -SYLOCK. - -Me servirá de cebo en la caña de pescar. Me servirá para satisfacer -mis odios. Me ha arruinado. Por él he perdido medio millon: él se -ha reido de mis ganancias y de mis pérdidas: ha afrentado mi raza y -linaje, ha dado calor á mis enemigos y ha desalentado á mis amigos. Y -todo ¿por qué? Por que soy judío. ¿Y el judío no tiene ojos, no tiene -manos ni órganos ni alma, ni sentidos ni pasiones? ¿No se alimenta de -los mismos manjares, no recibe las mismas heridas, no padece las mismas -enfermedades y se cura con iguales medicinas, no tiene calor en verano -y frio en invierno, lo mismo que el cristiano? Si le pican ¿no sangra? -¿No se rie si le hacen cosquillas? ¿No se muere si le envenenan? Si -le ofenden, ¿no trata de vengarse? Si en todo lo demas somos tan -semejantes ¿por qué no hemos de parecernos en esto? Si un judío ofende -á un cristiano ¿no se venga éste, á pesar de su cristiana caridad? Y si -un cristiano á un judío, ¿qué enseña al judío la humildad cristiana? A -vengarse. Yo os imitaré en todo lo malo, y para poco he de ser, si no -supero á mis maestros. - -UN CRIADO. - -Señores: mi amo Antonio os espera en su casa, para hablaros de negocios -importantes. - -SALARINO. - -Largo tiempo hace que le buscamos. - - (_Sale Túbal._) - -SALANIO. - -Hé aquí otro de su misma tribu: no se encontraria otro tercero que los -igualase como no fuese el mismísimo demonio. - - (_Vanse._) - -SYLOCK. - -Túbal, ¿qué noticias traes de Génova? ¿qué sabes de mi hija? - -TÚBAL. - -Oí noticias de ella en muchas partes, pero nunca la ví. - -SYLOCK. - -Nunca ha caido otra maldicion igual sobre nuestra raza. Mira: se -llevó un diamante que me habia costado dos mil ducados en la feria -de Francfort. Dos mil ducados del diamante, y ademas muchas alhajas -preciosas. Poco me importaria ver muerta á mi hija, como tuviera los -diamantes en las orejas, y los ducados en el ataud. ¿Pero nada, nada -has averiguado de ellos? ¡Maldito sea yo! ¡Y cuánto dinero he gastado -en buscarla! ¡Tanto que se llevó el ladron, y tanto cómo llevo gastado -en su busca, y todavía no me he vengado! Cada dia me trae una nueva -pérdida. Todo género de lástimas y miserias ha caido sobre mí. - -TÚBAL. - -No eres tú el solo desgraciado. Me contaron en Génova que tambien -Antonio... - -SYLOCK. - -¿Qué, qué? ¿le ha sucedido alguna desgracia? - -TÚBAL. - -Se le ha perdido un barco que venia de Trípoli. - -SYLOCK. - -¡Bendito sea Dios! ¿Pero eso es cierto? - -TÚBAL. - -Me lo han contado algunos marineros escapados del naufragio. - -SYLOCK. - -¡Gracias, amigo Túbal, gracias! ¡Qué felices nuevas! ¿Con qué en -Génova, eh, en Génova? - -TÚBAL. - -Dicen que tu hija ha gastado en Génova ochenta ducados en una noche. - -SYLOCK. - -¡Qué daga me estás clavando en el corazon! ¡Pobre dinero mio! ¡En una -noche sola ochenta ducados! - -TÚBAL. - -Varios acreedores de Antonio, con quienes vengo desde Génova, tienen -por inevitable su quiebra. - -SYLOCK. - -¡Oh! ¡qué felicidad! Le atormentaré. Me he de vengar con creces. - -TÚBAL. - -Uno de esos acreedores me mostró una sortija, con que tu hija le habia -pagado un mono que compró. - -SYLOCK. - -¡Cállate, maldecido! ¿Quieres martirizarme? Es mi turquesa. Me la -regaló Lia, cuando yo era soltero. No la hubiera yo cedido por todo un -desierto henchido de monos. - -TÚBAL. - -Pero no tiene duda que Antonio está completamente arruinado. - -SYLOCK. - -Eso me consuela. Eso tiene que ser verdad. Túbal, avísame un alguacil -para dentro de quince dias. Si no paga la fianza, le sacaré las -entrañas; si no fuera por él, haria yo en Venecia cuantos negocios -quisiera. Túbal, nos veremos en la sinagoga. Adios, querido Túbal. - - -ESCENA II. - -=Quinta de Pórcia.= - -BASANIO, PÓRCIA, GRACIANO, NERISSA y criados. - -PÓRCIA. - -Os ruego que no os deis prisa. Esperad siquiera un dia ó dos, porque -si no acertais en la eleccion, os pierdo para siempre. Hay en mi alma -algo que me dice (no sé si será amor) que seria para mí un dolor que -os fueseis. Odio ya veis que no puede ser. Si no os parecen bastante -claras mis palabras (porque una doncella sólo puede hablar de estas -cosas con el pensamiento) os suplicaria que permanecieseis aquí uno -ó dos meses. Con esto tendré bastante tiempo para enseñaros el modo -de no errar. Pero ¡ay! no puedo, porque seria faltar á mi juramento, -y no he de ser perjura aunque os pierda. Si errais, hareis que me -lamente mucho de haber faltado á mi juramento. ¡Ojalá nunca hubiera yo -visto vuestros ojos! Su fulgor me ha partido el alma: sólo la mitad es -mia, la otra mitad vuestra... He querido decir mia, pero no es mia, -vuestra es tambien, y toda yo os pertenezco. Este siglo infeliz en que -vivimos pone obstáculos entre el poseedor y su derecho. Por eso, y á -la vez, soy vuestra y no lo soy. El hado tiene la culpa, y él es quien -debe pagarla é ir al infierno, yo no. Hablo demasiado, pero es por -entretener el tiempo, y detenerle, y con él vuestra eleccion. - -BASANIO. - -Permitid que la suerte decida. Estoy como en el tormento. - -PÓRCIA. - -¿Basanio en el tormento? pues qué, ¿hay algun engaño en vuestro amor? - -BASANIO. - -Hay un recelo, que me presenta como imposible mi felicidad. Antes harán -alianza el fuego y el hielo, que mi amor y la traicion. - -PÓRCIA. - -Me temo que esteis hablando desde el tormento, donde el hombre, bien -contra su voluntad, confiesa lo cierto. - -BASANIO. - -Pórcia, mi vida consiste en vos. Dádmela, y os diré toda la verdad. - -PÓRCIA. - -Decídmela y vivireis. - -BASANIO. - -Mejor hubierais dicho: «decídmela y amad», y con esto seria inútil mi -confesion, ya que mi único crímen es amar, delicioso tormento en que -sólo el verdugo puede salvar al reo. Vamos á las cajas, y que la suerte -nos favorezca. - -PÓRCIA. - -A las cajas, pues. En una de ellas está mi efigie. Si me amais, -la encontrareis de seguro. Atras, Nerissa: atras, todos vosotros, -y mientras elige, resuene la música. Si se equivoca, morirá entre -armonías como el cisne, y para que sea mayor la exactitud de la -comparacion, mis ojos le darán sepulcro en las nativas ondas. Si vence -(y no es imposible), oirá el son agudo de las trompetas, semejante -al que saluda al rey que acaba de ser ungido y coronado, ó á las -alegres voces que, al despuntar la aurora, penetran en los oidos del -extasiado novio. Vedle acercarse con más amor y más vigorosos alientos -que Hércules, cuando fué á salvar á Troya del nefando tributo de la -doncella que tenia que entregar á la voracidad del mónstruo marino, -en luctuoso dia. Yo soy la víctima. Vosotros sois como las matronas -dárdanas que con llorosos ojos han salido de Troya á contemplar el -sacrificio. Adelante, noble Alcides: sal vencedor de la contienda. En -tu vida está la mia. Todavía tengo yo más interes en el combate, que -tú que vas á pelear, dando celos al mismo Áres. (_Mientras Basanio -elige, canta la música_: «¿Dónde nace el amor, en los ojos ó en el -alma? ¿Quién le da fuerzas para quitarnos el sosiego? Decídnoslo, -decídnoslo.—El amor nace en los ojos, se alimenta de miradas, y muere -por desvíos en la misma cuna donde nace. Cantemos dulces himnos en -alabanza del amor. ¡Viva el amor, viva el amor!») - -[Ilustración: _La eleccion entre las tres cajas._] - -BASANIO. - -Muchas veces engañan las apariencias. ¿Ha habido causa tan mala que -un elocuente abogado no pudiera hacer probable, buscando disculpas -para el crímen más horrendo? ¿Hay alguna herejía religiosa que no -tenga sectarios, y que no pueda cubrirse con citas de la Escritura -ó con flores retóricas que disimulen su fealdad? ¿Hay vicio que no -pueda disfrazarse con la máscara de la virtud? ¿No habeis visto muchos -cobardes, tan falsos y movedizos como piedra sobre arena, y que por -fuera muestran la belicosa faz de Hércules y las híspidas barbas de -Marte, y por de dentro tienen los hígados tan blancos como la leche? -Fingen valor, para hacerse temer. Medid la hermosura: se compra al -peso, y son más ligeras las que se atavian con los más preciados arreos -de la belleza. ¡Cuántas veces los áureos rizos, enroscados como sierpes -al rededor de una dudosa belleza, son prenda de otra hermosura que -yace en olvidado sepulcro! Los adornos son como la playa de un mar -proceloso: como el velo de seda que oculta el rostro de una hermosura -india: como la verdad, cuya máscara toma la fraude para engañar á -los más prudentes. Por eso desdeño los fulgores del oro, alimento y -perdicion del avaro Midas, y tambien el pálido brillo de la mercenaria -plata. Tu quebrado color, oh plomo que pasas por vil y anuncias más -desdichas que felicidad, me atrae más que todo eso. Por tí me decido. -¡Quiera Dios cumplir mi amoroso deseo! - -PÓRCIA. - -(_Aparte._) Como el viento disipa las nubes, así huyen de mi alma todos -los recelos, tristezas y desconfianzas. Cálmate, amor; ten sosiego: -templa los ímpetus del alma, y dame el gozo con tasa, porque si no, el -corazon estallará de alegría. - -BASANIO. - -(_Abre la caja de plomo._) ¿Qué veo? ¿El mismo rostro de la hermosa -Pórcia? ¿Qué pincel sobrehumano pudo acercarse tanto á la realidad? -¿Pestañean estos ojos, ó es que los mueve el reflejo de los mios? -Exhalan sus labios un aliento más dulce que la miel. De sus cabellos -ha tejido el pintor una tela de araña para enredar corazones. ¡Ay de -las moscas que caigan en ellos! ¿Pero cómo habrá podido retratar sus -ojos, sin cegar? ¿Cómo pudo acabar el uno sin que sus rayos le cegaran -de tal modo que dejase sin acabar el otro? Toda alabanza es poca, y -seria afrentar al retrato tanto como el retrato al original. Veamos lo -que dice la letra, cifra breve de mi fortuna. (_Lee._) «Tú á quien no -engañan las apariencias, consigues la rara fortuna de acertar. Ya que -tal suerte tuviste, no busques otra mejor. Si te parece bien la que te -ha dado la fortuna, vuélvete hácia ella, y con un beso de amor tómala -por tuya, siguiendo los impulsos de tu alma.» ¡Hermosa leyenda! Señora, -perdon. Es necesario cumplir lo que este papel ordena. A la manera que -el gladiador, cuando los aplausos ensordecen el anfiteatro, duda si es -á él á quien se dirigen, y vuelve la vista en torno suyo; así yo, bella -Pórcia, dudo si es verdad lo que miro, y antes de entregarme al gozo, -necesito que lo confirmen vuestros labios. - -PÓRCIA. - -Basanio, tal cual me veis, vuestra soy. No deseo para mí suerte mayor, -pero en obsequio vuestro quisiera ser veinte veces más hermosa de lo -que soy, y diez mil veces más rica. Yo quisiera exceder á todas en -virtud, en belleza, en bienes de fortuna y en amigos, para que me -amaseis mucho más. Pero valgo muy poco; soy una niña ignorante y sin -experiencia; sólo tengo una cosa buena, y es que todavía no soy vieja -para aprender; y otra aún mejor, que no fué tan mala mi educacion -primera que no pueda aprender. Y áun tengo otra felicidad mejor, y es -la de tener un corazon tan rendido que se humilla á vos como el siervo -á su señor y monarca. Mi persona, y la hacienda que fué mia, son desde -hoy vuestras. Hace un momento era yo señora de esta quinta y de estos -criados, y de mí misma, pero desde ahora yo y mi quinta y mis criados -os pertenecemos. Todo os lo doy con este anillo. Si algun dia le -destruís ó perdeis, será indicio de que habeis perdido mi amor, y podré -reprenderos por tan grave falta. - -BASANIO. - -Señora, me habeis quitado el habla. Sólo os grita mi sangre alborotada -en las venas. Tal trastorno habeis producido en mis sentidos, como el -tumulto que estalla en una muchedumbre cuando oye el discurso de un -príncipe adorado. Mil palabras incoherentes se confunden con gritos que -no tienen sentido alguno, pero que expresan un júbilo sincero. Cuando -huya de mis dedos ese anillo, irá con él mi vida, y podreis decir que -ha muerto Basanio. - -NERISSA. - -Á nosotros, mudos espectadores de tal drama, sólo nos toca daros el -parabien. Sed dichosos, amos y señores mios. - -GRACIANO. - -Basanio, señor mio; y tú, hermosa dama, disfrutad cuanta ventura deseo -para vosotros, ya que no ha de ser á mi costa. Y cuando os prepareis á -cerrar solemnemente el contrato, dadme licencia para hacer lo mismo. - -BASANIO. - -Con mucho gusto, si encuentras mujer. - -GRACIANO. - -Mil gracias, Basanio. Á tí lo debo. Mis ojos son tan avizores como los -tuyos. Tú los pusiste en la señora; yo en la criada: tú amaste; yo -tambien. Tu amor no consiente dilaciones; tampoco el mio. Tu suerte -dependia de la buena eleccion de las cajas; tambien la mia. Yo ardiendo -en amores perseguí á esta esquiva hermosura con tantas y tantas -promesas y juramentos, que casi tengo seca la boca de repetirlos. Pero -al fin (si las palabras de tal hermosura valen algo), me prometió -concederme su amor, si tú acertabas á conquistar el de su señora. - -PÓRCIA. - -¿Es verdad, Nerissa? - -NERISSA. - -Verdad es, señora, si no lo llevais á mal. - -BASANIO. - -¿Lo dices de véras, Graciano? - -GRACIANO. - -De véras, señor. - -BASANIO. - -Vuestro casamiento aumentará los regocijos del nuestro. - -GRACIANO. - -¡Pero quién viene! ¿Lorenzo y la judía? ¿y con ellos mi amigo, el -veneciano Salerio? - - (_Salen Lorenzo, Jéssica y Salerio._) - -BASANIO. - -Con bien vengais á esta quinta, Lorenzo y Salerio, si es que mi recien -nacida felicidad me autoriza para saludaros en este lugar. ¿Me lo -permites, bellísima Pórcia? - -PÓRCIA. - -Y lo repito: bien venidos sean. - -LORENZO. - -Gracias por tanto favor. Mi intencion no era visitarte, pero Salerio, á -quien encontré en el camino, se empeñó tanto, que al cabo consentí en -acompañarle. - -SALERIO. - -Lo hice, es verdad, pero no sin razon, porque te traigo un recado del -señor Antonio. (_Le da una carta._) - -BASANIO. - -Antes de abrir esta carta, dime cómo se encuentra mi buen amigo. - -SALERIO. - -No está enfermo más que del alma; por su carta verás lo que padece. - -GRACIANO. - -Querido Salerio, dame la mano. ¿Qué noticias traes de Venecia? ¿Qué -hace el honrado mercader Antonio? ¡Cómo se alegrará al saber nuestra -dicha! Somos los Jasones que han encontrado el vellocino de oro. - -SALERIO. - -¡Ojalá hubierais encontrado el áureo vellocino, que él perdió en hora -aciaga! - -PÓRCIA. - -Malas nuevas debe traer la carta. Huye el color de las mejillas de -Basanio. Sin duda acaba de saber la muerte de un amigo muy querido, -porque ninguna otra mala noticia podria abatir un ánimo tan constante; -malo, malo. Perdóname, Basanio, pero soy la mitad de tu alma, y justo -es que me pertenezcan la mitad de las desgracias que anuncia ese pliego. - -BASANIO. - -¡Amada Pórcia! Leo en esta carta algunas de las frases más tristes que -se han escrito nunca sobre el papel. ¡Pórcia hermosísima!, cuando por -primera vez te confesé mi amor, no tuve reparo en decirte que yo no -tenia otra hacienda que la sangre de mis venas, pero que era noble y -bien nacido, y te dije la verdad. Pero así y todo hubo jactancia en mis -palabras, al decirte que mis bienes eran ningunos. Para ser enteramente -veraz, debí añadir que mi fortuna era menos que nada, porque la verdad -es que empeñé mi palabra á mi mejor amigo, dejándole expuesto á la -venganza del enemigo más cruel, implacable y sin entrañas: todo para -procurarme dineros. Esta carta me parece el cuerpo de mi amigo: cada -línea es á modo de una herida, que arroja la sangre á borbotones. Pero -¿es cierto, Salerio? ¿Todo, todo lo ha perdido? ¿Todos sus negocios -le han salido mal? ¿Ni en Trípoli, ni en Méjico, ni en Lisboa, ni en -Inglaterra, ni en la India, ni en Berberia, escapó ningun barco suyo de -esos escollos tan fatales al marino? - -SALERIO. - -Ni uno. Y aunque á Antonio le quedara algun dinero para pagar al judío, -de seguro que este no le recibiria. No parece sér humano: nunca he -visto á nadie tan ansioso de destruir y aniquilar á su prójimo. Dia -y noche pide justicia al Dux, amenazando, si no se le hace justicia, -con invocar las libertades del Estado. En vano han querido persuadirle -los mercaderes más ricos, y el mismo Dux y los patricios. Todo en -balde. Él persiste en su demanda, y reclama confiscacion, justicia y el -cumplimiento de su engañoso trato. - -JÉSSICA. - -Cuando vivia yo con él, muchas veces le ví jurar á sus amigos Túbal y -Chus que preferia la carne de Antonio á veinte veces el valor de la -suma que le debia, y si las leyes y el gobierno de Venecia no protegen -al infeliz Antonio, mala será su suerte. - -PÓRCIA. - -¿Y en vuestro amigo recaen todas esas calamidades? - -BASANIO. - -En mi amigo, el mejor y más fiel, el de alma más honrada que hay en -toda Italia. En su pecho arde la llama del honor de la antigua Roma. - -PÓRCIA. - -¿Qué es lo que debe al judío? - -BASANIO. - -Tres mil ducados que me prestó. - -PÓRCIA. - -¿No más que tres mil? Dale seis mil, duplica, triplica la suma, antes -que consentir que tan buen amigo pierda por tí ni un cabello. Vamos -al altar, despidámonos, y luego corre á Venecia á buscar á tu amigo; -no vuelvas al lado de Pórcia hasta dejarle en salvo. Llevarás lo -bastante para pagar diez veces más de lo que debe al hebreo. Págalo, y -vuelve enseguida con tu fiel amigo. Mi doncella Nerissa y yo viviremos -entretanto como viudas y como doncellas. Es necesario que partas el dia -mismo de nuestras bodas. Piensa en nuestros comensales; no arrugues el -ceño, muestra la faz alegre. Ya que tan caro te he comprado, reflexiona -cuánto he de amarte. Pero léeme antes la carta. - -BASANIO. - -«Querido Basanio: mis barcos naufragaron: me acosan mis acreedores; -he perdido toda mi hacienda; ha vencido el plazo de mi escritura con -el judío, y claro es que si se cumple la cláusula del contrato, tengo -forzosamente que morir. Toda deuda entre nosotros queda liquidada, con -tal que vengas á verme en la hora de mi muerte. Sin embargo, haz lo -que quieras; si nuestra amistad no te obliga á venir, tampoco te hará -fuerza esta carta.» - -PÓRCIA. - -Amor mio, véte en seguida. - -BASANIO. - -Volaré, si me lo permites. Entretanto que vuelvo, el reposo y la -soledad de mi lecho serán continuos estímulos para que yo vuelva. - - -ESCENA III. - -=Calle en Venecia.= - -SYLOCK, SALANIO, ANTONIO y el CARCELERO. - -SYLOCK. - -Carcelero, no apartes la vista de él. No me digas que tenga -compasion..... Éste es aquel insensato que prestaba su dinero sin -interes. No le pierdas de vista, carcelero. - -ANTONIO. - -Oye, amigo Sylock. - -SYLOCK. - -Pido que se cumplan las condiciones de la escritura. He jurado no ceder -ni un ápice de mi derecho. En nada te habia ofendido yo cuando ya -me llamabas perro. Si lo soy, yo te enseñaré los dientes. No tienes -escape. El Dux me hará justicia. No sé, perverso alcaide, por qué has -consentido con tanto gusto en sacarle de la prision. - -ANTONIO. - -Óyeme: te lo suplico. - -SYLOCK. - -No quiero oirte. Cúmpleme el contrato. No quiero oirte. No te empeñes -en hablar más. No soy un hombre de buenas entrañas, de los que dan -cabida á la compasion, y se rinden al ruego de los cristianos. No -volvais á importunarme. Pido que se cumpla el contrato. - - (_Vase._) - -SALANIO. - -Es el perro más abominable de los que deshonran el género humano. - -ANTONIO. - -Déjale. Nada de ruegos inútiles. Quiere mi vida y no atino por qué. Más -de una vez he salvado de sus garras á muchos infelices que acudieron á -mí, y por eso me aborrece. - -SALANIO. - -No creo que el Dux consienta jamas en que se cumpla semejante contrato. - -ANTONIO. - -El Dux tiene que cumplir la ley, porque el crédito de la República -perderia mucho si no se respetasen los derechos del extranjero. Toda la -riqueza, prosperidad y esplendor de esta ciudad depende de su comercio -con los extranjeros. Ea, vamos. Tan agobiado estoy de pesadumbres, que -dudo mucho que mañana tenga una libra de carne en mi cuerpo, con que -hartar la sed de sangre de ese bárbaro. Adios, buen carcelero. ¡Quiera -Dios que Basanio vuelva á verme y pague su deuda! Entonces moriré -tranquilo. - - -ESCENA IV. - -=Quinta de Pórcia en Belmonte.= - -PÓRCIA, NERISSA, LORENZO, JÉSSICA y BALTASAR. - -LORENZO. - -Señora (no tengo reparo en decirlo delante de vos), alta idea teneis -formada de la santa amistad, y buena prueba de ello es la resignacion -con que tolerais la ausencia de vuestro marido. Pero si supierais á -quién favoreceis de este modo, y cuán buen amigo es del señor Basanio, -más os enorgulleceriais de vuestra obra que de la natural cualidad de -obrar bien, de que tantas muestras habeis dado. - -PÓRCIA. - -Nunca me arrepentí de hacer el bien, ni ha de pesarme ahora. Entre -amigos que pasan y gastan juntos largas horas, unidos sus corazones por -el vínculo sagrado de la amistad, ha de haber gran semejanza de índole, -afectos y costumbres. De aquí infiero que siendo Antonio el mejor amigo -del esposo á quien adoro, ha de parecerse á él necesariamente. Y si -es así, ¡qué poco me habrá costado librar del más duro tormento al -fiel espejo del amor mio! Pero no quiero decir más, porque esto parece -alabanza propia. Hablemos de otra cosa. En tus manos pongo, honrado -Lorenzo, la direccion y gobierno de esta casa hasta que vuelva mi -marido. Yo sólo puedo pensar en cumplir un voto que hice secretamente, -de estar en oracion, sin más compañía que la de Nerissa, hasta que su -amante y el mio vuelvan. A dos leguas de aquí hay un convento, donde -podremos encerramos. No rehuseis el encargo y el peso que hoy me -obligan á echar sobre vuestros hombros mi confianza y la situacion en -que me encuentro. - -LORENZO. - -Lo acepto con toda voluntad, señora, y cumpliré todo lo que me ordeneis. - -PÓRCIA. - -Ya saben mi intencion los criados. Vos y Jéssica sereis para ellos como -Basanio y yo. Quedad con Dios. Hasta la vuelta. - -JÉSSICA. - -¡Ojalá logreis todas las dichas que mi alma os desea! - -PÓRCIA. - -Mucho os agradezco la buena voluntad, y os deseo igual fortuna. Adios, -Jéssica. - - (_Vanse Jéssica y Lorenzo._) - -Oye, Baltasar. Siempre te he encontrado fiel. Tambien lo has de ser -hoy. Lleva esta carta á Pádua, con toda la rapidez que cabe en lo -humano, y dásela en propia mano á mi amigo el Dr. Belario. Él te -entregará dos trajes y algunos papeles: llévalos á la barca que hace la -travesía entre Venecia y la costa cercana. No te detengas en palabras. -Corre. Estaré en Venecia antes que tú. - -BALTASAR. - -Corro á obedecerte, señora. - - (_Vase._) - -PÓRCIA. - -Oye, Nerissa: tengo un plan, que todavía no te he comunicado. Vamos á -sorprender á tu esposo y al mio. - -NERISSA. - -¿Sin que nos vean? - -[Ilustración] - -PÓRCIA. - -Nos verán, pero en tal arreo que nos han de atribuir cualidades de -que carecemos. Apuesto lo que querais á que cuando estemos vestidas -de hombre, yo he de parecer el mejor mozo, y el de más desgarro, y -he de llevar la daga mejor que tú. Hablaré recio, como los niños que -quieren ser hombres y tratan de pendencias cuando todavía no les -apunta el bozo. Inventaré mil peregrinas historias de ilustres damas -que me ofrecieron su amor, y á quienes desdeñé, por lo cual cayeron -enfermas y murieron de pesar.—¿Qué hacer entonces?—Sentir en medio de -mis conquistas cierta lástima de haberlas matado con mis desvíos. Y -por este órden ensartaré cien mil desatinos, y pensarán los hombres -que hace un año he salido del colegio y revuelvo en el magin cien mil -fanfarronadas, que quisiera ejecutar. - -NERISSA. - -Pero, señora, ¿tenemos que disfrazarnos de hombres? - -PÓRCIA. - -¿Y lo preguntas? Ven, ya nos espera el coche á la puerta del jardin. -Allí te lo explicaré todo. Anda deprisa, que tenemos que correr seis -leguas. - - -ESCENA V. - -=Jardin de Pórcia en Belmonte.= - -LANZAROTE y JÉSSICA. - -LANZAROTE. - -Sí, porque habeis de saber que Dios castiga en los hijos las culpas de -los padres: por eso os tengo lástima. Siempre os dije la verdad, y no -he de callarla ahora. Tened paciencia, porque á la verdad, creo que os -vais á condenar. Sólo os queda una esperanza, y esa á medias. - -JÉSSICA. - -¿Y qué esperanza es esa? - -LANZAROTE. - -La de que quizas no sea tu padre el judío. - -JÉSSICA. - -Esa sí que seria una esperanza bastarda. En tal caso pagaria yo los -pecados de mi madre. - -LANZAROTE. - -Dices bien: témome que pagues los de tu padre y los de tu madre. Por -eso huyendo de la Scyla de tu padre, doy en la Caríbdis de tu madre, y -por uno y otro lado estoy perdido. - -JÉSSICA. - -Me salvaré por el lado de mi marido, que me cristianizó. - -LANZAROTE. - -Bien mal hecho. Hartos cristianos éramos para poder vivir en paz. Si -continúa ese empeño de hacer cristianos á los judíos, subirá el precio -de la carne de puerco y no tendremos ni una lonja de tocino para el -puchero. - - (_Sale Lorenzo._) - -JÉSSICA. - -Contaré á mi marido tus palabras, Lanzarote. Mírale, aquí viene. - -LORENZO. - -Voy á tener celos de tí, Lanzarote, si sigues hablando en secreto con -mi mujer. - -JÉSSICA. - -Nada de eso, Lorenzo: no tienes motivo para encelarte, porque Lanzarote -y yo hemos reñido. Me estaba diciendo que yo no tendria perdon de Dios, -por ser hija de judío, y añade que tú no eres buen cristiano, porque, -convirtiendo á los judíos, encareces el tocino. - -LORENZO. - -Más fácil me seria, Lanzarote, justificarme de eso, que tú de haber -engruesado á la negra mora, que está embarazada por tí, Lanzarote. - -LANZAROTE. - -No me extraña que la mora esté más gorda de lo justo. Siempre será más -mujer de bien de lo que yo creia. - -LORENZO. - -Todo el mundo juega con el equívoco, hasta los más tontos... Dentro de -poco, los discretos tendrán que callarse, y sólo merecerá alabanza en -los papagayos el don de la palabra. Adentro, pícaro: dí á los criados -que se dispongan para la comida. - -LANZAROTE. - -Ya están dispuestos, señor: cada cual tiene su estómago. - -LORENZO. - -¡Qué ganas de broma tienes! Diles que pongan la comida. - -LANZAROTE. - -Tambien está hecho. Pero mejor palabra seria «cubrir». - -LORENZO. - -Pues que cubran. - -LANZAROTE. - -No lo haré, señor: sé lo que debo. - -LORENZO. - -Basta de juegos de palabras. No agotes de una vez el manantial de tus -gracias. Entiéndeme, ya que te hablo con claridad. Dí á tus compañeros -que cubran la mesa y sirvan la comida, que nosotros iremos á comer. - -LANZAROTE. - -Señor, la mesa se cubrirá, la comida se servirá, y vos ireis á comer ó -no, segun mejor cuadre á vuestro apetito. - - (_Vase._) - -LORENZO. - -¡Oh, qué de necedades ha dicho! Tiene hecha sin duda provision de -gracias. Otros bufones conozco de más alta ralea, que por decir un -chiste, son capaces de alterar y olvidar la verdadera significacion de -las cosas. ¿Qué piensas, amada Jéssica? Dime con verdad: ¿Te parece -bien la mujer de Basanio? - -JÉSSICA. - -Más de lo que puedo darte á entender con palabras. Muy buena vida debe -hacer Basanio, porque tal mujer es la bendicion de Dios y la felicidad -del paraíso en la tierra, y si no la estima en la tierra, no merecerá -gozarla en el cielo. Si hubiera contienda entre dos divinidades, y la -una trajese por apuesta una mujer como Pórcia, no encontraria el otro -dios ninguna otra que oponerla en este bajo mundo. - -LORENZO. - -Tan buen marido soy yo para tí, como ella es buena mujer. - -JÉSSICA. - -Pregúntamelo á mí. - -LORENZO. - -Vamos primero á comer. - -JÉSSICA. - -No: déjame alabarte, mientras yo quiera. - -LORENZO. - -No: déjalo: vamos á comer: á los postres dirás lo que quieras, y así -digeriré mejor. - - (_Vanse._) - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO IV. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Tribunal en Venecia.= - -DUX, SENADORES, ANTONIO, BASANIO, GRACIANO, SALARINO y SALANIO. - -DUX. - -¿Y Antonio? - -ANTONIO. - -Á vuestras órdenes, Alteza. - -DUX. - -Te tengo lástima, porque vienes á responder á la demanda de un enemigo -cruel y sin entrañas, en cuyo pecho nunca halló lugar la compasion ni -el amor, y cuya alma no encierra ni un grano de piedad. - -ANTONIO. - -Ya sé que V. A. ha puesto empeño en calmar su feroz encono, pero sé -tambien que permanece inflexible, y que no me queda, segun las leyes, -recurso alguno para salvarme de sus iras. A ellas sólo puedo oponer la -paciencia y la serenidad. Mi alma tranquila y resignada soportará todas -las durezas y ferocidades de la suya. - -DUX. - -Decid que venga el judío ante el tribunal. - -SALARINO. - -Ya viene, señor. Está fuera, esperando vuestras órdenes. - - (_Entra Sylock._) - -DUX. - -¡Haceos atras! ¡Que se presente Sylock! Cree el mundo, y yo con él, -que quieres apurar tu crueldad hasta las heces, y luego cuando la -sentencia se pronuncie, haces alarde de piedad y mansedumbre, todavía -más odiosas que tu crueldad primera. Cree la gente que en vez de pedir -el cumplimiento del contrato que te concede una libra de carne de este -desdichado mercader, desistirás de tu demanda, te moverás á lástima, -le perdonarás la mitad de la deuda, considerando las grandes pérdidas -que ha tenido en poco tiempo, y que bastarian á arruinar al más -opulento mercader monarca, y á conmover entrañas de bronce y corazones -de pedernal, aunque fuesen de turcos ó tártaros selváticos, ajenos de -toda delicadeza y buen comedimiento. Todos esperamos de tí una cortes -respuesta. - -SYLOCK. - -Vuestra Alteza sabe mi intencion, y he jurado por el sábado lograr -cumplida venganza. Si me la negais, ¡vergüenza eterna para las leyes -y libertades venecianas! Me direis que ¿por qué estimo más una libra -de carne de este hombre que tres mil ducados? Porque así se me antoja. -¿Os place esta contestacion? Si en mi casa hubiera un raton importuno, -y yo me empeñara en pagar diez mil ducados por matarle, ¿lo llevariais -á mal? Hay hombres que no pueden ver en su mesa un lechon asado, otros -que no resisten la vista de un gato, animal tan útil é inofensivo, -y algunos que orinan, en oyendo el son de una gaita. Efectos de la -antipatía que todo lo gobierna. Y así como ninguna de estas cosas tiene -razon de ser, yo tampoco la puedo dar para seguir este pleito odioso, -á no ser el odio que me inspira hasta el nombre de Antonio. ¿Os place -esta respuesta? - -BASANIO. - -No basta, cruel hebreo, para disculpar tu fiereza increible. - -SYLOCK. - -Ni yo pretendo darte gusto. - -BASANIO. - -¿Y mata siempre el hombre á los séres que aborrece? - -SYLOCK. - -¿Y quién no procura destruir lo que él odia? - -BASANIO. - -No todo agravio provoca á tanta indignacion desde luego. - -SYLOCK. - -¿Consentirás que la serpiente te muerda dos veces? - -ANTONIO. - -Mira que estás hablando con un judío. Más fácil te fuera arengar á -las olas de la playa cuando más furiosas están, y conseguir que se -calmen; ó preguntar al lobo por qué devora á la oveja, y deja huérfano -al cordero; ó mandar callar á los robles de la selva, y conseguir -que el viento no agite sus verdes ramas: en suma, mejor conseguirias -cualquier imposible, que ablandar el durísimo corazon de ese hebreo. No -le ruegues más, no le importunes: haz que la ley se cumpla pronto, á su -voluntad. - -BASANIO. - -En vez de los tres mil ducados toma seis. - -SYLOCK. - -Aunque dividieras cada uno de ellos en seis, no lo aceptaria. Quiero -que se cumpla el trato. - -DUX. - -¿Y quién ha de tener compasion de tí, si no la tienes de nadie? - -SYLOCK. - -¿Y qué he de temer, si á nadie hago daño? Tantos esclavos teneis, que -pueden serviros como mulos, perros ó asnos en los oficios más viles y -groseros. Vuestros son; vuestro dinero os han costado. Si yo os dijera: -dejadlos en libertad, casadlos con vuestras hijas, no les hagais -sudar bajo la carga, dadles camas tan nuevas como las vuestras y tan -delicados manjares como los que vosotros comeis, ¿no me responderiais: -«son nuestros?» Pues lo mismo os respondo yo. Esa libra de carne que -pido es mia, y buen dinero me ha costado. Si no me la dais, maldigo de -las leyes de Venecia, y pido justicia. ¿Me la dais? ¿sí ó no? - -DUX. - -Usando de la autoridad que tengo, podria suspender el consejo, si no -esperase al Dr. Belario, famoso jurisconsulto de Pisa, á quien deseo -oir en este negocio. - -SALARINO. - -Señor: fuera aguarda un criado que acaba de llegar de Pádua con cartas -del doctor. - -DUX. - -Entregádmelas, y que pase el criado. - -BASANIO. - -¡Valor, Antonio! Te juro por mi nombre, que he de dar al judío toda mi -carne, y mi sangre, y mis huesos, antes que consentir que vierta una -sola gota de la sangre tuya. - -ANTONIO. - -Soy como la res apartada en medio de un rebaño sano. La fruta podrida -es siempre la primera que cae del árbol. Dejadla caer: tú, Basanio, -sigue viviendo, y con eso pondrás un epitafio sobre mi sepulcro. - - (_Sale Nerissa, disfrazada de pasante de procurador._) - -DUX. - -¿Vienes de Pádua? ¿Traes algun recado del Dr. Belario? - -NERISSA. - -Vengo de Pádua, señor. Belario os saluda. (_Le entrega la carta._) - -[Ilustración] - -BASANIO. - -Sylock, ¿por qué afilas tanto tu cuchillo? - -SYLOCK. - -Para cortar á Antonio la carne que me debe. - -GRACIANO. - -Ningun metal, ni áun el hierro de la segur del verdugo, te iguala en -dureza, maldecido hebreo. ¿No habrá medio de amansarte? - -SYLOCK. - -No, por cierto, aunque mucho aguces tu entendimiento. - -GRACIANO. - -¡Maldicion sobre tí, infame perro! ¡Maldita sea la justicia que te -deja vivir! Cuando te veo, casi doy asenso á la doctrina pitagórica que -enseña la transmigracion de las almas de los brutos á los hombres. Sin -duda tu alma ha sido de algun lobo, inmolado por homicida, y que desde -la horca fué volando á meterse en tu cuerpo, cuando aún estabas en las -entrañas de tu infiel madre: porque tus instintos son rapaces, crueles -y sanguinarios como los del lobo. - -SYLOCK. - -Como no logres quitar el sello del contrato, nada conseguirás con tus -destempladas voces sino ponerte ronco. Graciano, modera tus ímpetus y -no pierdas la razon. Yo sólo pido justicia. - -DUX. - -Belario en esta carta recomienda al Consejo un jóven bachiller, buen -letrado. ¿Dónde está? - -NERISSA. - -Muy cerca de aquí, aguardando vuestra licencia para entrar. - -DUX. - -Y se la doy de todo corazon. Vayan dos ó tres á recibirle de la manera -más respetuosa. Entre tanto, leamos de nuevo la carta de Belario: -«Alteza: cuando recibí vuestra carta me hallaba gravemente enfermo, -pero dió la casualidad de que, en el momento de llegar el mensajero, -estaba conmigo un jóven doctor de Pádua llamado Baltasar. Le conté el -pleito entre Antonio y el judío: repasamos pronto muchos libros: le -dije mi parecer, que es el que os expondrá, rectificado por su inmenso -saber, para el cual no hay elogio bastante. Él hará lo que deseais. No -os fijeis en lo mozo que es, ni creais que por eso vale menos, pues -nunca hubo en cuerpo tan juvenil tan maduro entendimiento. Recibidle, -pues, y más que mi recomendacion, han de favorecerle sus propias -acciones.» Esto es lo que Belario dice. Aquí viene el Doctor, si no -me equivoco. - - (_Sale Pórcia, de abogado._) - -Dadme la mano. ¿Venis por encargo de Belario? - -PÓRCIA. - -Sí, poderoso señor. - -DUX. - -Bien venido seais. Tomad asiento. ¿Estais enterado de la cuestion que -ha de sentenciar el tribunal? - -PÓRCIA. - -Perfectamente enterado. ¿Quiénes son el mercader y el judío? - -DUX. - -Antonio y Sylock: acercaos. - -PÓRCIA. - -¿Sois vos Sylock? - -SYLOCK. - -Ese es mi nombre. - -PÓRCIA. - -Raro litigio teneis: extraña es vuestra demanda, y no se os puede -negar, conforme á las leyes de Venecia. Corre mucho peligro vuestra -víctima. ¿No es verdad? - -ANTONIO. - -Verdad es. - -PÓRCIA. - -¿Confesais haber hecho ese trato? - -ANTONIO. - -Lo confieso. - -PÓRCIA. - -Entonces es necesario que el judío se compadezca de vos. - -SYLOCK. - -¿Y por qué? ¿Qué obligacion tengo? Decídmelo. - -PÓRCIA. - -La clemencia no quiere fuerza: es como la plácida lluvia del cielo que -cae sobre un campo y le fecunda: dos veces bendita porque consuela -al que la da y al que la recibe. Ejerce su mayor poder entre los -grandes: el signo de su autoridad en la tierra es el cetro, rayo de -los monarcas. Pero aún vence al cetro la clemencia, que vive, como en -su trono, en el alma de los reyes. La clemencia es atributo divino, y -el poder humano se acerca al de Dios, cuando modera con la piedad la -justicia. Hebreo, ya que pides no más que justicia, piensa que si sólo -justicia hubiera, no se salvaria ninguno de nosotros. Todos los dias, -en la oracion, pedimos clemencia, pero la misma oracion nos enseña -á perdonar como deseamos que nos perdonen. Te digo esto, sólo para -moverte á compasion, porque como insistas en tu demanda, no habrá más -remedio, con arreglo á las leyes de Venecia, que sentenciar el pleito -en favor tuyo y contra Antonio. - -SYLOCK. - -Yo cargo con la responsabilidad de mis actos. Pido que se ejecute la -ley, y que se cumpla el contrato. - -PÓRCIA. - -¿No puede pagar en dinero? - -BASANIO. - -Yo le ofrezco en nombre suyo, y duplicaré la cantidad, y áun la pagaré -diez veces, si es necesario, y daré en prenda las manos, la cabeza y -hasta el corazon. Si esto no os parece bastante, será porque la malicia -vence á la inocencia. Romped para este solo caso esa ley tan dura. -Evitareis un gran mal con uno pequeño, y contendreis la ferocidad de -ese tigre. - -PÓRCIA. - -Imposible. Ninguno puede alterar las leyes de Venecia. Seria un -ejemplar funesto, una causa de ruina para el Estado. No puede ser. - -SYLOCK. - -¡Es un Daniel quien nos juzga! ¡Sabio y jóven juez, bendito seas! - -PÓRCIA. - -Déjame examinar el contrato. - -SYLOCK. - -Tómale, reverendísimo doctor. - -PÓRCIA. - -Sylock, te ofrecen tres veces el doble de esa cantidad. - -SYLOCK. - -¡No! ¡no!: lo he jurado, y no quiero ser perjuro, aunque se empeñe toda -Venecia. - -PÓRCIA. - -Ha espirado el plazo, y dentro de la ley puede el judío reclamar una -libra de carne de su deudor. Ten piedad de él: recibe el triplo, y -déjame romper el contrato. - -SYLOCK. - -Cuando en todas sus partes esté cumplido. Pareces juez íntegro: conoces -la ley: has expuesto bien el caso: sólo te pido que con arreglo á esa -ley, de la cual eres fiel intérprete, sentencies pronto. Te juro que -no hay poder humano que me haga dudar ni vacilar un punto. Pido que se -cumpla la escritura. - -ANTONIO. - -Pido al tribunal que sentencie. - -PÓRCIA. - -Bueno: preparad el pecho á recibir la herida. - -SYLOCK. - -¡Oh sabio y excelente juez! - -PÓRCIA. - -La ley no tiene duda ni admite excepcion en cuanto á la pena. - -SYLOCK. - -¡Cierto, cierto! ¡Oh docto y severísimo juez! ¡Cuánto más viejo eres en -jurisprudencia que en años! - -PÓRCIA. - -Apercibid el pecho, Antonio. - -SYLOCK. - -Sí, sí, ese es el contrato. ¿No es verdad, sabio juez? ¿No dice que ha -de ser cerca del corazon? - -PÓRCIA. - -Verdad es. ¿Teneis una balanza para pesar la carne? - -SYLOCK. - -Aquí la tengo. - -PÓRCIA. - -Traed un cirujano que restañe las heridas, Sylock, porque corre peligro -de desangrarse. - -SYLOCK. - -¿Dice eso la escritura? - -PÓRCIA. - -No entra en el contrato, pero debeis hacerlo como obra de caridad. - -SYLOCK. - -No lo veo aquí: la escritura no lo dice. - -PÓRCIA. - -¿Teneis algo que alegar, Antonio? - -ANTONIO. - -Casi nada. Dispuesto estoy á todo y armado de valor. Dame la mano, -Basanio. Adios, amigo. No te duelas de que he perecido por salvarte. La -fortuna se ha mostrado conmigo más clemente de lo que acostumbra. Suele -dejar que el infeliz sobreviva á la pérdida de su fortuna y contemplar -con torvos ojos su desdicha y pobreza, pero á mí me ha libertado de esa -miseria. Saluda en mi nombre á tu honrada mujer: cuéntale mi muerte: -dile cuánto os quise: sé fiel á mi memoria; y cuando ella haya oido -toda la historia, podrá juzgar y sentenciar si fuí ó no buen amigo de -Basanio. No me quejo del pago de la deuda: pronto la habré satisfecho -toda, si la mano del judío no tiembla. - -BASANIO. - -Antonio, quiero más á mi mujer que á mi vida, pero no te amo á tí menos -que á mi mujer y á mi alma y á cuanto existe, y juro que lo daria todo -por salvarte. - -PÓRCIA. - -No te habia de agradecer tu esposa tal juramento, si estuviera aquí. - -GRACIANO. - -Ciertamente que adoro á mi esposa. ¡Ojalá que estuviese en el cielo -para que intercediera con algun santo que calmase la ira de ese perro! - -NERISSA. - -Gracias que no te oye tu mujer, porque con tales deseos no podria haber -paz en vuestra casa. - -SYLOCK. - -¡Qué cónyuges! ¡Y son cristianos! Tengo una hija, y preferiria que -se casase con ella un hijo de Barrabas antes que un cristiano. Pero -estamos perdiendo el tiempo. No os detengais: prosiga la sentencia. - -PÓRCIA. - -Segun la ley y la decision del tribunal, te pertenece una libra de su -carne. - -SYLOCK. - -¡Oh juez doctísimo! ¿Has oido la sentencia, Antonio? Prepárate. - -[Ilustración: _El juicio._] - -PÓRCIA. - -Un momento no más. El contrato te otorga una libra de su carne, pero -ni una gota de su sangre. Toma la carne que es lo que te pertenece; -pero si derramas una gota de su sangre, tus bienes serán confiscados, -conforme á la ley de Venecia. - -GRACIANO. - -¿Lo has oido, Sylock? - -SYLOCK. - -¡Oh juez recto y bueno! ¿Eso dice la ley? - -PÓRCIA. - -Tú mismo lo verás. Justicia pides, y la tendrás tan cumplida como -deseas. - -GRACIANO. - -¡Oh juez íntegro y sapientísimo! - -SYLOCK. - -Me conformo con la oferta del triplo: poned en libertad al cristiano. - -BASANIO. - -Aquí está el dinero. - -PÓRCIA. - -¡Deteneos! Tendrá el hebreo completa justicia. Se cumplirá la escritura. - -GRACIANO. - -¡Qué juez tan prudente y recto! - -PÓRCIA. - -Prepárate ya á cortar la carne, pero sin derramar la sangre, y ha de -ser una libra, ni más ni menos. Si tomas más, aunque sea la vigésima -parte de un adarme, ó inclinas, por poco que sea, la balanza, perderás -la vida y la hacienda. - -GRACIANO. - -¡Es un Daniel, es un Daniel! Al fin te hemos cogido. - -PÓRCIA. - -¿Qué esperas? Cúmplase la escritura. - -SYLOCK. - -Me iré si me dais el dinero. - -BASANIO. - -Aquí está. - -PÓRCIA. - -Cuando estabas en el tribunal, no quisiste aceptarlo. Ahora tiene que -cumplirse la escritura. - -GRACIANO. - -¡Es otro Daniel, otro Daniel! Frase tuya felicísima, Sylock. - -SYLOCK. - -¿No me dareis ni el capital? - -PÓRCIA. - -Te daremos lo que te otorga el contrato. Cóbralo, si te atreves, judío. - -SYLOCK. - -¡Pues que se quede con todo, y el diablo le lleve! Adios. - -PÓRCIA. - -Espera, judío. Áun así te alcanzan las leyes. Si algun extraño -atenta por medios directos ó indirectos contra la vida de un súbdito -veneciano, éste tiene derecho á la mitad de los bienes del reo, y el -Estado á la otra media. El Dux decidirá de su vida. Es así que tú -directa é indirectamente has atentado contra la existencia de Antonio; -luego la ley te coge de medio á medio. Póstrate á las plantas del Dux, -y pídele perdon. - -GRACIANO. - -Y suplícale que te conceda la merced de que te ahorques por tu mano; -aunque estando confiscados tus bienes, no te habrá quedado con que -comprar una cuerda, y tendrá que ahorcarte el pueblo á su costa. - -EL DUX. - -Te concedo la vida, Sylock, áun antes que me la pidas, para que veas -cuánto nos diferenciamos de tí. En cuanto á tu hacienda, la mitad -pertenece á Antonio y la otra mitad al Estado, pero quizá puedas -condonarla mediante el pago de una multa. - -PÓRCIA. - -La parte del Estado, no la de Antonio. - -SYLOCK. - -¿Y para qué quiero la vida? ¿cómo he de vivir? Me dejais la casa, -quitándome los puntales que la sostienen. - -PÓRCIA. - -¿Qué puedes hacer por él, Antonio? - -GRACIANO. - -Regálale una soga, y basta. - -ANTONIO. - -Si el Dux y el tribunal le dispensan del pago de la mitad de su fortuna -al Erario, yo le perdono la otra media, con dos condiciones; la -primera, que abjure sus errores y se haga cristiano; la segunda, que -por una escritura firmada en esta misma audiencia instituya herederos -de todo á su hija y á su yerno Lorenzo. - -DUX. - -Juro que así lo hará, ó, si no, revocaré el poder que le he concedido. - -PÓRCIA. - -¿Aceptas, judío? ¿Estás satisfecho? - -SYLOCK. - -Estoy satisfecho y acepto. - -PÓRCIA. - -Hágase, pues, la donacion en forma. - -SYLOCK. - -Yo me voy, si me lo permitis, porque estoy enfermo. Enviadme el acta, y -yo la firmaré. - -DUX. - -Véte, pero lo harás. - -GRACIANO. - -Tendrás dos padrinos, cuando te bautices. Si yo fuera juez, habias de -tener diez más, para que te llevasen á la horca y no al bautismo. - - (_Se va Sylock._) - -DUX. - -(_Á Pórcia._) Os convido con mi mesa. - -PÓRCIA. - -Perdone V. A., pero hoy mismo tengo que ir á Pádua, y no me es lícito -detenerme. - -DUX. - -¡Lástima que os detengais tan poco tiempo! Antonio, haz algun obsequio -al forastero que, á mi entender, algo merece. - - (_Vase el Dux, y con él los Senadores._) - -BASANIO. - -Digno y noble caballero, gracias á vuestra agudeza y buen -entendimiento, nos vemos hoy libres mi amigo y yo de una calamidad -gravísima. En pago de tal servicio, os ofrecemos los 3,000 ducados que -debíamos al judío. - -ANTONIO. - -Y será eterno nuestro agradecimiento en obras y en palabras. - -PÓRCIA. - -Bastante paga es para mí el haberos salvado. Nunca fué el interes norte -de mis acciones. Si alguna vez nos encontramos, reconocedme: no os pido -más. Adios. - -BASANIO. - -Yo no puedo menos de insistir, hidalgo. Admitid un presente, un -recuerdo, no como paga. No rechaceis nuestras ofertas. Perdon. - -PÓRCIA. - -Necesario es que ceda. (_Á Antonio._) Llevaré por memoria vuestros -guantes. (_Á Basanio._) Y en prenda de cariño vuestra sortija. No -aparteis la mano: es un favor que no podeis negarme. - -BASANIO. - -¡Pero si esa sortija nada vale! Vergüenza tendria de dárosla. - -PÓRCIA. - -Por lo mismo la quiero, y nada más aceptaré. Tengo capricho de -poseerla. - -BASANIO. - -Vale mucho más de lo que ha costado. Os daré otra sortija, la de más -precio que haya en Venecia. Echaré público pregon para encontrarla. -Pero ésta no puede ser... perdonadme. - -PÓRCIA. - -Sois largo en las promesas, caballero. Primero me enseñasteis á -mendigar, y ahora me enseñais cómo se responde á un mendigo. - -BASANIO. - -Es regalo de mi mujer ese anillo, y le hice juramento y voto formal de -no darlo, perderlo ni venderlo. - -PÓRCIA. - -Pretexto fútil, que sirve á muchos para negar lo que se les pide. -Aunque vuestra mujer fuera loca, me parece imposible que eternamente le -durara el enojo por un anillo, mucho más sabiendo la ocasion de este -regalo. Adios. - - (_Se van Pórcia y Nerissa._) - -ANTONIO. - -Basanio, dale el anillo, que tanto como la promesa hecha á tu mujer -valen mi amistad y el servicio que nos ha prestado. - -BASANIO. - -Corre, Graciano, alcánzale, dale esta sortija, y si puedes, llévale á -casa de Antonio. No te detengas. - - (_Vase Graciano._) - -Dirijámonos hácia tu casa, y mañana al amanecer volaremos á Belmonte. -En marcha, Antonio. - - -ESCENA II. - -=Una calle de Venecia.= - -PÓRCIA y NERISSA. - -PÓRCIA. - -Averigua la casa del judío, y hazle firmar en seguida esta acta. Esta -noche nos vamos, y llegaremos así un dia antes que nuestros maridos. -¡Cuánto me agradecerá Lorenzo la escritura que le llevo! - -GRACIANO. - -Grande ha sido mi fortuna en alcanzaros. Al fin, despues de haberlo -pensado bien, mi amo el señor Basanio os manda esta sortija, y os -convida á comer hoy. - -PÓRCIA. - -No es posible. Pero acepto con gusto la sortija. Decídselo así, y -enseñad á este criado mio la casa de Sylock. - -GRACIANO. - -Así lo haré. - -NERISSA. - -Señor, oidme un instante. (_A Pórcia._) Quiero ver si mi esposo me da -el anillo que juró conservar siempre. - -PÓRCIA. - -De seguro lo conseguirás. Luego nos harán mil juramentos de que á -hombres y no á mujeres entregaron sus anillos, pero nosotras les -desmentiremos, y si juran, juraremos más que ellos. No te detengas, te -espero donde sabes. - -NERISSA. - -Ven, mancebo, enséñame la casa. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO V. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Alameda que conduce á la casa de campo de Pórcia en Belmonte.= - -Salen LORENZO y JÉSSICA. - -LORENZO. - -¡Qué hermosa y despejada brilla la luna! Sin duda en una noche como -esta en que el céfiro besaba mansamente las hojas de los árboles, -escaló el amante Troilo las murallas de Troya, volando su alma hácia -las tiendas griegas donde aquella noche reposaba Créssida. - -JÉSSICA. - -Y, en otra noche como esta, Tisbe, con temerosos pasos, fué marchando -sobre la mojada yerba, y viendo la espantosa sombra del leon, se quedó -aterrada. - -LORENZO. - -Y en otra noche como esta, la reina Dido, armada su diestra con una -vara de sauce, bajó á la ribera del mar, y llamó hácia Cartago al -fugitivo Eneas. - -JÉSSICA. - -En otra noche así, fué cogiendo Medea las mágicas yerbas con que -rejuveneció al viejo Eson. - -LORENZO. - -Y en otra noche por el mismo estilo, abandonó Jéssica la casa del rico -judío de Venecia, y con su amante huyó á Belmonte. - -JÉSSICA. - -En aquella noche juró Lorenzo que la amaba con amor constante, y la -engañó con mil falsos juramentos. - -LORENZO. - -En aquella noche, Jéssica, tan pérfida como hermosa, ofendió á su -amante, y él le perdonó la ofensa. - -JÉSSICA. - -No me vencerias en esta contienda, si estuviéramos solos; pero viene -gente. - - (_Sale Estéfano._) - -LORENZO. - -¿Quién viene en el silencio de la noche? - -ESTÉFANO. - -Un amigo. - -LORENZO. - -¿Quién? Decid vuestro nombre. - -ESTÉFANO. - -Soy Estéfano. Vengo á deciros que, antes que apunte el alba, llegará -mi señora á Belmonte. Ha venido arrodillándose y haciendo oracion al -pié de cada cruz que hallaba en el camino, para que fuese feliz su vida -conyugal. - -LORENZO. - -¿Quién viene con ella? - -ESTÉFANO. - -Un venerable ermitaño y su doncella. Dime, ¿ha vuelto el amo? - -LORENZO. - -Todavía no, ni hay noticia suya. Vamos á casa, amiga, á hacer los -preparativos para recibir al ama como ella merece. - - (_Sale Lanzarote._) - -LANZAROTE. - -¡Hola, ea! - -LORENZO. - -¿Quién? - -LANZAROTE. - -¿Habeis visto á Lorenzo ó á la mujer de Lorenzo? - -LORENZO. - -No grites. Aquí estamos. - -LANZAROTE. - -¿Dónde? - -LORENZO. - -Aquí. - -LANZAROTE. - -Decidle que aquí viene un nuncio de su amo, cargado de buenas noticias. -Mi amo llegará al amanecer. - - (_Se va._) - -LORENZO. - -Vamos á casa, amada mia, á esperarlos. ¿Pero ya para qué es entrar? -Estéfano, te suplico que vayas á anunciar la venida del ama, y mandes á -los músicos salir al jardin. - - (_Se va Estéfano._) - -¡Qué mansamente resbalan los rayos de la luna sobre el césped! -Recostémonos en él: prestemos atento oido á esa música suavísima, -compañera de la soledad y del silencio. Siéntate, Jéssica: mira la -bóveda celeste tachonada de astros de oro. Ni áun el más pequeño deja -de imitar en su armonioso movimiento el canto de los ángeles, uniendo -su voz al coro de los querubines. Tal es la armonía de los séres -inmortales; pero mientras nuestro espíritu está preso en esta oscura -cárcel, no la entiende ni percibe. - - (_Salen los músicos._) - -Tañed las cuerdas, despertad á Diana con un himno, halagad los oidos de -vuestra señora y conducidla á su casa entre música. - -JÉSSICA. - -Nunca me alegran los sones de la música. - -LORENZO. - -Es porque se conmueve tu alma. Mira en el campo una manada de alegres -novillos ó de ardientes y cerriles potros: míralos correr, agitarse, -mugir, relinchar. Pero en llegando á sus oidos son de clarin ó ecos -de música, míralos inmóviles, mostrando dulzura en sus miradas, como -rendidos y dominados por la armonía. Por eso dicen los poetas que el -tracio Orfeo arrastraba en pos de sí árboles, rios y fieras: porque -nada hay tan duro, feroz y selvático que resista al poder de la música. -El hombre que no siente ningun género de armonía, es capaz de todo -engaño y alevosía, fraude y rapiña; los instintos de su alma son tan -oscuros como la noche, tan lóbregos como el Tártaro. ¡Ay de quién se -fie de él! Oye, Jéssica. - - (_Salen Pórcia y Nerissa._) - -PÓRCIA. - -En mi sala hay luz. ¡Cuán lejos llegan sus rayos! Así es el resplandor -de una obra buena en este perverso mundo. - -NERISSA. - -No hemos visto la luz, al brillar los rayos de la luna. - -PÓRCIA. - -Así oscurece á una gloria menor, otra más resplandeciente. Así brilla -el ministro hasta que aparece el monarca, pero entonces desaparece su -pompa, como se pierde en el mar un arroyo. ¿No oyes música? - -NERISSA. - -Debe de ser en tu puerta. - -PÓRCIA. - -Suena áun más agradable que de dia. - -NERISSA. - -Efecto del silencio, señora. - -PÓRCIA. - -El cantar del cuervo es tan dulce como el de la alondra, cuando no -atendemos á ninguno de los dos, y de seguro que si el ruiseñor cantara -de dia, cuando graznan los patos, nadie le tendria por tan buen cantor. -¡Cuánta perfeccion tienen las cosas hechas á tiempo! ¡Silencio! Duerme -Diana en brazos de Endimion, y no tolera que nadie turbe su sueño. -(_Calla la música._) - -LORENZO. - -Es voz de Pórcia, ó me equivoco mucho. - -PÓRCIA. - -Me conoce como conoce el ciego al cuco: en la voz. - -LORENZO. - -Señora mia, bien venida seais á esta casa. - -PÓRCIA. - -Hemos rezado mucho por la salud de nuestros maridos. Esperamos que -logren buena fortuna gracias á nuestras oraciones. ¿Han vuelto? - -LORENZO. - -Todavía no, pero delante de ellos vino un criado á anunciar su venida. - -PÓRCIA. - -Nerissa, véte y dí á los criados que no cuenten nada de nuestra -ausencia. Vosotros haced lo mismo, por favor. - -LORENZO. - -¿No ois el son de una trompa de caza? Vuestro esposo se acerca. Fiad en -nuestra discrecion, señora. - -PÓRCIA. - -Esta noche me parece un dia enfermo: está pálida: parece un dia -anubarrado. - - (_Salen Basanio, Antonio, Graciano y acompañamiento._) - -BASANIO. - -Si amanecierais vos, cuando él se ausenta, seria de dia aquí al mismo -tiempo que en el hemisferio contrario. - -PÓRCIA[1]. - -¡Dios nos ayude! ¡Bien venido seais á esta casa, señor mio! - - [1] Suprimo un juego de palabras intraducible. - -BASANIO. - -Gracias, señora. Esa bienvenida dádsela á mi amigo. Este es aquel -Antonio á quien tanto debo. - -PÓRCIA. - -Grande debe ser la deuda, pues si no he entendido mal, por vos se vió -en gran peligro. - -ANTONIO. - -Por grande que fuera, está bien pagada. - -PÓRCIA. - -Con bien vengais á nuestra casa. El agradecimiento se prueba con obras, -no con palabras. Por eso no me detengo en discursos vanos. - -GRACIANO. - -(_A Nerissa._) Te juro por la luna, que no tienes razon y que me -agravias. Ese anillo se lo dí á un pasante de letrado. ¡Muerto le viera -yo, si hubiera sabido que tanto lo sentirias, amor mio! - -PÓRCIA. - -¿Qué cuestion es esa? - -GRACIANO. - -Todo es por un anillo, un mal anillo de oro que ella me dió, con sus -letras grabadas que decian: «Nunca olvides mi amor.» - -NERISSA. - -No se trata del valor del anillo, ni de la inscripcion, sino que cuando -te lo dí, me juraste conservarlo hasta tu muerte y llevarlo contigo al -sepulcro. Y ya que no fuera por amor mio, á lo menos por los juramentos -y ponderaciones que hiciste, debias haberlo guardado como un tesoro. -Dices que lo diste al pasante de un letrado. Bien sabe Dios que á ese -pasante nunca le saldrán las barbas. - -GRACIANO. - -Sí que le saldrán, si llega á ser hombre y á tenerlas. Con esta mano -se le dí. Era un rapazuelo, sin bozo, tan bajo como tú, pasante de un -abogado, grande hablador. Me pidió el anillo en pago de un favor que me -habia hecho, y no supe negárselo. - -PÓRCIA. - -Pues hiciste muy mal (si he de decirte la verdad) en entregar tan -pronto el primer regalo de tu esposa, que ella colocó en tu dedo con -tantos juramentos y promesas. Yo dí otro anillo á mi esposo, y le hice -jurar que nunca le perderia ni entregaria á nadie. Estoy segura que no -lo hará ni por todo el oro del mundo. Graciano, mucha razon tiene tu -mujer para estar enojada contigo. Yo me volveria loca. - -BASANIO. - -¿Qué podré hacer? ¿Cortarme la mano izquierda y decir que perdí el -anillo defendiéndome? - -GRACIANO. - -Pues tambien á mi amo Basanio le pidió su anillo el juez, y él se lo -dió. Luego, el pasante, que nos habia servido bien en su oficio, me -pidió el mio, y yo no supe cómo negárselo, porque ni el señor ni el -criado quisieron recibir más galardon que los dos anillos. - -PÓRCIA. - -¿Y tú qué anillo le diste, Basanio? Creo que no seria el que yo te -entregué. - -BASANIO. - -Si yo tuviera malicia bastante para acrecentar mi pecado con la -mentira, te lo negaria, Pórcia. Pero ya ves, mi dedo está vacío. He -perdido el anillo. - -PÓRCIA. - -No: lo que tienes vacía de verdad es el alma. Y juro á Dios que no he -de ocupar tu lecho, hasta que me muestres el anillo. - -NERISSA. - -Ni yo el de éste, hasta que me presente el suyo. - -BASANIO. - -Amada Pórcia, si supieras á quién se lo dí, y por qué, y con cuánto -dolor de mi alma, y sólo porque no quiso recibir otra cosa que el -anillo, tendrias lástima de mí. - -PÓRCIA. - -Y si tú supieras las virtudes de ese anillo, ó el valor de quién te lo -dió, ó lo que te importaba conservarle, nunca le hubieras dado. ¿Por -qué habia de haber hombre tan loco, que defendiéndolo tú con alguna -insistencia, se empeñara en arrebatarte un don tan preciado? Bien dice -Nerissa: ella está en lo cierto; sin duda diste el anillo á alguna dama. - -BASANIO. - -¡No, señora! lo juro por mi honor, por mi alma, se lo dí á un doctor en -derecho que no queria aceptar 3,000 ducados, y que me pidió el anillo. -Se lo negué, bien á pesar mio, porque se fué desairado el hombre que -habia salvado la vida de mi mejor amigo. ¿Y qué he de añadir, amada -Pórcia? Tuve que dárselo: la gratitud y la cortesía me mandaban -hacerlo. Perdóname, señora; si tú misma hubieras estado allí (pongo por -testigos á estos lucientes astros de la noche), me hubieras pedido el -anillo para dárselo al juez. - -PÓRCIA. - -¡Nunca se acerque él á mi casa! Ya que tiene la prenda que yo más -queria, y que me juraste por mi amor guardar eternamente, seré tan -liberal como tú: no le negaré nada, ni siquiera mi persona ni tu lecho. -De seguro que le conoceré. Ten cuidado de dormir todas las noches en -casa, y de velar como Argos, porque si no, si me dejas sola, te prometo -por mi honra (pues todavía la conservo) que he de dormir con ese -abogado. - -NERISSA. - -Y yo con el pasante. ¡Conque, ojo! - -GRACIANO. - -Bueno, haz lo que quieras, pero si cojo al pasante, he de cortarle la -pluma. - -ANTONIO. - -Por mí son todas estas infaustas reyertas. - -PÓRCIA. - -No os alarmeis, pues á pesar de todo, sereis bien recibido. - -BASANIO. - -Perdon, Pórcia, si te he ofendido, y aquí, delante de estos amigos, te -juro por la luz de esos divinos ojos en que me miro... - -PÓRCIA. - -¡Fijaos bien! Dice que se mira en sus ojos, que ve un Basanio en cada -uno de ellos. Juras por la doblez de tu alma, y juras con verdad. - -BASANIO. - -¡Perdóname, por Dios! Te juro que en mi vida volveré á faltar á ninguna -palabra que te dé. - -ANTONIO. - -Una vez empeñé mi cuerpo en servicio suyo, y hubiera yo perdido la -vida, á no ser por el ingenio de aquel hombre á quien vuestro marido -galardonó con el anillo. Yo empeño de nuevo mi palabra de que Basanio -no volverá á faltar á sus promesas, á lo menos á sabiendas. - -PÓRCIA. - -Está bien. Saldreis por fiador suyo. Dadle la joya, y pedidle que la -tenga en más estima que la primera. - -ANTONIO. - -Toma, Basanio, y jura que nunca dejarás este anillo. - -BASANIO. - -¡Dios santo! ¡El mismo que dí al juez! - -PÓRCIA. - -Él me lo entregó. ¡Perdon, Basanio! Yo le concedí favores por ese -anillo. - -NERISSA. - -¡Perdon, Graciano! El rapazuelo del pasante me gozó ayer, en pago de -este anillo. - -GRACIANO. - -Esto es como allanar las sendas en verano. ¿Ya tenemos cuernos, sin -merecerlos? - -PÓRCIA. - -No decis mal. Pero voy á sacaros de la duda. Leed esta carta cuando -querais. En ella vereis que el letrado fué Pórcia y el pasante Nerissa. -Lorenzo podrá dar testimonio de que apenas habiais pasado el umbral -de esta casa, salí yo, y que he vuelto ahora mismo. Bien venido seas, -Antonio. Tengo buenas nuevas para tí. Lee esta carta. Por ella sabrás -que tres de tus barcos, cargados de mercaderías, han llegado á puerto -seguro. No he de decirte por qué raros caminos ha llegado á mis manos -esta carta. - -ANTONIO. - -No sé qué decir. - -BASANIO. - -¿Tú, señora, fuiste el letrado, y yo no te conocia? - -GRACIANO. - -¿Y tú, Nerissa, el pasante? - -NERISSA. - -Sí, pero un pasante que no piensa engalanar tu frente, mientras fuere -tu mujer. - -BASANIO. - -Amado doctor, partireis mi lecho, y cuando yo falte de casa, podreis -dormir con mi mujer. - -ANTONIO. - -Bellísima dama, me habeis devuelto la salud y la fortuna. Esta carta me -dice que mis bajeles han llegado á puerto de salvacion. - -PÓRCIA. - -Y para tí, Lorenzo, tambien tiene alguna buena noticia mi pasante. - -NERISSA. - -Y se la daré sin interes. Toma esta escritura. Por ella os hace -donacion el judío de toda su hacienda, para cuando él fallezca. - -LORENZO. - -Tus palabras, señora, son como el maná para los cansados israelitas. - -PÓRCIA. - -Ya despunta el alba, y estoy segura de que todavía no os satisface lo -que acabo de deciros. Entrémonos en casa y os responderé á cuanto me -pregunteis. - -GRACIANO. - -Sea. Y lo primero á que me ha de responder Nerissa, es si quiere más -acostarse ahora ó esperar á la noche siguiente, puesto que ya está tan -cercana la aurora. Si fuera de dia, yo seria el primero en desear que -apareciese la estrella de la tarde, para acostarme con el pasante del -letrado. Lo juro por mi honor: mientras viva, no perderé el anillo de -Nerissa. - -[Ilustración] - - - - - MACBETH. - - TRAGEDIA DE SHAKSPEARE. - - - TRADUCCION - DE - D. M. MENENDEZ PELAYO. - - Ilustracion de _Grot Johan_, grabados de _H. Thiele_. - - - - -PERSONAJES. - - - El rey de Escocia, DUNCAN. - Sus hijos: MALCOLM y DONALBÁIN. - Lady MACBETH. - MACBETH. } - BANQUO. } - MACDUFF. } - LÉNNOX. } - ROSS. } señores escoceses. - ANGUSS. } - MENTEITH. } - CAITHNÉSS. } - Lady MACDUFF. - FLEANCIO, hijo de Banquo. - SUARDO, señor de Northumberland. - Su hijo. - SÉTON, oficial de Macbeth. - Un niño hijo de Macduff. - Un doctor inglés. - Otro escocés. - Un sargento. - Un viejo. - Un portero. - Una dama de lady Macbeth. - Nobles, guerreros, asesinos, criados, espías, etc. - Hécate. - Tres brujas. - Varios fantasmas. - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO I. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Tarde tempestuosa.= - -Tres BRUJAS. - -BRUJA 1.ª - -¿Cuándo volvemos á juntarnos, cuando relampaguee, cuando truene ó -cuando llueva? - -BRUJA 2.ª - -Cuando acabe el estruendo de la batalla, y unos la pierdan y otros la -ganen. - -BRUJA 3.ª - -Entonces será antes de ponerse el sol. - -BRUJA 1.ª - -¿Dónde hemos de encontrarnos? - -BRUJA 2.ª - -En el yermo. - -BRUJA 3.ª - -Allí toparemos con Macbeth. - -BRUJA 1.ª - -Me llama Morrongo. - -BRUJA 2.ª - -Y á mí el Sapo. - -LAS TRES JUNTAS. - -El mal es bien, y el bien es mal: cortemos los aires y la niebla. - - -ESCENA II. - -=Campamento.= - -DUNCAN, MALCOLM, un ESCUDERO, un SARGENTO, LÉNNOX y ROSS. - -DUNCAN. - -¿Quién es aquel herido? Quizá nos traiga nuevas del campamento. - -MALCOLM. - -Es el escudero que puso en peligro su vida por salvar la mia. ¡Buenas -tardes, amigo! Cuenta tú al Rey el estado del combate. - -ESCUDERO. - -Sigue indeciso, semejante á una lucha entre dos nadadores que quieren -mutuamente sofocarse. Con el traidor Macdonnell, en quien se juntan -todas las infamias, van unidos muchos caballeros y gente plebeya de las -islas de Occidente. La fortuna, como ramera, les otorga sus favores, -pero en vano, porque el fuerte Macbeth, hijo predilecto de la victoria, -penetra entre las filas hasta encontrarle, y le taja la cabeza, y la -clava sobre nuestras empalizadas. - -DUNCAN. - -¡Bravo caballero, ornamento de mi linaje! - -ESCUDERO. - -Así como el sol de la mañana produce á veces tempestad y torbellinos, -así de esta victoria resultaron nuevos peligros. Óyeme, Rey. Cuando -el valor, brazo de la justicia, habia logrado ahuyentar á aquella -muchedumbre allegadiza, hé aquí que se rehace el de Noruega, y arroja -nuevos campeones á la lid. - -DUNCAN. - -¿Y entonces no se desalentaron Macbeth y Banquo? - -SARGENTO. - -¡Desalentarse! ¡Bueno es eso! Como el águila viendo gorriones, ó el -leon liebres. Son cañones de doble carga. Con tal ímpetu menudearon -sus golpes sobre los contrarios, que pensé que querian reproducir el -sacrificio del Calvario. Pero estoy perdiendo sangre, y necesito curar -mis heridas. - -DUNCAN. - -Tan nobles son como tus palabras. Buscad un cirujano. ¿Pero quién viene? - -MALCOLM. - -El señor de Ross. - -LÉNNOX. - -Grande es la ansiedad que su rostro manifiesta. Debe ser portador de -grandes nuevas. - - (_Entra Ross._) - -ROSS. - -¡Salud al Rey! - -DUNCAN. - -¿De dónde vienes, noble señor? - -ROSS. - -Poderoso monarca, vengo de Faife, donde el aire agita en mengua nuestra -los estandartes noruegos. Su Rey, con lucida hueste y con ayuda del -traidor señor de Cáudor, renovó la lucha, pero el terrible esposo de -Belona, cubierto de espesa malla, les resistió brazo á brazo, y hierro -á hierro, y logró domeñar su altivez y postrarla por tierra. Al fin, -logramos la victoria. - -DUNCAN. - -¡Felicidad suprema! - -ROSS. - -El rey Suenon de Noruega queria capitular, pero no le permitimos ni -áun enterrar sus muertos, sin que pagara antes en la isla de Colme la -contribucion de guerra. - -DUNCAN. - -Nunca volverá el de Cáudor á poner en peligro la seguridad de mis -Estados. Manda tú poner á precio su cabeza, y saluda á Macbeth con el -título que el otro tenia. - -ROSS. - -Cumpliré tu voluntad. - -DUNCAN. - -Macbeth goce desde hoy lo que Cáudor perdió. - - -ESCENA III. - -=Un páramo.= - -Tres BRUJAS, MACBETH y BANQUO. - -BRUJA 1.ª - -¿Qué has hecho, hermana? - -BRUJA 2.ª - -Matar puercos. - -BRUJA 3.ª - -¿Dónde has estado, hermana? - -BRUJA 1.ª - -La mujer del marinero tenia castañas en su falda, y estaba -mordiéndolas. Yo le dije: «Dame alguna», y la asquerosa, harta de -bazófia, me contestó: «Vade retro, condenada bruja.» Su marido se fué -á Alepo, mandando el _Tigre_. Yo, como rata sin cola, navegaré en una -tela de cedazo, donde cabe bien mi cuerpo. Así lo haré, así lo haré. - -BRUJA 2.ª - -Yo te ayudaré con un viento desfavorable. - -BRUJA 1.ª - -Gracias. - -BRUJA 3.ª - -Yo con otro. - -BRUJA 1.ª - -De los demas yo soy señora. ¿Qué puerta quedará segura, cuando de todos -los puntos de la rosa soplen los vientos? Ni una vez podrá conciliar el -sueño. Su vida será la del precito, y las tormentas agitarán sin cesar -su nave. ¡Ved! - -BRUJA 2.ª - -¿Qué es eso? - -BRUJA 3.ª - -El dedo de un marinero, que se ahogó al volver de su viaje. - -BRUJA 3.ª - -¡Tambor, tambor! Ya llega Macbeth. - -LAS TRES BRUJAS. - -Juntemos las manos, hagamos una rueda, como hermanas enviadas del cielo -y de la tierra. Tres vueltas por tí, tres por tí, tres por mí: son -nueve, cuenta justa. ¡Silencio! Ya ha llegado el término del conjuro. - - (_Llegan Macbeth y Banquo._) - -MACBETH. - -¡Dia de sangre, pero hermoso más que cuantos he visto! - -BANQUO. - -¿Está lejos el castillo de Fóres? ¿Quiénes serán aquellas mujeres -arrugadas y de tan extraño aspecto? No parecen séres humanos. ¿Sois -vivientes? ¿Puedo haceros una pregunta? Debeis de entenderme, porque -las tres, al mismo tiempo, poneis en los labios vuestros dedos, que -semejan los de un cadáver. No me atrevo á llamaros mujeres, por las -barbas. - -MACBETH. - -Si teneis lengua, decidnos quiénes sois. - -BRUJA 1.ª - -¡Salud, Macbeth, señor de Glámis! - -BRUJA 2.ª - -¡Salud, Macbeth, señor de Cáudor! - -BRUJA 3.ª - -¡Salud, Macbeth, tú serás rey! - -[Ilustración] - -BANQUO. - -¿De qué nace ese terror, amigo Macbeth? ¿Por qué te asustan tan gratas -nuevas? Decidme: ¿sois fantasmas ó séres reales? Habeis saludado á mi -amigo con títulos de gloria y anuncio de grandezas futuras y pompas -reales. Decidme algo á mí, si es que sabeis qué granos han de germinar -ó morir en la série de los tiempos. No temo de vosotras ni odio ni -favor. - -BRUJAS. - -¡Salud! - -BRUJA 1.ª - -Serás más grande que Macbeth y menos. - -BRUJA 2.ª - -Más feliz y menos feliz. - -BRUJA 3.ª - -No rey, pero padre de reyes. ¡Salud, Macbeth y Banquo! - -BRUJA 1.ª y 2.ª - -¡Salud! - -MACBETH. - -No os vayais, oscuras mensajeras. Ya se qué soy señor de Glámis -por muerte de Sinel, pero ¿cómo he de serlo de Cáudor, si el señor -vive próspera y felizmente? Tan absurdo es llamarme señor de Cáudor -como rey. ¿Quién os dió esas noticias? ¿Por qué me habeis venido á -sorprender en este desierto con tales presagios? - -BANQUO. - -Son sin duda espíritus vaporosos que engendra la tierra, como los -produce tambien el agua. ¿Por dónde habrán desaparecido? - -MACBETH. - -Los cuerpos se han disuelto en el aire, como se pierde en el aire la -respiracion. ¡Ojalá se hubieran quedado! - -BANQUO. - -¿Será verdad lo que hemos visto? ¿ó habremos probado alguna yerba de -las que trastornan el juicio? - -MACBETH. - -Tus hijos han de ser reyes. - -BANQUO. - -Lo serás tú mismo. - -MACBETH. - -¿Y tambien señor de Cáudor? ¿No lo dijeron así? - -BANQUO. - -¿Quién llega? - -ROSS. - -Macbeth, el Rey ha oido tus hazañas. Incierto entre la admiracion y -el aplauso, no sabe cómo elogiarte, por el valor con que has lidiado -contra los noruegos, sin percatarte tú mismo del estrago que en ellos -hacias. Van llegando tan densos como el granizo los mensajeros de la -victoria, y todos se hacen lenguas de tu heroismo. - -ANGUSS. - -El Rey nos envia á darte las gracias y á llevarte á su presencia. - -ROSS. - -Él me encarga que te salude con el título de señor de Cáudor. - -BANQUO. - -¡Conque tambien el diablo dice verdad! - -MACBETH. - -Si vive el de Cáudor ¿por qué me atavian con ropas ajenas? - -ANGUSS. - -Vive el que llevaba ese título, pero debe perder la vida, y se ha -fulminado contra él dura sentencia. No afirmo que se uniera con los -noruegos contra su patria, pero está convicto y confeso de traidor. - -MACBETH. - -(_Aparte._) ¡Ya soy señor de Glámis, y señor de Cáudor! Falta lo -demas. (_Á Ross y Anguss._) Gracias. (_A Banquo._) ¿Crees que tus hijos -serán reyes, conforme á la promesa de los que me han hecho señor de -Cáudor? - -BANQUO. - -Esa promesa quizá te haga ambicionar el sólio. Pero mira que á veces el -demonio nos engaña con la verdad, y nos trae la perdicion envuelta en -dones que parecen inocentes. Oidme dos palabras, amigos mios. - -MACBETH. - -¡Con dos verdades se abre la escena de este drama, que ha de terminar -con una corona régia! ¿Es un bien ó un mal este pensamiento? Si es un -mal, ¿por qué empieza á cumplirse, y soy ya señor de Cáudor? Si es un -bien, ¿por qué me aterran horribles imágenes, y palpita mi corazon de -un modo inusitado? El pensamiento del homicidio, más horroroso que la -realidad misma, comienza á dominarme y á oscurecer mi albedrío. Sólo -tiene vida en mí lo que aún no existe. - -BANQUO. - -¡Qué absorto y embebecido está nuestro compañero! - -MACBETH. - -Si los hados quieren hacerme rey, lo harán sin que yo busque la corona. - -BANQUO. - -El nuevo honor le viene como vestido nuevo: ¡no se le ajusta bien, por -falta de costumbre! - -MACBETH. - -Corra el tiempo, y suceda lo que quiera. - -BANQUO. - -A tus órdenes, generoso Macbeth. - -MACBETH. - -Perdon, amigos. Estaba distraido con antiguas memorias. Agradezco y -recordaré siempre vuestros favores. Cabalguemos á ver al Rey. (_A -Banquo._) Medita tú lo que nos ha sucedido. Luego hablaremos con toda -libertad. - -BANQUO. - -Así lo deseo. - -MACBETH. - -Hasta despues. Ni una palabra más. Vamos, caballeros. - - -ESCENA IV. - -=Habitacion de palacio.= - -DUNCAN, MALCOLM, BANQUO y MACBETH. - -DUNCAN. - -¿Está ajusticiado Cáudor? ¿Han vuelto ya los que fueron á su castillo? - -MALCOLM. - -No han vuelto todavía, pero he hablado con uno que le vió morir, y dice -que se arrepintió de sus pecados y pidió vuestro perdon. La muerte ha -sido lo mejor de su vida. Murió como si en vida hubiese aprendido á -renunciar y tener por cosa vana lo que antes juzgaba de mayor aprecio. - -DUNCAN. - -¿Quién adivina el alma por el semblante? ¿Quién me hubiera dicho -que ese caballero no era el más fiel de todos los mios? - - (_Á Macbeth que entra._) - -Primo mio, ya me sentia yo pesaroso de mi ingratitud. Pero estabas tan -lejos, que ni siquiera las alas del premio podian alcanzarte. Ojalá -hubieras hecho menos, porque entonces serian menos inferiores á tus -méritos mis galardones y mercedes. Larga deuda, que nunca podré pagar, -tengo contigo. - -MACBETH. - -Bastante pago de mi lealtad es ella misma. Mis servicios son como hijos -y criados del trono: hacen lo que deben, y nada más. - -DUNCAN. - -Eres planta que arraiga en mi corazon. Yo la haré crecer. ¡Ilustre -Banquo! No son menores tus méritos. Así lo reconozco, y te estrecho -contra mi corazon. - -BANQUO. - -En él germine, que para vos será la cosecha. - -DUNCAN. - -¡Hijos, parientes, caballeros!, sabed que nombro heredero de mis -Estados á mi hijo Malcolm, que desde hoy se llamará príncipe de -Cumberland. Pero este honor no puede venir solo, y para celebrarle haré -que caigan, como estrellas, títulos de nobleza sobre todos lo que los -merezcan. Ahora vamos á Inverness, que los negocios apremian. - -MACBETH. - -¿Cuándo descansareis? Quiero adelantarme en el camino y alegrar los -oidos de mi mujer con tan grata nueva. Permitídmelo. - -DUNCAN. - -¡Noble señor de Cáudor! - -MACBETH. - -(_Aparte._) ¡Príncipe heredero Malcolm! Obstáculo nuevo en mi camino. -He de saltar por él ó rendirme. No brilleis, estrellas: no aclare -vuestra luz el negro deseo que abriga mi corazon. Ojos mios, la mano -hará lo que vosotros no quereis ver. Entre tanto, miradla de soslayo. - -DUNCAN. - -¿Verdad, Banquo, que Macbeth es un egregio vasallo? No hay para mí -banquete tan grato como el oir de boca de las gentes sus alabanzas. -Sigámosle, ya que quiere festejarnos. Es el mejor de mis parientes. - - -ESCENA V. - -=Habitacion en el castillo de Macbeth, en Inverness.= - -LADY MACBETH, un CRIADO y MACBETH. - -LADY MACBETH. - -(_Leyendo una carta de su marido._) «Las brujas me salieron al -encuentro el dia de la victoria. Su ciencia es superior á la de los -mortales. Quise preguntarlas más, pero se deshicieron en niebla. -Aún no habia salido yo de mi asombro, cuando llegan nuncios del Rey -saludándome como á señor de Glámis y de Cáudor, lo mismo que las -hechiceras, pero estas dijeron ademas: «Salve, Macbeth: tu serás rey.» -He querido, esposa amada, confiarte este secreto, para que no dejes -por ignorancia, ni un solo momento, de gozar la dicha que nos está -profetizada. Piénsalo bien. Adios.» ¡Ya eres señor de Glámis y de -Cáudor! Lo demas se cumplirá tambien, pero desconfio de tu carácter -criado con la leche de la clemencia. No sabes ir por atajos sino por el -camino recto. Tienes ambicion de gloria, pero temes el mal. Quisieras -conseguir por medios lícitos un fin injusto, y coger el fruto de la -traicion sin ser traidor. Te espanta lo que vas á hacer, pero despues -de hecho, no quisieras que se deshiciese. ¡Ven pronto! Infundiré mi -alma en tus oidos, y mi lengua será azote que espante y disipe las -nieblas que te impiden llegar á esa corona, que el hado y el influjo de -las estrellas aparejan para tus sienes. - -UN CRIADO. - -Esta noche llega el Rey. - -LADY MACBETH. - -¿Estás en tí? ¿No ves que tu señor no está en el castillo, ni nos ha -avisado? - -UN CRIADO. - -Tambien él se acerca. Un compañero mio vino casi sin aliento á traer la -noticia. - -LADY MACBETH. - -Cuidad bien al mensajero. Es portador de grandes nuevas. (_Aparte._) -El cuervo se enronquece de tanto graznar, anunciando que el rey Duncan -llega al castillo. ¡Espíritus agitadores del pensamiento, despojadme -de mi sexo, haced más espesa mi sangre, henchidme de crueldad de -piés á cabeza, ahogad los remordimientos, y ni la compasion ni el -escrúpulo sean parte á detenerme ni á colocarse entre el propósito y el -golpe! ¡Espíritus del mal, inspiradores de todo crímen, incorpóreos, -invisibles, convertid en hiel la leche de mis pechos! Baja, hórrida -noche: tiende tu manto, roba al infierno sus densas humaredas, para -que no vea mi puñal el golpe que va á dar, ni el cielo pueda apartar el -velo de la niebla, y contemplarme y decirme á voces: «Detente.» - - (_Llega Macbeth._) - -¡Noble señor de Glámis y de Cáudor, áun más ilustre que uno y otro por -la profética salutacion de las hechiceras! tu carta me ha hecho salir -de lo presente, y columbrar lo futuro, y extasiarme con él. - -MACBETH. - -Esposa mia, esta noche llega Duncan. - -LADY MACBETH. - -¿Y cuándo se va? - -MACBETH. - -Dice que mañana. - -LADY MACBETH. - -¡Nunca verá el sol de mañana! En tu rostro, esposo mio, leo como en un -libro abierto lo que esta noche va á pasar. Disimula prudente: oculte -tu semblante lo que tu alma medita. Dén tu lengua, tus manos y tus ojos -la bien venida al rey Duncan: debes esconder el áspid entre las flores. -Yo me encargo de lo demas. El trono es nuestro. - -MACBETH. - -Ya hablaremos despacio. - -LADY MACBETH. - -Muéstrate alegre. - - -ESCENA VI. - -=Entrada del castillo de Macbeth. Sus criados alumbran con antorchas.= - -DUNCAN, BANQUO y LADY MACBETH. - -DUNCAN. - -¡Qué hermosamente situado está el castillo! ¡Cómo alegra los sentidos -esta apacible brisa de la tarde! - -BANQUO. - -La golondrina, eterna huésped del verano, moradora de las iglesias, -pone en la arquitectura de sus nidos un vago recuerdo del cielo. De -todo pilar, alero ó ángulo suspende su prolífico lecho, y donde ellas -anidan, parece que vive la alegría. - -DUNCAN. - -¡Ved! ¡Ya sale la noble castellana! (_A Macbeth._) Muchas veces tenemos -por amor lo que es verdadera desgracia. Pedid á Dios que os premie -vuestro trabajo, y haga recaer en mí vuestros favores. - -LADY MACBETH. - -Todo nuestro obsequio es poco para pagar tan altos beneficios y -mercedes, y sobre todo la de haber honrado con vuestra presencia -esta casa. Pedimos á Dios, en agradecimiento, todo género de favores -presentes y futuros para vos. - -DUNCAN. - -¿Dónde está Macbeth? Corrimos tras él para anticiparnos, pero la veloz -carrera de su caballo y su amor, todavía más poderoso que su corcel, -le dieron la ventaja, y llegó mucho antes que nosotros. Hermosa -castellana, por esta noche reclamamos vuestra hospitalidad. - -LADY MACBETH. - -Criados vuestros somos: cuanto tenemos os pertenece. - -DUNCAN. - -Dadme la mano, y guiadme á donde esté mi huésped, objeto perenne de mi -gracia. - - -ESCENA VII. - -=Galería en el castillo de Macbeth.= - -MACBETH y LADY MACBETH. - -MACBETH. - -¡Si bastara hacerlo... pronto quedaba terminado! ¡Si con dar el golpe, -se atajaran las consecuencias, y el éxito fuera seguro... yo me -lanzaria de cabeza desde el escollo de la duda al mar de una existencia -nueva! ¿Pero cómo hacer callar á la razon que incesante nos recuerda -sus máximas importunas, máximas que en la infancia aprendió y que luego -son tortura del maestro? La implacable justicia nos hace apurar hasta -las heces la copa de nuestro propio veneno. Yo debo doble fidelidad al -rey Duncan. Primero, por pariente y vasallo. Segundo, porque le doy -hospitalidad en mi castillo, y estoy obligado á defenderle de extraños -enemigos, en vez de empuñar yo el hierro homicida. Ademas, es tan buen -rey, tan justo y clemente, que los ángeles de su guarda irán pregonando -eterna maldicion contra su asesino. La compasion, niño recien nacido, -querubin desnudo, irá cabalgando en las invisibles alas del viento, -para anunciar el crímen á los hombres, y el llanto y agudo clamor de -los pueblos sobrepujará á la voz de los roncos vendavales. La ambicion -me impele á escalar la cima, ¿pero rodaré por la pendiente opuesta? (_A -Lady Macbeth._) ¿Qué sucede? - -LADY MACBETH. - -La cena está acabada. ¿Por qué te retiraste tan pronto de la sala del -banquete? - -MACBETH. - -¿Me has llamado? - -LADY MACBETH. - -¿No lo sabes? - -MACBETH. - -Tenemos que renunciar á ese horrible propósito. Las mercedes del Rey -han llovido sobre mí. Las gentes me aclaman honrado y vencedor. Hoy he -visto los arreos de la gloria, y no debo mancharlos tan pronto. - -LADY MACBETH. - -¿Qué ha sido de la esperanza que te alentaba? ¿Por ventura ha caido -en embriaguez ó en sueño? ¿O está despierta, y mira con estúpidos -y pasmados ojos lo que antes contemplaba con tanta arrogancia? ¿Es -ese el amor que me mostrabas? ¿No quieres que tus obras igualen á -tus pensamientos y deseos? ¿Pasarás por cobarde á tus propios ojos, -diciendo primero: «lo haria» y luego «me falta valor»? Acuérdate de la -fábula del gato. - -MACBETH. - -¡Calla, por el infierno! Me atrevo á hacer lo que cualquiera otro -hombre haria, pero esto no es humano. - -LADY MACBETH. - -¿Pues es alguna fiera la que te lo propuso? ¿No eras hombre, cuando -te atrevias, y buscabas tiempo y lugar oportunos? ¡Y ahora que ellos -mismos se te presentan, tiemblas y desfalleces! Yo he dado de mamar -á mis hijos, y sé cómo se les ama; pues bien, si yo faltara á un -juramento como tú has faltado, arrancaria el pecho de las encías de mi -hijo cuando más risueño me mirara, y le estrellaria los sesos contra la -tierra. - -[Ilustración] - -MACBETH. - -¿Y si se frustra nuestro plan? - -LADY MACBETH. - -¡Imposible, si aprietas los tornillos de tu valor! Duncan viene cansado -del largo viaje, y se dormirá: yo embriagaré á sus dos servidores, de -modo que se anuble en ellos la memoria y se reduzca á humo el juicio. -Quedarán en sueño tan profundo como si fuesen cadáveres. ¿Quién nos -impide dar muerte á Duncan, y atribuir el crímen á sus embriagados -compañeros? - -MACBETH. - -Tú no debias concebir ni dar á luz más que varones. Mancharemos de -sangre á los dos guardas ébrios, y asesinaremos á Duncan con sus -puñales. - -LADY MACBETH. - -¿Y quién no creerá que ellos fueron los matadores, cuando oiga nuestras -lamentaciones y clamoreo despues de su muerte? - -MACBETH. - -Estoy resuelto. Todas mis facultades se concentran en este solo objeto. -Oculte, con traidora máscara, nuestro semblante lo que maquina el alma. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO II. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Patio en el castillo de Macbeth.= - -BANQUO, FLEANCIO y MACBETH. - -BANQUO. - -Hijo, ¿qué hora es? - -FLEANCIO. - -No he oido el reloj, pero la luna va descendiendo. - -BANQUO. - -Será media noche. - -FLEANCIO. - -Quizá más tarde. - -BANQUO. - -Toma la espada. El cielo ha apagado sus candiles, sin duda por -economía. Me rinde el sueño con mano de plomo, pero no quiero dormir. -¡Dios mio! contén la ira que viene á perturbarme en medio del reposo. -Dame la espada. ¿Quién es? - -MACBETH. - -Un amigo tuyo. - -BANQUO. - -¿Todavía estás en pié? El Rey se ha acostado más alegre que nunca, y -ponderando mucho tu hospitalidad. Manda un diamante para tu mujer, á -quien llama su linda huéspeda. - -MACBETH. - -Por imprudencia quizá haya caido mi voluntad en faltas que, á disponer -de su libre albedrío, hubiera evitado. - -BANQUO. - -No sé qué hayas cometido ninguna falta. Ayer soñé con las brujas. Por -cierto que contigo han andado verídicas. - -MACBETH. - -No me cuido de eso. Ya hablaremos otra vez con más espacio, si eso te -complace. - -BANQUO. - -Cuando quieras. - -MACBETH. - -Si te guias por mi consejo, ganarás honra y favor. - -BANQUO. - -Siempre que sea sin menoscabo de la lealtad que reina en mi pecho. - -MACBETH. - -Véte á descansar. - -BANQUO. - -Gracias. - - (_Vase con su hijo._) - -MACBETH. - -(_A su criado._) Dí á la señora que me llame cuando tenga preparada -mi copa. Tú, acuéstate. ¡Me parece estar viendo el puño de una daga -vuelta hácia mí! ¡Ven á mis manos, puñal que toco aunque no veo! ¿O -eres acaso sueño de mi delirante fantasía? Me pareces tan real como -el que en mi mano resplandece. Tú me enseñas el arma y el camino. La -cuchilla y el mango respiran ya sangre. ¡Vana ilusion! Es el crímen -mismo el que me habla así. La Naturaleza reposa en nuestro hemisferio. -Negros ensueños agitan al que ciñe real corona. Las brujas en su -nefando sábado festejan á la pálida Hécate, y el escuálido homicidio, -temeroso de los aullidos del lobo centinela suyo, camina con silencioso -pié, como iba Tarquino á la mansion de la casta Lucrecia. ¡Tierra, no -sientas el ruido de mis piés, no le adivines! ¡No pregonen tus piedras -mi crímen! ¡Da tregua á los terrores de estas horas nocturnas! Pero, -¿á qué es detenerme en vanas palabras que hielan la accion? (_Óyese -una campana._) ¡Ha llegado la hora! ¡Duncan, no oigas el tañido de esa -campana, que me invita al crímen, y que te abre las puertas del cielo ó -del infierno! - - -ESCENA II. - -Lady MACBETH y MACBETH. - -LADY MACBETH. - -La embriaguez en que han caido me da alientos. ¡Silencio! Es el -chillido del buho, severo centinela de la noche. Abiertas están las -puertas. La pócima que administré á los guardas los tiene entre la vida -y la muerte. - -MACBETH. - -(_Dentro._) ¿Quién es? - -LADY MACBETH. - -Temo que se despierten, antes que esté consumado el crímen, y sea peor -el amago que el golpe... Yo misma afilé los puñales... Si su sueño no -se hubiera parecido al de mi padre, yo misma le hubiera dado muerte. -Pero aquí está mi marido... - -MACBETH. - -Ya está cumplido. ¿Has sentido algun rumor? - -LADY MACBETH. - -No más que el canto del grillo y el chillido del buho. ¿Hablaste algo? - -MACBETH. - -¿Cuándo? - -LADY MACBETH. - -Ahora. - -MACBETH. - -¿Cuando bajé? - -LADY MACBETH. - -Sí. - -MACBETH. - -¿Quién está en el segundo aposento? - -LADY MACBETH. - -Donalbáin. - -MACBETH. - -¡Qué horror! - -LADY MACBETH. - -¡Qué necedad! ¿Por qué te parece horrible? - -MACBETH. - -El uno se sonreia en sueños, el otro se despertó y me llamó: -_¡asesino!_ Los miré fijo y con estupor; despues rezaron y se quedaron -dormidos. - -LADY MACBETH. - -Como una piedra. - -MACBETH. - -El uno dijo: «Dios nos bendiga», y el otro: «Amen». Yo no pude -repetirlo. - -LADY MACBETH. - -Calma ese terror. - -MACBETH. - -¿Por qué no pude responder «Amen»? Yo necesitaba bendicion, pero la -lengua se me pegó al paladar. - -LADY MACBETH. - -Si das en esas cavilaciones, perderás el juicio. - -MACBETH. - -Creí escuchar una voz que me decia: «Macbeth, tú no puedes dormir, -porque has asesinado al sueño.» ¡Perder el sueño, que desteje la -intrincada trama del dolor, el sueño, descanso de toda fatiga: alimento -el más dulce que se sirve á la mesa de la vida! - -LADY MACBETH. - -¿Por qué esa agitacion? - -MACBETH. - -Aquella voz me decia alto, muy alto: «Glámis ha matado al sueño: por -eso no dormirá Cáudor, ni tampoco Macbeth.» - -LADY MACBETH. - -¿Pero qué voz era esa? ¡Esposo mio! no te domine así el torpe miedo, ni -ofusque el brillo de tu razon. Lava en el agua la mancha de sangre de -tus manos. ¿Por qué quitas de su lugar las dagas? Bien están ahí. Véte -y ensucia con sangre á los centinelas. - -MACBETH. - -No me atrevo á volver ni á contemplar lo que hice. - -LADY MACBETH. - -¡Cobarde! Dame esas dagas. Están como muertos. Parecen estatuas. Eres -como el niño á quien asusta la figura del diablo. Yo mancharé de sangre -la cara de esos guardas. (_Suenan golpes._) - -MACBETH. - -¿Quién va? El más leve rumor me horroriza. ¿Qué manos son las que se -levantan, para arrancar mis ojos de sus órbitas? No bastaria todo -el Océano para lavar la sangre de mis dedos. Ellos bastarian para -enrojecerle y mancharle. - -LADY MACBETH. - -Tambien mis manos están rojas, pero mi alma no desfallece como la tuya. -Llaman á la puerta del Mediodía. Lavémonos, para evitar toda sospecha. -Tu valor se ha agotado en el primer ímpetu. Oye... Siguen llamando... -Ponte el traje de noche. No vean que estamos en vela. No te pierdas en -vanas meditaciones. - -MACBETH. - -¡Oh, si la memoria y el pensamiento se extinguiesen en mí, para no -recordar lo que hice! (_Siguen los golpes._) - -[Ilustración: _Lady Macbeth en la cámara de Duncan._] - - -ESCENA III. - -EL PORTERO. - -¡Qué estrépito! Ni que fuera uno portero del infierno. ¿Quién será ese -maldito? Algun labrador que se habrá ahorcado descontento de la mala -cosecha... Y sigue alborotando... Será algun testigo falso, pronto á -jurar en cualquiera de los platillos de la balanza. ¡Entra, malvado! -¡Y sigue dando! Será algun sastre inglés que ha sisado tela de unos -calzones franceses. ¡Qué frio hace aquí aunque estamos en el infierno! -Ya se acabó mi papel de diablo. A otra gente más lucida pensé abrir. No -os olvideis del portero. - - -ESCENA IV. - -MACDUFF, un PORTERO, LÉNNOX y MACBETH. - -MACDUFF. - -¿Cómo te levantas tan tarde? ¿Te acostaste tarde por ventura? - -PORTERO. - -Duró la fiesta hasta que cantó por segunda vez el gallo. - -MACDUFF. - -¿Se ha levantado tu señor?... Pero aquí viene. Sin duda le despertamos -con los golpes. - -LÉNNOX. - -(_A Macbeth._) ¡Buenos dias! - -MACBETH. - -¡Felices! - -MACDUFF. - -¿Está despierto el Rey? - -MACBETH. - -Todavía no. - -MACDUFF. - -Me dijo que le llamara á esta hora. - -MACBETH. - -Os quiero guiar á su habitacion. - -MACDUFF. - -Molestia inútil, por más que os agrade. - -MACBETH. - -Esta es su puerta. - -MACDUFF. - -Mi deber es entrar. - - (_Vase._) - -LÉNNOX. - -¿Se va hoy el Rey? - -MACBETH. - -Así lo tiene pensado. - -LÉNNOX. - -¡Mala noche! El viento ha echado abajo nuestra chimenea. Se han oido -extrañas voces, gritos de agonía, cantos proféticos de muerte y -destruccion. Las aves nocturnas no han cesado de graznar. Hay quien -dice que la tierra misma se estremecia. - -MACBETH. - -Tremenda ha sido, en verdad, la noche. - -LÉNNOX. - -No recuerdo otra semejante. Verdad que soy jóven. - -MACDUFF. - -¡Horror, horror, horror! ¡Ni la lengua ni el corazon deben nombrarte! - -MACBETH y LÉNNOX. - -¿Qué? - -[Ilustración] - -MACDUFF. - -Una traicion horrible. Un sacrilegio... El templo de la vida del Rey ha -sido profanado. - -MACBETH. - -¿Su vida? - -LÉNNOX. - -¿La del Rey? - -MACDUFF. - -Entrad en la alcoba, y lo vereis, si es que no ciegan vuestros ojos -de espanto. No puedo hablar. Vedlo vosotros mismos... ¡Á las armas! -¡Traicion, malvados! ¡Donalbáin, Banquo, Malcolm, alerta! ¡Lejos de -vosotros ese sueño tan pesado como la muerte! Ved la muerte misma... -Pronto... ¡Banquo, Malcolm! Dejad el lecho, venid, animados fantasmas, -á contemplar esta escena de duelo. - -LADY MACBETH. - -¿Qué es eso? ¿Por qué despertais con tales gritos á la gente de la casa -que aún duerme? - -MACDUFF. - -En vuestros oidos, hermosa dama, no deben sonar otra vez nuestros -lamentos. No es tanto horror para oidos de mujer. - - (_Entra Banquo._) - -¡Banquo, Banquo! Nuestro Rey ha sido asesinado. - -LADY MACBETH. - -¡Dios mio, y en mi casa! - -BANQUO. - -Aquí y en todas seria horrible. Dime que no es verdad. Dímelo por Dios. - -MACBETH. - -¡Ojalá hubiera muerto yo pocas horas antes! Mi vida hubiera sido del -todo feliz. Ya han muerto para mí la gloria y la esperanza. He agotado -el vino de la existencia, y sólo me quedan las heces en el vaso. - -DONALBÁIN. - -¿Qué es esto? - -MACBETH. - -¿Y tú me lo preguntas? Se ha secado la fuente de la vida. Tu padre ha -sido muerto. - -MALCOLM. - -¿Quién lo mató? - -LÉNNOX. - -Sin duda sus guardias, porque tienen manchadas de sangre las manos y la -cara, y los ensangrentados puñales junto al lecho. En sus miradas se -retrataba el delirio. - -MACBETH. - -¡Cuánto siento que mi furor me llevara á darles instantánea muerte! - -MACDUFF. - -¿Por qué lo hiciste? - -MACBETH. - -¿Y quién se contiene en tal arrebato? ¿Cuándo se unió el furor con -la prudencia, la lealtad con el sosiego? Mi amor al Rey venció á mi -tranquila razon. Yo veia á Duncan teñido en su propia sangre, y cerca -de él á los asesinos con el color de su oficio; veia sus puñales -manchados tambien... ¿Quién podia dudar? ¿Quién que amase al Rey, -hubiera podido detener sus iras? - -LADY MACBETH. - -Llevadme lejos de aquí. - -MALCOLM. - -¡Y callamos! aunque no pocos pueden achacarnos el crímen. - -DONALBÁIN. - -Más vale callarnos y atajar nuestras lágrimas. Vamos. - -MALCOLM. - -Disimulemos nuestra pena. - -BANQUO. - -Cuidad á la señora. Despues que nos vistamos, hemos de examinar más -despacio este horrible suceso. En la mano de Dios están mis actos. -Desde allí desafio toda sospecha traidora. Juro que soy inocente. - -MACDUFF. - -Y yo tambien. - -TODOS. - -Y todos. - -MACBETH. - -Juntémonos luego en el estrado. - -TODOS. - -Así lo haremos. - -MALCOLM. - -¿Qué haces? Nada de tratos con ellos. Al traidor le es fácil simular la -pena que no siente. Iré á Inglaterra. - -DONALBÁIN. - -Y yo á Irlanda. Separados estamos más seguros. Aquí las sonrisas son -puñales, y derraman sangre los que por la sangre están unidos. - -MALCOLM. - -La bala de su venganza no ha estallado todavía. Nos conviene -esquivarla. A caballo, y partamos sin despedirnos. Harta razon tenemos -para escondernos. - - -ESCENA V. - -=Exterior del Castillo.= - -Un VIEJO, ROSS y MACDUFF. - -UN VIEJO. - -En mis setenta años he visto cosas peregrinas y horrendas, pero nunca -como esta noche. - -ROSS. - -¡Venerable anciano! ¡Con qué cólera mira el cielo la trágica escena -de los hombres! Ya ha amanecido, pero todavía la noche se resiste á -abandonar su dominio. Quizá se avergüenza el dia, y no se atreve á -derramar su pura lumbre. - -EL VIEJO. - -No es natural nada de lo que sucede. El mártes un generoso halcon cayó -en las garras de una lechuza. - -ROSS. - -Los caballos de Duncan, los mejores de su casta, han quebrantado sus -establos, y vueltos al estado salvaje, son terror de los palafreneros. - -EL VIEJO. - -Ellos mismos se están devorando. - -ROSS. - -Así es. ¡Qué horror miran mis ojos!... Pero aquí se acerca el buen -Macduff. ¿Cómo están las cosas, amigo? - -MACDUFF. - -Ya lo veis. - -ROSS. - -¿Quién fué el asesino? - -MACDUFF. - -Los que mató Macbeth. - -ROSS. - -¿Y qué interes tenian? - -MACDUFF. - -Eran pagados por los dos hijos del Rey difunto. - -ROSS. - -¡Horror contra naturaleza! ¡La ambicion se devora á sí misma! Y Macbeth -sucederá en el trono. - -MACDUFF. - -Ya le han elegido rey, y va á coronarse á Esconia. - -ROSS. - -¿Y el cuerpo del rey Duncan? - -MACDUFF. - -Lo llevan á enterrar á la montaña de San Colme, sepulcro de sus mayores. - -ROSS. - -¿Te vas á Esconia, primo? - -MACDUFF. - -A Faife. - -ROSS. - -Yo á Esconia. - -MACDUFF. - -Felicidad en todo. Adios. Gusto más de la ropa nueva, que de la -antigua. - -ROSS. - -Adios, buen viaje. - -EL VIEJO. - -Quien saque como vosotros bien del mal, y haga amigo al enemigo, -llevará la bendicion de Dios. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO III. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Palacio de Fóres.= - -BANQUO, MACBETH, un CRIADO y dos ASESINOS. - -BANQUO (_sólo_). - -Ya eres rey, Macbeth, y señor de Glámis y de Cáudor. Está cumplido en -todas sus partes el vaticinio de las hechiceras, pero ¿quién sabe si la -traicion te habrá allanado el camino? Ni ha de quedar el cetro en tu -linaje. Si es verdad lo que nos dijeron, reyes han de ser mis hijos. -¿Por qué los oráculos que fueron veraces contigo no han de ser tambien -propicios á mi ambicion? Pero disimulemos. - -MACBETH. - -Ya tenemos aquí á nuestro principal convidado. - -LADY MACBETH. - -Grande hubiera sido su falta en el banquete. - -MACBETH. - -Te convido á un gran festin que he de dar esta noche. - -BANQUO. - -Vuestra Majestad puede mandarme, en vez de convidarme. Mi voluntad está -indisolublemente unida á la vuestra. - -MACBETH. - -¿Sales á caballo esta tarde? - -BANQUO. - -Sí. - -MACBETH. - -Si no, podrias ayudarme con tu consejo en la junta de esta tarde. -Mañana será. ¿Vas lejos? - -BANQUO. - -Pasearé hasta la hora de cenar. Si mi caballo no aprieta el paso, -pediré prestadas á la noche una ó dos horas. - -MACBETH. - -No faltes. - -BANQUO. - -No faltaré. - -MACBETH. - -Tengo nuevas de que mis revoltosos deudos están refugiados en -Inglaterra y en Irlanda. No confiesan su parricidio, y divulgan contra -mí horrendas acusaciones. Mañana hablaremos de esto, cuando nos -juntemos á tratar de otros negocios. Ahora, á caballo. Hasta luego. ¿Te -acompaña tu hijo? - -BANQUO. - -Sí, y vendrá pronto, porque ya es hora. - -MACBETH. - -Dios guie con bien vuestros caballos y os vuelva pronto. Hasta la -noche. - - (_Vase Banquo._) - -Vosotros haced lo que querais hasta las siete. Vuestra compañía me será -más grata á la hora de cenar, si en este momento me dejais solo. Adios, -mis caballeros. - - (_Vanse todos._) - -MACBETH. - -(_A un criado._) ¿Me esperan ya esos hombres? - -CRIADO. - -Están á la puerta de palacio. - -MACBETH. - -Diles que entren. - - (_Se va el criado._) - -¿De qué me sirve el poder sin la seguridad? Banquo es mi amenaza -perpétua: su altiva condicion me infunde miedo. Junta á su valor el -ingenio y la prudencia. Me reconozco inferior á él como Marco Antonio á -César. Él fué quien se atrevió á dirigir la palabra á las brujas cuando -me aclamaron Rey, y á preguntarlas por su suerte futura, y ellas con -fatídica voz le contestaron: «Tus hijos serán reyes.» A mí me otorgan -una corona estéril, un cetro irrisorio, que no pasará á mis hijos sino -á los de un extraño. Yo vendré á ser el bienhechor de la familia de -Banquo. Por servirla asesiné al Rey Duncan, y llené de hiel el cáliz de -mi vida; y vendí al diablo el tesoro de mi alma. ¡Todo para hacer reyes -á los hijos de Banquo! ¡Fatal destino mio, sálvame: lidia por mí esta -batalla! ¿Quién es? - - (_Entran los asesinos._) - -(_Al criado._) Espera á la puerta hasta que llame. - - (_Vase el criado._) - -(_A los asesinos._) Ya oisteis ayer lo que deseo. - -ASESINO 1.º - -Sí, rey. - -MACBETH. - -¿Habeis pensado bien lo que os dije? Él y no yo ha sido hasta ahora -la causa de vuestros males. Ya os expliqué cómo se habia burlado de -vosotros: quiénes le ayudaron. En suma el más necio hubiera podido -decir: _Tuvo la culpa Banquo._ - -ASESINO 1.º - -Verdad es lo que dices. - -MACBETH. - -Y añado más, y vengo al objeto de este coloquio. ¿Hasta cuándo durará -vuestra paciencia? ¿Manda el Evangelio que receis á Dios por ese hombre -y por su linaje, cuando os está empobreciendo y esquilmando, y os tiene -casi á punto de muerte? - -ASESINO 1.º - -¡Oh Rey! somos hombres. - -MACBETH. - -Tambien son perros los galgos y los mastines y los lebreles, y los de -aguas y los de caza, pero se distinguen unos de otros por tener más ó -menos valor y fortaleza, y mejor ó peor olfato. La naturaleza reparte -con igualdad sus dones, y por eso las diversas castas tienen nombres -distintos. Lo mismo sucede con los hombres. Si no quereis ser de los -últimos y más abyectos, yo os daré un consejo que os libre para siempre -de esa opresion y tiranía, y os haga acreedores á mi gratitud eterna, -porque no puedo vivir en paz, si él no muere. - -ASESINO 1.º - -Señor; yo soy un hombre de esos tan maltratados por la suerte, que me -arrojaré á cualquier cosa, por vengarme del mundo. - -ASESINO 2.º - -Tan mala ha sido mi fortuna, que para mejorarla ó acabar de una vez, -arriesgaré mi vida en cualquier lance. - -MACBETH. - -Está bien. Banquo es enemigo vuestro. - -ASESINO 2.º - -Verdad, señor. - -MACBETH. - -Y mio, á tal extremo que cada minuto de su vida es un tormento para -mí. Yo podria sin cargo de conciencia deshacerme de él, pero tiene -amigos que tambien lo son mios, y no quiero perderlos. Por eso acudo á -vosotros, ya que hay poderosos motivos para que el golpe sea secreto. - -ASESINO 2.º - -Se hará vuestra voluntad, oh Rey. - -ASESINO 1.º - -Aunque perezcamos en la demanda. - -MACBETH. - -Conozco vuestro denuedo. Pronto os diré en qué sitio habeis de -emboscaros, y cuándo; porque esta misma noche ha de darse el golpe. -Conviene que sea lejos de palacio, para alejar de mí toda sospecha. No -dejeis indicio alguno del crímen. Le acompaña su hijo Fleancio, que me -estorba tanto como su padre. Por consiguiente, matadle tambien. Quedaos -solos. Volveré luego. - -LOS DOS ASESINOS. - -Estamos resueltos. - -MACBETH. - -Volveré pronto... Entrad... ¡Oh, Banquo! esta noche ó nunca subirá tu -alma á los cielos. - - -ESCENA II. - -Lady MACBETH, MACBETH y un CRIADO. - -LADY MACBETH. - -¿Está en palacio Banquo? - -CRIADO. - -No, señora, pero esta noche vendrá. - -LADY MACBETH. - -Dí al Rey, que quiero hablarle un momento. - -CRIADO. - -Así lo haré... - -LADY MACBETH. - -¿De qué nos sirve haber logrado nuestros deseos, si no alcanzamos -placer ni reposo? Es preferible la paz de nuestras víctimas, al falso -goce que procede del crímen. - - (_Entra Macbeth._) - -Esposo mio, ¿por qué te atormentan siempre tan tristes recuerdos? -olvida lo pasado. - -MACBETH. - -Hemos herido á la serpiente, pero no la hemos matado. Volverá á -acometernos, mientras estemos cerca de sus dientes. ¡Húndase la tierra, -arda el universo, antes que yo coma ni duerma en medio de tales -espantos nocturnos! ¡Ojalá estuviera yo con mis víctimas, más bien -que entregado á la tortura de mi pensamiento! Duncan no teme ya ni el -hierro matador ni el veneno, ni la discordia, ni la guerra. - -LADY MACBETH. - -Esposo mio, alegra ese semblante, para que nuestros huéspedes no -adviertan esta noche tu agitacion. - -MACBETH. - -Así lo haré, amada mia. Fíjate en Banquo: muéstrate risueña con él, en -la mirada y en las palabras. Todavía no estamos seguros: es preciso -lavar nuestra honra en el rio de la adulacion, y convertir nuestros -semblantes en hipócrita máscara. - -LADY MACBETH. - -¡Oh, basta, basta! - -MACBETH. - -Mi alma es un nido de sierpes... ¡Todavía respiran Banquo y Fleancio! - -LADY MACBETH. - -No son inmortales. - -MACBETH. - -Esa es la esperanza que nos queda. El hierro puede alcanzarlos. -Antes que el murciélago abandone su claustro; antes que se oiga en -el silencio de la noche el soñoliento zumbido del escarabajo, estará -terminado todo. - -LADY MACBETH. - -¿Qué quieres decir? - -MACBETH. - -Vale más que lo ignores, hasta que esté cumplido, y puedas regocijarte -en ello. Ven, ciega noche, venda tú los ojos al clemente dia. Rompa -tu mano invisible y ensangrentada la atroz escritura que causa mis -terrores... Va creciendo la oscuridad: retorna el cuervo á la espesura -del bosque: las aves nocturnas descienden anhelosas de presa... ¡Te -horrorizan mis palabras! ¿Y por qué? Sólo el crímen puede consumar lo -que ha empezado el crímen. Ven conmigo. - - -ESCENA III. - -=Bosque á la entrada del palacio.= - -ASESINOS, BANQUO y su hijo FLEANCIO. - -ASESINO 1.º - -¿Quién te ha enviado? - -ASESINO 3.º - -Macbeth. - -ASESINO 2.º - -No debemos dudar de él, puesto que sabe nuestro fin y propósito. - -ASESINO 1.º - -Ya muere el sol en occidente, y el pasajero aguija su caballo para -llegar á la posada. Ya está cerca el que esperamos. - -ASESINO 3.º - -Suenan las herraduras de sus caballos. - -BANQUO. - -(_Dentro._) ¡Luz! - -ASESINO 2.º - -¡Ahí está! Le aguardan en la llanura. - -ASESINO 1.º - -Se llevan los caballos. - -ASESINO 3.º - -El, como los demas, se encamina á pié á palacio. - -BANQUO. - -¡Luz, luz! - -ASESINO 3.º - -¡Ahí está! - -ASESINO 1.º - -Aguarda. (_Entran Banquo, su hijo Fleancio, un criado con antorcha._) - -BANQUO. - -Va á llover esta noche. - -[Ilustración] - -ASESINO 1.º - -¡Muera! (_Le hiere._) - -BANQUO. - -¡Traicion! Huye, hijo, y si puedes, venga mi muerte. (_Cae._) - -ASESINO 3.º - -¿Por qué mataste la luz? - -ASESINO 1.º - -¿No hice bien? - -ASESINO 3.º - -Ha muerto uno solo. El hijo huye. - -ASESINO 2.º - -Hemos perdido la mitad de la paga. - -ASESINO 1.º - -Vamos á dar cuenta á Macbeth. - - -ESCENA IV. - -=Sala de palacio. Mesa preparada para un festin.= - -MACBETH, los CONVIDADOS, LADY MACBETH, ASESINO 1.º y LÉNNOX. - -MACBETH. - -Sentaos, segun vuestra categoría y nobleza. Bien venidos seais todos. - -LOS CONVIDADOS. - -Gracias. - -MACBETH. - -Siéntese la reina en el trono, y démosle la bienvenida. - -LADY MACBETH. - -Gracias. Dádsela á nuestros convidados. Os saludo de todo corazon, -señores. - -MACBETH. - -Con toda el alma te lo agradecen. (_Á Lady Macbeth._) Los dos lados -iguales: yo en medio. Alegraos, brindaremos juntos. - - (_Se presenta el asesino 1.º_) - -Traes manchada la cara de sangre. - -ASESINO 1.º - -Sangre de Banquo. - -MACBETH. - -Más vale que sea la suya que la tuya. ¿Queda muerto? - -ASESINO 1.º - -Le degollé, señor. - -MACBETH. - -¡Matador excelente te debo apellidar, y más, si acabaste tambien con -Fleancio! - -ASESINO 1.º - -¡Oh rey! huyó. - -MACBETH. - -¡Y siguen mis temores! Si él hubiera muerto, yo seria feliz, duro como -el mármol y las rocas, libre como el aire. Pero ahora me veo receloso, -inquieto, entre dudas y temores. ¿Y Banquo murió de veras? - -ASESINO 1.º - -Cayó en una zanja profundísima, con veinte heridas en la cabeza, la -menor de ellas mortal. - -MACBETH. - -Gracias infinitas. Muerta está la serpiente, pero ese retoño fugitivo -ha de envenenarnos con el tiempo. Todavía no ha echado dientes. Vuelve -mañana. Aún tenemos que hablar. - - (_Se va el asesino._) - -LADY MACBETH. - -Esposo, anima con tu presencia y tus palabras la languidez del festin. -Si no has de hacerlo, más valdrá comer solos. La alegría es la salsa de -las cenas. - -MACBETH. - -¡Dulce maestra mia! La buena digestion venga hoy despues del apetito, y -tras ellos la salud. - -LÉNNOX. - -Tomad asiento, rey. - -MACBETH. - -Congregada tendríamos esta noche la flor de la monarquía, si no nos -faltase el ilustre Banquo. Quiero culpar su negligencia, más bien que -imaginar que le haya acontecido alguna desgracia. - - (_El espectro de Banquo ocupa el sitial de Macbeth._) - -LÉNNOX. - -Honradnos, señor, tomando asiento. - -MACBETH. - -¿Dónde? No le encuentro. - -LÉNNOX. - -Aquí le teneis, señor. - -MACBETH. - -¿Dónde? - -LÉNNOX. - -Señor, aquí. ¿Pero qué agitacion es la vuestra? - -MACBETH. - -¿Quién de vosotros ha hecho esto? - -LÉNNOX. - -¿Qué, señor? - -MACBETH. - -Yo no... yo no lo hice... no me mires agitando tu cabellera tinta en -sangre. - -ROSS. - -Levantaos: el rey está enfermo. - -LADY MACBETH. - -No, no, continuad sentados. Son accidentes que desde jóven padece -mi marido. No os levanteis. Es cosa de un momento. Vereis cual se -repone en seguida. No os fijeis en él, porque se aumentará su delirio. -(_Aparte á Macbeth._) ¡Y dices que eres hombre! - -MACBETH. - -Y hombre fuerte, pues que me atrevo á mirar de hito en hito lo que -pondria espanto al mismo Satanás. - -LADY MACBETH. - -¡Necedad insigne! ¡Sombras que finge el miedo! Es como aquel puñal -que decias que te guiaba por el aire, cuando mataste al rey Duncan. -¡Consejas, tolerables solo en boca de una anciana, al amor de la -lumbre! ¡Vergüenza para tí! ¡Y áun sigues turbado! ¡No ves que tú -asiento está vacío! - -MACBETH. - -¡No, no... Mira, mira!... ¿No lo ves?... ¿Qué dices ahora?... Pero ¿qué -me importa lo que digas? ¿Mueves la cabeza en signo de incredulidad?... -Habla, habla... Si los sepulcros nos arrojan su presa, los palacios se -trocarán en festin de buitres. - - (_Se va la sombra._) - -LADY MACBETH. - -¿Estás loco? - -[Ilustración: _El festin de Macbeth._] - -MACBETH. - -Te juro, por mi alma, que le he visto. - -LADY MACBETH. - -¿Y no te avergüenzas? - -MACBETH. - -Siempre se ha derramado sangre. Desde que el mundo es mundo, ha habido -crímenes atroces. Pero antes el muerto muerto se quedaba. Ahora las -sombras vuelven y nos arrojan de nuestros sitiales. - -LADY MACBETH. - -Tus caballeros reclaman tu presencia. - -MACBETH. - -No me acordaba de ellos. ¡Amigos mios! ¡nobles caballeros! no hagais -caso de mí. Si me conocierais bien, no os extrañaria este súbito -accidente. ¡Salud, amigos! Brindemos á la salud de nuestro amigo -Banquo, único que nos falta. ¡Ojalá llegue pronto! ¡Brindo por -vosotros, y por él y por todos! - -LOS CONVIDADOS. - -Nosotros repetimos el brindis. - - (_Vuelve á aparecer la sombra._) - -MACBETH. - -¡Lejos, lejos de mí!... Que la tierra te trague... Mi sangre se hiela: -falta á mis huesos el tuétano... la lumbre de mis ojos se oscurece. - -LADY MACBETH. - -El accidente vuelve: no es grave, pero descompone la fiesta. - -MACBETH. - -Yo no temo nada de lo que pueden temer los hombres. Ven á mí en forma -de tigre de Hircania, de oso ó de rinoceronte: no se agitarán mis -nervios. O vuelve á la vida, y rétame á lid campal, hierro á hierro, y -si tiemblo al ir á encontrarte, llámame hijo de mi nodriza... Pero no -vengas como sombra. ¡Huye de mí, formidable espectro! - - (_Desaparece la sombra._) - -Ya se retira, y vuelvo á ser hombre. Sentaos otra vez: os lo suplico. - -LADY MACBETH. - -Con ese delirio has turbado la alegría del convite. - -MACBETH. - -¿Y cómo no asombrarnos, cuando estalla esa borrascosa nube de verano? -Ahora dudo de mi razon viendo que podeis contemplar tales apariciones -sin que vuestro rostro palidezca. - -ROSS. - -¿De qué apariciones hablas? - -LADY MACBETH. - -¡Silencio! La contradiccion le molesta. Podeis retiraros sin ceremonia. -Idos pronto. - -LOS CONVIDADOS. - -Buenas noches, y descanse el Rey. - -LADY MACBETH. - -Buenas noches. - -MACBETH. - -¡Sangre pide! La sangre clama por sangre; ya lo dice el proverbio. -Hasta los árboles hablan á la voz del agorero, ó por natural virtud. Y -á veces la voz de la urraca, del cuervo, ó del grajo, ha delatado al -asesino. ¿Qué hora es? - -LADY MACBETH. - -La noche combate con las primeras horas del dia. - -MACBETH. - -Macduff se niega á obedecerme, y á reconocer mi autoridad. - -LADY MACBETH. - -¿Le has llamado? - -MACBETH. - -No, pero tengo noticias ciertas de él por mis numerosos espías. Mañana -temprano iré á ver á las brujas. Quiero apurarlo todo, y averiguar el -mal, aunque sea por medios torcidos. Todo debe rendirse á mi voluntad. -Estoy nadando en un mar de sangre, y tan lejos ya de la orilla, que -me es indiferente bogar adelante ó atras. Es tiempo de obras y no de -palabras. Descienda el pensamiento á las manos. - -LADY MACBETH. - -Te falta la sal de la vida, el sueño. - -MACBETH. - -Pues á dormir. ¡Mi terror, nacido de la falta de costumbre, me quita el -sueño! ¡Soy novicio en el crímen! - - -ESCENA V. - -=Un páramo.—Tempestad.= - -BRUJA 1.ª - -Oh Hécate, tu semblante muestra á las claras tu enojo. - -HÉCATE. - -¿Y no tengo razon, impertinentes viejas? ¿Por qué, siendo yo la -fuente de vuestro poder y de todos los males humanos, habeis osado, -sin pedirme consejo, ni acudir á mi ciencia, tratar con Macbeth por -enigmas? ¡Y todo en provecho de un ingrato, de un ambicioso, que sólo -mira á su interes, y no se acuerda de vosotras! Antes que el sol se -ponga, venid á los antros tartáreos; no dejeis de traer ninguna de -vuestras redomas, encantos y conjuros. Ahora, á volar. Esta noche ha de -cumplirse una evocacion tremenda. De la luna pende una gota de vapor -que he de coger esta misma noche antes que caiga. Yo la destilaré con -mi ciencia maravillosa, y evocaré génios de tal virtud que le traigan -lisonjeramente engañado hasta el abismo. No temerá la muerte: confiará -en su estrella: podrá más su esperanza que su buen juicio ó sus -temores, y ya veis que hombre excesivamente confiado está medio perdido. - -(_Se oye dentro una voz._) ¡Venid, venid! - -HÉCATE. - -¿Ois la voz del génio? Camina en esa transparente nube. - -LAS BRUJAS. - -Vámonos, que pronto volverá. - - -ESCENA VI. - -=Palacio de Fóres.= - -LÉNNOX y el SEÑOR. - -LÉNNOX. - -Te asombra lo que he dicho. Pero sigue tú discurriendo. Macbeth -mostró mucho sentimiento por la muerte de Duncan... ¡Es claro, como -que estaba muerto! Banquo salió á pasear muy tarde, y quizá le mataria -su hijo, puesto que huyó en seguida.—¿Y á quién se le ocurre salir á -pasear de noche?... ¿No fué cosa monstruosa el parricidio de Malcolm y -Donalbáin? ¡Cómo le angustió á Macbeth!... Tanto que en seguida mató á -los guardas, dominados por el sueño y el vino... ¡Lealtad admirable!... -ó gran prueba de talento. Hizo bien, porque ¿quién hubiera podido oir -con calma que negaban el crímen? A fe mia que si cayeran en manos de -Macbeth (lo cual no es fácil, ni Dios permita) los hijos de Duncan, ya -habian de ver lo que es matar á su padre, y lo mismo el hijo de Banquo. -Pero callemos, que por hablar demasiado y por huir de la mesa del Rey, -anda perseguido Macduff. ¿Sabes dónde está? - -EL SEÑOR. - -Malcolm, el heredero del trono de Duncan, usurpado por ese tirano, vive -en Inglaterra, al amparo del santo rey Eduardo, y dando brillantes -muestras de lo claro de su estirpe. Macduff ha ido á aquella córte, á -solicitar el auxilio del valeroso duque Suardo. Con su ayuda, y sobre -todo con la del Dios de los ejércitos, no volverá el puñal á turbar -nuestros sueños, y vivirán seguros los leales. La indignacion del Rey, -al saberlo, ha sido tanta, que va á declarar la guerra. - -LÉNNOX. - -¿Y no llamó antes á Macduff? - -EL SEÑOR. - -Sí le llamó, pero él contestó rotundamente que no, volvió la espalda al -mensajero, y parecia decir entre dientes: «Muy cara os ha de costar mi -respuesta.» - -LÉNNOX. - -Será un aviso para que proceda con cautela, y no se exponga á nuevas -asechanzas. Vaya á Inglaterra un ángel con la noticia de todo lo -ocurrido, antes que Macduff vuelva. Caigan de nuevo las bendiciones de -Dios sobre esta tierra infeliz oprimida por un tirano. - -EL SEÑOR. - -Óigate el cielo. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO IV. - - -ESCENA PRIMERA. - -=El antro de las brujas.—En medio una caldera hirviendo.—Noche de -tempestad.= - -BRUJAS, HÉCATE, MACBETH, varias SOMBRAS y LÉNNOX. - -BRUJA 1.ª - -Tres veces ha mayado el gato. - -BRUJA 2.ª - -Tres veces se ha lamentado el erizo. - -BRUJA 3.ª - -La arpía ha dado la señal de comenzar el encanto. - -BRUJA 1.ª - -Demos vueltas al rededor de la caldera, y echemos en ella las hediondas -entrañas del sapo que dormia en las frias piedras y que por espacio de -un mes ha estado destilando su veneno. - -TODAS LAS BRUJAS. - -Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera. - -BRUJA 3.ª - -Lancemos en ella la piel de la víbora, la lana del murciélago amigo -de las tinieblas, la lengua del perro, el dardo del escorpion, ojos -de lagarto, músculos de rana, alas de lechuza... Hierva todo esto, -obedeciendo al infernal conjuro. - -BRUJAS. - -Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera. - -BRUJA 3.ª - -Entren en ella colmillos de lobo, escamas de serpiente, la abrasada -garganta del tiburon, el brazo de un sacrílego judío, la nariz de un -turco, los labios de un tártaro, el hígado de un macho cabrío, la raiz -de la cicuta, las hojas del abeto iluminadas por el tibio resplandor -de la luna, el dedo de un niño arrojado por su infanticida madre al -pozo... Unamos á todo esto las entrañas de un tigre salvaje. - -TODAS LAS BRUJAS. - -Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera. - -BRUJA 2.ª - -Para aumentar la fuerza del hechizo, humedecedlo todo con sangre de -mono. - -HÉCATE. - -Alabanza merece vuestro trabajo; y yo le remuneraré. Danzad en torno de -la caldera, para que quede consumado el encanto. - -BRUJA 2.ª - -Ya me pican los dedos: indicio de que el traidor Macbeth se aproxima. -Abríos ante él, puertas. - -MACBETH. - -Misteriosas y astutas hechiceras, ¿en qué os ocupáis? - -LAS BRUJAS. - -En un maravilloso conjuro. - -MACBETH. - -En nombre de vuestra ciencia os conjuro. Aunque la tempestad se desate -contra los templos, y rompa el mar sus barreras para inundar la tierra, -y el huracan arranque de cuajo las espigas, y derribe alcázares y -torres; aunque el mundo todo perezca y se confunda, responded á mis -interrogaciones. - -BRUJA 1.ª - -Habla. - -BRUJA 2.ª - -Pregúntanos. - -BRUJA 3.ª - -Á todo te responderemos. - -BRUJA 1.ª - -¿Quieres que hablemos nosotras ó que contesten los génios, señores -nuestros? - -MACBETH. - -Invocad á los génios, para que yo los vea. - -BRUJA 1.ª - -Verted la sangre del cerdo: avivad la llama con grasa resudada del -patíbulo. - -LAS BRUJAS. - -Acudid á mi voz, génios buenos y malos. Haced ostentacion de vuestro -arte. - -(_En medio de la tempestad, aparece una sombra, armada, con casco._) - -MACBETH. - -Respóndeme, misterioso génio. - -BRUJA 1.ª - -Él adivinará tu pensamiento. Óyele y no le hables. - -LA SOMBRA. - -Recela tú de Macduff, recela de Macduff, Adios... Dejadme. - -[Ilustración] - -MACBETH. - -No sé quién eres, pero seguiré tu consejo, porque has sabido herir la -cuerda de mi temor. Oye otra pregunta. - -BRUJA 1.ª - -No te responderá, pero ahora viene otra sombra. - -(_Aparece la sombra de un niño cubierto de sangre._) - -LA SOMBRA. - -Macbeth, Macbeth, Macbeth. - -MACBETH. - -Aplico tres oidos para escucharte. - -LA SOMBRA. - -Si eres cruel, implacable y sin entrañas, ninguno de los humanos podrá -vencerte. - -MACBETH. - -Entonces ¿por qué he de temer á Macduff?... Puede vivir seguro... Pero -no... es más seguro que perezca, para tener esta nueva prenda contra el -hado... No le dejaré vivir; desmentiré así á los espectros que finge el -miedo, y me dormiré al arrullo de los truenos. - -(_La sombra de un niño, con corona y una rama de árbol en la mano._) - -¿Quién es ese niño que se ciñe altanero la corona real? - -BRUJAS. - -Óyele en silencio. - -LA SOMBRA. - -Sé fuerte como el leon: no desmaye un punto tu audacia: no cedas ante -los enemigos. Serás invencible, hasta que venga contra tí la selva de -Birnam, y cubra con sus ramas á Dunsinania. - -MACBETH. - -¡Eso es imposible! ¿Quién puede mover de su lugar los árboles y -ponerlos en camino? Favorables son los presagios. ¡Sedicion, no alces -la cabeza, hasta que la selva de Birnam se mueva! Ya estoy libre de -todo peligro que no sea el de pagar en su dia la deuda que todos -tenemos con la muerte. Pero decidme, si es que vuestro saber penetra -tanto: ¿reinarán los hijos de Banquo? - -LAS BRUJAS. - -Nunca podrás averiguarlo. - -MACBETH. - -Decídmelo. Os conjuro de nuevo y os maldeciré, si no me lo revelais. -Pero ¿por qué cae en tierra la caldera?... ¿Qué ruido siento? - -LAS BRUJAS. - -Mira.—¡Sombras, pasad rápidas, atormentando su corazon y sus oidos! - -(_Pasan ocho reyes, el último de ellos con un espejo en la mano. -Despues la sombra de Banquo._) - -MACBETH. - -¡Cómo te asemejas á Banquo!... Apártate de mí... Tu corona quema mis -ojos... Y todos pasais coronados... ¿Por qué tal espectáculo, malditas -viejas?... Tambien el tercero... Y el cuarto... ¡Saltad de vuestras -órbitas, ojos mios!... ¿Cuándo, cuándo dejareis de pasar?... Aún viene -otro... el séptimo... ¿Por qué no me vuelvo ciego?... Y luego el -octavo... Y trae un espejo, en que me muestra otros tantos reyes, y -algunos con doble corona y triple cetro... Espantosa vision... Ahora -lo entiendo todo... Banquo, pálido por la reciente herida, me dice -sonriéndose que son de su raza esos monarcas... Decidme, ¿es verdad lo -que miro? - -LAS BRUJAS. - -Verdad es, pero ¿á qué tu espanto?... Venid, alegraos, ya se pierde en -los aires el canto del conjuro: gozad en misteriosa danza: hagamos al -Rey el debido homenaje. - - (_Danzan y desaparecen._) - -MACBETH. - -¿Por dónde han huido?... ¡Maldita sea la hora presente! - -LÉNNOX. - -¿Qué hay? - -MACBETH. - -¿No has visto á las Brujas? - -LÉNNOX. - -No. - -MACBETH. - -¿No han pasado por donde tú estabas de guardia? - -LÉNNOX. - -No. - -MACBETH. - -¡Maldito sea el aire que las lleva! ¡Maldito quien de ellas se fia! -Siento ruido de caballos; ¿quién son? - -LÉNNOX. - -Mensajeros que traen la noticia de que Macduff huye á Inglaterra. - -MACBETH. - -¿A Inglaterra? - -LÉNNOX. - -Así dicen. - -MACBETH. - -El tiempo se me adelanta. La ejecucion debe seguir al propósito, el -acto al pensamiento. Necesito entrar en Faife, y degollar á Macduff, -á su mujer y á sus hijos y á toda su parentela... Y hacerlo pronto, -no sea que el propósito se frustre, y quede en vana amenaza. Basta de -agüeros y sombras. - - -ESCENA II. - -=Castillo de Macduff.= - -Lady MACDUFF, ROSS, el HIJO de MACDUFF, un MENSAJERO y ASESINOS. - -LADY MACDUFF. - -¿Por qué esa inesperada fuga? - -ROSS. - -Tranquilízate, señora. - -LADY MACDUFF. - -¡Qué locura hizo! El miedo nos hace traidores. - -ROSS. - -¿Quién sabe si fué miedo ó prudencia? - -LADY MACDUFF. - -¿Prudencia dejar su mujer, sus hijos y su hacienda, expuestos á la -venganza de un tirano?... No creo en su cariño... El ave más pequeña -y débil de todas resiste á la lechuza, cuando se trata de defender su -prole... En Macduff ha habido temor sobrado y ningun amor. Su fuga es -cobardía y locura. - -ROSS. - -Tranquilízate, prima mia. Tu marido es bueno y prudente, y sabe bien lo -que hace. Pero vivimos en tan malos tiempos que á veces somos traidores -hasta sin saberlo, y tememos y recelamos sin causa, como quien cruza un -mar incierto y proceloso. Adios. Volveré pronto. Quizá se remedie todo -y luzca de nuevo el sol de la esperanza. Adios, hermosa prima. Dios te -bendiga. - -LADY MACDUFF. - -Mi hijo está huérfano aunque tiene padre. - -ROSS. - -No puedo detenerme más. Seria en daño vuestro y mio. - -LADY MACDUFF. - -(_A su hijo._) Y ahora que estás sin padre, ¿cómo vivirás, hijo mio? - -HIJO. - -Madre mia, como los pájaros del cielo. - -LADY MACDUFF. - -¿Con insectos y moscas? - -HIJO. - -Con lo que encuentre, como hacen ellas. - -LADY MACDUFF. - -¡Infeliz! ¿Y no temerás redes, liga ni cazadores? - -HIJO. - -¿Y por qué he de temerlos, madre? Nadie caza á los pájaros pequeños. Y -ademas, mi padre no ha muerto. - -LADY MACDUFF. - -¿Qué harias por tener padre? - -HIJO. - -¿Y tú por tener marido? - -LADY MACDUFF. - -Compraria veinte en cualquiera parte. - -HIJO. - -Para venderlos despues. - -LADY MACDUFF. - -Muy agudo eres para tus años. - -HIJO. - -Dices que mi padre fué traidor. - -LADY MACDUFF. - -Sí. - -HIJO. - -¿Y qué es ser traidor? - -LADY MACDUFF. - -Faltar á la palabra y al juramento. - -HIJO. - -¿Eso se llama traicion? - -LADY MACDUFF. - -Y quien la comete merece ser ahorcado. - -HIJO. - -¿Todo el que la comete? - -LADY MACDUFF. - -Todos. - -HIJO. - -¿Y quién los ha de ahorcar? - -LADY MACDUFF. - -La gente honrada. - -HIJO. - -Entonces bien necios son los traidores, porque, siendo tantos, parece -que habian de ser ellos los que ahorcasen á la gente de bien. - -LADY MACDUFF. - -¿Qué harias por tener padre? - -HIJO. - -Si hubiera muerto de veras, tú estarias llorando, y si no llorabas, era -indicio claro de que pronto tendria yo otro padre. - -LADY MACDUFF. - -Gracioso estás, pobre hijo mio. - -UN MENSAJERO. - -Dios te bendiga y salve, hermosa castellana. No te conozco, pero el -honor me obliga á avisarte que se acerca á tí un inminente peligro. -Sigue mi consejo. Huye en seguida con tus hijos. Quizá te parezca rudo -mi aviso, pero seria cruel dejarte en las garras de los asesinos. -Adios. No puedo detenerme. - -LADY MACDUFF. - -¿Y á dónde voy? ¿Qué pecado he cometido? Estoy en un mundo donde á -veces se tiene por locura hacer el bien, y se tributan elogios á la -maldad. ¿De qué me sirve la pueril excusa de no haber hecho mal á -nadie?... Pero ¿qué horribles semblantes son los que miro?... - -ASESINOS. - -¿Dónde está tu marido? - -LADY MACDUFF. - -No en parte tan infame donde tus ojos puedan verle. - -ASESINO 1.º - -(_Al niño._) Eres un traidor. - -HIJO. - -Mentira, vil sicario. - -ASESINO. - -Muere, pollo en cascaron. (_Le hiere._) - -HIJO. - -Me ha matado. Huye, madre, sálvate. - - -ESCENA III. - -=Palacio real de Inglaterra.= - -MALCOLM, MACDUFF, un DOCTOR y ROSS. - -MALCOLM. - -Busquemos sitio apartado donde poder llorar. - -MACDUFF. - -Eso no: empuñemos el hierro de la venganza, en defensa de la patria -oprimida. Cada dia suben al cielo nuevos clamores de viudas y -huérfanos, acompañando el duelo universal de Escocia. - -MALCOLM. - -Mucho lo lamento, pero no creo más que lo que sé. Remediaré lo que -pueda y cuando pueda. Tendrás razon en todo lo que dices. Pero -acuérdate que ese tirano, cuyo nombre mancha la lengua al pronunciarlo, -parecia bueno, y tú mismo le tuviste por tal. Y ademas á vosotros no os -ha hecho mal ninguno. ¿Si querreis engañarme, sacrificándome como un -cordero en las aras de ese ídolo? - -MACDUFF. - -Nunca he sido traidor. - -MALCOLM. - -Pero lo fué Macbeth... Perdóname... no me atrevo á adivinar lo que -eres. Mira si resplandecen y son puros los ángeles, y sin embargo, el -más luciente de ellos cayó. Muchas veces el crímen toma la máscara de -la virtud. - -MACDUFF. - -¡Perdí toda esperanza! - -MALCOLM. - -Siempre me quedan mis dudas. ¿Por qué has dejado abandonados á tu -mujer y á tus hijos, á cuanto quieres en el mundo? Perdóname. Quizá te -ofendan mis recelos. Puede ser tambien que tengas razon. Pero yo con -esos recelos me defiendo. - -MACDUFF. - -¡Llora sin tregua, pobre Escocia! Horrible tiranía pesa sobre tí: los -buenos se callan, y nadie se atreve á resistirla. Has de sufrir en -calma tus males, ya que tu Rey vacila y tiembla. Señor, me juzgas mal. -No seria yo traidor ni áun á precio de toda la tierra que ese malvado -señorea, ni por todas las riquezas del Oriente. - -MALCOLM. - -No he querido ofenderte, ni desconfio de tí en absoluto. Sé que nuestra -pobre Escocia suda llanto y sangre, oprimida por ese bárbaro. Sé que -cada dia aumentan y se enconan sus heridas. Creo tambien que á mi voz -muchos brazos se levantarian. Ahora mismo Inglaterra me ofrece miles de -combatientes. Pero cuando llegase yo á pisotear la cabeza del tirano ó -á llevarla en mi lanza, no seria más feliz la patria bajo el reinado -del sucesor de Macbeth, antes crecerian sus infortunios. - -MACDUFF. - -¿De qué sucesor hablas? - -MALCOLM. - -De mí mismo. Llevo de tal manera en mí las semillas de todos los -vicios, que cuando fructifiquen, parecerán blancas como la nieve las -ensangrentadas sombras de las víctimas de Macbeth, y quizá bendigan su -memoria los súbditos, al contemplar mi horrenda vida. - -MACDUFF. - -¡Pero si en los infiernos mismos no hay un sér más perverso que Macbeth! - -MALCOLM. - -Te concedo de buen grado que es cruel, lascivo, hipócrita, falso, -avaro, iracundo, y que se juntan en él todas las maldades del mundo. -Pero tambien es atroz mi lujuria: no bastarian á saciarla todas -vuestras hijas y esposas: no habria dique que pudiera oponerse á mi -deseo... No... no... prefiero que reine Macbeth. - -MACDUFF. - -Terrible enemigo del cuerpo es la incontinencia, y de ella han sido -víctimas muchos reyes, y por ella han sido asolados florecientes -imperios. Pero no temais, señor. El campo del placer es espacioso. No -faltan bellezas frágiles, y aunque tu voracidad sea como la del buitre, -has de acabar por cansarte de tantas como acudirán, ufanas de su -pomposa deshonra. - -MALCOLM. - -Ademas, ruge en mi pecho condicion tan indomable, que si fuera rey, no -tendria yo reparo en matar á un noble por despojarle de sus heredades y -castillos, ó condenarle por falsas acusaciones, aunque él fuera espejo -de lealtad, para enriquecerme con sus despojos. - -MACDUFF. - -La lujuria es viento de estío, pero la codicia echa raíces mucho más -profundas en el alma. Ella ha sido la espada matadora de muchos reyes -nuestros. Pero no importa. Los tesoros de Escocia han de colmar tu -deseo. Si no tienes otros vicios que esos, aún son tolerables. - -MALCOLM. - -Es que no tengo ninguna cualidad buena. No conozco, ni áun de lejos, -la justicia, la templanza, la serenidad, la constancia, la clemencia, -el valor, la firmeza en los propósitos, la generosidad. No hay vicio -alguno de que yo carezca. Si yo llegara á reinar, echaria al infierno -la miel de la concordia, y asolaria y confundiria el orbe entero. - -MACDUFF. - -¡Ay desdichada Escocia! - -MALCOLM. - -Así soy. Dí si me crees digno de reinar. - -MACDUFF. - -No, ni tampoco de vivir sobre la tierra. ¡Pobre patria mia, vil despojo -de un tirano que mancha en sangre el cetro que usurpó! ¿Cómo restaurar -tu antigua gloria, si el vástago de tus reyes está maldiciendo de sí -mismo, y de todo su linaje? Tu padre, señor, era un santo: tu madre -vivia muerta para el mundo, y pasaba de hinojos y en oracion el dia. -Adios, señor. Los vicios de que hablais me arrojan de Escocia. Muerta -está mi última esperanza. - -MALCOLM. - -No... muerta no... Esa noble indignacion que muestras, es un grito de -tu alma generosa, y viene á disipar todos mis temores. Veo claras tu -lealtad y tu inocencia. Macbeth ha querido más de una vez engañarme -con artificios parecidos, y por eso me guardo de la nimia credulidad. -¡Sea Dios juez entre nosotros! Me pongo en tus manos: me arrepiento de -haber sospechado de tí, bien contra mi natural instinto, y de haberme -calumniado, atribuyéndome los vicios que aborrezco más. Soy continente. -Nunca he faltado á mi palabra. No he codiciado lo ajeno ni áun lo -propio. No haria una traicion al mismo Lucifer, y amo la verdad tanto -como la vida. Hoy es la primera vez que he faltado á ella, y eso en -contra mia. Tal como soy verdaderamente, me ofrezco á tí y á nuestra -Escocia oprimida... Cuando tú has llegado, el viejo Suardo preparaba -una expedicion de diez mil guerreros. Todos iremos juntos. ¡Dios nos -proteja, pues tan santa y justa es nuestra causa! Dí, ¿por qué callas? - -MACDUFF. - -¿Y quién no queda absorto al ver unidos tan faustos y tan infelices -sucesos? - - (_Entra un médico._) - -MALCOLM. - -Ya hablaremos. (_Al Doctor._) ¿Viene el Rey? - -DOCTOR. - -Ya le espera un tropel de enfermos, que aguarda de sus manos la salud. -Él los cura con el tacto de sus benditas manos. - -MALCOLM. - -Gracias, doctor. - -MACDUFF. - -¿Y de qué enfermedad cura el Rey? - -MALCOLM. - -De las escrófulas. Es un milagro patente. Desde que estoy en -Inglaterra, lo he visto muchas veces. No se sabe cómo logra tal favor -del cielo, pero á los enfermos más desesperados, llenos de úlceras y -llagas, los cura con sólo colgarles medallas del cuerpo, y pronunciar -alguna devota oracion. Dicen que esta sobrenatural virtud pasa de unos -á otros reyes de Inglaterra. Tiene ademas el don de profecía, y otras -mil bendiciones celestes, prueba no dudosa de su santidad. - -MACDUFF. - -¿Quién viene? - -MALCOLM. - -De mi tierra es, pero no le conozco. - - (_Entra Ross._) - -MACDUFF. - -Con bien vengas, ilustre pariente mio. - -MALCOLM. - -Te recuerdo. ¡Oh, Dios mio, haz que no volvamos á mirarnos como -extraños! - -ROSS. - -Dios te oiga, señor. - -MACDUFF. - -¿Sigue en el mismo estado nuestra patria? - -ROSS. - -¡Oh, desdichada Escocia! Ya no es nuestra madre, sino nuestro sepulcro. -Sólo quien no tenga uso de razon, puede sonreir allí. No se oyen más -que suspiros y lamentos. El dolor se convierte en locura. Banquo ha -muerto, sin que nadie pregunte por qué. Las almas puras se marchitan -como las flores. - -MACDUFF. - -Esa narracion quizá tenga más de poética que de verdadera. - -MALCOLM. - -¿Y cuáles son los crímenes más recientes? - -ROSS. - -Uno nuevo á cada hora. - -MACDUFF. - -¿Qué es de mi mujer? - -ROSS. - -¿Tu mujer?... Está bien. - -MACDUFF. - -¿Y mis hijos? - -ROSS. - -Bien. - -MACDUFF. - -¿El tirano ha intentado algo contra ellos? - -ROSS. - -En paz los dejé cuando salí de Escocia. - -MACDUFF. - -No seas avaro de palabras. Dime la verdad. - -ROSS. - -Cuando vine á traeros estas noticias, decíase que se habian levantado -numerosas huestes contra el tirano, y que éste se aprestaba á -combatirlas. La ocasion se presenta favorable. Si acudes pronto, hasta -las mujeres se alzarán para romper sus cadenas. - -MALCOLM. - -Pronto iremos á salvarlos. Inglaterra nos ayuda con diez mil hombres -mandados por el valiente Suardo, el mejor caudillo de la cristiandad. - -ROSS. - -¡Ojalá que yo pudiera consolarme como tú, pero mis desdichas son de tal -naturaleza que debo confiarlas á los vientos, y no donde las oiga nadie! - -MACDUFF. - -¿Es desdicha pública ó privada? - -ROSS. - -Todo hombre de bien debe lamentarse de ellas, pero á tí te toca la -mayor parte. - -MACDUFF. - -Entonces no tardes en decírmela. - -ROSS. - -No se enojen tus oidos contra mi lengua, aunque se vea forzada á -pronunciar las más horrendas palabras que nunca oiste. - -MACDUFF. - -¡Dios mio! Casi lo adivino. - -ROSS. - -Tu castillo fué saqueado: muertos tu esposa y tus hijos. No me atrevo á -referirte cómo, para no añadir una más á las víctimas. - -MALCOLM. - -¡Dios poderoso! Habla. No ocultes tu rostro. Es más tremendo el dolor -que no se expresa con palabras. - -MACDUFF. - -¿Y mis hijos tambien? - -ROSS. - -Perecieron tu esposa y tus hijos y tus criados, y cuantos estaban allí. - -MACDUFF. - -¿Por qué no estaba yo? ¿Y tambien mi mujer?... - -ROSS. - -Tambien. - -[Ilustración] - -MALCOLM. - -¡Serenidad! La venganza, única medicina de nuestros males, ha de ser -tremenda. - -MACDUFF. - -¡Pero Macbeth no tiene hijos!... Hijos mios... ¿Todos perecieron?... -¿Todos?... ¿Y su madre tambien?... ¿Y de un solo golpe? - -MALCOLM. - -Véngate como un hombre. - -MACDUFF. - -Sí que me vengaré, pero soy hombre, y siento y me atormenta la memoria -de lo que más quise en el mundo. ¡Y lo vió el cielo y no se apiadó de -ellos! ¡Ah, pecador Macduff, tú tienes la culpa de todo! Por tí han -perecido aquellos inocentes. ¡Dios les dé la gloria eterna! - -MALCOLM. - -Tu dolor afile tu espada é inflame tu brio. Sírvate de aguijon y no de -freno. - -MACDUFF. - -Aunque lloraran mis ojos como los de una mujer, mi lengua hablaria con -la audacia de un varon. ¡Dios mio, ponme enfrente de ese demonio, y si -se libra de mi espada, consentiré hasta que el cielo le perdone! - -MALCOLM. - -Esas ya son palabras dignas de tí. Vamos á despedirnos del Rey de -Inglaterra. Sólo nos falta su permiso. Macbeth está á la orilla del -precipicio. El cielo se declara en favor nuestro. Tregua á vuestro -dolor. No hay noche sin aurora. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO V. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Castillo de Dunsinania.= - -Un MÉDICO, una DAMA y LADY MACBETH. - -EL MÉDICO. - -Aunque hemos permanecido dos noches en vela, nada he visto que confirme -vuestros temores, ¿Cuándo la visteis levantarse por última vez? - -LA DAMA. - -Despues que el Rey se fué á la guerra, la he visto muchas veces -levantarse, vestirse, sentarse á su mesa, tomar papel, escribir una -carta, cerrarla, sellarla, y luego volverse á acostarse: todo ello -dormida. - -EL MÉDICO. - -Grave trastorno de su razon arguye el ejecutar en sueños los actos de -la vida. ¿Y recuerdas que haya dicho alguna palabra? - -LA DAMA. - -Sí, pero nunca las repetiré. - -EL MÉDICO. - -Á mi puedes decírmelas. - -LA DAMA. - -Ni á tí, ni á nadie, porque no podria yo presentar testigos en apoyo de -mi relato. - - (_Entra Lady Macbeth, sonámbula, y con una luz en la mano._) - -Aquí está, como suele, y dormida del todo. Acércate y repara. - -[Ilustración] - -EL MÉDICO. - -¿Dónde tomó esa luz? - -LA DAMA. - -La tiene siempre junto á su lecho. Así lo ha mandado. - -EL MÉDICO. - -Tiene los ojos abiertos. - -LA DAMA. - -Pero no ve. - -EL MÉDICO. - -Mira cómo se retuerce las manos. - -LA DAMA. - -Es su ademan más frecuente. Hace como quien se las lava. - -LADY MACBETH. - -Todavía están manchadas. - -EL MÉDICO. - -Oiré cuanto hable, y no lo borraré de la memoria. - -LADY MACBETH. - -¡Lejos de mí esta horrible mancha!... Ya es la una... Las dos... Ya -es hora... Qué triste está el infierno... ¡Vergüenza para tí, marido -mio!... ¡Guerrero y cobarde!... ¿Y qué importa que se sepa, si nadie -puede juzgarnos?... ¿Pero cómo tenia aquel viejo tanta sangre? - -EL MÉDICO. - -¿Oyes? - -LADY MACBETH. - -¿Dónde está la mujer del señor Faife?... ¿Pero por qué no se lavan -nunca mis manos?... Calma, señor, calma... ¡Qué dañosos son esos -arrebatos! - -EL MÉDICO. - -Oye, oye: ya sabemos lo que no debíamos saber. - -LA DAMA. - -No tiene conciencia de lo que dice. La verdad sólo Dios la sabe. - -LADY MACBETH. - -Todavía siento el olor de la sangre. Todos los aromas de Oriente no -bastarian á quitar de esta pequeña mano mia el olor de la sangre. - -EL MÉDICO. - -¡Qué oprimido está ese corazon! - -LA DAMA. - -No le llevaria yo en el pecho, por toda la dignidad que ella pueda -tener. - -EL MÉDICO. - -No sé curar tales enfermedades, pero he visto sonámbulos que han muerto -como unos santos. - -LADY MACBETH. - -Lávate las manos. Vístete. Vuelva el color á tu semblante. Macbeth -está bien muerto, y no ha de volver de su sepulcro.... Á la cama, á la -cama... Llaman á la puerta... Ven, dame la mano... ¿Quién deshace lo -hecho?... Á la cama. - -EL MÉDICO. - -¿Se acuesta ahora? - -LA DAMA. - -En seguida. - -EL MÉDICO. - -Ya la murmuracion pregona su crímen. La maldad suele trastornar el -entendimiento, y el ánimo pecador divulga en sueños su secreto. -Necesita confesor y no médico. Dios la perdone, y perdone á todos. No -te alejes de su lado: aparta de ella cuanto pueda molestarla. Buenas -noches. ¡Qué luz inesperada ha herido mis ojos! Pero más vale callar. - -LA DAMA. - -Buenas noches, doctor. - - -ESCENA II. - -=Campamento.= - -MENTEITH, ANGUSS, CAITHNÉSS y LÉNNOX. - -MENTEITH. - -Los ingleses, mandados por Malcolm, Suardo y Macduff, se adelantan á -rápidas jornadas. El génio de la venganza los impele, y su belicoso -ardor debe animar al más tibio. - -ANGUSS. - -Los encontraremos en el bosque de Birnam: esa es la direccion que traen. - -CAITHNÉSS. - -¿Donalbáin está con sus hermanos? - -ANGUSS. - -No, porque yo tengo la lista de todos los que vienen con Suardo, entre -ellos su propio hijo y otros jóvenes que quieren hacer hoy sus primeros -alardes varoniles. - -MENTEITH. - -¿Y qué hace Macbeth? - -CAITHNÉSS. - -Fortificar á Dunsinania. Dicen algunos que está loco, pero los que -le quieren mejor afirman que está cegado por el furor de la pelea. -No puede ya estrechar con el cinturon de su imperio el cuerpo de su -desesperada causa. - -ANGUSS. - -Ni borrar de sus manos las huellas de sangre de su oculto crímen. -Cada dia le abandonan sus parciales, y si alguno le obedece no es por -cariño. Todo el mundo conoce que la púrpura real de su grandeza oculta -un cuerpo raquítico y miserable. - -MENTEITH. - -¿Y cómo no ha de temblar, si en el fondo de su alma se siente ya -condenado? - -CAITHNÉSS. - -Vamos á prestar homenaje al legítimo monarca, y á ofrecer nuestra -sangre para que sirva de medicina á la patria oprimida. - -LÉNNOX. - -Ofrezcámosla toda, ó la que baste á regar el tronco y las ramas. Vamos -al bosque de Birnam. - - -ESCENA III. - -=Castillo de Dunsinania.= - -MACBETH, un CRIADO, SÉTON y un MÉDICO. - -MACBETH. - -¡No quiero saber más nuevas! Nada he de temer hasta que el bosque de -Birnam se mueva contra Dunsinania. ¿Por ventura ese niño Malcolm no -ha nacido de mujer? A mí dijeron los génios que conocen lo porvenir: -«Macbeth, no temas á ningun hombre nacido de mujer.» Huyan en buen hora -mis traidores caballeros: júntense con los epicúreos de Inglaterra. Mi -alma es de tal temple, que no vacilará ni aún en lo más deshecho de -la tormenta. - - (_Llega un criado._) - -¡El diablo te ennegrezca á fuerza de maldiciones esa cara blanca! -¿Quién te dió esa mirada de liebre? - -CRIADO. - -Vienen diez mil. - -MACBETH. - -¿Liebres? - -CRIADO. - -No, soldados. - -[Ilustración] - -MACBETH. - -Aráñate la cara con las manos, para que el rubor oculte tu miedo. -¡Rayos y centellas! ¿Por qué palideces, cara de leche? ¿Qué guerreros -son esos? - -CRIADO. - -Ingleses. - -MACBETH. - -¿Por qué no ocultas tu rostro, antes de pronunciar tales palabras?... -¡Séton, Séton! Este dia ha de ser el último de mi poder, ó el primero -de mi grandeza. Demasiado tiempo he vivido. Mi edad se marchita y -amarillea como las hojas de otoño. Ya no puedo confiar en amigos, ni -vivir de esperanzas. Sólo me resta oir enconadas maldiciones, ó el vano -susurro de la lisonja. ¿Séton? - -SÉTON. - -Rey, tus órdenes aguardo. - -MACBETH. - -¿Cuáles son las últimas noticias? - -SÉTON. - -Exactas parecen las que este mensajero ha traido. - -MACBETH. - -Lidiaré, hasta que me arranquen la piel de los huesos. ¡Pronto mis -armas! - -SÉTON. - -No es necesario aún, señor. - -MACBETH. - -Quiero armarme, y correr la tierra con mis jinetes. Ahorcaré á todo el -que hable de rendirse. ¡Mis armas! Doctor (_al médico_) ¿cómo está mi -mujer? - -MÉDICO. - -No es grave su dolencia, pero mil extrañas visiones le quitan el sueño. - -MACBETH. - -Cúidala bien. ¿No sabes curar su alma, borrar de su memoria el dolor, -y de su cerebro las tenaces ideas que le agobian? ¿No tienes algun -antídoto contra el veneno que hierve en su corazon? - -MÉDICO. - -Estos males sólo puede curarlos el mismo enfermo. - -MACBETH. - -¡Echa á los perros tus medicinas! ¡Pronto, mis armas, mi cetro de -mando! ¡Séton, convoca á tus guerreros! Los nobles me abandonan. Si tú, -doctor, lograras volver á su antiguo lecho las aguas del rio, descubrir -el verdadero mal de mi mujer, y devolverle la salud, no tendrian tasa -mis aplausos y mercedes. Cúrala por Dios. ¿Qué jarabes, qué drogas, qué -ruibarbo conoces que nos libre de los ingleses?... Iré á su encuentro, -sin temer la muerte, mientras no se mueva contra nosotros el bosque de -Dunsinania. - -MÉDICO. - -Si yo pudiera huir de Dunsinania, no volveria aunque me ofreciesen un -tesoro. - - -ESCENA IV. - -=Campamento á la vista de un bosque.= - -MALCOLM, CAITHNÉSS, un SOLDADO, SUARDO y MACDUFF. - -MALCOLM. - -Amigos, ha llegado la hora de volver á tomar posesion de nuestras -casas. ¿Qué selva es esta? - -CAITHNÉSS. - -La de Birnam. - -MALCOLM. - -Corte cada soldado una rama, y delante cúbrase con ella, para que -nuestro número parezca mayor, y podamos engañar á los espías. - -SOLDADO. - -Así lo haremos. - -SUARDO. - -Dicen que el tirano está muy esperanzado, y nos aguarda en Dunsinania. - -MALCOLM. - -Hace bien en encerrarse, porque sus mismos parciales le abandonan, y -los pocos que le ayudan, no lo hacen por cariño. - -MACDUFF. - -Dejemos tales observaciones para cuando esté acabada nuestra empresa. -Ahora conviene pensar sólo en el combate. - -SUARDO. - -Pronto hemos de ver el resultado y no por vanas conjeturas. - - -ESCENA V. - -=Alcázar de Dunsinania.= - -MACBETH, SÉTON y un ESPÍA. - -MACBETH. - -Tremolad mi enseña en los muros. Ya suenan cerca sus clamores. El -castillo es inexpugnable. Pelearán en nuestra ayuda el hambre y la -fiebre. Si no nos abandonan los traidores, saldrémos al encuentro del -enemigo, y le derrotarémos frente á frente. ¿Pero qué ruido siento? - -SÉTON. - -Son voces de mujeres. - -MACBETH. - -Yo soy inaccesible al miedo. Tengo estragado el paladar del alma. Hubo -tiempo en que me aterraba cualquier rumor nocturno, y se erizaban mis -cabellos, cuando oia referir alguna espantosa tragedia, pero despues -llegué á saciarme de horrores: la imágen de la desolacion se hizo -familiar á mi espíritu, y ya no me conmueve nada. ¿Pero qué gritos son -esos? - -SÉTON. - -La reina ha muerto. - -MACBETH. - -¡Ojalá hubiera sido más tarde! No es oportuna la ocasion para tales -nuevas. Esa engañosa palabra _mañana_, _mañana_, _mañana_ nos va -llevando por dias al sepulcro, y la falaz lumbre del ayer ilumina al -necio hasta que cae en la fosa. ¡Apágate ya, luz de mi vida! ¿Qué es -la vida sino una sombra, un histrion que pasa por el teatro, y á quien -se olvida despues, ó la vana y ruidosa fábula de un necio? - - (_Llega un espía._) - -Habla, que ese es tu oficio. - -ESPÍA. - -Señor, te diré lo que he visto, pero apenas me atrevo. - -MACBETH. - -Dí sin temor. - -ESPÍA. - -Señor, juraria que el bosque de Birnam se mueve hácia nosotros. Lo he -visto desde lo alto del collado. - -MACBETH. - -¡Mentira vil! - -ESPÍA. - -Mátame, si no es cierto. El bosque viene andando, y está á tres millas -de aquí. - -MACBETH. - -Si mientes, te colgaré del primer árbol que veamos, y allí morirás de -hambre. Si dices verdad, ahórcame tú á mí. Ya desfallece mi temeraria -confianza. Ya empiezo á dudar de esos génios que mezclan mentiras -con verdades. Ellos me dijeron: «Cuando la selva de Birnam venga á -Dunsinania»; y la selva viene marchando. ¡A la batalla, á la batalla! -Si es verdad lo que dices, inútil es quedarse. Ya me ahoga la vida, -me hastia la luz del sol. Anhelo que el orbe se confunda. Rujan los -vientos desatados. ¡Sonad las trompetas! - - -ESCENA VI. - -=Explanada delante del castillo de Dunsinania.= - -MALCOLM, SUARDO y MACDUFF. - -MALCOLM. - -Hemos llegado. Dejad el verde escudo de esas ramas, y apercibíos al -combate. Amado pariente mio, Suardo, tú dirigirás el ataque con tu -noble hijo y mi primo. El valiente Macduff y yo cuidaremos de lo -restante. - -SUARDO. - -Está bien, señor. Sea vencido quien no lidie esta noche bizarramente -contra las huestes del tirano. - -MACDUFF. - -Hienda el clarin los aires en aullido de muerte y de venganza. - - -ESCENA VII. - -=Otra parte del campo.= - -MACBETH, el jóven SUARDO, MACDUFF, MALCOLM, SUARDO, ROSS y CABALLEROS. - -MACBETH. - -Estoy amarrado á mi corcel. No puedo huir. Me defenderé como un oso. -¿Quién puede vencerme, como no sea el que no haya nacido de madre? - -EL JÓVEN SUARDO. - -¿Quién eres? - -MACBETH. - -Temblarás de oir mi nombre. - -EL JÓVEN SUARDO. - -No, aunque sea el más horrible de los que suenan en el infierno. - -MACBETH. - -Soy Macbeth. - -EL JÓVEN SUARDO. - -Ni el mismo Satanás puede proferir nombre más aborrecible. - -MACBETH. - -Ni que infunda más espanto. - -EL JÓVEN SUARDO. - -Mientes, y te lo probaré con mi hierro. (_Combaten, y Suardo cae herido -por Macbeth._) - -MACBETH. - -Tú naciste de madre, y ninguno de los nacidos de mujer puede conmigo. - -MACDUFF. - -Por aquí se oye ruido. ¡Ven, tirano! Si mueres al filo de otra espada -que la mia, no me darán tregua ni reposo las sombras de mi mujer y de -mis hijos. Yo no peleo contra viles mercenarios, que alquilan su brazo -al mejor postor. O mataré á Macbeth, ó no teñirá la sangre el filo de -mi espada. Por allí debe estar. Aquellos clamores indican su presencia. -¡Fortuna! déjame encontrarle. - -[Ilustración] - -SUARDO. - -(_A Malcolm._) El castillo se ha rendido, señor. Las gentes del tirano -se dispersan. Vuestros caballeros lidian como leones. La victoria -es nuestra. Se declaran en nuestro favor hasta los mismos enemigos. -Subamos á la fortaleza. - -MACBETH. - -¿Por qué he de morir neciamente como el romano, arrojándome sobre mi -espada? Mientras me quede un soplo de vida, no dejaré de amontonar -cadáveres. - -MACDUFF. - -Detente, perro de Satanás. - -MACBETH. - -He procurado huir de tí. Huye tú de mí. Estoy harto de tu sangre. - -MACDUFF. - -Te respondo con la espada. No hay palabras bastantes para maldecirte. - -MACBETH. - -¡Tiempo perdido! Más fácil te será cortar el aire con la espada que -herirme á mí. Mi vida está hechizada: no puede matarme quien haya -nacido de mujer. - -MACDUFF. - -¿De qué te sirven tus hechizos? ¿No te dijo el génio á quien has -vendido tu alma, que Macduff fué arrancado, antes de tiempo, de las -entrañas de su madre muerta? - -MACBETH. - -¡Maldita sea tu lengua que así me arrebata mi sobrenatural poder! ¡Qué -necio es quien se fia en la promesa de los demonios que nos engañan con -equívocas y falaces palabras! ¡No puedo pelear contigo! - -MACDUFF. - -Pues ríndete, cobarde, y serás el escarnio de las gentes, y te ataremos -vivo á la picota, con un rótulo que diga: «Este es el tirano.» - -MACBETH. - -Nunca me rendiré. No quiero besar la tierra que huelle Malcolm, ni -sufrir las maldiciones de la plebe. Moriré batallando, aunque la selva -de Birnam se haya movido contra Dunsinania, y aunque tú no seas nacido -de mujer. Mira. Cubro mi pecho con el escudo. Hiéreme sin piedad, -Macduff. ¡Maldicion sobre quien diga «basta!» (_Combaten._) - -MALCOLM. - -¡Quiera Dios que vuelvan los amigos que nos faltan! - -SUARDO. - -Algunos habrán perecido, que no puede menos de pagarse cara la gloria -de tal dia. - -MALCOLM. - -Faltan Macduff y tu hijo. - -ROSS. - -Tu hijo murió como soldado. Vivió hasta ser hombre, y con su heroica -muerte probó que era digno de serlo. - -SUARDO. - -¿Dices que ha muerto? - -ROSS. - -Cayó entre los primeros. No iguales tu dolor al heroismo que él mostró, -porque entonces no tendrán fin tus querellas. - -SUARDO. - -¿Y fué herido de frente? - -ROSS. - -De frente. - -SUARDO. - -Dios le habrá recibido entre sus guerreros. ¡Ojalá que tuviera yo -tantos hijos como cabellos, y que todos murieran así! Llegó su hora. - -MALCOLM. - -Honroso duelo merece, y yo me encargo de tributárselo. - -SUARDO. - -Saldó como honrado sus cuentas con la muerte. ¡Dios le haya recibido en -su seno! - -MACDUFF. - - (_Que se presenta con la cabeza de Macbeth._) - -Ya eres rey. Mira la cabeza del tirano. Libres somos. La flor de tu -reino te rodea, y yo en nombre de todos, seguro de que sus voces -responderán á las mias, te aclamo rey de Escocia. - -TODOS. - -¡Salud al Rey de Escocia! - -MALCOLM. - -No pasará mucho tiempo sin que yo pague á todos lo que al afecto de -todos debo. Nobles caballeros parientes mios, desde hoy sereis condes, -los primeros que en Escocia ha habido. Luego haré que vuelvan á sus -casas los que huyeron del hierro de los asesinos y de la tiranía de -Macbeth, y de su diabólica mujer que, segun dicen, se ha suicidado. -Estas cosas y cuantas sean justas haré con la ayuda de Dios. Os invito -á asistir á mi coronacion en Escocia. - -[Ilustración] - - - - - ROMEO Y JULIETA. - - - TRADUCCION - DE - D. MARCELINO MENENDEZ PELAYO. - - Ilustracion de _Fernando Piloty_ y _Pablo Thuman_. - Grabados de _H. Käseberg_ y otros. - - - - -PERSONAJES. - - ESCALA, príncipe de Verona. - PÁRIS, pariente del Príncipe. - MONTESCO. - CAPULETO. - Un Viejo de la familia Capuleto. - ROMEO, hijo de Montesco. - MERCUTIO, amigo de Romeo. - BENVOLIO, sobrino de Montesco. - TEOBALDO, sobrino de Capuleto. - FR. LORENZO. } - FR. JUAN. } de la Órden de S. Francisco. - BALTASAR, criado de Romeo. - SANSON. } - GREGORIO. } criados de Capuleto. - PEDRO, criado del ama de Julieta. - ABRAHAM, criado de Montesco. - Un boticario. - Tres músicos. - Dos pajes de Páris. - Un Oficial. - La señora de Montesco. - La señora de Capuleto. - JULIETA, hija de Capuleto. - El Ama de Julieta. - - CIUDADANOS de Verona, ALGUACILES, GUARDIAS, - ENMASCARADOS, etc., CORO. - - - La escena pasa en Verona y en Mántua. - - - - -[Ilustración] - - - - -PRÓLOGO. - - -CORO. - -En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores, dos familias -rivales igualmente nobles habian derramado, por sus odios mutuos, -mucha inculpada sangre. Sus inocentes hijos pagaron la pena de estos -rencores, que trajeron su muerte y el fin de su triste amor. Sólo dos -horas va á durar en la escena este odio secular de razas. Atended al -triste enredo, y suplireis con vuestra atencion lo que falte á la -tragedia. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO I. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Una plaza de Verona.= - -SANSON y GREGORIO, con espadas y broqueles. - -SANSON. - -A fe mia, Gregorio, que no hay por qué bajar la cabeza. - -GREGORIO. - -Eso seria convertirnos en bestias de carga. - -SANSON. - -Queria decirte que, si nos hostigan, debemos responder. - -GREGORIO. - -Sí: soltar la albarda. - -SANSON. - -Yo, si me pican, fácilmente salto. - -GREGORIO. - -Pero no es fácil picarte para que saltes. - -SANSON. - -Basta cualquier gozquejo de casa de los Montescos para hacerme saltar. - -GREGORIO. - -Quien salta, se va. El verdadero valor está en quedarse firme en su -puesto. Eso que llamas saltar es huir. - -SANSON. - -Los perros de esa casa me hacen saltar primero y me paran despues. -Cuando topo de manos á boca con hembra ó varon de casa de los -Montescos, pongo piés en pared. - -GREGORIO. - -¡Necedad insigne! Si pones piés en pared, te caerás de espaldas. - -SANSON. - -Cierto, y es condicion propia de los débiles. Los Montescos al medio de -la calle, y sus mozas á la acera. - -GREGORIO. - -Esa discordia es de nuestros amos. Los criados no tenemos que -intervenir en ella. - -SANSON. - -Lo mismo da. Seré un tirano. Acabaré primero con los hombres y luego -con las mujeres. - -GREGORIO. - -¿Qué quieres decir? - -SANSON. - -Lo que tú quieras. Sabes que no soy rana. - -GREGORIO. - -No eres ni pescado ni carne. Saca tu espada, que aquí vienen dos -criados de casa Montesco. - -SANSON. - -Ya está fuera la espada: entra tú en lid, y yo te defenderé. - -[Ilustración] - -GREGORIO. - -¿Por qué huyes, volviendo las espaldas? - -SANSON. - -Por no asustarte. - -GREGORIO. - -¿Tú asustarme á mí? - -SANSON. - -Procedamos legalmente. Déjalos empezar á ellos. - -GREGORIO. - -Les haré una mueca al pasar, y veremos cómo lo toman. - -SANSON. - -Veremos si se atreven. Yo me chuparé el dedo, y buena vergüenza será la -suya si lo toleran. - - (_Abraham y Baltasar._) - -ABRAHAM. - -Hidalgo, ¿os estais chupando el dedo porque nosotros pasamos? - -SANSON. - -Hidalgo, es verdad que me chupo el dedo. - -ABRAHAM. - -Hidalgo, ¿os chupais el dedo porque nosotros pasamos? - -SANSON. (_A Gregorio._) - -¿Estamos dentro de la ley, diciendo que sí? - -GREGORIO. (_A Sanson._) - -No por cierto. - -SANSON. - -Hidalgo, no me chupaba el dedo porque vosotros pasabais, pero la verdad -es que me lo chupo. - -GREGORIO. - -¿Quereis armar cuestion, hidalgo? - -ABRAHAM. - -Ni por pienso, señor mio. - -SANSON. - -Si quereis armarla, aquí estoy á vuestras órdenes. Mi amo es tan bueno -como el vuestro. - -ABRAHAM. - -Pero mejor, imposible. - -SANSON. - -Está bien, hidalgo. - -GREGORIO. (_A Sanson._) - -Dile que el nuestro es mejor, porque aquí se acerca un pariente de mi -amo. - -SANSON. - -Es mejor el nuestro, hidalgo. - -ABRAHAM. - -Mentira. - -SANSON. - -Si sois hombre, sacad vuestro acero. Gregorio: acuérdate de tu sábia -estocada. (_Pelean._) - - (_Llegan Benvolio y Teobaldo._) - -BENVOLIO. - -Envainad, majaderos. Estais peleando, sin saber por qué. - -TEOBALDO. - -¿Por qué desnudais los aceros? Benvolio, ¿quieres ver tu muerte? - -BENVOLIO. - -Los estoy poniendo en paz. Envaina tú, y no busques quimeras. - -TEOBALDO. - -¡Hablarme de paz, cuando tengo el acero en la mano! Más odiosa me es -tal palabra que el infierno mismo, más que Montesco, más que tú. Ven, -cobarde. (_Reúnese gente de uno y otro bando. Trábase la riña._) - -CIUDADANOS. - -Venid con palos, con picas, con hachas. ¡Mueran Capuletos y Montescos! - - (_Entran Capuleto y la señora de Capuleto._) - -CAPULETO. - -¿Qué voces son esas? Dadme mi espada. - -SEÑORA. - -¿Qué espada? Lo que te conviene es una muleta. - -CAPULETO. - -Mi espada, mi espada, que Montesco viene blandiendo contra mí la suya -tan vieja como la mia. - - (_Entran Montesco y su mujer._) - -MONTESCO. - -¡Capuleto infame, déjame pasar, aparta! - -SEÑORA. - -No te dejaré dar un paso más. - - (_Entra el Príncipe con su séquito._) - -PRÍNCIPE. - -¡Rebeldes, enemigos de la paz, derramadores de sangre humana! ¿No -quereis oir? Humanas fieras que apagais en la fuente sangrienta de -vuestras venas el ardor de vuestras iras, arrojad en seguida á tierra -las armas fratricidas, y escuchad mi sentencia. Tres veces, por vanas -quimeras y fútiles motivos, habeis ensangrentado las calles de Verona, -haciendo á sus habitantes, áun los más graves é ilustres, empuñar las -enmohecidas alabardas, y cargar con el hierro sus manos envejecidas -por la paz. Si volveis á turbar el sosiego de nuestra ciudad, me -respondereis con vuestras cabezas. Basta por ahora; retiraos todos. Tú, -Capuleto, vendrás conmigo. Tú, Montesco, irás á buscarme dentro de poco -á la Audiencia, donde te hablaré más largamente. Pena de muerte á quien -permanezca aquí. - - (_Vase._) - -MONTESCO. - -¿Quién ha vuelto á comenzar la antigua discordia? ¿Estabas tú cuando -principió, sobrino mio? - -BENVOLIO. - -Los criados de tu enemigo estaban ya lidiando con los nuestros cuando -llegué, y fueron inútiles mis esfuerzos para separarlos. Teobaldo se -arrojó sobre mí, blandiendo el hierro que azotaba el aire despreciador -de sus furores. Al ruido de las estocadas acorre gente de una parte y -otra, hasta que el Príncipe separó á unos y otros. - -SEÑORA DE MONTESCO. - -¿Y has visto á Romeo? ¡Cuánto me alegro de que no se hallara presente! - -BENVOLIO. - -Sólo faltaba una hora para que el sol amaneciese por las doradas -puertas del Oriente, cuando salí á pasear, solo con mis cuidados, al -bosque de sicomoros que crece al poniente de la ciudad. Allí estaba tu -hijo. Apenas le ví me dirigí á él, pero se internó en lo más profundo -del bosque. Y como yo sé que en ciertos casos la compañía estorba, -seguí mi camino y mis cavilaciones, huyendo de él con tanto gusto como -él de mí. - -SEÑORA DE MONTESCO. - -Dicen que va allí con frecuencia á juntar su llanto con el rocío de la -mañana y contar á las nubes sus querellas, y apenas el sol, alegría del -mundo, descorre los sombríos pabellones del tálamo de la aurora, huye -Romeo de la luz y torna á casa, se encierra sombrío en su cámara, y -para esquivar la luz del dia, crea artificialmente una noche. Mucho me -apena su estado, y seria un dolor que su razon no llegase á dominar sus -caprichos. - -BENVOLIO. - -¿Sospechais la causa, tio? - -MONTESCO. - -No la sé ni puedo indagarla. - -BENVOLIO. - -¿No has podido arrancarle ninguna explicacion? - -MONTESCO. - -Ni yo, ni nadie. No sé si pienso bien ó mal, pero él es el único -consejero de sí mismo. Guarda con avaricia su secreto y se consume -en él, como el gérmen herido por el gusano antes de desarrollarse y -encantar al sol con su hermosura. Cuando yo sepa la causa de su mal, -procuraré poner remedio. - -BENVOLIO. - -Aquí está. O me engaña el cariño que le tengo, ó voy á saber pronto la -causa de su mal. - -MONTESCO. - -¡Oh si pudieses con habilidad descubrir el secreto! Ven, esposa. - - (_Entra Romeo._) - -BENVOLIO. - -Muy madrugador estás. - -ROMEO. - -¿Tan jóven está el dia? - -BENVOLIO. - -Aún no han dado las nueve. - -ROMEO. - -¡Tristes horas, cuán lentamente caminais! ¿No era mi padre quien salia -ahora de aquí? - -BENVOLIO. - -Sí por cierto. Pero ¿qué dolores son los que alargan tanto las horas de -Romeo? - -ROMEO. - -El carecer de lo que las haria cortas. - -BENVOLIO. - -¿Cuestion de amores? - -ROMEO. - -Desvíos. - -BENVOLIO. - -¿De amores? - -ROMEO. - -Mi alma padece el implacable rigor de sus desdenes. - -BENVOLIO. - -¿Por qué el amor que nace de tan débiles principios, impera luego con -tanta tiranía? - -ROMEO. - -¿Por qué, si pintan ciego al Amor, sabe elegir tan extrañas sendas á su -albedrío? ¿Dónde vamos á comer hoy? ¡Válgame Dios! Cuéntame lo que ha -pasado. Pero no, ya lo sé. Hemos encontrado el Amor junto al odio; amor -discorde, odio amante; rara confusion de la naturaleza, cáos sin forma, -materia grave á la vez que ligera, fuerte y débil, humo y plomo, fuego -helado, salud que fallece, sueño que vela, esencia incógnita. No puedo -acostumbrarme á tal amor. ¿Te ries? ¡Vive Dios!... - -BENVOLIO. - -No, primo. No me rio, antes lloro. - -ROMEO. - -¿De qué, alma generosa? - -BENVOLIO. - -De tu desesperacion. - -ROMEO. - -Es prenda del amor. Se agrava el peso de mis penas, sabiendo que tú -tambien las sientes. Amor es fuego aventado por el aura de un suspiro; -fuego que arde y centellea en los ojos del amante. O más bien es -torrente desbordado que las lágrimas acrecen. ¿Qué más podré decir de -él? Diré que es locura sábia, hiel que emponzoña, dulzura embriagadora. -Quédate adios, primo. - -BENVOLIO. - -Quiero ir contigo. Me enojaré si me dejas así, y no te enojes. - -ROMEO. - -Calla, que el verdadero Romeo debe andar en otra parte. - -BENVOLIO. - -Dime el nombre de tu amada. - -ROMEO. - -¿Quieres oir gemidos? - -BENVOLIO. - -¡Gemidos! ¡Donosa idea! Dime formalmente quién es. - -ROMEO. - -¿Dime formalmente?... ¡Oh, qué frase tan cruel! Decid que haga -testamento al que está padeciendo horriblemente. Primo, estoy enamorado -de una mujer. - -BENVOLIO. - -Hasta ahí ya lo comprendo. - -ROMEO. - -Has acertado. Estoy enamorado de una mujer hermosa. - -BENVOLIO. - -¿Y será fácil dar en ese blanco tan hermoso? - -ROMEO. - -Vanos serian mis tiros, porque ella, tan casta como Diana la cazadora, -burlará todas las pueriles flechas del rapaz alado. Su recato la sirve -de armadura. Huye de las palabras de amor, evita el encuentro de otros -ojos, no la rinde el oro. Es rica, porque es hermosa. Pobre, porque -cuando muera, sólo quedarán despojos de su perfeccion soberana. - -BENVOLIO. - -¿Está ligada á Dios por algun voto de castidad? - -ROMEO. - -No es ahorro el suyo, es desperdicio, porque esconde avaramente su -belleza, y priva de ella al mundo. Es tan discreta y tan hermosa, que -no debiera complacerse en mi tormento, pero aborrece el amor, y ese -voto es la causa de mi muerte. - -BENVOLIO. - -Déjate de pensar en ella. - -ROMEO. - -Enséñame á dejar de pensar. - -BENVOLIO. - -Hazte libre. Fíjate en otras. - -ROMEO. - -Así brillará más y más su hermosura. Con el negro antifaz resalta más -la blancura de la tez. Nunca olvida el don de la vista quien una vez -la perdió. La beldad más perfecta que yo viera, sólo seria un libro -donde leer que era mayor la perfeccion de mi adorada. ¡Adios! No sabes -enseñarme á olvidar. - -BENVOLIO. - -Me comprometo á destruir tu opinion. - - -ESCENA II. - -=Calle.= - -CAPULETO, PÁRIS y un CRIADO. - -CAPULETO. - -La misma órden que á mí obliga á Montesco, y á nuestra edad no debia -ser difícil vivir en paz. - -PÁRIS. - -Los dos sois iguales en nobleza, y no debierais estar discordes. ¿Qué -respondeis á mi peticion? - -CAPULETO. - -Ya he respondido. Mi hija acaba de llegar al mundo. Aún no tiene más -que catorce años, y no estará madura para el matrimonio, hasta que -pasen lo menos dos veranos. - -PÁRIS. - -Otras hay más jóvenes y que son ya madres. - -CAPULETO. - -Los árboles demasiado tempranos no prosperan. Yo he confiado mis -esperanzas á la tierra y ellas florecerán. De todas suertes, Páris, -consulta tú su voluntad. Si ella consiente, yo consentiré tambien. No -pienso oponerme á que elija con toda libertad entre los de su clase. -Esta noche, segun costumbre inmemorial, recibo en casa á mis amigos, -uno de ellos vos. Deseo que piseis esta noche el modesto umbral de mi -casa, donde vereis brillar humanas estrellas. Vos, como jóven lozano, -que no hollais como yo las pisadas del invierno frio, disfrutareis de -todo. Allí oireis un coro de hermosas doncellas. Oidlas, vedlas, y -elegid entre todas la más perfecta. Quizá despues de maduro exámen, os -parecerá mi hija una de tantas. Tú (_al criado_) véte recorriendo las -calles de Verona, y á todos aquellos cuyos nombres verás escritos en -este papel, invítalos para esta noche en mi casa. - - (_Vanse Capuleto y Páris._) - -CRIADO. - -¡Pues es fácil encontrarlos á todos! El zapatero está condenado á usar -la vara, el sastre la horma, el pintor el pincel, el pescador las -redes, y yo á buscar á todos aquellos cuyos nombres están escritos -aquí, sin saber qué nombres son los que aquí están escritos. Dénme su -favor los sabios. Vamos. - - (_Benvolio y Romeo._) - -BENVOLIO. - -No digas eso. Un fuego apaga otro, un dolor mata otro dolor, á una pena -antigua otra nueva. Un nuevo amor puede curarte del antiguo. - -ROMEO. - -Curarán las hojas del plátano. - -BENVOLIO. - -¿Y qué curarán? - -ROMEO. - -Las desolladuras. - -BENVOLIO. - -¿Estás loco? - -ROMEO. - -¡Loco! Estoy atado de piés y manos como los locos, encerrado en cárcel -asperísima, hambriento, azotado y atormentado.—Buenos dias, hombre. -(_Al criado._) - -CRIADO. - -Buenos dias. ¿Sabeis leer, hidalgo? - -ROMEO. - -Ciertamente que sí. - -CRIADO. - -¡Raro alarde! ¿Sabeis leer sin haberlo aprendido? ¿Sabreis leer lo que -ahí dice? - -ROMEO. - -Si el concepto es claro y la letra tambien. - -CRIADO. - -¿De verdad? Dios os guarde. - -[Ilustración] - -ROMEO. - -Espera, que probaré á leerlo. «El señor Martin, y su mujer é hijas, el -conde Anselmo y sus hermanas, la viuda de Viturbio, el señor Plasencio -y sus sobrinas, Mercutio y su hermano Valentin, mi tio Capuleto con su -mujer é hijas, Rosalía mi sobrina, Livia, Valencio y su primo Teobaldo, -Lucía y la hermosa Elena.» ¡Lucida reunion! ¿Y dónde es la fiesta? - -CRIADO. - -Allí. - -ROMEO. - -¿Dónde? - -CRIADO. - -En mi casa, á cenar. - -ROMEO. - -¿En qué casa? - -CRIADO. - -En la de mi amo. - -ROMEO. - -Lo primero que debí preguntarte es su nombre. - -CRIADO. - -Os lo diré sin ambages. Se llama Capuleto y es generoso y rico. Si no -sois Montesco, podeis ir á beber á la fiesta. Id, os lo ruego. - - (_Vase._) - -BENVOLIO. - -Rosalía á quien adoras, asistirá á esta fiesta con todas las bellezas -de Verona. Allí podrás verla y compararla con otra que yo te enseñaré, -y el cisne te parecerá grajo. - -ROMEO. - -No permite tan indigna traicion la santidad de mi amor. Ardan mis -verdaderas lágrimas, ardan mis ojos (que antes se ahogaban) si tal -herejía cometen. ¿Puede haber otra más hermosa que ella? No la ha visto -desde la creacion del mundo, el sol que lo ve todo. - -BENVOLIO. - -Tus ojos no ven más que lo que les halaga. Vas á pesar ahora en tu -balanza á una mujer más bella que esa, y verás cómo tu señora pierde de -los quilates de su peso, cotejada con ella. - -ROMEO. - -Iré, pero no quiero ver tal cosa, sino gozarme en la contemplacion de -mi cielo. - - -ESCENA III. - -=En casa de Capuleto.= - -La señora de CAPULETO y el AMA. - -SEÑORA. - -Ama, ¿dónde está mi hija? - -AMA. - -Sea en mi ayuda mi probada paciencia de doce años. Ya la llamé. -Cordero, Mariposa. Válgame Dios. ¿Dónde estará esta niña? Julieta... - -JULIETA. - -¿Quién me llama? - -AMA. - -Tu madre. - -JULIETA. - -Señora, aquí estoy. Dime qué sucede. - -SEÑORA. - -Sucede que... Ama, déjanos á solas un rato... Pero no, quédate. Deseo -que oigas nuestra conversacion. Mi hija está en una edad decisiva. - -AMA. - -Ya lo creo. No me acuerdo qué edad tiene exactamente. - -SEÑORA. - -Todavía no ha cumplido los catorce. - -AMA. - -Apostaria catorce dientes (¡ay de mí, no tengo más que cuatro!) á que -no son catorce. ¿Cuándo llega el dia de los Ángeles? - -SEÑORA. - -Dentro de dos semanas. - -AMA. - -Sean pares ó nones, ese dia, en anocheciendo, cumple Julieta años. -¡Válgame Dios! La misma edad tendrian ella y mi Susana. Pero Susana -está en el cielo. No merecia yo tanta dicha. Pues como iba diciendo, -cumplirá catorce años la tarde de los Ángeles. ¡Vaya si los cumplirá! -Me acuerdo bien. Hace once años, cuando el terremoto, la quitamos -el pecho. Jamas confundo aquel dia con ningun otro del año. Debajo -del palomar, sentada al sol, unté mi pecho con acíbar. Vos y mi amo -estabais en Mántua. ¡Me acuerdo tan bien! Pues como digo, la tonta de -ella, apenas probó el pecho y lo halló tan amargo, ¡qué furiosa se puso -contra mí! ¡Temblaba el palomar! Once años van de esto. Ya se tenia -en pié, ya corria... tropezando á veces. Por cierto que el dia antes -se habia hecho un chichon en la frente, y mi marido (¡Dios le tenga -en gloria!) ¡con qué gracia levantó á la niña! y le dijo: «Vaya, ¿te -has caido de frente? No caerás así cuando te entre el juicio. ¿Verdad, -Julieta?» Sí, respondió la inocente limpiándose las lágrimas. El tiempo -hace verdades las burlas. Mil años que viviera, me acordaria de esto. -«¿No es verdad, Julieta?» y ella lloraba y decia que sí. - -SEÑORA. - -Basta ya. Cállate, por favor te lo pido. - -AMA. - -Me callaré, señora; pero no puedo menos de reirme, acordándome que dijo -_sí_, y creo que tenia en la frente un chichon tamaño como un huevo, y -lloraba que no habla consuelo para ella. - -JULIETA. - -Cállate ya; te lo suplico. - -AMA. - -Bueno, me callaré. Dios te favorezca, porque eres la niña más hermosa -que he criado nunca. ¡Qué grande seria mi placer en verla casada! - -JULIETA. - -Aún no he pensado en tanta honra. - -AMA. - -¡Honra! Pues si no fuera por haberte criado yo á mis pechos, te diria -que habias mamado leche de discrecion y sabiduría. - -SEÑORA. - -Ya puedes pensar en casarte. Hay en Verona madres de familia menores -que tú, y yo misma lo era cuando apenas tenia tu edad. En dos palabras, -aspira á tu mano el gallardo Páris. - -AMA. - -¡Niña mia! ¡Vaya un pretendiente! Si parece de cera. - -SEÑORA. - -No tiene flor más linda la primavera de Verona. - -AMA. - -¡Eso una flor! Sí que es flor, ciertamente. - -SEÑORA. - -Quiero saber si le amarás. Esta noche ha de venir. Verás escrito en su -cara todo el amor que te profesa. Fíjate en su rostro y en la armonía -de sus facciones. Sus ojos servirán de comentario á lo que haya de -confuso en el libro de su persona. Este libro de amor, desencuadernado -todavía, merece una espléndida cubierta. La mar se ha hecho para el -pez. Toda belleza gana en contener otra belleza. Los áureos broches del -libro esmaltan la áurea narracion. Todo lo que él tenga será tuyo. Nada -perderás en ser su mujer. - -AMA. - -¿Nada? Disparate será el pensarlo. - -SEÑORA. - -Dí si podrás llegar á amar á Páris. - -JULIETA. - -Lo pensaré, si es que el ver predispone á amar. Pero el dardo de mis -ojos sólo tendrá la fuerza que le preste la obediencia. - - (_Entra un criado._) - -CRIADO. - -Los huéspedes se acercan. La cena está pronta. Os llaman. La señorita -hace falta. En la cocina están diciendo mil pestes del ama. Todo está -dispuesto. Os suplico que vengais en seguida. - -SEÑORA. - -Vámonos tras tí, Julieta. El Conde nos espera. - -AMA. - -Niña, piensa bien lo que haces. - - -ESCENA IV. - -=Calle.= - -ROMEO, MERCUTIO, BENVOLIO, y máscaras con teas encendidas. - -ROMEO. - -¿Pronunciaremos el discurso que traíamos compuesto, ó entraremos sin -preliminares? - -BENVOLIO. - -Nada de rodeos. Para nada nos hace falta un Amorcillo de laton con -venda por pañuelo, y con arco, espanta pájaros de doncellas. Para nada -repetir con el apuntador, en voz medrosa, un prólogo inútil. Mídannos -por el compas que quieran, y hagamos nosotros unas cuantas mudanzas de -baile. - -[Ilustración] - -ROMEO. - -Dadme una tea. No quiero bailar. El que está á oscuras necesita luz. - -MERCUTIO. - -Nada de eso, Romeo; tienes que bailar. - -ROMEO. - -No por cierto. Vosotros llevais zapatos de baile, y yo estoy como tres -en un zapato, sin poder moverme. - -MERCUTIO. - -Pídele sus alas al Amor, y con ellas te levantarás de la tierra. - -ROMEO. - -Sus flechas me han herido de tal modo, que ni siquiera sus plumas -bastan para levantarme. Me ha atado de tal suerte, que no puedo pasar -la raya de mis dolores. La pesadumbre me ahoga. - -MERCUTIO. - -No has debido cargar con tanto peso al amor, que es muy delicado. - -ROMEO. - -¡Delicado el amor! Antes duro y fuerte y punzante como el cardo. - -MERCUTIO. - -Si es duro, sé tú duro con él. Si te hiere, hiérele tú, y verás cómo se -da por vencido. Dadme un antifaz para cubrir mi rostro. ¡Una máscara -sobre otra máscara! - -BENVOLIO. - -Llamad á la puerta, y cuando estemos dentro, cada uno baile como pueda. - -ROMEO. - -¡Una antorcha! Yo, imitando la frase de mi abuelo, seré quien lleve la -luz en esta empresa, porque el gato escaldado huye del agua. - -MERCUTIO. - -De noche todos los gatos son pardos, como decia muy bien el -Condestable. Nosotros te sacaremos de esa caldera de amor en que te -escaldaste. ¡Vamos, que la luz se va acabando! - -ROMEO. - -No por cierto. - -MERCUTIO. - -Mientras andamos en vanas palabras, se gastan las antorchas. Entiende -tú bien lo que quiero decir. - -ROMEO. - -¿Tienes ganas de entrar en el baile? ¿Crees que eso tiene sentido? - -MERCUTIO. - -¿Y lo dudas? - -ROMEO. - -Tuve anoche un sueño. - -MERCUTIO. - -Y yo otro esta noche. - -ROMEO. - -¿Y á qué se reduce tu sueño? - -MERCUTIO. - -Comprendí la diferencia que hay del sueño á la realidad. - -ROMEO. - -En la cama fácilmente se sueña. - -MERCUTIO. - -Sin duda te ha visitado la reina Mab, nodriza de las hadas. Es tan -pequeña como el ágata que brilla en el anillo de un regidor. Su carroza -va arrastrada por caballos leves como átomos, y sus rádios son patas de -tarántula, las correas son de gusano de seda, los frenos de rayos de -luna: huesos de grillo é hilo de araña forman el látigo; y un mosquito -de oscura librea, dos veces más pequeño que el insecto que la aguja -sutil extrae del dedo de ociosa dama, guia el espléndido equipaje. Una -cáscara de avellana forma el coche elaborado por la ardilla, eterna -carpintera de las hadas. En ese carro discurre de noche y dia por -cabezas enamoradas, y les hace concebir vanos deseos, y anda por las -cabezas de los cortesanos, y les inspira vanas cortesías. Corre por los -dedos de los abogados, y sueñan con procesos. Recorre los labios de las -damas, y sueñan con besos. Anda por las narices de los pretendientes, -y sueñan que han alcanzado un empleo. Azota con la punta de un rabo de -puerco las orejas del cura, produciendo en ellas sabroso cosquilleo, -indicio cierto de beneficio ó canonjía cercana. Se adhiere al cuello -del soldado, y le hace soñar que vence y triunfa de sus enemigos y los -degüella con su truculento acero toledano, hasta que oyendo los sones -del cercano atambor, se despierta sobresaltado, reza un padre nuestro, -y vuelve á dormirse. La reina Mab es quien enreda de noche las crines -de los caballos, y enmaraña el pelo de los duendes, é infecta el lecho -de la cándida vírgen, y despierta en ella por primera vez impuros -pensamientos. - -ROMEO. - -Basta, Mercutio. No prosigas en esa charla impertinente. - -MERCUTIO. - -De sueños voy hablando, fantasmas de la imaginacion dormida, que en su -vuelo excede la ligereza de los aires, y es más mudable que el viento. - -BENVOLIO. - -Tú sí que estás arrojando viento y humo por esa boca. Ya nos espera la -cena, y no es cosa de llegar tarde. - -ROMEO. - -Demasiado temprano llegareis. Témome que las estrellas están de mal -talante, y que mi mala suerte va á empezarse en este banquete, hasta -que llegue la negra muerte á cortar esta inútil existencia. Pero en -fin, el piloto de mi nave sabrá guiarla. Adelante, amigos mios. - -BENVOLIO. - -A son de tambores. - - -ESCENA V. - -=Sala en casa de Capuleto.= - -MÚSICOS y CRIADOS. - -CRIADO 1.º - -¿Dónde anda Cacerola, que ni limpia un plato, ni nos ayuda en nada? - -CRIADO 2.º - -¡Qué pena me da ver la cortesía en tan pocas manos, y éstas sucias! - -CRIADO 1.º - -Fuera los bancos, fuera el aparador. No perdais de vista la plata. -Guardadme un pedazo del pastel. Decid al portero que deje entrar á -Elena y á Susana la molinera. ¡Cacerola! - -CRIADO 2.º - -Aquí estoy, compañero. - -CRIADO 1.º - -Todos te llaman á comparecer en la sala. - -CRIADO 2.º - -No puedo estar en dos partes al mismo tiempo. Compañeros, acabad -pronto, y el que quede sano, que cargue con todo. - - (_Entran Capuleto, su mujer, Julieta, Teobaldo, y convidados - con máscaras._) - -CAPULETO. - -Celebro vuestra venida. Os invitan al baile los ligeros piés de -estas damas. A la danza, jóvenes. ¿Quién se resiste á tan imperiosa -tentacion? Ni siquiera la que por melindre dice que tiene callos. Bien -venidos seais. En otro tiempo tambien yo gustaba de enmascararme, y -decir al oido de las hermosas secretos que á veces no les desagradaban. -Pero el tiempo llevó consigo tales flores. Celebro vuestra venida. -Comience la música. ¡Que pasen delante las muchachas! (_Comienza el -baile._) ¡Luz, más luz! ¡Fuera las mesas! Nada de fuego, que harto -calor hace. ¡Cómo te agrada el baile, picarillo! Una silla á mi primo, -que nosotros no estamos para danzas. ¿Cuándo hemos dejado la máscara? - -EL PRIMO DE CAPULETO. - -¡Dios mio! Hace más de 30 años. - -CAPULETO. - -No tanto, primo. Si fué cuando la boda de Lucencio. Por Pentecostes -hará 25 años. - -EL PRIMO DE CAPULETO. - -Más tiempo hace, porque su hijo ha cumplido los treinta. - -CAPULETO. - -¿Cómo, si, hace dos años, aún no habia llegado á la mayor edad? - -ROMEO. - -(_Á su criado._) ¿Dime, qué dama es la que enriquece la mano de ese -galan con tal tesoro? - -CRIADO. - -No la conozco. - -ROMEO. - -El brillo de su rostro afrenta al del sol. No merece la tierra tan -soberano prodigio. Parece entre las otras como paloma entre grajos. -Cuando el baile acabe, me acercaré á ella, y estrecharé su mano con -la mia. No fué verdadero mi antiguo amor, que nunca belleza como ésta -vieron mis ojos. - -TEOBALDO. - -Por la voz parece Montesco. (_Al criado._) Tráeme la espada. ¿Cómo se -atreverá ese malvado á venir con máscara á perturbar nuestra fiesta? -Juro por los huesos de mi linaje que sin cargo de conciencia le voy á -quitar la vida. - -CAPULETO. - -¿Por qué tanta ira, sobrino mio? - -TEOBALDO. - -Sin duda es un Montesco, enemigo jurado de mi casa, que ha venido aquí -para burlarse de nuestra fiesta. - -CAPULETO. - -¿Es Romeo? - -TEOBALDO. - -El infame Romeo. - -CAPULETO. - -No más, sobrino. Es un perfecto caballero, y todo Verona se hace -lenguas de su virtud, y aunque me dieras cuantas riquezas hay en la -ciudad, nunca le ofenderia en mi propia casa. Así lo pienso. Si en algo -me estimas, ponle alegre semblante, que esa indignacion y esa mirada -torva no cuadran bien en una fiesta. - -TEOBALDO. - -Cuadra, cuando se introduce en nuestra casa tan ruin huésped. ¡No lo -consentiré! - -CAPULETO. - -Sí lo consentirás. Te lo mando. Yo sólo tengo autoridad aquí. ¡Pues no -faltaba más! ¡Favor divino! ¡Maltratar á mis huéspedes dentro de mi -propia casa! ¡Armar quimera con ellos, sólo por echárselas de valiente! - -TEOBALDO. - -Tio, esto es una afrenta para nuestro linaje. - -CAPULETO. - -Lejos, lejos de aquí. Eres un rapaz incorregible. Cara te va á costar -la desobediencia. ¡Ea, basta ya! Manos quedas... Traed luces... Yo te -haré estar quedo. ¡Pues esto sólo faltaba! ¡A bailar, niñas! - -TEOBALDO. - -Mis carnes se estremecen en la dura batalla de mi repentino furor y mi -ira comprimida. Me voy, porque esta injuria que hoy paso, ha de traer -amargas hieles. - -ROMEO. - -(_Cogiendo la mano de Julieta._) Si con mi mano he profanado tan divino -altar, perdonadme. Mi boca borrará la mancha, cual peregrino ruboroso, -con un beso. - -JULIETA. - -El peregrino ha errado la senda aunque parece devoto. El palmero sólo -ha de besar manos de santo. - -ROMEO. - -¿Y no tiene labios el santo lo mismo que el romero? - -JULIETA. - -Los labios del peregrino son para rezar. - -ROMEO. - -¡Oh, qué santa! Truequen pues de oficio mis manos y mis labios. Rece el -labio y concededme lo que pido. - -JULIETA. - -El santo oye con serenidad las súplicas. - -ROMEO. - -Pues oidme serena mientras mis labios rezan, y los vuestros me -purifican. (_La besa._) - -JULIETA. - -En mis labios queda la marca de vuestro pecado. - -ROMEO. - -¿Del pecado de mis labios? Ellos se arrepentirán con otro beso. (_Torna -á besarla._) - -JULIETA. - -Besais muy santamente. - -AMA. - -Tu madre te llama. - -ROMEO. - -¿Quién es su madre? - -AMA. - -La señora de esta casa, dama tan sábia como virtuosa. Yo crié á su -hija, con quien ahora poco estabais hablando. Mucho dinero necesita -quien haya de casarse con ella. - -ROMEO. - -¿Con que es Capuleto? ¡Hado enemigo! - -BENVOLIO. - -Vámonos, que se acaba la fiesta. - -ROMEO. - -Harta verdad es, y bien lo siento. - -CAPULETO. - -No os vayais tan pronto, amigos. Aún os espera una parca cena. ¿Os -vais? Tengo que daros á todos las gracias. Buenas noches, hidalgos. -¡Luces, luces, aquí! Vámonos á acostar. Ya es muy tarde, primo mio. -Vámonos á dormir. - - (_Quedan solas Julieta y el Ama._) - -JULIETA. - -Ama, ¿sabes quién es este mancebo? - -AMA. - -El mayorazgo de Fiter. - -JULIETA. - -¿Y aquel otro que sale? - -AMA. - -El jóven Petrucio, si no me equivoco. - -JULIETA. - -¿Y el que va detras... aquel que no quiere bailar? - -AMA. - -Lo ignoro. - -JULIETA. - -Pues trata de saberlo. Y si es casado, el sepulcro será mi lecho de -bodas. - -AMA. - -Es Montesco, se llama Romeo, único heredero de esa infame estirpe. - -JULIETA. - -¡Amor nacido del odio, harto pronto te he visto, sin conocerte! ¡Harto -tarde te he conocido! Quiere mi negra suerte que consagre mi amor al -único hombre á quien debo aborrecer. - -AMA. - -¿Qué estás diciendo? - -JULIETA. - -Versos, que me dijo uno bailando. - -AMA. - -Te están llamando. Ya va. No te detengas, que ya se han ido todos los -huéspedes. - -EL CORO. - -Ved cómo muere en el pecho de Romeo la pasion antigua, y cómo la -sustituye una pasion nueva. Julieta viene á eclipsar con su lumbre á la -belleza que mataba de amores á Romeo. Él, tan amado como amante, busca -en una raza enemiga su ventura. Ella ve pendiente de enemigo anzuelo el -cebo sabroso del amor. Ni él ni ella pueden declarar su anhelo. Pero la -pasion buscará medios y ocasion de manifestarse. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO II. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Plaza pública, cerca del jardin de Capuleto.= - -ROMEO, BENVOLIO y MERCUTIO. - -[Ilustración] - -ROMEO. - -¿Cómo me he de ir de aquí, si mi corazon queda en esas tápias, y mi -cuerpo inerte viene á buscar su centro? - -BENVOLIO. - -¡Romeo, primo mio! - -MERCUTIO. - -Sin duda habrá recobrado el juicio é ídose á acostar. - -BENVOLIO. - -Para acá viene: le he distinguido á lo lejos saltando la tápia de una -huerta. Dadle voces, Mercutio. - -MERCUTIO. - -Le voy á exorcizar como si fuera el diablo. ¡Romeo, amante insensato, -esclavo de la pasion! Ven en forma de suspiro amoroso: respóndeme con -un verso solo en que aconsonen bienes con desdenes, y donde eches un -requiebro á la madre del Amor y al niño ciego, que hirió con sus dardos -al rey Cofétua, y le hizo enamorarse de una pobre zagala. ¿Ves? no me -contesta ni da señales de vida. Conjúrote por los radiantes ojos, y por -la despejada frente, y por los róseos labios, y por el breve pié y los -llenos muslos de Rosalía, que te aparezcas en tu verdadera forma. - -BENVOLIO. - -Se va á enfadar, si te oye. - -MERCUTIO. - -Verás cómo no: se enfadaria, si me empeñase en encerrar á un demonio en -el círculo de su dama, para que ella le conjurase; pero ahora vereis -cómo no se enfada con tan santa y justa invocacion, como es la del -nombre de su amada. - -BENVOLIO. - -Sígueme: se habrá escondido en esas ramas para pasar la noche. El amor -como es ciego, busca tinieblas. - -MERCUTIO. - -Si fuera ciego, erraria casi siempre sus tiros[2]. Buenas noches, -Romeo. Voyme á acostar, porque la yerba está demasiada fria para -dormir. ¿Vámonos ya? - - [2] Suprimo un juego de palabras semi-obsceno, y no de fácil - traduccion en castellano. - -BENVOLIO. - -Vamos, ¿á qué empeñarnos en buscar al que no quiere ser encontrado? - - -ESCENA II. - -=Jardin de Capuleto.= - -ROMEO. - -¡Qué bien se burla del dolor ajeno quien nunca sintió dolores...! -(_Pónese Julieta á la ventana._) ¿Pero qué luz es la que asoma por -allí? ¿El sol que sale ya por los balcones de oriente? Sal, hermoso -sol, y mata de envidia con tus rayos á la luna, que está pálida y -ojeriza porque vence tu hermosura cualquier ninfa de tu coro. Por eso -se viste de amarillo color. ¡Que necio el que se arree con sus galas -marchitas! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece! ¿Cómo podria yo -decirla que es señora de mi alma? Nada me dijo. Pero ¿qué importa? Sus -ojos hablarán, y yo responderé. ¡Pero qué atrevimiento es el mio, si no -me dijo nada! Los dos más hermosos luminares del cielo la suplican que -les sustituya durante su ausencia. Si sus ojos resplandecieran como -astros en el cielo, bastaria su luz para ahogar los restantes como el -brillo del sol mata el de una antorcha. ¡Tal torrente de luz brotaria -de sus ojos, que haria despertar á las aves á media noche, y entonar -su cancion como si hubiese venido la aurora! Ahora pone la mano en la -mejilla. ¿Quién pudiera tocarla como el guante que la cubre? - -[Ilustración] - -JULIETA. - -¡Ay de mí! - -ROMEO. - -¡Habló! Vuelvo á sentir su voz. ¡Angel de amores que en medio de la -noche te me apareces, cual nuncio de los cielos á la atónita vista de -los mortales, que deslumbrados le miran traspasar con vuelo rapidísimo -las esferas, y mecerse en las alas de las nubes! - -JULIETA. - -¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no reniegas del nombre -de tu padre y de tu madre? Y si no tienes valor para tanto, ámame, y no -me tendré por Capuleto. - -ROMEO. - -¿Qué hago, seguirla oyendo ó hablar? - -JULIETA. - -No eres tú mi enemigo. Es el nombre de Montesco, que llevas. ¿Y qué -quiere decir Montesco? No es pié ni mano ni brazo, ni semblante ni -pedazo alguno de la naturaleza humana. ¿Por qué no tomas otro nombre? -La rosa no dejaria de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se -llamase de otro modo. De igual suerte mi querido Romeo, aunque tuviese -otro nombre, conservaria todas las buenas cualidades de su alma, que -no le vienen por herencia. Deja tu nombre, Romeo, y en cambio de tu -nombre que no es cosa alguna sustancial, toma toda mi alma. - -ROMEO. - -Si de tu palabra me apodero, llámame tu amante, y creeré que me he -bautizado de nuevo, y que he perdido el nombre de Romeo. - -JULIETA. - -¿Y quién eres tú que, en medio de las sombras de la noche, vienes á -sorprender mis secretos? - -ROMEO. - -No sé de cierto mi nombre, porque tú aborreces ese nombre, amada mia, y -si yo pudiera, lo arrancaria de mi pecho. - -JULIETA. - -Pocas palabras son las que aún he oido de esa boca, y sin embargo te -reconozco. ¿No eres Romeo? ¿No eres de la familia de los Montescos? - -ROMEO. - -No seré ni una cosa ni otra, ángel mio, si cualquiera de las dos te -enfada. - -JULIETA. - -¿Cómo has llegado hasta aquí, y para qué? Las paredes de esta puerta -son altas y difíciles de escalar, y aquí podrias tropezar con la -muerte, siendo quien eres, si alguno de mis parientes te hallase. - -ROMEO. - -Las paredes salté con las alas que me dió el amor, ante quien no -resisten áun los muros de roca. Ni siquiera á tus parientes temo. - -JULIETA. - -Si te encuentran, te matarán. - -ROMEO. - -Más homicidas son tus ojos, diosa mia, que las espadas de veinte -parientes tuyos. Mírame sin enojos, y mi cuerpo se hará invulnerable. - -JULIETA. - -Yo daria un mundo por que no te descubrieran. - -ROMEO. - -De ellos me defiende el velo tenebroso de la noche. Más quiero morir á -sus manos, amándome tú, que esquivarlos y salvarme de ellos, cuando me -falte tu amor. - -JULIETA. - -¿Y quién te guió aquí? - -ROMEO. - -El amor que me dijo dónde vivias. De él me aconsejé, él guió mis ojos -que yo le habia entregado. Sin ser nauchero, te juro que navegaria -hasta la playa más remota de los mares por conquistar joya tan preciada. - -JULIETA. - -Si el manto de la noche no me cubriera, el rubor de vírgen subiria á -mis mejillas, recordando las palabras que esta noche me has oido. En -vano quisiera corregirlas ó desmentirlas... ¡Resistencias vanas! ¿Me -amas? Sé que me dirás que sí, y que yo lo creeré. Y sin embargo podrias -faltar á tu juramento, porque dicen que Jove se rie de los perjuros de -los amantes. Si me amas de veras, Romeo, dilo con sinceridad, y si me -tienes por fácil y rendida al primer ruego, dímelo tambien, para que -me ponga esquiva y ceñuda, y así tengas que rogarme. Mucho te quiero, -Montesco, mucho, y no me tengas por liviana, antes he de ser más firme -y constante que aquellas que parecen desdeñosas porque son astutas. Te -confesaré que más disimulo hubiera guardado contigo, si no me hubieses -oido aquellas palabras que, sin pensarlo yo, te revelaron todo el ardor -de mi corazon. Perdóname, y no juzgues ligereza este rendirme tan -pronto. La soledad de la noche lo ha hecho. - -ROMEO. - -Júrote, amada mia, por los rayos de la luna que platean la copa de -estos árboles... - -JULIETA. - -No jures por la luna, que en su rápido movimiento cambia de aspecto -cada mes. No vayas á imitar su inconstancia. - -ROMEO. - -¿Pues por quién juraré? - -JULIETA. - -No hagas ningun juramento. Si acaso, jura por tí mismo, por tu persona -que es el dios que adoro y en quien he de creer. - -ROMEO. - -¡Ojalá que el fuego de mi amor...! - -JULIETA. - -No jures. Aunque me llene de alegría el verte, no quiero esta noche -oir tales promesas que parecen violentas y demasiado rápidas. Son como -el rayo que se extingue, apenas aparece. Aléjate ahora: quizá cuando -vuelvas haya llegado á abrirse, animado por las brisas del estío, el -capullo de esta flor. Adios, y ¡ojalá aliente tu pecho en tan dulce -calma como el mio! - -ROMEO. - -¿Y no me das más consuelo que ese? - -JULIETA. - -¿Y qué otro puedo darte esta noche? - -ROMEO. - -Tu fe por la mia. - -JULIETA. - -Antes te la dí que tú acertaras á pedírmela. Lo que siento es no poder -dártela otra vez. - -ROMEO. - -¿Pues qué? ¿Otra vez quisieras quitármela? - -JULIETA. - -Sí, para dártela otra vez, aunque esto fuera codicia de un bien que -tengo ya. Pero mi afan de dártelo toda es tan profundo y tan sin límite -como los abismos de la mar. ¡Cuanto más te doy, más quisiera darte!... -Pero oigo ruido dentro. ¡Adios! no engañes mi esperanza... Ama, allá -voy... Guárdame fidelidad, Montesco mio. Espera un instante, que vuelvo -en seguida. - -ROMEO. - -¡Noche, deliciosa noche! Sólo temo que, por ser de noche, no pase todo -esto de un delicioso sueño. - -JULIETA. - -(_Asomada otra vez á la ventana._) Sólo te diré dos palabras. Si -el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al -mensajero que te enviaré, de cómo y cuándo quieres celebrar la sagrada -ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida é iré en pos de tí por el mundo. - -AMA. - -(_Llamando dentro._) ¡Julieta! - -JULIETA. - -Ya voy. Pero si son torcidas tus intenciones, suplícote que... - -AMA. - -¡Julieta! - -JULIETA. - -Ya corro... Suplícote que desistas de tu empeño, y me dejes á solas con -mi dolor. Mañana irá el mensajero... - -ROMEO. - -Por la gloria... - -JULIETA. - -Buenas noches. - -ROMEO. - -No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? El amor va en busca del amor -como el estudiante huyendo de sus libros, y el amor se aleja del amor -como el niño que deja sus juegos para tornar al estudio. - -JULIETA. - -(_Otra vez á la ventana._) ¡Romeo! ¡Romeo! ¡Oh, si yo tuviese la voz -del cazador de cetrería, para llamar de lejos á los halcones! Si yo -pudiera hablar á gritos, penetraria mi voz hasta en la gruta de la -ninfa Eco, y llegaria á ensordecerla repitiendo el nombre de mi Romeo. - -ROMEO. - -¡Cuán grato suena el acento de mi amada en la apacible noche, -protectora de los amantes! Más dulce es que música en oido atento. - -JULIETA. - -¡Romeo! - -ROMEO. - -¡Alma mia! - -JULIETA. - -¿A qué hora irá mi criado mañana? - -ROMEO. - -A las nueve. - -JULIETA. - -No faltará. Las horas se me harán siglos hasta que esa llegue. No sé -para qué te he llamado. - -ROMEO. - -¡Déjame quedar aquí hasta que lo pienses! - -JULIETA. - -Con el contento de verte cerca me olvidaré eternamente de lo que -pensaba, recordando tu dulce compañía. - -ROMEO. - -Para que siga tu olvido no he de irme. - -JULIETA. - -Ya es de dia. Véte.... Pero no quisiera que te alejaras más que el -breve trecho que consiente alejarse al pajarillo la niña que le tiene -sujeto de una cuerda de seda, y que á veces le suelta de la mano, y -luego le coge ansiosa, y le vuelve á soltar.... - -ROMEO. - -¡Ojalá fuera yo ese pajarillo! - -JULIETA. - -¿Y qué quisiera yo sino que lo fueras? aunque recelo que mis caricias -habian de matarte. ¡Adios, adios! Triste es la ausencia y tan dulce la -despedida, que no sé cómo arrancarme de los hierros de esta ventana. - -ROMEO. - -¡Que el sueño descanse en tus dulces ojos y la paz en tu alma! ¡Ojalá -fuera yo el sueño, ojalá fuera yo la paz en que se duerme tu belleza! -De aquí voy á la celda donde mora mi piadoso confesor, para pedirle -ayuda y consejo en este trance. - - -ESCENA III. - -=Celda de Fray Lorenzo.= - -FRAY LORENZO y ROMEO. - -FRAY LORENZO. - -Ya la aurora se sonrie mirando huir á la oscura noche. Ya con sus -rayos dora las nubes de oriente. Huye la noche con perezosos piés, -tropezando y cayendo como un beodo, al ver la lumbre del sol que se -despierta y monta en el carro de Titan. Antes que tienda su dorada -lumbre, alegrando el dia y enjugando el llanto que vertió la noche, he -de llenar este cesto de bien olientes flores y de yerbas primorosas. La -tierra es á la vez cuna y sepultura de la naturaleza, y su seno educa -y nutre hijos de varia condicion, pero ninguno tan falto de virtud que -no dé alimento ó remedio ó solaz al hombre. Extrañas son las virtudes -que derramó la pródiga mano de la naturaleza, en piedras, plantas y -yerbas. No hay sér inútil sobre la tierra, por vil y despreciable que -parezca. Por el contrario, el sér más noble, si se emplea con mal fin, -es dañino y abominable. El bien mismo se trueca en mal y el valor en -vicio, cuando no sirve á un fin virtuoso. En esta flor que nace duermen -escondidos á la vez medicina y veneno: los dos nacen del mismo orígen, -y su olor comunica deleite y vida á los sentidos, pero si se aplica -al labio, esa misma flor tan aromosa mata el sentido. Así es el alma -humana; dos monarcas imperan en ella, uno la humildad, otro la pasion; -cuando ésta predomina, un gusano roedor consume la planta. - -ROMEO. - -Buenos dias, padre. - -FRAY LORENZO. - -Él sea en tu guarda. ¿Quién me saluda con tan dulces palabras, -al apuntar el dia? Levantado y á tales horas, revela sin duda -intranquilidad de conciencia, hijo mio. En las pupilas del anciano -viven los cuidados veladores, y donde reina la inquietud ¿cómo habitará -el sosiego? Pero en lecho donde reposa la juventud ajena de todo pesar -y duelo, infunde en los miembros deliciosa calma el blando sueño. -Tu visita tan de mañana me indica que alguna triste ocasion te hace -abandonar tan pronto el lecho. Y si no... será que has pasado la noche -desvelado. - -ROMEO. - -¡Eso es, y descansé mejor que dormido! - -FRAY LORENZO. - -Perdónete Dios. ¿Estuviste con Rosalía? - -ROMEO. - -¿Con Rosalía? Ya su nombre no suena dulce en mis oidos, ni pienso en su -amor. - -FRAY LORENZO. - -Bien haces. Luego ¿dónde estuviste? - -ROMEO. - -Te lo diré sin ambages. En la fiesta de nuestros enemigos los -Capuletos, donde á la vez herí y fuí herido. Sólo tus manos podrán -sanar á uno y otro contendiente. Y con esto verás que no conservo -rencor á mi adversario, puesto que intercedo por él como si fuese amigo -mio. - -FRAY LORENZO. - -Dime con claridad el motivo de tu visita, si es que puedo ayudarte en -algo. - -ROMEO. - -Pues te diré en dos palabras que estoy enamorado de la hija del noble -Capuleto, y que ella me corresponde con igual amor. Ya está concertado -todo—sólo falta que vos bendigais esta union. Luego os diré con más -espacio dónde y cómo nos conocimos y nos juramos constancia eterna. -Ahora lo que importa es que nos caseis al instante. - -FRAY LORENZO. - -¡Por vida de mi padre san Francisco! ¡Qué pronto olvidaste á Rosalía, -en quien cifrabas antes tu cariño! El amor de los jóvenes nace de los -ojos y no del corazon. ¡Cuánto lloraste por Rosalía! y ahora tanto amor -y tanto enojo se ha disipado como el eco. Aún no ha disipado el sol los -vapores de tu llanto. Aún resuenan en mis oidos tus quejas. Aún se ven -en tu rostro las huellas de antiguas lágrimas. ¿No decias que era más -bella y gentil que ninguna? y ahora te has mudado. ¡Y luego acusais -de inconstantes á las mujeres! ¿Cómo buscais firmeza en ellas, si -vosotros les dais el ejemplo de olvidar? - -ROMEO. - -¿Pero vos no reprobabais mi amor por Rosalía? - -FRAY LORENZO. - -Yo no reprobaba tu amor, sino tu idolatría ciega. - -ROMEO. - -¿Y no me dijisteis que hiciera todo lo posible por ahogar ese amor? - -FRAY LORENZO. - -Pero no para que de la sepultura de ese amor brotase otro amor nuevo y -más ardiente. - -ROMEO. - -No os enojeis conmigo, porque mi señora me quiere tanto como yo á ella -y con su amor responde al mio, y la otra no. - -FRAY LORENZO. - -Es que Rosalía quizá adivinara la ligereza de tu amor. Ven conmigo, -inconstante mancebo. Yo te ayudaré á conseguir lo que deseas para -que esta boda sea lazo de amistad que extinga el rencor de vuestras -familias. - -ROMEO. - -Vamos, pues, sin detenernos. - -FRAY LORENZO. - -Vamos con calma para no tropezar. - - -ESCENA IV. - -=Calle.= - -BENVOLIO y MERCUTIO. - -MERCUTIO. - -¿Dónde estará Romeo? ¿Pareció anoche por su casa? - -BENVOLIO. - -Por casa de su padre no estuvo. Así me lo ha dicho su criado. - -MERCUTIO. - -¡Válgame Dios! Esa pálida muchachuela, esa Rosalía de duras entrañas -acabará por tornarle loco. - -BENVOLIO. - -Teobaldo, el primo de Capuleto, ha escrito una carta al padre de Romeo. - -MERCUTIO. - -Sin duda será cartel de desafío. - -BENVOLIO. - -Pues Romeo es seguro que contestará. - -MERCUTIO. - -Todo el mundo puede responder á una carta. - -BENVOLIO. - -Quiero decir que Romeo sabrá tratar como se merece al dueño de la carta. - -MERCUTIO. - -¡Pobre Romeo! Esa rubia y pálida niña le ha atravesado el corazon á -estocadas, le ha traspasado los oidos con una cancion de amor, y el -centro del alma con las anchas flechas del volador Cupido... ¿Y quién -resistirá á Teobaldo? - -BENVOLIO. - -¿Quién es Teobaldo? - -MERCUTIO. - -Algo más que el rey de los gatos; es el mejor y más diestro esgrimidor. -Maneja la espada como tú la lengua, guardando tiempo, distancia y -compas. Gran cortador de ropillas. Espadachin, espadachin de profesion, -y muy enterado del _inmortal passato_, del _punto reverso_ y del _par_. - -BENVOLIO. - -¿Y qué quieres decir con eso? - -MERCUTIO. - -Mala landre devore á esos nuevos elegantes que han venido con gestos y -cortesías á reformar nuestras antiguas costumbres. «¡Qué buena espada, -qué buen mozo, qué hermosa mujer!» Decidme, abuelos mios, ¿no es mala -vergüenza que estemos llenos de estos moscones extranjeros, estos -_pardonnez moi_, tan ufanos con sus nuevas galas y tan despreciadores -de lo antiguo? ¡Oh, necedad insigne! - - (_Sale Romeo._) - -BENVOLIO. - -¡Aquí tienes á Romeo! ¡Aquí tienes á Romeo! - -MERCUTIO. - -Bien roma trae el alma. No eres carne ni pescado. ¡Oh materia digna de -los versos del Petrarca! Comparada con su amor Laura era una fregona, -sino que tuvo mejor poeta que la celebrase; Dido una zagala, Cleopatra -una gitana, Hero y Elena dos rameras, y Ciste, á pesar de sus negros -ojos, no podria competir con la suya. _Bon jour_, Romeo. Saludo francés -corresponde á vuestras calzas francesas. Anoche nos dejaste en blanco. - -ROMEO. - -¿Qué dices de dejar en blanco? - -MERCUTIO. - -Que te despediste á la francesa. ¿Lo entiendes ahora? - -ROMEO. - -Perdon, Mercutio. Tenia algo que hacer, y no estaba el tiempo para -cortesías. - -MERCUTIO. - -¿De suerte que tú tambien las usas á veces y doblas las rodillas? - -ROMEO. - -Luego no soy descortes, porque eso es hacer genuflexiones. - -MERCUTIO. - -Dices bien. - -ROMEO. - -Pero aquello de que hablábamos es cortesía y no genuflexion. - -MERCUTIO. - -Es que yo soy la flor de la cortesía. - -ROMEO. - -¿Cómo no dices la flor y nata? - -MERCUTIO. - -Porque la nata la dejo para tí[3]. - - [3] Siguen otros juegos de palabras difíciles de poner en - castellano, so pena de sustituir otros. - -ROMEO. - -Cállate. - -MERCUTIO. - -¿Y no es mejor esto que andar en lamentaciones exóticas? Ahora te -reconozco: eres Romeo, nuestro antiguo y buen amigo. Andabas hecho un -necio con ese amor insensato. - - (_Salen Pedro y el Ama._) - -MERCUTIO. - -Vela, vela. - -BENVOLIO. - -Y son dos: una saya y un sayal. - -AMA. - -¡Pedro! - -PEDRO. - -¿Qué? - -AMA. - -Tráeme el abanico. - -MERCUTIO. - -Dáselo, Pedro, que siempre será más agradable mirar su abanico que su -cara. - -AMA. - -Buenas tardes, señores. - -MERCUTIO. - -Buenas tardes, hermosa dama. - -AMA. - -¿Pues hemos llegado á la tarde? - -MERCUTIO. - -No, pero la mano lasciva del reloj está señalando las doce. - -AMA. - -¡Jesús, qué hombre! - -MERCUTIO. - -Un hombre que Dios crió, para que luego echase él mismo á perder la -obra divina. - -AMA. - -Bien dicho. Para que echase su obra á perder... ¿Pero me podria decir -alguno de vosotros dónde está el jóven Romeo? - -ROMEO. - -Yo te lo podré decir, y por cierto que ese jóven será ya más viejo -cuando le encontreis, que cuando empezabais á buscarlo. Yo soy Romeo, á -falta de otro más jóven. - -AMA. - -¿Lo decis de veras? - -MERCUTIO. - -¿Conque á falta de otro mejor, os parece jóven? Discretamente lo -entendeis. - -AMA. - -Si verdaderamente sois Romeo, tengo que deciros secretamente una -palabra. - -BENVOLIO. - -Si querrá citarle para esta noche... - -MERCUTIO. - -¿Es una alcahueta, una perra?... ¡Oh, oh!... - -ROMEO. - -¿Qué ruido es ese? - -MERCUTIO. - -No es que haya encontrado yo ninguna liebre, ni es cosa de seguir la -liebre, aunque como dice el cantar: «En cuaresma bien se puede comer -una liebre vieja, pero tan vieja llega á podrirse, si se la guarda, que -no hay quien la pueda mascar.» ¿Vas á casa de tu padre, Romeo? Allá -iremos á comer. - -ROMEO. - -Voy con vosotros. - -MERCUTIO. - -Adios, hermosa vieja; hermosa, hermosa, hermosa. - - (_Vanse él y Benvolio._) - -AMA. - -Bendito sea Dios, que ya se fué éste. ¿Me podriais decir (_á Romeo_) -quién es este majadero, tan pagado de sus chistes? - -ROMEO. - -Ama, es un amigo mio que se escucha á sí mismo y gusta de reirse sus -gracias, y que habla más en una hora que lo que escuchas tú en un mes. - -AMA. - -Pues si se atreve á hablar mal de mí, él me lo pagará, aunque vengan -en su ayuda otros veinte de su calaña. Y si yo misma no puedo, -otros sacarán la cara por mí. Pues no faltaba más. ¡El grandísimo -impertinente! ¿Si creerá que yo soy una mujer de esas?... Y tú (_á -Pedro_) que estás ahí tan reposado, y dejas que cualquiera me insulte. - -PEDRO. - -Yo no he visto que nadie os insulte, porque si lo viera, no tardaria un -minuto en sacar mi espada. Nadie me gana en valor cuando mi causa es -justa, y cuando me favorece la ley. - -AMA. - -¡Válgame Dios! todavía me dura el enojo y las carnes me tiemblan... Una -palabra sola, caballero. Como iba diciendo, mi señorita me manda con un -recado para vos. No voy á repetiros todo lo que me ha dicho. Pero si -vuestro objeto es engañarla, ciertamente que será cosa indigna, porque -mi señorita es una muchacha jóven, y el engañarla seria muy mala obra, -y no tendria perdon de Dios. - -ROMEO. - -Ama, puedes jurar á tu señora que... - -AMA. - -¡Bien, bien, así se lo diré, y ha de alegrarse mucho!... - -ROMEO. - -¿Y qué le vas á decir, si todavía no me has oido nada? - -AMA. - -Le diré que protestais, lo cual, á fe mia, es obrar como caballero. - -ROMEO. - -Dile que invente algun pretexto para ir esta tarde á confesarse al -convento de fray Lorenzo, y él nos confesará y casará. Toma este regalo. - -AMA. - -No aceptaré ni un dinero, señor mio. - -ROMEO. - -Yo te lo mando. - -AMA. - -¿Conque esta tarde? Pues no faltará. - -ROMEO. - -Espérame detras de las tápias del convento, y antes de una hora, mi -criado te llevará una escala de cuerdas para poder yo subir por ella -hasta la cima de mi felicidad. Adios y séme fiel. Yo te lo premiaré -todo. Mis recuerdos á Julieta. - -AMA. - -Bendito seais. Una palabra más. - -ROMEO. - -¿Qué, ama? - -AMA. - -¿Es de fiar vuestro criado? ¿Nunca oisteis que á nadie fia sus secretos -el varon prudente? - -ROMEO. - -Mi criado es fiel como el oro. - -AMA. - -Bien, caballero. No hay señorita más hermosa que la mia. ¡Y si la -hubierais conocido cuando pequeña!... ¡Ah! Por cierto que hay en la -ciudad un tal Páris que de buena gana la abordaría. Pero ella, bendita -sea su alma, más quisiera á un sapo feísimo que á él. A veces me -divierto en enojarla, diciéndole que Páris es mejor mozo que vos, y ¡si -vierais cómo se pone entonces! Más pálida que la cera. Decidme ahora: -¿Romero y Romeo no tienen la misma letra inicial? - -ROMEO. - -Verdad es que ambos empiezan por _R_. - -AMA. - -Eso es burla. Yo sé que vuestro nombre empieza con otra letra menos -áspera... ¡Si vierais qué graciosos equívocos hace con vuestro nombre y -con Romero! Gusto os diera oirla. - -ROMEO. - -Recuerdos á Julieta. - -AMA. - -Sí que se los daré mil veces. ¡Pedro! - -PEDRO. - -¡Qué! - -AMA. - -Toma el abanico, y guíame. - - -ESCENA V. - -=Jardin de Capuleto.= - -JULIETA y el AMA. - -JULIETA. - -Las nueve eran cuando envié al ama, y dijo que antes de media hora -volveria. ¿Si no lo habrá encontrado? ¡Pero sí! ¡Qué torpe y perezosa! -Sólo el pensamiento debiera ser nuncio del amor. El corre más que -los rayos del sol cuando ahuyentan las sombras de los montes. Por eso -pintan al amor con alas. Ya llega el sol á la mitad de su carrera. Tres -horas van pasadas desde las nueve á las doce, y él no vuelve todavía. -Si ella tuviese sangre juvenil y alma, volveria con las palabras de su -boca; pero la vejez es pesada como un plomo. - - (_Salen el Ama y Pedro._) - -¡Gracias á Dios que viene! Ama mia, querida ama... ¿qué noticias traes? -¿Hablaste con él? Que se vaya Pedro. - -AMA. - -Véte, Pedro. - -JULIETA. - -Y bien, ama querida. ¡Qué triste estás! ¿Acaso traes malas noticias? -Dímelas, á lo menos, con rostro alegre. Y si son buenas, no las eches á -perder con esa mirada torva. - -AMA. - -Muy fatigada estoy. ¡Qué quebrantados están mis huesos! - -JULIETA. - -¡Tuvieras tus huesos tú y yo mis noticias! Habla por Dios, ama mia. - -AMA. - -¡Señor, qué prisa! Aguarda un poco. ¿No me ves sin aliento? - -JULIETA. - -¿Cómo sin aliento, cuándo te sobra para decirme que no le tienes? Menos -que en volverlo á decir, tardarias en darme las noticias. ¿Las traes -buenas ó malas? - -AMA. - -¡Qué mala eleccion de marido has tenido! ¡Vaya, que el tal Romeo! -Aunque tenga mejor cara que los demas, todavía es mejor su pié y su -mano y su gallardía. No diré que la flor de los cortesanos, pero tengo -para mí que es humilde como una oveja. ¡Bien has hecho, hija! y qué -Dios te ayude. ¿Has comido en casa? - -JULIETA. - -Calla, calla: eso ya me lo sabia yo. ¿Pero que hay de la boda? dímelo. - -[Ilustración] - -AMA. - -¡Jesús! ¡qué cabeza la mia! Pues, y la espalda... ¡Cómo me mortifican -los riñones! ¡La culpa es tuya que me haces andar por esos andurriales, -abriéndome la sepultura antes de tiempo! - -JULIETA. - -Mucho siento tus males, pero acaba de decirme, querida ama, lo que te -contestó mi amor. - -AMA. - -Habló cómo un caballero lleno de discrecion y gentileza; puedes -creerme. ¿Dónde está tu madre? - -JULIETA. - -¿Mi madre? Allá dentro. ¡Vaya una pregunta! - -AMA. - -¡Válgame Dios! ¿Te enojas conmigo? ¡Buen emplasto para curar mis -quebraduras! Otra vez vas tú misma á esas comisiones. - -JULIETA. - -Pero ¡qué confusion! ¿Qué es en suma lo que te dijo Romeo? - -AMA. - -¿Te dejarán ir sola á confesar? - -JULIETA. - -Sí. - -AMA. - -Pues allí mismo te casarás. Véte á la celda de fray Lorenzo. Ya se -cubren de rubor tus mejillas con tan sencilla nueva. Véte al convento. -Yo, iré por otra parte á buscar la escalera, con que tu amante ha de -escalar el nido del amor. A la celda, pues, y yo á comer. - -JULIETA. - -¡Y yo á mi felicidad! ama mia. - - -ESCENA VI. - -=Celda de Fray Lorenzo.= - -FRAY LORENZO y ROMEO. - -FRAY LORENZO. - -¡El cielo mire con buenos ojos la ceremonia que vamos á cumplir, y no -nos castigue por ella en adelante! - -ROMEO. - -¡Así sea, así sea! Pero por muchas penas que vengan no bastarán á -destruir la impresion de este momento de ventura. Junta nuestras manos, -y con tal que yo pueda llamarla mia, no temeré ni siquiera á la muerte, -verdugo del amor. - -FRAY LORENZO. - -Nada violento es duradero: ni el placer ni la pena: ellos mismos se -consumen como el fuego y la pólvora al usarse. La excesiva dulcedumbre -de la miel empalaga al labio. Ama, pues, con templanza. Aquí está la -dama; (_sale Julieta_) su pié es tan leve que no desgastará nunca la -eterna roca; tan ligera que puede correr sobre las telas de araña sin -romperlas. - -JULIETA. - -Buenas tardes, reverendo confesor. - -FRAY LORENZO. - -Romeo te dará las gracias en nombre de los dos. - -JULIETA. - -Por eso le he incluido en el saludo. Si no, pecaria él de exceso de -cortesía. - -ROMEO. - -¡Oh, Julieta! Si tu dicha es cómo la mia y puedes expresarla con más -arte, alegra con tus palabras el aire de este aposento y deja que tu -voz proclame la ventura que hoy agita el alma de los dos. - -JULIETA. - -El verdadero amor es más prodigo de obras que de palabras: más rico en -la esencia que en la forma. Sólo el pobre cuenta su caudal. Mi tesoro -es tan grande que yo no podria contar ni siquiera la mitad. - -FRAY LORENZO. - -Acabémos pronto. No os dejaré solos hasta que os ligue la bendicion -nupcial. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO III. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Plaza de Verona.= - -MERCUTIO, BENVOLIO. - -BENVOLIO. - -Amigo Mercutio, pienso que debíamos refrenarnos, porque hace mucho -calor, y los Capuletos andan encalabrinados, y ya sabes que en verano -hierve mucho la sangre. - -MERCUTIO. - -Tú eres uno de esos hombres que cuando entran en una taberna, ponen -la espada sobre la mesa, como diciendo: «ojalá que no te necesite», y -luego, á los dos tragos, la sacan, sin que nadie les provoque. - -BENVOLIO. - -¿Dices que yo soy de esos? - -MERCUTIO. - -Y de los más temibles espadachines de Italia, tan fácil de entrar en -cólera como de provocar á los demas. - -BENVOLIO. - -¿Por qué dices eso? - -MERCUTIO. - -Si hubiera otro como tú, pronto os matariais. Capaz eres de reñir por -un solo pelo de la barba. Donde nadie veria ocasion de camorra, la ves -tú. Llena está de riña tu cabeza, como de yema un huevo, y eso que á -porrazos te han puesto tan blanda como una yema, la cabeza. Reñiste -con uno porque te vió en la calle y despertó á tu perro que estaba -durmiendo al sol. Y con un sastre porque estrenó su ropa nueva antes -de Pascua, y con otro porque ataba sus zapatos con cintas viejas. ¿Si -vendrás tú á enseñarme moderacion y prudencia? - -BENVOLIO. - -Si yo fuera tan camorrista como tú, ¿quién me aseguraria la vida ni -siquiera un cuarto de hora?... Mira, aquí vienen los Capuletos. - -MERCUTIO. - -¿Y qué se me da á mí, vive Dios? - - (_Teobaldo y otros._) - -TEOBALDO. - -Estad cerca de mí, que tengo que decirles dos palabras. Buenas tardes, -hidalgos. Quisiera hablar con uno de vosotros. - -MERCUTIO. - -¿Hablar sólo? Más valiera que la palabra viniese acompañada de algo, v. -g., de un golpe. - -TEOBALDO. - -Hidalgo, no dejaré de darle si hay motivo. - -MERCUTIO. - -¿Y no podeis encontrar motivo sin que os lo dén? - -TEOBALDO. - -Mercutio, tú estás de acuerdo con Romeo. - -MERCUTIO. - -¡De acuerdo! ¿Has creido que somos músicos? Pues aunque lo seamos, no -dudes que en esta ocasion vamos á desafinar. Yo te haré bailar con mi -arco de violin. ¡De acuerdo! ¡Válgame Dios! - -BENVOLIO. - -Estamos entre gentes. Buscad pronto algun sitio retirado, donde -satisfaceros, ó desocupad la calle, porque todos nos están mirando. - -MERCUTIO. - -Para eso tienen ojos. No me voy de aquí por dar gusto á nadie. - -TEOBALDO. - -Adios, señor. Aquí está el doncel que buscábamos. - - (_Entra Romeo._) - -MERCUTIO. - -Mátenme si él lleva los colores de vuestro escudo. Aunque de fijo os -seguirá al campo, y por eso le llamais doncel. - -TEOBALDO. - -Romeo, sólo una palabra me consiente decirte el odio que te profeso. -Eres un infame. - -ROMEO. - -Teobaldo, tales razones tengo para quererte que me hacen perdonar hasta -la bárbara grosería de ese saludo. Nunca he sido infame. No me conoces. -Adios. - -TEOBALDO. - -Mozuelo imberbe, no intentes cobardemente excusar los agravios que me -has hecho. No te vayas, y defiéndete. - -ROMEO. - -Nunca te agravié. Te lo afirmo con juramento. Al contrario hoy te amo -más que nunca, y quizá sepas pronto la razon de este cariño. Véte en -paz, buen Capuleto, nombre que estimo tanto como el mio. - -MERCUTIO. - -¡Qué extraña cobardía! Decídanlo las estocadas. Teobaldo, espadachin, -¿quieres venir conmigo? - -TEOBALDO. - -¿Qué me quieres? - -MERCUTIO. - -Rey de los gatos, sólo quiero una de tus siete vidas, y luego -aporrearte á palos las otras seis. ¿Quieres tirar de las orejas á tu -espada, y sacarla de la vaina? Anda presto, porque si no, la mia te -calentará tus orejas antes que la saques. - -TEOBALDO. - -Soy contigo. - -ROMEO. - -Detente, amigo Mercutio. - -MERCUTIO. - -Adelante, hidalgo. Enseñadme ese quite. (_Se baten._) - -ROMEO. - -Saca la espada, Benvolio. Separémoslos. ¡Qué afrenta, hidalgos! ¡Oid, -Teobaldo! ¡Oye, Mercutio! ¿No sabeis que el Príncipe ha prohibido sacar -la espada en las calles de Verona? Deteneos, Teobaldo y Mercutio. - - (_Se van Teobaldo y sus amigos._) - -MERCUTIO. - -Mal me han herido. ¡Mala peste á Capuletos y Montescos! Me hirieron y -no los herí. - -ROMEO. - -¿Te han herido? - -MERCUTIO. - -Un arañazo, nada más, un arañazo, pero necesita cura. ¿Dónde está mi -paje, para que me busque un cirujano? - - (_Se va el paje._) - -ROMEO. - -No temas. Quizá sea leve la herida. - -MERCUTIO. - -No es tan honda como un pozo, ni tan ancha como el pórtico de una -iglesia, pero basta. Si mañana preguntas por mí, verásme tan callado -como un muerto. Ya estoy escabechado para el otro mundo. Mala landre -devore á vuestras dos familias. ¡Vive Dios! ¡Que un perro, una rata, -un raton, un gato mate así á un hombre! Un maton, un pícaro, que pelea -contra los ángulos y reglas de la esgrima. ¿Para qué te pusiste á -separarnos? Por debajo de tu brazo me ha herido. - -ROMEO. - -Fué con buena intencion. - -MERCUTIO. - -Llévame de aquí, Benvolio, que me voy á desmayar. ¡Mala landre devore -á entrambas casas! Ya soy una gusanera. ¡Maldita sea la discordia de -Capuletos y Montescos! (_Vanse._) - -ROMEO. - -Por culpa mia sucumbe este noble caballero, tan cercano deudo del -Príncipe. Estoy afrentado por Teobaldo, por Teobaldo que ha de ser mi -pariente dentro de poco. Tus amores, Julieta, me han quitado el brio y -ablandado el temple de mi acero. - -BENVOLIO. - -(_Que vuelve._) ¡Ay, Romeo! Mercutio ha muerto. Aquella alma audaz, que -hace poco despreciaba la tierra, se ha lanzado ya á las nubes. - -ROMEO. - -Y de este dia sangriento nacerán otros que extremarán la copia de mis -males. - -BENVOLIO. - -Por allí vuelve Teobaldo. - -ROMEO. - -Vuelve vivo y triunfante. ¡Y Mercutio muerto! Huye de mí, dulce -templanza. Sólo la ira guie mi brazo. Teobaldo, ese mote de _infame_ -que tú me diste, yo te le devuelvo ahora, porque el alma de Mercutio -está desde las nubes llamando á la tuya, y tú ó yo ó los dos hemos de -seguirle forzosamente. - -TEOBALDO. - -Pues véte á acompañarle tú, necio, que con él ibas siempre. - -ROMEO. - -Ya lo decidirá la espada. (_Se baten, y cae herido Teobaldo._) - -[Ilustración] - -BENVOLIO. - -Huye, Romeo. La gente acude y Teobaldo está muerto. Si te alcanzan, -vas á ser condenado á muerte. No te detengas como pasmado. Huye, huye. - -ROMEO. - -Soy triste juguete de la suerte. - -BENVOLIO. - -Huye, Romeo. - - (_Acude gente._) - -CIUDADANO 1.º - -¿Por dónde habrá huido Teobaldo, el asesino de Mercutio? - -BENVOLIO. - -Ahí yace muerto Teobaldo. - -CIUDADANO 1.º - -Seguidme todos. En nombre del Príncipe lo mando. - -(_Entran el Príncipe con sus guardias, Montescos, Capuletos, etc._) - -EL PRÍNCIPE. - -¿Dónde están los promovedores de esta reyerta? - -BENVOLIO. - -Ilustre Príncipe, yo puedo referiros todo lo que aconteció. Teobaldo -mató al fuerte Mercutio, vuestro deudo, y Romeo mató á Teobaldo. - -LA SEÑORA DE CAPULETO. - -¡Teobaldo! ¡Mi sobrino, hijo de mi hermano! ¡Oh, Príncipe! un Montesco -ha asesinado á mi deudo. Si sois justo, dadnos sangre por sangre. ¡Oh, -sobrino mio! - -PRÍNCIPE. - -Dime con verdad, Benvolio. ¿Quién comenzó la pelea? - -BENVOLIO. - -Teobaldo, que luego murió á manos de Romeo. En vano Romeo con dulces -palabras le exhortaba á la concordia, y le traia al recuerdo vuestras -ordenanzas: todo esto con mucha cortesía y apacible ademan. Nada bastó -á calmar los furores de Teobaldo, que ciego de ira, arremetió con el -acero desnudo contra el infeliz Mercutio. Mercutio le resiste primero -á hierro, y apartando de sí la suerte, quiere arrojarla del lado de -Teobaldo. Este le esquiva con ligereza. Romeo se interpone, clamando: -«Paz, paz, amigos.» En pos de su lengua va su brazo á interponerse -entre las armas matadoras, pero de súbito, por debajo de ese brazo, -asesta Teobaldo una estocada que arrebata la vida al pobre Mercutio; -Teobaldo huye á toda prisa, pero á poco rato vuelve, y halla á Romeo, -cuya cólera estalla. Arrójanse como rayos al combate, y antes de poder -atravesarme yo, cae Teobaldo y huye Romeo. Esta es la verdad lisa y -llana, por vida de Benvolio. - -LA SEÑORA DE CAPULETO. - -No ha dicho verdad. Es pariente de los Montescos, y la aficion que les -tiene le ha obligado á mentir. Más de veinte espadas se desenvainaron -contra mi pobre sobrino. Justicia, Príncipe. Si Romeo mató á Teobaldo, -que muera Romeo. - -PRÍNCIPE. - -Él mató á Mercutio, segun se infiere del relato. ¿Y quién pide -justicia, por una sangre tan cara? - -MONTESCO. - -No era Teobaldo el deudor, aunque fuese amigo de Mercutio, ni debia -haberse tomado la justicia por su mano, hasta que las leyes decidiesen. - -PRÍNCIPE. - -En castigo, yo te destierro. Vuestras almas están cegadas por el -encono, y á pesar vuestro he de haceros llorar la muerte de mi deudo. -Seré inaccesible á lágrimas y á ruegos. No me digais palabra. Huya -Romeo; porque si no huye, le alcanzará la muerte. Levantad el cadáver. -No seria clemencia perdonar al homicida. - - -ESCENA II. - -=Jardin en casa de Capuleto.= - -JULIETA y el AMA. - -JULIETA. - -Corred, corred á la casa de Febo, alados corceles del sol. El látigo de -Faeton os lance al ocaso. Venga la dulce noche á tender sus espesas -cortinas. Cierra ¡oh sol! tus penetrantes ojos, y deja que en el -silencio venga á mí mi Romeo, é invisible se lance en mis brazos. El -amor es ciego y ama la noche, y á su luz misteriosa cumplen sus citas -los amantes. Ven, majestuosa noche, matrona de humilde y negra túnica, -y enséñame á perder en el blando juego, donde las vírgenes empeñan su -castidad. Cubre con tu manto la pura sangre que arde en mis mejillas. -Ven, noche; ven, Romeo, tú que eres mi dia en medio de esta noche, tú -que ante sus tinieblas pareces un copo de nieve sobre las negras alas -del cuervo. Ven, tenebrosa noche, amiga de los amantes, y vuélveme á -mi Romeo. Y cuando muera, convierte tú cada trozo de su cuerpo en una -estrella relumbrante, que sirva de adorno á tu manto, para que todos -se enamoren de la noche, desenamorándose del sol. Ya he adquirido el -castillo de mi amor, pero aún no le poseo. Ya estoy vendida, pero no -entregada á mi señor. ¡Qué dia tan largo! tan largo como víspera de -domingo para el niño que ha de estrenar en él un traje nuevo. Pero aquí -viene mi ama, y me traerá noticias de él. - - (_Llega el ama con una escala de cuerdas._) - -Ama, ¿qué noticias traes? ¿Esa es la escala que te dijo Romeo? - -AMA. - -Sí, esta es la escala. - -JULIETA. - -¡Ay, Dios! ¿Qué sucede? ¿Por qué tienes las manos cruzadas? - -AMA. - -¡Ay, señora! murió, murió. Perdidas somos. No hay remedio... Murió. Le -mataron... Está muerto. - -JULIETA. - -¿Pero cabe en el mundo tal maldad? - -AMA. - -En Romeo cabe. ¿Quién pudiera pensar tal cosa de Romeo? - -JULIETA. - -¿Y quién eres tú, demonio, que así vienes á atormentarme? Suplicio -igual sólo debe de haberle en el infierno. Dime, ¿qué pasa? ¿Se ha -matado Romeo? Dime que _sí_, y esta palabra basta. Será más homicida -que mirada de basilisco. Dí que sí ó que _no_, que vive ó que muere. -Con una palabra puedes calmar ó serenar mi pena. - -AMA. - -Sí: yo he visto la herida. La he visto por mis ojos. Estaba muerto: -amarillo como la cera, cubierto todo de grumos de sangre cuajada. Yo me -desmayé al verle. - -JULIETA. - -¡Estalla, corazon mio, estalla! ¡Ojos mios, yacereis desde ahora en -prision tenebrosa, sin tornar á ver la luz del dia! ¡Tierra, vuelve á -la tierra! Sólo resta morir, y que un mismo túmulo cubra mis restos y -los de Romeo. - -AMA. - -¡Oh, Teobaldo amigo mio, caballero sin igual, Teobaldo! ¿Por qué he -vivido yo para verte muerto? - -JULIETA. - -Pero ¡qué confusion es esta en que me pones! ¿Dices que Romeo ha -muerto, y que ha muerto Teobaldo, mi dulce primo? Toquen, pues, la -trompeta del juicio final. Si esos dos han muerto, ¿qué importa que -vivan los demas? - -AMA. - -A Teobaldo mató Romeo, y éste anda desterrado. - -JULIETA. - -¡Válgame Dios! ¿Conque Romeo derramó la sangre de Teobaldo? ¡Alma -de sierpe, oculta bajo capa de flores! ¿Qué dragon tuvo jamas tan -espléndida gruta? Hermoso tirano, demonio angelical, cuervo con plumas -de paloma, cordero rapaz como lobo, materia vil de forma celeste, -santo maldito, honrado criminal, ¿en qué pensabas, naturaleza de los -infiernos, cuando encerraste en el paraíso de ese cuerpo el alma de -un condenado? ¿Por qué encuadernaste tan bellamente un libro de tan -perversa lectura? ¿Cómo en tan magnífico palacio pudo habitar la -traicion y el dolo? - -AMA. - -Los hombres son todos unos. No hay en ellos verdad, ni fe, ni -constancia. Malvados, pérfidos, trapaceros... ¿Dónde está mi escudero? -Dame unas gotas de licor. Con tantas penas voy á envejecer antes de -tiempo. ¡Qué afrenta para Romeo! - -JULIETA. - -¡Maldita la lengua que tal palabra osó decir! En la noble cabeza de -Romeo no es posible deshonra. En su frente reina el honor como soberano -monarca. ¡Qué necia yo que antes decia mal de él! - -AMA. - -¿Cómo puedes disculpar al que mató á tu primo? - -JULIETA. - -¿Y cómo he de decir mal de quien es mi esposo? Mató á mi primo, porque -si no, mi primo le hubiera matado á él. ¡Atras, lágrimas mias, tributo -que erradamente ofrecí al dolor, en vez de ofrecerle al gozo! Vive mi -esposo, á quien querian dar muerte, y su matador yace por tierra. ¿A -qué es el llanto? Pero creo haberte oido otra palabra que me angustia -mucho más que la muerte de Teobaldo. En vano me esfuerzo por olvidarla. -Ella pesa sobre mi conciencia, como puede pesar en el alma de un -culpable el remordimiento. Tú dijiste que Teobaldo habia sido muerto y -Romeo desterrado. Esta palabra _desterrado_ me pesa más que la muerte -de diez mil Teobaldos. ¡No bastaba con la muerte de Teobaldo, ó es -que las penas se deleitan con la compañía y nunca vienen solas! ¿Por -qué cuando dijiste: «ha muerto Teobaldo», no añadiste: «tu padre ó tu -madre, ó los dos»? Áun entonces no hubiera sido mayor mi pena. ¡Pero -decir: _Romeo desterrado_! Esta palabra basta á causar la muerte á mi -padre y á mi madre, y á Romeo y á Julieta. «¡Desterrado Romeo!» Dime, -¿podrá encontrarse término ó límite á la profundidad de este abismo? -¿Dónde están mi padre y mi madre? Dímelo. - -AMA. - -Llorando sobre el cadáver de Teobaldo. ¿Quieres que te acompañe allá? - -JULIETA. - -Ellos con su llanto enjugarán las heridas. Yo entre tanto lloraré por -el destierro de Romeo. Toma tú esa escalera, á quien su ausencia priva -de su dulce objeto. Ella debia haber sido camino para mi lecho nupcial. -Pero yo moriré vírgen y casada. ¡Adios, escala de cuerda! ¡Adios, -nodriza! Me espera el tálamo de la muerte. - -AMA. - -Retírate á tu aposento. Voy á buscar á Romeo sin pérdida de tiempo. -Está escondido en la celda de Fray Lorenzo. Esta noche vendrá á verte. - -JULIETA. - -Dale en nombre mio esta sortija, y dile que quiero oir su postrera -despedida. - - -ESCENA III. - -=Celda de Fray Lorenzo.= - -FRAY LORENZO y ROMEO. - -FRAY LORENZO. - -Ven, pobre Romeo. La desgracia se ha enamorado de tí, y el dolor se ha -desposado contigo. - -ROMEO. - -Decidme, padre. ¿Qué es lo que manda el Príncipe? ¿Hay alguna pena -nueva que yo no haya sentido? - -FRAY LORENZO. - -Te traigo la sentencia del Príncipe. - -ROMEO. - -¿Y cómo ha de ser si no es de muerte? - -FRAY LORENZO. - -No. Es algo menos dura. No es de muerte sino de destierro. - -ROMEO. - -¡De destierro! Clemencia, padre. Decid de muerte. El destierro me -infunde más temor que la muerte. No me hableis de destierro. - -FRAY LORENZO. - -Te manda salir de Verona, pero no temas: ancho es el mundo. - -ROMEO. - -Fuera de Verona no hay mundo, sino purgatorio, infierno y -desesperacion. Desterrarme de Verona es como desterrarme de la tierra. -Lo mismo da que digais muerte que destierro. Con una hacha de oro -cortais mi cabeza, y luego os reís del golpe mortal. - -FRAY LORENZO. - -¡Oh, qué negro pecado es la ingratitud! Tu crímen merecia muerte, pero -la indulgencia del Príncipe trueca la muerte en destierro, y aún no se -lo agradeces. - -ROMEO. - -Tal clemencia es crueldad. El cielo está aquí donde vive Julieta. Un -perro, un raton, un gato pueden vivir en este cielo y verla. Sólo -Romeo no puede. Más prez, más gloria, más felicidad tiene una mosca -ó un tábano inmundo que Romeo. Ellos pueden tocar aquella blanca y -maravillosa mano de Julieta, ó posarse en sus benditos labios, en esos -labios tan llenos de virginal modestia que juzgan pecado el tocarse. No -lo hará Romeo. Le mandan volar y tiene envidia á las moscas que vuelan. -¿Por qué decis que el destierro no es la muerte? ¿No teniais algun -veneno sutil, algun hierro aguzado que me diese la muerte más pronto -que esa vil palabra, «desterrado»? Eso es lo que en el infierno se -dicen unos á otros los condenados. ¿Y tú, sacerdote, confesor mio y mi -amigo mejor, eres el que vienes á matarme con esa palabra? - -FRAY LORENZO. - -Oye, jóven loco y apasionado. - -ROMEO. - -¿Vais á hablarme otra vez del destierro? - -FRAY LORENZO. - -Yo te daré tal filosofía que te sirva de escudo y vaya aliviándote. - -ROMEO. - -¡Destierro! ¡Filosofía! Si no basta para crear otra Julieta, para -arrancar un pueblo de su lugar, ó para hacer variar de voluntad á un -príncipe, no me sirve de nada, ni la quiero, ni os he de oir. - -FRAY LORENZO. - -¡Ah, hijo mio! Los locos no oyen. - -ROMEO. - -¿Y cómo han de oir, si los que están en su seso no tienen ojos? - -FRAY LORENZO. - -Te daré un buen consejo. - -ROMEO. - -No podeis hablar de lo que no sentís. Si fuerais jóven, y recien casado -con Julieta, y la adoraseis ciegamente como yo, y hubierais dado muerte -á Teobaldo, y os desterrasen, os arrancariais los cabellos al hablar, -y os arrastrariais por el suelo como yo, midiendo vuestra sepultura. -(_Llaman dentro._) - -FRAY LORENZO. - -Llaman. Levántate y ocúltate, Romeo. - -ROMEO. - -No me levantaré. La nube de mis suspiros me ocultará de los que vengan. - -FRAY LORENZO. - -¿No oyes? ¿Quién va?... Levántate, Romeo, que te van á prender... Ya -voy... Levántate. Pero, Dios mio, ¡qué terquedad, qué locura! Ya voy. -¿Quién llama? ¿Qué quiere decir esto? - -AMA. - -(_Dentro._) Dejadme entrar. Traigo un recado de mi ama Julieta. - -FRAY LORENZO. - -Bien venida seas. - - (_Entra el Ama._) - -AMA. - -Decidme, santo fraile. ¿Dónde está el esposo y señor de mi señora? - -[Ilustración] - -FRAY LORENZO. - -Mírale ahí tendido en el suelo y apacentándose de sus lágrimas. - -AMA. - -Lo mismo está mi señora: enteramente igual. - -FRAY LORENZO. - -¡Funesto amor! ¡Suerte cruel! - -AMA. - -Lo mismo que él: llorar y gemir. Levantad, levantad del suelo: tened -firmeza varonil. Por amor de ella, por amor de Julieta. Levantaos, y no -lanceis tan desesperados ayes. - -ROMEO. - -Ama. - -AMA. - -Señor, la muerte lo acaba todo. - -ROMEO. - -Decias no sé qué de Julieta. ¿Qué es de ella? ¿No llama asesino á mí -que manché con sangre la infancia de nuestra ventura? ¿Dónde está? ¿Qué -dice? - -AMA. - -Nada, señor. Llorar y más llorar. Unas veces se recuesta en el lecho, -otras se levanta, grita: «Teobaldo», «Romeo», y vuelve á acostarse. - -ROMEO. - -Como si ese nombre fuera bala de arcabuz que la matase, como lo fué la -infame mano de Romeo que mató á su pariente. Decidme, padre, ¿en qué -parte de mi cuerpo está mi nombre? Decídmelo, porque quiero saquear su -odiosa morada. (_Saca el puñal._) - -FRAY LORENZO. - -Detén esa diestra homicida. ¿Eres hombre? Tu exterior dice que sí, -pero tu llanto es de mujer, y tus acciones de bestia falta de libre -albedrío. Horror me causas. Juro por mi santo hábito que yo te habia -creido de voluntad más firme. ¡Matarte despues de haber matado á -Teobaldo! Y matar ademas á la dama que sólo vive por tí. Dime, ¿por -qué maldices de tu linaje, y del cielo y de la tierra? Todo lo vas á -perder en un momento, y á deshonrar tu nombre y tu familia, y tu amor -y tu juicio. Tienes un gran tesoro, tesoro de avaro, y no lo empleas -en realzar tu persona, tu amor y tu ingenio. Ese tu noble apetito es -figura de cera, falta de aliento viril. Tu amor es perjurio y juramento -vacío, y profanacion de lo que juraste, y tu entendimiento, que tanto -realce daba á tu amor y á tu fortuna, es el que ciega y descamina á -tus demas potencias, como soldado que se inflama con la misma pólvora -que tiene, y perece víctima de su propia defensa. ¡Alienta, Romeo! -Acuérdate que vive Julieta, por quien hace un momento hubieras dado -la vida. Este es un consuelo. Teobaldo te buscaba para matarte, y le -mataste tú. Hé aquí otro consuelo. La ley te condenaba á muerte, y la -sentencia se conmutó en destierro. Otro consuelo más. Caen sobre tí -las bendiciones del cielo, y tú, como mujer liviana, recibes de mal -rostro á la dicha que llama á tus puertas. Nunca favorece Dios á los -ingratos. Véte á ver á tu esposa: sube por la escala, como lo dejamos -convenido. Consuélala, y huye de su lado antes que amanezca. Irás á -Mántua, y allí permanecerás, hasta que se pueda divulgar tu casamiento, -hechas las paces entre vuestras familias y aplacada la indignacion del -Príncipe. Entonces volverás, mil veces más alegre que triste te vas -ahora. Véte, nodriza. Mil recuerdos á tu ama. Haz que todos se recojan -presto, lo cual será fácil por el disgusto de hoy. Dila que allá va -Romeo. - -AMA. - -Toda la noche me estaria oyéndoos. ¡Qué gran cosa es el saber! Voy á -animar á mi ama con vuestra venida. - -ROMEO. - -Sí: dile que se prepare á reñirme. - -AMA. - -Toma este anillo que ella me dió, y véte, que ya cierra la noche. - - (_Vase._) - -ROMEO. - -Ya renacen mis esperanzas. - -FRAY LORENZO. - -Adios. No olvides lo que te he dicho. Sal antes que amanezca, y si -sales despues, véte disfrazado; y á Mántua. Tendrás con frecuencia -noticias mias, y sabrás todo lo que pueda interesarte. Adios. Dame la -mano. Buenas noches. - - -ESCENA IV. - -=Sala en casa de Capuleto.= - -CAPULETO, su MUJER y PÁRIS. - -CAPULETO. - -La reciente desgracia me ha impedido hablar con mi hija. Tanto ella -como yo queríamos mucho á Teobaldo. Pero la muerte es forzosa. Ya es -tarde para que esta noche nos veamos, y á fe mia os juro que si no -fuera por vos, ya hace una hora que me habria acostado. - -PÁRIS. - -Ni es ésta ocasion de galanterías sino de duelo. Dad mis recuerdos á -vuestra hija. - -CAPULETO. - -Páris, os prometo solemnemente la mano de mi hija. Creo que ella me -obedecerá. Puedo asegurároslo. Esposa mia, antes de acostarte, vé á -contarla el amor de Páris, y dila que el miércoles próximo... Pero ¿qué -dia es hoy? - -PÁRIS. - -Lúnes. - -CAPULETO. - -¡Lúnes! Pues no puede ser el miércoles. Que sea el juéves. Dile que el -juéves se casará con el conde. ¿Estais contento? No tendremos fiesta. -Sólo convidaré á los amigos íntimos, porque estando tan fresca la -muerte de Teobaldo, el convidar á muchos pareceria indicio de poco -sentimiento. ¿Os parece bien el juéves? - -PÁRIS. - -¡Ojalá fuese mañana! - -CAPULETO. - -Adelante, pues: que sea el juéves. Avisa á Julieta, antes de acostarte. -Adios, amigo. Alumbradme. Voy á mi alcoba. Es tan tarde, que pronto -amanecerá. Buenas noches. - - -ESCENA V. - -=Galería cerca del cuarto de Julieta, con una ventana que da al jardin.= - -ROMEO y JULIETA. - -JULIETA. - -¿Tan pronto te vas? Aún tarda el dia. Es el canto del ruiseñor, no el -de la alondra el que resuena. Todas las noches se posa á cantar en -aquel granado. Es el ruiseñor, amado mio. - -ROMEO. - -Es la alondra que anuncia el alba; no es el ruiseñor. Mira, amada mia, -cómo se van tiñendo las nubes del oriente con los colores de la aurora. -Ya se apagan las antorchas de la noche. Ya se adelanta el dia con -rápido paso sobre las húmedas cimas de los montes. Tengo que partir, ó -si no, aquí me espera la muerte. - -JULIETA. - -No es esa luz la de la aurora. Te lo aseguro. Es un meteoro que -desprende de su lumbre el sol para guiarte en el camino de Mántua. -Quédate. ¿Por qué te vas tan luego? - -[Ilustración: _Despedida de Romeo y Julieta._] - -ROMEO. - -¡Que me prendan, que me maten! Mandándolo tú, poco importa. Diré que -aquella luz gris que allí veo no es la de la mañana sino el pálido -reflejo de la luna. Diré que no es el canto de la alondra el que -resuena. Más quiero quedarme que partir. Ven, muerte, pues Julieta lo -quiere. Amor mio, hablemos, que aún no amanece. - -JULIETA. - -Sí, véte, que es la alondra la que canta con voz áspera y destemplada. -¡Y dicen que son armoniosos sus sones, cuando á nosotros viene á -separarnos! Dicen que cambia de ojos como el sapo. ¡Ojalá cambiara de -voz! Maldita ella que me aparta de tus atractivos. Véte, que cada vez -se clarea más la luz. - -ROMEO. - -¿Has dicho la luz? No, sino las tinieblas de nuestro destino. - - (_Entra el Ama._) - -AMA. - -¡Julieta! - -JULIETA. - -¡Ama! - -AMA. - -Tu madre viene. Ya amanece. Prepárate y no te descuides. - -ROMEO. - -¡Un beso! ¡Adios, y me voy! - - (_Vase por la escala._) - -JULIETA. - -¿Te vas? Mi señor, mi dulce dueño, dame nuevas de tí todos los dias, -á cada instante. Tan pesados corren los dias infelices, que temo -envejecer antes de tornar á ver á mi Romeo. - -ROMEO. - -Adios. Te mandaré noticias mias y mi bendicion por todos los medios que -yo alcance. - -JULIETA. - -¿Crees que volveremos á vernos? - -ROMEO. - -Sí, y que en dulces coloquios de amor recordaremos nuestras angustias -de ahora. - -JULIETA. - -¡Válgame Dios! ¡Qué présaga tristeza la mia! Parece que te veo difunto -sobre un catafalco. Aquel es tu cuerpo, ó me engañan los ojos. - -ROMEO. - -Pues tambien á tí te ven los mios pálida y ensangrentada. ¡Adios, -adios! - - (_Vase._) - -JULIETA. - -¡Oh, fortuna! te llaman mudable: á mi amante fiel poco le importan -tus mudanzas. Sé mudable en buen hora, y así no le detendrás y me le -restituirás luego. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -(_Dentro._) Hija, ¿estás despierta? - -JULIETA. - -¿Quién me llama? Madre, ¿estás despierta todavía ó te levantas ahora? -¿Qué novedad te trae á mí? - - (_Entra la señora de Capuleto._) - -SEÑORA DE CAPULETO. - -¿Qué es esto, Julieta? - -JULIETA. - -Estoy mala. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -¿Todavía lloras la muerte de tu primo? ¿Crees que tus lágrimas pueden -devolverle la vida? Vana esperanza. Cesa en tu llanto, que aunque es -signo de amor, parece locura. - -JULIETA. - -Dejadme llorar tan dura suerte. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Eso es llorar la pérdida, y no al amigo. - -JULIETA. - -Llorando la pérdida, lloro tambien al amigo. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Más que por el muerto ¿lloras por ese infame que le ha matado? - -JULIETA. - -¿Qué infame, madre? - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Romeo. - -JULIETA. - -(_Aparte._) ¡Cuánta distancia hay entre él y un infame! (_Alto._) Dios -le perdone como le perdono yo, aunque nadie me ha angustiado tanto como -él. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Eso será porque todavía vive el asesino. - -JULIETA. - -Sí, y donde mi venganza no puede alcanzarle. Yo quisiera vengar á mi -primo. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Ya nos vengaremos. No llores. Yo encargué á uno de Mántua, donde ese -vil ha sido desterrado, que le envenenen con alguna mortífera droga. -Entonces irá á hacer compañía á Teobaldo, y tú quedarás contenta y -vengada. - -JULIETA. - -Satisfecha no estaré, mientras no vea á Romeo... muerto... Señora, -si hallas alguno que se comprometa á darle el tósigo, yo misma le -prepararé, y así que lo reciba Romeo, podrá dormir tranquilo. Hasta -su nombre me es odioso cuando no le tengo cerca, para vengar en él la -sangre de mi primo. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Busca tú el modo de preparar el tósigo, mientras yo busco á quien ha de -administrárselo. Ahora oye tú una noticia agradable. - -JULIETA. - -¡Buena ocasion para gratas nuevas! ¿Y cuál es, señora? - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Hija, tu padre es tan bueno que deseando consolarte, te prepara un dia -de felicidad que ni tú ni yo esperábamos. - -JULIETA. - -¿Y que dia es ese? - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Pues es que el juéves, por la mañana temprano, el conde Páris, ese -gallardo y discreto caballero, se desposará contigo en la iglesia de -San Pedro. - -JULIETA. - -Pues te juro, por la iglesia de San Pedro, y por san Pedro purísimo, -que no se desposará. ¿A qué es tanta prisa? ¿Casarme con él cuando -todavía no me ha hablado de amor? Decid á mi padre, señora, que todavía -no quiero casarme. Cuando lo haga, con juramento os digo que antes será -mi esposo Romeo, á quien aborrezco, que Páris. ¡Vaya una noticia que me -traeis! - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Aquí viene tu padre. Díselo tú, y verás cómo no le agrada. - - (_Entran Capuleto y el Ama._) - -CAPULETO. - -A la puesta del sol cae el rocío, pero cuando muere el hijo de mi -hermano, cae la lluvia á torrentes. ¿Aún no ha acabado el aguacero, -niña? Tú débil cuerpo es nave y mar y viento. En tus ojos hay marea de -lágrimas, y en ese mar navega la barca de tus ánsias, y tus suspiros -son el viento que la impele. Dime, esposa, ¿has cumplido ya mis órdenes? - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Sí, pero no lo agradece. ¡Insensata! Con su sepulcro debia casarse. - -CAPULETO. - -¿Eh? ¿Qué es eso? Esposa mia. ¿Qué es eso de no querer y no agradecer? -¿Pues no la enorgullece el que la hayamos encontrado para esposo un tan -noble caballero? - -JULIETA. - -¿Enorgullecerme? No, agradecer sí. ¿Quién ha de estar orgullosa de lo -que aborrece? Pero siempre se agradece la buena voluntad, hasta cuando -nos ofrece lo que odiamos. - -[Ilustración] - -CAPULETO. - -¡Qué retóricas son esas! «¡Enorgullecerse!» «Sí y no.» «¡Agradecer y no -agradecer!» Nada de agradecimientos ni de orgullo, señorita. Prepárate -á ir por tus piés el juéves próximo á la iglesia de San Pedro á casarte -con Páris, ó si no, te llevo arrastrando en un seron, ¡histérica, -nerviosa, pálida, necia! - -SEÑORA DE CAPULETO. - -¿Estás en tí? Cállate. - -JULIETA. - -Padre mio, de rodillas os pido que me escucheis una palabra sola. - -CAPULETO. - -¡Escucharte! ¡Necia, malvada! Oye, el juéves irás á San Pedro, ó no me -volverás á mirar la cara. No me supliques ni me digas una palabra más. -El pulso me tiembla. Esposa mia, yo siempre creí que era poca bendicion -de Dios el tener una hija sola, pero ahora veo que es una maldicion, y -que áun ésta sobra. - -AMA. - -¡Dios sea con ella! No la maltrateis, señor. - -CAPULETO. - -¿Y por qué no, entremetida vieja? Cállate, y habla con tus iguales. - -AMA. - -A nadie ofendo... No puede una hablar. - -CAPULETO. - -Calla, cigarron, y véte á hablar con tus comadres, que aquí no metes -baza. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Loco estás. - -CAPULETO. - -Loco sí. De noche, de dia, de mañana, de tarde, durmiendo, velando, -solo y acompañado, en casa y en la calle, siempre fué mi empeño el -casarla, y ahora que la encuentro un jóven de gran familia, rico, -gallardo, discreto, lleno de perfecciones, segun dicen, contesta esta -mocosa que no quiere casarse, que no puede amar, que es muy jóven. Pues -bien, te perdonaré, si no te casas, pero no vivirás un momento aquí. -Poco falta para el juéves. Piénsalo bien. Si consientes, te casarás con -mi amigo. Si no, te ahorcarás, ó irás pidiendo limosna, y te morirás -de hambre por esas calles, sin que ninguno de los mios te socorra. -Piénsalo bien, que yo cumplo siempre mis juramentos. - - (_Vase._) - -JULIETA. - -¿Y no hay justicia en el cielo que conozca todo el abismo de mis males? -No me dejes, madre. Dilatad un mes, una semana el casamiento, ó si no, -mi lecho nupcial será el sepulcro de Teobaldo. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Nada me digas, porque no he de responderte. Decídete como quieras. - - (_Se va._) - -JULIETA. - -¡Válgame Dios! Ama mia, ¿qué haré? Mi esposo está en la tierra, mi fe -en el cielo. ¿Y cómo ha de volver á la tierra mi fe, si mi esposo no la -envia desde el cielo? Aconséjame, consuélame. ¡Infeliz de mí! ¿Por qué -el cielo ha de emplear todos sus recursos contra un sér tan débil como -yo? ¿Qué me dices? ¿Ni una palabra que me consuele? - -AMA. - -Sólo te diré una cosa. Romeo está desterrado, y puede apostarse doble -contra sencillo á que no vuelve á verte, ó vuelve ocultamente, en caso -de volver. Lo mejor seria, pues, á mi juicio, que te casaras con el -Conde, que es mucho más gentil y discreto caballero que Romeo. Ni un -águila tiene tan verdes y vivaces ojos como Páris. Este segundo esposo -te conviene más que el primero. Y ademas, al primero puedes darle por -muerto. Para tí como si lo estuviera. - -JULIETA. - -¿Hablas con el alma? - -AMA. - -Con el alma, ó maldita sea yo. - -JULIETA. - -Así sea. - -AMA. - -¿Por qué? - -JULIETA. - -Por nada. Buen consuelo me has dado. Véte, dí á mi madre que he salido. -Voy á confesarme con Fray Lorenzo, por el enojo que he dado á mi padre. - -AMA. - -Obras con buen seso. - - (_Vase._) - -JULIETA. - -¡Infame vieja! ¡Aborto de los infiernos! ¿Cuál es mayor pecado en -tí: querer hacerme perjura, ó mancillar con tu lengua al mismo á -quien tantas veces pusiste por las nubes? Maldita sea yo si vuelvo á -aconsejarme de tí. Sólo mi confesor me dará amparo y consuelo, ó á lo -menos fuerzas para morir. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO IV. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Celda de Fray Lorenzo.= - -FRAY LORENZO y PÁRIS. - -FRAY LORENZO. - -¿El juéves dices? Pronto es. - -PÁRIS. - -Así lo quiere Capuleto, y yo lo deseo tambien. - -FRAY LORENZO. - -¿Y todavía no sabeis si la novia os quiere? Mala manera es esa de hacer -las cosas, á mi juicio. - -PÁRIS. - -Ella no hace más que llorar por Teobaldo y no tiene tiempo para pensar -en amores, porque el amor huye de los duelos. A su padre le acongoja -el que ella se angustie tanto, y por eso quiere hacer la boda cuanto -antes, para atajar ese diluvio de lágrimas, que pudiera parecer mal á -las gentes. Esa es la razon de que nos apresuremos. - -FRAY LORENZO. - -(_Aparte._) ¡Ojalá no supiera yo las verdaderas causas de la tardanza! -Conde Páris, hé aquí la dama que viene á mi celda. - -PÁRIS. - -Bien hallada, señora y esposa mia. - -JULIETA. - -Lo seré cuando me case. - -PÁRIS. - -Eso será muy pronto: el juéves. - -JULIETA. - -Será lo que sea. - -PÁRIS. - -Claro es. ¿Venis á confesaros con el padre? - -JULIETA. - -Con vos me confesaria, si os respondiera. - -PÁRIS. - -No me negueis que me amais. - -JULIETA. - -No os negaré que quiero al padre. - -PÁRIS. - -Y le confesareis que me teneis cariño. - -JULIETA. - -Más valdria tal confesion á espaldas vuestras, que cara á cara. - -PÁRIS. - -Las lágrimas marchitan vuestro rostro. - -JULIETA. - -Poco hacen mis lágrimas: no valía mucho mi rostro, antes que ellas le -ajasen. - -PÁRIS. - -Más la ofenden esas palabras que vuestro llanto. - -JULIETA. - -Señor, en la verdad no hay injuria, y más si se dice frente á frente. - -PÁRIS. - -Mio es ese rostro del cual decis mal. - -JULIETA. - -Vuestro será quizá, puesto que ya no es mio. Padre, ¿podeis oirme en -confesion, ó volveré al Ave-María? - -FRAY LORENZO. - -Pobre niña, dispuesto estoy á oirte ahora. Dejadnos solos, Conde. - -PÁRIS. - -No seré yo quien ponga obstáculos á tal devocion. Julieta, adios. El -juéves muy temprano te despertaré. - - (_Vase._) - -JULIETA. - -Cerrad la puerta, padre, y venid á llorar conmigo: ya no hay esperanza -ni remedio. - -FRAY LORENZO. - -Julieta, ya sé cuál es tu angustia, y tambien ella me tiene sin alma. -Sé que el juéves quieren casarte con el Conde. - -JULIETA. - -Padre, no me digais que dicen tal cosa, si al mismo tiempo no -discurris, en vuestra sabiduría y prudencia, algun modo de evitarlo. -Y si vos no me consolais, yo con un puñal sabré remediarme. Vos, en -nombre del Señor, juntasteis mi mano con la de Romeo, y antes que esta -mano, donde fué por vos estampado su sello, consienta en otra union, -ó yo amancille su fe, matarános este hierro. Aconsejadme bien, ó el -hierro sentenciará el pleito que ni vuestras canas ni vuestra ciencia -saben resolver. No os detengais: respondedme ó muero. - -FRAY LORENZO. - -Hija mia, detente. Aún veo una esperanza, pero tan remota y tan -violenta, como es violenta tu situacion actual. Pero ya que prefieres -la muerte á la boda con Páris, pasarás por algo que se parezca á la -muerte. Si te atreves á hacerlo, yo te daré el remedio. - -JULIETA. - -Padre, á trueque de no casarme con Páris, mandadme que me arroje de lo -alto de una torre, que recorra un camino infestado por bandoleros, que -habite y duerma entre sierpes y osos, ó en un cementerio, entre huesos -humanos, que crujan por la noche, y amarillas calaveras, ó enterradme -con un cadáver reciente. Todo lo haré, por terrible que sea, antes que -ser infiel al juramento que hice á Romeo. - -FRAY LORENZO. - -Bien: véte á tu casa, fíngete alegre: dí que te casarás con Páris. -Mañana es miércoles: por la noche quédate sola, sin que te acompañe -ni siquiera tu ama, y cuando estés acostada, bebe el licor que te doy -en esta ampolleta. Un sueño frio embargará tus miembros. No pulsarás -ni alentarás, ni darás señal alguna de vida. Huirá el color de tus -rosados labios y mejillas, y le sucederá una palidez térrea. Tus -párpados se cerrarán como puertas de la muerte que excluyen la luz -del dia, y tu cuerpo quedará rígido, inmóvil, frio como el mármol de -un sepulcro. Así permanecerás 42 horas justas, y entonces despertarás -como de un apacible sueño. A la mañana anterior habrá venido el novio -á despertarte, te habrá creido muerta, y ataviándote, segun es uso, -con las mejores galas, te habrán llevado en ataud abierto al sepulcro -de los Capuletos. Durante tu sueño, yo avisaré por carta á Romeo; él -vendrá en seguida, y velaremos juntos hasta que despiertes. Esa misma -noche Romeo volverá contigo á Mántua. Es el único modo de salvarte del -peligro actual, si un vano y mujeril temor no te detiene. - -[Ilustración] - -JULIETA. - -Dame la ampolleta, y no hablemos de temores. - -FRAY LORENZO. - -Tómala. Valor y fortuna. Voy á enviar á un lego con una carta á Mántua. - -JULIETA. - -Dios me dé valor, aunque ya le siento en mí. Adios, padre mio. - - -ESCENA II. - -=Casa de Capuleto.= - -CAPULETO, su MUJER, el AMA y CRIADOS. - -CAPULETO. - -(_A un criado._) Convidarás á todos los que van en esta lista. Y tú -buscarás veinte cocineros. - -CRIADO 1.º - -Los buscaré tales que se chupen el dedo. - -CAPULETO. - -¡Rara cualidad! - -CRIADO 2.º - -Nunca es bueno el cocinero que no sabe chuparse los dedos, ni traeré á -nadie que no sepa. - -CAPULETO. - -Véte, que el tiempo apremia, y nada tenemos dispuesto. ¿Fué la niña á -confesarse con Fray Lorenzo? - -AMA. - -Sí. - -CAPULETO. - -Me alegro: quizá él pueda rendir el ánimo de esa niña mal criada. - -AMA. - -Vedla, qué alegre viene del convento. - -CAPULETO. - -(_A Julieta._) ¿Dónde has estado, terca? - -JULIETA. - -En la confesion, donde me arrepentí de haberos desobedecido. Fray -Lorenzo me manda que os pida perdon, postrada á vuestros piés. Así lo -hago, y desde ahora prometo obedecer cuanto me mandáreis. - -CAPULETO. - -Id en busca de Páris, y que lo prevenga todo para la comida que ha de -celebrarse mañana. - -JULIETA. - -Ví á ese caballero en la celda de Fray Lorenzo, y le concedí cuanto -podia concederle mi amor, sin agravio del decoro. - -CAPULETO. - -¡Cuánto me alegro! Levántate: has hecho bien en todo. Quiero hablar -con el Conde. (_A un criado._) Dile que venga. ¡Cuánto bien hace este -fraile en la ciudad! - -JULIETA. - -Ama, ven á mi cuarto, para que dispongamos juntas las galas de -desposada. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -No: eso debe hacerse el juéves: todavía hay tiempo. - -CAPULETO. - -No: ahora, ahora: mañana temprano á la iglesia. - - (_Se van Julieta y el Ama._) - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Apenas nos queda tiempo. Es de noche. - -CAPULETO. - -Todo se hará, esposa mia. Ayuda á Julieta á vestirse. Yo no me -acostaré, y por esta vez seré guardian de la casa. ¿Qué es eso? ¿Todos -los criados han salido? Voy yo mismo en busca de Páris, para avisarle -que mañana es la boda. Este cambio de voluntad me da fuerzas y mocedad -nueva. - - -ESCENA III. - -=Habitacion de Julieta.= - -JULIETA y su MADRE. - -JULIETA. - -Sí, ama, sí: este traje está mejor, pero yo quisiera quedarme sola esta -noche, para pedir á Dios en devotas oraciones que me ilumine y guie en -estado tan lleno de peligros. - - (_Entra la señora de Capuleto._) - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Bien trabajais. ¿Quereis que os ayude? - -JULIETA. - -No, madre. Ya estarán escogidas las galas que he de vestirme mañana. -Ahora quisiera que me dejaseis sola, y que el ama velase en vuestra -compañía, porque es poco el tiempo, y falta mucho que disponer. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Buenas noches, hija. Véte á descansar, que falta te hace. - - (_Vase._) - -JULIETA. - -¡Adios! ¡Quién sabe si volveremos á vernos! Un miedo helado corre -por mis venas y casi apaga en mí el aliento vital. ¿Les diré que -vuelvan? Ama... Pero ¿á qué es llamarla? Yo sola debo representar esta -tragedia. Ven á mis manos, ampolla. Y si este licor no produjese su -efecto, ¿tendria yo que ser esposa del Conde? No, no, jamas: tú sabrás -impedirlo. Aquí, aquí le tengo guardado. (_Señalando el puñal._) ¿Y -si este licor fuera un veneno preparado por el fraile para matarme -y eludir su responsabilidad por haberme casado con Romeo? Pero mi -temor es vano. ¡Si dicen que es un santo! ¡Lejos de mí tan ruines -pensamientos! ¿Y si me despierto encerrada en el ataud, antes que -vuelva Romeo? ¡Qué horror! En aquel estrecho recinto, sin luz, sin -aire... me voy á ahogar antes que él llegue. Y la espantosa imágen de -la muerte... y la noche... y el horror del sitio... la tumba de mis -mayores... aquellos huesos amontonados por tantos siglos... el cuerpo -de Teobaldo que está en putrefaccion muy cerca de allí... los espíritus -que, segun dicen, interrumpen... de noche, el silencio de aquella -soledad... ¡Ay, Dios mio! ¿no será fácil que al despertarme, respirando -aquellos miasmas, oyendo aquellos lúgubres gemidos que suelen -entorpecer á los mortales, aquellos gritos semejantes á las quejas de -la mandrágora cuando se la arranca del suelo... no es fácil que yo -pierda la razon, y empiece á jugar en mi locura con los huesos de mis -antepasados, ó á despojar de su velo funeral el cadáver de Teobaldo, ó -á machacarme el cráneo con los pedazos del esqueleto de alguno de mis -ilustres mayores? Ved... Es la sombra de mi primo, que viene con el -acero desnudo, buscando á su matador Romeo. ¡Detente, Teobaldo! ¡A la -salud de Romeo! (_Bebe._) - - -ESCENA IV. - -=Casa de Capuleto.= - -La SEÑORA y el AMA. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Toma las llaves: tráeme más especias. - -AMA. - -Ahora piden clavos y dátiles. - -CAPULETO. - -(_Que entra._) Vamos, no os detengais, que ya ha sonado por segunda -vez el canto del gallo. Ya tocan á maitines. Son las tres. Tú, Ángela, -cuida de los pasteles, y no repareis en el gasto. - -AMA. - -Idos á dormir, señor impertinente. De seguro que por pasar la noche en -vela, amaneceis enfermo mañana. - -CAPULETO. - -¡Qué bobería! Muchas noches he pasado en vela sin tanto motivo, y nunca -he enfermado. - -SEÑORA DE CAPULETO. - -Sí: buen raton fuiste en otros tiempos. Ahora ya velo yo, para evitar -tus veladas. - -CAPULETO. - -¡Ahora celos! ¿Qué traes, muchacho? - -CRIADO 1.º - -El cocinero lo pide. No sé lo que es. - -CAPULETO. - -Véte corriendo: busca leña seca. Pedro te dirá dónde puedes encontrarla. - -CRIADO 1.º - -Yo la encontraré: no necesito molestar á Pedro. - - (_Se van._) - -CAPULETO. - -Dice bien, á fe mia. ¡Es gracioso ese galopin! Por vida mia. Ya -amanece. Pronto llegará Páris con música, segun anunció. ¡Ahí está! -¡Ama, mujer mia, venid aprisa! (_Suena música._) (_Al Ama._) Véte, -despierta y viste á Julieta, mientras yo hablo con Páris. Y no te -detengas mucho, que el novio llega. No te detengas. - - -ESCENA V. - -=Aposento de Julieta. Está en el lecho.= - -EL AMA y la SEÑORA. - -AMA. - -¡Señorita, señorita! ¡Cómo duerme! ¡Señorita, novia, cordero mio! -¿No despiertas? Haces bien: duerme para ocho dias, que mañana ya se -encargará Páris de no dejarte dormir. ¡Válgame Dios, y cómo duerme! -Pero es necesario despertarla. ¡Señorita, señorita! No falta más sino -que venga el Conde y te halle en la cama. Bien te asustarias. Dime, -¿no es verdad? ¿Vestida estás, y te volviste á acostar? ¿Cómo es esto? -¡Señorita, señorita!... ¡Válgame Dios! Socorro, que mi ama se ha -muerto. ¿Por qué he vivido yo para ver esto? Maldita sea la hora en que -nací, ¡Esencias, pronto! ¡Señor, señora, acudid! - -SEÑORA DE CAPULETO. - -(_Entrando._) ¿Por qué tal alboroto? - -AMA. - -¡Dia aciago! - -SEÑORA DE CAPULETO. - -¿Qué sucede? - -AMA. - -Ved, ved. ¡Aciago dia! - -SEÑORA DE CAPULETO. - -¡Dios mio, Dios mio! ¡Pobre niña! ¡Vida mia! Abre los ojos, ó dejáme -morir contigo. ¡Favor, favor! - - (_Entra Capuleto._) - -CAPULETO. - -¿No os da vergüenza? Ya debia de haber salido Julieta. Su novio la está -esperando. - -AMA. - -¡Si está muerta! ¡Aciago dia! - -SEÑORA DE CAPULETO. - -¡Aciago dia! ¡Muerta, muerta! - -CAPULETO. - -¡Dejádmela ver! ¡Oh, Dios! qué espanto. ¡Helada su sangre, rígidos sus -miembros! Huyó la rosa de sus labios. ¡Yace tronchada como la flor por -prematura y repentina escarcha! ¡Hora infeliz! - -AMA. - -¡Dia maldito! - -SEÑORA DE CAPULETO. - -¡Aciago dia! - -CAPULETO. - -La muerte que fiera la arrebató, traba mi lengua é impide mis palabras. - - (_Entran Fray Lorenzo, Páris y músicos._) - -FRAY LORENZO. - -¿Cuándo puede ir la novia á la iglesia? - -[Ilustración] - -CAPULETO. - -Sí irá, pero para quedarse allí. En vísperas de boda, hijo mio, vino la -muerte á llevarse á tu esposa, flor que deshojó inclemente la Parca. Mi -yerno y mi heredero es el sepulcro: él se ha desposado con mi hija. Yo -moriré tambien, y él heredará todo lo que poseo. - -PÁRIS. - -¡Yo que tanto deseaba ver este dia, y ahora es tal vista la que me -ofrece! - -SEÑORA DE CAPULETO. - -¡Infeliz, maldito, aciago dia! ¡Hora la más terrible que en su dura -peregrinacion ha visto el tiempo! ¡Una hija sola! ¡Una hija sola, y la -muerte me la lleva! ¡Mi esperanza, mi consuelo, mi ventura!... - -AMA. - -¡Dia aciago y horroroso, el más negro que he visto nunca! ¡El más -horrendo que ha visto el mundo! ¡Aciago dia! - -PÁRIS. - -¡Y yo burlado, herido, descasado, atormentado! ¡Cómo te mofas de mí, -cómo me conculcas á tus plantas, fiera muerte! ¡Ella, mi amor, mi vida, -muerta ya! - -CAPULETO. - -¡Y yo despreciado, abatido, muerto! Tiempo cruel, ¿por qué viniste con -pasos tan callados á turbar la alegría de nuestra fiesta? ¡Hija mia, -que más que mi hija era mi alma! ¡Muerta, muerta, mi encanto, mi tesoro! - -FRAY LORENZO. - -Callad, que no es la queja remedio del dolor. Antes vos y el cielo -poseiais á esa doncella: ahora el cielo solo la posee, y en ello gana -la doncella. No pudisteis arrancar vuestra parte á la muerte. El cielo -guarda para siempre la suya. ¿No queriais verla honrada y ensalzada? -¿Pues á qué vuestro llanto, cuando Dios la ensalza y encumbra más -allá del firmamento? No amais á vuestra hija tanto como la ama Dios. -La mejor esposa no es la que más vive en el mundo, sino la que muere -jóven y recien casada. Detened vuestras lágrimas. Cubrid su cadáver -de romero, y llevadla á la iglesia segun costumbre, ataviada con sus -mejores galas. La naturaleza nos obliga al dolor, pero la razon se rie. - -CAPULETO. - -Los preparativos de una fiesta se convierten en los de un entierro: -nuestras alegres músicas en solemne doblar de campanas: el festin en -comida funeral: los himnos en trenos: las flores en adornos de ataud... -todo en su contrario. - -FRAY LORENZO. - -Retiraos, señor, y vos, señora, y vos, conde Páris. Prepárense todos á -enterrar este cadáver. Sin duda el cielo está enojado con vosotros. Ved -si con paciencia y mansedumbre lograis desarmar su cólera. - - (_Vanse._) - -MÚSICO 1.º - -Recojamos los instrumentos, y vámonos. - -AMA. - -Recogedlos sí, buena gente. Ya veis que el caso no es para música. - -MÚSICO 1.º - -Más alegre podia ser. - - (_Entra Pedro._) - -PEDRO. - -¡Oh, músicos, músicos! «La paz del corazon.» «La paz del corazon.» -Tocad por vida mia «la paz del corazon.» - -MÚSICO 1.º - -¿Y por qué «la paz del corazon»? - -PEDRO. - -¡Oh, músicos! porque mi corazon está tañendo siempre «mi dolorido -corazon». Cantad una cancion alegre, para que yo me distraiga. - -MÚSICO 1.º - -No es esta ocasion de canciones. - -PEDRO. - -¿Y por qué no? - -MÚSICO 1.º - -Claro que no. - -PEDRO. - -Pues entonces yo os voy á dar de veras. - -MÚSICO 1.º - -¿Qué nos darás? - -PEDRO. - -No dinero ciertamente, pues soy un pobre lacayo, pero os daré que -sentir. - -MÚSICO 1.º - -¡Vaya con el lacayo! - -PEDRO. - -Pues el cuchillo del lacayo os marcará cuatro puntos en la cara. -¿Venirme á mí con corchetes y bemoles? Yo os enseñaré la solfa. - -MÚSICO 1.º - -Y vos la notareis, si quereis enseñárnosla. - -MÚSICO 2.º - -Envainad la daga, y sacad á plaza vuestro ingenio. - -PEDRO. - -Con mi ingenio más agudo que un puñal os traspasaré, y por ahora -envaino la daga. Respondedme finalmente: «_La música argentina_», ¿y -qué quiere decir «la música argentina?» ¿Por qué ha de ser _argentina_ -la música? ¿Qué dices á esto, Simon Bordon? - -MÚSICO 1.º - -¡Toma! Porque el sonido de la plata es dulce. - -PEDRO. - -Está bien, ¿y vos, Hugo Rabel, qué decis á esto? - -MÚSICO 2.º - -Yo digo «música argentina», porque el son de la plata hace tañer á los -músicos. - -PEDRO. - -Tampoco está mal. ¿Y qué dices tú, Jaime Clavija? - -MÚSICO 3.º - -Ciertamente que no sé qué decir. - -PEDRO. - -Os pido que me perdoneis la pregunta. Verdad es que sois el cantor. Se -dice «música argentina» porque á músicos de vuestra calaña nadie los -paga con oro, cuando tocan. - -MÚSICO 1.º - -Este hombre es un pícaro. - -MÚSICO 2.º - -Así sea su fin. Vamos allá á aguardar la comitiva fúnebre, y luego á -comer. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO V. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Calle de Mántua.= - -ROMEO y BALTASAR. - -ROMEO. - -Si hemos de confiar en un dulce y agradable sueño, alguna gran -felicidad me espera. Desde la aurora pensamientos de dicha agitan -mi corazon, rey de mi pecho, y como que me dan alas para huir de la -tierra. Soñé con mi esposa y que me encontraba muerto. ¡Raro fenómeno: -que piense un cadáver! Pero con sus besos me dió tal vida que, al -despertar, no me hubiera trocado por un emperador. ¡Oh, cuán dulces -serán las realidades del amor, cuando tanto lo son las sombras! (_Entra -Baltasar._) ¿Traes alguna nueva de Verona? ¿Te ha dado Fray Lorenzo -alguna carta para mí? ¿Cómo está mi padre? ¿Y Julieta? Nada malo puede -sucederme si ella está buena. - -BALTASAR. - -Pues ya nada malo puede sucederte, porque su cuerpo reposa en el -sepulcro, y su alma está con los ángeles. Yace en el panteon de su -familia. Y perdonadme que tan pronto haya venido á traeros tan mala -noticia, pero vos mismo, señor, me encargasteis que os avisara de todo. - -ROMEO. - -¿Será verdad? ¡Cielo cruel, yo desafio tu poder! Dadme papel y plumas. -Busca esta tarde caballos, y vámonos á Verona esta noche. - -BALTASAR. - -Señor, dejadme acompañaros, porque vuestra horrible palidez me anuncia -algun mal suceso. - -ROMEO. - -Nada de eso. Déjame en paz y obedece. ¿No traes para mí carta de Fray -Lorenzo? - -BALTASAR. - -Ninguna. - -ROMEO. - -Lo mismo da. Busca en seguida caballos, y en marcha. - - (_Se va Baltasar._) - -Sí, Julieta, esta noche descansaremos juntos. ¿Pero cómo? ¡Ah, -infierno, cuán presto vienes en ayuda de un ánimo desesperado! Ahora -me acuerdo que cerca de aquí vive un boticario de torvo ceño y mala -catadura, gran herbolario de yerbas medicinales. El hambre le ha -convertido en esqueleto. Del techo de su lóbrega covacha tiene colgados -una tortuga, un cocodrilo, y varias pieles de fornidos peces; y en -cajas amontonadas, frascos vacíos y verdosos, viejas semillas, cuerdas -de bramante, todo muy separado para aparentar más. Yo, al ver tal -miseria, he pensado que aunque está prohibido so pena de muerte, el -despachar veneno, quizá este infeliz, si se lo pagaran, lo venderia. -Bien lo pensé, y ahora voy á ejecutarlo. Cerrada tiene la botica. -¡Hola, eh! - - (_Sale el Boticario._) - -BOTICARIO. - -¿Quién grita? - -ROMEO. - -Oye. Tu pobreza es manifiesta. Cuarenta ducados te daré por una dósis -de veneno tan activo que, apenas circule por las venas, extinga el -aliento vital tan rápidamente como una bala de cañon. - -BOTICARIO. - -Tengo esos venenos, pero las leyes de Mántua condenan á muerte al que -los venda. - -ROMEO. - -Y en tu pobreza extrema ¿qué te importa la muerte? Bien clara se ve el -hambre en tu rostro, y la tristeza y la desesperacion. ¿Tiene el mundo -alguna ley, para hacerte rico? Si quieres salir de pobreza, rompe la -ley y recibe mi dinero. - -BOTICARIO. - -Mi pobreza lo recibe, no mi voluntad. - -ROMEO. - -Yo no pago tu voluntad, sino tu pobreza. - -BOTICARIO. - -Este es el ingrediente: desleidlo en agua ó en un licor cualquiera, -bebedlo, y caereis muerto en seguida, aunque tengais la fuerza de -veinte hombres. - -ROMEO. - -Recibe tú el dinero. Él es la verdadera ponzoña, engendradora de más -asesinatos que todos los venenos que no debes vender. La venta la he -hecho yo, no tú. Adios: compra pan, y cúbrete. No un veneno, sino una -bebida consoladora llevo conmigo al sepulcro de Julieta. - - -ESCENA II. - -=Celda de Fray Lorenzo.= - -FRAY JUAN y FRAY LORENZO. - -FRAY JUAN. - -¡Hermano mio, santo varon! - -FRAY LORENZO. - -Sin duda es Fray Juan el que me llama. Bien venido seais de Mántua; -¿qué dice Romeo? Dadme su carta, si es que traeis alguna. - -FRAY JUAN. - -Busqué á un fraile descalzo de nuestra órden, para que me acompañara. -Al fin le encontré, curando enfermos. La ronda, al vernos salir de una -casa, temió que en ella hubiese peste. Sellaron las puertas, y no nos -dejaron salir. Por eso se desbarató el viaje á Mántua. - -FRAY LORENZO. - -¿Y quién llevó la carta á Romeo? - -FRAY JUAN. - -Nadie: aquí está. No pude encontrar siquiera quién os la devolviese. -Tal miedo tenian todos á la peste. - -FRAY LORENZO. - -¡Qué desgracia! ¡Por vida de mi padre san Francisco! Y no era carta -inútil, sino con nuevas de grande importancia. Puede ser muy funesto el -retardo. Fray Juan, búscame en seguida un azadon y llévale á mi celda. - -FRAY JUAN. - -En seguida, hermano. - - (_Vase._) - -FRAY LORENZO. - -Sólo tengo que ir al cementerio, porque dentro de tres horas ha de -despertar la hermosa Julieta de su desmayo. Mucho se enojará conmigo -porque no dí oportunamente aviso á Romeo. Volveré á escribir á Mántua, -y entre tanto la tendré en mi celda esperando á Romeo. ¡Pobre cadáver -vivo encerrado en la cárcel de un muerto! - - -ESCENA III. - -=Cementerio, con el panteon de los Capuletos.= - -PÁRIS y un PAJE con flores y antorchas. - -PÁRIS. - -Dame una tea. Apártate: no quiero ser visto. Ponte al pié de aquel -arbusto, y estáte con el oido fijo en la tierra, para que nadie huelle -el movedizo suelo del cementerio, sin notarlo yo. Apenas sientas á -alguno, da un silbido. Dame las flores, y obedece. - -PAJE. - -Así lo haré; (_aparte_) aunque mucho temor me da el quedarme solo en -este cementerio. - -PÁRIS. - -Vengo á cubrir de flores el lecho nupcial de la flor más hermosa que -salió de las manos de Dios. Hermosa Julieta, que moras entre los coros -de los ángeles, recibe este mi postrer recuerdo. Viva, te amé: muerta, -vengo á adornar con tristes ofrendas tu sepulcro. (_El paje silba._) -Siento la señal del paje: álguien se acerca. ¿Qué pié infernal es el -que se llega de noche á interrumpir mis piadosos ritos? ¡Y trae una tea -encendida! ¡Noche, cúbreme con tu manto! - - (_Entran Romeo y Baltasar._) - -ROMEO. - -Dame ese azadon y esa palanca. Toma esta carta. Apenas amanezca, -procurarás que la reciba Fray Lorenzo. Dame la luz, y si en algo -estimas la vida, nada te importe lo que veas ú oigas, ni quieras -estorbarme en nada. La principal razon que aquí me trae no es ver por -última vez el rostro de mi amada, sino apoderarme del anillo nupcial -que aún tiene en su dedo, y llevarle siempre como prenda de amor. -Aléjate, pues. Y si la curiosidad te mueve á seguir mis pasos, júrote -que he de hacerte trizas, y esparcir tus miembros desgarrados por -todos los rincones de este cementerio. Más negras y feroces son mis -intenciones, que tigres hambrientos ó mares alborotadas. - -BALTASAR. - -En nada pienso estorbaros, señor. - -ROMEO. - -Es la mejor prueba de amistad que puedes darme. Toma, y sé feliz, amigo -mio. - -BALTASAR. - -(_Aparte._) Pues, á pesar de todo, voy á observar lo que hace; porque -su rostro y sus palabras me espantan. - -ROMEO. - -¡Abominable seno de la muerte, que has devorado la mejor prenda de -la tierra, aún has de tener mayor alimento! (_Abre las puertas del -sepulcro._) - -PÁRIS. - -Este es Montesco, el atrevido desterrado, el asesino de Teobaldo, del -primo de mi dama, que por eso murió de pena, segun dicen. Sin duda ha -venido aquí á profanar los cadáveres. Voy á atajarle en su diabólico -intento. Cesa, infame Montesco; ¿no basta la muerte á detener tu -venganza y tus furores? ¿Por qué no te rindes, malvado proscrito? -Sígueme, que has de morir. - -ROMEO. - -Sí: á morir vengo. Noble jóven, no tientes á quien viene ciego y -desalentado. Huye de mí: déjame; acuérdate de los que fueron y no son. -Acuérdate y tiembla, no me provoques más, jóven insensato. Por Dios -te lo suplico. No quieras añadir un nuevo pecado á los que abruman mi -cabeza. Te quiero más que lo que tú puedes quererte. He venido á luchar -conmigo mismo. Huye, si quieres salvar la vida, y agradece el consejo -de un loco. - -PÁRIS. - -¡Vil desterrado, en vano son esas súplicas! - -ROMEO. - -¿Te empeñas en provocarme? Pues muere... (_Pelean._) - -PAJE. - -¡Ay, Dios! pelean: voy á pedir socorro. - - (_Vase. Cae herido Páris._) - -PÁRIS. - -¡Ay de mí, muerto soy! Si tienes lástima de mi, ponme en el sepulcro de -Julieta. - -ROMEO. - -Sí que lo haré. Veámosle el rostro. ¡El pariente de Mercutio, el conde -Páris! Al tiempo de montar á caballo, ¿no oí, como entre sombras decir, -á mi escudero, que iban á casarse Páris y Julieta? ¿Fué realidad ó -sueño? ¿O es que estaba yo loco y creí que me hablaban de Julieta? Tu -nombre está escrito con el mio en el sangriento libro del destino. -Triunfal sepulcro te espera. ¿Qué digo sepulcro? Morada de luz, pobre -jóven. Allí duerme Julieta, y ella basta para dar luz y hermosura al -mausoleo. Yace tú á su lado: un muerto es quien te entierra. Cuando -el moribundo se acerca al trance final, suele reanimarse, y á esto lo -llaman el último destello. Esposa mia, amor mio, la muerte que ajó -el néctar de tus labios, no ha podido vencer del todo tu hermosura. -Todavía irradia en tus ojos y en tu semblante, donde aún no ha podido -desplegar la muerte su odiosa bandera. Ahora quiero calmar la sombra de -Teobaldo, que yace en ese sepulcro. La misma mano que cortó tu vida, -va á cortar la de tu enemigo. Julieta, ¿por qué estás aún tan hermosa? -¿Será que el descarnado mónstruo te ofrece sus amores y te quiere para -su dama? Para impedirlo, dormiré contigo en esta sombría gruta de la -noche, en compañía de esos gusanos, que son hoy tus únicas doncellas. -Este será mi eterno reposo. Aquí descansará mi cuerpo, libre de la -fatídica ley de los astros. Recibe tú la última mirada de mis ojos, el -último abrazo de mis brazos, el último beso de mis labios, puertas de -la vida, que vienen á sellar mi eterno contrato con la muerte. Ven, -áspero y vencedor piloto: mi nave, harta de combatir con las olas, -quiere quebrantarse en los peñascos. Brindemos por mi dama. ¡Oh, cuán -portentosos son los efectos de tu bálsamo, alquimista veraz! Así, con -este beso... muero. (_Cae._) - - (_Llega Fray Lorenzo._) - -FRAY LORENZO. - -¡Por san Francisco y mi santo hábito! ¡Esta noche mi viejo pié viene -tropezando en todos los sepulcros! ¿Quién á tales horas interrumpe el -silencio de los muertos? - -[Ilustración] - -BALTASAR. - -Un amigo vuestro, y de todas veras. - -FRAY LORENZO. - -Con bien seas. ¿Y para qué sirve aquella luz, ocupada en alumbrar á -gusanos y calaveras? Me parece que está encendida en el monumento de -los Capuletos. - -BALTASAR. - -Verdad es, padre mio, y allí se encuentra mi amo, á quien tanto quereis. - -FRAY LORENZO. - -¿De quién hablas? - -BALTASAR. - -De Romeo. - -FRAY LORENZO. - -¿Y cuánto tiempo hace que ha venido?... - -BALTASAR. - -Una media hora. - -FRAY LORENZO. - -Sígueme. - -BALTASAR. - -¿Y cómo, padre, si mi amo cree que no estoy aquí, y me ha amenazado con -la muerte, si yo le seguia? - -FRAY LORENZO. - -Pues quédate, é iré yo solo. ¡Dios mio! Alguna catástrofe temo. - -BALTASAR. - -Dormido al pié de aquel arbusto, soñé que mi señor mataba á otro en -desafío. - -[Ilustración: _Muerte de Romeo y Julieta._] - -FRAY LORENZO. - -¡Romeo! Pero ¡Dios mio! ¿qué sangre es esta en las gradas del -monumento? ¿Qué espadas estas sin dueño, y tintas todavía de sangre? -(_Entra en el sepulcro._) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte! ¡Y -Páris cubierto de sangre!... La doncella se mueve. - - (_Despierta Julieta._) - -JULIETA. - -Padre, ¿dónde está mi esposo? Ya recuerdo dónde debia yo estar y allí -estoy. Pero ¿dónde está Romeo, padre mio? - -FRAY LORENZO. - -Oigo ruido. Deja tú pronto ese foco de infeccion, ese lecho de fingida -muerte. La suprema voluntad de Dios ha venido á desbaratar mis planes. -Sígueme. Tu esposo yace muerto á tu lado, y Páris muerto tambien. -Sígueme á un devoto convento y nada más me digas, porque la gente se -acerca. Sígueme, Julieta, que no podemos detenernos aquí. - - (_Vase._) - -JULIETA. - -Yo aquí me quedaré. ¡Esposo mio! Mas ¿qué veo? Una copa tiene en las -manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! no me dejó ni una -gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algun -resabio del veneno. Él me matará y me salvará. (_Le besa._) Aún siento -el calor de sus labios. - -ALGUACIL 1.º (_dentro_). - -¿Dónde está? Guiadme. - -JULIETA. - -Siento pasos. Necesario es abreviar. (_Coge el puñal de Romeo._) ¡Dulce -hierro, descansa en mi corazon, mientras yo muero! (_Se hiere y cae -sobre el cuerpo de Romeo._) - - (_Entran la ronda y el paje de Páris._) - -PAJE. - -Aquí es donde brillaba la luz. - -ALGUACIL 1.º - -Recorred el cementerio. Huellas de sangre hay. Prended á todos los que -encontráreis. ¡Horrenda vista! Muerto Páris, y Julieta, á quien hace -dos dias enterramos por muerta, se está desangrando, caliente todavía. -Llamad al Príncipe, y á los Capuletos y á los Montescos. Sólo vemos -cadáveres, pero no podemos atinar con la causa de su muerte. - - (_Traen algunos á Baltasar._) - -ALGUACIL 2.º - -Este es el escudero de Romeo, y aquí le hemos encontrado. - -ALGUACIL 1.º - -Esperemos la llegada del Príncipe. - - (_Entran otros con Fray Lorenzo._) - -ALGUACIL 3.º - -Tembloroso y suspirando hemos hallado á este fraile cargado con una -palanca y un azadon; salia del cementerio. - -ALGUACIL 1.º - -Sospechoso es todo eso: detengámosle. - - (_Llegan el Príncipe y sus guardas._) - -PRÍNCIPE. - -¿Qué ha ocurrido para despertarme tan de madrugada? - - (_Entran Capuleto, su mujer, etc._) - -CAPULETO. - -¿Qué gritos son los que suenan por esas calles? - -SEÑORA CAPULETO. - -Unos dicen «Julieta», otros «Romeo», otros «Páris», y todos corriendo -y dando gritos, se agolpan al cementerio. - -EL PRÍNCIPE. - -¿Qué historia horrenda y peregrina es esta? - -ALGUACIL 1.º - -Príncipe, ved. Aquí están el conde Páris y Romeo, violentamente -muertos, y Julieta, caliente todavía y desangrándose. - -PRÍNCIPE. - -¿Averiguasteis la causa de estos delitos? - -ALGUACIL 1.º - -Sólo hemos hallado á un fraile y al paje de Romeo, cargados con picos y -azadones propios para levantar la losa de un sepulcro. - -CAPULETO. - -¡Dios mio! Esposa mia, ¿no ves correr la sangre de nuestra hija? Ese -puñal ha errado el camino: debia haberse clavado en el pecho del -Montesco y no en el de nuestra inocente hija. - -SEÑORA CAPULETO. - -¡Dios mio! Siento el toque de las campanas que guian mi vejez al -sepulcro. - - (_Llegan Montesco y otros._) - -PRÍNCIPE. - -Mucho has amanecido, Montesco, pero mucho antes cayó tu primogénito. - -MONTESCO. - -¡Poder de lo alto! Ayer falleció mi mujer de pena por el destierro de -mi hijo. ¿Hay reservada alguna pena más para mi triste vejez? - -PRÍNCIPE. - -Tú mismo puedes verla. - -MONTESCO. - -¿Por qué tanta descortesía, hijo mio? ¿Por qué te atreviste á ir al -sepulcro antes que tu padre? - -PRÍNCIPE. - -Contened por un momento vuestro llanto, mientras busco la fuente de -estas desdichas. Luego procuraré consolaros ó acompañaros hasta la -muerte. Callad entre tanto: la paciencia contenga un momento al dolor. -Traed acá á esos presos. - -FRAY LORENZO. - -Yo el más humilde y á la vez el más respetable por mi estado -sacerdotal, pero el más sospechoso por la hora y el lugar, voy á -acusarme y á defenderme al mismo tiempo. - -PRÍNCIPE. - -Decidnos lo que sepais. - -FRAY LORENZO. - -Lo diré brevemente, porque la corta vida que me queda no consiente -largas relaciones. Romeo se habia desposado con Julieta. Yo los casé, -y el mismo dia murió Teobaldo. Esta muerte fué causa del destierro del -desposado y del dolor de Julieta. Vos creisteis mitigarle, casándola -con Páris. En seguida vino á mi celda, y loca y ciega me rogó que -buscase una manera de impedir esta segunda boda, porque si no, iba á -matarse en mi presencia. Yo le dí un narcótico preparado por mí, cuyos -efectos simulaban la muerte, y avisé á Romeo por una carta, que viniese -esta noche (en que ella despertaria) á ayudarme á desenterrarla. Fray -Juan, á quien entregué la carta, no pudo salir de Verona, por súbito -accidente. Entonces me vine yo solo á la hora prevista, para sacarla -del mausoleo, y llevarla á mi convento, donde esperase á su marido. -Pero cuando llegué, pocos momentos antes de que ella despertara, -hallé muertos á Páris y á Romeo. Despertó ella, y le rogué por Dios -que me siguiese y respetara la voluntad suprema. Ella desesperada no -me siguió, y á lo que parece, se ha dado la muerte. Hasta aquí sé. -Del casamiento puede dar testimonio su ama. Y si yo delinquí en algo, -dispuesto estoy á sacrificar mi vida al fallo de la ley, que sólo en -pocas horas podrá adelantar mi muerte. - -PRÍNCIPE. - -Siempre os hemos tenido por varon santo y de virtudes. Oigamos ahora al -criado de Romeo. - -BALTASAR. - -Yo dí á mi amo noticia de la muerte de Julieta. A toda prisa salimos de -Mántua, y llegamos á este cementerio. Me dió una carta para su padre, y -se entró en el sepulcro desatentado y fuera de sí, amenazándome con la -muerte, si en algo yo le resistia. - -PRÍNCIPE. - -Quiero la carta; ¿y dónde está el paje que llamó á la ronda? - -PAJE. - -Mi amo vino á derramar flores sobre el sepulcro de Julieta. Yo me quedé -cerca de allí, segun sus órdenes. Llegó un caballero y quiso entrar en -el panteon. Mi amo se lo estorbó, riñeron, y yo fuí corriendo á pedir -auxilio. - -PRÍNCIPE. - -Esta, carta confirma las palabras de este bendito fraile. En ella habla -Romeo de su amor y de su muerte: dice que compró veneno á un boticario -de Mántua, y que quiso morir, y descansar con su Julieta. ¡Capuletos, -Montescos, esta es la maldicion divina que cae sobre vuestros rencores! -No tolera el cielo dicha en vosotros, y yo pierdo por causa vuestra dos -parientes. A todos alcanza hoy el castigo de Dios. - -CAPULETO. - -Montesco, dame tu mano, el dote de mi hija: más que esto no puede pedir -tu hermano. - -MONTESCO. - -Y aún te daré más. Prometo hacer una estatua de oro de la hermosa -Julieta, y tal que asombre á la ciudad. - -CAPULETO. - -Y á su lado haré yo otra igual para Romeo. - -PRÍNCIPE. - -¡Tardía amistad y reconciliacion, que alumbra un sol bien triste! -Seguidme: aún hay que hacer más: premiar á unos y castigar á otros. -Triste historia es la de Julieta y Romeo. - -[Ilustración] - - - - - OTELO. - - - TRADUCCION - DE - D. M. MENENDEZ PELAYO. - - Ilustracion de _Eugenio Klimsch_ y _Fernando Piloty_. - Grabados de _H. Käseberg_ y _G. Treibmann_. - - - - -PERSONAJES. - - DUX DE VENECIA. - El senador BRABANCIO. - GRACIANO, su hermano. - LUIS, su pariente. - Varios Senadores. - OTELO, moro al servicio de la República. - CASIO, teniente suyo. - YAGO, su alférez. - RODRIGO, caballero veneciano. - MONTANO, gobernador de Chipre antes que Otelo. - Un criado de Otelo. - DESDÉMONA, hija de Brabancio y mujer de Otelo. - EMILIA, mujer de Yago. - BLANCA, querida de Casio. - - UN MARINERO, UN NUNCIO, UN PREGONERO, ALGUACILES, - MÚSICOS, CRIADOS, etc. - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO I. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Una calle en Venecia.= - -RODRIGO y YAGO. - -RODRIGO. - -No vuelvas á tocar esa cuestion, Yago: mucho me pesa que estés tan -enterado de eso tú á quien confié mi bolsa, como si fuera tuya. - -YAGO. - -¿Por qué no me ois? Si alguna vez me ha pasado tal pensamiento por la -cabeza, castigadme como os plazca. - -RODRIGO. - -¿No me dijiste que le aborrecias? - -YAGO. - -Y podeis creerlo. Más de tres personajes de esta ciudad le pidieron con -la gorra en la mano que me hiciese teniente suyo. Yo sé si valgo como -soldado y si sabria cumplir con mi obligacion. Pero él, orgulloso y -testarudo se envuelve en mil retóricas hinchadas y bélicas metáforas, -y acaba por decirles que no, fundado en que ya tiene su hombre. ¿Y -quién es él? Un tal Miguel Casio, florentino, gran matemático, lindo y -condenado como una mujer hermosa. Nunca ha visto un campo de batalla, -y entiende tanto de guerra como una vieja. No sabe más que la teoría, -lo mismo que cualquier togado. Habilidad y práctica ninguna. Á ese ha -preferido, y yo que delante de Otelo derramé tantas veces mi sangre en -Chipre, en Rodas y en otras mil tierras de cristianos y de gentiles, le -he parecido inferior á ese necio sacacuentas. Él será el teniente del -moro, y yo su alférez. - -RODRIGO. - -¡Ira de Dios! Yo mejor seria su verdugo. - -YAGO. - -Cosa inevitable. En la milicia se asciende por favor y no por -antigüedad. Decidme ahora si hago bien ó mal en aborrecer al moro. - -RODRIGO. - -Pues entonces, ¿por qué no dejas su servicio? - -YAGO. - -Sosiégate: le sigo por mi interes. No todos podemos mandar, ni se -encuentran siempre fieles criados. A muchos verás satisfechos con su -condicion servil, bestias de carga de sus amos, á quienes agradecen -la pitanza, aunque en su vejez los arrojen á la calle. ¡Qué lástima -de palos! Otros hay que con máscara de sumision y obediencia atienden -sólo á su utilidad, y viven y engordan á costa de sus amos, y llegan -á ser personas de cuenta. Éstos aciertan, y de éstos soy yo. Porque -habeis de saber, Rodrigo, que si yo fuera el moro, no seria Yago, pero -siéndolo, tengo que servirle, para mejor servicio mio. Bien lo sabe -Dios: si le sirvo no es por agradecimiento ni por cariño ni obligacion, -sino por ir derecho á mi propósito. Si alguna vez mis acciones dieran -indicio de los ocultos pensamientos de mi alma, colgaria de la manga mi -corazon para pasto de grajos. No soy lo que parezco. - -RODRIGO. - -¡Qué fortuna tendria el de los labios gruesos, si consiguiera lo que -desea! - -YAGO. - -Véte detras del padre: cuenta el caso por las plazas: amotina á todos -los parientes, y aunque habite en delicioso clima, hiere tú sin cesar -sus oidos con moscas que le puncen y atormenten: de tal modo que su -misma felicidad llegue á él tan mezclada con el dolor, que pierda mucho -de su eficacia. - -RODRIGO. - -Hemos llegado á su casa. Le llamaré. - -YAGO. - -Llámale á gritos y con expresiones de angustia y furor, como si de -noche hubiese comenzado á arder la ciudad. - -RODRIGO. - -¡Levantaos, señor Brabancio! - -YAGO. - -¡Levantaos, Brabancio! ¡Que los ladrones se llevan vuestra riqueza y -vuestra hija! ¡Al ladron, al ladron! - - (_Aparece Brabancio en la ventana._) - -BRABANCIO. - -¿Qué ruido es ese? ¿Qué pasa? - -RODRIGO. - -¿Teniais en casa toda la familia? - -YAGO. - -¿Estaban cerradas todas las puertas? - -BRABANCIO. - -¿Por qué esas preguntas? - -YAGO. - -Porque os han robado. Vestíos presto, por Dios vivo. Ahora mismo está -solazándose con vuestra blanca cordera un macho negro y feo. Pedid -ayuda á los ciudadanos, ó si no, os vais á encontrar con nietos por -arte del diablo. Salid. - -BRABANCIO. - -¿Te has vuelto loco? - -RODRIGO. - -¿No me conoceis, señor? - -BRABANCIO. - -No te conozco. ¿Quién sois? - -RODRIGO. - -Soy Rodrigo, señor. - -BRABANCIO. - -Pues lo siento mucho. Ya te he dicho que no pasees la calle á mi hija, -porque no ha de ser esposa tuya, y ahora sales de la taberna medio -borracho, á interrumpir mi sueño con gritos é impertinencias. - -RODRIGO. - -¡Señor, señor! - -BRABANCIO. - -Pero has de saber que mi condicion y mi nobleza me dan fáciles medios -de vengarme de tí. - -RODRIGO. - -Calma, señor. - -BRABANCIO. - -¿Qué decias de robos? ¿Estamos en despoblado ó en Venecia? - -RODRIGO. - -Respetable señor Brabancio, la intencion que á vos me trae es buena y -loable. - -YAGO. - -Vos, señor Brabancio, sois de aquellos que no obedecerian al diablo -aunque él les mandase amar á Dios. ¿Así nos agradeceis el favor que -os hacemos? ¿O será mejor que del cruce de vuestra hija con ese cruel -berberisco salgan potros que os arrullen con sus relinchos? - -BRABANCIO. - -¿Quién eres tú que tales insolencias ensartas? Eres un truhan. - -YAGO. - -Y vos... un consejero. - -BRABANCIO. - -Caro te ha de costar, Rodrigo. - -RODRIGO. - -Como querais. Sólo os preguntaré si consentisteis que vuestra hija, á -hora desusada de la noche, y sin más compañía que la de un miserable -gondolero, fuera á entregarse á ese moro soez. Si fué con noticia y -consentimiento vuestro, confieso que os hemos ofendido, pero si fué sin -saberlo vos, ahora nos reñis injustamente. ¿Cómo habia de faltaros al -respeto yo, que al fin soy noble y caballero? Insisto en que vuestra -hija os ha hecho muy torpe engaño, á no ser que la hayais dado licencia -para juntar su hermosura, su linaje y sus tesoros con los de ese -infame aventurero, cuyo orígen se ignora. Vedlo: averiguadlo, y si -por casualidad la encontrais en su cuarto ó en otra parte de la casa, -podeis castigarme como calumniador, conforme lo mandan las leyes. - -BRABANCIO. - -¡Dadme una luz! Despierten mis criados. Sueño parece lo que me pasa. -El recelo basta para matarme. ¡Luz, luz! (_Brabancio se quita de la -ventana._) - -YAGO. - -Me voy. No me conviene ser testigo contra el moro. A pesar de este -escándalo, no puede la República destituirle sin grave peligro de -que la isla de Chipre se pierda. Nadie más que él puede salvarla, ni -á peso de oro se encontraria otro hombre igual. Por eso, aunque le -odio más que al mismo Lucifer, debo fingirme sumiso y cariñoso con él -y aparentar lo que no siento. Los que vayan en persecucion suya, le -alcanzarán de seguro en el Sagitario. Yo estaré con él. Adios. - - (_Se va._) - (_Salen Brabancio y sus servidores con antorchas._) - -BRABANCIO. - -Cierta es mi desgracia. Ha huido mi hija. Lo que me resta de vida será -una cadena de desdichas. Respóndeme, Rodrigo. ¿Dónde viste á mi niña? -¿La viste con el moro? Respóndeme. ¡Ay de mí! ¿La conociste bien? -¿Quién es el burlador? ¿Te habló algo? ¡Luces, luces! ¡Levántense todos -mis parientes y familiares! ¿Estarán ya casados? ¿Qué piensas tú? - -RODRIGO. - -Creo que lo estarán. - -BRABANCIO. - -¿Y cómo habrá podido escaparse? ¡Qué traicion más negra! ¿Qué padre -podrá desde hoy en adelante tener confianza en sus hijas, aunque -parezcan honestas? Sóbranle al demonio encantos y brujerías con que -triunfar de su recato. Rodrigo, ¿no has visto en libros algo de esto? - -RODRIGO. - -Algo he leido. - -BRABANCIO. - -Despertad á mi hermano. ¡Ojalá que la hubiera yo casado con vos! Corred -en persecucion suya, unos por un lado, otros por otro. ¿Dónde podríamos -encontrarla á ella y al moro? - -RODRIGO. - -Yo los encontraré fácilmente, si me dais gente de brios que me acompañe. - -BRABANCIO. - -Id delante. Llamaremos á todas las puertas, y si álguien se resiste, -autoridad tengo para hacer abrir. Armas, y llamad á la ronda. Sígueme, -Rodrigo: yo premiaré tu buen celo. - - (_Se van._) - - -ESCENA II. - -=Otra calle.= - -OTELO, YAGO y criados con teas encendidas. - -YAGO. - -En la guerra he matado sin escrúpulo á muchos, pero tengo por pecado -grave el matar á nadie de caso pensado. Soy demasiado bueno, más de lo -que convendria á mis intereses. Ocho ó diez veces anduve á punto de -traspasarle de una estocada. - -OTELO. - -Prefiero que no lo hayas hecho. - -YAGO. - -Pues yo lo siento, porque anduvo tan provocativo y tales insolencias -dijo contra tí, que yo que soy tan poco sufrido, apenas pude irme á -la mano. Pero dime, ¿os habeis casado ya? El senador Brabancio es -hombre de mucha autoridad y tiene más partido que el mismo Dux. Pedirá -el divorcio, invocará las leyes, y si no consigue su propósito, os -inquietará de mil modos. - -OTELO. - -Por mucho que él imagine, más han de poder los servicios que tengo -hechos al Senado. Todavía no he dicho á nadie, pero lo diré ahora que -la alabanza puede honrarme, que desciendo de reyes, y que merezco la -dicha que he alcanzado. A fe mia, Yago, que si no fuera por mi amor á -Desdémona, no me hubiera yo sometido, siendo de tan soberbia condicion, -al servicio de la República, aunque me dieran todo el oro de la otra -parte de los mares. Pero ¿qué antorchas veo allí? - -YAGO. - -Son el padre y los parientes de Desdémona, que vienen furiosos contra -tí. Retírate. - -OTELO. - -No, aquí me encontrarán, para que mi valor, mi nobleza y mi alma dén -testimonio de quién soy. ¿Llegan? - -YAGO. - -Me parece que no, por vida mia. - - (_Salen Casio y soldados con antorchas._) - -OTELO. - -Es mi teniente con algunos criados del Dux. Buenas noches, amigos mios. -¿Qué novedades traeis? - -CASIO. - -General, el Dux me envia á que os salude, y desea veros en seguida. - -OTELO. - -Pues ¿qué sucede? - -CASIO. - -Deben de ser noticias de Chipre. Es urgente el peligro. Esta noche -han llegado uno tras otro, doce mensajeros de las galeras, y el Dux -y muchos consejeros están secretamente reunidos, á pesar de ser tan -avanzada la hora. Os llaman con mucha prisa: no os han encontrado en -vuestra posada, y á mí me han enviado más de una vez en busca vuestra. - -OTELO. - -Y gracias á Dios que me encontrasteis. Voy á dar un recado en mi casa, -y vuelvo inmediatamente. - - (_Se va._) - -CASIO. - -¿Cómo aquí, alférez Yago? - -YAGO. - -Calculo que esta noche he alcanzado buena presa. - -CASIO. - -No lo entiendo. - -YAGO. - -El moro se ha casado. - -CASIO. - -¿Y con quién? - - (_Sale Otelo._) - -YAGO. - -Con... ¿En marcha, capitan? - -OTELO. - -Andando. - -CASIO. - -Mucha gente viene buscándoos. - -YAGO. - -Son los de Brabancio. Cuidado, general, que no traen buenas -intenciones. - - (_Salen Brabancio, Rodrigo y alguaciles con armas y teas encendidas._) - -OTELO. - -Deteneos. - -RODRIGO. - -Aquí está Otelo, señor. - -BRABANCIO. - -¡Ladron de mi honra! ¡matadle! (_Trábase la pelea._) - -YAGO. - -Ea, caballero Rodrigo: aquí, á pié firme, os espero. - -OTELO. - -Envainad esos aceros vírgenes, porque el rocío de la noche podria -violarlos. Venerable anciano, vuestros años me vencen más que vuestra -espada. - -[Ilustración] - -BRABANCIO. - -¡Infame ladron! ¿Dónde tienes á mi hija? ¿Con qué hechizos le has -perturbado el juicio? Porque si no la hubieras hechizado con artes -diabólicas, ¿cómo seria posible que una niña tan hermosa y tan querida -y tan sosegada, que ha despreciado los más ventajosos casamientos de -la ciudad, hubiera abandonado la casa de su padre, atropellando mis -canas y su honra, y siendo ludibrio universal, para ir á entregarse -á un asqueroso mónstruo como tú, afrenta del linaje humano, y cuya -vista no produce deleite sino horror? ¡Que digan cuantos tengan recto -juicio si aquí no han intervenido malas artes y engaño del demonio, por -virtud de brebajes ó de drogas que trastornan el seso, y encadenan el -libre albedrío! Yo he de ponerlo todo en claro. Y entre tanto aquí te -prendo y te acuso criminalmente como embaidor y hechicero, que profesa -ciencias malas y reprobadas. Prendedle, y si se resiste, matadle. - -OTELO. - -Deteneos, amigos y adversarios. Yo sé cuál es mi obligacion cuando se -trata de pelear. Ahora debo responder en juicio. Dime en dónde. - -BRABANCIO. - -Por de pronto irás á un calabozo, hasta que la ley te llame á -comparecer ante el tribunal. - -OTELO. - -¿Y crees que el Dux te lo agradecerá? Mira: todos éstos han venido -de su parte, llamándome á comparecer ante él para un gran negocio de -Estado. - -BRABANCIO. - -¿Llamarte el Dux á consejo? ¿Y á media noche? ¿Para qué? Prendedle: que -el Dux y el Consejo han de sentir esta afrenta mia como propia suya. -Porque si tales crímenes hubieran de quedar impunes, valdria más que -rigieran la República viles siervos ó paganos. - - -ESCENA III. - -=Sala del Consejo.= - -El DUX y los SENADORES sentados á una mesa. - -DUX. - -Estas noticias entre sí no tienen relacion. - -SENADOR 1.º - -En verdad que no concuerdan, porque segun las cartas que yo he -recibido, las galeras son 107. - -DUX. - -Pues aquí dice que 137. - -SENADOR 2.º - -Y esta que yo tengo asegura que llegan á 200. Pero aunque en el número -no convengan (y en tales ocasiones bien fácil es equivocarse), lo -cierto y averiguado es que una armada turca navega hácia Chipre. - -DUX. - -Esto es lo principal y lo indudable, y esta es bastante causa para -nuestros temores. - -UN MARINERO. - -(_Dentro._) ¡Ah del Senado! - -OFICIAL 1.º - -Trae noticias de la armada. - - (_Sale el marinero._) - -DUX. - -¿Qué sucede? - -MARINERO. - -El capitan me envia á deciros que los turcos navegan hácia Rodas. - -DUX. - -¿Qué pensais de esta novedad? - -SENADOR 1.º - -No la creo: es algun ardid para engañarnos. No sólo Chipre es para el -turco conquista más importante que la de Rodas, sino más fácil, por -estar enteramente desguarnecida, y ser menos fuerte por naturaleza. Y -no hemos de creer tan necio al turco, que deje lo cierto por lo dudoso, -empeñándose en una empresa estéril y de dudoso resultado. - -DUX. - -Para mí es seguro que no piensa en atacar á Rodas. - -OFICIAL. - -Ahora llegan otras noticias. - - (_Entra el marinero 2.º_) - -MARINERO 2.º - -Ilustrísimo Senado, el turco se ha reforzado en Rodas con buen número -de naves. - -SENADOR 1.º - -Lo sospeché. ¿Sabes cuántas? - -MARINERO 2.º - -Treinta. Y ahora navega de retorno hácia Chipre, con propósito -manifiesto de atacarla. Esto me manda á deciros con todo respeto -vuestro fiel servidor Montano. - -DUX. - -No hay duda que atacarán á Chipre. ¿Está allí Márcos Luchesi? - -SENADOR 1.º - -Está en Florencia. - -DUX. - -Escribidle de mi parte que vuelva en seguida. - -SENADOR 1.º - -Aquí llegan Brabancio y el moro. - - (_Salen Brabancio, Otelo, Yago, Rodrigo, Alguaciles, etc._) - -DUX. - -Esforzado Otelo, necesario es que sin dilacion salgais á combatir al -turco. (_A Brabancio._) Señor, bien venido seais: no os ví al entrar. -¡Lástima que esta noche nos hayan faltado vuestra ayuda y consejo! - -BRABANCIO. - -Más me ha faltado á mí el vuestro. Perdon, señor. No me he levantado -tan á deshora por tener yo noticia de este peligro, ni ahora me -conmueven las calamidades públicas, porque mi dolor particular, como -despeñado torrente, lleva delante de sí y devora cuantos pesares se le -atraviesan en el camino. - -DUX. - -¿Qué ha acontecido? - -BRABANCIO. - -¡Ay hija mia, desdichada hija mia! - -DUX Y SENADORES. - -¿Ha muerto? - -BRABANCIO. - -Peor aún. Para mí como si hubiese muerto. La han sacado de mi casa, le -han trastornado el seso con bebedizos de charlatanes, porque sin arte -diabólica ¿cómo ella, que no está loca ni ciega, habia de caer en tal -desvarío? - -DUX. - -Sea quien fuere el autor de vuestra afrenta, el que ha privado de la -razon á vuestra hija y la ha arrancado de vuestra casa, vos mismo -aplicareis con inflexible rigor la sangrienta ley, aunque recaiga en mi -propio hijo. - -BRABANCIO. - -Gracias, señor. Quien la robó es el moro. - -DUX Y SENADORES. - -¡Lástima grande! - -DUX. - -¿Qué contestais, Otelo? ¿Qué podeis decir en propia defensa? - -BRABANCIO. - -¿Qué ha de decir, sino confesar la verdad? - -OTELO. - -Generoso é ilustre Senado, dueños y señores mios, confieso que he -robado á la hija de este anciano, y que me he casado con ella, pero -ese es todo mi delito. Mi lenguaje es tosco: la vida del campo no me -ha dejado aprender palabras suaves, porque desde que apenas contaba -yo seis años y mis brazos iban cobrando vigor, los he empleado en las -lides, y por eso sé menos del mundo que de las armas. Mala será, pues, -mi defensa, y poco ha de aprovecharme; con todo eso, si me otorgais -vénia, os contaré breve y sencillamente cómo llegué al término de -mi amor, y con qué filtros y hechicerías logré vencer á la hija de -Brabancio. - -BRABANCIO. - -¡Una niña tan tierna é inocente que de todo se ruborizaba! ¿cómo habia -de enamorarse de un mónstruo feísimo como tú, que ni eres de su edad, -ni de su índole ni de su tierra? Es aberracion contra naturaleza -suponer tal desvarío en una niña que es la misma perfeccion. No: sólo -con ayuda de Satanás puedes haber triunfado. Por eso vuelvo á sostener -que has alterado su sangre con yerbas ó con veneno. - -DUX. - -No basta que lo creais ni que lo sospecheis. Es necesario probarlo, y -las conjeturas no son pruebas. - -SENADOR 1.º - -Dime, Otelo, ¿es cierto que la has seducido con algun engaño, ó es que -mutuamente os amabais? - -OTELO. - -Mandad á buscar á mi esposa, que está á bordo del _Sagitario_. Ella -sabrá defenderse y contestarle á su padre. Y si despues de oirla me -condenais, no sólo despojadme del mando que me habeis confiado, sino -condenadme á dura muerte. - -DUX. - -Que venga Desdémona. - -OTELO. - -Acompáñalos, alférez mio. (_A Yago._) Tú sabes dónde está. Y mientras -llega, yo, tan sinceramente como á Dios me confieso, os referiré de qué -manera fué creciendo el amor de esa dama y el mio. - -DUX. - -Hablad, Otelo. - -OTELO. - -Era su padre muy amigo mio, y con frecuencia me convidaba, gustando -de oirme contar mi vida año por año: mis viajes, desastres, peleas -y aventuras. Todo se lo referí, cuanto me habia sucedido desde mis -primeros años: naufragios y asaltos de mar y tierra, en que á duras -penas salvé la vida: cómo fuí vendido por esclavo: cómo me rescaté, -y cómo peregriné por desiertos, cavernas, precipicios, y rocas que -parecen levantarse á las nubes: le hablé de los antropófagos caribes -que se devoran los unos á los otros, y de aquellos pueblos que tienen -la cabeza bajo los hombros. Desdémona escuchaba con avidez mi relacion, -levantándose á veces cuando la llamaban las faenas de la casa, pero -volviendo á sentarse en cuanto volvia, y devorando con los oidos mis -palabras. Yo lo advertí, y aprovechando una ocasion favorable, hice -que un dia estando á solas, me pidiese la entera relacion de mi vida. -La hice llorar, contándole las desgracias de mis primeros años, y -con lágrimas y sollozos premió mi narracion, que llamaba lastimosa y -peregrina. Me dió mil gracias y acabó diciéndome que si algun dia era -yo amigo de algun amante suyo, le enseñase á contar aquella historia, -porque era el modo más seguro de vencerla. Esto me dijo. Ella me amó -por mis trabajos, victorias y desdichas. Yo la amé por su compasion, y -no hubo más sortilegios. Aquí llega Desdémona que puede dar testimonio -de ello. - - (_Salen Desdémona y Yago._) - -DUX. - -Y pienso que aún mi hija se hubiera movido á compasion con tal -historia. Respetable Brabancio, consolaos y echadlo todo á buena parte. -Más vale en la lid espada vieja que mano desarmada. - -BRABANCIO. - -Oigámosla, señor, y si ella me confiesa que le tuvo algun cariño, -¡caiga sobre mí la maldicion del cielo, si vuelvo á quejarme de ellos! -Ven acá, niña: entre todos los que están aquí congregados ¿á quién -debes obedecer más? - -DESDÉMONA. - -Padre mio, dos obligaciones contrarias tengo: vos me habeis dado el -sér y la crianza, y en agradecimiento á una y otra debo respetaros -y obedeceros como hija. Pero aquí veo á mi esposo, y creo que debo -preferirle, como mi madre os prefirió á su padre, y os obedeció más que -á él. El moro es mi esposo y mi señor. - -BRABANCIO. - -¡Dios sea en tu ayuda! Nada más puedo decir, señor; si quereis, -tratemos ahora de los negocios de la República. ¡Cuánto más vale -adoptar á un hijo extraño qué tenerlos propios! Óyeme, Otelo: de -buena voluntad te doy todo lo que te negaria, si ya no lo tuvieras. -Desdémona, ¡cuánto me alegro de no tener más hijos! Porque despues de -tu fuga, yo los hubiera encarcelado y tratado como tirano. - -DUX. - -Poco voy á decir, y quiero que mis palabras sirvan como de escalera -que hagan entrar en vuestra gracia á esos enamorados. ¿De qué sirven -el llanto y las quejas cuando no hay esperanza? Sólo de acrecentar -el dolor. Pero el alma que se resigna con serena firmeza, burla los -embates de la suerte. Quien se ria del ladron podrá robarle, y al -contrario el que llora es ladron de sí mismo. - -BRABANCIO. - -No estemos ociosos, mientras que el turco nos arrebata á Chipre. No -estemos sosegados y con la risa en los labios. Poco le importa la -condenacion ajena al que sale libre del tribunal, pero no así al mísero -reo que sólo tiene el recurso de conformarse con la sentencia y el -dolor. Siempre son oportunas vuestras sentencias, pero de sentencias -no pasan, por más que digan que las dulces palabras curan el ánimo. -Hablemos ya de los asuntos de la República. - -DUX. - -Poderosa escuadra otomana va á atacar á Chipre. Vos, Otelo, conoceis -bien aquella isla, y aunque teneis un teniente de toda nuestra -confianza, la opinion, dueña del éxito, os cree más idóneo que á él. No -os pese de interrumpir vuestra dicha de hoy con esta nueva y peligrosa -expedicion. - -OTELO. - -Generoso Senado, la costumbre ha trocado para mí en lecho de muelle -pluma el silíceo y férreo tálamo de la guerra. Mi corazon está -dispuesto siempre al peligro. Ya ardo en deseos de encontrarme con -el turco. Humildemente os pido que presteis á mi esposa, durante mi -ausencia, el acatamiento que á su rango se debe, con casa y criados -dignos de ella. - -DUX. - -Que viva en casa de su padre. - -BRABANCIO. - -De ninguna suerte. - -OTELO. - -No, en modo alguno. - -DESDÉMONA. - -Ni yo tampoco quiero turbar la tranquilidad de mi padre, estando -siempre delante de sus ojos. Oid propicio, señor, lo que quiero -deciros, y concededme una sencilla peticion. - -DUX. - -¿Cuál, Desdémona? - -DESDÉMONA. - -Que no quiero separarme del moro ni un punto solo: para eso me rendí á -él como el vasallo al monarca: no me enamoré de su rostro sino de su -valor y de sus hazañas: por eso le rendí mi alma y mi vida. Si él va -ahora á la guerra, y yo como polilla me quedo en la paz, ¿de qué me -ha servido este enlace? ¿Qué fruto cogeré de él sino llorar en triste -soledad su ausencia? Quiero acompañarle. - -OTELO. - -Concédaselo el ilustre Senado, y á fe mia que no lo deseo por carnal -apetito y brutal ardor (que ya se va apagando el de mi sangre -africana), sino por corresponder á su generoso amor. Y no temais que -por ella olvide el alto empeño que me fiais. No ¡vive Dios! Y si alguna -vez la torpe lujuria amortigua ó entorpece mis sentidos, ó roba vigor -á mi brazo, consentiré que las viejas truequen mi yelmo en olla ó -marmita, y que caiga sobre mi nombre la niebla de oscuridad. - -DUX. - -Conviene que resolvais pronto si ella le ha de acompañar ó no. - -SENADOR 1.º - -Debeis salir esta misma noche. - -OTELO. - -Iré gustoso. - -EL DUX. - -Nos reuniremos á las nueve. Un oficial que para esto dejeis os enviará -los despachos y las insignias de vuestra dignidad, Otelo. - -OTELO. - -Si quereis, puede quedarse mi alférez, cuya probidad tengo -experimentada. Él podrá acompañar á mi mujer, si consentis en ello. - -DUX. - -Así será. Buenas noches. Oidme una palabra, Brabancio: si la virtud es -el mejor adorno, no hay duda que vuestro yerno es hermoso. - -SENADOR 1.º - -Moro, amad mucho á Desdémona. - -BRABANCIO. - -Moro, guárdala bien, porque engañó á su padre, y puede engañarte á tí. - - (_Vanse todos menos Otelo, Yago y Desdémona._) - -OTELO. - -¡Con mi vida respondo de su fidelidad! Yago, te confio á Desdémona: tu -mujer puede acompañarla. Llévala pronto á Chipre. Ven, hermosa mia: -sólo una hora nos queda para coloquios de amor. El tiempo urge, y es -preciso conformarse al tiempo. - - (_Vanse Desdémona y Otelo._) - -RODRIGO. - -Yago. - -YAGO. - -¿Qué dices, noble caballero? - -RODRIGO. - -¿Y qué imaginas tú que haré? - -YAGO. - -Acostarte y reposar. - -RODRIGO. - -Voy á echarme de cabeza al agua. - -YAGO. - -Si haces tal locura, no seremos amigos. ¡Vaya un mentecato! - -RODRIGO. - -La locura es la vida cuando la vida es dolor, y la mejor medicina de un -ánimo enfermo es la muerte. - -[Ilustración] - -YAGO. - -¡Qué desvarío! Conozco bien el mundo, y todavía no sé de un hombre -que se ame de veras á sí mismo. Antes que ahogarme por una mujer, me -convertiria en mono. - -RODRIGO. - -¿Y qué he de hacer? Me avergüenzo de estar enamorado, pero ¿cómo -remediarlo? - -YAGO. - -¿Pues no has de remediarlo? La voluntad es el hortelano de la vida, -y puede criar en ella ortigas y cardos, ó hisopos y tomillo: una -sola yerba ó muchas: enriquecer la tierra ó empobrecerla: tenerla de -barbecho ó abonarla. Para eso es la prudencia, el seso y el libre -albedrío. Si en la balanza de la humana naturaleza, el platillo de la -razon no contrapesara al de los sentidos, nos llevaria el apetito á -cometer mil aberraciones. Pero por dicha tenemos la luz de la mente que -doma esa sensualidad, de la cual me parece que no es más que una rama -lo que llamais amor. - -RODRIGO. - -No lo creo. - -YAGO. - -Hervor de sangre, y flaqueza de voluntad. Muéstrate hombre. No te -ahogues en poca agua. Siempre he sido amigo tuyo, y estoy ligado -á tí por invencible afecto. Ahora puedo servirte como nunca. Toma -dinero: síguenos á la guerra, disfrazado y con barba postiza. Toma -dinero. ¿Piensas tú que á Desdémona le ha de durar mucho su amor por -el moro? Toma dinero. ¿Qué ha de durar? ¿No ves que el fin ha de ser -tan violento como el principio? Toma dinero. Los moros son versátiles -é inconstantes. Dinero, mucho dinero. Pronto le amargará el dulzor de -ahora. Ella es jóven y ha de cansarse de él, y caer en infidelidad y -mudanza. Toma dinero. Y si te empeñas en irte al infierno, véte de un -modo algo más dulce que ahogándote. Recoge todo el dinero que puedas. -Tú la lograrás, si es que mis artes y el poder del infierno no bastan -á triunfar de la bendicion de un clérigo, y de un juramento de amor -prestado á un salvaje vagabundo por una discretísima veneciana. Toma -dinero, mucho dinero. No te ahogues, ni te vuelvas loco. Más vale que -te ahorquen despues que la hayas poseido, que no ahogarte antes. - -RODRIGO. - -¿Me prometes ayudarme, si me arrojo á tal empresa? - -YAGO. - -No lo dudes. Pero toma dinero. Te repetiré lo que mil veces te -he dicho. Aborrezco de muerte al moro: yo sé por qué, y la razon -es poderosa. Tú no le aborreces menos. Conjurémonos los dos para -vengarnos. Tú tendrás el deleite, yo la risa. Muchas cosas andan -envueltas en el seno del porvenir. Véte, y toma dinero y disfrázate. -Mañana volveremos á hablar. Pásalo bien. - -RODRIGO. - -¿Dónde nos veremos? - -YAGO. - -En mi posada. - -RODRIGO. - -Iré temprano. - -YAGO. - -Así sea. ¿Rodrigo? - -RODRIGO. - -¿Tienes más que decirme? - -YAGO. - -No te ahogues. ¿Eh? - -RODRIGO. - -Ya no pienso en eso: voy á convertir en dinero todo lo que poseo. - -YAGO. - -Hazlo así, y mucho dinero, mucho dinero en el bolsillo. - - (_Se va Rodrigo._) - -Este necio será mi tesorero. Bien poco me habia de servir mi -experiencia del mundo si yo fuera á perder más tiempo con él. Pero -aborrezco al moro, porque se susurra que enamoró á mi mujer. No sé si -es verdad, pero tengo sospechas, y me bastan como si fueran verdad -averiguada. Él me estima mucho: así podré engañarle mejor. Casio es -apuesto mancebo. ¡Qué bien me valdria su empleo! Así mataria dos -pájaros á la vez. ¿Qué haré? Yo he de pensarlo despacio. Dejaré correr -algun tiempo, y luego me insinuaré en el ánimo de Otelo, haciéndole -entender que es muy sospechosa la amistad de Casio con su mujer. Las -apariencias suyas, son propias para seducir á las hembras. Por otra -parte, el moro es hombre sencillo y crédulo: á todos cree buenos, y se -dejará llevar del ronzal como un asno. ¡Ya he encontrado el medio! ¡Ya -voy engendrando mi plan! ¡El infierno le dará luz para salir! - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO II. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Un puerto de Chipre.= - -Salen MONTANO y dos CABALLEROS. - -MONTANO. - -¿Qué se descubre en alta mar? - -CABALLERO 1.º - -Nada distingo, porque la tormenta crece, y confundidos mar y cielo no -dejan ver ni una sola nave. - -MONTANO. - -Paréceme que el viento anda muy desatado en tierra: nunca he visto en -nuestra isla temporal tan horrendo. Si es lo mismo en alta mar, ¿qué -quilla, por fuerte que sea, habrá podido resistir al empuje de esos -montes de olas? ¿Qué resultará de aquí? - -CABALLERO 2.º - -Sin duda el naufragio de la armada de los turcos. Pero acerquémonos á -la orilla, y ved cómo las espumosas olas quieren asaltar las nubes, y -cómo arrojan su rugidora, ingente y líquida cabellera sobre la ardiente -Osa, como queriendo apagar el brillo de las estrellas del polo inmóvil. -Nunca he visto tal tormenta en el mar. - -MONTANO. - -Es seguro que la armada turca ha perecido, á menos que se haya -refugiado en algun puerto ó ensenada. Imposible parece que resista á -tan brava tempestad. - - (_Sale otro caballero._) - -CABALLERO 3.º - -Albricias, amigos mios. Acabó la guerra. La tormenta ha dispersado las -naves turcas. Una de Venecia, que ahora llega, ha visto naufragar la -mayor parte de los barcos, y á los restantes con graves averías. - -MONTANO. - -¿Dices verdad? - -CABALLERO 3.º - -Ahora acaba de entrar en el puerto la nave, que es Veronesa. De ella ha -desembarcado Miguel Casio, teniente de Otelo, el esforzado moro, quien -arribará de un momento á otro, y trae toda potestad del gobierno de -Venecia. - -MONTANO. - -Mucho me complace la eleccion de tan buen gobernador. - -CABALLERO 3.º - -Pero Casio, aunque se alegra del descalabro de los turcos, está -inquieto y hace mil votos por que llegue salvo el moro, á quien una -tempestad separó de él. - -MONTANO. - -Ojalá se salve. Yo he peleado cerca de él, y es bravo capitan. Vamos á -la playa, á ver si Otelo llega, ó se descubre en el mar su nave, aunque -sea en el límite donde el azul del cielo se confunde con el del mar. - -CABALLERO 3.º - -No nos detengamos: puede estar ahí dentro de un instante. (_Sale -Casio._) - -CASIO. - -Valerosos isleños, gracias por el amor que mostrais al moro. Ayúdele el -cielo contra la furia de los elementos, que me separaron de él en lo -más recio de la borrasca. - -MONTANO. - -¿Es fuerte su navío? - -CASIO. - -Y bien carenado, y lleva un piloto de larga ciencia y experiencia. Por -eso no pierdo aún toda esperanza. (_Suenan dentro voces: «vela, vela»._) - - (_Sale otro caballero._) - -CASIO. - -¿Qué ruido es ese? - -CABALLERO 2.º - -El pueblo se agolpa á la playa, gritando «una vela». - -CASIO. - -El alma me está diciendo que es la de Otelo. (_Se oye el disparo de un -cañon._) - -CABALLERO 2.º - -¿Ois el cañon? Es gente amiga. - -CASIO. - -Preguntad quién ha llegado. - -CABALLERO 2.º - -No tardaré. - - (_Vase._) - -MONTANO. - -Decid, señor Casio: ¿el gobernador es casado? - -CASIO. - -É hizo una gran boda, porque su dama es de tal perfeccion y hermosura -que ni pluma ni lengua humana pueden describirla, y vence todos los -primores del arte la realidad de sus encantos. - - (_Sale el caballero 2.º_) - -¿Quién ha llegado? - -CABALLERO 2.º - -Yago, el alférez del gobernador. - -CASIO. - -Rápido y feliz ha sido su viaje. Huracanes, mares alborotados, vientos -sonoros, bancos de arena y falaces rocas, escollo del confiado -navegante, han amansado un instante su natural dureza, cual si tuvieran -entendimiento de hermosura, para dejar paso libre y seguro á Desdémona. - -MONTANO. - -¿Y quién es Desdémona? - -CASIO. - -Aquella de quien te hablé, la mujer de nuestro gobernador, que dejó -á cargo de Yago el conducirla aquí. Por cierto que se ha adelantado -cerca de siete dias á nuestras esperanzas. ¡Dios soberano, protege -á Otelo, manda á sus velas viento favorable, para que su nave -toque pronto la bendecida orilla, y él torne amante á los brazos de -su hermosa Desdémona, inflame el valor de nuestros pechos y asegure -la tranquilidad de Chipre! - - (_Salen Desdémona, Emilia, Yago, Rodrigo y acompañamiento._) - -¡Vedla! Ahí está. La nave ha echado á tierra su tesoro. ¡Ciudadanos -de Chipre, doblad la rodilla ante ella! Bien venida seais, señora. La -celeste sonrisa os acompañe y guie por doquiera. - -[Ilustración: _Llegada de Desdémona á Chipre._] - -DESDÉMONA. - -Gracias, amigo Casio. ¿Qué sabeis de mi marido? - -CASIO. - -Todavía no ha llegado, pero puedo deciros que está bueno y que no -tardará. - -DESDÉMONA. - -Mi temor es que... ¿Por qué no vinisteis juntos? - -CASIO. - -Nos separamos en la tremenda porfía del cielo y del mar. (_Voces de -«una vela, una vela». Cañonazos._) ¿Ois? Una vela se divisa. - -CABALLERO 2.º - -Han hecho el saludo á la playa. Gente amiga son. - -CASIO. - -Veamos qué novedades hay. Salud, alférez, y vos, señora (_á Emilia_). -(_La besa._) No os enojeis, señor Yago, por esta libertad, que no es -más que cortesía. - -YAGO. - -Bien os portariais si con los labios os deleitase tanto como á mí con -la lengua. - -DESDÉMONA. - -¡Pero si nunca habla! - -YAGO. - -A veces más de lo justo, sobre todo cuando tengo sueño. Sin duda, -delante de vos se reporta, y riñe sólo con el pensamiento. - -EMILIA. - -¿Y puedes quejarte de mí? - -YAGO. - -Eres tan buena como las demas mujeres. Sonajas en el estrado, gatas en -la cocina, santas cuando ofendeis, demonios cuando estais agraviadas, -perezosas en todo menos en la cama. - -EMILIA. - -¡Deslenguado! - -YAGO. - -Verdades digo. Y todavía la cama os parece estrecha. - -EMILIA. - -¡Buen panegírico harias de mi! - -YAGO. - -Más vale no hacerle. - -DESDÉMONA. - -Y si tuvieras que hacer el mio, ¿qué dirias? - -YAGO. - -No me desafieis, señora, porque no acierto á decir nada sin punta de -sátira. - -DESDÉMONA. - -Hagamos la prueba. ¿Fué álguien al puerto? - -YAGO. - -Sí, señora. - -DESDÉMONA. - -Mi aparente alegría oculta honda tristeza. ¿Qué dirias de mí, si -tuvieras que alabarme? - -YAGO. - -Por más vueltas que doy al magin, con nada atino. Parece que mi ingenio -se me escapa como liga de frisa. Hé aquí por fin el parto de mi musa. -«Si es blanca y rubia, su hermosura engendrará placer de que ella -sabiamente participe.» - -DESDÉMONA. - -No dices mal. ¿Y si es morena y discreta? - -YAGO. - -Si es discreta y morena, puede estar segura de hechizar á algun blanco. - -DESDÉMONA. - -¡Mal, mal! - -EMILIA. - -¿Y si es necia y hermosa? - -YAGO. - -Nunca la hermosa fué necia, porque no hay ninguna tan necia que no -llegue á casarse. - -DESDÉMONA. - -Chistes de mal gusto, frias agudezas de taberna. ¿Qué elogio podrás -hacer de la que es necia y fea? - -YAGO. - -«Ninguna hay tan necia ni tan fea que al cabo no logre ser amada.» - -DESDÉMONA. - -¡Oh ignorante! El mayor elogio para quien menos lo merece. ¿Y qué -podrás decir de la mujer virtuosa? en quien no puede clavar el diente -la malicia misma. - -YAGO. - -«La hermosa, que jamas cae en pecado de vanidad, la que no habla -palabras ociosas, la que, siendo rica, no hace ostentacion de lujosas -galas, la que nunca pasa de la ocasion al deseo, la que no se venga del -agravio, aunque la venganza sea fácil, la que nunca equivoca la cabeza -del salmon con la cola, la que hace todas las cosas con maduro seso y -no por ciego capricho, la que no mira atras aunque la sigan, tal mujer -como esta, si pudiera hallarse, seria muy apetecible.» - -DESDÉMONA. - -¿Y para qué la querrias? - -YAGO. - -Para criar necios y hacer su labor. - -DESDÉMONA. - -Fria y mal entendida conclusion. No hagas caso de él, Emilia, aunque -sea tu marido, y tú, Casio, ¿qué dices? ¿No te parece deslenguado é -insolente? - -CASIO. - -Peca de franco, señora mia, y es mejor soldado que hombre de córte. -(_Hablan entre sí Casio y Desdémona._) - -YAGO. - -(_Aparte._) Ahora le coge de la mano: hablad, hablad quedo, aunque la -red es harto pequeña para coger tan gran pez como Casio. Mírale de hito -en hito: sonríete. Yo te cogeré en tus propias redes. Bien, bien: así -está bien. Si de esta manera pierdes tu oficio de teniente, más te -valiera no haber besado nunca esa mano. ¡Bien, admirable beso! No te -lleves los dedos á la boca. (_Óyese una trompeta._) El moro llega. - -CASIO. - -Él es. - -DESDÉMONA. - -Vamos á recibirle. - -CASIO. - -Viene por allí. - - (_Sale Otelo._) - -OTELO. - -¡Mi hermosa guerrera! - -DESDÉMONA. - -¡Otelo! - -OTELO. - -Tan grande es mi alegría como mi admiracion de verte aquí antes de lo -que esperaba. Si la tempestad ha de producir luego esta calma, soplen -en hora buena los vendavales, levántense las olas y alcen las naves -hasta tocar las estrellas, ó las sepulten luego en los abismos del -infierno. ¡Qué grande seria mi dicha en morir ahora! ¡Tan rico estoy de -felicidad, que dudo que mi suerte me reserve un dia tan feliz como éste! - -DESDÉMONA. - -¡Quiera Dios que crezcan nuestro amor y nuestra felicidad al paso de -los años! - -OTELO. - -¡Quiéralo Dios! Apenas puedo resistir lo intenso de mi alegría: -fáltanme palabras y el contento se desborda. ¡Oh, la menor armonía que -suene entre nosotros sea la de este beso! (_La besa._) - -YAGO. - -(_Aparte._) Todavía estais en buen punto, pero yo trastornaré muy -pronto las llaves de esa armonía. - -OTELO. - -Vamos, amigos. Se acabó la guerra: los turcos van de vencida. ¿Qué tal, -mis antiguos compañeros? Bien recibida serás en Chipre, amada mia. -Grande honra me hizo el Senado en enviarme aquí. No sé lo que me digo, -bien mio, porque estoy loco de placer. Véte á la playa, amigo Yago, haz -que saquen mis equipajes, y conduce al castillo al piloto de la nave, -que es hombre de valor y de experiencia, y merece ser recompensado. -Ven, Desdémona. - - (_Vanse._) - -YAGO. - -(_A Rodrigo._) Espérame en el puerto. Pero oye antes una cosa, si es -que eres valiente (y dicen que el amor hace valientes hasta á los -cobardes). Esta noche el teniente estará de guardia en el patio del -castillo. Has de saber que Desdémona está ciegamente enamorada de él. - -RODRIGO. - -¿Pero cómo? - -YAGO. - -Déjate guiar por mí. Tú recuerda con qué ardor se enamoró del moro, -sólo por haber oido sus bravatas. ¿Pero crees tú que eso puede -durar? Si tienes entendimiento ¿cómo has de creerlo? Sus ojos desean -contemplar algo agradable, y ver á Otelo es como ver al demonio. Ademas -la sangre, despues del placer, se enfria y necesita alimento nuevo: -alguna armonía de líneas y proporciones, alguna semejanza de edad ó -de costumbres. Nada de esto tiene el moro, y por eso Desdémona se -encontrará burlada: empezará por fastidiarse y acabará por aborrecerle, -y entonces la naturaleza, que es la mejor maestra, le guiará á nueva -eleccion. Y dando por supuestas todas estas cosas llanas y naturales, -¿quién está en más favorable coyuntura que Casio? Él es listo y -discreto: conciencia ninguna: todo en él es hipocresía y simulada -apariencia y falsa cortesía, para lograr sus torpes antojos. Es un -pícaro desalmado: no dejará perder ninguna ocasion oportuna, y hasta -sabe fingir favores que no existen. Luego, es mozo y apuesto y posee -cuantas cualidades pueden llevar detras de sí los ojos de una mujer. Yo -veo que ya piensa en ella. - -RODRIGO. - -Pues yo de ella no sospecho nada: me parece la virtud misma. - -YAGO. - -¡Buena virtud la de tus narices! Si poseyera esa virtud, ¿se hubiera -casado con el moro? ¡No está mala la virtud! ¿no has reparado con qué -cariño le estrechaba la mano? - -RODRIGO. - -Seria cortesía. - -YAGO. - -Seria lujuria: una especie de prólogo de sus livianos apetitos. Y -luego se besaron hasta confundirse los alientos. No dudes que se aman, -Rodrigo. Cuando se empieza con estas confianzas, el término está muy -cercano. Calla y déjate guiar: no olvides que yo te hice salir de -Venecia. Tú harás guardia esta noche, donde yo te indique. Casio no -te ha visto nunca. Yo me alejaré poco. Procura tú mover á indignacion -á Casio con cualquier pretexto, desobedeciendo sus órdenes, _verbi -gratia_. - -RODRIGO. - -Así lo haré. - -YAGO. - -Tiene mal genio, y fácilmente se incomodará y te pondrá la mano en -el rostro; con tal ocasion le desafias, y esto me basta para que se -arme un tumulto entre los isleños, que llevan muy á mal el gobierno de -Casio. No pararemos hasta quitarle su empleo. Así allanas el camino que -puede conducirte á tu felicidad. Yo te ayudaré de mil modos, pero antes -hay que derribar el obstáculo mayor, y sin esto no podemos hacer nada. - -RODRIGO. - -Haré todo lo que las circunstancias exijan. - -YAGO. - -Ten confianza en lo que te digo. Esperaré en el castillo, á donde tengo -que llevar los cofres del moro. Adios. - -RODRIGO. - -Adios. - - (_Se va._) - -YAGO. - -Para mí es seguro que Casio está enamorado de ella, y parece natural -que ella le ame. Á pesar del odio que le tengo, no dejo de conocer -que es el moro hombre bueno, firme y tenaz en sus afectos, y á la -vez de apacible y serena condicion, y creo que será buen marido para -Desdémona. Yo tambien la quiero, y no con torpe intencion (aunque -quizá sea mayor mi pecado). La quiero por instinto de venganza, porque -tengo sospechas de que el antojadizo mozo merodeó en otro tiempo por -mi jardin. Y de tal manera me conmueve y devora esta sospecha, que no -quedaré contento hasta verme vengado. Mujer por mujer: y si esto no -consigo, trastornar el seso del moro con celos matadores. Para eso, -si no me sirve este gozquecillo veneciano que estoy criando para que -siga la pista, me servirá Miguel Casio. Yo le acusaré ante el moro de -amante de su mujer. (Y mucho me temo que ni áun la mia está segura con -Casio.) Con esto lograré que Otelo me tenga por buen amigo suyo y me -agradezca y premie con liberal mano, por haberle hecho hacer papel de -bestia, enloqueciéndole y privándole de sosiego. Todavía mi pensamiento -vive confuso y entre sombras: que los pensamientos ruines sólo en la -ejecucion se descubren del todo. - - -ESCENA II. - -=Calle.= - -Un PREGONERO, seguido de pueblo. - -PREGONERO. - -Manda nuestro general y gobernador Otelo que, sabida la destruccion -completa de la armada turca, todos la celebren y se regocijen, bailando -y encendiendo hogueras, ó con otra cualquier muestra de alegría que -bien les pareciere. Ademas hoy celebra sus bodas. Este es el bando que -me manda pregonar. Estará abierto el castillo, y puede durar libremente -la fiesta desde las cinco que ahora son, hasta que suene la campana de -las doce. Dios guarde á Chipre y á Otelo. - - -ESCENA III. - -=Sala del castillo.= - -Salen OTELO, DESDÉMONA, CASIO y acompañamiento. - -OTELO. - -Miguel, amigo mio, quédate esta noche á guardar el castillo. No -olvidemos aquel prudente precepto de la moderacion en la alegría. - -CASIO. - -Ya he dado mis órdenes á Yago. Con todo eso, tendré la vigilancia -necesaria. - -OTELO. - -Yago es hombre de bien. Buenas noches, Casio. Mañana temprano te -hablaré. Ven, amor mio (_á Desdémona_): despues de comprar un objeto -entra el disfrutar de él. Todavía no hemos llegado á la posesion, -esposa mia. Buenas noches. - - (_Vanse todos menos Casio y Yago._) - -CASIO. - -Buenas noches, Yago. Es preciso hacer la guardia. - -YAGO. - -Aún tenemos una hora: no han dado las diez. El general nos ha despedido -tan pronto, por quedarse solo con Desdémona. Y no me extraña: aún no la -ha disfrutado, y por cierto que es digna del mismo Jove. - -CASIO. - -Sí que es mujer bellísima. - -YAGO. - -Y tiene trazas de ser alegre y saltadora como un cabrito. - -CASIO. - -Me parece lozana y hermosa. - -YAGO. - -Tiene ojos muy provocativos. Parece que tocan á rebato. - -CASIO. - -Y á pesar de eso, su mirada es honesta. - -YAGO. - -¿Has oido su voz tan halagüeña que convida á amar? - -CASIO. - -Ciertamente que es perfectísima. - -YAGO. - -¡Benditas sean sus bodas! Ven, teniente mio: vaciemos un tonel de vino -de Chipre á la salud de Otelo. Allá fuera tengo dos amigos que no -dejarán de acompañarnos. - -CASIO. - -Mala noche para eso, Yago. Mi cabeza no resiste el vino. ¿Por qué no se -habrá inventado otra manera de pasar el rato? - -YAGO. - -Es broma entre amigos. Nada más que una copa. Lo demas lo beberé yo por -vos, si os empeñáis en decir que no. - -CASIO. - -Esta noche no he bebido más que un vaso de vino y ése aguado, y así -y todo ya siento los efectos. Mi debilidad es tan grande, que no me -atrevo á acrecentar el daño. - -YAGO. - -Cállate. Es noche de alegría. Darás gusto á los amigos. - -CASIO. - -¿Dónde están? - -YAGO. - -Ahí fuera. Les diré que entren, si quereis. - -CASIO. - -Díselo, pero á fe que no lo hago de buen grado. - - (_Se va._) - -YAGO. - -Con otra copa más que yo le haga beber, sobre la de esta tarde, se -alborotará más que un gozquecillo ladrador. Ese Rodrigo, que es un -necio, loco de amor, ha bebido esta noche largo y tendido á la salud -de Desdémona. Él hace la guardia y con él tres mancebos de Chipre, -nobles, pundonorosos y valientes, á quienes ya he exaltado los cascos -con largas libaciones. Veremos si Casio, mezclado con esta tropa de -borrachos, hace alguna locura, que le acarree enemistades en la isla. -Aquí viene. Si esto me sale bien, adelantarán mucho mis proyectos. - - (_Sale Casio con Montano y criados con ánforas de vino._) - -CASIO. - -Por Dios vivo... ya siento el efecto. - -MONTANO. - -Pues si no ha sido nada: apenas una botella. - -YAGO. - -¡Ea! ¡Traed vino! (_Canta._) ¡Sacudid, sacudid las copas: el soldado es -mortal, y debe beber sin término! ¡Más vino, amigos! - -CASIO. - -¡Linda cancion, á fe mia! - -[Ilustración] - -YAGO. - -En Inglaterra la oí: tierra de grandes bebedores. Nada valen en cotejo -con ellos daneses, alemanes y flemáticos holandeses. - -CASIO. - -¿Bebe más el inglés? - -YAGO. - -Fácil le es poner debajo de la mesa al danes, y con poca fatiga al -aleman, y antes de apurar la última botella, al holandes. - -CASIO. - -Brindo por el general. - -YAGO. - -¡Oh, dulce Inglaterra! (_Canta._) «Hubo un rey, noble y caballero, que -se llamaba Estéban: las calzas le costaban un doblon, y se enojaba de -gastar tanto dinero, y llamaba al sastre ladron. Si esto hacia el que -era tan gran monarca, ¿qué has de hacer tú, pobre pechero? ¡A cuántos -perdió el subirse á mayores!» ¡Más vino! - -CASIO. - -Más me gusta esta cancion que la primera. - -YAGO. - -¿Quereis que la repita? - -CASIO. - -No, porque quien tales cosas canta merece perder su empleo. En fin, -Dios es poderoso, y unos se salvarán y otros se condenarán. - -YAGO. - -Bien dicho, teniente Casio. - -CASIO. - -Sin agravio del gobernador, ni de ningun otro personaje, yo creo que me -salvaré. - -YAGO. - -Y yo tambien lo creo, mi teniente. - -CASIO. - -Pero permitidme que os diga que primero me he de salvar yo, porque el -teniente debe ir antes que el alférez. Basta. Cada cual á su negocio... -No creais que estoy borracho, amigos mios. Ved: aquí está mi alférez: -esta es mi mano derecha, esta mi mano izquierda: os aseguro que no -estoy borracho. ¿No veis que hablo con sustancia y concierto? - -TODOS. - -Hablais en todo seso. - -CASIO. - -¡Ya lo creo! En entera razon. No vayais á creer que estoy borracho. - - (_Se va._) - -MONTANO. - -Vamos á la explanada á hacer la guardia. - -YAGO. - -¿Habeis visto á ese mancebo que acaba de irse? Digno es de mandar al -lado del mismo César. ¡Lástima que tenga ese vicio, equinoccio de su -virtud, porque la iguala! ¡Cuánto lo siento! ¡Pobre isla de Chipre si -cuando se la confiara Otelo, acertase Casio á padecer este accidente! - -MONTANO. - -¿Suele embriagarse? - -YAGO. - -Todas las noches antes de acostarse. Tardaria más de 24 horas en -dormirse, si con la bebida no arrullara el sueño. - -MONTANO. - -Bien haríamos en avisar al gobernador con tiempo. Puede que no haya -reparado en ello. Tal es la estimacion que profesa á Casio, cuyas -buenas cualidades compensan sus defectos. ¿No es verdad? - - (_Sale Rodrigo._) - -YAGO. - -¿Qué hay de nuevo? Véte detras de Casio: no te detengas. - - (_Se va Rodrigo._) - -MONTANO. - -¡Lástima que el moro otorgue tanta amistad y confianza á un hombre -dominado por tan feo vicio! Convendrá hablar á Otelo. - -YAGO. - -No he de ser yo quien le hable, porque quiero muy de veras á Casio, y -me alegraria de curarle. ¿Oyes el ruido? (_Voces dentro._) - - (_Sale Casio persiguiendo á Rodrigo._) - -CASIO. - -¡Infame, perverso! - -MONTANO. - -¿Qué sucede, mi teniente? - -CASIO. - -¿Tú enseñarme á mí? ¡Mil palos le he de dar, á fe de quien soy! - -RODRIGO. - -¡Tú apalearme! - -CASIO. - -¿Y todavía te atreves á replicar? - -MONTANO. - -Manos quedas, señor teniente. - -CASIO. - -Déjame, ó te señalo en la cara. - -MONTANO. - -Estais beodo. - -CASIO. - -¿Beodo yo? - -YAGO. - -(_A Rodrigo._) Echa á correr gritando: «favor, alarma.» - - (_Se va Rodrigo._) - -Paz, señores. ¡Favor, favor! ¡órden! ¡Buena guardia está la nuestra! -(_Óyese el tañido de una campana._) ¿Quién tocará la campana? ¡Qué -alboroto! ¡Válgame el cielo! Deteneos, señor teniente. Caminais ciego á -vuestra ruina. - - (_Sale Otelo con sus criados._) - -OTELO. - -¿Qué ha sucedido? - -MONTANO. - -Yo me voy en sangre. Me han herido de muerte. - -OTELO. - -¡Deteneos! - -YAGO. - -¡Deteneos, teniente Casio! ¡Montano, amigos mios! ¿Tan olvidados estais -de vuestras obligaciones? ¿No veis que el general os está dando sus -órdenes? - -OTELO. - -¿Qué pendencia es esta? ¿Estamos entre turcos, ó nos destrozamos á -nosotros mismos, ya que el cielo no permitió que ellos lo hiciesen? -Si sois cristianos, contened vuestras iras, ó caro le ha de costar al -primero que levante el arma ó dé un paso más. Haced callar esta campana -que altera el sosiego de la isla. ¿Qué es esto, caballeros? Tú, mi buen -Yago, ¿por qué palideces? Cuéntamelo todo. ¿Quién comenzó la pendencia? -No me ocultes nada. Tu lealtad invoco. - -YAGO. - -El motivo no lo sé. Hace poco estaban en tanta paz y armonía como dos -novios antes de entrar en el lecho, pero de repente, como si alguna -maligna influencia sideral los hubiese tocado, desenvainan los aceros y -se atacan y pelean á muerte. Repito que no sé la causa de la rencilla. -¡Ojalá yo hubiera perdido, lidiando bizarramente en algun combate -glorioso, las dos piernas que me trajeron á ser testigo de tal escena! - -OTELO. - -¿Por qué tal atropello, amigo Casio? - -CASIO. - -Perdonadme, señor: ahora no puedo deciros nada. - -OTELO. - -Y vos, amigo Montano, que soliais ser tan cortes, y que áun de jóven -teniais fama bien ganada de prudente, ¿cómo habeis venido á perderla -ahora, cual si fuerais cualquier pendenciero nocturno? Respondedme. - -MONTANO. - -Mis heridas apenas me lo consienten, señor. Vuestro alférez Yago os -podrá responder por mí. No tengo conciencia de haber ofendido á nadie -esta noche, de obra ni de palabra, á no ser que sea agravio el defender -la propia existencia contra un agresor injusto. - -OTELO. - -¡Vive Dios! Ya la sangre y la pasion vencen en mí al juicio. Y si llego -á enojarme y á levantar el brazo, juro que el más esforzado ha de caer -por tierra. Decidme cómo empezó la cuestion, quién la provocó. ¡Infeliz -de él, aunque fuera mi hermano gemelo! ¿Estabais locos? Cuando todavía -resuenan en el castillo los gritos de guerra, cuando aún estarán llenas -de terror las gentes de la isla, ¿mis propios guardas han de alterar -el sosiego de la noche con disputas y rebatos? Dímelo con verdad, Yago. -¿Quién comenzó? - -MONTANO. - -No te juzgaré buen soldado, si por amistad con Casio faltas á la verdad. - -YAGO. - -No me obligueis tan duramente. Antes que faltar á mi amigo Casio, me -morderia la lengua. Pero hablaré, porque creo que el decir yo la verdad -no le perjudica en nada. Las cosas pasaron así, señor gobernador. -Estaba Montano hablando conmigo, cuando se nos acercó un mancebo -pidiéndonos ayuda contra Casio que venia detras de él, espada en mano. -Este amigo se interpuso y rogó á Casio que se detuviera. Yo corrí -detras del fugitivo, para que no alarmara al pueblo con sus gritos, -como al fin sucedió, porque no pude alcanzarle. Con esto volví á donde -sonaba ruido de espadas, y juramentos de Casio, que nunca hasta esta -noche se le habian oido. Andaba entre ellos tan recia y trabada la -pelea como cuando vos los separasteis. Nada más sé ni puedo deciros. El -hombre es hombre, y el más justo cae y peca. Y tengo para mí que aunque -Casio golpeó á Montano, como hubiera podido golpear á su mejor amigo en -un arrebato de furor, fué sin duda porque habia recibido del fugitivo -alguna ofensa intolerable. - -OTELO. - -La amistad que con Casio tienes, y tu natural benévolo, amigo Yago, te -mueven á disculparle. Mucho te quiero, Casio, pero ya no puedes ser mi -teniente. - - (_Sale Desdémona._) - -Ved: con el alboroto habeis despertado á mi esposa. Voy á hacer en -vosotros un ejemplar castigo. - -DESDÉMONA. - -¿Qué ha sido esto? - -OTELO. - -Ya está acabado todo, amiga mia. Vámonos á descansar. Yo haré curar -vuestra herida, caballero, (_á Montano_). Yago, procura calmar al -pueblo, si es que anda alterado con la riña. Vámonos, Desdémona. -Esta es la vida del guerrero. Hasta en el seno del placer viene á -despertarle ruido de armas. - - (_Quedan solos Casio y Yago._) - -YAGO. - -¿Estais herido, teniente? - -CASIO. - -Sí, y no hay cirujano que pueda curarme. - -YAGO. - -¡No lo quiera Dios! - -CASIO. - -¡He perdido la fama, el buen nombre, lo más espiritual y puro de mi -sér, y sólo me queda la parte brutal! ¡El buen nombre, el buen nombre, -Yago! - -YAGO. - -Por Dios vivo, creí que habiais recibido alguna herida material, la -cual debiera angustiaros más que la pérdida de la fama. La fama no es -sino vano ruido y falsedad é impostura, que las más veces se gana sin -mérito y se pierde sin culpa. Y si vos no dais por perdida la fama, de -fijo que no la habeis perdido. ¡Valor, amigo Casio! Medios teneis para -volver á la gracia del general. Os ha quitado el empleo en un momento -de ira, y más por política y buen parecer, que por mala intencion. -Así pega uno á veces al perro fiel, para asustar al bravo leon. -Suplicadle, pedidle perdon, y todo os lo concederá. - -CASIO. - -¡Cómo ha de atreverse á suplicar nada á un jefe tan íntegro y bueno, -un oficial tan perdido, borracho, y sin seso como yo! ¡Embriagarme yo, -perder el juicio, hablar por los codos, disputar, decir bravatas y -reñir hasta con mi sombra! ¿Cómo te llamaré, espíritu incorpóreo del -vino, que aún no tienes nombre? Sin duda que debo llamarte demonio. - -YAGO. - -¿Y á quién perseguiais con el acero desnudo? ¿Qué os habia hecho? - -CASIO. - -Lo ignoro. - -YAGO. - -¿Es posible? - -CASIO. - -Muchas cosas recuerdo, pero todas confusas é incoherentes. Sólo sé que -hubo una pendencia, pero de la causa no puedo dar razon. ¡Dios mio! ¿No -es buena locura que los hombres beban á su propio enemigo, y que se -conviertan, por medio del júbilo y de la algazara, en brutos animales? - -YAGO. - -Ya os vais serenando. ¿Cómo habeis recobrado el juicio tan pronto? - -CASIO. - -El demonio de la ira venció al de la embriaguez. Un defecto provoca á -otro, para que yo me avergüence más y más de mí mismo. - -YAGO. - -Esa moral es severa con exceso. Por la hora, por el lugar, y por -el estado intranquilo de la isla, valiera más que esto no hubiera -sucedido, pero ya que pasó y no podeis remediarlo, tratad de reparar el -yerro. - -CASIO. - -Cuando yo le vuelva á pedir mi empleo, me llamará borracho. Aunque -yo tuviera todas las bocas de la hidra, esta respuesta bastaria para -hacerlas callar. ¡Pasar yo en breve rato desde el estado de hombre -juicioso al de loco frenético y luego al de bestia! ¡Qué horror! Cada -copa es una maldicion del infierno, cada botella un demonio. - -YAGO. - -No digais eso, que el buen vino alegra el corazon humano, cuando no se -abusa de él. No creo, teniente Casio, que dudareis de la firmeza de mi -amistad. - -CASIO. - -Tengo pruebas de ello. ¡Borracho yo! - -YAGO. - -Vos y cualquiera puede emborracharse alguna vez. Ahora oid lo que os -toca hacer. La mujer de nuestro gobernador le domina á él, porque él -está encantado y absorto en la contemplacion de su belleza. Decidle -la verdad, ponedla por intercesora, para que os restituya vuestro -empleo. Ella es tan buena, dulce y cariñosa que hará de seguro más de -lo que acerteis á pedirla: ella volverá á componer esa amistad quebrada -entre vos y su esposo, y apostaria toda mi dicha futura á que este -disgustillo sirve para estrecharla más y más. - -CASIO. - -Me das un buen consejo. - -YAGO. - -Y tan sincero y honrado como es mi amistad hácia vos. - -CASIO. - -Así lo creo. Lo primero que haré mañana será rogar á Desdémona, que -interceda por mí. Si ella me abandona, ¿qué esperanza puede quedarme? - -YAGO. - -Bien decis. Buenas noches, teniente. Voy á la guardia. - -CASIO. - -Buenas noches, Yago. - -YAGO. - -¿Y quién dirá que soy un malvado, y que no son buenos y sanos mis -consejos? Ese es el único modo de persuadir á Otelo, y muy fácil es que -Desdémona interceda en favor de él, porque su causa es buena, y porque -Desdémona es más benigna que un ángel del cielo. Y poco le ha de costar -persuadir al moro. Aunque le exigiera que renegase de la fe de Cristo, -de tal manera le tiene preso en la red de su amor, que puede llevarle -á donde quiera, y le maneja á su antojo. ¿En qué está mi perfidia, -si aconsejo á Casio el medio más fácil de alcanzar lo que desea? -¡Diabólico consejo el mio! ¡Arte propia del demonio engañar á un alma -incauta con halagos que parecen celestiales! Así lo hago yo, procurando -que este necio busque la intercesion de Desdémona, para que ella niegue -al moro en favor de él. Y entre tanto yo destilaré torpe veneno en los -oidos del moro, persuadiéndole que Desdémona pone tanto empeño en que -no se vaya Casio, porque quiere conservar su ilícito amor. Y cuanto -ella haga por favorecerle, tanto más crecerán las sospechas de Otelo. -De esta manera convertiré el vicio en virtud, tejiendo con la piedad -de Desdémona la red en que ambos han de caer. - - (_Sale Rodrigo._) - -¿Qué novedades traes, Rodrigo? - -RODRIGO. - -Sigo la caza, pero sin fruto. Mi dinero se acaba: esta noche me han -apaleado, y creo que el mejor desenlace de todo seria volverme á -Venecia, con alguna experiencia de más, harto duramente adquirida, y -con algunos ducados de menos. - -YAGO. - -¡Pobre del que no tiene paciencia! ¿Qué herida se curó de primera -intencion? No procedemos por ensalmos, sino con maña y cautela, y dando -tiempo al tiempo. ¿No ves en qué estado andan las cosas? Es verdad -que Casio te ha apaleado, pero él en cambio pierde su oficio. La mala -yerba crece sin sol, pero la flor temprana es señal de temprana fruta. -Ten paciencia y sosiego. Véte á tu posada: luego sabrás lo restante: -véte, véte. Dos cosas tengo que hacer. La primera, hacer que mi mujer -ayude á Desdémona en su peticion á favor de Casio: y cuando ella esté -suplicando con más ahinco, me interpondré yo y hablaré al moro. No es -ocasion de timideces ni de esperas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO III. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Sala del castillo.= - -CASIO y MÚSICOS. - -CASIO. - -Yo os pago. Tocad un breve rato para festejar el natalicio del -gobernador. - - (_Sale el Bufon._) - -BUFON. - -Señores, ¿vuestros instrumentos han adquirido en Nápoles esa voz tan -gangosa? - -MÚSICOS. - -¿Qué decis? - -BUFON. - -Tomad dinero: el gobernador gusta tanto de vuestra música que os paga -para que no continueis. - -MÚSICO 1.º - -Bien, señor. Callaremos. - -BUFON. - -Tocad sólo alguna música que no se oiga, si es que la sabeis. En -cuanto á la que se oye, el general no puede sufrirla. - -MÚSICOS. - -Nunca hemos sabido tales músicas. - -BUFON. - -Pues idos con la vuestra á otra parte, porque si no, me iré yo. ¡Idos -lejos! - - (_Se van._) - -[Ilustración] - -CASIO. - -¿Oyes, amigo? - -BUFON. - -No oigo al amigo: te oigo á tí. - -CASIO. - -Basta de bromas: toma una moneda de oro. Si la dama que acompaña á la -mujer del gobernador está ya levantada, dile que un tal Casio quiere -hablarla. ¿Se lo dirás? - -BUFON. - -Ya está levantada, y si la encuentro, le diré lo que deseais. - -CASIO. - -Díselo, amigo mio. - - (_Se va el Bufon.—Sale Yago._) - -Bien venido, Yago. - -YAGO. - -¿No os habeis acostado? - -CASIO. - -Era casi de dia, cuando me separé de tí. Ahora he enviado un recado á -tu mujer, para que me facilite una entrevista con Desdémona. - -YAGO. - -Yo haré que la veas, y procuraré alejar á Otelo, para que no os -interrumpa. - -CASIO. - -De todas veras te lo agradeceré. (_Aparte._) Ni en Florencia misma he -hallado hombre tan cortes y atento. - - (_Sale Emilia._) - -EMILIA. - -Buenos dias, teniente. Mucho siento el percance que os ha pasado, pero -creo que al fin ha de remediarse. De ello están hablando el gobernador -y su mujer. Ella os defiende mucho. Otelo replica que heristeis á una -persona muy conocida en Chipre: que era forzoso el castigo, y que -por eso os destituyó. Pero como es tan amigo vuestro, no tardará en -devolveros el empleo, apenas haya ocasion propicia. - -CASIO. - -A pesar de todo, me parece conveniente hablar á solas á Desdémona, si -es que mi pretension no te parece descabellada. - -EMILIA. - -Ven conmigo: yo te llevaré á sitio donde puedas hablarla con toda -libertad. - -CASIO. - -Mucho os agradeceré tal favor. - - (_Se van._) - - -ESCENA II. - -=Una sala del castillo.= - -Salen OTELO, YAGO y varios Caballeros. - -OTELO. - -Yago, entrega tú estas cartas al piloto, para que las comunique al -Senado. Entre tanto yo voy á las murallas. Allí me encontrarás. - -YAGO. - -Está bien, general. - -OTELO. - -Caballeros, ¿quereis visitar la fortificacion? - -CABALLEROS. - -Cómo gusteis. - - -ESCENA III. - -=Jardin del castillo.= - -DESDÉMONA, EMILIA y CASIO. - -DESDÉMONA. - -Pierde el temor, amigo mio. Te prestaré toda la ayuda y favor que pueda. - -EMILIA. - -Señora, os suplico que lo hagais, porque mi marido lo toma como asunto -propio. - -DESDÉMONA. - -Es muy honrado. Espero veros pronto amigos á Otelo y á tí, buen Casio. - -CASIO. - -Generosa señora, sucédame lo que quiera, Miguel Casio será siempre -esclavo vuestro. - -DESDÉMONA. - -En mucho aprecio tu amistad. Sé que hace tiempo la tienes con mi -marido, y que sólo se alejará de tí el breve tiempo que la prudencia lo -exija. - -CASIO. - -Pero esa prudencia puede durar tanto, ó acrecentarse con tan perverso -alimento, ó atender á tan falsas apariencias, que estando ausente yo, y -sucediéndome otro en el destino, olvide el general mis servicios. - -DESDÉMONA. - -No tengas ese recelo. A Emilia pongo por testigo de que no he de -desistir hasta que te restituyan el empleo. Yo cumplo siempre lo que -prometo y juro. No dejaré descansar á mi marido, de dia y de noche he -de seguirle y abrumarle con ruegos y súplicas en tu favor. Ni en la -mesa ni en el lecho cesaré de importunarle. Buen abogado vas á tener. -Antes moriré que abandonar la pretension de Casio. - -EMILIA. - -Señora, el amo viene. - -CASIO. - -Adios, señora. - -DESDÉMONA. - -Quédate, y oye lo que voy á decirle. - -CASIO. - -No puedo oirte ahora ni estoy de buen temple para hablar en causa -propia. - -DESDÉMONA. - -Como querais. - - (_Se va Casio.—Salen Otelo y Yago._) - -YAGO. - -No me parece bien esto. - -OTELO. - -¿Qué dices entre dientes? - -YAGO. - -Nada... No lo sé, señor. - -OTELO. - -¿No era Casio el que hablaba con mi mujer? - -YAGO. - -¿Casio? No, señor. ¿Por qué habia de huir él tan pronto, apenas os vió -llegar? - -OTELO. - -Pues me pareció que era Casio. - -DESDÉMONA. - -¿Tú de vuelta, amor mio? Ahora estaba hablando con un pobre -pretendiente, que se queja de tus enojos. - -OTELO. - -¿Quién? - -DESDÉMONA. - -Tu teniente Casio. Y si en algo estimas mi amor y mis caricias, óyeme -benévolo. O yo no entiendo nada de fisonomías, ó Casio ha pecado más -que por malicia, por ignorancia. Perdónale. - -OTELO. - -¿Era el que se fué de aquí ahora mismo? - -DESDÉMONA. - -Sí, tan triste y abatido, que me dejó parte de su tristeza. Haz que -vuelva contento, esposo mio. - -OTELO. - -Ahora no: otra vez será, esposa mia. - -DESDÉMONA. - -¿Pronto? - -OTELO. - -Tus ruegos adelantarán el plazo. - -DESDÉMONA. - -¿Esta noche, á la hora de cenar? - -OTELO. - -Esta noche no puede ser. - -DESDÉMONA. - -¿Mañana á la hora de comer? - -OTELO. - -Mañana no comeré en casa. Tenemos junta militar en el castillo. - -DESDÉMONA. - -Entonces mañana por la noche, ó el mártes por la mañana, por la tarde ó -por la noche, ó el miércoles muy de madrugada. Fíjame un término y que -sea corto: tres dias á lo más. Ya está arrepentido. Y aunque dicen que -las leyes de la guerra son duras, y que á veces exigen el sacrificio de -los mejores, su falta es bien leve, y digna sólo de alguna reprension -privada. Dime, Otelo: ¿cuándo volverá? Si tú me pidieras algo, no te -lo negaria yo ciertamente. Mira que en nada pienso tanto como en esto. -¿No te acuerdas que Casio fué confidente de nuestros amores? ¿No sabes -que él te defendia siempre, cuando yo injustamente y por algun arrebato -de celos, hablaba mal de tí? ¿Por qué dudas en perdonarle? No sé cómo -persuadirte... - -OTELO. - -Basta, mujer: no me digas más. Que vuelva cuando quiera. - -DESDÉMONA. - -No te he pedido gracia, ni sacrificio, sino cosa que á tí mismo te -está bien y te importa. Es como si te pidiera que te abrigaras, ó que -te pusieras guantes, ó que comieses bien. Si mi peticion fuera de cosa -más difícil ó costosa, á fe que tendria yo que medir y pesar bien las -palabras, y aún así sabe Dios si lo alcanzaria. - -OTELO. - -Nada te negaré. Una cosa sola he de pedirte. Déjame solo un rato. - -DESDÉMONA. - -¿Yo dejar de obedecerte? Adios, señor mio, adios. - -OTELO. - -Adios, Desdémona. Pronto seré contigo. - -DESDÉMONA. - -Ven, Emilia. (_A Otelo._) Siempre seré rendida esclava de tus -voluntades. - - (_Se van._) - -OTELO. - -¡Alma de mi alma! Condenada sea mi alma, si yo no te quiero; y si -alguna vez dejo de quererte, ¡confúndase y acábese el universo! - -YAGO. - -General. - -OTELO. - -¿Qué dices, Yago? - -YAGO. - -¿Miguel Casio tuvo alguna noticia de vuestros amores con la señora? - -OTELO. - -Lo supo todo, desde el principio hasta el fin. ¿A qué esa pregunta? - -YAGO. - -Por nada: para matar un recelo mio. - -OTELO. - -¿Qué recelo? - -YAGO. - -Yo creí que nunca la habia tratado. - -OTELO. - -¡Si fué confidente y mensajero de nuestros amores! - -YAGO. - -¿Eso dices? - -OTELO. - -La verdad digo. ¿Por qué te sorprende? Pues ¿no es hombre de fiar? - -YAGO. - -Sí: hombre de bien. - -OTELO. - -Muy de bien. - -YAGO. - -Así que sepa... - -OTELO. - -¿Qué estais murmurando? - -YAGO. - -¿Murmurar? - -OTELO. - -¡Sí, algo piensas, vive Dios! Vas repitiendo como un eco mis palabras, -como si tuvieras en la conciencia algun mónstruo, y no te atrevieras á -arrojarle. Hace un momento, cuando viste juntos á Casio y á mi mujer, -dijiste que no te parecia bien. ¿Y por qué no? Ahora cuando te he -referido que fué medianero de nuestros amores, preguntaste: «¿Es verdad -eso?» y te quedaste caviloso, como si madurases alguna siniestra idea. -Si eres amigo mio, dime con verdad lo que piensas. - -YAGO. - -Señor, ya sabeis que de todas veras os amo. - -OTELO. - -Por lo mismo que lo sé y lo creo, y que te juzgo hombre sério y -considerado en lo que dices, me asustan tus palabras y tu silencio. No -los extrañaria en hombres viles y soeces, pero en un hombre honrado -como tú son indicios de que el alma está ardiendo, y de que quiere -estallar la indignacion comprimida. - -YAGO. - -Juro que tengo á Miguel Casio por hombre de honor. - -OTELO. - -Yo tambien. - -YAGO. - -El hombre debe ser lo que parece, ó á lo menos, aparentarlo. - -OTELO. - -Dices bien. - -YAGO. - -Repito que á Casio le tengo por hombre honrado. - -OTELO. - -Eso no es decírmelo todo. Declárame cuanto piensas y recelas, hasta lo -peor y más oculto. - -YAGO. - -Perdonadme, general: os lo suplico. Yo estoy obligado á obedeceros en -todo, menos en aquellas cosas donde ni el mismo esclavo debe obedecer. -¿Revelaros mi pensamiento? ¿Y si mi pensamiento fuera torpe, vil y -menguado? ¿En qué palacio no penetra alguna vez la alevosía? ¿En qué -pecho no caben injustos recelos y cavilosidades? Hasta con el más recto -juicio pueden unirse bajos pensamientos. - -OTELO. - -Yago, faltas á la amistad, si creyendo infamado á tu amigo, no le -descubres tu sospecha. - -YAGO. - -¿Y si mi sospecha fuera infundada? Porque yo soy naturalmente receloso -y perspicaz, y quizá veo el mal donde no existe. No hagais caso de mis -malicias, vagas é infundadas, ni perturbeis vuestro reposo por ellas, -ni yo como hombre honrado y pundonoroso debo revelaros el fondo de mi -pensamiento. - -OTELO. - -¿Qué quieres decir con eso? - -YAGO. - -¡Ay, querido jefe mio!, la buena reputacion, así en hombre como en -mujer, es el tesoro más preciado. Poco roba quien roba mi dinero: antes -fué algo, despues nada: antes mio, ahora suyo, y puede ser de otros -cincuenta. Pero quien me roba la fama, no se enriquece, y á mí me deja -pobre. - -OTELO. - -¿Qué estás pensando? Dímelo, por Dios vivo. Quiero saberlo. - -YAGO. - -No lo sabreis nunca, aunque tengais mi corazon en la mano. - -OTELO. - -¿Por qué? - -YAGO. - -Señor, temed mucho á los celos, pálido mónstruo, burlador del alma -que le da abrigo. Feliz el engañado que descubre el engaño y consigue -aborrecer á la engañadora, pero ¡ay del infeliz que aún la ama, y duda, -y vive entre amor y recelo! - -OTELO. - -¡Horrible tortura! - -YAGO. - -Más feliz que el rico es el pobre, cuando está resignado con su suerte. -Por el contrario el rico, aunque posea todos los tesoros de la tierra, -es infeliz por el temor que á todas horas le persigue, de perder su... -¡Dios mio, aparta de mis amigos, los celos! - -OTELO. - -¿Qué quieres decir? ¿Imaginas que he de pasar la vida entre sospechas y -temores, cambiando de rostro como la luna? No: la duda y la resolucion -sólo pueden durar en mí un momento, y si alguna vez hallares que me -detengo en la sospecha y que no la apuro, llámame imbécil. Yo no me -encelo si me dicen que mi mujer es hermosa y alegre, que canta y toca -y danza con primor, ó que se complace en las fiestas. Si su virtud es -sincera, más brillará así. Tampoco he llegado á dudar nunca de su amor. -Ojos tenia ella y entendimiento para escoger. Yago, para dudar necesito -pruebas, y así que las adquiera, acabaré con el amor ó con los celos. - -YAGO. - -Dices bien. Y así conocerás mejor la lealtad que te profeso. Ahora no -puedo darte pruebas. Vigila á tu esposa: repárala bien cuando hable -con Casio, pero que no conozcan tus recelos en la cara. No sea que se -burlen de tu excesiva buena fe. Las venecianas sólo confian á Dios el -secreto, y saben ocultársele al marido. No consiste su virtud en no -pecar, sino en esconder el pecado. - -OTELO. - -¿Eso dices? - -YAGO. - -A su padre engañó por amor tuyo, y cuando fingia mayor esquiveza, era -cuando más te amaba. - -OTELO. - -Verdad es. - -YAGO. - -Pues la que tan bien supo fingir, hasta engañar á su padre, que no -podia explicarse vuestro amor sino como obra de hechicería... Pero ¿qué -estoy diciendo? Perdóname si me lleva demasiado lejos el cariño que te -profeso. - -OTELO. - -Eterna será mi gratitud. - -YAGO. - -Mal efecto te han hecho mis palabras, señor. - -OTELO. - -No. Mal efecto, ninguno. - -YAGO. - -Paréceme que sí. Repara que cuanto te he dicho ha sido por tu bien. -Pero, señor, ¡estais desconcertado! Ruégoos que no entendais mis -palabras más que como suenan, ni deis demasiado crédito é importancia á -una sospecha. - -OTELO. - -Te lo prometo. - -YAGO. - -Si no, lo sentiria, y áun seria más pronto el desenlace, que lo que yo -imaginé. Casio es amigo mio... Pero ¡estais turbado! - -OTELO. - -¿Por qué? Yo tengo á Desdémona por honrada. - -YAGO. - -¡Que lo sea mucho tiempo! ¡Que por muchos años lo creas tú así! - -OTELO. - -Pero cuando la naturaleza comienza á extraviarse... - -YAGO. - -Ahí está el peligro. Y á decir verdad, el haber despreciado tan -ventajosos casamientos de su raza, de su patria y de su condicion -y haberse inclinado á tí, parece indicio no pequeño de torcidas -y livianas inclinaciones. La naturaleza hubiera debido moverla á -lo contrario. Pero... perdonadme: al decir esto, no aludo á ella -solamente, aunque temo que al compararos con los mancebos de Venecia, -pudiera arrepentirse. - -OTELO. - -Adios, adios, y si algo más averiguas, no dejes de contármelo. Que tu -mujer los vigile mucho. Adios, Yago. - -YAGO. - -Me voy, general. Quédate con Dios. (_Se aparta breve trecho._) - -OTELO. - -¿Para qué me habré casado? Sin duda este amigo sabe mucho más que lo -que me ha confesado. - -YAGO. - -Gobernador, os suplico que no volvais á pensar en eso. Dad tiempo al -tiempo, y aunque parece justo que Casio recobre su empleo, puesto que -es hábil para desempeñarlo, mantened las cosas en tal estado algun -tiempo más, y entre tanto podeis estudiar su carácter, y advertir si -vuestra mujer toma con mucho calor su vuelta. Este será vehemente -indicio, pero entre tanto, inclinaos á pensar que me he equivocado en -mis sospechas y temores, y no desconfieis de su fidelidad. - -OTELO. - -Nada temas. - -YAGO. - -Adios otra vez. - - (_Vase._) - -OTELO. - -Este Yago es buen hombre y muy conocedor del mundo. ¡Ay, halcon mio! si -yo te encontrara fiel, aunque te tuviera sujeto al corazon con garfios -ó correas, te lanzaria al aire en busca de presa. ¿Quizá me estará -engañando por ser yo viejo y negro, ó por no tener la cortesía y ameno -trato propios de la juventud? ¿Pero qué me importa la razon? Lo cierto -es que la he perdido, que me ha engañado, y que no tengo más recurso -que aborrecerla. ¡Maldita boda: ser yo dueño de tan hermosa mujer -pero no de su alma! Más quisiera yo ser un sapo asqueroso ó respirar -la atmósfera de una cárcel, que compartir con nadie la posesion de -esa mujer. Pero tal es la maldicion que pesa sobre los grandes, más -infelices en esto que la plebe. Maldicion que nos amenaza, desde que -comenzamos á respirar el vital aliento. Aquí viene Desdémona. - - (_Salen Desdémona y Emilia._) - -(_Aparte._) ¿Será verdad que es infiel? ¿Se burlará el cielo de sí -mismo? - -DESDÉMONA. - -Otelo, vén: los nobles de la isla están ya congregados para el banquete. - -OTELO. - -¡Qué insensatez la mia! - -DESDÉMONA. - -¿Por qué hablas entre dientes? ¿Estás malo? - -OTELO. - -Me duele la cabeza. - -DESDÉMONA. - -Sin duda, por el insomnio. Pero pronto sanarás. Yo te vendaré la -cabeza, y antes de una hora estarás aliviado. (_Intenta ponerle el -pañuelo._) - -OTELO. - -Ese pañuelo es pequeño. (_Se cae el pañuelo._) Déjalo. Me voy contigo. - -DESDÉMONA. - -Mucho siento tu incomodidad. - - (_Vanse._) - -EMILIA. - -¡Oh felicidad! Este es el pañuelo, primera ofrenda amorosa del moro. -Mi marido me ha pedido mil veces que se lo robe á Desdémona, pero como -ella lo tiene en tanto aprecio, y Otelo se lo encomendó tanto, jamas -lo deja de la mano, y muchas veces le besa y acaricia. Haré copiar la -misma labor, y se le daré á Yago, aunque no puedo atinar para qué le -desea: Dios lo sabe. A mí sólo me toca obedecer. - - (_Sale Yago._) - -YAGO. - -¿Cómo estás sola? - -EMILIA. - -No te enojes, que algo tengo que regalarte. - -YAGO. - -¿A mí qué? Buena cosa será. - -EMILIA. - -¡Ya lo creo! - -YAGO. - -Eres necia, esposa mia. - -EMILIA. - -¡Ya lo creo! ¿Cuánto me darás por aquel pañuelo? - -YAGO. - -¿Qué pañuelo? - -EMILIA. - -Aquel que el moro regaló á Desdémona, y que tantas veces me has mandado -robar. - -YAGO. - -¿Y ya lo has hecho? - -EMILIA. - -No le he robado, sino que le he recogido del suelo, donde ella le dejó -caer. Tómale, aquí está. - -YAGO. - -Damele, pues, amor mio. - -EMILIA. - -¿Y para qué? ¿Cómo tuviste tanto empeño en que yo le robara? - -YAGO. - -(_Cogiendo el pañuelo._) ¿Qué te importa? Damele. - -[Ilustración] - -EMILIA. - -Si no le necesitas para cosa de importancia, devuélvemele pronto, Yago, -porque mi señora se morirá de pena, así que eche de ver la falta. - -YAGO. - -No le confieses nada. Necesito el pañuelo. ¿Oyes? Véte. - - (_Vase Emilia._) - -Voy á tirar este pañuelo en el aposento de Casio, para que allí le -encuentre Otelo. La sombra más vana, la más ligera sospecha son -para un celoso irrecusables pruebas. Ya comienza á hacer su efecto -el veneno: al principio apenas ofende los labios, pero luego, como -raudal de lava, abrasa las entrañas. Aquí viene el moro. (_Aparte._) No -podrás conciliar hoy el sueño tan apaciblemente como ayer, aunque la -adormidera, el beleño y la mandrágora mezclen para tí sus adormecedores -jugos. - -OTELO. - -¡Infiel! ¡Infiel! - -YAGO. - -¿Qué decis, gobernador? - -OTELO. - -¡Lejos, lejos de mí! Tus sospechas me han puesto en el tormento. Vale -más ser engañado del todo que padecer, víctima de una duda. - -YAGO. - -¿Por qué decis eso, general? - -OTELO. - -¿Qué me importaban sus ocultos retozos, si yo no los veia ni me -percataba de ellos, ni perdia por eso el sueño, la alegría, ni el -reposo? Jamas advertí en sus labios la huella del beso de Casio. Y si -el robado no conoce el robo, ¿qué le importa que le hurten? - -YAGO. - -Duéleme oirte hablar así. - -OTELO. - -Yo hubiera podido ser feliz aunque los más ínfimos soldados del -ejército hubiesen disfrutado de la hermosura de ella. ¡Pero haberlo -sabido! ¡Adios, paz de mi alma! ¡Adios, bizarros escuadrones, glorioso -campo de pelea, que truecas la ambicion en virtud! ¡Adios, corceles -de batalla, clarin bastardo, bélicos atambores, pífanos atronantes, -banderas desplegadas, pompa de los ojos, lujo y estruendo de las armas! -¡Adios todo, que la gloria de Otelo se ha acabado! - -YAGO. - -¿Será verdad, señor? - -OTELO. - -¡Infame! Dame pruebas infalibles de que mi esposa es adúltera. ¿Me -oyes? Quiero pruebas que entren por los ojos, y si no me las das, perro -malvado, más te valiera no haber nacido que encontrarte al alcance de -mis manos. ¡Haz que yo lo vea, ó á lo menos pruébalo de tal suerte, que -la duda no encuentre resquicio ni pared donde aferrarse! Y si no, ¡ay -de tí! - -YAGO. - -¡Señor, jefe mio! - -OTELO. - -Si lo que me has dicho, si el tormento en que me has puesto no es más -que una calumnia, no vuelvas á rezar en todos los dias de tu vida: -sigue acumulando horrores y maldades, porque tu eterna condenacion es -tan segura que poco puede importarte un crímen más. - -YAGO. - -¡Piedad, Dios mio! ¿Sois hombre, Otelo, ó es que habeis perdido el -juicio? Desde ahora renuncio á mi empleo. ¡Qué necio yo, cuyos favores -se toman por agravios! ¡Cuán triste cosa es en este mundo ser honrado -y generoso! Mucho me alegro de haberlo aprendido. Desde hoy prometo no -querer bien á nadie, si la amistad se paga de este modo. - -OTELO. - -No te vayas. Escúchame. Mejor es que seas honrado. - -YAGO. - -No: seré ladino y cauteloso. La bondad se convierte en insensatez -cuando trabaja contra sí misma. - -[Ilustración] - -OTELO. - -¡Por Dios vivo! Yo creo y no creo que mi mujer es casta, y creo y -no creo que tú eres hombre de bien. Pruebas, pruebas. Su nombre, -que resplandecia antes más que el rostro de la luna, está ahora tan -oscuro y negro como el mio. No he de sufrirlo, mientras haya en el -mundo cuerdas, aceros, venenos, hogueras y rios desbordados. ¡Pruebas, -pruebas! - -YAGO. - -Señor, veo que sois juguete de la pasion, y ya me va pesando de mi -franqueza. ¿Quereis pruebas? - -OTELO. - -No las quiero: las tendré. - -YAGO. - -Y podeis tenerlas. ¡Pero qué género de pruebas! ¿Quereis verlos juntos? -¡Qué grosería! - -OTELO. - -¡Condenacion! ¡Muerte! - -YAGO. - -Y tengo para mí que habia de ser difícil sorprenderlos en tal ocasion. -Buen cuidado tendrán ellos de ocultar sus adúlteras caricias de la -vista de todos. ¿Qué prueba bastará convenceros? ¿Ni cómo habeis de -verlos? Aunque estuviesen más ardorosos que jimios ó cabras ó que lobos -en el celo, ó más torpes y necios que la misma estupidez. De todas -suertes, aunque yo no pueda daros pruebas evidentes, tengo indicios -tales, que pueden llevaros á la averiguacion de la verdad. - -OTELO. - -Dame alguna prueba clara y evidente de su infidelidad. - -YAGO. - -A fe mia que no me gusta el oficio de delator, pero á tal extremo han -llegado las cosas que ya no puedo evitarlo. Ya sabes que mi aposento -está cerca del de Casio, y que aquejado por el dolor de muelas, no -puedo dormir. Hay hombres tan ligeros que entre sueños descubren su -secreto. Así Casio, que entre sueños decia: «Procedamos con cautela, -amada Desdémona.» Y luego me cogió la mano, y me la estrechó con -fuerza, diciéndome: «Amor mio», y me besó como si quisiera desarraigar -los besos de mis labios, y dijo en altas voces: «¡Maldita fortuna la -que te hizo esposa del moro!» - -OTELO. - -¡Qué horror! - -YAGO. - -Pero todo eso fué un sueño. - -OTELO. - -Prueba palpable, aunque fuera sueño, puesto que descubre que su amor ha -llegado á la posesion definitiva. - -YAGO. - -Esta prueba sirve para confirmar otras, aunque ninguna de ellas -convence. - -OTELO. - -Quiero destrozarla. - -YAGO. - -Ten prudencia. Con certidumbre no sé nada. ¿Quién sabe si será fiel -todavía? ¿No has visto alguna vez un pañuelo bordado en manos de -Desdémona? - -OTELO. - -Sí, por cierto; fué el primer regalo que la hice. - -YAGO. - -No lo sabia yo, pero ví en poder de Casio un pañuelo, del todo -semejante. Sí: estoy seguro de que era el de vuestra mujer. - -OTELO. - -¡Si fuera el mismo!... - -YAGO. - -Aquel ú otro: basta que fuera de ella para ser un indicio desfavorable. - -OTELO. - -Ojalá tuviera él cien mil vidas, que una sola no me basta para saciar -mi venganza. Mira, Yago: con mi aliento arrojo para siempre mi amor. -¡Sal de tu caverna, hórrida venganza! Amor, ¡ríndete al mónstruo del -odio! ¡Pecho mio, llénate de víboras! - -YAGO. - -Cálmate, señor. - -OTELO. - -¡Sangre, Yago, sangre! - -YAGO. - -Sangre no: paciencia. ¿Quién sabe si mudareis de pensamiento? - -OTELO. - -Nunca, Yago. Así como el gélido mar corre siempre con rumbo á la -Propóntide y al Helesponto, sin volver nunca atras su corriente, así -mis pensamientos de venganza no se detienen nunca en su sanguinaria -carrera, ni los templará el amor, mientras no los devore la venganza. -Lo juro solemnemente por el cielo que nos cubre. (_Se arrodilla._) - -YAGO. - -No os levanteis. (_Se arrodilla tambien._) Sed testigos, vosotros, -luceros de la noche, y vosotros, elementos que girais en torno del -mundo, de que Yago va á dedicar su corazon, su ingenio y su mano á la -venganza de Otelo. Lo que él mande, yo lo obedeceré, aunque me parezca -feroz y sanguinario. - -OTELO. - -Gracias, y acepto gustoso tus ofertas, y voy á ponerte á prueba en -seguida. Ojalá dentro de tres dias puedas decirme: «ya no existe Casio.» - -YAGO. - -Dad por muerto á mi amigo, aunque ella viva. - -OTELO. - -No, no: ¡vaya al infierno esa mujer carnal y lujuriosa! Voy á buscar -astutamente medios de dar muerte á tan hermoso demonio. Yago, desde hoy -serás mi teniente. - -YAGO. - -Esclavo vuestro siempre. - - -ESCENA IV. - -=Explanada delante del castillo.= - -Salen DESDÉMONA, EMILIA y un BUFON. - -DESDÉMONA. - -Dime: ¿dónde está Casio? - -BUFON. - -No en parte alguna que yo sepa. - -DESDÉMONA. - -¿Por qué dices eso? ¿No sabes á lo menos cuál es su alojamiento? - -BUFON. - -Si os lo dijera, seria una mentira. - -DESDÉMONA. - -¿No me dirás algo con seriedad? - -BUFON. - -No sé cuál es su posada, y si yo la inventara ahora, seria hospedarme -yo mismo en el pecado mortal. - -DESDÉMONA. - -¿Podrás averiguarlo y adquirir noticias de él? - -BUFON. - -Preguntaré como un catequista, y os traeré las noticias que me dieren. - -DESDÉMONA. - -Véte á buscarle; dile que venga, porque ya he persuadido á mi esposo en -favor suyo, y tengo por arreglado su negocio. - - (_Vase._) - -DESDÉMONA. - -Emilia, ¿dónde habré perdido aquel pañuelo? - -EMILIA. - -No lo sé, señora mia. - -DESDÉMONA. - -Créeme. Preferiria yo haber perdido un bolsillo lleno de ducados. A fe -que si el moro no fuera de alma tan generosa y noble incapaz de dar en -la ceguera de los celos, bastaria esto para despertar sus sospechas. - -EMILIA. - -¿No es celoso? - -DESDÉMONA. - -El sol de su nativa África limpió su corazon de todas esas malas -pasiones. - -EMILIA. - -Por allí viene. - -DESDÉMONA. - -No me separaré de él hasta que llegue Casio. - - (_Sale Otelo._) - -¿Cómo estás, Otelo? - -OTELO. - -Muy bien, esposa mia. (_Aparte._) ¡Cuán difícil me parece el disimulo! -¿Cómo te va, Desdémona? - -DESDÉMONA. - -Bien, amado esposo. - -OTELO. - -Dame tu mano, amor mio. ¡Qué húmeda está! - -DESDÉMONA. - -No la quitan frescura ni la edad ni los pesares. - -OTELO. - -Es indicio de un alma apasionada. Es húmeda y ardiente. Requiere -oracion, largo ayuno, mucha penitencia y recogimiento, para que el -diablillo de la carne no se subleve. Mano tierna, franca y generosa. - -DESDÉMONA. - -Y tú puedes decirlo, pues con esa mano te dí toda el alma. - -OTELO. - -¡Qué mano tan dadivosa! En otros tiempos el alma hacia el regalo de la -mano. Hoy es costumbre dar manos sin alma. - -DESDÉMONA. - -Nada sé de eso. ¿Te has olvidado de tu palabra? - -OTELO. - -¿Qué palabra? - -DESDÉMONA. - -He mandado á llamar á Casio para que hable contigo. - -OTELO. - -Tengo un fuerte resfriado. Dame tu pañuelo. - -DESDÉMONA. - -Tómale, esposo mio. - -OTELO. - -El que yo te dí. - -DESDÉMONA. - -No le tengo aquí. - -OTELO. - -¿No? - -DESDÉMONA. - -No, por cierto. - -OTELO. - -Falta grave es esa, porque aquel pañuelo se lo dió á mi madre una sábia -hechicera, muy hábil en leer las voluntades de las gentes, y díjole que -mientras le conservase, siempre seria suyo el amor de mi padre, pero si -perdia el pañuelo, su marido la aborreceria y buscaria otros amores. -Al tiempo de su muerte me lo entregó, para que yo se le regalase á mi -esposa el dia que llegara á casarme. Hícelo así, y repito que debes -guardarle bien y con tanto cariño cómo á las niñas de tus ojos, porque -igual desdicha seria para tí perderlo que regalarlo. - -DESDÉMONA. - -¿Será verdad lo que cuentas? - -OTELO. - -Indudable. Hay en esos hilos oculta y maravillosa virtud, como que los -tejió una sibila agitada de divina inspiracion. Los gusanos que hilaron -la seda eran asimismo divinos. Licor de momia y corazon de vírgen -sirvieron para el hechizo. - -DESDÉMONA. - -¿Dices verdad? - -OTELO. - -No lo dudes. Y haz por no perderle. - -DESDÉMONA. - -¡Ojalá que nunca hubiera llegado á mis manos! - -OTELO. - -¿Por qué? ¿Qué ha sucedido? - -DESDÉMONA. - -¿Por qué hablas con tal aceleramiento? - -OTELO. - -¿Le has perdido? ¿Dónde? Contéstame. - -DESDÉMONA. - -¡Favor del cielo! - -OTELO. - -¿Qué estás diciendo? - -DESDÉMONA. - -No le perdí. Y si por casualidad le hubiera perdido... - -OTELO. - -¿Perderle? - -DESDÉMONA. - -Te juro que no le perdí. - -OTELO. - -Pues damele, para que yo le vea. - -DESDÉMONA. - -Ahora mismo podria dártele, pero no quiero hacerlo, porque tú no -accedes á mis ruegos, ni vuelves su empleo á Casio. - -OTELO. - -Muéstrame el pañuelo. Mis sospechas crecen. - -DESDÉMONA. - -Hazme ese favor, Otelo. Nunca hallarás hombre más hábil é inteligente. - -OTELO. - -¡El pañuelo! - -DESDÉMONA. - -Hablemos de Casio. - -OTELO. - -¡El pañuelo! - -DESDÉMONA. - -Casio que en todo tiempo fué amigo y protegido tuyo, que á tu lado -corrió tantas aventuras... - -OTELO. - -¡El pañuelo! - -DESDÉMONA. - -Grande es tu impaciencia. - -OTELO. - -¡Aparta! - - (_Se va._) - -EMILIA. - -¿Estará celoso? - -DESDÉMONA. - -Es la primera vez que le veo así. Sin duda aquel pañuelo está -encantado. ¡Cuánto siento haberlo perdido! - -EMILIA. - -No bastan un año ni dos, para conocer el carácter de un hombre. Son -abismos que á nosotras nos devoran, y cuando se hartan, nos arrojan de -sí. Aquí vienen mi marido y Casio. - - (_Salen Casio y Yago._) - -YAGO. - -Ya no queda otro recurso. Ella es quien ha de hacerlo. Allí está. ¡Oh -fortuna! Id á rogárselo. - -DESDÉMONA. - -¿Qué noticias traes, Casio? - -CASIO. - -Nada, sino mi antigua pretension, señora. Deseo, merced á vuestra -generosa intercesion, volver á la luz, á la vida, á la amistad del -hombre á quien tanto respeto y agradecimiento debo. Sólo os suplico -que intercedais con mucha eficacia, y si mi culpa es tan grande que -ni mis servicios pasados, ni mi infortunio presente, ni mis méritos -futuros bastan á que sea perdonada, sépalo yo de cierto, y alegrándome, -con forzada alegría, de saberlo, pediré limosna á la fortuna por otro -camino. - -DESDÉMONA. - -¡Ay, buen señor Casio! Mis ruegos no suenan ya bien en los oidos de mi -señor. Mi esposo no es el de antes. Si su rostro hubiera cambiado tanto -como su índole, de fijo que yo no le conoceria. Todos los santos me -sean testigos de que le he suplicado en favor tuyo con cuanto empeño -he podido, hasta incurrir en su indignacion por mi atrevimiento y -tenacidad. Es preciso dar tiempo al tiempo. Yo haré lo que pueda, y más -que si se tratase de negocio mio. - -YAGO. - -¿Se enojó contra tí el general? - -EMILIA. - -Ahora acaba de irse de aquí, con ceño muy torvo. - -YAGO. - -¿Será verdad? Grave será el motivo de su enojo, porque nunca le he -visto inmutarse, ni siquiera cuando á su lado una bala de cañon mató á -su hermano. Voy á buscar á Otelo. - - (_Vase._) - -DESDÉMONA. - -Será sin duda algun negocio político, del gobierno de Venecia, ó alguna -conspiracion de Chipre lo que ha turbado la calma de mi marido. Cuando -los hombres por cualquier motivo grave se enojan, riñen hasta sobre -las cosas más insignificantes. De la misma suerte, con un dedo que -nos duela, todos los demas miembros se resienten. Los hombres no son -dioses, ni tenemos derecho para pedirles siempre ternura. Bien haces, -Emilia, en reprenderme mi falta de habilidad. Cuando ya bien á las -claras mostraba su ánimo el enojo, yo misma soborné á los testigos, -levantándole falso testimonio. - -EMILIA. - -Quiera Dios que sean negocios de Estado, como sospechais, y no vanos -recelos y sospechas infundadas. - -DESDÉMONA. - -¡Celos de mí! ¿Y por qué causa, si nunca le he dado motivo? - -EMILIA. - -No basta eso para convencer á un celoso. Los celos nunca son razonados. -Son celos porque lo son: mónstruo que se devora á sí mismo. - -DESDÉMONA. - -Quiera Dios que nunca tal mónstruo se apodere del alma de Otelo. - -EMILIA. - -Así sea, señora mia. - -DESDÉMONA. - -Yo le buscaré. No te alejes mucho, amigo Casio. Y si él se presenta -propicio, redoblaré mis instancias, hasta conseguir lo que deseas. - -CASIO. - -Humildemente os lo agradezco, reina. - - (_Vanse Emilia y Desdémona._) - (_Sale Blanca._) - -BLANCA. - -Buenos dias, amigo Casio. - -CASIO. - -¿Cómo has venido, hermosa Blanca? Bien venida, seas siempre. Ahora -mismo pensaba ir á tu casa. - -[Ilustración: _Casio y Blanca._] - -BLANCA. - -Y yo á tu posada, Casio amigo. ¡Una semana sin verme! ¡Siete dias y -siete noches! ¡Veinte veces ocho horas, más otras ocho! ¡Y horas más -largas que las del reloj, para el alma enamorada! ¡Triste cuenta! - -CASIO. - -No te enojes, Blanca mia. La pena me ahogaba. En tiempo más propicio -pagaré mi deuda. Hermosa Blanca, cópiame la labor de este pañuelo. (_Se -le da._) - -BLANCA. - -Casio, ¿de dónde te ha venido este pañuelo? Sin duda de alguna nueva -querida. Si antes lloré tu ausencia, ahora debo llorar más el motivo. - -CASIO. - -Calla, niña. Maldito sea el demonio que tales dudas te inspiró. Ya -tienes celos y crees que es de alguna dama. Pues no es cierto, Blanca -mia. - -BLANCA. - -¿De quién es? - -CASIO. - -Lo ignoro. En mi cuarto lo encontré, y porque me gustó la labor, quiero -que me la copies, antes que vengan á reclamármelo. Hazlo, bien mio, te -lo suplico. Ahora véte. - -BLANCA. - -¿Y por qué he de irme? - -CASIO. - -Porque va á venir el general, y no me parece bien que me encuentre con -mujeres. - -BLANCA. - -¿Y por qué? - -CASIO. - -No porque yo no te adore. - -BLANCA. - -Porque no me amas. Acompáñame un poco. ¿Vendrás temprano esta noche? - -CASIO. - -Poco tiempo podré acompañarte, porque estoy de espera. Pero no -tardaremos en vernos. - -BLANCA. - -Bien está. Es fuerza acomodarse al viento. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO IV. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Plaza delante del castillo.= - -Salen OTELO y YAGO. - -YAGO. - -¿Qué pensais? - -OTELO. - -¿Qué he de pensar, Yago? - -YAGO. - -¿Qué os parece de ese beso? - -OTELO. - -Beso ilícito. - -YAGO. - -Puede ser sin malicia. - -OTELO. - -¿Sin malicia? Eso es hipocresía y querer engañar al demonio. Arrojarse -á tales cosas sin malicia es querer tentar la omnipotencia divina. - -YAGO. - -Con todo es pecado venial. Y si yo hubiera dado á mi mujer un pañuelo... - -OTELO. - -¿Qué? - -YAGO. - -Señor: en dándosele yo, suyo es, y puede regalársele á quien quiera. - -OTELO. - -Tambien es suyo mi honor, y sin embargo no puede darle. - -YAGO. - -El honor, general mio, es cosa invisible, y á veces le gasta más quien -nunca le tuvo. Pero el pañuelo... - -OTELO. - -¡Por Dios vivo! Ya le hubiera yo olvidado. Una cosa que me dijiste -anda revoloteando sobre mí como el grajo sobre techo infestado de -pestilencia. Me dijiste que Casio habia recibido ese pañuelo. - -YAGO. - -¿Y qué importa? - -OTELO. - -Pues no me parece nada bien. - -YAGO. - -¿Y si yo os dijera que presencié vuestro agravio, ó á lo menos que le -he oido contar, porque hay gentes que apenas han logrado, á fuerza de -importunidades, los favores de una dama, no paran hasta contarlo? - -OTELO. - -¿Y él ha dicho algo? - -YAGO. - -Sí, general mio. Pero tranquilizaos, porque todo lo desmentirá. - -OTELO. - -¿Y qué es lo que dijo? - -YAGO. - -Que estuvo con ella... No sé qué más dijo. - -OTELO. - -¿Con ella? - -YAGO. - -Sí, con ella. - -OTELO. - -¡Con ella! ¡Eso es vergonzoso, Yago! ¡El pañuelo... confesion... -el pañuelo! ¡Confesion y horca! No: ahorcarle primero y confesarle -despues... Horror me da el pensarlo. Horribles presagios turban mi -mente. Y no son vanas sombras, no... Oidos, labios... ¿Será verdad?... -Confesion, pañuelo... (_Cae desmayado._) - -YAGO. - -¡Sigue, sigue, eficaz veneno mio! El mismo se va enredando incauta y -desatentadamente. Así vienen á perder su fama las más castas matronas, -sin culpa suya. ¡Levantaos, señor, levantaos! ¿Me ois, Otelo? ¿Qué -sucede, Casio? (_A Casio que entra._) - -CASIO. - -¿Qué ha pasado? - -YAGO. - -El general tiene un delirio convulsivo, lo mismo que ayer. - -CASIO. - -Frótale las sienes. - -YAGO. - -No: es mejor dejar que la naturaleza obre y el delirio pase, porque si -no, empezará á echar espumarajos por la boca, y caerá en un arrebato de -locura. Ya empieza á moverse. Retírate un poco. Pronto volverá de su -accidente. Despues que se vaya, te diré una cosa muy importante. - - (_Se va Casio._) - -General, ¿os duele aún la cabeza? - -OTELO. - -¿Te estás burlando de mí? - -YAGO. - -¿Burlarme yo? No lo quiera Dios. Pero quiero que resistais con viril -fortaleza vuestro infeliz destino. - -OTELO. - -Marido deshonrado, más que hombre, es una bestia, un mónstruo. - -YAGO. - -Pues muchas bestias y muchos mónstruos debe de haber en el mundo. - -OTELO. - -¿Él lo dijo? - -YAGO. - -Tened valor, general, pensando que casi todos los que van sujetos al -yugo, pueden tirar del mismo carro que vos. Infinitos maridos hay que, -sin sospecha, descansan en tálamos profanados por el adulterio, aunque -ellos se imaginan tener la posesion exclusiva. Mejor ha sido vuestra -fortuna. Es gran regocijo para el demonio, el ver á un honrado varon -tener por casta á la consorte infiel. En cambio, al que todo lo sabe, -fácil le es tomar venganza de su injuria. - -OTELO. - -Bien pensado, á fe mia. - -YAGO. - -Acéchalos un rato y ten paciencia. Cuando más rendido estabais al peso -de la tristeza, llegó á este aposento Casio. Yo le despedí, dando -una explicacion plausible de vuestro desmayo. Prometió venir luego á -hablarme. Ocultaos, y reparad bien sus gestos, y la desdeñosa expresion -de su semblante. Yo le haré contar otra vez el lugar, ocasion y modo -con que triunfó de vuestra esposa. Reparad su semblante, y tened -paciencia, porque si no, diré que vuestra ira es loca é impropia de -hombre racional. - -OTELO. - -¿Lo entiendes bien, Yago? Ahora, por muy breve tiempo, voy á hacer el -papel de sufrido, luego el de verdugo. - -YAGO. - -Dices bien, pero no conviene que te precipites. Ahora escóndete. - - (_Se aleja Otelo._) - -Para averiguar dónde está Casio, lo mejor es preguntárselo á Blanca, -una infeliz á quien Casio mantiene, en cambio de su venal amor. Tal es -el castigo de las rameras: engañar á muchos, para ser al fin engañadas -por uno solo. Siempre que le hablan de ella, se rie estrepitosamente. -Pero aquí viene el mismo Casio. - - (_Sale Casio._) - -Su risa provocará la ira de Otelo. Toda la alegría y regocijo del -pobre Casio la interpretará con la triste luz de sus celos. ¿Qué tal, -teniente mio? - -CASIO. - -Mal estoy, cuando te oigo saludarme con el nombre de ese cargo, cuya -pérdida tanto me afana. - -YAGO. - -Insistid en vuestros ruegos, y Desdémona lo conseguirá. (_En voz -baja._) Si de Blanca dependiera el conseguirlo, ya lo tendriais. - -CASIO. - -¡Pobre Blanca! - -OTELO. - -(_Aparte._) ¡Qué risa la suya! - -YAGO. - -Está locamente enamorada de tí. - -CASIO. - -¡Ah, sí! ¡pobrecita! Pienso que me ama de todas veras. - -OTELO. - -(_Aparte._) Hace como quien lo niega, y al mismo tiempo se rie. - -YAGO. - -Óyeme, Casio. - -OTELO. - -(_Aparte._) Ahora le está importunando para que repita la narracion. -¡Bien! ¡cosa muy oportuna! - -YAGO. - -¿Pues no dice que os casareis con ella? ¿Pensais en eso? - -CASIO. - -¡Oh qué linda necedad! - -OTELO. - -(_Aparte._) ¿Triunfas, triunfas? - -CASIO. - -¡Yo casarme con ella! ¿Yo con una perdida? No me creas capaz de -semejante locura. ¡Ah, ah! - -OTELO. - -(_Aparte._) ¡Cómo se rie este truhan afortunado! - -YAGO. - -Pues la gente dice que os vais á casar con ella. - -CASIO. - -Dime la verdad entera. - -YAGO. - -Que me emplumen, si no la digo. - -OTELO. - -¿Con que me han engañado? Está bien. - -CASIO. - -Ella misma es la que divulga esa necedad, pero yo no le he dado palabra -alguna. - -OTELO. - -Yago me está haciendo señas. Ahora va á empezar la historia. - -CASIO. - -Ahora poco la he visto: en todas partes me sigue. Dias pasados estaba -yo en la playa hablando con unos venecianos, cuando ella me sorprende y -se arroja á mi cuello... - -OTELO. - -(_Aparte._) Y te diria: «hermoso Casio» ó alguna cosa por el estilo. - -CASIO. - -Y me abrazaba llorando, y se empeñaba en llevarme consigo. - -OTELO. - -Y ahora contará cómo le llevó á mi lecho. ¿Por qué, por qué estaré -yo viendo las narices de ese infame, y no el perro á quien he de -arrojárselas? - -CASIO. - -Tengo que dejarla. - -YAGO. - -Mírala: allí viene. - -CASIO. - -¡Y qué cargada de perfumes! - - (_Sale Blanca._) - -¿Por qué me persigues sin cesar? - -BLANCA. - -¡El diablo es quien te persigue! ¿Para qué me has dado, hace poco, -ese pañuelo? ¡Qué necia fuí en tomarle! ¿Querias que yo te copiase la -labor? ¡Qué inocencia! Encontrarle en su cuarto, y no saber quién le -dejó. Será regalo de alguna querida, ¿y tenias empeño en que yo copiase -la labor? Aquí te lo devuelvo: dásele: que no quiero copiar ningun -dibujo de ella. - -CASIO. - -Pero, Blanca, ¿qué te pasa? Calla, calla. - -OTELO. - -¡Poder del cielo! ¿No es ese mi pañuelo? - -BLANCA. - -Vente conmigo, si quieres cenar esta noche. Si no, ven cuando quieras. - - (_Vase._) - -YAGO. - -Síguela. - -CASIO. - -Tengo que seguirla. Si, no, alborotará á las gentes. - -YAGO. - -¿Y cenarás con ella? - -CASIO. - -Pienso que sí. - -YAGO. - -Allí os buscaré, porque tengo que hablaros. - -CASIO. - -¿Vendreis á cenar con nosotros? - -YAGO. - -Iré. - -OTELO. - -(_A Yago._) ¿Qué muerte elegiré para él, Yago? - -YAGO. - -Ya visteis con qué algazara celebraba su delito. - -OTELO. - -¡Ay, Yago! - -YAGO. - -¿Visteis el pañuelo? - -OTELO. - -¡Era el mio! - -YAGO. - -El mismo. Y ya vereis qué amor tiene á vuestra insensata mujer. Ella le -regala su pañuelo, y él se le da á su querida. - -OTELO. - -Nueve años seguidos quisiera estarla matando. ¡Oh, qué divina y -admirable mujer! - -YAGO. - -No os acordeis de eso. - -OTELO. - -Esta noche ha de bajar al infierno. No quiero que viva ni un dia más. -Mi corazon es de piedra: al herirle me hiero la mano. ¡Oh, qué hermosa -mujer! No la hay igual en el mundo. Merecia ser esposa de un emperador -que la obedeciese como siervo. - -YAGO. - -No os acordeis de eso. - -OTELO. - -¡Maldicion sobre ella! Pero ¿quién negará su hermosura? ¡Y qué manos -tan hábiles para la labor! ¡Qué voz para el canto! Es capaz de amansar -las fieras. ¡Qué gracia, qué ingenio! - -YAGO. - -Eso la hace mil veces peor. - -OTELO. - -Sí, ¡mil veces peor! Y es, ademas, tan dulce, tan sumisa. - -YAGO. - -Demasiado blanda de condicion. - -OTELO. - -Dices verdad. Pero, á pesar de todo, amigo Yago, ¡qué dolor, qué dolor! - -YAGO. - -Si tan enamorado estais de ella, á pesar de su alevosía, dejadla pecar -á rienda suelta. Para vos es el mal: si os dais por contento, ¿á los -demas qué nos importa? - -OTELO. - -Pedazos quiero hacerla. ¡Engañarme á mí! - -YAGO. - -¡Oh, perversa mujer! - -OTELO. - -¡Enamorarse de mi teniente! - -YAGO. - -Eso es todavía peor. - -OTELO. - -Búscame un veneno, Yago, para esta misma noche. No quiero hablarla, -no quiero que se disculpe, porque me vencerán sus hechizos. Para esta -misma noche, Yago. - -YAGO. - -No estoy por el veneno. Mejor es que la ahogueis sobre el mismo lecho -que ha profanado. - -OTELO. - -¡Admirable justicia! Lo encuentro muy bien. - -YAGO. - -De Casio yo me encargo. Allá á las doce de la noche sabreis lo demas. - -OTELO. - -¡Admirable plan! ¿Pero qué trompeta es la que suena? - -YAGO. - -Alguna embajada de Venecia, enviada por el Dux. Allí veo á Ludovico -acompañado de vuestra mujer. - - (_Salen Ludovico, Desdémona, etc._) - -LUDOVICO. - -General, os saludo respetuosamente. - -OTELO. - -Bien venido seais. - -LUDOVICO. - -Os saludan el Dux y Senadores de Venecia. (_Le da una carta._) - -OTELO. - -Beso la letra, expresion de su voluntad. (_Besa la carta._) - -DESDÉMONA. - -¿Qué pasa por Venecia, primo mio Ludovico? - -YAGO. - -Caballero, mucho me alegro de veros en Chipre. - -LUDOVICO. - -Gracias, hidalgo, ¿y dónde está el teniente Casio? - -YAGO. - -Vivo y sano. - -DESDÉMONA. - -Entre él y mi marido ha habido ciertas disensiones, pero vos los -pondreis en paz, de seguro. - -OTELO. - -¿Así lo crees? - -DESDÉMONA. - -¿Qué dices, esposo mio? - -OTELO. - -(_Leyendo._) «Es preciso cumplirlo sin demora.» - -LUDOVICO. - -No os oye: está ocupado en la lectura: ¿Con que, han reñido él y Casio? - -DESDÉMONA. - -Sí, y no sé cuánto hubiera yo dado por hacer las paces entre ellos, -porque tengo buena voluntad á Casio. - -OTELO. - -¡Rayos y centellas! - -DESDÉMONA. - -¡Esposo mio! - -OTELO. - -¿Piensas lo que estás diciendo? - -DESDÉMONA. - -¿Cómo? ¿Está furioso? - -LUDOVICO. - -Puede ser que le haya hecho mal efecto la carta, porque (si no me -equivoco) se le manda en ella volver á Venecia, dejando en el gobierno -á Casio. - -DESDÉMONA. - -Mucho me alegro. - -OTELO. - -¿Te alegras? - -DESDÉMONA. - -¡Esposo mio! - -OTELO. - -Pláceme verte loca. - -DESDÉMONA. - -¿Qué dices, esposo? - -OTELO. - -¡Aparta, demonio! - -DESDÉMONA. - -¿Tal he merecido? - -LUDOVICO. - -Ni con juramento lo creeria nadie en Venecia. ¡Qué ultraje tan brutal! -¿No veis cómo está llorando? - -OTELO. - -¡Víbora! Si el llanto de las mujeres pudiera fecundar la tierra, de -cada gota naceria un cocodrilo. ¡Lejos, lejos de aquí! - -DESDÉMONA. - -Me iré por no verte enojado. - -LUDOVICO. - -¡Qué humildad y modestia! Compadeceos de ella, señor gobernador. -Volvedla á llamar. - -OTELO. - -Venid aquí, señora. - -DESDÉMONA. - -¿Qué me quereis, esposo mio? - -OTELO. - -¿Qué la quereis vos? - -LUDOVICO. - -Nada, señor. - -OTELO. - -Sí. ¿Qué la quereis? ¿No me deciais que la llamase? Sí, sí, ella -volverá y llorará, porque sabe llorar, caballero, sabe llorar, y es muy -humilde, muy sumisa, como antes deciais. Llora, llora más.—Esta carta -me manda volver... ¡Oh perfidia astuta!—Me mandan volver.—Retírate. -Luego nos veremos.—Obedezco. Volveré á Venecia. ¡Lejos, lejos de aquí, -Desdémona! - - (_Se va Desdémona._) - -Casio me ha de suceder. Esta noche venid á cenar conmigo. Bien venido -seais á Chipre. (_Aparte._) ¡Monos lascivos, esposos sufridos! - - (_Se va._) - -LUDOVICO. - -¿Y este es aquel moro, de quien tantas ponderaciones oí en el Senado? -¿Este el de alma severa, firme é imperturbable contra los golpes de la -suerte ó los furores de la pasion? - -YAGO. - -Parece otro. - -LUDOVICO. - -¿Estará sano? ¿Habrá perdido la cabeza? - -YAGO. - -Es lo que es. No está bien que yo os diga más. ¡Ojalá que volviera á -ser lo que ha sido! - -LUDOVICO. - -¿Cómo podrá haberse arrebatado hasta el extremo de golpear á su mujer? - -YAGO. - -Mal ha hecho, pero ojalá sea el último ese golpe. - -LUDOVICO. - -¿Es costumbre suya, ó efecto de la lectura de la carta? - -YAGO. - -¡Cuánto lo deploro! Pero estaria mal en mí el descubriros lo que sé. -Vos mismo lo ireis viendo, y en sus actos lo descubrireis, de tal modo -que nada os quede que saber ni que preguntarme. - -LUDOVICO. - -Yo le creia de muy diverso carácter. ¡Qué lástima! - - -ESCENA II. - -=Sala del castillo.= - -OTELO y EMILIA. - -OTELO. - -¿Nada has visto? - -EMILIA. - -Ni oido ni sospechado. - -OTELO. - -Pero á Casio y á ella los has visto juntos. - -EMILIA. - -Pero nada sospechoso he advertido entre ellos, y eso que ni una sola de -sus palabras se me ha escapado. - -OTELO. - -¿Nunca han hablado en secreto? - -EMILIA. - -Jamas, señor. - -OTELO. - -¿Nunca te mandaron salir? - -EMILIA. - -Nunca. - -OTELO. - -¿Nunca te han enviado á buscar los guantes ó el velo ó cualquier otra -cosa? - -EMILIA. - -Jamas. - -OTELO. - -Rara cosa. - -EMILIA. - -Me atreveria á jurar que es fiel y casta. Desterrad de vuestro ánimo -toda sospecha contra ella. Maldito sea el infame que os la haya -infundido. Caiga sobre él el anatema de la serpiente. Si ella no es -mujer de bien, imposible es que haya mujer honrada ni esposo feliz. - -OTELO. - -Llámala. Dile que venga pronto. - - (_Vase Emilia._) - -Ella habla claro, pero si fuera confidente de sus amores, ¿no diria -lo mismo? Es moza ladina y quizá oculta mil horribles secretos. Y sin -embargo, yo la he visto arrodillada y rezando. - - (_Salen Desdémona y Emilia._) - -DESDÉMONA. - -¿Qué mandais, señor? - -OTELO. - -Ven, amada mia. - -DESDÉMONA. - -¿Qué me quieres? - -OTELO. - -Verte los ojos. Mírame á la cara. - -DESDÉMONA. - -¿Qué horrible sospecha?... - -OTELO. - -(_A Emilia._) Aléjate, déjanos solos, y cierra la puerta. Si álguien se -acerca, haznos señal tosiendo. Mucha cautela. Véte. - - (_Se va Emilia._) - -[Ilustración] - -DESDÉMONA. - -Te lo suplico de rodillas. ¿Qué pensamientos son los tuyos? No te -entiendo, pero pareces loco furioso. - -OTELO. - -¿Y tú qué eres? - -DESDÉMONA. - -Tu fiel esposa. - -OTELO. - -Si lo juras, te condenas eternamente, aunque puede que el demonio, -al ver tu rostro de ángel, dude en apoderarse de tí. Vuelve, vuelve á -condenarte: júrame que eres mujer de bien. - -DESDÉMONA. - -Dios lo sabe. - -OTELO. - -Dios sabe que eres tan falsa como el infierno. - -DESDÉMONA. - -¿Falsa yo? ¿con quién? ¿Por qué, esposo mio? ¿Yo falsa? - -OTELO. - -¡Lejos, lejos de aquí, Desdémona! - -DESDÉMONA. - -¡Dia infausto! ¿Por qué lloras, amado mio? ¿Soy yo la causa de tus -lágrimas? No me eches la culpa de haber perdido tu empleo, quizá por -odio de mi padre. Lo que tú pierdes, lo pierdo yo tambien. - -OTELO. - -¡Ojalá que el cielo agotara sobre mi fortaleza todas las calamidades! -¡Ojalá que vertiese sobre mi frente dolores y vergüenzas sin número, y -me sepultara en el abismo de toda miseria, ó me encerrara en cautiverio -fierísimo y sin esperanza! Todavía encontraria yo en algun rincon de -mi alma una gota de paciencia. ¡Pero convertirme en espantajo vil, -para que el vulgo se mofe de mí y me señale con el dedo! ¡Y aún esto -podria yo sufrirlo! Pero encontrar cegada y seca para siempre la que -juzgué fuente inagotable de vida y de afectos, ó verla convertida en -sucio pantano, morada de viles renacuajos, en nido de infectos amores, -¿quién lo resistirá? ¡Angel de labios rojos! ¿por qué me muestras -ceñudo como el infierno tu rostro? - -DESDÉMONA. - -Creo que me tiene por fiel y honrada mi esposo. - -OTELO. - -Fiel como las moscas que en verano revolotean por una carnicería. -¡Ojalá nunca hubieras brotado, planta hermosísima, y envenenadora del -sentido! - -DESDÉMONA. - -¿Pero qué delito es el mio? - -OTELO. - -¿Por qué en tan bello libro, en tan blancas hojas, sólo se puede leer -esta palabra: «ramera»? ¿Qué delito es el tuyo, me preguntas? Infame -cortesana, si yo me atreviera á contar tus lascivas hazañas, el rubor -subiria á mis mejillas, y volaria en cenizas mi modestia. ¿Qué delito -es el tuyo? El mismo sol, la misma luna se escandalizan de él, y hasta -el viento que besa cuanto toca, se esconde en los más profundos senos -de la tierra, por no oirlo. ¿Cuál es tu delito? ¡Infame meretriz! - -DESDÉMONA. - -¿Por qué me ofende así? - -OTELO. - -Pues qué, ¿no eres mujer ramera? - -DESDÉMONA. - -No: te lo juro como soy cristiana. Yo me he conservado tan pura é -intacta como el vaso que sólo tocan los labios del dueño. - -OTELO. - -¿No eres infiel? - -DESDÉMONA. - -No: así Dios me salve. - -OTELO. - -¿De veras lo dices? - -DESDÉMONA. - -¡Piedad, Dios mio! - -OTELO. - -Perdonadme, señora: os confundí con aquella astuta veneciana que fué -esposa de Otelo. (_Levantando la voz._) Tú que enfrente de san Pedro -guardas la puerta del infierno... - - (_Sale Emilia._) - -Contigo hablaba. Ya está arreglado todo. Recoge tu dinero: cierra la -puerta, y nada digas. - - (_Se va Otelo._) - -EMILIA. - -¿Qué sospecha atormenta á vuestro marido? ¿Qué os sucede, señora? - -DESDÉMONA. - -Me parece que estoy soñando. - -EMILIA. - -Señora, ¿qué le sucede á mi señor? decídmelo. - -DESDÉMONA. - -¿Y quién es tu señor? - -EMILIA. - -El vuestro, el moro. - -DESDÉMONA. - -Ya no lo es, Emilia, no hablemos más. No puedo llorar, ni hablar sin -llorar. Esta noche ataviarás mi lecho con las galas nupciales. Dí á -Yago que venga. - -EMILIA. - -¡Qué alteracion es esta! - - (_Se va._) - -DESDÉMONA. - -¿Será justo lo que hace conmigo? ¿Habré andado alguna vez poco -recatada, dando ocasion á sus sospechas? - - (_Salen Emilia y Yago._) - -YAGO. - -¿Me llamabais? ¿Estais sola, señora? - -DESDÉMONA. - -No lo sé. El que reprende á un niño debe hacerlo con halago y apacible -manera, y yo soy como un niño. - -YAGO. - -¿Pues qué ha sido, señora mia? - -EMILIA. - -¡Ay, Yago! El moro la ha insultado, llamándola ramera y otros vocablos -groseros y viles, intolerables para todo pecho bien nacido. - -DESDÉMONA. - -¿Y yo merecia eso? - -YAGO. - -¿Qué, señora mia? - -DESDÉMONA. - -Lo que él me ha dicho. - -YAGO. - -¡Llamarla ramera! No dijera tal un pícaro en la taberna, hablando de su -querida. - -EMILIA. - -¿Y todo por qué? - -DESDÉMONA. - -Lo ignoro. Pero yo no soy lo que él ha dicho. - -YAGO. - -Serenaos, por Dios. No lloreis. ¡Dia infeliz! - -EMILIA. - -¡Para eso ha dejado su patria y á su padre y á tantos ventajosos -casamientos! ¡Para que la llamen «ramera»! Ira me da el pensarlo. - -DESDÉMONA. - -Esa es mi desdicha. - -YAGO. - -¡Ira de Dios caiga sobre él! ¿Quién le habrá infundido tan necios -recelos? - -DESDÉMONA. - -Dios lo sabe, Yago. - -EMILIA. - -Maldita sea yo, si no es algun malsin calumniador, algun vil lisonjero -quien ha tramado esta maraña, para conseguir de él algun empleo. -Ahorcada me vea yo, si no acierto. - -YAGO. - -No hay hombre tan malvado. Dices un absurdo. Cállate. - -DESDÉMONA. - -Y si le hay, Dios le perdone. - -EMILIA. - -¡Perdónele la cuchilla del verdugo! ¡Roa Satanás sus huesos! ¡Llamarla -ramera! ¿Con qué gentes ha tratado? ¿Qué sospecha, áun la más leve, ha -dado? ¿Quién será el traidor bellaco que ha engañado al moro? ¡Dios -mio! ¿por qué no arrancas la máscara á tanto infame? ¿Por qué no pones -un látigo en la mano de cada hombre honrado, para que á pencazos -batanee las desnudas espaldas de esa gavilla sin ley, y los persiga -hasta los confines del orbe? - -YAGO. - -No grites tanto. - -EMILIA. - -¡Infames! De esa laya seria el que una vez te dió celos, fingiendo que -yo tenia amores con el moro. - -YAGO. - -¿Estás en tu juicio? Cállate. - -DESDÉMONA. - -Yago, amigo Yago, ¿qué haré para templar la indignacion de Otelo? -Dímelo tú. Te juro por el sol que nos alumbra que nunca ofendí á mi -marido, ni áun de pensamiento. De rodillas te lo digo: huya de mi todo -consuelo y alegría, si alguna vez le he faltado en idea, palabra ú -obra; si mis sentidos han encontrado placer en algo que no fuera Otelo: -si no le he querido siempre como ahora le quiero, como le seguiré -queriendo, aunque con ingratitud me arroje lejos de sí. Ni la pérdida -de su amor aunque baste á quitarme la vida, bastará á despojarme del -afecto que le tengo. Hasta la palabra «adúltera» me causa horror, y ni -por todos los tesoros y grandezas del mundo cometeria yo tal pecado. - -YAGO. - -Calma, señora; el moro es de carácter violento, y ademas está agriado -por los negocios políticos, y descarga en vos el peso de sus iras. - -DESDÉMONA. - -¡Ojalá que así fuera! Pero mi temor es... - -YAGO. - -Pues la causa no es otra que la que os he dicho. Podeis creerlo. -(_Tocan las trompetas._) ¿Ois? Ha llegado la hora del festin. Ya -estarán aguardando los enviados de Venecia. No os presenteis llorando, -que todo se remediará. - - (_Vanse Emilia y Desdémona._) - (_Sale Rodrigo._) - -¿Qué pasa, Rodrigo? - -RODRIGO. - -Pienso que no procedes de buena fe conmigo. - -YAGO. - -¿Y por qué? - -RODRIGO. - -No hay dia que no me engañes, y más parece que dificultas el éxito -de mis planes, que no que le allanas; y á fe mia, que ya no tengo -paciencia ni sufriré más, porque fuera ser necio. - -YAGO. - -¿Me oyes, Rodrigo? - -RODRIGO. - -Demasiado te he oido, porque tienes tan buenas palabras como malas -obras. - -YAGO. - -Ese cargo es muy injusto. - -RODRIGO. - -Razon me sobra. He gastado cuanto tenia. Con las joyas que he regalado -á Desdémona, bastaba para haber conquistado á una sacerdotisa de Vesta. -Tú me has dicho que las ha recibido de buen talante: tú me has dado -todo género de esperanzas, prometiéndome su amor muy en breve. Todo -inútil. - -YAGO. - -Bien está, muy bien; prosigue. - -RODRIGO. - -¡Qué está muy bien, dices! Pues no quiero proseguir. Nada está bien, -sino todo malditamente, y empiezo á conocer que he sido un insensato y -un majadero. - -YAGO. - -Está bien. - -RODRIGO. - -Repito que está muy mal. Voy á ver por mí mismo á Desdémona, y con -tal que me vuelva mis joyas, renunciaré á todo amor y á toda loca -esperanza. Y si no me las vuelve, me vengaré en tí. - -YAGO. - -¿Y eso es todo lo que se te ocurre? - -RODRIGO. - -Sí, y todas mis palabras las haré buenas con mis obras. - -YAGO. - -Veo que eres valiente, y desde ahora te estimo más que antes. Dame la -mano, Rodrigo. Aunque no me agradan tus sospechas, algun fundamento -tienen, pero yo soy inocente del todo. - -RODRIGO. - -Pues no lo pareces. - -YAGO. - -Así es en efecto, y lo que has pensado no deja de tener agudeza y -discrecion. Pero si tienes, como has dicho ahora, y ya lo voy creyendo, -corazon y brios y mano fuerte, esta noche puedes probarlo, y si mañana -no logras la posesion de Desdémona, consentiré que me mates, aunque sea -á traicion. - -RODRIGO. - -¿Lo que me propones es fácil, ó á lo menos posible? - -YAGO. - -Esta noche se han recibido órdenes del Senado, para que Otelo deje el -gobierno, sustituyéndole Casio. - -RODRIGO. - -Entonces Otelo y Desdémona se irán juntos á Venecia. - -YAGO. - -No: él se irá á Levante, llevando consigo á su mujer, si algun -acontecimiento imprevisto no lo impide, es decir si Casio no desaparece -de la escena. - -RODRIGO. - -¿Qué quieres decir con eso? - -YAGO. - -Que convendria quitarle de en medio. - -RODRIGO. - -¿Y he de ser yo quien le mate? - -YAGO. - -Tú debes de ser, si quieres conseguir tu objeto, y satisfacer tu -venganza. Casio cena esta noche con su querida y conmigo. Todavía no -sabe nada de su nombramiento. Espérale á la puerta: yo haré que salga -á eso de las doce de la noche, y te ayudaré á matarle. Sígueme: no te -quedes embobado. Yo te probaré clarísimamente la necesidad de matarle. -Ya es hora de cenar. No te descuides. - -RODRIGO. - -Dame alguna razon más que me convenza. - -YAGO. - -Ya te la daré. - - (_Vanse._) - - -ESCENA III. - -=Sala del castillo.= - -OTELO, LUDOVICO, DESDÉMONA, EMILIA. - -LUDOVICO. - -Señor: no os molesteis en acompañarme. - -OTELO. - -No: me place andar en vuestra compañía. - -LUDOVICO. - -Adios, señora. Os doy muy cumplidas gracias. - -OTELO. - -Y yo me felicito de vuestra venida. - -LUDOVICO. - -¿Vamos, caballero? ¡Oh! aquí está Desdémona. - -DESDÉMONA. - -¡Esposo mio! - -OTELO. - -Retírate pronto á acostar. No tardaré en volver. Despide á la criada, y -obedéceme. - -DESDÉMONA. - -Así lo haré, esposo mio. - - (_Vanse todos menos Emilia y Desdémona._) - -EMILIA. - -¿Qué tal? ¿Se ha amansado en algo el mal humor de tu marido? - -DESDÉMONA. - -Me prometió volver pronto, y me mandó que me acostase, despidiéndose en -seguida. - -EMILIA. - -¿Y por qué dejarte sola? - -DESDÉMONA. - -Él lo mandó y sólo me toca obedecer, y no resistirme en nada. Dame la -ropa de noche, y aléjate. - -EMILIA. - -¡Ojalá no le hubieras conocido nunca! - -DESDÉMONA. - -Nunca diré yo eso. Le amo con tal extremo que hasta sus celos y sus -furores me encantan. Desátame las cintas. - -EMILIA. - -Ya está; ¿adorno vuestro lecho con las ropas nupciales como me -dijisteis? - -DESDÉMONA. - -Lo mismo da. ¡Qué fáciles somos en cambiar de pensamientos! Si muero -antes que tú, amortájame con esas ropas. - -EMILIA. - -¡Pensar ahora en morirte! ¡Qué absurdo! - -DESDÉMONA. - -Bárbara se llamaba una doncella de mi madre. Su amante la abandonó, -y ella solia entonar una vieja cancion del sauce, que expresaba muy -bien su desconsuelo. Todavía la cantaba al tiempo de morir. Esta noche -me persigue tenazmente el recuerdo de aquella cancion, y al repetirla -siento la misma tristeza que Bárbara sentia. No te detengas... ¡Es -agradable Ludovico! - -EMILIA. - -Mozo gallardo. - -DESDÉMONA. - -Y muy discreto en sus palabras. - -EMILIA. - -Dama veneciana hay, que iria de buen grado en romería á Tierra Santa -sólo por conquistar un beso de Ludovico. - -DESDÉMONA (_canta_). - -«Llora la niña al pié del sicomoro. Cantad el sauce: cantad su verdor. -Con la cabeza en la rodilla y la mano en el pecho, llora la infeliz. -Cantad el fúnebre y lloroso sauce. La fuente corria repitiendo sus -quejas. Cantad el sauce y su verdor. Hasta las piedras se movian á -compasion de oirla.» - -Recoge esto. - -«Cantad el sauce, cantad su verdor.» - -Véte, que él volverá muy pronto. (_Canta._) - -«Tejed una guirnalda de verde sauce. No os quejeis de él, pues su -desden fué justo.» - -No, no es así el cantar. Alguien llama. - -EMILIA. - -Es el viento. - -DESDÉMONA. - -(_Canta._) «Yo me quejé de su inconstancia, y él ¿qué me respondió? -Cantad el sauce, cantad su verdor. Si yo me miro en la luz de otros -ojos, busca tú otro amante.» - -Buenas noches. Los ojos me pican. ¿Será anuncio de lágrimas? - -EMILIA. - -No es anuncio de nada. - -DESDÉMONA. - -Siempre lo he oido decir. ¡Qué hombres! ¿Crees, Emilia, que existen -mujeres que engañen á sus maridos de tan ruin manera? - -EMILIA. - -Ya lo creo que existen. - -DESDÉMONA. - -¿Lo harias tú, Emilia, aunque te diesen todos los tesoros del mundo? - -EMILIA. - -¿Y tú qué harias? - -DESDÉMONA. - -Nunca lo haria, te lo juro por esa luz. - -EMILIA. - -Yo no lo haria por esa luz, pero quizá lo haria á oscuras. - -DESDÉMONA. - -¿Lo harias, si te dieran el mundo entero? - -EMILIA. - -Grande es el mundo, y comparado con él, parece pequeño ese delito. - -DESDÉMONA. - -Yo creo que no lo harias. - -EMILIA. - -Sí que lo haria, para deshacerlo despues. No lo haria por un collar ni -por una sortija ni por un manto, pero si me daban el mundo, y podia yo -hacer rey á mi marido, ¿cómo habia de dudar? - -DESDÉMONA. - -Pues yo, ni por todo el mundo haria tal ofensa á mi marido. - -EMILIA. - -Es que el mundo no la juzgaria ofensa, y si os daban el mundo, como la -ofensa era en vuestro mundo, fácil era convertirla en bien. - -DESDÉMONA. - -Pues yo no creo que haya tales mujeres. - -EMILIA. - -Más de una y más de veinte: tantas que bastarian para llenar un mundo. -Pero la culpa es de los maridos. Si ellos van á prodigar con otras el -amor que es nuestro, ó nos encierran en casa por ridículos celos, ó nos -golpean, ó gastan malamente nuestra hacienda, ¿no hemos de enfurecernos -tambien? Cierto que somos benignas de condicion, pero capaces de ira. Y -sepan los maridos que las mujeres tienen sentidos lo mismo que ellos, -y ven y tocan y saborean, y saben distinguir lo dulce de lo amargo. -Cuando ellos abandonan á su mujer por otra, ¿qué es lo que buscan sino -el placer? ¿qué les domina sino la pasion? ¿qué les vence sino la -flaqueza? ¿nosotras no tenemos tambien apetitos, pasiones y flaquezas? -Conforme nos traten, así seremos. - -DESDÉMONA. - -Adios. El Señor me ampare, y haga que el maltrato de mi marido produzca -en mí virtudes, y no vicios. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ACTO V. - - -ESCENA PRIMERA. - -=Calle.= - -YAGO y RODRIGO. - -YAGO. - -Escóndete, que ahora viene; en cuanto aparezca, desenvaina la espada, -y ¡á él sin miedo! Yo te guardaré las espaldas. Es cuestion de vida ó -muerte. Decídete, pues, y ten resolucion. - -RODRIGO. - -No te alejes, por si me sale mal mi intento. - -YAGO. - -Estaré detras de tí. En guardia. - - (_Se va._) - -RODRIGO. - -Del resultado no tengo confianza, y sin embargo, las razones que me da -me convencen. Que muera uno ¿qué importa? - - (_Se retira._) - -YAGO. - -Tanto me he burlado de este necio que ya empieza á conocerlo. Mate él -á Casio, mátele Casio á él ó mueran los dos, siempre saldré ganando. -Si Rodrigo escapa, comenzará á pedirme el dinero y las joyas que le he -sacado, so pretexto de seducir á Desdémona. Y si se salva Casio, su -presencia será un perpétuo acusador contra mí, y ademas el moro podrá -referir á Casio lo que ha pasado entre nosotros, y ponerme en grave -peligro. Muera, pues. Le siento llegar. - - (_Sale Casio._) - -RODRIGO. - -Él es. Le conozco. ¡Muere, traidor! (_Le da una estocada._) - -CASIO. - -La vida me hubiera costado esta estocada, á no traer el jubon tan bien -aforrado. Veamos cómo está el tuyo. (_Hiere á Rodrigo._) - -RODRIGO. - -¡Confesion! ¡Muerto soy! (_Yago hiere en las piernas á Casio y huye -luego._) - -CASIO. - -¡Me han dejado cojo para siempre! ¡Asesino! ¡Favor! - - (_Sale Otelo._) - -OTELO. - -Voz es de Casio. Yago ha cumplido bien su palabra. - -RODRIGO. - -¡Qué infame he sido! - -OTELO. - -Sí, él es: no hay duda. - -CASIO. - -¡Favor! ¡Luces! ¡Un cirujano! - -OTELO. - -Es Casio, es Casio. ¡Oh valeroso Yago, que has sentido como propia la -afrenta de un amigo, tú me muestras el camino de la venganza! ¡Adúltera -mujer! Ya ha sucumbido tu amante, y se acerca tu última hora. Voy -á buscarte, borrando de mi corazon hasta el último recuerdo de tus -hechizos y de la luz de tus ojos. Sangre de tu torpe corazon ha de -purificar nuestro lecho mancillado por tí. - - (_Se va._) - (_Salen Ludovico y Graciano._) - -CASIO. - -¿Dónde está la ronda? ¿Nadie acude? ¡Favor! ¿Por qué no prendeis al -asesino? - -GRACIANO. - -¡Oh qué desgracia! ¡Qué espanto causan en mí esas voces! - -CASIO. - -¡Ayuda! - -LUDOVICO. - -¡Silencio! - -RODRIGO. - -¡Infame! - -LUDOVICO. - -Oigo los gemidos de dos ó tres personas. ¡Infausta noche! ¿Será alguna -zalagarda? Procedamos con cautela. ¿Quién se arroja á darles auxilio -sin la ronda? - -RODRIGO. - -Socorredme, que me desangro. - -LUDOVICO. - -¿No lo oyes? - - (_Sale Yago en cuerpo y con una luz._) - -GRACIANO. - -Ahí viene un hombre medio desnudo, con armas y luz. - -YAGO. - -¿Quién es? ¿Quién grita «asesino»? - -LUDOVICO. - -No lo sabemos. - -YAGO. - -¿No habeis oido voces? - -CASIO. - -¡Favor de Dios! ¡Por aquí, por aquí! - -YAGO. - -¿Qué sucede? - -GRACIANO. - -Si no me equivoco, es la voz del alférez de Otelo. - -LUDOVICO. - -No tiene duda. Y es Valentin tu mancebo. - -YAGO. - -¿Quién eres tú que tan amargamente te quejas? - -CASIO. - -Yago, me han acometido unos asesinos, dame favor. - -YAGO. - -¡Dios mio! ¡Mi teniente! ¿Quién os ha puesto de esa manera? - -CASIO. - -Uno de ellos está herido cerca de mí, y no puede huir. - -YAGO. - -¡Villanos, alevosos! ¿Quién sois? ¡Favor, ayuda! - -RODRIGO. - -¡Favor, Dios mio! - -CASIO. - -Uno de ellos es aquel. - -YAGO. - -¡Traidor, asesino! (_Saca el puñal y hiere á Rodrigo._) - -RODRIGO. - -¡Maldito Yago! ¡Perro infernal! - -YAGO. - -¡Asaltarle de noche y á traicion! ¡Bandidos! ¡Qué silencio, qué -soledad! ¡Muerte! ¡Socorro! ¿Y vosotros veniais de paz ó en son de -combate? - -LUDOVICO. - -Por nuestros hechos podeis conocerlo. - -YAGO. - -¡Ilustre Ludovico! - -LUDOVICO. - -El mismo soy. - -YAGO. - -Perdon os pido. Ahí yace Casio á manos de traidores. - -GRACIANO. - -¡Casio! - -YAGO. - -¿Qué tal, hermano? - -CASIO. - -Tengo herida la pierna. - -YAGO. - -¡No lo quiera Dios! ¡Luz, luz! Yo vendaré las heridas con mi ropa. - - (_Sale Blanca._) - -BLANCA. - -¿Qué pasa? ¿Qué voces son esas? - -YAGO. - -¿De quién son las voces? - -BLANCA. - -¡Casio, mi amado Casio, mi dulce Casio! - -YAGO. - -¡Ramera vil! Amigo Casio, ¿y ni áun sospechais quién pudo ser el -agresor? - -CASIO. - -Lo ignoro. - -GRACIANO. - -¡Cuánto me duele veros así! Venia á buscaros. - -YAGO. - -¡Dadme una venda! Gracias. ¡Oh si yo tuviera una silla de manos, para -llevarle á casa! - -BLANCA. - -¡Ay que pierde el sentido! ¡Casio, mi dulce Casio! - -YAGO. - -Amigos mios, yo tengo mis recelos de que esta jóven tiene parte no -escasa en el delito. Esperad un momento. Que traigan luces, á ver si -podremos conocer al muerto. ¡Amigo y paisano mio, Rodrigo! ¡No, no es! -Sí, sí, ¡Rodrigo! ¡Qué suceso más extraño! - -GRACIANO. - -¿Rodrigo el de Venecia? - -YAGO. - -El mismo, caballero. ¿Le conociais vos? - -GRACIANO. - -Ya lo creo que le conocia. - -YAGO. - -¡Amigo Graciano! perdonadme. Con este lance estoy tan turbado que no sé -lo que me sucede. - -GRACIANO. - -Mucho me place el veros. - -YAGO. - -¿Cómo os sentís, Casio? ¡Que traigan una silla de manos! - -GRACIANO. - -¡Rodrigo! - -YAGO. - -No cabe duda que es él. Lo deploro. Venga la litera. Llevadle despacio -á casa de alguna persona caritativa. Me iré á llamar al médico de -Otelo. No tengais cuidado, señora. El desdichado que ahí yace muerto, -fué muy amigo mio. ¿Cuál seria la causa de la pendencia? - -CASIO. - -Ciertamente que no lo sé. Ni siquiera le conozco. - -YAGO. - -(_A Blanca._) ¿Perdeis el color? Retirad el cadáver. No me abandoneis, -caballeros. Mucho palideceis, señora mia. ¿No veis qué asustada y sin -sosiego está? Creo que ella podria decirnos algo. Miradla, miradla -de espacio. ¿No lo advertis, caballeros? La lengua calla, pero la -conciencia habla á gritos. - - (_Sale Emilia._) - -EMILIA. - -¿Qué pasa? ¡Ay, esposo mio! - -YAGO. - -A traicion han acometido á Rodrigo. Algunos se han escapado. Él queda -muerto y Casio herido. - -EMILIA. - -¡Infeliz Casio! ¡Pobre caballero! - -YAGO. - -¡Fruto natural de la vida que él traia! Véte, Emilia, y pregunta á -Casio dónde cenó esta noche. (_A Blanca._) ¿Por qué temblais, señora? - -BLANCA. - -En mi casa cenó, pero no tiemblo por eso. - -YAGO. - -¿Con que en tu casa? Pues ven conmigo. - -EMILIA. - -¡Mala mujer, ramera! - -BLANCA. - -Soy tan honrada como vos. No me insulteis. - -EMILIA. - -¡Tan honrada como yo! ¡Perdida! - -YAGO. - -Vamos á cuidar de Casio, amigos mios. Señora, venid, que pronto -hablareis de otra manera. Emilia, véte á toda prisa al castillo, -refiéreselo todo al moro y á Desdémona. Venid conmigo. (_Aparte._) Esta -noche será la de mi felicidad ó la de mi ruina. - - (_Se van._) - - -ESCENA II. - -=Alcoba en el castillo.= - -DESDÉMONA dormida. Á su lado una luz. Sale OTELO. - -OTELO. - -Con razon lo hago, con razon ¡alma mia! No os lo quiero contar, castas -estrellas. Tampoco quiero derramar la sangre de ella, ni ajar su cútis -más blanco que la nieve, y más tierno que mármol sepulcral. Y con todo -eso, tengo que matarla, para que no engañe á otros hombres. Apagaré -esta luz... y luego aquella. Si apago esta luz y luego me arrepiento, -puedo volver á encenderla, pero si te apago á tí, luz clarísima, primor -y ejemplar de la naturaleza, ¿dónde hallaré el fuego de Prometeo, -para volverte á dar la vida? Si arranco la flor de su tallo, ¿cómo he -de restituirla su frescura y lozanía? Necesario es que se marchite. -Quiero respirar por la última vez su deleitoso aroma. (_La besa._) ¡Oh -regalado aliento de su boca, casi bastas para arrancar el hierro de la -mano de la justicia! Otro beso y nada más. ¡Quédate así, cuando yo te -mate: que muerta y todo te he de amar! Otro beso, el último. Nunca le -hubo más delicioso ni más fatal: lloremos. Mi llanto es feroz, y mi ira -es como la de Dios, que hiere donde más ama. Ahora se despierta. - -[Ilustración: _Muerte de Desdémona._] - -DESDÉMONA. - -(_Despertándose._) ¿Eres tú, Otelo? - -OTELO. - -Yo soy, Desdémona. - -DESDÉMONA. - -Esposo mio, ¿quieres descansar? - -OTELO. - -¿Has rezado esta noche, Desdémona? - -DESDÉMONA. - -Sí. - -OTELO. - -Pues pide á Dios perdon, si te acuerdas de algun crímen, que Dios no te -haya perdonado todavía. - -DESDÉMONA. - -¡Dios mio! ¿Qué me quieres decir, esposo? - -OTELO. - -Hazlo, y pronto. Yo me alejaré entre tanto. No quiero que mueras sin -confesion. No quiero condenar tu alma. - -DESDÉMONA. - -¿Qué? ¿Quieres matarme? - -OTELO. - -Sí, por cierto. - -DESDÉMONA. - -¡Perdon, Dios mio! - -OTELO. - -¡Así sea! Dilo con todas las fuerzas de tu alma. - -DESDÉMONA. - -Tú que así hablas no puedes matarme. - -OTELO. - -¿Qué? - -DESDÉMONA. - -Con todo eso, te tiemblo. Tu mirada me aterra. Y no sé por qué es mi -temor, pues de ningun crímen me reconozco culpable. Y sin embargo, -tiemblo. - -OTELO. - -Acuérdate de tus pecados. - -DESDÉMONA. - -Será el amor que te profeso. - -OTELO. - -Por ese amor te mato. - -DESDÉMONA. - -¿Matarme porque te amo? ¡Oh indigna muerte! ¿Por qué te muerdes los -labios? ¡Ciega pasion te descamina! Agüeros son de mal suceso; pero yo -espero que no me amenazan á mí. - -OTELO. - -¡Calla, calla! - -DESDÉMONA. - -Sí callaré, ¿pero qué pasa? - -OTELO. - -¿Tú diste á Casio aquel pañuelo, regalo mio y que yo tanto apreciaba? - -DESDÉMONA. - -¡No, te lo juro por mi vida! Pregúntaselo á él. - -OTELO. - -No jures en falso, amada mia, que ya estás en el tálamo de la muerte. - -DESDÉMONA. - -¿Tan pronto? - -OTELO. - -En seguida. Confiesa, pues, tus culpas, una por una, que aunque las -niegues con los más firmes juramentos, no has de disminuir en un ápice -mi firme conviccion. De todas maneras, morirás. - -DESDÉMONA. - -Entonces, Dios tenga compasion de mí. - -OTELO. - -Así sea. - -DESDÉMONA. - -Y tenla tú tambien. Jamas te falté, ni áun de pensamiento. Nunca puse -mi corazon en Casio ni le dí prenda alguna de amor. Quísele sólo con la -amistad que Dios aprueba. - -OTELO. - -¡Dios mio! ¡Y yo que he visto el pañuelo en sus manos! ¡Tú quieres -volverme loco, y hacer que trueque en asesinato lo que quiero que sea -sacrificio! Yo he visto el pañuelo. - -DESDÉMONA. - -Él lo encontró en el suelo. Yo no se le dí. Que él venga y nos declare -la verdad. - -OTELO. - -Ya la ha confesado. - -DESDÉMONA. - -¿Y qué confesó? - -OTELO. - -Que alcanzó favores tuyos. - -DESDÉMONA. - -¿Ilícitos? - -OTELO. - -Sí. - -DESDÉMONA. - -Falso. No lo repetirá delante de mí. - -OTELO. - -No, porque Yago le ha cerrado la boca. - -DESDÉMONA. - -¡Ah! Tiemblo. ¿Casio ha muerto? - -OTELO. - -¡Ojalá hubiera tenido tantas vidas como cabellos, para que mi venganza -las hubiera devorado una por una! - -DESDÉMONA. - -¡Calumnia, calumnia atroz, que nos ha perdido! - -OTELO. - -¡Infame! ¿Y te atreves á llorarle delante de mí? - -DESDÉMONA. - -¡Esposo mio, destiérrame de tu presencia, pero no me mates! - -OTELO. - -Apártate, vil adúltera. - -DESDÉMONA. - -Déjame vivir siquiera esta noche. Mátame mañana. - -OTELO. - -¿Aún te defiendes? - -DESDÉMONA. - -Siquiera una hora de vida. - -OTELO. - -La hora inevitable ha llegado. - -DESDÉMONA. - -Dejadme rezar una oracion. - -OTELO. - -Ya es tarde. (_La estrangula._) - -EMILIA. - -(_Dentro._) ¡Abrid, señor, abrid! - -OTELO. - -¿Quién llama? ¿Estará muerta del todo? En medio de todo, la tengo -lástima, y no quiero alargar su agonía. - -EMILIA. - -(_Dentro._) ¡Abrid, señor! - -OTELO. - -¿Quién es? - -EMILIA. - -(_Dentro._) Señor, dejadme deciros dos palabras. - -OTELO. - -Es Emilia.—Voy á abrirla.—Ya ha muerto Desdémona.—¿Vendrá Emilia á -contarme la muerte de Casio?—Aquí era el ruido.—Está inmóvil, yerta -como la losa de un sepulcro.—¿Abriré? ¿Será una imprudencia?—¡Me -parece que se mueve!—No es nada.—¿Qué haré? Si entra, preguntará por -mi mujer. ¡Mi mujer, mi mujer!—¿Y quién es mi mujer? Yo no la tengo. -¡Hora tristísima! ¡Ojalá hubiese ahora un eclipse de sol y de luna, y -se abriera el centro de la tierra! - -EMILIA. - -¡Abrid, señor! Que es muy importante lo que tengo que deciros. - -OTELO. - -Ya no me acordaba de tí, Emilia. Entra, pero despacio. Voy á cerrar -las cortinas del lecho. (_Abre la puerta._) (_A Emilia._) ¿Qué nuevas -traes? Dímelas. - -EMILIA. - -Señor, cerca de aquí acaban de matar á uno. - -OTELO. - -En este instante. - -EMILIA. - -Ahora mismo. - -OTELO. - -Influjos son de la luna, que anda ahora muy cerca de la tierra, y hace -sentir aquí sus efectos. - -EMILIA. - -Casio ha dado muerte á un mancebo veneciano llamado Rodrigo. - -OTELO. - -¿Muerto Rodrigo? Y Casio muerto tambien. - -EMILIA. - -No. Casio no ha muerto. - -OTELO. - -¡Casio no ha muerto! Entonces ese homicidio, lejos de serme grato, me -es aborrecible. - -DESDÉMONA. - -¡Oh muerte cruel! - -EMILIA. - -¿Qué grito ha sonado? - -OTELO. - -¿Grito? ¿Dónde? - -EMILIA. - -Grito de mi señora. Amparadme, por Dios. Decidme algo, señora, amada -Desdémona. - -OTELO. - -Muere sin culpa. - -EMILIA. - -¿Y quién la mató? - -DESDÉMONA. - -Nadie. Yo me maté. Que Otelo me conserve en su recuerdo. Adios, esposo -mio. - -OTELO. - -¿Pues cómo ha muerto? - -EMILIA. - -¿Quién lo sabe? - -OTELO. - -Ya has oido que ella misma dice que yo no fuí. - -EMILIA. - -Vos fuisteis. Y es preciso que digais la verdad. - -OTELO. - -Por la mentira se ha condenado y baja al infierno. Yo la maté. - -EMILIA. - -¡Ella era un ángel, vos sois un demonio! - -OTELO. - -Ella fué pecadora y adúltera. - -EMILIA. - -La estais calumniando infame y diabólicamente. - -OTELO. - -Fué falsa y mudable como el agua que corre. - -EMILIA. - -Y tú violento y rápido como el fuego. Siempre te guardó fidelidad, y -fué tan casta como los ángeles del cielo. - -OTELO. - -Casio gozó de su amor. Que te lo cuente tu marido. ¡Oh, mereceria -yo pagar mi necio crímen en lo más hondo del infierno, si antes de -arrojarme á la venganza, no hubiera examinado bien la justicia de los -motivos! Yago lo averiguó. - -EMILIA. - -¿Mi marido? - -OTELO. - -Tu marido. - -EMILIA. - -¿Él averiguó que Desdémona te habia sido infiel? - -OTELO. - -Sí, con Casio. Y si no me hubiera sido traidora, te juro que no la -hubiera trocado ni por un mundo que el cielo hubiese fabricado para mí -de un crisólito íntegro y sin mancha. - -EMILIA. - -¡Mi marido! - -OTELO. - -Él me lo descubrió todo. Es hombre de bien, y aborrece toda infamia y -torpeza. - -EMILIA. - -¡Mi marido! - -OTELO. - -¿Por qué repites tanto: «mi marido»? - -EMILIA. - -¡Ay pobre señora mia, cómo la maldad se burla del amor! ¡Qué negra -iniquidad! ¿Y mi marido te dijo que ella habia sido infiel? - -OTELO. - -Sí, tu marido. ¿Lo entiendes bien ahora? Yago, mi fiel amigo Yago. - -EMILIA. - -Pues si tales cosas te ha dicho, consúmase su alma, un átomo cada dia. -¡Ha mentido como un infame! Bien deseaba el puesto que tan caro ha -comprado. - -OTELO. - -¡Por Dios vivo!... - -EMILIA. - -Puedes matarme: será un hecho tan indigno de memoria como lo eres tú. - -OTELO. - -Debias callar. - -EMILIA. - -Áun mayor que tu poder es mi valor. ¡Necio, más estúpido que el polvo -de la tierra! ¡Vaya una bravata! Me rio de tu acero. Voy á contar á -gritos quién eres, aunque me cueste la vida y cien vidas. ¡Socorro, que -el moro ha asesinado á mi señora! ¡Socorro! - -MONTANO. - -¿Qué pasa, general? - -EMILIA. - -¿Ahí estás, Yago? ¡Qué habilidad tienes! ¡Dejar que un infame te acuse -para disculpar sus crímenes! - -GRACIANO. - -¿Pero qué ha pasado? - -EMILIA. - -Si eres hombre, desmiéntele. Él cuenta que tú le dijiste que su mujer -le era infiel. Yo sé bien que no lo has dicho, porque no eres tan -malvado. Habla, respóndele, que el corazon quiere saltárseme. - -YAGO. - -Le dije lo que yo tenia por cierto, y lo que luego él ha averiguado. - -EMILIA. - -¿Y tú le dijiste que mi señora no era honrada? - -YAGO. - -Sí que se lo dije. - -EMILIA. - -Pues dijiste una mentira odiosa, infernal y diabólica. ¡Poder de Dios! -¿Y le dijiste que era infiel con Casio, con Casio? - -YAGO. - -Sí, con Casio. Cállate, mujer. - -EMILIA. - -No he de callar. Es necesario que yo hable. Mi pobre señora yace muerta -en su lecho. - -TODOS. - -¡No lo consienta Dios! - -EMILIA. - -Y tus delaciones son causa de su muerte. - -OTELO. - -No os asombreis, señores. Así ha sucedido. - -GRACIANO. - -¡Horrenda verdad! - -MONTANO. - -¡Espantoso crímen! - -EMILIA. - -Aquí se esconde alguna infernal añagaza... Y empiezo á sospechar... -¡Ah, sí: ya caigo!... Lo que siempre recelé... ¡Infame! ¡Me ahoga la -ira! ¡Oh trama inicua! - -YAGO. - -¿Estás loca? Véte á casa. Te lo mando. - -EMILIA. - -Caballeros, dejadme hablar. Otra vez le obedeceré, no ahora. Y quizá -nunca volveré á tu casa, Yago. - -OTELO. - -¡Ay! ¡Ay! - -EMILIA. - -¿Al fin lo sientes? Ruge, ruge. Has asesinado á la más santa y hermosa -criatura que ha visto nunca la luz del sol. - -OTELO. - -(_Levantándose._) ¡Fué adúltera! No os habia conocido, tio. (_A -Graciano._) Ahí teneis muerta á vuestra sobrina, y muerta á mis manos. -Sé que esto os parecerá horrible... - -GRACIANO. - -¡Pobre Desdémona! Cuán feliz es tu padre en haber pasado ya de esta -vida. Tu boda le mató: el pesar de ella bastó á cortar el hilo de sus -dias. Pero si hoy viviera, y la viese muerta, pienso que habia de -maldecir hasta de su ángel de guarda, provocando la indignacion del -cielo. - -OTELO. - -¡Qué dolor! Pero Yago sabe que ella mil veces se entregó á Casio. El -mismo Casio lo confesaba, y ademas recibió de ella, en pago de su amor, -el pañuelo, el regalo nupcial que yo le hice, un pañuelo que mi padre -habia dado á mi madre. Yo mismo le he visto en manos de Casio. - -EMILIA. - -¡Dios poderoso! ¡Dios de bondad! - -YAGO. - -¡Calla, te digo! - -EMILIA. - -No: no puedo callar, no quiero. Hablaré libre como el viento, aunque me -condenen Dios y los hombres y el infierno. No callaré: debo hablar. - -YAGO. - -No digas locuras. A casa, á casa. - -EMILIA. - -Jamas iré. (_Yago la amenaza._) - -GRACIANO. - -¿Qué? ¿La espada sacais contra una débil mujer? - -EMILIA. - -¡Perverso Otelo! Yo encontré aquel pañuelo: yo misma se le dí á mi -marido, porque con muchas instancias me habia pedido que lo robara. - -YAGO. - -¡Infame prostituta! - -EMILIA. - -¿Que ella se lo dió á Casio? No: ¡si le encontré yo, y se le dí á mi -marido! - -YAGO. - -Mientes, malvada. - -EMILIA. - -No miento, no. Caballeros, no miento. ¡Bestia cruel! ¡Estúpido! ¿Cómo -habias tú de poder contra esa santa? - -OTELO. - -¡Monstruo! ¿No hay rayos en el cielo, ó es que el trueno se los apropió -todos? (_Se arroja sobre Yago, pero este hiere á Emilia y huye._) - -GRACIANO. - -Sin duda ha muerto á su mujer. - -EMILIA. - -Sí: muerta soy: colocadme al lado de mi ama. - -GRACIANO. - -Él ha huido dejándola muerta. - -MONTANO. - -¡Infame asesino! Toma tú esta espada que he quitado de manos del moro. -Guardad la puerta: no le dejeis salir, aunque sea preciso matarle. Yo -iré detras de ese malvado, el más abominable de cuantos existen en el -mundo. - - (_Vanse Montano y Graciano._) - -[Ilustración] - -OTELO. - -Hasta el valor he perdido: un niño podria desarmarme. Pero ¿qué -importa? ¡Vaya con la virtud la honra! ¡Húndase todo! - -EMILIA. - -Quiero acordarme de las palabras de tu canto, señora mia, óyeme, si es -que aún tienes oidos. Moriré cantando como el cisne: - - Cantad el sauce, y su verdor cantad. - -Moro: ella fué honesta. - -Moro: ella te amaba. - -Verdad es: así yo me salve. Muero diciendo la verdad. Muero. (_Cae._) - -OTELO. - -Otra arma tengo aquí: una hoja española, reciamente templada en las -aguas del Tajo. Ahora es cuando debo desnudarla, amado tio. - -GRACIANO. - -(_Dentro._) Vana empresa será el defenderte: no tienes armas, has de -ceder. - -OTELO. - -Entra, y óyeme, ó embestiré desnudo como estoy. - - (_Sale Graciano._) - -GRACIANO. - -¿Qué sucede? - -OTELO. - -Espada tengo, la mejor que ciñó ningun guerrero: esta hoja y este -brazo han allanado obstáculos veinte veces mayores que tu resistencia. -Pero ¡qué insensato alarde! ¿Quién lidia contra la fortuna? Todo ha -cambiado: no me temes aunque me ves con armas. Este es el término de mi -viaje, la bahía y el puerto. ¿Te retiras tembloroso? ¿A qué ese miedo? -Aunque ataques á Otelo con una débil caña, Otelo cederá. ¿Y á dónde ha -de ir Otelo? Déjame ver tu rostro por última vez, infeliz esposa mia. -Tan pálido está como tu vestidura. Cuando los dos comparezcamos ante el -tribunal divino, esa mirada tuya bastará á arrojar mi alma del cielo, -y los demonios harán presa en ella con sus uñas. ¡Ay de mí, siervo del -pecado! ¡Furias, arrojadme del cielo con vuestros azotes! Demonios, -arrastradme en vuestro gran torbellino, hacedme hervir en azufre ó en -pilas de hirviente metal. ¡Desdémona, Desdémona! - - (_Salen Ludovico, Montano, Casio herido, y Yago preso._) - -LUDOVICO. - -¿Dónde está este infeliz temerario? - -OTELO. - -Aquí teneis al que fué Otelo. - -LUDOVICO. - -¿Dónde ese basilisco, ese horrible Yago? - -OTELO. - -¡Lástima que seas demonio, porque no podré matarte! (_Le hiere._) - -LUDOVICO. - -Desarmadle. - -YAGO. - -Me has herido, pero no de muerte. - -OTELO. - -Y no lo siento. Quiero que vivas, porque el morir es una dicha. - -LUDOVICO. - -Otelo, tú que antes fuiste tan bueno y generoso, ¿cómo has caido en los -lazos de este traidor artero? ¿Qué dirán de tí? - -OTELO. - -Cuanto quieran, si así lo creeis; seré un delincuente honrado. Por -honor la maté, no por odio. - -LUDOVICO. - -En parte ya ha confesado su crímen. ¿Los dos concertasteis la muerte de -Casio? - -OTELO. - -Sí. - -CASIO. - -Y sin razon ninguna. - -OTELO. - -Téngolo por cierto y te pido perdon. Preguntad á ese demonio, qué -motivo le pudo inducir á infernar de ese modo mi cuerpo y mi alma. - -YAGO. - -No me pregunteis nada, no he de responder. Todo lo sabeis. Desde ahora -no he de hablar. - -LUDOVICO. - -¿Ni siquiera para rezar? - -GRACIANO. - -El tormento te obligará á mover la lengua. - -OTELO. - -Bien harás. - -LUDOVICO. - -Sabedlo todo, pues aún hay algo que no ha llegado á vuestra noticia. -En el bolsillo de Rodrigo se han encontrado dos cartas. Una de ellas -explica cómo Rodrigo se encargó de dar muerte á Casio. - -OTELO. - -¡Cobarde! - -CASIO. - -¡Infame! - -LUDOVICO. - -La otra carta contiene mil quejas contra Yago, pero se conoce que antes -de enviarle Rodrigo la carta, encontró á Yago, y éste resolvió todas -sus dudas y le decidió á lo que hizo. - -OTELO. - -¡Perro traidor! ¿Y cómo llegó á tus manos, Casio, aquel pañuelo de mi -mujer? - -CASIO. - -Le hallé en mi aposento, y él mismo acaba de confesar que le dejó allí -con este intento. - -OTELO. - -¡Necio, mentecato! - -CASIO. - -En la misma carta le echa en cara Rodrigo, entre otras mil acusaciones, -el haberle excitado en el cuerpo de guardia á que riñese conmigo, de -cuya riña resultó el perder yo mi empleo. Y él ha dicho antes de morir -que Yago le acusó y le hirió. - -LUDOVICO. - -Necesario es que vengais con nosotros sin demora. El gobierno queda en -manos de Casio. Y en cuanto á Yago creed que si hay algun tormento que -pueda hacerle padecer eternamente sin matarle, á él se aplicará. Vos -estareis preso, hasta que sentencie vuestra causa el Senado de Venecia. - -OTELO. - -Oidme una palabra, nada más, y luego os ireis. He servido bien y -lealmente á la República, y ella lo sabe, pero no tratemos de eso. -Sólo os pido por favor una cosa: que cuando en vuestras cartas al -Senado refirais este lastimoso caso, no trateis de disculparme, ni de -agravar tampoco mi culpa. Decid que he sido un desdichado: que amé sin -discrecion y con furor, que aunque tardo en recelar, me dejé arrastrar -como loco por la corriente de los celos: decid que fuí tan insensato -como el indio que arroja al lodo una pieza preciosa que vale más que -toda su tribu. Decid que mis ojos que antes no lloraban nunca, han -destilado luego largo caudal de lágrimas, como destilan su balsámico -jugo los árboles de Arabia. Contádselo todo así, y decid tambien que un -dia que en Alepo un turco puso la mano en un veneciano, ultrajando la -majestad de la República, yo agarré del cuello á aquel perro infiel y -le maté así. (_Se hiere._) - -LUDOVICO. - -¡Lastimosa muerte! - -GRACIANO. - -Vanas fueron nuestras palabras. - -OTELO. - -Esposa mia, quise besarte antes de matarte. Ahora te beso, y muero al -besarte. (_Muere._) - -CASIO. - -Yo lo recelé, porque era de alma muy generosa, pero creí que no tenia -armas. - -LUDOVICO. - -¡Perro ladron, más crudo y sanguinario que la muerte misma, más -implacable que el mar alborotado! ¡Mira, mira los dos cadáveres que -abruman ese lecho! Gózate en tu obra, cuyo solo espectáculo basta -para envenenar los ojos. Cubrid el cadáver: haced guardar la casa, -Graciano. Haced inventario de los bienes del moro. Sois su heredero. Y -á vos, gobernador, incumbe el castigar á este perro sin ley, fijando -el modo y la hora del tormento. Y ¡que sea cruel, muy cruel! Yo con -lágrimas en los ojos voy á llevar á Venecia la relacion del triste caso. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - - - - -ÍNDICE. - - - Pág. - - _El Mercader de Venecia._ 1 - _Macbeth._ 105 - _Romeo y Julieta._ 201 - _Otelo._ 329 - - -[Ilustración] - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Dramas, by William Shakespeare - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DRAMAS *** - -***** This file should be named 53207-0.txt or 53207-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/2/0/53207/ - -Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the -Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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