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-The Project Gutenberg EBook of Dramas, by William Shakespeare
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
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-Title: Dramas
- El Mercader de Venecia, Macbeth, Romeo y Julieta, Otelo
-
-Author: William Shakespeare
-
-Translator: Marcelino Menéndez Pelayo
-
-Release Date: October 4, 2016 [EBook #53207]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DRAMAS ***
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-
-Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
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-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_; las
- negritas, entre =signos de igual= y las versalitas se han
- convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la
- grafía de mayor frecuencia. También se han respetado las
- inconsistencias en la acentuación.
-
- * Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración
- e interrogación.
-
- * Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar.
-
- * Se ha normalizado la presentación de las indicaciones escénicas
- sobre entradas y salidas de personajes.
-
- * Tras consultar el original inglés, se han unificado las siguientes
- denominaciones para un mismo personaje:
-
- pp. 94 y 95: «Estéfano» y «Estéban» → «Estéfano»
- pp. 144 a 149: «SICARIO» y «ASESINO» → «ASESINO»
- pp. 193 y 194: «SÉTON» y «SITON» → «SÉTON»
-
- * Además, se han introducido las siguientes modificaciones:
-
- p. 49: se añade el encabezado «ESCENA PRIMERA.»
- p. 170: «ESCENA XI.» → «ESCENA II.»
-
- * Se añaden ilustraciones de adorno al final de aquellos actos que, en
- el original impreso, carecen de ellas.
-
-
-
-
-SHAKSPEARE.
-
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-
-ES PROPIEDAD.
-
-
-
-
- DRAMAS
- DE
- GUILLERMO SHAKSPEARE.
-
-
- EL MERCADER DE VENECIA.—MACBETH.—ROMEO Y JULIETA.—OTELO.
-
-
- TRADUCCION DE
- D. MARCELINO MENENDEZ PELAYO.
-
- Catedrático de literatura en la Universidad central y Académico
- de la Española.
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-
- _Dibujos y grabados al boj de los principales artistas alemanes._
-
-
- [Ilustración]
-
-
- _BARCELONA._
- BIBLIOTECA «ARTE Y LETRAS».
- _Administracion: Ausias March, 95._
- 1881.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-TIPO-LIT. DE C. VERDAGUER. — BARCELONA.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ADVERTENCIA PRELIMINAR.
-
-
-Sale á luz este primer tomo de la version de Shakspeare, sin la
-biografía y juicio del autor que debian encabezarle. Ocupaciones y
-tareas de todo género, falta de reposo, y áun obstáculos literarios que
-fuera largo enumerar, nos hacen diferir para remate del último volúmen
-lo que debió ir en el primero. Quizá con la tardanza resulte menos
-imperfecto nuestro estudio.
-
-En la traduccion he procurado, ante todo, conservar el sabor del
-original, sin mengua de la energía, propiedad y concision de nuestra
-lengua castellana. Muchas veces he sido más fiel al sentido que á las
-palabras, creyendo interpretar así la mente de Shakspeare mejor que
-aquellos traductores que crudamente reproducen hasta los ápices del
-estilo del original, y las aberraciones contra el buen gusto, en que
-á veces incurria el gran poeta. Como la gloria de Shakspeare, el más
-grande de los dramáticos del mundo (aunque entren en cuenta Sófocles
-y Calderon), no consiste en estas pueriles menudencias, sino en el
-vigor y verdad de la expresion, y sobre todo en el maravilloso poder
-de crear caractéres y fisonomías humanas, reales y vivas, que es entre
-todas las facultades artísticas la que más acerca al hombre á su divino
-Hacedor, pareceria mezquindad y falta de gusto entretenerse en recoger
-las migajas de la mesa del gran poeta, cuando nos brindan en el centro
-de ella los más sabrosos y fortificantes manjares. Mi traduccion no
-es _literal_ ó _interlineal_, como puede hacerla quienquiera que
-sepa inglés, con seguridad ó de no ser entendido ó de adormecer á
-lectores españoles. Yo he querido hacer, bien ó mal, una traduccion
-literaria, en que comprendiendo á mi modo los personajes de Shakspeare,
-colocándome en las situaciones imaginadas por el gran poeta, y sin
-omitir á sabiendas ninguno de sus pensamientos, ninguno de los matices
-de pasion ó de frase, que esmaltan el diálogo, he procurado decir á
-la española y en estilo de nuestro siglo lo que en inglés del siglo
-XVI dijo el autor. No he añadido ni un vocablo de mi cosecha, ni creo
-haber suprimido nada esencial, característico y bello. En conservar las
-rudezas de expresion y las brutalidades de color he puesto especial
-ahinco, como quiera que forman parte y muy esencial de la índole del
-poeta. Algo he moderado el pródigo lujo de su expresion, sobre todo
-cuando degenera en antítesis, conceptillos y _phebus_ extravagante.
-Sírvame de disculpa el que lo mismo han hecho los alemanes que han
-traducido á Calderon, y por análogas razones los extraños que sólo ven
-en el gran poeta la alteza del pensamiento, y no la expresion casi
-siempre falsa y desconcertada, ponen á Calderon sobre su cabeza mucho
-más que los nuestros. Quizá me haya llevado demasiado lejos mi amor á
-la sencillez, á la sobriedad y al nervio del estilo. Por si fuese así,
-anticipadamente pido perdon, declarando que mi principal objeto ha
-sido hacer una traduccion que pueda leerse seguida con facilidad y sin
-tropiezo de notas y comentarios, en suma, popularizar á Shakspeare en
-España.
-
-De las cuatro obras dramáticas incluidas en este tomo hay excelentes
-traducciones castellanas. El _Macbeth_ fué puesto en versos
-castellanos, algo duros y parafrásticos, pero fidelísimos y robustos,
-por D. José García de Villalta (que escribia el inglés con tanta
-facilidad como el castellano), y _silbada_ estrepitosamente (para
-vergüenza nuestra debe decirse, aunque muy bajo y de modo que no lo
-oigan los extranjeros) por el público del teatro del Príncipe en 1835.
-Despues le ha traducido con mayor fluidez y armonía D. Guillermo
-Macpherson, á quien debemos otra elegante version de _Julieta y Romeo_.
-Villalta publicó tambien un fragmento de _Otelo_, y así ésta como
-el _Mercader de Venecia_ y _Julieta_ fueron bien interpretadas, con
-ciertas escabrosidades de diccion pero con mucho sabor shaksperiano,
-por el malogrado Jaime Clark. Tambien hemos oido aplaudir, aunque sin
-llegar á verlas, las traducciones del Marques de Dos Hermanas.
-
-De todas las demas nos hemos aprovechado en la interpretacion de
-los pasajes difíciles, así como de la comparacion de algunos textos
-ingleses y de varios comentadores.
-
- _M. M. P._
-
-
-
-
- EL MERCADER
- DE VENECIA.
-
-
- TRADUCCION
- DE
- D. M. MENENDEZ PELAYO.
-
- Ilustracion de _Adolfo Schmitz_, grabados de _C. H. Schulze_.
-
-
-
-
-PERSONAS DEL DRAMA.
-
-
- EL DUX.
- EL PRÍNCIPE DE MARRUECOS.}
- EL PRÍNCIPE DE ARAGON. } Pretendientes de Pórcia.
- ANTONIO, mercader de Venecia.
- BASANIO, su amigo.
- SALANIO. }
- SALARINO. }
- GRACIANO. } Amigos de Antonio.
- SALERIO. }
- LORENZO, amante de Jéssica.
- SYLOCK, judío.
- TÚBAL, otro judío, amigo suyo.
- LANZAROTE GOBBO, criado de Sylock.
- EL VIEJO GOBBO, padre de Lanzarote.
- LEONARDO, criado de Basanio.
- BALTASAR. }
- ESTÉFANO. } Criados de Pórcia.
- PÓRCIA, rica heredera.
- NERISSA, doncella de Pórcia.
- JÉSSICA, hija de Sylock.
-
-
- SENADORES de Venecia, OFICIALES del Tribunal de Justicia,
- CARCELEROS, CRIADOS y otros.
-
-
- La escena es parte en Venecia, parte en Belmonte, quinta de Pórcia,
- en el continente.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO I.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Venecia.—Una calle.=
-
-ANTONIO, SALARINO y SALANIO.
-
-ANTONIO.
-
-No entiendo la causa de mi tristeza. Á vosotros y á mí igualmente nos
-fatiga, pero no sé cuándo ni dónde ni de qué manera la adquirí, ni de
-qué orígen mana. Tanto se ha apoderado de mis sentidos la tristeza, que
-ni áun acierto á conocerme á mí mismo.
-
-SALARINO.
-
-Tu mente vuela sobre el Océano, donde tus naves, con las velas
-hinchadas, cual señoras ó ricas ciudadanas de las olas, dominan á los
-pequeños traficantes, que cortésmente les saludan cuando las encuentran
-en su rápida marcha.
-
-SALANIO.
-
-Créeme, señor: si yo tuviese confiada tanta parte de mi fortuna al
-mar, nunca se alejaria de él mi pensamiento. Pasaria las horas en
-arrancar el césped, para conocer de dónde sopla el viento; buscaria
-continuamente en el mapa los puertos, los muelles y los escollos, y
-todo objeto que pudiera traerme desventura me seria pesado y enojoso.
-
-SALARINO.
-
-Al soplar en el caldo, sentiria dolores de fiebre intermitente,
-pensando que el soplo del viento puede embestir mi bajel. Cuando viera
-bajar la arena en el reloj, pensaria en los bancos de arena en que mi
-nave puede encallarse desde el tope á la quilla, como besando su propia
-sepultura. Al ir á misa, los arcos de la iglesia me harian pensar en
-los escollos donde puede dar de traves mi pobre barco, y perderse todo
-su cargamento, sirviendo las especias orientales para endulzar las
-olas, y mis sedas para engalanarlas. Creeria que en un momento iba
-á desvanecerse mí fortuna. Sólo el pensamiento de que esto pudiera
-suceder me pone triste. ¿No ha de estarlo Antonio?
-
-ANTONIO.
-
-No, porque gracias á Dios no va en esa nave toda mi fortuna, ni depende
-mi esperanza de un solo puerto, ni mi hacienda de la fortuna de este
-año. No nace del peligro de mis mercaderías mi cuidado.
-
-SALANIO.
-
-Luego, estás enamorado.
-
-ANTONIO.
-
-Calla, calla.
-
-SALANIO.
-
-¡Conque tampoco estás enamorado! Entonces diré que estás triste
-porque no estás alegre, y lo mismo podias dar un brinco, y decir que
-estabas alegre porque no estabas triste. Os juro por Jano el de dos
-caras, amigos mios, que nuestra madre comun la Naturaleza se divirtió
-en formar séres extravagantes. Hay hombres que al oir una estridente
-gaita, cierran estúpidamente los ojos y sueltan la carcajada, y hay
-otros que se están tan graves y sérios como niños, aunque les digas los
-más graciosos chistes.
-
- (_Salen Basanio, Lorenzo y Graciano._)
-
-[Ilustración]
-
-SALANIO.
-
-Aquí vienen tu pariente Basanio, Graciano y Lorenzo. Bien venidos.
-Ellos te harán buena compañía.
-
-SALARINO.
-
-No me iria hasta verte desenojado, pero ya que tan nobles amigos
-vienen, con ellos te dejo.
-
-ANTONIO.
-
-Mucho os amo, creedlo. Cuando os vais, será porque os llama algun
-negocio grave, y aprovechais este pretexto para separaros de mí.
-
-SALARINO.
-
-Adios, amigos mios.
-
-BASANIO.
-
-Señores, ¿cuándo estareis de buen humor? Os estais volviendo ágrios é
-indigestos. ¿Y por qué?
-
-SALARINO.
-
-Adios: pronto quedaremos desocupados para serviros.
-
- (_Vanse Salarino y Salanio._)
-
-LORENZO.
-
-Señor Basanio, te dejamos con Antonio. No olvides, á la hora de comer,
-ir al sitio convenido.
-
-BASANIO.
-
-Sin falta.
-
-GRACIANO.
-
-Mala cara pones, Antonio. Mucho te apenan los cuidados del mundo. Caros
-te saldrán sus placeres, ó no los gozarás nunca. Noto en tí cierto
-cambio desagradable.
-
-ANTONIO.
-
-Graciano, el mundo me parece lo que es: un teatro, en que cada uno hace
-su papel. El mio es bien triste.
-
-GRACIANO.
-
-El mio será el de gracioso. La risa y el placer disimularán las arrugas
-de mi cara. Abráseme el vino las entrañas, antes que el dolor y el
-llanto me hielen el corazon. ¿Por qué un hombre, que tiene sangre en
-las venas, ha de ser como una estatua de su abuelo en mármol? ¿Por qué
-dormir despiertos, y enfermar de capricho? Antonio, soy amigo tuyo.
-Escúchame. Te hablo como se habla á un amigo. Hombres hay en el mundo
-tan tétricos que sus rostros están siempre, como el agua del pantano,
-cubiertos de espuma blanca, y quieren con la gravedad y el silencio
-adquirir fama de doctos y prudentes, como quien dice: «Soy un oráculo.
-¿Qué perro se atreverá á ladrar, cuando yo hablo?» Así conozco á
-muchos, Antonio, que tienen reputacion de sabios por lo que se callan,
-y de seguro que si despegasen los labios, los mismos que hoy los
-ensalzan serian los primeros en llamarlos necios. Otra vez te diré más
-sobre este asunto. No te empeñes en conquistar por tan triste manera
-la fama que logran muchos tontos. Vámonos, Lorenzo. Adios. Despues de
-comer, acabaré el sermon.
-
-LORENZO.
-
-En la mesa nos veremos. Me toca el papel de sabio mudo, ya que Graciano
-no me deja hablar.
-
-GRACIANO.
-
-Si sigues un año más conmigo, desconocerás hasta el eco de tu voz.
-
-ANTONIO.
-
-Me haré charlatan, por complacerte.
-
-GRACIANO.
-
-Harás bien. El silencio sólo es oportuno en lenguas en conserva, ó en
-boca de una doncella casta é indomable.
-
- (_Vanse Graciano y Lorenzo._)
-
-ANTONIO.
-
-¡Vaya una locura!
-
-BASANIO.
-
-No hay en toda Venecia quien hable más disparatadamente que Graciano.
-Apenas hay en toda su conversacion dos granos de trigo entre dos
-fanegas de paja: menester es trabajar un dia entero para hallarlos, y
-aún despues no compensan el trabajo de buscarlos.
-
-ANTONIO.
-
-Dime ahora, ¿quién es la dama, á cuyo altar juraste ir en devota
-peregrinacion, y de quien has ofrecido hablarme?
-
-BASANIO.
-
-Antonio, bien sabes de qué manera he malbaratado mi hacienda en alardes
-de lujo no proporcionados á mis escasas fuerzas. No me lamento de la
-pérdida de esas comodidades. Mi empeño es sólo salir con honra de los
-compromisos en que me ha puesto mi vida. Tú, Antonio, eres mi principal
-acreedor en dineros y en amistad, y pues que tan de veras nos queremos,
-voy á decirte mi plan para librarme de deudas.
-
-ANTONIO.
-
-Dímelo, Basanio: te lo suplico; y si tus propósitos fueren buenos
-y honrados, como de fijo lo serán, siendo tuyos, pronto estoy á
-sacrificar por tí mi hacienda, mi persona y cuanto valgo.
-
-BASANIO.
-
-Cuando yo era muchacho, y perdia el rastro de una flecha, para
-encontrarla disparaba otra en igual direccion, y solia, aventurando
-las dos, lograr entrambas. Pueril es el ejemplo, pero lo traigo para
-muestra de lo candoroso de mi intencion. Te debo mucho, y quizá lo
-hayas perdido sin remision; pero puede que si disparas con el mismo
-rumbo otra flecha, acierte yo las dos, ó lo menos pueda devolverte la
-segunda, agradeciéndote siempre el favor primero.
-
-ANTONIO.
-
-Basanio, me conoces y es perder el tiempo traer ejemplos, para
-convencerme de lo que ya estoy persuadido. Todavía me desagradan
-más tus dudas sobre lo sincero de mi amistad, que si perdieras y
-malgastaras toda mi hacienda. Dime en qué puedo servirte, y lo haré con
-todas veras.
-
-BASANIO.
-
-En Belmonte hay una rica heredera. Es hermosísima, y ademas un portento
-de virtud. Sus ojos me han hablado, más de una vez, de amor. Se llama
-Pórcia, y en nada es inferior á la hija de Caton, esposa de Bruto.
-Todo el mundo conoce lo mucho que vale, y vienen de apartadas orillas
-á pretender su mano. Los rizos, que cual áureo vellocino penden de su
-sien, hacen de la quinta de Belmonte un nuevo Cólcos ambicionado por
-muchos Jasones. ¡Oh, Antonio mio! Si yo tuviera medios para rivalizar
-con cualquiera de ellos, tengo el presentimiento de que habia de salir
-victorioso.
-
-ANTONIO.
-
-Ya sabes que tengo toda mi riqueza en el mar, y que hoy no puedo darte
-una gran suma. Con todo eso, recorre las casas de comercio de Venecia;
-empeña tú mi crédito hasta donde alcance. Todo lo aventuraré por tí:
-no habrá piedra que yo no mueva, para que puedas ir á la quinta de
-tu amada. Vé, infórmate de dónde hay dinero. Yo haré lo mismo y sin
-tardar. Malo será que por amistad ó por fianza no logremos algo.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Belmonte.—Gabinete en la quinta de Pórcia.=
-
-PÓRCIA y NERISSA.
-
-PÓRCIA.
-
-Por cierto, amiga Nerissa, que mi pequeño cuerpo está ya bien harto de
-este inmenso mundo.
-
-NERISSA.
-
-Eso fuera, señora, si tus desgracias fueran tantas y tan prolijas como
-tus dichas. No obstante, tanto se padece por exceso de goces como por
-defecto. No es poca dicha atinar con el justo medio. Lo superfluo cria
-muy pronto canas. Por el contrario la moderacion es fuente de larga
-vida.
-
-PÓRCIA.
-
-Sanos consejos, y muy bien expresados.
-
-NERISSA.
-
-Mejores fueran, si álguien los siguiese.
-
-PÓRCIA.
-
-Si fuera tan fácil hacer lo que se debe, como conocerlo, las ermitas
-serian catedrales, y palacios las cabañas. El mejor predicador es el
-que, no contento con decantar la virtud, la practica. Mejor podria yo
-enseñársela á veinte personas, que ser yo una de las veinte y ponerla
-en ejecucion. Bien inventa el cerebro leyes para refrenar la sangre,
-pero el calor de la juventud salta por las redes que le tiende la
-prudencia, fatigosa anciana. Pero si discurro de esta manera, nunca
-llegaré á casarme. Ni podré elegir á quien me guste ni rechazar á quien
-me enoje: tanto me sujeta la voluntad de mi difunto padre.
-
-NERISSA.
-
-Tu padre era un santo, y los santos suelen acertar, como inspirados,
-en sus postreras voluntades. Puedes creer que sólo quien merezca tu
-amor acertará ese juego de las tres cajas de oro, plata y plomo, que él
-imaginó, para que obtuviese tu mano el que diera con el secreto. Pero,
-dime, ¿no te empalagan todos esos príncipes que aspiran á tu mano?
-
-PÓRCIA.
-
-Véte nombrándolos, yo los juzgaré. Por mi juicio podrás conocer el
-cariño que les tengo.
-
-NERISSA.
-
-Primero, el príncipe napolitano.
-
-PÓRCIA.
-
-No hace más que hablar de su caballo, y cifra todo su orgullo en saber
-herrarlo por su mano. ¿Quién sabe si su madre se encapricharia de algun
-herrador?
-
-NERISSA.
-
-Luego viene el conde Palatino.
-
-PÓRCIA.
-
-Que está siempre frunciendo el ceño, como quien dice: «Si no me
-quieres, busca otro mejor.» No hay chiste que baste á distraerle. Mucho
-me temo que quien tan femenilmente triste se muestra en su juventud,
-llegue á la vejez convertido en filósofo melancólico. Mejor me casaría
-con una calavera que con ninguno de esos. ¡Dios me libre!
-
-NERISSA.
-
-¿Y el caballero francés, Le Bon?
-
-PÓRCIA.
-
-Será hombre, pero sólo porque es criatura de Dios. Malo es burlarse del
-prójimo, pero de éste... Su caballo es mejor que el del napolitano, y
-su ceño todavía más arrugado que el del Palatino. Junta los defectos de
-uno y otro, y á todo esto añade un cuerpo que no es de hombre. Salta en
-oyendo cantar un mirlo, y se pelea hasta con su sombra. Casarse con él,
-seria casarse con veinte maridos. Le perdonaria si me aborreciese, pero
-nunca podria yo amarle.
-
-[Ilustración]
-
-NERISSA.
-
-¿Y Falconbridge, el jóven baron inglés?
-
-PÓRCIA.
-
-Nunca hablo con él, porque no nos entendemos. Ignora el latin, el
-francés y el italiano. Yo, puedes jurar que no sé una palabra de
-inglés. No tiene mala figura, pero ¿quién ha de hablar con una estatua?
-¡Y qué traje más extravagante el suyo! Ropilla de Italia, calzas de
-Francia, gorra de Alemania, y modales de todos lados.
-
-NERISSA.
-
-¿Y su vecino, el lord escocés?
-
-PÓRCIA.
-
-Buen vecino. Tomó una bofetada del inglés, y juró devolvérsela. El
-francés dió fianza con otro bofeton.
-
-NERISSA.
-
-¿Y el jóven aleman, sobrino del duque de Sajonia?
-
-PÓRCIA.
-
-Mal cuando está en ayunas, y peor despues de la borrachera. Antes
-parece menos que hombre, y despues más que bestia. Lo que es con ése,
-no cuento.
-
-NERISSA.
-
-Si él fuera quien acertase el secreto de la caja, tendrias que casarte
-con él, por cumplir la voluntad de tu padre.
-
-PÓRCIA.
-
-Lo evitarás, metiendo en la otra caja una copa de vino del Rhin: no
-dudes que, andando el demonio en ello, la preferirá. Cualquier cosa,
-Nerissa, antes que casarme con esa esponja.
-
-NERISSA.
-
-Señora, paréceme que no tienes que temer á ninguno de esos
-encantadores. Todos ellos me han dicho que se vuelven á sus casas, y no
-piensan importunarte más con sus galanterías, si no hay otro medio de
-conquistar tu mano que el de la cajita dispuesta por tu padre.
-
-PÓRCIA.
-
-Aunque viviera yo más años que la Sibila, me moriria tan vírgen como
-Diana, antes que faltar al testamento de mi padre. En cuanto á esos
-amantes, me alegro de su buena resolucion, porque no hay entre ellos
-uno solo cuya presencia me sea agradable. Dios les depare buen viaje.
-
-NERISSA.
-
-¿Te acuerdas, señora, de un veneciano docto en letras y armas que,
-viviendo tu padre, vino aquí con el marqués de Montferrato?
-
-PÓRCIA.
-
-Sí. Pienso que se llamaba Basanio.
-
-NERISSA.
-
-Es verdad. Y de cuantos hombres he visto, no recuerdo ninguno tan digno
-del amor de una dama como Basanio.
-
-PÓRCIA.
-
-Mucho me acuerdo de él, y de que merecia bien tus elogios.
-
- (_Sale un criado._)
-
-¿Qué hay de nuevo?
-
-EL CRIADO.
-
-Los cuatro pretendientes vienen á despedirse de vos, señora, y un
-correo anuncia la llegada del príncipe de Marruecos que viene esta
-noche.
-
-PÓRCIA.
-
-¡Ojalá pudiera dar la bienvenida al nuevo, con el mismo gusto con que
-despido á los otros! Pero si tiene el gesto de un demonio, aunque tenga
-el carácter de un ángel, más quisiera confesarme que casar con él. Ven
-conmigo, Nerissa. Y tú, delante (_al criado_). Apenas hemos cerrado la
-puerta á un amante, cuando otro llama.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Plaza en Venecia.=
-
-BASANIO y SYLOCK.
-
-SYLOCK.
-
-Tres mil ducados. Está bien.
-
-BASANIO.
-
-Si, por tres meses.
-
-SYLOCK.
-
-Bien, por tres meses.
-
-BASANIO.
-
-Fiador Antonio.
-
-SYLOCK.
-
-Antonio fiador. Está bien.
-
-BASANIO.
-
-¿Podeis darme esa suma? Necesito pronto contestacion.
-
-SYLOCK.
-
-Tres mil ducados por tres meses: fiador Antonio.
-
-BASANIO.
-
-¿Y qué decis á eso?
-
-SYLOCK.
-
-Antonio es hombre honrado.
-
-BASANIO.
-
-¿Y qué motivos tienes para dudarlo?
-
-SYLOCK.
-
-No, no: motivo ninguno: quiero decir que es buen pagador, pero tiene
-muy en peligro su caudal. Un barco para Trípoli, otro para las Indias.
-Ahora me acaban de decir en el puente de Rialto, que prepara un navío
-para Méjico y otro para Inglaterra. Así tiene sus negocios y capital
-esparcidos por el mundo. Pero, al fin, los barcos son tablas y los
-marineros hombres. Hay ratas de tierra y ratas de mar, ladrones y
-corsarios, y ademas vientos, olas y bajíos. Pero repito que es buen
-pagador. Tres mil ducados... creo que aceptaré la fianza.
-
-BASANIO.
-
-Puedes aceptarla con toda seguridad.
-
-SYLOCK.
-
-¿Por qué? Lo pensaré bien. ¿Podré hablar con él mismo?
-
-BASANIO.
-
-Vente á comer con nosotros.
-
-SYLOCK.
-
-No, para no llenarme de tocino. Nunca comeré en casa donde vuestro
-profeta, el Nazareno, haya introducido sus diabólicos sortilegios.
-Compraré vuestros géneros: me pasearé con vosotros; pero comer, beber y
-orar... ni por pienso. ¿Qué se dice en Rialto? ¿Quién es éste?
-
- (_Sale Antonio._)
-
-BASANIO.
-
-El señor Antonio.
-
-SYLOCK.
-
-(_Aparte._) Tiene aire de publicano. Le aborrezco porque es cristiano,
-y ademas por el necio alarde que hace de prestar dinero sin interes,
-con lo cual está arruinando la usura en Venecia. Si alguna vez cae en
-mis manos, yo saciaré en él todos mis odios. Sé que es grande enemigo
-de nuestra santa nacion, y en las reuniones de los mercaderes me llena
-de insultos, llamando vil usura á mis honrados tratos. ¡Por vida de mi
-tribu, que no le he de perdonar!
-
-BASANIO.
-
-¿Oyes, Sylock?
-
-SYLOCK.
-
-Pensaba en el dinero que me queda, y ahora caigo en que no puedo reunir
-de pronto los tres mil ducados. Pero ¿qué importa? Ya me los prestará
-Túbal, un judío muy rico de mi tribu. ¿Y por cuántos meses quieres ese
-dinero? Dios te guarde, Antonio. Hablando de tí estábamos.
-
-ANTONIO.
-
-Aunque no soy usurero, y ni presto ni pido prestado, esta vez quebranto
-mi propósito, por servir á un amigo. Basanio, ¿has dicho á Sylock lo
-que necesitas?
-
-SYLOCK.
-
-Lo sé: tres mil ducados.
-
-ANTONIO.
-
-Por tres meses.
-
-SYLOCK.
-
-Ya no me acordaba. Es verdad... Por tres meses... Pero antes decias que
-no prestabas á usura ni pedias prestado.
-
-ANTONIO.
-
-Sí que lo dije.
-
-SYLOCK.
-
-Cuando Jacob apacentaba los rebaños de Laban... Ya sabes que Jacob,
-gracias á la astucia de su madre, fué el tercer poseedor despues de
-Abraham... Sí, el tercero.
-
-ANTONIO.
-
-¿Y Jacob prestaba dinero á usura?
-
-SYLOCK.
-
-No precisamente como nosotros, pero fíjate en lo que hizo. Pactó con
-Laban que le diese como salario todos los corderos manchados de vario
-color que nacieran en el hato. Llegó el otoño, y las ovejas fueron en
-busca de los corderos. Y cuando iban á ayuntarse los lanudos amantes,
-el astuto pastor puso unas varas delante de las ovejas, y al tiempo de
-la cria todos los corderos nacieron manchados, y fueron de Jacob. Este
-fué su lucro y usura, y por él le bendijo el cielo, que bendice siempre
-el lucro honesto, aunque maldiga el robo.
-
-ANTONIO.
-
-Eso fué un milagro que no dependia de su voluntad sino de la del cielo,
-y Jacob se expuso al riesgo. ¿Quieres con tan santo ejemplo canonizar
-tu abominable trato? ¿ó son ovejas y corderos tu plata y tu oro?
-
-SYLOCK.
-
-No sé, pero procrean como si lo fueran.
-
-ANTONIO.
-
-Atiende, Basanio. El mismo demonio, para disculpar sus maldades, cita
-ejemplos de la Escritura. El espíritu infame, que invoca el testimonio
-de las santas leyes, se parece á un malvado de apacible rostro ó á una
-hermosa fruta comida de gusanos.
-
-SYLOCK.
-
-Tres mil ducados... Cantidad alzada, y por tres meses... Suma la
-ganancia...
-
-ANTONIO.
-
-¿Admitís el trato: si ó no, Sylock?
-
-SYLOCK.
-
-Señor Antonio, innumerables veces me habeis reprendido en el puente
-de Rialto por mis préstamos y usuras, y siempre lo he llevado con
-paciencia, y he doblado la cabeza, porque ya se sabe que el sufrimiento
-es virtud de nuestro linaje. Me has llamado infiel y perro: y todo esto
-sólo por tu capricho, y porque saco el jugo á mi hacienda, como es mi
-derecho. Ahora me necesitas, y vienes diciendo: «Sylock, dame dineros.»
-Y esto me lo dice quien derramó su saliva en mi barba, quien me empujó
-con el pié como á un perro vagabundo que entra en casa extraña. ¿Y yo
-qué debia responderte ahora? «No: ¿un perro cómo ha de tener hacienda
-ni dinero? ¿Cómo ha de poder prestar tres mil ducados?» ó te diré en
-actitud humilde y con voz de siervo: «Señor, ayer te plugo escupirme al
-rostro: otro dia me diste un puntapié y me llamaste perro, y ahora, en
-pago de todas estas cortesías, te voy á prestar dinero.»
-
-ANTONIO.
-
-Volveré á insultarte, á odiarte y á escupirte á la cara. Y si me
-prestas ese dinero, no me lo prestes como amigo, que si lo fueras, no
-pedirias ruin usura por un metal estéril é infecundo. Préstalo, como
-quien presta á su enemigo, de quien puede vengarse á su sabor si falta
-al contrato.
-
-SYLOCK.
-
-¡Y qué enojado estais! ¿Y yo que queria granjear vuestra amistad,
-olvidando las afrentas de que me habeis colmado? Pienso prestaros mi
-dinero sin interes alguno. Ya veis que el ofrecimiento no puede ser
-más generoso.
-
-ANTONIO.
-
-Así parece.
-
-SYLOCK.
-
-Venid á casa de un escribano, donde firmaréis un recibo prometiendo que
-si para tal dia no habeis pagado, entregaréis en cambio una libra justa
-de vuestra carne, cortada por mí del sitio de vuestro cuerpo que mejor
-me pareciere.
-
-ANTONIO.
-
-Me agrada el trato: le firmaré, y diré que por fin he encontrado un
-judío generoso.
-
-BASANIO.
-
-No firmarás, en ventaja mia, esa escritura; prefiero no salir nunca de
-mi desesperacion.
-
-ANTONIO.
-
-No temas que llegue el caso de cumplir semejante escritura. Dentro de
-dos meses, uno antes de espirar el plazo, habré reunido diez veces más
-de esa suma.
-
-SYLOCK.
-
-¡Oh, padre Abraham! ¡Qué mala gente son los cristianos! Miden á todos
-los demas con la vara de su mala intencion. Decidme: si Antonio dejara
-de pagarme en el plazo convenido, ¿qué adelantaba yo con exigirle que
-cumpliera el contrato? Despues de todo, una libra de carne humana vale
-menos que una de buey, carnero ó cabra. Creedme, que si propongo tal
-condicion, es sólo por ganarme su voluntad. Si os agrada, bien: si no,
-no me maltrates, siquiera por la buena amistad que te muestro.
-
-ANTONIO.
-
-Cierro el trato y doy la fianza.
-
-SYLOCK.
-
-Pronto, á casa del notario. Dictad ese chistoso documento. Yo buscaré
-el dinero, pasaré por mi casa, que está mal guardada por un holgazán
-inútil, y en seguida soy con vosotros.
-
- (_Se va._)
-
-ANTONIO.
-
-Véte con Dios, buen judío. Este se va á volver cristiano. Me pasma su
-generosidad.
-
-BASANIO.
-
-Sospechosas se me antojan frases tan dulces en boca de semejante
-malvado.
-
-ANTONIO.
-
-No temas. El plazo es bastante largo, para que vuelvan mis navíos antes
-de cumplirse.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO II.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Sala en la quinta de Pórcia.=
-
-Salen el PRÍNCIPE DE MARRUECOS y su servidumbre: PÓRCIA, NERISSA y sus
-doncellas.
-
-EL PRÍNCIPE.
-
-No os enoje, bella Pórcia, mi color moreno, hijo del sol ardiente bajo
-el cual nací. Pero venga el más rubio de los hijos del frio Norte, cuyo
-hielo no deshace el mismo Apolo: y ábranse juntamente, en presencia
-vuestra, las venas de uno y otro, á ver cuál de los dos tiene más roja
-la sangre. Señora, mi rostro ha atemorizado á los más valientes, y
-juro por el amor que os tengo que han suspirado por él las doncellas
-más hermosas de mi tierra. Sólo por complaceros, dulce señora mia,
-consintiera yo en mudar de semblante.
-
-PÓRCIA.
-
-No es sólo capricho femenil quien me aconseja y determina: mi eleccion
-no depende de mi albedrío. Pero si mi padre no me hubiera impuesto
-una condicion y un freno, mandándome que tomase por esposo á quien
-acertara el secreto que os dije, tened por seguro, ilustre príncipe,
-que os juzgaria tan digno de mi mano como á cualquier otro de los que
-la pretenden.
-
-[Ilustración]
-
-EL PRÍNCIPE.
-
-Mucho os lo agradece mi corazon. Mostradme las cajas: probemos el
-dudoso empeño. ¡Juro, señora, por mi alfanje, matador del gran Sofí y
-del príncipe de Persia, y vencedor en tres batallas campales de todo
-el poder del gran Soliman de Turquía, que con el relámpago de mis ojos
-haré bajar la vista al hombre más esforzado, desafiaré á mortífera lid
-al de más aliento, arrancaré á la osa ó á la leona sus cachorros, sólo
-por lograr vuestro amor! Pero ¡ay! si el volver de los dados hubiera
-de decidir la rivalidad entre Alcides y Licas, quizá el fallo de la
-voluble diosa seria favorable al de menos valer, y Alcides quedaria
-siervo del débil garzon. Por eso es fácil que, entregada mi suerte á
-la fortuna, venga yo á perder el premio, y lo alcance otro rival que lo
-merezca mucho menos.
-
-PÓRCIA.
-
-Necesario es sujetarse á la decision de la suerte. O renunciad á entrar
-en la prueba, ó jurad antes que no dareis la mano á otra mujer alguna
-si no salis airoso del certámen.
-
-EL PRÍNCIPE.
-
-Lo juro. Probemos la ventura.
-
-PÓRCIA.
-
-Ahora á la iglesia, y luego al festin. Despues entrareis en la dudosa
-cueva. Vamos.
-
-EL PRÍNCIPE.
-
-¿Qué me dará la fortuna: eterna felicidad ó triste muerte?
-
-
-ESCENA II.
-
-=Una calle de Venecia.=
-
-Sale LANZAROTE GOBBO.
-
-LANZAROTE.
-
-¿Por qué ha de remorderme la conciencia cuando escapo de casa de mi amo
-el judío? Viene detras de mí el diablo gritándome: «Gobbo, Lanzarote
-Gobbo, buen Lanzarote, ó buen Lanzarote Gobbo, huye, corre á toda
-prisa.» Pero la conciencia me responde: «No, buen Lanzarote, Lanzarote
-Gobbo, ó buen Lanzarote Gobbo, no huyas, no corras, no te escapes;» y
-prosigue el demonio con más fuerza: «Huye, corre, aguija, ten ánimo,
-no te detengas.» Y mi conciencia echa un nudo á mi corazon, y con
-prudencia me replica: «Buen Lanzarote, amigo mio, eres hijo de un
-hombre de bien...» ó más bien, de una mujer de bien, porque mi padre
-fué algo inclinado á lo ajeno. É insiste la conciencia: «Detente,
-Lanzarote.» Y el demonio me repite: «Escapa.» La conciencia: «No lo
-hagas.» Y yo respondo: «Conciencia, ¡son buenos tus consejos!...
-Diablo, tambien los tuyos lo son.» Si yo hiciera caso de la conciencia,
-me quedaria con mi amo el judío, que es, despues de todo, un demonio.
-¿Qué gano en tomar por señor á un diablo en vez de otro? Mala debe de
-ser mi conciencia, pues me dice que guarde fidelidad al judío. Mejor me
-parece el consejo del demonio. Ya te obedezco y echo á correr.
-
- (_Sale el viejo Gobbo._)
-
-GOBBO.
-
-Decidme, caballero: ¿por dónde voy bien á casa del judío?
-
-LANZAROTE.
-
-Es mi padre en persona; pero como es corto de vista más que un topo, no
-me distingue. Voy á darle una broma.
-
-GOBBO.
-
-Decidme, jóven, ¿dónde es la casa del judío?
-
-LANZAROTE.
-
-Torced primero á la derecha: luego á la izquierda: tomad la callejuela
-siguiente, dad la vuelta, y luego torciendo el camino, topareis la casa
-del judío.
-
-GOBBO.
-
-Á fe mia, que son buenas señas. Difícil ha de ser atinar con el camino.
-¿Y sabeis si vive todavía con él un tal Lanzarote?
-
-[Ilustración]
-
-LANZAROTE.
-
-Ah sí, Lanzarote, ¿un caballero jóven? ¿Hablais de ese?
-
-GOBBO.
-
-Aquel de quien yo hablo no es caballero, sino hijo de humilde padre,
-pobre aunque muy honrado, y con buena salud á Dios gracias.
-
-LANZAROTE.
-
-Su padre será lo que quiera, pero ahora tratamos del caballero
-Lanzarote.
-
-GOBBO.
-
-No es caballero, sino muy servidor vuestro, y yo tambien.
-
-LANZAROTE.
-
-_Ergo_, oidme por Dios, venerable anciano.... _ergo_ hablais del jóven
-Lanzarote.
-
-GOBBO.
-
-De Lanzarote sin caballero, por más que os empeñeis, señor.
-
-LANZAROTE.
-
-Pues sí, del caballero Lanzarote. Ahora bien, no pregunteis por ese
-jóven caballero, porque en realidad de verdad, el hado, la fortuna ó
-las tres inexorables Parcas le han quitado de en medio, ó dicho en
-términos más vulgares, ha muerto.
-
-GOBBO.
-
-¡Dios mio! ¡Qué horror! Ese niño que era la esperanza y el consuelo de
-mi vejez.
-
-LANZAROTE.
-
-¿Acaso tendré yo cara de báculo, arrimo ó cayado? ¿No me conoces, padre?
-
-GOBBO.
-
-¡Ay de mí! ¿qué he de conoceros, señor mio? Pero decidme con verdad qué
-es de mi hijo, si vive ó ha muerto.
-
-LANZAROTE.
-
-Padre, ¿pero no me conoces?
-
-GOBBO.
-
-No, caballero; soy corto de vista: perdonad.
-
-LANZAROTE.
-
-Y aunque tuvieras buena vista, trabajo te habia de costar conocerme,
-que nada hay más difícil para un padre que conocer á su verdadero
-hijo. Pero en fin, yo os daré noticias del pobre viejo. (_Se pone de
-rodillas._) Dame tu bendicion: siempre acaba por descubrirse la verdad.
-
-GOBBO.
-
-Levantaos, caballero. ¿Qué teneis que ver con mi hijo Lanzarote?
-
-LANZAROTE.
-
-No más simplezas: dame tu bendicion. Soy Lanzarote, tu hijo, un pedazo
-de tus entrañas.
-
-GOBBO.
-
-No creo que seas mi hijo.
-
-LANZAROTE.
-
-Eso vos lo sabeis, aunque no sé qué pensar; pero en fin, conste que soy
-Lanzarote, criado del judío, y que mi madre se llama Margarita, y es tu
-mujer.
-
-GOBBO.
-
-Tienes razon: Margarita se llama. Luego, si eres Lanzarote, estoy
-seguro de que eres mi hijo. ¡Pero qué barbas, más crecidas que las
-cerdas de la cola de mi rocin! ¡Y qué semblante tan diferente tienes!
-¿Qué tal lo pasas con tu amo? Llevo por él un regalo.
-
-LANZAROTE.
-
-No está mal. Pero yo no pararé de correr hasta verme en salvo. No hay
-judío más judío que mi amo. Una cuerda para ahorcarle, y ni un regalo
-merece. Me mata de hambre. Dame ese regalo, y se lo llevaré al señor
-Basanio. ¡Ese sí que da flamantes y lucidas libreas! Si no me admite
-de criado suyo, seguiré corriendo hasta el fin de la tierra. Pero
-¡felicidad nunca soñada! aquí está el mismísimo Basanio. Con él me voy,
-que antes de volver á servir al judío, me haria judío yo mismo.
-
- (_Salen Basanio, Leonardo y otros._)
-
-BASANIO.
-
-Haced lo que tengais que hacer, pero apresuraos: la cena para las
-cinco. Llevad á su destino estas cartas, apercibid las libreas. A
-Graciano, que vaya luego á verme á mi casa.
-
- (_Se va un criado._)
-
-LANZAROTE.
-
-Padre, acerquémonos á él.
-
-GOBBO.
-
-Buenas tardes, señor.
-
-BASANIO.
-
-Buenas. ¿Qué se os ofrece?
-
-GOBBO.
-
-Señor, os presento á mi hijo, un pobre muchacho.
-
-LANZAROTE.
-
-Nada de eso, señor: no es un pobre muchacho, sino criado de un judío
-opulentísimo, y ya os explicará mi padre cuáles son mis deseos.
-
-GOBBO.
-
-Tiene un empeño loco en serviros.
-
-LANZAROTE.
-
-Dos palabras: sirvo al judío.... y yo quisiera.... mi padre os lo
-explicará.
-
-GOBBO.
-
-Su amo y él (perdonad, señor, si os molesto) no se llevan muy bien que
-digamos.
-
-LANZAROTE.
-
-Lo cierto es que el judío me ha tratado bastante mal, y esto me ha
-obligado... pero mi padre que es un viejo prudente y honrado, os lo
-dirá.
-
-GOBBO.
-
-En esta cestilla hay un par de pichones, que quisiera regalar á vuestra
-señoría. Y pretendo...
-
-LANZAROTE.
-
-Dos palabras: lo que va á decir es impertinente al asunto.... El, al
-fin, es un pobre hombre, aunque sea mi padre.
-
-BASANIO.
-
-Hable uno solo, y entendámonos. ¿Qué quereis?
-
-LANZAROTE.
-
-Serviros, caballero.
-
-GOBBO.
-
-Ahí está, señor, todo el intríngulis del negocio.
-
-BASANIO.
-
-Ya te conozco, y te admito á mi servicio. Tu amo Sylock te recomendó á
-mi hace poco, y no tengas esto por favor, que nada ganas en pasar de la
-casa de un hebreo opulentísimo á la de un arruinado caballero.
-
-LANZAROTE.
-
-Bien dice el refran: mi amo tiene la hacienda, pero vuestra señoría la
-gracia de Dios.
-
-BASANIO.
-
-No has hablado mal. Véte con tu padre: dí adios á Sylock, pregunta las
-señas de mi casa. (_Á los criados._) Ponedle una librea algo mejor que
-las otras. Pronto.
-
-LANZAROTE.
-
-Vámonos, padre. ¿Y dirán que no sé abrirme camino, y que no tengo lindo
-entendimiento? ¿Á qué no hay otro en toda Italia que tenga en la palma
-de la mano rayas tan seguras y de buen agüero como estas? (_Mirándose
-las manos._) ¡Pues no son pocas las mujeres que me están reservadas!
-Quince nada menos: once viudas y nueve doncellas... bastante para un
-hombre solo. Y ademas sé que he de estar tres veces en peligros de
-ahogarme y que he de salir bien las tres, y que estaré á punto de
-romperme la cabeza contra una cama. ¡Pues no es poca fortuna! Dicen
-que es diosa muy inconsecuente, pero lo que es conmigo, bien amiga se
-muestra.
-
- (_Vanse Lanzarote y Gobbo._)
-
-BASANIO.
-
-No olvides mis encargos, Leonardo amigo. Compra todo lo que te
-encargué, ponlo como te dije, y vuelve en seguida para asistir al
-banquete con que esta noche obsequio á mis íntimos. Adios, no tardes.
-
-LEONARDO.
-
-No tardaré.
-
- (_Sale Graciano._)
-
-GRACIANO.
-
-¿Dónde está tu amo?
-
-LEONARDO.
-
-Allí está patente.
-
-GRACIANO.
-
-¡Señor Basanio!
-
-BASANIO.
-
-¿Qué me quereis, Graciano?
-
-GRACIANO.
-
-Tengo que dirigiros un ruego.
-
-BASANIO.
-
-Tenle por bien acogido.
-
-GRACIANO.
-
-Permíteme acompañarte á Belmonte.
-
-BASANIO.
-
-Vente, si es forzoso y te empeñas. Pero á la verdad, tú, Graciano,
-eres caprichoso, mordaz y libre en tus palabras: defectos que no lo
-son á los ojos de tus amigos, y que están en tu modo de ser, pero que
-ofenden mucho á los extraños, porque no conocen tu buena índole. Echa
-una pequeña dósis de cordura en tu buen humor: no sea que parezca mal
-en Belmonte, y vayas á comprometerme y á echar por tierra mi esperanza.
-
-GRACIANO.
-
-Basanio, oye: si no tengo prudencia, si no hablo con recato,
-limitándome á maldecir alguna que otra vez aparte; si no llevo, con
-aire mojigato, un libro de devocion en la mano ó el bolsillo: si al
-dar gracias despues de comer, no me echo el sombrero sobre los ojos,
-y digo con voz sumisa: «amen»: si no cumplo, en fin, todas las reglas
-de urbanidad, como quien aprende un papel para dar gusto á su abuela,
-consentiré en perder tu aprecio y tu cariño.
-
-BASANIO.
-
-Allá veremos.
-
-GRACIANO.
-
-Pero no te fies de lo que haga esta noche, porque es un caso
-excepcional.
-
-BASANIO.
-
-Nada de eso: haz lo que quieras. Al contrario, esta noche conviene que
-alardees de ingenio más que nunca, porque mis comensales serán alegres
-y regocijados. Adios: mis ocupaciones me llaman á otra parte.
-
-GRACIANO.
-
-Voy á buscar á Lorenzo y á los otros amigos. Nos veremos en la cena.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Habitacion en casa de Sylock.=
-
-JÉSSICA y LANZAROTE.
-
-JÉSSICA.
-
-¡Lástima que te vayas de esta casa, que sin tí es un infierno! Tú, á
-lo menos, con tu diabólica travesura la animabas algo. Toma un ducado.
-Procura ver pronto á Lorenzo. Te será fácil, porque esta noche come con
-tu amo. Entrégale esta carta con todo secreto. Adios. No quiero que mi
-padre nos vea.
-
-LANZAROTE.
-
-¡Adios! Mi lengua calla, pero hablan mis lágrimas. Adios, hermosa
-judía, dulcísima gentil. Mucho me temo que algun buen cristiano venga
-á perder su alma por tí. Adios. Mi ánimo flaquea. No quiero detenerme
-más, adios.
-
-JÉSSICA.
-
-Con bien vayas, amigo Lanzarote.
-
- (_Se va Lanzarote._)
-
-¡Pobre de mí! ¿qué crímen habré cometido? Me avergüenzo de tener tal
-padre, y eso que sólo soy suya por la sangre, no por la fe ni por
-las costumbres. Adios, Lorenzo, guárdame fidelidad, cumple lo que
-prometiste, y te juro que seré cristiana y amante esposa tuya.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Una calle de Venecia.=
-
-GRACIANO, LORENZO, SALARINO y SALANIO.
-
-LORENZO.
-
-Dejaremos el banquete sin ser notados: nos disfrazaremos en mi casa,
-volveremos dentro de una hora.
-
-GRACIANO.
-
-Mal lo hemos arreglado.
-
-SALARINO.
-
-Todavía no tenemos preparadas las hachas.
-
-SALANIO.
-
-Para no hacerlo bien, vale más no intentarlo.
-
-LORENZO.
-
-No son más que las tres. Hasta las seis sobra tiempo para todo.
-
- (_Sale Lanzarote._)
-
-¿Qué noticias traes, Lanzarote?
-
-LANZAROTE.
-
-Si abris esta carta, ella misma os lo dirá.
-
-LORENZO.
-
-Bien conozco la letra, y la mano más blanca que el papel en que ha
-escrito mi ventura.
-
-GRACIANO.
-
-Será carta de amores.
-
-LANZAROTE.
-
-Me iré, con vuestro permiso.
-
-LORENZO.
-
-¿Á dónde vas?
-
-LANZAROTE.
-
-Á convidar al judío, mi antiguo amo, á que cene esta noche con mi nuevo
-amo, el cristiano.
-
-LORENZO.
-
-Aguarda. Toma. Dí á Jéssica muy en secreto, que no faltaré.
-
- (_Se va Lanzarote._)
-
-Amigos, ha llegado la hora de disfrazarnos para esta noche. Por mi
-parte, ya tengo paje de antorcha.
-
-SALARINO.
-
-Yo buscaré el mio.
-
-SALANIO.
-
-Y yo.
-
-LORENZO.
-
-Nos reuniremos en casa de Graciano dentro de una hora.
-
-SALARINO.
-
-Allá iremos.
-
- (_Vanse Salarino y Salanio._)
-
-GRACIANO.
-
-Dime por favor. ¿Esa carta no es de la hermosa judía?
-
-LORENZO.
-
-Tengo forzosamente que confesarte mi secreto. Suya es la carta, y en
-ella me dice que está dispuesta á huir conmigo de casa de su padre,
-disfrazada de paje. Me dice tambien la cantidad de oro y joyas que
-tiene. Si ese judío llega á salvarse, será por la virtud de su hermosa
-hija, tan hermosa como desgraciada por tener de padre á tan vil hebreo.
-Ven, y te leeré la carta de la bella judía. Ella será mi paje de hacha.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Calle donde vive Sylock.=
-
-Salen SYLOCK y LANZAROTE.
-
-SYLOCK.
-
-Ya verás, ya, la diferencia que hay de ese Basanio al judío.—Sal,
-Jéssica.—Por cierto que en su casa no devorarás como en la mia, porque
-tiene poco.—Sal, hija.—Ni te estarás todo el dia durmiendo, ni tendrás
-cada mes un vestido nuevo.—Jéssica, ven, ¿cómo te lo he de decir?
-
-LANZAROTE.
-
-Sal, señora Jéssica.
-
-SYLOCK.
-
-¿Quién te manda llamar?
-
-LANZAROTE.
-
-Siempre me habiais reñido, por no hacer yo las cosas hasta que me las
-mandaban.
-
- (_Sale Jéssica._)
-
-JÉSSICA.
-
-Padre, ¿me llamabais? ¿qué me quereis?
-
-SYLOCK.
-
-Hija, estoy convidado á comer fuera de casa. Aquí tienes las llaves.
-Pero ¿por qué iré á ese convite? Cierto que no me convidan por
-amor. Será por adulacion. Pero no importa, iré, aunque sólo sea por
-aborrecimiento á los cristianos, y comeré á su costa. Hija, ten cuidado
-con la casa. Estoy muy inquieto. Algun daño me amenaza. Anoche soñé con
-bolsas de oro.
-
-LANZAROTE.
-
-No falteis, señor. Mi amo os espera.
-
-SYLOCK.
-
-Y yo tambien á él.
-
-LANZAROTE.
-
-Y tienen un plan. No os diré con seguridad que vereis una funcion de
-máscaras, pero puede que la veais.
-
-[Ilustración: _Sylock y su hija._]
-
-SYLOCK.
-
-¿Funcion de máscaras? Oye, Jéssica. Echa la llave á todas las puertas,
-y si oyes ruido de tambores ó de clarines, no te pongas á la
-ventana, ni saques la cabeza á la calle, para ver esas profanidades
-de los cristianos que se untan los rostros de mil maneras. Tapa, en
-seguida, todos los oidos de mi casa: quiero decir, las ventanas, para
-que no penetre aquí ni áun el ruido de semejante bacanal. Te juro por
-el cayado de Jacob, que no tengo ninguna gana de bullicios. Iré, con
-todo eso, al convite. Tú delante para anunciarme.
-
-LANZAROTE.
-
-Así lo haré. (_Aparte á Jéssica._) Dulce señora mia, no dejes de
-asomarte á la ventana, pues pasará un cristiano que bien te merece.
-
-SYLOCK.
-
-¿Qué dirá entre dientes ese malvado descendiente de Agar?
-
-JÉSSICA.
-
-No dijo más que adios.
-
-SYLOCK.
-
-En el fondo no es malo, pero es perezoso y comilon, y duerme de dia más
-que un gato montes. No quiero zánganos en mi colmena. Por eso me alegro
-de que se vaya, y busque otro amo, á quien ayude á gastar en pocos dias
-su improvisada fortuna. Vé dentro, hija mia. Quizá pueda yo volver
-pronto. No olvides lo que te he mandado. Cierra puertas y ventanas, que
-nunca está más segura la joya que cuando bien se guarda: máxima que no
-debe olvidar ningun hombre honrado.
-
- (_Vase._)
-
-JÉSSICA.
-
-Mala ha de ser del todo mi fortuna para que pronto no nos encontremos
-yo sin padre y tú sin hija.
-
- (_Se va._)
-
-
-ESCENA VI.
-
-GRACIANO y SALARINO, de máscara.
-
-GRACIANO.
-
-Á la sombra de esta pared nos ha de encontrar Lorenzo.
-
-SALARINO.
-
-Ya es la hora de la cita. Mucho me admira que tarde.
-
-GRACIANO.
-
-Sí, porque el alma enamorada cuenta las horas con más presteza que el
-reloj.
-
-SALARINO.
-
-Las palomas de Vénus vuelan con ligereza diez veces mayor cuando van á
-jurar un nuevo amor, que cuando acuden á mantener la fe jurada.
-
-GRACIANO.
-
-Necesario es que así suceda. Nadie se levanta de la mesa del festin
-con el mismo apetito que cuando se sentó á ella. ¿Qué caballo muestra
-al fin de la rápida carrera el mismo vigor que al principio? Así son
-todas las cosas. Más placer se encuentra en el primer instante de la
-dicha que despues. La nave es en todo semejante al hijo pródigo. Sale
-altanera del puerto nativo, coronada de alegres banderolas, acariciada
-por los vientos, y luego torna con el casco roto y las velas hechas
-pedazos, empobrecida y arruinada por el vendaval.
-
- (_Sale Lorenzo._)
-
-SALARINO.
-
-Dejemos esta conversacion. Aquí viene Lorenzo.
-
-LORENZO.
-
-Amigos: perdon, si os he hecho esperar tanto. No me echeis la culpa:
-echádsela á mis bodas. Cuando para lograr esposa, tengais que hacer
-el papel de ladrones, yo os prometo igual ayuda. Venid: aquí vive mi
-suegro Sylock. (_Llama._)
-
- (_Jéssica disfrazada de paje se asoma á la ventana._)
-
-JÉSSICA.
-
-Para mayor seguridad decidme quién sois, aunque me parece que conozco
-esa voz.
-
-LORENZO.
-
-Amor mio, soy Lorenzo, y tu fiel amante.
-
-JÉSSICA.
-
-El corazon me dice que eres mi amante Lorenzo. Dime, Lorenzo, ¿y hay
-alguno, fuera de tí, que sospeche nuestros amores?
-
-LORENZO.
-
-Testigos son el cielo y tu mismo amor.
-
-JÉSSICA.
-
-Pues mira: toma esta caja, que es preciosa. Bendito sea el oscuro velo
-de la noche que no te permite verme, porque tengo vergüenza del disfraz
-con que oculto mi sexo. Pero al amor le pintan ciego, y por eso los
-amantes no ven las mil locuras á que se arrojan. Si no, el Amor mismo
-se avergonzaria de verme trocada de tierna doncella en arriscado paje.
-
-LORENZO.
-
-Baja: tienes que ser mi paje de antorcha.
-
-JÉSSICA.
-
-¿Y he de descubrir yo misma, por mi mano, mi propia liviandad y
-ligereza, precisamente cuando me importa más ocultarme?
-
-LORENZO.
-
-Bien oculta estarás bajo el disfraz de gallardo paje. Ven pronto, la
-noche vuela, y nos espera Basanio en su mesa.
-
-JÉSSICA.
-
-Cerraré las puertas y recogeré más oro. Pronto estaré contigo.
-
- (_Vase._)
-
-GRACIANO.
-
-¡Á fe mia que es gentil, y no judía!
-
-LORENZO.
-
-¡Maldito sea yo si no la amo! Porque mucho me equivoco, ó es discreta,
-y ademas es bella, que en esto no me engañan los ojos, y es fiel
-y me ha dado mil pruebas de constancia. La amaré eternamente por
-hermosa, discreta y fiel.
-
- (_Sale Jéssica._)
-
-Al fin viniste. En marcha,
-compañeros. Ya nos esperan nuestros amigos.
-
- (_Vanse todos menos Graciano._)
- (_Sale Antonio._)
-
-ANTONIO.
-
-¿Quién?
-
-GRACIANO.
-
-¡Señor Antonio!
-
-ANTONIO.
-
-¿Solo estais, Graciano? ¿y los demas? Ya han dado las nueve, y todo el
-mundo espera. No habrá máscaras esta noche. El viento se ha levantado
-ya, y puede embarcarse Basanio. Más de veinte recados os he enviado.
-
-GRACIANO.
-
-¿Qué me decis? ¡Oh felicidad! ¡Buen viento! Ya siento ganas de verme
-embarcado.
-
-
-ESCENA VII.
-
-=Quinta de Pórcia en Belmonte.=
-
-PÓRCIA y el PRÍNCIPE DE MARRUECOS.
-
-PÓRCIA.
-
-Descorred las cortinas, y enseñad al príncipe los cofres; él elegirá.
-
-EL PRÍNCIPE.
-
-El primero es de oro, y en él hay estas palabras: «Quien me elija,
-ganará lo que muchos desean.» El segundo es de plata, y en él se lee:
-«Quien me elija, cumplirá sus anhelos.» El tercero es de vil plomo,
-y en él hay esta sentencia tan dura como el metal: «Quien me elija,
-tendrá que arriesgarlo todo.» ¿Cómo haré para no equivocarme en la
-eleccion?
-
-PÓRCIA.
-
-En uno de los cofres está mi retrato. Si le encontrais, soy vuestra.
-
-EL PRÍNCIPE.
-
-Algun dios me iluminará. Volvamos á leer con atencion los letreros.
-¿Qué dice el plomo? «Todo tendrá que darlo y arriesgarlo el que
-me elija.» ¡Tendrá que darlo todo! ¿Y por qué?... Por plomo...
-¿Aventurarlo todo por plomo? Deslucido premio en verdad. Para
-aventurarlo todo, hay que tener esperanza de alguna dicha muy grande,
-porque á un alma noble no la seduce el brillo de un vil metal. En suma,
-no doy ni aventuro nada por el plomo. ¿Qué dice la plata del blanco
-cofrecillo? «Quien me elija logrará lo que merece...» Lo que merece...
-Despacio, Príncipe: pensémoslo bien. Si atiendo á mi conciencia, yo
-me estimo en mucho. No es pequeño mi valor, aunque quizá lo sea para
-aspirar á tan excelsa dama. De otra parte, seria poquedad de ánimo
-dudar de lo que realmente valgo... ¿Qué merezco yo? Sin duda esta
-hermosa dama. Para eso soy de noble nacimiento y grandes dotes de alma
-y cuerpo, de fortuna, valor y linaje; y sobre todo la merezco porque la
-amo entrañablemente. Sigo en mis dudas. ¿Continuaré la eleccion ó me
-pararé aquí? Voy á leer segunda vez el rótulo de la caja de oro: «Quién
-me elija logrará lo que muchos desean.» Es claro: la posesion de esta
-dama: todo el mundo la desea, y de los cuatro términos del mundo vienen
-á postrarse ante el ara en que se venera su imágen. Los desiertos de
-Hircania, los arenales de la Libia se ven trocados hoy en animados
-caminos, por donde acuden innumerables príncipes á ver á Pórcia. No
-bastan á detenerlos playas apartadas, ni el salobre reino de las ondas
-que lanzan su espuma contra el cielo. Corren el mar, como si fuera un
-arroyo, sólo por el ansia de ver á Pórcia. Una de estas cajas encierra
-su imágen, pero ¿cuál? ¿Estará en la de plomo? Necedad seria pensar que
-tan vil metal fuese sepulcro de tanto tesoro. ¿Estará en la plata que
-vale diez veces menos que el oro? Bajo pensamiento seria. Sólo en oro
-puede engastarse joya de tanto precio. En Inglaterra corre una moneda
-de oro, con un ángel grabado en el anverso. Allí está sólo grabado,
-mientras que aquí es el ángel mismo quien yace en tálamo de oro. Venga
-la llave: mi eleccion está hecha, sea cual fuere el resultado.
-
-PÓRCIA.
-
-Tomad la llave, y si en esa caja está mi retrato, seré vuestra esposa.
-
-EL PRÍNCIPE (_abriendo el cofre_).
-
-¡Por vida del demonio! sólo encuentro una calavera, y en el hueco de
-sus ojos este papel: «No es oro todo lo que reluce: así dice el refran
-antiguo: tú verás si con razon. ¡Á cuántos ha engañado en la vida una
-vana exterioridad! En dorado sepulcro habitan los gusanos. Si hubieras
-tenido tanta discrecion y buen juicio como valor y osadía, no te
-hablaria de esta suerte mi hueca y apagada voz. Véte en buen hora, ya
-que te ha salido fria la pretension.» Sí que he quedado frio y triste.
-Toda mi esperanza huyó, y el fuego del amor se ha convertido en hielo.
-Adios, hermosa Pórcia. No puedo hablar. El desencanto me quita la voz.
-¡Cuán triste se aleja el que ve marchitas sus ilusiones!
-
-PÓRCIA.
-
-¡Oh felicidad! Quiera Dios que tengan la misma suerte todos los que
-vengan, si son del mismo color que éste.
-
-
-ESCENA VIII.
-
-=Calle en Venecia.=
-
-SALARINO y SALANIO.
-
-SALARINO.
-
-Ya se ha embarcado Basanio, y con él va Graciano, pero no Lorenzo.
-
-SALANIO.
-
-El judío se quejó al Dux, é hizo que le acompañase á registrar la nave
-de Basanio.
-
-SALARINO.
-
-Pero cuando llegaron, era tarde, y ya se habian hecho á la mar. En el
-puerto dijeron al Dux que poco antes habian visto en una góndola á
-Lorenzo y á su amada Jéssica, y Antonio juró que no iban en la nave de
-Basanio.
-
-SALANIO.
-
-Nunca he visto tan ciego, loco, incoherente y peregrino furor como
-el de este maldito hebreo. Decia á voces: «¡Mi hija, mi dinero, mi
-hija... ha huido con un cristiano... y se ha llevado mi dinero... mis
-ducados... Justicia... mi dinero... una bolsa... no... dos, llenas
-de ducados... Y ademas joyas y piedras preciosas... Me lo han robado
-todo... Justicia... Buscadla... Lleva consigo mi dinero y mis alhajas!»
-
-[Ilustración]
-
-SALARINO.
-
-Los muchachos le persiguen por las calles de Venecia, gritando como él:
-«Justicia, mis ducados, mis joyas, mi hija.»
-
-SALANIO.
-
-¡Pobre Antonio si no cumple el trato!
-
-SALARINO.
-
-Y fácil es que no pueda cumplirlo. Ayer me dijo un francés que en el
-estrecho que hay entre Francia é Inglaterra habia naufragado un barco
-veneciano. En seguida me acordé de Antonio, y por lo bajo hice votos á
-Dios para que no fuera el suyo.
-
-SALANIO.
-
-Bien harias en decírselo á Antonio, pero de modo que no le hiciera mala
-impresion la noticia.
-
-SALARINO.
-
-No hay en el mundo alma más noble. Hace poco ví cómo se despedia
-de Basanio. Díjole éste que haria por volver pronto, y Antonio le
-replicó: «No lo hagas de ningun modo, ni eches á perder, por culpa mia,
-tu empresa. Necesitas tiempo. No te apures por la fianza que dí al
-judío. Estáte tranquilo, y sólo pienses en alcanzar con mil delicadas
-galanterías y muestras de amor el premio á que aspiras.» Apenas podia
-contener el llanto al decir esto. Apartó la cara, dió la mano á su
-amigo, y se despidió de él por última vez.
-
-SALANIO.
-
-Él es toda su vida, segun imagino. Vamos á verle, y tratemos de
-consolar su honda tristeza.
-
-SALARINO.
-
-Vamos.
-
-
-ESCENA IX.
-
-=Quinta de Pórcia en Belmonte.=
-
-NERISSA.
-
-(_A un criado._) Anda, descorre las cortinas, que ya el Infante de
-Aragon ha hecho su juramento y viene á la prueba.
-
- (_Salen el Infante de Aragon, Pórcia y acompañamiento. Tocan cajas
- y clarines._)
-
-PÓRCIA.
-
-Egregio Infante: ahí teneis las cajas: si dais con la que contiene mi
-retrato, vuestra será mi mano. Pero si la fortuna os fuere adversa,
-tendreis que alejaros sin más tardanza.
-
-EL INFANTE.
-
-El juramento me obliga á tres cosas: primero, á no decir nunca cuál de
-las tres cajas fué la que elegí. Segundo, si no acierto en la eleccion,
-me comprometo á no pedir jamas la mano de una doncella. Tercero, á
-alejarme de vuestra presencia, si la suerte me fuere contraria.
-
-PÓRCIA.
-
-Esas son las tres condiciones que tiene que cumplir todo el que viene á
-esta dudosa aventura, y á pretender mi mano indigna de tanta honra.
-
-EL INFANTE.
-
-Yo cumpliré las tres. Fortuna, dame tu favor, ilumíname. Aquí
-tenemos plata, oro y plomo. «Quien me elija, tendrá que darlo todo y
-aventurarlo todo.» Para que yo dé ni aventure nada, menester será que
-el plomo se haga antes más hermoso. ¿Y qué dice la caja de oro? «Quien
-me elija, alcanzará lo que muchos desean.» Estos serán la turba de
-necios que se fia de apariencias, y no penetra hasta el fondo de las
-cosas: á la manera del pájaro audaz que pone su nido en el alero del
-tejado, expuesto á la intemperie y á todo género de peligros. No es mio
-pensar como piensa el vulgo. No elegiré lo que muchos desean. No seré
-como la multitud grosera y sin juicio. Vamos á tí, arca brillante de
-precioso metal: «Quien me elija, alcanzará lo que merece.» Está bien,
-¿qué alma bien nacida querrá obtener ninguna ventaja ni triunfar del
-hado, sin un mérito real? ¿A quién contentará un honor inmerecido?
-¡Dichoso aquel dia en que no por subterráneas intrigas, sino por las
-dotes reales del alma, se consigan los honores y premios! ¡Cuántas
-frentes, que ahora están humilladas, se cubrirán de gloria entonces!
-¡Cuántos de los que ahora dominan querrian ser entonces vasallos!
-¡Qué de ignominias descubriríamos al traves de la púrpura de reyes,
-emperadores y magnates! ¡Y cuánta honra encontraríamos soterrada en
-el lodo de nuestra edad! Siga la eleccion: «Alcanzará lo que merece.»
-Mérito tengo. Venga la llave, que esta caja encierra sin duda mi
-fortuna.
-
-PÓRCIA.
-
-Mucho lo habeis pensado para tan corto premio como habeis de encontrar.
-
-EL INFANTE.
-
-¿Qué veo? La cara de un estúpido que frunce el entrecejo y me presenta
-una carta. ¡Cuán diverso es su semblante del de la hermosísima Pórcia!
-¡Otra cosa aguardaban mis méritos y esperanzas! «Quien me elija,
-alcanzará lo que merece.» ¿Y no merezco más? ¿La cara de un imbécil?
-¿Ese es el premio que yo ambicionaba? ¿Tan poco valgo?
-
-PÓRCIA.
-
-El juicio no es ofensa: son dos actos distintos.
-
-EL INFANTE.
-
-¿Y qué dice ese papel? (_Lee._) «Siete veces ha pasado este metal por
-la llama: siete pruebas necesita el juicio para no equivocarse. Muchos
-hay que toman por realidad los sueños: natural es que su felicidad
-sea sueño tambien. Bajo este blanco metal has encontrado la faz de un
-estúpido. Muchos necios hay en el mundo que se ocultan así. Cásate á tu
-voluntad, pero siempre me tendrás por símbolo. Adios.» Todavía seria
-estupidez mayor, no irme ahora mismo. Como un necio vine á galantear, y
-ahora llevo dos cabezas nuevas, la mia y otra ademas. Quédate con Dios,
-Pórcia: no faltaré á mi juramento.
-
-PÓRCIA.
-
-Huye, como la mariposa que se quema las alas escapa del fuego. ¡Qué
-necios son por querer pasarse de listos!
-
-NERISSA.
-
-Bien dice el proverbio: Sólo su mala fortuna lleva al necio al altar ó
-á la horca.
-
-UN CRIADO.
-
-¿Dónde está mi señora?
-
-PÓRCIA.
-
-Aquí.
-
-EL CRIADO.
-
-Se apea á vuestra puerta un jóven veneciano, anunciando á su señor,
-que viene á ofreceros sus respetos y joyas de gran valía. El mensajero
-parece serlo del amor mismo. Nunca amaneció en primavera, anunciadora
-del ardiente estío, tan risueña mañana como el rostro de este nuncio.
-
-PÓRCIA.
-
-Silencio. ¡Por Dios! tanto me lo encareces, que recelo si acabarás por
-decirme que es pariente tuyo. Vamos, Nerissa: quiero ver á tan gallardo
-mensajero.
-
-NERISSA.
-
-Su señor es Basanio, ó mucho me equivoco.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO III.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Calle de Venecia.=
-
-SALANIO y SALARINO.
-
-SALANIO.
-
-¿Qué se dice en Rialto?
-
-SALARINO.
-
-Corren nuevas de que una nave de Antonio, cargada de ricos géneros, ha
-naufragado en los estrechos de Goodwins, que son unos escollos de los
-más temibles, y donde han perecido muchas orgullosas embarcaciones.
-Esto es lo que sucede, si es que no miente la parlera fama, y se porta
-hoy como mujer de bien.
-
-SALANIO.
-
-¡Ojalá que por esta vez mienta como la comadre más embustera de cuantas
-comen pan! Pero la verdad es, sin andamos en rodeos ni ambages, que
-el pobre Antonio, el buen Antonio... ¡Oh si encontrara yo un adjetivo
-bastante digno de su bondad!
-
-SALARINO.
-
-Al asunto, al asunto.
-
-SALANIO.
-
-¿Al asunto dices? Pues el asunto es que ha perdido un barco.
-
-SALARINO.
-
-¡Quiera Dios que no sea más que uno!
-
-SALANIO.
-
-¡Ojalá! No sea que eche á perder el demonio mis oraciones, porque aquí
-viene en forma de judío.
-
- (_Sale Sylock._)
-
-¿Cómo estás, Sylock? ¿Qué novedades cuentan los mercaderes?
-
-SYLOCK.
-
-Vosotros lo sabeis. ¿Quién habia de saber mejor que vosotros la fuga de
-mi hija?
-
-SALARINO.
-
-Es verdad. Yo era amigo del sastre que hizo al pájaro las alas con que
-voló del nido.
-
-SALANIO.
-
-Y Sylock no ignoraba que el pájaro tenia ya plumas, y que es condicion
-de las aves el echar á volar en cuanto las tienen.
-
-SALARINO.
-
-Por eso la condenarán.
-
-SALANIO.
-
-Es claro: si la juzga el demonio.
-
-SYLOCK.
-
-¡Ser infiel á mi carne y sangre!
-
-SALANIO.
-
-Más diferencia hay de su carne á la tuya que del marfil al azabache,
-y de su sangre á la tuya que del vino del Rhin al vino tinto. Dinos:
-¿sabes algo de la pérdida que ha tenido Antonio en el mar?
-
-SYLOCK.
-
-¡Vaya otro negocio! ¡Un mal pagador, que no se atreve á comparecer en
-Rialto! ¡Un mendigo que hacia alarde de lujo, paseándose por la playa!
-A ver cómo responde de su fianza. Para eso me llamaba usurero. Que
-responda de su fianza. Decia que prestaba dinero por caridad cristiana.
-Que responda de su fianza.
-
-SALARINO.
-
-De seguro que si no cumple el contrato, no por eso te has de quedar con
-su carne. ¿Para qué te sirve?
-
-SYLOCK.
-
-Me servirá de cebo en la caña de pescar. Me servirá para satisfacer
-mis odios. Me ha arruinado. Por él he perdido medio millon: él se
-ha reido de mis ganancias y de mis pérdidas: ha afrentado mi raza y
-linaje, ha dado calor á mis enemigos y ha desalentado á mis amigos. Y
-todo ¿por qué? Por que soy judío. ¿Y el judío no tiene ojos, no tiene
-manos ni órganos ni alma, ni sentidos ni pasiones? ¿No se alimenta de
-los mismos manjares, no recibe las mismas heridas, no padece las mismas
-enfermedades y se cura con iguales medicinas, no tiene calor en verano
-y frio en invierno, lo mismo que el cristiano? Si le pican ¿no sangra?
-¿No se rie si le hacen cosquillas? ¿No se muere si le envenenan? Si
-le ofenden, ¿no trata de vengarse? Si en todo lo demas somos tan
-semejantes ¿por qué no hemos de parecernos en esto? Si un judío ofende
-á un cristiano ¿no se venga éste, á pesar de su cristiana caridad? Y si
-un cristiano á un judío, ¿qué enseña al judío la humildad cristiana? A
-vengarse. Yo os imitaré en todo lo malo, y para poco he de ser, si no
-supero á mis maestros.
-
-UN CRIADO.
-
-Señores: mi amo Antonio os espera en su casa, para hablaros de negocios
-importantes.
-
-SALARINO.
-
-Largo tiempo hace que le buscamos.
-
- (_Sale Túbal._)
-
-SALANIO.
-
-Hé aquí otro de su misma tribu: no se encontraria otro tercero que los
-igualase como no fuese el mismísimo demonio.
-
- (_Vanse._)
-
-SYLOCK.
-
-Túbal, ¿qué noticias traes de Génova? ¿qué sabes de mi hija?
-
-TÚBAL.
-
-Oí noticias de ella en muchas partes, pero nunca la ví.
-
-SYLOCK.
-
-Nunca ha caido otra maldicion igual sobre nuestra raza. Mira: se
-llevó un diamante que me habia costado dos mil ducados en la feria
-de Francfort. Dos mil ducados del diamante, y ademas muchas alhajas
-preciosas. Poco me importaria ver muerta á mi hija, como tuviera los
-diamantes en las orejas, y los ducados en el ataud. ¿Pero nada, nada
-has averiguado de ellos? ¡Maldito sea yo! ¡Y cuánto dinero he gastado
-en buscarla! ¡Tanto que se llevó el ladron, y tanto cómo llevo gastado
-en su busca, y todavía no me he vengado! Cada dia me trae una nueva
-pérdida. Todo género de lástimas y miserias ha caido sobre mí.
-
-TÚBAL.
-
-No eres tú el solo desgraciado. Me contaron en Génova que tambien
-Antonio...
-
-SYLOCK.
-
-¿Qué, qué? ¿le ha sucedido alguna desgracia?
-
-TÚBAL.
-
-Se le ha perdido un barco que venia de Trípoli.
-
-SYLOCK.
-
-¡Bendito sea Dios! ¿Pero eso es cierto?
-
-TÚBAL.
-
-Me lo han contado algunos marineros escapados del naufragio.
-
-SYLOCK.
-
-¡Gracias, amigo Túbal, gracias! ¡Qué felices nuevas! ¿Con qué en
-Génova, eh, en Génova?
-
-TÚBAL.
-
-Dicen que tu hija ha gastado en Génova ochenta ducados en una noche.
-
-SYLOCK.
-
-¡Qué daga me estás clavando en el corazon! ¡Pobre dinero mio! ¡En una
-noche sola ochenta ducados!
-
-TÚBAL.
-
-Varios acreedores de Antonio, con quienes vengo desde Génova, tienen
-por inevitable su quiebra.
-
-SYLOCK.
-
-¡Oh! ¡qué felicidad! Le atormentaré. Me he de vengar con creces.
-
-TÚBAL.
-
-Uno de esos acreedores me mostró una sortija, con que tu hija le habia
-pagado un mono que compró.
-
-SYLOCK.
-
-¡Cállate, maldecido! ¿Quieres martirizarme? Es mi turquesa. Me la
-regaló Lia, cuando yo era soltero. No la hubiera yo cedido por todo un
-desierto henchido de monos.
-
-TÚBAL.
-
-Pero no tiene duda que Antonio está completamente arruinado.
-
-SYLOCK.
-
-Eso me consuela. Eso tiene que ser verdad. Túbal, avísame un alguacil
-para dentro de quince dias. Si no paga la fianza, le sacaré las
-entrañas; si no fuera por él, haria yo en Venecia cuantos negocios
-quisiera. Túbal, nos veremos en la sinagoga. Adios, querido Túbal.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Quinta de Pórcia.=
-
-BASANIO, PÓRCIA, GRACIANO, NERISSA y criados.
-
-PÓRCIA.
-
-Os ruego que no os deis prisa. Esperad siquiera un dia ó dos, porque
-si no acertais en la eleccion, os pierdo para siempre. Hay en mi alma
-algo que me dice (no sé si será amor) que seria para mí un dolor que
-os fueseis. Odio ya veis que no puede ser. Si no os parecen bastante
-claras mis palabras (porque una doncella sólo puede hablar de estas
-cosas con el pensamiento) os suplicaria que permanecieseis aquí uno
-ó dos meses. Con esto tendré bastante tiempo para enseñaros el modo
-de no errar. Pero ¡ay! no puedo, porque seria faltar á mi juramento,
-y no he de ser perjura aunque os pierda. Si errais, hareis que me
-lamente mucho de haber faltado á mi juramento. ¡Ojalá nunca hubiera yo
-visto vuestros ojos! Su fulgor me ha partido el alma: sólo la mitad es
-mia, la otra mitad vuestra... He querido decir mia, pero no es mia,
-vuestra es tambien, y toda yo os pertenezco. Este siglo infeliz en que
-vivimos pone obstáculos entre el poseedor y su derecho. Por eso, y á
-la vez, soy vuestra y no lo soy. El hado tiene la culpa, y él es quien
-debe pagarla é ir al infierno, yo no. Hablo demasiado, pero es por
-entretener el tiempo, y detenerle, y con él vuestra eleccion.
-
-BASANIO.
-
-Permitid que la suerte decida. Estoy como en el tormento.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Basanio en el tormento? pues qué, ¿hay algun engaño en vuestro amor?
-
-BASANIO.
-
-Hay un recelo, que me presenta como imposible mi felicidad. Antes harán
-alianza el fuego y el hielo, que mi amor y la traicion.
-
-PÓRCIA.
-
-Me temo que esteis hablando desde el tormento, donde el hombre, bien
-contra su voluntad, confiesa lo cierto.
-
-BASANIO.
-
-Pórcia, mi vida consiste en vos. Dádmela, y os diré toda la verdad.
-
-PÓRCIA.
-
-Decídmela y vivireis.
-
-BASANIO.
-
-Mejor hubierais dicho: «decídmela y amad», y con esto seria inútil mi
-confesion, ya que mi único crímen es amar, delicioso tormento en que
-sólo el verdugo puede salvar al reo. Vamos á las cajas, y que la suerte
-nos favorezca.
-
-PÓRCIA.
-
-A las cajas, pues. En una de ellas está mi efigie. Si me amais,
-la encontrareis de seguro. Atras, Nerissa: atras, todos vosotros,
-y mientras elige, resuene la música. Si se equivoca, morirá entre
-armonías como el cisne, y para que sea mayor la exactitud de la
-comparacion, mis ojos le darán sepulcro en las nativas ondas. Si vence
-(y no es imposible), oirá el son agudo de las trompetas, semejante
-al que saluda al rey que acaba de ser ungido y coronado, ó á las
-alegres voces que, al despuntar la aurora, penetran en los oidos del
-extasiado novio. Vedle acercarse con más amor y más vigorosos alientos
-que Hércules, cuando fué á salvar á Troya del nefando tributo de la
-doncella que tenia que entregar á la voracidad del mónstruo marino,
-en luctuoso dia. Yo soy la víctima. Vosotros sois como las matronas
-dárdanas que con llorosos ojos han salido de Troya á contemplar el
-sacrificio. Adelante, noble Alcides: sal vencedor de la contienda. En
-tu vida está la mia. Todavía tengo yo más interes en el combate, que
-tú que vas á pelear, dando celos al mismo Áres. (_Mientras Basanio
-elige, canta la música_: «¿Dónde nace el amor, en los ojos ó en el
-alma? ¿Quién le da fuerzas para quitarnos el sosiego? Decídnoslo,
-decídnoslo.—El amor nace en los ojos, se alimenta de miradas, y muere
-por desvíos en la misma cuna donde nace. Cantemos dulces himnos en
-alabanza del amor. ¡Viva el amor, viva el amor!»)
-
-[Ilustración: _La eleccion entre las tres cajas._]
-
-BASANIO.
-
-Muchas veces engañan las apariencias. ¿Ha habido causa tan mala que
-un elocuente abogado no pudiera hacer probable, buscando disculpas
-para el crímen más horrendo? ¿Hay alguna herejía religiosa que no
-tenga sectarios, y que no pueda cubrirse con citas de la Escritura
-ó con flores retóricas que disimulen su fealdad? ¿Hay vicio que no
-pueda disfrazarse con la máscara de la virtud? ¿No habeis visto muchos
-cobardes, tan falsos y movedizos como piedra sobre arena, y que por
-fuera muestran la belicosa faz de Hércules y las híspidas barbas de
-Marte, y por de dentro tienen los hígados tan blancos como la leche?
-Fingen valor, para hacerse temer. Medid la hermosura: se compra al
-peso, y son más ligeras las que se atavian con los más preciados arreos
-de la belleza. ¡Cuántas veces los áureos rizos, enroscados como sierpes
-al rededor de una dudosa belleza, son prenda de otra hermosura que
-yace en olvidado sepulcro! Los adornos son como la playa de un mar
-proceloso: como el velo de seda que oculta el rostro de una hermosura
-india: como la verdad, cuya máscara toma la fraude para engañar á
-los más prudentes. Por eso desdeño los fulgores del oro, alimento y
-perdicion del avaro Midas, y tambien el pálido brillo de la mercenaria
-plata. Tu quebrado color, oh plomo que pasas por vil y anuncias más
-desdichas que felicidad, me atrae más que todo eso. Por tí me decido.
-¡Quiera Dios cumplir mi amoroso deseo!
-
-PÓRCIA.
-
-(_Aparte._) Como el viento disipa las nubes, así huyen de mi alma todos
-los recelos, tristezas y desconfianzas. Cálmate, amor; ten sosiego:
-templa los ímpetus del alma, y dame el gozo con tasa, porque si no, el
-corazon estallará de alegría.
-
-BASANIO.
-
-(_Abre la caja de plomo._) ¿Qué veo? ¿El mismo rostro de la hermosa
-Pórcia? ¿Qué pincel sobrehumano pudo acercarse tanto á la realidad?
-¿Pestañean estos ojos, ó es que los mueve el reflejo de los mios?
-Exhalan sus labios un aliento más dulce que la miel. De sus cabellos
-ha tejido el pintor una tela de araña para enredar corazones. ¡Ay de
-las moscas que caigan en ellos! ¿Pero cómo habrá podido retratar sus
-ojos, sin cegar? ¿Cómo pudo acabar el uno sin que sus rayos le cegaran
-de tal modo que dejase sin acabar el otro? Toda alabanza es poca, y
-seria afrentar al retrato tanto como el retrato al original. Veamos lo
-que dice la letra, cifra breve de mi fortuna. (_Lee._) «Tú á quien no
-engañan las apariencias, consigues la rara fortuna de acertar. Ya que
-tal suerte tuviste, no busques otra mejor. Si te parece bien la que te
-ha dado la fortuna, vuélvete hácia ella, y con un beso de amor tómala
-por tuya, siguiendo los impulsos de tu alma.» ¡Hermosa leyenda! Señora,
-perdon. Es necesario cumplir lo que este papel ordena. A la manera que
-el gladiador, cuando los aplausos ensordecen el anfiteatro, duda si es
-á él á quien se dirigen, y vuelve la vista en torno suyo; así yo, bella
-Pórcia, dudo si es verdad lo que miro, y antes de entregarme al gozo,
-necesito que lo confirmen vuestros labios.
-
-PÓRCIA.
-
-Basanio, tal cual me veis, vuestra soy. No deseo para mí suerte mayor,
-pero en obsequio vuestro quisiera ser veinte veces más hermosa de lo
-que soy, y diez mil veces más rica. Yo quisiera exceder á todas en
-virtud, en belleza, en bienes de fortuna y en amigos, para que me
-amaseis mucho más. Pero valgo muy poco; soy una niña ignorante y sin
-experiencia; sólo tengo una cosa buena, y es que todavía no soy vieja
-para aprender; y otra aún mejor, que no fué tan mala mi educacion
-primera que no pueda aprender. Y áun tengo otra felicidad mejor, y es
-la de tener un corazon tan rendido que se humilla á vos como el siervo
-á su señor y monarca. Mi persona, y la hacienda que fué mia, son desde
-hoy vuestras. Hace un momento era yo señora de esta quinta y de estos
-criados, y de mí misma, pero desde ahora yo y mi quinta y mis criados
-os pertenecemos. Todo os lo doy con este anillo. Si algun dia le
-destruís ó perdeis, será indicio de que habeis perdido mi amor, y podré
-reprenderos por tan grave falta.
-
-BASANIO.
-
-Señora, me habeis quitado el habla. Sólo os grita mi sangre alborotada
-en las venas. Tal trastorno habeis producido en mis sentidos, como el
-tumulto que estalla en una muchedumbre cuando oye el discurso de un
-príncipe adorado. Mil palabras incoherentes se confunden con gritos que
-no tienen sentido alguno, pero que expresan un júbilo sincero. Cuando
-huya de mis dedos ese anillo, irá con él mi vida, y podreis decir que
-ha muerto Basanio.
-
-NERISSA.
-
-Á nosotros, mudos espectadores de tal drama, sólo nos toca daros el
-parabien. Sed dichosos, amos y señores mios.
-
-GRACIANO.
-
-Basanio, señor mio; y tú, hermosa dama, disfrutad cuanta ventura deseo
-para vosotros, ya que no ha de ser á mi costa. Y cuando os prepareis á
-cerrar solemnemente el contrato, dadme licencia para hacer lo mismo.
-
-BASANIO.
-
-Con mucho gusto, si encuentras mujer.
-
-GRACIANO.
-
-Mil gracias, Basanio. Á tí lo debo. Mis ojos son tan avizores como los
-tuyos. Tú los pusiste en la señora; yo en la criada: tú amaste; yo
-tambien. Tu amor no consiente dilaciones; tampoco el mio. Tu suerte
-dependia de la buena eleccion de las cajas; tambien la mia. Yo ardiendo
-en amores perseguí á esta esquiva hermosura con tantas y tantas
-promesas y juramentos, que casi tengo seca la boca de repetirlos. Pero
-al fin (si las palabras de tal hermosura valen algo), me prometió
-concederme su amor, si tú acertabas á conquistar el de su señora.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Es verdad, Nerissa?
-
-NERISSA.
-
-Verdad es, señora, si no lo llevais á mal.
-
-BASANIO.
-
-¿Lo dices de véras, Graciano?
-
-GRACIANO.
-
-De véras, señor.
-
-BASANIO.
-
-Vuestro casamiento aumentará los regocijos del nuestro.
-
-GRACIANO.
-
-¡Pero quién viene! ¿Lorenzo y la judía? ¿y con ellos mi amigo, el
-veneciano Salerio?
-
- (_Salen Lorenzo, Jéssica y Salerio._)
-
-BASANIO.
-
-Con bien vengais á esta quinta, Lorenzo y Salerio, si es que mi recien
-nacida felicidad me autoriza para saludaros en este lugar. ¿Me lo
-permites, bellísima Pórcia?
-
-PÓRCIA.
-
-Y lo repito: bien venidos sean.
-
-LORENZO.
-
-Gracias por tanto favor. Mi intencion no era visitarte, pero Salerio, á
-quien encontré en el camino, se empeñó tanto, que al cabo consentí en
-acompañarle.
-
-SALERIO.
-
-Lo hice, es verdad, pero no sin razon, porque te traigo un recado del
-señor Antonio. (_Le da una carta._)
-
-BASANIO.
-
-Antes de abrir esta carta, dime cómo se encuentra mi buen amigo.
-
-SALERIO.
-
-No está enfermo más que del alma; por su carta verás lo que padece.
-
-GRACIANO.
-
-Querido Salerio, dame la mano. ¿Qué noticias traes de Venecia? ¿Qué
-hace el honrado mercader Antonio? ¡Cómo se alegrará al saber nuestra
-dicha! Somos los Jasones que han encontrado el vellocino de oro.
-
-SALERIO.
-
-¡Ojalá hubierais encontrado el áureo vellocino, que él perdió en hora
-aciaga!
-
-PÓRCIA.
-
-Malas nuevas debe traer la carta. Huye el color de las mejillas de
-Basanio. Sin duda acaba de saber la muerte de un amigo muy querido,
-porque ninguna otra mala noticia podria abatir un ánimo tan constante;
-malo, malo. Perdóname, Basanio, pero soy la mitad de tu alma, y justo
-es que me pertenezcan la mitad de las desgracias que anuncia ese pliego.
-
-BASANIO.
-
-¡Amada Pórcia! Leo en esta carta algunas de las frases más tristes que
-se han escrito nunca sobre el papel. ¡Pórcia hermosísima!, cuando por
-primera vez te confesé mi amor, no tuve reparo en decirte que yo no
-tenia otra hacienda que la sangre de mis venas, pero que era noble y
-bien nacido, y te dije la verdad. Pero así y todo hubo jactancia en mis
-palabras, al decirte que mis bienes eran ningunos. Para ser enteramente
-veraz, debí añadir que mi fortuna era menos que nada, porque la verdad
-es que empeñé mi palabra á mi mejor amigo, dejándole expuesto á la
-venganza del enemigo más cruel, implacable y sin entrañas: todo para
-procurarme dineros. Esta carta me parece el cuerpo de mi amigo: cada
-línea es á modo de una herida, que arroja la sangre á borbotones. Pero
-¿es cierto, Salerio? ¿Todo, todo lo ha perdido? ¿Todos sus negocios
-le han salido mal? ¿Ni en Trípoli, ni en Méjico, ni en Lisboa, ni en
-Inglaterra, ni en la India, ni en Berberia, escapó ningun barco suyo de
-esos escollos tan fatales al marino?
-
-SALERIO.
-
-Ni uno. Y aunque á Antonio le quedara algun dinero para pagar al judío,
-de seguro que este no le recibiria. No parece sér humano: nunca he
-visto á nadie tan ansioso de destruir y aniquilar á su prójimo. Dia
-y noche pide justicia al Dux, amenazando, si no se le hace justicia,
-con invocar las libertades del Estado. En vano han querido persuadirle
-los mercaderes más ricos, y el mismo Dux y los patricios. Todo en
-balde. Él persiste en su demanda, y reclama confiscacion, justicia y el
-cumplimiento de su engañoso trato.
-
-JÉSSICA.
-
-Cuando vivia yo con él, muchas veces le ví jurar á sus amigos Túbal y
-Chus que preferia la carne de Antonio á veinte veces el valor de la
-suma que le debia, y si las leyes y el gobierno de Venecia no protegen
-al infeliz Antonio, mala será su suerte.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Y en vuestro amigo recaen todas esas calamidades?
-
-BASANIO.
-
-En mi amigo, el mejor y más fiel, el de alma más honrada que hay en
-toda Italia. En su pecho arde la llama del honor de la antigua Roma.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Qué es lo que debe al judío?
-
-BASANIO.
-
-Tres mil ducados que me prestó.
-
-PÓRCIA.
-
-¿No más que tres mil? Dale seis mil, duplica, triplica la suma, antes
-que consentir que tan buen amigo pierda por tí ni un cabello. Vamos
-al altar, despidámonos, y luego corre á Venecia á buscar á tu amigo;
-no vuelvas al lado de Pórcia hasta dejarle en salvo. Llevarás lo
-bastante para pagar diez veces más de lo que debe al hebreo. Págalo, y
-vuelve enseguida con tu fiel amigo. Mi doncella Nerissa y yo viviremos
-entretanto como viudas y como doncellas. Es necesario que partas el dia
-mismo de nuestras bodas. Piensa en nuestros comensales; no arrugues el
-ceño, muestra la faz alegre. Ya que tan caro te he comprado, reflexiona
-cuánto he de amarte. Pero léeme antes la carta.
-
-BASANIO.
-
-«Querido Basanio: mis barcos naufragaron: me acosan mis acreedores;
-he perdido toda mi hacienda; ha vencido el plazo de mi escritura con
-el judío, y claro es que si se cumple la cláusula del contrato, tengo
-forzosamente que morir. Toda deuda entre nosotros queda liquidada, con
-tal que vengas á verme en la hora de mi muerte. Sin embargo, haz lo
-que quieras; si nuestra amistad no te obliga á venir, tampoco te hará
-fuerza esta carta.»
-
-PÓRCIA.
-
-Amor mio, véte en seguida.
-
-BASANIO.
-
-Volaré, si me lo permites. Entretanto que vuelvo, el reposo y la
-soledad de mi lecho serán continuos estímulos para que yo vuelva.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Calle en Venecia.=
-
-SYLOCK, SALANIO, ANTONIO y el CARCELERO.
-
-SYLOCK.
-
-Carcelero, no apartes la vista de él. No me digas que tenga
-compasion..... Éste es aquel insensato que prestaba su dinero sin
-interes. No le pierdas de vista, carcelero.
-
-ANTONIO.
-
-Oye, amigo Sylock.
-
-SYLOCK.
-
-Pido que se cumplan las condiciones de la escritura. He jurado no ceder
-ni un ápice de mi derecho. En nada te habia ofendido yo cuando ya
-me llamabas perro. Si lo soy, yo te enseñaré los dientes. No tienes
-escape. El Dux me hará justicia. No sé, perverso alcaide, por qué has
-consentido con tanto gusto en sacarle de la prision.
-
-ANTONIO.
-
-Óyeme: te lo suplico.
-
-SYLOCK.
-
-No quiero oirte. Cúmpleme el contrato. No quiero oirte. No te empeñes
-en hablar más. No soy un hombre de buenas entrañas, de los que dan
-cabida á la compasion, y se rinden al ruego de los cristianos. No
-volvais á importunarme. Pido que se cumpla el contrato.
-
- (_Vase._)
-
-SALANIO.
-
-Es el perro más abominable de los que deshonran el género humano.
-
-ANTONIO.
-
-Déjale. Nada de ruegos inútiles. Quiere mi vida y no atino por qué. Más
-de una vez he salvado de sus garras á muchos infelices que acudieron á
-mí, y por eso me aborrece.
-
-SALANIO.
-
-No creo que el Dux consienta jamas en que se cumpla semejante contrato.
-
-ANTONIO.
-
-El Dux tiene que cumplir la ley, porque el crédito de la República
-perderia mucho si no se respetasen los derechos del extranjero. Toda la
-riqueza, prosperidad y esplendor de esta ciudad depende de su comercio
-con los extranjeros. Ea, vamos. Tan agobiado estoy de pesadumbres, que
-dudo mucho que mañana tenga una libra de carne en mi cuerpo, con que
-hartar la sed de sangre de ese bárbaro. Adios, buen carcelero. ¡Quiera
-Dios que Basanio vuelva á verme y pague su deuda! Entonces moriré
-tranquilo.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Quinta de Pórcia en Belmonte.=
-
-PÓRCIA, NERISSA, LORENZO, JÉSSICA y BALTASAR.
-
-LORENZO.
-
-Señora (no tengo reparo en decirlo delante de vos), alta idea teneis
-formada de la santa amistad, y buena prueba de ello es la resignacion
-con que tolerais la ausencia de vuestro marido. Pero si supierais á
-quién favoreceis de este modo, y cuán buen amigo es del señor Basanio,
-más os enorgulleceriais de vuestra obra que de la natural cualidad de
-obrar bien, de que tantas muestras habeis dado.
-
-PÓRCIA.
-
-Nunca me arrepentí de hacer el bien, ni ha de pesarme ahora. Entre
-amigos que pasan y gastan juntos largas horas, unidos sus corazones por
-el vínculo sagrado de la amistad, ha de haber gran semejanza de índole,
-afectos y costumbres. De aquí infiero que siendo Antonio el mejor amigo
-del esposo á quien adoro, ha de parecerse á él necesariamente. Y si
-es así, ¡qué poco me habrá costado librar del más duro tormento al
-fiel espejo del amor mio! Pero no quiero decir más, porque esto parece
-alabanza propia. Hablemos de otra cosa. En tus manos pongo, honrado
-Lorenzo, la direccion y gobierno de esta casa hasta que vuelva mi
-marido. Yo sólo puedo pensar en cumplir un voto que hice secretamente,
-de estar en oracion, sin más compañía que la de Nerissa, hasta que su
-amante y el mio vuelvan. A dos leguas de aquí hay un convento, donde
-podremos encerramos. No rehuseis el encargo y el peso que hoy me
-obligan á echar sobre vuestros hombros mi confianza y la situacion en
-que me encuentro.
-
-LORENZO.
-
-Lo acepto con toda voluntad, señora, y cumpliré todo lo que me ordeneis.
-
-PÓRCIA.
-
-Ya saben mi intencion los criados. Vos y Jéssica sereis para ellos como
-Basanio y yo. Quedad con Dios. Hasta la vuelta.
-
-JÉSSICA.
-
-¡Ojalá logreis todas las dichas que mi alma os desea!
-
-PÓRCIA.
-
-Mucho os agradezco la buena voluntad, y os deseo igual fortuna. Adios,
-Jéssica.
-
- (_Vanse Jéssica y Lorenzo._)
-
-Oye, Baltasar. Siempre te he encontrado fiel. Tambien lo has de ser
-hoy. Lleva esta carta á Pádua, con toda la rapidez que cabe en lo
-humano, y dásela en propia mano á mi amigo el Dr. Belario. Él te
-entregará dos trajes y algunos papeles: llévalos á la barca que hace la
-travesía entre Venecia y la costa cercana. No te detengas en palabras.
-Corre. Estaré en Venecia antes que tú.
-
-BALTASAR.
-
-Corro á obedecerte, señora.
-
- (_Vase._)
-
-PÓRCIA.
-
-Oye, Nerissa: tengo un plan, que todavía no te he comunicado. Vamos á
-sorprender á tu esposo y al mio.
-
-NERISSA.
-
-¿Sin que nos vean?
-
-[Ilustración]
-
-PÓRCIA.
-
-Nos verán, pero en tal arreo que nos han de atribuir cualidades de
-que carecemos. Apuesto lo que querais á que cuando estemos vestidas
-de hombre, yo he de parecer el mejor mozo, y el de más desgarro, y
-he de llevar la daga mejor que tú. Hablaré recio, como los niños que
-quieren ser hombres y tratan de pendencias cuando todavía no les
-apunta el bozo. Inventaré mil peregrinas historias de ilustres damas
-que me ofrecieron su amor, y á quienes desdeñé, por lo cual cayeron
-enfermas y murieron de pesar.—¿Qué hacer entonces?—Sentir en medio de
-mis conquistas cierta lástima de haberlas matado con mis desvíos. Y
-por este órden ensartaré cien mil desatinos, y pensarán los hombres
-que hace un año he salido del colegio y revuelvo en el magin cien mil
-fanfarronadas, que quisiera ejecutar.
-
-NERISSA.
-
-Pero, señora, ¿tenemos que disfrazarnos de hombres?
-
-PÓRCIA.
-
-¿Y lo preguntas? Ven, ya nos espera el coche á la puerta del jardin.
-Allí te lo explicaré todo. Anda deprisa, que tenemos que correr seis
-leguas.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Jardin de Pórcia en Belmonte.=
-
-LANZAROTE y JÉSSICA.
-
-LANZAROTE.
-
-Sí, porque habeis de saber que Dios castiga en los hijos las culpas de
-los padres: por eso os tengo lástima. Siempre os dije la verdad, y no
-he de callarla ahora. Tened paciencia, porque á la verdad, creo que os
-vais á condenar. Sólo os queda una esperanza, y esa á medias.
-
-JÉSSICA.
-
-¿Y qué esperanza es esa?
-
-LANZAROTE.
-
-La de que quizas no sea tu padre el judío.
-
-JÉSSICA.
-
-Esa sí que seria una esperanza bastarda. En tal caso pagaria yo los
-pecados de mi madre.
-
-LANZAROTE.
-
-Dices bien: témome que pagues los de tu padre y los de tu madre. Por
-eso huyendo de la Scyla de tu padre, doy en la Caríbdis de tu madre, y
-por uno y otro lado estoy perdido.
-
-JÉSSICA.
-
-Me salvaré por el lado de mi marido, que me cristianizó.
-
-LANZAROTE.
-
-Bien mal hecho. Hartos cristianos éramos para poder vivir en paz. Si
-continúa ese empeño de hacer cristianos á los judíos, subirá el precio
-de la carne de puerco y no tendremos ni una lonja de tocino para el
-puchero.
-
- (_Sale Lorenzo._)
-
-JÉSSICA.
-
-Contaré á mi marido tus palabras, Lanzarote. Mírale, aquí viene.
-
-LORENZO.
-
-Voy á tener celos de tí, Lanzarote, si sigues hablando en secreto con
-mi mujer.
-
-JÉSSICA.
-
-Nada de eso, Lorenzo: no tienes motivo para encelarte, porque Lanzarote
-y yo hemos reñido. Me estaba diciendo que yo no tendria perdon de Dios,
-por ser hija de judío, y añade que tú no eres buen cristiano, porque,
-convirtiendo á los judíos, encareces el tocino.
-
-LORENZO.
-
-Más fácil me seria, Lanzarote, justificarme de eso, que tú de haber
-engruesado á la negra mora, que está embarazada por tí, Lanzarote.
-
-LANZAROTE.
-
-No me extraña que la mora esté más gorda de lo justo. Siempre será más
-mujer de bien de lo que yo creia.
-
-LORENZO.
-
-Todo el mundo juega con el equívoco, hasta los más tontos... Dentro de
-poco, los discretos tendrán que callarse, y sólo merecerá alabanza en
-los papagayos el don de la palabra. Adentro, pícaro: dí á los criados
-que se dispongan para la comida.
-
-LANZAROTE.
-
-Ya están dispuestos, señor: cada cual tiene su estómago.
-
-LORENZO.
-
-¡Qué ganas de broma tienes! Diles que pongan la comida.
-
-LANZAROTE.
-
-Tambien está hecho. Pero mejor palabra seria «cubrir».
-
-LORENZO.
-
-Pues que cubran.
-
-LANZAROTE.
-
-No lo haré, señor: sé lo que debo.
-
-LORENZO.
-
-Basta de juegos de palabras. No agotes de una vez el manantial de tus
-gracias. Entiéndeme, ya que te hablo con claridad. Dí á tus compañeros
-que cubran la mesa y sirvan la comida, que nosotros iremos á comer.
-
-LANZAROTE.
-
-Señor, la mesa se cubrirá, la comida se servirá, y vos ireis á comer ó
-no, segun mejor cuadre á vuestro apetito.
-
- (_Vase._)
-
-LORENZO.
-
-¡Oh, qué de necedades ha dicho! Tiene hecha sin duda provision de
-gracias. Otros bufones conozco de más alta ralea, que por decir un
-chiste, son capaces de alterar y olvidar la verdadera significacion de
-las cosas. ¿Qué piensas, amada Jéssica? Dime con verdad: ¿Te parece
-bien la mujer de Basanio?
-
-JÉSSICA.
-
-Más de lo que puedo darte á entender con palabras. Muy buena vida debe
-hacer Basanio, porque tal mujer es la bendicion de Dios y la felicidad
-del paraíso en la tierra, y si no la estima en la tierra, no merecerá
-gozarla en el cielo. Si hubiera contienda entre dos divinidades, y la
-una trajese por apuesta una mujer como Pórcia, no encontraria el otro
-dios ninguna otra que oponerla en este bajo mundo.
-
-LORENZO.
-
-Tan buen marido soy yo para tí, como ella es buena mujer.
-
-JÉSSICA.
-
-Pregúntamelo á mí.
-
-LORENZO.
-
-Vamos primero á comer.
-
-JÉSSICA.
-
-No: déjame alabarte, mientras yo quiera.
-
-LORENZO.
-
-No: déjalo: vamos á comer: á los postres dirás lo que quieras, y así
-digeriré mejor.
-
- (_Vanse._)
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO IV.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Tribunal en Venecia.=
-
-DUX, SENADORES, ANTONIO, BASANIO, GRACIANO, SALARINO y SALANIO.
-
-DUX.
-
-¿Y Antonio?
-
-ANTONIO.
-
-Á vuestras órdenes, Alteza.
-
-DUX.
-
-Te tengo lástima, porque vienes á responder á la demanda de un enemigo
-cruel y sin entrañas, en cuyo pecho nunca halló lugar la compasion ni
-el amor, y cuya alma no encierra ni un grano de piedad.
-
-ANTONIO.
-
-Ya sé que V. A. ha puesto empeño en calmar su feroz encono, pero sé
-tambien que permanece inflexible, y que no me queda, segun las leyes,
-recurso alguno para salvarme de sus iras. A ellas sólo puedo oponer la
-paciencia y la serenidad. Mi alma tranquila y resignada soportará todas
-las durezas y ferocidades de la suya.
-
-DUX.
-
-Decid que venga el judío ante el tribunal.
-
-SALARINO.
-
-Ya viene, señor. Está fuera, esperando vuestras órdenes.
-
- (_Entra Sylock._)
-
-DUX.
-
-¡Haceos atras! ¡Que se presente Sylock! Cree el mundo, y yo con él,
-que quieres apurar tu crueldad hasta las heces, y luego cuando la
-sentencia se pronuncie, haces alarde de piedad y mansedumbre, todavía
-más odiosas que tu crueldad primera. Cree la gente que en vez de pedir
-el cumplimiento del contrato que te concede una libra de carne de este
-desdichado mercader, desistirás de tu demanda, te moverás á lástima,
-le perdonarás la mitad de la deuda, considerando las grandes pérdidas
-que ha tenido en poco tiempo, y que bastarian á arruinar al más
-opulento mercader monarca, y á conmover entrañas de bronce y corazones
-de pedernal, aunque fuesen de turcos ó tártaros selváticos, ajenos de
-toda delicadeza y buen comedimiento. Todos esperamos de tí una cortes
-respuesta.
-
-SYLOCK.
-
-Vuestra Alteza sabe mi intencion, y he jurado por el sábado lograr
-cumplida venganza. Si me la negais, ¡vergüenza eterna para las leyes
-y libertades venecianas! Me direis que ¿por qué estimo más una libra
-de carne de este hombre que tres mil ducados? Porque así se me antoja.
-¿Os place esta contestacion? Si en mi casa hubiera un raton importuno,
-y yo me empeñara en pagar diez mil ducados por matarle, ¿lo llevariais
-á mal? Hay hombres que no pueden ver en su mesa un lechon asado, otros
-que no resisten la vista de un gato, animal tan útil é inofensivo,
-y algunos que orinan, en oyendo el son de una gaita. Efectos de la
-antipatía que todo lo gobierna. Y así como ninguna de estas cosas tiene
-razon de ser, yo tampoco la puedo dar para seguir este pleito odioso,
-á no ser el odio que me inspira hasta el nombre de Antonio. ¿Os place
-esta respuesta?
-
-BASANIO.
-
-No basta, cruel hebreo, para disculpar tu fiereza increible.
-
-SYLOCK.
-
-Ni yo pretendo darte gusto.
-
-BASANIO.
-
-¿Y mata siempre el hombre á los séres que aborrece?
-
-SYLOCK.
-
-¿Y quién no procura destruir lo que él odia?
-
-BASANIO.
-
-No todo agravio provoca á tanta indignacion desde luego.
-
-SYLOCK.
-
-¿Consentirás que la serpiente te muerda dos veces?
-
-ANTONIO.
-
-Mira que estás hablando con un judío. Más fácil te fuera arengar á
-las olas de la playa cuando más furiosas están, y conseguir que se
-calmen; ó preguntar al lobo por qué devora á la oveja, y deja huérfano
-al cordero; ó mandar callar á los robles de la selva, y conseguir
-que el viento no agite sus verdes ramas: en suma, mejor conseguirias
-cualquier imposible, que ablandar el durísimo corazon de ese hebreo. No
-le ruegues más, no le importunes: haz que la ley se cumpla pronto, á su
-voluntad.
-
-BASANIO.
-
-En vez de los tres mil ducados toma seis.
-
-SYLOCK.
-
-Aunque dividieras cada uno de ellos en seis, no lo aceptaria. Quiero
-que se cumpla el trato.
-
-DUX.
-
-¿Y quién ha de tener compasion de tí, si no la tienes de nadie?
-
-SYLOCK.
-
-¿Y qué he de temer, si á nadie hago daño? Tantos esclavos teneis, que
-pueden serviros como mulos, perros ó asnos en los oficios más viles y
-groseros. Vuestros son; vuestro dinero os han costado. Si yo os dijera:
-dejadlos en libertad, casadlos con vuestras hijas, no les hagais
-sudar bajo la carga, dadles camas tan nuevas como las vuestras y tan
-delicados manjares como los que vosotros comeis, ¿no me responderiais:
-«son nuestros?» Pues lo mismo os respondo yo. Esa libra de carne que
-pido es mia, y buen dinero me ha costado. Si no me la dais, maldigo de
-las leyes de Venecia, y pido justicia. ¿Me la dais? ¿sí ó no?
-
-DUX.
-
-Usando de la autoridad que tengo, podria suspender el consejo, si no
-esperase al Dr. Belario, famoso jurisconsulto de Pisa, á quien deseo
-oir en este negocio.
-
-SALARINO.
-
-Señor: fuera aguarda un criado que acaba de llegar de Pádua con cartas
-del doctor.
-
-DUX.
-
-Entregádmelas, y que pase el criado.
-
-BASANIO.
-
-¡Valor, Antonio! Te juro por mi nombre, que he de dar al judío toda mi
-carne, y mi sangre, y mis huesos, antes que consentir que vierta una
-sola gota de la sangre tuya.
-
-ANTONIO.
-
-Soy como la res apartada en medio de un rebaño sano. La fruta podrida
-es siempre la primera que cae del árbol. Dejadla caer: tú, Basanio,
-sigue viviendo, y con eso pondrás un epitafio sobre mi sepulcro.
-
- (_Sale Nerissa, disfrazada de pasante de procurador._)
-
-DUX.
-
-¿Vienes de Pádua? ¿Traes algun recado del Dr. Belario?
-
-NERISSA.
-
-Vengo de Pádua, señor. Belario os saluda. (_Le entrega la carta._)
-
-[Ilustración]
-
-BASANIO.
-
-Sylock, ¿por qué afilas tanto tu cuchillo?
-
-SYLOCK.
-
-Para cortar á Antonio la carne que me debe.
-
-GRACIANO.
-
-Ningun metal, ni áun el hierro de la segur del verdugo, te iguala en
-dureza, maldecido hebreo. ¿No habrá medio de amansarte?
-
-SYLOCK.
-
-No, por cierto, aunque mucho aguces tu entendimiento.
-
-GRACIANO.
-
-¡Maldicion sobre tí, infame perro! ¡Maldita sea la justicia que te
-deja vivir! Cuando te veo, casi doy asenso á la doctrina pitagórica que
-enseña la transmigracion de las almas de los brutos á los hombres. Sin
-duda tu alma ha sido de algun lobo, inmolado por homicida, y que desde
-la horca fué volando á meterse en tu cuerpo, cuando aún estabas en las
-entrañas de tu infiel madre: porque tus instintos son rapaces, crueles
-y sanguinarios como los del lobo.
-
-SYLOCK.
-
-Como no logres quitar el sello del contrato, nada conseguirás con tus
-destempladas voces sino ponerte ronco. Graciano, modera tus ímpetus y
-no pierdas la razon. Yo sólo pido justicia.
-
-DUX.
-
-Belario en esta carta recomienda al Consejo un jóven bachiller, buen
-letrado. ¿Dónde está?
-
-NERISSA.
-
-Muy cerca de aquí, aguardando vuestra licencia para entrar.
-
-DUX.
-
-Y se la doy de todo corazon. Vayan dos ó tres á recibirle de la manera
-más respetuosa. Entre tanto, leamos de nuevo la carta de Belario:
-«Alteza: cuando recibí vuestra carta me hallaba gravemente enfermo,
-pero dió la casualidad de que, en el momento de llegar el mensajero,
-estaba conmigo un jóven doctor de Pádua llamado Baltasar. Le conté el
-pleito entre Antonio y el judío: repasamos pronto muchos libros: le
-dije mi parecer, que es el que os expondrá, rectificado por su inmenso
-saber, para el cual no hay elogio bastante. Él hará lo que deseais. No
-os fijeis en lo mozo que es, ni creais que por eso vale menos, pues
-nunca hubo en cuerpo tan juvenil tan maduro entendimiento. Recibidle,
-pues, y más que mi recomendacion, han de favorecerle sus propias
-acciones.» Esto es lo que Belario dice. Aquí viene el Doctor, si no
-me equivoco.
-
- (_Sale Pórcia, de abogado._)
-
-Dadme la mano. ¿Venis por encargo de Belario?
-
-PÓRCIA.
-
-Sí, poderoso señor.
-
-DUX.
-
-Bien venido seais. Tomad asiento. ¿Estais enterado de la cuestion que
-ha de sentenciar el tribunal?
-
-PÓRCIA.
-
-Perfectamente enterado. ¿Quiénes son el mercader y el judío?
-
-DUX.
-
-Antonio y Sylock: acercaos.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Sois vos Sylock?
-
-SYLOCK.
-
-Ese es mi nombre.
-
-PÓRCIA.
-
-Raro litigio teneis: extraña es vuestra demanda, y no se os puede
-negar, conforme á las leyes de Venecia. Corre mucho peligro vuestra
-víctima. ¿No es verdad?
-
-ANTONIO.
-
-Verdad es.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Confesais haber hecho ese trato?
-
-ANTONIO.
-
-Lo confieso.
-
-PÓRCIA.
-
-Entonces es necesario que el judío se compadezca de vos.
-
-SYLOCK.
-
-¿Y por qué? ¿Qué obligacion tengo? Decídmelo.
-
-PÓRCIA.
-
-La clemencia no quiere fuerza: es como la plácida lluvia del cielo que
-cae sobre un campo y le fecunda: dos veces bendita porque consuela
-al que la da y al que la recibe. Ejerce su mayor poder entre los
-grandes: el signo de su autoridad en la tierra es el cetro, rayo de
-los monarcas. Pero aún vence al cetro la clemencia, que vive, como en
-su trono, en el alma de los reyes. La clemencia es atributo divino, y
-el poder humano se acerca al de Dios, cuando modera con la piedad la
-justicia. Hebreo, ya que pides no más que justicia, piensa que si sólo
-justicia hubiera, no se salvaria ninguno de nosotros. Todos los dias,
-en la oracion, pedimos clemencia, pero la misma oracion nos enseña
-á perdonar como deseamos que nos perdonen. Te digo esto, sólo para
-moverte á compasion, porque como insistas en tu demanda, no habrá más
-remedio, con arreglo á las leyes de Venecia, que sentenciar el pleito
-en favor tuyo y contra Antonio.
-
-SYLOCK.
-
-Yo cargo con la responsabilidad de mis actos. Pido que se ejecute la
-ley, y que se cumpla el contrato.
-
-PÓRCIA.
-
-¿No puede pagar en dinero?
-
-BASANIO.
-
-Yo le ofrezco en nombre suyo, y duplicaré la cantidad, y áun la pagaré
-diez veces, si es necesario, y daré en prenda las manos, la cabeza y
-hasta el corazon. Si esto no os parece bastante, será porque la malicia
-vence á la inocencia. Romped para este solo caso esa ley tan dura.
-Evitareis un gran mal con uno pequeño, y contendreis la ferocidad de
-ese tigre.
-
-PÓRCIA.
-
-Imposible. Ninguno puede alterar las leyes de Venecia. Seria un
-ejemplar funesto, una causa de ruina para el Estado. No puede ser.
-
-SYLOCK.
-
-¡Es un Daniel quien nos juzga! ¡Sabio y jóven juez, bendito seas!
-
-PÓRCIA.
-
-Déjame examinar el contrato.
-
-SYLOCK.
-
-Tómale, reverendísimo doctor.
-
-PÓRCIA.
-
-Sylock, te ofrecen tres veces el doble de esa cantidad.
-
-SYLOCK.
-
-¡No! ¡no!: lo he jurado, y no quiero ser perjuro, aunque se empeñe toda
-Venecia.
-
-PÓRCIA.
-
-Ha espirado el plazo, y dentro de la ley puede el judío reclamar una
-libra de carne de su deudor. Ten piedad de él: recibe el triplo, y
-déjame romper el contrato.
-
-SYLOCK.
-
-Cuando en todas sus partes esté cumplido. Pareces juez íntegro: conoces
-la ley: has expuesto bien el caso: sólo te pido que con arreglo á esa
-ley, de la cual eres fiel intérprete, sentencies pronto. Te juro que
-no hay poder humano que me haga dudar ni vacilar un punto. Pido que se
-cumpla la escritura.
-
-ANTONIO.
-
-Pido al tribunal que sentencie.
-
-PÓRCIA.
-
-Bueno: preparad el pecho á recibir la herida.
-
-SYLOCK.
-
-¡Oh sabio y excelente juez!
-
-PÓRCIA.
-
-La ley no tiene duda ni admite excepcion en cuanto á la pena.
-
-SYLOCK.
-
-¡Cierto, cierto! ¡Oh docto y severísimo juez! ¡Cuánto más viejo eres en
-jurisprudencia que en años!
-
-PÓRCIA.
-
-Apercibid el pecho, Antonio.
-
-SYLOCK.
-
-Sí, sí, ese es el contrato. ¿No es verdad, sabio juez? ¿No dice que ha
-de ser cerca del corazon?
-
-PÓRCIA.
-
-Verdad es. ¿Teneis una balanza para pesar la carne?
-
-SYLOCK.
-
-Aquí la tengo.
-
-PÓRCIA.
-
-Traed un cirujano que restañe las heridas, Sylock, porque corre peligro
-de desangrarse.
-
-SYLOCK.
-
-¿Dice eso la escritura?
-
-PÓRCIA.
-
-No entra en el contrato, pero debeis hacerlo como obra de caridad.
-
-SYLOCK.
-
-No lo veo aquí: la escritura no lo dice.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Teneis algo que alegar, Antonio?
-
-ANTONIO.
-
-Casi nada. Dispuesto estoy á todo y armado de valor. Dame la mano,
-Basanio. Adios, amigo. No te duelas de que he perecido por salvarte. La
-fortuna se ha mostrado conmigo más clemente de lo que acostumbra. Suele
-dejar que el infeliz sobreviva á la pérdida de su fortuna y contemplar
-con torvos ojos su desdicha y pobreza, pero á mí me ha libertado de esa
-miseria. Saluda en mi nombre á tu honrada mujer: cuéntale mi muerte:
-dile cuánto os quise: sé fiel á mi memoria; y cuando ella haya oido
-toda la historia, podrá juzgar y sentenciar si fuí ó no buen amigo de
-Basanio. No me quejo del pago de la deuda: pronto la habré satisfecho
-toda, si la mano del judío no tiembla.
-
-BASANIO.
-
-Antonio, quiero más á mi mujer que á mi vida, pero no te amo á tí menos
-que á mi mujer y á mi alma y á cuanto existe, y juro que lo daria todo
-por salvarte.
-
-PÓRCIA.
-
-No te habia de agradecer tu esposa tal juramento, si estuviera aquí.
-
-GRACIANO.
-
-Ciertamente que adoro á mi esposa. ¡Ojalá que estuviese en el cielo
-para que intercediera con algun santo que calmase la ira de ese perro!
-
-NERISSA.
-
-Gracias que no te oye tu mujer, porque con tales deseos no podria haber
-paz en vuestra casa.
-
-SYLOCK.
-
-¡Qué cónyuges! ¡Y son cristianos! Tengo una hija, y preferiria que
-se casase con ella un hijo de Barrabas antes que un cristiano. Pero
-estamos perdiendo el tiempo. No os detengais: prosiga la sentencia.
-
-PÓRCIA.
-
-Segun la ley y la decision del tribunal, te pertenece una libra de su
-carne.
-
-SYLOCK.
-
-¡Oh juez doctísimo! ¿Has oido la sentencia, Antonio? Prepárate.
-
-[Ilustración: _El juicio._]
-
-PÓRCIA.
-
-Un momento no más. El contrato te otorga una libra de su carne, pero
-ni una gota de su sangre. Toma la carne que es lo que te pertenece;
-pero si derramas una gota de su sangre, tus bienes serán confiscados,
-conforme á la ley de Venecia.
-
-GRACIANO.
-
-¿Lo has oido, Sylock?
-
-SYLOCK.
-
-¡Oh juez recto y bueno! ¿Eso dice la ley?
-
-PÓRCIA.
-
-Tú mismo lo verás. Justicia pides, y la tendrás tan cumplida como
-deseas.
-
-GRACIANO.
-
-¡Oh juez íntegro y sapientísimo!
-
-SYLOCK.
-
-Me conformo con la oferta del triplo: poned en libertad al cristiano.
-
-BASANIO.
-
-Aquí está el dinero.
-
-PÓRCIA.
-
-¡Deteneos! Tendrá el hebreo completa justicia. Se cumplirá la escritura.
-
-GRACIANO.
-
-¡Qué juez tan prudente y recto!
-
-PÓRCIA.
-
-Prepárate ya á cortar la carne, pero sin derramar la sangre, y ha de
-ser una libra, ni más ni menos. Si tomas más, aunque sea la vigésima
-parte de un adarme, ó inclinas, por poco que sea, la balanza, perderás
-la vida y la hacienda.
-
-GRACIANO.
-
-¡Es un Daniel, es un Daniel! Al fin te hemos cogido.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Qué esperas? Cúmplase la escritura.
-
-SYLOCK.
-
-Me iré si me dais el dinero.
-
-BASANIO.
-
-Aquí está.
-
-PÓRCIA.
-
-Cuando estabas en el tribunal, no quisiste aceptarlo. Ahora tiene que
-cumplirse la escritura.
-
-GRACIANO.
-
-¡Es otro Daniel, otro Daniel! Frase tuya felicísima, Sylock.
-
-SYLOCK.
-
-¿No me dareis ni el capital?
-
-PÓRCIA.
-
-Te daremos lo que te otorga el contrato. Cóbralo, si te atreves, judío.
-
-SYLOCK.
-
-¡Pues que se quede con todo, y el diablo le lleve! Adios.
-
-PÓRCIA.
-
-Espera, judío. Áun así te alcanzan las leyes. Si algun extraño
-atenta por medios directos ó indirectos contra la vida de un súbdito
-veneciano, éste tiene derecho á la mitad de los bienes del reo, y el
-Estado á la otra media. El Dux decidirá de su vida. Es así que tú
-directa é indirectamente has atentado contra la existencia de Antonio;
-luego la ley te coge de medio á medio. Póstrate á las plantas del Dux,
-y pídele perdon.
-
-GRACIANO.
-
-Y suplícale que te conceda la merced de que te ahorques por tu mano;
-aunque estando confiscados tus bienes, no te habrá quedado con que
-comprar una cuerda, y tendrá que ahorcarte el pueblo á su costa.
-
-EL DUX.
-
-Te concedo la vida, Sylock, áun antes que me la pidas, para que veas
-cuánto nos diferenciamos de tí. En cuanto á tu hacienda, la mitad
-pertenece á Antonio y la otra mitad al Estado, pero quizá puedas
-condonarla mediante el pago de una multa.
-
-PÓRCIA.
-
-La parte del Estado, no la de Antonio.
-
-SYLOCK.
-
-¿Y para qué quiero la vida? ¿cómo he de vivir? Me dejais la casa,
-quitándome los puntales que la sostienen.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Qué puedes hacer por él, Antonio?
-
-GRACIANO.
-
-Regálale una soga, y basta.
-
-ANTONIO.
-
-Si el Dux y el tribunal le dispensan del pago de la mitad de su fortuna
-al Erario, yo le perdono la otra media, con dos condiciones; la
-primera, que abjure sus errores y se haga cristiano; la segunda, que
-por una escritura firmada en esta misma audiencia instituya herederos
-de todo á su hija y á su yerno Lorenzo.
-
-DUX.
-
-Juro que así lo hará, ó, si no, revocaré el poder que le he concedido.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Aceptas, judío? ¿Estás satisfecho?
-
-SYLOCK.
-
-Estoy satisfecho y acepto.
-
-PÓRCIA.
-
-Hágase, pues, la donacion en forma.
-
-SYLOCK.
-
-Yo me voy, si me lo permitis, porque estoy enfermo. Enviadme el acta, y
-yo la firmaré.
-
-DUX.
-
-Véte, pero lo harás.
-
-GRACIANO.
-
-Tendrás dos padrinos, cuando te bautices. Si yo fuera juez, habias de
-tener diez más, para que te llevasen á la horca y no al bautismo.
-
- (_Se va Sylock._)
-
-DUX.
-
-(_Á Pórcia._) Os convido con mi mesa.
-
-PÓRCIA.
-
-Perdone V. A., pero hoy mismo tengo que ir á Pádua, y no me es lícito
-detenerme.
-
-DUX.
-
-¡Lástima que os detengais tan poco tiempo! Antonio, haz algun obsequio
-al forastero que, á mi entender, algo merece.
-
- (_Vase el Dux, y con él los Senadores._)
-
-BASANIO.
-
-Digno y noble caballero, gracias á vuestra agudeza y buen
-entendimiento, nos vemos hoy libres mi amigo y yo de una calamidad
-gravísima. En pago de tal servicio, os ofrecemos los 3,000 ducados que
-debíamos al judío.
-
-ANTONIO.
-
-Y será eterno nuestro agradecimiento en obras y en palabras.
-
-PÓRCIA.
-
-Bastante paga es para mí el haberos salvado. Nunca fué el interes norte
-de mis acciones. Si alguna vez nos encontramos, reconocedme: no os pido
-más. Adios.
-
-BASANIO.
-
-Yo no puedo menos de insistir, hidalgo. Admitid un presente, un
-recuerdo, no como paga. No rechaceis nuestras ofertas. Perdon.
-
-PÓRCIA.
-
-Necesario es que ceda. (_Á Antonio._) Llevaré por memoria vuestros
-guantes. (_Á Basanio._) Y en prenda de cariño vuestra sortija. No
-aparteis la mano: es un favor que no podeis negarme.
-
-BASANIO.
-
-¡Pero si esa sortija nada vale! Vergüenza tendria de dárosla.
-
-PÓRCIA.
-
-Por lo mismo la quiero, y nada más aceptaré. Tengo capricho de
-poseerla.
-
-BASANIO.
-
-Vale mucho más de lo que ha costado. Os daré otra sortija, la de más
-precio que haya en Venecia. Echaré público pregon para encontrarla.
-Pero ésta no puede ser... perdonadme.
-
-PÓRCIA.
-
-Sois largo en las promesas, caballero. Primero me enseñasteis á
-mendigar, y ahora me enseñais cómo se responde á un mendigo.
-
-BASANIO.
-
-Es regalo de mi mujer ese anillo, y le hice juramento y voto formal de
-no darlo, perderlo ni venderlo.
-
-PÓRCIA.
-
-Pretexto fútil, que sirve á muchos para negar lo que se les pide.
-Aunque vuestra mujer fuera loca, me parece imposible que eternamente le
-durara el enojo por un anillo, mucho más sabiendo la ocasion de este
-regalo. Adios.
-
- (_Se van Pórcia y Nerissa._)
-
-ANTONIO.
-
-Basanio, dale el anillo, que tanto como la promesa hecha á tu mujer
-valen mi amistad y el servicio que nos ha prestado.
-
-BASANIO.
-
-Corre, Graciano, alcánzale, dale esta sortija, y si puedes, llévale á
-casa de Antonio. No te detengas.
-
- (_Vase Graciano._)
-
-Dirijámonos hácia tu casa, y mañana al amanecer volaremos á Belmonte.
-En marcha, Antonio.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Una calle de Venecia.=
-
-PÓRCIA y NERISSA.
-
-PÓRCIA.
-
-Averigua la casa del judío, y hazle firmar en seguida esta acta. Esta
-noche nos vamos, y llegaremos así un dia antes que nuestros maridos.
-¡Cuánto me agradecerá Lorenzo la escritura que le llevo!
-
-GRACIANO.
-
-Grande ha sido mi fortuna en alcanzaros. Al fin, despues de haberlo
-pensado bien, mi amo el señor Basanio os manda esta sortija, y os
-convida á comer hoy.
-
-PÓRCIA.
-
-No es posible. Pero acepto con gusto la sortija. Decídselo así, y
-enseñad á este criado mio la casa de Sylock.
-
-GRACIANO.
-
-Así lo haré.
-
-NERISSA.
-
-Señor, oidme un instante. (_A Pórcia._) Quiero ver si mi esposo me da
-el anillo que juró conservar siempre.
-
-PÓRCIA.
-
-De seguro lo conseguirás. Luego nos harán mil juramentos de que á
-hombres y no á mujeres entregaron sus anillos, pero nosotras les
-desmentiremos, y si juran, juraremos más que ellos. No te detengas, te
-espero donde sabes.
-
-NERISSA.
-
-Ven, mancebo, enséñame la casa.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO V.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Alameda que conduce á la casa de campo de Pórcia en Belmonte.=
-
-Salen LORENZO y JÉSSICA.
-
-LORENZO.
-
-¡Qué hermosa y despejada brilla la luna! Sin duda en una noche como
-esta en que el céfiro besaba mansamente las hojas de los árboles,
-escaló el amante Troilo las murallas de Troya, volando su alma hácia
-las tiendas griegas donde aquella noche reposaba Créssida.
-
-JÉSSICA.
-
-Y, en otra noche como esta, Tisbe, con temerosos pasos, fué marchando
-sobre la mojada yerba, y viendo la espantosa sombra del leon, se quedó
-aterrada.
-
-LORENZO.
-
-Y en otra noche como esta, la reina Dido, armada su diestra con una
-vara de sauce, bajó á la ribera del mar, y llamó hácia Cartago al
-fugitivo Eneas.
-
-JÉSSICA.
-
-En otra noche así, fué cogiendo Medea las mágicas yerbas con que
-rejuveneció al viejo Eson.
-
-LORENZO.
-
-Y en otra noche por el mismo estilo, abandonó Jéssica la casa del rico
-judío de Venecia, y con su amante huyó á Belmonte.
-
-JÉSSICA.
-
-En aquella noche juró Lorenzo que la amaba con amor constante, y la
-engañó con mil falsos juramentos.
-
-LORENZO.
-
-En aquella noche, Jéssica, tan pérfida como hermosa, ofendió á su
-amante, y él le perdonó la ofensa.
-
-JÉSSICA.
-
-No me vencerias en esta contienda, si estuviéramos solos; pero viene
-gente.
-
- (_Sale Estéfano._)
-
-LORENZO.
-
-¿Quién viene en el silencio de la noche?
-
-ESTÉFANO.
-
-Un amigo.
-
-LORENZO.
-
-¿Quién? Decid vuestro nombre.
-
-ESTÉFANO.
-
-Soy Estéfano. Vengo á deciros que, antes que apunte el alba, llegará
-mi señora á Belmonte. Ha venido arrodillándose y haciendo oracion al
-pié de cada cruz que hallaba en el camino, para que fuese feliz su vida
-conyugal.
-
-LORENZO.
-
-¿Quién viene con ella?
-
-ESTÉFANO.
-
-Un venerable ermitaño y su doncella. Dime, ¿ha vuelto el amo?
-
-LORENZO.
-
-Todavía no, ni hay noticia suya. Vamos á casa, amiga, á hacer los
-preparativos para recibir al ama como ella merece.
-
- (_Sale Lanzarote._)
-
-LANZAROTE.
-
-¡Hola, ea!
-
-LORENZO.
-
-¿Quién?
-
-LANZAROTE.
-
-¿Habeis visto á Lorenzo ó á la mujer de Lorenzo?
-
-LORENZO.
-
-No grites. Aquí estamos.
-
-LANZAROTE.
-
-¿Dónde?
-
-LORENZO.
-
-Aquí.
-
-LANZAROTE.
-
-Decidle que aquí viene un nuncio de su amo, cargado de buenas noticias.
-Mi amo llegará al amanecer.
-
- (_Se va._)
-
-LORENZO.
-
-Vamos á casa, amada mia, á esperarlos. ¿Pero ya para qué es entrar?
-Estéfano, te suplico que vayas á anunciar la venida del ama, y mandes á
-los músicos salir al jardin.
-
- (_Se va Estéfano._)
-
-¡Qué mansamente resbalan los rayos de la luna sobre el césped!
-Recostémonos en él: prestemos atento oido á esa música suavísima,
-compañera de la soledad y del silencio. Siéntate, Jéssica: mira la
-bóveda celeste tachonada de astros de oro. Ni áun el más pequeño deja
-de imitar en su armonioso movimiento el canto de los ángeles, uniendo
-su voz al coro de los querubines. Tal es la armonía de los séres
-inmortales; pero mientras nuestro espíritu está preso en esta oscura
-cárcel, no la entiende ni percibe.
-
- (_Salen los músicos._)
-
-Tañed las cuerdas, despertad á Diana con un himno, halagad los oidos de
-vuestra señora y conducidla á su casa entre música.
-
-JÉSSICA.
-
-Nunca me alegran los sones de la música.
-
-LORENZO.
-
-Es porque se conmueve tu alma. Mira en el campo una manada de alegres
-novillos ó de ardientes y cerriles potros: míralos correr, agitarse,
-mugir, relinchar. Pero en llegando á sus oidos son de clarin ó ecos
-de música, míralos inmóviles, mostrando dulzura en sus miradas, como
-rendidos y dominados por la armonía. Por eso dicen los poetas que el
-tracio Orfeo arrastraba en pos de sí árboles, rios y fieras: porque
-nada hay tan duro, feroz y selvático que resista al poder de la música.
-El hombre que no siente ningun género de armonía, es capaz de todo
-engaño y alevosía, fraude y rapiña; los instintos de su alma son tan
-oscuros como la noche, tan lóbregos como el Tártaro. ¡Ay de quién se
-fie de él! Oye, Jéssica.
-
- (_Salen Pórcia y Nerissa._)
-
-PÓRCIA.
-
-En mi sala hay luz. ¡Cuán lejos llegan sus rayos! Así es el resplandor
-de una obra buena en este perverso mundo.
-
-NERISSA.
-
-No hemos visto la luz, al brillar los rayos de la luna.
-
-PÓRCIA.
-
-Así oscurece á una gloria menor, otra más resplandeciente. Así brilla
-el ministro hasta que aparece el monarca, pero entonces desaparece su
-pompa, como se pierde en el mar un arroyo. ¿No oyes música?
-
-NERISSA.
-
-Debe de ser en tu puerta.
-
-PÓRCIA.
-
-Suena áun más agradable que de dia.
-
-NERISSA.
-
-Efecto del silencio, señora.
-
-PÓRCIA.
-
-El cantar del cuervo es tan dulce como el de la alondra, cuando no
-atendemos á ninguno de los dos, y de seguro que si el ruiseñor cantara
-de dia, cuando graznan los patos, nadie le tendria por tan buen cantor.
-¡Cuánta perfeccion tienen las cosas hechas á tiempo! ¡Silencio! Duerme
-Diana en brazos de Endimion, y no tolera que nadie turbe su sueño.
-(_Calla la música._)
-
-LORENZO.
-
-Es voz de Pórcia, ó me equivoco mucho.
-
-PÓRCIA.
-
-Me conoce como conoce el ciego al cuco: en la voz.
-
-LORENZO.
-
-Señora mia, bien venida seais á esta casa.
-
-PÓRCIA.
-
-Hemos rezado mucho por la salud de nuestros maridos. Esperamos que
-logren buena fortuna gracias á nuestras oraciones. ¿Han vuelto?
-
-LORENZO.
-
-Todavía no, pero delante de ellos vino un criado á anunciar su venida.
-
-PÓRCIA.
-
-Nerissa, véte y dí á los criados que no cuenten nada de nuestra
-ausencia. Vosotros haced lo mismo, por favor.
-
-LORENZO.
-
-¿No ois el son de una trompa de caza? Vuestro esposo se acerca. Fiad en
-nuestra discrecion, señora.
-
-PÓRCIA.
-
-Esta noche me parece un dia enfermo: está pálida: parece un dia
-anubarrado.
-
- (_Salen Basanio, Antonio, Graciano y acompañamiento._)
-
-BASANIO.
-
-Si amanecierais vos, cuando él se ausenta, seria de dia aquí al mismo
-tiempo que en el hemisferio contrario.
-
-PÓRCIA[1].
-
-¡Dios nos ayude! ¡Bien venido seais á esta casa, señor mio!
-
- [1] Suprimo un juego de palabras intraducible.
-
-BASANIO.
-
-Gracias, señora. Esa bienvenida dádsela á mi amigo. Este es aquel
-Antonio á quien tanto debo.
-
-PÓRCIA.
-
-Grande debe ser la deuda, pues si no he entendido mal, por vos se vió
-en gran peligro.
-
-ANTONIO.
-
-Por grande que fuera, está bien pagada.
-
-PÓRCIA.
-
-Con bien vengais á nuestra casa. El agradecimiento se prueba con obras,
-no con palabras. Por eso no me detengo en discursos vanos.
-
-GRACIANO.
-
-(_A Nerissa._) Te juro por la luna, que no tienes razon y que me
-agravias. Ese anillo se lo dí á un pasante de letrado. ¡Muerto le viera
-yo, si hubiera sabido que tanto lo sentirias, amor mio!
-
-PÓRCIA.
-
-¿Qué cuestion es esa?
-
-GRACIANO.
-
-Todo es por un anillo, un mal anillo de oro que ella me dió, con sus
-letras grabadas que decian: «Nunca olvides mi amor.»
-
-NERISSA.
-
-No se trata del valor del anillo, ni de la inscripcion, sino que cuando
-te lo dí, me juraste conservarlo hasta tu muerte y llevarlo contigo al
-sepulcro. Y ya que no fuera por amor mio, á lo menos por los juramentos
-y ponderaciones que hiciste, debias haberlo guardado como un tesoro.
-Dices que lo diste al pasante de un letrado. Bien sabe Dios que á ese
-pasante nunca le saldrán las barbas.
-
-GRACIANO.
-
-Sí que le saldrán, si llega á ser hombre y á tenerlas. Con esta mano
-se le dí. Era un rapazuelo, sin bozo, tan bajo como tú, pasante de un
-abogado, grande hablador. Me pidió el anillo en pago de un favor que me
-habia hecho, y no supe negárselo.
-
-PÓRCIA.
-
-Pues hiciste muy mal (si he de decirte la verdad) en entregar tan
-pronto el primer regalo de tu esposa, que ella colocó en tu dedo con
-tantos juramentos y promesas. Yo dí otro anillo á mi esposo, y le hice
-jurar que nunca le perderia ni entregaria á nadie. Estoy segura que no
-lo hará ni por todo el oro del mundo. Graciano, mucha razon tiene tu
-mujer para estar enojada contigo. Yo me volveria loca.
-
-BASANIO.
-
-¿Qué podré hacer? ¿Cortarme la mano izquierda y decir que perdí el
-anillo defendiéndome?
-
-GRACIANO.
-
-Pues tambien á mi amo Basanio le pidió su anillo el juez, y él se lo
-dió. Luego, el pasante, que nos habia servido bien en su oficio, me
-pidió el mio, y yo no supe cómo negárselo, porque ni el señor ni el
-criado quisieron recibir más galardon que los dos anillos.
-
-PÓRCIA.
-
-¿Y tú qué anillo le diste, Basanio? Creo que no seria el que yo te
-entregué.
-
-BASANIO.
-
-Si yo tuviera malicia bastante para acrecentar mi pecado con la
-mentira, te lo negaria, Pórcia. Pero ya ves, mi dedo está vacío. He
-perdido el anillo.
-
-PÓRCIA.
-
-No: lo que tienes vacía de verdad es el alma. Y juro á Dios que no he
-de ocupar tu lecho, hasta que me muestres el anillo.
-
-NERISSA.
-
-Ni yo el de éste, hasta que me presente el suyo.
-
-BASANIO.
-
-Amada Pórcia, si supieras á quién se lo dí, y por qué, y con cuánto
-dolor de mi alma, y sólo porque no quiso recibir otra cosa que el
-anillo, tendrias lástima de mí.
-
-PÓRCIA.
-
-Y si tú supieras las virtudes de ese anillo, ó el valor de quién te lo
-dió, ó lo que te importaba conservarle, nunca le hubieras dado. ¿Por
-qué habia de haber hombre tan loco, que defendiéndolo tú con alguna
-insistencia, se empeñara en arrebatarte un don tan preciado? Bien dice
-Nerissa: ella está en lo cierto; sin duda diste el anillo á alguna dama.
-
-BASANIO.
-
-¡No, señora! lo juro por mi honor, por mi alma, se lo dí á un doctor en
-derecho que no queria aceptar 3,000 ducados, y que me pidió el anillo.
-Se lo negué, bien á pesar mio, porque se fué desairado el hombre que
-habia salvado la vida de mi mejor amigo. ¿Y qué he de añadir, amada
-Pórcia? Tuve que dárselo: la gratitud y la cortesía me mandaban
-hacerlo. Perdóname, señora; si tú misma hubieras estado allí (pongo por
-testigos á estos lucientes astros de la noche), me hubieras pedido el
-anillo para dárselo al juez.
-
-PÓRCIA.
-
-¡Nunca se acerque él á mi casa! Ya que tiene la prenda que yo más
-queria, y que me juraste por mi amor guardar eternamente, seré tan
-liberal como tú: no le negaré nada, ni siquiera mi persona ni tu lecho.
-De seguro que le conoceré. Ten cuidado de dormir todas las noches en
-casa, y de velar como Argos, porque si no, si me dejas sola, te prometo
-por mi honra (pues todavía la conservo) que he de dormir con ese
-abogado.
-
-NERISSA.
-
-Y yo con el pasante. ¡Conque, ojo!
-
-GRACIANO.
-
-Bueno, haz lo que quieras, pero si cojo al pasante, he de cortarle la
-pluma.
-
-ANTONIO.
-
-Por mí son todas estas infaustas reyertas.
-
-PÓRCIA.
-
-No os alarmeis, pues á pesar de todo, sereis bien recibido.
-
-BASANIO.
-
-Perdon, Pórcia, si te he ofendido, y aquí, delante de estos amigos, te
-juro por la luz de esos divinos ojos en que me miro...
-
-PÓRCIA.
-
-¡Fijaos bien! Dice que se mira en sus ojos, que ve un Basanio en cada
-uno de ellos. Juras por la doblez de tu alma, y juras con verdad.
-
-BASANIO.
-
-¡Perdóname, por Dios! Te juro que en mi vida volveré á faltar á ninguna
-palabra que te dé.
-
-ANTONIO.
-
-Una vez empeñé mi cuerpo en servicio suyo, y hubiera yo perdido la
-vida, á no ser por el ingenio de aquel hombre á quien vuestro marido
-galardonó con el anillo. Yo empeño de nuevo mi palabra de que Basanio
-no volverá á faltar á sus promesas, á lo menos á sabiendas.
-
-PÓRCIA.
-
-Está bien. Saldreis por fiador suyo. Dadle la joya, y pedidle que la
-tenga en más estima que la primera.
-
-ANTONIO.
-
-Toma, Basanio, y jura que nunca dejarás este anillo.
-
-BASANIO.
-
-¡Dios santo! ¡El mismo que dí al juez!
-
-PÓRCIA.
-
-Él me lo entregó. ¡Perdon, Basanio! Yo le concedí favores por ese
-anillo.
-
-NERISSA.
-
-¡Perdon, Graciano! El rapazuelo del pasante me gozó ayer, en pago de
-este anillo.
-
-GRACIANO.
-
-Esto es como allanar las sendas en verano. ¿Ya tenemos cuernos, sin
-merecerlos?
-
-PÓRCIA.
-
-No decis mal. Pero voy á sacaros de la duda. Leed esta carta cuando
-querais. En ella vereis que el letrado fué Pórcia y el pasante Nerissa.
-Lorenzo podrá dar testimonio de que apenas habiais pasado el umbral
-de esta casa, salí yo, y que he vuelto ahora mismo. Bien venido seas,
-Antonio. Tengo buenas nuevas para tí. Lee esta carta. Por ella sabrás
-que tres de tus barcos, cargados de mercaderías, han llegado á puerto
-seguro. No he de decirte por qué raros caminos ha llegado á mis manos
-esta carta.
-
-ANTONIO.
-
-No sé qué decir.
-
-BASANIO.
-
-¿Tú, señora, fuiste el letrado, y yo no te conocia?
-
-GRACIANO.
-
-¿Y tú, Nerissa, el pasante?
-
-NERISSA.
-
-Sí, pero un pasante que no piensa engalanar tu frente, mientras fuere
-tu mujer.
-
-BASANIO.
-
-Amado doctor, partireis mi lecho, y cuando yo falte de casa, podreis
-dormir con mi mujer.
-
-ANTONIO.
-
-Bellísima dama, me habeis devuelto la salud y la fortuna. Esta carta me
-dice que mis bajeles han llegado á puerto de salvacion.
-
-PÓRCIA.
-
-Y para tí, Lorenzo, tambien tiene alguna buena noticia mi pasante.
-
-NERISSA.
-
-Y se la daré sin interes. Toma esta escritura. Por ella os hace
-donacion el judío de toda su hacienda, para cuando él fallezca.
-
-LORENZO.
-
-Tus palabras, señora, son como el maná para los cansados israelitas.
-
-PÓRCIA.
-
-Ya despunta el alba, y estoy segura de que todavía no os satisface lo
-que acabo de deciros. Entrémonos en casa y os responderé á cuanto me
-pregunteis.
-
-GRACIANO.
-
-Sea. Y lo primero á que me ha de responder Nerissa, es si quiere más
-acostarse ahora ó esperar á la noche siguiente, puesto que ya está tan
-cercana la aurora. Si fuera de dia, yo seria el primero en desear que
-apareciese la estrella de la tarde, para acostarme con el pasante del
-letrado. Lo juro por mi honor: mientras viva, no perderé el anillo de
-Nerissa.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
- MACBETH.
-
- TRAGEDIA DE SHAKSPEARE.
-
-
- TRADUCCION
- DE
- D. M. MENENDEZ PELAYO.
-
- Ilustracion de _Grot Johan_, grabados de _H. Thiele_.
-
-
-
-
-PERSONAJES.
-
-
- El rey de Escocia, DUNCAN.
- Sus hijos: MALCOLM y DONALBÁIN.
- Lady MACBETH.
- MACBETH. }
- BANQUO. }
- MACDUFF. }
- LÉNNOX. }
- ROSS. } señores escoceses.
- ANGUSS. }
- MENTEITH. }
- CAITHNÉSS. }
- Lady MACDUFF.
- FLEANCIO, hijo de Banquo.
- SUARDO, señor de Northumberland.
- Su hijo.
- SÉTON, oficial de Macbeth.
- Un niño hijo de Macduff.
- Un doctor inglés.
- Otro escocés.
- Un sargento.
- Un viejo.
- Un portero.
- Una dama de lady Macbeth.
- Nobles, guerreros, asesinos, criados, espías, etc.
- Hécate.
- Tres brujas.
- Varios fantasmas.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO I.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Tarde tempestuosa.=
-
-Tres BRUJAS.
-
-BRUJA 1.ª
-
-¿Cuándo volvemos á juntarnos, cuando relampaguee, cuando truene ó
-cuando llueva?
-
-BRUJA 2.ª
-
-Cuando acabe el estruendo de la batalla, y unos la pierdan y otros la
-ganen.
-
-BRUJA 3.ª
-
-Entonces será antes de ponerse el sol.
-
-BRUJA 1.ª
-
-¿Dónde hemos de encontrarnos?
-
-BRUJA 2.ª
-
-En el yermo.
-
-BRUJA 3.ª
-
-Allí toparemos con Macbeth.
-
-BRUJA 1.ª
-
-Me llama Morrongo.
-
-BRUJA 2.ª
-
-Y á mí el Sapo.
-
-LAS TRES JUNTAS.
-
-El mal es bien, y el bien es mal: cortemos los aires y la niebla.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Campamento.=
-
-DUNCAN, MALCOLM, un ESCUDERO, un SARGENTO, LÉNNOX y ROSS.
-
-DUNCAN.
-
-¿Quién es aquel herido? Quizá nos traiga nuevas del campamento.
-
-MALCOLM.
-
-Es el escudero que puso en peligro su vida por salvar la mia. ¡Buenas
-tardes, amigo! Cuenta tú al Rey el estado del combate.
-
-ESCUDERO.
-
-Sigue indeciso, semejante á una lucha entre dos nadadores que quieren
-mutuamente sofocarse. Con el traidor Macdonnell, en quien se juntan
-todas las infamias, van unidos muchos caballeros y gente plebeya de las
-islas de Occidente. La fortuna, como ramera, les otorga sus favores,
-pero en vano, porque el fuerte Macbeth, hijo predilecto de la victoria,
-penetra entre las filas hasta encontrarle, y le taja la cabeza, y la
-clava sobre nuestras empalizadas.
-
-DUNCAN.
-
-¡Bravo caballero, ornamento de mi linaje!
-
-ESCUDERO.
-
-Así como el sol de la mañana produce á veces tempestad y torbellinos,
-así de esta victoria resultaron nuevos peligros. Óyeme, Rey. Cuando
-el valor, brazo de la justicia, habia logrado ahuyentar á aquella
-muchedumbre allegadiza, hé aquí que se rehace el de Noruega, y arroja
-nuevos campeones á la lid.
-
-DUNCAN.
-
-¿Y entonces no se desalentaron Macbeth y Banquo?
-
-SARGENTO.
-
-¡Desalentarse! ¡Bueno es eso! Como el águila viendo gorriones, ó el
-leon liebres. Son cañones de doble carga. Con tal ímpetu menudearon
-sus golpes sobre los contrarios, que pensé que querian reproducir el
-sacrificio del Calvario. Pero estoy perdiendo sangre, y necesito curar
-mis heridas.
-
-DUNCAN.
-
-Tan nobles son como tus palabras. Buscad un cirujano. ¿Pero quién viene?
-
-MALCOLM.
-
-El señor de Ross.
-
-LÉNNOX.
-
-Grande es la ansiedad que su rostro manifiesta. Debe ser portador de
-grandes nuevas.
-
- (_Entra Ross._)
-
-ROSS.
-
-¡Salud al Rey!
-
-DUNCAN.
-
-¿De dónde vienes, noble señor?
-
-ROSS.
-
-Poderoso monarca, vengo de Faife, donde el aire agita en mengua nuestra
-los estandartes noruegos. Su Rey, con lucida hueste y con ayuda del
-traidor señor de Cáudor, renovó la lucha, pero el terrible esposo de
-Belona, cubierto de espesa malla, les resistió brazo á brazo, y hierro
-á hierro, y logró domeñar su altivez y postrarla por tierra. Al fin,
-logramos la victoria.
-
-DUNCAN.
-
-¡Felicidad suprema!
-
-ROSS.
-
-El rey Suenon de Noruega queria capitular, pero no le permitimos ni
-áun enterrar sus muertos, sin que pagara antes en la isla de Colme la
-contribucion de guerra.
-
-DUNCAN.
-
-Nunca volverá el de Cáudor á poner en peligro la seguridad de mis
-Estados. Manda tú poner á precio su cabeza, y saluda á Macbeth con el
-título que el otro tenia.
-
-ROSS.
-
-Cumpliré tu voluntad.
-
-DUNCAN.
-
-Macbeth goce desde hoy lo que Cáudor perdió.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Un páramo.=
-
-Tres BRUJAS, MACBETH y BANQUO.
-
-BRUJA 1.ª
-
-¿Qué has hecho, hermana?
-
-BRUJA 2.ª
-
-Matar puercos.
-
-BRUJA 3.ª
-
-¿Dónde has estado, hermana?
-
-BRUJA 1.ª
-
-La mujer del marinero tenia castañas en su falda, y estaba
-mordiéndolas. Yo le dije: «Dame alguna», y la asquerosa, harta de
-bazófia, me contestó: «Vade retro, condenada bruja.» Su marido se fué
-á Alepo, mandando el _Tigre_. Yo, como rata sin cola, navegaré en una
-tela de cedazo, donde cabe bien mi cuerpo. Así lo haré, así lo haré.
-
-BRUJA 2.ª
-
-Yo te ayudaré con un viento desfavorable.
-
-BRUJA 1.ª
-
-Gracias.
-
-BRUJA 3.ª
-
-Yo con otro.
-
-BRUJA 1.ª
-
-De los demas yo soy señora. ¿Qué puerta quedará segura, cuando de todos
-los puntos de la rosa soplen los vientos? Ni una vez podrá conciliar el
-sueño. Su vida será la del precito, y las tormentas agitarán sin cesar
-su nave. ¡Ved!
-
-BRUJA 2.ª
-
-¿Qué es eso?
-
-BRUJA 3.ª
-
-El dedo de un marinero, que se ahogó al volver de su viaje.
-
-BRUJA 3.ª
-
-¡Tambor, tambor! Ya llega Macbeth.
-
-LAS TRES BRUJAS.
-
-Juntemos las manos, hagamos una rueda, como hermanas enviadas del cielo
-y de la tierra. Tres vueltas por tí, tres por tí, tres por mí: son
-nueve, cuenta justa. ¡Silencio! Ya ha llegado el término del conjuro.
-
- (_Llegan Macbeth y Banquo._)
-
-MACBETH.
-
-¡Dia de sangre, pero hermoso más que cuantos he visto!
-
-BANQUO.
-
-¿Está lejos el castillo de Fóres? ¿Quiénes serán aquellas mujeres
-arrugadas y de tan extraño aspecto? No parecen séres humanos. ¿Sois
-vivientes? ¿Puedo haceros una pregunta? Debeis de entenderme, porque
-las tres, al mismo tiempo, poneis en los labios vuestros dedos, que
-semejan los de un cadáver. No me atrevo á llamaros mujeres, por las
-barbas.
-
-MACBETH.
-
-Si teneis lengua, decidnos quiénes sois.
-
-BRUJA 1.ª
-
-¡Salud, Macbeth, señor de Glámis!
-
-BRUJA 2.ª
-
-¡Salud, Macbeth, señor de Cáudor!
-
-BRUJA 3.ª
-
-¡Salud, Macbeth, tú serás rey!
-
-[Ilustración]
-
-BANQUO.
-
-¿De qué nace ese terror, amigo Macbeth? ¿Por qué te asustan tan gratas
-nuevas? Decidme: ¿sois fantasmas ó séres reales? Habeis saludado á mi
-amigo con títulos de gloria y anuncio de grandezas futuras y pompas
-reales. Decidme algo á mí, si es que sabeis qué granos han de germinar
-ó morir en la série de los tiempos. No temo de vosotras ni odio ni
-favor.
-
-BRUJAS.
-
-¡Salud!
-
-BRUJA 1.ª
-
-Serás más grande que Macbeth y menos.
-
-BRUJA 2.ª
-
-Más feliz y menos feliz.
-
-BRUJA 3.ª
-
-No rey, pero padre de reyes. ¡Salud, Macbeth y Banquo!
-
-BRUJA 1.ª y 2.ª
-
-¡Salud!
-
-MACBETH.
-
-No os vayais, oscuras mensajeras. Ya se qué soy señor de Glámis
-por muerte de Sinel, pero ¿cómo he de serlo de Cáudor, si el señor
-vive próspera y felizmente? Tan absurdo es llamarme señor de Cáudor
-como rey. ¿Quién os dió esas noticias? ¿Por qué me habeis venido á
-sorprender en este desierto con tales presagios?
-
-BANQUO.
-
-Son sin duda espíritus vaporosos que engendra la tierra, como los
-produce tambien el agua. ¿Por dónde habrán desaparecido?
-
-MACBETH.
-
-Los cuerpos se han disuelto en el aire, como se pierde en el aire la
-respiracion. ¡Ojalá se hubieran quedado!
-
-BANQUO.
-
-¿Será verdad lo que hemos visto? ¿ó habremos probado alguna yerba de
-las que trastornan el juicio?
-
-MACBETH.
-
-Tus hijos han de ser reyes.
-
-BANQUO.
-
-Lo serás tú mismo.
-
-MACBETH.
-
-¿Y tambien señor de Cáudor? ¿No lo dijeron así?
-
-BANQUO.
-
-¿Quién llega?
-
-ROSS.
-
-Macbeth, el Rey ha oido tus hazañas. Incierto entre la admiracion y
-el aplauso, no sabe cómo elogiarte, por el valor con que has lidiado
-contra los noruegos, sin percatarte tú mismo del estrago que en ellos
-hacias. Van llegando tan densos como el granizo los mensajeros de la
-victoria, y todos se hacen lenguas de tu heroismo.
-
-ANGUSS.
-
-El Rey nos envia á darte las gracias y á llevarte á su presencia.
-
-ROSS.
-
-Él me encarga que te salude con el título de señor de Cáudor.
-
-BANQUO.
-
-¡Conque tambien el diablo dice verdad!
-
-MACBETH.
-
-Si vive el de Cáudor ¿por qué me atavian con ropas ajenas?
-
-ANGUSS.
-
-Vive el que llevaba ese título, pero debe perder la vida, y se ha
-fulminado contra él dura sentencia. No afirmo que se uniera con los
-noruegos contra su patria, pero está convicto y confeso de traidor.
-
-MACBETH.
-
-(_Aparte._) ¡Ya soy señor de Glámis, y señor de Cáudor! Falta lo
-demas. (_Á Ross y Anguss._) Gracias. (_A Banquo._) ¿Crees que tus hijos
-serán reyes, conforme á la promesa de los que me han hecho señor de
-Cáudor?
-
-BANQUO.
-
-Esa promesa quizá te haga ambicionar el sólio. Pero mira que á veces el
-demonio nos engaña con la verdad, y nos trae la perdicion envuelta en
-dones que parecen inocentes. Oidme dos palabras, amigos mios.
-
-MACBETH.
-
-¡Con dos verdades se abre la escena de este drama, que ha de terminar
-con una corona régia! ¿Es un bien ó un mal este pensamiento? Si es un
-mal, ¿por qué empieza á cumplirse, y soy ya señor de Cáudor? Si es un
-bien, ¿por qué me aterran horribles imágenes, y palpita mi corazon de
-un modo inusitado? El pensamiento del homicidio, más horroroso que la
-realidad misma, comienza á dominarme y á oscurecer mi albedrío. Sólo
-tiene vida en mí lo que aún no existe.
-
-BANQUO.
-
-¡Qué absorto y embebecido está nuestro compañero!
-
-MACBETH.
-
-Si los hados quieren hacerme rey, lo harán sin que yo busque la corona.
-
-BANQUO.
-
-El nuevo honor le viene como vestido nuevo: ¡no se le ajusta bien, por
-falta de costumbre!
-
-MACBETH.
-
-Corra el tiempo, y suceda lo que quiera.
-
-BANQUO.
-
-A tus órdenes, generoso Macbeth.
-
-MACBETH.
-
-Perdon, amigos. Estaba distraido con antiguas memorias. Agradezco y
-recordaré siempre vuestros favores. Cabalguemos á ver al Rey. (_A
-Banquo._) Medita tú lo que nos ha sucedido. Luego hablaremos con toda
-libertad.
-
-BANQUO.
-
-Así lo deseo.
-
-MACBETH.
-
-Hasta despues. Ni una palabra más. Vamos, caballeros.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Habitacion de palacio.=
-
-DUNCAN, MALCOLM, BANQUO y MACBETH.
-
-DUNCAN.
-
-¿Está ajusticiado Cáudor? ¿Han vuelto ya los que fueron á su castillo?
-
-MALCOLM.
-
-No han vuelto todavía, pero he hablado con uno que le vió morir, y dice
-que se arrepintió de sus pecados y pidió vuestro perdon. La muerte ha
-sido lo mejor de su vida. Murió como si en vida hubiese aprendido á
-renunciar y tener por cosa vana lo que antes juzgaba de mayor aprecio.
-
-DUNCAN.
-
-¿Quién adivina el alma por el semblante? ¿Quién me hubiera dicho
-que ese caballero no era el más fiel de todos los mios?
-
- (_Á Macbeth que entra._)
-
-Primo mio, ya me sentia yo pesaroso de mi ingratitud. Pero estabas tan
-lejos, que ni siquiera las alas del premio podian alcanzarte. Ojalá
-hubieras hecho menos, porque entonces serian menos inferiores á tus
-méritos mis galardones y mercedes. Larga deuda, que nunca podré pagar,
-tengo contigo.
-
-MACBETH.
-
-Bastante pago de mi lealtad es ella misma. Mis servicios son como hijos
-y criados del trono: hacen lo que deben, y nada más.
-
-DUNCAN.
-
-Eres planta que arraiga en mi corazon. Yo la haré crecer. ¡Ilustre
-Banquo! No son menores tus méritos. Así lo reconozco, y te estrecho
-contra mi corazon.
-
-BANQUO.
-
-En él germine, que para vos será la cosecha.
-
-DUNCAN.
-
-¡Hijos, parientes, caballeros!, sabed que nombro heredero de mis
-Estados á mi hijo Malcolm, que desde hoy se llamará príncipe de
-Cumberland. Pero este honor no puede venir solo, y para celebrarle haré
-que caigan, como estrellas, títulos de nobleza sobre todos lo que los
-merezcan. Ahora vamos á Inverness, que los negocios apremian.
-
-MACBETH.
-
-¿Cuándo descansareis? Quiero adelantarme en el camino y alegrar los
-oidos de mi mujer con tan grata nueva. Permitídmelo.
-
-DUNCAN.
-
-¡Noble señor de Cáudor!
-
-MACBETH.
-
-(_Aparte._) ¡Príncipe heredero Malcolm! Obstáculo nuevo en mi camino.
-He de saltar por él ó rendirme. No brilleis, estrellas: no aclare
-vuestra luz el negro deseo que abriga mi corazon. Ojos mios, la mano
-hará lo que vosotros no quereis ver. Entre tanto, miradla de soslayo.
-
-DUNCAN.
-
-¿Verdad, Banquo, que Macbeth es un egregio vasallo? No hay para mí
-banquete tan grato como el oir de boca de las gentes sus alabanzas.
-Sigámosle, ya que quiere festejarnos. Es el mejor de mis parientes.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Habitacion en el castillo de Macbeth, en Inverness.=
-
-LADY MACBETH, un CRIADO y MACBETH.
-
-LADY MACBETH.
-
-(_Leyendo una carta de su marido._) «Las brujas me salieron al
-encuentro el dia de la victoria. Su ciencia es superior á la de los
-mortales. Quise preguntarlas más, pero se deshicieron en niebla.
-Aún no habia salido yo de mi asombro, cuando llegan nuncios del Rey
-saludándome como á señor de Glámis y de Cáudor, lo mismo que las
-hechiceras, pero estas dijeron ademas: «Salve, Macbeth: tu serás rey.»
-He querido, esposa amada, confiarte este secreto, para que no dejes
-por ignorancia, ni un solo momento, de gozar la dicha que nos está
-profetizada. Piénsalo bien. Adios.» ¡Ya eres señor de Glámis y de
-Cáudor! Lo demas se cumplirá tambien, pero desconfio de tu carácter
-criado con la leche de la clemencia. No sabes ir por atajos sino por el
-camino recto. Tienes ambicion de gloria, pero temes el mal. Quisieras
-conseguir por medios lícitos un fin injusto, y coger el fruto de la
-traicion sin ser traidor. Te espanta lo que vas á hacer, pero despues
-de hecho, no quisieras que se deshiciese. ¡Ven pronto! Infundiré mi
-alma en tus oidos, y mi lengua será azote que espante y disipe las
-nieblas que te impiden llegar á esa corona, que el hado y el influjo de
-las estrellas aparejan para tus sienes.
-
-UN CRIADO.
-
-Esta noche llega el Rey.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Estás en tí? ¿No ves que tu señor no está en el castillo, ni nos ha
-avisado?
-
-UN CRIADO.
-
-Tambien él se acerca. Un compañero mio vino casi sin aliento á traer la
-noticia.
-
-LADY MACBETH.
-
-Cuidad bien al mensajero. Es portador de grandes nuevas. (_Aparte._)
-El cuervo se enronquece de tanto graznar, anunciando que el rey Duncan
-llega al castillo. ¡Espíritus agitadores del pensamiento, despojadme
-de mi sexo, haced más espesa mi sangre, henchidme de crueldad de
-piés á cabeza, ahogad los remordimientos, y ni la compasion ni el
-escrúpulo sean parte á detenerme ni á colocarse entre el propósito y el
-golpe! ¡Espíritus del mal, inspiradores de todo crímen, incorpóreos,
-invisibles, convertid en hiel la leche de mis pechos! Baja, hórrida
-noche: tiende tu manto, roba al infierno sus densas humaredas, para
-que no vea mi puñal el golpe que va á dar, ni el cielo pueda apartar el
-velo de la niebla, y contemplarme y decirme á voces: «Detente.»
-
- (_Llega Macbeth._)
-
-¡Noble señor de Glámis y de Cáudor, áun más ilustre que uno y otro por
-la profética salutacion de las hechiceras! tu carta me ha hecho salir
-de lo presente, y columbrar lo futuro, y extasiarme con él.
-
-MACBETH.
-
-Esposa mia, esta noche llega Duncan.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Y cuándo se va?
-
-MACBETH.
-
-Dice que mañana.
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Nunca verá el sol de mañana! En tu rostro, esposo mio, leo como en un
-libro abierto lo que esta noche va á pasar. Disimula prudente: oculte
-tu semblante lo que tu alma medita. Dén tu lengua, tus manos y tus ojos
-la bien venida al rey Duncan: debes esconder el áspid entre las flores.
-Yo me encargo de lo demas. El trono es nuestro.
-
-MACBETH.
-
-Ya hablaremos despacio.
-
-LADY MACBETH.
-
-Muéstrate alegre.
-
-
-ESCENA VI.
-
-=Entrada del castillo de Macbeth. Sus criados alumbran con antorchas.=
-
-DUNCAN, BANQUO y LADY MACBETH.
-
-DUNCAN.
-
-¡Qué hermosamente situado está el castillo! ¡Cómo alegra los sentidos
-esta apacible brisa de la tarde!
-
-BANQUO.
-
-La golondrina, eterna huésped del verano, moradora de las iglesias,
-pone en la arquitectura de sus nidos un vago recuerdo del cielo. De
-todo pilar, alero ó ángulo suspende su prolífico lecho, y donde ellas
-anidan, parece que vive la alegría.
-
-DUNCAN.
-
-¡Ved! ¡Ya sale la noble castellana! (_A Macbeth._) Muchas veces tenemos
-por amor lo que es verdadera desgracia. Pedid á Dios que os premie
-vuestro trabajo, y haga recaer en mí vuestros favores.
-
-LADY MACBETH.
-
-Todo nuestro obsequio es poco para pagar tan altos beneficios y
-mercedes, y sobre todo la de haber honrado con vuestra presencia
-esta casa. Pedimos á Dios, en agradecimiento, todo género de favores
-presentes y futuros para vos.
-
-DUNCAN.
-
-¿Dónde está Macbeth? Corrimos tras él para anticiparnos, pero la veloz
-carrera de su caballo y su amor, todavía más poderoso que su corcel,
-le dieron la ventaja, y llegó mucho antes que nosotros. Hermosa
-castellana, por esta noche reclamamos vuestra hospitalidad.
-
-LADY MACBETH.
-
-Criados vuestros somos: cuanto tenemos os pertenece.
-
-DUNCAN.
-
-Dadme la mano, y guiadme á donde esté mi huésped, objeto perenne de mi
-gracia.
-
-
-ESCENA VII.
-
-=Galería en el castillo de Macbeth.=
-
-MACBETH y LADY MACBETH.
-
-MACBETH.
-
-¡Si bastara hacerlo... pronto quedaba terminado! ¡Si con dar el golpe,
-se atajaran las consecuencias, y el éxito fuera seguro... yo me
-lanzaria de cabeza desde el escollo de la duda al mar de una existencia
-nueva! ¿Pero cómo hacer callar á la razon que incesante nos recuerda
-sus máximas importunas, máximas que en la infancia aprendió y que luego
-son tortura del maestro? La implacable justicia nos hace apurar hasta
-las heces la copa de nuestro propio veneno. Yo debo doble fidelidad al
-rey Duncan. Primero, por pariente y vasallo. Segundo, porque le doy
-hospitalidad en mi castillo, y estoy obligado á defenderle de extraños
-enemigos, en vez de empuñar yo el hierro homicida. Ademas, es tan buen
-rey, tan justo y clemente, que los ángeles de su guarda irán pregonando
-eterna maldicion contra su asesino. La compasion, niño recien nacido,
-querubin desnudo, irá cabalgando en las invisibles alas del viento,
-para anunciar el crímen á los hombres, y el llanto y agudo clamor de
-los pueblos sobrepujará á la voz de los roncos vendavales. La ambicion
-me impele á escalar la cima, ¿pero rodaré por la pendiente opuesta? (_A
-Lady Macbeth._) ¿Qué sucede?
-
-LADY MACBETH.
-
-La cena está acabada. ¿Por qué te retiraste tan pronto de la sala del
-banquete?
-
-MACBETH.
-
-¿Me has llamado?
-
-LADY MACBETH.
-
-¿No lo sabes?
-
-MACBETH.
-
-Tenemos que renunciar á ese horrible propósito. Las mercedes del Rey
-han llovido sobre mí. Las gentes me aclaman honrado y vencedor. Hoy he
-visto los arreos de la gloria, y no debo mancharlos tan pronto.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Qué ha sido de la esperanza que te alentaba? ¿Por ventura ha caido
-en embriaguez ó en sueño? ¿O está despierta, y mira con estúpidos
-y pasmados ojos lo que antes contemplaba con tanta arrogancia? ¿Es
-ese el amor que me mostrabas? ¿No quieres que tus obras igualen á
-tus pensamientos y deseos? ¿Pasarás por cobarde á tus propios ojos,
-diciendo primero: «lo haria» y luego «me falta valor»? Acuérdate de la
-fábula del gato.
-
-MACBETH.
-
-¡Calla, por el infierno! Me atrevo á hacer lo que cualquiera otro
-hombre haria, pero esto no es humano.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Pues es alguna fiera la que te lo propuso? ¿No eras hombre, cuando
-te atrevias, y buscabas tiempo y lugar oportunos? ¡Y ahora que ellos
-mismos se te presentan, tiemblas y desfalleces! Yo he dado de mamar
-á mis hijos, y sé cómo se les ama; pues bien, si yo faltara á un
-juramento como tú has faltado, arrancaria el pecho de las encías de mi
-hijo cuando más risueño me mirara, y le estrellaria los sesos contra la
-tierra.
-
-[Ilustración]
-
-MACBETH.
-
-¿Y si se frustra nuestro plan?
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Imposible, si aprietas los tornillos de tu valor! Duncan viene cansado
-del largo viaje, y se dormirá: yo embriagaré á sus dos servidores, de
-modo que se anuble en ellos la memoria y se reduzca á humo el juicio.
-Quedarán en sueño tan profundo como si fuesen cadáveres. ¿Quién nos
-impide dar muerte á Duncan, y atribuir el crímen á sus embriagados
-compañeros?
-
-MACBETH.
-
-Tú no debias concebir ni dar á luz más que varones. Mancharemos de
-sangre á los dos guardas ébrios, y asesinaremos á Duncan con sus
-puñales.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Y quién no creerá que ellos fueron los matadores, cuando oiga nuestras
-lamentaciones y clamoreo despues de su muerte?
-
-MACBETH.
-
-Estoy resuelto. Todas mis facultades se concentran en este solo objeto.
-Oculte, con traidora máscara, nuestro semblante lo que maquina el alma.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO II.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Patio en el castillo de Macbeth.=
-
-BANQUO, FLEANCIO y MACBETH.
-
-BANQUO.
-
-Hijo, ¿qué hora es?
-
-FLEANCIO.
-
-No he oido el reloj, pero la luna va descendiendo.
-
-BANQUO.
-
-Será media noche.
-
-FLEANCIO.
-
-Quizá más tarde.
-
-BANQUO.
-
-Toma la espada. El cielo ha apagado sus candiles, sin duda por
-economía. Me rinde el sueño con mano de plomo, pero no quiero dormir.
-¡Dios mio! contén la ira que viene á perturbarme en medio del reposo.
-Dame la espada. ¿Quién es?
-
-MACBETH.
-
-Un amigo tuyo.
-
-BANQUO.
-
-¿Todavía estás en pié? El Rey se ha acostado más alegre que nunca, y
-ponderando mucho tu hospitalidad. Manda un diamante para tu mujer, á
-quien llama su linda huéspeda.
-
-MACBETH.
-
-Por imprudencia quizá haya caido mi voluntad en faltas que, á disponer
-de su libre albedrío, hubiera evitado.
-
-BANQUO.
-
-No sé qué hayas cometido ninguna falta. Ayer soñé con las brujas. Por
-cierto que contigo han andado verídicas.
-
-MACBETH.
-
-No me cuido de eso. Ya hablaremos otra vez con más espacio, si eso te
-complace.
-
-BANQUO.
-
-Cuando quieras.
-
-MACBETH.
-
-Si te guias por mi consejo, ganarás honra y favor.
-
-BANQUO.
-
-Siempre que sea sin menoscabo de la lealtad que reina en mi pecho.
-
-MACBETH.
-
-Véte á descansar.
-
-BANQUO.
-
-Gracias.
-
- (_Vase con su hijo._)
-
-MACBETH.
-
-(_A su criado._) Dí á la señora que me llame cuando tenga preparada
-mi copa. Tú, acuéstate. ¡Me parece estar viendo el puño de una daga
-vuelta hácia mí! ¡Ven á mis manos, puñal que toco aunque no veo! ¿O
-eres acaso sueño de mi delirante fantasía? Me pareces tan real como
-el que en mi mano resplandece. Tú me enseñas el arma y el camino. La
-cuchilla y el mango respiran ya sangre. ¡Vana ilusion! Es el crímen
-mismo el que me habla así. La Naturaleza reposa en nuestro hemisferio.
-Negros ensueños agitan al que ciñe real corona. Las brujas en su
-nefando sábado festejan á la pálida Hécate, y el escuálido homicidio,
-temeroso de los aullidos del lobo centinela suyo, camina con silencioso
-pié, como iba Tarquino á la mansion de la casta Lucrecia. ¡Tierra, no
-sientas el ruido de mis piés, no le adivines! ¡No pregonen tus piedras
-mi crímen! ¡Da tregua á los terrores de estas horas nocturnas! Pero,
-¿á qué es detenerme en vanas palabras que hielan la accion? (_Óyese
-una campana._) ¡Ha llegado la hora! ¡Duncan, no oigas el tañido de esa
-campana, que me invita al crímen, y que te abre las puertas del cielo ó
-del infierno!
-
-
-ESCENA II.
-
-Lady MACBETH y MACBETH.
-
-LADY MACBETH.
-
-La embriaguez en que han caido me da alientos. ¡Silencio! Es el
-chillido del buho, severo centinela de la noche. Abiertas están las
-puertas. La pócima que administré á los guardas los tiene entre la vida
-y la muerte.
-
-MACBETH.
-
-(_Dentro._) ¿Quién es?
-
-LADY MACBETH.
-
-Temo que se despierten, antes que esté consumado el crímen, y sea peor
-el amago que el golpe... Yo misma afilé los puñales... Si su sueño no
-se hubiera parecido al de mi padre, yo misma le hubiera dado muerte.
-Pero aquí está mi marido...
-
-MACBETH.
-
-Ya está cumplido. ¿Has sentido algun rumor?
-
-LADY MACBETH.
-
-No más que el canto del grillo y el chillido del buho. ¿Hablaste algo?
-
-MACBETH.
-
-¿Cuándo?
-
-LADY MACBETH.
-
-Ahora.
-
-MACBETH.
-
-¿Cuando bajé?
-
-LADY MACBETH.
-
-Sí.
-
-MACBETH.
-
-¿Quién está en el segundo aposento?
-
-LADY MACBETH.
-
-Donalbáin.
-
-MACBETH.
-
-¡Qué horror!
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Qué necedad! ¿Por qué te parece horrible?
-
-MACBETH.
-
-El uno se sonreia en sueños, el otro se despertó y me llamó:
-_¡asesino!_ Los miré fijo y con estupor; despues rezaron y se quedaron
-dormidos.
-
-LADY MACBETH.
-
-Como una piedra.
-
-MACBETH.
-
-El uno dijo: «Dios nos bendiga», y el otro: «Amen». Yo no pude
-repetirlo.
-
-LADY MACBETH.
-
-Calma ese terror.
-
-MACBETH.
-
-¿Por qué no pude responder «Amen»? Yo necesitaba bendicion, pero la
-lengua se me pegó al paladar.
-
-LADY MACBETH.
-
-Si das en esas cavilaciones, perderás el juicio.
-
-MACBETH.
-
-Creí escuchar una voz que me decia: «Macbeth, tú no puedes dormir,
-porque has asesinado al sueño.» ¡Perder el sueño, que desteje la
-intrincada trama del dolor, el sueño, descanso de toda fatiga: alimento
-el más dulce que se sirve á la mesa de la vida!
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Por qué esa agitacion?
-
-MACBETH.
-
-Aquella voz me decia alto, muy alto: «Glámis ha matado al sueño: por
-eso no dormirá Cáudor, ni tampoco Macbeth.»
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Pero qué voz era esa? ¡Esposo mio! no te domine así el torpe miedo, ni
-ofusque el brillo de tu razon. Lava en el agua la mancha de sangre de
-tus manos. ¿Por qué quitas de su lugar las dagas? Bien están ahí. Véte
-y ensucia con sangre á los centinelas.
-
-MACBETH.
-
-No me atrevo á volver ni á contemplar lo que hice.
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Cobarde! Dame esas dagas. Están como muertos. Parecen estatuas. Eres
-como el niño á quien asusta la figura del diablo. Yo mancharé de sangre
-la cara de esos guardas. (_Suenan golpes._)
-
-MACBETH.
-
-¿Quién va? El más leve rumor me horroriza. ¿Qué manos son las que se
-levantan, para arrancar mis ojos de sus órbitas? No bastaria todo
-el Océano para lavar la sangre de mis dedos. Ellos bastarian para
-enrojecerle y mancharle.
-
-LADY MACBETH.
-
-Tambien mis manos están rojas, pero mi alma no desfallece como la tuya.
-Llaman á la puerta del Mediodía. Lavémonos, para evitar toda sospecha.
-Tu valor se ha agotado en el primer ímpetu. Oye... Siguen llamando...
-Ponte el traje de noche. No vean que estamos en vela. No te pierdas en
-vanas meditaciones.
-
-MACBETH.
-
-¡Oh, si la memoria y el pensamiento se extinguiesen en mí, para no
-recordar lo que hice! (_Siguen los golpes._)
-
-[Ilustración: _Lady Macbeth en la cámara de Duncan._]
-
-
-ESCENA III.
-
-EL PORTERO.
-
-¡Qué estrépito! Ni que fuera uno portero del infierno. ¿Quién será ese
-maldito? Algun labrador que se habrá ahorcado descontento de la mala
-cosecha... Y sigue alborotando... Será algun testigo falso, pronto á
-jurar en cualquiera de los platillos de la balanza. ¡Entra, malvado!
-¡Y sigue dando! Será algun sastre inglés que ha sisado tela de unos
-calzones franceses. ¡Qué frio hace aquí aunque estamos en el infierno!
-Ya se acabó mi papel de diablo. A otra gente más lucida pensé abrir. No
-os olvideis del portero.
-
-
-ESCENA IV.
-
-MACDUFF, un PORTERO, LÉNNOX y MACBETH.
-
-MACDUFF.
-
-¿Cómo te levantas tan tarde? ¿Te acostaste tarde por ventura?
-
-PORTERO.
-
-Duró la fiesta hasta que cantó por segunda vez el gallo.
-
-MACDUFF.
-
-¿Se ha levantado tu señor?... Pero aquí viene. Sin duda le despertamos
-con los golpes.
-
-LÉNNOX.
-
-(_A Macbeth._) ¡Buenos dias!
-
-MACBETH.
-
-¡Felices!
-
-MACDUFF.
-
-¿Está despierto el Rey?
-
-MACBETH.
-
-Todavía no.
-
-MACDUFF.
-
-Me dijo que le llamara á esta hora.
-
-MACBETH.
-
-Os quiero guiar á su habitacion.
-
-MACDUFF.
-
-Molestia inútil, por más que os agrade.
-
-MACBETH.
-
-Esta es su puerta.
-
-MACDUFF.
-
-Mi deber es entrar.
-
- (_Vase._)
-
-LÉNNOX.
-
-¿Se va hoy el Rey?
-
-MACBETH.
-
-Así lo tiene pensado.
-
-LÉNNOX.
-
-¡Mala noche! El viento ha echado abajo nuestra chimenea. Se han oido
-extrañas voces, gritos de agonía, cantos proféticos de muerte y
-destruccion. Las aves nocturnas no han cesado de graznar. Hay quien
-dice que la tierra misma se estremecia.
-
-MACBETH.
-
-Tremenda ha sido, en verdad, la noche.
-
-LÉNNOX.
-
-No recuerdo otra semejante. Verdad que soy jóven.
-
-MACDUFF.
-
-¡Horror, horror, horror! ¡Ni la lengua ni el corazon deben nombrarte!
-
-MACBETH y LÉNNOX.
-
-¿Qué?
-
-[Ilustración]
-
-MACDUFF.
-
-Una traicion horrible. Un sacrilegio... El templo de la vida del Rey ha
-sido profanado.
-
-MACBETH.
-
-¿Su vida?
-
-LÉNNOX.
-
-¿La del Rey?
-
-MACDUFF.
-
-Entrad en la alcoba, y lo vereis, si es que no ciegan vuestros ojos
-de espanto. No puedo hablar. Vedlo vosotros mismos... ¡Á las armas!
-¡Traicion, malvados! ¡Donalbáin, Banquo, Malcolm, alerta! ¡Lejos de
-vosotros ese sueño tan pesado como la muerte! Ved la muerte misma...
-Pronto... ¡Banquo, Malcolm! Dejad el lecho, venid, animados fantasmas,
-á contemplar esta escena de duelo.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Qué es eso? ¿Por qué despertais con tales gritos á la gente de la casa
-que aún duerme?
-
-MACDUFF.
-
-En vuestros oidos, hermosa dama, no deben sonar otra vez nuestros
-lamentos. No es tanto horror para oidos de mujer.
-
- (_Entra Banquo._)
-
-¡Banquo, Banquo! Nuestro Rey ha sido asesinado.
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Dios mio, y en mi casa!
-
-BANQUO.
-
-Aquí y en todas seria horrible. Dime que no es verdad. Dímelo por Dios.
-
-MACBETH.
-
-¡Ojalá hubiera muerto yo pocas horas antes! Mi vida hubiera sido del
-todo feliz. Ya han muerto para mí la gloria y la esperanza. He agotado
-el vino de la existencia, y sólo me quedan las heces en el vaso.
-
-DONALBÁIN.
-
-¿Qué es esto?
-
-MACBETH.
-
-¿Y tú me lo preguntas? Se ha secado la fuente de la vida. Tu padre ha
-sido muerto.
-
-MALCOLM.
-
-¿Quién lo mató?
-
-LÉNNOX.
-
-Sin duda sus guardias, porque tienen manchadas de sangre las manos y la
-cara, y los ensangrentados puñales junto al lecho. En sus miradas se
-retrataba el delirio.
-
-MACBETH.
-
-¡Cuánto siento que mi furor me llevara á darles instantánea muerte!
-
-MACDUFF.
-
-¿Por qué lo hiciste?
-
-MACBETH.
-
-¿Y quién se contiene en tal arrebato? ¿Cuándo se unió el furor con
-la prudencia, la lealtad con el sosiego? Mi amor al Rey venció á mi
-tranquila razon. Yo veia á Duncan teñido en su propia sangre, y cerca
-de él á los asesinos con el color de su oficio; veia sus puñales
-manchados tambien... ¿Quién podia dudar? ¿Quién que amase al Rey,
-hubiera podido detener sus iras?
-
-LADY MACBETH.
-
-Llevadme lejos de aquí.
-
-MALCOLM.
-
-¡Y callamos! aunque no pocos pueden achacarnos el crímen.
-
-DONALBÁIN.
-
-Más vale callarnos y atajar nuestras lágrimas. Vamos.
-
-MALCOLM.
-
-Disimulemos nuestra pena.
-
-BANQUO.
-
-Cuidad á la señora. Despues que nos vistamos, hemos de examinar más
-despacio este horrible suceso. En la mano de Dios están mis actos.
-Desde allí desafio toda sospecha traidora. Juro que soy inocente.
-
-MACDUFF.
-
-Y yo tambien.
-
-TODOS.
-
-Y todos.
-
-MACBETH.
-
-Juntémonos luego en el estrado.
-
-TODOS.
-
-Así lo haremos.
-
-MALCOLM.
-
-¿Qué haces? Nada de tratos con ellos. Al traidor le es fácil simular la
-pena que no siente. Iré á Inglaterra.
-
-DONALBÁIN.
-
-Y yo á Irlanda. Separados estamos más seguros. Aquí las sonrisas son
-puñales, y derraman sangre los que por la sangre están unidos.
-
-MALCOLM.
-
-La bala de su venganza no ha estallado todavía. Nos conviene
-esquivarla. A caballo, y partamos sin despedirnos. Harta razon tenemos
-para escondernos.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Exterior del Castillo.=
-
-Un VIEJO, ROSS y MACDUFF.
-
-UN VIEJO.
-
-En mis setenta años he visto cosas peregrinas y horrendas, pero nunca
-como esta noche.
-
-ROSS.
-
-¡Venerable anciano! ¡Con qué cólera mira el cielo la trágica escena
-de los hombres! Ya ha amanecido, pero todavía la noche se resiste á
-abandonar su dominio. Quizá se avergüenza el dia, y no se atreve á
-derramar su pura lumbre.
-
-EL VIEJO.
-
-No es natural nada de lo que sucede. El mártes un generoso halcon cayó
-en las garras de una lechuza.
-
-ROSS.
-
-Los caballos de Duncan, los mejores de su casta, han quebrantado sus
-establos, y vueltos al estado salvaje, son terror de los palafreneros.
-
-EL VIEJO.
-
-Ellos mismos se están devorando.
-
-ROSS.
-
-Así es. ¡Qué horror miran mis ojos!... Pero aquí se acerca el buen
-Macduff. ¿Cómo están las cosas, amigo?
-
-MACDUFF.
-
-Ya lo veis.
-
-ROSS.
-
-¿Quién fué el asesino?
-
-MACDUFF.
-
-Los que mató Macbeth.
-
-ROSS.
-
-¿Y qué interes tenian?
-
-MACDUFF.
-
-Eran pagados por los dos hijos del Rey difunto.
-
-ROSS.
-
-¡Horror contra naturaleza! ¡La ambicion se devora á sí misma! Y Macbeth
-sucederá en el trono.
-
-MACDUFF.
-
-Ya le han elegido rey, y va á coronarse á Esconia.
-
-ROSS.
-
-¿Y el cuerpo del rey Duncan?
-
-MACDUFF.
-
-Lo llevan á enterrar á la montaña de San Colme, sepulcro de sus mayores.
-
-ROSS.
-
-¿Te vas á Esconia, primo?
-
-MACDUFF.
-
-A Faife.
-
-ROSS.
-
-Yo á Esconia.
-
-MACDUFF.
-
-Felicidad en todo. Adios. Gusto más de la ropa nueva, que de la
-antigua.
-
-ROSS.
-
-Adios, buen viaje.
-
-EL VIEJO.
-
-Quien saque como vosotros bien del mal, y haga amigo al enemigo,
-llevará la bendicion de Dios.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO III.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Palacio de Fóres.=
-
-BANQUO, MACBETH, un CRIADO y dos ASESINOS.
-
-BANQUO (_sólo_).
-
-Ya eres rey, Macbeth, y señor de Glámis y de Cáudor. Está cumplido en
-todas sus partes el vaticinio de las hechiceras, pero ¿quién sabe si la
-traicion te habrá allanado el camino? Ni ha de quedar el cetro en tu
-linaje. Si es verdad lo que nos dijeron, reyes han de ser mis hijos.
-¿Por qué los oráculos que fueron veraces contigo no han de ser tambien
-propicios á mi ambicion? Pero disimulemos.
-
-MACBETH.
-
-Ya tenemos aquí á nuestro principal convidado.
-
-LADY MACBETH.
-
-Grande hubiera sido su falta en el banquete.
-
-MACBETH.
-
-Te convido á un gran festin que he de dar esta noche.
-
-BANQUO.
-
-Vuestra Majestad puede mandarme, en vez de convidarme. Mi voluntad está
-indisolublemente unida á la vuestra.
-
-MACBETH.
-
-¿Sales á caballo esta tarde?
-
-BANQUO.
-
-Sí.
-
-MACBETH.
-
-Si no, podrias ayudarme con tu consejo en la junta de esta tarde.
-Mañana será. ¿Vas lejos?
-
-BANQUO.
-
-Pasearé hasta la hora de cenar. Si mi caballo no aprieta el paso,
-pediré prestadas á la noche una ó dos horas.
-
-MACBETH.
-
-No faltes.
-
-BANQUO.
-
-No faltaré.
-
-MACBETH.
-
-Tengo nuevas de que mis revoltosos deudos están refugiados en
-Inglaterra y en Irlanda. No confiesan su parricidio, y divulgan contra
-mí horrendas acusaciones. Mañana hablaremos de esto, cuando nos
-juntemos á tratar de otros negocios. Ahora, á caballo. Hasta luego. ¿Te
-acompaña tu hijo?
-
-BANQUO.
-
-Sí, y vendrá pronto, porque ya es hora.
-
-MACBETH.
-
-Dios guie con bien vuestros caballos y os vuelva pronto. Hasta la
-noche.
-
- (_Vase Banquo._)
-
-Vosotros haced lo que querais hasta las siete. Vuestra compañía me será
-más grata á la hora de cenar, si en este momento me dejais solo. Adios,
-mis caballeros.
-
- (_Vanse todos._)
-
-MACBETH.
-
-(_A un criado._) ¿Me esperan ya esos hombres?
-
-CRIADO.
-
-Están á la puerta de palacio.
-
-MACBETH.
-
-Diles que entren.
-
- (_Se va el criado._)
-
-¿De qué me sirve el poder sin la seguridad? Banquo es mi amenaza
-perpétua: su altiva condicion me infunde miedo. Junta á su valor el
-ingenio y la prudencia. Me reconozco inferior á él como Marco Antonio á
-César. Él fué quien se atrevió á dirigir la palabra á las brujas cuando
-me aclamaron Rey, y á preguntarlas por su suerte futura, y ellas con
-fatídica voz le contestaron: «Tus hijos serán reyes.» A mí me otorgan
-una corona estéril, un cetro irrisorio, que no pasará á mis hijos sino
-á los de un extraño. Yo vendré á ser el bienhechor de la familia de
-Banquo. Por servirla asesiné al Rey Duncan, y llené de hiel el cáliz de
-mi vida; y vendí al diablo el tesoro de mi alma. ¡Todo para hacer reyes
-á los hijos de Banquo! ¡Fatal destino mio, sálvame: lidia por mí esta
-batalla! ¿Quién es?
-
- (_Entran los asesinos._)
-
-(_Al criado._) Espera á la puerta hasta que llame.
-
- (_Vase el criado._)
-
-(_A los asesinos._) Ya oisteis ayer lo que deseo.
-
-ASESINO 1.º
-
-Sí, rey.
-
-MACBETH.
-
-¿Habeis pensado bien lo que os dije? Él y no yo ha sido hasta ahora
-la causa de vuestros males. Ya os expliqué cómo se habia burlado de
-vosotros: quiénes le ayudaron. En suma el más necio hubiera podido
-decir: _Tuvo la culpa Banquo._
-
-ASESINO 1.º
-
-Verdad es lo que dices.
-
-MACBETH.
-
-Y añado más, y vengo al objeto de este coloquio. ¿Hasta cuándo durará
-vuestra paciencia? ¿Manda el Evangelio que receis á Dios por ese hombre
-y por su linaje, cuando os está empobreciendo y esquilmando, y os tiene
-casi á punto de muerte?
-
-ASESINO 1.º
-
-¡Oh Rey! somos hombres.
-
-MACBETH.
-
-Tambien son perros los galgos y los mastines y los lebreles, y los de
-aguas y los de caza, pero se distinguen unos de otros por tener más ó
-menos valor y fortaleza, y mejor ó peor olfato. La naturaleza reparte
-con igualdad sus dones, y por eso las diversas castas tienen nombres
-distintos. Lo mismo sucede con los hombres. Si no quereis ser de los
-últimos y más abyectos, yo os daré un consejo que os libre para siempre
-de esa opresion y tiranía, y os haga acreedores á mi gratitud eterna,
-porque no puedo vivir en paz, si él no muere.
-
-ASESINO 1.º
-
-Señor; yo soy un hombre de esos tan maltratados por la suerte, que me
-arrojaré á cualquier cosa, por vengarme del mundo.
-
-ASESINO 2.º
-
-Tan mala ha sido mi fortuna, que para mejorarla ó acabar de una vez,
-arriesgaré mi vida en cualquier lance.
-
-MACBETH.
-
-Está bien. Banquo es enemigo vuestro.
-
-ASESINO 2.º
-
-Verdad, señor.
-
-MACBETH.
-
-Y mio, á tal extremo que cada minuto de su vida es un tormento para
-mí. Yo podria sin cargo de conciencia deshacerme de él, pero tiene
-amigos que tambien lo son mios, y no quiero perderlos. Por eso acudo á
-vosotros, ya que hay poderosos motivos para que el golpe sea secreto.
-
-ASESINO 2.º
-
-Se hará vuestra voluntad, oh Rey.
-
-ASESINO 1.º
-
-Aunque perezcamos en la demanda.
-
-MACBETH.
-
-Conozco vuestro denuedo. Pronto os diré en qué sitio habeis de
-emboscaros, y cuándo; porque esta misma noche ha de darse el golpe.
-Conviene que sea lejos de palacio, para alejar de mí toda sospecha. No
-dejeis indicio alguno del crímen. Le acompaña su hijo Fleancio, que me
-estorba tanto como su padre. Por consiguiente, matadle tambien. Quedaos
-solos. Volveré luego.
-
-LOS DOS ASESINOS.
-
-Estamos resueltos.
-
-MACBETH.
-
-Volveré pronto... Entrad... ¡Oh, Banquo! esta noche ó nunca subirá tu
-alma á los cielos.
-
-
-ESCENA II.
-
-Lady MACBETH, MACBETH y un CRIADO.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Está en palacio Banquo?
-
-CRIADO.
-
-No, señora, pero esta noche vendrá.
-
-LADY MACBETH.
-
-Dí al Rey, que quiero hablarle un momento.
-
-CRIADO.
-
-Así lo haré...
-
-LADY MACBETH.
-
-¿De qué nos sirve haber logrado nuestros deseos, si no alcanzamos
-placer ni reposo? Es preferible la paz de nuestras víctimas, al falso
-goce que procede del crímen.
-
- (_Entra Macbeth._)
-
-Esposo mio, ¿por qué te atormentan siempre tan tristes recuerdos?
-olvida lo pasado.
-
-MACBETH.
-
-Hemos herido á la serpiente, pero no la hemos matado. Volverá á
-acometernos, mientras estemos cerca de sus dientes. ¡Húndase la tierra,
-arda el universo, antes que yo coma ni duerma en medio de tales
-espantos nocturnos! ¡Ojalá estuviera yo con mis víctimas, más bien
-que entregado á la tortura de mi pensamiento! Duncan no teme ya ni el
-hierro matador ni el veneno, ni la discordia, ni la guerra.
-
-LADY MACBETH.
-
-Esposo mio, alegra ese semblante, para que nuestros huéspedes no
-adviertan esta noche tu agitacion.
-
-MACBETH.
-
-Así lo haré, amada mia. Fíjate en Banquo: muéstrate risueña con él, en
-la mirada y en las palabras. Todavía no estamos seguros: es preciso
-lavar nuestra honra en el rio de la adulacion, y convertir nuestros
-semblantes en hipócrita máscara.
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Oh, basta, basta!
-
-MACBETH.
-
-Mi alma es un nido de sierpes... ¡Todavía respiran Banquo y Fleancio!
-
-LADY MACBETH.
-
-No son inmortales.
-
-MACBETH.
-
-Esa es la esperanza que nos queda. El hierro puede alcanzarlos.
-Antes que el murciélago abandone su claustro; antes que se oiga en
-el silencio de la noche el soñoliento zumbido del escarabajo, estará
-terminado todo.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Qué quieres decir?
-
-MACBETH.
-
-Vale más que lo ignores, hasta que esté cumplido, y puedas regocijarte
-en ello. Ven, ciega noche, venda tú los ojos al clemente dia. Rompa
-tu mano invisible y ensangrentada la atroz escritura que causa mis
-terrores... Va creciendo la oscuridad: retorna el cuervo á la espesura
-del bosque: las aves nocturnas descienden anhelosas de presa... ¡Te
-horrorizan mis palabras! ¿Y por qué? Sólo el crímen puede consumar lo
-que ha empezado el crímen. Ven conmigo.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Bosque á la entrada del palacio.=
-
-ASESINOS, BANQUO y su hijo FLEANCIO.
-
-ASESINO 1.º
-
-¿Quién te ha enviado?
-
-ASESINO 3.º
-
-Macbeth.
-
-ASESINO 2.º
-
-No debemos dudar de él, puesto que sabe nuestro fin y propósito.
-
-ASESINO 1.º
-
-Ya muere el sol en occidente, y el pasajero aguija su caballo para
-llegar á la posada. Ya está cerca el que esperamos.
-
-ASESINO 3.º
-
-Suenan las herraduras de sus caballos.
-
-BANQUO.
-
-(_Dentro._) ¡Luz!
-
-ASESINO 2.º
-
-¡Ahí está! Le aguardan en la llanura.
-
-ASESINO 1.º
-
-Se llevan los caballos.
-
-ASESINO 3.º
-
-El, como los demas, se encamina á pié á palacio.
-
-BANQUO.
-
-¡Luz, luz!
-
-ASESINO 3.º
-
-¡Ahí está!
-
-ASESINO 1.º
-
-Aguarda. (_Entran Banquo, su hijo Fleancio, un criado con antorcha._)
-
-BANQUO.
-
-Va á llover esta noche.
-
-[Ilustración]
-
-ASESINO 1.º
-
-¡Muera! (_Le hiere._)
-
-BANQUO.
-
-¡Traicion! Huye, hijo, y si puedes, venga mi muerte. (_Cae._)
-
-ASESINO 3.º
-
-¿Por qué mataste la luz?
-
-ASESINO 1.º
-
-¿No hice bien?
-
-ASESINO 3.º
-
-Ha muerto uno solo. El hijo huye.
-
-ASESINO 2.º
-
-Hemos perdido la mitad de la paga.
-
-ASESINO 1.º
-
-Vamos á dar cuenta á Macbeth.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Sala de palacio. Mesa preparada para un festin.=
-
-MACBETH, los CONVIDADOS, LADY MACBETH, ASESINO 1.º y LÉNNOX.
-
-MACBETH.
-
-Sentaos, segun vuestra categoría y nobleza. Bien venidos seais todos.
-
-LOS CONVIDADOS.
-
-Gracias.
-
-MACBETH.
-
-Siéntese la reina en el trono, y démosle la bienvenida.
-
-LADY MACBETH.
-
-Gracias. Dádsela á nuestros convidados. Os saludo de todo corazon,
-señores.
-
-MACBETH.
-
-Con toda el alma te lo agradecen. (_Á Lady Macbeth._) Los dos lados
-iguales: yo en medio. Alegraos, brindaremos juntos.
-
- (_Se presenta el asesino 1.º_)
-
-Traes manchada la cara de sangre.
-
-ASESINO 1.º
-
-Sangre de Banquo.
-
-MACBETH.
-
-Más vale que sea la suya que la tuya. ¿Queda muerto?
-
-ASESINO 1.º
-
-Le degollé, señor.
-
-MACBETH.
-
-¡Matador excelente te debo apellidar, y más, si acabaste tambien con
-Fleancio!
-
-ASESINO 1.º
-
-¡Oh rey! huyó.
-
-MACBETH.
-
-¡Y siguen mis temores! Si él hubiera muerto, yo seria feliz, duro como
-el mármol y las rocas, libre como el aire. Pero ahora me veo receloso,
-inquieto, entre dudas y temores. ¿Y Banquo murió de veras?
-
-ASESINO 1.º
-
-Cayó en una zanja profundísima, con veinte heridas en la cabeza, la
-menor de ellas mortal.
-
-MACBETH.
-
-Gracias infinitas. Muerta está la serpiente, pero ese retoño fugitivo
-ha de envenenarnos con el tiempo. Todavía no ha echado dientes. Vuelve
-mañana. Aún tenemos que hablar.
-
- (_Se va el asesino._)
-
-LADY MACBETH.
-
-Esposo, anima con tu presencia y tus palabras la languidez del festin.
-Si no has de hacerlo, más valdrá comer solos. La alegría es la salsa de
-las cenas.
-
-MACBETH.
-
-¡Dulce maestra mia! La buena digestion venga hoy despues del apetito, y
-tras ellos la salud.
-
-LÉNNOX.
-
-Tomad asiento, rey.
-
-MACBETH.
-
-Congregada tendríamos esta noche la flor de la monarquía, si no nos
-faltase el ilustre Banquo. Quiero culpar su negligencia, más bien que
-imaginar que le haya acontecido alguna desgracia.
-
- (_El espectro de Banquo ocupa el sitial de Macbeth._)
-
-LÉNNOX.
-
-Honradnos, señor, tomando asiento.
-
-MACBETH.
-
-¿Dónde? No le encuentro.
-
-LÉNNOX.
-
-Aquí le teneis, señor.
-
-MACBETH.
-
-¿Dónde?
-
-LÉNNOX.
-
-Señor, aquí. ¿Pero qué agitacion es la vuestra?
-
-MACBETH.
-
-¿Quién de vosotros ha hecho esto?
-
-LÉNNOX.
-
-¿Qué, señor?
-
-MACBETH.
-
-Yo no... yo no lo hice... no me mires agitando tu cabellera tinta en
-sangre.
-
-ROSS.
-
-Levantaos: el rey está enfermo.
-
-LADY MACBETH.
-
-No, no, continuad sentados. Son accidentes que desde jóven padece
-mi marido. No os levanteis. Es cosa de un momento. Vereis cual se
-repone en seguida. No os fijeis en él, porque se aumentará su delirio.
-(_Aparte á Macbeth._) ¡Y dices que eres hombre!
-
-MACBETH.
-
-Y hombre fuerte, pues que me atrevo á mirar de hito en hito lo que
-pondria espanto al mismo Satanás.
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Necedad insigne! ¡Sombras que finge el miedo! Es como aquel puñal
-que decias que te guiaba por el aire, cuando mataste al rey Duncan.
-¡Consejas, tolerables solo en boca de una anciana, al amor de la
-lumbre! ¡Vergüenza para tí! ¡Y áun sigues turbado! ¡No ves que tú
-asiento está vacío!
-
-MACBETH.
-
-¡No, no... Mira, mira!... ¿No lo ves?... ¿Qué dices ahora?... Pero ¿qué
-me importa lo que digas? ¿Mueves la cabeza en signo de incredulidad?...
-Habla, habla... Si los sepulcros nos arrojan su presa, los palacios se
-trocarán en festin de buitres.
-
- (_Se va la sombra._)
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Estás loco?
-
-[Ilustración: _El festin de Macbeth._]
-
-MACBETH.
-
-Te juro, por mi alma, que le he visto.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Y no te avergüenzas?
-
-MACBETH.
-
-Siempre se ha derramado sangre. Desde que el mundo es mundo, ha habido
-crímenes atroces. Pero antes el muerto muerto se quedaba. Ahora las
-sombras vuelven y nos arrojan de nuestros sitiales.
-
-LADY MACBETH.
-
-Tus caballeros reclaman tu presencia.
-
-MACBETH.
-
-No me acordaba de ellos. ¡Amigos mios! ¡nobles caballeros! no hagais
-caso de mí. Si me conocierais bien, no os extrañaria este súbito
-accidente. ¡Salud, amigos! Brindemos á la salud de nuestro amigo
-Banquo, único que nos falta. ¡Ojalá llegue pronto! ¡Brindo por
-vosotros, y por él y por todos!
-
-LOS CONVIDADOS.
-
-Nosotros repetimos el brindis.
-
- (_Vuelve á aparecer la sombra._)
-
-MACBETH.
-
-¡Lejos, lejos de mí!... Que la tierra te trague... Mi sangre se hiela:
-falta á mis huesos el tuétano... la lumbre de mis ojos se oscurece.
-
-LADY MACBETH.
-
-El accidente vuelve: no es grave, pero descompone la fiesta.
-
-MACBETH.
-
-Yo no temo nada de lo que pueden temer los hombres. Ven á mí en forma
-de tigre de Hircania, de oso ó de rinoceronte: no se agitarán mis
-nervios. O vuelve á la vida, y rétame á lid campal, hierro á hierro, y
-si tiemblo al ir á encontrarte, llámame hijo de mi nodriza... Pero no
-vengas como sombra. ¡Huye de mí, formidable espectro!
-
- (_Desaparece la sombra._)
-
-Ya se retira, y vuelvo á ser hombre. Sentaos otra vez: os lo suplico.
-
-LADY MACBETH.
-
-Con ese delirio has turbado la alegría del convite.
-
-MACBETH.
-
-¿Y cómo no asombrarnos, cuando estalla esa borrascosa nube de verano?
-Ahora dudo de mi razon viendo que podeis contemplar tales apariciones
-sin que vuestro rostro palidezca.
-
-ROSS.
-
-¿De qué apariciones hablas?
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Silencio! La contradiccion le molesta. Podeis retiraros sin ceremonia.
-Idos pronto.
-
-LOS CONVIDADOS.
-
-Buenas noches, y descanse el Rey.
-
-LADY MACBETH.
-
-Buenas noches.
-
-MACBETH.
-
-¡Sangre pide! La sangre clama por sangre; ya lo dice el proverbio.
-Hasta los árboles hablan á la voz del agorero, ó por natural virtud. Y
-á veces la voz de la urraca, del cuervo, ó del grajo, ha delatado al
-asesino. ¿Qué hora es?
-
-LADY MACBETH.
-
-La noche combate con las primeras horas del dia.
-
-MACBETH.
-
-Macduff se niega á obedecerme, y á reconocer mi autoridad.
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Le has llamado?
-
-MACBETH.
-
-No, pero tengo noticias ciertas de él por mis numerosos espías. Mañana
-temprano iré á ver á las brujas. Quiero apurarlo todo, y averiguar el
-mal, aunque sea por medios torcidos. Todo debe rendirse á mi voluntad.
-Estoy nadando en un mar de sangre, y tan lejos ya de la orilla, que
-me es indiferente bogar adelante ó atras. Es tiempo de obras y no de
-palabras. Descienda el pensamiento á las manos.
-
-LADY MACBETH.
-
-Te falta la sal de la vida, el sueño.
-
-MACBETH.
-
-Pues á dormir. ¡Mi terror, nacido de la falta de costumbre, me quita el
-sueño! ¡Soy novicio en el crímen!
-
-
-ESCENA V.
-
-=Un páramo.—Tempestad.=
-
-BRUJA 1.ª
-
-Oh Hécate, tu semblante muestra á las claras tu enojo.
-
-HÉCATE.
-
-¿Y no tengo razon, impertinentes viejas? ¿Por qué, siendo yo la
-fuente de vuestro poder y de todos los males humanos, habeis osado,
-sin pedirme consejo, ni acudir á mi ciencia, tratar con Macbeth por
-enigmas? ¡Y todo en provecho de un ingrato, de un ambicioso, que sólo
-mira á su interes, y no se acuerda de vosotras! Antes que el sol se
-ponga, venid á los antros tartáreos; no dejeis de traer ninguna de
-vuestras redomas, encantos y conjuros. Ahora, á volar. Esta noche ha de
-cumplirse una evocacion tremenda. De la luna pende una gota de vapor
-que he de coger esta misma noche antes que caiga. Yo la destilaré con
-mi ciencia maravillosa, y evocaré génios de tal virtud que le traigan
-lisonjeramente engañado hasta el abismo. No temerá la muerte: confiará
-en su estrella: podrá más su esperanza que su buen juicio ó sus
-temores, y ya veis que hombre excesivamente confiado está medio perdido.
-
-(_Se oye dentro una voz._) ¡Venid, venid!
-
-HÉCATE.
-
-¿Ois la voz del génio? Camina en esa transparente nube.
-
-LAS BRUJAS.
-
-Vámonos, que pronto volverá.
-
-
-ESCENA VI.
-
-=Palacio de Fóres.=
-
-LÉNNOX y el SEÑOR.
-
-LÉNNOX.
-
-Te asombra lo que he dicho. Pero sigue tú discurriendo. Macbeth
-mostró mucho sentimiento por la muerte de Duncan... ¡Es claro, como
-que estaba muerto! Banquo salió á pasear muy tarde, y quizá le mataria
-su hijo, puesto que huyó en seguida.—¿Y á quién se le ocurre salir á
-pasear de noche?... ¿No fué cosa monstruosa el parricidio de Malcolm y
-Donalbáin? ¡Cómo le angustió á Macbeth!... Tanto que en seguida mató á
-los guardas, dominados por el sueño y el vino... ¡Lealtad admirable!...
-ó gran prueba de talento. Hizo bien, porque ¿quién hubiera podido oir
-con calma que negaban el crímen? A fe mia que si cayeran en manos de
-Macbeth (lo cual no es fácil, ni Dios permita) los hijos de Duncan, ya
-habian de ver lo que es matar á su padre, y lo mismo el hijo de Banquo.
-Pero callemos, que por hablar demasiado y por huir de la mesa del Rey,
-anda perseguido Macduff. ¿Sabes dónde está?
-
-EL SEÑOR.
-
-Malcolm, el heredero del trono de Duncan, usurpado por ese tirano, vive
-en Inglaterra, al amparo del santo rey Eduardo, y dando brillantes
-muestras de lo claro de su estirpe. Macduff ha ido á aquella córte, á
-solicitar el auxilio del valeroso duque Suardo. Con su ayuda, y sobre
-todo con la del Dios de los ejércitos, no volverá el puñal á turbar
-nuestros sueños, y vivirán seguros los leales. La indignacion del Rey,
-al saberlo, ha sido tanta, que va á declarar la guerra.
-
-LÉNNOX.
-
-¿Y no llamó antes á Macduff?
-
-EL SEÑOR.
-
-Sí le llamó, pero él contestó rotundamente que no, volvió la espalda al
-mensajero, y parecia decir entre dientes: «Muy cara os ha de costar mi
-respuesta.»
-
-LÉNNOX.
-
-Será un aviso para que proceda con cautela, y no se exponga á nuevas
-asechanzas. Vaya á Inglaterra un ángel con la noticia de todo lo
-ocurrido, antes que Macduff vuelva. Caigan de nuevo las bendiciones de
-Dios sobre esta tierra infeliz oprimida por un tirano.
-
-EL SEÑOR.
-
-Óigate el cielo.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO IV.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=El antro de las brujas.—En medio una caldera hirviendo.—Noche de
-tempestad.=
-
-BRUJAS, HÉCATE, MACBETH, varias SOMBRAS y LÉNNOX.
-
-BRUJA 1.ª
-
-Tres veces ha mayado el gato.
-
-BRUJA 2.ª
-
-Tres veces se ha lamentado el erizo.
-
-BRUJA 3.ª
-
-La arpía ha dado la señal de comenzar el encanto.
-
-BRUJA 1.ª
-
-Demos vueltas al rededor de la caldera, y echemos en ella las hediondas
-entrañas del sapo que dormia en las frias piedras y que por espacio de
-un mes ha estado destilando su veneno.
-
-TODAS LAS BRUJAS.
-
-Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera.
-
-BRUJA 3.ª
-
-Lancemos en ella la piel de la víbora, la lana del murciélago amigo
-de las tinieblas, la lengua del perro, el dardo del escorpion, ojos
-de lagarto, músculos de rana, alas de lechuza... Hierva todo esto,
-obedeciendo al infernal conjuro.
-
-BRUJAS.
-
-Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera.
-
-BRUJA 3.ª
-
-Entren en ella colmillos de lobo, escamas de serpiente, la abrasada
-garganta del tiburon, el brazo de un sacrílego judío, la nariz de un
-turco, los labios de un tártaro, el hígado de un macho cabrío, la raiz
-de la cicuta, las hojas del abeto iluminadas por el tibio resplandor
-de la luna, el dedo de un niño arrojado por su infanticida madre al
-pozo... Unamos á todo esto las entrañas de un tigre salvaje.
-
-TODAS LAS BRUJAS.
-
-Aumente el trabajo: crezca la labor: hierva la caldera.
-
-BRUJA 2.ª
-
-Para aumentar la fuerza del hechizo, humedecedlo todo con sangre de
-mono.
-
-HÉCATE.
-
-Alabanza merece vuestro trabajo; y yo le remuneraré. Danzad en torno de
-la caldera, para que quede consumado el encanto.
-
-BRUJA 2.ª
-
-Ya me pican los dedos: indicio de que el traidor Macbeth se aproxima.
-Abríos ante él, puertas.
-
-MACBETH.
-
-Misteriosas y astutas hechiceras, ¿en qué os ocupáis?
-
-LAS BRUJAS.
-
-En un maravilloso conjuro.
-
-MACBETH.
-
-En nombre de vuestra ciencia os conjuro. Aunque la tempestad se desate
-contra los templos, y rompa el mar sus barreras para inundar la tierra,
-y el huracan arranque de cuajo las espigas, y derribe alcázares y
-torres; aunque el mundo todo perezca y se confunda, responded á mis
-interrogaciones.
-
-BRUJA 1.ª
-
-Habla.
-
-BRUJA 2.ª
-
-Pregúntanos.
-
-BRUJA 3.ª
-
-Á todo te responderemos.
-
-BRUJA 1.ª
-
-¿Quieres que hablemos nosotras ó que contesten los génios, señores
-nuestros?
-
-MACBETH.
-
-Invocad á los génios, para que yo los vea.
-
-BRUJA 1.ª
-
-Verted la sangre del cerdo: avivad la llama con grasa resudada del
-patíbulo.
-
-LAS BRUJAS.
-
-Acudid á mi voz, génios buenos y malos. Haced ostentacion de vuestro
-arte.
-
-(_En medio de la tempestad, aparece una sombra, armada, con casco._)
-
-MACBETH.
-
-Respóndeme, misterioso génio.
-
-BRUJA 1.ª
-
-Él adivinará tu pensamiento. Óyele y no le hables.
-
-LA SOMBRA.
-
-Recela tú de Macduff, recela de Macduff, Adios... Dejadme.
-
-[Ilustración]
-
-MACBETH.
-
-No sé quién eres, pero seguiré tu consejo, porque has sabido herir la
-cuerda de mi temor. Oye otra pregunta.
-
-BRUJA 1.ª
-
-No te responderá, pero ahora viene otra sombra.
-
-(_Aparece la sombra de un niño cubierto de sangre._)
-
-LA SOMBRA.
-
-Macbeth, Macbeth, Macbeth.
-
-MACBETH.
-
-Aplico tres oidos para escucharte.
-
-LA SOMBRA.
-
-Si eres cruel, implacable y sin entrañas, ninguno de los humanos podrá
-vencerte.
-
-MACBETH.
-
-Entonces ¿por qué he de temer á Macduff?... Puede vivir seguro... Pero
-no... es más seguro que perezca, para tener esta nueva prenda contra el
-hado... No le dejaré vivir; desmentiré así á los espectros que finge el
-miedo, y me dormiré al arrullo de los truenos.
-
-(_La sombra de un niño, con corona y una rama de árbol en la mano._)
-
-¿Quién es ese niño que se ciñe altanero la corona real?
-
-BRUJAS.
-
-Óyele en silencio.
-
-LA SOMBRA.
-
-Sé fuerte como el leon: no desmaye un punto tu audacia: no cedas ante
-los enemigos. Serás invencible, hasta que venga contra tí la selva de
-Birnam, y cubra con sus ramas á Dunsinania.
-
-MACBETH.
-
-¡Eso es imposible! ¿Quién puede mover de su lugar los árboles y
-ponerlos en camino? Favorables son los presagios. ¡Sedicion, no alces
-la cabeza, hasta que la selva de Birnam se mueva! Ya estoy libre de
-todo peligro que no sea el de pagar en su dia la deuda que todos
-tenemos con la muerte. Pero decidme, si es que vuestro saber penetra
-tanto: ¿reinarán los hijos de Banquo?
-
-LAS BRUJAS.
-
-Nunca podrás averiguarlo.
-
-MACBETH.
-
-Decídmelo. Os conjuro de nuevo y os maldeciré, si no me lo revelais.
-Pero ¿por qué cae en tierra la caldera?... ¿Qué ruido siento?
-
-LAS BRUJAS.
-
-Mira.—¡Sombras, pasad rápidas, atormentando su corazon y sus oidos!
-
-(_Pasan ocho reyes, el último de ellos con un espejo en la mano.
-Despues la sombra de Banquo._)
-
-MACBETH.
-
-¡Cómo te asemejas á Banquo!... Apártate de mí... Tu corona quema mis
-ojos... Y todos pasais coronados... ¿Por qué tal espectáculo, malditas
-viejas?... Tambien el tercero... Y el cuarto... ¡Saltad de vuestras
-órbitas, ojos mios!... ¿Cuándo, cuándo dejareis de pasar?... Aún viene
-otro... el séptimo... ¿Por qué no me vuelvo ciego?... Y luego el
-octavo... Y trae un espejo, en que me muestra otros tantos reyes, y
-algunos con doble corona y triple cetro... Espantosa vision... Ahora
-lo entiendo todo... Banquo, pálido por la reciente herida, me dice
-sonriéndose que son de su raza esos monarcas... Decidme, ¿es verdad lo
-que miro?
-
-LAS BRUJAS.
-
-Verdad es, pero ¿á qué tu espanto?... Venid, alegraos, ya se pierde en
-los aires el canto del conjuro: gozad en misteriosa danza: hagamos al
-Rey el debido homenaje.
-
- (_Danzan y desaparecen._)
-
-MACBETH.
-
-¿Por dónde han huido?... ¡Maldita sea la hora presente!
-
-LÉNNOX.
-
-¿Qué hay?
-
-MACBETH.
-
-¿No has visto á las Brujas?
-
-LÉNNOX.
-
-No.
-
-MACBETH.
-
-¿No han pasado por donde tú estabas de guardia?
-
-LÉNNOX.
-
-No.
-
-MACBETH.
-
-¡Maldito sea el aire que las lleva! ¡Maldito quien de ellas se fia!
-Siento ruido de caballos; ¿quién son?
-
-LÉNNOX.
-
-Mensajeros que traen la noticia de que Macduff huye á Inglaterra.
-
-MACBETH.
-
-¿A Inglaterra?
-
-LÉNNOX.
-
-Así dicen.
-
-MACBETH.
-
-El tiempo se me adelanta. La ejecucion debe seguir al propósito, el
-acto al pensamiento. Necesito entrar en Faife, y degollar á Macduff,
-á su mujer y á sus hijos y á toda su parentela... Y hacerlo pronto,
-no sea que el propósito se frustre, y quede en vana amenaza. Basta de
-agüeros y sombras.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Castillo de Macduff.=
-
-Lady MACDUFF, ROSS, el HIJO de MACDUFF, un MENSAJERO y ASESINOS.
-
-LADY MACDUFF.
-
-¿Por qué esa inesperada fuga?
-
-ROSS.
-
-Tranquilízate, señora.
-
-LADY MACDUFF.
-
-¡Qué locura hizo! El miedo nos hace traidores.
-
-ROSS.
-
-¿Quién sabe si fué miedo ó prudencia?
-
-LADY MACDUFF.
-
-¿Prudencia dejar su mujer, sus hijos y su hacienda, expuestos á la
-venganza de un tirano?... No creo en su cariño... El ave más pequeña
-y débil de todas resiste á la lechuza, cuando se trata de defender su
-prole... En Macduff ha habido temor sobrado y ningun amor. Su fuga es
-cobardía y locura.
-
-ROSS.
-
-Tranquilízate, prima mia. Tu marido es bueno y prudente, y sabe bien lo
-que hace. Pero vivimos en tan malos tiempos que á veces somos traidores
-hasta sin saberlo, y tememos y recelamos sin causa, como quien cruza un
-mar incierto y proceloso. Adios. Volveré pronto. Quizá se remedie todo
-y luzca de nuevo el sol de la esperanza. Adios, hermosa prima. Dios te
-bendiga.
-
-LADY MACDUFF.
-
-Mi hijo está huérfano aunque tiene padre.
-
-ROSS.
-
-No puedo detenerme más. Seria en daño vuestro y mio.
-
-LADY MACDUFF.
-
-(_A su hijo._) Y ahora que estás sin padre, ¿cómo vivirás, hijo mio?
-
-HIJO.
-
-Madre mia, como los pájaros del cielo.
-
-LADY MACDUFF.
-
-¿Con insectos y moscas?
-
-HIJO.
-
-Con lo que encuentre, como hacen ellas.
-
-LADY MACDUFF.
-
-¡Infeliz! ¿Y no temerás redes, liga ni cazadores?
-
-HIJO.
-
-¿Y por qué he de temerlos, madre? Nadie caza á los pájaros pequeños. Y
-ademas, mi padre no ha muerto.
-
-LADY MACDUFF.
-
-¿Qué harias por tener padre?
-
-HIJO.
-
-¿Y tú por tener marido?
-
-LADY MACDUFF.
-
-Compraria veinte en cualquiera parte.
-
-HIJO.
-
-Para venderlos despues.
-
-LADY MACDUFF.
-
-Muy agudo eres para tus años.
-
-HIJO.
-
-Dices que mi padre fué traidor.
-
-LADY MACDUFF.
-
-Sí.
-
-HIJO.
-
-¿Y qué es ser traidor?
-
-LADY MACDUFF.
-
-Faltar á la palabra y al juramento.
-
-HIJO.
-
-¿Eso se llama traicion?
-
-LADY MACDUFF.
-
-Y quien la comete merece ser ahorcado.
-
-HIJO.
-
-¿Todo el que la comete?
-
-LADY MACDUFF.
-
-Todos.
-
-HIJO.
-
-¿Y quién los ha de ahorcar?
-
-LADY MACDUFF.
-
-La gente honrada.
-
-HIJO.
-
-Entonces bien necios son los traidores, porque, siendo tantos, parece
-que habian de ser ellos los que ahorcasen á la gente de bien.
-
-LADY MACDUFF.
-
-¿Qué harias por tener padre?
-
-HIJO.
-
-Si hubiera muerto de veras, tú estarias llorando, y si no llorabas, era
-indicio claro de que pronto tendria yo otro padre.
-
-LADY MACDUFF.
-
-Gracioso estás, pobre hijo mio.
-
-UN MENSAJERO.
-
-Dios te bendiga y salve, hermosa castellana. No te conozco, pero el
-honor me obliga á avisarte que se acerca á tí un inminente peligro.
-Sigue mi consejo. Huye en seguida con tus hijos. Quizá te parezca rudo
-mi aviso, pero seria cruel dejarte en las garras de los asesinos.
-Adios. No puedo detenerme.
-
-LADY MACDUFF.
-
-¿Y á dónde voy? ¿Qué pecado he cometido? Estoy en un mundo donde á
-veces se tiene por locura hacer el bien, y se tributan elogios á la
-maldad. ¿De qué me sirve la pueril excusa de no haber hecho mal á
-nadie?... Pero ¿qué horribles semblantes son los que miro?...
-
-ASESINOS.
-
-¿Dónde está tu marido?
-
-LADY MACDUFF.
-
-No en parte tan infame donde tus ojos puedan verle.
-
-ASESINO 1.º
-
-(_Al niño._) Eres un traidor.
-
-HIJO.
-
-Mentira, vil sicario.
-
-ASESINO.
-
-Muere, pollo en cascaron. (_Le hiere._)
-
-HIJO.
-
-Me ha matado. Huye, madre, sálvate.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Palacio real de Inglaterra.=
-
-MALCOLM, MACDUFF, un DOCTOR y ROSS.
-
-MALCOLM.
-
-Busquemos sitio apartado donde poder llorar.
-
-MACDUFF.
-
-Eso no: empuñemos el hierro de la venganza, en defensa de la patria
-oprimida. Cada dia suben al cielo nuevos clamores de viudas y
-huérfanos, acompañando el duelo universal de Escocia.
-
-MALCOLM.
-
-Mucho lo lamento, pero no creo más que lo que sé. Remediaré lo que
-pueda y cuando pueda. Tendrás razon en todo lo que dices. Pero
-acuérdate que ese tirano, cuyo nombre mancha la lengua al pronunciarlo,
-parecia bueno, y tú mismo le tuviste por tal. Y ademas á vosotros no os
-ha hecho mal ninguno. ¿Si querreis engañarme, sacrificándome como un
-cordero en las aras de ese ídolo?
-
-MACDUFF.
-
-Nunca he sido traidor.
-
-MALCOLM.
-
-Pero lo fué Macbeth... Perdóname... no me atrevo á adivinar lo que
-eres. Mira si resplandecen y son puros los ángeles, y sin embargo, el
-más luciente de ellos cayó. Muchas veces el crímen toma la máscara de
-la virtud.
-
-MACDUFF.
-
-¡Perdí toda esperanza!
-
-MALCOLM.
-
-Siempre me quedan mis dudas. ¿Por qué has dejado abandonados á tu
-mujer y á tus hijos, á cuanto quieres en el mundo? Perdóname. Quizá te
-ofendan mis recelos. Puede ser tambien que tengas razon. Pero yo con
-esos recelos me defiendo.
-
-MACDUFF.
-
-¡Llora sin tregua, pobre Escocia! Horrible tiranía pesa sobre tí: los
-buenos se callan, y nadie se atreve á resistirla. Has de sufrir en
-calma tus males, ya que tu Rey vacila y tiembla. Señor, me juzgas mal.
-No seria yo traidor ni áun á precio de toda la tierra que ese malvado
-señorea, ni por todas las riquezas del Oriente.
-
-MALCOLM.
-
-No he querido ofenderte, ni desconfio de tí en absoluto. Sé que nuestra
-pobre Escocia suda llanto y sangre, oprimida por ese bárbaro. Sé que
-cada dia aumentan y se enconan sus heridas. Creo tambien que á mi voz
-muchos brazos se levantarian. Ahora mismo Inglaterra me ofrece miles de
-combatientes. Pero cuando llegase yo á pisotear la cabeza del tirano ó
-á llevarla en mi lanza, no seria más feliz la patria bajo el reinado
-del sucesor de Macbeth, antes crecerian sus infortunios.
-
-MACDUFF.
-
-¿De qué sucesor hablas?
-
-MALCOLM.
-
-De mí mismo. Llevo de tal manera en mí las semillas de todos los
-vicios, que cuando fructifiquen, parecerán blancas como la nieve las
-ensangrentadas sombras de las víctimas de Macbeth, y quizá bendigan su
-memoria los súbditos, al contemplar mi horrenda vida.
-
-MACDUFF.
-
-¡Pero si en los infiernos mismos no hay un sér más perverso que Macbeth!
-
-MALCOLM.
-
-Te concedo de buen grado que es cruel, lascivo, hipócrita, falso,
-avaro, iracundo, y que se juntan en él todas las maldades del mundo.
-Pero tambien es atroz mi lujuria: no bastarian á saciarla todas
-vuestras hijas y esposas: no habria dique que pudiera oponerse á mi
-deseo... No... no... prefiero que reine Macbeth.
-
-MACDUFF.
-
-Terrible enemigo del cuerpo es la incontinencia, y de ella han sido
-víctimas muchos reyes, y por ella han sido asolados florecientes
-imperios. Pero no temais, señor. El campo del placer es espacioso. No
-faltan bellezas frágiles, y aunque tu voracidad sea como la del buitre,
-has de acabar por cansarte de tantas como acudirán, ufanas de su
-pomposa deshonra.
-
-MALCOLM.
-
-Ademas, ruge en mi pecho condicion tan indomable, que si fuera rey, no
-tendria yo reparo en matar á un noble por despojarle de sus heredades y
-castillos, ó condenarle por falsas acusaciones, aunque él fuera espejo
-de lealtad, para enriquecerme con sus despojos.
-
-MACDUFF.
-
-La lujuria es viento de estío, pero la codicia echa raíces mucho más
-profundas en el alma. Ella ha sido la espada matadora de muchos reyes
-nuestros. Pero no importa. Los tesoros de Escocia han de colmar tu
-deseo. Si no tienes otros vicios que esos, aún son tolerables.
-
-MALCOLM.
-
-Es que no tengo ninguna cualidad buena. No conozco, ni áun de lejos,
-la justicia, la templanza, la serenidad, la constancia, la clemencia,
-el valor, la firmeza en los propósitos, la generosidad. No hay vicio
-alguno de que yo carezca. Si yo llegara á reinar, echaria al infierno
-la miel de la concordia, y asolaria y confundiria el orbe entero.
-
-MACDUFF.
-
-¡Ay desdichada Escocia!
-
-MALCOLM.
-
-Así soy. Dí si me crees digno de reinar.
-
-MACDUFF.
-
-No, ni tampoco de vivir sobre la tierra. ¡Pobre patria mia, vil despojo
-de un tirano que mancha en sangre el cetro que usurpó! ¿Cómo restaurar
-tu antigua gloria, si el vástago de tus reyes está maldiciendo de sí
-mismo, y de todo su linaje? Tu padre, señor, era un santo: tu madre
-vivia muerta para el mundo, y pasaba de hinojos y en oracion el dia.
-Adios, señor. Los vicios de que hablais me arrojan de Escocia. Muerta
-está mi última esperanza.
-
-MALCOLM.
-
-No... muerta no... Esa noble indignacion que muestras, es un grito de
-tu alma generosa, y viene á disipar todos mis temores. Veo claras tu
-lealtad y tu inocencia. Macbeth ha querido más de una vez engañarme
-con artificios parecidos, y por eso me guardo de la nimia credulidad.
-¡Sea Dios juez entre nosotros! Me pongo en tus manos: me arrepiento de
-haber sospechado de tí, bien contra mi natural instinto, y de haberme
-calumniado, atribuyéndome los vicios que aborrezco más. Soy continente.
-Nunca he faltado á mi palabra. No he codiciado lo ajeno ni áun lo
-propio. No haria una traicion al mismo Lucifer, y amo la verdad tanto
-como la vida. Hoy es la primera vez que he faltado á ella, y eso en
-contra mia. Tal como soy verdaderamente, me ofrezco á tí y á nuestra
-Escocia oprimida... Cuando tú has llegado, el viejo Suardo preparaba
-una expedicion de diez mil guerreros. Todos iremos juntos. ¡Dios nos
-proteja, pues tan santa y justa es nuestra causa! Dí, ¿por qué callas?
-
-MACDUFF.
-
-¿Y quién no queda absorto al ver unidos tan faustos y tan infelices
-sucesos?
-
- (_Entra un médico._)
-
-MALCOLM.
-
-Ya hablaremos. (_Al Doctor._) ¿Viene el Rey?
-
-DOCTOR.
-
-Ya le espera un tropel de enfermos, que aguarda de sus manos la salud.
-Él los cura con el tacto de sus benditas manos.
-
-MALCOLM.
-
-Gracias, doctor.
-
-MACDUFF.
-
-¿Y de qué enfermedad cura el Rey?
-
-MALCOLM.
-
-De las escrófulas. Es un milagro patente. Desde que estoy en
-Inglaterra, lo he visto muchas veces. No se sabe cómo logra tal favor
-del cielo, pero á los enfermos más desesperados, llenos de úlceras y
-llagas, los cura con sólo colgarles medallas del cuerpo, y pronunciar
-alguna devota oracion. Dicen que esta sobrenatural virtud pasa de unos
-á otros reyes de Inglaterra. Tiene ademas el don de profecía, y otras
-mil bendiciones celestes, prueba no dudosa de su santidad.
-
-MACDUFF.
-
-¿Quién viene?
-
-MALCOLM.
-
-De mi tierra es, pero no le conozco.
-
- (_Entra Ross._)
-
-MACDUFF.
-
-Con bien vengas, ilustre pariente mio.
-
-MALCOLM.
-
-Te recuerdo. ¡Oh, Dios mio, haz que no volvamos á mirarnos como
-extraños!
-
-ROSS.
-
-Dios te oiga, señor.
-
-MACDUFF.
-
-¿Sigue en el mismo estado nuestra patria?
-
-ROSS.
-
-¡Oh, desdichada Escocia! Ya no es nuestra madre, sino nuestro sepulcro.
-Sólo quien no tenga uso de razon, puede sonreir allí. No se oyen más
-que suspiros y lamentos. El dolor se convierte en locura. Banquo ha
-muerto, sin que nadie pregunte por qué. Las almas puras se marchitan
-como las flores.
-
-MACDUFF.
-
-Esa narracion quizá tenga más de poética que de verdadera.
-
-MALCOLM.
-
-¿Y cuáles son los crímenes más recientes?
-
-ROSS.
-
-Uno nuevo á cada hora.
-
-MACDUFF.
-
-¿Qué es de mi mujer?
-
-ROSS.
-
-¿Tu mujer?... Está bien.
-
-MACDUFF.
-
-¿Y mis hijos?
-
-ROSS.
-
-Bien.
-
-MACDUFF.
-
-¿El tirano ha intentado algo contra ellos?
-
-ROSS.
-
-En paz los dejé cuando salí de Escocia.
-
-MACDUFF.
-
-No seas avaro de palabras. Dime la verdad.
-
-ROSS.
-
-Cuando vine á traeros estas noticias, decíase que se habian levantado
-numerosas huestes contra el tirano, y que éste se aprestaba á
-combatirlas. La ocasion se presenta favorable. Si acudes pronto, hasta
-las mujeres se alzarán para romper sus cadenas.
-
-MALCOLM.
-
-Pronto iremos á salvarlos. Inglaterra nos ayuda con diez mil hombres
-mandados por el valiente Suardo, el mejor caudillo de la cristiandad.
-
-ROSS.
-
-¡Ojalá que yo pudiera consolarme como tú, pero mis desdichas son de tal
-naturaleza que debo confiarlas á los vientos, y no donde las oiga nadie!
-
-MACDUFF.
-
-¿Es desdicha pública ó privada?
-
-ROSS.
-
-Todo hombre de bien debe lamentarse de ellas, pero á tí te toca la
-mayor parte.
-
-MACDUFF.
-
-Entonces no tardes en decírmela.
-
-ROSS.
-
-No se enojen tus oidos contra mi lengua, aunque se vea forzada á
-pronunciar las más horrendas palabras que nunca oiste.
-
-MACDUFF.
-
-¡Dios mio! Casi lo adivino.
-
-ROSS.
-
-Tu castillo fué saqueado: muertos tu esposa y tus hijos. No me atrevo á
-referirte cómo, para no añadir una más á las víctimas.
-
-MALCOLM.
-
-¡Dios poderoso! Habla. No ocultes tu rostro. Es más tremendo el dolor
-que no se expresa con palabras.
-
-MACDUFF.
-
-¿Y mis hijos tambien?
-
-ROSS.
-
-Perecieron tu esposa y tus hijos y tus criados, y cuantos estaban allí.
-
-MACDUFF.
-
-¿Por qué no estaba yo? ¿Y tambien mi mujer?...
-
-ROSS.
-
-Tambien.
-
-[Ilustración]
-
-MALCOLM.
-
-¡Serenidad! La venganza, única medicina de nuestros males, ha de ser
-tremenda.
-
-MACDUFF.
-
-¡Pero Macbeth no tiene hijos!... Hijos mios... ¿Todos perecieron?...
-¿Todos?... ¿Y su madre tambien?... ¿Y de un solo golpe?
-
-MALCOLM.
-
-Véngate como un hombre.
-
-MACDUFF.
-
-Sí que me vengaré, pero soy hombre, y siento y me atormenta la memoria
-de lo que más quise en el mundo. ¡Y lo vió el cielo y no se apiadó de
-ellos! ¡Ah, pecador Macduff, tú tienes la culpa de todo! Por tí han
-perecido aquellos inocentes. ¡Dios les dé la gloria eterna!
-
-MALCOLM.
-
-Tu dolor afile tu espada é inflame tu brio. Sírvate de aguijon y no de
-freno.
-
-MACDUFF.
-
-Aunque lloraran mis ojos como los de una mujer, mi lengua hablaria con
-la audacia de un varon. ¡Dios mio, ponme enfrente de ese demonio, y si
-se libra de mi espada, consentiré hasta que el cielo le perdone!
-
-MALCOLM.
-
-Esas ya son palabras dignas de tí. Vamos á despedirnos del Rey de
-Inglaterra. Sólo nos falta su permiso. Macbeth está á la orilla del
-precipicio. El cielo se declara en favor nuestro. Tregua á vuestro
-dolor. No hay noche sin aurora.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO V.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Castillo de Dunsinania.=
-
-Un MÉDICO, una DAMA y LADY MACBETH.
-
-EL MÉDICO.
-
-Aunque hemos permanecido dos noches en vela, nada he visto que confirme
-vuestros temores, ¿Cuándo la visteis levantarse por última vez?
-
-LA DAMA.
-
-Despues que el Rey se fué á la guerra, la he visto muchas veces
-levantarse, vestirse, sentarse á su mesa, tomar papel, escribir una
-carta, cerrarla, sellarla, y luego volverse á acostarse: todo ello
-dormida.
-
-EL MÉDICO.
-
-Grave trastorno de su razon arguye el ejecutar en sueños los actos de
-la vida. ¿Y recuerdas que haya dicho alguna palabra?
-
-LA DAMA.
-
-Sí, pero nunca las repetiré.
-
-EL MÉDICO.
-
-Á mi puedes decírmelas.
-
-LA DAMA.
-
-Ni á tí, ni á nadie, porque no podria yo presentar testigos en apoyo de
-mi relato.
-
- (_Entra Lady Macbeth, sonámbula, y con una luz en la mano._)
-
-Aquí está, como suele, y dormida del todo. Acércate y repara.
-
-[Ilustración]
-
-EL MÉDICO.
-
-¿Dónde tomó esa luz?
-
-LA DAMA.
-
-La tiene siempre junto á su lecho. Así lo ha mandado.
-
-EL MÉDICO.
-
-Tiene los ojos abiertos.
-
-LA DAMA.
-
-Pero no ve.
-
-EL MÉDICO.
-
-Mira cómo se retuerce las manos.
-
-LA DAMA.
-
-Es su ademan más frecuente. Hace como quien se las lava.
-
-LADY MACBETH.
-
-Todavía están manchadas.
-
-EL MÉDICO.
-
-Oiré cuanto hable, y no lo borraré de la memoria.
-
-LADY MACBETH.
-
-¡Lejos de mí esta horrible mancha!... Ya es la una... Las dos... Ya
-es hora... Qué triste está el infierno... ¡Vergüenza para tí, marido
-mio!... ¡Guerrero y cobarde!... ¿Y qué importa que se sepa, si nadie
-puede juzgarnos?... ¿Pero cómo tenia aquel viejo tanta sangre?
-
-EL MÉDICO.
-
-¿Oyes?
-
-LADY MACBETH.
-
-¿Dónde está la mujer del señor Faife?... ¿Pero por qué no se lavan
-nunca mis manos?... Calma, señor, calma... ¡Qué dañosos son esos
-arrebatos!
-
-EL MÉDICO.
-
-Oye, oye: ya sabemos lo que no debíamos saber.
-
-LA DAMA.
-
-No tiene conciencia de lo que dice. La verdad sólo Dios la sabe.
-
-LADY MACBETH.
-
-Todavía siento el olor de la sangre. Todos los aromas de Oriente no
-bastarian á quitar de esta pequeña mano mia el olor de la sangre.
-
-EL MÉDICO.
-
-¡Qué oprimido está ese corazon!
-
-LA DAMA.
-
-No le llevaria yo en el pecho, por toda la dignidad que ella pueda
-tener.
-
-EL MÉDICO.
-
-No sé curar tales enfermedades, pero he visto sonámbulos que han muerto
-como unos santos.
-
-LADY MACBETH.
-
-Lávate las manos. Vístete. Vuelva el color á tu semblante. Macbeth
-está bien muerto, y no ha de volver de su sepulcro.... Á la cama, á la
-cama... Llaman á la puerta... Ven, dame la mano... ¿Quién deshace lo
-hecho?... Á la cama.
-
-EL MÉDICO.
-
-¿Se acuesta ahora?
-
-LA DAMA.
-
-En seguida.
-
-EL MÉDICO.
-
-Ya la murmuracion pregona su crímen. La maldad suele trastornar el
-entendimiento, y el ánimo pecador divulga en sueños su secreto.
-Necesita confesor y no médico. Dios la perdone, y perdone á todos. No
-te alejes de su lado: aparta de ella cuanto pueda molestarla. Buenas
-noches. ¡Qué luz inesperada ha herido mis ojos! Pero más vale callar.
-
-LA DAMA.
-
-Buenas noches, doctor.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Campamento.=
-
-MENTEITH, ANGUSS, CAITHNÉSS y LÉNNOX.
-
-MENTEITH.
-
-Los ingleses, mandados por Malcolm, Suardo y Macduff, se adelantan á
-rápidas jornadas. El génio de la venganza los impele, y su belicoso
-ardor debe animar al más tibio.
-
-ANGUSS.
-
-Los encontraremos en el bosque de Birnam: esa es la direccion que traen.
-
-CAITHNÉSS.
-
-¿Donalbáin está con sus hermanos?
-
-ANGUSS.
-
-No, porque yo tengo la lista de todos los que vienen con Suardo, entre
-ellos su propio hijo y otros jóvenes que quieren hacer hoy sus primeros
-alardes varoniles.
-
-MENTEITH.
-
-¿Y qué hace Macbeth?
-
-CAITHNÉSS.
-
-Fortificar á Dunsinania. Dicen algunos que está loco, pero los que
-le quieren mejor afirman que está cegado por el furor de la pelea.
-No puede ya estrechar con el cinturon de su imperio el cuerpo de su
-desesperada causa.
-
-ANGUSS.
-
-Ni borrar de sus manos las huellas de sangre de su oculto crímen.
-Cada dia le abandonan sus parciales, y si alguno le obedece no es por
-cariño. Todo el mundo conoce que la púrpura real de su grandeza oculta
-un cuerpo raquítico y miserable.
-
-MENTEITH.
-
-¿Y cómo no ha de temblar, si en el fondo de su alma se siente ya
-condenado?
-
-CAITHNÉSS.
-
-Vamos á prestar homenaje al legítimo monarca, y á ofrecer nuestra
-sangre para que sirva de medicina á la patria oprimida.
-
-LÉNNOX.
-
-Ofrezcámosla toda, ó la que baste á regar el tronco y las ramas. Vamos
-al bosque de Birnam.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Castillo de Dunsinania.=
-
-MACBETH, un CRIADO, SÉTON y un MÉDICO.
-
-MACBETH.
-
-¡No quiero saber más nuevas! Nada he de temer hasta que el bosque de
-Birnam se mueva contra Dunsinania. ¿Por ventura ese niño Malcolm no
-ha nacido de mujer? A mí dijeron los génios que conocen lo porvenir:
-«Macbeth, no temas á ningun hombre nacido de mujer.» Huyan en buen hora
-mis traidores caballeros: júntense con los epicúreos de Inglaterra. Mi
-alma es de tal temple, que no vacilará ni aún en lo más deshecho de
-la tormenta.
-
- (_Llega un criado._)
-
-¡El diablo te ennegrezca á fuerza de maldiciones esa cara blanca!
-¿Quién te dió esa mirada de liebre?
-
-CRIADO.
-
-Vienen diez mil.
-
-MACBETH.
-
-¿Liebres?
-
-CRIADO.
-
-No, soldados.
-
-[Ilustración]
-
-MACBETH.
-
-Aráñate la cara con las manos, para que el rubor oculte tu miedo.
-¡Rayos y centellas! ¿Por qué palideces, cara de leche? ¿Qué guerreros
-son esos?
-
-CRIADO.
-
-Ingleses.
-
-MACBETH.
-
-¿Por qué no ocultas tu rostro, antes de pronunciar tales palabras?...
-¡Séton, Séton! Este dia ha de ser el último de mi poder, ó el primero
-de mi grandeza. Demasiado tiempo he vivido. Mi edad se marchita y
-amarillea como las hojas de otoño. Ya no puedo confiar en amigos, ni
-vivir de esperanzas. Sólo me resta oir enconadas maldiciones, ó el vano
-susurro de la lisonja. ¿Séton?
-
-SÉTON.
-
-Rey, tus órdenes aguardo.
-
-MACBETH.
-
-¿Cuáles son las últimas noticias?
-
-SÉTON.
-
-Exactas parecen las que este mensajero ha traido.
-
-MACBETH.
-
-Lidiaré, hasta que me arranquen la piel de los huesos. ¡Pronto mis
-armas!
-
-SÉTON.
-
-No es necesario aún, señor.
-
-MACBETH.
-
-Quiero armarme, y correr la tierra con mis jinetes. Ahorcaré á todo el
-que hable de rendirse. ¡Mis armas! Doctor (_al médico_) ¿cómo está mi
-mujer?
-
-MÉDICO.
-
-No es grave su dolencia, pero mil extrañas visiones le quitan el sueño.
-
-MACBETH.
-
-Cúidala bien. ¿No sabes curar su alma, borrar de su memoria el dolor,
-y de su cerebro las tenaces ideas que le agobian? ¿No tienes algun
-antídoto contra el veneno que hierve en su corazon?
-
-MÉDICO.
-
-Estos males sólo puede curarlos el mismo enfermo.
-
-MACBETH.
-
-¡Echa á los perros tus medicinas! ¡Pronto, mis armas, mi cetro de
-mando! ¡Séton, convoca á tus guerreros! Los nobles me abandonan. Si tú,
-doctor, lograras volver á su antiguo lecho las aguas del rio, descubrir
-el verdadero mal de mi mujer, y devolverle la salud, no tendrian tasa
-mis aplausos y mercedes. Cúrala por Dios. ¿Qué jarabes, qué drogas, qué
-ruibarbo conoces que nos libre de los ingleses?... Iré á su encuentro,
-sin temer la muerte, mientras no se mueva contra nosotros el bosque de
-Dunsinania.
-
-MÉDICO.
-
-Si yo pudiera huir de Dunsinania, no volveria aunque me ofreciesen un
-tesoro.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Campamento á la vista de un bosque.=
-
-MALCOLM, CAITHNÉSS, un SOLDADO, SUARDO y MACDUFF.
-
-MALCOLM.
-
-Amigos, ha llegado la hora de volver á tomar posesion de nuestras
-casas. ¿Qué selva es esta?
-
-CAITHNÉSS.
-
-La de Birnam.
-
-MALCOLM.
-
-Corte cada soldado una rama, y delante cúbrase con ella, para que
-nuestro número parezca mayor, y podamos engañar á los espías.
-
-SOLDADO.
-
-Así lo haremos.
-
-SUARDO.
-
-Dicen que el tirano está muy esperanzado, y nos aguarda en Dunsinania.
-
-MALCOLM.
-
-Hace bien en encerrarse, porque sus mismos parciales le abandonan, y
-los pocos que le ayudan, no lo hacen por cariño.
-
-MACDUFF.
-
-Dejemos tales observaciones para cuando esté acabada nuestra empresa.
-Ahora conviene pensar sólo en el combate.
-
-SUARDO.
-
-Pronto hemos de ver el resultado y no por vanas conjeturas.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Alcázar de Dunsinania.=
-
-MACBETH, SÉTON y un ESPÍA.
-
-MACBETH.
-
-Tremolad mi enseña en los muros. Ya suenan cerca sus clamores. El
-castillo es inexpugnable. Pelearán en nuestra ayuda el hambre y la
-fiebre. Si no nos abandonan los traidores, saldrémos al encuentro del
-enemigo, y le derrotarémos frente á frente. ¿Pero qué ruido siento?
-
-SÉTON.
-
-Son voces de mujeres.
-
-MACBETH.
-
-Yo soy inaccesible al miedo. Tengo estragado el paladar del alma. Hubo
-tiempo en que me aterraba cualquier rumor nocturno, y se erizaban mis
-cabellos, cuando oia referir alguna espantosa tragedia, pero despues
-llegué á saciarme de horrores: la imágen de la desolacion se hizo
-familiar á mi espíritu, y ya no me conmueve nada. ¿Pero qué gritos son
-esos?
-
-SÉTON.
-
-La reina ha muerto.
-
-MACBETH.
-
-¡Ojalá hubiera sido más tarde! No es oportuna la ocasion para tales
-nuevas. Esa engañosa palabra _mañana_, _mañana_, _mañana_ nos va
-llevando por dias al sepulcro, y la falaz lumbre del ayer ilumina al
-necio hasta que cae en la fosa. ¡Apágate ya, luz de mi vida! ¿Qué es
-la vida sino una sombra, un histrion que pasa por el teatro, y á quien
-se olvida despues, ó la vana y ruidosa fábula de un necio?
-
- (_Llega un espía._)
-
-Habla, que ese es tu oficio.
-
-ESPÍA.
-
-Señor, te diré lo que he visto, pero apenas me atrevo.
-
-MACBETH.
-
-Dí sin temor.
-
-ESPÍA.
-
-Señor, juraria que el bosque de Birnam se mueve hácia nosotros. Lo he
-visto desde lo alto del collado.
-
-MACBETH.
-
-¡Mentira vil!
-
-ESPÍA.
-
-Mátame, si no es cierto. El bosque viene andando, y está á tres millas
-de aquí.
-
-MACBETH.
-
-Si mientes, te colgaré del primer árbol que veamos, y allí morirás de
-hambre. Si dices verdad, ahórcame tú á mí. Ya desfallece mi temeraria
-confianza. Ya empiezo á dudar de esos génios que mezclan mentiras
-con verdades. Ellos me dijeron: «Cuando la selva de Birnam venga á
-Dunsinania»; y la selva viene marchando. ¡A la batalla, á la batalla!
-Si es verdad lo que dices, inútil es quedarse. Ya me ahoga la vida,
-me hastia la luz del sol. Anhelo que el orbe se confunda. Rujan los
-vientos desatados. ¡Sonad las trompetas!
-
-
-ESCENA VI.
-
-=Explanada delante del castillo de Dunsinania.=
-
-MALCOLM, SUARDO y MACDUFF.
-
-MALCOLM.
-
-Hemos llegado. Dejad el verde escudo de esas ramas, y apercibíos al
-combate. Amado pariente mio, Suardo, tú dirigirás el ataque con tu
-noble hijo y mi primo. El valiente Macduff y yo cuidaremos de lo
-restante.
-
-SUARDO.
-
-Está bien, señor. Sea vencido quien no lidie esta noche bizarramente
-contra las huestes del tirano.
-
-MACDUFF.
-
-Hienda el clarin los aires en aullido de muerte y de venganza.
-
-
-ESCENA VII.
-
-=Otra parte del campo.=
-
-MACBETH, el jóven SUARDO, MACDUFF, MALCOLM, SUARDO, ROSS y CABALLEROS.
-
-MACBETH.
-
-Estoy amarrado á mi corcel. No puedo huir. Me defenderé como un oso.
-¿Quién puede vencerme, como no sea el que no haya nacido de madre?
-
-EL JÓVEN SUARDO.
-
-¿Quién eres?
-
-MACBETH.
-
-Temblarás de oir mi nombre.
-
-EL JÓVEN SUARDO.
-
-No, aunque sea el más horrible de los que suenan en el infierno.
-
-MACBETH.
-
-Soy Macbeth.
-
-EL JÓVEN SUARDO.
-
-Ni el mismo Satanás puede proferir nombre más aborrecible.
-
-MACBETH.
-
-Ni que infunda más espanto.
-
-EL JÓVEN SUARDO.
-
-Mientes, y te lo probaré con mi hierro. (_Combaten, y Suardo cae herido
-por Macbeth._)
-
-MACBETH.
-
-Tú naciste de madre, y ninguno de los nacidos de mujer puede conmigo.
-
-MACDUFF.
-
-Por aquí se oye ruido. ¡Ven, tirano! Si mueres al filo de otra espada
-que la mia, no me darán tregua ni reposo las sombras de mi mujer y de
-mis hijos. Yo no peleo contra viles mercenarios, que alquilan su brazo
-al mejor postor. O mataré á Macbeth, ó no teñirá la sangre el filo de
-mi espada. Por allí debe estar. Aquellos clamores indican su presencia.
-¡Fortuna! déjame encontrarle.
-
-[Ilustración]
-
-SUARDO.
-
-(_A Malcolm._) El castillo se ha rendido, señor. Las gentes del tirano
-se dispersan. Vuestros caballeros lidian como leones. La victoria
-es nuestra. Se declaran en nuestro favor hasta los mismos enemigos.
-Subamos á la fortaleza.
-
-MACBETH.
-
-¿Por qué he de morir neciamente como el romano, arrojándome sobre mi
-espada? Mientras me quede un soplo de vida, no dejaré de amontonar
-cadáveres.
-
-MACDUFF.
-
-Detente, perro de Satanás.
-
-MACBETH.
-
-He procurado huir de tí. Huye tú de mí. Estoy harto de tu sangre.
-
-MACDUFF.
-
-Te respondo con la espada. No hay palabras bastantes para maldecirte.
-
-MACBETH.
-
-¡Tiempo perdido! Más fácil te será cortar el aire con la espada que
-herirme á mí. Mi vida está hechizada: no puede matarme quien haya
-nacido de mujer.
-
-MACDUFF.
-
-¿De qué te sirven tus hechizos? ¿No te dijo el génio á quien has
-vendido tu alma, que Macduff fué arrancado, antes de tiempo, de las
-entrañas de su madre muerta?
-
-MACBETH.
-
-¡Maldita sea tu lengua que así me arrebata mi sobrenatural poder! ¡Qué
-necio es quien se fia en la promesa de los demonios que nos engañan con
-equívocas y falaces palabras! ¡No puedo pelear contigo!
-
-MACDUFF.
-
-Pues ríndete, cobarde, y serás el escarnio de las gentes, y te ataremos
-vivo á la picota, con un rótulo que diga: «Este es el tirano.»
-
-MACBETH.
-
-Nunca me rendiré. No quiero besar la tierra que huelle Malcolm, ni
-sufrir las maldiciones de la plebe. Moriré batallando, aunque la selva
-de Birnam se haya movido contra Dunsinania, y aunque tú no seas nacido
-de mujer. Mira. Cubro mi pecho con el escudo. Hiéreme sin piedad,
-Macduff. ¡Maldicion sobre quien diga «basta!» (_Combaten._)
-
-MALCOLM.
-
-¡Quiera Dios que vuelvan los amigos que nos faltan!
-
-SUARDO.
-
-Algunos habrán perecido, que no puede menos de pagarse cara la gloria
-de tal dia.
-
-MALCOLM.
-
-Faltan Macduff y tu hijo.
-
-ROSS.
-
-Tu hijo murió como soldado. Vivió hasta ser hombre, y con su heroica
-muerte probó que era digno de serlo.
-
-SUARDO.
-
-¿Dices que ha muerto?
-
-ROSS.
-
-Cayó entre los primeros. No iguales tu dolor al heroismo que él mostró,
-porque entonces no tendrán fin tus querellas.
-
-SUARDO.
-
-¿Y fué herido de frente?
-
-ROSS.
-
-De frente.
-
-SUARDO.
-
-Dios le habrá recibido entre sus guerreros. ¡Ojalá que tuviera yo
-tantos hijos como cabellos, y que todos murieran así! Llegó su hora.
-
-MALCOLM.
-
-Honroso duelo merece, y yo me encargo de tributárselo.
-
-SUARDO.
-
-Saldó como honrado sus cuentas con la muerte. ¡Dios le haya recibido en
-su seno!
-
-MACDUFF.
-
- (_Que se presenta con la cabeza de Macbeth._)
-
-Ya eres rey. Mira la cabeza del tirano. Libres somos. La flor de tu
-reino te rodea, y yo en nombre de todos, seguro de que sus voces
-responderán á las mias, te aclamo rey de Escocia.
-
-TODOS.
-
-¡Salud al Rey de Escocia!
-
-MALCOLM.
-
-No pasará mucho tiempo sin que yo pague á todos lo que al afecto de
-todos debo. Nobles caballeros parientes mios, desde hoy sereis condes,
-los primeros que en Escocia ha habido. Luego haré que vuelvan á sus
-casas los que huyeron del hierro de los asesinos y de la tiranía de
-Macbeth, y de su diabólica mujer que, segun dicen, se ha suicidado.
-Estas cosas y cuantas sean justas haré con la ayuda de Dios. Os invito
-á asistir á mi coronacion en Escocia.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
- ROMEO Y JULIETA.
-
-
- TRADUCCION
- DE
- D. MARCELINO MENENDEZ PELAYO.
-
- Ilustracion de _Fernando Piloty_ y _Pablo Thuman_.
- Grabados de _H. Käseberg_ y otros.
-
-
-
-
-PERSONAJES.
-
- ESCALA, príncipe de Verona.
- PÁRIS, pariente del Príncipe.
- MONTESCO.
- CAPULETO.
- Un Viejo de la familia Capuleto.
- ROMEO, hijo de Montesco.
- MERCUTIO, amigo de Romeo.
- BENVOLIO, sobrino de Montesco.
- TEOBALDO, sobrino de Capuleto.
- FR. LORENZO. }
- FR. JUAN. } de la Órden de S. Francisco.
- BALTASAR, criado de Romeo.
- SANSON. }
- GREGORIO. } criados de Capuleto.
- PEDRO, criado del ama de Julieta.
- ABRAHAM, criado de Montesco.
- Un boticario.
- Tres músicos.
- Dos pajes de Páris.
- Un Oficial.
- La señora de Montesco.
- La señora de Capuleto.
- JULIETA, hija de Capuleto.
- El Ama de Julieta.
-
- CIUDADANOS de Verona, ALGUACILES, GUARDIAS,
- ENMASCARADOS, etc., CORO.
-
-
- La escena pasa en Verona y en Mántua.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-PRÓLOGO.
-
-
-CORO.
-
-En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores, dos familias
-rivales igualmente nobles habian derramado, por sus odios mutuos,
-mucha inculpada sangre. Sus inocentes hijos pagaron la pena de estos
-rencores, que trajeron su muerte y el fin de su triste amor. Sólo dos
-horas va á durar en la escena este odio secular de razas. Atended al
-triste enredo, y suplireis con vuestra atencion lo que falte á la
-tragedia.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO I.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Una plaza de Verona.=
-
-SANSON y GREGORIO, con espadas y broqueles.
-
-SANSON.
-
-A fe mia, Gregorio, que no hay por qué bajar la cabeza.
-
-GREGORIO.
-
-Eso seria convertirnos en bestias de carga.
-
-SANSON.
-
-Queria decirte que, si nos hostigan, debemos responder.
-
-GREGORIO.
-
-Sí: soltar la albarda.
-
-SANSON.
-
-Yo, si me pican, fácilmente salto.
-
-GREGORIO.
-
-Pero no es fácil picarte para que saltes.
-
-SANSON.
-
-Basta cualquier gozquejo de casa de los Montescos para hacerme saltar.
-
-GREGORIO.
-
-Quien salta, se va. El verdadero valor está en quedarse firme en su
-puesto. Eso que llamas saltar es huir.
-
-SANSON.
-
-Los perros de esa casa me hacen saltar primero y me paran despues.
-Cuando topo de manos á boca con hembra ó varon de casa de los
-Montescos, pongo piés en pared.
-
-GREGORIO.
-
-¡Necedad insigne! Si pones piés en pared, te caerás de espaldas.
-
-SANSON.
-
-Cierto, y es condicion propia de los débiles. Los Montescos al medio de
-la calle, y sus mozas á la acera.
-
-GREGORIO.
-
-Esa discordia es de nuestros amos. Los criados no tenemos que
-intervenir en ella.
-
-SANSON.
-
-Lo mismo da. Seré un tirano. Acabaré primero con los hombres y luego
-con las mujeres.
-
-GREGORIO.
-
-¿Qué quieres decir?
-
-SANSON.
-
-Lo que tú quieras. Sabes que no soy rana.
-
-GREGORIO.
-
-No eres ni pescado ni carne. Saca tu espada, que aquí vienen dos
-criados de casa Montesco.
-
-SANSON.
-
-Ya está fuera la espada: entra tú en lid, y yo te defenderé.
-
-[Ilustración]
-
-GREGORIO.
-
-¿Por qué huyes, volviendo las espaldas?
-
-SANSON.
-
-Por no asustarte.
-
-GREGORIO.
-
-¿Tú asustarme á mí?
-
-SANSON.
-
-Procedamos legalmente. Déjalos empezar á ellos.
-
-GREGORIO.
-
-Les haré una mueca al pasar, y veremos cómo lo toman.
-
-SANSON.
-
-Veremos si se atreven. Yo me chuparé el dedo, y buena vergüenza será la
-suya si lo toleran.
-
- (_Abraham y Baltasar._)
-
-ABRAHAM.
-
-Hidalgo, ¿os estais chupando el dedo porque nosotros pasamos?
-
-SANSON.
-
-Hidalgo, es verdad que me chupo el dedo.
-
-ABRAHAM.
-
-Hidalgo, ¿os chupais el dedo porque nosotros pasamos?
-
-SANSON. (_A Gregorio._)
-
-¿Estamos dentro de la ley, diciendo que sí?
-
-GREGORIO. (_A Sanson._)
-
-No por cierto.
-
-SANSON.
-
-Hidalgo, no me chupaba el dedo porque vosotros pasabais, pero la verdad
-es que me lo chupo.
-
-GREGORIO.
-
-¿Quereis armar cuestion, hidalgo?
-
-ABRAHAM.
-
-Ni por pienso, señor mio.
-
-SANSON.
-
-Si quereis armarla, aquí estoy á vuestras órdenes. Mi amo es tan bueno
-como el vuestro.
-
-ABRAHAM.
-
-Pero mejor, imposible.
-
-SANSON.
-
-Está bien, hidalgo.
-
-GREGORIO. (_A Sanson._)
-
-Dile que el nuestro es mejor, porque aquí se acerca un pariente de mi
-amo.
-
-SANSON.
-
-Es mejor el nuestro, hidalgo.
-
-ABRAHAM.
-
-Mentira.
-
-SANSON.
-
-Si sois hombre, sacad vuestro acero. Gregorio: acuérdate de tu sábia
-estocada. (_Pelean._)
-
- (_Llegan Benvolio y Teobaldo._)
-
-BENVOLIO.
-
-Envainad, majaderos. Estais peleando, sin saber por qué.
-
-TEOBALDO.
-
-¿Por qué desnudais los aceros? Benvolio, ¿quieres ver tu muerte?
-
-BENVOLIO.
-
-Los estoy poniendo en paz. Envaina tú, y no busques quimeras.
-
-TEOBALDO.
-
-¡Hablarme de paz, cuando tengo el acero en la mano! Más odiosa me es
-tal palabra que el infierno mismo, más que Montesco, más que tú. Ven,
-cobarde. (_Reúnese gente de uno y otro bando. Trábase la riña._)
-
-CIUDADANOS.
-
-Venid con palos, con picas, con hachas. ¡Mueran Capuletos y Montescos!
-
- (_Entran Capuleto y la señora de Capuleto._)
-
-CAPULETO.
-
-¿Qué voces son esas? Dadme mi espada.
-
-SEÑORA.
-
-¿Qué espada? Lo que te conviene es una muleta.
-
-CAPULETO.
-
-Mi espada, mi espada, que Montesco viene blandiendo contra mí la suya
-tan vieja como la mia.
-
- (_Entran Montesco y su mujer._)
-
-MONTESCO.
-
-¡Capuleto infame, déjame pasar, aparta!
-
-SEÑORA.
-
-No te dejaré dar un paso más.
-
- (_Entra el Príncipe con su séquito._)
-
-PRÍNCIPE.
-
-¡Rebeldes, enemigos de la paz, derramadores de sangre humana! ¿No
-quereis oir? Humanas fieras que apagais en la fuente sangrienta de
-vuestras venas el ardor de vuestras iras, arrojad en seguida á tierra
-las armas fratricidas, y escuchad mi sentencia. Tres veces, por vanas
-quimeras y fútiles motivos, habeis ensangrentado las calles de Verona,
-haciendo á sus habitantes, áun los más graves é ilustres, empuñar las
-enmohecidas alabardas, y cargar con el hierro sus manos envejecidas
-por la paz. Si volveis á turbar el sosiego de nuestra ciudad, me
-respondereis con vuestras cabezas. Basta por ahora; retiraos todos. Tú,
-Capuleto, vendrás conmigo. Tú, Montesco, irás á buscarme dentro de poco
-á la Audiencia, donde te hablaré más largamente. Pena de muerte á quien
-permanezca aquí.
-
- (_Vase._)
-
-MONTESCO.
-
-¿Quién ha vuelto á comenzar la antigua discordia? ¿Estabas tú cuando
-principió, sobrino mio?
-
-BENVOLIO.
-
-Los criados de tu enemigo estaban ya lidiando con los nuestros cuando
-llegué, y fueron inútiles mis esfuerzos para separarlos. Teobaldo se
-arrojó sobre mí, blandiendo el hierro que azotaba el aire despreciador
-de sus furores. Al ruido de las estocadas acorre gente de una parte y
-otra, hasta que el Príncipe separó á unos y otros.
-
-SEÑORA DE MONTESCO.
-
-¿Y has visto á Romeo? ¡Cuánto me alegro de que no se hallara presente!
-
-BENVOLIO.
-
-Sólo faltaba una hora para que el sol amaneciese por las doradas
-puertas del Oriente, cuando salí á pasear, solo con mis cuidados, al
-bosque de sicomoros que crece al poniente de la ciudad. Allí estaba tu
-hijo. Apenas le ví me dirigí á él, pero se internó en lo más profundo
-del bosque. Y como yo sé que en ciertos casos la compañía estorba,
-seguí mi camino y mis cavilaciones, huyendo de él con tanto gusto como
-él de mí.
-
-SEÑORA DE MONTESCO.
-
-Dicen que va allí con frecuencia á juntar su llanto con el rocío de la
-mañana y contar á las nubes sus querellas, y apenas el sol, alegría del
-mundo, descorre los sombríos pabellones del tálamo de la aurora, huye
-Romeo de la luz y torna á casa, se encierra sombrío en su cámara, y
-para esquivar la luz del dia, crea artificialmente una noche. Mucho me
-apena su estado, y seria un dolor que su razon no llegase á dominar sus
-caprichos.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Sospechais la causa, tio?
-
-MONTESCO.
-
-No la sé ni puedo indagarla.
-
-BENVOLIO.
-
-¿No has podido arrancarle ninguna explicacion?
-
-MONTESCO.
-
-Ni yo, ni nadie. No sé si pienso bien ó mal, pero él es el único
-consejero de sí mismo. Guarda con avaricia su secreto y se consume
-en él, como el gérmen herido por el gusano antes de desarrollarse y
-encantar al sol con su hermosura. Cuando yo sepa la causa de su mal,
-procuraré poner remedio.
-
-BENVOLIO.
-
-Aquí está. O me engaña el cariño que le tengo, ó voy á saber pronto la
-causa de su mal.
-
-MONTESCO.
-
-¡Oh si pudieses con habilidad descubrir el secreto! Ven, esposa.
-
- (_Entra Romeo._)
-
-BENVOLIO.
-
-Muy madrugador estás.
-
-ROMEO.
-
-¿Tan jóven está el dia?
-
-BENVOLIO.
-
-Aún no han dado las nueve.
-
-ROMEO.
-
-¡Tristes horas, cuán lentamente caminais! ¿No era mi padre quien salia
-ahora de aquí?
-
-BENVOLIO.
-
-Sí por cierto. Pero ¿qué dolores son los que alargan tanto las horas de
-Romeo?
-
-ROMEO.
-
-El carecer de lo que las haria cortas.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Cuestion de amores?
-
-ROMEO.
-
-Desvíos.
-
-BENVOLIO.
-
-¿De amores?
-
-ROMEO.
-
-Mi alma padece el implacable rigor de sus desdenes.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Por qué el amor que nace de tan débiles principios, impera luego con
-tanta tiranía?
-
-ROMEO.
-
-¿Por qué, si pintan ciego al Amor, sabe elegir tan extrañas sendas á su
-albedrío? ¿Dónde vamos á comer hoy? ¡Válgame Dios! Cuéntame lo que ha
-pasado. Pero no, ya lo sé. Hemos encontrado el Amor junto al odio; amor
-discorde, odio amante; rara confusion de la naturaleza, cáos sin forma,
-materia grave á la vez que ligera, fuerte y débil, humo y plomo, fuego
-helado, salud que fallece, sueño que vela, esencia incógnita. No puedo
-acostumbrarme á tal amor. ¿Te ries? ¡Vive Dios!...
-
-BENVOLIO.
-
-No, primo. No me rio, antes lloro.
-
-ROMEO.
-
-¿De qué, alma generosa?
-
-BENVOLIO.
-
-De tu desesperacion.
-
-ROMEO.
-
-Es prenda del amor. Se agrava el peso de mis penas, sabiendo que tú
-tambien las sientes. Amor es fuego aventado por el aura de un suspiro;
-fuego que arde y centellea en los ojos del amante. O más bien es
-torrente desbordado que las lágrimas acrecen. ¿Qué más podré decir de
-él? Diré que es locura sábia, hiel que emponzoña, dulzura embriagadora.
-Quédate adios, primo.
-
-BENVOLIO.
-
-Quiero ir contigo. Me enojaré si me dejas así, y no te enojes.
-
-ROMEO.
-
-Calla, que el verdadero Romeo debe andar en otra parte.
-
-BENVOLIO.
-
-Dime el nombre de tu amada.
-
-ROMEO.
-
-¿Quieres oir gemidos?
-
-BENVOLIO.
-
-¡Gemidos! ¡Donosa idea! Dime formalmente quién es.
-
-ROMEO.
-
-¿Dime formalmente?... ¡Oh, qué frase tan cruel! Decid que haga
-testamento al que está padeciendo horriblemente. Primo, estoy enamorado
-de una mujer.
-
-BENVOLIO.
-
-Hasta ahí ya lo comprendo.
-
-ROMEO.
-
-Has acertado. Estoy enamorado de una mujer hermosa.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Y será fácil dar en ese blanco tan hermoso?
-
-ROMEO.
-
-Vanos serian mis tiros, porque ella, tan casta como Diana la cazadora,
-burlará todas las pueriles flechas del rapaz alado. Su recato la sirve
-de armadura. Huye de las palabras de amor, evita el encuentro de otros
-ojos, no la rinde el oro. Es rica, porque es hermosa. Pobre, porque
-cuando muera, sólo quedarán despojos de su perfeccion soberana.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Está ligada á Dios por algun voto de castidad?
-
-ROMEO.
-
-No es ahorro el suyo, es desperdicio, porque esconde avaramente su
-belleza, y priva de ella al mundo. Es tan discreta y tan hermosa, que
-no debiera complacerse en mi tormento, pero aborrece el amor, y ese
-voto es la causa de mi muerte.
-
-BENVOLIO.
-
-Déjate de pensar en ella.
-
-ROMEO.
-
-Enséñame á dejar de pensar.
-
-BENVOLIO.
-
-Hazte libre. Fíjate en otras.
-
-ROMEO.
-
-Así brillará más y más su hermosura. Con el negro antifaz resalta más
-la blancura de la tez. Nunca olvida el don de la vista quien una vez
-la perdió. La beldad más perfecta que yo viera, sólo seria un libro
-donde leer que era mayor la perfeccion de mi adorada. ¡Adios! No sabes
-enseñarme á olvidar.
-
-BENVOLIO.
-
-Me comprometo á destruir tu opinion.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Calle.=
-
-CAPULETO, PÁRIS y un CRIADO.
-
-CAPULETO.
-
-La misma órden que á mí obliga á Montesco, y á nuestra edad no debia
-ser difícil vivir en paz.
-
-PÁRIS.
-
-Los dos sois iguales en nobleza, y no debierais estar discordes. ¿Qué
-respondeis á mi peticion?
-
-CAPULETO.
-
-Ya he respondido. Mi hija acaba de llegar al mundo. Aún no tiene más
-que catorce años, y no estará madura para el matrimonio, hasta que
-pasen lo menos dos veranos.
-
-PÁRIS.
-
-Otras hay más jóvenes y que son ya madres.
-
-CAPULETO.
-
-Los árboles demasiado tempranos no prosperan. Yo he confiado mis
-esperanzas á la tierra y ellas florecerán. De todas suertes, Páris,
-consulta tú su voluntad. Si ella consiente, yo consentiré tambien. No
-pienso oponerme á que elija con toda libertad entre los de su clase.
-Esta noche, segun costumbre inmemorial, recibo en casa á mis amigos,
-uno de ellos vos. Deseo que piseis esta noche el modesto umbral de mi
-casa, donde vereis brillar humanas estrellas. Vos, como jóven lozano,
-que no hollais como yo las pisadas del invierno frio, disfrutareis de
-todo. Allí oireis un coro de hermosas doncellas. Oidlas, vedlas, y
-elegid entre todas la más perfecta. Quizá despues de maduro exámen, os
-parecerá mi hija una de tantas. Tú (_al criado_) véte recorriendo las
-calles de Verona, y á todos aquellos cuyos nombres verás escritos en
-este papel, invítalos para esta noche en mi casa.
-
- (_Vanse Capuleto y Páris._)
-
-CRIADO.
-
-¡Pues es fácil encontrarlos á todos! El zapatero está condenado á usar
-la vara, el sastre la horma, el pintor el pincel, el pescador las
-redes, y yo á buscar á todos aquellos cuyos nombres están escritos
-aquí, sin saber qué nombres son los que aquí están escritos. Dénme su
-favor los sabios. Vamos.
-
- (_Benvolio y Romeo._)
-
-BENVOLIO.
-
-No digas eso. Un fuego apaga otro, un dolor mata otro dolor, á una pena
-antigua otra nueva. Un nuevo amor puede curarte del antiguo.
-
-ROMEO.
-
-Curarán las hojas del plátano.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Y qué curarán?
-
-ROMEO.
-
-Las desolladuras.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Estás loco?
-
-ROMEO.
-
-¡Loco! Estoy atado de piés y manos como los locos, encerrado en cárcel
-asperísima, hambriento, azotado y atormentado.—Buenos dias, hombre.
-(_Al criado._)
-
-CRIADO.
-
-Buenos dias. ¿Sabeis leer, hidalgo?
-
-ROMEO.
-
-Ciertamente que sí.
-
-CRIADO.
-
-¡Raro alarde! ¿Sabeis leer sin haberlo aprendido? ¿Sabreis leer lo que
-ahí dice?
-
-ROMEO.
-
-Si el concepto es claro y la letra tambien.
-
-CRIADO.
-
-¿De verdad? Dios os guarde.
-
-[Ilustración]
-
-ROMEO.
-
-Espera, que probaré á leerlo. «El señor Martin, y su mujer é hijas, el
-conde Anselmo y sus hermanas, la viuda de Viturbio, el señor Plasencio
-y sus sobrinas, Mercutio y su hermano Valentin, mi tio Capuleto con su
-mujer é hijas, Rosalía mi sobrina, Livia, Valencio y su primo Teobaldo,
-Lucía y la hermosa Elena.» ¡Lucida reunion! ¿Y dónde es la fiesta?
-
-CRIADO.
-
-Allí.
-
-ROMEO.
-
-¿Dónde?
-
-CRIADO.
-
-En mi casa, á cenar.
-
-ROMEO.
-
-¿En qué casa?
-
-CRIADO.
-
-En la de mi amo.
-
-ROMEO.
-
-Lo primero que debí preguntarte es su nombre.
-
-CRIADO.
-
-Os lo diré sin ambages. Se llama Capuleto y es generoso y rico. Si no
-sois Montesco, podeis ir á beber á la fiesta. Id, os lo ruego.
-
- (_Vase._)
-
-BENVOLIO.
-
-Rosalía á quien adoras, asistirá á esta fiesta con todas las bellezas
-de Verona. Allí podrás verla y compararla con otra que yo te enseñaré,
-y el cisne te parecerá grajo.
-
-ROMEO.
-
-No permite tan indigna traicion la santidad de mi amor. Ardan mis
-verdaderas lágrimas, ardan mis ojos (que antes se ahogaban) si tal
-herejía cometen. ¿Puede haber otra más hermosa que ella? No la ha visto
-desde la creacion del mundo, el sol que lo ve todo.
-
-BENVOLIO.
-
-Tus ojos no ven más que lo que les halaga. Vas á pesar ahora en tu
-balanza á una mujer más bella que esa, y verás cómo tu señora pierde de
-los quilates de su peso, cotejada con ella.
-
-ROMEO.
-
-Iré, pero no quiero ver tal cosa, sino gozarme en la contemplacion de
-mi cielo.
-
-
-ESCENA III.
-
-=En casa de Capuleto.=
-
-La señora de CAPULETO y el AMA.
-
-SEÑORA.
-
-Ama, ¿dónde está mi hija?
-
-AMA.
-
-Sea en mi ayuda mi probada paciencia de doce años. Ya la llamé.
-Cordero, Mariposa. Válgame Dios. ¿Dónde estará esta niña? Julieta...
-
-JULIETA.
-
-¿Quién me llama?
-
-AMA.
-
-Tu madre.
-
-JULIETA.
-
-Señora, aquí estoy. Dime qué sucede.
-
-SEÑORA.
-
-Sucede que... Ama, déjanos á solas un rato... Pero no, quédate. Deseo
-que oigas nuestra conversacion. Mi hija está en una edad decisiva.
-
-AMA.
-
-Ya lo creo. No me acuerdo qué edad tiene exactamente.
-
-SEÑORA.
-
-Todavía no ha cumplido los catorce.
-
-AMA.
-
-Apostaria catorce dientes (¡ay de mí, no tengo más que cuatro!) á que
-no son catorce. ¿Cuándo llega el dia de los Ángeles?
-
-SEÑORA.
-
-Dentro de dos semanas.
-
-AMA.
-
-Sean pares ó nones, ese dia, en anocheciendo, cumple Julieta años.
-¡Válgame Dios! La misma edad tendrian ella y mi Susana. Pero Susana
-está en el cielo. No merecia yo tanta dicha. Pues como iba diciendo,
-cumplirá catorce años la tarde de los Ángeles. ¡Vaya si los cumplirá!
-Me acuerdo bien. Hace once años, cuando el terremoto, la quitamos
-el pecho. Jamas confundo aquel dia con ningun otro del año. Debajo
-del palomar, sentada al sol, unté mi pecho con acíbar. Vos y mi amo
-estabais en Mántua. ¡Me acuerdo tan bien! Pues como digo, la tonta de
-ella, apenas probó el pecho y lo halló tan amargo, ¡qué furiosa se puso
-contra mí! ¡Temblaba el palomar! Once años van de esto. Ya se tenia
-en pié, ya corria... tropezando á veces. Por cierto que el dia antes
-se habia hecho un chichon en la frente, y mi marido (¡Dios le tenga
-en gloria!) ¡con qué gracia levantó á la niña! y le dijo: «Vaya, ¿te
-has caido de frente? No caerás así cuando te entre el juicio. ¿Verdad,
-Julieta?» Sí, respondió la inocente limpiándose las lágrimas. El tiempo
-hace verdades las burlas. Mil años que viviera, me acordaria de esto.
-«¿No es verdad, Julieta?» y ella lloraba y decia que sí.
-
-SEÑORA.
-
-Basta ya. Cállate, por favor te lo pido.
-
-AMA.
-
-Me callaré, señora; pero no puedo menos de reirme, acordándome que dijo
-_sí_, y creo que tenia en la frente un chichon tamaño como un huevo, y
-lloraba que no habla consuelo para ella.
-
-JULIETA.
-
-Cállate ya; te lo suplico.
-
-AMA.
-
-Bueno, me callaré. Dios te favorezca, porque eres la niña más hermosa
-que he criado nunca. ¡Qué grande seria mi placer en verla casada!
-
-JULIETA.
-
-Aún no he pensado en tanta honra.
-
-AMA.
-
-¡Honra! Pues si no fuera por haberte criado yo á mis pechos, te diria
-que habias mamado leche de discrecion y sabiduría.
-
-SEÑORA.
-
-Ya puedes pensar en casarte. Hay en Verona madres de familia menores
-que tú, y yo misma lo era cuando apenas tenia tu edad. En dos palabras,
-aspira á tu mano el gallardo Páris.
-
-AMA.
-
-¡Niña mia! ¡Vaya un pretendiente! Si parece de cera.
-
-SEÑORA.
-
-No tiene flor más linda la primavera de Verona.
-
-AMA.
-
-¡Eso una flor! Sí que es flor, ciertamente.
-
-SEÑORA.
-
-Quiero saber si le amarás. Esta noche ha de venir. Verás escrito en su
-cara todo el amor que te profesa. Fíjate en su rostro y en la armonía
-de sus facciones. Sus ojos servirán de comentario á lo que haya de
-confuso en el libro de su persona. Este libro de amor, desencuadernado
-todavía, merece una espléndida cubierta. La mar se ha hecho para el
-pez. Toda belleza gana en contener otra belleza. Los áureos broches del
-libro esmaltan la áurea narracion. Todo lo que él tenga será tuyo. Nada
-perderás en ser su mujer.
-
-AMA.
-
-¿Nada? Disparate será el pensarlo.
-
-SEÑORA.
-
-Dí si podrás llegar á amar á Páris.
-
-JULIETA.
-
-Lo pensaré, si es que el ver predispone á amar. Pero el dardo de mis
-ojos sólo tendrá la fuerza que le preste la obediencia.
-
- (_Entra un criado._)
-
-CRIADO.
-
-Los huéspedes se acercan. La cena está pronta. Os llaman. La señorita
-hace falta. En la cocina están diciendo mil pestes del ama. Todo está
-dispuesto. Os suplico que vengais en seguida.
-
-SEÑORA.
-
-Vámonos tras tí, Julieta. El Conde nos espera.
-
-AMA.
-
-Niña, piensa bien lo que haces.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Calle.=
-
-ROMEO, MERCUTIO, BENVOLIO, y máscaras con teas encendidas.
-
-ROMEO.
-
-¿Pronunciaremos el discurso que traíamos compuesto, ó entraremos sin
-preliminares?
-
-BENVOLIO.
-
-Nada de rodeos. Para nada nos hace falta un Amorcillo de laton con
-venda por pañuelo, y con arco, espanta pájaros de doncellas. Para nada
-repetir con el apuntador, en voz medrosa, un prólogo inútil. Mídannos
-por el compas que quieran, y hagamos nosotros unas cuantas mudanzas de
-baile.
-
-[Ilustración]
-
-ROMEO.
-
-Dadme una tea. No quiero bailar. El que está á oscuras necesita luz.
-
-MERCUTIO.
-
-Nada de eso, Romeo; tienes que bailar.
-
-ROMEO.
-
-No por cierto. Vosotros llevais zapatos de baile, y yo estoy como tres
-en un zapato, sin poder moverme.
-
-MERCUTIO.
-
-Pídele sus alas al Amor, y con ellas te levantarás de la tierra.
-
-ROMEO.
-
-Sus flechas me han herido de tal modo, que ni siquiera sus plumas
-bastan para levantarme. Me ha atado de tal suerte, que no puedo pasar
-la raya de mis dolores. La pesadumbre me ahoga.
-
-MERCUTIO.
-
-No has debido cargar con tanto peso al amor, que es muy delicado.
-
-ROMEO.
-
-¡Delicado el amor! Antes duro y fuerte y punzante como el cardo.
-
-MERCUTIO.
-
-Si es duro, sé tú duro con él. Si te hiere, hiérele tú, y verás cómo se
-da por vencido. Dadme un antifaz para cubrir mi rostro. ¡Una máscara
-sobre otra máscara!
-
-BENVOLIO.
-
-Llamad á la puerta, y cuando estemos dentro, cada uno baile como pueda.
-
-ROMEO.
-
-¡Una antorcha! Yo, imitando la frase de mi abuelo, seré quien lleve la
-luz en esta empresa, porque el gato escaldado huye del agua.
-
-MERCUTIO.
-
-De noche todos los gatos son pardos, como decia muy bien el
-Condestable. Nosotros te sacaremos de esa caldera de amor en que te
-escaldaste. ¡Vamos, que la luz se va acabando!
-
-ROMEO.
-
-No por cierto.
-
-MERCUTIO.
-
-Mientras andamos en vanas palabras, se gastan las antorchas. Entiende
-tú bien lo que quiero decir.
-
-ROMEO.
-
-¿Tienes ganas de entrar en el baile? ¿Crees que eso tiene sentido?
-
-MERCUTIO.
-
-¿Y lo dudas?
-
-ROMEO.
-
-Tuve anoche un sueño.
-
-MERCUTIO.
-
-Y yo otro esta noche.
-
-ROMEO.
-
-¿Y á qué se reduce tu sueño?
-
-MERCUTIO.
-
-Comprendí la diferencia que hay del sueño á la realidad.
-
-ROMEO.
-
-En la cama fácilmente se sueña.
-
-MERCUTIO.
-
-Sin duda te ha visitado la reina Mab, nodriza de las hadas. Es tan
-pequeña como el ágata que brilla en el anillo de un regidor. Su carroza
-va arrastrada por caballos leves como átomos, y sus rádios son patas de
-tarántula, las correas son de gusano de seda, los frenos de rayos de
-luna: huesos de grillo é hilo de araña forman el látigo; y un mosquito
-de oscura librea, dos veces más pequeño que el insecto que la aguja
-sutil extrae del dedo de ociosa dama, guia el espléndido equipaje. Una
-cáscara de avellana forma el coche elaborado por la ardilla, eterna
-carpintera de las hadas. En ese carro discurre de noche y dia por
-cabezas enamoradas, y les hace concebir vanos deseos, y anda por las
-cabezas de los cortesanos, y les inspira vanas cortesías. Corre por los
-dedos de los abogados, y sueñan con procesos. Recorre los labios de las
-damas, y sueñan con besos. Anda por las narices de los pretendientes,
-y sueñan que han alcanzado un empleo. Azota con la punta de un rabo de
-puerco las orejas del cura, produciendo en ellas sabroso cosquilleo,
-indicio cierto de beneficio ó canonjía cercana. Se adhiere al cuello
-del soldado, y le hace soñar que vence y triunfa de sus enemigos y los
-degüella con su truculento acero toledano, hasta que oyendo los sones
-del cercano atambor, se despierta sobresaltado, reza un padre nuestro,
-y vuelve á dormirse. La reina Mab es quien enreda de noche las crines
-de los caballos, y enmaraña el pelo de los duendes, é infecta el lecho
-de la cándida vírgen, y despierta en ella por primera vez impuros
-pensamientos.
-
-ROMEO.
-
-Basta, Mercutio. No prosigas en esa charla impertinente.
-
-MERCUTIO.
-
-De sueños voy hablando, fantasmas de la imaginacion dormida, que en su
-vuelo excede la ligereza de los aires, y es más mudable que el viento.
-
-BENVOLIO.
-
-Tú sí que estás arrojando viento y humo por esa boca. Ya nos espera la
-cena, y no es cosa de llegar tarde.
-
-ROMEO.
-
-Demasiado temprano llegareis. Témome que las estrellas están de mal
-talante, y que mi mala suerte va á empezarse en este banquete, hasta
-que llegue la negra muerte á cortar esta inútil existencia. Pero en
-fin, el piloto de mi nave sabrá guiarla. Adelante, amigos mios.
-
-BENVOLIO.
-
-A son de tambores.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Sala en casa de Capuleto.=
-
-MÚSICOS y CRIADOS.
-
-CRIADO 1.º
-
-¿Dónde anda Cacerola, que ni limpia un plato, ni nos ayuda en nada?
-
-CRIADO 2.º
-
-¡Qué pena me da ver la cortesía en tan pocas manos, y éstas sucias!
-
-CRIADO 1.º
-
-Fuera los bancos, fuera el aparador. No perdais de vista la plata.
-Guardadme un pedazo del pastel. Decid al portero que deje entrar á
-Elena y á Susana la molinera. ¡Cacerola!
-
-CRIADO 2.º
-
-Aquí estoy, compañero.
-
-CRIADO 1.º
-
-Todos te llaman á comparecer en la sala.
-
-CRIADO 2.º
-
-No puedo estar en dos partes al mismo tiempo. Compañeros, acabad
-pronto, y el que quede sano, que cargue con todo.
-
- (_Entran Capuleto, su mujer, Julieta, Teobaldo, y convidados
- con máscaras._)
-
-CAPULETO.
-
-Celebro vuestra venida. Os invitan al baile los ligeros piés de
-estas damas. A la danza, jóvenes. ¿Quién se resiste á tan imperiosa
-tentacion? Ni siquiera la que por melindre dice que tiene callos. Bien
-venidos seais. En otro tiempo tambien yo gustaba de enmascararme, y
-decir al oido de las hermosas secretos que á veces no les desagradaban.
-Pero el tiempo llevó consigo tales flores. Celebro vuestra venida.
-Comience la música. ¡Que pasen delante las muchachas! (_Comienza el
-baile._) ¡Luz, más luz! ¡Fuera las mesas! Nada de fuego, que harto
-calor hace. ¡Cómo te agrada el baile, picarillo! Una silla á mi primo,
-que nosotros no estamos para danzas. ¿Cuándo hemos dejado la máscara?
-
-EL PRIMO DE CAPULETO.
-
-¡Dios mio! Hace más de 30 años.
-
-CAPULETO.
-
-No tanto, primo. Si fué cuando la boda de Lucencio. Por Pentecostes
-hará 25 años.
-
-EL PRIMO DE CAPULETO.
-
-Más tiempo hace, porque su hijo ha cumplido los treinta.
-
-CAPULETO.
-
-¿Cómo, si, hace dos años, aún no habia llegado á la mayor edad?
-
-ROMEO.
-
-(_Á su criado._) ¿Dime, qué dama es la que enriquece la mano de ese
-galan con tal tesoro?
-
-CRIADO.
-
-No la conozco.
-
-ROMEO.
-
-El brillo de su rostro afrenta al del sol. No merece la tierra tan
-soberano prodigio. Parece entre las otras como paloma entre grajos.
-Cuando el baile acabe, me acercaré á ella, y estrecharé su mano con
-la mia. No fué verdadero mi antiguo amor, que nunca belleza como ésta
-vieron mis ojos.
-
-TEOBALDO.
-
-Por la voz parece Montesco. (_Al criado._) Tráeme la espada. ¿Cómo se
-atreverá ese malvado á venir con máscara á perturbar nuestra fiesta?
-Juro por los huesos de mi linaje que sin cargo de conciencia le voy á
-quitar la vida.
-
-CAPULETO.
-
-¿Por qué tanta ira, sobrino mio?
-
-TEOBALDO.
-
-Sin duda es un Montesco, enemigo jurado de mi casa, que ha venido aquí
-para burlarse de nuestra fiesta.
-
-CAPULETO.
-
-¿Es Romeo?
-
-TEOBALDO.
-
-El infame Romeo.
-
-CAPULETO.
-
-No más, sobrino. Es un perfecto caballero, y todo Verona se hace
-lenguas de su virtud, y aunque me dieras cuantas riquezas hay en la
-ciudad, nunca le ofenderia en mi propia casa. Así lo pienso. Si en algo
-me estimas, ponle alegre semblante, que esa indignacion y esa mirada
-torva no cuadran bien en una fiesta.
-
-TEOBALDO.
-
-Cuadra, cuando se introduce en nuestra casa tan ruin huésped. ¡No lo
-consentiré!
-
-CAPULETO.
-
-Sí lo consentirás. Te lo mando. Yo sólo tengo autoridad aquí. ¡Pues no
-faltaba más! ¡Favor divino! ¡Maltratar á mis huéspedes dentro de mi
-propia casa! ¡Armar quimera con ellos, sólo por echárselas de valiente!
-
-TEOBALDO.
-
-Tio, esto es una afrenta para nuestro linaje.
-
-CAPULETO.
-
-Lejos, lejos de aquí. Eres un rapaz incorregible. Cara te va á costar
-la desobediencia. ¡Ea, basta ya! Manos quedas... Traed luces... Yo te
-haré estar quedo. ¡Pues esto sólo faltaba! ¡A bailar, niñas!
-
-TEOBALDO.
-
-Mis carnes se estremecen en la dura batalla de mi repentino furor y mi
-ira comprimida. Me voy, porque esta injuria que hoy paso, ha de traer
-amargas hieles.
-
-ROMEO.
-
-(_Cogiendo la mano de Julieta._) Si con mi mano he profanado tan divino
-altar, perdonadme. Mi boca borrará la mancha, cual peregrino ruboroso,
-con un beso.
-
-JULIETA.
-
-El peregrino ha errado la senda aunque parece devoto. El palmero sólo
-ha de besar manos de santo.
-
-ROMEO.
-
-¿Y no tiene labios el santo lo mismo que el romero?
-
-JULIETA.
-
-Los labios del peregrino son para rezar.
-
-ROMEO.
-
-¡Oh, qué santa! Truequen pues de oficio mis manos y mis labios. Rece el
-labio y concededme lo que pido.
-
-JULIETA.
-
-El santo oye con serenidad las súplicas.
-
-ROMEO.
-
-Pues oidme serena mientras mis labios rezan, y los vuestros me
-purifican. (_La besa._)
-
-JULIETA.
-
-En mis labios queda la marca de vuestro pecado.
-
-ROMEO.
-
-¿Del pecado de mis labios? Ellos se arrepentirán con otro beso. (_Torna
-á besarla._)
-
-JULIETA.
-
-Besais muy santamente.
-
-AMA.
-
-Tu madre te llama.
-
-ROMEO.
-
-¿Quién es su madre?
-
-AMA.
-
-La señora de esta casa, dama tan sábia como virtuosa. Yo crié á su
-hija, con quien ahora poco estabais hablando. Mucho dinero necesita
-quien haya de casarse con ella.
-
-ROMEO.
-
-¿Con que es Capuleto? ¡Hado enemigo!
-
-BENVOLIO.
-
-Vámonos, que se acaba la fiesta.
-
-ROMEO.
-
-Harta verdad es, y bien lo siento.
-
-CAPULETO.
-
-No os vayais tan pronto, amigos. Aún os espera una parca cena. ¿Os
-vais? Tengo que daros á todos las gracias. Buenas noches, hidalgos.
-¡Luces, luces, aquí! Vámonos á acostar. Ya es muy tarde, primo mio.
-Vámonos á dormir.
-
- (_Quedan solas Julieta y el Ama._)
-
-JULIETA.
-
-Ama, ¿sabes quién es este mancebo?
-
-AMA.
-
-El mayorazgo de Fiter.
-
-JULIETA.
-
-¿Y aquel otro que sale?
-
-AMA.
-
-El jóven Petrucio, si no me equivoco.
-
-JULIETA.
-
-¿Y el que va detras... aquel que no quiere bailar?
-
-AMA.
-
-Lo ignoro.
-
-JULIETA.
-
-Pues trata de saberlo. Y si es casado, el sepulcro será mi lecho de
-bodas.
-
-AMA.
-
-Es Montesco, se llama Romeo, único heredero de esa infame estirpe.
-
-JULIETA.
-
-¡Amor nacido del odio, harto pronto te he visto, sin conocerte! ¡Harto
-tarde te he conocido! Quiere mi negra suerte que consagre mi amor al
-único hombre á quien debo aborrecer.
-
-AMA.
-
-¿Qué estás diciendo?
-
-JULIETA.
-
-Versos, que me dijo uno bailando.
-
-AMA.
-
-Te están llamando. Ya va. No te detengas, que ya se han ido todos los
-huéspedes.
-
-EL CORO.
-
-Ved cómo muere en el pecho de Romeo la pasion antigua, y cómo la
-sustituye una pasion nueva. Julieta viene á eclipsar con su lumbre á la
-belleza que mataba de amores á Romeo. Él, tan amado como amante, busca
-en una raza enemiga su ventura. Ella ve pendiente de enemigo anzuelo el
-cebo sabroso del amor. Ni él ni ella pueden declarar su anhelo. Pero la
-pasion buscará medios y ocasion de manifestarse.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO II.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Plaza pública, cerca del jardin de Capuleto.=
-
-ROMEO, BENVOLIO y MERCUTIO.
-
-[Ilustración]
-
-ROMEO.
-
-¿Cómo me he de ir de aquí, si mi corazon queda en esas tápias, y mi
-cuerpo inerte viene á buscar su centro?
-
-BENVOLIO.
-
-¡Romeo, primo mio!
-
-MERCUTIO.
-
-Sin duda habrá recobrado el juicio é ídose á acostar.
-
-BENVOLIO.
-
-Para acá viene: le he distinguido á lo lejos saltando la tápia de una
-huerta. Dadle voces, Mercutio.
-
-MERCUTIO.
-
-Le voy á exorcizar como si fuera el diablo. ¡Romeo, amante insensato,
-esclavo de la pasion! Ven en forma de suspiro amoroso: respóndeme con
-un verso solo en que aconsonen bienes con desdenes, y donde eches un
-requiebro á la madre del Amor y al niño ciego, que hirió con sus dardos
-al rey Cofétua, y le hizo enamorarse de una pobre zagala. ¿Ves? no me
-contesta ni da señales de vida. Conjúrote por los radiantes ojos, y por
-la despejada frente, y por los róseos labios, y por el breve pié y los
-llenos muslos de Rosalía, que te aparezcas en tu verdadera forma.
-
-BENVOLIO.
-
-Se va á enfadar, si te oye.
-
-MERCUTIO.
-
-Verás cómo no: se enfadaria, si me empeñase en encerrar á un demonio en
-el círculo de su dama, para que ella le conjurase; pero ahora vereis
-cómo no se enfada con tan santa y justa invocacion, como es la del
-nombre de su amada.
-
-BENVOLIO.
-
-Sígueme: se habrá escondido en esas ramas para pasar la noche. El amor
-como es ciego, busca tinieblas.
-
-MERCUTIO.
-
-Si fuera ciego, erraria casi siempre sus tiros[2]. Buenas noches,
-Romeo. Voyme á acostar, porque la yerba está demasiada fria para
-dormir. ¿Vámonos ya?
-
- [2] Suprimo un juego de palabras semi-obsceno, y no de fácil
- traduccion en castellano.
-
-BENVOLIO.
-
-Vamos, ¿á qué empeñarnos en buscar al que no quiere ser encontrado?
-
-
-ESCENA II.
-
-=Jardin de Capuleto.=
-
-ROMEO.
-
-¡Qué bien se burla del dolor ajeno quien nunca sintió dolores...!
-(_Pónese Julieta á la ventana._) ¿Pero qué luz es la que asoma por
-allí? ¿El sol que sale ya por los balcones de oriente? Sal, hermoso
-sol, y mata de envidia con tus rayos á la luna, que está pálida y
-ojeriza porque vence tu hermosura cualquier ninfa de tu coro. Por eso
-se viste de amarillo color. ¡Que necio el que se arree con sus galas
-marchitas! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece! ¿Cómo podria yo
-decirla que es señora de mi alma? Nada me dijo. Pero ¿qué importa? Sus
-ojos hablarán, y yo responderé. ¡Pero qué atrevimiento es el mio, si no
-me dijo nada! Los dos más hermosos luminares del cielo la suplican que
-les sustituya durante su ausencia. Si sus ojos resplandecieran como
-astros en el cielo, bastaria su luz para ahogar los restantes como el
-brillo del sol mata el de una antorcha. ¡Tal torrente de luz brotaria
-de sus ojos, que haria despertar á las aves á media noche, y entonar
-su cancion como si hubiese venido la aurora! Ahora pone la mano en la
-mejilla. ¿Quién pudiera tocarla como el guante que la cubre?
-
-[Ilustración]
-
-JULIETA.
-
-¡Ay de mí!
-
-ROMEO.
-
-¡Habló! Vuelvo á sentir su voz. ¡Angel de amores que en medio de la
-noche te me apareces, cual nuncio de los cielos á la atónita vista de
-los mortales, que deslumbrados le miran traspasar con vuelo rapidísimo
-las esferas, y mecerse en las alas de las nubes!
-
-JULIETA.
-
-¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no reniegas del nombre
-de tu padre y de tu madre? Y si no tienes valor para tanto, ámame, y no
-me tendré por Capuleto.
-
-ROMEO.
-
-¿Qué hago, seguirla oyendo ó hablar?
-
-JULIETA.
-
-No eres tú mi enemigo. Es el nombre de Montesco, que llevas. ¿Y qué
-quiere decir Montesco? No es pié ni mano ni brazo, ni semblante ni
-pedazo alguno de la naturaleza humana. ¿Por qué no tomas otro nombre?
-La rosa no dejaria de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se
-llamase de otro modo. De igual suerte mi querido Romeo, aunque tuviese
-otro nombre, conservaria todas las buenas cualidades de su alma, que
-no le vienen por herencia. Deja tu nombre, Romeo, y en cambio de tu
-nombre que no es cosa alguna sustancial, toma toda mi alma.
-
-ROMEO.
-
-Si de tu palabra me apodero, llámame tu amante, y creeré que me he
-bautizado de nuevo, y que he perdido el nombre de Romeo.
-
-JULIETA.
-
-¿Y quién eres tú que, en medio de las sombras de la noche, vienes á
-sorprender mis secretos?
-
-ROMEO.
-
-No sé de cierto mi nombre, porque tú aborreces ese nombre, amada mia, y
-si yo pudiera, lo arrancaria de mi pecho.
-
-JULIETA.
-
-Pocas palabras son las que aún he oido de esa boca, y sin embargo te
-reconozco. ¿No eres Romeo? ¿No eres de la familia de los Montescos?
-
-ROMEO.
-
-No seré ni una cosa ni otra, ángel mio, si cualquiera de las dos te
-enfada.
-
-JULIETA.
-
-¿Cómo has llegado hasta aquí, y para qué? Las paredes de esta puerta
-son altas y difíciles de escalar, y aquí podrias tropezar con la
-muerte, siendo quien eres, si alguno de mis parientes te hallase.
-
-ROMEO.
-
-Las paredes salté con las alas que me dió el amor, ante quien no
-resisten áun los muros de roca. Ni siquiera á tus parientes temo.
-
-JULIETA.
-
-Si te encuentran, te matarán.
-
-ROMEO.
-
-Más homicidas son tus ojos, diosa mia, que las espadas de veinte
-parientes tuyos. Mírame sin enojos, y mi cuerpo se hará invulnerable.
-
-JULIETA.
-
-Yo daria un mundo por que no te descubrieran.
-
-ROMEO.
-
-De ellos me defiende el velo tenebroso de la noche. Más quiero morir á
-sus manos, amándome tú, que esquivarlos y salvarme de ellos, cuando me
-falte tu amor.
-
-JULIETA.
-
-¿Y quién te guió aquí?
-
-ROMEO.
-
-El amor que me dijo dónde vivias. De él me aconsejé, él guió mis ojos
-que yo le habia entregado. Sin ser nauchero, te juro que navegaria
-hasta la playa más remota de los mares por conquistar joya tan preciada.
-
-JULIETA.
-
-Si el manto de la noche no me cubriera, el rubor de vírgen subiria á
-mis mejillas, recordando las palabras que esta noche me has oido. En
-vano quisiera corregirlas ó desmentirlas... ¡Resistencias vanas! ¿Me
-amas? Sé que me dirás que sí, y que yo lo creeré. Y sin embargo podrias
-faltar á tu juramento, porque dicen que Jove se rie de los perjuros de
-los amantes. Si me amas de veras, Romeo, dilo con sinceridad, y si me
-tienes por fácil y rendida al primer ruego, dímelo tambien, para que
-me ponga esquiva y ceñuda, y así tengas que rogarme. Mucho te quiero,
-Montesco, mucho, y no me tengas por liviana, antes he de ser más firme
-y constante que aquellas que parecen desdeñosas porque son astutas. Te
-confesaré que más disimulo hubiera guardado contigo, si no me hubieses
-oido aquellas palabras que, sin pensarlo yo, te revelaron todo el ardor
-de mi corazon. Perdóname, y no juzgues ligereza este rendirme tan
-pronto. La soledad de la noche lo ha hecho.
-
-ROMEO.
-
-Júrote, amada mia, por los rayos de la luna que platean la copa de
-estos árboles...
-
-JULIETA.
-
-No jures por la luna, que en su rápido movimiento cambia de aspecto
-cada mes. No vayas á imitar su inconstancia.
-
-ROMEO.
-
-¿Pues por quién juraré?
-
-JULIETA.
-
-No hagas ningun juramento. Si acaso, jura por tí mismo, por tu persona
-que es el dios que adoro y en quien he de creer.
-
-ROMEO.
-
-¡Ojalá que el fuego de mi amor...!
-
-JULIETA.
-
-No jures. Aunque me llene de alegría el verte, no quiero esta noche
-oir tales promesas que parecen violentas y demasiado rápidas. Son como
-el rayo que se extingue, apenas aparece. Aléjate ahora: quizá cuando
-vuelvas haya llegado á abrirse, animado por las brisas del estío, el
-capullo de esta flor. Adios, y ¡ojalá aliente tu pecho en tan dulce
-calma como el mio!
-
-ROMEO.
-
-¿Y no me das más consuelo que ese?
-
-JULIETA.
-
-¿Y qué otro puedo darte esta noche?
-
-ROMEO.
-
-Tu fe por la mia.
-
-JULIETA.
-
-Antes te la dí que tú acertaras á pedírmela. Lo que siento es no poder
-dártela otra vez.
-
-ROMEO.
-
-¿Pues qué? ¿Otra vez quisieras quitármela?
-
-JULIETA.
-
-Sí, para dártela otra vez, aunque esto fuera codicia de un bien que
-tengo ya. Pero mi afan de dártelo toda es tan profundo y tan sin límite
-como los abismos de la mar. ¡Cuanto más te doy, más quisiera darte!...
-Pero oigo ruido dentro. ¡Adios! no engañes mi esperanza... Ama, allá
-voy... Guárdame fidelidad, Montesco mio. Espera un instante, que vuelvo
-en seguida.
-
-ROMEO.
-
-¡Noche, deliciosa noche! Sólo temo que, por ser de noche, no pase todo
-esto de un delicioso sueño.
-
-JULIETA.
-
-(_Asomada otra vez á la ventana._) Sólo te diré dos palabras. Si
-el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al
-mensajero que te enviaré, de cómo y cuándo quieres celebrar la sagrada
-ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida é iré en pos de tí por el mundo.
-
-AMA.
-
-(_Llamando dentro._) ¡Julieta!
-
-JULIETA.
-
-Ya voy. Pero si son torcidas tus intenciones, suplícote que...
-
-AMA.
-
-¡Julieta!
-
-JULIETA.
-
-Ya corro... Suplícote que desistas de tu empeño, y me dejes á solas con
-mi dolor. Mañana irá el mensajero...
-
-ROMEO.
-
-Por la gloria...
-
-JULIETA.
-
-Buenas noches.
-
-ROMEO.
-
-No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? El amor va en busca del amor
-como el estudiante huyendo de sus libros, y el amor se aleja del amor
-como el niño que deja sus juegos para tornar al estudio.
-
-JULIETA.
-
-(_Otra vez á la ventana._) ¡Romeo! ¡Romeo! ¡Oh, si yo tuviese la voz
-del cazador de cetrería, para llamar de lejos á los halcones! Si yo
-pudiera hablar á gritos, penetraria mi voz hasta en la gruta de la
-ninfa Eco, y llegaria á ensordecerla repitiendo el nombre de mi Romeo.
-
-ROMEO.
-
-¡Cuán grato suena el acento de mi amada en la apacible noche,
-protectora de los amantes! Más dulce es que música en oido atento.
-
-JULIETA.
-
-¡Romeo!
-
-ROMEO.
-
-¡Alma mia!
-
-JULIETA.
-
-¿A qué hora irá mi criado mañana?
-
-ROMEO.
-
-A las nueve.
-
-JULIETA.
-
-No faltará. Las horas se me harán siglos hasta que esa llegue. No sé
-para qué te he llamado.
-
-ROMEO.
-
-¡Déjame quedar aquí hasta que lo pienses!
-
-JULIETA.
-
-Con el contento de verte cerca me olvidaré eternamente de lo que
-pensaba, recordando tu dulce compañía.
-
-ROMEO.
-
-Para que siga tu olvido no he de irme.
-
-JULIETA.
-
-Ya es de dia. Véte.... Pero no quisiera que te alejaras más que el
-breve trecho que consiente alejarse al pajarillo la niña que le tiene
-sujeto de una cuerda de seda, y que á veces le suelta de la mano, y
-luego le coge ansiosa, y le vuelve á soltar....
-
-ROMEO.
-
-¡Ojalá fuera yo ese pajarillo!
-
-JULIETA.
-
-¿Y qué quisiera yo sino que lo fueras? aunque recelo que mis caricias
-habian de matarte. ¡Adios, adios! Triste es la ausencia y tan dulce la
-despedida, que no sé cómo arrancarme de los hierros de esta ventana.
-
-ROMEO.
-
-¡Que el sueño descanse en tus dulces ojos y la paz en tu alma! ¡Ojalá
-fuera yo el sueño, ojalá fuera yo la paz en que se duerme tu belleza!
-De aquí voy á la celda donde mora mi piadoso confesor, para pedirle
-ayuda y consejo en este trance.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Celda de Fray Lorenzo.=
-
-FRAY LORENZO y ROMEO.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Ya la aurora se sonrie mirando huir á la oscura noche. Ya con sus
-rayos dora las nubes de oriente. Huye la noche con perezosos piés,
-tropezando y cayendo como un beodo, al ver la lumbre del sol que se
-despierta y monta en el carro de Titan. Antes que tienda su dorada
-lumbre, alegrando el dia y enjugando el llanto que vertió la noche, he
-de llenar este cesto de bien olientes flores y de yerbas primorosas. La
-tierra es á la vez cuna y sepultura de la naturaleza, y su seno educa
-y nutre hijos de varia condicion, pero ninguno tan falto de virtud que
-no dé alimento ó remedio ó solaz al hombre. Extrañas son las virtudes
-que derramó la pródiga mano de la naturaleza, en piedras, plantas y
-yerbas. No hay sér inútil sobre la tierra, por vil y despreciable que
-parezca. Por el contrario, el sér más noble, si se emplea con mal fin,
-es dañino y abominable. El bien mismo se trueca en mal y el valor en
-vicio, cuando no sirve á un fin virtuoso. En esta flor que nace duermen
-escondidos á la vez medicina y veneno: los dos nacen del mismo orígen,
-y su olor comunica deleite y vida á los sentidos, pero si se aplica
-al labio, esa misma flor tan aromosa mata el sentido. Así es el alma
-humana; dos monarcas imperan en ella, uno la humildad, otro la pasion;
-cuando ésta predomina, un gusano roedor consume la planta.
-
-ROMEO.
-
-Buenos dias, padre.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Él sea en tu guarda. ¿Quién me saluda con tan dulces palabras,
-al apuntar el dia? Levantado y á tales horas, revela sin duda
-intranquilidad de conciencia, hijo mio. En las pupilas del anciano
-viven los cuidados veladores, y donde reina la inquietud ¿cómo habitará
-el sosiego? Pero en lecho donde reposa la juventud ajena de todo pesar
-y duelo, infunde en los miembros deliciosa calma el blando sueño.
-Tu visita tan de mañana me indica que alguna triste ocasion te hace
-abandonar tan pronto el lecho. Y si no... será que has pasado la noche
-desvelado.
-
-ROMEO.
-
-¡Eso es, y descansé mejor que dormido!
-
-FRAY LORENZO.
-
-Perdónete Dios. ¿Estuviste con Rosalía?
-
-ROMEO.
-
-¿Con Rosalía? Ya su nombre no suena dulce en mis oidos, ni pienso en su
-amor.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Bien haces. Luego ¿dónde estuviste?
-
-ROMEO.
-
-Te lo diré sin ambages. En la fiesta de nuestros enemigos los
-Capuletos, donde á la vez herí y fuí herido. Sólo tus manos podrán
-sanar á uno y otro contendiente. Y con esto verás que no conservo
-rencor á mi adversario, puesto que intercedo por él como si fuese amigo
-mio.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Dime con claridad el motivo de tu visita, si es que puedo ayudarte en
-algo.
-
-ROMEO.
-
-Pues te diré en dos palabras que estoy enamorado de la hija del noble
-Capuleto, y que ella me corresponde con igual amor. Ya está concertado
-todo—sólo falta que vos bendigais esta union. Luego os diré con más
-espacio dónde y cómo nos conocimos y nos juramos constancia eterna.
-Ahora lo que importa es que nos caseis al instante.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¡Por vida de mi padre san Francisco! ¡Qué pronto olvidaste á Rosalía,
-en quien cifrabas antes tu cariño! El amor de los jóvenes nace de los
-ojos y no del corazon. ¡Cuánto lloraste por Rosalía! y ahora tanto amor
-y tanto enojo se ha disipado como el eco. Aún no ha disipado el sol los
-vapores de tu llanto. Aún resuenan en mis oidos tus quejas. Aún se ven
-en tu rostro las huellas de antiguas lágrimas. ¿No decias que era más
-bella y gentil que ninguna? y ahora te has mudado. ¡Y luego acusais
-de inconstantes á las mujeres! ¿Cómo buscais firmeza en ellas, si
-vosotros les dais el ejemplo de olvidar?
-
-ROMEO.
-
-¿Pero vos no reprobabais mi amor por Rosalía?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Yo no reprobaba tu amor, sino tu idolatría ciega.
-
-ROMEO.
-
-¿Y no me dijisteis que hiciera todo lo posible por ahogar ese amor?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Pero no para que de la sepultura de ese amor brotase otro amor nuevo y
-más ardiente.
-
-ROMEO.
-
-No os enojeis conmigo, porque mi señora me quiere tanto como yo á ella
-y con su amor responde al mio, y la otra no.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Es que Rosalía quizá adivinara la ligereza de tu amor. Ven conmigo,
-inconstante mancebo. Yo te ayudaré á conseguir lo que deseas para
-que esta boda sea lazo de amistad que extinga el rencor de vuestras
-familias.
-
-ROMEO.
-
-Vamos, pues, sin detenernos.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Vamos con calma para no tropezar.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Calle.=
-
-BENVOLIO y MERCUTIO.
-
-MERCUTIO.
-
-¿Dónde estará Romeo? ¿Pareció anoche por su casa?
-
-BENVOLIO.
-
-Por casa de su padre no estuvo. Así me lo ha dicho su criado.
-
-MERCUTIO.
-
-¡Válgame Dios! Esa pálida muchachuela, esa Rosalía de duras entrañas
-acabará por tornarle loco.
-
-BENVOLIO.
-
-Teobaldo, el primo de Capuleto, ha escrito una carta al padre de Romeo.
-
-MERCUTIO.
-
-Sin duda será cartel de desafío.
-
-BENVOLIO.
-
-Pues Romeo es seguro que contestará.
-
-MERCUTIO.
-
-Todo el mundo puede responder á una carta.
-
-BENVOLIO.
-
-Quiero decir que Romeo sabrá tratar como se merece al dueño de la carta.
-
-MERCUTIO.
-
-¡Pobre Romeo! Esa rubia y pálida niña le ha atravesado el corazon á
-estocadas, le ha traspasado los oidos con una cancion de amor, y el
-centro del alma con las anchas flechas del volador Cupido... ¿Y quién
-resistirá á Teobaldo?
-
-BENVOLIO.
-
-¿Quién es Teobaldo?
-
-MERCUTIO.
-
-Algo más que el rey de los gatos; es el mejor y más diestro esgrimidor.
-Maneja la espada como tú la lengua, guardando tiempo, distancia y
-compas. Gran cortador de ropillas. Espadachin, espadachin de profesion,
-y muy enterado del _inmortal passato_, del _punto reverso_ y del _par_.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Y qué quieres decir con eso?
-
-MERCUTIO.
-
-Mala landre devore á esos nuevos elegantes que han venido con gestos y
-cortesías á reformar nuestras antiguas costumbres. «¡Qué buena espada,
-qué buen mozo, qué hermosa mujer!» Decidme, abuelos mios, ¿no es mala
-vergüenza que estemos llenos de estos moscones extranjeros, estos
-_pardonnez moi_, tan ufanos con sus nuevas galas y tan despreciadores
-de lo antiguo? ¡Oh, necedad insigne!
-
- (_Sale Romeo._)
-
-BENVOLIO.
-
-¡Aquí tienes á Romeo! ¡Aquí tienes á Romeo!
-
-MERCUTIO.
-
-Bien roma trae el alma. No eres carne ni pescado. ¡Oh materia digna de
-los versos del Petrarca! Comparada con su amor Laura era una fregona,
-sino que tuvo mejor poeta que la celebrase; Dido una zagala, Cleopatra
-una gitana, Hero y Elena dos rameras, y Ciste, á pesar de sus negros
-ojos, no podria competir con la suya. _Bon jour_, Romeo. Saludo francés
-corresponde á vuestras calzas francesas. Anoche nos dejaste en blanco.
-
-ROMEO.
-
-¿Qué dices de dejar en blanco?
-
-MERCUTIO.
-
-Que te despediste á la francesa. ¿Lo entiendes ahora?
-
-ROMEO.
-
-Perdon, Mercutio. Tenia algo que hacer, y no estaba el tiempo para
-cortesías.
-
-MERCUTIO.
-
-¿De suerte que tú tambien las usas á veces y doblas las rodillas?
-
-ROMEO.
-
-Luego no soy descortes, porque eso es hacer genuflexiones.
-
-MERCUTIO.
-
-Dices bien.
-
-ROMEO.
-
-Pero aquello de que hablábamos es cortesía y no genuflexion.
-
-MERCUTIO.
-
-Es que yo soy la flor de la cortesía.
-
-ROMEO.
-
-¿Cómo no dices la flor y nata?
-
-MERCUTIO.
-
-Porque la nata la dejo para tí[3].
-
- [3] Siguen otros juegos de palabras difíciles de poner en
- castellano, so pena de sustituir otros.
-
-ROMEO.
-
-Cállate.
-
-MERCUTIO.
-
-¿Y no es mejor esto que andar en lamentaciones exóticas? Ahora te
-reconozco: eres Romeo, nuestro antiguo y buen amigo. Andabas hecho un
-necio con ese amor insensato.
-
- (_Salen Pedro y el Ama._)
-
-MERCUTIO.
-
-Vela, vela.
-
-BENVOLIO.
-
-Y son dos: una saya y un sayal.
-
-AMA.
-
-¡Pedro!
-
-PEDRO.
-
-¿Qué?
-
-AMA.
-
-Tráeme el abanico.
-
-MERCUTIO.
-
-Dáselo, Pedro, que siempre será más agradable mirar su abanico que su
-cara.
-
-AMA.
-
-Buenas tardes, señores.
-
-MERCUTIO.
-
-Buenas tardes, hermosa dama.
-
-AMA.
-
-¿Pues hemos llegado á la tarde?
-
-MERCUTIO.
-
-No, pero la mano lasciva del reloj está señalando las doce.
-
-AMA.
-
-¡Jesús, qué hombre!
-
-MERCUTIO.
-
-Un hombre que Dios crió, para que luego echase él mismo á perder la
-obra divina.
-
-AMA.
-
-Bien dicho. Para que echase su obra á perder... ¿Pero me podria decir
-alguno de vosotros dónde está el jóven Romeo?
-
-ROMEO.
-
-Yo te lo podré decir, y por cierto que ese jóven será ya más viejo
-cuando le encontreis, que cuando empezabais á buscarlo. Yo soy Romeo, á
-falta de otro más jóven.
-
-AMA.
-
-¿Lo decis de veras?
-
-MERCUTIO.
-
-¿Conque á falta de otro mejor, os parece jóven? Discretamente lo
-entendeis.
-
-AMA.
-
-Si verdaderamente sois Romeo, tengo que deciros secretamente una
-palabra.
-
-BENVOLIO.
-
-Si querrá citarle para esta noche...
-
-MERCUTIO.
-
-¿Es una alcahueta, una perra?... ¡Oh, oh!...
-
-ROMEO.
-
-¿Qué ruido es ese?
-
-MERCUTIO.
-
-No es que haya encontrado yo ninguna liebre, ni es cosa de seguir la
-liebre, aunque como dice el cantar: «En cuaresma bien se puede comer
-una liebre vieja, pero tan vieja llega á podrirse, si se la guarda, que
-no hay quien la pueda mascar.» ¿Vas á casa de tu padre, Romeo? Allá
-iremos á comer.
-
-ROMEO.
-
-Voy con vosotros.
-
-MERCUTIO.
-
-Adios, hermosa vieja; hermosa, hermosa, hermosa.
-
- (_Vanse él y Benvolio._)
-
-AMA.
-
-Bendito sea Dios, que ya se fué éste. ¿Me podriais decir (_á Romeo_)
-quién es este majadero, tan pagado de sus chistes?
-
-ROMEO.
-
-Ama, es un amigo mio que se escucha á sí mismo y gusta de reirse sus
-gracias, y que habla más en una hora que lo que escuchas tú en un mes.
-
-AMA.
-
-Pues si se atreve á hablar mal de mí, él me lo pagará, aunque vengan
-en su ayuda otros veinte de su calaña. Y si yo misma no puedo,
-otros sacarán la cara por mí. Pues no faltaba más. ¡El grandísimo
-impertinente! ¿Si creerá que yo soy una mujer de esas?... Y tú (_á
-Pedro_) que estás ahí tan reposado, y dejas que cualquiera me insulte.
-
-PEDRO.
-
-Yo no he visto que nadie os insulte, porque si lo viera, no tardaria un
-minuto en sacar mi espada. Nadie me gana en valor cuando mi causa es
-justa, y cuando me favorece la ley.
-
-AMA.
-
-¡Válgame Dios! todavía me dura el enojo y las carnes me tiemblan... Una
-palabra sola, caballero. Como iba diciendo, mi señorita me manda con un
-recado para vos. No voy á repetiros todo lo que me ha dicho. Pero si
-vuestro objeto es engañarla, ciertamente que será cosa indigna, porque
-mi señorita es una muchacha jóven, y el engañarla seria muy mala obra,
-y no tendria perdon de Dios.
-
-ROMEO.
-
-Ama, puedes jurar á tu señora que...
-
-AMA.
-
-¡Bien, bien, así se lo diré, y ha de alegrarse mucho!...
-
-ROMEO.
-
-¿Y qué le vas á decir, si todavía no me has oido nada?
-
-AMA.
-
-Le diré que protestais, lo cual, á fe mia, es obrar como caballero.
-
-ROMEO.
-
-Dile que invente algun pretexto para ir esta tarde á confesarse al
-convento de fray Lorenzo, y él nos confesará y casará. Toma este regalo.
-
-AMA.
-
-No aceptaré ni un dinero, señor mio.
-
-ROMEO.
-
-Yo te lo mando.
-
-AMA.
-
-¿Conque esta tarde? Pues no faltará.
-
-ROMEO.
-
-Espérame detras de las tápias del convento, y antes de una hora, mi
-criado te llevará una escala de cuerdas para poder yo subir por ella
-hasta la cima de mi felicidad. Adios y séme fiel. Yo te lo premiaré
-todo. Mis recuerdos á Julieta.
-
-AMA.
-
-Bendito seais. Una palabra más.
-
-ROMEO.
-
-¿Qué, ama?
-
-AMA.
-
-¿Es de fiar vuestro criado? ¿Nunca oisteis que á nadie fia sus secretos
-el varon prudente?
-
-ROMEO.
-
-Mi criado es fiel como el oro.
-
-AMA.
-
-Bien, caballero. No hay señorita más hermosa que la mia. ¡Y si la
-hubierais conocido cuando pequeña!... ¡Ah! Por cierto que hay en la
-ciudad un tal Páris que de buena gana la abordaría. Pero ella, bendita
-sea su alma, más quisiera á un sapo feísimo que á él. A veces me
-divierto en enojarla, diciéndole que Páris es mejor mozo que vos, y ¡si
-vierais cómo se pone entonces! Más pálida que la cera. Decidme ahora:
-¿Romero y Romeo no tienen la misma letra inicial?
-
-ROMEO.
-
-Verdad es que ambos empiezan por _R_.
-
-AMA.
-
-Eso es burla. Yo sé que vuestro nombre empieza con otra letra menos
-áspera... ¡Si vierais qué graciosos equívocos hace con vuestro nombre y
-con Romero! Gusto os diera oirla.
-
-ROMEO.
-
-Recuerdos á Julieta.
-
-AMA.
-
-Sí que se los daré mil veces. ¡Pedro!
-
-PEDRO.
-
-¡Qué!
-
-AMA.
-
-Toma el abanico, y guíame.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Jardin de Capuleto.=
-
-JULIETA y el AMA.
-
-JULIETA.
-
-Las nueve eran cuando envié al ama, y dijo que antes de media hora
-volveria. ¿Si no lo habrá encontrado? ¡Pero sí! ¡Qué torpe y perezosa!
-Sólo el pensamiento debiera ser nuncio del amor. El corre más que
-los rayos del sol cuando ahuyentan las sombras de los montes. Por eso
-pintan al amor con alas. Ya llega el sol á la mitad de su carrera. Tres
-horas van pasadas desde las nueve á las doce, y él no vuelve todavía.
-Si ella tuviese sangre juvenil y alma, volveria con las palabras de su
-boca; pero la vejez es pesada como un plomo.
-
- (_Salen el Ama y Pedro._)
-
-¡Gracias á Dios que viene! Ama mia, querida ama... ¿qué noticias traes?
-¿Hablaste con él? Que se vaya Pedro.
-
-AMA.
-
-Véte, Pedro.
-
-JULIETA.
-
-Y bien, ama querida. ¡Qué triste estás! ¿Acaso traes malas noticias?
-Dímelas, á lo menos, con rostro alegre. Y si son buenas, no las eches á
-perder con esa mirada torva.
-
-AMA.
-
-Muy fatigada estoy. ¡Qué quebrantados están mis huesos!
-
-JULIETA.
-
-¡Tuvieras tus huesos tú y yo mis noticias! Habla por Dios, ama mia.
-
-AMA.
-
-¡Señor, qué prisa! Aguarda un poco. ¿No me ves sin aliento?
-
-JULIETA.
-
-¿Cómo sin aliento, cuándo te sobra para decirme que no le tienes? Menos
-que en volverlo á decir, tardarias en darme las noticias. ¿Las traes
-buenas ó malas?
-
-AMA.
-
-¡Qué mala eleccion de marido has tenido! ¡Vaya, que el tal Romeo!
-Aunque tenga mejor cara que los demas, todavía es mejor su pié y su
-mano y su gallardía. No diré que la flor de los cortesanos, pero tengo
-para mí que es humilde como una oveja. ¡Bien has hecho, hija! y qué
-Dios te ayude. ¿Has comido en casa?
-
-JULIETA.
-
-Calla, calla: eso ya me lo sabia yo. ¿Pero que hay de la boda? dímelo.
-
-[Ilustración]
-
-AMA.
-
-¡Jesús! ¡qué cabeza la mia! Pues, y la espalda... ¡Cómo me mortifican
-los riñones! ¡La culpa es tuya que me haces andar por esos andurriales,
-abriéndome la sepultura antes de tiempo!
-
-JULIETA.
-
-Mucho siento tus males, pero acaba de decirme, querida ama, lo que te
-contestó mi amor.
-
-AMA.
-
-Habló cómo un caballero lleno de discrecion y gentileza; puedes
-creerme. ¿Dónde está tu madre?
-
-JULIETA.
-
-¿Mi madre? Allá dentro. ¡Vaya una pregunta!
-
-AMA.
-
-¡Válgame Dios! ¿Te enojas conmigo? ¡Buen emplasto para curar mis
-quebraduras! Otra vez vas tú misma á esas comisiones.
-
-JULIETA.
-
-Pero ¡qué confusion! ¿Qué es en suma lo que te dijo Romeo?
-
-AMA.
-
-¿Te dejarán ir sola á confesar?
-
-JULIETA.
-
-Sí.
-
-AMA.
-
-Pues allí mismo te casarás. Véte á la celda de fray Lorenzo. Ya se
-cubren de rubor tus mejillas con tan sencilla nueva. Véte al convento.
-Yo, iré por otra parte á buscar la escalera, con que tu amante ha de
-escalar el nido del amor. A la celda, pues, y yo á comer.
-
-JULIETA.
-
-¡Y yo á mi felicidad! ama mia.
-
-
-ESCENA VI.
-
-=Celda de Fray Lorenzo.=
-
-FRAY LORENZO y ROMEO.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¡El cielo mire con buenos ojos la ceremonia que vamos á cumplir, y no
-nos castigue por ella en adelante!
-
-ROMEO.
-
-¡Así sea, así sea! Pero por muchas penas que vengan no bastarán á
-destruir la impresion de este momento de ventura. Junta nuestras manos,
-y con tal que yo pueda llamarla mia, no temeré ni siquiera á la muerte,
-verdugo del amor.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Nada violento es duradero: ni el placer ni la pena: ellos mismos se
-consumen como el fuego y la pólvora al usarse. La excesiva dulcedumbre
-de la miel empalaga al labio. Ama, pues, con templanza. Aquí está la
-dama; (_sale Julieta_) su pié es tan leve que no desgastará nunca la
-eterna roca; tan ligera que puede correr sobre las telas de araña sin
-romperlas.
-
-JULIETA.
-
-Buenas tardes, reverendo confesor.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Romeo te dará las gracias en nombre de los dos.
-
-JULIETA.
-
-Por eso le he incluido en el saludo. Si no, pecaria él de exceso de
-cortesía.
-
-ROMEO.
-
-¡Oh, Julieta! Si tu dicha es cómo la mia y puedes expresarla con más
-arte, alegra con tus palabras el aire de este aposento y deja que tu
-voz proclame la ventura que hoy agita el alma de los dos.
-
-JULIETA.
-
-El verdadero amor es más prodigo de obras que de palabras: más rico en
-la esencia que en la forma. Sólo el pobre cuenta su caudal. Mi tesoro
-es tan grande que yo no podria contar ni siquiera la mitad.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Acabémos pronto. No os dejaré solos hasta que os ligue la bendicion
-nupcial.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO III.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Plaza de Verona.=
-
-MERCUTIO, BENVOLIO.
-
-BENVOLIO.
-
-Amigo Mercutio, pienso que debíamos refrenarnos, porque hace mucho
-calor, y los Capuletos andan encalabrinados, y ya sabes que en verano
-hierve mucho la sangre.
-
-MERCUTIO.
-
-Tú eres uno de esos hombres que cuando entran en una taberna, ponen
-la espada sobre la mesa, como diciendo: «ojalá que no te necesite», y
-luego, á los dos tragos, la sacan, sin que nadie les provoque.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Dices que yo soy de esos?
-
-MERCUTIO.
-
-Y de los más temibles espadachines de Italia, tan fácil de entrar en
-cólera como de provocar á los demas.
-
-BENVOLIO.
-
-¿Por qué dices eso?
-
-MERCUTIO.
-
-Si hubiera otro como tú, pronto os matariais. Capaz eres de reñir por
-un solo pelo de la barba. Donde nadie veria ocasion de camorra, la ves
-tú. Llena está de riña tu cabeza, como de yema un huevo, y eso que á
-porrazos te han puesto tan blanda como una yema, la cabeza. Reñiste
-con uno porque te vió en la calle y despertó á tu perro que estaba
-durmiendo al sol. Y con un sastre porque estrenó su ropa nueva antes
-de Pascua, y con otro porque ataba sus zapatos con cintas viejas. ¿Si
-vendrás tú á enseñarme moderacion y prudencia?
-
-BENVOLIO.
-
-Si yo fuera tan camorrista como tú, ¿quién me aseguraria la vida ni
-siquiera un cuarto de hora?... Mira, aquí vienen los Capuletos.
-
-MERCUTIO.
-
-¿Y qué se me da á mí, vive Dios?
-
- (_Teobaldo y otros._)
-
-TEOBALDO.
-
-Estad cerca de mí, que tengo que decirles dos palabras. Buenas tardes,
-hidalgos. Quisiera hablar con uno de vosotros.
-
-MERCUTIO.
-
-¿Hablar sólo? Más valiera que la palabra viniese acompañada de algo, v.
-g., de un golpe.
-
-TEOBALDO.
-
-Hidalgo, no dejaré de darle si hay motivo.
-
-MERCUTIO.
-
-¿Y no podeis encontrar motivo sin que os lo dén?
-
-TEOBALDO.
-
-Mercutio, tú estás de acuerdo con Romeo.
-
-MERCUTIO.
-
-¡De acuerdo! ¿Has creido que somos músicos? Pues aunque lo seamos, no
-dudes que en esta ocasion vamos á desafinar. Yo te haré bailar con mi
-arco de violin. ¡De acuerdo! ¡Válgame Dios!
-
-BENVOLIO.
-
-Estamos entre gentes. Buscad pronto algun sitio retirado, donde
-satisfaceros, ó desocupad la calle, porque todos nos están mirando.
-
-MERCUTIO.
-
-Para eso tienen ojos. No me voy de aquí por dar gusto á nadie.
-
-TEOBALDO.
-
-Adios, señor. Aquí está el doncel que buscábamos.
-
- (_Entra Romeo._)
-
-MERCUTIO.
-
-Mátenme si él lleva los colores de vuestro escudo. Aunque de fijo os
-seguirá al campo, y por eso le llamais doncel.
-
-TEOBALDO.
-
-Romeo, sólo una palabra me consiente decirte el odio que te profeso.
-Eres un infame.
-
-ROMEO.
-
-Teobaldo, tales razones tengo para quererte que me hacen perdonar hasta
-la bárbara grosería de ese saludo. Nunca he sido infame. No me conoces.
-Adios.
-
-TEOBALDO.
-
-Mozuelo imberbe, no intentes cobardemente excusar los agravios que me
-has hecho. No te vayas, y defiéndete.
-
-ROMEO.
-
-Nunca te agravié. Te lo afirmo con juramento. Al contrario hoy te amo
-más que nunca, y quizá sepas pronto la razon de este cariño. Véte en
-paz, buen Capuleto, nombre que estimo tanto como el mio.
-
-MERCUTIO.
-
-¡Qué extraña cobardía! Decídanlo las estocadas. Teobaldo, espadachin,
-¿quieres venir conmigo?
-
-TEOBALDO.
-
-¿Qué me quieres?
-
-MERCUTIO.
-
-Rey de los gatos, sólo quiero una de tus siete vidas, y luego
-aporrearte á palos las otras seis. ¿Quieres tirar de las orejas á tu
-espada, y sacarla de la vaina? Anda presto, porque si no, la mia te
-calentará tus orejas antes que la saques.
-
-TEOBALDO.
-
-Soy contigo.
-
-ROMEO.
-
-Detente, amigo Mercutio.
-
-MERCUTIO.
-
-Adelante, hidalgo. Enseñadme ese quite. (_Se baten._)
-
-ROMEO.
-
-Saca la espada, Benvolio. Separémoslos. ¡Qué afrenta, hidalgos! ¡Oid,
-Teobaldo! ¡Oye, Mercutio! ¿No sabeis que el Príncipe ha prohibido sacar
-la espada en las calles de Verona? Deteneos, Teobaldo y Mercutio.
-
- (_Se van Teobaldo y sus amigos._)
-
-MERCUTIO.
-
-Mal me han herido. ¡Mala peste á Capuletos y Montescos! Me hirieron y
-no los herí.
-
-ROMEO.
-
-¿Te han herido?
-
-MERCUTIO.
-
-Un arañazo, nada más, un arañazo, pero necesita cura. ¿Dónde está mi
-paje, para que me busque un cirujano?
-
- (_Se va el paje._)
-
-ROMEO.
-
-No temas. Quizá sea leve la herida.
-
-MERCUTIO.
-
-No es tan honda como un pozo, ni tan ancha como el pórtico de una
-iglesia, pero basta. Si mañana preguntas por mí, verásme tan callado
-como un muerto. Ya estoy escabechado para el otro mundo. Mala landre
-devore á vuestras dos familias. ¡Vive Dios! ¡Que un perro, una rata,
-un raton, un gato mate así á un hombre! Un maton, un pícaro, que pelea
-contra los ángulos y reglas de la esgrima. ¿Para qué te pusiste á
-separarnos? Por debajo de tu brazo me ha herido.
-
-ROMEO.
-
-Fué con buena intencion.
-
-MERCUTIO.
-
-Llévame de aquí, Benvolio, que me voy á desmayar. ¡Mala landre devore
-á entrambas casas! Ya soy una gusanera. ¡Maldita sea la discordia de
-Capuletos y Montescos! (_Vanse._)
-
-ROMEO.
-
-Por culpa mia sucumbe este noble caballero, tan cercano deudo del
-Príncipe. Estoy afrentado por Teobaldo, por Teobaldo que ha de ser mi
-pariente dentro de poco. Tus amores, Julieta, me han quitado el brio y
-ablandado el temple de mi acero.
-
-BENVOLIO.
-
-(_Que vuelve._) ¡Ay, Romeo! Mercutio ha muerto. Aquella alma audaz, que
-hace poco despreciaba la tierra, se ha lanzado ya á las nubes.
-
-ROMEO.
-
-Y de este dia sangriento nacerán otros que extremarán la copia de mis
-males.
-
-BENVOLIO.
-
-Por allí vuelve Teobaldo.
-
-ROMEO.
-
-Vuelve vivo y triunfante. ¡Y Mercutio muerto! Huye de mí, dulce
-templanza. Sólo la ira guie mi brazo. Teobaldo, ese mote de _infame_
-que tú me diste, yo te le devuelvo ahora, porque el alma de Mercutio
-está desde las nubes llamando á la tuya, y tú ó yo ó los dos hemos de
-seguirle forzosamente.
-
-TEOBALDO.
-
-Pues véte á acompañarle tú, necio, que con él ibas siempre.
-
-ROMEO.
-
-Ya lo decidirá la espada. (_Se baten, y cae herido Teobaldo._)
-
-[Ilustración]
-
-BENVOLIO.
-
-Huye, Romeo. La gente acude y Teobaldo está muerto. Si te alcanzan,
-vas á ser condenado á muerte. No te detengas como pasmado. Huye, huye.
-
-ROMEO.
-
-Soy triste juguete de la suerte.
-
-BENVOLIO.
-
-Huye, Romeo.
-
- (_Acude gente._)
-
-CIUDADANO 1.º
-
-¿Por dónde habrá huido Teobaldo, el asesino de Mercutio?
-
-BENVOLIO.
-
-Ahí yace muerto Teobaldo.
-
-CIUDADANO 1.º
-
-Seguidme todos. En nombre del Príncipe lo mando.
-
-(_Entran el Príncipe con sus guardias, Montescos, Capuletos, etc._)
-
-EL PRÍNCIPE.
-
-¿Dónde están los promovedores de esta reyerta?
-
-BENVOLIO.
-
-Ilustre Príncipe, yo puedo referiros todo lo que aconteció. Teobaldo
-mató al fuerte Mercutio, vuestro deudo, y Romeo mató á Teobaldo.
-
-LA SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¡Teobaldo! ¡Mi sobrino, hijo de mi hermano! ¡Oh, Príncipe! un Montesco
-ha asesinado á mi deudo. Si sois justo, dadnos sangre por sangre. ¡Oh,
-sobrino mio!
-
-PRÍNCIPE.
-
-Dime con verdad, Benvolio. ¿Quién comenzó la pelea?
-
-BENVOLIO.
-
-Teobaldo, que luego murió á manos de Romeo. En vano Romeo con dulces
-palabras le exhortaba á la concordia, y le traia al recuerdo vuestras
-ordenanzas: todo esto con mucha cortesía y apacible ademan. Nada bastó
-á calmar los furores de Teobaldo, que ciego de ira, arremetió con el
-acero desnudo contra el infeliz Mercutio. Mercutio le resiste primero
-á hierro, y apartando de sí la suerte, quiere arrojarla del lado de
-Teobaldo. Este le esquiva con ligereza. Romeo se interpone, clamando:
-«Paz, paz, amigos.» En pos de su lengua va su brazo á interponerse
-entre las armas matadoras, pero de súbito, por debajo de ese brazo,
-asesta Teobaldo una estocada que arrebata la vida al pobre Mercutio;
-Teobaldo huye á toda prisa, pero á poco rato vuelve, y halla á Romeo,
-cuya cólera estalla. Arrójanse como rayos al combate, y antes de poder
-atravesarme yo, cae Teobaldo y huye Romeo. Esta es la verdad lisa y
-llana, por vida de Benvolio.
-
-LA SEÑORA DE CAPULETO.
-
-No ha dicho verdad. Es pariente de los Montescos, y la aficion que les
-tiene le ha obligado á mentir. Más de veinte espadas se desenvainaron
-contra mi pobre sobrino. Justicia, Príncipe. Si Romeo mató á Teobaldo,
-que muera Romeo.
-
-PRÍNCIPE.
-
-Él mató á Mercutio, segun se infiere del relato. ¿Y quién pide
-justicia, por una sangre tan cara?
-
-MONTESCO.
-
-No era Teobaldo el deudor, aunque fuese amigo de Mercutio, ni debia
-haberse tomado la justicia por su mano, hasta que las leyes decidiesen.
-
-PRÍNCIPE.
-
-En castigo, yo te destierro. Vuestras almas están cegadas por el
-encono, y á pesar vuestro he de haceros llorar la muerte de mi deudo.
-Seré inaccesible á lágrimas y á ruegos. No me digais palabra. Huya
-Romeo; porque si no huye, le alcanzará la muerte. Levantad el cadáver.
-No seria clemencia perdonar al homicida.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Jardin en casa de Capuleto.=
-
-JULIETA y el AMA.
-
-JULIETA.
-
-Corred, corred á la casa de Febo, alados corceles del sol. El látigo de
-Faeton os lance al ocaso. Venga la dulce noche á tender sus espesas
-cortinas. Cierra ¡oh sol! tus penetrantes ojos, y deja que en el
-silencio venga á mí mi Romeo, é invisible se lance en mis brazos. El
-amor es ciego y ama la noche, y á su luz misteriosa cumplen sus citas
-los amantes. Ven, majestuosa noche, matrona de humilde y negra túnica,
-y enséñame á perder en el blando juego, donde las vírgenes empeñan su
-castidad. Cubre con tu manto la pura sangre que arde en mis mejillas.
-Ven, noche; ven, Romeo, tú que eres mi dia en medio de esta noche, tú
-que ante sus tinieblas pareces un copo de nieve sobre las negras alas
-del cuervo. Ven, tenebrosa noche, amiga de los amantes, y vuélveme á
-mi Romeo. Y cuando muera, convierte tú cada trozo de su cuerpo en una
-estrella relumbrante, que sirva de adorno á tu manto, para que todos
-se enamoren de la noche, desenamorándose del sol. Ya he adquirido el
-castillo de mi amor, pero aún no le poseo. Ya estoy vendida, pero no
-entregada á mi señor. ¡Qué dia tan largo! tan largo como víspera de
-domingo para el niño que ha de estrenar en él un traje nuevo. Pero aquí
-viene mi ama, y me traerá noticias de él.
-
- (_Llega el ama con una escala de cuerdas._)
-
-Ama, ¿qué noticias traes? ¿Esa es la escala que te dijo Romeo?
-
-AMA.
-
-Sí, esta es la escala.
-
-JULIETA.
-
-¡Ay, Dios! ¿Qué sucede? ¿Por qué tienes las manos cruzadas?
-
-AMA.
-
-¡Ay, señora! murió, murió. Perdidas somos. No hay remedio... Murió. Le
-mataron... Está muerto.
-
-JULIETA.
-
-¿Pero cabe en el mundo tal maldad?
-
-AMA.
-
-En Romeo cabe. ¿Quién pudiera pensar tal cosa de Romeo?
-
-JULIETA.
-
-¿Y quién eres tú, demonio, que así vienes á atormentarme? Suplicio
-igual sólo debe de haberle en el infierno. Dime, ¿qué pasa? ¿Se ha
-matado Romeo? Dime que _sí_, y esta palabra basta. Será más homicida
-que mirada de basilisco. Dí que sí ó que _no_, que vive ó que muere.
-Con una palabra puedes calmar ó serenar mi pena.
-
-AMA.
-
-Sí: yo he visto la herida. La he visto por mis ojos. Estaba muerto:
-amarillo como la cera, cubierto todo de grumos de sangre cuajada. Yo me
-desmayé al verle.
-
-JULIETA.
-
-¡Estalla, corazon mio, estalla! ¡Ojos mios, yacereis desde ahora en
-prision tenebrosa, sin tornar á ver la luz del dia! ¡Tierra, vuelve á
-la tierra! Sólo resta morir, y que un mismo túmulo cubra mis restos y
-los de Romeo.
-
-AMA.
-
-¡Oh, Teobaldo amigo mio, caballero sin igual, Teobaldo! ¿Por qué he
-vivido yo para verte muerto?
-
-JULIETA.
-
-Pero ¡qué confusion es esta en que me pones! ¿Dices que Romeo ha
-muerto, y que ha muerto Teobaldo, mi dulce primo? Toquen, pues, la
-trompeta del juicio final. Si esos dos han muerto, ¿qué importa que
-vivan los demas?
-
-AMA.
-
-A Teobaldo mató Romeo, y éste anda desterrado.
-
-JULIETA.
-
-¡Válgame Dios! ¿Conque Romeo derramó la sangre de Teobaldo? ¡Alma
-de sierpe, oculta bajo capa de flores! ¿Qué dragon tuvo jamas tan
-espléndida gruta? Hermoso tirano, demonio angelical, cuervo con plumas
-de paloma, cordero rapaz como lobo, materia vil de forma celeste,
-santo maldito, honrado criminal, ¿en qué pensabas, naturaleza de los
-infiernos, cuando encerraste en el paraíso de ese cuerpo el alma de
-un condenado? ¿Por qué encuadernaste tan bellamente un libro de tan
-perversa lectura? ¿Cómo en tan magnífico palacio pudo habitar la
-traicion y el dolo?
-
-AMA.
-
-Los hombres son todos unos. No hay en ellos verdad, ni fe, ni
-constancia. Malvados, pérfidos, trapaceros... ¿Dónde está mi escudero?
-Dame unas gotas de licor. Con tantas penas voy á envejecer antes de
-tiempo. ¡Qué afrenta para Romeo!
-
-JULIETA.
-
-¡Maldita la lengua que tal palabra osó decir! En la noble cabeza de
-Romeo no es posible deshonra. En su frente reina el honor como soberano
-monarca. ¡Qué necia yo que antes decia mal de él!
-
-AMA.
-
-¿Cómo puedes disculpar al que mató á tu primo?
-
-JULIETA.
-
-¿Y cómo he de decir mal de quien es mi esposo? Mató á mi primo, porque
-si no, mi primo le hubiera matado á él. ¡Atras, lágrimas mias, tributo
-que erradamente ofrecí al dolor, en vez de ofrecerle al gozo! Vive mi
-esposo, á quien querian dar muerte, y su matador yace por tierra. ¿A
-qué es el llanto? Pero creo haberte oido otra palabra que me angustia
-mucho más que la muerte de Teobaldo. En vano me esfuerzo por olvidarla.
-Ella pesa sobre mi conciencia, como puede pesar en el alma de un
-culpable el remordimiento. Tú dijiste que Teobaldo habia sido muerto y
-Romeo desterrado. Esta palabra _desterrado_ me pesa más que la muerte
-de diez mil Teobaldos. ¡No bastaba con la muerte de Teobaldo, ó es
-que las penas se deleitan con la compañía y nunca vienen solas! ¿Por
-qué cuando dijiste: «ha muerto Teobaldo», no añadiste: «tu padre ó tu
-madre, ó los dos»? Áun entonces no hubiera sido mayor mi pena. ¡Pero
-decir: _Romeo desterrado_! Esta palabra basta á causar la muerte á mi
-padre y á mi madre, y á Romeo y á Julieta. «¡Desterrado Romeo!» Dime,
-¿podrá encontrarse término ó límite á la profundidad de este abismo?
-¿Dónde están mi padre y mi madre? Dímelo.
-
-AMA.
-
-Llorando sobre el cadáver de Teobaldo. ¿Quieres que te acompañe allá?
-
-JULIETA.
-
-Ellos con su llanto enjugarán las heridas. Yo entre tanto lloraré por
-el destierro de Romeo. Toma tú esa escalera, á quien su ausencia priva
-de su dulce objeto. Ella debia haber sido camino para mi lecho nupcial.
-Pero yo moriré vírgen y casada. ¡Adios, escala de cuerda! ¡Adios,
-nodriza! Me espera el tálamo de la muerte.
-
-AMA.
-
-Retírate á tu aposento. Voy á buscar á Romeo sin pérdida de tiempo.
-Está escondido en la celda de Fray Lorenzo. Esta noche vendrá á verte.
-
-JULIETA.
-
-Dale en nombre mio esta sortija, y dile que quiero oir su postrera
-despedida.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Celda de Fray Lorenzo.=
-
-FRAY LORENZO y ROMEO.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Ven, pobre Romeo. La desgracia se ha enamorado de tí, y el dolor se ha
-desposado contigo.
-
-ROMEO.
-
-Decidme, padre. ¿Qué es lo que manda el Príncipe? ¿Hay alguna pena
-nueva que yo no haya sentido?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Te traigo la sentencia del Príncipe.
-
-ROMEO.
-
-¿Y cómo ha de ser si no es de muerte?
-
-FRAY LORENZO.
-
-No. Es algo menos dura. No es de muerte sino de destierro.
-
-ROMEO.
-
-¡De destierro! Clemencia, padre. Decid de muerte. El destierro me
-infunde más temor que la muerte. No me hableis de destierro.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Te manda salir de Verona, pero no temas: ancho es el mundo.
-
-ROMEO.
-
-Fuera de Verona no hay mundo, sino purgatorio, infierno y
-desesperacion. Desterrarme de Verona es como desterrarme de la tierra.
-Lo mismo da que digais muerte que destierro. Con una hacha de oro
-cortais mi cabeza, y luego os reís del golpe mortal.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¡Oh, qué negro pecado es la ingratitud! Tu crímen merecia muerte, pero
-la indulgencia del Príncipe trueca la muerte en destierro, y aún no se
-lo agradeces.
-
-ROMEO.
-
-Tal clemencia es crueldad. El cielo está aquí donde vive Julieta. Un
-perro, un raton, un gato pueden vivir en este cielo y verla. Sólo
-Romeo no puede. Más prez, más gloria, más felicidad tiene una mosca
-ó un tábano inmundo que Romeo. Ellos pueden tocar aquella blanca y
-maravillosa mano de Julieta, ó posarse en sus benditos labios, en esos
-labios tan llenos de virginal modestia que juzgan pecado el tocarse. No
-lo hará Romeo. Le mandan volar y tiene envidia á las moscas que vuelan.
-¿Por qué decis que el destierro no es la muerte? ¿No teniais algun
-veneno sutil, algun hierro aguzado que me diese la muerte más pronto
-que esa vil palabra, «desterrado»? Eso es lo que en el infierno se
-dicen unos á otros los condenados. ¿Y tú, sacerdote, confesor mio y mi
-amigo mejor, eres el que vienes á matarme con esa palabra?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Oye, jóven loco y apasionado.
-
-ROMEO.
-
-¿Vais á hablarme otra vez del destierro?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Yo te daré tal filosofía que te sirva de escudo y vaya aliviándote.
-
-ROMEO.
-
-¡Destierro! ¡Filosofía! Si no basta para crear otra Julieta, para
-arrancar un pueblo de su lugar, ó para hacer variar de voluntad á un
-príncipe, no me sirve de nada, ni la quiero, ni os he de oir.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¡Ah, hijo mio! Los locos no oyen.
-
-ROMEO.
-
-¿Y cómo han de oir, si los que están en su seso no tienen ojos?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Te daré un buen consejo.
-
-ROMEO.
-
-No podeis hablar de lo que no sentís. Si fuerais jóven, y recien casado
-con Julieta, y la adoraseis ciegamente como yo, y hubierais dado muerte
-á Teobaldo, y os desterrasen, os arrancariais los cabellos al hablar,
-y os arrastrariais por el suelo como yo, midiendo vuestra sepultura.
-(_Llaman dentro._)
-
-FRAY LORENZO.
-
-Llaman. Levántate y ocúltate, Romeo.
-
-ROMEO.
-
-No me levantaré. La nube de mis suspiros me ocultará de los que vengan.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¿No oyes? ¿Quién va?... Levántate, Romeo, que te van á prender... Ya
-voy... Levántate. Pero, Dios mio, ¡qué terquedad, qué locura! Ya voy.
-¿Quién llama? ¿Qué quiere decir esto?
-
-AMA.
-
-(_Dentro._) Dejadme entrar. Traigo un recado de mi ama Julieta.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Bien venida seas.
-
- (_Entra el Ama._)
-
-AMA.
-
-Decidme, santo fraile. ¿Dónde está el esposo y señor de mi señora?
-
-[Ilustración]
-
-FRAY LORENZO.
-
-Mírale ahí tendido en el suelo y apacentándose de sus lágrimas.
-
-AMA.
-
-Lo mismo está mi señora: enteramente igual.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¡Funesto amor! ¡Suerte cruel!
-
-AMA.
-
-Lo mismo que él: llorar y gemir. Levantad, levantad del suelo: tened
-firmeza varonil. Por amor de ella, por amor de Julieta. Levantaos, y no
-lanceis tan desesperados ayes.
-
-ROMEO.
-
-Ama.
-
-AMA.
-
-Señor, la muerte lo acaba todo.
-
-ROMEO.
-
-Decias no sé qué de Julieta. ¿Qué es de ella? ¿No llama asesino á mí
-que manché con sangre la infancia de nuestra ventura? ¿Dónde está? ¿Qué
-dice?
-
-AMA.
-
-Nada, señor. Llorar y más llorar. Unas veces se recuesta en el lecho,
-otras se levanta, grita: «Teobaldo», «Romeo», y vuelve á acostarse.
-
-ROMEO.
-
-Como si ese nombre fuera bala de arcabuz que la matase, como lo fué la
-infame mano de Romeo que mató á su pariente. Decidme, padre, ¿en qué
-parte de mi cuerpo está mi nombre? Decídmelo, porque quiero saquear su
-odiosa morada. (_Saca el puñal._)
-
-FRAY LORENZO.
-
-Detén esa diestra homicida. ¿Eres hombre? Tu exterior dice que sí,
-pero tu llanto es de mujer, y tus acciones de bestia falta de libre
-albedrío. Horror me causas. Juro por mi santo hábito que yo te habia
-creido de voluntad más firme. ¡Matarte despues de haber matado á
-Teobaldo! Y matar ademas á la dama que sólo vive por tí. Dime, ¿por
-qué maldices de tu linaje, y del cielo y de la tierra? Todo lo vas á
-perder en un momento, y á deshonrar tu nombre y tu familia, y tu amor
-y tu juicio. Tienes un gran tesoro, tesoro de avaro, y no lo empleas
-en realzar tu persona, tu amor y tu ingenio. Ese tu noble apetito es
-figura de cera, falta de aliento viril. Tu amor es perjurio y juramento
-vacío, y profanacion de lo que juraste, y tu entendimiento, que tanto
-realce daba á tu amor y á tu fortuna, es el que ciega y descamina á
-tus demas potencias, como soldado que se inflama con la misma pólvora
-que tiene, y perece víctima de su propia defensa. ¡Alienta, Romeo!
-Acuérdate que vive Julieta, por quien hace un momento hubieras dado
-la vida. Este es un consuelo. Teobaldo te buscaba para matarte, y le
-mataste tú. Hé aquí otro consuelo. La ley te condenaba á muerte, y la
-sentencia se conmutó en destierro. Otro consuelo más. Caen sobre tí
-las bendiciones del cielo, y tú, como mujer liviana, recibes de mal
-rostro á la dicha que llama á tus puertas. Nunca favorece Dios á los
-ingratos. Véte á ver á tu esposa: sube por la escala, como lo dejamos
-convenido. Consuélala, y huye de su lado antes que amanezca. Irás á
-Mántua, y allí permanecerás, hasta que se pueda divulgar tu casamiento,
-hechas las paces entre vuestras familias y aplacada la indignacion del
-Príncipe. Entonces volverás, mil veces más alegre que triste te vas
-ahora. Véte, nodriza. Mil recuerdos á tu ama. Haz que todos se recojan
-presto, lo cual será fácil por el disgusto de hoy. Dila que allá va
-Romeo.
-
-AMA.
-
-Toda la noche me estaria oyéndoos. ¡Qué gran cosa es el saber! Voy á
-animar á mi ama con vuestra venida.
-
-ROMEO.
-
-Sí: dile que se prepare á reñirme.
-
-AMA.
-
-Toma este anillo que ella me dió, y véte, que ya cierra la noche.
-
- (_Vase._)
-
-ROMEO.
-
-Ya renacen mis esperanzas.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Adios. No olvides lo que te he dicho. Sal antes que amanezca, y si
-sales despues, véte disfrazado; y á Mántua. Tendrás con frecuencia
-noticias mias, y sabrás todo lo que pueda interesarte. Adios. Dame la
-mano. Buenas noches.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Sala en casa de Capuleto.=
-
-CAPULETO, su MUJER y PÁRIS.
-
-CAPULETO.
-
-La reciente desgracia me ha impedido hablar con mi hija. Tanto ella
-como yo queríamos mucho á Teobaldo. Pero la muerte es forzosa. Ya es
-tarde para que esta noche nos veamos, y á fe mia os juro que si no
-fuera por vos, ya hace una hora que me habria acostado.
-
-PÁRIS.
-
-Ni es ésta ocasion de galanterías sino de duelo. Dad mis recuerdos á
-vuestra hija.
-
-CAPULETO.
-
-Páris, os prometo solemnemente la mano de mi hija. Creo que ella me
-obedecerá. Puedo asegurároslo. Esposa mia, antes de acostarte, vé á
-contarla el amor de Páris, y dila que el miércoles próximo... Pero ¿qué
-dia es hoy?
-
-PÁRIS.
-
-Lúnes.
-
-CAPULETO.
-
-¡Lúnes! Pues no puede ser el miércoles. Que sea el juéves. Dile que el
-juéves se casará con el conde. ¿Estais contento? No tendremos fiesta.
-Sólo convidaré á los amigos íntimos, porque estando tan fresca la
-muerte de Teobaldo, el convidar á muchos pareceria indicio de poco
-sentimiento. ¿Os parece bien el juéves?
-
-PÁRIS.
-
-¡Ojalá fuese mañana!
-
-CAPULETO.
-
-Adelante, pues: que sea el juéves. Avisa á Julieta, antes de acostarte.
-Adios, amigo. Alumbradme. Voy á mi alcoba. Es tan tarde, que pronto
-amanecerá. Buenas noches.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Galería cerca del cuarto de Julieta, con una ventana que da al jardin.=
-
-ROMEO y JULIETA.
-
-JULIETA.
-
-¿Tan pronto te vas? Aún tarda el dia. Es el canto del ruiseñor, no el
-de la alondra el que resuena. Todas las noches se posa á cantar en
-aquel granado. Es el ruiseñor, amado mio.
-
-ROMEO.
-
-Es la alondra que anuncia el alba; no es el ruiseñor. Mira, amada mia,
-cómo se van tiñendo las nubes del oriente con los colores de la aurora.
-Ya se apagan las antorchas de la noche. Ya se adelanta el dia con
-rápido paso sobre las húmedas cimas de los montes. Tengo que partir, ó
-si no, aquí me espera la muerte.
-
-JULIETA.
-
-No es esa luz la de la aurora. Te lo aseguro. Es un meteoro que
-desprende de su lumbre el sol para guiarte en el camino de Mántua.
-Quédate. ¿Por qué te vas tan luego?
-
-[Ilustración: _Despedida de Romeo y Julieta._]
-
-ROMEO.
-
-¡Que me prendan, que me maten! Mandándolo tú, poco importa. Diré que
-aquella luz gris que allí veo no es la de la mañana sino el pálido
-reflejo de la luna. Diré que no es el canto de la alondra el que
-resuena. Más quiero quedarme que partir. Ven, muerte, pues Julieta lo
-quiere. Amor mio, hablemos, que aún no amanece.
-
-JULIETA.
-
-Sí, véte, que es la alondra la que canta con voz áspera y destemplada.
-¡Y dicen que son armoniosos sus sones, cuando á nosotros viene á
-separarnos! Dicen que cambia de ojos como el sapo. ¡Ojalá cambiara de
-voz! Maldita ella que me aparta de tus atractivos. Véte, que cada vez
-se clarea más la luz.
-
-ROMEO.
-
-¿Has dicho la luz? No, sino las tinieblas de nuestro destino.
-
- (_Entra el Ama._)
-
-AMA.
-
-¡Julieta!
-
-JULIETA.
-
-¡Ama!
-
-AMA.
-
-Tu madre viene. Ya amanece. Prepárate y no te descuides.
-
-ROMEO.
-
-¡Un beso! ¡Adios, y me voy!
-
- (_Vase por la escala._)
-
-JULIETA.
-
-¿Te vas? Mi señor, mi dulce dueño, dame nuevas de tí todos los dias,
-á cada instante. Tan pesados corren los dias infelices, que temo
-envejecer antes de tornar á ver á mi Romeo.
-
-ROMEO.
-
-Adios. Te mandaré noticias mias y mi bendicion por todos los medios que
-yo alcance.
-
-JULIETA.
-
-¿Crees que volveremos á vernos?
-
-ROMEO.
-
-Sí, y que en dulces coloquios de amor recordaremos nuestras angustias
-de ahora.
-
-JULIETA.
-
-¡Válgame Dios! ¡Qué présaga tristeza la mia! Parece que te veo difunto
-sobre un catafalco. Aquel es tu cuerpo, ó me engañan los ojos.
-
-ROMEO.
-
-Pues tambien á tí te ven los mios pálida y ensangrentada. ¡Adios,
-adios!
-
- (_Vase._)
-
-JULIETA.
-
-¡Oh, fortuna! te llaman mudable: á mi amante fiel poco le importan
-tus mudanzas. Sé mudable en buen hora, y así no le detendrás y me le
-restituirás luego.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-(_Dentro._) Hija, ¿estás despierta?
-
-JULIETA.
-
-¿Quién me llama? Madre, ¿estás despierta todavía ó te levantas ahora?
-¿Qué novedad te trae á mí?
-
- (_Entra la señora de Capuleto._)
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¿Qué es esto, Julieta?
-
-JULIETA.
-
-Estoy mala.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¿Todavía lloras la muerte de tu primo? ¿Crees que tus lágrimas pueden
-devolverle la vida? Vana esperanza. Cesa en tu llanto, que aunque es
-signo de amor, parece locura.
-
-JULIETA.
-
-Dejadme llorar tan dura suerte.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Eso es llorar la pérdida, y no al amigo.
-
-JULIETA.
-
-Llorando la pérdida, lloro tambien al amigo.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Más que por el muerto ¿lloras por ese infame que le ha matado?
-
-JULIETA.
-
-¿Qué infame, madre?
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Romeo.
-
-JULIETA.
-
-(_Aparte._) ¡Cuánta distancia hay entre él y un infame! (_Alto._) Dios
-le perdone como le perdono yo, aunque nadie me ha angustiado tanto como
-él.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Eso será porque todavía vive el asesino.
-
-JULIETA.
-
-Sí, y donde mi venganza no puede alcanzarle. Yo quisiera vengar á mi
-primo.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Ya nos vengaremos. No llores. Yo encargué á uno de Mántua, donde ese
-vil ha sido desterrado, que le envenenen con alguna mortífera droga.
-Entonces irá á hacer compañía á Teobaldo, y tú quedarás contenta y
-vengada.
-
-JULIETA.
-
-Satisfecha no estaré, mientras no vea á Romeo... muerto... Señora,
-si hallas alguno que se comprometa á darle el tósigo, yo misma le
-prepararé, y así que lo reciba Romeo, podrá dormir tranquilo. Hasta
-su nombre me es odioso cuando no le tengo cerca, para vengar en él la
-sangre de mi primo.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Busca tú el modo de preparar el tósigo, mientras yo busco á quien ha de
-administrárselo. Ahora oye tú una noticia agradable.
-
-JULIETA.
-
-¡Buena ocasion para gratas nuevas! ¿Y cuál es, señora?
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Hija, tu padre es tan bueno que deseando consolarte, te prepara un dia
-de felicidad que ni tú ni yo esperábamos.
-
-JULIETA.
-
-¿Y que dia es ese?
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Pues es que el juéves, por la mañana temprano, el conde Páris, ese
-gallardo y discreto caballero, se desposará contigo en la iglesia de
-San Pedro.
-
-JULIETA.
-
-Pues te juro, por la iglesia de San Pedro, y por san Pedro purísimo,
-que no se desposará. ¿A qué es tanta prisa? ¿Casarme con él cuando
-todavía no me ha hablado de amor? Decid á mi padre, señora, que todavía
-no quiero casarme. Cuando lo haga, con juramento os digo que antes será
-mi esposo Romeo, á quien aborrezco, que Páris. ¡Vaya una noticia que me
-traeis!
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Aquí viene tu padre. Díselo tú, y verás cómo no le agrada.
-
- (_Entran Capuleto y el Ama._)
-
-CAPULETO.
-
-A la puesta del sol cae el rocío, pero cuando muere el hijo de mi
-hermano, cae la lluvia á torrentes. ¿Aún no ha acabado el aguacero,
-niña? Tú débil cuerpo es nave y mar y viento. En tus ojos hay marea de
-lágrimas, y en ese mar navega la barca de tus ánsias, y tus suspiros
-son el viento que la impele. Dime, esposa, ¿has cumplido ya mis órdenes?
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Sí, pero no lo agradece. ¡Insensata! Con su sepulcro debia casarse.
-
-CAPULETO.
-
-¿Eh? ¿Qué es eso? Esposa mia. ¿Qué es eso de no querer y no agradecer?
-¿Pues no la enorgullece el que la hayamos encontrado para esposo un tan
-noble caballero?
-
-JULIETA.
-
-¿Enorgullecerme? No, agradecer sí. ¿Quién ha de estar orgullosa de lo
-que aborrece? Pero siempre se agradece la buena voluntad, hasta cuando
-nos ofrece lo que odiamos.
-
-[Ilustración]
-
-CAPULETO.
-
-¡Qué retóricas son esas! «¡Enorgullecerse!» «Sí y no.» «¡Agradecer y no
-agradecer!» Nada de agradecimientos ni de orgullo, señorita. Prepárate
-á ir por tus piés el juéves próximo á la iglesia de San Pedro á casarte
-con Páris, ó si no, te llevo arrastrando en un seron, ¡histérica,
-nerviosa, pálida, necia!
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¿Estás en tí? Cállate.
-
-JULIETA.
-
-Padre mio, de rodillas os pido que me escucheis una palabra sola.
-
-CAPULETO.
-
-¡Escucharte! ¡Necia, malvada! Oye, el juéves irás á San Pedro, ó no me
-volverás á mirar la cara. No me supliques ni me digas una palabra más.
-El pulso me tiembla. Esposa mia, yo siempre creí que era poca bendicion
-de Dios el tener una hija sola, pero ahora veo que es una maldicion, y
-que áun ésta sobra.
-
-AMA.
-
-¡Dios sea con ella! No la maltrateis, señor.
-
-CAPULETO.
-
-¿Y por qué no, entremetida vieja? Cállate, y habla con tus iguales.
-
-AMA.
-
-A nadie ofendo... No puede una hablar.
-
-CAPULETO.
-
-Calla, cigarron, y véte á hablar con tus comadres, que aquí no metes
-baza.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Loco estás.
-
-CAPULETO.
-
-Loco sí. De noche, de dia, de mañana, de tarde, durmiendo, velando,
-solo y acompañado, en casa y en la calle, siempre fué mi empeño el
-casarla, y ahora que la encuentro un jóven de gran familia, rico,
-gallardo, discreto, lleno de perfecciones, segun dicen, contesta esta
-mocosa que no quiere casarse, que no puede amar, que es muy jóven. Pues
-bien, te perdonaré, si no te casas, pero no vivirás un momento aquí.
-Poco falta para el juéves. Piénsalo bien. Si consientes, te casarás con
-mi amigo. Si no, te ahorcarás, ó irás pidiendo limosna, y te morirás
-de hambre por esas calles, sin que ninguno de los mios te socorra.
-Piénsalo bien, que yo cumplo siempre mis juramentos.
-
- (_Vase._)
-
-JULIETA.
-
-¿Y no hay justicia en el cielo que conozca todo el abismo de mis males?
-No me dejes, madre. Dilatad un mes, una semana el casamiento, ó si no,
-mi lecho nupcial será el sepulcro de Teobaldo.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Nada me digas, porque no he de responderte. Decídete como quieras.
-
- (_Se va._)
-
-JULIETA.
-
-¡Válgame Dios! Ama mia, ¿qué haré? Mi esposo está en la tierra, mi fe
-en el cielo. ¿Y cómo ha de volver á la tierra mi fe, si mi esposo no la
-envia desde el cielo? Aconséjame, consuélame. ¡Infeliz de mí! ¿Por qué
-el cielo ha de emplear todos sus recursos contra un sér tan débil como
-yo? ¿Qué me dices? ¿Ni una palabra que me consuele?
-
-AMA.
-
-Sólo te diré una cosa. Romeo está desterrado, y puede apostarse doble
-contra sencillo á que no vuelve á verte, ó vuelve ocultamente, en caso
-de volver. Lo mejor seria, pues, á mi juicio, que te casaras con el
-Conde, que es mucho más gentil y discreto caballero que Romeo. Ni un
-águila tiene tan verdes y vivaces ojos como Páris. Este segundo esposo
-te conviene más que el primero. Y ademas, al primero puedes darle por
-muerto. Para tí como si lo estuviera.
-
-JULIETA.
-
-¿Hablas con el alma?
-
-AMA.
-
-Con el alma, ó maldita sea yo.
-
-JULIETA.
-
-Así sea.
-
-AMA.
-
-¿Por qué?
-
-JULIETA.
-
-Por nada. Buen consuelo me has dado. Véte, dí á mi madre que he salido.
-Voy á confesarme con Fray Lorenzo, por el enojo que he dado á mi padre.
-
-AMA.
-
-Obras con buen seso.
-
- (_Vase._)
-
-JULIETA.
-
-¡Infame vieja! ¡Aborto de los infiernos! ¿Cuál es mayor pecado en
-tí: querer hacerme perjura, ó mancillar con tu lengua al mismo á
-quien tantas veces pusiste por las nubes? Maldita sea yo si vuelvo á
-aconsejarme de tí. Sólo mi confesor me dará amparo y consuelo, ó á lo
-menos fuerzas para morir.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO IV.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Celda de Fray Lorenzo.=
-
-FRAY LORENZO y PÁRIS.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¿El juéves dices? Pronto es.
-
-PÁRIS.
-
-Así lo quiere Capuleto, y yo lo deseo tambien.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¿Y todavía no sabeis si la novia os quiere? Mala manera es esa de hacer
-las cosas, á mi juicio.
-
-PÁRIS.
-
-Ella no hace más que llorar por Teobaldo y no tiene tiempo para pensar
-en amores, porque el amor huye de los duelos. A su padre le acongoja
-el que ella se angustie tanto, y por eso quiere hacer la boda cuanto
-antes, para atajar ese diluvio de lágrimas, que pudiera parecer mal á
-las gentes. Esa es la razon de que nos apresuremos.
-
-FRAY LORENZO.
-
-(_Aparte._) ¡Ojalá no supiera yo las verdaderas causas de la tardanza!
-Conde Páris, hé aquí la dama que viene á mi celda.
-
-PÁRIS.
-
-Bien hallada, señora y esposa mia.
-
-JULIETA.
-
-Lo seré cuando me case.
-
-PÁRIS.
-
-Eso será muy pronto: el juéves.
-
-JULIETA.
-
-Será lo que sea.
-
-PÁRIS.
-
-Claro es. ¿Venis á confesaros con el padre?
-
-JULIETA.
-
-Con vos me confesaria, si os respondiera.
-
-PÁRIS.
-
-No me negueis que me amais.
-
-JULIETA.
-
-No os negaré que quiero al padre.
-
-PÁRIS.
-
-Y le confesareis que me teneis cariño.
-
-JULIETA.
-
-Más valdria tal confesion á espaldas vuestras, que cara á cara.
-
-PÁRIS.
-
-Las lágrimas marchitan vuestro rostro.
-
-JULIETA.
-
-Poco hacen mis lágrimas: no valía mucho mi rostro, antes que ellas le
-ajasen.
-
-PÁRIS.
-
-Más la ofenden esas palabras que vuestro llanto.
-
-JULIETA.
-
-Señor, en la verdad no hay injuria, y más si se dice frente á frente.
-
-PÁRIS.
-
-Mio es ese rostro del cual decis mal.
-
-JULIETA.
-
-Vuestro será quizá, puesto que ya no es mio. Padre, ¿podeis oirme en
-confesion, ó volveré al Ave-María?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Pobre niña, dispuesto estoy á oirte ahora. Dejadnos solos, Conde.
-
-PÁRIS.
-
-No seré yo quien ponga obstáculos á tal devocion. Julieta, adios. El
-juéves muy temprano te despertaré.
-
- (_Vase._)
-
-JULIETA.
-
-Cerrad la puerta, padre, y venid á llorar conmigo: ya no hay esperanza
-ni remedio.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Julieta, ya sé cuál es tu angustia, y tambien ella me tiene sin alma.
-Sé que el juéves quieren casarte con el Conde.
-
-JULIETA.
-
-Padre, no me digais que dicen tal cosa, si al mismo tiempo no
-discurris, en vuestra sabiduría y prudencia, algun modo de evitarlo.
-Y si vos no me consolais, yo con un puñal sabré remediarme. Vos, en
-nombre del Señor, juntasteis mi mano con la de Romeo, y antes que esta
-mano, donde fué por vos estampado su sello, consienta en otra union,
-ó yo amancille su fe, matarános este hierro. Aconsejadme bien, ó el
-hierro sentenciará el pleito que ni vuestras canas ni vuestra ciencia
-saben resolver. No os detengais: respondedme ó muero.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Hija mia, detente. Aún veo una esperanza, pero tan remota y tan
-violenta, como es violenta tu situacion actual. Pero ya que prefieres
-la muerte á la boda con Páris, pasarás por algo que se parezca á la
-muerte. Si te atreves á hacerlo, yo te daré el remedio.
-
-JULIETA.
-
-Padre, á trueque de no casarme con Páris, mandadme que me arroje de lo
-alto de una torre, que recorra un camino infestado por bandoleros, que
-habite y duerma entre sierpes y osos, ó en un cementerio, entre huesos
-humanos, que crujan por la noche, y amarillas calaveras, ó enterradme
-con un cadáver reciente. Todo lo haré, por terrible que sea, antes que
-ser infiel al juramento que hice á Romeo.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Bien: véte á tu casa, fíngete alegre: dí que te casarás con Páris.
-Mañana es miércoles: por la noche quédate sola, sin que te acompañe
-ni siquiera tu ama, y cuando estés acostada, bebe el licor que te doy
-en esta ampolleta. Un sueño frio embargará tus miembros. No pulsarás
-ni alentarás, ni darás señal alguna de vida. Huirá el color de tus
-rosados labios y mejillas, y le sucederá una palidez térrea. Tus
-párpados se cerrarán como puertas de la muerte que excluyen la luz
-del dia, y tu cuerpo quedará rígido, inmóvil, frio como el mármol de
-un sepulcro. Así permanecerás 42 horas justas, y entonces despertarás
-como de un apacible sueño. A la mañana anterior habrá venido el novio
-á despertarte, te habrá creido muerta, y ataviándote, segun es uso,
-con las mejores galas, te habrán llevado en ataud abierto al sepulcro
-de los Capuletos. Durante tu sueño, yo avisaré por carta á Romeo; él
-vendrá en seguida, y velaremos juntos hasta que despiertes. Esa misma
-noche Romeo volverá contigo á Mántua. Es el único modo de salvarte del
-peligro actual, si un vano y mujeril temor no te detiene.
-
-[Ilustración]
-
-JULIETA.
-
-Dame la ampolleta, y no hablemos de temores.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Tómala. Valor y fortuna. Voy á enviar á un lego con una carta á Mántua.
-
-JULIETA.
-
-Dios me dé valor, aunque ya le siento en mí. Adios, padre mio.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Casa de Capuleto.=
-
-CAPULETO, su MUJER, el AMA y CRIADOS.
-
-CAPULETO.
-
-(_A un criado._) Convidarás á todos los que van en esta lista. Y tú
-buscarás veinte cocineros.
-
-CRIADO 1.º
-
-Los buscaré tales que se chupen el dedo.
-
-CAPULETO.
-
-¡Rara cualidad!
-
-CRIADO 2.º
-
-Nunca es bueno el cocinero que no sabe chuparse los dedos, ni traeré á
-nadie que no sepa.
-
-CAPULETO.
-
-Véte, que el tiempo apremia, y nada tenemos dispuesto. ¿Fué la niña á
-confesarse con Fray Lorenzo?
-
-AMA.
-
-Sí.
-
-CAPULETO.
-
-Me alegro: quizá él pueda rendir el ánimo de esa niña mal criada.
-
-AMA.
-
-Vedla, qué alegre viene del convento.
-
-CAPULETO.
-
-(_A Julieta._) ¿Dónde has estado, terca?
-
-JULIETA.
-
-En la confesion, donde me arrepentí de haberos desobedecido. Fray
-Lorenzo me manda que os pida perdon, postrada á vuestros piés. Así lo
-hago, y desde ahora prometo obedecer cuanto me mandáreis.
-
-CAPULETO.
-
-Id en busca de Páris, y que lo prevenga todo para la comida que ha de
-celebrarse mañana.
-
-JULIETA.
-
-Ví á ese caballero en la celda de Fray Lorenzo, y le concedí cuanto
-podia concederle mi amor, sin agravio del decoro.
-
-CAPULETO.
-
-¡Cuánto me alegro! Levántate: has hecho bien en todo. Quiero hablar
-con el Conde. (_A un criado._) Dile que venga. ¡Cuánto bien hace este
-fraile en la ciudad!
-
-JULIETA.
-
-Ama, ven á mi cuarto, para que dispongamos juntas las galas de
-desposada.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-No: eso debe hacerse el juéves: todavía hay tiempo.
-
-CAPULETO.
-
-No: ahora, ahora: mañana temprano á la iglesia.
-
- (_Se van Julieta y el Ama._)
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Apenas nos queda tiempo. Es de noche.
-
-CAPULETO.
-
-Todo se hará, esposa mia. Ayuda á Julieta á vestirse. Yo no me
-acostaré, y por esta vez seré guardian de la casa. ¿Qué es eso? ¿Todos
-los criados han salido? Voy yo mismo en busca de Páris, para avisarle
-que mañana es la boda. Este cambio de voluntad me da fuerzas y mocedad
-nueva.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Habitacion de Julieta.=
-
-JULIETA y su MADRE.
-
-JULIETA.
-
-Sí, ama, sí: este traje está mejor, pero yo quisiera quedarme sola esta
-noche, para pedir á Dios en devotas oraciones que me ilumine y guie en
-estado tan lleno de peligros.
-
- (_Entra la señora de Capuleto._)
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Bien trabajais. ¿Quereis que os ayude?
-
-JULIETA.
-
-No, madre. Ya estarán escogidas las galas que he de vestirme mañana.
-Ahora quisiera que me dejaseis sola, y que el ama velase en vuestra
-compañía, porque es poco el tiempo, y falta mucho que disponer.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Buenas noches, hija. Véte á descansar, que falta te hace.
-
- (_Vase._)
-
-JULIETA.
-
-¡Adios! ¡Quién sabe si volveremos á vernos! Un miedo helado corre
-por mis venas y casi apaga en mí el aliento vital. ¿Les diré que
-vuelvan? Ama... Pero ¿á qué es llamarla? Yo sola debo representar esta
-tragedia. Ven á mis manos, ampolla. Y si este licor no produjese su
-efecto, ¿tendria yo que ser esposa del Conde? No, no, jamas: tú sabrás
-impedirlo. Aquí, aquí le tengo guardado. (_Señalando el puñal._) ¿Y
-si este licor fuera un veneno preparado por el fraile para matarme
-y eludir su responsabilidad por haberme casado con Romeo? Pero mi
-temor es vano. ¡Si dicen que es un santo! ¡Lejos de mí tan ruines
-pensamientos! ¿Y si me despierto encerrada en el ataud, antes que
-vuelva Romeo? ¡Qué horror! En aquel estrecho recinto, sin luz, sin
-aire... me voy á ahogar antes que él llegue. Y la espantosa imágen de
-la muerte... y la noche... y el horror del sitio... la tumba de mis
-mayores... aquellos huesos amontonados por tantos siglos... el cuerpo
-de Teobaldo que está en putrefaccion muy cerca de allí... los espíritus
-que, segun dicen, interrumpen... de noche, el silencio de aquella
-soledad... ¡Ay, Dios mio! ¿no será fácil que al despertarme, respirando
-aquellos miasmas, oyendo aquellos lúgubres gemidos que suelen
-entorpecer á los mortales, aquellos gritos semejantes á las quejas de
-la mandrágora cuando se la arranca del suelo... no es fácil que yo
-pierda la razon, y empiece á jugar en mi locura con los huesos de mis
-antepasados, ó á despojar de su velo funeral el cadáver de Teobaldo, ó
-á machacarme el cráneo con los pedazos del esqueleto de alguno de mis
-ilustres mayores? Ved... Es la sombra de mi primo, que viene con el
-acero desnudo, buscando á su matador Romeo. ¡Detente, Teobaldo! ¡A la
-salud de Romeo! (_Bebe._)
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Casa de Capuleto.=
-
-La SEÑORA y el AMA.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Toma las llaves: tráeme más especias.
-
-AMA.
-
-Ahora piden clavos y dátiles.
-
-CAPULETO.
-
-(_Que entra._) Vamos, no os detengais, que ya ha sonado por segunda
-vez el canto del gallo. Ya tocan á maitines. Son las tres. Tú, Ángela,
-cuida de los pasteles, y no repareis en el gasto.
-
-AMA.
-
-Idos á dormir, señor impertinente. De seguro que por pasar la noche en
-vela, amaneceis enfermo mañana.
-
-CAPULETO.
-
-¡Qué bobería! Muchas noches he pasado en vela sin tanto motivo, y nunca
-he enfermado.
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-Sí: buen raton fuiste en otros tiempos. Ahora ya velo yo, para evitar
-tus veladas.
-
-CAPULETO.
-
-¡Ahora celos! ¿Qué traes, muchacho?
-
-CRIADO 1.º
-
-El cocinero lo pide. No sé lo que es.
-
-CAPULETO.
-
-Véte corriendo: busca leña seca. Pedro te dirá dónde puedes encontrarla.
-
-CRIADO 1.º
-
-Yo la encontraré: no necesito molestar á Pedro.
-
- (_Se van._)
-
-CAPULETO.
-
-Dice bien, á fe mia. ¡Es gracioso ese galopin! Por vida mia. Ya
-amanece. Pronto llegará Páris con música, segun anunció. ¡Ahí está!
-¡Ama, mujer mia, venid aprisa! (_Suena música._) (_Al Ama._) Véte,
-despierta y viste á Julieta, mientras yo hablo con Páris. Y no te
-detengas mucho, que el novio llega. No te detengas.
-
-
-ESCENA V.
-
-=Aposento de Julieta. Está en el lecho.=
-
-EL AMA y la SEÑORA.
-
-AMA.
-
-¡Señorita, señorita! ¡Cómo duerme! ¡Señorita, novia, cordero mio!
-¿No despiertas? Haces bien: duerme para ocho dias, que mañana ya se
-encargará Páris de no dejarte dormir. ¡Válgame Dios, y cómo duerme!
-Pero es necesario despertarla. ¡Señorita, señorita! No falta más sino
-que venga el Conde y te halle en la cama. Bien te asustarias. Dime,
-¿no es verdad? ¿Vestida estás, y te volviste á acostar? ¿Cómo es esto?
-¡Señorita, señorita!... ¡Válgame Dios! Socorro, que mi ama se ha
-muerto. ¿Por qué he vivido yo para ver esto? Maldita sea la hora en que
-nací, ¡Esencias, pronto! ¡Señor, señora, acudid!
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-(_Entrando._) ¿Por qué tal alboroto?
-
-AMA.
-
-¡Dia aciago!
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¿Qué sucede?
-
-AMA.
-
-Ved, ved. ¡Aciago dia!
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¡Dios mio, Dios mio! ¡Pobre niña! ¡Vida mia! Abre los ojos, ó dejáme
-morir contigo. ¡Favor, favor!
-
- (_Entra Capuleto._)
-
-CAPULETO.
-
-¿No os da vergüenza? Ya debia de haber salido Julieta. Su novio la está
-esperando.
-
-AMA.
-
-¡Si está muerta! ¡Aciago dia!
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¡Aciago dia! ¡Muerta, muerta!
-
-CAPULETO.
-
-¡Dejádmela ver! ¡Oh, Dios! qué espanto. ¡Helada su sangre, rígidos sus
-miembros! Huyó la rosa de sus labios. ¡Yace tronchada como la flor por
-prematura y repentina escarcha! ¡Hora infeliz!
-
-AMA.
-
-¡Dia maldito!
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¡Aciago dia!
-
-CAPULETO.
-
-La muerte que fiera la arrebató, traba mi lengua é impide mis palabras.
-
- (_Entran Fray Lorenzo, Páris y músicos._)
-
-FRAY LORENZO.
-
-¿Cuándo puede ir la novia á la iglesia?
-
-[Ilustración]
-
-CAPULETO.
-
-Sí irá, pero para quedarse allí. En vísperas de boda, hijo mio, vino la
-muerte á llevarse á tu esposa, flor que deshojó inclemente la Parca. Mi
-yerno y mi heredero es el sepulcro: él se ha desposado con mi hija. Yo
-moriré tambien, y él heredará todo lo que poseo.
-
-PÁRIS.
-
-¡Yo que tanto deseaba ver este dia, y ahora es tal vista la que me
-ofrece!
-
-SEÑORA DE CAPULETO.
-
-¡Infeliz, maldito, aciago dia! ¡Hora la más terrible que en su dura
-peregrinacion ha visto el tiempo! ¡Una hija sola! ¡Una hija sola, y la
-muerte me la lleva! ¡Mi esperanza, mi consuelo, mi ventura!...
-
-AMA.
-
-¡Dia aciago y horroroso, el más negro que he visto nunca! ¡El más
-horrendo que ha visto el mundo! ¡Aciago dia!
-
-PÁRIS.
-
-¡Y yo burlado, herido, descasado, atormentado! ¡Cómo te mofas de mí,
-cómo me conculcas á tus plantas, fiera muerte! ¡Ella, mi amor, mi vida,
-muerta ya!
-
-CAPULETO.
-
-¡Y yo despreciado, abatido, muerto! Tiempo cruel, ¿por qué viniste con
-pasos tan callados á turbar la alegría de nuestra fiesta? ¡Hija mia,
-que más que mi hija era mi alma! ¡Muerta, muerta, mi encanto, mi tesoro!
-
-FRAY LORENZO.
-
-Callad, que no es la queja remedio del dolor. Antes vos y el cielo
-poseiais á esa doncella: ahora el cielo solo la posee, y en ello gana
-la doncella. No pudisteis arrancar vuestra parte á la muerte. El cielo
-guarda para siempre la suya. ¿No queriais verla honrada y ensalzada?
-¿Pues á qué vuestro llanto, cuando Dios la ensalza y encumbra más
-allá del firmamento? No amais á vuestra hija tanto como la ama Dios.
-La mejor esposa no es la que más vive en el mundo, sino la que muere
-jóven y recien casada. Detened vuestras lágrimas. Cubrid su cadáver
-de romero, y llevadla á la iglesia segun costumbre, ataviada con sus
-mejores galas. La naturaleza nos obliga al dolor, pero la razon se rie.
-
-CAPULETO.
-
-Los preparativos de una fiesta se convierten en los de un entierro:
-nuestras alegres músicas en solemne doblar de campanas: el festin en
-comida funeral: los himnos en trenos: las flores en adornos de ataud...
-todo en su contrario.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Retiraos, señor, y vos, señora, y vos, conde Páris. Prepárense todos á
-enterrar este cadáver. Sin duda el cielo está enojado con vosotros. Ved
-si con paciencia y mansedumbre lograis desarmar su cólera.
-
- (_Vanse._)
-
-MÚSICO 1.º
-
-Recojamos los instrumentos, y vámonos.
-
-AMA.
-
-Recogedlos sí, buena gente. Ya veis que el caso no es para música.
-
-MÚSICO 1.º
-
-Más alegre podia ser.
-
- (_Entra Pedro._)
-
-PEDRO.
-
-¡Oh, músicos, músicos! «La paz del corazon.» «La paz del corazon.»
-Tocad por vida mia «la paz del corazon.»
-
-MÚSICO 1.º
-
-¿Y por qué «la paz del corazon»?
-
-PEDRO.
-
-¡Oh, músicos! porque mi corazon está tañendo siempre «mi dolorido
-corazon». Cantad una cancion alegre, para que yo me distraiga.
-
-MÚSICO 1.º
-
-No es esta ocasion de canciones.
-
-PEDRO.
-
-¿Y por qué no?
-
-MÚSICO 1.º
-
-Claro que no.
-
-PEDRO.
-
-Pues entonces yo os voy á dar de veras.
-
-MÚSICO 1.º
-
-¿Qué nos darás?
-
-PEDRO.
-
-No dinero ciertamente, pues soy un pobre lacayo, pero os daré que
-sentir.
-
-MÚSICO 1.º
-
-¡Vaya con el lacayo!
-
-PEDRO.
-
-Pues el cuchillo del lacayo os marcará cuatro puntos en la cara.
-¿Venirme á mí con corchetes y bemoles? Yo os enseñaré la solfa.
-
-MÚSICO 1.º
-
-Y vos la notareis, si quereis enseñárnosla.
-
-MÚSICO 2.º
-
-Envainad la daga, y sacad á plaza vuestro ingenio.
-
-PEDRO.
-
-Con mi ingenio más agudo que un puñal os traspasaré, y por ahora
-envaino la daga. Respondedme finalmente: «_La música argentina_», ¿y
-qué quiere decir «la música argentina?» ¿Por qué ha de ser _argentina_
-la música? ¿Qué dices á esto, Simon Bordon?
-
-MÚSICO 1.º
-
-¡Toma! Porque el sonido de la plata es dulce.
-
-PEDRO.
-
-Está bien, ¿y vos, Hugo Rabel, qué decis á esto?
-
-MÚSICO 2.º
-
-Yo digo «música argentina», porque el son de la plata hace tañer á los
-músicos.
-
-PEDRO.
-
-Tampoco está mal. ¿Y qué dices tú, Jaime Clavija?
-
-MÚSICO 3.º
-
-Ciertamente que no sé qué decir.
-
-PEDRO.
-
-Os pido que me perdoneis la pregunta. Verdad es que sois el cantor. Se
-dice «música argentina» porque á músicos de vuestra calaña nadie los
-paga con oro, cuando tocan.
-
-MÚSICO 1.º
-
-Este hombre es un pícaro.
-
-MÚSICO 2.º
-
-Así sea su fin. Vamos allá á aguardar la comitiva fúnebre, y luego á
-comer.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO V.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Calle de Mántua.=
-
-ROMEO y BALTASAR.
-
-ROMEO.
-
-Si hemos de confiar en un dulce y agradable sueño, alguna gran
-felicidad me espera. Desde la aurora pensamientos de dicha agitan
-mi corazon, rey de mi pecho, y como que me dan alas para huir de la
-tierra. Soñé con mi esposa y que me encontraba muerto. ¡Raro fenómeno:
-que piense un cadáver! Pero con sus besos me dió tal vida que, al
-despertar, no me hubiera trocado por un emperador. ¡Oh, cuán dulces
-serán las realidades del amor, cuando tanto lo son las sombras! (_Entra
-Baltasar._) ¿Traes alguna nueva de Verona? ¿Te ha dado Fray Lorenzo
-alguna carta para mí? ¿Cómo está mi padre? ¿Y Julieta? Nada malo puede
-sucederme si ella está buena.
-
-BALTASAR.
-
-Pues ya nada malo puede sucederte, porque su cuerpo reposa en el
-sepulcro, y su alma está con los ángeles. Yace en el panteon de su
-familia. Y perdonadme que tan pronto haya venido á traeros tan mala
-noticia, pero vos mismo, señor, me encargasteis que os avisara de todo.
-
-ROMEO.
-
-¿Será verdad? ¡Cielo cruel, yo desafio tu poder! Dadme papel y plumas.
-Busca esta tarde caballos, y vámonos á Verona esta noche.
-
-BALTASAR.
-
-Señor, dejadme acompañaros, porque vuestra horrible palidez me anuncia
-algun mal suceso.
-
-ROMEO.
-
-Nada de eso. Déjame en paz y obedece. ¿No traes para mí carta de Fray
-Lorenzo?
-
-BALTASAR.
-
-Ninguna.
-
-ROMEO.
-
-Lo mismo da. Busca en seguida caballos, y en marcha.
-
- (_Se va Baltasar._)
-
-Sí, Julieta, esta noche descansaremos juntos. ¿Pero cómo? ¡Ah,
-infierno, cuán presto vienes en ayuda de un ánimo desesperado! Ahora
-me acuerdo que cerca de aquí vive un boticario de torvo ceño y mala
-catadura, gran herbolario de yerbas medicinales. El hambre le ha
-convertido en esqueleto. Del techo de su lóbrega covacha tiene colgados
-una tortuga, un cocodrilo, y varias pieles de fornidos peces; y en
-cajas amontonadas, frascos vacíos y verdosos, viejas semillas, cuerdas
-de bramante, todo muy separado para aparentar más. Yo, al ver tal
-miseria, he pensado que aunque está prohibido so pena de muerte, el
-despachar veneno, quizá este infeliz, si se lo pagaran, lo venderia.
-Bien lo pensé, y ahora voy á ejecutarlo. Cerrada tiene la botica.
-¡Hola, eh!
-
- (_Sale el Boticario._)
-
-BOTICARIO.
-
-¿Quién grita?
-
-ROMEO.
-
-Oye. Tu pobreza es manifiesta. Cuarenta ducados te daré por una dósis
-de veneno tan activo que, apenas circule por las venas, extinga el
-aliento vital tan rápidamente como una bala de cañon.
-
-BOTICARIO.
-
-Tengo esos venenos, pero las leyes de Mántua condenan á muerte al que
-los venda.
-
-ROMEO.
-
-Y en tu pobreza extrema ¿qué te importa la muerte? Bien clara se ve el
-hambre en tu rostro, y la tristeza y la desesperacion. ¿Tiene el mundo
-alguna ley, para hacerte rico? Si quieres salir de pobreza, rompe la
-ley y recibe mi dinero.
-
-BOTICARIO.
-
-Mi pobreza lo recibe, no mi voluntad.
-
-ROMEO.
-
-Yo no pago tu voluntad, sino tu pobreza.
-
-BOTICARIO.
-
-Este es el ingrediente: desleidlo en agua ó en un licor cualquiera,
-bebedlo, y caereis muerto en seguida, aunque tengais la fuerza de
-veinte hombres.
-
-ROMEO.
-
-Recibe tú el dinero. Él es la verdadera ponzoña, engendradora de más
-asesinatos que todos los venenos que no debes vender. La venta la he
-hecho yo, no tú. Adios: compra pan, y cúbrete. No un veneno, sino una
-bebida consoladora llevo conmigo al sepulcro de Julieta.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Celda de Fray Lorenzo.=
-
-FRAY JUAN y FRAY LORENZO.
-
-FRAY JUAN.
-
-¡Hermano mio, santo varon!
-
-FRAY LORENZO.
-
-Sin duda es Fray Juan el que me llama. Bien venido seais de Mántua;
-¿qué dice Romeo? Dadme su carta, si es que traeis alguna.
-
-FRAY JUAN.
-
-Busqué á un fraile descalzo de nuestra órden, para que me acompañara.
-Al fin le encontré, curando enfermos. La ronda, al vernos salir de una
-casa, temió que en ella hubiese peste. Sellaron las puertas, y no nos
-dejaron salir. Por eso se desbarató el viaje á Mántua.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¿Y quién llevó la carta á Romeo?
-
-FRAY JUAN.
-
-Nadie: aquí está. No pude encontrar siquiera quién os la devolviese.
-Tal miedo tenian todos á la peste.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¡Qué desgracia! ¡Por vida de mi padre san Francisco! Y no era carta
-inútil, sino con nuevas de grande importancia. Puede ser muy funesto el
-retardo. Fray Juan, búscame en seguida un azadon y llévale á mi celda.
-
-FRAY JUAN.
-
-En seguida, hermano.
-
- (_Vase._)
-
-FRAY LORENZO.
-
-Sólo tengo que ir al cementerio, porque dentro de tres horas ha de
-despertar la hermosa Julieta de su desmayo. Mucho se enojará conmigo
-porque no dí oportunamente aviso á Romeo. Volveré á escribir á Mántua,
-y entre tanto la tendré en mi celda esperando á Romeo. ¡Pobre cadáver
-vivo encerrado en la cárcel de un muerto!
-
-
-ESCENA III.
-
-=Cementerio, con el panteon de los Capuletos.=
-
-PÁRIS y un PAJE con flores y antorchas.
-
-PÁRIS.
-
-Dame una tea. Apártate: no quiero ser visto. Ponte al pié de aquel
-arbusto, y estáte con el oido fijo en la tierra, para que nadie huelle
-el movedizo suelo del cementerio, sin notarlo yo. Apenas sientas á
-alguno, da un silbido. Dame las flores, y obedece.
-
-PAJE.
-
-Así lo haré; (_aparte_) aunque mucho temor me da el quedarme solo en
-este cementerio.
-
-PÁRIS.
-
-Vengo á cubrir de flores el lecho nupcial de la flor más hermosa que
-salió de las manos de Dios. Hermosa Julieta, que moras entre los coros
-de los ángeles, recibe este mi postrer recuerdo. Viva, te amé: muerta,
-vengo á adornar con tristes ofrendas tu sepulcro. (_El paje silba._)
-Siento la señal del paje: álguien se acerca. ¿Qué pié infernal es el
-que se llega de noche á interrumpir mis piadosos ritos? ¡Y trae una tea
-encendida! ¡Noche, cúbreme con tu manto!
-
- (_Entran Romeo y Baltasar._)
-
-ROMEO.
-
-Dame ese azadon y esa palanca. Toma esta carta. Apenas amanezca,
-procurarás que la reciba Fray Lorenzo. Dame la luz, y si en algo
-estimas la vida, nada te importe lo que veas ú oigas, ni quieras
-estorbarme en nada. La principal razon que aquí me trae no es ver por
-última vez el rostro de mi amada, sino apoderarme del anillo nupcial
-que aún tiene en su dedo, y llevarle siempre como prenda de amor.
-Aléjate, pues. Y si la curiosidad te mueve á seguir mis pasos, júrote
-que he de hacerte trizas, y esparcir tus miembros desgarrados por
-todos los rincones de este cementerio. Más negras y feroces son mis
-intenciones, que tigres hambrientos ó mares alborotadas.
-
-BALTASAR.
-
-En nada pienso estorbaros, señor.
-
-ROMEO.
-
-Es la mejor prueba de amistad que puedes darme. Toma, y sé feliz, amigo
-mio.
-
-BALTASAR.
-
-(_Aparte._) Pues, á pesar de todo, voy á observar lo que hace; porque
-su rostro y sus palabras me espantan.
-
-ROMEO.
-
-¡Abominable seno de la muerte, que has devorado la mejor prenda de
-la tierra, aún has de tener mayor alimento! (_Abre las puertas del
-sepulcro._)
-
-PÁRIS.
-
-Este es Montesco, el atrevido desterrado, el asesino de Teobaldo, del
-primo de mi dama, que por eso murió de pena, segun dicen. Sin duda ha
-venido aquí á profanar los cadáveres. Voy á atajarle en su diabólico
-intento. Cesa, infame Montesco; ¿no basta la muerte á detener tu
-venganza y tus furores? ¿Por qué no te rindes, malvado proscrito?
-Sígueme, que has de morir.
-
-ROMEO.
-
-Sí: á morir vengo. Noble jóven, no tientes á quien viene ciego y
-desalentado. Huye de mí: déjame; acuérdate de los que fueron y no son.
-Acuérdate y tiembla, no me provoques más, jóven insensato. Por Dios
-te lo suplico. No quieras añadir un nuevo pecado á los que abruman mi
-cabeza. Te quiero más que lo que tú puedes quererte. He venido á luchar
-conmigo mismo. Huye, si quieres salvar la vida, y agradece el consejo
-de un loco.
-
-PÁRIS.
-
-¡Vil desterrado, en vano son esas súplicas!
-
-ROMEO.
-
-¿Te empeñas en provocarme? Pues muere... (_Pelean._)
-
-PAJE.
-
-¡Ay, Dios! pelean: voy á pedir socorro.
-
- (_Vase. Cae herido Páris._)
-
-PÁRIS.
-
-¡Ay de mí, muerto soy! Si tienes lástima de mi, ponme en el sepulcro de
-Julieta.
-
-ROMEO.
-
-Sí que lo haré. Veámosle el rostro. ¡El pariente de Mercutio, el conde
-Páris! Al tiempo de montar á caballo, ¿no oí, como entre sombras decir,
-á mi escudero, que iban á casarse Páris y Julieta? ¿Fué realidad ó
-sueño? ¿O es que estaba yo loco y creí que me hablaban de Julieta? Tu
-nombre está escrito con el mio en el sangriento libro del destino.
-Triunfal sepulcro te espera. ¿Qué digo sepulcro? Morada de luz, pobre
-jóven. Allí duerme Julieta, y ella basta para dar luz y hermosura al
-mausoleo. Yace tú á su lado: un muerto es quien te entierra. Cuando
-el moribundo se acerca al trance final, suele reanimarse, y á esto lo
-llaman el último destello. Esposa mia, amor mio, la muerte que ajó
-el néctar de tus labios, no ha podido vencer del todo tu hermosura.
-Todavía irradia en tus ojos y en tu semblante, donde aún no ha podido
-desplegar la muerte su odiosa bandera. Ahora quiero calmar la sombra de
-Teobaldo, que yace en ese sepulcro. La misma mano que cortó tu vida,
-va á cortar la de tu enemigo. Julieta, ¿por qué estás aún tan hermosa?
-¿Será que el descarnado mónstruo te ofrece sus amores y te quiere para
-su dama? Para impedirlo, dormiré contigo en esta sombría gruta de la
-noche, en compañía de esos gusanos, que son hoy tus únicas doncellas.
-Este será mi eterno reposo. Aquí descansará mi cuerpo, libre de la
-fatídica ley de los astros. Recibe tú la última mirada de mis ojos, el
-último abrazo de mis brazos, el último beso de mis labios, puertas de
-la vida, que vienen á sellar mi eterno contrato con la muerte. Ven,
-áspero y vencedor piloto: mi nave, harta de combatir con las olas,
-quiere quebrantarse en los peñascos. Brindemos por mi dama. ¡Oh, cuán
-portentosos son los efectos de tu bálsamo, alquimista veraz! Así, con
-este beso... muero. (_Cae._)
-
- (_Llega Fray Lorenzo._)
-
-FRAY LORENZO.
-
-¡Por san Francisco y mi santo hábito! ¡Esta noche mi viejo pié viene
-tropezando en todos los sepulcros! ¿Quién á tales horas interrumpe el
-silencio de los muertos?
-
-[Ilustración]
-
-BALTASAR.
-
-Un amigo vuestro, y de todas veras.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Con bien seas. ¿Y para qué sirve aquella luz, ocupada en alumbrar á
-gusanos y calaveras? Me parece que está encendida en el monumento de
-los Capuletos.
-
-BALTASAR.
-
-Verdad es, padre mio, y allí se encuentra mi amo, á quien tanto quereis.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¿De quién hablas?
-
-BALTASAR.
-
-De Romeo.
-
-FRAY LORENZO.
-
-¿Y cuánto tiempo hace que ha venido?...
-
-BALTASAR.
-
-Una media hora.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Sígueme.
-
-BALTASAR.
-
-¿Y cómo, padre, si mi amo cree que no estoy aquí, y me ha amenazado con
-la muerte, si yo le seguia?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Pues quédate, é iré yo solo. ¡Dios mio! Alguna catástrofe temo.
-
-BALTASAR.
-
-Dormido al pié de aquel arbusto, soñé que mi señor mataba á otro en
-desafío.
-
-[Ilustración: _Muerte de Romeo y Julieta._]
-
-FRAY LORENZO.
-
-¡Romeo! Pero ¡Dios mio! ¿qué sangre es esta en las gradas del
-monumento? ¿Qué espadas estas sin dueño, y tintas todavía de sangre?
-(_Entra en el sepulcro._) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte! ¡Y
-Páris cubierto de sangre!... La doncella se mueve.
-
- (_Despierta Julieta._)
-
-JULIETA.
-
-Padre, ¿dónde está mi esposo? Ya recuerdo dónde debia yo estar y allí
-estoy. Pero ¿dónde está Romeo, padre mio?
-
-FRAY LORENZO.
-
-Oigo ruido. Deja tú pronto ese foco de infeccion, ese lecho de fingida
-muerte. La suprema voluntad de Dios ha venido á desbaratar mis planes.
-Sígueme. Tu esposo yace muerto á tu lado, y Páris muerto tambien.
-Sígueme á un devoto convento y nada más me digas, porque la gente se
-acerca. Sígueme, Julieta, que no podemos detenernos aquí.
-
- (_Vase._)
-
-JULIETA.
-
-Yo aquí me quedaré. ¡Esposo mio! Mas ¿qué veo? Una copa tiene en las
-manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! no me dejó ni una
-gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algun
-resabio del veneno. Él me matará y me salvará. (_Le besa._) Aún siento
-el calor de sus labios.
-
-ALGUACIL 1.º (_dentro_).
-
-¿Dónde está? Guiadme.
-
-JULIETA.
-
-Siento pasos. Necesario es abreviar. (_Coge el puñal de Romeo._) ¡Dulce
-hierro, descansa en mi corazon, mientras yo muero! (_Se hiere y cae
-sobre el cuerpo de Romeo._)
-
- (_Entran la ronda y el paje de Páris._)
-
-PAJE.
-
-Aquí es donde brillaba la luz.
-
-ALGUACIL 1.º
-
-Recorred el cementerio. Huellas de sangre hay. Prended á todos los que
-encontráreis. ¡Horrenda vista! Muerto Páris, y Julieta, á quien hace
-dos dias enterramos por muerta, se está desangrando, caliente todavía.
-Llamad al Príncipe, y á los Capuletos y á los Montescos. Sólo vemos
-cadáveres, pero no podemos atinar con la causa de su muerte.
-
- (_Traen algunos á Baltasar._)
-
-ALGUACIL 2.º
-
-Este es el escudero de Romeo, y aquí le hemos encontrado.
-
-ALGUACIL 1.º
-
-Esperemos la llegada del Príncipe.
-
- (_Entran otros con Fray Lorenzo._)
-
-ALGUACIL 3.º
-
-Tembloroso y suspirando hemos hallado á este fraile cargado con una
-palanca y un azadon; salia del cementerio.
-
-ALGUACIL 1.º
-
-Sospechoso es todo eso: detengámosle.
-
- (_Llegan el Príncipe y sus guardas._)
-
-PRÍNCIPE.
-
-¿Qué ha ocurrido para despertarme tan de madrugada?
-
- (_Entran Capuleto, su mujer, etc._)
-
-CAPULETO.
-
-¿Qué gritos son los que suenan por esas calles?
-
-SEÑORA CAPULETO.
-
-Unos dicen «Julieta», otros «Romeo», otros «Páris», y todos corriendo
-y dando gritos, se agolpan al cementerio.
-
-EL PRÍNCIPE.
-
-¿Qué historia horrenda y peregrina es esta?
-
-ALGUACIL 1.º
-
-Príncipe, ved. Aquí están el conde Páris y Romeo, violentamente
-muertos, y Julieta, caliente todavía y desangrándose.
-
-PRÍNCIPE.
-
-¿Averiguasteis la causa de estos delitos?
-
-ALGUACIL 1.º
-
-Sólo hemos hallado á un fraile y al paje de Romeo, cargados con picos y
-azadones propios para levantar la losa de un sepulcro.
-
-CAPULETO.
-
-¡Dios mio! Esposa mia, ¿no ves correr la sangre de nuestra hija? Ese
-puñal ha errado el camino: debia haberse clavado en el pecho del
-Montesco y no en el de nuestra inocente hija.
-
-SEÑORA CAPULETO.
-
-¡Dios mio! Siento el toque de las campanas que guian mi vejez al
-sepulcro.
-
- (_Llegan Montesco y otros._)
-
-PRÍNCIPE.
-
-Mucho has amanecido, Montesco, pero mucho antes cayó tu primogénito.
-
-MONTESCO.
-
-¡Poder de lo alto! Ayer falleció mi mujer de pena por el destierro de
-mi hijo. ¿Hay reservada alguna pena más para mi triste vejez?
-
-PRÍNCIPE.
-
-Tú mismo puedes verla.
-
-MONTESCO.
-
-¿Por qué tanta descortesía, hijo mio? ¿Por qué te atreviste á ir al
-sepulcro antes que tu padre?
-
-PRÍNCIPE.
-
-Contened por un momento vuestro llanto, mientras busco la fuente de
-estas desdichas. Luego procuraré consolaros ó acompañaros hasta la
-muerte. Callad entre tanto: la paciencia contenga un momento al dolor.
-Traed acá á esos presos.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Yo el más humilde y á la vez el más respetable por mi estado
-sacerdotal, pero el más sospechoso por la hora y el lugar, voy á
-acusarme y á defenderme al mismo tiempo.
-
-PRÍNCIPE.
-
-Decidnos lo que sepais.
-
-FRAY LORENZO.
-
-Lo diré brevemente, porque la corta vida que me queda no consiente
-largas relaciones. Romeo se habia desposado con Julieta. Yo los casé,
-y el mismo dia murió Teobaldo. Esta muerte fué causa del destierro del
-desposado y del dolor de Julieta. Vos creisteis mitigarle, casándola
-con Páris. En seguida vino á mi celda, y loca y ciega me rogó que
-buscase una manera de impedir esta segunda boda, porque si no, iba á
-matarse en mi presencia. Yo le dí un narcótico preparado por mí, cuyos
-efectos simulaban la muerte, y avisé á Romeo por una carta, que viniese
-esta noche (en que ella despertaria) á ayudarme á desenterrarla. Fray
-Juan, á quien entregué la carta, no pudo salir de Verona, por súbito
-accidente. Entonces me vine yo solo á la hora prevista, para sacarla
-del mausoleo, y llevarla á mi convento, donde esperase á su marido.
-Pero cuando llegué, pocos momentos antes de que ella despertara,
-hallé muertos á Páris y á Romeo. Despertó ella, y le rogué por Dios
-que me siguiese y respetara la voluntad suprema. Ella desesperada no
-me siguió, y á lo que parece, se ha dado la muerte. Hasta aquí sé.
-Del casamiento puede dar testimonio su ama. Y si yo delinquí en algo,
-dispuesto estoy á sacrificar mi vida al fallo de la ley, que sólo en
-pocas horas podrá adelantar mi muerte.
-
-PRÍNCIPE.
-
-Siempre os hemos tenido por varon santo y de virtudes. Oigamos ahora al
-criado de Romeo.
-
-BALTASAR.
-
-Yo dí á mi amo noticia de la muerte de Julieta. A toda prisa salimos de
-Mántua, y llegamos á este cementerio. Me dió una carta para su padre, y
-se entró en el sepulcro desatentado y fuera de sí, amenazándome con la
-muerte, si en algo yo le resistia.
-
-PRÍNCIPE.
-
-Quiero la carta; ¿y dónde está el paje que llamó á la ronda?
-
-PAJE.
-
-Mi amo vino á derramar flores sobre el sepulcro de Julieta. Yo me quedé
-cerca de allí, segun sus órdenes. Llegó un caballero y quiso entrar en
-el panteon. Mi amo se lo estorbó, riñeron, y yo fuí corriendo á pedir
-auxilio.
-
-PRÍNCIPE.
-
-Esta, carta confirma las palabras de este bendito fraile. En ella habla
-Romeo de su amor y de su muerte: dice que compró veneno á un boticario
-de Mántua, y que quiso morir, y descansar con su Julieta. ¡Capuletos,
-Montescos, esta es la maldicion divina que cae sobre vuestros rencores!
-No tolera el cielo dicha en vosotros, y yo pierdo por causa vuestra dos
-parientes. A todos alcanza hoy el castigo de Dios.
-
-CAPULETO.
-
-Montesco, dame tu mano, el dote de mi hija: más que esto no puede pedir
-tu hermano.
-
-MONTESCO.
-
-Y aún te daré más. Prometo hacer una estatua de oro de la hermosa
-Julieta, y tal que asombre á la ciudad.
-
-CAPULETO.
-
-Y á su lado haré yo otra igual para Romeo.
-
-PRÍNCIPE.
-
-¡Tardía amistad y reconciliacion, que alumbra un sol bien triste!
-Seguidme: aún hay que hacer más: premiar á unos y castigar á otros.
-Triste historia es la de Julieta y Romeo.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
- OTELO.
-
-
- TRADUCCION
- DE
- D. M. MENENDEZ PELAYO.
-
- Ilustracion de _Eugenio Klimsch_ y _Fernando Piloty_.
- Grabados de _H. Käseberg_ y _G. Treibmann_.
-
-
-
-
-PERSONAJES.
-
- DUX DE VENECIA.
- El senador BRABANCIO.
- GRACIANO, su hermano.
- LUIS, su pariente.
- Varios Senadores.
- OTELO, moro al servicio de la República.
- CASIO, teniente suyo.
- YAGO, su alférez.
- RODRIGO, caballero veneciano.
- MONTANO, gobernador de Chipre antes que Otelo.
- Un criado de Otelo.
- DESDÉMONA, hija de Brabancio y mujer de Otelo.
- EMILIA, mujer de Yago.
- BLANCA, querida de Casio.
-
- UN MARINERO, UN NUNCIO, UN PREGONERO, ALGUACILES,
- MÚSICOS, CRIADOS, etc.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO I.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Una calle en Venecia.=
-
-RODRIGO y YAGO.
-
-RODRIGO.
-
-No vuelvas á tocar esa cuestion, Yago: mucho me pesa que estés tan
-enterado de eso tú á quien confié mi bolsa, como si fuera tuya.
-
-YAGO.
-
-¿Por qué no me ois? Si alguna vez me ha pasado tal pensamiento por la
-cabeza, castigadme como os plazca.
-
-RODRIGO.
-
-¿No me dijiste que le aborrecias?
-
-YAGO.
-
-Y podeis creerlo. Más de tres personajes de esta ciudad le pidieron con
-la gorra en la mano que me hiciese teniente suyo. Yo sé si valgo como
-soldado y si sabria cumplir con mi obligacion. Pero él, orgulloso y
-testarudo se envuelve en mil retóricas hinchadas y bélicas metáforas,
-y acaba por decirles que no, fundado en que ya tiene su hombre. ¿Y
-quién es él? Un tal Miguel Casio, florentino, gran matemático, lindo y
-condenado como una mujer hermosa. Nunca ha visto un campo de batalla,
-y entiende tanto de guerra como una vieja. No sabe más que la teoría,
-lo mismo que cualquier togado. Habilidad y práctica ninguna. Á ese ha
-preferido, y yo que delante de Otelo derramé tantas veces mi sangre en
-Chipre, en Rodas y en otras mil tierras de cristianos y de gentiles, le
-he parecido inferior á ese necio sacacuentas. Él será el teniente del
-moro, y yo su alférez.
-
-RODRIGO.
-
-¡Ira de Dios! Yo mejor seria su verdugo.
-
-YAGO.
-
-Cosa inevitable. En la milicia se asciende por favor y no por
-antigüedad. Decidme ahora si hago bien ó mal en aborrecer al moro.
-
-RODRIGO.
-
-Pues entonces, ¿por qué no dejas su servicio?
-
-YAGO.
-
-Sosiégate: le sigo por mi interes. No todos podemos mandar, ni se
-encuentran siempre fieles criados. A muchos verás satisfechos con su
-condicion servil, bestias de carga de sus amos, á quienes agradecen
-la pitanza, aunque en su vejez los arrojen á la calle. ¡Qué lástima
-de palos! Otros hay que con máscara de sumision y obediencia atienden
-sólo á su utilidad, y viven y engordan á costa de sus amos, y llegan
-á ser personas de cuenta. Éstos aciertan, y de éstos soy yo. Porque
-habeis de saber, Rodrigo, que si yo fuera el moro, no seria Yago, pero
-siéndolo, tengo que servirle, para mejor servicio mio. Bien lo sabe
-Dios: si le sirvo no es por agradecimiento ni por cariño ni obligacion,
-sino por ir derecho á mi propósito. Si alguna vez mis acciones dieran
-indicio de los ocultos pensamientos de mi alma, colgaria de la manga mi
-corazon para pasto de grajos. No soy lo que parezco.
-
-RODRIGO.
-
-¡Qué fortuna tendria el de los labios gruesos, si consiguiera lo que
-desea!
-
-YAGO.
-
-Véte detras del padre: cuenta el caso por las plazas: amotina á todos
-los parientes, y aunque habite en delicioso clima, hiere tú sin cesar
-sus oidos con moscas que le puncen y atormenten: de tal modo que su
-misma felicidad llegue á él tan mezclada con el dolor, que pierda mucho
-de su eficacia.
-
-RODRIGO.
-
-Hemos llegado á su casa. Le llamaré.
-
-YAGO.
-
-Llámale á gritos y con expresiones de angustia y furor, como si de
-noche hubiese comenzado á arder la ciudad.
-
-RODRIGO.
-
-¡Levantaos, señor Brabancio!
-
-YAGO.
-
-¡Levantaos, Brabancio! ¡Que los ladrones se llevan vuestra riqueza y
-vuestra hija! ¡Al ladron, al ladron!
-
- (_Aparece Brabancio en la ventana._)
-
-BRABANCIO.
-
-¿Qué ruido es ese? ¿Qué pasa?
-
-RODRIGO.
-
-¿Teniais en casa toda la familia?
-
-YAGO.
-
-¿Estaban cerradas todas las puertas?
-
-BRABANCIO.
-
-¿Por qué esas preguntas?
-
-YAGO.
-
-Porque os han robado. Vestíos presto, por Dios vivo. Ahora mismo está
-solazándose con vuestra blanca cordera un macho negro y feo. Pedid
-ayuda á los ciudadanos, ó si no, os vais á encontrar con nietos por
-arte del diablo. Salid.
-
-BRABANCIO.
-
-¿Te has vuelto loco?
-
-RODRIGO.
-
-¿No me conoceis, señor?
-
-BRABANCIO.
-
-No te conozco. ¿Quién sois?
-
-RODRIGO.
-
-Soy Rodrigo, señor.
-
-BRABANCIO.
-
-Pues lo siento mucho. Ya te he dicho que no pasees la calle á mi hija,
-porque no ha de ser esposa tuya, y ahora sales de la taberna medio
-borracho, á interrumpir mi sueño con gritos é impertinencias.
-
-RODRIGO.
-
-¡Señor, señor!
-
-BRABANCIO.
-
-Pero has de saber que mi condicion y mi nobleza me dan fáciles medios
-de vengarme de tí.
-
-RODRIGO.
-
-Calma, señor.
-
-BRABANCIO.
-
-¿Qué decias de robos? ¿Estamos en despoblado ó en Venecia?
-
-RODRIGO.
-
-Respetable señor Brabancio, la intencion que á vos me trae es buena y
-loable.
-
-YAGO.
-
-Vos, señor Brabancio, sois de aquellos que no obedecerian al diablo
-aunque él les mandase amar á Dios. ¿Así nos agradeceis el favor que
-os hacemos? ¿O será mejor que del cruce de vuestra hija con ese cruel
-berberisco salgan potros que os arrullen con sus relinchos?
-
-BRABANCIO.
-
-¿Quién eres tú que tales insolencias ensartas? Eres un truhan.
-
-YAGO.
-
-Y vos... un consejero.
-
-BRABANCIO.
-
-Caro te ha de costar, Rodrigo.
-
-RODRIGO.
-
-Como querais. Sólo os preguntaré si consentisteis que vuestra hija, á
-hora desusada de la noche, y sin más compañía que la de un miserable
-gondolero, fuera á entregarse á ese moro soez. Si fué con noticia y
-consentimiento vuestro, confieso que os hemos ofendido, pero si fué sin
-saberlo vos, ahora nos reñis injustamente. ¿Cómo habia de faltaros al
-respeto yo, que al fin soy noble y caballero? Insisto en que vuestra
-hija os ha hecho muy torpe engaño, á no ser que la hayais dado licencia
-para juntar su hermosura, su linaje y sus tesoros con los de ese
-infame aventurero, cuyo orígen se ignora. Vedlo: averiguadlo, y si
-por casualidad la encontrais en su cuarto ó en otra parte de la casa,
-podeis castigarme como calumniador, conforme lo mandan las leyes.
-
-BRABANCIO.
-
-¡Dadme una luz! Despierten mis criados. Sueño parece lo que me pasa.
-El recelo basta para matarme. ¡Luz, luz! (_Brabancio se quita de la
-ventana._)
-
-YAGO.
-
-Me voy. No me conviene ser testigo contra el moro. A pesar de este
-escándalo, no puede la República destituirle sin grave peligro de
-que la isla de Chipre se pierda. Nadie más que él puede salvarla, ni
-á peso de oro se encontraria otro hombre igual. Por eso, aunque le
-odio más que al mismo Lucifer, debo fingirme sumiso y cariñoso con él
-y aparentar lo que no siento. Los que vayan en persecucion suya, le
-alcanzarán de seguro en el Sagitario. Yo estaré con él. Adios.
-
- (_Se va._)
- (_Salen Brabancio y sus servidores con antorchas._)
-
-BRABANCIO.
-
-Cierta es mi desgracia. Ha huido mi hija. Lo que me resta de vida será
-una cadena de desdichas. Respóndeme, Rodrigo. ¿Dónde viste á mi niña?
-¿La viste con el moro? Respóndeme. ¡Ay de mí! ¿La conociste bien?
-¿Quién es el burlador? ¿Te habló algo? ¡Luces, luces! ¡Levántense todos
-mis parientes y familiares! ¿Estarán ya casados? ¿Qué piensas tú?
-
-RODRIGO.
-
-Creo que lo estarán.
-
-BRABANCIO.
-
-¿Y cómo habrá podido escaparse? ¡Qué traicion más negra! ¿Qué padre
-podrá desde hoy en adelante tener confianza en sus hijas, aunque
-parezcan honestas? Sóbranle al demonio encantos y brujerías con que
-triunfar de su recato. Rodrigo, ¿no has visto en libros algo de esto?
-
-RODRIGO.
-
-Algo he leido.
-
-BRABANCIO.
-
-Despertad á mi hermano. ¡Ojalá que la hubiera yo casado con vos! Corred
-en persecucion suya, unos por un lado, otros por otro. ¿Dónde podríamos
-encontrarla á ella y al moro?
-
-RODRIGO.
-
-Yo los encontraré fácilmente, si me dais gente de brios que me acompañe.
-
-BRABANCIO.
-
-Id delante. Llamaremos á todas las puertas, y si álguien se resiste,
-autoridad tengo para hacer abrir. Armas, y llamad á la ronda. Sígueme,
-Rodrigo: yo premiaré tu buen celo.
-
- (_Se van._)
-
-
-ESCENA II.
-
-=Otra calle.=
-
-OTELO, YAGO y criados con teas encendidas.
-
-YAGO.
-
-En la guerra he matado sin escrúpulo á muchos, pero tengo por pecado
-grave el matar á nadie de caso pensado. Soy demasiado bueno, más de lo
-que convendria á mis intereses. Ocho ó diez veces anduve á punto de
-traspasarle de una estocada.
-
-OTELO.
-
-Prefiero que no lo hayas hecho.
-
-YAGO.
-
-Pues yo lo siento, porque anduvo tan provocativo y tales insolencias
-dijo contra tí, que yo que soy tan poco sufrido, apenas pude irme á
-la mano. Pero dime, ¿os habeis casado ya? El senador Brabancio es
-hombre de mucha autoridad y tiene más partido que el mismo Dux. Pedirá
-el divorcio, invocará las leyes, y si no consigue su propósito, os
-inquietará de mil modos.
-
-OTELO.
-
-Por mucho que él imagine, más han de poder los servicios que tengo
-hechos al Senado. Todavía no he dicho á nadie, pero lo diré ahora que
-la alabanza puede honrarme, que desciendo de reyes, y que merezco la
-dicha que he alcanzado. A fe mia, Yago, que si no fuera por mi amor á
-Desdémona, no me hubiera yo sometido, siendo de tan soberbia condicion,
-al servicio de la República, aunque me dieran todo el oro de la otra
-parte de los mares. Pero ¿qué antorchas veo allí?
-
-YAGO.
-
-Son el padre y los parientes de Desdémona, que vienen furiosos contra
-tí. Retírate.
-
-OTELO.
-
-No, aquí me encontrarán, para que mi valor, mi nobleza y mi alma dén
-testimonio de quién soy. ¿Llegan?
-
-YAGO.
-
-Me parece que no, por vida mia.
-
- (_Salen Casio y soldados con antorchas._)
-
-OTELO.
-
-Es mi teniente con algunos criados del Dux. Buenas noches, amigos mios.
-¿Qué novedades traeis?
-
-CASIO.
-
-General, el Dux me envia á que os salude, y desea veros en seguida.
-
-OTELO.
-
-Pues ¿qué sucede?
-
-CASIO.
-
-Deben de ser noticias de Chipre. Es urgente el peligro. Esta noche
-han llegado uno tras otro, doce mensajeros de las galeras, y el Dux
-y muchos consejeros están secretamente reunidos, á pesar de ser tan
-avanzada la hora. Os llaman con mucha prisa: no os han encontrado en
-vuestra posada, y á mí me han enviado más de una vez en busca vuestra.
-
-OTELO.
-
-Y gracias á Dios que me encontrasteis. Voy á dar un recado en mi casa,
-y vuelvo inmediatamente.
-
- (_Se va._)
-
-CASIO.
-
-¿Cómo aquí, alférez Yago?
-
-YAGO.
-
-Calculo que esta noche he alcanzado buena presa.
-
-CASIO.
-
-No lo entiendo.
-
-YAGO.
-
-El moro se ha casado.
-
-CASIO.
-
-¿Y con quién?
-
- (_Sale Otelo._)
-
-YAGO.
-
-Con... ¿En marcha, capitan?
-
-OTELO.
-
-Andando.
-
-CASIO.
-
-Mucha gente viene buscándoos.
-
-YAGO.
-
-Son los de Brabancio. Cuidado, general, que no traen buenas
-intenciones.
-
- (_Salen Brabancio, Rodrigo y alguaciles con armas y teas encendidas._)
-
-OTELO.
-
-Deteneos.
-
-RODRIGO.
-
-Aquí está Otelo, señor.
-
-BRABANCIO.
-
-¡Ladron de mi honra! ¡matadle! (_Trábase la pelea._)
-
-YAGO.
-
-Ea, caballero Rodrigo: aquí, á pié firme, os espero.
-
-OTELO.
-
-Envainad esos aceros vírgenes, porque el rocío de la noche podria
-violarlos. Venerable anciano, vuestros años me vencen más que vuestra
-espada.
-
-[Ilustración]
-
-BRABANCIO.
-
-¡Infame ladron! ¿Dónde tienes á mi hija? ¿Con qué hechizos le has
-perturbado el juicio? Porque si no la hubieras hechizado con artes
-diabólicas, ¿cómo seria posible que una niña tan hermosa y tan querida
-y tan sosegada, que ha despreciado los más ventajosos casamientos de
-la ciudad, hubiera abandonado la casa de su padre, atropellando mis
-canas y su honra, y siendo ludibrio universal, para ir á entregarse
-á un asqueroso mónstruo como tú, afrenta del linaje humano, y cuya
-vista no produce deleite sino horror? ¡Que digan cuantos tengan recto
-juicio si aquí no han intervenido malas artes y engaño del demonio, por
-virtud de brebajes ó de drogas que trastornan el seso, y encadenan el
-libre albedrío! Yo he de ponerlo todo en claro. Y entre tanto aquí te
-prendo y te acuso criminalmente como embaidor y hechicero, que profesa
-ciencias malas y reprobadas. Prendedle, y si se resiste, matadle.
-
-OTELO.
-
-Deteneos, amigos y adversarios. Yo sé cuál es mi obligacion cuando se
-trata de pelear. Ahora debo responder en juicio. Dime en dónde.
-
-BRABANCIO.
-
-Por de pronto irás á un calabozo, hasta que la ley te llame á
-comparecer ante el tribunal.
-
-OTELO.
-
-¿Y crees que el Dux te lo agradecerá? Mira: todos éstos han venido
-de su parte, llamándome á comparecer ante él para un gran negocio de
-Estado.
-
-BRABANCIO.
-
-¿Llamarte el Dux á consejo? ¿Y á media noche? ¿Para qué? Prendedle: que
-el Dux y el Consejo han de sentir esta afrenta mia como propia suya.
-Porque si tales crímenes hubieran de quedar impunes, valdria más que
-rigieran la República viles siervos ó paganos.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Sala del Consejo.=
-
-El DUX y los SENADORES sentados á una mesa.
-
-DUX.
-
-Estas noticias entre sí no tienen relacion.
-
-SENADOR 1.º
-
-En verdad que no concuerdan, porque segun las cartas que yo he
-recibido, las galeras son 107.
-
-DUX.
-
-Pues aquí dice que 137.
-
-SENADOR 2.º
-
-Y esta que yo tengo asegura que llegan á 200. Pero aunque en el número
-no convengan (y en tales ocasiones bien fácil es equivocarse), lo
-cierto y averiguado es que una armada turca navega hácia Chipre.
-
-DUX.
-
-Esto es lo principal y lo indudable, y esta es bastante causa para
-nuestros temores.
-
-UN MARINERO.
-
-(_Dentro._) ¡Ah del Senado!
-
-OFICIAL 1.º
-
-Trae noticias de la armada.
-
- (_Sale el marinero._)
-
-DUX.
-
-¿Qué sucede?
-
-MARINERO.
-
-El capitan me envia á deciros que los turcos navegan hácia Rodas.
-
-DUX.
-
-¿Qué pensais de esta novedad?
-
-SENADOR 1.º
-
-No la creo: es algun ardid para engañarnos. No sólo Chipre es para el
-turco conquista más importante que la de Rodas, sino más fácil, por
-estar enteramente desguarnecida, y ser menos fuerte por naturaleza. Y
-no hemos de creer tan necio al turco, que deje lo cierto por lo dudoso,
-empeñándose en una empresa estéril y de dudoso resultado.
-
-DUX.
-
-Para mí es seguro que no piensa en atacar á Rodas.
-
-OFICIAL.
-
-Ahora llegan otras noticias.
-
- (_Entra el marinero 2.º_)
-
-MARINERO 2.º
-
-Ilustrísimo Senado, el turco se ha reforzado en Rodas con buen número
-de naves.
-
-SENADOR 1.º
-
-Lo sospeché. ¿Sabes cuántas?
-
-MARINERO 2.º
-
-Treinta. Y ahora navega de retorno hácia Chipre, con propósito
-manifiesto de atacarla. Esto me manda á deciros con todo respeto
-vuestro fiel servidor Montano.
-
-DUX.
-
-No hay duda que atacarán á Chipre. ¿Está allí Márcos Luchesi?
-
-SENADOR 1.º
-
-Está en Florencia.
-
-DUX.
-
-Escribidle de mi parte que vuelva en seguida.
-
-SENADOR 1.º
-
-Aquí llegan Brabancio y el moro.
-
- (_Salen Brabancio, Otelo, Yago, Rodrigo, Alguaciles, etc._)
-
-DUX.
-
-Esforzado Otelo, necesario es que sin dilacion salgais á combatir al
-turco. (_A Brabancio._) Señor, bien venido seais: no os ví al entrar.
-¡Lástima que esta noche nos hayan faltado vuestra ayuda y consejo!
-
-BRABANCIO.
-
-Más me ha faltado á mí el vuestro. Perdon, señor. No me he levantado
-tan á deshora por tener yo noticia de este peligro, ni ahora me
-conmueven las calamidades públicas, porque mi dolor particular, como
-despeñado torrente, lleva delante de sí y devora cuantos pesares se le
-atraviesan en el camino.
-
-DUX.
-
-¿Qué ha acontecido?
-
-BRABANCIO.
-
-¡Ay hija mia, desdichada hija mia!
-
-DUX Y SENADORES.
-
-¿Ha muerto?
-
-BRABANCIO.
-
-Peor aún. Para mí como si hubiese muerto. La han sacado de mi casa, le
-han trastornado el seso con bebedizos de charlatanes, porque sin arte
-diabólica ¿cómo ella, que no está loca ni ciega, habia de caer en tal
-desvarío?
-
-DUX.
-
-Sea quien fuere el autor de vuestra afrenta, el que ha privado de la
-razon á vuestra hija y la ha arrancado de vuestra casa, vos mismo
-aplicareis con inflexible rigor la sangrienta ley, aunque recaiga en mi
-propio hijo.
-
-BRABANCIO.
-
-Gracias, señor. Quien la robó es el moro.
-
-DUX Y SENADORES.
-
-¡Lástima grande!
-
-DUX.
-
-¿Qué contestais, Otelo? ¿Qué podeis decir en propia defensa?
-
-BRABANCIO.
-
-¿Qué ha de decir, sino confesar la verdad?
-
-OTELO.
-
-Generoso é ilustre Senado, dueños y señores mios, confieso que he
-robado á la hija de este anciano, y que me he casado con ella, pero
-ese es todo mi delito. Mi lenguaje es tosco: la vida del campo no me
-ha dejado aprender palabras suaves, porque desde que apenas contaba
-yo seis años y mis brazos iban cobrando vigor, los he empleado en las
-lides, y por eso sé menos del mundo que de las armas. Mala será, pues,
-mi defensa, y poco ha de aprovecharme; con todo eso, si me otorgais
-vénia, os contaré breve y sencillamente cómo llegué al término de
-mi amor, y con qué filtros y hechicerías logré vencer á la hija de
-Brabancio.
-
-BRABANCIO.
-
-¡Una niña tan tierna é inocente que de todo se ruborizaba! ¿cómo habia
-de enamorarse de un mónstruo feísimo como tú, que ni eres de su edad,
-ni de su índole ni de su tierra? Es aberracion contra naturaleza
-suponer tal desvarío en una niña que es la misma perfeccion. No: sólo
-con ayuda de Satanás puedes haber triunfado. Por eso vuelvo á sostener
-que has alterado su sangre con yerbas ó con veneno.
-
-DUX.
-
-No basta que lo creais ni que lo sospecheis. Es necesario probarlo, y
-las conjeturas no son pruebas.
-
-SENADOR 1.º
-
-Dime, Otelo, ¿es cierto que la has seducido con algun engaño, ó es que
-mutuamente os amabais?
-
-OTELO.
-
-Mandad á buscar á mi esposa, que está á bordo del _Sagitario_. Ella
-sabrá defenderse y contestarle á su padre. Y si despues de oirla me
-condenais, no sólo despojadme del mando que me habeis confiado, sino
-condenadme á dura muerte.
-
-DUX.
-
-Que venga Desdémona.
-
-OTELO.
-
-Acompáñalos, alférez mio. (_A Yago._) Tú sabes dónde está. Y mientras
-llega, yo, tan sinceramente como á Dios me confieso, os referiré de qué
-manera fué creciendo el amor de esa dama y el mio.
-
-DUX.
-
-Hablad, Otelo.
-
-OTELO.
-
-Era su padre muy amigo mio, y con frecuencia me convidaba, gustando
-de oirme contar mi vida año por año: mis viajes, desastres, peleas
-y aventuras. Todo se lo referí, cuanto me habia sucedido desde mis
-primeros años: naufragios y asaltos de mar y tierra, en que á duras
-penas salvé la vida: cómo fuí vendido por esclavo: cómo me rescaté,
-y cómo peregriné por desiertos, cavernas, precipicios, y rocas que
-parecen levantarse á las nubes: le hablé de los antropófagos caribes
-que se devoran los unos á los otros, y de aquellos pueblos que tienen
-la cabeza bajo los hombros. Desdémona escuchaba con avidez mi relacion,
-levantándose á veces cuando la llamaban las faenas de la casa, pero
-volviendo á sentarse en cuanto volvia, y devorando con los oidos mis
-palabras. Yo lo advertí, y aprovechando una ocasion favorable, hice
-que un dia estando á solas, me pidiese la entera relacion de mi vida.
-La hice llorar, contándole las desgracias de mis primeros años, y
-con lágrimas y sollozos premió mi narracion, que llamaba lastimosa y
-peregrina. Me dió mil gracias y acabó diciéndome que si algun dia era
-yo amigo de algun amante suyo, le enseñase á contar aquella historia,
-porque era el modo más seguro de vencerla. Esto me dijo. Ella me amó
-por mis trabajos, victorias y desdichas. Yo la amé por su compasion, y
-no hubo más sortilegios. Aquí llega Desdémona que puede dar testimonio
-de ello.
-
- (_Salen Desdémona y Yago._)
-
-DUX.
-
-Y pienso que aún mi hija se hubiera movido á compasion con tal
-historia. Respetable Brabancio, consolaos y echadlo todo á buena parte.
-Más vale en la lid espada vieja que mano desarmada.
-
-BRABANCIO.
-
-Oigámosla, señor, y si ella me confiesa que le tuvo algun cariño,
-¡caiga sobre mí la maldicion del cielo, si vuelvo á quejarme de ellos!
-Ven acá, niña: entre todos los que están aquí congregados ¿á quién
-debes obedecer más?
-
-DESDÉMONA.
-
-Padre mio, dos obligaciones contrarias tengo: vos me habeis dado el
-sér y la crianza, y en agradecimiento á una y otra debo respetaros
-y obedeceros como hija. Pero aquí veo á mi esposo, y creo que debo
-preferirle, como mi madre os prefirió á su padre, y os obedeció más que
-á él. El moro es mi esposo y mi señor.
-
-BRABANCIO.
-
-¡Dios sea en tu ayuda! Nada más puedo decir, señor; si quereis,
-tratemos ahora de los negocios de la República. ¡Cuánto más vale
-adoptar á un hijo extraño qué tenerlos propios! Óyeme, Otelo: de
-buena voluntad te doy todo lo que te negaria, si ya no lo tuvieras.
-Desdémona, ¡cuánto me alegro de no tener más hijos! Porque despues de
-tu fuga, yo los hubiera encarcelado y tratado como tirano.
-
-DUX.
-
-Poco voy á decir, y quiero que mis palabras sirvan como de escalera
-que hagan entrar en vuestra gracia á esos enamorados. ¿De qué sirven
-el llanto y las quejas cuando no hay esperanza? Sólo de acrecentar
-el dolor. Pero el alma que se resigna con serena firmeza, burla los
-embates de la suerte. Quien se ria del ladron podrá robarle, y al
-contrario el que llora es ladron de sí mismo.
-
-BRABANCIO.
-
-No estemos ociosos, mientras que el turco nos arrebata á Chipre. No
-estemos sosegados y con la risa en los labios. Poco le importa la
-condenacion ajena al que sale libre del tribunal, pero no así al mísero
-reo que sólo tiene el recurso de conformarse con la sentencia y el
-dolor. Siempre son oportunas vuestras sentencias, pero de sentencias
-no pasan, por más que digan que las dulces palabras curan el ánimo.
-Hablemos ya de los asuntos de la República.
-
-DUX.
-
-Poderosa escuadra otomana va á atacar á Chipre. Vos, Otelo, conoceis
-bien aquella isla, y aunque teneis un teniente de toda nuestra
-confianza, la opinion, dueña del éxito, os cree más idóneo que á él. No
-os pese de interrumpir vuestra dicha de hoy con esta nueva y peligrosa
-expedicion.
-
-OTELO.
-
-Generoso Senado, la costumbre ha trocado para mí en lecho de muelle
-pluma el silíceo y férreo tálamo de la guerra. Mi corazon está
-dispuesto siempre al peligro. Ya ardo en deseos de encontrarme con
-el turco. Humildemente os pido que presteis á mi esposa, durante mi
-ausencia, el acatamiento que á su rango se debe, con casa y criados
-dignos de ella.
-
-DUX.
-
-Que viva en casa de su padre.
-
-BRABANCIO.
-
-De ninguna suerte.
-
-OTELO.
-
-No, en modo alguno.
-
-DESDÉMONA.
-
-Ni yo tampoco quiero turbar la tranquilidad de mi padre, estando
-siempre delante de sus ojos. Oid propicio, señor, lo que quiero
-deciros, y concededme una sencilla peticion.
-
-DUX.
-
-¿Cuál, Desdémona?
-
-DESDÉMONA.
-
-Que no quiero separarme del moro ni un punto solo: para eso me rendí á
-él como el vasallo al monarca: no me enamoré de su rostro sino de su
-valor y de sus hazañas: por eso le rendí mi alma y mi vida. Si él va
-ahora á la guerra, y yo como polilla me quedo en la paz, ¿de qué me
-ha servido este enlace? ¿Qué fruto cogeré de él sino llorar en triste
-soledad su ausencia? Quiero acompañarle.
-
-OTELO.
-
-Concédaselo el ilustre Senado, y á fe mia que no lo deseo por carnal
-apetito y brutal ardor (que ya se va apagando el de mi sangre
-africana), sino por corresponder á su generoso amor. Y no temais que
-por ella olvide el alto empeño que me fiais. No ¡vive Dios! Y si alguna
-vez la torpe lujuria amortigua ó entorpece mis sentidos, ó roba vigor
-á mi brazo, consentiré que las viejas truequen mi yelmo en olla ó
-marmita, y que caiga sobre mi nombre la niebla de oscuridad.
-
-DUX.
-
-Conviene que resolvais pronto si ella le ha de acompañar ó no.
-
-SENADOR 1.º
-
-Debeis salir esta misma noche.
-
-OTELO.
-
-Iré gustoso.
-
-EL DUX.
-
-Nos reuniremos á las nueve. Un oficial que para esto dejeis os enviará
-los despachos y las insignias de vuestra dignidad, Otelo.
-
-OTELO.
-
-Si quereis, puede quedarse mi alférez, cuya probidad tengo
-experimentada. Él podrá acompañar á mi mujer, si consentis en ello.
-
-DUX.
-
-Así será. Buenas noches. Oidme una palabra, Brabancio: si la virtud es
-el mejor adorno, no hay duda que vuestro yerno es hermoso.
-
-SENADOR 1.º
-
-Moro, amad mucho á Desdémona.
-
-BRABANCIO.
-
-Moro, guárdala bien, porque engañó á su padre, y puede engañarte á tí.
-
- (_Vanse todos menos Otelo, Yago y Desdémona._)
-
-OTELO.
-
-¡Con mi vida respondo de su fidelidad! Yago, te confio á Desdémona: tu
-mujer puede acompañarla. Llévala pronto á Chipre. Ven, hermosa mia:
-sólo una hora nos queda para coloquios de amor. El tiempo urge, y es
-preciso conformarse al tiempo.
-
- (_Vanse Desdémona y Otelo._)
-
-RODRIGO.
-
-Yago.
-
-YAGO.
-
-¿Qué dices, noble caballero?
-
-RODRIGO.
-
-¿Y qué imaginas tú que haré?
-
-YAGO.
-
-Acostarte y reposar.
-
-RODRIGO.
-
-Voy á echarme de cabeza al agua.
-
-YAGO.
-
-Si haces tal locura, no seremos amigos. ¡Vaya un mentecato!
-
-RODRIGO.
-
-La locura es la vida cuando la vida es dolor, y la mejor medicina de un
-ánimo enfermo es la muerte.
-
-[Ilustración]
-
-YAGO.
-
-¡Qué desvarío! Conozco bien el mundo, y todavía no sé de un hombre
-que se ame de veras á sí mismo. Antes que ahogarme por una mujer, me
-convertiria en mono.
-
-RODRIGO.
-
-¿Y qué he de hacer? Me avergüenzo de estar enamorado, pero ¿cómo
-remediarlo?
-
-YAGO.
-
-¿Pues no has de remediarlo? La voluntad es el hortelano de la vida,
-y puede criar en ella ortigas y cardos, ó hisopos y tomillo: una
-sola yerba ó muchas: enriquecer la tierra ó empobrecerla: tenerla de
-barbecho ó abonarla. Para eso es la prudencia, el seso y el libre
-albedrío. Si en la balanza de la humana naturaleza, el platillo de la
-razon no contrapesara al de los sentidos, nos llevaria el apetito á
-cometer mil aberraciones. Pero por dicha tenemos la luz de la mente que
-doma esa sensualidad, de la cual me parece que no es más que una rama
-lo que llamais amor.
-
-RODRIGO.
-
-No lo creo.
-
-YAGO.
-
-Hervor de sangre, y flaqueza de voluntad. Muéstrate hombre. No te
-ahogues en poca agua. Siempre he sido amigo tuyo, y estoy ligado
-á tí por invencible afecto. Ahora puedo servirte como nunca. Toma
-dinero: síguenos á la guerra, disfrazado y con barba postiza. Toma
-dinero. ¿Piensas tú que á Desdémona le ha de durar mucho su amor por
-el moro? Toma dinero. ¿Qué ha de durar? ¿No ves que el fin ha de ser
-tan violento como el principio? Toma dinero. Los moros son versátiles
-é inconstantes. Dinero, mucho dinero. Pronto le amargará el dulzor de
-ahora. Ella es jóven y ha de cansarse de él, y caer en infidelidad y
-mudanza. Toma dinero. Y si te empeñas en irte al infierno, véte de un
-modo algo más dulce que ahogándote. Recoge todo el dinero que puedas.
-Tú la lograrás, si es que mis artes y el poder del infierno no bastan
-á triunfar de la bendicion de un clérigo, y de un juramento de amor
-prestado á un salvaje vagabundo por una discretísima veneciana. Toma
-dinero, mucho dinero. No te ahogues, ni te vuelvas loco. Más vale que
-te ahorquen despues que la hayas poseido, que no ahogarte antes.
-
-RODRIGO.
-
-¿Me prometes ayudarme, si me arrojo á tal empresa?
-
-YAGO.
-
-No lo dudes. Pero toma dinero. Te repetiré lo que mil veces te
-he dicho. Aborrezco de muerte al moro: yo sé por qué, y la razon
-es poderosa. Tú no le aborreces menos. Conjurémonos los dos para
-vengarnos. Tú tendrás el deleite, yo la risa. Muchas cosas andan
-envueltas en el seno del porvenir. Véte, y toma dinero y disfrázate.
-Mañana volveremos á hablar. Pásalo bien.
-
-RODRIGO.
-
-¿Dónde nos veremos?
-
-YAGO.
-
-En mi posada.
-
-RODRIGO.
-
-Iré temprano.
-
-YAGO.
-
-Así sea. ¿Rodrigo?
-
-RODRIGO.
-
-¿Tienes más que decirme?
-
-YAGO.
-
-No te ahogues. ¿Eh?
-
-RODRIGO.
-
-Ya no pienso en eso: voy á convertir en dinero todo lo que poseo.
-
-YAGO.
-
-Hazlo así, y mucho dinero, mucho dinero en el bolsillo.
-
- (_Se va Rodrigo._)
-
-Este necio será mi tesorero. Bien poco me habia de servir mi
-experiencia del mundo si yo fuera á perder más tiempo con él. Pero
-aborrezco al moro, porque se susurra que enamoró á mi mujer. No sé si
-es verdad, pero tengo sospechas, y me bastan como si fueran verdad
-averiguada. Él me estima mucho: así podré engañarle mejor. Casio es
-apuesto mancebo. ¡Qué bien me valdria su empleo! Así mataria dos
-pájaros á la vez. ¿Qué haré? Yo he de pensarlo despacio. Dejaré correr
-algun tiempo, y luego me insinuaré en el ánimo de Otelo, haciéndole
-entender que es muy sospechosa la amistad de Casio con su mujer. Las
-apariencias suyas, son propias para seducir á las hembras. Por otra
-parte, el moro es hombre sencillo y crédulo: á todos cree buenos, y se
-dejará llevar del ronzal como un asno. ¡Ya he encontrado el medio! ¡Ya
-voy engendrando mi plan! ¡El infierno le dará luz para salir!
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO II.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Un puerto de Chipre.=
-
-Salen MONTANO y dos CABALLEROS.
-
-MONTANO.
-
-¿Qué se descubre en alta mar?
-
-CABALLERO 1.º
-
-Nada distingo, porque la tormenta crece, y confundidos mar y cielo no
-dejan ver ni una sola nave.
-
-MONTANO.
-
-Paréceme que el viento anda muy desatado en tierra: nunca he visto en
-nuestra isla temporal tan horrendo. Si es lo mismo en alta mar, ¿qué
-quilla, por fuerte que sea, habrá podido resistir al empuje de esos
-montes de olas? ¿Qué resultará de aquí?
-
-CABALLERO 2.º
-
-Sin duda el naufragio de la armada de los turcos. Pero acerquémonos á
-la orilla, y ved cómo las espumosas olas quieren asaltar las nubes, y
-cómo arrojan su rugidora, ingente y líquida cabellera sobre la ardiente
-Osa, como queriendo apagar el brillo de las estrellas del polo inmóvil.
-Nunca he visto tal tormenta en el mar.
-
-MONTANO.
-
-Es seguro que la armada turca ha perecido, á menos que se haya
-refugiado en algun puerto ó ensenada. Imposible parece que resista á
-tan brava tempestad.
-
- (_Sale otro caballero._)
-
-CABALLERO 3.º
-
-Albricias, amigos mios. Acabó la guerra. La tormenta ha dispersado las
-naves turcas. Una de Venecia, que ahora llega, ha visto naufragar la
-mayor parte de los barcos, y á los restantes con graves averías.
-
-MONTANO.
-
-¿Dices verdad?
-
-CABALLERO 3.º
-
-Ahora acaba de entrar en el puerto la nave, que es Veronesa. De ella ha
-desembarcado Miguel Casio, teniente de Otelo, el esforzado moro, quien
-arribará de un momento á otro, y trae toda potestad del gobierno de
-Venecia.
-
-MONTANO.
-
-Mucho me complace la eleccion de tan buen gobernador.
-
-CABALLERO 3.º
-
-Pero Casio, aunque se alegra del descalabro de los turcos, está
-inquieto y hace mil votos por que llegue salvo el moro, á quien una
-tempestad separó de él.
-
-MONTANO.
-
-Ojalá se salve. Yo he peleado cerca de él, y es bravo capitan. Vamos á
-la playa, á ver si Otelo llega, ó se descubre en el mar su nave, aunque
-sea en el límite donde el azul del cielo se confunde con el del mar.
-
-CABALLERO 3.º
-
-No nos detengamos: puede estar ahí dentro de un instante. (_Sale
-Casio._)
-
-CASIO.
-
-Valerosos isleños, gracias por el amor que mostrais al moro. Ayúdele el
-cielo contra la furia de los elementos, que me separaron de él en lo
-más recio de la borrasca.
-
-MONTANO.
-
-¿Es fuerte su navío?
-
-CASIO.
-
-Y bien carenado, y lleva un piloto de larga ciencia y experiencia. Por
-eso no pierdo aún toda esperanza. (_Suenan dentro voces: «vela, vela»._)
-
- (_Sale otro caballero._)
-
-CASIO.
-
-¿Qué ruido es ese?
-
-CABALLERO 2.º
-
-El pueblo se agolpa á la playa, gritando «una vela».
-
-CASIO.
-
-El alma me está diciendo que es la de Otelo. (_Se oye el disparo de un
-cañon._)
-
-CABALLERO 2.º
-
-¿Ois el cañon? Es gente amiga.
-
-CASIO.
-
-Preguntad quién ha llegado.
-
-CABALLERO 2.º
-
-No tardaré.
-
- (_Vase._)
-
-MONTANO.
-
-Decid, señor Casio: ¿el gobernador es casado?
-
-CASIO.
-
-É hizo una gran boda, porque su dama es de tal perfeccion y hermosura
-que ni pluma ni lengua humana pueden describirla, y vence todos los
-primores del arte la realidad de sus encantos.
-
- (_Sale el caballero 2.º_)
-
-¿Quién ha llegado?
-
-CABALLERO 2.º
-
-Yago, el alférez del gobernador.
-
-CASIO.
-
-Rápido y feliz ha sido su viaje. Huracanes, mares alborotados, vientos
-sonoros, bancos de arena y falaces rocas, escollo del confiado
-navegante, han amansado un instante su natural dureza, cual si tuvieran
-entendimiento de hermosura, para dejar paso libre y seguro á Desdémona.
-
-MONTANO.
-
-¿Y quién es Desdémona?
-
-CASIO.
-
-Aquella de quien te hablé, la mujer de nuestro gobernador, que dejó
-á cargo de Yago el conducirla aquí. Por cierto que se ha adelantado
-cerca de siete dias á nuestras esperanzas. ¡Dios soberano, protege
-á Otelo, manda á sus velas viento favorable, para que su nave
-toque pronto la bendecida orilla, y él torne amante á los brazos de
-su hermosa Desdémona, inflame el valor de nuestros pechos y asegure
-la tranquilidad de Chipre!
-
- (_Salen Desdémona, Emilia, Yago, Rodrigo y acompañamiento._)
-
-¡Vedla! Ahí está. La nave ha echado á tierra su tesoro. ¡Ciudadanos
-de Chipre, doblad la rodilla ante ella! Bien venida seais, señora. La
-celeste sonrisa os acompañe y guie por doquiera.
-
-[Ilustración: _Llegada de Desdémona á Chipre._]
-
-DESDÉMONA.
-
-Gracias, amigo Casio. ¿Qué sabeis de mi marido?
-
-CASIO.
-
-Todavía no ha llegado, pero puedo deciros que está bueno y que no
-tardará.
-
-DESDÉMONA.
-
-Mi temor es que... ¿Por qué no vinisteis juntos?
-
-CASIO.
-
-Nos separamos en la tremenda porfía del cielo y del mar. (_Voces de
-«una vela, una vela». Cañonazos._) ¿Ois? Una vela se divisa.
-
-CABALLERO 2.º
-
-Han hecho el saludo á la playa. Gente amiga son.
-
-CASIO.
-
-Veamos qué novedades hay. Salud, alférez, y vos, señora (_á Emilia_).
-(_La besa._) No os enojeis, señor Yago, por esta libertad, que no es
-más que cortesía.
-
-YAGO.
-
-Bien os portariais si con los labios os deleitase tanto como á mí con
-la lengua.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Pero si nunca habla!
-
-YAGO.
-
-A veces más de lo justo, sobre todo cuando tengo sueño. Sin duda,
-delante de vos se reporta, y riñe sólo con el pensamiento.
-
-EMILIA.
-
-¿Y puedes quejarte de mí?
-
-YAGO.
-
-Eres tan buena como las demas mujeres. Sonajas en el estrado, gatas en
-la cocina, santas cuando ofendeis, demonios cuando estais agraviadas,
-perezosas en todo menos en la cama.
-
-EMILIA.
-
-¡Deslenguado!
-
-YAGO.
-
-Verdades digo. Y todavía la cama os parece estrecha.
-
-EMILIA.
-
-¡Buen panegírico harias de mi!
-
-YAGO.
-
-Más vale no hacerle.
-
-DESDÉMONA.
-
-Y si tuvieras que hacer el mio, ¿qué dirias?
-
-YAGO.
-
-No me desafieis, señora, porque no acierto á decir nada sin punta de
-sátira.
-
-DESDÉMONA.
-
-Hagamos la prueba. ¿Fué álguien al puerto?
-
-YAGO.
-
-Sí, señora.
-
-DESDÉMONA.
-
-Mi aparente alegría oculta honda tristeza. ¿Qué dirias de mí, si
-tuvieras que alabarme?
-
-YAGO.
-
-Por más vueltas que doy al magin, con nada atino. Parece que mi ingenio
-se me escapa como liga de frisa. Hé aquí por fin el parto de mi musa.
-«Si es blanca y rubia, su hermosura engendrará placer de que ella
-sabiamente participe.»
-
-DESDÉMONA.
-
-No dices mal. ¿Y si es morena y discreta?
-
-YAGO.
-
-Si es discreta y morena, puede estar segura de hechizar á algun blanco.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Mal, mal!
-
-EMILIA.
-
-¿Y si es necia y hermosa?
-
-YAGO.
-
-Nunca la hermosa fué necia, porque no hay ninguna tan necia que no
-llegue á casarse.
-
-DESDÉMONA.
-
-Chistes de mal gusto, frias agudezas de taberna. ¿Qué elogio podrás
-hacer de la que es necia y fea?
-
-YAGO.
-
-«Ninguna hay tan necia ni tan fea que al cabo no logre ser amada.»
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Oh ignorante! El mayor elogio para quien menos lo merece. ¿Y qué
-podrás decir de la mujer virtuosa? en quien no puede clavar el diente
-la malicia misma.
-
-YAGO.
-
-«La hermosa, que jamas cae en pecado de vanidad, la que no habla
-palabras ociosas, la que, siendo rica, no hace ostentacion de lujosas
-galas, la que nunca pasa de la ocasion al deseo, la que no se venga del
-agravio, aunque la venganza sea fácil, la que nunca equivoca la cabeza
-del salmon con la cola, la que hace todas las cosas con maduro seso y
-no por ciego capricho, la que no mira atras aunque la sigan, tal mujer
-como esta, si pudiera hallarse, seria muy apetecible.»
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Y para qué la querrias?
-
-YAGO.
-
-Para criar necios y hacer su labor.
-
-DESDÉMONA.
-
-Fria y mal entendida conclusion. No hagas caso de él, Emilia, aunque
-sea tu marido, y tú, Casio, ¿qué dices? ¿No te parece deslenguado é
-insolente?
-
-CASIO.
-
-Peca de franco, señora mia, y es mejor soldado que hombre de córte.
-(_Hablan entre sí Casio y Desdémona._)
-
-YAGO.
-
-(_Aparte._) Ahora le coge de la mano: hablad, hablad quedo, aunque la
-red es harto pequeña para coger tan gran pez como Casio. Mírale de hito
-en hito: sonríete. Yo te cogeré en tus propias redes. Bien, bien: así
-está bien. Si de esta manera pierdes tu oficio de teniente, más te
-valiera no haber besado nunca esa mano. ¡Bien, admirable beso! No te
-lleves los dedos á la boca. (_Óyese una trompeta._) El moro llega.
-
-CASIO.
-
-Él es.
-
-DESDÉMONA.
-
-Vamos á recibirle.
-
-CASIO.
-
-Viene por allí.
-
- (_Sale Otelo._)
-
-OTELO.
-
-¡Mi hermosa guerrera!
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Otelo!
-
-OTELO.
-
-Tan grande es mi alegría como mi admiracion de verte aquí antes de lo
-que esperaba. Si la tempestad ha de producir luego esta calma, soplen
-en hora buena los vendavales, levántense las olas y alcen las naves
-hasta tocar las estrellas, ó las sepulten luego en los abismos del
-infierno. ¡Qué grande seria mi dicha en morir ahora! ¡Tan rico estoy de
-felicidad, que dudo que mi suerte me reserve un dia tan feliz como éste!
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Quiera Dios que crezcan nuestro amor y nuestra felicidad al paso de
-los años!
-
-OTELO.
-
-¡Quiéralo Dios! Apenas puedo resistir lo intenso de mi alegría:
-fáltanme palabras y el contento se desborda. ¡Oh, la menor armonía que
-suene entre nosotros sea la de este beso! (_La besa._)
-
-YAGO.
-
-(_Aparte._) Todavía estais en buen punto, pero yo trastornaré muy
-pronto las llaves de esa armonía.
-
-OTELO.
-
-Vamos, amigos. Se acabó la guerra: los turcos van de vencida. ¿Qué tal,
-mis antiguos compañeros? Bien recibida serás en Chipre, amada mia.
-Grande honra me hizo el Senado en enviarme aquí. No sé lo que me digo,
-bien mio, porque estoy loco de placer. Véte á la playa, amigo Yago, haz
-que saquen mis equipajes, y conduce al castillo al piloto de la nave,
-que es hombre de valor y de experiencia, y merece ser recompensado.
-Ven, Desdémona.
-
- (_Vanse._)
-
-YAGO.
-
-(_A Rodrigo._) Espérame en el puerto. Pero oye antes una cosa, si es
-que eres valiente (y dicen que el amor hace valientes hasta á los
-cobardes). Esta noche el teniente estará de guardia en el patio del
-castillo. Has de saber que Desdémona está ciegamente enamorada de él.
-
-RODRIGO.
-
-¿Pero cómo?
-
-YAGO.
-
-Déjate guiar por mí. Tú recuerda con qué ardor se enamoró del moro,
-sólo por haber oido sus bravatas. ¿Pero crees tú que eso puede
-durar? Si tienes entendimiento ¿cómo has de creerlo? Sus ojos desean
-contemplar algo agradable, y ver á Otelo es como ver al demonio. Ademas
-la sangre, despues del placer, se enfria y necesita alimento nuevo:
-alguna armonía de líneas y proporciones, alguna semejanza de edad ó
-de costumbres. Nada de esto tiene el moro, y por eso Desdémona se
-encontrará burlada: empezará por fastidiarse y acabará por aborrecerle,
-y entonces la naturaleza, que es la mejor maestra, le guiará á nueva
-eleccion. Y dando por supuestas todas estas cosas llanas y naturales,
-¿quién está en más favorable coyuntura que Casio? Él es listo y
-discreto: conciencia ninguna: todo en él es hipocresía y simulada
-apariencia y falsa cortesía, para lograr sus torpes antojos. Es un
-pícaro desalmado: no dejará perder ninguna ocasion oportuna, y hasta
-sabe fingir favores que no existen. Luego, es mozo y apuesto y posee
-cuantas cualidades pueden llevar detras de sí los ojos de una mujer. Yo
-veo que ya piensa en ella.
-
-RODRIGO.
-
-Pues yo de ella no sospecho nada: me parece la virtud misma.
-
-YAGO.
-
-¡Buena virtud la de tus narices! Si poseyera esa virtud, ¿se hubiera
-casado con el moro? ¡No está mala la virtud! ¿no has reparado con qué
-cariño le estrechaba la mano?
-
-RODRIGO.
-
-Seria cortesía.
-
-YAGO.
-
-Seria lujuria: una especie de prólogo de sus livianos apetitos. Y
-luego se besaron hasta confundirse los alientos. No dudes que se aman,
-Rodrigo. Cuando se empieza con estas confianzas, el término está muy
-cercano. Calla y déjate guiar: no olvides que yo te hice salir de
-Venecia. Tú harás guardia esta noche, donde yo te indique. Casio no
-te ha visto nunca. Yo me alejaré poco. Procura tú mover á indignacion
-á Casio con cualquier pretexto, desobedeciendo sus órdenes, _verbi
-gratia_.
-
-RODRIGO.
-
-Así lo haré.
-
-YAGO.
-
-Tiene mal genio, y fácilmente se incomodará y te pondrá la mano en
-el rostro; con tal ocasion le desafias, y esto me basta para que se
-arme un tumulto entre los isleños, que llevan muy á mal el gobierno de
-Casio. No pararemos hasta quitarle su empleo. Así allanas el camino que
-puede conducirte á tu felicidad. Yo te ayudaré de mil modos, pero antes
-hay que derribar el obstáculo mayor, y sin esto no podemos hacer nada.
-
-RODRIGO.
-
-Haré todo lo que las circunstancias exijan.
-
-YAGO.
-
-Ten confianza en lo que te digo. Esperaré en el castillo, á donde tengo
-que llevar los cofres del moro. Adios.
-
-RODRIGO.
-
-Adios.
-
- (_Se va._)
-
-YAGO.
-
-Para mí es seguro que Casio está enamorado de ella, y parece natural
-que ella le ame. Á pesar del odio que le tengo, no dejo de conocer
-que es el moro hombre bueno, firme y tenaz en sus afectos, y á la
-vez de apacible y serena condicion, y creo que será buen marido para
-Desdémona. Yo tambien la quiero, y no con torpe intencion (aunque
-quizá sea mayor mi pecado). La quiero por instinto de venganza, porque
-tengo sospechas de que el antojadizo mozo merodeó en otro tiempo por
-mi jardin. Y de tal manera me conmueve y devora esta sospecha, que no
-quedaré contento hasta verme vengado. Mujer por mujer: y si esto no
-consigo, trastornar el seso del moro con celos matadores. Para eso,
-si no me sirve este gozquecillo veneciano que estoy criando para que
-siga la pista, me servirá Miguel Casio. Yo le acusaré ante el moro de
-amante de su mujer. (Y mucho me temo que ni áun la mia está segura con
-Casio.) Con esto lograré que Otelo me tenga por buen amigo suyo y me
-agradezca y premie con liberal mano, por haberle hecho hacer papel de
-bestia, enloqueciéndole y privándole de sosiego. Todavía mi pensamiento
-vive confuso y entre sombras: que los pensamientos ruines sólo en la
-ejecucion se descubren del todo.
-
-
-ESCENA II.
-
-=Calle.=
-
-Un PREGONERO, seguido de pueblo.
-
-PREGONERO.
-
-Manda nuestro general y gobernador Otelo que, sabida la destruccion
-completa de la armada turca, todos la celebren y se regocijen, bailando
-y encendiendo hogueras, ó con otra cualquier muestra de alegría que
-bien les pareciere. Ademas hoy celebra sus bodas. Este es el bando que
-me manda pregonar. Estará abierto el castillo, y puede durar libremente
-la fiesta desde las cinco que ahora son, hasta que suene la campana de
-las doce. Dios guarde á Chipre y á Otelo.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Sala del castillo.=
-
-Salen OTELO, DESDÉMONA, CASIO y acompañamiento.
-
-OTELO.
-
-Miguel, amigo mio, quédate esta noche á guardar el castillo. No
-olvidemos aquel prudente precepto de la moderacion en la alegría.
-
-CASIO.
-
-Ya he dado mis órdenes á Yago. Con todo eso, tendré la vigilancia
-necesaria.
-
-OTELO.
-
-Yago es hombre de bien. Buenas noches, Casio. Mañana temprano te
-hablaré. Ven, amor mio (_á Desdémona_): despues de comprar un objeto
-entra el disfrutar de él. Todavía no hemos llegado á la posesion,
-esposa mia. Buenas noches.
-
- (_Vanse todos menos Casio y Yago._)
-
-CASIO.
-
-Buenas noches, Yago. Es preciso hacer la guardia.
-
-YAGO.
-
-Aún tenemos una hora: no han dado las diez. El general nos ha despedido
-tan pronto, por quedarse solo con Desdémona. Y no me extraña: aún no la
-ha disfrutado, y por cierto que es digna del mismo Jove.
-
-CASIO.
-
-Sí que es mujer bellísima.
-
-YAGO.
-
-Y tiene trazas de ser alegre y saltadora como un cabrito.
-
-CASIO.
-
-Me parece lozana y hermosa.
-
-YAGO.
-
-Tiene ojos muy provocativos. Parece que tocan á rebato.
-
-CASIO.
-
-Y á pesar de eso, su mirada es honesta.
-
-YAGO.
-
-¿Has oido su voz tan halagüeña que convida á amar?
-
-CASIO.
-
-Ciertamente que es perfectísima.
-
-YAGO.
-
-¡Benditas sean sus bodas! Ven, teniente mio: vaciemos un tonel de vino
-de Chipre á la salud de Otelo. Allá fuera tengo dos amigos que no
-dejarán de acompañarnos.
-
-CASIO.
-
-Mala noche para eso, Yago. Mi cabeza no resiste el vino. ¿Por qué no se
-habrá inventado otra manera de pasar el rato?
-
-YAGO.
-
-Es broma entre amigos. Nada más que una copa. Lo demas lo beberé yo por
-vos, si os empeñáis en decir que no.
-
-CASIO.
-
-Esta noche no he bebido más que un vaso de vino y ése aguado, y así
-y todo ya siento los efectos. Mi debilidad es tan grande, que no me
-atrevo á acrecentar el daño.
-
-YAGO.
-
-Cállate. Es noche de alegría. Darás gusto á los amigos.
-
-CASIO.
-
-¿Dónde están?
-
-YAGO.
-
-Ahí fuera. Les diré que entren, si quereis.
-
-CASIO.
-
-Díselo, pero á fe que no lo hago de buen grado.
-
- (_Se va._)
-
-YAGO.
-
-Con otra copa más que yo le haga beber, sobre la de esta tarde, se
-alborotará más que un gozquecillo ladrador. Ese Rodrigo, que es un
-necio, loco de amor, ha bebido esta noche largo y tendido á la salud
-de Desdémona. Él hace la guardia y con él tres mancebos de Chipre,
-nobles, pundonorosos y valientes, á quienes ya he exaltado los cascos
-con largas libaciones. Veremos si Casio, mezclado con esta tropa de
-borrachos, hace alguna locura, que le acarree enemistades en la isla.
-Aquí viene. Si esto me sale bien, adelantarán mucho mis proyectos.
-
- (_Sale Casio con Montano y criados con ánforas de vino._)
-
-CASIO.
-
-Por Dios vivo... ya siento el efecto.
-
-MONTANO.
-
-Pues si no ha sido nada: apenas una botella.
-
-YAGO.
-
-¡Ea! ¡Traed vino! (_Canta._) ¡Sacudid, sacudid las copas: el soldado es
-mortal, y debe beber sin término! ¡Más vino, amigos!
-
-CASIO.
-
-¡Linda cancion, á fe mia!
-
-[Ilustración]
-
-YAGO.
-
-En Inglaterra la oí: tierra de grandes bebedores. Nada valen en cotejo
-con ellos daneses, alemanes y flemáticos holandeses.
-
-CASIO.
-
-¿Bebe más el inglés?
-
-YAGO.
-
-Fácil le es poner debajo de la mesa al danes, y con poca fatiga al
-aleman, y antes de apurar la última botella, al holandes.
-
-CASIO.
-
-Brindo por el general.
-
-YAGO.
-
-¡Oh, dulce Inglaterra! (_Canta._) «Hubo un rey, noble y caballero, que
-se llamaba Estéban: las calzas le costaban un doblon, y se enojaba de
-gastar tanto dinero, y llamaba al sastre ladron. Si esto hacia el que
-era tan gran monarca, ¿qué has de hacer tú, pobre pechero? ¡A cuántos
-perdió el subirse á mayores!» ¡Más vino!
-
-CASIO.
-
-Más me gusta esta cancion que la primera.
-
-YAGO.
-
-¿Quereis que la repita?
-
-CASIO.
-
-No, porque quien tales cosas canta merece perder su empleo. En fin,
-Dios es poderoso, y unos se salvarán y otros se condenarán.
-
-YAGO.
-
-Bien dicho, teniente Casio.
-
-CASIO.
-
-Sin agravio del gobernador, ni de ningun otro personaje, yo creo que me
-salvaré.
-
-YAGO.
-
-Y yo tambien lo creo, mi teniente.
-
-CASIO.
-
-Pero permitidme que os diga que primero me he de salvar yo, porque el
-teniente debe ir antes que el alférez. Basta. Cada cual á su negocio...
-No creais que estoy borracho, amigos mios. Ved: aquí está mi alférez:
-esta es mi mano derecha, esta mi mano izquierda: os aseguro que no
-estoy borracho. ¿No veis que hablo con sustancia y concierto?
-
-TODOS.
-
-Hablais en todo seso.
-
-CASIO.
-
-¡Ya lo creo! En entera razon. No vayais á creer que estoy borracho.
-
- (_Se va._)
-
-MONTANO.
-
-Vamos á la explanada á hacer la guardia.
-
-YAGO.
-
-¿Habeis visto á ese mancebo que acaba de irse? Digno es de mandar al
-lado del mismo César. ¡Lástima que tenga ese vicio, equinoccio de su
-virtud, porque la iguala! ¡Cuánto lo siento! ¡Pobre isla de Chipre si
-cuando se la confiara Otelo, acertase Casio á padecer este accidente!
-
-MONTANO.
-
-¿Suele embriagarse?
-
-YAGO.
-
-Todas las noches antes de acostarse. Tardaria más de 24 horas en
-dormirse, si con la bebida no arrullara el sueño.
-
-MONTANO.
-
-Bien haríamos en avisar al gobernador con tiempo. Puede que no haya
-reparado en ello. Tal es la estimacion que profesa á Casio, cuyas
-buenas cualidades compensan sus defectos. ¿No es verdad?
-
- (_Sale Rodrigo._)
-
-YAGO.
-
-¿Qué hay de nuevo? Véte detras de Casio: no te detengas.
-
- (_Se va Rodrigo._)
-
-MONTANO.
-
-¡Lástima que el moro otorgue tanta amistad y confianza á un hombre
-dominado por tan feo vicio! Convendrá hablar á Otelo.
-
-YAGO.
-
-No he de ser yo quien le hable, porque quiero muy de veras á Casio, y
-me alegraria de curarle. ¿Oyes el ruido? (_Voces dentro._)
-
- (_Sale Casio persiguiendo á Rodrigo._)
-
-CASIO.
-
-¡Infame, perverso!
-
-MONTANO.
-
-¿Qué sucede, mi teniente?
-
-CASIO.
-
-¿Tú enseñarme á mí? ¡Mil palos le he de dar, á fe de quien soy!
-
-RODRIGO.
-
-¡Tú apalearme!
-
-CASIO.
-
-¿Y todavía te atreves á replicar?
-
-MONTANO.
-
-Manos quedas, señor teniente.
-
-CASIO.
-
-Déjame, ó te señalo en la cara.
-
-MONTANO.
-
-Estais beodo.
-
-CASIO.
-
-¿Beodo yo?
-
-YAGO.
-
-(_A Rodrigo._) Echa á correr gritando: «favor, alarma.»
-
- (_Se va Rodrigo._)
-
-Paz, señores. ¡Favor, favor! ¡órden! ¡Buena guardia está la nuestra!
-(_Óyese el tañido de una campana._) ¿Quién tocará la campana? ¡Qué
-alboroto! ¡Válgame el cielo! Deteneos, señor teniente. Caminais ciego á
-vuestra ruina.
-
- (_Sale Otelo con sus criados._)
-
-OTELO.
-
-¿Qué ha sucedido?
-
-MONTANO.
-
-Yo me voy en sangre. Me han herido de muerte.
-
-OTELO.
-
-¡Deteneos!
-
-YAGO.
-
-¡Deteneos, teniente Casio! ¡Montano, amigos mios! ¿Tan olvidados estais
-de vuestras obligaciones? ¿No veis que el general os está dando sus
-órdenes?
-
-OTELO.
-
-¿Qué pendencia es esta? ¿Estamos entre turcos, ó nos destrozamos á
-nosotros mismos, ya que el cielo no permitió que ellos lo hiciesen?
-Si sois cristianos, contened vuestras iras, ó caro le ha de costar al
-primero que levante el arma ó dé un paso más. Haced callar esta campana
-que altera el sosiego de la isla. ¿Qué es esto, caballeros? Tú, mi buen
-Yago, ¿por qué palideces? Cuéntamelo todo. ¿Quién comenzó la pendencia?
-No me ocultes nada. Tu lealtad invoco.
-
-YAGO.
-
-El motivo no lo sé. Hace poco estaban en tanta paz y armonía como dos
-novios antes de entrar en el lecho, pero de repente, como si alguna
-maligna influencia sideral los hubiese tocado, desenvainan los aceros y
-se atacan y pelean á muerte. Repito que no sé la causa de la rencilla.
-¡Ojalá yo hubiera perdido, lidiando bizarramente en algun combate
-glorioso, las dos piernas que me trajeron á ser testigo de tal escena!
-
-OTELO.
-
-¿Por qué tal atropello, amigo Casio?
-
-CASIO.
-
-Perdonadme, señor: ahora no puedo deciros nada.
-
-OTELO.
-
-Y vos, amigo Montano, que soliais ser tan cortes, y que áun de jóven
-teniais fama bien ganada de prudente, ¿cómo habeis venido á perderla
-ahora, cual si fuerais cualquier pendenciero nocturno? Respondedme.
-
-MONTANO.
-
-Mis heridas apenas me lo consienten, señor. Vuestro alférez Yago os
-podrá responder por mí. No tengo conciencia de haber ofendido á nadie
-esta noche, de obra ni de palabra, á no ser que sea agravio el defender
-la propia existencia contra un agresor injusto.
-
-OTELO.
-
-¡Vive Dios! Ya la sangre y la pasion vencen en mí al juicio. Y si llego
-á enojarme y á levantar el brazo, juro que el más esforzado ha de caer
-por tierra. Decidme cómo empezó la cuestion, quién la provocó. ¡Infeliz
-de él, aunque fuera mi hermano gemelo! ¿Estabais locos? Cuando todavía
-resuenan en el castillo los gritos de guerra, cuando aún estarán llenas
-de terror las gentes de la isla, ¿mis propios guardas han de alterar
-el sosiego de la noche con disputas y rebatos? Dímelo con verdad, Yago.
-¿Quién comenzó?
-
-MONTANO.
-
-No te juzgaré buen soldado, si por amistad con Casio faltas á la verdad.
-
-YAGO.
-
-No me obligueis tan duramente. Antes que faltar á mi amigo Casio, me
-morderia la lengua. Pero hablaré, porque creo que el decir yo la verdad
-no le perjudica en nada. Las cosas pasaron así, señor gobernador.
-Estaba Montano hablando conmigo, cuando se nos acercó un mancebo
-pidiéndonos ayuda contra Casio que venia detras de él, espada en mano.
-Este amigo se interpuso y rogó á Casio que se detuviera. Yo corrí
-detras del fugitivo, para que no alarmara al pueblo con sus gritos,
-como al fin sucedió, porque no pude alcanzarle. Con esto volví á donde
-sonaba ruido de espadas, y juramentos de Casio, que nunca hasta esta
-noche se le habian oido. Andaba entre ellos tan recia y trabada la
-pelea como cuando vos los separasteis. Nada más sé ni puedo deciros. El
-hombre es hombre, y el más justo cae y peca. Y tengo para mí que aunque
-Casio golpeó á Montano, como hubiera podido golpear á su mejor amigo en
-un arrebato de furor, fué sin duda porque habia recibido del fugitivo
-alguna ofensa intolerable.
-
-OTELO.
-
-La amistad que con Casio tienes, y tu natural benévolo, amigo Yago, te
-mueven á disculparle. Mucho te quiero, Casio, pero ya no puedes ser mi
-teniente.
-
- (_Sale Desdémona._)
-
-Ved: con el alboroto habeis despertado á mi esposa. Voy á hacer en
-vosotros un ejemplar castigo.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué ha sido esto?
-
-OTELO.
-
-Ya está acabado todo, amiga mia. Vámonos á descansar. Yo haré curar
-vuestra herida, caballero, (_á Montano_). Yago, procura calmar al
-pueblo, si es que anda alterado con la riña. Vámonos, Desdémona.
-Esta es la vida del guerrero. Hasta en el seno del placer viene á
-despertarle ruido de armas.
-
- (_Quedan solos Casio y Yago._)
-
-YAGO.
-
-¿Estais herido, teniente?
-
-CASIO.
-
-Sí, y no hay cirujano que pueda curarme.
-
-YAGO.
-
-¡No lo quiera Dios!
-
-CASIO.
-
-¡He perdido la fama, el buen nombre, lo más espiritual y puro de mi
-sér, y sólo me queda la parte brutal! ¡El buen nombre, el buen nombre,
-Yago!
-
-YAGO.
-
-Por Dios vivo, creí que habiais recibido alguna herida material, la
-cual debiera angustiaros más que la pérdida de la fama. La fama no es
-sino vano ruido y falsedad é impostura, que las más veces se gana sin
-mérito y se pierde sin culpa. Y si vos no dais por perdida la fama, de
-fijo que no la habeis perdido. ¡Valor, amigo Casio! Medios teneis para
-volver á la gracia del general. Os ha quitado el empleo en un momento
-de ira, y más por política y buen parecer, que por mala intencion.
-Así pega uno á veces al perro fiel, para asustar al bravo leon.
-Suplicadle, pedidle perdon, y todo os lo concederá.
-
-CASIO.
-
-¡Cómo ha de atreverse á suplicar nada á un jefe tan íntegro y bueno,
-un oficial tan perdido, borracho, y sin seso como yo! ¡Embriagarme yo,
-perder el juicio, hablar por los codos, disputar, decir bravatas y
-reñir hasta con mi sombra! ¿Cómo te llamaré, espíritu incorpóreo del
-vino, que aún no tienes nombre? Sin duda que debo llamarte demonio.
-
-YAGO.
-
-¿Y á quién perseguiais con el acero desnudo? ¿Qué os habia hecho?
-
-CASIO.
-
-Lo ignoro.
-
-YAGO.
-
-¿Es posible?
-
-CASIO.
-
-Muchas cosas recuerdo, pero todas confusas é incoherentes. Sólo sé que
-hubo una pendencia, pero de la causa no puedo dar razon. ¡Dios mio! ¿No
-es buena locura que los hombres beban á su propio enemigo, y que se
-conviertan, por medio del júbilo y de la algazara, en brutos animales?
-
-YAGO.
-
-Ya os vais serenando. ¿Cómo habeis recobrado el juicio tan pronto?
-
-CASIO.
-
-El demonio de la ira venció al de la embriaguez. Un defecto provoca á
-otro, para que yo me avergüence más y más de mí mismo.
-
-YAGO.
-
-Esa moral es severa con exceso. Por la hora, por el lugar, y por
-el estado intranquilo de la isla, valiera más que esto no hubiera
-sucedido, pero ya que pasó y no podeis remediarlo, tratad de reparar el
-yerro.
-
-CASIO.
-
-Cuando yo le vuelva á pedir mi empleo, me llamará borracho. Aunque
-yo tuviera todas las bocas de la hidra, esta respuesta bastaria para
-hacerlas callar. ¡Pasar yo en breve rato desde el estado de hombre
-juicioso al de loco frenético y luego al de bestia! ¡Qué horror! Cada
-copa es una maldicion del infierno, cada botella un demonio.
-
-YAGO.
-
-No digais eso, que el buen vino alegra el corazon humano, cuando no se
-abusa de él. No creo, teniente Casio, que dudareis de la firmeza de mi
-amistad.
-
-CASIO.
-
-Tengo pruebas de ello. ¡Borracho yo!
-
-YAGO.
-
-Vos y cualquiera puede emborracharse alguna vez. Ahora oid lo que os
-toca hacer. La mujer de nuestro gobernador le domina á él, porque él
-está encantado y absorto en la contemplacion de su belleza. Decidle
-la verdad, ponedla por intercesora, para que os restituya vuestro
-empleo. Ella es tan buena, dulce y cariñosa que hará de seguro más de
-lo que acerteis á pedirla: ella volverá á componer esa amistad quebrada
-entre vos y su esposo, y apostaria toda mi dicha futura á que este
-disgustillo sirve para estrecharla más y más.
-
-CASIO.
-
-Me das un buen consejo.
-
-YAGO.
-
-Y tan sincero y honrado como es mi amistad hácia vos.
-
-CASIO.
-
-Así lo creo. Lo primero que haré mañana será rogar á Desdémona, que
-interceda por mí. Si ella me abandona, ¿qué esperanza puede quedarme?
-
-YAGO.
-
-Bien decis. Buenas noches, teniente. Voy á la guardia.
-
-CASIO.
-
-Buenas noches, Yago.
-
-YAGO.
-
-¿Y quién dirá que soy un malvado, y que no son buenos y sanos mis
-consejos? Ese es el único modo de persuadir á Otelo, y muy fácil es que
-Desdémona interceda en favor de él, porque su causa es buena, y porque
-Desdémona es más benigna que un ángel del cielo. Y poco le ha de costar
-persuadir al moro. Aunque le exigiera que renegase de la fe de Cristo,
-de tal manera le tiene preso en la red de su amor, que puede llevarle
-á donde quiera, y le maneja á su antojo. ¿En qué está mi perfidia,
-si aconsejo á Casio el medio más fácil de alcanzar lo que desea?
-¡Diabólico consejo el mio! ¡Arte propia del demonio engañar á un alma
-incauta con halagos que parecen celestiales! Así lo hago yo, procurando
-que este necio busque la intercesion de Desdémona, para que ella niegue
-al moro en favor de él. Y entre tanto yo destilaré torpe veneno en los
-oidos del moro, persuadiéndole que Desdémona pone tanto empeño en que
-no se vaya Casio, porque quiere conservar su ilícito amor. Y cuanto
-ella haga por favorecerle, tanto más crecerán las sospechas de Otelo.
-De esta manera convertiré el vicio en virtud, tejiendo con la piedad
-de Desdémona la red en que ambos han de caer.
-
- (_Sale Rodrigo._)
-
-¿Qué novedades traes, Rodrigo?
-
-RODRIGO.
-
-Sigo la caza, pero sin fruto. Mi dinero se acaba: esta noche me han
-apaleado, y creo que el mejor desenlace de todo seria volverme á
-Venecia, con alguna experiencia de más, harto duramente adquirida, y
-con algunos ducados de menos.
-
-YAGO.
-
-¡Pobre del que no tiene paciencia! ¿Qué herida se curó de primera
-intencion? No procedemos por ensalmos, sino con maña y cautela, y dando
-tiempo al tiempo. ¿No ves en qué estado andan las cosas? Es verdad
-que Casio te ha apaleado, pero él en cambio pierde su oficio. La mala
-yerba crece sin sol, pero la flor temprana es señal de temprana fruta.
-Ten paciencia y sosiego. Véte á tu posada: luego sabrás lo restante:
-véte, véte. Dos cosas tengo que hacer. La primera, hacer que mi mujer
-ayude á Desdémona en su peticion á favor de Casio: y cuando ella esté
-suplicando con más ahinco, me interpondré yo y hablaré al moro. No es
-ocasion de timideces ni de esperas.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO III.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Sala del castillo.=
-
-CASIO y MÚSICOS.
-
-CASIO.
-
-Yo os pago. Tocad un breve rato para festejar el natalicio del
-gobernador.
-
- (_Sale el Bufon._)
-
-BUFON.
-
-Señores, ¿vuestros instrumentos han adquirido en Nápoles esa voz tan
-gangosa?
-
-MÚSICOS.
-
-¿Qué decis?
-
-BUFON.
-
-Tomad dinero: el gobernador gusta tanto de vuestra música que os paga
-para que no continueis.
-
-MÚSICO 1.º
-
-Bien, señor. Callaremos.
-
-BUFON.
-
-Tocad sólo alguna música que no se oiga, si es que la sabeis. En
-cuanto á la que se oye, el general no puede sufrirla.
-
-MÚSICOS.
-
-Nunca hemos sabido tales músicas.
-
-BUFON.
-
-Pues idos con la vuestra á otra parte, porque si no, me iré yo. ¡Idos
-lejos!
-
- (_Se van._)
-
-[Ilustración]
-
-CASIO.
-
-¿Oyes, amigo?
-
-BUFON.
-
-No oigo al amigo: te oigo á tí.
-
-CASIO.
-
-Basta de bromas: toma una moneda de oro. Si la dama que acompaña á la
-mujer del gobernador está ya levantada, dile que un tal Casio quiere
-hablarla. ¿Se lo dirás?
-
-BUFON.
-
-Ya está levantada, y si la encuentro, le diré lo que deseais.
-
-CASIO.
-
-Díselo, amigo mio.
-
- (_Se va el Bufon.—Sale Yago._)
-
-Bien venido, Yago.
-
-YAGO.
-
-¿No os habeis acostado?
-
-CASIO.
-
-Era casi de dia, cuando me separé de tí. Ahora he enviado un recado á
-tu mujer, para que me facilite una entrevista con Desdémona.
-
-YAGO.
-
-Yo haré que la veas, y procuraré alejar á Otelo, para que no os
-interrumpa.
-
-CASIO.
-
-De todas veras te lo agradeceré. (_Aparte._) Ni en Florencia misma he
-hallado hombre tan cortes y atento.
-
- (_Sale Emilia._)
-
-EMILIA.
-
-Buenos dias, teniente. Mucho siento el percance que os ha pasado, pero
-creo que al fin ha de remediarse. De ello están hablando el gobernador
-y su mujer. Ella os defiende mucho. Otelo replica que heristeis á una
-persona muy conocida en Chipre: que era forzoso el castigo, y que
-por eso os destituyó. Pero como es tan amigo vuestro, no tardará en
-devolveros el empleo, apenas haya ocasion propicia.
-
-CASIO.
-
-A pesar de todo, me parece conveniente hablar á solas á Desdémona, si
-es que mi pretension no te parece descabellada.
-
-EMILIA.
-
-Ven conmigo: yo te llevaré á sitio donde puedas hablarla con toda
-libertad.
-
-CASIO.
-
-Mucho os agradeceré tal favor.
-
- (_Se van._)
-
-
-ESCENA II.
-
-=Una sala del castillo.=
-
-Salen OTELO, YAGO y varios Caballeros.
-
-OTELO.
-
-Yago, entrega tú estas cartas al piloto, para que las comunique al
-Senado. Entre tanto yo voy á las murallas. Allí me encontrarás.
-
-YAGO.
-
-Está bien, general.
-
-OTELO.
-
-Caballeros, ¿quereis visitar la fortificacion?
-
-CABALLEROS.
-
-Cómo gusteis.
-
-
-ESCENA III.
-
-=Jardin del castillo.=
-
-DESDÉMONA, EMILIA y CASIO.
-
-DESDÉMONA.
-
-Pierde el temor, amigo mio. Te prestaré toda la ayuda y favor que pueda.
-
-EMILIA.
-
-Señora, os suplico que lo hagais, porque mi marido lo toma como asunto
-propio.
-
-DESDÉMONA.
-
-Es muy honrado. Espero veros pronto amigos á Otelo y á tí, buen Casio.
-
-CASIO.
-
-Generosa señora, sucédame lo que quiera, Miguel Casio será siempre
-esclavo vuestro.
-
-DESDÉMONA.
-
-En mucho aprecio tu amistad. Sé que hace tiempo la tienes con mi
-marido, y que sólo se alejará de tí el breve tiempo que la prudencia lo
-exija.
-
-CASIO.
-
-Pero esa prudencia puede durar tanto, ó acrecentarse con tan perverso
-alimento, ó atender á tan falsas apariencias, que estando ausente yo, y
-sucediéndome otro en el destino, olvide el general mis servicios.
-
-DESDÉMONA.
-
-No tengas ese recelo. A Emilia pongo por testigo de que no he de
-desistir hasta que te restituyan el empleo. Yo cumplo siempre lo que
-prometo y juro. No dejaré descansar á mi marido, de dia y de noche he
-de seguirle y abrumarle con ruegos y súplicas en tu favor. Ni en la
-mesa ni en el lecho cesaré de importunarle. Buen abogado vas á tener.
-Antes moriré que abandonar la pretension de Casio.
-
-EMILIA.
-
-Señora, el amo viene.
-
-CASIO.
-
-Adios, señora.
-
-DESDÉMONA.
-
-Quédate, y oye lo que voy á decirle.
-
-CASIO.
-
-No puedo oirte ahora ni estoy de buen temple para hablar en causa
-propia.
-
-DESDÉMONA.
-
-Como querais.
-
- (_Se va Casio.—Salen Otelo y Yago._)
-
-YAGO.
-
-No me parece bien esto.
-
-OTELO.
-
-¿Qué dices entre dientes?
-
-YAGO.
-
-Nada... No lo sé, señor.
-
-OTELO.
-
-¿No era Casio el que hablaba con mi mujer?
-
-YAGO.
-
-¿Casio? No, señor. ¿Por qué habia de huir él tan pronto, apenas os vió
-llegar?
-
-OTELO.
-
-Pues me pareció que era Casio.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Tú de vuelta, amor mio? Ahora estaba hablando con un pobre
-pretendiente, que se queja de tus enojos.
-
-OTELO.
-
-¿Quién?
-
-DESDÉMONA.
-
-Tu teniente Casio. Y si en algo estimas mi amor y mis caricias, óyeme
-benévolo. O yo no entiendo nada de fisonomías, ó Casio ha pecado más
-que por malicia, por ignorancia. Perdónale.
-
-OTELO.
-
-¿Era el que se fué de aquí ahora mismo?
-
-DESDÉMONA.
-
-Sí, tan triste y abatido, que me dejó parte de su tristeza. Haz que
-vuelva contento, esposo mio.
-
-OTELO.
-
-Ahora no: otra vez será, esposa mia.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Pronto?
-
-OTELO.
-
-Tus ruegos adelantarán el plazo.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Esta noche, á la hora de cenar?
-
-OTELO.
-
-Esta noche no puede ser.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Mañana á la hora de comer?
-
-OTELO.
-
-Mañana no comeré en casa. Tenemos junta militar en el castillo.
-
-DESDÉMONA.
-
-Entonces mañana por la noche, ó el mártes por la mañana, por la tarde ó
-por la noche, ó el miércoles muy de madrugada. Fíjame un término y que
-sea corto: tres dias á lo más. Ya está arrepentido. Y aunque dicen que
-las leyes de la guerra son duras, y que á veces exigen el sacrificio de
-los mejores, su falta es bien leve, y digna sólo de alguna reprension
-privada. Dime, Otelo: ¿cuándo volverá? Si tú me pidieras algo, no te
-lo negaria yo ciertamente. Mira que en nada pienso tanto como en esto.
-¿No te acuerdas que Casio fué confidente de nuestros amores? ¿No sabes
-que él te defendia siempre, cuando yo injustamente y por algun arrebato
-de celos, hablaba mal de tí? ¿Por qué dudas en perdonarle? No sé cómo
-persuadirte...
-
-OTELO.
-
-Basta, mujer: no me digas más. Que vuelva cuando quiera.
-
-DESDÉMONA.
-
-No te he pedido gracia, ni sacrificio, sino cosa que á tí mismo te
-está bien y te importa. Es como si te pidiera que te abrigaras, ó que
-te pusieras guantes, ó que comieses bien. Si mi peticion fuera de cosa
-más difícil ó costosa, á fe que tendria yo que medir y pesar bien las
-palabras, y aún así sabe Dios si lo alcanzaria.
-
-OTELO.
-
-Nada te negaré. Una cosa sola he de pedirte. Déjame solo un rato.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Yo dejar de obedecerte? Adios, señor mio, adios.
-
-OTELO.
-
-Adios, Desdémona. Pronto seré contigo.
-
-DESDÉMONA.
-
-Ven, Emilia. (_A Otelo._) Siempre seré rendida esclava de tus
-voluntades.
-
- (_Se van._)
-
-OTELO.
-
-¡Alma de mi alma! Condenada sea mi alma, si yo no te quiero; y si
-alguna vez dejo de quererte, ¡confúndase y acábese el universo!
-
-YAGO.
-
-General.
-
-OTELO.
-
-¿Qué dices, Yago?
-
-YAGO.
-
-¿Miguel Casio tuvo alguna noticia de vuestros amores con la señora?
-
-OTELO.
-
-Lo supo todo, desde el principio hasta el fin. ¿A qué esa pregunta?
-
-YAGO.
-
-Por nada: para matar un recelo mio.
-
-OTELO.
-
-¿Qué recelo?
-
-YAGO.
-
-Yo creí que nunca la habia tratado.
-
-OTELO.
-
-¡Si fué confidente y mensajero de nuestros amores!
-
-YAGO.
-
-¿Eso dices?
-
-OTELO.
-
-La verdad digo. ¿Por qué te sorprende? Pues ¿no es hombre de fiar?
-
-YAGO.
-
-Sí: hombre de bien.
-
-OTELO.
-
-Muy de bien.
-
-YAGO.
-
-Así que sepa...
-
-OTELO.
-
-¿Qué estais murmurando?
-
-YAGO.
-
-¿Murmurar?
-
-OTELO.
-
-¡Sí, algo piensas, vive Dios! Vas repitiendo como un eco mis palabras,
-como si tuvieras en la conciencia algun mónstruo, y no te atrevieras á
-arrojarle. Hace un momento, cuando viste juntos á Casio y á mi mujer,
-dijiste que no te parecia bien. ¿Y por qué no? Ahora cuando te he
-referido que fué medianero de nuestros amores, preguntaste: «¿Es verdad
-eso?» y te quedaste caviloso, como si madurases alguna siniestra idea.
-Si eres amigo mio, dime con verdad lo que piensas.
-
-YAGO.
-
-Señor, ya sabeis que de todas veras os amo.
-
-OTELO.
-
-Por lo mismo que lo sé y lo creo, y que te juzgo hombre sério y
-considerado en lo que dices, me asustan tus palabras y tu silencio. No
-los extrañaria en hombres viles y soeces, pero en un hombre honrado
-como tú son indicios de que el alma está ardiendo, y de que quiere
-estallar la indignacion comprimida.
-
-YAGO.
-
-Juro que tengo á Miguel Casio por hombre de honor.
-
-OTELO.
-
-Yo tambien.
-
-YAGO.
-
-El hombre debe ser lo que parece, ó á lo menos, aparentarlo.
-
-OTELO.
-
-Dices bien.
-
-YAGO.
-
-Repito que á Casio le tengo por hombre honrado.
-
-OTELO.
-
-Eso no es decírmelo todo. Declárame cuanto piensas y recelas, hasta lo
-peor y más oculto.
-
-YAGO.
-
-Perdonadme, general: os lo suplico. Yo estoy obligado á obedeceros en
-todo, menos en aquellas cosas donde ni el mismo esclavo debe obedecer.
-¿Revelaros mi pensamiento? ¿Y si mi pensamiento fuera torpe, vil y
-menguado? ¿En qué palacio no penetra alguna vez la alevosía? ¿En qué
-pecho no caben injustos recelos y cavilosidades? Hasta con el más recto
-juicio pueden unirse bajos pensamientos.
-
-OTELO.
-
-Yago, faltas á la amistad, si creyendo infamado á tu amigo, no le
-descubres tu sospecha.
-
-YAGO.
-
-¿Y si mi sospecha fuera infundada? Porque yo soy naturalmente receloso
-y perspicaz, y quizá veo el mal donde no existe. No hagais caso de mis
-malicias, vagas é infundadas, ni perturbeis vuestro reposo por ellas,
-ni yo como hombre honrado y pundonoroso debo revelaros el fondo de mi
-pensamiento.
-
-OTELO.
-
-¿Qué quieres decir con eso?
-
-YAGO.
-
-¡Ay, querido jefe mio!, la buena reputacion, así en hombre como en
-mujer, es el tesoro más preciado. Poco roba quien roba mi dinero: antes
-fué algo, despues nada: antes mio, ahora suyo, y puede ser de otros
-cincuenta. Pero quien me roba la fama, no se enriquece, y á mí me deja
-pobre.
-
-OTELO.
-
-¿Qué estás pensando? Dímelo, por Dios vivo. Quiero saberlo.
-
-YAGO.
-
-No lo sabreis nunca, aunque tengais mi corazon en la mano.
-
-OTELO.
-
-¿Por qué?
-
-YAGO.
-
-Señor, temed mucho á los celos, pálido mónstruo, burlador del alma
-que le da abrigo. Feliz el engañado que descubre el engaño y consigue
-aborrecer á la engañadora, pero ¡ay del infeliz que aún la ama, y duda,
-y vive entre amor y recelo!
-
-OTELO.
-
-¡Horrible tortura!
-
-YAGO.
-
-Más feliz que el rico es el pobre, cuando está resignado con su suerte.
-Por el contrario el rico, aunque posea todos los tesoros de la tierra,
-es infeliz por el temor que á todas horas le persigue, de perder su...
-¡Dios mio, aparta de mis amigos, los celos!
-
-OTELO.
-
-¿Qué quieres decir? ¿Imaginas que he de pasar la vida entre sospechas y
-temores, cambiando de rostro como la luna? No: la duda y la resolucion
-sólo pueden durar en mí un momento, y si alguna vez hallares que me
-detengo en la sospecha y que no la apuro, llámame imbécil. Yo no me
-encelo si me dicen que mi mujer es hermosa y alegre, que canta y toca
-y danza con primor, ó que se complace en las fiestas. Si su virtud es
-sincera, más brillará así. Tampoco he llegado á dudar nunca de su amor.
-Ojos tenia ella y entendimiento para escoger. Yago, para dudar necesito
-pruebas, y así que las adquiera, acabaré con el amor ó con los celos.
-
-YAGO.
-
-Dices bien. Y así conocerás mejor la lealtad que te profeso. Ahora no
-puedo darte pruebas. Vigila á tu esposa: repárala bien cuando hable
-con Casio, pero que no conozcan tus recelos en la cara. No sea que se
-burlen de tu excesiva buena fe. Las venecianas sólo confian á Dios el
-secreto, y saben ocultársele al marido. No consiste su virtud en no
-pecar, sino en esconder el pecado.
-
-OTELO.
-
-¿Eso dices?
-
-YAGO.
-
-A su padre engañó por amor tuyo, y cuando fingia mayor esquiveza, era
-cuando más te amaba.
-
-OTELO.
-
-Verdad es.
-
-YAGO.
-
-Pues la que tan bien supo fingir, hasta engañar á su padre, que no
-podia explicarse vuestro amor sino como obra de hechicería... Pero ¿qué
-estoy diciendo? Perdóname si me lleva demasiado lejos el cariño que te
-profeso.
-
-OTELO.
-
-Eterna será mi gratitud.
-
-YAGO.
-
-Mal efecto te han hecho mis palabras, señor.
-
-OTELO.
-
-No. Mal efecto, ninguno.
-
-YAGO.
-
-Paréceme que sí. Repara que cuanto te he dicho ha sido por tu bien.
-Pero, señor, ¡estais desconcertado! Ruégoos que no entendais mis
-palabras más que como suenan, ni deis demasiado crédito é importancia á
-una sospecha.
-
-OTELO.
-
-Te lo prometo.
-
-YAGO.
-
-Si no, lo sentiria, y áun seria más pronto el desenlace, que lo que yo
-imaginé. Casio es amigo mio... Pero ¡estais turbado!
-
-OTELO.
-
-¿Por qué? Yo tengo á Desdémona por honrada.
-
-YAGO.
-
-¡Que lo sea mucho tiempo! ¡Que por muchos años lo creas tú así!
-
-OTELO.
-
-Pero cuando la naturaleza comienza á extraviarse...
-
-YAGO.
-
-Ahí está el peligro. Y á decir verdad, el haber despreciado tan
-ventajosos casamientos de su raza, de su patria y de su condicion
-y haberse inclinado á tí, parece indicio no pequeño de torcidas
-y livianas inclinaciones. La naturaleza hubiera debido moverla á
-lo contrario. Pero... perdonadme: al decir esto, no aludo á ella
-solamente, aunque temo que al compararos con los mancebos de Venecia,
-pudiera arrepentirse.
-
-OTELO.
-
-Adios, adios, y si algo más averiguas, no dejes de contármelo. Que tu
-mujer los vigile mucho. Adios, Yago.
-
-YAGO.
-
-Me voy, general. Quédate con Dios. (_Se aparta breve trecho._)
-
-OTELO.
-
-¿Para qué me habré casado? Sin duda este amigo sabe mucho más que lo
-que me ha confesado.
-
-YAGO.
-
-Gobernador, os suplico que no volvais á pensar en eso. Dad tiempo al
-tiempo, y aunque parece justo que Casio recobre su empleo, puesto que
-es hábil para desempeñarlo, mantened las cosas en tal estado algun
-tiempo más, y entre tanto podeis estudiar su carácter, y advertir si
-vuestra mujer toma con mucho calor su vuelta. Este será vehemente
-indicio, pero entre tanto, inclinaos á pensar que me he equivocado en
-mis sospechas y temores, y no desconfieis de su fidelidad.
-
-OTELO.
-
-Nada temas.
-
-YAGO.
-
-Adios otra vez.
-
- (_Vase._)
-
-OTELO.
-
-Este Yago es buen hombre y muy conocedor del mundo. ¡Ay, halcon mio! si
-yo te encontrara fiel, aunque te tuviera sujeto al corazon con garfios
-ó correas, te lanzaria al aire en busca de presa. ¿Quizá me estará
-engañando por ser yo viejo y negro, ó por no tener la cortesía y ameno
-trato propios de la juventud? ¿Pero qué me importa la razon? Lo cierto
-es que la he perdido, que me ha engañado, y que no tengo más recurso
-que aborrecerla. ¡Maldita boda: ser yo dueño de tan hermosa mujer
-pero no de su alma! Más quisiera yo ser un sapo asqueroso ó respirar
-la atmósfera de una cárcel, que compartir con nadie la posesion de
-esa mujer. Pero tal es la maldicion que pesa sobre los grandes, más
-infelices en esto que la plebe. Maldicion que nos amenaza, desde que
-comenzamos á respirar el vital aliento. Aquí viene Desdémona.
-
- (_Salen Desdémona y Emilia._)
-
-(_Aparte._) ¿Será verdad que es infiel? ¿Se burlará el cielo de sí
-mismo?
-
-DESDÉMONA.
-
-Otelo, vén: los nobles de la isla están ya congregados para el banquete.
-
-OTELO.
-
-¡Qué insensatez la mia!
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Por qué hablas entre dientes? ¿Estás malo?
-
-OTELO.
-
-Me duele la cabeza.
-
-DESDÉMONA.
-
-Sin duda, por el insomnio. Pero pronto sanarás. Yo te vendaré la
-cabeza, y antes de una hora estarás aliviado. (_Intenta ponerle el
-pañuelo._)
-
-OTELO.
-
-Ese pañuelo es pequeño. (_Se cae el pañuelo._) Déjalo. Me voy contigo.
-
-DESDÉMONA.
-
-Mucho siento tu incomodidad.
-
- (_Vanse._)
-
-EMILIA.
-
-¡Oh felicidad! Este es el pañuelo, primera ofrenda amorosa del moro.
-Mi marido me ha pedido mil veces que se lo robe á Desdémona, pero como
-ella lo tiene en tanto aprecio, y Otelo se lo encomendó tanto, jamas
-lo deja de la mano, y muchas veces le besa y acaricia. Haré copiar la
-misma labor, y se le daré á Yago, aunque no puedo atinar para qué le
-desea: Dios lo sabe. A mí sólo me toca obedecer.
-
- (_Sale Yago._)
-
-YAGO.
-
-¿Cómo estás sola?
-
-EMILIA.
-
-No te enojes, que algo tengo que regalarte.
-
-YAGO.
-
-¿A mí qué? Buena cosa será.
-
-EMILIA.
-
-¡Ya lo creo!
-
-YAGO.
-
-Eres necia, esposa mia.
-
-EMILIA.
-
-¡Ya lo creo! ¿Cuánto me darás por aquel pañuelo?
-
-YAGO.
-
-¿Qué pañuelo?
-
-EMILIA.
-
-Aquel que el moro regaló á Desdémona, y que tantas veces me has mandado
-robar.
-
-YAGO.
-
-¿Y ya lo has hecho?
-
-EMILIA.
-
-No le he robado, sino que le he recogido del suelo, donde ella le dejó
-caer. Tómale, aquí está.
-
-YAGO.
-
-Damele, pues, amor mio.
-
-EMILIA.
-
-¿Y para qué? ¿Cómo tuviste tanto empeño en que yo le robara?
-
-YAGO.
-
-(_Cogiendo el pañuelo._) ¿Qué te importa? Damele.
-
-[Ilustración]
-
-EMILIA.
-
-Si no le necesitas para cosa de importancia, devuélvemele pronto, Yago,
-porque mi señora se morirá de pena, así que eche de ver la falta.
-
-YAGO.
-
-No le confieses nada. Necesito el pañuelo. ¿Oyes? Véte.
-
- (_Vase Emilia._)
-
-Voy á tirar este pañuelo en el aposento de Casio, para que allí le
-encuentre Otelo. La sombra más vana, la más ligera sospecha son
-para un celoso irrecusables pruebas. Ya comienza á hacer su efecto
-el veneno: al principio apenas ofende los labios, pero luego, como
-raudal de lava, abrasa las entrañas. Aquí viene el moro. (_Aparte._) No
-podrás conciliar hoy el sueño tan apaciblemente como ayer, aunque la
-adormidera, el beleño y la mandrágora mezclen para tí sus adormecedores
-jugos.
-
-OTELO.
-
-¡Infiel! ¡Infiel!
-
-YAGO.
-
-¿Qué decis, gobernador?
-
-OTELO.
-
-¡Lejos, lejos de mí! Tus sospechas me han puesto en el tormento. Vale
-más ser engañado del todo que padecer, víctima de una duda.
-
-YAGO.
-
-¿Por qué decis eso, general?
-
-OTELO.
-
-¿Qué me importaban sus ocultos retozos, si yo no los veia ni me
-percataba de ellos, ni perdia por eso el sueño, la alegría, ni el
-reposo? Jamas advertí en sus labios la huella del beso de Casio. Y si
-el robado no conoce el robo, ¿qué le importa que le hurten?
-
-YAGO.
-
-Duéleme oirte hablar así.
-
-OTELO.
-
-Yo hubiera podido ser feliz aunque los más ínfimos soldados del
-ejército hubiesen disfrutado de la hermosura de ella. ¡Pero haberlo
-sabido! ¡Adios, paz de mi alma! ¡Adios, bizarros escuadrones, glorioso
-campo de pelea, que truecas la ambicion en virtud! ¡Adios, corceles
-de batalla, clarin bastardo, bélicos atambores, pífanos atronantes,
-banderas desplegadas, pompa de los ojos, lujo y estruendo de las armas!
-¡Adios todo, que la gloria de Otelo se ha acabado!
-
-YAGO.
-
-¿Será verdad, señor?
-
-OTELO.
-
-¡Infame! Dame pruebas infalibles de que mi esposa es adúltera. ¿Me
-oyes? Quiero pruebas que entren por los ojos, y si no me las das, perro
-malvado, más te valiera no haber nacido que encontrarte al alcance de
-mis manos. ¡Haz que yo lo vea, ó á lo menos pruébalo de tal suerte, que
-la duda no encuentre resquicio ni pared donde aferrarse! Y si no, ¡ay
-de tí!
-
-YAGO.
-
-¡Señor, jefe mio!
-
-OTELO.
-
-Si lo que me has dicho, si el tormento en que me has puesto no es más
-que una calumnia, no vuelvas á rezar en todos los dias de tu vida:
-sigue acumulando horrores y maldades, porque tu eterna condenacion es
-tan segura que poco puede importarte un crímen más.
-
-YAGO.
-
-¡Piedad, Dios mio! ¿Sois hombre, Otelo, ó es que habeis perdido el
-juicio? Desde ahora renuncio á mi empleo. ¡Qué necio yo, cuyos favores
-se toman por agravios! ¡Cuán triste cosa es en este mundo ser honrado
-y generoso! Mucho me alegro de haberlo aprendido. Desde hoy prometo no
-querer bien á nadie, si la amistad se paga de este modo.
-
-OTELO.
-
-No te vayas. Escúchame. Mejor es que seas honrado.
-
-YAGO.
-
-No: seré ladino y cauteloso. La bondad se convierte en insensatez
-cuando trabaja contra sí misma.
-
-[Ilustración]
-
-OTELO.
-
-¡Por Dios vivo! Yo creo y no creo que mi mujer es casta, y creo y
-no creo que tú eres hombre de bien. Pruebas, pruebas. Su nombre,
-que resplandecia antes más que el rostro de la luna, está ahora tan
-oscuro y negro como el mio. No he de sufrirlo, mientras haya en el
-mundo cuerdas, aceros, venenos, hogueras y rios desbordados. ¡Pruebas,
-pruebas!
-
-YAGO.
-
-Señor, veo que sois juguete de la pasion, y ya me va pesando de mi
-franqueza. ¿Quereis pruebas?
-
-OTELO.
-
-No las quiero: las tendré.
-
-YAGO.
-
-Y podeis tenerlas. ¡Pero qué género de pruebas! ¿Quereis verlos juntos?
-¡Qué grosería!
-
-OTELO.
-
-¡Condenacion! ¡Muerte!
-
-YAGO.
-
-Y tengo para mí que habia de ser difícil sorprenderlos en tal ocasion.
-Buen cuidado tendrán ellos de ocultar sus adúlteras caricias de la
-vista de todos. ¿Qué prueba bastará convenceros? ¿Ni cómo habeis de
-verlos? Aunque estuviesen más ardorosos que jimios ó cabras ó que lobos
-en el celo, ó más torpes y necios que la misma estupidez. De todas
-suertes, aunque yo no pueda daros pruebas evidentes, tengo indicios
-tales, que pueden llevaros á la averiguacion de la verdad.
-
-OTELO.
-
-Dame alguna prueba clara y evidente de su infidelidad.
-
-YAGO.
-
-A fe mia que no me gusta el oficio de delator, pero á tal extremo han
-llegado las cosas que ya no puedo evitarlo. Ya sabes que mi aposento
-está cerca del de Casio, y que aquejado por el dolor de muelas, no
-puedo dormir. Hay hombres tan ligeros que entre sueños descubren su
-secreto. Así Casio, que entre sueños decia: «Procedamos con cautela,
-amada Desdémona.» Y luego me cogió la mano, y me la estrechó con
-fuerza, diciéndome: «Amor mio», y me besó como si quisiera desarraigar
-los besos de mis labios, y dijo en altas voces: «¡Maldita fortuna la
-que te hizo esposa del moro!»
-
-OTELO.
-
-¡Qué horror!
-
-YAGO.
-
-Pero todo eso fué un sueño.
-
-OTELO.
-
-Prueba palpable, aunque fuera sueño, puesto que descubre que su amor ha
-llegado á la posesion definitiva.
-
-YAGO.
-
-Esta prueba sirve para confirmar otras, aunque ninguna de ellas
-convence.
-
-OTELO.
-
-Quiero destrozarla.
-
-YAGO.
-
-Ten prudencia. Con certidumbre no sé nada. ¿Quién sabe si será fiel
-todavía? ¿No has visto alguna vez un pañuelo bordado en manos de
-Desdémona?
-
-OTELO.
-
-Sí, por cierto; fué el primer regalo que la hice.
-
-YAGO.
-
-No lo sabia yo, pero ví en poder de Casio un pañuelo, del todo
-semejante. Sí: estoy seguro de que era el de vuestra mujer.
-
-OTELO.
-
-¡Si fuera el mismo!...
-
-YAGO.
-
-Aquel ú otro: basta que fuera de ella para ser un indicio desfavorable.
-
-OTELO.
-
-Ojalá tuviera él cien mil vidas, que una sola no me basta para saciar
-mi venganza. Mira, Yago: con mi aliento arrojo para siempre mi amor.
-¡Sal de tu caverna, hórrida venganza! Amor, ¡ríndete al mónstruo del
-odio! ¡Pecho mio, llénate de víboras!
-
-YAGO.
-
-Cálmate, señor.
-
-OTELO.
-
-¡Sangre, Yago, sangre!
-
-YAGO.
-
-Sangre no: paciencia. ¿Quién sabe si mudareis de pensamiento?
-
-OTELO.
-
-Nunca, Yago. Así como el gélido mar corre siempre con rumbo á la
-Propóntide y al Helesponto, sin volver nunca atras su corriente, así
-mis pensamientos de venganza no se detienen nunca en su sanguinaria
-carrera, ni los templará el amor, mientras no los devore la venganza.
-Lo juro solemnemente por el cielo que nos cubre. (_Se arrodilla._)
-
-YAGO.
-
-No os levanteis. (_Se arrodilla tambien._) Sed testigos, vosotros,
-luceros de la noche, y vosotros, elementos que girais en torno del
-mundo, de que Yago va á dedicar su corazon, su ingenio y su mano á la
-venganza de Otelo. Lo que él mande, yo lo obedeceré, aunque me parezca
-feroz y sanguinario.
-
-OTELO.
-
-Gracias, y acepto gustoso tus ofertas, y voy á ponerte á prueba en
-seguida. Ojalá dentro de tres dias puedas decirme: «ya no existe Casio.»
-
-YAGO.
-
-Dad por muerto á mi amigo, aunque ella viva.
-
-OTELO.
-
-No, no: ¡vaya al infierno esa mujer carnal y lujuriosa! Voy á buscar
-astutamente medios de dar muerte á tan hermoso demonio. Yago, desde hoy
-serás mi teniente.
-
-YAGO.
-
-Esclavo vuestro siempre.
-
-
-ESCENA IV.
-
-=Explanada delante del castillo.=
-
-Salen DESDÉMONA, EMILIA y un BUFON.
-
-DESDÉMONA.
-
-Dime: ¿dónde está Casio?
-
-BUFON.
-
-No en parte alguna que yo sepa.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Por qué dices eso? ¿No sabes á lo menos cuál es su alojamiento?
-
-BUFON.
-
-Si os lo dijera, seria una mentira.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿No me dirás algo con seriedad?
-
-BUFON.
-
-No sé cuál es su posada, y si yo la inventara ahora, seria hospedarme
-yo mismo en el pecado mortal.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Podrás averiguarlo y adquirir noticias de él?
-
-BUFON.
-
-Preguntaré como un catequista, y os traeré las noticias que me dieren.
-
-DESDÉMONA.
-
-Véte á buscarle; dile que venga, porque ya he persuadido á mi esposo en
-favor suyo, y tengo por arreglado su negocio.
-
- (_Vase._)
-
-DESDÉMONA.
-
-Emilia, ¿dónde habré perdido aquel pañuelo?
-
-EMILIA.
-
-No lo sé, señora mia.
-
-DESDÉMONA.
-
-Créeme. Preferiria yo haber perdido un bolsillo lleno de ducados. A fe
-que si el moro no fuera de alma tan generosa y noble incapaz de dar en
-la ceguera de los celos, bastaria esto para despertar sus sospechas.
-
-EMILIA.
-
-¿No es celoso?
-
-DESDÉMONA.
-
-El sol de su nativa África limpió su corazon de todas esas malas
-pasiones.
-
-EMILIA.
-
-Por allí viene.
-
-DESDÉMONA.
-
-No me separaré de él hasta que llegue Casio.
-
- (_Sale Otelo._)
-
-¿Cómo estás, Otelo?
-
-OTELO.
-
-Muy bien, esposa mia. (_Aparte._) ¡Cuán difícil me parece el disimulo!
-¿Cómo te va, Desdémona?
-
-DESDÉMONA.
-
-Bien, amado esposo.
-
-OTELO.
-
-Dame tu mano, amor mio. ¡Qué húmeda está!
-
-DESDÉMONA.
-
-No la quitan frescura ni la edad ni los pesares.
-
-OTELO.
-
-Es indicio de un alma apasionada. Es húmeda y ardiente. Requiere
-oracion, largo ayuno, mucha penitencia y recogimiento, para que el
-diablillo de la carne no se subleve. Mano tierna, franca y generosa.
-
-DESDÉMONA.
-
-Y tú puedes decirlo, pues con esa mano te dí toda el alma.
-
-OTELO.
-
-¡Qué mano tan dadivosa! En otros tiempos el alma hacia el regalo de la
-mano. Hoy es costumbre dar manos sin alma.
-
-DESDÉMONA.
-
-Nada sé de eso. ¿Te has olvidado de tu palabra?
-
-OTELO.
-
-¿Qué palabra?
-
-DESDÉMONA.
-
-He mandado á llamar á Casio para que hable contigo.
-
-OTELO.
-
-Tengo un fuerte resfriado. Dame tu pañuelo.
-
-DESDÉMONA.
-
-Tómale, esposo mio.
-
-OTELO.
-
-El que yo te dí.
-
-DESDÉMONA.
-
-No le tengo aquí.
-
-OTELO.
-
-¿No?
-
-DESDÉMONA.
-
-No, por cierto.
-
-OTELO.
-
-Falta grave es esa, porque aquel pañuelo se lo dió á mi madre una sábia
-hechicera, muy hábil en leer las voluntades de las gentes, y díjole que
-mientras le conservase, siempre seria suyo el amor de mi padre, pero si
-perdia el pañuelo, su marido la aborreceria y buscaria otros amores.
-Al tiempo de su muerte me lo entregó, para que yo se le regalase á mi
-esposa el dia que llegara á casarme. Hícelo así, y repito que debes
-guardarle bien y con tanto cariño cómo á las niñas de tus ojos, porque
-igual desdicha seria para tí perderlo que regalarlo.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Será verdad lo que cuentas?
-
-OTELO.
-
-Indudable. Hay en esos hilos oculta y maravillosa virtud, como que los
-tejió una sibila agitada de divina inspiracion. Los gusanos que hilaron
-la seda eran asimismo divinos. Licor de momia y corazon de vírgen
-sirvieron para el hechizo.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Dices verdad?
-
-OTELO.
-
-No lo dudes. Y haz por no perderle.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Ojalá que nunca hubiera llegado á mis manos!
-
-OTELO.
-
-¿Por qué? ¿Qué ha sucedido?
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Por qué hablas con tal aceleramiento?
-
-OTELO.
-
-¿Le has perdido? ¿Dónde? Contéstame.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Favor del cielo!
-
-OTELO.
-
-¿Qué estás diciendo?
-
-DESDÉMONA.
-
-No le perdí. Y si por casualidad le hubiera perdido...
-
-OTELO.
-
-¿Perderle?
-
-DESDÉMONA.
-
-Te juro que no le perdí.
-
-OTELO.
-
-Pues damele, para que yo le vea.
-
-DESDÉMONA.
-
-Ahora mismo podria dártele, pero no quiero hacerlo, porque tú no
-accedes á mis ruegos, ni vuelves su empleo á Casio.
-
-OTELO.
-
-Muéstrame el pañuelo. Mis sospechas crecen.
-
-DESDÉMONA.
-
-Hazme ese favor, Otelo. Nunca hallarás hombre más hábil é inteligente.
-
-OTELO.
-
-¡El pañuelo!
-
-DESDÉMONA.
-
-Hablemos de Casio.
-
-OTELO.
-
-¡El pañuelo!
-
-DESDÉMONA.
-
-Casio que en todo tiempo fué amigo y protegido tuyo, que á tu lado
-corrió tantas aventuras...
-
-OTELO.
-
-¡El pañuelo!
-
-DESDÉMONA.
-
-Grande es tu impaciencia.
-
-OTELO.
-
-¡Aparta!
-
- (_Se va._)
-
-EMILIA.
-
-¿Estará celoso?
-
-DESDÉMONA.
-
-Es la primera vez que le veo así. Sin duda aquel pañuelo está
-encantado. ¡Cuánto siento haberlo perdido!
-
-EMILIA.
-
-No bastan un año ni dos, para conocer el carácter de un hombre. Son
-abismos que á nosotras nos devoran, y cuando se hartan, nos arrojan de
-sí. Aquí vienen mi marido y Casio.
-
- (_Salen Casio y Yago._)
-
-YAGO.
-
-Ya no queda otro recurso. Ella es quien ha de hacerlo. Allí está. ¡Oh
-fortuna! Id á rogárselo.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué noticias traes, Casio?
-
-CASIO.
-
-Nada, sino mi antigua pretension, señora. Deseo, merced á vuestra
-generosa intercesion, volver á la luz, á la vida, á la amistad del
-hombre á quien tanto respeto y agradecimiento debo. Sólo os suplico
-que intercedais con mucha eficacia, y si mi culpa es tan grande que
-ni mis servicios pasados, ni mi infortunio presente, ni mis méritos
-futuros bastan á que sea perdonada, sépalo yo de cierto, y alegrándome,
-con forzada alegría, de saberlo, pediré limosna á la fortuna por otro
-camino.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Ay, buen señor Casio! Mis ruegos no suenan ya bien en los oidos de mi
-señor. Mi esposo no es el de antes. Si su rostro hubiera cambiado tanto
-como su índole, de fijo que yo no le conoceria. Todos los santos me
-sean testigos de que le he suplicado en favor tuyo con cuanto empeño
-he podido, hasta incurrir en su indignacion por mi atrevimiento y
-tenacidad. Es preciso dar tiempo al tiempo. Yo haré lo que pueda, y más
-que si se tratase de negocio mio.
-
-YAGO.
-
-¿Se enojó contra tí el general?
-
-EMILIA.
-
-Ahora acaba de irse de aquí, con ceño muy torvo.
-
-YAGO.
-
-¿Será verdad? Grave será el motivo de su enojo, porque nunca le he
-visto inmutarse, ni siquiera cuando á su lado una bala de cañon mató á
-su hermano. Voy á buscar á Otelo.
-
- (_Vase._)
-
-DESDÉMONA.
-
-Será sin duda algun negocio político, del gobierno de Venecia, ó alguna
-conspiracion de Chipre lo que ha turbado la calma de mi marido. Cuando
-los hombres por cualquier motivo grave se enojan, riñen hasta sobre
-las cosas más insignificantes. De la misma suerte, con un dedo que
-nos duela, todos los demas miembros se resienten. Los hombres no son
-dioses, ni tenemos derecho para pedirles siempre ternura. Bien haces,
-Emilia, en reprenderme mi falta de habilidad. Cuando ya bien á las
-claras mostraba su ánimo el enojo, yo misma soborné á los testigos,
-levantándole falso testimonio.
-
-EMILIA.
-
-Quiera Dios que sean negocios de Estado, como sospechais, y no vanos
-recelos y sospechas infundadas.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Celos de mí! ¿Y por qué causa, si nunca le he dado motivo?
-
-EMILIA.
-
-No basta eso para convencer á un celoso. Los celos nunca son razonados.
-Son celos porque lo son: mónstruo que se devora á sí mismo.
-
-DESDÉMONA.
-
-Quiera Dios que nunca tal mónstruo se apodere del alma de Otelo.
-
-EMILIA.
-
-Así sea, señora mia.
-
-DESDÉMONA.
-
-Yo le buscaré. No te alejes mucho, amigo Casio. Y si él se presenta
-propicio, redoblaré mis instancias, hasta conseguir lo que deseas.
-
-CASIO.
-
-Humildemente os lo agradezco, reina.
-
- (_Vanse Emilia y Desdémona._)
- (_Sale Blanca._)
-
-BLANCA.
-
-Buenos dias, amigo Casio.
-
-CASIO.
-
-¿Cómo has venido, hermosa Blanca? Bien venida, seas siempre. Ahora
-mismo pensaba ir á tu casa.
-
-[Ilustración: _Casio y Blanca._]
-
-BLANCA.
-
-Y yo á tu posada, Casio amigo. ¡Una semana sin verme! ¡Siete dias y
-siete noches! ¡Veinte veces ocho horas, más otras ocho! ¡Y horas más
-largas que las del reloj, para el alma enamorada! ¡Triste cuenta!
-
-CASIO.
-
-No te enojes, Blanca mia. La pena me ahogaba. En tiempo más propicio
-pagaré mi deuda. Hermosa Blanca, cópiame la labor de este pañuelo. (_Se
-le da._)
-
-BLANCA.
-
-Casio, ¿de dónde te ha venido este pañuelo? Sin duda de alguna nueva
-querida. Si antes lloré tu ausencia, ahora debo llorar más el motivo.
-
-CASIO.
-
-Calla, niña. Maldito sea el demonio que tales dudas te inspiró. Ya
-tienes celos y crees que es de alguna dama. Pues no es cierto, Blanca
-mia.
-
-BLANCA.
-
-¿De quién es?
-
-CASIO.
-
-Lo ignoro. En mi cuarto lo encontré, y porque me gustó la labor, quiero
-que me la copies, antes que vengan á reclamármelo. Hazlo, bien mio, te
-lo suplico. Ahora véte.
-
-BLANCA.
-
-¿Y por qué he de irme?
-
-CASIO.
-
-Porque va á venir el general, y no me parece bien que me encuentre con
-mujeres.
-
-BLANCA.
-
-¿Y por qué?
-
-CASIO.
-
-No porque yo no te adore.
-
-BLANCA.
-
-Porque no me amas. Acompáñame un poco. ¿Vendrás temprano esta noche?
-
-CASIO.
-
-Poco tiempo podré acompañarte, porque estoy de espera. Pero no
-tardaremos en vernos.
-
-BLANCA.
-
-Bien está. Es fuerza acomodarse al viento.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO IV.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Plaza delante del castillo.=
-
-Salen OTELO y YAGO.
-
-YAGO.
-
-¿Qué pensais?
-
-OTELO.
-
-¿Qué he de pensar, Yago?
-
-YAGO.
-
-¿Qué os parece de ese beso?
-
-OTELO.
-
-Beso ilícito.
-
-YAGO.
-
-Puede ser sin malicia.
-
-OTELO.
-
-¿Sin malicia? Eso es hipocresía y querer engañar al demonio. Arrojarse
-á tales cosas sin malicia es querer tentar la omnipotencia divina.
-
-YAGO.
-
-Con todo es pecado venial. Y si yo hubiera dado á mi mujer un pañuelo...
-
-OTELO.
-
-¿Qué?
-
-YAGO.
-
-Señor: en dándosele yo, suyo es, y puede regalársele á quien quiera.
-
-OTELO.
-
-Tambien es suyo mi honor, y sin embargo no puede darle.
-
-YAGO.
-
-El honor, general mio, es cosa invisible, y á veces le gasta más quien
-nunca le tuvo. Pero el pañuelo...
-
-OTELO.
-
-¡Por Dios vivo! Ya le hubiera yo olvidado. Una cosa que me dijiste
-anda revoloteando sobre mí como el grajo sobre techo infestado de
-pestilencia. Me dijiste que Casio habia recibido ese pañuelo.
-
-YAGO.
-
-¿Y qué importa?
-
-OTELO.
-
-Pues no me parece nada bien.
-
-YAGO.
-
-¿Y si yo os dijera que presencié vuestro agravio, ó á lo menos que le
-he oido contar, porque hay gentes que apenas han logrado, á fuerza de
-importunidades, los favores de una dama, no paran hasta contarlo?
-
-OTELO.
-
-¿Y él ha dicho algo?
-
-YAGO.
-
-Sí, general mio. Pero tranquilizaos, porque todo lo desmentirá.
-
-OTELO.
-
-¿Y qué es lo que dijo?
-
-YAGO.
-
-Que estuvo con ella... No sé qué más dijo.
-
-OTELO.
-
-¿Con ella?
-
-YAGO.
-
-Sí, con ella.
-
-OTELO.
-
-¡Con ella! ¡Eso es vergonzoso, Yago! ¡El pañuelo... confesion...
-el pañuelo! ¡Confesion y horca! No: ahorcarle primero y confesarle
-despues... Horror me da el pensarlo. Horribles presagios turban mi
-mente. Y no son vanas sombras, no... Oidos, labios... ¿Será verdad?...
-Confesion, pañuelo... (_Cae desmayado._)
-
-YAGO.
-
-¡Sigue, sigue, eficaz veneno mio! El mismo se va enredando incauta y
-desatentadamente. Así vienen á perder su fama las más castas matronas,
-sin culpa suya. ¡Levantaos, señor, levantaos! ¿Me ois, Otelo? ¿Qué
-sucede, Casio? (_A Casio que entra._)
-
-CASIO.
-
-¿Qué ha pasado?
-
-YAGO.
-
-El general tiene un delirio convulsivo, lo mismo que ayer.
-
-CASIO.
-
-Frótale las sienes.
-
-YAGO.
-
-No: es mejor dejar que la naturaleza obre y el delirio pase, porque si
-no, empezará á echar espumarajos por la boca, y caerá en un arrebato de
-locura. Ya empieza á moverse. Retírate un poco. Pronto volverá de su
-accidente. Despues que se vaya, te diré una cosa muy importante.
-
- (_Se va Casio._)
-
-General, ¿os duele aún la cabeza?
-
-OTELO.
-
-¿Te estás burlando de mí?
-
-YAGO.
-
-¿Burlarme yo? No lo quiera Dios. Pero quiero que resistais con viril
-fortaleza vuestro infeliz destino.
-
-OTELO.
-
-Marido deshonrado, más que hombre, es una bestia, un mónstruo.
-
-YAGO.
-
-Pues muchas bestias y muchos mónstruos debe de haber en el mundo.
-
-OTELO.
-
-¿Él lo dijo?
-
-YAGO.
-
-Tened valor, general, pensando que casi todos los que van sujetos al
-yugo, pueden tirar del mismo carro que vos. Infinitos maridos hay que,
-sin sospecha, descansan en tálamos profanados por el adulterio, aunque
-ellos se imaginan tener la posesion exclusiva. Mejor ha sido vuestra
-fortuna. Es gran regocijo para el demonio, el ver á un honrado varon
-tener por casta á la consorte infiel. En cambio, al que todo lo sabe,
-fácil le es tomar venganza de su injuria.
-
-OTELO.
-
-Bien pensado, á fe mia.
-
-YAGO.
-
-Acéchalos un rato y ten paciencia. Cuando más rendido estabais al peso
-de la tristeza, llegó á este aposento Casio. Yo le despedí, dando
-una explicacion plausible de vuestro desmayo. Prometió venir luego á
-hablarme. Ocultaos, y reparad bien sus gestos, y la desdeñosa expresion
-de su semblante. Yo le haré contar otra vez el lugar, ocasion y modo
-con que triunfó de vuestra esposa. Reparad su semblante, y tened
-paciencia, porque si no, diré que vuestra ira es loca é impropia de
-hombre racional.
-
-OTELO.
-
-¿Lo entiendes bien, Yago? Ahora, por muy breve tiempo, voy á hacer el
-papel de sufrido, luego el de verdugo.
-
-YAGO.
-
-Dices bien, pero no conviene que te precipites. Ahora escóndete.
-
- (_Se aleja Otelo._)
-
-Para averiguar dónde está Casio, lo mejor es preguntárselo á Blanca,
-una infeliz á quien Casio mantiene, en cambio de su venal amor. Tal es
-el castigo de las rameras: engañar á muchos, para ser al fin engañadas
-por uno solo. Siempre que le hablan de ella, se rie estrepitosamente.
-Pero aquí viene el mismo Casio.
-
- (_Sale Casio._)
-
-Su risa provocará la ira de Otelo. Toda la alegría y regocijo del
-pobre Casio la interpretará con la triste luz de sus celos. ¿Qué tal,
-teniente mio?
-
-CASIO.
-
-Mal estoy, cuando te oigo saludarme con el nombre de ese cargo, cuya
-pérdida tanto me afana.
-
-YAGO.
-
-Insistid en vuestros ruegos, y Desdémona lo conseguirá. (_En voz
-baja._) Si de Blanca dependiera el conseguirlo, ya lo tendriais.
-
-CASIO.
-
-¡Pobre Blanca!
-
-OTELO.
-
-(_Aparte._) ¡Qué risa la suya!
-
-YAGO.
-
-Está locamente enamorada de tí.
-
-CASIO.
-
-¡Ah, sí! ¡pobrecita! Pienso que me ama de todas veras.
-
-OTELO.
-
-(_Aparte._) Hace como quien lo niega, y al mismo tiempo se rie.
-
-YAGO.
-
-Óyeme, Casio.
-
-OTELO.
-
-(_Aparte._) Ahora le está importunando para que repita la narracion.
-¡Bien! ¡cosa muy oportuna!
-
-YAGO.
-
-¿Pues no dice que os casareis con ella? ¿Pensais en eso?
-
-CASIO.
-
-¡Oh qué linda necedad!
-
-OTELO.
-
-(_Aparte._) ¿Triunfas, triunfas?
-
-CASIO.
-
-¡Yo casarme con ella! ¿Yo con una perdida? No me creas capaz de
-semejante locura. ¡Ah, ah!
-
-OTELO.
-
-(_Aparte._) ¡Cómo se rie este truhan afortunado!
-
-YAGO.
-
-Pues la gente dice que os vais á casar con ella.
-
-CASIO.
-
-Dime la verdad entera.
-
-YAGO.
-
-Que me emplumen, si no la digo.
-
-OTELO.
-
-¿Con que me han engañado? Está bien.
-
-CASIO.
-
-Ella misma es la que divulga esa necedad, pero yo no le he dado palabra
-alguna.
-
-OTELO.
-
-Yago me está haciendo señas. Ahora va á empezar la historia.
-
-CASIO.
-
-Ahora poco la he visto: en todas partes me sigue. Dias pasados estaba
-yo en la playa hablando con unos venecianos, cuando ella me sorprende y
-se arroja á mi cuello...
-
-OTELO.
-
-(_Aparte._) Y te diria: «hermoso Casio» ó alguna cosa por el estilo.
-
-CASIO.
-
-Y me abrazaba llorando, y se empeñaba en llevarme consigo.
-
-OTELO.
-
-Y ahora contará cómo le llevó á mi lecho. ¿Por qué, por qué estaré
-yo viendo las narices de ese infame, y no el perro á quien he de
-arrojárselas?
-
-CASIO.
-
-Tengo que dejarla.
-
-YAGO.
-
-Mírala: allí viene.
-
-CASIO.
-
-¡Y qué cargada de perfumes!
-
- (_Sale Blanca._)
-
-¿Por qué me persigues sin cesar?
-
-BLANCA.
-
-¡El diablo es quien te persigue! ¿Para qué me has dado, hace poco,
-ese pañuelo? ¡Qué necia fuí en tomarle! ¿Querias que yo te copiase la
-labor? ¡Qué inocencia! Encontrarle en su cuarto, y no saber quién le
-dejó. Será regalo de alguna querida, ¿y tenias empeño en que yo copiase
-la labor? Aquí te lo devuelvo: dásele: que no quiero copiar ningun
-dibujo de ella.
-
-CASIO.
-
-Pero, Blanca, ¿qué te pasa? Calla, calla.
-
-OTELO.
-
-¡Poder del cielo! ¿No es ese mi pañuelo?
-
-BLANCA.
-
-Vente conmigo, si quieres cenar esta noche. Si no, ven cuando quieras.
-
- (_Vase._)
-
-YAGO.
-
-Síguela.
-
-CASIO.
-
-Tengo que seguirla. Si, no, alborotará á las gentes.
-
-YAGO.
-
-¿Y cenarás con ella?
-
-CASIO.
-
-Pienso que sí.
-
-YAGO.
-
-Allí os buscaré, porque tengo que hablaros.
-
-CASIO.
-
-¿Vendreis á cenar con nosotros?
-
-YAGO.
-
-Iré.
-
-OTELO.
-
-(_A Yago._) ¿Qué muerte elegiré para él, Yago?
-
-YAGO.
-
-Ya visteis con qué algazara celebraba su delito.
-
-OTELO.
-
-¡Ay, Yago!
-
-YAGO.
-
-¿Visteis el pañuelo?
-
-OTELO.
-
-¡Era el mio!
-
-YAGO.
-
-El mismo. Y ya vereis qué amor tiene á vuestra insensata mujer. Ella le
-regala su pañuelo, y él se le da á su querida.
-
-OTELO.
-
-Nueve años seguidos quisiera estarla matando. ¡Oh, qué divina y
-admirable mujer!
-
-YAGO.
-
-No os acordeis de eso.
-
-OTELO.
-
-Esta noche ha de bajar al infierno. No quiero que viva ni un dia más.
-Mi corazon es de piedra: al herirle me hiero la mano. ¡Oh, qué hermosa
-mujer! No la hay igual en el mundo. Merecia ser esposa de un emperador
-que la obedeciese como siervo.
-
-YAGO.
-
-No os acordeis de eso.
-
-OTELO.
-
-¡Maldicion sobre ella! Pero ¿quién negará su hermosura? ¡Y qué manos
-tan hábiles para la labor! ¡Qué voz para el canto! Es capaz de amansar
-las fieras. ¡Qué gracia, qué ingenio!
-
-YAGO.
-
-Eso la hace mil veces peor.
-
-OTELO.
-
-Sí, ¡mil veces peor! Y es, ademas, tan dulce, tan sumisa.
-
-YAGO.
-
-Demasiado blanda de condicion.
-
-OTELO.
-
-Dices verdad. Pero, á pesar de todo, amigo Yago, ¡qué dolor, qué dolor!
-
-YAGO.
-
-Si tan enamorado estais de ella, á pesar de su alevosía, dejadla pecar
-á rienda suelta. Para vos es el mal: si os dais por contento, ¿á los
-demas qué nos importa?
-
-OTELO.
-
-Pedazos quiero hacerla. ¡Engañarme á mí!
-
-YAGO.
-
-¡Oh, perversa mujer!
-
-OTELO.
-
-¡Enamorarse de mi teniente!
-
-YAGO.
-
-Eso es todavía peor.
-
-OTELO.
-
-Búscame un veneno, Yago, para esta misma noche. No quiero hablarla,
-no quiero que se disculpe, porque me vencerán sus hechizos. Para esta
-misma noche, Yago.
-
-YAGO.
-
-No estoy por el veneno. Mejor es que la ahogueis sobre el mismo lecho
-que ha profanado.
-
-OTELO.
-
-¡Admirable justicia! Lo encuentro muy bien.
-
-YAGO.
-
-De Casio yo me encargo. Allá á las doce de la noche sabreis lo demas.
-
-OTELO.
-
-¡Admirable plan! ¿Pero qué trompeta es la que suena?
-
-YAGO.
-
-Alguna embajada de Venecia, enviada por el Dux. Allí veo á Ludovico
-acompañado de vuestra mujer.
-
- (_Salen Ludovico, Desdémona, etc._)
-
-LUDOVICO.
-
-General, os saludo respetuosamente.
-
-OTELO.
-
-Bien venido seais.
-
-LUDOVICO.
-
-Os saludan el Dux y Senadores de Venecia. (_Le da una carta._)
-
-OTELO.
-
-Beso la letra, expresion de su voluntad. (_Besa la carta._)
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué pasa por Venecia, primo mio Ludovico?
-
-YAGO.
-
-Caballero, mucho me alegro de veros en Chipre.
-
-LUDOVICO.
-
-Gracias, hidalgo, ¿y dónde está el teniente Casio?
-
-YAGO.
-
-Vivo y sano.
-
-DESDÉMONA.
-
-Entre él y mi marido ha habido ciertas disensiones, pero vos los
-pondreis en paz, de seguro.
-
-OTELO.
-
-¿Así lo crees?
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué dices, esposo mio?
-
-OTELO.
-
-(_Leyendo._) «Es preciso cumplirlo sin demora.»
-
-LUDOVICO.
-
-No os oye: está ocupado en la lectura: ¿Con que, han reñido él y Casio?
-
-DESDÉMONA.
-
-Sí, y no sé cuánto hubiera yo dado por hacer las paces entre ellos,
-porque tengo buena voluntad á Casio.
-
-OTELO.
-
-¡Rayos y centellas!
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Esposo mio!
-
-OTELO.
-
-¿Piensas lo que estás diciendo?
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Cómo? ¿Está furioso?
-
-LUDOVICO.
-
-Puede ser que le haya hecho mal efecto la carta, porque (si no me
-equivoco) se le manda en ella volver á Venecia, dejando en el gobierno
-á Casio.
-
-DESDÉMONA.
-
-Mucho me alegro.
-
-OTELO.
-
-¿Te alegras?
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Esposo mio!
-
-OTELO.
-
-Pláceme verte loca.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué dices, esposo?
-
-OTELO.
-
-¡Aparta, demonio!
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Tal he merecido?
-
-LUDOVICO.
-
-Ni con juramento lo creeria nadie en Venecia. ¡Qué ultraje tan brutal!
-¿No veis cómo está llorando?
-
-OTELO.
-
-¡Víbora! Si el llanto de las mujeres pudiera fecundar la tierra, de
-cada gota naceria un cocodrilo. ¡Lejos, lejos de aquí!
-
-DESDÉMONA.
-
-Me iré por no verte enojado.
-
-LUDOVICO.
-
-¡Qué humildad y modestia! Compadeceos de ella, señor gobernador.
-Volvedla á llamar.
-
-OTELO.
-
-Venid aquí, señora.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué me quereis, esposo mio?
-
-OTELO.
-
-¿Qué la quereis vos?
-
-LUDOVICO.
-
-Nada, señor.
-
-OTELO.
-
-Sí. ¿Qué la quereis? ¿No me deciais que la llamase? Sí, sí, ella
-volverá y llorará, porque sabe llorar, caballero, sabe llorar, y es muy
-humilde, muy sumisa, como antes deciais. Llora, llora más.—Esta carta
-me manda volver... ¡Oh perfidia astuta!—Me mandan volver.—Retírate.
-Luego nos veremos.—Obedezco. Volveré á Venecia. ¡Lejos, lejos de aquí,
-Desdémona!
-
- (_Se va Desdémona._)
-
-Casio me ha de suceder. Esta noche venid á cenar conmigo. Bien venido
-seais á Chipre. (_Aparte._) ¡Monos lascivos, esposos sufridos!
-
- (_Se va._)
-
-LUDOVICO.
-
-¿Y este es aquel moro, de quien tantas ponderaciones oí en el Senado?
-¿Este el de alma severa, firme é imperturbable contra los golpes de la
-suerte ó los furores de la pasion?
-
-YAGO.
-
-Parece otro.
-
-LUDOVICO.
-
-¿Estará sano? ¿Habrá perdido la cabeza?
-
-YAGO.
-
-Es lo que es. No está bien que yo os diga más. ¡Ojalá que volviera á
-ser lo que ha sido!
-
-LUDOVICO.
-
-¿Cómo podrá haberse arrebatado hasta el extremo de golpear á su mujer?
-
-YAGO.
-
-Mal ha hecho, pero ojalá sea el último ese golpe.
-
-LUDOVICO.
-
-¿Es costumbre suya, ó efecto de la lectura de la carta?
-
-YAGO.
-
-¡Cuánto lo deploro! Pero estaria mal en mí el descubriros lo que sé.
-Vos mismo lo ireis viendo, y en sus actos lo descubrireis, de tal modo
-que nada os quede que saber ni que preguntarme.
-
-LUDOVICO.
-
-Yo le creia de muy diverso carácter. ¡Qué lástima!
-
-
-ESCENA II.
-
-=Sala del castillo.=
-
-OTELO y EMILIA.
-
-OTELO.
-
-¿Nada has visto?
-
-EMILIA.
-
-Ni oido ni sospechado.
-
-OTELO.
-
-Pero á Casio y á ella los has visto juntos.
-
-EMILIA.
-
-Pero nada sospechoso he advertido entre ellos, y eso que ni una sola de
-sus palabras se me ha escapado.
-
-OTELO.
-
-¿Nunca han hablado en secreto?
-
-EMILIA.
-
-Jamas, señor.
-
-OTELO.
-
-¿Nunca te mandaron salir?
-
-EMILIA.
-
-Nunca.
-
-OTELO.
-
-¿Nunca te han enviado á buscar los guantes ó el velo ó cualquier otra
-cosa?
-
-EMILIA.
-
-Jamas.
-
-OTELO.
-
-Rara cosa.
-
-EMILIA.
-
-Me atreveria á jurar que es fiel y casta. Desterrad de vuestro ánimo
-toda sospecha contra ella. Maldito sea el infame que os la haya
-infundido. Caiga sobre él el anatema de la serpiente. Si ella no es
-mujer de bien, imposible es que haya mujer honrada ni esposo feliz.
-
-OTELO.
-
-Llámala. Dile que venga pronto.
-
- (_Vase Emilia._)
-
-Ella habla claro, pero si fuera confidente de sus amores, ¿no diria
-lo mismo? Es moza ladina y quizá oculta mil horribles secretos. Y sin
-embargo, yo la he visto arrodillada y rezando.
-
- (_Salen Desdémona y Emilia._)
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué mandais, señor?
-
-OTELO.
-
-Ven, amada mia.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué me quieres?
-
-OTELO.
-
-Verte los ojos. Mírame á la cara.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué horrible sospecha?...
-
-OTELO.
-
-(_A Emilia._) Aléjate, déjanos solos, y cierra la puerta. Si álguien se
-acerca, haznos señal tosiendo. Mucha cautela. Véte.
-
- (_Se va Emilia._)
-
-[Ilustración]
-
-DESDÉMONA.
-
-Te lo suplico de rodillas. ¿Qué pensamientos son los tuyos? No te
-entiendo, pero pareces loco furioso.
-
-OTELO.
-
-¿Y tú qué eres?
-
-DESDÉMONA.
-
-Tu fiel esposa.
-
-OTELO.
-
-Si lo juras, te condenas eternamente, aunque puede que el demonio,
-al ver tu rostro de ángel, dude en apoderarse de tí. Vuelve, vuelve á
-condenarte: júrame que eres mujer de bien.
-
-DESDÉMONA.
-
-Dios lo sabe.
-
-OTELO.
-
-Dios sabe que eres tan falsa como el infierno.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Falsa yo? ¿con quién? ¿Por qué, esposo mio? ¿Yo falsa?
-
-OTELO.
-
-¡Lejos, lejos de aquí, Desdémona!
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Dia infausto! ¿Por qué lloras, amado mio? ¿Soy yo la causa de tus
-lágrimas? No me eches la culpa de haber perdido tu empleo, quizá por
-odio de mi padre. Lo que tú pierdes, lo pierdo yo tambien.
-
-OTELO.
-
-¡Ojalá que el cielo agotara sobre mi fortaleza todas las calamidades!
-¡Ojalá que vertiese sobre mi frente dolores y vergüenzas sin número, y
-me sepultara en el abismo de toda miseria, ó me encerrara en cautiverio
-fierísimo y sin esperanza! Todavía encontraria yo en algun rincon de
-mi alma una gota de paciencia. ¡Pero convertirme en espantajo vil,
-para que el vulgo se mofe de mí y me señale con el dedo! ¡Y aún esto
-podria yo sufrirlo! Pero encontrar cegada y seca para siempre la que
-juzgué fuente inagotable de vida y de afectos, ó verla convertida en
-sucio pantano, morada de viles renacuajos, en nido de infectos amores,
-¿quién lo resistirá? ¡Angel de labios rojos! ¿por qué me muestras
-ceñudo como el infierno tu rostro?
-
-DESDÉMONA.
-
-Creo que me tiene por fiel y honrada mi esposo.
-
-OTELO.
-
-Fiel como las moscas que en verano revolotean por una carnicería.
-¡Ojalá nunca hubieras brotado, planta hermosísima, y envenenadora del
-sentido!
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Pero qué delito es el mio?
-
-OTELO.
-
-¿Por qué en tan bello libro, en tan blancas hojas, sólo se puede leer
-esta palabra: «ramera»? ¿Qué delito es el tuyo, me preguntas? Infame
-cortesana, si yo me atreviera á contar tus lascivas hazañas, el rubor
-subiria á mis mejillas, y volaria en cenizas mi modestia. ¿Qué delito
-es el tuyo? El mismo sol, la misma luna se escandalizan de él, y hasta
-el viento que besa cuanto toca, se esconde en los más profundos senos
-de la tierra, por no oirlo. ¿Cuál es tu delito? ¡Infame meretriz!
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Por qué me ofende así?
-
-OTELO.
-
-Pues qué, ¿no eres mujer ramera?
-
-DESDÉMONA.
-
-No: te lo juro como soy cristiana. Yo me he conservado tan pura é
-intacta como el vaso que sólo tocan los labios del dueño.
-
-OTELO.
-
-¿No eres infiel?
-
-DESDÉMONA.
-
-No: así Dios me salve.
-
-OTELO.
-
-¿De veras lo dices?
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Piedad, Dios mio!
-
-OTELO.
-
-Perdonadme, señora: os confundí con aquella astuta veneciana que fué
-esposa de Otelo. (_Levantando la voz._) Tú que enfrente de san Pedro
-guardas la puerta del infierno...
-
- (_Sale Emilia._)
-
-Contigo hablaba. Ya está arreglado todo. Recoge tu dinero: cierra la
-puerta, y nada digas.
-
- (_Se va Otelo._)
-
-EMILIA.
-
-¿Qué sospecha atormenta á vuestro marido? ¿Qué os sucede, señora?
-
-DESDÉMONA.
-
-Me parece que estoy soñando.
-
-EMILIA.
-
-Señora, ¿qué le sucede á mi señor? decídmelo.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Y quién es tu señor?
-
-EMILIA.
-
-El vuestro, el moro.
-
-DESDÉMONA.
-
-Ya no lo es, Emilia, no hablemos más. No puedo llorar, ni hablar sin
-llorar. Esta noche ataviarás mi lecho con las galas nupciales. Dí á
-Yago que venga.
-
-EMILIA.
-
-¡Qué alteracion es esta!
-
- (_Se va._)
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Será justo lo que hace conmigo? ¿Habré andado alguna vez poco
-recatada, dando ocasion á sus sospechas?
-
- (_Salen Emilia y Yago._)
-
-YAGO.
-
-¿Me llamabais? ¿Estais sola, señora?
-
-DESDÉMONA.
-
-No lo sé. El que reprende á un niño debe hacerlo con halago y apacible
-manera, y yo soy como un niño.
-
-YAGO.
-
-¿Pues qué ha sido, señora mia?
-
-EMILIA.
-
-¡Ay, Yago! El moro la ha insultado, llamándola ramera y otros vocablos
-groseros y viles, intolerables para todo pecho bien nacido.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Y yo merecia eso?
-
-YAGO.
-
-¿Qué, señora mia?
-
-DESDÉMONA.
-
-Lo que él me ha dicho.
-
-YAGO.
-
-¡Llamarla ramera! No dijera tal un pícaro en la taberna, hablando de su
-querida.
-
-EMILIA.
-
-¿Y todo por qué?
-
-DESDÉMONA.
-
-Lo ignoro. Pero yo no soy lo que él ha dicho.
-
-YAGO.
-
-Serenaos, por Dios. No lloreis. ¡Dia infeliz!
-
-EMILIA.
-
-¡Para eso ha dejado su patria y á su padre y á tantos ventajosos
-casamientos! ¡Para que la llamen «ramera»! Ira me da el pensarlo.
-
-DESDÉMONA.
-
-Esa es mi desdicha.
-
-YAGO.
-
-¡Ira de Dios caiga sobre él! ¿Quién le habrá infundido tan necios
-recelos?
-
-DESDÉMONA.
-
-Dios lo sabe, Yago.
-
-EMILIA.
-
-Maldita sea yo, si no es algun malsin calumniador, algun vil lisonjero
-quien ha tramado esta maraña, para conseguir de él algun empleo.
-Ahorcada me vea yo, si no acierto.
-
-YAGO.
-
-No hay hombre tan malvado. Dices un absurdo. Cállate.
-
-DESDÉMONA.
-
-Y si le hay, Dios le perdone.
-
-EMILIA.
-
-¡Perdónele la cuchilla del verdugo! ¡Roa Satanás sus huesos! ¡Llamarla
-ramera! ¿Con qué gentes ha tratado? ¿Qué sospecha, áun la más leve, ha
-dado? ¿Quién será el traidor bellaco que ha engañado al moro? ¡Dios
-mio! ¿por qué no arrancas la máscara á tanto infame? ¿Por qué no pones
-un látigo en la mano de cada hombre honrado, para que á pencazos
-batanee las desnudas espaldas de esa gavilla sin ley, y los persiga
-hasta los confines del orbe?
-
-YAGO.
-
-No grites tanto.
-
-EMILIA.
-
-¡Infames! De esa laya seria el que una vez te dió celos, fingiendo que
-yo tenia amores con el moro.
-
-YAGO.
-
-¿Estás en tu juicio? Cállate.
-
-DESDÉMONA.
-
-Yago, amigo Yago, ¿qué haré para templar la indignacion de Otelo?
-Dímelo tú. Te juro por el sol que nos alumbra que nunca ofendí á mi
-marido, ni áun de pensamiento. De rodillas te lo digo: huya de mi todo
-consuelo y alegría, si alguna vez le he faltado en idea, palabra ú
-obra; si mis sentidos han encontrado placer en algo que no fuera Otelo:
-si no le he querido siempre como ahora le quiero, como le seguiré
-queriendo, aunque con ingratitud me arroje lejos de sí. Ni la pérdida
-de su amor aunque baste á quitarme la vida, bastará á despojarme del
-afecto que le tengo. Hasta la palabra «adúltera» me causa horror, y ni
-por todos los tesoros y grandezas del mundo cometeria yo tal pecado.
-
-YAGO.
-
-Calma, señora; el moro es de carácter violento, y ademas está agriado
-por los negocios políticos, y descarga en vos el peso de sus iras.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Ojalá que así fuera! Pero mi temor es...
-
-YAGO.
-
-Pues la causa no es otra que la que os he dicho. Podeis creerlo.
-(_Tocan las trompetas._) ¿Ois? Ha llegado la hora del festin. Ya
-estarán aguardando los enviados de Venecia. No os presenteis llorando,
-que todo se remediará.
-
- (_Vanse Emilia y Desdémona._)
- (_Sale Rodrigo._)
-
-¿Qué pasa, Rodrigo?
-
-RODRIGO.
-
-Pienso que no procedes de buena fe conmigo.
-
-YAGO.
-
-¿Y por qué?
-
-RODRIGO.
-
-No hay dia que no me engañes, y más parece que dificultas el éxito
-de mis planes, que no que le allanas; y á fe mia, que ya no tengo
-paciencia ni sufriré más, porque fuera ser necio.
-
-YAGO.
-
-¿Me oyes, Rodrigo?
-
-RODRIGO.
-
-Demasiado te he oido, porque tienes tan buenas palabras como malas
-obras.
-
-YAGO.
-
-Ese cargo es muy injusto.
-
-RODRIGO.
-
-Razon me sobra. He gastado cuanto tenia. Con las joyas que he regalado
-á Desdémona, bastaba para haber conquistado á una sacerdotisa de Vesta.
-Tú me has dicho que las ha recibido de buen talante: tú me has dado
-todo género de esperanzas, prometiéndome su amor muy en breve. Todo
-inútil.
-
-YAGO.
-
-Bien está, muy bien; prosigue.
-
-RODRIGO.
-
-¡Qué está muy bien, dices! Pues no quiero proseguir. Nada está bien,
-sino todo malditamente, y empiezo á conocer que he sido un insensato y
-un majadero.
-
-YAGO.
-
-Está bien.
-
-RODRIGO.
-
-Repito que está muy mal. Voy á ver por mí mismo á Desdémona, y con
-tal que me vuelva mis joyas, renunciaré á todo amor y á toda loca
-esperanza. Y si no me las vuelve, me vengaré en tí.
-
-YAGO.
-
-¿Y eso es todo lo que se te ocurre?
-
-RODRIGO.
-
-Sí, y todas mis palabras las haré buenas con mis obras.
-
-YAGO.
-
-Veo que eres valiente, y desde ahora te estimo más que antes. Dame la
-mano, Rodrigo. Aunque no me agradan tus sospechas, algun fundamento
-tienen, pero yo soy inocente del todo.
-
-RODRIGO.
-
-Pues no lo pareces.
-
-YAGO.
-
-Así es en efecto, y lo que has pensado no deja de tener agudeza y
-discrecion. Pero si tienes, como has dicho ahora, y ya lo voy creyendo,
-corazon y brios y mano fuerte, esta noche puedes probarlo, y si mañana
-no logras la posesion de Desdémona, consentiré que me mates, aunque sea
-á traicion.
-
-RODRIGO.
-
-¿Lo que me propones es fácil, ó á lo menos posible?
-
-YAGO.
-
-Esta noche se han recibido órdenes del Senado, para que Otelo deje el
-gobierno, sustituyéndole Casio.
-
-RODRIGO.
-
-Entonces Otelo y Desdémona se irán juntos á Venecia.
-
-YAGO.
-
-No: él se irá á Levante, llevando consigo á su mujer, si algun
-acontecimiento imprevisto no lo impide, es decir si Casio no desaparece
-de la escena.
-
-RODRIGO.
-
-¿Qué quieres decir con eso?
-
-YAGO.
-
-Que convendria quitarle de en medio.
-
-RODRIGO.
-
-¿Y he de ser yo quien le mate?
-
-YAGO.
-
-Tú debes de ser, si quieres conseguir tu objeto, y satisfacer tu
-venganza. Casio cena esta noche con su querida y conmigo. Todavía no
-sabe nada de su nombramiento. Espérale á la puerta: yo haré que salga
-á eso de las doce de la noche, y te ayudaré á matarle. Sígueme: no te
-quedes embobado. Yo te probaré clarísimamente la necesidad de matarle.
-Ya es hora de cenar. No te descuides.
-
-RODRIGO.
-
-Dame alguna razon más que me convenza.
-
-YAGO.
-
-Ya te la daré.
-
- (_Vanse._)
-
-
-ESCENA III.
-
-=Sala del castillo.=
-
-OTELO, LUDOVICO, DESDÉMONA, EMILIA.
-
-LUDOVICO.
-
-Señor: no os molesteis en acompañarme.
-
-OTELO.
-
-No: me place andar en vuestra compañía.
-
-LUDOVICO.
-
-Adios, señora. Os doy muy cumplidas gracias.
-
-OTELO.
-
-Y yo me felicito de vuestra venida.
-
-LUDOVICO.
-
-¿Vamos, caballero? ¡Oh! aquí está Desdémona.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Esposo mio!
-
-OTELO.
-
-Retírate pronto á acostar. No tardaré en volver. Despide á la criada, y
-obedéceme.
-
-DESDÉMONA.
-
-Así lo haré, esposo mio.
-
- (_Vanse todos menos Emilia y Desdémona._)
-
-EMILIA.
-
-¿Qué tal? ¿Se ha amansado en algo el mal humor de tu marido?
-
-DESDÉMONA.
-
-Me prometió volver pronto, y me mandó que me acostase, despidiéndose en
-seguida.
-
-EMILIA.
-
-¿Y por qué dejarte sola?
-
-DESDÉMONA.
-
-Él lo mandó y sólo me toca obedecer, y no resistirme en nada. Dame la
-ropa de noche, y aléjate.
-
-EMILIA.
-
-¡Ojalá no le hubieras conocido nunca!
-
-DESDÉMONA.
-
-Nunca diré yo eso. Le amo con tal extremo que hasta sus celos y sus
-furores me encantan. Desátame las cintas.
-
-EMILIA.
-
-Ya está; ¿adorno vuestro lecho con las ropas nupciales como me
-dijisteis?
-
-DESDÉMONA.
-
-Lo mismo da. ¡Qué fáciles somos en cambiar de pensamientos! Si muero
-antes que tú, amortájame con esas ropas.
-
-EMILIA.
-
-¡Pensar ahora en morirte! ¡Qué absurdo!
-
-DESDÉMONA.
-
-Bárbara se llamaba una doncella de mi madre. Su amante la abandonó,
-y ella solia entonar una vieja cancion del sauce, que expresaba muy
-bien su desconsuelo. Todavía la cantaba al tiempo de morir. Esta noche
-me persigue tenazmente el recuerdo de aquella cancion, y al repetirla
-siento la misma tristeza que Bárbara sentia. No te detengas... ¡Es
-agradable Ludovico!
-
-EMILIA.
-
-Mozo gallardo.
-
-DESDÉMONA.
-
-Y muy discreto en sus palabras.
-
-EMILIA.
-
-Dama veneciana hay, que iria de buen grado en romería á Tierra Santa
-sólo por conquistar un beso de Ludovico.
-
-DESDÉMONA (_canta_).
-
-«Llora la niña al pié del sicomoro. Cantad el sauce: cantad su verdor.
-Con la cabeza en la rodilla y la mano en el pecho, llora la infeliz.
-Cantad el fúnebre y lloroso sauce. La fuente corria repitiendo sus
-quejas. Cantad el sauce y su verdor. Hasta las piedras se movian á
-compasion de oirla.»
-
-Recoge esto.
-
-«Cantad el sauce, cantad su verdor.»
-
-Véte, que él volverá muy pronto. (_Canta._)
-
-«Tejed una guirnalda de verde sauce. No os quejeis de él, pues su
-desden fué justo.»
-
-No, no es así el cantar. Alguien llama.
-
-EMILIA.
-
-Es el viento.
-
-DESDÉMONA.
-
-(_Canta._) «Yo me quejé de su inconstancia, y él ¿qué me respondió?
-Cantad el sauce, cantad su verdor. Si yo me miro en la luz de otros
-ojos, busca tú otro amante.»
-
-Buenas noches. Los ojos me pican. ¿Será anuncio de lágrimas?
-
-EMILIA.
-
-No es anuncio de nada.
-
-DESDÉMONA.
-
-Siempre lo he oido decir. ¡Qué hombres! ¿Crees, Emilia, que existen
-mujeres que engañen á sus maridos de tan ruin manera?
-
-EMILIA.
-
-Ya lo creo que existen.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Lo harias tú, Emilia, aunque te diesen todos los tesoros del mundo?
-
-EMILIA.
-
-¿Y tú qué harias?
-
-DESDÉMONA.
-
-Nunca lo haria, te lo juro por esa luz.
-
-EMILIA.
-
-Yo no lo haria por esa luz, pero quizá lo haria á oscuras.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Lo harias, si te dieran el mundo entero?
-
-EMILIA.
-
-Grande es el mundo, y comparado con él, parece pequeño ese delito.
-
-DESDÉMONA.
-
-Yo creo que no lo harias.
-
-EMILIA.
-
-Sí que lo haria, para deshacerlo despues. No lo haria por un collar ni
-por una sortija ni por un manto, pero si me daban el mundo, y podia yo
-hacer rey á mi marido, ¿cómo habia de dudar?
-
-DESDÉMONA.
-
-Pues yo, ni por todo el mundo haria tal ofensa á mi marido.
-
-EMILIA.
-
-Es que el mundo no la juzgaria ofensa, y si os daban el mundo, como la
-ofensa era en vuestro mundo, fácil era convertirla en bien.
-
-DESDÉMONA.
-
-Pues yo no creo que haya tales mujeres.
-
-EMILIA.
-
-Más de una y más de veinte: tantas que bastarian para llenar un mundo.
-Pero la culpa es de los maridos. Si ellos van á prodigar con otras el
-amor que es nuestro, ó nos encierran en casa por ridículos celos, ó nos
-golpean, ó gastan malamente nuestra hacienda, ¿no hemos de enfurecernos
-tambien? Cierto que somos benignas de condicion, pero capaces de ira. Y
-sepan los maridos que las mujeres tienen sentidos lo mismo que ellos,
-y ven y tocan y saborean, y saben distinguir lo dulce de lo amargo.
-Cuando ellos abandonan á su mujer por otra, ¿qué es lo que buscan sino
-el placer? ¿qué les domina sino la pasion? ¿qué les vence sino la
-flaqueza? ¿nosotras no tenemos tambien apetitos, pasiones y flaquezas?
-Conforme nos traten, así seremos.
-
-DESDÉMONA.
-
-Adios. El Señor me ampare, y haga que el maltrato de mi marido produzca
-en mí virtudes, y no vicios.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ACTO V.
-
-
-ESCENA PRIMERA.
-
-=Calle.=
-
-YAGO y RODRIGO.
-
-YAGO.
-
-Escóndete, que ahora viene; en cuanto aparezca, desenvaina la espada,
-y ¡á él sin miedo! Yo te guardaré las espaldas. Es cuestion de vida ó
-muerte. Decídete, pues, y ten resolucion.
-
-RODRIGO.
-
-No te alejes, por si me sale mal mi intento.
-
-YAGO.
-
-Estaré detras de tí. En guardia.
-
- (_Se va._)
-
-RODRIGO.
-
-Del resultado no tengo confianza, y sin embargo, las razones que me da
-me convencen. Que muera uno ¿qué importa?
-
- (_Se retira._)
-
-YAGO.
-
-Tanto me he burlado de este necio que ya empieza á conocerlo. Mate él
-á Casio, mátele Casio á él ó mueran los dos, siempre saldré ganando.
-Si Rodrigo escapa, comenzará á pedirme el dinero y las joyas que le he
-sacado, so pretexto de seducir á Desdémona. Y si se salva Casio, su
-presencia será un perpétuo acusador contra mí, y ademas el moro podrá
-referir á Casio lo que ha pasado entre nosotros, y ponerme en grave
-peligro. Muera, pues. Le siento llegar.
-
- (_Sale Casio._)
-
-RODRIGO.
-
-Él es. Le conozco. ¡Muere, traidor! (_Le da una estocada._)
-
-CASIO.
-
-La vida me hubiera costado esta estocada, á no traer el jubon tan bien
-aforrado. Veamos cómo está el tuyo. (_Hiere á Rodrigo._)
-
-RODRIGO.
-
-¡Confesion! ¡Muerto soy! (_Yago hiere en las piernas á Casio y huye
-luego._)
-
-CASIO.
-
-¡Me han dejado cojo para siempre! ¡Asesino! ¡Favor!
-
- (_Sale Otelo._)
-
-OTELO.
-
-Voz es de Casio. Yago ha cumplido bien su palabra.
-
-RODRIGO.
-
-¡Qué infame he sido!
-
-OTELO.
-
-Sí, él es: no hay duda.
-
-CASIO.
-
-¡Favor! ¡Luces! ¡Un cirujano!
-
-OTELO.
-
-Es Casio, es Casio. ¡Oh valeroso Yago, que has sentido como propia la
-afrenta de un amigo, tú me muestras el camino de la venganza! ¡Adúltera
-mujer! Ya ha sucumbido tu amante, y se acerca tu última hora. Voy
-á buscarte, borrando de mi corazon hasta el último recuerdo de tus
-hechizos y de la luz de tus ojos. Sangre de tu torpe corazon ha de
-purificar nuestro lecho mancillado por tí.
-
- (_Se va._)
- (_Salen Ludovico y Graciano._)
-
-CASIO.
-
-¿Dónde está la ronda? ¿Nadie acude? ¡Favor! ¿Por qué no prendeis al
-asesino?
-
-GRACIANO.
-
-¡Oh qué desgracia! ¡Qué espanto causan en mí esas voces!
-
-CASIO.
-
-¡Ayuda!
-
-LUDOVICO.
-
-¡Silencio!
-
-RODRIGO.
-
-¡Infame!
-
-LUDOVICO.
-
-Oigo los gemidos de dos ó tres personas. ¡Infausta noche! ¿Será alguna
-zalagarda? Procedamos con cautela. ¿Quién se arroja á darles auxilio
-sin la ronda?
-
-RODRIGO.
-
-Socorredme, que me desangro.
-
-LUDOVICO.
-
-¿No lo oyes?
-
- (_Sale Yago en cuerpo y con una luz._)
-
-GRACIANO.
-
-Ahí viene un hombre medio desnudo, con armas y luz.
-
-YAGO.
-
-¿Quién es? ¿Quién grita «asesino»?
-
-LUDOVICO.
-
-No lo sabemos.
-
-YAGO.
-
-¿No habeis oido voces?
-
-CASIO.
-
-¡Favor de Dios! ¡Por aquí, por aquí!
-
-YAGO.
-
-¿Qué sucede?
-
-GRACIANO.
-
-Si no me equivoco, es la voz del alférez de Otelo.
-
-LUDOVICO.
-
-No tiene duda. Y es Valentin tu mancebo.
-
-YAGO.
-
-¿Quién eres tú que tan amargamente te quejas?
-
-CASIO.
-
-Yago, me han acometido unos asesinos, dame favor.
-
-YAGO.
-
-¡Dios mio! ¡Mi teniente! ¿Quién os ha puesto de esa manera?
-
-CASIO.
-
-Uno de ellos está herido cerca de mí, y no puede huir.
-
-YAGO.
-
-¡Villanos, alevosos! ¿Quién sois? ¡Favor, ayuda!
-
-RODRIGO.
-
-¡Favor, Dios mio!
-
-CASIO.
-
-Uno de ellos es aquel.
-
-YAGO.
-
-¡Traidor, asesino! (_Saca el puñal y hiere á Rodrigo._)
-
-RODRIGO.
-
-¡Maldito Yago! ¡Perro infernal!
-
-YAGO.
-
-¡Asaltarle de noche y á traicion! ¡Bandidos! ¡Qué silencio, qué
-soledad! ¡Muerte! ¡Socorro! ¿Y vosotros veniais de paz ó en son de
-combate?
-
-LUDOVICO.
-
-Por nuestros hechos podeis conocerlo.
-
-YAGO.
-
-¡Ilustre Ludovico!
-
-LUDOVICO.
-
-El mismo soy.
-
-YAGO.
-
-Perdon os pido. Ahí yace Casio á manos de traidores.
-
-GRACIANO.
-
-¡Casio!
-
-YAGO.
-
-¿Qué tal, hermano?
-
-CASIO.
-
-Tengo herida la pierna.
-
-YAGO.
-
-¡No lo quiera Dios! ¡Luz, luz! Yo vendaré las heridas con mi ropa.
-
- (_Sale Blanca._)
-
-BLANCA.
-
-¿Qué pasa? ¿Qué voces son esas?
-
-YAGO.
-
-¿De quién son las voces?
-
-BLANCA.
-
-¡Casio, mi amado Casio, mi dulce Casio!
-
-YAGO.
-
-¡Ramera vil! Amigo Casio, ¿y ni áun sospechais quién pudo ser el
-agresor?
-
-CASIO.
-
-Lo ignoro.
-
-GRACIANO.
-
-¡Cuánto me duele veros así! Venia á buscaros.
-
-YAGO.
-
-¡Dadme una venda! Gracias. ¡Oh si yo tuviera una silla de manos, para
-llevarle á casa!
-
-BLANCA.
-
-¡Ay que pierde el sentido! ¡Casio, mi dulce Casio!
-
-YAGO.
-
-Amigos mios, yo tengo mis recelos de que esta jóven tiene parte no
-escasa en el delito. Esperad un momento. Que traigan luces, á ver si
-podremos conocer al muerto. ¡Amigo y paisano mio, Rodrigo! ¡No, no es!
-Sí, sí, ¡Rodrigo! ¡Qué suceso más extraño!
-
-GRACIANO.
-
-¿Rodrigo el de Venecia?
-
-YAGO.
-
-El mismo, caballero. ¿Le conociais vos?
-
-GRACIANO.
-
-Ya lo creo que le conocia.
-
-YAGO.
-
-¡Amigo Graciano! perdonadme. Con este lance estoy tan turbado que no sé
-lo que me sucede.
-
-GRACIANO.
-
-Mucho me place el veros.
-
-YAGO.
-
-¿Cómo os sentís, Casio? ¡Que traigan una silla de manos!
-
-GRACIANO.
-
-¡Rodrigo!
-
-YAGO.
-
-No cabe duda que es él. Lo deploro. Venga la litera. Llevadle despacio
-á casa de alguna persona caritativa. Me iré á llamar al médico de
-Otelo. No tengais cuidado, señora. El desdichado que ahí yace muerto,
-fué muy amigo mio. ¿Cuál seria la causa de la pendencia?
-
-CASIO.
-
-Ciertamente que no lo sé. Ni siquiera le conozco.
-
-YAGO.
-
-(_A Blanca._) ¿Perdeis el color? Retirad el cadáver. No me abandoneis,
-caballeros. Mucho palideceis, señora mia. ¿No veis qué asustada y sin
-sosiego está? Creo que ella podria decirnos algo. Miradla, miradla
-de espacio. ¿No lo advertis, caballeros? La lengua calla, pero la
-conciencia habla á gritos.
-
- (_Sale Emilia._)
-
-EMILIA.
-
-¿Qué pasa? ¡Ay, esposo mio!
-
-YAGO.
-
-A traicion han acometido á Rodrigo. Algunos se han escapado. Él queda
-muerto y Casio herido.
-
-EMILIA.
-
-¡Infeliz Casio! ¡Pobre caballero!
-
-YAGO.
-
-¡Fruto natural de la vida que él traia! Véte, Emilia, y pregunta á
-Casio dónde cenó esta noche. (_A Blanca._) ¿Por qué temblais, señora?
-
-BLANCA.
-
-En mi casa cenó, pero no tiemblo por eso.
-
-YAGO.
-
-¿Con que en tu casa? Pues ven conmigo.
-
-EMILIA.
-
-¡Mala mujer, ramera!
-
-BLANCA.
-
-Soy tan honrada como vos. No me insulteis.
-
-EMILIA.
-
-¡Tan honrada como yo! ¡Perdida!
-
-YAGO.
-
-Vamos á cuidar de Casio, amigos mios. Señora, venid, que pronto
-hablareis de otra manera. Emilia, véte á toda prisa al castillo,
-refiéreselo todo al moro y á Desdémona. Venid conmigo. (_Aparte._) Esta
-noche será la de mi felicidad ó la de mi ruina.
-
- (_Se van._)
-
-
-ESCENA II.
-
-=Alcoba en el castillo.=
-
-DESDÉMONA dormida. Á su lado una luz. Sale OTELO.
-
-OTELO.
-
-Con razon lo hago, con razon ¡alma mia! No os lo quiero contar, castas
-estrellas. Tampoco quiero derramar la sangre de ella, ni ajar su cútis
-más blanco que la nieve, y más tierno que mármol sepulcral. Y con todo
-eso, tengo que matarla, para que no engañe á otros hombres. Apagaré
-esta luz... y luego aquella. Si apago esta luz y luego me arrepiento,
-puedo volver á encenderla, pero si te apago á tí, luz clarísima, primor
-y ejemplar de la naturaleza, ¿dónde hallaré el fuego de Prometeo,
-para volverte á dar la vida? Si arranco la flor de su tallo, ¿cómo he
-de restituirla su frescura y lozanía? Necesario es que se marchite.
-Quiero respirar por la última vez su deleitoso aroma. (_La besa._) ¡Oh
-regalado aliento de su boca, casi bastas para arrancar el hierro de la
-mano de la justicia! Otro beso y nada más. ¡Quédate así, cuando yo te
-mate: que muerta y todo te he de amar! Otro beso, el último. Nunca le
-hubo más delicioso ni más fatal: lloremos. Mi llanto es feroz, y mi ira
-es como la de Dios, que hiere donde más ama. Ahora se despierta.
-
-[Ilustración: _Muerte de Desdémona._]
-
-DESDÉMONA.
-
-(_Despertándose._) ¿Eres tú, Otelo?
-
-OTELO.
-
-Yo soy, Desdémona.
-
-DESDÉMONA.
-
-Esposo mio, ¿quieres descansar?
-
-OTELO.
-
-¿Has rezado esta noche, Desdémona?
-
-DESDÉMONA.
-
-Sí.
-
-OTELO.
-
-Pues pide á Dios perdon, si te acuerdas de algun crímen, que Dios no te
-haya perdonado todavía.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Dios mio! ¿Qué me quieres decir, esposo?
-
-OTELO.
-
-Hazlo, y pronto. Yo me alejaré entre tanto. No quiero que mueras sin
-confesion. No quiero condenar tu alma.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Qué? ¿Quieres matarme?
-
-OTELO.
-
-Sí, por cierto.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Perdon, Dios mio!
-
-OTELO.
-
-¡Así sea! Dilo con todas las fuerzas de tu alma.
-
-DESDÉMONA.
-
-Tú que así hablas no puedes matarme.
-
-OTELO.
-
-¿Qué?
-
-DESDÉMONA.
-
-Con todo eso, te tiemblo. Tu mirada me aterra. Y no sé por qué es mi
-temor, pues de ningun crímen me reconozco culpable. Y sin embargo,
-tiemblo.
-
-OTELO.
-
-Acuérdate de tus pecados.
-
-DESDÉMONA.
-
-Será el amor que te profeso.
-
-OTELO.
-
-Por ese amor te mato.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Matarme porque te amo? ¡Oh indigna muerte! ¿Por qué te muerdes los
-labios? ¡Ciega pasion te descamina! Agüeros son de mal suceso; pero yo
-espero que no me amenazan á mí.
-
-OTELO.
-
-¡Calla, calla!
-
-DESDÉMONA.
-
-Sí callaré, ¿pero qué pasa?
-
-OTELO.
-
-¿Tú diste á Casio aquel pañuelo, regalo mio y que yo tanto apreciaba?
-
-DESDÉMONA.
-
-¡No, te lo juro por mi vida! Pregúntaselo á él.
-
-OTELO.
-
-No jures en falso, amada mia, que ya estás en el tálamo de la muerte.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Tan pronto?
-
-OTELO.
-
-En seguida. Confiesa, pues, tus culpas, una por una, que aunque las
-niegues con los más firmes juramentos, no has de disminuir en un ápice
-mi firme conviccion. De todas maneras, morirás.
-
-DESDÉMONA.
-
-Entonces, Dios tenga compasion de mí.
-
-OTELO.
-
-Así sea.
-
-DESDÉMONA.
-
-Y tenla tú tambien. Jamas te falté, ni áun de pensamiento. Nunca puse
-mi corazon en Casio ni le dí prenda alguna de amor. Quísele sólo con la
-amistad que Dios aprueba.
-
-OTELO.
-
-¡Dios mio! ¡Y yo que he visto el pañuelo en sus manos! ¡Tú quieres
-volverme loco, y hacer que trueque en asesinato lo que quiero que sea
-sacrificio! Yo he visto el pañuelo.
-
-DESDÉMONA.
-
-Él lo encontró en el suelo. Yo no se le dí. Que él venga y nos declare
-la verdad.
-
-OTELO.
-
-Ya la ha confesado.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Y qué confesó?
-
-OTELO.
-
-Que alcanzó favores tuyos.
-
-DESDÉMONA.
-
-¿Ilícitos?
-
-OTELO.
-
-Sí.
-
-DESDÉMONA.
-
-Falso. No lo repetirá delante de mí.
-
-OTELO.
-
-No, porque Yago le ha cerrado la boca.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Ah! Tiemblo. ¿Casio ha muerto?
-
-OTELO.
-
-¡Ojalá hubiera tenido tantas vidas como cabellos, para que mi venganza
-las hubiera devorado una por una!
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Calumnia, calumnia atroz, que nos ha perdido!
-
-OTELO.
-
-¡Infame! ¿Y te atreves á llorarle delante de mí?
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Esposo mio, destiérrame de tu presencia, pero no me mates!
-
-OTELO.
-
-Apártate, vil adúltera.
-
-DESDÉMONA.
-
-Déjame vivir siquiera esta noche. Mátame mañana.
-
-OTELO.
-
-¿Aún te defiendes?
-
-DESDÉMONA.
-
-Siquiera una hora de vida.
-
-OTELO.
-
-La hora inevitable ha llegado.
-
-DESDÉMONA.
-
-Dejadme rezar una oracion.
-
-OTELO.
-
-Ya es tarde. (_La estrangula._)
-
-EMILIA.
-
-(_Dentro._) ¡Abrid, señor, abrid!
-
-OTELO.
-
-¿Quién llama? ¿Estará muerta del todo? En medio de todo, la tengo
-lástima, y no quiero alargar su agonía.
-
-EMILIA.
-
-(_Dentro._) ¡Abrid, señor!
-
-OTELO.
-
-¿Quién es?
-
-EMILIA.
-
-(_Dentro._) Señor, dejadme deciros dos palabras.
-
-OTELO.
-
-Es Emilia.—Voy á abrirla.—Ya ha muerto Desdémona.—¿Vendrá Emilia á
-contarme la muerte de Casio?—Aquí era el ruido.—Está inmóvil, yerta
-como la losa de un sepulcro.—¿Abriré? ¿Será una imprudencia?—¡Me
-parece que se mueve!—No es nada.—¿Qué haré? Si entra, preguntará por
-mi mujer. ¡Mi mujer, mi mujer!—¿Y quién es mi mujer? Yo no la tengo.
-¡Hora tristísima! ¡Ojalá hubiese ahora un eclipse de sol y de luna, y
-se abriera el centro de la tierra!
-
-EMILIA.
-
-¡Abrid, señor! Que es muy importante lo que tengo que deciros.
-
-OTELO.
-
-Ya no me acordaba de tí, Emilia. Entra, pero despacio. Voy á cerrar
-las cortinas del lecho. (_Abre la puerta._) (_A Emilia._) ¿Qué nuevas
-traes? Dímelas.
-
-EMILIA.
-
-Señor, cerca de aquí acaban de matar á uno.
-
-OTELO.
-
-En este instante.
-
-EMILIA.
-
-Ahora mismo.
-
-OTELO.
-
-Influjos son de la luna, que anda ahora muy cerca de la tierra, y hace
-sentir aquí sus efectos.
-
-EMILIA.
-
-Casio ha dado muerte á un mancebo veneciano llamado Rodrigo.
-
-OTELO.
-
-¿Muerto Rodrigo? Y Casio muerto tambien.
-
-EMILIA.
-
-No. Casio no ha muerto.
-
-OTELO.
-
-¡Casio no ha muerto! Entonces ese homicidio, lejos de serme grato, me
-es aborrecible.
-
-DESDÉMONA.
-
-¡Oh muerte cruel!
-
-EMILIA.
-
-¿Qué grito ha sonado?
-
-OTELO.
-
-¿Grito? ¿Dónde?
-
-EMILIA.
-
-Grito de mi señora. Amparadme, por Dios. Decidme algo, señora, amada
-Desdémona.
-
-OTELO.
-
-Muere sin culpa.
-
-EMILIA.
-
-¿Y quién la mató?
-
-DESDÉMONA.
-
-Nadie. Yo me maté. Que Otelo me conserve en su recuerdo. Adios, esposo
-mio.
-
-OTELO.
-
-¿Pues cómo ha muerto?
-
-EMILIA.
-
-¿Quién lo sabe?
-
-OTELO.
-
-Ya has oido que ella misma dice que yo no fuí.
-
-EMILIA.
-
-Vos fuisteis. Y es preciso que digais la verdad.
-
-OTELO.
-
-Por la mentira se ha condenado y baja al infierno. Yo la maté.
-
-EMILIA.
-
-¡Ella era un ángel, vos sois un demonio!
-
-OTELO.
-
-Ella fué pecadora y adúltera.
-
-EMILIA.
-
-La estais calumniando infame y diabólicamente.
-
-OTELO.
-
-Fué falsa y mudable como el agua que corre.
-
-EMILIA.
-
-Y tú violento y rápido como el fuego. Siempre te guardó fidelidad, y
-fué tan casta como los ángeles del cielo.
-
-OTELO.
-
-Casio gozó de su amor. Que te lo cuente tu marido. ¡Oh, mereceria
-yo pagar mi necio crímen en lo más hondo del infierno, si antes de
-arrojarme á la venganza, no hubiera examinado bien la justicia de los
-motivos! Yago lo averiguó.
-
-EMILIA.
-
-¿Mi marido?
-
-OTELO.
-
-Tu marido.
-
-EMILIA.
-
-¿Él averiguó que Desdémona te habia sido infiel?
-
-OTELO.
-
-Sí, con Casio. Y si no me hubiera sido traidora, te juro que no la
-hubiera trocado ni por un mundo que el cielo hubiese fabricado para mí
-de un crisólito íntegro y sin mancha.
-
-EMILIA.
-
-¡Mi marido!
-
-OTELO.
-
-Él me lo descubrió todo. Es hombre de bien, y aborrece toda infamia y
-torpeza.
-
-EMILIA.
-
-¡Mi marido!
-
-OTELO.
-
-¿Por qué repites tanto: «mi marido»?
-
-EMILIA.
-
-¡Ay pobre señora mia, cómo la maldad se burla del amor! ¡Qué negra
-iniquidad! ¿Y mi marido te dijo que ella habia sido infiel?
-
-OTELO.
-
-Sí, tu marido. ¿Lo entiendes bien ahora? Yago, mi fiel amigo Yago.
-
-EMILIA.
-
-Pues si tales cosas te ha dicho, consúmase su alma, un átomo cada dia.
-¡Ha mentido como un infame! Bien deseaba el puesto que tan caro ha
-comprado.
-
-OTELO.
-
-¡Por Dios vivo!...
-
-EMILIA.
-
-Puedes matarme: será un hecho tan indigno de memoria como lo eres tú.
-
-OTELO.
-
-Debias callar.
-
-EMILIA.
-
-Áun mayor que tu poder es mi valor. ¡Necio, más estúpido que el polvo
-de la tierra! ¡Vaya una bravata! Me rio de tu acero. Voy á contar á
-gritos quién eres, aunque me cueste la vida y cien vidas. ¡Socorro, que
-el moro ha asesinado á mi señora! ¡Socorro!
-
-MONTANO.
-
-¿Qué pasa, general?
-
-EMILIA.
-
-¿Ahí estás, Yago? ¡Qué habilidad tienes! ¡Dejar que un infame te acuse
-para disculpar sus crímenes!
-
-GRACIANO.
-
-¿Pero qué ha pasado?
-
-EMILIA.
-
-Si eres hombre, desmiéntele. Él cuenta que tú le dijiste que su mujer
-le era infiel. Yo sé bien que no lo has dicho, porque no eres tan
-malvado. Habla, respóndele, que el corazon quiere saltárseme.
-
-YAGO.
-
-Le dije lo que yo tenia por cierto, y lo que luego él ha averiguado.
-
-EMILIA.
-
-¿Y tú le dijiste que mi señora no era honrada?
-
-YAGO.
-
-Sí que se lo dije.
-
-EMILIA.
-
-Pues dijiste una mentira odiosa, infernal y diabólica. ¡Poder de Dios!
-¿Y le dijiste que era infiel con Casio, con Casio?
-
-YAGO.
-
-Sí, con Casio. Cállate, mujer.
-
-EMILIA.
-
-No he de callar. Es necesario que yo hable. Mi pobre señora yace muerta
-en su lecho.
-
-TODOS.
-
-¡No lo consienta Dios!
-
-EMILIA.
-
-Y tus delaciones son causa de su muerte.
-
-OTELO.
-
-No os asombreis, señores. Así ha sucedido.
-
-GRACIANO.
-
-¡Horrenda verdad!
-
-MONTANO.
-
-¡Espantoso crímen!
-
-EMILIA.
-
-Aquí se esconde alguna infernal añagaza... Y empiezo á sospechar...
-¡Ah, sí: ya caigo!... Lo que siempre recelé... ¡Infame! ¡Me ahoga la
-ira! ¡Oh trama inicua!
-
-YAGO.
-
-¿Estás loca? Véte á casa. Te lo mando.
-
-EMILIA.
-
-Caballeros, dejadme hablar. Otra vez le obedeceré, no ahora. Y quizá
-nunca volveré á tu casa, Yago.
-
-OTELO.
-
-¡Ay! ¡Ay!
-
-EMILIA.
-
-¿Al fin lo sientes? Ruge, ruge. Has asesinado á la más santa y hermosa
-criatura que ha visto nunca la luz del sol.
-
-OTELO.
-
-(_Levantándose._) ¡Fué adúltera! No os habia conocido, tio. (_A
-Graciano._) Ahí teneis muerta á vuestra sobrina, y muerta á mis manos.
-Sé que esto os parecerá horrible...
-
-GRACIANO.
-
-¡Pobre Desdémona! Cuán feliz es tu padre en haber pasado ya de esta
-vida. Tu boda le mató: el pesar de ella bastó á cortar el hilo de sus
-dias. Pero si hoy viviera, y la viese muerta, pienso que habia de
-maldecir hasta de su ángel de guarda, provocando la indignacion del
-cielo.
-
-OTELO.
-
-¡Qué dolor! Pero Yago sabe que ella mil veces se entregó á Casio. El
-mismo Casio lo confesaba, y ademas recibió de ella, en pago de su amor,
-el pañuelo, el regalo nupcial que yo le hice, un pañuelo que mi padre
-habia dado á mi madre. Yo mismo le he visto en manos de Casio.
-
-EMILIA.
-
-¡Dios poderoso! ¡Dios de bondad!
-
-YAGO.
-
-¡Calla, te digo!
-
-EMILIA.
-
-No: no puedo callar, no quiero. Hablaré libre como el viento, aunque me
-condenen Dios y los hombres y el infierno. No callaré: debo hablar.
-
-YAGO.
-
-No digas locuras. A casa, á casa.
-
-EMILIA.
-
-Jamas iré. (_Yago la amenaza._)
-
-GRACIANO.
-
-¿Qué? ¿La espada sacais contra una débil mujer?
-
-EMILIA.
-
-¡Perverso Otelo! Yo encontré aquel pañuelo: yo misma se le dí á mi
-marido, porque con muchas instancias me habia pedido que lo robara.
-
-YAGO.
-
-¡Infame prostituta!
-
-EMILIA.
-
-¿Que ella se lo dió á Casio? No: ¡si le encontré yo, y se le dí á mi
-marido!
-
-YAGO.
-
-Mientes, malvada.
-
-EMILIA.
-
-No miento, no. Caballeros, no miento. ¡Bestia cruel! ¡Estúpido! ¿Cómo
-habias tú de poder contra esa santa?
-
-OTELO.
-
-¡Monstruo! ¿No hay rayos en el cielo, ó es que el trueno se los apropió
-todos? (_Se arroja sobre Yago, pero este hiere á Emilia y huye._)
-
-GRACIANO.
-
-Sin duda ha muerto á su mujer.
-
-EMILIA.
-
-Sí: muerta soy: colocadme al lado de mi ama.
-
-GRACIANO.
-
-Él ha huido dejándola muerta.
-
-MONTANO.
-
-¡Infame asesino! Toma tú esta espada que he quitado de manos del moro.
-Guardad la puerta: no le dejeis salir, aunque sea preciso matarle. Yo
-iré detras de ese malvado, el más abominable de cuantos existen en el
-mundo.
-
- (_Vanse Montano y Graciano._)
-
-[Ilustración]
-
-OTELO.
-
-Hasta el valor he perdido: un niño podria desarmarme. Pero ¿qué
-importa? ¡Vaya con la virtud la honra! ¡Húndase todo!
-
-EMILIA.
-
-Quiero acordarme de las palabras de tu canto, señora mia, óyeme, si es
-que aún tienes oidos. Moriré cantando como el cisne:
-
- Cantad el sauce, y su verdor cantad.
-
-Moro: ella fué honesta.
-
-Moro: ella te amaba.
-
-Verdad es: así yo me salve. Muero diciendo la verdad. Muero. (_Cae._)
-
-OTELO.
-
-Otra arma tengo aquí: una hoja española, reciamente templada en las
-aguas del Tajo. Ahora es cuando debo desnudarla, amado tio.
-
-GRACIANO.
-
-(_Dentro._) Vana empresa será el defenderte: no tienes armas, has de
-ceder.
-
-OTELO.
-
-Entra, y óyeme, ó embestiré desnudo como estoy.
-
- (_Sale Graciano._)
-
-GRACIANO.
-
-¿Qué sucede?
-
-OTELO.
-
-Espada tengo, la mejor que ciñó ningun guerrero: esta hoja y este
-brazo han allanado obstáculos veinte veces mayores que tu resistencia.
-Pero ¡qué insensato alarde! ¿Quién lidia contra la fortuna? Todo ha
-cambiado: no me temes aunque me ves con armas. Este es el término de mi
-viaje, la bahía y el puerto. ¿Te retiras tembloroso? ¿A qué ese miedo?
-Aunque ataques á Otelo con una débil caña, Otelo cederá. ¿Y á dónde ha
-de ir Otelo? Déjame ver tu rostro por última vez, infeliz esposa mia.
-Tan pálido está como tu vestidura. Cuando los dos comparezcamos ante el
-tribunal divino, esa mirada tuya bastará á arrojar mi alma del cielo,
-y los demonios harán presa en ella con sus uñas. ¡Ay de mí, siervo del
-pecado! ¡Furias, arrojadme del cielo con vuestros azotes! Demonios,
-arrastradme en vuestro gran torbellino, hacedme hervir en azufre ó en
-pilas de hirviente metal. ¡Desdémona, Desdémona!
-
- (_Salen Ludovico, Montano, Casio herido, y Yago preso._)
-
-LUDOVICO.
-
-¿Dónde está este infeliz temerario?
-
-OTELO.
-
-Aquí teneis al que fué Otelo.
-
-LUDOVICO.
-
-¿Dónde ese basilisco, ese horrible Yago?
-
-OTELO.
-
-¡Lástima que seas demonio, porque no podré matarte! (_Le hiere._)
-
-LUDOVICO.
-
-Desarmadle.
-
-YAGO.
-
-Me has herido, pero no de muerte.
-
-OTELO.
-
-Y no lo siento. Quiero que vivas, porque el morir es una dicha.
-
-LUDOVICO.
-
-Otelo, tú que antes fuiste tan bueno y generoso, ¿cómo has caido en los
-lazos de este traidor artero? ¿Qué dirán de tí?
-
-OTELO.
-
-Cuanto quieran, si así lo creeis; seré un delincuente honrado. Por
-honor la maté, no por odio.
-
-LUDOVICO.
-
-En parte ya ha confesado su crímen. ¿Los dos concertasteis la muerte de
-Casio?
-
-OTELO.
-
-Sí.
-
-CASIO.
-
-Y sin razon ninguna.
-
-OTELO.
-
-Téngolo por cierto y te pido perdon. Preguntad á ese demonio, qué
-motivo le pudo inducir á infernar de ese modo mi cuerpo y mi alma.
-
-YAGO.
-
-No me pregunteis nada, no he de responder. Todo lo sabeis. Desde ahora
-no he de hablar.
-
-LUDOVICO.
-
-¿Ni siquiera para rezar?
-
-GRACIANO.
-
-El tormento te obligará á mover la lengua.
-
-OTELO.
-
-Bien harás.
-
-LUDOVICO.
-
-Sabedlo todo, pues aún hay algo que no ha llegado á vuestra noticia.
-En el bolsillo de Rodrigo se han encontrado dos cartas. Una de ellas
-explica cómo Rodrigo se encargó de dar muerte á Casio.
-
-OTELO.
-
-¡Cobarde!
-
-CASIO.
-
-¡Infame!
-
-LUDOVICO.
-
-La otra carta contiene mil quejas contra Yago, pero se conoce que antes
-de enviarle Rodrigo la carta, encontró á Yago, y éste resolvió todas
-sus dudas y le decidió á lo que hizo.
-
-OTELO.
-
-¡Perro traidor! ¿Y cómo llegó á tus manos, Casio, aquel pañuelo de mi
-mujer?
-
-CASIO.
-
-Le hallé en mi aposento, y él mismo acaba de confesar que le dejó allí
-con este intento.
-
-OTELO.
-
-¡Necio, mentecato!
-
-CASIO.
-
-En la misma carta le echa en cara Rodrigo, entre otras mil acusaciones,
-el haberle excitado en el cuerpo de guardia á que riñese conmigo, de
-cuya riña resultó el perder yo mi empleo. Y él ha dicho antes de morir
-que Yago le acusó y le hirió.
-
-LUDOVICO.
-
-Necesario es que vengais con nosotros sin demora. El gobierno queda en
-manos de Casio. Y en cuanto á Yago creed que si hay algun tormento que
-pueda hacerle padecer eternamente sin matarle, á él se aplicará. Vos
-estareis preso, hasta que sentencie vuestra causa el Senado de Venecia.
-
-OTELO.
-
-Oidme una palabra, nada más, y luego os ireis. He servido bien y
-lealmente á la República, y ella lo sabe, pero no tratemos de eso.
-Sólo os pido por favor una cosa: que cuando en vuestras cartas al
-Senado refirais este lastimoso caso, no trateis de disculparme, ni de
-agravar tampoco mi culpa. Decid que he sido un desdichado: que amé sin
-discrecion y con furor, que aunque tardo en recelar, me dejé arrastrar
-como loco por la corriente de los celos: decid que fuí tan insensato
-como el indio que arroja al lodo una pieza preciosa que vale más que
-toda su tribu. Decid que mis ojos que antes no lloraban nunca, han
-destilado luego largo caudal de lágrimas, como destilan su balsámico
-jugo los árboles de Arabia. Contádselo todo así, y decid tambien que un
-dia que en Alepo un turco puso la mano en un veneciano, ultrajando la
-majestad de la República, yo agarré del cuello á aquel perro infiel y
-le maté así. (_Se hiere._)
-
-LUDOVICO.
-
-¡Lastimosa muerte!
-
-GRACIANO.
-
-Vanas fueron nuestras palabras.
-
-OTELO.
-
-Esposa mia, quise besarte antes de matarte. Ahora te beso, y muero al
-besarte. (_Muere._)
-
-CASIO.
-
-Yo lo recelé, porque era de alma muy generosa, pero creí que no tenia
-armas.
-
-LUDOVICO.
-
-¡Perro ladron, más crudo y sanguinario que la muerte misma, más
-implacable que el mar alborotado! ¡Mira, mira los dos cadáveres que
-abruman ese lecho! Gózate en tu obra, cuyo solo espectáculo basta
-para envenenar los ojos. Cubrid el cadáver: haced guardar la casa,
-Graciano. Haced inventario de los bienes del moro. Sois su heredero. Y
-á vos, gobernador, incumbe el castigar á este perro sin ley, fijando
-el modo y la hora del tormento. Y ¡que sea cruel, muy cruel! Yo con
-lágrimas en los ojos voy á llevar á Venecia la relacion del triste caso.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ÍNDICE.
-
-
- Pág.
-
- _El Mercader de Venecia._ 1
- _Macbeth._ 105
- _Romeo y Julieta._ 201
- _Otelo._ 329
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Dramas, by William Shakespeare
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DRAMAS ***
-
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-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org Section 3. Information about the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
-volunteers and employees are scattered throughout numerous
-locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
-official page at www.gutenberg.org/contact
-
-For additional contact information:
-
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
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-Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
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-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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