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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: Historia de las Indias, Volume 3 (of 5) - -Author: Bartolomé de las Casas - -Release Date: September 30, 2016 [EBook #53171] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS, VOL 3 *** - - - - -Produced by Giovanni Fini, Josep Cols Canals, Biblioteca -Digital Hispánica and the Online Distributed Proofreading -Team at http://www.pgdp.net - - - - - - - - NOTA DEL TRANSCRIPTOR: - -—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos. - -—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere -notablemente de la utilizada en español moderno. - - - - - HISTORIA - - DE - - LAS INDIAS. - - - - - HISTORIA - - DE - - LAS INDIAS - - ESCRITA POR - - FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS - - OBISPO DE CHIAPA - - AHORA POR PRIMERA VEZ DADA Á LUZ - - POR - - EL MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE - - Y D. JOSÉ SANCHO RAYON. - - TOMO III. - - MADRID - - IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA - calle de Campomanes, núm. 8. - - 1875. - - - - -ADVERTENCIA PRELIMINAR. - - -El Argumento del libro II de esta Historia, que nos dejó hecho su -Autor, y que, adicionado con el número del capítulo en que cada uno de -los sucesos en él extractados se refiere, imprimimos á continuacion, -facilitará á nuestros lectores el uso del Índice del presente tomo. - -Varios de los capítulos no han tenido cabida en dicho Argumento, por -resultar en él omitido lo que aquellos contienen; para subsanar esta -falta indicaremos aquí ligeramente la materia de que tratan: - -Vuelto Cristóbal Colon á Sevilla, despues de muerta su protectora la -Reina Católica, hace vivas gestiones con el Rey para que le mande -guardar sus privilegios, restituyéndolo, en su hijo, en las mercedes y -en la posesion de sus títulos y dignidad (37), muriendo, sin conseguir -nada, en 20 de Mayo de 1506, en Valladolid(38). Concede el Papa á los -Reyes los diezmos de Indias; descubrimiento de una gran parte de la -costa de Yucatan por Juan Diaz de Solís y Vicente Yañez Pinzon(39). -Estado de la isla Española, durante la gobernacion del Comendador Mayor -(40 al 42), y despues, en tiempo del segundo Almirante, D. Diego Colon, -con noticia de varias intrigas movidas contra él por sus enemigos, -hasta que le llamaron los Reyes (53). Relacion bastante extensa de las -expediciones de Hojeda y Nicuesa, á Urabá y Veragua, de cuyo principio -se dió noticia en el cap. 52, concluyendo el libro con el desgraciado -fin de ambos conquistadores y de casi todos los que fueron con ellos -(57 al 68). - -En los veinticuatro capítulos del libro III, incluidos tambien en este -tomo, despues de darse curiosas noticias sobre las primeras Iglesias -Catedrales y Obispados de Santo Domingo y San Juan de Puerto Rico (1.º -y 2.º), se refiere el malísimo efecto producido entre los españoles -de la primera de aquellas islas por dos sermones que predicó el padre -fray Antonio Montesino, quejándose del mal tratamiento que daban á los -indios (3 al 5); de resultas de lo cual vienen á Castilla el padre -Montesino y fray Alonso del Espinal, y, despues de varias consultas y -pareceres encontrados, se promulgan en Búrgos en 27 de Diciembre de -1512 unas leyes sobre el repartimiento de los indios, para que fuesen -convertidos y bien tratados, las cuales censura amargamente nuestro -Autor, y poco despues, en 28 de Julio de 1513, una «Declaracion y -moderacion» de las mismas (6 al 19). Dáse noticia del descubrimiento -de la Florida por Juan Ponce de Leon (20) y de varios sucesos en la -isla de Cuba (21), de la cual se hace una curiosa descripcion(22 al 24). - -Acompaña á este volúmen un _facsimile_ foto-litografiado de la -Dedicatoria al Colegio de San Gregorio de Valladolid, con que Las Casas -encabeza el segundo libro de su Historia, igual en un todo, hasta en la -fecha, á la del libro I, para que nuestros lectores conozcan la letra -del Obispo. - - - - -ARGUMENTO DEL LIBRO SEGUNDO - - -El libro II conterná la historia de diez años, comenzando del año de -1501, por todo el de 10 inclusive, puesto que algunas de las cosas -que al principio contaremos comenzaron ántes que saliese el de 500, -pero porque ésto acaeció pocos dias por andar del año, y duraron por -el de 501, pareció, por evitar confusion compartillas, comenzallas y -continuallas hasta darles fin, en este libro II. - -Tratarse há del estado desta isla despues que al Almirante llevaron -preso á Castilla, gobernándola Bobadilla (capítulo 1.º). De algunos -descubrimientos, ó por decir más propiamente, segun arriba dijimos, -seguimientos, de lo que el Almirante habia descubierto (2). De cómo los -Reyes mandaron restituir al Almirante sus bienes y escripturas, y todo -lo que le habia tomado Bobadilla (4). De la provision que hicieron los -Reyes de otro Gobernador, que fué un Comendador de Lares, de la Órden y -Caballería de Alcántara, que se llamó don fray Nicolás de Ovando (3 y -6). De la venida de la Orden de Sant Francisco á esta isla (3). Del fin -que hizo el comendador Bobadilla y Francisco Roldan (5). - -Del cuarto viaje que hizo el Almirante, de la costa de la mar que -anduvo, hasta dónde llegó, y de la provincia de Verágua (5, y 20 al -29). De como á la vuelta que hizo, y llegó á Jamáica, se le alzaron -ciertos rebeldes, y de las angustias y aflicciones que allí pasó (29 -al 36). De como el Comendador de Lares repartió á los españoles todos -los indios desta isla, sin dejar alguno, contra la intincion y mandado -de la reina Doña Isabel, por lo cual fué causa de perecer toda la -gente desta isla, y por la misma causa que por ésto dió se introdujo -el repartimiento de los indios á los españoles, que despues llamaron -Encomiendas, en todas las Indias, y, por consiguiente, fué principio y -causa eficacísima que hayan perecido en todo este orbe tantos millones -de gentes, como abajo parecerá (13 y 14). De las guerras injustas que -el dicho Comendador de Lares hizo á los vecinos naturales dellas, y las -crueldades que en ellas se hicieron (7 al 10 y 15 al 18). - -Como desta isla Española salió y procedió la pestilente y mortífera -ponzoña causativa de todos los males y estragos, y perdicion, que ha -vaciado de sus pobladores todas estas Indias, conviene á saber, las -conquistas y el repartimiento de los indios, dos cosas que, si en todo -lo poblado del mundo se hobieran introducido y durado lo que en estas -Indias dura hoy, no hobiera ya memoria del linaje humano (11, 12 y 19). -De cómo engañaron al rey D. Hernando para que diese licencia para traer -los moradores de las islas de los Lucayos á ésta, para servirse dellos, -y de los estragos y perdicion que en aquellas inocentísimas gentes se -hicieron, y como al cabo perecieron todas en muy breves dias (43 al 45). - -De la ida primera de los cristianos á conquistar y repartir la gente -de la isla de Sant Juan (46). De como el Comendador de Lares, que ya -era Comendador Mayor, envió á bojar y rodear la isla de Cuba, que hasta -entónces no se sabia si era isla ó tierra firme (41). De la venida del -almirante D. Diego Colon, hijo y primer sucesor del Almirante primero -que este mundo descubrió (47 al 51). De la venida y armada de Nicuesa -para ir á conquistar y poblar á la provincia de Verágua (52). De la -armada que le vino á Hojeda de Castilla, estando él en esta isla, para -ir á conquistar y poblar la provincia y golfo de Urabá (52). De como -envió el almirante D. Diego á poblar de españoles á la isla de Sant -Juan (55). De como envió el almirante D. Diego á poblar á la isla de -Jamáica (56). De la venida de la Orden de Sancto Domingo á esta isla, y -de la primera Misa nueva que se cantó en ella (54). De como se acordó -enviar procuradores á Castilla, sobre que concediese el Rey á los -españoles desta isla el repartimiento perpétuo, quiero decir, que les -diesen los indios perpétuos, que los Gobernadores no se los pudiesen -quitar una vez dados, ó por ciertas vidas (52). - -[Illustration] - - - - -HISTORIA - -DE LAS INDIAS. - - - - -LIBRO SEGUNDO. - - - - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -Despues de la partida de las dos carabelas, en que envió presos -el comendador Bobadilla al Almirante y á sus hermanos, trabajó de -contentar en cuanto pudo á los españoles que aquí estaban, que serian -por todos hasta 300 hombres, porque este era el número que el Almirante -habia informado á los Reyes que bastaban, para tener la isla y las -gentes della sojuzgadas; y así, mandaron los Reyes que aquestos 300 -hombres con su sueldo, y parte con el del Almirante, como arriba ha -parecido, se sustentasen: porque bastaban y sobraban estos, y muchos -ménos que estos, para no sólo tener los indios pacíficos, sino llevaran -el camino que llevaron, pero áun para sojuzgallos y matallos á todos, -como al cabo los mataron, porque, teniendo 20 ó 30 caballos, bastaban -para los hacer á todos pedazos, mayormente habiendo amaestrado los -perros que tenian, porque con un perro, que un español consigo llevase, -iba tan seguro como si fuesen con él 50 y 100 cristianos. Y esto es, -áun á los ciegos de sus errores y pertinacia, más que claro, porque -una gente en cueros desnuda, sin otras armas defensivas ni ofensivas -más de sus flechas y arcos y unas varas tostadas, y sin fortalezas -ni muros de piedra tajada, sino en casas de paja, ¿qué ofensa pueden -hacer, ni defensa podrán tener contra gente armada de hierro, de -que son nuestras armas, con arcabuces, y entónces espingardas, con -caballos y lanzas, que en dos horas alcanza y alancea un mil y dos mil -hombres, y desbarrigan y despedazan cuantos quieren con las espadas? -Por lo dicho parece ser error el de Oviedo en su Historia, libro III, -cap. 4.º, donde dice que sin la gente que vino con los tres navíos -que despachó el Almirante desde la Gomera, cuando fué á descubrir á -Paria, esta isla se despoblara, quiere decir de cristianos, y que se -puede afirmar que por aquel socorro fué restaurada la vida de los -que acá estaban, y se sostuvo y no se perdió totalmente esta isla, -porque dicen que no osaban salir desta ciudad, ni pasar el rio desta -otra parte. Todo este encarecimiento endereza Oviedo, como todas sus -historias, para excusar las tiranías de los españoles, y acusar y -abatir estas tristes gentes desmamparadas. Manifiesto es, por infinitos -testimonios y argumentos arriba traidos, la mansedumbre, y pacífica -y modesta natural cualidad y condicion de los habitadores naturales -desta isla, y las pocas y leves, y cuasi ningunas, armas que tenian, y -cuánto nosotros con las nuestras les excediamos, y que, si viviéramos -con ellos segun cristianos, no tuviéramos necesidad de armas, ni -arcabuces, ni caballos, ni perros bravos, para todos atraellos. Despues -ya de, habiéndolos así exacerbado, estragado, muerto, despedazado y -destruido, que probasen á matarnos si pudiesen, uno aquí y otro allí -(porque muchos de nosotros juntos, ni que fuesen 30 juntos, si no los -tomaban durmiendo por ninguna industria podian), no era maravilla; -y así es cierto esto, que pocas veces se vido en todas estas Indias -que 50 ni 40 hombres juntos los matasen los indios, como adelante, -placiendo á Dios, se verá, mayormente habiendo entre ellos algunos de -caballo, si estuvieron sobre aviso. Así que, 300 hombres eran muchos -para defenderse y para matar todos los indios desta isla, los cuales -acá estaban ántes que aquellos que el Almirante envió y él llegase, -y si los envió y trujo, no fué porque fuesen más de 300 necesarios, -sino para enviar los flacos y enfermos, y los que morian por se ir á -Castilla, como arriba ha parecido. Tornando, pues, al propósito, como -el comendador Bobadilla quisiese agradar los 300 hombres que en esta -isla quedaban, lo primero determinó en breve los procesos de los que -estaban para ahorcar, y de Francisco Roldan y los demas que se habian -alzados, los cuales yo vide, no muchos dias despues, sanos y buenos, y, -como si no hobieran hecho nada, en sus casas contentos y honrados; no -supe ni oí que les hobiese dado alguna pena, porque en aquel tiempo no -tenia yo tal cuidado, ni se me dió nada por sabello. Con las libertades -y favores que á todos aquellos 300 dió el comendador Bobadilla, de -que no pagasen del oro que cogiesen, sino de 11 pesos uno, y ellos no -hobiesen ni pensasen de irlo á cavar, pedíanle que les diese indios -para que se lo sacasen y hiciesen labranza del pan. Mandó ó aconsejó -que se juntasen de dos en dos, haciendo compañía en las haciendas -y ganancias que granjeasen, para las cuales les señaló la gente de -tal y tal Cacique y señor, y así á todos, muy á placer dellos, los -contentó. Aquí viérades á la gente vil, y á los azotados y desorejados -en Castilla, y desterrados para acá por homicianos ó homicidas, y que -estaban por sus delitos para los justiciar, tener á los Reyes y señores -naturales por vasallos, y por más que bajos y viles y criados. Estos -señores y Caciques tenian hijas ó hermanas, ó parientas cercanas, las -cuales luego eran tomadas, ó por fuerza ó por grado, para con ellas -se amancebar; y así, todos estos 300 hidalgos estuvieron algunos años -amancebados y en continuo pecado mortal de concubinaria maldad, sin los -grandes pecados que cada dia y hora cometian, por ser opresores destas -gentes y tiranos. Estas señoras, que tenian por mancebas, llamaron sus -criadas, y así, tan sin vergüenza, delante unos de otros, decian, mi -criada fulana, y la criada de fulano, como si dijera, mi mujer y la -mujer de fulano. El Comendador hacia desto, al ménos para remediallo -y evitallo, poco caudal; deciales muchas veces: «aprovechaos cuanto -pudiéredes, porque no sabeis cuánto este tiempo os durará», de los -trabajos y sudores, aflicciones y muertes de los indios, haciendo -poco caso. Ellos, por tales favores y ayuda, esfuerzo y consejos, lo -adoraban y era dellos muy amado; cognoscian cuán más larga licencia -tenian agora, para vivir en la ley que escogian, que en el tiempo del -Almirante, porque el triste del Almirante, aunque por la ceguedad que -tenia, como todos entónces tuvieron, y que hasta estos tiempos nos ha -penetrado, y por el ánsia de contentar á los Reyes, como arriba se ha -explanado, de grandes é irreparables males y daños hechos á los indios, -fué causa, empero, si algunos daños que los españoles les hacian, -disimulaba, y tambien si dió licencia ó señaló á Francisco Roldan y á -otro alguno, que algun Cacique y señor, con su gente le hiciese alguna -labranza, y que le cogiesen algunos indios oro, parece ser esto raro -y muy raro, y cuasi por fuerza, por verse constreñido á contentallos, -por los levantamientos pasados, al ménos aquellos pecados viles, y la -vida tan suelta y tan ancha que tenian los que se llamaban cristianos, -no dejaba de abominalla; y porque no puede un hombre pecador, ni una -gente inficionada en uno ó en más pecados, parar en aquellos, sino que -la fuerza dellos, en mayor gravedad y número, ha de derrostrallos, no -hicieron por muchos años más cuenta ni escrúpulo de guardar cuaresmas, -ni viérnes, ni sábados, cuanto al ayunar y comer carne, que los dias de -Pascua. Como se vian ya señores de los señores y naturales, y servidos -y temidos de todas sus gentes, chicos y grandes, porque delante -dellos les temblaban las carnes, por las crueldades hechas en las -guerras pasadas, que cuando se les antojaba las renovaban presentes, -mayormente si la señora, hija ó hermana del señor, el español la tenia -para sí ocupada por criada, creyendo que, segun sus costumbres, eran -casados, cada dia iban creciendo en desconocerse á sí mismos, y en -mayor soberbia y presuncion, y regalos y menosprecio destas naciones -humílimas; levantándose, ya no curaban de andar á pié camino alguno, -aunque no tenian mulas ni caballos, sino á cuestas de los hombros de -los desventurados, si iban de priesa, ó como en literas, metidos en -hamacas, si iban despacio, y los que los llevaban remudándose, con todo -eso, habian de ir volando. Iban junto con él, indios que les llevasen -unas ojas grandes de árboles para hacelles sombra, y otros unas alas de -ansar, para hacelles aire; la recua de indios cargados, para las minas, -de pan caçabí, con cargas de asnos, yo vide muchos, y muchas veces -los hombros y las espaldas dellos, como de bestias, matadas. Donde -quiera que llegaban, en pueblos de los indios, en un dia les comian y -gastaban lo que á 50 indios abundara; el Cacique y todos los del pueblo -habian de traer lo que tuviesen y andar bailando delante. No sólo -estas obras de señorío y fausto vanísimo mostraban, pero tenian otras -mujeres, sin la criada principal, oficialas, como fulana, la camarera, -y fulana, la cocinera, y otros oficios semejantes. Yo cognoscí un -oficial carpintero de hacer órganos, de los de aquel tiempo y en -aquellos dias, que tenia destas mujeres oficialas. Dos maneras tenian -de sirvientes; una, todos los indios, muchachos comunmente y muchachas, -que habian tomado á sus padres andando por la isla matando y robando, -los cuales tenian continos noches y dias en sus casas, y estos se -llamaban naborías, que quiere decir en la lengua desta isla, criados; -la otra era, los indios que les hacian las labranzas y cogian el oro, -á temporadas, y se iban á sus pueblos despues de bien hambrientos, -molidos, flacos y cansados. Y era cosa de reir ver su presuncion y -estado vano como se aprobaba y autorizaba, con que no tenian una camisa -de lienzo de Castilla que se vestir, ni capa, ni sayo, ni calzas, sino -solamente una camisa de algodon encima de otra de Castilla, si la -alcanzaban, y si nó, la de algodon sola y las piernas de fuera, y en -lugar de borceguíes y zapatos, unas alpargates y unas antíparas. El -tractamiento y consuelo que hacian y siempre hicieron á los tristes, en -remuneracion de sus continos servicios y trabajos, era muchos azotes -y palos, y otra palabra no oian de su boca sino, perro, y pluguiera -á Dios que como á sus perros los tractaran, porque no mataran un -perro por mil castellanos, y no tenian en más matar 10 y 20 indios -cuando se les antojaba, á cuchilladas, y probando, por su pasatiempo, -las fuerzas, ó los filos de las espadas, que si fuera matar gatos. A -estos mismos acaeció, que dos muchachos, de hasta doce años, traian -sendos papagayos, y tomáronselos dos que tenian nombre de cristianos, -y por su placer, cortaron las cabezas á los muchachos. Otro tirano, -porque se enojó de un Cacique, porque no le trujo ó no le dió lo que le -demandaba, ahorcó 12 indios de sus vasallos, y otro 18, todos en una -casa. Otro asaeteó un indio, con pregon, diciendo que lo sentenciaba -porque no se dió priesa en traelle una carta que le enviaban. Deste -jaez son infinitos los casos y hazañas que han en estas gentes nuestros -cristianos celebrado. Padeciendo las gentes desta isla, estas y -otras tales, segun arriba se ha mostrado, obras, no de hombres sino -de diablos encarnados, como ellas eran mansísimas, humilísimas y en -paciencia, nunca otras semejantes, desque más no podian hacer, habiendo -probado sus guerrillas para se defender, huyéndose, principalmente -á los montes, y teniendo experiencia que en ninguna parte podian de -los españoles escaparse, sufrian y morian en las minas y en los otros -trabajos, cuasi como pasmados, insensibles y pusilánimes degenerando, -y dejándose morir, callando, desesperados; no viendo persona del mundo -á quien se pudiesen quejar ni que dellos se apiadase. Provino de -aquí, que ciegos hechos é insensibles los hombres desalmados, de no -sentir en sí tan inexpiables pecados, faltándoles todo amor y temor de -Dios, ni de hombres que los estorbase, no sólo los mataban sin algun -escrúpulo ni pensar que en ello pecaban, pero, usando perversamente, -de la paciencia, simplicidad natural, bondad, obediencia, mansedumbre -y servicios destas gentes, tan continos é incesables, en lugar -de admirarse, apiadarse y confundirse, y templar sus crueldades, -menospreciáronlas y apocáronlas en tanto grado, que de bestias -irracionales, en cuanto en sí fué, por todo el mundo las infamaron, -y así fueron causa que se pusiese duda por los que no los habian -visto, si eran hombres ó animales. De aquí sucedió otro peor error -y ceguedad, lamentable, que hobo quien dijese que de la fe católica -eran incapaces; herejía bestialísima, que con fuego se vengaría en -el que con pertinacia la porfiase. Sucedieron muchos inconvenientes -otros, como decir que habian menester tutores como niños, porque no -sabian gobernarse, porque si los dejaban no trabajarian y morirse -hian de hambre, todo enderezado á que de su poder no se los sacasen, -y como nunca hobo quien volviese por ellos ni clamase, ántes todos -han bebido de su sangre y comido de sus carnes, entablóse aquesta -perniciosa infamia de tal arte, que, por muchos tiempos y años, los -Reyes de Castilla y sus Consejeros, y todos géneros de personas, -los tuvieron, estimaron y tractaron por tales, hasta que Dios puso -á quien, como abajo parecerá, este sueño y tupimiento de juicio y -falsedad averiguada, á los Reyes y al mundo declarase; no por ser -ella de sí escura ni que tuviese necesidad de nuevo milagro y lumbre -sobrenatural para alcanzarse, pues no hay rústico de sayago, que, no -sólo la conozca, pero que de enseñalla á otros no pudiese jactarse, -sino que, descubriendo la causa della ser y haber sido la vehemente, -ciega y desordenada cudicia, de que proceden todos los daños y males, -se fué advirtiendo el pasmo que se habia echado por los primeros -tiranos y por todos los que en la misma damnacion sucedieron, que con -las mismas obras nefandas lo confirmaron, y hobiese alguna esperanza -que en algun tiempo se atajase. ¿Quién de los que algo saben ignora -que áun los animos de los muy sábios y generosos hombres, degeneren -y se hagan pusillos y tímidos y apocados, si son puestos en áspera y -diuturna servidumbre, opresos, afligidos, amedrentados, atormentados, y -siempre, por diversas vías ó maneras, maltratados, en tanto grado que -se olviden de ser hombres, no pudiendo alzar sus pensamientos á otra -cosa sino á la infelice, y dolorosa, y amarga vida que pasan? Y esta es -la principal de las industrias de los tiranos, para en sus usurpados -reinos sustentarse: oprimir y angustiar de contino á los más poderosos -ó más sabios, porque, ocupados en llorar y gemir sus calamidades, no -tengan tiempo ni corazon para pensar en su libertad, y así se acobardan -y degeneran en tímidos y pusilánimos, como en los capítulos 27 y 36 -de nuestra otra Apologética historia se dijo largamente. Pues si los -sabios, y muy sabios, aunque fuesen griegos y romanos (como están -llenas las historias), muchas veces temieron esta adversidad por la -misma causa y la padecieron, y otras muchas gentes la experimentaron, -y los filósofos della hablaron, ¿qué podiamos pedir á estas -humildes, mansas, suaves y desnudas naciones, que tantos tormentos, -miedos, temores, servidumbres, muertes y diminucion padecian, sino -pusilanimidad inmensa, descorazonamiento profundo, aniquilacion en su -estima de su ser humano, admirándose y dudando de sí mismos, si eran -hombres ó eran gatos? ¿Quién, tambien, no juzgará de ciegos de pura y -profunda malicia, aunque sea un idiota de sayago, á los que hobiesen -osado sembrar, é infamar estos tan innúmeros pueblos, diciendo haber -menester tutores porque no se sabian gobernar, teniendo sus Reyes y -Gobernadores sus pueblos y casas, y gozando cada vecino y persona de -lo suyo, puesto que fuese poco, y comunicando unos con otros en los -actos humanos, así económicos como políticos y populares, viviendo en -tanta órden, concierto y toda paz? Poco y bajo entendimiento alcanza -el que no estima ser imposible vivir en congregacion mucha gente junta -(como esta es innumerable), sin justicia, órden y paz. Finalmente, se -arguye y manifiesta la ya dicha industriosa maldad de aquellos que -fingian y blasfemaban de la verdad, diciendo que los tutores les eran -necesarios para hacellos trabajar, porque no muriesen de hambre, y -será bien preguntarles que ¿en tantos mil años que estas Indias están -pobladas, si les enviaron de comer los españoles desde allá? Item, -¿si cuando acá, en fuerte hora para muchos de nosotros, llegamos, los -hallamos flacos y trasijados, y les dimos industria para que comiesen, -porque vivian no comiendo, y les trujimos de Castilla los manjares y -los hartamos, ó ellos á nosotros nos mataron nuestra hambre y libraron -millares de veces de la muerte, dándonos, no sólo los mantenimientos -necesarios, pero los supérfluos y demasiados? ¡Oh ceguedad maliciosa! -¡Oh ingratitud inícua, insensible y detestable! Destos, pues, primeros -destruidores desta isla, procedió esta mentirosa y perniciosa infamia, -y cundió todo este orbe contra estas multitudes de hijos de Adan, sin -razon y sin causa, tomando achaque y ocasion de la bondad, mansedumbre, -obediencia y simplicidad natural dellos, la cual debiera más movellos á -los amar y alabar, y áun aprender dellos estas naturales virtudes, que -no á los menospreciar, publicar por bestiales, robar, afligir, oprimir -y aniquilarlos, porque no hicieron más cuenta dellos que si fueran -estiércol de las plazas. Y esto baste, cuanto á dar noticia y razon -del estado de esta isla en tiempo del comendador Bobadilla, despues de -haber enviado á Castilla preso al Almirante. - - - - -CAPÍTULO II. - - -En este año de 500, como cada dia creciese la nueva de que la tierra -firme tenia oro y perlas, y los que iban por la costa della, por -rescate de cosillas de poco valor, como cuentas verdes y azules, y -otras colores, y espejuelos, y cascabeles, cuchillos y tijeras, etc., -traian mucho provecho, y por poco que fuese, segun entónces estaba -España pobre de dinero, era tenido en mucho, y haciase mucho con ello, -y así crecia el ánsia de ser ricos en los nuestros, y hacia perder el -miedo de navegar mares tan profundas y de tan luenga distancia, nunca -jamás navegadas, mayormente los vecinos de Triana, que por la mayor -parte, ó cuasi todos, son marineros, un Rodrigo de Bastidas, vecino -de Triana, hombre honrado y bien entendido que debia tener hacienda, -determinó de armar dos navíos é ir á descubrir, juntamente con -rescatar oro y perlas, que era de todos el fin principal; concertóse -con algunos, y en especial con Juan de la Cosa, vizcaino, que por -entónces era el mejor piloto que por aquellas mares habia, por haber -andado en todos los viajes que habia hecho el Almirante; y alcanzada -de los Reyes licencia, ó del obispo don Juan de Fonseca, que todo, en -aquellos tiempos lo rodeaba y áun lo mandaba, hecho el dicho Bastidas -capitan, partió de Cáliz, porque allí entónces, comunmente, los -navíos se despachaban: no supe cuándo (lo pudiera bien saber dél), -por qué mes ó á cuántos, mas de que debia ser al principio del año. -Navegaron á la tierra firme por los rumbos y caminos que el Almirante, -cuando la descubrió, habia llevado, hasta que, tomado el hilo della, -fuéronla costeando. Por toda ella llegaban á los puertos y playas -donde podian llegar, con las gentes infinitas, que vian en la tierra, -contractando y rescatando, que es vocablo que nuestros españoles, -por trocar unas cosas con otras, han usado; y llegados al golfo y -provincia de Cuquibacoa, que agora llamamos Venezuela, que arriba en -el cap. 167 haberla descubierto Alonso de Hojeda mostramos, navegaron -la costa abajo, y pasaron por la ribera de la mar, de lo que nombramos -al presente Sancta Marta y Cartagena, y lo demas hasta la culata ó -ensenada, que es el golfo de Urabá, la última sílaba luenga; dentro -del cual se contiene la provincia del Darien, que por algunos años fué -por estas islas y en Castilla muy celebrada. Salieron del golfo de -Urabá, y fueron la costa del Poniente abajo, y llegaron al puerto que -llamaron del Retrete, donde agora está la ciudad y puerto que nombramos -del Nombre de Dios. De allí se tornaron, habiendo rescatado mucho -oro y perlas por toda la costa que anduvieron, y vinieron á parar al -golfo de Xaraguá desta isla, donde los navíos perdieron, y de allí se -fueron por tierra, la gente, á Sancto Domingo, que está 70 leguas, y -allí los vide yo entónces y parte del oro que habian habido. Decíase -que traian dos ó tres arcas de piezas de oro, que entónces se tenia -por riquezas grandes, y nunca tantas imaginadas. Trujo consigo ciertos -indios, no sé si tomados por fuerza ó vinieron con él de su grado, -los cuales andaban por la ciudad de Sancto Domingo, en cueros vivos, -como en su tierra lo usaban, y por paños menores traian sus partes -vergonzosas metidas dentro de unos canutos de fino oro, de hechura de -embudos, que no se les parecia nada. Tampoco sé si hizo en la tierra -ó costa de mar, por donde Bastidas anduvo, algunos daños y escándalos -á los indios, vecinos della, como hicieron siempre todos los que por -aquella costa y en aquellos rescates y tratos andaban; pudiéralo bien -saber entónces, y despues, si en ello mirara, pero porque despues -tuve mucha conversacion y amistad con el dicho Rodrigo de Bastidas, y -siempre le cognoscí ser para con los indios piadoso, y que de los que -les hacian agravios blasfemaba, tuve concepto dél que, cerca dello, -andando por allí en aquellos tiempos y tractos, sería moderado. El -comendador Bobadilla le prendió, porque, diz que, habia rescatado oro -con la gente de Xaraguá, que es donde desembarcó. Finalmente, salió -desta isla para España, año de 502, por Julio, en la flota que abajo -se dirá; desembarcado en Cáliz, fué á la corte, que á la sazon estaba -en Alcalá de Henares, donde pagó el quinto á los Reyes del oro y -perlas que traia, de que todos los que oian llevar de la tierra firme -aquellas riquezas, no poco se alegraban. Díjose haberle hecho merced -los Reyes de 50.000 maravedís de juro de por vida, en la dicha tierra -del Darien, cuando se poblase, porque la descubrió; dellos creo yo que -pocos hobo. Todo lo que arriba dicho habemos de Rodrigo de Bastidas y -de aqueste su viaje, por muchos testigos en el proceso de que arriba -en el libro precedente habemos hecho mencion, que se formó entre el -fisco y el Almirante, fué probado. Cuando Rodrigo de Bastidas partió -para hacer aquel su viaje, aparejaba el suyo segundo, Alonso de Hojeda, -y, partido de Cáliz, fué por los mismos rumbos y camino que Rodrigo -de Bastidas, no sabiendo que el Bastidas iba por allí; llegó Hojeda -al golfo de Urabá, y, al principio ó ántes de la entrada dél, acordó -hacer una fortaleza de madera ó de tapias, para, desde allí, entrar -á descubrir, ó la tierra adentro, ó por la mar, de donde mandó ir un -navío por la costa abajo, y llegó hasta el puerto dicho del Retrete, -que llamamos al presente, del Nombre de Dios, que Bastidas habia ya -descubierto. Esto dice Alonso de Hojeda mismo en cierto artículo, á -instancia del Fiscal, en el susodicho proceso. En este viaje segundo -de Hojeda, con quien otra vez navegó á estas Indias Américo Vespucio, -tornó á persistir en el engaño que quiso hacer, aplicando á sí mismo el -descubrimiento, tácitamente, de la tierra firme, usurpando la gloria -que al Almirante, porque lo hizo, se le debia, Vespucio, porque puso en -su segunda navegacion, que partieron de Cáliz á 11 dias de Mayo del año -1499. Pudo ser decir verdad en el dia y en el mes, pero no es verdad -lo del año, porque no fué sino el de 500. Esto queda claro en los -capítulos 141, y 163, y 166, y 167, donde se probó, que para el primero -viaje que hizo Alonso de Hojeda, en el cual trujo consigo al Américo -Vespucio, partió de Castilla y del puerto de Sancta María despues que -el Almirante envió las nuevas á los Reyes de como habia descubierto -á Paria, que es tierra firme, y las perlas, por la cual nueva Hojeda -se movió á venir á descubrir, y vino por la misma figura y caminos -ó rumbos que habia enviado el Almirante á los Reyes, y estas nuevas -llevaron los cinco navíos que partieron desta isla á 18 dias de Octubre -del año de 98, y llevaron á Castilla por Navidad, como queda, en el -cap. 155, dicho; luego, imposible fué haber partido en el primer viaje, -Hojeda y Vespucio, el año de 97, sino el año de 99, ya que diga verdad -en lo del mes y del dia, porque dice que partieron á 20 de Mayo: en el -cual viaje, dice tambien, que tardaron diez y ocho meses, aunque arriba -queda declarado que no fueron sino cinco meses, luego, concluido queda, -contra Vespucio, que el segundo viaje que hizo con Alonso de Hojeda, -no fué año 99, sino de 500. De donde parece como Américo pretendió -tácitamente aplicar á su viaje y á sí mismo, el descubrimiento de la -tierra firme, usurpando al Almirante lo que tan justamente se le debia. -Parece tambien, que, por este intento y por los que más, quizá, le -movieron, trastrocó las cosas que vieron é hicieron en el primer viaje, -con las del segundo, y las del segundo, á las del primero; y por esto, -y por muchos argumentos en los capítulos dichos traidos, creo que los -diez y ocho meses que dice haber tardado en el primer viaje, y lo que -dél cuenta que vieron y trataron con diversas gentes, hobiese sido -en el segundo y no en el primero. Y que esto sea verdad, y Américo -haya escrito falsamente, atribuyendo lo del un viaje al otro, y por -consiguiente, se deba presumir dél todo lo que se ha probado en los -susodichos capítulos, y que á sabiendas haya querido aplicar á sí el -descubrimiento de la tierra firme, pruébase evidentemente por lo que -afirma de la isla de los Gigantes, haberla visto en el segundo viaje, -como haya sido en el primero; y, que haya sido en el primero, parece -por lo que articula el Fiscal, por el fisco, y dice así en la quinta -pregunta: «Item, si saben que en este tiempo Alonso de Hojeda é Juan -de la Cosa, piloto, y los que fueron en su compañía, descubrieron en -la costa de la tierra firme, hácia el Poniente de los Frailes y los -Gigantes, hasta la parte que agora se llama Cuquibacoa, etc.;» los -Frailes llamaron á unas isletas muy bajas que están junto á la isla de -la Margarita. Dice Andrés de Morales, testigo y piloto, «que de Paria -fueron de puerto en puerto hasta la isla de los Gigantes, y de allí -discurrieron á la provincia de Cuquibacoa, hasta el cabo de la Vela, -el cual nombre le pusieron los dichos Juan de la Cosa y Hojeda, etc.» -Item, el mismo Hojeda, tomado por testigo por el Fiscal, dice á la -misma pregunta: «Alonso de Hojeda dice que la verdad desta pregunta es, -que este testigo (y es el dicho Alonso de Hojeda), vino á descubrir, el -primer hombre que vino á descubrir despues que el Almirante descubrió -al Mediodia la tierra firme, y corrió por ella cuasi 200 leguas, hasta -Paria, y salió por la boca del Drago, y allí cognosció que el Almirante -habia estado en la isla de la Trinidad, junto á la boca del Drago, y, -yendo su camino, fué descubriendo, desde los Frailes hasta en par de -las islas de los Gigantes, el golfo de Venezuela, etc.» Todas estas -son palabras de Hojeda. Otro testigo que fué con ellos á aquel viaje -primero, y dice que vido las islas de los Frailes y de los Gigantes, -y todo lo que la pregunta pide, y otros dos ó tres, dicen lo mismo, -etc.; luego, no en el segundo, sino en el primer viaje que Hojeda -hizo, descubrió la isla de los Gigantes, y no en el segundo, como -Américo Vespucio afirma; y por consiguiente, queda probado lo en los -dichos dos viajes acaescido; y así, con razon, en lo demas se le debe -dar poco crédito. Y que viniese con el dicho Hojeda el Américo en el -segundo viaje, él mismo lo confiesa en su segunda navegacion, al cabo -della, donde dice que arribaron á la isla Española, que llama Antiglia, -que Cristóbal Colon hobiera descubierto pocos dias habia; desta su -llegada, y los escándalos que Hojeda hizo en ella, en el cap. 167 queda -escrito. Quiero aquí referir lo que dice Américo de los gigantes que -vido, entrando, que entraron en una isla, la mayor de seis que hay, -no más desde Paria hasta Cuquibacoa, que hoy decimos Venezuela, dejada -aparte la Margarita y otras isletas no de cuenta, y aquella debia ser -la que llaman los indios Curaçáo, la penúltima luenga; estas son seis -isletas que están en renglera, que distan de la tierra firme cuasi 15 -y 20 leguas. Entraron, pues, nueve hombres dellos en ella, obra de una -legua, donde vieron ciertas casas; hallaron en ellas cinco mujeres, -dos viejas y tres muchachas, las cuales eran de tan grande estatura, -que hacian ventaja á los más altos hombres que dellos habia, y señala -uno, que debia ser demasiadamente alto entre ellos, por manera que -quedaron admirados de verlas; ellas, vistos los nuestros, quedaron -llenas de miedo, y una de las viejas, con grandes halagos, ofrece á los -cristianos muchas cosas de sus comidas. Estando hablando ellos en que -sería bien llevarlas á los navíos para Castilla, como cosa de grande -admiracion digna, sobrevienen 35 ó 36 hombres mucho más espantables de -cuerpos que las mujeres, y de tan hermosa disposicion, que era cosa -deleitable verlos, los cuales vistos, dice Américo, que tanta turbacion -y miedo tuvieron él y sus compañeros, que quisieran harto más estar en -los navíos que cabe ellos; hablaban entre sí como que querian dar en -los nuestros. Los nuestros tractaban si darian primero en ellos, pero -acordaron de salirse disimuladamente y dar la vuelta hácia los navíos; -y los indios, algo desviados, iban tras ellos, y así llegaron á la -mar, y embarcados en los bateles y apartados de tierra, lánzanse los -indios al agua, y de allí tiráronles muchas flechas, y, con esto, los -unos y los otros quedaron ilesos. Aquella isla, que cuasi es redonda, -y terná de circuito 20 leguas, está poblada hoy de indios, y siempre -lo estuvo, no de gigantes, sino como los otros; no cognoscí hombre, en -aquellos tiempos, ni despues acá, que hobiese visto aquellos gigantes, -ni supe aquellos gigantes qué se hayan hecho, más que desde entónces -acá llamamos las islas de los Gigantes aquellas, no sé por qué, ni si -en las otras cinco los habia. Resta por decir de lo tocante á estos -viajes de Alonso de Hojeda, lo que más siento, allende lo dicho, y es -que ningun viaje hizo Alonso de Hojeda á la tierra firme, que, de -tornada, por esta isla Española no volviese, como abajo se dirá; y así, -tengo por cierto, que lo hizo estos dos, primero y segundo, puesto que -Américo lo calle y no lo refiera, él quizá supo por qué. Y lo que yo -dello siento es, que como Hojeda fuese muy estrecho, segun se decia, -en repartir con su compañía los mantenimientos, como abajo diremos, -siempre los que gobernaba estaban mal con él, y era tanto, que algunas -veces sus mismos súbditos lo prendieron y echaron en grillos; y porque -hasta este tiempo de que vamos hablando yo no me acuerdo, ni de ninguno -entendí, en aquellos años ni despues, que hobiese Hojeda hecho mas -destos dos viajes á tierra firme: y una vez lo prendieron, yendo él por -Capitan como siempre lo iba, y lo trujeron con dos pares de grillos -en el navío, viniendo aportar al puerto de Yaquimo, que el Almirante -llamaba del Brasil, que está 80 leguas del puerto y ciudad de Sancto -Domingo, en esta isla, y confiando de su gran ligereza, una noche se -echó á la mar, lo más secreto que pudo, pensando en tierra escaparse de -los que preso le traian, que estaba un gran tiro de piedra y áun quizá -de ballesta, que babia de nadar (tengo pensamiento que fué en aqueste -su segundo viaje su prision y este caso de echarse á la mar, con dos -pares de grillos, y quizá por esta causa, Américo Vespucio, trastrueca -las cosas destos dos viajes, como ha parecido); yendo, pues, nadando -con sólos los brazos, como los dos pares de grillos le llevaban al -fondo, dió voces que le socorriesen, porque se ahogaba; fueron luego -con la barca, y tomáronle, y así escapó: extraño caso. El proceso que -alego que hobo entre el Fiscal del Rey y el segundo Almirante, hallarse -há, si menester fuere, con mis escrituras, en un libro encuadernado, en -el colegio de Sant Gregorio que en Valladolid está; las navegaciones de -Américo, en el libro que se dice _Novus Orbis_ andan. - - - - -CAPÍTULO III. - - -En este tiempo y año de 500, por las grandes quejas que el Almirante -á los Reyes daba, de los agravios que decia haber recibido del -comendador Bobadilla, pidiendo justicia, y cosas que, para imputarle -culpas, delante los Reyes alegaba, y por otras razones que á los -Reyes movieron, determinaron Sus Altezas de proveer y enviar nuevo -Gobernador á esta isla Española; y, por consiguiente, lo era entónces, -gobernándola, de todas las Indias, porque hasta entónces, y despues -algunos años, ninguno habia otro en isla ni tierra firme, ni parte -otra de todas ellas. Este fué don fray Nicolás de Ovando, de la órden -de Alcántara, que á la sazon era Comendador de Lares; despues, algunos -años, vacó en Castilla la Encomienda mayor de Alcántara, estando él -acá gobernando, y le hicieron merced los Reyes de la dicha Encomienda -mayor, enviándole acá su título, y dende adelante le llamamos el -Comendador mayor, como de ántes Comendador de Lares. Este caballero era -varon prudentísimo y digno de gobernar mucha gente, pero no indios, -porque, con su gobernacion, inestimables daños, como abajo parecerá, -les hizo. Era mediano de cuerpo, y la barba muy rubia ó bermeja, tenia -y mostraba grande autoridad, amigo de justicia; era honestísimo en su -persona en obras y palabras, de cudicia y avaricia muy grande enemigo, -y no pareció faltarle humildad, que es esmalte de las virtudes; y, -dejado que lo mostraba en todos sus actos exteriores, en el regimiento -de su casa, en su comer y vestir, hablas familiares y públicas, -guardando siempre su gravedad y autoridad, mostrólo asimismo, en que -despues que le trajeron la Encomienda mayor, nunca jamás consintió que -le dijese alguno señoría. Todas estas partes de virtud y virtudes, -sin duda ninguna, en él cognoscimos. Este tal varon, pues, los Reyes -católicos acordaron enviar y enviaron por Gobernador á esta isla é -Indias, con largas provisiones é instrucciones para todo lo que habia -de hacer, señalándole dos años que durase su gobernacion. Diéronle -poder para que tomase residencia al comendador fray Francisco de -Bobadilla, y examinase las causas del levantamiento de Francisco Roldan -y sus secuaces, y los delitos que habian hecho; item, las culpas de -que era notado el Almirante, y la causa de su prision, y que todo á la -corte lo enviase. Entre otras cláusulas de sus instrucciones fué una -muy principal, y muy encargada y mandada, conviene á saber, que todos -los indios vecinos y moradores desta isla fuesen libres y no sujetos á -servidumbre, ni molestados ni agraviados de alguno, sino que viviesen -como vasallos libres, gobernados y conservados en justicia, como lo -eran los vasallos de los reinos de Castilla, y mandándole asimismo, que -diese órden, como en nuestra sancta fe católica fuesen instruidos; y -cerca deste cuidado, del buen tratamiento y conversion destas gentes, -siempre fué la bienaventurada Reina muy solícita. Trujo consigo por -Alcalde mayor un caballero de Salamanca y licenciado, llamado Alonso -Maldonado, persona muy honrada, prudente y amigo de hacer justicia, y -humano. Despacharon este Gobernador los Reyes de la ciudad de Granada, -donde la corte á la sazon estaba. Hízose una flota de 32 naos y -navíos, entre chicos y grandes; la gente que se embarcó, llegaron á -2.500 hombres, muchos, entre ellos, y los más, eran personas nobles, -caballeros y principales. Vino Antonio de Torres, hermano del ama del -príncipe D. Juan, de quien arriba hemos hablado, por Capitan general, -el cual habia de venir é ir siempre por Capitan de todas las flotas. -Vinieron con él 12 frailes de Sant Francisco, personas religiosas, y -trajeron un Prelado, llamado fray Alonso del Espinal, varon religioso -y persona venerable, y entónces vino acá la órden de Sant Francisco -para poblar de propósito. Partió de Sant Lúcar á 13 dias de Febrero, -primer domingo de Cuaresma, entrante año de 1502. Desde á ocho dias, -que fué domingo segundo de Cuaresma, ya que quedaba poca mar de andar -para llegar á las islas de Canaria, comenzó á venir un vendabal, que es -viento Austro ó del Austro colateral, tan recio y desaforado, que causó -tan grande tormenta en la mar, que ninguno de todos 32 navíos pensó -escapar. Perdióse allí entónces una nao grande con 120 pasajeros, sin -los marineros, segun creo llamada la _Rábida_. Todos los 31 navíos se -desparcieron sin parar uno con otro, alijando, que es echando á la mar -toda cuanta ropa, vino y agua llevaban encima de cubierta, por escapar -las vidas, y unas fueron á Berbería y cabo de Aguer, que es tierra -de moros vecina de las Canarias, otras á una isla dellas, Tenerife, -Lanzarote, La Gomera y Gran Canaria, cada uno donde mejor guiarse pudo. -Y porque acaeció salir de Canaria dos carabelas cargadas de azúcar y -otras cosas, y perderse, y como la misma tormenta echó toda la cajería -y maderas y pipas dellas, y de la nao _Rábida_, á la costa ó ribera -de Cáliz y de los otros marítimos lugares, todos creyeron que toda la -flota era ya perdida y sumida en el agua, segun la fuerza del viento -y braveza de la mar. Van las nuevas luego á los Reyes, á Granada; fué -inextimable el dolor que en oirlo recibieron, y pesar; supimos que -habian estado ocho dias retraidos, sin que hombre los viese ni hablase. -Finalmente plugo á Dios, que, á cabo de grandes peligros y trabajos, -escaparon, y se juntaron todos 31 navíos en la isla de la Gomera; -tomó en Gran Canaria otro navío para la gente que de allí quiso acá -venir, no me acuerdo por qué otras causas. Allí dividió la flota en -dos partes, porque algunos dellos andaban muy poco, y escogió los 15 ó -16 más veleros para que fuesen consigo, y los demas llevase Antonio de -Torres. Llegó á esta isla, y entró en este puerto de Sancto Domingo, á -15 dias de Abril; Antonio de Torres, con la otra media flota, despues, -doce ó quince dias, así como el Comendador mayor con su media flota, -entró por este rio y echaron anclas los navíos. La gente española y -vecinos desta ciudad, que entónces era villa y estaba de la otra parte -del rio, allegáronse á la ribera con grande alegría. Viendo los de -tierra y conociendo á los que venian, algunos de los que habian estado -acá, preguntaban estos por nuevas de la tierra, y aquellos por nuevas -de Castilla, y por quién á gobernar venia; los que venian respondian -que buenas nuevas, y que los Reyes enviaban por su Gobernador destas -Indias al Comendador de Lares, de la órden de Alcántara, y que quedaba -buena Castilla; los de tierra decian, que la isla estaba muy buena, -y, dando razon de su bondad y regocijo, añidian el por qué, conviene -á saber, porque habia mucho oro, y se habia sacado un grano sólo que -pesaba tantos mil pesos de oro, y porque se habian alzado ciertos -indios de cierta provincia, donde captivarian muchos esclavos. Yo lo -oí por mis oidos mismos, porque yo vine aquel viaje con el Comendador -de Lares á esta isla, por manera que daban por buenas nuevas y materia -de alegría, estar indios alzados, para poderles hacer guerra, y, por -consiguiente, captivar indios para los enviar á vender á Castilla, por -esclavos. Abajo se dirá, placiendo á Dios, por qué se alzaron, y la -guerra que, desde á pocos dias que llegamos, se les hizo. El grano que -dije, de que dieron nueva, fué cosa monstruosa en naturaleza, porque -nunca otra joya tal, que la naturaleza sola formase, vieron los vivos; -pesaba 35 libras, que valian 3.600 pesos de oro; cada peso era ó tenia -de valor 450 maravedís; era tan grande como una hogaza de Alcalá (que -hay en Sevilla, y de aquella hechura, que pesa tres libras), y yo lo -vide bien visto. Juzgaban que ternia de piedra, mezclada y abrazada con -el oro (la cual, sin duda, habia de ser por tiempo en oro convertida), -los 600 pesos, y porque la piedra que está entrejerida y abrazada con -el oro en los granos que se hallan, son como manchezuelas menudas, -cuasi todo el grano parece oro, aunque con cantidad de piedra: este, -cierto, era hermosísima pieza. Hallólo una india, desta manera, -conviene á saber: habia dado el comendador Bobadilla, Gobernador, -tan larga licencia á los españoles que se aprovechasen de los indios -y echasen á las minas, cada dos compañeros, sus cuadrillas de 15, y -20, y 30, y 40 indios, hombres y mujeres; Francisco de Garay é Miguel -Diaz (de quien algo se ha tocado, y abajo se dirá más, si á Dios -pluguiere), eran compañeros, y traian su cuadrilla ó cuadrillas en -las minas que dijimos Nuevas, porque se descubrieron despues de las -primeras, que llamaron por esto Viejas, de la otra parte del rio Hayna, -cuasi frontero, ocho leguas ó nueve, desta ciudad de Sancto Domingo; -una mañana, estando la gente almorzando, estaba una india de las de la -misma cuadrilla, sentada en un arroyo, comiendo, y descuidada, pensando -quizá en sus trabajos, captiverio y miseria, y daba con una vara, ó -quizá una barreta, ó almocafre, ó otra herramienta de hierro en la -tierra, no mirando lo que hacia, y, con los golpes que dió, comenzóse á -descubrir el grano de oro que decimos; la cual, bajando los ojos, vido -un poquito dél relucir, é, visto, de propósito descubre más, y, así -descubierto todo, llama al minero español, que era el verdugo que no -los dejaba resollar, y dícele: _ó cama guaxeri guariquen caona yari_. -_Ó cama_, dice oyes, _guaxeri_, señor, _guariquen_, mira ó ven á ver, -_yari_, el joyel ó piedra de oro; _caona_ llamaban al oro. Vino el -minero, y con los vecinos hacen grandes alegrías, quedando todos como -fuera de sí en ver joya tan nueva y admirable y tan rica; hicieron -fiesta asando un lechon ó cochino, lo cortaron y comieron en él, -loándose que comieron en plato de oro muy fino, que nunca otro tal lo -tuvo algun Rey. El Gobernador lo tomó para el Rey, dando lo que pesaba -y valia á los dos compañeros, Francisco de Garay y Miguel Diaz. Pero, -sin pecado, podemos presumir que á la triste india que lo descubrió, -por hallazgo no se le dieron de grana ni de seda faldrillas, y ¡ojalá -le hayan dado un sólo bocado del cochino! - - - - -CAPÍTULO IV. - - -Dejemos agora, llegado no más á esta isla Española, el Comendador de -Lares, y despues Mayor, y tornemos á tractar del principio de otros -nuevos trabajos que ocurrieron al Almirante. En este tiempo y año de -501, despues que los Reyes le mandaron soltar, y vino á la corte, -y lo recibieron benignísimamente, y le consolaron, y certificaron -su prision no haber procedido de su voluntad real, en especial, la -serenísima reina Doña Isabel, que era, como ya se ha dicho, la que -más lo favorecia y estimaba, porque mejor sentia, por ventura, que el -Rey, el servicio inextimable que les habia hecho en haber descubierto -este mundo de acá indiano; el Almirante, siempre les suplicaba que -le tornasen á restituir en su estado, guardándole sus privilegios de -las mercedes que le habian prometido, pues él habia cumplido lo que -prometió, y mucho más, sin comparacion, como era notorio, y no les -habia deservido por obra ni por voluntad, para que desmereciese y -hobiese de perder las mercedes prometidas, ántes, por su servicio, -habia sufrido en esta isla grandes angustias, tolerando y haciendo -comedimientos grandes con Francisco Roldan y los alzados, á los cuales -no dió causa ni ocasion para que le fuesen rebeldes, pues estando él -en su servicio en Castilla, y en el descubrimiento de la tierra firme, -se rebelaron á su hermano; y que no diesen lugar á los émulos que ante -Sus Altezas le calumniaban, y otras muchas razones que en favor de la -justicia que creia tener, alegaba. Item, que aunque ya era viejo, y muy -cansado de tan inmensos trabajos, todavía tenia propósito de gastar -la vida que le quedaba en descubrir, por su servicio, muchas otras -tierras más de las que habia descubierto, y que creia hallar estrecho -de mar en el paraje del puerto del Retrete, que agora es el Nombre -de Dios, por las cuales, sobre todos los reinos del mundo, fuesen los -más esclarecidos y ricos los de España. Los Reyes lo sustentaban con -benignas y dulces palabras, certificándole que tuviese por cierto -que sus previlegios y las mercedes en ellos contenidas, le serian -cumplidas, guardadas, y conservadas, y no sólo las prometidas, pero -de nuevo le serian aquellas confirmadas, y otras hechas y aumentadas. -Y porque mostraba querer ir á descubrir de nuevo, los Reyes se lo -agradecieron, y comenzaron á tratar dello y exhortalle que lo pusiese -por obra, entre tanto que el Comendador mayor la declaracion de las -cosas pasadas en esta isla enviaba, y que le mandarian dar todo -recaudo. Dió sus memoriales, pidió cuatro navíos y bastimentos para dos -años; fuéle todo concedido cuanto dijo serle necesario, prometiéndole -Sus Altezas, que si Dios dél algo en aquel viaje dispusiese, á que no -tornase, de restituir á su hijo el mayor, llamado D. Diego Colon, en -toda su honra y estado. Mandaron al Comendador de Lares que restituyese -al Almirante y á sus hermanos, todo el oro y joyas, y las haciendas -de ganados y bastimentos de pan y vino, y libros, y los vestidos y -atavíos de sus personas, que el comendador Bobadilla les habia tomado, -y que le acudiesen sus oficiales con el diezmo y ochavo del oro, y -de todas las otras ganancias y provechos, segun que sus privilegios -rezaban. Diéronle licencia para que en esta isla Española, tuviese una -persona que entendiese y tuviese cargo de su hacienda, y recibiese las -rentas y lo que hobiese de haber, conforme á sus privilegios, y que -estuviese presente, con el Veedor del Rey, en las fundiciones, para que -viese fundir y marcar el oro que della y de las otras islas y tierra -firme se fundiese y marcase, de todo lo cual rescibiese la décima -parte, y tambien asistiese, con el Factor del Rey, en las cosas de las -mercaderías, y negociacion y ganancias dellas, de las cuales habia de -llevar el Almirante la ochava parte. La persona que señaló el Almirante -para esto, y los Reyes admitieron, fué un caballero nombrado Alonso -Sanchez de Carvajal, creo que natural de Úbeda ó de Baeza. Sobre todas -estas cosas, hicieron los Reyes declaracion, por muchos capítulos, la -cual yo vide, mandando al Comendador de Lares, Gobernador, y Contador, -y Oficiales, y Justicias, y personas destas islas y tierra firme, que -la guardasen y cumpliesen como en ella se contenia, que es lo que -arriba, en suma, queda dicho. Allende la cual dicha declaracion y -mando, que fué hecha en la ciudad de Granada, á 27 dias de Setiembre de -501, mandaron despachar la siguiente Cédula: - -«El Rey é la Reina: Comendador de Lares, nuestro Gobernador de las -Indias, Nos habemos mandado y declarado la órden que se ha de tener -en lo que se ha de hacer con don Cristóbal Colon, nuestro Almirante -del mar Océano y sus hermanos, cerca de las cosas que el comendador -Bobadilla les tomó, y sobre la forma que se ha de tener en el acudir al -dicho Almirante con la parte del diezmo y ochavo, que ha de haber de -los bienes muebles de las islas y tierra firme del dicho mar Océano, -y de las mercaderías que Nos de acá enviáremos, segun vereis por la -dicha nuestra declaracion y mandamiento, firmado de nuestros nombres, -que sobre ello les mandamos dar. Por ende vos mandamos que veais la -dicha declaracion, y, conforme á ella, les fagais entregar los dichos -sus bienes, y acudir al dicho Almirante con lo que le pertenece de -lo susodicho; por manera, que el dicho Almirante y sus hermanos, ó -quien su poder hobiere, sean de todo ello entregados, y si el oro y -otras cosas que así el dicho comendador Bobadilla les tomó, lo hobiere -gastado ó vendido, que se lo fagais luego pagar; lo que fuere gastado -en nuestro servicio se les pague de nuestra facienda, y lo que el dicho -comendador Bobadilla hobiere gastado en sus cosas propias, se les pague -de los bienes y facienda del dicho Comendador, y no fagades ende al. -Fecha en Granada, á 28 dias del mes de Setiembre de 1501 años.--Yo -el Rey.--Yo la Reina.--Por mandado del Rey é de la Reina, Gaspar de -Grisio.» - -Despacharon finalmente los Reyes al Almirante, mandándole dar todas -las provisiones que para Sevilla y Cáliz eran necesarias para la -expedicion de su flota ó armada; salió con ellas de la ciudad de -Granada, en el mes de Octubre, para Sevilla, donde luego, con mucha -diligencia, entendió en su despacho. Compró cuatro navíos de gavia, -cuales convenian, el mayor no pasaba de 70 toneles, ni el menor de 50 -bajaba; juntó 140 hombres, entre chicos y grandes, con los marineros -y hombres de tierra, entre los cuales fueron algunos de Sevilla; -llevó consigo á D. Bartolomé Colon, el Adelantado, su hermano. Toda -esta gente fué á sueldo de los Reyes, como habian venido, por la -mayor parte, los españoles primeros á esta isla. Proveyóse de muchos -bastimentos y de armas, y de toda manera de rescates. Desde Cáliz, -donde tenia los navíos y se aparejaba, ó quizá desde Sevilla, escribió -á los Reyes suplicándoles algunas cosas que le parecieron convenir -para su viaje, algunas, y otras que á él tocaban y á sus hijos y -hermanos. Una fué, que le diesen licencia para entrar en el puerto -desta isla Española, la cual, ántes les habia suplicado, por proveerse -allí de refresco y de cosas que suelen ocurrir, necesarias en todas -las navegaciones, por cortas que sean, cuanto más en viaje tan largo; -pero no se la quisieron dar, diciendo que porque no se detuviese, -sino que lo más presto que pudiese navegase. Pidió tambien tuviesen -por bien que llevase consigo á su hijo el menor, D. Hernando, el cual -era de trece años; concediéronselo de buen grado. Pidió eso mismo que -pudiese llevar dos ó tres hombres que supiesen arábigo, porque siempre -tuvo opinion, que pasada esta nuestra tierra firme, si estrecho de mar -hallase, que habia de topar gente del Gran Khan ó de otras que aquella -lengua ó algo della hablasen, y no era muy remota parte de providencia; -concediéronselo los Reyes, con que no se detuviese por buscallos ó -esperallos. Envió ciertos memoriales suplicando á los Reyes sobre sus -negocios y favor de sus hijos y de sus hermanos, porque si él muriese -los tuviesen por encomendados; á todas estas suplicaciones respondieron -los reyes Católicos con la siguiente Cédula, que fué la final cerca -deste viaje, y áun la postrera que de Sus Altezas rescibió: - -«El Rey é la Reina: D. Cristóbal Colon, nuestro Almirante de las islas -y tierra firme, que son en el mar Océano á la parte de las Indias. -Vimos vuestra letra de 26 de Febrero, y las que con ella enviastes y -los memoriales que nos distes, y á lo que decís que para este viaje á -que vais querríades pasar por la Española, ya os dijimos, que, porque -no es razon que para este viaje á que agora vais se pierda tiempo -alguno, en todo caso vais por este otro camino, que, á la vuelta, si os -pareciere que será necesario, podeis volver por allí de pasada, para -deteneros poco; porque, como veis, convendrá que vuelto vos del viaje -á que agora vais, seamos luego informados de vos en persona de todo lo -que en él hobiéredes hallado y hecho, para que, con vuestro parecer y -consejo, proveamos sobre ello lo que más cumpla á nuestro servicio, -y las cosas necesarias para el rescate de acá se provean. Aquí vos -enviamos la instruccion de lo que, placiendo á Nuestro Señor, habeis de -facer en este viaje, y á lo que decís de Portugal, Nos escrebimos sobre -ello al rey de Portugal, nuestro hijo, lo que conviene, y vos enviamos -aquí la Carta nuestra que decís, para su Capitan, en que le facemos -saber vuestra ida hácia el Poniente, y que habemos sabido su ida hácia -el Levante, que si en camino vos topáredes, vos trateis los unos á los -otros como amigos, y como es razon de se tractar Capitanes y gentes de -Reyes, entre quien hay tanto deudo, amor y amistad, diciendo que lo -mismo habemos mandado á vos; y procuraremos que el rey de Portugal, -nuestro hijo, escriba otra tal carta al dicho su Capitan, etc. (y, -pasados ciertos capítulos en respuestas de las cosas que arriba dijimos -quel Almirante suplicaba, dicen los Reyes abajo): Cuanto á lo otro -contenido en vuestros memoriales y letras, tocantes á vos y á vuestros -hijos y hermanos, porque, como vedes, á causa que Nos estamos en camino -y vos de partida, no se puede entender en ello hasta que paremos de -asiento en alguna parte, y si esto hobiésedes de esperar se perdería -el viaje á que agora vais, por esto es mejor, que, pues de todo lo -necesario para vuestro viaje estais despachado, vos partais luego sin -detenimiento alguno, y quede á vuestro hijo el cargo de solicitar lo -contenido en los dichos memoriales; y tened por cierto, que de vuestra -prision nos pesó mucho, y bien lo vistes vos y lo cognoscieron todos -claramente, pues que luego que lo supimos lo mandamos remediar, y -sabeis el favor con que vos habemos mandado tractar siempre, y agora -estamos mucho más en vos honrar y tractar muy bien, y las mercedes -que vos tenemos fechas vos serán guardadas enteramente, segun forma y -tenor de nuestros privilegios, que dellas teneis, sin ir en cosa contra -ellas, y vos y vuestros hijos gozareis dellas como es razon, y, si -necesario fuese confirmarlas de nuevo, las confirmaremos, y á vuestro -hijo mandaremos poner en la posesion de todo ello, y en más que esto -tenemos voluntad de vos honrar y facer mercedes, y de vuestros hijos -y hermanos Nos ternemos el cuidado que es razon, y todo esto se podrá -facer, yéndovos en buena hora, y quedando el cargo á vuestro hijo, como -está dicho; y así vos rogamos que en vuestra partida no haya dilacion. -De Valencia de la Torre, á 14 de Marzo de 502 años.--Yo el Rey.--Yo la -Reina.--Por mandado del Rey y de la Reina, Almazán.» - -Ciertamente, para la alteza que tenian y acostumbrada gravedad y -autoridad de que los reyes de Castilla solian y suelen, con sus -súbditos, aunque sean los de mayores estados, usar, grande humanidad y -favores usaban con el Almirante, y no sin razon, pues nunca algun otro -tal servicio hizo, chico ni grande, á sus Reyes, jamás. - - - - -CAPÍTULO V. - - -Concluido todo lo que convenia para su despacho, y sus navíos bien -bastecidos y aparejados, hízose á la vela el Almirante con sus cuatro -navíos, á 9 dias del mes de Mayo de 1502 años, y, porque supo el -Almirante que habian los moros cercado y en gran estrecho puesto la -villa y fortaleza de Arcila, en allende, que tenian los portugueses, -acordó de ir á socorrella, porque viendo los moros cuatro navíos de -armada, podian creer que iba socorro de propósito para los hacer mal, y -así alzar el cerco; el cual llegó desde á dos ó tres dias, y halló que -ya eran descercados. Envió el Almirante al Adelantado, su hermano, y -á los Capitanes de los navíos con él, que fuesen á visitar en tierra, -de su parte, al Capitan de Arcila, que estaba herido de los moros, y -á ofrecerle todo lo que él podia de su armada. El Capitan le tuvo en -mucha merced la visita y ofrecimiento, y envió á visitalle y dalle las -gracias, con algunos caballeros que con él estaban, algunos de los -cuales eran deudos de Doña Felipa Moñiz, mujer que fué del Almirante, -en Portugal, como en el primer libro dijimos. Hízose aquel mismo dia -á la vela, y llegaron á la Gran Canaria en 20 del mismo mes de Mayo; -tomaron agua y leña, y, creo que á 25, alzaron las velas para su -viaje. Tuvieron muy próspero tiempo, de manera que sin tocar en las -velas vieron la isla que llamamos y se llama por los indios Matininó, -la última luenga, en 15 dias de Junio. Allí dejó el Almirante saltar -en tierra la gente, para que se refrescasen, y holgasen, y lavasen -sus paños, y cogiesen agua y leña á su placer, todo lo que desean en -largas navegaciones los mareantes; estuvieron allí tres dias, y de allí -partieron, yendo por entre muchas islas, harto frescas y señaladas, -como quien va por entre vergeles, aunque están unas de otras 5 y 6, -y 10 y 12 leguas desviadas. Y porque llevaba uno de los cuatro navíos -muy espacioso, así porque era mal velero que no tenia con los otros, -como porque le faltaba costado para sostener velas, que con un vaiven, -por liviano que fuese, metia el bordo debajo del agua, tuvo necesidad -de llegar á Sancto Domingo á trocar aquel con alguno de los de la -flota que habia llevado el Comendador mayor, ó comprar otro. Llegó á -este puerto de Sancto Domingo á 29 de Junio, y, estando cerca, envió -en una barca del un navío, al Capitan dél, llamado Pedro de Terreros, -que habia sido su Maestre-sala, á que dijese al Comendador de Lares -la necesidad que traia de dejar aquel navío, que tuviese por bien que -entrase con sus navíos en el puerto, y, no sólo por cambiar ó comprar -otro, pero por guarecerse de una gran tormenta, que tenia por cierto -que habia presto de venir. El Gobernador no quiso dalle lugar para -que en este rio y puerto entrase, y creo yo que así lo habia traido, -por mandado de los Reyes, porque en la verdad, estando áun allí el -comendador Bobadilla, de quien tantas quejas él tenia, y Francisco -Roldan y los que con él se le alzaron, y que tanto mal habian dicho -y escrito á los Reyes dél, y otras razones que se podian considerar, -y de donde pudieran nacer algunos y graves escándalos, y los Reyes -proveyeron en ello prudentísimamente, no dándole licencia para que -aquí entrase, y mandallo tambien al Comendador y Gobernador, que no -lo admitiese; y, que no se lo mandaran los Reyes, no admitiéndolo -él lo hiciera como prudente. Finalmente, viendo que no le dejaban -entrar, y sabiendo como la flota de las 32 naos, en que habia venido -el Comendador de Lares, estaba para se partir, envióle á decir que no -la dejase por aquellos ocho dias, porque tuviese por cierto que habia -de haber una grandísima tormenta, de la cual huyendo, él se iba á -meter en el primer puerto que más cerca hallase. Fuése á meter en el -puerto que llaman puerto Hermoso, 16 leguas deste de Sancto Domingo, -hácia el Poniente. El Comendador de Lares, no curó de creerlo, cuanto -á no dejar salir la flota, y los marineros y pilotos, desque oyeron -que aquello habia enviado á decir el Almirante, unos burlaron dello, y -quiza dél, otros lo tuvieron por adivino, otros, mofando, por profeta, -y así no curaron de se detener; pero luego se verá cómo les fué. Y -para esto, es aquí de saber, que no es menester ser el hombre profeta -ni adivino para saber algunas cosas por venir, que son efectos de -causas naturales, sino basta ser los hombres instructos y doctos en -filosofía natural, ó en las cosas que por la mayor parte suele acaecer -tener experiencia. De los primeros son los astrólogos, que dicen, -ántes muchos dias que acaezca, que ha haber eclipse, porque teniendo -ciencia de los cursos y movimientos de los cuerpos celestiales, que -son causas naturales de los eclipses, cognoscen que, de necesidad, de -aquellas causas han de proceder aquellos efectos, y así de otras muchas -cosas naturales, como que ha de haber en aquel año muchas lluvias, ó -sequedad, etc.; de los segundos son los marineros, y que han navegado -muchas veces, por las señales naturales que por la mar en el ponerse -ó salir el sol de una ó de otra color, en la mudanza de los vientos, -en el aspecto de la luna, que vieron y experimentaron muchas veces. Y -una señal muy eficaz de haber de venir tormenta, y que por maravilla -yerra, es cuando sobreaguan muchas toninas, que son, creo que, los -que llaman por otro nombre delfines, y los lobos marinos; y esta es -la más averiguada, porque andan por lo hondo buscando su comida, y la -tempestad de la mar se causa de cierta conmocion y movimientos que se -hace abajo en el profundo de la mar, en las arenas, por los vientos que -allá entran, y, como aquestas bestias lo sienten, van luego huyendo -con gran estruendo, de aquellos movimientos, arriba á la superficie -del agua, y á la orilla, y, si pudiesen, saldrian á tierra; y así, -dan cierta señal de que ha de venir tempestad por la causa que dello -sintieron. Y así, como el Almirante, destas causas y efectos y señales, -de haberlas visto infinitas veces, tuviese larguísima experiencia, pudo -cognoscer y tener por cierta la tormenta; y haber dicho verdad, y tener -dello buen cognoscimiento, pareció luego, desde á no muchas horas, -por sus efectos. Embarcóse el comendador Bobadilla y Francisco Roldan, -el alzado, con otros de su ralea, que tantos daños y escándalos habian -causado y hecho en esta isla; embarcáronse estos y mucha otra gente -en la nao _Capitana_, que era de las mejores de toda la flota, donde -iba Antonio de Torres, el hermano del ama del Príncipe, por Capitan -general. Metieron allí tambien, preso y con hierros, al rey Guarionex, -Rey y señor de la grande y real Vega, cuya injusticia que padeció -bastaba para que sucediera el mal viaje que les sucedió, sin que otra -se buscara, como en el primer libro declaramos, cap. 121. Metieron -en esta nao _Capitana_ 100.000 castellanos del Rey, con el grano que -dijimos, grande, de 3.600 pesos ó castellanos, y otros 100.000 de los -pasajeros que iban en la dicha nao. Estos 200.000 pesos, entonces, -más eran y más se estimaban, segun la penuria que habia entónces de -dinero en España, que agora se estiman y precian 2 millones, y áun, en -la verdad, más se hacia y proveia y sustentaba, en paz ó en guerra, -en aquellos tiempos con 200.000 castellanos, que agora con todas las -millonadas; y así les conviene, millonadas, porque son cuasi nada. -Así que salió por principio de Julio nuestra flota de 30 á 31 navíos, -aunque algunos dijeron que eran 28, entre chicos y grandes; y desde á -treinta ó cuarenta horas vino tan extraña tempestad y tan brava, que -muchos años habia que hombres, en la mar de España ni en otras mares, -tanta, ni tal, ni tan triste, habian experimentado. Perecieron con ella -las 20 velas ó naos, sin que hombre, chico ni grande, dellas escapase, -ni vivo ni muerto se hallase; y toda esta ciudad que estaba de la otra -banda del rio, como todas las casas eran de madera y paja, toda cayó en -el suelo, ó della muy gran parte; no parecia sino que todo el ejército -de los demonios se habian del infierno soltado. Al principio della, -con la gran escuridad, que llaman los marinos cerrazon, los navíos -del Almirante se apartaron los unos de los otros, y cada uno padeció -gran peligro, estimando de los otros que seria milagro si escapasen. -Finalmente, tornáronse á juntar en el dicho puerto Hermoso ó el de -Açua, que está de aquel cuatro ó cinco leguas; ó quizá alguna más; y -así escapó el Almirante y sus navíos, y los de la flota perecieron por -no creelle. Allí hobo fin el comendador Bobadilla, que envió en grillos -presos, al Almirante y á sus hermanos; allí se ahogó Francisco Roldan -y otros que fueron sus secuaces rebelándose, y que á las gentes desta -isla tanto vejaron y fatigaron; allí feneció el rey Guarionex, que, -gravísimos insultos, y violencias, daños y agravios habia rescibido -de los que se llamaban cristianos, y, sobre todos, la injusticia que -al presente padecia, privado de su reino, mujer é hijos, y casa, -llevándolo en hierros á España, sin culpa, sin razon y sin legítima -causa, que no fué otra cosa sino matallo mayormente siendo causa que -allí se ahogase. Allí se hundió todo aquel número de 200.000 pesos de -oro, con aquel monstruoso grano de oro, grande y admirable. Aqueste tan -gran juicio de Dios no curemos de escudriñallo, pues en el dia final -deste mundo nos será bien claro. En esta flota fué Rodrigo de Bastidas, -pero escapóse en un navío de los ocho ó seis que escaparon; y así erró -Gonzalo Hernandez de Oviedo, en el capítulo 8.º del lib. III de su -Historia, donde dijo que lo habia enviado preso el comendador Bobadilla -con el Almirante: yo sé que esto no es verdad. - - - - -CAPÍTULO VI. - - -Quédese partido del puerto Hermoso, ó del de Açua, ó puerto Escondido, -como algunos lo llamaron, con sus cuatro navíos, el Almirante, y vaya -enhorabuena su viaje hasta que á él volvamos; agora, tornemos sobre -lo que se siguió despues que el Comendador de Lares fué á esta isla y -puerto llegado. Salido á tierra, estábale con toda la gente, vecinos -desta ciudad, el comendador Bobadilla, en la ribera, esperando, y -despues de los comedimientos acostumbrados, lleváronlo á la fortaleza -de tapias, que allí habia, que no era tal, como la de Salsas, donde -lo habian aposentado; presentó sus provisiones ante Bobadilla, y -Alcaldes, y Regidores y Cabildo de la villa; obedeciéronlas todos, y -pusiéronlas sobre sus cabezas, y, cuanto al cumplimiento, hicieron la -solemnidad que se suele hacer, tomándole juramento, etc. Comenzó luego -á gobernar prudentemente, y á su tiempo mandó apregonar la residencia -del comendador Bobadilla, en la cual era cosa de considerar ver al -comendador Bobadilla cuál andaba sólo y desfavorecido, yendo y viniendo -á la posada del Gobernador, y parecer ante su juicio, sin que hombre lo -acompañase de los á quien él habia favorecido y dicho, «aprovechaos, -que no sabeis cuánto este tiempo os durará,» y todo este inícuo -provecho no se entendia sino del sudor y trabajos de los indios. Y en -la verdad, él debia ser, de su condicion y naturaleza, hombre llano -y humilde; nunca oí dél, por aquellos tiempos, que cada dia en él se -hablaba, cosa deshonesta, ni que supiese á cudicia, ántes todos decian -bien dél; y, puesto que por dar larga licencia que se aprovechasen de -los indios los 300 españoles, que en esta isla, entónces, sólos, como -se dijo, habia, les diese materia de querello bien, todavía, si algo -tuviera de los susodichos vicios, despues de tomada su residencia, y -desta isla ido y muerto, alguna de las muchas veces que hablábamos en -él, algun pero, ó si nó, dél se dijera. Hizo tambien el Comendador de -Lares las informaciones de las cosas pasadas en esta isla, en lo de -Francisco Roldan y su compañía, y, segun creo (porque no me acuerdo -bien dello), preso lo envió, aunque sin prisiones, á Castilla, para que -los Reyes determinasen la justicia de lo que merecia; pero entremetióse -la divina Providencia de prima instancia, llamándolo más presto para -su alto y delgado juicio. Ya dije, arriba, en el primer capítulo deste -segundo libro, como el comendador Bobadilla ordenó que todos los que -quisiesen llevar indios á coger oro á las minas, pagasen á los Reyes, -de 11 pesos, uno; pero porque, ó los Reyes allá lo sintieron mucho, -como se hobiese hecho sin su poder y comision, y por eso mandaron al -Comendador de Lares, que hiciese lo que luego diré, ó porque á él acá -le pareció que debia hacerlo así, mandó que todos los que habian cogido -de las minas oro, no embargante que hobiesen pagado el onceno, pagasen -el tercio sin aquello; y porque las minas entónces andaban ricas, como -estaban vírgenes, y todos se apercibian de haber herramientas y tener -del caçabí, ó pan desta isla, para poder echar indios y más indios -á las minas, y valia un azadon 10 y 15 castellanos, y una barreta, -de dos ó tres libras, 5, y un almocafre, 2 y 3, y 4 ó 5.000 matas de -las raíces que hacen el pan caçabí, 200 y 300 y más castellanos ó -pesos, los más cudiciosos de coger oro, gastaban en estas pocas cosas -2 y 3.000 pesos de oro que cogian; cuando les pidieron el tercio -del oro que habian cogido, y, por mejor decir, los indios que ellos -oprimian, no se hallaron con un maravedí; y así, vendian por 10 lo que -habian comprado por 50, por manera, que todos los que más oro habian -cogido, más que otros quedaron perdidos. Los que se habian dado á las -granjerías y no á coger oro, quedaron segun las riquezas de entónces, -como no pagaron, quedaron ricos; y esta fué regla general en estas -islas, que todos los que se dieron á las minas, siempre vivian en -necesidad, y áun por las cárceles, por deudas; y por el contrario, -tuvieron más descanso y abundancia los dados á las granjerías, sino -era por otros malos recaudos de excesos en el vestir, y jaeces y otras -vanidades que hacian, con que al cabo no medraban ni lucian, sino, como -aire, todo se les iba, porque fuese argumento de, cuán injustamente, -con las fatigas y sudores de los indios, lo adquirian, puesto que -ellos, poco y nada del castigo advertian. Las granjerías de entónces -no eran otras sino de criar puercos y hacer labranzas de las del pan -caçabí y las otras raíces comestibles, que son los ajes y batatas. -Cerca de los que hobiesen de sacar oro de las minas, ordenaron los -Reyes que, desde adelante, de todo lo que sacasen, les acudiesen con -la mitad, y como ninguno acá pasaba, sino para, cogiendo oro, desechar -de sí la pobreza, de que España en todos los estados abundaba, luego -que desembarcaron, acordaron todos de ir á las minas viejas y nuevas, -que distan desta ciudad ocho leguas, como se ha dicho, á coger oro, -creyendo que no habia más de llegar y pegar. Allí veríades hacer sus -mochilas cada uno de vizcocho de la harinilla que les habia sobrado ó -traian de Castilla, y llevarlas á cuestas con sus azadones y gamellas -ó dornajos, que acá llamaban y hoy llaman bateas, y los caminos de -las minas como hormigueros, de los hidalgos, que no traian mozos, -ellos mismos con sus cargas á cuestas, y los caballeros que algunos -trujeron. Aquellos, llegados á las minas, como el oro no era fruto de -árboles, que llegando lo cogiesen, sino que estaba debajo de la tierra, -y sin tener cognoscimiento ni experiencia, cómo ni por qué caminos ó -vetas iba, hartábanse de cavar y de lavar la tierra que cavaban los -que nunca cavar supieron; cansábanse luego, sentábanse, comian muchas -veces, como digerian la comida, con el trabajo, presto, tornaban á -cavar, y al cabo no vian relucir, de sus trabajos, premio. A cabo de -ocho dias, no quedando cosa ya de comer en las talegas, volvíanse á -esta ciudad, ó villa que era, tan vacíos de una señal de oro, por -chica que fuese, como de bastimentos; tornaban á comer de lo poco que -les quedaba, traido de Castilla. Comenzáronse á descorazonar viéndose -defraudados del fin que los habia traido, con esto probábalos la -tierra dándoles calenturas; sobre aquellas, fáltales la comida y la -cura y todo refugio; comiénzanse á morir en tanto grado que á enterrar -no se daban á manos los clérigos. Murieron más de los 1.000, de 2.500, -y los 500, con grandes angustias, hambres y necesidades, quedaban -enfermos; y desta manera les ha acaecido á todos los más de los que -despues acá han querido venir por oro á tierras nuevas. Otros que -traian vestidos y ropas, y cosas algunas de valor, y herramientas, como -los 300 que acá estaban andaban desnudos, que apenas tenian camisa de -lienzo, sino sola de algodon, sin sayo ni capa, y en piernas, vendian -les vestidos, y con aquello se sustentaron más tiempo. Había otros, -que hicieron compañía con algunos de los 300, comprándoles la mitad -ó el tercio de sus haciendas, dándoles luego, en vestidos y cosas -que trujeron, parte del precio, y adeudándose en 1.000 y en 2.000 -castellanos, que era el resto, porque como los 300 estaban apoderados -en la tierra, y tenian las señoras dellas por criadas, como en el -primer capítulo deste libro segundo referimos, eran poderosos en tener -comida en abundancia y servicio de indios, y muchas haciendas de la -tierra, y eran señores y Reyes, aunque, como dije, andaban en piernas. -En todo este tiempo estábanse los indios pacíficos en sus casas, algo -resollando de las tiranías y angustias que de Francisco Roldan y los -demas habian pasado, sacados los que de los 300 españoles tenian á -las señoras por criadas, que trabajos no les faltaban; habia una sola -provincia levantada y puesta en armas, esperando cuando habian de ir -sobre ella los cristianos, de que haremos, placiendo á Dios, mencion -abajo. Un hidalgo llamado Luis de Arriaga, vecino de Sevilla, que -habia estado con el Almirante en esta isla, ofrecióse á los Reyes de -traer 200 casados de Castilla, para poblar con ellos en esta isla -cuatro villas, con que los Reyes les diesen pasaje franco y otras -exenciones harto débiles; la una, que les diesen tierras y términos -convenientes para las villas y para que labrasen ellos, reservada -la jurisdiccion civil y criminal para los Reyes y sucesores de Sus -Altezas, y excepto los diezmos y primicias, que, concedidos del Papa, -tenian los Reyes, no les pusiesen derecho otro ni inposicion alguna, -por término de cinco años. Reservaron tambien todos los mineros de -oro, plata y cobre, y hierro, y estaño, y plomo, y azogue, y brasil, y -mineros de azufre, y otros cualesquiera que fuesen, y las salinas, y -los puertos de mar, y todas las otras cosas que á los derechos reales -pertenecen, que hobiese dentro de los términos de las dichas villas. -Item, que de todo el oro que cogiesen, ellos y los indios que con -ellos anduviesen, diesen la mitad de todo ello para los Reyes, y que -no pudiesen rescatar oro alguno de los indios. Item, que no pudiesen -tomar brasil, y, si tomasen, acudiesen á los Reyes con todo ello. -Item, que de todo lo que hobiesen de los indios que no fuese oro, -como algodon y otras granjerías en que los enseñasen ó industriasen, -fuera de los términos de las dichas villas, fuesen obligados á dar el -tercio á los Reyes, fuera de las cosas que fuesen de comer. Item, que -si descubriesen algunos mineros á su costa, de todo el oro que dellos -cogiesen, sacadas las costas, diesen la mitad á los Reyes, quedando -los mineros tambien para Sus Altezas, y creo que esto se entendia, si -los hallasen dentro de los términos de los pueblos ó villas que habian -de hacer. Item, que si descubriesen islas ó tierra firme, que hasta -entónces no fuesen descubiertas, de todo el oro y perlas diesen la -mitad, pero de las otras cosas pagasen el quinto. El pasaje franco, -se les dió sólo á sus personas, y no para cosa chica, ni grande, -de las que llevasen de su casa y ropa. Fué otra merced, que en las -dichas villas no pudiesen morar ni vivir persona alguna de las que de -Castilla se desterrasen para las Indias, ni que hobiesen sido judíos, -ni moros, ni reconciliados, por honra de los dichos 200 vecinos; -habian de ser obligados á residir cinco años en esta isla, y servir -en ella y hacer cumplir lo quel Gobernador della, de parte de los -Reyes, les mandase, sin sueldo alguno, especialmente si algunos de los -españoles no obedeciesen sus mandamientos reales, ó algunas provincias -se rebelasen, ó algunos indios se alzasen contra su servicio, á sus -propias costas les hiciesen la guerra, y si ántes de los cinco años -quisiesen volverse á Castilla, lo pudiesen hacer, pero que no pudiesen -vender lo que por razon de la vecindad se les hobiese dado, sino que lo -perdiesen, y los Reyes hiciesen dello lo que por bien tuviesen. Esta -fué la capitulacion que los Reyes mandaron tomar con Luis de Arriaga, -la cual se extendió á todos los españoles que á esta isla viniesen á -poblar. Despues no pudo hallar 200 casados, sino 40; suplicó desde -Sevilla, que aquellos gozasen de aquellas mercedes, los Reyes se lo -concedieron. Venidos á esta isla, Arriaga con sus 40 casados, como lo -habian ellos de sudar y trabajar, y no venian á esto, sino á holgar y -volverse con muchos dineros, ni hicieron villas, ni castillos, sino -entre los demas se mezclaron, y lo que de los más fué dellos. Algunos -dias despues, los que cogian oro, de los 300 que acá hallamos, y los -que de nuevo vinieron, que con ellos hicieron compañía, quejábanse al -Gobernador, que era mucho y muy oneroso dar á los Reyes, del oro que -sacasen de las minas, la mitad, por el mucho trabajo y costa con que -se sacaba, y, por tanto, que escribiese á los Reyes se contentasen con -recibir el tercio; escribiólo, y concediéronselo, y esta libertad se -concedió por un capítulo de una Carta real para el Gobernador. Otra -vez se suplicó á los Reyes, que así como por la dicha capitulacion se -habia de pagar la tercia parte del algodon, y otras cosas que no fuesen -metales, que tuviesen por bien que no pagasen sino la cuarta, y esta, -por Provision real, hecha en Medina del Campo, á 20 de Diciembre de -503. Despues, hallando tambien por oneroso pagar á los Reyes el tercio -del oro, tornaron los españoles desta isla á suplicar que no quisiesen -llevarles tanto, y enviaron, por Procurador, á los Reyes, sobre ello, -á un caballero de Sevilla, llamado Juan de Esquivel; y en fin, los -Reyes les concedieron que no pagasen, de cualesquiera metales, más del -quinto, y esto fué por Provision real, que comenzaba: «D. Hernando y -Doña Isabel, por la gracia de Dios, etc.;» y la fecha della fué á 5 de -Febrero de 504, en Medina del Campo. Habemos querido poner aquí estas -menudencias pasadas, de que ninguno de los que escriben podrá dar -noticia particularizada, para que se vea cuán estrechos andaban los -Reyes por aquel tiempo en abrir mano de los derechos reales, y en hacer -mercedes cuán limitados, por la pobreza grande que habia en Castilla en -aquel tiempo, y los Reyes católicos, no ménos que sus reinos, carecian -de riquezas y abundancia, con toda la cual, no empero, por eso, dejaban -de hacer, en ellos y fuera dellos, hazañas. - - - - -CAPÍTULO VII. - - -En este tiempo, cesada la tormenta que sumió en los abismos la flota, -determinó el Gobernador de poblar una villa en el puerto de Plata, -que está á la parte del Norte en esta isla, por buenos respectos; -y el uno, principal, fué por ser puerto donde podian venir, como -vinieron, navíos, despues, y volver á Castilla con ménos dificultad -que á éste, y deste puerto. Lo otro fué por estar en comedio de la -isla, 10 leguas de la gran Vega, donde habia dos villas principales, -la de Santiago, que está 10 leguas, y la Concepcion, 16, dél, y las -mismas 10 ó 12 leguas de las minas de Cibao, que fueron tenidas por -las más ricas de toda esta tierra; y así, dieron mucho más oro y más -fino que las de Sant Cristóbal y todas las otras. Otra razon y motivo -tuvo, y esta fué, acompañar la isla de pueblo por aquella parte, donde -habia mucha multitud de indios; en aquel puerto no habia más que un -vecino de la villa de Santiago, que tenia una granja, que llamaban -Estancia, donde criaba puercos y gallinas, y otras granjerías ántes -desto. Así que, acordado de enviar á poblallo, envió ciertos vecinos, -en un navío, por la mar, los cuales despachados, hízose á la vela el -navío, y llegaron á la isleta de la Saona, 30 leguas deste puerto, y -que está una legua ó poco más desta isla, cuasi apegada, la gente de -la cual, con toda la provincia de Higuey, que es en esta isla y á la -isleta comarcana, era la alzada, que daban por buenas nuevas á los -que veniamos, cuando llegamos, como arriba queda declarado. Llegado -el navío á la isleta, salieron á tierra ocho hombres á pasearse y -recrearse; los indios, viendo venir el navío, estimando que era de los -que allí habian estado poco ántes, y hecho la obra que luego se dirá, -no tardaron en aparejarse, y así como los ochos salieron en tierra, -puestos los indios en celada, dieron sobre ellos y matáronlos. La -justicia y derechos que para ello tuvieron, es la siguiente, la cual -hobe de personas de aquellos tiempos, y así la refiero con verdad, sin -añadir, ántes creo, que, cuanto á la esencia del caso, quito mucho -encarecimiento y ahorro muchas palabras. Entre la gente de aquella -isleta de la Saona y los españoles que vivian en este puerto y villa -de Sancto Domingo, habia mucha comunicacion y amistad, por lo cual -enviaban los vecinos desta villa una carabela, cada y cuando que tenian -necesidad, y sin ella, y los indios desta isleta se la cargaban, -principalmente de pan, porque era dello abundante. Entre otras, una -vez, pocos dias ántes que con el Comendador de Lares llegásemos, fué -la carabela por el pan; el señor y Cacique de la isleta, con toda su -gente, recibieron á los españoles como tenian de costumbre, como si -fueran ángeles, ó cada uno su padre y su madre. Pusieron luego por obra -de la cargar, con todo el regocijo y alegría que puede mucho pensarse, -y, porque como entre los españoles seglares, se acostumbra de no ir de -una parte á otra sin llevar consigo su espada, de aquella manera no -se mudaban los españoles sin llevar consigo un perro, y perros de los -bravos, muy bien doctrinados á desgarrar y hacer pedazos á los indios, -á los cuales temian los indios más que á los mismos diablos. Andaban, -pues, mucho número de indios acarreando cargas del pan caçabí, y -echábanlo en la barca que á la carabela lo llevaba; el señor y Cacique -de la isla traia una vara en la mano, andando de una parte á otra, -dando priesa á sus indios, por hacer placer á los cristianos. Estaba -por allí un español que tenia el perro por la cadena, y como el perro -via al Cacique con la vara, y mucho menearse, cebábase muchas veces -á querer arremeter á él, como estaba en desgarrar indios tan bien -amaestrado, y con dificultad el español lo podia refrenar, y dijo á -otro español, «¿qué cosa sería si se lo echásemos?» y, dicha aquella -palabra, él ó el otro, revestidos del diablo, dijo al perro: «tómalo», -burlando, creyendo podello tener. Oido el perro, «tómalo», arremete -con tanta fuerza como si fuera un poderoso caballo desbocado, y lleva -tras sí al español, arrastrándolo; y, no pudiéndolo tener, suéltalo, -y va tras el Cacique, y dale un bocado de aquellos ijares, y creo, si -no me he olvidado, que le asió de las tripas; y el Cacique huyendo -á una parte, y el perro con ellas en la boca, y tirando hácia otra, -las iba desliando. Toman los indios su desventurado señor, que desde -allí á poco espiró, y llévanlo á enterrar, con gritos que ponian en el -cielo, lamentando; los españoles, toman su buen perro y compañero, y -luego, vánse á la carabela, y en ella viénense á este puerto, dejando -hecho aquel buen recaudo. Sábelo á la hora, ó en breve, la provincia -de Higuey, en especial un señor llamado Cotubáno ó Cotubanamá, la -penúltima sílaba del primer vocablo y la última del segundo luengas, -el cual era el más cercano, y tambien harto más que otros esforzado; -pónense todos en armas, con propósito de, cada y cuando que pudiesen, -se vengar, y porque ántes no pudieron hasta que aquellos ocho que -iban al puerto de Plata vinieron, que creo que todos eran marineros, -ó los más, su propósito y justicia no ejecutaron. Estos eran los -indios alzados y de guerra, que nos daban por buenas nuevas, los que -acá estaban, cuando veniamos, porque terniamos donde hacer esclavos. -Agora puede cualquiera leyente que tenga algun juicio de razon, y mejor -si teme á Dios, juzgar, no con mucha dificultad, si en matar á los -ocho, aunque ellos por entónces no los ofendieron, tuvieron derecho, -justicia y razon; y dije «por entónces no los ofendieron», porque quizá -los habian ofendido ántes otras veces, segun que alguno dellos que yo -cognoscí habia por allí andado. Y puesto que aquellos todos hayan sido, -cuanto á este hecho, inocentes, no por eso injustamente los mataron, -porque la nacion que justa guerra tiene contra otra, no es obligada á -andar discerniendo, si aquel es inocente ó aquel nó; si no fuese que -ser inocente alguno pareciese al primer aspecto ó con poco discurso -manifiesto; así como los niños, ninguno dudará en que sean inocentes -al primer aspecto y con poco discurso, como los labradores que andan -ocupados en sus labranzas, y los que estuviesen apartados, como en una -isla, de su propio señor, que mueve la guerra injusta, como suponemos, -de los cuales se puede presumir, con poco discurso de consideracion, -que ni saben della, ó al ménos no ayudan, ni tienen en ella culpa. -Todo el contrario desto es en el presente caso, porque ningun español -hobo en aquellos tiempos, de los que habia en esta isla, que no fuesen -de los indios ofensores, y les hiciesen grandes é irreparables daños; -y, por consiguiente, racionabilísimamente podrian presumir y juzgar, -sin pecado, que cuantos viesen venir á su isleta eran nocentes, y sus -enemigos, y que les venian á hacer las obras que los otros, puesto que -entónces de Castilla llegasen, y así tambien, sin pecado, matallos. -Pero dejemos este derecho y justicia para delante el divino juicio, que -se lo há para sí reservado. - - - - -CAPÍTULO VIII. - - -Sabido este hecho, quedos vecinos indios de la Saona hicieron en -aquellos ocho cristianos luego el Comendador de Lares determinó de -envialles á hacer guerra (porque para se la mover poco achaque bastaba, -segun la costumbre que todos los españoles por entónces tenian), á más -de haber rescibido el agravio de habellos muerto tan inhumanamente á -su señor; porque ya sabian todos los españoles desta isla, que los -indios habian de quedar lastimados y llenos de toda amargura, y que -se habian de alzar, y matar los españoles que pudiesen. De manera, -que haberles hecho grandes injurias, insultos y daños irreparables, -cada y cuando que agravios, y robos y muertes les hacian, tenian por -justa causa y jurídico título para los mover guerra; y el título que -luego publicaban, era que se habian alzado, y su alzamiento, muchas y -diversas veces, cierto, era huirse á los montes y esconderse solamente -dellos. Apercibió, pues, los pueblos de los españoles que habia en -esta isla, que eran, no más de cuatro villas, Santiago, la Concepcion -el Bonao y esta de Sancto Domingo, mandando, que de cada uno saliese -cierta gente, y de la gente que habia venido de Castilla, con él, los -que se hallaron sanos; todos, con el ánsia de hacer esclavos, fueron -de muy buena voluntad. Apregonada ya la guerra á fuego y sangre, -juntarse hian 300 ó 400, segun yo creo; nombró por Capitan general, á -Juan de Esquivel, de quien dijimos en el capítulo precedente, haber -traido del Rey, que del oro que se sacase de las minas no se pagase -más del quinto, y con la gente de cada villa de los españoles, iba -tambien su Capitan. Acostumbrábase tambien llevar toda la gente de -indios que estaban sujetos, con sus armas, en su ayuda, que no era -poca la guerra, que, por miedo de los españoles y por contentarlos, -estos á aquellos hacian, y así se acostumbró despues en todas estas -Indias. Llegados á la provincia de Higuey, que, por comun nombre, -llamamos á mucha de aquella tierra (y es la tierra más oriental desta -isla, y que primero vemos y topamos viniendo de Castilla), hallaron -los indios aparejados para pelear y defender su tierra y sus pueblos, -si así pudieran como querian; pero como todas sus guerras eran como -juegos de niños, teniendo las barrigas por escudos para rescibir -las saetas de las ballestas de los españoles, y las pelotas de las -escopetas; como peleasen desnudos en cueros, no con más armas de sus -arcos y flechas, sin hierro, y con piedras donde las habia, poco sosten -podian tener contra los españoles, cuyas armas son hierro, y sus -espadas cortan un indio por medio, y las fuerzas y corazones tienen -de acero; pues de los caballos no digo, que en una hora de tiempo -alancea uno sólo 2.000 dellos. Finalmente, hacian cara un rato en los -pueblos, y, no pudiendo sufrir las ballestas y escopetas, y tambien -las espadas, cuando se llegaban cerca, deshechos sus escuadroncillos, -y desjarretados y muertos muchos dellos, toda su guerra era huir á los -montes, y por las breñas esconderse. Los cuales, aunque desnudos en -cueros vivos, y sin armas ofensivas ni defensivas, hicieron algunos -hechos señalados, y contaré uno: Dos de caballo, personas señaladas -en la gineta, que yo bien cognoscí, llamados Valdenebro y Pontevedra, -vieron un indio en un bueno y grande campo; dijo el uno al otro: -«déjamele ir á matar;» arremete con el caballo y alcánzalo; el indio, -de que vido que lo alcanzaba, vuélvese á él, no sé si le tiró algun -flechazo, el Valdenebro, encuéntralo con la lanza, y pásalo de parte á -parte, el indio, toma con las manos la lanza, y métela más, y váse por -ella hasta tomar las riendas en la mano; saca el espada el de caballo -y métesela por el cuerpo, el indio quítale de las manos el espada, -teniéndola en el cuerpo; saca el puñal y méteselo en el cuerpo, el -indio, quítaselo de las manos: ya quedó el de caballo desarmado. Vélo -el otro, de donde estaba, bate las piernas al caballo, encontrándolo -con la lanza, y, tomada por el indio, hace lo mismo del espada y del -puñal; hélos aquí ambos desarmados, y el indio con seis armas en el -cuerpo, hasta que se apeó el uno, y sácale el puñal con una coce que le -dió, y luego cayó muerto el indio en el suelo. Esto acaesció en esta -guerra, y fué público y notorio. Idos á los montes, luego era cierto -irlos á montear en cuadrillas, donde, hallándolos con sus mujeres y -hijos, hacian crueles matanzas en hombres y mujeres, niños y viejos, -sin piedad alguna, como si en un corral desbarrigaran y degollaran -corderos. Tenian por regla los españoles, como arriba queda dicho, en -las guerras que hacian á los indios, ser siempre, no como quiera, sino -muy mucho y extrañamente crueles, porque jamás osen los indios dejar -de sufrir la aspereza y amargura de la infelice vida que con ellos -tienen, y que ni si son hombres conozcan, ó en algun momento de tiempo -piensen; muchos de los que tomaban cortaban las manos ambas, á cercen, -ó, colgadas de un hollejo, decíanles: «anda, lleva á vuestros señores -esas cartas;» conviene á saber, esas nuevas. Probaban en muchos las -espadas, quién tenia mejor espada ó mejor brazo, y cortaba el hombre -por medio, ó le quitaba la cabeza de los hombros de un piquete, y sobre -ello hacian apuestas; á los señores que prendian, no escapaban del -fuego. Creo que á la gran señora vieja, que arriba dijimos llamarse -Higuanamá, la última sílaba luenga, presa, la ahorcaron, si bien me -acuerdo. Traian una carabela por la mar, por allí cerca, para cuando -fuese menester, en la cual pasaron á la isleta de la Saona; hicieron -los indios un rato cara, y luego dieron á huir, como suelen, y aunque -es toda montes espesos, y hay algunas cuevas en las peñas, pero no se -pudieron esconder. Juntaron presos sobre 600 á 700 hombres, y métenlos -en una casa, y allí los meten todos á cuchillo; y mandó el Capitan -general, que era, como dije, aquel caballero Juan de Esquivel, que -sacasen todos aquellos muertos y los pusiesen al rededor de la plaza -del pueblo, y que contasen cuántos eran, y halláronse los que dije; y -así vengaran los ocho cristianos, que ántes, pocos dias, los indios -habian allí, con tan justa causa, muerto. Hicieron todos los que -tomaban á vida, esclavos, que es lo que principalmente los españoles, -aquí en esta isla, y despues en todas las Indias, pretendieron, y á -esto enderezaron siempre sus pensamientos, sus deseos, sus industrias, -sus palabras y sus buenos hechos. Desta manera dejaron aquella isleta, -destruida y desierta, siendo el alholi del pan, por ser muy fértil. -Viéndose las gentes de aquel reino tan lastimadas, tan corridas, tan -perseguidas, y de remedio alguno tan desesperados, y que ni en las -entrañas de la tierra podian escaparse, comenzaron á enviar mensajeros -los señores de los pueblos, diciendo que no querian guerrear, que -ellos los servirian, que más no los persiguiesen; rescibiéronlos de -paz, el Capitan general y los Capitanes, benignamente, afirmándoles -que no se les haria más mal, y por eso, que no hobiesen miedo de venir -á morar á sus pueblos. Concertaron y pusieron con todos ellos que -hiciesen allí, en cierta parte, una gran labranza de su pan para el -Rey, y que cumpliendo ellos esto, estarian seguros de que no vernian -á esta ciudad de Sancto Domingo á servir, como ellos temian y pedian, -y de que de algun español mal ni daño rescibiesen. Entre otros que -vinieron á visitar los cristianos y hacer reverencia al Capitan general -y Capitanes, fué uno de los mayores señores, y más valeroso, por ser -muy esforzado entre ellos, y aunque su persona daba noticia de quién -era, por la gran persona que tenia y autoridad que representaba, como, -si Dios quisiere, se dirá más largo, cuando hablaremos otra vez dél; -este fué Cotubanamá ó Cotubáno, segun ya dijimos, que frontero de la -dicha isleta Saona tenia su estado y tierra. A este, como á señor -principal y señalado, el Capitan general dió su nombre, trocándolo por -el suyo, diciendo que se llamase desde adelante Juan de Esquivel, y -que él se llamaria Cotubáno, como él. Este trueque de nombres en la -lengua comun desta isla, se llamaba ser yo y fulano, que trocamos los -nombres, guatiaos, y así se llamaba el uno al otro; teníase por gran -parentesco, y como liga de perpetua amistad y confederacion, y así, el -Capitan general y aquel señor quedaron guatiaos, como perpétuos amigos -y hermanos en armas, y así los indios llamaban al Capitan, Cotubáno, y -al señor, Juan de Esquivel. Hizo edificar una fortaleza de madera en -cierto pueblo de indios, algo cerca de la mar, metido en la tierra, -donde le pareció convenir, y dejó allí nueve hombres con un Capitan -llamado Martin de Villaman; y, despedida la gente de los españoles, -cada uno se tornó á la villa de donde habia venido con la parte que le -venia de los esclavos. En tanto que la guerra se hacia, el Gobernador -mandó que esta villa de Sancto Domingo, que está en la otra parte del -rio, se pasase á esta, donde agora está. Tuvo sola esta consideracion, -conviene á saber, porque todos los pueblos que habia de españoles en -toda esta isla, estaban y hoy están, desta parte acá, y porque los que -viniesen de la tierra dentro á negociar y tratar con el Gobernador, y -con los vecinos desta ciudad y con las naos, no tuviesen impedimento, -por estar en medio el rio, esperando á pasar ellos y sus caballos en la -barca ó barcas que habia de haber, porque aún entónces no las habia, -porque no pasaban de una parte á otra sino en canoas; barquillos de -los indios. Pero en la verdad, para la sanidad, mejor la asentó el -Almirante donde estaba de la otra parte ó banda, por estar al Oriente -del rio, y en saliendo el sol llevaba delante de sí los vapores, -nieblas y humedades, aventándolas del pueblo, y agora todas las echa -sobre él. Item, de la otra banda está una fuente de buen agua, que aquí -no hay sino de pozos muy gruesa, y no todos los vecinos pueden enviar -por ella; y que puedan, todavia es con trabajo y dificultad, habiendo -de esperar la barca á la ida y á la venida, ó de tener cada uno canoa -ó barco propio, lo cual todo causa trabajo y tardanza, y áun peligro -cuando el rio viene avenido ó hay tormenta en la mar. Por todas estas -razones, la ciudad estaba más saludablemente á la otra parte. Pasados -acá todos los vecinos, hicieron sus casas de madera y de paja, pero -desde algunos meses comenzaron, cada uno segun podia, á edificarlas de -piedra y cal. Tiene la comarca desta ciudad los mejores materiales -para edificios que se pueden hallar en alguna parte, así de cantería -como de piedra para cal, y la tierra para tapias, y, para ladrillo y -teja, barriales. De los primeros que edificaron fué el mismo Comendador -de Lares, que hizo sus casas honestas sobre el rio, en la calle de -la Fortaleza, y tambien hizo en la otra acera, que despues dejó á su -órden y al hospital que hizo de Sant Nicolás. El piloto Roldan edificó -una renglera de casas, para su morada y para alquilar, en las cuatro -calles. Luego, un Hierónimo Grimaldo, mercader, y otro llamado Briones -y otros, y cada dia fueron creciendo los edificios, cuanto cuasi -cada año, aunque con alguna interpolacion; algunas veces venian de -aquellas tempestades que acaecia derrocar todas las casas de la ciudad, -sin dejar alguna enhiesta, sino eran las pocas que de piedra eran -edificadas. Despues las guerras de Francia, y áun tambien el demasiado -número de negros esclavos, han causado que de muro bueno se cercase ó -comenzase á cercar. De los monesterios, el primero se edificó el de -Sant Francisco, despues el de Sancto Domingo, y muchos años pasados el -de la Merced. La fortaleza tambien se comenzó luego á edificar, y no -cesó la obra hasta que fué acabada. Dió el alcaidía della el Comendador -de Lares á un sobrino suyo, llamado Diego Lopez de Saucedo, persona muy -cuerda y de autoridad, y muy honrada. Fundó tambien un hospital de Sant -Nicolás, y dotólo de buena renta para rescibir y curar en él cierto -número de pobres, ó creo que todos los que en él se pudiesen curar. Y -porque ya en este tiempo éramos el año de 1503, y los reyes Católicos, -vacando la comendadoría mayor de Alcántara, le hicieron merced della en -este año, de aquí adelante le nombraremos Comendador Mayor. - - - - -CAPÍTULO IX. - - -En este tiempo, estaban ciertos españoles, de los que se alzaron -con Francisco Roldan, en el pueblo y provincia de Xaraguá, donde, -como arriba, en el primer libro, dijimos, era la corte y reino del -rey Behechío, y de Anacaona, su hermana, mujer muy valerosa, y, -por muerte de Behechío, ella el Estado gobernaba. Estos españoles, -cuanto más podian, se apoderaban en los indios, haciéndoles servir en -hacer labranzas, con título que querian poblar allí, fatigándolos y -obrando de aquellas obras, y usando de la libertad á que con Francisco -Roldan estaban acostumbrados. La señora Anacaona y los señores de la -provincia, que eran muchos, y, en su ser, y autoridad, y señorío, muy -nobles y generosos, y que en polideza y lengua, y en muchas otras -cualidades, hacian, como, hablando de aquel reino, en el primer -libro dijimos, á todos los señores desta isla, ventaja, sentian, -por demasiadamente onerosos, á los españoles, y por perniciosos, y -por todas maneras intolerables; y debió de haber algun movimiento -en los indios con alguno ó algunos españoles, no queriendo hacer lo -que les demandaban, ó los señores reñir con ellos, ó amenazallos. -Y cualquiera cosa, por chica que fuese, de resistencia, en obra ó -palabra, que no se cumpliese la voluntad del más astroso y vicioso, -y áun azotado en Castilla, bastaba para luego decir que los indios -eran táles y cuáles, y que se querian alzar; por esta causa, si fué -de algo desto el Comendador Mayor por ellos avisado, ó por visitar -los mismos españoles que en aquella provincia estaban, que eran todos -cerreros y mal domados, y puestos en costumbre de no obedecer, sino -andar en todo á sabor de su vicioso paladar, ó por visitar aquel -reino, que era donde habia gran multitud de gentes y señores grandes, -y aquella señora, sobre todos, que era tan nombrada; y aquella -provincia estaba desta ciudad 70 leguas, y así, más que otras de las -desta isla, tras mano, acordó el Comendador Mayor de ir allá. Llevó -consigo 300 hombres de pié y 70 de caballo, porque entónces habia en -esta isla pocas yeguas, y ménos caballos, y muy rico habia de ser el -que alcanzase una yegua en que andar, y en estas andaban los que las -tenian, y en ellas jugaban cañas, y en ellas peleaban, porque para -todo esto las enseñaban; y áun hombre hobo, de los que vinieron en -el viaje del Comendador Mayor, que, al son de una vihuela, hacian su -yegua bailar ó hacer corvetas ó saltar. Sabido por la reina Anacaona -que el Comendador Mayor la iba á visitar, como mujer muy prudente y -comedida, mandó convocar todos los señores de aquel reino, y gentes de -los pueblos, que viniesen á su ciudad de Xaraguá á rescebir y hacer -reverencia y festejar al Guamiquína de los cristianos, que habia -venido entónces de Castilla. Guamiquína, la penúltima luenga, quiere -decir en su lenguaje, el señor grande de los cristianos. Allegóse una -corte maravillosa, de gentes tan bien dispuestas, hombres y mujeres, -que era cosa de considerar. Ya se ha dicho que las gentes de aquel -reino, en hermosura de gestos, eran en gran manera, sobre todas las -otras desta isla, señaladas. Llegado el Comendador Mayor y su compañía -de pié y de caballo, sale Anacaona é innumerables señores (porque se -dijo venir 300 señores), y gentes infinitas, á lo recibir, con gran -fiesta y alegría, cantando y bailándole delante, porque así era su -costumbre, como se vido en el libro I, cap. 114, en el rescibimiento -que hicieron cuando fué á aquella provincia y entró en aquel pueblo -y ciudad, viviendo Behechío, el Adelantado, hermano del Almirante. -Aposentado el Comendador Mayor en un caney ó casa grande y principal, -y muy labrada, de las que allí solian hacer muy hermosas, puesto que -de madera y cubiertas de paja (como notificamos en la otra nuestra -Historia apológica ó apologética), y la otra gente que traia, por las -otras casas cerca dél, con los españoles que allá estaban, Anacaona -y todos los señores hacíanle mil servicios, mandándole traer de comer -la caza de la tierra, y del pescado de la mar, que legua y media ó dos -de allí distaba, y pan caçabí (esto era lo que ellos alcanzaban), y -de todas las otras cosas que tenian y podian, y gente que sirviesen, -cuanto era menester, para su mesa, y para las de los demas, y para sus -yeguas, y si alguno llevaba caballo; areytos, que eran sus bailes, y -fiestas, y alegrías, y juegos de pelota, que era cosa de ver, no creo -que faltaban. Poco quiso gozar desto el Comendador Mayor, porque luego, -en breve, determinó de hacer una obra, por los españoles en esta isla -principiada, y en todas las Indias muy usada y ejercitada; y esta es, -que cuando llegan ó están en una tierra y provincia donde hay mucha -gente, como ellos siempre son pocos al número de los indios comparados, -para meter y entrañar su temor en los corazones, y que tiemblen como -de los mismos diablos en oyendo el nombre de cristianos, hacer una -muy cruel y grande matanza. Tuvo este señor Gobernador voluntad de -ir por aquel camino y hacer un hecho bien sonado, aunque no, cierto, -romano, y mucho ménos cristiano; y no dudo yo, sino que por parecer, -y persuasion, y importuno inducimiento de aquellos romanos, que, de -aquella simiente de Francisco Roldan, allí quedaron y estaban. Un -domingo, despues de comer, como tenia concertado, mandó cabalgar á -todos los de caballo, con título que querian jugar á las cañas, y á -todos los de pié, allí junto, aparejados; dice Anacaona al Comendador -Mayor, que ella y aquellos señores Caciques, quieren ver con él el -juego de las cañas; dello al Comendador Mayor mucho place, pero que -haga llamar todos los señores, y con ella vengan juntos, que les quiere -hablar en su posada. Tenia concertado que los de caballo cercasen la -casa, y los de fuera y dentro estuviesen aparejados, y que, cuando él -pusiese la mano en una pieza de oro que tenia á los pechos colgada, -comenzasen á atar á los señores que dentro estaban y á Anacaona; -primero sacadas todas sus espadas, y despues hiciesen lo que más les -estaba mandado. _Ipse dixit et facta sunt omnia._ Entra la señora y -reina, noble, Anacaona, y que muchos y grandes servicios habia hecho á -los cristianos, y sufrídoles hartos insultos, agravios y escándalos; -entran 80 señores que por allí más á mano se hallaron, ella y ellos con -su simplicidad y descuidados; esperan la habla del Comendador Mayor. -No habla, sino pone en la joya que á los pechos tenia, la mano; sacan -los satélites sus espadas, tiémblanles á Anacaona y á todos aquellos -señores las carnes, creyendo que los querian allí despedazar. Comienzan -á dar gritos Anacaona, y todos á llorar, diciendo, que por qué causa -tanto mal; los españoles dánse priesa en los maniatar, sacan sola á -Anacaona maniatada, pónense á la puerta del caney ó casa grande, gentes -armadas, que no salga nadie; pegan fuego, arde la casa, quémanse vivos -los señores y Reyes en sus tierras, desdichados, hasta quedar todos, -con la paja y la madera, hechos brasa. Sabido por los de caballo, que -comenzaban los de pié á atar, comienzan ellos, encima de sus caballos, -y con sus lanzas, por todo el pueblo corriendo, á alancear cuantos -hallaban; los españoles de pié, con sus espadas, no dormian entónces, -sino cuantos podian desbarrigaban, y como se habia llegado infinito -número de gente de diversas partes, al rescibimiento, negro para ellos, -del nuevo Guamiquína de los cristianos, fueron grandes los estragos -y crueldades que en hombres, viejos y niños inocentes hicieron, y -el número de gentes que mataron; y acaecia, que algunos españoles, -ó por piedad ó por cudicia, tomaban algunos niños y muchachos, para -escapallos y que no los matasen, y poníanlos á las ancas de los -caballos, venia otro por detrás y pasábalo con una lanza. Otro, si -estaba el muchacho en el suelo, aunque lo tuviese otro por las manos, -le cortaba las piernas con el espada; á la reina y señora Anacaona, -por hacelle honra, la ahorcaron. Alguna gente, que pudo desta inhumana -matanza huir, pasáronse á una isleta llamada el Guanabo, que está ocho -leguas de allí, dentro, en la mar, en sus barquillos ó canoas, por -escapar; á todos los cuales, porque se huyeron de la muerte, condenó á -que fuesen esclavos, é yo tuve uno dellos que me lo dieron por tal. -Estas obras se hicieron por mandado del Comendador Mayor de Alcántara, -don fray Nicolás de Ovando, para pagar á aquellas gentes, señores y -súbditos de la provincia de Xaraguá, el buen recibimiento y servicio -que le habian hecho, y en recompensa de los infinitos agravios y daños -que habian rescibido de Francisco Roldan y de los otros sus aliados. -La causa que publicó y publicaron fué porque, diz que, se querian -alzar y los querian matar, teniendo 70 de caballo, los cuales, con -verdad hablo, bastaban para asolar cien islas como esta y toda la -tierra firme, porque, donde quiera que en estas Indias no habia rios -grandes, ó lagunas, ó pasos malos de sierras ásperas, 10 de caballo lo -pueden todo asolar, cuanto más estando esta triste gente desarmada, -en cueros, descuidada y sin pensamiento de mal. Y que esto sea así, -¿cómo no habian muerto á 40 ó 50 españoles, que allí con ellos estaban -haciéndoles diez mil agravios, sin otras armas ni caballos, más de sus -espadas, dos ó tres años, solos, que fácilmente los pudieran matar, y -acordaban matar á cerca de 400 hombres juntos y 70 de caballo que allí -estaban, y sabian que habian venido á este puerto treinta y tantas -naos, lo que nunca jamás hasta entónces oyeron, sino de una, dos, tres -ó cuatro, y todas aquellas llenas de cristianos? ¡Bien clara está la -inocencia de aquellos corderos y la injusticia y crueldad de quien -así los estirpó y mandó matar! Porque se vea esto más claro, sépase y -considérese esta verdad, conviene á saber: que cuando el año de 505, -muerta la reina Doña Isabel, vino el rey D. Felipe y la reina Doña -Juana á reinar, hobo vehemente fama en esta isla, que proveian otra -cierta persona para que la viniese á gobernar. Entonces el Comendador -Mayor, temiendo la residencia que deste hecho se le habia de tomar, -entendió en que se hiciese proceso contra tantos señores, que, sin -proceso, y sin ser oidos ni defendidos, ni propuesto cargo y dado -descargo, habia quemado, y aquella tan grande señora y tan benemérita -de los cristianos ahorcado, y con tanta inhumanidad la provincia -estirpado; y así lo mandó hacer, á cabo de muchos meses que era pasado, -y quizá de un año, porque no me acuerdo, aquí en esta ciudad y en -la villa de Santiago, y en otras partes desta isla, y los testigos -fueron los mismos verdugos españoles, capitales enemigos de los indios, -que habian hecho aquel y otros estragos, porque se vea cuán bien y -jurídicamente iria el proceso sustanciado. Díjose en esta isla, que -la reina Doña Isabel, ántes que muriese, habia sabido desto hecho tan -notable, y que lo habia sentido mucho y abominádolo. Tambien se dijo, -que D. Álvaro de Portugal, que á la sazon era Presidente del Consejo -real, habia amenazado al dicho Comendador Mayor, diciendo: «yo vos le -faré tomar una residencia, cual nunca fué tomada», y parece que no lo -pudo decir sino por estos daños tan grandes hechos á estas gentes, -porque, en la verdad, en muchos años que yo estuve aquí, él gobernando, -nunca cognoscí ni oí decir que á españoles hiciese notables agravios, y -que con razon dél se quejasen. Por lo mostrado, tambien podrá parecer -la verdad que contiene la historia de Oviedo, cuando y doquiera que -habla de los indios, condenándolos siempre y excusando los españoles -en las perdiciones y despoblaciones que por todas estas tierras han -hecho, como en la verdad haya sido en ellas uno dellos. Porque, en -este caso hablando, dice que se supo la verdad de la traicion que -tenian ordenada, y como estaban alzados de secreto, por lo cual fueron -sentenciados á muerte. Yo ruego á Dios, que nunca yo tenga parte en -semejante justicia ni sentencia, ántes todas mis obras sean contrarias -della. Dice más Oviedo, loando al Comendador Mayor, entre otras sus -bondades, que favoreció mucho á los indios; habia como hombre ciego, y -que hinche todo su escribir de ripio, sea cualquiera: el amor que este -caballero tuvo á los indios, parece ha parecido y parecerá mucho más, -por lo que con verdad se dirá, bien manifiesto. - - - - -CAPÍTULO X. - - -Hecho aquel prodigio, con tanta impiedad como se ha referido, que -llamaban los españoles castigo, para que temblasen los corazones de -aquellos tristes púsilos, y destruida cuasi toda esta provincia, -vánse huyendo todos á los montes los que se hallaron presentes, que -escaparon de aquel fuego y cuchillo, y los que dello tuvieron nueva -por oidas. Un señor, llamado Guaorocuyá, la última luenga, sobrino de -la reina Anacaona, que se escapó de allí, con los que le quisieron -seguir, fué huyendo á las sierras de Baoruco, que están frontero de -aquella provincia á la parte de la mar, la vuelta al Sur, ó Mediodia; -sabido por el Comendador Mayor, diciéndole los españoles que iba alzado -(porque huirse los indios de sus crueldades, como hacen las vacas y -toros de la carnicería, llamaban y hoy llaman que se rebelan contra la -obediencia de los reyes de Castilla), envió gente tras él, y hallado -en las breñas metido, luego lo ahorcaron, porque tambien llevase parte -de aquel nombrado castigo. Oidas estas nuevas por todas aquellas -dos partes desta isla, que por allí se abre como si abriésemos los -dedos primeros de la mano, el pulgar excepto, donde habia otras dos -grandes provincias, sus vecinas, una llamada Guahába, la media sílaba -luenga, que está en la banda del Norte, y la otra la de Hanyguayába, -luenga la misma sílaba media, hácia el Poniente, temiendo que les -viniese lo mismo, pónense en armas, ó por mejor decir en armillas, -para defenderse. Luego envió dos Capitanes principales que con él -andaban, de los experimentados en derramar sangre de indios en esta -isla, llamado el uno Diego Velazquez, y el otro Rodrigo Mexía Trillo; -el primero envió á Hanyguayába y cabo desta isla occidental, y el -segundo á Guahába, que es la tierra y provincia felicísima desta -isla, que primero fué descubierta por el Almirante. Ambos Capitanes -hicieron en aquellas gentes sus obras acostumbradas, y despues de hecha -cara los indios, un ratillo, dan luego de huir; van los nuestros á -monteallos, ejecutan en muchos sus ordinarios castigos; prenden los de -Diego Velazquez al señor y rey de Hanyguayába, y hácenlo, por honra, -luego ahorcar. Lo que hizo Rodrigo Mexía con su compañía, no lo supe -cuando pudiera, más de que al fin, como siempre, han de quedar los -indios, por su desnudez y carencia de armas, y más por su infelicidad, -lastimados y vencidos; viniéronse todos, los unos y los otros, á -dar á los españoles, sólo por salvar las vidas de su cuchillo. Dice -tambien Oviedo, que los indios de aquella provincia de Hanyguayába, que -guerreó Diego Velázquez, eran salvajes y vivian en cuevas; mal supo lo -que dijo, porque no vivian sino en pueblos y tenian sus señores que -los regian, y á su modo como los demas, su comunal policía; porque -áun la misma tierra, por ser como un jardin, aunque quisieran vivir -selváticamente, no se lo consintiera, y ni habia cuevas ni espeluncas, -como él dice, presumiendo demostrar que sabe nominativos, sino muy -graciosos campos y arboledas, donde tenian sus asientos de pueblos y -sembraban y cogian; é yo comí hartas veces de los frutos del pan y de -otras cosas que de su industria y trabajos procedian. La Guacayarima, -que dice ser otra distinta provincia (lo que no es), porque tiene la -punta della, junto á la mar, ciertas entradas ó peñas, que llaman -xagueyes los indios, como en la provincia de Higuey, que los habia -tan grandes, que podian vivir en ellos muchos vecinos, pero no vivian -sino en sus grandes pueblos; allí se escondian cuando la calamidad de -los españoles los perseguia, y porque, huyendo dellos, algunos allí -escondidos hallarian, quién á Oviedo se lo dijo (si no lo puso, quizá, -de su casa, como suele, añidiendo á su historia, como dije, ripio), por -aquello lo diria. Mandó el Comendador Mayor que se asentase y poblase -allí en Xaraguá una villa, y llamóla villa de la Vera Paz. Diego -Velázquez constituyó tambien otra en la provincia de Haniguayába, -en la costa de la mar del Sur, y llamóla Salvatierra de la Çabana, y -así, los españoles llamaron á la provincia, de Çabana, porque çabana -en lenguaje de los indios quiere decir llano, y aquella tierra es -llana y hermosa por mucha parte, al ménos lo cercano á la mar. Pobló -tambien otra villa, por mandado del Comendador Mayor, en la misma -costa de la mar del Sur, y es puerto donde dije que se habia echado -Alonso de Hojeda con dos pares de grillos á nadar, y el Almirante -llamaba la tierra y puerto del Brasil; los indios lo llamaban Yáquimo, -la media sílaba breve, y así llamó la villa de Yáquimo; hízose encima -del puerto una fortalecilla, no tan fuerte como la de Fuenterrabía. -Mandó eso mismo el Comendador Mayor, edificar otra villa 30 leguas de -Xaraguá, y otras 30 ó más desta ciudad de Sancto Domingo, entre los -dos rios poderosos llamados Neiba y Yaquí, á que puso nombre Sant Juan -de la Maguana, donde reinaba el rey Caonabo, que dijimos en el libro -I, haberle prendido Alonso de Hojeda con cierta maña, y ahogarse en -los navíos que se perdieron en el puerto de la Isabela, estando para -partirse á España. De allí 14 leguas más hácia esta ciudad, y 23 ó -24 della; pobló otra que se llamó la villa de Açua en Compostela, -por un Comendador gallego que allí estuvo ántes que fuese pueblo. -Açua, la sílaba del medio breve, es nombre del lugar que allí tenian -los indios. De todas estas cinco villas hizo Teniente suyo al Diego -Velasquez, tanta gracia tuvo con él. Rodrigo Mexía hizo en la otra -parte ó ramo desta isla llamada Guahába, la media sílaba luenga, otras -dos villas, la una nombrada Puerto Real, que hoy está viva, puesto que -cuasi perdida, y la otra llamó Lares de Guahába, por haber sido el -Comendador Mayor Comendador de Lares; y él fué teniente dellas. Esta -traza de asentar estas villas en los ya dichos lugares y mantenimientos -de los españoles, no era con las azadas que tomaban en las manos -los españoles, ni con sus trabajos y sudores, porque ninguno dellos -sabia abajar el lomo, sino que los indios, constreñidos por ellos, y -por miedo de las mantanzas pasadas, lo trabajaban, haciéndoles las -casas con todo el pueblo y labranzas con que se sustentaban; y así el -Comendador Mayor comenzó á ir por el camino que Francisco Roldan habia -comenzado, y el Almirante sufrídole, y el comendador Bobadilla mucho -ampliado y dado licencia larga, conviene á saber, señalar y forzar los -indios que hiciesen las casas y labranzas que los españoles querian, y -todos los otros servicios que habian menester, no sólo los necesarios, -pero los demasiados, y para hacer estado, como si fueran ellos los -señores naturales, y los indios, no solamente sus súbditos y vasallos, -pero mucho más que si todos fueran sus esclavos vendidos y comprados: -y esto corroboró y confirmó despues, como más que si le echara clavos, -el Comendador Mayor, desque cierta ocasion le vino á las manos muy -mal por él rodeada y buscada, y peor aplicada. Y todo esto que está -dicho hizo el Comendador Mayor sin autoridad alguna, ántes contra lo -que en su Instruccion trujo de los Reyes mandado, conviene á saber, -que los indios fuesen libres, y á ninguna servidumbre obligados, y él, -no solamente sufrió el señorío que tenian sobre los indios los 300 -españoles que acá hallamos, la cual, por ser pocos y los indios muchos, -se toleraba, pero añidió los muchos que consigo trujo, y echóles á los -que estaban apartados, como los de la Çabana de Haniguayába y de la -provincia de Guahába, la dicha carga, y á los que alguna tenian con -los pocos españoles, doblósela excesivamente, y hízosela intolerable; -y pluguiera á Dios, que en estos trabajos y males de los indios su -desdichada suerte parara: y que parar en aquellos trabajos la suerte -de los indios, por entónces fuese deseable, la historia lo dirá en los -capítulos de adelante. - - - - -CAPÍTULO XI. - - -Como el Comendador Mayor vido, cuando luego luego vino, que, acabada -la harinilla y vizcocho, que la gente mucha que trujo comenzó á -hambrear, y parte dellos á morir, y muchos más á enfermar, y que, por -la instruccion que traia y mando de los Reyes, los indios eran libres -(y sin ella lo debia él adivinar), y que no tenia poder de los Reyes -para los obligar (ni áun de Dios nunca lo tuvo, ni los Reyes para se -lo dar), estábanse los indios en sus pueblos, pacíficos, haciendo sus -labranzas, y curando de sus mujeres ó hijos, sin ofensa de nadie, y -sirviendo y obedeciendo á sus señores naturales, y á los españoles que -tenian á las hijas de sus señores, ó á las mismas señoras, por criadas, -y como mujeres, y ellas pensaban que eran con ellas casados; puesto -que destos no les faltaban hartas vejaciones y angustias, que, como -gente humílima y pacientísima, con ellas pasaban y las toleraban: sola -la provincia de Higuey, como arriba dije, estaba alzada, y tambien -signifiqué la causa. Así que, viendo el Comendador Mayor en aquel -tiempo aquellas dificultades, y que habia traido más gente de la que -podia remediar (y esta fué siempre una de las principales causas que -han asolado estas Indias, como parecerá, dejar venir á ellas gente -demasiada de España), escribió á los Reyes cierta carta, harto más -alargándose que la prudencia que tenia, y áun la conciencia recta y no -errónea, le debiera dictar, y miedo tengo, si quizá le dictaban, puesto -que todavía, siguiendo el juicio de menor peligro, creo que más lo hizo -errando y lleno de mucha ceguedad, de la cual, pocos se han en Castilla -escapado. Y digo que escribió él, no porque yo lo viese ni los Reyes -lo declaran, mas que fueron informados, sino porque no habia entónces -acá persona ó personas á quien los Reyes diesen crédito, para hacer -mudanza de cosa de tan gran importancia, sino á él. Escribió, pues, ó -fueron los Reyes informados dél ó de otros: lo primero, que á causa de -la libertad que á los indios se habia dado, huian y se apartaban de la -conversacion y comunicacion de los cristianos; por manera, que, áun -queriéndoles pagar sus jornales, no querian trabajar, y que andaban -vagabundos, y que ménos los podian haber para los doctrinar y traer á -que se convirtiesen á nuestra sancta fe católica, etc. Es aquí agora -de notar, ántes que pasemos adelante, que la libertad que se les dió, -fué la que está contada con verdad, porque ni supieron, ni á su noticia -jamás llegó que los Reyes los mandasen libertad; y así, no huian ni -se apartaban de los españoles más que de ántes, por la libertad que -se les hobiese dado, sino siempre huian dellos por sus infinitas ó -implacables vejaciones, furiosas y rigurosas opresiones, condicion -feroz, brava, y á todos los indios espantable, como huyen y se apartan, -y alebrastan los pollitos y pajaritos chiquitos cuando ven ó sienten el -milano. Esta fué, y es siempre y será, la causa de huir los indios de -los españoles, y meterse en las entrañas de la tierra y sus soterraños, -y no la libertad, que jamás nunca se les dió, ni la tuvieron despues -que cognoscieron cristianos; y esta es la pura y verdadera realidad -de la verdad, y lo que á los Reyes se escribió fué falsísima maldad -y perniciosa falsedad, y por tanto, con justísima causa, no sólo -parecer ante ellos para con sus trabajos servirles, y rescibir dellos -jornal, pero si para hacelles fiestas y mil regalos los llamasen y -rogasen, ántes escogerian padecer cualesquiera penas y trabajos, y áun -tanto tiempo tratar con tigres, que conversarlos. Item, ¿qué ley les -mostraron que fuese conforme á la razon natural, por la cual hobiesen -sido convencidos y se cognosciesen obligados á dejar sus casas, sus -mujeres é hijos, y venir 50 y 100 leguas á trabajar en lo que los -españoles les mandasen, aunque les quisiesen pagar su jornal? ¿por -ventura, fueron las guerras que les hizo el Almirante y su hermano, -el Adelantado? ¿el enviar los navíos á Castilla llenos de esclavos, -prender y enviar en hierros á los dos mayores reyes desta isla, -Caonabó, rey de la Maguana, y Guarionex, de la Vega real, y ahogarse en -las naos? ¿ó los insultos y tiranías que hicieron en gran parte desta -isla Francisco Roldan y sus secuaces? Creo que no habrá hombre sabio ni -cristiano que ose afirmar, que á obra de las dichas, á venir á trabajar -en las obras y haciendas de los españoles por su jornal, y mucho ménos, -la ley natural y divina los obligase. La misma falsedad contiene -decir, que no los podian haber para los doctrinar y traer á que se -convirtiesen á nuestra sancta fe católica, porque yo digo verdad, -y lo juro con verdad, que no hobo en aquellos tiempos ni en otros -muchos años despues, más cuidado y memoria de los doctrinar y traer á -nuestra fe ni que fuesen cristianos, que si fueran yeguas, ó caballos -ó algunas bestias otras del campo. Dijeron más, que de allí resultaba -que los españoles no hallaban quien trabajase en sus granjerías, y -les ayudasen á sacar el oro que habia en esta isla, etc. Pudieron -responder los indios, que si habian ellos de llorar aquellos duelos; -que si granjerías querian que las trabajasen, y si ser ricos de oro -deseaban, que echasen mano á las herramientas y lo cavasen y sacasen, y -no quisiesen ellos ser los vagabundos y ociosos y haraganes, lo que los -indios no eran, pues no comian sino del sudor de sus manos, y cumplian -muy mejor que ellos el segundo precepto que Dios puso á los hombres, -y así, caian en la culpa de que á los indios acusaban; y mayormente -eran ménos obligados á sacar el oro, que, con intolerables trabajos, -y con muerte de la gente, se sacaba, como los españoles querian que -los indios lo sacasen. Y tambien aquí engañaron á los Reyes diciendo, -que no les querian ayudar á sacar el oro, como si ellos pusieran en -algo la mano, más de moler á palos, á azotes á los desventurados -indios, porque no se daban priesa y les sacaban tanto cuanto su cudicia -insaciable los instigaba. Y puesto que por razon de para que se les -predicara la fe, si tal intento y propósito acá se tuviera, aunque -los Reyes sin duda lo tenian, y de hecho se les predicara y no los -hobieran diminuido con las crueles guerras, y hecho daños tantos y -tan irreparables, debieran de contribuir con algo para ayuda á los -gastos que los Reyes hacian acá para que los españoles, no todos, -sino cierto número, que bastara, se sustentáran, no habia de ser esta -contribucion quitándoles su libertad, privando los señores naturales -de sus señoríos, desbaratándoles y desordenándoles toda su órden, sus -pueblos y manera de regirse y de vivir, entregándolos á los españoles -para que dellos se sirviesen absolutamente en sus minas y granjerías, -y esto todo en universal, hombres y mujeres, mozos, niños y viejos, -preñadas y paridas, como si fueran atajos de vacas ó de ovejas, ó de -otros animales. Lo que en el caso propuesto arriba fueran obligados á -contribuir habia de ser cosa muy moderada, y que, sin grandes angustias -y peligros, ó daños de sus personas y casas, y repúblicas les fuera -posible, porque ellos no se disminuyeran, y les fué onerosa y odiosa -la fe. Pero porque la entrada de los españoles en esta isla fué tan -violenta y sangrienta, y con tantos estragos, muertes y perdicion de -tantas gentes y con tan manifiestas injusticias, daños y agravios, que -nunca tuvieron reparacion, y con tan graves activos escándalos de la -fe, que fué el fin ó causa final de poder venir los españoles á morar -á estas tierras, nunca y en ningun tiempo de todos los pasados, y hoy -si fueran vivos, fueron ni fueran obligados á dar, ni contribuir con -un maravedí; y desto, tengo por cierto que cualquiera persona, que -alguna inteligencia mediana tuviere de las reglas de la razon y ley -natural, y de la ley divina positiva, y áun de las leyes humanas, bien -y como deben ser entendidas, no dudará, sino que lo afirmará y firmará. -Quise poner aquí, á vueltas desta historia, estas razones, porque son -principios y fundamentos deste negocio, por ignorancia de los cuales se -han destruido todas estas Indias. - - - - -CAPÍTULO XII. - - -Agora será bien que declaremos, rescibida la letra é informacion -susodicha, y falsa, que el Comendador Mayor hizo á los Reyes, ó quien -quiera que haya sido el informador, qué fué lo que la Reina sobre ello -proveyó. ¡Oh, Reyes, y cuán fáciles sois de engañar, debajo y con -título de buenas obras, y de buena razon, y cómo debríades de estar más -recatados y advertidos de lo que estais, y tan poco dejaros creer de -los Ministros, á quien los negocios árduos y gobernaciones confiais, -como de los demas! Porque, como vuestros reales oidos sean simples y -claros, de vuestra propia y real naturaleza ser todos los otros hombres -estimais, no temiendo que alguno os pueda decir, como no la diríades, -otra cosa sino verdad; y por esto, ningun género de hombres hay que -ménos la oigan que vuestra excelencia real; desto se halla escrito -en la Escriptura sagrada, en el fin del libro de Ester, y tractaron -tambien dello los sabios. Respondió, pues, la reina Doña Isabel, -persuadida de las razones fingidas ya dichas, teniéndolas por verdades, -que, por cuanto ella deseaba, y pudiera decir que era obligada, y en -ello no le iba ménos que el alma, que los indios se convirtiesen á -nuestra sancta fe católica, y fuesen doctrinados en las cosas della, -y que porque aquesto se podria mejor hacer comunicando los indios con -los españoles, y tractando con ellos, y ayudando los unos á los otros, -para que la Isla se labrase y poblase y aumentasen los frutos della, -y se cogiese el oro para que los reinos de Castilla, y los vecinos -dellos, fuesen aprovechados, por tanto, que mandaba dar aquella su -Carta en la dicha razon. Por lo cual mandaba al Comendador Mayor, -su Gobernador, que: «del dia que viese aquella Carta en adelante, -compeliese y apremiase á los indios que tratasen y conversasen con los -españoles, y trabajasen en sus edificios, en coger y sacar oro y otros -metales, y en hacer granjerías y mantenimientos para los cristianos, -vecinos y moradores de la isla, y que le hiciese pagar á cada uno, el -dia que trabajase, el jornal y mantenimiento, que, segun la calidad -de la tierra y de la persona y del oficio, le pareciese que debia -haber; mandando á cada Cacique que tuviese cargo de cierto número de -los indios, para que los hiciese ir á trabajar donde fuese menester, -y para que, las fiestas y dias que pareciese, se juntasen á oir y ser -doctrinados en las cosas de la fe, en los lugares deputados, y para -quel Cacique acudiese con el número de indios que le señalase á la -persona ó personas que él nombrase, para que trabajasen en lo que las -tales personas mandasen, pagándoles el jornal que por él fuese tasado, -lo cual hiciesen y cumpliesen como personas libres, como lo eran, y no -como siervos; y que hiciese que fuesen bien tratados, y los que dellos -fuesen cristianos mejor que los otros, y que no consintiese ni diese -lugar que ninguna persona les hiciese mal ni daño, ni otro desaguisado -alguno, y que los unos y los otros no hiciesen ende al, etc.» Todas -estas palabras son formales de la reina doña Isabel, de felice memoria, -en su Carta patente, que abajo á la letra se porná. En todas las -cuales, cierto, parece la intincion que al bien y conversion destas -gentes tenia, y tuvo hasta la muerte, como pareció en su testamento, -cuya cláusula, tocante á esto, abajo se porná, y que si alguna cosa -proveyó disconveniente al bien dellas, fué por falsas informaciones, -y tambien por la ignorancia y error de los del Consejo que tuvo, los -cuales debieran considerar muchas cosas tocantes al derecho, pues -lo profesaban, y les daba de comer por letrados y no por gentiles -hombres ó por caballeros. Y despues, hartos años, conversé é informé -á algunos de los del Consejo, que firmaron esta Carta patente de la -Reina, y favorecieron en el contrario de lo que habian firmado á los -indios, entendiendo más el derecho y alcanzando noticia del hecho. -Ocho cosas, pues, parece pretender la Reina en esta Patente, segun se -colige della. La primera, que el fin principal que era obligada á -pretender, pretendia, y este mandaba, que el Gobernador pretendiese, -conviene á saber, la conversion y cristiandad destas gentes. Para -lo cual dijo: Primero, «y porque Nos deseamos que los dichos indios -se conviertan á nuestra sancta fe católica, y que sean doctrinados, -etc.», y luego añade: «y porque esto se podrá mejor hacer, comunicando -los indios con los cristanos, etc.»; por manera, que todo lo que más -ordenaba y mandaba que se hiciese, habian de ser medios convenientes y -proporcionados para conseguir el dicho fin, y esto es regla natural y -del mismo derecho divino. Y en esta primera parte, donde dispuso que -los indios comunicasen con los cristianos, presupuso la sancta Reina -y los de su Consejo, que los que acá pasaban eran cristianos, pero no -lo fueron, porque si lo fueran, muy bien, cierto, lo habia proveido -Su Alteza; porque gran medio y harto propincuo es, segun los santos, -cuando viesen los gentiles é infieles las obras cristianas de los -cristianos, para que, por ellas cognosciendo la limpieza, rectitud, -blandura, suavidad y sanctidad de la ley cristiana, se volviesen -luego á glorificar al dador della, Jesucristo, y, por consiguiente, -no tardarian en convertirse. Así lo testifica él mismo por Sant Mateo -en el cap. 5.º Pero como nuestros españoles, á estas gentes, tantas -injusticias y daños irreparables hiciesen, y con tan malas y viciosas -obras y tan contrarias á la ley de Cristo viniesen, es verdad, cierto, -que uno de los principales humanos medios, que despues de la sancta -doctrina, necesariamente para la conversion y recibimiento de la -católica fe destas gentes se requiere, era y es que nunca uno ni -ninguno de nosotros congosciesen, conversasen ni viesen; y esto bien -claro y patente lo mostrará nuestra historia, si el mismo Jesucristo, -por cuya gloria todo esto se dice y escribe, tiempo para la acabar nos -concediere. Así que, la cristianísima Reina se engañó, y los de su -Consejo, creyendo que la conversacion de los indios con los españoles, -para su conversion, era cosa conveniente. Lo segundo que pretendió -la Reina, fué que se mandase á cada señor y Cacique que señalase -cierto número de gente para que fuesen á alquilarse y ganar jornal, -entendiendo en las haciendas y granjerías de los españoles. Manifiesto -es que la Reina entendió que aqueste número no habian de ser todos -cuantos vecinos habia en un pueblo y pueblos, sino algunos, y aquellos -los que pudiesen trabajar y tuviesen oficio dello; y así, no viejos, ni -niños, ni mujeres, ni los señores y principales que eran entre ellos, -y que unos fuesen un tiempo, y otros en otro, y aquellos venidos, -fuesen otros; y que esto pretendiese la Reina, y el Comendador Mayor -lo debiese entender así es claro, porque, si el contrario mandara, -fuera mandamiento injusto y contra ley natural, y por consiguiente, -obligado era él por la misma ley á no cumplillo. Lo tercero, que -habia de tenerse respeto á las necesidades de los mismos indios, y -de sus mujeres y hijos, y de sus casas y hacendejas, de que habian -de mantenerse y vivir. Item, que aquellos habian de ir á alquilarse -cerca, de donde pudiesen irse á las noches á sus casas con sus mujeres -é hijos, como lo hacen los que se alquilan para trabajar en Castilla, -y ninguno es compelido que vaya á trabajar de una ciudad á otra; y, ya -que á más se alongasen, al ménos que no pasase la ausencia de sus casas -de sábado á sábado, aunque esto contenia no poca injusticia. Lo cuarto, -que aquellos alquilarse habia de ser no siempre, sino en algun tiempo, -como parece por aquella palabra de la Reina: «y fagais pagar á cada uno -el dia que trabajare, etc.»; y esto habia de ser dulcemente inducidos, -para que lo hiciesen con alegría y voluntad, para que les fuesen -ménos duros los trabajos, y aunque la Reina decia, «los compelais», -porque fué dicho por la falsedad y testimonio que levantaron á los -indios, y le escribieron, que andaban ociosos y vagabundos, siendo, -como queda dicho, gran maldad. Lo quinto, que los trabajos habian -de ser moderados, y que ellos los pudiesen sufrir, y los dias de -trabajo, y no los domingos y fiestas; porque aunque la Reina mandase -que se alquilasen para ir á trabajar, su intincion no era, ni debia, -ni podia ser, que si los trabajos eran táles y tan grandes, que les -eran perniciosos y perecian con ellos, les forzasen á trabajarlos. -Lo sexto, que el jornal que se les habia de pagar, fuese conveniente -y conforme á los trabajos, para que de sus sudores y fatigas -reportasen algun galardon, para que se consolasen y proveyesen á sí -y á sus mujeres y hijos, y casas, recompensando con el jornal lo que -perdian por absentarse de sus casas, y dejar de hacer sus haciendas y -labranzas, de donde habian, á sí y á los suyos, de mantener. Lo sétimo, -que los indios eran libres, y que aquello hiciesen como personas libres -que eran, y no como siervos que no eran, y que fuesen bien tractados, -y no consintiese que les fuese hecho agravio alguno, y debajo de esta -libertad, es claro que se entendia que se alquilasen como lo suelen -hacer las personas libres en nuestra Castilla, que tienen libertad para -primero proveer y ocurrir á las necesidades de sus casas y haciendas, -y por irse á alquilar no desmamparan sus mujeres, si las tienen malas, -y otros muchos inconvenientes, como, cuando están cansados, descansar, -y cuando enfermos, curarse, porque de otra manera, ¿qué les prestaria -su libertad, si teniendo los dichos y otros impedimentos, á alquilarse -los forzasen, que áun á los esclavos no se puede, sin gravísimo pecado, -tal compulsion hacer? Lo octavo, que se colige y debe colegirse y -entenderse, que la Reina pretendia por la dicha su Carta patente, es, -que aquella órden y manera que mandaba, que se pusiese (la cual sólo -estribaba en la falsa relacion que se le habia hecho), era imposible -á los indios, y tan perniciosa, que no podia estar ni sufrirse sin -destruccion y total acabamiento dellos, que por dar oro á los españoles -no la habia el Comendador Mayor de sustentar, ni consentir que un sólo -dia en tal opresion ni captiverio estuviesen, porque no era tal su -intencion, y, aunque lo fuera y mandara, él, en aquello, no la habia -de obedecer, ni mandar cumplir; cuanto más que es manifiesto, que si -la Reina supiera la calidad de la tierra, y la fragilidad y pobreza -y mansedumbre, y bondad de los indios, y la gravedad y dureza de los -trabajos, y la dificultad con que se sacaba el oro, y la vida amarga, -triste y desesperada que les sucedió, por la cual muriendo vivian, -y, finalmente, la imposibilidad de vivir, y de no perecer todos -como perecieron, sin fé y sin sacramentos, nunca tal le mandara ni -cometiera, porque ni tenia poder para se lo cometer y mandar; y que si -alcanzara á saber que la dicha manera que habia puesto el Comendador -Mayor, era á los indios tan perniciosa, ¿quién podrá dudar que no la -abominara y detestara? Mas por la infelicidad de los indios, despachada -esta Carta en fin del año de 503, porque fué á 20 de Diciembre, luégo -desde á pocos meses murió, y así quedaron de todo auxilio y remedio -humano desmamparados, como parecerá. - - - - -CAPÍTULO XIII. - - -Dicha la sustancia de la Carta de la reina doña Isabel, dirigida al -Comendador Mayor, sobre la órden que habia de tener, si órden fuera, -en hacer á los indios trabajar, fundada sobre la falsa informacion -que se le habia escrito, y declaradas las ocho partes que la carta -contenia, y que la Reina pretendia que se pusiesen en ejecucion, será -bien consiguientemente dar noticia cómo el dicho Comendador Mayor -entendió la Carta, ó al ménos, si no la entendió, cómo la ejecutó. -Cuanto, pues, á lo primero y principal que la Reina pretendia, y era -obligada pretender por fin, conviene á saber, la instruccion, doctrina -y conversion de los indios, ya dije arriba, y torno á decir y afirmar -con verdad, que por todo el tiempo que el Comendador Mayor esta isla -gobernó, que fueron cerca de nueve años, no se tuvo más cuidado de -la doctrina y salvacion dellos, ni se puso más por obra, ni hobo más -memoria ni cuenta della ni con ella, que si los indios fueran palos, ó -piedras, ó gatos, ó perros, y esto no sólo por el mismo Gobernador, y -á los que dió los indios que les sirviesen, pero ni por los religiosos -de Sant Francisco, que con él vinieron, que eran buenas personas, -los cuales, cerca dello, ninguna cosa hicieron ni pretendieron, sino -vivir en su casa, la desta ciudad, y otra que hicieron en la Vega, -religiosamente. Sólo esto ví que hicieron, conviene á saber, que -pidieron licencia para tener en sus casas algunos muchachos, hijos -de algunos Caciques, pero pocos, dos, ó tres, ó cuatro, y así, á los -cuales enseñaron á leer y escribir, pero no sé que más con ellos de -la doctrina cristiana y buenas costumbres aprendieron, mas de dalles -muy buen ejemplo, porque eran buenos y vivian bien. Cuanto á lo -segundo, que fué que señalase cierto número de gente á cada Cacique, -etc., deshizo los grandes y muchos pueblos que habia en esta isla, -y da á cada español de los que él quiso, á uno 50, y á otro 100, y -á otro más y á otro ménos, segun la gracia que cada uno alcanzaba -con él; y en este número entraban niños y viejos, y mujeres preñadas -y paridas, hombres principales y plebeyos, y los mismos señores y -Reyes naturales de los pueblos y de la tierra. Este repartir entre -los españoles los indios, vecinos y moradores de los pueblos, llamó y -llamaron el repartimiento. Dió tambien al Rey su repartimiento en cada -villa, como á un vecino que hacia sus labranzas y granjerías, y cogia -oro para el Rey; y porque de cada pueblo de indios se hacian muchos -repartimientos, dando á cada español cierto número, como es dicho, -dellos, con el uno dellos asignaba que fuese el señor ó Cacique, y -este daba al español á quien él más honrar y aprovechar queria; á los -cuales daba una Cédula de su repartimiento, que rezaba desta manera: «A -vos, fulano, se os encomiendan en el Cacique fulano, 50 ó 100 indios, -para que os sirvais dellos, y enseñaldes las cosas de nuestra sancta -fe católica.» Item, decia otra: «A vos, fulano, se os encomiendan en -el Cacique fulano, 50 ó 100 indios, con la persona del Cacique, para -que os sirvais dellos en vuestras granjerías y minas, y enseñaldes las -cosas de nuestra sancta fe católica,» y así todos cuantos habia en el -pueblo, por manera, que á todos, chicos y grandes, niños y viejos, -hombres, y mujeres preñadas y paridas, señores y vasallos, principales -y plebeyos, condenaba absolutamente á servidumbre, donde al cabo, -como se verá, morian. Esta fué la libertad, que de su repartimiento -consiguieron. Cuanto á lo tercero, que debiera tener respeto á las -grandes necesidades de las mujeres y hijos, y á que se ayuntaran cada -noche, ó al ménos cada sábado, aunque esto era injusto, como dijimos, -consintió que llevasen los españoles á los maridos á sacar oro, 10, -y 20, y 30, y 40, y 80 leguas, cierto, y las mujeres quedaban en las -estancias ó granjas, trabajando en las labores de la tierra, cavando, -no con azadas, ni arando con bueyes, sino, con unos palos tostados, -rompiendo la tierra, y sudando, en trabajos que no son iguales, con -mucho, á los mayores que los cavadores trabajan en Castilla. Estos -eran, hacer unos montones para el pan que se come; y esto, es alzar de -la tierra que cavan, cuatro palmos en alto, y doce piés en cuadro, y -destos hacer diez y doce mil juntos, que gigantes se molieran; y otros -oficios y trabajos no menores, ó poco ménos que estos, cualesquiera -que vian los españoles serles más provechosos para sacar dineros. -Por manera, que no se juntaba el marido con la mujer, ni se vian en -ocho ni en diez meses, ni en un año; y cuando al cabo deste tiempo -se venian á juntar, venian de las hambres y trabajos tan cansados -y tan desechos, tan molidos y sin fuerzas, y ellas, que no estaban -acá ménos, que poco cuidado habia de comunicarse maridalmente; desta -manera, cesó en ellos la generacion. Las criaturas nacidas, chiquitas -perecian, porque las madres, con el trabajo y hambre, no tenian leche -en las tetas; por cuya causa murieron en la isla de Cuba, estando yo -presente, 7.000 niños en obra de tres meses; algunas madres ahogaban -de desesperadas las criaturas; otras, sintiéndose preñadas, tomaban -hierbas para malparir, con que las echaban muertas. Por manera, que -los maridos morian en las minas, y las mujeres en las granjas, con los -trabajos dellas, y las criaturas nascidas por se les secar la leche, -y cesando la generacion para las por nacer, de necesidad habian, como -perecieron todos, en breve de perecer, y así se despobló esta tan -grande, y poderosa y fertilísima, aunque desdichada isla. Y es aquí -de considerar, que si en todo el mundo las dichas causas hobieran -concurrido, si haberse todo evacuado de todo el linaje humano, en tan -breves dias, fuera maravilla. Cuanto á la cuarta, que habia de ser -el alquilarse algun tiempo, y no siempre, é inducidos con dulzura y -piedad, etc; diólos el Comendador para que contínuamente trabajasen sin -darles descanso alguno, como parece por la Cédula del repartimiento, y -si alguna limitacion despues puso, de que yo, cierto, no me acuerdo, -al ménos esto es cierto, que se les daba por resuello, y que muchos y -los más servian y trabajaban en aquel tiempo, contínuamente; y, sobre -los trabajos importables, permitió ponellos y mandallos unos verdugos -españoles crueles, á los que andaban en las minas, unos llamados -mineros, y á los que andaban y trabajaban en las granjas ó estancias, -estancieros. Estos, tratábanlos con tanto rigor y austeridad, y por -modo tan inhumano, que no parecia sino que eran los ministros del -infierno, que de dia ni de noche no dan de holganza un momento. -Dábanles de palos ó varazos, de bofetadas, de azotes, de puntilladas, -nunca oyendo dellos otra más dulce palabra que perros, y porque por -las continuas impiedades y aspereza de los malos tractamientos de los -estancieros y mineros, y por los trabajos continuos, no tolerables, que -sin resollar sufrian, y con tener por cierto que nunca dellos habian de -salir, sino en ellos de morir, como vian que sus vecinos y compañeros -morian, que es lo que á los dañados en el infierno hace desesperar, -íbanse huyendo por los montes á esconder, criaron ciertos alguaciles -del campo, que los iban á montear y á traellos. Y en las villas y -lugares de los españoles, señaló y crió el Comendador Mayor un vecino, -el más honrado y caballero del pueblo, al cual puso nombre Visitador, -y á quien, por sólo el oficio, como por salario, sin el repartimiento -que le habia cabido de indios, le daba otros cien indios, que como los -otros le sirviesen. Estos eran los verdugos mayores ordinarios, y así, -como más honrados en el pueblo, tanto más que los otros eran crueles. -Ante estos presentaban los alguaciles del campo á los desventurados -indios huidos que de los montes traian; iba el acusador luego allí, -y este era el que los tenia en repartimiento, y les habian dado por -piadoso maestro, y acusábalos diciendo, que aquel indio ó indios era ó -eran unos perros que no le querian servir, y que cada dia se le iban -de puro bellacos haraganes, que los castigase bien. Luego el Visitador -los hacia amarrar á un poste, y él mismo, por sus propias manos, como -el más honrado, tomaba un rebenque de marineros alquitranado, que -llaman en las galeras anguilla, el cual es como una verga de hierro, -y dábale tantos de azotes y tan crueles al cuerpo desnudo, flaco, -en los huesos, hambriento, hasta que por muchas partes le reventaba -la sangre y lo dejaba por muerto, con protestacion y amenazas, que, -si otra vez se huia, que habia de hacer y acontecer. Nuestros ojos -vieron algunas veces muchas y grandes inhumanidades destas, y Dios es -testigo, que tantas fueron las que cometian y cometieron en aquellos -corderos, que, por mucho que dellas se diga, no pueden ser, de muchas -partes una, encarecidas. Cuanto á lo quinto, que habian de ser los -trabajos moderados, etc.; estos eran sacar oro, el cual es tal, que há -menester para sacallo de las entrañas de la tierra, ser los hombres -de hierro, porque se trastornan las sierras, lo de abajo arriba y de -arriba abajo, mil veces, cavando, y quebrando peñas y meneando piedras, -y para lavallo en los rios llevan la tierra acuestas, y allí están -los lavadores siempre metidos en el agua, y corvados los lomos, que -se quiebran por el cuerpo, y cuando la mina hace agua, sobre todos -los trabajos es, con los brazos y ciertas gamellas, de abajo arriba, -echalla fuera; y finalmente, para conjeturar y entender qué trabajo es -coger oro y plata, débese considerar, que los gentiles la mayor pena -que daban á los mártires, despues de la muerte, era condenallos para -sacar los metales. Y los reyes de Egipto no echaban en las minas á -sacar oro sino á los condenados por sus delitos, y á los que captivaban -en las guerras ó á los que levantaban algun grave testimonio, ó á los -que, por algun de servicio, incurrian en la ira del Rey, y tal era -el trabajo, que, porque no se huyesen, les echaba prisiones, y era -grande el número de la gente que en ello ocupaban, á los cuales, sin -descanso alguno, dias y noches, forzaban á trabajar, con injurias, -azotes y palos. Todo esto dice Diodoro, lib. IV, cap. 2.º: _Egipti -enim Reges, crimine damnatos omnes ac ex hostibus captos, insuper ob -aliquam falsam calumniam aut Regum iram in carcerem detrusos, aura -defodiendo deputant simul sumpta facinorum pena e magno quæstu ex -eorum labore percepto: illi compedibus vincti magnus hominum numerus -absque ulla intermissione, die nocteque exercentur nulla neque requie -concessa, omnique ablata fugiendi facultate_, Y más abajo: _Ab hoc -labore nunque conquiescunt, contumeliis verberibusque ad continuum -opus coacti_, etc. Tambien dice allí que les ponian propósitos, que -debian ser los verdugos, como acá dijimos, de los mineros; y, en el -lib. VI, cap. 9.º, el mismo Diodoro, del trabajo que es sacar oro nos -trae otros testigos, á nosotros los españoles, más cercanos, y estos -son la misma gente de España. Cuenta que los romanos, despues de haber -sojuzgado á España, compraban muchos esclavos, y de creer es que debian -ser dellos algunos españoles, y quizá todos, y que los enviaban y -tenian en las minas, y que era increible la riqueza que sacaban para -sus señores, aunque con grandes angustias y calamidad suyas; porque -de dia y de noche los constreñian á que cavasen, y que muchos, por el -excesivo trabajo, perecian, como quiera que ninguna holganza les diesen -ni tiempo para que resollasen, ántes, con azotes, á que de contino -estuviesen en la obra eran forzados; los cuales, raro, podian vivir -mucho, sino eran los muy robustos de fuerzas y vigor de ánimo; aquestos -más tiempo duraban en esta calamidad, y á los tales, por la grandeza -y gravedad de la miseria que padecian, más deseada era la muerte que -la vida. _Verum cum die noctuque in labore perseverent multi ex nimio -labore moriuntur: cum nulla eis ab opere detur requies aut laboris -intermissio, sed verberibus ad continuum opus coacti, raro diutius -vivunt. Robustiori quidam corporis et animi vigore, plurimum temporis -in ea versantur calamitate, quibus tamen ob miseriæ magnitudinem mors -est vita optabilior_, etc. Todo esto es de Diodoro, y lo que más se ha -dicho en romance. Por lo dicho parece que de naturaleza le debe ser -al oro apropiado morir los hombres del trabajo que generalmente hay -en sacallo, y ser tanto, que precian más la muerte que la vida por no -pasallo; y por consiguiente, queda probado, que no son imposibles las -calamidades, que, padecer los indios en sacallo, contamos; y plugiera á -Dios que no fueran necesarias, pues, en verdad, son pasadas y pasan hoy -donde quiera que los españoles con indios el oro sacan. - - - - -CAPÍTULO XIV. - -En el cual se prosiguen la quinta y las otras tres partes de la carta -de la Reina, de que mal usó el Comendador Mayor, en perdicion de los -indios. - - -Duraban en las minas y en los trabajos dellas, al principio, seis -meses; despues ordenaron que ocho, que llamaban una demora, hasta el -tiempo que traian todo el oro cogido á la fundicion, y, fundido, tomase -el Rey su parte, y daban al que tenia repartimiento lo demas, puesto -que, por muchos años, nunca entraba en su poder ni áun un castellano, -porque todo lo debia á mercaderes ó á otros acreedores, y, con cuantas -angustias y tormentos á los indios, por sacar aquel infernal oro, -causaba, Dios se lo consumia todo, y nunca hombre dellos medraba. En -el tiempo que habia fundicion, les daban licencia que se fuesen á sus -pueblos, los que los tenian á dos, y á tres, y á cuatro jornadas. -¡Bien se puede juzgar cuáles llegarian, y qué descanso hallarian -en sus casas, habiendo estado ocho meses fuera dellas, dejando sus -mujeres y hijos desmamparados, si quizá no las habian llevado tambien -á los trabajos, y tornaban juntos maridos y mujeres, á llorar su vida -desventurada! ¿Qué refrigerio hallarian, habiendo de ir á buscar de -comer y trabajar en sus hacendejas, que hallaban hechas heriazos y -llenas de hierba, y faltándoles todo consuelo y recaudo? Los que de -40 ó 50 y 80 leguas habian venido, nunca tornaban á sus casas de 100, -10, sino que en las minas y en los otros trabajos, hasta que morian -estaban. Muchos de los españoles no tenian escrúpulo alguno de, -domingos y fiestas, trabajallos, y cuando ménos los trabajaban, era -que no sacasen aquel dia oro, sino en otras cosas, que no faltaban, -como hacer las casas ó remendallas de paja, y traer leña, y otras mil -semejantes en que los ocupaban; la comida que para sufrir tantos y -tales trabajos les daban, era pan caçabí, el cual, puesto que con harta -carne y otras cosas se pueden pasar bien los hombres, pero para sin -carne ó pescado, y manjar otro que le acompañe, tiene poca sustancia. -Así que su comida era de aquel pan caçabí, y mataba el minero un puerco -cada semana; comíase él los dos cuartos y más, y, para 30 y 40 indios, -echaba de los otros dos cuartos cada dia á cocer un pedazo, y repartia -entre los indios á cada uno una tajadilla, que seria como una nuez, y -con aquella, gastándola toda emplingando el caçabí, y con sopear en el -caldo, se pasaban; y es verdad, que estando el minero comiendo, estaban -los indios debajo la mesa, como suelen estar los perros y los gatos, -para, en cayéndose el hueso, arrebatallo, el cual chupaban primero, y, -despues de bien chupado, entre dos piedras lo majaban, y lo que dél -podian gozar con el caçabí lo comian, y así de todo el hueso no perdian -nada; y esta tajadilla de puerco, y los huesos dél, no lo alcanzaban -sino solamente los indios que en las minas á sacar oro andaban, porque -los de las estancias que cavaban y tenian otros grandes trabajos, en -su vida, mujeres ni hombres, nunca supieron, despues de entregados á -los españoles, qué cosa fuese carne, más del caçabí y otras raíces. -Personas hobo en la isla de Cuba (porque si tratando della se me -olvidare), que no teniendo, por su avaricia, qué dar de comer á los -indios que les hacian las labranzas, los enviaban á pacer al campo y -á los montes las frutas de los árboles que habia, dos y tres dias, y -con lo que traian en los vientres, les hacian trabajar otros dos ó -tres dias sin comer otro bocado; y desta manera hizo uno una labranza -que le valió 500 y 600 pesos de oro ó castellanos, y esto, él mismo -por su boca, en presencia de mí y de otros, lo contó por industriosa -hazaña. Cuanto á lo sexto, que era que el jornal fuese conforme á los -trabajos, etc., mandó el Comendador Mayor que les pagasen por jornal, -por la vida y trabajos y servicios que padecian y hacian que de suso se -han referido, no sé si podrá ser creido, pero yo digo verdad, y así -lo afirmo, que les mandó dar tres blancas en dos dias, y áun no fué -tanto, sino media blanca ménos, porque cada año ordenó que á cada un -indio se diese medio peso de oro, que son 225 maravedís, y estos que -se los pagasen en lo que bastase á comprar cosillas de Castilla, que -los indios llamaban cacóna, la media sílaba luenga, que quiere decir -galardon. Destos 225 maravedís, se podia comprar hasta un peine y un -espejuelo, y una sartilla de cuentas verdes ó azules, y es tambien -cierto que muchos años pasaron, que ni áun esto no les pagaban; y poco -hacian á su bien ni á la mitigacion de sus angustias, y hambres, y -calamidades; las cuales eran tantas, que ni ellos se dieran ni daban -nada por ello, porque todos sus deseos no subian más de comer y verse -hartos, porque siempre rabiaban de hambre, y de cómo saldrian de -vida tan desesperada. Este fué, pues, el premio y jornal que por tan -grandes trabajos y daños (que no eran ménos que perder los cuerpos y -las ánimas), les mandó pagar, conviene á saber, por dos dias, áun no -tres blancas; despues el tiempo andando, á cabo de muchos años, se les -aumentó el jornal hasta un peso de oro, por ciertas leyes que hicieron -hacer al rey D. Hernando, como, si Dios quisiere, se dirá, que no es -otro, que el dicho, menor escarnio. Cuanto á lo sétimo, que la Reina -pretendia, conviene á saber, que todo aquello cumpliesen los indios, -como personas libres que eran, y que no consintiese hacerles daño ni -agravio alguno, y que tuviesen libertad para entender en sus haciendas, -y descansar, y curarse, etc., bien claro ha parecido, segun creo, por -lo dicho, como totalmente les quitó su libertad y consintió ponellos -en la más áspera, y fiera, y horrible servidumbre y captiverio, que -ninguno puede entender sino la viera por sus ojos, no siendo libres -para cosa desta vida; y áun las bestias suelen tener libertad algunos -tiempos para ir á pacer al campo, y nuestros españoles no daban para -esto, ni para otra cosa, lugar á los indios miserandos, y así, los dió, -en la realidad de la verdad, perpétuamente por esclavos, pues nunca -tuvieron libre voluntad para hacer de sí nada ó algo, sino donde la -crueldad y cudicia de los españoles queria echarlos, no como á hombres -captivos, sino como bestias, que sus dueños, para lo que quieren -hacer dellas, las tienen atadas. Cuando algunas veces los dejaban ir -á su tierra á descansar, no hallaban vivas á sus mujeres ni hijos, ni -hacienda alguna de que comiesen, como se dijo, por no se las dejar -labrar; y así, no tenian otro remedio sino buscar raíces ó hierbas -del monte y del campo, y en el campo morir. Si enfermaban, que era -frecuentísimo en ellos, por los muchos y graves, y no acostumbrados -trabajos, y por ser de naturaleza delicadísimos, no los creian, y sin -alguna misericordia los llamaban perros, y que de haraganes lo hacian -por no trabajar, y, con estos ultrajes, no faltaban coces y palos; y -desque vian crecer el mal ó enfermedad, y que no se podian aprovechar -dellos, dábanles licencia que se fuesen á sus tierras, 20, y 30, y -50, y 80 leguas distantes, y para el camino, dábanles algunas raíces -de ajes y algun caçabí. Los tristes íbanse, y al primer arroyo caian, -donde morian desesperados; otros iban más adelante, y, finalmente, muy -pocos, de muchos, á sus tierras llegaban, y yo topé algunos muertos -por los caminos, y otros debajo de los árboles boqueando, y otros -con el dolor de la muerte dando gemidos, y, como podian, diciendo -«¡hambre! ¡hambre!», y esta fué la libertad y los buenos tractamientos -y cristiandad, y el no recibir agravios ni daños, que estas gentes con -la gobernacion y órden que puso el Comendador Mayor, cobraron. Cuanto á -la octava y final parte de la Carta de la reina doña Isabel, y que por -ella mostraba pretender, conviene á saber, que los indios comunicasen -con los españoles para que fuesen doctrinados y cristianos, y por -medio daba que los Caciques señalasen cierto número de gente para que -se alquilasen, en sí era difícil ó imposible y no proporcionada á que -los indios fuesen cristianos, ántes les era perniciosa y mortífera, -y se convertia en total destruccion de los indios; manifiesto es que -no se le daba poder ni se le podia dar, porque la Reina no lo tenia -para destruccion, sino para edificacion destas gentes, y esto habia el -Comendador Mayor de considerar. Item, debiera tambien mirar, que si la -Reina estuviera presente para que le constara tanto mal, no habia duda -sino que aquella órden la prohibiera y abominara. Cosa fué maravillosa -en aqueste tan prudente caballero, que cada demora que era de ocho -á ocho meses, y fué de año á año cuando se hacian las fundiciones -del oro, morian gran multitud de gente con aquellos trabajos, y no -cognosciese que la órden y gobernacion que cuanto á los indios habia -puesto era mortífera pestilencia, que con vehemencia estas gentes -consumia y asolaba, y que nunca la revocase y enmendase, por lo cual -no pudo él ignorar que no fuese pésimo é inícuo todo lo que habia en -esto constituido y ordenado, y, por consiguiente, ni ante Dios ni ante -los Reyes era excusado. Ante Dios, porque lo que constituyó era de sí -malo y contra la ley divina y natural, poner en áspera servidumbre y -captiverio y perdicion á hombres racionales libres, cuanto más que -via por experiencia, que de la perdicion dellos, aquella desórden era -la causa; ante los Reyes, porque totalmente salió y excedió, haciendo -todo el contrario de lo que por la Reina le era mandado. La enmienda -que desta perdicion hacia, es la siguiente: como via que las gentes se -apocaban, matando en las minas y estancias, cada demora ó cada año, -cada español los de su repartimiento, la mitad ó alguna buena parte, y -los mismos españoles, tambien, viendo que se les disminuian los indios -y acababan, no teniendo confusion de sus pecados, se lo suplicaban, -tornaba á echar todos los indios que habia en la isla, como dicen, en -la baraja, y esto era hacer nuevo repartimiento, en el cual rehacia el -número de los que habian muerto, que primero les habia dado, y esto á -los españoles más principales y dél más favorecidos; y, porque no habia -para todos de aquel paño, dejaba á muchos que no tenian tanto favor -sin repartimiento y sin dalles algo, y desta manera, cuasi cada dos ó -tres años, los repartimientos remendaba ó renovaba. Y porque despachada -esta Carta real, la Reina, como se dijo, murió luego, no supo de esta -cruel perdicion nada. Sucedió luego venir á reinar el rey D. Felipe y -la reina Doña Juana, y ántes que cosa de las Indias entendiese, murió -el rey D. Felipe, por cuya muerte estuvo el reino de Castilla sin Rey -presente, dos años; y así se entabló y calló la diminucion y perdicion -destas gentes miserables. Despues desto, vino á gobernar los reinos -el rey católico D. Hernando, al cual, ó se le encubrió, ó no se le -encareció como debiera, y áun porque pocas veces, ó ninguna, desto -se le dijo verdad, pasaron ocho años, muy poco ménos, que gobernó el -dicho Comendador Mayor, en los cuales se entabló y echó sus raíces esta -pestilente desórden, sin haber hombre que en ella hablase ni mirase, ni -pensase, y así se fueron consumiendo las multitudes de vecinos y gentes -que habia en esta isla, que, segun el Almirante escribió á los Reyes, -eran sin número, como arriba en el primero libro queda ya dicho, y en -tiempo de los dichos ocho años de aquel gobierno, perecieron más de -las nueve, de diez partes. De aquí pasó esta red barradera á la isla -de Sant Juan y á la de Jamáica, y despues á la de Cuba, y despues á la -tierra firme, y así cundió y inficionó y asoló todo este orbe, como -parecerá, placiendo á Dios, en sus lugares. Por manera, que del asiento -y desórden que aquel Comendador Mayor de Alcántara hizo y asentó en -esta isla, repartiendo los indios entre los españoles de la manera -dicha, por ilusion, cierto, y arte diabólica, procedió la perdicion y -acabamiento tan violento vehementísimo, que ha yermado y consumido, en -estas Indias, la mayor parte del linaje humano que en ellas estaba y -hallamos. - -«La Reina: Doña Isabel, por la gracia de Dios, reina de Castilla, -de Leon etc.: Por cuanto el Rey, mi señor, é yo, por la Instruccion -que mandamos dar á don frey Nicolás de Ovando, comendador mayor de -Alcántara, al tiempo que fué por nuestro Gobernador á las islas y -tierra firme del mar Océano, hobimos mandado que los indios vecinos -y moradores de la isla Española fuesen libres y no subjetos á -servidumbre, segun más largamente en la dicha Instruccion se contiene, -y agora soy informada que, á causa de la mucha libertad que los dichos -indios tienen, huyen y se apartan de la conversacion y comunicacion de -los cristianos, por manera que, áun queriéndoles pagar sus jornales, -no quieren trabajar y andan vagabundos, ni ménos los pueden haber para -los doctrinar y traer á que se conviertan á nuestra sancta fe católica, -y que, á esta causa, los cristianos que están en la dicha isla, y -viven y moran en ella, no hallan quien trabaje en sus granjerías y -mantenimientos, ni les ayudan á sacar ni coger el oro que hay en la -dicha isla, de que á los unos y á los otros viene perjuicio; y porque -Nos deseamos que los dichos indios se conviertan á nuestra sancta fe -católica, y que sean doctrinados en las cosas della, y porque esto se -podria mejor facer comunicando los dichos indios con los cristianos que -en la dicha isla están, y andando tratando con ellos, y ayudando los -unos á los otros, para que la dicha isla se labre, y pueble, y aumenten -los frutos della, y se coja el oro que en ella hobiere, para que estos -mis reinos, y los vecinos dellos, sean aprovechados, mandé dar esta mi -Carta, en la dicha razon: por la cual mando á vos, el dicho nuestro -Gobernador, que, del dia que esta mi Carta viéredes en adelante, -compelais y apremieis á los dichos indios, que traten y conversen con -los cristianos de la dicha isla y trabajen en sus edificios, en coger -y sacar oro y otros metales, y en facer granjerías y mantenimientos -para los cristianos vecinos y moradores de la dicha isla, y fagais -pagar á cada uno, el dia que trabajare, el jornal y mantenimiento, -que, segun la calidad de la tierra, y de la persona, y del oficio, vos -pareciere que debieren haber, mandando á cada Cacique que tenga cargo -de cierto número de los dichos indios, para que los haga ir á trabajar -donde fuere menester, y para que, las fiestas y dias que pareciere, se -junten á oir y ser doctrinados en las cosas de la fe, en los lugares -deputados para que cada Cacique acuda con el número de indios que vos -les señaláredes, á la persona ó personas que vos nombráredes para que -trabajen en lo que las tales personas les mandaren, pagándoles el -jornal que por vos fuere tasado, lo cual hagan é cumplan como personas -libres, como lo son, y no como siervos; é faced que sean bien tratados -los dichos indios, é los que dellos fueren cristianos mejor que los -otros, é non consintades ni dedes lugar que ninguna persona les haga -mal ni daño, ni otro desaguisado alguno, é los unos ni los otros no -fagades nin fagan ende al, por alguna manera, so pena de la mi merced, -y de 10.000 maravedís para la mi Cámara, á cada uno que lo contrario -ficiere; y demás mando al home que les esta mi Carta mostrare, que los -emplacen y parezcan ante Mí en la mi corte, do quier que yo sea, del -dia que los emplazaren, fasta quince dias primeros siguientes, so la -dicha pena, so la cual mando á cualquier Escribano público que para -esto fuere llamado, que de, ende, al que se la notificare testimonio -sinado con su sino, porque yo sepa cómo se cumple mi mandado. Dada en -la villa de Medina del Campo, á 20 días del mes de Diciembre, año del -nascimiento de Nuestro Señor Jesucristo de 1503 años.--Yo la Reina.--Yo -Gaspar de Gricio, Secretario del Rey y de la Reina, nuestros señores, -la fice escrebir por su mandado de la Reina, nuestra señora.» Y en -las espaldas de la dicha Carta está escripto y firmado lo siguiente: -«_Jo. Eps. Cartha. Franciscus, licenciatus. Jo. licenciatus, Fidus -Tello, licenciatus, Licenciatus Caravajal, Licenciatus de Santiago_. -Registrada: _Licenciatus Polanco_. Francisco Diaz, Chanciller.» - - - - -CAPÍTULO XV. - - -Dada cuenta de dónde y cómo y cuándo tuvo principio abierto y formal -el repartimiento de los indios á los españoles, y quién fué el que con -solemnidad y autoridad, aunque propia y no de los Reyes, le dió nombre, -que tanto despues fué por todas estas Indias celebrado, y que ha sido -causa de su despoblacion y destruicion de las gentes, naturales dellas, -como si place á Dios se verá, lo que viene luego de aquel tiempo -que deba contar la historia, que fué pocos meses más ó pocos ménos, -contemporáneo, es la guerra que se tornó á hacer contra los indios de -la provincia de Higuey; aquella provincia, que, cuando llegamos con -el Comendador Mayor, estaba agraviada por haber muerto al señor de la -isleta de Saona, y, segun la estima de los españoles, estaba alzada y -rebelada, contra la cual se hizo la guerra, que arriba en el cap. 8.º -hicimos mencion. Esta se movió por esta ocasion: ya dijimos, dónde -arriba, que el fin de la primera fué con cierto asiento que hizo Juan -de Esquivel, Capitan general, y los otros Capitanes, con aquella gente -de la provincia, que hiciesen ciertas labranzas de pan para el Rey, que -era lo que entónces mucho valia, y áun siempre ha sido la principal -riqueza desta isla, y que no vernian á esta ciudad de Sancto Domingo -á hacer algun servicio, ni saliesen de su tierra; porque esto es y -ha sido de los indios en todas partes siempre aborrecido y temido. -Dijimos tambien como habia quedado allí, en una fortaleza de madera, -por Capitan, un hombre llamado Martin de Villaman, con nueve otros -españoles. Este, segun dije, y los que con él quedaron, como estaban -bien vezados á tener en poco los indios, y mandarlos con austeridad -y potencia, forzábanlos á traer el pan que habian sembrado para el -Rey, á esta ciudad; ó á que viniesen á hacer acá alguna labranza, -y, lo que yo tengo por cierto, por la luenga y contínua experiencia -que tengo, y no hay hombre en todas las Indias que esto no sepa ni lo -niegue, por las grandes importunidades y rigurosos malos tratamientos -que les hacian, tomándoles las hijas ó parientas, y quizá las mujeres, -porque esto es lo primero y que más en poco se tiene por los nuestros -en estas tierras, finalmente, por lo uno y por lo otro, ó por todo, -no pudiéndolos sufrir, juntóse mucha gente, y vinieron sobre ellos y -matáronlos, y quemaron la fortaleza. Pienso, si no me he olvidado, que -escapó, de los nueve, uno, que trujo las nuevas dello á esta ciudad -de Sancto Domingo. Sabido por el Comendador Mayor, manda apregonar -la guerra contra los de aquella provincia, á fuego y á sangre; mandó -apercibir toda la gente que se pudo sacar de las villas de los -españoles, instituyó por Capitan general, y por Capitan de la gente -de la villa de Santiago, juntamente, al ya nombrado caballero Juan de -Esquivel. Desta ciudad fué por Capitan un Juan Ponce de Leon, de quien, -abajo, si pluguiere á Dios, habrá que decir, y por Capitan de la Vega, -conviene á saber, de la villa de la Concepcion, que en aquel tiempo era -el principal pueblo de españoles desta isla, nombró por Capitan á Diego -de Escobar, de quien arriba, en el primer libro, dijimos haber sido uno -de los de la compañía de Francisco Roldan. De la villa del Bonao no me -acuerdo quién fué por Capitan. Creo que se juntarian por todos obra -de 300, y no llegarian á 400 hombres, como en la otra de que hablamos -en el cap. 8.º Fuéronse á juntar todos, por diversos y distantes -caminos, á cierta provincia, creo que llamada Ycayágua, la media sílaba -luenga, propincua de la de Higuey, cuyos vecinos llevaban el yugo de -la servidumbre de los españoles, con más paciencia y más equanimidad. -Lleváronse de allí cierto número de indios de guerra, con sus armas, -los cuales, en los de Higuey, alzados, no hicieron poca guerra, ni poco -daño. Las gentes de la provincia de Higuey tenian sus pueblos dentro, -en los montes, y estos montes son llanos como una mesa llana, y sobre -aquella mesa comienza otra mesa, de la misma manera llana y montuosa, -más alta 50 y más estados, al cual se subia con gran dificultad, que -apénas pueden subir gatos. Estas mesas son de 10 y 15 leguas de largo y -ancho, y todas soladas, como si lo fuesen á mano, de lajas de peña viva -muy áspera, como puntas de diamante. Tienen infinitos ojos ó hoyos, -de cinco y seis palmos en torno, llenos de tierra colorada, la cual, -para su pan caçabí, es fertilísima y admirable, porque poniendo una -rama ó dos de la planta de donde salen las raíces de que se hace, todo -aquel agujero ó hoyo se hinche de sola una raíz, cuanto el cabe, y áun -sembrando en aquellos agujeros ó hoyos dos ó tres pepitas de nuestros -melones, se crian de la misma manera, tan grandes, que no hay botijas -de media arroba, de las de España, mayores, finísimos y odoríferos, y, -como sangre, colorados. Por esta fertilidad tenian aquellas gentes sus -pueblos en aquellas montañas llanas. Dentro de aquellos montes llanos -talaban los árboles cuanto era menester, para hacer una plaza, segun el -pueblo era chico ó grande; y, hecha la plaza, ella en medio, talaban -y hacian cuatro calles en cruz, muy anchas y de un tiro de piedra en -largo. Estas calles hacian para pelear, porque sin ellas no se pudieran -menear, segun los montes son espesos, y las rocas ó peñas y piedras -que hay, tambien muy ásperas, aunque llanas. Así que, llegada la gente -de los españoles á los límites de aquella provincia, y sentida por las -gentes della, hacen por todas partes muchas ahumadas, unos pueblos á -otros avisándose, y luego ponian las mujeres, y los hijos, y viejos -en cobro, en lo más secreto que ellos hallar podian y sabian de los -montes. Lléganse más los españoles, y en cierto lugar llano y monte -desembarazado, asientan su real para que se pudiesen aprovechar de los -caballos, y, desde allí, proveer á dónde y cómo habian de guerrear. -Allí asentados, todo su principal cuidado era y es, á los principios, -como debe ser en todas las guerras, prender alguno de los contrarios -para que descubran los secretos propósitos y disposicion, y gente y -fuerzas que en ellos hay; y así se tomaban, y, tomados, atormentaban, -y algunos descubrian, y otros ántes se dejaban morir que descubrir -la verdad, si sus señores se lo mandaban. Entrados del todo los -españoles y llegando á los pueblos, hallaban los indios de los pueblos -comarcanos, juntos en un pueblo, que era el más apropiado, y, en las -calles, aparejados con sus arcos y flechas, pero desnudos, en cueros, y -las barrigas por broqueles, para pelear; y era estraña su grita, que, -si así como ponian miedo con sus alaridos, lo pusieran con las armas, -no les hobiera ido con los españoles tan mal. Esperaban el primer -ímpetu de los españoles, aventando sus flechas, harto de léjos, que, -cuando llegaban, iban tan cansadas, que apénas mataran un escarabajo. -Desarmadas en los cuerpos desnudos las ballestas principalmente, porque -por entónces, pocas eran ó ningunas las espingardas, viendo caer muchos -dellos, luego se iban retrayendo, y pocas veces ó ninguna esperaban -las espadas. Algunos habia, que así como le daban la saetada, que le -entraba hasta las plumas, con las manos se sacaba la saeta y con los -dientes la quebraba, y, escupida, la arrojaba con la mano hácia los -españoles, como que con aquella injuria, que les hacia, se vengara, y -luego, allí, ó poco despues, caia muerto. Pasados aquellos primeros -tiros, viendo lo poco que con las ballestas de los españoles ganaban, -todo su refugio y defensa no era sino huir cada casa ó vecindad por su -parte. Allí, por la espesura de los montes y aspereza de la tierra, -porque todo se andaba sobre peñas, como es dicho, muy ásperas, poco -duraba tras ellos el alcance. Pero porque siempre, ó las más de las -veces, ó allí en el conflicto, ó mayormente andando cuadrillas de -españoles á cazar indios por los montes, se tomaban algunas espías, -ó algunos que de una parte á otra pasaban, á estos tales dábanles -increibles tormentos para que descubriesen dónde se habia huido la -gente, y en qué lugares y en cuántas partes. Llevaban estos por -guías, con cordeles al pescuezo atados, y algunos, desque llegaban -á algun despeñadero, por llevar tras sí al español que lo llevaba -del cordel, se despeñaba, porque así se lo habia el señor ó Cacique -mandado. Llegada la cuadrilla de los españoles á donde los infelices -tenian arrinconados sus ranchos, daban en ellos, donde veríades hacer -sus efectos, en aquellos cuerpos desnudos, las espadas. Allí no se -perdonaba á hombre viejo ni niño, ni mujer parida ni preñada. Despues -de hechos grandes estragos, prendian muchos por los montes, destos que -del cuchillo se habian escapado, á todos los cuales les hacian poner -sobre un palo la una mano, y con el espada se la cortaban, y luego la -otra, á cercen, ó que en algun pellejo quedaba colgando, y decíanles, -«andad, llevad á los demas esas cartas.» Por decir, «llevad las nuevas -de lo que se ha de hacer dellos, segun que con vosotros se ha obrado»; -íbanse los desventurados, gimiendo y llorando, de los cuales, pocos ó -ningunos, segun iban, escapaban, desangrándose, y no teniendo por los -montes, ni sabiendo donde ir á hallar alguno de los suyos, que les -tomase la sangre ni curase; y así, desde á poca tierra que andaban, -caian sin algun remedio ni mamparo. - - - - -CAPÍTULO XVI. - - -Desbaratados y desparcidos los de los pueblos, que se habian juntado -en alguno de los más convenientes para resistir á los españoles, iban -á dar en otro pueblo donde sabian que estaban los indios esperándolos. -Entre otros, fueron al más principal, que era el del rey y señor -Cotubanamá ó Cotubáno, que dijimos en el cap. 8.º que habia trocado -el nombre con Juan de Esquivel, Capitan General, y era su guatiao, -como hermano en armas; este Cacique y señor era estimado por el más -esforzado de toda aquella provincia, y era el más lindo y dispuesto -hombre, que, entre mil hombres de cualquiera nacion, creo yo que se -hallara; tenia el cuerpo mayor que los de los otros, creo tambien -que tenia una vara de medir entera de espalda á espalda, la cintura -la ciñeran con una cinta de dos palmos ó muy poquito más; tenia la -llave de las manos de un gran palmo; los brazos, y las piernas, y -todo lo demas, á los otros miembros muy proporcionado, el gesto no -hermoso, sino de hombre fiero y muy grave; su arco y flechas era de -doblado gordor que los de los otros hombres, que parecian ser de -gigante. Finalmente, este señor era de tan señalada disposicion, que -los españoles, todos, de velle se admiraban. Guardé para este lugar -hablar dél, así en particular, lo que parece que tenia su lugar en -el cap. 8.º, porque no entónces yo lo vide, sino en esta temporada y -guerra segunda que se les hizo. Asi que, determinados los españoles -de ir al pueblo deste señor, donde tenian nueva que habia mucha gente -ayuntada para les resistir, y por ser entre todos, y más que ninguno, -por su persona y esfuerzo, nombrado y estimado, fueron todos derechos -allá, y llegados á cierto pedazo de la ribera de la mar, hallaron dos -caminos, que iban por el monte, al pueblo. El uno, muy escombrado, -cortadas las ramas y todo lo que podia embarazar; en este, á la entrada -del pueblo, tenian los indios una celada, para dar á los españoles en -las espaldas, donde no recibieran poco daño; el otro camino estaba muy -cerrado, lleno de árboles cortados y atravesados, que ni áun gatos -pudieran por él andar, pero los españoles, como siempre saben darse á -recaudo, sospecharon luego aquello haber sido de industria ordenado; y -así, sospechando algun engaño, dejaron el camino abierto, y vánse, con -muy gran dificultad, por el cerrado. De una legua ó legua y media, que -habria al pueblo desde la mar, la media legua estaba el camino, de la -manera dicha, con madera ocupado, y, en pasarla, los españoles, tirando -y cortando palos se cansaron harto, y así pasaron; todo lo demas del -camino estaba sin embarazo, de donde tomaron mayor indicio que los -indios, industriosamente los echaban por el otro camino para les hacer -daño. Yendo por el camino adelante, muy sobre aviso, acábanlo de andar, -y, junto al pueblo, dan en los indios que estaban en la celada, por -las espaldas, y desarman en ellos las ballestas, donde todas ó las más -emplearon; saltan luego todo el resto de los indios, recogiéndose á -las calles, y allí tiran infinitas flechas, desde léjos, como suelen, -por miedo de las espadas, como juego de niños, y así hicieron en los -españoles ningun daño; dellos fueron hartos, de las saetas, heridos y -bien lastimados. Con todo esto se acercaban y peleaban con piedras, -no con hondas tiradas, sino con las manos, porque hondas nunca las -usaron ni las alcanzaron, de que allí habia grande abundancia, con su -grita, que ponian en el cielo, mostrando siempre grande gana de pelear -y echar de su tierra los que destruidores de su nacion estimaban. No -desmayaban porque vian caer muchos de sí mismos asaeteados, ántes -parecia que cobraban vigor, y otra cosa fuera si las armas tuvieran -á las de los españoles iguales. Contaré una hazaña digna de ser oida -y alabada, que allí vide hacer á un indio, cierto, señalada, si la -pudiera dar á entender cómo pasó contándola. Apartóse de todos los -otros, que, como dicho es, con piedras y sus flechas peleaban, un -indiazo, bien alto, desnudo en cueros como los otros, desde arriba -hasta abajo, con sólo un arco y una sola flecha, haciendo señas, como -desafiando que saliese á él algun cristiano. Estaba por allí cerca un -español llamado Alejos Gomez, muy bien dispuesto y alto de cuerpo, y en -matar indios harto experimentado, y que tenia grande ventaja á todos -los españoles desta isla, en cortar de un espada, porque cortaba un -indio por medio de una cuchillada. Este, apartóse de los demas, y dijo -que lo dejasen con el indio, que lo queria él ir á matar. Las armas -que llevaba eran, una espada ceñida y una daga ó puñal, y una media -lanza, y cubierto bien con una grande adarga de juego de cañas. Como -el indio lo vido apartarse, váse á él como si fuera armado de punta -en blanco y el español algun gato. El Alejos Gomez, pone la media -lanza en la mano del adarga, y pelea con el indio con piedras, que, -como dije, habia hartas. El indio no hacia más, sino amagalle con la -flecha como que queria soltalla, y andaba de una parte á otra, dando -saltos, guardándose de las piedras, con tanta ligereza como si fuera -un gavilan. Desque todos los españoles los vieron pelear desta manera, -y los indios asimismo, cesaron de la pelea por mirallos; unas veces el -indio daba un salto contra el Alejos Gomez, que parecia que lo queria -clavar, él cobríase todo con el adarga, temiendo que ya era clavado. -Tornaba á tomar piedra el Alejos Gomez y á tiralle, y el indio saltando -y amagándole; todo esto él desnudo en cueros, como su madre lo parió, -y con sola una flecha, puesta en su arco; y, porque duró la pelea un -muy gran rato, fueron sin número las piedras que le tiró, estando cada -momento ambos cuasi juntos, y es cierto que con ninguna le acertó. -Finalmente, andando desta manera ambos á dos, tuvo el indio en tan poco -al español, que se fué acercando á él en tanto grado, que arremetió á -él y púsole la flecha cuasi al arquillo del adarga, hizo harto Alejos -Gomez en hacerse como un ovillo, cubriéndose con su adarga, y como lo -vido tan junto á sí, deja las piedras y toma la lanzuela, y arrojasela -creyendo que ya lo tenia clavado, pero da el indio un salto á través, -y váse riendo y mofando con su arco y flecha sin la haber soltado de -la mano, y con su cuerpo desnudo, sano y salvo. Acuden los indios -todos con gran grita y risa, escarneciendo de Alejos Gomez y de los -demas de su compañía, dando grandes favores á su comiliton, por su -soltura y ligereza, y no ménos esfuerzo, digno de ser loado. Quedaron -los españoles admirados, y el mismo Alejos Gomez más alegre que si lo -matara, y no poco todos al indio loando. Fué, cierto, espectáculo de -grande alegría, y que no hobiera Príncipe alguno, de los nuestros de -España ni de otra nacion, que no se holgara de verlo y de remunerar al -indio con merced señalada. Todo lo que he dicho es verdad, porque yo lo -vide de la manera que lo he contado. Duró la pelea toda entre indios y -españoles, de la manera dicha, desde las dos de la tarde que llegaron, -hasta que los despartió la noche. - - - - -CAPÍTULO XVII. - - -Otro dia no pareció hombre ninguno de los indios, sino, como vian que -no podian prevalecer contra los españoles, mostrada la primera vista, -y gana de se defender y pelear, como está dicho, luego á los montes -huian, donde habian puesto las mujeres y hijos, y los demas que no -eran para pelear. Pues como este señor Cotubanamá, fuese, como dicho -queda, el más fuerte para entre ellos, y más estimado, y no hobiese -sacado más fruto para contra los españoles que los demas, no hobo ya -de aquí adelante señor, ni gente, que en su pueblo osase esperar, sino -que todos trabajaron de retraerse y esconderse donde mejor podian, -en los más breñosos y escondidos montes; ya no restaba qué hacer á -los españoles sino desparcirse por cuadrillas, y andar á montear los -indios que podian escudriñar y prender por los montes, y lo principal -que inquirian era topar con los Caciques y señores, y á Catubanamá, -sobre todos. Salian cuadrillas por diversas partes, y escudriñaban -los rastros por los caminos, que eran harto ciegos y angostos. Habia -hombres tan diestros en buscar indios, que de una hoja de las del -suelo, podrida, caidas de los árboles, vuelta de la otra parte, sacaban -el rastro é iban por él á dar donde habia juntas mil ánimas; porque -los indios, andando por aquellos montes, con tanta sotileza andaban, -como anduviesen desnudos y descalzos, que no hacian 20 ni 30 juntos, -más rastro, que si pasara un sólo gato, pero no les bastaba. Otros -españoles habia, que de sólo el olor del fuego, porque los indios, -donde quiera que están, tienen fuego, de mucho trecho, y de léjos, -tomaban el rastro. Desta manera, las cuadrillas de los españoles, -andando, muchas veces cazaban algun indio, y á tormentos descubria -dónde la otra gente estaba; llevándolo atado iban allá, hallábanlos -descuidados, daban en ellos, y cuantos huir no podian, como mujeres, -niños y viejos, metian á espada, porque lo principal que pretendian -era hacer grandes crueldades y estragos, para meter miedo por toda -la tierra y viniesen á darse. Todos los que tomaban á vida, como los -mancebos y hombres grandes, cortaban ambas á dos manos, y enviaban, -como se dijo, con cartas; fueron sin número á los que cortaron desta -manera las manos, y más los que mataron. Holgábanse por extraña -manera en hacer crueldades, unos más crueles que otros en derramar, -con nuevas y diversas maneras, sangre humana. Hacian una horca luenga -y baja, que las puntas de los piés llegasen al suelo, porque no se -ahogasen, y ahorcaban 13 juntos, en honor y reverencia de Cristo, -Nuestro Redentor, y de sus doce Apóstoles; y así, ahorcados y vivos, -probaban en ellos sus brazos y sus espadas. Abríanlos de un revés por -los pechos, descubríanles las entrañas; otros hacian de otras maneras -estas hazañas. Despues de así desgarrados, áun vivos, poníanles fuego -y quemábanlos; liaban el indio todo con paja seca, y poníanle fuego y -quemábanlo. Hombre hobo que á dos criaturas, que serian hasta de dos -años, les metió por la hoya de la garganta una daga, y así degollados -los arrojó en las peñas. Todas estas obras y otras, extrañas de -toda naturaleza humana, vieron mis ojos, y agora temo decillas, no -creyéndome á mí mismo, si quizá no las haya soñado. Pero en la verdad, -como otras tales y peores, y muy más crueles y sin número, se hayan -perpetrado en infinitas partes destas Indias, no creo que de aquestas -me he olvidado. Algunas veces, siguiendo algunas cuadrillas algunos de -los rastros que se han dicho, sin otra guia, iban á dar donde habia -mucha gente ayuntada, que no quisieran hallar tanta, porque los indios, -viendo que los españoles eran pocos, desque los contaban tornaban sobre -sí, y con piedras y á flechazos, de cerca, los fatigaban: y así fué una -vez, que 13 españoles siguieron un rastro, y fueron á dar con 1.000 ó -2.000 ánimas entre mujeres y niños, chicos y grandes; llevaban cuatro -ballestas, y sus rodelas y lanzas y espadas, á los cuales acometen -los indios muy denodados; los españoles sueltan las ballestas y -hácenseles luego las cuerdas pedazos. Los indios fatíganlos á pedradas -y flechazos, los cuales rescibian en las rodelas y adargas, pero no -llegaban junto á ellos, para con las porras ó mancanas hundilles los -cascos, porque sólo que el de la ballesta, que tenia siempre armada, -les amagaba como que la queria soltar, ninguno habia que se les osase -acercar, y con solos aquellos ademanes de la ballesta, se libraron, -que no los matasen, dos horas ó tres que duró el combate, hasta que, -por maravilla, se oyó la grita en el Real de los españoles, que yendo -de paso, habia cerca de allí, aquella tarde, parado. Entónces ocurrió -toda la más gente del Real, y van por el rastro de los 13 españoles, y -llegan allá; dan en los indios de fresco, desmayan los indios, ponénse -en huida, hácese gran matanza, y la presa de los captivos, mujeres y -niños, y de otras edades, fué grande. En estos comedios, todos los -españoles padecieron grandes hambres, porque regla general en estas -Indias es, que como entran y han entrado siempre guerreando y huyen -los indios dellos, y ellos no traen la comida de España, ni se dan -maña para hacer el pan destas tierras, ni haber los otros manjares, -que padezcan grandes hambres y mueran muchos dellos, como han muerto -infinitos, ésles necesario. Las gentes que se captivaban repartian por -los españoles los Capitanes, dándoselos por esclavos. Cada uno echaba -en cadenas, si las tenia, los que le daban, ó de otra manera tenia -cuidado de guardallos; iban dos ó tres españoles juntos, llevando 10 ó -12 y 15 y 20 esclavos, apartándose del Real, por los montes, á sacar -ciertas raíces, llamadas guayagas, la media sílaba breve, de que en -aquella provincia sola, se hacia cierto pan; y una vez descuidáronse -los tres ó cuatro españoles, y, aunque tenian sus espadas y rodelas, -arremeten á ellos los esclavos, y, con los ramales de las cadenas y con -piedras, matáronlos: ellos, despues unos á otros se desherraron, y, en -señal de su victoria, llevaron las cadenas y las espadas á presentar -al señor Cotubanamá. A todos los indios que se prendian y cortaban -las manos, y en quien se ejercitaban las susodichas crueldades, -decíaseles que así los habian á todos de lastimar y matar si no se -daban. Respondian que si vernian, sino que temian las amenazas del rey -Cotubanamá, que les enviaba siempre á decir que no se diesen á los -españoles, si nó, que, despues de idos, los habia de matar. Lo uno, -por esto, y lo otro, por la persona que era tan señalada, y porque era -cierto, que sino se prendia, ó de otra manera se daba ó venia de paz, -que la tierra no habian de poder sujetar, todo el intento principal -de los Capitanes y españoles era preguntar dónde Cotubanamá estaba, y -dónde se podia hallar. Finalmente, se tuvo nueva que se habia pasado -á la Saona, y que allí estaba sin gente con su mujer y hijos, pero -muy vigilante y á buen recaudo. De allí adelante acordó el Capitan -general, Juan de Esquivel, de pasar allá, como le pareció que allí le -habia ido bien con la matanza que habia hecho en aquella isla, y así, -trabajó de irse acercando hácia la tierra del mismo Cotubáno, que, como -dicho queda, era de la isla dicha, la tierra frontera y más cercana, -solas dos leguas de mar en medio. En este tiempo, prendieron ciertos -señores principales, y mandólos el Capitan general quemar vivos, -y creo que fueron cuatro, porque de tres no tengo que dudar. Para -quemallos, hicieron ciertos cadalechos sobre cuatro ó seis horquetas, -puestas unas varas á manera de parrillas, y en ellos los Caciques muy -bien atados; debajo pusieron muy buen fuego, y comenzándose á quemar, -daban gritos extraños, que oirlos, las bestias me parece que no lo -pudieran tolerar. Estaba el Capitan general en un aposento, apartado -de allí alguna distancia, donde tambien oia sus dolorosos gemidos y -gritos lamentables, y porque de oillos rescibia pena, ó por quitalle el -reposo, ó quizá de lástima y piedad, envió á mandar que los ahogasen; -pero el alguacil del Real, que ejecutaba la inícua sentencia, y era -el verdugo de aquel acto, hízoles meter palos en las bocas, porque no -sonasen ni oyese el Capitan los alaridos y gemidos que daban, y así se -quemasen abrasados, como si le hobieran muerto á todo su linaje. Todo -esto yo lo vide, con mis ojos corporales mortales. - - - - -CAPÍTULO XVIII. - - -Ya se tenia entendido por los españoles que no se habian de subjectar -los indios de la provincia, en tanto que el rey Cotubanamá no se -hobiese tomado, é ya que sabia que se habia pasado á la isleta de -Saona, el Capitan general, Juan de Esquivel, determinó de seguille y -pasar allá, para lo cual proveyó, que una carabela que proveia el Real -de pan caçabí, y vino, y quesos, y otras cosas de Castilla, que desta -ciudad de Sancto Domingo se les enviaba, viniese á cierta parte, siendo -de noche, para que allí tomase la gente que con él habia de pasar en la -dicha isleta, de manera que el Cotubanamá ni sus espías lo sospechasen. -Tenia el dicho Cacique y señor esta costumbre y aviso, despues que á -ella pasó, para se guardar de los españoles: en medio de la isleta -estaba una cueva grande, donde tenia su mujer y sus hijos, y él estaba, -desque vido que la carabela andaba por allí, aunque era ordinario -verla, por la razon que se dijo de proveer el Real, tenia sus espías en -los lugares donde se podrian desembarcar, y él, cada dia, al cuarto del -alba, iba, con 12 indios, de los más dispuestos y valientes que consigo -tenia, á la mar y el puerto ó desembarcadero, de donde más temia que la -carabela podia echar gente en tierra y hacelle mal. Una noche embarcóse -Juan de Esquivel, con 50 hombres, en la tierra frontera de la isla, -que, como he dicho, estaba della dos leguas de mar, y fué á desembarcar -ya cuasi que amanecia. Las espías, que eran dos indios, tardáronse, por -manera, que saltaron en la isla, primero, 20 ó 30 españoles, y subieron -cierta peña, muy alta, poco ántes que las espías, á especular la mar -y carabela, llegasen. Ciertos españoles ligeros, que iban delante, -prendieron las espías, trujéronlas al capitan Juan de Esquivel, y -preguntados dónde quedaba ó estaba el rey Cotubanamá, dijeron que -allí cerca venia; sacó un puñal el Capitan, y dió de puñaladas al -uno, triste indio espía, y el otro, átanlo y llévanlo por guía. Iban -delante algunos españoles, corriendo, y sin órden, cada uno presumiendo -de señalarse en la prision de Cotubanamá; hallan dos caminos, van por -el de á mano derecha, los más de los españoles, sólo uno acertó á -tomar el de la izquierda, porque, como toda la isla es montes bajos, -no se puede ver hombre á otro, aunque esté medio tiro de herron dél. -Aqueste sólo hombre, que tiró por aquel camino, se llamaba Juan Lopez, -labrador, harto bien alto y dispuesto, y de fuerzas, y no ménos -ejercitado en desgarrar indios, ó, al ménos, era de los que andaban en -estas estaciones, porque era de los viejos que en esta isla Española -se habian en las tales obras ejercitado. El cual, áun poco entrado en -el camino, topó 12 indios, grandes y valientes, desnudos, como todos -andaban, con sus arcos y flechas, en renglera, uno tras otro (porque -así andan todos, y, tambien, aunque quisieran, por la estrechura del -camino y espesura del monte, no pudieran venir de otra manera), y el -postrero era Cotubanamá, que traia un arco, segun ya dije, como de -gigante, y una flecha, con tres puntas de hueso de pescado, como un pié -de gallo, que si él la empleara en algun español, sin corazas, bien -pudiera, de vivir más, descuidarse. Como los indios que venian delante -al español vieron, enmudecieron, pensando que sobre ellos venia todo el -mundo, pudiendo, con las flechas, clavallo y huir; pero preguntándoles -por su señor Cotubanamá, respondieron al Juan Lopez: «véelo, aquí -viene detras,» y diciendo esto, apartáronse para que pasase. Pasa Juan -Lopez, con su espada desnuda; como no lo habia visto ántes, y vídolo de -súbito, quiso flechar su arco; pero arremetió Juan Lopez con su espada, -y tírale un estocada; recógesela Cotubanamá, con ambas manos, pensó que -debia ser algun palo blanco, como no lo habia experimentado; corrió -Juan Lopez la espada, y sególe las manos; entónces, acudíale con otra. -Díjole Cotubanamá: _mayanimacaná, Juan Desquivel daca_; «no me mates, -porque yo soy Juan de Esquivel.» Luego, todos los indios, 11 ó 12, -huyeron, dejando al triste de su señor con Juan Lopez, que lo pudieran -muy bien matar, y el señor y ellos salvarse. Ya dijimos en el cap. 8.º, -como habian trocado los nombres él y el Capitan General. Púsole Juan -Lopez la punta del espada á la barriga, y la mano en el hombro, ó en -los cabellos, y como estaba sólo Juan Lopez, no sabia qué se hacer; -estando así rogándole que no lo matase que él era Juan de Esquivel, -aunque las manos tenia cortadas, corriendo sangre, con la derecha da -un vaiven al espada desviándola de la barriga, y juntamente arremete -con el Juan Lopez, que, como dije, tenia harto gran cuerpo y miembros y -fuerzas, y dá con él de espaldas sobre las peñas y cae sobre el espada, -y échale mano, con la mano, cuya llave dije ser de un gran palmo, de la -garganta y ahogábalo. Estando así, gaznando y quejándose como podia, -oyéronlo ciertos españoles, que iban por otro camino, que áun distaba -poco el uno del otro; tornaron hácia atras donde los caminos se habian -apartado, y entran por él, donde el Cacique á Juan Lopez maltrataba, -y llegó primero un ballestero, y con toda la ballesta desarmada, dió -un gran golpe al Cacique, que estaba encima del Juan Lopez, sobre todo -el cuerpo, que cuasi lo aturdió, y, levantándose, levantóse tambien -Juan Lopez, medio muerto, y allí lo prendieron con otros españoles que -luego llegaron. Maniatáronlo y lleváronlo á cierto pueblo que estaba -despoblado, donde acordaron los españoles de ir en busca de la mujer -y de los hijos del Cotubáno. Los 12 indios que vinieron con él, como -huyeron, fueron á dar aviso á la mujer y á los hijos de Cotubanamá, que -estaban en la cueva, del estado en que dejaban á su señor; creyendo que -ya sería muerto, creo que dejaron la cueva y huyeron á otros rincones -de la isla; pero tomados ciertos indios por los españoles, y traidos -donde Cotubanamá estaba, mandó que llevasen á ciertos españoles á la -cueva, y á otros indios que le trujesen á su mujer y hijos, y así fué. -Trajéronle su mujer y hijos, y de la cueva trujeron las alhajas que -allí tenia, como hamacas en que dormia y cosas de su servicio, que -tenian poco valor, porque, arriba de lo muy necesario, las gentes desta -isla Española, más que otras algunas, ninguna cosa poseian ni poseer -querian. Hallaron allí tambien tres ó cuatro espadas, y la cadena en -que llevaban los indios que habian hecho esclavos, y mataron á los -dos ó tres españoles que arriba dije, la cual, traida, echaron al -mismo Cotubanamá; al cual se trató de quemar vivo allí, como habian -quemado en parrillas á otros, sino que pareció que era mejor enviallo -á esta ciudad, en la carabela, porque aquí lo atenazasen, y así -recibiese mayores tormentos, como que hobiera cometido atroces delitos, -defendiendo su persona y Estado, y su tierra, de las opresiones que -comenzaban á padecer del Martin de Villaman y de sus compañeros, y -que eran comienzo y principio de las que sabian que todas las otras -gentes infinitas desta isla, padecian y habian padecido, por las -cuales habian ya perecido muchas dellas. Finalmente, lo metieron en -la carabela con sus prisiones, y trujeron á esta ciudad de Sancto -Domingo, y el Comendador Mayor se hobo con él menos cruelmente que -Juan de Esquivel y los españoles deseaban ó pensaban, porque lo hizo -ahorcar y no atenazarlo. Gloriábase Juan de Esquivel mucho, que tres -cosas habia hecho en esta isla buenas, la una traer merced de los -Reyes á esta isla, que no se pagase, del oro que se cogiese, más del -quinto; la otra, la matanza que habia hecho en la isleta Saona, en -la guerra pasada, de que arriba en el cap. 8.º hicimos mencion; la -tercera hazaña suya, de que se jactaba Juan de Esquivel, fué la prision -deste señor Cotubanamá. Algo más justa y más digna de fama loable, -fué la que hicieron el conde de Cabra y el Alcaide, de los donceles -del Rey Chiquito, y así lo nombraban, de Granada. Preso y muerto este -señor Cotubáno, y hechas las crueldades que, por ocho ó diez meses que -esta guerra duró, en ella se perpetraron, cayeron todas las fuerzas -de todas las gentes desta isla, que todas juntas eran harto pocas, y -los pensamientos y esperanza de nunca tener remedio, y así quedó toda -esta isla pacífica, si pacífica se pudiera con verdad decir, quedando -los españoles en tanta guerra con Dios, por la gran libertad en que -quedaron para poder oprimir estas gentes á su placer, sin embargo ni -impedimento alguno, chico ni grande, que se les pusiese y nadie les -resistiese, y así, las consumieron y aniquilaron de tal manera, que -los que vienen á esta isla pueden preguntar si los indios della eran -blancos ó prietos. Esta consumacion lamentable, y de tantas gentes, -todo el mundo sabe y la confiesa, y no dudan áun los que nunca á estas -tierras vinieron, por ser la fama tan vehemente; y es certísima, porque -mucho mayor fué la verdad de lo acaecido, que lo que ella suena. El -número de la gente que habitaban en esta isla era sin número, y así -lo escribió á los Reyes el Almirante viejo, y díjome el Arzobispo de -Sevilla, D. Diego de Deza, que fué de aquellos tiempos, que le habia -dicho el mismo Almirante, que habia contado un cuento y cien mil -ánimas. Pero estas fueron solas aquellas que estaban al rededor de -las minas de Cibao, como eran las que moraban en la gran Vega y otras -cercanas dellas, á las cuales impuso el cascabel de oro que diesen -por tributo, como arriba se dijo, en el primer libro, y con ellas -pudieron entrar alguna parte de la provincia de Xaraguá, que dieron -por tributo pan caçabí y algodon hilado y en pelo. Pero segun creo, -sin temor de que creyéndolo me engañe, más habia en toda la isla de -tres millones, porque en aquellos tiempos no se tenia cuenta con esta -provincia de Higuey, ni hombre habia ido á ella, ni á la de Haniguayába -y Guaycayarima, ni con la de Guahába, y con otros pedazos de esta isla. -Mandó poblar el Comendador Mayor, dos pueblos ó villas de españoles, -para tener esta provincia del todo segura, que más cabeza no alzase; -una, cerca de la mar, que fué nombrada Salvaleon, y la otra, dentro de -la tierra, llamada Sancta Cruz de Aycayágua, y, entre ambas, repartió -todos los pueblos de los indios, que sirviesen á los cristianos, que al -cabo los consumieron. Y así hobo en esta isla 17 villas de españoles, -que todas las gentes della asolaron, y fueron estas: esta de Santo -Domingo; otra en las minas viejas, ocho leguas de aquí, que se llamó -la Buenaventura; la tercera, el Bonao; la cuarta, la Concepcion; la -quinta, Santiago; la sexta, Puerto de la Plata; la sétima, Puerto Real; -la octava, Lares de Guahába; la novena, el Arbol gordo; la décima, el -Cotuy; la undécima, la villa de Azua; la duodécima, Sant Juan de la -Maguana; la décimatercera, Xaraguá; la décimacuarta, villa de Yaquimo; -la décimaquinta, la villa de Salvatierra; la décimasexta, de Salvaleon; -y la décimasétima, Sancta Cruz de Aycayágua, la penúltima sílaba -luenga. - - - - -CAPÍTULO XIX. - - -En estos tiempos habian mandado los Reyes, por su Carta y patente real, -y por la Instruccion de suso dicha que dió al Comendador de Lares, que -ningun español fuese osado á inquirir, ni agraviar, ni escandalizar -los indios vecinos y moradores de ninguna destas islas, ni de alguna -parte de tierra firme, ni prendiese, ni captivase indio alguno, ni lo -llevase á Castilla, ni llevar á otras partes, ni les hiciesen otro mal -ni daño alguno en sus personas y bienes, so graves penas, por celo -que tenian de que las gentes destas tierras recibiesen buen ejemplo y -buenas obras, para que pudiesen con facilidad ser traidas á nuestra -sancta fe católica, y fuesen cristianos; y, con este fin y propósito, -dieron licencia á algunos de España, que armasen para ir á rescatar -y contratar, y á que comunicasen de paz con ellos, porque, con la -comunicacion y amor de los cristianos, se aficionasen é induciesen á -las cosas de la cristiana religion. Pero como habian sido los años -pasados, escandalizados y gravemente damnificados de Alonso de Hojeda -y de Cristóbal Guerra, y de otros que con título de venir á rescatar -oro y perlas, pidieron á los Reyes licencia, muchas ó algunas islas -y partes de tierra firme, y señaladamente la tierra que despues se -llamó y hoy nombramos Cartagena, donde Cristóbal Guerra hizo grandes -violencias y tiranías; en algunas partes, comunicaron los indios con -los cristianos, pacíficamente, y otras, cognosciendo ya sus obras, no -los dejaron saltar en sus tierras, ántes les resistieron, y, peleando -con ellos, algunos mataron. De uno, ó de dos, ó de diez, que apénas -subian de tres los que mataban, hacian grandes quejas á los Reyes, -que por ser caníbales, que entónces llamaban los que ahora decimos -caribes, que son los que comen carne humana, no querian conversar con -los cristianos, ni los acogian en sus tierras, ántes los mataban; y -no decian las obras que ellos á los indios hacian, por las cuales, no -sólo matallos, pero bebelles la sangre y comelles la carne, segun la -manera que los hombres, algunos, tienen para vengarse de sus enemigos, -podian tener por justísima, por la causa eficacísima que ellos les -daban. Y como los desventurados indios no tenian, como nunca tuvieron, -quien por ellos abogase y defendiese, y dijese la verdad á los Reyes, -movidos por aquellas falsas informaciones, como siempre fueron en -estos negocios, muy nocivamente, de todos engañados, la Reina mandó -dar su Carta patente, toda en contrario de la primera, dando licencia -á todos los que quisiesen armar é ir á todas las islas y tierra firme, -y á los que fuesen á descubrir otras tierras de nuevo, que si no los -recibiesen y quisiesen oir para ser doctrinados en las cosas de nuestra -sancta fe católica, ni estar á su servicio y en su obediencia, los -pudiesen captivar y llevar á Castilla y á otras cualesquiera partes, -y vendellos, y aprovecharse dellos, sin que incurriesen en pena, de -las que se habian puesto en la prohibicion desto, alguna. Señaló la -Reina, en especial, las islas de Sant Bernardo, y la isla Fuerte y -las islas de Barú, todas las cuales han perdido su nombre, y no sabré -decir cuáles son, sino las de Barú, que están junto á Cartagena; -señaló tambien los puertos de Cartagena, que deben ser Cartagena la -que hoy nombramos, y por ventura el puerto de Sancta Marta. Y en la -dicha Carta real, dice la Reina, que mandó á los de su Consejo que -lo viesen y platicasen, y visto por ellos como los Reyes, con celo -que los dichos indios caníbales fuesen reducidos á nuestra sancta fe -católica, los habian requerido muchas veces que fuesen cristianos y se -convirtiesen, y estuviesen incorporados en la comunion de los fieles, -y so su obediencia, y viviesen seguramente, y tratasen bien á los -otros sus vecinos de las otras islas, los cuales, no solamente no lo -habian querido hacer, mas habian buscado y buscaban de se defender, -para no ser doctrinados ni enseñados en las cosas de nuestra sancta fe -católica, que contínuamente hacian guerra á sus súbditos, y habian -muerto muchos cristianos de los que iban á las dichas islas, por estar -como estaban, endurecidos en su mal propósito, idolatrando y comiendo -los dichos indios, fué acordado que debia mandar dar esta Carta, etc. -Todas estas son palabras de la dicha Carta de la reina doña Isabel, -de buena memoria, en las cuales, cierto, bien parece cómo suelen ser -engañados los Reyes, áun en el derecho, puesto que finjan los juristas -quel Príncipe tiene todas leyes y derecho dentro de su pecho, porque, -segun dicen ellos, tiene cabe sí grandes varones que florecen y abundan -en la ciencia y pericia dellos; parece tambien la grande ignorancia -y ceguedad que, desde su principio del descubrimiento destas Indias, -cayó en los ánimos y entendimientos, que tuvieron los del Consejo de -los reyes de Castilla, cerca desta materia. La que tuvieron los de -aquel tiempo es asaz, por lo dicho, manifiesta. ¿Qué mayor ignorancia -pudo ser de los del Consejo, que atribuir por culpa á una gente, nunca -ántes vista ni oida, y ella, que nunca imaginó haber otra sino ella en -el mundo, ni saber qué cosa fuese fe católica, ni convertirse, y ni -qué queria decir cristianos, mas de gente malvada, cruel, robadora, -matadora, ni comunion de fieles, y que nunca hombre de los nuestros, -por aquellos tiempos, supo palabra de su lengua, ni ellos de la -nuestra? Y que dijesen los del Consejo en la dicha Carta que les -habian requirido muchas veces que fuesen cristianos y se convirtiesen, -y que estuviesen incorporados en la comunion de los fieles, ¿era -decilles que el sol era claro, ya que supieran vocablos de su lengua -para decírselo, y que ellos lo entendieran, era tan fácil como si les -dijeran, dos y dos son cuatro? Item, ¿ya que lo entendieran, eran -obligados, luego luego, sin más razon y persuasion, ni deliberacion, -dar crédito á tales requirimientos, y sino luego creyesen, incurriesen -las penas de la dicha Carta? Item, ¿la fe católica, suélese dar á los -que nunca la recibieron ni oyeron, ni fueron obligados á la adivinar, -por requirimientos, aunque sean millares de veces hechos, de manera, -que si no la quisieren recibir, incurran en tan graves ó en algunas -penas? ¿Dejólo así ordenado Cristo, el dador principal de la fe? Item, -¿será obligada alguna nacion del mundo á creer á los que con armas, -robando y matando las gentes que estaban en sus tierras y casas, -seguros, sin les haber ofendido, como los españoles, primero que otra -cosa hiciesen, hicieron, como desto está el mundo lleno? Item, ¿no más -de porque los españoles les dijesen que obedeciesen por señores á los -reyes de Castilla, ya que tuvieran lengua para se lo decir, y ellos -lo entendieran, eran obligados á los creer, y por consiguiente, á se -sujetar á los Reyes, y á los obedecer, teniendo ellos sus naturales -Reyes? ¿No fueran juzgados por insipientes y por bestias, si tal -subjeccion concedieran y obedecieran? Item, ¿si los Reyes suyos -naturales, se dieran á los reyes de Castilla, no tuvieran los pueblos -derecho, por el mismo caso, de deponellos? ¿Y si los pueblos sin los -Reyes lo hicieran, no tuvieran mucha razon de tenellos por traidores -y arallos de sal como en España los Reyes, justamente, en tal caso, -lo hicieran? Item, ¿buscar vías y caminos, para de los españoles, que -tantos daños, y robos, y muertes recibian, se defender, era crímen -grande, como, áun á las bestias brutas, el derecho natural, la defensa -de su ser, les concede? Item, ¿no fué perniciosísimo testimonio -falso, decir contra ellos, que buscaban para se defender por no ser -doctrinados, ni enseñados en las cosas de la fe? ¿Y cuándo supieron, ó -quien les dió noticia, qué cosa era ser doctrinados ni enseñados, ni -qué cosa era fe? Manifiesta queda la ignorancia que los del Consejo de -la Reina y de los Reyes tuvieron del derecho, en cosa tan jurídica, -tan importante, tan peligrosa, tan dañosa, y tan provechosa si su -impericia del Consejo, tan irreparablemente, no lo errara. Y así, -tan grandes daños é injusticias, y nunca jamás reparables, á los del -Consejo de los Reyes se los imputó Dios, porque no les era lícito á -ellos ignorar derecho tan claro, pues los Reyes les dan honra y de -comer, por letrados y no por gentiles hombres, ni por muy hidalgos que -fuesen, porque otros habria más que ellos; y así, la ficcion de los -juristas, que todos los derechos residen dentro del pecho del Príncipe, -es harto incierta y débil, pues los de sus Consejos hicieron y hacen -cada dia tan intolerables yerros. Podemos tambien aquí notallos de -muy injustos, pues no guardaron la órden del derecho, ya que tuvieran -jurisdicion para hacer lo que hicieron, la cual por entónces los Reyes -no tuvieron, y en esto los engañaron, y mucho desirvieron, y esto fué, -condenar aquellas gentes, sin ser oidas ni defendidas, ni convencidas, -sino sólo por dicho y testimonio falsísimo de sus capitales enemigos, -que eran los españoles, que nunca otra cosa, sino roballos, oprimillos, -y captivallos, y destruillos, pretendieron. Nunca juicio tan pervertido -ni tan inícuo, en toda la redondez del orbe, jamás se vido, como la -historia presente, con verdad, delante de Dios, que sabe que verdad -aquí se escribe, será el verdadero testigo. - - - - -CAPÍTULO XX. - - -Dejemos esta isla en el estado que habemos dicho, y volvamos á tomar la -historia del viaje del Almirante, que dejamos. En el cap. 6.º y en el -cap. 5.º dijimos cómo partió de junto á este puerto de Sancto Domingo, -huyendo de la tempestad grande, que dijo ántes que habia de venir, y se -fué á salvar, despues de haber padecido todos sus cuatro navíos gran -daño y peligro, de la misma tormenta, que luego sobrevino, al puerto -Hermoso, ó Escondido; salido de allí, y tomada la vía del Poniente, -fué á dar al puerto de Yaquimo, que él llamaba del Brasil, que está -80 leguas deste de Sancto Domingo. De aquí salió á 14 de Julio, y, -queriendo ir hácia la tierra firme, tuvo muchas calmas, que no podia, -por falta de viento, andar nada; y acercóse á unas isletas, cerca de la -isla de Jamáica, las cuales no tenian agua, pero hicieron unas hoyas, -cerca de la mar, y hallaron agua dulce, de la cual tomaron la necesaria -para servicio de los cuatro navíos. Crescióle tanto la calma y falta de -viento, que las grandes corrientes lo llevaron á cerca de las muchas -isletas que están junto á la isla de Cuba, que él llamó, cuando desta -isla, el año de 494, fué á descubrir á la de Cuba, el Jardin de la -Reina. De allí, haciéndole tiempo, tornó sobre la tierra firme, y, -navegando, salieron vientos contrarios y corrientes terribles, á que no -podia resistir; anduvo forcejando sesenta dias con grandísima tormenta -y agua del cielo, truenos y relámpagos, sin ver sol ni estrellas, que -parecia que el mundo se hundia. No pudo ganar de camino, en todos -aquellos dias, sino 60 leguas; con esta grande tormenta, y forcejando -contra viento y corriente, como los navíos rescibian de la mar y de los -vientos, grandes golpes y combates, abríanseles todos; los marineros, -de los grandes trabajos y vigilias, y en mares tan nuevas, enfermaron -casi todos, y el mismo Almirante, de desvelado y angustiado, enfermó -cuasi á la muerte. Al cabo, con grandes dificultades, peligros y -trabajos inefables, llegó y descubrió una isla pequeña, que los indios -llamaban Guanaja, y tiene por vecinas otras tres ó cuatro islas menores -que aquella, que los españoles llamaron despues las Guanajas; todas -estaban bien pobladas. En esta isla mandó el Almirante á su hermano -D. Bartolomé Colon, Adelantado desta isla, que iba por Capitan del un -navío, que saltase en tierra á tomar nueva; saltó, llevando dos barcas -llenas de gente, hallaron la gente muy pacífica, y de la manera de -las destas islas, salvo que no tenian las frentes anchas, y, porque -habia en ella muchos pinos, púsole el Almirante por nombre la Isla de -Pinos. Esta isla dista del cabo que agora llaman de Honduras, donde -está ó estuvo la ciudad de españoles que llamaron Trujillo, y que agora -terná cinco ó seis vecinos, obra de 12 leguas; y porque algunos que, -despues que por aquí anduvo el Almirante, quisieron por aquí descubrir, -aplicaron ó quisieron aplicar á sí el descubrimiento de hasta aquí, -yo he visto muchos testigos presentados por parte del Fiscal, en el -proceso arriba dicho, los cuales fueron con el mismo Almirante en -este viaje, que afirman que el Almirante descubrió estas islas, ó la -principal destas de los Guanajes. Todas estas islas, y muchos puertos -y partes de la tierra firme, están ya descognoscidas, por mudalles los -nombres los que hacen las cartas de marear, en que no poca confusion -engendran, y áun son causa de hartos yerros y perdicion de navíos -rescibir la relacion de cada marinero. Así que, habiendo saltado el -adelantado en esta isla de los Guanajes, ó Guanaja, llegó una canoa -llena de indios, tan luenga como una galera, y de ocho piés de ancho; -venia cargada de mercaderías del Occidente, y debia ser, cierto, de -tierra de Yucatán, porque está cerca de allí, obra de 30 leguas, ó poco -más; traian en medio de la canoa un toldo de esteras, hechas de palma, -que en la Nueva España llaman petates, dentro y debajo del cual venian -sus mujeres, y hijos, y hacendejas, y mercaderías, sin que agua del -cielo ni de la mar les pudiese mojar cosa. Las mercaderías y cosas que -traian eran, muchas mantas de algodon, muy pintadas de diversas colores -y labores, y camisetas sin mangas, tambien pintadas y labradas, y de -los almaizares con que cubren los hombres sus vergüenzas, de las mismas -pinturas y labores. Item, espadas de palo, con unas canales en los -filos, y allí apegadas, con pez y hilo, ciertas navajas de pedernal, -hachuelas de cobre para cortar leña, y cascabeles, y unas patenas, y -grisoles para fundir el cobre; muchas almendras de cacao, que tienen -por moneda en la Nueva España, y en Yucatán, y en otras partes. Su -bastimento era pan de maíz y algunas raíces comestibles, que debian ser -las que en esta Española llamamos ajes y batatas, y en la Nueva España -camotes; su vino era del mismo maíz, que parecia cerveza. Venian en la -canoa hasta 25 hombres, y no se osaron defender ni huir, viendo las -barcas de los cristianos, y así los trujeron en su canoa á la nao del -Almirante; y, subiendo los de la canoa á la nao, si acaecia asillos -de sus paños menores, mostrando mucha vergüenza, luego se ponian las -manos delante, y las mujeres se cobrian el rostro y cuerpo con las -mantas, de la manera que lo acostumbraban las moras de Granada con sus -almalafas. Destas muestras de vergüenza y honestidad quedó el Almirante -y todos muy satisfechos, y tratáronlos bien, y, tomándoles de aquellas -mantas y cosas vistosas, para llevar por muestra, mandóles dar el -Almirante de las cosas de Castilla, en recompensa, y dejólos ir en -su canoa á todos excepto un viejo, que pareció persona de prudencia, -para que les diese aviso de lo que habia por aquella tierra; porque lo -primero que el Almirante inquiria, por señas, era, mostrándoles oro, -que le diesen nuevas de la tierra donde lo hobiese, y, porque aquel -viejo le señaló haberlo hácia las provincias de Oriente, por eso lo -detuvieron, y lleváronlo hasta que no le entendian su lengua. Despues, -diz que, lo enviaron á su tierra, no sé yo cómo pudo volver á ella -quedando sólo y sin canoa, y, quizá 100 leguas y 200 de mar, léjos de -su casa. Andando por aquí el Almirante, todavía creia que habia de -hallar nueva del Catay y del Gran Khan, y que aquellas mantas y cosas -pintadas comenzaban á ser principio de aquello que tanto él deseaba; -y como le vian los indios, con tanta solicitud, preguntar dónde habia -oro, debíanle de hartar de muchas palabras, señalándole haber mucha -cantidad de oro por tales y tales tierras, y que traian coronas de -oro en la cabeza, y manillas dello á los piés y á los brazos, bien -gruesas; y las sillas, y mesas, y arcas enforradas de oro, y las mantas -tejidas de brocado, y esto era la tierra dentro, hácia el Catayo. -Mostrábales corales, si los habia; respondian los indios que las -mujeres traian sartas dellos, colgados de las cabezas á las espaldas; -mostrábales pimienta y otras especerías, respondian que sí habia -en mucha abundancia; de manera, que cuanto vian que les mostraban, -tanto, por les agradar, les concedian, sin haber visto ni sabido ni -oido ántes cosa de las que les pedian. Decíanles más, que aquellas -gentes de aquellas tierras tenian naos y lombardas, arcos y flechas, -espadas y corazas, de todo lo que vian que los cristianos allí traian. -Imaginaba más el Almirante, que le señalaban que habia caballos, los -que nunca habian visto, ni el Almirante llevaba entónces consigo. Item, -que la mar bojaba á Cyguare, que debia ser alguna ciudad ó provincia -de los reinos del Gran Khan, y que de allí á diez jornadas estaba el -rio de Ganjes; y porque una de las provincias, que le señalaban los -indios ser rica de oro, era Veragua, creia el Almirante que aquellas -tierras estaban con Veragua, como está Tortosa con Fuenterrabía, cuasi -entendiendo que la una estuviese á una mar y la otra á la otra: y así -parece que imaginaba el Almirante haber otra mar, que agora llamamos -del Sur, en lo cual no se engañaba, puesto que en todo lo demas sí. Lo -cual todo, como se platicaba por señas, ó los indios de propósito le -burlaban, ó él ninguna cosa dellos, sino lo que deseaba, entendia. Todo -lo que está dicho escribió á los Reyes, quedando aislado, como se dirá, -en Jamáica, y el treslado de la carta tengo conmigo. - - - - -CAPÍTULO XXI. - - -Habiéndole señalado aquel indio viejo las provincias de Veragua y -otras, por ricas, y que estaban al Oriente, dejó de proseguir la vía -que llevaba del Poniente (la cual, si prosiguiera, ninguna duda debe -haber que no topara el reino de Yucatán y luego los de la Nueva España, -turándole los navíos), dió la vuelta por la vía de Levante y Oriente. -La primera tierra que de la firme vió, y se llegó á ella, fué una punta -que llamó de Caxinas, porque habia muchos árboles cuyo fruto es unas -manzanillas buenas de comer, que en la lengua de los indios desta isla -Española, llamaban, segun decia el Almirante, caxinas, aunque yo, que -supe algo della, no me acuerdo que tal nombre oyese. Las gentes que -moraban más cercanas de aquella punta de Caxinas traian vestidas unas -jaquetas pintadas, sin mangas como las dichas, y los almaizares con -que se cubrian las vergüenzas, que debian ser habidos de mercaderes de -la tierra de Yucatán, de donde la canoa que dijimos creemos que venia. -Salió el Adelantado, un domingo, á 14 de Agosto, con mucha gente de los -españoles, á tierra, á oir misa, y el miércoles siguiente tornó á salir -en tierra para tomar la posesion en nombre de los reyes de Castilla, -y estaban ya en la playa cien personas ó más, cargadas de bastimentos -y comidas de la tierra, como pan de maíz, gallinas, venados, pescados -y frutas, y, presentadas ante el Adelantado y los cristianos, se -retrajeron atrás sin hablar palabra. El Adelantado les mandó dar de -los rescates, como cascabeles, y sartas de cuentas y espejuelos y -otras menudencias. Otro dia, siguiente, amanecieron en el mismo lugar -más de doscientas personas, todos cargados de gallinas, y ansares y -pescado asado y de diversas especies de fríxoles, que son como habas, -y otras frutas. Es la tierra muy fresca, verde y hermosa, en la cual -habia infinidad de pinos, encinas de más de seis ó siete especies, y -de los árboles que llamaban en esta isla hobos, que nosotros llamamos -mirabolanos, fruta odorífera y sabrosa. Sintieron que habia leones -pardos, y ciervos, y otros animales, y pudieran sentir que habia hartos -tígres. Las gentes de por aquellas comarcas no tenian las frentes -anchas como las destas islas, eran de diversas lenguas; totalmente -desnudas algunas, otras, solamente las vergüenzas cubiertas, otras, -vestidas de unas jaquetas como las cueras, que les llegaban hasta el -ombligo, sin mangas. Tenian labrados los cuerpos con fuego, de unas -labores como moriscas, unos figurando leones, otros ciervos y otros -de otras figuras; los señores, ó más honrados entre ellos, traian por -bonetes unos paños de algodon blancos y colorados; algunos tenian en la -frente unos copetes de cabellos como una flocadura. Cuando se ataviaban -para sus fiestas, teñíanse algunos los rostros de negro, otros de -colorado, otros hacíanse rayas por la cara de diversas colores, y otros -teñian el pico de la naríz, otros se alcoholaban los ojos y los teñian -de negro, y estos atavíos tenian por mucha gala; y, porque habia otras -gentes por aquella costa que tenian las orejas horadadas, y tan grandes -agujeros, que cupiera un huevo de gallina bien por ellos, puso nombre -á aquella ribera la costa de la Oreja. De aquella punta de Caxinas -navegó el Almirante hácia el Oriente con muy grandes trabajos, contra -viento y contra las corrientes, á la bolina, como dicen los marineros, -que apénas se andan cada dia cinco leguas, y ni dos muchas veces; van -los navíos dando vueltas cuatro y cinco y más horas hácia una parte, -y otra hácia otra, y desta manera se ahorra lo poco que se anda, y -algunas veces se pierde lo que se ha ganado en dos, de una vuelta. Y, -porque habiendo 60 leguas de la punta de Caxinas á un cabo de tierra -que entra mucho en la mar, tardó, con estos trabajos, en llegar el -Almirante, y de allí vuelve la tierra y se encoge hácia el Sur, por lo -cual, los navíos podian mejor y bien navegar, púsole nombre á aquel -cabo, el cabo de Gracias á Dios; y esto dice el Almirante que fué -á 12 de Setiembre del mismo año de 502. Pasado el cabo de Gracias á -Dios, tuvieron necesidad de tomar agua y leña; mandó el Almirante ir -las barcas á un gran rio que allí parecia, donde, por la creciente de -la mar y la corriente del rio que se combatian, se perdió la una de -las barcas, con toda la gente que traia, y, por este desastre, púsole -nombre del Desastre, al rio. El Domingo, á 17 de Setiembre, fueron -á echar anclas entre una isleta llamada Quiribri, y en un pueblo en -la tierra firme, llamado Cariarí. Allí hallaron la mejor gente, y -tierra, y estancia que habian hasta allí hallado, por la hermosura de -los cerros y sierra, y frescura de los rios y arboledas, que se iban -al cielo de altas, y la isleta verde, fresquísima, llana, de grandes -florestas, que parecía un vergel deleitable; llamóla el Almirante -la Huerta, y está del dicho pueblo Cariarí, la última luenga, una -legua pequeña. Está el pueblo junto á un graciosísimo rio, á donde -concurrió mucha gente de guerra, con sus armas, arcos y flechas, y -varas, y macanas, como haciendo rebato, y mostrando estar aparejados -para defender su tierra. Los hombres traian los cabellos trenzados, -revueltos á la cabeza, y las mujeres cortados, de la manera que los -traen los hombres nuestros; pero, como los cristianos les hicieron seña -de paz, ellos no pasaron adelante, mas de mostrar voluntad de trocar -sus cosas por las nuestras. Traian mantas de algodon y jaquetas de -las dichas, y unas águilas de oro bajo, que traian al cuello. Estas -cosas traian nadando á las barcas, porque aquel dia, ni otro, los -españoles no salieron á tierra. De todas ellas no quiso el Almirante -que se tomase cosa, por, disimulando, dalles á entender que no hacian -cuenta dello, y cuanto más dellas se mostraba menosprecio, tanta mayor -cudicia é importunidad significaban los indios de contratar, haciendo -muchas señas, tendiendo las mantas como banderas, y provocándolos á -que saliesen á tierra. Mandóles dar el Almirante cosas de rescate -de Castilla, mas desque vieron que los cristianos no querian de sus -cosas, y que ninguno salia é iba á contratar con ellos, todas las -cosas de Castilla, que habian rescibido, las pusieron liadas junto -á la mar, sin que faltase la menor dellas, casi diciendo, «pues no -quereis de las nuestras tomaos las vuestras», y así las hallaron todas -los cristianos otro dia, que salieron en tierra. Y como los indios, -que por aquella comarca estaban, sintieron que los cristianos no se -fiaban dellos, enviaron un indio viejo, que parecia persona honrada, -y de estima entre ellos, con una bandera puesta en una vara, como que -daban seguridad; y traia dos muchachas, la una de hasta catorce años, -y la otra de hasta ocho, con ciertas joyas de oro al cuello, el que -las metió en la barca, haciendo señas que podian los cristianos salir -seguramente. Salieron, pues, algunos á traer agua para los navíos, -estando los indios modestísimos y quietos, y con aviso de no se mover, -ni hacer cosa por donde los españoles tomasen ocasion de tener algun -miedo dellos. Tomada el agua, y como se entrasen en las barcas para -se volver á los navíos, hacíanles señas que llevasen consigo las -muchachas y las piezas del oro que traian colgadas del cuello; y, por -la importunacion del viejo, lleváronlas consigo, y era cosa de notar -las muchachas no mostrar señal de pena ni tristeza, viéndose entregar -á gente tan extraña, y feroz, y de ellos, en vista, y habla y meneos, -tan diversa, ántes mostraban un semblante alegre y honesto. Desque el -Almirante las vido, hízolas vestir, y dalles de comer y de las cosas -de Castilla, y mandó que luego las tornasen á tierra, para que los -indios entendiesen que no eran gente que solian usar mal de mujeres, -pero llegando á tierra, no hallaron persona á quien las diesen; por -lo cual las tornaron al navío del Almirante, y allí las mandó aquella -noche tener, con toda honestidad, á buen recaudo. El dia siguiente, -juéves, á 29 de Setiembre, las mandó tornar en tierra, donde estaban -ya 50 hombres, y el viejo que las habia traido las tornó á rescibir, -mostrando mucho placer con ellas, y volviendo á la tarde las barcas -á tierra, hallaron la misma gente con las mozas, y ellas y ellos -volvieron á los cristianos todo cuanto se les habia dado, sin querer -que dello quedase alguna cosa. Otro dia, saliendo el Adelantado á -tierra, para tomar lengua, y hacer informacion de aquella gente, -llegáronse dos indios de los más honrados, á lo que parecia, junto á -la barca donde iba, y tomáronlo en medio por los brazos hasta sentarlo -en las hierbas muy frescas de la ribera, y preguntándoles algunas -cosas por señas, mandó al escribano que escribiese lo que decian; los -cuales se alborotaron de tal manera viendo la tinta y el papel, y que -escribian, que los más echaron luego á huir, creyóse que por temor que -no fuesen algunas palabras ó señales para los hechizar, porque, por -ventura, se usaban hechizos entre ellos, y presumióse, porque, cuando -llegaban cerca de los cristianos, derramaban por el aire unos polvos -hácia ellos, y de los mismos polvos hacian sahumerios, procurando que -el humo fuese hácia los cristianos, y por este mismo temor, quizá, no -quisieron que quedase con ellos cosa de las que les habian dado de las -nuestras. Reparados los navíos de lo que habian menester y oreados los -bastimentos, y recreada la gente que iba enferma, mandó el Almirante -que saliese su hermano el Adelantado con alguna gente á tierra, para -ver el pueblo, y la manera y trato que los moradores dél tenian; donde -vieron que dentro de sus casas, que eran de madera cubiertas de cañas, -tenian sepulturas en que estaban cuerpos muertos, secos y mirrados, sin -algun mal olor, envueltos en unas mantas ó sábanas de algodon, y encima -de la sepultura estaban unas tablas, y en ellas esculpidas figuras de -animales, y en algunas la figura del que estaba sepultado, y con él -joyas de oro y cuentas, y cosas que por más preciosas tenian. Mandó el -Almirante tomar algunos de aquellos indios, por fuerza, para llevar -consigo y saber dellos los secretos de la tierra. Tomaron siete, no -sin gran escándalo de todos los demás, y, de los siete, dos escogió, -que parecian los más honrados y principales; á los demas dejaron ir -dándoles algunas cosas de las de Castilla, dándoles á entender por -señas, que aquellos tomaban por guías, y despues se los enviarian. Pero -poco los consoló este decir, por lo cual, luego, el siguiente dia, vino -á la playa mucha gente, y enviaron cuatro por embajadores al navío del -Almirante; prometian de dar de lo que tenian, y que les diesen los dos -hombres, que debian ser personas de calidad, y luego trujeron dos -puercos de la tierra, en presente, que son muy bravos, aunque pequeños. -No quiso restituirles los dos presos el Almirante, sino mandó dar á -los mensajeros que habian venido algunas de las bujerías de Castilla -y pagarles sus porquezuelos que habian traido, y saliéronse á tierra -con harto desconsuelo de aquella violencia é injusticia de tomalles -aquellos por fuerza, y llevárselos contra voluntad de todos ellos, -dejando sus mujeres y hijos huérfanos. Y quizá eran señores de la -tierra ó de los pueblos, los que les detenian, injustamente, presos; -y así, tuvieron de allí en adelante justa causa y claro derecho de no -se fiar de ningun cristiano, ántes razon jurídica para hacelles justa -guerra, como es manifiesto. - - - - -CAPÍTULO XXII. - - -Entre otros lugares que el indio viejo, que habian tomado y detenido -de la canoa, en la isla de los Guanajes, y otros indios, nombraron al -Almirante, que habia ó eran tierras de oro, fué uno llamado Caravaró. -Levantó, pues, las anclas desta provincia ó pueblos de Cariarí, 5 de -Octubre, y navegó á la de Caravaró, la última luenga, hácia el Oriente, -donde habia una bahía de mar, de seis leguas de longura y de ancho más -de tres, la cual tiene muchas isletas, y tres ó cuatro bocas, para -entrar los navíos y salir muy buenas con todos tiempos, y por entre -aquellas isletas van los navíos, como si fuesen por calles, tocando las -ramas de los árboles, en la járcia y cuerdas de los navíos; cosa muy -fresca y hermosa. Despues de haber surgido y echado anclas los navíos, -salieron las barcas á una de aquellas isletas, donde hallaron 20 canoas -ó navecitas de un madero, de los indios, y la gente dellas vieron en -tierra desnudos, en cueros del todo, solas las mujeres cubierto lo -vergonzoso; traia cada uno su espejo de oro al cuello, y algunos una -águila, y comenzándoles á hablar los dos indios que traian de Cariarí, -perdieron el temor, y dieron luego un espejo de oro, que pesaba 10 -ducados, por tres cascabeles, diciendo que allí, en la tierra firme, -habia mucho de aquello, muy cerca de donde estaban. El dia siguiente, á -7 de Octubre, fueron las barcas á tierra firme, y toparon diez canoas -llenas de gente, todas con sus espejos al cuello, de oro. Tomaron -dellas dos hombres que parecian ser dellos los más principales, para, -con los dos de Cariarí, saber los secretos de la tierra. Dice cerca -desto un testigo, llamado Pedro de Ledesma, piloto señalado, que yo -cognoscí, que salieron á los navíos 80 canoas, con mucho oro, y que -no quiso el Almirante rescibir alguna cosa. Su hijo del Almirante, -D. Hernando Colon, que allí andaba, puesto que niño de trece años, no -hace mencion de 80 canoas, pero pudo ser que viniesen 80, una vez 10, -y otras 20, y así llegasen á 80, y es de creer que mejor cuenta ternia -desto el piloto dicho, que era de cuarenta y cinco y más años, que no -el niño de trece. Los dos hombres que aquí desta canoa tomaron traian -al cuello, el uno, un espejo que pesó 14 ducados, y el otro un águila -que pesó 22, y estos afirmaban, que de aquel metal, pues tanto caso dél -hacian, una jornada y dos de hallí habia harta abundancia. En aquesta -bahía era infinita la cuantidad que habia de pescado, y en la tierra -muchos animales de los arriba nombrados. Habia muchos mantenimientos -de las raíces y de grano, y de frutas. Los hombres andaban totalmente -desnudos, y las mujeres de la manera de las de Cariarí. Desta tierra -ó provincia de Carabaró, pasaron á otra, confin della, que nombraban -Aburená, la última luenga, la cual es, en todo y por todo, como la -pasada. Desta salieron á la mar larga, y, 12 leguas adelante, llegaron -á un rio, en el cual mandó el Almirante salir las barcas, y, llegando -á tierra, obra de 200 indios, que estaban en la playa, arremetieron -con gran furia contra las barcas, metidos en la mar hasta la cinta, -esgrimiendo con sus varas, tañendo bocinas y un atambor, mostrando -querer defender la entrada en su tierra de gente á ellos tan extraña; -echaban del agua salada con las manos hácia los españoles, y mascaban -hierbas y arrojábanlas contra ellos. Los españoles disimulaban, -blandeándolos y aplacándolos por señas, y los indios que traian -hablándolos, hasta tanto que, finalmente, se apaciguaron, y se llegaron -á rescatar ó contratar los espejos de oro que traian al cuello, los -cuales daban por dos ó tres cascabeles; hobiéronse allí entónces 16 -espejos de oro fino, que valdrian 150 ducados. Otro dia, viérnes, á -21 de Octubre, tornaron las barcas á tierra, al sabor del rescate; -llamaron á los indios desde las barcas, que estaban cerca de allí, en -unas ramadas que aquella noche hicieron, temiendo que los españoles no -saliesen á tierra y les hiciesen algun daño, pero ninguno quiso venir -á su llamado. Desde á un rato, tañen sus bocinas ó cuernos, y atambor, -y, con gran grita, lléganse á la mar de la manera que de ántes, y, -llegando cerca de las barcas, amagábanles como que les querian tirar -las varas si no se volvian á sus navíos, y se fuesen, pero ninguna -les tiraron; mas á la buena paciencia y humildad de los españoles, no -pareció que era bien sufrir tanto, por lo cual sueltan una ballesta -y dan una saetada á un indio dellos, en un brazo, y tras ella pegan -fuego á una lombarda, y dando el tronido, pensando que los cielos se -caian y los tomaban debajo, no paró hombre de todos ellos, huyendo -el que más podia, por salvarse. Salieron luego de las barcas cuatro -españoles, y tornáronlos á llamar, los cuales, dejadas sus armas, se -vinieron para ellos como unos corderos seguros, y como si no hobieran -pasado nada. Rescataron ó conmutaron tres espejos, excusándose que no -traian al presente más, por no saber que aquello les agradaba. Desta -tierra pasó adelante á otra llamada Catiba, y echando anclas en la boca -de un gran rio, la gente della, con cuernos y atambores, se andaba -toda moviendo, y apedillando. Enviaron á los navíos una canoa con -dos hombres, para ver qué gente nueva era, y qué queria. Habláronles -los indios que se habian tomado atras, y luego entraron en la nao -del Almirante, con mucha seguridad, y, por induccion del indio de -Cariarí y de los otros, se quitaron los espejos de oro, que traian al -cuello, y diéronlos al Almirante, y el Almirante les mandó dar de las -cosas y rescates de Castilla. Salidos estos á tierra, vino luego otra -canoa con tres hombres, y sus espejos al cuello, los cuales hicieron -lo mismo que los primeros. Conciliada ya desta manera el amistad, -salieron las barcas á tierra, donde hallaron mucha gente con el Rey -de aquella provincia, ó pueblos, el cual, ninguna diferencia mostraba -tener de los otros, salvo estar cubierto con una hoja de árbol, porque -llovía, y el acatamiento y reverencia que todos le tenian. Él fué el -primero que rescató su espejo, y dió licencia que los suyos tambien -rescatasen con los cristianos. Fueron por todos 19 espejos, de fino -oro. Pedro de Ledesma, el piloto que arriba dije, depuso en el pleito, -de que ya he hecho algunas veces mencion, presentado por el Fiscal, -que en uno de los puertos por donde andaban entónces, llamado Hurira, -se rescataron 90 marcos de oro por tres docenas de cascabeles; y este -debia ser uno de cinco pueblos, ó todos cinco, donde, salido de la -boca de aquel gran rio, el Oriente arriba, fué luego el Almirante, y -segun dijo D. Hernando Colon, su hijo, allí habia mucho rescate, y -entre ellos estaba Veragua, donde los indios de atras decian que se -cogia el mucho oro, y se labraban los espejos que rescataban. Destos -pueblos fueron á una poblacion llamada Cubija ó Cubiga, donde, segun -la relacion que los indios daban, se acababa la tierra del rescate, la -cual comenzaba desde Carabaró y fenecia en aquella poblacion Cubiga ó -Cubija, que serian obra de 50 leguas de costa de mar. De aquí subió el -Almirante la mar arriba, por el Oriente, como venia, y fué á entrar, en -2 dias de Noviembre, en un puerto mucho bueno, que por ser tal lo llamó -puerto Bello, que estaba obra de seis leguas del que agora llamamos el -Nombre de Dios. El puerto es muy grande y muy hermoso; entró en él por -medio de dos isletas, y, dentro dél, pueden llegarse las naos, muy en -tierra, y salir voltejando si quisieren. Toda la tierra de la redonda -del puerto es la tierra graciosísima, estaba toda labrada y llena de -casas, á tiro de piedra y de ballesta la una de la otra, que parecia -todo una huerta pintada, y de las más hermosas que se habian por toda -aquella costa visto. Allí estuvieron siete dias, por las muchas lluvias -y matos tiempos que les hizo, y en todos ellos vinieron canoas de toda -la comarca, á contratar con los cristianos las comidas y frutas que -tenian, y ovillos de algodon hilado, muy lindo, lo cual, todo, daban -por cosillas de laton, como eran, alfileres y cabos de agujetas, y si -tuvieran oro tambien por ellos lo dieran. - - - - -CAPÍTULO XXIII. - - -Pasados los siete dias, salieron de Bel puerto ó puerto Bello, en 9 -de Noviembre, y fueron ocho leguas, y, con malos tiempos, volvieron -atras y entraron en el puerto que llamamos el Nombre de Dios, al -cual llamó el Almirante puerto de Bastimentos, porque todas aquellas -comarcas y tres isletas, que estaban por allí, eran llenas de labranzas -y maizales. Vieron una canoa de indios, y adelantóse una barca llena -de españoles tras ella, por tomar lengua de alguno dellos, pero los -indios, huyendo, dábanse priesa á remar, temiendo si les querian -hacer mal, y como los alcanzasen, llegando la barca como á un tiro -de piedra, echáronse todos á la mar para huir nadando, y cuanto los -marineros remaban, y llegaba la barca junto á ellos, zabullíanse, como -hacen las aves de agua, é iban á salir por debajo del agua un tiro -de ballesta y dos desviados de la barca, por una parte ó por otra; y -esto duró más de grande media legua. Era una fiesta bien de ver, y -de harto pasatiempo y alegría, ver lo que trabajaban los marineros -en su barca por tomar alguno, y cuan en valde, pues á ningun indio -tomaron, y los indios todos se fueron riendo y mofando, á tierra, de -los marineros, y los marineros, vacíos y corridos, se volvieron á las -naos. Estuvieron aquí hasta 23 de Noviembre, adobando los navíos y -la vasija del agua, y, salidos, fueron hácia el Oriente, y llegaron -á una tierra llamada Guija ó Guiga, y salidas las barcas á tierra, -estaban ya esperando los cristianos sobre trescientas personas con -deseos de rescatar sus mantenimientos, y algunas joyuelas de oro que -traian en las orejas y narices; pero no quiso el Almirante parar allí -mucho, más sábado, á 26 del mismo mes, entraron en un portezuelo, -al cual puso el Almirante nombre Retrete, por su estrehura, porque -no cabian en él arriba de cinco ó seis navíos juntos, y la entrada -era por una boca de hasta quince ó veinte pasos de ancho, y de ambas -partes los arracifes que sobreaguaban, que son peñas como puntas de -diamantes, y la canal entre ellos era tan hondable, que, á allegarse -un poco á la orilla, pueden saltar en tierra desde las naos; y esto -fué principal remedio para no se perder los navíos, segun el angostura -era, y la causa deste peligro fué la relacion falsa que hicieron los -marineros que en las barcas entraron primero adelante á sondar ó -conocer la hondura que por allí habia y peligros, por el ansia que -tenian siempre de salir á tierra á rescatar ó contratar con los indios -de la tierra. Por esto parece que el puerto del Retrete no es el que -agora llamamos del Nombre de Dios, como arriba dijimos por relacion de -otros, sino más adelante, hácia el Oriente. Estuvieron aquí los navíos -nueve dias, por los vientos que corrian muy forzosos y contrarios. Al -principio de estos dias, venian los indios muy pacíficos y mansos, -con toda simplicidad, á hacer sus rescates con los cristianos, pero -despues que los españoles se salian sin licencia del Almirante de los -navíos, escondidamente, y se iban por las casas de los indios, y, como -gente disoluta y cudiciosa, les hacian mil agravios, diéronles causa -á que se alterasen de tal forma, que se hobo de quebrar la paz con -ellos, y pasaban algunas escaramuzas; y como ellos, de cada dia se -juntasen en mayor copia, osaban ya venir hasta cerca de los navíos, -que, como dijimos, estaban con el bordo á tierra, pareciéndoles que -podian hacer el daño que quisiesen, aunque les saliera bien por el -contrario, si el Almirante no tuviera siempre respecto á mitigallos -con sufrimiento y buenas obras. Todo esto dice don Hernando, hijo del -Almirante; donde parece quién fué y era la causa de que los indios -se escandalizasen y tuviesen por mala gente á los cristianos, y no -quisiesen con ellos paz. Parece tambien, si aquellas gentes, desde -su descubrimiento, fueran tractadas por amor y justicia, segun dicta -la razon natural, y prosiguiera siempre adelante con ellos la vía de -comercio y contratacion pacífica y moderada, y mucho más si fuera -cristiana, como justamente hobiéramos dellos todo lo que de oro y -riquezas tenian y abundaban, por nuestras cosillas de no nada, y cuánta -paz y amor entre nosotros y ellos se conciliara, y, por consiguiente, -cuán cierta y fácil fuera su conversion á Cristo, y cuánto la Iglesia -universal se gozara de tener tan infinitos hijos cristianos. Añide más -D. Hernando: «que, visto su demasiado atrevimiento, por espantallos, -mandaba tirar el Almirante alguna lombarda de cuando en cuando, y -que ellos respondian con gran grita, dando con sus bastones en las -ramas de los árboles, haciendo grandes amenazas y mostrando no tener -temor del sonido ó estruendo de las lombardas, pensando que debian -ser como los truenos secos sin rayos, no más de para causar espanto; -y, que porque no tuviesen tan gran soberbia, ni menospreciasen á los -cristanos, mandó que una vez tirasen una lombarda contra una cuadrilla -de gente que estaba junta y apeñuscada en un cerrito, y dando por medio -dellos la pelota, hízoles cognoscer que aquella burla era tambien rayo -como trueno, por tal manera, que despues, áun tras los montes, no se -osaban asomar.» Esto dice D. Hernando, y así parece que debia de haber -muerto algunos dellos la pelota de la lombarda; y, cierto, harta mal -enmienda de los escándalos que los españoles habian causado á aquellas -pacíficas gentes, y poco sufrimiento y ménos buenas obras en esto hizo -el Almirante, por no más de porque no tuviesen tan gran soberbia, y -no menospreciasen los cristianos, con la lombarda matallos, siendo -ellos primero escandalizados y agraviados, mostrándose tan pacíficos -y amigos, y los españoles, por el contrario, haber sido culpados, y -quizá muy culpados, lo que, por ventura, D. Hernando calla. Cierto, -mejor sufrimiento fuera castigar con rigor el Almirante á los que -los habian agraviado y escandalizado en presencia dellos, para que -pareciera pesarle dello, y ser sólos culpados aquellos, y con palabras -ó señas, y mucho más con dádivas y buenas otras obras, satisfacellos, -que no á grandes pecados añadir otros más detestables, con que mayores -daños les hicieron. Dice tambien D. Hernando, que la gente de aquella -tierra era la más bien dispuesta que hasta entónces se habia visto en -estas Indias; eran altos de cuerpo y enjutos, de muy buenos gestos. La -tierra toda rasa, y de mucha hierba y poca arboleda. En el puerto habia -grandísimos lagartos que salian á dormir en seco, los cuales lanzan de -sí un olor que parece que allí está todo el almizcle del mundo, y son -tan carniceros, que si hallan un hombre durmiendo en tierra, lo llevan -arrastrando al agua para comello, puesto que son muy cobardes y huyen -cuando son acometidos. Estos son los verdaderos cocodrilos de los que -se dice abundar el rio Nilo; hay muchos en los rios que salen á esta -mar que decimos del Norte, pero muchos más, sin número, en los que -corren á la mar del Sur. - - - - -CAPÍTULO XXIV. - - -Andando en esto habia grandes tempestades y contrarios tiempos, cuasi -siempre, unos dias más que otros; y viendo el Almirante impedirle los -tiempos Levantes y Nordestes, que son brisas fuertes, de ir adelante, -siguiendo la vía que llevaba del Oriente, lúnes, 5 dias de Diciembre, -determinó de volver atras, para certificarse de las minas del oro, -que ser muy ricas, en la provincia de Veragua, le habian dicho; así -que, aquel mesmo dia, llegó á Bel puerto, que serian hasta 10 leguas -al Occidente. Siguiendo su camino, el dia siguiente asoma un viento -gueste, que es Poniente, contrarísimo al camino que habia querido tomar -de nuevo, y próspero para el que llevaba y habia deseado por tres -meses, que lo puso en muy grande aprieto. No quiso tornar la vía del -Oriente, para la cual bien le sirviera, por la incertidumbre que cada -dia experimentaba de los vientos. Forcejó contra los vientos, crecióle -la tormenta, y anduvieron nueve dias sin esperanza de vida. Dice el -Almirante en la carta, que desde la isla de Jamáica escribió á los -Reyes, que nunca ojos vieron la mar tan alta ni tan brava, y la espuma -della que parecia arder en fuego. El viento estorbaba ir adelante y no -daba lugar para correr á la mar larga, ni para socorrerse con alguna -punta de tierra ó cabo. Un dia y una noche pareció que ardia en vivas -llamas el cielo, segun la frecuencia de los truenos y relámpagos y -rayos que caian, que cada momento esperaban de ser abrasados todos, y -los navíos hundidos á pedazos, segun los vientos eran espantables. Los -truenos eran tan bravos y tan espesos, que pensaban los de un navío que -los de los otros disparaban el artillería, demandando socorro porque -se hundian. Con todo esto eran tantas y tan espesas las lluvias y -aguas del cielo, que, en dos ni en tres dias, no cesaba de llover á -cántaros, que no parecia sino que resegundaba otro Diluvio. La gente de -los navíos estaba tan molida, turbada, enferma y de tantas amarguras -llena, que, como desesperada, deseaba más la muerte que la vida; viendo -que todos cuatro elementos contra ellos tan cruelmente peleaban. Temian -el fuego, por los rayos y relámpagos; los vientos unos contrarios de -otros tan furiosos y bravos y desmensurados; el agua de la mar que los -comia, y la de los cielos que los empapaba; la tierra por los bajos -y roquedos de las costas no sabidas, que, hallándose cabe el puerto, -donde consiste el refugio de los mareantes, por no tener noticia -dellos ó por no les saber las entradas, escogen los hombres ántes -pelear y contrastar con bravos vientos y con la espantosa soberbia -de la mar, y con todos los otros peligros que hay, que llegarse á la -tierra, que, como más propicia y á nosotros más agradable y natural, -entónces más deseamos. Sobrevínoles otro peligro y angustia, sobre -todos los relatados, y esta fué una manga que se suele hacer en la mar. -Esta es como una nube ó niebla que sube de la mar hácia el aire, tan -gruesa como una cuba ó tonel, por la cual sube á las nubes el agua, -torciéndola á manera de torbellino, que cuando acaece hallarse juntas -las naos, las anega y es imposible escapar. Tuvieron por remedio decir -el Evangelio de San Juan, y así la cortaron, y creyeron por la virtud -divina haber escapado. Padecieron en estos dias terribles trabajos, que -ya no habia hombre que pensase, por solos los cansancios y molimientos, -con vida escapar. Dióles Dios un poco de alivio dándoles un dia ó dos -de calmas, en los cuales fueron tantos los tiburones que acudieron á -los navíos, que les ponian espanto y no ménos en gran temor, tomándolos -por agüeros, algunos, que no fuese alguna mala señal. Pero, sin ser -agüero, podia ser señal natural, como las toninas ó delfines lo es de -tormenta cuando sobreaguan, como arriba en el capítulo 5.º dimos alguna -relacion. Hicieron grande matanza dellos con anzuelos de cadena, que -no les fueron poco provechosos para hacer bastimento, porque tenian -ya falta de viandas, por haber ya ocho meses que andaban por la mar, -y así consumido la carne y pescado que de España habian sacado, dello -comido y dello podrido por los calores y bochorno, y tambien la humedad -que corrompe las cosas comestibles por estas mares; pudrióseles tanto -el bizcocho, y hinchióseles de tanta cantidad de gusanos, que habia -personas que no querian comer ó cenar la maçamorra que, del bizcocho y -agua, puesta en el fuego, hacian, sino de noche, por ver la multitud -de los gusanos que dél salian y con él se cocian. Otros estaban ya tan -acostumbrados por la hambre á comerlos, que ya no los quitaban, porque -en quitarlos se les pasaria la cena; tantos eran. En este camino hácia -Veragua, en obra de 15, 20 ó 30 leguas, fueron cosas espantosas las -que con los tiempos contrarios les acaecieron. Salian de un puerto, -y no parecia sino que el viento contrario, de industria, los estaba -esperando como tras un canton, para resistillos. Volvian con la fuerza -dél hácia el Oriente; cuando no se cataban, venia otro que los volvia -impetuosamente al Poniente, y esto tantas y tan diversas veces, que no -sabia el Almirante ni los que con él andaban qué decir ni hacer. Por -todos estos temporales tan adversos y diversos, que parece que nunca -hombres navegantes padecieron en tan poco camino, como desde Bel puerto -hasta Veragua, otros tales, puso por nombre á aquella costa, la costa -de los Contrastes. En todo este tiempo, el Almirante padecia enfermedad -de gota, y sobre ella estas angustias y trabajos, y la gente, lo mismo, -enferma y fatigada, y la más desmayada. Finalmente, dia de los Reyes -del año siguiente de 1503, entraron en un rio, al cual los indios -llamaban Yebra, y el Almirante le puso por nombre Belem, por honra de -aquel dia que los tres Reyes Magos aportaron á aquel Sancto Lugar. -Adelante deste rio está otro, una legua ó dos, que los indios decian -Veragua; mandó el Almirante sondar la entrada del primero, que es con -cierto plomo mirar qué tantos palmos ó brazas tiene de hondo, y tambien -el de Veragua, y hallaron tener catorce palmos el de Belem, cuando es -llena la mar, y mucho ménos el de Veragua. Subieron las barcas por el -de Belem arriba, hasta llegar á la poblacion, donde tuvieron noticia -que las minas del oro estaban en Veragua, puesto que los vecinos della -se pusieron al principio en armas, no queriendo oir á los españoles -ni hablarles, ántes resistirles la entrada; el dia siguiente fueron -las barcas por el rio de Veragua, y los vecinos tambien dél hicieron -lo mismo apedillándose unos á otros con sus armas; no sólo por tierra -trabajaban de defender que no pasasen adelante, pero entrando en el -agua, mas como iba con los españoles un indio de aquella costa, que -entendia su lenguaje, apaciguólos, afirmándoles que aquellos eran buena -gente, y que no les querian tomar cosa de las suyas sin pagársela, -y así se aseguraron y comenzaron á rescatar y contratar con los -cristianos, de los cuales se hobieron hasta 20 espejos de oro y algunos -cañutos, como cuentas y granos de oro, por fundir. Los cuales, para más -lo encarecer, fingian que se cogia muy léjos en unas sierras ásperas, y -que cuando lo cogian, no comian, ántes se apartaban de sus mujeres, y -otros encarecimientos semejantes. - - - - -CAPÍTULO XXV. - - -Visto que el rio de Belem era más hondo para entrar los navíos, acordó -el Almirante de entrar en él, y así, lúnes, 9 de Enero, entraron los -dos navíos, y otro dia siguiente, por esperar que fuese plena mar, -entraron los otros dos que pedian más agua, puesto que no crece ni -mengua, con la mayor marea, más de dos palmos. Vinieron luégo los -indios á contractar con los cristianos de lo que tenian, especialmente -pescado, el cuál entra de la mar tan inmenso número á temporadas, -que parece cosa increible á quien no lo haya visto; traian tambien -oro que daban por alfileres, y lo que era de más cantidad y precio -trocaban por cuentas y por cascabeles. Y como toda la fama de la -riqueza de las minas, los indios atribuyesen á Veragua, el tercero -dia, despues de la entrada, salió el Adelantado á la mar con las -barcas, para subir por el rio de Veragua hasta el pueblo donde residia -el Rey de la tierra, llamado Quibia, el cual, sabiendo la ida de los -cristianos, descendió él y gentes con él, en sus canoas, á rescebirlos, -el rio abajo. Llegadas las canoas á las barcas, hiciéronse todos buen -rescibimiento, como si fueran hermanos. Dió el Rey al Adelantado de -las joyas de oro que traia, y el Adelantado al Rey de las bujerías -y rescates de Castilla, por manera, que los unos quedaron de los -otros muy contentos y amigos, y volvióse con sus canoas el Rey á su -pueblo, y el Adelantado con sus barcas á los navíos. El dia siguiente -vino el Rey á ver al Almirante á los navíos, y como habia poco que -platicar, por no entenderse las lenguas, despues de obra de una hora, -el Almirante le dió algunas cosas de Castilla, y los suyos rescataron -algunas joyas de oro por cascabeles, y sin muchas ceremonias se -despidió, y se fué como se vino. Estando así, los españoles muy -contentos y alegres, un mártes, 24 de Enero, súbitamente vino aquel -rio de Belem de avenida tan crecido, que, sin poderse reparar echando -amarras á los navíos, dió el ímpetu del agua en la nao del Almirante -con tanta violencia, que le hizo quebrar la una de las dos anclas que -tenia, y fué á dar con terrible furia sobre uno de los otros navíos, -que le rompió la contramesana, que es uno de los mástiles, y entena, -donde va cierta vela, y van garrando ambas á dos (esto es llevar las -anclas arrastrando), y daban los golpes y relanzaduras ó vaivenes de -una parte á otra del rio, que no perderse allí todos cuatro navíos -fué negocio divino. Esta súbita venida é inundacion deste rio debió -ser algun grande aguacero (como los hace muchos en estas Indias), que -debió llover en las montañas muy altas que están sobre Veragua, que -llamó el Almirante de Sant Cristóbal, porque el pico de la más alta -parece exceder á la region del aire, porque nunca se ve sobre aquel -nube alguna, sino todas quedan muy más bajas, y, á quien lo mira, -parece que es una ermita. Estará, por lo ménos, á lo que se juzga, -20 leguas la tierra dentro, todas de grandísima espesura. No sólo -este peligro grande allí tuvieron, pero, ya que quisieran salir á la -mar, que estaba de los navíos no media milla, era tanta la tormenta -y braveza de la mar, que habia fuera, que no se hobieran movido del -rio, cuando fueran hechos los navíos pedazos á la salida de la barra; -en la cual eran tantas las rebentazones que hacia la mar, que ni las -barcas pudieron salir, por muchos dias que duró, para ir á ver por la -costa el asiento y disposicion de la tierra, para hacer un pueblo de -españoles que el Almirante hacer determinaba, y haber nueva de las -minas, que era lo que hacia á su caso. Pasados los dias destos tiempos -adversos, y de afliccion harta para todos, y más para el Almirante, -ya que abonanzó la mar, lúnes, á 6 de Febrero envió al Adelantado con -68 hombres por la mar, hasta la boca del rio de Veragua, que distaba -una legua ó poco más, á la parte del Occidente, y fueron por el rio -arriba otra legua y media, hasta el pueblo de aquel señor que dijimos -llamarse Quibia, donde estuvieron un dia informándose del camino de -las minas. De allí, fueron cuatro leguas y media á dormir en par de -un rio, que pasaron cuarenta y tres veces; y otro dia legua y media, -y llegaron á las minas que les mostraron tres indios quel señor mandó -que con ellos fuesen por guias. Llegados, segun dice el Almirante en -la carta que escribió á los Reyes desde Jamáica, que las guías les -señalaron muchas partes alrededor, que abundaban en oro, hácia el -Poniente, en especial por 20 jornadas. Finalmente, los españoles, en -obra de dos horas que allí quisieron tardar, cada uno cogió su poquillo -de oro entre las raíces (porque todo es gran espesura de arboledas), -con lo cual todos se contentaron y vinieron muy alegres aquel dia al -pueblo, y otro á los navíos; estimando ser gran señal de las riquezas -de aquella tierra, por sacar tanto, aunque poco, en tan poco tiempo, y -careciendo de industria, que se requiere mucha para sacallo. Despues se -supo que aquellas minas no eran las de Veragua, que más cerca estaban, -sino las de Urirá, que era otro pueblo de sus enemigos, á las cuales, -diz que, por hacerles enojo, mandó guiar allá los cristianos; y añide -otra razon D. Hernando, conviene á saber, porque se aficionasen de -pasarse allá, y dejasen su tierra sin embarazos. Tornó el Almirante á -enviar al Adelantado otra vez á que entrase por la tierra, y la costa -abajo, hácia el Poniente, á especular lo que por la tierra habia; y -así, salió el Adelantado, juéves, á 16 de Febrero del dicho año de 503, -con 59 hombres, y una barca por la mar con 14. Los cuales, otro dia -por la mañana, llegaron á un rio llamado Urirá, seis ó siete leguas -de Belem á la parte del Occidente. Sabido que iban por el señor de -aquella tierra, salió á recibillos una legua, con hasta 20 personas, -y presentóles mucha comida y bastimento, y rescataron algunos espejos -de oro. Estando un rato allí donde se toparon, fuéronse todos juntos -al pueblo, indios y cristianos, de donde salió gran número de gente á -recibillos; y teníanles aparejada una gran casa, donde los aposentaron -y les presentaron muchas y diversas cosas de comer. Desde á poco vino -á visitallos el señor de Dururi, otro pueblo de aquel cercano, con -mucha gente que traian algunos espejos para rescatar. De los unos y -de los otros, se supo que habia, la tierra dentro, señores de pueblos -que tenian gran riqueza de oro, y que era gente armada como nosotros, -pero esto postrero, ya pareció que, ó los indios mintieron porque no -entrasen los españoles más dentro, ó no los entendieron como hablasen -por señas. En lo que toca lo primero, que tuviesen mucha suma de oro, -harta verdad fué, segun pareció despues cuando por aquella tierra -dentro, hácia la mar del Sur, anduvo la gente de Pedrarias, como, si -Dios quisiere, se dirá. Otro dia siguiente, determinó el Adelantado de -entrar por la tierra más ahorrado, vista la bondad y mansedumbre de los -indios y caridad con que rescibian los cristianos; para lo cual mandó -volver por tierra toda la gente á los navíos, y, con hasta 30 hombres, -prosiguió su camino hácia un pueblo llamado Cobraba, donde habia más de -seis leguas de labranzas de maizales, y de allí fué á otro pueblo que -se decia Cateba; en los cuales se les hizo buen rescibimiento, dándoles -mucho de comer, y rescatando algunos espejos de oro. Estos espejos -eran como unas patenas de cálices, algunas grandes, otras menores, que -pesarian 12 ducados, y algunas más, y otras ménos, las cuales traian -colgadas al cuello, con una cuerda de algodon, como nosotros traemos un -_Agnus Dei_. Y porque ya el Adelantado se alejaba mucho de los navíos, -y por aquella costa ó ribera de la mar, no se hallaba puerto ni rio -que fuese más hondable que el de Belem, para hacer asiento de pueblo, -volvióse por el mismo camino con mucha cantidad de oro que habia de los -indios rescatado. El cual fué rescibido con harta alegría de su hermano -el Almirante, como trujese tan buenas nuevas, y mejor muestra de haber -por aquella tierra tanta riqueza de oro. - - - - -CAPÍTULO XXVI. - - -Con este contentamiento, y esperanza del mucho bien que se creia -alcanzar de tierra tan opulenta, como esta se les habia mostrado ser, -y en la verdad lo era y agora lo es, deliberó el Almirante dejar su -hermano, el Adelantado, en ella, con la mayor parte de los españoles, -para que poblasen y sojuzgasen la gente della, entre tanto que él -volvia á Castilla, para les enviar socorro de gente y bastimentos. -Estas son palabras de su hijo D. Hernando, con las que se siguen. -Dióse, pues, luégo con suma diligencia, en la quedada del Adelantado, -señalándole 80 hombres que con él quedasen. Acompañáronse de 10 en 10, -más ó ménos, segun entre sí se concertaban, y comenzaron á hacer sus -casas en la orilla ó ribera del rio dicho, Belem, cerca de la boca que -salia á la mar, obra de un tiro de lombarda, pasada una caleta que está -á la mano derecha, como entramos en el rio, sobre la cual entrada está -un morro ó montecillo más alto que lo demas. Las casas eran de madera, -cubiertas de hojas de palma, entre las cuales hicieron una casa grande, -para que fuese alhóndiga y casa de bastimentos. En esta se metió -mucha municion y artillería, con todo lo demas que para el servicio y -sustentacion de los pobladores se requeria, puesto que lo principal -de los bastimentos, como era bizcocho, y vino, y aceite, y vinagre, y -quesos, y legumbres, porque otra cosa de comer no habia, se dejaba, -como en lugar más seguro, en uno de los navíos que habia de quedar -con ellos, así para servicio de la mar, como para la segundad de la -tierra (y este fué el primer pueblo que se hizo de españoles en tierra -firme, puesto que luego desde á poco vino en nada).[1] Quedábales -tambien mucho aparejo de redes y anzuelos para las pesquerías, que, -segun se dijo, eran maravillosas, por la infinidad del pescado que -aquella tierra abunda en los rios y en la mar, que, á tiempos, vienen -de paso diversas especies de pescados. Péscanlos los indios de diversas -maneras, que muestran en ellos industria y mejor ingenio; hacen muy -buenas y grandes redes, y anzuelos de hueso y conchas de tortugas, y, -porque les falta hierro, córtanlos con unos hilos de cierta especie -de cáñamo que hay en estas Indias, que en esta Española llamaban -cabuya, y otra más delicada, nequen, de la manera que los que hacen -cuentas cortan con una sierra de hierro delgada los huesos; y no hay -hierro que de aquella manera no corten. Tienen otra manera de pescar -unos pececitos, tan menudos como unos fideos que se hacen de masa -en Castilla, y en esta isla llamaban tití, la última aguda. Estos -acuden cada luna, por sus temporadas, á la costa, huyendo de los peces -grandes, hasta que llegan á la orilla, y allí los atajan los indios -con unas esterillas ó muy menudas redes, y toman cuantos quieren, -los cuales envuelven en unas hojas de árboles, de la manera que los -boticarios hacen los confites en papeles; pónenlos en el fuego y así -se asan como si fuesen en horno cocidos, y los guardan mucho tiempo -para sus comidas, mayormente para cuando andan camino. Tienen otra -pesquería de sardinas, cuasi como la dicha: vienen á sus temporadas -infinitos cardumes de sardinas, huyendo de los peces mayores que las -persiguen, y con tanta velocidad que saltan en la playa, dos y tres -pasos, infinitas, y así no tienen más trabajo de cogella, como hacian -el maná los judíos. Tómanla tambien por otro artificio, conviene á -saber, que hacen un seto de hojas de palma en sus canoas, desde la proa -hasta la popa, medio por medio, de altura de tres codos, y paséanse los -indios por el rio, golpeando con los remos en el borde de la canoa, y -la sardina, con temor que no sea otro pescado que anda por comella, -salta, por salvar la canoa, y topa en el seto, y cae dentro, y con esta -industria tomaban cuanta querian. De los xureles, sábalos, liças, y -otras especies de pescados, vienen de paso, á temporadas, infinitos, -que es maravilla lo que hay por aquellos rios; toman dellos abundancia, -y muy asado lo conservaban mucho tiempo. Hacian de maíz vino blanco y -tinto, como se hace la cerveza en Flandes ó en Inglaterra, echando en -él de las que ellos tienen por buenas especias; es de muy buen sabor, -aunque como unos vinos bruscos ó de Gascuña. Hacian tambien otro -vino de árboles, que parecen palmas, y así son especie dellas, los -troncos ó mástiles son lisos, muy llenos de espinas, como de puerco -espin; del cogollo destas palmas, que es como palmito, rallándolo y -esprimiéndolo sacan el zumo, de que hacian el vino, hirviéndolo con -agua y mezclándole sus especias; tiénenlo por muy precioso vino, y -por más costoso, y, si lo hobieran de vender, llevaran por ello mayor -precio; hacian otro de piñas, una fruta preciosa y odorífera, de que -hablamos largo en nuestra Historia apologética. Item, otros de otras -frutas hacian, en especial, de una que nasce en árboles altísimos, que -es como toronjas ó pequeñas cidras; tiene cada una dos y tres cuescos -como nueces, aunque no redondos, sino de la forma de ajos ó castañas, -la cáscara de la cual es como de granada, y viéndola fuera del árbol, -luégo luégo parece granada, salvo que no tiene coronilla, el sabor es -como de durazno ó de buena pera; dellas son buenas, dellas mejores, -como acaece en todas las otras frutas. Estando ya las casas hechas y -lo demas que convenia para el pueblo de los españoles que allí habian -de quedar, y el Almirante para salir del rio, y tomar su viaje de -Castilla, como aquel rio de Belem los habia puesto en gran peligro con -las inundaciones y sobra excesiva de agua, que por él venia, que por -poco les hobiera destruido los navíos todos, por el contrario, la falta -del agua que con las muchas bonanzas de los tiempos y sequedad que -sucedió, y la poca que el rio traia, la resaca y olas de la mar, tapó -con arena tanto la boca que, habiendo cuando entraron 14 palmos de -hondo, la cual hondura era tasada para que los navíos nadasen, cuando -querian salir hallaron no más de 10, y así se hallaron cercados y -aislados, sin algun remedio, sino sólo de Dios, suplicándole que diese -lluvias y abundancia de agua, como los dias pasados rogaban que diese -seca y no lloviese tanto; porque, con llover, esperaban que el rio, -trayendo más agua, desazolvaria la entrada ó salida y boca del rio á la -mar, como cada dia se ve y experimenta en los rios semejantes. - - - - -CAPÍTULO XXVII. - - -Como los indios vieron que los españoles hacian casas y pueblo, para se -quedar y morar en aquella tierra, sin con ellos comunicarlo ni pedilles -licencia, sino como en suelo y cosa suya edificar, y conociendo ya -sus importunidades, y los atrevimientos y daños que dellos ya habian -rescibido, y haber tomado algunos indios, en las tierras de atras, -por fuerza, que traian en los navíos, no sintieron bien de su nueva -poblacion, y así, dice aquel piloto, arriba nombrado, Pedro de Ledesma, -en el proceso susodicho, que los indios se alteraron en ver tomar -posesion en su tierra, y lo mismo dijo el Almirante en la carta que -escribió á los Reyes desde Jamáica, como ninguna gente hobiera del -mundo, por bárbara é inculta que fuera, que muy mucho mal no sintiera -dello y que lo consintiera, y que con armas y todas sus fuerzas no -lo resistiera: esto no há menester prueba, porque ningun hombre de -razon hay que no lo acepte y á boca dello no lo conceda. Y porque, -por ventura, conocieron de los indios algunas señales de descontento, -acordaron de adoballo con añidir mayores agravios y más injustos y -violentos, y éstos fueron prender al señor de la tierra, y su mujer y -hijos, para dalles las gracias del buen acogimiento que les hicieron, -y así D. Hernando, como hombre que alcanzó poco del derecho destas -gentes, y de tener por injusticias las primeras que su padre comenzó -en esta isla, contra los naturales della, segun que en el primer -libro queda declarado, dice aquí, que se tuvo noticia por vía del -intérprete, que, «Quibia, rey de Veragua, tenia deliberado de venir -secretamente á poner fuego á las casas y matar los cristianos, porque -á todos los indios pesaba mucho que poblasen en aquel rio, y pareció -que para castigo suyo, y escarmiento y temor de los comarcanos, era -bien prendello con todos sus principales, y traellos á Castilla, -y que su pueblo quedase en servicio de los cristianos.» Estas son -formales palabras de don Hernando. ¿Qué mayor insensibilidad puede ser -boqueada ni pensada? ¿Qué injuria hicieron los indios á los españoles, -pesándoles á todos mucho que quedasen á poblar en su tierra gente -barbada, inquieta, fiera, cuyas obras no sanctas ni de virtud, ántes -escandalosas, injustas y malas, habian ya experimentado? ¿Era medicina -para aplacar aquel pesar, prender al Rey y á su mujer y hijos, y á -sus principales, y que el pueblo quedase para servilles, para que -á él fuese castigo y ejemplo á los comarcanos? ¿Qué delitos habian -cometido? ¿Eran, por ventura, dalles de comer y con alegría recibillos -en sus casas? ¿Y quién habia constituido juez al Almirante, y con qué -jurisdiccion para castigallos? ¿Con qué autoridad y jurisdiccion, con -cuál causa legítima y con qué justicia el Almirante condenaba todo -aquel pueblo á que á los españoles sirviese, siendo tanto y quizá más, -sacada la fe y cristiandad, que ellos, libres? ¿Por ventura, no tenian -más potestad y jurisdiccion, y más jurídica y justa sobre él y sobre -los suyos, pues eran Reyes y señores naturales, y ellos les ofendian -en su territorio y violaban la fe ó fidelidad que debian al buen -hospedaje que en su tierra y casas se les hacia? Y por consiguiente, -si quemalles el pueblo, y hacelles guerra, y matallos deliberaban, -justamente hacer no lo podian. Cuanto más, que porque el intérprete -les dijese que hacer aquello querian, no se seguia, que verdad fuese, -como el Adelantado, despues, cuando los fué á prender, vido que no -tenian ese brio. El remedio que eran obligados á tomar ya que fuera -verdad, lo que el intérprete dijo, si lo dijo, porque quizá no lo -entendieron, pues ninguna cosa, sino por señas le entendian, fuera -procurar de aplacar al Rey y á sus indios, con obras buenas, y dádivas -que le dieran, y lo más seguro y obligatorio que hacer debieran era -salirse de la tierra y dejarlos, lo mejor que pudieran, contentos, y -hecho esto, irse á Castilla y dar nuevas á los Reyes, para que despues, -cuando volvieran rescatadores y tambien predicadores de la fe, los -hallaran tambien quietos y satisfechos, y, con alegría, como á ellos -los recibieron, los recibieran. Pero no fueron dignos de ser alumbrados -para no caer en tan intolerable yerro, pues no pretendian sino buscar -oro por su propio interés y cudicia, errando cerca de los primeros -principios. Tornando á la historia que D. Hernando prosigue diciendo, -que para el efecto de la seguridad de aquellos que querian quedar en -aquel pueblo, el Adelantado con 74 hombres, á 30 de Marzo, fué al -pueblo de Veragua, que no tenia las casas juntas, sino desparcidas -como en Vizcaya, y como el rey Quibia supo que estaba el Adelantado -cerca, envióle á decir que no subiese á su casa, la cual estaba en un -altillo sobre el rio de Veragua. El Adelantado no curó de lo que se le -decia, y porque no se le huyese de temor suyo, acordó de ir con solos -cinco, dejando mandado á los que quedaban, que á trechos, de dos en -dos, se fuesen acercando, y que en sintiendo el sonido de la escopeta, -que agora llaman arcabuz, haciendo ala, rodeasen la casa porque nadie -se les escapase ni huyese. Aquí parece si aparejaba el Rey de matar -los españoles, pues el Adelantado llegó seguro con cinco compañeros, y -hizo lo que hizo. Así que, como ya llegase cerca de la casa del cacique -Quibia, envió otro mensajero diciéndole que no entrase en ella, porque -él saldria aunque estaba herido, y esto, diz que, hacian ellos porque -no viesen sus mujeres, que son celosos sobre manera, y así salió á -la puerta y se asentó diciendo, que sólo el Adelantado se allegase; -el cual fué, dejando proveido que cuando viesen que le asía por el -brazo, arremetiesen, y como llegó, comenzóle á hablar, preguntándole -de su indisposicion y de otras cosas de la tierra, mediante un indio -que traian tomado atras, que les parecia que algo lo entendian. El -Adelantado, fingiendo que señalaba dónde la herida tenia el Rey, asióle -de una muñeca, y como ambos fuesen de grandes fuerzas, túvolo tanto -cuanto bastó para que llegasen los cuatro españoles, y el otro soltase -la escopeta, y así acudieron todos los demas de la celada, y, llegados, -entran en la casa, donde habria 50 personas, entre chicas y grandes, -de los cuales fueron presos los más, entre los cuales hobo algunos -hijos y mujeres del mismo rey Quibia, y otras personas principales, que -ofrecian gran riqueza, diciendo que en el monte ó cierto lugar estaba -el tesoro, y que todo lo darian por su rescate. Esta fué la hazaña que -allí entónces hizo el Adelantado, con otras más. Pero porque ántes que -la tierra se apedillase, dióse priesa en enviar la presa, tan injusta -de aquellos inocentes, á las naos, él quedó, con la mayor parte de -la gente, para correr y perseguir y prender los demas parientes y -vasallos que se habian de sus violentas manos escapado. Platicando con -los que consigo tenia, quién llevaria la cabalgada á los navíos en -una barca, ofrecióse un piloto, tenido por hombre de buen recaudo, al -cual entregaron el Rey atado de piés y manos; y, avisándole que mirase -mucho no se le soltase, respondió quél lo tomaba á su cargo, y que, -si se le fuese, que le pelasen las barbas. Partido con él, y con los -demas, por el rio abajo, no faltando más de media legua de la boca para -entrar en la mar, comenzóse mucho á quejar el Rey del atadura de las -manos, y él, de lástima, desatóle del banco de la barca donde venia -reatado, teniéndolo de la trailla con buen recaudo, mas desde á poco -dió de presto consigo en el agua; él, no pudiendo retener la trailla, -por no ir tras él, acordó de soltallo, y así se escapó de sus manos. Y -porque ya era anochecido y con el rumor y movimientos de los demas que -llevaban en la barca, no pudieron ver ni oir á dónde iba á salir, por -manera, que nunca más dél pudieron saber cosa, y porque no le acaeciese -otro desman con los otros que llevaban presos, acordaron de no parar -hasta los navíos, harto avergonzados de haberles así el Cacique -burlado. El dia siguiente, que fué 1.º de Marzo, viendo el Adelantado -que sería trabajo demasiado seguir por tierra montuosa, como aquella -es, el alcance, acordó volverse á los navíos muy alegre de su hazaña, -con el despojo que habia robado en la casa del rey Quibia, que serian -obra de 300 ducados, en espejos y aguilillas y cañutillos, como cuentas -de oro, que se ponen á los brazos y piernas en hilos ensartados, y en -unas tiras de oro que traen al rededor de las cabezas, en manera de -corona, todo lo cual presentó al Almirante. De lo cual, diz que, sacado -el quinto para Sus Altezas, repartióse lo demas por los que fueron á la -entrada, como si fuera de muy buena guerra, contra turcos, apregonada; -y lo bueno es que añide D. Hernando, que, por señal de aquella tan -singular victoria, se dió una corona al Adelantado. Maravillosa, -cierto, fué por aquellos tiempos la ceguedad que, cerca del venir -á estas tierras y tratar á las gentes dellas como si fueran las de -África, en los entendimientos, primero del Almirante, y despues de los -demas, se hobo enjendrado. Pero pluguiera á Dios que en aquellos siglos -parara, y no estuviera hoy el mundo della estragado. - - - - -CAPÍTULO XXVIII. - - -En estos dias envió Dios muchas lluvias, y creció el rio y abrió la -entrada en la boca para que los navíos pudiesen salir á la mar, y así, -determinó el Almirante de se volver á Castilla con los tres navíos, -dejando el uno á su hermano el Adelantado, y á los que con él quedaban -en el pueblo, que allí, en Veragua, determinaron hacer, como es dicho. -Tambien pensó venir por esta isla Española, y de aquí enviarles el -socorro que pudiese. Salió, pues, con los tres navíos, fuera del -rio, á la mar, despedido de su hermano y de los demas, echadas sus -anclas una legua de la boca, esperando que hiciese buen viento para -proseguir su viaje. No faltó cierta ocasion, para, entre tanto, enviar -la barca á tierra el rio arriba, y esta fué tomar agua y otras cosas -que debiera el Almirante querer á su hermano proveer; y como el rey -Quibia, que de la prision en el rio, llevándolo á los navíos, se habia -escapado, quedase della y de la de su mujer y hijos, y los otros -suyos tan lastimado, y de los otros agravios, y viese salidos los -tres navíos y el Almirante, ó, por ventura, no esperaba que saliesen, -sino, cuando tuvo su gente recogida y aparejada, vino sobre el pueblo -de los españoles, al mismo punto que llegaba por allí la barca, y -hízolo tan secreto que no fué sentido hasta que estaba del pueblo -diez pasos, por la mucha espesura del monte que al pueblo cercaba, y -arremeten con tan gran ímpetu y alarido, que parecian romper los aires. -Y como los españoles estaban descuidados, lo que no debieran, pues -sabian los daños tan graves que habian cometido á quien no les habia -hecho agravio, ántes recreado, y debieran temer que los agraviados -no se descuidaban, y las casas eran cubiertas de paja ó de palmas, -tirábanles las lanzas, que eran palos tostados con puntas de huesos -de pescado, que las clavaban áun por las mismas paredes de las casas, -que pasaban de claro en claro, y así, en breve tiempo, habian á algunos -bien lastimado. El Adelantado era hombre valeroso y de mucho ánimo, -y, con siete ó ocho españoles que á él se allegaron, hizo varonil -rostro, animándolos de manera que retrujeron á los indios, hasta que, -en el monte, que estaba, como se dijo, cerca, los encerraron. De allí -tornaban los indios á hacer algunas arremetidas tirando sus varas y -recogiéndose, como suelen hacer los que juegan, entre nosotros, cañas; -y cierto, sus guerras, como carezcan de hierro y de todas armas que -de hierro se hacen, poco más sangrientas son que juegos de cañas, si -no es cuando los españoles son tan pocos y tan desarmados, y en pasos -peligrosos, y todo es acaso y muy pocas veces en muchos años. Pero como -siempre, por la dicha causa, los tristes desnudos y desarmados, han -de llevar, como siempre llevaron, la peor parte, como los españoles -los lastimasen con las espadas, donde quedaban sin piernas y barrigas, -y cabezas, y sin brazos, y en especial de un perro lebrel que tenian -los españoles, que rabiosamente los perseguia y desgarraba, pusiéronse -en huida, que es su principal arma, dejando un español muerto y siete -ú ocho heridos, pero de ellos bien se puede creer, que no recibieron -chico estrago. Uno de los heridos fué el Adelantado, á quien hirieron -por los pechos con una de sus lanzas, y al cabo no le hizo mucho -daño. Los de la barca paráronse á mirar la pelea, no queriendo salir -á ayudallos estando cuasi junto á la orilla del rio, respondiendo -el Capitan dellos á los que lo reprendian, que por temor que los de -tierra, queriendo huir á la barca, la anegaran y así se perdieran -todos, y tambien porque, como aquella barca fuese de la nao del -Almirante, perdiéndose quedaba el Almirante á gran peligro en la mar, -donde estaba, siendo costa brava; y en la verdad, cualquiera barca, ó -navío sin barca, grandes y ciertos son los peligros que pasa, y así, -decia que no queria hacer otra cosa más de lo que el Almirante le -mandaba, que era llevar agua. El Capitan, queriendo despacharse presto -con su agua, para llevar al Almirante la nueva de lo que pasaba, -subióse el rio arriba, hasta donde no llegaba ni se mezclaba con la -dulce el agua salada, puesto que, por el peligro que habia de las -canoas de los indios, le amonestaron algunos que no pasase adelante; -respondió que aquel peligro él no lo temia pues á él habia salido, y -fuera, por el que le podia mandar, enviado. Prosiguió el rio arriba, -que es muy hondable, de una parte y de otra de monte y arboledas, hasta -dentro del agua, muy cerrado, si no es algunas senditas que los indios -tienen hechas para descender á pescar, y donde meten y esconden sus -canoas. Como los indios viesen la barca una legua desviada del pueblo, -el rio arriba, salieron de una parte y de la otra, de lo más espeso de -las riberas, con muchas de sus canoas, que son muy ligeras, con grandes -alaridos y bocinas, muy seguros, y comenzaron á cercar la barca, que no -llevaba sino siete ó ocho remadores, y el Capitan con otros dos ó tres -sobresalientes, que no podian mampararse de la lluvia de las lanzas -que los indios les echaban, con las cuales hirieron los más de ellos, -y entre ellos al Capitan, al cual dieron muchas heridas, y, con ellas, -de animar los suyos valientemente no cesaba; pero, como eran combatidos -de todas partes, sin se poder menear ni aprovecharse de las lombardas -que en la barca llevaban, ninguna industria ni esfuerzo del Capitan, -ni las fuerzas de todos juntos, les aprovechó nada. Finalmente, dieron -con una lanza por el ojo derecho al Capitan, de que cayó muerto, y así -los demas, infelicemente, allí acabaron. Uno sólo, por caer al agua en -el hervor de la pelea é irse por debajo nadando, salió á la orilla, -donde los indios no lo vieron, y éste llevó al pueblo la nueva del -desastre de la barca. Sucedió en ellos tan gran descorazonamiento y -desmayo, viéndose tan pocos y los más heridos, y aquellos muertos, y el -Almirante fuera, en la mar, sin barca, y á peligro de no poder tornar -á parte donde les pudiese venir ó enviar socorro, que, perdida toda -esperanza, determinaron de no quedar en la tierra; y sin obediencia ni -deliberacion, ni mando del Adelantado, pusieron su ida por obra, y se -entraron en el navío para salirse fuera á la mar, pero no pudieron -salir porque la boca se habia tornado á tapar. Tampoco pudieron enviar -barca ni persona que pudiese dar aviso al Almirante de lo que pasaba, -por la gran resaca y quebrazon ó reventazon de las olas de la mar, -que á la boca quebraba, y el Almirante no padecia chico peligro donde -estaba surto con su nao, por ser aquella costa toda brava, y estar sin -barca, y la gente que tenia ménos, que los indios en la barca mataran; -y así, todos, los de tierra y los de la mar, estaban puestos en grande -angustia, peligro y sospecha, y demasiado cuidado. Añadióse, al temor -y daños rescibidos de los que estaban en tierra, ver venir á los de la -barca muertos el rio abajo, con mil heridas, y sobre ellos numerosa -cantidad de cuervos, ó unas aves hediondas y abominables, que llamamos -auras, que no se mantienen sino de cosas podridas y sucias, las cuales -venian graznando y revolando, comiéndolos, como rabiando; cada cosa -destas era tormento, á los de tierra, intolerable, y no faltaba quien -cada una dellas tomase por agüero, y estuviese con sospecha de que, con -desastrado fin, la vida se le acabase. Y ésto más se lo certificaba -ver los indios, que, con la victoria, mayor esfuerzo y confianza de -los acabar, de hora en hora, cobraban, no dejándolos resollar un sólo -credo, por la mala disposicion del pueblo, que mucho los desayudaba; -y todavía los acabaran, si no tomaran por remedio de pasarse á una -gran playa escombrada, á la parte oriental del rio, á donde hicieron -un baluarte de sus arcas y de pipas de los bastimentos, y asestaron á -trechos su artillería, y así se defendian, porque no osaban los indios -asomar fuera del monte, temiendo el daño que las pelotas les hacian, -tiradas con las lombardas. - - - - -CAPÍTULO XXIX. - - -No sin gran cuidado, sospecha y angustia estaba el Almirante viendo que -habia diez dias que la barca enviara, y que della ni de los del pueblo -sabia cosa ninguna, temiendo tambien su gran peligro, por el lugar, tan -ajeno de seguridad, donde tenia su nao y los otros navíos, mayormente -careciendo de su barca, que, como queda dicho, es uno y quizá el sumo -de los peligros. Esperaba que amansase la mar para enviar otra barca, -que supiese la causa de la tardanza de la primera, y tambien saber de -la disposicion de los del pueblo, temiendo siempre no les hobiese algo -adverso acaecido. Sobrevínole otro dolor que acrecentó los cuidados -que ántes tenia; que los hijos y deudos del rey Quibia, que estaban -presos en uno de los dos navíos para llevarlos á Castilla, se soltasen -por gran maravilla. La industria que tuvieron para se soltar, fué -aquesta: como los encerraban de noche debajo de cubierta, y cerraban el -escotilla (que es la boca cuadrada, de obra de cuatro palmos en cuadro, -con su cobertura, y por encima della echan una cadena con su candado y -llave, de manera, que es como si metiesen los hombres en un pozo ó en -una sima, y los tapasen con cierta puerta con su llave por encima); en -aquel navío, y comunmente en los grandes, la escotilla está más alta -que un estado, y algunas veces que dos, y como los indios no podian -alcanzar á lo alto de la escotilla, llegaron muy sotilmente muchas -piedras, del lastre del navío, en derecho de la boca del escotilla, -de que hicieron un monton, cuanto los pudo levantar á que alcanzasen -arriba, y porque dormian ciertos marineros encima de la escotilla, no -echaban la cadena, porque les lastimara si la pusieran: júntanse todos -los indios una noche, y, con las espaldas afirmando por debajo, dan -un gran rempujon, que dieron con la escotilla, y con los marineros -que dormian encima, de la otra parte del navío, y saltando muy de -presto, dieron consigo en la mar, los principales de todos ellos, pero -acudiendo la gente del navío al ruido, muchos dellos, no tuvieron lugar -de saltar, y así, cerrando prestamente la escotilla los marineros, -echaron la cadena, y quedaron debajo los tristes, los cuales, viéndose -desesperados, y que ya no podian tener remedio para escaparse de las -manos de los españoles, y que nunca verian ya sus mujeres y hijos, ni -se verian en libertad, con las cuerdas que pudieron haber, los hallaron -por la mañana todos ahorcados, teniendo los más dellos los piés y las -rodillas por el plan, que es por las postreras tablas del navío, y -por el lastre, que son las piedras que están sobre ellas, porque no -habia tanta altura para poderse ahorcar, y, en fin, desta manera se -ahorcaron, y así, de los presos de aquel navío, ninguno se escapó de -muerto ó huido. Todo esto dice D. Hernando, de donde parece que más -presos debian tener en los otros navíos. Dice más D. Hernando: «que, -aunque la falta de aquellos muertos é idos no hiciese en los navíos -mucho daño, parecia que, demás de acrecentarse las desdichas, podria á -los de tierra recrecerse, que, porque quizá el Cacique ó señor Quibia, -por razon de haber sus hijos, holgara de tomar paz con los cristianos, -y viendo que no habia prenda por quien temer, les haria más cruda -guerra.» Por lo cual parece la poca cuenta que D. Hernando hace de los -crímenes que allí se hicieron, prendiendo tan injustamente aquella -gente, y de haber sido causa de que aquellos tristes se ahorcasen, y -de tan grande escándalo como quedó por toda aquella tierra, é infamia -del nombre cristiano. Y es aquí de no pasar sin hacer alguna reflexion, -y considerar qué aparejo hallaran los predicadores del Evangelio, -que despues á predicar por ella fueran, y qué fama de cristianos; -y si fueran culpables, porque á todos los mataran, no queriendo, y -aborreciendo oir nuevas ni palabras de Jesucristo, por ser Dios de -los cristianos. Tambien se considere aquí, si Quibia, rey de aquella -tierra, tuvo derecho y justicia de hacer la guerra que hizo á los -del pueblo y á su Capitan, el Adelantado. Item, si era maravilla -que ocurriesen las desdichas que D. Hernando dice, al Almirante y á -toda su compañía, y que todos los elementos y cielos, y lo que en -ellos se contiene, le fuesen contrarios, haciendo él y los suyos á -aquellas gentes inocentes, que nunca le hicieron injuria ni daño, tan -irreparables daños y execrables injurias é injusticias. Tornemos al -hilo de lo que refiere D. Hernando. Como el Almirante y los que con él -estaban, con tantos adversos acaecimientos y sospechas estuviesen tan -atribulados y á merced de las amarras, que era, como dicho es, grande -peligro, sin saber de la barca y de los del pueblo, no faltó quien -se ofreciese á decir, que, pues aquellos indios, por sólo salvar sus -vidas, se habian atrevido á echarse á la mar, estando más de una legua -de tierra, que ellos, por salvarse á sí y á tanta gente, se atreverian -á salir á nado, si con una barca que quedaba los llevasen hasta donde -las ondas no reventaban. Visto por el Almirante la buena voluntad y -ánimo de aquellos marineros, holgóse mucho, y aceptó su ofrecimiento; -mandó que fuese la barca y los llevase hasta un tiro de escopeta, de -tierra, porque sin gran peligro no podia llegarse más cerca de la -tierra, por las grandes ondas que en la playa reventaban. Desde allí, -Pedro de Ledesma, piloto de Sevilla, de que arriba hemos hecho mencion, -fué el que osó echarse á nado, y, con varonil ánimo, cuándo encima y -cuándo debajo de los andenes, ó rengleras de las ondas de la mar, que -iban reventando, hobo de salir á tierra, donde supo el estado todo de -la gente, y como afirmaban generalmente, que ningunos quedarian en -ella tan vendidos y á tanto peligro, sin remedio, como allí estaban, -y por esta causa suplicaban al Almirante que no se partiese sin -recogerlos, porque era dejallos condenados á la cierta muerte, si -allí los dejaba, los cuales ninguna cosa trataban sino de aparejarse, -para en ablandando el tiempo meterse en algunas canoas que tenian de -indios, é irse á los navíos, porque con sola una barca que les habia -quedado no lo podian hacer; y protestaban, que si el Almirante no lo -hiciese, que ellos se meterian en el navío que les quedaba, y se irian -por esa mar, poniéndose á cualquiera peligro, donde la ventura los -echase, y no faltaban ya entre ellos algunos motines y desobediencias -al Adelantado y á los otros Capitanes. Con estas nuevas, y respuesta ó -disposicion dellos, se volvió como vino aquel piloto, Pedro de Ledesma, -nadando, á la barca que por allí le esperaba, y lo tomaron, y fué á dar -relacion de todo lo que pasaba al Almirante. Sabido por el Almirante el -desbarate y muertes de los que perecieron en la barca, y la indignacion -de los indios contra ellos, y que no se podia fácilmente aplacar como -estuviesen tan lastimados y agraviados, la disposicion y propósito de -no querer quedar los Españoles, que le movió principalmente más que -otro de los dichos inconvenientes, determinó de los recoger, aunque -no sin gran peligro, por tener los navíos en costa tan brava, sin -algun abrigo ni esperanza de salvarse á sí y á ellos, si el tiempo -más arreciara. Quiso Dios, por su bondad, que dentro de ocho dias que -allí estuvo, á beneficio sólo de las amarras, el tiempo abonanzó, y -los de tierra, con su barca y con dos canoas grandes, atadas una con -otra porque no se trastornasen, pudieron comenzar á recoger sus cosas, -procurando cada uno de no se dormir para el embarcar; y así, en obra -de dos dias, no quedó cosa en tierra de cuanto tenian, si no fué el -casco del navío, que por la mucha bruma estaba innavegable. Todos así -embarcados, se hicieron á la vela en los tres navíos, tomando el camino -por la costa arriba del Levante; llegaron á Bel puerto, y allí fueron -forzados á desmamparar el un navío, por la mucha agua que hacia, que no -podian vencer ni agotar. De allí pasaron arriba del puerto del Retrete, -á una tierra que tenia junto muchas isletas, que el Almirante llamó las -Barbas, y creo que hoy es el que pintan en las cartas el golfo de San -Blás; y cuando no nos cataremos, estos que hacen cartas les pornán de -Sant Nicolás, segun cada dia se escriben novedades. Pasaron más diez -leguas adelante, y aquí fué lo postrero que de tierra firme vieron, -y aquí la dejaron. De lo cual parece que no puso el Almirante nombre -al puerto que hoy llamamos de Cartagena, segun algunos han dicho; lo -uno, porque de donde dice D. Hernando que dejaron la tierra firme al -puerto de Cartagena hay buenas 60 leguas, lo otro, porque es claro que -si allí hobieran llegado, y pusiera nombre puerto de Cartagena á aquel -puerto, como fuese cosa harto señalada, que, pues decia otros nombres -que ponia el Almirante á lugares no tan principales, D. Hernando este -no callara. Yo creo que aquel nombre debió poner Rodrigo de Bastidas, y -Juan de la Cosa, ó quizá Cristóbal Guerra, que fueron los que aquella -tierra, primero que otros, descubrieron y cognoscieron, y tambien la -escandalizaron. Dejada, pues, la tierra firme, 1.º de Mayo de 1503, -volvieron la vía del Norte, para tomar la isla Española, y á cabo de -diez dias, ó á 10 del dicho mes, fueron á dar sobre dos isletas, que -ellas llenas, y la mar en rededor della, eran cuajadas de tortugas, -que parecia todo unos peñascales, por cuya causa les puso el Almirante -por nombre las Tortugas. Estas isletas, son las que hoy llaman en las -cartas del marear, los Caimanes que están, al Poniente, 25 leguas -ó poquitas más, de Jamáica, y 45 al Sur de la isla de Cuba, porque -en todo aquel camino que el Almirante agora anduvo no hay otras. -Yendo todavía el camino del Norte, adelante de las isletas dichas, -30 leguas, fueron á surgir al Jardin de la Reina, que son un gran -número de isletas, juntas á la isla de Cuba por la parte del Sur ó -Mediodia. Estando allí surtos, casi á 10 leguas de Cuba, con mucha -hambre y trabajo porque no tenian que comer sino bizcocho y algun -aceite, y muy poco vinagre, trabajando de dia y de noche, con tres -bombas, echando agua fuera, porque se iban los navíos á fondo, comidos -de bruma, sobrevínoles una noche tan grande tormenta, que garró el un -navío sobre el del Almirante, que es arrastrar las anclas, y juntarse -un navío sobre otro, que hizo pedazos toda la proa, y á sí mismo, el -navío, la popa; rompiéronse los cables ó maromas de las anclas, y fué -grande el peligro y riesgo que padecieron aquella noche. Salieron de -allí, é llegáronse á la tierra de Cuba, y aportaron á un pueblo de -indios, llamado Macáca, la media sílaba luenga, donde tomaron refresco -de caçabí, y otras cosas que los indios les dieron, creo que de buen -grado, porque tal era la gente de aquella isla, no ménos que las otras. -Salidos de allí, fueron en demanda de la isla de Jamáica, porque los -vientos y corrientes no los dejaban ir á la Española; iban los navíos -tan abiertos, que se les iban al fondo, que por ninguna fuerza ni -industria bastaba á vencer el agua con tres bombas cada navío, y en -alguno llegaba el agua cerca de la cubierta. La víspera de Sant Juan -llegaron á un puerto de Jamáica, llamado Puerto Bueno, y aunque bueno -para contra la tormenta de la mar, pero malo para se mamparar de la -sed y de la hambre, porque ni agua ni poblacion de indios alguna -tenia. Pasado el dia de Sant Juan partieron para otro puerto, llamado -Santa Gloria, con el mismo peligro y trabajo, en el cual entrados, no -pudiendo ya más sostener los navíos, encalláronlos en tierra lo más -que ser pudo, que seria un tiro de ballesta della, juntos el uno con -el otro, bordo con bordo; y con muchos puntales, de una parte y de -otra, los firmaron de tal manera, que no se podian mover, los cuales -se hinchieron de agua casi hasta la cubierta, sobre la cual, y por -los castillos de popa y proa, se hicieron estancias donde la gente se -aposentase. - - - - -CAPÍTULO XXX. - - -Puestos sus navíos así á recaudo, y haciendo dellos su morada, luego -los indios, que era buena gente y mansa (éstas son palabras de D. -Hernando, que allí estaba), vinieron en sus canoas á venderles de -sus cosillas é bastimentos, con deseo que tenian de haber de las de -Castilla, y, porque no hobiese debates ó rencillas entre los españoles, -por las compras, y unos tomasen más de lo que habia menester, y á otros -faltase lo necesario, constituyó el Almirante dos personas que tuviesen -cargo de la compra ó rescate de lo que los indios trujesen, y que cada -tarde, por sus suertes, dividiesen por la gente de los navíos lo que -hobiesen aquellos rescatado, porque ya en los navíos no tenian cosa con -que se mantener. Habiánseles gastado los bastimentos, dellos que habian -comido, dellos que se les habian podrido, y dellos que se perdieron -al embarcar con la prisa en el rio de Belem; y dice D. Hernando, -que les suplió Nuestro Señor aquella falta con llevarlos á aquella -isla, que entónces estaba muy poblada de indios, y floreciente de -mantenimientos, y deseosos de sus rescates, con cuya codicia de todas -las comarcas venian á rescatar de lo que tenian. Para efecto desto, y -porque los españoles no se desmandasen por la isla, quiso el Almirante -fortalecerse en la mar y no hacer asiento en tierra, porque segun -somos, dice D. Hernando, descomedidos, ningun castigo, ni mandamiento -bastara para detener la gente que no se fuera por los lugares y casas -de los indios, y les tomaran lo que tenian, y provocaran á sus mujeres -é hijas, de modo que no pudieran dejar de haber con ellos muchas -contiendas y revueltas, y se perdiera nuestra amistad, é hobiéramos -de tomar por fuerza la comida, y nos viéramos en gran necesidad ó -aprieto, lo cual no hobo por estar la gente encastillada en los -navíos, de donde no podian salir sino por cuenta y con licencia, lo -cual fué á los indios más agradable, que por cosa de muy poco precio, -nos traian lo necesario, porque si eran una ó dos hutias, que son como -conejos, dábaseles tanta hoja de laton como el cabo de una agujeta, y -si eran tortas de pan, á que llaman caçabí, hecho de raíces ralladas, -dábaseles dos ó tres contezuelas verdes ó amarillas, y si era cosa -de más calidad lo que traian, dábanles un cascabel. Á las veces, á -los Reyes y principales señores se les daba un espejuelo ó un bonete -colorado, ó unas tijeras, por tenelles muy contentos; remediados y -fuera de laceria quedaban con estas dádivas. Rescató el Almirante diez -canoas para servicio de los navíos encallados, y de la gente que en -ellos con él estaba. Con esta órden de rescate y manera de conversar -con los indios, estaba la gente española bien proveida y abastada -de mantenimientos, y los indios, sin pesadumbre de la vecindad y -conversacion dellos, los comunicaban. Concertada su vida de la manera -dicha, tractaba el Almirante con los principales españoles, qué remedio -tendrian para salir de aquella cárcel, y al ménos llegar hasta esta -isla Española. Veíanse casi de todos los remedios humanos privados; de -venir navío por allí alguno, por entónces, no se podia esperar, sino -sólo por divino milagro; hacerlo de nuevo, faltábales todo lo más de -lo que para hacello era necesario, mayormente oficiales. Despues de -muchos dias, y muchas veces los convenientes ó inconvenientes peligros -y remedios platicados y comunicados, fué la final conclusion, en que -el Almirante se resolvió, hacer saber al Comendador Mayor, que aquesta -isla gobernaba, y al hacedor que el mismo Almirante aquí tenia, de la -manera que en Jamáica él y su gente aislado quedaba, para que se le -enviase un navío de las rentas que tenia en esta isla, proveido de -bastimentos y de lo demas necesario, para en que acá pasasen. Para este -negocio, no poco dificultoso, nombró dos personas de cuya fidelidad y -esfuerzo, y cordura, él tenia confianza, porque para ponerse á tanto -peligro, entrando en canoas, barquillos de un madero, para pasar un -golfo tan grande, que de punta á punta, de Jamáica á esta isla, tiene -20 y 25 leguas, sin otras 35 que habia desde donde estaban hasta la -dicha punta oriental de Jamáica, necesario era esfuerzo de buen ánimo, -y prudencia, y fidelidad no ménos para lo que se les encomendaba. En -este golfo hay sólo una isleta ó peñol, que está ocho leguas desta -isla Española, llamada Navasa. Fué aquesta empresa, de pasar á esta -isla de aquella, obra de gran esfuerzo y generoso ánimo, porque las -canoas facilísimamente se trastornan poco ménos que una calabaza, -como sean un palo cavado y no tengan un palmo de vivo; los indios -no padecen en ellas casi peligro, porque si se trastornan, échanse -á nado, y con calabazas echan el agua fuera, y tórnanse á entrar en -ellas, porque no se hunden, sino andan sobre el agua, como sean de -un palo. Estas personas fueron, un Diego Mendez de Segura, que habia -venido por Escribano mayor de aquella flota, persona bien prudente, y -honrada, y muy bien hablada, la cual yo muy bien cognoscí, é la otra, -un Bartolomé de Flisco, ginovés, tambien digno de aquel mensaje. Cada -uno destos dos se metió en su canoa con seis españoles de compañía y 10 -indios que remasen; al Diego Mendez mandó que, llegado á esta ciudad -de Sancto Domingo, pasase á Castilla, con sus cartas, á dar cuenta á -los Reyes de su viaje; al Bartolomé Flisco, que llegase hasta tomar -tierra de esta isla Española, y de allí se volviese á Jamáica, para -dar cuenta como Diego Mendez habia pasado adelante. Habia desde do -quedaba el Almirante con su gente, á esta ciudad de Sancto Domingo, 200 -leguas largas. Escribió á los Reyes una larga carta, cuyo traslado yo -tengo al presente, dándoles cuenta de todo su viaje, de las angustias, -trabajos, peligros y grandes adversidades que le habian ocurrido, de -la tierra que de nuevo habia descubierto, y de las minas ricas de -Veragua, repitiendo los servicios que habia hecho á Sus Altezas en el -descubrimiento deste mundo nuevo, y trabajos en él pasados, llorando -su prision y de sus hermanos, y haberles tomado todo lo que tenian de -hacienda, en su prision, juntamente con haber sido despojado de su -honra y estado, que con tan señalado, y nunca otro tal, servicio hecho -á Reyes del mundo, lo hobo merecido y ganado. Estas postreras palabras, -no el Almirante las dijo en su carta, sino yo las añido, porque me -parece semejante encarecimiento serle debido; y mucho más adelante, -suplicóles por la restitucion de su Estado, y satisfaccion de sus -agravios, y castigo de los que injustamente le habian sido contrarios. -Invoca sobre esto al cielo, y la tierra que lloren sobre él, diciendo: -«yo he llorado hasta aquí, haya misericordia el cielo, llore por mí la -tierra, llore por mí quien tiene caridad, verdad y justicia», cuasi -diciendo, de aquí adelante. Encarecia la pobreza que tenia, diciendo -no tener en este siglo una teja donde se metiese, ántes, si queria -comer ó dormir, se habia de ir al meson á cabo de veinte años que les -habia servido, y con tan inauditos trabajos, los cuales, á él y á sus -hermanos, habian poco aprovechado; muestra tener dolor de carecer de -los Santos Sacramentos de la Iglesia, mayormente quedando enfermo, -como quedaba, lleno de gota, especialmente, si en aquel destierro y -aislamiento el ánima le saliese del cuerpo; afirma, que este postrero -viaje, no lo hizo para ganar honra, ni hacienda, como si dijera, -porque ya la tenia ganada, sino sólo por servilles con sana intencion -y celo. Suplícales, finalmente, que desque á Castilla llegue, le den -licencia y tengan por bien su ida á Roma, y á otras romerías, y con -esto acaba su carta, suplicando á la Sancta Trinidad su vida y alto -estado guarde y acreciente; hecha en las Indias, en la isla de Jamáica, -á 7 de Julio de 1503. Escribió tambien el Almirante al Comendador -Mayor, que aquesta isla gobernaba, notificándole la necesidad en -que quedaba y encomendándole sus mensajeros, que los aviase para su -despacho, y favoreciese para que se le enviase algun navío á su costa, -en que pudiese á esta isla pasar con la gente que con él quedaba. Con -estas cartas, y otras para Castilla, y lo demas que convenia escribir, -despachó al Diego Mendez, y á Bartolomé Flisco, con sus dos canoas, -metida en cada una, cada indio, su calabaza de agua y algunos ajes y -pan caçabí, é los españoles con solas sus espadas y rodelas, y el -bastimento de agua y pan, y carne de las hutias ó conejos que pudo -caber en las canoas, que no podia ser mucho demasiado. Y porque para -entrar en tan gran golfo de la mar brava, como es toda la deste Océano, -y mayormente entre islas, en tan flaca especie de barcos para nosotros, -porque para los indios, como dije, ménos peligro y daño reciben que -nosotros en naos grandes, fué necesario, despues que llegaron á la -punta de la isla de Jamáica, y distaba de donde quedaba el Almirante 30 -leguas, esperar que la mar amansase, y hiciese alguna gran calma, para -atravesar y comenzar su viaje, fué, hasta la dicha punta, el Adelantado -por tierra, con alguna gente, para si por caso, los indios de por -allí, no impidiesen á las dichas canoas, ó les hiciesen algun daño. -Despues se volvió poco á poco á los navíos, viniendo por los pueblos -alegremente conversando, dejándolos todos en su amistad. - - - - -CAPÍTULO XXXI. - - -Estando así en la punta ó cabo oriental de la isla de Jamáica las dos -canoas, sobrevínoles una muy buena calma, como la deseaban, y una -noche, ofreciéndose á Dios, partiéronse del Adelantado, y comenzaron -á navegar á costa de los brazos de los 10 indios, que voluntariamente -quisieron ayudallos con sus trabajos, y áun peligro de sus vidas, como -parecerá. Hízoles aquella noche y el dia siguiente buena calma, y -navegaron, remando los indios con unas palas, de que usan por remos, -de muy buena voluntad, y, como el calor era muy grande y llevaban poca -agua para se refrigerar, echábanse los indios de cuando en cuando en la -mar, nadando; tornaban de refresco al remo, y así caminaron tanto, que -perdieron de vista la tierra de Jamáica. Llegada la noche, remudábanse -los españoles y los indios, para el remar, y hacer la vela ó guardia. -Velaban los españoles, porque los indios, con el trabajo y sed, no se -tornasen ó hiciesen otro algun daño; llegados, al siguiente dia, ya -todos estaban muy cansados, pero animando cada cual de los Capitanes -á los suyos, é tomando ellos tambien sus ratos el remo, y mandándoles -que almorzasen, para recobrar fuerzas y aliento de la mala noche, -tornaron á su trabajo no viendo más que cielo y agua, y puesto que -aquello bastase para ir muy desconsolados y afligidos, podríase decir, -lo de Tántalo, que tenia el agua á la boca, y de sed rabiaba, y así -estos, iban junto al agua y cercados de agua, y bañados con agua, pero, -para matar la sed, poco les prestaba, como fuese de la mar y salada. -Los indios, con el sol y gran calor, y continuo trabajo de remar, -diéronse más priesa de la que convenia en beber de sus calabazas, y -así de presto las vaciaron, y como la sed, con sol recio y calma, sea -trabajo intolerable, cuanto más entraba el segundo dia de su partida, -tanto crescia más el calor y la sed á todos, por manera, que á medio -dia ya les faltaban las fuerzas para poder trabajar. Los Capitanes que -llevaban sus barriles de agua, los socorrian y esforzaban con dalles, -de cuando en cuando, algunos tragos y así los sostuvieron hasta el -frescor de la tarde. Allende la sed que padescian con el gran trabajo -de haber remado dos dias y una noche, lo que más los atormentaba, era -el temor de haber errado el camino derecho, donde habian de topar la -isleta llamada Navasa, que, segun dijimos, estaba de la punta desta -Española ocho leguas, donde creian repararse. Aquella tarde habian -echado ya un indio á la mar, de pura sed, ahogado, y otros estaban -echados en el plan ó suelo de la canoa, tendidos de desmayados. Los que -más vigor y ánimo y mejor subjecto tenian, estaban inestimablemente -tristes y atribulados, esperando cada momento la muerte que al otro -habia llevado. El refrigerio último que tenian, era tomar en la boca -del agua salada, para refrescarse, que más les angustiaba al cabo; -anduvieron con sus pocas fuerzas lo que pudieron, y ansí les anocheció -la segunda vez, sin vista de la isleta, que fué doblado el desmayo. -Plugo á Dios de los consolar, con que el Diego Mendez, al salir de -la luna, vido que salia sobre tierra, y el islote cobria la media -luna, como cuando hay éclipse, porque de otra manera no la pudieran -ver, por ser pequeño y á tal hora. Entónces todos, con gran placer -y excesiva alegría, esforzaron los indios, mostrándoles la tierra y -dándoles más tragos de agua, y tomaron tanto esfuerzo, que remaron y -fueron á amanecer con la isleta, y en ella desembarcaron; hallaron -la isleta toda de peña tajada, que bojará ó terná de circuito media -legua; dieron gracias á Dios, que los habia socorrido en tan gran -peligro y necesidad. Y como lo primero que pretendian era buscar agua, -no hallaron árbol en ella que fuese vivo, sino todo roquedo, pero, -andando de peña en peña, en los agujeros que los indios, en lengua -desta isla, llamaban jagueyes, hallaron del agua llovediza cuanta les -bastaba para henchir las barrigas sedientas, y las vasijas todas que -tenian; la cual todavía les fué perniciosa, porque, como venian tan -secos de la sed pasada, diéronse tanta priesa á beber, que algunos -de los míseros indios, allí murieron y otros incurrieron en graves -enfermedades, de manera que pocos ó ninguno fué dichoso de volver á su -tierra. Reposaron aquel dia hasta la tarde, los que estuvieron para -ello, recreándose como podian, comiendo marisco que hallaban por la -ribera, y encendieron fuego para lo asar, porque Diego Mendez llevaba -para lo encender aparejo; y porque ya estaban á vista del cabo desta -isla, que el Almirante llamó de Sant Miguel, y despues llamamos del -Tiburon, con codicia de acabar la jornada, y porque no les sobreviniese -algun tiempo contrario, caido el sol, tornaron al camino y á remar y -fueron á amanecer al dicho cabo, y esto fué al principio del cuarto dia -despues que partieron. Holgaron allí dos dias, y queriéndose volver -á Jamáica el Bartolomé Flisco, como el Almirante le habia mandado, -temieron los indios y los españoles de tornar á verse otra vez en los -peligros pasados, y así no se pudo tornar. No supe lo que despues se -hizo dél y de los indios, ni dónde pararon. Diego Mendez, que llebaba -priesa de pasar adelante, pasó en la canoa todo aquello que pudo por -mar; no supe dónde al cabo acordó de dejalla, bien creo que los indios -llevó consigo con sus cosas cargados, y así es muy verisímile que -ninguno dellos volvió á su mujer é hijos, ni vivió sino en servidumbre -triste y desconsolada. Finalmente, aportó á la provincia y pueblo de -Xaraguá, donde estaba el Comendador Mayor y habia hecho pocos dias de -ántes la crueldad é injusticia quemando tantos señores é ahorcando la -reina Anacaona, segun queda, en el cap. 9.º, declarado. Llegado Diego -Mendez á Xaraguá y dada la carta del Almirante al Comendador Mayor, -y hecha relacion de dónde y cómo venia, y de su mensaje, mostró el -Comendador Mayor haber placer de su venida; puesto que fué muy largo -en despachallo, porque, no sabiendo la simplicidad con que andaba el -Almirante, temia ó fingia temer que, con su venida, no hobiese en esta -isla algun escándalo cerca de las cosas pasadas, y que para ello venian -con Diego Mendez aquellos á tentar la disposicion de la tierra y de -la gente que con el Comendador Mayor estaba, por lo cual quiso primero -indagar ó escudriñar el pecho de Diego Mendez y los demas, ántes que á -dejallos ir adelante se determinase. Finalmente les dió licencia, con -importunidad, para pasar á esta ciudad y puerto de Sancto Domingo, al -ménos á Diego Mendez, para que hiciese lo que el Almirante, su amo, le -mandaba. Llegado Diego Mendez á esta ciudad, compró luégo un navío de -las rentas que el Almirante aquí tenia, y, bastecido de los bastimentos -y cosas necesarias, lo envió á Jamáica por fin de Mayo de 1504, y se -embarcó luégo para España, como traia ordenado por el Almirante. - - - - -CAPÍTULO XXXII. - - -Despachados aquellos dos Capitanes de las canoas, y partidos de Jamáica -en demanda desta isla, como dicho queda, los españoles que quedaban -comenzaron á enfermar, por los grandes trabajos que habian en todo el -viaje padecido; allegóse tambien la mudanza de los mantenimientos, -porque ya no tenian cosa que comiesen de las de Castilla, mayormente -no bebiendo vino, ni tenian tanta carne cuanta ellos quisieran, que -era la de aquellas hutias, y otros refrigerios que habian menester que -les faltaban. Los que dellos estaban sanos, tener aquella vida sin -esperanza de salir della presto, y tambien por estar inciertos del -cuándo saldrian, érales intolerable y cada hora se les hacia un año, -y, como estaban ociosos, de otra materia contínuamente no hablaban, -teniéndose por desterrados y de todo remedio alongados; de aquí pasaban -á murmurar del Almirante, diciendo que él no queria ir á Castilla, como -si le vieran que se estaba en grandes deleites recreando, padeciendo -como ellos las mesmas necesidades y enfermedad de gota de que por todos -los miembros era atormentado, que no podia mudarse de una cámara, y -hartas otras miserias y angustias que lo cercaban. Y alegaban que los -Reyes lo habian desterrado, y tampoco podia entrar en la Española, -como paresció, cuando llegó á este puerto, de Castilla, le fué vedado -que en él entrase, y que los que habia enviado en las canoas iban á -negociar sus cosas y no para traer ó enviar navíos y socorro para que -saliesen de aquella isla que tenian ellos por cárcel, y él no, sino -que de voluntad se queria estar allí, en tanto que aquellos con los -Reyes negociaban, y que si este artificio no hobiera, el Bartolomé -Flisco hobiera ya vuelto, segun que se habia ya publicado. Dudaban -tambien si hobiesen llegado á esta isla ó perecido en la mar, como -fuesen á tanto peligro, en aquellas canoas, tan luengo viaje, lo cual -si así acaeciese, nunca sería posible tener algun remedio, si ellos -por sus personas no lo procurasen, porque el Almirante no curaba de -buscarlo, por las razones dichas, y tambien porque, aunque quisiese, -no podia ponerse á algun peligro, por la gota que, como dicho es, lo -atormentaba, y que debian procurar pasar á esta isla, pues que estaban -sanos, ántes que como los otros enfermasen; no dejando de parlar más -adelante, conviene á saber, que ellos, en esta isla puestos, serian -mejor rescebidos del Comendador Mayor, cuando en más peligro al -Almirante dejasen, por estar el dicho Comendador Mayor mal con él: y -esta parece ser malévola invencion dellos, porque no es de creer que el -Comendador Mayor quisiese tanto mal al Almirante, y no ménos creible -es que el Almirante no le hobiese dado á ello jamás causa. Añadian -más, que idos á España, hallarian al obispo D. Juan de Fonseca, que -los libraría de cualquiera pena por desfavorecer al Almirante. Otras -razones harto maliciosas y dígnas de buen castigo alegaban, para se -persuadir á rebelion unos á otros, afirmando que siempre la culpa se -imputaria al Almirante, como lo habia sido en lo desta isla, cuando -las cosas de Francisco Roldan, y que ántes lo tomarian los Reyes por -achaque para quitalle lo que lo quedaba, y no guardalle cosa de los -privilegios que le habian dado. Estas y otras razones daban y conferian -entre sí; de los cuales fueron, de los principales, dos hermanos -llamados Porras, el uno que habia ido por Capitan de un navío de los -cuatro, y el otro por Contador de toda el Armada. Conjuráronse con -ellos 48 hombres, levantando por Capitan al un Porras; concertaron que, -para cierto dia y hora, todos estuviesen, con sus armas, aparejados. -Este dia fué á 2 de Enero de 1504 años, por la mañana: el Capitan -Francisco de Porras subió á la popa del navío, donde el Almirante -estaba, y dijo muy desatinadamente: «parécenos, señor, que no quereis -ir á Castilla, y que nos quereis tener aquí perdidos.» Y como el -Almirante oyese palabras de tan poca reverencia y con insolencia -dichas, y no acostumbradas, sospechando lo que podia ser, disimulando -la desvergüenza, con blandura respondióle: «ya veis la imposibilidad -que todos tenemos para nuestro pasaje, hasta que los que envié en las -canoas nos envien navíos en que vayamos, y Dios sabe cuánto yo lo -deseo, más que ninguno de los que aquí estamos, por mi bien particular -y por el de todos, pues estoy obligado á dar cuenta á Dios y á los -Reyes por cada uno; y ya sabeis que os he juntado muchas veces para -platicar en nuestro remedio, y á todos no ha parecido algun otro, pero, -si otra cosa os parece, juntaos y de nuevo se platique, y determínese -tomar el medio que mejor pareciere.» Respondió el Porras, que ya no -habia necesidad de tantas pláticas, sino que ó se embarcase luégo, ó -se quedase con Dios, y volvió las espaldas, con alta voz diciendo: -«porque yo me voy á Castilla con los que seguirme quisieren.» Entónces, -todos los conjurados con él, como estaban apercibidos, dijeron á voces: -«yo con él, yo con él, yo con el»; y saltando unos por una parte, -y otros por otra, tomaron los castillos y gabias, con sus armas en -la mano, sin tiento ni órden, clamando unos, «¡mueran!» otros, «¡á -Castilla!» y otros, «señor Capitan, ¿qué haremos?» Entónces, oyendo -tal barbarismo, el Almirante que estaba en la cama tullido de la gota, -pensando aplacallos, salió de la cama y cámara, cayendo y levantando, -pero tres ó cuatro personas de bien, criados suyos, arremetieron -y abrazáronse con él, porque la gente desvariada no lo matase, y -metiéronlo por fuerza en su cámara. Tornaron tambien al Adelantado, -que como valiente hombre, se habia puesto á la fresada, que es la viga -ó palo que atraviesa toda la nao junto á la bomba, con una lanza, y -por fuerza se la quitaron y metieron con su hermano en la cámara, -rogando al capitan Porras que se fuese él con Dios y no permitiese mal -de que á todos cupiese parte. Y que bastaba que para su ida no habia -quién lo estorbase, pues, siendo causa de la muerte del Almirante, no -podia ser que no hobiese sobre ella gran castigo, sin que aventurasen -ellos á conseguir por ella provecho alguno. De manera que, siendo -algo aplacado el alboroto, tomaron los conjurados hasta 10 canoas de -las que el Almirante á los indios habia comprado, en las cuales se -embarcaron con tanto regocijo y alegría, como si ya desembarcaran en -Sevilla; lo cual no hizo poco daño á los demas que no tuvieron parte en -la rebelion, porque viéndose quedar allí enfermos como desmamparados, -yéndose los que estaban sanos, crescióles la tristeza, y angustia, -y el ánsia de salir de allí, que de súbito arrebataban su hato y se -metian con ellos en las canoas, como que consistiera en sólo aquello -salvarse. Esto se hacia viéndolo y llorándolo todo, y á sí mismos y al -Almirante, aquellos muy pocos fieles que hobo de sus criados, y los -muchos enfermos que quedaban, los cuales perdian del todo la esperanza -de ser remediados; ninguna duda se tuvo, sino que si todos estuvieran -sanos, pocos ó ninguno dellos quedara. Salió el Almirante como pudo -de la cámara, y como mejor pudo, con dulces palabras, diciendo que -confiasen en Dios, que lo remediaria, y que él se echaria á los piés -de la Reina, su señora, que les galardonase muy bien sus trabajos, -y más aquella su perseverancia. El Porras con sus alzados, en las -canoas, tomaron el camino de la punta oriental de aquella isla, de -donde se habian partido Diego Mendez, y Bartolomé Flisco y los demas. -Por donde quiera que pasaban perpetraban mil desafueros y daños á los -indios, tomándoles los mantenimientos por fuerza, y todas las otras -cosas que les agradaban, diciendo que fuesen al Almirante que se las -pagase, y que sino se las pagase que lo matasen, porque, matándolo, -harian á sí mismos gran provecho, y excusarian que él á ellos no los -matase, como habia muerto á los indios desta isla y de la de Cuba, y á -los de Veragua, y que con este propósito para poblar allí se quedaba. -Llegados á la punta, con las primeras calmas acometieron su pasaje -para esta isla, con los indios que pudieron haber para remar en cada -canoa; pero como los tiempos no estuviesen bien asentados, y las canoas -llevasen muy cargadas, y, áun no andadas cuatro leguas, comenzase el -viento á turbarlos, y las oletas á los remojar, fué tanto su miedo, -que acordaron de se tornar, y porque áun no cognoscian el peligro de -las canoas para españoles, cuando vieron que el agua les entraba, -tomaron por remedio alivianarlas, y echar cuanto en ellas traian, -salvo una poquilla de comida y agua para tornarse, y solas las armas; -y porque el viento arreció, y la mar los mojaba más, pareciéndoles -estar en algun peligro, para aplacar á Dios y que los librase, acuerdan -con su devocion ofrecerle un sacrificio agradable, y éste fué echar -todos los indios que, les remaban á la mar, matándolos á cuchilladas. -Muchos dellos, viendo las espadas y la obra que pasaba, se lanzaron -á la mar, confiados de su nadar, pero despues de mucho nadar, dello -muy cansados, llegábanse á las canoas, para, asiéndose del bordo, -descansar algo; cortábanles con las espadas las manos y les daban -otras crueles heridas, por manera, que mataron 18, no dejando vivos -sino cual y cual, que las canoas les gobernasen, porque ellos no las -supieran gobernar: porque sino fuera por aquel interese propio, ningun -indio escapara que no lo mataran, en pago del buen servicio que los -hacian y habellos metido por fuerza ó por engaño, para servirse dellos -en aquel viaje. Vueltos á tierra, hobo entre ellos diversos pareceres -y votos, decian unos que sería mejor pasarse á la isla de Cuba, y que -tomarian los vientos Levantes y las corrientes á medio lado, y desde -allí atravesarian á esta isla, tomando el cabo de Sant Nicolás, que -no está de la punta ó cabo de Cuba, segun se ha dicho, 18 leguas; -otros afirmaban ser mejor volverse á los navíos y reconciliarse con el -Almirante, ó tomalle por fuerza lo que le quedaba de armas y rescates; -otros fueron de parecer, que ántes que cosa de aquellas se atentase, -debian esperar otra bonanza de calmas, para tornar otra vez á acometer -aquel pasaje, y en este asentaron. Estuvieron esperando las calmas -en el pueblo que estaba cerca de la punta, más de un mes, comiendo y -destruyendo toda la tierra comarcana, y, en fin, se embarcaron con -bonanza, y salieron una vez á la mar, y tornaba el viento á avivar, y -tornáronse; salieron otra vez, y de miedo, tambien se tornaron, y así, -viéndose desesperados de la pasada, dejaron las canoas y volviéronse -al pueblo muy desconsolados, y de allí, de pueblo en pueblo, unas veces -comiendo por rescatar, otras tomándolo aunque á los indios pesaba, -segun el poder ó resistencia en los pueblos y señores dellos hallaban. - - - - -CAPÍTULO XXXIII. - - -Despues que los alzados se fueron y andaban ocupados en la porfía de su -pasaje, procuró el Almirante de curar los enfermos que con él quedaban, -y en cuanto le era posible consolallos; trabajaba tambien de que se -conservase con los indios la paz y amistad, porque, con ella y con los -rescates, fuesen todos los españoles proveidos de mantenimientos, como -los indios lo hacian sin faltar, y así convalecieron los enfermos, y -los indios, por algunos dias, en las provisiones que solian traer, -perseveraron. Pero como los indios nunca tengan ni trabajen tener más -mantenimientos de los que les son necesarios, y hacer más de aquellos -tengan por trabajo, y los españoles gasten, y áun desperdicien más en -un dia que ellos comen en diez y en quince, y D. Hernando dice que en -diez y siete, hacíaseles carga no chica sustentarlos, como de ántes, -con abundancia; y así, acortábaseles la comida y no tenian tanto. -Allegóse á esto, ver como parte no chica de los españoles habian -alzádose contra el Almirante, y que los mismos los habian exhortado que -lo matasen, porque no queria quedar á poblar allí sino para matallos; -comenzaron á tenerlo en poco y á los que con él quedaron, por todo -lo cual, cada dia, en traer bastimentos aflojaban. De donde sucedió -verse no en poco aprieto y trabajo, porque, para se lo tomar por -fuerza, era menester salir todos con armas y por guerra, y dejar sólo -al Almirante; pues dejallo sólo á su voluntad, era padecer necesidad -grande, y que á poder de mucho rescate no pudieran remediarse. Plugo -á Dios, que los proveyó por nueva manera, con cierta industria del -Almirante, que lo que hobiesen menester no les faltase. Cuéntalo de -esta manera D. Hernando: que sabia el Almirante, que, desde á tres -dias, habia de haber eclipse de la luna, y envió á llamar los señores -y Caciques, y personas principales de la comarca, con un indio que -allí tenia desta isla, ladino en nuestra lengua, diciendo que les -queria hablar largo. Venidos un dia ántes del eclipse, díjoles que -ellos eran cristianos y vasallos y criados de Dios, que moraba en el -cielo, y que era señor hacedor de todas las cosas, y que á los buenos -hacia bien, y á los malos castigaba, el cual, visto que aquellos de -nuestra nacion se habian alzado, no habia querido ayudarles para que -á esta isla pasasen, como habian pasado los que él habia enviado; -ántes habian padecido, segun era en la isla notorio, grandes peligros, -pérdidas de sus cosas, y trabajos. Y lo mismo estaba enojado Dios -contra la gente de aquella isla, porque en traerles los mantenimientos -necesarios por sus rescates habian sido descuidados, y, con este enojo -que dellos tenia, determinaba de castigallos, enviándoles grande hambre -y hacelles otros daños; y que, porque por ventura no darian crédito á -sus palabras, queria Dios que viesen de su castigo en el cielo cierta -señal, y porque aquella noche la verian, que estuviesen sobre el aviso -al salir de la luna, y verian como salia muy enojada, y de color de -sangre, significando el mal que sobre ellos queria Dios envialles. -Acabado el sermon fuéronse todos; algunos con temor, otros quizá -burlando. Pero como, saliendo la luna, el eclipse comenzase, y cuanto -más subida fuese mayor el amortiguarse, comenzaron los indios á temer, -y tanto les creció el temor, que venian con grandes llantos, dando -gritos, cargados de comida á los navíos, y rogando al Almirante que -rogase á su Dios que no estuviese contra ellos enojado, ni les hiciese -mal, que ellos, de ahí adelante, traerian todos los mantenimientos que -fuesen menester para sus cristianos. El Almirante les respondió, que -él queria un poco hablar con Dios; el cual se encerró, entre tanto que -el eclipse crescia, y ellos daban gritos llorando é importunando que -los ayudase, y desque vido el Almirante que la creciente del eclipse -era ya cumplida, y que tornaria luego á menguar, salió diciendo que -habia rogado á Dios que no les hiciese el mal que tenia determinado, -porque le habia prometido de parte dellos, que de allí adelante -serian buenos, y tratarian, y proveerian bien á los cristianos, y que -ya Dios los perdonaba, y, en señal dello, verian cómo se iba quitando -el enojo de la luna, perdiendo la color y encendimiento que habia -mostrado. Los cuales, como viesen que iba menguando y al cabo del todo -se quitaba, dieron muchas gracias al Almirante, y maravillándose y -alabando las obras del Dios de los cristianos, se volvieron con grande -alegría todos á sus casas, y, allá llegados, no fueron negligentes -ni olvidaron el beneficio que creian haberles hecho el Almirante, -porque tuvieron grande cuidado de los proveer de todo lo que habian -menester con abundancia, loando siempre á Dios, y creyendo que les -podia hacer mal por sus pecados, y que los eclipses que otra vez habian -visto, debia ser como amenazas y castigo, que, por sus culpas, Dios -les enviaba. Tornando al propósito de la historia, como despues de -partidos Diego Mendez y Bartolomé Flisco, en las dos canoas, hobiesen -pasado ocho meses sin que hobiesen tenido nuevas de haber á esta isla -allegado, ó si fuesen muertos ó vivos, la gente que con el Almirante -quedó, que no se habia alzado, estaban con gran pena y cuidado, cada -hora haciéndoseles un año, y por tanto crecíales la impaciencia de -estar allí aislados, y estaban como desesperados. Sospechaban siempre -lo peor, como los que en angustias y trabajos muchos dias están -ejercitados, si Dios no les provee de algun consuelo interior con que -puedan sobrellevados; y así, unos decian que ya eran anegados en la -mar, otros que los indios los habian muerto en esta isla cuando por -alguna parte della pasasen, otros que de enfermedad y trabajo ó hambre -habrian perecido en el camino, como fuese tan largo y de mar trabajosa, -con vientos y corrientes, y de tierra muchas sierras ásperas. -Añadíase á la sospecha, que afirmaban los indios haber visto un navío -trastornado que lo llevaban las corrientes por la costa de Jamáica -abajo; lo cual, por ventura, fué industria y nueva que sembraron los -alzados, para quitar del todo la esperanza de remedio á los que con -el Almirante habian quedado. De manera que, teniendo casi por cierta -la imposibilidad de ser remediados, un maestre Bernal, boticario -valenciano, y unos dos compañeros, llamados Zamora y Villator, con -todos los demas que habian quedado enfermos, en mucho secreto hicieron -otra conjuracion para hacer lo mismo que los primeros; pero Nuestro -Señor tuvo por bien de proveer y obviar al peligro grande que deste -segundo levantamiento se le habia de recrecer al Almirante, y á sus -hermanos, y criados, y remediólo la divina Providencia con llegar un -carabelon que envió el Comendador Mayor, Gobernador desta isla, el cual -llegó una tarde cerca de donde los navíos encallados estaban. Vino en -él un Capitan, un Diego de Escobar, muy conocido mio, que habia sido -de los que en los tiempos de Francisco Roldan con él se habian, contra -el Adelantado, alzado; á este Diego de Escobar envió, porque sabia de -cierto que no se habia de hacer con el Almirante, porque le habia sido -enemigo por las cosas pasadas. Mandóle que no se llegase á los navíos -ni saltase en tierra, ni tuviese ni consintiese tener plática con -alguno de los que estaban con el Almirante, ni diese ni tomase carta. -No lo envió sino á ver qué disposicion tendria el Almirante y los que -con él estaban; el Almirante, quejándose dél, dijo que no lo envió á -visitar sino para saber si era muerto. Dejó el carabelon en la mar, -apartado, y saltó en la barca el Diego de Escobar, y llegó á echar una -carta del Comendador Mayor para el Almirante, y apartó la barca luégo, -y, desde léjos, dijo de palabra que el Comendador Mayor lo enviaba á -visitar de su parte, y que se le encomendaba mucho, pesándole de sus -trabajos, y porque no le podia enviar recaudo de navíos tan presto, -para en que fuese su persona y los demas, se sufriese hasta que se lo -enviase; presentóle un barril de vino y un tocino para entre tanto: -y desto me espanto, por ser el Comendador Mayor tan prudente y no -escaso, que no fuese en le enviar refresco más largo. Apartóse luégo -la barca, y fuése al galeon. Todos estos reguardos estimo que hizo y -mandó hacer el Comendador Mayor, porque como habia en esta isla de los -que habian sido sus criados, y de sus amigos, y tambien de los que le -habian sido rebeldes y enemigos, temia que por cartas ó por su persona, -siendo presente, hobiese algun escándalo en la tierra; el Almirante, -ó al ménos sus deudos, atribuíanlo á otro mal fin, conviene á saber, -á que muriese en Jamáica el Almirante, porque si fuese á Castilla los -Reyes le restituirian en su estado pristino, y entónces quitársele ya -la gobernacion desta isla y destas Indias. Esta intencion haber tenido -el Comendador Mayor, afirmar yo, cierto, no osaria, como quiera que -fuera malísima, y en la verdad, hablando más claro, todavía se tenia -la opinion que yo siempre tuve por falsa y maliciosamente fingida, ó -que contra el Almirante se envió por sus enemigos, conviene á saber, -que se queria alzar contra los Reyes y dar estas Indias á ginoveses, -ó á otra nacion fuera de Castilla, y á esto parece que el Comendador -Mayor proveia; pero si así fué, harto claro se muestra no haber razon -tan aparente para que tal sospecha se tuviese. Y desto se queja mucho -el Almirante á los Reyes en la carta que les escribió de Jamáica, donde -dice: «¿Quién creerá que un pobre extranjero se hobiese de alzar en tal -lugar contra Vuestras Altezas, sin causa y sin brazo de otro Príncipe, -y estando sólo entre sus vasallos y naturales, y teniendo todos mis -hijos en su real corte?» Estas son sus palabras y razones, las cuales, -cierto, no son frívolas. - - - - -CAPÍTULO XXXIV. - - -Debió decir Escobar al Almirante, que luégo se queria tornar á dar -nuevas al Comendador Mayor del estado en que quedaba, y si queria -escribir; el cual, luégo le escribió la carta siguiente: «Muy noble -señor: En este punto recebí vuestra carta, toda la leí con gran gozo; -papel ni péndolas abastarian á escribir la consolacion y esfuerzo -que cobré, yo y toda esta gente, con ella. Señor, si mi escribir con -Diego Mendez de Segura fué breve, la esperanza de suplir más largo, -por palabra, fué causa dello; digo de mi viaje, que en mil papeles no -cabria á recontar las asperezas de las tormentas y inconvenientes que -yo he pasado, etc.» Donde le cuenta muchas cosas de su viaje, y de la -riqueza de las tierras que dejaba descubiertas, y de como, llegando á -Jamáica, la gente que traia le hizo juramento de lo obedecer hasta la -muerte, y de como se le alzaron, etc. Y más abajo dice así: «Cuando -yo partí de Castilla, fué con grande contentamiento de Sus Altezas, -y grandes promesas, en especial, que me volverian todo lo que me -pertenece, y acrecentarian de más honra; por palabra y por escrito se -pasó esto. Allá, señor, os envió un capítulo de su carta, que dice -de la materia; con esto y sin ello, desque les comencé á servir yo -nunca tuve el pensamiento en otra cosa. Pídoos, señor, por merced, que -esteis cierto desto, dígolo porque creais que he de hacer y seguir -en todo vuestra órden y mandado sin pasar un punto. Escobar me diz, -señor, el buen tratamiento que han rescebido mis cosas, y que es sin -cuento, rescíbolo todo, señor, en grande merced, y agora no pienso -salvo en qué podia negar tanto; si yo hablé verdad en algun tiempo, -esto es una, que despues que os ví y cognoscí, siempre mi ánima estuvo -contenta de cuanto allá y en todo cabo á donde se ofreciese, por mí, -señor, haríades; con esta razon he estado siempre aquí alegre y bien -cierto de socorro, si las nuevas de tanta necesidad y peligro en que -estaba y estoy llegasen á su oido. No lo soy ni puedo escribir tan -largo como lo tengo firme; concluyo, que mi esperanza era y es, que -para mi salvacion gastaríades, señor, fasta la persona, y soy cierto -dello que ansí me lo afirman todos los sentidos. Yo no soy lisonjero -en fabla, ántes soy tenido por áspero, la obra, si hubiere lugar, fará -testimonio. Pídoos, señor, otra vez por merced, que de mí esteis muy -contento, y que creais que soy constante; tambien os pido por merced, -que hayais á Diego Mendez de Segura, mi encomendado, y á Flisco, que -sabe qué es de los principales de su tierra, y por tener tanto deudo -conmigo, y creed que no los envié, ni ellos fueron allá con artes, -salvo á haceros saber, señor, el tanto peligro en que yo estaba y -estoy hoy dia. Todavía, estoy aposentado en los navíos que tengo aquí -encallados esperando el socorro de Dios y vuestro, por el cual, los que -de mí descendieren, siempre le serán á cargo.» He querido poner aquí -estos pedazos de aquella carta, para que se vea con cuánta simplicidad -el Almirante andaba y escribia, y tambien como en aquellos tiempos no -habia el modo de escribir tan levantados de illustres y magníficos que -agora se usa en el mundo, que faltan vocablos para engrandecer los -títulos que se ponen en las cartas, no sólo á las personas illustres -y señaladas, pero á cualesquiera y de estados bajos. Rescebida esta -sola carta, partióse luégo el carabelon, y aunque con su venida todos -se holgaron y se suspendió el segundo trato y conjuracion, que querian -los que estaban con el Almirante contra él hacer, todavía, vista la -priesa que tuvo en partirse y sin rescibir carta ni hablar, ni querer -responder el capitan Diego de Escobar, ni otros de su compañía, á cosa -ninguna de las que les preguntaban, no quedaron sin sospecha que el -Comendador Mayor no quisiese que el Almirante no viniese á esta isla, -sino que allí quedase sin remedio, y, por consiguiente, los que con él -estaban; lo cual sintiendo el Almirante, trabajó de cumplir con ellos -diciendo que aquella presteza de la partida del galeon á él placia, -porque más aína viniesen navíos para los llevar á todos, pues él, sin -ellos, no habia de salir de aquella isla, y aquel galeon ó carabelon -para todos no bastaba; y, finalmente, con la vista del carabelon, y -con las nuevas que en él vinieron, que Diego Mendez habia llegado en -salvo, quedaron todos algo alegres y consolados, y con esperanza de su -remedio. El Almirante, que deseaba la reversion y reduccion de los que -andaban alzados, por él estar dellos seguro, y porque no alborotasen y -damnificasen las gentes de aquella isla, determinó de hacelles saber lo -que pasaba para que cesasen sus sospechas, rogándoles encarecidamente -tornasen á su obediencia y amor, perdonándoles todo lo que contra -él habian en su rebelion cometido, y ofreciéndoles todo el buen -tratamiento que se les pudiese hacer de su parte; para este mensaje, -nombró dos personas de bien, que que con él estaban, y que con los más -dellos tenian crédito y amistad; y porque creyesen haber venido el -carabelon, les envió parte del tocino, el cual no habian visto hartos -dias, ni pensaron verlo tan presto. Llegados estos dos mensajeros, -salió luégo al camino el Porras, su Capitan, con algunos pocos de los -que más se fiaba, porque no se moviese ni provocase la demas gente -al pesar y arrepentimiento de lo que habian hecho; pero no lo pudo -tanto encubrir, que no entendiesen todos las nuevas de la venida del -carabelon, y de la llegada de Diego Mendez, y de la salud de los que -con el Almirante estaban, y de la renovacion de la esperanza de salir -de aquella isla, con la venida que se esperaba de los navíos, que Diego -de Escobar profirió que vernian por parte del Comendador Mayor. Oida, -pues, su embajada, y despues de muchas consultas de los principales de -quien más se fiaba, en fin, se resolvieron en que no querian fiarse del -Almirante, ni del perdon y promesas que les enviaba, pero que habian -por bien de andarse pacíficamente por la isla, si les prometiese de -darles navío en que se fuesen si dos viniesen, ó si fuese uno sólo que -les diese el medio; y que entre tanto, porque ellos habian perdido -sus ropas y rescates por la mar, partiese con ellos lo que tenia. -Respondiendo los mensajeros no ser aquellas honestas ni razonables -condiciones, los atajaron diciendo, que sino se las concedia por amor -y de su voluntad, que ellos lo tomarian á su pesar y á discrecion; y, -con este recaudo, se vinieron vacíos los mensajeros, quedando diciendo -á su compañía, el Porras y otros, que el Almirante era persona cruel -y vindicativa, y que todos aquellos cumplimientos eran engaños, y que -puesto que no tuviesen temor dél, porque no osaria hacerles daño alguno -por el favor que ellos en la corte tenian, habia razon de temer la -venganza que so color de castigo en los comunes haria; y que por esta -causa Francisco Roldan, y los que le siguieron, cuando se alzaron en -esta isla, no se habian fiado ni de sus ofertas, lo cual les salió -á bien, y fueron tan favorescidos que le hicieron llevar en hierros -á Castilla, y que menor causa ni esperanza tenian ellos para hacer -lo mismo. Y porque la venida de la carabela no moviese los ánimos de -los que consigo tenia, diciendo las nuevas de la llegada de Diego -Mendez y lo demas, decíales que no habia sido carabela verdadera, -sino fantástica, y por nigromancia fabricada, ó que la habia visto el -Almirante y los suyos en sueños, porque el Almirante sabia mucho de -aquellas artes; pues no era cosa creedera, que si fuera carabela no -comunicara con ella la gente que tenia consigo, y no se hobiera tan -presto desaparecido: y corroboraban sus razones con esta, que si fuera -carabela, el Almirante y su hijo y hermano se metieran en ella, y se -fueran, pues tanta necesidad tenian dello. Con estas y otras razones y -persuasiones, los tornaron á afirmar en su rebelion y desobediencia, y -que todos determinasen de ir á los navíos á tomar por fuerza las armas, -y rescates, y lo que más tomar les conviniese, y, sobre todo, prender -al Almirante, hermano é hijo. - - - - -CAPÍTULO XXXV. - - -Averiguada verdad es, y sellada en las Sagradas letras, que cuando -Dios determina de atajar la maldad con presente castigo, permite que -ni basten ruegos, ni ofrecimientos, ni amenazas, para que los malos -se diviertan de sus perversos caminos, sino que, viendo no vean, y -oyendo no oigan, porque incurran en las penas decretadas por el divino -juicio. Así fué de aquestos alzados contra el Almirante, con tanto -escándalo y daño de la gente natural de aquella isla, los cuales, -como hobiesen gravemente ofendido, y cada dia ofendiesen á Dios, así -en la desobediencia contra el Almirante y causándole tantas amarguras -sin razon ni causa justa, mayormente si le habian hecho el juramento -que arriba se dijo, y le hobiesen hecho tantas injurias, y de nuevo -quisiesen hacelle duras injusticias proponiendo de irle á robar lo que -tenia, los indios que mataron á cuchilladas en las canoas, y por toda -la isla violencias y agravios infinitos, los cuales determinó la divina -justicia que no pasasen inpunidos, áun en esta vida, por eso los cegó -y ensordeció Dios, para que ni oyesen ni viesen las ofertas y ruegos -humildes del Almirante, porque padeciesen la caida de su soberbia y -jactura que poco despues les vino. Así que, prosiguiendo su furibunda -y estulta porfía, caminaron la vía de los navíos, y llegando hasta un -cuarto de legua dellos, en pueblo de indios, que llamaban Mayma, donde -despues, algunos años pasados, cuando allí fueron á poblar españoles, -hicieron un pueblo que llamaron Sevilla, sabido por el Almirante con -el propósito que venian, envió á su hermano el Adelantado, para que -con buenas razones pudiese de aquella maldad desviallos, y traellos ó -obediencia y al amor del Almirante; llevó consigo 50 hombres, no del -todo todos sanos, sino algunos flacos, y en lo demas bien armados. Y -como ya llegasen por una ladera un tiro de ballesta del pueblo dicho, -envió á los mismos dos mensajeros que les habia enviado ántes, para -que les persuadiesen y requiriesen con la paz, y que hobiese por bien -Francisco de Porras, su Capitan, que en cosas de concierto y de paz se -hablase; pero como ellos eran muchos más y más sanos, y ejercitados -más en trabajos, por ser marineros, y cognosciesen los que iban con el -Adelantado ser muchos ménos, y gente de palacio, más delicada, y no del -todo bien sanos, elevándose sobre sí en soberbia y menospreciándolos, -porque se cumpliese la escriptura, _ante ruinam exaltabitur cor_, no -dieron lugar que los mensajeros llegasen á hablallos, ántes, todos -juntos, hechos un escuadron, con sus lanzas y espadas desenvainadas, -y con gran grita, clamando «muera, muera», arremetieron á la gente, y -con ella el Adelantado, habiéndose primero juramentado, seis de los -principales, de no se apartar uno de otro, yendo contra la persona -del Adelantado hasta matallo, porque él muerto, de los demas no se -hacia caso. Pero de otra manera les sucedió, de sus pensamientos muy -contraria, porque hallaron en el Adelantado tan buen recaudo, que á -los primeros encuentros cayeron cinco ó seis, y los más dellos fueron -de los juramentados contra el Adelantado. El Francisco de Porras, su -Capitan, que era hombre esforzado, vínose derecho al Adelantado y -tiróle una cuchillada que le hendió toda la rodela hasta la manija y -llegó á herille la mano, y cuando quiso no pudo sacar el espada, y así, -llegaron y lo prendieron, tomándolo á vida; no supe, cuando lo pudiera -saber, qué heridas le hobiesen dado. El Adelantado, que era valentísimo -hombre, da en los demas con mucho ánimo, que en poco espacio fueron -muertos muchos, y, entre ellos, el Juan Sanchez de Cáliz, á quien se -habia soltado el rey Quibia llevándolo preso en la canoa de Veragua, y -un Juan Barba, que fué el primero que se vido cuando se alzaron sacar -contra el Almirante espada. Cayeron algunos otros muy mal heridos; por -manera que fueron todos desbaratados, y, como gente vil y traidores, -volvieron las espaldas. El Adelantado quiso ir en seguimiento dellos, -si algunos de los más honrados que con él fueron no se lo estorbaran -diciendo que aquello bastaba por castigo, y que no convenia llevallo -hasta el cabo; y dejado por esta razon de ir en alcance, volvióse el -Adelantado y los que le ayudaron, con esta victoria, á los navíos, -llevando preso al Francisco de Porras y á otros, donde fueron con -alegría rescibidos del Almirante y de los que con él habian quedado, -y daban gracias á Dios por aquel vencimiento, por el cual tenian por -cierto que todos de la muerte se habian librado, ó de grandes afrentas -y trabajos: y así fueron aquellos, de su soberbia, humillados. De -los del Adelantado, sólo él fué herido, como se dijo, en la mano, -y un maestresala del Almirante, que, de un muy chico bote de lanza -que le dieron en una cadera, murió; no muriendo el piloto Pedro de -Ledesma, de quien dijimos arriba que salió á tierra nadando en Belem ó -saber qué se habian hecho los del pueblo y de la barca, y era de los -alzados, á quien dieron tan terribles heridas, que parece, á hombre, -imposible poderse más fieras ni peores dar. E tenia una en la cabeza, -que se le parecian los sesos, otra en el hombro, que, como perdiz, -le tenian descoyuntado y le colgaba del aslilla todo el brazo, y la -una pantorrilla, á raíz del hueso, desde la corva, cortada y colgando -hasta el tobillo, y el un pié, como quien le pusiera una suela ó -chinela, cortado desde el calcañar hasta los dedos; y así, caido en el -suelo, llegaban los indios del pueblo á él, y con palillos habríanle -las heridas para ver las llagas que hacian las espadas, y cuando le -molestaban decia, «pues si me levanto», y con sólo aquello botaban á -huir como asombrados, y no era maravílla, porque era un hombre fiero y -de cuerpo muy grande, y la voz gruesa. Como era valentísimo, debíase -de defender validísimamente, y por eso pudo ser muchos tener lugar -de así desgarrado. Estuvo aquel dia de la pelea y el siguiente hasta -la tarde, sin que ninguno supiese dél ni le diese una gota de agua, -donde parece ser de subjecto admirable. Sabido en los navíos, fueron -por él, y pusiéronlo allí cerca, en una casa de paja, que sola la -humedad y los mosquitos bastara para matallo; comenzólo á curar un -cirujano, el cual, por falta de trementina, segun la que era menester, -le quemó las heridas con aceite, las cuales fueron muchas más de las -dichas, que juraba el cirujano que cada dia, de los ocho primeros que -le curó, heridas nuevas le hallaba, y finalmente, con todas escapó, y -yo le vide despues desto en Sevilla, sano como si no hobiera padecido -nada, pero no muchos dias pasados, desque yo lo vide, oí decir que lo -habian muerto á cuchilladas. Pasada la pelea, otro dia, lúnes, á 20 -de Mayo de 1504, todos los que habian della escapado, viéndose así de -Dios castigados y humillados, enviaron una peticion firmada de todos -al Almirante, confesando en ella todas sus maldades y crueldades, y -la mala intencion con que lo hacian, y suplicándole que, usando con -ellos de misericordia, los perdonase, porque ellos se arrepentian muy -de corazon de su rebelion y desobediencia pasada, y que cognoscian -haberles dado Dios, por ella, el pago, y por tanto querian tornar á -su obediencia, y prometiendo serville fielmente desde adelante; lo -cual, juraban y juraron sobre un crucifijo, y un misal, con pena, -que si lo quebrantasen, que ningun sacerdote ni otro cristiano los -pudiese oir de confesion, y que no les valiese la penitencia, y que -renunciaban los Sanctos Sacramentos de la Iglesia, y que al tiempo de -su muerte no les valiesen bulas ni indulgencias, y que se hiciese de -sus cuerpos como de malos y renegados cristianos, no enterrándolos en -sagrado, sino en el campo, como herejes, y renunciaron y quisieron que -el Sancto Padre no les absolviese, ni Cardenales, ni Arzobispos, ni -Obispos, ni otro sacerdote, etc.: á todas estas execrables penas los -pecadores se obligaron, si este juramento quebrantasen. El Almirante -se holgó de recebillos y perdonallos, con tal condicion, que Francisco -de Porras, su Capitan, quedase siempre en la prision, bien guardado, -como estaba, y porque en los navíos no estarian tanto á su contento, -y porque no faltarian entre los alzados y no alzados, palabras y -resabios, y afrentas, por las culpas perdonadas, y tambien porque era -difícil tanta gente junta estar bien aposentada y proveida de las -comidas necesarias, determinó el Almirante de envialles un Capitan con -rescates, para que anduviesen por la isla, y él los gobernase hasta -tanto que viniesen los navíos que cada dia esperaban, y Dios sabe en -cuánto perjuicio y escándalo de los indios andaban. - - - - -CAPÍTULO XXXVI. - - -Estando las cosas de Jamáica en este dicho estado, y en ella cumplido -un año desque allí llegaron, llegó el navío que Diego Mendez habia -fletado y proveido de lo necesario; vino tambien una carabeleta -con él. Trajo el navío un Diego de Salcedo, criado del Almirante, -que creo tenia en esta ciudad para cobrar sus rentas, con el cual -escribió al Almirante el Comendador Mayor. Quejábase mucho el -Almirante del Comendador Mayor, porque tan tarde le proveyó de navíos, -atribuyéndoselo á industria dolosa, porque allí pereciese, pues en un -año entero nunca fué proveido; y dijo que no lo proveyó hasta que por -el pueblo desta ciudad se sentia y murmuraba, y los predicadores en los -púlpitos lo tocaban y reprendian. Embarcáronse el Almirante y todos -los demas, y hiciéronse á la vela á 28 de Junio de 1504; navegaron con -mucho trabajo por ser los vientos y corrientes contínuamente contrarios -que vienen con las brisas. Llegando á la isleta que llamamos Beata, -que está junto á esta isla, 20 leguas de Yaquimo, que el Almirante -llamaba el puerto del Brasil, pasar desta isleta, para venir á este -puerto de Sancto Domingo, es muy difícil, porque allí son más recias -las corrientes, que acaecia estar un navío detenido allí, sin poder -pasalla, ocho meses. Miéntras estaba forzosamente allí el Almirante -detenido, quiso hacer saber al Comendador Mayor, como iba por deshacer -cuanto en sí era la vehemente sospecha, puesto que vana y frívola, que -dél sentia. La carta envió ó con algun marinero por tierra, que está -desta ciudad cerca de 50 leguas, ó envió delante, que, como más ligera, -pudo pasar las corrientes, la carabeleta. La carta fué del tenor -siguiente: - -«Muy noble señor: Diego de Salcedo llegó á mí con el socorro de los -navíos que vuestra merced me envió, el cual me dió la vida y á todos -los que estaban conmigo; aquí no se puede pagar á precio apreciado. Yo -estoy tan alegre, que, despues que le vide, no duermo de alegría; no -que yo tenga en tanto la muerte como tengo la victoria del Rey y de -la Reina, nuestros señores, que han rescebido. Los Porras volvieron á -Jamáica, y me enviaron á mandar que yo les enviase lo que yo tenia, -so pena de venir por ello á mi costa, y de hijo y de hermano y de los -otros que estaban conmigo, y, porque no cumplí su mando, pusieron en -obra, por su daño, de ejecutar la pena; hobo muertes y hartas feridas, -y en fin, nuestro Señor, que es enemigo de la soberbia é ingratitud, -nos los dió á todos en las manos: perdonélos y los restituí, á su -ruego, en sus honras. El Porras, Capitan, llevó á sus Altezas, porque -sepan la verdad de todo. La sospecha de mí, se ha trabajado de matar á -mala muerte, mas Diego de Salcedo todavía tiene el corazon inquieto; -lo por qué, yo se que no lo pudo ver ni sentir, porque mi intencion -es muy sana, y por esto yo me maravillo. La firma de vuestra carta -postrera folgué de ver, como si fuera de D. Diego ó de D. Fernando; por -muchas honras y bien vuestro, señor, sea, y que presto vea yo otra que -diga «el Maestre.» Su noble persona y casa, nuestro Señor guarde. De -la Beata, á donde forzosamente me detiene la brisa. Hoy sábado, á 3 de -Agosto. Fará, señor, vuestro mandado.» - -La firma que hacia era desta manera: - - S. - S. A. S. - X. M. Y. - Xp̅o̅. ferens. - -Dice que Diego de Salcedo, su criado, tenia el corazon inquieto, -porque via que no podia quitar ó matar la sospecha que del Almirante, -su señor, áun se tenia. Lo que dice, que vista la firma de aquella -postrera carta del Comendador Mayor, se habia holgado, díjolo porque -fué la primera, para él, en que habia Comendador Mayor, como ántes -Comendador de Lares firmase y fuese; parece que entónces le llegó la -nueva de como le habian hecho los Reyes Comendador Mayor. Finalmente, -llegó á este puerto y ciudad de Sancto Domingo á 13 dias de Agosto del -dicho año de 1504. Salióle á rescibir el Comendador Mayor con toda -la ciudad, haciéndole reverencia y fiesta. Dejóle su casa en que se -aponsetase, y allí le hizo servir muy complidamente. Quejóse mucho -dél el Almirante, porque con todas estas obras que mostraban amistad -y benevolencia, le hizo muchos agravios y obras que tuvo el Almirante -por afrentas; y así, creia que todos los cumplimientos que con él hacia -eran hechos fingidamente. Uno fué, que, trayendo él preso al Francisco -de Porras, Capitan de los alzados, y teniéndolo en el navío en hierros, -lo hizo sacar y quitalle las prisiones y ponello en libertad en su -presencia. Intentó eso mesmo de castigar á los que habian sido con -el Almirante, y tomado armas para su defensa, y prendido á aquel, y -á los otros herido y muerto, y de cognoscer destas causas y delitos -que en aquel viaje y armada se habian hecho, no perteneciéndole á -él, sino al Almirante, como á Capitan general della, aquel juicio. -Presentaba el Almirante sus provisiones, y no las admitia ni cumplia, -diciendo que aquellas no se entendian hablar con él; y, diz que, todo -esto hacia el Comendador Mayor con falsa disimulacion y risa. Duraron -estas vejaciones hasta tanto que se adobó aquel navío que los trujo de -Jamáica y se fletó una nao en que el Almirante y su hermano, y hijo y -criados, fuesen á Castilla; toda la otra gente se quedó en esta isla, y -desta pasaron algunos á la de Sant Juan, cuando fueron á poblalla, ó, -por mejor decir, destruilla. Hízose á la vela en 12 dias de Setiembre -del mismo año de 1504, y luégo, en saliendo deste rio, á dos leguas, -se rajó al navío el mástel, á raíz de la cubierta, por lo cual el -Almirante lo mandó volver á este puerto, y prosiguió él su viaje en la -nao; y habiéndoles hecho buen tiempo hasta cuasi el tercio del golfo, -dióles una tan terrible tormenta que se vieron en gran peligro de -perderse. Un sábado, 19 de Octubre, siendo ya la tormenta cesada, y -ellos con algun sosiego, vínoseles todo el mástel abajo, hecho cuatro -pedazos, pero el esfuerzo del Adelantado y la industria del Almirante, -aunque por la gota en la cama muy fatigado, lo remediaron, haciendo -un mastelete de la entena, engrosando y fortaleciendo la mitad della -con las latas y madera de los castillos que deshicieron. Quebróseles -despues, en otra tormenta que padecieron, la contramesana, por manera -que parecia perseguir al Almirante muy particularmente la fortuna, sin -dalle algun descanso, para que toda su vida fuese trabajos y angustias. -Navegó de aquesta manera 700 leguas, y al cabo, por la voluntad de -Dios, llegó y entró en el puerto de Sant Lúcar de Barrameda, y de allí -fué á parar y descansar por algunos dias en Sevilla. - - - - -CAPÍTULO XXXVII. - - -Llegado el Almirante á Sevilla, para que sus adversidades rescibiesen -el colmo que más le podia entristecer y amargar en la vida, supo -luégo como la reina doña Isabel, que tenia por todo su mamparo y -su esperanza, era fallecida pocos dias habia; ningun dolor, ningun -trabajo, ninguna pérdida, ni perder la misma vida, le pudo venir, -que mayor afliccion, tristeza, dolor, llanto y luto le causara, que -oir tales nuevas, porque aquella señora y felice Reina, así como fué -la que principalmente admitió su primera empresa del descubrimiento -destas Indias, como en el primer libro queda visto, así ella fué la -que lo favorecia, esforzaba, consolaba, defendia, sostenia, como -cristianísima y de tan inestimable servicio, como del Almirante -rescibió, muy agradecida. El Rey católico, no se con qué ó con cuál -espíritu, por el contrario, no sólo no le mostraba obras ni señales -de agradecimiento, pero en cuanto en sí era, lo desfavorecia en las -obras, puesto que no le faltaban cumplimientos de palabra. Creyóse, -que si él con buena consciencia y no con detrimento de su honra y -fama pudiera, que pocas ó ninguna de las cláusulas de los privilegios -que al Almirante por él y por la Reina, tan debida y justamente se -habian concedido, le guardara. No pude atinar ni sospechar cuál fuese -deste desamor y no real miramiento, para con quien tantos y tan -egrégios y nunca otros tales á algun Rey hechos, servicios le hizo, la -causa, sino fuese haber hecho mayor impresion en su ánimo los falsos -testimonios que al Almirante se levantaron, y dar más crédito á los -émulos del Almirante, que siempre tuvo cabe sí, que darles debiera, -de los cuales yo alcancé á sentir algo de personas muy privadas del -Rey, que le contradecian. Así que, habiendo reposado algunos dias en -Sevilla, de tanta frecuencia de trabajos, el Almirante partióse para -la corte por el mes de Mayo, año de 1505, la cual estaba en Segovia; -y llegando él y su hermano el Adelantado, á besar las manos al Rey, -rescibióles con algun semblante alegre, no tanto cuanto requerian sus -luengas navegaciones, sus grandes peligros, sus inmensos trabajos y -aspérrimos. Hízoles relacion el Almirante, de lo que habia navegado, -de la tierra que dejaba descubierta, de la riqueza de la provincia de -Veragua, y de su destierro y aislamiento que tuvo en Jamáica, entero -un año, de la desobediencia y levantamiento de los Porras y de los -demas, y finalmente, de todas las particularidades y acaescimientos, -peligros y trabajos del viaje. Pasados algunos dias, cuando vido que -era tiempo, suplicóle diciendo así: «Muy alto Rey, Dios, nuestro -Señor, milagrosamente me envió acá porque yo sirviese á Vuestra -Alteza; dije milagrosamente, porque fuí á aportar á Portugal, á donde -el Rey de allí entendia en el descubrir más que otro, él le atajó -la vista, oido y todos los sentidos, que en catorce años no le pude -hacer entender lo que yo dije. Tambien dije milagrosamente, porque -hobe cartas de ruego de tres Príncipes, que la Reina, que Dios haya, -vido y se las leyó el doctor de Villalon, Vuestra Alteza, despues que -hobo cognoscimiento de mi decir, me honró y fizo merced de títulos -de honra; agora mi empresa comienza á abrir la puerta y dice que es -y será lo que siempre yo dije. Vuestra Alteza es cristianísimo, yo y -todos aquellos que tienen noticia de mis fechos, en España y en todo -el mundo, creerán que Vuestra Alteza, que me honró al tiempo que no -habia visto de mí salvo palabras, que agora que ve la obra, que me -renovará las mercedes que me tiene fechas con acrescentamiento, y así -como me prometió por palabra y escripto y su firma: y si esto hace, -sea cierto que yo le serviré estos pocos de dias que Nuestro Señor -me dará de vida, y que espero en él, que segun lo que yo siento y me -parece saber con certeza, que yo haré sonar mi servicio, que está por -hacer, á la comparacion de lo hecho, ciento por uno, etc.» El Rey -le respondió, que bien via él que le habia dado las Indias, y habia -merecido las mercedes que le habia hecho, y que para que su negocio se -determinase sería bien señalar una persona; dijo el Almirante, «sea la -que Vuestra Alteza mandaré», y añidió: «¿quién lo puede mejor hacer -que el Arzobispo de Sevilla, pues habia sido causa, con el Camarero, -que Su Alteza hobiese las Indias?» Esto dijo, porque este Arzobispo de -Sevilla, que era D. Diego de Deza, fraile de Sancto Domingo, siendo -maestro del Príncipe D. Juan, insistió mucho con la Reina que aceptase -aquesta empresa, y lo mismo hizo el camarero Juan Cabrero, aragonés, -que fué muy privado del Rey, segun dijimos en el libro I. Respondió -el Rey al Almirante, que lo dijese de su parte al Arzobispo; el cual -respondió, que para lo que tocaba á la hacienda y rentas del Almirante, -que se señalasen letrados, pero no para la gobernacion; quiso decir, -segun yo entendí, porque no era menester ponello en disputa, pues era -claro que se le debia. Como en esto el Rey pusiese dilaciones, tornóle -á suplicar el Almirante, que su Alteza se acordase de sus servicios -y trabajos, y de su injusta prision, y con cuánto abatimiento de su -persona y honor del estado, en que Sus Altezas por sus servicios le -levantaron y honraron, sin culpa suya habia sido despojado. Y por -tanto mostrase, como Rey justo y agradecido, su real benignidad, en -mandalle guardar y cumplir sus privilegios, que Su Alteza y la Reina -le habian concedido, restituyéndolo en su hijo, en las mercedes y en -la posesion de sus oficios, dignidad y estado que le habian hecho; -de todo lo cual habia sido de hecho, sin ser oido, ni defendido, ni -convencido y sin sentencia, y así contra todo derecho, privado; y -mayormente se acordase de las recientes promesas que Su Alteza y la -Reina le hicieron por su Carta real, cuando se queria partir para -este postrero viaje, conviene á saber, que tuviese por cierto que -sus privilegios le serian guardados enteramente, y cumplirian las -mercedes en ellos contenidas, y se le harian otras de nuevo, porque -estaban de propósito de lo más honrar y acrecentar, como parescia por -la carta que de Valencia de la Torre, le mandaron escribir, firmada -de sus reales nombres, la cual pusimos en el cap. 4.º, á la letra, -como la tenemos en nuestro poder, autorizada. Hablando con el Rey otra -vez en Segovia, le dijo, á cierto propósito, que no queria pleito ni -pleitear, sino que Su Alteza tomase sus privilegios y escripturas, y, -de lo que por ellas le pertenecia, le diese lo que mandase, y porque -él estaba muy fatigado y se queria ir á un rincon que pudiese haber, -á descansar; el Rey, recognosciendo que él le habia dado las Indias, -le dijo que no se fuese, porque él estaba de propósito, no solamente -darle lo que por sus privilegios le pertenecia, pero que de su propria -y real hacienda, le queria hacer mercedes. Favorecíale tambien mucho -el Arzobispo de Toledo, don fray Francisco Jimenez, fraile de Sant -Francisco, y otras personas principales en la corte. Remitieron su -negocio al Consejo de los descargos de la consciencia de la Reina ya -muerta, y de la del Rey mismo; hobo dos consultas, y no salió nada; -creyó el Almirante, que por ser su negocio de tan gran importancia, -no queria el Rey determinar sin la Reina, su hija, que cada dia la -esperaban con el rey D. Felipe, y con esta creencia tuvo un poco -de esperanza, pero no cesaba de dar peticiones al Rey. Entre otras -muchas, hallo la presente, que decia desta manera. «Serenísimo y muy -alto Rey, en mi pliego se escribió lo que mis escripturas demandan, -ya lo dije, y que en las reales manos de Vuestra Alteza estaba el -quitar ó poner, y que todo seria bien hecho. La gobernacion y posesion -en que yo estaba, es el caudal de mi honra, injustamente fuí sacado -della, grande tiempo há que Dios, nuestro Señor, no mostró milagro tan -público, que el que lo hizo le puso con todos los que le fueron en -ayuda á ésto. En la más escogida nao que habia en 34, y en la mitad -dellas, é á salida del puerto, le enfundió, que ninguno de todos ellos -le vido en qué manera fué ni cómo. Muy humildemente suplico á Vuestra -Alteza que mande poner á mi hijo, en mi lugar, en la honra y posesion -de la gobernacion que yo estaba, con que toca tanto á mi honra, y en -lo otro haga Vuestra Alteza como fuere servido, que de todo rescibiré -merced; que creo que la congoja de la dilacion deste mi despacho, -sea aquello que más me tenga así tullido.» Estaba ya muy tollido en -la cama, de la gota. Lo que dice del hundimiento de la nao y de los -que allí perecieron, dícelo por el Comendador Bobadilla que le envió -preso, y por Francisco Roldan y los demas que le habian perseguido. -Dió cierto memorial, en el cual referia los daños y pérdidas de -sus rentas, y provechos que se le habian recrecido por no le haber -guardado y cumplido sus privilegios, que eran grandes intereses; y -entre muchos, dice aqueste; «que los indios desta isla Española eran -y son, dice él, la riqueza della, porque ellos son los que cavan y -labran el pan y las otras vituallas á los cristianos, y los sacan el -oro de las minas, y hacen todos los otros oficios é obras de hombres -y de bestias de acarreto. Dice que está informado, que despues que -salió desta isla, son muertos de los indios della, de siete partes -las seis; todos por mal tratamiento é inhumanidad, que se habia usado -con ellos; unos á cuchillo, otros muertos á palos y mal tratamiento, -otros de hambre y mala vida que les era dada, la mayor parte muertos -en las sierras y arroyos, á donde iban huidos por no poder sufrir los -trabajos, de la cual falta de los dichos indios, se perdia grandísima -renta; y dice más, que bien que hobiese enviado á Castilla muchos -dellos y se hobiesen vendido, pero que era con propósito, que, despues -que fuesen instruidos en nuestra sancta fe y en nuestras costumbres y -artes y oficios, los tornarian á cobrar, y los volver á su tierra para -enseñar á los otros.» Todas estas son palabras del Almirante; y donosa -ignorancia fué la suya, si ignorancia fué y no cudicia, la cual tengo -yo por cierto que le acarreó las angustias que le vinieron, y lo que -agora en sus despachos y negocios padece ó padecia. En lo demas verdad -dijo, porque así fueron muertos y menoscabados los vecinos y moradores -naturales desta isla; pero él lloraba el diezmo del oro que sacara, si -no murieran, y los otros intereses temporales que por aquella causa -perdia. Tornando al propósito, D. Diego Colon, su hijo mayor, dió al -Rey la peticion siguiente: «Muy alto y muy poderoso Príncipe Rey, -nuestro señor: D. Diego Colon, en nombre del Almirante, mi padre, -humildemente suplico á Vuestra Alteza, se quiera acordar con cuántos -trabajos de su persona y peligros de su vida, el dicho Almirante, -mi padre, ganó las mercedes que Vuestra Alteza y la Reina, nuestra -señora (que santa gloria haya), le hicieron, y en cuánto servicio y -provecho de Vuestra Alteza suceden sus servicios, y mande que las -dichas mercedes le sean guardadas, mandándole restituir en lo que le -está tomado y ocupado, sin él merecerlo, segun que Vuestra Alteza se -lo tiene dicho de palabra, y escripto por carta, segun que verá por -este capítulo que aquí va, que fué en una carta que Vuestra Alteza -le escribió, al tiempo que se partió para ir á descubrir; y en esto -Vuestra Alteza administrará justicia, y descargará la Real consciencia -de la Reina, nuestra señora y la suya, y al Almirante y á mí nos hará -señalada y gran merced. Y si de volvelle la gobernacion de las Indias -fuere servido, el dicho Almirante le suplica sea servido en que vaya -yo, con que vayan conmigo las personas que Vuestra Alteza sea servido, -cuyo consejo y parecer yo haya de tomar.» Cuanto más peticiones al -Rey daban, tanto mejor respondia dando palabras y se lo dilataban. -Entre aquestas dilaciones, quiso el Rey que le tentasen de concierto -y partidos, para que hiciese renunciacion de los privilegios que le -habian concedido, y que por Castilla le harian la recompensa, y creí -que se le comenzó á apuntar que le darian á Carrion de los Condes y -sobre ello cierto estado. Desto fué muy mal contento el Almirante, y -vido indicios de que el Rey no le habia de cumplir lo que le habia con -la Reina tantas veces, de nuevo, por cartas y por palabras, allende lo -que rezaban sus privilegios, largamente prometido, y por este concepto -que tuvo, desde la cama, donde ya estaba muy enfermo, por una carta -se quejó al Arzobispo de Sevilla, diciendo así: «Y pues se parece que -Su Alteza no há por bien de cumplir lo que ha prometido por palabra -y firma, juntamente con la Reina (que haya sancta gloria), creo que -combatir sobre el contrario, para mí que soy un arador, sea azotar el -viento, y que será bien, pues que yo he hecho lo que he podido, que -agora deje hacer á Dios, nuestro Señor, el cual he siempre hallado muy -próspero y presto á mis necesidades, etc.» Estas son sus palabras; por -manera que lo remitia, como quien ningun otro remedio creia tener, al -divino juicio, é yo bien creo, cierto, que le habrá hecho justicia. -Estando el Rey en estas largas dilaciones con el Almirante, y el -Almirante, con ellas, puesto en gran tribulacion y angustia, con gran -enfermedad de la gota, que se le aumentaba y afligia más cada dia, el -Rey, que ya habia venido á Valladolid, se partió para Laredo á esperar -al rey don Felipe, su yerno, y la reina doña Juana, nuestra señora, -su hija. Luégo, desde á pocos dias, llegaron de Flandes los dichos -Reyes, y el Almirante rescibió grande alegría, oidas las nuevas, porque -se le resucitó la esperanza de alcanzar su justicia, que del rey D. -Hernando tenia perdida; puesto que quedó con harto dolor y afliccion -de su corazon, por no poder ir, ni poder enviar á D. Diego, su hijo, -por el impedimento de la enfermedad que padecia. Envió al Adelantado, -su hermano, que besase las manos á los Reyes por él y por su hijo, y -los escusase, y escribióles con él la presente epístola: «Serenísimos -é muy altos é muy poderosos señores Príncipes, Rey y Reina, nuestros -señores: Yo creo que Vuestras Altezas creerán que en ningun tiempo tuve -tanto deseo de la salud de mi persona, como he tenido despues que supe -que Vuestras Altezas habian de pasar acá, por la mar, por venirles á -servir, y ver la experiencia del cognoscimiento que con el navegar -tengo. A Nuestro señor le ha placido así; por ende, muy humilmente -suplico á Vuestras Altezas, que me cuenten en la cuenta de su real -vasallo y servidor, y tengan por cierto, que bien que esta enfermedad -me trabaja así agora sin piedad, que yo les puedo áun servir de -servicio que no se haya visto su igual. Estos revesados tiempos é otras -angustias en que yo he sido puesto, contra tanta razon me han llegado -á gran extremo; á esta causa no he podido ir á Vuestras Altezas, ni -mi hijo. Muy humildemente les suplico que resciban la intencion y -voluntad, como de quien espera de ser vuelto en mi honra y estado, como -mis escripturas lo prometen. La Sancta Trinidad guarde y acreciente el -muy alto y Real Estado de Vuestras Altezas.» Bien creo, cierto, que si -el Almirante viviera y el rey D. Felipe no muriera, que el Almirante -alcanzara justicia y fuera en su estado restituido. - - - - -CAPÍTULO XXXVIII. - - -Despachado su hermano el Adelantado para ir á besar las manos á los -Reyes nuevos, agravóse cada hora más al Almirante su enfermedad de -la gota, por el aspereza del invierno, y más por las angustias de -verse así desconsolado, despojado, y en tanto olvido sus servicios y -peligro su justicia, no embargante que las nuevas sonaban y crecian de -las riquezas destas Indias, yendo á Castilla mucho oro desta isla, y -prometiendo muchas más de cada dia. El cual, viéndose muy debilitado, -como cristiano, cierto, que era, rescibió con mucha devocion todos -los Sanctos Sacramentos, y llegada la hora de su tránsito desta vida -para la otra, dicen que la postrera palabra que dijo: _in manus -tuas, Domine, comendo spiritum meum_. Murió en Valladolid, dia de la -Ascension, que cayó aquel año á 20 de Mayo, de 1506 años; llevaron -su cuerpo ó sus huesos á las Cuevas de Sevilla, monasterio de los -Cartujos, de allí los pasaron y trujeron á esta ciudad de Sancto -Domingo, y están en la capilla mayor de la Iglesia catedral enterrados. -Tenia hecho su testamento, en el cual instituyó por su universal -heredero á D. Diego, su hijo, y, si no tuviese hijos, á D. Hernando, -su hijo natural, y si aquel no los tuviese, á D. Bartolomé Colon, -Adelantado, su hermano, y sino tuviese su hermano hijos, á otro su -hermano; y en defecto de aquél, al pariente más cercano y más llegado -á su línea, y así, para siempre, mandó que habiendo varon, nunca -le heredase mujer, pero no lo habiendo, instituyó que heredase su -estado mujer, siempre la más cercana á su línea. Mandó, á cualquiera -que heredase su estado, que no pensase ni presumiese de menguar el -mayorazgo, sino que ántes trabajase de lo acrecentar, mandando á sus -herederos, que con sus personas y estado y rentas dél sirviesen al -Rey y á la Reina, y al acrecentamiento de la religion cristiana. -Dejóles tambien obligacion de que todas las rentas que de su mayorazgo -procedieren, den y repartan la décima parte á los pobres en limosna. -Entre otras cláusulas de su testamento, se contiene esta: «Al Rey y á -la Reina, nuestros señores, cuando yo les serví con las Indias, digo -serví, que parece que yo por la voluntad de Dios, nuestro Señor, se -las dí como cosa que era mia, puédolo decir, porque importuné á Sus -Altezas por ellas, las cuales eran ignotas y escondido el camino, é -cuanto se falló dellas; é para las ir á descubrir, allende de poner el -aviso y mi persona, Sus Altezas no gastaron ni quisieron gastar para -ello, salvo un cuento de maravedís, é á mí fué necesario de gastar -el resto. Despues plugo á Sus Altezas, que yo hobiese en mi parte de -las dichas Indias, islas y tierra firme, que son al Poniente de una -raya que mandaron marcar sobre las islas de los Azores, y aquellas -del Cabo Verde, 100 leguas, la cual pasa de Polo á Polo, que yo -hobiese en mi parte, tercio y el ochavo de todo, y más el diezmo de -lo que resta en ellos, como más largo se amuestra por los dichos mis -privilegios é Cartas de merced, etc.» Estas son sus palabras, en el -dicho su testamento. Y así pasó desta vida, en estado de harta angustia -y amargura y pobreza, é sin tener, como él dijo, una teja debajo de -qué se metiese para no se mojar ó reposar en el mundo, el que habia -descubierto por su industria otro nuevo y mayor que el que de ántes -sabíamos felicísimo mundo. Murió desposeido y despojado del estado y -honra que con tan inmensos é increibles peligros, sudores y trabajos -habia ganado, desposeido ignominiosamente, sin órden de justicia, -echado en grillos, encarcelado, sin oirlo ni convencerlo, ni hacerle -cargos ni recibir sus descargos, sino como si los que lo juzgaban -fuera gente sin razon, desordenada, estulta, estólida y absurda, y más -que bestiales bárbaros. Esto no fué sin juicio y beneplácito divino, -el cual juzga y pondera las obras y fines de los hombres, y así los -méritos y deméritos de cada uno, por reglas muy delgadas, de donde -nace que lo que nosotros loamos él desloa, y lo que vituperamos alaba; -quien bien quisiere advertir é considerar lo que la historia, con -verdad, hasta aquí ha contado de los agravios, guerras é injusticias, -captiverios y opresiones, despojos de señoríos y estados y tierras, -y privacion de propia y natural libertad, y de infinitas vidas que á -Reyes y á señores naturales, y á chicos y á grandes, en esta isla, y -tambien en Veragua, hizo y consintió hacer absurda y desordenadamente -el Almirante, no teniendo jurisdiccion alguna sobre ellos, ni alguna -justa causa, ántes siendo él súbdito dellos por estar en sus tierras, -reinos y señoríos, donde tenian jurisdiccion natural, y la usaban y -administraban, no con mucha dificultad, ni áun con demasiada temeridad, -podrá sentir que todos estos infortunios y adversidades, angustias y -penalidades fueron, de aquellas culpas, el pago y castigo. Porque, -¿quién puede pensar que cayese tan gran señal, y obra de ingratitud -en tan reales y cristianísimos ánimos como eran los de los Reyes -católicos, que á un tan nuevo y tan señalado, y singular y único -servicio, no tal otro hecho á Rey alguno en el mundo, fuesen ingratos, -y de las palabras y promesas reales, hechas y afirmadas muchas veces -por dicho y por escripto, faltos? No es, cierto, creible, que no -cumplirle sus privilegios y mercedes por ellos debidamente prometidas -y concedidas por sus tan señalados servicios, por falta de los Reyes -quedase, sino solamente por la divina voluntad, que determinó, que de -cosa dello en esta vida no gozase, y así, no movia á los Reyes que lo -galardonasen, ántes los impidió, sin los Reyes incurrir en mácula de -ingratitud, y sin otro defecto que fuese pecado; de la manera que, sin -culpa de los mismos Reyes, y sin su voluntad y mandado, el comendador -Bobadilla, ó por ignorancia ó por malicia, violando la órden del -derecho y justicia, permitió que lo prendiese, aprisionase, despojase -de la dignidad y estado, y hacienda que poseia y al cabo desterrase -á él y á sus hermanos. Y lo que más se debe notar es, que no paró en -él ni en ellos la penalidad, sino que ha comprendido hasta la tercera -generacion en sus sucesores, en que está hoy, como, si place á Dios, -por la historia será declarado. Estos son los juicios altísimos y -secretísimos de Dios, de los nuestros muy distantes; y por esto será -cordura, para el dia postrimero, donde todo en breve se discutirá y -será claro á todo el orbe, reservallo. A la bondad y misericordia -de Dios plega de contentarse, rescibiendo por satisfaccion de las -culpas que en estas tierras que descubrió contrajo, las tribulaciones, -angustias y amarguras, con los peligros, trabajos y sudores, que toda -su vida padeció, porque en la otra vida le haya concedido perpétuo -descanso. Ninguno, cierto, de los que sus cosas supimos y supieron, -pudo negar que no tuviese buena y simple intencion, y á los Reyes -fidelidad, y esta fué tan demasiada, que, por servirlos, él mismo -confesó con juramento en una carta que les escribió de Cáliz, cuando -estaba para se partir para el postrer viaje, que habia puesto más -diligencia para los servir, que para ganar el Paraíso, y así parece -que, por permision de Dios, que le dieron el pago; y tengo yo por -cierto, que aqueste demasiado cuidado de querer servir los Reyes, y -con oro y riquezas querer agradallos, y tambien la mucha ignorancia -que tuvo, fué la potísima causa de haber en todo lo que hizo contra -estas gentes errado; aunque en los que aconsejaron por aquellos tiempos -á los Reyes, como ya queda dicho, fué mucho más culpable. Es aquí de -saber, que el Almirante murió tambien con otra ignorancia, y esta fué, -que tuvo por cierto que esta isla Española era la tierra de donde á -Salomon se traia el oro para el templo que la Sagrada Escriptura llama -Ofir ó Társis; pero en esto es manifiesto haberse engañado, porque en -esta isla nunca hobo tan gran copia de oro como de allí se llevaba, y -tambien, porque con el oro llevaban pavones y marfil, que son dientes -de elefantes, lo que nunca por este orbe indiano nuestro se vido ni -halló, mas se cree haber sido la gran isla Taprobana, de donde aquellas -cosas preciosas se llevaron á Jerusalen. Tambien dijo, que estas islas -y tierra firme estaban al fin de Oriente y comienzo de Asia; bien creo -yo que, sino hallara atravesada esta nuestra tierra firme, que llegara -ó pretendiera navegar y llegar al fin de Oriente, y principio de Asia, -que es la China, ó Malucos ó otras tierras por allí, á donde agora -navegan los portugueses, y para esto, bien le quedaban por navegar -más de otras 2.000 leguas para llegar á donde es el fin de Oriente y -principio de Asia, como él decia ser estas islas y tierra firme. Murió -tambien ántes que supiese que la isla de Cuba fuese isla, porque como -anduvo mucho por ella, y áun no llegó á pasar de la mitad, por las -grandes tormentas que padesció por la costa della, y de allí se tornó -á esta isla, y de camino descubrió á la de Jamáica, como en el libro -primero dijimos, siempre creyó que Cuba era punta ó cabo de tierra -firme; y para en aquellos tiempos, que parecia que de la obscuridad del -Océano pasada el mundo se abria, no fué maravilla. - - - - -CAPÍTULO XXXIX. - - -Concluida la historia del primer Almirante, que aquestas Indias mostró -primero que otro al mundo, conviene tornar al camino que la historia -llevaba, y despues á proseguir la gobernacion del Comendador Mayor en -esta isla Española, de donde la dejamos, y contar lo que en ella por -estos tiempos sucedió, y ver de allí adelante lo que por estas partes, -dentro de los diez años, fuere de memoria digno; y aunque sea tornar -un poco atras, pues perdió su lugar con la frecuencia de las cosas -referidas, todavía no perderá sazon aquí decillo. Esto es, que en el -año de 1501, los Reyes católicos suplicaron al Papa Alejandro VI, que -les habia concedido estas Indias, que les concediese los diezmos de -las islas de las Indias, no señalando cuáles, puesto que la intencion -de los Reyes fué pedir los desta isla Española, donde habia entónces -españoles, y de las otras partes donde creian que habian españoles de -poblar. Finalmente, les hizo gracia y donacion de los diezmos con tal -carga y condicion, que primero asignasen dote suficiente realmente, -y con efecto, segun la ordenacion de los diocesanos (sobre lo cual -encargó la consciencia á los diocesanos mismos), de los bienes de los -Reyes á todas las iglesias que se erigesen en las dichas islas, con -que se pudiesen mantener los Presidentes y Rectores dellas, y llevar -la carga que en ellas y para ejercer el culto divino, fuese necesario, -etc., donde dice así: _Hujusmodi supplicationibus inclinati, vobis et -successoribus vestris pro tempore existentibus ut insulis prædictis -ab illarum incolis et habitatoribus, etiam pro tempore existentibus, -postquam ille acquisitæ et recuperatæ fuerint ut præfertur, assignata -prius realiter et cum effectu juxta ordinationem tunc diocesanorum -locorum (quorum conscientias super hoc oneramus), ecclesiis in -dictis insulis erigendis, per vos et successores vestros præfatos, -de vestris et eorum bonis dote sufficienti, ex qua illis Presidentes -earumque Rectores se commode sustentare, et onera dictis ecclesiis pro -tempore incumbentia perferre ac cultum divinum ad laudem omnipotentis -Dei debite exercere, juraque episcopalia persolvere possint, decima -hujusmodi percipere et levare libere ac licite valeatis, auctoritate -apostolica tenore presentium de specialis dono gratiæ indulgemus_, -etc. Por esta gracia del Papa y auctoridad, llevaron los Reyes los -diezmos de esta isla por algunos años, sin que hobiese Obispos ni -erigidas iglesias catedrales; y proveian las iglesias, que era una -choza de paja, de ornamentos y de lo necesario, de su real hacienda, -y, en cada pueblo ó villa de españoles, ponian un clérigo por cura, -al cual mandaban dar de su hacienda 100 pesos de oro cada año, de á -450 maravedís cada peso, de valor. Hasta agora no he podido saber qué -auctoridad y jurisdiccion hobiesen tenido aquellos clérigos para ser -curas, y absolver de los pecados y administrar los Sacramentos á los -españoles, como fuesen puestos por el Rey, ó por su mando, siendo -persona seglar. Valieron los diezmos, cuando más valieron en esta isla, -por aquellos tiempos, hasta 20.000 castellanos, ó pesos de oro que -era lo mismo. Despues, muerta la reina doña Isabel (que haya gloria), -hízosele al Rey pesada y costosa carga proveer las iglesias y clérigos -de la manera dicha; y, por otras causas que le debieron de mover, abrió -mano de los diezmos y de la dicha obligacion, y suplicó al Papa que -criase Obispos, y así los crió, como en el principio del libro III, si -pluguiere á Dios, se dirá, porque aquel es su lugar. Tornando, pues, á -lo demas, despues que el Almirante salió del aislamiento y trabajos que -padeció en Jamáica, y fué á Castilla, sabido lo que habia descubierto, -acordaron luégo, un Juan Diaz de Solís y Vicente Yañez Pinzon, el -hermano de Martin Alonso Pinzon, de quien dijimos que ayudó al despacho -del Almirante en la villa de Palos, y fué con él y llevó consigo -al Vicente Yañez y á otro hermano, cuando vino el primer viaje á -descubrir estas Indias, segun que en el primer libro queda explicado, -de ir á descubrir é proseguir el camino que en el cuarto viaje, y -descubrimiento postrero, dejaba hecho el Almirante, los cuales fueron -á tomar el hilo desde la isla ó islas de los Guanajes, que dijimos -haber descubierto el Almirante en su postrer viaje, y dellas tornarse -hácia el Oriente. Estos dos descubridores navegaron, segun se puede -colegir de los dichos de los testigos, que el Fiscal presentó en el -pleito que trató con el Almirante segundo, de que habemos muchas veces -hecho mencion, hácia el Poniente, desde los Guanajes, y debieron llegar -en paraje del golfo Dulce, aunque no lo vieron porque está escondido, -sino que vieron la entrada que hace la mar entre la tierra que contiene -el golfo Dulce y la de Yucatán, que es como una gran ensenada ó bahía -grande. Llaman bahía los marineros, á la mar que está entre dos tierras -á manera de puerto, no muy guardado, la cual seria puerto, si no fuese -muy grande, y por ser muy capaz y no cerrado, llaman bahía, las letras -_i_ é _a_ postrera leidas, divisas. Así que, como vieron aquel rincon -grande que hace la mar entre las dos tierras, la una que está á la -mano izquierda, teniendo las espaldas al Oriente, y esta es la costa -que contiene el puerto de Caballos, y adelante dél el golfo Dulce, -y la otra de la mano derecha que es la costa del reino de Yucatán, -parecióles grande bahía, y por eso el Vicente Yañez en la deposicion -que con juramento hizo en el dicho proceso, presentado por testigo por -el Fiscal, dijo: que navegando desde la isla de los Guanajes, yendo la -costa de luengo, descubrieron una gran bahía, á la cual pusieron nombre -la gran bahía de la Navidad, y que de allí descubrieron las sierras de -Caria, y otras tierras mas adelante, y segun los otros testigos dicen, -volvieron al Norte. Y por todo esto parece que sin duda descubrieron -entónces mucha parte del reino de Yucatán, sino que como despues no -hobo alguno que prosiguiese aquel descubrimiento, no se supo más de -los edificios de aquel reino, de donde fácilmente fuera descubierta la -tierra y grandezas de los reinos de la Nueva España, hasta que, acaso, -se descubrió desde la isla de Cuba, como parecerá, si pluguiere á -Dios, en el libro III desta historia. Y es aquí de notar, que estos -descubridores principalmente pretendian descubrir tierra, por emulacion -del Almirante, y pasar de lo que él habia descubierto adelante, para -echar cargo á los Reyes, como si no hobiera sido el Almirante el -primero que abrió las puertas del Océano, de tantos millares de siglos -atras cerradas, y el que para descubrir dió á todos lumbre; y el Fiscal -del Rey todo su estudio ponia en probar que las partes de tierra firme, -que los otros descubridores descubrian, eran distintas tierras de las -que el Almirante habia descubierto, y diera mucho porque no fuera -tan luenga la tierra firme, á fin de disminuille sus privilegios, -para hacer á los Reyes ménos obligados á le agradecer los servicios -inestimables que les habia hecho, y á cumplir las mercedes que le -habian prometido, á él tan justamente y con tanta razon debidas; y esto -era grande injusticia. Á aquel propósito puso una pregunta, ¿si sabian -que lo que aquellos descubridores habian descubierto, era apartado -de lo que el Almirante descubriera? y allí tiraban los dichos de los -marineros, por la mayor parte, diciendo que era otra tierra; pero no -les preguntaban si era toda una tierra firme, ni ellos lo decian. Pero -otros, en especial dos honrados hombres que yo bien cognoscí, el uno -Rodrigo de Bastidas, de quien ya arriba hemos tratado, y un piloto, -Andrés de Morales, entendiendo el agravio que hacer al Almirante el -Fiscal pretendia, depusieron muchas veces, en diversos artículos del -dicho proceso, que la tierra que aquellos habian descubierto estaba -más al Occidente de lo que el Almirante habia descubierto, pero que -toda era una tierra. Item, que Vicente Yañez y Juan de Solís fueron á -descubrir abajo de Veragua, por aquella costa, pero que todo lo que -los unos y los otros, y todos cuantos habian descubierto de la tierra -que dicen firme, era todo una costa con lo que el dicho Almirante -primero descubrió. Otro, sin los dos, dice que era toda una costa desde -Paria, sino que son diversos nombres de las provincias, así como son -diversas lenguas. Esto declaraban los testigos entónces, porque lo -vian y sabian muy claro por sus mismos ojos, y agora no será menester -buscar testigos, sino á los especieros de Sevilla. Por manera, que no -se le puede negar al Almirante, si no es con gran injusticia, que así -como fué el primero descubridor destas Indias, lo fué de toda esta -nuestra tierra firme, y á él se le deben las gracias, descubriendo la -provincia de Paria, que es una parte de toda ella, porque él puso en -las manos á todos los demas el hilo, por el cual, puesto que durara -mucho más y estuviera en muy mayor distancia, hallaran el ovillo; y -así, justísimamente se le debian de cumplir las mercedes y guardar sus -privilegios en toda la tierra firme, aunque fuera mayor, como en esta -Española y en las otras islas, porque no era obligado á pasealla toda, -como ni el que toma posesion de una heredad, segun tratan los juristas. - - - - -CAPÍTULO XL. - - -Gobernaba el Comendador Mayor en esta isla los españoles con mucha -prudencia; era tenido y amado, y reverenciado dellos en gran manera -en estos dias. Tuvo una industria muy buena para tenellos á todos -muy subjectos, entre los cuales habia muchas personas principales y -caballeros, y fué esta: tenia mucho cuidado de saber cómo cada uno, -en el pueblo que era vecino, vivia, preguntando muy particularmente -á los que, de los pueblos á negociar con él, ó á esta ciudad, donde -él por la mayor parte del año residia, por sus negocios venian; si -sabia que alguno era inquieto ó de mal ejemplo, y mayormente si era -informado que ponia los ojos en alguna mujer casada, aunque no supiese -más dél de que pasaba por su calle algunas veces, y dello se concebia -en el pueblo alguna sospecha, ó que tuviese otro defecto que fuese -nocivo, y aunque no fuese mucho escandaloso al pueblo, enviábale muy -disimuladamente á llamar, y, venido, recibíalo con rostro alegre, y -mandábale que viniese á comer con él, como si le hobiera de hacer -nuevas mercedes. Preguntábale de los otros vecinos, de las haciendas -de cada uno, cómo se habian unos con otros, y de otras cosas que -él fingia querer saber; el que era venido estimaba de sí, que, por -tenelle por más virtuoso y mostralle más amor, y querelle tener por -privado y dalle más indios, el Comendador Mayor se informaba dél y en -aquello le favorescia. Y porque siempre llamaba los tales en tiempo -que habia navíos en el puerto, cuando ya estaban para se partir, -decíale: «fulano, mirad en qué navío destos quereis ir á Castilla;» y -el otro íbasele una color y veníale otra, y decía, «¿señor, por qué?» -Respondia, «no cureis de hacer otra cosa.» Replicaba, «señor, no tengo -con qué, ni áun para el matalotaje.» Decia el Comendador Mayor, «por -eso no quedará, porque yo os lo daré,» y hacíalo así. Desta manera, con -pocos que envió, tenia toda la isla tan sosegada, donde hobo, segun -oí, 10 ó 12,000 españoles, y muchos de ellos, como dije, hijodalgos y -caballeros, que por no enojallo no osaban menearse; yo cognoscí dos -caballeros, harto personas señaladas, y del Comendador mucho estimadas, -que, habiéndose topado en cierta parte de noche, y descalabrádose, no -fué menester que alguno los concertase, porque ellos se perdonaron, -abrazaron y concertaron, sólo porque el Gobernador no lo alcanzase á -saber ni lo sospechase. Y esto todo lo hacian y sufrian, solamente -porque á los que habia dado indios no se los quitase, desterrándolos á -Castilla, y á los que no los habia dado, porque se los diese; y ansí el -oro que venian á buscar, y consistia en que les diesen indios, no se -estorbase. Por manera, que toda la paz y concierto y obediencia que los -españoles acá al Gobernador tenian, y no osar cometer cosa que fuese -por el foro exterior castigable, sólo se fundaba en el interés y temor -de no perder los bienes temporales que esperaban, y todo esto sobre -los desventurados indios cargaba. Y es aquí de saber, que desterrar -de la manera dicha en aquellos tiempos alguno á Castilla, ninguna -muerte ni daño se le igualaba, y, á lo que por entónces estimábamos, -algunos escogieran ser ántes muertos, que, por aquella manera, desta -isla echados; la razon era, por no ir á sus tierras pobres, perdida la -esperanza de alcanzar acá lo que deseaban; y así el estado desta isla, -en aqueste tiempo, fué muy al revés del que tuvo los tiempos pasados, -porque la mayor pena que daban á los malhechores de Castilla, sacada -la muerte, era desterrados de allá para acá, como en el libro primero -mostramos, pero por el contrario, la más grave que agora se temia y -podia dar, fué desterrar los hombres de acá para allá. En este comedio -andaba la priesa muy encendida, en sacar el oro de las minas, y los -otros trabajos que para lo sacar se ordenaban (porque aquel era el -fin de los españoles y de todos sus cuidados), y por consiguiente, la -diminucion y muerte de los indios era necesaria, porque como ellos -eran acostumbrados á poco trabajo, por la fertilidad de la tierra, -que con casi ninguno la cultivaban y de sus fructos tenian abundancia -para sustentarse, y tambien por contentarse con solamente lo á la vida -necesario, allende ser de su naturaleza gente delicada, metidos en tan -duros y acerbos trabajos, de un extremo á otro, no poco á poco sino de -súbito, acelerados, forzado era que no podian con la vida, en ellos, -mucho tiempo durar; y bien pareció, pues cada demora, que eran los -seis ó ocho meses que tenian las cuadrillas de indios en las minas, -sacando oro, hasta que se traia todo á fundir, se morian la cuarta y -áun la tercia parte. ¿Quién podrá contar las hambres y aflicciones, -malos y crueles tratamientos, que, no sólo en las minas, pero en las -estancias y donde quiera que trabajaban, padecian los desventurados? -Los que enfermaban, ya queda dicho que no eran creidos, diciendo que lo -hacian de haraganes y bellacos por no trabajar; y cuando la calentura -y la enfermedad hablaba por ellos, clamando estar enfermos de verdad, -dábanles un poco de pan caçabí, é unas pocas de ajes, raíces como -turmas de tierra, y enviábanlos á su tierra que estaba 10, y 15, y 20, -y 50 leguas, que se curasen, y áun no con pensamiento que se curasen, -sino que se fuesen donde quisiesen por no curallos; lo que, cierto, -no hacian, cuando alguna yegua de las suyas, porque entónces no habia -caballos, enfermaba. Viéndose así aquestas gentes, en tan infelice y -abatido y mortífero estado, por salir presto dél, muchos se mataban, -bebiendo de aquel agua ó zumo, que arriba dijimos salir de las raíces -de que hacen el pan caçabí, que tiene virtud de matar bebiéndola sin -dalle un hervor al fuego, y si se lo dan queda como vinagre muy bueno, -y llámanlo bien; las mujeres, si se empreñaban, tomaban hierbas para -echar las criaturas muertas, y desta manera, perecieron en esta isla -muchas gentes. Hombre hobo casado, que tomaba una vara ó vardasca, y -se iba á donde los indios cavando trabajaban, y á los que no hallaba -sudando, dábales de varazos diciendo; «¿no sudais, perros? ¿no sudais?» -La mujer se iba por su parte con su vara en la mano á donde las -mujeres indias trabajaban en hacer pan, mayormente cuando las raíces -rallaban, y á las que no hallaban sudando, daban de varazos, diciendo -las mismas palabras: «¿no sudais, perras? ¿no sudais?» Y, por justo -juicio de Dios, ellos despues más dolorosamente sudaron, porque -ambos á dos, con hijos é hijas, niños que parecian unos ángeles, y -con otras personas hermanas y cuñadas, y con el oro que con aquellas -obras buenas y justicia habian ganado, que era no poca cantidad, los -vide por mis ojos en el Puerto de Plata, desta isla, embarcar para -se ir á Castilla, creyendo ir á gozar dello y descansar, y nunca más -parecieron, habiéndose hundido con todo ello en la mar; destos castigos -que Dios ha hecho en reprobacion y venganza destas crueldades, que con -estas gentes se han obrado, habemos visto hartos, y, si place á Dios, -algunos dellos, notables, abajo se referirán. Y, porque el licenciado -Alonso Maldonado tenia gran trabajo en el ejercicio de la justicia de -toda esta isla, envió el Comendador Mayor á Castilla que le enviasen -un letrado para que llevase parte de sus trabajos, y así vino en este -tiempo un bachiller, llamado Lúcas Vazquez de Ayllon, natural de -Toledo, hombre muy entendido y muy grave, al cual hizo el Comendador -Mayor, Alcalde mayor de la ciudad de la Concepcion, con todas las otras -villas que están por aquella parte desta isla, como fueron, la villa -de Santiago, Puerto de Plata, Puerto Real, y Lares de Guahába. Este -bachiller Ayllon despues fué á Castilla, y tornó licenciado y por Oidor -de la Audiencia que aquí está. Dióle, luégo que vino, el Comendador, -400 ó 500 indios, porque éste era el principal salario con que pagaban -todos los servicios, los cuales al cabo mató, ó la gran parte dellos, -en sus minas y granjerías. - - - - -CAPÍTULO XLI. - - -En todo este tiempo faltó Rey en Castilla, desde el año de 504 hasta el -de 507, porque como en el de cuatro murió la reina doña Isabel, y el -de cinco vinieron á reinar el rey D. Felipe y la reina doña Juana, y -el rey D. Felipe murió luégo en aquel año, y la Reina, por su perpétua -enfermedad, no estuvo para gobernar, siguióse de aquí estar los reinos -de Castilla sin Rey y sin dueño, presente al ménos, desde el año de -cuatro, al fin dél, hasta el de siete, que vino el rey D. Hernando, -de Nápoles; porque aunque desque murió la reina doña Isabel estuvo -presente aquel año el rey D. Hernando, y lo gobernaba, pero cada dia -esperaba la reina doña Juana al rey D. Felipe, y no faltaron embarazos -y ocupaciones al Rey, y no tuvo noticia entera de la perniciosa -desórden que el Comendador Mayor habia puesto en esta isla, repartiendo -los indios de la manera dicha, y como por ella perecian todos: y si la -tuvo, porque, en la verdad, el Almirante le avisó dello, como arriba ya -dejamos dicho, ó no la creyó, ó con otros más vehementes pensamientos, -que entónces le ocupaban la intencion ó atencion, no la entendió, ó -della no curó. Venido el rey D. Felipe, fuése el rey D. Fernando á -Nápoles; murió luégo el rey D. Felipe, vacó la gobernacion, hasta -que el año de siete tornó de Nápoles el rey D. Hernando. Y así, con -estos embarazos y mudanzas, tuvo lugar de se entablar y asentar esta -pestilencia del repartimiento, sin que se sintiese ni hobiese persona -que en ella mirase, pereciendo cada dia, como es dicho, tantos, porque -no habia otro fin á que la intencion y cuidados se enderezasen, sino -á sacar oro; de la perdicion, y como se consumian los indios, ninguna -cosa curando, y el que debia más que los otros mirar en ello, que era -el Comendador Mayor, que lo habia ciegamente ordenado, y le incumbia -remediallo, aunque via cada hora morir estas gentes y despoblarse esta -isla, como ligado de su insensibilidad, ó no advertia ó no se le daba -nada. Venido el Rey el año de siete de Nápoles, no siendo informado -del estrago que acá destas gentes míseras pasaba, no se tractaba sino -del oro que se sacaba, que por entónces era mucho, pero de los tristes -que por sacallo morian, y de la sangre humana que costaba, y, lo que -más doloroso es, de las ánimas, que, sin fe y sin Sacramentos, salian -desta vida, ni se decia ni se preguntaba. Solamente sonó en los oidos -de muchas gentes, que tras el Rey vinieron de Nápoles, que allá le -habian servido y no pagado, y con importunidades le pedian la paga, -que en las Indias se sacaba mucho oro, y que quien alcanzase á tener -un repartimiento de indios ternia oro, y sería bienaventurado. Cayeron -algunos y quizá muchos, viendo que el Rey no los hacia mercedes, en -suplicarle que les hiciese merced de dalles indios en esta isla, -porque se querian venir á vivir acá. El Rey, por cumplir con ellos -y echallos de sí, no sabiendo lo que daba, ni, dando los indios, en -qué paraban, dió á algunos Cédulas para el Gobernador, mandando que -les diese 200 indios, como á los otros vecinos desta isla los daba, -muchas de las cuales el Comendador Mayor no cumplia, puesto que las -obedeciese, mayormente si aquellos eran personas principales, que -enviaban las Cédulas, y en Castilla se quedaban, diciendo que aquellos -no servian, quedando allá, en nada, y otras razones que le movian para -no aceptallas; pero que diese indios á éstos de nuevo venidos, ó no -los diese, ninguno los rescibia que no los mataba. En estos dias el -Comendador Mayor mandó á un piloto llamado Andrés de Morales, de que -arriba hemos hecho alguna mencion, que anduviese todos los rincones -desta isla y pusiese por escripto cuántos rios, y cuántas sierras, y -cuántos montes, y cuántos valles, con la dispusicion de cada uno, que -en ellos hallase. No pude ver yo esta descripcion despues que caí en -buscarla, puesto que muchos años ántes, si cayera en ello, me la diera -el mismo Andrés de Morales. Pienso que la terná Alonso de Sancta -Cruz, cosmógrafo, vecino de Sevilla, porque destas cosas tiene en su -poder hartas. Acordó tambien por este tiempo, que era el año de 508, -el Comendador Mayor, enviar á descubrir del todo á la isla de Cuba, -porque hasta entónces no se sabia si era isla ó tierra firme, ni hasta -dónde su longura llegaba, y tambien á ver si era tierra enjuta, porque -se decia que lo más era lleno de anegadizos, ignorando lo que el -Almirante, cuando la descubrió el año de 94, habia visto en ella, como -se dijo en el libro I. Para este descubrimiento, envió por Capitan á un -hidalgo gallego, llamado Sebastian de Campo, criado de la reina doña -Isabel, de los que habian venido con el primer Almirante, cuando vino á -poblar esta isla el segundo viaje. Partió este Sebastian de Campo con -dos navíos, y en cada uno sólos marineros, porque no iba sino á saber -si aquella tierra era isla ó cabo de tierra firme, como es dicho; el -cual, segun creo, fué por la parte del Norte, y la rodeó toda y entró -en algunos puertos, y creo que porque uno de los navíos, ó ambos, -tuvieron necesidad de darse carena, que es renovalles ó remendalles las -partes que andan debajo del agua, y ponelles pez y sebo, entraron en -el puerto que agora decimos de la Habana, y allí se la dieron, por lo -cual se llamó aquel puerto, el Puerto de Carenas. Este puerto es muy -bueno y donde pueden caber muchas naos, en el cual yo estuve de los -primeros, despues deste descubrimiento. De allí prosiguió adelante, al -Poniente, y halló el cabo de la isla, que hoy se llama el Cambo ó punta -de Sant Anton (no sé quién se lo puso, ni por qué ocasion), y está de -aquel puerto 50 leguas, pocas más ó ménos; tornó hácia el Oriente por -la costa del Sur, doblando el dicho cabo, y entró en el puerto que -llamamos de Xagua, porque así llamaban los indios aquella provincia; -este puerto es de los mejores y más seguros para mil naos, que pueden -hallar en el mundo. Aquí estuvo Sebastian de Campo con sus dos navíos, -muy á su placer, bien servido de los indios, de infinitas perdices como -las de Castilla, salvo que son algo menores; tuvo tambien abundancia -de lizas, porque no podia encarecerse la multitud que dellas hay en -este puerto. Tenian los indios corrales dellas, como el puerto es tan -quieto, donde contenian millones dellas, no ménos ciertas que si las -tuvieran dentro en sus casas, en un estanque ó alberca; en su mano era -sacar muchas ó pocas, segun querian. Los corrales eran de cañas juntas -unas con otras, hincadas en el cieno que tiene allí la mar, como sea, -segun dije, tan quieta, que no puede salir una ni ninguna dellos, y -son tan grandes cuanto quieren hacerlos, aunque lleguen á un tiro de -piedra. De allí se vino costeando la isla, y trujo al Comendador las -nuevas de ser isla; en lo cual gastó, sino me he olvidado, ocho meses. -Bien creo, que si más el oficio el Comendador Mayor tuviera, que la -enviara á poblar de españoles muy presto, sabido que era tierra enjuta -y buena. Por este tiempo se descubrió junto á la villa de Puerto Real, -en cierta sierra, cobre muy rico, porque tenia una buena parte de oro -á vueltas, y parecíasele en la tez ó superficie por de fuera; envió el -Comendador Mayor á cierto oficial que dello se le entendia para que -lo viese, y éste se lo encareció tanto y afirmó con tanta eficacia su -riqueza, que, dándole crédito el Comendador Mayor, lo escribió al Rey -con el mismo encarecimiento, afirmando que se habia descubierto cierta -sierra de cobre, del cual se sacaria más provecho y riquezas que de -todas las minas de oro, y no era entónces lo que se sacaba dellas poco. -El Rey, por ventura, concibió destas nuevas grande esperanza, de que -á España vernian grandes tesoros; y, si no me he olvidado, escribió -tambien al Rey, que mandase proveer de muchos oficiales de aquello, -y de herramientas y diversos instrumentos otros, en lo cual se gastó -mucho, y él acá puso diligencia é hizo muchos gastos, comenzando á -derrocar sierras y trastornar montes, segun que pedia y ordenaba aquel -susodicho hombre. Pero con todos los gastos, y trabajos y angustias -que padecieron los indios, al cabo hallóse tan poco del cobre, que, -con mucha cuantidad, el fructo que de allí sacaron no llegó al costo; -y venidos los instrumentos que el Rey envió, fué harta la pena que -rescibió el Comendador Mayor, porque hobo de escrebir al Rey el -contrario de lo que habia certificado, de que no quedó poco corrido, -segun su mucha prudencia y autoridad, y el Rey, quizá, no sin alguna -displicencia dél. Ya dijimos en el primer libro, cerca del fin, como -los 300 españoles, que cuando el Comendador vino acá estaban, vivian -vida muy á la larga, y entre otras licencias que para ella escogieron -y se tomaron, fué, por grado ó por fuerza, tomar las señoras de los -pueblos ó sus hijas por amigas, que llamaban criadas, con las cuales -estaban en pecado; los padres ó madres dellas y sus vasallos creian -que las tenian por sus legítimas mujeres, y con esta opinion se las -daban, y así pasaban, y eran de todos adorados. En estos dias estaban -buenos religiosos de Sant Francisco, en especial uno llamado fray -Antonio, creo, de los Mártires, que reprendia mucho aquel pecado -de tener aquellos aquellas señoras por mancebas, é insistia con el -Comendador Mayor que se las quitase, ó que les mandase que con ellas -se casasen; y así lo mandó que lo hiciesen dentro de cierto tiempo, -donde no, que las dejasen. Esta fué una de las grandes tribulaciones -que poderles venir estimaron, porque habia ya muchos dellos que estaban -en figura de muy honrados, aunque no de demasiada generosidad y casta, -y otros, que, aunque hijodalgos eran, y pudieran muy á honra suya -vivir con los padres de aquellas señoras y con ellas, como fuesen -Reyes y Reinas y de noble sangre cuanto á lo natural, pero era tanta -su amencia presuntuosa, y soberbia destestable, y menosprecio que -tenian destas gentes, viniendo á sus tierras andrajosos y á matar la -hambre, que en Castilla no se hartaban de pan, que no les pudo venir -mayor tormento, despues de la muerte, que mandallos con ellas casar, -teniéndolo por grandísimo deshonor y afrenta. Pero por no perder el -servicio y abundancia y señorío que con ellas poseian, hobieron de -pasar carrera; que no les fué menos áspera que si la pasaran, como -suele decir el refran. Ellos casados, y que en la verdad sucedian en -el estado y señorío de sus mujeres (y ningun derecho hobo en esta isla -para rescibir justamente servicio y provecho de los indios, si este -no), el Comendador Mayor debiera por ello de favorecerlos, pero hizo -una grande injusticia y disparate con cuanta prudencia tenia; esta -fué, que así como se casaron, los quitó los indios de sus mujeres, y -diólos á otros, y en otra parte dióles á ellos. ¿Qué mayor ceguedad, -despues de las pasadas, ni cosa más irracional? Movióse, segun se dijo, -porque los tales españoles no tuviesen presuncion, viéndose señores y -se alzasen á mayores, ó no sé qué otras cosas no bien consideradas, y -así añidió injurias á injusticias, y agravios á agravios, privando á -las señoras naturales de sus estados y vasallos, y consiguientemente -á los españoles, sus maridos, que sucedian en la administracion del -señorío, y tambien á los indios sus vasallos, que con servir á su -natural señora, fueran mejor tractados, aunque los maridos fueran -ruines; y no ménos agravió y privó á los hijos, que dellas y dellos -procedieron, de lo que de derecho natural y de las gentes, y áun por el -divino, por la sucesion se les debia, los cuales yo vide desposeidos, y -sin memoria ni vestigio de ser viva persona, de muchas gentes vasallos -de sus madres. Y así fué causa que más aína muriesen, que murieran, los -tristes indios. - - - - -CAPÍTULO XLII. - - -Cuando el Comendador Mayor, siendo Comendador de Lares, vino, segun -es dicho, á gobernar esta isla, vinieron con él cuatro oficiales de -la Hacienda real, que enviaron los Reyes, conviene á saber, Tesorero, -llamada Villacorta, creo que natural de Olmedo, Contador, cuyo nombre -fué Cristóbal de Cuéllar, y de Cuéllar natural, que habia servido de -Copero al príncipe D. Juan, natural de Cuéllar, y el Veedor, llamado -Diego Marque, natural de Sevilla; del nombre del Factor no me acuerdo. -Vino tambien allí por fundidor y marcador del oro un platero de los -Reyes, llamado Rodrigo del Alcázar, hombre muy prudente, que pudiera -tan bien gobernar pueblos como hacer joyas ó piezas de plata; éste -trujo de merced, que de todo el oro que se fundiese y marcase hobiese -de ciento uno, no creyendo los Reyes que le daban tanto como le dieron, -como hasta entónces las minas no sonasen y fuese poco el oro que se -hobiese sacado, y todo el estado destas Indias, en la estimacion de -todos, por no haber henchido á Castilla de tesoros en tres dias, -estaba muy caido y cuasi menospreciado, no haciendo mucho caudal de -los tesoros espirituales destas infinitas ánimas, que para que se las -salvásemos, nos habia Dios puesto en las manos. Así que, vino aquel -platero, Rodrigo del Alcázar, por fundidor ó marcador, con la centena -parte de todo el oro que se sacase de renta, con la cual, si le durara, -comprara en Castilla un buen Estado; pero como los Españoles, despues -que se les repartieron los indios, se dieron priesa en echallos á las -minas, y tan copiosamente dieron las riquezas y abundancia de oro que -tenian en sus entrañas, y el Rodrigo del Alcazar, por consiguiente, -adquiriese tanto de su centena parte, los oficiales y quizá tambien -el Comendador Mayor, avisaron á los Reyes haber sido aquella merced -exorbitante; y así, los Reyes, ó el Rey sólo, siendo la Reina muerta, -revocó la merced á Rodrigo del Alcázar. Cuatro fundiciones se hicieron -á los principios, cada año, dos en el pueblo de la Buenaventura, ocho -leguas desta ciudad, en la ribera de Hayna, donde se fundia el oro que -de las minas nuevas y viejas se sacaba; las otras dos se hacian en -la ciudad de la Vega ó Concepcion, y allí se traia á fundir todo el -oro que se sacaba de las minas de Cibao, y de todas aquellas partes, -que eran hartas, porque de muchos rios se sacaba. En cada fundicion -de las que se hacian en la villa de Buenaventura, se fundia 110.000, -y 112.000, y 116.000, y 18, y no pasaba de 120.000, pesos de oro; en -las fundiciones de la Vega comunmente se fundian, 125 y 130.000, y -treinta y tantos mil, y no llegaban á 40.000 pesos. Por manera, que -las fundiciones de la Vega hacian ventaja á las de la Buenaventura, en -15 y 20, y algunos más millares de castellanos, y así se sacaban por -entónces de toda esta isla cada año, 450 y 60.000 pesos, ó castellanos -de oro, pocos más ó pocos ménos; y así tenia Rodrigo del Alcázar, -platero del Rey, 4.500 pesos de oro de renta en cada un año, muy pocos -ménos; que para en aquel tiempo fué merced señalada, por lo cual le -duró poco, y así le fué quitada. Cada dia se iban disminuyendo las -fundiciones, como iban muriendo los desdichados que con sus sudores -y hambres y vida desesperada lo sacaban; y esta diminucion de los -pesos de oro debiera de advertir y estimular al Comendador Mayor, y -á los mismos cudiciosos que por sacar oro los mataban, á considerar -cuánto mejor les fuera, para sus haciendas, y para haber oro, sacarlo -despacio, y dar de comer á los indios para que más tiempo les duraran, -ya que compasion de verlos perecer, con su gran crueldad, no les -moviera, pero la ceguedad de todos los privó deste cuidado. Otra -ocasion les ofrecia Dios para que advirtieran su grande pecado (aunque -suele ser muy más escura y ménos pensada de los que con robos y daños -ajenos enriquecerse trabajan), y esta fué, por juicio manifiesto de -Dios, que con cuanto oro de contino sacaban, nunca hobo hombre que -medrase; traian sus 500, 800 y 1.000 pesos de oro á la fundicion, cada -uno, y ninguno salia della con un sólo peso de oro, ántes muchos della -iban presos á la cárcel, por las deudas en que, ó por los gastos que -en vestidos ó jaeces y otros excesos hacian, ó porque en comprar parte -de haciendas unos de otros se adeudaban; porque sacado el quinto para -el Rey, lo demas se repartia entre los acreedores, cada uno por su -antigüedad, y así se salian vacías las manos, con sólo la triste ánima, -por las muertes y aflicciones y crueldades que habian dado y usado con -los indios, á las penas infernales obligada. Túvose por gran maravilla -que salió uno sólo, llamado Juan de Villoria, de la fundicion, con -dos ó tres barras de oro, descubiertas, y dando en unas con otras en -las manos, y atribuyéronlo á que era hombre piadoso, y trataba los -indios ménos mal; puesto que tambien concurrieron algunas otras causas, -como es, que habia venido poco habia de Castilla y traido hacienda de -allá, y entró en los indios, que le dieron, sin necesidad; y áun éste -no se escapó del mismo juicio y castigo de Dios, despues, el tiempo -andando, si Dios quisiere, se declarará. Finalmente, nunca, con cuanto -oro sacaron y por sacallo con cuantas gentes murieron, ninguno se -halló que medrase. Fué tambien una regla, en esta isla, general, que -los que no echaban los indios á las minas, sino que los ocupaban en -otras granjerías y trabajos, como ménos reprobados y ménos aflictivos -de los inocentes indios, tuvieron ménos necesidad y más medraban. -Tornando al propósito de la historia de los oficiales del Rey, que con -el Comendador Mayor vinieron, murió desde á poco tiempo el Tesorero -Villacorta, el cual habia traido consigo, por oficial de sus cuentas, -un mancebo cuerdo, llamado Sancta Clara, natural de Salamanca, muy -hábil, gran contador, y en muchos otros dones, para entre hombres, -gracioso; por los cuales, todos, y más el Comendador Mayor, le amaba -y daba todo favor; muerto su amo, el Tesorero, quiso hacer en él el -Comendador Mayor, confiando de su habilidad y cordura, por manera, que -depositó en él el oficio de Tesorero, hasta tanto que lo proveia el -Rey desde allá. Túvolo algunos años el Sancta Clara, y porque entónces -no habia arca de tres llaves, como agora la hay, tenia el Tesorero sólo -todo el oro del Rey debajo de una sola llave suya, tomando el Contador -solamente la razon del oro, que en poder del Tesorero entraba; por -cuya causa tuvo el Sancta Clara lugar de gastar de los dineros del Rey -cómo y cuando queria y le parecia. Compró muchas y grandes haciendas -en esta isla, y hizo banquetes y fiestas al Comendador Mayor, y otros -gastos, que no pudiera, ni tenia de que los hacer, sino tuviera los -dineros del Rey. Un convite hizo, creo que dia del Corpus Christi, al -Comendador Mayor y á caballeros y personas principales, en esta ciudad -de Sancto Domingo, en gran manera excesivo y muy costoso, y entre otras -cosas señaladas que en él hobo, fué, que los saleros se sirvieron, por -sal, llenos de oro menudo, como lo sacaban de las minas de Cibao. Con -esta desórden de gastar, padecia mucha jactura la hacienda del Rey, y -era cosa de maravillar que el Comendador Mayor, siendo la persona que -habemos dicho, y no dejaremos de decir, ser muy prudente, no poner -con tiempo remedio en exceso tan descubierto, como aquel hacia en la -hacienda del Rey, habiéndosele de imputar por haber confiádola dél. -Pero no faltó quien al Rey avisase, como eran los oficiales del Rey, -en especial el Contador, que se llamaba Cristóbal de Cuéllar, que era -hombre de valor, y criado antiguo de los Reyes, y que no estaba muy -bien con el Comendador Mayor, porque no le habia dado los indios que -él queria, ó cuantos, ó donde queria. Envió el Rey un Contador de -cuentas, mandando que la tomasen al Sancta Clara, con cuanto rigor -conviniese. Tomáronle las cuentas y alcanzáronle por 80.000 pesos de -oro; secrestáronle todas sus haciendas, y mandó el Comendador Mayor -que se vendiesen en almoneda, en la cual siempre se halló presente, y -usó en ella de tanta prudencia é industria, que la hizo valer mucho -más de lo que valiera. Tenia una piña en la mano, que es fruta muy -excelente, y comenzaba entónces á darse en esta isla, y apregonándose -un atajo de yeguas, ó otras cosas de mucho precio, poníanselas en 500 -ó 1.000 pesos; decia el Comendador Mayor, quien la pusiere en 1.500 -le daré esta piña. Respondia el que más presto podia, mia es, señor, -la piña; y habia muchos que lo dijeran, y decian, porque, no por las -piezas que pujaban, que quizá no valian la mitad de lo que daban por -ellas, ni tampoco por la piña, sino porque sabian que agradaban al -Comendador Mayor y le compraban su gracia para, despues, les diese más -indios, ó más provechos sobre los que tenian. Desta manera y con esta -industria, hizo valer la hacienda de Sancta Clara 92.000 pesos de oro, -por manera que hizo pago al Rey de los 80.000 que le habia alcanzado -y sobráronle 12.000; y porque todos los tomaron para el Rey, porque -dió en pago algunas deudas que le debian, que se fueron, ó murieron -los deudores, y así faltaban al Rey ciertos millares de pesos de oro, -despues, muchos años, andaba el Sancta Clara, y, muerto él, su hijo, -suplicando que le satisfaciesen algo, pero no alcanzó nada, porque no -se debió de averiguar qué se le debia. Este Sancta Clara fué vecino -mucho tiempo y bien honrado en esta ciudad de Sancto Domingo. Entre -otros, que escribieron al Rey el mal recaudo de su hacienda, fué -Rodrigo del Alcázar, platero susodicho, cognoscido por prudente y que -tenia crédito con el Rey, éste juzgando ser el oficio de Tesorero en -esta isla de mucha calidad y requirirse gran cordura y fidelidad en la -persona que lo tuviese, escribió al Rey que debia enviar Su Alteza, -para que lo tuviese, una tal persona, como era Antonio de Fonseca, en -Castilla. Fué Antonio de Fonseca, en Castilla, un caballero valeroso, -muy señalado y muy prudente, y muy estimado, privado de los Reyes -católicos, contador mayor de Castilla, que es el más preeminente oficio -que en su casa y corte Real tienen, y era hermano del obispo D. Juan -de Fonseca, que tuvo, desde que se descubrieron estas Indias, por -muchos años cargo dellas, de quien arriba en muchas partes se ha hecho -mencion y se hará abajo, si Dios quisiere. El Rey católico, entendiendo -ser así encarecido el cargo en esta isla, de Tesorero, acordó enviar -para él una persona, cierto, veneranda, de grande cordura, prudencia, -experiencia y autoridad, aragonés, criado suyo viejo, llamado Miguel -de Pasamonte, señaladamente honesto, y de quien se tuvo opinion -haber sido casto toda su vida. Este llegó á esta isla en el mes de -Noviembre de 1508; diósele tanta honra, que lo llamaban en las Cartas -y Cédulas reales, Tesorero general de todas estas Indias, habiendo -Tesoreros en tierra firme y en las otras islas; esto no se si procedia -de voluntad del Rey, ó de solos los Secretarios que el Rey entónces -tenia. Finalmente, por ser la persona tal como es dicho, cobró aquel -oficio, en estas tierras, más nombre y mayor estimacion que el oficio -de Contador, como quiera que sea el contrario en Castilla. Tuvo tanto -crédito con el Rey miéntras el Rey vivió, que casi toda la disposicion -y gobernacion destas Indias por su relacion y parecer se ordenaba y -disponia. Cuando este Tesorero vino, que fué, como dije, año de 508, -habia, contados en esta isla todos los indios, 60.000 personas; de -manera, que desde el año de 494, en el cual comenzó su desventura, -como pareció en el libro I, capítulo 90, hasta el de 508, que fueron -catorce años, perecieron en las guerras y enviar por esclavos á vender -á Castilla, y en las minas y otros trabajos, sobre tres cuentos de -ánimas que en ella habia. Esto ¿quién lo creerá de los que en los -siglos venideros nacieren? yo mismo que lo escribo y vide, y sé lo más -dello, agora me parece que no fué posible; pero ya es hecho necesario -por nuestros grandes pecados, y será bien que con tiempo lo lloremos. - - - - -CAPÍTULO XLIII. - - -Viendo los españoles que tenian cargo de consumir los indios en las -minas, sacando oro, y en las otras sus granjerías y trabajos, con -que los mataban, que cada dia se les hacian ménos, muriéndoseles, no -teniendo más consideracion de á su temporal daño, y lo que perdian -de aprovecharse, cayeron en que sería bien suplir la falta de los -que perescian, naturales desta isla, trayendo á ella de las otras -islas la gente que se pudiese traer, para que su negocio y granjería -de las minas y otros intereses no cesasen; y para esto pensaron con -esta industriosa falsedad de engañar al Rey D. Hernando. Fué aquesta -cautela dolosa tal, conviene á saber, que le hicieron saber, ó por -cartas ó por procurador que á la corte enviaron (lo cual no es de creer -que se hizo sin parecer y consentimiento del Comendador Mayor), que -las islas de los Lucayos, ó Yucayos, vecinas desta Española y de la -de Cuba, estaban llenas de gente, donde estaban ociosos y de ninguna -cosa aprovechaban, y que allí nunca serian cristianos, que Su Alteza -diese licencia á los vecinos españoles desta isla, para que armasen -algunos navíos en que los trujesen á ella, donde serian cristianos y -ayudarian á sacar el oro que habia, y sería de mucho provecho aquella -traida, y Su Alteza sería muy mucho servido. El Rey se lo concedió -que así lo hiciesen, con harta culpa y ceguedad del Consejo que tal -le aconsejó y firmó la tal licencia, como si fueran los hombres -racionales alguna madera que se cortara de árboles y la hobieran de -traer para edificar en esta tierra, ó quizá manadas de ovejas ó otros -animales cualesquiera, que aunque murieran en el camino por la mar, -muchos, poco se perdia. ¿Quién no culpará error tan grande como era, -las gentes, naturales vecinos de tantas islas, de verse sacar por -fuerza dellas, y llevarlas 100 y 150 leguas por la mar, á otras nuevas -tierras, por causa buena ó mala que ofrecer se pudiera, cuanto ménos -á sacar oro de las minas, donde, cierto, habian de morir, para el -Rey ni para los extraños, á quienes nunca ofendieron? Si por ventura -no quisieron justificar la tal traida y despoblacion de las propias -patrias, con aquella engañosa y falsa color con que al Rey engañaron, -que traidos á esta isla serian instruidos y hechos cristianos; pero -aunque fuera esto verdad, lo cual no fué, porque ni lo pretendieron, -ni lo hicieron, ni lo pensaron hacer jamás, no queria Dios aquella -cristiandad con tanto estrago, porque no suele á Dios aplacer bien -alguno, por grande que sea, perpetrando los hombres gravísimos pecados, -y, aunque sean chicos, cualesquiera daños hechos contra sus prójimos; -y en esto los pecadores muchas veces, mayormente en estas Indias, se -han engañado y cada dia se engañan. Y para condenacion entera desta -fingida color y excusa, nunca los Apóstoles hicieron sacar por fuerza -de sus tierras las gentes infieles y llevarlas para las convertir á -donde ellos estaban, ni la Iglesia universal, despues dellos, jamás lo -usó, como cosa perniciosa y detestable; así que, el Consejo del Rey -tuvo gran ceguedad, y por consiguiente, ante Dios, fué muy culpable, -porque no debiera él ignorar esto ser malo, pues tenian oficio de -letrados los que en él entraban. Venida, pues, la licencia del Rey D. -Hernando para traer á esta isla las gentes que vivian en las islas que -llamábamos de los Lucayos, concertábanse 10 ó 12 vecinos de la ciudad -de la Vega ó Concepcion y de la villa de Santiago, y juntaban hasta 10 -ó 12.000 pesos de oro, de los cuales compraban dos ó tres navíos, y -cogian á sueldo 50 ó 60 hombres, con marineros y los demas, para ir á -saltear los indios que aquellas islas en su paz, y quietud y seguridad -de su patria, descuidados moraban. Estas gentes, llamadas lucayos, -como en el primer libro dejamos dicho, y en otra nuestra Historia, -llamada Apologética, muy más largo, fueron, sobre todas las destas -Indias y creo sobre todas las del mundo, en mansedumbre, simplicidad, -humildad, paz y quietud, y en otras virtudes naturales, señaladas, -que no parecia sino que ellos no habian pecado en Adan; no he hallado -en todas las naciones del mundo, de que las historias antiguas hayan -hecho mencion, á quien sino á las que llaman Séres comparallas, que -son pueblos de Asia, de quien Solino, cap. 63, dice ser mansos, y -entre sí quietísimos, y segun Pomponio Mela, libro III, cap. 6.º, es -linaje de hombres lleno de justicia; y segun Eusebio, libro VI, cap. -8.º, de _Preparatione Evangelica_, ni matar, ni fornicar saben, ni -hay entre ellos mala mujer alguna, ningun adulterio, ni ladron, ni -homicida se halla, ni adoran ídolos; á estas naciones fueron desta -isla, nuestros españoles, y hicieron las obras siguientes. Díjose, -que, al principio, los primeros nuestros que á esta vendimia llegaron, -en estas islas de los Lucayos, sabiendo la simplicidad y mansedumbre -destas gentes (que se pudo saber de la práctica que se tenia de cuando -el Almirante primero las descubrió, y trató con ellas, y experimentó -su bondad natural y condicion mitísima), llegados dos navíos á ellas, -y ellas rescibiéndolos, como siempre tuvieron, ántes que nuestras -obras cognosciesen, que eran venidos del cielo, dijéronles que iban -desta isla Española, donde las ánimas de sus padres y parientes, y de -los que bien querian, estaban en holganza, y que si querian venir á -vellos, que en aquellos navíos los traerian; esto era y es, cierto, -en todas estas indianas naciones, tener opinion que las ánimas eran -inmortales, y que, despues de muertos los cuerpos, se iban las ánimas -á ciertos lugares, amenos y deleitables, á donde ninguna cosa de -placer y consuelo les faltaba, y en algunas partes tenian, que primero -padescian algunas penas por los pecados que en esta vida habian pecado. -Así que, con éstas persuasiones y malvadas palabras, los primeros que -allí fueron, segun se dijo, engañaron aquellas inocentísimas gentes, -á que se dejasen meter en los navíos, hombres y mujeres, como la ropa -y ajuar de sus casas, ni las raíces de sus heredades les hiciese poco -embarazo; pero despues de traidos á esta isla, como no viesen á sus -padres, ni madres, ni á los que amaban, sino las herramientas de azadas -y azadones, y barras y barretas de hierro, y otros instrumentos tales, -y las minas donde las vidas en muy breve acababan, dellos desesperados, -viéndose burlados, con el zumo de la yuca se mataban, dellos de hambre -y trabajos se morian, como personas en grande manera delicadas, y que -nunca imaginaron haber tales trabajos. Despues, el tiempo andando, -tuvieron otras industrias, y hicieron otras maneras de fuerzas y -saltos para traellos, que ninguno se les escapaba. Traidos á esta -isla, y desembarcados hombres y mujeres, niños y viejos, en especial -en el Puerto de Plata y Puerto Real, que están en la costa del Norte, -fronteros de las mismas islas de los Lucayos, hacian ciertos montones -dellos, cuantos eran los que en los navíos y gastos ponian sus partes, -viejo con mozo, enfermo con sano (porque por la mar enfermaban y morian -muchos con el angustia, viniendo apretados debajo de cubierta, como -es region caliente, que de sed se ahogaban, y tambien de hambre); en -aquellos montones no se miraba que fuese la mujer con el marido, ni -el hijo con el padre, porque no se hacia más cuenta dellos, que si -verdaderamente fueran vilísimos animales. Así, los inocentes, _sicut -pecora occisionis_, repartidos por sus montones ó manadas, echaban -suertes sobrellos, y cuando cabia por la suerte algun viejo y enfermo, -decia el que le llevaba: «este viejo dadlo al diablo, ¿para qué lo -tengo de llevar, para dallo de comer y despues enterrallo? y éste -enfermo, ¿para qué me lo dáis, para curallo?» Y acaecia, estando en -estas partijas, caerse muertos de hambre, y de la flaqueza y enfermedad -que traian, y del dolor viendo los padres apartar de sí á sus hijos, y -los maridos á las mujeres llevárselas. ¿Quién podia sufrir que tuviese -corazon de carne, y entrañas de hombre, á ver tan inhumana crueldad? -¿Qué memoria debia entónces de haber de aquel precepto de la caridad, -«amarás tu prójimo como á tí mismo», en aquellos que tan olvidados de -ser cristianos, y áun de ser hombres, así tractaban en aquellos hombres -la humanidad? Ordenaron tambien, que para los gastos que se hacian, y -para pagar el sueldo á los 50 ó 60 que iban en los navíos á hacer estas -cabalgadas, que pudiesen vender, puesto que ellos decian traspasar de -uno á otro, cada indio de aquellos que ellos tambien nombraban piezas, -cada pieza, como si fueran piezas ó cabezas de ganado, por cuatro pesos -de oro, y no más; y ésta tenian por honra que les hacian, vendellos y -traspasallos por precio tan barato, como en la verdad, si el precio -fuera grande, tuviéranlos en mucho más, y por consiguiente tratáranlos -mejor por su propio interese, y duraran más. - - - - -CAPÍTULO XLIV. - - -Tuvieron, como dije, muchas maneras de sacarlos de sus islas y casas, -donde vivian verdaderamente aquella vida que vivieron las gentes de la -Edad dorada, que tanto por los poetas é historiadores fué alabada, y -unas cautelas usaban en unas islas y partes, y otras en otras; y las -primeras veces asegurándolos, como los indios estaban sin sospecha, -descuidados, y los rescibian como á ángeles; otras, salteándolos -de noche; otras, entrando á la clara como dicen, _aperto Marte_, -matándolos á cuchilladas, cuando algunos dellos, teniendo experiencia -ya de las obras de los españoles, y que venian á llevallos, se -defendian con sus arcos y flechas, de las que usaban, no para hacer -guerra á alguien, sino para matar pescados de que tenian siempre -abundancia. En obra de cuatro ó cinco años trujeron á esta isla, de -hombres, y mujeres, y chicos, y grandes, sobre 40.000 ánimas; y desto -hace mencion Pedro Mártir, en el capítulo 1.º, de su sétima Década, -diciendo: _Et quadraginta, utriusque sexus, millia in servitutem ad -inexhaustam auri famen explendam uti infra latius dicemus, abduxerunt: -has una denominatione Jucayas appellant, scilicet insulas, et incolas, -jucayos_. Donde tambien dice, como se mataban de desesperados, y otros -que tenian mejor ánimo, con esperanza de en algun tiempo se huir á sus -tierras, sufrian su vida desesperada, escondiéndose hácia la parte del -Norte, por algunos lugares montuosos que les parecia estar fronteros -de sus islas, para desde allí, algun dia, tener algun remedio como á -ellas pasarse. _Jucaya suis sedibus abrepti desperatis vivunt animis, -dimisere spiritus inertes multi á cibis aborrendo per valles, in vias -el deserta nemora rupesque abstrusas latitantes; alii vitam exosam -finierunt. Sed qui fortiore pectore constabant, sub spe recuperandæ, -libertatis muere mallebant. Ex his plerique non inertioris, forte si -fugæ locus dabatur, partes Hispaniolæ petebant septentrionales, unde -ab eorum patria venti flabant, ac prospectare arcton licebat: ibi -protentis lacertis et ore aperto halitus patrios anhelando absorvere -velle videbantur; et plerique spiritu deficiente languidi præ inedia -corruebant exanimes_, etc. Esto dice Pedro Mártir. Una vez, un indio -de aquellos (y allí lo refiere Pedro Mártir), tomó cierto árbol muy -grueso, que se llamaba, en lengua desta isla Española, yaurúma, la -penúltima sílaba luenga, el cual es muy liviano y todo hueco, y sobre -él debia de armar con otros palos alguna balsa, muy bien atados con -bejucos, que son ciertas raíces muy recias, como si fuesen cordeles. -En lo hueco de los palos metió algun maíz que pudo hallar, y que, por -ventura, él habia sembrado y cogido, y ciertas calabazas llenas de agua -dulce, asimismo dejando algun maíz fuera para comer algun dia, y tapó -bien con hojas los cabos de los palos, y admitió á su compañía otro -indio, y á unas indias, parientes ó vecinos suyos, grandes nadadores, -porque todos lo eran; y pónense encima de su balsa, y con otros palos, -como remos, échanse á la mar y andan camino de sus islas y tierras, y, -andadas 50 leguas, toparon por su desdicha con un navío que venia, de -hácia donde ellos iban, con cierta presa. Tomáronlos y volviéronlos, -llorando y lamentando su infelicidad, y la balsa en que iban para -esta isla, donde al cabo con los demas perecieron. De creer es, que -otros muchos intentaron buscar y tomaron este remedio, sino que no -lo sabemos, pero poco les aprovechó si lo hicieron, porque una vez -que otra, los tomaban y traian, si á sus tierras llegaban, pues que -ningunos, como parecerá, dejaron en todas aquellas islas. Escudriñaban -entre muchas dellas, cuál era la que mas fuerte ó cercada de peñas -estaba, y prendian toda la gente de las otras comarcanas, y traian á -aquella, quebradas ó tomadas todas las canoas ó barquillos que ellos -tenian, porque no se huyese, ponian para guardallos los españoles -que necesarios eran, entre tanto que los navíos tornaban desta isla, -dejando acá las barcadas que de gente habian traido. Acaeció tener -en una isleta de aquellas llegadas 7.000 ánimas, y estaban siete -españoles guardándolos muchos dias, como si fueran otras tantas ovejas -ó corderos, y como los navíos se tardasen, acabóseles el caçabí, ó -laceria que tenian para comer; y venidos ya dos navíos que traian -caçabí para los indios, porque otra cosa no les daban á comer, y si -otros bastimentos traian eran para los españoles, así como llegaron -los navíos á la isleta, levantóse una terrible tormenta que hundió los -navíos, ó los desbarató, por manera, que de hambre pura perecieron las -7.000 ánimas de indios, y los siete españoles sin tener remedio, ni -escapar alguno. De la gente de los navíos, no me acuerdo qué fué lo que -oí que se hobiese hecho dellos. Destos juicios de Dios, y castigos que -cada dia Dios hacia, no se miraba, ni que por los pecados, los enviase -Dios, que allí se cometian sino que acaso, y sin que hobiese Rector en -los cielos que lo viese y tuviese cuenta de tan crueles injusticias, -aquellos infortunios venian. Destas hazañas y crueldades que con estas -inocentes ovejas se usaron, y que fueron infinitas, pudiera saber y -agora referir muchas en particular, si en aquellos tiempos, que yo -estaba en esta isla, mirara en querellas saber de los mismos que las -obraban. Quiero aquí decir lo que uno dellos me dijo en la isla de -Cuba: Éste habia pasado de aquellas islas á la de Cuba, creo que en -una canoa de indios, no sé si quizá por huir de su Capitan, ó de algun -peligro que allí se le hobiese ofrecido, ó por salir de tan reprobados -tratos, por sentirse andar en mal estado; díjome, que, como metian -en los navíos mucha gente, 200, 300 y 500 ánimas, viejos y mozos, y -mujeres y niños, echábanlos todos debajo de cubierta, cerrando las -bocas que llaman escotillas, porque no se huyesen, los cuales quedaban -sin lumbre y sin soplo de viento, y la regiones caliente, y como no -metian en los navíos mantenimientos, en especial agua, más, ó poco más, -que bastase para más de los Españoles que en estos tractos andaban, -y así, por la falta de la comida, y más por la sed grande, que por -el gran calor y angustia y apretamiento de estar unos sobre otros, ó -muy junto á otros, padecian muchos muriesen y los echasen á la mar, -que eran tantos que un navío, sin aguja ni carta ó arte de navegar, -pudiera, solamente por el rastro de los que lanzaban muertos, venir -desde aquellas á esta isla. Estas fueron sus palabras. Y esta fué cosa -cierta, unas veces mayor y otras menor, que nunca navío fué á saltear -indios destos lucayos, y de la tierra firme donde mucho se usó esta -inhumanidad, como se dirá, que no echasen á la mar, muertos, la tercia -ó la cuarta parte de los que salteaban y embarcaban, por las susodichas -causas. Por esta órden, si órden se sufriera llamarla, en obra de -diez años trujeron á esta isla Española, hombres, y mujeres, niños, y -viejos, sobre un cuento de ánimas y muchas más; algunas barcadas dellos -hicieron los Españoles que vivian en la isla de Cuba, donde, al fin, -todas perecieron en las minas, de trabajos, y hambres, y angustias. -Pedro Mártir afirma haber sido informado, que de aquellas islas de -los Lucayos, que eran 406, habian los Españoles traido y puesto en -captiverio para echar en las minas, 40.000 ánimas; y dellas, y de las -demas, un cuento y 200.000; y dice así en el cap. 1.º de la sétima -Década: _Ut ego ipse, ad cujus manus quæcumque emergunt afferuntur, -de illarum insularum numero vix ausim credere quæ prædicantur. Ex -illis sex et quadringentas ab annis viginti amplius, quibus Hyspaniolæ -Cubæque habitatores hispani eas pertractarunt, percurrise inquiunt, et -quadraginta utriusque sexus millia in servitutem ad inexhausti auri -famem explendam adduxerunt: has una denominatione Jucayas appellant, -et incolas jucayos_, etc. Y en el cap. 2.º de la misma Década dice: -_Sed has scilicet insulas fatentur habitatoribus quondam fuisse -refertas, nunc vero desertas, quod ab earum densa congerie perductos -fuisse misseros insulares ad Hyspaniolæ Fernandinæque aurifodinarum -triste ministerium inquiunt deficientibus ipsarum incolis, tum variis -morbis et inedia, tum præ nimio labore, ad duodecies centena millia -consumptis. Piget hæc referre sed oportet esse veridicum, sui tamen -exitij vindictam alicuando sumpsere jucay, raptoribus interfectis: -cupiditate igitur habendi jucayos, more venatorum, per nemora montana -perque palustria loca feras insectantur_, etc. Todo es de Pedro -Mártir; cuanto á lo que añide, que los lucayos algunas veces mataron -españoles, acaecia cuando algunos pocos hallaban descuidados, porque -desque cognoscieron que los destruian, y que aquella era su venida y -demanda, los arcos y flechas, que usaban para matar pescado, acordaron -emplearlos para matar á los que los mataban, pero todo era en vano, -porque nunca podian matar sino dos ó tres, ó cuatro cuando más se -estiraban. Y, cuanto á lo que dice más, que eran 400 islas, metió en -aquel número las islas del Jardin de la Reina, y del Jardin del Rey, -que son unas rengleras de islas pequeñas, que están á la costa del -Sur y del Norte, pegadas con la isla de Cuba, y aunque las gentes -de que estaban pobladas aquellas isletas de los Jardines, eran de -aquella simplicidad y bondad natural que las de los Lucayos, pero no -acostumbramos llamarlas isletas de los Lucayos, sino las grandes que -comienzan desde cerca desta isla Española y van hácia cerca de la -Florida, desviadas algo de la de Cuba; y éstas serán 40 ó 50, entre -chicas y grandes, y á éstas llamamos propiamente Lucayos, ó por mejor -decir, Yucayos. Dice más Pedro Mártir, que se le presentaban las cosas -que de nuevo acaecian y iban destas Indias; ésto se hacia, por que -por aquel tiempo que esto escribia era del Consejo de las Indias, y -entró en él el año de 518, estando yo, á la sazon que presentó él su -provision real, en el mismo Consejo, presente: proveyóle deste oficio -el Emperador, luégo que vino á reinar, en la ciudad de Zaragoza. - - - - -CAPÍTULO XLV. - - -Despues que se consumieron en las minas y en los otros trabajos, y vida -durísima y desventurada, muy grande número de los lucayos, y de todos -la mayor parte, inventó el enemigo de la naturaleza humana otro modo de -codicia en los españoles, para del todo acaballos. Comenzaron á asomar -las perlas que habia en la mar, al rededor de la isleta de Cubagua, que -está junto á la isla Margarita, en la costa de tierra firme, que se -llama de Cumaná, la última sílaba aguda, y juntamente las minas en esta -isla iban aflojando. Acordaron los españoles de enviar á sacar perlas -los indios lucayos, por ser grandes nadadores todos ellos en universal, -como las perlas se saquen zabulléndose los hombres dos y tres y cuatro -estados, donde las ostias, que las perlas contienen, se hallan; por -cuya causa, se vendian cuasi públicamente, con ciertas cautelas, no á -4 pesos como al principio se habia ordenado, sino á 100 y á 150 pesos -de oro, y á más cada uno de los lucayos. Creció tanto el provecho, que, -sacando con ellos perlas, los nuestros hallaban, puesto que con gran -riesgo y perdicion de las vidas de los lucayos, como aquel oficio de -sacar perlas sea infernal, que por maravilla se halló en breves dias -que en esta isla quedase algun lucayo. Hay desta isla hasta la isleta -de Cubagua, por el camino que de necesidad se ha de llevar rodeando, -cerca de 300 leguas largas, y así los llevaron todos en navíos allá, y -en aquel duro y pernicioso ejercicio, muy más cruel que el sacar oro -de las minas, no en muchos años, finalmente, los mataron y acabaron; y -así fenecieron tanta multitud de gentes que habia en tantas islas, como -queda dicho, que llamamos de los Lucayos ó Yucayos. Estaba en aquesta -sazon ó tiempo, en esta ciudad de Sancto Domingo, un hombre honrado, -temeroso de Dios, llamado Pedro de Isla, que habia sido mercader, y, -por recogerse y vivir vida más sin peligro de la conciencia, dias habia -que hobo aquellos tractos dejado, y sustentábase de lo que justamente -creia que de las mercaderías pasadas, y con segura consciencia, le -pudo quedar. Este varon virtuoso, sabiendo los estragos y crueldades -que se habian hecho en aquellas gentes simplicísimas de los lucayos, -y como se despoblaron tantas y tales islas, y que ya no se curaban de -ir navíos á ellas, por tenellas por vacías, movido de celo de Dios, y -de lástima de tanta perdicion de ánimas, y por remediar los indios que -en aquellas islas se hobiesen de aquel fuego infernal y pestilencia -vastativa escapado, creyendo que algunos habria, para, en esta isla -ó en aquellas, hacer dellos un pueblo, y allí en las cosas de la -fe instruillos, y áun tambien por impedir á otros, que, con el fin -contrario, y para se servir dellos, procurasen lo que él pretendia, -fuése á los que gobernaban esta isla, y pidióles con mucha instancia le -diesen licencia para enviar un bergantin, ó lo que más fuese necesario, -á su costa, para rebuscar por todas aquellas islas los que se hallasen, -y los pudiese traer á ésta, y hacer un pueblo dellos y lo demas que -está dicho. El cual intento cristiano, por los que gobernaban oido y -entendido, con toda voluntad le concedieron lo que pedia. Habida esta -licencia, compró un bergantin ó carabela pequeña y puso en ella ocho -ó diez hombres, con abundancia de mantenimientos para mucho tiempo, -todo á sus espensas, y enviólos, encargándoles mucho anduviesen y -escudriñasen todas aquellas islas, buscando los indios que en ellas -hobiese, y los asegurasen y consolasen cuanto les fuese posible, que no -les sería hecho mal alguno, que no los iban á buscar para captivallos, -como se habia hecho á sus parientes y vecinos, ni que habian de ir á -sacar oro á las minas, sino que habian de estar en su libertad y á su -placer, como ellos verian, y otras palabras que, para que perdiesen el -miedo de tan grandes calamidades como habian padecido, y se consolasen, -puestos en tanta tristeza y amargura como estaban, convenia. Fueron y -hicieron lo que les fué mandado por su amo, ó que les daba su salario, -el buen Pedro de Isla, y anduvieron todas las islas, buscadas y -escudriñadas cuanto les fué posible. Tardaron en ello tres años, y al -cabo dellos, hecha la diligencia dicha, solamente hallaron 11 personas, -que yo con mis ojos corporales vide, porque vinieron á desembarcar al -Puerto de Plata, donde yo al presente vivia. Estos eran hombres, y -mujeres, y muchachos, no me acuerdo cuántos fuesen de unos y de otros, -mas de que uno dellos era un viejo que debia ser de sesenta y más -años; todos y él en cueros vivos, y con tanto sosiego y simplicidad, -como si fueran unos corderitos. Parábamelos á mirar de propósito, en -especial al viejo, que era de un aspecto muy venerable, bien alto de -cuerpo, el rostro grande, autorizado y reverendo. Parecíame ver en él -á nuestro padre Adan, cuando estuvo y gozó del estado de la inocencia, -y acordándome cuántos de aquellos habia entre tantas gentes, como, -en aquellas y de aquellas islas, en tan breves dias y en cuasi mi -presencia, sin culpa alguna en que nos hobiesen ofendido, se habian -destruido, no restaba sino alzar los ojos al cielo y temblar de los -divinos juicios. Así que, aqueste fué el rebusco que halló Pedro de -Isla de la pasada vendimia. Despues dió nuestro Señor, Dios, el pago de -su buen celo y virtud al Pedro de Isla, porque lo metió en la órden de -Sant Francisco, y allí, viviendo sanctamente, le ordenaron de órdenes -sagradas hasta ser Diácono ó de Evangelio, y, por su gran humildad, -rogó que no le forzasen á ser de Misa, por tenerse por indigno, -acordándose de lo que habia hecho su glorioso padre Sant Francisco; y -así, despues de muchos años, le llevó Dios para sí, donde yo creo que -goza de la vision divina, y gozará para siempre sin fin. Tornando á -los lucayos, esta fué gente, como en otra nuestra Historia dijimos, -felicísima, y creemos ciertamente, que fué de las más aparejadas para -cognoscer y servir á Dios, que en la masa del linaje humano por alguno -hobiese sido vista; yo confesé y comulgué, y me hallé á la muerte de -algunos dellos, despues que fueron baptizados é instruidos, y digo que -suplico á nuestro Señor, Dios, que tal devocion y tales lágrimas y -contriccion de mis pecados me dé al tiempo cuando su cuerpo y sangre -rescibiere, y de mi fin y muerte, como en ellos me parece que sentia -y cognoscia. Y con esto, cierro la Historia que toca á los lucayos, -que tan infelices fueron en caer en manos de quien así, tan sin culpa -y razon y justicia, los destruyeron, aunque ser nosotros, que lo -cometimos, mas sin buenaventura que ellos, que lo padecieron, ninguna -duda tengo. - - - - -CAPÍTULO XLVI. - - -En este año de 508, ó al fin de 507, el Comandador Mayor envió á ver y -considerar, con intencion de poblar de españoles, la isla que llamamos -de Sant Juan, que por vocablo de la lengua de los indios, vecinos -naturales della, se nombraba Boriquén, la última sílaba aguda. Esta -isla es toda ella, ó lo más della, sierras y montañas altas, algunas de -arboledas espesas, y otras rasas de muy hermosa hierba como la de esta -isla. Tiene pocos llanos, pero muchos valles y rios, por ellos, muy -graciosos, muy fértiles, y toda ella muy abundosa; está, de la punta -oriental desta isla Española, la punta ó cabo occidental della, obra -de 12 leguas; véese una isla de otra, cuando hace claro, estando en -lo alto de las dichas puntas ó cabos dellas. Tiene algunos puertos no -buenos, si no es el que llaman Puerto-Rico, donde la ciudad y cabeza -del Obispado tiene su asiento; terná de luengo 40 largas leguas, y -15 ó 16 de ancho, y en circuito bojará 115 ó 120. Toda la costa del -Sur della está en 17° y la del Norte en 18° de la línea equinoccial, -á la parte del Ártico, por manera que su ancho es cuasi un grado, -tomándolo de Norte á Sur. Tuvo mucho oro, no tan fino como el de esta -isla, pero no tenia de quilates y valor ménos que no valiese 450 -maravedís el peso; estaba plenísima de gentes, naturales, vecinos -y moradores della, y muy mansas y benignas, como las de esta; era -combatida de los caríbes, ó comedores de carne humana, y para contra -ellos eran valerosos y defendian bien su tierra. La ocasion de la -enviar el Comendador Mayor á explorar, para la poblar de españoles, -fué la siguiente: Despues de la postrera guerra que los españoles -hicieron á los vecinos de la provincia de Higuey, que tambien fué la -postrera de toda esta isla, de la cual hablamos en el cap. 18, en la -villa de Salvaleon, que mandó el Comendador Mayor poblar en aquella -provincia, puso por su Teniente y Capitan á Juan Ponce de Leon, el -que fué por Capitan de la gente desta ciudad de Sancto Domingo, en la -dicha postrera guerra, segun dijimos en el cap. 15; éste tuvo noticia -de algunos indios de los que le servian, que en la isla de Sant Juan -ó Boriquén habia mucho oro, porque como los vecinos indios de aquella -provincia de Higuey, fuesen los mas propincuos, y en la más propincua -tierra viviesen á la dicha isla de Sant Juan, y no hobiese sino 12 ó 15 -leguas de distancia, cada dia se iban en sus canoas ó barquillos los de -esta isla á aquella, y los de aquella á esta venian, y se comunicaban, -y así pudieron bien saber los unos y los otros lo que en la tierra de -cada uno habia. Dió, pues, parte Juan Ponce de Leon al Comendador Mayor -de las nuevas que habia sabido, y es de creer que le pidió licencia -para pasar allá con algunos españoles, á inquirir la verdad y tomar -trato y conversacion con los indios vecinos della, y ver la dispusicion -que habia para poderla ir á poblar, porque hasta entónces ninguna cosa -de lo que en la isla dentro habia se sabia, más de verla por de fuera -ser hermosísima, y que parecia mucha gente de cada vez que pasaban -por allí navíos. Finalmente, que Juan Ponce lo suplicase, ó que el -Comendador Mayor se lo mandase, aparejó un carabelon, y metióse con -ciertos pocos españoles y algunos indios que habian estado en la isla -con él, y fué á desembarcar en una parte della, donde señoreaba un Rey -é señor, llamado en su lengua dellos Agueíbana, la í letra luenga, el -mayor señor de toda ella. Este los rescibió con grande alegría, y los -aposentó y trató y hizo servir como si fueran del cielo venidos, como -todas estas gentes destas Indias, á los principios, de nosotros creian; -tenia este señor madre y padrastro, los cuales tambien mostraron -rescibir mucho gozo con su venida, y les hicieron todas buenas obras -de amor y amistad, mandándoles proveer abundantemente de comida, y -dándoles de todo lo que tenian, y haciendo todo lo que sentia que -hacia placer á Juan Ponce y á los cristianos. Trocaron los nombres, -y hiciéronse guatiaos, llamándose Juan Ponce, Agueíbana, y el Rey -Agueíbana, Juan Ponce, que, como arriba dijimos, era una señal entre -los indios destas islas de perpétua confederacion y amistad. A la madre -del Rey, dió Juan Ponce, doña Inés por nombre, y al padrastro, don -Francisco, porque así lo tenian de costumbre los españoles, dando los -nombres que se les antojaban, de cristianos, á cualesquiera indios, -con los cuales hasta la muerte se quedaban, sin que le diesen baptismo -ni doctrina, porque dello se tenia poco cuidado, como arriba queda -tocado. Este rey Agueíbana, era de muy humana y virtuosa condicion, -y no ménos su madre y padrastro, los cuales siempre le aconsejaban -que fuese amigo de los cristianos. Y porque la negociacion á que Juan -Ponce iba era la que á todos los que á estas tierras vienen hace pasar -acá, preguntóles luégo dónde habia minas de oro, y si lo sacaban ó -sabian sacar; el Cacique, con toda y larga voluntad, lo llevó consigo -por la tierra, y le mostró los rios donde sabia que dello habia mucha -cuantidad, ignorando el inocente que les descubria el cuchillo con -que á él y á su reino y gentes dél habian de matar; entre otros, le -mostró y llevó á dos rios muy ricos, de los cuales, despues se sacó -mucha riqueza de oro, el uno se llamaba en aquella lengua Manatuabón, -en la última el acento, y el otro, Çebúco, la media luenga. En éstos -hizo hacer catas Juan Ponce, con el buen aparejo que para ello llevaba, -como no fuese para otro fin, de donde llevó una buena muestra de oro al -Comendador Mayor. Dejó en la isla ciertos españoles muy encomendados -al señor ó cacique Agueíbana y á su madre, los cuales los tuvieron y -tractaron como si fueran sus hijos, y de su misma gente y naturaleza, -y estuvieron alli hasta que tornó más gente de españoles, para de -propósito poblar y gozar del fin que todos acá traen, como más largo, -placiendo á Dios, se referirá. - - - - -CAPÍTULO XLVII. - - -Estando en el estado, que por la relacion dicha se ha visto, acá las -cosas destas Indias, D. Diego Colon, hijo legítimo del almirante -D. Cristóbal Colon, primero descubridor dellas, despues que el Rey -católico de Nápoles vino, no cesaba de suplicarle que le restituyese y -mandase poner en la posesion de todo el Estado, y dignidad, y oficios -de que su padre habia sido despojado, conforme á sus privilegios, y á -muchas cartas que el Rey y la Reina, por ellos, se lo habian prometido, -segun que algunas veces se ha tocado. Y como el Rey le trujese siempre -suspenso con sus dilaciones, como habia hecho á su padre, y un dia -se le quejase diciendo que por qué Su Alteza no le hacia merced de -dalle lo suyo, y confiar del que le serviria con ello fielmente, pues -lo habia en su corte y casa criado, el Rey le respondió: «Mirad, -Almirante, de vos bien lo confiaria yo, pero no lo hago sino por -vuestros hijos y sucesores.» Luégo él dijo al Rey: «Señor, ¿es razon -que pague y pene yo por los pecados de mis hijos y sucesores, que por -ventura no los terné?» Esto me dijo un dia el Almirante, hablando -conmigo en Madrid cerca de los agravios que rescebia, el año de 516, -que con el Rey habia pasado. El cual, visto que por vía de suplicacion -y de merced no le aprovechaba con el Rey nada, pidióle licencia para -se lo pedir por justicia, y ponerle por demanda que le guardase sus -privilegios y restituyese en la posesion de los oficios y dignidad y -jurisdiccion, que su padre, con tantos trabajos y servicios hechos -á la Corona real de Castilla y Leon, habia merecido y ganado, y de -que habia sido injustamente desposeido, y por consiguiente, en ello -muy agraviado; el Rey le dió licencia para que pidiese y siguiese su -justicia como á él bien visto le fuese. Puso su demanda y representó -sus querellas; pidió justicia, dióse la voz al Fiscal, dió en diversos -tiempos diversas y muchas peticiones sobre muchos artículos de lo que -se sentia dañificado, respondia el Fiscal en muchos artículos harto -ineptamente, y algunas veces, no con mucha decencia y honestidad. Pidió -el Almirante que le pusiesen en la posesion de Visorey y Gobernador -perpétuo de las islas y tierra firme, descubiertas y por descubrir, -de todo el mar Océano, occidental y meridional, segun que los Reyes -lo habian concedido á su padre ántes que él fuese á descubrir, por -contracto que él habia hecho con los Reyes, y su padre, habiendo -cumplido de su parte lo que ofreció, y los Reyes, dándole lo que le -prometieron, usó y ejercitó los dichos oficios reales, de los cuales -habia sido, de hecho y no de derecho, con gran daño y deshonor de su -persona, despojado, sin haber hecho culpa porque hobiese merecido ser -así tractado; pidió que en los términos de su Almirantazgo le dejasen -usar del oficio de Almirante, con las preeminencias y jurisdiccion que -lo usaban los Almirantes de Castilla, porque así lo tenia concedido por -los Reyes, y que llevase los mismos derechos que ellos llevar solian. -Pidió que le diesen la décima del oro y plata y perlas, y otras cosas -de valor que viniesen y se hobiesen de todas estas Indias, islas y -tierra firme; tambien el ochavo de todas las ganancias que, destas -Indias, para el Rey resultasen, pues, cuando fué á descubrir su padre, -contribuyó con la ochava parte, y con más en todos los gastos. Pidió -que, para la gobernacion y regimiento de todas las islas y tierra firme -de su Almirantazgo, eligiese el Almirante tres personas para cada -oficio, y que el Rey escogiese uno que aquel oficio administrase como -lo rezaban sus privilegios. Pidió la gobernacion de tierra firme, y la -del Darien; pidió el repartimiento de los indios, conviene á saber, -que ya que se hacia que á él pertenecia tener cargo de hacello, como -fuese oficio de preeminencia y tocase á gobernacion. Pidió, por otros -42 capítulos, otras preeminencias, de algunas de las cuales abajo se -hará mencion. Estas y otras muchas cosas y diversas pidió en diversos -tiempos, segun que de nuevo nacian, y succedian en estas Indias, y -tocaban ó pertenecian á gobernacion y preeminencia, por ser Visorey y -Gobernador perpétuo en todas ellas por sus privilegios; pidió tambien -que no hobiese jueces de apelacion, diciendo que era en perjuicio de su -vireinado y superioridad, que él sólo debia tener. Y porque el Fiscal -alegaba que no habia descubierto su padre más de la costa de Paria y -á Veragua, y por consiguiente no le pertenecia gozar de los bienes de -lo demas, ni se entendia extenderse sus privilegios en toda la tierra -firme, recibidos á prueba, probó el Almirante con muy muchos testigos, -haber sido su padre el primero descubridor della, como lo fué destas -islas y todas las Indias, y lo mismo resultó de la probanza y testigos -que el Fiscal hizo, y á todas las réplicas del Fiscal respondió el -Almirante muy copiosamente, cuyo proceso yo he visto. Y harta ceguedad -y malicia era calumniar, y ofuscar, y disminuir, y querer aniquilar -una obra tan ilustre y hazañosa, y que en el mundo nunca otro tal, á -Reyes, servicio se hizo, debiéndola todos de agradecer y remunerar en -mucho más de lo que se le habia concedido y prometido, pues él cumplió -y dió á los Reyes, en infinito, más de lo que se habia ofrecido, como -los mismos Reyes confesaron parte, por una carta que le escribieron -de Castilla el año de 1494 á esta isla, y despues se ha visto asaz. -Andando en este pleito, el Consejo de las Indias, en diversos tiempos, -hizo ciertas declaraciones, una en Sevilla, y otra en la Coruña, sobre -algunos de los artículos que el Almirante por sus peticiones pedia. -En la de Sevilla, se contiene lo siguiente. «Que al Almirante y á sus -sucesores pertenecen la gobernacion y administracion de la justicia, -en nombre del Rey é de la Reina, nuestros señores, é del Rey é Reina, -que por tiempos fueren en estos reinos de Castilla, así de la isla -Española como de las otras islas, que el almirante D. Cristóbal Colon, -su padre, descubrió en aquellas mares, é de aquellas islas que por -industria del dicho su padre se descubrieron, con título de Visorey -de juro y de heredad, para siempre jamás, para que por sí ó por sus -Tenientes é oficiales de justicia, conforme á sus privilegios, pueda -ejercer y administrar la jurisdiccion civil é criminal, de las dichas -islas, como é de la manera que los otros Visoreyes é Gobernadores lo -usan, é pueden y deben usar en los límites de su jurisdiccion, con -tanto que las provisiones que por el dicho Almirante é sus sucesores se -libraren y despacharen, hayan de ir agora por D. Hernando y doña Juana, -é despues de los dias del Rey é Reina, nuestros señores, por el nombre -de Rey ó Reina que por tiempos fueren en estos reinos de Castilla, é -las provisiones é mandamientos que por Tenientes é Alcaldes, y otros -oficiales, ansí del mismo Almirante como de sus sucesores se libraren -ó firmaren, ó cualquiera ejercicio de justicia que en las dichas islas -se hagan, digan: Yo, fulano, Teniente ó Alcalde de tal lugar é isla, -por el Almirante Visorey ó Gobernador de la tal isla ó islas, por el -rey D. Hernando é reina Doña Juana, nuestros señores, y despues de sus -dias por el tal Rey ó Reina que por tiempo fueren, como dicho es, y -que si en otra manera fueren las dichas provisiones y mandamientos, -que no sean obedecidas ni cumplidas.» En la Coruña se tornó á declarar -el mismo artículo, por la forma siguiente: «Mandamos y declaramos que -el dicho Almirante tiene derecho de Gobernador é Visorey, así de la -isla Española, como de las otras islas que el almirante D. Cristóbal -Colon, su padre, descubrió en aquellas mares, é de aquellas islas, que -por industria del dicho su padre se descubrieron, conforme al asiento -que se tomó con el dicho Almirante, su padre, al tiempo que se hizo la -capitulacion para ir á descubrir, é conforme á la declaracion que fué -hecha por los del Consejo en la ciudad de Sevilla.» - -Declaracion de Sevilla. «Que la décima parte del oro é de las otras -cosas que pertenecen al dicho almirante D. Diego Colon, en las dichas -islas, por virtud de la dicha capitulacion, que el Rey, nuestro -señor, é la Reina, nuestra señora, que hayan gloria, hicieron con -el dicho D. Cristóbal Colon, su padre, en el Real de sobre Granada, -que pertenece al dicho almirante D. Diego Colon y á sus sucesores, -por juro de heredad, para siempre jamás, para que pueda hacer dello -lo que quisiere y por bien tuviere. Item, que de los diezmos -eclesiásticos, que á Sus Altezas pertenecen en las dichas islas, por -bulas apostólicas, así del oro como de las otras cosas, que al dicho -Almirante, D. Diego Colon, ni á sus sucesores no pertenece parte ni -cosa alguna. Item, que de las penas que pertenecen ó pertenecieren á -la Cámara de Sus Altezas é á la de los Reyes, que por tiempo fueren en -estos reinos de Castilla, así por leyes destos reinos como arbitrarias, -que se han impuesto ó impusieren para la dicha Cámara, que al dicho -Almirante, ni á sus sucesores, no les pertenece cosa alguna, salvo que -todas enteramente pertenecen á Sus Altezas; pero que las penas que, -por leyes destos reinos, pertenecian á las justicias é jueces dellos, -que éstas enteramente pertenecen al dicho Almirante y á sus oficiales. -Item, declaramos que al dicho Almirante no se le debe, ni ha de haber, -décima de aquellas cosas que Nos rescebimos, y podemos rescebir en las -dichas islas é tierra firme, por derecho de superioridad ó dominio, en -tal manera que el dicho Almirante no debe de haber décima de aquello -que Nos rescebimos ó podemos rescebir, á causa de las imposiciones -hechas ó que de aquí adelante se hicieren, así como son gabelas, que -comunmente se llaman almoxarifazgo, con otros servicios.» Item, dice la -de Sevilla: «Declaramos que las apelaciones que se interpusieren de los -Alcaldes ordinarios de las ciudades, villas é lugares, que agora son, ó -por tiempo fueren en las dichas islas, que fueren Alcaldes por eleccion -é nombramiento de los concejos, que aquellas vayan primeramente al -dicho Almirante ó á sus Tenientes, é dellos vayan las apelaciones á Sus -Altezas é á sus Audiencias, ó á aquellos que por su mandado hobieren de -cognoscer de las causas de las apelaciones de las dichas islas. Item, -que Sus Altezas puedan poner en las dichas islas, cada y cuando les -pareciere que conviene á su servicio, jueces de apelacion estantes en -ellas ó fuera dellas, los cuales puedan cognoscer de las dichas causas -de apelaciones, contenidas en su primer capítulo, é que para ésto no -embarguen los privilegios del dicho Almirante.» - -Declaracion de la Coruña, dice así: «Que de las sentencias que los -dichos nuestros Alcaldes ordinarios, por Nos nombrados, dieren y -pronuciaren, así en las causas criminales como en las civiles, se -puedan apelar y apelen para los dichos Alcaldes, nombrados por el -dicho Almirante, nuestro Visorey. Item, que de las sentencias dadas -por los dichos Alcaldes, nombrados por el dicho Almirante, como -nuestro Visorey, se pueda apelar y apele para delante de los jueces de -apelacion por Nos nombrados en las dichas ínsulas é tierra firme, para -cognoscer y determinar las dichas causas. Item, que de las sentencias -que los dichos nuestros jueces de apelacion dieren ó pronunciaren, sea -lícito é puedan apelar é suplicar para ante Nos, para que Nos mandemos -determinar é determinemos las dichas causas, por Nos é por los de -nuestro Consejo real, residente en estos nuestros reinos de Castilla, -con tanto que las causas sean de la cuantidad que por Nos está ordenado -y mandado.» - -En Sevilla. «Que las apelaciones que se interpusieren de los Alcaldes -ordinarios de las ciudades, villas é lugares, que agora son, ó por -tiempo fueren, en las dichas islas, que fueren Alcaldes por eleccion é -nombramiento de los concejos, que aquellas vayan primeramente al dicho -Almirante, ó á sus Tenientes, y dellos vayan las apelaciones á Sus -Altezas, ó á sus Audiencias, ó á aquellos que por su mandado hobieren -de cognoscer de las causas de las apelaciones de las dichas islas.» - -Declaracion de la Coruña. «Que en las dichas islas y tierra firme, y -en las ciudades, villas y lugares dellas, donde se extiende el dicho -Almirantazgo, Nos podamos criar é nombrar, é nombremos, é criemos -Alcaldes ordinarios, y en nuestro nombre los elijan y nombren los -pueblos, como hasta aquí se ha hecho; los cuales puedan cognoscer y -cognoscan, en prima instancia, cualesquiera causas civiles é criminales -pertenecientes á su jurisdiccion. Item, que los Jueces ante quien se -principiaren cualesquier causas é negocios, que aquellos jueces las -determinen hasta la sentencia definitiva, é no se puedan entremeter -otros jueces, si no fuere por apelacion.» - - - - -CAPÍTULO XLVIII. - -En el cual se prosiguen las declaraciones del Consejo, en Sevilla y en -la Coruña. - - -Declaracion de la Coruña. «Que el dicho Almirante, si quisiere, pueda -deputar y enviar una persona en la casa de la Contractacion de las -Indias, la cual asista con los nuestros oficiales, por Nos nombrados y -deputados en la dicha casa, para ver lo que así se hace en el tracto y -negociacion de las dichas Indias y tierra firme, donde su Almirantazgo -se extiende, porque tenga cuenta y razon de los que al dicho Almirante -pertenecen; con tanto, que la tal persona sea idónea y suficiente, y -presentada y notificada á Nos.» - -Declaracion en Sevilla. «Que cada y cuando á Sus Altezas pareciere -que conviene á su servicio é á la examinacion de su justicia, é á los -dichos Rey é Reina, que por tiempo fueren en estos dichos reinos, -puedan mandar tomar residencia al dicho Almirante é á sus oficiales, -conforme á las leyes destos Reinos.» - -Y porque el Almirante dió en cierto tiempo cuarenta y dos capítulos de -las cosas de que se agraviaba, respondiósele á algunos en Sevilla, y -despues en la Coruña. - -Una respuesta en Sevilla fué, «que á Sus Altezas ó á quien su poder -hobiere pertenecer el repartimiento de los indios de las dichas Indias, -y no al Almirante.» - -Respuesta en la Coruña. «Que pues Dios crió á los indios libres, é no -subjectos ni obligados á ninguna servidumbre, que de aquí adelante se -guarde lo que sobre ello está acordado é determinado.» En la márgen -dice ésto: «Declarado por los del Consejo, en la Coruña, que de -aquí adelante no se deputen y nombren Visitadores con jurisdiccion, -sino solamente que visiten los indios, y hagan pesquisa si han -hecho algunas cosas malas contra nuestra fe, para que se aparten y -abstengan dellas; y si hallaren algunos haber hecho y cometido algunas -cosas ilícitas y prohibidas, las declaren y notifiquen á sus jueces -competentes, para que sobre todo puedan debidamente proveer como más -convenga.» Aquesto se proveyó porque un Visitador pidió el oficio -de Visitador en Castilla, y lo hobo por una mula que dió á cierta -persona, nunca se habiendo proveido el tal oficio, en Castilla ni -acá, de aquella manera, sino como arriba dejamos dicho. Este vino á -esta isla, y, en muy pocos dias, robó dos ó tres mil castellanos, no -á los indios, porque no tenian más de los pellejos á cuestas, y los -trabajos donde los mataban, sino á los españoles, de cohechos, porque -disimulasen los malos tratamientos que á los indios hacian. Argúyese -aquí la ceguedad del Consejo en decir que solamente visitasen los -indios é hiciesen pesquisa si los indios hacian cosas malas contra -nuestra fe, etc. Ignoraba el Consejo lo que no le era lícito ignorar, -conviene á saber, que los desdichados opresos de los indios si sabian -qué hacer contra nuestra fe, como nunca hobiesen tenido doctrina ni -cognoscimiento de Dios, más que cien años ántes, ni aunque quisieran -no podian, como, dias y noches, otro espacio ni movimiento tuviesen, -sino morir en los trabajos de las minas, y en los que por ellas y á -ellas se conseguian. El mayor pecado de los tristes otro no era, sino -desear comer quequiera, porque, de pura hambre, aunque no trabajaran, -murieran como morian. Así que los Visitadores que se proveyeron en esta -isla, no se proveyeron para pesquisar si los indios hacian cosas contra -la fe, porque bien se sabia que no las hacian, sino para los afligir -cruelmente á azotes si se iban de las minas, ó si, á los en quien -estaban repartidos, á sabor de paladar no servian, y tambien para que -no consintiesen que los tuviesen más en las minas, y en otros trabajos, -de lo que ordenado estaba; pero desto segundo ningun cuidado se tenia, -de lo primero sí, porque no faltasen un punto en el servicio á los -que los destruian. Así que de todo esto, el Consejo, poca ó ninguna -noticia tenia, pues creia que los Visitadores se ordenaban para que -hiciesen pesquisa si los indios algunas cosas malas contra nuestra fe -cometian; de donde asaz parece, que las ignorancias del Consejo, así -del hecho como del derecho, tienen asoladas las Indias. Tornando al -propósito de las declaraciones, respondióse á lo mismo que el Almirante -pedia, de que le pertenecia el repartimiento de los indios, en lo cual -pedia para su alma el cuchillo, que el nombre de Visorey é título de -Almirante, y provision de Gobernador, no impide ni contradice para -que el Rey no pueda proveer y mandar las cosas que convengan para la -buena gobernacion de sus reinos y estados, como arriba es dicho, y por -esto no es agravio lo contenido en este capítulo; cuanto más que los -Visitadores, por leyes destos reinos, son permitidos para que puedan -visitar y cognoscer y determinar en las cosas pertenecientes á su -visitacion. Dice más cerca desto en la márgen de la declaracion de la -Coruña, que Su Alteza mandó y proveyó ésto, por los inconvenientes que -habia entre los oficiales de justicia, así para los indios que tenian -ellos, como para sentenciar en lo de los otros; y que así lo entiende -Su Alteza mandar en todos los otros oficiales de justicia, porque ansí -conviene para el buen tractamiento de los indios, y para la buena -gobernacion de aquella tierra. No he podido caer á qué propósito se -diga desta declaracion, porque no está más desto en aquel proceso. - -Declaróse en la Coruña tambien: «Que á cada uno sea lícito acusar -al juez del dicho Almirante, si se tuviese por agraviado dél, ó -pretendiere haber hecho y perpetrado alguna cosa digna de castigo -y punicion. Item, que Nos podamos nombrar y deputar, é nombremos é -deputemos juez de residencia que resciba residencia contra los jueces -nombrados y deputados por el dicho Almirante, é por virtud de sus -privilegios constituidos; el cual pueda á los dichos jueces suspender -ó quitar de sus oficios, si á él bien visto fuere, con tanto que en -lugar de los dichos jueces, que así fueren suspendidos é removidos, el -dicho Almirante pueda nombrar y constituir otros, que usen la misma -jurisdiccion é oficio que usaban los suspendidos é removidos, ántes de -su suspension é remocion, é que no puedan volver las varas á aquellos -hasta que hayan hecho residencia. Item, que contra el dicho Almirante -no se tome residencia, sino de los modos é formas pasadas en los -capítulos ántes deste.» - -En la Coruña. «Que los delitos que se cometieren y contractos que se -hicieren en la mar, do es el Almirante, entre las personas que fueren -á las dichas Indias, á donde se ejerce el dicho oficio, que pueda -cognoscer. Item, que si el Almirante lleva algunos derechos, que esté -pendiente el pleito sobre ello entre el reino y el Almirante, y que -se determine en el Consejo. Que de lo que se trujere de las partes -que descubrió el Almirante, su padre, se le acuda conforme á la -Capitulacion.» - -Item, en la Coruña se declaró: «Que en las dichas ínsulas é tierra -firme, donde el dicho su Almirantazgo se extiende, no se puedan hacer -ni se hagan ayuntamientos generales, sin intervencion del dicho nuestro -Visorey, ó de la persona por él nombrada, y de los del Consejo ó jueces -de apelacion por Nos nombrados. Pero que los oficiales reales de las -ciudades, villas é lugares, siendo llamados algunos buenos y probos -varones de los mismos lugares, si á ellos bien visto fuere, puedan -hacer y hagan ayuntamientos particulares, para los negocios que tocaren -particularmente á la utilidad é provecho de los dichos lugares; y que -en tanto que el Visorrey ejerciere el oficio por su persona, donde se -hallare presente que se haga.» Y aquesto de juntarse el Almirante con -los jueces é oficiales, Su Alteza lo mandó por honrar su persona, que -así no se entiende á sus Tenientes. - -Item, declaróse en Sevilla. «Que la provision de sus escribanías de los -concejos, y del número, de los lugares, pertenecer al Rey, pero las -del juzgado del Almirante, pertenecer al Almirante ó á quien su poder -tuviese, con tanto que los escribanos que pusiese tuviesen títulos de -escribanos del Rey.» - -Otras cosas muchas pidió y fueron declaradas por el Consejo de las -Indias, pero porque no fueron pedidas por vía de pleito y por tela de -juicio, sino por vía de negociacion y expediente, fueron despues dadas -por ningunas, por ciertos jueces que el Rey señaló, ante los cuales -anduvo muchos años el pleito. Esto se ha referido aquí, porque sepan -los venideros algunas cosas, de toda especie, de las pasadas, y porque -vean cuán transitorias son las mercedes que los Reyes hacen, y con -cuántos trabajos y dificultad se alcanzan, y cómo en este mundo los -grandes servicios se pagan; y todo ésto áun se verá más claro adelante. - - - - -CAPÍTULO XLIX. - - -Las peticiones y capítulos y pleitos que aquí quedan señalados hemos -referido por anticipacion, por no tornar despues á repetillos, porque, -como se ha dicho, fueron propuestos en diversos tiempos; año de 511 -algunos, y en él se hicieron en Sevilla las declaraciones; año de -12 otros, en Burgos, y otros año de 16, en Madrid, y año de 20 se -declararon en la Coruña, y otros año de 524. Pero los primeros y el -primer pleito se comenzó el año de 508, en el cual, como el Almirante -áun no se hobiese casado esperando que se determinase su justicia, -porque de allí dependia casar bien ó mejor, acordó, finalmente, casarse -con Doña María de Toledo, hija de D. Hernando de Toledo, Comendador -Mayor de Leon, hermano de D. Fadrique de Toledo, duque de Alba, -primos hijos de hermanos del Rey católico, el cual, de los grandes de -Castilla, era el que más en aquellos tiempos con el Rey privaba. Y -no pudo el Almirante llegarse á casa de grande del Reino, que tanto -le conviniese, para que con favor expidiese sus negocios, ya que no -le valia justicia, que la del duque de Alba, allende que cobró por -mujer una señora prudentísima y muy virtuosa, y que en su tiempo, en -especial en esta isla y donde quiera que estuvo, fué matrona ejemplo -de ilustres mujeres. Celebrado, pues, aqueste casamiento, el duque de -Alba insistia mucho con el Rey que pusiese al almirante D. Diego en la -posesion de la dignidad y oficios que habia ganado su padre, pero el -Rey, cuanto podia, complia con el Duque de palabras, con las cuales -el Duque, y con la dilacion, algunas veces rescibia mucho enojo, y -como privado y tan conjunto en sangre, y tambien, porque estando el -Rey en Nápoles, y muerto el rey D. Felipe, le sirvió mucho, y para -que á estos reinos tornase fué grande parte, no dejaba de mostrárselo. -Y áun díjose que ántes que viniese de Nápoles, ó estando en Nápoles -el Duque, se lo habia por cartas suplicado, y el Rey prometídoselo, -porque debia desde aquel tiempo el casamiento de tractarse. Finalmente, -de grado, ó vencido de las suplicaciones del Duque y tambien del -Comendador Mayor de Leon, su hermano, que despues del Duque no era -poco su privado y su cazador mayor, el Rey determinó enviar á esta -isla, con nombre solamente de Almirante y Gobernador de las Indias, al -dicho D. Diego Colon, segundo Almirante. Pero primero que le diese los -poderes, quiso poner el Rey aqueste resguardo, como si no tuviera el -Almirante privilegios ya de ello ganados, y adquirido derecho á todo -aquel Estado, y tractara de nuevo con algun estraño. El resguardo fué -protestar que no era su intincion, por los poderes que le habia de -dar, concedelle más derecho del que tenia pleiteando, y por esto mandó -despachar una Cédula del tenor siguiente: - -El Rey:--«Por cuanto yo he mandado al Almirante de las Indias que vaya -con poder á residir y estar en las dichas Indias, á entender en la -gobernacion dellas, segun en el dicho poder será contenido, háse de -entender que el dicho cargo y poder ha de ser sin perjuicio del derecho -de ninguna de las partes. Fecha en la villa de Arévalo á 9 dias del mes -de Agosto de 508 años.--Yo el Rey.--Por mandado de Su Alteza, Miguel -Perez de Almazán.»--Y en las espaldas de la dicha Cédula, «Acordada», y -estaba hecha una señal. - -Bien parece con la gana que el Rey le despachaba, que áun no dice con -mi poder, sino con poder, etc. Por manera, que no le dió mayor ni más -poder que habia dado al comendador Bobadilla y al Comendador Mayor, -que, al presente, aquesta isla gobernaba, que no se les habia dado más -de como á postizos y temporales que no habian de durar sino cuanto -fuese su voluntad. Y así, llevó el mesmo salario que el Comendador -Mayor tenia, y mandó que en Sevilla se le diese su pasaje, ó ayuda para -él, de la manera que al dicho Comendador Mayor se habia dado; y sobre -aquesta razon, el Rey le dió esta Cédula: - -El Rey:--«Nuestros oficiales de la casa de la Contractacion de las -Indias, que residís en la ciudad de Sevilla, ya sabeis como he proveido -de nuestro Gobernador de las dichas Indias al almirante D. Diego Colon, -el cual va á usar del dicho cargo, y porque mi voluntad es que en lo de -su pasaje se haga con él como se hizo con el Gobernador que agora es, -al tiempo que paso á las dichas Indias, por ende yo vos mando que veais -los libros que teneis del dicho tiempo, y todo lo que halláredes que se -hizo con el dicho Gobernador, así en el pagar de su pasaje y licencia -de bestias y otras cosas, lo hagais y cumplais con el dicho Almirante, -sin que falte cosa alguna, que yo por la presente, si necesario es, -doy licencia para ello por esta vez. Hecha en el Realejo, á 13 dias de -Diciembre de 1508.--El Rey.--Por mandado de Su Alteza, Lope Conchillos.» - -Entre otras Cédulas le mandó dar la siguiente, la cual puesto que -pareció favorable, y quizá la pidió el Almirante, porque supo que tenia -otra tal el Comendador Mayor, pero á lo que cognoscimos le fué harta -ocasion para que le durase poco la gobernacion, é se viese en muchos -lazos, por no cumplir la voluntad é interese de los privados del Rey, y -que estaban á su lado: - -El Rey:--«D. Diego Colon, Almirante de las Indias y nuestro Gobernador -dellas, porque podria ser que por yo no ser bien informado, mande -despachar algunas cartas para las dichas Indias, en cosa que viniese -perjuicio á nuestro servicio, yo vos mando que veais las tales cartas -y las obedezcais, y en cuanto al cumplimiento nos lo hagais luégo -saber, para que sobre ello os envie á mandar lo que se haga; pero -en recibiendo nuestro segundo mandado, obedeceldas y complildas -enteramente como os lo enviare á mandar, sin poner en ello dilacion -alguna. Fecha en el Realejo, á 13 de Diciembre de 1508. Yo el Rey.--Por -mandado de Su Alteza, Lope Conchillos.» - -Dióle poder para tomar residencia al Comendador Mayor y á sus dos -Alcaldes mayores. Habidos los despachos y besado las manos al Rey, -se partió el Almirante con su mujer, Doña María de Toledo, para -Sevilla, con mucha casa; trujo consigo á sus dos tios, el Adelantado D. -Bartolomé Colon, y D. Diego Colon, hermanos de su padre, de quien ya en -el libro I hablamos muy largo. Trujo tambien consigo á su hermano don -Hernando Colon, y algunos caballeros é hijos dalgo, casados, y algunas -doncellas para casar, como las casó despues en esta isla con personas -honradas y principales; trujo por Alcalde mayor á un licenciado, -Márcos de Aguilar, natural de la ciudad de Ecija, muy buen letrado y -experimentado en oficios de judicatura, en especial habia sido Alcalde -de la justicia en Sevilla, que es en ella muy principal cargo; trujo -á un licenciado Carrillo, tambien de quien abajo se dirá. Partió de -Sant Lúcar con una buena flota, creo que por fin de Mayo, ó principio -de Junio; trujo muy próspero tiempo y felice viaje, y entró por este -puerto desta ciudad de Sancto Domingo, por el mes de Julio, año de -1509. - - - - -CAPÍTULO L. - - -A la sazon que el Almirante llegó á este puerto, el Comendador Mayor -estaba en la tierra dentro, en la villa de Santiago, 40 leguas desta -ciudad, porque holgaba estar allí alguna parte del año, cuando podia, -por la sanidad y alegría del pueblo, y tener una legua de allí aquel -rio muy gracioso, llamado Yaquí; allende tambien que se iba allí, -por estar más cerca de las otras villas dichas, para, los que con él -quisiesen venir á negociar, escusarles el trabajo de venir á esta -ciudad. Ya dijimos tambien arriba, como habia puesto á un sobrino -suyo, llamado Diego Lopez de Salcedo, por Alcaide desta fortaleza, el -cual tambien acaeció estar fuera de aquí en una hacienda ó estancia -suya, cerca de aquí, por ventura para volver á dormir á ella, cuando -el Almirante vino. Pues como ninguno hobiese en la fortaleza, que -tuviese cargo de guardalla, aquel dia, sino fuesen gente de servicio, -así como lo supo el Almirante y desembarcó, fuése derecho con su mujer -y casa á aposentar en ella. Cuando el Alcaide vino, halló que otro la -poseia y mandaba la tierra. Escribióse luégo al Comendador Mayor como -el Almirante era venido, el cual, sabido el descuido de su sobrino -en la fortaleza, hobo gran enojo, y reprendiólo ásperamente, y tuvo -razon. Llegado á esta ciudad, fué luégo á ver al Almirante y á doña -María de Toledo, su mujer, los cuales le hicieron grande y gracioso -recibimiento, y él no menor reverencia á ellos. Hobo grandes fiestas -y representaciones, estando todos tres y los tios y hermano del -Almirante presentes, donde tambien ocurrieron de toda la isla muchos -caballeros y muy lucida gente. Acabadas las fiestas ó casi en ellas, -para las aguar, porque no haya en esta vida consuelo ni alegría sin -mezcla, sobrevino una tormenta y tempestad de las que hay por estas -mares y tierras, que los indios llamaban huracán, la última luenga, que -no dejó de toda esta ciudad cuasi casa enhiesta. Eran entónces las -casas de paja y de madera, y habia pocas de piedra. Destruyó las más -de las naos que estaban en este puerto, y entre ellas la en que habia -venido el Almirante, que fué muy grande y muy hermosa, con 500 ó 600 -quintales de bizcocho que áun no se habia desembarcado, y otras cosas -que allí en ella se perdieron. Tomóse la residencia al Comendador Mayor -y á sus dos Alcaldes mayores; bien creo que la dieron buena, porque -como el Comendador era tan prudente, amigo de justicia y bueno, no les -consintiera hacer cosa que no debiesen, y tambien porque el licenciado -Alonso Maldonado era muy hombre de bien, justiciero y que se holgaba -siempre más de concertar los pleiteantes que no que viniesen ante él á -pedir su derecho. El otro bachiller Ayllon, que presidia en la Vega, -no era tan humano, y algunas injusticias hizo. Y es aquí de considerar -juntamente y de reir, aunque con más verdad podríamos afirmar que con -justa razon era cosa de llorar, que no se hacia entónces, y, en muchos -años despues, cuenta ninguna, en las residencias, de los agravios y -perdicion que padecian los indios, y que todos los jueces eran en -destruillos, y los consentian oprimir é destruir, más que si aquellos -delitos fueran ir á cortar madera de los árboles que nunca tuvieron -dueño. Todas las culpas que venian á parar á las residencias, y que -eran por culpas tenidas, no eran otras sino si el juez habia dicho -alguna mala palabra segun la soberbia entónces habia, ó si lo echó -en la cárcel por palabras que dijo á otro que de tanta pena no eran -dignas, ó si le impidió que no echase tan aína los indios á las minas. -Estas y otras culpas semejantes se acusaban y ponian por cargos á los -Gobernadores y jueces en las residencias, no que hobiesen asolado -y muerto en las minas y trabajos, cada demora, 100 y 200 indios, -hécholos azotar, y apalear y matar de hambre, muy más cruelmente -que los otros crueles vecinos. Y debiérase tomar residencia y dar -por cargo al Comendador Mayor, haber inventado el cruel y tiránico -repartimiento, por el cual desposeyó á los señores naturales de sus -señoríos, privóles de su natural libertad, y hízolos servir, habiendo -de ser servidos; deshizo los pueblos, y todos los indios desta Isla -entregó en servidumbre, desparcidos, á sus capitales enemigos, que los -consumieron, y que cada demora via que se acababan, y no curaba dellos -ni á ponelles remedio se movia. De cómo los dejó morir sin fe y sin -Sacramentos, y otras infinitas injusticias que les hizo y les consintió -hacer, dignísimas de capital y durísimo castigo. Si estos cargos se le -pusieran y se hobieran de castigar en él y en sus Alcaldes mayores, -pero en él principalmente, manifiesto es á quien tuviera juicio, que no -pagara, aunque, siendo suyos, vendiera los reinos de Castilla y con mil -vidas que tuviera; pero miedo tengo que no fué digno que destas culpas -hiciese residencia en esta vida, plega á Dios, que la que Dios le tomó -en su divinal juicio, le haya sido favorable, porque, en verdad, yo le -amaba, fuera destos yerros en que ciegamente incurrió. Y porque se vea -más claro la ceguedad suya ó de los jueces suyos y de aquel tiempo, -quiero referir una cosa, que mostrará la rectitud de la justicia, ó, -por mejor decir, la estulticia de que aquellos usaban, y en qué estima -tenian á los inocentes indios, que pecaban los pecadores y pagaban la -pena los justos y que eran sin culpa. Hacia un delito grave, ó ménos -grave, un español, no porque matase indio ni lo tractase mal, porque -éstas no eran culpas ni jamás se castigó por ellas hombre alguno, sino -por otras causas que ofendiesen unos españoles á otros, la pena comun -y cuotidiana que cada dia se daba, era, que aquel hiciese á su costa -tal camino, ó diese tantos peones, ó hiciese otras obras públicas. La -costa era, que enviaba á los tristes opresos indios que tenia, para que -derrocasen y allanasen las sierras y levantasen los valles, con sus -sudores y trabajos, hambreando y llorando, y algunos exalaban allí el -espíritu. Estas eran las sentencias que los jueces daban y las penas -que padecian los españoles por sus delitos, no haciendo más caso de -las ánimas de los indios, que si fueran caballos ó otros animales, y -los condenaban en que dieran tantas bestias para traer tantas cargas, -ó carretadas, etc. Esta ceguedad, con las demas que arriba se han -notado, ¿cómo pudieron al Comendador Mayor y á sus jueces por alguna -causa ó color escusar? pero pasemos adelante. Tomada la residencia -tal cual, porque en lo demas que no tocase á indios no hallo cosa -(porque yo estuve aquí lo más del tiempo que él gobernó), en que con -razon algun español dél pudiese quejarse, aparejó para se partir para -Castilla, como el Rey le envió á mandar. Este Comendador Mayor tuvo sus -repartimientos de indios que tomó para sí; no creo que echó algunos -á las minas, sino para que le hiciesen labranzas de caçabí é de los -fructos de la tierra, para mantener la gente de su casa, porque para -su persona todo le venia de Castilla, y así tenia estancias ó granjas, -como las llaman en España. Yo cognoscí una con muchos indios en la -Vega, junto á la ciudad de la Concepcion, y otra ó otras creo yo que -tenia cerca desta ciudad de Sancto Domingo; la que yo cognoscí en la -Vega, no tuvo más doctrina para los indios, ni hobo mayor cuidado -dellos en ella, que tuvieron los otros españoles vecinos, que ni por -pensamiento les pasaba tenerlo. Cosa fué aquesta digna de maravilla, -que tanta ceguedad hobiese, aunque no se sirvieran de los indios, en -olvidar aquel precepto divino que todos tenemos, de enseñar é instruir -á los que ignoraban las cosas divinas, sin el cognoscimiento de las -cuales salvarse los hombres es imposible, cuanto más sirviéndose -destas gentes que con sus trabajos y angustias, y con perdicion de -su libertad y de sus propias vidas, parecian comprar la doctrina -de Cristo. Tuvieron tambien repartimientos de indios sus Alcaldes -mayores, y ninguno los dejaba de tener de los que acá tenian del Rey -oficios. La hacienda principal que el Comendador Mayor acá tuvo, que yo -sintiese, era una renglera de casas que hizo edificar en la calle de la -Fortaleza, que está más propincua al rio, en ambas á dos aceras; las de -una acera dejó para el Hospital de los pobres de esta ciudad de Sancto -Domingo, y las de la otra para su órden de Alcántara, que milita debajo -de la bandera de Sant Benito. Díjose que pidió dineros prestados para -salir desta isla. Finalmente, fué, cierto, ejemplo de honestidad y de -ser libre de cudicia este buen caballero en esta isla, donde pudiera -con mucha facilidad, en lo uno y en lo otro, corromperse. Despachó el -Almirante á su hermano don Hernando, que seria de edad de diez y ocho -años, para que fuese á estudiar á Castilla, porque era inclinado á -las ciencias y á tener muchos libros, y enviólo por Capitan general -de la flota, donde fué el Comendador Mayor por súbdito suyo cuanto -duró la navegacion; cosa fué notada, que una persona tan señalada y -digna de veneracion, y en dignidad de Comendador Mayor constituido, -y que habia sido Gobernador mayor de todas las Indias, fuese subjeta -de un muchacho de diez y ocho años; no pareció bien áun á los mismos -que querian bien al Almirante. A la sazon era Presidente del Consejo -real D. Alvaro de Portugal, hermano del duque de Berganza, portugués, -pariente de la reina doña Isabel, y que fué privado de los Reyes, que -se vino á Castilla en tiempo de las guerras y discordias que hobo en -aquellos tiempos entre Castilla y Portugal; oí decir, que habia dicho -el D. Alvaro, que habia de hacer tomar una residencia al Comendador -Mayor, que otra tal no se hobiese tomado, amenazándolo. Sospeché yo que -lo habia dicho por haber tenido noticia del estrago que habia hecho el -Comendador Mayor en la provincia de Xaraguá, quemando tantos señores -juntos, y ahorcando á Anacaona, hermana de Behechío, rey de allí; no -se si en la sospecha me engañé. De aquella matanza é injusticia tan -inhumana, en el cap. 9.º hicimos mencion. Finalmente, partió desta isla -el Comendador Mayor, por el mes de Setiembre del mismo año de 509, y -llegó á Castilla, bueno, al cabo del año. De cómo lo rescibió el Rey, -no lo supe, mas de que estando el Rey en Sevilla, y mandando celebrar -Capítulo la órden de Alcántara, en el mismo Capítulo, en cuatro dias, -murió, muy pocos dias despues que hobo de acá llegado. Ya habrá visto -cómo acertó en inventar ó entablar el repartimiento de los indios, y -desparcillos entre los españoles como si fueran cabras, pestilencia -vastativa y cruel que todas estas Indias ha estirpado, y las otras -obras que cerca y contra los indios hizo. - - - - -CAPÍTULO LI. - - -Lo que conviene aquí tractar, segun la órden de nuestra historia, es -de la persona y gobernacion del segundo Almirante, llamado D. Diego -Colon; el cual, segun parece por lo que vivió, más fué heredero de -las angustias é trabajos y disfavores de su padre, que del Estado -honras y preeminencias que con tantos sudores y aflicciones ganó. -Fué persona de grande estatura, como su padre, gentil hombre, y los -miembros bien proporcionados, el rostro luengo, y la cabeza empinada, -y que representaba tener persona de señor y de autoridad; era muy -bien acondicionado, y de buenas entrañas, más simple que recatado ni -malicioso; medianamente bien hablado, devoto y temeroso de Dios, y -amigo de religiosos, de los de Sant Francisco en especial como lo era -su padre, aunque ninguno de otra órden se pudiera dél quejar, y mucho -ménos los de Sancto Domingo. Temia mucho de errar en la gobernacion -que tenia á su cargo, encomendábase mucho á Dios suplicándole lo -alumbrase para hacer lo que era obligado; trujo poder de encomendar -los indios desta isla; porque, fuera desta, no habia poblacion de -españoles en otra parte, ni habian en otra parte destas Indias entrado -de asiento á los sojuzgar y estragar. Tomó indios para sí y para Doña -María de Toledo, su mujer, y diólos á sus tios el Adelantado y D. -Diego y á sus criados y personas honradas que vinieron de Castilla con -él, aunque algunos trujeron para que se los diese Cédulas del Rey. -Fueron tractados los indios, en este tiempo primero del Almirante, -con la priesa de sacar oro, y con el descuido de proveellos de comida -y remedio, y para sus corporales necesidades, y en dalles doctrina y -cognoscimiento de Dios, de la manera y peor que de ántes en tiempo del -Comendador Mayor. Habia en esta isla cuando el Almirante vino 40.000 -ánimas, que no restaban ya, de tres ó cuatro cuentos, más que matar; -por manera, que en obra de un año, desque vino el tesorero Pasamonte, -que dijimos haber 60.000, eran perecidos los 20.000 dellos. Proveyó, -luégo como vino, sabido las nuevas que habia traido Juan Ponce de -haber oro en la isla de Sant Juan, de enviar gente y un Teniente -suyo y Gobernador para que la poblase y gobernase; por su Teniente y -Gobernador, envió un caballero, natural de la ciudad de Ecija, llamado -Juan Ceron, y á Miguel Diaz, criado que habia sido del Adelantado, -su tio, los tiempos pasados, y le habia caido en suerte la mitad del -grano de oro grande, segun referimos arriba, por Alguacil Mayor; fuese -tambien á vivir á aquella isla el ya dicho Juan Ponce con su mujer é -hijos, y un caballero gallego, D. Cristóbal de Sotomayor, hijo de la -condesa de Camina, y hermano del conde de Camina, Secretario que habia -sido del rey D. Felipe, que habia venido con el mismo Almirante. Fueron -tambien otras muchas personas que habian venido con el Almirante, -desque vieron que ya en esta isla no habia indios para tantos, ni -sabian donde ir á parar yéndoseles gastando la laceria que habian -traido de Castilla. Deste caballero, D. Cristóbal de Sotomayor, se -dijo que el Rey enviaba por Gobernador de esta isla de Sant Juan, y -que el Almirante acá no lo consintió, pero esto parece no poder ser -por estas razones: una es, porque aún en Castilla no habia memoria -de que fuera desta Española se hobiese de poblar tierra alguna, ni -se sabia della si era tierra para poblarse de españoles ó no, porque -no habia entrado hombre de los nuestros por ella, mas de saltar en -la costa para tomar agua y leña; lo otro, porque las nuevas del oro -della trujo Juan Ponce al Comendador Mayor, y nadie las supo fuera -desta ciudad, porque cuando él vino con ellas, era ya desembarcado -el Almirante aquí; lo otro, porque el dicho D. Cristóbal vino sólo y -mondo, como dicen, con solos sus criados, harto pocos, y no traia de -Castilla un cuarto para gastar; lo otro, porque el Rey enviaba por -Gobernador al Almirante de todas estas Indias, y no habia luégo de -enviar juntamente Gobernador de parte dellas; lo otro, porque quedaba -pleito pendiente sobre la gobernacion y vireinado de todas ellas, -mayormente destas islas, de que ninguna duda habia en que fueron -descubiertas personalmente por su padre, y no haria el Rey luégo, sin -haber habido sentencia en ello, innovacion. Lo que yo creo, y entónces, -yo estando presente en esta ciudad, me parece haber sentido, sino me -he olvidado, que queria el D. Cristóbal que el Almirante lo enviara -por su teniente de Gobernador, y pienso que al principio lo envió, -y despues proveyó á Juan Ceron; y paréceme que aquesto es lo ménos -dudoso, si, como dije, la memoria de cerca de cincuenta años que han -pasado no me dejó. Finalmente, el uno ó otro duraron en el oficio un -año ó poco más, y ellos comenzaron á repartir los indios, y fueron -los primeros que aquesta pestilencia del repartimiento sacaron de -esta isla y llevaron á la de Sant Juan, y así fué la primera, despues -desta, que padeció esta plaga y calamidad. Llegado el Comendador Mayor -á Castilla, ó por hacer bien á Juan Ponce, ó al Almirante mal, hizo -relacion al Rey de como habia enviado á Juan Ponce á la isla de Sant -Juan, y habia descubierto mucha cantidad de oro, y que era hombre muy -hábil y que le habia servido en las guerras mucho, que Su Alteza le -debia proveer de aquella gobernacion, ó de cargo que en ella mandase. -El Rey le proveyó de la dicha gobernacion, pero como Teniente del -Almirante sin que el Almirante le pudiese quitar. Tomada la gobernacion -por provision del Rey, no le faltaron achaques, ó él se los buscó, -como es comun costumbre de los jueces acá, cuando quieren vengarse de -alguno sin tener temor de Dios ni del Rey, como está léjos el recurso; -prendió al Juan Ceron, y á Miguel Diaz, Alguacil mayor, y enviólos -presos á Castilla para que se presentasen en la corte, y esta fué la -primera sofrenada y disfavor que el Almirante, despues de acá llegado, -rescibió. Luégo, desde á pocos dias, rescibió otra poco menor: Tambien -vinieron con el Almirante dos hermanos, Cristóbal de Tapia, uno, por -Veedor de las fundiciones, el cual tenia la marca y sello con que se -marcaba, despues de fundido, el oro; y el otro, Francisco de Tapia, -por Alcaide de esta fortaleza, criados entrambos del obispo D. Juan -Rodriguez de Fonseca, de quien, muchas veces, arriba en el primer libro -y en éste, habemos hablado. Llegados á esta ciudad y entrado, como se -dijo, el Almirante y su casa en la fortaleza, presentó Francisco de -Tapia su provision de como era ya la tenencia della por el Rey; el -Almirante dilató cuanto pudo el cumplimiento de la provision, estándose -dentro, reacio, della, pareciéndole, por ventura, que á él pertenecia -por sus privilegios proveer ó señalar tres personas, y que el Rey -escogiese una dellas, como en los otros oficios se habia de hacer, y, -entre tanto, pensó escribir sobre ello. Avisaron los Tapias, segun es -verisímile, al obispo Fonseca, como el Almirante se habia entrado en -la fortaleza, y que presentada la provision del Alcaidía de Francisco -de Tapia, no habia querido complilla; no hobo llegado á noticia del -Obispo esta carta, cuando por los aires viniera la sobre carta real, -si fuera posible, pero baste que vino en los primeros navíos; envió -á mandar el Rey al Almirante, so graves penas, que luégo saliese de -la fortaleza y la entregase al tesorero Miguel de Pasamonte, para que -la tuviese hasta que mandase lo que se habia de hacer della; y de -creer es, que la Cédula desto, no vino poco reprensiva, porque no se -haria sino como quisiese y ordenase el Obispo. El Almirante luégo se -salió de la fortaleza, y fuése á posar á un cuarto de casa, que fué lo -primero que en esta ciudad, Francisco de Garay, criado del Almirante -primero, y que fué uno de los dos que hallaron el grano grande que -arriba dijimos, edificó la más propincua del desembarcadero sobre el -rio; estando allí el Almirante, procuró de hacer casa en que viviese, -y comenzó y acabó un muy buen cuarto, en el mejor lugar que por cerca -del rio habia, el cual posee agora el almirante don Luis, su hijo. -Pasados algunos meses, despues que el tesorero Pasamonte rescibió en -depósito la fortaleza, le vino mandado del Rey para que la entregase al -Francisco de Tapia, como Alcaide que hacia della, y con ella le mandó -dar 200 indios; éste era el principal salario que á los oficiales del -Rey se daba, y por haber éstos morian, y eran los que primero que los -de los particulares, por su grande cudicia y crueldad, y por tener más -favor, perecian; y despues de muertos la mitad ó el tercio de aquellos -200, en cada demora, presentaban la Cédula diciendo que el número que -el Rey les mandaba dar no lo tenian complido, y así tornábanse á echar -en la baraja todos los indios de la isla, y tornábanse á repartir, y -complíase aquel número de 200 indios, dejando sin indios á las personas -particulares que no tenian favor, segun que arriba se dijo. - - - - -CAPÍTULO LII. - - -Estando las cosas desta isla y de la de Sant Juan, y del Almirante -segundo, en el estado dicho, sucedió luégo, en este año de 509, -lo siguiente: Hobo un vecino en esta isla y en la ciudad de la -Concepcion, que decian de la Vega, de que muchas veces habemos á la -memoria repetido, llamado Diego de Nicuesa, que habia venido con -el Comendador Mayor, hijodalgo, que habia servido de trinchante á -D. Enrique Enriquez, tio del Rey católico, persona muy cuerda y -palanciana y graciosa en decir, gran tañedor de vihuela, y sobre todo -gran ginete, que sobre una yegua que tenia, porque pocos caballos en -aquel tiempo áun habian nacido, hacia maravillas. Finalmente, era uno -de los dotados de gracias y perfecciones humanas, que podia haber -en Castilla; sólo tenia ser mediano de cuerpo, pero de muy buenas -fuerzas, y tanto que, cuando jugaba á las cañas, el cañazo que él daba -sobre la adarga los huesos decian que molia. Este hidalgo, luégo que -llegó á esta isla, se acompañó con un vecino de los 300 que en esta -isla estaban, y que más hacienda de labranzas de la tierra, hecha -con indios, tenia, comprándole la mitad ó el tercio della, en 2 ó en -3.000 pesos de oro, fiada, á pagar sacando de los fructos de ella, que -entónces era gran deuda, y poniendo, el Diego de Nicuesa, los indios -de repartimiento que el Comendador Mayor le dió, en la compañía. El -tiempo andando, á costa de los sudores y trabajos de los indios, y -de la muerte de algunos dellos, sacó tanta cantidad de oro de las -minas, que pagó las deudas y quedó con 5 ó 6.000 castellanos de oro, -y mucha hacienda; y éstos por aquel tiempo era mucha riqueza en esta -isla y en estas Indias, porque, como queda muchas veces dicho, no -habia otra tierra poblada de españoles, sino ésta y la de Sant Juan, -que comenzó, como dije, poco habia. Cayeron en un aviso los vecinos -españoles desta isla, segun su parecer muy sotil, conviene á saber, -enviar procuradores al Rey que les concediese los indios perpétuos ó -por tres vidas, como los tenian por voluntad del Rey la cual no duraba -más de cuanto al que gobernaba placia. Este reguardo procuraban porque -no fuese en manos del Gobernador, cada y cuando que se le antojase, -quitarles los indios, como cada dia hacian. Para este mensaje y -procuracion, escogieron al dicho Diego de Nicuesa por procurador, y -á otro hidalgo muy prudente y virtuoso, llamado Sebastian de Atodo, -tambien, de aquella ciudad de la Vega, vecino. Estos, idos á Castilla, -propuesta su embajada y suplicacion al Rey, concedióles, creo que -entónces, que los tuviesen por una vida, pero despues se enviaron otros -procuradores que alcanzaron dos vidas, y despues se dieron priesa -por alcanzar tres vidas. Y esta fué cosa digna de admiracion, y no -sé si diga más digna de risa, ver la ceguedad que en todos, chicos y -grandes, habia, que se les morian cada dia los indios por sus crueles -tiranías, por las cuales, todos los indios de esta isla se acabaron, -no pasada, de muchos, la media vida, y toda su solicitud era que -el Rey se los diese perpétuos ó por tres vidas. Destos tupimientos -de los entendimientos, para sí mismos, y para los que los daños y -perdiciones padecian, tan nocivos, que los nuestros siempre tuvieron -en estas Indias, y comprendieron á muchos géneros de personas en -Castilla, verá innumerables cualquiera prudente lector, si leyendo -esta historia estuviese advertido. Así que Diego de Nicuesa, negociado -aquesta buena demanda para esta isla, negoció para sí otra tan buena -empresa, donde sudase y pagase los dineros, que, de los sudores y -trabajos y captiverio de los indios, habia adquirido; esta fué pedir -la gobernacion de la provincia de Veragua, por el olor de las nuevas, -que de la riqueza della, el Almirante primero que la descubrió, habia -dado y él oido, la cual se le concedió, aunque cierto era y notorio -haberla el Almirante descubierto, y estar sobre el cumplimiento de sus -privilegios pleito movido. A la sazon tambien se despachaba y despachó -la gobernacion de la provincia del golfo de Urabá, que es al rincon -que hace la mar en la tierra firme, pasada la tierra de Cartagena, de -que arriba hemos algo dicho, en el primero y en el presente libro, -para Alonso de Hojeda, que estaba en esta isla esperándola, porque -como el obispo D. Juan de Fonseca lo amase y tuviese como por criado, -aunque nunca lo fué, por ser valiente hombre y muy suelto, y lo hobiese -siempre favorescido, como arriba hemos alguna vez referido, en su -ausencia, le proveyó de la dicha gobernacion; la cual creo yo, que fué -á mover y negociar el piloto Juan de la Cosa, que con él habia andado -rescatando perlas y oro, y áun inquietando las gentes por aquella -costa de tierra firme, los años pasados, segun arriba queda dicho. -Así que, concedidas estas dos gobernaciones, que fueron las primeras -con propósito de poblar dentro de la tierra firme, señaló por límites -de la de Hojeda, desde el cabo que agora se dice de la Vela, hasta -la mitad del dicho golfo de Urabá, y á la de Nicuesa, desde la otra -mitad del golfo hasta el cabo de Gracias á Dios, que descubrió el -Almirante viejo, como en el cap. 21 queda escripto; dióseles á ambos -Gobernadores la isla de Jamáica, para que de allí se proveyesen de los -bastimentos que hobiesen menester: Dios sabe si habian de ser bien -ó mal habidos. Púsoles el Rey títulos á las gobernaciones; á la de -Hojeda nombró, el Andalucía, y Castilla del Oro á la de Nicuesa, las -cuales ambas dieron mucha pena al Almirante, mayormente la de Diego -de Nicuesa, por la causa dicha, y lo que más sintió fué dalles á la -isla de Jamáica, que el Rey y todo el mundo sabia haberla descubierto -su padre, con todas estotras islas, de lo cual ningun litigio habia. -Y porque Alonso de Hojeda era muy pobre, que no tenia, ó muy poco lo -que haber podia, para los gastos de navíos y bastimentos y gente que -traer se requeria, creo que Juan de la Cosa, con su hacienda y de -amigos y compañeros, allegó á fletar una nao, y uno ó dos bergantines, -dentro de los cuales, metidos los bastimentos que pudo y obra de 200 -hombres, vino á esta ciudad y puerto de Sancto Domingo, donde fué de -Hojeda bien rescibido. Diego de Nicuesa, como más poderoso de dineros -y de haciendas, que tenia en esta isla, engrosó más su armada y trujo -cuatro navíos grandes y dos bergantines, y mucho más aparato y gente, -y llegó y entró en este puerto desde á pocos dias; pero de camino, -para que Dios hiciese sus hechos, vínose por la isla de Sancta Cruz, -que está 12 ó 15 leguas de la de Sant Juan, y salteó ciento y tantos -indios que vendió por esclavos, aquí y en Sant Juan, de camino, y -dijo que trujo licencia del Rey para hacerlo. Estaba entónces aquí un -bachiller llamado Martin Hernandez de Anciso, que habia ganado á abogar -en pleitos 2.000 castellanos, que por aquel tiempo valian más que hoy -valen 10.000; viendo á Hojeda con tan poca sustancia para su empresa, -ó el mismo Alonso de Hojeda le rogó que le ayudase ó favoreciese con -su industria y dinero, el bachiller luégo lo hizo, porque compró un -navío y cargólo de bastimentos, segun pudo, y para ésto quedó en esta -isla, para luégo con alguna gente seguille; Hojeda le constituyó desde -luégo por su Alcalde mayor en todo el distrito de su Andalucía. Juntos -en esta ciudad los dos nuevos Gobernadores, Hojeda y Nicuesa, cada -uno procurando su despacho de llevar gente y bastimentos, comenzaron -á rifar sobre los límites de sus gobernaciones y sobre la isla de -Jamáica; queria cada uno dellos que la provincia del Darien cayese -dentro de sus límites; y así andaban cada dia de mal en peor, de tal -manera que, que se matasen un dia, creiamos los que los viamos. Hojeda -como era pobre y tan esforzado, echaba luégo el negocio á puñadas y á -desafíos, el Nicuesa, como se tenia por más rico, y era sabio, decidor -graciosísimo, díjole un dia: «dad acá, pongamos cada 5.000 castellanos -en depósito, que os matareis conmigo, y no nos estorbemos agora nuestro -camino.» Todo el mundo sabia que Hojeda, un real que pusiese, no tenia; -en fin, con parecer de Juan de la Cosa, se concertaron con que el rio -grande del Darien, los dividiese, que el uno tomase al Oriente, y el -otro al Occidente; como el Almirante de ambas gobernaciones por muy -agraviado se sintiese, mayormente, como se dijo, de la de Veragua -y Jamáica, todo cuanto pudo contrarió al despacho dellos, y, para -impedilles lo de Jamáica, determinó de enviar á poblalla, y á aquel -caballero de Sevilla, Juan de Esquivel, de quien dijimos arriba que -habia sido Capitan en las guerras de Higuey, por su Teniente della, -al cual dijo cuando se iba á embarcar, como era osado, Hojeda, «que -juraba que si entraba en la isla de Jamáica, que le habia de cortar la -cabeza.» Partióse de este puerto con dos navíos y dos bergantines, y en -ellos 300 hombres, de los venidos para esto de Castilla, y los que se -llegaron de esta isla, y doce yeguas, á 10 ó 12 dias de Noviembre del -mismo año de 509. Y porque Diego de Nicuesa tenia más gruesa armada, y -se le llegó desta isla mucha gente isleña, lo uno, porque habia sido -casi por todos amado por su buena conversacion y por sus gracias, lo -otro, y que más los movió, porque de riqueza volaba, más que la de -Urabá, la fama de Veragua, fuéle necesario comprar otra nao, allende -cuatro y dos bergantines que trujo de Castilla, para llevarlos, y así -tardar más que Hojeda en su despacho; y porque, para cumplir con tanta -nao y tanta gente, tuvo necesidad de adeudarse, así en Castilla como -en esta isla; despues de llegado aquí, tuvo grandísimas angustias y -trabajos ántes que se despachase. La razon desto fué, porque como al -Almirante pesase tan íntimamente de que Nicuesa ni otro fuese á gozar -de Veragua, como de tierra que habia personalmente descubierto su -padre, y sus privilegios fuesen violados, ó él, ó por hacelle placer -á él, ó su Alcalde mayor ó otras personas movian á los acreedores que -impidiesen la partida de Nicuesa echándole embargos; de manera, que, -cuando cumplia con uno con prendas de sus haciendas ó dando fianzas, -salia otro y mostraba una obligacion ó cognoscimiento suyo con que -lo embargaba. Ultimamente, un dia, creyendo que ya lo tenia todo -averiguado, y 700 hombres muy lucidos, y embarcados, y seis caballos (y -por su Capitan general nombró á un Lope de Olano, que habia sido con -las cosas de Francisco Roldan, contra el Almirante viejo, los tiempos -pasados), despacha todas sus cinco naos que se hagan á la vela, con él -un bergantin, y deja el uno, para meterse en él, y ir luégo á tomallas, -quedando entendiendo en cierto despacho, y aquella misma tarde que las -naos salieron, yéndose al rio á embarcar, viene tras él la justicia -y échanle un embargo de 500 castellanos, y áun creo que le sacaron -de la barca, si no me he olvidado, porque yo vide lo que he contado. -Vuélvenlo á casa del Alcalde mayor del Almirante, que era el licenciado -Márcos de Aguilar, y allí mándanle que pague, sino que habrá de ir á la -cárcel; hace sus requerimientos al Alcalde mayor que le deje ir, pues -via ya salidas del puerto sus naos, y que iba en servicio del Rey, y -que si lo detenia, se perdia su armada, donde se arriesgaba más que 500 -castellanos, los cuales él pagaria en llegando, y que al presente no -le era posible pagalles; respondia el Alcalde mayor que pagase, porque -el Rey no queria que ninguno la hacienda de otro llevase, y en esto -pasaban cosas muchas, que al triste de Nicuesa gravemente atribulaban, -y aunque pareció que industriosamente aquellos impedimentos se -rodeaban, valiérale mucho que allí lo detuvieran y muriera encarcelado, -segun el triste fin le estaba esperando. Estando en esto, sin saber -qué remedio tener, y fué maravilla no perder allí el seso aquella -tarde, segun estaba angustiado, sale de través un muy hombre de bien, -escribano desta ciudad, cuyo nombre me he olvidado y no quisiere -olvidado, y dice, «¿qué piden aquí al señor Nicuesa?» Respóndesele, -«500 castellanos»; dijo él, «asentá, escribano, que yo salgo por su -fiador de llano en llano, y vayan luégo á mi casa, que yo los pagaré de -contado.» El Nicuesa calla como espantado, de tan tempestivo consuelo -y socorro dudando; asienta el escribano la obligacion del que se -obligaba, y fírmala de su nombre, y desque Nicuesa vido que de veras se -hacia el acto, váse derecho á él casi sollozando, y dice, «dejáme ir -abrazar á quien de tanta angustia me ha sacado,» y así lo abraza. Esto -hecho, váse á embarcar en su bergantin para sus naos, que lo estaban -fuera del puerto esperando barloventeando, mirando siempre atras, si -venia tras él algun otro embargo. Salió despues de Alonso de Hojeda, -ocho dias, deste puerto, á 20 ó 22 dias de Noviembre del dicho año; -díjose, que en entrando en su nao la _Capitana_, comenzó á llamar de -borrachos á los pilotos y echar el punto en las cartas de marear, y -á querer guiar la danza; si ésto fué verdad, yo creo que llevaba el -juicio trastornado, porque no solian ser aquellas sus palabras, segun -la prudencia de que lo cognoscimos adornado. Partióse luégo tras ellos -Juan de Esquivel, con 60 hombres, á poblar la isla de Jamáica, y -éstos fueron los primeros que llevaron las guerras, y el pestilencial -repartimiento á aquella isla, y la destruyeron; dejó Nicuesa proveido -en sus haciendas que tenia en esta isla, que de 500 puercos, suyos ó -comprados, le hiciesen 1.000 tocinos en la Villa y puerto de Yaquimo, -80 leguas de este puerto abajo, como ya se ha dicho, que estaban en muy -buen paraje para dar con ellos en Veragua en cinco ó seis dias, yo los -vide hacer en la villa de Yaquimo, donde yo fuí, despues de Nicuesa -partido, y eran de los grandes y hermosos tocinos que en mi vida he -visto. - - - - -CAPÍTULO LIII. - - -Dejemos partidos los dos Gobernadores de esta isla para sus infelices -gobernaciones, que tales fueron al cabo, hasta que sea tiempo de tornar -á tratar de lo que, en tierra firme, por aquellos tiempos, á ellos y -á la tierra sucedió, que hay bien que recontar, y prosigamos lo que -concerniere al tiempo y gobernacion del segundo Almirante. Para que -sea, lo que adelante se dirá, más claro, es de presuponer, que despues -que el rey católico D. Hernando, el año de siete vino acá, á gobernar -los reinos de Castilla, por muerte del rey D. Felipe, desde Nápoles, -toda la gobernacion de estas Indias pendió principalmente del Obispo de -Búrgos, D. Juan Rodriguez de Fonseca, y del secretario Lope Conchillos, -los cuales eran muy privados del Rey, cada uno en su grado. Ya se ha -dicho en el primer libro, y en muchas partes destos libros ambos, como -el dicho Obispo, desde que fué Arcediano de Sevilla y se descubrieron -estas Indias, hasta este tiempo, y despues muchos años más, siempre -el dicho D. Juan Rodriguez de Fonseca, despues de Obispo que pasó por -diversos Obispados, tuvo de la gobernacion dellas todo el cargo, y con -él, principalmente por su autoridad y gran crédito que los Reyes dél -tuvieron, y tambien por su prudencia y capacidad, en lo que tocaba á -esto, se descuidaban, mayormente despues que el Rey vino de Nápoles, -como era viejo y enfermo, y bien cansado, puesto que con él se juntaban -otras personas de Consejo, notables letrados y no letrados, pero él era -el principal y presidia sobre todos, y su parecer se seguia en todo lo -que parecia tener color de bueno, por la mayor parte, por su autoridad -y por la experiencia que del hecho tenia de tantos años. El secretario -Conchillos, que entónces comenzaba, llegóse á él y seguia su voluntad, -como le via del Rey tan viejo privado, y finalmente, se hacia por acá -lo que ambos rodeaban, al ménos en aquellas cosas ordinarias y donde -no ocurrian nuevas dificultades. Ya se ha dicho tambien, como el dicho -Obispo, siempre tuvo acedía y no tomó sabor en los negocios y obras -de estos Almirantes; no se yo, que vide y oí mucho de esto, cuáles -hobiesen sido la causa ó causas, sino algunos puntos que arriba hemos -dado, que fueron harto livianos. Por ventura, sintiendo ésto los que -acá estaban, cobraban atrevimiento á no tener en cuanto debieran al -Almirante, así como dió lo mismo alguna y quizá mucha causa, en los -tiempos pasados, á la desvergüenza y alzamiento de Francisco Roldan, -contra su padre, primer Almirante, pues se jactaban que escribirian -al Obispo; y despues, cuando vino Alonso de Hojeda y alborotó la -provincia de Xaraguá, todos estribaban en el favor del Obispo, teniendo -por cierto que el Almirante no estaba en su gracia, segun que parece -arriba en el primer libro en algunos lugares. De aquí, creo que -se originó algo de lo que vamos hablando, conviene á saber, haber -engendrádose en esta isla, mayormente en esta ciudad, parcialidades; -una que volvia por el Almirante, y otra cuya cabeza era el tesorero -Pasamonte, y ésta se jactaba ser del Rey, como era muy favorescido -dél y del Obispo y de Conchillos, porque, segun creo, ambos, Tesorero -y Conchillos, eran aragoneses. Ayudaba mucho al bando del Tesorero, -ser su persona muy cuerda y de mucho ser y autoridad, y, á lo que -yo entendí ó creí cierto, por lo que cognoscí del Almirante y de su -condicion, noble y sin doblez, sin culpa suya todo esto se le rodeaba, -quizá, por algunas personas de las que habian sido desobedientes á su -padre de las reliquias de Francisco Roldan, ó de las que aquí quedaron -y despues vinieron, que querian bien al Comendador Mayor, todos los -cuales, sospecho que, pretendian deshacer al Almirante y quedarse con -la gobernacion, y hacer cada uno su casa. Y lo que sin gran ceguedad -de pasion, ó sin mayor malicia no pudo imaginarse, fué que, ó pensaban -ó fingian que el Almirante se podria ó querria en algun tiempo con -esta isla contra el Rey alzar, como á su padre levantaron, no teniendo -apénas que comer ni favor de ninguna parte. Y que esta maldad pensasen -ó fingiesen pareció, porque pasando por esta isla, para la de Cuba, uno -que iba por Contador del Rey, llamado Amador de Lares, muy diestro en -las cosas de la guerra, y que habia gastado muchos años en Italia, le -rogaron que fuese á ver las casas ó cuarto de casa que habia hecho el -Almirante, para ver si era casa fuerte de que pudiese tener sospecha -de algo. Fué á vella, y vido que estaba toda aventanada, ó llena por -todas partes de ventanas, porque así lo requeria la tierra por el -calor, y otras particularidades de casa muy llana; y burlo della y -más de los que aquello pensaban. Yo se lo oí esto al dicho contador -Amador de Lares. Creció cada dia más la malicia y envidia ó ambicion de -los de acá y de los de Castilla, ayudando algo, y quizá mucho, que el -Almirante no cumplia algunas Cédulas del Rey, que tocaban al interese -de los de Castilla y de los de acá, puesto que las obedecia, porque -le parecia que no convenia cumplillas, lo cual hacia por autoridad de -la Cédula que trujo, y arriba pusimos, y ansí escribian al Rey, y al -Obispo, y al secretario Conchillos lo que á sus paladares bien sabia, -y en disfavor del Almirante con sus colores y confitura del servicio -Real; lo que por todas estas Indias para corroborarse los oficiales del -Rey é ministros de su justicia en sus tiranías, se habia asaz usado. -Por estas invenciones y falsedades, á Castilla por cartas enviadas, -determinóse que se pusiesen ciertos jueces en esta isla y ciudad, que -se llamasen jueces de apelacion, á los cuales se apelase del Almirante -y de sus Alcaldes mayores; y aunque, si ellos fueran justos y usaran -sus oficios sólo para bien y guarda de la justicia, no parecia ser no -prudente provision (puesto que el Almirante la sintió mucho, porque -via que era para mayor daño suyo, y en perjuicio de sus privilegios -ponelle superior), pero ellos fueron siempre tales, que no tomaran -aquellos aquel oficio, sino por armas para destruir al Almirante y -echalle de esta isla, para mandalla ellos solos, los que despues -vinieron para señorear y robar la tierra y afligir y oprimir los que -poco podian y hoy pueden, no digo indios, porque muchos há que no -hay dellos memoria, sino los mismos españoles, como ellos afligieron -y oprimieron, y acabaron los indios. Proveyéronse por Jueces tres -licenciados, un licenciado llamado Marcelo de Villalobos, el licenciado -Juan Ortiz de Matienzio, y el bachiller Ayllon, que fué Alcalde mayor -de la Vega, como queda dicho en el capítulo 40, por el Comendador -Mayor, el cual venia ya licenciado, ó se llamó licenciado. Esta fué -la ponzoña principal que, de allí adelante lo que el cargo le duró, -entró en esta isla, en especial contra las cosas del Almirante, porque -renovó ó quiso vengar las cosquillas ó desabrimientos que hobo entre -el Almirante y el Comendador Mayor, ó los que quizá rescibió cuando -le tomó el Almirante residencia. Este se juntó con el Tesorero y con -otros criados del Obispo, que ya era de Búrgos, y con amigos y criados -del Comendador Mayor, los cuales, abierta ó casi abiertamente decian y -mostraban querer y seguir en destruir la casa y estado del Almirante; -y así lo hicieron grandes afrentas, y causaron muchas turbaciones con -la voz del servicio del Rey, de tal manera, que ya ni criados, ni -deudos, ni amigos osaban parecer ni hablar por miedo dellos. Envió -sus querellas el Almirante al Rey, suplicándole que enviase quien los -tomase residencia y á su Alcalde mayor, Márcos de Aguilar, y á los -demas sus oficiales; vino por juez de residencia un licenciado, que se -llamó Juan Ibañez de Ibarra, el cual, luégo que llegó, murió, y algun -rumor y sospecha hobo que se le dió con que muriese; murió tambien -el secretario Zabala, que con él vino para entender en la residencia -y negocios. Finalmente, tanto prevalecieron aquellos, todos, que se -llamaban servidores dél, contra el Almirante, que al cabo lo hobo de -enviar á llamar el Rey; y pasados grandes trabajos, angustias y gastos, -al cabo con ellas, desterrado de su casa, lo mataron, como dijo un -religioso en Sant Francisco desta ciudad, predicando á sus honras, como -abajo parecerá. - - - - -CAPÍTULO LIV. - - -Por este tiempo, en el año de 1510, creo que por el mes de Setiembre, -trujo la divina Providencia la Órden de Sancto Domingo á esta isla, -para lumbre de las tinieblas que entónces habia, y en todas estas -Indias se habian despues de engrosar y ampliar. El movedor primero, y -á quien Dios inspiró divinalmente la pasada de la Órden acá, fué un -gran religioso de la Órden, llamado fray Domingo de Mendoza, hermano -del padre fray García de Loaysa, que despues fué Maestro general de -la Órden, y confesor del Emperador y rey de España, Cárlos V, de este -nombre, y despues subió á ser Obispo de Osma, y despues Arzobispo de -Sevilla, y Cardenal y Presidente del Consejo destas Indias, y que por -más de veinte años las gobernó. Aquel hermano de este señor, llevó Dios -por otros pasos y caminos, y por otros grados más firmes y de mayor -seguridad lo levantó. Fué celosísimo de ampliar la religion, y que se -conservase en el prístino rigor, segun las antiguas sus constituciones, -y éste fué su principal fin, como fin que primero se ha de procurar, -no dejando de pretender el segundario, que es la salud y provecho de -las ánimas. Este padre fué muy gran letrado, casi sabia de coro las -partes de Sancto Tomás, las cuales puso todas en verso, para tenerlas -y traerlas más manuales, y, por sus letras, y más por su religiosa, -y aprobada y ejemplar vida, tenia en España grande autoridad. Para -su sancto propósito, halló á la mano un religioso llamado fray Pedro -de Córdoba, hombre lleno de virtudes y á quien Dios, nuestro Señor, -dotó y arreó de muchos dones y gracias corporales y espirituales. -Era natural de Córdoba, de gente noble y cristiana nacido, alto de -cuerpo y de hermosa presencia; era de muy escelente juicio, prudente -y muy discreto naturalmente, y de gran reposo. Entró en la órden de -Sancto Domingo, bien mozo, estando estudiando en Salamanca, y allí -en Santistéban se le dió el hábito; aprovechó mucho en las artes -y filosofía y en la teología, y fuera sumo letrado, si por las -penitencias grandes que hacia no cobrara grande y contínuo dolor de -cabeza, por el cual le fué forzado templarse mucho en el estudio, y -de quedarse con suficiente doctrina y pericia en las Sagradas letras, -y lo que se moderó en el estudio, acrecentólo en el rigor de la -austeridad y penitencia, todo el tiempo de su vida, cada y cuando las -enfermedades le dieron lugar. Fué tambien, con las otras gracias que -Dios le confirió, devoto y excelente predicador, y á todos daba, con -sus virtuosas y loables costumbres para en el camino de la virtud y de -buscar á Dios, loable y señalado ejemplo, tiénese por cierto que salió -desta vida tan limpio como su madre lo parió. Fué llevado de Salamanca, -con otros religiosos de mucha virtud, á Sancto Tomás de Avila, donde -por entónces resplandecia mucho la religion. A este bienaventurado -halló el padre fray Domingo de Mendoza dispuesto para que le ayudase á -proseguir aquesta empresa, y movió á otro, llamado el padre fray Anton -Montesino, amador tambien del rigor de la religion, muy religioso y -buen predicador. Persuadieron á otro santo varon, que se decia el padre -fray Bernardo de Sancto Domingo, poco ó nada experto en las cosas del -mundo, pero entendido en las espirituales, muy letrado y devoto y gran -religioso. Estos movidos y dispuestos para le ayudar, fué á Roma para -negociar con el Gaetano, que era entónces Maestro general de la Órden, -y trujo recaudos para pasar la Órden á estas partes, y, habida licencia -tambien del Rey, porque tuvieron necesidad que otra vez se tornase -ó hablar con el Maestro general para sus cosas de órden, quedóse el -padre fray Domingo de Mendoza para las negociar, y envió al dicho -padre fray Pedro de Córdoba, que tenia entónces edad de veintiocho -años, por Vicario de los otros dos, aunque más viejos, y un fraile -lego que les añidió. Estos cuatro religiosos trujeron la Órden á esta -isla; el fraile lego se tornó luégo á Castilla y quedaron los tres, -los cuales, comenzaron luego á dar de su religion y santidad suave -olor, porque rescibidos por un buen cristiano, vecino desta ciudad, -llamado Pedro de Lumbreras, dióles una choza, en que se aposentasen, -al cabo de un corral suyo, porque no habia entónces casas sino de -paja, y estrechas. Allí les daba de comer caçabí de raíces, que es pan -de muy poca sustancia, si se come sin carne ó pescado; solamente se -les daba algunos huevos, y de en cuando en cuando, si acaescia pescar -algun pescadillo, que era rarísimo. Alguna cocina de berzas, muchas -veces sin aceite, solamente con axí, que es la pimienta de los indios, -porque de todas las cosas de Castilla era grande la penuria que habia -en esta isla. Pan de trigo ni vino, áun para las misas, con dificultad -lo habia. Dormian en unos cadalechos, de horquetas y varas ó palos -hechos, y por colchones paja seca por encima; el vestido era de jerga -aspérrima, y una túnica de lana mal cardada. Con esta vida y deleitable -mantenimiento, ayunaban sus siete meses del año arreo, segun de su -Órden lo tenian y tienen constituido. Predicaban y confesaban como -varones divinos; y porque esta isla toda estaba (los españoles digo), -en las costumbres de cristianos pervertida, en especial en los ayunos y -abstinencias de la Iglesia, porque se comia carne los sábados y áun los -viérnes y todas las Cuaresmas, y habia, todas ellas, las carnecerías -tan abiertas, y tan sin escrúpulo y con tanta solemnidad, como las -hay por Pascua Florida, con sus sermones, y más creo que con su dura -penitencia y abstinencia, los redujeron á que se hiciese consciencia -dello y se quitase aquella glotonería en los tiempos y dias que la -Iglesia determina. Habia, esomismo, gran corrupcion en los logros y -usuras, tambien los desterraron é hicieron á muchos restituir; otros -efectos grandes, dignos de la religion y Órden de Sancto Domingo, se -siguieron de su felice venida. Y porque á la sazon que vinieron y -desembarcaron en este puerto y ciudad de Sancto Domingo, el Almirante -habia ido, con su mujer doña Maria de Toledo, á visitar la ciudad de -la Concepcion de la Vega, y estaban allí, fué luégo á dalles cuenta -de su venida el bienaventurado padre fray Pedro de Córdoba, no con -más fausto de ir á pié, comiendo pan de raíces y bebiendo agua fria -de los arroyos, que hay hartos, durmiendo en el campo y montes en el -suelo con su capa á cuestas, 30 leguas de harto trabajoso camino. -Rescibiólo el Almirante y doña María de Toledo, su mujer, con gran -benignidad y devocion, y hiciéronle reverencia, porque el venerable -y reverendo acatamiento, y sosiego y mortificacion de su persona, -aunque de veintiocho años, daba á entender á cualquiera que de nuevo lo -viese, su merescimiento. Creo que llegó sábado, y luégo domingo, que -acaecia ser entre las octavas de Todos Santos, predicó un sermon de la -gloria del Paraíso que tiene Dios para sus escogidos, con gran fervor -y celo; sermon alto y divino, é yo se lo oí, é por oírselo me tuve por -felice. Amonestó en él á todos los vecinos, que, en acabando de comer, -enviasen á la iglesia cada uno los indios que tenia en casa, de que se -servia. Enviáronlos todos, hombres y mujeres, grandes y chicos; él, -asentado en un banco y en la mano un crucifijo, y con algunas lenguas -ó intérpretes, comenzóles á predicar, desde la creacion del mundo -discurriendo, hasta que Cristo, Hijo de Dios, se puso en la Cruz. Fué -sermon dignísimo de oir é de notar, de gran provecho, no sólo para los -indios (los cuales nunca oyeron hasta entónces otro tal, ni áun otro, -porque aquel fue el primero que á aquellos y á los de toda la isla se -les predicó acabo de tantos años, ántes todos murieron sin haber oido -palabra de Dios), pero los españoles pudieran dél sacar mucho fructo. Y -si muchos de los tales se les hobieran predicado, algun más fructo se -hobiera hecho en ellos que se hizo, y más hobiera sido Dios cognoscido -y adorado, y mucho ménos ofendido. Finalmente, habiendo dado parte al -Almirante de lo que habia que dalle, y negociado en breves dias, se -tornó á esta ciudad, dejando á todos los que lo habian visto y oido -presos de su amor y devocion. Luégo, en los primeros navíos, segun -creo, vino el primer inventor desta hazaña, el padre fray Domingo de -Mendoza, con una muy buena compañía de muy buenos frailes; todos los -que entónces venian eran religiosos señalados, porque á sabiendas y -voluntariamente se ofrecian á venir, teniendo por cierto que habian -de padecer acá sumos trabajos, y que no habian de comer pan ni beber -vino, ni ver carne, ni andar los caminos cabalgando, ni vestir lienzo -ni paño, ni dormir en colchones de lana, sino con los manjares y rigor -de la Órden habian de pasar, y áun aquello muchas veces les habia de -faltar; y con este presupuesto se movian con gran celo y deseo de -padecello por Dios, con júbilo y alegría, y por ésto no venian sino -religiosos muy aventajados. Díjose, que cuando este padre fray Domingo -de Mendoza llegó, con su religiosa compañía, en la isla de la Gomera, -que es una de las de Canaria, hobo allí una mujer endemoniada, y rogado -que la visitase y conjurase, hízolo de grado; y hechos los conjuros y -forzando al espíritu inmundo que de allí saliese, trabadas pláticas, -preguntóle y forzóle que le dijese de dónde venia; respondió el demonio -que venia de las Indias; dijo entónces el padre: «¡Ah, don traidor, -que ya no os cale parar allá, pues la fé católica se lleva, y va en -ellas á predicarse, donde habeis rescibido gran daño, y ser dellas -desterrado.» Respondió el demonio: «Bien está, que algun daño me han -hecho y me hacen, pero por eso bien que no se sabrá el secreto en estos -cien años.» Esto se publicó que allí pasó, no me acuerdo quién me lo -dijo, y por mi descuido no lo supe del mismo padre fray Domingo, ó del -padre fray Pedro de Córdoba, y de otros muchos religiosos lo pudiera -bien saber y averiguar, porque tuve harto tiempo para ello. Si dijo -verdad el demonio, como la puede decir, cumpliendo la voluntad de Dios, -el tiempo lo declarará desque pasen cuarenta años, contando los ciento, -desde que estas Indias se descubrieron; y, por ventura, el secreto es -la claridad del engaño y ceguedad que hay cerca de las injusticias é -impiedades que estas gentes de nosotros han rescibido, no teniéndose -por pecados, que ha comprendido á todos los estados de España. En -fin, yo soy cierto que el tiempo, ó al ménos el dia del Juicio, se -declarará. Llegado, pues, el padre fray Domingo de Mendoza á este -pueblo y ciudad con su compañía, holgáronse inestimablemente el padre -fray Pedro de Córdoba y los que con él estaban, y como eran ya algun -número, y creo que pasaban de 12 ó 15, acordaron de consentimiento -de todos, con toda buena voluntad, de añadir ciertas ordenaciones y -reglas sobre las viejas constituciones de la Orden (que no hace poco -quien las guarda), para vivir con más rigor. Por manera que, ocupados -en guardar las nuevas y añididas reglas, estuviesen ciertos que las -constituciones antiguas, que los Santos padres de la Orden ordenaron, -estaban inviolablemente en su fuerza y vigor; y de una, entre otras, -me acuerdo que determinaron, que no se pidiese limosna de pan, ni de -vino, ni de aceite, cuando estuviesen sanos, pero si sin pedillo se lo -enviasen que lo comiesen, haciendo gracias á Dios: para los enfermos -podíase por la ciudad pedir. Y así les acaesció, dia de Pascua Florida, -no tener de comer sino una cocina de berzas, sin aceite, guisada con -sólo axí y sal. Vinieron muchos años guardando este rigor, al ménos -todo el tiempo que el felice padre fray Pedro de Córdoba vivió, y -pasaron grandes trabajos de penitencia, y florecia mucho la religion -en obediencia y pobreza, y, cierto, la primitiva del tiempo de Sancto -Domingo, aquí se renovó; y en tanto creció la fama de su santidad, que -el rey de Portugal escribió al Rey ó á los Prelados de la Orden, que -le enviasen de los frailes de Sancto Domingo destas Indias, ó para -reformar á Portugal, ó para poblar de nuevo la Orden en la India ó en -otra parte. Ordenaron que cada domingo y fiesta de guardar, despues de -comer, predicase á los indios un religioso, como el siervo de Dios, -fray Pedro de Córdoba, en la iglesia de la Vega habia principiado, y -á mí, que esto escribo, me cupo algun tiempo este cuidado; y así era -ordinario henchirse la iglesia, los domingos y las fiestas, de indios -de los que en casa á los españoles servian, lo que nunca en los tiempos -de ántes habian visto. En este mismo año, y en estos mismos dias que -el padre fray Pedro de Córdoba fué á la Vega, habia cantado misa nueva -un clérigo llamado Bartolomé de las Casas, natural de Sevilla, de los -antiguos de esta isla, la cual fué la primera que se cantó nueva en -todas estas Indias; y por ser la primera, fué muy celebrada y festejada -del Almirante y de todos los que se hallaron en la ciudad de la Vega, -que fueron gran parte de los vecinos desta isla, porque fué tiempo -de fundicion, á la cual, por traer cada uno el oro que habia, con -los indios que tenia, á fundirlo, ayuntábanse muchos, como cuando se -llegan las gentes á los lugares donde hay ferias, para sus pagamentos, -en Castilla; y porque no habia moneda de oro alguna, hicieron ciertas -piezas de oro, como castellanos y ducados contrahechos, que ofrecieron, -de diversas hechuras, en la misma fundicion donde se fundia y pagaba el -quinto al Rey, y otros hicieron arrieles para ofrecerle, segun que cada -uno queria ó podia. Moneda de reales se usaba, y destos le ofrecieron -muchos, y todo lo dió el misa-cantano al padrino, si no fueron -algunas piezas de oro, por ser bien hechas. Tuvo una calidad notable -esta primera misa nueva, que los clérigos que á ella se hallaron, no -bendecian, conviene á saber, que no se bebió en toda ella una gota de -vino, porque no se halló en toda la isla, por haber dias que no habian -venido navíos de Castilla. - - - - -CAPÍTULO LV. - - -Dejando la Órden de Sancto Domingo en el santo y religioso estado -que habemos contado, que fué una de las cosas pertenecientes á esta -isla, tornemos sobre lo que sucedió en la isla de Sant Juan, despues -de haber pasado á ella cristianos, y venida la gobernacion á Juan -Ponce, de quien se dijo arriba. Llegado, pues, el poder del Rey para -que Juan Ponce gobernase aquella isla, edificó un pueblo luégo de -españoles, que llamó Caparra, no sé á qué propósito, nombre de indios, -en la costa del Norte, las casas todas de paja; él para sí hizo una de -tapias, que bastó para fortaleza, como quiera que los indios no tengan -baluartes de hierro ni culebrinas, y la mayor fuerza que pueden poner -para derrocar la casa hecha de tapias es á cabezadas; despues otra -de piedra, todo á costa de los indios, y ellos todo lo trabajaban. -Este pueblo asentaron una legua de la mar, dentro la tierra, frontero -del puerto que llaman Rico, por ser toda aquella legua de un monte ó -bosque de árboles, tan cerrado y tan lodoso, que bestias y hombres -atollaban, cuando más enjuto estaba, hasta media pierna; por esta -causa era ésto averiguado, que las mercaderías de harina y vino, de -aceite y vinagre y ropa, y otras cosas que traian de Castilla, costaba -más desde la lengua del agua llevarlas al pueblo, sólo aquella legua, -que habian costado de Castilla traer hasta el puerto. Con toda esta -costa y trabajos, que cargaban todos sobre los indios, estuvieron tan -ciegos y ocupados en sacar oro, que no cayeron en diez ó doce años en -salir de allí, é mudar el pueblo, hasta que ya se les acababan los -indios, y convenia llegarse á la mar para suplir con el agua y barcos, -por ella, lo que la sangre de los indios derramada faltaba, y así -se pasaron donde agora el pueblo ó ciudad está. Donde al presente -está, es una isleta estéril, apartada de la misma isla grande por -un estero que allí hace la mar, pero angosto, que con una puente de -madera se pasa y trae todo lo que es menester de la isla, porque en -ella tienen todas las labranzas y ganados, y se sirven de todo lo -demas; hicieron otro pueblo cuasi al cabo de la isla, en un valle á la -misma costa del Norte, donde agora está el que se dice Sant Germán, -puesto que más arriba ó más abajo, y á aquel llamaron Guanica, por -razon que hallaron allí ciertos rios de oro; de allí lo mudaron cuatro -leguas la costa arriba, donde llaman el Aguada, porque sale allí un -buen rio, de donde se toma para las naos buen agua, y pusiéronle por -nombre Sotomayor; despues lo pasaron otra vez al mismo valle, poco -más ó poco ménos, más dentro ó más fuera, y llamáronlo Sant Germán. -Nunca hobo más de éstos dos pueblos en la isla de Sant Juan, puesto -que algunos más se comenzaron, pero en breve fueron despoblados por -ciertas causas; como, pues, los nuestros españoles, nunca en estas -Indias pueblen ó hagan pueblos, para ellos cavar y arar, y Juan -Ponce, que tenia la gobernacion, estuviese bien acostumbrado de las -poblaciones desta isla, y á cuya costa los españoles solian poblar, -llevó aquel camino que en aquesta isla él con los demas habia usado; -éste fué, repartir los indios señalando á cada uno tantos, cada uno -de los cuales tuvo cargo de que no se le pasase, en las minas, y en -las otras granjerías, el tiempo en balde; y así, todos los indios de -aquella isla, estando pacíficos y en su libertad, y rescibiendo á los -españoles como si fueran todos sus hermanos (yo me acuerdo que el año -de 502, saltando nosotros en tierra, vinieron pacíficos, alegres, á -vernos y nos trajeron de lo que tenian, como de su pan, y no me acuerdo -si pescado), súbitamente se vieron hechos esclavos, y los señores de -sus señoríos privados, y todos forzados á morir en los trabajos, sin -esperanza que en algun tiempo habian de cesar. ¿Qué se debia esperar -que los indios habian de hacer, mayormente habiendo tenido noticia que -las gentes desta Española, por aquel camino se habian ya acabado? Por -aquí se verá la ceguedad tupida de los que, por escrito ó por palabra, -llaman ingratos y malos á los indios, porque matan á los españoles, -durmiendo ó velando, juntos ó apartados y como quiera que puedan -tomallos. ¿Qué obras han sido las que de los españoles han rescibido -para que les deban ser agradecidos? ¿O habellos todos, donde quiera -que han entrado, consumido, matando ó destruyendo, como quiera que lo -puedan efectuar, no es usar de su natural defension que á los animales -brutos, y á las mismas piedras insensibles es natural y lícito? Grande -infelicidad y peligro es de todos aquellos que ésto no miran. Así que, -viendo las gentes de la isla de Sant Juan, que llevaban el camino para -ser consumptos como los de esta isla, acordaron de se defender, segun -que podian, y concertaron que cada señor con su gente, para cierto -tiempo, tuviese cargo de matar los españoles que pudiese haber por sus -comarcas, en las minas ó en las otras sus granjerías, que andaban ya -todos derramados, y en ellas bien ocupados. Mataron, por esta manera, -bien 80 hombres, y luégo van 3 ó 4.000 indios, sobre el dicho pueblo, -llamado Sotomayor, y, sin que fuesen sentidos, pusiéronle fuego, que -era todo de casas de paja, y juntamente mataron algunos de los vecinos -como estaban descuidados, los cuales, viéndose apretados y en gran -peligro, pelearon varonilmente contra los indios, por manera que no les -pudieron hacer más mal; pero hiciéronlos retraer y dejar el pueblo con -todo el hato que en él tenian, quemado y lo no quemado, y fuéronse á -juntar con Juan Ponce, por entónces su Gobernador, al pueblo llamado -Caparra. Y porque D. Cristóbal de Sotomayor, tuvo por su repartimiento -al Rey ó señor mayor de la tierra, llamado Agueíbana, no el que habia -rescibido á Juan Ponce y á los españoles la primera vez, como en el -capítulo 46 dijimos, sino un su hermano, que, despues de su muerte, en -el señorío le sucedió, y á la sazon estaba en el pueblo de aquel señor -que tenia él por siervo ó sirviente, acordólo allí matar. Dijeron que -desta determinacion le avisó una hermana del mismo señor, que tenia el -D. Cristóbal por manceba, pero que no lo creyó; y súpolo tambien de -otro español que tenia consigo, que sabia la lengua de los indios, y -se desnudó en cueros, y pintó con las colores que los indios estaban -pintados, y, cantando y haciendo bailes, fué donde cantaban la muerte -de D. Cristóbal que habian de hacer, de manera que no lo cognoscieron, -y le dijo como se tractaba de su muerte, y que aquella noche se podian -huir, pero tampoco aprovechó, hasta que, finalmente, otro dia lo -mataron con otros cuatro españoles. El Juan Ponce recogió y aparejó -lo mejor que pudo la gente de españoles que por la isla quedaba, que -eran pocos más de la mitad, porque todos los otros habian ya muerto los -indios, y donde sabia que habia gente junta, iba á buscarlos y peleaba -con ellos varonilmente, porque tuvo consigo hombres muy esforzados, -y, en muchas batallas ó recuentros, hicieron en los indios grandes -estragos; y así asolaron aquella isla, matando infinitos indios, los -señores y súbditos que podian armas tomar. Despues de los cuales -muertos, los demas sojuzgados, repartiéronlos entre sí, que es el -fin de sus guerras que llaman conquistas, (y ésto llama Oviedo en su -Historia pacificar, y todos los que se jactan de conquistadores), para -los echar á las minas y ocuparlos en las otras granjerías y trabajos, -donde al cabo los consumieron y acabaron, de la misma manera que los -desta isla Española fueron estirpados. Quien principalmente hizo la -guerra y ayudó más que otros, fué un perro que llamaban Becerrillo, -que hacia en los indios estragos admirables, y cognoscia los indios -de guerra y los que no lo eran, como si fuera una persona, y á éste -tuvieron, los que asolaron aquella isla, por ángel de Dios. Y cosas, -se dice, que hacia maravillosas, por lo cual temblaban los indios dél -que fuese con 10 españoles, más que si fuesen 100 y no lo llevasen; -por esta causa le daban parte y media, como á un ballestero, de lo que -se tomaba, fuesen cosas de comer, ó de oro, ó de los indios que hacian -esclavos, de las cuales partes gozaba su amo; finalmente, los indios, -como á capital enemigo, lo trabajaban de matar, y así lo mataron de un -flechazo. Una sola cosa, de las que de aquel perro dijeron, quiero aquí -escribir. Siempre acostumbraron en estas Indias los españoles, cuando -traian perros, echarles indios de los que prendian, hombres y mujeres, -ó por su pasatiempo y para más embravecer los perros, ó para mayor -temor poner á los indios que los despedazasen; acordaron una vez echar -una mujer vieja al dicho perro, y el Capitan dióle un papel viejo, -diciéndole, lleva esta carta á unos cristianos, que estaban una legua -de allí, para soltar luégo el perro desque la vieja saliese de entre -la gente; la india toma su carta con alegría, creyendo que se podria -por allí escapar de manos de los españoles. Ella salida, y llegando -un rato desviada de la gente, sueltan el perro, ella como lo vido -venir tan feroz á ella, sentóse en el suelo y comenzóle á hablar en su -lengua: «Señor perro, yo voy á llevar esta carta á los cristianos, no -me hagas mal, señor perro,» y estendíale la mano mostrándole la carta -ó papel. Paróse el perro muy manso, y comenzóla de oler, y alza la -pierna y orinóla, como lo suelen hacer los perros á la pared, y así no -la hizo mal ninguno; los españoles, admirados dello, llaman al perro -y átanlo, y á la triste vieja libertáronla por no ser más crueles que -el perro. Desde algunos dias, el Almirante, dando quejas desde acá, -que contra sus privilegios el Rey proveyera por Gobernador á Juan -Ponce, habiendo aquella isla descubierto personalmente su padre, en el -segundo viaje, y Juan Ceron y Miguel Diaz, que habia enviado presos -Juan Ponce, estando y negociando allá, fué movido el Rey á dejar la -eleccion de Teniente de aquella isla al Almirante, y dar licencia que -se volviesen Juan Ceron y Miguel Diaz á sus oficios, por el Almirante, -y á sus casas. Despues fué á la isla el Almirante, y por causas que le -movieron quitó á Juan Ceron la gobernacion, y puso á un caballero que -llamaron el Comendador Moscoso, que habia venido de Castilla con él. -Pasados algunos dias, quitó aquel y puso á otro caballero, Cristóbal -de Mendoza, y despues otros y otros; todos los cuales ayudaron á -destruir aquellas gentes, por todos holgarse de sacar oro, y no carecer -de la ceguedad que todos, hasta que los acabaron. Despues de muertos -los naturales vecinos della, dejó Dios para ejercicio y castigo de -los españoles, reservados, las gentes de los caríbes de las islas -de Guadalupe, y de la Dominica, y otras de por allí, que infestaron -muchas veces aquella isla, haciendo saltos, mataron algunos españoles, -y robaron y destruyeron algunas estancias ó haciendas, y llevaron -captivos algunos; lo que no osaran venir á hacer, si la isla estuviera -con sus habitadores en su prosperidad. Así dejó Dios ciertas naciones, -por los pecados de los hijos de Israel, para que los inquietasen, -turbasen, infestasen, robasen y castigasen, como parece por el libro -de Josué y de los Jueces. Y pluguiese á Dios que, con aquellos daños y -castigos, pagásemos solos los estragos, y calamidades, y destruyciones -que habemos causado en aquella isla, y los pecados que por ello habemos -cometido, dejados aparte los de las otras partes. - - - - -CAPÍTULO LVI. - - -Por aquellos mismos términos se destruyó y despobló la isla de Jamáica, -por aquellos que fueron con Juan de Esquivel, y por él ir á la poblar, -y ciertamente más verdad es que la fueron á despoblar; los cuales, -como se comenzaron á servir de los indios con el imperio y rigor que -siempre han acostumbrado, y á los indios se les hiciese tan nuevo y tan -pesado, mayormente teniendo experiencia de quién los españoles eran y -de sus obras, de cuando allí estuvo el Almirante viejo, viniendo del -descubrimiento de Veragua, comenzáronse por los montes á absentar. -Van tras ellos á montearlos, defendíanse y descalabraban algunos -españoles, porque matar, pocos ó ninguno pudieron matar; y nunca oí -que en Jamáica matasen los indios hombre, porque, en la verdad, era la -gente de aquella isla muy más pacífica y mansa que otra, que casi eran -como lo que habemos dicho de los lucayos. Y tanto anduvieron tras ellos -con perros bravos, que los cazaban y desbarrigaban, que, muertos con -extrañas crueldades, todos los principales y gente infinita que podia -tomar arcos en las manos, subjetaron los demas. Repartiéronlos entre -sí, ocupáronlos, no en las minas porque no las hallaron, ó era, como -despues fué, el oro tan poco, que dellas no curaban, sino en sembrar -las labranzas del pan caçabí y del grano maíz, y grandes algodonales, -porque allí se da mejor y más el algodon que en otra parte, aunque en -las más tierras destas Indias se da en abundancia, al ménos en las -que están desta parte de la equinoccial. Y ésta del algodon fué la -primera granjería que aquellos españoles en aquella isla tuvieron, -porque hacian hacer á las gentes della, en especial á las mujeres, -grandes telas de algodon, y camisas y hamacas, de que usábamos por -camas, y traíanlas á esta isla y á la de Cuba, y á la tierra firme, -desque fueron españoles á ellas, y las vendian, de donde llevaban -vino y harina de Castilla, y aceite, y vinagre, y ropa de lienzo y de -paño, y otras cosas que de Castilla venian y ellos habian menester; -y desta isla llevaban ganados y yeguas, de que allí se han bien -multiplicado. Llevaban ó venian de tierra firme á les comprar caçabí, -maíz é hamacas, y telas que compraban los marineros, para hacer velas, -de los indios, y carabelas, que por estas islas y tierra firme andaban -al tracto. En aquellos trabajos se hobieron tan cruel é inhumanamente -con aquellas inocentes gentes, que en ninguna parte, hasta entónces, -destas Indias se les habia, en crueldad y malos tractamientos, hecho -ventaja; los hombres en el sembrar y poner las labranzas y algodonales -y otras muchas maneras de trabajos; las mujeres en el hilar y tejer, -preñadas y paridas, haciéndolas en ello tan importunamente trabajar, -que un momento no las dejaba parar. No les daban de comer sino caçabí -y ajes, que son raíces de que ya hemos hablado, y con los continos -trabajos, enflaquecidos, morian. Fué regla general, que los indios de -los repartimientos que daban para las granjerías del Rey, eran siempre -los más cruelmente, por sus oficiales, afligidos y tractados, y así -más aína que otros perecian en todas las partes destas Indias, y hoy -lo son más opresos y más mal aventurados. Doctrina ninguna tuvieron, -ni se les dió en Jamáica, ni más cuidado dello se tuvo que si fueran -brutos animales, siendo de la gente más aparejada del mundo para ser -cristianos. Por lo cual, murieron todos sin fe y sin Sacramentos, sino -fueron algunos niños que se baptizaron, y sin baptismo perecieron -hartos. Habrá hoy, de todos los vecinos que allí habia, que estaba como -una piña de piñones, de gente toda poblada, obra de cien personas, -y no se si llegan á tantos. Este fructo sale de la pacificacion que -dice Oviedo á cada paso, y los que de conquistadores se jactan, que -nuestros españoles en nuestras Indias hacen; y es de ver cómo los -encarece y sublima Oviedo, como quien ha hecho grandes hazañas, y todos -son caballeros y gente noble, segun él, los que á hacer estas obras -acá pasan. Cierto, fueron hazañas y tan grandes y tan señaladas, que -despues que Dios crió á Adan, y permitió en el mundo pecados, otras -tales ni tantas, ni con tan execrables, y creo que, inespiables ofensas -de Dios, ni fueron jamás hechas, ni pudieron ser pensadas, ni áun -soñadas. Pero temprano nos quejamos, vamos adelante. - - - - -CAPÍTULO LVII. - - -La órden de nuestra Historia requiere que tornemos á los dos -Gobernadores primeros, que fueron á la tierra firme, conviene á saber, -Alonso de Hojeda y Diego de Nicuesa, que, en el cap. 52, desta ciudad -partidos dejamos; y, porque Alonso de Hojeda partió deste puerto -primero, dél primero y de sus desastres será bien que digamos. Fué á -echar sus anclas en cuatro ó cinco dias al puerto de Cartagena, donde -la gente de aquella tierra estaba muy alborotada, y siempre aparejada -para resistir á los españoles, por los grandes males que habian -rescibido de los que fueron los años pasados, con título de rescatar, -como fueron Cristóbal Guerra, y otros, segun en el libro I, cap. 172 -dejamos relatado, y porque, como en el capítulo 19 deste libro II -dijimos, las gentes de por allí habian por esta causa descalabrado -y muerto algunos de los nuestros, porque tenian hierba ponzoñosa y -brava, y hicieron relacion á los Reyes, que allí no querian rescibir -los cristianos, ántes los mataban, callando los insultos, violencias -y maldades que ellos en aquellos hacian, y no habia en la corte quien -volviese por los que estaban en sus casas, y gente tan inquieta y -mal mirada como hemos sido con ellos, por lo cual, dieron los Reyes -licencia que pudiesen ir á aquella tierra y hacelles guerra á fuego y -á sangre, y hacellos esclavos, con harta ceguedad y culpa de los que -tenian en su Consejo, como allí probamos, debia el Alonso de Hojeda -llevar esta misma licencia y allí determinó de usalla. Cuenta ésto, un -Cristóbal de la Tovilla, en una historia que llamó _La Barbárica_, el -cual anduvo por aquella tierra mucho tiempo, puesto que no entónces -sino despues, muchos años; pero súpolo de los mismos que con el Hojeda -fueron, ó de los que á aquellos inmediatamente sucedieron, y dice así -en el principio, cap. 1.º: «Aquí en Cartagena, echadas sus anclas, -porque el Rey católico le mandaba (conviene á saber, á Hojeda), que -hiciese guerra en aquella parte, por los muchos males que los indios -della hacian á los que con ellos rescataban. Esto procuraban ellos, -porque, como todo el tiempo que esta tierra firme estuvo sin poblarse -de cristianos, las cuales ínsulas habitaban, venian cada dia á rescatar -con los naturales della, dándoles por el rescate mucho oro que tenian, -y gallinas, por cuentas y cuchillos y otras cosas semejantes de España, -con que volvian á sus casas cargados de riqueza, y pasaban con descanso -la vida. Mas despues que esta contratacion se fué adelgazando, y su -codicia poco á poco extendiendo, debajo deste nombre rescate hacian -armadas con que captivaban gran suma de indios, que en la Española -y las demas ínsulas, sin más justo título, por esclavos vendian, -por donde los indios, sentido el daño, de paz y de guerra mataban á -cuantos se descuidaban; á cuya causa, el rey D. Hernando mandó que -se les hiciese cruel guerra, siendo cierto que, si la verdad dello -supiera, ni lo mandara ni lo permitiera.» Estas son palabras formales -del dicho Tobilla, que no es chico testimonio para lo que, en el -dicho cap. 19, dijimos, y lo que demás en este artículo dijéremos, -porque siendo uno de los que en esta ceguedad estuvieron y murieron, -y hablador y encarecedor, como Oviedo, de las dichas hazañas de los -españoles, y abatidor de los tristes indios, que han sido y son tan -injustamente agraviados, la misma verdad, con todo esto, le constriñe -á que no la calle. Tornando pues al propósito, acordó allí Alonso -de Hojeda de saltar en tierra y dar de súbito en un pueblo llamado -Calamar, por haber de presto algunos indios, y enviarlos á esta isla á -vender por esclavos, para pagar muchas deudas que acá dejaba. Juan de -la Cosa, gran piloto, y que llevaba por Capitan general, acordándose -de lo que, viniendo con el mismo Hojeda los años pasados á rescatar, -cognoscieron de aquellos indios, ser valientes y tener hierba mortífera -y demasiadamente ponzoñosa, prudentemente le dijo: «Señor, paréceme -que sería mejor que nos fuésemos á poblar dentro del golfo de Urabá, -donde la gente no es tan feroz, ni tienen tan brava hierba, y aquella -ganada, despues podriamos tornar á ganar ésta con más propósito»; pero -Hojeda, que fué siempre demasiadamente animoso, confiando que nunca en -millares de pendencias y peligros que en Castilla y en estas Indias -se habia hallado, le sacó jamás hombre sangre, no curó de tomar su -parecer, sino con cierta gente va sobre el pueblo al cuarto de alba, -diciendo: «Santiago», acuchillando y matando y cautivando cuantos en -él hallaba, y que huyendo no se escapaban; ocho indios que no fueron -tan deligentes en huir, metiéronse en una de estas casas de paja, y -de tal manera se defendieron, con las muchas y ponzoñosas flechas que -tiraban, que ninguno de los españoles osaba llegárseles á la casa. -El Hojeda dando voces reprendiólos, y dijo: «grande vergüenza es que -vosotros, tales y tantos, no oseis allegaros á ocho desnudos que así -burlan de vosotros.» Confuso de estas palabras uno de aquellos, que -en aquella obra solícito andaba, con ímpetu grande arremetió por -medio de infinitas flechas y entró por la puerta de la casa, pero al -entrar dióle una por medio de los pechos, que luégo lo derrivó y dió -el ánima. El Hojeda, de ésto más exacerbado, mandó poner fuego á la -casa por dos partes, donde, con ella, en un credo fueron los ocho -indios quemados vivos; tomó allí 60 personas captivas, y enviólas á los -navíos, que las guardasen. Luégo acordó ir, con esta su vitoria, tras -los que iban huyendo, en su alcance, y á un gran pueblo que de allí -cuatro leguas distaba, llamado Turbaco; los vecinos dél, entendidas -sus nuevas, de los que huyeron habian sido avisados. Alzaron todas sus -mujeres y hijos y alhajas, y pusiéronlas en los montes á recaudo, y -entrando en el pueblo, de madrugada, no hallaron persona que matasen -ni captivasen; y como descuidados y no experimentados de que los -indios eran hombres, y que la vejacion y la misma naturaleza les habia -de enseñar, y así, menospreciándolos, y su misma cudicia y pecados -cegándolos, despareciéronse por los montes, buscando cada uno qué -robar. Los indios, por sus espías, sintiéndolos derramados, salen de -los montes y dan en ellos, con una grita que á los cielos llegaba, y -con tanta espesura de flechas herboladas, que parecia escurecerse los -aires; y como los españoles creyesen, con su descuido, que no habia -quien los enojar osase, y ésta fuese avenida súbita, espantados, como -si fueran venados cercados, no sabian donde guarecese ni huir, como -atónitos; huyendo para una parte, daban en gente que los aguardaba, si -para otra parte, caian en la que los acababa, y con unas mismas flechas -emponzoñadas, que habian muerto á unos, que los indios de los cuerpos -les sacaban, herian y mataban á otros, que vivos y en pié hallaban. -Juan de la Cosa, con ciertos españoles que recogió consigo, hízose -fuerte á la puerta de un cierto palenque, donde Hojeda con ciertos -compañeros, defendiéndose, peleaba, hincándose de rodillas muchas veces -para rescibir las flechas en la rodela, en la cual, como era chico de -cuerpo, y con su ligereza y destreza, casi todo se escudaba; mas desque -vido caidos todos los más de los suyos, y á Juan de la Cosa, con los -que le ayudaban, muy al cabo, confiando de la ligereza grande que tenia -(y fué admirable como en el primer libro dejamos declarado), sale por -medio de los indios, corriendo, y áun huyendo, que parecia ir volando; -metióse por los montes donde más oscuros los hallaba, encaminándose -cuanto más le parecia hácia la mar, donde sus navíos estaban. Juan de -la Cosa metióse en una choza que halló sin hierba descobijada, ó él, -segun pudo, con algunos de los suyos la descobijaron porque no los -quemasen, arrimado á la madera, y peleando hasta que ante sus ojos -vido todos sus compañeros caidos muertos, y él que sentia en sí obrar -la hierba de muchas saetadas que tenia por su cuerpo, dejóse caer de -desmayado: vido cerca de sí uno de los suyos, que varonilmente peleaba, -y que no lo habian derrocado, y díjole: «pues que Dios hasta agora os -ha guardado, hermano, esforzaos y salvaos, y decid á Hojeda como me -dejais al cabo.» Y éste sólo, creemos que de todos escapó, y Hojeda, -que debian ser más de 100 los que en aqueste salto se hallaron; algunos -dijeron que fueron 70 los que allí murieron. Los de los navíos, como -vian que de Hojeda, su Gobernador, y de su gente no sabian nada ni vian -que alguno venia, ni á quien preguntar, sospechando no fuese acaecido -algun desastre, van con los bateles por la costa arriba y abajo, á -buscar si viesen alguno que viniese de allá, que les diese buenas -nuevas ó malas; poniendo en ello mucha solicitud, llegaron á donde -habia junto al agua de la mar unos manglares, que son unas arboledas -inputribles, que siempre nacen y crecen y permanecen en el agua de -la mar, con grandes raíces, unas con otras asidas y enmarañadas; -allí metido y escondido hallan á Hojeda con su espada en la mano, y -la rodela en las espaldas, y en ella sobre trescientas señales de -flechazos. Estaba casi transido y descaecido de hambre, que no podia -echar de sí el habla, pero hicieron fuego y escarentáronle y diéronle á -comer de lo que llevaban, y así volvió á tener aliento y á esforzarse; -y como en esta tristeza y dolor estuviesen, oyéndole contar su -desventurado alcance y trabajo, vieron asomar el armada de Nicuesa, de -que no le sucedió poco dolor y angustia, temiendo que Nicuesa quisiese -de él vengarse por los desafíos y pendencias que, pocos dias y áun no -muy muchas horas ántes, en esta ciudad entre ambos habian pasado, por -lo cual mandó que todos se fuesen á los navíos, y le dejasen sólo, no -diciendo dél nada en tanto que Nicuesa en el puerto tardase. - - - - -CAPÍTULO LVIII. - - -Salieron los bateles de la armada de Hojeda á rescibir á Nicuesa, que -en el puerto mismo de Cartagena con la suya entraba, y con gran dolor -y tristeza le dijeron, como habia tantos dias que Hojeda y Juan de la -Cosa salieron en tierra con tanta gente, y habian destruido el pueblo -de Calamar, y presos tantos esclavos, y entrado la tierra dentro en -el alcance, y no habia ninguna persona; que tenian vehemente sospecha -ser por mal dellos y de todos los que consigo llevaba, pero que, por -hacer lo que debian, determinaban de irlo á buscar y traerlo si lo -hallasen, si les aseguraba, como caballero, de no mirar en tan gran -necesidad á cosa de las entre ambos pasadas. Diego de Nicuesa, que -era hijodalgo, se enojó de oirles aquellas palabras, y díjoles que -fuesen luégo á buscallo, y que si fuese vivo lo trujesen, al cual -no solamente no entendia enojalle, pero que les prometia como quien -era de le ayudar en todas sus necesidades, como si fuese su hermano. -Trujéronlo, pues, y lo primero que hizo Nicuesa, segun es de creer, fué -abrazarlo diciéndole: «Mucha diferencia debe haber en las obras que los -hombres hijosdalgo deben hacerse, cuando ven á los que en algun tiempo -quisieron mal de ayuda necesitados, de las que cuando riñen hicieran, -teniendo facultad de vengarse, porque allende ser bajeza y vileza de -ánimo, y degenerar de la bondad de sus pasados, crueldad sería, y de -hombres no razonables, añadir afliccion al que las aflicciones hán en -angustias postrado. Por ende, señor Hojeda, puesto que en la Española -hayamos habido palabras, y allí el uno al otro amordazado, ahora es -tiempo del todo olvidallas, y así, haced cuenta que no ha pasado -cosa entre nosotros que nos apartare de ser hermanos, y guialdo vos -como mandardes, que yo con mi gente os seguiré hasta que Juan de la -Cosa, y los que con él murieron, sean vengados, sin pretender más de -solamente ayudaros.» Hojeda fué muy consolado y le hizo muchas gracias, -reagradeciéndole tan grande obra de bondad y socorro, estimándolo -cuanto era posible á hombre que en estado de tanta adversidad estaba; -y cabalgaron ambos en sendos caballos, y tomados 400 hombres, á los -cuales por pregon público mandaron, so pena de muerte, que ninguno -indio á vida tomase, partiéronse de noche al pueblo de Turbaco, y -llegando cerca partiéronse en dos partes. Hay por allí unos papagayos -grandes, colorados, que llaman guacamayas, que dan muchos gritos y -hacen grandes alharacas, éstos, en sintiendo la gente, comenzáronlos -á dar; los indios entendieron lo que era, y como pensaron que ya -los españoles eran acabados, descuidáronse, y del grande miedo que -tuvieron, de súbito, saliéronse de sus casas huyendo, dellos con armas -y dellos sin ellas, y no sabiendo por donde andaban, daban en el golpe -de los españoles que los desbarrigaban; huian de aquestos, y daban en -los otros de la otra parte que los despedazaban. Tórnanse á meter en -las casas, y allí los españoles, poniendo fuego, vivos los quemaban. -Con el horror y tormenta del fuego, las mujeres, con sus criaturas en -los brazos, se salian de las casas, pero luégo que vieron los caballos, -los que nunca jamás habian visto, se tornaban á las casas que ardian, -huyendo más de aquellos animales, que no los tragasen, que de las vivas -llamas. Hicieron los españoles allí increible matanza, no perdonando -mujeres, ni niños, chicos ni grandes. Dánse luégo á robar: díjose que -á Nicuesa, ó á él y á los suyos, cupieron 7.000 castellanos. Andando -por diversos lugares, buscando qué robar, toparon con el cuerpo de Juan -de la Cosa, que estaba reatado á un árbol, como un erizo asaetado; y -porque de la hierba ponzoñosa debia estar hinchado y disforme, y con -algunas espantosas fealdades, cayó tanto miedo en los españoles, que -no hobo hombre que aquella noche allí osase quedar. Vueltos al puerto, -Hojeda y Nicuesa confederados, Hojeda se despidió de Nicuesa y mandó -alzar sus velas para el golfo de Urabá, que era el fin de su jornada, -donde gozar de los bienes ajenos pensaba. Será bien aquí considerar, -porque por las cosas no pasemos como pasan los animales, ¿qué injuria -hicieron los vecinos del pueblo de Calamar á Hojeda y á Juan de la -Cosa, y á los que consigo llevaron? ¿qué haciendas les usurparon? -¿qué padres ó parientes les mataron? ¿qué testimonios les levantaron, -ó qué culpas otras contra ellos cometieron, estando en sus tierras y -casas pacíficos? Item, ¿fué alguna culpa, los del pueblo de Turbaco -matar á Juan de la Cosa y á los demas, yendo á hacer en ellos lo que -habian hecho los españoles á los del pueblo de Calamar? ¿y fuera culpa -vengable que lo hicieran, solamente por castigar y vengar la matanza -que los nuestros hicieron en los vecinos inocentes de Calamar? ¿Hobiera -gente ó nacion alguna en el mundo, razonable, que por autoridad de la -ley y razon natural, que no hiciera otro tanto? Todas las Naciones del -mundo son hombres, y de cada uno dellos es una no más la definicion, -todos tienen entendimiento y voluntad, todos tienen cinco sentidos -exteriores y sus cuatro interiores, y se mueven por los objetos dellos, -todos se huelgan con el bien y sienten placer con lo sabroso y alegre, -y todos desechan y aborrecen el mal, y se alteran con lo desabrido y -les hace daño, etc. Todo esto dice Tulio en el libro I, _De legibus: -Namet voluptate capiuntur omnes. ¿Quæ autem natio, non comitatem non -benignitatem non gratum animum et benefitii memorem diligit? ¿Quæ -superbos, quæ maleficos, quæ crudeles, quæ ingratos non aspernatur, non -odit?_ ¿Qué nacion hay que no ame y loe la mansedumbre, la benignidad, -el agradecimiento y el bien hacer? ¿Quién no aborrece ó le parecen mal -los soberbios, los crueles hombres y malos? Todo esto es de Tulio. -Item más, ¿Si mereció Diego de Nicuesa premio, ante Dios, en ayudar á -Hojeda con su gente para ir á vengar la muerte de Juan de la Cosa y -á su muerta compañía, y si tuvo algun título justo y derecho natural -que á ejercer aquella venganza lo obligase ó excusase, ó si fué la paz -y amistad de ambos, la del rey Herodes y del injusto juez Pilatos? -Pregunto tambien, si fué buena preparacion la que hizo Hojeda, y -tambien allí Nicuesa, para despues predicar la ley de Jesucristo, -evangélica, justa, sin mácula, mansa, pacífica y quieta, como algunos -pecadores sábios del mundo y segun el mundo, por sus escriptos y -palabras decir osan y enseñan. Tanto derecho adquirieron los vecinos -de aquella tierra, solamente por aqueste hecho que hicieron Hojeda y -Nicuesa (que fueron los primeros que de toda la tierra firme hasta -entónces descubierta, de propósito saltaron en tierra con ejército -á robar, y matar y captivar los vecinos della), que desde entónces, -hasta el dia del juicio, cobraron derecho de hacer contra todo español -justísima guerra, adquirieron razonable impedimento y causa probable -de, por muchos años, no rescibir la fe de Jesucristo, en tanto que -creyeran que la profesaban y guardaban aquellos. Infelices, cierto, en -ésto fueron, y bien lo probó Dios por el fin que todos hicieron. - - - - -CAPÍTULO LIX. - - -Salido Hojeda con sus navíos del puerto de Cartagena para su golfo de -Urabá, por vientos que tuvo contrarios paró en una isleta que está -de Cartagena, la costa abajo, 35 leguas, que se llamó isla Fuerte; -y allí, para enmendar el avieso de lo que habia en Cartagena hecho, -y porque Dios le ayudase para lo de adelante, captivó la gente que -pudo, y que no pudieron huir, é robó algun oro que tenian, con todo -lo demas que hallaron que les podia aprovechar. De allí entró en el -golfo de Urabá, y por él buscó el rio del Darien, que entre los indios -era muy celebrado de riqueza de oro y de gente belicosa, pero no lo -hallando, buscó por allí cierto lugar y desembarcó la gente, y sobre -unos cerros asentó un pueblo, al cual llamó la villa de Sant Sebastian, -tomándolo por abogado contra las flechas con hierba mortífera, que -por allí se tiraban y tiraron hartas. Pero como Dios ni sus Sanctos -no suelen dar ayuda á las injusticias é iniquidades, como eran en las -que éstos andaban, Sant Sebastian no curaba ni curó de guardallos, ni -al mismo Hojeda, como se verá; y ésta fué la segunda villa ó pueblo -de españoles, que en toda la gran tierra firme se pobló (la primera, -fué la que el Almirante viejo, que estas Indias descubrió, comenzó -á poblar en Veragua, como en el cap. 26 queda declarado), el cual, -aunque no se poblara, no se ofendiera Dios, ántes infinitos pecados se -excusaran. Andando por allí buscando asiento para edificar su pueblo, -salió de un rio un grande cocodrilo, que por error llaman lagarto, -y tomó con la boca de la pierna de una yegua que halló cercana, y -llevósela arrastrando al agua, y, allí ahogada, tuvo buena pascua. -Viéndose Hojeda con tan poca gente para sustentar la negra villa de -Sant Sebastian, y con miedo de la gente que él iba á inquietar, robar -y captivar, despachó el un navío de los que trujo á esta isla, con -el oro que habia robado y los indios captivado, para vendellos por -esclavos, para que le trujesen gente á fama de robar, y armas y otras -cosas necesarias; todo ésto se hacia en principio del año de 510. -Hizo en la villa de Sant Sebastian, que toda era de chozas ó casas de -paja, una fortaleza de madera muy gruesa, que, para contra indios, -si los españoles están sobre aviso, con poca resistencia que hagan, -mayormente si fuese cubierta de teja ó de tablas de palma, que cuasi -se hallan hechas, con no más de cortallas con una hacha, suele ser -como contra franceses Salsas; y como el principal y final cuidado, y -al que todos los otros cuidados se enderezan, de los que vienen de -España á estas partes, y entónces tan copiosamente se tractaba, sea -hoy y fuese entónces escudriñar donde habia más oro, supo Hojeda, -de ciertos indios que habia captivado, que cerca de allí estaba un -Rey, señor de mucha gente, llamado Tirufi, el cual tenia mucho oro. -Acordó de ir allá y no perder tan buen lance, y dejando la gente -que le pareció, para guarda del pueblo y fortaleza, llevó consigo -los demas; y porque ya era extendida la fama por todas las tierras, -de muchas leguas adentro, de las obras de los cristianos, y cuáles -paraban las gentes inocentes que estaban quietas en sus casas, sabiendo -que venian, saliéronles á rescibir despidiendo de sí, como si fuera -lluvia, tantas venenosas flechas; de las cuales, muchos de los de -Hojeda heridos, y que luégo rabiando morian, y ninguno dañificado de -los indios, acuerdan todos, y más diligentemente Hojeda, de volver las -espaldas, y corriendo y áun huyendo irse al refugio de su fortaleza. -Desde á pocos dias, comenzóles á faltar la comida que Juan de la Cosa -trujo de Castilla, y algun caçabí que cogieron desta isla, y, por no -esperar que del todo se les acabase, acordó Hojeda de hacer saltos -y entradas por la tierra, para buscar y traer comida, tomándola por -fuerza á los indios; y si oro hallasen de camino, de creer es que no -le desecharian. Llegaron á cierto pueblo y pueblos, salíanlos luégo al -camino los indios á rescibir, y con sus armas acostumbradas hirieron -y mataron algunos de los españoles, y por no perdellos todos, y á su -persona poner en peligro, dió la vuelta con los suyos, huyendo, á su -fuerza, siguiéndolos hasta encerrallos dentro los indios. Llegados -á su villa y fortaleza, tenian harto, los que en ella quedaron, que -hacer en enterrar los que morian, y curar los que no venian tan mal -tratados, y pocos de los que con hierba venian heridos, escapaban. -Desde á pocos dias acabarónsele todos los mantenimientos, y no osaban -salir de la fortaleza un paso, á buscallos á los pueblos de los indios, -segun de la hierba de las flechas estaban escarmentados; en tanto grado -estaban sin remedio de comida, que los sustentase, que comian hierbas -y raíces, áun sin cognoscer dellas si eran buenas ó mataderas y malas, -las cuales les corrompieron los humores, que incurrieron en grandes -enfermedades, de que murieron muchos; y estando uno por centinela ó -guardia, de noche velando, se le salió el alma, y otros tendíanse en el -suelo, sin otro dolor alguno, más de pura hambre, espiraban: no tenian -cosa que menor dolor y angustia les diese que la muerte, porque con -ella tenian estima que descansaban. Estando, pues, padeciendo, más que -viviendo, esta infelice vida, quiso Dios, sacando de los males de otros -algun consuelo, no desmamparallos; fué desta manera, que un vecino de -la villa de Yaquimo, esta isla abajo, llamado Bernardino de Talavera, -que tenia muy muchas deudas, como otros muchos en esta isla hobo (como -arriba hemos dicho, que, con cuantos indios en las minas mataban, nunca -Dios les hacia merced ni medraban); por huir de las cárceles, acordó -de se salir huyendo desta isla, y porque no habia donde, sino á una -de las dos gobernaciones de que vamos hablando, y, por ventura, se -habia con Hojeda concertado, ó por las nuevas que habian dado los que -Hojeda envió en el navío por bastimentos, de que ya Hojeda quedaba en -tierra rica poblado, concertóse con otros tramposos y adeudados, que -habia hartos, y otros tambien que por sus delitos andaban, por ventura, -absentados, de hurtar un navío que estaba en el puerto de la punta del -Tiburon, dos leguas del pueblo ó villa de Salvatierra de la Çabana, -al cabo occidental desta isla, que era de unos ginoveses que cargaban -de pan cacabí é de tocinos, para traer á esta isla é llevar á otras -partes; el cual así lo hizo con 70 hombres que á ello le ayudaron, los -cuales asomaron un dia donde Hojeda y los suyos perecian de hambre. -Fué no decible ni estimable el gozo y consuelo que rescibieron sus -ánimas, como si de muerte á vida resucitaran. Sacaron los bastimentos -que traia el navío, de pan y de carne, los cuales pagó Hojeda, en oro -ó en esclavos, á la persona que allí debia venir, que del navío tenia -cargo; y, segun la fama, que Hojeda tenia de mal partidor, porque dicen -que decia que temia, muchos años habia, de morir de hambre, debió de -partillo mal segun la hambre que todos padecian. Comenzaron á murmurar -los que ménos parte habian, contra Hojeda, y á tratar de se salir de -la tierra, y venir en los bergantines ó en el navío recien venido; -Hojeda complia con ellos, dándoles esperanza de la venida del bachiller -Anciso, que cada dia esperaban. En este tiempo no dejaban los indios -de venir á darles rebates, y cada dia dellos descalabraban; y como -cognoscian ya la ligereza de Hojeda, que el primero que salia contra -ellos era él y los alcanzaba, y que jamás flecha le acertaba, acordaron -de armarle una celada para lo herir é matar. Vinieron cuatro flecheros -con sus flechas bien herboladas, y pusiéronse tras ciertas matas, y -ordenaron que otros diesen grita é hiciesen rebato á la otra parte; lo -cual, puesto en obra, como lo habian concertado, dada la grita en la -parte contraria, sale Hojeda el primero de la fortaleza como volando, -y llegando frontero de los cuatro, que estaban en celada, desarman sus -arcos, y el uno dale por el muslo y pásaselo de parte á parte; vuélvese -Hojeda muy atribulado, esperando cada hora morir rabiando, porque -nunca, hasta entónces, hombre le habia sacado sangre, habiéndose visto -en millares, como ya se ha dicho, de ruidos, en Castilla y en estas -partes. Creyó aquella era la que le bastaba; y con este temor mandó -luégo que unas planchas de hierro en el fuego las blanqueasen, y, ellas -blancas, mandó á un cirujano que se las pusiese en el muslo herido, -ambas, el cirujano rehusó, diciendo que lo mataria con aquel fuego; -amenazóle Hojeda haciendo voto solemne á Dios, que si no se las ponia -que lo mandaria ahorcar. Esto hacia Hojeda, porque la hierba de las -flechas, ser ponzoñosa de frio excesivo, es averiguado. El cirujano, -pues, por no ser ahorcado, aplicóle las planchas de hierro blanqueadas, -la una á la una parte del muslo, y la otra á la otra, con ciertas -tenazas, de tal manera que no sólo le abrasó el muslo y la pierna, y -sobrepujó á la maldad de la ponzoña de la hierba, y la echó fuera, pero -todo el cuerpo le penetró el fuego en tanto grado, que fué necesario -gastar una pipa de vinagre, mojando sábanas y envolviéndole todo el -cuerpo en ellas; y así se tornó á templar el exceso que habia hecho el -fuego en todo el cuerpo. Esto sufrió Hojeda voluntariamente, sin que lo -atasen ni lo tuviesen; argumento grande de su grande ánimo y señalado -esfuerzo. Sanó desta manera, consumiendo la ponzoña fria de la hierba -con el vivo fuego. - - - - -CAPÍTULO LX. - - -Comidos tambien los bastimentos que trujo el navío que hurtó Bernardino -de Talavera, tornaron á hambrear y verse en el estrecho de hambre y -miseria que ántes tuvieron, y como se morian cada dia de hambre, y el -bachiller Anciso, con el socorro que esperaban, no venia, daban voces -contra Hojeda, diciendo los sacase de allí, pues todos perecian, y de -secreto murmuraban y trataban de hurtar los bergantines y venirse á -esta isla, y otras cosas que como aborridos y desesperados decian y -hacian. Visto por Hojeda su inquietud y miseria, determinó decilles y -poner por obra, que pues Anciso no venia, que él mismo determinaba de -venir á esta isla en la nao que habia llevado Bernardino de Talavera, -y llevalles mantenimiento y todo socorro, y que no tomaba de término, -para tornar á vellos ó para les enviar remedio, más de cincuenta -dias, los cuales pasados, sino hobiese venido ó enviado, les daba -licencia para que despoblasen el pueblo y se viniesen á esta isla en -los bergantines, ó hiciesen de sí lo que quisiesen; plugo á todos su -determinacion y salida de la tierra, para venir á esta isla, esperando -que más presto serian socorridos. Dejóles por su teniente é capitan á -Francisco Pizarro, que era uno dellos, y el que despues fué Marqués en -el Perú, hasta que Anciso viniese, que ya tenia elegido por su Alcalde -mayor; los 70 hombres ó la mayor parte dellos que habian venido con el -Bernardino de Talavera, viendo la miseria y peligros de las vidas que -los de Hojeda pasaban, no quisieron quedar en la tierra, sino volverse -á esta isla, escogiendo por menor mal lo que aquí les sucediese, que el -que allí, quedando, tenian por cierto que padecerian. Embarcóse, pues, -Hojeda con el Bernardino de Talavera y con los demas en aquel hurtado -navío, y no pudiendo tomar esta isla, fueron á dar á la de Cuba, y creo -que á la provincia y puerto de Xaguá, de que arriba en el cap. 41, -algunas cosas dijimos, donde áun no habian pasado á poblar españoles; -en la cual, saltando en tierra y desmamparando el navío, diéronse á -andar por la isla, camino del Oriente, para se acercar más á ésta. -Acaeció que ó en el navío, por el camino, ó ántes que se embarcasen, ó -despues de salidos á tierra en Cuba, ó sobre quién habia de capitanear, -ó por otras causas, que yo no curé de saber cuando pudiera saberlas, -revolviéronse Hojeda y Bernardino de Talavera, ó quizá que venian en -el navío alguno de los súbditos del mismo Hojeda, por vengarse de -algunos agravios que estimasen haber dél rescibido; finalmente, hechos -todos á una con el Talavera, prendieron al Hojeda, y preso lo llevaban -cuando iban por Cuba, camino, salvo que iba suelto porque tuvieron -muchas bregas y recuentros con los indios, y valia más Hojeda en la -guerra que la mitad de todos ellos; y como era tan valeroso en fuerzas -y ligereza y esfuerzo, trayéndolo preso los deshonraba á todos, y los -desafiaba, diciendo: «bellacos traidores, apartaos ahí, de dos en -dos, y me mataré con todos vosotros.» Pero ninguno habia que le osase -hablar ni llegarse á él; y porque como muchos indios, de los vecinos -de aquella isla de Cuba, eran naturales desta isla, y se habian huido -della por la destruccion y muerte que los españoles hacian y causaban -á las gentes de ésta, y cognoscian bien sus obras por experiencia, -item, las matanzas y despoblaciones que hacian en las gentes inocentes -de las islas de los Lucayos, cuando los vieron tantos juntos, creyendo -y temiendo que venian á les hacer otro tanto, salíanles al camino á -resistillos que no entrasen en sus pueblos, y, si pudieran, tambien -matallos, aunque eran tan pocas y tan débiles sus armas, que no tenian -sino unos simples arcos, y ellos gente pacífica y no osada á reñir con -nadie, que todos juntos aunque eran muchos les pudieran hacer como les -hicieron poco daño; pero porque los españoles venian flacos, y con gran -trabajo, por no pelear con los indios huian de los pueblos, llegándose -siempre á la costa de la mar, y habiendo andado más de 100 leguas, -hallaron junto á la mar una ciénaga que les llegaba á la rodilla y poco -más, y pensando que presto se acababa, proseguian su camino adelante; -andados dos ó tres dias, íbase ahondando la ciénaga, y, esperando que -no podria durar mucho más y por no tornar á andar lo que quedaba atras, -como habia sido muy trabajoso, todavía andaban más, la ciénaga crescia -más, así en la hondura como en alejarse. Desta manera anduvieron ocho -y diez dias por ella, con esperanza de que se acabaria, y con temor -de andar lo que dejaban atras andado, habiendo padecido incomparable -trabajo de sed y hambre, siempre á la cinta el lodo y el agua, noches -y dias, y para dormir subíanse sobre las raíces de los árboles mangles -y allí dormian algun sueño, harto inquieto, triste y amargo. La comida -era el caçabí y algun bocado de queso, si alguno lo alcanzó, y axí, que -es la pimienta de los indios, y algunas raíces de ajes ó batatas, como -zanahorias ó turmas de tierra, crudas, que era lo que cada uno llevaba -sobre sus cuestas en su mochila ó talega, y bebian del agua salobre -ó salada. Anduvieron más adelante, con la dicha esperanza de que se -acabaria camino tan mortal, y tanto más la ciénaga se les ahondaba -cuanto se dilataba más. Llegaban muchas veces á lugares, por ella, en -los cuales les llegaba el cieno y agua hedionda á los sobacos, y otras -que les subia sobre las cabezas, y otras más alto, donde se ahogaban -los que no sabian nadar. Mojábaseles la comida como las talegas andaban -nadando, y el caçabí, mojado, es luégo perdido, que de ningun provecho -puede ayudar, como lo podian ser obleas en un charco echadas. Traia -Hojeda en su talega, con la comidilla, una imágen de Nuestra Señora, -muy devota, y maravillosamente pintada, de Flandes, que el obispo D. -Juan de Fonseca, como lo queria mucho, le habia donado, con la cual -Hojeda tenia gran devocion, porque siempre fué devoto servidor de la -Madre de Dios; en hallando que hallaba algunas raíces de los dichos -árboles mangles, que suelen estar sobre el agua levantadas, parábanse -sobre ellas un rato á descansar, los que por allí se hallaban, porque -no todos venian juntos, sino unos que no tenian tantas fuerzas ni tanto -ánimo, quedábanse atras, y otros desmamparados, y otros más adelante; -sacaba Hojeda su imágen de su talega y poníala en el árbol, y allí la -adoraba y exhortaba á que los demas la adorasen, suplicando á Nuestra -Señora los quisiese remediar; y ésto hacia cada dia y muchas veces cada -y cuando hallaba oportunidad. Y porque les era imposible tornar atras, -por no reandar lo que con tantas angustias y daños habian andado, ya no -pensaban en volver hácia atras, sino en morir todos allí ahogados, ó de -hambre y sed, como ya muchos muertos quedaban, con sola la esperanza -de que la ciénaga se habia de acabar. Duróles la ciénaga 30 leguas, y -anduvieron por ella treinta dias con los trabajos y miseria que dichos -se están; murieron de hambre, y sed y ahogados, creo que de todos -ellos, que eran 70, la mitad. Cierto, que, aunque los trabajos que en -estas Indias los españoles han querido pasar, por buscar riquezas, han -sido los más duros y ásperos que hombres en el mundo nunca pasaron, -éstos que aquí Hojeda y los que con él venian padecieron, fueron de -los más grandes. Plugo á Dios que llegaron algunos, los más recios -y ligeros, y que más pudieron sufrir calamidad tan grande, hasta al -cabo, y hallaron un camino seguido, por el cual se dieron á andar, y -á obra de una legua llegaron á un pueblo de indios llamado Cueyba, -la y letra luénga, y llegados, cayeron como muertos de flacos. Los -indios de vellos quedaron espantados; dijéronles como atras quedaban -los demas en aquel doloroso trabajo, ó por señas, ó porque allí -venian algunos que de la lengua desta isla, que con la de aquella era -toda una, sabian algunos vocablos. Hallaron tanta piedad y compasivo -acogimiento en los indios, que no lo hallaran alguno dellos mejor en -casa de sus padres; á los que allí llegaron diéronles luégo de comer de -todo lo que tenian, que no era en poca abundancia, porque la isla de -Cuba en gran manera era de mantenimientos abundante, como, placiendo -á Dios, se dirá. Laváronlos, limpiáronlos, recreáronlos. El señor del -pueblo envió luégo mucha gente, con comida para los otros que en la -miseria y tristeza quedaban, mandándoles que los ayudasen á salir, y -los recreasen y alegrasen, y los que no pudiesen venir los trujesen -á cuestas, y entrasen por la ciénaga y buscasen los que faltaban. -Hiciéronlo los indios tan bien y mejor que les fué mandado, porque -cuando no son exacerbados y maltratados de nosotros ántes, siempre -así lo hacen. Traidos y llegados todos los que escaparon, fueron allí -servidos muchos dias, mantenidos, recreados y consolados, como si los -indios estimaran que fueran ángeles, y es cierto, que si 1.000 ó 10.000 -fueran los españoles, si los indios quisieran matallos, segun venian, -uno ni ninguno dellos no quedara; y porque Hojeda, con la devocion que -á Nuestra Señora tenia, se habia mucho á su misericordia encomendado, -y hecho voto que saliendo salvo al primer pueblo, dejaría en él su -imágen, dióla al señor del pueblo, é hízole hacer una ermita ó oratorio -con su altar, donde la puso, dando alguna noticia de las cosas de Dios -á los indios, segun que él pudo hablarles, diciéndoles que aquella -imágen significaba á la Madre de Dios, que estaba en el cielo, Dios -y Señor del mundo, llamada Sancta María, de los hombres muy abogada. -Fué admirable la devocion y reverencia que á la imágen tuvieron desde -adelante, y cuán ornada tenian la iglesia de paños hechos de algodon, -cuán barrida y regada; hiciéronle coplas en su lengua, que en sus -bailes y regocijos que llamaban areítos, la i letra luenga, cantaban, y -al son de las voces bailaban. Yo llegué, algunos dias despues de este -desastre de Hojeda y su compañía, y vide la imágen puesta en el altar, -y la iglesia ó oratorio, de la manera dicha, compuesta y adornada. Y -cuando habláremos, si á Dios pluguiere, de las cosas de aquella isla, -en el libro III, contaré otras cosas cerca de la devocion que los -indios tenian con esta imágen, no dignas de ser calladas. - - - - -CAPÍTULO LXI. - - -Estuvieron en aquel pueblo los españoles todo lo que les plugo y -quisieron estar, sirviéndoles los indios como si fueran padres y -hermanos; y, despues de sanos y hartos y recreados, dadas las gracias -al Señor y á los demas, y con muchos indios cargados de comida y de sus -hatillos, que el Cacique ó señor les dió, que los guiasen y acompañasen -hasta ponellos en otros pueblos, pasado un despobladillo que por allí -hay, por ser tierra muy baja, que creíamos, los que despues por allí -pasamos, que otro tiempo debia ser aquello mar, finalmente, llegaron -á la provincia y pueblo llamado Macáca, la media sílaba luenga; allí -los rescibieron muy bien los indios, y hospedaron, como los indios -universalmente lo suelen hacer donde no han sido primero agraviados. -Los españoles, como se vian aislados, y no remedio para salir de -aquella para esta isla, y redujesen á la memoria estar españoles en -la de Jamáica, la cual distaba de donde habian llegado obra de 20 -leguas, tractaron entre sí de quién se atreveria pasar en una canoa -ó barquillo de indios, á dar nuevas en Jamáica dellos, y del estado -en que estaban y habian venido. Ofrecióse luégo un Pedro de Ordás, -diciendo que él iria, (no me acuerdo si fué solo él ó le acompañó -alguno de los otros), rogaron al Cacique ó señor del pueblo que les -diese una canoa esquifada ó proveida de indios, para que pasasen á -Jamáica; hízolo de muy buena voluntad, y proveyóles de comida con -todo lo necesario, cuanto fué posible. Partiéronse y llegaron á la -isla, y dieron noticia á Juan de Esquivel, Teniente, que el Almirante -habia enviado allí, pocos dias habia, como en el capítulo 52 dijimos, -el cual proveyó luégo de una carabela que allí tenia proveida de -lo que habian menester, para que trujesen á Hojeda y á todos los -demas; y en ella envió á Pánfilo de Narvaez por Capitan, de quien -abajo hay bien que decir é de su desastrado fin. Llegada la carabela -al puerto de Macáca, como la vieron fué grande el alegría que todos -rescibieron, y Hojeda pidió al Cacique una canoa para que le llevase á -la carabela, y así como Pánfilo de Narvaez le vido, díjole con mucha -gracia: «Señor Hojeda, lléguese vuestra merced por esta parte, tomalle -hemos.» Respondió Hojeda: «Señor, mi remo no rema,» dando á entender -los desacatos y agravios que de Bernardino de Talavera y de los otros -habia rescibido. Rescibido en el navío, Pánfilo de Narvaez, que era -hombre honrado y de bien, y cognoscia bien á Hojeda, y lo que segun -la estimacion de los hombres merescia, le hizo grande acatamiento, y -trató como la persona que era; despues rescibió en el navío á todos -los otros, y llevólos á la isla de Jamáica. Juan de Esquivel, como -era caballero y se habia visto próspero, y despues muy caido, porque -habia seguido muchos años los vaivenes de la fortuna, como nos contó -algunas veces á ciertas personas que estábamos en esta isla con él -juntos, no curando de acordarse de las palabras de amenazas que Hojeda -le dijo en esta ciudad, al tiempo que se partia para esta su desdichada -empresa, que le cortaria la cabeza si á Jamáica iba, le hizo grande -acogimiento y hospedaje benigno, y mostró dulce y graciosa y familiar -conversacion, aposentándole en su casa y haciéndole servir como á su -persona misma. Pasados algunos dias, que descansó de tan trabajosa vida -como desde que salió desta isla Hojeda habia tenido, pasóse á ésta, -quedando Juan de Esquivel y él muy grandes amigos. Quedáronse allí -todos los más de aquellos que con Hojeda venian, no osando pasarse á -esta isla por miedo de la justicia, por el hurto de la nao y por las -afrentas que dellos habia Hojeda rescibido; pero sabido por la justicia -del Almirante, quedar en Jamáica, envióse por ellos en especial por -el Bernardino de Talavera. Trujéronlo preso, y creo que á otros con -él, que debian ser los culpados ó más culpados, y convencidos por su -ordinario juicio, sentenciaron á ahorcar á Bernardino de Talavera, -y ejecutóse la sentencia en él, y creo que tambien ahorcaron ó -afrontaron á otros con él, si no me he olvidado, por el mismo delito; -por lo que á Hojeda hicieron no creo que hubo castigo, porque no era -hombre Hojeda que los acusaria. Estuvo Hojeda en esta ciudad despues -desto muchos dias, y creo que fué más de un año, y yo lo vide; algunos, -que debian ser de los que con él mal estaban, y quizá de los que con -él habian desto viaje venido, lo aguardaron para lo matar una noche -que venia de pasar tiempo en conversacion buena con amigos, pero aína -les hobiera pesado de haberle acometido, porque creo que los corrió -por una calle adelante á cuchilladas, segun que siempre hacer solia en -semejantes refriegas. Al cabo, cuando plugo á Dios, no mucho despues -de lo dicho, que fuesen cumplidos sus dias, murió en esta ciudad de -su enfermedad, paupérrimo, sin dejar un cuarto, segun creo, de cuanto -habia rescatado y robado, para su entierro, de perlas y oro á los -indios, y dellos hechos esclavos muchas veces que á tierra firme habia -venido; mandó que lo enterrasen á la entrada, pasado el lumbral, luégo -allí, de la puerta de la iglesia y monasterio de Sant Francisco; y así -no acertaron los que dijeron que el Almirante queriendo prenderlo, se -habia retraido á Sant Francisco, y allí habia muerto de la herida que -en Urabá rescibido habia, porque, como dije, yo lo vide suelto, y libre -y sano, pasear por esta ciudad, y despues, yo salido de aquí, oí ser -fallecido. Este fué el fin de Alonso de Hojeda, que tantos escándalos -y daños en esta isla (como en el primer libro queda dicho), hizo á -indios; éste fué el primero que hizo la primera injusticia en esta -isla, usando de jurisdiccion que no tenia, cortando las orejas á un -señor Rey y Cacique, que con mayor y más cierto derecho, jurisdiccion y -justicia propia, por el derecho natural concedido, pudiera á él y los -que con él iban, y al mismo Almirante que los envió (como á injustos -y violentos tiranos, invasores de los reinos y tierras, y señoríos -ajenos), justiciar y hacer pedazos. Hojeda fué tambien el que por maña -y cautela, ó por manera ilícita, prendió y trujo á la Isabela preso -al rey Caonabo, que se ahogó estando en cadenas en cierto navío, para -llevar á Castilla contra toda justicia y razon. Este fué asimismo -el que infestó á tierra firme, y á otras destas islas, que nunca le -ofendieron, y llevó dellas muchos indios á vender por esclavos á -Castilla, como queda en el primer libro dicho. Y finalmente, lo que -agora en éste su postrero viaje por la provincia de Cartagena y el -golfo de Urabá hizo, y fué causa que Nicuesa hiciese, con otros muchos -insultos, que, si yo cayera en los tiempos pasados en ello, pudiera -dél mismo sabellos, y de otras muchas personas que con él anduvieran, -para referirlos; y porque no cometió ménos que otros (al ménos que los -de aquellos primeros tiempos, porque de los que despues sucedieron -otros le excedieron ciento por uno), pudiera y debiera padecer otro más -desastrado fin, pero yo lo atribuyo que por honra de la Madre de Dios, -de quien se afirmaba ser muy devoto, quiso dispensar con él la divina -justicia en que muriese en su paz, y en su cama, quito de barahundas, -para que tuviese tiempo de llorar sus pecados, en esta ciudad do Sancto -Domingo. Y plega ó haya placido á Dios de haberle dado cognoscimiento, -ántes de la muerte, de haber sido pecados los males que hizo á indios. - - - - -CAPÍTULO LXII. - - -Tornemos á tractar de los que quedaron en la fortaleza de Urabá, los -cuales, despues de partido Alonso de Hojeda, padeciendo extremas -angustias y hambres, esperaron todavía los cincuenta dias que -de término les habia dejado, y viendo que ni venia ni enviaba, -determinaron deshacer y dejar el pueblo, y en los bergantines, para -esta isla, embarcarse; y haciendo cuenta de los que podrian caber en -ellos, vieron que para llevar á todos, que debian de ser hasta 60, -no eran capaces; por lo cual no hallaron otro remedio, sino esperar -que la hambre y enfermedades, y tambien los indios con sus flechas, -los menoscabasen hasta quedar tantos cuántos los bergantines pudiesen -llevar. No pasaron muchos dias que la hambre y las angustias, y los -indios peleando contra ellos, porque iban á sus pueblos á tomalles -la comida, de tal manera los apocaron, que pudieron bien caber y -tener lugar en los bergantines, y que les sobrase. Habian dejado -cuatro yeguas vivas, para su defensa, porque con ellas los indios se -asombraban, éstas hicieron tasajos y echaron en sal, y metido lo que -más pudieron meter, entraron en los dos bergantines, yendo por Capitan -del uno, Francisco Pizarro, y del otro, un Valenzuela. Hiciéronse á la -vela, seis meses despues que allí habian entrado; salidos del golfo de -Urabá, y siendo, cerca de la isla Fuerte, obra de 20 leguas, salidos á -la mar, dió un golpe de mar al bergantin de Valenzuela, que lo metió -con todos los que llevaba debajo del agua, donde, á vista de Pizarro y -de los que con él iban y oyendo los gritos dellos, todos se ahogaron; -dijeron los del otro bergantin, que vieron una ballena ó otro pece muy -grande, que con la cola les hizo pedazos el timon ó gobernario. Pizarro -fuése con su bergantin á entrar y escaparse en el puerto de Cartagena, -y él que entraba vido venir un navío y un bergantin; esperóle, y era -el bachiller Anciso, el cual lo traia cargado de bastimentos, y 150 -hombres y doce yeguas, y algunos caballos, y puercas con sus berracos -para criar. Traia tambien muchos tiros de pólvora, y lanzas, y espadas -y otras armas, y trujera más de la gente que habia en esta isla, muy -adebdada, porque concertó con muchos que se saliesen á la costa de -la mar del Sur, en los puertos que habia hasta el cabo de la isla, y -que él iria con su navío y bergantin por ellos, y los iria tomando -cuantos hallase; pero, sabido por el Almirante, mandó que fuese una nao -armada con él, hasta dejallo pasado desta isla, porque los acreedores -se lo requirieron. Con toda la diligencia que se puso, no dejó Vasco -Nuñez de Balboa de ir en el navío, metido en una pipa vacía; díjose -que contra voluntad y sin saberlo Anciso. Este Vasco Nuñez era uno de -los que muchas deudas debia, vecino del postrero pueblo desta isla, -al Occidente, llamado Salvatierra de la Çabana, donde tenia indios de -repartimiento, natural de Badajoz. Era mancebo de hasta treinta y cinco -ó pocos más años, bien alto y dispuesto de cuerpo, y buenos miembros y -fuerzas, y gentil gesto de hombre muy entendido, y para sufrir mucho -trabajo; éste habia venido á la tierra firme, cuando vino á descubrir -é rescatar Bastidas, de quien arriba hicimos mencion. Salidos á la -mar, salió él de su pipa, y dijeron que desque lo vido Anciso se movió -á mucha ira contra él, certificándole que lo habia de hacer echar en -una isla despoblada, pues merecia muerte por las leyes; pero, dello -por se humillar, y dello porque otros á Anciso rogaron, se aplacó -Anciso, y así Vasco Nuñez se quedó porque tenia Dios determinado de -hacer otra cosa dél, por su mal. Así que, llegado Anciso al bergantin, -y cognoscido que era de la gente de Hojeda, creyó que se venian sin -licencia y huyendo se absentaban; y como era Alcalde mayor por el -Hojeda, como se dijo atras, quiso luégo prendellos y castigallos, no -curando ni creyendo que Hojeda fuese salido de allí, ni de lo que -más de sus infortunios alegaban. Pero referidos en particular los -trabajos, hambres y muertes que habian pasado, y mostrada la provision, -que Hojeda, de Capitan, dejó á Francisco Pizarro, comenzó á creer -Anciso lo que le parecia no poder haber pasado. Sintiendo y mostrando -de lo acaecido gran dolor, díjoles, que ya que aquello era pasado, que -por la postura y contrato que él con Hojeda habia puesto, era todavía -obligado á llegar hasta Urabá, y allí esperalle y entre tanto hacer lo -que pudiese de su parte; ellos, como de tan desesperada vida y peligros -se habian escapado, tornarse á ellos como de la misma muerte reusaban, -rogándole que por ninguna vía se lo mandase, y que él no lo debia -hacer, porque como ellos no se viese y desease, y que si no quisiese -que á esta isla se tornasen, que se fuese á la gobernacion de Veragua, -donde Nicuesa estaba. Finalmente, dello por ruegos y persuasiones, -y poniéndoles delante cebo para movellos, que saltarian en tierra -y harian esclavos para traer ó enviar á esta isla, dello mostrando -imperio como Justicia mayor, hobo de hacer que á Urabá tornasen, pero -ántes que de Cartagena partiesen, tuvo necesidad el navío de Anciso -de tomar agua y adobar la barca del navío, que se le habia quebrado. -Para ésto echó cierta gente en tierra con los oficiales, y, estando -adobando la barca, vinieron muchas gentes de los indios (como estaban -hostigados de los estragos que habian hecho en aquella provincia Hojeda -y Nicuesa), con sus arcos y flechas, y cercáronlos, y ni los indios les -acometieron, ni tampoco á los indios los cristianos, y así los tuvieron -tres dias cercados. En todos tres dias cada gente estaba sobre aviso, -velándose y aparejada para si la otra intentaba algo, puestos los -ojos en la otra, sin descuidarse. Estando en esta disposicion ambas, -salieron dos españoles dentre los otros á henchir y traer del rio, -que allí estaba junto, una botija de agua, á los cuales, como viesen -los indios moverse, arremetieron muy de presto 10 indios, con uno que -parecia ser su Capitan, y cercan los dos españoles y apuntan en ellos -las flechas con ojos airados, amagándoles como que los querian tirar, -pero no desarmaban los arcos. Visto esto, el uno de los dos da de -huir donde los muchos estaban adobando la barca, quedando el otro sin -temor, y con palabras de afrenta llamándolo. Tornó el otro, y dícele -que hablase á los indios en su lenguaje, porque habia ya, de los indios -que por allí habian captivado y robado, aprendido algunos vocablos de -su habla. Comenzólos á hablar, y como los indios oyeron palabras de su -lengua, espantados, comienzan á blandear y segurarse, y preguntáronle -que quién eran sus Capitanes, y qué querian ó buscaban. Respondió el -español, que eran gente que venían de otras tierras sin hacer mal á -nadie, y que se maravillaban que ellos les perturbasen, saltando en -aquella costa con necesidad, y mirasen lo que hacian, porque vernian -dellos mucha gente armada y los harian mucho daño. Avisado Anciso -que los indios tenian presos ó no dejaban venir los dos cristianos, -salió del navío con mucha gente armada, con harto miedo de las flechas -venenadas, su poco á poco yendo para ellos; el que los entendia hizo -señal que no acometiesen nada, porque los indios no querian sino paz, -porque creian que eran Hojeda y Nicuesa, que sin culpa suya les habian -hecho tan grandes daños, matándolos, y quemándolos, y llevando tantos -captivos como les habian llevado, en los cuales venian á vengarse, -pero, pues no eran dellos ni les habian hecho agravio, que á los que -no les dañaban no era su intencion dañarles, porque hacer el contrario -era malo. Y para señal dello dejaron los arcos y las flechas, y van -de presto y traénles pan de su maíz y pescado salado, y vino de sus -brebajes, y así quedaron pacíficos y en amistad de los cristianos. -Este caso refiere tambien Pedro Mártir, en su segunda Década, cap. 1.º -la cual escribió al Papa Leon X. Buena señal es ésta de que aquellas -gentes de Cartagena, que ante los Reyes habian sido de bravas, y que -hacian, sin causa, mal á los cristianos, infamadas, como en el cap. -19 contamos, que si no se les hobieran hecho daños, poco habia que -trabajar para, por amor y obras cristianas, y de hombres de razon, -ganallas; pues habiendo tan pocos dias que rescibidos de Hojeda y -Nicuesa tan irreparables males y estragos, y áun teniendo justísima -guerra por ellos contra todo español, tuvieron tanto sufrimiento y -moderacion á no acometer á estos luégo, saltando en su tierra sin su -licencia, hasta ver si eran de los que les habian tan injustamente -maltratado, ó si de nuevo los venian á infestar como los pasados. -Y estas particularidades fuera bien que los del Consejo del Rey -examinaran, como, segun Dios y razon áun humana, eran obligados; -pero por su gran ignorancia, como queda dicho, y áun presumpcion de -ser letrados, erraron mil veces en el derecho que no les era lícito -ignorarlo, y así tuvieron, de lo que tanto importaba, ningun cuidado. - - - - -CAPÍTULO LXIII. - - -Tornando al propósito de la historia, partióse Anciso de Cartagena -para Urabá, llevando consigo el bergantin, con Francisco Pizarro, y -los que de tantos infortunios se habian con él escapado; el cual, -entrando en el puerto, por descuido del marinero que llevaba el timon -ó gobernario, dió la nao en cierta arena ó bajo, que está en la punta -oriental de aquella entrada, la cual, con la resaca, que son las olas -que quiebran en la ribera, y con la corriente que allí hace, cuasi en -un momento fué hecha la nao pedazos; en el bergantin y en la barca, -con mucho peligro, se salvó la gente, cuasi desnudos todos, y con -algunas armas, de los bastimentos salvaron una poca de harina, y algun -bizcocho, y algunos quesos; las yeguas, y caballos y puercas, todas se -ahogaron. Todos estos argumentos y claras señales de aprobar Dios las -estaciones en que los ciegos pecadores andaban. Salidos de éste modo á -tierra comenzaron á hambrear, comian palmitos y fructos ciertos de las -palmas, socorriólos Dios, con topallos con muchas manadas de puercos -monteses de la misma tierra, que son más pequeños que los nuestros, -de cuyas carnes por algunos dias se mantuvieron; acabados los puercos -monteses, y faltándoles lo suyo, era por fuerza que habian de ir á -tomar lo ajeno, y no es excusado ante Dios, quien se pone y expone á -tal peligro. Acuerda luégo Anciso ir con 100 hombres, á inquietar y -robar y matar los que en sus casas, sin haberle injuriado ni hecho -otro daño alguno, pacíficos vivian, por tomarles violentamente su -comida, pero no sin riesgo de su propia vida; lo que tocaba al alma, -por entónces, poco escrúpulo ni cuidado habia. Salidos ciertas leguas, -toparon, no 100, como ellos iban, ni 1.000 ni 2.000 armados con -arcabuces, ni otra especie de artillería, sino con sólos desnudos y -tres indios; los cuales con tanto denuedo y esfuerzo acometieron á los -100 que llevaba Anciso, como si fueran dos, y los indios 1.000; sueltan -sus flechas llenas de ponzoñoso veneno, tan de presto, que ántes que -los españoles tuviesen lugar de revolverse, tenian clavados muchos, -y muchos rabiando muertos, y gastadas ó vacías las aljabas de sus -flechas, sin errar alguna, botaron á huir que parescian viento. Tórnase -Anciso con los que quedaron vivos, por muchas maneras atribulados é -infelices, torna la opinion y las voces y consejos, que ántes habia, -de salir é dejar aquella tierra, como á enemiga de sus vidas, y es de -creer que Francisco Pizarro y los de su compañía zaheririan é acusarian -su porfia de venir á ella al bachiller Anciso; ayudaba la opinion que -la dejasen, haber ya quemado los indios la fortaleza que Hojeda hizo, -y treinta casas que los españoles allí tenian, y áun díjose que el -mismo Anciso se quiso hurtar de su gente y venir á esta isla en los -bergantines, aunque despues, segun dijeron, con juramento aquesta culpa -satisfizo. Estando todos en aquesta extrema tristeza, no sabiendo qué -hacerse, oyendo cada uno á cada cual su sentencia, dijo Vasco Nuñez -de Balboa: «Yo me acuerdo que los años pasados, viniendo por esta -costa con Rodrigo de Bastidas, á descubrir, entramos en este golfo, y -á la parte del Occidente, á la mano derecha, segun me parece, salimos -en tierra, y vimos un pueblo de la otra banda, de un gran rio, y muy -fresca y abundante tierra de comida, y la gente della no ponia hierba -en sus flechas.» Todos, sin dudar en cosa de lo que Vasco Nuñez dijo, -concurrieron en un parescer, que luégo se fuese á buscar el rio y el -pueblo que Vasco Nuñez decia; este rio es el que los indios llamaban -el Darien, que dicen que es otro Nilo en Egipto. Salta luégo Anciso y -Vasco Nuñez con los que más cupieron en los bergantines y en la barca -del navío perdido, van allá, y hallan verdad, todo lo que Vasco Nuñez -habia dicho; pero desque los indios vieron, y el señor dellos que -se llamaba Cemaco, los bergantines españoles, como habian oido sus -obras, mujeres y niños, que no eran para pelear, enviados huyendo, -de los varones juntáronse obra de 500, y esperaron á los españoles -en un cerrillo. Como Anciso y los suyos vieron á los indios así -aparejados para pelear, temiendo más la ponzoña de la hierba que las -personas, (porque sin ella, para contra españoles, poco y nada pueden), -hincáronse de rodillas y con mucha devocion, segun la que les parecia -que tenian, encomendáronse á Dios y hicieron voto á Nuestra Señora, -como en Sevilla dicen, del Antigua, con cuya imágen toda la ciudad -tiene gran devocion, de, si les diese vencimiento, la primera iglesia -é pueblo que hiciesen por allí, intitulalla que se llamase Sancta -María del Antigua, y más desto, que enviarian un romero á Sevilla para -que le ofreciese, por todos, algunas joyas de oro y plata que con él -enviarian. Hízoles obligar á todos, con juramento que les tomó, que -ninguno huyese ni volviese las espaldas, á muerte ó á vida; hechas -todas estas diligencias, armados de sus espadas, lanzas y rodelas, -arremeten á los indios, y los indios, desnudos, á ellos, tirando sus -flechas, como de niños, como les faltase hierba; ellos con las espadas, -cortándolos por medio, y con las lanzas, en un credo alanceando cada -uno 20, pusieron al cabo en huida los que quedaron vivos. Entraron en -el pueblo, y halláronlo todo, como lo habian menester, lleno de comida; -otro dia entraron por la tierra y los montes que por ella habia, y -hallaron algunos barrios ó casas vacías de gente, por haber todas -huido, pero llenas de vasos, y otras alhajas de casa para el cuotidiano -servicio, y de cosas hechas de algodon, como naguas para las mujeres, -que son como medias faldillas, donde hobieron mucho algodon hilado y -con pelo, y lo que más ellos deseaban y andaban á buscar, con tantos -peligros del ánima y del cuerpo, muchas piezas de oro, que se ponian -en los pechos y en las orejas, y en otras partes, joyas de diversas -hechuras, que hasta 10.000 castellanos de oro fino pesarian. - -De diferente manera hallo en mis memoriales viejos, habida relacion de -los que creo que se hallaron en ésto, conviene á saber, que el cacique -Cemaco, señor de aquella tierra, luégo se aplacó y rescibió de paz -los españoles, y les dió graciosos, de su voluntad, entendiendo lo -que buscaban 8 ó 10.000 pesos de oro, pero que le preguntaron donde -se cogia de aquello, y respondió que les venia del cielo; forzándolo -que dijese la verdad, dijo, que las piezas grandes las cogian de 25 -leguas de allí, y lo menudo, de unos rios de por allí cerca. Dijéronle -que fuese á mostrallos, respondió que le placia, pero que queria ir -primero á llamar unos indios suyos, que fuesen con él; notificó á los -indios, lo que los españoles pretendian, respondiéronle los indios que -no lo descubriese, porque nunca saldrian de aquella tierra, por lo cual -el Cacique se fué á esconder á un pueblo ó tierra de un vasallo suyo. -Fueron tras él, y prendiéronlo; pregúntanle que dónde cogian aquel oro, -respondió, como ántes, que le venia del cielo. Dánle grandes tormentos, -por los cuales descubrió las minas; finalmente, soltóse despues, y -recogió sus gentes y amigos, y viene contra los españoles, y entónces -debian hacer sus oraciones y voto el bachiller Anciso.....[2]. - -Con este gran triunfo muy alegres, Anciso envió por los otros -compañeros que quedaron á la otra banda oriental de aquel golfo, por -no caber en los bergantines, los cuales, como los vieron, y oidas las -nuevas de la abundancia de la comida y fertilidad de las tierras, y más -de ser de oro ricas, ¿quién podrá encarecer el regocijo que hobieron, -bañados de alegría? Con este favor de haber salido verdad lo que Vasco -Nuñez dijo, y siendo él la guía sucedelles tan próspero, que mejor -esperallo no podian, cobró Vasco Nuñez mucha reputacion entre todos -aquellos españoles, y á tener amigos, y en sí mismo más estimacion de -la que debia. No es razon de pasar de aquí sin alguna consideracion de -cristiandad, y no insensiblemente como lo harian los gentiles, que ni -áun los cuerdos dellos, por semejantes cosas, fácilmente, sin mirar -en ellas, pasarian. ¡Que hobiese tan tupida ceguedad en aquellos, y -mayormente en el bachiller Anciso, que paresce que por sus leyes -debiera más presto sentilla, que disponiendo de infestar, matar, y -captivar, y robar á una gente apartada, en su tierra y casas segura sin -les haber ofendido, no ménos que las otras inocentísimas, que ni los -indios á españoles, ni españoles á los indios habian visto, hiciesen -oracion á Dios, y hiciesen votos á la Vírgen Maria del Antigua, porque -les ayudasen y favoresciesen á perpetrar tan impías, tan crueles, -tan violentas, tiránicas, y de Dios tan ignominiosas y afrentosas -injusticias! ¿Qué otra cosa era lo que allí en aquellas oraciones y -votos hacian, sino hacer ó tomar por compañero á Dios y su Madre Sancta -María, de los robos, homicidios, y captiverios é infamias de la fe, y -sangre que derramaban, y rapiñas que perpetraban, partícipes? Daban á -Dios y á su Sancta Madre oficios, que no son de otros propios, sino -de los demonios y de sus ministros. Los que en las obras del diablo -andan ocupados, como estos andaban, matando, captivando, robando y -escandalizando los inocentes que mal nunca les merescieron, é infamando -la fe de Jesucristo, y, por consiguiente, impidiendo que gentes no se -convirtiesen, no tienen necesidad de ayuda de Dios, sino del diablo; y -aquel, por las obras tales, con el diablo vive, y aunque busque y pida -la ayuda de Dios, no la hallará, como el ladron que vá á hurtar, que -se encomienda á Dios que le ayude á que salga en salvo con el hurto, y -el que entre en algun lugar para cometer fornicacion, porque no sabe -la Justicia de Dios dar favor á los crímenes é injusticias. Todo ésto -es de Sant Crisóstomo, sobre San Mateo: _Qui in diaboli iniquitatibus -ambulat diaboli adjutorium necessarium habet. Colonus diaboli auxilium -si quæsierit non inveniet. ¿Vidisti aliquando euntem ad furtum, Deum -orare ut bene prosperetur in furto? ¿Aut qui vadit ad fornicationem -numquid signum crucis ponit sibi in fronte, ut non comprehendatur -in crimine? Quod si fecerit non juvatur, quia nescit justitia Dei -patrocinium dare criminibus._ Esto es de Sant Crisóstomo; véalo bien -el cristiano lector, y determine si hobo lugar la sentencia de Sant -Crisóstomo en Anciso y en su compañía. Considere tambien, si nombrar la -iglesia del título de Sancta María del Antigua, y enviar á la capilla -de la Vírgen, que está en Sevilla, las joyas que le prometieron por -voto, si fué á Dios y á su Sancta Madre acepto sacrificio. No debiera -de ignorar Anciso aquello que en el Eclesiástico está escripto, y áun -en los «Decretos», si los profesó, lo pudiera haber visto: _Immolantes -ex inicuo oblatio est maculata_. _Dona iniquorum non probat Altissimus, -nec respicit in oblationibus iniquorum_, etc. Y que aunque Dios les -permitió hacer los grandes pecados que allí cometieron, y quiso que -saliesen con victoria, los tristes inocentes indios vencidos, no se -debieran de tener por sanctos y devotos de Dios, estimando que por -sus oraciones fueron oidos y favorescidos, porque Dios suele sacar de -nuestras maldades los fructos para su gloria y honra que determina, -porque, de otra manera, nunca los permitiria. El fructo que de aquellos -insultos y obras infernales Dios sacaria, sería algun predestinado -que allí tenia, puesto que no fuese más de sólo uno; pero no por eso -se sigue que apruebe las obras de los que, haciendo contra su ley é -mandamientos, inexpiablemente le desirven. Y cabe bien aquí lo que -refieren las historias de aquel Alexandre Magno, que traia en el mundo -el mismo oficio que los españoles han traido y traen por todas estas -Indias, infestando, escandalizando, matando, robando, captivando, -subjetando y usurpando los reinos ajenos y gentes que nada les debian. -Este, siendo infiel idólatra, enemigo del linaje humano, infernalísimo, -llegando á los montes Caspios, donde habian sido puestos y desterrados, -llevados captivos, los diez tribus de Israel, por Teglaphalasar y -Salmanazar, reyes de los Asirios, del cual captiverio se tracta en -el capítulo 15 y 17 del IV de los Reyes, los cuales no podian salir -de allí por edicto público, que se les puso por los mismos Reyes -ya dichos, enviáronle á suplicar, como lo vieron que señoreaba el -mundo, les diese licencia para salir y volverse á su tierra, que era -Jerusalen y la de promision; y como Alexandre preguntase la causa de -su destierro, fuéle respondido, que porque apostataron, dejando á su -Dios de Israel por adorar los becerros de oro, que les constituyó por -dioses Jeroboan, y les ofrecieron sacrificio, y que por los profetas -les estaba profetizado que nunca habian de salir, por aquel pecado, -de captiverio. Entónces respondió Alexandre, que dignos eran de ser, -más de lo que estaban, encerrados, y que él queria más estrechamente -los encerrar. Mandó luégo á su ejército que, con tierra y cal y otros -materiales, hiciesen otras sierras ó montes para cerrar los montes -Caspios, que debian tener alguna abertura ó entrada, para donde los -diez tribus desterrados estaban; pero como viese Alexandre ser obra que -sobrepujaba las fuerzas humanas, hizo oracion á Dios de Israel, que él, -con su poder, aquella obra perficcionase. Luégo se juntaron las dos -sierras ó montes, por manera que ya no se puede aquel lugar andar, ni -entrar ni salir nadie. Señal manifiesta, que no es la voluntad de Dios -que aquellos diez tribus, ni alguna persona dellos, de allí salgan; -saldrán cerca de la fin del mundo, y harán en los hombres grandes -estragos. Todo esto dice el Maestro de las Historias escolásticas -sobre Esther, cap. 5.º, y el Vicentio en el «Speculo historial», libro -V, cap. 43, y otros historiadores. El Burgense, en las adiciones al -Nicolao de Lira, expone á la larga el cap. 18 de Esaías de aquellos -diez tribus, conforme á lo que queda dicho. Tambien refiere Josepho, -en el fin del libro II, de las «Antigüedades», que yendo Alexandre -contra Dario, y no habiendo camino por donde pasase su ejército, se le -abrió la mar que llaman Pamphilica ó mar Pamphilico, por voluntad de -Dios, porque determinó de destruir por manos de Alexandre el reino de -los Persas. Esto es de Josepho. Así que, aplicando todo ésto á nuestro -propósito, pues oyó Dios la oracion de Alexandre, infiel y turbador -sangriento del linaje humano, y por ella quiso hacer aquel señalado -milagro, para cumplir su divina voluntad en lo que tenia determinado, -sin merecimiento ni provecho suyo, pues se fué á los infiernos al -cabo, no debió de presumir Anciso, ni los que con él estaban, que, -porque orasen y Dios les diese victoria, que pareciese, y lo fuese, -milagro, que de allí se siguiese que aquellas obras, y las semejantes -que hacian, Dios las aprobase, siendo tan injustas y por su ley tan -reprobadas; y por tanto, si penitencia en el artículo de la muerte no -les valió, yo temo que se han visto en trabajo, y plega á Dios que no -sea peor que el de Alexandre, porque más que los infieles y en mayor -grado de gravedad pecan los cristianos, en cualquiera género de pecado. -Lo mismo deben temer de sí todos los que por estas Indias en tales -estaciones andan. - - - - -CAPÍTULO LXIV. - - -En cumplimiento, pues, de su voto, acordó Anciso y todos de asentar -luégo allí una villa que se llamase Sancta María del Antigua del -Darien, que era nombre propio del pueblo de los indios, ó del rio -grande que por allí pasa ó pasaba, porque ya todo está por allí, como -en lo demás, asolado; y para prueba de su sanctidad, por quien Dios -hacia milagros, comenzó luégo á crecer la grande ambicion, entre -aquellos nuevos pobladores, que tenian en sus pechos, y que con sus -compañeras los habia llevado allá, y, segun se dijo, el principio -de todas las disensiones fué Vasco Nuñez de Balboa. Como ya tenia, -como se dijo, entre los otros autoridad, trabajaba de secreto con -los que sentia tener amistad, que quitasen la obediencia á Anciso, -diciendo no tener ya jurisdiccion, pues habian salido de los límites -de la gobernacion de Hojeda, cuyo era en ellos Alcalde mayor; y no -decian mal, si verdad era que aquella tierra salia de los dichos -términos, como creo ser verdad, si lo demás fuera agua limpia, que no -pretendiera él mandar. Pero, cierto, mejor dijeran que ni Anciso con -todos ellos, ni juntado con ellos Hojeda, tenian una punta de alfiler -de jurisdiccion, pues estaban en reinos y tierras ajenas, donde habia -y señoreaban propios y naturales Reyes y señores, con justa é legítima -y natural jurisdiccion, á la cual Hojeda y todos ellos eran subjectos, -aunque les pesara, y eran obligados, so pena de incurrir en grandes -pecados de inobediencia, de obedecer á los Caciques, señores y Reyes -de aquellos reinos, y cumplir sus mandamientos, y vivir segun sus -leyes miéntras en la tierra estuvieran, en todo aquello que no fuera -contrario á nuestra santa fe y cristiana religion. Y ésto verán los que -quisieren leer nuestro libro, escripto en latin, cuyo título es: _De -unico vocationis modo omnium gentium ad veram religionem_, más claro -que el sol. Tornando al propósito, andando en estos secretos tractos -unos con otros, mandó Anciso, presumiendo de Alcalde mayor, que ninguno -fuese osado, so pena de muerte, rescatar con los indios oro alguno; -Dios supo con qué intento, al ménos todos creian ó murmuraban, que por -haberlo él para sí todo. De ésto indignados todos, porque aquel daño -tuvieron por comun, acuerdan de quitalle la obediencia y el mando, -diciendo que no tenia poder ni jurisdiccion sobre ellos, por la causa -dicha y otras razones que alegaron; Anciso privado é impedido del -mando y gobierno, acuerdan entre todos elegir Alcaldes y Regidores, y -cayó la suerte de Alcaldes, al Vasco Nuñez, y creo que á uno llamado -fulano Çamudio, y por Regidor un Valdivia, y otros de que no tuve -noticia. No contentos con los Alcaldes y gobierno que habian elegido, -ó descontentos de su manera de regir, ó arrepentidos de haber dejado -ó excluido al Anciso, no contentos ni asosegados sus corazones, como -quien andaban fuera de la vida cristiana que debieran vivir, tornaron -á tener contenciones sobre la gobernacion, alegando algunos que no -convenia estar sin superior, uno sólo, que los gobernase, y así, -algunas veces estaban para peligrosamente reñir. En estas sus porfías -se dividieron todos en tres partes: la una decia que se restituyese -á Anciso en su grado prístino, hasta que el Rey los proveyese de -Gobernador, teniendo dello aviso; la otra, defendia otra opinion, -diciendo que á Nicuesa se habian de subjectar, pues aquella tierra -caia dentro de sus límites; la tercera, era de los amigos de Vasco -Nuñez, que contendian que estaba bien así, ó que si habia de ser único -que aquel fuese nombrado y elegido; los cuales, con estas contiendas -y opiniones, así divisos, llegó un Rodrigo de Colmenares, desta isla, -que puso fin por algun tiempo á estas porfías. Á este Colmenares, segun -creo, dejó Nicuesa en esta isla para que fuese despues dél recogiendo -los bastimentos, que dejaba haciendo en sus haciendas que en esta isla -tenia, ó por ventura lo dejó para este fin en Castilla. Este, partido -de aquí con dos navíos de bastimentos y provisiones otras necesarias, -y 60 hombres que iban dedicados al mesmo oficio, llegó con sus navíos, -despues de haber padecido gran tormenta en el camino, al puerto de -Sancta Marta, obra de 50 ó 60 leguas del de Cartagena, el cual los -indios llamaban Gayra, la y letra luenga. Quisieron allí tomar agua, -y como los indios vieron los navíos, y habian entendido las obras que -los españoles habian hecho á los de Cartagena, sus vecinos, acordaron -de hacellos alguna burla, porque descuidándose no les acaesciese -rescibilla. Saltaron en las barcas de los navíos, ó en la una dellas, -de los españoles 50, y llegados al rio, dijeron que salió el señor -de aquella tierra con 20 de sus allegados, vestido de cierta manera -con manta de algodon, como quiera que todos los indios anden por allí -desnudos, y llegando cerca díjoles por señas, que no tomasen de allí -agua, porque no era buena, señalándoles abajo (ó arriba), otro rio, -al cual yendo los españoles, con la resaca y braveza de la mar, no -pudieron llegar y tornáronse al de donde habian venido; y estando -embasando sus pipas ó vasijas, saltan de súbito, segun les pareció, -hasta 70 indios, y ántes que los españoles se revolviesen, los tenian, -á 47 dellos, con hierba ponzoñosa, heridos. Tomáronles la una barca ó -barcas y hácenlas pedazos luégo; creo que de los heridos huyeron al -navío, nadando, ó en la una barca, pero llegados á los navíos todos los -heridos murieron, que no se escapó sino sólo uno vivo. Escondiéronse -siete dellos en unas concavidades de cierto árbol grande hasta que -anocheciese, para se ir despues á las naos, ó nadando, ó que viniesen -por ellos; pero como en aquella noche, por no rescibir más daño y por -creer que aquellos serian muertos, se hiciesen á la vela, no hobo más -memoria dellos. Partióse, pues, del puerto de Sancta Marta, Colmenares, -con la pérdida dicha de los españoles, y con extrema tristeza, para el -golfo de Urabá derecho, por tomar de allí alguna nueva donde hobiese -parado Diego de Nicuesa, el cual, no viendo ni oyendo persona ninguna -en la parte de Oriente del golfo, donde creia que podian estar Hojeda -ó los suyos, quedó espantado, si eran todos muertos ó á otra parte -idos, no sabiendo qué fuese dellos. Acordó de tirar muchos tiros de -artillería, porque si por allí estaban lo oyesen, y hacer muchas -hogueras ó ahumadas de noche y de dia sobre unas altas peñas. Atruénase -todo el golfo de una parte á otra, que tiene de ancho seis leguas; -oyéronlo con espanto los del pueblo de Sancta María del Antigua, y las -ahumadas tambien vieron; responden con otras tales muchas veces, por -manera que atinó Colmenares, que cristianos debieran estar á la parte -del golfo de la mano derecha ó del Occidente; finalmente, hobo de -llegar á ellos, cuasi mediado Noviembre, año de 1510. Fué inestimable -la alegría y gozo que con su venida todos rescibieron, con todos los -trabajos y muertes y adversidades que cada uno dellos habian padecido. -Preguntando por Nicuesa ninguna nueva le dieron; todo el gozo de los -unos y de los otros, de tristeza y dolor tenia harta mezcla. Repartió -de los bastimentos que traia con todos aquellos, por manera que -contándose los unos á los otros sus duelos, con el pan y comida que -de nuevo á los que estaban venia, les fueron tolerables y buenos. Con -esta liberalidad, que Colmenares de los bastimentos con ellos hizo, -ganó las voluntades de los más que resistian que no se llamase para -los gobernar Nicuesa, y así ganada la opinion contraria, ó la mayor -parte, acordóse que fuesen á buscar á Nicuesa, y hallado lo convidasen -y rogasen tuviese por bien de venir á gobernallos, porque ellos se le -querian subjectar. Enviaron para ello con Colmenares á uno llamado -Diego Albitez, y al bachiller Corral, y el cargo principal dieron á -Colmenares. - - - - -CAPÍTULO LXV. - - -Dejemos partidos á los mensajeros ó procuradores que van á buscar y -á llamar á Diego de Nicuesa, sin saber dónde estaba ó qué habia sido -dél, y contémoslo aquí hasta el punto que Colmenares y los mensajeros -le hallaron, y será referir una tragedia de las más infelices y -desastradas que acaescieron despues en estas partes. Metióse, pues, -Diego de Nicuesa en una carabela, y mandó que con él junto fuesen -siempre los dos bergantines, en uno de los cuales mandó que fuese por -capitan Lope de Olano, que era su Capitan general en toda la armada; -y las naos grandes ordenó que fuesen más metidas en la mar, por miedo -de los bajos, y él se iria más llegado á tierra, todos en demanda de -Veragua, hízose á la vela é del puerto de Cartagena, desde á poco -que salió de él Alonso de Hojeda, con el intento y órden que se ha -contado. Comenzó luégo la mar y vientos á serle contrarios, porque se -levantó gran tormenta, y llegando sobre la costa ó ribera de Veragua, -una noche, por huir de los peligros que padescen los navíos andando -de noche cerca de tierra, y el remedio general es hacerse á la mar, -tomólo para sí tambien Nicuesa, y en anocheciendo apartóse de la tierra -con su carabela, estimando, como se debia estimar, que los seguia, con -los dos bergantines, Lope de Olano; pero no lo hizo ansí, ántes, cerca -de una isleta, estuvo aquella noche (como dicen los marineros), al -reparo. Aquello dijeron que hizo por miedo de la tormenta, y algunos, -y el mismo Nicuesa, tuvieron sospecha, que por alzarse con el armada -y gobernacion lo hizo Lope de Olano; alguna presuncion se pudo tener -de ésto contra él, porque fué uno de los que anduvieron en esta isla, -con Francisco Roldan, contra el Almirante, alzados, de los cuales -arriba, en el libro I, escribimos largo, é yo se que fué dellos uno -Lope de Olano. Así que como amaneció y no pareció la carabela donde -iba Nicuesa, no curó de ir á buscarlo, ántes se arrimó á buscar las -naos, las cuales halló en un rio que llamaron el rio de los Lagartos, -y así se nombra hoy en las cartas de marear, y hoy se llama comunmente -rio de Chagre; está, de lo que llamamos hoy el puerto y ciudad del -Nombre de Dios, 20 leguas largas. Llegado allí, halló las naos cuasi -descargadas de todos los bastimentos y hacienda que tenian, porque de -la bruma estaban todas comidas que se anegaban; allí echó fama Lope -de Olano que Nicuesa era perdido y ahogado, y que por gran ventura él -se habia escapado, y como fuese Capitan general de Nicuesa, ó porque -todos lo eligieron de nuevo, ellos le obedecian y él los mandaba; y -dijeron algunos, que, de industria, dejó las naos en cierta punta -del rio de Belem, donde las hizo pasar con la gente para buscar allí -asiento para poblar, que dista cuatro ó cinco leguas del de Veragua, -porque se perdiesen, porque de salir de allí los españoles, como -andaban hambrientos y atribulados, perdiesen el ánsia. Y porque las -naos quedaban en la dicha punta, que no podian entrar en el rio por -ser baja la entrada, él embarcado en una barca de gente bien esquifada -(quiere decir llena y bien aparejada), en la entrada del rio, con la -resaca y braveza de la mar, se le anegó la barca y se le ahogaron 14 -hombres, salvándose él por gran maravilla, con otros que supieron -bien nadar; estuvo en tierra con los demas, sin comer cuatro dias, -porque por la tormenta no pudieron sacar bastimento ninguno de las -naos del rio de Belem, que está, como dije, cuatro leguas de Veragua, -al Oriente. Metido en los bergantines, y una barca, con la gente que -pudo caber en ellos, entró por el rio de Veragua, en el cual mandó -que hiciesen catas para saber si habia oro, y hallando mucha muestra -dello, negábanlo diciendo que no habia oro ni comida, sino que era -tierra desesperada; ésto hacian y decian porque andaban todos ya muy -angustiados, y porque no pensase de perseverar en aquella tierra Lope -de Olano, y buscar remedio para se pasar á esta isla, por escapar de -donde temian perecer de trabajos y hambre. Los que quedaron en el rio -de Belem, como comian por tasa, y por no tener convinientes moradas, -porque estaban en chozas, que la humedad de la mar, y por las muchas -aguas que llovia, y de llagas que se les hacian de los muchos mosquitos -que habia, y más de verse atajados y sin esperanza de salir de allí, -atribulados moríanse muchos, notaron, en estas angustias estando, que -nunca moria alguno, sino cuando la mar menguaba; y como los enterraban -en el arena, experimentaron que en ocho dias eran comidos los cuerpos -como si hobiera cincuenta años que los hobieran enterrado, lo cual -tomaban por mala señal, entendiendo que áun el arena se daba priesa -á acabarlos. Añidióseles otro no chico trabajo, que una noche hizo -tanta tormenta en la mar, que les comió el arenal donde tenian hechas -sus chozas, por donde tuvieron necesidad de hacerlas más dentro, que -les fué desconsuelo doblado. Volvió Lope de Olano de Veragua al rio -de Belem, donde la otra gente de que agora hablamos estaba, y comenzó -á mandar que se hiciese una carabela de las tablas de las naos que la -mar habia hecho pedazos; la fama ó título que se publicó era, que la -carabela queria hacer para que se pasasen á esta isla, pero tambien -se dijo que era para se aprovechar della por allí, é no para salir de -aquella tierra, donde pensaba quizá ser rico. Comenzada la carabela, y -andando en la obra della adelante, acabáronseles los mantenimientos, y -fué tanta la hambre que padecieron que no puede ser creida; acabando de -parir una yegua, que allí tenian, como lobos hambrientos arremetieron -á comer las parias que hechó con el hijo, y se las comieron. Entre -estas angustias que Lope de Olano y la gente que con él andaba padecia, -no faltaban desventuras misérrimas y terribles tormentos al infelice -Nicuesa, el cual, como amaneciese, pasada la noche de la tormenta, y -no viese á los bergantines que traia Lope de Olano á par de sí, como -creia que tras él venian, fué grande su tristeza temiendo no fuesen -perdidos. Volvió luégo con su carabela sobre la costa, y visto un rio, -metióse por él hallando abundante fondo, porque venia, de las grandes -lluvias que hacia en las sierras, muy avenido, el cual, en muy breves -horas menguó tanto, sin cuasi sentillo, que la carabela tocó en el -arena, y no teniendo sosten dió de lado consigo. Viendo un marinero -que la carabela se abria, saltó de presto en el agua con un cabo, que -llamamos los hombres de tierra soga, para la atar en algun árbol en -tierra, pero fué tan vehemente la corriente que el rio traia, que, no -teniendo fuerzas para nadando vencerla, lo llevó y sacó á la mar, donde -no pudo ser de ninguno socorrido. Saltó luégo otro, no curando de la -muerte del pasado, con aquella ó otra soga, y vencida la corriente, -salió á tierra y á un árbol atóla, y por ella salió Nicuesa y los demas -como por puente, aunque no tan enjutos ni tan alegres como si fueran -por la de Alcántara, ni áun como por la de Sevilla. Perdióse allí -con la carabela cuanto bastimento y cosas traian, y así quedaron sin -comer y sin vestidos, mojados, angustiados y más que tristes. Acuerda -Nicuesa tomar por remedio, sólo uno que habia, que fué caminar por sus -piés al Occidente, buscando á aquella negra de Veragua que tanto caro, -áun hasta entónces, costado le habia; y pluguiera á Dios que allí sus -trabajos se le fueran concluidos. Tomada la barca de la carabela, mandó -ir cuatro marineros en ella por la mar, con inmenso peligro, para pasar -los esteros y rios que no pudiesen pasar á pié, y comiendo hierbas y -marisco que tomaban de la ribera, y muchos descalzos y cuasi todos -desnudos, andan los tristes y atribulados su camino, pasando ciénagas -muy lodosas, y anegadizos, y muchos rios y arroyos, y muchas veces -sin camino, y lo que mayor dolor les causaba no saber dónde Veragua -era, y si bien ó mal iban. Una mañana, cuando de donde habian dormido -se querian partir, llevando un paje de Nicuesa un sombrero blanco en -la cabeza, algunos indios, que debian espiallos, creyendo que el que -llevaba el sombrero blanco debia ser principal, ó Capitan entre ellos, -desde el monte le tiraron una vara, y diéronle en tal lugar que fué -luégo muerto con ella; causóles este desastre, mayormente á Nicuesa, -mucha angustia, sobre las que llevaban y tenian. Llegaron un dia de su -peregrinacion á la punta ó cabo de una ensenada, ó abra grande, que -hacia la mar, y por ahorrar camino acordaron de pasar en la barca, -su poco á poco á la otra punta. Ellos pasados, hallaron que aquellas -puntas, ó la una, eran de una isleta despoblada de todo consuelo y -remedio, que ni áun agua no tenian; viéndose así aislados, sobrevínoles -gran desmayo, y cuasi estuvieron puestos en total desesperacion de -remedio. Los cuatro marineros que iban en la barca, viendo que siendo -isla quedaban del todo perdidos, acordaron una noche, sin decir á -Nicuesa nada, volver atras, creyendo más al Poniente, por buena razon, -estarian. Ida la barca, y constando al triste Nicuesa con su desdichada -compañía, cada uno puede considerar cuál y cuánto sería el dolor, -la tristeza, caimiento de espíritu, amargura y perdimiento de toda -esperanza, sobre tantos males y angustias que habian padecido, que se -les acrecentaria. Díjose que andaban, como personas sin juicio, á un -cabo y á otro, dando alaridos, pidiendo á Dios misericordia, que se -doliese de sus desventuradas vidas, y tambien de sus ánimas. Comian -hierbas sin cognoscer si eran malas ó buenas, comian marisco que -hallaban por la ribera de la mar; y el mayor tormento fué faltalles -el agua, que en toda la isla no la hallaron, si no fué un charco de -ciénaga, lodoso y de agua salobre. Probaron muchas veces á hacer una -balsa de palos ó ramas de árboles para salir de aquella isla á tierra -firme, pero no les aprovechó nada, porque como no tenian fuerza para -nadar, los que nadar sabian, ni remos para la balsa, sacábala la -corriente grande á la mar, y así tornábanse. Estuvieron en aquella isla -muchos dias, y, segun entendí, más de tres meses, muriéndose dellos -cada dia, de pura hambre y sed, y de las hierbas que comian y del agua -salobre, y los que quedaban vivos andaban ya á gatas, pasciendo las -hierbas y comiendo crudo el marisco, porque no tenian vigor para poder -andar enhiestos. Bien puede juzgar cada uno, de los que esta Historia -leyeren, que lo que Nicuesa, para mayor dolor suyo vivia, segun lo que -padeció con los que con él en aquella carabela vinieron, fué una de -la más triste, dolorosa y amarga vida, por ser tan larga, que hombres -vivieron. - - - - -CAPÍTULO LXVI. - - -Llegó la barca con los cuatro marineros, despues de muchos trabajos -y peligros, donde Lope de Olano estaba y la demas gente, y diéronle -cuenta, como, por volver Nicuesa en su carabela á buscallo, se habia -perdido, y por extenso refiriéronle los trances, hambres y miserias -que habian padecido, y en el estado que quedaba en la isla, y que -ellos, sin le dar parte, se habian venido á buscar las naos para le -poder llevar remedio, porque si se lo dijeran entendian que no les -diera licencia, y así perecieran más aína. No hicieron buen sabor á -Lope de Olano las nuevas que habia oido, temiendo la ira de Nicuesa, -por se hallar reo del desastre acaecido; pero haciendo lo que en sí -era, despachó luégo el un bergantin, y dentro los cuatro que habian -en la barca venido, con algunos palmitos, y de la miseria, que los -que allí estaban con él tenian y comian. Ya que estaban todos los que -vivos quedaban en la isleta en el extremo para morirse, vieron venir el -bergantin con su refresco de palmitos, con cuya vista comenzaron como -á resucitar de muerte á vida, y á tener esperanza de no morir. Rogaban -á Dios, cada uno segun podia, que llegase á ellos el bergantin, é que -no se le siguiese algun impedimento, que desviase su vía; finalmente, -plugo á nuestro Señor consolallos con su llegada y vista. Bien se -puede aquí juzgar, no tener comparacion el gozo que los unos con los -otros hobieron, aunque harto mezclado de lágrimas y de tristeza, en -verse así, los unos y los otros, cercados de tantas miserias, y tan -disminuidos de las calamidades, en todas partes por todos, padescidas, -y las que tenian estarles por venir. Sacados los palmitos, comenzaron -á dar en ellos y del agua dulce que trujo el bergantin con la comida -y bebida, de lo cual no tuvieron chico peligro sobre los pasados; -Nicuesa proveyó que en ello tuviesen moderacion y tasa, puesto que no -era el que ménos de comida y de bebida tenia necesidad. Embarcáronse -todos en el bergantin, al cual no faltaron bravezas de la mar y -peligros grandes, ántes que al rio de Belem donde Lope de Olano y los -demas estaban, llegase. Ya Lope de Olano, temiendo la ira de Nicuesa, -tenia rogado á todos los que con él estaban, intercediesen por él, y á -Nicuesa aplacasen. Llegado Nicuesa, mandó prender á Lope de Olano, á -título y como á traidor, que lo habia dejado en los peligros tan graves -de la mar y de tierra que habia pasado, sin lo ir á buscar y socorrer -en tanto tiempo, como era obligado, por se alzar con la gobernacion, -de donde habian suscedido tan grandes daños, atribuyéndole las muertes -de tantos como habian muerto en ambas á dos partes, porque desde el -principio, si presente Nicuesa estuviera, diera otra órden como se -remediaran. Increpó con gran enojo, ásperamente, á los principales, -que con el Olano habian vivos quedado, imputándoles parte de aquella -maldad, porque no lo indujeron y forzaron á que fuese á buscallo. -Aquellos se excusaron diciendo, que no pudieron ni osaron más de -obedecelle, pues él lo habia constituido por su Capitan general, -y, porque temieron que luégo mandara justiciarlo, juntáronse todos -suplicándole que, pues Dios le habia hecho merced, y á todos ellos, en -traelle vivo, y de tantos peligros haberlo librado, les hiciese merced -de perdonallo, en lo cual cada uno de todos ellos la rescibian por -suya, y para su servicio los ternia con mayor vínculo de obligacion -aparejados. No bastó esto por entónces para blandeallo, sino que le -habia de dar de su traicion, segun merecia, el pago. Habíanle todos, -echándose á sus piés, con razones más lastimeras, y que el corazon le -penetraron: «Deberia bastar, señor, las desventuras que todos habemos -pasado, viniendo con vos este viaje, en el cual los 400 de nosotros ya -son acabados, y los que restamos vamos camino de acabarnos; para que -Dios á vos y á nos, en la vida poca que nos queda, no nos desampare, -bien será que vuestra merced perdone, de lo que se le debe, algo, pues -el deudor ya no tiene otra cosa, sino tan poca vida como nosotros, con -que pagarle. Porque si las hambres y tanta frecuencia de calamidades -nos desminuyen y apocan por una parte, y la justicia rigurosa por otra -nos mata, ¿quién señor, esperais que os sirva y acompañe? No hay duda -ninguna, sino que vuestra suerte no será bienaventurada, ni carecereis -de mayores trabajos.» Movieron á Nicuesa todas estas lástimas, y dejó -de justiciar á Lope de Olano, determinando de, en el primer navío, -desterrallo y enviallo preso á España. Y porque ni á Nicuesa, ni á -ninguna parte de su compaña, cuando se dividian, ninguna especie de -tribulacion y adversidad les faltaba, y ninguna de las que les ocurrian -les menguaba, sino que siempre les crecian y se les iban acrecentando, -viéndose así caer Nicuesa más y más cada dia, y cada hora, en peor -estado, hízose de aquí adelante muy impaciente, mal acondicionado é -inconversable; y así trataba muy mal y con aspereza á los pocos que -ya le quedaban, no considerando que las hambres, ni angustias que -padecian, y verse cada dia morir unos á otros, por tormento contínuo -les bastaba y sobraba. Enviábalos, á chicos y á grandes, enfermos y -sanos, á la tierra dentro por ciénagas y aguas, por montes y valles, -á saltear los pueblos de los indios y sus labranzas, para traer á -cuestas las cargas de la comida que hallaban, donde hacian y padecian -intolerables males. Creian que de industria les tractaba mal, por -vengarse dellos, por haberlo dejado de ir á buscar, pero ésto no lo -creo, por estar él asimismo en la misma extrema necesidad. Ya no -hallaban en toda la tierra que robar; los indios todos, puestos en -armas viéndose dellos así inquietar, hacian tambien contra ellos sus -saltos, para si pudiesen acabarlos. Morian cada dia, de hambre y de -enfermedades, y á tanta estrechura ó penuria vinieron, que 30 españoles -que fueron á hacer los mismos saltos, padeciendo rabiosa hambre y -hallando un indio, que ellos ó otros debian haber muerto, estando ya -hediendo, se lo comieron todo, y de aquella corrupcion quedaron todos -tan inficionados que ninguno escapó. Vistos y padecidos, y padeciendo -tambien tanta miseria y trabajos, determinó Nicuesa dejar aquel -asiento y tierra, como desafortunada, y mandó que cada uno aparejase -su carguilla de alhajas, si algo tenia, porque queria ir á buscar otro -asiento hácia el Oriente, donde poblase. Rogáronle todos, que, porque -cada uno tenia sembrado su poquillo de maíz, y otras hierbas para -remediarse, y desde á pocos dias se habia de madurar, que hasta que -lo cogiesen la partida dilatasen; no quiso aceptarlo. Mandó embarcar -los que le pareció, en la carabela que habia hecho Lope de Olano y -en los dos bergantines, y dejólos allí, señalándoles por Capitan un -Alonso Nuñez, que ya, por Alcalde mayor suyo, habia nombrado; embarcado -Nicuesa, con sus velas manda que guien hácia el Levante, y que vayan -mirando por la ribera donde parezca algun puerto y buena disposicion -de tierra, y andadas cuatro leguas, dijo un marinero á Nicuesa que -se queria acordar de un puerto que cerca de allí estaba, el cual -vido cuando los años pasados, con el Almirante primero que estas -Indias descubrió, vino, y se halló en el descubrimiento de aquella -provincia, y de la de Veragua, descubriendo por la costa de aquella -tierra firme, y la señal desto, que daba, era que allí en la arena -hallarian una ancla medio enterrada, que dejó el Almirante perdida, y -cerca de allí, debajo de un árbol, una fuente de agua dulce muy fresca. -Fueron allá, y hallaron el ancla y la fuente; y este puerto era al -que nombró el Almirante viejo, puerto Bello, como en el cap. 22 dicho -queda. Fué loado el marinero de hombre de buena memoria é ingenio, -llamábase Gregorio Ginovés. Aquí en este puerto Bello, salieron á -tierra ciertos españoles á buscar de comer, porque venian flaquísimos -de hambrientos, que no se podian tener sobre las piernas, y en él, y -en otras partes que atras en tierra saltaron, por el mismo fin, los -indios les resistian y peleaban con ellos, y mataron en aquel camino, -de los españoles, 20; porque, no pudiéndose tener de flaqueza ni tener -las armas en la mano, ¿cómo podian pelear, aunque sus enemigos fueran -las grullas que pelean con los pigmeos? De este puerto Bello se -pasó adelante, al Levante, seis ó siete leguas, á otro puerto, cuyos -moradores se llamaban chuchureyes; y porque le pareció que habia en -aquel lugar disposicion para hacer una fortaleza, determinó de poblar, -y dijo: «paremos aquí en el nombre de Dios»; y desde allí le quedó el -nombre, hasta hoy, el puerto y ciudad del Nombre de Dios, que asaz es -bien celebrado su nombre hoy, no tanto por la devocion, cuanto por la -extraña y nunca vista ni oida, ni áun soñada cuantidad de oro que se -ha embarcado para España, venida del Perú; y este puerto fué al que -puso el Almirante primero, puerto de Bastimentos, como arriba, en el -cap. 23, se declaró. Allí el mismo Nicuesa, con su misma espada, hizo -actos de tomar posesion por los reyes de Castilla; comenzó á hacer -una fortalecilla para resistir á los primeros ímpetus que los indios -diesen, para la obra de la cual no perdonó á chico ni á grande, ni á -enfermo, flaco, ni hambriento, como, en fin, lo eran. Hacíales ir á -puerto Bello por bastimentos y traellos á cuestas, blasfemaban dél y -aborrecíanlo, teníanlo por enemigo cruel, ni en obras ni en palabras -suyas no hallaban una palabra de consuelo; íbanle á pedir de comer, que -morian de hambre, ó á suplicalle que no los hiciese trabajar, porque no -podian de descaecidos; respondíales, «andá, idos al moridero.» Moríanse -cada dia de hambre en los trabajos, cayéndose de su estado, que era -verlos una intolerable miseria; despues que salió de Belem, dellos en -el camino, dellos de los que dejó en el mismo Belem, dellos haciendo la -fortaleza en el Nombre de Dios, se le murieron 200 hombres, y así se le -consumieron poco á poco los 785 hombres que sacó desta isla Española, -de todos los cuales no le quedaron arriba de 100 cuando hizo ésta -fortaleza. Y esto era fin del año de 1510, por el mes de Diciembre. La -gente que dejó en Belem no andaba en añazcas ni en fiestas, sino, en -cinco meses que allí estuvieron, por no poder enviar por ellos á causa -de los vientos vendabales, que prohibian que no fuesen los bergantines, -vinieron á tanta hambre y penuria, que ni sapos, ni ranas, ni lagartos, -ni otras cosas vivas, por sucias que fuesen, no dejaban de comellas. -Cayó uno de ellos en un grande aviso, que fué rallar los palmitos, -como si fuera yuca, y hacer harina dellos, y despues, echado en un -horno, hacíanlo tortas, de la manera propia como se hace el pan caçabí -en esta isla; desque vieron hecha una torta, todos los demas corrieron -á ella, y como si viniera del cielo así la recibieron. Fuéles á todos -aquella invencion, singularísimo remedio, para que todos no muriesen; -al cabo, envió por ellos la carabela, Nicuesa, y así vinieron al Nombro -de Dios. Venidos, envió á un Gonzalo de Badajoz, con 20 hombres, á las -poblaciones de los indios á saltear y captivar los que pudiese, para -enviar á esta isla por esclavos, porque con este sacrificio le ayudase -Dios en lo porvenir, como le habia ayudado y ayudaba en lo presente. -Acordó de enviar y envió á un deudo suyo, en la carabela, para esta -isla, que le llevase los mil tocinos que dejó haciendo en la villa ó -puerto de Yaquimo, y otros bastimentos, pero nunca gozó dellos, y se -perdieron, porque, segun se dijo, el almirante Don Diego impidió que -no se los llevasen, y puesto que se los llevaran no le hallaran vivo; -y áun no supe si llegó acá la carabela. Envió al dicho Badajoz, con 50 -hombres á robar bastimentos por las comarcas de aquella tierra, donde -habia hartos escándalos, y mataba y le mataban gente. Comidas todas las -labranzas de toda aquella tierra, y los indios corridos por los montes, -huyendo y juntándose para defenderse, y siempre aparejándose para -guerra, ni sembraban ni cogian, y así los unos ni los otros no tenian -remedio; pero porque los indios se contentaban con poco, y tienen y -hallan fácilmente, de sus hambres, cuando anclan sueltos, remedio, y -nosotros no así nos contentamos, ni pasar como ellos podemos, llegó -Nicuesa, y los pocos que con él estaban, á necesidad de hambre y -enfermedades tan extrema, que no se hallaba uno que velase de noche, -que llaman centinela los hombres de guerra. Desta manera cada dia se le -morian y consumian los pocos que ya eran. - - - - -CAPÍTULO LXVII. - - -Estando Nicuesa y su poca gente, que de tantas miserias y hambres y -calamidades le habia quedado, en el extremo y angustia que habemos -contado, llegaron los mensajeros, con Colmenares, de los del Darien, -con quien lo enviaban á llamar para que los gobernase; y porque, -como ya se dijo, venian á buscallo sin saber dónde estaba, pasábanse -con su nao de luengo de costa, y del puerto del Nombre de Dios, sino -fuera por un bergantin que Nicuesa habia enviado á las isletas que -allí junto estaban por bastimento, que tambien se llamaban islas del -Bastimento, por ser fértiles y tener muchas labranzas. Los que estaban -en el bergantin vieron venir la nao, que no poco consuelo y alegría, -de verla, tomaron; fueron luégo á ella, donde los unos á los otros -de su propio estado y propósito informaron. Fuéronse luégo al puerto -del Nombre de Dios, donde Colmenares y los que con él venian, de ver -á Nicuesa y á 60 personas (que ya no le quedaban más de 700 y tantos -que trujo), que haciendo la fortaleza con él estaban, tan flacos, tan -descaecidos, rotos y cuasi desnudos y descalzos, y en toda miseria y -tristeza puestos, quedaron espantados. No faltaron lágrimas, llantos -grandes y espesos, de ambas á dos partes, mayormente oidas las hambres, -las muertes y tan infelices desastres; Colmenares, con gran compasion, -cuanto podia, con palabras dulces y amorosas, dándoles esperanza de -que Dios los remediaria, en cuanto le era posible á Nicuesa consolaba, -mayormente diciéndole como los del Darien le enviaban á suplicar que -fuese á gobernarlos, donde habia buena tierra y tenian de comer, y -oro no faltaba, y allí descansaria mucho de los muchos y grandes -trabajos pasados. Con ésto, Nicuesa tomó algun resuello y descanso, -y con los mantenimientos que le traia y trujo, desterró de su pobre -casa la hambre, dando increibles gracias, por tanto consuelo y socorro -tan tempestivo, á Colmenares; y dijeron que aquel dia, guisada una -gallina de las que Colmenares trujo, por el alegría la cortó en el -aire, porque, como arriba se tocó, era Nicuesa muy gran trinchante, -oficio y gracia en casa de los grandes señores, los tiempos pasados, -no poco estimada. Pero como la prudencia de los hombres, cuando Dios -no la infunde, ser prudentes cuanto hombres muchas veces les aprovecha -poco, y otras muchas les daña, á Diego de Nicuesa, á quien cognoscí -yo, que en esta isla, de prudente fué muy estimado, y era en ella uno -de los más principales, hobo, al mejor tiempo, de faltalle. ¿Quién -pudiera pensar, de los que á Nicuesa cognoscieron, que estando en -tan desventurado estado, donde cada hora morir infelicísimamente, no -como quiera, sino en amarguras grandes, y de angustias dolorosísimas -cercado, esperaba, enviándolo á llamar para subjectársele los que -pudieran bien dejarlo, sacándolo de todos aquellos males, que acabadas -las lágrimas y llantos que tuvo con Colmenares, luégo públicamente -dijese que los habia de tomar el oro que habian en aquella tierra, sin -su licencia y beneplácito, habido, y sobre todo ellos castigallos? -¿Qué mayor imprudencia pudo hallarse, y qué yerro, en tal tiempo, á -éste puede ser comparado? É ya que los otros fueran dignos, como eran, -de ser despojados del oro que habian robado y por ello castigados -(no por la injuria que hicieron en ello á Nicuesa, pues él tambien -robaba, y por ésto castigallos él muy poco curaba, como ciego como -los otros, sino por roballo á sus dueños, y las muertes y escándalos -que en la tierra y gentes della causaban, por los cuales tambien Dios -á él castigaba), al ménos, hasta que fuera rescibido, disimulara. -Pero como nuestro Señor tenia determinado de lo castigar con su total -fenecimiento, por la matanza que hizo en Cartagena, y por las que -tenia en la intencion de hacer por aquella su gobernacion de Veragua, -y áun por los sudores que llevó á los indios desta isla, y las vidas -de los que por sacarle oro murieron, y por los saltos que hizo en -la isla de Sancta Cruz, captivando injustamente los indios que allí -tomó y vendió en ésta ó en la de Sant Juan por esclavos, por eso, para -cumplirse la voluntad y sentencia de Dios en él, no habian de faltar -ocasiones ni achaques. Hizo tambien otro yerro grande, y éste fué -dejar ir una carabela, y los que en ella fueron, delante, diciendo que -él queria ir á visitar ciertas isletas, que por aquella mar, en el -camino, estaban. Díjose que aquella noche Lope de Olano, que Nicuesa -traia siempre preso, habló con algunos de los que vinieron del Darien, -indignándolos, y que dijo al tiempo del embarcar públicamente: «¿Piensa -que le han de rescibir los de Hojeda como nosotros le rescibimos, -cuando venia perdido en Veragua?» Embarcóse, pues en el Nombre de Dios -en un bergantin, enviando la carabela delante, donde iba el bachiller -Corral y Diego Albitez, y otros, que avisaron de lo que habia dicho -de tomarles el oro y castigarlos, y de como era cruel y riguroso, y -tractaba, los que consigo traia y estaban, mal, y otras cosas, cuantas -pudieron para mudarles los ánimos; y llegado á las isletas, envió -delante al Veedor del Rey, llamado Juan de Cayzedo, ó Quizedo, en una -barca, que de secreto era su enemigo por ciertas cosas de su honra, -en que de Nicuesa se tenia por muy agraviado, para que dijese á los -del Darien como ya iba, como si le hobieran de salir á rescibir con -arcos triunfales. El veedor Quizedo no via la hora de verse fuera de -su poder, lo que muchos dias habia que deseaba, y, llegado al Darien, -impropera mucho á todos los que pretendian que Nicuesa los gobernase, -diciendo, ¿que cómo habian osado incurrir en tan grande error como -era, siendo libres, quererse someter á la gobernacion de Nicuesa, que -era un tirano, el cual era el peor hombre del mundo y más cruel, y que -peor tracta los que consigo trae, á los cuales toma todo lo que en -la guerra contra los indios se toma, diciendo que todos los despojos -son suyos, como traia propósito de hacer con ellos, como verian, y -por ello castigallos, porque todo lo habian tomado en aquella tierra -que era de su gobernacion? y otras palabras y razones terribles que -los asombraban. Pues como los del Darien oyesen tan duras nuevas, -por tantos testigos relatadas, temiendo ser maltratados, y amigos de -libertad y de no tener sobre sí yugo y superioridad, que, para su robar -y adquirir oro, les fuese á la mano, poca persuasion era menester para -movellos y alborotallos. Convertíanse contra sí mismos, de sí mismos -quejándose, porque tan inconsideradamente determinaron llamarlo. Quien -más en no rescibirlo á todos solicitaba fué Vasco Nuñez, porque más -que otro creia que, aceptándolo, aventuraba. Díjose que llamó á todos -los principales uno á uno, sin que el uno supiese del otro, y los -persuadió á que, pues habian errado en llamalle, que lo remediasen con -no rescibillo; llamó al escribano secretamente la misma noche, é hizo -una protestacion, y pidióle testimonio como él no era en lo que contra -Nicuesa se hacia, ántes estaba presto y aparejado para obedecelle y -hacer lo que le mandase, como Gobernador del Rey. - - - - -CAPÍTULO LXVIII. - - -Detúvose Nicuesa por aquellas isletas ocho dias, captivando algunos -indios de los que vivian en ellas, y quizá todos cuantos podia, sin -haberle á él ni á otro alguno ofendido, para que Dios hiciese bien -sus hechos. Llegado, pues, Nicuesa al desembarcadero del Darien, -vido á Vasco Nuñez á la ribera con muchos españoles armados, y uno, -que debia ser procurador del pueblo, que á altas voces le requeria, -que no desembarcase saltando en tierra, sino que se tornase á su -gobernacion, ó Nombre de Dios, donde ántes estaba; lo cual oido por -Nicuesa, quedó como pasmado, sin poder por un rato hablar palabra, -de ver tan súbita y contraria, de lo que traia en el pecho asentado, -mudanza. Recogido en sí, díjoles: «Señores, vosotros me habeis enviado -á llamar, y yo á vuestro llamado vengo, dejadme saltar en tierra y -hablaremos, y oirme heis, y oiros hé, y entendernos hémos, y despues -haced de mí lo que por bien tuviéredes.» Ellos, repitiendo los mismos -requirimientos, y protestando, que si descendia en tierra, que habian -de hacer y acontecer, y áun soltándose cada uno con más libertad de -la que era decente en algunas palabras, porque era ya tarde apartóse -aquella noche á la mar, desviado de la tierra, dejándolos para ver -si otro dia estarian de aquel intento; los cuales, no sólo no se -mudaron de su primera determinacion, pero, empeorándose, deliberaron -de prendello y echallo donde dañar no les pudiese. Otro dia llamáronlo -para prendelle; salió en tierra, y arremetiendo como desvariados á -tomallo, dió á huir por la playa ó ribera del rio adelante, é, como -era gran corredor, ninguno le pudo alcanzar, por mucho que corriese. -Ocurrió luégo Vasco Nuñez impidiendo al pueblo no prosiguiese más -adelante su desvarío, porque temió que pusieran las manos en él. Y -así, arrepentido de habelle sido contrario en su rescibimiento, de allí -adelante hizo por él, y reprendió mucho á todos su descomedimiento, -y refrenó al otro Alcalde ó Capitan, su compañero, Juan de Çamudio, -que era el que más se mostraba contra Nicuesa, y con él era todo el -pueblo. Rogábales Nicuesa, que si no lo querian por Gobernador, que lo -tomasen por compañero; respondian, que no querian, porque se entraria -por la manga y al cabo saldria por el cabezon. Replicaba Nicuesa, que -si no por compañero y en su libertad, lo tuviesen aprisionado con -hierros, porque más queria morir entre ellos que no en el Nombre de -Dios de hambre, ó á flechazos de indios ser muerto. Añidia más, que -se doliesen de 12.000 castellanos que habia gastado en aquel viaje y -armada, y los grandes infortunios que habia padescido por ello. Ningun -partido ni razon le admitieron ántes, cada uno mofaba dél y le decia -sus baldones y afrentas. Vasco Nuñez trabajaba mucho con el pueblo que -le admitiesen; uno, llamado Francisco Benitez, que era más que otro -locuaz, y que mucho se allegaba con Çamudio, el otro Alcalde, dando -voces, dijo que no se habia de rescibir tan mal hombre como Nicuesa. -Vasco Nuñez, muy de presto, ántes que su compañero se lo pudiese -impedir, mandóle dar cien azotes, los cuales llevó á cuestas, y viendo -que no podia ir contra el torrente y furia de todo el pueblo, envió -á decir á Nicuesa que se recogiese á sus bergantines, y que, si no -viese su cara, no saliese á tierra dellos. Nicuesa, temiendo que no le -prendiesen, mandó á ciertos ballesteros suyos que estuviesen metidos -en cierto cañaveral, mandándoles que cuando él hiciese la señal, -diesen en ellos. Sacó poco fruto de sus ballesteros, porque vinieron, -un Estéban de Barrantes, y Diego Albitez y Juan de Vegines, á decirle -de partes de todo el pueblo, que habiendo tractado de aquel negocio, -habian determinado de recibille por Gobernador, como lo era, con que -les perdonase la resistencia que hasta entónces se le habia hecho, -porque en fin era pueblo, y que á los primeros ímpetus no se suele -tener tanto acuerdo y miramiento. Nicuesa, no siguiendo el consejo -que Vasco Nuñez le habia dado, deste ofrecimiento fingido fué, más -de lo que debiera, crédulo, y no llamando á los suyos, salió de sus -bergantines, y púsose en las manos de los que morian por deshacelle. -Vino luégo Çamudio con mucha gente armada y prendióle, mandándole, so -pena de muerte, que luégo se partiese y no parase hasta presentarse en -España ante el Rey y los de su Consejo; y díjose que le constriñeron á -jurar, con amenazas que le hicieron que lo matarian, que se presentaria -en la corte ante el Rey. Visto Nicuesa claro su perdimiento, díjoles la -maldad y traicion que contra él cometian, porque aquella tierra donde -estaban entraba en los límites de su gobernacion, y que ninguno podia -en ella poblar ni estar sin su licencia, y el que allí estuviese era -su súbdito y subjecto á su jurisdiccion, porque él era en todo aquello -Gobernador por el Rey, é porque le querian echar donde muriese con tan -mal recaudo de navío y bastimentos, que protestaba de se quejar ante -el juicio de Dios de tan gran crueldad, como contra Dios y contra el -Rey, y contra él cometian, cuando no pudiese quejarse ante el Rey. -Ninguna cosa les movió á que templasen su furibundo y barbárico tumulto -y confusion, y así, lo llevaron preso hasta metello en el más ruin -bergantin que allí estaba. No sé si de industria escogieron el peor, -pero al ménos fué un bergantin viejo y harto mal aparejado, no sólo -para llegar á España, como ellos le mandaban, ni para esta isla, pero -ni áun para poder, seguramente, al Nombre de Dios, que de allí estaba -50 leguas, ir con él. Embarcáronse con él 16 ó 17 personas, de 60 que -le habian quedado, criados suyos, y otros, que, de lástima, seguir y -acompañarlo quisieron. Hízose á la vela con su bergantin, primer dia -de Marzo de 1511 años, el cual nunca jamás paresció, ni hombre de los -que con él fueron, ni dónde, ni como murió; algunos imaginaron que fué -á aportar en la isla de Cuba, y que allí los indios lo mataron, y que, -andando ciertos españoles por la isla, hallaron escrito en un árbol, -con letras esculpidas ó cavadas: «Aquí feneció el desdichado Nicuesa»; -pero yo creo que esto es falso, porque yo, uno de los primeros en -aquella isla, y que anduve por ella con otros, en sus principios, mucha -tierra, nunca ví ni oí que hobiese tal nueva. Lo que por más cierto se -puede tener es, que como él llevase tan mal recaudo de navío, y las -mares de por estas tierras sean tan bravas y vehementes, la mesma mar -le tragaria fácilmente, ó tambien, de pura hambre y de sed, muriese, -como no llevase sobrado, ni áun el necesario bastimento. Díjose que, -ántes que Nicuesa partiese de Castilla, uno que trataba de juzgar y -pronosticar las cosas venideras por astrología, dijo á Nicuesa, que -no partiese tal dia ó en tal signo; respondíole Nicuesa, que pues más -cuenta tenia con las estrellas que con Dios, Hacedor dellas, que no -traeria consigo á un hijo suyo que consigo traia. Tambien yo me acuerdo -haber, por aquellos tiempos, cierta cometa sobre esta isla, y, si no -me he olvidado, era de forma de un espada, y como que ardia, y dijeron -que un fraile habia entónces avisado á alguno de los que con él iban: -«Huid deste Capitan, porque los cielos muestran que ha de ser perdido.» -Lo mismo pudiera decir de los que iban con Alonso de Hojeda, puesto que -la misma persona de Hojeda no padeció tan calamitoso fin, pues murió en -esta ciudad, en su cama, como dicen, pero su gente harta mala ventura -tuvo, pues tantos rabiando, de la hierba ponzoñosa, murieron. Considere -aquí el lector el fin que hicieron estos dos primeros Capitanes, que -de propósito procuraron pedir gobernacion y autoridad del Rey, para -entrar en la tierra firme, á inquietar, infestar, turbar, robar, matar, -captivar, y destruir las gentes della, que, viviendo en sus tierras -tan apartadas de las nuestras, ni nos vieron, ni oyeron, ni buscaron, -ni en cosa nos ofendieron. Advierta eso mesmo, qué postremería fué la -de 800 hombres que consigo trujo Nicuesa, pues no le quedaron sino 60 -cuando vino al Darien, y de aquellos se ahogaron ó perdieron con él -16 ó 17, y de aquellos 43 que restan, el uno fué Francisco Pizarro, -que mataron á estocadas en el Perú, que descubrió y destruyó, y los -demas, Dios sabe el fin que hicieron, y cuán amargas y tristes y -desventuradas muertes, y con cuántas angustias y trabajos, hambres y -sedes, cansancios y aflicciones, murieron. Y de la gente de Hojeda, -no escaparon, de 300, 30 ó 40, porque los que asentaron en el Darien, -todos eran, ó los más, de los que trujo el bachiller Anciso, y de los -que con Colmenares vinieron. Es bien, no ménos, mirar y notar si estas -muertes y perdiciones de estos Capitanes, ó Gobernadores primeros y -de sus gentes, si fueron milagros con los que Dios y su recto juicio -y justicia, quiso aprobar y justificar las demandas que traian, y los -fines que pretendian; item, si por ellos se aprobaron y justificaron -las obras semejantes, y los fines é intentos mismos que los -Gobernadores y Capitanes, que despues destos, en aquella tierra firme -sucedieron, perpetraron, trujeron, cometieron y pretendieron; creerá -cualquiera cristiano que no, porque áun las mismas sus postrimerías -de todos ellos dieron fiel testimonio dello, como referirá toda esta -historia, si place á Dios, en todos los libros que por escribir quedan. -Y porque todo lo que resta de decir destas Indias, sale del año décimo, -y, por consiguiente, pertenece al libro tercero, por ende á gloria de -Nuestro Señor, con lo dicho aquí, el segundo fenecemos. - - _Laus Deo, pax vivis, requies defunctis._ - - - - - HISTORIA - - DE LAS INDIAS. - - - LIBRO TERCERO. - - - - -EN EL NOMBRE DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD - -Comienza el libro tercero de la Historia general de las Indias escripta -por el Obispo de Chiapa, de la Órden de Sancto Domingo. - - - - -CAPÍTULO PRIMERO. - - -Referidas y explanadas quedan las cosas, que dignas fueron de poner -en historia, acaecidas en estas Indias, desde su descubrimiento, por -enteros diez y ocho años, contados desde el de 492 hasta el entero -año de 510; requiere la órden del decir y escribir, que al principio, -en el prólogo del primer libro, prometimos, contar lo que en los diez -años siguientes, desde el de 511 hasta el de 20 acaeció, que convenga -tener perpétua memoria. Y porque en esta tan difusa y general historia, -hobo muchas interpolaciones y pasaron muchos años, en los cuales se -interrumpia, por las inmensas y continuas ocupaciones que dentro y -fuera de la celda me ocurrieron, por cuya causa, de algunas cosas -escritas en los dos libros precedentes, que convenia hacer mencion, y -de los capítulos y lugares donde quedan puestas, lo mismo, y tambien -otras que ofrecian decir en éste tercero y en los demas, por ventura, -se podrán trastrocar, poniendo en un lugar lo que debiera poner en otro -por ende los benévolos lectores, aunque culpen la memoria, topando con -este defecto, pasen adelante á rescibir noticia de la verdad, que -aquí dárseles pretende, de la cual se ha tenido más cuidado que de -afeitar ni endulzorar palabras, y ni ocupar papel para cumplimientos -que no pasan de la superficie. Tenga, pues, nuestro tercero libro -principio, con el favor divino, de una provision espiritual que hizo -en estas Indias el Papa, en este undécimo año; ésta fué erigir las -primeras iglesias catedrales y criar los primeros Obispos que las -gobernasen. Para noticia de lo cual débese saber, que viviendo la -reina doña Isabel, que haya sancta gloria, y creo que por el año de -1503, al principio del pontificado del Papa Julio II, suplicaron -los Reyes al Papa proveyese de erigir iglesias y criar Obispos en -esta isla Española, porque habia ya mucha poblacion de españoles en -17 villas, como en el precedente libro referimos, puesto que con la -ceguedad del avaricia y priesa que todos tenian de haber oro y ser -ricos, no echaban de ver cómo cada dia los indios iban, de golpe, á -acabarse, haciendo grandes asonadas á los Reyes, que habia en ella -muchos pueblos, de españoles, poblados. Como quiera que no duraban -más tiempo las villas de los españoles de cuanto acababan de consumir -los indios, y dejados los pueblos ó villas dichas desiertas, luégo, -en viendo puerta abierta; y esta era determinar de pasar á la isla de -Sant Juan, y la de Jamáica ó Cuba, ó á la tierra firme, á sojuzgar, -con sus guerras crueles, los indios vecinos dellas, para el mismo fin -que tuvieron en ésta, conviene á saber, para echallos á las minas. -Luégo se salian desta isla lo mismo; y por la misma manera, despues -que habian muerto y destruido las gentes de las otras islas y partes -de tierra firme, las dejaban y se iban á otras á matar y á asolar las -gentes que en ellas habia, como pestilencia que, cosa que oliese á ser -hombre, habia de dejar viva. Así que, los Reyes, creyendo que tanto -pueblo y villas de españoles fueran en crecimiento, y la multitud de -los indios del todo no pereciera, porque siempre los encubrieron su -disminucion, ántes creian, segun yo creo, que iban en aumento, y con el -celo de la conversion dellos, suplicaron al Papa Julio II, como dije, -que erigiese iglesias y criase Obispos, el cual erigió una iglesia -metropolitana y cabeza de arzobispado, que llamó Hiagutensis; é no -pude atinar en qué provincia é lugar fuese la intencion de los Reyes -señalalla y pedilla, y del Papa constituilla, sino en la provincia -de Xaraguá, que como en la prosperidad desta isla era como la corte -della, como en el libro precedente dijimos, debieron creer los Reyes -que aquella fuera la más próspera, y así merecia ser cabeza de toda -ella. Por obispado erigió otra que nombró Vainensis; y ésta, no sé á -donde la situase, sino fué en la provincia de Vaynoa, hácia la parte -del Norte, donde estaba la villa de Lares de Guaháma, y la otra iglesia -catedral nombró Maguatensis, que debió ser en la Vega, que los indios -en su lengua llamaban Maguá, la última sílaba aguda, donde estaba -la villa de la Concepcion. Esto conjeturo por la conformidad de los -vocablos, que el Papa en su bula puso, con los de las mismas provincias -en lenguaje de los indios, si quizá los Reyes, informados desde esta -isla, nombraron al Papa los dichos lugares, mas siguiéndose por las -provincias y cantidad de la tierra, y gentes naturales della que á cada -iglesia aplicaban, que por los pueblos que de españoles entónces habia. -Hiagutensis, que fué el nombre de la del arzobispado, parece confinar -con el vocablo de la Yaguana, dentro del término de la provincia de -Xaraguá, ó quizá se tomó aquel nombre de la provincia de Higuey, que -es la más oriental desta isla que hallamos viniendo de Castilla. Para -estas tres iglesias, metropolitana una, y dos catedrales, presentaron -los Reyes al Papa tres personas cognoscidas por buenas, virtuosas y -religiosas; el uno fué el doctor, creo, en cánones, Pedro de Deza, -sobrino, segun entendí, de D. Diego de Deza, arzobispo de Sevilla, -fraile de Sancto Domingo, de quien arriba, en el libro I, hicimos -mencion; este Doctor nombraron para arzobispo Hiagutensis. El otro para -obispo de la iglesia Vainensis, fué un religioso de Sant Francisco, -llamado fray García de Padilla, no supe de qué provincia ó familia. -El tercero, para obispo Maguatensis, presentaron á un licenciado en -teología, canónigo de Salamanca, que se nombraba Alonso Manso; éste -cognoscí yo mucho, y era varon muy religioso y tenido por justo, -puesto que en las cosas temporales no muy experto. Cognoscí tambien al -primero, doctor Pedro Deza, no mucho, persona tenida por buena. Estos, -para Prelados, Arzobispo y Obispos, así nombrados para esta isla, -dilatóse la expedicion de las bulas por algunas causas, y, por ventura, -los Reyes no dieron priesa en ello, porque se les iba más luciendo, -de la disminucion y muerte destas gentes, algo. Entre tanto falleció -la reina doña Isabel, digna de memoria, y quedando el rey católico D. -Hernando, marido suyo, por Gobernador y Administrador de los reinos -de Castilla, por su hija, la reina doña Juana, impedida para reinar -ó gobernar, comenzándose á descubrir que no se podia ya encubrir ni -disimular el estrago y matanza que nuestros españoles hacian en los -vecinos, desta isla naturales, consumiéndolos en las minas, como en el -precedente libro se ha explicado, y que la isla se iba despoblando, -cognosció que en los sitios de las iglesias que el Papa tenia erigido -y señalado ya no habia á quien convertir ni predicar, sino era á los -pájaros y árboles: tornó el dicho Rey católico á informar y suplicar al -Papa, que porque aquellos sitios para las dichas iglesias señalados, -ya no eran dispuestos ni aptos para en ellos las edificar, lo uno, -por la misma disposicion de la tierra y sitio della, lo otro, por la -dificultad de los mantenimientos y cosas necesarias, (y estas dos -causas refiere en su bula el Papa, diciendo así: _Cum autem nuper -nobis constiterit, insulas et loca prædicta, ac ecclesiarum hujusmodi -existentiam, tum propter locorum situs, tum etiam comeatum et rerum -necessariarum difficultates nequaquam ac comoda existere_, etc.), y -pudiera mejor informar el Rey católico al Papa, que por haber muerto -las gentes de aquellos sitios y lugares, y estar despoblados de sus -naturales habitadores, ya no habia lugar, porque, en la verdad, no -habia, ni hoy hay en esta isla paso, donde no se pudiesen poblar y -asentar ciudades grandes y en ellas erigir catedrales, iglesias y -metropolitanas, segun es toda felice, y para dar fruto en ella, todas -las cosas á la vida necesarias, muy en abundancia, si hobieran los -nuestros usado della segun debian, y no las gentes della estirpado. -Así que, informando el Rey al Papa de que convenia mudar la órden de -los obispados ya dada, suplicóle que tuviese por bien, para en esta -isla, erigir dos iglesias catedrales y cesase la metropolitana, y otra -en la isla de Sant Juan, tambien catedral, las cuales fuesen sujetas á -la metropolitana de Sevilla, hasta que otra cosa Su Santidad ó la Sede -apostólica, en algun tiempo, ordenase. Los lugares para las iglesias -desta isla señaló el Rey, la villa de la Concepcion, que es en la Vega -grande, y el otro en la del puerto de Sancto Domingo, y para el tercero -obispado, el pueblo principal que habia en la isla de Sant Juan. El -Papa lo concedió así, como el Rey lo suplicó, suprimiendo y anulando -primero, de consentimiento expreso de los mismos tres electos, las -dichas tres iglesias erigidas en los dichos tres sitios y lugares, -y señaló y dió por título á la iglesia de la Vega, la Concepcion, y -á la de Sancto Domingo, Sancto Domingo, y á la de Sant Juan, Sant -Juan; á cada una de las cuales que eran villas, adornó con títulos y -privilegios de ciudades. Asignó por diócesi é subjetas del obispado -de Sancto Domingo, las villas de la Buena Ventura, la de Açuá, la de -Salvaleon, la de Sant Juan de la Maguána, la de Vera Paz, que era la -de Xaraguá, y la villa nueva de Yaquimo. Al obispado de la Concepcion, -subjetó y dió por término de diócesi, la villa de Santiago, la de -Puerto de Plata, la de Puerto Real, la de Lares de Guahába, la de -Salvatierra de la Çabana, y la de Sancta Cruz; olvidaron la villa -del Bonao, que no era la ménos que otras principal. A la iglesia de -Sant Juan dió por diócesi toda la isla, é fueron Obispos primeros -los mismos; de Sancto Domingo, el fray García de Padilla, y éste -murió en Castilla ántes que viniese acá, y creo que no consagrado; de -la Concepcion, fué el Doctor Deza, el cual vino consagrado y vivió -pocos años en la ciudad de la Concepcion, donde murió. El licenciado -Alonso Manso vino tambien Obispo consagrado, y vivió muchos años en -la dicha isla de Sant Juan, siendo siempre canónigo de Salamanca, -porque aceptó el obispado con retencion de la canongía. Concedió -los diezmos y primicias, el Papa, de todas las cosas, con toda la -autoridad, jurisdiccion espiritual y temporal, y todos los derechos y -preeminencias que á los obispos de España pertenecen de derecho y de -costumbre, de todo lo cual, excepto el oro y la plata, y otros metales, -y perlas y piedras preciosas en que ninguna parte tuviesen. - - - - -CAPÍTULO II. - - -Antes que las bulas destos obispados viniesen, ó ántes que los Obispos -primeros susodichos se consagrasen, hizo el Rey con ellos cierto -asiento y capitulacion; el primer capítulo de la cual fué, que les -hacia donacion de los diezmos, como los tenia del Papa concedidos, -segun en el precedente libro, capítulo 39, referimos, que el Papa -Alexandre á los dichos Reyes habia concedido; y esta donacion, porque -ellos y sus sucesores, con su clerecía, tuviesen cargo de rogar á Dios -por su vida y ánima, y de los Reyes sus sucesores, y por todos los -cristianos que, en descubrir é adquirir las dichas islas, murieron, y -que los dichos diezmos se repartan por los Obispos, clerecía, fábricas -y hospitales, y que á ello se obligasen por sí é por sus sucesores, y -en nombre de sus iglesias, que se guardará y complirá lo susodicho, -y lo que se dijere. El segundo capítulo fué, que las dignidades, -canongías y raciones y otros beneficios, sean á presentacion de Sus -Altezas. El tercero, que los beneficios que vacaren, ó se proveyeren -despues de la primera vez, se provean á los hijos legítimos, que -nacieren allá, de los españoles que de acá fueren á vivir á las -dichas islas, no los hijos de los indios, hasta que Sus Altezas ó -sus sucesores otra cosa determinen ó provean, por su suficiencia, -procediendo por oposicion y exámen, como en el obispado de Palencia; -con tal condicion, que los tales hijos de los vecinos, dentro de un año -y medio despues de proveidos, sean obligados de llevar ratihabicion y -aprobacion de Sus Altezas, y de sus sucesores de los tales beneficios, -no la llevando dentro del dicho término fuesen vacos, y Sus Altezas -los proveyesen á otras nuevas personas. Lo cuarto, que los Obispos, -por virtud de la bula del Papa Julio, declarasen la manera de traer -corona, y del hábito que habian de traer los de prima tonsura, la -cual fuese de grandor de un real castellano, y el cabello dos dedos -debajo de la oreja, y poco más bajo por detrás; la ropa de fuera fuese -tabardo, ó capuz cerrado, ó loba cerrada, ó abierta, tan larga que, á -lo ménos con un palmo, llegase al empeine, y que no fuesen coloradas, -ni verdes, ni amarillas, ni de otra color deshonesta. Item, que no -ordenasen de corona á ninguno si no supiese hablar y entender latin, -y que no puedan ordenar á quien tuviere dos ó tres hijos varones, más -de uno, porque no es que ninguno quiera todos los hijos para clérigos. -Item, en el guardar de las fiestas, se guarden las ordenadas por la -Iglesia, y no otras, aunque sean por voto y promesa, ni en los sínodos -se ordene que se guarden más de las que entónces se guardaban en la -isla Española, sino fuere cuanto á la solemnidad, y no para que los -cristianos las guarden. Item, que los Obispos no lleven diezmos de oro -y plata perlas, ni piedras preciosas, sino de las otras cosas, conforme -á la bula del Papa, y aquello, no en dineros, sino en los frutos, como -se llevaba en Castilla, y que ni por esta causa, ni por otra, _directe_ -ni _indirecte_, no apartaran los indios de aquello que agora hacian -para el sacar el oro, ántes los animaran y aconsejaran que sirvan -mejor que hasta aquí en el sacar del oro, diciéndoles que es para -hacer guerra á los infieles, y las otras cosas que vieren que pueden -aprovechar para que los indios trabajasen bien. Item, que el arzobispo -de Sevilla, como metropolitano, ó su Fiscal, puedan estar é residir -en cualquiera de los dichos obispados, y ejercer su oficio, y que no -pueda poner el metropolitano por oficial á ninguno de los Prelados de -las dichas islas. Item, que ninguna persona pueda sacar oro ni traer -personas que lo saquen, sino estuvieren sometidos á la jurisdiccion -de Sus Altezas, y á las ordenanzas que allá se guardan, y paguen los -derechos que los seglares. Item, que los que tuvieren indios en las -minas, ni los mismos indios, no puedan ser convenidos ni traidos, ni -arrastrados, ni llamados por sus causas, ni ajenas, por ningun Juez, -durante las demoras, porque ésto se les dá por inducias de pan y -vino coger, por cuanto aquel es fructo de la tierra y se ha de dar en -lugar del oro, segun se da en Castilla. Item, en las causas civiles, -profanas, los que se eximieren por la corona, pierdan los indios y lo -que tuvieren en las minas, sino fuere la causa eclesiástica, porque -ésta se puede ventilar ante el Juez eclesiástico, sin pena. Esta fué la -capitulacion celebrada entre los Reyes y los primeros Obispos, parte -de la cual, cierto, muestra la ceguedad que en los del Consejo del Rey -entónces habia, y la poca noticia que el Rey tenia de la perdicion de -aquestas gentes míseras, y no ménos la ignorancia de los Obispos, y la -ceguedad de los del Consejo en que aconsejasen al Rey que forzase por -vía de contrato, cuasi violento, á que los Obispos se obligasen á no -impedir á los indios _directe_ ni _indirecte_ dejar de sacar oro, y, -lo que más es, á que los animasen y aconsejasen á que lo sacasen, como -quiera que de sí sea manifiesto por las leyes de los Emperadores que -ellos leian, y por historias que debieran haber leido, sacar metales -haberse dado por pena y muerte, cuasi natural, por gravísimos delictos, -como por experiencia harto larga, y no sé si se hobiese áun entónces -visto, que al cabo y al efecto de por sacar oro, ser destruidos y -muertos todos los innumerables vecinos indios desta isla, y de todas -estas islas. Item, el poco cuidado que los del Consejo habian tenido -en saber cómo, en el sacar del oro, á los indios les iba, si morian ó -vivian, como en la verdad, el año de 511 y 12, cuando ésto se trataba, -segun se dijo, habian, toda la mayor parte de la gente desta isla, -perecido; y porque digo la mayor parte, fué muy mal dicho, porque -parece cosa de escarnio, fué tanto la mayor parte, que de tres cuentos -de ánimas no habian quedado obra de 20.000. Razon fuera que el Consejo -del Rey tuviera cuenta con saber desta vendimia, y no de obligar á los -Obispos á aquello, á cuyo contrario, impugnar, y resistir, y extirpar, -como pestilencia vastativa de todas sus ovejas, eran obligados de -precepto natural y divino; más parece, cierto, haberse desvelado en -cómo habria oro el Rey, que en descargalle la conciencia, y de la -salvacion de aquestas gentes, cuya carga tenian ellos más que el -Rey sobre sí mismos, los entendimientos de los cuales, no sólo de la -ignorancia del derecho, pero de la del hecho, eran entenebrecidos. -Tambien fué poca lumbre, ántes parte de gruesas tinieblas, asentar en -la dicha capitulacion que los Obispos dijesen á los indios, para los -animar á sacar oro, que era para hacer guerra á los infieles, como -quiera que fuese cosa impertinente y ántes muy nociva, dar cuenta á los -indios que habia en el mundo otros algunos infieles sin ellos. La poca -y ninguna noticia que el Rey tenia de la perdicion destas gentes, asaz -se sigue de lo dicho, porque cuando los ciegos guian, ¿de los que van -tras ellos, qué se espera? Y así, cuando los de los Consejos de los -Reyes andan en tinieblas, ¡guay de los Reyes! y, por mejor decir, ¡guay -de los reinos!; y ésto así, más que en toda la redondez del mundo, ha -acaecido en estos infelicísimos reinos deste orbe todo destas Indias. -La ignorancia de los Obispos no ménos queda de lo dicho manifiesta, -pues se obligaban, á ojos ciegas, á no apartar por alguna causa á los -indios de sacar oro, como quiera que debian estar recatados en no se -obligar á lo que podia ser injusto y malo, que de cierto no sabian, -cuanto más que la misma obra les pudiera dar sospecha, diciendo sacar -oro y servir; si quizá no imaginaron que sacar oro no era otra cosa, -sino que, como fructa de los árboles, se cogia. Otorgóse la dicha -capitulacion en presencia de Francisco de Valenzuela, canónigo de -Palencia, y Notario público apostólico, en 3 dias de Mayo, año de 1512. - - - - -CAPÍTULO III. - - -En este tiempo ya los religiosos de Sancto Domingo habian considerado -la triste vida y aspérrimo captiverio que la gente natural desta isla -padecia, y cómo se consumian, sin hacer caso dellos los españoles que -los poseian, más que si fueran unos animales sin provecho, despues de -muertos solamente pesándoles de que se les muriesen, por la falta que -en las minas del oro y en las otras granjerías les hacian; no por eso -en los que les quedaba usaban de más compasion ni blandura, cerca del -rigor y aspereza con que, oprimir, y fatigar y consumirlos, solian. Y -en todo ésto habia entre los españoles más y ménos, porque unos eran -crudelísimos, sin piedad ni misericordia, sólo teniendo respeto á -hacerse ricos con la sangre de aquellos míseros, otros, ménos crueles, -y otros, es de creer, que les debia doler la miseria y angustia -dellos, pero todos, unos y otros, la salud y vidas, y salvacion de los -tristes, tácita ó expresamente á sus intereses solos, y particulares y -temporales, posponian. No me acuerdo cognoscer hombre piadoso, para con -los indios que le sirviesen, dellos, sino solo uno, que se llamó Pedro -de la Rentería, del cual abajo, si place á Dios, habrá bien que decir. -Así que, viendo y mirando, y considerando, los religiosos dichos, -por muchos dias, las obras que los españoles á los indios hacian, -y el ningun cuidado que de su salud corporal y espiritual tenian, -y la inocencia, paciencia inextimable y mansedumbre de los indios, -comenzaron á juntar el derecho con el hecho, como hombres de los -espirituales y de Dios muy amigos, y á tractar entre sí de la fealdad -y enormidad de tan nunca oida injusticia, diciendo así: «¿Estos no son -hombres? ¿Con éstos no se deben guardar y cumplir los preceptos de la -caridad y de la justicia? ¿Estos, no tenian sus tierras propias, y sus -señores y señoríos? ¿Estos, hánnos ofendido en algo? ¿La ley de Cristo -no somos obligados á predicársela, y trabajar con toda diligencia de -convertillos? Pues, ¿cómo siendo tantos y tan innumerables gentes las -que habia en esta isla, segun nos dicen, en tan breve tiempo, que -es obra de quince ó diez y seis años, han tan cruelmente perecido?» -Allegóse á ésto, que uno de los españoles que se habian hallado en -hacer las matanzas y estragos crueles que se habian hecho en estas -gentes, mató su mujer á puñaladas, por sospecha que della tuvo que le -cometia adulterio, y ésta era de las principales señoras naturales de -la provincia de la Vega, señora de mucha gente; éste anduvo por los -montes tres ó cuatro años, ántes que la Órden de Sancto Domingo á esta -isla viniese, por miedo de la justicia, el cual, sabida la llegada de -la Órden y el olor de sanctidad que de sí producia, vínose una noche -á la casa que, de paja, habian dado á los religiosos, para en que se -metiesen, y hecha relacion de su vida, rogó con gran importunidad -y perseverancia que le diesen el hábito de fraile lego, en el cual -entendia, con el favor de Dios, de servir toda su vida. Diéronselo con -caridad, por ver en él señales de conversion y detestacion de la vida -pasada, y deseo de hacer penitencia, la cual, despues, hizo grandísima, -y al cabo tenemos por cierto que murió mártir, porque suele Dios, en -los grandes pecadores, mostrar su inmensa misericordia, haciendo con -ellos maravillas; de su martirio diremos abajo, si á Dios pluguiere -que á su lugar lleguemos con vida, y será cuasi al cabo deste tercero -libro. Este, que llamaron fray Juan Garcés, y en el mundo Juan Garcés, -asaz de mí cognoscido, descubrió á los religiosos muy en particular -las execrables crueldades que él y todos los demas en estas inocentes -gentes habian, en las guerras y en la paz, si alguna se pudiera paz -decir, cometido, como testigo de vista. Los religiosos, asombrados de -oir obras, de humanidad y costumbre cristiana, tan enemigas, cobraron -mayor ánimo para impugnar el principio, y medio y el fin de aquesta -horrible y nueva manera de tiránica injusticia, y encendidos del calor -y celo de la honra divina, y doliéndose de las injurias que contra su -ley y mandamientos á Dios se hacian, de la infamia de su fe que entre -aquestas naciones, por las dichas obras, hedia, y compadeciéndose -entrañablemente de la jactura de tan gran número de ánimas, sin haber -quién se doliese ni hiciese cuenta dellas, como habian perecido y -cada hora perecian, suplicando y encomendándose mucho á Dios, con -contínuas oraciones, ayunos y vigilias, les alumbrase para no errar -en cosa que tanto iba, como quiera que se les representaba cuán nuevo -y escandaloso habia de se despertar á personas que en tan profundo y -abisal sueño, y tan insensiblemente dormian; finalmente, habido su -maduro y repetido muchas veces consejo, deliberaron de predicarlo en -los púlpitos públicamente, y declarar el estado en que, los pecadores -nuestros que aquestas gentes tenian y oprimian, estaban, y muriendo -en él, donde, al cabo de sus inhumanidades y cudicias, á rescibir su -galardon iban. Acuerdan todos los más letrados dellos, por órden del -prudentísimo siervo de Dios, el padre fray Pedro de Córdoba, Vicario -dellos, el sermon primero que cerca de la materia predicarse debia, -y firmáronlo todos de sus nombres, para que pareciese como no sólo -del que lo hobiese de predicar, pero que de parecer y deliberacion, -y consentimiento y aprobacion de todos procedia; impuso, mandándolo -por obediencia el dicho padre Vicario que predicase aquel sermon, al -principal predicador dellos despues del dicho padre Vicario, que se -llamaba el padre fray Anton Montesino, que fué el segundo de los tres -que trajeron la Órden acá, segun que arriba, en el libro II, cap. 54, -se dijo. Este padre fray Anton Montesino tenia gracia de predicar; era -aspérrimo en reprender vicios, y sobre todo, en sus sermones y palabras -muy colérico, eficacísimo, y así hacia, ó se creia que hacia, en sus -sermones mucho fructo; á éste, como muy animoso, cometieron el primer -sermon desta materia, tan nueva para los españoles desta isla, y la -novedad no era otra sino afirmar, que matar estas gentes era más pecado -que matar chinches. Y porque era tiempo del adviento, acordaron que -el sermon se predicase el cuarto domingo, cuando se canta el Evangelio -donde refiere el Evangelista Sant Juan: «Enviaron los fariseos á -preguntar á San Juan Baptista quién era, y respondióles: _Ego vox -clamantis in deserto_.» Y porque se hallase toda la ciudad de Sancto -Domingo al sermon, que ninguno faltase, al ménos de los principales, -convidaron al segundo Almirante que gobernaba entónces esta isla, y á -los oficiales del Rey, y á todos los letrados juristas que habia, á -cada uno en su casa, diciéndoles que el Domingo en la iglesia mayor -habria sermon suyo, y querian hacerles saber cierta cosa que mucho -tocaba á todos, que les rogaban se hallasen á oirlo. Todos concedieron -de muy buena voluntad, lo uno por la gran reverencia que les hacian, -y estima que dellos tenian, por su virtud y estrechura en que vivian, -y rigor de religion, lo otro, porque cada uno deseaba ya oir aquello -que tanto les habian dicho tocarles, lo cual, si ellos supieran ántes, -cierto es que no se les predicara, porque ni lo quisieran oir, ni -predicar les dejaran. - - - - -CAPÍTULO IV. - - -Llegado el domingo y la hora de predicar, subió en el púlpito el -susodicho padre fray Anton Montesino, y tomó por tema y fundamento de -su sermon, que ya llevaba escripto y firmado de los demas: _Ego vox -clamantis in deserto_. Hecha su introduccion y dicho algo de lo que -tocaba á la materia del tiempo del adviento, comenzó á encarecer la -esterilidad del desierto de las conciencias de los españoles desta -isla, y la ceguedad en que vivian, con cuánto peligro andaban de su -condenacion, no advirtiendo los pecados gravísimos en que con tanta -insensibilidad estaban contínuamente zabullidos y en ellos morian. -Luégo torna sobre su tema, diciendo así: «Para os los dar á cognoscer -me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto desta isla, -y por tanto, conviene que, con atencion, no cualquiera, sino con todo -vuestro corazon y con todos vuestros sentidos, la oigais; la cual -voz os será la más nueva que nunca oisteis, la más áspera y dura y -más espantable y peligrosa que jamás no pensasteis oir.» Esta voz, -encareció por buen rato con palabras muy pungitivas y terribles, que -los hacia estremecer las carnes, y que les parecia que ya estaban en el -divino juicio. La voz, pues, en gran manera, en universal encarecida, -declaróles cuál era ó qué contenia en si aquella voz. «Esta voz, dijo -él, que todos estais en pecado mortal y en el vivís y morís, por -la crueldad y tiranía que usais con estas inocentes gentes. Decid, -¿con qué derecho y con qué justicia teneis en tan cruel y horrible -servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habeis hecho tan -detestables guerras á estas gentes que estaban en sus tierras mansas -y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y extragos nunca -oidos, habeis consumido? ¿Cómo los teneis tan opresos y fatigados, sin -dalles de comer ni curallos en sus enfermemades, que de los excesivos -trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los -matais, por sacar y adquirir oro cada dia? ¿Y qué cuidado teneis de -quien los doctrine, y conozcan á su Dios y criador, sean baptizados, -oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? -¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados á amallos como á -vosotros mismos? ¿Esto no entendeis, ésto no sentís? ¿Cómo estais en -tanta profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto, -que en el estado que estais, no os podeis más salvar, que los moros -ó turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.» Finalmente, -de tal manera se explicó la voz que ántes habia muy encarecido, -que los dejó atónitos, á muchos como fuera de sentido, á otros más -empedernidos, y algunos algo compungidos, pero á ninguno, á lo que yo -despues entendí, convertido. Concluido su sermon bájase del púlpito -con la cabeza no muy baja, porque no era hombre que quisiese mostrar -temor, así como no lo tenia, ni se daba mucho por desagradar los -oyentes, haciendo y diciendo, lo que, segun Dios, convenir le parecia; -con su compañero váse á su casa pajiza, donde, por ventura, no tenian -qué comer, sino caldo de berzas sin aceite, como algunas veces les -acaecia. Él salido, queda la iglesia llena de murmuro, que, segun yo -creo, apenas dejaron acabar la misa. Puédese bien juzgar, que no se -leyó leccion de menosprecio del mundo á las mesas de todos, aquél -dia. En acabando de comer, que no debiera ser muy gustosa la comida, -júntase toda la ciudad en casa del Almirante, segundo en esta dignidad -y real oficio, D. Diego Colon, hijo del primero que descubrió estas -Indias, en especial los oficiales del Rey, Tesorero y Contador, Factor -y Veedor, y acuerdan de ir á reprender y asombrar al predicador y á -los demas, sino lo castigaban como á hombre escandaloso, sembrador -de doctrina nueva, nunca oida, condenando á todos, y que habia dicho -contra el Rey é su señorío que tenia en estas Indias, afirmando que -no podian tener los indios, dándoselos el Rey, y estas eran cosas -gravísimas é irremisibles. Llaman á la portería, abre el portero, -dícenle que llame al Vicario, y aquel fraile que habia predicado tan -grandes desvaríos; sale sólo el Vicario, venerable padre, fray Pedro -de Córdoba, dícenle con más imperio que humildad, que haga llamar al -que habia predicado. Responde, como era prudentísimo, que no habia -necesidad, que si su señoría y mercedes mandaban algo, que él era -Prelado de aquellos religiosos, y él responderia. Porfian mucho con él -que lo hiciese llamar; él con gran prudencia y autoridad, con palabras -muy modestas y graves, como era costumbre hablar, se excusaba y evadia. -Finalmente, porque lo habia dotado la divina Providencia, entre otras -virtudes naturales y adquísitas, era de persona tan venerable y tan -religiosa, que mostraba con su presencia ser de toda reverencia digno; -viendo el Almirante y los demas, que, por razones y palabras de mucha -autoridad, el padre Vicario no se persuadia, comenzaron á blandear -humillándose, y ruéganle que lo mande llamar, porque, él presente, -les quieren hablar, y preguntarles cómo y en qué se fundaban para -determinarse á predicar una cosa tan nueva y tan perjudicial, en -deservicio del Rey y daño de todos los vecinos de aquella ciudad y de -toda esta isla. Viendo el sancto varon que llevaban otro camino é iban -templando el brío con que habian venido, mandó llamar al dicho padre -fray Anton Montesino, el cual maldito el miedo con que vino; sentados -todos, propone primero el Almirante por sí é por todos su querella, -diciendo, que cómo aquel padre habia sido osado á predicar cosas en tan -gran deservicio del Rey, é daño de toda aquella tierra, afirmando que -no podian tener los indios, dándoselos el Rey que era señor de todas -las Indias, en especial habiendo ganado los españoles aquellas islas -con muchos trabajos, y sojuzgado los infieles que las tenian, y porque -aquel sermon habia sido tan escandaloso y en tan gran deservicio del -Rey é perjudicial á todos los vecinos desta isla, que determinasen que -aquel padre se desdijese de todo lo que habia dicho, donde no que ellos -entendian poner el remedio que conviniese. El padre Vicario respondió, -que lo que habia predicado aquel padre habia sido de parecer, voluntad -y consentimiento suyo y de todos, despues de muy bien mirado y -conferido entre ellos, y con mucho consejo y madura deliberacion se -habian determinado que se predicase como verdad evangélica, y cosa -necesaria á la salvacion de todos los españoles y los indios desta -isla, que vian perecer cada dia sin tener dellos más cuidado que -si fueran bestias del campo; á lo cual eran obligados, de precepto -divino, por la profesion que habian hecho en el bautismo, primero de -cristianos, y despues de ser frailes predicadores de la verdad, en lo -cual no entendian deservir al Rey, que acá los habia enviado á predicar -lo que sintiesen que debian predicar necesario á las ánimas, sino -serville con toda fidelidad, y que tenian por cierto que, desque Su -Alteza fuese bien informado de lo que acá pasaba, y lo que sobre ello -habian ellos predicado, se ternia por bien servido, y les daria las -gracias. Poco aprovechó la habla y razones della, que el sancto varon -dió en justificacion del sermon, para satisfacellos y aplacallos de la -alteracion que habian rescibido en oir que no podian tener los indios, -como los tenian, tiranizados, porque no era camino aquello porque su -cudicia se hartase, porque, quitados los indios, de todos sus deseos y -suspiros quedaban defraudados; y así, cada uno de los que allí estaban, -mayormente los principales, decia, enderezado al propósito, lo que se -le antojaba. Convenian todos en que aquel padre se desdijese el domingo -siguiente de lo que habia predicado, y llegaron á tanta ceguedad, que -les dijeron, si no lo hacian, que aparejasen sus pajuelas para se ir -á embarcar é ir á España; respondió el padre Vicario, por cierto, -señores, en eso podremos tener harto de poco trabajo. Y así era, -cierto, porque sus alhajas no eran sino uno hábitos de jerga muy basta -que tenian vestidos, y unas mantas de la misma jerga con que se cobrian -de noche; las camas eran unas varas puestas sobre unas horquetas que -llaman cadalechos, y sobre ellas unos manojos de paja, lo que tocaba al -recaudo de la misa, y algunos librillos, que pudiera quizá caber todo -en dos arcas. Viendo en cuán poco tenian los siervos de Dios todas las -especies, que les ponian delante, de amenazas, tornaron á blandear como -rogándoles que tornasen á mirar en ello, y que, bien mirado, en otro -sermon lo que se habia dicho se enmendase para satisfacer al pueblo, -que habia sido y estaba en grande manera escandalizado. Finalmente, -insistiendo mucho en que, para el primer sermon, lo predicado se -moderase y satisfaciese al pueblo, concedieron los padres, por -despedirse ya dellos y dar fin á sus frívolas importunidades, que fuese -así en buena hora, que el mismo padre fray Anton Montesino tornaria el -domingo siguiente á predicar, y tornaria á la materia, y diria sobre lo -que habia predicado lo que mejor le pareciese, y, en cuanto pudiese, -trabajaria de los satisfacer, y todo lo dicho declarárselo; ésto así -concertado, fuéronse alegres con esta esperanza. - - - - -CAPÍTULO V. - - -Publicaron ellos luégo, ó dellos algunos, que dejaban concertado con -el Vicario y con los demas, que el domingo siguiente, de todo lo -dicho se habia de desdecir aquel fraile; y para oir aqueste sermon -segundo, no fué menester convidallos, porque no quedó persona en toda -la ciudad que en la iglesia no se hallase, unos á otros convidándose, -que se fuesen á oir aquel fraile, que se habia de desdecir de todo -lo que habia dicho el domingo pasado. Llegada la hora del sermon, -subido en el púlpito, el tema que para fundamento de su retractacion y -desdecimiento se halló, fué una sentencia del Sancto Job, en el cap. -36, que comienza: _Repetam scientiam meam á principio, et sermones -meos sine mendatio esse probabo_. Tornaré á referir desde su principio -mi sciencia y verdad, que el domingo pasado os prediqué, y aquellas -mis palabras, que así os amargaron, mostraré ser verdaderas. Oido -éste su tema, ya vieron luégo los más avisados á dónde iba á parar, -y fué harto sufrimiento dejalle de allí pasar. Comenzó á fundar su -sermon y á referir todo lo que en el sermon pasado habia predicado, -y á corroborar con más razones y autoridades lo que afirmó, de tener -injusta y tiránicamente aquellas gentes opresas y fatigadas, tornando á -repetir su sciencia, que tuviesen por cierto no poderse salvar en aquel -estado, por eso, que con tiempo se remediasen, haciéndoles saber que -á hombre dellos no confesarian, más que á los que andaban salteando, -y aquello publicasen y escribiesen á quien quisiesen á Castilla; en -todo lo cual, tenian por cierto que servian á Dios, y no chico servicio -hacian al Rey. Acabado su sermon fuése á su casa, y todo el pueblo en -la iglesia quedó alborotado, gruñendo, y muy peor que ántes indignado -contra los frailes, hallándose, de la vana é inícua esperanza que -tuvieron, que se habia de retractar de lo dicho, defraudados, como si -ya que el fraile se desdijera, la ley de Dios, contra la cual ellos -hacian en oprimir y estirpar estas gentes, se mudara. Peligrosa cosa -es, y digna de llorar mucho de los hombres que están en pecados, -mayormente los que con robos y daños de sus prójimos han subido ó -mayor estado del que nunca tuvieron, porque más duro les parece, y áun -lo es, decaer dél, que echarse de grandes barrancos abajo; yo añido, -que es imposible dejallos por vía humana, si Dios no hace grande -milagro; de aquí es tener por muy áspero y abominable oirse reprender -en los púlpitos, porque miéntras no lo oyen, paréceles que Dios está -descuidado, y que la ley divina es revocada, porque los predicadores -callan. Desta insensibilidad, peligro y obstinacion y malicia, más -que en otra parte del mundo, ni género de gente, consumada, tenemos -ejemplos sin número y experiencia ocular, en estas nuestras Indias, -padecer cada dia la gente, de nuestra España. Tornando al propósito, -salidos de la iglesia furibundos, é idos á comer, tuvieron la comida no -muy sabrosa, sino, segun que yo creo, más que amarga; no curan más de -los frailes, porque ya tenian entendido que hablar en ésto con ellos -les aprovecha nada. Acuerdan, con efecto, escribillo al Rey en las -primeras naos, como aquellos frailes que á ésta isla habian venido, -habian escandalizado al mundo sembrando doctrina nueva, condenándolos á -todos para el infierno, porque tenian los indios y se servian dellos en -las minas y los otros trabajos, contra lo que Su Alteza tenia ordenado, -y que no era otra cosa su predicacion, sino quitalle el señorío y las -rentas que tenia en estas partes. Estas cartas, llegadas á la córte, -toda la alborotaron; escribe el Rey y envió á llamar al Provincial de -Castilla, que era el Prelado de los que acá estaban, porque aún no -era ésto provincia por sí, quejándose de sus frailes que acá habia -enviado, que le habian mucho deservido en predicar cosas contra su -estado, y alboroto, y escándalo de toda la tierra, grande, que luégo -lo remediase, si nó que él lo mandaria remediar. Veis aquí, cuán -fáciles son los Reyes de engañar, y cuán infelices se hacen los reinos -por informacion de los malos, y cómo se oprime en tierra que no suene -ni respire la verdad. Las cartas de más eficacia que á Castilla y al -Rey llegaron, fueron las del Tesorero Miguel de Pasamonte, de quien -arriba en el libro II hablamos, por tener con el Rey grande autoridad, -y ser Lope Conchillos, Secretario, ambos aragoneses, y el Rey viejo -y cansado, calidades que, para que el Rey entendiese la verdad, no -poco desayudaban. Enviadas las cartas, proveyeron de otra industria -harto eficaz para contra los frailes, y ésta fué la que los demonios -tienen muy usada para que su reino prevalezca, y el de Cristo y la -verdad, que es los nervios que lo sustentan, estén siempre combatidos -y amortiguados y anden bambaleándose, y para ésto, por ministros de -sus maldades, aunque con especie de bien y bondad, trabaja con todo su -poder de poner personas espirituales, porque tomar los malos y de vida -depravada, fácil cosa seria, las cautelas y maldades artificiosas, que -para salir con su propósito emprende, entendérselas y desbaratárselas. -Ya se dijo arriba, en el libro II, cap. 3.º, como en el año de 502 -vinieron á esta isla ciertos buenos religiosos de la Orden de Sant -Francisco, cuyo Prelado y caudillo era un padre de presencia y religion -harto venerable, llamado fray Alonso del Espinal; éste, como se dijo, -era celoso y virtuoso religioso, pero no letrado, mas de saber lo que -comunmente muchos religiosos saben, y todo su estudio era leer en la -Suma angélica para confesar; á este venerable padre persuadieron todos -los Próceres de la ciudad que fuese á Castilla, por ellos, para hablar -y dar á entender al Rey, lo que los frailes dominicos habian predicado -contra lo que el Rey tenia ordenado, de tener los indios, y que, -teniéndolos, la isla estaba poblada de españoles, y se sacaba el oro y -á Sus Altezas las rentas se enviaban, y que, de otra manera, la tierra -no se podia sustentar, y que ésto habia causado grande escándalo y -alboroto en toda la isla é inquietud de las conciencias, y suplicase á -Su Alteza, por todos ellos, lo mandar remediar, y otras muchas cosas, -cuantas vieron que para la perseverancia de sus tiranías les podian -aprovechar. Finalmente, trabajaron enviar frailes contra frailes, por -meter el juego, como dicen, á barato. El bueno del padre francisco, -fray Alonso del Espinal, con su ignorancia no chica, aceptó el cargo -de la embajada, no advirtiendo que lo enviaban á detener en captiverio -é injusta servidumbre, en la cual era cierto perecer tantos millares -y cuentos de hombres, prójimos inocentes, como habian perecido, y al -cabo fenecieron sin quedar uno ni ninguno, como abajo parecerá, en lo -cual pecaban mortalísimamente, y eran obligados, _in solidum_, de todos -los daños y de lo que con esta tiranía adquirian, á total restitucion. -No sé yo cómo la ignorancia del padre dicho lo podrá excusar de no ser -partícipe de todos aquellos tan calificados pecados mortales. No osaré -afirmar que lo que aquí diré ayudase á aceptar tal cargo, y ésto fué -que en los repartimientos de los pasados, dieron uno á lo ménos, y yo -lo sé, al monesterio de Sant Francisco de la ciudad de la Concepcion, -en la Vega, para con que se mantuviese los religiosos que allí moraban, -y creo, que pues al de la Concepcion lo daban, que lo debieran de -dar al monesterio de la ciudad de Sancto Domingo, porque estos dos -monesterios habia de Sant Francisco en esta isla; otra casa hobo en la -villa de Xaraguá, pero no tenia sino dos, ó tres ó cuatro frailes, y -por eso no debieron de dalles indios. Del repartimiento de indios que -yo sé que dieron al monesterio de la Vega, no lo daban á los mismos -frailes, (lo cual áun fuera mejor para los indios, porque los tractaran -los religiosos con más piedad), sino que los quedaba á un vecino -español del pueblo, para que se aprovechase dellos, y enviase á los -frailes él la comida de cada dia; enviábales pan caçabí é ajes, que son -otras raíces, y carne de puerco, que todo era laceria (porque ni pan -de trigo, ni vino, sino era para las misas, ni lo comian, ni bebian, -ni lo vian), á seis ó ocho frailes que habia, y no creo que llegaban á -ocho, y echaba el vecino los indios á las minas, y era voz y fama muy -clara, que le cogian cada demora, que duraba ocho ó diez meses, 5.000 -castellanos ó pesos de oro, de las minas, y por ventura tenia más de -otras granjerías. Por manera, que, por título que daba de comer á los -frailes, perecian los desventurados de los indios, como los demas, en -las minas y en las otras granjerías. Tambien fué aquesta, no chica -ceguedad de aquellos religiosos, aunque buenos, cierto, no caer en el -gran peligro y daño que incurrian, pues, aunque no era cuasi nada de -valor lo que á ellos en aquella comida se les recrecia, todavía morian -los indios teniéndolos aquél con su título, y así digo, que no sé si -con la simplicidad de aquel padre, Prelado de todos ellos, aquello de -tener con nombre de Sant Francisco, de aquella manera aquellos indios, -para que aceptasen la embajada por los españoles contra los indios -y contra los frailes de Sancto Domingo, algun más motivo, y lo que -yo creo por cierto es, que todo lo que aquel padre hizo y hacia, era -con simplicidad é ignorancia, no advirtiendo en la maldad é iniquidad -que el mensaje y cargo que sobre sí tomaba contenia, y afirmo que, -de su bondad y religion, nunca duda tuve, porque él de mí, y yo dél, -teniamos y tuvimos mucha noticia. Ha llegado el tiempo de la partida: -no tuvo necesidad de andar con el alforja á mendigar las cosas que -habia menester, para su matalotaje, porque á él se lo aparejaron tal, -que si el mismo Rey se hobiera de embarcar no le fuera más, y quizá, -ni tan proveido, ni tan abundantemente aparejado, porque pensaban y -esperaban todos que por él habian de ser redimidos y remediados; y -el remedio era persuadir al Rey, que les dejase los indios en sus -repartimientos, sin que ninguno les fuese á la mano hasta acaballos, -como los acabaron. Escribieron todos en su favor, haciéndolo ya santo -canonizado, á quien Su Alteza podia dar todo el crédito que un santo, y -tan experimentado de los dominicos, que no sabian lo que se decian, que -ayer habian venido, y de los indios ni de la tierra tenian experiencia -de nada. Todo su bien y negocio creian que pendia de acreditar al padre -fray Alonso del Espinal, y desacreditar los dominicos, que contra sus -pecados habian predicado. Escribieron al obispo de Búrgos, D. Juan de -Fonseca, y á Lope Conchillos, Secretario, que todo lo gobernaban, -en favor del dicho padre, y al camarero Juan Cabrero, aragonés, del -Rey muy privado, y á todos los demas que sabian para con el Rey poder -ayudalle, y á los del Consejo Real, que para en las cosas de las Indias -se juntaban; porque no habia entónces Consejo de las Indias formado y -del Consejo real apartado. - - - - -CAPÍTULO VI. - - -Viendo los frailes de Sancto Domingo la diligencia y orgullo que toda -la ciudad traia, en enviar al padre fray Alonso del Espinal á Castilla, -para excusar las excusaciones de sus pecados y á ellos culpallos, -tractaron en su acuerdo (bien creo yo cierto, que no sin muchas y -afectuosas oraciones y lágrimas), que, ¿qué harian sobre este caso -no poco árduo? Deliberaron, al cabo, que fuese tambien á Castilla el -mismo padre fray Anton Montesino, que lo habia predicado, porque era -hombre, como se dijo, de letras, y en las cosas agibles experimentado, -y de gran ánimo y eficacia, para que volviese por sí é por ellos, y -diese cuenta y razon de su sermon, y de las razones que los habian -movido á determinarse de predicarlo. Esto determinado, salieron á pedir -limosna por el pueblo para la comida de su viaje; bien pueden creer -todos los que ésto leyeren, que no se le guisó tan presto como al dicho -padre, y que algunos baldones rescibirian de algunos desconcienciados, -aunque segun la santidad con que vivian, y dellos por la ciudad era -clara, en gran manera reverenciados. Y finalmente, no faltaron algunas -personas cuerdas y timoratas que les ayudaron para que el padre fray -Anton Montesino llevase que comer para su viaje. Partidos los padres -sobredichos, cada uno en su navío, el uno con todo el favor del mundo, -que por hombres se le podia dar, y el otro desfavorecido de todos, pero -puesta toda su confianza en Dios, por las oraciones de los que acá -quedaban, llegaron á Castilla sanos y salvos, y de allí fuéronse cada -uno por su camino á la corte, bien es de creer que primero fué cada uno -á dar cuenta á los Prelados de su Órden de su venida y negociacion. Y -como el Rey habia mandado llamar al Provincial de Castilla, y se le -quejó de los frailes que habia enviado á esta isla de haber predicado -cosas contra su servicio, y en escándalo de la tierra, encargándole que -lo remediase, como se dijo, luégo el Provincial escribió al Vicario -fray Pedro de Córdoba, y á todos, como el Rey estaba informado contra -ellos, haber predicado cosas contra su servicio y muy escandalosas, que -mirasen bien lo que habian dicho, y que, si eran cosas que convenia -retractarse, lo hiciesen, porque cesase tan grande escándalo como en -el Rey y en la corte se habia engendrado, diciendo primero que estaban -maravillados haber ellos afirmado cosa en el púlpito que no fuese digna -de sus letras y prudencia y hábito. Finalmente, la carta del Provincial -fué prudentemente moderada, por la mucha confianza que tenia de la -prudencia, religion y letras, del dicho padre fray Pedro de Córdoba, y -de los demas religiosos que con él estaban, segun el Rey habia mostrado -estar indignado por las informaciones que le habian hecho los de acá -por sus sacrílegas cartas. Llegado el padre francisco, fray Alonso del -Espinal á la corte, y entrado en palacio, recibióle el Rey como si -fuera el ángel Sant Miguel, que Dios le enviara, por la gran estima que -dél tenia ya el Rey, y por las cartas que de acá se le habian enviado, -y el secretario Conchillos, y el obispo de Búrgos, quizá, le habian -encarecido su persona y auctoridad; mandóle el Rey traer silla y que -se asentase, y, asentado, créese que favoreció la parte izquierda de -los que lo enviaban contra los frailes dominicos y contra los indios -desdichados, y la razon que para ésto se puede traer es, porque ni el -Rey le mandara sentar, ni desde allí fuera de todos tan venerado y áun -celebrado, porque siempre que venia á hablar al Rey le traian silla, -y el Rey le mandaba sentar; mandó asimismo, que siempre se hallase en -los Consejos, cada y cuando desta materia de los indios se tractase. -Cognoscido el favor que el Rey le daba, por todos los de palacio y -los de fuera de palacio, y que traia tan justa demanda, conviene á -saber, que los indios sirviesen á los españoles, y se sacase el oro de -las minas, y desta isla á España las riquezas se derivasen, no habia -puerta cerrada ni otro algun obstáculo para que las veces que quisiese -hablar al Rey no hablase, ni reverencia, ni besar de las manos y del -hábito, que por toda la corte no le sobrase. Llegó despues á la corte, -algunos dias, cuando pudo, el padre dominico fray Anton Montesino, -y sabido por todos que venia en contrario del padre francisco, -afirmando que no podian tener los indios, por ser contra razon y ley -divina, y violarse la natural justicia, todos lo aborrecian, ó al -ménos desfavorecian, y hablaban dél como de inventor de novedades y -escandaloso, y áun algunos de los favorecidos, y que por teólogos y -predicadores del Rey se tenian, presumieron de le decir palabras harto -soberbias y descomedidas. Llegaba á la puerta de la cámara del Rey, por -hablarle y darle cuenta y relacion de lo que habia predicado, y de la -ceguedad y crueldad que cerca de la injusta servidumbre y perdimiento -que los indios padecian, y la multitud que dellos en tan poco tiempo -habian perecido, y en llegando á la puerta, dábale el portero con la -puerta en lo ojos, y, con palabras no muy modestas, diciendo que no -podia hablar al Rey, le despedia. Esta es averiguada costumbre del -mundo, y áun regla general que Dios en todo él tiene, ó permitida ó -establecida, conviene á saber, que todos aquellos que pretenden seguir -y defender la verdad y la justicia sean desfavorecidos, corridos, -perseguidos y mal oidos, y, como desvariados y atrevidos, y monstruos, -entre los otros hombres tenidos, mayormente donde interviene pelea de -arraigados vicios; y la más dura suele ser la que impugna el avaricia y -codicia, y, sobre todas, la que no puede sufrirse como terribilísima, -si se le allega resistencia de tiranía. Por el contrario, los que -dan favor _directe_ ó _indirecte_, ó por ignorancia y simplicidad, -ó por agradar con buen ó mal intento, ó tambien, quizá, por su gran -malicia, á los negocios temporales y útiles que los hombres pretenden -para su crecimiento, segun lo que ellos en sí imaginan, puesto que -rebosen de falsedad y de injusticia, manifiesto es á todos, sin que se -produzcan testigos, cuánta parte suelen tener en todo lugar y entre -todas personas grandes y chicas, cuán estimados, cuán honrados y -venerados, cuán tenidos por cuerdos y prudentes; de lo cual se podrán -traer y colegir muchos ejemplos, asaz claros en esta Historia de las -Indias. Tornando al hilo, andando el dicho padre fray Anton Montesino -muy afligido y corrido, y así, desechado de todos, como he dicho, -principalmente de no poder hablar al Rey, llegóse un dia á la puerta -de la cámara del Rey, á rogar al portero que lo dejase entrar como -entraban otras personas, porque tenia cosas que informalle, que tocaban -mucho á su servicio; pero el portero, lo que las otras veces solia -hacer con él, hizo, el cual, como abriese á otro la puerta, no cuidando -que el religioso á tanto se atreveria, descuidado un poquito, el padre -fray Antonio y su compañero, que era un fraile lego, religioso, bueno, -con gran ímpetu entran dentro de la puerta en la cámara del Rey, á -pesar del portero, donde se hallaron cuasi junto al estrado del Rey; -dijo luégo el padre Montesino: «Señor, suplico á Vuestra Alteza, que -tenga por bien de me dar audiencia, porque lo que tengo que decir son -cosas muy importantes á vuestro servicio.» El Rey, benignamente le -respondió: «Decid, padre, lo que quisiéredes.» Llevaba el dicho padre -un pliego de papel, escripto por capítulos, de las crueldades, en -particular, que se habian hecho, en las guerras y fuera dellas, en los -indios vecinos desta isla, que habia bien visto y hallándose en ellas -el fraile que dijimos arriba, que, de los pecadores que las habian -perpetrado, habia el hábito de fraile lego rescibido. Llevaba tambien -por memoria en su pliego los tratamientos que, despues de los estragos -de las guerras, en el servicio y trabajos de las minas, y en los demas -les hacian. Hincóse, pues, de rodillas el padre fray Antonio, ante los -píes del Rey, y saca su memorial, y comiénzalo á leer, y refiere como -los indios, estando en sus casas y tierras sin ofender á ninguno desta -vida, entraban los españoles y les tomaban las mujeres, y las hijas, y -los hijos para servirse dellos, y á ellos, llevándolos cargados con sus -camas y haciendas, haciéndoles otros muchos agravios y violencias, los -cuales, no pudiéndolos sufrir, huíanse á los montes, y cuando podian -haber algun español desmandado, matábanlo como á capital enemigo; iban -luégo á hacelles guerra, y, para metelles el temor en el cuerpo, -hacian en ellos, desnudos, en cueros y sin armas ofensivas, estragos -nunca oidos, cortándolos por medio, haciendo apuesta sobre quién le -cortaba la cabeza de un piquete, quemándolos vivos, y otras crueldades -esquisitas; entre otras, le dijo, que burlando unos españoles entre -sí, estando cabe un rio, tomó uno dellos un niño de obra de un año ó -dos, y echólo por encima de los hombros en el rio, y porque el niño -no se sumió luégo, sino que estuvo encima del agua un poquito, volvió -la cabeza y dijo: «¿Aún bullís, cuerpo de tal, bullís?» Dijo el Rey: -«¿Eso es posible?» Respondió el religioso: «Ántes es necesario, porque -pasó así, y no puede dejar de ser hecho, pero como Vuestra Alteza es -piadoso y clemente, no se le parece que haya hombre que tal pudiese -hacer; ¿Vuestra Alteza, manda hacer esto? bien soy cierto que no lo -manda.» Dijo el Rey: «No, por Dios, ni tal mande en mi vida.» Acabados -los estragos y matanzas de las guerras, refiere las crueldades de -los repartimientos y mactamientos que se hacian en las ánimas, y los -otros trabajos, la falta de los mantenimientos y olvido de la salud -corporal, ni cura en sus enfermedades; de cómo las mujeres que se -sentian preñadas tomaban hierbas para echar muertas las criaturas, por -no vellas ó dejallas en aquellos infernales trabajos; el ningun cuidado -de dalles algun cognoscimiento de Dios, ni consideracion de las ánimas -más que si sirvieran de animales. Leido su memorial, y el Rey algo -lastimado y enternecido de oir cosas tan inhumanas, suplicóle que se -apiadase de aquestas gentes, y mandase poner el remedio necesario ántes -que del todo se acabasen; el Rey dijo que le placia y mandaria entender -con diligencia luégo en ello, y así, el padre fray Antonio se levantó, -y, besadas al Rey las manos, se salió, habiendo aquel dia, á pesar del -portero, bien negociado. - - - - -CAPÍTULO VII. - - -El Rey mandó luégo que con los de su Consejo, que para ésto mandó -señalar, se juntasen algunos teólogos; los del Consejo fueron en -aquel tiempo el obispo de Palencia, que despues fué de Búrgos, D. -Juan Rodriguez de Fonseca, de quien arriba se ha hecho hartas veces -mencion, y á quien, desde su descubrimiento, los Reyes cometieron la -gobernacion destas Indias, y era como Presidente, aunque no habia -Consejo por sí de Indias, como se ha dicho. El otro fué Hernando de -Vega, varon prudentísimo, y por tal estimado en toda Castilla; el -otro fué el licenciado Luis Zapata, persona prudente y principal -entre los licenciados, y más del Rey, que otro, querido, y que por la -auctoridad que alcanzaba con el Rey, con quien, segun era opinion de -muchos, sólo consultaba las mercedes que habia de hacer, por lo cual le -llamaban algunos el Rey chiquito; aunque éste y Hernando de Vega, y el -licenciado Móxica, no estoy cierto que entrasen en esta junta, despues -sí, muchas veces. Otro fué, de los que á esta junta concurrieron, el -licenciado Sanctiago, varon cristiano, y de muy buena voluntad. Fué -otro el doctor Palacios Rubios, doctísimo en su facultad de jurista, -estimado en ella más que todos, y por bueno y buen cristiano tambien -tenido, éste, como muy letrado é inclinado á escribir en derecho, -como muchas otras obras en derecho escribió, comenzó desde entónces -á escribir cierto libro que intituló: _De insulis Occeanis_, el cual -despues prosiguió y acabó siguiendo en el error de _Hostiensis_, -fundando sobre él el título que los reyes de Castilla tienen á las -Indias; y, cierto, si sobre aquella errónea y áun herética opinion, -sólo, estribara el derecho de los Reyes á las Indias, harto poco les -cupiera jurídicamente de lo que en ellas hay. Y ciertamente, mucho -parece que se alargó en el dicho su libro, pretendiendo dar sabor al -Rey, más que desabrille, por lo cual, quizá, permitió Dios que el Rey -le hiciese pocas mercedes, puesto que dél era harto bien querido. -Con todo esto, siempre, como de su natura era bueno, en cuanto pudo -favoreció á los indios, como abajo parecerá. Señalóse otro del Consejo -para esta congregacion, que fué el licenciado Móxica, tambien hombre -letrado y de virtud. Otro fué tambien nombrado, conviene á saber, el -licenciado de Sosa, que despues murió obispo de Almería, persona de -mucha virtud, y que favoreció mucho los indios, el tiempo adelante -desque fué más instruido, como el licenciado Santiago y el doctor -Palacios Rubios; estos fueron los de quien me acuerdo, no sé si me -olvido alguno. Con estos juristas mandó el Rey que se juntasen los -teólogos siguientes, conviene á saber: el maestro fray Tomás Durán, y -el maestro fray Pedro de Covarrubias, frailes de Sancto Domingo; fué -tambien nombrado un clérigo, predicador tambien del Rey, llamado el -licenciado Gregorio. Y porque por aquellos tiempos era estimado por más -señalado letrado el padre fray Matías de Paz, catedrático de teología -en la Universidad de Salamanca, fraile de la misma Órden de Sancto -Domingo, trabajó muy mucho el dicho padre fray Antonio Montesino que el -Rey lo enviase á llamar, que residia, siendo catedrático, como dijimos, -en Salamanca. La corte, cuando ésto se tractaba, estaba en Búrgos; de -los que estaban cabe el Rey, algunos, impedian que aquel padre maestro -fray Matías de Paz no se llamase, porque no querian tanta luz cuanta -creian que habia de dar en esta materia el dicho padre, y siempre se -cognosció, cada dia más y más, los que al Rey aconsejaban, huir este -negocio de los indios de claridad de la verdad, mayormente desque -los del Consejo comenzaron á tener parte interesal en los trabajos -y sudores, y muertes de los indios, como parecerá. Bien creo que no -eran todos, pero tambien sospecho que eran algunos, y quizá los más. -Finalmente, por la suma solicitud y diligencia del padre fray Antonio -Montesino, el Rey hobo de mandar que se enviase á llamar el dicho -padre maestro fray Matías de Paz; y como el padre fray Antonio fuese de -todos tractado por muy extraño, y todos los de la corte, al ménos de -los de palacio y de los oficiales y que desto tractaban, no lo pudiesen -ver ni áun pintado, vivia muy penado, porque todo se le encubria y no -sabia dónde atinar, ni á qué portillo acudir, ni qué remediar, temiendo -que en las juntas que se hacian, donde cada dia entraba el dicho padre -francisco, fray Alonso del Espinal, no habiendo quien volviese por -los indios, alguna cosa en su mayor perjuicio se determinase. Acordó -un dia de ir á Sant Francisco y esperar á la portería que saliese el -dicho padre fray Alonso para ir á la junta, de quien, como se ha dicho, -se hacia grande caudal, como ni del derecho ni del hecho supiese nada -para aprovechar, puesto que pudiera bien testificar muchas y grandes -tiranías, y crueldades, y obras inhumanas, que él y yo que ésto -escribo vimos juntamente, en destruccion de las gentes desta isla, -perpetrar. Saliendo, pues, del monasterio de Sant Francisco el padre -fray Alonso, llegóse á él el padre fray Antonio Montesino, y dijo que -le queria hablar; paróse á oille, y el padre fray Antonio hácele una -vehemente y cominatoria plática, diciéndole con vehemencia, como él -solia predicar: «Vos, padre, ¿habeis de llevar desta vida más deste -hábito andrajoso lleno de piojos que á cuestas traeis? ¿Vos, buscais -otros bienes más de servir á Dios? ¿Por qué os enfuscais con estos -tiranos? ¿Vos no veis que os han tomado por cabeza de lobo, para en sus -tiranías se sustentar? ¿Por qué sois contra aquellos tristes indios -desmamparados? ¿En ésto les pagais los sudores de que, hasta agora, vos -y vuestros frailes habeis comido? ¿Vos no habeis visto mejor que yo las -detestables crueldades, que, en las injustas guerras, contra ellos han -cometido, en las cuales os habeis presente hallado? ¿No sabeis y habeis -visto, y no dudais que hoy y cada dia los matan en las minas y en los -otros trabajos, con tanto olvido de humanidad, que á las mismas bestias -no pueden peor tratar? ¡y pluguiese á Dios que como á sus bestias los -tractasen! ¿Por qué, padre, quereis perder tantos años que habeis -traido á cuestas ese hábito, en tanta penitencia y religion, por cosa -que no echais en vuestra bolsa nada, sino por agradar, yendo los ojos -cerrados, á los que no se hartan de beber sangre humana, no viendo el -daño tan manifiesto que haceis á aquellos desventurados, sin persona -viviente que vuelva por ellos, haciendo obra como haceis, tan contra -justicia y caridad?» Estas y otras muchas palabras le dijo, con las -cuales le hizo temblar las carnes, porque, ciertamente, tenia especial -gracia y hervor en persuadir las cosas que tocaban al ánima, y tenia en -ello tanta eficacia, que pocos le oian que no saliesen compungidos ó -enmendados. En la ciudad de Sancto Domingo estaba una mujer sentenciada -á que la ahorcasen, y de tal manera sentia la muerte con impaciencia, -que no queria confesarse, y así iba impenitente y desesperada; llamaron -al padre fray Antonio Montesino, un poco ántes que la sacasen para la -justiciar, el cual le dijo así como entró, aspérrimamente aquestas -palabras: «¡Vos no os quereis confesar, mujer perdida! ¿No sabeis que -os habeis de ver dentro de un hora, delante el riguroso juicio de -Dios, que luégo os ha para siempre de condenar á las penas infernales? -¿Qué haceis, decid? Tornad, triste de vos, sobre vos, no os perdais.» -De tanta eficacia fueron estas palabras, que la mujer, como atónita -y asombrada, como si ya ardiera en las eternales llamas, pide que se -quiere confesar y comulgar, y ansí, contrita y contenta de morir, fué -ahorcada. Cuasi desta manera acaeció al padre fray Alonso del Espinal, -que tornando sobre sí (como en fin fuese buen religioso y no pecase -sino por ignorancia), dijo al padre fray Antonio Montesino: «Padre, -sea por amor de Dios la caridad que me habeis hecho en alumbrarme; yo -he andado engañado con estos seglares, ved vos lo que os parece que yo -haga y así lo compliré.» Respondióle: «Padre, que en todas vuestras -obras, pareceres y palabras defendais desta y desta manera los indios, -y siempre sed contra esos pecadores españoles, que sabeis vos cuánto -por destruillos con sus codicias trabajan; y cuando se tractare ésto, -responded ésto, y cuando viéredes cosa que convenga decirme, avisadme.» -Finalmente, desde adelante le fué buen amigo, y le daba aviso de lo -que en la congregacion se tractaba, de donde colegia el padre fray -Antonio lo que le convenia negociar y avisar á alguno ó algunos de los -que habia que le ayudaban, como era el doctor Palacios Rubios, y el -licenciado Santiago, y el licenciado Sosa. - - - - -CAPÍTULO VIII. - - -Estaban en la corte á la sazon, segun creo, Francisco de Garay, de los -antiguos desta isla, de quien habemos hecho arriba mencion, y haremos -más si á Dios pluguiere, y Juan Ponce de Leon, y un Pero García de -Carrion, mercader, hombre de auctoridad en su manera, y otros vecinos -desta isla, y que tenian en la servidumbre muchos indios, y habian -muerto hartos dellos por sus propias codicias é intereses; destos -algunos habian sido enviados por Procuradores sobre que el Rey les -diese los indios perpétuos, ó por tres vidas, como en el precedente -libro se dijo; otros, que habian ido por sus particulares negocios. -Todos estos, ó algunos dellos, fueron los primeros, segun yo entendí -y siempre tengo entendido, que infamaron los indios en la corte de no -saberse regir, é que habian menester tutores, y fué siempre creciendo -esta maldad, que los apocaron, hasta decir que no eran capaces de la -fe, que no es chica heregía, y hacellos iguales de bestias, como si -tantos millares de años que estas tierras estaban pobladas, llenas de -pueblos y gentes, y teniendo sus Reyes y señores, viviendo en toda paz -y sosiego, en toda abundancia y prosperidad, aquella que la naturaleza, -para vivir y multiplicarse _in immenso_ los hombres, requiere, hobieran -habido menester nuestras tutorías, las cuales, plugiera á Dios, que ni -ellos hobieran cognoscido, ni nosotros usurpádolas y usado dellas tan -contra justicia, porque dellos inmensos, en cuerpos y en ánimas, no -hobieran perecido, y de nosotros no se viera como se ha visto alguno, y -se verá muy mayor terrible castigo. Este menosprecio é infamia destas -gentes, por respeto de nosotros inocentísimas, les sucedió por nuestra -grande soberbia é inhumanidad, y por su gran mansedumbre, paciencia, -humildad y obediencia, que á todas las cosas las hallábamos á la mano, -y para cualquiera, por difícil que fuese, que las queríamos. Estos -hombres pecadores, ó algunos dellos, introdujeron esta mancilla, -informaron á la larga á los que entraron en la junta, y de creer es, y -yo así lo creo, que algunos de los que allí entraron, más propincuos á -las orejas del Rey, le informaban contra los indios lo que á los otros -oian, ó por que pensaban en ello defender, ó favorecer el título del -Rey, ó porque no les faltaba propósito, como al cabo pareció, de haber -y tener, siendo ellos absentes y viviendo en la corte, para embolsar -oro, indios. Este fué siempre, desde aqueste tiempo principalmente, -aunque tambien comenzaron desde el año de 500, como pareció en el -libro II, cap. 1.º, hasta hoy que es el año de 1559, el fin de los -españoles; y así lo entablaron por todo este orbe, conviene á saber, -infamar y decir cuantos males podian hacer creibles de los indios, y -por principal, que eran bestias y holgazanes y amaban la ociosidad, y -que no se sabian regir, por fingir necesidad que pareciese convenir -tenerlos y servirse dellos en aquella infernal servidumbre en que los -pusieron, diciendo ponerlos en policía y para los hacer trabajar, y -que así Dios y el Rey serian dellos servidos. Ya está visto arriba, -en los dos libros precedentes, la policía en que los pusieron, y el -fructo que Dios y el Rey por sus tutorías de los indios sacaron, como -sea ya manifiesto, y áun confesado por los mismos destruidores de los -indios, cuán justamente, en muchas partes destas Indias, pudieran los -indios poner á los españoles en más razonable y humana policía, y mejor -regimiento que ellos traian y áun tenian en Castilla. Juntados, pues, -los letrados muchas veces, y platicado sobre la gobernacion que debia -ponerse á los indios desta isla, porque de las demas partes deste orbe -no se tractaba, porque no habia españoles si no en ésta y en la de -Sant Juan, y de Jamáica, y ninguno en la tierra firme; habidas todas -las falsas informaciones que los seglares quisieron dar, y la cierta, -que el padre fray Antonio Montesino dar pudo, (y ésta consistia en -que las gentes infieles, mayormente aquestas, debian ser traidas á -la fe con dulzura, y amor, y libertad, y dádivas, y no con aspereza, -servidumbre y tormentos como estos padecian, como se lee de Sant -Silvestre, que atraia los gentiles á la fe con dones que les daba, y -que la servidumbre que estas padecian, era condenada por Dios, como -parecia por Ecequiel, cap. 34, _Væ pastoribus Israel qui pascebant -semet ipsos_, que eran amenazas contra el Rey, si no los remediaba; -decia, eso mesmo, que decir que aquestas gentes eran incapaces de la -doctrina y de la fe, era contradecir á la bondad y omnipotencia de -su Hacedor, etc.), determinaron los susodichos teólogos y juristas, -al cabo, las siguientes proposiciones, que, aunque hervia la infamia -contra los indios, no pudieron negar en las dos primeras ser libres los -indios, y deber ser como libres tractados, aunque en las siguientes van -oliendo y sabiendo á la sustentacion de la tiranía, que era el fin que -los infamadores y los que los oian de grado, y favorecian, y esperaban -tener tambien sus provechos, pretendian. - -«Muy Poderoso Señor: Vuestra Alteza nos mandó que entendiésemos en ver -en las cosas de las Indias, sobre ciertas informaciones, que cerca -dello á Vuestra Alteza se habian dado por ciertos religiosos que habian -estado en aquellas partes, así de los Dominicos como de los Franciscos, -y vistas aquellas, y oido todo lo que nos quisieron decir, y áun habida -más informacion de algunas personas que habian estado en las dichas -Indias, y sabian la disposicion de la tierra y la capacidad de las -personas, lo que nos parece á los que aquí firmamos, es lo siguiente: -Lo primero, que pues los indios son libres y Vuestra Alteza y la Reina, -nuestra señora (que haya sancta gloria), los mandaron tractar como á -libres, que así se haga. Lo segundo, que sean instruidos en la fe, -como el Papa lo manda en su bula, y Vuestras Altezas lo mandaron por -su Carta, y sobre ésto debe Vuestra Alteza mandar que se ponga toda -la diligencia que fuere necesaria. Lo tercero, que Vuestra Alteza les -puede mandar que trabajen, pero que el trabajo sea de tal manera, que -no sea impedimento á la instruccion de la fe, y sea provechoso á ellos -y á la república, y Vuestra Alteza sea aprovechado y servido por razon -del señorío y servicio que le es debido por mantenerlos en las cosas -de nuestra sancta fe y en justicia. Lo cuarto, que este trabajo sea -tal, que ellos lo puedan sufrir, dándoles tiempo para recrearse, así en -cada dia como en todo el año, en tiempos convenibles. Lo quinto, que -tengan casas y hacienda propia, la que pareciere á los que gobiernan -y gobernaren de aquí adelante las Indias, y se les dé tiempo para que -puedan labrar, y tener, y conservar la dicha hacienda á su manera. -Lo sexto, que se dé órden, como siempre tengan comunicacion con los -pobladores que allá van, porque con esta comunicacion sean mejor y -más presto instruidos en las cosas de nuestra sancta fe católica. Lo -setimo, que por su trabajo se les dé salario conveniente, y ésto no en -dinero, sino en vestidos y en otras cosas para sus casas.--_Johannes, -Episcopus Palentinus, Comes._--_Licenciatus Sanctiago._--_El Doctor -Palacios Rubios._--_Licenciatus de Sosa._--_Frater Thomas Duran, -Magister._--_Frater Petrus de Covarrubias, Magister._--_Frater Mathias -de Paz, Magister._--_Gregorius, Licenciatus._» - -Por estas siete proposiciones parece cuán buena intencion tuvieron -los letrados, y cuánto se desviaban de las infamias que se habian -levantado á los indios por los que los tenian y querian tener opresos -en servidumbre perpétua. Todavía en la tercera, cuarta, y quinta, y -sétima, pareció que suponian que los indios habian de estar repartidos -y en poder de los españoles como los tenian; pero poníanles algunas -limitaciones, porque les faltó clara y particular informacion, la -cual, áun el mismo padre fray Antonio Montesino, como habia poco que -era venido á esta isla, complida no tenia, como despues la pudiera -dar muy más larga. Faltóles noticia de las multitudes de los pueblos -pacíficos, y señores, y Reyes desta isla, y la gobernacion natural, -y policía ordenada, cuanta, sin fe y cognoscimiento del verdadero -Dios, puede tenerse para vivir en paz, y abundancia, y prosperidad, -y crecimiento _in immenso_, como dije, que tenian. Faltóles tambien -cognoscimiento de la imposibilidad de poder vivir, y no perecer como -perecieron, teniéndolos los españoles repartidos, y así ignoraron que -aquella manera de servidumbre despótica ó de esclavos, y no de hombres -y gentes, como ellos determinaron, que eran libres, y así carecieron -totalmente de la lumbre y claridad, y verdad del hecho. Contra lo cual, -mirando el maestro fray Matías de Paz más en esta materia, compuso un -tractado en latin, en obra de quince dias, desterrando é impugnando -el modo de servirse de los indios despótico, y probando que habian -de ser gobernados como personas y gentes libres, donde pone aquesta -conclusion y es la tercera: _Auctoritate Summi Pontificis el non aliter -licebit Catholico atque invictissimo Regi nostro supradictos indos -regali imperio seu politico, non autem despotico, regere, atque sic -perpetuo sub suo dominio retinere_. Y en el primer corolario de aquella -conclusion, dice así: _Unde quicumque eos hactenus servitute despotica -premuit, postquam sunt ad fidem conversi, ad restitutionem de damno -et lucro propter talem servitutem dumtaxat necessario tenetur_. Por -manera, que reprobó y condenó la manera de servirse de los indios, por -el repartimiento, por despótico y de esclavos, como en verdadera verdad -lo era, y, por consiguiente, el mismo repartimiento, y determinó ser -obligados los españoles, que así de los indios se habian servido, á -restitucion de todo lo que con ellos habian adquirido, y de los daños -que por ello rescibieron. ¿Y quién de ellos, aunque el Rey les ayudara -con su Estado, pudiera restituir los daños que, tan innumerables gentes -como habia en esta isla, de los españoles padecieron, pues todas, por -los trabajos y amargos é inhumanos tractamientos, en las minas y en los -otros pestilentes ejercicios, por sus cudicias, perecieron? - - - - -CAPÍTULO IX. - - -Determinadas estas siete proposiciones, dijeron de partes del Rey á -los dichos letrados, teólogos y juristas, que hiciesen ó ordenasen -leyes, esplicándolas, porque eran como principios que incluyen dentro -de sí muchas particulares reglas. Los letrados no quisieron, porque no -se atrevieron, diciendo que ellos habian determinado aquellas reglas -universales, que hiciesen las leyes ellos, las cuales tanto serían más -justas cuanto más se acercasen y conformasen con aquellos principios, y -tanto injustas cuanto se desviasen dellos, por consiguiente. Y porque -todos anhelaban y todo su cuidado y solicitud era que los indios no -saliesen de poder de los españoles, sino que los repartimientos se -perpetuasen, (todos, digo, los que desta isla que tenian indios, -estaban en la corte, y muchos de la corte que pensaban rodear de tener -en ellos parte, quizá por los mismos desta isla, poniéndoles interese -grande delante, porque fuesen en que los indios siempre se repartiesen, -de lo cual yo nunca dudé, ni agora dudo), despues de haber muy bien -informado de las infamias de los desmamparados indios á todos los de la -corte, y en especial al licenciado Gregorio, que se habia hallado en -hacer las susodichas siete proposiciones, y á otro predicador del Rey, -fraile de Sancto Domingo, llamado fray Bernardo de Mesa, que despues -fué nombrado para Obispo de la isla de Cuba, puesto que nunca fué allá, -y al cabo murió obispo de Elna, en Cataluña, gracioso predicador, -á los cuales dos hallaron, para rescibir sus falsas informaciones, -más benévolos y aparejados, rodeóse por los ministros, creo yo, de -Satanás, que el Rey les mandase ó de su parte se les mandó ó cometió, -que cada uno destos dos predicadores reales, diese por escripto, en la -materia, su parecer. El dicho padre fray Bernardo de Mesa comprendió -el suyo dentro de siete proposiciones. La primera fué, que el Rey era -obligado á trabajar con gran diligencia, tanta y mayor que habia puesto -en adquirir el estado de acá, en que los indios, moradores naturales -destas Indias, se convirtiesen á la fe y la amasen, no solamente -enviando Prelados, más áun otros predicadores celosos, si aquellos no -bastasen, para su conversion é instruccion en las buenas costumbres; -y ésto por el estrecho mandamiento que el Papa le puso por su bula -de la donacion, en la cual se mostraba claramente, que una de las -principales cosas que le movió á hacer la dicha donacion, fué para que -la fe se plantease en aquellas tierras, y con ella las otras virtudes, -tanto cuanto fuese posible. La segunda, que siendo los indios, como -lo eran, súbditos vasallos de Su Alteza y no siervos, justamente se -les podrán imponer y pedir servicios tales, que fuesen dentro de los -límites de vasallos, porque los indios no eran siervos por derecho, -porque no fueron conquistados al principio por la introduccion de la -fe, ni por razon de su infidelidad, porque la infidelidad en ellos no -era pecado; ni ménos son siervos por compra, ni ménos son siervos por -natividad, porque naturalmente todos los hombres son libres, ni ménos -eran siervos por la estimacion de Su Alteza, ni de la reina doña Isabel -de gloriosa memoria, que siempre los llamaron libres, y era manifiesta -señal de libertad. Y dice que él no via otra razon de servidumbre sino -la natural, que era falta de entendimiento y capacidad, y la falta de -la firmeza para perseverar en la fe y buenas costumbres, porque aquella -es una natural servidumbre, segun el filósofo, ó por ventura, son, -dice él, siervos por la naturaleza de la tierra, porque hay algunas -tierras á las cuales el aspecto del cielo hace siervas, y no podrian -ser regidas si en ellas no hobiera alguna manera de servidumbre, como -en Francia, Normandía, parte del Delfinazgo, siempre han sido regidas -mucho á semejanza de siervos; mas como quiera que sea, los indios no -se pueden llamar siervos, aunque para su bien hayan de ser regidos con -alguna manera de servidumbre, la cual no ha de ser tanta que les pueda -convenir el nombre de siervos, ni tanta la libertad que les dañe, pues -para su bien fueron dados, principalmente á los reyes de Castilla, y no -para el de los Reyes, puesto que justamente se les piden á estos los -servicios, y ellos son obligados á los dar, etc. La tercera, que pues -los indios habian de dar el dicho tributo y servicio á su Príncipe, y -no tienen manera para le dar otro, sino el personal, que aquel se les -debe pedir y ellos lo deben de dar, por cuanto el tributo ó servicio -que al Rey se hace, ó ha de ser de las riquezas ó de la persona; los -indios no poseen riquezas naturales ni artificiales, como saben los -que han visto su tierra, resta luégo que el servicio ha de ser hecho -con la persona en las cosas que más convenientes fueren á su Rey y -señor. La cuarta, que pues los indios eran dados al Rey para su bien, -y la ociosidad es el mayor mal que ellos pueden tener, que debia Su -Alteza con gran estudio trabajar de les quitar el daño depravado -de la ociosidad, mandándolos siempre ocupar en algunos ejercicios -espirituales ó corporales, que en la verdad, aunque la ociosidad sea -madrastra de todas las virtudes en todas las naciones, mucho más lo es, -dice él, en los indios, que eran habituados y criados en el pecado de -la idolatría y en otros pecados, los cuales reverdecen y crecen con la -ociosidad, y por ésto fueron reprendidos ágriamente por el Señor, los -que fueron hallados ociosos todo el dia en el mercado; y Sant Pablo -dice: «El que no quiere trabajar no coma, etc.» La quinta proposicion, -que para evitar el dicho vicio de la ociosidad y los otros vicios que -della se siguen, era lícito que Su Alteza repartiese los indios entre -los fieles de buena conciencia y de buenas costumbres, los cuales, -allende de los ocupar, les enseñen las cosas de la fe y de las otras -virtudes; bien parece ser ésto lícito, porque los indios no conviene -que sean ocupados por otros de su misma nacion, que seria incurrir en -los inconvenientes que deseamos huir, é asimismo porque no podrán ser -enseñados por sus Caciques, que son ignorantes, como ellos, en las -cosas de la fe, de donde se sigue que han de ser puestos en manos de -quien los pueda aprovechar, ansí en la doctrina como en la ocupacion -y ejercicio, y desta proposicion, muy poderoso señor (dice el padre -fray Bernaldo), se sigue un corolario, que á mi parecer, ser necesario -á la seguridad de la conciencia de Vuestra Alteza, y es, que los -indios no han de ser dados indiferentemente á todos, sino á personas -calificadas, con tales cualidades, que se pueda conseguir el efecto -de la buena ocupacion y buena doctrina, que, para los indios, Vuestra -Alteza es obligado á procurar. La sexta es, que los fieles, á quien -los indios por el repartimiento fueren concedidos, son obligados á les -dar suficiente mantenimiento, y moderar sus trabajos de tal manera que -no sean exasperados, ni aborrezcan la fe, ni las buenas costumbres -de los fieles. La sétima es, que Vuestra Alteza les debe tasar los -trabajos y el mantenimiento, y darles propia hacienda, como á libres, -y casas, é imponerles en la policía conveniente á su capacidad, y pues -Dios les hizo merced de los traer al servicio de Vuestra Alteza, debe -procurar que sientan que no son siervos, sino libres debajo del yugo -de Jesucristo, nuestro Salvador. Y al presente, muy poderoso señor, -ésto es lo que se me ofrece en esta materia, mayormente que sé que -por lo que otros han escripto, está la materia asaz suficientemente -declarada, aunque en palabras breves. Resta agora satisfacer á algunas -auctoridades que á algunos les parece que hacen en contrario de lo -que habemos dicho, y especialmente á una auctoridad de Ezequiel, cap. -34, en que son los superiores reprendidos, que apacientan á sí mismo -de la leche del ganado, olvidando apacentar las ovejas; y, cierto, yo -no dudo, muy poderoso señor, sino que si Vuestra Alteza descuidase de -proveer de pasto espiritual á los indios, y de justicia y remedios -posibles para su salvacion, que la conciencia de Vuestra Alteza -podria tener escrúpulo, por la auctoridad sobredicha, en la cual se -dice: «Væ», que es señal de pena eterna en la Sagrada Escriptura. -Mas con la provision de los Prelados y otros predicadores, y con el -Consejo y justicia que Vuestra Alteza allá tiene, y con las ordinarias -provisiones que Vuestra Alteza acá me parece que hace, creo que es -libre de la maldicion de la dicha auctoridad. Asimismo dicen, que -los indios y todos los nuevamente convertidos han de ser tractados -con dulzura y libertad, lo cual prueban con muchas auctoridades, las -cuales todas son de conceder, si la dicha dulzura y libertad no empece -á la conversion y perseverancia de los indios; mas siendo verdad que -libertad absoluta daña á los indios, por su mala disposicion, como -probamos en la segunda proposicion, digo que las auctoridades no -harian al propósito, porque todas ellas hablan en caso que aproveche -la dulzura de la libertad, que, en la verdad, no hay otra libertad -verdadera, sino aquella servidumbre que nos estorba el pecado, el cual -verdaderamente nos hace siervos. A lo que dicen que el Papa Silvestre -y otros sanctos parece que han prometido y dado dones á los nuevamente -convertidos, digo, que este ejemplo presupone que los indios tengan -aficion á las riquezas, y habilidad para distinguir entre rico y -pobre, como lo tenian aquellos á quien Sant Silvestre hablaba, mas no -gozándose los indios con los dones, más que los perricos y corderos con -el bocado que bien les sabe, no há lugar el ejemplo. Dicen más, que -esta incapacidad que ponemos en los indios, contradice á la bondad y -potencia de su Hacedor, porque es cierto que, cuando la causa produce -efecto tal que no pueda consegir su fin, que es alguna falta de la -causa, y así, será falta de Dios haber hecho hombres sin capacidad -bastante para rescibir fe y para salvarse; y así, por cierto, yo creo, -que ninguno de sano entendimiento podrá decir que en estos indios no -haya capacidad para rescibir la nuestra fe, y virtud que baste para -salvarse y conseguir el último fin de la bienaventuranza. Mas yo -oso decir que hay en ellos tan pequeña disposicion de naturaleza y -habituacion, que, para traerlos á rescibir la fe y buenas costumbres, -es menester tomar mucho trabajo, por estar ellos en tan remota -dispusicion, y dado que reciban la fe, la naturaleza dellos no les -consiente tener perseverancia en la virtud, quier por ser insulares, -que naturalmente tienen ménos constancia, por ser la luna señora de -las aguas, en medio de las cuales moran los insulares, quien por -los hábitos viciosos, que siempre inclinan á actos semejantes; así, -de donde se sigue, que aunque ellos tengan capacidad para rescibir -la fe, no por eso se quita que no sea necesario tenerlos en alguna -manera de servidumbre, para mejor disponerlos y para constreñirlos á -la perseverancia, y ésto es conforme á la bondad de Dios, etc. Esto es -todo el parecer que dió el dicho padre fray Bernaldo de Mesa. - - - - -CAPÍTULO X. - - -En todo lo cual, que dicho ha, parece cuán bien informado fué de los -que desta isla en la corte á la sazon se hallaron, y cuánto crédito -les dió al abatimiento é infamia destas gentes, que todo cuanto en -estos capítulos dijo lo fundó en la inhabilidad, y cuasi aniquilacion -de hombres, quitándoles todo cuasi el ser humano, nunca habiendo -visto indio alguno, más de la relacion de los seglares que morian por -matallos, chupándoles por sus codicias la sangre, no curando de se -informar del padre fray Antonio Montesino, á quien debiera dar más -crédito, como á hombre religioso y letrado, y cognoscido en el reino -por tal, y de su Órden, que cognoscia los indios é iba de acá, y que no -pretendia interese temporal alguno, más de volver y defender aquestas -gentes inocentes, de todos desmamparadas, y de todos destruidas y -consumidas, sólo por la excesiva y ardiente llama del ambicion y -codicia de los de nuestra nacion, ántes buscó soluciones frívolas para -responder á las razones y auctoridades que el dicho padre fray Antonio -alegaba, y defender su error, concebido solamente de aquellos que en -cualquiera juicio meritísimamente fueran repelidos como capitales -enemigos, interesales, y lobos hambrientos despedazadores, con verdad -hablo, destas ovejas mansísimas, que, de tan inmenso número, habian -destruido y disminuido. Fuera bien preguntar á aquel padre, y yo se -lo preguntara cuando lo cognoscí despues, si supiera que tal parecer -habia dado, si los insulares de Inglaterra, y de Sicilia, y de Candía, -ó los más cercanos de España, los baleares, ó mallorquinos, fuera bien -repartillos entre otras gentes, porque la luna señorea las aguas. -Item, los de Normandía y parte del Delfinado, si los repartieron como -atajos de ganados, por razon de predicarles la fe ó poner en policía, -y otras virtudes dotarlos. No imaginó aquel padre, sino que las gentes -desta isla debian ser algunas manadas de salvajes de hasta 3 ó 4.000, -como ganado en alguna dehesa, que se podian repartir entre algunas -buenas personas para que las enseñasen, y de la vida salvaje reducillos -á vida y costumbres más urbanas; y si él no fuera tan crédulo á los -seglares, y cegarse ó cerrarse con sólo aquello que les referian, en -lo cual debiera estar recatado y sospechoso si á aquellos les iba -en lo que decian algo, debiera de interrogar (pues que la cosa era -de tan gran importancia, y á dar parecer sobre lo que no sabia se -determinaba), cuántas gentes habia en esta isla, y si tenian pueblos y -quien los rigiese y gobernase, y si vivian en paz, y si comian ó morian -de hambre, ó si vinieron los españoles á hartallos, y haciendo esta -inquisicion, hallara que en esta isla habia sobre tres ó cuatro cuentos -de ánimas, que tenian sus pueblos y poblaciones ordenadas, como habia -cinco Reyes, y cinco reinos principales, y otros infinitos señores que -á aquellos obedecian, la abundancia de los mantenimientos y las grandes -labranzas, con las cuales infinitas veces hartaron las hambres y dieron -las vidas á los holgazanes españoles, que de ociosos y holgazanes -los infamaron, como todo lo dicho queda en los libros superiores -asaz probado y declarado. Y cosa es ésta maravillosa, y con verdad -hablo, que ninguna gente del mundo jamás se vió tan ociosa, inútil, -ni holgazana, que los españoles que á esta isla vinieron y vienen, -y á todas estas partes, y que del vicio pestilencial que ellos son -maculados y señoreados, hayan tan falsamente y tan perniciosa á estas -gentes infamado. Estas gentes, como no pretendian más de naturalmente -vivir y sustentarse y no atesorar, lo que la perfeccion evangélica -reprueba y daña, y las tierras tenian tan felices y abundantes, que con -muy poco trabajo, todo lo necesario alcanzaban, todo el demas tiempo -en sus cazas, y pesquerías, y sus fiestas y bailes, y en ejercicios de -sus manos, en cosas que hacian harto delicadas, careciendo de hierro -y instrumentos, como en el primero libro, pero más largo y muy claro -en nuestra Historia apologética demostramos, se ocupaban, y así no -estaban del todo ociosos mano sobre mano; tenian tambien sus guerras -de cuando en cuando, unas provincias ó reinos con otros, sobre algunas -causas. Concedemos que, segun la diligencia y solicitud ferviente, -y infatigable cuidado que nosotros tenemos de atesorar riquezas, y -amontonar bienes temporales por nuestra innata ambicion y codicia -insaciable, que podrán ser aquestas gentes por ociosas juzgadas, -pero no segun la razon natural y la misma ley divina y perfeccion -evangélica, que, como dije, la parcidad y contentamiento, con sólo lo -necesario, destas gentes aprueba y loa, y nuestra ánsia y demasiada -soberbia, solicitud y codicia detesta, y da por condenada; y como á -gente acostumbrada á poco trabajar, por las razones dichas, viviendo -en abundancia, sobrevino tanta priesa y tanto cuidado de los españoles -por ser ricos, á lo cual se siguieron los intolerables trabajos como se -pasan en sacar oro, que son trabajos infernales, y los indios fuesen -forzados á pasar de un extremo á otro, juzgue quien quiera que sea, -si tuvieron razon de sentir los trabajos y tenerse por agraviados, -por lo cual se huian á los montes, como el buey ó la res huye de la -carnicería por instinto natural, cuanto más los hombres racionales que -habian experimentado su reposo, y trabajo para sí moderado, siendo -señores de sí mismos y de sus casas, y se vian puestos en tantos -tormentos y amarguras, de la vida pasada tan exorbitantes, y morir -para provecho de aquellos que cognoscian no tener otro fin, sino, por -haber oro, consumillos, gastallos y acaballos, y de aquesta huida de -aquella vida infernal y desesperada, nació y tomaron los españoles -su principio para de ociosos y holgazanes infamallos. Y porque se -conozca claro si tuvieron causa y razon de huir á los montes, é si -pudieran meterse debajo de la tierra y dentro de sus entrañas, y no -parezca que encarecer tanto los trabajos de las minas es cosa fingida -y demasiadamente exagerada, quiero traer aquí lo que dice Diódoro, -antiguo historiador y de mucho crédito entre los antiguos, de los -trabajos que trae consigo el oficio de sacar el oro, puesto que en -el libro II, cap. 3.º, queda tambien relatado. Cuenta en el libro -IV, cap. 2.º, que los Reyes de Egipto á todos los que cometian crímen -alguno digno de muerte, y á los enemigos que prendian en las guerras, -y á los que calumniaban falsamente á otros, y á los que, por ira del -Rey, eran condenados á cárcel, por pena los echaban á las minas á sacar -oro; á estos, porque por los trabajos intolerables no se huyesen, los -echaban en hierros, y poníanles soldados de diversas lenguas, que -con suma diligencia los guardaban, para que, no entendiéndose, unos -con otros no hablasen, y así no cobrasen amistad con alguno, y por -ruegos, ó por amor, ó compasion lo soltasen, á los cuales se daba -tanta priesa y tan importuno trabajo, que de noche ni de dia no se les -daba chica ni grande holganza. Sobre los trabajos añidíanles injurias, -afrentas, azotes y palos; allí no perdonaban á viejos, ni á mujeres, -ni á muchachos, y á niño y á cada uno daban su oficio, unos cavaban, -otros molian las piedras que suelen estar con el oro entrañadas. -Andaban todos desnudos sin tener con que sus partes secretas se -tapasen, todos sucios y enlodados, tanto, que ninguno los via, que -tuviese alguna parte de humanidad, que de tanta calamidad no hobiese -lástima, porque ninguna piedad, ningun descanso, ninguna holganza se -les daba, que fuese viejo, que estuviese enfermo, que la fiebre ó otro -dolor y mal le fatigase, fuese mujer ó hombre, con carnes ó flaco, -ninguna misericordia con ellos se usaba, ántes con palos y azotes al -continuo trabajo eran forzados, hasta que de flaqueza y angustia los -desventurados echaban el ánima; muchos, por temor de vivir vida tan -amarga, escogian la muerte por más descanso, y así se mataban. Así lo -dice Diódoro: _Ægipti enim reges crimine damnatos, omnes ac ex hostibus -captos, insuper ob aliquam falsam calumniam aut regum iram in carcerem -detrusos, auro effodiendo deputant, simul sumpta facinorum pæna, et -magno quæstu ex eorum labore percepto, illi compedibus vincti, magnus -hominum numerus absque ulla intermissione die nocteque exercentur, -nulla neque requies concesa; omnique ablata fugiendi facultate, nam -barbari milites diversa invicem lingua, eorum custodiæ præsunt, quorum -nullus sermonis comercio sublato aut precibus aut amore potest -corrumpi._ Et infra: _Ab hoc labore nunquam conquiescunt, contumeliis -verberibusque ad continuum opus coacti._ Et parum infra: _Omnibus -horum corporis illuvies neque veste ulla operiente pudenda, nemo est -quin eo aspectu fedo tetroque motus, tantæ misereatur calamitatis. -Sed nulla pietas, nulla requies, nulla venia illis datur, sive æger, -sive febricosus, sive senes, sive feminæ debiles fuerint, sed plagis -omnes ad continuum opus coguntur quoad miseri ex debilitate deficiant. -Sunt qui timore futuræ vitæ, quæ presenti putant pena deteriorem, -mortem vitæ preferant._ Y porque más copiosamente se pruebe qué vida -y descanso suceda el oficio de sacar oro á los que lo sacan, quiero -tambien traer aquí lo que el mismo Diódoro, libro VI, cap. 9.º, refiere -que con esta obra y ejercicio padeció España. Despues que los romanos -sojuzgaron á España, los italianos, con ánsia de se enriquecer, como -lo hicieron, entrar en la misma granjería acordaron; compraron gran -copia de esclavos españoles que habian captivado los romanos, y -metiéronlos en las minas de oro y plata; los esclavos que en aquellas -minas trabajaban traian á sus señores grande ganancia, mas como de dia -y de noche ocupados estuviesen en los trabajos, muchos morian por el -demasiado y excesivo trabajo, como quiera que ninguna holganza se les -daba, ántes, con azotes y palos, al continuo ejercicio los forzaban, -y muy raros eran los que vivian vida larga, sino eran los que de -fuerzas y vigor del ánimo hacian á los otros alguna ventaja, á los -cuales, empero, la muerte, mucho más que la vida, por la grandeza de la -miseria, era deseada. _Postea cum Romani Iberiam subegissent, Italici, -qui lucri cupiditate id sibi opus sumpsere, maxime ex eo ditati sunt; -emptam enim servorum copiam ad effodienda metalla deputant, qui variis -locis metallorum venas scructati._ Et infra: _Servi qui ad hæc metalla -deputati sunt, incredibilem quæstum afferunt dominis, verum cum die -noctuque in labore perseverent, multi ex nimio labore moriuntur, -cum nulla eis ab opere detur requies, aut laboris intermissio, sed -verberibus ad continuum opus coacti, raro diutius vivunt. Robustiori -quidam corpore et animi vigore, plurimum temporis in ea versantur -calamitate, quibus tamen ob miseriæ magnitudinem mors est vita -optabilior._ Yo digo verdad, como cristiano, que lo mismo que Diódoro -dice en estos dos ambos lugares, sin alguna cosa faltar, se cumplió y -cumplia en las gentes desta isla que traian los españoles en las minas, -y así, porque huian desta pestilente calamidad, decian los españoles -que de haraganes y ociosos lo hacian; y ésto entendió y creyó el padre -fray Bernardo dellos mismos, más de lo que debiera, y por eso trabaja -en su parecer dar remedio para que no estén ociosos los indios. - - - - -CAPÍTULO XI. - - -Debiera tambien considerar el padre fray Bernardo, habiendo primero -hecho la dicha indagacion é interrogacion, que pues tenian sus pueblos -y grandes poblaciones, y tenian sus Reyes y señores muy grandes, y de -grande tierra, y gentes y señorío, y vivian en paz, y tenian tanta -abundancia de provisiones, y cada uno estaba contento con lo suyo, que -aquesto era señal de guardarse entre ellos justicia, porque la paz y -sosiego de los pueblos, y vivir cada uno seguro, y ser señor de lo -suyo, donde concurre multitud de gente, no suele conseguirse sino donde -hay órden y justicia, segun el Filósofo, y tambien Sant Agustin lo -afirma y es claro de sí. Pues donde hay Reyes y señores, y obediencia -grande á ellos, y hay órden, justicia y paz, y cada uno está en su -casa seguro, contento con lo que tiene, y ésto tiene en abundancia -para sustentar la naturaleza humana, y cada dia crece la gente, como -estas naciones crecian en inmenso, y las vimos con nuestros ojos ser -sin número, no debia ser desordenada ni mala su policía; y si contenia -su policía todas las partes que están dichas, como es verísimo y fué -manifestísimo, y á una voz todos lo confiesan, muertos y vivos, que -ninguno lo niega, áun los que no lo vieron, por ser cosa manifestísima, -despues áun de asolada esta isla, no tenian falta de entendimiento, -ni por consiguiente eran siervos por natura por ello, y tampoco por -la naturaleza de la tierra, ni por el aspecto del cielo, como los -destruidores dellos levantaron, y el padre fray Bernardo, dándoles -algun crédito, en su proposicion segunda dice; y fué harto demasiado, -y temerario en lo que en la postrera solucion que dió, dijo, afirmándo -lo que nunca vido ni supo, conviene á saber, que osaba decir haber en -los indios tan pequeña dispusicion de naturaleza, que, para traerlos á -la fe y buenas costumbres, era menester tomar mucho trabajo, por estar -en tan remota dispusicion. Mala, y no prudentemente dicho; y bien dijo -que osaba decir, porque osar decir es atreverse, y el atrevimiento -importa vicio digno de reprension, donde parece cuánto crédito dió á -los capitales enemigos de los indios. Esto es verdad, cierto, que tanto -entendimiento y capacidad tenian las gentes desta isla, cuanto les era -necesario para regirse y bien regirse, así los particulares vecinos -para regir sus casas, como los Reyes y señores para gobernar sus -pueblos, repúblicas, reinos y señorios, cuanto sin fe y cognoscimiento -del verdadero Dios se pudo hallar entre otras muchas naciones, en lo -cual, á muchas otras excedieron; y si fuéramos nosotros tan dichosos, -que, como Dios nos dió noticia dellos para que á ellos y á nosotros -salvásemos, los instruyéramos segun cristianos debiamos, por su buena -innata y natural complexion é inclinacion, en cristiandad y virtudes -morales, y pacífica, y ordenada policía, hicieran ventaja á muchas -gentes del mundo, pero, por nuestros grandes pecados de ambicion, -crueldad y cudicia, no fuimos dignos. Faltó tambien el dicho padre fray -Bernardo en no considerar que, pues aquestas gentes tenian sus Reyes y -señores, ¿con qué derecho y con qué conciencia podian ser despojados -de sus estados y señoríos? lo cual supone en su tercera proposicion, -no haciendo mencion alguna dellos, sino llamando Príncipe que era el -rey de Castilla, tratando de los tributos; y aunque confesamos que el -rey de Castilla y Leon, por la concesion de la Sede apostólica, para -fin de convertir aquestas gentes es Príncipe soberano en todo aqueste -orbe, pero no por eso se sigue que sean privados de sus estados y -señoríos los Reyes y señores naturales destas gentes, porque ésto -seria desbaratar todas las policías humanas, y escandalizar y turbar -el mundo, y así contra ley natural y divina, como en nuestro libro, -_De unico trahendi modo universas gentes ad veram religiones_, habemos -evidentemente probado y declarado; y la ignorancia ha hecho caer en -grandes y perniciosos errores á muchos, y no se escapó dellos el padre -fray Bernardo, y así debiera de hacer cuenta de los señores naturales, -cuando hablaba de dar tributo al Príncipe. Erró tambien no ménos en -decir que los indios eran obligados á dar servicios personales al -Rey, suponiendo una cosa falsa, que estas gentes no tenian riquezas -naturales. Manifiesto es que las riquezas naturales, segun el Filósofo -en su libro de la Política, no son otra cosa sino las labranzas y -frutos que dá la tierra, con que naturalmente, sin oro y sin plata, -nos sustentamos y vivimos, y destas, más ricos los hallamos y eran, -que otras muchas naciones, por la abundancia que de labranzas y -mantenimientos tenian, como ya queda probado y muchas veces dicho, y -bastaba dar destas por tributos al Rey, segun el padre fray Bernardo -dice deber al Príncipe. De las artificiales riquezas, que son oro y -plata, ni las tenian ni eran dignas de ser tenidas, pues la perficcion -evangélica, y áun la verdadera y natural filosofía, las estima por -estiércol, y por tanto no se les puede dar á estas gentes carecer -dellas por vicio; y bastábales, y áun sobrábales, para cumplir con el -Príncipe, tener en sus tierras muy ricas minas, y dar lugar y conceder -el Rey, en cuya tierra y señorío estaban las minas, que si el Príncipe -queria allegar muchas artificiales riquezas, enviase gente de Castilla -que las cavase y sacase de las minas, porque ni por la concesion -apostólica perdieron los Reyes las minas, ni cosa alguna de las que -justamente dentro de sus reinos y provincias poseian. Y más añidimos, -que los súbditos indios de los Reyes naturales desta isla, ni de las -demas, no eran obligados á dar tributo cada uno al rey de Castilla, su -Principe, sino los Reyes naturales bastaba que diesen ciertas parias, -ó ciertas joyas, ó otras cosas, por chicas y de poco valor que fuesen, -para en recognoscimiento de su universal señorío; y con ceder ó abrir -mano de las minas y las salinas, y otros derechos generales que parece -ser derechos reales del Príncipe, habian mucho más de lo que debian -con el Príncipe cumplido: y esta algarabía, no le ocurrió al padre -fray Bernardo en aquellos dias. Y lo que no carece de gran sospecha, -que quisiese aquel padre agradar al Rey más de lo que debia, es lo -que concluyó en su proposicion tercera, que pues los indios no tenian -riquezas naturales ni artificiales, que el servicio que debian dar era -con las personas en aquello, en las cosas que más convinientes fuesen -á su Rey y señor; palabra inícua y horrible, dentro de la cual estuvo -incluido para estas gentes el cruel cuchillo, el cual al cabo los -degolló y consumió á todos, como se ha visto, porque allí parece dar á -entender que los podia echar á las minas, como parecerá despues en las -leyes que por este parecer y por otros semejantes se hicieron. Faltóle -otra consideracion al dicho padre fray Bernardo, y hizo no chica -ceguera y gravísimo error en la quinta proposicion, diciendo que era -lícito al Rey repartir los indios entre los fieles de buena conciencia, -para evitar que los indios no estuviesen ociosos, y aquellos fieles -tuviesen cargo de los ocupar y de enseñallos en las cosas de la fe, y -en las otras virtudes. Ya dije arriba que debia pensar aquel padre que -los indios desta isla debian ser cuales que 3 ó 4.000 descarriados, -como los ganados del campo, porque si toda España viniera acá para -que se les repartieran los indios, era poca segun el infinito número -habia de gente en esta isla; y agora digo, que debia tambien pensar -que los españoles que acá pasaron y pasan eran y son ermitaños, y que -venian y vienen por acá para dejar el mundo y recogerse á vivir por -las montañas. Y cuánto en aquella quinta proposicion haya errado aquel -padre, parece, lo primero por lo que acaba agora de decir; lo segundo, -en contradecirse diciendo arriba, en la segunda proposicion, que no -halla por qué los indios son siervos por ninguna razon de servidumbre -civil, sino libres, y que como súbditos y vasallos los debia tener y -estimar el Rey, y en la quinta los hace todos esclavos, diciendo que -los deben repartir, porque, ¿qué libertad pueden tener los hombres -repartidos, subjectos noches y dias al mando y voluntad de otro -inmediato, y que siempre tienen sobre sí, el cual los ha de ocupar en -trabajos continuos, y mayormente los trabajos mortíferos de las minas? -Item, si siempre habian de estar subjectos á la voluntad de aquellos -á quienes fuesen repartidos y ocupados, poniéndolos en los dichos -trabajos, ¿cómo dice en la sétima, que el Rey debe mandar que tengan -propia hacienda y casas, é imponerlos en policía? Y ¿qué policía se -puede poner á los hombres repartidos de 20 en 20, y 30 en 30, y 50 en -50, como se hizo? Y si Dios les hizo merced de traerlos al servicio -de Su Alteza, como dice, ¿cómo se les puede dar á sentir que no son -siervos, sino libres debajo del yugo de Jesucristo, sacándolos de sus -tierras, pueblos y casas, quitándoles sus naturales señores, y viéndose -repartidos y forzados á servir en los trabajos que se han dicho, y áun -llevando un español los padres, y otros las mujeres, y otro los hijos, -como acaecia cada dia? Parece, cierto, quimera, lo que aquel padre fray -Bernardo en su parecer dijo. Mas lo tercero, se muestra su error en -aquella su quinta proposicion, en que hacia á los seglares apóstoles y -doctores de los indios; veamos, ¿son indóneos predicadores de infieles, -que han de ser enseñados desde los primeros rudimientos y principios de -la fe, y que hablan su lengua oscurísima y distintísima de todas las -que en el mundo ha habido, y que para sabella y penetralla se requiere, -como es necesario para predicalles la fe, no tener otro negocio y -emplear en ello toda su vida, los seglares que vienen rabiando y -hirviendo en cudicia de ser ricos, y los más, quizá, pospuesta toda -razon y toda ley, con propósito de haber lo que desean, sin diferencia -de lugar ni de persona, ni de modo, sino como lo pudieren haber? Item, -¿son idóneos predicadores los seglares, ya que las lenguas y lo demas -tuviesen, y á sola la conversion destas gentes, de Castilla viniesen, -que por la mayor parte ni saben el credo, ni los mandamientos, ni lo -que para su salvacion necesario les es? Más, ¿son idóneos apóstoles -y doctores de las gentes simplicísimas, infieles, que por la mayor -parte, al ménos los destas islas, vivian segun la ley natural, los -seglares que, por la mayor parte, y sacando muy poquitos, y quizá no de -ciento uno, vimos vivir vida profanísima y llena de todas maneras de -vicios, que los aires, cuanto más los simples ánimos y costumbres de -los infieles, que eran como tablas rasas, para pintar en ellos lo que -quisiéremos, corrompian? Y esto es verdad, que acaecia decir el indio, -«pese á tal,» y reprendelle alguna persona que lo oia, y responder el -indio: «¿pues ésto es malo? ¿no lo dicen los cristianos?»; y así de -los otros malos ejemplos y vicios. De aquí es el grande engaño que -los Reyes, entre otros, rescibieron, y tambien los letrados que en la -junta primera, que arriba se dijo, se ayuntaron, que determinaban, -que, para ser los indios más presto cristianos, se diese manera para -que siempre tuviesen con los españoles conversacion. Esto es verdad, -que segun lo que en aquellos tiempos por nuestros ojos vimos, y lo que -despues por muchos años habemos experimentado, que se debe tener por -regla cierta moral, que para que los indios de todas estas Indias sean -cristianos, es necesario que nunca tuviesen conversacion, ni viesen, -si posible fuese, á ninguno de todos ellos, por la corrupcion que con -sus malos ejemplos les causan; y escriptóseme há por persona religiosa, -prudente y letrado, y bien experimentado, que tiene por cierto que el -mayor milagro que Dios en aquellas tierras hace, es que los indios -crean y resciban nuestra fe, viendo las obras de los nuestros viejos -cristianos: y así, parece la ceguedad de aquel padre, que hacia -apóstoles de los indios, repartidos entre ellos, á los seglares. Lo -cuarto, parece su yerro no por ambajes, porque para que alguna ley -se instituya y ponga á los hombres, en ellos dos condiciones son -necesarias; la una, que sea pueblo ayuntado, porque la ley es precepto -comun, y que para el bien comun es ordenado; la otra, que los hombres -vecinos del pueblo tengan libertad con efecto, y no de palabras, porque -los siervos, como estén á mando y disposicion de otro, no son parte de -pueblo ni de ciudad á quien la ley comun se deba de dar, como prueba -el Filósofo en el tercero de su «Política»; y por esta causa no dió -Dios la Ley vieja en tiempo de Abraham, porque no era pueblo, ni en -tiempo de la captividad de Egipto, aunque los hebreos habian en inmenso -multiplicádose; pero dióseles cuando era pueblo, y salidos de Egipto, -donde gozaron de su libertad. Nunca hobo religion en el mundo, ni ley -se dió á gente alguna, que tanto requiriese ser pueblo y gozar de -libertad los que la han de recebir, como la religion cristiana y Ley -evangélica, por el ejercicio frecuente, activo y pasivo de los Sanctos -Sacramentos, en los cuales siempre se han de ocupar; y así al propósito -parece, que si halláramos estas gentes desparcidas como vacas por -los campos, para instruillas en la fe y dalles la ley de Cristo era -necesario que los juntáramos y hiciéramos pueblos dellos, como ellos -estaban, y si fueran todos esclavos, los habiamos de poner en libertad; -pero no lo hicimos así, ántes, hallándolos en pueblos y poblaciones -grandes, viviendo en policía y ordenados, los desparcimos, haciendo -á ellos manadas como de ganados, repartiéndolos, á uno 20, y á otro -30, etc., como dejamos probado. Hallámoslos en grande y conveniente -sosiego y libertad, subjectámoslos, hechos, cierto, mucho más captivos -que jamás fueron esclavos; y á este fin se ordenó el parecer que tan -inconsideradamente dió aquel padre, por no acertar en la teología y áun -filosofía moral, clara y razonable, que hallára en Sancto Tomás, _Prima -secundæ, quæst._ 98, art. 6.º, y en la tercera parte, _quæst._ 70, si -la buscara. - - - - -CAPÍTULO XII. - - -Otro predicador del Rey, que fué aquel licenciado Gregorio, que -arriba dijimos haberse con los letrados juntando y hecho las siete -proposiciones en el cap. 8.º asentadas, dió tambien su parecer, harto -diforme de la moderacion que las proposiciones mostraban, y muy á -la clara quiso mostrar su ignorancia y temeridad, en perdicion de -los indios y en favor del ambicion y cudicia de los que cada hora -le hablaban, que desta isla en la corte su condenacion negociaban. -Este dijo así: «Muy alto y muy poderoso Señor: Ví una informacion que -á Vuestra Alteza escribió un padre religioso de la órden de Sancto -Domingo, cerca de la subjeccion que tienen á Vuestra Alteza los indios -de la isla Española, y en ella prueba que Vuestra Alteza no se puede -servir dellos de mandarlos que sirvan á los cristianos de España en -cavar y sacar oro, porque son libres, y por tales Vuestra Alteza -los ha tenido, y así los nombra, y no siervos; y pruébalo por una -auctoridad de Ezequiel, en el cap. 34, la cual trae Sancto Tomás en -un libro que hizo _De Regimine Principum_, en el libro III, cap. 10 y -11; y porque por parte de Vuestra Alteza me fué mandado que yo dijese -mi parecer, lo diré aquí. Y para declaracion de la verdad presupongo -lo que Aristóteles dice y todos los doctores; que hay dos maneras de -principado, uno es real, y otro es dominico ó despótico, el primero es -gobernar libres y súbditos, para el bien y utilidad dellos, el segundo -es como de señor á siervo, y, aunque Vuestra Alteza sea Rey y tenga el -justo dominio de las Indias, digo que puede muy bien y justamente, como -señor, gobernarlos, y que sirvan por su mandado á los cristianos de la -manera que sirven, con tanto que sean bien tractados y gobernados; -y pruébolo brevemente y por la misma auctoridad que el dicho padre -religioso alega de Sancto Tomás, en el libro III del Regimiento de los -Príncipes, en el cap. 11 cuasi en fin: _Interdum enim dum populus non -cognoscit beneficium boni regiminis expedit exercere tiranides, quia -et hæc sunt instrumentum divinæ justitiæ, unde et quædam insulæ et -provinciæ (ut historiæ narrant) semper habent tirannos propter malitiam -populi, quia aliter nisi in virga ferrea regi non possuit. In talibus -ergo regionibus sic discolis, necesarius est regibus et principibus -principatus despoticus, non quidem juxta naturam regalis dominii, -sed secundum merita, et pertinacias subditorum: et ista es ratio -agendi in libro de Civitate Dei, et Philosophus in tertio Politicæ, -ubi distinguit genera regni, ostendit apud quasdam barbaras nationes -regale dominium esse omnino despoticum, quia aliter regi non posunt._ -Donde parece que, por la malicia y barbaria dispusieron del pueblo, -se pueden y deben gobernar como siervos. Esto mismo dice Aristóteles -en el libro I, de República, tít. II, cap. 2.º, donde, segun los -exponentes, allí, dicen, que entónces la gobernacion dominica, _id -est_, tiránica, es justa, donde se hace en aquellos que naturalmente -son siervos y bárbaros, que son aquellos que faltan en el juicio y -entendimiento, como son estos indios, que, segun todos dicen, son como -animales que hablan. Esto mismo infieren los doctores sobre el primer -libro de República, donde dicen que los siervos naturalmente, como los -bárbaros y hombres silvestres que del todo les falta razon, les es -provechoso servir á señor sin ninguna merced ni galardon. Item, hace -para nuestro caso lo que Scoto dice en el libro IV, en la distincion -treinta y seis, art. 1.º, donde, poniéndoles modos de servidumbre, -dice, que el Principe que justamente es señor de alguna comunidad, si -cognosce algunos así viciosos que la libertad les daña, justamente -les puede poner en servidumbre; pues así es que estos indios son muy -viciosos y de malos vicios, son gente ociosa, y ninguna inclinacion ni -aplicacion tienen á virtud ni bondad, justamente Vuestra Alteza los -puede y tiene puestos en servidumbre. Ni obsta que Vuestra Alteza los -llame libres, y la Reina de gloriosa memoria, porque su intincion fué -y es, declarar que no fuesen así siervos que se pudiesen vender, y que -ninguna cosa pudiesen poseer, pero en disponer y mandar que sirviesen -á los cristianos, quiso ponerlos en una servidumbre cualificada como -es ésta, ó cual les convenia, pues la total libertad les dañaba; -mayormente que es medio muy más conveniente para rescibir la fe, y -continuar y perseverar en ella, comunicando y participando con los -cristianos, que dejándolos apartados dellos en libertad, donde luégo -se tornaran á la idolatría y vicios que primero tenian. Item, hace -para corroboracion desto lo que dice Agustino de Anchona, en su libro -_De Potestate Papæ_, y tráelo el arzobispo de Florencia en su tercera -parte, donde dice, que, aunque el Papa ni otro señor no pueden punir á -los infieles por razon de la infidelidad que tienen, queriendo ellos -obedecer, y no haciendo daño á los cristianos, pero á los que pecan -pecados contra natura, los puede punir porque resciban la ley natural, -y haciendo contra ella pueden ser punidos; y como idolatría sea contra -razon y ley natural, por razon de la idolatría pueden ser punidos -y castigados, y pues estos indios fueron idólatras pudo justamente -Vuestra Alteza castigarlos, con pena de servidumbre cualificada como -es ésta, mayormente que estos indios no tienen con qué dar tributo á -Vuestra Alteza, que le deben por razon de ser su Rey y señor, sino -por esta manera, y por tanto, me parece que es justo lo que Vuestra -Alteza manda, con tanto que sean bien tratados y mantenidos, y para -esto mande Vuestra Alteza poner mucha vigilancia y visitadores que -los visiten cómo son tratados, puniendo y castigando á los que en -contrario hicieren, y quitándoselos á quien no los tractare, y no debe -mandar Vuestra Alteza hacer otra innovacion: y ésto, so correccion -del que mejor sintiere.» Todo esto dió por su parecer aquel venerado -licenciado Gregorio, el cual no parece por todo él sino que, quedar -los indios en la servidumbre mortífera en que estaban, era su propio -negocio, y le iba en ello la salvacion de su ánima. Pareció tambien su -aficion depravada, en que un dia, ó estando en consejo ó delante de -algunas personas graves, si no me he olvidado, tomando y defendiendo -el negocio por suyo, afrentó al susodicho padre fray Antonio Montesino -de palabra, resistiendo á lo que el padre por los indios decia. «Yo -(dijo él) os mostraré por vuestro Sancto Tomás, que los indios han de -ser regidos _in virga ferrea_, y entónces cesarán vuestras fantasías.» -El dicho padre le respondió: _Juxta stultitiam suam ne sibi sapiens -esse videretur_, como dice Salomon, proverbio 26. Asaz parece como -los matadores de los indios lo tenian bien persuadido y ganado, pero, -¿qué escusa terná éste y los demas, ánte el juicio de Dios, que sólo -por dar crédito á los tiranos, sin haber visto ni sabido cosa de los -indios, y desechar, no queriendo ser informado de la verdad que traia, -el religioso y padre fray Antonio, que no pretendia más de volver por -Dios y por aquestas infelices gentes desmamparadas, ántes lo afrentaba -para acobardallo, tomando el negocio por suyo, dejase el Rey, por -parecer deste y de los demas, los indios en la tiranía que padecian sin -remediallos, donde al cabo se acabaron? Bien creo yo que ningun cuerdo -cristiano quisiera, por todo el mundo, haber sido el que llevase á la -otra vida este cargo. Y aunque, por lo respondido al parecer del padre -fray Bernardo, queda confundido el deste venerable licenciado, todavía -quiero, tocando algunos puntos, responder á las auctoridades y razones -que él da, brevemente, y primero á la auctoridad de Sancto Tomás, en -el libro _De Regimine Principum_. Decimos que no entendió, ó ciego de -la informacion que le habian hecho los enemigos y opresores de los -indios, y afeccion que les tuvo para favorecellos contra los opresos, -no pudo entender la intencion de Sancto Tomás, aplicándola inepta y -harto impropiamente á los indios, que no les convenia más que al negro -el nombre de Juan Blanco; la razon es, porque Sancto Tomás habla de las -gentes soberbias, duras de cerviz é indómitas, y que muchas veces se -rebelan contra la obediencia de sus Reyes y señores, por lo cual, para -que no busquen novedades y se levanten, los cargan de tributos, pechos -y exacciones, y los rigen con gran rigor para metelles en miedo y en -cuidado y ocupallos en que hagan servicios grandes, lo que no harian -ni podrian justamente los tales Reyes hacer, si ellos fuesen humildes -y pacíficos y blandos en obedecer; y desta manera, el principado real -se les convierte á aquellos en despótico y servil ó dominativo, no -segun la naturaleza dél que es benigno y blando y para provecho del -pueblo, no imponiéndole sino lo justo y no más, sino segun la malicia -y protervia de aquellos, porque no podrian en otra manera ser bien -regidos, por su protervia, soberbia, dureza y mala disposicion, y áun -á estos tales, primero se ha de poner gobernacion de libres, y cuando -aquella y beneficio della no cognociesen, siendo protervos, inquietos y -mal asentados, entónces se les habia de imponer la despótica y tiránica -para su mal: y ésto es lo que allí dice Sancto Tomás de los judíos, -que porque no cognoscieron el beneficio de Dios que inmediatamente -los gobernaba y pidieron Rey, merecieron oir las leyes tiránicas que -se ponen en el primero de los Reyes, cap. 8.º, y desta hechura fueron -los de la isla de Sicilia y otras que apunta Sancto Tomás, aunque no -las señala pero parece por las historias. Las gentes, pues, desta -isla y de las cercanas á ella, eran mansísimas, humílimas, pacíficas, -obedientísimas como todo el mundo sabe y clama, y los mismos que las -destruyeron lo publicaban, y desto las alababan; ¿cómo les podria -convenir la gobernacion despótica, servil, onerosa, rigurosa y -tiránica de que Sancto Tomás habla?, porque, segun el Sancto Doctor -y el Filósofo, y la misma razon lo dicta y enseña, la gobernacion se -ha de adaptar y conformar con la condicion y dispusicion de la gente -que ha de ser gobernada. Luego engañado y errado y aficionado fué el -licenciado Gregorio, y no entendió, ó no quiso entender la intencion -y palabras de Sancto Tomás. Item, fuera bien preguntar al licenciado -Gregorio, y que él respondiera, y si yo cuando lo cognoscí hobiera -visto su parecer, quizá se lo preguntara, ¿si supo que á las gentes -desta isla ó islas se les hobiese puesto otra mas blanda, humana y -benigna gobernacion, la cual no cognosciendo, se hicieron indignos -della, por ser protervos y duros de cerviz, y les pusieron la dominica -y tiránica que padecian, ó si, desde el dia que los españoles entraron -en ella, los trataron como tigres y lobos hambrientos y feroces, -entrando en aprisco de mansas ovejas?; ésto notorio es, y así parece -la ceguedad, ó temeridad del licenciado Gregorio. A la auctoridad que -alega del Filósofo, en el primero de la Política, se responde, que -ignoró el licenciado Gregorio cuatro diferencias que hay de bárbaros, -que tenemos declaradas en el fin de nuestra Apologética historia, y de -la que habla el Filósofo allí no conviene ni tiene que hacer con estas -gentes, puesto que sean bárbaros, porque aquellos son silvestres, sin -casas y sin pueblo, y sin obediencia, y sin Rey quien los gobierne, -amigos de guerra y que hacen mal á otros como allí parece por el -Filósofo. Lo que trae del Scoto más es contra él, porque el Scoto -tracta que el que gobierna puede condenar á servidumbre y ser esclavo, -así como á muerte natural, á algunos hombres viciosos y que son nocivos -á la república, uno ó dos, ó tres ó pocos, pero no á todo un reino -podria hacer esclavos, sino que el que tuviese justa guerra contra -aquel reino podria lo punir de otra manera en tributos y exacciones, -pero no en servidumbre como de la que aquí tractamos, en que los indios -perecian. Fuera bien que respondiera el licenciado Gregorio, ¿en qué -habian ofendido estas gentes á los españoles, ó á otra persona alguna, -para que á tal servidumbre ni á otra alguna, por liviana que fuese, -los condenasen? Item, ¿cómo cognosció el licenciado que la libertad -les dañaba, sino por los falsos testimonios que los que los mataban, y -al cabo mataron, les levantaron? Y sino obstaba llamallos el Rey y la -Reina libres, ¿aquel vocablo libres qué les prestaba, pereciendo en las -minas y en los otros trabajos? No los llamaron libres declarando que -no se podian vender, como dice el licenciado, sino porque los tuvieron -por tan libres como á los españoles, sus vasallos, como parece en el -libro II, en fin del cap. 14, y en siete proposiciones que hicieron -los letrados, puestas en el capítulo 8.º, porque no podian justamente -por otro nombre llamallos, ni de otra manera ni gobierno gobernallos -ni tractallos. Lo que más dice que el Papa los pudo condenar á -servidumbre por la idolatría, es un gran disparate, y como á muy claro, -para entre letrados, de responder á ello no curamos; y cuanto á éste su -parecer tan errado cesemos de decir más, dejándolo por más que vano, -aunque hizo harto daño como parecerá. - - - - -CAPÍTULO XIII. - - -Por estos pareceres destos letrados y predicadores, y otros que se -pidieron á los españoles que á la sazon estaban en la corte, y la suma -diligéncia que estos tuvieron, informando cada dia y cada hora á los -del Consejo y á los demas que entraban en las juntas que se hacian, -como frailes teólogos, conviene á saber, de Sancto Domingo, acordaron -los del Consejo que para ello el Rey mandaba entrar, de hacer leyes, -supuestos y determinados ya, como fundamento, que los indios convenia -que estuviesen repartidos, para que fuesen convertidos y bien tratados, -ignorando que la raíz de la llaga mortal que mataba los indios é -impedia que fuesen doctrinados, y cognosciesen á su Dios verdadero, era -tenerlos los españoles repartidos, y que, aquesto supuesto, ninguna -ley, ninguna moderacion, ningun remedio bastaba ni se podia poner para -que no muriesen, y la isla, como se despobló, se yermase. Y estas -leyes fueron generales para todas estas islas y tierra firme, aunque -no habia españoles sino en esta Española y Sant Juan y la de Jamáica, -pero á todas las demas, con tierra firme, parece que por ellas ya -condenaban, suponiendo que todos los vecinos naturales dellas habian -de ser repartidos y á los españoles encomendados. Destas leyes, que -fueron treinta y tantas, para que en breve digamos sus calidades, -unas fueron, y todas las mas, inicuas y crueles, y contra ley natural -tiránicas, que con ninguna razon, ni color, ni ficcion pudieron ser por -alguna manera excusadas; otras fueron imposibles, y otras irracionales -y peores que barbáricas; finalmente, no fueron leyes del Rey, ántes -fueron de los dichos seglares, enemigos capitales, como se ha dicho, -de los inocentísimos indios, que á la sazon en la corte, negociando -el captiverio, la perdicion y vastacion de los tristes indefensos, -estaban. Esto por ellas mismas se cognoscerá; y comenzando por el -prólogo, se adivinará sin trabajo en qué reputacion y estima pusieron -aquellos buenos cristianos á los indios ante el Rey. Comienza, pues, el -prólogo así: - -«Doña Juana, por la gracia de Dios, reina de Castilla, etcétera: Por -cuanto el Rey, mi señor y padre, é la Reina, mi señora madre (que -haya sancta gloria), siempre tuvieron mucha voluntad que los Caciques -é indios de la isla Española viniesen en cognoscimiento de nuestra -sancta fe católica; y para ello mandaron hacer é se hicieron algunas -ordenanzas, así por Sus Altezas, como, por su mandado, el comendador -Bobadilla, y el comendador de Alcántara, gobernadores que fueron de -la dicha isla Española, é despues D. Diego Colon, nuestro Almirante, -Visorey é Gobernador della, é nuestros oficiales que allí residen; -y segun se ha visto por luenga experiencia, diz que, todo no basta -para que los dichos Caciques é indios tengan el cognoscimiento de -nuestra fe, que sería necesario para su salvacion, porque de su -natural son inclinados á ociosidad é malos vicios de que nuestro -Señor es deservido, y no á ninguna manera de virtud ni doctrina, y -el principal estorbo que tienen para no se enmendar de sus vicios, é -que la doctrina no les aproveche, ni en ellos imprima ni la tomen, es -tener sus asientos y estancias tan léjos como los tienen é apartados -de los lugares donde viven los españoles, que de acá han ido y van á -poblar á la dicha isla; porque, puesto que al tiempo que los vienen á -servir los doctrinan y enseñan las cosas de nuestra fe, como despues de -haber servido se vuelvan á sus estancias, con estar apartados y la mala -intencion que tienen, olvidan luégo todo lo que les han enseñado, y -tornan á su acostumbrada ociosidad y vicios, y cuando otra vez vuelven -á servir, están tan nuevos en la doctrina como de primero, porque -aunque el español que va con ellos á sus asientos, conforme lo que -allá está asentado y ordenado, se lo trae á la memoria y los reprende, -como no le tienen temor no aprovecha, y responden que los deje holgar, -pues para aquello van á los dichos asientos, y todo su fin y deseo -es tener libertad para hacer de sí lo que les viene á la voluntad, -sin haber respeto á ninguna cosa de virtud; y viendo que ésto es tan -contrario á nuestra fe, y cuánto somos obligados á que por todas vías -y maneras que ser pueda se busque algun remedio, platicado con el Rey, -mi señor y padre, por algunos del mi Consejo é personas de buena vida -y letras y conciencia, habida informacion de otros que habian mucha -noticia y experiencia de las cosas de la dicha isla, é de la vida y -manera de los dichos indios, pareció que lo más provechoso que al -presente se podria proveer, sería mandar las estancias de los Caciques -é indios cerca de los lugares y pueblos de los españoles, por muchas -consideraciones, porque por la conversacion continua que con ellos -ternán, como con ir á las iglesias los dias de fiesta á oir misa y los -oficios divinos, y ver cómo los españoles lo hacen, y con el aparejo -é cuidado que, teniéndolos junto consigo, ternán de les mostrar é -industriar en las cosas de nuestra sancta fe, está claro que más presto -las aprenderán, y despues de aprendidas no las olvidarán como agora; -é si algun indio adolesciere, sería brevemente socorrido é curado, y -se dará vida, con ayuda de nuestro Señor, á muchos que por no saber -dellos é por no curarlos mueren, y á todos se les excusará el trabajo -de las idas y venidas, que como son léjos sus estancias de los pueblos -de los españoles, les será harto alivio, y no morirán los que mueren -en los caminos, así por enfermedades como por falta de mantenimiento, -y los tales no pueden rescibir los Sacramentos, que como cristianos -son obligados, segun se les darán adolesciendo en los dichos pueblos, -los niños que nascerán serán luégo baptizados, y todos servirán con -ménos trabajo y á más provecho de los españoles, por estar más continuo -en sus casas, y los Visitadores que tuvieren cargo de los visitar, -los visitarán mejor y más á menudo, y les harán proveer de todo lo -que les falta, y no darán lugar que les tomen sus mujeres é hijas, -como lo hacen estando en los dichos sus asientos apartados, y cesarán -otros muchos males y daños que á los dichos indios les hacen por estar -apartados, que porque allá son manifiestos aquí no se dicen, y se les -seguirán otros muchos provechos, así para la salvacion de sus ánimas -como para el pró y utilidad de sus personas y conservacion de sus -vidas. Por las cuales cosas, y por otras muchas que á este propósito -se podrian decir, fué acordado que, para el bien é remedio de todo lo -susodicho, sean luégo traidos los dichos Caciques é indios cerca de los -lugares é pueblos de los dichos españoles que hay en la dicha isla, é -para que allí sean tractados é industriados é mirados como es razon y -siempre lo deseamos, mando que de aquí adelante se guarde y cumpla lo -que adelante será contenido, en esta guisa.» Este fué el prólogo de las -dichas leyes. - -Agora será bien declarar algunas de las grandes falsedades, mentiras -y testimonios que supone este prólogo, por la maldad y ánsia de -tiranía de los que, á la sazon desta isla estaban en la corte, que -informaban falsamente al Rey é á los del Consejo, y que en él entraban, -de cuanto podian fingir de males contra los indios, alegando tambien -necesidades en ellos, para no sólo tenerlos repartidos como de ántes, -pero tenerlos más cerca y más á la mano, y servirse dellos sin que -cosa les estorbase. Esto urdieron y acabaron que fuese lo primero que -el Rey ordenase, conviene á saber, que se sacasen de su naturaleza y -pueblos donde habian nacido y criádose con todos sus linajes, desde -quizá millares de años atras, y se trujesen cerca de los pueblos de los -españoles donde un dia ni una hora resollasen, ántes con esta mudanza -los acabaron. Y ésta es y ha sido regla general é infalible, que en -sacando ó mudando estas gentes de donde nacieron y se criaron á otra -parte, por poca distancia que sea, luégo enferman y pocos son los que -de la muerte se escapan; la razon que nos parece ser desto causa, es la -delicadeza de sus cuerpos y complision delicada, ser de muy poco comer, -y andar desnudos en muchas partes, y en otras cubiertos con sola una -manta de algodon, por manera, que mudándose de un asiento á otro, por -poca diferencia que la region en la tierra ó en los aires haga, ó en -las aguas, fácilmente les son los cuerpos transmudados y el armonía de -los humores desproporcionada. Lo mismo les han causado los trabajos, -porque acostumbrados todos á poco trabajar, por tener las tierras -tan fértiles y abundantes para haber dellas fácilmente lo á la vida -necesario, puestos en tan exorbitantes y desproporcionados trabajos, -de necesidad les era imposible mucho tiempo en ellos durar; y ésta ha -sido, de su tan breve y lamentable acabamiento, la causa, allende que, -como arriba hemos dicho alguna vez ó veces, son por la mayor parte -de miembros delicados, áun los labradores y plebeyos dellos, que no -parecen sino hijos de Príncipes criados en todo regalo, y ésto tambien -debe proceder de la susodicha causa. - - - - -CAPÍTULO XIV. - -En el cual se prosigue la declaracion de algunos puntos del prólogo de -las leyes. - - -Parece la falsedad del supuesto del prólogo, y la maldad de los que -informaron al Rey, é á los que habia el Rey mandado que del remedio -de los indios tractasen, lo primero en darle á entender que el -comendador Bobadilla hobiese hecho ordenanzas para que estas pobres -gentes viniesen en cognoscimiento de Dios; este remedio y ordenanzas -del comendador Bobadilla, para que viniesen en cognoscimiento de Dios, -véase arriba en el precedente libro, cap. 1.º, y las que el Comendador -Mayor de Alcántara constituyó, en el cap. 12 y los siguientes, y por -todos los años, ocho y algo más, de su gobernacion, donde queda bien á -la larga, con verdad, explicado. Ya dijimos y certificamos arriba, en -aquellos dichos lugares, que por aquellos tiempos no hobo más memoria -de enseñar estas gentes en las cosas de la fe, ni de su salvacion, -verdaderamente, que si fueran perros ó gatos, porque no hervia en los -seglares otra solicitud ni otro cuidado, sino solamente de los trabajos -y sudores, y vidas de los indios aprovecharse, por todas las vías y -maneras que ellos podian alcanzar; y como no habia religiosos, y los -de Sanct Francisco que vinieron á esta isla el año de 1502, como ya se -refirió, eran pocos, y áun, para decir verdad, tampoco tuvieron ese -cuidado, de todo remedio espiritual quedaron los indios desmamparados: -pues hablar en clérigos, como no pasen acá sino con el fin de los -seglares, y pluguiese á Dios que con sólo aquesto el negocio pasase, -no es menester gastar tiempo en valde. Las ordenanzas del Almirante -segundo, D. Diego Colon, y de los Oficiales no fueron otras sino -llevar adelante la servidumbre tiránica comenzada y arraigada, en que -perecian cada dia estas gentes desventuradas, sin que uno ni ninguno -se doliese de ellos, ni en su perdicion, sino sólo en lo que se les -disminuia de ganancia temporal, por su muerte, mirase. Veis aquí el -fundamento sobre que estribó el prólogo de las leyes, que el Rey para -que los indios fuesen cristianos hacer mandó. Y que diga luégo allí, -que segun se ha visto por luenga experiencia, que todo lo proveido por -lo susodichos no bastaba para que los dichos Caciques é indios tengan -el cognoscimiento de nuestra fe que necesario era para su salvacion, -porque de su natural eran inclinados á ociosidad y malos vicios, etc.; -pluguiera á Dios que no los tuvieran peores los españoles, dejada la fe -aparte, la cual, áun ellos, con su mala vida y ejemplos corruptísimos, -infamaban, y ofendian más á Dios con ellos y con su ociosidad, que los -indios á quien ellos tan falsa y perniciosamente infamaban. Es otra -cosa aquí de notar, conviene á saber, la ceguedad de los del Consejo -del Rey, y de los teólogos que para ésto se juntaban mucho más, que -no advirtiesen á considerar, que aunque presupusieran por verdad, -lo cual fué malvada falsedad, que los españoles tenian cuidado de -doctrinar á los indios, ¿qué doctrina podian dar hombres seglares y -mundanos, idiotas y que apénas, comunmente y por la mayor parte, se -saben santiguar, á infieles de lengua diversísima de la castellana, -que nunca aprendieron sino tres vocablos, «dáca agua, dáca pan, vé á -las minas, torna á trabajar,» y que habian de ser instruidos desde los -primeros principios de la fe y religion cristiana, que no son el Ave -María, y Paternoster ni Credo mostrado en latin, como quien lo enseña á -urracas ó papagayos, pues no ignoraron los del Consejo ni los teólogos -que con ellos se juntaban, que aquellos tiempos no habia en esta isla -frailes ni teólogos que á los indios enseñasen? Pues se dice en el -dicho prólogo que en el tiempo que les venian á servir los doctrinaban, -lo que es falso, pero ya que los doctrinasen, ¿qué doctrina les podian -dar?; y que el español que iba con ellos á sus asientos se lo traia á -la memoria y los reprendia, ¿qué podia traerles á la memoria un gañan -ú otro peon vicioso que con ellos enviaban (cuyo oficio no era otro -sino ser verdugo de los desdichados, que llamaban estanciero y minero, -como en el cap. 13, del libro II, tocamos, género de hombres en estas -Indias, el más vil é más infame, como todo el mundo de acá sabe), sino -los vicios en que él andaba embriagado y anegado, y echar el ojo á la -hija ó á la mujer, no sólo de cualquiera indio, pero áun del mismo -Cacique y señor? A lo que refiere tambien el prólogo que respondian -los indios que los dejase holgar, cuando les decia el español que -rezasen, podria ser que alguna vez lo respondiesen así, pero tenian en -ello mucha razon, porque cuando alguna vez les decian el Paternoster, -ó Ave María, ó el Credo en latin, ó tambien, aunque raro, en nuestro -romance castellano, como no entendian en la una ni en la otra lengua -cosa dello alguna, ni para qué fin se lo enseñaban, creyendo que los -querian enseñar á hablar la dicha lengua, como quien lo enseña á -papagayos, que tomasen aquello de coro, respondian los viejos y los -hombres de edad «ya yo soy viejo, ó soy hombre de edad, ¿para qué me -quieres á mí enseñar á hablar?, enseña á los niños que no tienen tantos -cuidados ni están cansados como yo,» desta respuesta colegian luégo -y murmuraban los españoles diciendo: «Mirad el perro como no quiere -rescibir la fe, éste nunca en su vida será buen cristiano.» Todo esto -es verdad. Júzguese aquí, si desta manera, puesto que aquellos vivieran -cien años, fueran cristianos, y si les imputara Dios por no sello algun -pecado. Item, como abajo se referirá que se hizo algunas veces despues -que estas leyes se promulgaron, cuando las noches salian ó cesaban de -los trabajos de las minas y de los otros en que los ocupaban, molidos -y cansados y muertos de hambre, hacíanlos ir á la iglesia ó pajar que -allí tenian para ésto hecha, hincar de rodillas, y que rezasen por -un buen rato el Credo, Paternoster, Ave María y la Salve, y como lo -hacian con dificultad y de mala gana, porque quisieran más cenar y -descansar luégo, blasfemaban dellos aquellos pecadores verdugos que los -atormentaban, y algunas veces les daban por ello de palos, diciendo: -«de perros lo hacen, á osadas que nunca estos perros en su vida sean -cristianos.» Será bien aquí de considerar, que ¿qué fraile criado toda -su vida en religion, en obediencia y doctrina ó disciplina monástica, -viniera de trabajar todo el dia, hecho pedazos y la barriga pegada -de pura hambre al espinazo, y que sabia el fructo que la oracion le -prestaba, si le mandara el Prelado que, cesando, á la noche, de los -diurnos y grandes trabajos, fuese á la iglesia á hincarse de rodillas -y rezar por media hora y más, no se le hiciera de mal? Y pudiera -responder con razon al Prelado: «Padre, mándame dar de cenar, y dáme -lugar para que descanse.» ¿Cuánto con mayor justicia y razon, estas -gentes, no sabiendo ni sintiendo cosa chica ni grande, para qué fin -aquellas palabras les mandaban que dijesen, por carecer totalmente -del cognoscimiento de Dios, y cuando lo oian nombrar, ni sabian si -nombraban piedra ó palo ó algun árbol, podian responder al minero -ó estanciero ó verdugo ordinario las palabras que dice el prólogo, -déjanos holgar, pues para ésto venimos á nuestras casas? Veis aquí el -fundamento de verdad sobre que estriba el prólogo de las leyes, y ellas -y toda substancia. ¡Oh ceguedad de los del Consejo del Rey, que así se -prendaron de las informaciones que aquellos pecadores les hacian en -favor de sus propias cudicias y tiránicas, y en perdicion de aquellas -ánimas, y que el Consejo les diese crédito siendo enemigos de los -indios, lo cual traian escripto en las frentes, y los del Consejo no lo -podian ignorar, condenándolos á perpétua servidumbre y á la muerte que -della sucedió, y que suceder era necesario, sin oirlos ni convencerlos, -y sin admitir por ellos alguno que se mostrase parte, ántes, por el -contrario, al religioso fray Antonio Montesino, á quien la caridad -movia que hablase por ellos, desechando por apasionado, y á los tiranos -por justos y razonables! Vean aquí los juristas si todo aquel juicio -y leyes ó ordenanzas, de derecho, tuvo alguna entidad ó valió algo; -y deste vigor, jaez y sustancia han sido todas las determinaciones, -leyes y ordenanzas que se han hecho por los Reyes cerca de todas estas -Indias, y gentes dellas, conviene á saber, hechas en inreparable -perjuicio y perdicion dellas, sin llamarlas, y sin oirlas, é sin -convencerlas, siendo partes más principales que ningunas otras, porque -más á ellas, y á solas ellas, y á todo su estado, lo que se ordenaba -y determinaba tocaba; y así, todo lo que se hizo y ordenó fué hecho y -ordenado sin parte, contra todo derecho natural, divino y humano. Estos -errores, ceguedad y daños irreparables, tuvieron los del Consejo de los -Reyes, y á ellos se les imputan todos los males y daños, que por estas -leyes á estas gentes destas islas se les recrecieron, que de su final -acabamiento fueron causa, como se verá, y por todos ellos fueron á -restitucion y satisfaccion, _in solidum_, obligados; porque no les era -lícito ignorar el derecho, pues el Rey los hacia de su Consejo y comian -su pan, no por gentiles hombres, como se dijo, sino por letrados, -_quia paria sunt scire aut debere scire quantum ad culpam et penam, ut -in c. Si culpa de injur,_ etc. _Et turpe est patritio et nobili viro -et causas oranti, jus in quo versatur ignorare._ §. _De orig. jur. -lib. II._ En la misma culpa, error y obligacion, ó en muy poca ménos, -incurrieron los teólogos, que por el Rey fueron llamados para la dicha -junta, en dar el voto en tan grande perjuicio, detrimento y perdicion -de tantas gentes, con harta temeridad, porque aunque no llevaban -salario del Rey por aquello, pero ya que el Rey les encomendaba que -diesen su parecer en cosa tan árdua, no tenian menor obligacion á ver -y escudriñar la verdad con suma diligencia, y declaralla al Rey, y no -creer á quien, como dije, traia el interese y la maldad escripta en la -frente, que los que les incumbia por oficio. De aquí parece que el Rey -católico quedó sin culpa ni obligacion alguna de los daños y muertes -y despoblacion, que por estas leyes en estas islas se cometieron, -porque hizo todo lo que en sí era, poniendo en Consejo el remedio -dellas, y toda cargó sobre los de su Consejo; y ésto es cierto, que si -le aconsejaran, segun debian, que los indios salieran de la tiránica -servidumbre que con los españoles padecian, y se pusieran en libertad, -y otro cualquiera remedio que para ellos conviniera, desde entónces -quedaran todas las Indias remediadas, extirpada del todo aquella -tiranía que llamaban repartimiento. Lo mismo afirmo en lo sucedido -despues acá, que de no haberse remediado, sino perdido, inficionado y -extragado y despoblado todo este orbe, aquel há, vastativo é infernal -repartimiento, que baptizaron con nombre de encomiendas, la culpa de -todo; y la obligacion á la restitucion y satisfaccion, _in solidum_, -que quiere decir cada uno al todo, de todos los daños, y muertes, y -robos, y vastaciones, y despoblaciones, siempre cargó sobre los del -Consejo y no sobre los Reyes. Y en especial afirmo ésto del Emperador -Cárlos, quinto deste nombre, que fué el rey de España que hizo en -ello lo que debia hacer, y estuvo aparejado muchas veces, para que, -si los del Consejo le dieran parecer, que sacara todas estas gentes -de la opresion y perdicion en que siempre han estado, y restituillas -en su libertad, y ponelles todo cristiano gobierno, y áun abrir mano -del señorío destas Indias, lo hiciera, y desto soy yo, más que otro, -testigo, como abajo más largo, con el favor de Dios, se dirá. - - - - -CAPÍTULO XV. - -En el cual se comienzan á referir las leyes, y á notar los defectos, y -puntos, y males que contienen, etc. - - -La ley primera fué la que los españoles, despues de ser ciertos que -habian de tener perpétuos los indios repartidos, más deseaban, conviene -á saber, que los indios todos se sacasen de sus pueblos y tierras donde -habian nacido y se habian criado, á otras que estuviesen cerca de los -pueblos y lugares de los españoles, á ellos harto desproporcionadas. -Ya queda dicho como en todas estas Indias es perniciosa á la salud y -vida destas gentes la tal mudanza, pero por tenerlos los españoles más -á mano para servirse dellos, que fuese la primera ley ésta trabajaron; -mandó la ley que para cada 50 indios hiciesen, los á quien estaban -repartidos, cuatro bohíos ó casas de paja, en los asientos donde -hobiesen de pasarlos, de treinta piés de largo y quince de ancho; item, -5.000 montones, los 3.000 de yuca, que son las raíces de que hacian el -pan, y los 2.000 de ajes, que son raíces que se comen por fructa; item, -250 piés de axí, que es la pimienta que sirve de poner sabor á lo que -se guisa, si es algo, y por este respecto, creciendo y menguando, segun -la cantidad de los indios que aquel tuviese encomendados, que se les -sembrase media hanega de maíz y se les diese una docena de gallinas -con un gallo. Nótese aquí qué ménos se pudiera ordenar ni proveer si -fueran los hombres ovejas ó vacas (para tantas reses, tantos corrales -y tanto pasto), sacándolas de unas dehesas para otras, y así los -desparcian en muchas partes, deshaciéndoles los pueblos y vecindad, -en que ellos vivian en su policía ordenada y natural, y sin hacer -mencion y cuenta que el hijo fuese con su padre, ó la hija con su -madre, ni la mujer con su marido; finalmente, ni más ni ménos sino como -si fueran animales. Otro defecto desta ley, entre los dichos y otros -más, fué, que manda á los españoles á quien estuviesen repartidos ó -encomendados, que les hiciesen las casas y las dichas labranzas, y no -declara bien, puesto que della se puede colegir, á cuya costa se habian -de hacer, que segun razon y justicia debiera ser á costa dellos, pero -no fué así, sino que las hicieron con sus sudores los malaventurados; -y así, esta ley fué con escuridad. Fué lo mismo imposible segun -natura, conviene á saber, segun razon natural, y segun la costumbre, -conviene á saber, contra la costumbre de los vecinos naturales y de -su patria, fué disconveniente al tiempo y al lugar; fué supérflua é -inútil, ántes nociva y destruitiva destas gentes, sacándolos de sus -asientos y pueblos propios y naturales; fué, sobre todo, hecha para -provecho é interese particular de los españoles, contraria del bien -destas gentes, comun y universal, y así, llena de toda injusticia é -iniquidad, porque tuvo todas las condiciones, y cualidades, de las que -la ley justa debe tener, contrarias, como pone Sant Isidro en el libro -V, de las Etimologías, y tráctase en los Decretos, distincion cuarta. -Por la segunda ley encargaba mucho el Rey, que los Caciques fuesen -sacados de sus pueblos para los dichos asientos nuevos, por la mejor -manera que ser pudiese, porque recibiesen ménos pena atrayéndolos por -halagos y persuasiones blandas á ellos; ¿pero tal, qué aprovechaba para -su consuelo, viéndose privados de su señorío, y sus vasallos muertos, -y teniendo certidumbre que brevemente habian ellos, y los que de sus -vasallos restaban, de morir? Por la tercera ley se mandaba que cada uno -de los españoles que tenian indios hiciese una casa de paja, para que -fuese iglesia, junto con el asiento, en la cual se pusiesen imágenes -de Nuestra Señora, y una campanilla para llamar los indios á rezar -en anocheciendo, venidos de trabajar, y en las mañanas, ántes que á -los trabajos fuesen, y que fuese una persona con ellos para les decir -el Ave María, y el Paternoster, y el Credo y la Salve Regina; esta -persona era el minero en las minas, y el estanciero en las estancias ó -granjas, para escarnio de la fe y religion cristiana, que, como arriba -dijimos, las dijesen las dichas oraciones en latin ó en romance, que -no entendian más que si en algaravía se las dijeran, ni más ni ménos, -como si á papagayos instruyeran; y dado que las palabras entendieran -(lo que no entendian), ¿qué les aprovechaba para rescibir la fe á gente -que se habia de instruir desde sus primeros principios, que consisten -en la explicacion de los artículos de la fe, para creer, y en la de -los diez mandamientos para saber lo que para guardar la ley de Dios, -habian de hacer, pero ignoraban el primer principio, que es saber que -hay un Dios, cuya substancia y ser divino es fuera de todas las cosas -que vemos y oimos, los cuales, empero, ni supieron si habia Dios, y si -alguna vez nombrarlo oian, si era el sol ó las estrellas, ó, como se -dijo, de palo ó de piedra?; algunas veces, aquel que los llevaba á la -iglesia á rezar, era un muchacho indio que habian criado en sus casas -los españoles y enseñado las dichas oraciones, y aquel se las referia. -En las leyes siguientes, hasta la docena, se proveia y mandaba que en -término de una legua en conveniente comarca, se hiciese una iglesia -donde ocurriesen los indios de al rededor á oir misa, y otras cosas -enderezadas para este fin, buenas; pero ni ésto ni lo demas que á -ésto se enderezaba se pudo cumplir, é así fueron todas inútiles y sin -provecho é imposibles. La tercia décima fué, por la cual se ordenó y -mandó que los indios trabajasen en sacar oro de las minas cinco meses, -y, cumplidos cinco meses, holgasen cuarenta dias, con tanto que alzasen -los montones de la labranza, que comian, en aquel tiempo; que bastaba -poco ménos que por trabajo principal, aunque no tuvieran otro, porque -los indios que no iban á las minas no tenian cuasi en todo el año otro -mayor. Dije cuasi, porque mayor era de nuevo hacer de tierra vírgen -aquellos montones al principio, cuando se hacia la labranza, y ésta -era la huelga que á los que habian cinco meses continuos en las minas -padecido trabajos, como están dichos, intolerables, les daban. Este -alzar los montones, era levantar la tierra con unos palos tostados, -por azadas y azadones, poco ménos de altor que hasta la cinta, y de -grandeza cuatro pasos en redondo; finalmente, era cavar y trabajar, y -sudar el agua mala, como dicen, por manera, que áun aquellos cuarenta -dias no quisieron, los que ésto aconsejaron, que del todo resollasen. -Dentro destos cuarenta dias eran obligados los oficiales del Rey de -tener hecha la fundicion, conviene á saber, haber fundido el oro todo -que en los cinco meses se habia sacado, y cobrado el quinto para el -Rey, y luégo tornar otros cinco meses á gastar las vidas de los indios -en las minas. La injusticia desta ley parece en echar los indios en las -minas el tiempo dicho, que eran los nueve meses del año, y algo más, -contra su voluntad, siendo libres, á trabajos á que los facinerosos -malhechores que merecian muerte eran condenados, ó los esclavos, segun -arriba queda declarado. Fué tambien injusta esta ley, juntamente con -ser cruel, mandando que en aquellos cuarenta dias no tuviesen del todo -holganza. Otra hobo que comienza así: «Porque en el mantenimiento de -los indios está la mayor parte de su buen tractamiento, y augmentacion, -ordenamos y mandamos que todas las personas que tuvieren indios sean -obligadas de les dar á los que estovieren en las estancias, é de les -tener contino en ellas, pan y ajes, é axí, abasto, é que, á lo ménos, -los domingos é Pascuas y fiestas, les den sus ollas de carne guisadas -al respecto que á los de las minas, é á los indios que anduvieren -en las minas les den pan é axí, todo lo que hobieren menester, y -les den una libra de carne cada dia, y que el dia que no fuere de -carne, les den pescado ó sardinas, ó otras cosas con que sean bien -mantenidos, etc.» Esta es la ley que proveyó cerca del mantenimiento -de los indios; la iniquidad y crueldad della juzgue la persona que -tuviere algun juicio, aunque no por reglas de cristiandad, juzgue -tambien la insensibilidad de los del Consejo y de algunos teólogos, -que al hacer destas leyes con ellos se hallaron. ¿Dónde pudo concurrir -mayor ceguedad que á los indios que trabajaban en las estancias ó -granjas, que tenian trabajos iguales y áun mucho mayores que los -cavadores padecen en Castilla, ordenasen que les diesen por comida -cuotidiana pan caçabí, que no tiene cuasi más sustancia que hierbas, -y ajes, que son como turmas de tierra, y axí, que es la pimienta, en -fin, es hierba, (como si dijeran, dénles paja y heno abasto), y que -los domingos, y fiestas y Pascuas, como si los mandaran dar vestidos -nuevos ó camisas lavadas, mandasen dar una libreta de carne? ¡Y que -confiese la ley en su principio, que porque en el mantener de los -indios está la mayor parte de su buen tractamiento y augmentacion!, -¿qué tractamiento se puedo decir aquel, y qué augmentacion pudieron -rescibir los desventurados, cavando y trabajando todo el dia sin -descansar, y comiendo sólo hierbas y raíces asadas y cocidas, y una -libreta de carne (no libra, porque no era sino la cuarta parte de un -arrelde), de domingo á domingo, y Pascuas y fiestas? El tractamiento -que en ésto se les hizo, y el augmentacion que rescibieron, pareció -bien desde á pocos dias, porque todos, en breve, perecieron. Exagerando -yo en Valladolid despues, la tiranía destas leyes con un maestro en -teología, que se halló en hacellas, y creo que las firmó de su nombre, -y él justificándolas, cuando le referí ésta dijo: «No me hicieron esa -relacion á mí, que la comida era esa.» Repliqué yo: «¿Por qué no os -informásteis vos, padre Maestro, del padre fray Anton Montesino, de la -tal comida, pues tanto iba en ello, y pasásteis con sola la informacion -que los enemigos de los indios hacian, yéndoles tanto interese á ellos -como les iba?, ó, ¿por qué firmábades materia que no entendíades?» -Tambien tuvo esta ley otro defecto, que de palabra se justificó y no -en efecto, en mandar que los dias que no fuesen de carne les diesen -libreta de pescado ó sardinas, y añidiendo, ó otras cosas, parece cuasi -abiertamente que entendian que la ley era solo para complir, porque -aunque en la mar habia y hay abundancia de pescado, y lo mismo en los -rios, pero como todo su fin de los españoles no era sino amontonar oro, -no habia uno ni ninguno que se ocupase en pescar, ni en otra granjería -fuera de las minas ó de aquello que se enderezaba para sacar oro de -las minas. Así que, pescado, nunca de los ojos lo vieron los indios, -y ménos sardinas, que habian de venir de Castilla. Por manera, que los -dias que no eran de carne pasaban con las raíces y hierbas dichas su -triste vida, tambien los indios de las minas; y estas eran las otras -cosas que la ley con disimulacion dice, y bien sabian los susodichos -españoles, que se hallaron presentes al hacimiento destas leyes, que -dalles pescado ó sardinas era imposible. Y así parece, por todo lo -dicho, que aquesta ley fué iniquísima, llena de injusticia. - - - - -CAPÍTULO XVI. - -En el cual se prosigue la relacion y declaracion de los defectos que -tuvieron las dicha leyes. - - -Otra ley hobo que trujo consigo clara la injusticia y tiránica -iniquidad, que fué cuasi el fin de todas las demas, y á que todas las -otras se ordenaban, conviene á saber, que por fuerza y con cierta pena -se mandó á los que tenian indios de repartimiento, que de todos ellos -echasen la tercera parte, ó, si quisiesen, trujesen más de la tercera -parte á sacar oro, pero permitimos, dice la ley, que los vecinos de -la Çavana (que estaba cien leguas y más de las minas), y los de la -Villa nueva de Yaquimo (que estaba 80), no sean obligados de traer -indios en las minas, porque están muy léjos dellas, pero mandamos que -hagan hamacas, etc. Pero por otra ley que tras ésta se sigue, y es la -veintiseis, que concedió que los que tenian las casas y haciendas léjos -de las minas, que no podian proveer de mantenimientos á los indios, -pudiesen hacer compañía con los vecinos que tuviesen las haciendas -cerca ó en comarca, y que aquestos pusiesen los mantenimientos, -y aquellos los indios, y despues partiesen el oro que los indios -sacasen, fué causa que los vecinos de la villa de Yaquimo trujesen los -indios á las minas, hecha compañía con otros que tenian las haciendas -comarcanas, y estos yo los vide; por manera, que los traian de 30, -y 40, y 50 y 60 leguas, sacados de sus propias tierras y casas, que -sola esta mudanza bastaba para matarlos, cuanto más los trabajos y -hambres que padecian, porque, como se dirá, nunca cosa de las dichas en -favor de los indios se cumplió, sino como de ántes ó muy poquito más. -Enfermaban en las minas por las susodichas causas, no los curaban, -sino dábanles un poco de caçabí é ajes, y enviábanlos á sus tierras á -que se curasen, los cuales se iban cuánto más podian durar, y cuando -el mal les crecia, ó la comida les faltaba, echábanse en un monte ó -arroyo donde se acababan; yo los vide algunas veces, y digo verdad. -Otra ley trata del jornal que les habian de dar, y éste fué un peso -de oro cada año, á cada persona, para con que, segun dice la tal ley, -tuviesen los indios con que se vestir; podíase comprar en aquellos -tiempos con un peso de oro, que vale 450 maravedís, un par de peines y -un espejo, y un paño de tocar, ó una sola caperuza colorada, y andando -todos desnudos desde la cabeza hasta los piés mirad con qué se habian -de vestir é ataviar. Ya dijimos, en el cap. 14 del libro II, como el -Comendador Mayor les mandó dar por jornal medio peso de oro, que salian -tres blancas en dos dias, y agora, por leyes del Rey, se les mandó -asignar tres maravedís en dos dias, y áun no sé si llega á tanto. Ved -el escarnio de las leyes, y cuán llenas fueron de iniquidad. Otra ley -hobo, que mandó que ninguna mujer preñada que pasase de cuatro meses -la preñez, no la enviasen á las minas, ni á hacer montones, sino que -las tuviesen los españoles en sus estancias, y se sirviesen dellas en -las cosas de por casa, que son de poco trabajo, así como hacer pan, y -guisar de comer, y desherbar; véase qué crueldad é inhumanidad, que -hasta cuatro meses pudiese trabajar la mujer preñada en las minas y -hacer montones, que son trabajos para jigantes, como queda declarado, -y que hasta que eche la criatura sirva en casa de hacer pan, que es no -chico sino grande trabajo, y mayor el desherbar las labranzas; clara -está, como de las otras, la injusticia desta ley, y cuán indigna fué -que mano real la firmase. Otras muchas fueron constituidas con las -referidas, que suenan favor de los indios, y en sí eran justas, pero, -supuesto estar los indios en poder de los españoles, y el fin que -dellos pretendian, y las leyes ya declaradas, que á la clara favorecian -todo lo que ellos andaban, y hoy andan los demas á buscar, si no fueron -injustas, fueron, empero, vanísimas y supérfluas, y más para complir -con el mundo que para remedio alguno de los indios; con efecto y con -verdad, vano es todo aquello, segun el Filósofo, que no alcanza su fin. -Entre las demas, hobo algunas que mandaban que en cada lugar ó pueblo -de españoles hobiese dos Visitadores que visitasen cada año dos veces -los indios, y viesen si rescibian agravios, y para que las leyes se -guardasen, y lo bueno fué, que una ley mandaba que á los Visitadores -les diesen indios de repartimiento, demás áun de los que como vecinos -les habian de ser dados; mirad que ceguedad de los del Consejo y de -los reverendos teólogos, que no vieron que, teniendo indios, eran -parte, y que habian de ser más tiranos que los otros, como lo fueron, y -ménos dignos de ser remunerados, ántes, de mayor castigo merecedores y -capaces. Y una de las grandes eficaces causas de no haber aprovechado -para remediar las calamidades de los indios, en todas estas partes, -muchas ordenanzas y cédulas y provisiones que los Reyes han proveido y -enviado, ha sido tener los jueces y Gobernadores destas Indias, en los -indios ó en los intereses que dellos salen, parte ó arte, y ésto, cada -dia, hasta hoy, lo hemos llorado, y hoy lo lloramos, y abajo parecerá -más claro. Es bien aquí de considerar, que en la constitucion de todas -estas leyes se hallaron presentes y se admitieron todos los españoles -principales que arriba dejamos nombrados; esto es cosa evidente, porque -como entónces no se sabia cuasi nada de las cosas destas Indias, ni qué -era yuca y ajes, axí, ó caçabí, ó montones; la villa de la Çavana y la -villa nueva de Yaquimo estar léjos de las minas; hamacas y areytos, -que son los bailes que los indios tenian, los cuales, por una de -las leyes, se prohiben; que los quitados, y otros vocablos y avisos -que no se podian saber si las personas idas de acá no las avisaran -y manifestaran, manifiestamente se arguye haberse los dichos, en el -hacer de las dichas leyes, hallado. De donde queda luégo manifiesta -la ceguedad ó malicia de los del Consejo, que admitian, al constituir -de las dichas leyes, los enemigos de los indios, como se ha dicho -arriba, tan interesados en los sudores y calamitosa servidumbre de -los inocentes indios, rabiando por sacalles la sangre. Con ésto quiero -este capítulo acabar, que se hizo entre las otras leyes una, conviene á -saber, que porque los Caciques tuviesen quien los sirviese y hiciesen, -diz que, lo que les mandasen para cosas de su servicio, que si los -indios del tal Cacique se hobiesen de repartir en más de una persona y -tuviese 40 personas, le fuesen dadas dellas dos para que le sirviesen, -y si tuviese 70, le diesen tres, y si 100, se le diesen cuatro, y si -hasta 150, le diesen seis, pero desde allí adelante, aunque más gente -tuviese, no se le diesen más personas. ¿Qué mayor injusticia ni más -confuso desórden pudo ser imaginada que desposeer á los naturales -señores de sus súbditos, señoríos y estados, sin culpa alguna, y de -millares de gentes que poseian dalles seis personas que les sirviesen, -y de pueblos ordenados, en que política y pacíficamente vivian juntos -infinitos vecinos, repartillos y desparcillos así, haciendo de cada -pueblo tantos pedazos? Yo cognoscí señor dellos, cuyo padre habia, los -tiempos pasados, hartado la hambre muchas veces á los cristianos y -librado de la muerte, que juntaba 10 y 12.000 hombres de pelea, y no le -dejaron sino las seis personas para que le sirviesen como á los demas. -Pues si ésto parece grave, véase lo que la misma ley dice un poco más -abajo, ésto es, que el mismo Cacique, Rey y señor natural, con las seis -personas que le daban, fuese con el español que en los indios suyos -tuviese por repartimiento el mayor número y mayor parte, con que fuesen -muy bien tratados, no les mandando trabajar salvo en cosas ligeras con -que ellos fuesen ocupados, porque no tuviesen ociosidad, por evitar -los inconvenientes que podian suceder; de la ley son todas estas -palabras. Por manera, que áun el señor y Rey natural, con los seis que -le daban para que le sirviesen, habian de servir al español en cosas -ligeras, por temor de la ociosidad; debajo de aquella palabra fingida -y colorada, muchas veces repetida en las leyes, y con que Dios fué -irritado, conviene á saber, que sean bien tractados, este tractamiento -siempre fué aquel con que á todos los estirparon, y nunca faltó hasta -hoy la dicha palabra, que sean bien tractados; cuánta iniquidad dentro -de sí contuviese aquella ley, y cuán tiránica fuese, y cuanta ceguedad -en el Consejo cayese, y en los otros señores teólogos y letrados, no -creo que hay necesidad de declararlo. Y promulgáronse las dichas leyes -en la ciudad de Búrgos, á 27 de Diciembre de 1512 años. - - - - -CAPÍTULO XVII. - - -Ya dijimos arriba, en el cap. 5.º, como despues que el Rey católico -supo por cartas y relacion del Almirante y oficiales desta isla, lo -que los religiosos de Sancto Domingo, contra esta tiranía y opresion -de los indios habian predicado, mandó llamar al Provincial de Castilla -de la dicha Órden, á quien áun estaban subjetos los que acá vinieron, -y se quejó á él dellos, diciendo haber sido muy deservido en lo que -habian predicado, etc.; por lo cual, el Provincial les escribió lo que -el Rey le dijo, y por tanto mirasen lo que habian dicho, etc., segun -ya dijimos arriba. Vista esta carta del Provincial por el Vicario y -padre fray Pedro de Córdoba, determinó de ir á España y dar cuenta de -todo á sus Prelados ó al Rey, é para ayudar, si fuese menester, al -padre fray Anton Montesino, en lo que conviniese. Púsolo así por obra, -y, llegado á España, cumplió primero con lo que debia á su Órden, y -de parecer del Provincial, fué á la corte, la cual estaba ya, segun -creo, en Valladolid. Cuando llegó, halló que se acababan de hacer -las dichas leyes, y vistas luégo, vido en ellas la perdicion de los -indios, como quedasen so el poder de los españoles repartidos como -ganados, y lo que más lloraba era cognoscer que se habian hecho por -tantas y tales personas y de tanta auctoridad, solemnidad, y con tanto -acuerdo, que parecia que ninguno podia decir en contrario cosa alguna, -que no fuese tenido ó por presuntuoso y temerario, ó por loco; pero -finalmente trabajó de hablar al Rey, para dalle su disculpa de lo que -acá se habia predicado. Habló al Rey largo, dándole cuenta de todo el -hecho y del derecho, y lo que les habia movido á predicallo, en lo -cual le dió á entender cuánto los frailes habian servido á Su Alteza, -y hecho bien á esta tierra. El Rey le oyó benignísimamente, y segun -el padre fray Pedro era de grande auctoridad y persona reverenda en -sí, que fácilmente, quien quiera que lo via y hablaba y oia hablar, -cognoscia morar Dios en él, y tener dentro de sí adornamiento y -ejercicio de santidad, concibió dél grandísima estima, y tractábalo -como á sancto, y, cierto, el Rey no se engañaba. Y tratando en el -remedio de los indios, y de las leyes recientemente hechas, y por -tales y tantas personas acordadas, díjole, segun creimos, que le -parecia que no quedaban remediadas las fatigas y perdicion de los -indios, quedando debajo de la mano de los españoles, y que otros -remedios requerian más que aquellos, para, de los daños que padecian, -librallos; finalmente, con estas ó con otras palabras, dificultando -el negocio y poniendo en duda que con las dichas leyes la dificultad -se remediase, le dijo el Rey con la reputacion en que lo habia ya -tomado: «Tomad, vos, padre, á cargo de remediarlas, en lo cual me -hareis mucho servicio, é yo mandaré que se guarde y cumpla lo que vos -acordáredes». El santo varon, como era muy nuevo en esta tierra, que no -habia aún dos años que á ella habia venido, y carecia de experiencia, -que para semejante cargo era necesaria, ó por otras causas, que como -era humilde podia considerar que le hacian sentir no ser bastante, no -se atrevió, y respondió al Rey: «Señor, no es de mi profesion meterme -en negocio tan arduo, suplico á Vuestra Alteza que no me lo mande.» -Esta fué, segun creo, la primera vez que se ofreció estar en un punto -los indios remediados y en manos de quien los remediara, porque si -en tal persona su remedio estuviera, como estuvo tan á la mano si lo -aceptara, no se dudó sino que aquesta tiranía, ántes que echara más -raíces, se estirpara; pero fueron infelices los indios en no querello -el padre fray Pedro aceptar, y más infelices los españoles que por -aquellos tiempos en esta granjería andaban, y los que despues hasta -hoy con ella se han inficionado. Todavía el dicho padre venerando puso -al Rey en escrúpulo y cuidado, por lo cual mandó que se tornasen á -juntar algunos del Consejo y teólogos, de nuevo, para que declarasen -y moderasen las leyes, si fuese necesario; uno de los teólogos fué -su confesor, llamado el padre maestro fray Tomás de Matiencio, y otro -fray Alonso de Bustillo, maestro tambien en teología, y el susodicho -licenciado Gregorio, clérigo y predicador del Rey. Los del Consejo -fueron: el licenciado Santiago, el doctor Palacios Rubios, y estos -dos, siempre, sin duda, fueron favorecedores de los indios, yo soy -testigo, porque eran personas de virtud. Juntáronse todos con el -obispo D. Juan de Fonseca, muchas veces nombrado, y que se nombrará si -Dios quisiere, obispo á la sazon de Palencia, sin el cual no se hacia -ni se tractaba cosa que tocase á estas Indias. Mandó el Rey que se -informasen del dicho padre fray Pedro de Córdoba, cerca de las recien -hechas leyes, y rescibiesen su parecer. El cual informó segun vido -que convenia al tiempo y á las personas, y al lugar y á la sazon de -cosas que le pareció, y agravió algunas que las leyes habian ordenado, -principalmente darles los indios á españoles, debiendo vivir por sí, -y traer en las minas y los otros trabajos las mujeres preñadas hasta -cuatro meses; y que no convenia que trabajasen las mujeres, bastaba los -maridos; y que tampoco era justo trabajar los niños como trabajaban, y -que era contra la honestidad cristiana consentir que anduviesen mujeres -y hombres desnudos, y otras cosas desta manera que le pareció decirles. -Y á lo que creimos, ó no informó de todo lo que al Rey habia dicho, por -ver cuán asentados y determinados estaban en que las leyes que habian -hecho eran convenientes, ó si los informó, pasaron con lo que habian -en las leyes determinado, con ciertas pocas cosas que añidieron, ó por -ventura, como fué nuevo en esta tierra, no supo del todo las maldades -della, ni responder á las objecciones y argumentos que le movian, por -no haber tenido de las cosas pasadas y áun presentes, plena noticia; y -como los dos teólogos añididos no sabian dónde consistia la mortífera -enfermedad de aquestos tristes enfermos, que era la tiránica detencion -y servidumbre de los indios por aquel condenado repartimiento, ni la -imposibilidad del cumplimiento de algunas de las leyes, y la inutilidad -y superfluidad de otras, (y muchas dellas son en sí justas, y suenan -en favor de los indios, si no supieran la fístula y llaga mortal que -todo lo canceraba, como en el precedente capítulo se dijo), pasaron -con lo que los juristas y el licenciado Gregorio les dijeron. Pero no -sé cómo se pudieron excusar los juristas, al ménos los teólogos, de -no caer en la iniquidad y crueldad de la ley, que se hizo sobre la -comida, que á los indios que trabajasen en hacer montones, y los otros -trabajos de las estancias, les diesen una libreta de carne de domingo -á domingo, y sobre esta ley hobimos el un maestro, que fué Bustillo, y -yo, la brega que, arriba en el cap. 15, dije. Finalmente, que, ó porque -la malicia de los seglares que á la sazon se hallaron en la corte, que -fueron los que mayor parte sin duda tuvieron en el hacer de las leyes, -impidió que Dios no tuviese por bien de dar lumbre á los letrados que -cayesen en ello, porque escripto está, _qui nocet noceat ad huc_, ó -porque por el divino juicio estaba determinado que aquestas humildes -gentes así padeciesen, porque, aunque inocentes, cuanto á nosotros, son -y siempre lo fueron, no lo son cuanto á Dios ni jamás hombre alguno -lo fué, pasaron todos con las leyes hechas, con ciertos aditamentos, -con los cuales respondieron al Rey que los habia mandado juntar, desta -manera: - -«Muy alto y muy poderoso Príncipe, Rey é señor: Vuestra Alteza nos -mandó, que porque algunos religiosos[3] y personas de conciencia, que -tenian alguna noticia de las cosas de las Indias, habian informado -á Vuestra Majestad, que en las ordenanzas que mandó hacer para el -buen tractamiento y conversion y doctrina de los indios de la isla -Española, y de las otras islas Indias y tierra firme del mar Océano, -habia algunas cosas que para el saneamiento de la conciencia de Vuestra -Alteza convenia enmendarse, y porque nosotros, los que de yuso firmamos -nuestros nombres, vistas las ordenanzas, y oidas otras personas[4] -que de las Indias tenian mucha noticia y experiencia, y despues de muy -bien visto y platicado, y haber estudiado sobre ello, lo que en Dios -y en nuestras conciencias nos parece que se debe añadir y enmendar en -las dichas ordenanzas, son las cosas siguientes: Primeramente, que las -mujeres indias, casadas, no sean obligadas de ir ni venir á servir con -sus maridos á las minas ni á otra parte ninguna, sino fuere por su -voluntad dellas, ó si sus maridos las quisiesen llevar consigo, pero -que las tales mujeres, sean compelidas á trabajar en sus haciendas -propias, ó en las de los españoles, dándoles sus jornales que con ellas -y con sus maridos se convinieren, salvo si las tales mujeres estuvieren -preñadas, porque con estas tales, Vuestra Majestad debe mandar que -se guarde lo contenido en la ordenanza que sobre ésto está hecha. -Que Vuestra Majestad debe mandar, que los niños y niñas, menores de -catorce años, no sean obligados á servicio en cosas de trabajo hasta -que hayan la dicha edad de catorce años, pero que sean compelidos á -hacer y servir en las cosas que los niños pueden bien comportar, como -en desherbar las heredades y cosas semejantes en las haciendas de sus -padres, los que los tuvieren; y los mayores de catorce años, estén -debajo del poder de sus padres, hasta que tengan legítima edad ó sean -casados, y los que no tuvieren padres ni madres, lo hagan debajo de -las personas á quien Vuestra Alteza los mandare encargar, conforme al -parecer de los Jueces, así en la edad, como en el trabajo que han de -hacer, con tanto que por ésto no sean impedidos á ser doctrinados y -enseñados en las cosas de la fe, á las horas que lo han de aprender, -dándoles de comer y pagándoles sus jornales que fueren tasados por -los dichos Jueces, y si alguno dellos quisiere aprender oficio, pueda -libremente hacerlo, y estos no sean compelidos á otra cosa, estando en -el oficio. Asimismo debe Vuestra Alteza mandar que las indias que no -fueren casadas, las que están so el poderío de sus padres ó madres, -que trabajen con ellos en sus haciendas ó en las ajenas, conveniéndose -con sus padres, y las que no estuvieren debajo del poder de sus padres -ó madres, porque no anden vagabundas, ni sean malas mujeres, y que -sean apartadas de vicios, que sean doctrinadas y constreñidas á estar -juntas con las otras, y á trabajar en sus haciendas, si las tuvieren, -y si no las tuvieren, en las haciendas de los indios y de los otros, -pagándoles sus jornales, como á las otras personas que trabajan por -ellos. Que asimismo Vuestra Alteza debe mandar que los dichos indios -sean obligados á servir nueve meses del año, como por Vuestra Alteza -en las dichas ordenanzas cuasi lo tiene declarado y mandado, y que los -tres meses contenidos en la dicha ordenanza, que á los dichos indios se -les dá de huelga, porque no tornen á sus vicios y á su manera de vida -ya costumbrada, sean compelidos á trabajar en sus haciendas mismas, ó -por jornales en las de los otros vecinos, y que esta manera de servir -sea por el tiempo que á Vuestra Alteza paresciere, y porque los dichos -indios podrian, con el tiempo y con la conversacion de los cristianos, -hacerse tan políticos, y tan entendidos, y capaces, y tan aparejados -á ser cristianos, para que por sí sepan regirse, y vivan, y sirvan -como acá lo hacen los otros cristianos, Vuestra Alteza ha de mandar -que anden vestidos, y como se fuere cognosciendo la habilidad para -ser cristianos, y éste capítulo se entiende de los hombres; y sobre -todo, Vuestra Alteza debe mandar que las mujeres se vistan dentro de -cierto término, so alguna pena. Este servicio que á Vuestra Majestad -es debido por los dichos indios de la manera susodicha, Vuestra Alteza -puede hacer merced dello, á quien fuere servido, por vida ó por el -tiempo que Vuestra Majestad fuere servido de hacer dello merced. Y con -estos aditamentos, suso contenidos, decimos que en Dios y en nuestras -conciencias, Vuestra Alteza tiene muy justas y moderadamente ordenadas -las cosas de las dichas Indias, así para el buen tractamiento y -conversion y doctrina de los dichos indios, como para la gobernacion -de aquellas partes, y que debe Vuestra Alteza mandar que, en todo y -por todo, se guarden las dichas ordenanzas que Vuestra Majestad tiene -mandadas hacer con estos dichos aditamentos, y que haciéndose así, -su real conciencia será enteramente descargada. Y así, firmamos aquí -nuestros nombres.--_Episcopus Palentinus_, Conde.--_Frater Tomás de -Matienzo._--_Fray Alonso de Bustillo._--_Licenciado Santiago._--_El -doctor Palacios Rubios._--_El licenciado Gregorio._» - - - - -CAPÍTULO XVIII. - - -Placer es de ver cómo el Rey católico quedó libre de los pecados que -en la perdicion destas gentes se cometieron, porque, ciertamente, hizo -lo que en sí era, poniendo en manos y determinacion de tantos y tales -letrados, teólogos y juristas, que hiciesen las leyes, y despues, por -los escrúpulos que le puso el varon santo, fray Pedro de Córdoba, tornó -á mandar que se juntasen, y que en esta junta interviniese su confesor, -para que las corrigiesen y enmendasen si viesen ser necesario. Los -Reyes, como no sean letrados, ni á ser letrados sean obligados, no -tienen más que hacer para gobernar los reinos con buenas conciencias, -sino elegir para sus Consejos personas notables, no por afeccion y -amor, sino por méritos, y elegidas, seguir en las cosas árduas, y donde -hay peligro en el errar, su consejo, no descuidándose de visitar el -Consejo á sus tiempos, para saber si los elegidos en el estado que -dellos al principio se estimó perseveran. Cuánto, pues, es de gozarse -el hombre con la diligencia que el Rey puso para justificarse, y quedar -de este negocio, tan árduo y peligroso, sin culpa, tanto es de lamentar -la ceguedad é ignorancia que en los consultores hobo; si en todos, -los unos y los otros, ó en algunos dellos, hobo culpa chica ó grave, -pues eran letrados, ó fueron excusados por las falsedades perniciosas -y horribles de que los tiranos contra los indios les informaron, Dios -lo sabe. Porque, segun por todo el discurso que desta materia, en -los capítulos pasados, se ha dicho, parece todo lo que los letrados -hicieron, determinaron, y al Rey respondieron, fué fundado en el -crédito que aquellos que, contra los indios les informaron, dieron; -y dar crédito á quien tanto interese pretendia en la servidumbre, y -trabajos, y sudores, y opresion destas gentes, sin oillas ni oir, -como se debieron oir, ó al ménos, no dar igual crédito á los dos y -tales religiosos de Sancto Domingo que las defendian, no sé yo cómo -los tales consultores, aunque fuesen buenos y con buena intincion -tractasen dello, de culpa quedasen libres. Haberles dado en todo -crédito á los susodichos, y negado á los religiosos, á quien darlo con -justa razon debieran, bien ha parecido en las leyes todas, pasadas, y -agora no ménos en estos aditamentos. Y es cosa ésta maravillosa, que -habiendo vivido estas gentes tantos millares de años en sus pueblos, -y policía ordenada, y pacífica, y con tanta copia y abundancia de las -cosas necesarias, como las hallamos y vimos con nuestros ojos, y es á -todos áun hoy notorio, cuanto más entónces, cuando desto el año de 11 -se tractaba, que así se creyese ó se cegasen en creer, contra ellas, -estos dos tan torcidos de razon y absurdos defectos, conviene á saber, -que no se sabian regir, por lo cual pusiesen en el cuarto aditamento, -que, porque con el tiempo y con la conversacion de los cristianos se -podrian hacer capaces y políticos para vivir por sí, é por sí regirse, -se les diese, á los que tales se cognosciesen, facultad para por sí -vivir. Esto es cierto, y puede constar por muchas de las cosas que -arriba se han probado, que si hasta hoy, y de hoy hasta el dia del -juicio, las gentes destas islas vivieran, nunca se les diera facultad -ni libertad para poder vivir por sí, porque á la ambicion y cudicia de -los españoles no convenia, por no dejallos de su poder. Y esta cláusula -deste aditamento nunca se pusiera si el padre fray Pedro de Córdoba, -detestando el repartimiento de los indios á los españoles, no lo -dijera; y en ponella, como la pusieron, más infamaron estos consultores -á los indios, que los españoles, sus enemigos, porque lo puso el Rey -luégo por ley. El otro defecto segundo, que al primero se endereza, -de que los infamaron, fué la ociosidad, como si se dejaran morir de -hambre, y, como arriba se há ya dicho, nosotros viniéramos de España á -dalles de comer. Que tanta diligencia pongan los consultores, imbuidos -de los pecadores, sobre que los indios no estén ociosos, que los tres -meses que se les daban de huelga, fuesen compelidos á trabajar en -sus haciendas, ó por jornal á las de los otros vecinos, por manera -que, al fin, trabajando, habian de morir, y de morir en nueve meses -sirviendo á los españoles, y morir en los tres trabajando en las suyas -por fuerza, ó por jornal en las ajenas, ¿qué utilidad se les seguia -de toda su vida, ó cuándo habian de vivir? Admirable cosa fué ésta. -Soltáranlos y dejáranlos estar en sus tierras y en sus pueblos en su -libertad, y regirse como se regian, y la fe diéraseles como Cristo dejó -establecido que á los infieles se diese, y ellos tuvieran la comida en -tanta copia y abundancia que á nosotros hartaran la hambre, como la -hartaron veces infinitas, segun arriba queda dicho, y recibieran la fe -y religion cristiana mucho ántes que la hobieran aborrecido. Y la razon -que los consultores dieron en este artículo fué, porque, diz que, no -tornasen á sus vicios; yo torno á repetir que pluguiera á Dios, dejando -la infidelidad á parte, la cual en estos no era culpa, sino pena -deribada de los primeros padres, no tuvieran los españoles, á quien -les daban por predicadores, y ejemplos de cristiandad, más horribles -y detestables en fealdad, y en número mayor multitud de vicios. -Tambien será bien no pasar callando una tan señalada y manifiesta -injusticia. ¿Qué Rey ni qué república, por bárbara é inculta é injusta -que fuese, hobo en el mundo que de doce meses del año constriñese á -los súbditos libres á que sirviesen con servicios personales, con sus -propios cuerpos y sudores, en trabajos insoportables, los nueve? ¿Qué -mayor servidumbre? ¿Qué mayor y más duro, qué más injusto y tiránico -captiverio? Fuera bien que los consultores, por buenos y religiosos que -fuesen, consideraran ésto. Vamos á la postrera limitacion ó aditamento -de las leyes, que toda fué fundada en la injusticia y tiranía, y para -confirmacion y perpetuidad del detestable repartimiento; item, para que -los privados del Rey tuviesen parte y arte cruel, que es lo que mucho -desde arriba se viene oliendo; y ésto es lo que dijeron: que aquel -servicio que los indios daban, de nueve meses, al Rey, que su Alteza -podia hacer merced, y dallo á quien quisiese, por vida ó por tiempo, y -en ésto fueron estos postreros consultores engañatísimos, porque no -sintieron la madriguera donde se acogia la liebre. De los cuales, yo -fuí siempre seguro, que no añadieron ésto último pretendiendo interese, -sino que los que lo pretendian, informados y persuadidos, quizá con -buen fin, aunque no lo creo, se lo persuadieron. Desta postrera junta y -de los cuatro aditamentos que en ella se hicieron, fué causa el dicho -sancto varon y padre fray Pedro; de la última ni por pensamiento, la -causa fueron los que, como dije, para que la pusiesen trujeron sus -rodeos. Luégo el Rey, presentándole los cinco susodichos aditamentos, -que estos postreros consultores le ofrecieron, mandó autorizallos -y promulgallos por leyes, escepto el quinto pues los letrados lo -instituyeron, sino fué porque á los privados que despues tuvieron -indios de repartimiento, quizá, se temió que sería imputado por cosa -rodeada y no muy honesta. Llamáronse estas cuatro leyes, declaracion y -moderacion de las ordenanzas hechas, y promulgáronse en Valladolid, á -28 de Julio de 1513 años, y fueron en molde impresas. - - - - -CAPÍTULO XIX. - - -Declaradas y promulgadas estas postreras cuatro leyes, y por mejor -decir, entendido el quinto aditamento que decia, que el servicio de los -nueve meses que los indios eran obligados á servir al Rey, lo podia -conceder, haciendo merced, á quien quisiese, luégo procuraron los -privados de pedir al Rey les hiciese merced á cada uno de repartimiento -de indios, teniendo por cierto y determinado que con buena conciencia -los podian tener, pues los letrados desta postrera junta lo afirmaron, -y firmaron en Dios y en sus conciencias, guardando las leyes dichas con -sus cinco limitaciones ó aditamentos. Y de los primeros fué, el obispo -de Palencia, D. Juan de Fonseca, de quien se ha dicho, que, desde el -descubrimiento destas Indias, siempre fué principal y Presidente en -el gobierno dellas; este señor Obispo tuvo 800 indios, en cada una -destas cuatro islas, Española, la de Cuba, la de Sant Juan, y de la de -Jamáica, 200. El secretario Lope Conchillos, tuvo 1.100, segun tuvimos -entendido. Hernando de Vega, que fué notable persona en prudencia -y muy estimado del Rey, y fué del Consejo de las Indias, cuando el -Consejo de los otros Consejos se distinguió, tuvo 200. El camarero Juan -Cabrero, aragonés, muy antiguo de la cámara del Rey, otros 200. El -licenciado Moxica, que era del Consejo real, tuvo no sé cuantos, y creo -que no eran ménos de 200. Sospecha hobo que algunos otros del Consejo -real los tuvieron de secreto, puestos en cabeza de otras personas, -que enviaban con cargos y oficios á esta isla; nunca del licenciado -Santiago, ni del doctor Palacios Rubios, que fueron los que más destas -Indias tractaron por aquellos tiempos, cosa de interese, ni cosa que -no debiesen hacer, se sospechó. Estos fueron los que tuvieron indios -en estas islas, estando ellos en Castilla, y no los caballeros de -Castilla, como dice Oviedo en su historia. Desta buena limitacion y -quinto aditamento, que los postreros consultores, sin saber el daño que -con ello hacian, escribieron, tuvieron tambien ocasion los oficiales -del Rey, Tesorero, y Contador, y Factor, y Veedor, de pedir y tener -cada uno su repartimiento; lo mismo hicieron los Jueces de apelacion, -que por estos tiempos, entre el año de 11 y 12 se proveyeron y á esta -isla vinieron; el uno fué el licenciado Marcelo de Villalobos, el otro, -el licenciado Juan Ortiz de Matiencio y el licenciado Lúcas Vazquez -de Ayllon, el que arriba, en el libro II, dijimos haber sido, en -tiempo del Comendador Mayor, Alcalde mayor de la Vega y sus comarcas. -Estos fueron enviados por Jueces de apelacion, para que del Almirante -y de sus Alcaldes mayores y Tenientes, para ante ellos, como Jueces -inmediatos del Rey, se apelase por la relacion quel Rey tuvo que habia -en esta isla disensiones y bandos entre el Almirante y el tesorero -Pasamonte, y los otros oficiales del Rey, que maldito aquel provecho -para Dios ni para dellos jamás salió, y estos se tuvo por cierto, que -revolvieron al Almirante con el Rey, é le persiguieron hasta la muerte, -como se dirá. Así que fueron proveidos aquellos tres licenciados por -Jueces de apelacion, y éste fué su primer nombre, despues se les dió -auctoridad y oficios de Oidores y de Audiencia y Chancillería real, -como hoy la tienen los que sucedieron. Estos tambien pidieron y -tuvieron sus repartimientos, como personas de más preeminentes oficios, -y todos ellos y los Oficiales no dejaban de llevar sus salarios del -Rey, puesto que no eran tan crecidos como despues de que mataron los -indios los tuvieron, y así los tristes indios, con sus angustias, -trabajos y sudores, eran parte de los salarios, y la justicia que les -guardaron abajo será manifiesta. Viendo el padre fray Pedro de Córdoba, -varon sancto y prudentísimo, las leyes hechas, y despues las adiciones -que habian poco limitado y moderado, cognosciendo quedar los indios sin -algun remedio, y viendo ántes con su prudencia, que los indios habian -en breve de perecer, como perecieron, y que esta muerte y destruccion -destas gentes, no se causaba sino por tenerlos en servidumbre los -españoles, y en lo que tocaba á su conversion ninguno la impidia sino -ellos, lo uno por sus tiranías, y lo otro por sus perniciosos ejemplos, -acordó de suplicar al Rey que le diese licencia, y ayuda, y favor, para -que él con los frailes de su Orden, que consigo le pareciese llevar, -pasasen á la tierra firme más cercana desta isla, que es la de Cumaná, -donde despues fué la priesa de sacar perlas, para predicar á aquellas -gentes, sin estorbo de los españoles, creyendo que nunca hombre dellos -asomara jamás por allí. El Rey católico, lo uno por la obra ser tal -y tan apostólica, y lo otro, la gran estima y devocion que dél habia -cobrado, fué dello muy contento y servido, y mandó que le diesen los -despachos á su voluntad, muy cumplidos, y así fué, que todo lo que -pidió para que en esta isla se le diese de navíos y bastimentos, y -otras cosas que llevar convenia, como herramientas, y aparejos para -edificar una casa, le fué concedido y cumplido, como abajo, placiendo -á Dios, será dicho. Habria en esta isla, á la sazon cuando andaba la -solicitud y barahunda de hacer las leyes en Castilla, obra de 20.000 -indios, con hombres y mujeres, grandes y chicos, y creo, cierto, que -áun no los habia. Estos habian quedado de tres y cuatro cuentos, -que, en sus pueblos, pacíficos con sus señores y Reyes, y en toda -abundancia, sobrándoles todas las cosas necesarias, sino era lumbre -de fe, digo verdad porque yo los vide, vivian. Alcanzados del Rey los -repartimientos por los susodichos privados y residentes en la corte, -luégo entraron sus criados y mayordomos acá, no los más negligentes que -en sus casas tenian. Estos, ó porque conocieron en sus amos hervir la -cudicia de rescibir oro y todo provecho de los indios, ó por su propia -crueldad y malicia, dábanles en los trabajos, y en especial en los de -las minas, sin guardar ley ni ordenanza, ni razon, ni justicia, que -en cada demora, que duraba, como se dijo, cinco meses, que de hambre, -y trabajo, y angustia y afliccion, la mitad ó el tercio de los indios -de su repartimiento, perecia. Aquellos muertos, presentaba luégo la -Cédula del Rey al que gobernaba, ó á los Jueces de apelacion, diciendo -que á su amo, por aquella Cédula, mandaba el Rey dar en repartimientos -200 ó 300 indios, y que no tenia sino tantos, por lo cual pedia que se -la hinchiesen, y porque no habia en esta isla quien de barro hiciese -indios, con tanta priesa como á matar se daban, ó los quitaban á los -que favor no tenian y dejábanlos sin repartimiento, para cumplir la -Cédula, ó echaban en la baraja todos los indios de la isla, y hacian -general repartimiento, y dejaban los de poco favor sin indios, y -cumplíase con los privados del Rey que estaban en Castilla. Un cruel -tirano, criado y mayordomo de uno de los de la corte arriba referidos, -habiendo muerto en una demora de los cinco meses, 70 ó setenta y tantos -indios, reprendiéndole aquella su crueldad un religioso de Sancto -Domingo, respondió sin temor ni vergüenza: «Andad, padre, que si yo -matare todos los indios en un dia, amo tengo yo á quien el Rey le dará -otros tantos para otro dia.» La razon de la desvergüenza deste fué, -porque no habia ley, ni habia pena ni estorbo, ni justicia que tocase -á estos verdugos que tenian acá los de Castilla, como quiera que les -enviasen oro y fuesen bien servidos, aunque matasen todos los indios en -un dia, ántes todos los que acá estaban, Jueces y Oficiales, para ello -los ayudaban y favorecian cuanto en el mundo podian. Pues los Jueces y -Oficiales desta isla, en quien no hervia ménos el ánsia de amontonar -oro, no habiendo superior alguno que á la mano les fuese, ¿qué tal -era la moderacion y justicia que con los indios de sus repartimientos -usaban, y qué estragos en ellos hacian?; los cuales tambien usaban -de la presentacion y hinchimiento de sus Cédulas, cada demora que el -número de los indios que mataban se les disminuia. Los particulares -vecinos, viendo la tiranía de los unos y de los otros, y temiendo -que, como aquellos se daban priesa á matar, para suplir sus Cédulas -se los habian á ellos de quitar un dia que otro, tambien á trabajar y -matar sus indios no se daban poca priesa; yo fuí avisado, en tiempo -que yo tuve cargo de mirar y estorbar los agravios de los desdichados -indios, que habia escripto un vecino á un estanciero, ó minero suyo, -que se diese priesa á trabajar los indios y que no perdonase mujeres -preñadas y paridas, porque cada hora, que se los habian de quitar, -temia. Algunos Visitadores, conforme á lo que las dichas leyes -disponian, pusieron, pero, de más carga y pesadumbre para los indios -y de disimular las tiranías y de robar su parte, sirvieron. Todo lo -que está dicho de los Jueces y Oficiales, y de los de Castilla que acá -tenian indios, y de los particulares, y de todas sus tiranías, y muerte -y perecimiento de los indios en las minas y en los otros trabajos desta -isla, se hacia con la misma impiedad y crueldad, y sin misericordia -alguna en las otras tres islas, la de Sant Juan, la de Cuba, como della -presto diremos, y en la de Jamáica. Veis aquí el fruto que salió de las -dichas leyes, y de sus cinco aditamentos que hicieron los postreros -ó engañados consultores, y que juraron en Dios y en sus conciencias, -que con aquellas limitaciones y declaraciones, el Rey tenia muy justas -y moderadamente ordenadas las cosas de las Indias. Y lo bueno fué, y -que adorna y hermosea todo lo arriba dicho, que los del Consejo dieron -forma de cómo habia de rezar la Cédula de los repartimientos que á cada -uno se daban, y decia así el Gobernador, ó que tenia cargo de repartir -los indios, que despues llamaron, como se dirá, Repartidor: «Yo, -fulano, en nombre del Rey é de la Reina, nuestros señores, por virtud -de los poderes que de Sus Altezas tengo, encomiendo á vos, fulano, tal -Cacique y tantas personas en él, para que os sirvais dellos en vuestras -haciendas, minas y granjerías, segun y como Sus Altezas lo mandan, -conforme á sus ordenanzas, guardándolas, y no de otra manera, porque de -otra manera Sus Altezas no vos los encomiendan, ni yo en su nombre; y -si no lo hiciéredes os serán quitados, y lo que os hobiéredes servido -dellos, será á cargo de vuestra conciencia y no de la de Sus Altezas, -ni de la mia, etc.» Esta era la sustancia y forma de la Cédula, por lo -cual creian que ya quedaba todo llano y santo, y fuera bien preguntar -á alguna de las justicias, si quitaron á uno ó alguno los indios por -los malos tractamientos. Pero mejor preguntados deben ya de estar, -porque todos son muertos. Las Cédulas antiguas decian, que se los -encomendaba para que se sirviesen dellos en sus granjerías y minas, -y que los enseñasen en las cosas de nuestra sancta fe católica, pero -estotras, ordenadas por el Consejo, añidian, «y sea á cargo de vuestra -conciencia y no de la de Sus Altezas ni de la mia, ó con ésto descargo -la conciencia de Sus Altezas, y la mia en su nombre»; y con estas -palabras creian los insensibles que quedaban las tiranías y muerte de -los indios justificadas y sanctificadas, y su conciencia y la del Rey -salvas y excusadas. Y llamo aquí la conciencia del Rey, la de los de -su Consejo, porque la de la misma persona real, yo no dudo sino que no -tuvo culpa alguna, porque hizo todo lo que en sí era, como arriba queda -declarado, y así fué, de todos estos errores y daños, excusado. - - - - -CAPÍTULO XX. - - En el cual se contiene una grande ingrata inhumanidad que los - españoles, que iban á saltear hombres en las islas de los Lucayos, á - ciertas gentes de la tierra Florida, hicieron.--Y parece ser éstos - los primeros que aquella tierra descubrieron.--Y como Juan Ponce de - Leon fué á descubrir por lo más alto, y descubrió el cabo Grande de la - Florida, al cual le puso aquel nombre.--Y como fué á Castilla y vino - por Adelantado della y Gobernador, y al cabo murió miserablemente. - - -Dejemos agora por un rato perecer cada dia y cada hora los indios -desta isla, y de la de Sant Juan, y la de Jamáica (porque en la de -Cuba no habia áun entrado en este año de 11 la pestilencia de que -hablamos), con las leyes y aditamentos tan saludables, de que dijeron -los postreros consultores, juristas y teólogos, que con ellas quedaban -justas y moderadamente ordenadas las cosas destas Indias, afirmándolo -en Dios y en sus conciencias, y prosigamos en nuestra historia, lo -que por estos años sucedió en esta isla y en estas tierras. Por este -tiempo, aunque ya se andaba por el rebusco de las gentes yucayas, -de que mucho habemos arriba, en el libro II, hablado, cómo nuestros -españoles las vendimiaron, todavía, como vieron los vecinos desta isla -que los indios della se les acababan (pero no por eso de matar cesaban -los que se hallaban), con algunos dineros, que con la sangre de los -ya muertos habian allegado, se juntaban en compañía y armaban uno ó -dos navíos ó más, para ir á rebuscar los inocentes que por las isletas -donde moraban, escondidos por los montes, se habian del furor pasado -escapado. Entre otros, se juntaron siete vecinos de las villas de la -Vega y Sanctiago, á lo que creo, y de otros lugares, y no faltaban -mercaderes que les ayudaban, los cuales armaron dos navíos, metiendo -en cada uno 50 ó 60 hombres, en aquellas romerías bien ejercitados, -con sus bastimentos de pan, caçabí é carne, y sus pipas de agua, -con todo lo demas necesario. Salieron de Puerto de Plata, de donde -luégo, otro dia, ó poco más, llegan á las islas de los Lucayos, á las -cuales llegados, y buscadas muchas dellas con diligencia suma, pero -no hallaron nada, porque ya, los que ántes dellos por aquellas islas -habian andado, los habian todos acabado con la priesa que arriba, en el -libro II, queda bien demostrado; y porque les pareció que si se volvian -vacíos sin presa, no sólo perdian los dineros que habian gastado, y el -peligro, y trabajo, pero áun afrenta se les recrecia tornarse á esta -isla sin sacar fruto alguno de su viaje, acordaron de se ir hácia el -Norte á descobrir tierra, cuanto los bastimentos les durasen, y, si -la hallasen, hacer en ella algun buen salto, aunque despues negaban -que hobiesen navegado por su voluntad, sino que los habia forzado -una gran tempestad, y arrebatado la fuerza della, que les duró dos -dias, y que el postrero vieron cierta tierra á la cual se allegaron. -Esta, cierto, fué la tierra y costa de mar, de la que agora llamamos -la Florida, que debia estar de las islas de los Lucayos, de donde -salieron, obra de 150 leguas, por mucho que con la tormenta anduviesen, -y así sería la bahía que agora se llama de _Sancti Spiritus_, y desta -isla Española estará 230 leguas, ó poco más; y si fueron sin tormenta, -y por su voluntad, en dos dias con sus noches no andarian arriba de -80 leguas, y, por consiguiente, llegarian al cabo de Sancta Elena, ó -poco más, que es harto más cerca de acá. Llegados los navíos á tierra, -la cual hallaron poblatísima, y como la gente vido los navíos, corren -infinitos á la ribera de la mar espantados de ver los navíos y gente -en ellos tan de otra manera de sí, que nunca visto habian, que no se -hartaban de mirar. Salieron en tierra en sus barcas los nuestros, á los -cuales como vieron salir, huyen todos de miedo, sin quedar persona que -osase esperar. Siguieron ciertos mancebos más ligeros, y alcanzaron -un hombre y una mujer, que no corrian tanto; lleváronlos á los navíos -y vistieron sendas camisas, y diéronles de comer y otras cosillas de -Castilla, que fué como carne de buitrera, que suele bien pagar el -escote quien á comerla viene. Soltáronlos, llevándolos á tierra; -perdido el miedo fuéronse muy seguros y contentos. Llegados éstos á -donde la gente estaba, viéndolos así ataviados, confiando que todo -era oro lo que relucia, y que debia ser buena y pacífica gente la que -daba de lo que tenia, tórnanse sin miedo á venir todos seguros á la -playa. El Rey dellos envia luégo 50 hombres á los cristianos, cargados -de comida. Fueron algunos de los españoles al pueblo, recibiólos el -Rey con gran reverencia y placer, dáles personas que los acompañen y -guien para que vean los otros pueblos; donde quiera que llegaban, las -gentes, con presentes de comida y de lo que tenian, como á hombres -venidos del cielo, los salian á rescibir. Despues de andado por la -tierra algunos dias, y visto lo que habia en ella, y el ojo vivo á -si hallaran señal de oro acordaron nuestros españoles de pagarles la -posada y benigno rescibimiento en la moneda que en los Lucayos y en -otras partes lo solian hacer. Un dia, con astucia y mañas que tuvieron, -convidaron á mucha gente, hombres y mujeres, á que á los navíos fuesen; -ellos, con su simplicidad, esperando que serian tractados y hospedados -con la fidelidad que lo habian hecho, por ir á ver los navíos fué -tanta la jente que ocurrió, que no cabian en las barcas ó bateles, y -hechos muchos barcajes y caminos, hinchiéronse de jentes, de mujeres -y hombres, los dos navíos, y lo mismo hicieran si fueran ciento. Los -navíos así llenos, alzan las anclas y sueltan las velas, y viénense -camino desta isla, quitando los hijos á los padres, y las mujeres á los -maridos, y por el contrario, los maridos á las mujeres, y los padres á -los hijos; y desta manera dejaron aquella tierra, que tan amigablemente -los habian rescibido, con tanta inhumana é ingrata obra escandalizada y -agraviada, y con justa razon contra ellos hecha enemiga. Volviendo con -su tan bien ganada presa los dos navíos, apartado el uno del otro, sin -verse nunca más, pareció para testigo de su justicia; creyeron que por -ser viejo se habia perdido, pero mejor creyeran que el divino juicio, -por dalles luégo por tan gran maldad el castigo, quiso hundillo, y -dejó el otro para que fuesen manifiestas las facinerosas obras que -los españoles, contra estas inocentes naciones, perpetraban cada -dia. Llegó aquel navío á este puerto y ciudad de Sancto Domingo con -su presa, y sabido por los Jueces de apelacion, mostraron haber enojo -dello y reprendieron los tiranos raptores, pero no los hicieron cuartos -como merecian, porque su costumbre fué, ántes á los tales favorecer, -como parecerá, si Dios quisiere, que hacer justicia dellos; allende que -el uno dellos habia puesto en la compañía de los dos navíos, para ir -á robar yucayos, su parte, y ésto bastaba para que todo aquello y más -se disimulase, y verse há tambien la justicia que Dios hizo dél, quizá -por sólo ésto, porque fué á morir á la misma tierra, ó á la cercana -della, harto infelicemente; tractaron de los tornar á enviar á su -tierra en el navío que los habian traido, pero no les faltó achaques ó -inconvenientes que fingian para hacello, y bastaba, como dije, haber -tenido el uno de los Jueces, en el armazon y granjería de los navíos, -parte. Y es la verdad, que ya que vieron y cognoscieron la nefanda obra -é injusticia con que los habian traido, que los pusieran en libertad y -los ayudaran con casas y mantenimientos, y las otras cosas necesarias -con que viviesen, y pareciese que les hacian alguna enmienda, pero -no fueron dignos que acertasen alguna vez en hacer justicia y lo que -debian, sino siempre al revés, y en todo errasen; lo que hicieron, -para recompensa y consuelo de los que así habian sido agraviados, fué -repartillos á quien quisieron, y quizá todos se quedaron en sus casas, -mayormente del uno que puso la parte, como otras veces hicieron, para -que sirviesen en las minas y haciendas, donde de angustia y tristeza, -y trabajos no acostumbrados, en breve todos perecieron. Esta gente -era más blanca que los demas; las mujeres venian vestidas de cueros -de leones bien adobados, y los hombres, de otros animales. Deste -salto hace mencion Pedro Mártir, en la Década 7.ª capítulo 2.º, donde -da cuenta de muchas cosas que oyó referir por dichos de los indios -que de allí trujeron; así de las costumbres y ritos de las gentes de -allí, como de la calidad de la tierra y cosas que en ella habia, en -especial perlas. Al olor, por ventura, desta nueva, en este tiempo, al -principio del año de 511, debió moverse Juan Ponce de Leon, algunas -veces nombrado, y el que arriba en el libro II dijimos que habia -sido el primero que habia ido á inquietar y tiranizar los vecinos -naturales de la isla de Sant Juan, porque como el almirante D. Diego -Colon le hobiese quitado la gobernacion de aquella isla y puesto otro -Gobernador, y se hallase rico de los sudores, sangre y angustias de -tantos hombres y gentes que habia tenido en servidumbre, así en esta -isla, en la provincia de Higuey, como en la dicha isla de Sant Juan, -fué necesario que para que mostrase Dios la justicia y razon con que lo -habia todo hecho y ayudado á hacer, emprendiese negocio y empresa donde -malgastase lo robado y en muchos dias amontonado, y al cabo, con mala -muerte, feneciese. Este armó dos navíos bien proveidos y aparejados -de gente, que por la mayor parte, para descubrir, son marineros, y -bastimentos de las otras cosas necesarias, y viniendo hácia el Norte -desta isla Española, pasando las islas de los Lucayos, quiso tomar más -arriba á mano izquierda del viaje que los dichos dos navíos habian -llevado, y á pocos dias vido tierra, y ésta fué un cabo muy grande -que sale á la mar del Norte, hácia el Sur, más de noventa leguas de -toda la otra tierra, el cual hace el estrecho que llamamos agora la -canal de Bahama, entre él y la isla de Cuba; luégo, como la vido, -llegóse á reconoscella y púsole por nombre la tierra Florida, porque -debiera parecerle fresca y florida como esté en 25° de la equinocial, -como lo están las islas dichas de los Lucayos, que son fresquísimas -y felicísimas. Esta misma tierra llamó el mismo Juan Ponce Bimine, -no supe de dónde ó por qué causa tal nombre le puso, ó de dónde le -vino, ó si la llamaron así los indios, porque no creo que saltó en -tierra ni tuvo deste viaje habla con indios. Descubierta esta tierra, -tornóse á la isla de Sant Juan, donde tenia sus haciendas, y de allí -fué á Castilla y pidió al Rey merced, por el descubrimiento de nueva -tierra que habia hecho, le hiciese Adelantado de Bimine y le diese la -gobernacion della, porque él á su costa la queria poblar, con otras -más preeminencias y provechos que debiera de pedir, como hombre acá -experimentado, que yo no supe; lo cual, todo le concedió el Rey. Tornó -de Castilla muy favorecido con título de Adelantado y Gobernador de -Bimine, que él llamó por otro nombre la Florida, y que agora llamamos -tambien Florida, aunque deste nombre decimos toda la tierra y costa de -la mar que comienza desde aquel cabo grande que él descubrió, hasta -la tierra de los Bacallaos, y por otro nombre la tierra del Labrador, -que no está muy léjos de la isla de Inglaterra. Llegado á la isla de -Sant Juan, tomó de allí de sus haciendas todo lo que habia menester y -vínose á esta isla y puerto de Sancto Domingo, donde se rehizo de gente -y navíos. Partióse deste puerto en el año de 512, y váse á su Bimine, y -queriendo entrar en la tierra como habia entrado en estas islas, y las -nuevas del salto que hicieron más abajo, en la misma tierra, los que -habemos dicho, que debieran todas aquellas regiones de haber cundido -y alborotado, los de Bimine defendieron su patria cuanto pudieron, -y, peleando con sus pocas armas y flacas fuerzas, entre los primeros -hirieron con una flecha al Juan Ponce, Adelantado y Gobernador. Parece -que aunque no tienen hierba ponzoñosa por aquella tierra, fué la herida -en tal lugar, que juzgó de sí mismo tener peligro, por lo cual mandó -que todos se recogiesen á los navíos, y dejasen la tierra y lo llevasen -á la Isla de Cuba, que era la tierra más propincua de donde estaban. -En llegando á ella, y creo, si no me he olvidado, al puerto que hoy se -llama del Príncipe, que es en la dicha isla, pasó desta vida puesto en -tanto trabajo; y por esta manera perdió el cuerpo, gastó gran suma de -pesos de oro, que, como dije, habia allegado con muchas muertes y vidas -dolorosas y amargas de indios, y padeció trabajos muy grandes yendo y -viniendo á Castilla, y á descubrir, y á querer poblar, y el ánima no -sabemos cómo le ha ido. Y así feneció el adelantamiento de Bimine con -todo lo demas. - - - - -CAPÍTULO XXI. - - -En este año de 1511 determinó el almirante D. Diego Colon, que estas -islas y tierras gobernaba, de enviar á poblar la isla de Cuba, porque -hasta entónces no se sabia más de que era isla, y buena tierra y -abundante de comida, y estaba llena de gente, y como Diego Velazquez, -de quien en el libro II, cap. 10, hicimos mencion, el Comendador Mayor -le habia hecho su Capitan, en las crueldades que se hicieron en las -provincias de Xaraguá, y las por allí comarcanas, y despues su Teniente -de cinco villas de españoles que por ellas se poblaron; este Diego -Velazquez, digo, como fuese el más rico y muy estimado entre los que -acá de los antiguos desta isla, cuando el almirante D. Diego vino á -gobernar, estaban, y habia tenido tan señalados cargos, y habia sido -criado del adelantado D. Bartolomé Colon, tio del mismo Almirante, -hermano de su padre, como arriba, en el libro I y II, queda muchas -veces tractado, puso los ojos en él, y acordó enviallo á que poblase -la dicha isla de Cuba, porque, en la verdad, ninguno otro en esta isla -se hallara, ya que se habia de enviar á poblar segun el modo, y leyes, -y camino, que en poblar, ó por, con muy mayor verdad decir, despoblar, -y destruir estas tierras de que se usaba y acostumbraba, que tuviese -tales ni tantas partes. Una era ser más rico que ninguno otro, otra -era que tenia mucha experiencia en derramar ó ayudar á derramar sangre -destas gentes malaventuradas, otra era, que de todos los españoles que -debajo de su regimiento vivian era muy amado, porque tenia condicion -alegre y humana, y toda su conversacion era de placeres y gasajos, -como entre mancebos no muy disciplinados, puesto que á sus tiempos -sabia guardar su auctoridad y queria que se la guardasen, otra era que -tenia todas sus haciendas en Xaraguá, y en aquellas comarcas, junto á -los puertos de la mar los más propincuos á la isla de Cuba, que habia -de ser poblada. Era muy gentil hombre de cuerpo y de rostro, y así -amable por ello, algo iba engordando, pero todavía perdia poco de su -gentileza; era prudente, aunque tenido por grueso de entendimiento, -pero engañólos con él. Sabido por esta isla que Diego Velazquez iba -por poblador de Cuba, hobo mucha gente que se moviese á ir con él, lo -uno por las razones declaradas, pero mucho más, cierto, porque cuantos -en esta isla habia, por permision y castigo de Dios por haber muerto -los indios, estaban y vivian necesitados, que con cuanto oro habian -sacado nunca medraron ni quiso Dios que medrasen, y así estaban todos -adeudados y trampeados, y muchos que no salian de las cárceles, ó de -hecho ó con temor que allí habian de ir á parar, y por esta causa no -dudo yo sino que, como tuviesen esta isla por cárcel, por salir della -con el turco se fueran, yendo á poblar tierras de nuevo, y de que les -habia de repartir los indios teniendo esperanza. Y generalmente fué -aquesta la manera de ir adelante de unas islas en otras, y de unas de -la gran tierra firme en otras, que nunca salian ni dejaban unas sin -que primero no las hobiesen destruido y muertos los indios dellas, y -despues que allí no enriquecian, porque Dios no consentia que, como -dije, con cuanto robaban y mataban, medrasen, iban á robar y matar las -gentes de adelante. Así fué, que desta isla salieron á la de Sant Juan, -y á la de Jamáica, el año de 9, y tambien á tierra firme con Nicuesa -y Hojeda, y agora, el año de 11, desta salieron para la de Cuba, y de -allí á la Nueva España y á otras partes, como, placiendo á Dios, se -verá. Finalmente, se allegaron, segun creo, hasta 300 hombres para ir -con Diego Velazquez en tres ó en cuatro navíos, y recogiéronse todos -en la villa y puerto que se llamaba Salvatierra de la Çavana, que es -al cabo desta isla, como en el libro II queda declarado. Pero ántes -que pasemos, en la partida y viaje de Diego Velazquez, y los que con -él fueron, adelante, será bien referir lo que en la misma isla de Cuba -pasaba. Para ésto es de saber, que por las persecuciones y tormentos -que las gentes de esta isla de los españoles padecian, los que podian -huir, ya está dicho arriba en el libro II, que huian á los montes, -y si se pudieran meter en las entrañas de la tierra se metieran, y -porque los de las provincias de Guahába estaban más propincuas á la -isla de Cuba, porque no hay sino 18 leguas de mar en medio de punta á -punta, muchos indios se metian en canoas, que son sus barquillas de -un madero, como en el libro I se vido, y se pasaban huyendo á la isla -de Cuba, entre los cuales se pasó un señor y Cacique de la provincia -de Guahába, con la gente que pudo, llamado en su lengua Hatuéy, la é -letra luenga, hombre prudente y bien esforzado, y en la tierra que -está más propincua á la punta ó cabo desta isla, que se llamaba en su -lengua Maycí, la última sílaba luenga, ó por la provincia por allí -comarcana, hizo su asiento, por grado, ó por fuerza quizá de los que -por allí vivian, y más parece que por grado, porque toda la más de la -gente de que estaba poblada aquella isla, era pasada y natural desta -isla Española, puesto que la más antigua y natural de aquella isla era -como la de los Lucayos, de quien hablamos en el libro I y II ser como -los Séres, que parecia no haber pecado nuestro padre Adan en ellos; -gente simplicísima, bonísima, careciente de todos vicios, y beatísima, -si solamente verdadero cognoscimiento de Dios tuviera. Esta era la -natural y nativa de aquella isla, y llamábanse en su lengua cibonéyes, -la penúltima sílaba luenga, y los desta, por grado ó por fuerza, se -apoderaron de aquella isla y gente della, y los tenian como sirvientes -suyos, no como esclavos, porque nunca en todas estas Indias se halló -que hiciesen diferencia, ó muy poca, de los libres y áun de los hijos á -los esclavos, cuanto al tractamiento, cuasi por la mayor parte, si no -fué en la Nueva España y en las otras provincias donde acostumbraban -sacrificar hombres á sus dioses, que sacrificaban comunmente los que -en las guerras captivaban por esclavos, pero desto estaban libres los -destas islas. Así que, aquel señor Hatuey, cognosciendo la costumbre de -los españoles, de cuya cruel servidumbre habia huido, y desterrádose -de su propia patria y señorío para otra, tenia siempre, parece que, -sus espías, que sabian y le traian las nuevas del estado desta isla, -porque debia de temer que algun dia habian de pasarse los españoles á -aquella de Cuba. Y, finalmente, parece que supo la determinacion de los -españoles, que estaban para pasarse á ella. Tenida esta nueva, un dia -juntó su gente toda, y debia ser los hombres de guerra, y comiénzales á -hacer un sermon, reduciéndoles á la memoria las persecuciones que los -españoles habian hecho á la gente desta isla Española, diciéndoles: -«Ya sabeis cuáles los cristianos nos han parado, tomándonos nuestras -tierras, quitando nuestros señoríos, captivando nuestras personas, -tomando nuestras mujeres y hijos, matando nuestros padres, hermanos, -parientes y vecinos; tal Rey, tal señor de tal provincia y de tal -pueblo, mataron; todas las gentes súbditas y vasallos que tenian, las -destruyeron y acabaron; y si nosotros no nos hobiéramos huido, saliendo -de nuestra tierra y venido á ésta, tambien fuéramos muertos por ellos -y acabados, ¿vosotros sabeis por qué todas estas persecuciones nos -causan, ó para qué fin lo hacen?» Respondieron todos: «Hácenlo porque -son crueles y malos.» Respondió el señor: «Yo os diré por qué lo hacen, -y ésto es, porque tienen un Señor grande á quien mucho quieren y aman, -y ésto yo os lo mostraré.» Tenia luégo allí encubierta una cestilla -hecha de palma, que en su lengua llamaban haba, llena, ó parte della, -con oro, y dice: «Veis aquí su Señor, á quien sirven y quieren mucho, -y por lo que andan; por haber este Señor nos angustian, por éste nos -persiguen, por éste nos han muerto nuestros padres y hermanos, y toda -nuestra gente, y nuestros vecinos, y de todos nuestros bienes nos han -privado, y por éste nos buscan y maltratan, y porque, como habeis oido -ya, quieren pasar acá, y no pretenden otra cosa sino buscar este Señor, -y por buscallo y sacallo han de trabajar de nos perseguir y fatigar, -como lo han hecho en nuestra tierra de ántes, por eso, hagámosle -aquí fiesta y bailes, porque cuando vengan les diga ó les mande que -no nos hagan mal.» Concedieron todos que era bien que le bailasen -y festejasen; entónces comenzaron á bailar y á cantar, hasta que -todos quedaron cansados, porque así era su costumbre, de bailar hasta -cansarse, y duraban en los bailes y cantos desde que anochecia, toda -la noche, hasta que venia la claridad, y todos sus bailes eran al son -de las voces, como en esta isla, y que estuviesen 500 y 1.000 juntos, -mujeres y hombres, no salian uno de otro con los piés ni con las -manos, y con todos los meneos de sus cuerpos, un cabello del compás; -hacian los bailes de los de Cuba á los desta isla gran ventaja en ser -los cantos á los oidos muy más suaves. Así que, despues que bailando -y cantando ante la cestilla de oro, se cansaron, tornóles el Hatuey -á hablar, diciendo: «Mirad, con todo ésto que he dicho, no guardemos -á este Señor de los cristianos en ninguna parte, porque, aunque lo -tengamos en las tripas, nos lo han de sacar; por eso, echémoslo en este -rio, debajo del agua, y no sabrán dónde está.» Y así lo hicieron, que -allí lo ahogaron, ó echaron; ésto fué despues por los indios dicho, -y entre nosotros publicado. Otras cosas notables hay que decir desde -Cacique y señor Hatuey, que despues, á su tiempo y lugar, se dirán. - - - - -CAPÍTULO XXII. - - -Tambien parece ser cosa conveniente, que ántes que refiramos la pasada -y obras de los españoles á la isla y en la isla de Cuba, tractemos -de la grandeza, sitio y hechura della, y sus calidades, y las cosas -que contiene, y lo tocante á las costumbres y religion de las gentes -naturales della, lo que no hicimos desta isla Española en esta -historia, porque era cosa muy larga, pero explicámoslo en nuestra -Historia Apologética muy en particular, y en general de la de Cuba, -y por eso será razon de la de Cuba en este lugar particularizarlo. -Cuanto, pues, á lo primero, la isla de Cuba tiene de longura pocas -ménos de 300 leguas, andadas por tierra, puesto que por el aire y por -el agua no haya tantas. De ancho tiene, tomándola del cabo ó punta -primera oriental, que llamamos de Maycí, cuasi al tercio della, 55 ó 60 -leguas, y luégo se comienza á ensangostar y va siempre de allí hasta -el cabo postrero ó punta occidental, poco más ó poco ménos angosta -de 20 leguas. Su sitio es dentro del trópico de Cáncer en 20 y 20 y -medio y hasta 21°. Es cuasi toda tierra llana y llena toda de montes -ó florestas; desde la punta oriental de Maycí, 30 leguas ó más, tiene -altísimas sierras, y al Poniente, pasadas las dos tercias partes de -toda ella, tambien las hay, y al medio della, eso mismo, hay otras, -puesto que no muy altas. Salen muy graciosos rios de una parte al -Norte, y de otra á la del Sur, llenos de pescados, mayormente lizas y -sávalos, y estos entran y suben de la mar. Cuasi en el medio de la isla -tiene infinitas isletas juntas por la banda del Sur, que, como dijimos -en el libro I, el Almirante, cuando la descubrió al segundo viaje, las -llamó el Jardin de la Reina. Otras tiene, aunque no tantas, por la del -Norte, que nombró el Jardin del Rey, Diego Velazquez; á la parte ó -costa del Sur, ó austral, sale cuasi al medio della un rio poderoso que -los indios llamaban Cauto, de muy hermosa ribera, en el cual se crian -infinitos cocodrilos, que abusivamente llamamos lagartos, de los mismos -que cria el rio Nilo, que suelen ser muy nombrados, ó por ventura se -crian en la mar y suben el rio arriba, y los que pasan por este rio es -menester no descuidarse, mayormente si les toma la noche en la ribera -dél, porque salen fuera del agua y andan por tierra, y llevan el hombre -que hallan durmiendo ó descuidado arrastrando al agua, donde lo matan -y comen, sin dejar dél nada; y al pasar el rio suelen echar mano de -los que van á pié, y tambien de los caballos. Esto mismo hacen donde -quiera, en estas Indias, que los hay, mayormente en la tierra firme -á la costa del Sur, en unas partes más y en otras ménos, son bravos -segun están encarnizados. En todas estas islas, cuatro, no hay, ni ha -habido, destos cocodrilos, sino en la de Cuba, y en ella, sólo en el -dicho rio y á la banda austral, porque á la del Norte, ni en ella, ni -en otra, excepto en la tierra firme como en el rio de Cumaná y en los -de por abajo, que hay hartos. Los tiempos pasados, agora cincuenta -años, pareció uno dellos en esta isla, á la misma banda del Sur, -hácia la villa de Salvatierra de la Çavana, que es, como se ha dicho, -al cabo desta isla, no me acuerdo bien si lo mataron. Al propósito -tornando, muchos rios y arroyos tuvieron mucho oro, dello de marca -que el castellano valia 450 maravedís; otro habia más fino y de más -quilates que valia á 470 maravedís, y ésto solamente lo habia en las -sierras y rios que salen al puerto de Xagua, que se dirá; otro habia -bajo que valia á ducado el peso por tener mucho cobre. La dicha isla de -Cuba es, como dije, muy montuosa, que cuasi se pueden andar 300 leguas -por debajo de árboles; estos son diversos como los desta Española, y -entre otros hay muy hermosos cedros, odoríferos y colorados, gruesos, -como gruesos bueyes, de que hacian grandes canoas los indios, que -cabian 50 y 70 hombres, para navegar por la mar, y destas era Cuba muy -rica en su tiempo y abundante. Hay otros árboles de estoraque, los -cuales no cognoscemos, mas que, si nos ponemos en algun alto en las -mañanas, es cosa maravillosa el olor tan suave que se siente, que no -parece sino que junto con el hombre, se quema preciosísimo estoraque, -y ésto se siente por las mañanas, por los vapores de la tierra que lo -suben, saliendo el sol, de los fuegos que los indios hacian de noche, -como siempre tengan fuego de noche, no porque haga frio, sino fresco -para ellos que no tienen como nosotros las camas, sino unas hamacas. -Hay unos árboles que dan una fruta que se llamaban xáguas, la primera -sílaba luenga, que son tan grandes como unos riñones de ternera, las -cuales, quitadas del árbol, aunque no estén maduras, y aporreadas, y -dejadas en un rincon de casa tres ó cuatro dias madurar, se hinchen -todas de miel, y todo lo que tienen dentro, que es cierta carne, ó -no sé á qué la compare, no es ménos sabrosa, y podré decir más que -una pera enmelada y sazonada. Hay en toda la isla de Cuba tantas de -parras monteses y de uvas en ellas, que hay lugares donde en un tiro -de ballesta en rededor, se podrian coger cien cargas, y doscientas de -uvas, y hacer vino dellas, puesto que ágrio, y yo lo bebí no muy ágrio, -por manera, que si se cultivasen y les diese el sol y el viento, sin -duda se harian domésticas y suaves, pero como están entre los montes y -grandes árboles, ni el sol las calienta, ni refresca el aire; y como -ya dije, la isla tiene de luengo cerca de 300 leguas, y se puede andar -toda por debajo de los árboles, y en todos los montes haya parras, -soliamos decir que habiamos visto viña tan grande que duraba 300 -leguas. El gordor de muchas parras dellas, las vimos mucho mayor de un -hombre, y no es encarecimiento decir ésto, y no es maravilla, pues los -cedros y otros árboles son tan gruesos como arriba decimos, lo cual -causa la gran humidad y fertilidad y grosedad de la isla. Toda ella es -más fresca y más templada que esta isla Española, y es tierra muy sana. -Tiene puertos admirables, muy más cerrados y seguros para muchas naos, -que si los hobieran hecho á mano, en especial en la costa ó ribera del -Sur, como es el de la ciudad de Santiago, el cual es de la forma de -una cruz, pero el de Xágua no creo yo que puede ser otro mejor, y ni -quizá tal en todo el mundo. Entran las naos por aquella angostura, que -terná un tiro de ballesta ó poco más, si no me he olvidado, y dentro -hay 10 leguas de agua con tres isletas que á la una ó á las dos de las -cuales pueden atar las naos en un estaca sin que se meneen de allí, -porque toda aquella anchura y capacidad del puerto está cerrada de -sierras como, si estuviesen dentro de una casa. Es tanta la multitud -de pescado que en él hay, mayormente de lizas, que tenian los indios -dentro del mismo puerto, en la misma mar, corrales hechos de cañas -hincadas, dentro de los cuales estaban cercadas y atajadas 20, y 30 y -50.000 lizas, que una dellas no se podia salir, de donde con sus redes -sacaban las que querian, y las otras dejábanlas de la manera que las -tuvieran en una alberca ó estanque. En la ribera ó costa del Norte hay -buenos puertos, y el mejor y mucho bueno es el que llaman de Carenas -y agora de la Habana; éste es él mucho bueno y capaz de muchas naos, -y pocos hay en España, y quizá ni en muchas partes del mundo, que se -le iguale, y éste cae casi al cabo de la isla, hácia el Poniente; y -20 leguas de allí, más al Levante, hay otro llamado el de Matanzas, -pero no es muy seguro ni guardado. El puerto que llaman del Príncipe -tambien es muy bueno, y éste cuasi está al medio de la isla, y cuasi al -cabo hay otro llamado de Baracoa, razonable, y otros en medio destos, -algunos, que son buenos surgideros para navíos no muy grandes. Las -aves que hay en aquella isla son muchas, como palomas, y tórtolas, y -perdices naturales como las de España, pero son menores, y fuera de las -pechugas, en lo demas tienen poca carne, y, si no es en aquella isla, -ni en esta Española, ni en otra destas islas, perdices no las hay. Lo -mismo decimos de grullas, que en sola Cuba se hallan, sino en la tierra -firme hay tambien otras aves que en ninguna parte destas Indias, islas -ni tierra firme no se han hallado, á cuanto yo tengo entendido; estas -son unas aves de la misma forma y grandor de grullas, las cuales al -principio son blancas como una paloma bien blanca, y poco á poco se -van haciendo coloradas, y al cabo ninguna pluma tienen que no sea -muy colorada, cosa hermosa es de ver. Y si estas aves alcanzaran los -indios de la Nueva España, por ser tan curiosos artífices de hacer -cosas de pluma, lo que ningunas gentes del mundo hasta hoy se hallaron -que tales obras hiciesen, tuviéranlas por cosa muy preciada; y es cosa -de ver cuando se comienzan á colorar, que como siempre están 500 y -1.000 juntas, no parecen sino greyes de ovejas señaladas ó almagradas, -comunmente no andan volando como las grullas, sino que siempre están en -la mar, todas las zancas ó piernas metidas en el agua salada, los piés -en el suelo que no les llega á la pluma el agua, y ésto es porque no se -mantienen sino de las hierbas, ó quizá pescadillos que están dentro de -la mar, y deben beber de la misma agua, porque si los indios tomaban -alguna dellas para tenerla en casa, le han de echar el caçabí ó lo -que les dan de comer en un vasija de agua, y en ella echalles un puño -de sal. Hay inmensidad de muy graciosos papagayos muy verdes, y sólo -tienen sobre el pico, en la frente, una poquita de pluma colorada, y en -ésto difieren de los desta isla Española, porque los desta, aquello de -sobre el pico es blanco ó cuasi como pelado. Por Mayo, y desde adelante -cuando ellos son nuevos, son de comer, cocidos y asados, muy mejores -que zorzales en su tiempo, ni otras buenas aves. Tomaban los indios -por ésta manera cuantos querian sin que uno se les fuese; sobíase un -niño de diez ó quince años en un árbol con un papagayo vivo, poníase -sobre la cabeza una poca de hierba ó paja, y en tocando con la mano -en la cabeza del papagayo dá luégo voces como quejándose, luégo todos -los papagayos que andan en el aire, que son innumerables, en oyendo -al papagayo atado, se vienen, sin quedar ninguno, y asiéntanse en el -árbol; el muchacho tiene una varilla muy delgada con un hilo delgado, -y al cabo hecho un lazo, y su poco á poco echa el lazo al pescuezo de -cada papagayo, porque no se asombra de la varilla, ántes piensa que es -cosa del mismo árbol, y tira y traelo á la mano, tuércele la cabeza y -échalo abajo; y así hace á todos los que quiere, hasta que ve abajo el -suelo cubierto de papagayos, que le parece que no podrá llevar más á -cuestas de los echados, y si de una vez quisiese llevar mil, y diez -mil, podria matallos, porque por demas es que los papagayos se levanten -del árbol, en tanto que el papagayo atado se quejare ó graznare. -Hay unas aves que vuelan cuasi junto con el suelo, que los indios -llamaban biáyas, la média sílaba luenga, que los indios corriendo las -alcanzaban, y tambien con perros, si no me he olvidado, las cuales, -cocidas, hacen el caldo como azafranado; son muy sabrosas y teniamos -en lugar de faisanes. Habia en aquella isla una especie de caza harto -provechosa y abundante, que los indios nombraban guaminiquinájes, la -penúltima luenga; éstos eran tan grandes como perrillos de halda, -tenian muy sabrosa carne, y, como dije, habia dellos grande abundancia. -Tenian dos hombres que comer en uno, al ménos dos para entre tres -bastaba; matábanse por piés y con un garrote, y mucho más con perros, -porque eran en correr muy torpes. Despues que hobo puercos de los -nuestros los acabaron todos, como en esta isla las hutias, que era -otra especie de caza; la hechura era, y en especial la cola, como de -ratones. Habia y hay en aquella isla culebras admirables, gruesas como -una gorda pierna de hombre, y muy grandes, todas de pintura pardas, muy -torpes, que las pisaba el hombre, hechas roscas, y cuasi no lo sentian. -Habia eso mismo iguanas, que son propias sierpes, de hechura de -lagartos, tan grandes como unos perrillos de halda, pintadas. El comer -dellas, dicen los nuestros, que exceden á faisanes, pero nunca pudieron -conmigo que las probase. De pescado es aquella isla muy demasiadamente -copiosa y abundante por ambas á dos costas ó partes, lizas, mojarras -de las de Castilla y sávalos muy grandes, y agujas, y otros muchos -pescados; pero por la banda ó costa del Sur, como hay infinitas -isletas, como dije llamarse Jardin de la Reina, y la mar hace mucho -remanso entre ellas y la grande, críanse por allí tantas de tortugas -que no tienen número, cuya pesquería es admirable: las tortugas son tan -grandes como una gran rodela, y áun como una adarga, pesa cada una, con -la carne ó pescado y manteca que tiene, comunmente cuatro arrobas, que -es un quintal. Es muy buena de comer y cosa muy sana, la manteca della -es como enjundia de gallina, muy amarilla, que parece, derretida, como -oro. Es buena para limpiar lepra y sarna, y enfermedad semejante. Hay -para comer en una tortuga 10 hombres que se harten, y más; tiene 500 y -600 huevos como de gallina; no tienen cáscara, sino una tela delgada; -salen de la mar á poner los huevos en tierra, y entiérranlos en el -arena, y el sol con el arena los ampolla, y de cada huevo sale una -tortuguita y luégo van todas á buscar la mar por instinto natural. La -pesca dellas es con este arte; tomaban los indios un pece que llaman -los marineros pece reveso, que será como una buena y gorda sardina en -el tamaño, y atábanle un cordel bien delgado á la cola, y de largo 30 y -50 brazas, segun convenia ser largo, y echábanlo á la mar, el pececillo -va luégo á buscar las tortugas, y en hallándolas pegábasele á una en la -concha de abajo, y cuando el indio via que sería tiempo, tiraba de su -hilo ó cordel su poco á poco, y traia por el agua la tortuga que pesaba -un quintal, como si trujera una chica calabaza; el pezecillo reveso, en -pegándose, donde quiera que se pegue, nunca se puede de allí quitar, -sino haciéndolos pedazos. Desta manera se tomaban tantas tortugas, que -á cada paso se podia hacer y se hacia una carnicería de tanta carne, ó -lo que es, como se podria hacer de cien vacas; y así, acaecia venir 300 -ó 400 indios de aquella carne ó pescado cargados, que nos presentaban. -Porque así como decimos que tenian de lizas corrales, así tambien los -tenian, entre aquellas isletas, de tortugas, quinientas y mil juntas, -que ninguna salia ni se podia ir de los cercados hechos de seto de -cañas. Allende de todo lo dicho, cuanto al pan caçabí, hallamos aquella -isla llena de aquellas sus labranzas, y nunca se ha hallado tierra en -estas Indias, que en abundancia de comida y de las cosas necesarias, le -hiciese ventaja. - - - - -CAPÍTULO XXIII. - - -Dicho de aquella isla lo que toca á la grandeza, sitio y cualidades, -y de lo que en sí contenia, como está declarado, consiguientemente -se sigue deber decir lo que concierne á la gente de que la hallamos -poblada. Las gentes que primero la poblaron eran las mismas que tenian -las islas de los Lucayos pobladas, gentes simplicísimas, pacíficas, -benignas, desnudas, sin cuidado de hacer mal á nadie, ántes bien, unas -á otras, como parece asaz claro en el libro I, cuando las descubrió -y anduvo entre ellas muchos dias el primer Almirante, se favorecian. -Despues pasaron desta isla Española alguna gente, mayormente despues -que los españoles comenzaron á fatigar y á oprimir los vecinos -naturales desta, y, llegados en aquella, por grado ó por fuerza en -ella habitaron, y sojuzgaron por ventura los naturales della, que, -como dije arriba, llamábanse cibunéyes, la penúltima luenga, y, segun -entónces creimos, no habia cincuenta años que los desta hobiesen pasado -á aquella isla. Finalmente, la gente que hallamos en ella era poco más -ó poco ménos como la de ésta, escepto la de los dichos cibunéyes, que, -como dije, muy modesta y simplicísima. Tenian sus Reyes y señores, y -sus pueblos de 200 y 300 casas, y en cada casa muchos vecinos, como -acostumbraban los desta isla. Vivian todos pacíficos, no me acuerdo -que oyésemos ni sintiésemos que unos pueblos contra otros, ni señores -con otros, tuviesen guerra. Estaban, como dije, abundantísimos de -comida y de todas las cosas necesarias á la vida; tenian sus labranzas, -muchas y muy ordenadas, de lo cual, todo tener de sobra y habemos con -ello matado la hambre, somos oculares testigos. Tambien dije que sus -bailes y cantos eran más suaves y mejor sonantes, y mas agradables -que los desta isla. La religion que tenian ninguna era, porque ni -tenian templos, ni ídolos, ni sacrificios, ni cosa que cerca desto -pareciese á idolatría, sólo tenian los sacerdotes, ó hechiceros, ó -médicos que en nuestra Apologética Historia dijimos tener las gentes -desta isla, los cuales se cree que hablaban con los demonios, ó los -demonios les declaraban sus dudas y les daban, de lo que pedian, -respuestas. Y para ser dignos de aquella vision ó comunicacion -diabólica, desta manera que diremos se disponian: ayunaban tres y -cuatro meses, y más, continuos, que cuasi cosa no comian, si no era -cierto zumo de hierbas que sólo bastaba para no espirar y salírseles -el ánima, despues que así quedaban flaquísimos y macerados, eran ya -dignos y aptos para que les apareciese aquella vision infernal, y -con ellos comunicase, y apareciéndoles, notificaba si habia de haber -buenos ó malos temporales, si enfermedades, si hijos les nacerian ó -vivirian los ya nacidos, y otras cosas que le preguntaban; y estos -eran sus oráculos, como fué costumbre en todas las naciones del mundo, -que carecieron del cognoscimiento del verdadero Dios, tener ciertos -hechiceros ó sacerdotes, hombres ó mujeres, que llamaban pythios ó -pythias, que de tal manera tenia pacto con el diablo, que, ó se le -revestia en el cuerpo, ó le aparecia en alguna manera ó forma, del -cual tenian sus respuestas, y sabian las cosas por venir que los -demonios podian saber por vía natural ó experiencia, como que desde á -tantos dias lloveria ó cosas semejantes. Y es de saber, que siempre -los demonios tuvieron industria de ganar algunas personas en toda la -gentilidad, que tenian por principales ó inmediatos ministros, con -los cuales engañaban á toda la otra gente, y estos escogian segun las -inclinaciones cognoscian tener para las supersticiones más aparejadas, -á los cuales por diversas vías, permitiéndolo Dios por sus pecados, -engañaban y ganaban, y despues obligábanlos con pacto expreso ó tácito -de serles subjectos y obedientes, y los demonios á ellos, para hacer -lo que les mandasen. Desto hablamos muy largo en nuestra Historia -Apologética, descubriendo grandes cautelas de los demonios, astucias -y engaños con que señorearon por esta vía todo el linaje humano. Así -era en estas gentes, de gracia y de doctrina, como todas las otras -del mundo, desmamparadas, y por medio destos, que los indios llamaban -en la lengua desta Española y de Cuba behíques, la media sílaba -luenga, debian sembrar en toda la otra gente muchas supersticiones y -agorerías, y ramos, ó señales de idolatría, que nosotros por aquellos -tiempos de escudriñarlo no curamos, y así los tuvieron en esta isla -Española, como en el susodicho libro declaramos. Hacíanse aquellos -behíques ó hechiceros, médicos, y curaban soplando, y con otros actos -exteriores, y hablando entre dientes algunas palabras. De cualquiera -destas supersticiones, y de tener respuestas del demonio echan luégo -mano los españoles para blasfemar destas gentes, y piensan que por -aquellas supersticiones tienen mayor derecho á roballas oprimillas y -matallas, lo cual les proviene por grande ignorancia de la ceguedad -y errores, supersticiones y idolatría de la gentilidad antigua, en -las cuales no estuvo ménos zabullida España, y á aquella ignorancia -no faltó ni falta en los nuestros malicia grande, que la acompaña, -por justificar sus crueles obras si pudiesen algo; y sepan lo que -debian de considerar, que donde quiera que doctrina y la palabra de -Dios falta, por muy políticos, y sábios, y áun cristianos que sean -los hombres, se olvidan y depraban, y hallarán por experiencia que en -los pueblos donde hay frecuencia de sermones, la gente suele haber -morigerada, compuesta y bien ordenada, y donde más mucho más; por el -contrario, donde hay pocos ó ningunos, verán los hombres, por la mayor -parte, sueltos, descompuestos, desbaratados en las costumbres, y poco -á poco se tornan insensibles para las cosas espirituales como animales -y brutales, y así, una de las mayores plagas y azotes que Dios suele -dar á los pueblos, que determinan desmampararse de la palabra de Dios -es de sermones privallos, y así lo amenaza Dios por los profetas: -_Mittant famem in terram, non famem panis sed audiendi verbum Dei_, -etc. Así que, ninguno se maraville ni haga contra estas gentes ascos, -porque, donde quiera que gracia y doctrina falta, no hay causa de -nos maravillar de los defectos y pecados que tienen y hacen, sino -de los que no tienen y no hacen hay razon y materia de nos espantar. -Cognoscimiento tenian estas gentes de Cuba, de que habia sido el cielo -y las otras cosas criadas, y decian que por tres personas, y que la -una vino de tal parte, y la otra de tal, con otras patrañas; yo les -decia que aquellas tres personas eran un verdadero Dios en Trinidad, -etc. Tuvieron noticia grande del Diluvio, y que se habia perdido el -mundo por mucha agua. Decian los viejos de más de setenta años, que un -hombre, sabiendo que habia de venir el Diluvio, hizo una nao grande, y -se metió en ella con su casa, y muchos animales, y que envió un cuervo, -y no volvió por comer de los cuerpos muertos, y despues envió una -paloma, la cual volvió cantando y trujo una rama con hoja que parecia -de hovo, pero que no era hovo; el cual salió del navío, y hizo vino -de las parras monteses que hay en Cuba, y se embriagó, y teniendo dos -hijos, el uno se rió y dijo al otro, echémonos con él, pero el otro le -riñó y cubrió al padre; el cual, despues de dormido el vino y sabida la -desvergüenza del hijo, lo maldijo, y al otro dió bendiciones, y que de -aquel habian procedido los indios destas tierras y por eso no tenian -sayos ni capas, pero los españoles, del otro que no se rió, por lo cual -andaban vestidos y tenian caballos. Esto refirió un indio viejo de -más de setenta años, á un español llamado Gabriel de Cabrera, porque -un dia, riñendo con él y llamándole perro, respondió el indio: «¿Por -qué me riñes y llamas perro? ¿Por ventura, no somos hermanos todos? -¿Vosotros no procedeis del un hijo de aquel que hizo la nao grande por -salvarse del agua, y nosotros del otro?» Esto refirió despues el mismo -indio delante de muchos otros españoles, publicado por el dicho Cabrera -su amo, y el mismo Cabrera me lo dijo á mí, despues muchos años, haber -así acaecido; era hombre prudente y honrado. Cerca de las costumbres -y leyes que tenian, como duraron poco por la causa que los desta isla -Española, ni los primeros que allí fuimos, ni los que despues aquella -isla asolaron no entendimos dellas nada. Lo que podemos con más -seguridad dellos juzgar es, que pues los hallamos en sus pueblos, y -con sus señores y Reyes pacíficos y ordenados, que, _manu regia_, como -antiguamente se rigieron sin leyes, al principio, los romanos, por -alvedrío y prudencia del Rey, así estos debian en aquella isla entre -sí, en justicia y paz, ser gobernados. Y éste es muy claro y averiguado -argumento, y señal de haber justicia y ejercicio della en algun reino, -ciudad ó pueblo, ó de la gente ser en sí virtuosa, cuando entre los -vecinos hay paz, y cada uno vive y está contento con lo suyo porque sin -justicia, segun el Filósofo y Sant Agustin, en el libro II, capítulo -21, _De Civitate Dei_, ninguna comunidad de gente junta, aunque sea -en una casa, puede permanecer ni mucho durar. Pues como estas gentes -desta isla y de la de Cuba, y de todas estas Indias, las hayamos -hallado vivir en pueblos y en ayuntamientos grandes, como lugares y -ciudades, aunque más dellos no sepamos, podemos razonablemente juzgar -que, ó eran con justicia por sus mayores gobernadas, ó que de su propia -y natural condicion vivian cada uno sin ofensa y daño de los demas. -Como dijimos en nuestra Apologética Historia, las gentes destas cuatro -islas, Española, Cuba, Sant Juan y Jamáica, y las de los Lucayos, -carecian de comer carne humana, y del pecado contra natura, y de hurtar -y otras costumbres malas; de lo primero ninguno dudó hasta hoy, de lo -segundo, tampoco aquellos que tractaron y cognoscieron estas gentes, -solamente Oviedo que presumió de escribir historia á lo que nunca vió, -ni cognosció, ni vido algunas destas, las infamó deste vicio nefando, -diciendo que eran todos sodomitas, con tanta facilidad y temeridad, -como si dijera que la color dellas era un poco fusca, ó morena más que -la de los de España. Es verdad, lo que aquí digo, que por muchos años -que en esta isla estuve, y vide, y cognoscí las gentes della, y tracté -con los españoles y con religiosos, y españoles que con el primer -Almirante la primera vez vinieron, y con mi mismo padre que con él -entónces vino, y que nunca jamás oí ni sospeché, ni sentí que hombre -hablase, ni sospechase, ni sintiese dellas cosa deste vicio, más que se -habla, ni entiende, ni se siente, ni sospecha de los de España que son -los nuestros, ántes oí decir algunas veces á los mismos españoles que -los oprimian y acabaron de matar, «¡oh, qué gente tan bienaventurada -era ésta si fueran cristianos!» cognosciendo la bondad natural que -tenian y carecian de vicios; y despues, mirando yo de propósito en -ello, y preguntando á personas que pudieran saber ó sospechar algo -dello, si lo hobiera, y me fué siempre respondido, que ninguna memoria -ni sospecha se tuvo desto. Y entre otras personas fué una mujer vieja, -india, Cacica ó señora, que habia sido casada con un español de los -primeros en esta isla, estándola yo confesando, miré en preguntarle si -ántes que los españoles á esta isla viniesen habia entre los hombres -alguna costumbre, ó mácula deste vicio, y me respondió: «Padre, no, -porque si la hobiera entre los indios, las mujeres, á bocados, los -comiéramos y no quedara hombre dellos vivo.» En la isla de Cuba, cuando -allí fuimos, hallamos un indio sólo que traia unas naguas, que es -vestidura de mujeres, con que se cubren desde la cinta á la rodilla, -de lo cual tuvimos alguna sospecha si habia algo de aquello, pero no -lo averiguamos, y pudo ser que por alguna causa, aquel ó otros, si -quizá los habia, se dedicasen á hacer oficios de mujeres y trujese -aquel vestido, no para el detestable fin, de la manera que refiere -Hipócrates y Galeno, que hacen algunas gentes cithias, los cuales por -andar mucho á caballo, incurren cierta enfermedad, y para sanar della -sángranse de ciertas venas, de donde finalmente les proviene á que -ya no son hombres para mujeres, y, cognosciendo en sí aquel defecto, -luégo mudan el hábito, y se dedican, ofrecen y ocupan en los oficios -que hacen las mujeres, y no para otro mal efecto, así pudo ser allí, -é en otras partes destas Indias donde aquellos se hallasen, ó por -otras causas, segun sus ritos y costumbres, y no para fin de aquellas -vilezas. Afirmar, pues, como hace Oviedo que todos eran sodomitas -los que aquella y desta isla, bien creo, que de haberlo escripto, -donde quiera que hoy está le pesa, y plega á Dios que sea pesar con -fruto de conciencia; levantóles á estos destas islas y á otros muchos -destas Indias, falsísimos testimonios, cierto, infamándolos de grandes -pecados y de ser bestias, porque nunca abrió la boca, en tocando en -indios, sino para decir mal dellos, y estas infamias han volado cuasi -por todo el mundo, como há dias que temerariamente publicó su falsa -historia, dándole el mundo crédito, el cual él no merecia por sus -falsedades grandes y muchas que dijo destas gentes, pero el mundo no -considera más de que se ponga en molde, cualquiera que sea, con que -tenga cosas nuevas y sabrosas, ó conformes á lo que para sostener los -suyos mundanamente desea, y porque costumbre vieja suya es rescibir é -creer más fácilmente lo malo que lo bueno. Puesto que si la historia -de Oviedo llevara en la frente escripto como su autor habia sido -conquistador, robador y matador de los indios, y haber echado en las -minas gentes dellos, en las cuales perecieron, y así ser enemigo cruel -dellos, como se dirá, y él mismo lo confiesa, al ménos entre los -prudentes y cristianos cuerdos, poco crédito y auctoridad su historia -tuviera. - - - - -CAPÍTULO XXIV. - - -Era gente pacífica, como dije, y benigna la de Cuba como la desta isla -Española, y creo que podia decir que á la desta, en ello, excedia, -puesto que no se qué mayor señal de benignidad puede decirse que la -que al Almirante primero, y á los primeros cristianos que con él, -al descubrimiento desta tierra, vinieron, el rey Guacanagarí en su -hospedaje y tractamiento, por muchos dias, como en el libro I dijimos, -hizo. Igual desta parece la benignidad y caritativo acogimiento, que -los vecinos de la provincia ó pueblo de Cueyba, en la isla de Cuba, -hicieron à Alonso de Hojeda y á su compañía, cuando salieron de la -gran ciénaga cuasi muertos, como en el libro II, capítulo 60, se dijo, -donde los pudieran matar á todos sin que hobiera memoria dellos, como -lo pudiera hacer el dicho Rey Guacanagarí al Almirante viejo cuando -se le perdió la nao en aquel puerto que llamó de la Navidad. Lo -mismo hicieron los mismos indios vecinos de la dicha isla de Cuba al -bachiller Anciso, y á Çamudio y á Valdivia, cuando vino echado Anciso -de tierra firme, como se dirá, con un navío y ciertos marineros, harto -sólo y desbaratado, y en especial le fué hecho amorosísimo acogimiento -por un gran señor y Rey de la provincia ó pueblo que se llamaba Macáca, -la media sílaba luenga, que es á la costa de la mar del Sur, y tiene -un puerto 15 ó 20 leguas del de Santiago, si no me he olvidado. Este -Rey ó Cacique se nombró el Comendador, la razon de su nombre diremos -luégo, el cual hizo y su gente, á Anciso y á los que con él venian, -tantas y tales obras, que en su misma casa no le fueran hechas mejores. -Y otros españoles habian venido ántes por allí, (porque todos los -desbaratados que venian de tierra firme aportaban á aquella isla), que -habian rescibido las mismas; de los cuales se quedó un marinero en -aquel pueblo de aqueste señor, enfermo, por no estar para pasar con -los demas en canoas, á lo que creo, á esta isla. Este marinero, con -lo que sabia de cristiano, aprendido algo de aquella lengua, enseñó -al Cacique y á su gente algunas cosas de Dios, en especial los impuso -en devocion de Nuestra Señora, diciendo que era Madre de Dios, y que -habia quedado despues del parto vírgen, mostrándoles una imágen de la -Vírgen que en papel traia, la cual le pidió el Cacique, y recitábales -muchas veces el Ave-María. Inducióle que hiciese hacer una iglesia como -casa de Nuestra Señora, la cual hicieron y un altar en ella; la cual, -luégo adornaron con cosas hechas de algodon, segun que mejor pudieron. -Pusiéronle muchas vasijas de comida y de agua, creyendo que de noche ó -de dia, si tuviese hambre, comeria; enseñóles como á las mañanas y á -las tardes fuese el Cacique y los vecinos á saludar á Nuestra Señora, -diciendo la oracion angélica. El Rey y todos entraban en la iglesia -y se hincaban de rodillas, las cabezas bajas, juntas las manos, muy -humildes, diciendo: «Ave-María, Ave-María, Sancta María, ayúdanos» -porque más adelante destas palabras, si no eran pocos, de coro aprender -no podian. Quedóles esta costumbre despues que el marinero sanó y se -pasó á esta isla, que no pasaba dia que su devocion y oraciones no -proseguian; y cuando llegó el bachiller Anciso y los que con él iban, -luégo el Cacique y Rey Comendador los tomó por la mano con grande -alegría y llevó á la iglesia, señalándoles con el dedo la imágen, -diciendo que aquello era gran cosa, y que la querian mucho porque era -la Madre de Dios, Sancta María. Fué inestimable la devocion que el -Cacique y toda su gente tuvieron á Nuestra Señora, en cuyo honor lo -compusieron cantares y bailes, repitiendo en ellos muchas veces Sancta -María; y, segun Anciso referia, vieron patentes milagros que Nuestra -Señora con ellos hizo, de donde procedió devocion á otros pueblos con -quien tuvieron ciertas pendencias, segun dijo Anciso. Hace mencion de -todo ésto Pedro Mártir, en su Década segunda, cap. 6.º, escribiéndolo -al Papa Leon X, habiéndolo oido en Valladolid del mismo Anciso. El -cual dice al Papa por estas palabras en el fin de aquella epístola: -_Hæc volui, Beatissime Pater, de incolarum religione recensuisse, quæ, -non ab Anciso solum verum et a pluribus aliis auctoritate pollentibus -viris, scrutatus sum, que intelligat Beatitudo tua quam docile sit hoc -genus hominum, quamque facilis pateat eis ad nostræ religionis ritus -imbuendos aditus. Nequeunt ista fieri repente; paulatim ad Christi -legem Evangelicam, in cujus culmine sedes, trahentur omnes, et tui -gregis oves multiplicatas in dies magis ac magis, Beatisime Pater -intelliges._ El nombre del Cacique, Comendador, lo hobo desta manera, -que como de los españoles que por allí venian supiese que era bien -ser cristiano baptizándose, y pidiese el baptismo, no supe quién lo -baptizó, mas de que cuando el nombre se le habia de dar, preguntó que -cómo se llamaba el señor grande de los cristianos que aquesta isla -Española gobernaba; dijéronle que se llamaba el Comendador, y entónces -dijo que aquel queria que fuese su nombre; de donde parece, que en -tiempo del Comendador Mayor de Alcántara, que gobernó esta isla, fué -aquél Cacique cristiano, y ésto no parece que pudo ser sino el año de -508, y por Sebastian de Ocampo, que envió el dicho Comendador Mayor á -que bojase y rodease aquella tierra de Cuba, porque áun no se sabia -si era isla ó tierra firme, porque ántes del año de 8, ninguno llegó -por allí, si no fué cuando la quiso rodear, el año de 4, el Almirante, -si quizá llegó allí entónces y lo hizo baptizar, porque llevaba -consigo clérigo capellán, y le hizo poner otro nombre y despues tomó -el del Comendador Mayor de Alcántara, pero creo que no, porque por -allí tuvo muchos trabajos de tormentas y vientos contrarios. Despues -del año de 8, ya no habia Comendador Mayor en esta isla, sino el -segundo Almirante; pudo tambien ser, que alguno de los que venian de -tierra firme, despues del año de 509, clérigo, y áun quizá seglar, -se atrevió á baptizarlo y ponelle aquel nombre por ser aficionado al -dicho Comendador Mayor. Por las cosas ya dichas de la benignidad y -buen tratamiento que los indios, vecinos de aquella isla de Cuba, con -Hojeda y con Anciso usaron, y así tambien con los de ántes ó despues -destos españoles que por aquella isla de tierra firme pasaron, parece -claro ser falso lo que refiere allí Pedro Mártir, conviene á saber, -que cuando llegaron á aquella isla Colmenares y Caicedo, procuradores -que los del Darien á Castilla enviaron, hallaron la carabela en que -Valdivia habia venido, cuando lo envió Vasco Nuñez la segunda vez á -esta isla Española, como se dirá, en la costa de la mar, hecha pedazos -en el agua, y juzgaron que los indios los habian muerto, la cual pudo -perderse como se perdió, segun diremos, en la mar, y ahogarse todos, -y despues echar la tormenta donde la hallaron. Cuanto más, que si á -aquellos mataran, y los de Cuéyba mataran á Hojeda y á los demas, y el -Comendador y su gente hicieran pedazos á Anciso y á los de su compañía, -y á todos los que ántes destos por allí pasaron, justamente lo hacian, -como á gente de cruel y tiránica infamada, y de quien sabian que -habian destruido esta isla Española, y tantas islas de los Lucayos, de -todos los cuales se habian ido huyendo á aquella isla de la tiránica y -horrible servidumbre con que los oprimian y mataban, como en el libro -precedente, cap. 60, fué declarado, y así podian racionabilísimamente -temer que á ellos les habian de hacer otro tanto, como lo hicieron -al cabo, hasta que, como á ésta, toda la despoblaron, y, pues no lo -hicieron pudiéndolo hacer tan á su salvo, señal es que pudo ser que ni -á Valdivia ni á Nicuesa, como algunos tambien pensaron, los de Cuba -mataron. Dice allí tambien Pedro Mártir, que como no hallaron cuerpo -ninguno, que los matadores los debian de haber echado en la mar, ó dado -á los caribes que comen carne humana, que por allí debian de navegar; -pero ésto no tiene señal de verdad, porque nunca jamás se halló que los -caribes, si los hay, descendiesen tanto abajo de sus islas, que son -las de Guadalupe y Dominica, que están más al Oriente que la de Sant -Juan, y áun á esta Española creo que no bajaban sino quizá de cuando -en cuando, y los que informaban desto á Pedro Mártir hablaban lo que -no sabian, sino lo que se les figuraba ó antojaba. Oviedo dice muchas -cosas, como suele, que no vido, de costumbres malas de la gente de -aquella isla, que ni yo supe, que fuí de los primeros y estuve allí -algunos años, ni jamás oí á hombre que lo alcanzase; porque, como está -dicho y se dirá, fué tan presta y violenta la destruccion de aquella -isla, que no fué posible los indios usar cosa de las que dice, ni los -españoles verlo para lo alcanzar, porque despues que allí entramos -nunca tuvieron un dia de alivio, sino que toda su ocupacion era en los -trabajos que los mataban, y la hora que dellos cesaban no tenian otro -cuidado que lamentar y gemir su desventura y calamidad. Dice Oviedo -que cuando alguno se casaba, señor ó principal, ó de los plebeyos y -bajos, todos los convidados, primero que el novio, habian de tener con -la novia mala parte; yo creo que el que lo dijo á Oviedo no le dijo -verdad, porque nunca hobo tiempo para que aquello de los indios se -alcanzase. Y si verdad fuese, naciones hobo entre las antiguas, que -vivian sin cognoscimiento de Dios, que acostumbraron lo mismo, como á -la larga en nuestra Apologética Historia mostramos. Y por ésto no es -de maravillar que quien carece de doctrina y de gracia caiga en estos -defectos y en otros mayores y más. - - - FIN DEL TOMO TERCERO. - - - - - ÍNDICE. - - - Páginas. - - ADVERTENCIA PRELIMINAR V - - ARGUMENTO DEL LIBRO SEGUNDO IX - - FACSÍMILE XII - - LIBRO SEGUNDO.--Capítulo I. 1 - - Cap. II. 10 - - Cap. III. 17 - - Cap. IV. 22 - - Cap. V. 28 - - Cap. VI. 33 - - Cap. VII. 40 - - Cap. VIII. 44 - - Cap. IX. 50 - - Cap. X. 56 - - Cap. XI. 60 - - Cap. XII. 64 - - Cap. XIII. 70 - - Cap. XIV.--En el cual se prosiguen la quinta y las otras tres - partes de la carta de la Reina, de que mal usó el Comendador - Mayor, en perdicion de los indios 76 - - Cap. XV. 84 - - Cap. XVI. 89 - - Cap. XVII. 93 - - Cap. XVIII. 97 - - Cap. XIX. 103 - - Cap. XX. 108 - - Cap. XXI. 112 - - Cap. XXII. 118 - - Cap. XXIII. 122 - - Cap. XXIV. 126 - - Cap. XXV. 130 - - Cap. XXVI. 134 - - Cap. XXVII. 138 - - Cap. XXVIII. 143 - - Cap. XXIX. 147 - - Cap. XXX. 153 - - Cap. XXXI. 158 - - Cap. XXXII. 162 - - Cap. XXXIII. 168 - - Cap. XXXIV. 173 - - Cap. XXXV. 177 - - Cap. XXXVI. 182 - - Cap. XXXVII. 186 - - Cap. XXXVIII. 194 - - Cap. XXXIX. 199 - - Cap. XL. 204 - - Cap. XLI. 208 - - Cap. XLII. 214 - - Cap. XLIII. 220 - - Cap. XLIV. 225 - - Cap. XLV. 230 - - Cap. XLVI. 234 - - Cap. XLVII. 237 - - Cap. XLVIII.--En el cual se prosiguen las declaraciones del - Consejo, en Sevilla y en la Coruña 243 - - Cap. XLIX. 248 - - Cap. L. 252 - - Cap. LI. 257 - - Cap. LII. 262 - - Cap. LIII. 269 - - Cap. LIV. 273 - - Cap. LV. 280 - - Cap. LVI. 286 - - Cap. LVII. 289 - - Cap. LVIII. 294 - - Cap. LIX. 298 - - Cap. LX. 303 - - Cap. LXI. 308 - - Cap. LXII. 312 - - Cap. LXIII. 317 - - Cap. LXIV. 325 - - Cap. LXV. 329 - - Cap. LXVI. 334 - - Cap. LXVII. 340 - - Cap. LXVIII. 344 - - LIBRO TERCERO.--Capítulo I. 351 - - Cap. II. 357 - - Cap. III. 361 - - Cap. IV. 365 - - Cap. V. 370 - - Cap. VI. 376 - - Cap. VII. 381 - - Cap. VIII. 386 - - Cap. IX. 391 - - Cap. X. 397 - - Cap. XI. 403 - - Cap. XII. 410 - - Cap. XIII. 417 - - Cap. XIV.--En el cual se prosigue la declaracion de algunos - puntos del prólogo de las leyes 422 - - Cap. XV.--En el cual se comienzan á referir las leyes, y á - notar los defectos, y puntos, y males que contienen, etc. 428 - - Cap. XVI.--En el cual se prosigue la relacion y declaracion de - los defectos que tuvieron las dichas leyes 434 - - Cap. XVII. 439 - - Cap. XVIII. 446 - - Cap. XIX. 450 - - Cap. XX.--En el cual se contiene una grande ingrata inhumanidad - que los españoles, que iban á saltear hombres en las islas - de los Lucayos, á ciertas gentes de la tierra Florida, - hicieron.--Y parece ser éstos los primeros que aquella tierra - descubrieron.--Y como Juan Ponce de Leon fué á descubrir por - lo más alto, y descubrió el cabo Grande de la Florida, al - cual le puso aquel nombre.--Y como fué á Castilla y vino por - Adelantado della y Gobernador, y al cabo murió miserablemente - 456 - - Cap. XXI. 462 - - Cap. XXII. 467 - - Cap. XXIII. 474 - - Cap. XXIV. 481 - - - - -FOOTNOTES: - -[1] Lo que está dentro del paréntesis se halla al márgen, de puño y -letra de Las Casas. - -[2] Hasta aquí, desde «De diferente manera», es de letra de Las Casas, -y no pueden leerse las últimas palabras por haber sido cortadas al -encuadernar el libro. - -[3] Y este fué el varon sancto fray Pedro de Córdoba, como se dijo. -(_Nota al márgen, de letra de la época, pero no de Las Casas._) - -[4] Y estos eran los tiranos que pretendian tener los indios por -siervos, y que habian hecho las leyes. (_Nota al márgen, de letra de la -época, pero no de Las Casas._) - - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias, Volume 3 (of 5), by -Bartolomé de las Casas - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS, VOL 3 *** - -***** This file should be named 53171-0.txt or 53171-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/3/1/7/53171/ - -Produced by Giovanni Fini, Josep Cols Canals, Biblioteca -Digital Hispánica and the Online Distributed Proofreading -Team at http://www.pgdp.net - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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