diff options
| -rw-r--r-- | .gitattributes | 4 | ||||
| -rw-r--r-- | LICENSE.txt | 11 | ||||
| -rw-r--r-- | README.md | 2 | ||||
| -rw-r--r-- | old/52857-8.txt | 4359 | ||||
| -rw-r--r-- | old/52857-8.zip | bin | 102104 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h.zip | bin | 965294 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/52857-h.htm | 6299 | ||||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/a.jpg | bin | 7878 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/c.jpg | bin | 7878 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/cover.jpg | bin | 31462 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/d.jpg | bin | 7410 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/e.jpg | bin | 6177 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/h.jpg | bin | 7189 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p007.jpg | bin | 24666 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p009.jpg | bin | 37845 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p019.jpg | bin | 12535 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p021.jpg | bin | 23477 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p023.jpg | bin | 41674 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p069.jpg | bin | 24496 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p071.jpg | bin | 37404 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p085.jpg | bin | 21400 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p087.jpg | bin | 43051 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p101.jpg | bin | 10864 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p103.jpg | bin | 20264 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p105.jpg | bin | 44317 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p115.jpg | bin | 5076 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p117.jpg | bin | 24292 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p119.jpg | bin | 42971 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p129.jpg | bin | 24376 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p131.jpg | bin | 54208 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p155.jpg | bin | 23416 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p157.jpg | bin | 54617 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p181.jpg | bin | 23771 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p183.jpg | bin | 36407 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p195.jpg | bin | 23546 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p197.jpg | bin | 38611 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p207.jpg | bin | 10935 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p209.jpg | bin | 26576 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p211.jpg | bin | 43550 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/p250.jpg | bin | 5042 -> 0 bytes | |||
| -rw-r--r-- | old/52857-h/images/u.jpg | bin | 7249 -> 0 bytes |
41 files changed, 17 insertions, 10658 deletions
diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..ee5d52d --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for +eBook #52857 (https://www.gutenberg.org/ebooks/52857) diff --git a/old/52857-8.txt b/old/52857-8.txt deleted file mode 100644 index 6c2760b..0000000 --- a/old/52857-8.txt +++ /dev/null @@ -1,4359 +0,0 @@ -The Project Gutenberg eBook, Tierras Solares, by Rubén Darío, Illustrated -by Enrique Ochoa - - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - - -Title: Tierras Solares - Volumen III de las obras completas - - -Author: Rubén Darío - - - -Release Date: August 20, 2016 [eBook #52857] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - - -***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIERRAS SOLARES*** - - -E-text prepared by Josep Cols Canals, Carlos Colón, and the Online -Distributed Proofreading Team (http://www.pgdp.net) from page images -generously made available by Internet Archive/Canadian Libraries -(https://archive.org/details/toronto) - - - -Note: Project Gutenberg also has an HTML version of this - file which includes the original illuminations. - See 52857-h.htm or 52857-h.zip: - (http://www.gutenberg.org/files/52857/52857-h/52857-h.htm) - or - (http://www.gutenberg.org/files/52857/52857-h.zip) - - - Images of the original pages are available through - Internet Archive/Canadian Libraries. See - https://archive.org/details/obrascompletaspr03daruoft - - -Nota del Transcriptor: - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las - minúsculas) han sido sustituidas por letras mayúsculas - de tamaño normal. - - - - - - TIERRAS - SOLARES - - POR - - RUBÉN DARIO - - ILUSTRACIONES - DE - ENRIQUE OCHOA - - - - Volumen III de las obras completas. - Administración: Editorial - MUNDO LATINO - - MADRID - - - - - ES PROPIEDAD - - - - - A - - FELIPE LÓPEZ - - MUY CORDIALMENTE - - _R. D._ - - - - -[Ilustración: BARCELONA] - - - - -[Ilustración] - - -DESPUÉS de algunos años vuelvo a Barcelona, tierra buena. En otra -ocasión os he dicho mis impresiones de este país grato y amable, en -donde la laboriosidad es virtud común y el orgullo innato y el sustento -de las tradiciones defensa contra debilitamientos y decadencias. Salí -de París el día de la primera nevada, que anunciaba la crudez del -próximo invierno. Salí en busca de sol y salud, y aquí, desde que he -llegado, he visto la luz alegre y sana del sol español, un cielo sin -las tristezas parisienses; y una vez más me he asombrado de cómo -Jean Moreas encuentra en París el mismo cielo de Grecia, el cual tan -solamente da todo su gozo en las tierras solares. Bien es cierto que el -poeta se refiere más al ambiente que a la luz, más al respirar que al -mirar. Pero la bondad de este cielo entra principalmente por los ojos y -los poros, abiertos al cálido cariño del inmenso y maravilloso diamante -de vida que nos hace la merced de existir. - -Cuando os escribí de España fué a raíz de la guerra funesta. Acababa -de pasar la tempestad. Estaba dolorosa y abatida la raza, agonizaba -el país. Y os hablé, sin embargo, de la mina de energía, del vasto -yacimiento de fuerza que hallé en esta provincia de Cataluña, gracias -al carácter de los habitantes, de antaño famosos por empresas arduas -y bien realizadas; y admiré la riqueza y el movimiento productor -de esta Barcelona modernísima, hermana en trabajo de la potente -Bilbao, afortunadas hormigas ambas que no han mirado nunca con buen -mirar a la cortesana cigarra de Castilla. España estaba, por opinión -general, condenada a la perpetua ruina, a la irremediable muerte. -No se veía venir por ninguna parte el caballero esperado, a quien -buscaba en la lejanía del camino la mirada ansiosa de la hermana Ana. -Hubo el aparecimiento de los profetas del mal y la irrupción de los -improvisados salvadores. Todo el mundo era hábil para indicar una -senda propicia; todo el mundo se creía llamado a poner nueva sangre -en el cuerpo agotado. Se dijera un consejo de políticas. Todas las -políticas y todos los politiquistas sabían un secreto con el cual se -iba a hinchar con músculos nuevos el pellejo del maltrecho León. En el -mundo del pensamiento se veían apenas unas cuantas esperanzas entre -el coro de eminencias amojamadas. Apenas los pocos violentos, los -revolucionarios, los iconoclastas, hacían lo posible por encender una -hoguera nueva. Y olía demasiado a podrido en Dinamarca. - -Hoy, al pasar, mi impresión es otra. Desde hace algún tiempo se ha -notado un estremecimiento de vida en la península. Cierto que las -políticas y los politiquistas continúan con sus ruidos inútiles y sus -discursos verbosos; cierto que ni los del carlismo renuncian a su -vago soñar, ni los de la república pierden momento para proclamar -que ellos son los dueños del porvenir y de la grandeza nacional, -entre escándalos y rivalidades poco provechosas al verdadero ideal -perseguido; cierto que el clericalismo inquisitorial, por un lado, -y el militarismo montjuichesco, por otro, no han cambiado un ápice -desde los tiempos terribles en que cayó, rojamente, el pobre y grande -conservador D. Antonio Cánovas; cierto que nadie sucede al pobre y -grande liberal Emilio Castelar; cierto que cierta prensa en que los -antiguos baturrillos, tiquismiquis, o dimes y diretes continúan en -una tradicional ignorancia de cultura, aún persiste; cierto que el -hambre del pueblo no mengua; cierto que la pereza general y la inquina -porque sí, del uno contra el otro, se sigue manifestando; cierto que -sigue oliendo a podrido en Dinamarca. Pero, fijáos bien: una fragancia -de juventud en flor llega hasta nosotros. Voces individuales, pero -poderosas y firmes, dicen palabras de bien y de verdad que el país -comienza a escuchar. Hay un rumor. ¿Es una resurrección? No, es un -despertamiento. Se renace. Se vuelve a vivir en un deseo de acción, -que demuestra y anuncia una próxima era de victorias. No tenían razón -los desconsolados, los que juzgaron el daño irremediable. He ahí los -buenos pensadores de la nueva España que piensa; he ahí los buenos -profesores de trabajo; los bravos catedráticos de actos, que enseñan a -las generaciones flamantes la manera de conseguir el logro, de sembrar -para recoger. Los superficiales del pedantismo desaparecieron; los -superficiales del odio inmotivado, de la improductiva palabra, de -las envidias absurdas, esos no existen más que en sí mismos. Existe, -empero, una juventud que ha encontrado su verbo. Existen los nuevos -apóstoles que dicen la doctrina saludable de la regeneración, del gozo -de la existencia; los buenos escritores de desinterés y de ímpetu; -los nuevos poetas que hablan armoniosamente, con sencillez o con -complicación, según sus almas, lo que sienten, lo que juzgan que deben -decir, en amor y sinceridad, con desdén del lodo verbal, de la vulgar -hazaña, del reir injusto. Y eso en toda España, desde entre los vascos -y catalanes activos, hasta entre los vibrantes andaluces y entre los -habitantes de la gárrula corte. La salud será, pues, luego, total. - -Mas Barcelona me detiene, con su carácter tan propio, y sin embargo, -desde antes tan universalizada más que europeizada. Sus ramblas -floridas hierven de almas, con su paseo de Gracia; las fábricas vecinas -han adquirido mayor empuje. Llegan numerosos los barcos a traer el -material de las industrias y salen cargados de la exportación pingüe -que aumenta la existente riqueza. Se alzan palacios flamantes. La -electricidad ayuda al progreso por todos puntos. La urbe se ensancha -y la población crece. Tan solamente turban la paz activa de producir -las agitaciones que de tanto en tanto siguen manifestándose y tomando -incremento en el elemento obrero. Hay un huevo que empolla desde -hace años la revolución latente, pero de ese huevo no saldrá ni con -mucho la soñada gallina gorda de los socialistas; antes bien, el ave -roja de la anarquía. El obrero aquí no se deja embaucar y va viendo -por sí solo. Los cabecillas pueden de un momento a otro perder su -cabeza. El trabajador aquí se impone, y su imposición se nota. No se -ve un solo establecimiento público que esté vedado a la blusa, y la -blusa hace ostentación de su presencia en todas partes. La cultura -general es también mayor, como ya otra vez lo he hecho notar, que en -otras provincias. El ambiente barcelonés es el de un pequeño París. -Sus artistas y escritores, genuinamente catalanes, están en contacto -con todo el mundo. Esta tierra de hombres de labor material, vasto -nido de menestrales, es también sustentadora de fuertes cerebros, de -aladas almas, de finas y sutiles imaginaciones. En el siglo XIX surge -el marqués de Campo; lo cual no obsta para que nazca después Santiago -Rusiñol. Rusiñol, espíritu encantador, pintor de soñaciones, maestro -de melancolías, y el cual en todas sus obras pone algo de la tristeza -que ha aprendido en las partes dolorosas y misteriosas de la vida. Le -conocí en París, después de ser muy amigos desde lejos. Es la primera -vez en que la persona no me causó decepción por el artista. Personal -e intelectualmente es el mismo. Gracias a Dios que no me ha quitado -aún--¡ni me lo quite nunca!--el don de admirar. Admirar de veras, con -mente sincera, con el corazón o con la cabeza, o con ambas cosas. Me -habló entonces Rusiñol de su drama _L'Heroe_ y de la resonancia del -estreno, pues en la pieza hay dura enseñanza popular dicha, si con -manera de noble artista, con claridad que pone a la vista de todos una -amarga lección de los injustos horrores de la guerra. Los del gobierno, -los del poder y los entorchados, protestaron e iban a provocar grueso -escándalo; las representaciones cesaron por orden de la autoridad, y -el artista dramaturgo tuvo que salir para Francia. Ahora veo en los -carteles anunciada una obra nueva, que por su título juzgo causará, si -cabe, mayores protestas. Se llama _El Mistich_. El soñador hace así -su ofrenda de bien a los oprimidos, ayuda a los de abajo. Como debe -hacerlo: desde arriba. - -Otros poetas traducen a los clásicos, y a los modernísimos extranjeros. -Hay un «teatro latino» que equivale a l'Oeuvre, o al Libre de París. Se -publican excelentes revistas de ideas y de arte, y libros de ingenios y -talentos bregadores presentados en formas artísticamente llamativas y -de bella tipografía. Todo ésto en catalán. Pues son raros los que, como -el noble poeta Marquina, prefieren vestir de castellano sus ideas. - -La juventud--¡brava «joventut»!--cultiva su campo, siembra su -semilla. Alza, construye su torre en el limitado cerco en que se oye -su lengua: pero desde lo alto de su torre, ve todos los horizontes. -Fecundo núcleo de vivaz civilización, la vieja Barcino, la generosa -y gallarda Barcelona de ahora, se afianza en su seguro valor y alza -la cabeza orgullosa coronada de muros, entre la montaña y el mar, que -vió partir en otros siglos los barcos de sus conquistadores. ¿Existe -el catalanismo? ¿Existe el odio que se ha dicho contra el resto de -España? Yo no lo creo ni lo noto ahora. Existe el catalanismo, si -por catalanismo se entiende el deseo de usufructuar el haber propio, -la separación de ese mismo haber para salvarlo de la amenazadora -bancarrota general, el derecho de la hormiga para decir a la cigarra: -«¡baila ahora!»; y la voluntad de mandar en su casa. Mas así como el -ansia de porvenir ha unido a los obreros catalanes con todos los de -la península en una misma mira y un mismo sentimiento, el deseo de -vuelo y expansión comienza a unir a la intelectualidad libre catalana -con la libre intelectualidad española, representada por admirables -personalidades pertenecientes a todas las provincias, ligados así -todos por la solidaridad del pensamiento y el propósito de olvidar -pasados defectos y errores, y colaborar en la misma tarea de bondad -y de gloria. Cierto, repito, que quedan los anquilosados de ayer, -los rezagados de la pacotilla; pero toda la sucia y seca hojarasca -desaparece al brotar la nueva selva, al renovarse la flora del viejo -jardín, a la entrada triunfal de la recién nacida primavera. La -América española ha mandado también sus embajadores, y poco a poco se -va formando más íntima relación entre ambos continentes, gracias a la -fuerza íntima de la idea, y a la internacional potencia del arte y -de la palabra. Pues hasta, por mayor decoro, la vida comercial misma -ha sacado ventajas, ayudada por los predicadores de las letras y -misioneros del periodismo. La unión mental será más y más fundamental -cada día que pase, conservando cada país su personalidad y su manera -de expresión. Se cambiarán con mayor frecuencia las delegaciones de -los intereses y las delegaciones de las ideas. Seremos, entonces -sí, la más grande España, antes de que avance el yanqui haciendo -Panamaes. Que cada región tenga y conserve su egoísmo altivo, pues de -la conjunción de todos esos egoísmos se forma la común grandeza; cada -grande árbol crece y se fortifica solo y todos forman la floresta. Esto -me hace pensar la Barcelona de las rojas barretinas y de las compañías -de vapores, la Barcelona de Rusiñol y de Gual, y la de las copiosas -fábricas y nutridos almacenes; la que hace oro, labra hierro, cultiva -flores y se fecunda a sí misma, entre los montes altos, silenciosos y -las inmensas aguas que hablan. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración: MÁLAGA] - - - - -[Ilustración] - - -ESCRIBO a la orilla del mar, sobre una terraza adonde llega el ruido -de la espuma. A pesar de la estación, está alegre y claro el día, y -el cielo limpio, de limpidez mineral, y el aire acariciador. Esta es -la dulce Málaga, llamada la Bella, de donde son las famosas pasas, -las famosas mujeres y el vino preferido para la consagración. Es -justamente una parte de la «tierra de María Santísima», con dos partes -de la tierra de Mahoma. Mas el color local se va perdiendo, a medida -que avanza la universal civilización destructora de poesía y hacedora -de negocios. Hay, en verdad, mucho de lo típico, en los barrios -singulares, como el Perchel, la Trinidad y la escalonada Alcazaba; mas -la ciudad no os ofrecerá mucho que satisfaga a vuestra imaginación, -sobre todo si imagináis a la francesa, y no buscáis sino pandereta, -navaja, mantón y calañés. Hay sí la reja cantada en los versos, y los -ojos espléndidos de las mujeres, y la molicie, y el ambiente de amor. -Hay las callejuelas estrechas y antiguas, y las ventanas adornadas -con los tiestos de albahacas y claveles, como en los cromos; hay -bastante morisco y no poco medioeval. Mas, del lado del mar, surge una -Málaga cosmopolita y nueva, y más que cosmopolita, inglesa, durante -la «season», pues demás está decir que desde que un Mr. Richard Ford -escribió en su «Hand-Book for travellers in Spain» que el clima de -Málaga es «superior a todos los de Italia y España para enfermedades -del pecho» y que «aquí el invierno es desconocido», la invasión -británica estuvo decretada. Los ingleses no han llegado a Andalucía tan -solamente por bien de sus pulmones y bronquios. Y así, como lo hace -observar José Nogales, que es autoridad y que es andaluz: «en las -zonas andaluzas donde se extiende la influencia inglesa--exclusivamente -inglesa--, la vida interior reacciona de un modo maravilloso. Parece -otra gente. Por Málaga, por el campo de Gibraltar y por Huelva, van -entrando los ingleses en mansa y tranquila invasión de intereses que de -día en día ensanchan y afirman. Y el fenómeno por mí observado consiste -en lo bien y rápidamente que se entienden y hermanan el andaluz y el -inglés. A los dos días de llegar, el inglés es «don Guillermo», o «don -Roberto», o «don Jorge». Unos y otros se acomodan bien a sus maneras, y -hay, andando el tiempo, deseos del entruque rara vez desperdiciados. De -ahí va saliendo el núcleo de una raza nueva y vigorosa». El extranjero -ha traído a Andalucía el impulso del trabajo, ha implantado fábricas, -ha dado gran aumento a la exportación de frutas y de vinos. ¿Quién se -acuerda ya del inglés «aborrecido»? El nombre de uno está grabado en -un monumento público, el inglés Robert Boyd, que fué fusilado por la -causa de la libertad, junto con Torrijos. Estas villas floridas, estos -chalets llenos de morenas meridionales y rubias anglo-sajonas, al -lado de la Caleta y el Polo, hacen recordar que por aquí pasó Byron y -afirman que esto es encantador. Sobre todo, no hay ese bullir lujoso -de las ciudades balnearias revueltas por la moda y emponzoñadas por -el casino. Aquí no hay casino, ni moda, ni viene Liane de Pougy, ni -monsieur de Phocas. Aquí hay luz, montes apacibles, el Mediterráneo, -barcas pescadoras. «Larios y boquerones», corrige un andaluz que lee -las últimas palabras que he escrito. - -¿Larios? En efecto, en la ciudad todo es Larios. La propiedad, la -influencia política, están en poder de ese apellido. Vais por un paseo -y encontráis una estatua del marqués de Larios. La calle principal -de la ciudad, es la calle de Larios; las casas todas que forman esa -calle, pertenecen a los Larios; de los Larios son también otras cuantas -regadas en la población. Hay dos grandes fábricas de hilados, con -unos ocho mil trabajadores, y demás está deciros que esa fábrica es -de los Larios. Hay diez fábricas y refinerías de azúcar, y pertenecen -igualmente a la famosa familia.--¿Y ese gran asilo?--De Larios. Desde -Gibraltar hasta Almería, me dicen, todo es de ellos. Málaga es la -ciudad de los Larios.--¿Y la catedral, también será de ellos?--La -catedral no; pero el reloj de la catedral, ¡sí! Estas son andaluzadas -en serio. - - * * * * * - -«Les damos por armas la forma de la misma ciudad y fortaleza de -Gibralfaro, con el corral de los cautivos en un campo colorado, y por -reverencia y en cada una de sus torres, las imágenes de los patronos de -Málaga, San Ciriaco y Santa Paula, y por honra del puerto las ondas del -mar, y por orladura de las dichas armas, el yugo y las flechas». Así se -expresa la real cédula en que los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña -Isabel, concedieron a Málaga el blasón que queda dicho. Gibralfaro es -una ruina, como todo lo que queda recordando el poderío árabe. He visto -la bella puerta de las Atarazanas sirviendo de entrada a un mercado, en -el mismo lugar en que se levantaba una magnífica mezquita en tiempos no -de tanta miseria para el pueblo malagueño. Es la obra de los cristianos -y civilizados vencedores. La labrada piedra contesta: _Le galib ille -Aláh_: El vencedor solo es Dios... - -Y la herencia arábiga se encuentra por todas partes, en la faz de las -mujeres, en las figuras del pueblo, en las rejas de las casas, en los -guturales gritos de los vendedores ambulantes. - -Cuando he recorrido la ciudadela de la antigua Alcazaba, he creído -ver revivir ante mis ojos la pasada existencia. Habitan gentes en las -mismas viejas construcciones, casas estrechas y escalonadas en la -altura, desde donde se domina el ancho puerto. - -En algún punto veis, sobre una columna corintia del tiempo de la -dominación romana, el arco en herradura que vió pasar los albornoces -blancos y los estandartes verdes. He conocido al poeta y novelista -Arturo Reyes, el primero de los portaliras malagueños y bien amado de -sus conterráneos; jamás he visto moro de pintura o de verdad que le -supere en aspecto. ¡Qué modelo para Benjamín Constant! He visto vestida -a la moda de París y en un elegante carruaje, a Zulema; y, con una flor -en la cabeza, comprando pescado, cerca del seco Guadalmedina, a Zoraida. - - * * * * * - -Entrando a la realidad de la vida, halláis un pueblo pobre, falto -de sangre y de trabajo. El exceso de población apenas halla salida -escasa en los inmigrantes que atraviesan el Océano. Y la indolencia -nacional... Iba yo recorriendo la ciudad, en un tranvía tirado por -flojos caballos. Allá, en un lugar llamado Puerta Nueva, se encontró -un carro en la vía, en el carro unos cuantos sacos, y el carrero -consiendo uno de ellos. El hombre vió venir el tranvía con una mirada -indiferente, y siguió cosiendo su saco. ¿Pasaríamos? ¿No pasaríamos...? -El conductor descendió a hablar con el carrero; oí vagas palabras, -vi pocos gestos. El hombre seguía consiendo su saco... A los cuatro -minutos, el tranvía pudo pasar, _et pour cause_. El hombre había -acabado de coser su saco... - -En un lugar de la larga hondonada que forma el lecho del sediento -Guadalmedina, he visto una especie de lamentable mercado al aire libre, -peces y fruta, cestas de pulpos como en Nápoles, y naranjas doradas. Lo -pintoresco no quita la sensación de miseria, entre calles y callejuelas -llenas de malos olores, de charcos pestilenciales, de focos de -enfermedad. Me explico la abundancia de pálidos rostros, de colores -marchitos en las más hermosas facciones. - -Hoy veo, en un diario, que el número de reses vacunas sacrificadas -es de veinte; y Málaga tiene más de ciento treinta mil habitantes... -¡Y la carne paga una peseta el kilo, de derechos de consumo! Un muy -discreto y activo periodista, a quien he tenido el placer de tratar, el -Sr. Fernández y García, me da los más penosos detalles: «La carestía -de los artículos alimenticios, dice, equivale a un grave motivo de -alarma. La carne, para los pobres, resulta un artículo de lujo. Muchos -enfermos tienen que prescindir de ese alimento necesario para reponer -las fuerzas, porque su precio excesivo no lo pone al alcance más que -de las personas bien acomodadas. La leche es mala y cara. ¿De qué -nos sirve nuestra vecindad con Marruecos, si rara vez disfrutamos -la ventaja de recibir, en cantidad suficiente, huevos y aves a -precios económicos, importados de los terrenos inmediatos a nuestras -posesiones de Africa? El pescado mismo, con excepción de los días de -pesca abundante y extraordinaria, sufre carestía. ¿El bacalao? Si el -gobierno no toma el buen acuerdo de pedir a las Cortes la supresión de -los derechos arancelarios, se venderá tan caro, que, como sucede con la -carne, no estará al alcance de los pobres. Sólo faltaba el aumento en -los precios de los alquileres, y ya es tan difícil encontrar albergue -higiénico y barato, como un avaro con alma. De modo que el malestar se -acentúa para todas esas clases de la sociedad a quienes la lucha por -la existencia resulta penosísima, y que van dejándose la piel en las -zarzas de estos infortunios. Con decir que el remedio no se vislumbra, -se expresa que la desgracia que nos afluye parece mayor porque se vive -sin esperanzas». Hay, pues, necesidad en las clases pobres, hambre en -el pueblo. - -La antigua religiosidad ha mermado mucho, y, en sus sufrimientos, ya -no se vuelven los necesitados a la Divinidad, ya no se ruega a Dios... -Se siente una invasión de protestas anárquicas, que va de la ciudad a -la campiña, a pesar de las congregaciones religiosas que luchan por -conservar su influencia, a pesar de las vírgenes que podéis ver en -algunos sitios, a la entrada de algunas casas, adornadas de flores -artificiales, y ante las cuales arde una pálida lamparilla de devoción -tradicional. - - * * * * * - -Hoy, 11 de Diciembre, aniversario del fusilamiento de Torrijos y -sus compañeros, he ido a ver el monumento levantado en memoria del -espantoso sacrificio... No vi coronas profusas, flores de recuerdo. -Por calles sucias, entre baches y pedregales, llegué, por el barrio -del Perchel, a la iglesia del Carmen, donde estaba el antiguo -convento. Por el camino, un compañero me recuerda la página sangrienta -que inmortalizó artísticamente un célebre pincel. Encontrábanse en -Gibraltar unos cincuenta desterrados a causa de sus ideas liberales, -y fueron llamados secretamente por el gobernador de Málaga, Moreno, -proponiéndoles pronunciarse con ellos en favor de las libertades -de la Constitución, como se decía entonces. Salieron de Gibraltar -cincuenta y un hombres. En camino, pasaron la noche en el cortijo de -la Alquería, y allí fueron copados por las tropas que mandó con ese -objeto el mismo gobernador de Málaga. Lograron escapar dos ingleses, -de tres que venían en la expedición. Llegaron los presos por la mañana -del 10 de Diciembre, y al día siguiente, a pesar de ser día domingo, -con el permiso episcopal, fueron fusilados. La capilla la pasaron en -una iglesia del entonces convento carmelita. La ejecución empezó a -las siete de la mañana y duró media hora. El último que mataron fué -el inglés Boyd. «Mi abuelo, me dice la persona que me acompaña, oyó -los tiros desde el vecino matadero de reses. Calcula que se tirarían -mil tiros... De lo que no hay que asombrarse, teniendo en cuenta que -entonces se usaban fusiles de chispa, que estaba lloviendo y que se -mojaba la pólvora de las cazoletas, por lo que fallaban muchos tiros. -Los quejidos de las víctimas y el estado nervioso de los mismos -soldados de la ejecución aumentaban el horror de tal manera, que el -fraile que confesó y ayudó a bien morir a las víctimas se volvió -loco...» - -Al llegar a la iglesia, un chicuelo zaparrastroso me sale al paso. - ---¿Qué quiere usted? - ---Visitar la iglesia. - ---Venga. - ---Dime: ¿en dónde estuvieron encerrados Torrijos y sus compañeros? - -El chico me mira asombrado. No halla qué contestar. Le explico más. Se -trata de unos que mataron hace tiempo... Por fin cae en la cuenta. - ---Venga usted. Ya sé. Aquí está el confesonario en donde los confesaron. - -En efecto: en una capilla que está al lado derecho del altar mayor, y -cuya entrada aún conserva la gruesa reja que sirvió de cárcel de una -noche a los sacrificados, logré ver entre la obscuridad, aislado, un -confesonario viejo y polvoroso. Luego salgo con mi amigo acompañante a -buscar el lugar en que fueron ultimados. Lo encontramos, preguntando, -en una callejuela inmunda. Hay una base gastada, de mármol, sobre la -que reposa una tosca cruz de hierro. Hay una inscripción borrada, -ilegible. Ni una flor. Hay comadres conversando en las puertas de las -casuchas vecinas, y muchachos mugrientos jugando a pleno cielo, y un -perro soñoliento hacia el lado por donde se va al mar azul... - -Esta es Málaga la Bella, de donde son las famosas pasas, las famosas -mujeres y el vino preferido para la consagración. - - -II - -Por la mañana he ido a ver «sacar el copo» a los pescadores, a un -lado del esbelto y blanco faro. Las gentes están ya de fiesta como -la mar y el sol. Miro animación por las calles, sobre todo cerca de -la Plaza de la Constitución, donde un puñado de barracas atrae a los -transeuntes y forasteros. La calle de lujo, la calle Larios, ofrece -sus vitrinas llenas de dulces, de pintura _criarde_ y de artículos -de París. Allá en la playa hay ropas más vistosas que de costumbre, -mantones blancos y azules, pañuelos y corbatas policromas, entre las -gentes que van a presenciar la sacada de la red. Tirada por unos -cuantos hombres y muchachos, sostenida en las aguas por odres infladas, -va saliendo poco a poco ante la inmensidad del Mediterráneo azul y -del cielo azul. Cuando llega a la arena y la recogen rápidamente los -pescadores--después de larga fatiga,--se ve la carga de boquerones -semejantes a vivas rebanaduras de plomo, los opalinos y flácidos -calamares, la pescadilla como una lanza, la sardina plateada y profusa. -De allí los recoge el vendedor callejero, que va después gritando su -calidad y llevando, como la balanza los platillos, dos cestos laterales -colgantes del palo que sostiene sobre sus hombros. - -Por las calles va la gente atareada en busca de los preparativos de -las cenas caseras. Los paveros, «de su banda de pavos en compañía», -como canta la sonora guitarra del poeta Rueda, van, en efecto, -conduciendo, con una vara larga como de alcalde y un ancho sombrero, -a los suculentos animales que son de costumbre y ley en noche de -Navidad. Se compran en las dulcerías y confiterías las sabrosas cosas -miliunanochescas o monjiles, hechas de harinas y mieles, y cuya -nomenclatura regocijaría a pantagruélicos abates: turrones y mazapanes, -pestiños, roscas, tortas de aceite y manteca, y entre cien otros, los -polvorones de Estepa y Laujar, los alfajores exquisitos y golosinas de -almendras y azúcar que se deshacen inefablemente en el paladar. Apenas -me referiré a la _charcuterie_ nacional, con sus salchichones de Vich, -sus chorizos de Candelario y la Rioja y Extremadura, sus incomparables -morcillas y salazones, y la egregia butifarra catalana. Las frutas -tienen admirable representación en los puestos que se establecen a la -entrada de la calle Nueva, con una variedad y lozanía que sorprenden. -Junto a la uva deliciosa del país, cuya fama es universal, y junto a -las doradas naranjas dulcísimas, se ve la americana chirimoya y la -misma caña de azúcar, y la banana, que han brotado en este suelo al -amor de un clima casi tropical. El mercado de frutas en plena calle -es a la manera de un zoko árabe, por su bullicio y movimiento, lo -pintoresco de las gentes, los borriquillos cargados, los tipos mismos -populares y la invisible y perdurable influencia que los antiguos -habitantes africanos dejaron en el ambiente de esta ciudad indolente, -poética y llena de cálida gracia. - -Y he de celebrar siempre, ante todo y después de todo, el hechizo de -la mujer malagueña, indudablemente la primera en hermosura en todo el -reino de belleza que es la tierra de España. Hay que ver Málaga en -un día como éste, con sus calles y paseos, su Caleta y el Palo, su -Alameda y su nuevo Parque, animados de maravillosas rosas vivientes, -que van y vienen, sin coqueterías de países más parisienizados, pero -todas carne floral y colores de vida, de salud y amor. Lo mismo las -malagueñas de la aristocracia, que saben bien los usos y modas de París -y Londres, que las de la clase media y las del pueblo, llevan en sus -rostros un poema de encanto natural y una atávica chispa encendedora de -corazones que hacen revivir en las más prosaicas almas de este tiempo -práctico, un enamorado son de guzla, o una declamación que valga por -una kásida. La malagueña es sultana u odalisca. O impera con la mirada, -o halaga con la sonrisa. Hay cuerpos que van rítmicamente andando con -manera tal, que el _incensu patuit dea_ os sale de los labios. Hay ojos -malagueños que son inmensos, y en su inmensidad está todo el cielo y -todo el mar y todo el amor, junto con la inmensa voluptuosidad. Este es -don particular de la hembra de aquí, como saturada del perfume de la -ilusión moruna del mahometano paraíso. Son las anticipadas huríes. Y -como a sus abuelas les impuso el catolicismo la devoción, hay en ellas -una inquietante mezcla de ángeles católicos y zoraidas sarracenas. -Tienen el más provocador de los pudores. Las cabelleras son copiosas y -doradas o renegridas. He visto pasar dos hermanitas de las más opuestas -cabelleras: la una nocturna, de noche tempestuosa; la otra auroral. -Llevaban el pelo caído por la espalda, y no se podía menos de pensar ya -en Margarita, ya en Mignon. ¿Y Esmeralda? A Esmeralda la veis a cada -paso. Y si vais al suburbio, en el medio gitano, veis aparecer, aun en -horribles tugurios, sus dos ojos negros llenos de pasión y maleficio. - -La goletera, la heroína de Arturo Reyes, sale multiplicada de su -barrio, seguida del novio y de los varios Pipirigañas que andan -alrededor suyo. Como no soy muy ducho en distinguir las de la Goleta -entre las del Perchel y de la Trinidad, se me antoja una Trini cada -moza de las que llaman barbianas, con bellos ojos y caras y cuerpos -de celeste pecado mortal. En el paseo, por la tarde, a orilla del mar -quieto y amoroso en su dulce infinito, se juntan todas esas Trinis en -grupos familiares, cerca de pequeñas hogueras en que en sartas se asan -las ricas sardinas recién salidas del copo, y que se comen calientes, -regadas después con el chispeante Montilla que pone luz solar en la -cabeza y suelta estas ágiles lenguas, estas ágiles manos y estos ágiles -pies, pues siempre se toca la guitarra, siempre se jalea, se acompaña -al tocador con las palmas, siempre se cantan las gimientes malagueñas -o los rítmicos tangos, y a veces se ve a una brava muchacha iniciar -un paso en que luce el garbo heredado de las antiguas danzarinas -andaluzas. Las percheleras y las trinitarias son famosas por su gracia -y su habilidad para el canto y el baile. Así las he admirado al pasar, -mientras un sol cariñoso teñía ya de oro, de violeta, de púrpura, el -inmenso cristal mediterráneo. - -Los hombres pasan con sus trajes nuevos, las americanas ceñidas a la -torera, los sombreros grises cordobeses, los zapatos de charol con la -inevitable caña de color claro. Y con ciertos andares y ademanes que -hacen ver que el compadrito bonaerense ha heredado algo de por acá. -Y las mujeres andan como que se deslizan, con los mantones de lana, -blancos, rojos, azules, como las corbatas de los novios y amigos, y -llevan las cabezas hermosísimas, adornadas con flores, profusamente, -rosas fresquísimas y rosadas, claveles ultraviolentos, y unas especies -de crisantemas pajizas que llaman goyetinas, y que completan la -decoración floral. Quién va a la casa a preparar la cena de la noche, -quién va a las barracas a comprar juguetes con los niños; juguetes que -tienen todo el carácter local: guitarritas, castañuelas, panderetas -y figuras de nacimiento, que se venden al lado del pin-pan-pum, -divertimiento grotesco en que la brutalidad y el instinto de agresión -humanos encuentran contentamiento, lo mismo en la feria de Neully que -en la diminuta fiesta pascual malacitana. Las borracheras populares -comienzan a hacer ruido por la noche. Se oyen pasar las sonoras -«parrandas», reuniones de muchachos y muchachas del pueblo, que van -cantando coplas por las calles, coplas que recuerdan la celebración -del día, la Virgen en el pesebre, José, el niño Jesús, el buey y la -mula. Y de paso va entremezclada la copla amorosa o satírica, al son -de las zambombas, al grito de los pitos, al chocar de las almireces -y castañuelas, al rasgueo de la inseparable guitarra. Hay quien se -acuerda todavía de por qué se celebra esa noche; hay quien piensa, -por la tradición, en la estrella de los reyes magos, en la aldea de -Belén, en el Dios de los cristianos que nació pobremente, que murió -hace muchos siglos, y por el cual se pasan ratos muy agradables y -regocijados. - - La nochebuena se viene, - la nochebuena se va, - y nosotros nos iremos - y no volveremos más. - - ¡Carrasclás, que gordo está el pavo; - carrasclás, que gordito está; - carrasclás, qué enjundia que tiene; - carrasclás, carrasclás, carrasclás! - -¿Quién se acuerda en París, al engullir el «boudin» blanco, ni de -Cristo ni de la muerte...? - -Luego se va aquí a la misa del gallo. Las gentes invaden la iglesia, -iluminada como para la alegre fiesta. El órgano lanza sus chorros -armoniosos. Los villancicos resuenan, como las coplas de una celeste -juerga. Los registros de la voz humana, del bombardón, de la chirimía, -derraman sus sonidos como en un trueno de música. Hay verdadero gozo -en el ambiente, aunque la devoción no sea muy grande. Las campanas han -anunciado el nacimiento del buen Pastor, celebrado por los pastores -y adorado por los reyes. Todo eso está muy bien; y así ha llegado la -hora de ir a los ágapes copiosos en que hay tanta golosina, tanto vino -encendedor de sangre y el animal de ritual: - - ¡Carrasclás, que gordo está el pavo; - carrasclás, que gordito está; - carrasclás, qué enjundia que tiene; - carrasclás, carrasclás, carrasclás! - -Luego será la danza, los cantos; airosas sevillanas, donairosos -panaderos, saltantes y garbosas jotas. Y el buen pueblo continuará -en la zambra; saldrá por la población caminando al compás de sus -instrumentos, echando al aire, bajo las estrellas, estrofa y estrofa; -la parranda llenará con sus ecos todos los barrios; el vino irá -dejando vencidos, y la última canción se escuchará hasta después de -que haya salido el sol. - - * * * * * - -Sol andaluz, que vieron los primitivos celtas, que sedujo a los -antiguos cartagineses, que deslumbró a los navegantes fenicios, que -atrajo a los brumosos vándalos, que admiró a los romanos, pero que, -sobre todo, fué la delicia de los africanos de ojos y sangre solares; -él es más que todo el donador de gracia y amor en esta tierra. Málaga -es predilecta del divino Helios. «En otros días, dice D. Juan Valera, -cuando teníamos en España un pronunciamiento cada seis meses, Málaga -se jactaba de ser la primera en el peligro de la libertad. Ahora que -felizmente la libertad no peligra, Málaga, con su región, bien puede -jactarse, si no de ser la primera, de ir muy adelante y de descollar -mucho en el cultivo de las letras humanas y de la palabra hablada y -escrita. Es singularísimo que los hijos de esa región se distingan -hablando y escribiendo, por dos cualidades extremas en las que se -cifra todo el poder de la palabra humana. El discurso hablado del -malagueño es torrente impetuoso que arrebata y conmueve: acusaciones -serias, chistes, burlas, sistemas políticos y económicos, y hasta -filosofías de la historia, inventado todo de repente y convertido en -masa de proyectiles para derribar a los contrarios y meterlos debajo -de los bancos; tal es la elocuencia torrencial de la región malagueña: -algo semejante a una venida del Guadalmedina.» Esas son cualidades -solares. El sol da su brillo a la imaginación malagueña, su fuerza a -la fecundidad malagueña, su singular encanto a la hembra malagueña; -Castelar no era de Málaga, era de Cádiz; hermana solar también; pero -Cánovas era malagueño. La paleta del egregio maestro Moreno Carbonero -concentra mucho de esta luz poderosa y dominante. Los poetas malagueños -Díaz de Escovar, que hace cantares oyendo el latir del corazón de su -pueblo; Reyes, que lleva la primacía, ardoroso moro, y más que andaluz -supermalagueño; Rueda, maestro en gay saber andaluz; Urbano, delicado; -Sánchez Rodríguez, triste y melodioso; González Anaya, enamorado -melancólico de su tierra; Fernández de los Reyes, que labra el verso -sincero y vibrador; todos los portaliras malagueños son dignos de su -raza solar. Son almas que sufren lejanos atavismos, de los cuales brota -el canto como la rosa del rosal. - -Hay una estatua que levantar en Málaga: la de Hamehet-el-Zegrí. - -Y así concluyo estas líneas sobre la Nochebuena, en pleno sol. - - -III - -Los extranjeros que llegamos en la hora actual a España, sufrimos -ciertamente desengaños. Hemos llegado tarde; _les lauriers sont -coupés_. El progreso es el enemigo de lo pintoresco, y su nivelación -no va dejando carácter local ni originalidad en ninguna parte. Hay -andaluces de la hora presente que protestan contra la Andalucía de -figuras de pandereta y caja-de-pasas, que tanto ha dado que escribir, -cantar y pintar, la Andalucía byroniana, de Gautier, la de D'Amicis; -protestan porque quieren otra Andalucía semejante a los Dorados -comerciales en que piensa mi amigo Maeztu. ¡Ah! desgraciadamente ya -no encontramos la poética Andalucía sino muy venida a menos o muy ida -a más. El progreso aquí en Málaga, por ejemplo, ha traído los altos -hornos y se ha llevado los encantos de antaño. Las particularidades -andaluzas que antes daban viva lección de las gracias autóctonas y de -las locales bizarrías, la indumentaria misma, todo lo que constituía -tema para páginas de colorido y de dibujo característicos, queda en los -viejos libros. _El Solitario_ es tan antiguo como Nepote. En la calle -principal de Málaga hay tiendas parisienses, dos clubs. En el paseo -principal hay corso como en Palermo o en el Bois, relativamente, y la -ciudad cuenta con un automóvil, ¡oh poeta Ovando Santarén!, que no -podría entrar en tus octavas reales. - -Los malagueños progresistas que quieren su ciudad igual a no importa -qué «ciudad moderna», con las abominaciones rectangulares que odiaba -el gran Yanqui, están en su derecho, como los venecianos que quieren -rellenar el _Canalazzo_ y echar al olvido las góndolas. Están en su -derecho; pero también están en el suyo los artistas del mundo que -defienden la belleza del pasado y la razón del arte. Nada más odioso -para mí que un doctor japonés vestido de londinense, que durante el -tiempo que nos tocó estar juntos en un compartimiento de ferrocarril, -me hablaba con desprecio de los pintores japoneses y de la poesía -de su raza, y me elogiaba la invasión del parlamentarismo y la -occidentalización de sus compatriotas de ojos circunflejos. Y nada más -simpático que la idea del fuerte y noble pintor Moreno Carbonero, que -inició un proyecto, según me dicen, de reconstruir la ruinosa Alcazaba -morisca malagueña, para resucitar en la ciudad luminosa un rincón -pintoresco y animado de la vida antigua, sin duda alguna más activa, -y, sobre todo, más bella que la presente. Las altas damas desdeñan -ya la mantilla. No se encuentra una maja sino en cromos. Los hombres -quieren, por su parte, parecer ingleses, como los elegantes de todos -lugares. El pueblo bajo no tiene sino vagos restos de las tradicionales -maneras. Los toreros quieren ser personajes sociales. «Don Luis» es -el célebre Mazzantini, y se habla de sus modos de gran señor y de su -biblioteca y de sus trufas. El otro Mazzantini, el _cadet_, se mete en -los asuntos electores de su pueblo, perora, toma parte activa en las -luchas políticas. La coleta queda, por milagro, como un recuerdo y como -una costumbre, que acabará por caer. Los tipos bizarros de antes quedan -para modelos de los pintores y _pour l'exportation_. - -El mismo cante flamenco ha degenerado, ha perdido sus bríos antiguos. -Vagan aún gloriosas ruinas, como Chacón, famoso por sus «jipíos», -tanto como por sus buenas fortunas en aristocráticos caprichos, y Juan -Breva, el «cantaor» de Don Alfonso XII, que, viejo corpulento, va hoy -por ahí cantando en falsetes lamentables las eternas malagueñas de -quejas e hipos, o las amorosas y armoniosas soleares, último aeda del -antes triunfante flamenquismo. Dicen de Chacón que es uno de los que -han contribuído a la ruina del cante, porque ha sido el decadente con -talento de los «cantaores», y los que le han seguido y han querido -hacer como él, han resultado con el fracaso de todos los serviles -acólitos que sin reflexión ni fuerza imitan. Donde algo queda de las -pasadas gracias nativas es en el baile, pues las danzarinas andaluzas -guardan aún las mismas condiciones que las hacen aparecer en los -exámetros de Juvenal. La exportación que ya señala el satírico, está -hoy en más auge que nunca. El baile español se ha hecho un número -preciso en todo programa de café-concert o music-hall que se respeta, -y hay países en donde es singularmente gustado, como en Rusia y en los -Estados Unidos. Carolina Otero conoce la admiración de los rublos. Y -el ilustre cubano José Martí contó, en una de sus bellas cartas, a los -lectores de _La Nación_, de Buenos Aires, cómo los yanquis salían de su -frialdad anglosajona al mover sus estupendas piernas aquella ruidosa y -preciosa Carmencita, que quedó, para regocijo de los ojos, perpetuada -en la tela de Sargent, que guarda el Luxembourg. - -Así, toda joven que aprende a bailar, sueña, si es bella, con la -felicidad que existe en el extranjero, con las contratas en grandes -ciudades en que hay gloria y amor rico, en las victorias de las -Carmencitas, Oteros, Guerreros y Chavitas que van conquistando el mundo -a son de sevillana, jota, vito, seguidilla o tango. Entretanto se van -cerrando los cafés típicos de cante, aun en esta misma Andalucía de las -guitarras, coplas y claveles. Aquí en Málaga había cinco, por ejemplo, -entre ellos el famoso de Silverio, y apenas queda uno, muy mediocre -y poco atrayente. En Sevilla se cerró el sonadísimo Burrero, en la -calle de las Sierpes, después de haber tenido en su tablado todas las -celebridades guitarreras y coreográficas de la tierra, que como sabéis, -es «de María Santísima». Restan apenas las vistosas y decorativas casas -de cante y baile que puedan satisfacer la curiosidad del viajero, en -ciudades de segundo orden, como Ronda, Vélez-Malaga o Antequera, lugar -por donde muchos quieren que salga el sol...; o allá en Algeciras, o -La Línea, en las cercanías de Gibraltar, en donde los ingleses de la -guarnición van a dejar sus libras convertidas en castizas pesetas. - -Yo he ido a ver aquí en Málaga el café de España. Leí el anuncio en -un diario: «Todas las noches, grandes bailes nacionales y cante, por -la célebre cantadora por Tangos la Niña de Pomares, y el aplaudido -cantador José Beda, el Jerezano. A las siete y media. Entrada al -consumo». El local es un largo salón, con mesitas, como cualquier café, -y en el centro un tablado, sin adorno alguno. - -Concurrencia heteróclita; humo de cigarros; uno que otro «señorito», -uno que otro militar, algunos campesinos, que aquí llaman catetos. -De pronto, los acordes de un piano se oyen, y aparecen en el tablado -seis u ocho mozas vestidas de semimajas; es decir, de majas, que a la -conocida indumentaria han agregado adornos y pompones a la francesa. - -Llevan colores vistosos en las faldas cortas y acampanadas, en los -corpiños; y en las cabezas, rizadas y de peinados bajos, portan -moños de cintas y flores de tintes violentos, flores naturales o -artificiales. Bailan primero las boleras, que son las que llevan esas -faldas cortas, y se acompañan con las castañuelas, bailan el olé, -que tiene el ritmo de un vals; los panaderos, más despaciosos, por -dos parejas; las sevillanas, el jaleo, el vito, las soleares, las -«seguirillas», y hasta jotas. Hay cierta gracia; pero deslucen las -arrugadas medias color de carne, los trajes sin esmero, los zapatos -usados, las sonrisas forzadas en las caras llenas de pintura, los -horribles calzones que se exhiben al dar las ligeras vueltas o al hacer -un quiebre de cintura. - -Después de las boleras bailan las flamencas sus polos, medios polos, -zapateados, tangos y otros bailes. Las flamencas llevan faldas largas, -no llevan castañuelas; pero hacen sonar los dedos imitándolas, y tienen -un coro de jaleadores que las anima con gritos, con los tradicionales -«oles» y «arzas», y que sigue el ritmo con las palmas. Todas esas -danzas se parecen; el extranjero, el no conocedor, difícilmente puede -distinguir la diferencia que hay entre una y otra, la cual diferencia -es de pasos y compases, con el ritmo más o menos precipitado o -contenido. - -Después que han bailado, descienden boleras y flamencas a visitar -a los consumidores en las mesitas, a hacer gastar lo más que se -pueda, según la consigna del dueño del café. Todas las que he visto -son muy jóvenes y bonitas, afeadas tan solamente por lo sórdido de -los vestidos. Hay una niña de trece a catorce años, portadora de -monstruosas piernas postizas. Pregunto a un vecino qué dice la liga -contra la trata de blancas a este respecto, y me contesta que estas -jóvenes son, o por lo menos dicen que son, honestas. De mesa en mesa -van trasegando manzanilla y más manzanilla, de mesa en mesa donde hay -extranjeros o forasteros, porque los nativos conocen el juego y no se -dejan explotar. Las caras de las muchachas, cubiertas de polvos y de -afeites, exageradamente brochadas de rojo, a los resplandores de la luz -eléctrica toman reflejos extraños, se ven en una verdad lamentable, -con un aspecto cuasi grotesco, penoso y triste, en su fiesta, como en -un cuadro de Zuloaga. Las infelices beben, beben, para volver a bailar -y volver a beber. Las interpelan conocidos, de chaqueta o americana -corta y sombrero cordobés, les dicen groseras galanterías, les murmuran -proposiciones, se burlan de ellas, y, a veces, las insultan... El piano -inicia de nuevo el son, y ellas, descaradas, bestiales, ingenuas, suben -de nuevo a las tablas. - -Toca a los cantadores la tarea. _Cantaor_ en realidad hay uno sólo -de los dos hombres bien afeitados y ceñidos que se sientan en sendas -sillas. Uno toca la guitarra. El otro, el _cantaor_, clava los ojos -en el aire, mirando hacia arriba, y comienza a quejarse, a quejarse -largamente; con un bastón pesado golpea las tablas, llevando el compás, -y la queja se extiende, ondulante, gemido, grito, ay, lamento; y la -boca sigue abierta, como si fuese saliendo de ella una interminable -cinta de notas gemebundas, hasta que sale el verso de la copla, que -se refiere a una de estas tres cosas, que desde hace mil años forman -el tema de los poetas andaluces: su mamá, su novia, la muerte, o -una de tantas vírgenes de su devoción. Entre verso y verso hay unos -ayes desgarradores, unos ayes feroces, de alguien a quien se está -asesinando, y entonces, del público conocedor salen unos cuantos _¡olé -ya!_ aprobativos, mientras la guitarra sigue en rasgueos, o canta o -gime también como el afeitado y berreante _cantaor_. Luego se anuncia -el «americanito». Y sale a cantar un chico de unos diez o doce años, -que bien pudieran ser catorce o quince, y grita, y gime, y berrea -también amores desesperados, habla de la Virgen y de una _puñalaíta_. Y -olé ya. Cuando llegó el chico a mi mesa me pidió un chocolate. - -A él no le obligan a beber montilla ni manzanilla. - ---¿Por qué te llaman «el Americanito»? - ---Porque zoy americano. - ---¿De dónde? - ---De Buenozaire. - ---¿Y te acuerdas de Buenozaire? - ---No zeñó. - ---¿Y cuánto hace que viniste de allá? - ---Doze años. - -¡Cómo no haya venido en el vientre de su madre! Y vuelta otra vez a -los bailes de las pobres muchachas pintarrajeadas, a los clamores -desesperados de José Beda «el Jerezano», y a los tangos de la «niña de -Pomares». Sale uno fastidiado, aburrido. Gautier y D'Amicis llegaron -a estas tierras en tiempos mejores. Sus almas, ciertamente, no tenían -el veneno del Livor que mata a las generaciones de hoy; pero también -las cosas de España eran distintas entonces. Imperaba la alegría de -Fortuny. Había diligencias, contrabandistas, mendigos pintorescos... -Hoy éstos abundan de todas layas... Y la vulgaridad utilitaria de la -universal civilización lleva el desencanto sobre rieles o en automóvil -a todos los rincones del planeta. Si no fuesen las soberbias mujeres, -el hechizo de la tierra, la dulzura del sol. Eso ayuda a la imaginación -y hace que aun se levanten castillos «en España». - - -IV - -Algunos historiadores malacitanos recuerdan cierta horrorosa tempestad -que padeció este puerto el año 1567. «Aunque no ha sido el puerto -de Málaga de los más combatidos por las tempestades, no obstante, -registra varias tristes efemérides--dice el poeta Díaz de Escovar--que -cubrieron de luto a los habitantes de la ciudad». Uno de los temporales -más terribles, que ocasionó muchos daños y no pocas víctimas, fué el -acaecido el 8 de Febrero de 1567. Pocas noticias detalladas encontramos -sobre el mismo, y sólo Martínez de Aguilar, en su _Breve descripción -cronológica de la fundación de la ciudad de Málaga_, impresa en 1819, -nos da algunos datos que hacen comprender la importancia del temporal. -Marzo, en el tomo segundo, página 72 de la _Historia de Málaga_, -escribe algunas indicaciones sobre este suceso. El puerto estaba lleno -de navíos importantes, que debían conducir cargamento de artillería, -municiones y otros bastimentos para las plazas de Africa. A bordo de -estos navíos se hallaban seis mil hombres del ejército, que tenían -necesidad de desembarcar en Cartagena. El mar, agitado violentamente, -arrojó contra las piedras de los muelles muchos de aquellos barcos. -Veinticuatro días, según Martínez de Aguilar, duró el temporal, siendo -difíciles los socorros y grande el pánico de los que veían perecer -tanto y tanto hombre y perdida tanta riqueza. No están conformes los -historiadores, de quienes estos datos tomamos, respecto al número de -navíos que se hicieron pedazos. Marzo asegura que fueron veintisiete, -cantidad con la cual no está conforme Martínez de Aguilar, que escribe -fueron veintitrés, añadiendo que sólo se salvó de aquel horrible -desastre un navío vizcaíno. El mar se cubrió de víctimas, pues muchos -soldados y marineros perecieron. - -Esto me hace recordar otra catástrofe reciente que tanta conmoción -produjo; me refiero a la pérdida del buque-escuela de la marina -alemana que se despedazó contra los escollos, a la vista de la -población malagueña. El barco había salido fuera del puerto, a pesar de -amenazar mal tiempo, a hacer algunos ejercicios. La tempestad se vino -violentamente, y cuando el capitán quiso entrar a ponerse en salvo, no -pudo conseguirlo y el buque chocó contra las rocas. Todos miraban desde -los murallones y desde la playa la muerte de tantos hombres, y, si se -logró salvar a algunos, grande fué el número de los que perecieron. -Quiénes se pudieron asir a cables o boyas, quiénes lograron ganar la -costa a nado, a pesar del fragor y fuerza de las olas enormes. Fué -aquel un día de luto para la escuadra alemana, para Alemania entera -y su emperador. Y he podido ver en este aniversario las coronas que -ornaron las tumbas de algunos de los que perecieron en el cementerio -inglés de esta ciudad. La pérdida de ese barco-escuela, como la del -«Vienne» francés, es de esos golpes terribles que la ira del mar -asesta sobre los países que conquistan su elemento con el poder de las -escuadras, y la escuadra y la nación argentinas saben de esos duelos -con recordar el solo nombre de la perdida «Rosales». - -A veces el mar asalta a la tierra, o temerosamente la amenaza; fuera -de los formidables cataclismos cíclicos, como aquel en que se hundió -la misteriosa Atlántida. Algunos sabréis del clamor que se oyó en el -Callao en tiempos ya lejanos: «¡El mar se sale!» Y si mi memoria no -yerra, he leído que hubo, en efecto, una invasión del mar. Pues bien, -aquí en tierra malagueña se oyó a mediados del antepasado siglo, -en el mismo mes y año en que sufrió Lisboa su histórico y terrible -terremoto, se oyó el mismo espantoso clamor. Serían las diez y media -de la mañana, dice Díaz de Escovar--que sabe admirablemente los -pasados y presentes secretos, leyendas e historias de su ciudad--del -27 de Noviembre de 1755, cuando violentas oscilaciones, que, según -el autor de las _Conversaciones malagueñas_, duraron de cinco a seis -minutos, conmovieron los edificios de Málaga. A la vez se esparció -entre los vecinos la pavorosa voz de que «el mar se salía». Díaz de -Escovar, que es varón creyente y valiente en su fe católica, confiesa -que no ha de entrar «en disertaciones sobre si la voz fué hija de una -extraña realidad o alucinación de exaltadas fantasías». No faltan -historiadores, cuyas dotes de veracidad son notorias, que la presenten -como verdadera. Barbán de Castro parece dar a entender que la voz no -fué sobrenatural, sino que se esparció y propaló de unos en otros, casi -instantáneamente. - -Esto es más racional y más verosímil por más que nada hay imposible si -Dios lo quiere. Paréceme que Málaga, país en donde los gitanos dicen -la buenaventura, lleno aún de terrores medioevales como estaba, fué -posiblemente presa de una vasta autosugestión colectiva, días después -de la ruina de la capital lusitana. - -O había terremoto y maremoto, y alguien gritó: «¡el mar se sale!». -Aunque ni esto último parece, pues ese mismo citado Barbán de Castro -dice en su _Cronología_: «¿Quién creyera que estando el mar entonces -con la mayor quietud y serenidad visible, pues era la hora más -proporcionada para ello, se pudiese persuadir a todo un pueblo tan -numeroso a que creyese que el mar se le tragaba? Se puede con toda -verdad asegurar a nuestros venideros, que apenas hubo persona de todos -estados y condiciones que no creyese a un tiempo mismo que el mar, -como decían, se había salido, y era menester huir aceleradamente a -los montes». A los montes volaron las gentes, por lo que según parece -no fué cólera del mar, sino broma neptuniana; de gente se llenaron los -cerros de San Cristóbal y Gibralfaro, que están junto a la ciudad. De -Escovar escribe que: «El magistrado de la ciudad recorrió las alturas, -costándole gran trabajo y no pocas palabras convencer a los que allí -se refugiaban de que sólo existía una alarma infundada, que tenía por -base el miedo, pues el mar estaba tan sosegado como intranquilos los -espíritus de los habitantes de Málaga. Los menos temerosos volvieron a -la ciudad. Se publicaron bandos referentes a los hechos ocurridos, en -los que se anunciaba que si ocurriese novedad alguna se avisaría por -medio de la campana que había sobre la Puerta de Mar, en cuyo sitio un -regidor perpetuo, con centinelas avanzados, en el caso de notar algún -movimiento peligroso, o extraño en el mar, dispararía algunos tiros -al aire, que servirían de señales». Y si gustáis de la nota cómica en -medio de las tribulaciones, he aquí lo que cuenta, entre otras cosas, -un escritor que presenció los sucesos: «El Dignidad de Tesoro de -nuestra iglesia, al ver correr a las gentes a buscar el campo quiso -seguirlas, y pareciéndole que en calle de Beatas se atrasaba a otros, -porque el manteo y el sombrero le estorbaban, los soltó en la calle, -para seguir la marcha, alzándose bien la sotana. Advirtiendo después -que en ella llevaba, entre el pecho, metidos los guantes (me contó él -mismo), que los arrojó al suelo, pareciéndole que aun aquello le servía -de embarazo». Y agrega Medina Conde: «Fueron muchas las confesiones -generales que se hicieron, y reformó más este susto que muchas -misiones». - - * * * * * - -He ido a ver en día de mar agitado la playa malagueña. El agua, que -tantas veces ha mostrado a mis ojos su espejo de azules profundos -y pacíficos, ruge y se arquea y avanza hacia la tierra de manera -tal, que bien se explica hayan padecido el legendario susto los que -gritaban: «¡El mar se sale!» Las espumas saltan sobre las macizas obras -del puerto que aquel gran malagueño que se llamó D. Antonio Cánovas -del Castillo dejó a su ciudad nunca olvidada. Por el lado del faro -la furia marina se manifiesta igual, y a lo largo de la vía que se -extiende hacia la parte de la Caleta. Hablando en poeta diría que la -espuma de los briosos caballos de Neptuno, o la hirviente leche de los -rebaños que «carnerean» sobre la revuelta superficie, o bien el agitado -jabón que mil colosales Nansicaas derraman de colosales artesas, llega -alzándose, echando al aire saladas pulverizaciones, rompiéndose en las -piedras, hasta salpicar los jardines que en floridas mansiones hay para -encanto de hidalgos, ricos o adinerados extranjeros. - -He visto, a pesar de la mar brava, que los pescadores estaban sacando -sus redes con gran trabajo. Me he acercado a ellos. Unos veinte hombres -de cada lado tiraban, aprovechando la llegada de la ola, las cuerdas -resistentes; y luego hacían esfuerzos para que la vuelta del agua no -les quitara lo ganado. - -Poco a poco, bajo el sol y casi desnudos, hacen su tarea. A veces les -bañan los espumarajos; a veces les hace retroceder la potencia del -agua, y se entierran hasta más arriba de los tobillos, encorvados -con la cuerda del hombro. Y parece que el monstruo está colérico, -sin razón, como la fatalidad, contra esos pobres trabajadores del -mar. Porque las cóleras del mar son así, como todas las cosas de la -naturaleza, iguales para todos. La hormiga o el hombre, el acorazado -o la lancha del pescador, son aplastados por la misma invisible mano, -sorbidos por el mismo visible elemento, unidos en la destrucción, en la -universal muerte. Thalasa no sabe si el rey loco la manda azotar, o si -están allí los pies de ese otro rey para mojarlos o no. Ella vive en su -misterio. Hace su eterna obra, cumple su destino infinito. Apenas si -se comunica con los corazones que se acuerdan con la palpitación del -suyo, con las mentes de los soñadores y pensadores que se hunden en lo -insondable del tiempo y del espacio, con los buzos de Dios. - -La ronca mar sigue en sus vaivenes y en sus clamores furiosos, y los -pescadores tiran de su «copo». Un grito señala el momento de unir -el empuje. Entre los que trabajan hay ancianos, hombres robustos, -adolescentes dorados de sol, niños que están aprendiendo los oficios -del agua y del viento. Un capataz vigila. A lo lejos se recortan en el -lejano horizonte las velas latinas que andan aguas adentro. Los colores -del agua cambian. Aquí es el blanco lácteo de las espumas, en seguida -un gris verdoso, en seguida verdeoscuro, luego verdepálido, luego azul. -Y las voces del mar enojado son roncas, hondas, cuando se desploman los -arcos de cristal y de ámbar, alborotadas como de muchedumbre al saltar -los ramilletes enormes, las cascadas espumosas, y con ruido de sedas, -de papeles que se rozan, de condor que se arrastra, del aire entre los -ramajes de pinos de un bosque. - -Gracias a Dios. A pesar de la cólera del mar, a pesar del ímpetu de -esas poderosas fuerzas, he aquí que los pescadores han sacado por fin -el «copo», y más cargados de peces que otras ocasiones en que los he -visto trabajar con viento propicio y Mediterráneo en calma. La red -ha traído un buen por qué de calamares, sardinas, rojos salmonetes, -pequeños y saltantes boquerones, un crecido, feo y amarillento pulpo. -Los pescadores están contentos. Y me alejo pensando--asociación de -ideas--en Wells, en Víctor Hugo y en N. S. Jesucristo. - - - - -[Ilustración: LA TRISTEZA ANDALUZA] - - - - -[Ilustración] - - -¿HABÉIS oído a un «cantaor»? Si lo habéis oído, os recordaré esa voz -larga y gimiente, esa cara rapada y seria, esa mano que mueve el bastón -para llevar el compás. Parece que el hombre se está muriendo, parece -que se va a acabar, parece que se acabó. A mí me ha conturbado tal -gemido de otro mundo, tal hilo de alma, cosa de armonía enferma, copla -llena de rota música que no se sabe con qué afanes va a hundirse en -los abismos del espacio. El «cantaor», aeda de estas tierras extrañas, -ha recogido el alma triste de la España mora y la echa por la boca -en quejidos, en largos ayes, en lamentos desesperados de pasión. Más -que una pena personal, es una pena nacional la que estos hombres van -gimiendo al son de las histéricas guitarras. Son cosas antiguas, son -cosas melodiosas o furiosas de palacios de árabes... He oído a Juan -Breva, el «cantaor» de más renombre, el que acompañó en sus juergas -al rey alegre don Alfonso XII. Juan Breva aúlla o se queja, lobo o -pájaro de amor, dejando entrever todo el pasado de estas regiones -asoleadas, toda la morería, toda la inmensa tristeza que hay en la -tierra andaluza; tristeza del suelo fatigado de las llamas solares, -tristeza de las melancólicas hembras de grandes ojos, tristeza especial -de los mismos cantos, pues no se puede escuchar uno que no diga muerte, -cuchillada, luto, virgen penosa o nota crepuscular. A la orilla del mar -he oído cantar a un mozo pescador, que descansaba junto a una barca; y -su canción era tan triste, tan amarga, como las coplas de Juan Breva. -Cantan lo mismo las muchachas frescas, rosadas de vida, que ponen -claveles en las ventanas y que tienen un novio. Porque así son aquí la -vida y el amor; todo lo contrario de lo que piensan los que sólo han -visto una Andalucía a la francesa, de exposición universal o de caja -de pasas. En verdad os digo que este es el reino del desconsuelo y de -la muerte. El amor popular es inquieto y fatal. La mujer ama con ardor -y con miedo. Sabe que si engaña al novio, le partirá éste el pecho y -el vientre de un navajazo. «Una puñalaíta». Hace algún tiempo, en un -florido patio malagueño, se celebraba una fiesta, y cierta gallarda -moza se puso a cantar. Cantaba maravillosamente. De pronto cantó una -copla que dice en dos de sus versos: - - ¿No hay quien me pegue un tirito - en medio del corazón? - -Un loco, o un enamorado novio, estaba allí, y sacó una pistola, y le -pegó el tiro, en medio del corazón. Estos salvajes amorosos son así. -Antaño no habría sido pistola, sino gumía. Todos los poetas de estas -regiones son dolorosos y excesivos, fatalistas, o violentos. Todos son -amados del sol. Todos no: he aquí uno amado de la luna... - -En uno de estos crepúsculos de invierno, en que el Mediterráneo ensaya -un aspecto gris que borrará la aurora del siguiente día, he comenzado -a leer el libro de un poeta nuevo de tierra andaluza, el cual acaba -de aparecer y es ya el más sutil y exquisito de todos los portaliras -españoles. Al hojear su libro _Arias tristes_, lo juzgariais de un -poeta extranjero. Fijáos más; es un poeta completamente de su tierra, -como su nombre. Se llama Juan, como el Arcipreste, y Jiménez, como el -Cardenal. Surge en momentos en que a su país comienzan a llegar ráfagas -de afuera, sobre más de una parte derrumbada de la antigua muralla -chinesca que construyó la intransigencia y macizó el exagerado y falso -orgullo nacional. Quiero decir que llega a tiempo para el triunfo de su -esfuerzo. Como todo joven poeta de fines del siglo XIX y comienzos del -XX, ha puesto el oído atento a la siringa francesa de Verlaine. Mas, -lejos del desdoro de la imitación y ajeno a la indigencia del calco, -ha aprendido a ser él mismo--_être soi mème_--y dice su alma en versos -sencillos como lirios y musicales como aguas de fuente. Este poeta -está enfermo, vive en un sanatorio, allá en Madrid. Así, en su poesía -no busquéis salud gozosa ni rosas de risa. Cuando más, a veces, una -sonrisa, una sonrisa de convaleciente: - - Convalescente di squisitti mali... - -pero en la cual se insinúa uno de los más grandes misterios de la vida. -Cuando Camille Mauclair, el crítico meditativo del «Arte en silencio», -se complacía en escribir versos, colocó un volumen de verbales -sonatinas de otoño bajo la invocación de Schumann; Jiménez tiene como -patrono de su libro musical y melancólico al melodioso Schubert. Antes -de cada división de sus poemas, aparecen, a la manera de introducción, -las notas de «El elogio de las lágrimas», de la «Serenata», de «Tú -eres la paz». Se penetra así, a la influencia de la música, a uno como -parque de dulzura y de pena en donde, al amor de la luna, un alma dice, -como el ruiseñor, sus arias crepusculares o nocturnas. Nunca como ahora -se ha cumplido el precepto de Pauvre Lelian: _De la musique avant toute -chose..._ Ya antes dijo el celeste Shakespeare: - - The man that hath no music in himself, - Nor is not mov'd with concord of sweet sounds, - Is fit for treasons, stratagems, and spoils; - The motions of his spirit are dull as night. - And his affections dark as Erebus... - -Conozco de esos seres. Y veo, en cambio, a través de esta poesía de -sinceridad y de reserva, a un tiempo mismo, la transparencia de un -espíritu fino como un diamante y deliciosamente sensitivo. He aquí -un lírico de la familia de Heine, de la familia de Verlaine, y que -permanece, no solamente español, sino andaluz, andaluz de la triste -Andalucía. Es de los que cantan la verdad de su existencia y claman -el secreto de su ilusión, adornando su poesía con flores de su jardín -interior, lejos de la especulación «literaria» y del mundo del -arribismo intelectual. Su cultura le universaliza, su vocabulario es el -de la aristocracia artística de todas partes, pero la expresión y el -fondo son suyos como el perfume de su tierra y el ritmo de su sangre. -Desde Becquer no se ha escuchado en este ambiente de la península -un son de arpa, un eco de mandolina, más personal, más individual. -Pudiendo ser obscuro y complicado, es cristalino y casi ingenuo. Se -diría que tiene timideces de orfandad, como el Maestro--_¡priez pour -le pauvre Gaspard!_--si no se viesen brillar a la luz de la luna las -espuelas de oro de sus pies de príncipe, que estimulan los bríos de un -pegaso joven y ardiente cuyas crines están húmedas de rocío matinal. -El poeta dice, como la Ifigenia de Moreas: «Es dulce el sol», pero -sus ansias y sus visiones están alumbradas por el _clair-de-lune_. Y -hay allí en esos versos admirables y exquisitos, las mismas visiones -y las mismas ansias que en las coplas populares que cantan las mozas -enamoradas, y los sonoros, duros y aullantes _cantaores_. Allí está la -irremediable obsesión de la muerte, de la podredumbre sepulcral, de -los corazones partidos, de la tristeza matadora. Sólo que el artista -tiene una cultura europea, y si no fuese su «acento» mental, no se le -conocería el origen ni la patria, y sus arias podrían ser _lieder_ -germánicos o sonatinas parisienses que acompañaría la música de -Debussy. Hay un olor a violetas. Hay paisajes entrevistos como por una -ventana, cielos y campos de viñeta. Hay una gran castidad poeana, a -pesar de los gritos de la vida; hay valles que tienen un ensueño y un -corazón: - - El valle tiene un ensueño - y un corazón; sueña y sabe - dar con su sueño un son triste - de flautas y de cantares, - -hay flautas pánicas, dulces flautas campesinas. ¡Deliciosos romances! - - Río encantado, las ramas - soñolientas de los sauces, - en los remansos dormidos - besan los claros cristales. - - Y el cielo es plácido y dulce, - un cielo bajo y flotante, - que con su bruma de plata - va acariciando los árboles. - -Ese romance suena a la música del divino Góngora; y para nosotros, los -americanos, a la música de un rimador de encantos y de tristezas, de -un adorable orfeo cubano, ha tiempo desaparecido. Esas notas las hemos -oído en las cuerdas que acariciaba la mano de Zenea. Escuchad a Jiménez: - - Llora el ángelus de otoño - la campana de la iglesia, - un ángelus mustio, muerto - entre la lluvia y la niebla. - -Recordad a Zenea: - - Baja Arturo al occidente - Bañado en púrpura regia - Y al soplar el manso alisio - Las eolias arpas suenan. - -En todo el libro de Jiménez hay una, diríase, sonrisa psíquica, llena -de la suavidad melancólica que da el anhelo de lo imposible, antigua -enfermedad de soñador. Los que hablan de un arte enfermo, juzgo que -se equivocan. No hay arte enfermo, hay artistas enfermos; y en las -almas es como en la naturaleza. Hay maneras de expresión que da el -obscuro destino. Los antiguos no andaban errados cuando hablaban de la -influencia de los astros. Hay maneras de expresión que da el obscuro -destino, y no exijáis a una pálida flor de lis que tenga los colores -violentos de una rosa roja, ni modestia a la cola del pavo real, ni -un solo de ruiseñor al papagayo. El poeta nace, sí; todas las cosas -naturales nacen; lo que no nace es lo artificial. Así, no penséis -en que Francis Jammes o Juan R. Jiménez harían mejor en pensar en -el porvenir político de sus respectivas naciones, que en decir los -sentimientos que brotan al calor apacible de sus dulces musas. No seas -alegre, poeta, que naciste absolutamente amado de la tristeza, por tu -tierra, por la morena y amadora y triste Andalucía; y porque tu sino te -ha puesto al nacer un rayo lunático y visionario dentro del cerebro. - -Hay en este libro vagas reminiscencias literarias; por ahí pasa, un -momento, un enlutado misterioso semejante al de la estrofa mussetiana, -el enlutado «qui me ressemble comme un frère»; suena uno que otro -acorde de fiesta galante--íntima, sin decoración ni preciosismo--y se -alzan, bajo la claridad lunar, los chorros de agua de Lelian, «sveltes -parmi les marbres». Y Febe, aquí; allá, más allá, siempre: - - Las noches de luna tienen - una lumbre de azucena, - que inunda de paz el alma - y de ensueño la tristeza. - - Yo no sé qué hay en la luna - que tanto calma y consuela, - que da unos besos tan dulces - a las almas que la besan. - - Si hubiera siempre una luna, - una luna blanca y buena, - triste lágrima del cielo - temblando sobre la tierra, - - los corazones que saben - por qué las flores se secan, - mirando siempre a la luna - se morirían de pena. - - Mi jardín tiene una fuente - y la fuente una quimera, - y la quimera un amante - que se muere de tristeza... - -Hay de cuando en cuando, entre los sedosos romances, estrofas que -hacen vibrar sus consonantes de armónica, sus acordes de ocarina. Lo -preciso se junta a lo indeciso. Y el amor del astro en todos los siglos -misterioso lo melancoliza todo. El poeta explicará su atracción: «Libro -monótono, lleno de luna y de tristeza. Si no existiera la luna, no sé -qué sería de los soñadores, pues de tal modo entra el rayo de luna en -el alma triste, que, aunque la apena más, la inunda de consuelo: un -consuelo lleno de lágrimas, como la luna. Los que os hayáis estremecido -bajo las estrellas, oyendo venir en la brisa la sonata de un piano, -sintiendo qué pobre es la vida entre la noche y ante la muerte, dejad -caer la mirada sobre estas rimas iguales, de un mismo color, sin otros -matices que los que en la noche surgen confusamente de los macizos -del jardín, allá donde están las flores casi ahogadas en la negrura. -Y soñad conmigo con las visiones blancas de siempre y con los poetas -muertos: Enrique Heine, Gustavo Becquer, Pablo Verlaine, Alfredo de -Musset; y lloremos juntos por nosotros y por todos los que nunca -lloran.» Mirad con simpatía esa juventud que, en estos impudentes -tiempos, tiene el franco valor de las lágrimas: _Lacrimabiliter_. -Juzgad que ha elegido bien el patronato de Schuber. «Llave de plata de -la fuente de las lágrimas», dice Shelley de la música. El poeta nuevo -toca esa llave y hace caer el agua de la fuente una vez más. Así, -Andalucía, entre todos tus tocadores de guitarra y de pandereta, entre -todos los que hacen literatura alegre con tu color y tu exuberancia, -te ha nacido un sonador de viola, de arpa, que sabe cantar, noble y -deliciosamente, a la sordina, la recóndita nostalgia, la melancolía que -llevas en el fondo de tu pecho. En tu copioso y fuertemente perfumado -jardín lleno de claveles, ha abierto sus pétalos armoniosos una rosa -de plata pálida espolvoreada de azul. Y yo tengo fe en la vida y en -el porvenir. Quizá pronto, la nueva aurora pondrá un poco de su color -de rosa en esa flor de poesía nostálgica. Y al ruiseñor que canta por -la noche al hechizo de la luna, sucederá una alondra matutina que se -embriague de sol. - - - - -[Ilustración: GRANADA] - - - - -[Ilustración] - - -HE venido, por un instante, a visitar el viejo paraíso moro. He venido -por un ferrocarril osado, bizarría de ingenieros, hecho entre las -entrañas de montes de piedra dura. He visto inmensas rocas tajadas; he -pasado sobre puentes entre la boca de un túnel y la de otro; abajo, en -el abismo, corre el agua sonora. Así el progreso moderno conduce al -antiguo ensueño. Y cuando he admirado la ciudad de Boabdil, he tenido -muy amables imaginaciones. He pensado en visiones miliunanochescas. -He recordado el título del lírico libro del provenzal Aubanel: _La -granada entreabierta_. Y he ideado las impresiones de la pequeña -alma de una coccinela pequeñita que se pasease por una granada -entreabierta... Va por la corteza rugosa que acaba en una corona, que -ha sido flor roja como una brasa. Va, la pequeñita coccinela, por -las durezas lisas o ásperas de la cáscara, hasta llegar al borde, -desde donde se divisa el interior palacio de pedrería... Y los rayos -solares ponen el encanto de los juegos de la luz en el corazón de la -granada entreabierta; y la coccinela penetra entre las riquezas que se -presentan a sus ojos, y se maravilla de ese esplendor, y luego sabe -que el corazón de la granada es dulce como la miel. Como la almita -de esa bestezuela de Dios mi alma. He mirado la corteza rugosa de la -antigua capital mahometana, en un tiempo muy poco propicio, entre -calles lodosas y bajo un cielo nublado; mas luego he ido hacia la -parte entreabierta que deja ver el corazón de su historia y su propio -corazón. Y he visto la pedrería fantástica de un arte exótico, amoroso -y sensual. Y después, el sol ha brillado; y así, la encantadora ciudad -se me ha mostrado primero brumosa y luego luminosa. Y sé que el -corazón de la granada entreabierta es dulce como la miel. - -Razón tuvo el rey que lloró como una mujer... Es este uno de los países -en que uno crearía, para una primavera sin fin, un jardín de ilusiones. -Un «carmen». Carmen, verso... Jóvenes enamorados, parejas dichosas de -todos los puntos de la tierra, si sois ricos, venid a repetiros que os -amáis, en el tiempo de la primavera, a un carmen granadino; y si sois -pobres, venid en alas de vuestro deseo, en el carro de una ilusión, en -compañía de un poeta favorito... Verso, carmen. - -He tenido, por llegar en este frío Febrero, un singular gozo; estar -solo en la Alhambra y en el Generalife. En otra estación, la afluencia -de viajeros abruma y perturba, como en todos los lugares adonde -puede guiar el rojo Baedeker. Pues es esta una de las ciudades más -frecuentadas por los rebaños de la agencia Cook. Además, el guía, -discreto, no ha pretendido instruirme evocando la sombra del erudito -Riaño. Los rebaños de la agencia Cook, que van a dar de comer a -las palomas de Venecia, a oir el eco del baptisterio de Pisa, y a -reflexionar sobre la inclinación de la torre; los que andan en -busca de la especialidad señalada en las guías, o narrada por los -_commis-voyageurs_, ya se sabe lo que vienen a ver a Granada: los -mosaicos y azulejos, que antaño destrozaba el turismo; la Alhambra -anecdótica: «¡ah, cómo gozaban aquellos moros!»; _Chorro e Jumo_, el -rey de los gitanos y los tangos de las gitanillas, en las cuevas, en -donde se compran cestillas de mimbre y candiles de cobre. En otra -ocasión y en otra parte, me he complacido en bailes de gitanas que -bailaban maravillosamente, y he contado cómo el pintor Carolus Durán -dejó caer en el corpiño de una pequeña Esmeralda un luis de oro. En -cuanto al lamentable rey _fâlof_, vestido como los contrabandistas de -la era romántica, con una indumentaria de comparsa de ópera cómica, -«¡palojinglese!» le he mirado al pasar, a la entrada del palacio. -Ya está muy viejo el pobre modelo de Fortuny, y vive apenas de las -propinas anglo-sajonas. - -No me perdonaríais que a estas horas os resultase con el descubrimiento -de Granada. Todos, más o menos, acariciáis el recuerdo de vuestro -«último abencerraje», y si no, el yanqui Washington Irving os -habrá, de seguro, conducido por estas encantadoras regiones. Pero -no es posible poner el pie en este suelo atrayente, contemplar la -decoración histórica de estos recintos de leyenda, sin hacer un poquito -el Chateaubriand. ¿Quién no se siente en un caso igual poseído de -ese tartarinismo sentimental, que sin que notemos a la inmediata su -influencia, nos solidariza un tanto con los tipos de nuestras lecturas, -con los personajes que nos han hecho pensar y soñar un poco, por la -poesía de su vida, que nos liberta por instantes de la prosa de nuestra -existencia práctica cuotidiana? Así, pues, no he de negaros que he -evocado a la bella Lindaraja cerca de su mirador, que he lamentado una -vez más la atroz expulsión de los moros, de aquellos moros cultos, -sabios, poetas, con industrias hermosas y pueblo sin miserias. Desde -la Alhambra se mira el soberbio paisaje que presenta Granada y su -vega Deliciosa. A la derecha, la antigua capital, el barrio actual -del Albaicín, con sus tejados viejos, sus construcciones moriscas, -su amontonamiento oriental de viviendas; al frente, la ciudad nueva, -en que la universalidad edilicia sigue el patrón de todas partes; a -la izquierda, la verde vega, con sus cultivos y sus inmensos paños -de billar; más acá, cerca de la mansión de encajes de piedra, los -cármenes, estas frescas y pintorescas villas, donde los granadinos -cultivan en los ardientes veranos sus heredadas gratas perezas, sus -complacencias amorosas y sus tranquilas indolencias. En el fondo, la -sirena coronada de blancura. En verdad se sienten saudades del pasado. -Se comprende el entusiasmo de los artistas que han llegado aquí a -recibir una nueva revelación de la belleza de la vida. Se piensa en -los novelescos guerreros y amadores que vinieron del Africa cercana a -anticiparse en este país espléndido un poco del cielo mahometano. Nadie -ha vivido la poesía como esa misteriosa y pensativa raza de hombres -tristes de amor y de fatalidad. Su arte labra esas mansiones de recelo -y capricho con talento de abejas. La decoración viene de la naturaleza -misma, de las líneas de florales, de las geometrías de la clara del -huevo batido o de los cristales de la nieve. Su arco diríase imitado -de las herraduras de sus caballos; sus columnas de los datileros, o -de los tallos de las azucenas. Y hay algo de inaudito y de fantástico -en todo esto, de manera tal, que vienen al pensamiento esas moradas -ilusorias en que habitan los inmortales príncipes de los cuentos que -cuenta la prodigiosa Scherezada. Y tan no puede separarse la poesía -de estas mágicas arquitecturas, que sus decoradores y ornamentistas -aprovechaban sus magníficas caligrafías para adornos, adornos que -al mismo tiempo que los ojos con sus combinaciones y bizarrías -de caracteres, halagan la mente con el sentido de las suras o la -significación de los versos. Y ¿ese encanto del agua, transparencia, -frescor, armonía, en los patios de mármol, para creyentes en cuya -religión son obligatorias las abluciones, y ardientes poligamos en cuyo -paraíso el primer premio es la limpia, perfumada, adolescente y siempre -virgen belleza femenina? - -El agua por todas partes, en las copiosas albercas, en los estanques -que reproducen las bizarrías arquitecturales, en las anchas tazas como -la que sostienen los leones del famoso patio, o simplemente brotando de -los surtidores colocados entre las lisas losas de mármol. Comprendían -aquellos príncipes imaginativos que hablaban en tropos pomposos, que -la vida tiene hechizos que hay que aprovechar antes de que sobrevenga -la fatal desaparición. Fijáos en el significado de las inscripciones -decorativas que a cada paso encontraréis: «Yo soy una esposa con las -vestiduras nupciales, dotada de hermosura y perfecciones. Contempla el -esplendor que me rodea y comprenderás la gran verdad de mis palabras. -Mira también mi corona, la encontrarás semejante a la luna nueva. Ibn -Nazar es el sol de este orbe del esplendor y la belleza. Permanezca en -su elevado puesto sin miedo a la hora del ocaso. Mientras yo, llena -de gloria por misericordia suya, publico siempre sus felicidades. -Contempla este esplendor. Aquí se establece para administrar justicia a -sus siervos. Siempre que de aquí se aleja, sus vasallos se entristecen -de no encontrarlo. Pues por mi Señor Ibn Nazar colma Dios de beneficios -a los que le sirven. Habiéndole hecho descendiente del Señor de la -tribu de Jaxred Saad, hijo de Obada». ¡Gloriosos nazaritas y feliz -Abul Walid Ismael! Y allí en dos nichos de la sala de Comares: -«¡Alabanza a Dios! Yo deslumbro a los seres dotados de hermosura con -mis adornos y mi diadema, pues los luceros descendieron a mí desde -sus elevadas mansiones. Aparece el vaso de agua que hay en mí como un -fiel que en la quibla del templo permanece absorto en Dios. A pesar -del transcurso del tiempo, continuarán mis generosas acciones dando -alivio al que tiene sed, y albergue al indigente. Pues por mí pasan -las numerosas liberalidades de mi Señor Abul Hachach. Nunca dejan de -brillar en mí sus resplandores, pues su luz resplandece aun en las -tinieblas de la noche. Tallaron sutilmente los dedos de mi artífice -mis labores, después de haber ordenado las piedras de mi corona. Me -asemejo al solio de una esposa, pero soy superior a él, pues contengo -la felicidad de los desposados. Aquel que venga a mí sediento, le -conduciré a un lugar donde encuentre agua limpia, fresca, dulce y -sin mezcla. Pues yo soy a manera del arco iris cuando aparece, y el -sol nuestro Señor Abul Hachach. No dejen de vivir sus bondades tanto -tiempo cuanto la casa del Excelso continúe concediendo los favores de -la peregrinación». Por todos lugares encontraréis las alabanzas al -dichoso dueño y morador, y, sobre todo, a Alah. Nada que contenga mayor -filosofía que la divisa de los Alhamares: «Sólo Dios es vencedor». -Para disfrutar tranquilamente de la magnificencia y suavidad de estos -parajes y recintos, ninguna ayuda mejor que la tradición, eso que no -está en los libros ni certifican los documentos. Así, al llegar a la -pila en donde algo que se asemeja a una gran mancha sangrienta llama -la atención del visitante, no escuchéis a los que os dicen que Ginés -Pérez de Hita inventa, y creed firmemente en que esa oscura tacha de -mármol es debida a las rojas degollaciones de que se habla en las -leyendas de zegríes y abencerrajes. Y cuando estéis en el patio de -Lindaraja, no pongáis atención a los arabizantes que os pretendan -explicar la etimología del nombre y negar la existencia de la linda -figura; antes bien: imagináosla muy rosada, muy blanca, muy ardiente -para el amor, y con unos ojos almendrados, de negros mirares, como -corresponde a una verdadera sultana de cuento. Los traductores como -Lafuente Alcántara pueden serviros para saber que en la taza de la -fuente, en ese patio, dejó un poeta estos pensamientos: «Yo soy un -orbe de agua que se ostenta a las criaturas diáfano y transparente; -un gran océano, cuyas riberas son obras selectas de mármol escogido, -y cuyas aguas, en forma de perlas, corren sobre un inmenso hielo -primorosamente labrado. Me llega a inundar el agua; pero yo, de tiempo -en tiempo, voy desprendiéndome del transparente velo con que me cubre. -Entonces yo y aquella parte de agua que se desprende desde los bordes -de la fuente, aparecemos como un trozo de hielo, del cual parte se -liquida y parte no se liquida. Pero cuando mana con mucha abundancia, -sólo somos comparables a un cielo tachonado de estrellas. Yo también -soy una concha, y la reunión de las perlas son las gotas. Semejantes -a las joyas que la diestra mano de un artífice colocó en la corona de -mi Señor Ibn Nazar, del que con solicitud prodigó para mí los tesoros -de su erario. Viva con doble felicidad que hasta el día el solícito -varón de la estirpe de Galeb, de los hijos de la prosperidad, de los -venturosos, estrellas resplandecientes de la bondad, mansión deliciosa -de la nobleza. De los hijos de la kabila de los Jazrech, de aquellos -que clamaron la verdad y ampararon al profeta, él ha sido nuevo Saad, -que con sus amonestaciones ha disipado y convertido en luz todas las -tinieblas. Y constituyendo a las comarcas en una paz estable, ha hecho -prosperar a sus vasallos. Puso la elevación del trono en garantía de -seguridad a la religión y a los creyentes. Y a mí me ha concedido el -más alto grado de belleza, causando mi forma admiración a los eruditos; -pues ni jamás se ha visto cosa mayor que yo en Oriente ni en Occidente, -ni en ningún tiempo alcanzó cosa semejante a mí rey alguno ni en el -extranjero ni en Arabia». Salones, torres, ajimeces, bordadas piedras, -aéreos calados, baños, jardines, miradores... Aquí encuentro que había -Justicia; más allá que había Salud; más allá que había Belleza; más -allá que había Placer. Eran sabios aquellos hombres de turbante; eran -buenos, eran fuertes y eran artistas. - -Si la Alhambra es más grande, más suntuosa, más imponente, el -Generalife es más cordial, más íntimo, más amable. «Delicioso para el -amor», escribió en el álbum de la dulce mansión una mujer llamada -D.ª Cristina Santoyo. D.ª Cristina sintetizó así todo lo que pueden -hilar los literatos y rimar los poetas sobre este rincón hechicero. -Yo no sé si la marquesa de Campotejar, dueña actual de esa maravilla, -es joven; pero si no lo es, tiene que haberlo sido y que haber amado -en este nido de ensueño; y, por lo tanto, haber tenido por escenario -de su amor el que le envidiarían todos los reyes de la tierra. Cuán -explicables son los entusiásticos arranques del viejo Dumas, en las -cartas en que se manifiesta poeta y amoroso: «Lo que hay de maravilloso -en el Generalife, señora, no son por cierto sus salas, sus baños, sus -corredores, pues que esto lo encontraremos en la Alhambra mejor y más -bien conservado; lo que es allí bello, maravilloso, son sus jardines, -sus aguas, su vista. Permaneced, pues, en medio de esos jardines lo que -os sea posible, señora; embriagáos con los perfumes que no encontraréis -iguales, porque en parte ninguna se hallarán reunidos en un más pequeño -espacio tantos naranjos, tantos jazmines, tantas rosas; impregnáos con -la muelle frescura que despide el agua, porque tampoco en parte alguna -veréis brotar tantas fuentes, despeñarse tantas cascadas, rodar tantos -torrentes; y, en fin, mirad por cada abertura, que cada abertura es una -ventana abierta sobre el paraíso. Y lo que más os seducirá, señora, -es ese sabor de Arabia que ha quedado flotando en el aire». Yo he -gustado ese sabor de Arabia desde que penetré por entre la doble fila -de cipreses y entré por la baja y ancha puerta del Generalife. Buenos -genios me amparaban en mi paseo solitario. Por guía tuve a la hija del -jardinero, una preciosa niña de trece a catorce años, rubia y seria, -que me enseñó el secular ciprés, bajo el cual se sentaba la sultana -Zoraida, y el estanque, y los mirtos, y los rosales, y las salas en que -en los viejos lienzos se representan los antiguos señores, y el gran -árbol genealógico, y las galerías silenciosas en donde dan ganas de -suspirar y de besar. ¿Para qué hablaros de lo demás? ¿Para qué deciros -vulgares noticias de las guías, datos y fechas que os resultarían -ridículos? ¿Para qué hablaros de la Granada actual, de la ciudad que -hace política y en donde se pregonan las últimas noticias del conflicto -ruso-japonés? He dejado Granada con pena, por su corazón de mármol -labrado, por su viejo corazón, por sus divinas vejeces, que hace más -adorables una naturaleza singular. Es uno de los pocos lugares de la -tierra en que uno querría permanecer, si no fuese que el espíritu -tiende adelante, siempre más adelante, si es posible fuera del mundo, -«anywhere out of the world!» Y al dejarlo, han venido a mi memoria las -estrofas de una romanza que en mi niñez oía cantar: - - Aben Amet, al partir de Granada, - su corazón desgarrado sintió, - y allá en la vega, al perderla de vista, - con débil voz su lamento expresó... - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración: SEVILLA] - - - - -[Ilustración] - - -AUNQUE es invierno, he hallado rosas en Sevilla. El cielo ha estado -puro y francamente hospitalario pasadas las primeras horas de la -mañana. La Giralda se ha destacado en espléndido campo de azur. Luego, -las mujeres sevillanas, entrevistas por las rejas que hay a la entrada -de los patios marmóreos y floridos, dan razón a la fama. He visto, -pues, maravilla. - -No sin razón es esta la ciudad de don Juan y la ciudad de don Pedro. -Siempre la poesía, la leyenda, la tradición, os saldrán al encuentro. -Estrella, el Burlador, el Monarca cruel, el Barbero... Por eso el -grande y armonioso José Zorrilla se recomendaba aquí evocando el nombre -de su Tenorio y de su Rey justiciero. El turismo viene, por moda, a la -Semana Santa. Es decir, a pagar cuentas enormes de hospedaje, a dormir -sobre una mesa de billar en veces, y a ver pasar las procesiones, entre -católicos irreligiosos, santos macabros, cristos lívidos y sangrientos -con cabelleras humanas. Al mismo tiempo, el viajero escuchará los -gritos extraordinarios de las saetas y las carceleras. En el día -aprovechará la buena ocasión para ir a ver a las cigarreras en la -fábrica, con sus _deshabillés_ sugerentes; si ha leído _La femme et le -pantin_, de Pierre Louys, tanto mejor; y volverá a su país diciendo que -ha conocido el encanto sevillano. No, ciertamente, indiscutiblemente, -el encanto sevillano está en otra parte. La Semana Santa y la feria -son notas singulares, y las cigarreras ayudan al color local que se -ha conocido en las lecturas; pero el alma de Sevilla no tiene gran -cosa que ver con todo ese pintoresco reglamentario. Ni con eso, ni -con el industrialismo y la vida comercial que puebla de barcos las -riberas del Guadalquivir; ni aun con el batallón trashumante de toreros -calipigios que se entretiene en la estrecha y retorcida calle de las -Sierpes. El encanto íntimo de Sevilla está en lo que nos comunica su -pasado. Su alma habla en la soledad silenciosa; así el alma triste de -toda la vieja España. Dicen sus secretos las antiguas callejuelas en -las horas nocturnas. Y nada es comparable a la melancolía grave de sus -jardines, esos jardines que ha interpretado pictórica y magistralmente -en melodías del color el talento excepcional y hondo de Santiago -Rusiñol--ese «ruiseñor» de la fuerte Cataluña. - -¡Sevilla! Las injusticias de la fama no tienen gran fundamento: -abominad la célebre calle de las Sierpes en donde existió un célebre -café flamenco que se llamaba el Burrero...; abominad la manzanilla -misma, que es un brevaje aceitoso y poco amable; abominad, aunque os -gusten los toros, a los toreros fuera del coso. Pero adorad, extasiáos, -para vuestro reino interior, en los jardines del Alcázar sevillano--, -como en Aranjuez, como en la mágica Granada. De todo lo que han -contemplado mis ojos, una de las cosas que más han impresionado a -mi espíritu son esos deleitosos y frescos retiros. Ni las vetustas -murallas carcomidas de siglos, que aún atestiguan el viejo poderío de -los conquistadores romanos, ni los restos visigodos, ni la esbelta -Giralda mauritana, cuyo nombre alegra como una banderola, ni la Torre -del Oro a la orilla del río, ni las magnificencias del Alcázar, que -renuevan en mi memoria las sensaciones experimentadas en la Alhambra -granadina, nada me ha hecho meditar y soñar como estos jardines -que vieron tantas históricas grandezas, tantos misterios y tantas -voluptuosidades. La culpa la tiene en gran parte ese don Pedro que -tenía tanto de don Juan... - -Cuando uno entra, a un lado de las galerías que llevan el nombre de -aquel raro monarca que comprendía la belleza morisca, que tuvo mucho -de oriental, mucho del Arum-al-Raschid de «Las mil y una noches», lo -primero que conmueve es el más blando de los silencios, apenas turbado -por el fino hilo líquido que cae de un surtidor en el ancho estanque de -verdes aguas. El suave viento mueve el ramaje de dos grandes magnolias -vecinas. Y entre rosales y arrayanes, se descienden dos graderías y se -va a ver lo que se llama los baños de doña María de Padilla. Hay una -grande y larga piscina, bajo bajas bóvedas góticas. Nada más. Pero, -¿qué importa? Pintores ha habido que han intentado resucitar el sensual -capítulo de la bella novela de vida. Quedáos al amor de vuestras ideas. -¿No oís cantar los pájaros de la primavera? ¿No veis al monarca que se -acerca entre las flores nuevas y lujuriantes? ¿No oís el ruido del agua -transparente en donde el cuerpo sonrosado de la real querida forma a -su rededor círculos de diamante? Ella ríe, el duro rey sonríe. Cerca -hay palomas blancas y de plumajes que la luz tornasola; y un pavón -de Oriente, vestido de orgullo, ostenta sus gemas, como un visir de -fiesta. Ahí tenéis el encanto sevillano. - -Más allá iréis al jardín de la gruta, y allí los arrayanes forman un -famoso y pueril laberinto; y en un rústico templete, bajo extraña -bóveda, una blanca estatua de dos mujeres unidas por la espalda, arroja -de sus cuatro pechos cuatro chorros de agua. Neptuno decorativo os -saluda en el llamado jardín Grande, y en el del León hay señaladas -huellas leoninas: _hic sunt leones_. Es en efecto aquí donde se -conserva el cenador del césar Carlos V. Allí, entre los mármoles y los -policromos azulejos y las maderas admirablemente talladas, las águilas -imperiales guardan el orgullo de sus actitudes y recuerdan la presencia -desvanecida de la soberbia y soberana persona. - -Cuando salís, lleváis una sensación imborrable. - -Como decía antes, por las calles os llamará siempre, con su callada -voz, la tradición. En vano, en las vías estrechas, os hará pegaros a la -pared el tranvía eléctrico. En vano los vendedores de antigüedades os -querrán atraer con sus letreros en inglés. Por muy poco meditativos o -poetas que seáis, tendréis que pensar en uno de los dos hombres-sombras -zorrillescos, don Pedro o don Juan. - -Allá en la iglesia del hospital de la Caridad, me he inclinado ante -nombres ilustres, de mosaistas, pintores y tallistas; bastará el solo -de Murillo multiplicado en obras excelentes, como un Dios Niño que se -apoya en el mundo, todo gracia, y un Moisés en que Bartolomé Esteban -demuestra que celeste suavidad y pincel dulce no le impiden el dar -cuando le venía en voluntad una nota de fuerza. Y luego el realista -y macabro Valdés Leal, cantado en las labradas rimas de Gautier, que -renueva en más de un cuadro el triunfo de la muerte, y las visiones -cadavéricas de los frescos del camposanto pisano. - -Cuenta un cronista que al ver pintada tan a lo muerto la descomposición -en el ataúd, dijo Murillo a su amigo el artista: «Compadre, esto -es menester mirarlo con la mano en las narices». Mas, pasad a la -sacristía. No os detengáis en la visión de San Cayetano, de Céspedes, -ni en el San Miguel, de Roela. - -Ved ese retrato del tiempo viejo, ved ese caballero firmado por Valdés -Leal y ved esa espada antigua, que en estos tiempos de ruines prosas -no hay mano digna de tocar. Ese caballero orgulloso, cuya estatua se -ha inaugurado recientemente, es un _révenant_, es un habitante del -ensueño, es un vecino de la ciudad de la eterna ilusión, es un héroe de -la poesía, un fantasma de capa y espada. Ese hombre es el asesino del -amor y el campeón de la voluptuosidad. Es el Sr. D. Miguel de Mañara, -celebrado en la inmortalidad del arte bajo el nombre de Don Juan. Y esa -es su espada. Está en una sacristía, porque ya sabéis que el diablo -cuando se hizo viejo se metió fraile. - -En la catedral mucho hay que admirar y las guías lo detallan; pero -allí también, como en todos lugares, es el pasado el que os detiene -con su historia o con su página legendaria. Así, de ese púlpito que -encontráis en un patio, en donde predicaron varones ilustres como el -vigoroso Vicente Ferrer, pasáis a las maravillas de las naves, en donde -gloriosas paletas dejaron telas de valor y de renombre. Y la anécdota -tradicional os espera asimismo por toda capilla y rincón, desde el -colosal San Cristóbal, junto al altar de la Gamba, hasta el pequeño -Niño Jesús, al cual llaman el mudo, obra de Montáñez. Y aquí llega la -nota curiosa. - -Encontráis gentes de añeja devoción, a quienes dirigís la palabra, -y que, por más que les habléis, no os dan contestación alguna. Esos -son fanáticos que han hecho al niño rubio del altar la promesa del -silencio por un tiempo determinado. En una de las capillas--y aquí la -anécdota es moderna--está el famoso San Antonio, de Murillo, cuadro -que fué mutilado por un visitante norteamericano, que creyó oportuno -aislar el santo del resto de la composición para provecho propio. -Sabido es que el cónsul español en Boston tuvo denuncia del paradero -del fragmento pictórico y logró rescatarlo. Hoy, gracias al arte y -habilidad de un pintor eminente, el cuadro aparece restaurado, y no se -notan las señales de la amputación del robador yanqui. - -No os detendré ante las muchas obras artísticas y renombradas que aquí -se guardan, pues son tantas y tales que hay libros de eruditos, como -Cean Bermúdes, que están dedicados a ellos. Pero no dejaré de deciros -que veáis cierto fúnebre monumento que está cerca del Cristóforo de -Pérez de Alesio, el cual monumento es obra moderna y muy celebrada, -compuesta de cuatro figuras que soportan una urna, y que seguramente -os es familiar por las ilustraciones. En esa urna--¡descubríos!--están -las cenizas, las discutidas cenizas de Cristóbal Colón, que antes -estuvieron depositadas en la catedral de la Habana. Creo que el más -impasible e indiferente de los americanos, no dejará de sentir así sea -una vaga emoción delante de ese puñado de huesos. Hasta después podrá -llegar la eterna Eironeia, y haceros comprender que no es muy grande el -favor que nos hizo. - -La tarde estaba alegre y dorada cuando pasé el Puente de Triana para -ir al barrio de ese nombre tan cantado en las coplas. ¿Diré que tuve -más de una ilusión deshecha? Fuera de una que otra ventana llena de -los tiestos usuales en toda Andalucía, y una que otra cara de cromo -o de caja de cerillas, no pude satisfacer mi curiosidad de belleza -sevillana. Vi mucho mozo de chaqueta y pantalón ajustado, haraganeando -en las esquinas, no lejos de los muelles en que el sevillano trabajador -suda en los afanes del tráfago moderno. Vi portales sin aseo y tiendas -de salazones, y una diligencia a la antigua, que al lado del eléctrico -tranvía iba cargada de gentes y maletas a alguna parte. Vi la Torre -del Oro bañada del oro de la tarde, y el río de un color sucio -amarillento; y a lo lejos las alturas que empezaba a borrar, a esfumar -el crepúsculo. Y si no volví contento de Triana, puesto que quizás yo -iba con la idea de un Triana fantástico, o imposible o demasiado a la -francesa, tuve un desquite con la salida de una bella niña y una vieja -dueña de una vieja iglesia. Doña Inés del alma mía y su inseparable -guardadora. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración: CORDOBA] - - - - -[Ilustración] - - -UNA modesta estación; un ómnibus que va mal que bien por la calle, -sobre baches y fango. - -Mal tiempo. He ahí mi primera impresión en la ilustre y secular -Córdoba. En cambio, los verdes naranjos, en los cercanos jardines, -y flores a pesar del tiempo, me resarcieron del inicial desencanto. -El hotel en que me hospedo da a la vía principal de la población, -la alameda llamada del Gran Capitán, en memoria de aquel magnífico -guerrero D. Gonzalo, cuya casa natal estuvo por este punto. Cuando la -lluvia ha cesado y puedo salir, veo grupos de gentes estacionados en -la alameda, el eterno grupo de ciudad española, que conversa y «mata» -las horas. - -Fuera de este paseo, de que están orgullosos los habitantes, las otras -calles son marcadamente típicas, descendiendo de la parte alta de la -ciudad a la baja, o Ajerquia. No he podido menos que tener presente en -mi memoria a la amable Córdoba argentina, a cada paso que he dado en -la antigua Córdoba andaluza. No es que tengan nada de semejante, fuera -del espíritu de la raza llevado por los hombres de la colonia, sino -que el nombre imponía el recuerdo, y el haber sido centro de estudio -y de saber en tiempos remotos esta ciudad abuela, como esa en no tan -lejanos, continuando su tradición en los presentes. No son pocos los -pergaminos de nobleza de la patria de Séneca y de Lucano, a la cual un -latinista moderno hace declarar sus grandezas en clásicos exámetros: - - Illa ego sum quodam latialis gloria Roma - cum dedit illa mihi quæ sibi jura dabat. - Inter romanas sum prima colonia facta - sola que patricio nomine clara fui. - Deliciis fruor ipsa meis Montisque Marian - ad cujus gremium dotibus aucta cubo... - Piscosus me Boetis amat, me argentea cingit - unda cabalino fonte sacrata magis, etc., etc. - -Y vaya esa transcripción de sabios metros en gracia a las dos Córdobas -gloriosas, pues la de ese lado del mar también pudiera repetir con ésta: - - Mille mihi Senecæ, Lucani mille fuissenl, - si mihi Mecoenas unus ab urbe foret. - -Decía, pues, que las calles de la población me han parecido de -lo más característico, y con razón, pues según la monografía -histórico-topográfica de Ramírez, «ni en su dirección ni en su anchura -han sufrido alteración alguna sustancial desde los tiempos más remotos, -y son, por lo general, como todas las de las poblaciones antiguas, -estrechas y torcidas, o poco alineadas, por lo que es cosa digna de -reparo que en el centro de la ciudad se encuentren algunas calles de -mediana anchura». Yo, ni en Granada, ni en Sevilla, ni en Málaga, he -encontrado ese ambiente de antigüedad de esta capital esclarecida y -en una época foco, puede decirse, de la sabiduría universal. Y en la -estrechez y soledad de las calles, la reja siempre, la ventana propicia -al amorío de romance, los patios misteriosos que se entrevén. Si en -un lugar, a modo de plazoleta, está el nombre de Séneca, y evocáis la -memoria de aquel admirable filósofo y periodista _avant la lettre_, -conocimientos mentales no tan viejos se os presentarán en esas casas -de las vías angostas, y de las cuales suele brotar, inesperadamente, -el eco de un piano. Allí puede muy bien vivir la señorita doña Pepita -Jiménez; allá puede estar forjando sus ilusiones el doctor Faustino; -y si no, en una o en otra morada puede haber nacido el ilustre D. -Juan Valera, porque es sabido que, como Ambrosio de Morales y el gran -Góngora, D. Juan es cordobés. - -De edades lejanísimas quedan en Córdoba huellas cesáreas. De César -quedan, cuando después de ser cartaginesa fué romana. Como colonia -patricia consta en las medallas y en los libros que fué notable. Y aun -afirma uno de sus historiadores que, siendo pretor de las Españas -citerior y ulterior Marco Claudio Marcelo, «la ciudad fué ampliada y -ennoblecida con suntuosos edificios, y parece se hizo de moda en Roma, -por aquel tiempo, poseer una quinta en los amenos campos de Córdoba». -Hoy de aquellas grandezas quedan apenas lápidas, inscripciones -monumentales, columnas miliarias, monedas de Augusto en que hay -borrosos problemas para los numismatas, y un venerable puente, al que -aún sostienen sus pesados arcos sobre el turbio Guadalquivir. Fué goda -y luego árabe, y los islamitas la elevaron en verdad a su más alta -potencia. Leer esa historia es penetrar en su vida cuasi fabulosa de -capital imperial, de un imperio de cuento miliunanochesco. - -Hoy queda casi nada en comparación de los antiguos esplendores -califales; pero lo que queda, la mezquita convertida en catedral y -cuya transformación enoja a todo artista viajero, como D'Amicis, da -idea de qué clase de cerebros cubrían aquellos prestigiosos turbantes. -¿Qué sería aquella magnífica Rusafa, o huerto real, en donde el -poderoso Abderramán I, que también, como buen oriental, era profeta, -anticipándose al cubano José María Heredia el viejo, cantó a su -compatriota la palmera, entonces extranjera en esta tierra? Y sobre -todo, ¿qué escenario como de la historia del príncipe Camaralzamán y la -princesa Badura, u otros príncipes en cuyas vidas se interesaba tanto -Dinarzada, no sería la Azhara de Abderramán III, llamada así por el -nombre de la favorita del harén? En verdad, pudo venir a habitar el -palacio el rey Salomón en compañía de la reina de Saba. No os repetiré -los datos algo prosaicos de cronistas cristianos como Díaz de Rivas; -pero sí lo que refieren narradores árabes contemporáneos de aquel -espléndido califa: - -«Las casas edificadas bajo un plan uniforme, con mucho gusto y -magnificencia y coronadas de azoteas, tenían jardines plantados de -naranjos, y correspondían a la grandeza y suntuosidad del alcázar a -que estaban agregadas. En la construcción de este sitio real empleó -Abderramán inmensos tesoros. Los obreros ocupados en la construcción -eran mil, mil y quinientas las mulas y cuatrocientos los camellos que -conducían materiales. Ayudáronle en la dirección de la obra los más -célebres arquitectos de Bagdad, Tosthat y Kaiorán, y de Constantinopla, -que le envió su aliado Constantino VI, regalándole al mismo tiempo -cuarenta columnas de granito, las más hermosas que pudo encontrar. -Pasaban de mil doscientas las de varias clases de mármoles que había -hecho traer a gran precio de algunas provincias de España, de Francia, -de Italia, Grecia, Africa y Asia. El exterior, así como el interior del -alcázar, contra la costumbre de los árabes, estaba hermoseado con el -mismo empeño y prolijidad que el resto del edificio, y en el interior -se encontraba cuanto el arte ayudado de la riqueza puede producir de -más bello y encantador. Las paredes estaban incrustadas de arabescos -de mucho gusto, las ventanas y puertas eran de cedro adornadas -de preciosas esculturas, y los techos pintados de azul celeste y -esmaltados de oro. - -«Pero como era natural, nada llegaba al primor y riqueza que en -el salón destinado para su morada había prodigado el califa. Los -adornos de sus muros estaban formados de oro, perlas y otras piedras -preciosas, y en varios sitios, según costumbre, se leían aleluyas -alkoránicas. En una magnífica fuente de alabastro, que estaba en medio -de la pieza, arrojaban agua por la boca varios animales de oro, y en -su centro nadaba un cisne del mismo metal. Sobre la fuente pendía -una perla de extraordinario precio que al califa había regalado el -emperador León, de Constantinopla. El retrete donde estaba el lecho -de la favorita, se veía cubierto por un artesonado revestido de oro y -acero, y sembrado de piedras preciosas; y en medio del resplandor que -despedían las luces de cien arañas, saltaba un chorro de azogue que -cual plata líquida caía en un hermoso pilón de alabastro. Sobre la -puerta principal del alcázar, se veía la estatua de la hermosa esclava, -no sin indignación de los más severos musulmanes, que censuraban la -impiedad del califa, que se había atrevido a representar la forma -humana, contra el expreso precepto del Korán. Los jardines que rodeaban -el palacio correspondían a lo demás en primor y belleza, pues la -fantasía más fecunda había prodigado allí cuanto puede lisonjear los -sentidos. Bosques de mirtos y de laureles se mezclaban con los olivos, -cuyo verdor se retrataba en las cristalinas aguas de los estanques: -animales raros vagaban encerrados en jardines dispuestos para este fin -y aves de vistosos plumajes y agradable canto animaban tan encantadora -mansión.» Al suspender esa descripción, no creeríais oir la voz de -Dinarzada: «¿Hermanita, quieres contar uno de los hermosos cuentos -que tú sabes?» De tales mansiones no se gloria hoy la más soberbia de -las testas coronadas y solamente pueden contemplarse, con ayuda de -la imaginación, en las renombradas narraciones que he citado y que -ha sacado a la luz y al arte modernos la sabia voluntad y el talento -admirable del Dr. Mardrus. - -Vagando de un punto a otro y perdiéndome a veces en el laberinto -de esas calles orientales, he dado con fuentes, ruinas, un curioso -monumento al ángel Gabriel, que, según tradición, ha librado a la -ciudad repetidas veces de pestes, tempestades y calamidades, y por -fin encontré lo único que verdaderamente atrae a los extranjeros: la -mezquita. En este caso, como en otros, no cabe descripción alguna, -pues muchas hay en las guías y en cien libros de viajes. Diré, sí, -que me asombró este edificio de fe, como los otros edificios de amor y -de guerra que dejaron en su amado Al-Andalus, y que uní mi voz a las -mil que han lamentado la vandálica religiosidad de los católicos que -creyeron preciso demoler obras del arte y afear el recinto de Alah para -adorar mejor a Jesucristo. - -La selva de columnas, la profusión de los arcos, hacen pensar en -lo que sería cuando no había tapiadas puertas y la luz penetraba -lateral. Se diría una vasta petrificación de palmeras. Y gracias que -aún queden joyas arquitecturales y de mosaico, cual ese prodigioso -mihrab o sagrario mahometano, que es la admiración de los conocedores. -Aunque hay en la parte de intrusa construcción española muy notables -trabajos, como el coro, el visitante no tiene pensamientos más que -para los islamitas, que sabían edificar tan bellas moradas de oración. -Al entrar, da deseos de cambiar los zapatos por un par de babuchas, y -murmurar que «sólo Dios es grande». - - - - -[Ilustración: GIBRALTAR] - - - - -[Ilustración] - - -I - -DESDE que llegué a Algeciras, sentí que ya no me encontraba -completamente en España. No descendí en la estación, sino a la entrada -del muelle, a un paso del Hotel Anglo-Hispano y del Hotel Reina -Cristina, dos establecimientos ingleses. El tren llega hasta allí -para comodidad de los ingleses. Desde luego la línea férrea entre -Bobadilla y Algeciras es propiedad de una compañía inglesa. En el hotel -me encuentro con que todo el mundo es inglés. En el salón de lectura -casi todos los diarios son de Londres. Alguien me asegura que desde el -Hotel Reina Cristina, que está construído en una altura y en el cual -se eleva un largo mástil, se hacen señales semafóricas con Gibraltar. -Al día siguiente tomo en el muelle inglés el vapor de la misma -nacionalidad, que me conduce al Peñón. - - * * * * * - -Un malagueño que se llama Paquito y que es portador de una guitarra, va -a bordo. Una joven miss se ha acercado a él y en muy buen castellano le -invita a que le dé una lección al aire libre, sobre cubierta. Paquito -se excusa. Luego, allá a solas conmigo, me hace sus confidencias. - ---¡Vamos, que los ingleses no me agradan! Voy a Gibraltar por unos días -a ganar un dinerito... A usted, si gusta, le invito para que me oiga -tocar y cantar. - -La enorme mole se va agrandando sobre el fondo del cielo invernal. -Se distinguen las casas escalonadas sobre la roca, y más tarde los -muelles y escolleras; por todas partes el ir y venir de barcos, y, con -ayuda del anteojo, las innumerables baterías, la floración de cañones -que hacen del promontorio un inmenso panal de piedra y acero en que -aguardan el momento propicio para lanzarse los enjambres de avispas de -fuego que alborotará la mano de la guerra. - ---¿Qué le parece, Paquito? - -Paquito alza los hombros, resignado. Después, a media voz, me canta, -junto a la borda del barco, una canción, con ritmo de tango, cuyas -patrióticas y desgreñadas estrofas, no por serlo dicen menos lo que -siente el corazón popular. - - España fué la nación - que más lauros conquistó; - por la tierra y por el mar - extendió su autoridad; - al grito sacrosanto - de Castilla y de León, - clavaba en lo más alto - su glorioso pabellón. - Tiempo feliz que de fijo - para siempre ya pasó. - Al comparar la antigua situación - con la actual, causa pena y dolor. - De ira y de vergüenza - deberíamos llorar - al contemplar, y es la verdad, - que nuestra dignidad - manchada está - desde que vió ondear - la bandera inglesa - en el Peñón de Gibraltar. - Qué vergüenza da, - que vergüenza da, y es la verdad. - Aunque el mundo sabe - que ese invencible Peñón - hoy es inglés - por una traición. - Porque jamás pudo vencer - el pueblo inglés al español, - y en lucha igual, franca y leal, - el Aguila se humilla ante el León. - Pero ha de llegar - el día en que volvamos - nuestro Peñón a recobrar - y ese día cerca está, - y subiendo a lo más alto, - y allí gritando ¡viva España! - nuestro glorioso pabellón clavar. - -¡_Alas poor_, Paquito! Mientras das al aire suavemente esa cordial -protesta, yo admiro a estos fuertes y temibles hombres. Este Peñón es -el más vasto altar, el más colosal monumento de la conquista y de la -guerra. Por un lado se impone dominante sobre España, por otro sobre -Africa, y el Mediterráneo que vió en lejanos tiempos la omnipotencia -latina, presencia hoy la omnipotencia de Britannia, sobre las olas--, -_on the waves_. - - * * * * * - -El vapor atraca al muelle. Al pisar tierra, creo entrar en un cuartel. -Las murallas, los fuertes, las amenazantes baterías de la altura están -ante mi vista. Al entrar por una puerta de la ciudad, un soldado me da -un cartoncito con un número y un permiso para circular por ella hasta -el cañonazo de las doce. En una plazoleta, oficiales rojos enseñan el -ejercicio a soldados kakhi. Una banda suena a lo lejos. Por fin, heme -aquí en un hotel carísimo--parece que no hay de otros en la ciudad--y -luego, en la calle, para aprovechar mi tiempo. - -Noto que, a pesar de todo, no se ha logrado desarraigar el idioma. Toda -la gente habla español. En las vitrinas de las tiendas, los objetos -están expuestos con los precios escritos en inglés y en español. -Asimismo la moneda española circula, y se puede pagar una cosa, -correspondientemente, en chelines o en pesetas. Mas la poderosa Roma -moderna impone su sello. Hay algo de cada colonia que podéis observar -al paso. Aquí un negro, más allá un hindú, que os vende labores de -Persia y del Indostán. No os extrañarán, por la vecindad, los moros, -y los muchos malteses y judíos en sus tiendas curiosas. Los tipos son -marcadísimos. He visto en verdad y en una esquina, a Alí Babá. Y los -cuarenta ladrones, entre ellos el cochero que me pasea; y a Shylock, -junto a un sórdido mostrador, un Shylock como el que hace Novelli, -todo vestido de negro. Pasan, en fiacres de toldos amarillos, soldados -y oficiales, que se dirigen a los cuarteles. Veo, no lejos, humo de -chimeneas, y oigo agitación de máquinas. Sobre todo se siente el peso -de una consigna y la regularidad dura de la vida militar. Aquí se han -de leer mucho los versos de Rudyar Kipling. Todos esos caras morenas de -comerciantes de la India, sonríen al Tommy que pasa. Los judíos están -contentos porque hacen negocio. Los gibraltarinos están satisfechos -porque los negocios van siempre bien. Y los españoles vecinos, de la -misma manera, pues hay aquí buen mercado para los productos que se -importan. Por su parte, los militares llevan una existencia de lo más -agradable, pues tienen desde «whisky-and-soda» hasta «music-hall», con -estrellas de la Alhambra londinense, y cacerías en tierra española, con -todo el confort y cuidado que un inglés pone en esas cosas. - - * * * * * - -Allá lejos, pasadas las puertas del lado sur del puerto--una española, -otra inglesa, puertas gemelas que decoran sendos escudos, el uno -del tiempo de la antigua dominación, el otro moderno--; más allá de -los jardines que en la roca escueta han hecho florecer con bellas -vegetaciones las activas autoridades, he ido a ver los trabajos de los -grandes diques en construcción. Los trabajadores bullen en la inmensa -escavación, afanosos. Se me dice que de algunos días a esta parte -se han recibido órdenes de apurar las tareas. Se escucha el ruido -de las dragas. Los pitos de vapor silban, las vagonetas cargadas de -tierra corren, la multiplicada labor se siente incansable. Se ve que -es la energía británica la que dirige. Hay aspectos imprevistos, de -rincones floridos, cerca de las garitas y de los depósitos. El cochero -que he tomado en Gunners Parade, me lleva hasta una de las baterías -bajas, donde un enorme cañón rodeado de proyectiles, también enormes, -amenaza al mar. Hay en las entrañas de la colosal roca vastos trojes -de guerra, en previsión de posibles cercos, así fuesen los traídos por -consecuencia de una liga continental. - -Hay cordones de bocas de fuego en las distintas salientes del Peñón. -Y, a pesar de lo que se murmura contra la capacidad del ejército -inglés, hay una admirable disciplina, y se ve que una inteligencia -ordenada y eficaz ha precedido a todo el abastecimiento y defensa -de ese formidable castillo natural sobre las olas. No soy perito en -cuestiones militares, pero no sé hasta qué punto tenga razón un miembro -de la Cámara de los Comunes, Gibson Bowles, en las afirmaciones hechas -en un ruidoso folleto sobre la vulnerabilidad y debilidad estratégica -de Gibraltar. Sin embargo, a la simple vista, no me parece de una -imposibilidad absoluta que por el lado de tierra, un ejército audaz -y bien dirigido pudiese llegar a tomar la gran fortaleza, apoyado -por modernísimos cañones, que encontrarían el más estupendo blanco -que imaginarse puede. Por esto es muy explicable la actitud celosa -de Inglaterra que, cada vez que el gobierno español ha intentado -fortificar su territorio por los lados peligrosos, ha protestado por -medio del embajador en Madrid, y ha impedido toda probabilidad de -futuros perjuicios. Por su parte, el almirantazgo y el ministerio de -guerra londinenses tienen siempre buenos centinelas. De Rooke a White, -todos los que han tenido mando en el Peñón han sido espíritus hábiles -y meritorios soldados. Me parece que en los versos de Paquito el -malagueño, hay profecías difíciles de cumplirse. En Highest-Pont, en -The Galleries, en Signal-Station, hay muchos ojos vigilantes. Y cada -día que pasa se va aumentando el número de cañones, el trabajo de los -diques de carena y el arreglo y buen mantenimiento de los innumerables -galpones, bodegas y depósitos de municiones y víveres. Hay talleres -excelentes y cantidades de carbón crecidísimas. El nuevo muelle, -concluído casi, es de primer orden, como los otros en construcción. Una -lluvia de libras esterlinas amaciza y fortalece todo eso. - - * * * * * - -Difícil de abordar el gobernador, el secretario colonial, Mr. Evans, -es en verdad tipo simpático y afable. Un mi compañero ocasional, Mr. -Fox--sonriente zorro anglosajón, que viaja por placer y sport, y que -ha recorrido todo el mundo, se hace lenguas del secretario.--«¿Y la -guerra, Mr. Fox? ¿Y la guerra?»--«No sabe nadie lo que puede pasar. -Pero Inglaterra es tan prudente como potente, y no crea usted que se -precipite a causar conflictos, de los cuales no se puede calcular el -terrible resultado. No obstante, la Gran Bretaña está lista para todo -evento. El pueblo simpatiza con el Japón, más que por la alianza, por -la antigua enemiga con el Oso. En cuanto al estado de la marina y -del ejército, no crea usted a los pesimistas. Se ha trabajado y se -trabaja. Sir Charles Beresford, no diría ahora lo que en época no muy -lejana. Esta es la opinión del vencedor de Ladysmith y de su amable -secretario». Miss Fox, que acompaña a su padre y que tiene los más -lindos ojos azules en el más fino y sonrosado rostro, aprueba. Lo cual -me hace, incontinenti, no tener ningún cuidado por la buena suerte -asegurada de los barcos y soldados de su majestad el rey Eduardo. - - * * * * * - -En un solo día he visto pasar un hermoso crucero francés, tres barcos -de guerra de otras nacionalidades y como doscientos vapores mercantes. -Se espera pronto a la escuadra nacional. Además, el King Alfred y el -Diadem, que de Singapoore se dirigen a Inglaterra. Y dentro de días, la -visita del emperador de Alemania. - - * * * * * - -Mr. Fox me hace saber cosas interesantes y pintorescas. Hay un club -Ladysmith que da bailes de máscaras en sus salones, situados en el -Flat Bastion Road. El ejército de salvación, por su parte, predica el -bien y pone en las calles los grandes letreros usuales, con máximas -evangélicas y declamatorios consejos. Pero los oficiales que escuchan y -siguen al pie de la letra la palabra de esos comisionistas del Señor, -son pocos como los temperantes de tal o cual asociación. Prefieren -entre el _hunting_ y el _tennis_, unas salidas gratas por el lado de -la Línea, en donde hay cante flamenco, guapas mozas españolas y el -consiguiente pale-ale y whisky de Escocia. Y aquí, en la ciudad armada, -está el Empire, a la manera de Londres, con una London Variety Company, -en que hay una «star» que se llama mademoiselle Vanmeeren.--«¡Soberbio, -Mr. Fox!--_¡I think so, Mr. Darío, The Channel Fleet will thus find -ample amusement for their evenings on shore!_» - -Miss Fox mira, distraídamente, hacia la costa de España, donde Tarifa -semeja una ciudad sin vida. La banda ensaya, no lejos, todos los himnos -nacionales habidos y por haber. Las sombras nocturnas se adelantan. - - * * * * * - ---¡Allo, Mr. Darío! - ---¡Allo, Mr. Fox! - ---¿Una taza de té? - -Tomar una taza de té con Mr. Fox es un placer, cuando no da en hablar -de cacerías y otros sports. Miss Fox le acompaña siempre, y toma parte -activa en charlas sobre literatura, sobre ocultismo, sobre artes. - -Ambos son admiradores de Rodín, y se esfuerzan en convencerme de que -los franceses no comprenden al gran escultor y los ingleses sí. Los -ingleses y los norteamericanos, dice Miss Fox. Se celebra la poesía de -Rudyard Kipling, algunas de cuyas composiciones, demasiado argóticas, -confieso modestamente no comprender. Se trata del valor japonés, y no -soy simpático cuando expongo mis simpatías por Rusia. Así, llegamos a -tratar de la cuestión anglo-española, la eterna cuestión de Gibraltar. - ---Los españoles, dice Mr. Fox, dicen que los Ingleses ocupan Gibraltar -por una traición. Y a los japoneses se les acusa de traidores por -causa del golpe por sorpresa que inició la guerra actual. ¿Qué guerra -no es, en realidad, traidora? ¿Y qué cosa es traición, cuando se -trata de guerra? Ahora bien, si los ingleses dejaran actualmente poner -excelentes y modernísimas fortificaciones en el Fraile, en La Leña, en -Camorro, en las Palomas y en otros lugares del litoral del estrecho, -confiese usted que serían unos tontos. Puesto que usted ha leído al -filósofo alemán de «Más allá del Bien y del Mal», no tengo que entrar -en mayores disertaciones. Además el tiempo es oro. - -Miss Fox pone un poquito más de brandy en mi té. - - * * * * * - -Pronto he de dejar el Peñón, erizado de hierro y de muerte. Me he de -dirigir a la vecina Africa, cuyas costas se divisan, alzándose en -el fondo el grande Atlas. Mis amigos ingleses me dan una carta de -presentación para un rico árabe, que reside en Tánger, y llevo además -otra, del amable cónsul argentino en Málaga, para el administrador -español de correos en la ciudad blanca. - - -II - -En estos días ha habido, como muy a menudo, divertimientos alegres -para los distinguidos oficiales de esta férrea guarnición. Persona que -ha asistido a ellos, me celebra la distinción y las elegancias de las -jiras sportivas. Ha sido un _fox hunting_ de lo más ameno y variado, -después de gozar los invitados de la hospitalidad de Mr. Larios--, uno -de la egregia familia que sabéis. Galopes animados hacia Salt Pans, -por amables colinas, por Agua Corte; persecución de un zorro cerca de -Polmones Village; amazonas animosas y bravos cazadores, que iban en -caballos veloces; magnífica jauría; - - Van perros de fina raza, - Cornetas de monte, en fin, - Cuanto exige Moratín, - En su poema _La Caza_. - -como diría, en los buenos tiempos en que hacía versos, el señor -presidente Marroquín, de Colombia. Además de zorros, ha habido -jabalíes, entre los cuales uno viejo y terrible que hirió gravemente -a dos sabuesos. Nada os diré de las excelentes provisiones, siendo -ingleses los de la partida. Hasta versos se han rimado, en los cuales -se dicen bromas anglosajonas que tocan al «honorable secretario». He -aquí esa muestra del humor britanocalpense: - - Oh where and oh where is the gallant «Hon. Sec.» - Oh where and oh where can he be? - There's no one to keep these bold «thrusters» in check - No signs of E. M. can we see. - We met at «the Farm» (sure 'twas after the Ball) - And gossiped and «coffe-housed» there, - And drinks (though the need of Dutch courage is small) - While violets decket each dame there. - _Chorus._--And there, oh yes there, was the genial «Hon. Sec.» - His smile beaming broadly and bland - As fietd money tickets he swift did collect - By scores were they thrust in his hand. - -Eso, con otras estrofas más, se ha cantado con uno de esos joviales -aires ingleses que habéis oído más de una vez. Así se divierten los -militares que guardan la vasta fortaleza de rocas que humilla el amor -propio de la Europa entera. Así se divierten, como en todas partes -donde moran. Unos son enviados a la India, o a otras posesiones -coloniales. Otros hay que viven aquí desde hace mucho tiempo. A veces -suena un pífano, se oyen tambores. Un grupo de soldados pasa, solemne. -Se lleva a enterrar a un compañero que quedará por siempre en el peñón, -como están en el cementerio viejo, bajo túmulos grises, llenos de -inscripciones, víctimas de Trafalgar... Pero son los amos de cuanto su -vista abarca. - - * * * * * - -Como leyese las anteriores líneas a un mi amigo español que está en el -mismo hotel que yo, sonríe amargamente.--«¿Usted no sabe hasta dónde -llega la conquista de la libra esterlina y de los cañones del Peñón, en -tierras de España, en tierra de nuestro D. Quijote? Pues escuche.» Y me -lee unos recortes que saca de su cartera: - -«Junto a Algeciras los ingleses disponen de campos para jugar al -«golf», de cotos para cazar, de huertas para recrearse. Apenas alguien -necesita en Algeciras vender una casa, los ingleses la adquieren, y a -buen precio. Pronto habrá en Algeciras más propietarios ingleses que -españoles. Sin embargo, Algeciras, es como Gibraltar una plaza fuerte. -Bien es verdad que esta condición no se halla justificada sino por una -vetusta batería artillada por algunas piezas de las que se cargan por -la boca; pero no importa, buena, o mala, Algeciras es una plaza de -guerra, y como tal, está sujeta a reglas especiales, ni más ni menos -que la plaza de Gibraltar. - -Sin extremar, como en Gibraltar se extreman--por ser allí la -jurisdicción militar la única que rige--la dignidad, el honor, si -todavía estos vocablos quieren significar algo en nuestra patria, -debieran imponernos cierta línea de conducta. Entretanto, del propio -modo que La Línea, El Campamento y Puente Mayorga son arrabales de -Gibraltar, Algeciras se convierte paulatinamente en una dependencia -del imperio británico. Hay una provincia inglesa que tiene por capital -Gibraltar, y que comprende de hecho el Peñón, el Campo, Algeciras y -todo el territorio hasta Tarifa por un lado, y de Ronda por otro. -Es verdad que esta provincia tiene autoridades militares, civiles y -judiciales españolas; pero quien gobierna efectivamente en ellas es el -Foreign Office de Londres, y por mandato suyo, el general gobernador -de la plaza de Gibraltar. Allí no se hace nada sin anuencia de los -ingleses, en tanto que los ingleses hacen allí lo que les parece, -seguros de hallar la aprobación tácita o la sanción legal de parte de -España. La soberanía española en aquella región de la Península es una -pura ficción. Conviene hablar claro y que lo proclamemos muy alto; es -indispensable que España lo sepa: existe de hecho, enclavada en los -dominios de la monarquía española, una provincia inglesa de Gibraltar, -de la cual el Peñón es la cabeza y la ciudadela. - -Los ingleses se han creado intereses por doquiera, desde la margen -del estrecho hasta la serranía de Ronda. Todo el mundo sabe lo que -significa para los ingleses la fórmula «crearse intereses». La -intervención activa de la Gran Bretaña en la colonia portuguesa -de Lorenzo Márquez y la transformación de ésta en una especie de -protectorado británico, débese principalmente al ferrocarril de -Delagoa a Komati-Port, cuyo primer interesado es un súbdito inglés. -Así también la zona recorrida por el ferrocarril de Algeciras a -Bobadilla cae, según la teoría diplomática inglesa «dentro de la -esfera de los intereses británicos». De ahí que conceptuemos este -ferrocarril como una infamia, porque, una de dos: o esta línea -aprovecha al país, o aprovecha a los ingleses: si lo primero, el más -elemental patriotismo aconsejaba que se concediese a una compañía -nacional, o por lo menos, no inglesa; si lo segundo, jamás, en manera -alguna, debía haberse otorgado la concesión a quienquiera que fuera, -y menos aun, a una compañía inglesa. Si los ingleses no se encuentran -bien en Gibraltar; si el Peñón les parece incómodo y angosto; si la -residencia en Gibraltar les es penosa, por la falta de campos, de -espacio, de comunicaciones, ¡que se vayan! pero que no vengan a exigir -de nosotros esas facilidades de que carecen. Desgraciadamente, para -oprobio nuestro, esas facilidades las obtienen con creces; gracias a -nosotros, Gibraltar reune para ellos todos los atractivos y todas -las comodidades imaginables». Todo eso es la pura verdad, y mi amigo -español me hace notar que se les ha dado y se les sigue dando hasta -tierra. ¡Hasta tierra! Sí, se ha traído mucha tierra de España y la -que se pisa, en el muelle nuevo, y más allá, es, ciertamente, «tierra -española...» - -¿Y agua? - -Hay aljibes admirables en que se aprovecha toda el agua que cae en -el Peñón; pero se trataba no hace mucho de concesiones de no sé qué -fuentes de la sierra al lado de San Roque. Y ha habido un diputado a -cortes que sostenía con entusiasmo esa concesión. «Gibraltar tiene en -el parlamento español «sus» diputados. Los ingleses no civilizan nunca, -corrompen, y el espíritu corruptor inglés se extiende como una lepra -a muchas leguas a la redonda del Peñón.» No obstante... Podrán los -ingleses no civilizar; más, desde Castellar, Ronda, y demás lugares -que se van acercando a Gibraltar, de donde se desborda la invasión -británica, advertís un aseo, una actividad, una higiene, un confort y -un _pale-ale_, que muy poco tienen de españoles... - -No he encontrado en los habitantes de Gibraltar, originarios de -familias españolas, un manifiesto deseo de volver a la antigua -bandera... Se advierte que un nuevo espíritu se ha posesionado de la -raza. Todo el mundo ama el trabajo y procura la actividad. He recordado -la palabra del siempre citable Nietzsche: «Las razas laboriosas no -pueden soportar la ociosidad. Fué un golpe magistral del instinto -«inglés» santificar el domingo en las masas y hacerlo aburrido para -ellas, a tal punto que el inglés aspira inconscientemente a su -trabajo de la semana.» El domingo en Gibraltar, es como el domingo -en Londres, o en cualquier ciudad anglosajona. Religiosa o no, la -población se encuentra triste, opaca, sin movimiento, en un exceso de -santificaciones. - -Todos los ciudadanos de Gibraltar que hablan español piensan en inglés. -El Peñón está bien asido, como por las poderosas mandíbulas de un -gigantesco bulldog. Este no soltará fácilmente, antes bien quiere -avanzar, tierra adentro. - -Como he dicho, no se permite al Gobierno de España ninguna -fortificación vecina. Inglaterra desea mantener el campo, tal como -quedó establecido en 1810, cuando fueron volados los fuertes -existentes. «De 1810 a acá, dice un escritor español, cuantas veces -hemos intentado levantar las fortificaciones derruídas o construir -otras, Inglaterra ha hallado medio de hacer obstrucción. Nuestras -tentativas por recuperar en la bahía de Algeciras el rango a que -tenemos derecho, o simplemente por organizar la defensa de nuestro -territorio, corresponden a la segunda mitad del siglo XIX. El último -proyecto, el que más nos interesa, puesto que se aplica a los modernos -adelantos de la artillería y a las recientes innovaciones en el arte de -la fortificación, lleva la fecha de 1900.» - -Los ingleses, por su parte, hacen perfectamente, pues una vez bien -fortificada la parte española y artillada con cañones modernos, El -Peñón estaría, dada una conflagración europea, en verdadero peligro. - - - - -[Ilustración: TÁNGER] - - - - -[Ilustración] - - -EN el _Gibel-Musa_, vapor inglés, después de tres horas de mar, llego -a tierra mahometana. Desde a bordo ha comenzado para mí lo pintoresco -con el amontonamiento, sobre cubierta, de moros y judíos de distintos -aspectos, blancos, morenos, de ropajes oscuros o de vestidos vistosos. -Había ancianos de largas barbas blancas, semejantes a los Abrahames -de las ilustraciones bíblicas, y mocetones robustos, hombres de faces -serenas y meditativas, mercaderes con morrales y cajas. Había rimeros -de paquetes, armas, bagajes. Había pipas humeantes de cazoleta -diminuta. Cabezas con fez, con turbante, con capuchón. Había animales. -Un árabe de negra mirada iba cuidando su caballo. Un viejo de dulce -y venerable aspecto acariciaba un cordero. Las inglesas del pasaje y -unas norteamericanas de gorrita impertinente y rosados colores sacaban -instantáneas, no sin la protesta de algunos de los africanos, que veían -en tal acto un atentado contra el precepto koránico. Atrás quedaban las -costas andaluzas. (¿No es allá, oh soberbio y famoso mulato, donde el -Africa empieza más bien que en los Pirineos?). El mar estaba apacible, -a pesar de las cóleras que le han sacudido los días pasados, y el -firmamento de un azul pacífico. Poco a poco la ciudad fué apareciendo -a mi vista, y antes, a un lado, las alturas que se extienden hacia -el interior, en donde hormiguean las kabilas; y más allá, la casita -blanca del nunca bien ponderado corresponsal del _Times_, Mr. Harris -(¡perpetúe Alah su felicidad y sus días!), que en tantas andanzas se ha -metido, y cuya cabeza ha sido deseada por tantos alfanjes de hijos del -Profeta. Ese brillantísimo colega y Mr. Mac-Lean tuvieron que salir -más que velozmente a causa de políticas aventuras, en las cuales estaba -mezclado el sultán modernista, sportman Moulai-abd-ul-Aziz (¡que Alah -le dé unos buenos tirones de orejas!), el cual no piensa más que en -bicicletas y máquinas fotográficas, cosa que no había pensado el buen -Loti cuando le vió niño en la corte de su padre. - -Por fin la ciudad se presenta, sobre el celeste fondo, la ciudad -blanca, muy blanca, tatuada de minaretes verdes. Confieso que es para -mí de un singular placer esta llegada a un lugar que se compadece -con mis lecturas y ensueños orientales, a pesar de que sé que es una -ciudad profanada por la invasión europea, adonde la civilización ha -llevado, con escasos bienes, muchos de sus daños habituales. Por de -pronto, he ahí la muchedumbre de intérpretes del hotel, de dueños de -botes de desembarco que pretenden desollarnos en todas las lenguas -posibles. Y ya en el muelle, después de pasar la aduana, muchedumbre -de guías, y de los que el señor Echegaray llamaría, por no hablar como -Quevedo, galeotos. ¡La aduana! Yo no sé que es lo que le dice en árabe -a uno de los empleados de turbante y albornoz el intérprete que me -conduce; pero, como en algunos países cristianos, no me han registrado -el equipaje, y ha de costarme esa deferencia el consabido premio. -Entro a la ciudad por una de las tres puertas juntas arábigas que hay -en los muros blancos, entre una muchedumbre de albornoces, turbantes -y babuchas, burritos cargados, cargadores que atropellan, mendigos -que tienden la mano y dicen palabras guturales, amontonamientos de -fardos, de cajas, de cargamentos de todas clases. Hacia la izquierda -subo por una calle estrecha, y a poco estamos en el mercado, o Zoko -Chico, punto en donde se encuentra el hotel en que he de habitar -durante mi corta permanencia. A pesar de las tiendas europeas, a pesar -de la indumentaria de los turistas y vecinos europeos, el aspecto -de la ciudad es completamente oriental. Me siento por primera vez -en la atmósfera de unas de mis más preferidas obras, las deliciosas -narraciones que han regocijado y hecho soñar mi infancia, en español, -y complacido y recreado más de una vez mis horas de hombre, en la -incomparable y completa versión francesa del Dr. Mardrus: _Las mil -Noches y una Noche_. Es que tras esta mezcla de árabes, de moros, de -kabilas, de europeos, que constituye la población accesible, existe el -misterio y la poesía de la verdadera vida de Oriente, tal como en los -tiempos más remotos. Pues, como muy bien se ha observado, el Marruecos -contemporáneo es siempre el imperio moro del siglo duodécimo, con -su organización feudal, su lujo y sus artes exquisitas. Y comprendo -la inmensa distancia que hay entre esos espíritus de creyentes y -fatalistas musulmanes y las almas de Europa y América; entre esas razas -del animal humano llenas de ferocidades, de noblezas, de arrojos, de -vicios y de virtudes naturales, y las razas nuestras que el progreso -y la civilización han llenado de artificialidad, de sequedad y de -desencanto. El desdén inmenso que estos hombres sienten por nosotros, -tiene su base principal en el concepto distinto de la vida que hay en -su cerebro. Ellos no guardan, como los que somos cristianos, ciertas -ideas del pecado que hacen dura y despreciable la vida terrestre, y en -su inmortalidad teológica, no esperan ni premios ni castigos que vayan -más allá de nuestra comprensión. - - * * * * * - -Salgo del hotel a dar mi primera vuelta por la ciudad, caballero en -una mula mansa y vieja, en una silla morisca forrada de paño rojo. Me -precede, en otra mula, el guía, un español que hace largos años reside -aquí, y que conoce el idioma perfectamente. Me sigue, a pie, un morito -vivaracho, de grandes ojos negros. Ambos llevan látigos; el guía para -los moros del pueblo, que no se apartan del camino, y el morito para -mi mula. Así pasamos por toda la larga y única calle que pueda merecer -este nombre, hasta llegar al gran Zoko, o Zoko de Barra, el mercado -principal. No nos detenemos, pues por esta vez quiero conocer los -alrededores. No lejos están las casas en que habitan los cónsules, -algunas con hermosos jardines y de arquitectura oriental. Más afuera, -en los declives del terreno, o sobre graciosas colinas, hay otras -construcciones en donde moran extranjeros. Después es la campaña. Hay -profusión de áloes y tunas, lo que en España llaman higos chumbos, y -datileros e higueras. Manchas de flores rojas y amarillas entre los -repliegues del terreno, y gencianas y geranios. Todo lo ilumina una -luz grata y cálida. No muy distante, advierto grupos de casas bajas, -aldehuelas como sembradas en el seno de los valles, y de donde se eleva -una columna de humo. Y sobre una altura, de pronto, la silueta de un -jinete. Unos cuantos soldados entran montados en sus hermosos caballos -y armados de las largas espingardas que se creerían tan solamente -propias para las panoplias de adorno y las colecciones de los museos y -armerías. Son de las tropas que vienen del interior, en donde una nueva -insurrección se ha levantado de manera tal, que desde hace algunos días -son escasas las caravanas que entran a Tánger, y, por lo tanto, sufre -el comercio. - -La tarde cae y vuelvo al hotel. - -He bajado a la playa, allá lejos, en donde hay casetas de baño y pasan -de cuando en cuando moros montados en sus burros, que vienen de no -sé dónde, del campo vecino, de detrás de las alturas cercanas. Hay -cerca un quiosco blanco y pintoresco, casas blancas de techos rojos, -habitaciones en que ricos extranjeros se solazan enfrente de las aguas -azules. - -Desde aquí se divisa una parte de la población; en algunos puntos -jardines y arboledas; más lejos, murallones, las orientales -construcciones cúbicas, construídas como en un vasto anfiteatro. Hay -algunas de dos pisos, y tales rodeadas de otras bajas, con muchas -puertas. - -Una que otra lancha se ve por ahí cerca en el mar quieto. Hay una -grande paz. Por aquí deben habitar de esos ingleses y norteamericanos -hábiles y curiosos que han sentado sus reales en esta tierra y han -explotado y explotan el país comercialmente, o como dice un buen -censor, que han hecho experiencias industriales e industriosas. Los -chalets y moradas que hay cerca de mí, muestran todos los aspectos de -nuestras mansiones de ricos occidentales. - -A poco rato de vagar, he aquí que sale de una de las casas una bella -dama rubia, mientras en lo interior suena un piano. Pongo el oído -atento a lo que tocan. Es algo del _Otello_ de Verdi. No está fuera de -lugar. - -Un caballero español me presenta a Mohamed-Ben-Ibrahim, moro de -letras, que ha viajado por Francia, Italia y España, y que conoce -perfectamente, para ser moro, la literatura española. Es un tipo -elegante, quizá demasiado europeizado, que a su traje flotante y -soberbio ha agregado una magnífica leontina hecha por un platero -madrileño, y un reloj suizo, de cincelados oros, con campanilla de -repetición, que se complace en hacerme oir cuando paseamos... Me -habla del poeta Zorrilla y me recita versos del maestro. Me pregunta -si Zorrilla sabía árabe y, como yo resueltamente y creyendo decir la -verdad, le digo que sí, su contentamiento es grande. Mohamed no ha -perdido mucho de su carácter nacional a pesar de sus viajes y de su -confesado afecto por las mujeres cristianas, sobre todo por esas huríes -singulares de París. Él continúa en la completa fe de sus mayores, y -es un mahometano practicante que no olvida, a la hora señalada, su -plegaria, con la mirada hacia el punto cardinal en donde la ciudad -sagrada se encuentra. Pero no es suficientemente ortodoxo... Hemos -entrado en un bar, o cosa por el estilo, que hay cerca de mi hotel, -y allí Mohamed se ha mostrado demasiado afecto a una bebida nacional -británica, muy usada por los célebres rumíes Harris y Mac Lean...: el -whisky-and-soda. «Amigo Mohamed, le digo, tengo una vaga sospecha de -que vuestro profeta no os ha dicho precisamente que el vino es bueno, y -menos el whisky». Mohamed sonríe, pero no con irreverencia occidental, -antes bien como quien va a decir una cosa de razón a quien la ignora. -«Es cierto que él peca, porque le gustan mucho no solamente el whisky, -sino los vinos de España, y sobre todo el champaña que aprendió a -saborear en los bulevares parisienses, y cierto moscato espumante -de que la admirable Italia le dió muestra exquisita, pero él es un -creyente que conoce muy bien su religión, y las condiciones que hay que -llenar para que los pecados sean perdonados y sea abierto el mahometano -paraíso. El peca, y luego va a la Meca. - -No ha faltado, desde hace tiempo, una sola vez a la consagrada -costumbre, obligatoria para todo buen musulmán, y así Alah le reconoce -digno». Esto dicho, Mohamed bebe su licor escocés con fruición y vuelve -a hablar de poesía. A este propósito me confía que se ha atrevido a -hacer versos en español, y me recita algunos, no más malos que los -de tales incircuncisos que yo me sé. Me cuenta que hay marroquíes y -tunecinos que cultivan la literatura castellana, y me pondera a un su -amigo de Túnez, llamado Abul Nazar, de quien me recita unos versos a -la Giralda sevillana, que le habrían satisfecho a Zorrilla, por moros -y por zorrillescos. Abul Nazar, como Mohamed-Ben-Ibrahim, siente en -verdad que el alma del autor de _Granada_, era, siendo tan católica, -enormemente sarracena. Los versos de Abul Nazar, son los siguientes: - - Giralda, alminar gentil - En que la belleza mora, - Eres cautiva señora - En extranjero pensil. - - Yo te llevara a un paraje - Que fuera harén opulento, - Donde regalase el viento - Tus alharacas de encaje. - - Vieras con el ajimez, - Que ojos finge de tu cara, - Las lejanías del Sahara, - Los bosques de Mequinez. - - Sobre cielos carmesíes - Las huríes, - Aun más blancas que el marfil, - Se apostaran por mirarte - E imitarte - En tu apostura gentil. - - Desde tu altura sonara - Dulce y clara - La canción del Muëzín; - Te abanicaran palmeras - Y tuvieras - De rosas blando cojín. - - ¡Quién abrochara tu talle - De mi valle - Con el nardo embriagador! - Y a tu pecho floreciente - Diera ardiente - Cálido beso de amor. - -¿Qué más morisco y qué más zorrillesco? Ese son de guzla es ciertamente -una oriental que se intercalaría sin detonar, entre las del autor de -_Tenorio_ o las del injustamente olvidado padre Arolas. - - * * * * * - -Anoche he estado en el principal café moro. Por una puerta estrecha que -da a una angosta callejuela, se entra al no muy espacioso recinto. Hay -tapices para los del país, y mesitas para los visitantes extranjeros. -Mi amigo español y yo nos sentamos en una de las últimas. Había cerca -de nosotros varios franceses y señoras inglesas. Un mozo de rojo fez -nos sirve en pequeñas tazas el café ya azucarado y sin colar, como es -uso y como lo solemos tomar los aficionados en París en el restaurant -judío-oriental de la rue Cadet. La atmósfera está cargada, pues no son -pocos los fumadores. Unos fuman el tabaco solo, y otros mezclado con -cáñamo indiano. De pronto inicia la orquesta--¡la orquesta!--un son de -los suyos... La orquesta se compone de ocho o diez músicos que tocan -los más inverosímiles violines y violones. Veo un solo violoncello -europeo tocado por un morenote barrigón que mueve todo el cuerpo -cuando toca. Es un solo motivo repetido una, dos, innumerables veces, -motivo triste, lánguido, hipnotizante; y como no andan muy acordes -todos los que ejecutan, da la disonancia persistente, a veces, cierta -angustia. ¿Qué impresión hay en mí? En verdad, vuelve a cada paso, -por la escena iluminada por las lámparas de cobre, por el ambiente, -por los tipos y sus indumentarias, la reminiscencia miliunanochesca; -pero también pienso que no es la primera vez que escucho ese aire -monótono y veo esas singulares figuras. A la idea de cuento árabe se -junta entonces el no lejano recuerdo de la Exposición de 1900. Me -regocija un tanto, por el lado poético, el que esto esté en su centro -y lugar, aunque me amargue mi contentamiento el notar que todo se hace -para satisfacer la curiosidad y recibir las pesetas del turista, del -perro cristiano. Las cuerdas chillan rozadas por los arcos curvos, y -de las cajas sonoras, hechas unas en forma de zuecos, salen las voces -gimientes. A esto acompañan varios guitarrones a manera de laúdes, con -labores de nácar incrustados, y a todo se unen las voces cantantes de -los músicos mismos, entre los que hay jóvenes y viejos, abundando -entre los últimos siempre los rostros bíblicos, las caras de viejos -profetas aullantes. - -Hay que salir de ahí para librarse de la repetición dolorosa y llorosa -del motivo oriental, que llega a causar malestar en los nervios. - - * * * * * - -El canto o más bien recitado del muezzin, es de esas cosas que no -se olvidan cuando se las oye. En lo profundo de la sombra nocturna, -o a la hora del crepúsculo, o bajo la maravillosa luna que brilla -sobre zafiro celeste, su voz, en un ritmo repetido y único, confía al -viento y promulga al mundo que Alah es grande. Esta campana humana -que llama a la oración y que recuerda a las razas más creyentes del -orbe la omnipotencia del Dios poderoso, es de lo más impresionante -intelectualmente que se puede todavía encontrar sobre la faz de la -tierra, de la tierra árida de destrucciones mentales, seca de vientos -de filosofía, y que casi no halla en donde resguardar el resto de las -creencias y de amables ilusiones divinas que han sido por tantos -siglos el sostén y la gracia del espíritu de los pueblos. - -Flaubert afirmaba, que si se golpeaba sobre las cabezas bellas y graves -y pensativas de estos africanos, no saldría más que lo que hay en un -_cruchon sans bière ou d'un sepulcre vide_. Yo he oído salir de estos -cerebros--quizá de los menos europerizados que en mis pocos momentos -africanos he conocido--pensamientos serios y ocurrencias interesantes. -No porque ellos tengan un punto de vista diferente del nuestro en la -vida, en el progreso y en la esperada inmortalidad, dejan de mostrar -una sensatez y largas vistas que muchos cristianos desearían. Son -excepciones, es cierto; pero no hay que olvidar que esta raza tuvo en -jaque a Europa y encendió lámparas al mundo cuando había enseñanza en -Córdoba, y gloria en Granada y en Bagdad. - -El zapatero que tiene su taller en un miserable tenducho, os dice -razones discretas y, sobre todo, os trata con toda la urbanidad -apetecible, desde luego que entráis bajo su techo. Esos remendones -de babuchas son curiosísimos, y, según mi intérprete, hacen entre la -morería, como los barberos de nuestras civilizaciones cristianas: -charlar de los sucesos que pasan y entretener o impacientar al cliente -con sus conversaciones. En este caso, pues, el silencioso vivir de la -raza, tiene su contraparte... - - * * * * * - -Día de mercado. El gran zocco es un vasto cafarnaum, un hervidero de -colores y de figuras bizarras, una colección rara, para el extraño, de -escenas pintorescas. - -He aquí las caravanas en reposo, después de haber cruzado el desierto -para traer las mercaderías de lejanas comarcas. Los camellos, que -hasta hoy había visto tan sólo en jardines zoológicos, en la bohemia -de los circos errantes, los camellos, feos y misteriosos, cantados -tan bellamente en los versos de Valencia, están aquí en su ambiente -y bajo su cielo, unos echados, otros de pie, tristes, esfíngicos, -jeroglíficos...; y junto a ellos, sudaneses de carbón, beduínos de -gestos fieros, entre bultos y amontonamientos de cosas heteróclitas. -Más allá, mulas, caballos desensillados o con las consabidas monturas -rojas. Y un mundo de gentes diversas, un andante museo de biología -comparada, y una variedad de vestimentas y de tintes que sorprenden e -interesan. Aquí está un moro berberisco, con su capucha calada que le -cae atrás en pico: su traje que se asemeja a una clámide con mangas -que le llegan a medio brazo, y el aire poco reservado, en su cara que -llamara campechana si no relampagueasen de repente instintos terribles -en sus pupilas. Lleva las piernas desnudas, la barba afeitada, los -pies descalzos. Luego un kabila ceñudo, rapado el cabello por delante -hasta formarle una calva sobre el apretado y corto pelo negro; los -ojos crueles, la boca voluntariosa bajo un bigote escasísimo. Luego un -árabe rubio casi, de mirada soñadora y barba fina, y un árabe moreno, -de cara afilada, mentón puntiagudo que prolonga la barba negra, cráneo -alargado, gesto autoritario y siempre duro. Luego negros colosales; -¿senegalenses? ¿abisinios? ¿sudaneses? - -Perdonad mi escasez de antropología en tan curiosas sensaciones -africanas; mas lo único que os diré, es que como esos gigantescos -negros eran, o deben haber sido, los que cuidaban los molosos y los -leones de la reina de Saba. Los vestidos hacen sus juegos de color en -la plaza hormigueante. Ya es el jaique blanco, ya el jaique rosado, -ya el jaique verdoso, ya el jaique obscuro o leonado; ya el amplio -albornoz majestuoso, ya los mil turbantes de varias formas. Veo -turbantes rojos en el centro, y alrededor blanquísimos, en un pesado -retorcimiento de telas, turbantes blancos de centro negro, turbantes -todos negros y turbantes todos blancos; y unos que parecen hechos -con camisas viejas y otros que parecen gordas trenzas de fulares de -lujo. Una tela es áspera y pobre; otra os da idea del gran señor que -la lleva, por los tejidos de oro que brillan en la ondulante seda o -preciosa lana. Hay albornoces que indican una categoría. Hay babuchas -ricas y babuchas miserables. - -A tal comerciante le veo una leontina semejante a la de mi amigo -Mohamed-Ben-Ibrahim, y un rostro que parece haber pasado por el -pecaminoso ambiente de París. Si irá también con frecuencia en -peregrinación a la Meca... Y paso entre este mundo tan diferente al -mundo en que he vivido, con la sensación de estar en un ambiente de -fantasía. En este lado, un moro vende dátiles en confitura; más lejos -unas galletas de apetitoso aspecto; más allá, dulce de no sé qué fruta; -más allá habas; acullá aceitunas, y almendras, y pan del país hecho de -un trigo especial que llaman _dura_. - -Luego, son unos ambulantes vendedores de babuchas y cueros, curtidos, -de colores vivos, orfebrerías y tejidos de oro de Fez: _chiarenas_, y -jaiques hechos a mano. Y en sus tenduchos, otros mercaderes aguardan -indolentes a los compradores de sillas de montar, de turbantes, de -arneses, de puñales, de hierros y aceros distintos, de vasos y jarras. -¿Y las mujeres? Yo no he visto sino tales envoltorios blancos, pobres -viejas, que como todas las mahometanas, tenían el pudor oriental de la -cara. A una jovencita alcancé, en un descuido, a verle el rostro, por -un lado; era hermosa, mas me pareció que estaba tatuada en la mejilla. -Mirad si un artista, en estas tierras, tiene en donde ver vida aparte, -seres aparte, y soñar su sueño, aparte... - -Caminando llego hasta un grupo de gentes que ven a un encantador de -serpientes. Más lejos, unos _aissaouas_ hacen sus sabidas terribles -proezas. Al son de unos roncos tambores golpeados por las manos de sus -dos compañeros, el salvaje brujo comienza a mover la cabeza primero, -luego el busto, luego todo el cuerpo, sin mover los pies, en una -danza de cobra, de adelante atrás o de un lado para otro. Los moros -le miran en silencio. Uno de los tamboreros echa en un brasero cierto -polvo resinoso, que produce fuerte humareda, en la cual, sin dejar -su rítmico vaivén, mete la cabeza el _aissaoua_ y aspira con fuerza. -Diríase que se hipnotiza y que se anestesia. A poco toma un puñal agudo -y se traspasa un brazo, una mano, una oreja, la lengua; ase a puñados -brasas que uno ve que queman, pues se siente un repugnante olor a carne -asada...; se echa de barriga sobre un sable afiladísimo y se le ve en -la piel una herida que brota sangre...; se mete una especie de cuña en -la órbita de un ojo y el globo sale fuera, horroroso...; ase varias -víboras que dicen ser venenosas y se deja picar en los labios, en el -cuello, en la lengua... Los tamboreros siguen su son, al que agregan -un canto nasal y chillón. Para final, el brujo feroz toma un poco de -paja, la da a examinar a la asistencia como nuestros prestidigitadores, -la enrolla, la hace una pelota entre sus ásperas manos, sopla en ella y -la paja se enciende y arde sobre sus palmas hasta que se consume. Los -concurrentes le dan unos cuantos ochavos y la función concluye para -recomenzar más tarde. - - * * * * * - -Al retirarme veo en otro extremo de la plaza, que forma un declive, -gran muchedumbre sentada en el suelo silenciosa. Frente al grupo -de albornoces, jaiques y turbantes de colores, se alza un árabe de -negra barba, todo vestido de blanco, tipo, en verdad, hermoso y -aristocrático. Habla, recita. Mi intérprete me explica: «Es el poeta -que cuenta cuentos». Viejos, muchachos, hombres, le escuchan como a -quien trajese noticias de reinos extraordinarios, de países de ilusión. -Bello es el espectáculo al armonioso brillar del sol de la tarde sobre -los hombres, sobre las vestiduras, sobre las cercanas casas cúbicas y -blancas. El poeta, el narrador, dice con entonaciones admirables, en -su gutural y ronca lengua, sus historias, sus cuentos. Y hay algo en -su declamación del modo de recitar de los actores franceses. Cuando -concluye, todos desfilan ante él y le dejan su óbolo. - -Y al partir y al despedirme de ese lugar y de este país en donde jamás -un tholva leerá un libro de Nietszche, vuelve a mi memoria el libro -maravilloso, el libro glorioso, a quien se debe tanta magia, tanto -color, tantas sanas alegrías y visiones interiores, el adorable _Alf -lailah oua lailah_--_Las mil noches y una noche_--que empieza: «Está -referido--pero Alah es más sabio y más cuerdo y más bienhechor--que -había--en lo que transcurrió y se presentó en la antigüedad del tiempo -y el pasado de la edad y del momento--un rey entre los reyes de Sassan -en las islas de la India y de la China...» - - - - -[Ilustración: VENECIA] - - - - -[Ilustración] - - -ESCRIBIR sobre Venecia, insistir sobre Venecia... ¿todavía? Bien se -pudiera, para nosotros, sobre todo, con un poco del montón estético -ruskiniano, con Molmenti, con los mil de la bibliografía veneciana, -hacer, al uso del fácil literaturismo, una labor de pintorescos -retazos, como del viejo traje de Arlequín, desecho de los últimos -carnavales... No en mis días. Uno podría aparecer de repente que me -dijese: «Eso es de Ruskin», o «es de Molmenti». Os doy mejor lo mío, -mis impresiones, mis instantáneas intelectuales, a toda luz, para que -todos las comprendan y las vean. Esto me atrae desde hace ya tiempo las -simpatías de las excelentes personas que gustan de la claridad y de la -sencillez... - -Así, pues, guardo mi flauta y mi violín, que me habrían servido para -ejecutar vagas rapsodias en esta ocasión, y digo simplemente que -estoy en Venecia, de nuevo, y que, desde la misma ventana del hotel -Bellevue, por donde me asomaba hace cuatro años, veo la misma joya -bizantina de San Marcos, las palomas, la plaza, con el Campanile -de menos, y los ingleses eternos, que van a visitar la iglesia, el -palacio, y a dar de comer a las palomas... La primera vez me enamoré -de Venecia con locura: hoy, creo que estoy siempre enamorado de ella, -pero haría un matrimonio de conveniencia... No porque la juzgue muerta, -como Maurice Barrés, porque Anadiómena no muere, sino por las malas -frecuentaciones y relaciones que ha tenido; no por su decadencia, -sino por su profanación. Profanación del peor vicio cosmopolita que -viene a flotar en góndola, para dar color local a sus caprichos; del -ridículo literario de todas partes, que escoge como decoración de -insensatez estos lugares divinizados por la poesía y consagrados por -la historia; del dinero anglosajón y alemán que vulgariza los palacios -y las costumbres, del turismo carneril que invade con sus tropillas -todo rincón de meditaciones, todo recinto de arte, todo santuario de -recuerdo. Esto se ha convertido, ¡oh, desgracia! en la ciudad de los -Snobs, en Snobópolis. Y es el peor snobismo existente el que aquí -se da cita. ¿Sabéis que podéis encontrar en el Danieli aristocracia -adventicia, falsa y pentapolitana? Chiflados de todas partes vienen -a querer convertirse en ruiseñores y a creer que hacen brillar la -renovación de grandes nombres. Periodistas ricos y novelistas de -París, de Londres, de otras partes, vienen a vivir dos meses de novela -pseudosentimental que les dé para ponerla en una serie de artículos, -en un volumen... Pintores de rezagado romanticismo enfermos, o de -ultrahisterismo, rematados, _ainda mais_ llenos de ideas morbosas, -llegan a proyectar telas y a realizar escándalos de que los Esclavones -sonríen y la Piazzeta se conmueve, aun... Tal novelista bulevardero, -busca aquí temas o decorado, para sus escenas, para su literatura -asfaltita. Y las siete lámparas de la Arquitectura no se apagan, y las -Piedras de Venecia siguen impasibles. - -...Piedras de Venecia, ¿quién diría vuestros encantos, vuestros -misterios, vuestros maravillosos secretos, vuestras floraciones de -idea y de arte? Muchos lo han dicho--y el mejor, y el último, ese -inexcusable D'Annunzio... Y he aquí que D'Annunzio se me asemeja a esa -prodigiosa Venecia... ¿Raro? No sé. Vamos a ver. - -Venecia, la poética, la soberbiamente dulce, la celeste Venecia--decía -yo a un amigo mío, compañero de viaje, mientras la góndola nos -conducía en esas aguas soñolientas cuyo paludismo se mezcla a tanta -reminiscencia intelectual... Y me esforcé en hacer todo lo posible -para presentarle, en cortas frases, una monografía veneciana, una -imagen pequeña como en un pequeño espejo, de la soberana y magnífica -república, del poderío antiguo, de la maravilla de sus grandezas -comerciales y políticas, de su vida artísticamente real y práctica, y -cruel y terrible y poética y sangrienta. Le cincelé en poca prosa un -Puente de los Suspiros... Le hice ver el Canalazzo, casi en verso, con -estrofa por palacio... Le diluí, con mi mejor manera, la dulzura de -amar y el ardor de amor, en ese ambiente. Le hice sentir a Giorgione, y -adorar el Ticiano, a su manera. Vió de oro, de mármol y de sol amable -la ciudad de silencio, de amor y de crepúsculo. Saqué mi violín... En -esto llegó, en otra góndola, un agente de una casa de cristalería y -muebles... Fuimos a los almacenes. Vimos muchas cosas de todas clases -y hubo que comprar. Había una Venus de mármol, cristales finísimos y -pacotilla... Recordé un cuento de Julio Piquet, a propósito de un lindo -vaso. Hubo que hacer sumas... Hablamos en inglés... El agente hacía -señas al vendedor, para su comisión... Afuera brillaba un bello sol -sobre el gran canal... Eso es D'Annunzio... ¿y qué?... Eso es nuestro -tiempo. Eso es nuestra vida actual. Eso es: pompa y oropel, brillo y -negocio... - -...La negra góndola va por el agua negra y mal oliente. Relucen sus -adornos dorados. Va entre las viejas puertas, las paredes viejas y las -rejas de las famosas prisiones. El gondolero no deja de enseñarme su -lección de historia hasta que le pido silencio. Va la negra góndola. -Sale al gran canal. La tarde es literaria. El sol va adorablemente -dorando con oro violeta las aguas, y con oro rojo pálido la cúpula -de San Giorgio... La luz, el paisaje, la armonía suprema natural, el -horizonte «histórico», el aire melificado por siglos de besos de amor, -los poetas que por aquí pasaron, los duxes, los conquistadores... ¡Qué -hermoso escenario para veinte años vírgenes y una lira! Yo tengo casi -el doble, y sin palma; y el instrumento apolíneo creo que se me quedó -en Buenos Aires... - -Llego al Lido en momentos en que puedo presenciar un lamentable -espectáculo. D. Carlos de Borbón y su esposa D.ª Berta de Rohan, -bajan a tierra, de su barquilla a vapor, o a gasolina, una especie de -automóvil marítimo. Hace años os he hablado, con respeto y simpatía, de -ese rey en el destierro... Hoy le veo y me parece que no le ha limado -el tiempo. Su D.ª Berta--«¡Rohan soy!»--es la misma. El aspecto del -monarca _in partibus_ es el mismo, y su humor que se transparenta por -sus maneras, pintado admirablemente por Luis Bonafoux, debe ser el -mismo. Y _César_, el perro, de que hablé también hace ya tiempo, sigue -siempre al lado del amo, símbolo de la carlista fidelidad. - -Conozco la mayor parte de las repúblicas nuestras, con sus extrañas -políticas movidas desde los palacios presidenciales y casas de -distintos colores, y llego a este propósito a recordar la ocurrencia -que en una revista francesa expresó un chispeante escritor argentino, -Luis B. Tamini: ¡Los pueblos latinoamericanos unidos en un gran imperio -o reino, y proclamado y coronado señor, D. Carlos de Borbón! La broma -da que pensar, sobre todo, si se han leído los versos en que un poeta -y diplomático del Perú, el distinguido Sr. Chocano, dice con su épica -trompa: - - Ve a Porfirio I: si él es fuerte y es grande, - Grande y fuerte es su pueblo. Y él nos da la lección. - Quien le diga tirano, ya sabrá que en América - Los rieles que se clavan son los grilletes de hoy. - -Yo no sé lo que dirán de eso mejicanos poco entusiastas por los rieles -del presidente Díaz, como el escritor Ciro Ceballos. Mas volviendo a -D. Carlos, no me uniría yo a la proclamación que inicia Tamini, desde -que le he visto salir de su lanchita a vapor en las playas de ese Lido -por donde vaga el recuerdo de Byron. Le he visto, con su esposa, ella -muy elegante, muy parisiense, él muy sportman, muy inglés, con su -sombrerito de paja y doblado el ruedo de los pantalones, como es de uso -entre la correcta gente británica. Hasta allí todo va perfectamente. -Mas ¿esa banderita española que parte los corazones, en la popa de -la lanchita automóvil? ¿Y esos marineros, vestidos como comparsas -de zarzuela patriótica, con cintas amarillas y rojas en vestidos y -sombreros?... ¡Oh, Daudet, oh, Voltaire! - - * * * * * - -Llevo en la obscura barca el libro en que Barrés, cultivando siempre su -yo, realiza preciosas páginas de amable filosofía. Y me fijo en las que -hablan de «las sombras que flotan sobre los ponientes del Adriático». -Es una la del sereno Goethe, otra la del sentimental Chateaubriand, -otra la del borrascoso lord Byron, dos unidas, las de Musset y George -Sand; otra la del pintor suicida, Leopoldo Robert; luego la de Taine, -la de Gautier, la de Wagner. Pienso que esas sombras tienen mucha -culpa, con los evocadores de ellas, de que la encantada ciudad pueda -justamente ser denominada Snobópolis. Desde más de un honesto burgués -atacado de mal de novela vivida, hasta los equívocos Aldesward, se -acogen, quién al amparo de la sombra de Musset, quién a la de Wagner. -Solamente a la del sesudo Taine sospecho que la dejan tranquila. - -...¡Musset, George Sand! Acaba de publicarse la correspondencia de ese -famoso par de románticos, y no por pura indiscrección del encargado de -la publicación o de las familias respectivas, sino por póstuma voluntad -de aquella terrible señora, que pensó en el futuro, en que la humanidad -del porvenir tendría interés en saber sus intimidades poco delicadas, -y la estupenda situación del _ménage à trois_ sentimental y físico que -sostuvieron su inaudito carácter y su extraordinario temperamento. -Sand, Musset, Pagello... ¡Da pena leer esas cartas, pena por el pobre -Musset, jovencito, soñador, alcoholizado, y en manos de semejante -literata! La literatura los unió, y Pagello, que no entendía de -literaturas, aparece allí como el más interesante bruto. Él es el único -que está en la vida. A los dos curiosos amantes, apenas el velo de oro -de la gloria alcanza a librarlos del ridículo. Ellos mismos fueron -snobs _avant la lettre_. - -Oigo, por la noche, en el silencio de los canales, bajo el taciturno -cielo, como eco de cantos. Vuelvo a la góndola y me dirijo hacia en -donde, en una gran barca adornada de farolillos de colores, suenan -violines y flautas y guitarras. Allí, una graciosa muchacha, acompañada -por los instrumentos, canta sus canciones. La barca está rodeada -de góndolas, y todos los que han llegado atraídos por la armonía, -escuchan. Hay allí seguramente espíritus de pasión, almas de ideas; y -hay allí, seguramente, de los cosmopolitas de Snobópolis. Hay quienes, -silenciosos, sueñan su sueño, y quienes se engañan a sí mismos, en una -aventura de farsa, en una comedia amorosa, artística o literaria. De -todas maneras, es éste aún uno de los lugares de la tierra en donde, -los enamorados del amor o de sus visiones, pueden encontrar un refugio, -a despecho de los profanos invasores. _Aunque se quiera, no puede -haber un automóvil._ No hay más que el de D. Carlos sobre las aguas... -Se puede también apartar por momentos, mejor que en ninguna parte, la -dolorosa realidad cotidiana. «El único medio eficaz de soportar la -vida, es olvidar la vida», dice el ya citado M. Taine. Aquí se puede -gozar de ese olvido, pues Venecia, todavía, a pesar de los judíos de -las fábricas de vidrios, a pesar de los clientes del café Florián, -a pesar de los estetas de larga cabellera, es un país de sueño y de -ilusión, un reino florido de versos y de melodías. Y la belleza de las -mujeres venecianas, consagrada en rimas y en cuadros magistrales, con -sus gloriosas cabezas que Ticiano amaba, está allí, indestructible, -atractiva, demandando la ofrenda del canto y el tributo del amor. Amor -que inspiran, no terribles y estrepitosas Pentesileas de letras, como -la ilustre jamona del lírico de _Las Noches_, sino prodigios de gracia -y de decoro juveniles, primaverales, como aquella divina y casi impúber -condesa que adoró a Byron, la Guiccioli, cuyo nombre vibra en la noche -del tiempo como un trino de italiano ruiseñor. - - - - -[Ilustración: FLORENCIA] - - - - -[Ilustración] - - -UNA vuelta por la Cascine, una recorrida al Lungarno, un saludo a -Miguel Angel, una reverencia a Dante, y después de subir por la puerta -Romana a respirar el dulce aire en que se recrea la vegetación florida -que rodea al amable San Miniato, descender por este suelo que hollaron -los pies de Beatriz, hacia la ciudad. Luego, pasar por las venerables -construcciones de dominó, detenerse un rato en el Gambrinus, e ir -en seguida a un restaurant, en donde no se coma a la francesa, y en -donde se balancee en su armazón de níquel el grande y panzudo frasco -de purísimo vino toscano. Es un buen programa para turista que va de -prisa. Si sois artistas, esta ciudad es para largas permanencias, para -venir a pintar un gran cuadro, vivir una bella vida, escribir un gran -libro..., aunque fuese uno más en la inmensa bibliografía inspirada por -la vieja urbe florida de los lirios y de las rosas. - -Por la noche he ido al teatro en que cantan la Paccini y Bonci. Aquí no -se exige el traje de etiqueta. Es algo así como si se diese a entender -que lo que en otras partes es función extraordinaria y singular -divertimiento, aquí es espectáculo natural y propio. Se está en casa de -la Opera, de confianza. - -Magnífica orquesta, concurrencia, en donde brillaban hermosísimos ojos -de luz negra, o de ardientes resplandores azules; copiosas cabelleras -de heroínas d'annunzianas, y un ambiente de comunicativa alegría. Y son -los viejos _Puritani_, los que se cantan. Gloria a la música antigua, -a la melodiosa ópera romántica, a los maestros que nos deleitan sin -fatigarnos mucho el cerebro, con el «vapor del arte». Las músicas -nuevas y sabias son para la cabeza; las que encantaron a nuestros -abuelos son para el corazón. Feliz quien puede todavía gustar de esos -goces de antaño, y salir del teatro con la imaginación fresca, el alma -alada, como respirando un recién cortado _bouquet_ de ilusiones, y, -como en el encanto de pasados recuerdos, o en la esperanza de amor aún, -tarareando una romanza que aún no han alcanzado a ajar los callejeros -organillos. - - -PEQUEÑA ÓPERA LÍRICA - -Por la mañana, después de leer los versos de un poeta joven y ardoroso, -R. Blanco Fombona, he tenido una singular soñación, de esta manera...: -«En cuanto a la persona del autor de esta «Pequeña ópera lírica», diré -que es un antiguo conocimiento mío. Lo vi la primera vez en casa del -cardenal de Ferrara, en Roma, y allí nos presentó en términos amables -y corteses, messer Gabriel Cesano. Juntos visitamos frecuentemente en -sus horas laboriosas al insigne Benvenuto Cellini, a quien solíamos -acompañar, algún tiempo después en la ciudad de Florencia, cuando -salía de paseo y aventura, durante cuatro días que allí permaneció. -Benvenuto lo tenía en estima y cariño, porque mostraba un gentil -hablar, una gallarda figura y un ímpetu brillante para cosas de placer -y pendencia, además de sus relaciones con las musas, docto en finas -rimas, finas dagas y finas palabras. Desrazonábamos a la luz de la -luna, a las orillas del Arno. Él tenía a veces súbitos arranques -de intransigencia y ponía yo como escudo paciencia fuerte, para no -acabar tanto intelecto de amor en choque y sangre. Mi mayor edad me -daba más tranquilos argumentos. Las discusiones eran sobre Cristo -Nuestro Señor, sobre el poder de Venus, sobre el mérito de un salero -de oro. Me solía repetir sentencias de graves pensadores y exámetros -de sensuales poetas. Fraternizábamos en Epicuro, pero yo creyendo -siempre en Jesús santo, y él no. Me repetía con frecuencia un apotegma -del sesudo y honesto Marco Aurelio: «En general, el vicio no daña al -mundo, y en particular no daña sino a aquel que no puede abandonarlo -cuando quiere.» Tenía las más suaves y amables maneras y las más -inesperadas y agresivas sonrisas. Una noche, en una hostería, apaleó -a un mozo, se armó camorra, sacó la espada, llegó la justicia, yo me -escurrí. Sus frecuentaciones eran de todas guisas. El mismo día en que -me presentó a un grande de España, le vi hablar con gentes equívocas. -«La vida es eso», contestaba a mi extrañeza. Era gran partidario -de los Médicis y amaba sobre todo a Lorenzo, porque era poeta y se -apellidaba el Magnífico. Apenas había comenzado a vivir verdaderamente, -y ya quería escribir el diario de su vida. Era injusto, porque la -juventud es pasión y la pasión no es justicia. Yo le observaba con -nuestro gran Benvenuto: «Tutti gli uomini d'ogni sorte, che hanno fatto -qualche cosa che sia virtuosa, o si veramente che le virtù somiglie, -doverieno, essendo veritieri e da bene, di lor propria mano descrivere -la loro vita: ma non si doverrebe cominciare una tal bella impresa, -prima che passatto l'età de quarant'anni». Partió a Flandes; llegó -a París y fué favorecido por el rey Francisco. Tuvo una riña con La -Primatrice a causa del Cellini, e hirió gravemente a un mal enemigo, -por lo cual fué a prisión. Seguía siempre el cultivo de su individuo, -y el de los versos, y el de su fresca y valiente vida. Concluía una -carta suya que recibí en Florencia, con una cita de Séneca... «et in -isto vitæ habitu compone placide, non molliter». Tan pronto oía rumor -de guerra en cualquier parte, quería volar, buscaba el caballo que -relincha en Job. Amador de gozo, había sido desde la infancia sabedor -de sufrimiento; y en su fragante primavera, miraba a todos lados -azorado, cual si sospechase que iban de pronto a salir cabezas de lobos -de entre las rosas. Desconfiaba de la más dulce amistad, pues en el -corazón de cada próximo bien podía haber un nido de perfidias. Gustaba -largamente del buen vino de España, del excelente acero, de la carne -en flor. Se exaltaba con facilidad, mas de la violencia pasaba en un -instante a la blandura. Un día, con messer Luigi Alamanni, que era -alegre y razonable, por una cuestión de arte, casi llega a la ofensa. -Guardaba en su estancia hermosas armas, ricas sedas, libros de poemas, -camafeos de diosas y figuras itifálicas. Dejé de verlo por la ausencia. -Luego, no supe más de él. Un nuestro amigo romano me dijo estar en -conocimiento de que habiendo partido a un país lejano y entrado en -guerras, se había hecho coronar rey. Otro me refirió que lo habían -matado. Otro que se había metido fraile. - -...Hoy, en una mañana ardorosa de las calendas de Mayo, del año de -1904, en la ciudad de Florencia, he escrito las líneas anteriores, que -he leído varias veces con meditación y cuidado. ¿Lo que contienen, es -una creación de la fantasía, o bien un fijo recuerdo de una pasada -realidad, o la concentración de un sueño?... Pasemos. Pasemos... Un -poco de barata sabiduría alcánica no haría mal; o un poco de teosofía -hindú y de H. P. B. No me interesan esas proezas. El que tenga ojos que -vea. ¡Para los demás todo es inútil! - -El Arno está allí, no lejos de donde escribo. Acabo de ver una -vez más el palacio viejo, el Perseo, los sátiros que rodean al -Biancone... Estoy saturado de italianidad y de florentinismo... Doy -a Dios gracias por los aislamientos intelectuales que me procura, y -por lo lejos que estoy de tantas otras gentes... Y gusto los versos -de este poeta hispanoamericano, que es asimismo tan de Italia, tan -del Renacimiento, aunque sea muy de hoy y tenga sangre española, y -haya nacido en Caracas y habite en París. «Pequeña ópera lírica»... -¿qué me importa cómo se llame el instrumento si suena bien y seduce -la armonía? El instrumento suena ya como una mandolina de Venecia, -ya como una melancólica guitarra americana, o bien como una lira de -arte nuevo. Mas, quien lo toca, tenedlo por seguro, es un hombre; un -hombre que dice la verdad de su sentimiento y de su pensamiento, a -veces lo más personalmente posible, a veces pagando el natural tributo -al momento intelectual por que pasa la joven poesía castellana de -ambos continentes. Ha pasado ya la primera tentativa de Querubín, D. -Juan se afirma, sin que pueda evitar, un instante u otro, un acceso -de sentimentalismo, pues tiene pupilas que contemplan el crepúsculo -y oídos que oyen la revelación de un son de flauta. Un donjuanismo a -veces pensativo, a veces precioso, a veces felino... Como de su don -Juan gato. El dirá el encanto de las piedras preciosas, madrigalizará -arcáicamente, pagará lo que debe a la literatura. Mas, cuando dice: -Vida, es de verdad, y parece que se desnudase, que se pusiese en pleno -sol en el orgullo de su animalidad, con el ímpetu de hacer cosas -fuertes y naturales, primitivas, que manifiestan energía, músculo -y voluntad. Y así contradice al espíritu de decadencia un soplo de -humanismo. El cansancio, la tristeza urbana, la enfermedad de las -lecturas, el residuo de las varias filosofías apuradas, dan paso a un -soplo sano, a un aire germinal, a un aliento agrario. - - ...Me dan ganas - de beber leche, de domar un potro, - de atravesar un río... - -Esto está ajeno a las parodias de corrupción estética que infestan -algunos de nuestros rincones literarios, verlenianismo por fuerza, -sibilinismo de importación, «porque así se hace ahora», cosas que a -muchos parecen nuevas, y que ya son, en verdad, muy viejas. Hombre -enérgico, de acción, la poesía le va bien, como el laurel a la frente, -la banderola a la lanza y el penacho al casco. ¿Por qué te habías -de dejar contagiar, ¡oh, amigo de Benvenuto y de Lorenzo!, por el -rebajamiento de las aspiraciones, por la humillación ante su propia -conciencia, por las _petites saletées_ del literaturismo industrial -que privan en las bajas regiones de la mentalidad parisiense, o mejor -dicho, bulevardera? Si caes, tanto peor para ti, y rompe, antes, tus -relaciones epistolares con la Primavera, y encógete de hombros ante los -pañuelos blancos que dicen adiós. He leído estos versos con el placer -que se experimenta siempre a la influencia de la juventud, con todos -sus bellos excesos, exuberancias e irreflexiones. Tal fosco aspecto -de ateísmo, tal contagio de superhombría germánica, tal ligereza de -expresión, no van con mis pensares y mis gustos. Lo que sí va, es el -amor a la Belleza en general, y a la femenina belleza en particular, y -la continua tendencia a la vida, a la dominación de la vida, con sus -países de ensueño y sus realidades armoniosas, productoras, floreales, -genésicas. Va ese gran placer del sensitivo que toca los nervios del -mundo y los siente vibrar al unísono con sus nervios; va el culto del -beso y del verso, y la savia pagana y la locura sensual de todo panida. - -El grupo de rimas es corto. Siete cañas tiene la siringa, y de cada una -de ellas fluirá una rítmica voz. No alargaré esta disertación sobre -la breve ópera en que se canta un alma. Sería fabricar un baúl para un -collar de perlas o «hacer una casa para un ruiseñor.» - - -ITALOTERAPIA - -El mejor sistema de curación para la fatiga de los inmensos capitales, -para el hastío del tumulto, para la pereza cerebral, para la desolante -neurastenia que os hace ver tan sólo el lado débil y oscuro de vuestra -vida: este sol, estas gentes, estos recuerdos, esta poesía, estas -piedras viejas. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración: DE TIERRAS SOLARES A TIERRAS DE BRUMA] - - - - -[Ilustración] - - -WATERLÓO - -CUANDO descendí del tren, un carruaje me condujo a recorrer el campo -de batalla. Hacía un bello día primaveral. La vasta campiña verde se -extendía bañada de sol fresco, de luz dulce. Y fué primero el gran -recuerdo de Hugo, narrando la formidable caída del dueño del águila, -y a los sonoros clarines líricos y a las terribles trompetas épicas -apareció todo lo que el arte ha creado por obra del más tempestuoso -derrumbamiento de gloria y de soberbia que hayan visto los siglos. -Y entonces me convencía de que en realidad no puede ya fácilmente -concebirse otro Napoleón que el Napoleón idealizado de la leyenda, el -de los versos de Heine, el de los cuadros lívidos de Henri de Groux. -Los lugares de peregrinación y de turismo, la realidad de las reliquias -conservadas en las colecciones que se exhiben, todo contribuye a -afirmar mayormente el carácter extrahumano de la acción que tuvo entre -los hombres el semidiós, cuyas cenizas están bajo la cúpula de los -Inválidos. (Semidiós..., cenizas, cenizas de semidiós..., ¡mísero -planeta!) El gran león conmemorativo se alza sobre su alto pedestal; -los monumentos dicen en letras borrosas nombres de guerreros; la Ferme -Papelotte alza su torrecilla sobre las blancas paredes; Hougomont -aún mantiene ruinoso el tremendo capítulo de _Los miserables_, las -ruinas de la capilla, el Cristo de pies quemados, el pozo; todo es -la ilustración patente del magnífico trozo de historia que cambió -la suerte del mundo. Aun tal tronco de árbol, contemporáneo de la -sangrienta función, se yergue, destrozado y mordido por la curiosidad -o la piedad, o la admiración de estrictos visitantes. La Belle -Alliance, blanca y vieja, junto a la verde alameda, da su testimonio -como una abuela. En el cuartel general de Wéllington hay un café y se -vende leche fresca. En el castillo anciano, bajo un galpón, está el -carretón y los barriles, tomados en Waterlóo. Y en un hotel inglés en -que hay un bar, se exhiben huesos, balas desenterradas, apolilladas -casacas, _petits-chapeaux_, autógrafos de Blucher, Wéllington y otros -jefes, números del _Times_ que dieron cuenta de la batalla, sables -franceses, holandeses, ingleses, hierros viejos, memorias viejas. -Una vieja inglesa hace el _boniment_, da la explicación, vende -tarjetas postales... Después, uno, se toma, al lado, un bock, o un -whisky-and-soda, entre ingleses, que no faltan, pensando en la leyenda -del Aguila, en el inmenso Napoleón, semidiós en cenizas. - -Y he ahí que al dejar el vasto campo en el Mont-Saint-Jean, en donde -tanta sangre se derramó por _el Cabito_, por _el Pelón_, por uno de los -más tremendos azotes de Dios, cae sobre la tierra, harta de osamentas, -la clara bondad de los azules cielos. Vacas rojas, manchadas de blanco, -pacen sobre la felpa ondulada de la llanura. Un campesino ara. Suena a -lo lejos un mugido. Un pájaro pasa sobre mi cabeza, como una flecha. -Tranquilidad. Mayo. Paz. - - -POR EL RHIN - -Adiós, Colonia, que aprendí a amar en Heine, y que me eres grata por -tu catedral portentosa, por el agua que inventó Farina y por mi amigo -Johan Fasthenrath, que traduce a los poetas españoles y ha llevado al -zorrillesco D. Juan Tenorio a hablar en el idioma del Doctor Fausto. -Te saludo por las once mil vírgenes que desembarcaron en tu suelo, -guiadas por la divina Ursula; por Conrado de Hochsteden, tu Arzobispo; -por el arquitecto de tu fábrica sagrada, que entró en tratos con el -diablo antes que el amante de Margarita; por el bravo obispo Engelbert -de Falkembourg y por Hermann Gryn, cuyas armas aún he podido contemplar -esculpidas en tu _rathaus_. Llevo de ti la visión de tus puentes de -barcas, del domo labrado que erige al firmamento sus oraciones de -piedra, armoniosa y severa iglesia, hermana gótica de las maravillas -de Burgos, de París, de las antiguas basílicas de las ciudades que -antaño sabían orar católicamente; el magnífico esplendor moderno de tus -construcciones, de tus paseos entrevistos y de una emperatriz Augusta, -marmórea y serena, sentada sobre su blanco pedestal ante un plantío -casi heraldizado de tulipanes multicolores. - -¡El Rhin! Y siempre la vasta sombra hugueana por todas partes... Y -la sombra de otro coloso, Wagner, y las armoniosas baladas de tantos -poetas. Permitid que, por primera vez, cite versos a propósito, de un -poeta que me es íntimamente personal y querido: - - ...; la celeste - Gretchen; claro de luna; el aria, el nido - del ruiseñor; y en una roca agreste, - la luz de nieve que del cielo llega - y baña a una hermosura que suspira - la queja vaga que a la noche entrega - Loreley en la lengua de la lira. - Y sobre el agua azul el caballero - Lohengrín; y su cisne, cual si fuese - un cincelado témpano viajero, - con su cuello enarcado en forma de S. - Y del divino Enrique Heine un canto - a la orilla del Rhin; y del divino - Wolfang la larga cabellera, el manto: - y de la uva teutona el blanco vino. - -El vaporcito, flamante y elegante, sale por el río, hacia Maguncia. -Miro a un lado la campaña verde, y a otro la fila de grises edificios -comerciales y marítimos. Hay una que otra chimenea que lanza su humo. -Se oye el rumor de la ciudad, y a lo lejos el agudo clamor de una -sirena. Y antes de las últimas villas y chalets que señalan el término -de población, alcanzo a divisar una especie de gigantesco guerrero, rey -de piedra, o monumental burgrave que aparece como una evocación de la -pasada feudalidad teutónica. - -Y comienza el desfile de castillos, de esos castillos de cuento y -de grabado que han deleitado nuestra infancia en páginas de dorados -libros, en antiguos almanaques o en ornamentados _keepsakes_. Y sobre -las torres arruinadas, o sobre las restauradas almenas, pasa el vuelo -de las tradiciones legendarias. - -Y es el pasado recóndito, la prodigiosa Edad Media «enorme y -delicada», o los nombres de ayer, resplandecientes de gloria y -sonoros de armonía. He aquí ya Bonn, que, más altas que su castillo -de Poppelsdorf, levanta dos banderas de gloria: Arndt, Beethoven. He -aquí las siete montañas a un lado, y a otro el derruído Godesberg; y -una vasta procesión de poéticas resurrecciones empieza. ¿Son cincuenta -nombres? ¿Son cien nombres? ¿Son mil? Son un mundo de creaciones de -la historia, de la fantasía popular y de la celeste potencia de los -maestros de la lira y del arpa. Y sucede que, a menudo, mientras vais -pensando en una brumosa soñación, o mirando con los ojos de vuestra -mente las figuras de luz de luna, nacidas de la melodía de los poemas, -pasa de pronto ante vuestros carnales ojos, por la cultivada ribera, -a perderse en la negrura de un túnel, una locomotora, que arrastra su -caudal de vagones. Cuando Hugo vino todavía no había ferrocarriles -en estas regiones que sintieron antaño el paso de los dragones y de -los gigantes. El maestro recogió muchos ecos de las sagas rhenanas, y -los repitió y aprisionó en la prosa suya, hecha como con las mismas -rocas duras de los montes y de los cimientos indestructibles de los -castillos señoriales. Pero las leyendas son innumerables y vencen al -paso de los siglos. Su gran enemigo, el progreso, apenas las toca y -transforma. Lo que es estudio folklórico para los eruditos, vive y -palpita siempre en la imaginación y en el corazón populares--y en el -santuario de los incontaminados poetas. - -...Gryn, el matador de leones, pasa. Surgen entre las viejas piedras, -en las leyendas ciudadanas, testas de fieros arzobispos, o de duros -y severos burgomaestres. Soberbios bandidos son amados, antes que -Hernani, por deliciosas y delicadas castellanas. Entre huestes -semejantes a perros rabiosos, florecen dulces rubias que melifican -el espanto de las torturas y carnicerías. Caballeros que parten en -peregrinación a Palestina, son salvados de las desgracias por el Señor, -a quien elevan capillas votivas. El milagro florece como en Jacobo de -Voragine; hay dragones como en las vidas de los santos, y gigantes como -en las _Mil y una Noches_, y aparecidos como en los cuentos del pueblo. -Mujeres ideales, de ojos azules, son lirios de felicidad y rosas de -consagración. Bárbaros velludos como osos y feroces como tigres, -se mueren de amor por las blancas y finas adoradas. Princesas de -lánguidos cuellos cantan romanzas acompañándose con el arpa, ante reyes -paternales, de largas barbas y ojos pensativos. Peregrinos tocan a las -puertas de los castillos en noches tempestuosas. Los alquimistas hacen -el oro en sus nocturnas tareas. Los templarios combaten, o emplazan, -en la hoguera, a sus verdugos, ante el tribunal de Dios. Los cuernos -de caza hacen resonar los bosques y los rudos cazadores persiguen en -caballos como huracanes, ciervos y jabalíes. Lorelay, envuelta en gasa -lunar, melodiosa, amorosa, peligrosa, la mujer, la ilusión, la sirena, -se sienta en su roca. - -Antorchas llameantes brillan entre los peñascos. San Clemente libra -a la suave Ina, de la furia del río y de los bandidos. Uta, muere -abrazada a su amante Reichenstein, en un suicidio amoroso que ha de -ser, corriendo los tiempos, un común _faits-divers_. El Arzobispo -Hatto, a quien la historia alaba y la leyenda vitupera, muere, por -castigo de Dios, a causa de su mal corazón, comido por los ratones. -El Conde Eppo encuentra en una montaña a una bella joven robada por -un gigante; y, con ayuda de la Santísima Trinidad, salva a la dama y -echa al monstruo en un precipicio en donde muere despedazado. La enorme -persona de Carlo Magno aparece aquí, allá. Su hija Emma, casada contra -su voluntad, va a habitar con su esposo Egimardo, en el campo; luego -el emperador, ante ellos, un día que los encuentra por casualidad, y -los reconoce, felices, les perdona y les lleva a su palacio. El mismo -César sale, en coche, en excursiones, con el bandido Elbegart, que -es un bandido cuerdo y valiente. Condes violentos y caprichosos son -vencidos en sus mansiones feudaes por la unión de los comerciantes de -las ciudades coligadas. El caballero de Stanferberg se enamora de una -ondina y es correspondido; luego es infiel a su juramento de amor y es -castigado por la cólera de las ondas vengadoras. Una sirena discreta -y hacendosa, va a hilar en la rueca, a la casa de un joven que se -apasiona por ella. Una noche la sigue, la ve entrar en las aguas del -Rhin, y muere al lanzarse tras ella en los cristales del río. Los -espíritus salen de las tumbas a amonestar a los caballeros demasiado -tunantes. Lobos furiosos castigan a las profetisas que, enamoradas de -los hombres, pierden su castidad y su don pitónico. Bodegas ocultas -guardan un vino de dioses que inútilmente es buscado en los campos -misteriosos. El diablo, Satanás en persona, sale de sus abismos y -entra en tratos con las personas que andan en apuros y dificultades, y -las saca de ellos, a trueque del alma y de la salvación eterna. Pero -Nuestra Señora suele aparecer a tiempo con su poder, y manda a los -infiernos al perverso demonio. Un joven pintor ve de noche renovarse -en Oppenmeins, entre esqueletos, una batalla entre suecos y españoles, -de la guerra de Treinta años. Una diestra caballería conduce a la dama -que la monta y a la que se quiere casar por fuerza, a la mansión de -su amante. Y cien y cien más páginas, de sangre y de bruma, de luz -pálida o de resplandores rojos, hasta llegar a esa Maguncia famosa en -que nació el hombre que después Lucifer ha hecho mayor competencia al -Creador: Gutenberg. - -Desfile de castillos, desfile de leyendas, revuelo de poesía y de -encanto lírico, en este viaje de horas, por el río sereno, eternamente -perfumado por el vino pálido que dan las viñas de sus orillas. Y canta -Adelaida von Stolterfoth: «Del polvo de la ruina nace en el Rhin una -vida más bella. Giran los espíritus que por tanto tiempo han descansado -en las tumbas; resuenan las canciones con extraños saludos que yo debo -repetir suavemente en mis canciones y en mis ensueños. Cuando veo volar -al pájaro en las alturas del azul del aire; cuando veo deslizarse los -barcos en la lejanía de las brumas grises, me parece que dice palabras -el pájaro al hender los espacios, y otras palabras escucho al rápido -paso de la embarcación.» Y yo también, peregrino de arte, de americanas -tierras, hecho al sol y al canto de la vida latina, he puesto el oído -atento a esas palabras de las aves y de las barcas germánicas, y de esa -bruma he visto surgir la eterna gracia de las almas aladas, la virtud -de la sagrada poesía, a la cual no vencerán ni los odios humanos, ni -las sequedades de los intereses modernos, ni la mediocridad de las -chatas cabezas de los regeneradores igualitarios. Pues la soberanía -del espíritu se basa en lo que está más allá del bien y del mal, más -allá de nuestro planeta mismo y de nuestros conceptos de verdad y de -mentira: en lo infinito, en lo absoluto. - - -FRANCFORT S. M. - -Francfort, ciudad seca, triste, honrada, judía. A pesar del abuso del -_art nouveau_ que la invade como a todas las ciudades alemanas, a pesar -de sus tranvías eléctricos y de los palacios modernos de sus banqueros, -tiene un aire de antigüedad, un olor de vejez y un sello imborrable de -_ghetto_ y de _judengasse_. Por algo hacen detener el carruaje cuando, -al pasar por la calle Boerne, os señalan una casita _vieillotte_ de -estampa, blanca, con su fachada terminada en punta, sus ventanas con -cortinillas de encaje, sus dos rejas de hierro en la parte baja. Es -la casa-madre, la cuna del poder de los Rothschild. Allí vivió y allí -manejó sus primeros millones el viejo _rex Judeorum_, tronco de los -barones de hoy. La sequedad y la tristeza de esta ciudad de finanzas -apenas es alegrada aquí, allá, por la figura de mármol o de bronze -de un pensador, de un poeta. Aquí Schiller, allá Goethe, más allá -Lessing. Pasan tipos de Shilock, o hermosas Rebecas, por las calles en -donde se alzan los muros de la sinagoga. La restaurada catedral se ve -como extraña en esta tierra de circuncisos. En el día, se siente el -hervor de los negocios, la agitación de los rapaces mercaderes de oro. -De noche, no hay lugar más triste. A las diez, ya los teatros están -cerrados. A las diez y media, nadie anda por las calles. Tanto como -el catolicismo, el arte parece estar aquí en dominio ajeno. Apenas se -sabe aquí que existe un museo Goethe, en donde, junto con documentos -iconográficos, se guardan objetos y manuscritos del gran alemán. El -verdadero santuario de Francfort del Mein, es la casita de verjas de -hierro y de las cortinillas blancas: la casa de los viejos Rothschild. - -La sombra del Emperador de la banca, del César israelita, se ve, por -los ojos de nuestra adoración mammónica contemporánea, más grande que -la del remoto y casi ignorado Gunther Schwarzburg, y aun que la del -fabuloso Carlo Magno, cuya estatua se alza en el rojo y viejo puente -sobre el río moroso que divide la población. - - -HAMBURGO O EL REINO DE LOS CISNES - -Huysmans ha sido injusto con Hamburgo, y su duro humor se ha expresado -en párrafos acres. Es que Durtal no fué a visitar el paraíso de los -cisnes, y M. Folantin comió mal a dos marcos cincuenta. Hamburgo es -alegre, casi con alegría latina, en cuanto cabe en un centro sajón. -Hamburgo es la ciudad trabajadora, negociante, independiente, con -su estricto senado, sus fábricas, sus canales, sus grandes hoteles, -sus almacenes copiosos, y es también la ciudad que se divierte, se -embellece, coquetea con el extranjero, tiene un su San Paulique que se -parece a Montmartre como la cerveza al champaña, cafés al aire libre, a -la orilla del Alster animado de yates, y a donde se va en vaporcitos, -y en donde, los domingos, garridas muchachas flirtean al son de la -música. Tiene un gran barrio lujoso que algunos llaman la Judea, porque -poderosos semitas gozan en villas y _cottages_ de la felicidad que -da el dinero. Huysmans habla, feroz, de caraqueños que encontró en -este emporio comercial. Yo no he encontrado a ningún compatriota de -Bolívar, aunque no es raro oir hablar español, pues son muchos los -hispanoamericanos residentes, y los hamburgueses que se han venido a -establecer con sus familias criollas, después de hacer fortuna en las -lejanas tierras calientes. Las arquitecturas distintas surgen entre los -verdores de los jardines o al lado de las ordenadas alamedas. - -Helkendorf, fresco y florido, tiene rincones deliciosos de descanso, de -amor y de ensueño, pues no es imposible ejercer esa delicada función -de soñar en una ciudad en donde los habitantes, por muy prácticos que -sean, tienen un poético paraje formado por un remanso del río, en el -cual paraje una cantidad numerosa de cisnes es mantenida por el erario -público. Estos poetas no tienen otra ocupación más que consagrarse a la -belleza, ser blancos--hay algunos negros--y deslizarse gallardamente, -con la dignidad que les dejó como herencia Júpiter. Ellos cumplen -exactamente con sus obligaciones, y además de la pitanza que les -ofrecen sus guardianes, el público los gratifica con migas de pan. El -remanso es cristalino, la ribera florida; las tardes de oro llueven -gracia mágica sobre ese divino espectáculo, que pondría meditabundo al -doctor Tribulat Bonhomet. Y los líricos habitantes de esos cristales -que multiplican sus olímpicos aspectos, gozan de la más dulce beatitud -en la capital de los falsificadores y mercaderes teutónicos. Aunque, -en verdad, no he dejado de sentirme un poco inquieto cuando, comiendo -en compañía de un mi conocido, exportador semita, me ha dicho, con -una manera de satisfacción glotona, que el cisne, como el ganso, bien -preparado, es, ¡ay! muy sabroso. - -Y a propósito de líricos cisnes, os he dicho que Hamburgo tiene un -Montmartre que se llama San Pauli... A mí me lo habían asegurado así, -al menos. ¿Un Montmartre...? Para marineros. Con uno que otro café de -nota, en que se puede comer halagado por la orquesta. Por lo demás, -los teatritos son sórdidos, con _chanteuses_ de deshecho, espesas -mugidoras de romanzas, o flacas parcas que dicen en inglés o en alemán -chillonas canciones. No hay un solo cabaret, un solo poeta melenudo o -sin melena que evoque el recuerdo de Privas, de Rictus o de Montoya. -En un gran salón de audiciones populares, da conciertos una banda -militar. En la plaza, un guignol atrae al _populo_; los letreros de -la luz eléctrica prometen maravillas, y en el interior, la diversión -es mala y fastidiosa. Quedan los restaurantes, con las sopas dulces, -las salchichas, los diversos _bráten_, y la excelente cerveza. M. de -Folantin, por un lado, tuvo razón. Pero, ¡oh, Des Esseintes!, ¿y los -cisnes? - - -BERLÍN - -Al conocer Alemania, y sobre todo, Berlín, he creído comprender al -emperador. Guillermo II, militar, creyente fervoroso, apasionado de -arte, inquieto, viajero, abarcador, es el único cerebro de coronada -testa en que hoy caben los antiguos ideales de grandeza, de dominación -y de dignidad cesárea que constituyeron, durante tanto tiempo, el poder -y la fuerza del vigoroso feudalismo. Todos los monarcas de hoy, más o -menos, con excepción quizá del autócrata de Rusia, merecen el paraguas -de Luis Felipe. Guillermo II, compatriota de Lohengrin, vidente que ha -previsto no hace mucho tiempo y anunciado a las naciones, por medio -de un simbólico dibujo célebre, el despertamiento y la acometida de -la raza amarilla contra la blanca Europa; Guillermo II, que, si no -fuese el óbice pietista, quién sabe si llegaría hasta realizar la liga -medioeval dominadora del mundo--el Papa y el Emperador;--Guillermo II, -vive más allá del momento, inspirado en lo pasado, presintiendo lo -porvenir, y amacizando el presente robusto de su país, con la rigurosa -disciplina que lo militariza todo, príncipe de ideal sustentado por -la realidad de la fuerza, creyente cuando ya casi no hay rey que -crea ni en su propio derecho divino, respetuoso de la tradición -eclesiástica romana, cuando la misma Francia cristianísima echa de su -suelo a las congregaciones religiosas y está dominada por un gobierno -que no desearía otra cosa que la completa ruptura del concordato y -la separación absoluta de la iglesia; Guillermo II, cuya actividad -asombra, cuyo talento no hay quien no reconozca, cuyo carácter es de -acero como su voluntad, está en su verdadero centro en este Berlín -geométrico, alegre de otra alegría que la de París, hollado a cada -momento por el paso de las tropas, con su Unter den Linden que extiende -su verde avenida entre las casas lujosas, con su movimiento comercial y -su circulación activa, y en donde, junto a las conmemoraciones de las -armas, se levantan las conmemoraciones de las artes y de las ciencias. -Y no en vano el divino Euforión surgió en esta tierra a la evocación -del cisne de Weimar, pues en esta capital bárbara a cada paso se mira -florecer la gracia helénica, ya en la composición de los artificiales -paisajes, en las arquitecturas urbanas, en las construcciones -monumentales. Yo no sabría alabar cierta protestante hipocresía general -que se nota en la vida; pero, sí, la bella libertad del arte en sus -mejores manifestaciones, una larga comprensión de la armonía, del -desnudo, de la euritmia griega. Y esto se explica. Aquí, en tierra -germánica, Goethe resucitó la olímpica persona de la homérica Helena, -Lessing meditó sus dilucidaciones del Laoconte, Juan Pablo pensó: -Heine, el ruiseñor, se abrevó de agua castalia; Momsen construyó su -edificio mental sobre las gloriosas ruinas de Roma. - -La luz de la Helade alcanzó las brumas septentrionales. Allí en -Charlotemburg, siguiendo el silencioso camino de copudas alamedas, -al suave rozar de los pinos, entre los macizos de rosas, entre los -plantíos de tulipanes, he llegado al severo y sencillo templete que -sirve de lugar de reposo a los restos imperiales de los abuelos -de Guillermo II. Un coloso marcial de larga y rubia barba me ha -permitido la entrada. Y he tenido, en verdad, como la vaga sensación -de un ensueño. A través de los vidrios de un color azul dulce y de -cielo, la onda solar penetra maravillosamente, de manera que baña el -recinto con su tenue y paradisiaco resplandor. Y a esa blanda y mágica -luminosidad se ve alzarse la alta figura tristemente grave de un divino -centinela, el arcángel Miguel, armado de su espada flamígera, y luego, -he allí tres yacentes estatuas sobre tres mausoleos. Y en el fondo -un Jesucristo de mosaico, que dice con su leyenda y con su expresión -sabias y celestes palabras. Allí descansa en la paz de Dios Federico -Guillermo II; allí descansa en la misericordia de Dios Guillermo I, -emperador de Alemania y rey de Prusia. Y he allí, a su lado, a la Dama -porfirogénita que es semejante a una diosa. El artista no haría con -más amor que el que ha puesto al hacer ese cuerpo admirable apenas -cubierto por el lino fino de la túnica, el cuerpo de Diana o el cuerpo -de Venus. ¿Es Diana, es Venus dormida? Diana no es, pues la maternidad -se revela en esa flor en plena hermosura; no es Venus, pues antes bien -que la tentadora gracia de la carne, se desprende de esa forma una -dignidad casta y serena. Y la luz tamizada pone una caricia paradisiaca -sobre esa realización pagana; y Miguel, apoyado en su arma flamígera, -vela silencioso: una paz sepulcral llena el estrecho habitáculo de los -príncipes de mármol; e iguales a los del último paria, en la sola y -posible igualdad de la transformación eterna, quedan en sus criptas -semejantes a santuarios, esos puñados de huesos de Hohenzollern. - -Berlín: cuarteles, museos, estatuas, paseos con más estatuas, derroche -de mármol como en la alameda de la Victoria, mármol para todos los -Hohenstauffen, mármol para los Hohenzollern, y bronce y mármol para -el gran Federico, para el gran Guillermo, para Moltke, para Bismarck; -almacenes, pasajes llenos de tiendas de bric-a-brac, pomposas -cigarrerías, restaurantes de cervezas y restaurantes de vinos; grandes -teatros y un music-hall enorme. Y un aquárium que llamó la atención -de Huysmans. Huysmans vió mucho, pero no lo vió todo, naturalmente. A -mí me ha parecido entrar en un círculo del Dante, en el cual hubiera -necesitado, como Virgilio, a mi amigo el doctor Holmberg. El aquárium -es subterráneo, y no es solamente aquárium, pues se exhiben hasta loros -y arañas y otros bichos pesadillescos, como ese horroroso ptatydactilus -aegipcianus que está a la entrada, semejante a una rana estirada, y el -zomurus gigánteus, lagarto erizado como de púas de hierro. Más allá, -la africana bitis gabónica, serpiente con la piel pintada art-nouveau, -y el pithon feroz y el crótalo con su apéndice de cascabeles; el naja -búngarus, venenosísimo y aterciopelado; iguanas crestadas, nudos de -viboritas enredadas como macarrones, y grises, y flácidas; y luego la -anaconda brasileña. Se desciende, y en un estanque, entre peñascos, -hay focas y leones marinos, y a un lado, papagayos blancos; y después -una gran pajarera, donde se oyen arrullos de paloma y cuchilleo -de aves. A un lado, apenas separados por una barrera baja y muy -franqueable, los cocodrilos semejantes a troncos, a piedras. Y en -seguida, la siboldia máxima japonesa, monstruoso y leproso lagarto. ¿Os -atrae de nuevo la pajarera? Es que canta la gymnorhinia tibicen, igual -a un cuervo que tuviese una blanca sobrepelliz y que tocase la flauta. -Un hoyo lleno de agua: el cocodrilo negro de China, como un gran -«garrobo». Y por fin, os atrae el verdadero aquárium, la fantástica -vida submarina que tanto ha interesado al autor de _A Rebours_. Es la -inaudita flora del Océano, los peces de sueños calenturientos, los -aspectos de visión diabólica, o de locura. Veo en un fondo de arenas -y de roca, naranjas que se mueven, crustáceos imprevistos, caprichos -madrepóricos, semivivientes rábanos que se encogen, hipocampos y -estrellas purpúreas. Erizos como pelotas de alfileres, entre lechugas -de cristal verdemarino. Y grutas. Y un pecezote hinchado, inflado, -junto al escorpión de mar. Hay una brocha que se mueve, una vejiga de -manteca, plumones y espumas. Entreabiertas, grandes valvas que parecen -abanicos, cactus y raquetas de lawn tennis. Pagurus inverosímiles -van arrastrando sus casas llenas de púas y protuberancias. Y la -pluralidad de los peces, la variedad de sus tipos, son desconcertantes. -Y veis en todas sus faces monstruosas, hasta en las más increíbles, -la reproducción de fisonomías humanas que habéis observado, desde -las comunes hasta las deformes del raquitismo, de la idiotez, de la -imbecilidad, de los casos crueles de los manicomios. Y hay formas y -gestos que creeríais imaginarios y alucinatorios; y os convencéis que -los pintores holandeses de ciertos cuadros demoníacos, y el mismo -Rops y Odilon Redon, con sus fantasías monstruosas e ilusorias, no -han creado nada, pues todo lo que la imaginación del hombre más -torturado de visiones infernales pueda imaginar, existe en los secretos -misteriosos y en los profundos laboratorios de la naturaleza. Seguís, y -os encontráis con la murena que se envaina en un tubo como un espeso -sable gris. Pequeños pulpos evolucionan entre el agua burbujeante. -Inmóvil sobre la arena, está la negra raya chata, de pizarra terrosa -con su arpón largo. Y pasa despacioso el homard, enorme alacrán marino -acorazado, que en vez del venenoso garfio, tiene una mariposa de -terciopelo negro ornada de amarillo. - -Berlín: ciudad que sabe la ordenanza, el latín, el griego, y también -el plat-deustch; ciudad fuerte, pecadora, pero pacata; elegante, pero -dura; rica, banquera; de arte; pero con cierto mal gusto común; con -mujeres lindas, pero que tienen unos pies aplastadores de ilusiones; -ciudad de secretos escándalos y de corrección excesiva; ciudad en que -se siente la influencia del cuartel junto a la de la universidad; -ciudad llena de cosas contradictorias, donde visitando un templo, os -aborda un proxeneta que os promete el pecado, y en un bar, entre gentes -pecadoras, se os aparece una mujer que os ofrece periódicos religiosos -y os vende ¡imágenes de Cristo! - - -VIENA - -Me habían dicho: «Es una hermana de París». Es una hermana de París que -tiene los ojos más azules de tanto mirarse en el espejo del Danubio. -Hay en la ciudad una alegría comunicativa, y si no la gracia impregnada -de parisina, posee la elegancia, la gallardía de la seducción. - -Para mí, Viena y vals eran dos ideas juntas en mi mente. Viena, vals, -placer. Un gran torbellino de mujeres hermosas en brazos de magníficos -danzadores, deslizándose en anchas salas lisas, mientras afuera pasaban -sonoros carruajes, se alzaban soberbios monumentos, bullía el mundo. -Más o menos, he podido encontrar realizada esa imaginación, con mucho -progreso además y mucho jardín atrayente, y mucho divertimiento, y -mucha belleza femenina, y el centenario del padre del vals, Joseph -Johan Strauss, que acaba de celebrarse. En su honor me he invitado -a almorzar en el Volksgarten. En su honor y con una reverencia al -poeta Grillparzer, cuyo monumento se alza no lejos de donde me sirven -excelente _rostbraten_ y una pilsen de oro pálido, que es como líquida -seda helada, mientras la brava orquesta anima el suave aire con ritmos -armoniosos y ondulantes. En este mismo jardín fué donde Strauss dirigió -la suya. Aquí nació el vals, a cuyos compases se balanceó el orbe; -el vals, halago de la melancolía, lengua del gozo, música de amor, -creación de un músico _minor_, pero que adoptarían los más altos y -mayores, como Weber, como Chopín, como el mismo poderoso Beethoven. -¿Que Lanner, el amigo y rival, tuvo parte en el invento? Nadie se -acuerda de Lanner, hoy, como no sea para hacer constar que tenía mucho -menos talento que Strauss. - -Juraría que no hay uno solo de los que lean estas líneas, que no haya -tenido en su vida un momento de animado placer, o de dulce tristeza, -al mágico brotar de esa pequeña y cristalina cascada melodiosa que -se llama _El Danubio azul_... Yo le debo muy copiosa cosecha de -recuerdos y de ensueños, ya lanzada por las orquestas, ejecutadas en -confidenciales pianos, o suspirada por errantes organillos; sobre todo -por los organillos... - -También como París, es este un país de arte, y en una avenida os -encontraréis con un grande y pensativo Goethe, sentado en su sillón -de bronce, o en una plazuela con un Mozart, jóvenes y airosos, o con -Beethoven, o con Schiller; y en todas partes, un ambiente propicio al -pensamiento. Y, sobre todo, un invisible soplo que incita al placer. -En París hay más vicio que goce, aquí más goce que vicio. De todas -maneras, aquí lanzó su último aliento el probo y sensato Marco Aurelio, -que, entre sus mejores sentencias, ha dejado ésta, si poco purista, muy -cuerda: «En general, el vicio no daña al mundo, y en particular, no -daña sino a aquel que no puede abandonarlo cuando quiere». - -Viena placentera, pero también Viena laboriosa, pensadora, política, -sentimental, artística, guerrera, religiosa. Todo encontraréis a -vuestro paso. Aquí su palacio imperial; su catedral, enorme vegetación -de piedra; más allá, Santa María Stiegen, vasto bouquet de ojivas -y flechas, lo antiguo; y más allá, su teatro de la Opera, con su -peristilo coronado por dos caballeros de bronce, lo moderno; o el -Hofburgtheater, serio y elegante, al cual se llega por entre dos filas -de estatuas de mármol, que tienen por fondo verdores de árboles y -macizos de flores; o la Rathaus imponente con su elevada torre central; -o el palacio del Reichsrath, y el frontispicio del parlamento, todo -griego; y ante este último, mientras a sus pies, entre simulacros -marmóreos, se vierte el agua armoniosa de una ánfora, Palas Atenea, -gigantesca, se apoya en su lanza de oro y tiene en la diestra la alada -Victoria. - -Dulces rincones amorosos, blandos retiros, labrados quioscos y curvos -chorros de agua, en los jardines, en el Stadtpark, lleno de risas de -niños; en Schwarzenberg, fácil a las citas y a los suspiros, o en el -mismo Volksgarten, con su templo a Teseo, y sus alamedas, sus umbrías, -sus tibios nidos, sus fragancias de parque y sus rumores de bosque. O -allá, en el Prater, que si no vale el Bois parisiense, tiene especiales -atractivos, en sus recodos de floresta y sus techumbres de hojas y su -larguísima avenida. Mas, nada como ese fastuoso e histórico Schönbrunn, -donde recordáis a Versalles y a Le Nôtre, y al gran Napoleón, y al -triste Aiglon, hijo del Aguila. Flota un ambiente singular entre las -bien ordenadas arquitecturas vegetales, entre los templetes de ramas y -las verdes cúpulas y arcadas que forman los recortados tilos, las copas -educadas y pomposas de los castaños. Las mitologías de las fuentes se -bañan en la exhalación de vaporizadas perlas de su propia lluvia. Grata -quietud invita a sentarse en los místicos bancos de los parterres, -a meditar, a soñar, a imaginarse las bellas representaciones de la -historia, mientras en su magnífica altura, la Gloriette destaca sobre -el fondo celeste su pórtico soberbio, aún persistente decoración de más -de una comedia y drama imperiales y reales. - - -LA TUMBA DE LOS NUEVOS ATRIDAS - -Un capuchino de larga barba guía al grupo de visitantes--campesinos, -forasteros e ingleses. Al bajar la escalera estrecha de la bóveda, el -ruido de los pasos. Luego, el ruido de las llaves de su reverencia. -Luego, silencio. Y el cicerone de capucha, comienza a decir su lección, -recorriendo las tumbas del lado derecho, los sarcófagos viejos, en -donde reposan reales e imperiales huesos viejísimos, entre las cajas -de metal gris labrado de esculturas macabras y simbólicas, tras -duras rejas férreas. A mí no me interesan esos príncipes antiguos -que tienen su página correspondiente en los anales austriacos: no me -atrae Matías, ni Ana, ni José, ni Leopoldo, ni Carlos. Yo voy hacia -la izquierda, en donde duermen los porfirogénitos malditos, las -coronadas testas perseguidas por el destino, la familia misteriosa y -fatídica de los Atridas modernos, esos Hapsburgos rubios o brunos, -jóvenes o viejos, pero idénticos en el sufrimiento, en la desventura, -en la tragedia. No me impresiona tanto el ataúd en que están los -restos del duque de Reichstadt, ni el nombre de María Luisa en la caja -mortuoria, como los otros sarcófagos en que duermen su eterno sueño, -Maximiliano, el emperador de la barba de oro, el del cerro de las -campanas; Elisabeth, la «emperatriz errante», que segó el anarquismo, -y Rodolfo, el de la novela sangrienta. Aquí reposa, en la paz de la -muerte, el que estaba destinado a ceñir la corona de los emperadores -de Austria y de los reyes de Hungría. El capuchino explica rápida -y precisamente, en alemán, la vida de cada uno de los príncipes -difuntos que reposan en el subterráneo; y el profundo silencio de -los visitantes es tan solamente interrumpido por un vago rumor de -palabras entredichas en voz baja, cuando se detiene el grupo ante el -sepulcro del archiduque Rodolfo de Hapsburgo. Pequeña iglesia de los -capuchinos, que encierra tanta desventura, los despojos de esa familia -predestinada fatídicamente a ser azotada por la desgracia; tristes -grandezas desaparecidas entre la locura y la sangre; seres de vidas -extraordinarias que realizan las más lúgubres y dolorosas creaciones de -los poetas del destino, de los dramaturgos del misterio. - - -LA SECESIÓN - -Cuando en 1900 vi en el Grand Palais la sección correspondiente a los -secesionistas vieneses, mi entusiasmo fué vivo y justo. He ahí unos -cuantos adoradores sinceros de la libertad del arte, buscadores de lo -nuevo, de lo raro, según sus temperamentos, o intérpretes personales -de las antiguas tradiciones artísticas, sin _blague_ bulevardera, sin -esteticismos montmartreses, sin los absurdos mamarrachos que, entre -pocas obras de talento, exhiben unos cuantos desalmados, en el Salón -de los Indépendents parisienses. ¿Es que el ambiente es otro? ¿Es que -en Viena la lucha por la vida y por la gloria es distinta? La verdad -es que, en todos los esfuerzos de los artistas de la Secesión, noto -una sinceridad y una noble independencia y una consagración a la idea -y a la realización de la belleza, muy distantes de los extravagantes -_épateurs_ apurados de arribismo que abundan en la capital francesa. - -En edificio propio construído y arreglado conforme con los gustos -y pensares estéticos de los organizadores del museo, la obra de la -Secesión se exhibe en la metrópoli austriaca como un testimonio -innegable del tesón, de la energía y del talento de sus puros artistas. -El museo es un museo «de excepción» como diría Vittorio Pica. Nada de -lo que hay en él es vulgar ni común, y se manifiesta en todo un don de -alta gracia y una voluntad de hermosura y una fuerza de pensamiento, -que honran y elevan sobremanera a la luchadora mentalidad austriaca. -Aquí se ve que no se busca asustar al burgués, sino más bien darle una -nueva revelación de belleza. Aquí tienen nobles sacerdotes el ensueño -y la vida misteriosa, y el pincel y el cincel dicen la profundidad -de lo desconocido, lo arcano de nuestras humanas existencias y el -enigma que existe en toda cosa. Sintéticos o complicados, expresan -sus meditaciones y sus visiones interiores, o en un extraño aparato -simbólico hacen surgir un aspecto de la verdad posible, o hacen -florecer de luz el alma, o cristalizan lo indeciso y lo recóndito. Y -hay la franca expresión y el desdén de toda rutina. Aquí es el único -museo del mundo en donde no solamente se ha destrozado la académica -hoja de parra, sino que se ha tenido el valor de revelar lo más íntimo, -de no ocultar lo más oculto, a punto de que se os vienen a la memoria -ciertas cuartetas memorables de Théophile Gautier. La leyenda tiene sus -cultivadores. Veo cien cuadros que me atraen; no os diré los nombres -de los autores, pues no están en las telas y no tengo tiempo para -anotar un catálogo. Sí recordaré al potente Franz Metzner, el Rodin -austriaco, el autor de ese poema soberbio de mármol que se llama _La -Tierra_, y de admirables estudios decorativos y de bustos y de estatuas -de una originalidad imponente y comprensiva. _La Tierra_, de Metzner, -está expuesta en un saloncito especial, adornado tan solamente de -expresivos telamones y de su sola, impresionante y elegante sencillez. -Y la figura en que se manifiestan la vida y el ritmo terrestres y la -fuerza natural, está sobre su base como la majestad y el misterio de -un simulacro sagrado. Lo que la Secesión ha enviado a la Exposición de -San Luis, atestigua el valor de sus pintores, decoradores, estatuarios, -ceramistas, mueblistas. Ferdinand Andri envía sus figuras valientes, -que renuevan algo del arcáico arte asirio; Metzner, sus soberbias -creaciones plásticas, sus sintéticas expresiones de la persona -humana; Klimt, sus cuadros simbólicos de factura extraordinaria y de -significación honda, como _El manzano de oro_, _La vida es un combate_, -_La Jurisprudencia_ y _La Filosofía_, que tantas discusiones causó -cuando se expuso en París en la última Exposición Universal. - -Salgo de la Secesión encantado de encontrar un verdadero templo del -arte en tiempos en que los templos del arte están en posesión de -los mercaderes, de los insinceros, de los pacotillistas o de los -histriones. Y saludo ese esfuerzo generoso, deseando que en nuestros -países de arte naciente se junten las energías individuales de los -puros, de los incontaminados, y procuren hacer algo semejante, lejos de -la chatura de las escuelas de limitación y atrofia y de las modas vanas -que nada tienen que ver con la eternidad de la belleza. - - -BUDA-PEST - -...Buda-Pest: el Rey; María Teresa; el Danubio azul; paprikahum, vino -de Tokai...; y una vieja zarzuela que deleiteó mis años infantiles. -_Los Madgyares_, en la cual cantaba un coro: - - Vamos señores - A la feria de Buda, - Que hoy es el día - De vender y comprar. - -Y los trajes vistosos de alamares y galones, y el leguito del convento: - - _Ego sum, ego sum_ - El leguito del convento - _Ego sum_, además - Campanero y sacristán... - -Y me hechizó la ciudad bizarra, o más bien las dos ciudades gemelas -unidas por los magníficos puentes, con su clima, sus flores, sus -paseos, su barrio elegante y moderno en que casi todas las nuevas -construcciones son _art nouveau_, o secesión, mansiones caprichosas -de los magnates y propietarios de pingües pushtas y «economías». Es -una delicia pasear por el kiralgi var, y sus palacios y verdores, a -orillas del agua azul del armonioso río. Hay edificios espléndidos -como el magnífico parlamento, que se refleja en el Danubio, y sus -plazas espaciosas, las calles y avenidas, y sobre todo, las más bellas -mujeres del mundo hacen mirar esta tierra como un terrenal paraíso. -¡Oh! todos los países tienen lugares de gozo y bellas mujeres, pero -la Ciudad del Amor y de la hermosura, creedme, es Buda-Pest. Hay un -lugar, en un suburbio de la ciudad de Pest, que se llama Os Buda Vara, -jardín, paseo; feria nocturna, lleno de atracciones, teatritos, ventas -diversas, castillos luminosos, flores, perfumes, músicas nacionales, -trajes pintorescos; y allí he visto una colección de beldades que -habrían dejado meditabundo y soñador al mismo rey Salomón que, como -sabéis, era de gusto exquisito. - -Un momento ha habido de duelo nacional, más que duelo ha sido una -glorificación, una apoteosis: la muerte de Jokai. Impregnado del -encanto de esta ciudad fascinadora, he asistido a los funerales de su -poeta, de su novelista, de su pensador nacional. Pasaban los carros -cargados de coronas por la gran calle Andrassy, en donde estaba la -morada del escritor; el cortejo era solemne y fastuoso; representantes -del gobierno asistían a la ceremonia en que se honraba la memoria del -viejo revolucionario; vistosos y pintorescos uniformes militares, -universitarios, heráldicos, desfilaban en la severa procesión. Y en en -los balcones, adornados de colgaduras de duelo, se veía una muchedumbre -de rostros divinos en que brillaban maravillosos ojos húngaros. Y ante -ese esplendor y ese prodigio de belleza femenina, al pasar el carro de -las más frescas coronas, de los estudiantes, compré a una florista un -ramo de rosas, y, poeta desconocido de lejanas tierras, con el corazón -palpitante, con un temor de emoción, arrojé yo también mi ofrenda al -anciano Jokai. - -[Ilustración] - - - - -INDICE - - -TIERRAS SOLARES - - Págs. - - Barcelona 9 - - Málaga 21 - - La tristeza andaluza 69 - - Granada 85 - - Sevilla 103 - - Córdoba 117 - - Gibraltar 129 - - Tánger 155 - - Venecia 181 - - Florencia 195 - - - DE TIERRAS SOLARES A TIERRAS DE BRUMA - - Waterlóo 211 - - Por el Rhin 214 - - Francfort S. M. 223 - - Berlín 228 - - Viena 237 - - La tumba de los nuevos atridas 241 - - La Secesión 243 - - Buda-Pest 247 - - - - - ACABÓSE - DE IMPRIMIR - ESTE LIBRO EN - MADRID EN EL ESTABLECIMIENTO - TIPOGRÁFICO - DE JOSÉ YAGÜES - SANZ, EL DÍA XXV - DE SEPTIEMBRE - DE AÑO - MCMXVII - - - - - * * * * * * - - - - -Nota del Transcriptor: - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - -Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - -Páginas en blanco han sido eliminadas. - - - -***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIERRAS SOLARES*** - - -******* This file should be named 52857-8.txt or 52857-8.zip ******* - - -This and all associated files of various formats will be found in: -http://www.gutenberg.org/dirs/5/2/8/5/52857 - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive -specific permission. If you do not charge anything for copies of this -eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook -for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports, -performances and research. They may be modified and printed and given -away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks -not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the -person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph -1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this -agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm -electronic works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the -Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection -of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual -works in the collection are in the public domain in the United -States. If an individual work is unprotected by copyright law in the -United States and you are located in the United States, we do not -claim a right to prevent you from copying, distributing, performing, -displaying or creating derivative works based on the work as long as -all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope -that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting -free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm -works in compliance with the terms of this agreement for keeping the -Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily -comply with the terms of this agreement by keeping this work in the -same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when -you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are -in a constant state of change. If you are outside the United States, -check the laws of your country in addition to the terms of this -agreement before downloading, copying, displaying, performing, -distributing or creating derivative works based on this work or any -other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no -representations concerning the copyright status of any work in any -country outside the United States. - -1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: - -1.E.1. The following sentence, with active links to, or other -immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear -prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work -on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the -phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, -performed, viewed, copied or distributed: - - This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and - most other parts of the world at no cost and with almost no - restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it - under the terms of the Project Gutenberg License included with this - eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the - United States, you'll have to check the laws of the country where you - are located before using this ebook. - -1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is -derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not -contain a notice indicating that it is posted with permission of the -copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in -the United States without paying any fees or charges. If you are -redistributing or providing access to a work with the phrase "Project -Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply -either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or -obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm -trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any -additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms -will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works -posted with the permission of the copyright holder found at the -beginning of this work. - -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. - -1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License. - -1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including -any word processing or hypertext form. However, if you provide access -to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format -other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official -version posted on the official Project Gutenberg-tm web site -(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense -to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means -of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain -Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the -full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works -provided that - -* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed - to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has - agreed to donate royalties under this paragraph to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid - within 60 days following each date on which you prepare (or are - legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty - payments should be clearly marked as such and sent to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in - Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg - Literary Archive Foundation." - -* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or destroy all - copies of the works possessed in a physical medium and discontinue - all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm - works. - -* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of - any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days of - receipt of the work. - -* You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works. - -1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project -Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than -are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing -from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The -Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm -trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below. - -1.F. - -1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -works not protected by U.S. copyright law in creating the Project -Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm -electronic works, and the medium on which they may be stored, may -contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate -or corrupt data, transcription errors, a copyright or other -intellectual property infringement, a defective or damaged disk or -other medium, a computer virus, or computer codes that damage or -cannot be read by your equipment. - -1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE. - -1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium -with your written explanation. The person or entity that provided you -with the defective work may elect to provide a replacement copy in -lieu of a refund. If you received the work electronically, the person -or entity providing it to you may choose to give you a second -opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If -the second copy is also defective, you may demand a refund in writing -without further opportunities to fix the problem. - -1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO -OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT -LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of -damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement -violates the law of the state applicable to this agreement, the -agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or -limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or -unenforceability of any provision of this agreement shall not void the -remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any -Defect you cause. - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular -state visit www.gutenberg.org/donate - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works. - -Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - diff --git a/old/52857-8.zip b/old/52857-8.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 7ea43bc..0000000 --- a/old/52857-8.zip +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h.zip b/old/52857-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index d201714..0000000 --- a/old/52857-h.zip +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/52857-h.htm b/old/52857-h/52857-h.htm deleted file mode 100644 index 394c65e..0000000 --- a/old/52857-h/52857-h.htm +++ /dev/null @@ -1,6299 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" - "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml"> -<head> -<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=ISO-8859-1" /> -<title>The Project Gutenberg eBook of Tierras Solares, by Rubén Darío</title> - <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> - <style type="text/css"> - -body { - margin-left: 10%; - margin-right: 10%; -} - - h1,h2,h3{ - text-align: center; /* all headings centered */ - clear: both; - line-height: 2; -} - -h1 {margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} - -h2 {margin-top: 4em; margin-bottom: 2em;} - -h3 {margin-top: 4em; margin-bottom: 1em;} - - -p { - margin-top: .75em; - text-align: justify; - margin-bottom: .75em; - } - - .p2 {margin-top: 2em;} - .p4 {margin-top: 4em;} - .p6 {margin-top: 6em;} - .nd {visibility: hidden;} - -.center {text-align: center;} -.large {font-size: large;} -.smcap {font-variant: small-caps;} - - -hr { - width: 33%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - margin-left: auto; - margin-right: auto; - clear: both; -} - - - -hr.tb {width: 15%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} -hr.chap {width: 25%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em;} - - -/* Transcriber's notes */ -.box {margin: auto; - margin-top: 2em; - border: 1px solid; - padding: 1em; - background-color: #F0FFFF; - width: 25em;} - -table { - margin-left: auto; - margin-right: auto; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; -} - - .tdl {text-align: left;} - .tdc {text-align: center; padding-top: 1.5em;} - .tdrb {text-align: right; vertical-align: bottom;} - -.figcenter6 {margin: auto; - text-align: center; - margin-top: 6em; - margin-bottom: 2em;} -.figcenter6c {margin: auto; - text-align: center; - margin-top: 6em; - margin-bottom: 6em;} - -.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ - /* visibility: hidden; */ - position: absolute; - left: 92%; - font-size: small; - text-align: right; - /* not bold */ - font-weight: normal; - /* not italic */ - font-style: normal; - /* not small cap */ - font-variant: normal; -} /* page numbers */ - -.poetry-container -{ - text-align: center; - font-size: 95%; -} - -.poetry - { - display: inline-block; - text-align: left; - } - -.poetry .stanza -{ - margin: 1em 0em 2em 0em; -} - -.poetry .line -{ - margin: 0; - text-indent: -3em; - padding-left: 3em; -} - -.poetry .i1 {margin-left: 1em;} -.poetry .i2 {margin-left: 2em;} -.poetry .i10 {margin-left: 10em;} - -img.drop-cap - { - float: left; - margin: 0 0.5em 0 0; - position: relative; - z-index: 1; /* Paint decorative initial over top of normal letter */ - } - - p.drop-cap:first-letter - { - margin-left: -1.6em; /* Move first letter under decorative initial */ - padding-right: 1em; /* Move rest of text back to regular flow */ - } - - - -@media handheld -{ - body - { - margin: 0; - padding: 0; - width: 90%; - } - - .box { - width: 75%;} - - hr.tb - { - width: 10%; - margin-left: 47.5%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - } - - hr.chap - { - width: 20%; - margin-left: 42.5%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - } - - img.drop-cap - { - display: none; - } - - p.drop-cap:first-letter - { - margin-left: 0; - padding-right: 0; - } - .poetry - { - margin: 2em; - display: block; - } - -} - - h1.pg { margin-top: 0em; - margin-bottom: 1em; - line-height: 1; } - h2.pg { margin-top: 2em; - line-height: 1; } - h3.pg { margin-top: 2em; - line-height: 1; } - h4 { text-align: center; - clear: both; } - hr.full { width: 100%; - margin-top: 3em; - margin-bottom: 0em; - margin-left: auto; - margin-right: auto; - height: 4px; - border-width: 4px 0 0 0; /* remove all borders except the top one */ - border-style: solid; - border-color: #000000; - clear: both; } - </style> -</head> -<body> -<h1 class="pg">The Project Gutenberg eBook, Tierras Solares, by Rubén Darío, Illustrated -by Enrique Ochoa</h1> -<p>This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States -and most other parts of the world at no cost and with almost no -restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it -under the terms of the Project Gutenberg License included with this -eBook or online at <a -href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you are not -located in the United States, you'll have to check the laws of the -country where you are located before using this ebook.</p> -<p>Title: Tierras Solares</p> -<p> Volumen III de las obras completas</p> -<p>Author: Rubén Darío</p> -<p>Release Date: August 20, 2016 [eBook #52857]</p> -<p>Language: Spanish</p> -<p>Character set encoding: ISO-8859-1</p> -<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIERRAS SOLARES***</p> -<p> </p> -<h4>E-text prepared by Josep Cols Canals, Carlos Colón,<br /> - and the Online Distributed Proofreading Team<br /> - (<a href="http://www.pgdp.net">http://www.pgdp.net</a>)<br /> - from page images generously made available by<br /> - Internet Archive/Canadian Libraries<br /> - (<a href="https://archive.org/details/toronto">https://archive.org/details/toronto</a>)</h4> -<p> </p> -<table border="0" style="background-color: #ccccff;margin: 0 auto;" cellpadding="10"> - <tr> - <td valign="top"> - Note: - </td> - <td> - Images of the original pages are available through - Internet Archive/Canadian Libraries. See - <a href="https://archive.org/details/obrascompletaspr03daruoft"> - https://archive.org/details/obrascompletaspr03daruoft</a> - </td> - </tr> -</table> -<p> </p> -<hr class="full" /> -<p> </p> -<p> </p> - -<h1>TIERRAS SOLARES</h1> - -<p class="center">POR</p> - -<p class="center p2 large">RUBÉN DARIO</p> - -<p class="center p4">ILUSTRACIONES</p> -<p class="center">DE</p> -<p class="center large">ENRIQUE OCHOA</p> - -<p class="p2 center">Volumen III de las obras completas. -Administración: Editorial -MUNDO LATINO<br /> -<span class="smcap">Madrid</span></p> -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4"></a></span></p> - - - -<p class="p6 center">ES PROPIEDAD</p> -<hr class="chap" /> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5"></a></span></p> - - - - -<p class="p6 center">A<br /> -<span class="large">FELIPE LÓPEZ</span><br /> -MUY CORDIALMENTE<br /> - <i>R. D.</i></p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6"></a> -<a name="Page_7" id="Page_7"></a></span></p> - -<h2 class="nd">BARCELONA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Barcelona"><img src="images/p007.jpg" width="400" -height="174" alt="BARCELONA" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8"></a> -<a name="Page_9" id="Page_9"></a></span></p> - - - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p009.jpg" width="500" -height="228" alt="" title="" /></div> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/d.jpg" width="100" height="99" alt=""/> -</div> - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Después</span> de algunos años vuelvo a Barcelona, -tierra buena. En otra ocasión -os he dicho mis impresiones de este -país grato y amable, en donde la laboriosidad es -virtud común y el orgullo innato y el sustento de -las tradiciones defensa contra debilitamientos y -decadencias. Salí de París el día de la primera -nevada, que anunciaba la crudez del próximo invierno. -Salí en busca de sol y salud, y aquí, desde -que he llegado, he visto la luz alegre y sana -del sol español, un cielo sin las tristezas parisienses; -y una vez más me he asombrado de cómo<span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span> -Jean Moreas encuentra en París el mismo cielo -de Grecia, el cual tan solamente da todo su gozo -en las tierras solares. Bien es cierto que el poeta -se refiere más al ambiente que a la luz, más al -respirar que al mirar. Pero la bondad de este cielo -entra principalmente por los ojos y los poros, -abiertos al cálido cariño del inmenso y maravilloso -diamante de vida que nos hace la merced de -existir.</p> - -<p>Cuando os escribí de España fué a raíz de la -guerra funesta. Acababa de pasar la tempestad. -Estaba dolorosa y abatida la raza, agonizaba el -país. Y os hablé, sin embargo, de la mina de -energía, del vasto yacimiento de fuerza que hallé -en esta provincia de Cataluña, gracias al carácter -de los habitantes, de antaño famosos por empresas -arduas y bien realizadas; y admiré la riqueza -y el movimiento productor de esta Barcelona -modernísima, hermana en trabajo de la potente -Bilbao, afortunadas hormigas ambas que -no han mirado nunca con buen mirar a la cortesana -cigarra de Castilla. España estaba, por -opinión general, condenada a la perpetua ruina, -a la irremediable muerte. No se veía venir por<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> -ninguna parte el caballero esperado, a quien buscaba -en la lejanía del camino la mirada ansiosa -de la hermana Ana. Hubo el aparecimiento de los -profetas del mal y la irrupción de los improvisados -salvadores. Todo el mundo era hábil para -indicar una senda propicia; todo el mundo se -creía llamado a poner nueva sangre en el cuerpo -agotado. Se dijera un consejo de políticas. -Todas las políticas y todos los politiquistas sabían -un secreto con el cual se iba a hinchar con -músculos nuevos el pellejo del maltrecho León. -En el mundo del pensamiento se veían apenas -unas cuantas esperanzas entre el coro de eminencias -amojamadas. Apenas los pocos violentos, -los revolucionarios, los iconoclastas, hacían -lo posible por encender una hoguera nueva. Y -olía demasiado a podrido en Dinamarca.</p> - -<p>Hoy, al pasar, mi impresión es otra. Desde -hace algún tiempo se ha notado un estremecimiento -de vida en la península. Cierto que las -políticas y los politiquistas continúan con sus -ruidos inútiles y sus discursos verbosos; cierto -que ni los del carlismo renuncian a su vago soñar, -ni los de la república pierden momento para<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> -proclamar que ellos son los dueños del porvenir -y de la grandeza nacional, entre escándalos y -rivalidades poco provechosas al verdadero ideal -perseguido; cierto que el clericalismo inquisitorial, -por un lado, y el militarismo montjuichesco, -por otro, no han cambiado un ápice desde los -tiempos terribles en que cayó, rojamente, el pobre -y grande conservador D. Antonio Cánovas; -cierto que nadie sucede al pobre y grande liberal -Emilio Castelar; cierto que cierta prensa en -que los antiguos baturrillos, tiquismiquis, o dimes -y diretes continúan en una tradicional ignorancia -de cultura, aún persiste; cierto que el -hambre del pueblo no mengua; cierto que la pereza -general y la inquina porque sí, del uno contra -el otro, se sigue manifestando; cierto que sigue -oliendo a podrido en Dinamarca. Pero, fijáos -bien: una fragancia de juventud en flor llega hasta -nosotros. Voces individuales, pero poderosas -y firmes, dicen palabras de bien y de verdad que -el país comienza a escuchar. Hay un rumor. ¿Es -una resurrección? No, es un despertamiento. Se -renace. Se vuelve a vivir en un deseo de acción, -que demuestra y anuncia una próxima era de<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -victorias. No tenían razón los desconsolados, -los que juzgaron el daño irremediable. He ahí los -buenos pensadores de la nueva España que piensa; -he ahí los buenos profesores de trabajo; los -bravos catedráticos de actos, que enseñan a las -generaciones flamantes la manera de conseguir -el logro, de sembrar para recoger. Los superficiales -del pedantismo desaparecieron; los superficiales -del odio inmotivado, de la improductiva -palabra, de las envidias absurdas, esos no -existen más que en sí mismos. Existe, empero, -una juventud que ha encontrado su verbo. Existen -los nuevos apóstoles que dicen la doctrina -saludable de la regeneración, del gozo de la existencia; -los buenos escritores de desinterés y de -ímpetu; los nuevos poetas que hablan armoniosamente, -con sencillez o con complicación, según -sus almas, lo que sienten, lo que juzgan que -deben decir, en amor y sinceridad, con desdén del -lodo verbal, de la vulgar hazaña, del reir injusto. -Y eso en toda España, desde entre los vascos -y catalanes activos, hasta entre los vibrantes -andaluces y entre los habitantes de la gárrula -corte. La salud será, pues, luego, total.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span></p> - -<p>Mas Barcelona me detiene, con su carácter -tan propio, y sin embargo, desde antes tan universalizada -más que europeizada. Sus ramblas -floridas hierven de almas, con su paseo de Gracia; -las fábricas vecinas han adquirido mayor -empuje. Llegan numerosos los barcos a traer el -material de las industrias y salen cargados de la -exportación pingüe que aumenta la existente riqueza. -Se alzan palacios flamantes. La electricidad -ayuda al progreso por todos puntos. La -urbe se ensancha y la población crece. Tan solamente -turban la paz activa de producir las agitaciones -que de tanto en tanto siguen manifestándose -y tomando incremento en el elemento -obrero. Hay un huevo que empolla desde hace -años la revolución latente, pero de ese huevo no -saldrá ni con mucho la soñada gallina gorda de -los socialistas; antes bien, el ave roja de la anarquía. -El obrero aquí no se deja embaucar y va -viendo por sí solo. Los cabecillas pueden de un -momento a otro perder su cabeza. El trabajador -aquí se impone, y su imposición se nota. No se -ve un solo establecimiento público que esté vedado -a la blusa, y la blusa hace ostentación de<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span> -su presencia en todas partes. La cultura general -es también mayor, como ya otra vez lo he hecho -notar, que en otras provincias. El ambiente barcelonés -es el de un pequeño París. Sus artistas -y escritores, genuinamente catalanes, están en -contacto con todo el mundo. Esta tierra de hombres -de labor material, vasto nido de menestrales, -es también sustentadora de fuertes cerebros, -de aladas almas, de finas y sutiles imaginaciones. -En el siglo <span class="smcap">xix</span> surge el marqués de Campo; -lo cual no obsta para que nazca después Santiago -Rusiñol. Rusiñol, espíritu encantador, pintor -de soñaciones, maestro de melancolías, y el cual -en todas sus obras pone algo de la tristeza que -ha aprendido en las partes dolorosas y misteriosas -de la vida. Le conocí en París, después de -ser muy amigos desde lejos. Es la primera vez -en que la persona no me causó decepción por el -artista. Personal e intelectualmente es el mismo. -Gracias a Dios que no me ha quitado aún—¡ni -me lo quite nunca!—el don de admirar. Admirar -de veras, con mente sincera, con el corazón o -con la cabeza, o con ambas cosas. Me habló entonces -Rusiñol de su drama <i>L'Heroe</i> y de la re<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>sonancia -del estreno, pues en la pieza hay dura -enseñanza popular dicha, si con manera de noble -artista, con claridad que pone a la vista de -todos una amarga lección de los injustos horrores -de la guerra. Los del gobierno, los del poder -y los entorchados, protestaron e iban a provocar -grueso escándalo; las representaciones cesaron -por orden de la autoridad, y el artista dramaturgo -tuvo que salir para Francia. Ahora veo en los -carteles anunciada una obra nueva, que por su -título juzgo causará, si cabe, mayores protestas. -Se llama <i>El Mistich</i>. El soñador hace así su -ofrenda de bien a los oprimidos, ayuda a los de -abajo. Como debe hacerlo: desde arriba.</p> - -<p>Otros poetas traducen a los clásicos, y a los -modernísimos extranjeros. Hay un «teatro latino» -que equivale a l'Oeuvre, o al Libre de París. -Se publican excelentes revistas de ideas y de -arte, y libros de ingenios y talentos bregadores -presentados en formas artísticamente llamativas -y de bella tipografía. Todo ésto en catalán. Pues -son raros los que, como el noble poeta Marquina, -prefieren vestir de castellano sus ideas.</p> - -<p>La juventud—¡brava «joventut»!—cultiva su<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span> -campo, siembra su semilla. Alza, construye su -torre en el limitado cerco en que se oye su lengua: -pero desde lo alto de su torre, ve todos los -horizontes. Fecundo núcleo de vivaz civilización, -la vieja Barcino, la generosa y gallarda Barcelona -de ahora, se afianza en su seguro valor y -alza la cabeza orgullosa coronada de muros, entre -la montaña y el mar, que vió partir en otros -siglos los barcos de sus conquistadores. ¿Existe -el catalanismo? ¿Existe el odio que se ha dicho -contra el resto de España? Yo no lo creo ni lo -noto ahora. Existe el catalanismo, si por catalanismo -se entiende el deseo de usufructuar el haber -propio, la separación de ese mismo haber -para salvarlo de la amenazadora bancarrota general, -el derecho de la hormiga para decir a la -cigarra: «¡baila ahora!»; y la voluntad de mandar -en su casa. Mas así como el ansia de porvenir -ha unido a los obreros catalanes con todos -los de la península en una misma mira y un mismo -sentimiento, el deseo de vuelo y expansión -comienza a unir a la intelectualidad libre catalana -con la libre intelectualidad española, representada -por admirables personalidades pertene<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>cientes -a todas las provincias, ligados así todos -por la solidaridad del pensamiento y el propósito -de olvidar pasados defectos y errores, y colaborar -en la misma tarea de bondad y de gloria. -Cierto, repito, que quedan los anquilosados de -ayer, los rezagados de la pacotilla; pero toda la -sucia y seca hojarasca desaparece al brotar la -nueva selva, al renovarse la flora del viejo jardín, -a la entrada triunfal de la recién nacida primavera. -La América española ha mandado también -sus embajadores, y poco a poco se va formando -más íntima relación entre ambos continentes, -gracias a la fuerza íntima de la idea, y a -la internacional potencia del arte y de la palabra. -Pues hasta, por mayor decoro, la vida comercial -misma ha sacado ventajas, ayudada por los predicadores -de las letras y misioneros del periodismo. -La unión mental será más y más fundamental -cada día que pase, conservando cada -país su personalidad y su manera de expresión. -Se cambiarán con mayor frecuencia las delegaciones -de los intereses y las delegaciones de las -ideas. Seremos, entonces sí, la más grande España, -antes de que avance el yanqui haciendo<span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span> -Panamaes. Que cada región tenga y conserve -su egoísmo altivo, pues de la conjunción de todos -esos egoísmos se forma la común grandeza; -cada grande árbol crece y se fortifica solo y todos -forman la floresta. Esto me hace pensar la -Barcelona de las rojas barretinas y de las compañías -de vapores, la Barcelona de Rusiñol y de -Gual, y la de las copiosas fábricas y nutridos -almacenes; la que hace oro, labra hierro, cultiva -flores y se fecunda a sí misma, entre los montes -altos, silenciosos y las inmensas aguas que -hablan.</p> - -<div class="figcenter6"><img src="images/p019.jpg" width="150" -height="147" alt="" title="" /></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20"></a> -<a name="Page_21" id="Page_21"></a></span></p> - -<h2 class="nd">MÁLAGA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Malaga"><img src="images/p021.jpg" width="400" -height="170" alt="MÁLAGA" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22"></a> -<a name="Page_23" id="Page_23"></a></span></p> - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p023.jpg" width="500" -height="245" alt="" title="" /></div> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/e.jpg" width="100" height="102" alt=""/> -</div> - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Escribo</span> a la orilla del mar, sobre una -terraza adonde llega el ruido de la -espuma. A pesar de la estación, está -alegre y claro el día, y el cielo limpio, de limpidez -mineral, y el aire acariciador. Esta es la -dulce Málaga, llamada la Bella, de donde son -las famosas pasas, las famosas mujeres y el -vino preferido para la consagración. Es justamente -una parte de la «tierra de María Santísima», -con dos partes de la tierra de Mahoma. -Mas el color local se va perdiendo, a medida que -avanza la universal civilización destructora de -poesía y hacedora de negocios. Hay, en verdad,<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span> -mucho de lo típico, en los barrios singulares, -como el Perchel, la Trinidad y la escalonada Alcazaba; -mas la ciudad no os ofrecerá mucho que -satisfaga a vuestra imaginación, sobre todo si -imagináis a la francesa, y no buscáis sino pandereta, -navaja, mantón y calañés. Hay sí la reja -cantada en los versos, y los ojos espléndidos de -las mujeres, y la molicie, y el ambiente de amor. -Hay las callejuelas estrechas y antiguas, y las -ventanas adornadas con los tiestos de albahacas -y claveles, como en los cromos; hay bastante -morisco y no poco medioeval. Mas, del lado del -mar, surge una Málaga cosmopolita y nueva, y -más que cosmopolita, inglesa, durante la «season», -pues demás está decir que desde que un -Mr. Richard Ford escribió en su «Hand-Book for -travellers in Spain» que el clima de Málaga es -«superior a todos los de Italia y España para enfermedades -del pecho» y que «aquí el invierno es -desconocido», la invasión británica estuvo decretada. -Los ingleses no han llegado a Andalucía -tan solamente por bien de sus pulmones y bronquios. -Y así, como lo hace observar José Nogales, -que es autoridad y que es andaluz: «en las<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> -zonas andaluzas donde se extiende la influencia -inglesa—exclusivamente inglesa—, la vida interior -reacciona de un modo maravilloso. Parece -otra gente. Por Málaga, por el campo de Gibraltar -y por Huelva, van entrando los ingleses en -mansa y tranquila invasión de intereses que de -día en día ensanchan y afirman. Y el fenómeno -por mí observado consiste en lo bien y rápidamente -que se entienden y hermanan el andaluz y -el inglés. A los dos días de llegar, el inglés es -«don Guillermo», o «don Roberto», o «don Jorge». -Unos y otros se acomodan bien a sus maneras, -y hay, andando el tiempo, deseos del entruque -rara vez desperdiciados. De ahí va saliendo -el núcleo de una raza nueva y vigorosa». El -extranjero ha traído a Andalucía el impulso del -trabajo, ha implantado fábricas, ha dado gran -aumento a la exportación de frutas y de vinos. -¿Quién se acuerda ya del inglés «aborrecido»? -El nombre de uno está grabado en un monumento -público, el inglés Robert Boyd, que fué fusilado -por la causa de la libertad, junto con Torrijos. -Estas villas floridas, estos chalets llenos de morenas -meridionales y rubias anglo-sajonas, al<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span> -lado de la Caleta y el Polo, hacen recordar que -por aquí pasó Byron y afirman que esto es encantador. -Sobre todo, no hay ese bullir lujoso de -las ciudades balnearias revueltas por la moda y -emponzoñadas por el casino. Aquí no hay casino, -ni moda, ni viene Liane de Pougy, ni monsieur -de Phocas. Aquí hay luz, montes apacibles, -el Mediterráneo, barcas pescadoras. «Larios y -boquerones», corrige un andaluz que lee las últimas -palabras que he escrito.</p> - -<p>¿Larios? En efecto, en la ciudad todo es Larios. -La propiedad, la influencia política, están -en poder de ese apellido. Vais por un paseo y -encontráis una estatua del marqués de Larios. La -calle principal de la ciudad, es la calle de Larios; -las casas todas que forman esa calle, pertenecen a -los Larios; de los Larios son también otras cuantas -regadas en la población. Hay dos grandes -fábricas de hilados, con unos ocho mil trabajadores, -y demás está deciros que esa fábrica es de los -Larios. Hay diez fábricas y refinerías de azúcar, -y pertenecen igualmente a la famosa familia.—¿Y -ese gran asilo?—De Larios. Desde Gibraltar hasta -Almería, me dicen, todo es de ellos. Málaga es<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span> -la ciudad de los Larios.—¿Y la catedral, también -será de ellos?—La catedral no; pero el reloj de la -catedral, ¡sí! Estas son andaluzadas en serio.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>«Les damos por armas la forma de la misma -ciudad y fortaleza de Gibralfaro, con el corral de -los cautivos en un campo colorado, y por reverencia -y en cada una de sus torres, las imágenes -de los patronos de Málaga, San Ciriaco y Santa -Paula, y por honra del puerto las ondas del mar, -y por orladura de las dichas armas, el yugo y las -flechas». Así se expresa la real cédula en que los -Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, -concedieron a Málaga el blasón que queda dicho. -Gibralfaro es una ruina, como todo lo que queda -recordando el poderío árabe. He visto la bella -puerta de las Atarazanas sirviendo de entrada a -un mercado, en el mismo lugar en que se levantaba -una magnífica mezquita en tiempos no de -tanta miseria para el pueblo malagueño. Es la -obra de los cristianos y civilizados vencedores. -La labrada piedra contesta: <i>Le galib ille Aláh</i>: -El vencedor solo es Dios...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span></p> - -<p>Y la herencia arábiga se encuentra por todas -partes, en la faz de las mujeres, en las figuras del -pueblo, en las rejas de las casas, en los guturales -gritos de los vendedores ambulantes.</p> - -<p>Cuando he recorrido la ciudadela de la antigua -Alcazaba, he creído ver revivir ante mis ojos la -pasada existencia. Habitan gentes en las mismas -viejas construcciones, casas estrechas y escalonadas -en la altura, desde donde se domina el -ancho puerto.</p> - -<p>En algún punto veis, sobre una columna corintia -del tiempo de la dominación romana, el -arco en herradura que vió pasar los albornoces -blancos y los estandartes verdes. He conocido al -poeta y novelista Arturo Reyes, el primero de los -portaliras malagueños y bien amado de sus conterráneos; -jamás he visto moro de pintura o de -verdad que le supere en aspecto. ¡Qué modelo -para Benjamín Constant! He visto vestida a la -moda de París y en un elegante carruaje, a Zulema; -y, con una flor en la cabeza, comprando -pescado, cerca del seco Guadalmedina, a Zoraida.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span> -Entrando a la realidad de la vida, halláis un -pueblo pobre, falto de sangre y de trabajo. El exceso -de población apenas halla salida escasa en -los inmigrantes que atraviesan el Océano. Y la -indolencia nacional... Iba yo recorriendo la ciudad, -en un tranvía tirado por flojos caballos. -Allá, en un lugar llamado Puerta Nueva, se encontró -un carro en la vía, en el carro unos cuantos -sacos, y el carrero consiendo uno de ellos. -El hombre vió venir el tranvía con una mirada -indiferente, y siguió cosiendo su saco. ¿Pasaríamos? -¿No pasaríamos...? El conductor descendió -a hablar con el carrero; oí vagas palabras, -vi pocos gestos. El hombre seguía consiendo su -saco... A los cuatro minutos, el tranvía pudo -pasar, <i>et pour cause</i>. El hombre había acabado -de coser su saco...</p> - -<p>En un lugar de la larga hondonada que forma -el lecho del sediento Guadalmedina, he visto una -especie de lamentable mercado al aire libre, peces -y fruta, cestas de pulpos como en Nápoles, y naranjas -doradas. Lo pintoresco no quita la sensación -de miseria, entre calles y callejuelas llenas -de malos olores, de charcos pestilenciales, de<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span> -focos de enfermedad. Me explico la abundancia -de pálidos rostros, de colores marchitos en las -más hermosas facciones.</p> - -<p>Hoy veo, en un diario, que el número de reses -vacunas sacrificadas es de veinte; y Málaga tiene -más de ciento treinta mil habitantes... ¡Y la carne -paga una peseta el kilo, de derechos de consumo! -Un muy discreto y activo periodista, a quien -he tenido el placer de tratar, el Sr. Fernández y -García, me da los más penosos detalles: «La -carestía de los artículos alimenticios, dice, equivale -a un grave motivo de alarma. La carne, -para los pobres, resulta un artículo de lujo. Muchos -enfermos tienen que prescindir de ese alimento -necesario para reponer las fuerzas, porque -su precio excesivo no lo pone al alcance más que -de las personas bien acomodadas. La leche es -mala y cara. ¿De qué nos sirve nuestra vecindad -con Marruecos, si rara vez disfrutamos la ventaja -de recibir, en cantidad suficiente, huevos y -aves a precios económicos, importados de los -terrenos inmediatos a nuestras posesiones de -Africa? El pescado mismo, con excepción de los -días de pesca abundante y extraordinaria, sufre<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> -carestía. ¿El bacalao? Si el gobierno no toma -el buen acuerdo de pedir a las Cortes la supresión -de los derechos arancelarios, se venderá tan -caro, que, como sucede con la carne, no estará -al alcance de los pobres. Sólo faltaba el aumento -en los precios de los alquileres, y ya es tan difícil -encontrar albergue higiénico y barato, como -un avaro con alma. De modo que el malestar se -acentúa para todas esas clases de la sociedad a -quienes la lucha por la existencia resulta penosísima, -y que van dejándose la piel en las zarzas -de estos infortunios. Con decir que el remedio no -se vislumbra, se expresa que la desgracia que -nos afluye parece mayor porque se vive sin esperanzas». -Hay, pues, necesidad en las clases pobres, -hambre en el pueblo.</p> - -<p>La antigua religiosidad ha mermado mucho, y, -en sus sufrimientos, ya no se vuelven los necesitados -a la Divinidad, ya no se ruega a Dios... -Se siente una invasión de protestas anárquicas, -que va de la ciudad a la campiña, a pesar de las -congregaciones religiosas que luchan por conservar -su influencia, a pesar de las vírgenes que -podéis ver en algunos sitios, a la entrada de al<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span>gunas -casas, adornadas de flores artificiales, y -ante las cuales arde una pálida lamparilla de devoción -tradicional.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Hoy, 11 de Diciembre, aniversario del fusilamiento -de Torrijos y sus compañeros, he ido a -ver el monumento levantado en memoria del espantoso -sacrificio... No vi coronas profusas, flores -de recuerdo. Por calles sucias, entre baches -y pedregales, llegué, por el barrio del Perchel, a -la iglesia del Carmen, donde estaba el antiguo -convento. Por el camino, un compañero me recuerda -la página sangrienta que inmortalizó artísticamente -un célebre pincel. Encontrábanse en -Gibraltar unos cincuenta desterrados a causa de -sus ideas liberales, y fueron llamados secretamente -por el gobernador de Málaga, Moreno, -proponiéndoles pronunciarse con ellos en favor -de las libertades de la Constitución, como se -decía entonces. Salieron de Gibraltar cincuenta -y un hombres. En camino, pasaron la noche en -el cortijo de la Alquería, y allí fueron copados -por las tropas que mandó con ese objeto el mis<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>mo -gobernador de Málaga. Lograron escapar -dos ingleses, de tres que venían en la expedición. -Llegaron los presos por la mañana del 10 de Diciembre, -y al día siguiente, a pesar de ser día -domingo, con el permiso episcopal, fueron fusilados. -La capilla la pasaron en una iglesia del -entonces convento carmelita. La ejecución empezó -a las siete de la mañana y duró media hora. -El último que mataron fué el inglés Boyd. «Mi -abuelo, me dice la persona que me acompaña, -oyó los tiros desde el vecino matadero de reses. -Calcula que se tirarían mil tiros... De lo que no -hay que asombrarse, teniendo en cuenta que entonces -se usaban fusiles de chispa, que estaba -lloviendo y que se mojaba la pólvora de las cazoletas, -por lo que fallaban muchos tiros. Los -quejidos de las víctimas y el estado nervioso de -los mismos soldados de la ejecución aumentaban -el horror de tal manera, que el fraile que confesó -y ayudó a bien morir a las víctimas se volvió -loco...»</p> - -<p>Al llegar a la iglesia, un chicuelo zaparrastroso -me sale al paso.</p> - -<p>—¿Qué quiere usted?</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span></p> - -<p>—Visitar la iglesia.</p> - -<p>—Venga.</p> - -<p>—Dime: ¿en dónde estuvieron encerrados Torrijos -y sus compañeros?</p> - -<p>El chico me mira asombrado. No halla qué -contestar. Le explico más. Se trata de unos que -mataron hace tiempo... Por fin cae en la cuenta.</p> - -<p>—Venga usted. Ya sé. Aquí está el confesonario -en donde los confesaron.</p> - -<p>En efecto: en una capilla que está al lado derecho -del altar mayor, y cuya entrada aún conserva -la gruesa reja que sirvió de cárcel de una noche -a los sacrificados, logré ver entre la obscuridad, -aislado, un confesonario viejo y polvoroso. -Luego salgo con mi amigo acompañante a buscar -el lugar en que fueron ultimados. Lo encontramos, -preguntando, en una callejuela inmunda. -Hay una base gastada, de mármol, sobre la que -reposa una tosca cruz de hierro. Hay una inscripción -borrada, ilegible. Ni una flor. Hay comadres -conversando en las puertas de las casuchas -vecinas, y muchachos mugrientos jugando a -pleno cielo, y un perro soñoliento hacia el lado -por donde se va al mar azul...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span></p> - -<p>Esta es Málaga la Bella, de donde son las famosas -pasas, las famosas mujeres y el vino preferido -para la consagración.</p> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p> - - -<h3>II</h3> - -<p>Por la mañana he ido a ver «sacar el copo» a -los pescadores, a un lado del esbelto y blanco -faro. Las gentes están ya de fiesta como la mar y -el sol. Miro animación por las calles, sobre todo -cerca de la Plaza de la Constitución, donde un -puñado de barracas atrae a los transeuntes y forasteros. -La calle de lujo, la calle Larios, ofrece -sus vitrinas llenas de dulces, de pintura <i>criarde</i> -y de artículos de París. Allá en la playa hay ropas -más vistosas que de costumbre, mantones blancos -y azules, pañuelos y corbatas policromas, -entre las gentes que van a presenciar la sacada -de la red. Tirada por unos cuantos hombres y -muchachos, sostenida en las aguas por odres infladas, -va saliendo poco a poco ante la inmensidad -del Mediterráneo azul y del cielo azul. Cuando -llega a la arena y la recogen rápidamente los -pescadores—después de larga fatiga,—se ve la<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span> -carga de boquerones semejantes a vivas rebanaduras -de plomo, los opalinos y flácidos calamares, -la pescadilla como una lanza, la sardina plateada -y profusa. De allí los recoge el vendedor -callejero, que va después gritando su calidad y -llevando, como la balanza los platillos, dos -cestos laterales colgantes del palo que sostiene -sobre sus hombros.</p> - -<p>Por las calles va la gente atareada en busca -de los preparativos de las cenas caseras. Los paveros, -«de su banda de pavos en compañía», -como canta la sonora guitarra del poeta Rueda, -van, en efecto, conduciendo, con una vara larga -como de alcalde y un ancho sombrero, a los suculentos -animales que son de costumbre y ley en -noche de Navidad. Se compran en las dulcerías -y confiterías las sabrosas cosas miliunanochescas -o monjiles, hechas de harinas y mieles, y -cuya nomenclatura regocijaría a pantagruélicos -abates: turrones y mazapanes, pestiños, roscas, -tortas de aceite y manteca, y entre cien otros, los -polvorones de Estepa y Laujar, los alfajores exquisitos -y golosinas de almendras y azúcar que -se deshacen inefablemente en el paladar. Apenas<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span> -me referiré a la <i>charcuterie</i> nacional, con sus -salchichones de Vich, sus chorizos de Candelario -y la Rioja y Extremadura, sus incomparables -morcillas y salazones, y la egregia butifarra catalana. -Las frutas tienen admirable representación -en los puestos que se establecen a la entrada -de la calle Nueva, con una variedad y lozanía -que sorprenden. Junto a la uva deliciosa del país, -cuya fama es universal, y junto a las doradas naranjas -dulcísimas, se ve la americana chirimoya -y la misma caña de azúcar, y la banana, que han -brotado en este suelo al amor de un clima casi -tropical. El mercado de frutas en plena calle es a -la manera de un zoko árabe, por su bullicio y -movimiento, lo pintoresco de las gentes, los borriquillos -cargados, los tipos mismos populares -y la invisible y perdurable influencia que los antiguos -habitantes africanos dejaron en el ambiente -de esta ciudad indolente, poética y llena de cálida -gracia.</p> - -<p>Y he de celebrar siempre, ante todo y después -de todo, el hechizo de la mujer malagueña, indudablemente -la primera en hermosura en todo el -reino de belleza que es la tierra de España. Hay<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> -que ver Málaga en un día como éste, con sus calles -y paseos, su Caleta y el Palo, su Alameda y -su nuevo Parque, animados de maravillosas rosas -vivientes, que van y vienen, sin coqueterías -de países más parisienizados, pero todas carne -floral y colores de vida, de salud y amor. Lo -mismo las malagueñas de la aristocracia, que saben -bien los usos y modas de París y Londres, -que las de la clase media y las del pueblo, llevan -en sus rostros un poema de encanto natural y -una atávica chispa encendedora de corazones que -hacen revivir en las más prosaicas almas de este -tiempo práctico, un enamorado son de guzla, o -una declamación que valga por una kásida. La -malagueña es sultana u odalisca. O impera con -la mirada, o halaga con la sonrisa. Hay cuerpos -que van rítmicamente andando con manera tal, -que el <i>incensu patuit dea</i> os sale de los labios. -Hay ojos malagueños que son inmensos, y en su -inmensidad está todo el cielo y todo el mar y todo -el amor, junto con la inmensa voluptuosidad. -Este es don particular de la hembra de aquí, -como saturada del perfume de la ilusión moruna -del mahometano paraíso. Son las anticipadas hu<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span>ríes. -Y como a sus abuelas les impuso el catolicismo -la devoción, hay en ellas una inquietante -mezcla de ángeles católicos y zoraidas sarracenas. -Tienen el más provocador de los pudores. -Las cabelleras son copiosas y doradas o renegridas. -He visto pasar dos hermanitas de las más -opuestas cabelleras: la una nocturna, de noche -tempestuosa; la otra auroral. Llevaban el pelo -caído por la espalda, y no se podía menos de -pensar ya en Margarita, ya en Mignon. ¿Y Esmeralda? -A Esmeralda la veis a cada paso. Y si -vais al suburbio, en el medio gitano, veis aparecer, -aun en horribles tugurios, sus dos ojos negros -llenos de pasión y maleficio.</p> - -<p>La goletera, la heroína de Arturo Reyes, sale -multiplicada de su barrio, seguida del novio y de -los varios Pipirigañas que andan alrededor suyo. -Como no soy muy ducho en distinguir las de la -Goleta entre las del Perchel y de la Trinidad, se -me antoja una Trini cada moza de las que llaman -barbianas, con bellos ojos y caras y cuerpos de -celeste pecado mortal. En el paseo, por la tarde, -a orilla del mar quieto y amoroso en su dulce infinito, -se juntan todas esas Trinis en grupos fa<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>miliares, -cerca de pequeñas hogueras en que en -sartas se asan las ricas sardinas recién salidas -del copo, y que se comen calientes, regadas después -con el chispeante Montilla que pone luz solar -en la cabeza y suelta estas ágiles lenguas, estas -ágiles manos y estos ágiles pies, pues siempre -se toca la guitarra, siempre se jalea, se acompaña -al tocador con las palmas, siempre se cantan -las gimientes malagueñas o los rítmicos tangos, -y a veces se ve a una brava muchacha iniciar -un paso en que luce el garbo heredado de las -antiguas danzarinas andaluzas. Las percheleras -y las trinitarias son famosas por su gracia y su -habilidad para el canto y el baile. Así las he admirado -al pasar, mientras un sol cariñoso teñía -ya de oro, de violeta, de púrpura, el inmenso -cristal mediterráneo.</p> - -<p>Los hombres pasan con sus trajes nuevos, las -americanas ceñidas a la torera, los sombreros -grises cordobeses, los zapatos de charol con la -inevitable caña de color claro. Y con ciertos andares -y ademanes que hacen ver que el compadrito -bonaerense ha heredado algo de por acá. Y -las mujeres andan como que se deslizan, con los<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span> -mantones de lana, blancos, rojos, azules, como -las corbatas de los novios y amigos, y llevan las -cabezas hermosísimas, adornadas con flores, -profusamente, rosas fresquísimas y rosadas, claveles -ultraviolentos, y unas especies de crisantemas -pajizas que llaman goyetinas, y que completan -la decoración floral. Quién va a la casa a preparar -la cena de la noche, quién va a las barracas -a comprar juguetes con los niños; juguetes -que tienen todo el carácter local: guitarritas, castañuelas, -panderetas y figuras de nacimiento, que -se venden al lado del pin-pan-pum, divertimiento -grotesco en que la brutalidad y el instinto de -agresión humanos encuentran contentamiento, lo -mismo en la feria de Neully que en la diminuta -fiesta pascual malacitana. Las borracheras populares -comienzan a hacer ruido por la noche. Se -oyen pasar las sonoras «parrandas», reuniones -de muchachos y muchachas del pueblo, que van -cantando coplas por las calles, coplas que recuerdan -la celebración del día, la Virgen en el pesebre, -José, el niño Jesús, el buey y la mula. Y de -paso va entremezclada la copla amorosa o satírica, -al son de las zambombas, al grito de los pi<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>tos, -al chocar de las almireces y castañuelas, al -rasgueo de la inseparable guitarra. Hay quien se -acuerda todavía de por qué se celebra esa noche; -hay quien piensa, por la tradición, en la estrella -de los reyes magos, en la aldea de Belén, en el -Dios de los cristianos que nació pobremente, que -murió hace muchos siglos, y por el cual se pasan -ratos muy agradables y regocijados.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">La nochebuena se viene,</div> -<div class="line">la nochebuena se va,</div> -<div class="line">y nosotros nos iremos</div> -<div class="line">y no volveremos más.</div> -</div></div></div> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">¡Carrasclás, que gordo está el pavo;</div> -<div class="line">carrasclás, que gordito está;</div> -<div class="line">carrasclás, qué enjundia que tiene;</div> -<div class="line">carrasclás, carrasclás, carrasclás!</div> -</div></div></div> - -<p>¿Quién se acuerda en París, al engullir el «boudin» -blanco, ni de Cristo ni de la muerte...?</p> - -<p>Luego se va aquí a la misa del gallo. Las gentes -invaden la iglesia, iluminada como para la -alegre fiesta. El órgano lanza sus chorros armoniosos. -Los villancicos resuenan, como las co<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>plas -de una celeste juerga. Los registros de la -voz humana, del bombardón, de la chirimía, derraman -sus sonidos como en un trueno de música. -Hay verdadero gozo en el ambiente, aunque -la devoción no sea muy grande. Las campanas -han anunciado el nacimiento del buen Pastor, celebrado -por los pastores y adorado por los reyes. -Todo eso está muy bien; y así ha llegado la hora -de ir a los ágapes copiosos en que hay tanta golosina, -tanto vino encendedor de sangre y el animal -de ritual:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">¡Carrasclás, que gordo está el pavo;</div> -<div class="line">carrasclás, que gordito está;</div> -<div class="line">carrasclás, qué enjundia que tiene;</div> -<div class="line">carrasclás, carrasclás, carrasclás!</div> -</div></div></div> - -<p>Luego será la danza, los cantos; airosas sevillanas, -donairosos panaderos, saltantes y garbosas -jotas. Y el buen pueblo continuará en la zambra; -saldrá por la población caminando al compás -de sus instrumentos, echando al aire, bajo -las estrellas, estrofa y estrofa; la parranda llenará -con sus ecos todos los barrios; el vino irá de<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span>jando -vencidos, y la última canción se escuchará -hasta después de que haya salido el sol.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Sol andaluz, que vieron los primitivos celtas, -que sedujo a los antiguos cartagineses, que deslumbró -a los navegantes fenicios, que atrajo a -los brumosos vándalos, que admiró a los romanos, -pero que, sobre todo, fué la delicia de los -africanos de ojos y sangre solares; él es más que -todo el donador de gracia y amor en esta tierra. -Málaga es predilecta del divino Helios. «En otros -días, dice D. Juan Valera, cuando teníamos en -España un pronunciamiento cada seis meses, -Málaga se jactaba de ser la primera en el peligro -de la libertad. Ahora que felizmente la libertad no -peligra, Málaga, con su región, bien puede jactarse, -si no de ser la primera, de ir muy adelante -y de descollar mucho en el cultivo de las letras -humanas y de la palabra hablada y escrita. Es -singularísimo que los hijos de esa región se distingan -hablando y escribiendo, por dos cualidades -extremas en las que se cifra todo el poder de -la palabra humana. El discurso hablado del ma<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>lagueño -es torrente impetuoso que arrebata y -conmueve: acusaciones serias, chistes, burlas, -sistemas políticos y económicos, y hasta filosofías -de la historia, inventado todo de repente y -convertido en masa de proyectiles para derribar -a los contrarios y meterlos debajo de los bancos; -tal es la elocuencia torrencial de la región malagueña: -algo semejante a una venida del Guadalmedina.» -Esas son cualidades solares. El sol da -su brillo a la imaginación malagueña, su fuerza -a la fecundidad malagueña, su singular encanto a -la hembra malagueña; Castelar no era de Málaga, -era de Cádiz; hermana solar también; pero -Cánovas era malagueño. La paleta del egregio -maestro Moreno Carbonero concentra mucho de -esta luz poderosa y dominante. Los poetas malagueños -Díaz de Escovar, que hace cantares -oyendo el latir del corazón de su pueblo; Reyes, -que lleva la primacía, ardoroso moro, y más que -andaluz supermalagueño; Rueda, maestro en gay -saber andaluz; Urbano, delicado; Sánchez Rodríguez, -triste y melodioso; González Anaya, enamorado -melancólico de su tierra; Fernández de -los Reyes, que labra el verso sincero y vibrador;<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> -todos los portaliras malagueños son dignos de -su raza solar. Son almas que sufren lejanos atavismos, -de los cuales brota el canto como la rosa -del rosal.</p> - -<p>Hay una estatua que levantar en Málaga: la de -Hamehet-el-Zegrí.</p> - -<p>Y así concluyo estas líneas sobre la Nochebuena, -en pleno sol.</p> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span></p> - - -<h3>III</h3> - -<p>Los extranjeros que llegamos en la hora actual -a España, sufrimos ciertamente desengaños. -Hemos llegado tarde; <i>les lauriers sont coupés</i>. -El progreso es el enemigo de lo pintoresco, y su -nivelación no va dejando carácter local ni originalidad -en ninguna parte. Hay andaluces de la -hora presente que protestan contra la Andalucía -de figuras de pandereta y caja-de-pasas, que -tanto ha dado que escribir, cantar y pintar, la -Andalucía byroniana, de Gautier, la de D'Amicis; -protestan porque quieren otra Andalucía semejante -a los Dorados comerciales en que piensa -mi amigo Maeztu. ¡Ah! desgraciadamente ya -no encontramos la poética Andalucía sino muy -venida a menos o muy ida a más. El progreso -aquí en Málaga, por ejemplo, ha traído los altos -hornos y se ha llevado los encantos de antaño. -Las particularidades andaluzas que antes daban<span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span> -viva lección de las gracias autóctonas y de las -locales bizarrías, la indumentaria misma, todo lo -que constituía tema para páginas de colorido y -de dibujo característicos, queda en los viejos libros. -<i>El Solitario</i> es tan antiguo como Nepote. -En la calle principal de Málaga hay tiendas parisienses, -dos clubs. En el paseo principal hay -corso como en Palermo o en el Bois, relativamente, -y la ciudad cuenta con un automóvil, ¡oh -poeta Ovando Santarén!, que no podría entrar -en tus octavas reales.</p> - -<p>Los malagueños progresistas que quieren su -ciudad igual a no importa qué «ciudad moderna», -con las abominaciones rectangulares que -odiaba el gran Yanqui, están en su derecho, -como los venecianos que quieren rellenar el <i>Canalazzo</i> -y echar al olvido las góndolas. Están -en su derecho; pero también están en el suyo los -artistas del mundo que defienden la belleza del -pasado y la razón del arte. Nada más odioso -para mí que un doctor japonés vestido de londinense, -que durante el tiempo que nos tocó estar -juntos en un compartimiento de ferrocarril, me -hablaba con desprecio de los pintores japoneses<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span> -y de la poesía de su raza, y me elogiaba la invasión -del parlamentarismo y la occidentalización -de sus compatriotas de ojos circunflejos. Y nada -más simpático que la idea del fuerte y noble pintor -Moreno Carbonero, que inició un proyecto, -según me dicen, de reconstruir la ruinosa Alcazaba -morisca malagueña, para resucitar en la ciudad -luminosa un rincón pintoresco y animado de -la vida antigua, sin duda alguna más activa, y, -sobre todo, más bella que la presente. Las altas -damas desdeñan ya la mantilla. No se encuentra -una maja sino en cromos. Los hombres quieren, -por su parte, parecer ingleses, como los elegantes -de todos lugares. El pueblo bajo no tiene sino -vagos restos de las tradicionales maneras. Los -toreros quieren ser personajes sociales. «Don -Luis» es el célebre Mazzantini, y se habla de sus -modos de gran señor y de su biblioteca y de sus -trufas. El otro Mazzantini, el <i>cadet</i>, se mete -en los asuntos electores de su pueblo, perora, -toma parte activa en las luchas políticas. La -coleta queda, por milagro, como un recuerdo -y como una costumbre, que acabará por caer. -Los tipos bizarros de antes quedan para mo<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>delos -de los pintores y <i>pour l'exportation</i>.</p> - -<p>El mismo cante flamenco ha degenerado, ha -perdido sus bríos antiguos. Vagan aún gloriosas -ruinas, como Chacón, famoso por sus «jipíos», -tanto como por sus buenas fortunas en aristocráticos -caprichos, y Juan Breva, el «cantaor» de -Don Alfonso XII, que, viejo corpulento, va hoy -por ahí cantando en falsetes lamentables las eternas -malagueñas de quejas e hipos, o las amorosas -y armoniosas soleares, último aeda del antes -triunfante flamenquismo. Dicen de Chacón que es -uno de los que han contribuído a la ruina del -cante, porque ha sido el decadente con talento de -los «cantaores», y los que le han seguido y han -querido hacer como él, han resultado con el fracaso -de todos los serviles acólitos que sin reflexión -ni fuerza imitan. Donde algo queda de las -pasadas gracias nativas es en el baile, pues las -danzarinas andaluzas guardan aún las mismas -condiciones que las hacen aparecer en los exámetros -de Juvenal. La exportación que ya señala -el satírico, está hoy en más auge que nunca. El -baile español se ha hecho un número preciso en -todo programa de café-concert o music-hall que<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> -se respeta, y hay países en donde es singularmente -gustado, como en Rusia y en los Estados -Unidos. Carolina Otero conoce la admiración de -los rublos. Y el ilustre cubano José Martí contó, -en una de sus bellas cartas, a los lectores de <i>La -Nación</i>, de Buenos Aires, cómo los yanquis salían -de su frialdad anglosajona al mover sus estupendas -piernas aquella ruidosa y preciosa Carmencita, -que quedó, para regocijo de los ojos, perpetuada -en la tela de Sargent, que guarda el Luxembourg.</p> - -<p>Así, toda joven que aprende a bailar, sueña, si -es bella, con la felicidad que existe en el extranjero, -con las contratas en grandes ciudades en que -hay gloria y amor rico, en las victorias de las -Carmencitas, Oteros, Guerreros y Chavitas que -van conquistando el mundo a son de sevillana, -jota, vito, seguidilla o tango. Entretanto se van -cerrando los cafés típicos de cante, aun en esta -misma Andalucía de las guitarras, coplas y claveles. -Aquí en Málaga había cinco, por ejemplo, -entre ellos el famoso de Silverio, y apenas queda -uno, muy mediocre y poco atrayente. En Sevilla -se cerró el sonadísimo Burrero, en la calle de las<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> -Sierpes, después de haber tenido en su tablado -todas las celebridades guitarreras y coreográficas -de la tierra, que como sabéis, es «de María -Santísima». Restan apenas las vistosas y decorativas -casas de cante y baile que puedan satisfacer -la curiosidad del viajero, en ciudades de -segundo orden, como Ronda, Vélez-Malaga o -Antequera, lugar por donde muchos quieren que -salga el sol...; o allá en Algeciras, o La Línea, -en las cercanías de Gibraltar, en donde los ingleses -de la guarnición van a dejar sus libras convertidas -en castizas pesetas.</p> - -<p>Yo he ido a ver aquí en Málaga el café de España. -Leí el anuncio en un diario: «Todas las noches, -grandes bailes nacionales y cante, por la -célebre cantadora por Tangos la Niña de Pomares, -y el aplaudido cantador José Beda, el Jerezano. -A las siete y media. Entrada al consumo». -El local es un largo salón, con mesitas, como -cualquier café, y en el centro un tablado, sin adorno -alguno.</p> - -<p>Concurrencia heteróclita; humo de cigarros; -uno que otro «señorito», uno que otro militar, algunos -campesinos, que aquí llaman catetos. De<span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span> -pronto, los acordes de un piano se oyen, y aparecen -en el tablado seis u ocho mozas vestidas de -semimajas; es decir, de majas, que a la conocida -indumentaria han agregado adornos y pompones -a la francesa.</p> - -<p>Llevan colores vistosos en las faldas cortas y -acampanadas, en los corpiños; y en las cabezas, -rizadas y de peinados bajos, portan moños de -cintas y flores de tintes violentos, flores naturales -o artificiales. Bailan primero las boleras, que -son las que llevan esas faldas cortas, y se acompañan -con las castañuelas, bailan el olé, que tiene -el ritmo de un vals; los panaderos, más despaciosos, -por dos parejas; las sevillanas, el jaleo, -el vito, las soleares, las «seguirillas», y hasta -jotas. Hay cierta gracia; pero deslucen las arrugadas -medias color de carne, los trajes sin esmero, -los zapatos usados, las sonrisas forzadas en -las caras llenas de pintura, los horribles calzones -que se exhiben al dar las ligeras vueltas o al hacer -un quiebre de cintura.</p> - -<p>Después de las boleras bailan las flamencas -sus polos, medios polos, zapateados, tangos y -otros bailes. Las flamencas llevan faldas largas,<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> -no llevan castañuelas; pero hacen sonar los dedos -imitándolas, y tienen un coro de jaleadores -que las anima con gritos, con los tradicionales -«oles» y «arzas», y que sigue el ritmo con las -palmas. Todas esas danzas se parecen; el extranjero, -el no conocedor, difícilmente puede distinguir -la diferencia que hay entre una y otra, la -cual diferencia es de pasos y compases, con el -ritmo más o menos precipitado o contenido.</p> - -<p>Después que han bailado, descienden boleras -y flamencas a visitar a los consumidores en las -mesitas, a hacer gastar lo más que se pueda, según -la consigna del dueño del café. Todas las -que he visto son muy jóvenes y bonitas, afeadas -tan solamente por lo sórdido de los vestidos. -Hay una niña de trece a catorce años, portadora -de monstruosas piernas postizas. Pregunto a un -vecino qué dice la liga contra la trata de blancas -a este respecto, y me contesta que estas jóvenes -son, o por lo menos dicen que son, honestas. -De mesa en mesa van trasegando manzanilla -y más manzanilla, de mesa en mesa donde -hay extranjeros o forasteros, porque los nativos -conocen el juego y no se dejan explotar. Las ca<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span>ras -de las muchachas, cubiertas de polvos y de -afeites, exageradamente brochadas de rojo, a los -resplandores de la luz eléctrica toman reflejos extraños, -se ven en una verdad lamentable, con un -aspecto cuasi grotesco, penoso y triste, en su -fiesta, como en un cuadro de Zuloaga. Las infelices -beben, beben, para volver a bailar y volver -a beber. Las interpelan conocidos, de chaqueta o -americana corta y sombrero cordobés, les dicen -groseras galanterías, les murmuran proposiciones, -se burlan de ellas, y, a veces, las insultan... -El piano inicia de nuevo el son, y ellas, descaradas, -bestiales, ingenuas, suben de nuevo a las -tablas.</p> - -<p>Toca a los cantadores la tarea. <i>Cantaor</i> en -realidad hay uno sólo de los dos hombres bien -afeitados y ceñidos que se sientan en sendas sillas. -Uno toca la guitarra. El otro, el <i>cantaor</i>, -clava los ojos en el aire, mirando hacia arriba, y -comienza a quejarse, a quejarse largamente; con -un bastón pesado golpea las tablas, llevando el -compás, y la queja se extiende, ondulante, gemido, -grito, ay, lamento; y la boca sigue abierta, -como si fuese saliendo de ella una interminable<span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span> -cinta de notas gemebundas, hasta que sale el -verso de la copla, que se refiere a una de estas -tres cosas, que desde hace mil años forman el -tema de los poetas andaluces: su mamá, su novia, -la muerte, o una de tantas vírgenes de su -devoción. Entre verso y verso hay unos ayes -desgarradores, unos ayes feroces, de alguien a -quien se está asesinando, y entonces, del público -conocedor salen unos cuantos <i>¡olé ya!</i> aprobativos, -mientras la guitarra sigue en rasgueos, -o canta o gime también como el afeitado y berreante -<i>cantaor</i>. Luego se anuncia el «americanito». -Y sale a cantar un chico de unos diez o -doce años, que bien pudieran ser catorce o quince, -y grita, y gime, y berrea también amores desesperados, -habla de la Virgen y de una <i>puñalaíta</i>. -Y olé ya. Cuando llegó el chico a mi mesa me -pidió un chocolate.</p> - -<p>A él no le obligan a beber montilla ni manzanilla.</p> - -<p>—¿Por qué te llaman «el Americanito»?</p> - -<p>—Porque zoy americano.</p> - -<p>—¿De dónde?</p> - -<p>—De Buenozaire.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span></p> - -<p>—¿Y te acuerdas de Buenozaire?</p> - -<p>—No zeñó.</p> - -<p>—¿Y cuánto hace que viniste de allá?</p> - -<p>—Doze años.</p> - -<p>¡Cómo no haya venido en el vientre de su madre! -Y vuelta otra vez a los bailes de las pobres -muchachas pintarrajeadas, a los clamores desesperados -de José Beda «el Jerezano», y a los tangos -de la «niña de Pomares». Sale uno fastidiado, -aburrido. Gautier y D'Amicis llegaron a estas -tierras en tiempos mejores. Sus almas, ciertamente, -no tenían el veneno del Livor que mata -a las generaciones de hoy; pero también las cosas -de España eran distintas entonces. Imperaba -la alegría de Fortuny. Había diligencias, contrabandistas, -mendigos pintorescos... Hoy éstos -abundan de todas layas... Y la vulgaridad utilitaria -de la universal civilización lleva el desencanto -sobre rieles o en automóvil a todos los rincones -del planeta. Si no fuesen las soberbias mujeres, -el hechizo de la tierra, la dulzura del sol. -Eso ayuda a la imaginación y hace que aun se -levanten castillos «en España».</p> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span></p> - - -<h3>IV</h3> - -<p>Algunos historiadores malacitanos recuerdan -cierta horrorosa tempestad que padeció este puerto -el año 1567. «Aunque no ha sido el puerto de -Málaga de los más combatidos por las tempestades, -no obstante, registra varias tristes efemérides—dice -el poeta Díaz de Escovar—que cubrieron -de luto a los habitantes de la ciudad». Uno -de los temporales más terribles, que ocasionó -muchos daños y no pocas víctimas, fué el acaecido -el 8 de Febrero de 1567. Pocas noticias detalladas -encontramos sobre el mismo, y sólo -Martínez de Aguilar, en su <i>Breve descripción -cronológica de la fundación de la ciudad de -Málaga</i>, impresa en 1819, nos da algunos datos -que hacen comprender la importancia del temporal. -Marzo, en el tomo segundo, página 72 de la -<i>Historia de Málaga</i>, escribe algunas indicaciones -sobre este suceso. El puerto estaba lleno de<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> -navíos importantes, que debían conducir cargamento -de artillería, municiones y otros bastimentos -para las plazas de Africa. A bordo de estos -navíos se hallaban seis mil hombres del ejército, -que tenían necesidad de desembarcar en Cartagena. -El mar, agitado violentamente, arrojó contra -las piedras de los muelles muchos de aquellos -barcos. Veinticuatro días, según Martínez de -Aguilar, duró el temporal, siendo difíciles los socorros -y grande el pánico de los que veían perecer -tanto y tanto hombre y perdida tanta riqueza. -No están conformes los historiadores, de quienes -estos datos tomamos, respecto al número de navíos -que se hicieron pedazos. Marzo asegura -que fueron veintisiete, cantidad con la cual no -está conforme Martínez de Aguilar, que escribe -fueron veintitrés, añadiendo que sólo se salvó de -aquel horrible desastre un navío vizcaíno. El mar -se cubrió de víctimas, pues muchos soldados y -marineros perecieron.</p> - -<p>Esto me hace recordar otra catástrofe reciente -que tanta conmoción produjo; me refiero a la pérdida -del buque-escuela de la marina alemana que -se despedazó contra los escollos, a la vista de la<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> -población malagueña. El barco había salido fuera -del puerto, a pesar de amenazar mal tiempo, a -hacer algunos ejercicios. La tempestad se vino -violentamente, y cuando el capitán quiso entrar a -ponerse en salvo, no pudo conseguirlo y el buque -chocó contra las rocas. Todos miraban desde los -murallones y desde la playa la muerte de tantos -hombres, y, si se logró salvar a algunos, grande -fué el número de los que perecieron. Quiénes se -pudieron asir a cables o boyas, quiénes lograron -ganar la costa a nado, a pesar del fragor y fuerza -de las olas enormes. Fué aquel un día de luto -para la escuadra alemana, para Alemania entera -y su emperador. Y he podido ver en este aniversario -las coronas que ornaron las tumbas de algunos -de los que perecieron en el cementerio inglés -de esta ciudad. La pérdida de ese barco-escuela, -como la del «Vienne» francés, es de esos -golpes terribles que la ira del mar asesta sobre -los países que conquistan su elemento con el poder -de las escuadras, y la escuadra y la nación -argentinas saben de esos duelos con recordar el -solo nombre de la perdida «Rosales».</p> - -<p>A veces el mar asalta a la tierra, o temerosa<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>mente -la amenaza; fuera de los formidables cataclismos -cíclicos, como aquel en que se hundió la -misteriosa Atlántida. Algunos sabréis del clamor -que se oyó en el Callao en tiempos ya lejanos: -«¡El mar se sale!» Y si mi memoria no yerra, he -leído que hubo, en efecto, una invasión del mar. -Pues bien, aquí en tierra malagueña se oyó a mediados -del antepasado siglo, en el mismo mes y -año en que sufrió Lisboa su histórico y terrible -terremoto, se oyó el mismo espantoso clamor. -Serían las diez y media de la mañana, dice Díaz -de Escovar—que sabe admirablemente los pasados -y presentes secretos, leyendas e historias de -su ciudad—del 27 de Noviembre de 1755, cuando -violentas oscilaciones, que, según el autor de las -<i>Conversaciones malagueñas</i>, duraron de cinco -a seis minutos, conmovieron los edificios de Málaga. -A la vez se esparció entre los vecinos la -pavorosa voz de que «el mar se salía». Díaz de -Escovar, que es varón creyente y valiente en su -fe católica, confiesa que no ha de entrar «en disertaciones -sobre si la voz fué hija de una extraña -realidad o alucinación de exaltadas fantasías». -No faltan historiadores, cuyas dotes de veracidad<span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span> -son notorias, que la presenten como verdadera. -Barbán de Castro parece dar a entender que la -voz no fué sobrenatural, sino que se esparció y -propaló de unos en otros, casi instantáneamente.</p> - -<p>Esto es más racional y más verosímil por más -que nada hay imposible si Dios lo quiere. Paréceme -que Málaga, país en donde los gitanos dicen -la buenaventura, lleno aún de terrores medioevales -como estaba, fué posiblemente presa -de una vasta autosugestión colectiva, días después -de la ruina de la capital lusitana.</p> - -<p>O había terremoto y maremoto, y alguien gritó: -«¡el mar se sale!». Aunque ni esto último parece, -pues ese mismo citado Barbán de Castro -dice en su <i>Cronología</i>: «¿Quién creyera que estando -el mar entonces con la mayor quietud y -serenidad visible, pues era la hora más proporcionada -para ello, se pudiese persuadir a todo -un pueblo tan numeroso a que creyese que el -mar se le tragaba? Se puede con toda verdad -asegurar a nuestros venideros, que apenas hubo -persona de todos estados y condiciones que -no creyese a un tiempo mismo que el mar, -como decían, se había salido, y era menester<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span> -huir aceleradamente a los montes». A los montes -volaron las gentes, por lo que según parece -no fué cólera del mar, sino broma neptuniana; -de gente se llenaron los cerros de San Cristóbal -y Gibralfaro, que están junto a la ciudad. -De Escovar escribe que: «El magistrado de la -ciudad recorrió las alturas, costándole gran trabajo -y no pocas palabras convencer a los que allí -se refugiaban de que sólo existía una alarma infundada, -que tenía por base el miedo, pues el -mar estaba tan sosegado como intranquilos los -espíritus de los habitantes de Málaga. Los menos -temerosos volvieron a la ciudad. Se publicaron -bandos referentes a los hechos ocurridos, -en los que se anunciaba que si ocurriese novedad -alguna se avisaría por medio de la campana que -había sobre la Puerta de Mar, en cuyo sitio un -regidor perpetuo, con centinelas avanzados, en -el caso de notar algún movimiento peligroso, o -extraño en el mar, dispararía algunos tiros al aire, -que servirían de señales». Y si gustáis de la nota -cómica en medio de las tribulaciones, he aquí lo -que cuenta, entre otras cosas, un escritor que -presenció los sucesos: «El Dignidad de Tesoro<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span> -de nuestra iglesia, al ver correr a las gentes a -buscar el campo quiso seguirlas, y pareciéndole -que en calle de Beatas se atrasaba a otros, porque -el manteo y el sombrero le estorbaban, los -soltó en la calle, para seguir la marcha, alzándose -bien la sotana. Advirtiendo después que en -ella llevaba, entre el pecho, metidos los guantes -(me contó él mismo), que los arrojó al suelo, pareciéndole -que aun aquello le servía de embarazo». -Y agrega Medina Conde: «Fueron muchas -las confesiones generales que se hicieron, y reformó -más este susto que muchas misiones».</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>He ido a ver en día de mar agitado la playa -malagueña. El agua, que tantas veces ha mostrado -a mis ojos su espejo de azules profundos -y pacíficos, ruge y se arquea y avanza hacia la -tierra de manera tal, que bien se explica hayan -padecido el legendario susto los que gritaban: -«¡El mar se sale!» Las espumas saltan sobre las -macizas obras del puerto que aquel gran malagueño -que se llamó D. Antonio Cánovas del -Castillo dejó a su ciudad nunca olvidada. Por el<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span> -lado del faro la furia marina se manifiesta igual, -y a lo largo de la vía que se extiende hacia la -parte de la Caleta. Hablando en poeta diría que -la espuma de los briosos caballos de Neptuno, o -la hirviente leche de los rebaños que «carnerean» -sobre la revuelta superficie, o bien el agitado -jabón que mil colosales Nansicaas derraman de -colosales artesas, llega alzándose, echando al -aire saladas pulverizaciones, rompiéndose en las -piedras, hasta salpicar los jardines que en floridas -mansiones hay para encanto de hidalgos, -ricos o adinerados extranjeros.</p> - -<p>He visto, a pesar de la mar brava, que los pescadores -estaban sacando sus redes con gran trabajo. -Me he acercado a ellos. Unos veinte hombres -de cada lado tiraban, aprovechando la llegada -de la ola, las cuerdas resistentes; y luego -hacían esfuerzos para que la vuelta del agua no -les quitara lo ganado.</p> - -<p>Poco a poco, bajo el sol y casi desnudos, hacen -su tarea. A veces les bañan los espumarajos; -a veces les hace retroceder la potencia del agua, -y se entierran hasta más arriba de los tobillos, -encorvados con la cuerda del hombro. Y parece<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> -que el monstruo está colérico, sin razón, como -la fatalidad, contra esos pobres trabajadores del -mar. Porque las cóleras del mar son así, como -todas las cosas de la naturaleza, iguales para -todos. La hormiga o el hombre, el acorazado o -la lancha del pescador, son aplastados por la -misma invisible mano, sorbidos por el mismo -visible elemento, unidos en la destrucción, en la -universal muerte. Thalasa no sabe si el rey loco -la manda azotar, o si están allí los pies de ese -otro rey para mojarlos o no. Ella vive en su misterio. -Hace su eterna obra, cumple su destino infinito. -Apenas si se comunica con los corazones -que se acuerdan con la palpitación del suyo, con -las mentes de los soñadores y pensadores que -se hunden en lo insondable del tiempo y del espacio, -con los buzos de Dios.</p> - -<p>La ronca mar sigue en sus vaivenes y en sus -clamores furiosos, y los pescadores tiran de su -«copo». Un grito señala el momento de unir el -empuje. Entre los que trabajan hay ancianos, -hombres robustos, adolescentes dorados de sol, -niños que están aprendiendo los oficios del -agua y del viento. Un capataz vigila. A lo lejos<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span> -se recortan en el lejano horizonte las velas latinas -que andan aguas adentro. Los colores del -agua cambian. Aquí es el blanco lácteo de las -espumas, en seguida un gris verdoso, en seguida -verdeoscuro, luego verdepálido, luego azul. Y -las voces del mar enojado son roncas, hondas, -cuando se desploman los arcos de cristal y de -ámbar, alborotadas como de muchedumbre al -saltar los ramilletes enormes, las cascadas espumosas, -y con ruido de sedas, de papeles que -se rozan, de condor que se arrastra, del aire -entre los ramajes de pinos de un bosque.</p> - -<p>Gracias a Dios. A pesar de la cólera del mar, -a pesar del ímpetu de esas poderosas fuerzas, -he aquí que los pescadores han sacado por fin -el «copo», y más cargados de peces que otras -ocasiones en que los he visto trabajar con viento -propicio y Mediterráneo en calma. La red ha -traído un buen por qué de calamares, sardinas, -rojos salmonetes, pequeños y saltantes boquerones, -un crecido, feo y amarillento pulpo. Los -pescadores están contentos. Y me alejo pensando—asociación -de ideas—en Wells, en Víctor -Hugo y en N. S. Jesucristo.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69"></a></span></p> - -<h2 class="nd">LA TRISTEZA ANDALUZA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Andaluza"><img src="images/p069.jpg" width="400" -height="170" alt="LA TRISTEZA ANDALUZA" title="" /></a></div> - - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70"></a> -<a name="Page_71" id="Page_71"></a></span></p> - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p071.jpg" width="500" -height="169" alt="" title="" /></div> - - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/h.jpg" width="100" height="99" alt=""/> -</div> - - - - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">¿Habéis</span> oído a un «cantaor»? Si lo habéis -oído, os recordaré esa voz larga -y gimiente, esa cara rapada y seria, -esa mano que mueve el bastón para llevar el -compás. Parece que el hombre se está muriendo, -parece que se va a acabar, parece que se acabó. -A mí me ha conturbado tal gemido de otro mundo, -tal hilo de alma, cosa de armonía enferma, -copla llena de rota música que no se sabe con qué -afanes va a hundirse en los abismos del espacio. -El «cantaor», aeda de estas tierras extrañas, ha -recogido el alma triste de la España mora y la<span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span> -echa por la boca en quejidos, en largos ayes, en -lamentos desesperados de pasión. Más que una -pena personal, es una pena nacional la que estos -hombres van gimiendo al son de las histéricas guitarras. -Son cosas antiguas, son cosas melodiosas -o furiosas de palacios de árabes... He oído -a Juan Breva, el «cantaor» de más renombre, -el que acompañó en sus juergas al rey alegre -don Alfonso XII. Juan Breva aúlla o se queja, -lobo o pájaro de amor, dejando entrever todo el -pasado de estas regiones asoleadas, toda la morería, -toda la inmensa tristeza que hay en la tierra -andaluza; tristeza del suelo fatigado de las -llamas solares, tristeza de las melancólicas hembras -de grandes ojos, tristeza especial de los mismos -cantos, pues no se puede escuchar uno que -no diga muerte, cuchillada, luto, virgen penosa -o nota crepuscular. A la orilla del mar he oído -cantar a un mozo pescador, que descansaba junto -a una barca; y su canción era tan triste, tan -amarga, como las coplas de Juan Breva. Cantan -lo mismo las muchachas frescas, rosadas de -vida, que ponen claveles en las ventanas y que -tienen un novio. Porque así son aquí la vida y el<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -amor; todo lo contrario de lo que piensan los -que sólo han visto una Andalucía a la francesa, -de exposición universal o de caja de pasas. En -verdad os digo que este es el reino del desconsuelo -y de la muerte. El amor popular es inquieto -y fatal. La mujer ama con ardor y con miedo. -Sabe que si engaña al novio, le partirá éste el -pecho y el vientre de un navajazo. «Una puñalaíta». -Hace algún tiempo, en un florido patio -malagueño, se celebraba una fiesta, y cierta -gallarda moza se puso a cantar. Cantaba maravillosamente. -De pronto cantó una copla que -dice en dos de sus versos:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line">¿No hay quien me pegue un tirito</div> -<div class="line">en medio del corazón?</div> -</div></div></div> - -<p>Un loco, o un enamorado novio, estaba allí, y -sacó una pistola, y le pegó el tiro, en medio del -corazón. Estos salvajes amorosos son así. Antaño -no habría sido pistola, sino gumía. Todos los -poetas de estas regiones son dolorosos y excesivos, -fatalistas, o violentos. Todos son amados -del sol. Todos no: he aquí uno amado de la luna...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span></p> - -<p>En uno de estos crepúsculos de invierno, en -que el Mediterráneo ensaya un aspecto gris que -borrará la aurora del siguiente día, he comenzado -a leer el libro de un poeta nuevo de tierra andaluza, -el cual acaba de aparecer y es ya el más -sutil y exquisito de todos los portaliras españoles. -Al hojear su libro <i>Arias tristes</i>, lo juzgariais -de un poeta extranjero. Fijáos más; es un poeta -completamente de su tierra, como su nombre. Se -llama Juan, como el Arcipreste, y Jiménez, como -el Cardenal. Surge en momentos en que a su -país comienzan a llegar ráfagas de afuera, sobre -más de una parte derrumbada de la antigua -muralla chinesca que construyó la intransigencia -y macizó el exagerado y falso orgullo nacional. -Quiero decir que llega a tiempo para el triunfo -de su esfuerzo. Como todo joven poeta de fines -del siglo <span class="smcap">xix</span> y comienzos del <span class="smcap">xx</span>, ha puesto el -oído atento a la siringa francesa de Verlaine. -Mas, lejos del desdoro de la imitación y ajeno a -la indigencia del calco, ha aprendido a ser él -mismo—<i>être soi mème</i>—y dice su alma en versos -sencillos como lirios y musicales como aguas -de fuente. Este poeta está enfermo, vive en un<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span> -sanatorio, allá en Madrid. Así, en su poesía no -busquéis salud gozosa ni rosas de risa. Cuando -más, a veces, una sonrisa, una sonrisa de convaleciente:</p> - -<p class="p2 center">Convalescente di squisitti mali...</p> - -<p class="p2">pero en la cual se insinúa uno de los más grandes -misterios de la vida. Cuando Camille Mauclair, -el crítico meditativo del «Arte en silencio», -se complacía en escribir versos, colocó un volumen -de verbales sonatinas de otoño bajo la invocación -de Schumann; Jiménez tiene como patrono -de su libro musical y melancólico al melodioso -Schubert. Antes de cada división de sus -poemas, aparecen, a la manera de introducción, -las notas de «El elogio de las lágrimas», de la -«Serenata», de «Tú eres la paz». Se penetra así, -a la influencia de la música, a uno como parque -de dulzura y de pena en donde, al amor de la -luna, un alma dice, como el ruiseñor, sus arias -crepusculares o nocturnas. Nunca como ahora -se ha cumplido el precepto de Pauvre Lelian: -<i>De la musique avant toute chose...</i> Ya antes -dijo el celeste Shakespeare:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">The man that hath no music in himself,</div> -<div class="line">Nor is not mov'd with concord of sweet sounds,</div> -<div class="line">Is fit for treasons, stratagems, and spoils;</div> -<div class="line">The motions of his spirit are dull as night.</div> -<div class="line">And his affections dark as Erebus...</div> -</div></div></div> - -<p>Conozco de esos seres. Y veo, en cambio, a -través de esta poesía de sinceridad y de reserva, -a un tiempo mismo, la transparencia de un espíritu -fino como un diamante y deliciosamente sensitivo. -He aquí un lírico de la familia de Heine, -de la familia de Verlaine, y que permanece, no -solamente español, sino andaluz, andaluz de la -triste Andalucía. Es de los que cantan la verdad -de su existencia y claman el secreto de su ilusión, -adornando su poesía con flores de su jardín -interior, lejos de la especulación «literaria» y del -mundo del arribismo intelectual. Su cultura le -universaliza, su vocabulario es el de la aristocracia -artística de todas partes, pero la expresión -y el fondo son suyos como el perfume de -su tierra y el ritmo de su sangre. Desde Becquer -no se ha escuchado en este ambiente de la península -un son de arpa, un eco de mandolina,<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> -más personal, más individual. Pudiendo ser obscuro -y complicado, es cristalino y casi ingenuo. -Se diría que tiene timideces de orfandad, como -el Maestro—<i>¡priez pour le pauvre Gaspard!</i>—si -no se viesen brillar a la luz de la luna las espuelas -de oro de sus pies de príncipe, que estimulan -los bríos de un pegaso joven y ardiente -cuyas crines están húmedas de rocío matinal. El -poeta dice, como la Ifigenia de Moreas: «Es -dulce el sol», pero sus ansias y sus visiones están -alumbradas por el <i>clair-de-lune</i>. Y hay allí -en esos versos admirables y exquisitos, las mismas -visiones y las mismas ansias que en las -coplas populares que cantan las mozas enamoradas, -y los sonoros, duros y aullantes <i>cantaores</i>. -Allí está la irremediable obsesión de la -muerte, de la podredumbre sepulcral, de los corazones -partidos, de la tristeza matadora. Sólo -que el artista tiene una cultura europea, y si no -fuese su «acento» mental, no se le conocería el -origen ni la patria, y sus arias podrían ser <i>lieder</i> -germánicos o sonatinas parisienses que -acompañaría la música de Debussy. Hay un olor -a violetas. Hay paisajes entrevistos como por<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -una ventana, cielos y campos de viñeta. Hay -una gran castidad poeana, a pesar de los gritos -de la vida; hay valles que tienen un ensueño y -un corazón:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">El valle tiene un ensueño</div> -<div class="line">y un corazón; sueña y sabe</div> -<div class="line">dar con su sueño un son triste</div> -<div class="line">de flautas y de cantares,</div> -</div></div></div> - -<p>hay flautas pánicas, dulces flautas campesinas. -¡Deliciosos romances!</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Río encantado, las ramas</div> -<div class="line">soñolientas de los sauces,</div> -<div class="line">en los remansos dormidos</div> -<div class="line">besan los claros cristales.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Y el cielo es plácido y dulce,</div> -<div class="line">un cielo bajo y flotante,</div> -<div class="line">que con su bruma de plata</div> -<div class="line">va acariciando los árboles.</div> -</div></div></div> - -<p>Ese romance suena a la música del divino -Góngora; y para nosotros, los americanos, a la -música de un rimador de encantos y de tristezas,<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span> -de un adorable orfeo cubano, ha tiempo desaparecido. -Esas notas las hemos oído en las cuerdas -que acariciaba la mano de Zenea. Escuchad -a Jiménez:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Llora el ángelus de otoño</div> -<div class="line">la campana de la iglesia,</div> -<div class="line">un ángelus mustio, muerto</div> -<div class="line">entre la lluvia y la niebla.</div> -</div></div></div> - -<p>Recordad a Zenea:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Baja Arturo al occidente</div> -<div class="line">Bañado en púrpura regia</div> -<div class="line">Y al soplar el manso alisio</div> -<div class="line">Las eolias arpas suenan.</div> -</div></div></div> - -<p>En todo el libro de Jiménez hay una, diríase, -sonrisa psíquica, llena de la suavidad melancólica -que da el anhelo de lo imposible, antigua -enfermedad de soñador. Los que hablan de un -arte enfermo, juzgo que se equivocan. No -hay arte enfermo, hay artistas enfermos; y en -las almas es como en la naturaleza. Hay ma<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span>neras -de expresión que da el obscuro destino. -Los antiguos no andaban errados cuando hablaban -de la influencia de los astros. Hay maneras -de expresión que da el obscuro destino, y no -exijáis a una pálida flor de lis que tenga los colores -violentos de una rosa roja, ni modestia a -la cola del pavo real, ni un solo de ruiseñor al -papagayo. El poeta nace, sí; todas las cosas naturales -nacen; lo que no nace es lo artificial. Así, -no penséis en que Francis Jammes o Juan R. Jiménez -harían mejor en pensar en el porvenir político -de sus respectivas naciones, que en decir -los sentimientos que brotan al calor apacible de -sus dulces musas. No seas alegre, poeta, que -naciste absolutamente amado de la tristeza, por -tu tierra, por la morena y amadora y triste Andalucía; -y porque tu sino te ha puesto al nacer -un rayo lunático y visionario dentro del cerebro.</p> - -<p>Hay en este libro vagas reminiscencias literarias; -por ahí pasa, un momento, un enlutado -misterioso semejante al de la estrofa mussetiana, -el enlutado «qui me ressemble comme un frère»; -suena uno que otro acorde de fiesta galante—íntima, -sin decoración ni preciosismo—y se al<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span>zan, -bajo la claridad lunar, los chorros de agua -de Lelian, «sveltes parmi les marbres». Y Febe, -aquí; allá, más allá, siempre:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Las noches de luna tienen</div> -<div class="line">una lumbre de azucena,</div> -<div class="line">que inunda de paz el alma</div> -<div class="line">y de ensueño la tristeza.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Yo no sé qué hay en la luna</div> -<div class="line">que tanto calma y consuela,</div> -<div class="line">que da unos besos tan dulces</div> -<div class="line">a las almas que la besan.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Si hubiera siempre una luna,</div> -<div class="line">una luna blanca y buena,</div> -<div class="line">triste lágrima del cielo</div> -<div class="line">temblando sobre la tierra,</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">los corazones que saben</div> -<div class="line">por qué las flores se secan,</div> -<div class="line">mirando siempre a la luna</div> -<div class="line">se morirían de pena.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line i1">Mi jardín tiene una fuente</div> -<div class="line">y la fuente una quimera,</div> -<div class="line">y la quimera un amante</div> -<div class="line">que se muere de tristeza...</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span> -Hay de cuando en cuando, entre los sedosos -romances, estrofas que hacen vibrar sus -consonantes de armónica, sus acordes de ocarina. -Lo preciso se junta a lo indeciso. Y el -amor del astro en todos los siglos misterioso -lo melancoliza todo. El poeta explicará su atracción: -«Libro monótono, lleno de luna y de tristeza. -Si no existiera la luna, no sé qué sería de los -soñadores, pues de tal modo entra el rayo de -luna en el alma triste, que, aunque la apena más, -la inunda de consuelo: un consuelo lleno de lágrimas, -como la luna. Los que os hayáis estremecido -bajo las estrellas, oyendo venir en la -brisa la sonata de un piano, sintiendo qué pobre -es la vida entre la noche y ante la muerte, dejad -caer la mirada sobre estas rimas iguales, de un -mismo color, sin otros matices que los que en la -noche surgen confusamente de los macizos del -jardín, allá donde están las flores casi ahogadas -en la negrura. Y soñad conmigo con las visiones -blancas de siempre y con los poetas muertos: -Enrique Heine, Gustavo Becquer, Pablo Verlaine, -Alfredo de Musset; y lloremos juntos por -nosotros y por todos los que nunca lloran.» Mi<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>rad -con simpatía esa juventud que, en estos -impudentes tiempos, tiene el franco valor de las -lágrimas: <i>Lacrimabiliter</i>. Juzgad que ha elegido -bien el patronato de Schuber. «Llave de plata de -la fuente de las lágrimas», dice Shelley de la -música. El poeta nuevo toca esa llave y hace -caer el agua de la fuente una vez más. Así, Andalucía, -entre todos tus tocadores de guitarra y -de pandereta, entre todos los que hacen literatura -alegre con tu color y tu exuberancia, te ha -nacido un sonador de viola, de arpa, que sabe -cantar, noble y deliciosamente, a la sordina, la -recóndita nostalgia, la melancolía que llevas en -el fondo de tu pecho. En tu copioso y fuertemente -perfumado jardín lleno de claveles, ha -abierto sus pétalos armoniosos una rosa de plata -pálida espolvoreada de azul. Y yo tengo fe en la -vida y en el porvenir. Quizá pronto, la nueva -aurora pondrá un poco de su color de rosa en -esa flor de poesía nostálgica. Y al ruiseñor que -canta por la noche al hechizo de la luna, sucederá -una alondra matutina que se embriague de sol.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84"></a> -<a name="Page_85" id="Page_85"></a></span></p> - -<h2 class="nd">GRANADA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Granada"><img src="images/p085.jpg" width="400" -height="167" alt="GRANADA" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86"></a> -<a name="Page_87" id="Page_87"></a></span></p> - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p087.jpg" width="500" -height="151" alt="" title="" /></div> - - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/h.jpg" width="100" height="99" alt=""/> -</div> - - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">He</span> venido, por un instante, a visitar el -viejo paraíso moro. He venido por -un ferrocarril osado, bizarría de ingenieros, -hecho entre las entrañas de montes de -piedra dura. He visto inmensas rocas tajadas; he -pasado sobre puentes entre la boca de un túnel y -la de otro; abajo, en el abismo, corre el agua -sonora. Así el progreso moderno conduce al antiguo -ensueño. Y cuando he admirado la ciudad -de Boabdil, he tenido muy amables imaginaciones. -He pensado en visiones miliunanochescas. -He recordado el título del lírico libro del proven<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span>zal -Aubanel: <i>La granada entreabierta</i>. Y he -ideado las impresiones de la pequeña alma de -una coccinela pequeñita que se pasease por una -granada entreabierta... Va por la corteza rugosa -que acaba en una corona, que ha sido flor roja -como una brasa. Va, la pequeñita coccinela, por -las durezas lisas o ásperas de la cáscara, hasta -llegar al borde, desde donde se divisa el interior -palacio de pedrería... Y los rayos solares ponen -el encanto de los juegos de la luz en el corazón -de la granada entreabierta; y la coccinela penetra -entre las riquezas que se presentan a sus ojos, y -se maravilla de ese esplendor, y luego sabe que -el corazón de la granada es dulce como la miel. -Como la almita de esa bestezuela de Dios mi -alma. He mirado la corteza rugosa de la antigua -capital mahometana, en un tiempo muy poco -propicio, entre calles lodosas y bajo un cielo nublado; -mas luego he ido hacia la parte entreabierta -que deja ver el corazón de su historia y su -propio corazón. Y he visto la pedrería fantástica -de un arte exótico, amoroso y sensual. Y después, -el sol ha brillado; y así, la encantadora -ciudad se me ha mostrado primero brumosa y<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span> -luego luminosa. Y sé que el corazón de la granada -entreabierta es dulce como la miel.</p> - -<p>Razón tuvo el rey que lloró como una mujer... -Es este uno de los países en que uno crearía, -para una primavera sin fin, un jardín de ilusiones. -Un «carmen». Carmen, verso... Jóvenes -enamorados, parejas dichosas de todos los puntos -de la tierra, si sois ricos, venid a repetiros que -os amáis, en el tiempo de la primavera, a un carmen -granadino; y si sois pobres, venid en alas -de vuestro deseo, en el carro de una ilusión, en -compañía de un poeta favorito... Verso, carmen.</p> - -<p>He tenido, por llegar en este frío Febrero, un -singular gozo; estar solo en la Alhambra y en el -Generalife. En otra estación, la afluencia de viajeros -abruma y perturba, como en todos los lugares -adonde puede guiar el rojo Baedeker. Pues -es esta una de las ciudades más frecuentadas -por los rebaños de la agencia Cook. Además, el -guía, discreto, no ha pretendido instruirme evocando -la sombra del erudito Riaño. Los rebaños -de la agencia Cook, que van a dar de comer a -las palomas de Venecia, a oir el eco del baptisterio -de Pisa, y a reflexionar sobre la inclinación<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span> -de la torre; los que andan en busca de la especialidad -señalada en las guías, o narrada por los -<i>commis-voyageurs</i>, ya se sabe lo que vienen a -ver a Granada: los mosaicos y azulejos, que antaño -destrozaba el turismo; la Alhambra anecdótica: -«¡ah, cómo gozaban aquellos moros!»; -<i>Chorro e Jumo</i>, el rey de los gitanos y los tangos -de las gitanillas, en las cuevas, en donde se -compran cestillas de mimbre y candiles de cobre. -En otra ocasión y en otra parte, me he complacido -en bailes de gitanas que bailaban maravillosamente, -y he contado cómo el pintor Carolus -Durán dejó caer en el corpiño de una pequeña -Esmeralda un luis de oro. En cuanto al lamentable -rey <i>fâlof</i>, vestido como los contrabandistas -de la era romántica, con una indumentaria de -comparsa de ópera cómica, «¡palojinglese!» le -he mirado al pasar, a la entrada del palacio. Ya -está muy viejo el pobre modelo de Fortuny, y -vive apenas de las propinas anglo-sajonas.</p> - -<p>No me perdonaríais que a estas horas os resultase -con el descubrimiento de Granada. Todos, -más o menos, acariciáis el recuerdo de vuestro -«último abencerraje», y si no, el yanqui Was<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>hington -Irving os habrá, de seguro, conducido -por estas encantadoras regiones. Pero no es posible -poner el pie en este suelo atrayente, contemplar -la decoración histórica de estos recintos -de leyenda, sin hacer un poquito el Chateaubriand. -¿Quién no se siente en un caso igual -poseído de ese tartarinismo sentimental, que sin -que notemos a la inmediata su influencia, nos -solidariza un tanto con los tipos de nuestras lecturas, -con los personajes que nos han hecho -pensar y soñar un poco, por la poesía de su vida, -que nos liberta por instantes de la prosa de nuestra -existencia práctica cuotidiana? Así, pues, no -he de negaros que he evocado a la bella Lindaraja -cerca de su mirador, que he lamentado una -vez más la atroz expulsión de los moros, de -aquellos moros cultos, sabios, poetas, con industrias -hermosas y pueblo sin miserias. Desde la -Alhambra se mira el soberbio paisaje que presenta -Granada y su vega Deliciosa. A la derecha, -la antigua capital, el barrio actual del Albaicín, -con sus tejados viejos, sus construcciones moriscas, -su amontonamiento oriental de viviendas; -al frente, la ciudad nueva, en que la universalidad<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> -edilicia sigue el patrón de todas partes; a la izquierda, -la verde vega, con sus cultivos y sus -inmensos paños de billar; más acá, cerca de la -mansión de encajes de piedra, los cármenes, -estas frescas y pintorescas villas, donde los granadinos -cultivan en los ardientes veranos sus -heredadas gratas perezas, sus complacencias -amorosas y sus tranquilas indolencias. En el -fondo, la sirena coronada de blancura. En verdad -se sienten saudades del pasado. Se comprende -el entusiasmo de los artistas que han llegado -aquí a recibir una nueva revelación de la -belleza de la vida. Se piensa en los novelescos -guerreros y amadores que vinieron del Africa -cercana a anticiparse en este país espléndido un -poco del cielo mahometano. Nadie ha vivido la -poesía como esa misteriosa y pensativa raza de -hombres tristes de amor y de fatalidad. Su arte -labra esas mansiones de recelo y capricho con -talento de abejas. La decoración viene de la naturaleza -misma, de las líneas de florales, de las -geometrías de la clara del huevo batido o de los -cristales de la nieve. Su arco diríase imitado de -las herraduras de sus caballos; sus columnas de<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span> -los datileros, o de los tallos de las azucenas. Y -hay algo de inaudito y de fantástico en todo esto, -de manera tal, que vienen al pensamiento esas -moradas ilusorias en que habitan los inmortales -príncipes de los cuentos que cuenta la prodigiosa -Scherezada. Y tan no puede separarse la poesía -de estas mágicas arquitecturas, que sus decoradores -y ornamentistas aprovechaban sus magníficas -caligrafías para adornos, adornos que al -mismo tiempo que los ojos con sus combinaciones -y bizarrías de caracteres, halagan la mente -con el sentido de las suras o la significación de -los versos. Y ¿ese encanto del agua, transparencia, -frescor, armonía, en los patios de mármol, -para creyentes en cuya religión son obligatorias -las abluciones, y ardientes poligamos en cuyo -paraíso el primer premio es la limpia, perfumada, -adolescente y siempre virgen belleza femenina?</p> - -<p>El agua por todas partes, en las copiosas albercas, -en los estanques que reproducen las bizarrías -arquitecturales, en las anchas tazas como -la que sostienen los leones del famoso patio, o -simplemente brotando de los surtidores coloca<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>dos -entre las lisas losas de mármol. Comprendían -aquellos príncipes imaginativos que hablaban -en tropos pomposos, que la vida tiene hechizos -que hay que aprovechar antes de que -sobrevenga la fatal desaparición. Fijáos en el -significado de las inscripciones decorativas que -a cada paso encontraréis: «Yo soy una esposa -con las vestiduras nupciales, dotada de hermosura -y perfecciones. Contempla el esplendor que -me rodea y comprenderás la gran verdad de mis -palabras. Mira también mi corona, la encontrarás -semejante a la luna nueva. Ibn Nazar es el sol de -este orbe del esplendor y la belleza. Permanezca -en su elevado puesto sin miedo a la hora del -ocaso. Mientras yo, llena de gloria por misericordia -suya, publico siempre sus felicidades. -Contempla este esplendor. Aquí se establece para -administrar justicia a sus siervos. Siempre que -de aquí se aleja, sus vasallos se entristecen de no -encontrarlo. Pues por mi Señor Ibn Nazar colma -Dios de beneficios a los que le sirven. Habiéndole -hecho descendiente del Señor de la tribu de Jaxred -Saad, hijo de Obada». ¡Gloriosos nazaritas -y feliz Abul Walid Ismael! Y allí en dos nichos<span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span> -de la sala de Comares: «¡Alabanza a Dios! Yo -deslumbro a los seres dotados de hermosura con -mis adornos y mi diadema, pues los luceros descendieron -a mí desde sus elevadas mansiones. -Aparece el vaso de agua que hay en mí como un -fiel que en la quibla del templo permanece absorto -en Dios. A pesar del transcurso del tiempo, -continuarán mis generosas acciones dando alivio -al que tiene sed, y albergue al indigente. Pues -por mí pasan las numerosas liberalidades de mi -Señor Abul Hachach. Nunca dejan de brillar en mí -sus resplandores, pues su luz resplandece aun en -las tinieblas de la noche. Tallaron sutilmente los -dedos de mi artífice mis labores, después de haber -ordenado las piedras de mi corona. Me asemejo -al solio de una esposa, pero soy superior a -él, pues contengo la felicidad de los desposados. -Aquel que venga a mí sediento, le conduciré a un -lugar donde encuentre agua limpia, fresca, dulce -y sin mezcla. Pues yo soy a manera del arco iris -cuando aparece, y el sol nuestro Señor Abul -Hachach. No dejen de vivir sus bondades tanto -tiempo cuanto la casa del Excelso continúe concediendo -los favores de la peregrinación». Por<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span> -todos lugares encontraréis las alabanzas al dichoso -dueño y morador, y, sobre todo, a Alah. -Nada que contenga mayor filosofía que la divisa -de los Alhamares: «Sólo Dios es vencedor». -Para disfrutar tranquilamente de la magnificencia -y suavidad de estos parajes y recintos, ninguna -ayuda mejor que la tradición, eso que no está en -los libros ni certifican los documentos. Así, al -llegar a la pila en donde algo que se asemeja a -una gran mancha sangrienta llama la atención -del visitante, no escuchéis a los que os dicen que -Ginés Pérez de Hita inventa, y creed firmemente -en que esa oscura tacha de mármol es debida a -las rojas degollaciones de que se habla en las -leyendas de zegríes y abencerrajes. Y cuando -estéis en el patio de Lindaraja, no pongáis atención -a los arabizantes que os pretendan explicar -la etimología del nombre y negar la existencia de -la linda figura; antes bien: imagináosla muy rosada, -muy blanca, muy ardiente para el amor, y -con unos ojos almendrados, de negros mirares, -como corresponde a una verdadera sultana de -cuento. Los traductores como Lafuente Alcántara -pueden serviros para saber que en la taza de la<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> -fuente, en ese patio, dejó un poeta estos pensamientos: -«Yo soy un orbe de agua que se ostenta -a las criaturas diáfano y transparente; un gran -océano, cuyas riberas son obras selectas de mármol -escogido, y cuyas aguas, en forma de perlas, -corren sobre un inmenso hielo primorosamente -labrado. Me llega a inundar el agua; pero -yo, de tiempo en tiempo, voy desprendiéndome -del transparente velo con que me cubre. Entonces -yo y aquella parte de agua que se desprende -desde los bordes de la fuente, aparecemos como -un trozo de hielo, del cual parte se liquida y -parte no se liquida. Pero cuando mana con mucha -abundancia, sólo somos comparables a un -cielo tachonado de estrellas. Yo también soy una -concha, y la reunión de las perlas son las gotas. -Semejantes a las joyas que la diestra mano de un -artífice colocó en la corona de mi Señor Ibn Nazar, -del que con solicitud prodigó para mí los tesoros -de su erario. Viva con doble felicidad que -hasta el día el solícito varón de la estirpe de Galeb, -de los hijos de la prosperidad, de los venturosos, -estrellas resplandecientes de la bondad, -mansión deliciosa de la nobleza. De los hijos de<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> -la kabila de los Jazrech, de aquellos que clamaron -la verdad y ampararon al profeta, él ha sido -nuevo Saad, que con sus amonestaciones ha disipado -y convertido en luz todas las tinieblas. Y -constituyendo a las comarcas en una paz estable, -ha hecho prosperar a sus vasallos. Puso la elevación -del trono en garantía de seguridad a la -religión y a los creyentes. Y a mí me ha concedido -el más alto grado de belleza, causando mi -forma admiración a los eruditos; pues ni jamás -se ha visto cosa mayor que yo en Oriente ni en -Occidente, ni en ningún tiempo alcanzó cosa semejante -a mí rey alguno ni en el extranjero ni en -Arabia». Salones, torres, ajimeces, bordadas -piedras, aéreos calados, baños, jardines, miradores... -Aquí encuentro que había Justicia; más -allá que había Salud; más allá que había Belleza; -más allá que había Placer. Eran sabios aquellos -hombres de turbante; eran buenos, eran fuertes y -eran artistas.</p> - -<p>Si la Alhambra es más grande, más suntuosa, -más imponente, el Generalife es más cordial, más -íntimo, más amable. «Delicioso para el amor», -escribió en el álbum de la dulce mansión una<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -mujer llamada D.ª Cristina Santoyo. D.ª Cristina -sintetizó así todo lo que pueden hilar los literatos -y rimar los poetas sobre este rincón hechicero. -Yo no sé si la marquesa de Campotejar, dueña -actual de esa maravilla, es joven; pero si no lo -es, tiene que haberlo sido y que haber amado en -este nido de ensueño; y, por lo tanto, haber tenido -por escenario de su amor el que le envidiarían -todos los reyes de la tierra. Cuán explicables -son los entusiásticos arranques del viejo -Dumas, en las cartas en que se manifiesta poeta -y amoroso: «Lo que hay de maravilloso en el -Generalife, señora, no son por cierto sus salas, -sus baños, sus corredores, pues que esto lo encontraremos -en la Alhambra mejor y más bien -conservado; lo que es allí bello, maravilloso, son -sus jardines, sus aguas, su vista. Permaneced, -pues, en medio de esos jardines lo que os sea -posible, señora; embriagáos con los perfumes -que no encontraréis iguales, porque en parte ninguna -se hallarán reunidos en un más pequeño -espacio tantos naranjos, tantos jazmines, tantas -rosas; impregnáos con la muelle frescura que -despide el agua, porque tampoco en parte algu<span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span>na -veréis brotar tantas fuentes, despeñarse tantas -cascadas, rodar tantos torrentes; y, en fin, mirad -por cada abertura, que cada abertura es una ventana -abierta sobre el paraíso. Y lo que más os -seducirá, señora, es ese sabor de Arabia que ha -quedado flotando en el aire». Yo he gustado ese -sabor de Arabia desde que penetré por entre la -doble fila de cipreses y entré por la baja y ancha -puerta del Generalife. Buenos genios me amparaban -en mi paseo solitario. Por guía tuve a la -hija del jardinero, una preciosa niña de trece a -catorce años, rubia y seria, que me enseñó el -secular ciprés, bajo el cual se sentaba la sultana -Zoraida, y el estanque, y los mirtos, y los rosales, -y las salas en que en los viejos lienzos se -representan los antiguos señores, y el gran árbol -genealógico, y las galerías silenciosas en donde -dan ganas de suspirar y de besar. ¿Para qué -hablaros de lo demás? ¿Para qué deciros vulgares -noticias de las guías, datos y fechas que os -resultarían ridículos? ¿Para qué hablaros de la -Granada actual, de la ciudad que hace política y -en donde se pregonan las últimas noticias del -conflicto ruso-japonés? He dejado Granada con<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span> -pena, por su corazón de mármol labrado, por su -viejo corazón, por sus divinas vejeces, que hace -más adorables una naturaleza singular. Es uno -de los pocos lugares de la tierra en que uno querría -permanecer, si no fuese que el espíritu tiende -adelante, siempre más adelante, si es posible -fuera del mundo, «anywhere out of the world!» -Y al dejarlo, han venido a mi memoria las estrofas -de una romanza que en mi niñez oía cantar:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Aben Amet, al partir de Granada,</div> -<div class="line">su corazón desgarrado sintió,</div> -<div class="line">y allá en la vega, al perderla de vista,</div> -<div class="line">con débil voz su lamento expresó...</div> -</div></div></div> - -<div class="figcenter6"><img src="images/p101.jpg" width="150" -height="165" alt="" title="" /></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102"></a> -<a name="Page_103" id="Page_103"></a></span></p> - -<h2 class="nd">SEVILLA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Sevilla"><img src="images/p103.jpg" width="400" -height="165" alt="SEVILLA" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104"></a> -<a name="Page_105" id="Page_105"></a></span></p> - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p105.jpg" width="500" -height="177" alt="" title="" /></div> - - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/a.jpg" width="100" height="100" alt=""/> -</div> - - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Aunque</span> es invierno, he hallado rosas -en Sevilla. El cielo ha estado puro -y francamente hospitalario pasadas -las primeras horas de la mañana. La Giralda se -ha destacado en espléndido campo de azur. Luego, -las mujeres sevillanas, entrevistas por las -rejas que hay a la entrada de los patios marmóreos -y floridos, dan razón a la fama. He visto, -pues, maravilla.</p> - -<p>No sin razón es esta la ciudad de don Juan y -la ciudad de don Pedro. Siempre la poesía, la -leyenda, la tradición, os saldrán al encuentro.<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span> -Estrella, el Burlador, el Monarca cruel, el Barbero... -Por eso el grande y armonioso José Zorrilla -se recomendaba aquí evocando el nombre -de su Tenorio y de su Rey justiciero. El turismo -viene, por moda, a la Semana Santa. Es decir, -a pagar cuentas enormes de hospedaje, a dormir -sobre una mesa de billar en veces, y a ver pasar -las procesiones, entre católicos irreligiosos, -santos macabros, cristos lívidos y sangrientos -con cabelleras humanas. Al mismo tiempo, el -viajero escuchará los gritos extraordinarios de -las saetas y las carceleras. En el día aprovechará -la buena ocasión para ir a ver a las cigarreras -en la fábrica, con sus <i>deshabillés</i> sugerentes; -si ha leído <i>La femme et le pantin</i>, de Pierre -Louys, tanto mejor; y volverá a su país diciendo -que ha conocido el encanto sevillano. No, -ciertamente, indiscutiblemente, el encanto sevillano -está en otra parte. La Semana Santa y la -feria son notas singulares, y las cigarreras ayudan -al color local que se ha conocido en las lecturas; -pero el alma de Sevilla no tiene gran cosa -que ver con todo ese pintoresco reglamentario. -Ni con eso, ni con el industrialismo y la vida co<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span>mercial -que puebla de barcos las riberas del -Guadalquivir; ni aun con el batallón trashumante -de toreros calipigios que se entretiene en la estrecha -y retorcida calle de las Sierpes. El encanto -íntimo de Sevilla está en lo que nos comunica -su pasado. Su alma habla en la soledad silenciosa; -así el alma triste de toda la vieja España. -Dicen sus secretos las antiguas callejuelas en las -horas nocturnas. Y nada es comparable a la melancolía -grave de sus jardines, esos jardines que -ha interpretado pictórica y magistralmente en -melodías del color el talento excepcional y hondo -de Santiago Rusiñol—ese «ruiseñor» de la -fuerte Cataluña.</p> - -<p>¡Sevilla! Las injusticias de la fama no tienen -gran fundamento: abominad la célebre calle de -las Sierpes en donde existió un célebre café flamenco -que se llamaba el Burrero...; abominad la -manzanilla misma, que es un brevaje aceitoso y -poco amable; abominad, aunque os gusten los -toros, a los toreros fuera del coso. Pero adorad, -extasiáos, para vuestro reino interior, en los jardines -del Alcázar sevillano—, como en Aranjuez, -como en la mágica Granada. De todo lo que han<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span> -contemplado mis ojos, una de las cosas que más -han impresionado a mi espíritu son esos deleitosos -y frescos retiros. Ni las vetustas murallas -carcomidas de siglos, que aún atestiguan el viejo -poderío de los conquistadores romanos, ni los -restos visigodos, ni la esbelta Giralda mauritana, -cuyo nombre alegra como una banderola, ni -la Torre del Oro a la orilla del río, ni las magnificencias -del Alcázar, que renuevan en mi memoria -las sensaciones experimentadas en la Alhambra -granadina, nada me ha hecho meditar y -soñar como estos jardines que vieron tantas -históricas grandezas, tantos misterios y tantas -voluptuosidades. La culpa la tiene en gran parte -ese don Pedro que tenía tanto de don Juan...</p> - -<p>Cuando uno entra, a un lado de las galerías -que llevan el nombre de aquel raro monarca que -comprendía la belleza morisca, que tuvo mucho -de oriental, mucho del Arum-al-Raschid de «Las -mil y una noches», lo primero que conmueve es -el más blando de los silencios, apenas turbado -por el fino hilo líquido que cae de un surtidor en -el ancho estanque de verdes aguas. El suave -viento mueve el ramaje de dos grandes magno<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span>lias -vecinas. Y entre rosales y arrayanes, se descienden -dos graderías y se va a ver lo que se -llama los baños de doña María de Padilla. Hay -una grande y larga piscina, bajo bajas bóvedas -góticas. Nada más. Pero, ¿qué importa? Pintores -ha habido que han intentado resucitar el sensual -capítulo de la bella novela de vida. Quedáos -al amor de vuestras ideas. ¿No oís cantar los -pájaros de la primavera? ¿No veis al monarca -que se acerca entre las flores nuevas y lujuriantes? -¿No oís el ruido del agua transparente en -donde el cuerpo sonrosado de la real querida -forma a su rededor círculos de diamante? Ella -ríe, el duro rey sonríe. Cerca hay palomas blancas -y de plumajes que la luz tornasola; y un pavón -de Oriente, vestido de orgullo, ostenta sus -gemas, como un visir de fiesta. Ahí tenéis el -encanto sevillano.</p> - -<p>Más allá iréis al jardín de la gruta, y allí los -arrayanes forman un famoso y pueril laberinto; y -en un rústico templete, bajo extraña bóveda, una -blanca estatua de dos mujeres unidas por la espalda, -arroja de sus cuatro pechos cuatro chorros -de agua. Neptuno decorativo os saluda en el lla<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>mado -jardín Grande, y en el del León hay señaladas -huellas leoninas: <i>hic sunt leones</i>. Es en -efecto aquí donde se conserva el cenador del -césar Carlos V. Allí, entre los mármoles y los -policromos azulejos y las maderas admirablemente -talladas, las águilas imperiales guardan -el orgullo de sus actitudes y recuerdan la presencia -desvanecida de la soberbia y soberana -persona.</p> - -<p>Cuando salís, lleváis una sensación imborrable.</p> - -<p>Como decía antes, por las calles os llamará -siempre, con su callada voz, la tradición. En vano, -en las vías estrechas, os hará pegaros a la -pared el tranvía eléctrico. En vano los vendedores -de antigüedades os querrán atraer con sus -letreros en inglés. Por muy poco meditativos o -poetas que seáis, tendréis que pensar en uno de -los dos hombres-sombras zorrillescos, don Pedro -o don Juan.</p> - -<p>Allá en la iglesia del hospital de la Caridad, -me he inclinado ante nombres ilustres, de mosaistas, -pintores y tallistas; bastará el solo de -Murillo multiplicado en obras excelentes, como<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> -un Dios Niño que se apoya en el mundo, todo -gracia, y un Moisés en que Bartolomé Esteban -demuestra que celeste suavidad y pincel dulce no -le impiden el dar cuando le venía en voluntad -una nota de fuerza. Y luego el realista y macabro -Valdés Leal, cantado en las labradas rimas -de Gautier, que renueva en más de un cuadro el -triunfo de la muerte, y las visiones cadavéricas -de los frescos del camposanto pisano.</p> - -<p>Cuenta un cronista que al ver pintada tan a lo -muerto la descomposición en el ataúd, dijo Murillo -a su amigo el artista: «Compadre, esto es -menester mirarlo con la mano en las narices». -Mas, pasad a la sacristía. No os detengáis en -la visión de San Cayetano, de Céspedes, ni en el -San Miguel, de Roela.</p> - -<p>Ved ese retrato del tiempo viejo, ved ese caballero -firmado por Valdés Leal y ved esa espada -antigua, que en estos tiempos de ruines prosas -no hay mano digna de tocar. Ese caballero orgulloso, -cuya estatua se ha inaugurado recientemente, -es un <i>révenant</i>, es un habitante del ensueño, -es un vecino de la ciudad de la eterna -ilusión, es un héroe de la poesía, un fantasma de<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span> -capa y espada. Ese hombre es el asesino del -amor y el campeón de la voluptuosidad. Es el -Sr. D. Miguel de Mañara, celebrado en la inmortalidad -del arte bajo el nombre de Don Juan. Y -esa es su espada. Está en una sacristía, porque -ya sabéis que el diablo cuando se hizo viejo se -metió fraile.</p> - -<p>En la catedral mucho hay que admirar y las -guías lo detallan; pero allí también, como en -todos lugares, es el pasado el que os detiene con -su historia o con su página legendaria. Así, de -ese púlpito que encontráis en un patio, en donde -predicaron varones ilustres como el vigoroso Vicente -Ferrer, pasáis a las maravillas de las naves, -en donde gloriosas paletas dejaron telas de -valor y de renombre. Y la anécdota tradicional -os espera asimismo por toda capilla y rincón, -desde el colosal San Cristóbal, junto al altar de -la Gamba, hasta el pequeño Niño Jesús, al cual -llaman el mudo, obra de Montáñez. Y aquí llega -la nota curiosa.</p> - -<p>Encontráis gentes de añeja devoción, a quienes -dirigís la palabra, y que, por más que les habléis, -no os dan contestación alguna. Esos son fanáti<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span>cos -que han hecho al niño rubio del altar la promesa -del silencio por un tiempo determinado. En -una de las capillas—y aquí la anécdota es moderna—está -el famoso San Antonio, de Murillo, -cuadro que fué mutilado por un visitante norteamericano, -que creyó oportuno aislar el santo -del resto de la composición para provecho propio. -Sabido es que el cónsul español en Boston -tuvo denuncia del paradero del fragmento pictórico -y logró rescatarlo. Hoy, gracias al arte y -habilidad de un pintor eminente, el cuadro aparece -restaurado, y no se notan las señales de la -amputación del robador yanqui.</p> - -<p>No os detendré ante las muchas obras artísticas -y renombradas que aquí se guardan, pues -son tantas y tales que hay libros de eruditos, -como Cean Bermúdes, que están dedicados a -ellos. Pero no dejaré de deciros que veáis cierto -fúnebre monumento que está cerca del Cristóforo -de Pérez de Alesio, el cual monumento es obra -moderna y muy celebrada, compuesta de cuatro -figuras que soportan una urna, y que seguramente -os es familiar por las ilustraciones. En esa -urna—¡descubríos!—están las cenizas, las discu<span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span>tidas -cenizas de Cristóbal Colón, que antes estuvieron -depositadas en la catedral de la Habana. -Creo que el más impasible e indiferente de los -americanos, no dejará de sentir así sea una vaga -emoción delante de ese puñado de huesos. Hasta -después podrá llegar la eterna Eironeia, y haceros -comprender que no es muy grande el favor -que nos hizo.</p> - -<p>La tarde estaba alegre y dorada cuando pasé -el Puente de Triana para ir al barrio de ese nombre -tan cantado en las coplas. ¿Diré que tuve -más de una ilusión deshecha? Fuera de una que -otra ventana llena de los tiestos usuales en toda -Andalucía, y una que otra cara de cromo o de -caja de cerillas, no pude satisfacer mi curiosidad -de belleza sevillana. Vi mucho mozo de chaqueta -y pantalón ajustado, haraganeando en las esquinas, -no lejos de los muelles en que el sevillano -trabajador suda en los afanes del tráfago moderno. -Vi portales sin aseo y tiendas de salazones, y -una diligencia a la antigua, que al lado del eléctrico -tranvía iba cargada de gentes y maletas a -alguna parte. Vi la Torre del Oro bañada del oro -de la tarde, y el río de un color sucio amarillento;<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> -y a lo lejos las alturas que empezaba a borrar, a -esfumar el crepúsculo. Y si no volví contento de -Triana, puesto que quizás yo iba con la idea de -un Triana fantástico, o imposible o demasiado a -la francesa, tuve un desquite con la salida de -una bella niña y una vieja dueña de una vieja -iglesia. Doña Inés del alma mía y su inseparable -guardadora.</p> - -<div class="figcenter6"><img src="images/p115.jpg" width="150" -height="83" alt="" title="" /></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116"></a> -<a name="Page_117" id="Page_117"></a></span></p> - -<h2 class="nd">CORDOBA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Cordoba"><img src="images/p117.jpg" width="400" -height="174" alt="CORDOBA" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118"></a> -<a name="Page_119" id="Page_119"></a></span></p> - - - - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p119.jpg" width="500" -height="191" alt="" title="" /></div> - - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/u.jpg" width="100" height="100" alt=""/> -</div> - - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Una</span> modesta estación; un ómnibus -que va mal que bien por la calle, sobre -baches y fango.</p> - -<p>Mal tiempo. He ahí mi primera impresión en la -ilustre y secular Córdoba. En cambio, los verdes -naranjos, en los cercanos jardines, y flores -a pesar del tiempo, me resarcieron del inicial -desencanto. El hotel en que me hospedo da a la -vía principal de la población, la alameda llamada -del Gran Capitán, en memoria de aquel magnífico -guerrero D. Gonzalo, cuya casa natal estuvo -por este punto. Cuando la lluvia ha cesado y<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span> -puedo salir, veo grupos de gentes estacionados -en la alameda, el eterno grupo de ciudad española, -que conversa y «mata» las horas.</p> - -<p>Fuera de este paseo, de que están orgullosos -los habitantes, las otras calles son marcadamente -típicas, descendiendo de la parte alta de la -ciudad a la baja, o Ajerquia. No he podido menos -que tener presente en mi memoria a la amable -Córdoba argentina, a cada paso que he dado -en la antigua Córdoba andaluza. No es que tengan -nada de semejante, fuera del espíritu de la -raza llevado por los hombres de la colonia, sino -que el nombre imponía el recuerdo, y el haber -sido centro de estudio y de saber en tiempos remotos -esta ciudad abuela, como esa en no tan -lejanos, continuando su tradición en los presentes. -No son pocos los pergaminos de nobleza -de la patria de Séneca y de Lucano, a la cual un -latinista moderno hace declarar sus grandezas -en clásicos exámetros:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Illa ego sum quodam latialis gloria Roma</div> -<div class="line">cum dedit illa mihi quæ sibi jura dabat.</div> -<div class="line">Inter romanas sum prima colonia facta</div> -<div class="line">sola que patricio nomine clara fui.</div> -<div class="line">Deliciis fruor ipsa meis Montisque Marian<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span></div> -<div class="line">ad cujus gremium dotibus aucta cubo...</div> -<div class="line">Piscosus me Bœtis amat, me argentea cingit</div> -<div class="line">unda cabalino fonte sacrata magis, etc., etc.</div> -</div></div></div> - -<p>Y vaya esa transcripción de sabios metros en -gracia a las dos Córdobas gloriosas, pues la de -ese lado del mar también pudiera repetir con -ésta:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Mille mihi Senecæ, Lucani mille fuissenl,</div> -<div class="line">si mihi Mecœnas unus ab urbe foret.</div> -</div></div></div> - -<p>Decía, pues, que las calles de la población me -han parecido de lo más característico, y con razón, -pues según la monografía histórico-topográfica -de Ramírez, «ni en su dirección ni en su -anchura han sufrido alteración alguna sustancial -desde los tiempos más remotos, y son, por lo -general, como todas las de las poblaciones antiguas, -estrechas y torcidas, o poco alineadas, -por lo que es cosa digna de reparo que en el centro -de la ciudad se encuentren algunas calles de -mediana anchura». Yo, ni en Granada, ni en Se<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>villa, -ni en Málaga, he encontrado ese ambiente -de antigüedad de esta capital esclarecida y en -una época foco, puede decirse, de la sabiduría -universal. Y en la estrechez y soledad de las calles, -la reja siempre, la ventana propicia al amorío -de romance, los patios misteriosos que se -entrevén. Si en un lugar, a modo de plazoleta, -está el nombre de Séneca, y evocáis la memoria -de aquel admirable filósofo y periodista <i>avant la -lettre</i>, conocimientos mentales no tan viejos se -os presentarán en esas casas de las vías angostas, -y de las cuales suele brotar, inesperadamente, -el eco de un piano. Allí puede muy bien vivir -la señorita doña Pepita Jiménez; allá puede estar -forjando sus ilusiones el doctor Faustino; y si -no, en una o en otra morada puede haber nacido -el ilustre D. Juan Valera, porque es sabido que, -como Ambrosio de Morales y el gran Góngora, -D. Juan es cordobés.</p> - -<p>De edades lejanísimas quedan en Córdoba -huellas cesáreas. De César quedan, cuando después -de ser cartaginesa fué romana. Como colonia -patricia consta en las medallas y en los libros -que fué notable. Y aun afirma uno de sus<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span> -historiadores que, siendo pretor de las Españas -citerior y ulterior Marco Claudio Marcelo, «la -ciudad fué ampliada y ennoblecida con suntuosos -edificios, y parece se hizo de moda en Roma, -por aquel tiempo, poseer una quinta en los amenos -campos de Córdoba». Hoy de aquellas grandezas -quedan apenas lápidas, inscripciones monumentales, -columnas miliarias, monedas de Augusto -en que hay borrosos problemas para los -numismatas, y un venerable puente, al que aún -sostienen sus pesados arcos sobre el turbio Guadalquivir. -Fué goda y luego árabe, y los islamitas -la elevaron en verdad a su más alta potencia. -Leer esa historia es penetrar en su vida cuasi -fabulosa de capital imperial, de un imperio de -cuento miliunanochesco.</p> - -<p>Hoy queda casi nada en comparación de los -antiguos esplendores califales; pero lo que queda, -la mezquita convertida en catedral y cuya -transformación enoja a todo artista viajero, como -D'Amicis, da idea de qué clase de cerebros cubrían -aquellos prestigiosos turbantes. ¿Qué sería -aquella magnífica Rusafa, o huerto real, en donde -el poderoso Abderramán I, que también, como<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span> -buen oriental, era profeta, anticipándose al cubano -José María Heredia el viejo, cantó a su -compatriota la palmera, entonces extranjera en -esta tierra? Y sobre todo, ¿qué escenario como -de la historia del príncipe Camaralzamán y la -princesa Badura, u otros príncipes en cuyas vidas -se interesaba tanto Dinarzada, no sería la -Azhara de Abderramán III, llamada así por el -nombre de la favorita del harén? En verdad, -pudo venir a habitar el palacio el rey Salomón -en compañía de la reina de Saba. No os repetiré -los datos algo prosaicos de cronistas cristianos -como Díaz de Rivas; pero sí lo que refieren -narradores árabes contemporáneos de aquel espléndido -califa:</p> - -<p>«Las casas edificadas bajo un plan uniforme, -con mucho gusto y magnificencia y coronadas -de azoteas, tenían jardines plantados de naranjos, -y correspondían a la grandeza y suntuosidad -del alcázar a que estaban agregadas. En la -construcción de este sitio real empleó Abderramán -inmensos tesoros. Los obreros ocupados -en la construcción eran mil, mil y quinientas las -mulas y cuatrocientos los camellos que condu<span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span>cían -materiales. Ayudáronle en la dirección de la -obra los más célebres arquitectos de Bagdad, -Tosthat y Kaiorán, y de Constantinopla, que le -envió su aliado Constantino VI, regalándole al -mismo tiempo cuarenta columnas de granito, las -más hermosas que pudo encontrar. Pasaban de -mil doscientas las de varias clases de mármoles -que había hecho traer a gran precio de algunas -provincias de España, de Francia, de Italia, Grecia, -Africa y Asia. El exterior, así como el interior -del alcázar, contra la costumbre de los árabes, -estaba hermoseado con el mismo empeño y -prolijidad que el resto del edificio, y en el interior -se encontraba cuanto el arte ayudado de la riqueza -puede producir de más bello y encantador. -Las paredes estaban incrustadas de arabescos -de mucho gusto, las ventanas y puertas eran de -cedro adornadas de preciosas esculturas, y los -techos pintados de azul celeste y esmaltados -de oro.</p> - -<p>«Pero como era natural, nada llegaba al primor -y riqueza que en el salón destinado para su -morada había prodigado el califa. Los adornos -de sus muros estaban formados de oro, perlas y<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> -otras piedras preciosas, y en varios sitios, según -costumbre, se leían aleluyas alkoránicas. En una -magnífica fuente de alabastro, que estaba en medio -de la pieza, arrojaban agua por la boca varios -animales de oro, y en su centro nadaba un -cisne del mismo metal. Sobre la fuente pendía -una perla de extraordinario precio que al califa -había regalado el emperador León, de Constantinopla. -El retrete donde estaba el lecho de la favorita, -se veía cubierto por un artesonado revestido -de oro y acero, y sembrado de piedras preciosas; -y en medio del resplandor que despedían -las luces de cien arañas, saltaba un chorro de -azogue que cual plata líquida caía en un hermoso -pilón de alabastro. Sobre la puerta principal -del alcázar, se veía la estatua de la hermosa esclava, -no sin indignación de los más severos -musulmanes, que censuraban la impiedad del califa, -que se había atrevido a representar la forma -humana, contra el expreso precepto del Korán. -Los jardines que rodeaban el palacio correspondían -a lo demás en primor y belleza, pues la fantasía -más fecunda había prodigado allí cuanto -puede lisonjear los sentidos. Bosques de mirtos<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span> -y de laureles se mezclaban con los olivos, cuyo -verdor se retrataba en las cristalinas aguas de -los estanques: animales raros vagaban encerrados -en jardines dispuestos para este fin y aves -de vistosos plumajes y agradable canto animaban -tan encantadora mansión.» Al suspender esa -descripción, no creeríais oir la voz de Dinarzada: -«¿Hermanita, quieres contar uno de los hermosos -cuentos que tú sabes?» De tales mansiones -no se gloria hoy la más soberbia de las testas -coronadas y solamente pueden contemplarse, -con ayuda de la imaginación, en las renombradas -narraciones que he citado y que ha sacado -a la luz y al arte modernos la sabia voluntad -y el talento admirable del Dr. Mardrus.</p> - -<p>Vagando de un punto a otro y perdiéndome a -veces en el laberinto de esas calles orientales, he -dado con fuentes, ruinas, un curioso monumento -al ángel Gabriel, que, según tradición, ha librado -a la ciudad repetidas veces de pestes, tempestades -y calamidades, y por fin encontré lo único -que verdaderamente atrae a los extranjeros: la -mezquita. En este caso, como en otros, no cabe -descripción alguna, pues muchas hay en las<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span> -guías y en cien libros de viajes. Diré, sí, que me -asombró este edificio de fe, como los otros edificios -de amor y de guerra que dejaron en su amado -Al-Andalus, y que uní mi voz a las mil que -han lamentado la vandálica religiosidad de los -católicos que creyeron preciso demoler obras del -arte y afear el recinto de Alah para adorar mejor -a Jesucristo.</p> - -<p>La selva de columnas, la profusión de los arcos, -hacen pensar en lo que sería cuando no había -tapiadas puertas y la luz penetraba lateral. -Se diría una vasta petrificación de palmeras. Y -gracias que aún queden joyas arquitecturales y -de mosaico, cual ese prodigioso mihrab o sagrario -mahometano, que es la admiración de los -conocedores. Aunque hay en la parte de intrusa -construcción española muy notables trabajos, -como el coro, el visitante no tiene pensamientos -más que para los islamitas, que sabían edificar -tan bellas moradas de oración. Al entrar, da deseos -de cambiar los zapatos por un par de babuchas, -y murmurar que «sólo Dios es grande».</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129"></a></span></p> - -<h2 class="nd">GIBRALTAR</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Gibraltar"><img src="images/p129.jpg" width="400" -height="171" alt="GIBRALTAR" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130"></a> -<a name="Page_131" id="Page_131"></a></span></p> - - - - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p131.jpg" width="500" -height="211" alt="" title="" /></div> - - -<h3>I</h3> - - - - - - - - - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/d.jpg" width="100" height="99" alt=""/> -</div> - - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Desde</span> que llegué a Algeciras, sentí que -ya no me encontraba completamente -en España. No descendí en la estación, -sino a la entrada del muelle, a un paso del -Hotel Anglo-Hispano y del Hotel Reina Cristina, -dos establecimientos ingleses. El tren llega hasta -allí para comodidad de los ingleses. Desde luego -la línea férrea entre Bobadilla y Algeciras es propiedad -de una compañía inglesa. En el hotel me -encuentro con que todo el mundo es inglés. En -el salón de lectura casi todos los diarios son de -Londres. Alguien me asegura que desde el Hotel<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> -Reina Cristina, que está construído en una altura -y en el cual se eleva un largo mástil, se hacen -señales semafóricas con Gibraltar. Al día siguiente -tomo en el muelle inglés el vapor de la misma -nacionalidad, que me conduce al Peñón.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Un malagueño que se llama Paquito y que es -portador de una guitarra, va a bordo. Una joven -miss se ha acercado a él y en muy buen castellano -le invita a que le dé una lección al aire libre, -sobre cubierta. Paquito se excusa. Luego, allá a -solas conmigo, me hace sus confidencias.</p> - -<p>—¡Vamos, que los ingleses no me agradan! -Voy a Gibraltar por unos días a ganar un dinerito... -A usted, si gusta, le invito para que me -oiga tocar y cantar.</p> - -<p>La enorme mole se va agrandando sobre el -fondo del cielo invernal. Se distinguen las casas -escalonadas sobre la roca, y más tarde los muelles -y escolleras; por todas partes el ir y venir de -barcos, y, con ayuda del anteojo, las innumerables -baterías, la floración de cañones que hacen -del promontorio un inmenso panal de piedra y<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> -acero en que aguardan el momento propicio para -lanzarse los enjambres de avispas de fuego que -alborotará la mano de la guerra.</p> - -<p>—¿Qué le parece, Paquito?</p> - -<p>Paquito alza los hombros, resignado. Después, -a media voz, me canta, junto a la borda del barco, -una canción, con ritmo de tango, cuyas patrióticas -y desgreñadas estrofas, no por serlo -dicen menos lo que siente el corazón popular.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">España fué la nación</div> -<div class="line">que más lauros conquistó;</div> -<div class="line">por la tierra y por el mar</div> -<div class="line">extendió su autoridad;</div> -<div class="line">al grito sacrosanto</div> -<div class="line">de Castilla y de León,</div> -<div class="line">clavaba en lo más alto</div> -<div class="line">su glorioso pabellón.</div> -<div class="line">Tiempo feliz que de fijo</div> -<div class="line">para siempre ya pasó.</div> -<div class="line">Al comparar la antigua situación</div> -<div class="line">con la actual, causa pena y dolor.</div> -<div class="line">De ira y de vergüenza</div> -<div class="line">deberíamos llorar</div> -<div class="line">al contemplar, y es la verdad,</div> -<div class="line">que nuestra dignidad<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span></div> -<div class="line">manchada está</div> -<div class="line">desde que vió ondear</div> -<div class="line">la bandera inglesa</div> -<div class="line">en el Peñón de Gibraltar.</div> -<div class="line">Qué vergüenza da,</div> -<div class="line">que vergüenza da, y es la verdad.</div> -<div class="line">Aunque el mundo sabe</div> -<div class="line">que ese invencible Peñón</div> -<div class="line">hoy es inglés</div> -<div class="line">por una traición.</div> -<div class="line">Porque jamás pudo vencer</div> -<div class="line">el pueblo inglés al español,</div> -<div class="line">y en lucha igual, franca y leal,</div> -<div class="line">el Aguila se humilla ante el León.</div> -<div class="line">Pero ha de llegar</div> -<div class="line">el día en que volvamos</div> -<div class="line">nuestro Peñón a recobrar</div> -<div class="line">y ese día cerca está,</div> -<div class="line">y subiendo a lo más alto,</div> -<div class="line">y allí gritando ¡viva España!</div> -<div class="line">nuestro glorioso pabellón clavar.</div> -</div></div></div> - -<p>¡<i>Alas poor</i>, Paquito! Mientras das al aire suavemente -esa cordial protesta, yo admiro a estos -fuertes y temibles hombres. Este Peñón es el más<span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span> -vasto altar, el más colosal monumento de la conquista -y de la guerra. Por un lado se impone dominante -sobre España, por otro sobre Africa, y -el Mediterráneo que vió en lejanos tiempos la -omnipotencia latina, presencia hoy la omnipotencia -de Britannia, sobre las olas—, <i>on the -waves</i>.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>El vapor atraca al muelle. Al pisar tierra, creo -entrar en un cuartel. Las murallas, los fuertes, -las amenazantes baterías de la altura están ante -mi vista. Al entrar por una puerta de la ciudad, -un soldado me da un cartoncito con un número -y un permiso para circular por ella hasta el cañonazo -de las doce. En una plazoleta, oficiales -rojos enseñan el ejercicio a soldados kakhi. Una -banda suena a lo lejos. Por fin, heme aquí en un -hotel carísimo—parece que no hay de otros en la -ciudad—y luego, en la calle, para aprovechar mi -tiempo.</p> - -<p>Noto que, a pesar de todo, no se ha logrado -desarraigar el idioma. Toda la gente habla español. -En las vitrinas de las tiendas, los objetos<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span> -están expuestos con los precios escritos en inglés -y en español. Asimismo la moneda española -circula, y se puede pagar una cosa, correspondientemente, -en chelines o en pesetas. Mas la -poderosa Roma moderna impone su sello. Hay -algo de cada colonia que podéis observar al -paso. Aquí un negro, más allá un hindú, que os -vende labores de Persia y del Indostán. No os -extrañarán, por la vecindad, los moros, y los -muchos malteses y judíos en sus tiendas curiosas. -Los tipos son marcadísimos. He visto en -verdad y en una esquina, a Alí Babá. Y los cuarenta -ladrones, entre ellos el cochero que me pasea; -y a Shylock, junto a un sórdido mostrador, -un Shylock como el que hace Novelli, todo vestido -de negro. Pasan, en fiacres de toldos amarillos, -soldados y oficiales, que se dirigen a los -cuarteles. Veo, no lejos, humo de chimeneas, y -oigo agitación de máquinas. Sobre todo se siente -el peso de una consigna y la regularidad dura -de la vida militar. Aquí se han de leer mucho los -versos de Rudyar Kipling. Todos esos caras morenas -de comerciantes de la India, sonríen al -Tommy que pasa. Los judíos están contentos<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span> -porque hacen negocio. Los gibraltarinos están -satisfechos porque los negocios van siempre -bien. Y los españoles vecinos, de la misma manera, -pues hay aquí buen mercado para los productos -que se importan. Por su parte, los militares -llevan una existencia de lo más agradable, -pues tienen desde «whisky-and-soda» hasta -«music-hall», con estrellas de la Alhambra londinense, -y cacerías en tierra española, con todo el -confort y cuidado que un inglés pone en esas -cosas.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Allá lejos, pasadas las puertas del lado sur del -puerto—una española, otra inglesa, puertas gemelas -que decoran sendos escudos, el uno del -tiempo de la antigua dominación, el otro moderno—; -más allá de los jardines que en la roca escueta -han hecho florecer con bellas vegetaciones -las activas autoridades, he ido a ver los trabajos -de los grandes diques en construcción. Los trabajadores -bullen en la inmensa escavación, afanosos. -Se me dice que de algunos días a esta -parte se han recibido órdenes de apurar las ta<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>reas. -Se escucha el ruido de las dragas. Los -pitos de vapor silban, las vagonetas cargadas de -tierra corren, la multiplicada labor se siente incansable. -Se ve que es la energía británica la -que dirige. Hay aspectos imprevistos, de rincones -floridos, cerca de las garitas y de los depósitos. -El cochero que he tomado en Gunners Parade, -me lleva hasta una de las baterías bajas, -donde un enorme cañón rodeado de proyectiles, -también enormes, amenaza al mar. Hay en las -entrañas de la colosal roca vastos trojes de guerra, -en previsión de posibles cercos, así fuesen -los traídos por consecuencia de una liga continental.</p> - -<p>Hay cordones de bocas de fuego en las distintas -salientes del Peñón. Y, a pesar de lo que se -murmura contra la capacidad del ejército inglés, -hay una admirable disciplina, y se ve que una inteligencia -ordenada y eficaz ha precedido a todo -el abastecimiento y defensa de ese formidable -castillo natural sobre las olas. No soy perito en -cuestiones militares, pero no sé hasta qué punto -tenga razón un miembro de la Cámara de los -Comunes, Gibson Bowles, en las afirmaciones<span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span> -hechas en un ruidoso folleto sobre la vulnerabilidad -y debilidad estratégica de Gibraltar. Sin embargo, -a la simple vista, no me parece de una -imposibilidad absoluta que por el lado de tierra, -un ejército audaz y bien dirigido pudiese llegar -a tomar la gran fortaleza, apoyado por modernísimos -cañones, que encontrarían el más estupendo -blanco que imaginarse puede. Por esto es -muy explicable la actitud celosa de Inglaterra -que, cada vez que el gobierno español ha intentado -fortificar su territorio por los lados peligrosos, -ha protestado por medio del embajador en -Madrid, y ha impedido toda probabilidad de futuros -perjuicios. Por su parte, el almirantazgo y -el ministerio de guerra londinenses tienen siempre -buenos centinelas. De Rooke a White, todos -los que han tenido mando en el Peñón han sido -espíritus hábiles y meritorios soldados. Me parece -que en los versos de Paquito el malagueño, -hay profecías difíciles de cumplirse. En Highest-Pont, -en The Galleries, en Signal-Station, hay -muchos ojos vigilantes. Y cada día que pasa se -va aumentando el número de cañones, el trabajo -de los diques de carena y el arreglo y buen man<span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span>tenimiento -de los innumerables galpones, bodegas -y depósitos de municiones y víveres. Hay -talleres excelentes y cantidades de carbón crecidísimas. -El nuevo muelle, concluído casi, es de -primer orden, como los otros en construcción. -Una lluvia de libras esterlinas amaciza y fortalece -todo eso.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Difícil de abordar el gobernador, el secretario -colonial, Mr. Evans, es en verdad tipo simpático -y afable. Un mi compañero ocasional, Mr. Fox—sonriente -zorro anglosajón, que viaja por placer -y sport, y que ha recorrido todo el mundo, se -hace lenguas del secretario.—«¿Y la guerra, -Mr. Fox? ¿Y la guerra?»—«No sabe nadie lo que -puede pasar. Pero Inglaterra es tan prudente -como potente, y no crea usted que se precipite a -causar conflictos, de los cuales no se puede calcular -el terrible resultado. No obstante, la Gran -Bretaña está lista para todo evento. El pueblo -simpatiza con el Japón, más que por la alianza, -por la antigua enemiga con el Oso. En cuanto al -estado de la marina y del ejército, no crea usted<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> -a los pesimistas. Se ha trabajado y se trabaja. -Sir Charles Beresford, no diría ahora lo que en -época no muy lejana. Esta es la opinión del vencedor -de Ladysmith y de su amable secretario». -Miss Fox, que acompaña a su padre y que tiene -los más lindos ojos azules en el más fino y sonrosado -rostro, aprueba. Lo cual me hace, incontinenti, -no tener ningún cuidado por la buena -suerte asegurada de los barcos y soldados de su -majestad el rey Eduardo.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>En un solo día he visto pasar un hermoso crucero -francés, tres barcos de guerra de otras nacionalidades -y como doscientos vapores mercantes. -Se espera pronto a la escuadra nacional. -Además, el King Alfred y el Diadem, que de -Singapoore se dirigen a Inglaterra. Y dentro de -días, la visita del emperador de Alemania.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Mr. Fox me hace saber cosas interesantes y -pintorescas. Hay un club Ladysmith que da bailes -de máscaras en sus salones, situados en el<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span> -Flat Bastion Road. El ejército de salvación, por -su parte, predica el bien y pone en las calles los -grandes letreros usuales, con máximas evangélicas -y declamatorios consejos. Pero los oficiales -que escuchan y siguen al pie de la letra la -palabra de esos comisionistas del Señor, son -pocos como los temperantes de tal o cual asociación. -Prefieren entre el <i>hunting</i> y el <i>tennis</i>, -unas salidas gratas por el lado de la Línea, en -donde hay cante flamenco, guapas mozas españolas -y el consiguiente pale-ale y whisky de Escocia. -Y aquí, en la ciudad armada, está el Empire, -a la manera de Londres, con una London -Variety Company, en que hay una «star» que se -llama mademoiselle Vanmeeren.—«¡Soberbio, -Mr. Fox!—<i>¡I think so, Mr. Darío, The Channel -Fleet will thus find ample amusement for their -evenings on shore!</i>»</p> - -<p>Miss Fox mira, distraídamente, hacia la costa -de España, donde Tarifa semeja una ciudad sin -vida. La banda ensaya, no lejos, todos los himnos -nacionales habidos y por haber. Las sombras -nocturnas se adelantan.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span> -—¡Allo, Mr. Darío!</p> - -<p>—¡Allo, Mr. Fox!</p> - -<p>—¿Una taza de té?</p> - -<p>Tomar una taza de té con Mr. Fox es un placer, -cuando no da en hablar de cacerías y otros -sports. Miss Fox le acompaña siempre, y toma -parte activa en charlas sobre literatura, sobre -ocultismo, sobre artes.</p> - -<p>Ambos son admiradores de Rodín, y se esfuerzan -en convencerme de que los franceses no -comprenden al gran escultor y los ingleses sí. -Los ingleses y los norteamericanos, dice Miss -Fox. Se celebra la poesía de Rudyard Kipling, -algunas de cuyas composiciones, demasiado argóticas, -confieso modestamente no comprender. -Se trata del valor japonés, y no soy simpático -cuando expongo mis simpatías por Rusia. Así, -llegamos a tratar de la cuestión anglo-española, -la eterna cuestión de Gibraltar.</p> - -<p>—Los españoles, dice Mr. Fox, dicen que los -Ingleses ocupan Gibraltar por una traición. Y a -los japoneses se les acusa de traidores por causa -del golpe por sorpresa que inició la guerra actual. -¿Qué guerra no es, en realidad, traidora?<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span> -¿Y qué cosa es traición, cuando se trata de guerra? -Ahora bien, si los ingleses dejaran actualmente -poner excelentes y modernísimas fortificaciones -en el Fraile, en La Leña, en Camorro, en -las Palomas y en otros lugares del litoral del estrecho, -confiese usted que serían unos tontos. -Puesto que usted ha leído al filósofo alemán de -«Más allá del Bien y del Mal», no tengo que entrar -en mayores disertaciones. Además el tiempo -es oro.</p> - -<p>Miss Fox pone un poquito más de brandy en -mi té.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Pronto he de dejar el Peñón, erizado de hierro -y de muerte. Me he de dirigir a la vecina Africa, -cuyas costas se divisan, alzándose en el fondo el -grande Atlas. Mis amigos ingleses me dan una -carta de presentación para un rico árabe, que reside -en Tánger, y llevo además otra, del amable -cónsul argentino en Málaga, para el administrador -español de correos en la ciudad blanca.</p> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span></p> - - -<h3>II</h3> - -<p>En estos días ha habido, como muy a menudo, -divertimientos alegres para los distinguidos -oficiales de esta férrea guarnición. Persona que -ha asistido a ellos, me celebra la distinción y las -elegancias de las jiras sportivas. Ha sido un <i>fox -hunting</i> de lo más ameno y variado, después de -gozar los invitados de la hospitalidad de Mr. Larios—, -uno de la egregia familia que sabéis. Galopes -animados hacia Salt Pans, por amables -colinas, por Agua Corte; persecución de un zorro -cerca de Polmones Village; amazonas animosas -y bravos cazadores, que iban en caballos veloces; -magnífica jauría;</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line">Van perros de fina raza,</div> -<div class="line">Cornetas de monte, en fin,</div> -<div class="line">Cuanto exige Moratín,</div> -<div class="line">En su poema <i>La Caza</i>.</div> -</div></div></div> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span> -como diría, en los buenos tiempos en que hacía -versos, el señor presidente Marroquín, de Colombia. -Además de zorros, ha habido jabalíes, entre -los cuales uno viejo y terrible que hirió gravemente -a dos sabuesos. Nada os diré de las excelentes -provisiones, siendo ingleses los de la -partida. Hasta versos se han rimado, en los cuales -se dicen bromas anglosajonas que tocan al -«honorable secretario». He aquí esa muestra del -humor britanocalpense:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Oh where and oh where is the gallant «Hon. Sec.»</div> -<div class="line">Oh where and oh where can he be?</div> -<div class="line">There's no one to keep these bold «thrusters» in check</div> -<div class="line">No signs of E. M. can we see.</div> -<div class="line">We met at «the Farm» (sure 'twas after the Ball)</div> -<div class="line">And gossiped and «coffe-housed» there,</div> -<div class="line">And drinks (though the need of Dutch courage is small)</div> -<div class="line">While violets decket each dame there.</div> -<div class="line"><i>Chorus.</i>—And there, oh yes there, was the genial «Hon. Sec.»</div> -<div class="line">His smile beaming broadly and bland</div> -<div class="line">As fietd money tickets he swift did collect</div> -<div class="line">By scores were they thrust in his hand.</div> -</div></div></div> - -<p>Eso, con otras estrofas más, se ha cantado -con uno de esos joviales aires ingleses que ha<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span>béis -oído más de una vez. Así se divierten los -militares que guardan la vasta fortaleza de rocas -que humilla el amor propio de la Europa entera. -Así se divierten, como en todas partes donde -moran. Unos son enviados a la India, o a otras -posesiones coloniales. Otros hay que viven aquí -desde hace mucho tiempo. A veces suena un pífano, -se oyen tambores. Un grupo de soldados -pasa, solemne. Se lleva a enterrar a un compañero -que quedará por siempre en el peñón, como -están en el cementerio viejo, bajo túmulos grises, -llenos de inscripciones, víctimas de Trafalgar... -Pero son los amos de cuanto su vista abarca.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Como leyese las anteriores líneas a un mi -amigo español que está en el mismo hotel que -yo, sonríe amargamente.—«¿Usted no sabe hasta -dónde llega la conquista de la libra esterlina y -de los cañones del Peñón, en tierras de España, -en tierra de nuestro D. Quijote? Pues escuche.» -Y me lee unos recortes que saca de su cartera:</p> - -<p>«Junto a Algeciras los ingleses disponen de -campos para jugar al «golf», de cotos para ca<span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span>zar, -de huertas para recrearse. Apenas alguien -necesita en Algeciras vender una casa, los ingleses -la adquieren, y a buen precio. Pronto habrá -en Algeciras más propietarios ingleses que españoles. -Sin embargo, Algeciras, es como Gibraltar -una plaza fuerte. Bien es verdad que esta -condición no se halla justificada sino por una -vetusta batería artillada por algunas piezas de -las que se cargan por la boca; pero no importa, -buena, o mala, Algeciras es una plaza de guerra, -y como tal, está sujeta a reglas especiales, ni -más ni menos que la plaza de Gibraltar.</p> - -<p>Sin extremar, como en Gibraltar se extreman—por -ser allí la jurisdicción militar la única -que rige—la dignidad, el honor, si todavía estos -vocablos quieren significar algo en nuestra patria, -debieran imponernos cierta línea de conducta. -Entretanto, del propio modo que La Línea, -El Campamento y Puente Mayorga son arrabales -de Gibraltar, Algeciras se convierte paulatinamente -en una dependencia del imperio británico. -Hay una provincia inglesa que tiene por capital -Gibraltar, y que comprende de hecho el Peñón, -el Campo, Algeciras y todo el territorio<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -hasta Tarifa por un lado, y de Ronda por otro. -Es verdad que esta provincia tiene autoridades -militares, civiles y judiciales españolas; pero -quien gobierna efectivamente en ellas es el Foreign -Office de Londres, y por mandato suyo, el -general gobernador de la plaza de Gibraltar. -Allí no se hace nada sin anuencia de los ingleses, -en tanto que los ingleses hacen allí lo que -les parece, seguros de hallar la aprobación tácita -o la sanción legal de parte de España. La soberanía -española en aquella región de la Península -es una pura ficción. Conviene hablar claro -y que lo proclamemos muy alto; es indispensable -que España lo sepa: existe de hecho, enclavada -en los dominios de la monarquía española, -una provincia inglesa de Gibraltar, de la cual el -Peñón es la cabeza y la ciudadela.</p> - -<p>Los ingleses se han creado intereses por doquiera, -desde la margen del estrecho hasta la -serranía de Ronda. Todo el mundo sabe lo que -significa para los ingleses la fórmula «crearse -intereses». La intervención activa de la Gran -Bretaña en la colonia portuguesa de Lorenzo -Márquez y la transformación de ésta en una es<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span>pecie -de protectorado británico, débese principalmente -al ferrocarril de Delagoa a Komati-Port, -cuyo primer interesado es un súbdito inglés. Así -también la zona recorrida por el ferrocarril de -Algeciras a Bobadilla cae, según la teoría diplomática -inglesa «dentro de la esfera de los intereses -británicos». De ahí que conceptuemos este -ferrocarril como una infamia, porque, una de -dos: o esta línea aprovecha al país, o aprovecha -a los ingleses: si lo primero, el más elemental -patriotismo aconsejaba que se concediese a una -compañía nacional, o por lo menos, no inglesa; -si lo segundo, jamás, en manera alguna, debía -haberse otorgado la concesión a quienquiera -que fuera, y menos aun, a una compañía inglesa. -Si los ingleses no se encuentran bien en Gibraltar; -si el Peñón les parece incómodo y angosto; -si la residencia en Gibraltar les es penosa, por -la falta de campos, de espacio, de comunicaciones, -¡que se vayan! pero que no vengan a exigir -de nosotros esas facilidades de que carecen. -Desgraciadamente, para oprobio nuestro, esas -facilidades las obtienen con creces; gracias a nosotros, -Gibraltar reune para ellos todos los atrac<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>tivos -y todas las comodidades imaginables». -Todo eso es la pura verdad, y mi amigo español -me hace notar que se les ha dado y se les sigue -dando hasta tierra. ¡Hasta tierra! Sí, se ha traído -mucha tierra de España y la que se pisa, en -el muelle nuevo, y más allá, es, ciertamente, -«tierra española...»</p> - -<p>¿Y agua?</p> - -<p>Hay aljibes admirables en que se aprovecha -toda el agua que cae en el Peñón; pero se trataba -no hace mucho de concesiones de no sé qué -fuentes de la sierra al lado de San Roque. Y ha -habido un diputado a cortes que sostenía con -entusiasmo esa concesión. «Gibraltar tiene en el -parlamento español «sus» diputados. Los ingleses -no civilizan nunca, corrompen, y el espíritu -corruptor inglés se extiende como una lepra a -muchas leguas a la redonda del Peñón.» No obstante... -Podrán los ingleses no civilizar; más, -desde Castellar, Ronda, y demás lugares que se -van acercando a Gibraltar, de donde se desborda -la invasión británica, advertís un aseo, una -actividad, una higiene, un confort y un <i>pale-ale</i>, -que muy poco tienen de españoles...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span></p> - -<p>No he encontrado en los habitantes de Gibraltar, -originarios de familias españolas, un manifiesto -deseo de volver a la antigua bandera... -Se advierte que un nuevo espíritu se ha posesionado -de la raza. Todo el mundo ama el trabajo -y procura la actividad. He recordado la palabra -del siempre citable Nietzsche: «Las razas laboriosas -no pueden soportar la ociosidad. Fué un -golpe magistral del instinto «inglés» santificar el -domingo en las masas y hacerlo aburrido para -ellas, a tal punto que el inglés aspira inconscientemente -a su trabajo de la semana.» El domingo -en Gibraltar, es como el domingo en Londres, o -en cualquier ciudad anglosajona. Religiosa o no, -la población se encuentra triste, opaca, sin movimiento, -en un exceso de santificaciones.</p> - -<p>Todos los ciudadanos de Gibraltar que hablan -español piensan en inglés. El Peñón está bien -asido, como por las poderosas mandíbulas de -un gigantesco bulldog. Este no soltará fácilmente, -antes bien quiere avanzar, tierra adentro.</p> - -<p>Como he dicho, no se permite al Gobierno de -España ninguna fortificación vecina. Inglaterra -desea mantener el campo, tal como quedó esta<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>blecido -en 1810, cuando fueron volados los fuertes -existentes. «De 1810 a acá, dice un escritor -español, cuantas veces hemos intentado levantar -las fortificaciones derruídas o construir otras, -Inglaterra ha hallado medio de hacer obstrucción. -Nuestras tentativas por recuperar en la bahía de -Algeciras el rango a que tenemos derecho, o -simplemente por organizar la defensa de nuestro -territorio, corresponden a la segunda mitad del -siglo <span class="smcap">xix</span>. El último proyecto, el que más nos interesa, -puesto que se aplica a los modernos adelantos -de la artillería y a las recientes innovaciones -en el arte de la fortificación, lleva la fecha -de 1900.»</p> - -<p>Los ingleses, por su parte, hacen perfectamente, -pues una vez bien fortificada la parte española -y artillada con cañones modernos, El Peñón -estaría, dada una conflagración europea, en -verdadero peligro.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154"></a> -<a name="Page_155" id="Page_155"></a></span></p> - -<h2 class="nd">TÁNGER</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Tanger"><img src="images/p155.jpg" width="400" -height="172" alt="TÁNGER" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156"></a> -<a name="Page_157" id="Page_157"></a></span></p> - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p157.jpg" width="500" -height="187" alt="" title="" /></div> - - - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/e.jpg" width="100" height="99" alt=""/> -</div> - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">En</span> el <i>Gibel-Musa</i>, vapor inglés, después -de tres horas de mar, llego a -tierra mahometana. Desde a bordo -ha comenzado para mí lo pintoresco con el -amontonamiento, sobre cubierta, de moros y judíos -de distintos aspectos, blancos, morenos, de -ropajes oscuros o de vestidos vistosos. Había -ancianos de largas barbas blancas, semejantes a -los Abrahames de las ilustraciones bíblicas, y -mocetones robustos, hombres de faces serenas -y meditativas, mercaderes con morrales y cajas. -Había rimeros de paquetes, armas, bagajes. Ha<span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span>bía -pipas humeantes de cazoleta diminuta. Cabezas -con fez, con turbante, con capuchón. Había -animales. Un árabe de negra mirada iba cuidando -su caballo. Un viejo de dulce y venerable aspecto -acariciaba un cordero. Las inglesas del -pasaje y unas norteamericanas de gorrita impertinente -y rosados colores sacaban instantáneas, -no sin la protesta de algunos de los africanos, -que veían en tal acto un atentado contra el precepto -koránico. Atrás quedaban las costas andaluzas. -(¿No es allá, oh soberbio y famoso mulato, -donde el Africa empieza más bien que en -los Pirineos?). El mar estaba apacible, a pesar -de las cóleras que le han sacudido los días pasados, -y el firmamento de un azul pacífico. Poco -a poco la ciudad fué apareciendo a mi vista, y -antes, a un lado, las alturas que se extienden -hacia el interior, en donde hormiguean las kabilas; -y más allá, la casita blanca del nunca bien -ponderado corresponsal del <i>Times</i>, Mr. Harris -(¡perpetúe Alah su felicidad y sus días!), que en -tantas andanzas se ha metido, y cuya cabeza ha -sido deseada por tantos alfanjes de hijos del -Profeta. Ese brillantísimo colega y Mr. Mac-Lean<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span> -tuvieron que salir más que velozmente a causa -de políticas aventuras, en las cuales estaba mezclado -el sultán modernista, sportman Moulai-abd-ul-Aziz -(¡que Alah le dé unos buenos tirones -de orejas!), el cual no piensa más que en bicicletas -y máquinas fotográficas, cosa que no había -pensado el buen Loti cuando le vió niño en la -corte de su padre.</p> - -<p>Por fin la ciudad se presenta, sobre el celeste -fondo, la ciudad blanca, muy blanca, tatuada de -minaretes verdes. Confieso que es para mí de -un singular placer esta llegada a un lugar que se -compadece con mis lecturas y ensueños orientales, -a pesar de que sé que es una ciudad profanada -por la invasión europea, adonde la civilización -ha llevado, con escasos bienes, muchos -de sus daños habituales. Por de pronto, he ahí -la muchedumbre de intérpretes del hotel, de dueños -de botes de desembarco que pretenden desollarnos -en todas las lenguas posibles. Y ya en -el muelle, después de pasar la aduana, muchedumbre -de guías, y de los que el señor Echegaray -llamaría, por no hablar como Quevedo, galeotos. -¡La aduana! Yo no sé que es lo que le<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span> -dice en árabe a uno de los empleados de turbante -y albornoz el intérprete que me conduce; pero, -como en algunos países cristianos, no me han -registrado el equipaje, y ha de costarme esa deferencia -el consabido premio. Entro a la ciudad -por una de las tres puertas juntas arábigas que -hay en los muros blancos, entre una muchedumbre -de albornoces, turbantes y babuchas, burritos -cargados, cargadores que atropellan, mendigos -que tienden la mano y dicen palabras guturales, -amontonamientos de fardos, de cajas, -de cargamentos de todas clases. Hacia la izquierda -subo por una calle estrecha, y a poco -estamos en el mercado, o Zoko Chico, punto en -donde se encuentra el hotel en que he de habitar -durante mi corta permanencia. A pesar de las -tiendas europeas, a pesar de la indumentaria de -los turistas y vecinos europeos, el aspecto de la -ciudad es completamente oriental. Me siento por -primera vez en la atmósfera de unas de mis más -preferidas obras, las deliciosas narraciones que -han regocijado y hecho soñar mi infancia, en español, -y complacido y recreado más de una vez -mis horas de hombre, en la incomparable y com<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>pleta -versión francesa del Dr. Mardrus: <i>Las mil -Noches y una Noche</i>. Es que tras esta mezcla -de árabes, de moros, de kabilas, de europeos, -que constituye la población accesible, existe el -misterio y la poesía de la verdadera vida de Oriente, -tal como en los tiempos más remotos. Pues, -como muy bien se ha observado, el Marruecos -contemporáneo es siempre el imperio moro del -siglo duodécimo, con su organización feudal, su -lujo y sus artes exquisitas. Y comprendo la inmensa -distancia que hay entre esos espíritus de -creyentes y fatalistas musulmanes y las almas -de Europa y América; entre esas razas del animal -humano llenas de ferocidades, de noblezas, -de arrojos, de vicios y de virtudes naturales, y -las razas nuestras que el progreso y la civilización -han llenado de artificialidad, de sequedad y -de desencanto. El desdén inmenso que estos -hombres sienten por nosotros, tiene su base -principal en el concepto distinto de la vida que -hay en su cerebro. Ellos no guardan, como los -que somos cristianos, ciertas ideas del pecado -que hacen dura y despreciable la vida terrestre, -y en su inmortalidad teológica, no esperan ni<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span> -premios ni castigos que vayan más allá de nuestra -comprensión.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Salgo del hotel a dar mi primera vuelta por la -ciudad, caballero en una mula mansa y vieja, en -una silla morisca forrada de paño rojo. Me precede, -en otra mula, el guía, un español que hace -largos años reside aquí, y que conoce el idioma -perfectamente. Me sigue, a pie, un morito vivaracho, -de grandes ojos negros. Ambos llevan -látigos; el guía para los moros del pueblo, que -no se apartan del camino, y el morito para mi -mula. Así pasamos por toda la larga y única calle -que pueda merecer este nombre, hasta llegar -al gran Zoko, o Zoko de Barra, el mercado -principal. No nos detenemos, pues por esta vez -quiero conocer los alrededores. No lejos están -las casas en que habitan los cónsules, algunas -con hermosos jardines y de arquitectura oriental. -Más afuera, en los declives del terreno, o sobre -graciosas colinas, hay otras construcciones en -donde moran extranjeros. Después es la campaña. -Hay profusión de áloes y tunas, lo que en<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span> -España llaman higos chumbos, y datileros e higueras. -Manchas de flores rojas y amarillas entre -los repliegues del terreno, y gencianas y geranios. -Todo lo ilumina una luz grata y cálida. No -muy distante, advierto grupos de casas bajas, -aldehuelas como sembradas en el seno de los -valles, y de donde se eleva una columna de humo. -Y sobre una altura, de pronto, la silueta de un -jinete. Unos cuantos soldados entran montados -en sus hermosos caballos y armados de las largas -espingardas que se creerían tan solamente -propias para las panoplias de adorno y las colecciones -de los museos y armerías. Son de las -tropas que vienen del interior, en donde una nueva -insurrección se ha levantado de manera tal, -que desde hace algunos días son escasas las caravanas -que entran a Tánger, y, por lo tanto, -sufre el comercio.</p> - -<p>La tarde cae y vuelvo al hotel.</p> - -<p>He bajado a la playa, allá lejos, en donde hay -casetas de baño y pasan de cuando en cuando -moros montados en sus burros, que vienen de -no sé dónde, del campo vecino, de detrás de las -alturas cercanas. Hay cerca un quiosco blanco y<span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span> -pintoresco, casas blancas de techos rojos, habitaciones -en que ricos extranjeros se solazan enfrente -de las aguas azules.</p> - -<p>Desde aquí se divisa una parte de la población; -en algunos puntos jardines y arboledas; más -lejos, murallones, las orientales construcciones -cúbicas, construídas como en un vasto anfiteatro. -Hay algunas de dos pisos, y tales rodeadas de -otras bajas, con muchas puertas.</p> - -<p>Una que otra lancha se ve por ahí cerca en el -mar quieto. Hay una grande paz. Por aquí deben -habitar de esos ingleses y norteamericanos hábiles -y curiosos que han sentado sus reales en esta -tierra y han explotado y explotan el país comercialmente, -o como dice un buen censor, que han -hecho experiencias industriales e industriosas. -Los chalets y moradas que hay cerca de mí, -muestran todos los aspectos de nuestras mansiones -de ricos occidentales.</p> - -<p>A poco rato de vagar, he aquí que sale de una -de las casas una bella dama rubia, mientras en -lo interior suena un piano. Pongo el oído atento -a lo que tocan. Es algo del <i>Otello</i> de Verdi. No -está fuera de lugar.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span></p> - -<p>Un caballero español me presenta a Mohamed-Ben-Ibrahim, -moro de letras, que ha viajado por -Francia, Italia y España, y que conoce perfectamente, -para ser moro, la literatura española. Es -un tipo elegante, quizá demasiado europeizado, -que a su traje flotante y soberbio ha agregado -una magnífica leontina hecha por un platero madrileño, -y un reloj suizo, de cincelados oros, con -campanilla de repetición, que se complace en -hacerme oir cuando paseamos... Me habla del -poeta Zorrilla y me recita versos del maestro. Me -pregunta si Zorrilla sabía árabe y, como yo resueltamente -y creyendo decir la verdad, le digo -que sí, su contentamiento es grande. Mohamed -no ha perdido mucho de su carácter nacional a -pesar de sus viajes y de su confesado afecto por -las mujeres cristianas, sobre todo por esas huríes -singulares de París. Él continúa en la completa -fe de sus mayores, y es un mahometano practicante -que no olvida, a la hora señalada, su plegaria, -con la mirada hacia el punto cardinal en -donde la ciudad sagrada se encuentra. Pero no -es suficientemente ortodoxo... Hemos entrado en -un bar, o cosa por el estilo, que hay cerca de mi<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span> -hotel, y allí Mohamed se ha mostrado demasiado -afecto a una bebida nacional británica, muy -usada por los célebres rumíes Harris y Mac -Lean...: el whisky-and-soda. «Amigo Mohamed, -le digo, tengo una vaga sospecha de que vuestro -profeta no os ha dicho precisamente que el vino -es bueno, y menos el whisky». Mohamed sonríe, -pero no con irreverencia occidental, antes bien -como quien va a decir una cosa de razón a quien -la ignora. «Es cierto que él peca, porque le gustan -mucho no solamente el whisky, sino los vinos -de España, y sobre todo el champaña que -aprendió a saborear en los bulevares parisienses, -y cierto moscato espumante de que la admirable -Italia le dió muestra exquisita, pero él es un creyente -que conoce muy bien su religión, y las condiciones -que hay que llenar para que los pecados -sean perdonados y sea abierto el mahometano -paraíso. El peca, y luego va a la Meca.</p> - -<p>No ha faltado, desde hace tiempo, una sola -vez a la consagrada costumbre, obligatoria para -todo buen musulmán, y así Alah le reconoce -digno». Esto dicho, Mohamed bebe su licor escocés -con fruición y vuelve a hablar de poesía.<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span> -A este propósito me confía que se ha atrevido a -hacer versos en español, y me recita algunos, no -más malos que los de tales incircuncisos que yo -me sé. Me cuenta que hay marroquíes y tunecinos -que cultivan la literatura castellana, y me -pondera a un su amigo de Túnez, llamado Abul -Nazar, de quien me recita unos versos a la Giralda -sevillana, que le habrían satisfecho a Zorrilla, -por moros y por zorrillescos. Abul Nazar, -como Mohamed-Ben-Ibrahim, siente en verdad -que el alma del autor de <i>Granada</i>, era, siendo -tan católica, enormemente sarracena. Los versos -de Abul Nazar, son los siguientes:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line">Giralda, alminar gentil</div> -<div class="line">En que la belleza mora,</div> -<div class="line">Eres cautiva señora</div> -<div class="line">En extranjero pensil.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line">Yo te llevara a un paraje</div> -<div class="line">Que fuera harén opulento,</div> -<div class="line">Donde regalase el viento</div> -<div class="line">Tus alharacas de encaje.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line">Vieras con el ajimez,</div> -<div class="line">Que ojos finge de tu cara,</div> -<div class="line">Las lejanías del Sahara,<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span></div> -<div class="line">Los bosques de Mequinez.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line">Sobre cielos carmesíes</div> -<div class="line i2">Las huríes,</div> -<div class="line">Aun más blancas que el marfil,</div> -<div class="line">Se apostaran por mirarte</div> -<div class="line i2">E imitarte</div> -<div class="line">En tu apostura gentil.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line">Desde tu altura sonara</div> -<div class="line i2">Dulce y clara</div> -<div class="line">La canción del Muëzín;</div> -<div class="line">Te abanicaran palmeras</div> -<div class="line i2">Y tuvieras</div> -<div class="line">De rosas blando cojín.</div> -</div><div class="stanza"> -<div class="line">¡Quién abrochara tu talle</div> -<div class="line i2">De mi valle</div> -<div class="line">Con el nardo embriagador!</div> -<div class="line">Y a tu pecho floreciente</div> -<div class="line i2">Diera ardiente</div> -<div class="line">Cálido beso de amor.</div> -</div></div></div> - -<p>¿Qué más morisco y qué más zorrillesco? Ese -son de guzla es ciertamente una oriental que se<span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span> -intercalaría sin detonar, entre las del autor de -<i>Tenorio</i> o las del injustamente olvidado padre -Arolas.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Anoche he estado en el principal café moro. -Por una puerta estrecha que da a una angosta -callejuela, se entra al no muy espacioso recinto. -Hay tapices para los del país, y mesitas para los -visitantes extranjeros. Mi amigo español y yo -nos sentamos en una de las últimas. Había cerca -de nosotros varios franceses y señoras inglesas. -Un mozo de rojo fez nos sirve en pequeñas tazas -el café ya azucarado y sin colar, como es uso y -como lo solemos tomar los aficionados en París -en el restaurant judío-oriental de la rue Cadet. -La atmósfera está cargada, pues no son pocos -los fumadores. Unos fuman el tabaco solo, y -otros mezclado con cáñamo indiano. De pronto -inicia la orquesta—¡la orquesta!—un son de los -suyos... La orquesta se compone de ocho o diez -músicos que tocan los más inverosímiles violines -y violones. Veo un solo violoncello europeo tocado -por un morenote barrigón que mueve todo<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> -el cuerpo cuando toca. Es un solo motivo repetido -una, dos, innumerables veces, motivo triste, -lánguido, hipnotizante; y como no andan muy -acordes todos los que ejecutan, da la disonancia -persistente, a veces, cierta angustia. ¿Qué impresión -hay en mí? En verdad, vuelve a cada -paso, por la escena iluminada por las lámparas -de cobre, por el ambiente, por los tipos y sus indumentarias, -la reminiscencia miliunanochesca; -pero también pienso que no es la primera vez -que escucho ese aire monótono y veo esas singulares -figuras. A la idea de cuento árabe se -junta entonces el no lejano recuerdo de la Exposición -de 1900. Me regocija un tanto, por el lado -poético, el que esto esté en su centro y lugar, -aunque me amargue mi contentamiento el notar -que todo se hace para satisfacer la curiosidad y -recibir las pesetas del turista, del perro cristiano. -Las cuerdas chillan rozadas por los arcos curvos, -y de las cajas sonoras, hechas unas en forma -de zuecos, salen las voces gimientes. A esto -acompañan varios guitarrones a manera de laúdes, -con labores de nácar incrustados, y a todo -se unen las voces cantantes de los músicos mis<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>mos, -entre los que hay jóvenes y viejos, abundando -entre los últimos siempre los rostros bíblicos, -las caras de viejos profetas aullantes.</p> - -<p>Hay que salir de ahí para librarse de la repetición -dolorosa y llorosa del motivo oriental, que -llega a causar malestar en los nervios.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>El canto o más bien recitado del muezzin, es -de esas cosas que no se olvidan cuando se las -oye. En lo profundo de la sombra nocturna, o a -la hora del crepúsculo, o bajo la maravillosa -luna que brilla sobre zafiro celeste, su voz, en -un ritmo repetido y único, confía al viento y promulga -al mundo que Alah es grande. Esta campana -humana que llama a la oración y que recuerda -a las razas más creyentes del orbe la -omnipotencia del Dios poderoso, es de lo más -impresionante intelectualmente que se puede todavía -encontrar sobre la faz de la tierra, de la -tierra árida de destrucciones mentales, seca de -vientos de filosofía, y que casi no halla en donde -resguardar el resto de las creencias y de amables -ilusiones divinas que han sido por tantos<span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span> -siglos el sostén y la gracia del espíritu de los -pueblos.</p> - -<p>Flaubert afirmaba, que si se golpeaba sobre -las cabezas bellas y graves y pensativas de estos -africanos, no saldría más que lo que hay en un -<i>cruchon sans bière ou d'un sepulcre vide</i>. Yo -he oído salir de estos cerebros—quizá de los -menos europerizados que en mis pocos momentos -africanos he conocido—pensamientos serios -y ocurrencias interesantes. No porque ellos tengan -un punto de vista diferente del nuestro en la -vida, en el progreso y en la esperada inmortalidad, -dejan de mostrar una sensatez y largas vistas -que muchos cristianos desearían. Son excepciones, -es cierto; pero no hay que olvidar que -esta raza tuvo en jaque a Europa y encendió lámparas -al mundo cuando había enseñanza en -Córdoba, y gloria en Granada y en Bagdad.</p> - -<p>El zapatero que tiene su taller en un miserable -tenducho, os dice razones discretas y, sobre -todo, os trata con toda la urbanidad apetecible, -desde luego que entráis bajo su techo. Esos remendones -de babuchas son curiosísimos, y, según -mi intérprete, hacen entre la morería, como<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span> -los barberos de nuestras civilizaciones cristianas: -charlar de los sucesos que pasan y entretener o -impacientar al cliente con sus conversaciones. -En este caso, pues, el silencioso vivir de la raza, -tiene su contraparte...</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Día de mercado. El gran zocco es un vasto -cafarnaum, un hervidero de colores y de figuras -bizarras, una colección rara, para el extraño, de -escenas pintorescas.</p> - -<p>He aquí las caravanas en reposo, después de -haber cruzado el desierto para traer las mercaderías -de lejanas comarcas. Los camellos, que -hasta hoy había visto tan sólo en jardines zoológicos, -en la bohemia de los circos errantes, los -camellos, feos y misteriosos, cantados tan bellamente -en los versos de Valencia, están aquí en -su ambiente y bajo su cielo, unos echados, otros -de pie, tristes, esfíngicos, jeroglíficos...; y junto -a ellos, sudaneses de carbón, beduínos de gestos -fieros, entre bultos y amontonamientos de cosas -heteróclitas. Más allá, mulas, caballos desensillados -o con las consabidas monturas rojas. Y<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> -un mundo de gentes diversas, un andante museo -de biología comparada, y una variedad de vestimentas -y de tintes que sorprenden e interesan. -Aquí está un moro berberisco, con su capucha -calada que le cae atrás en pico: su traje que se -asemeja a una clámide con mangas que le llegan -a medio brazo, y el aire poco reservado, en su -cara que llamara campechana si no relampagueasen -de repente instintos terribles en sus pupilas. -Lleva las piernas desnudas, la barba afeitada, -los pies descalzos. Luego un kabila ceñudo, -rapado el cabello por delante hasta formarle -una calva sobre el apretado y corto pelo negro; -los ojos crueles, la boca voluntariosa bajo un -bigote escasísimo. Luego un árabe rubio casi, de -mirada soñadora y barba fina, y un árabe moreno, -de cara afilada, mentón puntiagudo que prolonga -la barba negra, cráneo alargado, gesto -autoritario y siempre duro. Luego negros colosales; -¿senegalenses? ¿abisinios? ¿sudaneses?</p> - -<p>Perdonad mi escasez de antropología en tan -curiosas sensaciones africanas; mas lo único que -os diré, es que como esos gigantescos negros -eran, o deben haber sido, los que cuidaban los<span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span> -molosos y los leones de la reina de Saba. Los -vestidos hacen sus juegos de color en la plaza -hormigueante. Ya es el jaique blanco, ya el jaique -rosado, ya el jaique verdoso, ya el jaique obscuro -o leonado; ya el amplio albornoz majestuoso, -ya los mil turbantes de varias formas. Veo turbantes -rojos en el centro, y alrededor blanquísimos, -en un pesado retorcimiento de telas, turbantes -blancos de centro negro, turbantes todos -negros y turbantes todos blancos; y unos que -parecen hechos con camisas viejas y otros que -parecen gordas trenzas de fulares de lujo. Una -tela es áspera y pobre; otra os da idea del gran -señor que la lleva, por los tejidos de oro que brillan -en la ondulante seda o preciosa lana. Hay -albornoces que indican una categoría. Hay babuchas -ricas y babuchas miserables.</p> - -<p>A tal comerciante le veo una leontina semejante -a la de mi amigo Mohamed-Ben-Ibrahim, y un -rostro que parece haber pasado por el pecaminoso -ambiente de París. Si irá también con frecuencia -en peregrinación a la Meca... Y paso -entre este mundo tan diferente al mundo en que -he vivido, con la sensación de estar en un am<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>biente -de fantasía. En este lado, un moro vende -dátiles en confitura; más lejos unas galletas de -apetitoso aspecto; más allá, dulce de no sé qué -fruta; más allá habas; acullá aceitunas, y almendras, -y pan del país hecho de un trigo especial -que llaman <i>dura</i>.</p> - -<p>Luego, son unos ambulantes vendedores de -babuchas y cueros, curtidos, de colores vivos, -orfebrerías y tejidos de oro de Fez: <i>chiarenas</i>, y -jaiques hechos a mano. Y en sus tenduchos, -otros mercaderes aguardan indolentes a los compradores -de sillas de montar, de turbantes, de -arneses, de puñales, de hierros y aceros distintos, -de vasos y jarras. ¿Y las mujeres? Yo no he -visto sino tales envoltorios blancos, pobres viejas, -que como todas las mahometanas, tenían el -pudor oriental de la cara. A una jovencita alcancé, -en un descuido, a verle el rostro, por un lado; -era hermosa, mas me pareció que estaba tatuada -en la mejilla. Mirad si un artista, en estas tierras, -tiene en donde ver vida aparte, seres aparte, y -soñar su sueño, aparte...</p> - -<p>Caminando llego hasta un grupo de gentes -que ven a un encantador de serpientes. Más lejos,<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span> -unos <i>aissaouas</i> hacen sus sabidas terribles proezas. -Al son de unos roncos tambores golpeados -por las manos de sus dos compañeros, el salvaje -brujo comienza a mover la cabeza primero, luego -el busto, luego todo el cuerpo, sin mover los -pies, en una danza de cobra, de adelante atrás o -de un lado para otro. Los moros le miran en silencio. -Uno de los tamboreros echa en un brasero -cierto polvo resinoso, que produce fuerte humareda, -en la cual, sin dejar su rítmico vaivén, -mete la cabeza el <i>aissaoua</i> y aspira con fuerza. -Diríase que se hipnotiza y que se anestesia. A -poco toma un puñal agudo y se traspasa un brazo, -una mano, una oreja, la lengua; ase a puñados -brasas que uno ve que queman, pues se -siente un repugnante olor a carne asada...; se -echa de barriga sobre un sable afiladísimo y se -le ve en la piel una herida que brota sangre...; -se mete una especie de cuña en la órbita de un -ojo y el globo sale fuera, horroroso...; ase varias -víboras que dicen ser venenosas y se deja -picar en los labios, en el cuello, en la lengua... -Los tamboreros siguen su son, al que agregan -un canto nasal y chillón. Para final, el brujo feroz<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> -toma un poco de paja, la da a examinar a la asistencia -como nuestros prestidigitadores, la enrolla, -la hace una pelota entre sus ásperas manos, -sopla en ella y la paja se enciende y arde sobre -sus palmas hasta que se consume. Los concurrentes -le dan unos cuantos ochavos y la función -concluye para recomenzar más tarde.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Al retirarme veo en otro extremo de la plaza, -que forma un declive, gran muchedumbre sentada -en el suelo silenciosa. Frente al grupo de albornoces, -jaiques y turbantes de colores, se alza un -árabe de negra barba, todo vestido de blanco, -tipo, en verdad, hermoso y aristocrático. Habla, -recita. Mi intérprete me explica: «Es el poeta que -cuenta cuentos». Viejos, muchachos, hombres, le -escuchan como a quien trajese noticias de reinos -extraordinarios, de países de ilusión. Bello es el -espectáculo al armonioso brillar del sol de la tarde -sobre los hombres, sobre las vestiduras, sobre -las cercanas casas cúbicas y blancas. El -poeta, el narrador, dice con entonaciones admirables, -en su gutural y ronca lengua, sus histo<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span>rias, -sus cuentos. Y hay algo en su declamación -del modo de recitar de los actores franceses. -Cuando concluye, todos desfilan ante él y le -dejan su óbolo.</p> - -<p>Y al partir y al despedirme de ese lugar y de -este país en donde jamás un tholva leerá un libro -de Nietszche, vuelve a mi memoria el libro maravilloso, -el libro glorioso, a quien se debe tanta -magia, tanto color, tantas sanas alegrías y visiones -interiores, el adorable <i>Alf lailah oua lailah</i>—<i>Las -mil noches y una noche</i>—que empieza: -«Está referido—pero Alah es más sabio y más -cuerdo y más bienhechor—que había—en lo que -transcurrió y se presentó en la antigüedad del -tiempo y el pasado de la edad y del momento—un -rey entre los reyes de Sassan en las islas de -la India y de la China...»</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180"></a> -<a name="Page_181" id="Page_181"></a></span></p> - -<h2 class="nd">VENECIA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Venecia"><img src="images/p181.jpg" width="400" -height="172" alt="VENECIA" title="" /></a></div> - - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182"></a> -<a name="Page_183" id="Page_183"></a></span></p> - - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p183.jpg" width="500" -height="168" alt="" title="" /></div> - - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/e.jpg" width="100" height="99" alt=""/> -</div> - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Escribir</span> sobre Venecia, insistir sobre -Venecia... ¿todavía? Bien se pudiera, -para nosotros, sobre todo, con -un poco del montón estético ruskiniano, con Molmenti, -con los mil de la bibliografía veneciana, -hacer, al uso del fácil literaturismo, una labor de -pintorescos retazos, como del viejo traje de Arlequín, -desecho de los últimos carnavales... No -en mis días. Uno podría aparecer de repente que -me dijese: «Eso es de Ruskin», o «es de Molmenti». -Os doy mejor lo mío, mis impresiones, -mis instantáneas intelectuales, a toda luz, para<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> -que todos las comprendan y las vean. Esto me -atrae desde hace ya tiempo las simpatías de las -excelentes personas que gustan de la claridad y -de la sencillez...</p> - -<p>Así, pues, guardo mi flauta y mi violín, que me -habrían servido para ejecutar vagas rapsodias en -esta ocasión, y digo simplemente que estoy en -Venecia, de nuevo, y que, desde la misma ventana -del hotel Bellevue, por donde me asomaba -hace cuatro años, veo la misma joya bizantina -de San Marcos, las palomas, la plaza, con el -Campanile de menos, y los ingleses eternos, que -van a visitar la iglesia, el palacio, y a dar de comer -a las palomas... La primera vez me enamoré -de Venecia con locura: hoy, creo que estoy -siempre enamorado de ella, pero haría un matrimonio -de conveniencia... No porque la juzgue -muerta, como Maurice Barrés, porque Anadiómena -no muere, sino por las malas frecuentaciones -y relaciones que ha tenido; no por su decadencia, -sino por su profanación. Profanación del -peor vicio cosmopolita que viene a flotar en góndola, -para dar color local a sus caprichos; del -ridículo literario de todas partes, que escoge<span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span> -como decoración de insensatez estos lugares divinizados -por la poesía y consagrados por la -historia; del dinero anglosajón y alemán que vulgariza -los palacios y las costumbres, del turismo -carneril que invade con sus tropillas todo rincón -de meditaciones, todo recinto de arte, todo santuario -de recuerdo. Esto se ha convertido, ¡oh, -desgracia! en la ciudad de los Snobs, en Snobópolis. -Y es el peor snobismo existente el que aquí -se da cita. ¿Sabéis que podéis encontrar en el -Danieli aristocracia adventicia, falsa y pentapolitana? -Chiflados de todas partes vienen a querer -convertirse en ruiseñores y a creer que hacen -brillar la renovación de grandes nombres. Periodistas -ricos y novelistas de París, de Londres, -de otras partes, vienen a vivir dos meses de novela -pseudosentimental que les dé para ponerla -en una serie de artículos, en un volumen... Pintores -de rezagado romanticismo enfermos, o de -ultrahisterismo, rematados, <i>ainda mais</i> llenos de -ideas morbosas, llegan a proyectar telas y a -realizar escándalos de que los Esclavones sonríen -y la Piazzeta se conmueve, aun... Tal novelista -bulevardero, busca aquí temas o decorado,<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> -para sus escenas, para su literatura asfaltita. Y -las siete lámparas de la Arquitectura no se apagan, -y las Piedras de Venecia siguen impasibles.</p> - -<p>...Piedras de Venecia, ¿quién diría vuestros -encantos, vuestros misterios, vuestros maravillosos -secretos, vuestras floraciones de idea y de -arte? Muchos lo han dicho—y el mejor, y el último, -ese inexcusable D'Annunzio... Y he aquí que -D'Annunzio se me asemeja a esa prodigiosa Venecia... -¿Raro? No sé. Vamos a ver.</p> - -<p>Venecia, la poética, la soberbiamente dulce, -la celeste Venecia—decía yo a un amigo mío, -compañero de viaje, mientras la góndola nos -conducía en esas aguas soñolientas cuyo paludismo -se mezcla a tanta reminiscencia intelectual... -Y me esforcé en hacer todo lo posible para -presentarle, en cortas frases, una monografía -veneciana, una imagen pequeña como en un pequeño -espejo, de la soberana y magnífica república, -del poderío antiguo, de la maravilla de sus -grandezas comerciales y políticas, de su vida artísticamente -real y práctica, y cruel y terrible y -poética y sangrienta. Le cincelé en poca prosa -un Puente de los Suspiros... Le hice ver el Ca<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span>nalazzo, -casi en verso, con estrofa por palacio... -Le diluí, con mi mejor manera, la dulzura de -amar y el ardor de amor, en ese ambiente. Le -hice sentir a Giorgione, y adorar el Ticiano, a su -manera. Vió de oro, de mármol y de sol amable -la ciudad de silencio, de amor y de crepúsculo. -Saqué mi violín... En esto llegó, en otra góndola, -un agente de una casa de cristalería y muebles... -Fuimos a los almacenes. Vimos muchas -cosas de todas clases y hubo que comprar. Había -una Venus de mármol, cristales finísimos y -pacotilla... Recordé un cuento de Julio Piquet, a -propósito de un lindo vaso. Hubo que hacer sumas... -Hablamos en inglés... El agente hacía señas -al vendedor, para su comisión... Afuera brillaba -un bello sol sobre el gran canal... Eso es -D'Annunzio... ¿y qué?... Eso es nuestro tiempo. -Eso es nuestra vida actual. Eso es: pompa y -oropel, brillo y negocio...</p> - -<p>...La negra góndola va por el agua negra y -mal oliente. Relucen sus adornos dorados. Va -entre las viejas puertas, las paredes viejas y las -rejas de las famosas prisiones. El gondolero no -deja de enseñarme su lección de historia hasta<span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span> -que le pido silencio. Va la negra góndola. Sale -al gran canal. La tarde es literaria. El sol va adorablemente -dorando con oro violeta las aguas, y -con oro rojo pálido la cúpula de San Giorgio... -La luz, el paisaje, la armonía suprema natural, el -horizonte «histórico», el aire melificado por siglos -de besos de amor, los poetas que por aquí pasaron, -los duxes, los conquistadores... ¡Qué hermoso -escenario para veinte años vírgenes y una -lira! Yo tengo casi el doble, y sin palma; y el -instrumento apolíneo creo que se me quedó en -Buenos Aires...</p> - -<p>Llego al Lido en momentos en que puedo presenciar -un lamentable espectáculo. D. Carlos de -Borbón y su esposa D.ª Berta de Rohan, bajan -a tierra, de su barquilla a vapor, o a gasolina, -una especie de automóvil marítimo. Hace años -os he hablado, con respeto y simpatía, de ese -rey en el destierro... Hoy le veo y me parece que -no le ha limado el tiempo. Su D.ª Berta—«¡Rohan -soy!»—es la misma. El aspecto del monarca <i>in -partibus</i> es el mismo, y su humor que se transparenta -por sus maneras, pintado admirablemente -por Luis Bonafoux, debe ser el mismo. Y <i>Cé<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>sar</i>, -el perro, de que hablé también hace ya tiempo, -sigue siempre al lado del amo, símbolo de la -carlista fidelidad.</p> - -<p>Conozco la mayor parte de las repúblicas -nuestras, con sus extrañas políticas movidas -desde los palacios presidenciales y casas de distintos -colores, y llego a este propósito a recordar -la ocurrencia que en una revista francesa expresó -un chispeante escritor argentino, Luis -B. Tamini: ¡Los pueblos latinoamericanos unidos -en un gran imperio o reino, y proclamado y coronado -señor, D. Carlos de Borbón! La broma -da que pensar, sobre todo, si se han leído los -versos en que un poeta y diplomático del Perú, -el distinguido Sr. Chocano, dice con su épica -trompa:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Ve a Porfirio I: si él es fuerte y es grande,</div> -<div class="line">Grande y fuerte es su pueblo. Y él nos da la lección.</div> -<div class="line">Quien le diga tirano, ya sabrá que en América</div> -<div class="line">Los rieles que se clavan son los grilletes de hoy.</div> -</div></div></div> - -<p>Yo no sé lo que dirán de eso mejicanos poco -entusiastas por los rieles del presidente Díaz, -como el escritor Ciro Ceballos. Mas volviendo<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span> -a D. Carlos, no me uniría yo a la proclamación -que inicia Tamini, desde que le he visto salir de -su lanchita a vapor en las playas de ese Lido por -donde vaga el recuerdo de Byron. Le he visto, -con su esposa, ella muy elegante, muy parisiense, -él muy sportman, muy inglés, con su sombrerito -de paja y doblado el ruedo de los pantalones, -como es de uso entre la correcta gente -británica. Hasta allí todo va perfectamente. Mas -¿esa banderita española que parte los corazones, -en la popa de la lanchita automóvil? ¿Y esos marineros, -vestidos como comparsas de zarzuela -patriótica, con cintas amarillas y rojas en vestidos -y sombreros?... ¡Oh, Daudet, oh, Voltaire!</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Llevo en la obscura barca el libro en que Barrés, -cultivando siempre su yo, realiza preciosas -páginas de amable filosofía. Y me fijo en las que -hablan de «las sombras que flotan sobre los ponientes -del Adriático». Es una la del sereno -Goethe, otra la del sentimental Chateaubriand, -otra la del borrascoso lord Byron, dos unidas, -las de Musset y George Sand; otra la del pintor<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span> -suicida, Leopoldo Robert; luego la de Taine, la -de Gautier, la de Wagner. Pienso que esas sombras -tienen mucha culpa, con los evocadores de -ellas, de que la encantada ciudad pueda justamente -ser denominada Snobópolis. Desde más de un -honesto burgués atacado de mal de novela vivida, -hasta los equívocos Aldesward, se acogen, -quién al amparo de la sombra de Musset, quién -a la de Wagner. Solamente a la del sesudo Taine -sospecho que la dejan tranquila.</p> - -<p>...¡Musset, George Sand! Acaba de publicarse -la correspondencia de ese famoso par de románticos, -y no por pura indiscrección del encargado -de la publicación o de las familias respectivas, -sino por póstuma voluntad de aquella terrible señora, -que pensó en el futuro, en que la humanidad -del porvenir tendría interés en saber sus intimidades -poco delicadas, y la estupenda situación -del <i>ménage à trois</i> sentimental y físico que -sostuvieron su inaudito carácter y su extraordinario -temperamento. Sand, Musset, Pagello... -¡Da pena leer esas cartas, pena por el pobre -Musset, jovencito, soñador, alcoholizado, y en -manos de semejante literata! La literatura los<span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span> -unió, y Pagello, que no entendía de literaturas, -aparece allí como el más interesante bruto. Él es -el único que está en la vida. A los dos curiosos -amantes, apenas el velo de oro de la gloria alcanza -a librarlos del ridículo. Ellos mismos fueron -snobs <i>avant la lettre</i>.</p> - -<p>Oigo, por la noche, en el silencio de los canales, -bajo el taciturno cielo, como eco de cantos. -Vuelvo a la góndola y me dirijo hacia en donde, -en una gran barca adornada de farolillos de colores, -suenan violines y flautas y guitarras. Allí, -una graciosa muchacha, acompañada por los -instrumentos, canta sus canciones. La barca está -rodeada de góndolas, y todos los que han llegado -atraídos por la armonía, escuchan. Hay allí -seguramente espíritus de pasión, almas de ideas; -y hay allí, seguramente, de los cosmopolitas de -Snobópolis. Hay quienes, silenciosos, sueñan su -sueño, y quienes se engañan a sí mismos, en una -aventura de farsa, en una comedia amorosa, artística -o literaria. De todas maneras, es éste aún -uno de los lugares de la tierra en donde, los -enamorados del amor o de sus visiones, pueden -encontrar un refugio, a despecho de los profanos<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span> -invasores. <i>Aunque se quiera, no puede haber -un automóvil.</i> No hay más que el de D. Carlos -sobre las aguas... Se puede también apartar por -momentos, mejor que en ninguna parte, la dolorosa -realidad cotidiana. «El único medio eficaz -de soportar la vida, es olvidar la vida», dice el -ya citado M. Taine. Aquí se puede gozar de ese -olvido, pues Venecia, todavía, a pesar de los -judíos de las fábricas de vidrios, a pesar de los -clientes del café Florián, a pesar de los estetas -de larga cabellera, es un país de sueño y de ilusión, -un reino florido de versos y de melodías. Y -la belleza de las mujeres venecianas, consagrada -en rimas y en cuadros magistrales, con sus gloriosas -cabezas que Ticiano amaba, está allí, indestructible, -atractiva, demandando la ofrenda -del canto y el tributo del amor. Amor que inspiran, -no terribles y estrepitosas Pentesileas de letras, -como la ilustre jamona del lírico de <i>Las -Noches</i>, sino prodigios de gracia y de decoro -juveniles, primaverales, como aquella divina y -casi impúber condesa que adoró a Byron, la -Guiccioli, cuyo nombre vibra en la noche del -tiempo como un trino de italiano ruiseñor.</p> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194"></a> -<a name="Page_195" id="Page_195"></a></span></p> - -<h2 class="nd">FLORENCIA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Florencia"><img src="images/p195.jpg" width="400" -height="172" alt="FLORENCIA" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196"></a> -<a name="Page_197" id="Page_197"></a></span></p> - - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p197.jpg" width="500" -height="154" alt="" title="" /></div> - - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/u.jpg" width="100" height="100" alt=""/> -</div> - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Una</span> vuelta por la Cascine, una recorrida -al Lungarno, un saludo a Miguel -Angel, una reverencia a Dante, y después -de subir por la puerta Romana a respirar el -dulce aire en que se recrea la vegetación florida -que rodea al amable San Miniato, descender por -este suelo que hollaron los pies de Beatriz, hacia -la ciudad. Luego, pasar por las venerables construcciones -de dominó, detenerse un rato en el -Gambrinus, e ir en seguida a un restaurant, en -donde no se coma a la francesa, y en donde se -balancee en su armazón de níquel el grande y<span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span> -panzudo frasco de purísimo vino toscano. Es un -buen programa para turista que va de prisa. Si -sois artistas, esta ciudad es para largas permanencias, -para venir a pintar un gran cuadro, vivir -una bella vida, escribir un gran libro..., aunque -fuese uno más en la inmensa bibliografía inspirada -por la vieja urbe florida de los lirios y de las -rosas.</p> - -<p>Por la noche he ido al teatro en que cantan la -Paccini y Bonci. Aquí no se exige el traje de etiqueta. -Es algo así como si se diese a entender -que lo que en otras partes es función extraordinaria -y singular divertimiento, aquí es espectáculo -natural y propio. Se está en casa de la Opera, -de confianza.</p> - -<p>Magnífica orquesta, concurrencia, en donde -brillaban hermosísimos ojos de luz negra, o de -ardientes resplandores azules; copiosas cabelleras -de heroínas d'annunzianas, y un ambiente de -comunicativa alegría. Y son los viejos <i>Puritani</i>, -los que se cantan. Gloria a la música antigua, a -la melodiosa ópera romántica, a los maestros -que nos deleitan sin fatigarnos mucho el cerebro, -con el «vapor del arte». Las músicas nuevas y<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span> -sabias son para la cabeza; las que encantaron a -nuestros abuelos son para el corazón. Feliz quien -puede todavía gustar de esos goces de antaño, y -salir del teatro con la imaginación fresca, el alma -alada, como respirando un recién cortado <i>bouquet</i> -de ilusiones, y, como en el encanto de pasados -recuerdos, o en la esperanza de amor aún, -tarareando una romanza que aún no han alcanzado -a ajar los callejeros organillos.</p> - - -<h3>PEQUEÑA ÓPERA LÍRICA</h3> - -<p>Por la mañana, después de leer los versos de -un poeta joven y ardoroso, R. Blanco Fombona, -he tenido una singular soñación, de esta manera...: -«En cuanto a la persona del autor de esta -«Pequeña ópera lírica», diré que es un antiguo -conocimiento mío. Lo vi la primera vez en casa -del cardenal de Ferrara, en Roma, y allí nos presentó -en términos amables y corteses, messer -Gabriel Cesano. Juntos visitamos frecuentemente -en sus horas laboriosas al insigne Benvenuto -Cellini, a quien solíamos acompañar, algún tiempo -después en la ciudad de Florencia, cuando sa<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>lía -de paseo y aventura, durante cuatro días que -allí permaneció. Benvenuto lo tenía en estima y -cariño, porque mostraba un gentil hablar, una -gallarda figura y un ímpetu brillante para cosas -de placer y pendencia, además de sus relaciones -con las musas, docto en finas rimas, finas dagas -y finas palabras. Desrazonábamos a la luz de la -luna, a las orillas del Arno. Él tenía a veces súbitos -arranques de intransigencia y ponía yo -como escudo paciencia fuerte, para no acabar -tanto intelecto de amor en choque y sangre. Mi -mayor edad me daba más tranquilos argumentos. -Las discusiones eran sobre Cristo Nuestro Señor, -sobre el poder de Venus, sobre el mérito de -un salero de oro. Me solía repetir sentencias de -graves pensadores y exámetros de sensuales -poetas. Fraternizábamos en Epicuro, pero yo creyendo -siempre en Jesús santo, y él no. Me repetía -con frecuencia un apotegma del sesudo y honesto -Marco Aurelio: «En general, el vicio no -daña al mundo, y en particular no daña sino a -aquel que no puede abandonarlo cuando quiere.» -Tenía las más suaves y amables maneras y las -más inesperadas y agresivas sonrisas. Una no<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>che, -en una hostería, apaleó a un mozo, se armó -camorra, sacó la espada, llegó la justicia, yo me -escurrí. Sus frecuentaciones eran de todas guisas. -El mismo día en que me presentó a un grande -de España, le vi hablar con gentes equívocas. -«La vida es eso», contestaba a mi extrañeza. Era -gran partidario de los Médicis y amaba sobre -todo a Lorenzo, porque era poeta y se apellidaba -el Magnífico. Apenas había comenzado a vivir -verdaderamente, y ya quería escribir el diario de -su vida. Era injusto, porque la juventud es pasión -y la pasión no es justicia. Yo le observaba con -nuestro gran Benvenuto: «Tutti gli uomini d'ogni -sorte, che hanno fatto qualche cosa che sia virtuosa, -o si veramente che le virtù somiglie, doverieno, -essendo veritieri e da bene, di lor propria -mano descrivere la loro vita: ma non si doverrebe -cominciare una tal bella impresa, prima che -passatto l'età de quarant'anni». Partió a Flandes; -llegó a París y fué favorecido por el rey Francisco. -Tuvo una riña con La Primatrice a causa del -Cellini, e hirió gravemente a un mal enemigo, -por lo cual fué a prisión. Seguía siempre el cultivo -de su individuo, y el de los versos, y el de su<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> -fresca y valiente vida. Concluía una carta suya -que recibí en Florencia, con una cita de Séneca... -«et in isto vitæ habitu compone placide, non molliter». -Tan pronto oía rumor de guerra en cualquier -parte, quería volar, buscaba el caballo que -relincha en Job. Amador de gozo, había sido desde -la infancia sabedor de sufrimiento; y en su fragante -primavera, miraba a todos lados azorado, -cual si sospechase que iban de pronto a salir cabezas -de lobos de entre las rosas. Desconfiaba -de la más dulce amistad, pues en el corazón de -cada próximo bien podía haber un nido de perfidias. -Gustaba largamente del buen vino de España, -del excelente acero, de la carne en flor. Se -exaltaba con facilidad, mas de la violencia pasaba -en un instante a la blandura. Un día, con messer -Luigi Alamanni, que era alegre y razonable, -por una cuestión de arte, casi llega a la ofensa. -Guardaba en su estancia hermosas armas, ricas -sedas, libros de poemas, camafeos de diosas y -figuras itifálicas. Dejé de verlo por la ausencia. -Luego, no supe más de él. Un nuestro amigo romano -me dijo estar en conocimiento de que habiendo -partido a un país lejano y entrado en<span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span> -guerras, se había hecho coronar rey. Otro me -refirió que lo habían matado. Otro que se había -metido fraile.</p> - -<p>...Hoy, en una mañana ardorosa de las calendas -de Mayo, del año de 1904, en la ciudad de -Florencia, he escrito las líneas anteriores, que he -leído varias veces con meditación y cuidado. ¿Lo -que contienen, es una creación de la fantasía, o -bien un fijo recuerdo de una pasada realidad, o -la concentración de un sueño?... Pasemos. Pasemos... -Un poco de barata sabiduría alcánica -no haría mal; o un poco de teosofía hindú y -de H. P. B. No me interesan esas proezas. El -que tenga ojos que vea. ¡Para los demás todo es -inútil!</p> - -<p>El Arno está allí, no lejos de donde escribo. -Acabo de ver una vez más el palacio viejo, el -Perseo, los sátiros que rodean al Biancone... Estoy -saturado de italianidad y de florentinismo... -Doy a Dios gracias por los aislamientos intelectuales -que me procura, y por lo lejos que estoy -de tantas otras gentes... Y gusto los versos de -este poeta hispanoamericano, que es asimismo -tan de Italia, tan del Renacimiento, aunque sea<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span> -muy de hoy y tenga sangre española, y haya nacido -en Caracas y habite en París. «Pequeña -ópera lírica»... ¿qué me importa cómo se llame -el instrumento si suena bien y seduce la armonía? -El instrumento suena ya como una mandolina de -Venecia, ya como una melancólica guitarra americana, -o bien como una lira de arte nuevo. Mas, -quien lo toca, tenedlo por seguro, es un hombre; -un hombre que dice la verdad de su sentimiento -y de su pensamiento, a veces lo más personalmente -posible, a veces pagando el natural tributo -al momento intelectual por que pasa la joven poesía -castellana de ambos continentes. Ha pasado -ya la primera tentativa de Querubín, D. Juan se -afirma, sin que pueda evitar, un instante u otro, -un acceso de sentimentalismo, pues tiene pupilas -que contemplan el crepúsculo y oídos que oyen -la revelación de un son de flauta. Un donjuanismo -a veces pensativo, a veces precioso, a veces -felino... Como de su don Juan gato. El dirá el -encanto de las piedras preciosas, madrigalizará -arcáicamente, pagará lo que debe a la literatura. -Mas, cuando dice: Vida, es de verdad, y parece -que se desnudase, que se pusiese en pleno sol en<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span> -el orgullo de su animalidad, con el ímpetu de hacer -cosas fuertes y naturales, primitivas, que manifiestan -energía, músculo y voluntad. Y así contradice -al espíritu de decadencia un soplo de humanismo. -El cansancio, la tristeza urbana, la enfermedad -de las lecturas, el residuo de las varias -filosofías apuradas, dan paso a un soplo sano, a -un aire germinal, a un aliento agrario.</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">...Me dan ganas</div> -<div class="line">de beber leche, de domar un potro,</div> -<div class="line">de atravesar un río...</div> -</div></div></div> - -<p>Esto está ajeno a las parodias de corrupción -estética que infestan algunos de nuestros rincones -literarios, verlenianismo por fuerza, sibilinismo -de importación, «porque así se hace ahora», -cosas que a muchos parecen nuevas, y que ya -son, en verdad, muy viejas. Hombre enérgico, -de acción, la poesía le va bien, como el laurel a -la frente, la banderola a la lanza y el penacho al -casco. ¿Por qué te habías de dejar contagiar, -¡oh, amigo de Benvenuto y de Lorenzo!, por el -rebajamiento de las aspiraciones, por la humillación -ante su propia conciencia, por las <i>petites<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -saletées</i> del literaturismo industrial que privan en -las bajas regiones de la mentalidad parisiense, o -mejor dicho, bulevardera? Si caes, tanto peor -para ti, y rompe, antes, tus relaciones epistolares -con la Primavera, y encógete de hombros -ante los pañuelos blancos que dicen adiós. He -leído estos versos con el placer que se experimenta -siempre a la influencia de la juventud, con -todos sus bellos excesos, exuberancias e irreflexiones. -Tal fosco aspecto de ateísmo, tal contagio -de superhombría germánica, tal ligereza de -expresión, no van con mis pensares y mis gustos. -Lo que sí va, es el amor a la Belleza en general, -y a la femenina belleza en particular, y la -continua tendencia a la vida, a la dominación de -la vida, con sus países de ensueño y sus realidades -armoniosas, productoras, floreales, genésicas. -Va ese gran placer del sensitivo que toca los -nervios del mundo y los siente vibrar al unísono -con sus nervios; va el culto del beso y del verso, -y la savia pagana y la locura sensual de todo -panida.</p> - -<p>El grupo de rimas es corto. Siete cañas tiene -la siringa, y de cada una de ellas fluirá una rít<span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span>mica -voz. No alargaré esta disertación sobre la -breve ópera en que se canta un alma. Sería fabricar -un baúl para un collar de perlas o «hacer una -casa para un ruiseñor.»</p> - - -<h3>ITALOTERAPIA</h3> - -<p>El mejor sistema de curación para la fatiga de -los inmensos capitales, para el hastío del tumulto, -para la pereza cerebral, para la desolante -neurastenia que os hace ver tan sólo el lado débil -y oscuro de vuestra vida: este sol, estas gentes, -estos recuerdos, esta poesía, estas piedras -viejas.</p> - -<div class="figcenter6"><img src="images/p207.jpg" width="150" -height="201" alt="" title="" /></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208"></a> -<a name="Page_209" id="Page_209"></a></span></p> - -<h2 class="nd">DE TIERRAS SOLARES A TIERRAS DE BRUMA</h2> -<div class="figcenter6"><a name="Bruma"><img src="images/p209.jpg" width="400" -height="171" alt="DE TIERRAS SOLARES A TIERRAS DE BRUMA" title="" /></a></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210"></a> -<a name="Page_211" id="Page_211"></a></span></p> - - -<div class="figcenter6c"><img src="images/p211.jpg" width="500" -height="172" alt="" title="" /></div> - -<h3 id="Waterloo">WATERLÓO</h3> - -<div> - <img class="drop-cap" src="images/c.jpg" width="100" height="104" alt=""/> -</div> - -<p class="drop-cap"><span class="smcap">Cuando</span> descendí del tren, un carruaje -me condujo a recorrer el campo de -batalla. Hacía un bello día primaveral. -La vasta campiña verde se extendía bañada -de sol fresco, de luz dulce. Y fué primero el -gran recuerdo de Hugo, narrando la formidable -caída del dueño del águila, y a los sonoros clarines -líricos y a las terribles trompetas épicas -apareció todo lo que el arte ha creado por obra -del más tempestuoso derrumbamiento de gloria -y de soberbia que hayan visto los siglos. Y entonces -me convencía de que en realidad no puede<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span> -ya fácilmente concebirse otro Napoleón que el -Napoleón idealizado de la leyenda, el de los versos -de Heine, el de los cuadros lívidos de Henri -de Groux. Los lugares de peregrinación y de turismo, -la realidad de las reliquias conservadas en -las colecciones que se exhiben, todo contribuye -a afirmar mayormente el carácter extrahumano -de la acción que tuvo entre los hombres el semidiós, -cuyas cenizas están bajo la cúpula de los -Inválidos. (Semidiós..., cenizas, cenizas de semidiós..., -¡mísero planeta!) El gran león conmemorativo -se alza sobre su alto pedestal; los monumentos -dicen en letras borrosas nombres de -guerreros; la Ferme Papelotte alza su torrecilla -sobre las blancas paredes; Hougomont aún mantiene -ruinoso el tremendo capítulo de <i>Los miserables</i>, -las ruinas de la capilla, el Cristo de pies -quemados, el pozo; todo es la ilustración patente -del magnífico trozo de historia que cambió la -suerte del mundo. Aun tal tronco de árbol, contemporáneo -de la sangrienta función, se yergue, -destrozado y mordido por la curiosidad o la piedad, -o la admiración de estrictos visitantes. La -Belle Alliance, blanca y vieja, junto a la verde<span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span> -alameda, da su testimonio como una abuela. En -el cuartel general de Wéllington hay un café y se -vende leche fresca. En el castillo anciano, bajo -un galpón, está el carretón y los barriles, tomados -en Waterlóo. Y en un hotel inglés en que hay -un bar, se exhiben huesos, balas desenterradas, -apolilladas casacas, <i>petits-chapeaux</i>, autógrafos -de Blucher, Wéllington y otros jefes, números -del <i>Times</i> que dieron cuenta de la batalla, sables -franceses, holandeses, ingleses, hierros viejos, -memorias viejas. Una vieja inglesa hace el <i>boniment</i>, -da la explicación, vende tarjetas postales... -Después, uno, se toma, al lado, un bock, o un -whisky-and-soda, entre ingleses, que no faltan, -pensando en la leyenda del Aguila, en el inmenso -Napoleón, semidiós en cenizas.</p> - -<p>Y he ahí que al dejar el vasto campo en el -Mont-Saint-Jean, en donde tanta sangre se derramó -por <i>el Cabito</i>, por <i>el Pelón</i>, por uno de los -más tremendos azotes de Dios, cae sobre la tierra, -harta de osamentas, la clara bondad de los -azules cielos. Vacas rojas, manchadas de blanco, -pacen sobre la felpa ondulada de la llanura. Un -campesino ara. Suena a lo lejos un mugido. Un<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span> -pájaro pasa sobre mi cabeza, como una flecha. -Tranquilidad. Mayo. Paz.</p> - - -<h3 id="Rhin">POR EL RHIN</h3> - -<p>Adiós, Colonia, que aprendí a amar en Heine, -y que me eres grata por tu catedral portentosa, -por el agua que inventó Farina y por mi amigo -Johan Fasthenrath, que traduce a los poetas españoles -y ha llevado al zorrillesco D. Juan Tenorio -a hablar en el idioma del Doctor Fausto. -Te saludo por las once mil vírgenes que desembarcaron -en tu suelo, guiadas por la divina Ursula; -por Conrado de Hochsteden, tu Arzobispo; -por el arquitecto de tu fábrica sagrada, que entró -en tratos con el diablo antes que el amante de -Margarita; por el bravo obispo Engelbert de -Falkembourg y por Hermann Gryn, cuyas armas -aún he podido contemplar esculpidas en tu -<i>rathaus</i>. Llevo de ti la visión de tus puentes de -barcas, del domo labrado que erige al firmamento -sus oraciones de piedra, armoniosa y severa -iglesia, hermana gótica de las maravillas de -Burgos, de París, de las antiguas basílicas de<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span> -las ciudades que antaño sabían orar católicamente; -el magnífico esplendor moderno de tus -construcciones, de tus paseos entrevistos y de -una emperatriz Augusta, marmórea y serena, -sentada sobre su blanco pedestal ante un plantío -casi heraldizado de tulipanes multicolores.</p> - -<p>¡El Rhin! Y siempre la vasta sombra hugueana -por todas partes... Y la sombra de otro coloso, -Wagner, y las armoniosas baladas de tantos -poetas. Permitid que, por primera vez, cite versos -a propósito, de un poeta que me es íntimamente -personal y querido:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i10">...; la celeste</div> -<div class="line">Gretchen; claro de luna; el aria, el nido</div> -<div class="line">del ruiseñor; y en una roca agreste,</div> -<div class="line">la luz de nieve que del cielo llega</div> -<div class="line">y baña a una hermosura que suspira</div> -<div class="line">la queja vaga que a la noche entrega</div> -<div class="line">Loreley en la lengua de la lira.</div> -<div class="line">Y sobre el agua azul el caballero</div> -<div class="line">Lohengrín; y su cisne, cual si fuese</div> -<div class="line">un cincelado témpano viajero,</div> -<div class="line">con su cuello enarcado en forma de S.</div> -<div class="line">Y del divino Enrique Heine un canto</div> -<div class="line">a la orilla del Rhin; y del divino<span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span></div> -<div class="line">Wolfang la larga cabellera, el manto:</div> -<div class="line">y de la uva teutona el blanco vino.</div> -</div></div></div> - -<p>El vaporcito, flamante y elegante, sale por el -río, hacia Maguncia. Miro a un lado la campaña -verde, y a otro la fila de grises edificios comerciales -y marítimos. Hay una que otra chimenea -que lanza su humo. Se oye el rumor de la ciudad, -y a lo lejos el agudo clamor de una sirena. -Y antes de las últimas villas y chalets que señalan -el término de población, alcanzo a divisar -una especie de gigantesco guerrero, rey de piedra, -o monumental burgrave que aparece como -una evocación de la pasada feudalidad teutónica.</p> - -<p>Y comienza el desfile de castillos, de esos castillos -de cuento y de grabado que han deleitado -nuestra infancia en páginas de dorados libros, -en antiguos almanaques o en ornamentados -<i>keepsakes</i>. Y sobre las torres arruinadas, o sobre -las restauradas almenas, pasa el vuelo de las -tradiciones legendarias.</p> - -<p>Y es el pasado recóndito, la prodigiosa Edad -Media «enorme y delicada», o los nombres de<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span> -ayer, resplandecientes de gloria y sonoros de -armonía. He aquí ya Bonn, que, más altas que -su castillo de Poppelsdorf, levanta dos banderas -de gloria: Arndt, Beethoven. He aquí las siete -montañas a un lado, y a otro el derruído Godesberg; -y una vasta procesión de poéticas resurrecciones -empieza. ¿Son cincuenta nombres? ¿Son -cien nombres? ¿Son mil? Son un mundo de -creaciones de la historia, de la fantasía popular -y de la celeste potencia de los maestros de la -lira y del arpa. Y sucede que, a menudo, mientras -vais pensando en una brumosa soñación, o -mirando con los ojos de vuestra mente las figuras -de luz de luna, nacidas de la melodía de los -poemas, pasa de pronto ante vuestros carnales -ojos, por la cultivada ribera, a perderse en la negrura -de un túnel, una locomotora, que arrastra -su caudal de vagones. Cuando Hugo vino todavía -no había ferrocarriles en estas regiones que -sintieron antaño el paso de los dragones y de -los gigantes. El maestro recogió muchos ecos de -las sagas rhenanas, y los repitió y aprisionó en -la prosa suya, hecha como con las mismas rocas -duras de los montes y de los cimientos indestruc<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span>tibles -de los castillos señoriales. Pero las leyendas -son innumerables y vencen al paso de los siglos. -Su gran enemigo, el progreso, apenas las -toca y transforma. Lo que es estudio folklórico -para los eruditos, vive y palpita siempre en la -imaginación y en el corazón populares—y en el -santuario de los incontaminados poetas.</p> - -<p>...Gryn, el matador de leones, pasa. Surgen -entre las viejas piedras, en las leyendas ciudadanas, -testas de fieros arzobispos, o de duros y severos -burgomaestres. Soberbios bandidos son -amados, antes que Hernani, por deliciosas y delicadas -castellanas. Entre huestes semejantes a -perros rabiosos, florecen dulces rubias que melifican -el espanto de las torturas y carnicerías. -Caballeros que parten en peregrinación a Palestina, -son salvados de las desgracias por el Señor, -a quien elevan capillas votivas. El milagro -florece como en Jacobo de Voragine; hay dragones -como en las vidas de los santos, y gigantes -como en las <i>Mil y una Noches</i>, y aparecidos -como en los cuentos del pueblo. Mujeres ideales, -de ojos azules, son lirios de felicidad y rosas de -consagración. Bárbaros velludos como osos y<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> -feroces como tigres, se mueren de amor por las -blancas y finas adoradas. Princesas de lánguidos -cuellos cantan romanzas acompañándose -con el arpa, ante reyes paternales, de largas -barbas y ojos pensativos. Peregrinos tocan a las -puertas de los castillos en noches tempestuosas. -Los alquimistas hacen el oro en sus nocturnas -tareas. Los templarios combaten, o emplazan, -en la hoguera, a sus verdugos, ante el -tribunal de Dios. Los cuernos de caza hacen resonar -los bosques y los rudos cazadores persiguen -en caballos como huracanes, ciervos y jabalíes. -Lorelay, envuelta en gasa lunar, melodiosa, -amorosa, peligrosa, la mujer, la ilusión, la -sirena, se sienta en su roca.</p> - -<p>Antorchas llameantes brillan entre los peñascos. -San Clemente libra a la suave Ina, de la -furia del río y de los bandidos. Uta, muere abrazada -a su amante Reichenstein, en un suicidio -amoroso que ha de ser, corriendo los tiempos, -un común <i>faits-divers</i>. El Arzobispo Hatto, a -quien la historia alaba y la leyenda vitupera, -muere, por castigo de Dios, a causa de su mal -corazón, comido por los ratones. El Conde<span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span> -Eppo encuentra en una montaña a una bella joven -robada por un gigante; y, con ayuda de la -Santísima Trinidad, salva a la dama y echa al -monstruo en un precipicio en donde muere despedazado. -La enorme persona de Carlo Magno -aparece aquí, allá. Su hija Emma, casada contra -su voluntad, va a habitar con su esposo Egimardo, -en el campo; luego el emperador, ante ellos, -un día que los encuentra por casualidad, y los -reconoce, felices, les perdona y les lleva a su palacio. -El mismo César sale, en coche, en excursiones, -con el bandido Elbegart, que es un bandido -cuerdo y valiente. Condes violentos y caprichosos -son vencidos en sus mansiones feudaes -por la unión de los comerciantes de las ciudades -coligadas. El caballero de Stanferberg se -enamora de una ondina y es correspondido; -luego es infiel a su juramento de amor y es castigado -por la cólera de las ondas vengadoras. -Una sirena discreta y hacendosa, va a hilar en la -rueca, a la casa de un joven que se apasiona por -ella. Una noche la sigue, la ve entrar en las -aguas del Rhin, y muere al lanzarse tras ella en -los cristales del río. Los espíritus salen de las<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span> -tumbas a amonestar a los caballeros demasiado -tunantes. Lobos furiosos castigan a las profetisas -que, enamoradas de los hombres, pierden su -castidad y su don pitónico. Bodegas ocultas -guardan un vino de dioses que inútilmente es -buscado en los campos misteriosos. El diablo, -Satanás en persona, sale de sus abismos y entra -en tratos con las personas que andan en apuros -y dificultades, y las saca de ellos, a trueque del -alma y de la salvación eterna. Pero Nuestra Señora -suele aparecer a tiempo con su poder, y -manda a los infiernos al perverso demonio. Un -joven pintor ve de noche renovarse en Oppenmeins, -entre esqueletos, una batalla entre suecos -y españoles, de la guerra de Treinta años. Una -diestra caballería conduce a la dama que la -monta y a la que se quiere casar por fuerza, a la -mansión de su amante. Y cien y cien más páginas, -de sangre y de bruma, de luz pálida o de -resplandores rojos, hasta llegar a esa Maguncia -famosa en que nació el hombre que después Lucifer -ha hecho mayor competencia al Creador: -Gutenberg.</p> - -<p>Desfile de castillos, desfile de leyendas, revuelo<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span> -de poesía y de encanto lírico, en este viaje de horas, -por el río sereno, eternamente perfumado -por el vino pálido que dan las viñas de sus orillas. -Y canta Adelaida von Stolterfoth: «Del -polvo de la ruina nace en el Rhin una vida más -bella. Giran los espíritus que por tanto tiempo -han descansado en las tumbas; resuenan las -canciones con extraños saludos que yo debo repetir -suavemente en mis canciones y en mis ensueños. -Cuando veo volar al pájaro en las alturas -del azul del aire; cuando veo deslizarse los -barcos en la lejanía de las brumas grises, me -parece que dice palabras el pájaro al hender los -espacios, y otras palabras escucho al rápido -paso de la embarcación.» Y yo también, peregrino -de arte, de americanas tierras, hecho al sol y -al canto de la vida latina, he puesto el oído atento -a esas palabras de las aves y de las barcas -germánicas, y de esa bruma he visto surgir la -eterna gracia de las almas aladas, la virtud de la -sagrada poesía, a la cual no vencerán ni los -odios humanos, ni las sequedades de los intereses -modernos, ni la mediocridad de las chatas -cabezas de los regeneradores igualitarios. Pues<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span> -la soberanía del espíritu se basa en lo que está -más allá del bien y del mal, más allá de nuestro -planeta mismo y de nuestros conceptos de verdad -y de mentira: en lo infinito, en lo absoluto.</p> - - -<h3 id="SM">FRANCFORT S. M.</h3> - -<p>Francfort, ciudad seca, triste, honrada, judía. -A pesar del abuso del <i>art nouveau</i> que la invade -como a todas las ciudades alemanas, a pesar de -sus tranvías eléctricos y de los palacios modernos -de sus banqueros, tiene un aire de antigüedad, -un olor de vejez y un sello imborrable de -<i>ghetto</i> y de <i>judengasse</i>. Por algo hacen detener -el carruaje cuando, al pasar por la calle Boerne, -os señalan una casita <i>vieillotte</i> de estampa, blanca, -con su fachada terminada en punta, sus ventanas -con cortinillas de encaje, sus dos rejas de -hierro en la parte baja. Es la casa-madre, la -cuna del poder de los Rothschild. Allí vivió y -allí manejó sus primeros millones el viejo <i>rex -Judeorum</i>, tronco de los barones de hoy. La sequedad -y la tristeza de esta ciudad de finanzas -apenas es alegrada aquí, allá, por la figura de<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span> -mármol o de bronze de un pensador, de un -poeta. Aquí Schiller, allá Goethe, más allá Lessing. -Pasan tipos de Shilock, o hermosas Rebecas, -por las calles en donde se alzan los muros -de la sinagoga. La restaurada catedral se ve -como extraña en esta tierra de circuncisos. En el -día, se siente el hervor de los negocios, la agitación -de los rapaces mercaderes de oro. De noche, -no hay lugar más triste. A las diez, ya los -teatros están cerrados. A las diez y media, nadie -anda por las calles. Tanto como el catolicismo, -el arte parece estar aquí en dominio ajeno. Apenas -se sabe aquí que existe un museo Goethe, en -donde, junto con documentos iconográficos, se -guardan objetos y manuscritos del gran alemán. -El verdadero santuario de Francfort del Mein, es -la casita de verjas de hierro y de las cortinillas -blancas: la casa de los viejos Rothschild.</p> - -<p>La sombra del Emperador de la banca, del -César israelita, se ve, por los ojos de nuestra -adoración mammónica contemporánea, más -grande que la del remoto y casi ignorado Gunther -Schwarzburg, y aun que la del fabuloso -Carlo Magno, cuya estatua se alza en el rojo y<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span> -viejo puente sobre el río moroso que divide la -población.</p> - - -<h3 id="Cisnes">HAMBURGO O EL REINO DE LOS CISNES</h3> - -<p>Huysmans ha sido injusto con Hamburgo, y su -duro humor se ha expresado en párrafos acres. -Es que Durtal no fué a visitar el paraíso de los -cisnes, y M. Folantin comió mal a dos marcos -cincuenta. Hamburgo es alegre, casi con alegría -latina, en cuanto cabe en un centro sajón. Hamburgo -es la ciudad trabajadora, negociante, independiente, -con su estricto senado, sus fábricas, -sus canales, sus grandes hoteles, sus almacenes -copiosos, y es también la ciudad que se divierte, -se embellece, coquetea con el extranjero, tiene un -su San Paulique que se parece a Montmartre -como la cerveza al champaña, cafés al aire libre, -a la orilla del Alster animado de yates, y a donde -se va en vaporcitos, y en donde, los domingos, -garridas muchachas flirtean al son de la música. -Tiene un gran barrio lujoso que algunos llaman -la Judea, porque poderosos semitas gozan en -villas y <i>cottages</i> de la felicidad que da el dinero.<span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span> -Huysmans habla, feroz, de caraqueños que encontró -en este emporio comercial. Yo no he encontrado -a ningún compatriota de Bolívar, aunque -no es raro oir hablar español, pues son muchos -los hispanoamericanos residentes, y los -hamburgueses que se han venido a establecer -con sus familias criollas, después de hacer fortuna -en las lejanas tierras calientes. Las arquitecturas -distintas surgen entre los verdores de los jardines -o al lado de las ordenadas alamedas.</p> - -<p>Helkendorf, fresco y florido, tiene rincones deliciosos -de descanso, de amor y de ensueño, -pues no es imposible ejercer esa delicada función -de soñar en una ciudad en donde los habitantes, -por muy prácticos que sean, tienen un poético -paraje formado por un remanso del río, en el cual -paraje una cantidad numerosa de cisnes es mantenida -por el erario público. Estos poetas no tienen -otra ocupación más que consagrarse a la -belleza, ser blancos—hay algunos negros—y -deslizarse gallardamente, con la dignidad que les -dejó como herencia Júpiter. Ellos cumplen exactamente -con sus obligaciones, y además de la -pitanza que les ofrecen sus guardianes, el públi<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>co -los gratifica con migas de pan. El remanso -es cristalino, la ribera florida; las tardes de oro -llueven gracia mágica sobre ese divino espectáculo, -que pondría meditabundo al doctor Tribulat -Bonhomet. Y los líricos habitantes de esos -cristales que multiplican sus olímpicos aspectos, -gozan de la más dulce beatitud en la capital de -los falsificadores y mercaderes teutónicos. Aunque, -en verdad, no he dejado de sentirme un -poco inquieto cuando, comiendo en compañía de -un mi conocido, exportador semita, me ha dicho, -con una manera de satisfacción glotona, que el -cisne, como el ganso, bien preparado, es, ¡ay! -muy sabroso.</p> - -<p>Y a propósito de líricos cisnes, os he dicho -que Hamburgo tiene un Montmartre que se llama -San Pauli... A mí me lo habían asegurado así, -al menos. ¿Un Montmartre...? Para marineros. -Con uno que otro café de nota, en que se puede -comer halagado por la orquesta. Por lo demás, -los teatritos son sórdidos, con <i>chanteuses</i> de -deshecho, espesas mugidoras de romanzas, o -flacas parcas que dicen en inglés o en alemán -chillonas canciones. No hay un solo cabaret, un<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span> -solo poeta melenudo o sin melena que evoque el -recuerdo de Privas, de Rictus o de Montoya. En -un gran salón de audiciones populares, da conciertos -una banda militar. En la plaza, un guignol -atrae al <i>populo</i>; los letreros de la luz eléctrica -prometen maravillas, y en el interior, la diversión -es mala y fastidiosa. Quedan los restaurantes, -con las sopas dulces, las salchichas, -los diversos <i>bráten</i>, y la excelente cerveza. M. de -Folantin, por un lado, tuvo razón. Pero, ¡oh, -Des Esseintes!, ¿y los cisnes?</p> - - -<h3 id="Berlin">BERLÍN</h3> - -<p>Al conocer Alemania, y sobre todo, Berlín, he -creído comprender al emperador. Guillermo II, -militar, creyente fervoroso, apasionado de arte, -inquieto, viajero, abarcador, es el único cerebro -de coronada testa en que hoy caben los antiguos -ideales de grandeza, de dominación y de dignidad -cesárea que constituyeron, durante tanto -tiempo, el poder y la fuerza del vigoroso feudalismo. -Todos los monarcas de hoy, más o menos, -con excepción quizá del autócrata de Rusia,<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span> -merecen el paraguas de Luis Felipe. Guillermo II, -compatriota de Lohengrin, vidente que ha previsto -no hace mucho tiempo y anunciado a las -naciones, por medio de un simbólico dibujo célebre, -el despertamiento y la acometida de la -raza amarilla contra la blanca Europa; Guillermo -II, que, si no fuese el óbice pietista, quién -sabe si llegaría hasta realizar la liga medioeval -dominadora del mundo—el Papa y el Emperador;—Guillermo -II, vive más allá del momento, -inspirado en lo pasado, presintiendo lo porvenir, -y amacizando el presente robusto de su país, con -la rigurosa disciplina que lo militariza todo, príncipe -de ideal sustentado por la realidad de la -fuerza, creyente cuando ya casi no hay rey que -crea ni en su propio derecho divino, respetuoso -de la tradición eclesiástica romana, cuando la -misma Francia cristianísima echa de su suelo a -las congregaciones religiosas y está dominada -por un gobierno que no desearía otra cosa que -la completa ruptura del concordato y la separación -absoluta de la iglesia; Guillermo II, cuya -actividad asombra, cuyo talento no hay quien no -reconozca, cuyo carácter es de acero como su<span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span> -voluntad, está en su verdadero centro en este -Berlín geométrico, alegre de otra alegría que la -de París, hollado a cada momento por el paso -de las tropas, con su Unter den Linden que extiende -su verde avenida entre las casas lujosas, -con su movimiento comercial y su circulación -activa, y en donde, junto a las conmemoraciones -de las armas, se levantan las conmemoraciones -de las artes y de las ciencias. Y no en vano el divino -Euforión surgió en esta tierra a la evocación -del cisne de Weimar, pues en esta capital bárbara -a cada paso se mira florecer la gracia helénica, -ya en la composición de los artificiales paisajes, -en las arquitecturas urbanas, en las construcciones -monumentales. Yo no sabría alabar -cierta protestante hipocresía general que se nota -en la vida; pero, sí, la bella libertad del arte en -sus mejores manifestaciones, una larga comprensión -de la armonía, del desnudo, de la euritmia -griega. Y esto se explica. Aquí, en tierra -germánica, Goethe resucitó la olímpica persona -de la homérica Helena, Lessing meditó sus dilucidaciones -del Laoconte, Juan Pablo pensó: Heine, -el ruiseñor, se abrevó de agua castalia; Mom<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span>sen -construyó su edificio mental sobre las gloriosas -ruinas de Roma.</p> - -<p>La luz de la Helade alcanzó las brumas septentrionales. -Allí en Charlotemburg, siguiendo el -silencioso camino de copudas alamedas, al suave -rozar de los pinos, entre los macizos de rosas, -entre los plantíos de tulipanes, he llegado al -severo y sencillo templete que sirve de lugar de -reposo a los restos imperiales de los abuelos de -Guillermo II. Un coloso marcial de larga y rubia -barba me ha permitido la entrada. Y he tenido, -en verdad, como la vaga sensación de un ensueño. -A través de los vidrios de un color azul dulce -y de cielo, la onda solar penetra maravillosamente, -de manera que baña el recinto con su tenue -y paradisiaco resplandor. Y a esa blanda y -mágica luminosidad se ve alzarse la alta figura -tristemente grave de un divino centinela, el arcángel -Miguel, armado de su espada flamígera, -y luego, he allí tres yacentes estatuas sobre tres -mausoleos. Y en el fondo un Jesucristo de mosaico, -que dice con su leyenda y con su expresión -sabias y celestes palabras. Allí descansa en -la paz de Dios Federico Guillermo II; allí des<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span>cansa -en la misericordia de Dios Guillermo I, -emperador de Alemania y rey de Prusia. Y he -allí, a su lado, a la Dama porfirogénita que es -semejante a una diosa. El artista no haría con -más amor que el que ha puesto al hacer ese -cuerpo admirable apenas cubierto por el lino -fino de la túnica, el cuerpo de Diana o el cuerpo -de Venus. ¿Es Diana, es Venus dormida? Diana -no es, pues la maternidad se revela en esa flor -en plena hermosura; no es Venus, pues antes -bien que la tentadora gracia de la carne, se desprende -de esa forma una dignidad casta y serena. -Y la luz tamizada pone una caricia paradisiaca -sobre esa realización pagana; y Miguel, -apoyado en su arma flamígera, vela silencioso: -una paz sepulcral llena el estrecho habitáculo de -los príncipes de mármol; e iguales a los del último -paria, en la sola y posible igualdad de la -transformación eterna, quedan en sus criptas semejantes -a santuarios, esos puñados de huesos -de Hohenzollern.</p> - -<p>Berlín: cuarteles, museos, estatuas, paseos con -más estatuas, derroche de mármol como en la -alameda de la Victoria, mármol para todos los<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span> -Hohenstauffen, mármol para los Hohenzollern, y -bronce y mármol para el gran Federico, para el -gran Guillermo, para Moltke, para Bismarck; almacenes, -pasajes llenos de tiendas de bric-a-brac, -pomposas cigarrerías, restaurantes de cervezas -y restaurantes de vinos; grandes teatros y un -music-hall enorme. Y un aquárium que llamó la -atención de Huysmans. Huysmans vió mucho, -pero no lo vió todo, naturalmente. A mí me ha -parecido entrar en un círculo del Dante, en el -cual hubiera necesitado, como Virgilio, a mi amigo -el doctor Holmberg. El aquárium es subterráneo, -y no es solamente aquárium, pues se exhiben -hasta loros y arañas y otros bichos pesadillescos, -como ese horroroso ptatydactilus aegipcianus -que está a la entrada, semejante a una -rana estirada, y el zomurus gigánteus, lagarto -erizado como de púas de hierro. Más allá, la -africana bitis gabónica, serpiente con la piel pintada -art-nouveau, y el pithon feroz y el crótalo -con su apéndice de cascabeles; el naja búngarus, -venenosísimo y aterciopelado; iguanas crestadas, -nudos de viboritas enredadas como macarrones, -y grises, y flácidas; y luego la anaconda<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span> -brasileña. Se desciende, y en un estanque, entre -peñascos, hay focas y leones marinos, y a un -lado, papagayos blancos; y después una gran -pajarera, donde se oyen arrullos de paloma y -cuchilleo de aves. A un lado, apenas separados -por una barrera baja y muy franqueable, los cocodrilos -semejantes a troncos, a piedras. Y en -seguida, la siboldia máxima japonesa, monstruoso -y leproso lagarto. ¿Os atrae de nuevo la pajarera? -Es que canta la gymnorhinia tibicen, -igual a un cuervo que tuviese una blanca sobrepelliz -y que tocase la flauta. Un hoyo lleno de -agua: el cocodrilo negro de China, como un gran -«garrobo». Y por fin, os atrae el verdadero -aquárium, la fantástica vida submarina que tanto -ha interesado al autor de <i>A Rebours</i>. Es -la inaudita flora del Océano, los peces de sueños -calenturientos, los aspectos de visión diabólica, -o de locura. Veo en un fondo de arenas y -de roca, naranjas que se mueven, crustáceos imprevistos, -caprichos madrepóricos, semivivientes -rábanos que se encogen, hipocampos y estrellas -purpúreas. Erizos como pelotas de alfileres, -entre lechugas de cristal verdemarino. Y<span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span> -grutas. Y un pecezote hinchado, inflado, junto al -escorpión de mar. Hay una brocha que se mueve, -una vejiga de manteca, plumones y espumas. -Entreabiertas, grandes valvas que parecen abanicos, -cactus y raquetas de lawn tennis. Pagurus -inverosímiles van arrastrando sus casas llenas -de púas y protuberancias. Y la pluralidad de los -peces, la variedad de sus tipos, son desconcertantes. -Y veis en todas sus faces monstruosas, -hasta en las más increíbles, la reproducción de -fisonomías humanas que habéis observado, desde -las comunes hasta las deformes del raquitismo, -de la idiotez, de la imbecilidad, de los casos -crueles de los manicomios. Y hay formas y gestos -que creeríais imaginarios y alucinatorios; y -os convencéis que los pintores holandeses de -ciertos cuadros demoníacos, y el mismo Rops y -Odilon Redon, con sus fantasías monstruosas e -ilusorias, no han creado nada, pues todo lo que -la imaginación del hombre más torturado de visiones -infernales pueda imaginar, existe en los -secretos misteriosos y en los profundos laboratorios -de la naturaleza. Seguís, y os encontráis -con la murena que se envaina en un tubo como<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span> -un espeso sable gris. Pequeños pulpos evolucionan -entre el agua burbujeante. Inmóvil sobre la -arena, está la negra raya chata, de pizarra terrosa -con su arpón largo. Y pasa despacioso el -homard, enorme alacrán marino acorazado, que -en vez del venenoso garfio, tiene una mariposa -de terciopelo negro ornada de amarillo.</p> - -<p>Berlín: ciudad que sabe la ordenanza, el latín, -el griego, y también el plat-deustch; ciudad fuerte, -pecadora, pero pacata; elegante, pero dura; -rica, banquera; de arte; pero con cierto mal gusto -común; con mujeres lindas, pero que tienen unos -pies aplastadores de ilusiones; ciudad de secretos -escándalos y de corrección excesiva; ciudad en -que se siente la influencia del cuartel junto a la -de la universidad; ciudad llena de cosas contradictorias, -donde visitando un templo, os aborda -un proxeneta que os promete el pecado, y en un -bar, entre gentes pecadoras, se os aparece una -mujer que os ofrece periódicos religiosos y os -vende ¡imágenes de Cristo!</p> - -<p class="p4"><span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span></p> - - -<h3 id="Viena">VIENA</h3> - -<p>Me habían dicho: «Es una hermana de París». -Es una hermana de París que tiene los ojos más -azules de tanto mirarse en el espejo del Danubio. -Hay en la ciudad una alegría comunicativa, y si -no la gracia impregnada de parisina, posee la -elegancia, la gallardía de la seducción.</p> - -<p>Para mí, Viena y vals eran dos ideas juntas en -mi mente. Viena, vals, placer. Un gran torbellino -de mujeres hermosas en brazos de magníficos -danzadores, deslizándose en anchas salas lisas, -mientras afuera pasaban sonoros carruajes, se -alzaban soberbios monumentos, bullía el mundo. -Más o menos, he podido encontrar realizada esa -imaginación, con mucho progreso además y -mucho jardín atrayente, y mucho divertimiento, -y mucha belleza femenina, y el centenario del -padre del vals, Joseph Johan Strauss, que acaba -de celebrarse. En su honor me he invitado a almorzar -en el Volksgarten. En su honor y con -una reverencia al poeta Grillparzer, cuyo monumento -se alza no lejos de donde me sirven excelente -<i>rostbraten</i> y una pilsen de oro pálido, que<span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span> -es como líquida seda helada, mientras la brava -orquesta anima el suave aire con ritmos armoniosos -y ondulantes. En este mismo jardín fué -donde Strauss dirigió la suya. Aquí nació el vals, -a cuyos compases se balanceó el orbe; el vals, -halago de la melancolía, lengua del gozo, música -de amor, creación de un músico <i>minor</i>, pero que -adoptarían los más altos y mayores, como Weber, -como Chopín, como el mismo poderoso -Beethoven. ¿Que Lanner, el amigo y rival, tuvo -parte en el invento? Nadie se acuerda de Lanner, -hoy, como no sea para hacer constar que tenía -mucho menos talento que Strauss.</p> - -<p>Juraría que no hay uno solo de los que lean -estas líneas, que no haya tenido en su vida un -momento de animado placer, o de dulce tristeza, -al mágico brotar de esa pequeña y cristalina -cascada melodiosa que se llama <i>El Danubio -azul</i>... Yo le debo muy copiosa cosecha de recuerdos -y de ensueños, ya lanzada por las orquestas, -ejecutadas en confidenciales pianos, o -suspirada por errantes organillos; sobre todo por -los organillos...</p> - -<p>También como París, es este un país de arte,<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span> -y en una avenida os encontraréis con un grande -y pensativo Goethe, sentado en su sillón de -bronce, o en una plazuela con un Mozart, jóvenes -y airosos, o con Beethoven, o con Schiller; y en -todas partes, un ambiente propicio al pensamiento. -Y, sobre todo, un invisible soplo que incita -al placer. En París hay más vicio que goce, -aquí más goce que vicio. De todas maneras, -aquí lanzó su último aliento el probo y sensato -Marco Aurelio, que, entre sus mejores sentencias, -ha dejado ésta, si poco purista, muy cuerda: «En -general, el vicio no daña al mundo, y en particular, -no daña sino a aquel que no puede abandonarlo -cuando quiere».</p> - -<p>Viena placentera, pero también Viena laboriosa, -pensadora, política, sentimental, artística, -guerrera, religiosa. Todo encontraréis a vuestro -paso. Aquí su palacio imperial; su catedral, enorme -vegetación de piedra; más allá, Santa María -Stiegen, vasto bouquet de ojivas y flechas, lo -antiguo; y más allá, su teatro de la Opera, con -su peristilo coronado por dos caballeros de bronce, -lo moderno; o el Hofburgtheater, serio y elegante, -al cual se llega por entre dos filas de es<span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span>tatuas -de mármol, que tienen por fondo verdores -de árboles y macizos de flores; o la Rathaus imponente -con su elevada torre central; o el palacio -del Reichsrath, y el frontispicio del parlamento, -todo griego; y ante este último, mientras a sus -pies, entre simulacros marmóreos, se vierte el -agua armoniosa de una ánfora, Palas Atenea, -gigantesca, se apoya en su lanza de oro y tiene -en la diestra la alada Victoria.</p> - -<p>Dulces rincones amorosos, blandos retiros, -labrados quioscos y curvos chorros de agua, en -los jardines, en el Stadtpark, lleno de risas de -niños; en Schwarzenberg, fácil a las citas y a los -suspiros, o en el mismo Volksgarten, con su -templo a Teseo, y sus alamedas, sus umbrías, -sus tibios nidos, sus fragancias de parque y sus -rumores de bosque. O allá, en el Prater, que si -no vale el Bois parisiense, tiene especiales atractivos, -en sus recodos de floresta y sus techumbres -de hojas y su larguísima avenida. Mas, -nada como ese fastuoso e histórico Schönbrunn, -donde recordáis a Versalles y a Le Nôtre, y al -gran Napoleón, y al triste Aiglon, hijo del Aguila. -Flota un ambiente singular entre las bien or<span class="pagenum"><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span>denadas -arquitecturas vegetales, entre los templetes -de ramas y las verdes cúpulas y arcadas -que forman los recortados tilos, las copas educadas -y pomposas de los castaños. Las mitologías -de las fuentes se bañan en la exhalación de -vaporizadas perlas de su propia lluvia. Grata -quietud invita a sentarse en los místicos bancos -de los parterres, a meditar, a soñar, a imaginarse -las bellas representaciones de la historia, -mientras en su magnífica altura, la Gloriette -destaca sobre el fondo celeste su pórtico soberbio, -aún persistente decoración de más de una -comedia y drama imperiales y reales.</p> - - -<h3 id="Tumba">LA TUMBA DE LOS NUEVOS ATRIDAS</h3> - -<p>Un capuchino de larga barba guía al grupo de -visitantes—campesinos, forasteros e ingleses. Al -bajar la escalera estrecha de la bóveda, el ruido -de los pasos. Luego, el ruido de las llaves de su -reverencia. Luego, silencio. Y el cicerone de capucha, -comienza a decir su lección, recorriendo -las tumbas del lado derecho, los sarcófagos -viejos, en donde reposan reales e imperiales hue<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span>sos -viejísimos, entre las cajas de metal gris labrado -de esculturas macabras y simbólicas, tras -duras rejas férreas. A mí no me interesan esos -príncipes antiguos que tienen su página correspondiente -en los anales austriacos: no me atrae -Matías, ni Ana, ni José, ni Leopoldo, ni Carlos. -Yo voy hacia la izquierda, en donde duermen los -porfirogénitos malditos, las coronadas testas -perseguidas por el destino, la familia misteriosa -y fatídica de los Atridas modernos, esos Hapsburgos -rubios o brunos, jóvenes o viejos, pero -idénticos en el sufrimiento, en la desventura, en -la tragedia. No me impresiona tanto el ataúd en -que están los restos del duque de Reichstadt, ni -el nombre de María Luisa en la caja mortuoria, -como los otros sarcófagos en que duermen su -eterno sueño, Maximiliano, el emperador de la -barba de oro, el del cerro de las campanas; Elisabeth, -la «emperatriz errante», que segó el -anarquismo, y Rodolfo, el de la novela sangrienta. -Aquí reposa, en la paz de la muerte, el que -estaba destinado a ceñir la corona de los emperadores -de Austria y de los reyes de Hungría. El -capuchino explica rápida y precisamente, en ale<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>mán, -la vida de cada uno de los príncipes difuntos -que reposan en el subterráneo; y el profundo -silencio de los visitantes es tan solamente interrumpido -por un vago rumor de palabras entredichas -en voz baja, cuando se detiene el grupo -ante el sepulcro del archiduque Rodolfo de Hapsburgo. -Pequeña iglesia de los capuchinos, que -encierra tanta desventura, los despojos de esa -familia predestinada fatídicamente a ser azotada -por la desgracia; tristes grandezas desaparecidas -entre la locura y la sangre; seres de vidas -extraordinarias que realizan las más lúgubres y -dolorosas creaciones de los poetas del destino, -de los dramaturgos del misterio.</p> - - -<h3 id="La">LA SECESIÓN</h3> - -<p>Cuando en 1900 vi en el Grand Palais la sección -correspondiente a los secesionistas vieneses, -mi entusiasmo fué vivo y justo. He ahí unos -cuantos adoradores sinceros de la libertad del -arte, buscadores de lo nuevo, de lo raro, según -sus temperamentos, o intérpretes personales de -las antiguas tradiciones artísticas, sin <i>blague</i><span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span> -bulevardera, sin esteticismos montmartreses, sin -los absurdos mamarrachos que, entre pocas -obras de talento, exhiben unos cuantos desalmados, -en el Salón de los Indépendents parisienses. -¿Es que el ambiente es otro? ¿Es que en Viena -la lucha por la vida y por la gloria es distinta? -La verdad es que, en todos los esfuerzos de los -artistas de la Secesión, noto una sinceridad y -una noble independencia y una consagración a -la idea y a la realización de la belleza, muy distantes -de los extravagantes <i>épateurs</i> apurados -de arribismo que abundan en la capital francesa.</p> - -<p>En edificio propio construído y arreglado conforme -con los gustos y pensares estéticos de los -organizadores del museo, la obra de la Secesión -se exhibe en la metrópoli austriaca como un testimonio -innegable del tesón, de la energía y del -talento de sus puros artistas. El museo es un museo -«de excepción» como diría Vittorio Pica. -Nada de lo que hay en él es vulgar ni común, y -se manifiesta en todo un don de alta gracia y una -voluntad de hermosura y una fuerza de pensamiento, -que honran y elevan sobremanera a la -luchadora mentalidad austriaca. Aquí se ve que<span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span> -no se busca asustar al burgués, sino más bien -darle una nueva revelación de belleza. Aquí tienen -nobles sacerdotes el ensueño y la vida misteriosa, -y el pincel y el cincel dicen la profundidad -de lo desconocido, lo arcano de nuestras -humanas existencias y el enigma que existe en -toda cosa. Sintéticos o complicados, expresan -sus meditaciones y sus visiones interiores, o en -un extraño aparato simbólico hacen surgir un aspecto -de la verdad posible, o hacen florecer de -luz el alma, o cristalizan lo indeciso y lo recóndito. -Y hay la franca expresión y el desdén de -toda rutina. Aquí es el único museo del mundo en -donde no solamente se ha destrozado la académica -hoja de parra, sino que se ha tenido el valor -de revelar lo más íntimo, de no ocultar lo más -oculto, a punto de que se os vienen a la memoria -ciertas cuartetas memorables de Théophile Gautier. -La leyenda tiene sus cultivadores. Veo cien -cuadros que me atraen; no os diré los nombres -de los autores, pues no están en las telas y no -tengo tiempo para anotar un catálogo. Sí recordaré -al potente Franz Metzner, el Rodin austriaco, -el autor de ese poema soberbio de mármol<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span> -que se llama <i>La Tierra</i>, y de admirables estudios -decorativos y de bustos y de estatuas de una originalidad -imponente y comprensiva. <i>La Tierra</i>, -de Metzner, está expuesta en un saloncito especial, -adornado tan solamente de expresivos telamones -y de su sola, impresionante y elegante -sencillez. Y la figura en que se manifiestan la -vida y el ritmo terrestres y la fuerza natural, está -sobre su base como la majestad y el misterio de -un simulacro sagrado. Lo que la Secesión ha enviado -a la Exposición de San Luis, atestigua el -valor de sus pintores, decoradores, estatuarios, -ceramistas, mueblistas. Ferdinand Andri envía -sus figuras valientes, que renuevan algo del arcáico -arte asirio; Metzner, sus soberbias creaciones -plásticas, sus sintéticas expresiones de la -persona humana; Klimt, sus cuadros simbólicos -de factura extraordinaria y de significación honda, -como <i>El manzano de oro</i>, <i>La vida es un -combate</i>, <i>La Jurisprudencia</i> y <i>La Filosofía</i>, que -tantas discusiones causó cuando se expuso en -París en la última Exposición Universal.</p> - -<p>Salgo de la Secesión encantado de encontrar -un verdadero templo del arte en tiempos en que<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span> -los templos del arte están en posesión de los -mercaderes, de los insinceros, de los pacotillistas -o de los histriones. Y saludo ese esfuerzo -generoso, deseando que en nuestros países de -arte naciente se junten las energías individuales -de los puros, de los incontaminados, y procuren -hacer algo semejante, lejos de la chatura de -las escuelas de limitación y atrofia y de las -modas vanas que nada tienen que ver con la -eternidad de la belleza.</p> - - -<h3 id="Buda">BUDA-PEST</h3> - -<p>...Buda-Pest: el Rey; María Teresa; el Danubio -azul; paprikahum, vino de Tokai...; y una vieja -zarzuela que deleiteó mis años infantiles. <i>Los -Madgyares</i>, en la cual cantaba un coro:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1">Vamos señores</div> -<div class="line">A la feria de Buda,</div> -<div class="line">Que hoy es el día</div> -<div class="line">De vender y comprar.</div> -</div></div></div> - -<p>Y los trajes vistosos de alamares y galones, y -el leguito del convento:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span></p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"><div class="stanza"> - -<div class="line i1"><i>Ego sum, ego sum</i></div> -<div class="line">El leguito del convento</div> -<div class="line"><i>Ego sum</i>, además</div> -<div class="line">Campanero y sacristán...</div> -</div></div></div> - -<p>Y me hechizó la ciudad bizarra, o más bien las -dos ciudades gemelas unidas por los magníficos -puentes, con su clima, sus flores, sus paseos, su -barrio elegante y moderno en que casi todas las -nuevas construcciones son <i>art nouveau</i>, o secesión, -mansiones caprichosas de los magnates y -propietarios de pingües pushtas y «economías». -Es una delicia pasear por el kiralgi var, y sus palacios -y verdores, a orillas del agua azul del armonioso -río. Hay edificios espléndidos como el -magnífico parlamento, que se refleja en el Danubio, -y sus plazas espaciosas, las calles y avenidas, -y sobre todo, las más bellas mujeres del -mundo hacen mirar esta tierra como un terrenal -paraíso. ¡Oh! todos los países tienen lugares de -gozo y bellas mujeres, pero la Ciudad del Amor -y de la hermosura, creedme, es Buda-Pest. Hay -un lugar, en un suburbio de la ciudad de Pest, -que se llama Os Buda Vara, jardín, paseo; feria -nocturna, lleno de atracciones, teatritos, ventas<span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span> -diversas, castillos luminosos, flores, perfumes, -músicas nacionales, trajes pintorescos; y allí he -visto una colección de beldades que habrían -dejado meditabundo y soñador al mismo rey -Salomón que, como sabéis, era de gusto exquisito.</p> - -<p>Un momento ha habido de duelo nacional, más -que duelo ha sido una glorificación, una apoteosis: -la muerte de Jokai. Impregnado del encanto -de esta ciudad fascinadora, he asistido a los funerales -de su poeta, de su novelista, de su pensador -nacional. Pasaban los carros cargados de -coronas por la gran calle Andrassy, en donde -estaba la morada del escritor; el cortejo era solemne -y fastuoso; representantes del gobierno -asistían a la ceremonia en que se honraba la -memoria del viejo revolucionario; vistosos y pintorescos -uniformes militares, universitarios, heráldicos, -desfilaban en la severa procesión. Y en -en los balcones, adornados de colgaduras de -duelo, se veía una muchedumbre de rostros divinos -en que brillaban maravillosos ojos húngaros. -Y ante ese esplendor y ese prodigio de belleza -femenina, al pasar el carro de las más frescas<span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span> -coronas, de los estudiantes, compré a una -florista un ramo de rosas, y, poeta desconocido -de lejanas tierras, con el corazón palpitante, con -un temor de emoción, arrojé yo también mi -ofrenda al anciano Jokai.</p> - -<div class="figcenter6"><img src="images/p250.jpg" width="150" -height="70" alt="" title="" /></div> - -<hr class="chap" /> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span></p> - - - - -<h2>INDICE</h2> - -<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice"> - -<tr> -<td class="tdc" colspan="2">TIERRAS SOLARES</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdrb" colspan="2">Págs.</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Barcelona">Barcelona</a></td> -<td class="tdrb">9</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Malaga">Málaga</a></td> -<td class="tdrb">21</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Andaluza">La tristeza andaluza</a></td> -<td class="tdrb">69</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Granada">Granada</a></td> -<td class="tdrb">85</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Sevilla">Sevilla</a></td> -<td class="tdrb">103</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Cordoba">Córdoba</a></td> -<td class="tdrb">117</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Gibraltar">Gibraltar</a></td> -<td class="tdrb">129</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Tanger">Tánger</a></td> -<td class="tdrb">155</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Venecia">Venecia</a></td> -<td class="tdrb">181</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Florencia">Florencia</a></td> -<td class="tdrb">195</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdc" colspan="2">DE TIERRAS SOLARES A TIERRAS DE BRUMA</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Waterloo">Waterlóo</a></td> -<td class="tdrb">211</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Rhin">Por el Rhin</a></td> -<td class="tdrb">214</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#SM">Francfort S. M.</a></td> -<td class="tdrb">223</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Berlin">Berlín</a></td> -<td class="tdrb">228</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Viena">Viena</a></td> -<td class="tdrb">237</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Tumba">La tumba de los nuevos atridas</a></td> -<td class="tdrb">241</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#La">La Secesión</a></td> -<td class="tdrb">243</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#Buda">Buda-Pest</a></td> -<td class="tdrb">247</td> -</tr> - -</table> - -<hr class="chap" /> - -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span></p> - - - - -<p class="smcap p6 center large">Acabóse -de imprimir -este libro en -Madrid en el establecimiento -tipográfico -de José Yagües -Sanz, el día xxv -de Septiembre -de año -mcmxvii</p> - -<p> </p> -<p> </p> -<hr /> -<p> </p> -<p> </p> - -<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br /> - Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> - - Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/> -La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p> - -<p> </p> -<p> </p> -<hr class="full" /> -<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIERRAS SOLARES***</p> -<p>******* This file should be named 52857-h.htm or 52857-h.zip *******</p> -<p>This and all associated files of various formats will be found in:<br /> -<a href="http://www.gutenberg.org/dirs/5/2/8/5/52857">http://www.gutenberg.org/5/2/8/5/52857</a></p> -<p> -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed.</p> - -<p>Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive -specific permission. If you do not charge anything for copies of this -eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook -for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports, -performances and research. They may be modified and printed and given -away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks -not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. -</p> - -<h2 class="pg">START: FULL LICENSE<br /> -<br /> -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</h2> - -<p>To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license.</p> - -<h3 class="pg">Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works</h3> - -<p>1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the -person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph -1.E.8.</p> - -<p>1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this -agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm -electronic works. See paragraph 1.E below.</p> - -<p>1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the -Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection -of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual -works in the collection are in the public domain in the United -States. If an individual work is unprotected by copyright law in the -United States and you are located in the United States, we do not -claim a right to prevent you from copying, distributing, performing, -displaying or creating derivative works based on the work as long as -all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope -that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting -free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm -works in compliance with the terms of this agreement for keeping the -Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily -comply with the terms of this agreement by keeping this work in the -same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when -you share it without charge with others.</p> - -<p>1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are -in a constant state of change. If you are outside the United States, -check the laws of your country in addition to the terms of this -agreement before downloading, copying, displaying, performing, -distributing or creating derivative works based on this work or any -other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no -representations concerning the copyright status of any work in any -country outside the United States.</p> - -<p>1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:</p> - -<p>1.E.1. The following sentence, with active links to, or other -immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear -prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work -on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the -phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, -performed, viewed, copied or distributed:</p> - -<blockquote><p>This eBook is for the use of anyone anywhere in the United - States and most other parts of the world at no cost and with almost - no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use - it under the terms of the Project Gutenberg License included with - this eBook or online - at <a href="http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you - are not located in the United States, you'll have to check the laws - of the country where you are located before using this - ebook.</p></blockquote> - -<p>1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is -derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not -contain a notice indicating that it is posted with permission of the -copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in -the United States without paying any fees or charges. If you are -redistributing or providing access to a work with the phrase "Project -Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply -either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or -obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm -trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.</p> - -<p>1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any -additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms -will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works -posted with the permission of the copyright holder found at the -beginning of this work.</p> - -<p>1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.</p> - -<p>1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License.</p> - -<p>1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including -any word processing or hypertext form. However, if you provide access -to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format -other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official -version posted on the official Project Gutenberg-tm web site -(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense -to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means -of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain -Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the -full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.</p> - -<p>1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.</p> - -<p>1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works -provided that</p> - -<ul> -<li>You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed - to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has - agreed to donate royalties under this paragraph to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid - within 60 days following each date on which you prepare (or are - legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty - payments should be clearly marked as such and sent to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in - Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg - Literary Archive Foundation."</li> - -<li>You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or destroy all - copies of the works possessed in a physical medium and discontinue - all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm - works.</li> - -<li>You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of - any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days of - receipt of the work.</li> - -<li>You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works.</li> -</ul> - -<p>1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project -Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than -are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing -from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The -Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm -trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.</p> - -<p>1.F.</p> - -<p>1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -works not protected by U.S. copyright law in creating the Project -Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm -electronic works, and the medium on which they may be stored, may -contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate -or corrupt data, transcription errors, a copyright or other -intellectual property infringement, a defective or damaged disk or -other medium, a computer virus, or computer codes that damage or -cannot be read by your equipment.</p> - -<p>1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE.</p> - -<p>1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium -with your written explanation. The person or entity that provided you -with the defective work may elect to provide a replacement copy in -lieu of a refund. If you received the work electronically, the person -or entity providing it to you may choose to give you a second -opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If -the second copy is also defective, you may demand a refund in writing -without further opportunities to fix the problem.</p> - -<p>1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO -OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT -LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.</p> - -<p>1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of -damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement -violates the law of the state applicable to this agreement, the -agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or -limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or -unenforceability of any provision of this agreement shall not void the -remaining provisions.</p> - -<p>1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any -Defect you cause. </p> - -<h3 class="pg">Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm</h3> - -<p>Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life.</p> - -<p>Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org.</p> - -<h3 class="pg">Section 3. Information about the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation</h3> - -<p>The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws.</p> - -<p>The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact</p> - -<p>For additional contact information:</p> - -<p> Dr. Gregory B. Newby<br /> - Chief Executive and Director<br /> - gbnewby@pglaf.org</p> - -<h3 class="pg">Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation</h3> - -<p>Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS.</p> - -<p>The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular -state visit <a href="http://www.gutenberg.org/donate">www.gutenberg.org/donate</a>.</p> - -<p>While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate.</p> - -<p>International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.</p> - -<p>Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate</p> - -<h3 class="pg">Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.</h3> - -<p>Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support.</p> - -<p>Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition.</p> - -<p>Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org</p> - -<p>This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.</p> - -</body> -</html> - diff --git a/old/52857-h/images/a.jpg b/old/52857-h/images/a.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index db53784..0000000 --- a/old/52857-h/images/a.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/c.jpg b/old/52857-h/images/c.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 3d88a5a..0000000 --- a/old/52857-h/images/c.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/cover.jpg b/old/52857-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 5186042..0000000 --- a/old/52857-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/d.jpg b/old/52857-h/images/d.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 72df286..0000000 --- a/old/52857-h/images/d.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/e.jpg b/old/52857-h/images/e.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 802b832..0000000 --- a/old/52857-h/images/e.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/h.jpg b/old/52857-h/images/h.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 3831a08..0000000 --- a/old/52857-h/images/h.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p007.jpg b/old/52857-h/images/p007.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index e5233af..0000000 --- a/old/52857-h/images/p007.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p009.jpg b/old/52857-h/images/p009.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 47abd46..0000000 --- a/old/52857-h/images/p009.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p019.jpg b/old/52857-h/images/p019.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 6e7264d..0000000 --- a/old/52857-h/images/p019.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p021.jpg b/old/52857-h/images/p021.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 92d9530..0000000 --- a/old/52857-h/images/p021.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p023.jpg b/old/52857-h/images/p023.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a90f4e5..0000000 --- a/old/52857-h/images/p023.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p069.jpg b/old/52857-h/images/p069.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index c651266..0000000 --- a/old/52857-h/images/p069.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p071.jpg b/old/52857-h/images/p071.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index b7de591..0000000 --- a/old/52857-h/images/p071.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p085.jpg b/old/52857-h/images/p085.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 191a4d3..0000000 --- a/old/52857-h/images/p085.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p087.jpg b/old/52857-h/images/p087.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d8eff54..0000000 --- a/old/52857-h/images/p087.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p101.jpg b/old/52857-h/images/p101.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d103fad..0000000 --- a/old/52857-h/images/p101.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p103.jpg b/old/52857-h/images/p103.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index bd9c3f2..0000000 --- a/old/52857-h/images/p103.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p105.jpg b/old/52857-h/images/p105.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d897c06..0000000 --- a/old/52857-h/images/p105.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p115.jpg b/old/52857-h/images/p115.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 88a182f..0000000 --- a/old/52857-h/images/p115.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p117.jpg b/old/52857-h/images/p117.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index aa50161..0000000 --- a/old/52857-h/images/p117.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p119.jpg b/old/52857-h/images/p119.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f8f5615..0000000 --- a/old/52857-h/images/p119.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p129.jpg b/old/52857-h/images/p129.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 84b4e85..0000000 --- a/old/52857-h/images/p129.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p131.jpg b/old/52857-h/images/p131.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 29a759e..0000000 --- a/old/52857-h/images/p131.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p155.jpg b/old/52857-h/images/p155.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d8b962d..0000000 --- a/old/52857-h/images/p155.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p157.jpg b/old/52857-h/images/p157.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index d051fe8..0000000 --- a/old/52857-h/images/p157.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p181.jpg b/old/52857-h/images/p181.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ee8f0a6..0000000 --- a/old/52857-h/images/p181.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p183.jpg b/old/52857-h/images/p183.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 4dfd5a9..0000000 --- a/old/52857-h/images/p183.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p195.jpg b/old/52857-h/images/p195.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 95991ce..0000000 --- a/old/52857-h/images/p195.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p197.jpg b/old/52857-h/images/p197.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 6165d9c..0000000 --- a/old/52857-h/images/p197.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p207.jpg b/old/52857-h/images/p207.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 792e16b..0000000 --- a/old/52857-h/images/p207.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p209.jpg b/old/52857-h/images/p209.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a4ef591..0000000 --- a/old/52857-h/images/p209.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p211.jpg b/old/52857-h/images/p211.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 921edcd..0000000 --- a/old/52857-h/images/p211.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/p250.jpg b/old/52857-h/images/p250.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 4dab494..0000000 --- a/old/52857-h/images/p250.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/52857-h/images/u.jpg b/old/52857-h/images/u.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 219936c..0000000 --- a/old/52857-h/images/u.jpg +++ /dev/null |
