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-Project Gutenberg's Tragicomedia de Lisandro y Roselia, by Sancho de Muñón
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Tragicomedia de Lisandro y Roselia
- llamada Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina.
-
-Author: Sancho de Muñón
-
-Release Date: February 5, 2016 [EBook #51130]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TRAGICOMEDIA DE LISANDRO Y ROSELIA ***
-
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-
-
-Produced by Josep Cols Canals, Ramon Pajares Box and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive/Canadian Libraries)
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-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las
- versalitas como MAYÚSCULAS.
-
- * Se ha respetado la ortografía original.
-
- * Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar.
-
- * Se ha reparado el emparejamiento de los puntos de admiración e
- interrogación, y se han suplido los signos ¶ que faltan.
-
- * Se ha añadido al final del libro un Índice del que carece el
- original impreso.
-
-
-
-
- COLECCION
- DE
- LIBROS ESPAÑOLES
- RAROS Ó CURIOSOS.
-
- TOMO TERCERO.
-
-
-
-
- TRAGICOMEDIA
-
- DE
-
- LISANDRO Y ROSELIA,
-
- _LLAMADA ELICIA_,
-
- Y POR OTRO NOMBRE CUARTA OBRA
- Y TERCERA CELESTINA.
-
- [Ilustración]
-
- MADRID,
- IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA,
- calle del Duque de Osuna, núm. 3.
-
- 1872.
-
-
-
-
-ADVERTENCIA PRELIMINAR.
-
-
-A mediados del siglo XVI vió la pública luz en España una obra
-titulada _La Tragi-comedia de Lisandro y Roselia_, escrita en
-excelente prosa, con algunos muy escandidos versos, y cuya fábula
-estaba tan felizmente concebida como ejecutada; mas tales méritos no
-bastaron para salvarla del olvido en que hoy yace; que suele tambien
-la desdicha perseguir á los libros notables lo mismo que á los
-hombres esclarecidos, como si el ingenio y la fortuna difícilmente
-pudieran estrecharse la mano.
-
-Esta produccion se ha hecho tan rara, que sólo tenemos noticia de dos
-ejemplares[1], uno que conservaba en su selecta librería el Sr. D.
-Vicente Salvá, y otro del cual se sacó la esmerada copia que existe
-en la biblioteca del señor Estébanez Calderon, hoy del Ministerio de
-Fomento; de modo que el público en general está privado de conocer
-las bellezas de este libro, cuya escasez de ejemplares, no ménos que
-su mérito literario, nos ha movido á incluirle en nuestra coleccion.
-Publicóse sin nombre de autor, como tambien aconteció con la famosa
-tragi-comedia de _Calixto y Melibéa_, ó la _Celestina_; pero, ménos
-afortunado que sus antecesores, cuyos nombres han llegado á saberse,
-con gloria para ellos, el autor de _Lisandro y Roselia_, á pesar del
-enigma acróstico con que termina su obra, permanece todavía ignorado.
-
- [1] Despues de escrita la advertencia que precede al tomo
- anterior, ha llegado á nuestra noticia que ademas de los
- ejemplares allí citados, en la biblioteca que en la ciudad de
- Granada posee el Exmo. Sr. Duque de Gor, muy rica por cierto en
- obras de nuestra antigua literatura, existe tambien un ejemplar
- de los _Comentarios_ de Francisco Verdugo.
-
-El Sr. Salvá ocupóse con tenaz empeño en descifrar el encubierto
-nombre del autor, pero su trabajo fué completamente inútil; así como
-tambien el de otros varios que acometieron la misma empresa con igual
-resolucion, inclusos los que ahora dan á la pública luz esta obra
-inapreciable, esperando confiadamente que al fin y al cabo alguno
-tenga la suerte de revelarnos el nombre de quien ciertamente no
-merece seguir desconocido.
-
-Tampoco consta por quién está impreso el libro, ni en qué punto; pero
-en esto somos más afortunados, porque podemos decir con seguridad el
-nombre del impresor, y en cuanto al punto en que debió imprimirse la
-obra, podemos tambien afirmarlo con tantos grados de probabilidad,
-que casi raya en evidencia.
-
-El Sr. Colon y Colon, igualmente que D. Nicolás Antonio, la supone
-impresa en Madrid, teniendo en cuenta la circunstancia de estar
-fechadas en este punto las dos cartas de un amigo del autor, que
-ocupan el final del libro; pero esta suposicion carece de sólido
-fundamento y cae completamente por su base, considerando que en
-la córte no hubo imprenta hasta el año de 1566[2], y que á mayor
-abundamiento, no se conserva noticia de que jamas imprimiese en ella
-Juan de Junta, que es indudablemente el impresor de la obra.
-
- [2] El primer libro de que hasta hoy tenemos conocimiento se
- imprimiese en Madrid es la _Relacion de la muerte y honras
- fúnebres del SS. Príncipe D. Cárlos, hijo de Felipe II_,
- compuesto por el M. Juan Lopez de Hoyos, impreso por Pierres
- Cosiu, en 1568, en octavo; el mismo impresor, en union de Alonso
- Gomez, dieron á luz, en 1566, unas ordenanzas sobre el precio
- del pan, y en el siguiente año de 1567 el cuaderno de las Córtes
- de Madrid. El libro más antiguo de entretenimiento que produjera
- la tipografía madrileña es el titulado _Arrestos de amor, que
- contiene pleitos y sentencias definitivas de amor, con comento_,
- traducido del frances por Diego de Gracian, é impreso en 1569
- por Alonso Gomez. Noticias que debemos á nuestro buen amigo y
- distinguido bibliófilo Sr. D. José María Escudero de la Peña.
-
-Entre otras pruebas que pudiéramos aducir para demostrar la exactitud
-de nuestro aserto, parece la más sencilla y concluyente la que nos
-suministra el atento exámen de la misma hoja de la portada del libro.
-En efecto, á la vuelta de la portada se advierten unos caprichosos y
-bien trazados adornos, y entre ellos notó ya el Sr. La Barrera la
-existencia de una cifra ó monograma, que se compone de las letras J.
-A., primorosamente enlazadas.
-
-Ahora bien, esta cifra es la que Juan de Junta usaba, como puede
-verse, entre otras muchas obras que imprimió, en el _Tractatus
-Perutilis Martini de Frias, teologiæ in Salmanticensi academia
-professoris_, Salamanca, 1550. En una edicion anterior de la misma
-obra, hecha tambien por el mismo Juan de Junta, pero en la cual
-no se expresa el lugar ó punto donde se verificaba la impresion
-usa igualmente como adorno en la portada la misma cenefa que en la
-edicion de _Lisandro y Roselia_.
-
-Ademas nos consta positivamente que Juan de Junta imprimió primero en
-Búrgos, despues en Salamanca y Búrgos, y por último se estableció en
-Salamanca, dejando, segun parece, su imprenta de Búrgos á Felipe, su
-descendiente. Fundados, pues, en estas noticias incontestables, no
-vacilamos en afirmar que la tragi-comedia de _Lisandro y Roselia_ se
-imprimió en la ciudad de Salamanca, en donde es tambien muy probable
-que el autor la idease y escribiese.
-
-Sólo nos resta añadir que viene á corroborar más y más nuestra
-conjetura la circunstancia, importante para el caso, de ser
-precisamente Salamanca el lugar de la escena en que ocurren los
-sucesos del drama que tan magistralmente el autor finge y pinta, y
-que ademas se muestra muy conocedor de las costumbres y localidades
-de aquella ilustre ciudad, tan concurrida á la sazon y áun mucho
-tiempo despues de ricos y galanteadores escolares, de bellísimas y
-aventureras damas, de Celestinas astutas y avarientas, y de no pocas
-_tias fingidas_ de hermosas y complacientes sobrinas, que sin duda
-inspiraron al príncipe de los ingenios españoles la más picante de
-todas sus bien relatadas y admirables novelas.
-
- F. DEL V. J. S. R.
-
-[Ilustración: ¶ Tragicomedia de Lysandro y Roselia llamada Elicia y
-por otro nombre quarta obra y tercera Celestina. 1542.]
-
-
-
-
-CARTA DEL AUCTOR
-
- EN QUE DIRIGE É INTITULA SU OBRA AL MUY MAGNÍFICO Y ILUSTRE
- SEÑOR DON DIEGO DE ACEVEDO Y FONSECA.
-
-
-Necia querella es, Illustre Señor, los que componen escripturas
-de cualquier calidad que sean, intitularlas á señores y príncipes
-de sus tiempos, para darles auctoridad y favor con el nombre de
-aquellos á quien van dirigidas, conforme á lo que dice Píndaro, que
-en todas las cosas el principio ha de ser esmerado. Y como yo los
-años pasados tuviese vacacion de graves y penosos estudios, en que
-he gastado los tiempos de mi mocedad, buscando alguna recreacion de
-los trabajos pasados, compuse esta obrecilla que trata de amores,
-propia materia de mancebos. Cuando digo de amores no digo cosa
-torpe ni vergonzosa, sino la más excelente y divina que hay en la
-naturaleza, dejo los loores que del amor dice Platon en su Simposío,
-dejo lo que en la Theogonía escribe Hesiodo, que el amor es el más
-antiguo Dios entre todos los Dioses, dejo lo de Ovidio, que el
-amor tiene dominio universal, y reina sobre los Dioses y sobre los
-hombres, y dejo otras infinitas auctoridades que hablan en esta
-materia, porque sería nunca acabar. Sólo quiero decir que si á
-alguno pareciere no ser la obra digna de mi profesion y estudios,
-se acuerde que casi no hubo illustre escriptor que no comenzase por
-obras bajas, y de burlas y chufas, tomadas de enmedio de la hez
-popular. Y por dejar otras que podria aquí decir, Homero, el más
-esclarecido poeta entre los griegos, las primeras obras que escribió
-para ejercitarse y ensayarse para las mayores fueron dos: la una
-_La Pelea de los ratones contra las ranas_, y la otra de un hombre
-llamado Margites, inhábil para todos los oficios de la vida, de las
-cuales, la primera dura hasta nuestros tiempos, de la otra, en el
-sexto de las _Eticas_ Aristóteles, y Plutarco en los _Morales_, y
-otros auctores hacen mencion. Virgilio, asimesmo, el más excelente
-poeta entre los latinos, ¿quién no sabe, ántes que compusiese
-aquellas tres principales y divinas obras, haberse primero probado
-en la mocedad en aquella obrecilla que se llama _Pulga_, y en las
-_Priapeyas_, obra deshonesta y de torpes y ilícitos amores, y en
-otras niñerías que todos leen en los que se dicen parvos? Lo mesmo
-se lee de Lucano, esclarecido poeta, y de otros muchos auctores,
-así griegos como latinos, como de nuestra nacion, que dejo por no
-ser prolijo. Y así es que la órden en todas las cosas es comenzar
-por lo poco, y proceder, como dice Prician, á lo que es más. Y
-dice sabiamente Séneca que si se consideran bien todas las cosas
-naturales, hallaremos tener muy pequeños principios, despues el
-tiempo las engrandece y perficiona. De lo sobredicho parece que no
-se me debe á mí atribuir á culpa, si determinado de escrebir he
-comenzado por materias bajas y de pasatiempo, pues que, como en el
-primero de sus Oratorias Instituciones escribe Quintiliano, digno es
-de perdón el que yerra, si sigue grandes capitanes. Buscando, como
-dije, favor á esta obrecilla, acordé intitularla á vuestra merced,
-porque, lo que por sí no puede, alcance por la sublimidad y méritos
-de vuestra merced, persona de tan esclarecidos antepasados que
-libertaron y redimieron esta nuestra patria de graves exacciones y
-pechos, de condicion tan suave, apacible y angélica, que siendo casi
-el príncipe de su ciudad, es tan amoroso y humanísimo, hasta con los
-más bajos, que más parece igual de todos, que no señor de todos, como
-lo es, y así todos le aman como á igual, y por otra parte le acatan y
-reverencian como á señor. Dejo el conocimiento de la lengua latina,
-la dignidad, disposicion y gracia de su persona, la liberalidad y
-otras preeminencias que en vuestra merced relucen, que, por ser á
-todos notorias, es á mí excusado de decirlas por menudo. Suplico
-humildemente á vuestra merced no mire el dón, sino la voluntad del
-dador; á nadie, como dice Plinio, fué atribuido á vicio sacrificar
-con lo poco que tuviese; yo al presente no me hallo con más precioso
-dón. Placerá á Nuestro Señor que adelante pueda servir á vuestra
-merced con escripturas de materia subida y digna de persona tan
-clara y valerosa como vuestra merced, cuya illustre persona y estado
-conserve Nuestro Señor, y aumente por muy largos años á su servicio.
-
-
-
-
-PRÓLOGO
-
-AL DISCRETO LECTOR.
-
-
-Aquel tan afamado hijo de Driante, Licurgo, rey y legislador de los
-lacedemonios, por el demasiado amor de vino y torpe embriaguez que
-en muchos veia, se dice haber talado las viñas, pareciéndole ser
-éste bastante remedio para apartarles de aquel vicio. Mas en esta
-parte es reprendido de Plutarcho en el libro, _De la manera que se
-ha de tener en leer y oir las ficciones poéticas_, y á mi parecer
-no le falta razon, porque fuera muy mejor, si queria que los suyos
-se templasen, enseñarles á usar moderadamente del vino mezclándolo
-con agua, la cual, de tal manera quita en él lo que daña, que no
-acaba de consumir lo que aprovecha, ca, como dice Platon la potestad
-de un dios sobrio (que como él entiende es el agua) refrena la
-insania y fortaleza del furibundo dios Bacho, y en ellos fuera muy
-mayor virtud, de tal manera recibieran esta doctrina, que trayendo
-entre manos la ocasion de caer, supieran tener el medio sin faltar
-en el vicioso extremo. He traido esto, discreto y sabio lector, á
-propósito de una cuestion que mucho tiempo há dura entre los sabios
-así católicos como gentiles, en la leccion de las ficciones y
-cuentos fabulosos y poéticos, en cuál de las dos maneras que agora
-diré nos hayamos de haber. Unos son de opinion que á imitacion
-de lo que cuenta Homero de los compañeros de Ulíses, en mentando
-ficcion poética, tapemos las orejas con cera, y á gran furia pasemos
-adelante, como aquéllos hacian, por no oir el canto de las serenas.
-Otros aconsejan que de tal manera paremos en los fabulosos cuentos,
-que sepamos aprovecharnos de lo bueno á que ellos van enderezados, y
-desechar lo malo que muchas veces adrede los que las tales ficciones
-compusieron, mezclan con la doctrina filosófica que en ellas enseñan
-por conformarse con la calidad de las personas que introducen, como
-si introdujesen un mancebo vicioso que habla cosas en favor del
-deleite, ó un tirano en favor de la crueldad, ó un avaro en favor
-de la avaricia, no por esto hemos de entender que la intencion de
-aquel autor fué alabar aquellos vicios, sino que los quiso pintar
-con sus colores para que el de sano entendimiento se supiese guardar
-de ellos. Podria decir alguno, esa doctrina yo me la tomaré de los
-filósofos que hicieron libros de filosofía moral, y allá os avenid
-vos con vuestras ficciones de poetas. A esto está la respuesta muy
-fácil; primeramente, que los poetas no son sino filósofos, ni fué su
-intento tratar de otra cosa sino de filosofía y otras sciencias, mas
-porque vieron que la doctrina de la verdad no es muy suave de oir
-para muchos, quisiéronla envolver en fábulas, porque de mejor gana
-los lectores se aficionasen á percibir aquella doctrina amarga con
-el dulzor de la ficcion fabulosa. Ésta es la causa mesma y descuento
-que da Lucrecio en el cuarto de su Poética Philosophía. Quise (dice
-Lucrecio) tratar de cosas grandes y oscuras, envolviéndolas en verso
-heroico y en el donaire y gracia de las Musas para hacellas más
-fáciles á aquellos que se entristecen en tratar cosas de véras por el
-poco uso que tienen de ellas, á imitacion de los médicos, que para
-hacer que los niños con ménos dificultad tomen el amargo zumo de los
-axenxos, les untan los labios con miel para que á vueltas de aquel
-dulzor beban la amargura de aquello que les ha de ser medicina. Ansí
-que á esta manera de enseñar se podrá aplicar y entender fácilmente
-lo que decia Philopono, poeta, de las carnes, aquéllas ser más
-sabrosas que no son carnes, y de los pescados aquéllos más dulces
-que no son pescados. Es, pues, dificultosa y amarga la doctrina
-de la verdad y virtud, la cual, junta con el dulzor de la fábula,
-es hecha más fácil, y ámanla más oir y conocer aquellos que, como
-decia Caton, tienen el sentido del paladar más vivo y agudo que no
-el del entendimiento. Estos tales es cosa de maravilla cuán atentos
-y obedientes discípulos son á oir fábulas así como las de Esopo, y
-otras tales que son sacadas del tuétano de la philosophía moral,
-y que sin dubda viviria bienaventurado el que obrase lo que por
-ellas se concluye. Bien conocia esto Sócrates, del cual se lee que
-para persuadir lo que queria, era grande artífice de ficciones, y
-que tanto le parecieron bien las fábulas de Esopo, que las volvió
-en verso, y de esta manera se hallan usurpadas en poetas griegos y
-latinos. De una de dos maneras persuaden los philósophos y retóricos
-alguna doctrina, amonestando á buenas cosas, como escribe Aristóteles
-en el segundo libro de su Retórica: ó por argumentos y razones
-vivas, ó por exemplos. Dexados aparte los argumentos, los exemplos
-son en dos maneras, ó fingidos ó verdaderos; fingidos como los que
-ahora diré, porque el mesmo Aristóteles usa de ellos. Queriendo
-Esopo, frigio, persuadir á los de Samo, que no es bien desear nuevo
-señor puesto que sea tirano y usurpador de las haciendas de los
-pobres, porque al cabo éste en algun tiempo se hartará y dexarles ha
-algo con que pasen la miserable vida, mas el que de nuevo viniese
-acabarlos hia de asolar como viene de refresco, y á ellos los tomó
-sobre cansados, usa, pues, de semejante fábula: En tiempos de grandes
-calores, cayó la raposa en un tremedal, y sin poderse rebullir,
-en poco tiempo fué llena de moscas caninas; pasando por ahí el
-erizo, habiendo compasion, preguntóle si queria que se las quitase,
-respondió ella que no, diciendo que aquéllas, como ya estaban hartas
-de chupar su sangre, ya era muy poca la que le sacaban, y que si
-aquéllas le echaba vendrian otras muertas de hambre que le acabarian
-de beber toda la sangre que le quedaba. Así el señor que ya está
-enriquescido no daña tanto, mas si éste se alanza, sucede otro pobre
-en su lugar, que acaba de agotar lo que queda, y toda la república se
-destruye. Es, pues, grande la fuerza de la ficcion para persuadir,
-así como hace mucho más el color que sola la raya para que una imágen
-humana parezca más clara. La semejanza de la verdad mezclada con
-ficciones hace atónitos en alguna manera y engaña aquellos que la
-oyen. Dicen que la mandragora tiene tal virtud, que si nasce cerca
-de las vides hace que se ablande la fuerza que el vino habia de tener
-para embriagar, así la poesía toma de la philosophía la doctrina, y
-juntándola con la mandragora del cuento fabuloso, hácela más blanda
-y fácil para ser percibida. Es, pues, la ficcion un buen engaño
-fabricado para traer con él á lo bueno no á hombres que tienen baxo
-entendimiento y grosero, porque estos tales no se dexan así engañar
-como cuenta Plutarcho, que preguntado Simónides, poeta, por qué con
-su poesía no engañaba á los de Thesalia, respondió, que eran más
-necios de lo que convenia para poder ser engañados de él. Gorgias,
-preguntado qué cosa era tragedia, respondió ser un engaño, el cual
-hace mejores á los que le usurpan que á los que huyen dél, y más
-sabios á los engañados que á los que no se dexan engañar dél. Pues si
-venimos á las fábulas de que están llenos los poetas antiguos, que ni
-llevan piés ni cabeza, hallarémoslas llenas de alegorías y notables
-singulares y fundadas sobre algun principio de verdad. Quien á mí no
-me creyere lea á Palefato, autor antiguo y de mucha autoridad; el
-cual, viendo que la más de la gente no tomaba más de la corteza de
-la fábula creyendo cosas del todo imposibles con gran diligencia y
-cuidado, peregrinando por el mundo, informándose de hombres ancianos,
-averiguó muchas verdades que estaban paliadas con fábula. De muchas
-que él pone, contentarme he con una, remitiendo á él al deligente
-lector: no hay quien no sepa la fábula de Acteon, como le comieron
-sus mesmos canes, siendo convertido en ciervo de la diosa Diana, que
-contra él estaba airada por el atrevimiento que habia tenido de verla
-desnuda; ¿quién no sabe de Xenophon y Plinio y todos, cuán grande sea
-el amor que naturalmente los perros tienen á sus señores, y sobre
-todo los de caza? acordaron los poetas de fingir semejante cosa,
-porque oyendo tal exemplo los otros hombres se refrenasen de ofender
-á Dios, que tiene poder para castigar los malos y galardonar los
-buenos. La verdad de esta fábula fué que hubo en Arcadia un hombre
-llamado Acteon, muy amigo de la caza, lo cual en aquel tiempo era
-causa de mayor escándalo que agora, porque no sabian los hombres
-ocuparse en otro exercicio más de en la agricultura. Pues Acteon,
-olvidado de ésta, dióse á sola la caza, y menospreciado el cuidado
-de su casa, faltóle la hacienda y con ella la vida; de allí vino á
-andar por las lenguas de los hombres: ¡ay cuitado de tí, Acteon, que
-de tus propios canes fueste comido! Cuantos Acteones hay en nuestros
-tiempos, no solamente comidos de perros, mas aún de malas mujeres.
-Y porque no sea todo traer exemplos de gentiles, remítome á lo que
-el bienaventurado Sant Basilio dice de la leccion de las ficciones
-de poesía en un sermon que hizo á los mancebos, de la manera que
-han de tener para aprovecharse y tomar doctrina de los poetas y
-fabulosas ficciones. El glorioso Sant Hierónimo, como todo el mundo
-sabe, fué muy reprendido de los eclesiásticos de su tiempo, porque se
-daba tanto á la elocuencia de Ciceron y á la leccion de los poetas;
-dexadas otras muchas respuestas, que da por todas sus epístolas
-dignas de tan alto y divino varon pondré una. Dice, pues, la poesía
-estar figurada en el Deuteronomio por una costumbre que los judíos
-tenian, que cuando cautivaban algunas mujeres extranjeras no podian
-casar con ellas sin primero cortarles las uñas y los cabellos. Mas
-porque esta figura, á este propósito tomada de Sant Hierónimo, en
-estilo heroico la declara y aplica á la poesía aquel real poeta Juan
-de Mena, parescióme cosa no ajena de mi propósito poner aquí sus
-palabras:
-
- ¶ Usemos de los poemas
- Tomando dellos lo bueno,
- Mas huyan de nuestro seno
- Las sus fabulosas temas;
- Sus ficciones y problemas
- Desechemos como espinas,
- Por haber las cosas dinas
- Rompamos todas sus nemas.
-
-COMPARACION.
-
- ¶ Primero, siendo cortadas
- Las uñas y los cabellos,
- Podian casar con ellos,
- Sus cautivas ahorradas
- Los judíos, y alimpiadas,
- Hacer las israelitas
- Puras limpias y benditas
- A la su ley consagradas.
-
-APLICACION.
-
- ¶ De la esclava poesía
- Lo superfluo así tirado,
- Lo dañoso desechado,
- Siguiré su compañía;
- A la católica via
- Reduciéndola, por modo
- Que valga más que su todo
- La parte que hago mia.
-
-Hémonos, pues, de haber en la leccion de los libros que contienen
-semejantes maneras de doctrinas, de la manera que nos hemos cuando
-queremos coger rosas del rosal, que trabajamos de cogellas de tal
-manera que no nos ofendan las espinas. Y pues tenemos discrecion para
-tomar los manjares que nos han de aprovechar, y desechar los dañosos,
-fea cosa sería no tenerla para hacer esto en los manjares que dan
-mantenimiento al alma, imitando á las abejas que ni se asientan en
-todas las flores, ni de aquellas en que se asientan toman más de lo
-que les hace al caso para la fábrica de su miel, y lo demas dexan,
-cosa digna de reprension sería que no bastase en nosotros la razon
-á hacer lo que en ellas hace el instinto natural. Estas y otras
-muchas razones que aquél dexó de decir por no ser enojoso, movieron
-á nuestro autor á componer este libro lleno de avisos y buenas
-enseñanzas de virtud sacadas de muchos autores santos y profanos, con
-no pequeño trabajo y mayor cuidado, con celo de la utilidad pública.
-Por lo cual, yo en su nombre, suplico á todos los que le quisieren
-tomar en las manos, juzguen su buena y sana intencion.
-
-
-
-
-_COMIENZA LA OBRA._
-
- ¶ _Síguese la tragicomedia de Lisandro y Roselia, llamada
- Elicia, y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina._
-
-
-
-
-✠
-
-¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL PRIMER ACTO.
-
- Lisandro, noble mancebo, pasando por cierta calle, vió á
- la ventana á Roselia, doncella de alta guisa, de cuyo amor
- es vencido; trabaja Oligides, su leal criado, con muchas
- razones y exemplos de apartarle de este propósito, y al
- cabo, como ve que su trabajo es en balde, promete de darle
- medios como pueda llevar á execucion sus deseos.
-
-LISANDRO. — OLIGIDES.
-
-
-_Lisandro._ ¡Válasme el poderío de Dios!
-
-_Oligides._ ¿Qué es, señor?
-
-_Lis._ Desplega tus ojos, levanta tu sentido, verás una criatura en
-quien Dios soberanamente se esmeró con su pincel en el debuxo de su
-fermosura: Apélles, excelente pintor, no supiera pintar tan perfecta
-imágen, ni natura pudiera más obrar en su perfeccion. ¡Oh divino
-resplandor, que deslumbras como sol á los ojos que te miran!
-
-_Olig._ ¿Dó está?
-
-_Lis._ Ya es traspuesta la nueva lumbrera, aquella que con aventajada
-claridad al dia priva de su luz. Ya el envidioso lienzo se interpuso
-y causó eclipse, escureciendo mi corazon con una profunda tiniebla.
-
-_Olig._ ¿Es la que recostada estaba en la ventana del encerado?
-
-_Lis._ Esa mesma: la que preso me dexa en cárcel de amor, allá en
-lo de crímen. ¡Oh, si bien la vieras, contempláras una concorde
-proporcion de sus miembros; un lindo talle de cuerpo, un rostro de
-serafin, unos ojos matadores, una gracia, en cuanto Dios puso en
-ella, que no parece sino piedra iman, así atrae y mueve aún los
-corazones de acero, y los hombres para sí convierte con su jocunda
-vista, no ménos que Orfeo con su dulce arpa las bestias fieras atraia
-al sonido de su armonía, y las serenas del mar los navegantes hacian
-detener con la canora melodía del sabroso canto que sus voces, en
-compas regladas, formaban con aquel suave estruendo del su gracioso
-nadar! Agora doy crédito á las fábulas que dicen que Medusa tornaba
-los hombres que la miraban en piedras.
-
-_Olig._ Señor, ¿no miras que estás parado en lugar sospechoso, y que
-darás que decir á las gentes? Menéate, y vamos de aquí, no estés
-hecho piedra mármol.
-
-_Lis._ ¡A dó iré con el cuerpo! pues el alma que regirle habia le
-desmamparó; mal se guia la nao sin gobernalle, mal el barco sin remo,
-lo espiritual donde obra, ahí se dice estar, mis pensamientos todos
-se ocupan en Roselia, y por ende estoy fuera de mí.
-
-_Olig._ No te congoxes por lo que por ventura sería muy fácil, por
-mis medios, de alcanzar.
-
-_Lis._ Habla cortés; sin tiento prometes lo que hacer no podrás,
-piensa primero lo que dices, no te sea feo despues volver atras tu
-palabra.
-
-_Olig._ Lo dicho dicho.
-
-_Lis._ No puedo creer que tal dicha en mí cupiese, que la cerugía
-de mi mortal é incurable llaga esté en tus manos puesta; por
-imposible tengo que nadie pueda merecer alcanzar dama tan soberana
-en todo merecimiento. Por cierto, suma bienaventuranza sería para
-mí si solamente gozase de su divina vista, que con tal refrigerio
-mitigarse ía, en parte, el ardiente fuego que mis entrañas abrasa.
-
-_Olig._ Señor, yo, cuando pequeño, fuí paje de su padre que en gloria
-sea, y su madre quiéreme mucho, y por este amor y conocimiento,
-entro allá y salgo y hablo con Roselia, trayéndole á la memoria que,
-cuando era niña, yo la brizaba, y con el trebejo la acallaba, y con
-otras cosas de niñez con que los niños en aquella edad se suelen
-regocijar. Mira, pues, señor, si te puedo servir, y si hay lugar de
-cumplir lo prometido, que un dia que otro, yo la tomaré sola á parte
-y le diré de tí por el mejor estilo que sepa. Pero avísote que te
-metes en un abismo profundo, en un encenagado piélago, en un mar sin
-pié, en un entrincado laberinto, que primero que de él salgas has
-de pasar por muchos peligros, trabajos, zozobras que te sobrevernán
-si prosigues este intento. Mira bien (pues eres sabio) los fines y
-remates que suelen haber los amores. ¿Qué fin hubo Achíles, capitan
-de los griegos, que por la hermosura de Polixena, fija de Priamo, se
-perdió, cuando Páris, en el templo de Apolo, le echó una saeta por el
-cuerpo? ¿En qué acabó Pirro, el que con Hermione, hija de la linda
-Elena, por amores se casó? Oréstes, su esposo, lo mató. ¿Qué diré
-del mancebo Leandro, el cual pasando á nado el Hellesponto por holgar
-con su amiga Ero, que de la otra parte estaba, al fin se ahogó? Pues
-Diocles, fijo de Pisistrato, habiendo contaminado una vírgen que
-mucho queria, fué muerto del hermano de la doncella. ¿Quién no sabe
-las batallas campales que Turno por Lavinia, fija del rey latino, con
-Enéas tuvo? Dél fué vencido, desbaratado y lanzado de su reino. Bien
-habrás tambien leido lo de Marco Antonio, capitan romano, que cautivo
-del amor de Cleopatra, reina de Egipto, por su causa rebelló contra
-su patria, y vino á morir á manos de su enemigo César. Si venimos á
-nuestros tiempos, dime, ¿en qué paró Macías el enamorado? alanceado
-murió. ¿En qué, aquel que por un cordel de sirgo, trepaba á unas muy
-altas almenas por gozar de la sargenta? cayó del escala, que ni habló
-ni se bulló más. Pues notoria es á todos la fama del bien enamorado
-portugues á quien los disfavores de su desdeñosa amiga traxeron á tal
-estado, que de sí mesmo fué homicida. Al caballero de Almazan, cuán
-desastrado fin acarrearon sus amores, que su hermano el Conde, segun
-fama, le empujó de las escalas, y se descoyuntó. No acabaria de aquí
-á mañana si hubiese de traerte á la memoria todos los malos recados
-que de semejantes negocios se han seguido.
-
-_Lis._ Nada me mueven tus exemplos; dexa esa materia, que por demas
-fatigas tu lengua á darme consejo, dada es la sentencia que yo
-muera en tal demanda; aunque mil vidas perdiese las daria por bien
-empleadas, que ya ardo en fuego de amor: ya se emprendieron mis
-entrañas con sólo el resplandor que del mirador salia, do aquellos
-pechos virginales recostados estuvieron. ¡Oh fino eslabon de tu
-fermosura, que en cualquier empedernido corazon que dés tus retoques
-haces saltar las centellas, que con poca yesca enciendan lumbre y
-acuden por todas partes de mi cuerpo las vivas llamas! Ya la leña de
-tu memoria ceba el brasero con abrasadas ascuas, donde mi alma queda
-en purgatorio fasta que tú de allí la saques.
-
-_Olig._ No te aflijas, que para todo hay remedio sino para la muerte.
-Pésame que lo más noble que tienes, que es el ánimo, lo sujetas á
-cosas mortales y lo empleas en aquello que ni quietud ni reposo darte
-puede, ni despues de alcanzado, sosiego y gloria permanente.
-
-_Lis._ Inmortal es la que yo amo, y la que vi ángel es moradora del
-cielo, pues su angélica figura sobrepuja y vence con belleza á todo
-lo criado, y sus gracias todo tu humano juicio tracienden.
-
-_Olig._ ¿Ángel te parece la que del amor divino te retrae, y del
-Criador á la criatura tu deseo inclina, la que descubre camino para
-tu perdicion?
-
-_Lis._ Por ángel tengo y juzgo, y ansí la confieso, aquella cuyo amor
-hace que ame á Dios como causa del tal efecto.
-
-_Olig._ Perviertes el órden, señor.
-
-_Lis._ ¿En qué manera?
-
-_Olig._ Porque todo lo criado en razon del Hacedor amar se debe, tú
-al reves haces y lo contrario sigues de lo que la maestra natura
-nos enseña, que es amar al principio por sí mesmo, y la labor en su
-orígen.
-
-_Lis._ ¿San Pablo no dice que de lo visible venimos en conocimiento
-de lo invisible?
-
-_Olig._ Eso no contradice á lo dicho, ni traes nada á consecuencia.
-
-_Lis._ Ora déxame, no me prediques.
-
-_Olig._ ¡Oh señor! que tuerces á manizquierda, y hace mucho, agora
-que eres mancebo, escoger la manderecha. Bien entiendes si has leido
-la letra de Pitágoras, y sabes la significacion y inteligencia de la
-Y griega. Toma exemplo de Hércules, que eligió el camino trabajoso
-y dexó el vicioso cuando encontró con aquellas dos diosas, la una
-llamada vicio, la otra virtud; la una hermosa, fresca, graciosa,
-afable, vestida de ricas ropas, llena de mil deleites, acompañada
-de placer y de otros muchos pasatiempos; la otra orinienta, sucia,
-estropajosa, fea, vieja, maltratada, zahareña, rigurosa, áspera,
-rodeada de trabajos y afanes; la primera púsosele delante, que todo
-aquello le daria, descanso, contentamiento, alegría, gozo, frescores
-y deleites de la vida si su parcialidad siguiese, pero no hacia
-mencion del paradero; la segunda dixo que nada de esto tenía que le
-dar sino fatigas, ánsias y penas aquí, mas que si bien lo hiciese,
-le prometia despues eterna fama y gloria perpétua, la cual antepuso
-Hércules á todas las holguras presentes. Por seguir este camino
-angosto y estrecho de la virtud, Ephrain, aunque menor, hubo la
-bendicion paternal de la mano derecha que su padre Jacob, que, para
-morir estaba, volvió á él en contra de Manases, hermano mayor, que
-descuidado era en el culto divino. Al fin, por muchas tribulaciones
-nos conviene conseguir el reino de Dios, pues á Cristo, adalid
-nuestro, fué necesario padecer, y así entrar en su gloria.
-
-_Lis._ Mueves la pesada piedra cuesta arriba y das martilladas en
-hierro frio. Solo el afilado cuchillo del desmedido dolor que espero
-en el disfavor de Roselia es poderoso para me penetrar por mil
-partes, lo demas no.
-
-_Olig._ De diamante es tu dureza, que la sangre del torpe cabron te
-enternece, doma y ablanda, y no hace mella en tí la punta acerada
-de verdaderas razones, ni señal la palabra de Dios que á dos filos
-corta. Si en otro contemplases lo que en tí ver no puedes, por
-esa niebla levantada de la tierra sensual que lanza de tí ese tu
-encendido calor fasta cegarte, verias un hombre avariento y codicioso
-que, atados piés y manos de cadenas de oro macizo, y inhábil para
-cualquier cosa, por una parte desea ser desatado, porque los
-eslabones de la gruesa cadena le lastiman, aprietan y hieren, por
-otra no quiere perder ni dexar tan preciadas ligaduras, á las cuales,
-libre, accion ni derecho tendria; bien así tú, señor, quéxaste y
-buscas remedio, porque la nueva prision, con sus molestos y enojosos
-ñudos te causan crecido tormento, y sabes que, para verdaderamente
-ser suelto, has de deshacer esos lazos, que tan disformes ronchas por
-tantas partes afearian tu fama, y con la llave de la razon abrir el
-candado de los grillos y esposas con que preso estás y fuertemente
-ligado; y viendo esto, con desman rehusas la secreta ganzúa de
-viva razon que abriria la ciega cerradura de Cupido, y el radiante
-resplandor de la cadena con los rayos rutilantes te ciega y halaga
-tu prision, y te trae la mano por el cerro haciendo de tí cera y
-pábilo, y te tiene impedido que no veas con limpios y claros ojos en
-tí lo que en otro viendo por locuras juzgarias. Paga, paga, señor, el
-carcelaje con alguna pena que al presente sentirás, y dexa á Roselia
-que preso en tenebroso suétano te tiene. Loco es el hombre que sus
-prisiones ama, aunque sean de oro.
-
-_Lis._ Pierdes trabajo, no me quiebres la cabeza con tus porradas. Hi
-de puta el necio, qué caramillos arma por salirse afuera del juego.
-
-_Olig._ Mi deber hago, que es darte consejo porque no me condenes
-arrepentido.
-
-_Lis._ ¿Arrepentir? Ya me viese en tan sublime estado que pesar me
-pudiese de lo que nunca me pesará. Mas, por mi vida, Oligides, no
-solias tú ser tan sancto ni lo eres, ¿qué es esto?
-
-_Olig._ En todas las cosas, señor, guardar el medio es loable cosa, ó
-no digna de tanta culpa como sería exceder en los extremos; yo, si
-peco, con templanza peco.
-
-_Lis._ ¿Qué excesos me ves tú hacer?
-
-_Olig._ Meterte en el amor en quien, como dice el cómico, todos estos
-vicios reinan, injurias, sospechas, enemistades, envidias, celos,
-iras, pecados, vigilias, paz, guerra, tregua.
-
-_Lis._ La aguja de mi razon enderezará esa nao de confusa discordia.
-
-_Olig._ Señor, la cosa que en sí ni tiene consejo, ni órden recibe,
-regirse con razon no puede.
-
-_Lis._ Ay, ay, ay, miserable me siento, la vida me es enojosa, ardo
-en amor, vivo me quemo, y muero y no sé qué me haga.
-
-_Olig._ Basta las penas y pesadumbres que consigo el amor acarrea,
-sin que tú más le añadas.
-
-_Lis._ De tí me quexo, que me puedes remediar y no quieres.
-
-_Olig._ Buena medicina te daba si la conocieras; pero, pues dices
-eso, aunque poco puedo, mis fuerzas pondré en servirte en este
-negocio, y no me acuses cuando salieres del yerro en que estás
-metido, y plega á Dios que en paz salgamos todos, y no seamos tus
-servientes cebo de anzuelo ó carne de buitrera.
-
-_Lis._ ¿Qué piensas hacer?
-
-_Olig._ Mañana te doy la respuesta.
-
-_Lis._ En tus manos encomiendo mi ánima y mi espíritu.
-
-_Olig._ En las de Dios, señor.
-
-_Lis._ Llama.
-
-_Olig._ Entra, que abierto está.
-
-_Lis._ Di á esos mozos que no me trayan de cenar.
-
-_Olig._ No te apasiones, cena, no dobles tus males.
-
-_Lis._ No estoy para ello.
-
-_Olig._ A más que esto vendrás de esta vez que á no comer, mas, ¿qué
-se me da á mí? ahórquenlo en buen dia claro, siquiera se muera ó le
-tome el diablo. Andaos por ahí á decir verdades y moriréis por los
-hospitales; no es tiempo de eso, ya me llamaba sancto, y pardios
-las buenas doctrinas de Eubulo, criado antiguo de esta casa, me
-habian casi convertido; pero poco puedo medrar con sus devociones y
-sanctidades; no ando yo tras eso, ni es esto lo que busco. Quiero
-perquisar y inquerir con mi pensamiento la entrada á Roselia y ser
-alcahuete, venga el bien y venga por do quisiere, á tuerto ó á
-derecho nuestra casa fasta el techo, que buena parte me cabrá de sus
-amores, que á rio vuelto, como dicen, ganancia de pescadores.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA DEL PRIMER ACTO.
-
- Despues de ido Oligides á dar órden como su señor se vea
- con Roselia queda Lisandro manifestando su pasion con
- palabras muy lastimeras á Eubulo, hombre de honestas
- costumbres, criado suyo. Éste nunca cesa de darle consejos
- buenos, aunque por demas se fatiga. Vuelve Oligides y dice
- que hay oportunidad para ver y hablar á Roselia. Cabalga
- Lisandro; van delante dél sus dos mozos de espuelas Siro y
- Geta. Éstos pasan entre sí cosas muy donosas, de las que
- entre semejantes suelen pasar, y al cabo burlan de los
- desatinos que su amo, vencido del amor, dice á su querida
- Roselia. Venido Lisandro, retráese á su aposento.
-
-LEANDRO. — EUBULO. — OLIGIDES. — SIRO. — GETA.
-
-
-_Lisandro._ ¡Ay de mí si tan discreto fuese para quexarme como soy
-yunque para sufrir! entónces conocerias, Eubulo, en mis abrasadas
-palabras el fuego del lastimado corazon, que no basta á sufrir golpes
-de tanto dolor; porque cuanto más el deseo se aviva, tanto más la
-esperanza me fallece de gozar de aquel ángel caido del cielo para
-enamorar el mundo, cuya figura, no ménos tengo en mi ánima estampada
-y impresa que enclavada en mi memoria.
-
-_Eubulo._ Señor, si vas por el camino de tu deseo, créeme, que no
-irás conforme á discrecion y tu honra, ca la pasion que te ocupa no
-te dexará juzgar la verdad. No te arrojes ni abalances en esa hoguera
-tan apresuradamente sin primero mirar lo que haces, que las cosas
-arrebatadas siempre traen arrepentimiento, que quien de presto se
-determina muy de espacio se arrepiente. Esfuerza á desechar de tí ese
-desatinado amor, langosta de todas virtudes; y dado que difícil se te
-haga y cuesta arriba, por eso piensa que en las grandes afrentas se
-conocen los grandes corazones. No te dés por vencido ni te acobardes,
-pues el esforzado acometer hace muchas veces al hombre vencedor.
-
-_Lis._ Bien veo, Eubulo, que á tus tan sentenciosas palabras no
-bastan ningunas fundadas razones; pero, ¿qué quieres que haga, que á
-las fuerzas de amor el resistir es querer ser vencido?
-
-_Eub._ El huir es vencer, por ende huye las ocasiones, no pases más
-por su puerta ni la veas.
-
-_Lis._ ¿Qué dices, mal mirado? ¿que no vea la lumbre de aquellos
-alindados ojos que alegremente esclarecen la oscura pena de mi alma?
-¿Que no vea aquel cuerpo glorificado, en quien Dios francamente
-repartió sus gracias? ¿Que no vea aquella soberana pintura cuyas
-sobras de fermosura, si repartidas fuesen por todo el mundo, no
-habria cosa fea en él?
-
-_Eub._ Bien muestras que el amor se ha en tí aposentado, pues no
-consientes algun consejo ni tienes reposo. Esto digo, que más vale
-prevenir el mal con remedio que no, despues de venido, con diligencia
-curallo. Ataja esos nuevos deseos, cercena y corta los malos apetitos
-que brotan para perdicion de tu alma y destruccion de la honra;
-agora, señor, en los principios has de mirar, que de los fines la
-ventura es el juez.
-
-_Lis._ ¿Dónde se me puede á mí seguir más honra y más bienaventuranza
-que de emplearme todo en la contemplacion de aquella cuya memoria da
-sér á mi vida, y á quien por sus merescimientos todos los mortales
-deben servir? Llámame acá á Oligides, que mucho tarda.
-
-_Eub._ Escocióle el buen consejo.
-
-_Lis._ ¿Qué dices?
-
-_Eub._ Digo que voy.
-
-_Lis._ Allá irás. Al diablo tanto discreto como yo tengo en esta
-casa; pero no sé cómo lo son, que el necio callando es habido por
-discreto, como el falto encubierto por cumplido; éstos, parlando, se
-hacen cuerdos.
-
-_Eub._ Señor, vesle aquí, viene de fuera.
-
-_Oligides._ De tus negocios, señor.
-
-_Lis._ ¡Oh hermano Oligides! no ménos alegre me haces con tu venida,
-que deseoso he estado de tu presencia; mas, ¿qué alegría puede tener
-aquel que los dias vive con trabajos y las noches vela con pesares y
-tormento? el cual con tu tardanza acrecentaste poniendo en olvido mis
-cosas, que sabes que en las cosas de amor la presteza es loable.
-
-_Olig._ ¡Oh, señor! siempre me olvido de mí mesmo por acordarme de tu
-servicio, y ¿dícesme eso?
-
-_Lis._ ¿Pues qué has pensado en mi remedio?
-
-_Olig._ ¿Qué? que pardios vengo de allá; y si vas luégo verás á
-Roselia en la ventana de jaspe, y podrá ser que la hables si te das
-buena maña, que su madre Eugenia es ida á ver á su hermano Menedemo,
-que malo está.
-
-_Lis._ ¿Y tardabas en decírmelo? Mozos, Siro.
-
-_Siro._ Señor.
-
-_Lis._ Saca ese cuartago blanco y límpialo, y ponle las mejores
-guarniciones y más ricas que tengo. ¿Tardas, lerdo? ¡rabiosa landre y
-fin desastrado te arrebate! así eres perezoso.
-
-_Sir._ Ahí te estarás, don necio testarudo; no se le cuece el pan, en
-un momento lo querria ver todo hecho.
-
-_Lis._ Llégate acá, único socorro de mis pasiones, ¿qué nuevas traes?
-¿Hablaste con aquella que par no tiene en la tierra, y en el cielo
-compete con los bienaventurados?
-
-_Olig._ Otro Calixto hereje tenemos.
-
-_Lis._ ¿Qué dices de Calixto?
-
-_Olig._ Que no tuvo tanta razon para amar á Melibéa, aunque fué
-mucha, como tú tienes para querer y desear á Roselia.
-
-_Lis._ ¿De mi señora dices? Es un laberinto en grandeza y
-merecimiento, un mar océano de gracias, un dechado de virtudes, una
-regla de fermosura en la cual se conoce todo lo imperfecto cotejado
-con ella. ¿Vístela?
-
-_Olig._ Visto la hé.
-
-_Lis._ ¿Burlando lo dices agora? ¿digo si la viste?
-
-_Olig._ Víla.
-
-_Lis._ ¿Qué te pareció?
-
-_Olig._ Una estrella del cielo caida.
-
-_Lis._ Poco dices.
-
-_Olig._ Un retrato sacado de la hermosura de Vénus.
-
-_Lis._ ¿De Vénus ó qué? y, ¿qué tienen que ver las tres diosas
-discordes en el debate de la manzana con la diosa Roselia? mal la
-miraste. Pero dime, ¿qué has negociado?
-
-_Olig._ Yo vengo de allá, y estaba Roselia con su madre, y por esta
-causa no se ofreció lugar para en secreto manifestarle tu pasion; mas
-no dexé declarársela en público con palabras encubiertas, si ella me
-quiso entender.
-
-_Lis._ Dime eso, que me es sabroso de oir.
-
-_Olig._ A la fe preguntóme Eugenia con quién vivia, de aquí tomé
-yo ocasion y materia para decir de tí muchos loores, con achaque
-que tenía buen amo y que estaba á mi contento; y tanto me extendí
-en figurar tus perfecciones por extenso, que temo haber caido en
-sospecha á su madre, y que haya sentido mis pasos. Finalmente, dixe
-que de pocos dias acá una grave dolencia te tenía en la cama, y en
-esto hice del ojo á Roselia, entónces ella sonrióse; creo que me
-entendió, y en Dios y en mi ánima que no le pesaba cuando de tí me
-oia mentar, que bien atenta estuvo. Así que, señor, como el aparejo
-faltase y no hubiese oportunidad á lo que iba, y tambien que la madre
-se componia para vesitar á su hermano, despedíme, y dejo á Roselia en
-la ventana que sale á las huertas.
-
-_Lis._ ¿No podias tornar despues que se fué Eugenia?
-
-_Olig._ Allegáos á eso; déxala tras siete llaves.
-
-_Lis._ ¿Viene ese caballo?
-
-_Sir._ Señor, vesle aquí.
-
-_Lis._ ¿Habias tú de subir en él ó yo? limpia esas ancas, torpe.
-
-_Sir._ Señor, Geta lo almohazó.
-
-_Lis._ ¡Lléveos el diablo á tí y á él!
-
-_Sir._ A tí te llevará, pues te tiene ya por suyo.
-
-_Geta._ ¿Qué dexiste de mí?
-
-_Sir._ Déxame, que temia algun palo de aquel desabrido loco.
-
-_Get._ ¿Y por eso me habias de hacer culpante de tu yerro? Así se
-urden ellas, ¿no viste el agudo, como punta de majadero? rascaba yo
-el caballo, y íbalo él á fregar con el mandil pisado de la mula para
-ensuciar lo que yo limpiaba: ¡hí de puta, si me vieras hacer cosa
-que no debiera, como lo parláras luégo! Pues si yo dixese la llaga
-que heciste al caballo alazan en el bezo con el acial cuando lo
-herraba, no estarias más un dia en casa. Si quieres que digan bien de
-tí, Siro, no digas mal de ninguno.
-
-_Sir._ De poco te enojas; aparejado eres para haber ruido.
-
-_Get._ Hoy, por mi vida, no se te entiende, que si una vez toma tema
-conmigo este atreguado, jamas se le quitará de la boca asno, puerco,
-bobo, masca-paja.
-
-_Sir._ Calla tú, que á buen callar llaman Sancho.
-
-_Get._ ¡Qué consuelo aquél! que os dé Dios salud.
-
-_Sir._ Pues ¿dígote mal, que á mal decidor seas discreto oidor?
-
-_Get._ ¿No sabes que sanan llagas y no malas palabras?
-
-_Sir._ Oye, oye, que nuestro halcon ha visto la garza, cómo se azora
-y se entona; veamos qué le dice.
-
-_Get._ Colorado se paró.
-
-_Sir._ Es del mucho fuego que está en su corazon y resulta por la
-cara.
-
-_Lis._ Entre muchos beneficios, Roselia, que de Dios recebidos tengo,
-ésta hallo por suprema bondad en ponerme en cuenta y número de tus
-servidores, porque ser yo tu siervo, es título para mí que más gloria
-en esta vida no me puede venir, y si tú, angélica imágen, por tal me
-aceptas, no trocaré mi gloria por toda la del mundo. No me niegues,
-señora, tu gracia para me salvar, pues las sombrosas encinas amparan
-los cansados y asoleados animales para les dar solaz.
-
-_Get._ ¿No miras como se turbó delante su dama? más que necedades se
-deja decir.
-
-_Sir._ No te maravilles que el amor le ciega, mi fe no es más en su
-mano, ¡cuán presto se truecan los hombres!
-
-_Lis._ No seas como el laurel, de que no se coge sino la verdura de
-el esperanza sin fruto de galardon; que no es razon que á quien Dios
-de hermosura hizo cumplida, de piedad se muestre avarienta á aquel
-que todo se ha dedicado á tu servicio. Y, pues, con tu vista me
-has herido de manera que no pudiese escapar de tus manos, en ellas
-ofrezco mi vida, que en solo tu favor consiste.
-
-_Ros._ El favor, Lisandro, que de mí habrás, si en tus torpes
-deseos perseveras, será el que dió la nombrada Judich al soberbio
-de Oloférnes, porque con el mesmo intento que muestras en tus
-deshonestas palabras le manifestó su ilícito amor; y de mí tomaria
-tal castigo si en poder me viese de tu atrevido pensamiento, cual la
-dueña Lucrecia forzada de Tarquino.
-
-_Lis._ Ántes escogeré que dés fin á mi vida que principio á tus
-enojos, cuanto más, ¿qué mayor castigo ó pena quieres de mí tomar de
-la que me has causado? que si las entrañas interiores de Ticion el
-fiero buitre despedaza encarnizado en sus hígados, y de dia en dia,
-sin cesar, refresca la llaga del triste sin ventura, mucho más contra
-mí el cruel Cupido se encrudece, asestando de contino su frecha
-dorada en una mesma parte de mi cuerpo, el casquillo va untado de tu
-fresca memoria, el sonido de Roselia es la saeta que penetra y ahonda
-mi corazon.
-
-_Ros._ ¿Tanto mal te causa mi nombre?
-
-_Lis._ Tanto, señora mia, que si el elocuente Tulio, ó el facundo
-Platon, ó el decidor Demóstenes, con su limado y sublime estilo
-explicarlo quisieran, halláranse mudos y embarazados para decir mi
-pena como yo sé sentirla. Por tanto te suplico, pues en todo sin
-proporcion ni comparacion te aventajas, así en alta y serenísima
-sangre, como en resplandecientes virtudes, que uses de misericordia
-con este tu cautivo que más que á sí te ama, que no es de nobleza
-satisfacer con ingratitud.
-
-_Ros._ Véte de ahí, loco, no muevas mi saña á más ira con tus
-atrevidas y torpes razones.
-
-_Lis._ Perdona mi loco atrevimiento y mi atrevida osadía, que el
-dolor del corazon quita el concierto de la lengua. Amor es que me
-venció y la extraña pasion me ha hecho atrevido, no te muestres tan
-brava á tan manso cordero, que como vela de cera se gasta en tu
-servicio, y tú en pago le das sólo que muera.
-
-_Sir._ Señor, ¿con quién departes? Roselia es ida.
-
-_Lis._ Consuelo es á los penados contar sus fatigas.
-
-_Get._ ¿Notaste, Siro, las retólicas de nuestro amo?
-
-_Sir._ ¿Y cómo? dos semejanzas tengo en la memoria harto subidas,
-de que conté aprovecharme en una carta de amores que he de inviar á
-Trassilla, aquella moza salada de doña Estephanía.
-
-_Get._ ¿Entendístelas?
-
-_Sir._ Bien.
-
-_Get._ Dime lo del laurel, que el apodo de la encina claro está que
-amparan los fatigados animales, esto es, los hambrientos puercos
-engordándolos con bellota, que ansí su señora le engordaria con su
-gracia.
-
-_Sir._ Por San Pelayo, que lo declaraste bien, que áun yo no lo
-entendia.
-
-_Get._ Tambien entendiera lo del laurel, sino que no estuve atento,
-porque en esto dióme Dios gracia especial, que mi madre me dixo que
-nací en signo de letras.
-
-_Sir._ Del laurel dijo que no se coge sino hartura de esperanza.
-
-_Get._ No dirá sino de panza.
-
-_Sir._ Creo que sí.
-
-_Get._ Mira cómo caí en la cuenta, ¿entiéndeslo?
-
-_Sir._ Poco.
-
-_Get._ Este dicho conforma con el precedente, porque Panza es un
-sancto que celebran los estudiantes en la fiesta de Santantruejo, que
-le llaman sancto de hartura, y así Lisandro, loando á su señora, la
-llama hartura de panza, y que no sea laurel que no da fructo.
-
-_Sir._ ¿Dónde aprendiste tanto?
-
-_Get._ En el general de Phesica, cuando llevaba el libro á un popilo,
-oí al bedel de las escuelas echar la fiesta de Panza; y como dicen
-por el hilo se saca el ovillo, de aquella palabra panza saqué la
-sentencia de nuestro amo, como el caballo bayo, que yo tengo cargo
-de pensar, en mis patadas siente que le voy á echar cebada y relincha
-ántes que me vea con el harnero.
-
-_Lis._ Mozos, cerrad las puertas de la calle, no me éntre acá nadie,
-á cuantos vinieren me negad.
-
-_Sir._ Hacerse há, señor.
-
-
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-
-¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA DEL PRIMER ACTO.
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- Despues que Lisandro se ve solo en su retraimiento, al són
- de su vihuela canta canciones de gran sentimiento en que
- manifiesta su pena. Estánle un poco escuchando sus dos
- escuderos Oligides y Eubulo discantando sobre las palabras
- que le oyen decir; siéntelos Lisandro y manda que entren.
- Da gran priesa á Oligides á que busque remedio para su
- mal, el cual todo dice Oligides estar en manos de la nueva
- Celestina, Elicia, sobrina de la Barbuda, cuyo saber en
- arte de alcahuetería mucho encarece. Vanla á llamar Eubulo
- y Oligides, y en el camino declaran toda la vida y orígen
- de ésta, y por muchas razones concluyen en que va sin
- ningun color de verdad la fábula que de la resurreccion de
- la vieja Celestina anda.
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-OLIGIDES. — EUBULO. — LISANDRO.
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-_Olig._ Bien será que entremos, no se mate este loco, que sólo en la
-cuadra se encerró acompañado de tiniebla.
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-_Eub._ Déxale, que la obscuridad y disiertos consolacion es para los
-tristes enamorados.
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-_Olig._ Su voz oyo, escucha, que trovando está.
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-_Lis._
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- ¶ ¡Oh vana esperanza mia!
- Conviene que desesperes,
- Pues tu desventura guia
- La contra de lo que quieres.
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-_Eub._ Bien dice, que donde falta ventura poco aprovecha esforzarse.
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-_Lis._
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- ¶ Cubre tu verde color
- Con luto de triste duelo,
- Y no esperes ya consuelo
- Que consuele tu dolor.
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-_Olig._ ¡Qué intolerable trabajo consigo traen estos caballeros
-de Cupido, que ningun humano consuelo basta á consolar sus vidas
-apasionadas!
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-_Lis._
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- ¶ Y pues crecen cada dia
- Estos males con que mueres,
- Desventura es la que guia
- La contra de lo que quieres.
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-_Olig._ Dulcemente toca la vihuela; por Dios, llorar me hace.
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-_Eub._ Los romances y cantos de amores son para él tizones que
-refocilan el su fuego y enconan más la llaga.
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-_Olig._ Yo habia oido decir que las lágrimas y sospiros mucho
-desenconan el corazon dolorido.
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-_Eub._ En otras pasiones sí, pero no en caso de amores; pregúntalo á
-Petrarca en los diálogos, él te responderá lo que yo digo y Horacio
-tambien lo mesmo.
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-_Lis._ ¿Quién está ahí afuera?
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-_Olig._ Señor, nosotros.
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-_Lis._ Entrad acá; ¿no veis que cuanto más de tormento huyo, tanto
-más se me acerca la muerte en pensar la dura respuesta que hube de
-aquel jardin encerrado, de aquella flor de hermosura, de aquella cara
-de ángel y corazon de tigre? En esto veo que el vivir es ofensa de mi
-razon pues deseaba ser querido donde no hallo sino desden. ¿Qué haré,
-que ya la desesperacion y disfavor, á una, de refresco, comienzan á
-renovar y avivar nuevos dolores y sentimientos? ya reverdecen mis
-males en pasiones, como la salamandria en el fuego, me crio para
-fenecer, como el cisne, en canciones doloridas; ya espiró mi remedio,
-desahuciado soy; crecido há mi pecho fasta el tristísimo Oresmon con
-ronquidos mortales. Mis penas son semejantes á las de los dañados,
-que siempre arden y jamas se acaban de consumir; no fué tan lastimera
-la muerte rabiosa del esforzado Hércules como la mia, que al fin
-aquél con las miserables llamas de la henchizada camisa, que á las
-carnes se le pegaron por industria de su amiga, acabó su vida, yo
-ardo en el alma y vivo muriendo.
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-_Eub._ Por eso es bueno estar bien con Dios.
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-_Olig._ Calla en mal punto; no le mientes agora devociones, que todas
-las cosas tienen su tiempo y sazon.
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-_Eub._ Las cosas de Dios en todo tiempo y lugar vienen bien sazonadas.
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-_Lis._ Las tres furias infernales con sus serpentinos azotes no hacen
-tan gran señal en los cuerpos pecadores, que no hagan mayor en mi
-espíritu las acedas palabras que hoy en este dia oí á mi señora.
-Acabad ya de cortar, hadas, si bien me quereis, el hilo de mi vida. Y
-tú, Pluton, gobernador de la profundidad tartárea, envia á Charon, tu
-fiel piloto, que en su barca reciba la alma de Lisandro que por los
-aires pena.
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-_Eub._ Irás con los muchos que allá están porque tu opinion siguieron.
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-_Olig._ ¿No callarás? Cose la boca si no quieres que te reña.
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-_Eub._ Flaca es la fidelidad, como decia Parmeno, que temor de pena
-la convierte en lisonja; nunca por sus amenazas dexaré de decir la
-verdad.
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-_Lis._ ¿Qué es lo que hablais? ¿qué sentís de esto?
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-_Olig._ Deciamos, señor, que tienes poco sufrimiento, en poca agua
-te ahogas.
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-_Lis._ ¿En poca? ¿qué dolor hay igual al mio, ni qué tormento ó afan
-que comparado con el mio no sea descanso?
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-_Olig._ Señor, no es cordura tomar senderos nuevos y dexar caminos
-viejos, el seguro camino es el de las carretas; dígolo, porque es
-mejor acuerdo que una mujer entienda en esto que no tú sin tercero, ó
-yo que soy sospechoso, que al fin mal se tañe la vihuela sin tercera;
-en el cielo sin medianera no se alcanza cosa que buena sea, cuanto
-más en el suelo, lo demas es andar de mula coxa.
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-_Lis._ ¿Conoces tú alguna?
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-_Olig._ No una, sino ciento; está sembrada la ciudad de ellas, no hay
-mujer cantonera que no tenga su vieja al lado para que sea corredora
-de estas ventas y compras; en especial conozco una de este oficio, la
-más principal y famosa en el pueblo y que más negocios y despachos
-tiene, así con legos como con clérigos, ca ninguna cosa toma entre
-manos que no salga con ella, aunque sea encerrada tras siete paredes
-la hará venir á quien se lo encomendáre; creo que es un poco
-hechicera.
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-_Eub._ No hay otro tan eficaz hechizo como es el amor: éste á las muy
-recogidas trastorna, y los ermitaños busca por los yermos, y á los
-religiosos quita la atencion en el coro; esos otros hechizos poco
-obran do no hay amor.
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-_Lis._ ¿Podríala yo hablar?
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-_Olig._ Yo te la traeré acá con que me dés señal, que le dé, que será
-bien pagada.
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-_Lis._ Dale ese par de doblas y tráemela luégo acá, no tardes, y á la
-vuelta escogerás de esa caballeriza un caballo para tí en que rues.
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-_Olig._ ¡Oh señor! singular merced, yo voy.
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-_Lis._ Dios te guie. ¡Oh grandeza de Dios! en esto muestras tu
-potencia en dar poder á mí inmérito que merezca hablar á esta vieja,
-que no puede ser sino mujer muy honrada, si tal cosa me promete de
-traerme á mi deseado fin, y mis culpas y pecados no sean causa de
-perder tan gran premio.
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-_Eub._ Mas tus delictos y ofensas, que á Dios has cometido, darán
-ocasion á que tú alcances eso y más.
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-_Lis._ Quien á Dios tiene enojado, cosa de valía merecer no puede ni
-impetrar cosa suprema.
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-_Eub._ No lo niego, por las culpas.
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-_Lis._ Calla, no hables más palabra.
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-_Eub._ Callaré por tu mal.
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-_Lis._ Descortés, ¿quereis vos contradecirme? tan bueno Pedro como su
-amo. Véte con Oligides, acompaña aquella dueña.
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-_Eub._ ¡Hola! ¡hola! ¿Oligides, ce?
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-_Olig._ ¿Acá vienes?
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-_Eub._ Vengo; ¿quién es esta negra señora que venimos á traer de la
-mano?
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-_Olig._ Yo te lo diré; bien habrás oido mentar á Celestina la
-barbuda, la que tenía el Dios os salve por las narices, aquella que
-vivia á las tenerías; ¿no caes?
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-_Eub._ ¡Oh! ¡oh! di, di, que ya caigo, que como ha habido tantas y
-hay, no sabía por quién decias.
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-_Olig._ Ésta dexó dos sobrinas, Areusa y Elicia. Areusa llevóla
-Centurio al partido de Valencia; quedó Elicia ya vieja y de dias, la
-cual viendo que los años arrugaban su rostro, y que su casa no se
-frecuentaba como solia de galanes, ni ménos sus amigos la visitaban,
-determinó, pues con su cuerpo no podia ganar de comer, ganallo con el
-pico y tomar el oficio de su tia.
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-_Eub._ ¡Y cómo si sabria usar dél! De mala berengena nunca buena
-calabaza, y de mal cuervo nunca buen huevo. Yo oí que su tia le dexó
-por heredera en el testamento de una camarilla que tenía llena de
-alambiques, de redomillas, de barrillejos hechos de mil facciones
-para que mejor exercitase el arte de hechicería, que ayuda mucho,
-segun dicen, para ser afamada alcahueta; ya creo que es bien diestra,
-astuta y sagaz en estas artes liberales.
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-_Olig._ Éralo en dias de la madre bendita, cuanto más agora que el
-tiempo, inventor de las cosas, le habrá hecho artera, y enseñado más
-de lo que sabía; y ella, con la experiencia que tiene, ha conservado
-lo que con diligencia alcanzó. La mesma Celestina, espantada del
-saber de su sobrina, dijo á Areusa: ¡ay, ay, hija! si vieses el saber
-de tu prima, y cuánto le ha aprovechado mi crianza y consejos y cuán
-gran maestra está. Pues esta Elicia, porque más se cursase su casa y
-fuese más conocida y tenida, tomó el nombre de su tia, y así se llama
-Celestina, y desto se jactaba ella á su prima Areusa y á otras muchas
-personas, adevinando á lo que habia de venir, si bien me acuerdo,
-por estas palabras: allí estoy aparrochada, jamas perderá aquella
-casa el nombre de Celestina, que Dios haya, siempre acuden allí mozas
-conocidas y allegadas, medio parientas de las que ella crió; allí
-hacen sus conciertos, de donde se me seguirá algun provecho. Y muchos
-extranjeros que no conocieron á Celestina, la vieja, sino de oidas,
-piensan que es ésta aquella antigua madre, porque vive en la mesma
-vecindad, y tienen razon de creello, ca ninguna remedó tan bien las
-pisadas y exemplos, la vida y costumbres de la vieja, como ésta,
-que en la cuna le mostraba á parlar las palabras de que ella usaba
-para sus oficios; de manera que con la leche mamó lo que sabe. Así
-que si Celestina toma esta empresa, por nuestro queda el campo. Bien
-puede dormir descuidado Lisandro, que fasta su cama la hará venir á
-Roselia, tanta es la virtud que en su lengua tiene.
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-_Eub._ Ya que el pecado lo quiso que tan á pechos busque nuestro amo
-su perdicion, ¿no sería mejor que llamases á su tia la barbuda, pues
-ha resucitado?
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-_Olig._ ¿Quién te lo dixo?
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-_Eub._ No se suena otra cosa en la ciudad, y maguera que poco há que
-la encorozaron, porque entendió en los amores de Felides y Polandria.
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-_Olig._ Engáñaste.
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-_Eub._ Bien sé, aunque la vulgar opinion tiene que resucitó, que
-estuvo escondida en casa del Arcediano, por vengarse de Sempronio y
-Parmeno.
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-_Olig._ Ménos eso.
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-_Eub._ Dilo tú.
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-_Olig._ Habrás de saber que Celestina la vieja verdaderamente murió,
-y la mataron Sempronio y Parmeno por la particion de las cien monedas
-y la cadenilla que le dió Calixto. Y esto ser verdad, lo afirman hoy
-dia los vecinos que se hallaron presentes á su muerte y entierro, los
-cuales acudieron á las voces de Celestina, que se quexaba y pedia
-favor, diciendo: justicia, justicia, señores vecinos, que me matan
-en mi casa estos rufianes. Y nuestra Elicia, en la historia, la
-llora muerta: es mi madre y mi bien todo. Y tambien la oyeron decir
-á su prima Areusa estas palabras de su tia: ya está dando cuenta de
-sus obras, mil cuchilladas la vi dar á mis ojos, en mi regazo me la
-mataron. ¿Qué más claro lo quieres? no tienes ya por qué dubdar; y si
-vas á San Laurencio, junto á la pila de baptizar hallarás sobre su
-sepultura este epitafio:
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- ¶ Las mientes empedernidas
- De las muy castas doncellas,
- Aunque más altas y bellas,
- De mí fueron combatidas;
- Y ablandadas y vencidas
- Con mis sabrosas razones,
- Pusieron sus corazones
- En mis manos ya rendidas.
-
- ¶ So color de honestidad
- Sembre daños deshonestos,
- Arme mis lazos compuestos
- Buscada oportunidad,
- De cuya perplejidad
- Lucrecia no se escapára,
- Con mis promesas cebára
- La penelopea bondad.
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- ¶ Si Pluton á mí llamára,
- Cien Proserpinas le diera,
- Sin que trabajo sufriera,
- Aunque más le desdeñára;
- Pues si de mí se ayudára
- Fedra en su ilícito amor,
- A Hipólito su dolor
- En balde no publicára.
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-Pues ¿quién no sabe que Elicia traxo luto por ella? que áun hoy dia
-traen por manera de refran unas palabras que tuvieron orígen de ella:
-mal me va con este luto. Ni es de creer que la justicia degollára á
-los escuderos de Calixto sin hacer suficiente informacion si murió
-ó no; en especial que el Corregidor era amigo de Calixto, y fué
-criado de su padre, segun verás en las quexas que él muestra tener,
-diciendo: ¡oh cruel juez! y qué mal pago me has dado del pan que de
-mi padre comiste; y si los degolló, fué porque claramente el alguacil
-que acaso pasaba por ahí rondando la noche, oyó los gritos y vió la
-sangre por el suelo, y á Celestina tendida, con muchas y espesas
-estocadas. Ni es cosa de decir que ella tuvo lugar para hacer
-encantaciones ó algunos embustes para no morir, porque la tomaron
-desapercibida en la cama; cuanto más que si Celestina estuviera
-encubierta en casa del Arcediano, hiciéralo saber á sus sobrinas
-secretamente, que muy congoxosas estaban por la muerte de aquella que
-en lugar de madre tenian.
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-_Eub._ Agora digo que me libre Dios de tantas mentiras, que ni
-traen piés ni cabeza. Con todo, ¿no se llamaba Celestina la que fue
-alcahueta en los amores de Felides y Polandria, ó es todo mentira?
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-_Olig._ No, que verdad fué haber esa Celestina, pero no era la
-barbuda, sino una muy amiga y compañera desta, que tomó el apellido
-de su comadre, como agora estotra, por la causa ya dicha.
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-_Eub._ ¿Eso me dices? espantado me dexas.
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-_Olig._ Sábete que esto es lo que pasa, lo demas son ficciones.
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-_Eub._ Así lo creo yo, que bien me parecia á mí esta segunda
-Celestina no ser tan sábia como la primera; cierto, otra plática
-tenía la otra. Mas, dime, ¿quién es aquel mal encarado rufian que
-tiene esta tercera Celestina á cabo de su vejez?
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-_Olig._ ¿Brumandilon dices? tambien te lo diré: éste es un gran
-fanfarron que ha corrido todas las puterías, cuyo esfuerzo, más
-consiste en feroces palabras que en el efecto de las armas. A prima
-faz espantarte há, segun echa fieros renegado por aquella boca. A
-éste, Elicia, habrá ocho años tomó por guarda de su persona, porque
-su casa no estuviese sin hombre y le acaeciese el desastre que á su
-tia vino; y tambien porque cada noche estudiantes le daban grita, y
-Brumandilon, como perro ladrador, los aventaba y oxeaba. En demas
-que quiso guardar el consejo que cada dia la madre prudente le daba,
-y se lo acordó al punto que habia de morir, cuando apremiada de los
-dos que la mataron, dixo: si aquella que allí está en aquella cama me
-hubiese á mí creido, jamas quedaria esta casa, de noche, sin varon,
-ni dormiriamos á lumbre de pajas.
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-_Eub._ ¿Quién son dos mujeres galanas, las de los verdugados azules,
-que estaban anteayer á la puerta pasando nosotros por allí?
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-_Olig._ Dos sobrinas suyas, la más chica se llama Livia, la mayor
-Drionea, las cuales tienen por oficio remediar necesidades ajenas,
-y socorrer á los necesitados y desatacados envergonzantes, y áun
-Drionea á las veces me muestra la mercaduría de la trastienda.
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-_Eub._ No mientes bellaquerías, que no se sirve Dios de ello.
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-_Olig._ Alarga el paso, que nuestro amo por más ayna que vengamos
-dirá que hemos tardado.
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-_Eub._ A las cosas deseadas todo tiempo es prolixo, como á las
-odiosas breve.
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-¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA DEL PRIMER ACTO.
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- Ántes que llamen Eubulo y Oligides en casa de Celestina, se
- paran á la puerta á escuchar los castigos y reprensiones
- que da la buena madre á su sobrina Drionea. Eubulo de muy
- sancto, quédase á la puerta y Oligides entra. Y pasadas
- muchas cosas donosas con tia y sobrina, declara su
- embaxada. Pártese luégo con él para hablar á Lisandro, el
- cual la recibe con grande alegría y le descubre su pasion.
- Vuelve Celestina á urdir su tela. Entre tanto Oligides va
- á llamar á Brumandilon el fanfarron, en cuya encomienda
- estaba Celestina, para que le sea favorable. Queda Eubulo
- dando sus buenos consejos á Lisandro, poniéndole delante
- los peligros que de tales casos se suelen seguir, de los
- cuales y de su auctor el ciego amante se burla.
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-OLIGIDES. — CELESTINA. — DRIONEA. — EUBULO. — LIBIA. — POLO. —
-LISANDRO. — FILIRIN.
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-_Olig._ ¿No oyes, Eubulo? escucha, escucha, no llames.
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-_Celestina._ ¿Así, doña puta, meter habias en casa sin mi licencia
-el paje del Conde, que no tiene más de lo que trae á cuestas? Mirad
-qué casas ó alhajas ó qué viñas ó hogares le dexó su madre para
-que esté un momento ociosa sin ganar de comer. Loquilla, ¿parecióte
-galan? ¿pagástete de su gentileza? pues de ésa comerás. Malograda de
-mi hermana, que buen siglo haya, cuando fué moza como tú; cierto,
-no atendia ella esas galanías ó disposiciones. Primero se informaba
-si eran hombres de caudal los que la festejaban, y si eran tales,
-á todos les mostraba voluntad, ora fuesen feos, ora hermosos, ora
-viejos ó mancebos; á los pelados enviábalos á espigar. Tomáras,
-maldita seas, exemplo de nuestra vecina la Calventa, que primero
-recibe que da; si no traen dineros, que dexen prendas. ¿Dónde tenías
-los ojos ayer cuando la fuimos á vesitar? ¿No miraste la alhaja de
-atavíos, y la rima que tenía llena de decretos y Baldos, y de Scotos
-y Avicenas y otros libros? Llévoos yo allá para que deprendais y
-tomeis avisos y doctrinas, porque mas ven cuatro ojos que no dos,
-y éntraos por un oido y sáleos por otro, castígame mi madre y
-trompóselas yo; hija, sé buena madre, hé aquí un clavo, así eres tú,
-que no te aprovecha nada mi crianza y consejos. Yo seguro que otra
-diligencia que la tuya trae nuestra comadre la Pinta, en mi ánima
-con el pié manda la justicia, sino veldo, que no se toma espada ni
-armas que no pasen por su registro. Aosadas que por tí pocos ruidos
-y revueltas se levanten, á mi seguro que no alborotes la ciudad con
-muertes para ser sonada y conocida como la hija del mesonero; de
-otra manera cumplen el sagrado Evangelio _Date et dabitur vobis_,
-nuestras amigas de la claustrilla, y las bagasas de San Cristóbal.
-Pues la amiga del cura Bermejo ¿de qué ha medrado de pocos dias acá?
-¿el axuar y aparato de casa quién se lo dió? ¿esto no lo ves tú? mira
-que te mando que de hoy adelante no me entren en casa si no fueren
-clérigos, ó nuestros confesores, ya me entiendes. ¿Piensas que estas
-del oficio que te he contado ganan á hilar, ó coser ó labrar, las
-sayas de terciopelo, los monjiles de damasco, las saboyanas de grana
-fina, las gorgueras y cofias tachonadas con oro de martillo de muchas
-perlas y joyas, las gargantillas y collares de aljófar, los fermalles
-y joyeles, las axorcas y anillos, los zarcillos, las camisas y mangas
-de Calicud labradas á las mil maravillas? A la hé engañada vives si
-eso piensas, guay del uso que la barba no anda de suso; la ganancia
-de la mujer con rueca y almohadilla no es para sacar de mal año, ni
-poner en cuenta de nada para que en ello confies, vuelve la hoja,
-malvada perversa, haz libro nuevo, no muestres las piernas ni áun al
-duque que sea, si no traxere el dinero en la mano ó buenas prendas.
-Cata que quien adelante no mira atras se cae, cuando no pensares te
-hallarás vieja como yo, y si no tienes algun pegujal para sustentar
-la vida á la vejez de lo que ganares siendo moza, puédeste quedar á
-buenas noches. Sigue mi consejo, que sé más del mundo que tú, y donde
-el maravedí se dexa hallar, allí debes otro buscar, y no entre gente
-pelada, que no tienen más de aquella compostura de fuera.
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-_Drionea._ Así goce, madre Celestina, que no le abrí las puertas para
-ese efecto que piensas más de para saber de mi primo, el hijo de
-Ponza, que está con su amo.
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-_Cel._ Ay puta, mala rabia te entre por ese corazon, por eso le
-querias, ¿á mí que las entiendo y he pasado por ello quieres engañar?
-A perro viejo nunca cuz cuz; ¿qué hacíades en la camarilla del carbon
-encerrados con aldaba y tranquilla? buenos traes los tocados de cisco.
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-_Drion._ Así viva yo que por fuerza me metió dentro y cerró la puerta
-de golpe.
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-_Cel._ Gente está á la puerta, acechando están los malogrados.
-Bellacos, ¿qué escuchais? Por el alma que tengo en las carnes, si
-con un palo salgo las cabezas os quiebre. ¿No nos dexaréis en nuestra
-casa vivir bien, escudriñadores de vidas ajenas?
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-_Eub._ Como parla de talanquera.
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-_Olig._ Tus devotos somos, señora.
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-_Cel._ ¡Ay maldito seas! traidor, ¿tú eres? hija Drionea, en mis
-brazos le tengo el que tú deseabas.
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-_Drion._ ¡Ay! ¡ay! dexámelo abrazar; ¡ay! ¡ay! ¿es él ó no? él es,
-dame otro abrazo, mi rey, á mi cargo que no holgarás tú tanto con mi
-vista como yo con la tuya.
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-_Olig._ ¡Oh perla de quien el cielo se enamora y yo con él!
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-_Cel._ Por tu vida, hijo, que hablábamos de tu descuido, que ni la
-ves ya ni la visitas, dolor de la que en tí confia. Yo la estaba
-reñendo porque no te enviaba á llamar, que aquí se está sola todo el
-dia ocupada en su labor sin maldita la recreacion de hombre.
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-_Eub._ Eso os falta, putas.
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-_Drion._ Déxale, que es un desconocido; mal me haga Dios si me
-contenta otro sino él, este corazon se me alegra cuando lo veo, y
-él no hace más caso de mí que si nunca me conociera; bien dicen que
-amores nuevos olvidan viejos; á osadas que bebes los aires por quien
-yo sé.
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-_Olig._ ¿Por quién he de yo penar sino por tí?
-
-_Drion._ A la hé, por Carmisa.
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-_Olig._ Hí, hí, hí.
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-_Drion._ A la fe, digo la verdad; ¿mirad por quién? donosa vision.
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-_Cel._ Calla, que quien feo ama hermoso le parece; hay ojos que de
-lagañas se agradan.
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-_Olig._ No te enojes, mi Drionea; oye ántes que me juzgues por
-malhechor.
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-_Cel._ De mucho como te quiere te pide celos.
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-_Eub._ ¡Oh putas, putas! el que no os conoce os compre, por eso me
-voy, que quien quita la causa quita el pecado. Jesus, ya me encendia;
-líbreme Dios de tentacion maligna; ¡Ave María! ¡Ave María! vade
-retro, Satana.
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-_Olig._ Pues no es otra cosa sino que un amigo mio bachiller la tiene
-á esa que dices, y el maestre-escuela súpolo, y echóle preso fasta
-que pague la pena de los diez florines, y yo por partes dél la voy á
-hablar sobre ciertas prendas.
-
-_Cel._ ¡Oh crudo y riguroso y tirano juez, que en tal caso tal ley
-pone! Ese robóle, digo yo, que no justicia.
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-_Olig._ Reprendes la ley porque es en tu perjuicio y disfavor, que
-ella justa y buena es.
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-_Cel._ Mientes, hablando con honor.
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-_Olig._ Mas ¿qué es de la señora Libia, que no la veo?
-
-_Cel._ Arriba está con dolor de muelas.
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-_Olig._ ¡Ah, señora Libia! si os tienen encerrada por gran tesoro,
-razon es; mas si por otra cosa, injuria es que hacen á Dios en no
-dexar ver sus obras.
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-_Libia._ ¡Ay cuitada! métete en esa nasa, no suba acá el amigo de mi
-hermana.
-
-_Polo._ ¡Mis ojos! pláceme no te congoxes; cubre el brocal con la
-manta, ó trastorna la nasa sobre mí.
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-_Lib._ Eso es mejor, esconde la falda del escapulario, que se te
-parece el hábito.
-
-_Cel._ No te responderá, que le duelen mucho.
-
-_Olig._ Pues, madre mia, toma el manto y vamos, que la cabeza de casa
-peligra y hay necesidad de tí.
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-_Cel._ ¡Ay dolor de la que no tiene que se cobijar!
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-_Olig._ Pídelo prestado y luégo.
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-_Cel._ No estoy en barrio que sepan dar ni un jarro de agua.
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-_Olig._ Ya te entiendo; toma señal, porque no pienses que serás
-burlada.
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-_Cel._ En el cielo sea pagado. Drionea, hija, daca ese bernio raido,
-pues no hay otro.
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-_Olig._ Quede Dios contigo, señora; yo seré más contino en adelante.
-
-_Drion._ Sí, la semana que no haya viérnes te esperaré. Mas, ¡nunca
-acá vuelvas, plega á Dios!
-
-_Cel._ ¿Qué mal es el de tu amo?
-
-_Olig._ Arde en amores de Roselia, y creemos que morirá, si tú, que
-eres única en esto, no le remedias.
-
-_Cel._ Gracias á Dios, hijo, que sus dones reparte por quien quiere,
-á unos da el dón de profetar, á otros de predicar, á otros de hacer
-milagros, á mí de sanar enfermos.
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-_Olig._ Bien creerás, madre, que en tí, como en sagrada y postrimera
-áncora de su salud, tiene puesta mi amo su confianza despues de
-muchos remedios aplicados.
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-_Cel._ En eso habeis errado la cura y dañado la postema del su
-afligido corazon, que, como dixo Séneca, la llaga á la cual muchas
-medicinas tocan, con dificultad llega á cicatrizar; y si el principio
-se yerra, no puede seguirse buen fin.
-
-_Olig._ Por tanto se pone el pandero en tus manos, que lo sabrás bien
-tañer.
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-_Cel._ Ni la graveza de la herida sufre excusa, ni el precio de la
-cura ménos valor, por la bondad del cerujano, que la enmienda en lo
-no acertado es más trabajosa que el remedio en sus principios.
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-_Olig._ Dexa esos rodeos, que tu boca será medida de lo que pidieres.
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-_Cel._ Bien es que me entiendas, que yo vivo de mi oficio; ésta fué
-la herencia que me dexaron mis padres y mi tia, que Dios perdone,
-y como sabes que este nuestro trato sea tan peligroso, no queremos
-poner la mano en labor tan delicada sin ver el por qué, que cada
-puntada nos podria costar la vida sino fuese por nuestras buenas
-diligencias, aunque caro le costó á mi antecesora la negra cadenilla,
-que habiéndose librado del toro, cayó en el arroyo; huyendo un
-peligro cayó en otro, libróse de Pleberio y vino á dar en las manos
-de aquellos malogrados que bien escotaron la tercera parte con la
-vida. Dígolo, que si en estos pleitos me he de ver con vosotros,
-dende agora me tornaré á mi casa y me despido de entender en ello,
-que más quiero poco con seguridad que mucho con temor de perdello.
-
-_Olig._ Buena pró te haga lo que mi amo te diere, que ni yo seré
-á estorballo ni ménos despues de dado te ladraré por parte ó
-partecilla; allá te aven con Dios, y entremos, que abierta está la
-puerta.
-
-_Eub._ Señor, aquí viene Celestina.
-
-_Lis._ ¡Oh hombre sin comedimiento! Corre, baxa, dale la mano, y dile
-que suba su merced.
-
-_Eub._ No es mujer de tanta cuenta.
-
-_Lis._ ¡Perenal! ¿dó consiste mi bien todo y mi remedio, dices no ser
-señora de cuenta y de mucha honra? ¡Señora mia! ¡Señora Celestina!
-dame la mano, que es agra la escalera, ayudarte hé.
-
-_Cel._ A tan chico santo no tanta fiesta, mi señor.
-
-_Lis._ Pon dos coxines aquí á la señora. ¿No vienes, rapaz? ¡Ah,
-rapaz! dale dos bofetadas, Eubulo.
-
-_Fil._ ¡Ay! ¡Ay!
-
-_Lis._ Dale bien, manos de topo; no haréis lo que yo mando: ¡oh! cosa
-recia es servirse hombre de bobos y lerdos.
-
-_Eub._ Mas, ¡oh! cosa difícil servir á locos y necios.
-
-_Olig._ Calla, que la blanda respuesta quiebra la ira, y la dura la
-despierta.
-
-_Lis._ Ha sido tan deseada tu venida, madre mia, que bien se puede
-decir nunca mucho costó poco: siéntese. Ya sabrás que amor, viendo
-embelesados mis ojos en la contemplacion de la más hermosa que
-todas las mujeres, y desplegadas las velas de mi deseo en pos de su
-fermosura, me puso en tal estrecho, que si en esta mi cuita no me
-ayudas, por mejor tengo la dichosa muerte, que todos los trabajos
-ataja, que no la desesperada vida donde las sombras de mi tristura se
-engrandecen y espesan. Sólo el pensamiento dó Roselia se aposenta,
-esclarece la triste cárcel de amor, en la cual estoy preso, lo
-demas todo me atormenta; tristeza, congoja, trabajo, desdicha,
-desamor, angustia, deseo, tormento, aficion, ánsia, pasion, cuidado,
-desesperanza, mal, pena, dolor, cuita, tribulacion, sospiros con
-lágrimas, de todos estos males con sólo el morir pienso librarme,
-pues mi voluntad lo quiere y mi razon lo ordena, si tú, como llave
-desta prision, otro remedio no aplicas ó descubres.
-
-_Cel._ Señor, con pequeño trabajo no se alcanzan grandes cosas, que
-por eso dicen no se toman truchas á bragas enxutas, todo eso es
-menester que sufras por el bien que habrás tras el mal de la pena que
-agora padeces.
-
-_Lis._ Dichoso sería yo, madre, estar debajo de la bandera de tantas
-pasiones, si consiguiesen la victoria que tu palabra promete.
-
-_Cel._ Por poco que tú me dés, mi dicho habrá su efecto.
-
-_Lis._ Si mi servicio hobiese de igualar y conformar con tan alto
-merecimiento que el prometimiento de tus palabras merece, hallo el
-mundo ser muy poco, que tan soberana merced no se compra por dinero.
-
-_Cel._ Este necio piensa que me empreño yo de palabras hinchadas para
-parir viento. Harias mejor cerrar la boca y abrir la bolsa, que no
-usar de tan largo ofrecimiento, que las muchas palabras son indicios
-de las pocas obras.
-
-_Lis._ ¿Qué dices?
-
-_Cel._ ¿Qué? que mujer soy de contentar, aunque tu galardon y mi
-peligro no emparejen en satisfaccion de igualdad, porque la vida y
-persona, la cual en semejantes casos se pone en suerte de perder, es
-más digna y de más valor que otra cosa ninguna.
-
-_Lis._ Toma esta esmeralda, y con ella recibe mi voluntad, y no mires
-al dón, sino al dador, que mayor deseo le queda que poder tiene para
-gratificar tu trabajo.
-
-_Cel._ Dios te dé tanta parte en el cielo como mereces en la
-tierra, que tu larga franqueza pone silencio á mi lengua á darte
-las gracias por tan crecida y sobrada merced; pero aunque me faltan
-palabras para agradecer, no me fallece conocimiento para ver cuanta
-obligacion me has puesto para despertar mi ingenio en la invencion
-de tu remedio, que bien dicho está, el premio anima á las artes y la
-honra las sustenta. Y duerme descuidado, que yo soy Celestina, que en
-las duras peñas hago camino, y con hucia desto descansa, y quede Dios
-contigo.
-
-_Lis._ Y él guie tu reverenda persona. ¿Paréceos, hermanos, que lo
-hará bien esta mujer?
-
-_Olig._ ¡Y cómo! aunque tu amor fuese fingido, ella le haria
-parecer verdadero, que en esto tiene las veces de natura en suplir
-sus defectos y necesidades. Solamente es menester que hables á
-Brumandilon, que es un descarado rufian que tomó la vieja por su
-guarda, temiendo el desastre de su tia. Éste, aunque aprovechar no te
-pueda, pero puede dañar estorbando lo que á remediar no basta, que
-si ve tantico peligro en el negocio, porque á él no le quepa parte,
-disuadirá á Celestina que en ningunas maneras se meta en danza de
-espadas, de las cuales él á sabor blasona, siendo como trueno, que
-espanta y no hace mal.
-
-_Lis._ Tráemelo luégo acá, que yo le haré mudar de propósito, que en
-semejantes personas dádivas rompen peñas, y lo que temor acobarda,
-avaricia incita. ¿No vas?
-
-_Olig._ Voy.
-
-_Lis._ ¿Y tú, no vas con él, Eubulo?
-
-_Eub._ Suplícote, señor, me escuches una palabra.
-
-_Lis._ Di, y con brevedad. ¿Qué querrá este necio, que ya me amohina?
-
-_Eub._ Señor, en todas las cosas sabiamente ordenadas, el deliberar
-es primero que el disponer, porque en lo primero hay enmienda, en
-lo segundo arrepentimiento. Así que, en las cosas que mucho va, los
-sabios y cuerdos toman consejo, porque despues no se arrepientan de
-la errada deliberacion, que si una vez ocasion vuelve su cabeza,
-despues, cuando la quieras asir de los cabellos, hallarla has calva.
-Despues de esto, conviene los corazones de aquellos, que en arduo
-negocio proveer tienen, estar desembargados de pasion, porque los
-oidos con ella cerrados empiden la entrada al consejo, de manera
-que resultan dos cosas que te cumple hacer, si quieres no errar
-en lo malo y acertar en lo bueno, lo uno que mires lo que haces
-y no confies en tu prudencia en cosa en que si yerras haces gran
-ofensa á Dios y á tu fama, que quien á solas se aconseja, á solas
-se desconseja; lo otro que apartes de tí la pasion que perturba tu
-razon en el sabio ordenamiento. Esto hecho, asiéntate en la silla
-de reposo y toma la vara de justicia, y oidas entrambas partes,
-sentencia como recto juez, y la sentencia que tu razon ordena,
-pronuncie tu voluntad con consentimiento. Mira que las virtudes con
-dificultad se ganan y con facilidad se pierden; si agora aflojas y
-sueltas la rienda al apetito y lo desenfrenas, tarde lo tornarás en
-obediencia, que poco aprovecha que una vez le encojas las riendas,
-si con una sobarbada hace que sueltes, y no seas señor dél. No
-hay cosa que más reverdezca que es el amor, guárdete Dios de su
-desenfrenamiento, que no parará fasta despeñarte.
-
-_Lis._ ¿Has dicho, cuerdo?
-
-_Eub._ Dixe, aunque no todo lo que queria.
-
-_Lis._ Pues véte de ahí, necio, que eso yo me lo sabía, y cierra esa
-puerta.
-
-_Eub._ Malaventurado de hombre que entiende y no obra; vana es
-la potencia sin acto conforme á regla de razon: oh Lisandro,
-Lisandro, prosigue en tu locura, que tú te verás en mucho tiempo de
-arrepentirte, y en poco lugar de remediarte.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL PRIMER ACTO.
-
- Píntase muy al natural los fieros de Brumandilon y la
- desordenada avaricia de los alcahuetes. Lisandro toma por
- tercero á Brumandilon para con Celestina en sus negocios.
- A lo cual se ofrece este fanfarron, vencido con los dones
- de Lisandro. Murmura Eubulo de la prodigalidad de su amo.
- Y entre él y Oligides, su compañero, pasan cosas de mucha
- doctrina y aviso.
-
-BRUMANDILON. — CELESTINA. — OLIGIDES. — LISANDRO. — EUBULO.
-
-
-_Brumandilon._ ¡Oh pese á tal! como á las veces de los flacos
-animales los más fuertes son oprimidos, que una pequeña víbora con
-su veneno mata un gran toro, y un suzuelo raton pone espanto á un
-poderoso elefante; ansí esta desventurada vejezuela con sus amenazas
-quiere acobardar la fuerza de mi poder, como quiera que esté por
-nacer á quien yo mostrar la virtud de mi ánimo en la fuerza de mis
-golpes. ¡Descreo de tal con la puta, que haya yo corrido la casa de
-ceca y meca, y los cañaverales y los olivares de Santander, y pasan
-ya de cien mujeres las que me han sustentado en mi estado y honra en
-públicos burdeles, y todas me han tenido acatamiento con obediencia,
-y que esta hechicera al cabo de mi vejez, despues de traidos treinta
-años los atabales acuestas, burle de mí con menosprecio! pues yo
-juro por el dorado chapin de la Magdalena, que aunque más fieros me
-haga con los criados de Lisandro, de todo lo que ganáre ha de partir
-conmigo la mitad, que no en balde pongo mi vida á riesgo por ella, y
-si porfía en sus trece, no es mucho que la mate, segun soy de esta
-hechura. Ya se me ha escapado de buena cuando con mi pesada mano le
-dí tal torniscon, que los dientes le quebré en la boca bañada en
-sangre, y voto á la sancta letanía, que si un poco más extendiera el
-brazo, colmillos y muelas todo iba al suelo. Por el fuerte y galano
-arnes de San Miguel Ángel, si se me antoja, á papirotazos le quinte
-los dientes como á falsaria. Segun soy derreñegado y en mis hechos
-crudo, en punto estoy de tomar la mi porra y machacarle aquella
-cabeza y enviarla al infierno en compañía de su tia; venga despues
-la justicia con sus porquerones á prenderme, que no creo en quien me
-engendró si no granizo más cuchilladas sobre ellos, que Dios si tiene
-qué; voto á Dios, á todos, sin excepcion alguna, haga piezas, si me
-enojan, para hacer cazuela de ellos, y de sus huesos escarba-dientes;
-hi de puta, qué hombre yo para que rey ni Roque tenga que ver
-conmigo. Mas ¿qué me detengo, y no voy á arrancarle la alma de las
-carnes, ó que me dé parte de la ganancia? que tanto merece el que las
-riquezas conserva como el que las adquiere; tha, tha, tha, abríos,
-puertas.
-
-_Cel._ Ya viene el loco de casa.
-
-_Brum._ Si no fuese porque la fortaleza sin prudencia es habida por
-temeridad, luégo en esta hora te enviaria á cenar con Pluton; por
-ende si quieres enfrenar el furioso brío de mis desapoderados golpes
-y que no descarguen sobre tí, daca luégo la mitad de lo que te dió
-Lisandro, que todo lo he sabido; donde no, díme si estás confesada.
-
-_Cel._ Si supieses qué pocos son los que se han perdido por callar,
-y muy ménos los que se han ganado por mucho hablar, tú holgarias de
-echar una mordaza á la lengua, y no descargar como badajo tantas
-porradas; cata que quien amenaza, una tiene y otra espera, nunca las
-palabras soberbiosas hicieron á los hombres bienaventurados.
-
-_Brum._ Mi dicho es mi hecho, y mis hazañas tan espantosas son de oir
-como monstruosas de ver. Bien veo que donde las obras no aprovechan,
-en balde se gastan las palabras; pero cuando el decir conforma con
-el hacer, bien es, lo que el corazon concibe la boca publique, lo
-cual yo hago porque no digas, no me lo dixiste; que hágote saber que
-yo soy hombre que lo que sé decir con verdad lo sé executar con las
-armas.
-
-_Cel._ ¿En tí verdad? como en el Evangelio mentira.
-
-_Brum._ No quieras con buena respuesta hurtar el cuerpo á mi furia.
-Pues guarte no me enciendas la ira, que no será más en mi mano
-matarte que en el fuego dexar de quemar.
-
-_Cel._ Calla, desconcertado relox, que más son los amenazados de tí
-que no los heridos.
-
-_Brum._ Agora lo verémos si lo que haré será prueba de lo que digo.
-Daca lo que te dió Lisandro, sino con este mi puñal te escarbaré el
-hondon del corazon.
-
-_Cel._ Quiero le dar parte de las doblas, que lo principal yo me lo
-callaré, no haga algun desatino este lebron como el judío afrontado.
-¡Ay sancta Catalina! apártate allá, mete el puñal, no se diga de
-tí, del monte sale con que se arde, ¿tométe por defension y eres mi
-ofension? Crío cuervo que me saque el ojo; tómatelo todo para tí y
-nada para mí, que yo soy como la cabra que parió para el lobo, como
-la ave curruca, que cria y mantiene hijos ajenos, ó como la gallina,
-que con mucho sudor saca pollos de huevos ajenos. Ya pensé que esto
-no sabías, pero amores, dolores y dineros mal se pueden encubrir.
-
-_Brum._ Todo eso y más me debes, pues por tí asaz veces asiento la
-vida al tablero en ventura de perdella, que, juro á tal, la fortaleza
-en los hombres muchas veces es causa de su muerte; dígolo, porque
-anteayer por salvar tu fama perdiera mi vida por confiar mucho en
-la virtud de mi espada, que, como toro agarrochado en el Coso, me vi
-entre siete que en tí pusieron lengua; sino, mira mi capa arpada y
-el broquel con trecientas picaduras, pero todavía mi blanca espada
-hizo lugar, los cuatro se me escaparon por piés, á los tres dexo
-descalabrados; al uno de ellos si no traxera caxquete de Calatayud,
-con el poderío del golpe le hendiera la cabeza fasta los hombros,
-pero no le entró sino fasta la piamater.
-
-_Cel._ Por más que blasones quedarás sin medalla.
-
-_Brum._ ¿Malla? Todos venian cargados de hierro, pero poco se le da á
-mi espada que vengan armados que desarmados, para que con sus filos
-no rebañe carne, que si todas las fuerzas de mis brazos que Dios
-me ha dado, emplear quisiese, no habria hombre que no traspasase,
-hendiese y derrocase, y mil menuzos hiciese; mas por no agotar y
-disminuir la cristiandad, que me parece grave pecado, templo y modero
-con cordura lo que me sobra de esfuerzo, por no lo hacer comun con
-los brutos animales, los cuales desenfrenadamente siguen el apetito
-de su vigor y furor.
-
-_Cel._ Ese almacen sería bien excusado á mí, que dentro en el pellejo
-te conozco. Con todas tus bravezas y fieros no osaste levantar el
-gaje del suelo que en desafío te echó el escudero de Chremes, cuñado
-de Alisa, madre de la malograda Melibéa.
-
-_Brum._ ¡Oh, cómo la mala fama vuela como ave y corre como moneda,
-y la buena se queda en casa por conseja detras del fuego! Refran
-es, el bien suena, y el mal vuela. Quien te dixo eso, ¿no te contó
-los espaldarazos que le dí un dia ántes? ¿Pues habia de aflixir al
-aflixido? ¿No sabe Dios y todo el mundo que en la reyerta yo llevára
-la mejor parte y él quedára en el campo ó muerto ó puesto en la
-postrimera necesidad? En los denuedos y visajes que me ves agora
-hacer habias de argüir la animosidad que entónces tendria, que
-de ánimo esforzado procede la compostura feroz del cuerpo, que la
-natura así suele entallar, expresando los afectos del corazon en la
-corpulenta imágen. Mas, ¿no vistes contra quién habia de mostrar mi
-ira y ardid? Eso fuera, para los que lo vieran, otro espectáculo cual
-fué el del escarabajo con el águila, ó de la hormiga con el leon,
-que no me estuvo bien, pues señal es de grande cobardía acometer á
-los menores y á los que poco pueden; más quiero morir emprendiendo
-grandes cosas que no vivir venciendo las flacas, que más tengo
-acatamiento á la fama inmortal que no á la victoria presente; no
-quiero ensuciar mis manos en tan flacos hechos, porque á tan gran
-corazon como el mio, grandes hazañas son menester para que, vencidas,
-se cuenten por aventajadas entre las que hicieron los claros y
-ilustres varones de aquel glorioso siglo.
-
-_Cel._ Pasos oigo, acá suben, no sé quién es; ó amigo, ó enemigo, ó
-mal criado es, pues sube sin llamar.
-
-_Brum._ ¡Oh, por Dios, que lo segundo es; méteme en la camarilla de
-las hierbas, cierra, cierra presto con llave por defuera!
-
-_Cel._ Zancadillas va dando el diablo azogado, el judío lleva en el
-cuerpo.
-
-_Olig._ ¿Qué alboroto éste, madre?
-
-_Cel._ Calla, calla, que mi negro duelo se escondió de tí pensando
-que eras el escudero con quien hubo palabras; tú muda el tono de la
-voz y finge que lo buscas para matar, que el miedo, que las cosas que
-no son hace que tengan existencia, y las que son parezcan no ser,
-hará que no te conozca perturbando su juicio con tropel de fantasías
-imaginadas, que bien es que á este baladron la experiencia del temor
-castigue la ferocidad de sus arrufianadas palabras y fieros hinchados.
-
-_Olig._ Comienzo, aunque otra cosa le queria. ¿Di, señora, tienes acá
-á Brumandilon, que, por vida de tal, si aquí está, luégo sus maldades
-y su vida acaben juntamente?
-
-_Cel._ Por cierto, señor, dos dias há que no le he visto.
-
-_Olig._ Dime la verdad.
-
-_Cel._ Y Jesus, ¿habia de mentir?
-
-_Brum._ ¡Oh desdichado de mí! muerto soy si las puertas quiebra.
-
-_Olig._ Que no te creo, que quien una vez miente, no se le ha de
-dar más entera fe; ya me mentiste el otro dia negándomelo, por ende
-dámelo acá si no quieres haber el mesmo fin que á él espera.
-
-_Cel._ Afortunada yo que no sé dél, y porque lo que digo sea
-testimonio de mi verdad, toma las llaves de las cámaras y búscalo.
-
-_Brum._ Ya, ya, no espero más vivir. Señor, perdona mis pecados.
-¡Santo Dios! ya abre; Credo.
-
-_Olig._ ¡Ah cuerpo de mí, Brumandilon! quien quiere ser temido,
-forzado es que tema.
-
-_Brum._ Por el santo Martirolojo de Peapa si no tuve por muy
-averiguado, cuando me escondí, que el Corregidor me venía á prender
-por ciertos palos que dí la noche pasada, y que dexaba en celada su
-gente y él subia quedito por tomarme desapercibido de mi broquel y
-espada. Y áun ¡voto á tal! que no envie sus justicias á mí, él en
-persona viene á buscarme, porque sabe que ninguna otra vara obedezco
-sino la suya; y si quisiese tambien ir contra él podia despedazar á
-él y á los suyos, que un dia me amostazó las narices y no sé qué mala
-respuesta le dí y disimuló, y tuvo por bien de sufrirme. Por agora,
-por mejor tuve retraerme que no hacer un hecho sonado, por donde la
-ciudad se alterase y viniese á oidos del Rey; pero despues que sentí
-no ser el Corregidor, de coraje reventar queria en no poder salir;
-de buena te escapaste, que como los primeros movimientos no sean en
-nuestra mano, pudiera ser que sin mirar, súbitamente te barrenára
-con una estocada temerosa, ó tendiera con un tiro mortal: da gracias
-á Dios, que de buena te libró.
-
-_Olig._ Así las doy, y toma la capa, que Lisandro, mi señor, te
-llama; y adios, Celestina, y no descuides del negocio, que ya sabes
-que la luenga esperanza aflixe el enamorado corazon, y más el de mi
-amo, que le hierve.
-
-_Cel._ Véte, que en cuidado me lo tengo.
-
-_Brum._ Hermano Oligides, bien creerás que si tu amo no fuera, que
-no me tomára allá, aunque enviára otras cien veces á llamarme;
-treinta caballeros en persona me vienen á buscar y me sacan de mi
-casa importunado, ó para afrontar nobles, ó castigar ruines, ó cruzar
-caras de putas, ó terciar en hacer amistades, porque no hallan otro
-más aparejado y dispuesto, ni más diestro en caso de refriegas. Y
-ésta es la causa por que estoy huido por los rincones, que quien
-crueza hace, su peligro busca, de justicias digo, ó por mejor decir,
-de sus palillos, que á otra persona no temo, que quien de armas se
-precia, como yo, con razon ningun otro peligro debe temer.
-
-_Olig._ Adelántome, y aguarda en este portal.
-
-_Brum._ Así lo haré.
-
-_Olig._ Señor, aquí viene conmigo Brumandilon, despacha con él lo más
-ayna que pudieres, no le des lugar á que meta más palabras de las que
-él suele fuera de todo propósito, que en historia no habrás leido
-tan gran fanfarron. Su persona espantarte há, los fieros como los
-quisieres, los hechos por el cerro de Úbeda.
-
-_Lis._ Dile que entre.
-
-_Olig._ Entra, Brumandilon, y sígueme.
-
-_Brum._ Las manisicas de tu merced beso.
-
-_Lis._ Bien seas venido, Brumandilon amigo. Tu favor y ayuda hé
-menester.
-
-_Brum._ Señor, no pases más adelante, que juro á la serpentina vara
-de Aron y Moisés, si es para desafío, ó afrenta, ó matar alguno,
-ántes será hecho que mandado, que la muerte tengo por vida, en tanto
-que sea en tu servicio; cuanto más que éstas son mis misas y mis
-pasatiempos, porque cuanto trabajo es por el miedo á los cobardes la
-guerra, tanto placer es á los esforzados la continuacion de ella; no
-creo en quien me parió, si sueño puedo dormir que bien me sepa, si no
-hé con mi espada hecho riza de broqueles, ó harpado gestos, ó cortado
-miembros, ó he molido á palos los alguaciles; pues si esto me
-quieres, dime luégo las personas que te han enojado, que bien pueden
-doblar por ellos, y si no cumpliere lo que prometo, el morir será la
-paga, que no es mala muerte la que el hombre muere haciendo lo que
-debe.
-
-_Lis._ Agradezco tu animoso ofrecimiento, que tu denodado semblante
-da á entender mucho más de lo que dices.
-
-_Brum._ Y ¿cómo, señor, di?
-
-_Lis._ Pero para tales casos mi gente basta.
-
-_Brum._ Anda, señor, que más hace la virtud que la muchedumbre.
-
-_Olig._ Maldito seas, fanfarron, ¡quién te patease! A mí seguro
-que no tovieses los piés tan ligeros para huir como la lengua para
-blasonar.
-
-_Lis._ Otra cosa te quiero, y es que Celestina entiende dar remedio
-con su buena maña á mi fluctuoso tormento, que la hermosa Roselia me
-causó desde el dia que la vi.
-
-_Brum._ Ya, ya, no me digas más.
-
-_Lis._ Óyete, que no es lo que piensas; torna acá.
-
-_Olig._ Huye con temor no le mandes cosa de su peligro.
-
-_Lis._ Lo que quiero rogarte es, pues tienes tanta cabida con
-Celestina, que no sólo no impidas ó estorbes la cura mia, que
-de ella espero, mas le impertunes que en esto ponga particular
-diligencia, y si fuere menester se lo mandes, que ni tú quedarás
-quexoso ni ella mal pagada.
-
-_Brum._ Por la clavazon de las puertas celestes aún todavía el
-corazon me da latidos y el brazo me tiembla de lo que entendia
-facer si me mandáras que sacára á Roselia por fuerza de armas, y la
-entregára en tu poder; y holgára dello, porque conocieras quién es
-Brumandilon, que en los peligros se muestra la bondad del esfuerzo.
-Desotro pierde cuidado que no quedará por negligencia de Celestina,
-ni ménos yo impidiré cosa que toque al menor pelo de tu servicio,
-ántes seré en acrecentallo. De la mi vieja te sé decir que hablalle
-más de una vez en su oficio es dar de espuelas al que corre y
-despertar al que vela; así den dineros, que bailarémos todos, que
-todas cosas obedecen á la pecunia.
-
-_Lis._ Corre, Eubulo, saca de mi recámara seis canas de raso carmesí
-y la mi capa de grana, y dáselo á Brumandilon.
-
-_Eub._ ¿La de fajas, señor?
-
-_Lis._ Esa ó esotra.
-
-_Brum._ Si las gracias de tan pujantes mercedes te hobiese de dar,
-ántes falleceria tiempo para decir que palabras para satisfacer;
-pero á las obras me remito, con las cuales adelante, como criado
-tuyo, entiendo servirte, que no en balde te he señalado por mi señor,
-pues tan en derredor miras mi provecho y honra, por ende, si más
-mandas dímelo, porque tan seguro puedes estar de mi servicio, que
-aunque la muerte se me ofrezca no la negaré.
-
-_Lis._ Que no se dilate mi vida ó muerte, pues al doble es más pena
-aguardar que recibir la rigurosa sentencia.
-
-_Brum._ Todo lo dexará y el tu negocio será el primero que despache,
-aunque otros del mesmo jaez en cuantidad y calidad traia ya entre
-manos con adelantada paga.
-
-_Olig._ Estotro pajuelas; pagado y repagado está.
-
-_Brum._ ¿Qué le dió?
-
-_Olig._ ¿Qué le dió? una medalla con un cerco de oro, y en ella una
-esmeralda con una escultura de Júpiter como deciende á juntarse con
-Danae convertido en lluvia de oro, de harta estima y valor.
-
-_Brum._ Eso pasa, y encubriómelo la puta vieja. No paro más aquí.
-Quedaos adios, señores compañeros.
-
-_Olig._ No le digas que yo te lo dixe.
-
-_Brum._ No diré.
-
-_Eub._ Caro le costará la fruta de postre en el banquete de sus
-amores, pues tal comienzo tiene la comida. Todo para alcahuetas y
-mandiletes y fementidos lisonjeros, nada para fieles sirvientes.
-Andar, mundo es que corre, unos por buenos se pierden, otros por
-malos se ganan.
-
-_Olig._ Por eso me voy yo al hilo de la gente, sentir con los pocos y
-hablar con los muchos.
-
-_Eub._ Si sigues el discante de la cortesana malicia, aunque sientas
-para tí las voces baxas de bondad, al fin, cuando se canta la gloria,
-te hallarás burlado, que las obras hacen bueno, no los propósitos.
-
-_Olig._ No por eso dexaré de bien obrar.
-
-_Eub._ Cosa difícil es tratar con el aceite y no se amancillar, pues
-muy más difícil es conversar entre malos hombres y no ensuciarse con
-sus perversas y dañadas costumbres. La maldad de ligero se pega y
-cunde como azogue fasta corromper los tuétanos del uso de razon; oro
-ha de ser, y fino, el que ha de defender sus quilates entre las vivas
-brasas de la vida corrupta, ca dime con quién paces y decirte he qué
-haces.
-
-_Olig._ ¿Quiéreste meter fraile, pues tanto aborreces nuestro vivir?
-
-_Eub._ Deséolo.
-
-_Olig._ Si tanta piedad cuanto calor en verano albergase el capillo,
-yo te seguiria.
-
-_Eub._ ¡Oh palabra digna de fuego con su auctor! ¿Qué son las cuatro
-religiones sino cuatro pilares de la Iglesia que la sustentan en
-su fe, esperanza y caridad? de cuyas escuelas salen lumbreras que
-alumbran, ilustran y esclarecen con doctrina toda la cristiandad,
-y sabios que destruyen y destierran las herejías, no ménos que del
-caballo troyano esforçados y electos varones en destruicion de Troya
-salian.
-
-_Olig._ Véte tú á la religion, que yo á mi Carmisa me recojo.
-
-_Eub._ Ella te llevará con los muchos, aunque más sientas con los
-pocos.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL SEGUNDO ACTO.
-
- Tómanle ánsias de muerte á Celestina por la dificultad
- del negocio encomendado; mas considerada su destreza y el
- aparejo que en todo hay, delibera de ir á hablar á Roselia
- so color de su oficio, corredora por maneras exquisitas.
- Es cosa de reir ver los negocios que dexa encomendados á
- su sobrina Drionea. Al fin, ida la vieja, despide Libia á
- Polo, su amigo, y entra Esclarabel á Drionea, su querida.
-
-CELESTINA. — DRIONEA. — BRUMANDILON. — POLO. — LIBIA. — ESCLARABEL.
-
-
-_Cel._ Ántes que tome el camino para casa de Roselia, quiero en
-la mia bien pensar con reposo lo que le he de decir, y con mucha
-cautela proveer con qué oro doraré la píldora, en qué copa dorada
-disimularé esta purga, con qué sobrehaz azucarada cubriré el acíbar,
-con qué dulzor saborearé la amargura de estas mis confaciones, con
-qué cebo esconderé el anzuelo, con qué achaque digo coloraré mi
-nueva venida, con qué palabras paliadas solaparé el negocio á que
-voy que no sea sentida, en qué matiz de bondad embestiré mi mensaje,
-finalmente, cómo ocultaré y descubriré una mesma cosa, qué mañas
-y modos tendré para celar mis ardides engañosos y manifestar mi
-intencion, que me entienda y no me entienda, que quiera enojarse
-y no pueda; gran prudencia y saber, gran sagacidad y astucia has
-menester aquí, Celestina, y despues de esto mucha serenidad en el
-rostro, mucho reposo en la persona, mucha templanza en la plática,
-para que no saque por puntos la malicia de mi embaxada. Mas ¡ay!
-amarga cuitada que el entendimiento se me ofusca, el juicio se me
-altera y la lengua se me turba en tan arduo negocio, que ni razon me
-encamina, ni consejo me aprovecha, ni la propia experiencia me incita
-á que cometa con el pensamiento lo que me cumple poner por obra; ¡ay
-madre de Dios! y qué sudores con ánsias de muerte en torno rodean mi
-corazon en pensar en lo que me he metido, las piernas se me cortan y
-la sangre me desampara; escarmentada habia ya de estar de las veces
-que he sido empicotada y azotada por este mi oficio en muchos pueblos
-de Castilla, y no me viniese más mal, que esto fructa comun es de
-Brumandilon y de mí traer las espaldas pintadas con bandas de color
-purpúreo y las cabezas con mitras y rocaderos; ¡guay de la que se
-pone á perder la vida! En mi seso me estaba yo en dejar este trato si
-la maldita y insaciable codicia del más haber, que á los más de los
-mortales fuerza acometer lo ilícito, no me venciera; mis ganancillas
-ciertas tenía por otra parte en dar medicinas á las doncellas que
-no paran, á las casadas bebedizos que den á los maridos porque no
-sientan los cuernos que á vistas ojos sus mujeres les ponen, evitando
-rencillas cornudales, á los mancebos mayorazgos bocados con que maten
-sus mesmos padres, porque los muertos abren los ojos á los vivos
-que deseosos estaban de heredar; á las enamoradas bien querencias
-y polvillos que atrayan á su amor los canónigos y racioneros más
-mozos y francos; á los honestos mandragora y granos de helecho con
-que puedan entrar y salir do quisieren sin ser sentidos, á los
-amantes hechizos de cabello ó cordon con que hagan que sus amigas
-les amen, y aborrezcan el que amaban, y amen el que aborrecian; y
-si de este oficio usar no quiero por ser tambien peligroso, loores
-á Dios que no se concluyó ni encerró en el mi saber, que lapidaria,
-herbolaria, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, perfumera,
-corredora, melecinera, partera y un poco física soy; entre dueñas y
-señoras, entre doncellas y casadas, entre monjas y frailes, entre
-clérigos y abades suelo yo tratar, todos me han menester y todos me
-conocen, y todos vienen á mí para que remedie sus necesidades; no
-parece mi casa sino botica, ansí unos entran y otros salen cargados
-de medicinas, que no piden cosa que no esté en la camarilla que me
-dexó mi tia, que buen siglo haya, en el testamento; ahí tengo los
-perfumes que falseaba, los afeites que conficionaba, las aguas de
-rostro que hacia, y otras aguas que sacaba para oler, los çumos con
-que adelgazaba los cueros, los untos y mantecas que tenía y los
-aparejos para baños y lexías, los aceites que sacaba para el rostro,
-y otras cosas muchas que con mi buen trabajo y propio sudor y mayor
-experiencia he yo adquirido, conviene á saber: hieles de perro
-negro macho y de cuervo, tripas de alacran y cangrejo, testículos
-de comadreja, meollos de raposa del pié izquierdo, pelos priapicos
-del cabron, sangre de murciélago, estiércol de lagartijas, huevos
-de hormigas, pellejos de culebras, pestañas de lobo, tuétanos de
-garza, entrañuelas de torcecuello, rasuras de ara, ciertas gotas de
-ólio y crisma que me dió el cura, zumos de peonia, de celidonia, de
-sarcocola, de tryaca, de hipericon, de recimillos y una poca de
-hierba del pito que hobe por mi buen lance; tengo tambien la oracion
-del cerco, que no tenía mi tia, que Dios haya, que es ésta; _avis_,
-_gravis_, _seps_, _sipa_, _unus_, _infans_, _virgo_, _coronat_; y
-si todo lo de mi tienda hobiese de contar, sería cosa para nunca
-acabar; pues desdichada de mí, este oficio me bastaba, éste mantiene
-mi casa, sustenta mi honra y me hace ser tenida y acatada de todos,
-y afama mi nombre por la ciudad, que nadie hay que me vea que no me
-llame madre acá, madre acullá, el uno me dexa, el otro me toma, el
-vicario me convida, el arcediano me llama, que ningun señor de la
-iglesia me ve que no quiera ganar por la mano cuál me llevará primero
-á su casa. Malos años para Medea y Sapho y Circe y para la noble
-Erichto, hechiceras famosas que tan nombradas fuesen en sus tiempos
-como agora yo. ¡Tristes de mis dias si no salgo con la empresa! si no
-doy buena cuenta de mí en estos amores, ¿qué será de mi creencia en
-que me tiene el pueblo? Desconfiarán de mis artes, aborrecerán mis
-caractéres y palabras, escupirán, escarnecerán de mis supersticiones,
-chufarán de mis cerimonias, burlarán de mis encantamentos, no darán
-más crédito á mis agüeros, todos de hoy más me denostarán con
-baldones, chufas, escarnios, injurias, silbos, ultrajes, risas,
-desdenes, burlas y con otras palabras injuriosas, y ninguno vendrá
-más á mi casa, los niños por las calles irán en pos de mí diciendo
-puta, hechicera, vieja, falsa, malhechora, mondaria, burladora,
-rabosa, çancajosa, trotaconventos, saltabardales, encorozada,
-azotada, perfiletada, alcahueta y otros muchos ignominiosos nombres,
-finalmente que de todo mi estado caeré, y de la opinion en que
-estaba puesta; yo me tengo la culpa, que quise tomar mayor peso del
-que podia llevar, y así al cabo caeré con la carga, que quien mucho
-abarca, dicen, poco aprieta, y quien todo lo quiere todo lo pierde;
-mal hice á la verdad en no mirar bien la calidad del negocio ántes
-de aceptar la demanda de Lisandro; imprudente fuí en no pensarlo
-primero una vez y otra, que, como dixo mi tia, aquellas cosas que
-bien no son pensadas, aunque algunas veces hayan buen fin, comunmente
-crian desvariados efectos, ansí que la buena especulacion nunca
-carece de buen fructo; cierto, cegóme la canina hambre y sed grande
-y hambrienta codicia de las preseas y riquezas que de ahí esperaba;
-¡oh! cuando era pobre, entónces me hallaba más rica porque nada
-codiciaba, y agora que, bendicto Dios, me sobra, más y más deseo,
-no contenta con lo que poseo, al fin crece la necesidad con la
-abundancia, y auméntase la cobdicia con el dinero; mas ¿quién soy yo,
-á quien temor ó cobardía ponga espanto en las cosas de mi oficio?
-¿yo no soy Elicia, la sobrina de Celestina, la que heredó nombre y
-fama y hechos de la mesma? Sé que Elicia soy, la insigne alcahueta,
-la famosa hechicera, la sábia nigromántica; ¿qué denodadas palabras?
-¿qué fieros ó ademanes de rufian? ¿qué amenazas de muerte? ¿qué
-rigurosos trances? ¿qué peligros inminentes jamas á mí atemorizaron?
-¿No he sacado otros amores más arduos que éstos á luz? sí; ¿y no he
-salido á paz y á salvo en todos ellos? sí: de la vida digo, que lo
-demas no lo estimo en lo que huello: ¿qué cosa hay tan dura que yo
-no ablande, ni qué tan alta que no alcance, ni qué tan imposible
-que no me sea posible, ni qué tan sublime que no abata, ni qué tan
-entrincada que no deslinde? Veamos, ¿Roselia no es mujer? sí; luego
-liviana, que las mujeres, mal pecado, somos como veletas, que,
-con poco aire, volvemos á todos vientos, enemigas de firmeza. ¿No
-es moza? sí; luego de enamorada voluntad y lascivos pensamientos,
-que los aguijones de la carne, y más nueva, algo le moverán á que
-condecienda á mi peticion. ¿No es hermosa? sí; luego no casta, que
-pocas veces castidad y hermosura caben en un objeto. ¿No es de
-complexion sanguínea? sí; pues es de alegre condicion y colorada en
-el rostro, luego inclinada á lujuria. ¿Pues Lisandro no es gentil
-hombre, dispuesto y galan? sí; luego para ser amado, que como la
-hermosura en las mujeres es una pegajosa liga en que se traban los
-hombres, bien así la gentileza y buena disposicion de los hombres es
-un señuelo, reclamo y añagaza con que vienen desaladas las mujeres,
-que si general ley de natura no fuera que el macho siga la hembra,
-asaz veces rogarian á muchos; ¿Lisandro no es mancebo de noble
-linaje, dotado de muchas gracias, de linda crianza, bien hablado,
-generoso, franco, aparentado? sí; luego sobre seguro voy, que estas
-cosas mucho hacen al caso para que en Roselia con más facilidad
-prenda su amor; ¿quién tengo de mi parte? al amor, que todas las
-cosas vence; al amor, que seso y discrecion trastorna; al amor, que
-saltea los monasterios, escala los muros, rompe las paredes, mina los
-encerramientos, asierra las rejas, trepa por las ventanas, enciende
-los castos, altera los devotos, espancta los sanctos; al amor, que
-desploma la razon, ofusca el entendimiento, fuerza la voluntad,
-embota el juicio, turba la memoria, fistola el corazon, descoyunta
-los miembros, hace temblar las carnes, ciega los ojos con lágrimas,
-desplega la boca con sospiros, cierra los oidos al consuelo, ábrelos
-á las pasiones, y finalmente, todos los sentidos tropella, pues
-todo se adereza así de partes de mí por ser principal maestra de
-este oficio, como por parte de los aparejos que hay de una parte y
-de otra; encomiéndome á mis familiares, Lucifer, Astaroth, Arangel,
-Beliath, Sathan, Bercebuth, Balan y á Rescoldapho, el mi buen amigo,
-príncipes de los demonios que me den buena manderecha á lo que voy,
-sólo os suplico, mis buenos adalides, perturbeis la fantasía de
-Roselia con deseos luxuriosos y cebeis sus pensamientos con tizones
-de amor, yo soplaré con mis fuelles el fuego y atizaré las ascuas que
-la quemen viva; emprenda la llama en su pecho con vuestras sanctas
-inspiraciones, que yo tendré cuidado de encenderla y avivarla con mis
-devotos consejos. ¿Drionea, hija?
-
-_Drion._ Madre.
-
-_Cel._ Si viniere de mucha priesa la desposada que hice haber aquel
-hijo del racionero, en el tabladillo hallarás la caxuela pintada de
-los virgos; toma de ahí lo que sabes, y restáurale la flor perdida,
-ni más ni ménos de como me lo viste hacer á la que estotro dia se
-casó con el carpintero; y si estoviere muy abierta, cúrala con punto,
-muy sotilmente; y si viniere tambien la mujer del cordonero por los
-bebedizos, en el barrillejo de barro los hallarás, dáselos, y que los
-polvorice con un poco de soliman molido, y dile que han de ser nueve
-candelillas de cera las que me dixo, pasadas las doce de la noche.
-Y no te olvides de lo que has de hacer con la manceba del canónigo
-mozo, la que tuvo presa el Obispo por el ólio.
-
-_Drion._ ¿Qué respuesta daré á Sigiril, escudero de Felides, si te
-buscáre, que ayer vino acá y no te halló?
-
-_Cel._ Dile que se vaya con Dios ó con el diablo, que no soy yo
-casamentera, ni ménos es ése mi oficio; allá á la amiga de mi tia
-vaya él con esas embaxadas, ó á los parientes de Polandria, que
-concierten el casamiento, que para ese caso no es menester el estudio
-de mis artes, ni mucho ménos que mi tia resucitára ó apareciera, como
-holgaron de mentir. Dame acá esa ropa blanca que me encomendaron que
-vendiese de aquella señora malograda que murió los otros dias, y no
-saques sino lo más rico y vistoso; esos gorjales aljofarados, esas
-cofias estampadas y todos los deshilados y cosas hechas de red de
-oro y seda, que lo quiero llevar á parte donde no se perderá nada en
-ello, que buena manera será ésta para entrar en casa de Roselia, pues
-soy corredora.
-
-_Drion._ Toma.
-
-_Cel._ Cierra esas puertas y di á ésos que se levanten que ya es
-mediodia, porque tenga esa necia espacio para tocarse; y dile, en
-hora negra, que si se le acuerda que habia de pasar por aquí aquel
-bozalejo que sabe.
-
-_Drion._ Sí diré.
-
-_Brum._ Trap, trap, trap; putas, abrí.
-
-_Drion._ Putos dias vivas.
-
-_Brum._ Abrí presto, no me hagais arrojar las puertas por el suelo de
-otro par de pomazos.
-
-_Drion._ ¡Ay, santa Catalina! ¿no nos darás huelgo? veréis qué
-encapotado viene.
-
-_Brum._ ¿Qué es de la vieja ruin, que no creo en tal, si no hago con
-ella un hecho hazañoso que sonado sea? ¿Dónde está?
-
-_Drion._ Es ida al negocio que sabes.
-
-_Brum._ Aquí la aguardo, que ó ella me dará la medalla ó me ofrecerá
-la vida.
-
-_Drion._ Ce, ce. ¿Señor Polo, quieres salir, que Brumandilon sentado
-está en el poyo de la puerta?
-
-_Pol._ ¡No por Dios! que quedé dalle unos dineros que me pidió, y no
-los tengo.
-
-_Drion._ Pues vénte conmigo, que por los corrales te irás.
-
-_Pol._ Amores, ¿vendré acá á la noche?
-
-_Lib._ No, por tu vida, no te haga mal á la salud.
-
-_Pol._ Pues, mándame.
-
-_Lib._ Que no te olvides de las mangas de aguja coloradas.
-
-_Pol._ Y áun perfumadas te las prometo. Señora Drionea, encárgoos á
-mi Libia, que no la hable otro, pues yo la sustento.
-
-_Drion._ ¡Ay, señor! no digas eso, que vive Dios y reina; otro hombre
-no la habla en esa parte sino tú; es muy salada rapaza y vergonzosa,
-y quiérete mucho.
-
-_Pol._ Con esa confianza me voy.
-
-_Drion._ Pierde cuidado y salta por este lugar, que está más baxo.
-
-_Escl._ Ce, ce, ce. Señora Drionea, ¿puedo entrar seguro?
-
-_Drion._ Trepa quedito, no hagas ruido.
-
-_Escl._ ¿Está allá la vieja?
-
-_Drion._ No; daca la mano.
-
-_Escl._ Acá estoy, bésame.
-
-_Drion._ ¡Ay putillo! ¿Cómo te has tardado?
-
-_Escl._ No pude más; está queda.
-
-_Drion._ Gallito, ¿no olvidas tus mañas? Donde quiera que me tomas,
-ora en público, ora en secreto, no miras más. Subamos arriba, no nos
-tome Celestina en el hurto, como me contaste que Vulcano tomó á Mars
-y á Vénus.
-
-_Escl._ En este caso, siguo la opinion de los filósofos cínicos; pero
-vamos.
-
-_Drion._ ¡Ay bellaquillo! ¿quitándote vas las agujetas?
-
-_Escl._ Sí, par Dios, sube presto.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA DEL SEGUNDO ACTO.
-
- Con encubiertas de gran artificio habla Celestina á Roselia
- con muy poca ayuda de la vecina, y acabado con ella que
- siquiera se vea con Lisandro, se despide; Roselia finge que
- está mal dispuesta; Melisa, su doncella, entiende todo el
- hecho.
-
-CELESTINA. — MARIVAÑES. — MELISA. — ROSELIA.
-
-
-_Cel._ ¡Ay Dios! ¿si es aquella que veo ir por la cuesta arriba,
-Eugenia, la madre de Roselia? Ella es; por los santos de Dios, bien
-está, todo se adereza, alégrate, Celestina, que el precio de la ropa
-blanca será la sangre de aquella inocente; ¿llamaré, pregonaré mi
-axuar? mejor es allegarme á aquella vecina con quien me entiendo,
-la que yo encubrí con el abad en mi casa asaz veces, ahí fingiré
-que vendo cotones de Valencia, y ella, por via de vecindad, puede
-llegarse á Roselia si quiere comprar algo de esto, que viendo la
-curiosidad y valor de todo ello, como muestra estar hecho con sotiles
-manos, no dexará de llamarme y yo entrar segura; señora, amiga, Dios
-mantenga.
-
-_Marivañes._ ¡Oh madre Celestina! seas muy bien venida, que deseo
-tenía ya de te ver.
-
-_Cel._ Calla, que mañana nos verémos más despacio, agora óyeme dos
-palabras: has de saber que con achaque de trama vengo á buscar la
-hija de nuestra ama Eugenia, que me lo encargó mucho aquel caballero
-que fué mantenedor en las justas pasadas, el que te dixe, y así me lo
-paga cierto mejor que me lo pagó el abad cuando andaba tras tí y te
-hablé en ello.
-
-_Mar._ Mucho va de Pedro á Pedro.
-
-_Cel._ Por tanto, pues eres vecina, llégate allá y diles si quieren
-algo de esto, que en la mesma moneda te lo pagaré cuando no te
-catares.
-
-_Mar._ Que me place en buena fe; tha, tha, tha.
-
-_Melisa._ ¿Quién está ahí?
-
-_Mar._ Doncella, decí á la señora moza que está aquí la corredora
-que me vendió unos volantes y trae cosas muy galanas y ricas de ropa
-blanca, si quiere algo su merced.
-
-_Mel._ Sí diré.
-
-_Ros._ ¿Quién es, Melisa?
-
-_Mel._ Señora, una mujer que trae lindas cosas á vender, y obras
-tan bien labradas, que parece que así se nacieron; allí viene una
-gorguera muy polida, suplícote, señora, me la compres.
-
-_Ros._ Dile que entre en ese portal, yo me pararé á la ventanilla de
-la escalera.
-
-_Mel._ Tia, entra, que ya baxa mi señora.
-
-_Cel._ Pues véte, amiga, y como te digo, para traerle á tu amor,
-úntale las manos con aquel sebo de cabron, cuando entre burlas y
-véras se las tomares, y di estas palabras que te he dicho, que son
-muy aprobadas.
-
-_Ros._ Vieja honrada, muéstrame eso que traes.
-
-_Cel._ Ángel mio, no lo verás bien, que está el portal obscuro,
-espera, que yo subiré allá.
-
-_Mel._ Toma, por ahí ella se entremete donde no llaman.
-
-_Ros._ Guarda tú esa puerta, Melisa, y avísame si viniera mi señora
-madre.
-
-_Cel._ Todo viene á pedir de boca, con pié derecho salí de casa sin
-ver ave que denotase mal acaecimiento; sola la tengo sin testigos de
-mi mensaje.
-
-_Ros._ ¿Qué hablas, madre, entre dientes?
-
-_Cel._ Luégo, señora hija, que acabo tres cuentas de mi rosario que
-me falta de rezar por los que están en pecado mortal, que primero nos
-conviene buscar el reino de los cielos y despues entender en estas
-cosas momentáneas cuanto basta á la necesidad de aquesta miserable
-vida, lo demas superfluo es y lleno de conjoxas y zozobras.
-
-_Ros._ Por mi salud, madre, que aciertas, que al fin vana cosa es
-amar con desórden lo presente y no tener ojo de ir allí donde es el
-gozo perdurable.
-
-_Cel._ ¡Ay, mi señora! ¿dices dónde no se hartan los ojos de
-ver, ni las orejas se hinchen de oir, dónde ni hay trestura, ni
-noche, ni obscuridad, dónde siempre se celebra Pascua y fiesta muy
-solemne, dónde las sillas bienaventuradas llenas de suavísimo olor y
-flagrancia, llenas de cantos y modulaciones, de dulzor y alegría, nos
-esperan á los que aquí con diligencia trabajarémos en la viña de Dios?
-
-_Ros._ Ahí digo.
-
-_Cel._ Los ojos se me arrasan de agua y los sentidos se me roban, el
-entendimiento se me eleva y el corazon me desmaya, y toda yo estoy
-fuera de mí cada vez que oyo mentar aquel paraíso de deleites y
-aquellos Campos Elíseos; que aunque el deseo de la vida es natural á
-todos, á mí el morir me sería glorioso en tanto que fuese á gozar de
-aquella vision beatífica.
-
-_Ros._ Si así fuese, devota vieja, todos deseariamos la muerte á
-trueque de tal vida.
-
-_Cel._ Mal pecado, ya lo veo, que nadamos como ranas á somorgujo en
-las aguas del olvido, descuidados de nos mesmos, que nacimos para
-morir y morimos para vivir con Cristo, si aquí le sirviéremos. Si
-nuestra memoria refrescásemos algunos ratos con el pensamiento de
-aquella suave inmortalidad, ella daria de espuela á nuestra voluntad
-que obrase lo que la razon le encamina y el claro juicio le enseña,
-y las tales obras buenas avivarian é incitarian nuestro deseo para
-la bienaventuranza; si esto se hiciese, señora mia, con ansiosos
-sospiros clamariamos á Dios que nos libertase de esta tenebrosa y
-ciega cárcel del cuerpo, pero como estemos hundidos fasta los ojos en
-el cieno y tremedal del bullicioso tráfago del mundo, echamos atras
-lo eterno y ponemos delante lo que un soplo fenece. No hay cosa que
-más en olvido y menosprecio de las cosas divinas nos ponga que el
-amor de las temporales.
-
-_Ros._ ¡Oh, qué bien hablas, bendita madre! bien dicen que mejor es
-el rústico humilde que sirve á Dios, que no el soberbio filósofo que
-considera el curso del cielo.
-
-_Cel._ Mil cosas te contaria de éstas, señora hija, que aprendí en
-compañía de las beatas dominicas, si el tiempo nos diese lugar.
-
-_Ros._ Pues ¿qué pides por este garvin hecho de red de oro así como
-está aljofarado?
-
-_Cel._ Mi reina, ésta es cosa encomendada, espantarte hías de lo
-poco que de aquí he yo de sacar por mi trabajo aunque lo venda muy
-bien, cuanto más si lo vendo ménos de lo que quiere su dueño. En seis
-piezas de oro me estimaron este tranzadillo.
-
-_Ros._ Toma cuatro por ser cosa que se lo ha puesto otra.
-
-_Cel._ ¿Cuatro, señora? en mi alma, no se pagan las manos, pues de
-aljófar tiene más; pero sin más regatear, en cinco lo toma ó lo dexa,
-que yo me atrevo á dártelo en esto, porque sé los caudales de las
-señoras doncellas dónde llegan, y cosa se ofrecerá en que me puedes
-remunerar este servicio, que al cabo sé que perder con los buenos es
-ganar, y con decir que no hallé más, cumpliré, que yo seré la que
-perderé de mi derecho. Mírala bien, que es pieza muy acabada de buena
-y barata.
-
-_Ros._ Cara es, mas toma, que á la verdad la curiosidad en las cosas
-hace encarecer la obra de ellas.
-
-_Cel._ ¿Caro te parece, buena señora? bendito seas tú, mi Dios, que
-en este trato tan poca ganancia se me sigue, que con haber andado
-arrastrada todo el dia, habré de aquí tan poco que no bastará á
-poderme hoy sustentar, sea por tu amor, que más quiero morder las
-paredes de hambre y pasar la vida con afan y laceria empleada en tu
-servicio, que no enriquecer en otros tractos ilícitos.
-
-_Ros._ No llores, madre, que yo te favoreceré en todo lo que yo
-pudiere.
-
-_Cel._ ¡Ay mi señora! si supieses por qué lo digo, pues sábelo Dios
-y yo que más valdria mi saya y manto de lo que vale si quisiese dar
-oidos á una cierta persona de esta ciudad, pero mejor es pobreza con
-un poquito de honra que riquezas acompañadas de vituperio; por el dia
-sancto que es hoy, á oro me pesa, porque le hable á una gentil dama
-de este pueblo, ni sé quién ni quién no, él vive hácia San Benito, y
-creo que se llama Lisandro.
-
-_Ros._ ¡Oh vieja! cómo temo que tus pisadas y luengo preámbulo, y tu
-prolixa arenga y devota salutacion con tus falsos presupuestos, se
-hayan enderezado y ordenado para inferir tan maldicta y sospechosa
-conclusion.
-
-_Cel._ ¿Qué es, mi señora, que no te entiendo?
-
-_Ros._ Tú sabes si me entiendes ó no, y si en esas palabras de Dios
-traes envuelto el dimonio, que entre las matizadas y bordadas flores
-se esconde la culebra ponzoñosa.
-
-_Cel._ Entiéndate Dios, que yo no te alcanzo.
-
-_Ros._ Dime, pues, á quién te mandó hablar.
-
-_Cel._ ¿Quién, mi señora? ¿Lisandro?
-
-_Ros._ No me repitas su nombre, que me turbas; respóndeme á lo que te
-pregunto, veamos si es lo que yo digo, que vienes con engaños.
-
-_Cel._ ¿Y yo conózcolo más que tú, ni sé quién es, ni aguardé á que
-me lo dixese? Mal me conoces, señora, las piernas me cortaria primero
-que diese paso á tales mensajes, en ese caso ningun hombre me ha de
-hablar si no quiere ser mi capital enemigo; guárdeme Dios de mala
-hora, montas que soy yo de ésas, entre qué personas me crié para osar
-de tal oficio, á la hé entre religiosas y áun de las más encerradas.
-Pero segun pude colegir de las pocas palabras que escuché á Lisandro,
-digo aquel mancebo caballero y ¡Jesus, qué sin memoria soy! algunas
-señas y indicios te daré. Ella era en su boca la más hermosa doncella
-que natura por agora formó, no sólo decia en la ciudad, mas ni áun
-en la tierra, en todas las gracias y perfecciones acabada. Por aquí
-sacarás por quién entendia Lisandro, digo aquel señor galan que preso
-de su amor loaba la que mucho queria; ya sabes que en Salamanca pocas
-hermosas hay, y ésas se pueden señalar con el dedo, y por tu vida,
-mi amor, que despues que te vi he pensado si eras tú la que decia,
-porque tu perfecta fermosura es argumento que no entendia por otra.
-
-_Ros._ Madre, no me entres por esos rodeos, véte con Dios.
-
-_Cel._ ¿Qué rodeos, mi señora? ¿piensas que no te diria el nombre de
-ella si me acordase, por quitarte de sospecha? Mas sea Dios loado,
-que ya voy acordándome Ro, Ro, Roselia se llama, por quien pena,
-segun me dijo.
-
-_Ros._ Segun te dijo, malvada vieja, ¿qué no me conoces tú, que soy
-yo la que agora mentaste?
-
-_Cel._ ¿Tú? y Jesus, Jesus, ¿tú? No lo creo.
-
-_Ros._ ¿Santíguaste, mala hembra, bote de malicias? ¿que no lo
-sabes tú? ¿ésas eran las joyas que traias á vender? ¿las fingidas
-lagrimitas que por tus haces regabas? ¿los devotos consejos que me
-dabas? ¿las sanctidades con que venías? ¿las cuentas que rezabas?
-¿las encubiertas y disimuladas palabras con que me entrabas á dañar
-mi fama, tentar mi propósito, combatir mi honestidad, corromper mi
-vergüenza, ensuciar mi honra? Astuta vieja, vaso de maldad, maestra
-de malos recaudos, discípula del diablo, madre de todos vicios; mas
-¿si eres tú la que encoroçaron estotro dia por semejante caso, que á
-ella te pareces en tus obras? ¿Con ese mensaje te envió ese loco para
-que publicases su pasion y locura? Espera, alcahueta, que tú habrás
-el castigo que merece tu atrevida osadía. Melisa, Melisa, llámame acá
-á mi hermano Beliseno.
-
-_Cel._ Señora, no juzgues mis palabras sin que primero juzgues mi
-intencion, que cuando la intencion no yerra, salvo está el que se
-juzga, y si la lengua resbaló, no tiene culpa el corazon, desdichada.
-
-_Mel._ ¿Qué es, señora? ¿no concluyes con esa mujer?
-
-_Ros._ Esta vieja que me viene con alcahueterías de aquel que estotro
-dia me vido y comenzó á desvariar en aquellos desatinos que viste;
-éste es el loco atreguado por quien me habló el paje que fué de mi
-señor padre, que en gloria sea; pues guárdese, que si mi hermano le
-coge, él le dará el pago.
-
-_Cel._ Se tú el juez, doncella graciosa; si yo ni tenía noticia de
-la señora ni sabía que Lisandro penaba por su merced, ni ménos le
-menté palabra de las muchas que echaba por aquella boca, como hombre
-que estaba para morir, y pedia socorro de su señora, que morir le
-hacia; mas de que simplemente á buena fe y sin mal engaño le conté
-lo que vino á coyuntura de no sé qué hablamos; ¿tengo yo aquí la
-culpa? cuitada yo, que en mala hora nací, si todo lo que digo y hago
-se ha de echar á mala parte, bien dixo nuestro Señor Jesucristo
-en el Evangelio de la misa que ayer oí, no juzgueis y no seréis
-juzgados, segun declaraba el cura; si yo, mezquina, te contára los
-sospiros lastimosos que pregonaban su lastimado corazon á causa tuya,
-las lágrimas que sus rubicundas haces regaban en oyendo tu nombre,
-los desmayos que le tomaban en acordándose de tí, los dolores que
-le atormentan en tu crueldad, las pasiones que le persiguen con
-el amor que te tiene, los deseos de tu suave conversacion que le
-atribulan, las tristezas que le derriban y otros mil cuentos de males
-que sostiene, segun dice despues que del homenaje de tus ventanas
-asaeteaste su deseo; si esto, y otras cosas más que dixo con harta
-pena, te dixera yo, señora, ó supiera que eres tú aquella por quien
-moria, aunque, ciega de mí, por las señas de hermosura que me daba
-habia yo de entender luégo que eras tú, entónces tenías razon de
-culparme, pero si ni esto ni lo otro me salió por la boca, ¿de qué te
-quejas?
-
-_Mel._ Justa y razonable es tu excusa, madre mia.
-
-_Ros._ No te espantes, vieja honrada, que haya tomado sospecha de tus
-pláticas por lo que ha precedido de aquel loco, y acaso tú no sabías.
-
-_Cel._ ¿Saber? ansí me ayude Dios como yo no lo sabía más que agora
-que no lo sé; lo que yo vi es esto, que queda en la cama con los más
-espantosos desmayos que nunca vi, puesto en el hilo de la muerte;
-y así como está con profundo clamor, los sospiros echa fasta el
-cielo, las lágrimas le verias mezcladas con sollozos de hilo en hilo
-corriendo por aquellas sus mexillas más resplandecientes que rubíes,
-aquellas rosas coloradas, que tiene en medio del gesto más blanco
-que copos de nieve, vieras rociadas con el rocío que destilaba de
-aquellos sus alindados ojos, que tanta era la lástima que me puso
-en le ver, que como sea cosa muy comun los corazones dolerse de las
-pasiones ajenas, me forzó á acompañalle en su tristeza con algunas
-de mis lágrimas, que, sin sentillo, me brotaban en abundancia por mis
-haces abajo. A lo ménos una cosa, mi señora, creo de cierto te podria
-afirmar, que si presente estuvieras á su tan duro lamentar, cuando
-yo digo que estuve, no te bastára tu corazon de acero, como veo que
-tienes, á lo ménos si no lo tienes muéstraslo, y no sé por qué, á
-que no se ablandára con los martillos que salian de sus íntimas
-entrañas rasgando su profundísimo pecho. En Dios y en mi ánima, que
-en acordándome cuál le dexé, tan gran compasion me toma, que si
-remediarle pudiera por lo que debo á buena cristiana, aunque fuera
-con la sangre de mis brazos lo hiciera; pero no soy yo por la que él
-pena, que no me hizo Dios tan cruel y sin piedad, que si yo fuera
-dexára morir el más agraciado mancebo y galan que mis ojos vieron.
-
-_Ros._ Son blasones de los enamorados decir que mueren por amores.
-
-_Cel._ Bien está, ella irá poco á poco á entrar en el garlito,
-en las palabras y en el semblante lo veo, que por las palabras y
-señales bien se adevinan los pensamientos, cuanto más que ligero es
-de conocer en las mujeres cuando aman, que sin conceder dan señales
-de consentimiento, y más que el color se le ha vuelto colorado;
-encendida la tengo.
-
-_Ros._ ¿Qué dices, madre? ¿Parece que te has pasmado? ¿Qué estás
-comidiendo?
-
-_Cel._ ¿Qué, señora? Que sabe poco de las cosas naturales el que
-piensa que de amores no puede morir uno, porque puede ser el amor
-tan vehemente é intenso, que empedidas las potencias naturales por
-la ocupacion contínua de las animales, en la cosa que mucho amamos,
-venga á consumir el humido radical sin reparacion alguna, y así la
-persona que el tal amor posee, hecha ética, perezca; y si esto es, mi
-señora, allá te aven con tu conciencia, que no faltas de homicida,
-pues eres causa que muera aquel amargo sin redempcion, cuya verdadera
-salud en sola tu vista consiste, que no queria el cuitado más de
-verte y hablarte.
-
-_Ros._ Todavía me augmentas la sospecha, pues no se te entiende que
-no hemos de hacer mal por bien que se sigua.
-
-_Cel._ ¡Ay señora! y ¿qué mal es, ó qué pecado, si con mi vista y
-palabra puedo dar la vida al doliente, consentir que me vea y hable?
-Y áun es obra de perfeccion dar industria y forma para ello.
-
-_Ros._ Si no es más de eso, cosa sancta y buena es.
-
-_Cel._ ¿Y cómo sancta? lo contrario hacer sería pecado mortal,
-porque cualquier que puede á otro salvar la vida sin pecado ó notable
-peligro suyo, y no lo hace, peca; cuanto más que entre las obras de
-misericordia es dado consejo que visitemos los enfermos.
-
-_Ros._ Por cierto que lo haria no más de por ser servicio de Dios,
-sino que temo mi peligro, que al fin la estopa cabe el fuego presto
-prende.
-
-_Cel._ Donde la razon y virtud enseñorean y reinan como en tí, en
-balde ladra el sensual apetito, y puesto que peligro de alguna
-liviana tentacion hubiese, no por eso te excusas, que de dos males
-inevitables el ménos empecible se ha de elegir, que del mal siempre
-se debe escoger lo ménos, dicen, y pues mayor mal es ser tú homicida
-que tentada, manifiéstase claro que eres obligada á dalle remedio,
-ni pienses que te perjudica aquel señor en amarte con tan ardiente
-deseo, yo pondré á que me corten la lengua que no lo hace á mala
-fin, es una bendicta criatura, un ángel en limpieza, una dama en
-condiciones; no es otra cosa, sino como te vió á tí, que eres otro
-que él en gracias y hermosura, que á la verdad algo os pareceis en
-la fisionomía del rostro, aficionóse á amar á su símile, ca toda
-cosa ama su semejante y tambien que lo hermoso atrae á sí los ojos
-de todos y mueve los corazones delicados y tiernos á su amor; yo
-juraré que en solo verte y tener una poquita de conversacion honesta
-contigo quede contento, y tú satisfecha de la obligacion que tienes
-á socorrer al enfermo; cuanto más que una poca de recreacion con
-virtuosas personas como lo es Lisandro, virtud es, llamada Eutrapelia
-de los filósofos.
-
-_Ros._ No quiera Dios que por mi causa muera ese señor que dices, que
-no fuera yo tan cruel para él si me constára de su buena intencion y
-limpio motivo como agora.
-
-_Cel._ Pues, señora mia, da forma que de noche te hable, porque no
-seais sentidos, que hoy dia las gentes, por nuestros pecados, son
-llenas de mil sospechas, juzgando lo exterior y no entendiendo los
-secretos y misterios de Dios.
-
-_Ros._ Quédese para el juéves en la noche, dadas las once.
-
-_Cel._ ¿Por qué lugar?
-
-_Ros._ Por las ventanas de esta mi torre que salen á dar al alcázar.
-
-_Mel._ Señora, señora, mi señora Eugenia asoma por la calle.
-
-_Ros._ Pues véte, madre, con Dios.
-
-_Cel._ Los ángeles queden en tu guarda.
-
-_Mel._ Señora, ¿qué te dixo la vieja despues que me torné á abaxar?
-
-_Ros._ No sé, déxame; ponme dos almohadas en el estrado, iréme á
-echar, que me siento mal dispuesta.
-
-_Mel._ Que me maten si no es ésta la nueva Celestina de las tenerías,
-que en su traje y plática ella parece, aosadas que dexa urdido algun
-mal recabdo; en hora mala vino acá.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA DEL SEGUNDO ACTO.
-
- Procura Oligides de resistir á la saña que Brumandilon
- tiene contra Celestina; viene Celestina, que no cabe en
- sí de placer por la buena respuesta que hobo de Roselia.
- Perturba su gozo Brumandilon con sus fieros, finalmente
- pónelos en paz Oligides. Pasa Celestina despues de esto
- muchas cosas graciosas con su sobrina Drionea, y vase con
- Oligides á dar la buena respuesta á Lisandro.
-
-OLIGIDES. — BRUMANDILON. — CELESTINA. — DRIONEA. — ESCLARABEL. —
-FILIRIN. — LISANDRO.
-
-
-_Olig._ ¿Qué haces, Brumandilon? ¿Ha venido Celestina del negocio?
-Mas ¿qué es esto que veo? A punto estás, la mano en la empuñadura y
-la espada medio desenvainada.
-
-_Brum._ Por los que habitan en la profundidad del Erebo, media hora
-más no viva la vieja avarienta si no me da la mitad de lo que le dió
-Lisandro; déxala venir.
-
-_Olig._ Donde está claro no poder ganar honra, locura es aventurar la
-persona, si la matas, puede ser que te asa la justicia y te guinde
-del rollo.
-
-_Brum._ ¿Qué dices, señor Oligides? No me has conocido, pues sábete
-que en balde trabaja quien piensa en mi corazon poner miedo ó temor
-de justicia. No me es más llevar por una calle al alguacil y á su
-gente que acorralar seis becerras mansas, sino pregúntale como le fué
-habrá tres noches en la calle de Lobo sobre mi puta Philena, y con
-todo me vino á pedir perdon.
-
-_Olig._ Por Dios, que tus hechos en armas se van pareciendo á las
-hazañas del valiente Diego García de Paredes, el de nuestro tiempo.
-
-_Brum._ Aquí está Brumandilon, que siendo maestro de esgrima en
-Milan, le enseñó á jugar de todas armas, de espada sola, de espada
-y capa, de espada y broquel, de dos espadas, de espada y rodela, de
-daga y broquel grande, de daga sola con guante aferrador, de puñal
-contra puñal, de montante, de espada de mano y media, de lanzon,
-de pica, de partesana, de baston, de floreo y de otros muchos
-exercicios de armas; y él viendo mi esfuerzo en los golpes, mi osado
-atrevimiento para acometer seis armados, rebanar brazos, cortar
-piernas, harpar gestos, hender cabezas y otros miembros, con mi
-exemplo salió tan diestro y animoso como veis.
-
-_Olig._ Héla, héla, asoma Celestina, alegre viene.
-
-_Cel._ ¿Qué girifaltes, qué sacres, qué neblíes, qué esmerejones,
-qué primas, qué tagarotes, qué baharies, qué alfaneques, qué azores,
-qué alcotanes, qué gavilanes, qué águilas tan subidas en alto vuelo
-bastarán á abatir en tierra con sus uñas la páxara escondida en
-las nubes, como yo, sábia Celestina, con mis palabras cautelosas
-abatí á mi peticion al muy encerrado propósito de Roselia? Mi fe,
-cacéla, y si sus pensamientos fasta aquí volaban por el cielo
-con contemplaciones de Dios, agora rastrearán por el suelo con
-imaginaciones de la carne. Hi de puta, qué bien lo he hecho, para
-Sancta María, que me quiero bien en ver que no pierdo punto á mi tia;
-mas, por mi vida, qué alindados y seguros nortes llevé, que repicando
-ella de broquel con sus acedas palabras y súbitas alteraciones,
-volvia yo al tema que tomé en principio de mi sermon. ¡Ay bonita,
-cómo te engañé! así engañan á los bobos con especie de sanctidad y
-servicio de Dios, con este color le dixe lo que quise, y bien me
-estuvo. ¿Quién dubda que no sueñe á Lisandro esta noche? En mi alma
-no estoy en mí de placer, ay, ay; ah papagayos, ah ruiseñores, ah
-calandrias, ah canarios, ah sergueritos, ah pardillos, ah verderones,
-ah gafarrones, ah torzuelos, ah luganos, ah carrancas, ah jamarices,
-ah todas las aves del canto suave, ¿oisme? ¿por qué todas en uno no
-os juntais á cantar la mi alegría que llevo en este mi corazon, y
-cantar con vuestras lenguas arpadas, á quien lo quisiese saber, mi
-maravillosa astucia, mi astuta cautela, mi cautelosa vivez, mi vivo
-saber, mi sábia sagacidad, mis artes no sentidas, mis fraudes y dolos
-encubiertos, mis mañas y sotiles engaños? Sacabuches, chirimías,
-atambores, trompetas, rabeles, flautas, dulcemeles, guitarras,
-vihuelas, arpas, laúdes, clarines, duzainas, añafiles, órganos,
-monacordios, clavecímbanos, clavicordios y salterios y todos los
-instrumentos de música con vuestra suave, apacible y sonora armonía y
-canora melodía resoná por el aire mi verdadera mentira, mi virtuoso
-vicio, mi maliciosa bondad, mi endemoniada sanctidad, mi inquieto
-reposo, mi turbada mesura que tuve para aquella señora, que no tenía
-dónde asir para azorarse contra mí, segun le entré por sabroso y
-encubierto estilo:
-
- ¡Ay que me fino,
- Ay que fino, de regocijo!
-
-_Olig._ Buen despacho trae la madre, parece que toda se querria
-tornar lenguas para hablar, la alegría que en aquel cuerpecillo de
-malicias no cabe, rebosa á borbollones por la boca y por los ojos.
-Alarga el paso, Celestina, mueve esos piés, no te detengas, aguija,
-ea, date priesa.
-
-_Brum._ Todas las paradillas que hace son ratos de su vida. Pues, por
-el cerrojo de santa Gadea de Búrgos, do juran los hijos de algo, en
-llegando más no viva, si no me da la medalla.
-
-_Cel._ Sálveos Dios.
-
-_Brum._ Sálvete el diablo; sús, daca luégo la medalla, no me hinchas
-de mostaza las narices, no sea el dimonio que te engañe, ten memoria
-de las veces que te has librado de mis manos.
-
-_Cel._ Válalo el diablo, mozas, con qué me salió á recibir el
-charlatan glorioso, ¿medalla ó qué? una higa en tu ojo; no os
-deshagais de eso por mi amor.
-
-_Brum._ Suéltame, señor Oligides, suéltame, que no le haré otra cosa
-más de matalla.
-
-_Olig._ Ea, no haya más, por mi vida; ea, no haya más, que no te he
-de soltar, acaba, no seas porfioso, ya sabes que quien sobrado es de
-furor, falto es de autoridad.
-
-_Cel._ Déxale venir, que el diablo á mí me lleve si no le quiebro la
-cabeza con esta piedra. Veréis que te trayo salutacion para el alma;
-medalla queria, ¿por cuál carga de agua?
-
-_Olig._ No seas tú tambien demasiada, Celestina, calla, que mejor
-atavío es en la mujer la templanza en la lengua que las ricas ropas
-en el cuerpo.
-
-_Brum._ ¡Ah puta embaidora, alcahueta, hechicera!
-
-_Cel._ Déxate de esos baldones, fanfarron, que nunca con palabras
-injuriosas y feas se acrecentó el esfuerzo natural.
-
-_Olig._ Bien dice en aquello Celestina, que al fin ninguno en su
-cortés y blanda respuesta pierde la fama de su esfuerzo.
-
-_Brum._ Ya lo veo, pero voto á tal, donde la mujer aguijonea, la
-discrecion de hombre no basta.
-
-_Cel._ Mas donde la cobdicia interviene, no hay amistad ni tregua que
-no corrompa, ésta te hace á tí salir de seso, que no yo.
-
-_Brum._ ¿Aun parlais? Agradeceldo al buen padrino. ¡Oh, pese á mis
-males! ¿por qué no me soltaste, que su vida y maldades acabáran en un
-tiempo?
-
-_Cel._ Allá al que te dió de palos haz tú esos fieros, y no me hagas
-más hablar.
-
-_Olig._ Mejor estuviera eso por decir, Celestina, y no buscar cinco
-piés al gato.
-
-_Brum._ Y, puta alcoholada, ¿no sabes que sentado á tu puerta seguro
-y descuidado, cuatro que eran, solo un palo me alcanzaron á traicion
-y fuí tras ellos, y como hacía la noche obscura, de ellos perdí de
-vista, de ellos se me escaparon por piés? Pero yo los buscaré, y
-descreo de la leche que mamé si aunque se me metan en el golfo del
-mar, y del golfo del mar en el vientre de la ballena, y del vientre
-de la ballena en el seno de Abraham, no se me escaparán, que con esta
-punta de mi puñal no les escarbe los aradores que tuvieren allá en
-lo íntimo de sus corazones; yo juraré que me acometieron por otro,
-porque no creo que nadie tuviese tal atrevimiento contra Brumandilon,
-pero como quiera que sea, por vida de estas barbas luengas y espesas,
-no les cumple más parar en el reino, porque si los topo, el mayor
-pedazo de ellos será menor que brizna de diente de vieja, ó pedrecica
-de moleja de arador, ó liendre; más menuzos los haré que carnero
-picado, en mi espada los ensartaré como rubias.
-
-_Olig._ Ora bien que despues se averiguarán estos pleitos. Agora
-vamos, Celestina.
-
-_Brum._ No me la lleves, Oligides, sin que primero sea liberal
-para conmigo, que no lo he de ir á hurtar para comer, ni ménos me
-mantengo de rocío como cigarra, ó de viento como camaleon, basta que
-le hice merced de la vida por tu intercesion.
-
-_Cel._ Que no me está bien ni me pago de ello. Véte con Dios de mi
-casa, que no te quiero, no me dés más pasion.
-
-_Olig._ Oíos, no torneis á reñir, que con pequeñas palabras á las
-veces se enciende y crece la ira en los hombres, así como de la
-pequeña centella, si no se mira por ella, se suele levantar gran
-fuego. ¿Esta medalla hase de partir por medio, ó dártela toda?
-
-_Brum._ Ni uno ni otro; mas de que se venda, y dividamos igualmente,
-como hermanos, el precio de ella, pues de ninguna cosa es buena la
-posesion sin compañía.
-
-_Cel._ ¿Ya no te dí dos doblas? ¿qué me pides más?
-
-_Brum._ La medalla ó la vida.
-
-_Cel._ No tengo medalla.
-
-_Olig._ Señor Brumandilon, hazme este placer, porque otro dia te lo
-sirva, que no se hable agora más en ello, que las cosas argüidas con
-voces son mal definidas, y tambien que agora no hay tiempo para esa
-disputa, porque mi amo queda con la soga á la garganta esperando su
-salud ó desastrado fin en la respuesta de Celestina; no nos estorbes.
-
-_Brum._ ¡Oh pese á tal, qué ha de salir con la suya esta vieja
-esfalsaria! sobre cuernos penitencia, sobre que me ha engañado me
-niega lo que á vista de todos le dió Lisandro. Por nuestro Señor,
-no es otra cosa la mujer sino un censo perpétuo que tienen los
-hombres sobre sí y sobre sus vidas, que ella basta para acortar,
-disminuir y abreviar estos pocos dias que nos quedan con sus enojos y
-pesadumbres, hablo de las tales como esta bellaca, saco de vicios.
-
-_Cel._ Espera, Oligides, daré una vista á mi gente, que luégo salgo.
-
-_Olig._ No tardes.
-
-_Cel._ Abrí, hijas.
-
-_Drion._ Esclarabel, baja presto, y véte por el lugar acostumbrado,
-que mi tia viene.
-
-_Esclarabel._ Pues, amores, como digo, en dándome el Conde librea te
-daré esta capa, de que hagas un sayuelo.
-
-_Drion._ Como tú quisieres, pino de oro.
-
-_Cel._ ¿No os he mandado que mientra no estuviere hombre en casa
-estén las puertas de par en par abiertas, y vosotras al umbral
-sentadas? creo que por demas es la citola en el molino. ¡Ah! malditas
-seais si no me teneis podrida de enojo; en mi dicha cabe que jamas
-ceso de daros consejos. Landre que os mate, si no os ven ni oyen
-no os conocerán, y si no os conocen nadie vendrá á vosotras. La
-taberna por el pendon se conoce, y sin pendon nadie acude allá á
-comprar vino. El caminante extranjero no acierta el meson sino por
-la tablilla ó la señal colgada. Bien me entendeis, una arriba y otra
-abaxo; si Libia se ocupó con Polo, ¿por qué tú, Drionea, no baxaste á
-dar recabdo á los que vinieren, y respuesta á los que me buscaren?
-
-_Drion._ Ya decendia, que me estaba componiendo, no hayas enojo, que
-todo se hizo lo que me mandaste.
-
-_Cel._ ¿No te he dicho que cuando no hobiere tiempo de afeitarte
-tomes una toca y te la reboces fingiendo dolor de muelas, y te
-cobijes esa mantillina colorada? Medio desnuda, medio vestida, los
-pechos de fuera con un disimulado descuido en faldetas como éstas,
-no hay tal para provocar á luxuria los hombres. En Dios y en mi
-conciencia, que cuando yo era moza como vosotras, mi desenvoltura,
-mis meneos del cuerpo, mi requiebro de ojos, mi dulce y delgada voz
-bastaba para incitar los castos, aunque hermosura me faltára. Pues
-¿quién vino á buscarme?
-
-_Drion._ Siete personas cuando ménos.
-
-_Cel._ ¿Quién?
-
-_Drion._ La mujer del sastre envió acá, que el sábado de mañanita va
-á la vega, por tanto que avises al estudiante por quien la hablaste,
-que madrugue.
-
-_Cel._ Mirad la descarada, quedó con el otro ese dia de venir á mi
-casa disimulada, y hace conciertos con estotro, ¿que no habia tiempo
-para todo? Di adelante.
-
-_Drion._ El doctor viejo envió su paje á saber si hablaste á la hija
-de la lavandera.
-
-_Cel._ ¡Oh! que se me olvidó; acuérdamelo mañana. Di más.
-
-_Drion._ La beata aquella muy penitente te estuvo buen rato aquí
-aguardando, y como no venías, rogóme que te encargase mucho que
-estovieses con aquel su devoto, de quien hobo el hijo, y que le
-dixeses en secreto, que pues Nuestro Señor tuvo por bien darles
-aquella criatura para su servicio, que envie faxas y mantillas para
-envolver al niño y dineros para pagar el ama, ó que lo dé á criar.
-
-_Cel._ Importuna mujer, ¿ya no le dió eso y esotro, y el su capirote
-raido por cobija?
-
-_Drion._ Tambien aquella doncella que tuvimos aquí de parto, la que
-sacó el teólogo, vino llorando que por caridad le digas, pues es
-hombre de conciencia, que lo haga bien con ella, y que se acuerde de
-lo que le es en cargo.
-
-_Cel._ Di, que eso yo lo sé bien.
-
-_Drion._ El mozo del bachiller vino que vayas á la tarde á echar una
-melecina á un su popilo.
-
-_Cel._ ¿No le he dicho que mientra mi comadre Clara viviere que la
-llamen? porque yo no quiero hacerle mal en su oficio, que es mi amiga.
-
-_Drion._ Dice que está mala de los ojos de una siringada que le soltó
-un escolar al tiempo que sacaba el cañuto, que, como le mirase unas
-almorranas que tenía para se las curar, el estudiante, no pudiendo
-retener el puxo, suelta y rocíale aquellos hocicos y ciégale los ojos.
-
-_Cel._ Hi, hi, hi, mala landre que te mate, que reir me has hecho.
-¿Hay más?
-
-_Drion._ La manceba del clérigo, y la mujer del cordonero y la
-desposada vinieron aquí y hice lo que me mandaste.
-
-_Cel._ ¿Supiste hacer el virgo?
-
-_Drion._ Muy bien.
-
-_Cel._ Pues comé vosotras, no me aguardeis, que voy á consolar aquel
-loco ántes que de sí haga algun desatino.
-
-_Drion._ ¿Cómo te sucedió?
-
-_Cel._ De perlas; algo habian de aprovechar los caractéres del cerco
-de esta noche.
-
-_Olig._ ¿No baxas, madre?
-
-_Cel._ Vamos.
-
-_Olig._ Dime agora lo que has hecho, que segun te vi venir alegre y
-dando saltos de placer, por mí tengo que has ablandado aquella breña
-y duro risco, y que traes buen recabdo. Mas, de véras, ¿qué acabaste
-con ella? Dímelo porque yo contigo me alegre, que no ménos que tú
-holgaré del bien de mi amo, y así será tu gozo perfecto y entero, que
-el placer no comunicado no es cumplida alegría.
-
-_Cel._ ¡Ay bobo! ántes que tú nacieses entendia yo esas malicias;
-quiere que se lo diga para ganar por la mano las albricias de aquel
-que en el triunfo de sus locuras no estima el gasto.
-
-_Olig._ ¿No dices, madre?
-
-_Cel._ Cerca estamos, ahí lo oirás.
-
-_Olig._ Dígolo, porque si ruines nuevas traes no te cumple parecer
-ante los ojos de aquel desabrido, ni ménos yo iré con esa embajada,
-no quiebre sobre nosotros el enojo que tiene de la pasion que le dan
-sus amores; que los corazones apostemados con ira, con poco cauterio
-brotan su venino en los primeros encuentros sin esperar más razon.
-
-_Cel._ Otra vez á doce.
-
-_Fil._ Señor, señor, Celestina.
-
-_Lis._ Daca esas ropas de martas cebellinas, saldréla á recibir. ¡Oh
-Dios! ¿con qué viene?
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA DEL SEGUNDO ACTO.
-
- Apénas puede creer Lisandro la buena nueva que Celestina
- le trae de su señora; y sobre esto pasa con ella y con sus
- criados muchas cosas llenas de donaire. Despídese Celestina
- de Lisandro para ir á hallarse en el pleito de Angelina.
- Todavía el gran celo de Dios incita á Eubulo á decir sus
- sanctas y buenas razones á Lisandro, aunque sabe que ha por
- ello de ser afrentado del embobecido su amo.
-
-CELESTINA. — LISANDRO. — EUBULO. — OLIGIDES. — MOZA.
-
-
-_Cel._ Metámonos dentro, señor mio, no estemos aquí en la calle dando
-cuenta á los que pasan, que bien es que vivamos cautamente, pues
-castamente no permite esta negra carne; allá sabrás bueno ó malo, ó
-lo que fuere.
-
-_Lis._ Señora mia, ó afloja ya sin más tardar el cordel que de rato
-en rato con estrechos estirones de temor y desconfianza acorta el
-huelgo de mi vivir, ó dame presto garrote, que más tormento me es la
-esperanza de tu palabra, que las prisiones que sostengo.
-
-_Cel._ Dime, señor Lisandro, ¿qué merece la que hoy en este dia
-aventuró la vida en tu servicio?
-
-_Eub._ Algo de bueno trae la madre, encarecérselo quiere primero que
-lo diga.
-
-_Olig._ Su costumbre es jamas meter aguja sin sacar reja.
-
-_Lis._ Mucho por cierto, si de la fuente de mi mal trae alguna
-esperanza de mi bien.
-
-_Cel._ ¿Y si la trayo?
-
-_Lis._ Júzgote por Dios, pues por ninguna via podemos parejarnos con
-los dioses inmortales, dice el gentil Ciceron, como dando salud á los
-mortales.
-
-_Cel._ A sus trece torna este necio; ¿qué cómo yo de eso?
-
-_Lis._ Habla alto, madre, que te entienda.
-
-_Cel._ Digo, señor, que en sólo esto me parezco á Dios en no comer
-palabras, sino obras, que palabras y plumas el viento las lleva.
-
-_Lis._ Pues ¿qué quieres tú, madre, y sácame de pena?
-
-_Cel._ Yo, seguro que no te pida tesoros ni montes de oro, si no
-fuese para casar dos sobrinitas mias huérfanas.
-
-_Lis._ Pluguiese al Soberano que mi deseo hobiese su efecto, que tu
-peticion no careceria de cumplimiento, porque incomparablemente
-estimo por más aventajada la merced á mí hecha que cualquier dón á tí
-prometido.
-
-_Eub._ Oligides, por lo que debes á virtud, te llegues á ese loco, y
-le digas al oido que no prometa tal cosa.
-
-_Olig._ Díselo tú si bien te estuviere, que yo no lo pienso, allá se
-lo haya, con su pan se lo coma si algun desatino hiciere.
-
-_Eub._ Señor, una palabra.
-
-_Lis._ ¿Agora me vienes con secretos, necio?
-
-_Eub._ Señor, mira lo que haces, que quedas atado al prometimiento,
-porque el que de su voluntad se obliga, obligado es á cumplir
-lo prometido; por amor de Dios no lo hagas, que es pecado de
-prodigalidad, no te saque de quicios esa mala hembra y tu desvariada
-alegría.
-
-_Lis._ Véte de ahí, asno, ¿quién te hizo cura de ánimas ó procurador
-de pleitos ajenos? Déxame á mí, que yo sé lo que hago.
-
-_Eub._ Por donde te tengo, por ahí te dejo; nunca más perro á molino,
-á tu placer, mula, da, promete, cree á alcahuetas, que tú te pondrás
-del lodo y morderás en el ajo más de cuatro pares de veces.
-
-_Olig._ En mi seso estuve estar quedito y no irle á la mano en cosa
-fuera del propósito de sus boberías.
-
-_Eub._ Él vendrá á tiempo en que se pele las barbas de que no me
-creyó. Quiero salirme de este juego, que bienaventurado es, dice el
-serenísimo rey y profeta David, el que no fué en pos del consejo de
-los impíos, ni se detuvo en el camino de los pecadores.
-
-_Cel._ No pasemos más adelante, yo me obligo de te la hacer haber,
-con que dés tú fe de me las casar honestamente.
-
-_Lis._ Doite mi fe y palabra como caballero de lo hacer.
-
-_Cel._ Recibo la merced que á eso me atengo, pues al buey por el
-cuerno y al hombre por la palabra, dicen en mi tierra, cuanto más que
-en los nobles y generosos como tú, el nuevo ofrecimiento es habido
-por nueva obligacion, y no pierdo las albricias de las buenas nuevas
-que oirás.
-
-_Lis._ ¿Buenas nuevas, madre mia? daca esos piés, besarételos, que no
-me tengo por digno besar tus manos, que, por ventura, tocaron la ropa
-de mi señora. Di agora que de rodillas se ha de recebir la palabra
-salida por boca de aquel ángel.
-
-_Cel._ Por mi salud, no lo consienta, levántate, señor.
-
-_Lis._ Pues di.
-
-_Cel._ La suma de ello es que el juéves á las once de la noche
-Roselia te saldrá á hablar por las ventanas traseras de su torre que
-miran al alcázar.
-
-_Lis._ ¿Qué dices, señora? ¿Qué dices, salvacion mia y bien mio?
-Tórname á decir eso, explícate más, quizá entendí mal, ó trastroqué
-las palabras, ó mi poca advertencia causó poco entendimiento, ó mi
-mucha aficion hizo que el disfavor de aquella princesa que enxerido
-traes en tu razon, echase á la mejor parte.
-
-_Olig._ Está el diablo desbabado oyendo, y dice que no tiene atencion.
-
-_Cel._ Algo merece la que tan buen recabado trae, que si el sesgo no
-llevára el córte de mi razonar á remate, iba perdida.
-
-_Lis._ Señora Celestina, único remedio y reparo de mi desahuciada
-salud, declara y repite esa autorizada sentencia, que no la entendí.
-
-_Cel._ Pasado mucho intervalo de tiempo, y usando yo de mis artes
-cautelosas y fingidos rodeos, acabé con Roselia que te viese por do
-te dixe, haciéndole entender que tocaba al servicio de Dios ver y
-hablar al que con su vista y palabra recuperaria la vida.
-
-_Lis._ Mozos, ¿estais ahí?
-
-_Olig._ Sí señor.
-
-_Lis._ ¿Qué dixo la señora?
-
-_Olig._ Que Roselia, dadas las once de la noche, saldrá á las
-ventanas de su torre, y que ahí la hablarás.
-
-_Lis._ Mira no te engañes, mira si entendiste como yo, que aquel
-resplandeciente lucero, cuando el prolixo relox tocáre las once, se
-descubrirá, y esclarecerá del castillo la calleja del alcázar, y de
-ahí esparcirá sus refulgentes rayos por mi corazon y dará luz á mis
-ojos; ¿es esto?
-
-_Olig._ Eso es en sentencia.
-
-_Lis._ ¡Oh singular merced! ¡oh premio tan sobrado y desmedido á mi
-merecer! ¡oh incomparable dón! ¡oh crecido y sobrepujante galardon
-á mi servicio! ¡oh aventajado salario de mi pequeño trabajo! ¡oh
-soberana! ¡oh divina! ¡oh suprema! ¡oh excelente! ¡oh encumbrada y
-ensalzada magnificencia y liberalidad de mi señora, que á su captivo
-siervo y esclavo aherrojado rescató en este dia de las obscuras
-prisiones de cárcel de amor! Espejo de mi vista, lumbre de mis ojos,
-dulzor de mi ánima, joya preciosa entre todas las perlas, hermosa
-ninfa, en cuya presencia todo el mundo es feo, ¿qué favor es éste que
-me envias? ¿qué es posible que saldrás de tu grado? ¿cuándo te lo
-merecí? ó háceslo por tu grandeza, que condicion es de las grandes
-hacer mayores las mercedes que los servicios merecen. Mas ¿qué es
-esto, si me he vuelto loco, sin seso, hecho frenético de suerte que
-con la mucha pasion, trastornada la imaginativa, fantasea fingiendo
-lo que deseaba? ¡Ah, señora! ¿tú no eres Celestina y vosotros mis
-criados? ¿No me es agora dicho que mi señora Roselia de su homenaje,
-cuasi á la media noche, con su venida descombrará mi pecho de
-pasiones, y remontará las mis ciméricas tinieblas que me obscurecian?
-
-_Olig._ Sí, sí, sí, ora ver si lo creerás; juraré que ha de pensar
-aún sobre ello. Ea, señor, que no estamos aquí en la opinion de
-Empedocles, filósofo, el cual decia de ninguna cosa poder nosotros
-tener evidencia, porque los sentidos podian recebir engaño y
-decepcion; no pasa otra cosa ni hay más de lo que oiste.
-
-_Lis._ ¿Y qué fué?
-
-_Olig._ ¿Y no lo has oido seiscientas veces? Sancto Dios, y qué
-prolixo hombre; bien dicen que cuanto más deseada es la cosa, más
-dura es de creer; pues ten atencion y oye.
-
-_Lis._ Di.
-
-_Olig._ Roselia, el.....
-
-_Lis._ Espera pues, no dé otro sentido del que suena tu habla y
-pronuncia tu boca, veré si conformamos, que mucho hace un sí ó no en
-la oracion. Roselia, mi señora.
-
-_Olig._ El juéves en la noche.
-
-_Lis._ El juéves en la noche.
-
-_Olig._ Dadas once.
-
-_Lis._ Dadas once.
-
-_Olig._ Te verá y hablará.
-
-_Lis._ Aguarda, no te des tanta priesa. Me verá y hablará.
-
-_Olig._ Del puesto.
-
-_Lis._ ¿De qué puesto?
-
-_Olig._ De las ventanas de su torre que caen al alcázar.
-
-_Lis._ Eso sí, de las ventanas de su torre que caen al alcázar. Es
-así: que Roselia, mi señora, el juéves, dadas las once, me verá y
-hablará de las ventanas de su torre.
-
-_Olig._ Que sí, que sí, que sí, ¡válate el diablo! Dios me perdone si
-lo has entendido.
-
-_Lis._ ¡Oh bienaventuradas orejas mias que en tan breves palabras tan
-sublimes sentencias oís! ¡Oh gozo extraño! ¡oh dichoso hombre más que
-cuantos nacieron! pues ninguno gozó de tanta alegría como agora yo.
-
-_Cel._ Sosiega, señor, que no ménos te podria dar la muerte la
-demasiada alegría extendiendo las telas del corazon fuera de sus
-límites, que la mucha pasion y tristeza angostándolas más de lo
-necesario.
-
-_Lis._ ¡Oh mi buena madre! ¡oh excelente triaca de mi secreta y
-mortal llaga! Cuéntame agora todo lo que pasaste con aquella señora,
-y dime algunas palabras consolatorias de aquella dulce boca.
-
-_Cel._ Señor, bástete saber que del casquillo de la saeta que á
-tí hirió queda ella lastimada, y aunque parezca que por via de
-bien quiso conceder á mi ruego y satisfacer á tu deseo de vella y
-hablalla, pero ella vendrá de su grado dando de piés y manos á lo que
-pretendemos, que la vergüenza y empacho comun á todas hace que lo
-que la voluntad otorga la boca niegue, con este velo cubrimos hartos
-defectos que publicariamos si lícito nos fuese como á los hombres,
-aunque yo, pardios, no me curaba de esas vergüenzas cuando moza, que
-si bien me parecia alguno, no dexaba de hacerle señas y mostrarle
-claramente la gana que tenía.
-
-_Fil._ Señora, una moza te busca.
-
-_Cel._ Pues, mi señor, el viérnes de mañana soy acá á ver cómo te
-fué con tu dama para que de ahí colija y sepa en qué estado está el
-negocio y en qué disposicion la tenemos, y conforme á esto obrarán
-mis artes, y quédate á Dios.
-
-_Lis._ Toda la córte celestial te acompañe.
-
-_Cel._ ¿Qué quieres, hija?
-
-_Moz._ Mi señora Angelina te suplica que en todo caso vayas á las dos
-á juicio, porque aquel estudiante con quien tú la desposaste niega
-ser su esposa.
-
-_Cel._ Dile que me place, que yo lo haré de mil amores, y que me
-espere en su casa, que de ahí nos irémos entrambas juntas.
-
-_Lis._ ¡Oh, cómo temo no me acaezca agora algun infortunio ó
-desastre! que la fortuna así suele usar de sus casos falaces con los
-que en prosperidad pone y en alta cumbre como á mí, de manera que
-cuanto más alto los sube, tanto más baxo lo derrueca y abate; rueda
-es de fortuna no permanecer en un sér.
-
-_Olig._ Por ende es buen aviso, señor, pensar hombre consigo todos
-los males que le pueden suceder, y estar apercebido con sufrimiento,
-porque si alguno sucediere no le halle desarmado y desproveido de
-paciencia, ántes dé gracias á Dios que no le sobrevinieron todos
-aquellos males que él pensados tenía.
-
-_Eub._ ¡Oh! cuánto sería mejor dejar esas vanidades y contemplar la
-brevedad de la vida y el fin y remate de ella, que al fin pasa la
-gloria de este mundo y sus deseos y cobdicias. Mas, ¡oh desvarío
-de los hombres! da voces el clarísimo orador y poeta Petrarca,
-nadie hay que esto no sepa, y esperan enmienda con dilacion de la
-vida fingiendo entre sí que están léxos de la muerte, la cual el
-tiempo breve, la vida corta, las muchas desventuras y fortuitos
-acaecimientos la hacen vecina y muy cercana á nosotros; así es el
-mundo y el engaño de los vivientes, que mientra luengo espacio de
-vida, á sí mesmos prometen pensando vivir los años de Nestor, ó que
-les sucediera la dicha de Metello, ó que la natura les será madre
-más piadosa que á los otros, á deshora la triste y congoxosa muerte
-les acomete sin apercibimiento. Mira, señor, que aquel vivió, dice
-Marcial á su amigo Posthumo, el que ayer vivió, que de hoy no tenemos
-certinidad. Teme á Dios y acuérdesete de aquella palabra digna de ser
-escripta con letras de oro, por ser de aquel gentil Valerio, que la
-ira de Dios procede en su venganza de espacio y á pasos contados, y
-la tardanza la recompensa con graveza del castigo.
-
-_Lis._ Oligides, di á ese sandio que calle si no quiere palos, que,
-por Dios, creo que ha de reventar un dia de éstos de mucha devocion.
-Y mira si está aderezado, que quiero comer.
-
-_Olig._ Voy, señor. Anda acá Eubulo, que eres menester.
-
-_Eub._ Ya, ya, á buen entendedor pocas palabras.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL SEGUNDO ACTO.
-
- Va Celestina con Angelina á pleito ante el Provisor,
- juntamente con los testigos y Procurador. Despues de largas
- disputas con el letrado, el Provisor absuelve á Sancias,
- estudiante, de la demanda que por Angelina le fué puesta
- sobre caso de ser su esposo y marido. Está llena esta cena
- de mucha doctrina, y no ménos de gracias y donaires.
-
-CELESTINA. — ANGELINA. — TESTIGOS. — PROVISOR. — PROCURADOR. —
-SANCIAS. — LETRADO.
-
-
-_Cel._ Tha, tha, tha.
-
-_Ang._ Mochacha, corre, verás quién llama.
-
-_Cel._ Bendígate Dios y San Miguel Ángel, y qué galana estás.
-
-_Ang._ No estoy para ver despues que parí del Arcediano.
-
-_Cel._ Tal me venga el año y la Pascua cual tú agora me pareces.
-
-_Ang._ Madre, no me lo tomes á soberbia, que en mi ánima agora dos
-años no habia otra más hermosa en la ciudad.
-
-_Cel._ ¿Por qué no te arrancas esos pelitos de entre ceja y ceja?
-Saca las tenacicas del estuche, pelarételas.
-
-_Ang._ Ten; ay, que escuece.
-
-_Cel._ Hija, por eso dicen sufrir cochura por hermosura. Cobíjate y
-vamos, que ya estarán en audiencia, y de camino llevarémos los dos
-mancebos que escondimos en la recamarilla por testigos.
-
-_Ang._ Vamos; rapaza, vénte conmigo y cierra la puerta.
-
-_Cel._ Aquí moran. Gentiles hombres, por la parte que os cabe de
-la señora Angelina que vengais con nosotras á jurar lo que oisteis
-cuando la desposamos con aquel estudiante llamado Sancias, que lo
-niega á pié-juntillas.
-
-_Test._ Eso de muy buena voluntad, id, que luégo somos allá.
-
-_Cel._ Por mi salud, hija, que te cumple éste más que otro, que yo
-lo he mirado con tales ojos, que será buen oficial de lenternas, y
-tú podrás á tu salvo hacer lo que bien te estuviere, que á los tales
-no ménos los ojos les engañan que la poca experiencia que tienen en
-estas cosillas, cuanto más que mucho hace al caso el sonsonete de,
-mujer casada soy, para que en más te tengan los galanes que hasta
-aquí te servian, que lo vedado más se desea, y más caro cuesta lo
-que no se halla fácilmente á cada canton, y tambien que así no te
-llevarán el marco.
-
-_Ang._ Si eso no viera, nunca tan á pechos tomára este casamiento,
-cuanto más que es hijo de un mercader muy rico, y está un dia de
-éstos para repetir.
-
-_Cel._ Dices la verdad, que ansí lo oí.
-
-_Ang._ Pongámonos cabe estas verjas, que Sancias velo do está, y
-los testigos ya vinieron; tú responderás por mí, que yo soy muy
-empachada, mientra viene nuestro Procurador.
-
-_Provisor._ ¿Qué quereis, mujeres?
-
-_Cel._ Señor, esta doncella se casó con este estudiante y él niégalo,
-y por cuanto se siente muy agraviada en no casarse, pide en justicia
-á vuestra merced le mande casar con ella, pues darémos informacion de
-la verdad.
-
-_Prov._ Toma procurador, que tú, mujer, no puedes procurar.
-
-_Cel._ Hélo aquí, señor.
-
-_Prov._ Bien está; pues ¿qué pides al estudiante?
-
-_Procurador._ Pedímosle por marido de esta señora.
-
-_Prov._ ¿Qué decis vos á esto?
-
-_Sancias._ Que no sé qué se dicen, y niego lo que me levantan.
-
-_Proc._ Es verdad, y porque lo creas, señor, toma juramento á estos
-testigos que están aquí, que ellos dirán la verdad.
-
-_Prov._ Jurad que jurais á Dios y á santa María, y á esta señal de la
-cruz ✝ decir verdad de todo lo que supiéredes en este caso y os fuere
-preguntado. Respondé, sí juro.
-
-_Testigos._ Sí juro: sí juro.
-
-_Prov._ Si así lo hiciéredes Dios os ayude, si no, él os condene.
-Decí, amén.
-
-_Test._ Amén.
-
-_Prov._ Por el juramento que habeis hecho, es verdad..... ¿Cómo os
-llamais vos?
-
-_Ang._ Señor, Angelina.
-
-_Prov._ ¿Y vos?
-
-_Sanc._ Sancias.
-
-_Prov._ Que Angelina se casó con Sancias, estudiante, y sabeis que se
-dieron las manos por palabras de presente.
-
-_Test._ Que para el juramento que hemos hecho que están casados, y
-les vimos dar las manos por palabras de presente.
-
-_Sanc._ Señor, aquello no lo niego; pero puse condicion cuando me
-casé con ella diciendo así, yo te tomo por mujer si el arcediano que
-te hobo te diere comigo veinte mil maravedís en casamiento.
-
-_Proc._ Señor, ya se los da el arcediano.
-
-_Sanc._ Señor, bien me puedo salir afuera si no tornamos de nuevo á
-darnos las manos con nueva obligacion y consentimiento.
-
-_Proc._ No podeis por el capítulo _Super eo de conditionibus_.
-
-_Prov._ Escuchaos y salios fuera, tomaré parecer con el letrado,
-que ése es caso dubdoso y áun harto dificultoso de determinar.
-Señor doctor, ¿qué sentís en este caso? Si dos se dan las manos con
-consentimiento de entrambas partes por palabras de tiempo presente,
-y el uno de ellos pone esta condicion de futuro diciendo, yo te tomo
-por mujer ó marido con tal que fulano te dé en casamiento tantos
-mil maravedís, dáselos; pregúntoos si será válido el tal contrato ó
-matrimonio complida la demanda, ó condicion puesta, ó si se requiere
-nueva obligacion y nuevo consentimiento.
-
-_Letrado._ Antigua y vieja querella es ésa, señor Provisor, en la
-cual los famosos canonistas y teólogos fieramente se encuentran, y
-entre ellos hoy dia hay gran controversia en la porfía y debate de
-la verdad, de manera que cada uno de ellos, segun su opinion, daria
-su parecer y decreto. Pero yo sigo en este caso la sentencia de los
-teólogos, que en esto, como en lo demas, sintieron y hablaron mejor.
-Cuyo cánon verdadero es que el matrimonio que de principio no fué
-matrimonio por causa de algun pacto ó concierto ó impedimento ó
-condicion puesta, no viene á ser matrimonio, puesto que despues se
-cumpla lo prometido, ó cese el estorbo que empidia el tal contracto,
-si de nuevo no comienza entre ellos nueva obligacion y consentimiento
-de voluntades.
-
-_Prov._ ¿Por qué razones os fundais? que, ya sabeis que en materias
-disputables, más hace la razon y argumento que la auctoridad del que
-lo dice, dado que mucho me persuadan las letras y buen juicio que en
-vos florecen.
-
-_Letr._ No creais que la doctrina de estos sabios teólogos aceptase
-por la más razonable y verdadera, si sus subtiles y agudas razones no
-me moviesen á ello y áun me compeliesen á creello. E dexadas nuestras
-leyes y capítulos que parecen sentir esto, donde por consecuencias y
-argumentaciones os podria traer á conocimiento de mi opinion, como es
-la ley _Si stipulator_ y la ley _Stipulantes_, § _Sacram de verborum
-obligationibus_, y el capítulo _Super eo de conditionibus_, argúyoos
-con vivas razones, las cuales despiertan más el entendimiento. La
-primera, si Sancias ántes que le cumplan la condicion se arrepiente
-y desiste de su propósito y intincion que tenía de casarse con
-Angelina, todos los doctores, así teólogos como canonistas, convienen
-que el tal no sería matrimonio; luego, dado que no revoque su
-consentimiento, no valdrá el contracto de palabra si de nuevo no
-consientan. Pruéboos la consecuencia, porque ningun arrepentimiento
-basta para quitar ó anular la fuerza ó virtud del contracto, si en sí
-causa el matrimonio y tiene virtud de lo hacer. La segunda razon, si
-Sancias ántes que el arcediano le diese los veinte mil maravedís, ó
-ántes que le cumpliesen cualquier otra condicion puesta largamente,
-se podia casar con otra, como vos, señor, tampoco negaréis, luego si
-tiene poder de casarse con cual quisiere, es porque el tal contracto
-con condicion era inválido y sin virtud de hacer matrimonio, y como
-quiera que sola la ratihabicion no es suficiente de causar obligacion
-en el matrimonio sin nueva voluntad y contracto, síguese que no es
-necesario que nuevamente se casen y consientan. La tercera razon.....
-
-_Prov._ No procedais más adelante, señor Doctor, que yo estoy ya
-contento de vuestras razones, pero no satisfecho de mi dubda; y no os
-espanteis que yo dubde, pues dubdaron aquellos doctos varones como
-Hostiense, Calderino, Angelo de Clavassio, Antonino y el teólogo
-Palude, y otros muchos que siguieron el parecer contrario; y pues
-no ménos virtud y sabiduría es defender la verdad de los contrarios
-que saberla sustentar con razones, ruégoos me respondais á estos
-argumentos que en sí traen dificultad y en mí engendran escrúpulo,
-tanto que apénas os creo, y áun con vuestro perdon digo que es
-falso lo que decís; y sea el primer argumento: en todos los otros
-contractos condicionales, veniendo la condicion queda el contracto
-perfecto sin otra nueva obligacion; exemplo: doy os cien libras
-de plata si me asegurais la nao, doy os la casa si me diéredes la
-heredad, si vos cumplis la condicion yo quedo obligado á lo que
-prometí y me condenarán á ello, y áun vos sentenciárades contra mí,
-luego si el matrimonio es un contracto natural, síguese que obliga
-puesta la condicion. El segundo argumento: en el capítulo de _Illis
-de conditionibus appossitis_, se dice que si alguno juráre por estas
-palabras de casarse con alguna, yo juro de te tomar por mujer si
-traxeres tanto en casamiento, si no lo trae no queda perjuro, si con
-todo no se hubiere seguido consentimiento presente ó cópula carnal.
-Argúyoos yo, señor Doctor, por el contrario sentido. Si haya habido
-consentimiento será perjuro, luego como aquél, en el caso que os
-puse, ha habido consentimiento explicado por palabras que significan
-presencia de tiempo, síguese que tambien será matrimonio. El tercero
-argumento, si alguno diga, yo huelgo de ser tu marido y te acepto
-por mujer si tú consintieres; si la otra responde, y yo tu mujer y á
-tí tomo por marido, no hay dubda, sino que son casados y contraxeron
-matrimonio, y la tal condicion era de futuro, luego por lo mesmo, si
-dixere, yo te tomo por mujer si dentro de un año consintieres, venido
-ó cumplida la condicion, será vero matrimonio. Oyoos, señor Doctor,
-entre dientes hablar, y daisme sospecha que no os encaxa esta razon ó
-probacion, por ende quiero probar y confirmar el antecedente. Decíme,
-por vuestra vida, ¿en todos los casamientos no acontece así, que el
-uno habla primero que el otro, y por el consentimiento del segundo ó
-del que habla á la postre se perfecciona el matrimonio entre ambos?
-por donde siempre me parece á mí que la eficacia del consentimiento
-depende de las palabras advenideras ó del tiempo futuro. Por mi fe,
-señor, que habeis menester adelgazar vuestra pluma y tajarla más
-delgado de lo que soleis en otras cuestiones, si quereis presumir
-de responder á mis argumentos, que cada uno de ellos me da nueva
-sospecha de vuestra opinion, y todos ellos me causan consentimiento y
-juicio de la parte contraria.
-
-_Letr._ De una cosa me pesa, señor Provisor, que no permitistes á
-mi lengua dar fin y remate á otras razones que se me ofrecian; mas
-creo que lo hecistes porque las sentíades como tiros que minaban y
-echaban por suelo el fundamento de los canonistas, los cuales vos con
-rabia de defender habeis multiplicado argumentos y réplicas. Si tan
-fácil me fuese persuadiros que dexásedes esa opinion y siguiésedes
-la sentencia de los teólogos, como me es deshacer vuestras razones,
-luégo pensaria que quedaba por mí el campo. Y porque no os parezca
-que cumplo de palabra, siendo muy ajeno de mi propósito, respondo por
-órden á vuestras objeciones. A la primera digo: que no es de virtud
-y naturaleza del contracto que cumplida la condicion cause y haga
-traslacion de la cosa; como quiera que ahí no haya sino prometimiento
-solo, pero las leyes disponen y ordenan que cualquier que promete,
-quiera que no quiera, sea obligado á cumplir lo que prometió, lo
-cual no pueden hacer ni disponer en el pacto ó concierto matrimonial
-por causa de aquella suma y grande libertad que Dios quiso haber
-en el matrimonio, conviene á saber, que cualquiera que áun no es
-casado esté en su poder y potestad casarse ó no casarse, tomar mujer
-ó dexalla; por lo cual se infiere que si aquél áun no tiene mujer ni
-es casado ántes que se cumpla la condicion, segun tambien confiesan
-los adversarios, y vos tampoco no lo negaréis, está en su libre poder
-aún despues hacer lo que bien le estuviere; y por este fundamento,
-señor Provisor, pues sois docto, sacaréis la respuesta de las otras
-objeciones. Pero todavía, como gato por brasas, iré tocando las
-soluciones, que á vos bastará media palabra, que al hombre sabio
-basta apuntalle la cosa para que de media vez entienda. A la segunda
-objecion respondo que es verdad lo que el capítulo dice, y lo que
-vos inferis á contrario sentido, pero niégoos la consecuencia en
-que decis que lo mesmo es en vuestro caso. Entendé el texto, señor
-Provisor, que quiere decir que si despues del pacto condicional
-hobiere nuevo consentimiento presente no expresada la condicion, ó se
-siguiere cópula carnal, entónces queda perjuro si no se casáre con
-ella; y así digo en nuestro caso, que si Sancias de nuevo consiente
-con las ceremonias de palabras y otras cosas que sabeis requiere el
-matrimonio para que obre despues que se puso, ó al tiempo que se pone
-la condicion, queda tan casado como vos agora estais, pero porque no
-es ansí os negué con razon la consecuencia ó illacion.
-
-_Prov._ No mirais, señor Doctor, lo que dixistes, ni teneis
-advertencia á los exemplos que poneis; decisme que soy casado, eso
-será á media carta.
-
-_Letr._ No os maravilleis, que son descuidos de letrados. A la
-tercera objecion, porque es de poco tomo, no respondo por mi honra
-y áun por la vuestra, que bien sabeis vos que me sobraba razon de
-sonreirme debajo mi loba al tiempo que la formastes.
-
-_Prov._ Maravíllome de vos, para ser letrado hacer tan poca cuenta de
-lo que en sí trae mucha dificultad. En especial que puede haber tanto
-intervalo de las palabras obligatorias del uno á las del otro, que
-con mucha y sobrada razon se dubde si despues que la mujer consiente
-á cabo de rato sea matrimonio ó no, ó es menester que de nuevo
-entrambos juntamente consientan.
-
-_Letr._ Dice Avicena que el rejalgar ó veneno puede ser tan poquito
-que no empezca ni dañe al cuerpo que lo recibe; bien así podrá
-ser tan breve y corta la tardanza de tiempo en que tarda la mujer
-á proferir sus palabras y corresponder á las del hombre, que no
-impida ni estorbe el matrimonio y vínculo que nace de ahí, como en
-el baptismo porque diga el baptizante un poquito ántes ó despues que
-batee ó chapuce al niño las palabras sacramentales, no deja de ser
-perfecto baptismo. Cuanto más que el consentimiento de la otra parte
-es de esencia y sustancia del matrimonio, y no condicion, y así hay
-diferencia de lo uno á lo otro.
-
-_Prov._ No os creo, por Dios, en el exemplo que pusistes.
-
-_Letr._ Bien os demostrais ser puro canonista y que andais atado
-á las glosas como asno á estaca. Perdonáme si soy discortés, que
-debíadesmela, váyase una por otra.
-
-_Prov._ Pase por donaire, que ni vos medraréis mucho á la sombra de
-los teólogos, que más presto se os pegará algun piojo que no algun
-obispado.
-
-_Letr._ Y áun ése es el mal, que cuando crian obispo no le preguntan
-si sabe textos ó apellaciones ó pleitos, mas si sabe _utrumque
-testamentum_. Máxime que á ellos pertenece lo que dice San Pedro:
-_Parati semper ad satisfactionem omni posidenti vos rationem de ea
-quæ in vobis est spe_, y á su oficio compete predicar la doctrina
-evangélica al pueblo, que el púlpito agora está usurpado de frailes.
-
-_Prov._ No me agrada eso que decis, porque oficio es del obispo
-decidir y determinar cuestiones y dubdas, las cuales sin los cánones
-y decretos de sumos pontífices mal se averiguarán con sola la
-teología.
-
-_Letr._ Careceis de principios, señor Provisor.
-
-_Prov._ Habla cortés y decí el porqué.
-
-_Letr._ Porque eso es accesorio; que tambien pertenece á su señoría
-mirar por los edificios y ornamentos de la iglesia, que esté bien
-proveida de todo esto, pero no se requiere por eso ser carpintero
-ó platero; así acá, aunque sea así como dices, pero basta para eso
-tener una persona docta como vos en los cánones, ca entender en
-pleitos sería meterse en negocios seglares, contra el precepto de
-San Pablo. De manera que su oficio principal es predicar y enseñar
-la doctrina de Cristo, y para esto les es necesario saber la Sagrada
-Escriptura y sancta teología, donde se aprenden tambien los textos
-de cánones que tocan á la salud de las ánimas, cuanto más que los
-cánones fueron fundados de varones teólogos como conclusiones sacadas
-del manantial de las letras divinas.
-
-_Prov._ A todo eso que dices contradice Hostiense y Panormitano.
-
-_Letr._ Verdad es, pero no respondieron á mis razones, y hablaron
-como canonistas en saber poco en casos de conciencia.
-
-_Prov._ Dexaos, por mi vida, de ésos, señor Doctor, que nunca haréis
-mayorazgo si os ateneis mucho á los teólogos, y despachemos á esta
-gente, que nos hemos mucho detenido.
-
-_Letr._ Bien podeis dar por libre al estudiante, que en esto no solo
-seguis la caterva de los teólogos como es Sancto Tomás, Ricardo,
-Scoto, Silvestre y otros muchos; pero teneis de este bando los más
-famosos canonistas, conviene á saber, Panormitano, Inocencio III, el
-Cardenal y Francisco de Arecio.
-
-_Cel._ Ya deciende el Provisor, llégate acá Angelina.
-
-_Prov._ Estad atentos y oí la sentencia.
-
-_Cel._ Diga su merced.
-
-_Prov._ En el pleito que es entre Angelina y su procurador en su
-nombre de la una parte, y Sancias de la otra: fallamos, atentos á los
-auctos y méritos de este proceso de pleito, que la dicha Angelina y
-su procurador en su nombre no probaron su peticion y demanda.
-
-_Cel._ En hora mala os pusisteis ahí.
-
-_Prov._ Dámosla y pronunciámosla por no probada, y que el dicho
-Sancias probó bien y cumplidamente sus excepciones y defensiones.
-
-_Cel._ En buena fe, mentís.
-
-_Prov._ Dámoslas y pronunciámoslas por bien probadas, en consecuencia
-de lo cual, que debemos absolver y absolvemos al dicho Sancias de
-la demanda contra él puesta por parte de la dicha Angelina y su
-procurador en su nombre. E dámosle por libre y quito de todo lo
-contra él pedido y demandado.
-
-_Cel._ Para esta que aquí Dios me puso que yo te haga tambien libre y
-quito de la que estotro dia me rogaste que hablase.
-
-_Prov._ Y ponemos perpétuo silencio á la dicha Angelina y á su
-procurador, para que agora ni de aquí adelante no le pidan ni
-demanden cosa alguna de lo en la dicha su demanda contenido, y por
-causas que á ello nos mueven no hacemos condenacion de costas; y por
-esta nuestra sentencia definitiva, ansí lo pronunciamos y mandamos.
-
-_Cel._ Ansí don cavez mordido, por los huesos de mis finados, tú me
-la pagues, no te aprovecha importunarme con el sacristan, que no la
-habrás. Calla tú, Angelina, no llores, que yo he de morir ó salir
-con este pleito; yo estudiaré mañana y esotro dia para engañar á
-Sancias, y entre burlas y véras le sacarémos del buche un sí, puro y
-no aguado con condicion; agora vámonos, que no me he desayunado sino
-de pecados.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL TERCERO ACTO.
-
- Va Lisandro armado con sus criados á hablar á Roselia.
- Encuentra á Beliseno, hermano de ella, que anda rondando
- la calle, porque habia barruntado el negocio, el cual no
- conociendo á Lisandro se va; Lisandro, como no salia su
- señora, vase á quexar á Celestina, la cual, despues que se
- excusa, le dice que note una carta para su querida, y que
- ella se la dará y la hará venir á su propósito con su buena
- lengua.
-
-LISANDRO. — OLIGIDES. — EUBULO. — SIRO. — GETA. — BELISENO. —
-CASAJES. — GALFURRIO. — DROMO. — REBOLLO. — CELESTINA. — LIBIA. —
-FILIRIN.
-
-
-_Lis._ Oyes, Oligides, di á esos mozos que aderecen las armas y esté
-todo á punto, que es hora.
-
-_Olig._ Señor, agora dió las nueve.
-
-_Lis._ No hace al caso, que bien es apercibirnos con tiempo, cuanto
-más que no sé si por ventura esta noche más que las otras el
-primer movimiento llevará en pos de sí al planeta sol fuera de su
-acostumbrado camino, y así pensando hallar á Roselia encontraré con
-la hija de Palántes que sale desmeleñada con sus rosados cabellos y
-acompañada de rocío á descombrar el esmaltado cielo de estrellas, y
-estorbarme de ver y hablarla, que con su vista me alegra y con su
-ausencia me atormenta.
-
-_Olig._ Eso no puede ser por via de naturaleza.
-
-_Lis._ ¿Qué sabes tú si Dios agora hará milagro en acelerar el curso
-del cielo como hizo con Josué en detenello? Que á los que bien aman
-nunca les faltan desdichas, á los cuales no ménos fortuna les es
-contraria, que á los ménos dignos amor favorable.
-
-_Olig._ ¿Qué armas quieres, señor?
-
-_Lis._ Dame á mí ese montante, vosotros llevad rodelas.
-
-_Olig._ Vístete estas corazas, Eubulo.
-
-_Eub._ Bástame á mí zarahuelles y un brazal izquierdo con la rodela.
-
-_Olig._ Yo vístome el jubon fuerte de nudillos, que á mí más que á
-otro me trae sobre ojo para me matar Beliseno, hermano de Roselia,
-despues que sintió mis pasos y mis entradas y salidas á su hermana de
-partes de Lisandro. Siro, Geta, armaos presto.
-
-_Lis._ Quédense ésos en casa, que bastais vosotros.
-
-_Olig._ ¡Oh señor! vengan, que quien á sus enemigos popa á sus manos
-muere. Bien es que vamos á recabdo.
-
-_Lis._ ¿Quién hay que nos ande á los zancajos por aquí?
-
-_Olig._ Beliseno el mayorazgo, hermano de ella.
-
-_Lis._ ¿Y ha venido á su noticia cosa alguna?
-
-_Olig._ Tanto que me pesa, porque supo que yo habiendo sido paje de
-su padre, y fiando su casa de mí, con este título le alcahuetaba á
-su hermana para tí, y anda por me matar, segun me dixo Galfurrio,
-su criado y mi amigo; y tambien me dixo que te cumple á tí traer la
-barba sobre el hombro y andar en aviso, porque cada noche fasta las
-once pasea la calle de banda á banda, y trae espías á ver si te puede
-coger, que fué sabidor de cómo los otros dias te requebraste con
-Roselia, y que fasta hoy dia la sirves y festejas con mil juegos de
-cañas, y justas, y pomposos atavíos en tu persona y diversas libreas
-en tus sirvientes, en las cuales siembras letras de tu pasion,
-bordadas y chapadas las ropas todas del nombre de la dama; que áun en
-los paramentos de los caballos y en la cimera del yelmo huelgas de
-escrebir su nombre. Con todas estas cosas, ¿no querias ser sentido?
-Piensan los enamorados que los otros tienen los ojos quebrados. Pues
-sábete que Beliseno es hombre que tiene sangre en el ojo y mira mucho
-por la honra, y por este pundonor no estimará el resto en lo que
-pisa; á su mesma hermana matará si siente el menor pelo del mundo.
-
-_Lis._ Pues no sólo mi hacienda, mas tambien mi vida he condenado al
-fisco de su servicio, por bien empleada doy la muerte en tanto que
-ella se sirva. Cuanto más, que dientes tuvo mi linaje, que los supo
-mostrar en tiempo de afrenta, y lo mesmo haré yo á quien me enojáre ó
-tocáre al menor de mi casa, y déxate de eso y vamos.
-
-_Olig._ Atraviesa por esta calle, que es más secreta.
-
-_Lis._ Hola, id de dos en dos porque no parezca que vamos en
-cuadrilla.
-
-_Olig._ Bien dice.
-
-_Eub._ Señor, por amor de Dios, que si algo fuere nos defendamos con
-moderacion que carezca de culpa, y no acometamos, que no lo permite
-la ley evangélica, ántes nos enseña á amar los enemigos.
-
-_Lis._ Boballa tres veces, ¡con qué sale el asno devoto!
-
-_Olig._ Ce, ce, señor, el lobo en la conseja; ¿ves aquel bulto de
-hombres arrimados al esquina?
-
-_Lis._ Mucho bien, ¿quién son?
-
-_Olig._ Beliseno con su gente. Ponte en primera, que se acercan, y
-poco á poco se van juntando con nosotros.
-
-_Lis._ Hacé lugar, jugaré de mi montante en esta plazuela si algo
-fuere.
-
-_Sir._ Geta, ¿sabes alguna postura de espada? dímela, que no aprendí
-á esgremir.
-
-_Get._ Ponte así en tercera.
-
-_Sir._ Echaré mano tan ayna.
-
-_Get._ Veamos primero en qué pára esto.
-
-_Beliseno._ Mozos, no se menee nadie de su lugar sin que ántes sepan
-quién son, no paguen justos por pecadores. Si fuere Lisandro, el
-primero que le diere una estocada y le derribáre en el suelo, tiene
-de mí cincuenta monedas.
-
-_Casajes._ Señor, ¿si le matamos?
-
-_Bel._ Muera.
-
-_Galfurrio._ Perdónele Dios.
-
-_Cas._ Bien pueden doblar por él.
-
-_Dromo._ Mas recen por él luégo.
-
-_Rebollo._ Digámosle todos un pater noster, porque Dios le alumbre á
-conocimiento de sus pecados y no pierda el alma con el cuerpo.
-
-_Bel._ Tiremos la calle derecha, que no son ellos si no me engaño,
-que están muy retapados, y creo que es la justicia.
-
-_Galf._ ¿No nos viste, señor, en tu reguarda asestadas las puntas
-de nuestras espadas en su corazon? No hubiera dicho, yo soy, cuando
-cuatro estocadas, una en pos de otra, le rasgáran las telas del
-corazon.
-
-_Cas._ Por el sepulcro de Sanct Vicente de Ávila, en esta piedra
-estaba aguzando la punta de mi espada para escarballe las entrañas.
-
-_Drom._ Juro á los Corporales de Daroca, yo las uñas porque hiciesen
-buena presa, que sin dubda pensaba hacelle tal puerta con mi espada
-en el costado izquierdo, que con las uñas le arrancára el corazon.
-
-_Reb._ ¡Oh pésete tal! ¿por qué no era él? que Galfurrio lo dirá
-si le pedí prestado su pañizuelo para me limpiar despues la mano
-derecha, que, por la cruz de Caravaca, por mi tengo que fasta la
-empuñadura le metiera la espada y me bañára la mano en sangre, porque
-yo le apretára tanto, que las costillas le hiciera cruxir y que
-dieran lugar á mi mano que se engolfára dentro.
-
-_Bel._ Mando que ninguno haga más de matalle.
-
-_Galf._ Si fuere en nuestra mano, señor, podernos moderar fasta
-sacarle de vida no más, lo cual creo que no podrá ser, harémoslo,
-donde no, podrás perdonar. Tira, señor, por estotro camino, no nos
-encuentre la justicia y nos desarme, pues no te quieres dar á conocer.
-
-_Bel._ Vamos.
-
-_Galf._ ¿Qué os parece, compañeros, si tornáramos la cuesta donde
-quedan los otros? no fueran más nuestras vidas.
-
-_Drom._ Ahí nos matáran.
-
-_Cas._ Hagámonos cuenta que hoy nos nacimos, que de dos buenas hemos
-escapado.
-
-_Reb._ A tí debemos la vida, Galfurrio.
-
-_Olig._ Señor, está siempre á punto y guarda la entrada, no haga
-Beliseno alguna zalagarda donde quedemos todos apiolados, que por
-arriba me pareció que subian á rodearnos.
-
-_Eub._ Ya se fué.
-
-_Lis._ Sentémonos al pié de la torre miéntras se hace hora y sale mi
-señora. Vosotros, ¡hola!
-
-_Sir._ Señor.
-
-_Lis._ Poneos á esos cantones y mirad quién pasa, avisáme.
-
-_Sir._ Yo escóndome, hermano Geta, tras esta pizarra, que mal va este
-negocio como el diablo.
-
-_Get._ ¿Cabemos entrambos?
-
-_Sir._ Espera, meteréme yo debaxo; ponte agora ahí arrimado, que no
-te vean los que pasan.
-
-_Lis._ ¿Qué hora da el relox?
-
-_Olig._ Las once.
-
-_Lis._ Apartaos allá, no vea mi señora otra persona más de la mia, no
-se turbe de ver tanta gente, y se empache de salir á hablarme, basta
-el temor con que lo hace.
-
-_Eub._ Aquí estarémos.
-
-_Lis._ Hola, ce, ¿dormís?
-
-_Olig._ Señor, no.
-
-_Lis._ ¿Habeis oido el relox?
-
-_Olig._ Poco há que dió las doce.
-
-_Lis._ Y no sale aquella resplandeciente luna de la noche, aquella
-luminosa hacha para alumbrar de sus finiestras la profunda tiniebla y
-tenebrosa obscuridad de mi corazon preso en la carcel de su servicio.
-Mas ¡oh desdichado! que no son tan grandes mis servicios, que no sea
-mayor su merecimiento para hacerme mercedes, ni hay tan gran cosa en
-mi poder, que mayor á tí no se deba; pero por eso, señora mia, es más
-tu nobleza y liberalidad para me las hacer, que no mi diligencia para
-las merecer y recebir, y lo que fuere falto en mis obras, la virtud
-tuya lo supla volviendo los ojos á mi crecido deseo, que del todo á
-tu servicio se ha dedicado, de suerte que no tiene cosa nueva que
-te ofrecer, que si más hobiera más sacrificára; y de todo esto con
-sola tu vista me doy por pagado, que así mis ojos se contentarán y
-mi corazon quedará satisfecho. ¡Ah señora! ¿óysme? Cata, que si la
-esperanza de verte me faltase, tampoco la vida se podria sostener;
-¿no me respondes, ó déxasme por atreguado como pieza de axedrez?
-
-_Olig._ Asotra puerta, al diablo le responderá, está la otra
-durmiendo á su placer y oirálo. En buena fe, señor, mejor sería irnos
-á dormir que no guardalle su torre.
-
-_Lis._ Esperemos hasta las dos, y si no sale, vámonos, que aquella
-burladora de Celestina me ha engañado. Desviaos, no esteis conmigo,
-no os sienta si saliere, y así se torne.
-
-_Get._ Po, po, y como hiedes, Siro.
-
-_Sir._ Pardios, para te decir la verdad, que pensé que alguno te
-engarrafaba cuando te heciste á mí y me empuxaste, y con este miedo
-caguéme.
-
-_Get._ Yo te doy mi fe que no me quedó gota de sangre en el cuerpo
-cuando me enovillé y me apreté contigo, que no sé cómo me volví los
-ojos despavoridamente y representóseme por hombre aquella piedra
-frontera.
-
-_Eub._ Señor, las dos da, vamos que ya no saldrá.
-
-_Lis._ Ay, ay de mí, que, como mi ánima, fasta aquí puesta en temor
-y suspensa en esperanza, atentamente esperaba el buen ó mal suceso,
-así agora que no tiene en qué estribar, queda atónita, sin sentido y
-pasmada.
-
-_Olig._ Supla tu cordura lo que falta de razon, para no dar lugar á
-tu pasion.
-
-_Lis._ Ni Job con paciencia, ni con fortaleza Posidonio, su dolor
-disfrazaron, cuanto más yo, flaco hombre de cordura, me podré ensayar
-para no sentir lo que me sobra de razon para quexarme.
-
-_Eub._ Señor, pues no puedes lo que quieres, quieras lo que puedes,
-esto es, que des obra á que Cupido no aviente con sus alas más
-desórden en tu voluntad, la cual si virtud y sabiduría no la enfrena,
-ella por sí desbocada y sin freno es.
-
-_Lis._ Fácilmente todos, cuando sanos, damos buenos consejos á los
-enfermos, si tú adolecieses de mi mal, otra cosa dirias y sentirias.
-
-_Olig._ Señor, tarde es, vámonos á dormir que ya no saldrá.
-
-_Lis._ No lo haré fasta ir á hablar á la vieja.
-
-_Olig._ Pues tira por esta acera, aquí vive.
-
-_Lis._ Llama.
-
-_Olig._ Tha, tha, tha, ¿quien está acá? Celestina, Celestina, asotra
-puerta, que aquésta no se abre. La fuerza del primer sueño vence su
-sentido que no nos oya.
-
-_Lis._ Golpea con esta piedra.
-
-_Olig._ Trap, trap.
-
-_Cel._ Libia, mochacha, despierta y párate á la ventana, verás quién
-es, que hunden la puerta á golpes, y di que aguarde á quien fuere
-mientra me visto, que si á mano viene alguna debe estar con dolores
-de parto, pues á tales horas vienen.
-
-_Lib._ Voy. ¿Quién está ahí?
-
-_Lis._ ¡Ah, señora!
-
-_Olig._ Paso, señor, que no es Celestina; señora Libia, decid á
-Celestina que está aquí Lisandro, mi señor, que la quiere hablar.
-
-_Lib._ Sí diré. Tia, aquel caballero de Roselia te busca.
-
-_Cel._ ¿Él mesmo ó algun su criado?
-
-_Lib._ Él en persona.
-
-_Cel._ Duelos tenemos, pues á tal hora viene, daca ese ropon,
-echarémelo encima.
-
-_Lib._ Toma.
-
-_Cel._ Y ¡Jesus! señor, ¿á tales horas por acá?
-
-_Lis._ Bien lo has hecho, madre, buena cuenta has dado de mi negocio.
-
-_Cel._ ¿Qué es, mi señor?
-
-_Lis._ No vino.
-
-_Cel._ ¿Qué, no salió Roselia á hablarte?
-
-_Lis._ No, por ende mira si me traes en tres pasos burlado, que temo
-que nada le dixiste.
-
-_Cel._ ¿Decir? mal me haga Dios y no vea esta cruz á la hora de mi
-muerte si no se lo dixe, y áun de tal repicapunto, y con tal astucia
-y viveza, que mi tia, que Dios haya, no supiera mejor decillo; desas
-soy, en buena fe, mal me conoces, no hay tal mujer en el reino de mi
-oficio como yo, mal pecado; no son éstos los primeros amores en que
-he entendido.
-
-_Lis._ Pues ¿qué piensas haber sido la causa de faltar mi serafin su
-fe y palabra?
-
-_Cel._ Impedimentos que no faltan, cuanto más que el temor vergonzoso
-la habrá retraido de lo que, por ventura, ella libre de aquel natural
-empacho y velo de vergüenza, más que tú desearia. Pero déxamela,
-que yo la ablandaré más que cera, y áun la derretiré con mi plática
-que destile en lágrimas de tu amor; que mi lengua allana todas esas
-asperezas y rigores, que una martillada y otra hace mella y empresion
-en el hierro, y lo pone de la figura que quiere; una contínua
-gotera horada la piedra, las hormigas con el mucho uso gastan los
-pedernales y hacen camino pasajero, la frecuentacion de los actos
-causan hábito, el mucho exercicio desenvuelve los miembros. Así
-mis compuestas, multiplicadas y importunas palabras desbastan los
-corazones rudos al amor, y los duros enternecen, y los tiernos del
-calor de Cupido derriten, y en ellos imprimen su sello, virtud y
-eficacia. Tú, señor, nota de mañanica una carta en que le declares
-tu pasion y te quexes de su fe quebrantada y lo que más supieres, y
-envíamela, dársela he; que todas estas machinas son menester para
-combatir y abatir el su fuerte propósito á lo que queremos; y á
-buenas noches, que me toma dolor de cabeza si me desvelo con esta mi
-negra axaqueca.
-
-_Lis._ A tí me encomiendo, señora.
-
-_Olig._ Adios, madre, y salúdame á mis ojos.
-
-_Cel._ Andad con Dios, mis hijos, que sí haré.
-
-_Lis._ No llames recio, no nos sientan los vecinos. ¿No salen esos
-tacaños á abrir? Bellacos, ¿así esperais á vuestro amo que os da de
-comer? ¿Qué es de aquel rapaz, Filirinillo? Puto rapaz, ¿dormís?
-espera que yo te despertaré, con una vuelta de cabello.
-
-_Fil._ Señor, yo despertaré.
-
-_Lis._ Despierta, despertad, pues vuestro amo vela. Enciéndeme luégo
-una vela y súbela á mi escritorio.
-
-_Olig._ Señor, reposa eso poco que falta de la noche, que tiempo hay
-para todo.
-
-_Lis._ No te fatigan mis cuidados ni te quitan el sueño como á mí,
-anda, véte á acostar y cierra esa puerta.
-
-_Fil._ Yo, yo, ju, juro á Sant Juan, yo, yo lo diga á mi padre que
-me peela, y, y me abofete, ea, y, y que me asiente co, con otro amo
-mejor.
-
-_Eub._ Calla, hermanito, no llores, que quien bien te quiere te hará
-llorar. Si buenos principios llevares de pequeño, cuando grande los
-hallarás, que las buenas costumbres y buena crianza de la niñez
-mucho aprovechan para despues tener firmeza y constancia en la
-virtud, que de becerrillo verás que buey harás. Si desde chico te
-vezas á ser virtuoso, siempre adelante amarás lo bueno, y en ello te
-deleitarás, porque la virtud frecuentada por muchos actos conviértese
-en naturaleza, y la natura inclina á obrar con deletacion y suavidad,
-al contrario, si te enfrascas en el vicio, y una vez te metes en él,
-tras él te irás como barco suelto en pos de la randa, ó como nao que
-va en popa, ó como caballo desbocado, no habrá quien te refrene ni
-aparte de sus halagos, ni nadie bastará á sacarte de su muladar, que
-ya sabes que mudar costumbre es par de muerte, y quien malas mañas
-há tarde ó nunca las perderá; sino míralo en lo que dice Plutarcho
-en el tratado cómo se han de criar los hijos, donde, entre otras
-cosas dignas de recordable memoria, cuenta que Licurgo, rey de los
-lacedemonios, queriendo mostrar á los ciudadanos cuanto hace para las
-costumbres la crianza en que se crian los hombres, tomó dos perros,
-hijos de un padre y una madre, criados en diversos exercicios, el
-uno en la cocina enseñado á golosinas y á lamer ollas y platos, y el
-otro en el campo hecho á trabajos y á cazar, y juntado el pueblo en
-la plaza, díxoles: mucho pueden, varones Lacedemonios, la crianza y
-los enseñamientos y exercicios en los hombres, como luégo lo veréis
-por las obras en estos dos perros, hijos de un padre y de una madre;
-y esto dicho, soltó los perros, y el uno se fué á una olla que
-pusieron allí, y el otro tira tras una liebre que soltaron. Esto te
-he dicho, Filirin, porque parece mal los mochachos ser rezongones
-y desobedientes, y tambien porque juras y juegas, y áun sirves de
-mandilete, que es peor, que yo lo sé. Y mata ese cabo de candela y
-durmamos, que es tarde.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA DEL TERCERO ACTO.
-
- Yendo Oligides á dar la carta á Celestina, encuentra con
- Brumandilon, que va muy denodado á matar á Celestina porque
- no le dió parte de la medalla. Conciértanse entrambos de
- robar á Celestina y huir temiendo el mal fin que de los
- amores de Lisandro se espera, porque Beliseno anda muy
- sobre el aviso. Llegados á casa de Celestina, asegúranla
- con palabras lo mejor que pueden, vase Celestina á llevar
- la carta, quedan Oligides y Brumandilon en casa con las dos
- sobrinas.
-
-LISANDRO. — OLIGIDES. — BRUMANDILON. — CELESTINA. — DRIONEA. — LIBIA.
-— CAPELLAN.
-
-
-_Lis._ Mozos, levantaos y llevad esta carta á Celestina.
-
-_Olig._ Nunca por mucho madrugar amanece más ayna; ¿no ves, señor,
-que no es de dia?
-
-_Lis._ A tus ojos vencidos de sueño. Vístete en un aire, y toma esta
-letra y dásela, que la dé lo más presto que pudiere á mi señora, y
-dile de mi parte que le suplico, pues mi vida pende de su lengua, que
-sepa con ella darme remedio, ó sino que abrevie mi pena. Corre en un
-vuelo, no le ocupen otros negocios.
-
-_Olig._ Ya voy, que me olvidaba la gorra y me iba tocado con la
-escofia. O yo no veo ó aquél es Brumandilon. ¿Ah, Brumandilon, dónde
-bueno con tanta priesa? ¿Es alguna muerte de hombres?
-
-_Brum._ Los vivos lo verán y los que nacieren oirán la hazaña que voy
-agora á hacer.
-
-_Olig._ Aosadas que es sobre la medalla.
-
-_Brum._ No es sobre otra cosa.
-
-_Olig._ Pues allá voy yo á darle esta carta que dé á Roselia.
-
-_Brum._ Anda allá y serás testigo de su muerte.
-
-_Olig._ Mas hagamos otra cosa, si te parece.
-
-_Brum._ Di.
-
-_Olig._ Bien sabes que esta vieja es cobdiciosa y avarienta.
-
-_Brum._ Sí sé.
-
-_Olig._ Y que primero le sacarás la vida que la medalla.
-
-_Brum._ Mucho bien.
-
-_Olig._ Luégo, ¿qué mejor hecho romano quieres hacer que robarla una
-noche? y si tú partes comigo, yo daré industria para ello, que si la
-matas perderás la medalla y por ventura la vida.
-
-_Brum._ De eso no se hable, que solo Dios es bastante á quitármela,
-otro no; pero de esotro estoy en ello, y me parece bien, y de mi
-consejo hágase luégo, no se dilate.
-
-_Olig._ Hágote saber que bien mirado cumple que lo hagamos, porque
-estos amores de Lisandro son peligrosos, y creo que por bien que
-libremos todos, así sus criados, como los que dieron causa á ello,
-no escaparémos ó de degollados ó muertos de los parientes de ella,
-que son de los principales de la ciudad, ó desterrados perpétuamente
-con alguna mutilacion de miembros, y pues hemos de huir, bien es que
-llevemos las bolsas aforradas á costa de aquella que ha seido causa
-de tantos males en esta vida.
-
-_Brum._ Bien dice éste, que yo en propósito me lo tenía sin eso y con
-eso, irme de aquí, que por Sancta María, mal ojo me echa Beliseno
-cada vez que me topa; quiero vivir á mi contento y quitarme de
-revueltas, que más quiero vaca en paz que pollos con agraz.
-
-_Olig._ ¿No te determinas?
-
-_Brum._ Nada me mueves por esa via, ¿no te he dicho que no temo
-á hombre nacido ni al diablo que sea? Soy exento en ese caso;
-públicamente, si se me antoja, sacaré á Roselia por medio de su casa
-y la entregaré en las manos de Lisandro, y que nadie me lo pida. Si
-se ha de hacer es porque de este hurto se nos seguirá mucho provecho
-y interes, que vivir y no medrar es gran pesar. Yo te digo que si
-topamos con el cofre do tiene muchas piezas y joyas de oro que ha
-ganado por este su oficio, que saldrémos de mal año y mudarémos el
-pelo, que quien no se aventura no há ventura.
-
-_Olig._ Estése, pues, la cosa así y disimúlese, verémos si le da más
-Lisandro, y tú no dejes de mirar los rincones de casa, no tenga por
-dicha escondido algun dinero que no sepamos.
-
-_Brum._ Déxame el cargo, y agora vamos, pidiréle dos reales para
-comer, que seis que me dió estotra que tengo en la putería acabo de
-perder á los dados de un mal azar.
-
-_Olig._ En ninguna manera le mientes la medalla, porque descuide,
-ántes te aven con ella amorosamente.
-
-_Brum._ Bien; aunque no es de mi condicion, ni me pagué jamas de
-esos dobleces mostrar amistad do no la hay. Que no ménos virtud me
-parece el hombre ser siempre claro enemigo, que en el debido tiempo
-al amigo ofrecido mostrar su verdadera amistad. Pero tornando á otro
-propósito, señor mio Oligides, bien ves dónde estamos.
-
-_Olig._ Sí.
-
-_Brum._ Por el bravo y venenoso Cancerbero, que debajo de este arco
-de los Milagros rebané á dos las cabezas á cercen diez años há, como
-quien rebana dos cohombros, que el diablo los puso junctos y los hizo
-iguales.
-
-_Olig._ Tanto há y más que estoy en este pueblo y nunca tal oí.
-
-_Brum._ Escucha que miento, que no fué sino en Córdoba en otra
-encrucijada como ésta, pero aquí no fué sino las piernas. La
-diversidad y gran variedad de las hazañas que por mí han pasado por
-diversos reinos y ciudades, me privan de memoria, á que no me acuerde
-de los casos particulares que tengo hechos por todo el mundo.
-
-_Olig._ Démonos priesa, que la puerta de casa de Celestina veo abrir,
-entremos de rondon y tomémosla en la cama. Sube.
-
-_Brum._ Mas sube tu.
-
-_Olig._ No haré por mi fe, ea, no quieras con tu larga crianza
-hacerme á mí falto de comedimiento. Sube tú, pues sabes la casa.
-
-_Brum._ Subo, pues do conviene obedecer no há lugar la cortesía.
-
-_Cel._ Ce, ce, ce, Drionea, esconde el capellan presto, presto, que
-viene Oligides.
-
-_Drion._ Ay mezquina, que no hay dónde.
-
-_Cel._ Mételo en esa arca del pan.
-
-_Brum._ ¡Ah vieja desdentada! aquí te tengo, no te me irás sin que me
-pagues lo que me debes.
-
-_Cel._ ¿Y qué te debo, centeno?
-
-_Brum._ Tres veces que me sacaron á la vergüenza y una á azotar por
-tu causa.
-
-_Cel._ Y á mí ¿no me hicieron obispo de escala entónces?
-
-_Brum._ ¿No subes, Oligides?
-
-_Olig._ Ya, que vacio las aguas; buenos dias, señora Celestina.
-
-_Cel._ Vengas en buen hora, hijo.
-
-_Brum._ Dime, vieja, ¿no tiemblas en verme para no me hacer enojo
-alguno?
-
-_Cel._ Pardios, no.
-
-_Brum._ Pues no tengo yo gesto de eso, que, por vida de tal, cuando
-me lo miro en el espejo, así horrible, feroz y temeroso como es, cien
-leguas de mí huir querria.
-
-_Cel._ Arre allá, asno.
-
-_Brum._ Por la sancta letanía, si no fuese por no dejar mis zapatos
-en tu barriga, más coces te diese que letras tiene la Biblia, porque
-no dés tan mala respuesta y tan mal galardon á quien defiende tu casa
-de ladrones, y tu persona de los que mal te quieren, y tu honra y
-fama de malas lenguas.
-
-_Cel._ Andate ahí con tus zaherimientos. Sola una vez que oxeó á
-voces unos popilos que me daban matraca, me lo zahiere á cada paso y
-me da con ello en los ojos.
-
-_Brum._ Pese á tal, ¿despues de tener los brazos cansados de dar
-golpes en tu servicio, y los broqueles y espadas hechas piezas, me
-dices eso? Todos te besan la ropa y lo que huellas, y te hacen el buz
-sólo por mi respecto, porque saben que no son más sus vidas de lo que
-te enojaren, y no lo sabes conocer.
-
-_Cel._ ¿A mí quieres engañar con esas mentiras? ¿A mí, que soy
-Celestina y por otro nombre Elicia, sobrina de aquella que por su
-mucha fama y sabiduría es puesta en refran de todos? ¿A mí, á quien
-la experiencia de las cosas ha hecho artera, piensas echar dado falso
-ó treta encubierta? mal pensado lo has.
-
-_Brum._ Si tú sabes mucho, tambien sé yo mi salmo, y si tú eres
-Celestina, á mí llaman Brumandilon, que brumando los hombres tomé
-nombre del hecho, y soy nombrado en las partes orientales, tambien
-soy tuerto y tundidor, y más de Córdoba, y nací en el Potro y pasé
-por Xeréz, y tuve la pascua en Carmona, y ninguno me la hizo que no
-me la pagase con las setenas; por ende tú guarte y dame dos reales
-que te pido para comer.
-
-_Cel._ No sé si los tengo.
-
-_Olig._ Dáselos, por tu vida, Celestina, y sed amigos.
-
-_Cel._ Dos reales y cuatro daréselos yo, pero de medalla no me hable
-nadie, que no será ésta, si yo puedo, la cadenilla de mi tia. Toma
-cuatro en lugar de dos.
-
-_Olig._ Agora me contentas, Celestina, que te llegas á razon, y sea
-ésta, pelea de por Sant Juan paz para todo el año.
-
-_Cel._ ¡Ay! pluguiese á Dios que nuestras rencillas pasadas fuesen
-como calenturas de Mayo, que son salud para todo el año.
-
-_Brum._ Ce, Oligides, con esto piensa hacerme pago. Pues callémonos
-todos, que aquella arca que está á los piés de la cama es, si no me
-engaño, donde está metido el cofre que te dixe.
-
-_Olig._ Bien está.
-
-_Cel._ ¿Qué te decia al oido? pensais algunas malicias.
-
-_Olig._ A la fe, que estás muy seca en las carnes de vieja, y que no
-vivirás mucho tiempo por curso natural.
-
-_Cel._ Así como estoy espero yo con vuestras calavernas echar agua
-bendicta sobre las sepulturas de mis finados. ¿No sabeis, bobos, que
-tan presto va el cordero como el carnero, y muchos rocines viejos
-vemos cargados de pellejos de corderos? Pues miráme bien, que más de
-tres ciegos me querrian ver.
-
-_Olig._ Dexado eso aparte, Celestina, aquí trayo la carta que
-mandaste, y te ruega mi amo que te dés priesa á su remedio, porque
-Cupido fasta las plumas mete su flecha dorada en su corazon, y
-cruelmente le lastima y maltrata.
-
-_Cel._ Harta diligencia pongo yo en ello, pero ¿qué quieres que haga?
-no es ninguno obligado hacer más de lo que sabe y puede.
-
-_Brum._ Paso, paso, no se pase renglon que yo no entienda; dime
-esto, que por el gran Brutervo de Ancona, si alguno ha enojado ó
-maltratado, como dices, á Lisandro, mi señor, sea él quien fuere, que
-me la ha de pagar; ¿y sabíaslo tú, Oligides, y no me lo decias? pues
-dime quién es.
-
-_Olig._ El dios Cupido.
-
-_Brum._ Dios es, luego en el cielo estará; ¡oh pese á tal! porque no
-hay en la tierra otro Dédalo que fabricára á los hombres alas para
-volar como hizo á su hijo Icaro, que no creo en ese dios Cupido, si
-aunque allá arriba estuviera, si no me la pagára y bien pagado,
-porque sepa con quién se toma.
-
-_Olig._ Que hace de blasonar el diablo. Finge no saber lo que los
-niños han olvidado.
-
-_Brum._ ¿Qué dices?
-
-_Olig._ Digo que entre nosotros mora.
-
-_Brum._ ¿Entre nosotros y callábaslo? dímelo luégo dónde está; no
-dubdes de lo decir, que aunque esté allá léxos _in finibus terræ_, do
-Hércules situó sus columnas, ay, ay, voto á tal, le iré á buscar.
-
-_Cel._ Y calla, por Dios, no le hagas mal, que es un niño ciego,
-hermoso, doliente, desnudo y guarnido de saetas.
-
-_Brum._ Séase quien se fuere, mozo ó niño, ó viejo ó diablo, decidme
-luégo dó está. ¡Oh bellaco! ¿abad y ballestero? ¿Es dios y frechero?
-
-_Olig._ Es amor heroico.
-
-_Brum._ ¿Herrero? eso me declara que no se escapará aunque sea el
-dios Ulcano con todos los ciclopas sus herreros.
-
-_Olig._ ¿Sabes tanta poesía y no sabes quién es Cupido?
-
-_Brum._ A unos escholares oí estos nombres, pero nunca oí mentar á
-Cupido.
-
-_Cel._ Es una sabrosa fuerza de la voluntad, un fuerte pensamiento en
-la cosa amada con esperanza de alcanzalla.
-
-_Brum._ De manera que Cupido pasion es; ¡oh dichoso! que si hombre
-fuera, ó traxera semejanza ó figura de persona, no se me escapára que
-no muriera á mis manos.
-
-_Olig._ Madre, véte ya, que yo aquí me quedo, hablaré dos palabras,
-que me cumplen, con Drionea.
-
-_Cel._ ¡Ay, bellaco, quién no te entendiese! pero holgaos que vuestro
-tiempo es, por ahí pasamos y hecimos lo que pudimos su madre de ésa y
-yo cuando éramos de su edad. Libia, báxame acá esas cuentas.
-
-_Olig._ ¿Para qué las quieres?
-
-_Cel._ ¿Para qué? para rezar y encomendarme á Dios y oir mi misa, si
-á Dios pluguiere, que jamas la perdí. Cerrad esas puertas por dentro.
-
-_Olig._ Aguárdame ahí, Brumandilon, que luégo baxo.
-
-_Brum._ Aquí me quedo con estotra, y despacha presto, sendas manos
-bastan. Vén acá tú, Libia, está queda, xo, xo.
-
-_Lib._ Pardios, no haré, contino has de ser bellaco; quítate allá,
-que hueles á viejo.
-
-_Olig._ A buen tiempo vengo, señora Drionea, á lo ménos no me
-estorbará ahora el verdugado.
-
-_Drion._ Miraldo, ni ménos á mí me pesará la bolsa con los dineros
-que te pedí.
-
-_Olig._ Toma cuatro reales, que yo te daré más.
-
-_Drion._ Paso, no hundamos la cama como estotro dia.
-
-_Olig._ ¿Tienes vino? dame á beber, esforzaré, que la vista de los
-ojos se me turba y la boca tengo seca.
-
-_Drion._ Mira si está la camarilla de mi tia abierta, en la su
-cabecera hallarás la bota colgada.
-
-_Capellan._ Señora, despídelo presto, que me ahogo.
-
-_Drion._ Ay, por Dios, no te bullas, que es el mi amigo y me matará
-si te siente.
-
-_Olig._ Cerrado está.
-
-_Drion._ A punto vienes. ¡Ah hi de puta! ¿piensas que no te entendí
-que ibas á enristrar por no dar encuentro feo?
-
-_Olig._ Hice bien, porque quien trae baxa la lanza topa en la tela.
-
-_Brum._ Hola, á los de arriba; paso, cuerpo de Dios, que hundis el
-sobrado y nos echais acá tierra.
-
-_Cap._ Que me ahogo, que me ahogo, Sancta María, confesion.
-
-_Olig._ Jesus, ¿qué es esto?
-
-_Brum._ ¿Qué ruido es aquél? No paro más aquí, abre, abre, huiré, no
-me maten.
-
-_Drion._ Levántate ayna, abriré el arca, no se ahogue este
-clérigo, confesor de mi tia, que lo metimos aquí por escondelle
-de Brumandilon, que se las ha jurado porque no quiso la cuaresma
-absolverle ni darle la Eucaristía.
-
-_Olig._ A otro perro con ese hueso, y no á mí, que las entiendo; más
-mal hay en Orihuela que suena.
-
-_Drion._ Por tu vida y mia, que no te miento, y lo puedes creer como
-estamos aquí, que no es lo que piensas.
-
-_Olig._ Yo sé lo que he de creer, conozco á mi hija Marigüela.
-
-_Drion._ Pues no lo digas á nadie y diréte la verdad, la cual puedes
-muy bien saber de mi hermana.
-
-_Olig._ Mas preguntaldo á Muñoz, que miente más que vos.
-
-_Drion._ Éste es el capellan que nos provee de la merced de Dios,
-porque le damos cabida con mi hermana Libia.
-
-_Olig._ Fama es que tú eres amiga de ese clérigo.
-
-_Drion._ ¡Yo! líbreme Dios, por el siglo de mi madre, que miente
-quien lo dice; no me revolviera con clérigos por cuantos haberes hay
-en el mundo todo.
-
-_Olig._ Bien me parece pregonar vino y vender vinagre.
-
-_Cap._ ¡Ay, ay!
-
-_Olig._ Ya torna sobre sí, échale una poca de agua y volverá.
-
-_Drion._ Pues véte, Oligides, que habrá empacho si te ve; y por los
-ojos que tienes en la cara, no lo digas á ánima viva, pues sabes que
-ninguna cosa en secreto recibida ha de ser comunicada.
-
-_Olig._ Anda ya, que hombre secreto soy; plega á Dios que no sea lo
-que yo sospecho.
-
-_Drion._ No me digas eso, que me corro.
-
-_Olig._ Ora, sús, quédate con Dios.
-
-_Drion._ Y él vaya contigo.
-
-_Olig._ Brumandilon.
-
-_Lib._ Fuése huyendo pensando que era otra cosa.
-
-_Olig._ Vaya con el dimonio el puto baladron. Señora Libia, con un
-beso me despido de vos.
-
-_Lib._ Eso barato lo vendo.
-
-_Olig._ Quiero agora irme á dar otro verde con mi Carmisa, que no hay
-que fiar en putas.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA DEL TERCERO ACTO.
-
- Lleva la carta Celestina, y por el camino va sacando
- por conjeturas qué sea la causa por que Roselia faltó á
- su palabra. Témese mucho no la haya sentido su hermano
- Beliseno, y aunque desde la ventana le hace de señas
- Melisa, no se le cuece el pan hasta que Marivañes envia su
- niño. Y Melisa la mete en la cámara de su señora. Con sus
- artes, Celestina hace que Roselia muy claro manifieste su
- ardiente deseo; y concierta con Celestina que por la huerta
- la hable Lisandro.
-
-CELESTINA. — ROSELIA. — MELISA. — NIÑO. — MARIVAÑES. — EUBULO.
-
-
-_Cel._ No puedo imaginar ni acabo de pensar qué ha sido la causa
-por que Roselia faltó su palabra y no salió á la hora y tiempo
-concertado. ¿Si se arrepintió? no; que esto tiene el amor, que
-cuando prende hace el corazon constante y no mudable, y aunque
-el virtuoso pensamiento baste á expeler sus fuerzas causando
-limpieza, pero pocas veces acaece que en su lucha y pelea se alcance
-victoria, porque abatido en tierra cobra nuevas fuerzas, como
-cuentan que Anteo cobraba luchando con Hércules, y cuanto mas nos
-esforzamos á apartallo de la memoria, tanto más ella se refresca
-con sus lastimosas pasiones, las cuales ofrece al pensamiento, y el
-pensamiento al corazon, allí llegadas, lo prenden con tan fuertes
-lazos que desasirse no pueda sin mucho pesar y congoxa. ¿Si lo hace
-de medrosa, por miedo de no ser sentida? tampoco, que la voluntad
-enamorada todo lo pospone por cumplir su apetito, es osada al
-acometer, y quiere lo que no puede, y lo que puede executa; y que
-Roselia ame, evidentes indicios tengo de ello, si es así que por
-las exteriores obras y señales del cuerpo venimos en conocimiento
-de las afecciones del alma. Cuanto más que mis buenas artes, mis
-subtiles engaños y mi artificiosa arenga tienen tal virtud, que á las
-muy fuertes hacen dar combos, y á las flacas y tiernas de un vaiven
-derruecan. Aunque, al fin, la que buena quiere ser no se lo quita mi
-tañer. La principal culpa se reduce al consentimiento de la que me
-da oidos, y me quiere escuchar no viendo la manifiesta ponzoña que
-trayo en el vaso dorado de mis palabras, que harto es de ciego quien
-no ve por tela de cedazo. Pero mal pecado, ellas adrede por disimular
-sus pasiones, y áun por dar lugar á sus deseos, huelgan de hacerse
-ciegas y que no entienden lo que les decis, haciendo de las enojadas,
-y por ventura no se ha apuntado la cosa cuando mejor la calan y
-penetran que vos que se lo apuntais por rodeos; y lo que es peor,
-que se bañan en agua rosada en que yo ó alguna de mi cofradía las
-vaya á hablar en cosa que ellas mismas echarian rogadores y terceros
-si lícito les fuese ó si no les retrajese la vergüenza y empacho
-natural. Y siendo así, hacen más alharacas, como si les fuésemos á
-vender moneda falsa, y fingen no sé qué hipocresías de, guárdenos
-Dios, ¿á mí con tales mensajes? ¿y habia de hacer tal vileza? ¿vienes
-á dañar mi honra, condenar mi honestidad? tal por cual, véte de mi
-casa, no te vean más mis ojos si no quieres que te haga matar. Todas
-son puterías, pardios, que otro les queda en el buche, porque si así
-fuese como lo parlan, de la primera palabra que les hablásemos en
-aquel caso, nos habian de echar con todos los diablos; pero juraré
-que no entra mejor pascua por sus casas que nosotras. Pues ¿qué será
-la causa? ¿impedimentos? No, que no los tiene. ¿Si fué sentida? No
-sé; si así es, nuestro gozo en el pozo, que á ella pondrán en guarda,
-y á Lisandro espías, y á mí acortarán los pasos. Muy en dubda estoy
-de lo que será, y cúmpleme saberlo, porque si esto es, valiérame más
-quedarme en casa con las piernas cortadas que ir á su casa. Quiérome
-andar por aquí, sabré lo que es ó lo que no, si viere oportunidad
-para entrar entraré, si no, tornaréme á mi casa, y perdóneme
-Lisandro, que ya hice toda mi posibilidad por él, y todo mi deber y
-saber; la obligacion no se extiende más de al poder. Por mi ánima,
-que me hace del ojo de acullá de la ventana, Melisa, su doncella;
-otra vez me da con la mano, luégo, luégo. En buena fe, aunque más
-me llames con la cabeza; no sea ésta echadiza y se arme algun ruido
-hechizo para me tomar en la gorrionera, no se diga por mí que mucho
-sabe la raposa, pero más el que la toma; primero sabré de mi comadre
-la vecina si ha habido cosa nueva despues acá, ó mudanza alguna en
-casa de Eugenia.
-
-_Ros._ ¿No viene?
-
-_Mel._ En casa de Marivañes entró.
-
-_Ros._ Envíala á llamar con esa mochacha, que no lo sienta mi señora,
-y te aviso que no la vea entrar.
-
-_Mel._ Aquí viene el niño de Marivañes, veamos qué quiere, y si es
-enviado á eso.
-
-_Ros._ Dile que éntre acá. ¿Vióle mi señora?
-
-_Mel._ No, que está devanando un poco de seda. Entrad, mis ojos, ¿á
-quién buscais?
-
-_Niño._ A senola mosa.
-
-_Ros._ ¿Qué quereis, mi alma?
-
-_Niñ._ Senola, mi made dise que está alí la mujel de la ropa banca,
-que tae lo que le mandaste.
-
-_Ros._ Corre, decilde, mi vida, que venga.
-
-_Niñ._ Beso las manos de vuesta mesed.
-
-_Ros._ Dios te haga bueno, mis entrañas.
-
-_Niñ._ Que vayas.
-
-_Cel._ Luégo, mi amor. ¿Así que me dices eso por muy cierto, hija
-Marivañes? de otra manera me lo habian contado. Pues voy y quédate
-adios.
-
-_Mar._ Dios haga tus cosas y las aderece como deseas.
-
-_Mel._ Tia, alza las haldas, que hacen ruido, y entra muy quedito
-aquí en esta recámara.
-
-_Cel._ Ay, señora de mi bien, ¿y mala estás?
-
-_Ros._ No es nada, madre, sino unos desmayos de corazon que me
-tomaron despues acá.
-
-_Cel._ Bien está, mal de corazon es, tú te lo dirás.
-
-_Ros._ ¿Qué dices?
-
-_Cel._ Que me pesa en buena fe, bien y verdaderamente echada en
-ese estado enferma de ese mal, que es peligroso si no se aplica con
-tiempo el remedio, que el corazon es principio de la vida.
-
-_Ros._ Vieja honrada, como pasabas por nuestra puerta hícete llamar
-para darte descuento de lo que pasa, y que no me tengas por mujer
-liviana que no cumplo mi palabra; yo no quise salir á hablar ese tu
-caballero, porque quien nos viera juzgára lo que no es, y no la mi
-buena intencion, y como las mujeres seamos más obligadas á nuestra
-fama que á nuestra vida, no me estuvo bien condenarme á mí de culpa
-por librarle á él de pena.
-
-_Cel._ Ay, mi ángel y mi Pascua de flores, como te lo dices; no
-parecen tus palabras sino perlas que se caen de esa tu boca de oro.
-
-_Ros._ Yo lo haria, por cierto, si mi honra estuviese salva de malos
-juicios, pero como sea más deshonesto el oir á las mujeres que el
-requestar á los hombres, no pudiera remediar su mal sin amancillar mi
-honestidad; y si la mujer la honra pierde, nunca la cobra, bien lo
-ves tú.
-
-_Cel._ Aquello de requestar me contenta; bien sabe que serian
-requiebros y no devociones lo que habian de platicar.
-
-_Ros._ Habla alto que te pueda oir, y no muy recio, no te sienta mi
-señora madre.
-
-_Cel._ Digo, que siendo bien de noche, como á las doce ó á la una,
-nadie lo barruntaría, ¿quién lo ha de ver ó oir, todos durmiendo?
-
-_Ros._ Anda, que las paredes han oidos; no hay cosa, por más secreta
-que sea, que tarde que temprano no se venga á descobrir.
-
-_Cel._ Señora..... Mas creo que sera bueno hablalle á las claras, y
-dexar estos servicios de Dios, que en buen són la tengo.
-
-_Ros._ ¿No dices lo que comenzado habias?
-
-_Cel._ El temor de tu enojo acobarda mi lengua y le pone silencio,
-que no osé decir lo que diria con tu licencia.
-
-_Ros._ Di lo que quisieres.
-
-_Cel._ Ya sabes, señora, que Lisandro pena por tí, y que su dolor y
-tormento es tan grande, que le quita todo otro sentimiento, porque
-ningun mal le puede venir que iguale con el que tú le das, ni placer
-que le absuelva dél; pues sábete agora que está en disposicion de
-perder la vida por tus amores despues que faltaste la palabra, y si
-la fe que en tí tiene no le sostuviese, muy presto se anegaria en
-el golfo de sus pasiones que por tí padece, las cuales cierran las
-puertas á su consuelo y ábrenlas á su sepultura, que espera, si no le
-remedias. Él te suplica que reciba de tí galardon de su trabajo en tu
-piedad, y no muerte en tu crueldad, y que de esta manera remediarás
-su vida satisfaciendo á su deseo.
-
-_Ros._ Si el castigo que merece tu osadía en venirme con tan torpe
-demanda no perdonára mi mansedumbre, en lugar de sufrirte tomára de
-tu vida venganza.
-
-_Cel._ Señora, estemos á razon y no lleves las cosas por rigor.
-
-_Ros._ Eso quiero yo, mala vieja, porque veas que cuanto á mí me
-sobra de razon para condenarte, tanto á tí te falta para defenderte,
-y cuanto yo soy sufrida, tanto más tú sobresalida en desvergüenza de
-tu descarada peticion. Dime, ¿parécete á tí bien hecho que por dar
-fin á su torpe deseo, dé entrada y principio á toda mi perdicion, de
-suerte que mi gloria en trabajos, mis dulces placeres en tristezas,
-mis cantos en lloros, mis fiestas en lutos se vuelvan? ¿Quieres tú
-que con mi ignominia alcance él victoria, y en mi vituperio soberbia?
-¿Quieres que dé triste vejez á mi madre, y que ponga mácula en mi
-linaje? ¿Qué dirán las gentes de mi maleficio? ¿Quieres que haga
-cosa donde se me siga infamia en la honra, peligro en la persona,
-perdimiento en el mayor bien que natura me dió, y aborrecimiento de
-los que bien me quieren? Finalmente, ¿quieres que viva deshonrada
-para toda mi vida? Respóndeme á esto.
-
-_Cel._ De otro temple está esta gaita, luego si le satisface mi
-respuesta hecho está todo, pues ya no se pone en disputa el servicio
-de Dios, sino el del dimonio. A pocos empuxones pienso desquiciar las
-puertas movedizas de su propósito.
-
-_Ros._ ¿No tienes aquí qué decir?
-
-_Cel._ Por verdad, mi señora, que si la mucha razon no fuese de
-mi parte y la poca contra tí, no bastaria la compasion que tengo
-de aquel que por mucho amar mucho sufre, á aconsejarte que no le
-dieses la muerte por negarle socorro; y porque lo veas claro, dime
-qué vituperios ó qué infamia hallas seguirse por complacer al más
-alindado galan y gentil mancebo que criatura vió, ni natura engendró,
-ni Dios por agora otro crió; como que no fuese cosa comun que cada
-dia acaece, y á cada paso lo vemos, y entre manos lo traemos, y los
-libros de ello están llenos, que doncellas de alta guisa y de real
-nacimiento, hijas de grandes señores, no sólo amaron sus amigos y
-servidores, mas muchas de ellas los siguieron hasta sus tierras,
-donde fueron recebidas con mucha solemnidad, acatamiento y cerimonia.
-Helena con Páris se vino á Troya, Medea con Jason á Grecia despues
-que conquistó con su favor el vellocino dorado, Hesione siguió á
-Thelamon, la dama Bryseis con Achíles se fué, Fílis amó á Demofon,
-Fedra á Hipólito, Hermione á Oréstes, Deyanira á Hércules, Ariadna
-á Theseo, Scilla á Minos, Safo á Faon, la malandante Dido por Enéas
-se perdió, si no nos mienten los poetas, y la desdichada Tisbe de
-la fiera leona fué despedazada esperando el su querido Pyramo, la
-desventurada Ero, de que vió el desastrado fin de su muy amado
-Leandro, de la torre muy alta en la profundidad del mar se echó, y
-otras muchas que, por no gastar almacen, las dexo de contar. Todas
-éstas por amar y bien querer á sus enamorados hicieron memoria de sus
-nombres, fama de su fermosura y exemplo de su hecho. Allá á Pasifae,
-á la matrona Cibéles, á Lanace y á la hermosa Sigismunda, hija del
-rey Tancredo, sea vituperio y deshonra, que la una con el toro, la
-segunda con el mochacho Atys, la otra con su hermano Macharco, la
-cuarta con Guiscardo, hombre de baxa suerte y servidor de su padre,
-tovieron que hacer fea y torpemente; allá á las que con sus negros y
-esclavos y con sus mozos de espuelas trataron de abominables amores,
-les venga la infamia que merecen. A éstas y á otras tales es de
-dar en rostro su error, pero no á las que lo hacen con personas de
-alto merecimiento, como es nuestro Lisandro que ¿sabes quién es?
-un Narciso, un Absalon, un Ganimédes, un Lypariso en hermosura, un
-rey en linaje, un Alejandro en franqueza, un Sanson, un Hércules en
-fuerzas, un Hector, un Achíles, un Ajaz en armas, un Orfeo en música,
-un ángel, una dama en condiciones; de tales amantes ser amada, de
-tales servidores ser servida, gloria es, á mi ver, y descanso, que
-no vituperio ó trabajo. Si él no fuera quien es, hobiera causa para
-temer el juicio de las gentes y el mal tratamiento de tus deudos,
-pero siendo quien es Lisandro, ántes te lo tendrán á bien, que tan
-hermoso hombre no pertenecia sino para tan hermosa mujer, que, por
-mi salud, estotro dia, cuando le llevé la buena nueva, le oí estas
-palabras estando consigo solo disputando: ¿Y qué tiene que ver con mi
-señora Roselia la linda Helena, ni la bella Polixena, ni la hermosa
-Filomena, ni la gentil Lucrecia, ni la fresca Dina, ni la agraciada
-Thamar, ni la extremada Pandora? Pardios, no las estimaba en una
-paja en tu comparacion. A esotro que dices de tu peligro, agora está
-por ver el poder y favor grande que tiene Lisandro en la ciudad, para
-te hacer segura de todo el mundo si fuere menester, cuanto más que yo
-daré manera para que lo hagais secretamente y que nadie lo sepa.
-
-_Ros._ Bien que todo eso sea, pero ¿quieres que pierda mi virginidad,
-y la corona de ella, y que ofenda á Dios?
-
-_Cel._ Ya va, ya va; perdónete Dios, que por escalones te he traido á
-lo que quiero; ya no está tan zahareña ni esquiva como ántes.
-
-_Ros._ ¿Cómo dices?
-
-_Cel._ Digo, señora, que de diez partes de sanctos apénas hallarás
-las dos que fuesen vírgines; pocos escapan de la antigua carcoma
-que nos dexaron nuestros primeros padres. Esta comezon de la carne
-es red barredera que pesca hombres y mujeres de cualquier estado y
-condicion. ¿Y esa corona, ó laureola de las vírgenes qué piensas
-que es sino un gozo accidental, el cual recuperarás con otras obras
-meritorias? A lo que dices que ofenderás á Dios, y no sabes que una
-fué la que no erró, cuanto más que yerros por amores dignos son de
-perdonar, y quien no cae no se levanta. Sé que los delitos corporales
-ménos graves y de menor culpa son que los pecados espirituales.
-
-_Ros._ ¡Ay lastimada de mí! que del primer dia que me habló ese
-caballero siento un fuego escondido en este mi corazon que me lo
-abrasa, cubierto con las cenizas de mi vergüenza; su nombre y
-memoria es la paleta que las desvia y descubre el rescaldo de mi
-encendimiento, mayor que el de Troya. ¡Oh desproveida doncella de
-todo consejo! ¿qué encendido calor es éste? ¿qué súbito ardor? ¿qué
-llama tan soberbia es ésta que en mi pecho á deshora concebí luégo
-que le vi, que ni me aprovecha mi lucha y contienda, ni basta razon á
-vencer su furor? No sé qué Dios, ó qué diablo es éste que me fuerza
-la voluntad, dubdosa estoy qué sea, ¿si es el amor? éste debe ser,
-que sólo hace parecer duros los castigos de mi madre y los consejos
-de mi hermano, y son ásperos mirándolo bien. Mas, ¿qué digo? ea, ea,
-Roselia, desecha ese fuego de tí; si pudiere dirás, que si pudiese,
-desdichada, sano me sería, pero una blanda fuerza me trae do quiere,
-una cosa la razon, otra Cupido, me aconseja. Veo lo mejor, apruebo
-lo bueno y sigo lo peor. Muera, muera el que mi deshonra quiere,
-mas ¿qué me da á mí que muera? ¿soyle yo la causa? Dios es el que
-tiene poder de dar vida ó muerte. ¿Qué dixe, desatinada loca? Dios
-le dé vida y mucha, que bien me es lícito sin le amar desealle vida;
-¿qué hizo el pecador por donde mereciese la muerte que espera si no
-le socorro? ¿á quién, si no fuere muy cruel, no moverá la florida
-edad de Lisandro, su linaje y virtud? ¿quién que lo vea no se
-aficionará de su gentileza? A mí, cierto, puesto que otras cosas le
-faltasen, su hermosura me enamora. Si soy causa de su mal y muerte,
-y pudiendo no le remedio, ¿quién no me tendrá por hija de tigre y
-por más dura que piedra, y de corazon de peña? Mas rabiosamente le
-vea yo acabar á manos de mi hermano, que si le ase, él castigará su
-atrevida locura. Y ¡Jesus! ¿qué dixe? Dios lo vuelva en mejor, y á
-él guarde por muchos años, aunque estas plegarias y oraciones habian
-de cesar y poner por obra lo que para luégo es tarde. ¿Y qué, he de
-hacer traicion á mi madre, y placer á quien otro dia me dexe, y no
-haya cuenta de mí despues que le agrade y contente otra? y si esto
-entiende hacer, muera el desagradecido; pero no tiene cara de eso,
-ni es de esa casta, ni son ésas sus condiciones para que me engañe
-ó se olvide de mí, que quien bien ama como él, tarde olvida. Ay, ay,
-ay, vencida soy, cautiva soy, presa soy de su amor. Y pues tú, sábia
-Celestina, sotilmente, con los fuelles de tu saber animaste el mi
-fuego mortecino, y despertaste las adormecidas llamas, por Dios vivo
-te conjuro y por la fe que debes guardar en todo secreto, te ruego me
-seas fiel secretaria en todo lo que pasáre entre Lisandro y mí.
-
-_Cel._ Ay, señora, no me digas eso, que me enojo; no me conoces,
-como creo en Dios, otra tal mujer más secreta que yo no la hay en
-el mundo, con quién las has; ántes me sacarian la lengua por el
-colodrillo que yo tal hablase. Soy muda para esas cosas.
-
-_Ros._ Con esa confianza, madre mia, te descubro mi corazon, que es
-más de ese señor que mio, y pues la estrechura de tiempo no consiente
-más prolixidad en nuestro razonamiento, y tambien que las cosas más
-se aclaran con las presencias, puedes le decir que luégo esta noche,
-pasadas las doce, me venga á hablar, no por esta torre, que es lugar
-peligroso, así por estar cerca del aposento de mi madre, como por ser
-paseado y rondado por fuera de Beliseno, mi hermano, pero sea por del
-jardin, que es lugar desviado del palacio, de ahí dentro me puede
-ver y hablar, que yo saldré sin falta á los corredores que salen
-sobre el huerto.
-
-_Mel._ Señora, váyase Celestina, y luégo, que se levanta mi señora, y
-puede ser que éntre acá.
-
-_Ros._ ¡Ay! véte por Dios, madre, no te vea.
-
-_Cel._ Toma esta carta de Lisandro, que me olvidaba, y adios.
-
-_Eugenia._ ¿Con quién hablabas, hija?
-
-_Ros._ A Melisa decia, señora, que me traxese la canastilla de la
-labor, que ya me siento mejor.
-
-_Eug._ Loores á Dios, que ya me temia no entrase por esta casa esta
-sorda pestilencia de este año de cuarenta, y hiciese en tí, que Dios
-nos libre, estrena.
-
-_Ros._ No era nada, señora, sino estos mis desmayos de corazon.
-
-_Eug._ Pues siéntate y labra esos cabezones de tu hermano, y no te
-asomes á la ventana, que las vueltas y pasos de Lisandro por aquí, y
-las momerías que hace, mi hijo las vengará.
-
-_Ros._ No me mientes á ese loco, que no le puedo oir.
-
-_Eug._ Bien haya á quien te pareces, que así era tu tia, la monja,
-cuando estaba en el siglo y la servian caballeros locos como éste.
-Vén acá, Melisa, henchirás las almohadas limpias y vacía esotras, que
-están muy sucias; mas quédate con mi hija, que las mozas lo harán.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA DEL TERCERO ACTO.
-
- Lee Roselia la carta de su deseado Lisandro, y por consejo
- de Melisa, su secretaria, aunque con dificultad, encubre el
- fuego de amor con que toda destila en lágrimas.
-
-ROSELIA. — MELISA.
-
-
-_Ros._ Melisa, echa esa antepuerta, leerémos la carta. ¡Oh carta,
-carta! si empos de tí viniese tu auctor, pero no me vendrá á mí esa
-alegría, que tan falta soy de ventura cuan sobrada de desdicha.
-
-_Mel._ De eso no dubdes.
-
-_Ros._ ¿Qué sabes si se ha enojado de la burla que le hice y no
-quiera más venir?
-
-_Mel._ Salieras tú, ¿quién te lo estorbaba?
-
-_Ros._ ¿Quién? mi hermano, que mala muerte haya, plega á Dios, así me
-detuvo fasta bien tarde en pláticas, que ni sé en qué se anda ni en
-qué no.
-
-_Mel._ ¿Vino despues que te dexé acostada?
-
-_Ros._ ¿Agora lo sabes? y áun me hizo fieros que me mataria si ni en
-poco ni en mucho sentia cosa de mí.
-
-_Mel._ Cúmplete avisar no te sienta, que al fin mira por la honra.
-
-_Ros._ No puedo más, hermana, que Cupido ha mostrado en mí todo su
-poder, y todas las enerboladas frechas en un momento asestó contra
-mí, y los ardientes casquillos de sus saetas son cauterio de mi
-corazon, el cual, derretido, destila lágrimas por los ojos y sospiros
-por la boca, y él queda lleno de congoxa. Mas, ¡oh carta mia y de mi
-señor enviada! ¿Es posible que tus esmaltes asentaron aquellas manos
-de alabastro del mi serafin en hermosura? Quiero te abrir y leer,
-haréme cuenta que le oyo, y con sus palabras consolaré mi ánima, pues
-á los atribulados consuelo pone hallar á sus males alguna compañía.
-
-
-¶ CARTA DE LISANDRO Á ROSELIA.
-
-Si supiera así quexarme como sé sentir la pena que me das, ántes
-falleceria papel para escrebir y tiempo para decir que quexas
-para que oyeses, pero hállome tan falto de discrecion para te las
-declarar cuan sobrado de desventura; corazon tengo para sufrir
-pasiones, lengua me falta para te las decir, porque la mucha pena
-dél no consiente otra cosa, ni da lugar sino que siempre me quexe
-sin poder dar razon de mi dolor. Esto solo te sabria decir, que no
-ménos alegre me haria la muerte que me hace triste tu disfavor,
-porque si soy dichoso en servirte y desdichado en mis servicios,
-tú cumplida de hermosura y abundosa de crueldad; así que lo uno
-me hace venturoso en ser tu cautivo, y lo otro malaventurado en
-que no me aceptes por tal, que cuanto más con mi deseo mi vida á
-tí ofrezco, tanto más con la esperanza me huyes. Herísteme con tu
-vista y prívasme de ella por quitarme todo remedio. Si me faltaste
-tu palabra porque á mi merecer fallece, no te culpo, que ya lo veo
-que tan sobrada eres de merecimiento cuan falto mi conocimiento para
-lo estimar y mi poco valor para recibir tu gracia. Pero todavía se
-te condena, porque quebraste sus lazos fuertes; virtud te obliga á
-que no seas matadora, piedad te convida á que hayas compasion en mi
-cuita, y á mi pena me excusa que me hace osado de lo que tu grandeza
-me decia que temiese. Pluguiese á Dios que esta que he dicho te la
-supiese tambien decir como tú causarme la muerte, que ni yo quedaria
-sin remedio, ni tú sin satisfaccion de las mercedes, porque con el
-agradecer y no olvidar pensaria de te pagar, ya que con otra cosa no
-pudiese. Agora te sirvo con todo lo que puedo, con el entendimiento
-en consentir la prision de mi libertad, que tú la enseñorees con la
-razon en ordenarlo así como tú lo mandas, con la voluntad en querer
-siempre quererte, con la memoria en nunca olvidar la que se aposentó
-en mi pensamiento; y cuanto yo más con todas mis fuerzas sacrifico
-á tí mi tormento, tanto más con crueldad me galardonas, de manera
-que siendo liberal en ofrecerte mi vida y todo lo que la sostiene,
-eres tú avarienta en el rescate de ella. No sé qué te mueve hacer
-tan poco caso del que mucho te ama; no es por cierto de personas
-generosas galardonar con menosprecio y olvido, ántes las pagas hacen
-mayores que los trabajos merecen. No te maravilles que sea importuno
-en pedirte mercedes, pues tú no cesas de atormentar mi corazon, que
-nunca vi toro tan agarrochado que más no esté él con tus crudas
-saetas. Solo esto te suplico, con lo cual ceso, que volviendo los
-ojos de tu misericordia á las prisiones que en tu fe sostengo, así
-mis pasiones con obra remedies, como por mis palabras conoces y
-entiendes mi necesidad.
-
-_Ros._ En buena fe, sí haré, mi señor. ¡Oh pertinaces orejas mias,
-que sufristes oir palabras de tanto dolor y sentimiento! ¡Oh crueles
-ojos, que atinastes á leer tan apasionada letra sin mucha copia
-de lágrimas! ¡Oh empedernido corazon, que calor de tanto fuego no
-bastó á enternecer tu dureza en pesar de su pena, y en congoxa de
-su fatiga, para que mis ojos, como fuentes, manáran agua con que
-regasen estas abrasadas pinturas, y mi boca pregonase con sospiros la
-angustia que me aumentaba cada renglon, cada palabra y cada letra!
-
-_Mel._ Señora, encubre tu pasion y disfrázala con alegría lo mejor
-que pudieres, no la entienda tu madre por lo que te ve hacer, que si
-anoche no os hablastes, esta placiendo á Dios gozarás de tu querido,
-que no se puede decir sin tiempo aquello que en todo tiempo viene
-bien y se puede hacer. Sosiega tu corazon y ten reposo en el cuerpo,
-que, pardios, si miran en ello, fácilmente conozcan todos de qué pié
-coxeas.
-
-_Ros._ Do amor se aposenta ningun reposo consiente, y do fuerza viene
-derecho se pierde.
-
-_Mel._ Señora, límpiate los ojos y toma la labor, que á Beliseno
-sentí hablar, no suba acá.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL TERCERO ACTO.
-
- Va Brumandilon á casa de Celestina muy más ancho que
- largo, porque Lisandro le ha recebido por criado. Acompaña
- á Celestina, que va á llevar la sabrosa y alegre nueva
- á Lisandro. En el camino topan á Oligides. Cuéntales un
- chiste muy donoso que le acaeció en casa de su Carmisa.
- Da la deseada nueva Celestina á Lisandro. Concierta que
- á las doce de la noche escale por la huerta. Dale diez
- doblas Lisandro y confírmale la merced del casamiento de su
- sobrinas.
-
-BRUMANDILON. — CELESTINA. — OLIGIDES. — LISANDRO.
-
-
-_Brum._ No sé; voto á tal, cómo mi nombre no es mentado por toda
-Castilla, pues mi fama vuela hasta las Italias. Claro está,
-Celestina, que si Lisandro no viera en mí demasiada fortaleza y una
-furiosa braveza, mis valentísimas fuerzas y valerosas hazañas, que no
-me recibiera por principal hacedor en el trance de sus peligros.
-
-_Cel._ Pues qué, ¿estás con él?
-
-_Brum._ Despues que me fuí de aquí voyme á su casa, y como habia
-sabido no sé qué muertes que he hecho por ese mundo adelante muy
-esforzadamente, rogóme que le sirviese para acompañarle de noche
-cuando saliere fuera; y agora envíame á saber de tí que si has ya
-hablado á esa Roselia.
-
-_Cel._ Anda allá, vamos, que ya está todo negociado, diréselo.
-
-_Brum._ Vamos.
-
-_Cel._ ¿Así que me dices que te recibió?
-
-_Brum._ Y áun rogado, que fué más. Creo que tú piensas que se hace
-hecho bueno en la ciudad sin mí, ó revuelta ó ruido que no sea yo
-llamado para ello. Soy como el buen oficial, que nunca le falta que
-hacer, tantos son ya los rebatos en que me he visto, que no ménos
-que el buen capitan tengo en mi cámara los blasones de mis hechos
-dignos de perpétua y recordable memoria, con otras insignias de mis
-victorias; donde verás pintados más miembros de hombres acuchillados
-por mis manos que dias hay en el año, piernas, brazos, piés, manos,
-muslos, quixadas, huesos, costillas, pedazos de hombres, cascos,
-cabezas, ancas, espaldas enteras, lomos, tripas hilvanadas, sesos,
-corazones sacados, pechos atravesados, orejas cercenadas, astillas
-arrancadas, y así otros que dexo de contar; y muchas veces oyo
-patadas de aquellos por mí muertos, pero por eso no me quitan el
-sueño esas pocas noches que allá duermo.
-
-_Cel._ Así medres como tú has muerto alguno.
-
-_Brum._ ¿Qué dices?
-
-_Cel._ Digo que dexes ya esa mala vida, que Dios consiente y no para
-siempre; perro que lobos mata, lobos le matan.
-
-_Brum._ ¿No sabes que los malos no han menester más de ocasion para
-mal hacer? Con media palabra de descortesía me sube la cólera, y mato
-tantos, que tienen bien que entender en abrir sepulturas la gente del
-cordelejo.
-
-_Cel._ Sancto Dios, vuelve, vuelve la cabeza, verás á Oligides
-sangriento.
-
-_Brum._ ¿Qué es esto? ¿qué es esto, Oligides? Dímelo luégo quién te
-hirió, que no será más su vida de lo que tú tardarás en decírmelo.
-
-_Cel._ No le dés pena, que no te reponderá. ¡Ay Sancta María, que
-Beliseno le habrá muerto!
-
-_Brum._ Cuerpo de tal, ase dél, llevémosle en brazos á curar, pues no
-me dice quién son; traba de ese brazo.
-
-_Olig._ Hi, hi, hi, estad quedos, que no es nada.
-
-_Cel._ Doite á Satanas, que así me turbaste.
-
-_Brum._ No lo creo, ase dél, ¿no ves la sangre que se le va?
-
-_Olig._ Si me quisieses tú dar á entender lo que á un truhan sus
-amigos, segun cuenta Poggio, persuadieron que estaba muerto, el cual
-fué llevado á enterrar, aunque en las andas no dejó de responder á
-los que daban gracias á Dios por su muerte, que juraba á Dios que si
-vivo estuviera, como iba muerto, que ellos se la pagáran.
-
-_Brum._ Destápate y creerte hemos. ¿Qué diablo es eso que traes al
-cuello atado?
-
-_Olig._ Oidme, contaréos un chiste que pasé con Carmisa, la amiga del
-bachiller, de que mucho reiréis, y no lo sepa Drionea, Celestina.
-
-_Cel._ Di qué, no hayas miedo.
-
-_Olig._ Salido de tu casa, como no hallase á Brumandilon.....
-
-_Brum._ Fuí llamado á gran priesa para ser padrino en cierto desafío.
-
-_Olig._ Fuíme derecho á Carmisa, y estando ella y yo en muchos
-placeres y regocijos, héos aquí llama á la puerta el bachiller su
-amigo; yo en esto estaba sin sayo, baxas las calzas, y quiso más
-nuestra desventura que al tiempo que él llegó daba yo una gran
-carcajada de risa, contando de allá del tu capellan metido en el
-arca; de suerte que sintió hombre en casa, y mientra más nos oia
-reir y las voces que teniamos, él más priesa se daba á llamar.
-Entónces Carmisa, cortada de la muerte, no supo qué se hacer más de
-esconderme en baxo de una cesta de colar, que como soy de esta marca
-cagada, cupe en ella. El bachiller, como no le abrieron tan presto
-como queria, vase y trae consigo sus popilos armados para derrocar la
-puerta y matar á Carmisa y á mí. En este medio la vieja, su madre,
-como más sábia y astuta, sospechó á lo que iria, y mata de presto
-un pato, y hinche con la sangre el gaznate, y rebózamelo por este
-cuello; y da una tijerada en la morcilla y brota la sangre, y párame
-cual veis. En esto llega el bachiller á quebrar las puertas, la vieja
-comienza á dar gritos de arriba. Escóndete, señor, escóndete, que
-viene la justicia; torna luégo á replicar: ¡ay! que no es, está quedo
-y curarémoste. Corre, baxa tú, Carmisa, abre al señor bachiller, que
-bien puede entrar él solo. Y todo esto decia la buena madre á voz
-alta que la oyese el otro. Viene Carmisa y abre disimulando otra
-turbacion de la que tenía con estas palabras: ¡ay! mi señor, que
-tenemos acá un herido, el cual dexa por muerto á un lacayo del Conde,
-y pensamos que eras tú la justicia que venía tras él, y por eso nos
-tardamos en abrir mientra le escondiamos. El bachiller, puesta la
-punta de la espada en sus pechos, díxole que mentia, que aquellas
-risadas no eran de hombre herido. Carmisa responde: ¡desdichada
-yo! sube, verlo has, que como se le iba la sangre por la garganta
-donde le hirieron, por quexarse, de dolor graznaba como pato, y
-tú pensarias que se reia. Entónces el bachiller sube á ver si era
-verdad, y como me vió lleno de sangre, creyólo, y díceme, ¿hermano,
-quieres algo? Yo, tapado siempre porque no me conociese, grazno
-como que no podia hablar, y hacia señas con los ojos al cielo. El
-bachiller no me entendiendo pregunta lo que diria yo. Ella dice: que
-llames al zurujano, para que con este achaque él fuese, hecho necio,
-á llamarlo, y yo tuviese lugar de me ir sin saber él quién yo era; y
-así me vine corriendo cual me veis.
-
-_Brum._ ¿Y qué dirá despues que traiga al zurujano y no te halle?
-
-_Olig._ Quien hace un cesto hace ciento; como supieron urdir esta
-mentira, tramarán otras cuarenta, dándole á entender de cielo cebolla.
-
-_Cel._ Fácil cosa es engañar al que ama, el cual no ménos ligero es
-para creer lo que no lleva piés ni cabeza, que ciego para no ver lo
-más claro que la luz, y aguijemos.
-
-_Brum._ Dentro estamos.
-
-_Olig._ ¿Traes buenas nuevas, Celestina?
-
-_Cel._ Rebuenas, ya hecho es.
-
-_Olig._ Pues suba Brumandilon á decir que estás aquí, que yo voyme á
-lavar y limpiar de esta sanguaza, y mudaré otros vestidos.
-
-_Brum._ Subo, que morador soy ya de casa.
-
-_Olig._ ¿Cómo así?
-
-_Brum._ Despues te lo contaré; albricias, albricias, señor.
-
-_Lis._ ¿Qué es, amigo Brumandilon, que todo es tuyo?
-
-_Brum._ Pues Roselia es toda tuya.
-
-_Lis._ No te creo. ¿Qué es de Celestina?
-
-_Brum._ Héla aquí entra.
-
-_Lis._ ¡Oh canas honradas! ¡Oh venerable senetud! abrázame ¿Qué es
-esto que oyo, madre Celestina? ¿es verdad? ¿confírmaslo tú?
-
-_Cel._ Así lo digo, que por mi industria y buenas mañas de esta
-pecadora y pobre Celestina, Roselia queda por tuya, y te ama más que
-á sí mesma, y queda encendida en el fuego de tu querer, y desea más
-verte que vivir.
-
-_Lis._ ¡Oh Dios! si verdad es no me trocaria por un bienaventurado
-del cielo.
-
-_Cel._ Así tuviese yo ciertas cien doblas como ello es verdad.
-
-_Lis._ Toma estas diez piezas de oro por agora, que despues que la
-alcance te daré lo que te prometí para en casamiento de esas dos tus
-sobrinas.
-
-_Cel._ Mientra la vida me duráre jamas olvidaré las mercedes que me
-haces, y aunque mi ventura y tiempo se mude, nunca mi voluntad para
-servirte.
-
-_Lis._ Pues, ¿qué me cuentas de mi señora, madre mia?
-
-_Cel._ ¿Qué? que en la fragua de tu amor se acendra su corazon, donde
-se apura más que oro en crisol sin mezcla de otro pensamiento sino
-en tí, ni otra cosa en él se aposenta sino tu memoria; y cuanto tu
-ausencia le lastima, tanto tu presencia la hará alegre.
-
-_Lis._ ¿Y qué? ¿de cierto me saldrá á hablar esta noche?
-
-_Cel._ Sin falta, y por tanto, entre doce y una irás, no por las
-ventanas de la torre, sino por el jardin; y lleva tus escalas para
-entrar dentro, que ella saldrá á los miradores que caen al huerto, y
-no seas negligente ó vergonzoso para subirte do ella está, y aunque
-te parezca empachada y que la sientes esquiva, no por esos dexes de
-hacer lo que debes, que ella se holgará que seas tú desenvuelto.
-
-_Lis._ Es tan alta la merced que mi señora me hace, que juzgándome
-indigno de tan crecido beneficio, dubdo si es posible lo que me
-dices, que los oidos no acostumbrados á recibir tan divinas palabras,
-rechazan por alto lo que nunca pensaron oir, seyendo de ello
-incrédulos.
-
-_Cel._ Condicion es de los firmes enamorados, lo más dudoso y
-contrario creer más ayna, y lo que más desean, tener por ménos
-cierto. Esto es lo que dixo mi tia, que Dios perdone, que nunca el
-corazon lastimado de deseo toma la buena nueva por cierta ni la mala
-por dubdosa. Señor, lo que dije digo otra vez, y por no alargar los
-testigos, esta noche experimentarás por las obras más de lo que agora
-oyes.
-
-_Lis._ Pues, ¿por qué no salió ayer?
-
-_Cel._ Lo que yo adevino es, ó que Beliseno la estorbó, que ni sé en
-qué ni en qué no se anduvo, segun me apuntó Melisa, ó no osó salir de
-empacho. Pero agora que ajeno señorío manda su voluntad, no será en
-su mano dexar de salir.
-
-_Lis._ Mas si vió á su hermano, que fasta cuasi las doce se detuvo
-por allí con sus criados, y por eso dexó de salir.
-
-_Cel._ Eso sería.
-
-_Brum._ ¡Oh pese á tal! porque ahí no me hallé, que no creo en la
-puta que me parió, si no le cortára las piernas y con ellas le diera
-de palos.
-
-_Cel._ Señor, pues todo queda hecho, loores á Dios, yo me voy y
-mándame, que yo y aquella casilla pobre estamos á tu servicio; y ten
-por encomendadas aquellas mis dos sobrinitas.
-
-_Lis._ ¡Oh verdadera salud mia! ¿y vaste? pues suplícote que en
-todas tus necesidades acudas acá, que de mí y de todo cuanto tengo
-te puedes servir como cosa propria; desotro pierde cuidado, que muy
-presto habrás recabdo.
-
-_Cel._ En buena fe, mi señor, no con ménos voluntad de servirte que
-de salvar mi ánima, haré lo que me mandáres, y quédate á Dios.
-
-_Lis._ Mozos, acompañad á la señora hasta su casa. Oligides, Oligides.
-
-_Olig._ Señor.
-
-_Lis._ Aderecen luégo lo que he de cenar, que me quiero acostar
-temprano; y tú tendrás cuidado de despertarme á las diez.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL CUARTO ACTO.
-
- Recordado Lisandro de un sueño profundo y suave en que
- se soñaba con su señora, comienza despierto á devanear,
- contando por via de pregunta en lo que se habia visto entre
- sueños. Va Lisandro con su gente. Velo Beliseno y quiérele
- acometer, impídenle sus criados dándole á entender que era
- la justicia. Métense para vello en una rinconada. Acaece
- que Lisandro con los suyos se va tambien ahí á recoger por
- no ser visto de Beliseno, y dice lo que ahí pasó. Sube
- Lisandro por la escala al jardin, y vese con Roselia,
- su señora. Beliseno, que acechaba lo que pasaba con su
- hermana, vase muy enojado con propósito de matarlos á todos
- la noche siguiente. Baxa Lisandro muy alegre y vase para su
- casa.
-
-OLIGIDES. — LISANDRO. — EUBULO. — BRUMANDILON. — BELISENO. —
-GALFURRIO. — CASAJES. — DROMO. — REBOLLO. — MELISA. — ROSELIA.
-
-
-_Olig._ Señor, recuerda, que las diez son dadas.
-
-_Lis._ He, he; señora, he.
-
-_Olig._ Oligides soy que te llamo. Jurare que se sueña con la otra.
-
-_Lis._ Qué, he; sí.
-
-_Olig._ ¡Ah señor! despierta, que es hora.
-
-_Lis._ Aha, ay, ay. ¿Sueño es? ¿dormia? ¿Qué, no estaba yo agora con
-Roselia? ¿No la tenía entre mis brazos apretada? ¿No hubieron ya
-execucion mis deseos? ¿No subiste tú conmigo, Oligides, por el huerto?
-
-_Olig._ No, que yo me acuerde.
-
-_Lis._ ¿No? ¿No me pusistes las escalas de arriba para descendir
-al jardin do mi señora baxó? ¿No la besé ahí con mil retozos entre
-unos floridos jazmines y unas hermosas clavellinas? Los lirios, las
-alegrías, los tréboles y alegres alhelíses, las frescas azucenas, las
-olorosas albahacas, los toronjiles y artemisas, las rosas y violetas,
-¿no fueron testigos de aquel azucarado rato? ¿No nos paseamos despues
-asidas las manos junto á una fontecica con una dulcísima plática? ¿Y
-cabe unos camuesos no nos despedimos con dos reverencias y sendos
-besos, cuando los paxaritos mensajeros de la alborada comenzaban á
-cantar con un suavísimo ruido, cuando la mañanica con sus arreboles
-lo sombrío de los cipreses ilustraba y esclarecia y las hierbecicas
-de rocío bordaba, cuando la aurora con sus rubios cabellos en su
-bijugo carro sentada, vuelta daba á nuestro hemisferio, cuando los
-lucidos planetas con sus doradas cernejas dieron lugar al dia y la
-negra noche, rompida el alba, sus prietas haces cubrió, y se fué
-ceñida con una cinta tachonada de rutilantes estrellas, cuando Febo
-su inflamada cabeza de una radiante guirnalda coronar queria, y sus
-haces rubicundas mostrar á la tierra, cuando el claro Jubar á las
-cosas daba color, y las obscuras tinieblas de su claridad huian,
-cuando Titan, bañado en las oceánicas ondas, acababa dar de beber á
-sus blancos caballos en el Océano, y las sus refulgentes ruedas del
-su cuadrijugo carro con su resplandor á las cumbres amagaba?
-
-_Olig._ Hecho está un poeta nuestro amo; mas no se te vuelva el sueño
-del perro. Ea, señor, que no pende tu remedio de esas imaginaciones,
-y di qué armas quieres.
-
-_Lis._ Descuelga esas corazas, y armaos todos.
-
-_Brum._ Quítame allá ese embarazo de rodela, que yo con espada y capa
-haré más que cuatro hechos reloxes.
-
-_Olig._ Eubulo, por huir más liviano lo hace.
-
-_Eub._ Ya lo veo, déxale.
-
-_Olig._ Señor, á punto estamos.
-
-_Lis._ Pues vamos.
-
-_Bel._ Hélos dó vienen, apercebíos, poneos en órden.
-
-_Galf._ Muchos son los contrarios, compañeros. Démosle á entender que
-no son ellos.
-
-_Cas._ Déxame á mí hablar. Señor, mira lo que haces, no sea la
-justicia, que no es bien acometer á nadie sin saber de cierto si es
-el enemigo. Escondámonos en esta rinconada, que de aquí los verémos
-pasar, y sabrémos quién son.
-
-_Bel._ Meteos, pues, en esa calleja, yo aquí me quedo en este canton.
-
-_Drom._ ¡Oh! qué bien has dicho, Casajes, y qué á buen tiempo.
-
-_Reb._ No pudo ser mejor dicho; entremos.
-
-_Olig._ Señor, mientra da las doce metámonos en este apartamiento,
-no pase Beliseno y nos vea, aunque no sé qué gente parece que está
-dentro.
-
-_Lis._ Bien dices.
-
-_Galf._ Hermanos, que entran á matarnos, huyamos, huyamos.
-
-_Cas._ ¡Oh poderoso Dios! salgamos, ántes que nos tomen la entrada.
-
-_Reb._ Dexa la adarga, Dromo, que yo todo lo dexé.
-
-_Drom._ Corre, corre, que ya la eché, y la capa tambien.
-
-_Cas._ Galfurrio, vuelve la cabeza á ver si vienen tras nosotros.
-
-_Galf._ ¡Oh sancto Dios! ¿ves el peligro en que vamos y dícesme eso?
-No me digas nada, aguija, aguija, que me parece que nos alcanzan.
-
-_Cas._ Vírgen María, metámonos aquí en esta pocilga, puesto que uno
-veo acullá delante que nos va á cercar.
-
-_Drom._ Espera, Rebollo, entraré yo.
-
-_Reb._ Al diablo el que tal aguardase.
-
-_Brum._ He, he, ay, cansado estoy de correr, en mi seso me estuve
-de tomar armas livianas, si los piés no me valieran, este fuera mi
-dia. Valientes hombres son Galfurrio y Casajes, y los demas que
-luégo que nos vieron entrar en la rinconada dieron tras nosotros,
-desalados venian en mi alcance, en mí solo queria descargar; hi de
-puta, si me cogieran los mancebos, como alanos se encarnizáran en mi
-persona; bien está, que si ellos corrian tras mí, yo volaba. Doite
-gracias, Señor, que me heciste ligero y desenvuelto á tales tiempos,
-hágome cuenta que hoy me nací. Quiero agora ir á buscar á Lisandro, y
-diréle que los iba á atajar. Mas, ¿qué es esto que veo? armas y capas
-son; mirad, por mi vida, si lo habian dexado todo por me alcanzar,
-quién los aguardára. ¿Aquél es Lisandro y sus criados? creo que sí,
-quiérolo mirar bien, no me engañe, y me maten si son los otros; él
-es, bien está, algo te iba en ello, Brumandilon, saberlo.
-
-_Olig._ Cata dó viene Brumandilon, señor, esgrimiendo con la espada
-desnuda, cargado viene, no sé qué se trae debaxo del sobaco.
-
-_Brum._ Oh venturosos hombres, si no tomaran calzas de Villadiego y
-pusieran piés en polvorosa, como me ofrecieron estos despojos, me
-ofrecieran tambien las vidas.
-
-_Lis._ Acá no pensamos, Brumandilon, sino que habias huido tú de
-ellos, y ellos de nosotros.
-
-_Brum._ Sobre eso, señor, me mataria con quien tal dixese de mejor
-gana que me iba á matar con éstos que huyeron, no creo en las
-obscuras y sombrías lagunas do los dioses jurar tremian, si no me
-adelanté, porque no se me fuesen por piés, y todavía, en viéndome
-que volvia á ellos, hurtáronme el cuerpo y desaparecieron, dexándome
-esto que ves porque no impidiese su huida. ¡Qué hombre yo para
-huir! descreo de tal si aunque otros tantos fueran más, á todos no
-desarmára, como hice á éstos. Yo, señor, como me he visto en algunos
-arrebates y refriegas, cierto más que estos mis compañeros, sé mejor
-en qué manera se han de cazar los fugitivos. El aire me dió que
-habian de huir, y por ende les atajé los pasos.
-
-_Lis._ Estémonos aquí fasta que dé la hora.
-
-_Bel._ Mozos, ¿qué es de vosotros? ¿dónde venis?
-
-_Galf._ ¿Dónde venimos, pese á tal? en pos de uno que sentimos ser de
-la cuadrilla.
-
-_Cas._ ¡Oh! estoy por arrancarme las barbas pelo á pelo de ver que se
-nos escapó por piés.
-
-_Drom._ Por los sanctos de Palermo, que por aguijar más ayna y asirle
-no se nos escabullese, dejé allá mi capa y espada con lo demas.
-
-_Reb._ ¡Oh, derreñego de la leche que mamé! que otro tanto hice yo y
-no me aprovechó.
-
-_Bel._ Ce, aquéllos son sin duda, acometámosles.
-
-_Galf._ Por Dios, señor, buenos estamos irnos á meter en las manos
-de los enemigos, estando de ellos fatigados de correr, de ellos sin
-armas.
-
-_Cas._ Señor, mejor seso será acechar de aquí que no nos vean, y
-mirar en qué anda este Lisandro, y qué es lo que pretende en sus
-venidas á tal hora.
-
-_Drom._ Muy bien dicho está, que si tu hermana tiene tambien la
-culpa, agora lo verémos en lo que hace, si le sale á hablar ó no.
-
-_Reb._ Y áun mi parecer es que otra noche vengamos con ballestas y
-que todos mueran, porque no tengan lugar de huir, y así se escape
-alguno como estotro.
-
-_Bel._ ¿No veis que matarlos así es especie de traicion?
-
-_Cas._ Anda, señor, que á un traidor dos alevosos; ¿no es mayor
-traicion la que éste te trata?
-
-_Bel._ Pues estad queditos y mirad bien lo que es.
-
-_Lis._ Hora es; mozos, guardad ese paso. Vén tú conmigo, Oligides,
-arrima esa escala.
-
-_Olig._ Sube, señor, y tente no cayas.
-
-_Lis._ Sígueme; tórnala á poner, baxaré al huerto.
-
-_Olig._ Baxa, señor.
-
-_Mel._ Albricias, señora, tu deseado viene.
-
-_Ros._ ¿Dícesme verdad?
-
-_Mel._ Sal y verlo has.
-
-_Lis._ ¿Es mi señora?
-
-_Ros._ ¿Quién es? Ay, mi señor, no subas acá si no quieres que me
-vaya, que de ahí me podrás hablar.
-
-_Lis._ No huyas, mi bien, si no quieres que me dexe caer destas
-escalas abaxo.
-
-_Ros._ ¡Oh, desdichada yo! no subas.
-
-_Lis._ Perdona mi descortesía. ¡Oh mi señora y mi bien todo! Cuantos
-dias há que deseaba tu presencia, de la cual, por juzgarme indigno,
-nunca pensé gozar. Sabido habrás que en tu seguro puerto está surgida
-la nao de mi deseo; en tí las firmes áncoras de mi esperanza están
-echadas y anegadas despues de muchos vaivenes de desesperacion. ¡Oh,
-cuánto te debo, única lumbre de mi vista! que si tú no hobieras
-seido solícita ronda, diligente escucha, vigilante guarda, despierta
-centinela de los adarves, baluartes y muros de mi ánima, y no
-defendieras la entrada á mi muerte, presto feneciera en tus amores.
-
-_Ros._ Por cierto, mi señor, ésa fué bastante causa, sin otras muchas
-que hay, que á mí me movió para que no consintiese morir criatura tan
-bella como tú eres.
-
-_Lis._ Bien veo, mi señora, que soy indigno y no merecedor de esta
-suavísima conversacion tuya, destos afables y dulzorados coloquios,
-desta sonoridad y dulcedumbre de tus palabras; por ende, es más
-sobrado y incomparablemente aventajado el beneficio y merced que
-me haces en el más breve momento que aquí vuela, que no todos mis
-servicios juntos. Tu encumbrada belleza, tus gracias divinas, tus
-pujantes perfecciones, tus heroicas virtudes me han tenido cautivo
-y me tendrán mientra los espíritus vitales rigieren mis miembros y
-dieren vida á mi cuerpo.
-
-_Ros._ De verdad, señor Lisandro, agora hallo, y por los ojos lo veo,
-mucho más haber en tí de lo que me decian.
-
-_Lis._ Todo lo que soy yo es tuyo, y si algo soy, por tí lo soy,
-que tu hermosura es la que sustenta mi vida, y tu favor de todo el
-mundo me hace vencedor. ¡Oh descanso mio! téngote en mis brazos y no
-lo creo, porque más es mi gloria en verte, que mis trabajos para te
-conocer.
-
-_Ros._ Ea, señor, por mi vida, que estemos quedos, no seas descortés,
-apártate allá, no llegues á mí.
-
-_Lis._ Suplícote, señora, que tu favor dispense en mi osadía, y pues
-Dios tan francamente en tí distribuyó sus gracias, ¿por qué eres
-avarienta en las repartir con aquel que la vida estima en poco perder
-en tu servicio?
-
-_Ros._ ¡Ay, mi señor! estén quedas tus manos, no me deshonres.
-
-_Lis._ ¡Ay de mí sin ventura! que más me valiera acabar luégo mis
-tristes dias que no al fin de la jornada. ¡Oh, cruel señora! que
-delante tus ojos y en tu acatamiento mi muerte ver quieres, que si
-con sola la vista hieres, ¿quién se podrá escapar de tus manos? Mas
-mi poco valor y tu mucho merecimiento debe causar mi desdicha, ya lo
-veo, señora, y así te suplico perdones mis descorteses palabras y mis
-desvergonzadas y atrevidas manos; á tus piés me echo para recebir de
-tí perdon ó que hagas de mí justicia. Toma mi espada.
-
-_Ros._ Levántate, ángel mio y mi señor; tuya soy, y por tuya me
-entrego, y en tus manos me pongo, haz de mí lo que quisieres y
-ordenáres; espera, mi vida, enviaré la doncella. Melisa, corre, véte
-cabe la cámara, y no nos sientan levantadas.
-
-_Mel._ Bien te entiendo, que desviada estoy.
-
-_Ros._ Landre que te mate, que no es lo que piensas. Ay, amor mio,
-así me tratas.
-
-_Lis._ Hasta mi gloria un poco la porfía.
-
-_Ros._ Ten cortesía, mi señor, no descubras aquellas partes que la
-naturaleza no quiso que sin vergüenza se mostrasen.
-
-_Lis._ Deja á mis sentidos por entero gozar de tí en mi
-bienaventuranza, pues todos en mi pasion me tuvieron compañía.
-Consiente que mis manos palpen y toquen tus delicados miembros, tus
-lindas carnes, más blandas y amorosas que seda, permite á mis ojos
-que vean tus piernas más blancas que copos de nieve; pues mi indigna
-boca gustó de tus melifluos besos, y mis orejas se deleitan en oir
-tus azucaradas y dulcísimas palabras.
-
-_Bel._ ¡Oh Dios, y tal bellaquería pasa! y escalaron.
-
-_Galf._ Detente, señor, no vayas, que son muchos y no ganarás honra
-en lo que vas á hacer.
-
-_Cas._ Sí, sí, señor, bien dice Galfurrio.
-
-_Drom._ Pese á tal, y qué yerro se hiciera agora por no mirar.
-Rebollo habló bien, que mueran asaeteados, porque no se escapen.
-
-_Reb._ Así lo digo otra vez, que nos metamos en el huerto donde se
-hace la fiesta, y ahí escondidos que no nos vean ni sientan, los
-aguardemos con nuestras ballestas armadas.
-
-_Bel._ Pues no falte ninguno, y vamos.
-
-_Ros._ ¡Ay, amenguada de mí y deshonrada! ¡Oh dia de mi perdicion!
-¡Oh hora donde perdí nombre y corona de vírgen!
-
-_Lis._ ¡Oh cuitado de mí! señora, ¿así te amorteces? Torna en tí, mi
-vida, cata que me moriré.
-
-_Ros._ ¡Oh mi señor Lisandro, y mi corazon y mi alma! tenme en
-adelante por tu sierva y captiva, y no te olvides de la que todo lo
-aventuró en tu servicio y lo da por bien empleado.
-
-_Lis._ No digas tal, perla preciosa, que es pecado, que el siervo
-yo soy, y tú la señora. Que como algunos hay, dice el filósofo,
-naturalmente siervos, á los cuales se les ensaya mejor el servir que
-no el mandar, así es mi dichosa suerte servirte y tú mandarme, yo
-obedecer y tú regirme.
-
-_Mel._ Señora, ¿hate de amanecer ahí? despacio lo tomas, acaba ya,
-que más hay dias que longanizas.
-
-_Lis._ Media hora no es pasada, y ¿quiéresme llevar á mi Dios?
-
-_Mel._ No se siente la sucesion y curso de tiempo con la embriaguez
-del dulzor.
-
-_Ros._ Pues nos es forzoso partirnos, contentémonos que mañana á la
-mesma hora nos veamos aquí en este jardin, que yo baxaré por tus
-escalas. Y pues sabes, mi señor, que la ausencia es enemiga de amor,
-y quien léxos de ojos léxos de corazon, no tardes en tu venida. Por
-agora el ángel custodio te me guarde y te acompañe.
-
-_Lis._ Y el que te crió tan hermosa quede contigo. Pon esa escala.
-
-_Olig._ Baxa, señor, que puesta está.
-
-_Lis._ ¿Qué os parece, mozos, vengo mudada la color, pues desciendo
-del paraíso?
-
-_Olig._ Descolorido baxas.
-
-_Lis._ ¿No me dais el parabien de los triunfos de mis fatigas
-pasadas? Despléguense ya las encogidas banderas de mi tristeza,
-levántese el pendon de mi alegría, y la devisa y blason de mis armas
-sea esta victoria labrada en campo morado, los extremos bordados en
-torno con este letrero:
-
- Lisandro y su Roselia,
- Dos amantes y uno son
- En alma y en corazon.
-
-¡Oh Piérides musas, si mi gloria á vuestros oidos veniese, cómo la
-cantaríades desde el monte Parnaso y Helicon! ¡Oh si vivos fueran
-el gran poeta Homero y Virgilio, como metrificáran con sus versos
-heroicos el proceso de mis amores! ¡No acaeciera este mi hecho en
-tiempo de Herodoto ó Thucídides, en tiempo de Salustio ó Tito Livio
-para que su estilo elocuente lo empleára en materia tan copiosa!
-
-_Eub._ Bobear.
-
-_Brum._ Por vida de tal señor, que estamos acá hombres, sin ésos, que
-sabrémos emplear nuestras fuerzas en tu servicio, y áun sustentaré
-que soy para más que todos esos hombres de armas que has mentado.
-
-_Lis._ Calla, que son historiadores coronistas.
-
-_Brum._ Eso bien.
-
-_Lis._ Cerrad esas puertas, y satisfagamos de sueño á las noches
-pasadas.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA DEL CUARTO ACTO.
-
- Disputa Eubulo, varon sabio, con su señor, dándole de
- vestir, concluyéndole con muchos exemplos y razones que el
- sumo bien no consiste en el deleite, lo contrario de lo
- cual queria defender su amo.
-
-EUBULO. — LISANDRO.
-
-
-_Eub._ Señor, levántate, que es tarde.
-
-_Lis._ Abre esas ventanas, y dame de vestir.
-
-_Eub._ ¿Qué jubon quieres, señor?
-
-_Lis._ Dame acá ese de raso encarnado, y sácame ese sayo de las
-bordaduras recamadas con pedrería. Agora veo ser verdadera sentencia
-la que el Epicuro y Aristipo profirieron, que el sumo bien consiste
-en el deleite.
-
-_Eub._ ¡Oh herejía reprobada en nuestra fe, y error condenado de la
-seta peripatética y de todos los sabios gentiles, palabra acoceada!
-
-_Lis._ ¿Cómo así?
-
-_Eub._ Porque ni Scévola quemára su mano derecha, ni Bruto matára sus
-hijos, ni Torcato al suyo, ni Marco Régulo á tan graves tormentos
-volviera, ni Curio profazára los tesoros de los Samnitas, ni Fabricio
-las promesas de Pirro, ni el mayor Scipion repudiára las delicias de
-Celtiberia, ni Alejandro las de la mujer y hija de Dario, ni Solon
-ni Licurgo establecieran leyes, ni Fabio ni Marcelo ni Mario ni Sila
-ni el César Augusto, por solo deleite, tan magníficas obras y tan
-virtuosas hicieran.
-
-_Lis._ Di tú lo que quisieres, que si no fuese lo que yo digo, nunca
-Alceo ni Anacreon, insignes poetas y esforzados capitanes, dexáran
-memoria de sus sabrosos amores. Ni Ovidio ni Catulo ni Propercio ni
-Tibulo, tan á su sabor escribieran dello, ni el divino Platon, cuyo
-título, renombre y apellido es príncipe de los filósofos, dios de los
-filósofos, cuya opinion en filosofía siguieron muchos sabios, como
-es Ciceron y Sant Agustin, con estilo lascivo pintára la dulzura de
-este deleite, ni al cabo de su vejez satisficiera á la natura, como
-contra quien en vivir castamente pensaba gravemente haber pecado, y
-haberla enojado con su mucha templanza; ni David su santidad, ni
-Salomon su sabiduría, pospusieran á esta suave gloria. No creo que
-Julio César, vencedor en Francia, en Alemaña, en las Españas, en
-Italia, en Thesalia, en Egipto, en Armenia, en el Ponto, en África,
-en medio de tantas victorias, del amor se dexára vencer si no hallára
-más felicidad en su deleite que en la fama de sus hechos. Ni el
-gran capitan Anníbal se rindiera al poder deste suave deleite, cabe
-Salapia, lugar de Apulia, despues de habidas tantas victorias en
-Ticino, en Trebia, en Tramiseno y en Cannas, si no sintiera lo mesmo
-que yo.
-
-_Eub._ Por cierto, señor, si la bienaventuranza del hombre está
-puesta en el torpe deleite, tambien es necesario que digas, segun
-arguye Boecio, que los brutos animales sean bienandantes, pues se
-deleitan como nosotros, y gozan de los mesmos pasatiempos.
-
-_Lis._ Calla, mal criado, que por buenas palabras me haces bestia.
-
-_Eub._ Yo no digo tal, el profeta lo dirá cuando dice que el hombre,
-como estuviese puesto en la honra y estado, no conoció la merced de
-Dios, y volvióse un jumento insipiente por semejanza, aunque no por
-naturaleza. ¿Quién dubda, señor, que si el apetito enseñorea á la
-razon, el hombre por el mesmo hecho se compara á bestia, y no es más
-que un bruto?
-
-_Lis._ Véte, asno, no me filosofees más. Ensíllenme un caballo, iré á
-oir misa á Nuestra Señora de la Vega.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA DEL CUARTO ACTO.
-
- Levántanse Oligides y Brumandilon, y vanse á casa de
- Celestina, y por el camino, despues de concertar el
- hurto, blasona mucho de las armas Brumandilon. Despues de
- llegados, escuchan un chiste que contaba Celestina haberle
- acaecido con un padre. Entra Brumandilon y pide dineros
- á Celestina, y ella no se los queriendo dar, pone manos
- en ella. La vieja, maltratándole de palabra, acúsalo de
- ingrato. Oligides los pone en paz.
-
-OLIGIDES. — BRUMANDILON. — CELESTINA. — DRIONEA.
-
-
-_Olig._ Brumandilon, vístete, irémos á casa de Celestina.
-
-_Brum._ De la boca me lo quitaste. Anda allá, pediréle seis reales
-que he menester.
-
-_Olig._ ¿Cuándo determinas que se haga aquello que concertamos?
-
-_Brum._ ¿Qué?
-
-_Olig._ Lo del hurto.
-
-_Brum._ ¡Oh, ya! esta noche en dexando á Lisandro acostado.
-
-_Olig._ Sea así, y agora miremos bien por qué parte la podrémos
-mejor saltear, y por dónde entrarémos más seguros que no nos sientan
-los vecinos.
-
-_Brum._ Señor Oligides, ¿oiste una valentía que hicieron dos agora
-tres años á la boca de la rua?
-
-_Olig._ Bien sonada fué, y áun se dijo que tú eras uno dellos. Así te
-lleve el diablo.
-
-_Brum._ Mirad, por mi vida, aunque más secreto se hizo, vino á
-noticia de todos. Pero no me espanto, que tales hechos ¿quién
-osaria acometer si Brumandilon no? Por vida de tal, eso me mueve
-á irme fuera de aquí, porque no hay herido, no hay muerto, no hay
-afrontado en la ciudad, que no digan, hasta los niños, Brumandilon le
-acuchilló, Brumandilon le mató, Brumandilon le afrontó, todos piensan
-que yo lo hago todo; y puesto que en lo más acierten, pero todavía me
-pesa que me tengan por revoltoso. Por otro tanto me salí de Córdoba.
-
-_Olig._ Escucha, que por mí sé que hablan del capellan que te conté.
-
-_Cel._ ¿Y de eso te espantas, sobrina? pues óyeme otro donaire que
-me acaeció siendo de tu edad con el confesor de aquella madre de
-todas nosotras, que buen gozo haya al alma y reposo al cuerpo, que
-pluguiese á Dios que en algo nos pareciésemos á ella. En mi alma,
-cada vez que me acuerdo de ella, no puedo tener las lágrimas de ver
-que despues acá ninguna ha llegado á su zapato. ¡Qué sábia, qué
-diligente, qué astuta, qué artera, qué solícita era en todo lo que
-sabía, qué osada para entrar y salir donde quiera, qué lengua tenía
-para engañar áun á la serpiente maligna que engañó á nuestra madre
-Eva! Que se le daba á ella mucho que la encorozasen, ó la emplumasen,
-ó le diesen quinientos azotes; no lo estimaba todo en el baile del
-rey don Alonso, ántes decia á los que la iban á consolar: mira qué
-mal me han hecho, si me conocian diez, conoceránme agora ciento.
-Siempre vamos, hija, descayendo de las costumbres de los pasados, de
-rocin á ruin.
-
-_Drion._ Pues ¿no dices, tia, lo que pasaste con aquel padre?
-
-_Cel._ Ah, ah, que no me acordaba. Vino á mí una tardecica disfrazado
-con su espada y capa, y su cabellera, á purgar sus pecados y malos
-humores, y como estuviese en mi contemplacion haciendo penitencia de
-sus malas obras y elevado, llama á la puerta Sempronio, mi amigo,
-yo, turbada, no supe qué me hacer más de escondelle debaxo la cama.
-Entra Sempronio, y no me hubo trastornado sobre la cama, cuando
-ella se quiebra y se hunde; el otro, que debaxo estaba, viéndose
-en tanto aprieto, por se descabullir ásesele la negra cabellera á
-una aldabilla, y queda con su corona descubierta, él por se cubrir
-apriesa y no ser conocido de Sempronio, arrebata, sin más mirar, de
-mi vacineja, que tenía al rinconcillo de la cama, llena de meados, y
-embrócasela sobre la cabeza, y párase cual la mala ventura.
-
-_Drion._ Y Jesus, madre, ¿qué excusa toviste que buena fuese con que
-encubrieses á Sempronio lo que hacias con el otro?
-
-_Cel._ Bonita que eres, sí que me habia á mí de faltar; ce, Drionea,
-corre, componte y atavíate, pára ese rostro lucio, que está aquí
-Oligides.
-
-_Olig._ Así creo yo, Brumandilon, que fue estotro.
-
-_Brum._ Mirad qué dubda, entremos. Celestina, daca media docena de
-reales que he menester para un broquel, que este mio ya está hecho
-piezas y sin aros, en tu servicio.
-
-_Cel._ A tu amo que te los dé, que yo no los tengo.
-
-_Brum._ Por las tres furias infernales, si no fuera por no ensuciar
-mis manos en tan ruin cosa, más bofetadas te diera que pelos tienes.
-
-_Cel._ ¿Vos á mí? ¿vos á mí? toma para tus ojos, bellaco, rufian.
-
-_Brum._ ¿No quieres callar, vieja, puta, deslenguada?
-
-_Cel._ A la he ése oye sus defectos quien no calla los ajenos; pues
-como nací para morir, que si voy á ese coro de la iglesia mayor, ó á
-esas escuelas, yo traiga quien te hincha las medidas y te cargue de
-leña.
-
-_Brum._ Toma, toma, hechicera alcoholada, agora trae quien te vengue.
-
-_Olig._ ¿Eso has de hacer, Brumandilon, en mi presencia? acaba ya,
-suéltala.
-
-_Cel._ Justicia, justicia, señores, que me mata este rufian.
-
-_Olig._ Ora ya, Celestina, no vocees, que no te ha muerto.
-
-_Cel._ Ay, amarga de mí, mezquina, que un colmillo solo que tenía me
-ha derrocado; ¡ay! ¡ay!
-
-_Drion._ ¿Estabas ahí, señor, y consentiste tal cosa?
-
-_Olig._ Mis amores, no pude más.
-
-_Drion._ Andar en hora mala, ¿es aquí mi tia terrero de necios?
-
-_Brum._ Ea, vos, putilla, callad.
-
-_Drion._ ¿Putilla? no me lo dijeras tú si yo tuviera quien
-respondiera por mí.
-
-_Olig._ Tampoco, Brumandilon, eso no es cosa de sufrir, que la
-señora Drionea es mujer honesta y buena.
-
-_Drion._ Mirad cuál se vino el cobarde fanfarron, ¿piensas que somos
-acá algunas bandorrillas como con las quien tratas?
-
-_Brum._ ¿Tomastes alas, señoreta?
-
-_Cel._ Para el mundo que nos sostiene, don bellaco, desuella-caras,
-mañana te haga enclavar la mano.
-
-_Olig._ No fuiste cuerda en decir eso, ¿no sabes que cuando dos
-hablan, si el uno se enoja y el otro no responde, aquél es más sabio,
-que cuando uno no quiere, dos no barajan, ca de otra manera es dar de
-estocadas al fuego y incitar al airado?
-
-_Cel._ Anda, señor, que más sabe el loco en su casa que el cuerdo en
-la ajena, que no es buen seso traer el asno en peso; mas hágame miel
-y comeránme moscas, y tanto es Pedro de bueno que no le medre Dios.
-Los diablos á mí me lleven, si el Cabildo lo sabe, si no sea más
-negra de lo que piensa; y que á él le amargue el caldo, así no ha de
-haber nadie sin su alguacil.
-
-_Olig._ Calla ya, Celestina, que tanto es lo de más como lo de ménos.
-
-_Cel._ No puedo acaballo con este mi corazon ni puede templar cordura
-lo que destempla mi negra ventura. Créeme, Oligides, que como no hay
-virtud tan loada que no tenga vituperadores, y sólo el agradecimiento
-tiene este previlegio, que todos, así bárbaros y rústicos como
-sabios, lo loan, bien así el vicio de ingratitud es tan grave pecado,
-que los romanos, segun dixo nuestro cura el domingo pasado, no
-hallando igual pena que le dar, lo dexaron sin castigo. No hay hombre
-tan perdido, ora sea ladron, ora traidor, ora homicida, que no tenga
-alguna desculpa de su yerro. Sólo el ingrato carece de todo color y
-especie con que colorar pueda la terrible maldad de su culpa, sólo
-el negar le es refugio, y con todo esto veo que no hay vicio tan
-de todos por palabras condenado, y que tan por las obras todos lo
-aprueben y sigan. ¿Quién no me tuviera sobre sus ojos? ¿quién no me
-tratára con mucha reverencia si de mí hobiera recebido lo que éste?
-pero, mal pecado, perdida es la lexía en la cabeza del asno, nunca
-lavé cabeza que no me saliese tiñosa.
-
-_Olig._ Madre, no te pese por el bien que le has hecho, que, haz bien
-y no cates á quién, dicen; más vale que tú le hayas á él sufrido,
-como desconocido, que no él á tí sobrellevado como desagradecida;
-cuanto más que peor mal es olvidar los beneficios recebidos que,
-acordándose, no gratificallos, porque en lo primero hay menosprecio,
-y en lo segundo memoria; yo sé que Brumandilon se acuerda del bien
-que le has hecho, y tiene propósito de te lo servir, que aunque una
-cosa tenga mala, muchas tiene buenas. No hay pega sin mancha negra,
-ni hay mula sin uña.
-
-_Brum._ Pese á tal, agora que me haces hablar, ¿quién salió estotra
-noche tras los escolares y los hizo huir? ¿quién traxo su espada
-cubierta de sangre? ¿quién destroza armas, quiebra espadas y hace
-rizas de broqueles en tu servicio, sino yo? ¡Ah cuerpo de Dios!
-decirse han las verdades, ¿cuál á cuál debe más?
-
-_Cel._ Guayas, padre, que otra hija os nace; por un dia que acuchilló
-el perro de mi vecina, que me ladraba á la puerta, dice que ha
-derramado sangre por mi causa.
-
-_Olig._ Celestina, ya este hombre tomaste por guarda de tu persona,
-confórmate con él en lo más que pudieres, que la verdadera amistad
-no es otra cosa que un sumo consentimiento, así en cosas divinas,
-como humanas, con un buen querer y amor; y ¿qué dón es dado de Dios,
-dice Tulio, mejor y más provechoso, fuera de la sabiduría á los
-hombres, que la amistad? unos las riquezas, otros la sanidad, otros
-la potencia, otros las honras, muchos los deleites anteponen á lo
-demas y todos yerran, porque los deleites son propios de bestias,
-las riquezas y los haberes, la buena disposicion del cuerpo, los
-señoríos, las honras son bienes de fortuna caducos y inciertos, ahí
-van donde la rueda los echa. Pero la amistad fundada en tregua y
-consentimiento de voluntades, acompañada de virtud, es durable y
-llena de mil suavidades; ¿qué dulce vivienda haber puede en esta
-miserable vida que no esté en ella? ¿ni qué cosa más sabrosa que
-tener uno con quién oses hablar como contigo mesmo y descubrille tu
-corazon? que con alegre compañía se sufre la triste vida, con ella
-las adversidades no se sienten, y sin ella las prosperidades no
-valdrian nada. Todas las otras cosas fueron criadas solamente para un
-efecto, la amistad sirve de muchos oficios, del fuego, del aire, del
-agua no usamos tanto como de ella.
-
-_Cel._ Hijo, bien lo veo, mas ¿qué quieres, que Brumandilon es tan
-grosero que no hay quien lo maje? amigo de taza de vino, el pan
-comido y la compañía deshecha. Nuestra amistad tiene fundamento de
-arena y estriba en interes, y por esto con poco viento cae en suelo y
-se deshace.
-
-_Olig._ Él lo hará bien de hoy más.
-
-_Cel._ Ni espero ni creo sino lo que veo.
-
-_Olig._ Ce, ce, Celestina, dexando uno por otro, ¿quién son aquellas
-dos rebozadas de los chapeos? mas qué polvo levantan con las haldas,
-como colegiales con sus hopalandas.
-
-_Cel._ Calla, que el polvo de las ovejas alcohol es para el lobo.
-
-_Olig._ Por mi vida, que es bonita y salada la postrera. ¡Ah, señora
-hermosa! ¿eres servida de un escudero? no me responde.
-
-_Cel._ ¿No oiste que te motejó de frio?
-
-_Olig._ ¿Qué dixo?
-
-_Cel._ Que no hacia sol y que añublaba.
-
-_Olig._ No te maravilles, hermosa, de eso, que si el sol en el cielo
-se esconde allá en las nubes, es porque tú le quitas las veces en la
-tierra.
-
-_Brum._ Ya se traspuso.
-
-_Olig._ ¿Conócesla, Celestina?
-
-_Cel._ Mejor que á mí, á la delantera vendí por vírgen cuatro veces á
-cuatro señores de la Iglesia, y la otra á un generoso.
-
-_Olig._ ¿Harásme haber á la trasera?
-
-_Cel._ Sí, y agora síguela, porque vea que haces cuenta della.
-
-_Drion._ ¡Ah, don traidor! ¿tras ella vas? anda, anda; amor
-trompetero, cuantas veo tantas quiero.
-
-_Olig._ Por mi vida, mis amores, más estimo tu pié que su cara, no
-voy sino por conocella.
-
-_Drion._ Amor loco, yo por vos y vos por otro, en mi alma perdida es
-quien tras perdido anda, bien dicen, ama á quien no te ama y andarás
-carrera vana; bien lo oí todo.
-
-_Olig._ Brumandilon, quédate tú, y mira bien lo que te dixe, y
-aguárdame ahí, que luégo vengo.
-
-_Brum._ Pues vén presto.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA DEL CUARTO ACTO.
-
- Eubulo da diez remedios singulares á su amo para que se
- aparte del amor; y al fin Lisandro, no sufriendo el buen
- consejo de tan leal servidor, envíale á dar el conocimiento
- á Celestina por desechalle de sí. Este acto es muy docto y
- lleno de doctrina.
-
-LISANDRO. — EUBULO.
-
-
-_Lis._ Llámame acá esos mozos, Eubulo.
-
-_Eub._ Señor, nadie está en casa sino los mozos de espuelas y pajes
-que venieron contigo.
-
-_Lis._ Diles que limpien bien ese caballo, y llamen al maestro que lo
-castigue de la cola.
-
-_Eub._ Lo ya se hace. Señor, pues alcanzaste la que tanto deseabas,
-bien es que te apartes de ese vicio, que de hombres es pecar, y
-diabólica es la pertinacia en el mal.
-
-_Lis._ El amor que está en el alma no puede salir sin ella.
-
-_Eub._ Yo te daré remedios para ello sin que mueras.
-
-_Lis._ Dilos.
-
-_Eub._ Diez remedios hallo que cada uno de ellos basta á desviar
-tu voluntad del amor. El primero es la mudanza del lugar donde te
-prendió, que como al cuerpo enfermo es saludable pasarse á otra
-parte y mudar otros aires para su sanidad, así al ánimo apasionado
-y herido desta llaga aprovecha mucho mudarse y salir fuera del
-juego, á parte donde olvide. El segundo es evitar y huir todas
-aquellas cosas que te traen á la memoria la hermosura de la que
-amas. El tercero es la ocupacion en otros exercicios, que con nuevos
-cuidados y negocios se olvidan los rastros de la antigua pasion,
-exercita las armas, corre caballos, juega la pelota, que Augusto
-César, acabadas las guerras civiles, se dió á este exercicio; y de
-Marco Aurelio Antonio se lee que fué tan gran jugador de pelota;
-y Mucio Cévola fué en ello muy diestro, y Dionisio Siracusano se
-holgaba mucho en el juego de la pelota. Toma la vihuela y tañe,
-que al Aspis y Olicornio, al Tigris y Leon el dulzor de la música
-engañan; y Timoteo forzaba á Alejandro con ella dejar el manjar; el
-Thebano Epaminonda, el famoso Alcibíades, Sócrates, aunque viejo, sus
-ciertas horas en la música empleaban; y Themístocles, porque en un
-convite rehusó la vihuela, fué de todos por agreste juzgado. Véte
-á tus granjas y huertas y labra en ellas, que éste era un exercicio
-no ménos loado que usado de los antiguos. Siro, rey, preguntado de
-Lisandro que quién plantaba sus árboles, respondió, yo mesmo. Marco
-Tulio, desterrado en Tusculano, si dejaba la pluma tomaba la hoce
-podadera. Diocleciano fué estudioso de la agricultura. Manio Curio en
-la labranza le nacieron las canas; y por cierto, bien mirado, éste
-fué el primer exercicio que los hombres tuvieron: Virgilio dice, ¡oh
-bienaventurados labradores si vuestro bien conociésedes! El cuarto
-es la larga consideracion, pensar de contino y con mucha atencion
-la torpeza de este pecado, la tristeza que deja, la miseria que
-promete, contemplar cuán breve, cuán momentáneo, cuán nada sea eso
-que con tanta dificultad se desea, y con tanto peligro se alcanza,
-y con cuánta facilidad, si quisieses, dexarias lo que es de sabios
-varones reputado y habido por la cosa más vil y soez del mundo, y
-más hedionda que sentina de nao. El quinto es la vergüenza y empacho
-de las gentes, que á muchos cura desta enfermedad, en especial á
-los ánimos generosos que temen no anden sus famas y honra en boca
-y lengua de todos por discante, y no quieren ser señalados en
-torpes hechos, y ponen delante los ojos la fealdad de la cosa vacía
-de fructo, llena de deshonra, llena de trabajos, llena de congoxas
-y pesar. El sexto es la devota licion de la Sagrada Escriptura y
-sanctos libros. El séptimo es el contrapeso de las verdaderas razones
-á las falsas opiniones que traen y mueven á amar. Las principales
-causas que te compelen á amalla son éstas, si no me engaño; su buena
-disposicion, su elegante fermosura, su mocedad, sus riquezas, su alta
-sangre y el pasatiempo y sabor que hallas en el amor. A todo esto
-contrapone sus contrarios, que un contrario con otro se cura, desta
-manera, si agora está moza dispuesta, hermosa, piensa que ha de venir
-á ser vieja, enferma y fea. Si agora rica, posible es que venga á ser
-pobre; y como las riquezas hoy dia hagan linaje, quedará tenida por
-una mujer comun. Si en tí mesmo finges esto que dello necesario ha de
-ser, dello puede ser, y si la imaginas un vaso de heces de tierra, y
-esa no buena para tapias, como cada hijo de vecino, á mí seguro que
-no hagas hincapié en lo accidental.
-
-_Lis._ El cuerpo de mi señora glorificado es, necio.
-
-_Eub._ El octavo es el libre albedrío y poder que tienes para
-querer ó no querer dexarla ó tomarla, amarla ó aborrecella. Dice
-el filósofo que el principio de las cosas es la parte más fuerte,
-nuestra voluntad es la orígen donde nace el amor, y subjecto en quien
-se aposenta, y así es el lugar más fuerte, y por tanto es menester
-minarle los fundamentos, esto es, cortalle las raíces ántes que
-broten en malos actos y engendren perversos hábitos y costumbres,
-que si el homenaje de la voluntad no se toma, poco ó nada aprovechan
-los otros remedios. El nono es la hartura, que no hay manjar, por
-preciado que sea, que no empalague, ni vicio que no harte.
-
-_Lis._ Ningun hastío me trae el amor de aquella seráfica imágen.
-
-_Eub._ Si el apetito creyese á la razon, y de las cosas pasadas
-argüises las venideras, fácilmente confesarias no sólo hastío, mas
-vómito, pesadumbre y enojo haber traido á muchos las cosas que más
-amaban. El décimo y último remedio es el nuevo amor, que amores
-nuevos olvidan viejos, que, como un clavo expele otro clavo, y una
-fuerza quita otra fuerza, así un amor saca á otro, que lo que una
-mora tiñe con otra se despinta, y este último remedio aunque á
-Artaxerxes, rey de los persas (el cual Asuero llaman las sagradas
-letras), haya seido útil y provechoso, segun cuenta Josefo, pero
-porque no es bueno salir de un lodo y entrar en otro, no te lo
-aconsejo.
-
-_Lis._ El remedio que yo busco es no hallar cosa que me pueda
-estorbar ó desviar del amor de mi señora.
-
-_Eub._ Ella te pondrá del lodo, al fin no hay peor saber que no
-querer.
-
-_Lis._ Calla, bobo, que sabes poco del mundo. No miras lo que dijo
-aquel sabio emperador, hombre que no es enamorado no puede ser sino
-necio.
-
-_Eub._ Habló entónces como viejo, loco y necio. Yo digo que hombre
-que es enamorado, no puede ser sino loco y sin seso; pues la nobleza
-del alma la subjecta á la servidumbre de la carne y á una flaca mujer.
-
-_Lis._ Ora, sús, déxate deso, y lleva este conocimiento á Celestina,
-con que cobre de mis arrendadores trescientas doblas para casar sus
-sobrinas.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA QUINTA CENA DEL CUARTO ACTO.
-
- Eubulo llegado topa con Oligides y Brumandilon, á los
- cuales, como viese la vida ociosa que traian, repréndelos
- de sus vicios. Donde el buen Eubulo hace una declamacion
- contra los ociosos, y especialmente reprende á Brumandilon
- porque es tan fanfarron. Llega Celestina, dale Eubulo el
- conocimiento, y despues de dado, tambien la castiga de
- palabra ásperamente por sus alcahueterías. Y al fin del
- acto declama contra todo género de hombres que mal viven.
- Este acto es muy provechoso y devoto.
-
-EUBULO. — OLIGIDES. — BRUMANDILON. — CELESTINA.
-
-
-_Eub._ Aquél es Oligides y el otro Brumandilon, si los ojos no me
-engañan; de casa de la buena vieja salen.
-
-_Olig._ ¿Dónde bueno, Eubulo?
-
-_Eub._ Voy á dar este conocimiento á Celestina.
-
-_Brum._ No la hallarás en casa, que es ida á audiencia sobre el
-pleito de Angelina con Sancias, que en buen són anda.
-
-_Olig._ ¿Y no se dió ya sentencia por Sancias, estudiante?
-
-_Brum._ Es el diablo mi vieja. Cepola no inventó más cautelas de las
-que ésta sabe.
-
-_Olig._ Cuéntame eso.
-
-_Brum._ Urde Celestina que se vean juntos Sancias y Angelina, y
-vistos, dice así: á Angelina, ¿tú tomas por marido á Sancias? ella
-responde: sí; ¿y tú, dice á Sancias, recibes por mujer á Angelina?
-Sancias dixo: sí, bobo es el mozo que lo hará. Entónces acude
-Celestina: sed testigos, señores, cómo tomó Sancias por mujer á
-Angelina, y concedió que sí; y sobre este sí, fueron á pleito. El
-juez, oidas entrambas partes, no supo determinarse, porque Celestina
-prueba que Sancias hizo pausa en el sí, y que despues añadió lo
-siguiente. Sancias concede haber dicho aquellas palabras, pero que
-corria la sentencia, y que con aquella palabra, sí, no afirmaba cosa
-alguna, ántes burlaba con ironía de no lo hacer. Celestina replica
-que las palabras hanse de entender segun el sentido literal, y no
-segun el entendimiento irónico ó metafórico, y que dado que Sancias
-las pronunciára conforme á su propósito, pero que la Iglesia no juzga
-segun la intencion interior, sino por las obras y palabras exteriores
-que denotan consentimiento. Y desta manera el juez, convencido así
-por las razones de Celestina, como por otras causas particulares que
-entre él y Celestina habian, sentenció por Angelina.
-
-_Olig._ No pensé que tanta era la fuerza de Celestina, que bastára á
-corromper las letras, pero allá van leyes do quieren reyes.
-
-_Eub._ Mas ¿qué entrar y salir haceis en su casa? Nunca os veo sino
-ir y venir de allá; vida de holgazanes es la vuestra. ¡Oh ocio, ocio,
-cuántos vicios acarreas á los hombres! tú mantienes la luxuria, tú
-entorpeces el cuerpo, tú enflaqueces el espíritu, tú ofuscas el
-ingenio, tú disminuyes la sciencia, tú embotas la memoria, tú traes
-olvido, tú revuelves familias, tú trastornas las ciudades, tú hundes
-los reinos, tú levantas bandos entre parientes, tú desconciertas las
-repúblicas; no sin causa Platon loa tanto el trabajo, cuando dice
-que los ramos de la virtud crecen con el trabajo; y con verdad, que,
-como la tierra si no se ara y se labra engendra abrojos y espinas,
-y labrada y sembrada fructifica, bien así la natural inclinacion
-del hombre para el bien, si no se exercita con buenas obras, queda
-manca, y hínchese muy presto de vicios; y vicio y virtud contino
-entre sí pelean con gran batalla, como introduce Prodico en Xenofon.
-La virtud, dice Hesiodo, está puesta allá en una alta, áspera y
-ardua roca y en una deleznable cuesta y pedragosa peña. Píndaro dice
-que los trabajos y peligros son compañeros de la virtud. Creedme,
-hermanos, que no sin muchos trabajos se alcanza la gloria.
-
-_Brum._ No creo en tal, si no es ella la causa por que nunca dexo
-descansar á mi espada, sino que hiera ó mate.
-
-_Eub._ Hermosura en mujer loca y palabras entre locos son sortija
-de oro en hocico de puerco. ¡Oh, Brumandilon, Brumandilon! si te
-conocieses, tú dejarias de blasonar, ni remedarias al glorioso
-Thrason, ni al áspero Demea, ni á los furibundos y altivos gigantes,
-ni á los vanos cretenses, ni al presuntuoso Herostrato, ni al rey
-Tarquino el Soberbio; tú te tomarias otro Micion Terenciano en
-mansedumbre, y otro Tarquino Prisco en afabilidad y buena crianza.
-
-_Brum._ Juro al tartáreo Flegethon, no es más en mi mano; por mí
-tengo que desciendo de linaje del cruel Domiciano, emperador romano,
-el que contaste á la mesa, el cual reposando dos horas la comida por
-consejo de médicos, y encerrado como mandaban, no pudiese executar la
-rabia de su crueldad, tenía por costumbre matar moscas, y estrujar
-la sangre de ellas, y en esto recibia el gran pasatiempo, como tú
-dixiste.
-
-_Olig._ Vamos si hemos de ir, que allá le darás esa obligacion.
-
-_Brum._ Héla, héla dó viene.
-
-_Cel._ Sálveos Dios, mis hijos.
-
-_Eub._ Dios te convierta, madre, y toma el precio de tus
-alcahueterías, que allá lo pagarás en el otro mundo.
-
-_Cel._ Miraldo el sancto de pajares, un dia de éstos te hemos de
-canonizar.
-
-_Eub._ ¡Oh mala y perversa vieja! ¡oh miembro de Satanas! ¡oh
-ministra de los demonios! que no basta que estés precita y condenada
-al infierno, sino que quieras llevar otros en pos de tí con tu
-exemplo y maldito oficio. Éste es diabólico pecado incitar á otros
-á pecar, si tú y tus secaces fuésedes quitadas de enmedio de las
-gentes, cuántos malos recabdos se evitarian, cuántos yerros se
-dexarian de acometer. Vosotras ensuciás los tálamos con adulterios,
-vosotras descasais las bien casadas con desamor de sus maridos,
-vosotras contaminais las vírgenes con luxuria, vosotras encendeis
-los castos propósitos con ponzoñosas palabras, vosotras causais
-sacrilegios en los monasterios, muertes y ruidos en los pueblos, y en
-las casas cizañas entre padres y hijos, entre hermanos y hermanas.
-Vosotras, doncellas, viudas, monjas, casadas y por casar, todos los
-estados, todas órdenes de vivir perturbais con vuestras engañosas y
-falsas artes. ¡Oh alcahuetas, alcahuetas! si por vosotras no fuese,
-no habria tantas malas mujeres en el mundo. Creo que es pequeña la
-pena y castigo que os dan las leyes de nuestro reino, cuyo rigor
-sería bien que creciese, pues crece el daño y estrago que haceis á
-la república, que las ordenanzas y leyes hanse de mudar segun la
-necesidad y el tiempo requieren.
-
-_Cel._ Mirad el bellaco, y qué se deja decir, ¿y de qué nos hemos de
-mantener?
-
-_Eub._ Nunca á los suyos Dios les falta.
-
-_Olig._ Quédese esta disputa para otro dia, y véte tú con Dios á
-tu casa, Celestina, y nosotros aguijemos, no pregunte por alguno
-Lisandro y no halle á nadie.
-
-_Brum._ Bien dices, que mucho hemos tardado.
-
-_Olig._ Anda, Eubulo, ¿qué vas pensando?
-
-_Eub._ Cuán muchos se condenan, y cuán pocos se salvan, y cuán
-abierta está de dia y de noche aquella puerta del triste Pluton, cuán
-ancho, cuán pasajero y cuán real camino es el que guia á la muerte
-eterna. Por él se van espaciando los reyes, los duques, los condes,
-los caballeros, los hidalgos, los oficiales y pastores. Por ahí se
-pasean los pontífices, los cardenales, los arzobispos y obispos, los
-beneficiados y sacristanes, con un descuido, como si nunca hubiesen
-de llegar allí donde los halagos de la vida, los regalos del cuerpo,
-las honras, las riquezas, los favores y todos sus pasatiempos
-se volvieran en lamentaciones y llantos perpétuos. Ahí serán
-atormentados muy cruelmente los papas que dieron largas indulgencias
-y dispensaciones sin causa, y proveyeron las dignidades de la Iglesia
-á personas que no las merecian, permitiendo mil pensiones y simonías.
-Ahí los obispos y arcedianos que proveen mal los beneficios, teniendo
-respecto á sus parientes y criados, y no á los doctos y suficientes.
-Ahí los eclesiásticos profanos y amancebados. Ahí los reyes que
-tiránicamente gobernaron sus reinos, y los que no dieron los oficios
-y cargos, que suelen proveer, á personas de merecimiento. Ahí los
-duques y condes, y los grandes señores que á sus tierras y vasallos
-con muchos tributos molestaban. Ahí los caballeros enamorados. Ahí
-los letrados que no juzgaron conforme á derecho y verdad, y no
-obraron segun sus letras les enseñan. Ahí los logreros y usureros,
-los oficiales, los mercaderes y tratantes que llevan más del justo
-precio por la cosa que venden, y con juramentos falsos cambian sus
-haciendas. Ahí los criados lisonjeros que con lisonjas quieren ganar
-las voluntades de sus amos, conformándose con ellos en bueno y en
-malo. ¡Oh terrible descuido de los hombres! ¡oh desvarío loco! como
-si no hubiese otro mundo, y no hubiesen de fenecer todas las cosas
-dél, así hacemos hincapié en lo que presto habrá fin.
-
-_Olig._ En casa estamos, hártate agora de predicar, que no te oiré
-más.
-
-_Brum._ Ni yo ménos.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA PRIMERA CENA DEL QUINTO ACTO.
-
- Entra Beliseno, hermano de Roselia, con sus criados
- hablando la gran mengua que en su linaje habia causado
- Roselia, su hermana. Su escudero Casajes consuélalo con
- muchos exemplos. Beliseno determina de matar á Lisandro y
- á Roselia y á los demas. Manda esconder sus mozos por el
- huerto con ballestas armadas.
-
-BELISENO. — CASAJES. — GALFURRIO. — REBOLLO. — DROMO. — ROSELIA. —
-MELISA.
-
-
-_Bel._ Mozos, ¿no veis qué gran deshonra y infamia dexa esta mala
-hembra á mi linaje?
-
-_Cas._ Las cosas comunes y que acaecen en personas reales y en casas
-de grandes, no se han de poner en cuenta de alguna mácula, ni es bien
-mirado que la culpa de una sola decienda á toda la generacion.
-
-_Bel._ ¡Oh, calla! que las gentes no miran nada de eso, ántes todas
-ponen los ojos en aquellos que en alto estado fortuna puso, y más
-ayna ven en ellos la pequeña mancilla, que en los baxos la gran
-fealdad.
-
-_Cas._ Por mí fe, señor, más vergonzosa infamia es el adulterio de la
-propia mujer que el yerro de la hermana; pero es cosa tan frecuente,
-tan usada, tan comun en todas las naciones, y más la española, que
-apénas escapa alguno sin alguno ax, y no te cuento exemplos de los
-que poco há que fueron y agora son presentes, lo uno, porque sería
-materia para hacer larga historia, lo otro, por no ofender la fama
-de los que viven; alargo, pues, los testigos de reyes y emperadores,
-los cuales, por ser más injuriados que tú, te pondrán algun consuelo.
-Filippo, rey de los macedones, tuvo por hijo á Alejandro Magno,
-señor del mundo, y por su mujer á Olimpia, adúltera; Ptolomeo fué
-rey de Egipto, y marido de aquella infame y desastrada Cleopatra;
-Agamenon, capitan de los griegos, él peleaba en Troya, y su mujer,
-Clitemnestra, se holgaba con su amigo Egisto en Argos; Minos, rey
-de los cretenses, hubo desdicha en el adulterio de Pasifae; Sylla,
-dictador de los romanos, no sólo por Roma y toda Italia, mas por
-Aténas y toda Grecia fué notado, entre otras cosas, por cornudo.
-¿Qué te diré de Agrippa, yerno de Augusto César, cuya mujer Julia
-fué tan disoluta, que, ni la virtud de su marido, ni la majestad de
-su padre, de aquel vicio apartarla pudieron? y su hija Julia heredó
-nombre y hechos de la madre, la cual cometió adulterio á Severo, su
-marido, y Domicia á Domiciano, y Herculanilla á Claudio Tiberio,
-emperador, el cual fué tan desdichado en esto de los cuernos, que
-otra mujer que tuvo, llamada Mesalina, oprobrio y vituperio del
-imperio romano, mientra él dormia, ella de noche corria las puterías
-de Roma, y creo que no hubo burdel en la ciudad que sus espaldas no
-estrenasen. ¿Pues á Sifaz, Masinisa no le robó la mujer, y á Filipo,
-Heródes la suya? Y á Menelao Páris le sacó la mujer del templo de
-Apolo y se la llevó á Troya, y á otros muchos.
-
-_Bel._ Poco me consuelan duelos ajenos; quisiera yo escarmentar en
-cabeza ajena, y no en la mia.
-
-_Cas._ A lo ménos no será esta mancilla notada en tu linaje, pues
-otras peores se hallan en illustres casas de reyes y grandes, cuanto
-más que en el buen paño cae la raza.
-
-_Bel._ Con matar á él y á ella vengaré esta injuria y satisfaré á mi
-honra.
-
-_Cas._ Tarde vino el gato con la longaniza; ¿despues de hecho piensas
-poner remedio?
-
-_Bel._ Más vale tarde que nunca. Por eso vamos al huerto, que es
-hora, ántes que los otros vengan. Escondeos todos tras esos árboles,
-quedo, no hagais ruido y seamos sentidos.
-
-_Galf._ Yo aquí me pongo.
-
-_Bel._ Vén acá, tú, Rebollo, ponte cabe estas parras.
-
-_Reb._ Señor, no, que me verán con la luna.
-
-_Bel._ Pues escóndete tras ese moral.
-
-_Reb._ Agora estoy bien.
-
-_Bel._ Tú, Dromo, aquí te pon junto á la anoria, tras esa pared, no
-muy desviado de esotro.
-
-_Drom._ Aquí estaré.
-
-_Bel._ Anda acá, tú, Casajes, estarás comigo, porque si yo erráre el
-golpe, sueltes en pos de mí.
-
-_Cas._ Sí haré, señor.
-
-_Bel._ ¡Hola, Galfurrio!
-
-_Galf._ Señor.
-
-_Bel._ Mira no se te escape el que echa las escalas, que creo que es
-el traidor de Oligides.
-
-_Galf._ No hará, señor.
-
-_Bel._ Y avísoos á todos que ninguno desarme hasta que yo comience,
-porque quiero á los dos, cuando estuvieren juntos, traspasalles con
-una saeta.
-
-_Galf._ Mucho bien.
-
-_Bel._ Y mirá que mueran todos y aquella bellaca de la doncella, y
-estad queditos. ¿Quién hizo bullicio?
-
-_Reb._ Señor, Dromo, que se le cayó la ballesta.
-
-_Drom._ Estoy temblando aquí donde me ves, que temo no vamos por lana
-y vengamos tresquilados.
-
-_Reb._ Yo tengo aquí en el seno una lomina que me dió mi abuela la
-habacera, que quien la traxere consigo no podrá morir á cuchillo.
-
-_Drom._ Tambien mi tia, la Luminaria, me vezó unas palabras, que en
-cualquier tiempo que las dixere les caerán luégo de las manos las
-espadas de los que se estuvieren acuchillando.
-
-_Reb._ Dilas.
-
-_Drom._ Christo vivet, christus vencet, christos reinas, christo
-imperia, christus me defiendas.
-
-_Reb._ ¿Qué quiere decir Cristo imperia?
-
-_Drom._ ¿Y no lo entiendes? Cristo es emperador.
-
-_Reb._ Es verdad. Otra oracion muy aprobada me enseñó la hortelana
-amiga de mi madre, para que donde hobiere ruido, si se rezáre, no se
-saque sangre, que dice: Jesus autem, Jesus innibat y Jesus non me
-tangibat.
-
-_Drom._ De ésas diríate mil, que me mostró la tripera gorda, entre
-las cuales me dixo que si dixésemos cinco veces esta oracion, agios
-isgros, agios atantos, agios oteros, elegimas, no desmayariamos en
-ruidos.
-
-_Reb._ Por Dios, que tienes razon, que siempre oí decir que los ajos
-dan mucho esfuerzo y ponen corazon.
-
-_Bel._ Ce, armad las ballestas, que ya sale aquella puta á la azotea,
-y quedo.
-
-_Ros._ ¿No oiste ruido. Melisa? ¿si es entrado mi señor?
-
-_Mel._ Sí oí, señora, mas no ha venido.
-
-_Ros._ Pues ¿qué bullía por el huerto?
-
-_Mel._ Los cipreses serán, que se menean con este blando aire.
-
-_Ros._ Sentémonos aquí á la claridad de la luna miéntras viene el mi
-querido.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA SEGUNDA CENA DEL QUINTO ACTO.
-
- Va Lisandro á hablar con Roselia, su señora, y estando
- con ella en una sabrosa y dulcísima conversacion, manda
- soltar Beliseno las ballestas que tenian armadas contra
- ellos, y matan á Lisandro y á Roselia y á su doncella
- Melisa. Brumandilon, viendo el pleito mal parado, determina
- de poner por obra lo que él y Oligides habian concertado
- dias há, y para este efecto toma por compañía á Siro, los
- cuales, por robar á Celestina, matan á ella y á su sobrina
- Drionea. Libia escapóse, y á ellos prendiólos el Corregidor.
-
-LISANDRO. — BRUMANDILON. — OLIGIDES. — EUBULO. — ROSELIA. — MELISA.
-— BELISENO. — CASAJES. — GALFURRIO. — REBOLLO. — SIRO. — GETA. —
-CELESTINA. — DRIONEA. — LIBIA. — CORREGIDOR.
-
-
-_Lis._ No parece gente por la calle, ni los enemigos asoman.
-
-_Brum._ Pésame, por vida de tal, que con el exercicio de las armas la
-virtud se conserva y el esfuerzo se aumenta.
-
-_Lis._ Y áun ésa es la causa por que por consejo de Scipion Nasica no
-se desolaba Cartago, porque su recelo la union romana conservase;
-y tambien queriendo vender la vida de Pirro, Nicias su camarero,
-los romanos le respondieron: salud queremos á quien nuestras armas
-no deja orinescer. Ea, daos priesa, que el relox nos llama, y pues
-la diligencia es madre de la buena ventura, no seais causa de mi
-tardanza, que quien pierde punto pierde mucho.
-
-_Brum._ Vieja escarmentada, arregazada pasa el agua, no me tomarás
-más allá si yo puedo, digan de mí lo que quisieren, que de Dios
-dixeron. Arremangóse Morilla y comiéronla lobos, una hice en el año,
-y ésa con daño. Una noche fuí con él, y en ésa me hobieran de matar,
-pues lo que no acaece en un año acaece en un rato.
-
-_Olig._ Aguija, Brumandilon, no te quedes atras.
-
-_Brum._ Luégo, luégo, que doy filos rabiosos á mi espada carnicera en
-esta piedra, para que con un golpe haga lo que por muchos habia de
-hacer, la cual te digo que jamas se desenvainó que no hiciese riza
-espantosa en aquellos, que muy de gana no me daban la obediencia.
-
-_Olig._ Un espadero la afilará, que tú estragarás los filos.
-
-_Brum._ Por la emponzoñada Tesifone, si en eso mis dineros gastase,
-no me bastaria el tesoro de Venecia, segun las veces se embota en
-desafíos y revueltas.
-
-_Olig._ Déxate de palabras, y vén si quieres.
-
-_Brum._ Calla, que tambien lo hago porque no digan los que me
-sintieren ir con Lisandro; aquel caballero enemistado es, pues
-Brumandilon le acompaña.
-
-_Olig._ Y ¿quién te conoce á tí agora?
-
-_Brum._ Voto á tal, agora y en todo tiempo no hay hombre que no me
-conozca en el aire de mi andar, que siempre me suelo hallar en estas
-diabluras, y que todos se sirven de mí para este efecto.
-
-_Olig._ Por Dios, que me agradas, Eubulo, ¿y agora vas rezando?
-
-_Eub._ Pues ¿qué quieres que vaya hablando palabras ociosas y que
-traen poco provecho? ¿No sabes que hemos de dar cuenta de cualquier
-palabra ociosa en aquel dia, donde nuestras malas obras serán
-juzgadas por tela de juicio con mucho rigor, donde estos pasos de
-nuestro amo le serán bien contados ante el divino acatamiento, cuya
-temerosa sentencia no há lugar de apelacion?
-
-_Lis._ Cuelga la escala, Oligides, y sube conmigo. Vosotros guardad
-el paso.
-
-_Olig._ Arriba estamos. Baxa, señor, con tiento, que los garfios
-están mal asidos, porque no hay donde prendan bien.
-
-_Lis._ Abaxo estoy. Hola, desáselas, que ha de bajar mi señora aquí
-al jardin.
-
-_Ros._ ¡Oh dulzura de mi ánima! ¡oh lumbre de mis ojos! ¡oh claridad
-de mis tinieblas y consuelo de mi tristura! ponme esas escalas,
-baxaré allá, que entre esas floridas y olorosas hierbas, al murmurio
-de esa fontecica, nos holgarémos.
-
-_Lis._ Baxa, mi Dios.
-
-_Mel._ Señora, acá me quedo y habla paso, no te sientan.
-
-_Ros._ Bástame á mí pensar que soy de mi señor Lisandro para ninguna
-cosa temer.
-
-_Lis._ ¡Oh joya del mundo! ¡oh perla preciosa! ¡oh tan perfecta en
-hermosura cuán llena de discrecion! Más es mi alegría en verte, que
-mis trabajos en haberte conocido.
-
-_Ros._ Si con el sol todo el mundo se alegra, yo mucho más con tu
-vista.
-
-_Lis._ Cuanto en tu ausencia, señora mia, soy poseido de tristeza,
-tanto en presencia tuya gozo de la alegría.
-
-_Ros._ No ménos, en buena fe, señor mio, con tu venida mi corazon
-está lleno de gozo, que lastimado con tu tardanza era enemigo de
-alegría.
-
-_Lis._ Si la memoria de tu hermosura no hobiera seido refrigerio de
-mis pasiones, ellas presto me consumieran.
-
-_Ros._ ¿Y eso, señor, no olvidas tus mañas?
-
-_Lis._ Gloria mia, si te besé y dí paz, fué por quitar la guerra de
-mi corazon.
-
-_Ros._ Ea, señor mio, dexa estar las ropas en su lugar.
-
-_Lis._ Si las hiedras que andan pecho con tierra los árboles por
-compasion sobre sí las reciben, ¿porque tú, señora mia, no me recibes
-sobre tu regazo?
-
-_Ros._ A osadas, señor, que tú te hartes y me olvides.
-
-_Lis._ Aunque la agua fria mata la sed al enfermo, no por eso se
-quita la calentura, mas ántes se acrecienta. ¡Oh próspera fortuna, en
-qué summo deleite me has puesto! razon es que los trabajos se olviden
-donde tanta gloria se posee.
-
-_Ros._ Ay gozo mio, no me lastimes.
-
-_Bel._ Soltad todos, dexá á mí á los dos, que esta saeta los
-enclavará á entrambos como están.
-
-_Lis._ ¡Oh sancto Dios! ¿qué es esto? Muerto soy; confesion.
-
-_Ros._ ¡Oh, válasme Sancta María! que el corazon me han lastimado;
-confesion.
-
-_Bel._ Agora, agora, tirá á la doncella, que sale á los gritos.
-
-_Mel._ Vírgen María, ayúdame, no se condene mi ánima, que muerta soy.
-
-_Bel._ Arma, arma presto, Galfurrio, no se escape el de arriba.
-
-_Olig._ ¡Jesus! ¡credo, credo! ¡oh, oh!
-
-_Bel._ Sús, mozos, vamos de aquí, pues todo está hecho, y no vais
-turbados, por ventura no encontreis con la justicia, y viéndoos
-alterados, por sola sospecha os prenda.
-
-_Cas._ Señor, acojámonos aquí á esta iglesia, que las piernas llevo
-cortadas.
-
-_Galf._ Yo tambien voy desmayado.
-
-_Drom._ Yo lo mesmo, y no puedo dar más paso.
-
-_Bel._ Pues metéos dentro, que ya abrieron, y sobíos á la torre, que
-yo os sacaré á paz y á salvo, yo voyme á casa de mi tio el Conde.
-
-_Reb._ Ayúdame á entrar, Dromo, que no puedo alzar los piés del suelo.
-
-_Sir._ ¡Oh poderoso Dios! ¿qué oyo? un lastimoso ruido lleno de
-alaridos anda en la huerta, ¿qué será? mas, ¿si matan al desdichado
-nuestro amo?
-
-_Get._ Jesus, ¿y no viste caer de las almenas á Oligides muerto, que
-no sé quién le tiró una saeta por los pechos?
-
-_Sir._ Corre, corre, huyamos, no nos cerquen y nos quieran tambien
-matar.
-
-_Brum._ ¿Qué es esto, qué es esto? ¡Oh! ¿dónde huis, compañeros?
-
-_Sir._ ¡Oh, señor Brumandilon! que no has oido nada, como te
-desviastes léxos del huerto.
-
-_Brum._ ¿Qué es?
-
-_Sir._ Todos muertos, si las voces y llantos no nos engañan.
-
-_Brum._ ¿Muertos?
-
-_Get._ Por estos mis ojos vi á Oligides caer en tierra asaeteado
-hecho pedazos, los sesos por cada parte.
-
-_Brum._ ¿Y Eubulo?
-
-_Get._ Llorando iba á casa muy triste.
-
-_Brum._ ¿Y detenémonos? Corramos á más correr, no salgan á hacernos
-otro tanto; por esta calleja huyamos para casa de Celestina.
-
-_Sir._ No llevo ya huelgo, sudando voy.
-
-_Brum._ Cerca estamos, ¿qué es de Geta?
-
-_Sir._ Adelante va, no cesa de correr.
-
-_Brum._ Vaya con Dios, que mejor harémos nosotros dos no más lo que
-agora diré. Sábete que Oligides y yo habiamos concertado de robar á
-Celestina y hurtalle un cofre que tiene lleno de dineros y joyas, y
-irnos fuera de aquí, por el peligro grande que á nuestras vidas se
-recrecia de estos amores; ya ves en qué han parado, segun me decis,
-y ya me lo via yo esto, que á buen bocado buen grito, y pues Oligides
-murió y nosotros escapamos de esta tormenta, si te parece, hagamos
-lo que el otro y yo habiamos de hacer, y salteemos á Celestina aquel
-cofre y otras cosas que tuviere buenas y vámonos á Sevilla, que ya no
-cumple más estar en esta ciudad.
-
-_Sir._ Hágase, y partámonos luégo.
-
-_Brum._ Pues, sús, trepemos por estos corrales mansito.
-
-_Sir._ Cerrada está la puerta del corral.
-
-_Brum._ Yo la abriré con maña, que con un palo está atrancada, fuera
-está. Sube agora pasito comigo, salva el paso tercero, que está
-quebrado, no cayas y hagas ruido.
-
-_Sir._ Acá estoy.
-
-_Brum._ Ésta es su cámara.
-
-_Sir._ ¿Qué remedio, que tiene cerrado por dentro?
-
-_Brum._ No hay aquí otro remedio más de desquiciar la puerta, y si
-voceáre la vieja, matarla.
-
-_Sir._ Empuxa comigo recio.
-
-_Brum._ Fuera está de quicios, entremos. Ase, ase del cofre, que ése
-es.
-
-_Cel._ Ladrones, ladrones, señores vecinos, que me roban; ladrones.
-
-_Brum._ Calla, vieja alcahueta; si no, mataréte.
-
-_Cel._ ¡Oh bellaco ladron! ¿y tú me has de robar? No quiero sino dar
-gritos; ladrones.
-
-_Sir._ ¡Oh pecador de mí! dale, dale ántes que dé más voces y seamos
-sentidos.
-
-_Brum._ Toma, toma otra puñalada. Dios te perdone, agora vocea.
-
-_Cel._ Ay, ay, que me ha muerto, sobrinas; confesion, confesion.
-
-_Drion._ ¡Ay, desdichada amarga! ¿qué es esto? Vecinos, que han
-muerto á mi tia estos ladrones, vecinos, que la han muerto.
-
-_Sir._ ¡Oh pese á tal! mátala presto á esotra, no nos descubra; dale
-bien.
-
-_Drion._ Jesus, que me mata, Jesus, que me mata, Sancta María, muerta
-soy; confesion.
-
-_Lib._ Ay, mi tia y hermana muertas son, desdichada; justicia,
-justicia.
-
-_Brum._ Corre, corre tú tras esotra, mueran todas, pues hemos
-comenzado, preso por mil, preso por mil y quinientos. Ásela, ásela
-ántes que salga fuera.
-
-_Sir._ ¡Oh, que se me escapó! Huye, huye, que salen muchos vecinos á
-los gritos y carga mucha gente. ¡Oh malaventurados nosotros, que el
-Corregidor viene á más priesa! huye por estotra calle.
-
-_Brum._ ¡Oh desdichado de mí! que es él.
-
-_Sir._ Guarte, guarte, que veslo ahí viene.
-
-_Corregidor._ Sed presos.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA TERCERA CENA DEL QUINTO ACTO.
-
- Lamentacion de Eugenia por la muerte de su única y muy
- querida hija Roselia.
-
-EUGENIA.
-
-
-Ay, ay, que es mi hija muerta. ¡Oh hija mia y todo mi bien! ¿qué
-azote tan grande es éste que veo delante de mí, con que á Dios le ha
-aplacido por mis grandes pecados azotar hoy mi casa? ¿Qué desventura
-es la que me ha venido, viendo tan sin pensar y tan arrebatadamente
-muerta la lumbre de mis ojos? ¡Oh hija mia, hija mia, descanso de
-mis trabajos, consuelo de mis penas, alegría de mis tristezas,
-remedio de mi malaventurada vejez y soledad! ¡Cuán desastrado fin
-han habido, hija mia, las esperanzas vanas que yo de tí imaginaba!
-Traida en mi vientre tanto tiempo y con tanta fatiga, parida con
-tanto dolor, criada con tanto recelo, y llegada á edad mayor, pensaba
-yo, desdichada madre, pensaba en todo mi seso darte en breve marido
-conforme al estado de tus padres, y soñaba de tí nietos y biznietos,
-y yernos y nueras y otros deudos y parentelas, que fueran ayuda
-para mi vejez. Agora los enemigos hados, habiendo envidia del bien
-que esperaba tener, han vuelto al reves mis esperanzas en sospiros,
-sollozos y lágrimas, y de bienaventurada que pudiera ser, me han
-hecho la más sin ventura mujer de cuantas nacieron, con tu desdichada
-muerte, quedando sin tí en perpétua soledad, porque no fué Dios
-servido darme otra sino á tí, y doblados mis males, añadida orfandad
-á mi primera viudez. ¡Oh hija, hija! ¡en cuánta tristeza y lloro me
-dexas eso poco que me queda de vivir! Sólo un consuelo tengo, que la
-vida que sin tí he de pasar, ha de ser tan amarga y dolorosa, que
-presto la dexaré y me llevarás tras tí, y plega aquel muy alto Señor
-que si yo algun servicio le he hecho en esta vida lo galardone en
-esto; y pues la que tengo de tener sin tí no ha de ser vida, tenga
-por bien que sea yo de este mismo lugar llevada contigo á enterrar
-en una misma sepultura, porque apartadas en la vida nos tornemos á
-juntar en la muerte.
-
-
-
-
-¶ ARGUMENTO DE LA CUARTA CENA DEL QUINTO ACTO.
-
- Lamentacion de Eubulo por la muerte de su señor Lisandro.
- Aquí Eubulo hace un apóstrofe ó conversion al amor, donde
- declama contra el amor muy rigurosamente, diciendo dél
- todos los daños y estragos y malos recabdos que causa entre
- los hombres.
-
-EUBULO.
-
-
-¡Oh señor mio Lisandro! ¡oh mi buen señor! ¿qué desastre que es éste
-que nos ha venido, con tu muerte tan arrebatada y tan sin pensar,
-á todos tus criados, á todos los que en tí nuestras esperanzas
-habiamos puesto, á todos los que mantenias y hacias mercedes? ¿Qué
-mala ventura es ésta que en un momento nos ha corrido? ¿Qué nueva
-tan dolorosa y llena de llantos será ésta que éntre por las puertas
-de tu triste madre y de tus parientes, que te tenian por cabeza de
-todo el linaje? ¡Oh mi señor y mi bien todo! que en tí tenía yo
-padre y madre, en tí esperaba reposo y descanso para mi vejez, sin
-tí estoy solo, sin tí quedo huérfano, sin tí viviré todos los dias
-de mi vida tristes y amargos. Ay, ay, desdichado, ni sé si llore la
-pérdida que me vino con tu tan apresurada muerte, ó tu desastrado
-fin y mal acabamiento. ¡Oh mal logrado mancebo! que áun no habias
-cumplido veinte y cuatro años, ni sabías qué cosa era mundo, ni bien
-gustado de sus placeres, áun no se te entendian sus engaños, y quiso
-Dios llevarte ántes de tiempo y sin poder confesar tus pecados; ni
-tuviste lugar de hacer testamento, ni ordenar tu ánima, ni pagar
-las deudas que debias, ni los dineros que sacaste á cambio para tus
-gastos tan supérfluos y demasiados. ¡Oh, mi señor, mi señor! que ya
-mis ojos se cansan de llorarte, y no mi corazon de lamentar y plañir
-tu tan lastimosa y angustiada muerte, tu llaga tan dolorosa. Veo tu
-cuerpo delicadísimo atravesado con una mortal saeta, tus entrañas
-rasgadas, tu pecho abierto y todos tus tiernos miembros bañados en
-sangre. Véote muerto á manos de tus enemigos, y en su misma casa,
-donde sin ninguna mancilla, sin haber alguna lástima de tu fresca
-juventud y florida edad, en la cual los tormentos más se sienten,
-cruelmente y sin piedad te mataron, y no como quiera, sino con unas
-enerboladas frechas, y no bastó con una, mas cinco te tiraron para
-que mayor fuese tu dolor. Ay, ay, que más lloro el peligro en que
-tu alma va, por haberte tomado la muerte tan arrebatadamente en ese
-paso, que no el triste y doloroso acabamiento de tu cuerpo. ¡Oh
-compañeros mios! ¡oh criados del mal logrado mi amo! ¡oh señores y
-parientes de Lisandro! ¡oh tú, madre desdichada, á cuya noticia áun
-su muerte no ha llegado! venid y ayudaréisme á llorar el remate y
-postrimería de aquel que era consuelo y esperanza de todos vosotros.
-¡Oh mi señor y mi bien! ¿eres tú aquel que yo llevé recien nacido á
-la ama, que te criase? ¿eres tú al que volví niño destetado á casa
-de tu padre? ¿eres tú el que empuse en buenas doctrinas y crianza,
-que parecias un ángel cuando chico? ¿eres tú el que enseñé á los doce
-años á correr caballos y otros muchos exercicios, así de letras como
-de armas? ¿eres tú el que hasta los veinte y un años fué muy dado á
-la virtud, amigo de religion, enemigo del vicio, amador del culto
-divino? ¡Ay, ay! que nuestros pecados quisieron que te juntases con
-caballeros viciosos y distraidos y te acompañases con ellos, y de
-esta manera se te pegasen sus malas y perversas costumbres; y luégo
-que perdiste el temor de Dios venístete á meter en el falso Cupido,
-el cual, como traidor, cruel y sin ley, te dió el pago que suele
-dar á sus muy leales servidores. ¡Oh amor, amor! á tí me vuelvo y
-de tí me quiero quexar, pues tanto mal has causado, quién tuviese
-lengua para decir los males que haces y los malos recabdos que por tí
-se cometen. Aunque toda la elocuencia de los pasados me fuese dada,
-no bastaria para explicar la menor parte de los estragos y ruidos y
-revueltas y muertes que urdes en las casas, en las repúblicas, en
-las provincias y en el reino; bien te apellidó el poeta: ¡oh malvado
-amor! ¿qué no fuerzas hacer á los mortales? y con razon, porque no
-hay maldad, no hay traicion, no hay bellaquería que no haga y piense
-el que está envuelto contigo. Engaña los amigos, mata los parientes,
-degüella los padres, desmiembra los hijos, escala las ventanas,
-saltea los monasterios, infama las honradas, deshonra las castas,
-menosprecia las cosas divinas, gasta la hacienda, roba, derreñega,
-perjúrase, trasnocha, vela, trabaja, piensa, llora, sospira, ni
-come ni duerme, pierde el alma y el cuerpo. ¿Qué no haces, amor? tú
-estragas la hermosura, tú destruyes las fuerzas, tú abates debaxo de
-tu bandera los altos deseos, tú consumes el patrimonio, tú huellas
-la honra y la fama, tú acortas la vida y acarreas muerte, tú has
-metido en el infierno las más ánimas que allá están, tú derruecas
-las casas, tú hundes las ciudades, tú ensucias los templos, tú
-revuelves los reinos. ¡Oh maldito y perverso amor, que con todas
-las virtudes batallas y traes contínua guerra, todas las excluyes
-y de ninguna quieres compañía! No guardas la justicia, ántes á
-tuerto ó á derecho, con razon ó sin razon, pones en ejecucion tus
-deseos robando la ajena mujer, no muestras severidad á sus tiempos,
-porque amor y majestad no caben en un subjecto, ni se sientan en
-una mesma silla, no miras la igualdad en lo que haces, ni tienes
-verdad en lo que dices, ni obediencia á los mayores. No usas de
-liberalidad con los que es razon, careces de benignidad, desabrido
-para con todos y encogido para hacer bien, desacatas la religion,
-no tienes piedad con los que la has de tener, ni humanidad con los
-menores y pobres, ni misericordia de los afligidos, porque todo
-te ocupas en tu ídolo, ni reverencia á los perlados, ni concordia
-ni amistad con los amigos y parientes. Destemplas y desconciertas
-la órden de prudencia, no hay en tí providencia, ni miramiento ni
-aviso ni consejo, todo tu saber, toda tu viveza, toda tu sagacidad
-y cautela, todas tus mañas aplicas á ese tu tan desabrido dulzor,
-ni disminuyes la fortaleza, pierdes la confianza y seguridad, no te
-aprovechas de la magnanimidad y magnificencia en su oficio, eres
-enemigo de constancia y firmeza, fáltate poder para el bien. Huye de
-tí la templanza con sus compañeras, modestia, vergüenza, abstinencia,
-moderacion, honestidad, regla, sobriedad, castidad y continencia. No
-hay en tí fe perfecta ni esperanza ni caridad, ni amor de Dios ni
-temor de él, ni entendimiento ni sciencia ni sabiduría. Con todos
-los vicios te conciertas, y con ellos tienes paz y tregua, y con
-todos ellos te avienes y tratas como vecinos tuyos; tú eres amigo
-de soberbia, de vanagloria, de ensalzamiento, de arrogancia, de
-ambicion, de porfía, de menosprecio, de rebeldía, de presuncion, de
-desobediencia, de irreverencia; tú te enciendes de ira, de ódio,
-de discordia, de riña, de injuria, de rancor, de impaciencia, de
-pertinacia, de desvergüenza, de malicia, de maldad, de furor, de
-enojo; tú estás lleno de envidia, de detraccion y maldicion, de
-murmuracion, de aborrecimiento y enemistad. Contigo se acompaña
-la pereza, y sus hijas pusilanimidad, tibieza, descuido, torpeza,
-negligencia, imprudencia, desproveimiento; tu hermana es la gula y
-la embriaguez y la destemplanza y la glotonía y la golosina; tú
-eres la mesma luxuria, el mesmo fornicio, el mesmo adulterio, la
-mesma lascivia y suciedad, el mesmo incesto y ayuntamiento ilícito,
-y el mesmo pecado contra natura, pues eres la mesma causa de estos
-torpes y bestiales accesos. ¡Oh cosario amor! que tú perviertes
-toda la religion cristiana; tú fuiste causa que David matase al
-inocente Urias, tú heciste idolatrar á Salomon, tú quitaste las
-fuerzas á Sanson, tú abrasaste la antigua Troya, tú metiste guerra
-entre los lacedemonios y mesenios por las vírgines que se robaron,
-tú entregaste nuestra España en poder de los moros, porque el rey
-don Rodrigo tuvo acceso con Caba, hija del Conde don Julian, por tí
-Clitemnestra mató á su marido Agamenon, y Egica, rey de España, á su
-capitan Favilla, tudense, por gozar de su mujer, por tí los mantuanos
-degollaron á Rodrigo Gonzaga, porque fué tomado en adulterio. Por
-otro tanto Ippomenes echó á su hija Limone, que fuese comida de un
-hambriento caballo, por tí Fabia, mujer de Fabio Fabricio, mató á
-su marido, por tener mejor lugar de executar su apetito y gozar
-de los ilícitos abrazos de aquel mancebo Petronio, por tí mataron
-al hermoso Faon y á Cornelio Gallo y Quinto Erecio, caballeros
-romanos; por tí Moluro fué muerto de Hietto, greciano, porque lo
-tomó con su mujer, y Alcibíades, atheniense, de Lisandro; por tí
-murió Spensippo, filósofo, y Tigillino, adelantado, y Rodoaldo, rey
-de los longobardos, y el papa Juan duodécimo; por tu causa, infiel
-amor, los maridos matan á sus mujeres, Chilperico, hijo de Clotario,
-mató á su mujer Glosinda, hija de Athanagildo, rey de los godos,
-y Mitridates á la suya, llamada Laodices, y á su madre, hermana y
-hermanos y hijos, por se casar con Hipsicratea; por tu respecto,
-falso amor, las mujeres matan á sus maridos, Loadice mató á su marido
-Antiocho Dios, así llamado, rey de Siria, porque tenía por amiga á
-Berenice, hija de Ptolomeo, y al adúltero Gandulfo su mujer lo hizo
-matar, Clitemnestra y Fabia á los suyos; tú eres causa que las madres
-maten á tus mesmos hijos, Medea despedazó á su hermano y degolló á
-sus hijos, y Progne á los suyos, y Catilina mató á su mesmo hijo
-por casarse con Orestilla; tú haces corromper las vírgines, Ajaz,
-hijo de Oileo, contaminó á la profetisa Casandra, hija de Priamo;
-Appio Claudio á una doncella vírgen, Dionisio, el más mancebo, á las
-vírgines Locrenses, y Domiciano, emperador, á la hija de su hermano,
-que vírgen estaba. ¡Oh diabólico vicio! ¡oh intolerable pecado! ¡oh
-tirano amor! que á tí digo, á más te extiendes, y á más se ensancha
-tu poder, fasta ensuciar con tu raviosa luxuria parientes con
-parientas, cuñados con cuñadas, primos con primas, tios con sobrinas,
-antenados con madrastras, hermanos con hermanas, hijos con madres,
-padres con hijas; Amnon, hijo de David, tuvo acceso con su propia
-hermana Thamar, y Cleopatra con su hermano, con el cual despues se
-casó, y Macarso, hijo de Eolo, con su hermana Canace, y Myrra, hija
-de Cinare, rey de los Ciprios, con su padre, y Menefon con su madre,
-y Tereo, rey de Tracia, forzó á Filomela, hija de Pandion, rey de
-los Atenienses y hermana de su mujer; Biblis torpemente amó á su
-hermano Canno fasta ajuntarse con él, y Themison tuvo que hacer con
-su hermana, y Cidon con la suya, y Thistes con Europa, mujer de su
-hermano, y Publio Clodio con sus hermanas, y Antiocho Sother, rey
-de Siria, con su madrastra Stratonice, y Marco Antonio, emperador,
-tuvo conversacion con Faustina, su hermana, y Antonio Caracalla,
-emperador, con Julia, su madrastra, y Tholomeo Evergetes amó á su
-hermana Berenice, con la cual se casó, y Theodorico, rey de Francia,
-con su sobrina, despues de haber muerto al hermano, Júpiter, rey
-de Creta, se echó con sus dos hermanas Céres y Juno, y Calígula
-contaminó tres hermanas suyas; lo mismo hizo Commodo, emperador, con
-sus hermanas, el cual nació en el mesmo dia que Calígula, Phénix,
-hijo de Amintor, tuvo parte con la combleza de su padre, y Ruben con
-Bala, manceba de su padre, y Ausílena con su tio; Ptolomeo Filadelfo
-con Arsinoe, su hermana, y Heródes Antipas con la mujer de su hermano
-Filippo, Hipermestra con su hermano, Hemon tomó por mujer á Rhodope,
-su hija; Leucon mató á Orilechon, rey del Ponto, su hermano, por
-dormir con su mujer, y Valeria Tusculana se acostó por engaños con
-su padre Valerio, y Papirio, por nombre Romano, hijo de Papirio
-Volucro, empreñó á su hermana Canusia, y Gedica, mujer de Pomminio
-Laurentino, amó tanto á su antenado Communio, fasta que se vió con
-él, del cual menospreciada, de coraje se ahorcó; lo mesmo hizo Fedra,
-tenida en poco de su antenado Hipólito, al cual de corazon amaba.
-Sysimbritas, sátrapa de los Persas, dos hijos tuvo de su madre,
-Claudio César otros dos de Agripina, hija de Germánico, su hermano
-y su madrastra; Cambíses, rey de los Persas, desfloró á una de sus
-hermanas, y ésta muerta, estupró otra menor, con la cual se casó y al
-cabo mató. Filipo, hermano de D. Alonso décimo, rey de España, siendo
-abad y arzobispo de Sevilla, no mirando en el estado que estaba, por
-fuerza tuvo que entender con la mujer de su hermano, hija del rey de
-Dacia; Nicteo, rey de Etiopia, con su mesma hija Nictimene comunicó
-su ilícito amor. Destas torpísimas abominaciones eres tú causa, amor,
-y de otras muchas peores que me callo por no ensuciar mi lengua,
-fasta los pueblos de Sodoma y Gomorra extiendes tu reino. No cuento
-las tacañerías y nefandas maldades y abominables vicios que por tí
-cometió el bellaco Neron y el torpe Sardanapalo, y Sotades, poeta, y
-Tigillino y Eliogábalo y Demetrio Poliorcetes, hijo de Antígono, y
-Quinto Flaminio, consular, y Hipparco, hijo de Pisistrato, y Papirio
-y Filipo Macedo y Hostio, príncipe, y Tamira y Semíramis, reina de
-los Asirios. ¡Oh desenfrenado amor! si los pecados bestiales que tú
-haces me fuese lícito contar, ántes me falleceria tiempo para decir
-que materia que dijese. Callo lo que hizo Pigmalion con una imágen
-muy hermosa, y aquel mancebo ateniense con la estatua de Fortuna, y
-el otro mochacho con la figura de Praxitelis. No diré lo de Cratis,
-pastor, con la cabra, á quien el celoso cabron, durmiendo, con los
-cuernos mató. Dexo pasar lo que Publio Estello hacia con la yegua, y
-Aristo Efeseo con una asna. No hablaré los amores de Pasifae con el
-toro, ni otros mil cuentos de exemplos, por no ofender las limpias
-orejas. ¡Oh maestro de todos los males! ¡oh asolador y pervertidor
-de la naturaleza! ¡oh estrago de las ánimas! ¡oh destruidor del
-bien y hacedor del mal! ¿Quién hace todo esto sino tú? ¿quién es
-causa de tan terribles hechos sino tú? ¿quién puso osadía á éstos
-á que tan malditos yerros y tan perversos desatinos acometiesen,
-sino tú? ¿Quién les da fuerzas y ánimo, y pone corazon á que se
-atrevan á tantas muertes y á tantos peligros, sino tú? Tú les das
-favor y ayuda, tú los incitas y mueves y despiertas, tú, despues,
-cuasi burlándote de ellos porque te creyeron, les das el castigo que
-merecen los tales locos y ciegos, que te siguen y adoran. No hay
-filósofo, no hay poeta, no hay orador, no hay sancto, no hay sabio
-que de tí no escriba mil vituperios, no piensa que ha hecho algo el
-que no da su puntada en labrar los males que causas; los libros
-están llenos de avisos y consejos que huyamos de tí como de cosa
-ponzoñosa. El sabio Salomon unas veces te llama pestilencia, otras
-veces red y lazo en que se prenden los ánimos libres, otras veces
-dice que trastornas el seso y juicio y discrecion del hombre, y que
-por tí muchas ánimas preciosas se perdieron. Sanct Jerónimo te nombra
-olvido de la razon y feo vicio y cercano á locura, así te bautiza
-Aristóteles, Séneca y Plutarco. Petrarca te define por contrarios,
-que eres un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno,
-una dulce amargura, una deleitable dolencia, un alegre tormento, una
-dulce y fiera herida, una blanda muerte. Séneca, trágico, dice que
-eres una blanda pestilencia, una grande fuerza de la voluntad, un
-sotil calor del ánimo. Valerio Máximo dice que tú á muchos forzaste
-á padecer y hacer cosas ilícitas y torpes, y que esta dulzura,
-comun á todos los otros brutos animales, es la raíz y principio
-de todos los males, el mesmo dice. Esta luxuria es la que echó á
-perder á Anníbal, capitan valeroso, y á él y á toda su hueste y
-exército entregó en poder de los romanos, y Xerxes perdió su imperio
-por enviciarse en este deleite; pues ¿qué cosa haber puede más
-empecible y dañosa que este vicio, con el cual se huellan y pisan
-las virtudes, y las victorias se pierden, y la gloria se convierte
-en infamia, y las fuerzas del ánimo y del cuerpo se conquistan?
-El divino Platon dice que, como los peces con el cebo, así los
-hombres con el amor se toman. Tulio dice que empide el consejo, y
-es enemigo de razon, y ciega los ojos del entendimiento, y trae el
-cuerpo á vejez. El mesmo dice, aquellos acusamos y juzgamos ser
-dignos, que todos aborrezcan los que dados á los halagos y deleites
-de la triste vida, no miran ni proveen que dolores y tormentos
-por ello recibirán. Ovidio dice que estás lleno de solicitud y
-congoja. Terencio dice que en el amor reinan estos vicios, injurias,
-sospechas, enemistades, treguas, paz, guerras, que es cosa que en sí
-no tiene órden ni consejo. Diógenes Cínico lo llamó negocio de los
-ocios, porque esta pasion principalmente ocupa á los dados á ocio y
-holgura, que miéntras se desocupan de virtuosos exercicios vienen á
-caer en la cosa más trabajosa del mundo. Caton, el más viejo, decia
-que el ánimo enamorado vive en ajeno cuerpo. Sant Agustin dice lo
-mesmo, que el alma más está donde ama que donde da vida. Pues ¿cuál
-es ya el loco y atreguado que viendo los males que hace el amor,
-no huya dél y lo aborrezca como auctor y causa de todos los malos
-recabdos que en la vida se hacen? Si afea el cuerpo, si disminuye
-la hacienda, si abrevia la vida, si destroza la honra y destruye
-la fama, si infierna el alma, si destierra las virtudes y coge los
-vicios, si desbarata y desconcierta las familias y repúblicas, si
-quiebra las amistades, si derrueca las ciudades, si revuelve los
-reinos, si causa tantas muertes, tantos estupros, tantos adulterios,
-tantos incestos, tantos sacrilegios, tantas bestiales luxurias y tan
-abominables pecados, ¿por qué no nos apartaremos del amor? ¿por qué
-no lo echamos de nosotros? ¿por que todos nos abrazamos con él? ¿por
-qué no lo despedimos de nuestros corazones, pues tantos sabios lo
-vituperan, diciendo mil leyes de él, manifestando sus malos afectos
-y dañosas obras, y tantos exemplos de desastres que han venido á
-los que el amor siguieron, á ello nos mueven, y agora lo vemos en
-lo que pararon estos sabrosos y desdichados amores? Murió Lisandro,
-generoso caballero, dispuesto, mancebo, rico y valeroso. Murió
-Roselia, gentil dama, mujer moza, de casta, y sublimada en próspero
-y alto estado; murió su doncella, muy querida y encubridora de su
-yerro; murió Oligides, escudero privado del malogrado mi amo, el
-cual, como más culpante por haber dado entrada á su perdicion cayó de
-las almenas y se despeñó y se hizo menuzos; murió la maldita y falsa
-alcahueta Celestina, miembro de Satanas; murió su sobrina Drionea,
-mujer enamorada y buena discípula que habia sacado la vieja para
-que sucediese en su lugar en todas sus alcahueterías y hechicerías.
-Sacarán mañana á justiciar á Brumandilon, taimado rufian y gran
-fanfarron, y á Siro, mozo de espuelas, y los ahorcarán por ladrones y
-homicidas. Todo esto causas, amor, cuyo ancho poder, porque á mí no
-me sojuzgue, determino irme á servir á Dios á un yermo, donde esté
-apartado de tu furia y de los placeres y halagos y deleites de la
-vida, para conseguir la suma bienaventuranza, _ad quam Deus optimus
-maximus nos vebat_.
-
- ¶ Aquí se acaba la tregicomedia de Li-
- sandro y Roselia, llamada Elicia, y por
- otro nombre quarta obra y tercera
- Celestina, nuevamente impresa.
- Acabóse á veinte dias del mes
- de Deciembre. Año del nas-
- cimiento de nuestro Sal-
- vador Jesuchristo de
- mil y quinientos y
- quarenta y dos
- años.
-
- ✠
-
-
-
-
-CARTA DE UN AMIGO DEL AUTOR, EN QUE LE PIDE PERDON PORQUE
-HIZO IMPRIMIR LA OBRA SIN SU LICENCIA.
-
-
-Aquel soberano rey Salomon, guiado por el saber y cordura de que
-sobre todos los nacidos le quiso Dios extremar, entre muchos
-saludables consejos que para nuestra salud escribe, y entre las
-maravillosas doctrinas que para reparo de la mundana vida nos enseña,
-y entre las monstruosidades y milagros que más su entendimiento
-agotaban, solas tres cosas él halló que hartura no reciben, y la
-última que nunca dice bástame. Y sin dubda, aunque comparar las
-pequeñitas arenas de mi pobre juicio al inestimable saber de aquel
-valeroso rey, soberbia parezca, y temeridad grande querer añadir lo
-que él tan cumplido escribió, no pienso ser esta extrañeza de que
-Salomon se espanta ménos de mirar en el hombre, á quien Dios, sobre
-todas las cosas sensibles, príncipe quiso hacer. Cuyos ojos así
-como nunca se cansan de ver, ni los otros sentidos de sentir, así
-la voluntad no se harta jamas de desear, por cuya razon pienso no
-seré tenido por de poco juicio, ni me será reputado á atrevimiento el
-dón que á vuestra merced quiero suplicar me conceda; pues mi deseosa
-voluntad con otra cosa no piensa hartar su hambre ni contentar su
-apetito, si no fuere con las sobras que del alto entendimiento suyo á
-los que poco sabemos se nos pueden comunicar. No fué pequeña merced
-para mí la que recebí de su liberalidad con inviarme aquella obra que
-se llama _Elicia y cuarta parte de Celestina_, que su sotil juicio
-compuso, porque por ella veo ser verdadera la estimacion que de su
-entendimiento siempre tuve, pareciéndome que pues que en una materia
-tan fuera de su experiencia tanto se aventajó sobre todos los que han
-escripto, no es ménos de que en las cosas de peso todos se queden muy
-atras de su saber. Gran consuelo recibí leyéndola, y gran edificacion
-para el ánima notando la manera de su proceder, y con cuánto ingenio
-y sotil elocuencia pinta las cosas que más á pecar nos atraen, y los
-engaños de las vanas gentes, y las adulaciones de los servidores,
-y la hipocresía de los esforzados. De suerte que, como en espejo
-claro, podamos ver por esta pequeña muestra que de su juicio nos
-quiso dar, de qué peligros apartemos nuestros sentidos, y á quien
-fiemos las personas más, y con quién comuniquemos nuestros secretos,
-y en qué distribuyamos las haciendas. Pero como mi voluntad sea de la
-condicion del fuego, que nunca dice bástame, no me contento con la
-merced recebida, sin pedir otra mayor, la cual será tan provechosa
-á todos los hombres cuanto señalada para mí. Esto es pedirle perdon
-del atrevimiento tan osado que tuve en hacer imprimir sin su licencia
-esta obra, pareciéndome que con su gravedad no podria acabar que
-con su licencia se hiciera, y tambien que, emprimiéndola, todos
-quedarian muy aprovechados, y yo glorioso con haber alcanzado que
-esta merced, por mi atrevida diligencia, á todos se les comunicase. Y
-para esto le suplico mire ser dicho de la Summa Verdad, que ninguno
-encienda la candela y la ponga debaxo del celemin, pero sobre el
-candelero para que todos vean la luz. Así que, mi señor, pues ve la
-ceguedad que todos tenemos viviendo en la escuridad del mundo, y
-revueltos en sus lazos y arterías, yo le suplico no tenga por mal
-que vuestra merced encendió la candela componiendo esta obra, que yo
-la ponga en el candelero, imprimiéndola, para que á todos aprovechen
-los consejos y avisos que en ella van escriptos. Que aunque otro
-provecho no se sacase sino loar y conocer el poder de aquel Señor,
-que tan vivo y claro juicio le dió, sería harto; y en esperanza de su
-consentimiento, acabo besando sus generosas manos, suplicándole otra
-vez este dón me conceda, aunque ninguna cosa ya me puede hacer más
-suyo de lo que soy. De Madrid, á veinte y dos de Noviembre de mil y
-quinientos y cuarenta y dos años.
-
-
-
-
-RESPUESTA DEL AUTOR Á SU AMIGO.
-
-
-Si la estrecha y antigua amistad que entre vuestra merced y mí
-hay desde los primeros principios de gramática, donde con gran
-exercicio de las artes liberales aprendidas de unos mesmos maestros
-y preceptores, venimos despues juntos á estudiar aquella tan alta
-sabiduría y tan escondida á los entendimientos humanos, cuan bien
-enseñada de un tan famoso varon, luz de las Españas, no terciára
-entre nosotros, bien creo que vuestra merced habia dado no pequeña
-ocasion de enemistad, pues quiso que los varios juicios de los
-hombres, de hoy más, discanten en mí al són de la liviandad que hace
-imprimir mucho á mi pesar. Nadie mirará que cuando me ocupé en esa
-niñería, estaba yo ocupado de una muy trabajosa terciana, la cual no
-me dejaba emplear en mis principales estudios; y así fué necesario
-tomar alguna recreacion en cosas de pasatiempo y no fatigar mi
-ingenio, pues mi cuerpo quedaba tan cansado de frio y calentura. Y
-no piense vuestra merced que me satisfará con solo el perdon que
-me pide y con loar tanto esos papeles, que ésa es la nobleza de los
-buenos, ninguna cosa á sus ojos ser mala, que en la mesma moneda
-quiero que me la pague. Yo leí el libro de las espantosas hazañas que
-el esforzado Hector hizo camino de Panonia, que vuestra merced con
-tan sobrada elocuencia compuso, y me hizo merced de inviar con el
-mesmo mensajero que recibió mis borradores, y siempre tuve creido ser
-imposible que el valeroso Hector tan nombrado fuera y tan temido, y
-tan deseada su muerte de los príncipes griegos, si no hubiera hecho
-aquellas heroicas hazañas ante del cerco de su ciudad. Y miéntras más
-lo leia, más necesidad me ponia de lo tornar á pasar; la majestad
-de las palabras, la grandeza de los hechos de un tan animoso varon,
-las sotiles imaginaciones, la artificiosa invencion, las sentidas
-canciones derramadas por esos cuatro libros con tan subida trova
-y alto estilo, me ponian admiracion, aunque, á la verdad, siempre
-esperaba de su más divino que humano entendimiento que saldrian obras
-tan primas como ésas, pues tal era la forma y el dechado donde salian
-las labores. Así que, por vengarme del atrevimiento que vuestra
-merced tuvo en sacar á luz esos borradores sin mi licencia, he
-entregado á Juan de Junta los libros de Hector, en lugar de inviallos
-á vuestra merced, para que los impriman, que bien creo que, como el
-sol con su luz escurece la claridad de la luna, así estas obras de
-vuestra merced, con su gran lumbre, escurecerán esa enojosa recua de
-libros de caballerías, y no lo tenga vuestra merced á mal, pues la
-mesma razon me guia á mí para vengarme que á él para atreverse. Vale.
-
-
-
-
-RESPONDE Á LA CARTA DEL AUCTOR DANDO RAZONES QUE LE
-MOVIERON Á IMPRIMIR SU OBRA.
-
-
-Aristóteles, summo filósofo, entre otras muchas sentencias y dichos
-admirables que escribió en su filosofía, así natural como moral,
-dice, que el bien humano tanto se asemeja al divino cuanto es más
-comunicado; y si este filósofo en todo ó lo más de su doctrina
-acertó, no ménos me parece en este dicho como en los demas ser
-digno de todo crédito; pues juzgamos ser un hombre más malo que
-otro en la mesma especie, en cuanto á los otros más hace participar
-de su malicia, y por eso dice Sant Augustin, que Arrio, hereje
-famoso, tantos grados se le acrecientan en el infierno de pena,
-cuantos por su ocasion siguieron aquella pestilencial seta, y si
-de lo malo esto se verifica, mucho más, á mi ver, será verdad de
-lo bueno, porque tiene mejor objecto esta obra que no malo la otra
-proporcionablemente, esto en ser bueno y lo otro en ser malo, ca en
-comunicar lo bueno nos asemejamos á Dios, y en difundir lo malo á
-Lucifer, y que sea obra de Dios comunicarse, no es menester razon
-donde la expiriencia está á la mano. Vemos que Dios en tres maneras
-se comunica á sí mesmo, la una en la creacion y conservacion de
-todas las criaturas, dándoles sér y despues conservallas, ca de otra
-manera si Dios no les sustentase el sér que les dió, segun sagrados
-doctores, todas se anichilarian. La segunda y más particular, en
-darnos su gracia, con la cual, dice Sant Pedro en su _Canónica_, nos
-hacemos particioneros de la divina y beatífica esencia. La tercera
-y más principal en la encarnacion; aquí se comunicó plenariamente
-juntando la naturaleza divina con la humana, de tal manera que del
-verbo divino y del ánima y humanidad resultase una tercera persona,
-que es el Hijo, como afirma Sant Augustin en el libro XIIJ _De
-Trinidad_, y así pudiésemos decir que Dios es hombre y el hombre es
-Dios, y que el hombre es amigo de Dios; y por eso dice Christo, ya no
-os diré siervos, sino amigos. Pues para ser verdad lo que el filósofo
-en su tiempo dixo, baste que nuestro Dios se habia comunicado
-en la primera manera; á las piedras, dándoles parte del sér que
-tiene sin perder él nada; á los árbores y plantas, sér y engendrar
-fructificando; á los brutos, sér, engendrar y sentir; al hombre todo
-eso y más hacerle á su semejanza en las tres potencias del ánima,
-la cual es una en esencia y tiene tres potencias, entendimiento,
-voluntad y memoria, y si éstas se distingan de alma ó no, no es éste
-lugar de disputarlo, basta que todos conceden haber tres potencias en
-el alma, en las cuales resplandece la omnipotencia, la sabiduría y
-bondad de Dios, nuestro señor, más que en otras creaturas. Así que,
-como diga Lactancio Firmiano, que cuanto más semejantes fuéremos á
-Dios, tanto más buenos serémos, parece manifiesto lo que el filósofo
-dice, que si comunicáremos algun bien nuestro, por este respecto
-será más heroico y divino, pues imitamos en ello á Dios. Pregunto,
-¿por qué tenemos por mejores olores el algalia, almizcle, mosquete,
-ámbar gris, estoraque, menjoy, encienso, pomas compuestas, bálsamo;
-y de las hierbas los jazmines, clavellinas ó claveles, alhelíses,
-hierbabuena, artemisa, toronjil, acandalamo, albahacas, azucenas; y
-de las aguas, el agua de azahar, agua de trébol, agua de ángeles,
-sino porque más difunden y esparcen por el medio su apacible y suave
-olor? ¿Por qué dicen los filósofos ser de mejor olfato los brutos
-que los hombres, y de los brutos los podencos, bueytres, águilas?
-allende de la razon física, porque tienen las narices más cerca
-del cerebro, sino porque su virtud olfativa se derrama y extiende
-por grande espacio. A tanto que se cuenta de los bueytres, que de
-trescientas leguas sintieron y odoraron los cuerpos muertos que
-yacian en una dura y áspera batalla, y de ellos dice Plinio en el
-libro décimo de su _Natural historia_, capítulo VII, que dos ó tres
-dias ántes sienten dónde ha de haber matanza de hombres, y así luégo
-acuden para se hartar; lo mesmo dice Sant Hierónimo de las águilas;
-de los podencos, claro está que sacan por rastro la caza que de bien
-léxos huelen. Pues de las siete planetas, ¿por qué tenemos en más el
-sol, sino porque más comunica su luz á nosotros y á todas las otras
-planetas y estrellas? y despues la luna, porque más nos alumbra de
-noche, y de las otras cinco planetas al lucero, que es el tercero
-planeta Vénus. De manera que vemos en la naturaleza aquellas cosas
-ser más estimadas que más comunican el bien que tienen. Loamos á
-Themístocles y á Camilo, porque sus tierras libraron, el uno á Grecia
-del poderío de Xerxes, el otro á Roma de los franceses. Asimesmo la
-historia romana nos trae á la memoria la mucha virtud de los dos
-Scipiones africanos, que con gran ardid echaron por suelo aquella
-antigua competidora del pueblo romano, Cartago nombrada, y otros
-muchos varones illustres y esclarecidos en hazañas, que por el
-pro y bien comun hacian hechos valerosos, como son Curcio, Decio,
-Mucio, Marco Valerio, Eneo Pompeyo, Marco Caton, Lucio Marco, Cayo
-Mario, Quinto Catulo y otros muchos, como es la casa de los Fabios,
-Decios, Metellos, de los cuales Tito Livio y Valerio Máximo hacen
-mencion, y otros muchos escriptores, porque la virtud y prudencia de
-que naturaleza les habia dotado, la emplearon con grande animosidad
-y ardimiento, no mirando su bien particular por el bien de la
-república. Ansí que la memoria destos está perpetuada, porque bien
-comunicaron sus fuerzas por el favor y remedio de muchos; y si éstos
-fueron dignos de loar, no ménos aquéllos que con su estilo elocuente,
-ó con su doctrina provechosa, dejaron libros para utilidad y provecho
-de los venideros, como dice Salustio en el _Catilinario_. De manera
-que las obras ó hechos ó escripturas de todos éstos, en tanto son
-más preciadas, en cuanto en ellas se hallan exemplos notables y
-enseñamientos más aventajados, y aquellos que el deseo del bien
-comun á escribir ó obrar movió y encitó, merecen mayor gloria y
-fama que no los que por su pasatiempo y ambicion del propio bien
-suyo fueron á ello movidos. Por lo cual, con mucha razon Plinio,
-en el prólogo del libro primero de la _Natural historia_, reprende
-á Tito Livio, porque decia que por su pasatiempo escrebia, y pues
-harta gloria le habia sucedido, que dejára de escrebir si no fuera
-por la inquietud y desasosiego que su ánimo sintiera si de la obra
-cesára. Respóndele Plinio cuanto mejor fuera haber escripto por causa
-de augmentar más, y amplificar la gloria del nombre romano que no
-por sólo su descanso y gloria. De todo esto se saca una conclusion
-muy averiguada entre teólogos, que el bien en tanto es bien cuanto á
-muchos más fuere comunicado; por estos términos pone esta conclusion
-Sant Dionisio Ariopagita, discípulo de Sant Pablo, en el cuarto
-libro de los _Nombres divinos_. Esto he querido decir, generoso
-señor, no porque piense poner acuerdo de alguna doctrina en su
-entendimiento, en el cual tan acordadas están todas las cosas y con
-tan gran majestad resplandecen; pero por excusar mi atrevimiento de
-haber hecho imprimir esta obra, porque no quedase cosa tan señalada
-fuera del conocimiento de los hombres, pues ve por mi conclusion
-que, aunque ella en sí tan heroica y soberana parezca, no fuera
-bien si no fuera comunicado. Y ésta fué la principal ocasion de
-mi atrevimiento comunicar á los hombres un bien tan singular como
-éste, del cual pueden tomar dechado para tomar exemplos y considerar
-sentencias, y huir vicios y abrazar las virtudes; que en lo que
-vuestra merced me dice que ha hecho de mis libros, yo lo recibo
-en paciencia, considerando que dice el refran que el que pide es
-obligado á dar. Así que, mi señor, yo consiento que mi poco saber
-de todos sea juzgado, saliendo á luz las hazañas de un tan valeroso
-príncipe, compuestas por un tan baxo juicio como el mio, pues con
-esto soy seguro por su carta de ser perdonado de mi atrevimiento,
-y con esta merced quedo con descanso, tan de vuestra merced como
-siempre. En cuyo loor sin acabar acabo con estos versos en loor de su
-obra y persona, que es lo ménos que de sus grandezas puedo cantar. De
-Madrid, á siete (_sic_) de Noviembre de mil y quinientos y cuarenta y
-dos años.
-
- ¶ Despierten las musas del monte Helicon,
- Recuerden las hadas, recuerde Sileno,
- Y todos ayuden con rostro sereno
- Aquella gran furia de mi corazon;
- Envíeme Febo con su dulce són,
- Tal elocuencia cual dió á la Chumea,
- Que todo mortal, oyéndome crea
- Nacer de los cielos aquesta cancion.
-
- ¶ Calor divinal me rija y encienda,
- Mandando que mueva mi lengua temprano,
- La musa de Orfeo despierte mi mano,
- Sacando mi pluma de toda contienda;
- Descienda en mi pecho tal dón y tal prenda
- Rallada por rallo sotil y divino,
- Tú, Clio, si quieres mostrarme el camino,
- Nada mi verso tendrá de contienda.
-
- ¶ No nazca en mi metro vano decir,
- Ni ménos jactancia ni otra osadía,
- Muy alto Señor del cielo, me invia
- De presto torrente que pueda escrebir.
- Chorro de gracia me quiera venir,
- Sanando mi lengua de toda torpeza,
- Sonando mi voz con grande viveza
- Pueda tus dones dar bien á sentir.
-
- ¶ Con esta extrañeza que aquí ha parecido,
- Bramen y giman los poco prudentes,
- Oyendo que vive ya entre las gentes
- Tal hombre, que á todos los ha escurecido;
- Es así como de nuevo venido
- Alcídes al mundo con hechos gloriosos,
- Las obras de todos los otros famosos
- Delante las suyas se han puesto en olvido.
-
- ¶ Los escriptores del tiempo pasado
- Con grande razon serán olvidados,
- Que sus escripturas y versos limados
- La alteza de aquéste los haya privado,
- Los entendimientos del siglo dorado,
- De plata y de estaño y hierro adornados,
- Darán por ningunos los hechos pasados
- Delante de aquéste de nuevo mostrado.
-
- ¶ Calle la lengua del gran Ciceron
- Y calle el orar de Quintiliano,
- Callen los versos del Virgiliano
- Y la policía de Marco Varron;
- Aquel componer de Ovidio Nason
- Calle tambien y tenga paciencia,
- Pues ve que estas obras y extraña elocuencia
- Los ha precedido con grande razon.
-
- ¶ Esconda Diana su grande claror,
- Tambien las estrellas sus centellear,
- Cuando de nuevo comienza á mostrar
- Titano la fuerza de su resplandor;
- Así desta suerte cualquier escriptor
- No tenga sus obras por mucho subidas,
- Pues que de nuevo son ya parecidas
- Otras más primas y de grande valor.
-
- ¶ Los hechos heroicos y grandes hazañas
- Del hijo glorioso son honra del padre,
- Coronan tambien con gozo á la madre
- Viendo tal gozo de las sus entrañas;
- Pues ¿qué honra estas muestras darán tan extrañas
- Aquel que las hizo y al que le engendró?
- ¿Qué alteza pondrán en quien le parió?
- ¿Qué gloria y qué triunfo en nuestras Españas?
-
- ¶ Guiado por Dios el rey Salomon,
- Dice, con verso de grande elocuencia,
- Ser muy mejor saber y prudencia
- Que fuerzas y mañas y gran corazon,
- Donde parece por esta razon
- Quel que esto compuso con su gran saber,
- Excede en valor al grande poder
- De todos los fuertes que fueron y son.
-
- ¶ Aquella ciudad, de Troya nombrada,
- No pudo por Hector ser defendida,
- Y Ulíxes artero la vió ser perdida,
- Tendida por tierra, del todo quemada;
- No pudo por fuerza ser amparada,
- Ni el gran corazon la pudo guarir.
- Saber y cordura bastó á destruir
- La fuerte ciudad, que es tan afamada.
-
- ¶ Tú, sabio lector, con alto sentido
- Verás la elocuencia desta escriptura
- Ser muestra y espejo, dechado y figura
- De claro juicio y ingenio subido.
- Conoce en España de nuevo nacido
- Aquel que á los cómicos hace ventaja,
- Los trágicos pueden vestirse mortaja
- Viviendo varon tan esclarecido.
-
- ¶ No quieras mofar, reir ni morder,
- Atiende que dice la Summa Verdad
- Que aquel que maldice, con riguridad
- Allá en los infiernos le hace encender;
- Aquello que fuere á tu parecer,
- No dulce y honesto, sino desabrido,
- Dexa la letra y mira el sentido,
- Y nombre de sabio podrás merecer.
-
- ¶ Las altas sentencias en el corazon
- Las has de poner para las seguir,
- Las torpes hazañas para las huir,
- Pues toda su gloria, en fin, es pasion.
- Los buenos consejos con toda aficion
- Toma y abraza, y entiende y remira,
- Las feas palabras del alma las tira,
- Que leerlas la lengua no es sin razon.
-
- ¶ Y en esto te ruego tengas cuidado
- Para que seas por sabio tenido,
- Y en tu pensamiento lo ten esculpido,
- Y así quedes libre de todo pecado;
- Mi pobre consejo te quede esmaltado
- Glosando lo malo y tomando lo bueno;
- Y esté el maldecir de tí muy ajeno,
- Con esto en la gloria serás coronado.
-
-_Fin._
-
- ¶ Si el nombre glorioso quisierdes saber
- Del que esto compuso, tomad el trabajo,
- Cual suele tomar el escarabajo
- Cuando su casa quiere proveer.
- Del quinto renglon debeis proceder,
- Donde notamos los hechos ufanos
- De aquel que por nombre entre los humanos
- Vengador de la tierra pudo tener.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
- Advertencia preliminar v
-
- Carta del Auctor I
-
- Prólogo al discreto lector V
-
- [Primer acto] 1
- Primera cena 1
- Segunda cena 13
- Tercera cena 26
- Cuarta cena 40
- Quinta cena 55
-
- [Segundo acto] 71
- Primera cena 71
- Segunda cena 84
- Tercera cena 101
- Cuarta cena 115
- Quinta cena 127
-
- [Tercer acto] 144
- Primera cena 144
- Segunda cena 159
- Tercera cena 173
- Cuarta cena 190
- Quinta cena 195
-
- [Cuarto acto] 205
- Primera cena 205
- Segunda cena 219
- Tercera cena 223
- Cuarta cena 234
- Quinta cena 240
-
- [Quinto acto] 248
- Primera cena 248
- Segunda cena 254
- Tercera cena 264
- Cuarta cena 266
-
- [Cartas] 283
- Carta de un amigo del autor 283
- Respuesta del autor a su amigo 287
- Responde a la carta del autor 290
-
-
-
-
-
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-
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